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Full text of "Lecciones sobre la historia de la República Argentina"

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Sa s-q^S -^ L- 



l^arbatti CoIUge Hlbiarg 



FROM THE FUND 



PROFESSORSHIP OF 

LATIN-AMERICAN HISTORY AND 

ECONOMICS 



ESTABLISHBD I9I3 



•t< 



OBRAS COMPLETAS 



JOSÉ MANUEL ESTRAD 



LECaONBS SOBRE LA HISTORIA 



REPÚBLICA ARGENTINA 



M COHPLETiS DE ESTRlDi 



(AGOSTO DE 1898) 



— (En preparación). 

— Lbcciohes sobre la Historia db la 
República Argentina.— Tomo L— 400 
páginas, acompañado de un retrato del 
autor. 

. — Lecciones sobre la Historia de la 
República Argentina.— Tomo 11—460 
páginas. 

— La. política liberal bajo la tiranía 
DE Rosas.— Un tomo de 380 páginas, 

, — y subsiguientes, en preparación. 



LECCIONES SOBRE Li HISTORIA 



REPÚBLICA ARGENTINA 



DADAS PÚBUCAMENTK EN 1868 



JOSÉ Manuel estrada 



Tono SEGUNDO 



SEGUNDA EDICIÓN 



BUENOS AIRES 

EtBRÍA DEL COLEGIO, DE PEDRO IGÓN r CÍA. 

CALLB ALMHA EOO, BSQ. BOLlTAR 



SE LIBRARY 

1917 

tiaN 

IP FUKD. 



Es propiedad. 



k BÜUIe» 4* Banco—Buenos Airts 



LECCIÓN XII 



Ehancifación r MvoLnciiiH ¡lSlO-1813;; Témunos y división del 
problema histérica en este periodo. Movimlenlo general del 
pala. Cronotofcla de la revolución. Sus medias de expansión. 
Resistencias externas í Internas. Mntaclones políticas. Peri- 
pecias de la guerra. Cuestien oriental. Cuestión paraguaya. 
Estado de la guerra á fines de 1812. 

Señores: 
La Junta Provisional formada el 25 de Mayo, 
estaba obligada, según los términos explícitos de 
su mandato, á provocar la adhesión de las pro- 
vincias con una expedición armada, y á convocar 
un congreso que reformara la organización inter- 
na del virreinato. A pesar de la obediencia pro- 
metida al rey Fernando, estos deberes, en virtud 
del origen, de la oportunidad y de los medios de 
la revolución, se resolvían en dos objetos políti- 
cos simbolizados en la historia por San Martín y 
por Moreno, la independencia y la democracia. 
¿Respondió la Junta á esta misión histórica?.... 
Señores! somos la posteridady venimos ájuzgar: 
somos hijos y debemos juzgar temblando. 

La Jtinta dirigió el 27 de Mayo una circular á 
das las ciudades del virreinato, manifestando- 



DB HISTORIA 

eblo de la capital le había 
; á recoaocerla en calidad 
y á enviar los diputados 
:imo Congreso. Dos días 
nto de Buenos Aires, es- 
D de la Plata, manifestán- 
wolución como hecho con- 
ue la reconocieran en el 
orden y conservar ínte- 
a el rey D. Fernando, sin 
i conducta del 24, á cuyo 
)s esfuerzos que hizo por 
en los límites más estre- 

■econoció la Junta el 2 de 
leclaración la Colonia del . 
de un acto arbitrario de 
o el 4 en una asamblea 

organizaba las milicias 
imía ciertos desórdenes 

aquella situación añor- 
an las clases bajas de la 
eformas que habrían sido 
más completas, y por fin, 
lelitismo y combate créan- 
os Aires», nuestro primer 
tetado por Moreno con la 
:o que caracterizó su bre- 
íocios públicos. La Gace- 
otidiano de los principios 
éctica fogosay sustancial 



DE IJl REPÚBLICA ARGENTINA 3 

desmenuzaba la legislación y la sociabilidad co- 
loniales, y puedo decir, que mientras estuvo á 
cargo de Moreno, escapó á la improvisación, en- 
ferinedad crónica de nuestra prensa trasmitida 
á la vida política del país, porque rivalizan en 
ella la claridad de sus miras y la fogosidad de 
sus formas, alimentando conjimtamente el espí- 
ritu por sus ideas y la pasión por su inagotable 
entusiasmo. El gobierno, influenciado por More- 
no, propúsose con su fundación, no sólo propa- 
gar las ideas cuya realización perseguía, sina 
además prestigiarse por medio de la publicidad 
de sus actos. Este pensamiento era trascenden- 
tal y profundo. Era tan impotente en las masas 
el resorte de la acción reflexiva, que no había 
esperanza de conseguir una seria reforma libe- 
ral con el desarrollo de aptitudes populares que 
exige, sino en tanto que los que gobernaban re- 
nunciaran parte de la omnipotencia que la depre- 
sión moral del pueblo ponía en sus manos. De 
esta manera se provocaba el movimiento local 
de la opinión, cuyo nervio importaba robustecer , 
porque el viejo régimen podía aún oponer al pen- 
samiento de Mayo vigorosos y abundantes ele- 
mentos. Montevideo, ciudad rival de Buenos 
Aires, el Paraguay caracterizado por robustas 
tendencias localistas, las provincias del interior 
que se arrastraban en una civilización rudimen- 
taria, el Alto Perú recién reprimido y subyugado 
por los mandones españoles en días aciagos de 
exterminio: tales eran los pueblos que la capital 
invitaba á reconocer el hecho de la emancipa- 



LECCIONES DE HISTORIA 

ido por suarbitrio exclusivo y de cuya 
parecía inseparable el acatamiento de 
la., transitoriamente á lo menos. Cis- 
partido comprendieron la gravedad 
ion, y aspiraron por consecuencia, á 

resistencia en Montevideo y fomen- 
.cción en el interior para encerrar la 
en las fronteras de Buenos Aires. 
;video existía la divisitSn que era pro- 
ircuastancias. Los criollos trabaja- 
conocer la Junta de Buenos Aires en 
emancipación que constituía su visi- 
ta: los españoles la contrariaban na- 

y contaban con el poderoso auxilio 
la. — Llegaron á la vez á conocimiento 

las invitaciones revolucionarias de 
res y las conservadoras de Cisneros, 
laba á su lealtad y la invitaba á am- 
alidad perseguida, dando asiento á las 
3 derrocadas, para tentar su vanidad 
spectiva de un desarrollo tanto más 
auto que reposaría sobre la ruina de 
-Un congreso de vecinos determinó 
tuación creada por el pronunciamiento 
obedecer al gobierno provisorio bajo 
idiciones que una comisión especial 
:ada de formular. Así que se expidió 
(5se de nuevo el Cabildo abierto para 

dictamen, Pero aquel mismo día llegó 
la instalación del Consejo de Regencia 
abultada con falsos rumores que los 
pañoles esparcían relativos á los pro- 



^y 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 5 

gresos que hacía en la península la reacción con- 
tra los franceses. La intriga redobló sus esfuer- 
zos y obtuvo que el Consejo fuera reconocido. 
Fiestas y acciones de gracia celebraron este he- 
cho reaccionario, que fué comunicado á la Junta 
de 6 de Junio, atribuyéndole calidad de proviso- 
rio, y añadiendo que la ciudad suspendía su re- 
solución hasta ver el temperamento que en aten- 
ción á las nuevas emergencias, tomara Buenos 
Aires, á cuyo gobierno desconoció el carácter de 
general que asumiera y le llamaba simplemente 
Junta de Buenos Aires, El gobierno respondió 
declinando su competencia para pronunciarse 
respecto del Consejo de cuya instalación no te- 
ma noticia oficial, y exponía que, habiéndose 
convocado un congreso general de las provin- 
cias, á éste correspondía decidir sobre la suerte 
ulterior del país, abundando en consideraciones 
sobre la necesidad que tenía de mantenerse uni- 
forme y compacto, amenazado como estaba á la 
sazón, por las reacciones españolas, la conquista 
francesa y la princesa Carlota puesta á servicio 
de la política portuguesa. Temerosa la Junta de 
la segregación de Montevideo, envió al doctor 
don Juan José Passo á que la representara en la 
asamblea vecinal, confiando excesivamente en 
su dialéctica, y digo excesivamente, porque no 
son los razonadores quienes revolucionan á los 
pueblos atrasados, que jamás adquieren la des- 
bordante vitalidad que importaba entonces in- 
fundir en las colonias, en virtud de doctrinas ni 
por la influencia de las teorías. La elocuencia 



ES DE HISTORIA 

[li 6 de Moreno habría sido 
tte para irritar las pasiones 
zar la alucinación reaccío- 
[a estallar.— Passo fué reci- 
:o logró hacerse escuchar el 
lyuntamiento al cual reveló 
a. El 15 se convocó un ca- 
objeto de que el vecindario 
e Buenos Aires y adoptara 
itiva. El comandante de la 
D desembarcar tropas y ocu- 
storiales por sus devotos y 
ibra severa del tribuno fué 
ría destemplada del partido 
ion fué rechazada.— El 13 de 
¡o entredicho comercial á la 
o, y comenzaban á resonar 
lies de la guerra.- En Sep- 
es declararon bloqueado el 
ires. La Junta se esforzó por 
apitán EUiot, comandante de 

se hallaba de estación en el 
atando de él que desconocie- 

bloqueo. Elliot declaró no 
a acceder á los deseos de la 
te proporcionó al gobierno 

exponer los principios apa- 
., sobre todo en lo relativo á 
de la revolución, 
ó á Montevideo como rebel- 
:onsecuencia su calidad de 
s cómo discurrta. Habiendo 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

derrocado la conquista francesa la única autori- 
dad legítima de la península, la del rey Fernan- 
do, á cuya persona están inmediata y directa- 
mente obligados los pueblos americanos: así 
como España para salvar su independencia y el 
principio de legalidad en medio de su heroica 
insurrección, ha instituido juntas semi-popula- 
res de gobierno que representan al cautivo de 
Valencey; así también las colonias, en virtud del 
mismo derecho y en vista de iguales intereses, 
deben constituir gobiernos locales para preser- 
varse juntamente de la conquista y de la anar- 
quía. Todo lo que se oponga á estos intentos 
sirve á las miras de la Francia y es yiolatorio de 
los deberes de fidelidad de los pueblos america- 
nos. Estas colonias no pueden ser reputadas sino 
como una de tres cosas: ó parte integrante de la 
monarquía según las declaró la Junta de Sevilla, 
en cuyo caso al establecer gobiernos locales imi- 
tan al resto de la España y se preparan á resistir 
á Napoleón: ó herencia personal del monarca, en 
cuyo caso dichos gobiernos precaven de la ruina 
estos dominios y se los conservan intactos para 
el día de su libertad: ó feudo de Castilla, en razón 
de haber sido estos territorios descubiertos con 
su protección y tesoros, en cuyo caso ¿se enno- 
blecen manteniéndose exentas de la abominación 
en que su metrópoli ha caído. De todas maneras 
es imposible salvar la legalidad en el continente 
á menos que se constituya con independencia de 
los dos linajes de autoridad que prevalecen en 
España: uno que representa al usurpador, otro 



LECCIONES DE HISTORIA 

anía local de los pueblos en revolución, 
deducía la Junta la nulidad insanable de 
s actos del gobierno de Montevideo, re- 
ntra el poder constituido por el pronun- 
:o de Mayo, y en tal concepto, que la 
i6n y efectividad del bloqueo eran sim- 
)s de piratería. 

as se desarrollaban estos sucesos en el 
i Plata, otros de no menor importancia 
or teatro las provincias del interior y 
. La Junta debía enviar una expedición 
ue apoyara las insurrecciones en el res- 
irreinato. Siquiera la inercia propia de 
in industria ni comercio, embotara las 
viriles de aquellos pueblos, era no obs- 
s« seno más viva y dolorosa la presión 
3tismo; así que sus clases más cultas, ya 
terizara la vanidad del cordobés, la re- 
el salteño, el entusiasmo de los tucuma- 
podlan menos de comprender la grave 
encia del movimiento de la capital, así 
; muchedumbres no tardaron en seguir, 
por pasiones vigorosas, la palabra de 
Gorriti, la lanza de Guaraes y la enseña 
lolaba la mano febriciente de Castelli.— 
íatido largamente, señores, si las provin- 
íriores cooperaron ó no al éxito de la 
ón de 1810, y no hace muchos años que 
al Mitre y el señor Vélez Sarsfield traba- 
polémica comentando la fatigada pala- 
lelgrano que decía en 1812: «los pueblos 
donan-, afirmación tanto más dolorosa 



\ 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 9 

cuanto que fué proferida por el más severo de 
los patriotas, y que una vez aceptada, nos obli- 
garía á deducir que fueron artificiales y efíme- 
ras las primeras conmociones de las masas.— Un 
desfallecimiento accidental que subsiguió á los 
primeros contrastes de la guerra, fenómeno de 
pasajero estupor, dio motivo al temor de Belgra- 
no, evidentemente exagerado en el fondo. Yo 
pregunto con qué elementos si no era con las ma- 
sas provincianas, luchaba Güemes en las fron- 
teras y en las campiñas de Salta, y de qué ma- 
nera, sino por la cooperación de los pueblos, fué 
dado establecer gobiernos que no tenían otra 
base fuera de la iniciativa revolucionaria ni otra 
regla de conducta sino los intereses políticos 
comprometidos en la guerraP—La cruzada iba á 
proteger estos movimientos robusteciendo la ac- 
ción de las localidades por el prestigio de las 
armas y la influencia activa de la capital.— El 
peligro era serio. Al exacerbar las fuerzas apa- 
sionadas de una raza incivilizada y orgánica- 
mente valerosa, se ponía la libertad á riesgo de 
sucumbir por los desbordes de la anarquía, y el 
orden público por la explosión de intereses sub- 
versivos. ¿Mas qué remedio? La libertad no radi- 
ca sino donde el pueblo se la conquista; y siem- 
pre que las masas carecen de elevación moral 
por defecto de cultura, el fermento que germina 
asume las formas bárbaras, sangrientas, brusca- 
mente inconexas y desiguales en fibra y perse- 
verancia, que ha asumido la elaboración de la 
democracia argentina, realizada por el desorde- 



r 



LECCIONES DB HISTOKIA 



O de ideas é instintos incoherentes y 
5e ha repetido tantas veces que ha 
i intervención del gaucho en la vida 
le ha llegado á ser este juicio uno 
eos más hondamente arraigados en 
:iones urbanas. El gaucho, que no 

el producto genuino de la coloni- 
gigante,sin cuyo auxilio la revolu- 
ido irremediablemente sofocada al 
necesitó llamarlo á arrasar los ba- 
espotismo, y el gaucho fué héroe 

y montonero con Artigas, obede- 
esortes peculiares de su condición 
ida porque corrió en la Pampa so- 
lesbocado, sin que la ciudad ni la 
an á las artes sedentarias, á la in- 
Y proficua, á la propiedad, fortaleza 
domésticos, para renovarlo y alte- 
antes nuestros sangrientos miste- 
3. Ungido paladín de la revolución 
i^olución era nacional y la nación 

1 su elemento más abundante y va- 
} por instinto vindicativo y se in- 
iltares.— Por lo que respecta á las 
;s urbanas, manos impetuosas y ca- 
! atrasadas, pusiéronse á servicio 
ón, ya por el influjo de los espíri- 
9 que la iniciaron en cada localidad, 
stigio de la capital y la presencia 
—Acostumbradas á obedecer, obé- 
lenos Aires. El humo de la sangre 
3s de la victoria debían vigorizar 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 11 

gradualmente las pasiones despertadas por exci- 
taciones artificiales. Este era el verdadero objeto 
de la expedición al interior. 

Si la esperanza de los patriotas era sólida, no 
tenía la de los españoles menores visos de pro- 
babilidad. 

Cisneros y sus correligionarios se propusieron 
combatir la revolución oponiéndole la influencia 
de un caudillo prestigioso y querido, y adelan- 
tarse en nombre de la tradición á los que se diri- 
gían á poner en pie las provincias á nombre de 
la novedad. Al mismo tiempo que la Junta envia- 
ba su circular, partió en dirección á Córdoba el 
señor Lavín, agente del ex-virrey, con encargo de 
provocar la resistencia. Al rayar la mañana del 
29 de Mayo se encontraban en casa del Intenden- 
te de Córdoba, don Juan de la Concha, varios 
empleados y concejales, el Obispo y el Deán de 
la diócesis y el general Liniers confinado en di- 
cha provincia, en la cual vivía retirado con su 
familia en el establecimiento de Alta Gracia. 
Hace poco (i) que estudiábamos su situación, 
viéndole envuelto en la gloria de los héroes y la 
popularidad de los caudillos y cayendo bajo las 
fulminaciones metropolitanas por ser impotente 
para desafiar la crisis en que su persona y el país 
se hallaban á la sazón comprometidos. Sus ante- 
cedentes le conducían á las filas revolucionarias 
donde creo que estaban sus afectos: criollos fue- 
ron sus compañeros de armas, criollos sus amigos 



(1) Véase la lección X. 



12 . LECCIONES DE HISTORIA 

y adalides en la tribulación, criollos sus hijos que 
encantaban la vejez del soldado, y su exaltación 
al poder fué el primer acto revolucionario con 
que Buenos Aires preludió la democracia. Absor- 
vido, no obstante por el sentimiento caballeresco 
que predominaba en su carácter amargado por 
calumniosas sospechas de traición hacia la ban- 
dera que le abrigaba, extremecíase de dolor, y 
la blancura anticipada de sus cabellos revelaba 
que una preocupación tenaz y sombría le tortu- 
raba y que la sangre ardiente del francés se refu- 
giaba en su corazón de caballero. Su honor exigía 
reparación; y la tuvo horrible á fe mía! Una reac- 
ción caballeresca le arrojó en brazos del par- 
tido español encabezado por su perseguidor, y 
consagró su sangre generosa á servicio de los 
hombres é ideas que en 1809 había contribuido á 
vencer. En la reunión de Concha se acordó resis- 
tir á la revolución, y Liniers se encargó de re- 
clutar en el Alto Perú el ejército reconquistador. 
Las sublevaciones parciales promovidas por los 
hermanos Funes y otros revolucionarios de Cór- 
doba, lo determinaron á aplazar su proyecto, y 
entonces convocó las milicias provinciales. Acu- 
dieron éstas, en efecto, pero los trabajos revolu- 
cionarios y la perspectiva de la intervención 
armada de la capital las dispersó muy pronto, 
hecho que venció desde luego á la contra-revolu- 
ción. El General huyó de la ciudad el 31 de Julio 
encaminándose al Perú en compañía del obispo 
Orellana, del intendente Concha y su asesor Ro- 
dríguez, el coronel Allende, el oficial real don 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 13 

Joaquín Moreno y el presbítero Jiménez capellán 
del diocesano. Et Ejército auxiliador comandado 
por el coronel Ocampo habíaocupado á Córdoba 
la cual se plegó á la revolución: y su jefe des- 
prendió una compañía de cien hombres & las ór- 
denes del teniente coronel Balcarce para perse- 
guir y prender á los fugitivos. El 6 de Agosto 
fueron efectivamente presos, Vieytes, represen- 
tante del gobierno, considerando vencida la resis- 
tencia por la rendición de Liniers y de Allende, 
los únicos jefes prestigiosos y activos que pudie- 
ran sublevar al interior y aun provocar serios 
conflitos en Buenos Aires, creyó que este hecho 
bastaba para asegurar la victoria de los revolu- 
cionarios, con tal que se garantiera la prescin- 
dencia de Liniers por los resortes del honor 
tan bien templados en su alma. Púsose entonces 
en marcha hacia Buenos Aires y ofició á la Junta. 
Pero estaresolvió de otra manera. El 26 de Agos- 
to, en el Monte de los Papagayos, bajo la direc- 
ción del doctor Castelli, expresamente enviado 
por la Junta con Peña y el coronel French, Li- 
niers y sus compañeros fueron pasados por las 
armas. Esta tragedia puso sangre en la bandera 
revolucionaria, ¿y porqué velar mi pensamiento? 
sangre inútil y cruelmente derramada. Un secre- 
to impenetrable encubrió por lo pronto la catás- 
trofe, y recién el 11 de Octubre, casi dos meses 
después de consumada, publicó la Junta en la 
Gaceta un manifiesto redactado por el deán Fu- 
nes, falso amigo de Liniers hasta la víspera de su 
inmolación, para explicar las razones que habían 



14 LECCIONES DE HISTORIA 

prevalecido en su ánimo al ordenarla. Reprodujo 
para sincerarse los principios establecidos en sus 
primeros debates con la plaza de Montevideo, á 
fin de presentar á Liniers y sus compañeros 
como sediciosos sometidos á las penas de la ley. 
No basta este sofisma para que su acción sea 
absuelta ante la moral en la historia. La doctrina 
enunciada, aceptable en cuanto servía de disfraz 
á la revolución para asaltar la adhesión de los 
pueblos, era evidentemente falsa, porque la eman- 
cipación argentina como la de toda Sud América 
reposaba sobre más uniformes y sólidos princi- 
pios de justicia, y siendo falsa, mal podía sincerar 
un acto que ni aun aceptándola hipotéticamente 
sería capaz de justificar. En efecto, señores: ó 
la revolución era revolución, y entonces no tenía 
ley para juzgar, porque el pronunciamiento de 
Córdoba fué posterior al complot de Concha y 
ninguna ley tiene retroactividad: ó la revolución 
expresaba la ley española y entonces no le era 
dado castigar sin juicio, y cometía un abuso fusi- 
lando sin forma de proceso cinco hombres, cuya 
conducta es inútil discutir. Es cierto que se pro- 
pusieron contrariar el advenimiento del pueblo 
á su derecho supremo: pero también es cierto 
que fueron vencidos antes de poner por obra sus 
proyectos: también es cierto que ninguna ley 
preexistente los condenaba, y la utilidad, si es 
que la hubo en su sacrificio, jamás legitima los 
hechos que la .moral veda y repugna. Sí, señores: 
aquello fué un error que reproducía el sistema 
violento puesto en acción por los mandones espa- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 15 

fióles cuando los alarmaba una inquietud popular, 
y el furor desplegado por ellos contra los comu- 
ñeros en el Paraguay, contra Tupac-Amarú y 
contra Indaburu en el Perú. Así se dio el tono á 
las gruerras brutales que posteriormente han exte- 
nuado la patria. Una vez muerto Liníers,su paci> 
fica mansión de Alta Gracia íué atronada por el 
alboroto más inmoral, porque los turbulentos 
agentes de la revolución, no satislechos con se- 
cuestrar sus propiedades, insultaron su santo 
hogar, y sus hijos lloraron de hambre como los 
hijos de Belisario. 

Entre tanto la revolución avanzaba. San Luis 
se pronunció en el mes de Junio, aplazando el Ca- 
bildo la elección de su diputado hasta el regreso 
de varios vecinos que accidentalmente residían 
en Buenos Aires, Mendoza lo nombró el 25 de 
Junio, y Tucumán, Córdoba y Santiago del Estero 
no tardaron en enviar los sayos á la capital. 
Santa Fe, por su parte, se había pronunciado 
diez días después que Buenos Aires. San Juan 
recibió los primeros pliegos de la Junta el 17 de 
Junio, pero se mantuvieron ocultos, porque la 
solicitud del Gobierno de Córdoba, que pedía apo- 
yo en favor de los contra-revolucionarios, llevaba 
vacilante la opinión, hasta el 7 de Julio en que 
la ciudad determinó en un Cabildo abierto adhe- 
rirse á ella, nombrando el 9 su diputado respec- 
tivo. 

Castelli hizo volar, digámoslo asi, la campana, 
y aunque derrotado el ejército patriota en Cota- 
gaita el 27 de Octubre, alcanzó la primera victo- 



16 LECCIOXES DE UISTORLA. 

ia de la iodependencia el 7 de Noviembre en 
>uipacha. Continuaron á la vez, el curso de la 
expedición y los trabajos internos en el Perú, 
:on éxito tan rápido y feliz, que el 28 de Noviem- 
>re escribía el doctor Castelli á la Junta: «Las 
provincias de Charcas hasta los límites del vi- 
rreinato de Lima están en perfecta tranquilidad, 
concordia, reconocimiento y obediencia de la 
Junta gubernativa de la capital.» La revolución, 
lués, imperaba desde el Plata hasta el Desagua- 
lero. 

Pero no estaban solos para amenazarla los rea* 
istas de Montevideo y el ejército de Goyeneche 
;n el Perú. Amenazábala á la vez la apatía del 
Paraguay, que la Junta creyó poder avivar por 
nedio de otra expedición comandada por su vo< 
:al Belgrano, improvisado General por las nece- 
sidades del momento. 

Los antecedentes históricos del Paraguay, las 
xadiciones comunales de la conquista y las for- 
nas de su automía provincial durante la Colonia: 
;1 aislamiento, por fin, de aquel país mediterráneo, 
irán otros tantos elementos eversivos de toda so- 
idarídad cordial, siempre que las pasiones públi- 
;as intervinieran en los sucesos. La invitación 
3e la Junta de Buenos Aires le sometía un pro- 
blema que no podía resolverse sino por la expon- 
:aneidad popular, puesto que tendía á derrocar 
las autoridades, y sea que estas influenciaran 
la opinión, sea que la opinión misma obedeciera 
i los antecedentes que dejamos enunciados, de 
todas maneras la solución sería probablemen- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 17 

te desfavorable para la concordia de la nueva 
nacionalidad. El general Belgrano lo compren- 
día, pero no obstante obedeció y marchó. En las 
proclamas con que se hizo preceder invocaba la 
fidelidad de los paraguayos hacia el rey, y reno- 
vaba la doctrina de la política revolucionaria, 
acusando á los poderes existentes como sedicio- 
sos y traidores al principio de soberanía y honor 
nacional que las armas francesas amenazaban. 
Organizó su pequeño ejército en la Bajada, cruzó 
la provincia de Corrientes, pidió y obtuvo con- 
tingentes en la de Misiones y pasó al Paraná por 
la Candelaria en Diciembre de 1810. Desde 1805 
gobernaba el Paraguay con motivos de los arma- 
mentos . proyectados por Azara y la Junta de 
guerra, don Bernardo de Velazco, militar instrui- 
do que vimos funcionar en la defensa de Buenos 
Aires en Julio de 1807. Este soldado devoto al 
sistema colonial y ayudado por la cooperación 
unánime del pueblo, esperó á Belgrano en la mar- 
gen derecha del Tebicuarí y lo derrotó en el mes 
de Enero obligándolo á repasar el río. El General 
escribió á la Junta el 24 del mismo mes declaran- 
do con aquella noble sinceridad que ilustró su 
carácter, que los pueblos lo rechazaban con uni- 
forme entusiasmo, y seguramente no era posible 
inocular los principios revolucionarios en masas 
cuyas pasiones repulsivas se agriaban con la 
guerra. Dos meses más tarde, Belgrano se batía 
heroicamente en las orillas del Tacuarí. Vencido 
el ejército patriota, y no bien parado el de Ve- 
lazco, firmó Belgrano el 10 de Mayo de 1811 una 



LECCIONES DE HISTORIA 

5n que comprometía & la capital á 
ibre el comercio del Paraguay y sobre 
Iveré dentro de ua instante. 
:ultades de la situación aumentaban, 
pronunciamiento de Mayo, y aleccio- 
duda por las explosiones con tenden- 
tancipación de diversos puntos de amé- 
rreyes habían tratado de coaligarse pa- 
rlos peligros que amenazaban su can- 
os, en medio de sus condescendencias y 
[íes, no podían menos de estremecerse 
I en cuando ante la perspectiva nada 
L que divisaba, y consultó á los más no- 
sus partidarios acerca de la conducta 
ivenía observar. Don Pedro Vicente Ca- 
l de Potosí, le contestaba alarmado por 
as que la Colonia presentaba y deslizan- 
or de que el ejemplo de Filadelña fue- 
ido y seguido por los espíritus inquie- 
ba que, hallándose la América corrom- 
ersa é ignorante, no era capaz de 
un gobierno propio y regular, y que 
por tanto salvarla del peligro que él 
iróximo, engañando falazmente al parti- 
itento, sin reparar que para moralizar 
:a era necesario extirpar la administra- 
Ispafla y sus simientes deletéreas: para 
era necesario abolir sus leyes retrógra- 
ipar la obscuridad en que la sumergie- 
aáticamente, y que, por fin, era indis- 
para condensar las poblaciones y vin- 
procamente sus grupos, abrogar radi- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 19 

cálmente la economía social de la madre patria. 
En vista de los objetos expuestos aconsejaba á 
los cuatro virrejes sud-americanos que se pusie- 
ran de acuerdo para convocar Cortes y estable- 
cer una regencia, en caso de que España fuera 
completamente dominada, vigorizando la ñdelí- 
dad de los pueblos por medio de predicaciones & 
las cuales podría ser obligado el clero, y el 
prestigio de los virreyes por medio de juramentos 
arrancados álos altos funcionarios de la adminis- 
tración. Preparado el terreno de esta manera, 
podrían á juicio suyo, desañar el destino. No ha- 
bía otra solución que dar al conflicto contempo- 
ráneo, si había de salvarse la supremacía espa- 
ñola; porque si la metrópoli era vencida no tar- 
darían los ingleses en presentarse en el Río de la 
Plata prometiendo su cooperación, ó bien para 
declarar la independencia, ó bien para establecer 
una regencia con la princesa Carlota: lo primero 
provocaría la anarquía, lo segundo estimularía 
las ambiciones del Portugal. Pero si los america- 
nos eran engañados con las apariencias de una 
asamblea nacional, que seria indudablemente 
dominada por la influencia de los españoles, se 
prestarían á realizar el pensamiento propuesto, 
constituyéndose de este modo la España ameri- 
cana. Nada faltaba, como veis, á este proyecto 
que no era sino el de Alzaga en 1809 ensanchado 
como sistema continental. Tenía sin embargo un 
defecto capital: que su autor lo ñrmó en Potosí el 
26 de Mayo de 1810, veinticuatro horas después 
que Buenos Aires había decretado el destino del 



20 LECCIONES DE HISTORIA 

Nuevo Mundo con un acto de iluminación demo- 
crática. 

Los virreyes establecían explícita ó implícita- 
mente el principio de su soberanía propia como 
vicarios del monarca, y meditaban instalar en 
Buenos Aires el asiento de las autoridades, pro- 
metiendo á los pueblos llevarlos más tarde á las 
montañas, con el fin de no herir sus susceptibili- 
dades locales. El brusco grito de emancipación 
de 1810 trastornó sus planes, sin conseguir, no 
obstante, disipar sus propósitos esenciales. Don 
Fernando Abascal, Virrey del Perú, aconsejado 
por el Intendente de Potosí, declaró incorporado 
el Río de la Plata á su jurisdicción, arrogándose 
de este modo el derecho de subyugarlo. Moreno 
refutó el bando que contenía esta declaración, í^' 
en uno de sus escritos más varoniles y elocuen- 
tes. Planteó la cuestión en el terreno legal, y sos- 
tuvo que los virreyes no poseían autoridad sino 
por delegación de la soberanía personal del mo- 
narca, el cual la trasmitía á sus agentes tempo- 
rariamente y con límites fijos, así en cuanto á sus 
atribuciones como en cuanto á la extensión te- 
rritorial de su dominio. 

No pudieron, sin embargo, armonizarse los me- 
dios de defensa del poder español por la impo- 
sibilidad en que sus representantes se encontra- 
ban para ponerse de acuerdo. Al mismo tiempo 
que Abascal asumía esta actitud, reuníanse en 
Cádiz las Cortes Constituyentes y motu propio 



(1) Gaceta extraordinaria de 25 de Septiembre de 1810. 



EF- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 21 

nombraban diputados de las colonias. Las auto- 
ridades de Montevideo comunicaron en Diciem- 
bre á la Junta aquellos acontecimientos y la tar- 
día declaración de igualdad política entre España 
y América. La experiencia enseñaba ya cuan 
poco valor tenía este linaje de declaraciones ante 
el criterio moral de los gobiernos peninsulares, 
pues era vivo y reciente el ejemplo de 1809. Lan- 
zábalas la Corte cuando el horizonte se encapo- 
taba, para recogerlas en seguida apenas parecía 
serenado, llevando el cinismo, como aconteció 
en el caso enunciado, al extremo á que la Junta 
de Sevilla lo condujo declarando apócrifo su de- 
creto largb tiempo después de promulgado. La 
Junta respondió protestando su fidelidad al rey 
bajo condición de esta decantada igualdad de 
derechos, pero reservando al próximo Congreso 
la resolución definitiva acerca de la reincorpora- 
ción propuesta. 

A principios de 1811 (i) recibió la Junta un 
nuevo oficio. Se lo dirigía don Francisco Javier 
deElío para comunicarle que acababa de llegar, 
nombrado Virrey por las Cortes de la Nación, 
pidiendo que fuera reconocida su propia autori- 
dad y la superior que se la había conferido, nom- 
brando en consecuencia el virreinato los diputa- 
dos que debían representarlo en su seno. Al mismo 
tiempo que á la Junta escribió al Cabildo y á la 
Audiencia con iguales solicitudes y protestas. 
Reconociendo la violencia con que hasta entonces 



(1) BI oficio tiene fecha de 15 de Enero de 1811. 



22 LECCIONES DE HISTORIA 

había procedido don Gaspar de Vigodet, Goberna- 
dor de Montevideo, manifestábase desagradado 
por ella y aun aseguraba haber hecho suspender 
sus impremeditadas disposiciones. Las autorida- 
des revolucionarias respondieron con firmeza 
negándose á todo avenimiento que no contara 
con el apoyo de la opinión y del Congreso Na- 
cional. 

Vamos á presenciar en breve graves acon- 
tecimientos y es fuerza diseñar la cronología de 
ciertos movimientos internos cuyo espíritu anali • 
zaremos más tarde. La opinión pública despertó 
en Buenos Aires así que el pronunciamiento de 
Mayo abrió á los pueblos el camino de sus espe- 
ranzas intuitivas. La expedición de las provincias 
fué sostenida en gran parte con los donativos 
voluntarios de la población. Luego que la Junta 
inició una subscripción popular para los emolu- 
mentos de la guerra, todos los patriotas, por 
poco que la fortuna los hubiera favorecido, se 
apresuraron á contribuirá ella é inscribir sus 
nombres en aquellos registros, que lo fueron de 
los partidarios de la revolución. Como el alto 
comercio y los propietarios acaudalados, gene- 
ralmente españoles, se sustrajeran á este com- 
promiso, pesó la carga casi exclusivamente sobre 
la- clase media, y el Gobierno colectó sus recur- 
sos con pequeñísimas donaciones, cuyo examen 
basta para comprobar el origen popular de aque- 
llos actos que llamo democráticos atendiendo á 
su alta significación histórica. La Junta Provi 
sional subyugada por el ascendiente del Dr. Mo- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 23 

reno, llamó los criollos á la magistratura, esta- 
bleció una vigilancia seyerísima en la capital, 
levantó una legión entre los patriotas para res- 
guardarla, y fomentó activamente el progreso 
del país, reformando y extendiendo la educación, 
fundando la Biblioteca Pública y por influencia 
de Belgrano, la Escuela de Matemáticas fundada 
en tiempo del Consulado y suprimida por la Cor- 
te. La expedición á las provincias llevaba bajo 
su bandera al gaucho y al compadrito, quiero 
decir, que el soldado de la revolución era el pue- 
blo,estoes,la masa, las muchedumbres, que al asu- 
mir este noble y arduo papel en el período gue- 
rrero, continuaban marchando en la línea de ten- 
dencia que siguieron en las épocas preparatorias 
de 1806 á 1809. La revolución era por consiguien- 
te democrática en su esencia, lo era en su destino, 
y pretender realizarla prescindiendo de la fuer- 
za social que la virilizaba, equivalía á aspirar al 
objeto sin querer atropellar por el camino. Sin 
embargo, hemos visto que el sufragio universal, 
no contaba sino con cinco partidarios en el Ca- 
bildo abierto del 22 de Mayo^ El plebiscito del 
25 le dio un triunfo transitorio, pero el patriciado 
al aceptar el hecho, no se sometió al principio 
que derivaba de él, y las elecciones subsiguien- 
tes fueron realizadas según las prácticas anti- 
guas. De aquí el origen de diversos partidos en 
el seno de la revolución. 

Descuella por su prepotencia y por los fulgo- 
res de su doctrina el partido democrático. Su 
jefe el Dr. Moreno aspiraba á levantar las mu- 



24 LECCIONES DE HISTORIA 

chedumbres al foro, entendía el sistema repre- 
sentativo y deseaba verlo triunfante y arraigado; 
pero influenciado por los ejemplos de la revolu- 
ción francesa, aliaba las teorías republicanas con 
el centralismo político y administrativo, punto 
de mira de muchos de sus famosos escritos. Era 
demócrata unitario. 

Agrupábanse en derredor del presidente Saa- 
vedra todos los que reputaban posible y cuerdo 
vaciar la libertad en el molde envejecido de las 
formas coloniales. Las grietas dejadas por una 
sociabilidad petrificada en el despotismo no po- 
dían dar cabida á la masa incandescente y viva 
de un pueblo libre y atormentado por todas las 
inquietudes del progreso político. Los conserva- 
dores temían que el desarrollo social fuera tem - 
pestuoso. Preguntemos señores, de qué otra ma- 
nera podría consumarse: ¿cómo destruir una or- 
ganización abusiva y tiránica, fuerte por su pro- 
pia antigüedlad, sin que el ariete retumbara en 
las murallas, sin estallido de pasiones y rojos rie- 
gos de sangre? Si amáis la lluvia fecundante, so- 
portad los terrores del huracán y del trueno: si 
amáis la redención, cargad entonces con la cruz. 

En medio de los conservadores y los demócra- 
tas comenzaba á delinearse un tercer partido,hí- 
brido entonces, sin doctrina definida ni sentido 
claro de los instintos que lo impulsaban. Formá- 
banlo los diputados de las provincias, que se 
proponían introducir en el gobierno general la 
influencia de los pueblos, cuyo mandato ejercían, 
sin aceptar el sistema democrático,sin poseer no- 



_jei 



r 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 25 

ciones completas ni del gobierno representativo 
ni de la organización federal. Sus afinidades 
naturales lo aproximaban al partido demócrata, 
pero como su principio de existencia consistía 
en una pasión de localismo involucrada en las 
preocupaciones y las idolatrías coloniales, prefi- 
rió aliarse con los conservadores. 

Esta fermentación latente se hizo visible por 
circunstancias inopinadas. Un ciudadano brin- 
dó en una fiesta por el emperador Saavedra. 
El alma republicana de Moreno se extremeció de 
indignación, y en luchas, cuyos detalles perma- 
necen ocultos, arrancó á la Junta un decreto 
aboliendo los honores virreales de su presidente: 
decreto de formas revolucionarias, en que se re- 
vela el espíritu austero del demócrata que no 
concibe la libertad sino en cuanto el pueblo vigi- 
la y enfrena á sus mandatarios: el arranque 
montañés con que funda la pena de destierro 
aplicada á Duarte por haberse encontrado ebrio 
en el momento de proferir su brindis en «que un 
» habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido 
» debe tener impresiones contrarias á la libertad 
» de su país;» y que encierra, por fin, este pre- 
cepto de sabor antiguo: «Se prohibe todo brindis, 
» viva ó aclamación pública en favor de indivi- 
» dúos particulares de la Junta. Si estos son justos 
» vivirán en el corazón de sus conciudanos: ellos 
» no aprecian bocas que han sido profanadas 
» con elogios álos tiranos.» El presidente Saa- 
vedra'firmó este decreto. Dos días después, Mo- 
reno fué vencido en una revolución guberna- 



t. 



26 LECCIONES DE HISTORIA 

mental. Los diputados de las provincias no con- 
formes con esperar la reunión del Congreso, 
para el cual habían sido electos, quisieron tomar 
parte directa en el Poder Ejecutivo y entraron á 
la Junta por asalto. Moreno resistió esta mons- 
truosidad política, que iba á hacer del país en re- 
volución y en guerra, una unidad semi-aristocrá- 
tica regida por una asamblea omnipotente en lá 
cual se refundían todas las ramas del Gobierno, 
y cuyas funciones como ejecutivo no podían 
menos de ser entorpecidas por la multitud de 
personas destinadas á ejercerlas. Conservadores 
y provincianos triunfaron. Moreno se retiró del 
gobierno con el alma impregnada de hiél, y en- 
viado como ájente de Buenos Aires á Europa, 
murió de muerte misteriosa durante la navega- 
ción á los treinta y tres afios de su edad. 

El único hombre que podía dar fibra á este go • 
bierno era Castelli, y éste se encontraba ausente 
por la campaña del Perú. Aquella Junta desco- 
lorida hallábase sola al frente de los negocios en 
los momentos en que Elío se presentaba como 
restaurador. 

Su primer cuidado fué bajar el diapasón revo- 
lucionario de Moreno, y en este sentido revocó el 
decreto de 3 de Diciembre que privaba á los es- 
pañoles europeos de ejercer ningún empleo pú- 
blico, limitando esta prohibición á los reacciona- 
rios. Más tarde decretó la elección de diputados 
por parte de los indios, excepto por los compren- 
didos en la jurisdición de Córdoba y de Salta; y 
un mes después, la creación de juntas guberna- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 27 

ti vas provinciales elegidas indirectamente y pre* 
sididas por un delegado de la Superior de 
Buenos Aires. La debilidad connatural á aquel 
gobierno no disminuyó sin embargo la inten* 
sidad de las fuerzas emancipadoras. 

Chile que había sacudido el yugo el 18 de 
Septiembre de 1810 por medio de una revolución 
aristocrática, así que supo la llegada de Elío, ofre- 
ció á la Junta su cooperación, aceptada la cual, 
envió un contingente militar que llegó á Buenos 
Aires en Junio de 1811. Entre tanto la Banda 
Oriental se había sublevado. 

El Cabildo abierto de Montevideo puso la ciu* 
dad en manos de los españoles; pero Artigas y 
los gauchos que capitaneaba rompieron á sabla- 
zos la cadena. Partidas campesinas alimentaban 
el foco revolucionario en Entre Ríos. Una escua- 
drilla remontaba el Paraná, que fué derrotada el 
2 de Mayo. La Junta anunció al pueblo franca- 
mente la verdad, tratando de persuadirlo del cor- 
to alcance del contraste y de irritar su orgullo 
para resarcirlo. De esta manera se entendía en 
aquellos tiempos la decisión de los pueblos bra- 
vos. Elío había puesto fuera de la ley á los revo- 
lucionarios; tenían que escoger entre la victoria 
ó la muerte. 

Dije al principio que uno de los escollos de la 
revolución era la rapacidad borbónica de la 
princesa Carlota. Había efectivamente trabado 
relaciones con Elío y auxiliado á los realistas de 
Montevideo aconsejada por Presas con el valor 
de sus joyas comprometiéndose á tal punto que 



28 LECCIONES DE HISTORIA 

el presunto Virrey contaba con las armas portu- 
guesas como elemento seguro en la restauración. 
Afortunadamente la Inglaterra ejercía una in- 
fluencia lata en España y Portugal, y dominada 
por los intereses económicos que la hicieron 
conquistadora en 1806 y 1807 y provocaron su 
iniciativa de civilización en 1809, acarició la 
revolución desde el momento en que estalló 
como una esperanza de amplias libertades mer- 
cantiles. La representaba en el Brasil el lord 
Strangford, cuya mano amiga disipó los conflictos 
preparados por los portugueses y que, dando por 
satisfecho su decoro de neutral con las protestas 
de fidelidad de la Junta hacia el rey Fernando,- 
le prometía extender en su apoyo la alianza de 
S. M. B. con los españoles anti-bonapartistas. La 
Junta, por su parte, traspasó por decreto de 14 
de Febrero de 181 1 á favor del comercio inglés 
el antiguo privilegio de las plazas españolas* 
Lord Strangford desaprobó la conducta obser- 
vada por EUiot al principio de la guerra, según 
lo había presentido la Junta (i) , desconoció el 
bloqueo declarado por Elío, y á tal extremo des- 
barató los planes de Carlota que cuando el Virrey 
amenazó á los patriotas en su proclama de 20 de 
Marzo con la invasión de los portugueses, la 
Junta lo refutó publicando (2) una nota del mi- 
nistro portugués Linares fecha 30 de Enero, 
en la cual respondiendo á otra del secretaria 
Moreno, garantía la neutralidad de su gobierno.- 



(1) Gaceta del 20 de Septiembre de 1810. 

(2) Gaceta del 4 de Abril de 1811. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 29 

La derrota de Belgrano en el Paraguay reagra* 
v(5 los azares de la situación, yfuéuno de los pre- 
textos puestos en juego para consumar el más 
grave escándalo de los primeros años de la revo- 
lución argentina. Los demócratas después del 
retiro de Moreno, habían organizado un club 
político, denominado Sociedad patriótica que 
se reunía en el café de Marcos presidido por 
Beruti y contaba en su seno todo el elemento 
joven de la naciente República. Tenían además 
algunos partidarios en el gobierno, y el doctor 
Agrelo redactaba la Gaceta. La Junta, reaccionan- 
do contra el propósito que primitivamente la 
condujo á anular varías disposiciones revolucio- 
narias inspiradas por Moreno, dictó el 21 de Ma- 
yo un decreto por el cual conñnaba á todos los 
españoles solteros. Medida tan cruda é ines- 
perada que hería ciegamente á inocentes y cul- 
pables, lastimó la sensibilidad del pueblo y los 
demócratas aprovecharon la coyuntura para 
ensayar las fuerzas de su partido. La Junta tuvo 
que ceder al empuje de la opinión expresada por 
el Cabildo y en peticiones populares, y pocos 
días después revocó su decreto, sustituyendo el 
confinamiento por un juramento de fidelidad que 
en cada caso debía ser abonado por un criollo. 
Este golpe dado á los decembristas trajo muy 
pronto deplorables resultados. Ala hora misma 
en que Soler rechazaba heroicamente en Soriano 
la escuadrilla de Michilena salvando la revo- 
lución y el honor de sus armas en aquel pueblo, 
preparábase en la capital el escándalo más esté- 



30 LECCIONES DB HISTORIA 

Til é insensato que recuerda la crónica de nues- 
tras discordias civiles. En la noche del 5 al 6 de 
Abril de 1811, grupos disciplinados por los agen- 
tes del gobierno venían á sofocar las germinacio- 
nes democráticas de un pueblo obediente á su 
irrevocable destino. Los demócratas se reunían 
públicamente, no ocultaban sus cintas azules, la 
divisa con que la soberanía popular arrancó el 
25 de Mayo la bandera revolucionaria de las ma- 
nos vacilantes de la aristocracia para hacerla 
flotar sobre el castillo de los virreyes, ni tramaban 
en medio de las sombras ruinosas conspiraciones: 
se esforzaban por democratizar la revolución, 
iniciando el choque tranquilo y fructífero de las 
opiniones en el debate que alimenta la vitalidad 
de los pueblos libres; pero el bando conservador, 
trastornado por la ira, recurrió á la violencia y á 
la subversión para hundirlos. Agrupados los se- 
diciosos colecticios de aquella noche vergonzosa, 
hicieron semblantes de imponer á la Junta una 
serie de medidas en cuyo interés había ella mis- 
ma preparado aquel tumulto creyendo sincerarse 
por la aparente coacción que él ejerció. Extrac- 
taré algunos de los diez y ocho artículos que 
comprendía el programa del motín. Por uno de 
ellos se restablecía el decreto dado en Marzo 
contra los españoles anulando la ñlantrópíca vic- 
toria de los demócratas: otros imponían confis- 
caciones: otros mandaban expulsar del seno de 
la Junta á Rodríguez Peña y Vieytes, revolucio- 
narios ap initiOf y desterrar á los prohombres 
del partido demócrata, French, Beruti, Donado: 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 31 

se ordenaba enjuiciar al general Belgrano y resta* 
blecer al presidente Saavedra en el mando de 
las armas y sus primitivos honores y preminen- 
cias; y por fin se prohibía á los criollos ejer- 
cer cargo público alguno fuera de su provincia^ 
terminando por declarar quienes habían de reem- 
plazar en la Junta á los vocales depuestos. Esta 
revuelta anómina cuya paternidad, como observa 
el sefior Mitre, <i) nadie se ha atrevido á recono- 
cer, encomiada por el deán Funes (2) y acatada por 
la Junta sin resistencia^ favorable para los con- 
servadores en sus intereses personales y de par- 
tido, y que por sus tintes localistas revela la in- 
fluencia de los diputados provincianos, reúne sin 
embargo rasgos característicos, que descu- 
bren el origen que le atribuye y dan una prueba 
acumulativa á esta conjetura. Todos los demó- 
cratas y opositores á los decembristas cayeron 
bajo su anatema con excepción de Castelli. Esta 
excepción no debe sorprendernos. La naturaleza 
explosiva de Castelli ponía á raya sus rivales: el 
alma de Belgrano era la lámpara tranquila del 
patriotismo y el deber. Además, con ella y por 
ella triunfan las ideas é intereses de conserva- 
dores y localistas: el Presidente recobra lo que 
Moreno le había arrebatado el 6 de Diciembre: 
la llevan á cabo los agentes déla policía urbana 
con grupos reclutados en los barrios, donde no* 
podía menos de gozar prestigio el antiguo Co- 



cí) Hiatoría de Belgrano, 

(2Q Gaceta extraordinaria del 15 de Abril de 1811. 



32 LECCIONES DE HISTORIA 

mandante de los Patricios; y por fin, persigue y 
asesta golpes de muerte al Club de la calle de 
la Victoria. Yo no necesito, señores, indicios 
más vehementes. Saavedra en sus Memorias ha 
tratado de salvar su responsabilidad personal. 
No me resisteré á hacer honor á su palabra, pero 
aunque podamos sincerarlo, no nos es en manera 
alguna posible absolver igualmente á su partido. 
Posteriormente á los sucesos intentó también el 
deán Funes í^) establecer su inocencia, pero 
contra él obra un documento fidedigno: la Gaceta 
del 15 de Abril. 

Los sediciosos nada sólido hicieron, sino es- 
candalizar y exacerbar las pasiones internas 
cuando más graves peligros amagaban al país. Su 
única medida reformadora fué un decreto de la 
Junta, redactado por Funes, en el cual se decla- 
raba la libertad de imprenta, sustituyendo la 
censura previa con un tribunal inquisitorial que 
no hacía sino aplazarla, y que variaba las for- 
mas, pero no la esencia de las leyes represivas. 

La guerra continuaba en el Plata. Los españo- 
les entraron á Zarate á fines de Abril y lo pusieron 
asaco; pero en Mayo perdieron su centro de ac- 
ción en el Paraná por la toma de Corrientes. La 
insurrección oriental ganaba terreno, y á media- 
dos de Mayo se había apoderado ya de Maldona- 
do, San José, Minas y Cerro Largo, y triunfaba de 
los realistas, guiada por Artigas, el 18 en el com- 
bate de las Piedras. Este caudillo comenzaba ya 



(1) Bosquejo histórico de la Revolución. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 33 

ú suscitar sospechas acerca de sus deseos de 
«maciparse de la Junta; pero fuera por prudencia 
ó por no haber madurado aún sus proyectos, pro- 
testó su obediencia, (O y se sometió al general 
Rondeau nombrado para reunir los restos de la 
expedición del litoral del* norte y organizar la 
revolución popular y campesina de los orientales. 

Por estos tiempos, lord Strangford entabló una 
mediación, á fin de que los Gobiernos de Monte- 
video y Buenos Aires^ previa una suspensión de 
hostilidades, trataran entre sí para salvar el con- 
flicto existente entre España y las colonias. Elío 
aceptó la mediación; pero la Junta de Buenos 
Aires la rechazó, negando á aquél como desde el 
primer momento le negó, la validez dé su nombra- 
miento en razón de la incompetencia de las Cortes 
por otorgárselo, y por consecuencia, la suya para 
obligar la fe nacional en tan graves cuestiones, 
— añadiendo, que aun la simple aceptación del ar- 
misticio, como quiera que dejaba al jefe usurpador 
ejerciendo sus funciones, equivalía á reconocer en 
él un derecho que echaría por tierra el de las pro- 
vincias argentinas para conservar la actitud que 
habían asumido en 1810. 

Las intrigas de Carlota, anteriormente vencidas 
por el influjo de lord Strangford, habían triunfado 
al cabo, á pesar de los esfuerzos de Sarratea en 
el Janeiro, y las armas brasileras brillaban ya en 
las fronteras del antiguo virreinato. Había logrado 
además la Princesa atraerse algunos personajes 



(1) Proclama del 11 de Abril. 



34 LECCIONES DE HISTORIA 

influyentes del Paraguay, los cuales declararon la 
emancipación de su provincia el 15 de Agosto^ 
dando origen á los movimientos que la sustra- 
jeron de toda solidaridad continental y formaron 
la Junta gubernativa, á la cual fué incorporado el 
sombrío doctor Francia que pocos años después 
usurpó totalmente el poder para fundar su ho- 
rrenda tiranía. 

Los acontecimientos arrojaban á la revolución 
en caminos cada vez más resueltos. Hacia el mes 
de Mayo llegó á Buenos Aires la noticia de haber 
sido incorporada la Espafia al imperio francés^ 
lo cual resolvía de un golpe todas las cuestiones 
coloniales. Instaba al mismo tiempo la Junta álos 
cabildos unidos <i) por el nombramiento de sus 
diputados para apresurar la reunión del congre- 
so. Pero Elío irritado por el mal éxito de las 
negociaciones de Abril y poco esperanzado de 
que el Congreso fuera más condescendiente 
que la Junta, bombardeó aunque débilmente la 
ciudad de Buenos Aires en la noche del 15 de 
Julio y en la mañana siguiente le intimó rendi- 
ción. Entre tanto Rondeau se apoderaba de la 
Isla de Ratas. Los buques españoles remontando 
el Paraná, hostilizaron estérilmente á Corrientes, 
y de regreso cañonearon sin éxito también cua- 
tro buquecillos de la Junta surtos en la rada de 
Buenos Aires 

Más graves conflictos atravesaban las armas 
revolucionarias en las fronteras del Perú. El 



(1) Nota del 26 de Junio de 1811. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 36 

Cabildo de Lima, trasmitió á nuestros jefes mili- 
tares un pliego de proposiciones de paz calcadas 
sobre las que presentaran á la Cortes los que se 
llamaban diputados de la América, y CastelH 
incurrió en la debilidad de estipular un armisticio 
de 40 días sacrificando ventajas que las circunstan- 
cias le daban y permitiendo que el enemigo se las 
usurpara. Pendiente aún el armisticio, las tropas 
realistas cayeron sobre él, y favorecidas en la 
sorpresa por la deserción de las milicias paceñas 
que engrosaban nuestras filas, lo derrotaron el 20 
de Junio en las márgenes del Desaguadero. El 
heroísmo de la retirada de Pueyrredón daba glo- 
ría á sus noveles soldados, mas no rescataba las 
deplorables consecuencias de la derrota. 

En la región del litoral apremiaba definir la 
situación del Paraguay respecto de las demás 
provincias. Previa la satisfacción solemne que 
exigió por las injurias de la sedición de Abril, el 
general Belgrano aceptó el encargo de trasladar- 
se al Paraguay asociado al doctor don Vicente 
Anastasio de Echeverría, para negociar á nombre 
de la Junta con la que acababa de formarse en 
aquella provincia. Francia omnipotente ya, los 
acojió con exteriorídades halagüeñas y condujo la 
negociación con destreza, asombrándolos en sus 
conferencias privadas por ciertos sentimientos 
que no podía reprimir y que más tarde caracte- 
rizaron su política, hasta obtener que firmaran 
un pacto por el cual se reconocía al Paraguay su 
independencia económica y administrativa, de- 
jando existente un lazo federativo que no tardó 



36 LECCIONES DE HISTORIA 

en romper. De este modo explotaba Francia pa- 
siones antiguas y arraigadas en los paraguayos 
para fascinar las masas y fijar sobre una base 
resistente y sólida el sistema de gobierno que 
tan profundamente ha corrompido aquel pueblo 
sin fortuna. 

La revolución estaba envuelta por una atmós- 
fera tormentosa bajo la cual era visible la impo- 
tencia de la Junta de Abril, destituida de unidad 
y por consecuencia de fibra para la enérgica 
acción que el estado del país exigía imperiosamen- 
te. Ella misma lo comprendió y se deshizo ex- 
pontáneamente de las atribuciones anexas al Po- 
der Ejecutivo, confiriendo éstas el 23 de Septiem- 
bre de 1811 á un triunvirato y reservándose su vi- 
gilancia y control y facultades legislativas, bajo el 
nombre de Junta Conservadora. El Triunvirato 
fué compuesto por D. Juan José Passo, D. Feli- 
ciano Antonio de Chiclana y D. Manuel Sarratea, 
siendo su Secretario el Sr. D. Benardino Rívada- 
via, que por primera vez subía á los altos pues- 
tos públicos.— La Junta al resignar al mando abo- 
lió el tributo, signo de la postergación de los in- 
dios en la comunión política; y en los últimos días 
de su Gobierno, salía de la pluma del Dr. Agrelo 
la palabra que venimos repitiendo hasta hoy los 
demócratas argentinos, la idea matriz de Viey- 
tes, de Belgrano, de Moreno y cuantos han son- 
deado las entrañas de nuestra antigua sociabili- 
dad: extirpemos el espíritu español de nuestras 
leyes y de nuestras costumbres cívicas, apren- 
diendo en el ejemplo de la Península, que más 



DE LA KEPÚBLICA AKGEIITINA 37 

bien que por la fuerza del conquistador, sucumbe 
bajo la acción disolvente de sus vicios internos, 
y para extirparlo rehagamos el carácter del pue- 
blo con una educación que dé á los hombres, viri- 
lidad moral é ideas sólidas y substanciales. Pero 
las oscilaciones de la política interior y las li- 
biandades de los hombres, no sólo estorbaban la 
consecución de tan alta mira, sino que ya por 
aquella fecha debilitaban el arranque expansivo 
que al abrigo de la unión llevó las banderas 
-emancipadoras hasta el virreinato de Lima. Las 
provincias desfallecían, como anteriormente nota- 
mos, ante los contrastes del Ejército, y no falta- 
ban cobardes que trataran de ponerse en buenos 
términos con los realistas. 

A estos serios embarazos se juntaba el que de- 
Jo ya notado: la intervención de los portugueses 
en la política del Plata, fruto de las maquinacio- 
nes españolas. 

En esta emergencia los revolucionarios pusie- 
ron al frente de los negocios públicos un esta- 
dista profundo y patriota, Rivadavia: dos anti- 
guos independientes conservadores, Chiclana 
y Passo; y por fin, un ciudadano más diestro 
que austero, Sarratea, orgánicamente travieso, 
atractivo por su cultura aristocrática y diplomá- 
tico por Tocación, cuyas inclinaciones dominaron 
en los consejos cuando sus colegas excogitaban 
medios para contener ó limitar la intervención 
brasilera. 

Respecto de la política interior se esforzaron 
en dulcificar las heridas ocasionadas por la re- 



38 LECCIONES DE HISTORIA 

vuelta de Abril, llamando y satisfaciendo hono- 
rablemente á los desterrados: honraron con ha- 
lagos sin consecuencia á los indígenas, y por una 
contradicción grosera, para vigorizar la discipli- 
na del Ejército que operaba en la Banda Oriental, 
convirtieron en soldados de línea á los mulatos y 
negros que en clase de milicianos se sacrificaban 
generosamente en sus filas (i). Había en aquellos 
pechos amargos dejos de la arrogancia del blanco 
en tierra mancillada por la trata del ébano vivo. 
Lanzábase á pesar de todo al debate popular la 
idea de la independecia absoluta del país, ^2> 
chispa arrojada por la primera vez en uno de los 
mayores peligros de la revolución, y que debía 
desarrollarse para incendiar las pasiones y en- 
volver al pueblo, como un celeste resplandor de 
gloria, en otras horas igualmente azarosas y 
crueles. 

El 20 de Octubre se ajustó definitivamente un 
armisticio con Elío, al cual se le dio con motivo 
de estas negociaciones el título de Virrey. Esto 
importaba claudicar de los principios anterior- 
mente sentados y de la política seguida hasta 
entonces en las relaciones exteriores; pero se 
lograba un objeto: conjurar ó aplazar por lo me- 
nos la complicación provocada de parte del Bra- 
sil. Tan cierto es que el Gobierno no pensaba 
poner fin á la guerra que enviaba á Belgrano á 
guardar las costas del Paraná, deber que cum- 



(1) Decreto de 4 de Octubre de 1811. 

(2) Gaceta del 10 de Octubre de 1811. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 39 

püO el perseverante patriota con el poderoso 
auxilio de don Ángel Monasterio, ingeniero re- 
nombrado que puso su ciencia á generoso ser- 
vicio de la causa revolucionaria. 

Los acontecimientos consiguientes á esta elec- 
ción llenaron el afio de 1812. Mas á fínes del 
anterior encontramos hechos dignos de ser espe- 
cialmente notados. La Junta Conservadora vién* 
dose exenta de los cuidados de la guerra se 
ocupó de preparar la organización del país, y 
díció un Reglamento Constitucional, <>) que des- 
pertó el enojo del Triunvirato porque restrin- 
gía notablemente las atribuciones del Ejecutivo, 
el cual la disolvió el 7 de Noviembre, y promulgó 
quince dias después un Reglamento Provisorio 
que estudiaremos en seguida, y que sea dicho 
por lo pronto, nada avanzaba en su manera de 
establecer y organizar la libertad política, aña- 
diendo una declaración de garantías individua- 
les y nuevas franquicias á la palabra escrita que 
reformaron la libertad de Fígaro aplicada á la 
prensa por el deán Funes. La supremacía á que 
aspiró la Junta hería también los sentimientos 
de predominio de Buenos Aires. Un motín san- 
grientamente reprimido en el cuartel de Patri- 
cios sirvió de pretexto para expulsar de la capi- 
tal á los diputados de las provincias, paso en 
gran manera impolítico en momentos en que el 
interior abrumado de temores y prematura fati- 
ga abandonaba la revolución á los caprichos de 
la suerte. 

(t) Bl 23 de Octabre de 1811. 



40 LECCIONES DE HISTORIA 

El 18 de Febrero se decretó el uso de la esca- 
rapela celeste y blancaj y en el mismo tiempo 
enarboló Belgrano en el Paraná por primera vez 
el pabellón nacional, que á pesar de la reproba- 
ción momentánea del Gobierno fué pocos meses 
más tarde consagrado en medio de los regocijos 
de estruendosas victorias. 

Cuando este noble patriota fué enviado á reor- 
ganizar el ejército del Alto Perú, se vio obligado 
á luchar no solamente contra las hostilidades 
del enemigo, sino además contra la inacción del 
gobierno y la apatía de los pueblos. Por fortuna 
los realistas que lo amagaban tuvieron que divi- 
dir sus fuerzas para volverse á sofocar la insu- 
rrección que estallaba nuevamente en Cocha- 
bamba. 

Permitidme, señores, una digresión, para re- 
cordaros la página épica de aquella provincia^ 
fiel á la libertad aun en medio de los extreraeci- 
mientos del martirio, en la cual leemos que un 
día en que los patricios amedrentados deserta- 
ban su puesto de honor y caía el arma de sus 
manos, lanzáronse á la plaza sus mujeres ezcla« 
mando en medio del estupor: «Los cobardes no 
»soa dignos del amor de las esposas americanas; 
•venid á combatir!» E inñamando el decaído vigor 
de sus paisanos cayeron á su lado, víctimas 
hermosas del nefando monstruo, mártires de 
augusto patriotismo. Por eso, años después á la 
hora de la revista en los ejércitos patriotas se 
pregutaba al frente de todos los regimientos:— 
«¿Las mujeres de Cochabamba?»— «Murieron por 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 41 

la patria,» respondíase solemnemente en tribu- 
to á su heroísmo. 

Como estos sucesos distrajeran las fuerzas 
enemigas, fuéle posible al General reorganizar 
su ejército; y ayudado por jefes valientes é ins- 
truidos y por el prestigio deGüemes, caudillo de 
las caballerías gauchas, afrontaba con entereza 
las dificultades que le rodeaban, exigiendo dinero 
y contingentes del Gobierno que permanecía sor- 
do á sus demandas. La razón de esta apatía era la 
multitud de peripecias que absorbía su aten- 
ción en el litoral. Determinémoslas. 

El Estatuto provisional confería á una asam- 
blea de vecinos de la capital la facultad de elegir 
los miembros del Triunvirato en sus renovaciones 
periódicas y en todo caso de vacancia. Habiendo 
vacado el puesto de Passo, la Asamblea eligió á 
Pueyrredón para reemplazarlo; pero como éste 
estuviera ausente debía el Secretario desempe- 
ñar interinamente sus funciones, con arreglo al 
Estatuto. Sin embargo la Asamblea no quiso so- 
meterse á esta prescripción de la ley y fué di- 
suelta. 

El aniversario de la revolución fué celebrado 
pomposamente aquel año y recién en esta oportu- 
nidad se suprimió el paseo del estandarte real. 
En la proximidad de estos días clásicos celebra- 
dos con actos filantrópicos y generales regocijos, 
un nuevo é inesperado suceso vino á perturbar 
los espíritus. 

Alzaga, el enérgico Alcalde de 1807, el caudillo 
realista de la sociedad bonaerense desde 1809, 



42 LECCIONES DE HISTORIA 

tramaba una conspiración que debía estallar 
entonces comenzando por el exterminio de los 
jefes del gobierno y de los principales factores 
de la independencia. Descubierto el complot por 
un esclavo, Alzaga y sus cómplices, juzgados 
por un tribunal de salud pública, fueron senten- 
ciados á muerte y pasados por las armas en Julio 
y Agosto de 1812. 

El fracaso de la intentona de Alzaga disipiindo 
las esperanzas del general portugués Sonsa, 
relacionado con él, facilitó el término de las ne- 
gociaciones emprendidas el 26 de Mayo por Ra- 
demaker agente de la Corte del Brasil, y cuyo 
resultado fué qus los portugueses evacuaran 
inmediatamente el territorio oriental. Los peli- 
gros más próximos fueron de este modo con- 
jurados. 

Entre tanto, el general realista Tristán, desta- 
cado contra Belgrano, entró á mediados de 1812 
en la provincia de Tucumán. Organizado nues- 
tro ejército y auxiliado con armas enviadas por 
el gobierno y & costa de subscripciones patrióticas 
en que tomaron parte las damas de Buenos Ai- 
res, Belgrano se determinó íl batirse, y el 24 de 
Septiembre obtuvo en Tucumán su primer victo- 
ria, preparándose para caer sobre Salta y recu- 
perar las ventajas que la revolución había perdi- 
do en el desastre del Desaguadero. 

La nueva Asamblea estaba ya reunida en 
Octubre cuando llegó á Buenos Aires la noticia 
de la batalla de Tucumán; pero había comenzado 
sus funciones por expulsar algunos de sus miem- 



DE LA HEPÚBLICA ARGENTINA 43 

bros, concitándose de esta manera aumerosas 
antipatías, que acrecent<5 nombrando el día 6 al 
Dr. Medrano, poco apoyado por la opinión, para 
reemplazar á Sarratea cuyo mandato terminaba. 
La tranquilidad que respecto de la reacción 
infundía el triunfo de Belgrano, permitía á las 
pasiones concentrarse en los asuntos internos. 
Además, habían llegado poco antes á Buenos 
Aires D. José de San Martín y D. Carlos María 
de Alvear, resueltos á establecer la Sociedad de 
Lamaro, fraternidad secreta fundada en Inglate- 
rra por el general Miranda y que reunía cierto 
número de americanos, obligándolos bajo la fe y 
coacción de terribles juramentos á trabajar por 
la libertad é independencia del continente con 
la más severa y absoluta solidaridad, ya se tra- 
tara de conspirar, ya se legislara ó dirigesen 
pueblos ó ejércitos. Esta asociación determinó 
intervenir en aquellos conflictos, y provocando 
una manifestación popular que retemplaba las 
fuerzas democráticas, derrocó el 8 de Septiembre 
al Triunvirato y á la Junta. Sustituyó al primero 
con otro compuesto por D. Juan José Passo, D. 
Nicolás Rodríguez Peña y D. Antonio Alvarez 
Jonte. La primera medida del nuevo gobierno 
fué romper con las formas antiguas, según las 
cuales habían sido instituidas las Asambleas y 
Jumas precedentes, y convocar una nueva para 
el año inmediato que debía ser elegida popular- 
mente. 

Al terminar el año de 1812, teníamos pues, á 
EIÍo estrechado en Montevideo, á Belgrano pro- 



LECCIONES DE HISTORIA 

jir la provincia de Salta, y e 
nal convocado en condicjo 
ase esencialmente revoluciot 
os y refleccionemos. 
;rto, señores, que he abusai 
nente de vuestra atención. 
) que deciros para esclarc' 
os principales acoatecimienl 
y es preferible aplazar ha: 
ima la continuación de su ei 



LECCIÓN XIII 



De la idea de la independencia. Doctrina ostensible de la rero- 
Incida arcentina. Relacloaei genérale* de la revoIncíDn eo- 
Earopa j AnitricB. Ratiñcmciún de los hecboi A la Idea do la 
independencia. Relacione! eilranjeras. Inglaterra. Escara- 
pela y bandera. Sociedad de Lautaro.—Snene déla revola- 
ciAn interna d de la democracia. Mariano Morena. Partido!.. 
Peripecias interiores. Desarrolla de loa principias demacra' - 
ticos. BtcAndalos ; errores. Restablecimiento de la ligicA 
revol ación ario -democrática en el pronunciamiento de Octubrc,- 

SeRores: 

Debiendo terminar en esta noche el estudio 
de los primeros años de la revolución, permitid- 
me que reproduzca en un brevísimo resumen los 
datos que aglomeré en mi última lección. 

Desde Mayo hasta Noviembre de 1810 todo el 
virreinato, desde el Plata hasta el Desaguadero, 
habíase puesto de pie siguiendo el movimiento 
emancipador, con sólo dos excepciones; Monte- 
video, desorientado por las artimañas españolas 
y la desidia urbana 'de U capital, y el Para- 
guay inmovilizado por el localismo que fué un 
día su gloria yjha sido causa de su ruina y vili- 
pendio desde la caída de los Comuneros hasta la, 
dictadura de ambos López. 



■J 

^ 



46 



LECCIONES DE HISTORIA 



El Paraguay después de rechazar á Belgrano, 
expulsó los mandones españoles, y sus nuevo go- 
bierno comenzó á preparar gradualmente la ti- 
ranía del doctor Francia, separándolo de la unión 
argentina por medio de actos que la Junta de 
Buenos Aires, aceptó y consagró en dos tratados 
de tendencia separatista. 

Conocéis los hechos en cuya virtud la capital 
de la Banda Oriental fué avergonzada y someti- 
da á la sombra de un poder, apenas existente si- 
no en la idolatría de pocos y relapsos sacerdotes. 
Un día el suelo vaciló. Fuerzas selváticas esta- 
llaron en las aldeas dormitantes y en las campa- 
ñas desiertas. El aire parecía replegarse recha- 
zado por un aliento titánico para dibujar la si- 
lueta angulosa del caudillo que las dirigía. Aque- 
lla creación maravillosa y en gran manera tras- 
cendental era el advenimiento de la democracia 
campesina encabezada por Artigas. La libertad 
en aquella región del Plata estaba confiada á la 
pasión de las masas. El gobierno revolucionario 
lo comprendió así, y aceptó la insurrección, en- 
viando á incorporarse á ella, soldados que la ro- 
bustecieran y jefes que la regularizaran. Comen- 
zó entonces el sitio de Montevideo, que fué estre- 
chado con todo rigor, una vez dominadas las 
complicaciones con Portugal, de que hablamos 
en la última conferencia. 

Los contrastes que sufrió en el Perú el ejército 
argentino lo obligaron á replegarse. Tras él mar- 
charon las legiones españolas, y consiguieron 
apoderarse de extensas fracciones de territorio 



DE LA sepCblicaTargentina 47 

hasta la provincia de Tucumán. En esta crisis fué 
enviado al ejército el general Belgrano. La ac- 
ción popular, desplegada en esta coyuntura, con- 
dujo muy pronto á término lataspiracidn más ve- 
hemente en aquellas circunstancias. Los gau- 
chos provincianos llevaban su persona al sacrifi- 
cio, y las capitales que tampoco escasearon la 
sangre de sus hijos, presentaban bajo otros as- 
pectos un memorable espectáculo. Caudales, ca- 
ballos, armas, cuanto las tropas necesitaban era 
generosamente puesto en manos del gobierno, y 
una cotización de las damas de Buenos Aires, en- 
riqueció nuestros parques con fusiles en los cua- 
les quisieron grabar sus nombres. Remontado 
así el ejército, dio el 24¡de Septiembre de 1812 la 
batalla de Tucumán, aprestándose en seguida 
para reconquistar á Salta y libertar definitiva- 
mente todo el país argentino propiamente dicho. 
Ya os referí también las divisiones introduci- 
das en las filas revolucionarias y las peripecias 
que les fueron consiguientes. Había en la prime- 
ra Junta una marcada tendencia conservadora. 
Los que la seguían, á semejanza de aquel labra- 
dor cuyo ejemplo condenó el Evangelio, preten- 
dían marchar hacia el porvenir¡con los ojos fijos 
en el pasado. La inclinación opuesta era encar- 
nada por Mariano Moreno. Tendía á reivindicar 
la soberanía popular como el primer y esencial 
fruto de la revolución de Mayo. Los diputados de 
las provincias, imprimían á la revolución su 
grandioso carácter nacional pretendiendo inge- 
rirse en el gobierno á nombre de los pueblos que 



48 LECCIONES DE HISTORIA 

representaban, y establecían una nueva corriente 
de ideas: el personalismo de las localidades. El 
decreto de 6 de Diciembre de 1810 activó la lu- 
cha, y conocéis ya la revolución, á cuyo favor se 
introdujeron en la Junta los diputados del inte- 
rior. Con este hecho fué vencido Moreno, pero la 
Sociedad patriótica conservaba su doctrina en 
el espíritu de la juventud, y tenía algunos parti- 
darios suyos en el gobierno. El tumulto del 5 y 6 
de Abril de 1811 los expulsó; pero la Junta tuvo 
que reconocer su debilidad orgánica, y el 23 de 
Septiembre dividió las ramas del poder público, 
constituyendo el Triunvirato, encargado del Eje- 
cutivo y la Junta Conservadora encargada del 
Legislativo. Os dije también que esta última fué 
disuelta por un golpe de Estado el 7 de Noviem- 
bre con motivo del Reglamento Constitucional 
que dictó, sustituido el 22 del mismo por el Esta- 
tuto provisional de 1811. Vimos por último que 
aquellas agitaciones se prolongaron hasta que la 
sociedad de Lautaro que traía fuerzas nuevas, 
una vez que el país se tranquilizó por la victoria 
deTucumán respecto de la cuestión nacional, de- 
rrocó el 8 de Octubre al Triunvirato y convocó 
una asamblea constituyente elegida por el su- 
fragio popular indirecto. Aquí nos detuvimos. 

Pero habíamos planteado un problema que de- 
bemos esforzarnos por resolver: ¿qué importan- 
cia y trascendencia tenían estos acontecimien- 
tos juzgados bajo el doble punto de mira de la 
revolución de Mayo?.... 

Tiene para mí, señores, el juicio á que os invi- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 49 

to una solemnidad religiosa. Jamás encaro el cua- 
dro en que actuaba la generación de Mayo, impul- 
sada por férvidas aspiraciones hoy, mañana ale- 
targada por secos desalientos, un día bajo la viril 
presión de la verdad, otro subyugada por funes- 
tas preocupaciones, y siempre con el tono desi- 
gual que reina en los períodos de transición, sin 
que me estremezcan las emociones con que el su- 
surro de las brisas en el armonioso ramaje de las 
selvas sagradas, inundaba el alma de los galos. 
Mas este recojimíento que hace rebosar la since- 
ridad en el corazón, es propio, señores, para ilumi- 
nar y fortalecer nuestro juicio. Sólo juzgando á 
nuestros padres y juzgándonos á nosotros mis- 
mos podemos aspirar & ser dignos de nuestros 
hijos. Reconozcamos el bien sin envanecernos, y 
para rectificar nuestras altivas pasiones, reco- 
nozcamos el mal, siquiera tengamos para ello 
que torturarnos el corazón. La generación que 
se enerva bajo la idolatría del pasado es genera- 
ción indolente y estéril. Ni su arado descuajará 
el terreno, ni sobre su tumba brotarán laureles. 



I 

¿Qué habían hecho los pueblos y los gobiernos 
al terminar el alio de 1312 en favor de la inde- 
pendencia nacional? 

La existencia de un interés común y solidario 
entre todas las metrópolis europeas y la impo- 
tencia de las colonias para desafiar las ligas 



^ 



50 LECCIONES DE HISTORIA 

reaccionarias que ese hecho pudiera producir; 
el atraso de los pueblos, cuyas preocupaciones 
seculares pudieran inducirlos á rechazar el ce- 
tro; la falta de uniformidad respecto á los objetos 
definitivos de la revolución, y otras causas se- 
cundarias, la obligaron á disfrazarse bajo las 
formas y declaraciones políticas que expuse en 
mi última lección al estudiar los primeros es- 
critos de la Gaceta y los documentos expedidos 
por la Junta de 1810. 

Sabéis también que este pronunciamiento fué 
preparado por largas elaboraciones, en fuerza 
de las cuales la opinión pública naciente se in- 
corporó al movimiento general de reforma, que 
agitaba todo el mundo civilizado, y había produ- 
cido los dos acontecimientos más ruidosos de la 
historia moderna: la revolución norte-america- 
na y la francesa. Era pues hijo de un espíritu 
nuevo, cuyas manifestaciones no podían menos 
de trascender fuera de los límites de toda etno- 
grafía quimérica. Los hechos pueden ser cir- 
cunscritos, pero no hay barrera que contenga la 
difusión de las ideas. Los criollos se apoderaron 
del gobierno para ejercitar las fuerzas que ad- 
quirían en la prosecución de sus designios de 
progreso y de mejora social. Tal es el primer 
pensamiento que los asalta al encontrarse predo- 
minantes; y para esquivar la lucha con los pode- 
res extranjeros complotados y reconcentrar su 
esfuerzo en la reforma interior, adoptan los me- 
dios que su sagacidad, les suministra como pro- 
pios para ofuscar el juicio de los poderes ad- 
versos en la apreciación de su actitud. 



if"^ 



DK LA REPÚBLICA ARGENTINA 51 

La Inglaterrra, en vista de graves intereses 
mercantiles, acariciaba su marcha. Hemos to- 
mado en cuenta las cordiales relaciones de su 
embajador con los gobiernos patriotas desde 
1810, Él contrarió las furias guerreras de Elfo. 
El primer agente extranjero que vino A estable- 
cer relaciones de comercio con aquella nacio- 
nalidad apenas viable, fué un cónsul de S. M. B. 
en 1811. 

Por lo demás, era tan turbulenta la vida de la 
Earopa en aquel período, que ningún gobierno 
tenía fuerza, voluntad ni tiempo para volver 
por los intereses de España. ¿Cómo se produ- 
cen, señores en el mundo esas crisis universales 
que absorben la atención de cada pueblo en sus 
intereses privados y sus vicisitudes domésticas, 
permitiendo que otras naciones nazcan de los 
senos de la historia y otros esclavos se eman- 
cipen? Los libros santos refieren que cuando el 
pueblo judío emigraba huyendo de la tiranía 
egipcia, el Dios de Abraham envolvía sus mu- 
chedumbres en una nube para ocultarlas á la 
vista de los perseguidores, América tuvo la 
nube del éxodo hebreo en las vertiginosas peri- 
pecias de la Europa, coetáneas á la revolución. 
La historia sin el sentimiento de la Providencia 
pierde su poesía y el diapasón de las epopeyas.... 

En los dos años transcurridos hasta el instante 
en que hoy nos detendremos, las colonias vivie- 
ron independientes de hecho, y se robusteció 
este estado de cosas por la guerra que sostenían 



LECCIONES DE HISTORIA 

3S ageates de la metrópoli, levantando 
o de una y otni el odio del beligerante y 
lo de las victorias. La independencia 
sultado lójico de estos antecedentes. El 
:Jel soldado patriota contra el soldado 

debía hacer odioso el emblema de la 
combatida. Por eso el gobierno decre- 
uso de la cucarda nacional, simpática 
2 la olocracia vencedora en Mayo. Por 
rano tremolaba el pabellón patrio al son 
iñones revolucionarios en las orillas del 
y contenido por la prudencia política en 
íasta arranque, acechaba el momento de 
tria ungida con la sangre de los bravos, 
)a pompas marciales para sus ritos, 
'a el progreso de la idea de la indepen- 
da el tiempo prescribía toda acción reac- 

sobre los hechos en que estribaba, en 
lentos en que se establecía en Buenos 
L sociedad de Lautaro, que recibía á sus 
)3 diciéndoles por boca de su presidente: 
iréis todas vuestras fuerzas y poder para 
er la independencia de vuestra muy ado- 
latria, no sólo en la lucha que sostiene 
sino contra cualquiera potencia que quie- 
adirla». El caballero iniciado se obligaba 
;ntido bajo juramentos sancionados con 
alidad sangrienta. Quiero que compren- 
n el espíritu de esta sociedad sobre el 
le nos ocupa. Al principio de todas las 

de la orden, sus asociados se dividían 
grupos: uno de ellos representaba la 



J 



DE LA KEPÜBUCA AROENTINA 53 

América del Sud y el otro la del Norte; y cada 
uno era encabezado por un secretario. Entre 
estos dos ministros y el presidente se entablaba 
un diálogo, cuyo extracto rae permitiréis leer: 

— -¿A quién debemos imitar nosotros? pregun- 
taba el presidente. 

— «Al valiente Lautaro. 

—«¿Qué hizo Lautaro? 

—«Morir por la defensa de su patria. 

— «¿Cuál era su patria? 

—•La nuestra. 

— *¿Y sabéis que todos los caballeros que están 
presentes se hallan resueltos A imitarlo? 

—•No sólo los presentes, sino todos los que cu- 
bren la superficie de la tierra. 

— «¿Por qué lo sabéis? 

—«Porque así lo han jurado y prometido. 

— »¿Y si por una de aquellas casualidades que 
suceden en el mundo, faltase alguno & su pro- 
mesa, qué haríamos con él? 

— «Asesinarlo, después quemarlo y arrojar sus 
infames cenizas por el aire, para que no quedase 
memoria de hombre tan infame!» 

Esta asociación extensamente ramificada bajo 
la dirección de los individuos que componían la 
central, y cuyos miembros estaban obligados á 
proceder invariablemente en la vida pública bajo 
su presión sombría, entrañaba sin duda, ade< 
más de la inmoralidad de sus resortes discipli- 
narios, el peligro de toda oligarquía, y de una 
oligarquía tanto más temible, cuanto que esca- 
paba por el secreto al freno de la opinión; pero 



1 LECCIONES DE HISTO 

. por esta misma raz(}a una pa 
1er, que venia á servir la i 
idencia, cada día más prestii 
mto popular y más prepara( 
iones contemporáneas, 
lajo este punto de vista, la re 
a por su fuerza virtual y 
pió de su naturaleza. Os 1 
olución interior. 



II 

:i pueblo de Buenos Aires 
aelta separó el 25 de Mayo 
lario á la clase aristocrática 
al de la emancipación se r 
picios. Sin embargo, la Ju 
aquel acto olocrático, fué i 
su amparo recuperó Ja ar 
anfa perdida. Castelli mai 
cias, y Moreno quedó conden 
3 y constantemente contra 
pador de sus compañeros, 
stituir los pueblos bajo las f 
cediendo por medio de los C 
igresos vecinales, en los cm 
[a acceso. Cuando la Junt 
vincias soldados y maniñest 
arporarse á la revolución, 
I organización incalificable, 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 55 

es visible, tanto para la reforma interna del país, 
cuanto para la representación exterior de la 
nación que la revolución tendía á fundar. 

Afrontemos la cuestión. La revolución de 1810 
es un momento critico y la más dura entre todas 
las vicisitudes del principio de la nacionalidad 
argentina, quiero decir, de la unión de todos los 
pueblos que la forman; y conviene investigar, si al 
demoler el solio de los virreyes, se dejaba subsis- 
tente algún vínculo entre las provincias del Plata- 
¿Cuál fué la inSuencia de ese hecho sobre la soli- 
daridad de estos pueblos? Si es verdad que la 
acefalía de la Península entregaba las colonias 
á la plenitud del derecho natural por la caduci- 
dad del derecho positivo, —¿es cierto ó no que 
la revolución devolvía á cada uno de los pueblos 
argentinos su régimen propio abrazando en la 
disolución del poder virreal la de lodos los vín- 
culos que existían anteriormente entre ellos? Si 
esta cuestión pudiera resolverse afírmativamen- 
te, ¿por qué la Junta enviaba un ejército á las 
provincias; por qué llamaba rebeldes á Montevi- 
deo y at Paraguay? 

Los departamentos administrativos del Plata 
estaban enlazados íntimamente por la unidad 
rentística, según hemos tenido oportunidad de 
observarlos al estudiar la constitución del virrei- 
nato; y vosotros sabéis que los milicianos de las 
provincias derramaron su sangre mezclándola 
con la sangre de los porteños en las famosas jor- 

(1) Víase la Leccian VL 



56 LECCIONES DE HISTORIA 

nadas de 1807. Por más que la revolución de 
Mayo disolviera los vínculos que, anudados en 
el solio virreal, amarraban los pueblos á la coro- 
na de España, es evidente que sobrevivían á esta 
fecunda catástrofe las atractivas memorias de 
dolores y sacrificios comunes á los pueblos, y 
esta fraternidad en la esclavitud y el martirio 
desarrollaba el sentimiento nacional, sentimien- 
to expansivo y generoso destinado á establecer 
sobre bases sólidas el amor y la idea de la patria 
uniforme y única para todos los argentinos. Las 
consecuencias políticas que estos anteceden- 
tes determinaban, y las formas reales que de- 
bía imprimírselas, quedaban, no obstante, libra- 
dos al arbitrio de cada localidad. ¿Por qué? Por- 
que la revolución se apoyaba en esta doctrina: 
los vasallos del monarca se obligan personal y 
directamente al vasallaje; y una vez destruida 
la monarquía, desaparece todo deber de obe- 
diencia para ellos respecto de cualquier autori- 
dad que la subrogue, y se disuelve el núcleo de 
unidad entre los diversos grupos que forman 
la nación: cada provincia reasume en este caso 
su soberanía privativa. Pero ¿qué se entendía 
por provincia y por derecho provincial en los 
altos consejos de la revolución, que á pesar de 
aquella doctrina, fué nacional y centralista, ba- 
jo el aspecto práctico de las cosas? Llamábase 
entonces provincia á cada pueblo ó conjunto de 
pueblos regido por una administración indepen- 
diente. Las intendencias eran subdivisiones del 
virreinato, pero no revestían el carácter propio 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 57 

de provincias. Eran ciertamente gobernadas por 
funcionarios que recibían su autoridad de manos 
del monarca sin intervención de los virreyes; 
pero ya sabemos que les estaban subordinados 
en el ejercicio de sus funciones, que eran sus 
agentes natos, y que el rey no se reservaba el 
derecho de elegirlos sino para evitar, siguiendo 
un antiquísimo sistema de la lejislación colonial, 
que los virreyes adquirieran en América un po- 
der capaz de hacerlos temibles y de poner en ja- 
que su misma soberanía. Por consecuencia el ac- 
tual derecho provincial argentino no tenía apoyo 
en los antecedentes históricos del virreinato; sería 
necesario buscárselos en la primitiva dispersión 
y en el derecho vigente cuando no existía senti- 
miento ni principio alguno determinantes de la 
nacionalidad. Cuando los revolucionarios habla- 
ban de provincia, entendían hablar de las gran- 
des secciones, virreinatos y capitanías generales, 
en que estaba dividida la América española. No 
hay provincia sin administración propia, sin le- 
gislación especial para regir sus intereses pecu- 
liares, en cuanto no afectan á los grandes intere- 
ses nacionales. 

A pesar de todo, la Junta de Mayo se llamó 
gobierno de las Provincias Unidas del Río de la 
Plata; — y yo soy de los que creen que las doc- 
trinas revolucionarias entrañaban como conse- 
cuencia precisa la restauración de las antiguas 
formas orgánicas sobre las bases nuevas de la so- 
beranía popular. Esta idea inquietaba por lo me- 
nos los espíritus que no llegó á dominar. De ahí 



58 LECCIONES DE HISTORIA 

que la Junta obrara á nombre de los pueblos y 
sus Cabildos y pidiera á estos últimos la ratifica- 
ción de sus actos, si bien no les reconocía otro 
derecho fuera del que poseían como represen- 
tantes comunales. Donde quiera que un Cabildo 
reconocía la revolución, la Junta enviaba un in- 
tendente, recibiendo en cambio un diputado. 

Ventura grande fué que un sacudimiento tan 
profundo no destruyera el principio sacratísimo 
de la nacionalidad. Por fortuna, lo salvaron á 
porfía la comunión del peligro, la unidad de ac- 
ción que era exigida para que todos adquirieran 
la posesión de su derecho, y por último la inicia- 
tiva oportuna ó influyente de los patriarcas de 
la revolución. Los pueblos del interior acataron 
el gobierno criado el 25 de Mayo como superior 
de la nación, y enviaron sus diputados á la ca» 
pital. Indiqué ya en mi lección anterior el instin- 
to que comenzaba á predominar en las provin- 
cias y que representaron sus delegados. Para 
conocer á fondo el teatro en que funcionaron, ya 
que hemos determinado cuál era el espíritu de la 
mayoría, conservadora y quietista respecto de la 
política interior, no sólo en el seno de la Junta, 
sino en el de toda la clase preponderante y pen- 
sadora,— necesitamos estudiar el nuevo partido, 
creación genuina del pueblo por su fuerza y de 
la revolución moderna por su mente. Hablo del 
partido demócrata, encabezado por Moreno. Des- 
tacaré del cuadro esta figura gigantesca, y estu- 
diando sus ideas, penetraremos las que poseían 
ó vislumbraban sus partidarios. 



DE LA BBPÚBLICA ARGENTINA 59 

.... Hacia 1765, las tempestades del Cabo de Hor- 
nos impedían doblarlo á la tripulación de un na< 
TÍO. Mal afortunada también, en el estrecho de 
Magallanes, que escogió para pasar, naufragó en 
él, siendo arrojados sobre la Tierra áel Fuego 
un centenar de viajeros, destituidos de todo re- 
curso que no fueran la plegaría y su energía. — 
Hambrientos y helados, emplearon, A. pesar de 
tan crudas fatigas, largos meses en construir un 
nuevo buque, en el cual, desistiendo de su viaje 
al Perú, dieron rumbo hacia el Río de la Plata.— 
Uno de los náufragos de la «Concepción» se es- 
tableció en Buenos Aires. Su primer hijo se 
llamó Mariano. A la sombra del techo paterno, 
embellecido por la presencia radiosa de una ma- 
dre santa, aquel espíritu, fiero desde la infancia 
y susceptible de toda pasión grandiosa, se des- 
envolvía con extraordinaria rapidez, robusteci- 
do por un sentimiento religioso eficaz y vivido, y 
diariamente adquiría mayor elasticidad y vigor 
para recorrer las regiones de la ciencia que sus 
maestrosle abrían.— Su discreción prematura era 
el encanto y el asombro de las intimas y modes- 
tas veladas de su familia, y el capista de San 
Carlos, no tardó en ser el orgullo de las aulas 
y el terror de las conclusiones.— \ia fraile fran- 
ciscano, de corazón de ángel y alma de revolu- 
cionario, Cayetano Rodríguez, descubrió en el 
espíritu de aquel adolescente fuerzas superiores 
al radio escolástico, de cuyos límites desborda- 
ban, y cuya dialéctica era para él un instrumen- 
to dócil y familiar; y ponía en sus manos libros 



60 LECCIONES OS HISTORIA 

que le iniciaban en rumbos más abiertos, y le 
ofrecían espectáculos en que pudiera bascar 
contemplaciones dignas de su espíritu. Mientras 
fué nifio, presidió siempre los pasatiempos de 
sus compafteros, arrastrado por un instinto mis- 
terioso de superioridad. — Cuando llegó á la ju- 
ventud, discurría con impetuosidad genial, y su 
palabra era dominante y atractiva. Poseía una 
voluntad de hierro, resistente á todo combate, y 
tenaz en medio de las agresiones de la suerte.^ 
Viajando hacia el Perú, un día fué abandonado 
enfermo y casi agonizante, sin lecho ni abrigo: 
pero, ni las torturas ni los deslumbramientos del 
delirio febril enervaron su ñbra, ni arrebataron 
á su razón el dominio de su vida. Quiso, y se pu- 
so de pie. Quiso, y aquel enérgico arranque lo 
devolvió á la vida y á la salud. Devoraba en 
Charcas, en casa de su favorecedor el canónigo 
Terrazas, cuantas páginas le explicaban la revo- 
lución moderna.— Allí, dejóse sin duda subyu- 
gar por los espectáculos de la revolución fran • 
cesa, los cuales le inspiraron tan viva admira- 
ción que no le permitieron discernir claramente 
las fuerzas y tendencias legítimas de la demo- 
cracia, del despotismo popular y revoluciona- 
rio. Temido por los mandones en el foro, que 
prefirió al sacerdocio, al cual estaba destinado, 
cruzó hacia 1806 el territorio argentino, para re- 
gresar á Buenos Aires con su esposa y su único 
hijo.— Nos ha dejado en páginas palpitantes la 
expresión del amargo dolor que las desventuras 
del indio peruano suscitaron en su alma. —Lloró 



LBCCIONES DE HISTORIA 61 

y meditó más tarde, cuaado las armas inglesas 
conquistaron la tierra de sus amores, y su carác- 
ter se acentuó en las terribles enseñanzas de 
aquel período. Las conmociones de 1809 lo halla- 
ron en la primera línea. Su impaciente prisa por 
la revolución lo complicó en la de Alzaga el 1° de 
Enero; pero, en seguida, rectiñcando su línea de 
conducta, abordó las cuestiones prácticas y vivas> 
arrancando con un escrito famoso, de labios de 
Cisneros, la emancipación mercantil de la Colo-^ 
nia. En la revx)lución, superó á sus contemporá-^ 
neos por la visión del porvenir, siquiera flaquease^ 
en la inteligencia de sus medios. Orador y perio- 
dista, magistrado y revolucionario, él inoculaba 
en la juventud la savia novísima, subyugaba el 
poder y lo arrastraba con ímpetu y arrojo como 
si Danton hubiera resucitado en la Colonia, y 
porfiaba sin reposo por romper toda valla que se' 
opusiera á la soberanía popular. En su cerebro, 
se anidaba el rayo, y en sus rasgados ojos fulgura- 
ban el estro divinizado del profeta! Los elementos, 
recalcitrantes que hervían en el crisol venciéron- 
lo temprano.... y fué á morir.— Su alma no atra- 
vesó los días del vértigo revolucionario, y salió 
incontaminada de este mundo.— El hubiera tal 
vez encaminado la revolución en armonía con la 
índole de los pueblos, variando así esencialmente 
el carácter de nuestra historia. Tal vez hubiera 
desfallecido, ó incurrido en fanatismo por sus 
ideas francesas y unitarias.... ¿Qué sé yo? Pero, 
es tanto más glorioso, cuanto que á ninguna cau- 
sa sirvió, sino á la libertad de su país y al im-^ 



62 LECCIONES DE HISTORIA 

pulso inicial de la democracia. Resonó su voz 
como la palabra de la Sibila en la radiosa aurora, 
y se sumergió en su propio resplandor. La pureza 
primitiva de la revolución, como una esfera 
m^^ica y luminosa, envuelve su sombra ante 
el alma entristecida, y la hace brillar lejos de 
todo rumor humano y de la tierra que guarda los 
muertos, entre la inmensidad del mar y la 
inmensidad del cielo. De las ondas saladas y las 
nubes encendidas, hízole la suerte un mausoleo 
eterno y digno de su memoria augusta, jamás 
empañada en cínicos fratricidios, ni en cobardes 
desencantos y traiciones. 

Analicemos sus ideas.— El espíritu de Moreno 
se había formado en la lectura de los pensadores 
franceses del siglo XVIII; como el de sus más 
adelantados contemporáneos, estaba imbuido en 
los principios sociales del Contrato social; Mably 
y Rousseau eran sus oráculos.— La generación 
doctrinaria de sus ideas democráticas, era por 
consiguiente viciosa, toda vez que es evidente 
que, atribuyendo á las sociedades un origen 
artificial, se legitiman virtualmente todas las 
formas que el gobierno de los pueblos puede 
asumir á vuelta de las vicisitudes de la historia, 
de las alternativas de la moral y de la buena ó 
mala fortuna que encuentren los malvados en la 
vía de sus ambiciones.— Sin embargo; ciertas 
verdades adquiridas por caminos tortuosos, na- 
da pierden por el vicio de lógica que medie entre 
el punto de partida del pensador y su resultado 
ünal: hay consecuencias que rescatan sus ante- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 63 

;edentes, sobre todo cuando las profesa un en- 
endimiento original, y son robustecidas por to- 
las las fuerzas de un carácter viril. 

Las ideas en circulación respecto al alcance 
' naturaleza del mandato que los pueblos de- 
tían conferir á los representantes cuya elección 
rdenó el plebiscito del 25 de Mayo, fluctuaban 
adefinidamente, porque no había uniformidad 
n la opinión en cuanto á los objetos trascenden- 
ales de la revolución. — Había patriotas en cuyo 
larecer se limitaban éstos á sustituir los magis- 
rados espafioles por magistrados criollos. Otros 
e daban por satisfechos con establecer la auto- 
lOmfa del antiguo virreinato, gobernándolo por 
ledio de Juntas derivadas de las fuentes impu- 
as de una elección patricia y aristocrática. Mo- 
eno y sus correligionarios se consagraron á 
iestruir estos errores. 

Desgraciadamente su iniciativa democrática 
lié sofocada entre el polvo del coloniaje que 
e derrumbaba, y murió como su apóstol, seme- 
inte á esas flores que brotan en pleno invierno 
1 calor de una temperatura anormal y que el 
;ielo de la noche mata con inclemente rigor. 

■¡Cuántas veces, decfa, hemos oído pervertir 
el sentido en aquel sagrado texto, dad al César 
lo que es del César! El precepto es terminante, 
afiadía, de no dar al César sino lo que es del Cé- 
sar; sin embargo los falsos doctores, empeñados 
en hacer á Dios autor y cómplice del despotis- 
mo, han querido hacer dar al César la libertad 
que no es suya sino de la aaturalezal> Palabra 



64 LECCIONES DE HISTORIA 

hermosa que cito no solamente por cuanto expre- 
sa su sentimiento liberal, sino la originalidad de 
su raciocinio que le lleva á atribuir á la naturale- 
za lo que el maestro atribuía á la convención. Par- 
tiendo de este fundamento, investigaba los obje- 
tos de la próxima representación nacional; diri- 
giéndose á los pueblos les decía: el objeto de 
vuestros sacrificios no se limita á cambiar las 
personas que ejercen el poder público; «Siracusa 
«bendijo las virtudes y beneficencia del extranje- 
»ro Gelón, al paso que vertía imprecaciones con- 
»tra las crueldades y tiranías del patricio Dioni- 
»sio.» Disecaba la sociabilidad argentina y deter- 
minaba los vicios orgánicos que exigían ser re- 
iormados, y; por último, afirmaba que la espe- 
ranza legítima del pueblo estaba cifrada en la 
conservación de su soberanía originaría, en la 
división de los poderes públicos, y su impotencia 
para desmandarse y usurpar, saliendo de su ór- 
bita para invadir la de la libertad. De aquí de- 
ducía que el objeto de la asamblea mandada 
convocar era constituir la nación bajo formas 
populares y libres, consolidándola en unidad 
de régimen y segregándola de toda solidaridad 
continental. A su juicio, el derecho positivo del 
país para darse leyes derivaba del principio en 
que se apoyó la emancipación. 

Miras tan extensas, servidas por una voluntad 
indomable como la del Dr. Moreno, lo arrastraron 
impetuosamente por las sendas de la revolución. 
Los conservadores le oponían fuerzas de inercia 
que él terminaba por arrollar, ó callada propa- 



1 

i 




DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 65 

ganda que él combatía con brío y en la plena luz 
de la publicidad. 

Los representantes del interior, heridos por la 
situación preferente y dominante que había asu- 
mido la capital, é incapaces de comprender las 
formas legítimas que podía revestir su instinto 
igualitario, hicieron causa común con los conser- 
vadores vencidos el 6 de Diciembre por los de- 
mócratas. Vigorizados por esta reunión de ele- 
mentos se apoderaron del Poder Ejecutivo en 
aquel mismo mes.— Este acto era contraprodu- 
cente para sus propósitos. El gobierno que esta- 
bleció radicaba una unidad tumultuosa en sus 
medios, quietista en su tendencia general y esen- 
cialmente irregular, porque fundaba una dicta- 
dura oligárquica. Pobres colonos, ignoraban 
que la soberanía popular era la base lógica y 
sólida de cualquier reforma, y hostilizaron á 
Moreno, enviándolo á morir leps y triste. El 
profeta fué rechazado por aquellos á quienes lo 
atraían afinidades latentes pero vivas. La revo- 
lución de Diciembre dejó al país inconstituído y 
gobernado por autoridades de hecho, bastardeó 
la naturaleza del movimiento que todos los pa- 
tricios aspiraban á desenvolver y consumar, y 
proscribió de la soberanía al vencedor de Mayo, 
al pueblo, que fué el atleta y el legislador inspi- 
rado en aquel acto auspicioso y arrojado. 

Si nada perece en la naturaleza y las molécu- 
las de un cuerpo disuelto se transustancian inde- 
finidamente y revisten formas infinitas, ¿cómo 
pretender que la muerte de un hombre aniquile 



66 LECCIONES DE HISTORIA 

la idea que su espíritu difunde, y borre su tes- 
tamento moral consagrado por la religión de la 
tumba en las almas afectuosas y apasionadas? 
Moreno se sobrevivió en sus discípulos y amigos 
Monteagudo, Agrelo, Castelli^ Beruti, constituí- 
dos en partido en la primera asociación política 
que ha dejado huella en nuestros anales demo- 
cráticos. 

Conocéis, señores, la sangrienta comedia del 5 
y 6 de Abril de 1811; y sabéis que en aquella hora 
aciaga los bandos anti-populares dispersaron y 
persiguieron á los revolucionarios más avanza- 
dos y calorosos, sacrificando el respeto de los 
héroes, el derecho personal y los más elevados 
intereses de la patria. La Audiencia y el Cabildo 
saludaron con insensato aplauso á los vencedo- 
res, y éstos siguieron su marcha desorientados 
en busca de yo no sé qué propósitos, pervertidos 
por sus preocupaciones y sus hábitos coloniales. 

El nuevo gobierno decretó la formación de 
Juntas provinciales en todas las intendencias, 
elegidas indirectamente por el vecindario en la 
capital respectiva y presididas por un funciona- 
rio que la central debía nombrar.— Ignoro qué 
antecedentes ó qué formas federativas podía 
traer consigo esta reforma, que dejaba subsisten- 
te la centralización política, en manos de un 
gobierno sin el contrapeso que Moreno quería 
introducir, subdividiéndolo y confiriendo á cada 
una de sus ramas poderes circunscritos; y que 
en nada modificó la unidad rentística estableci- 
da en 1782. No había seriedad en esta reforma, ni 



DE LA REPÚBLICA ARGENTIKA 67 

podía haberla en ninguna, porque estaban lejos 
de los negocios públicos, con raras excepciones, 
cuantos podían llevar á su gestión ideas sólidas 
y entusiasmo activo. — El espíritu de cabala ba- 
tió sus atas sombrías sobre la patria naciente, y 
los argentinos sabemos á costa nuestra que él 
esteriliza todo lo que hiere. 

Las palabras inconscientemente proferidas en 
medio de estos hechos y ciertas ideas incomple- 
tas pero armónicas con el instinto popular, lan- 
zadas por las facciones sobre la [pasión univer- 
sal despierta por las circunstancias que rodea- 
ban al país, hacían ganar terreno al sentimiento 
localista de las provincias y á su deseo de gober- 
narse independientemente en lo interior. En 
esta oportunidad la Junta monstruosa de Buenos 
Aires abdicó en el primer Triunvirato sus atribu- 
ciones de Ejecutivo, reservándose el poder le- 
gislativo y el control político bajo el nombre de 
*Junta conservadora de la soberanía de Fer- 
nando VII y de las leyes nacionales.» 

No sé si deba criticar este título como expre- 
sión de la manera en que la Junta comprendía su 
mandato.— No era su misión conservar la tira- 
nía antigua, sino demolerla: no era tampoco 
resguardar las leyes nacionales, antes por el 
contrarío, destruirlas porque eran malas, refor- 
mar la estructura social del país y neutralizar, in- 
fundiéndole una savia nueva, el virus morboso 
que producía su extenuación nativa. Sin embar- 
go podría ser sincerada por las razones de pru- 
dencia política que legitiman las reservas meticu- 



68 LECCIONES DE HISTORIA 

losas del año antecedente. Pero no fué su único 
desacierto la adopción de este título: esto sería 
un pecado venial. 

Al abdicar en el Triunvirato sus atribuciones 
ejecutivas obró determinada por la convicción 
de su propia impotencia para afrontar las re- 
sistencias que la revolución encontraba en los 
españoles y sus aliados ó explotadores.~Sus com- 
binaciones de organización interna entrañaban 
grandes dificultades para obrar con la oportuni- 
dad y prontitud que las circunstancias exigían. 
Era visible que el gobierno necesitaba mayor 
energía y mayor impulso. — Ignorábase entonces 
en el Río de la Plata los medios de dar vigor á 
un poder nacional sin menoscabo de las liberta- 
des locales y la soberanía concéntrica de los 
grupos en que el país se subdividía. De consi- 
guiente, para obtener el objeto propuesto, nada 
mejor y más eficaz se le vino en mientes que 
suprimir las Juntas gubernativas mandadas es- 
tablecer después de la sedición de Abril, y cen- 
tralizar en el informe gobierno superior, criado 
en Septiembre, las atribuciones políticas que me- 
ses atrás había compartido con ellas. 

Además, y no obstante de declarar imperfecto 
su mandato constituyente, error en que incurría 
por haberlo anteriormente confundido, cambián- 
dolo de legislativo en ejecutivo, promulgó el 22 de 
Octubre de 1811 el Reglamento constitucional que 
mencioné en mi lección anterior. Este reglamen- 
to es una colección de lugares comunes puestos 
en forma de ley: una especie de disertación abs- 



i 



J 



j 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 69 

tracta dividida ea artículos, y que no parece po- 
sitiva, sino por emanar de una corporacidn que 
poseía un carácter público. Establece vagamente 
el principio de la división de poderes en el go- 
bierno, pero sin asignar á cada resorte orgánico 
sus funciones y la extensión propia de sus facul- 
tades, sin determinar los deberes y derechos pe- 
culiares de cada rama del gobierno. No descien- 
de de esta idolatría estéril, y perdón por la pala* 
bra,— sino á favor de sus autores. Lo único prác- 
tico y determinado que contiene es, con efecto, 
la parte en que conñere á la Junta Conservadora 
el derecho de vigilar y contrabalancear directa é 
inmediatamente todos los actos del Ejecutivo- 
Esta facultad equivalía á la omnipotencia; y no 
existiendo en el Reglamento disposición ni esta- 
blecimiento alguno que la moderara, esta omni- 
potencia era irresponsable, porque la responsabi- 
lidad política es infructuosa y puramente ideal 
siempre que carece de sanción. 

Apenas dictado el Reglamento, el Triunvirato 
que se afícionó muy pronto & mandar, como más 
tarde ha solido suceder á nuestros gobernantes 
más ó menos puritanos, encontró incómoda la 
excesiva extensión de poder que la Junta Conser- 
vadora se había reservado, y el 7 de Noviembre, 
como ya hemos visto, la disolvió, declarando 
atentatoria su conducta, pero sin renunciar al 
poder que le fué conferido por este atentado. 
Aprovechó además la primera coyuntura que se 
le presentó, y expulsó de la capital á los indivi- 
duos que la componían. 



^ 



70 LECCIONES D£ HISTORIA 

El 22 de Noviembre dictó el Triunvirato otro 
reglamento, conocido bajo el nombre de Estatu^ 
to provisional de las Provincias Unidas del 
Rio de la Plata. Veamos si fué más feliz que la 
Junta Conservadora. 

El Estatuto declaraba en el preámbulo que el 
Reglamento de Octubre había defraudado una 
esperanza del pueblo, puesto que la Junta que lo 
dictó, fué instituida para sustituir el gobierno 
anterior, cuya impotencia, determinada por el gran 
número de personas que lo componían, fué la 
causa que impulsó al pueblo á derrocarlo. La 
Junta, decía, ha burlado este deseo constituyén- 
dose perpetua, conservadora y soberana. — Otor- 
gó la omnipotencia, que todos se disputaban, al 
Poder Ejecutivo, que era su autor,--y el cual 
debía ser renovado cada seis meses por terceras 
partes y por elección de un congreso vecinal de 
Buenos Aires. En su artículo 3** confería á este 
Congreso, bajo el nombre de Asamblea General, 
una intervención . extensa en los más graves 
asuntos nacionales, y terminaba por declarar 
constitutivos el decreto sobre seguridad indivi- 
dual de 23 de Noviembre y el de 23 de Octubre re- 
lativo á la libertad de imprenta. Por lo demás, el 
gobierno se comprometía á convocar á la mayor 
brevedad el Congreso de las Provincias Unidas. 

El Estatuto traía desde luego un vicio insana- 
ble: su origen. Una autoridad ejecutiva que des- 
posee á la legislativa, de la cual ha recibido sü 
existencia y sus atribuciones, no puede sin una 
doble usurpación, arrogarse facultades constituí 



DE LA SEPÜBLICA ARGENTINA 71 

yentes: y sin imperdonable cinismo, establecer 
una organización, por la cual pueda asumir la 
mayor suma de poder y considerarse duefia de 
las facultades que arbitraria é ilegítimamente 
otorga á una magistratura fundada en Wrtud de 
aquella ilegitimidad esencial. 

No era esto todo. Restablece la supremacía 
metropolitana ubicándola en Buenos Aires, cuyo 
vecindario aristocrático, (el linico que tenía par- 
te en los Cabildos abiertos) es constituido en 
arbitro de la suerte de los pueblos, ya que se le 
reconoce derecho y se le confía encargo para 
nombrar los omnipotentes triunviros é intervenir 
solo é inapelablemente en los grandes asuntos 
nacionales. La asamblea popular que instituía 
era una asamblea & la romana; su establecimiento 
importaba aplicar la libertad como Bruto la en- 
tendía, dando á la capital un predominio absolu- 
to:,era el patriciado entrándose furtivamente 
por las puertas de la revolución que eran los 
atrios de la democracia- 
Aquella ley absurda pervertía sustancíalmente 
la revolución y retaba temerariamente todos los 
derechos y pasiones del pueblo, cuya soberanía 
postergó: de las provincias que fueron sometidas 
al capricho de la capital, animosa iniciadora, 
sobre la cual ceflían la túnica colonial estrecha y 
vieja que ella misma había rasgado. 

El error venció, mas por corto tiempo enton- 
ces. Hemos diseñado ya los acontecimientos que 
produjeron la revolución de Octubre, obra de los 
discípulos de Moreno y de la sociedad de Lauta- 



72 LECCIONES OE HISTORIA 

ro. El Triunvirato elegido por esta revolución, se 
apresuró á invitar los pueblos á la formación de 
un nuevo congreso, y al dar las bases electora- 
les, rompió con todos los antecedentes aristocrá- 
ticos que subsistían corrompiendo la política y 
maleando el espíritu revolucionario. La base de 
todo el movimiento político hasta entonces habían 
sido las elecciones practicadas por los Cabildos 
ó las Asambleas de notables: sistema ilegítimo 
como es evidente^ y desacreditado además por la 
conducta pusilánime del Congreso del 22 de 
Mayo en la capital. Tras de numerosos extra- 
víos, desengaños, escándalos é injusticias, venía 
el elemento varonil de Buenos Aires á encaminar 
los poderes públicos según la mente de Moreno 
por el rumbo seguro aunque espinoso de la liber- 
tad. La elección popular indirecta fué sistema 
adoptado para formar el nuevo Congreso. 

Los fenómenos contradictorios y aparenten\en- 
te inexplicables, que hasta entonces se produje- 
ron, obedecieron, sin embargo, á una ley determi- 
nativa. La aristocracia y la revolución aristocrá- 
tica fueron vencidas el 23 y el 24 de Mayo de 1810. 
El pueblo la hizo triunfar el 25; pero el poder, 
y quien dice poder dice iniciativa, dice bandera, 
dice fuerza, dice éxito en países habituados á 
obedecer y obsesos por un oficialismo que expío ^ 
siones transitorias no podían extirpar,— recayó 
en la aristocracia que venció á Moreno, resistió 
sin tregua el advenimiento de la soberanía popu- 
lar, y víctima de impresiones fugaces, creó la 
dictadura, ensayó el patriciado, dejóse llevar por 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 73 

el impulso de todos los errores, y sin conseguir 
rasgar el velo de idolatrías que la enceguecíai 
cayó finalmente vencida por los republicanos, 
que al convocar la asamblea verdaderamente po- 
pular de 1813, restablecían la revolución interna 
bajo el amparo de los vencedores del 25 de Mayo. 

La aristocracia imperante participaba de un 
vicio que parece, tal es su persistencia, ser en 
nosotros una enfermedad de raza: el egoísmo 
urbano, que reposa cuando ve satisfechas las 
necesidades de la ciudad ó engañados sus capri- 
chos. Descuidaba lo que no veía. La urgencia de 
legislar sobre las campañas y dignificar los cam- 
pesinos: de reformar esencialmente la vida 
social y habilitar al pueblo para la civilización; 
todo esto, señores, fué descuidado. Hemos visto, 
sin embargo, que antes de 1810 el pueblo culto se 
preocupaba de este problema; pero llega el día de 
obrar: la tarea es enorme y múltiple, y el atolon- 
dramiento ciega á los hombres. Moreno vio más 
claro que la generalidad de sus compañeros. Uno 
de sus primeros actos en el gobierno fué ordenar 
la formación de un estadística á fin de estudiar 
á fondo las tremendas realidades que el poder 
descuidó á pesar de su iniciativa, hasta que Arti- 
gas arremetiendo á lanzadas las legiones liberta- 
doras frente á los muros de Montevideo, hízole 
ver que el gaucho es fuerza, y que la muchedum- 
bre campesina tenía reclamaciones que hacer á 
la civilización dominadora de las ciudades. 

La revolución fué en este período ejecutiva y 
militar. De ahí su infecundidad accidental. Sus 



74 LECCIONES DE HISTORIA 

ejércitos ganaban batallas y sublevaban pueblos. 
El gobierno central ponfaálacabeza de cada uno 
un delegado, cuyas funciones so tenían regla 
como no la tenían las suyas, en ley alguna de 
carácter permanente y extenso, y cuyo único 
punto de mira era conseguir la independencia 
del país. Se me dirá que era bastante este objeto 
para absorber la actividad general, pero yo no 
critico, establezco hechos y los explico. Aquellos 
gobiernos no tenían personería ni tiempo para 
legislar. Sin embargo, la exigencia de reformas 
era imperiosa: la multitud puesta en armas, re- 
clamaba que se mejorara su suerte, amenazando 
en caso contrario volverse contra la revolución, 
si es que ésta no perecía herida de esterilidad. 
Por fortuna, el movimiento de Octubre puso á los 
pueblos en aptitud de hacerse representar por 
nuevos mandatarios, cuyo carácter de legislado- 
res no sería ya insensatamente trocado como el 
de los diputados de 1810. 

Bajo este doble aspecto eran favorables los en- 
sueños que los demócratas abrigaban á fines de 
1812. ¡Salud, sefiores, á la democracia que surge: 
salud á las banderas populares que avanzan! Su 
predominio será pasajero, porque el martirio po- 
pular recién comienza; pero la acción momentá- 
nea que el espíritu liberal va á desplegar, legará 
á las generaciones siguientes conquistas nobles 
y sólidas para servir de apoyo á la regeneración 
futura, ¿Qué hizo la Asamblea Constituyente?.,.. 
Dejo planteada esta cuestión, que en la lección 
próxima procuraré resolver. 



LECCIÓN XIV 



ÍLABOK ACICHES QEHocitXTiCAí (1B13-1815): Aiftioblea ConitiliijCDle. 
Sa espíritu. Sus tendencias. Sus leyes. Su de cade acia. -El 
Triunvirato. Guerra de la Independencia. GerminacloUM fe- 
derales. Calda del Trlanvirato.— Bl Olrecloriv. Gobierno de 
Posadas. Sitio de H ante video. Arlitai. Anarquía interna 
Contrastes de la revoinciún. Los iniciadores desorientados. 
Proyectos de monarquía. Gobierno de Alvear. Protectorado 
íntUa. DescoulenlD nacional. Revolncian de Abril. B1 Es- 
tacDto de 1S1B.— Del fenómeno social y el hecho histórico origi- 
nal lo de la (uerra civil. 



Seííorbs : 

Las provincias acudieron á )a cita del nuevo 
gobierno que las llamaba á establecer la demo- 
■cracia representativa, reatando algunas, como la 
■de San Luis, á sus diputados con instrucciones de 
viva tendencia localista. El 31 de Enero de 1813 
se instaló en Buenos Aires la Soberana Asam- 
blea Constituyente 4el Río de la Plata. 

Fieras persecuciones contra los conservadores 
vencidos en Octubre habían precedido su apari- 
ción,y las venganzas del Triunvirato contra cons* 
píenos personajes del país, extraviados tal vez, 
pero en su mayor parte sinceros, fueron el triste 
prólogo de una de nuestras glorias más espíen- 



1 



76 LECCIONES DE HISTORIA 

didas. Sirvió con efecto la Asamblea en aquellos 
días críticos en que los partidos y los individuos 
comenzaban á desorientarse, para fortificar la 
conciencia revolucionaria próxima á desfallecer. 

La sociedad de Lautaro dominaba el país. Aun 
conservaba su espíritu primitivo, que no debía 
tardar mucho en perder bajo el embate de las 
teorías, los entusiasmos, las ambiciones y las 
arrogantes miserias que hervían en su seno. En 
la ribera opuesta del Plata imperaba Artigas, 
caudillo del separatismo; y germinaba de un ex- 
tremo á otro del antiguo virreinato un sentimien- 
to descentralizador, apoyado en el brío de las 
masas, que una vez puestas en acción, debían 
luchar por ser satisfechas en cuanto reclamaban 
de la ley y de la sociedad, ya que la revolución 
triunfaba con la sangre que vertieron pródiga- 
mente sobre los campos del honor. El frenesí 
vindicativo del Triunvirato daba á las convulsio- 
nes interiores el diapasón en que templaron la 
fibra de las montoneras sus sombríos capitanesr 
Improvisar una sociedad á medida de su capricho 
y subordinar la esperanza popular al interés de 
sus prohombres: tal ha sido,— Dios nos los perdo- 
ne,— la política de nuestros partidos, el horrible 
Koram de la guerra civil. Estas circunstancias 
rodeaban á la Asamblea al instalarse. Retarde- 
mos amarguras, deteniéndonos á contemplarla. 

Tenían asiento en ella Monteagudo, Agrelo, 
López, el padre Rodríguez, y distintos y nobilísi- 
mos patriotas dispuestos á realizar las promesas 
de la revolución, según solemnemente lo afirma* 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 77 

bao. (■> El TríunTirato babía pensado presentar & 
la Asamblea un proyecto de Coostítución, encar- 
gado & siete personajes distinguidos, (^ que ésta 
no tomó en consideración. Para que una coosti- 
tuciiSn sea sólida es necesario que consulte y di- 
rija las fuerzas predominantes en el pueblo para 
el cual legisla. Las peculiaresdel pueblo argentino 
no se revelaban aún en todos sus perfiles y rasgos 
característicos, de modo que fuera posible acertar 
al explotarlas como elementos orgánicos de la 
nación. En consecuencia, la Asamblea consagró 
sus brillantes tareas á reformar la sociedad, reha- 
bilitando el derecho positivo por su armonía con 
los principios fundamentales del derecho natural. 
En buen hora nos gloriaremos hoy día de la her- 
mosa ley democrática en que estriba la prosperi* 
dad de la República. Cosechadores de un largo y 
penoso sembradío abonado con sangre y con 
cenizas,— debemos honra y gratitud á aquel se- 
nado inmortal, campamento augusto de los piott' 
ners de la democracia argentina. 

La Asamblea asumió la soberanía nacional y 
delegó el Ejecutivo en el Triunvirato que la había 
convocado. (8>Los diputados, por la naturaleza y 
las condiciones de su elección, represeniaban las 



(1) Redactor de !■ Aumblea, nOm. 1. 

(!) BriD lo> MtlorM Dr. D. Lnii ChoiroarlD, Dr. D. Pedro Aére- 
lo, Dr. D. Klcola» Herrera, Dr. D. Valenlin Gemei, Or. D. Pcdrc» 
Somellara, Dr. D. Haoael j. García j D. Joaa Hipólito Vieytes.— 
Bl Dr. Cborroarln renancIO, y tai «nitlltlldo por D. Gervasio d» 

C3> Gactla del S de Febrero de 1813. 



1 



78 LECCIONES DE HISTORIA 

provincias en su capacidad de tales; pero la 
Asamblea, interesada en robustecer la unión na- 
cionali les revocó este carácter, declarándolos 
representantes del pueblo de la nación, <i) si bien 
concedía á las provincias y ciudades el derecho 
de vigilar directamente la conducta de los que 
respectivamente habían elegido. Esta disposición 
^ntrafia diversos puntos de vista de la más seria 
importancia para nuestra historia constitucional* 
Por una parte se ve que la forma primitiva de la 
Asamblea se aproximaba á la de una dieta fede- 
ral; siquiera modiñque este aspecto el considerar 
que no estaba determinado si había de votarse 
per capita ó por provincias. La falta de una re- 
£la anterior sobre este punto permitió á la Asam- 
blea tomar la resolución que comentamos como 
una simple declaratoria interpretativa de su man- 
dato. Al adoptarla, ratifica la solidaridad nacional, 
pero deja sentada la coexistencia de entidades 
provinciales dentro de la entidad nacional, puesto 
que deja á las primeras un derecho de vigilancia 
sobre los diputados, y que no tienen, sino por el 
resorte espectativo de la opinión en las formas 
actuales de nuestro derecho político. Abre cami- 
no, por fin, á todo arranque eventual de separa* 
ción é independencia local^ reconociendo ciertos 
derechos y capacidad propia á las ciudades, que 
hasta entonces no eran provincias, sino simples 
distritos electorales. 
En las sesiones de Mayo se leyeron los actos 



(1) 8 de Marzo, 12 de Mayo, 15 de Junio de 1818. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 79 

de reconocimiento y el juramento de obediencia 
de San Luis, Mendoza, Salta, Córdoba, Tucumáa^ 
San Juan, Catamarca, Corrientes, Alto Perú: el 
Ejército del Norte lo presto el 8 de Abril, el del 
Oeste el 13 de Febrero. Este movimiento intenso 
de la opinión no tenía por objeto uno de aquellos 
gobiernos instalados en nombre de los reyes: la 
revolución había vadeado ya este Rubicón de la 
hipocresía. Los pueblos y los ejércitos juraban 
obedecer á la Asamblea Soberana del Plata, que 
obraba á nombre del derecho nacional y en vir- 
tud de su acatamiento, y sellaba sus leyes inmor- 
tales con el escudo argentino, ordenando que 
fuese usado en sustitución del español. <» No fué 
este el único acto en que se reveló su franca 
adhesión á la independencia : la manifestó tam- 
bién mandando abrir un gran libro destinad© á. 
contener el martirologio de la emancipación, <^ y 
otro á registrar el nombre de sus héroes: *3) lo 
manifestaba fundando la Iglesia nacional, (■•' abro- 
gando la'jurisdicción del Consejo de Indias, (^l y 
legislando sobre la ciudadanía argentina; <^) con- 
sagrando como día fausto de los pueblos el 25 de 
Mayo, <" que ordenaba fuese celebrado en aquel 
año manumitiendo seis esclavos, w) ofrenda Cris- 



ti) Acaerdo de IB d« Mayo- 

(2) Hocian da Montearudo aceptada el 4 de Aeoito de IBI3. 

¡3) Acnerdo del 20 de Agolto de 1813. 

(4> Ley del 16 de Jante de 1813. 

(9) Ley del 99 da María de 1S18. 

<6) Ley del B de Febrero de 1813. 

(TJ Acnerdo del 5 de Mayo de I8I3. 

(8) Acnerdo del 10 de Hayo de 1813. 



so LECCIONES DE HISTORIA 

tiana y liberal digna del severo recuerdo que se 
celebraba: lo revelaba por fin dando al senti- 
miento nacional una expresión rítmica, (i) en uno 
de aquellos arranques antiguos de la generación 
revolucionaria, con el cual difundía las explosio- 
nes del alma patriótica desde el Plata hasta el 
Desaguadero. El instinto poético de un historia- 
dor contemporáneo ha estimado aquel canto 
como la fórmula de su espíritu. Es justo. ¿Queréis 
saber cuál era el punto de mira de la Asamblea? 
Oíd el «grito sagrado» que entonan los ejércitos 
en el campo sangriento de la gloria, y los nifios 
en la plaza donde la muchedumbre venció á Be- 
rresford, donde Berutí y French la condujeron á 
un triunfo más sólido y duradero: 

«Se levanta á la faz de la tierra 
Una nueva y gloriosa naciónl» 

Esto importaba arrojarse en caminos sin vuelta, 
arrastrando los pueblos enardecidos con la em- 
briaguez de las batallas y el vértigo de la musa 
revolucionaria. ¿Quién habría querido retroceder 
de grito tan arrogante? 

Mas no reposa su gloria sobre estos actos. El 
entusiasmo que electriza los hombres en momen- 
tos dados y los impulsa á la acción, es por la 
indiscernible voluptuosidad que lo acompaña, 
resorte y premio de los héroes y de los novadores. 
Su mayor gloria proviene del tino paciente y 
acertado con que llevó la reforma á las entrañas 
del colonialismo en materia social. El 2 de Fe- 



(1) Acuerdo de 11 de Mayo de 1813. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 81 

brerOj dos días después de instalada, declaró la 
libertad de vientres para impedir et aumento y 
una conservación muy prolongada de la esclavi- 
tud, añadiendo el 4 del mismo mesa esta reforma, 
una declaración, en virtud de la cual todo esclavo 
reivindicaba la libertad por el hecho de pisar el 
territorio argentino; y reglamentó á principios 
de Marzo la educación de los libertos, fundando 
la tesorería filantrópica. 

Era necesario pensar también en los indios 
agoviados por las viejas instituciones, y por los 
hábitos crueles predominantes en las provincias 
peruanas. Así abolió las mitas y los tributos, W y 
otorgó á los indfgenas emancipados el derecho 
de sufragio, (*) en perfecta Igualdad con los blan- 
cos y los negros libres. 

Respecto de la administración de Justicia, ra- 
mo de organización del cual depende todo de- 
recho en la esfera política como en la civil, aco- 
metió y llevó á cabo una reforma, (s> que si bien 
distaba de ser satisfactoria, simplificó no obstan- 
te el organismo de este poder: abolió la Inquisi- 
-ción, (*) y en un mismo día suprimió las antiguas 
audiencias y prohibió el uso de la tortura, f^> 
como medio de instrucción judicial. 

Abolió también distinciones nobiliarias, «) y á 



(1) Ley del 12 d« 1it.txt> de 1813. 
Í2) Ley del 31 de U*yo de IS13. 
O) Ley del 6 de Septiembre de 181 
(4) Ley del 14 de Hayo de ISIS. 
<B) 31 de Majo de 1S13. 
{6) Ley del 21 de Uayo de ISIS, 



82 LECCIONES DE HISTORIA 

solicitud del teniente gobernador de 1 
prohibió el uso de los escudos de ac 
algunas familias ostentaban en el fren' 
casas w. 

Dirigiéndose á la reforma económica 
libre la exportación de granos y de barí 
la concesión del privilegio solicitado po 
te-americano para establecer una fábri 
nica de ladrillos, motivó un debate enti 
y Vieytes '*)• que en nombre de la libert 
dustria rechazaba toda protección oQcii 
además estos principios liberales á la n 
y facultó al Poder Ejecutivo para ent 
propiedades del Estado fw- 

En sus juicios revolucionarios pres 
los fueros (') ; y siguiendo esta tendenci 
taria y económica abolió los mayorazg 
vinculaciones ('). 

En una palabra, extendió su acción 
dora sin fatiga y sin equívoco en todt 
que abrazaba la ciencia política por 
tiempos en la nacióa 

La gloria de la Asamblea reflejaba 
país, acrecentando su renombre, y enea 
esperanzas del pueblo, cuyos ejércitos 



[Ij Acuerda del 26 de Octubre de 1813 

|2| Ley del 1S de Febrera de 1813. 

i3}19de Julio de 1813. 

(4) 7 de Majo de 1813. 

[5)lSde Marzo de 1818. 

(6) Acuerdo del IT de Marzo de 18IS. 

C7} Ley del 13 de Agosto, de I8ia 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 83 

:S le enviaban tos trofeos arrancados en noble 
Ea á sus valerosos enemigos n'. Debía, no obs- 
.nte, ser sacrificada en plena vitalidad por el 
nbatede la revoIuci(}n; y si en sus primeros mo* 
lentos de decadencia pudo conservar su gloría 
su soberanía, no tardd en perderlo todo y des- 
parecer obscuramente^ empujada al abismo 
]r las facciones. 

Las agitaciones producidas hasta este instante 
íspondían á la triple división social, que he de- 
Tminado en las lecciones precedeates. La ex- 
uberancia de vida de un pueblo que nace en 
¡edio de las batallas, precipitan esos conflictos 
imultuosos que corrompen y desorientan á los 
irtidos. Acercábase este instante de desorden 
destemple moral. La sociedad de Lautaro es- 
iba dominada por audaces personajes, cuya 
3ra contemplaremos en breve, y cuyo espíritu 
iperioso y egoísta no podía familiarizarse con 
)S hechos que se desarrollaban rápidamente á 
L sombra de la Asamblea, merced á la pruden- 
SL y moralidad con que ésta usó la soberanía 
ue la inexperiencia de los pueblos puso en 
is manos. Estos dos hechos eran el provincia- 
smo, y la disminución de poder del Ejecutivo 
acional. A ñn de modiñcarlos y reprimir 
1 incremento, la sociedad de Lautaro ma- 
iobró hasta obligar á la Asamblea á suspender 



(1) Bl 14 de Hayo de 1813 el Cabildo de Bnenas Aireí preieDt4 
ilenmementa > la Atamblea lai banderai espaflalai rendldu en 
I tomada Salta, 



84 LECCIONES DB HISTORIA 

SUS sesiones. Esta circunstancia traspasaba la 
omnipotencia al Ejecutivo, toda vez que el país 
no se había dado una constitución que delimita- 
ra las atribuciones de cada uno de los poderes 
públicos. Esto ocurría el 8 de Septiembre. Reu- 
nida de nuevo á principios de Octubre, dictó va- 
rias leyes importantes, y el 15 de Noviembre ce- 
rró otra vez sus sesiones, otorgando facultades 
extraordinarias al Poder Ejecutivo, vigilado por 
una comisión permanente, la cual debía ocupar- 
se á la vez en preparar las bases de la Constitu- 
ción Nacional. Sería imposible continuar sin 
abrazar en conjunto el período histórico que nos 
ocupa. 



II 



Abríase, señores, el año de 1813 entre el rego- 
cijo de las victorias guerreras. El Ejército del 
Norte triunfaba en el Cerrito el 31 de Diciem- 
bre (1) : San Martín á la cabeza de sus granade- 
ros arrojaba á los españoles de las playas del 
Paraná, ganándoles el combate de San Lorenzo, 
y el general Belgrano se apoderaba de Salta, tras 
de una batalla sangrienta, que aseguraba el do- 
minio de la revolución y le abría la entrada del 
Perú. El estrépito de los cañones vencedores 
saludaba como una armonía tremenda la apari- 
ción de la famosa Asamblea. 

(1) 1812. 



DE LA HBFCBLICA ARGENTINA ÍS5 

El día 20 de Febrero coincidiendo con la vic- 
toria de Salta, constituía un nuevo Triunvirato. 
'Componíanlo don Nicolás Rodríguez Peña, don 
José Julián Alvarez y don Antonio Alvarezjonte, 

Las corporaciones y los ciudadanos juraban 
reconocer la soberanía del Plata, representaila 
«n la Asamblea, y no acatar otras autoridades, 
sino las que emanaran de ella. 

Entre tanto, el general Belgrano había acep> 
tado una capitulación pedida por el general 
Goyeneche, y en la cual cambid ventajas reales 
por promesas, que aun cumplidas, hubieran colo- 
<:ado sus armas y con ellas el porvenir de la 
revolución en condiciones desfavorables, y que 
arrogantemente rechazadas como lo fueron por 
los jefes superiores del enemigo, prepararon los 
desastres que la amenazaban en no lejana pers- 
pectiva. 

Los vencedores avanzaron hacía el Perú, sien- 
do objeto del más vivo entusiasmo de parte de 
los pueblos, ocuparon á Potosí, donde el ejército 
desmoralizado contrajo una situación en extremo 
peligrosa, que el general Mitre diseña en su 
Historia de Belgrano con detalles juiciosos que 
yo no puedo reproducir aquí. 

Puesto por ñn en campaña, fué vencido en la 
pampa de Vilcapujio el I" de Octubre. El 21 se 
publicaba en Buenos Aires la primer noticia de 
aquel desastre, dando cuenta del parte del Gene- 



86 



LECCIONES DE HISTORIA 



ral que, alentado todavía por la esperanza, es* 
cribía á las 9 de la tremenda noche, que creía 
hasta entonces derrotado al enemigo. ¡Vano é 
inútil resplandor de una esperanza, que sólo po- 
día alimentar el heroísmo incontrastable de los 
pueblos! 

La política del General había de tiempo atrás 
atizado la insurrección en el Perú. Aun este re- 
curso se perdía con la derrota del primero. 

Su ánimo no se quebrantó, sin embargo, y el 
14 escribía desde Macha (*) anunciando que se 
ocupaba de remontar sus tropas. La constancia 
del General y el entusiasmo de los pueblos resta- 
blecieron un tanto las gastadas fuerzas del ejérci- 
to; pero pocos días después que la capital (2) salu- 
daba el brío de sus valientes adalides, caían és- 
tos nuevamente derrotados en Ayouma. Los ro- 
tos batallones de la libertad, dejando tras de sí 
huellas de heroísmo indelebles, como la memo- 
ria de los sargentos de Tambo Nuevo, se reple- 
garon perseguidos por el español vencedor. A 
fines de 1813 San Martín se incorporó al ejército,. 
y en Enero subrogó en el mandó al general Bel- 
grano que fué procesado por sus derrotas. El ene- 
migo había invadido las provincias; el Alto Peiú 
estaba abandonado á si\ suerte, y levantábase 
Martín Güemes, potente encarnación de la resis- 
tencia popular. 

He dicho que Artigas perturbaba el sueño de 



(1) Ministerial extraordinaria de Noviembre 5 de 1813. 

(2) 14 de Noviembre de 1813. 



á 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 87 

los patriotas. Puesto en lucha con Rondeau y con 
Sarratea, militar disciplinado el uno, espíritu su- 
til y tortuoso el otro, contraste vivo con la arro- 
gante altanería del caudillo, las armas nacionales 
tuvieron á veces que verter sangre española á 
vanguardia y sangre oriental á sus espaldas. Tan 
rudos problemas encaraba el gobierno en 1814. La 
sociedad de Lautaro, que se acobardaba de su 
primitivo juramento democrático, halló débil pa- 
ra encararlos un gobierno colegiado, y los triun- 
viros convocaron la Asamblea soberana el 17 de 
Enero á fin de reformar la constitución del Po- 
der Ejecutivo. Reunida la Asamblea el 21, se leyó 
una nota del gobierno de fecha del mismo día, 
en la cual se declaraba impotente para regir el 
Estado, y le rogaba lo concentrara en una sola 
mano, rindiéndose aplausos á sí mismo por el 
hecho, extraordinario en todo cuerpo ó persona 
constituida en autoridad, de venir á resignar el 
poder. Valle y Gómez apoyaron calurosamente 
el pensamiento de los triunviros. Abierta la se- 
sión el día siguiente (^) ante una barra inmensa, 
se trabó un largo debate en que tomaron parte 
Vidal, Monteagudo y Laguna, terminando por 
sancionar la idea discutida y nombrando para 
regir la nación al ciudadano don Gervasio de 
Posadas, con extraordinario aplauso í^) , de parte 
del gran concurso, que presenciaba la sesión. 
El 26 se sancionó el reglamento del gobierno. 



(1) 22 de Bnero. 

<2) Redactor de la Asamblea, número 19. 



^^ 



88 LECCIONES DE HISTORIA 

El nuevo gobernante recibió el título de Direc* 
tor Supremo de las Provincias Unidas^ y de* 
bía durar en sus funciones dos afios, con un 
Consejo de Estado, cuyo presidente, nombrada 
por la Asamblea, era el sustituto nato del Direc* 
tor: éste debía nombrar el resto de los vocales 
basta nueve, teniendo dicho Consejo interven- 
ción forzosa en los asuntos internacionales. La 
Asamblea eligió para presidirlo al ciudadana 
Rodríguez Pefia. Posadas se recibió del manda 
el 31 de Enero. 

La Asamblea fundaba el Directorio que no era 
en el fondo sino una dictadura, en el aniversaria 
de su instalación. ¡Contradictorias y amargas coin- 
cidencias de los pueblos que marchan sin brújula 
por medio de horrendas tempestades! No había 
sido este el único error de la Asamblea. Reac- 
cionaria, porque venía respondiendo á un senti- 
miento, postergado por los gobiernos anteriores^ 
estableció una comisión encargada de someter á 
juicio á cuantos ciudadanos habían pertenecido á 
ellos, (^) marchando sobre los odiosos surcos que 
el Triunvirato de Octubre le abríól Tocábale hoy 
al poder encarnado en Posadas, y que era el últi- 
mo resultado de la tendencia centralizadora de la 
logia de Lautaro, darse por satisfecho, y des- 
montar el sistema agresivo de la Asamblea, dan- 
do paso á la clemencia. El 8 de Febrero se pre- 
sentó en sesión secreta un oficio de fecha 5, en el 
cual pedía una ley de amnistía. Valle, complacien- 



i 



( 



(1) Sanción del 27 de Mayo de 1813. 



DE LA KEPÚBLICA ARGENTINA 89 

te siempre con el círculo de Posadas, apoyó el 
pensamiento, exceptuando de la amnistía A Saa- 
vedra y don Joaquín Campana, promotores, según 
afirmaba, del escándalo del 5y 6de Abril de 1811. 
La Asamblea aceptó la idea: mandó cerrar los 
innumerables procesos abiertos un a&o hacía, 
desterró fuera de las Provincias Unidas á Saave- 
dra y á Campana, y sancionó la amnistía, deslus- 
trada y transpirando cavilosos rencores. 



III 

Hasta principios de 1814, desde la instalación 
de la Asamblea, la revolución fué esencialmente 
legislativa, y aparte inevitables errores, sensata y 
segura en sus combinaciones. Su obra reformista 
es hermosa, porque era justa. En el Directorio, 
vuelve al carácter ejecutivo, que revistió desde 
la Junta de Mayo hasta fínes de 1812. Entendían 
los revolucionarios que el gran interés de su cau- 
sa estaba en obrar, mejor que en disponer los ci- 
mientos legales de una sociedad, cuya sangrienta 
regeneración comenzaba á entoldar el límpido 
cielo de sus esperanzas. 

Aterrábalos á la sazón el siniestro espectáculo 
de las masas campestres, que alzaban con su ban- 
dera y su acción impetuosa terribles escollos con- 
tra las evoluciones teóricas de los pensadores. 
Posadas, que no estuvo libre de errores y que 
aun los cometió gravísimos, siguió, no obstante, 
y en frente de arduos problemas, las indicaciones 



90 LECCIONES DE HISTORIA 

del buen sentido. Artigas habfa arrimado fuego 
al litoral: sus seides como Ramírez, daban suelta 
á su arrogancia, y servían al propósito del famo- 
so caudillo, que tendía á disolver el vínculo es- 
trecho de los orientales con la capital, aun con el 
auxilio de los españoles, á quienes vencerían des- 
pués sus bandas valerosas. Había en este pensa- 
miento la misma persistencia y la misma inmora- 
lidad en los medios, queen la vida política de Fran- 
cia y en las aventuras de otro terrible caudillo, 
que no tardaremos en ver aparecer. El prestigio 
que alcanzaban en el litoral argentino las germi- 
naciones federativas del resto de las provincias, 
eran fuerzas nuevas, que trataban de abrirse cír- 
culo y de funcionar en órbitas peculiares. Los 
jefes de la capital no tenían el sentido de la actua- 
lidad, y ni aun en la animosa Asamblea, apareció 
la idea de romper la barrera que cerraba los ríos 
á la navegación libre. Posadas, en frente de tan 
grandes obstáculos, trató de dulcificar el período 
que presidía; y enseguida se apresuró á enviar 
á Sarratea al Brasil para que preparara la paz,— 
mientras Echeverría y Gómez negociaban en 
Montevideo con Vigodet. Vigodet pretendió ha- 
cer intervenir en el arreglo á los jefes españoles 
del interior y al montonero Artigas. Los agentes 
del Director cerraron las negociaciones. Artigas 
fué puesto fuera de la ley el 11 de Febrero, y es- 
trechándose el sitio de Montevideo, marchó el 
general Alvear el 8 de Mayo á ponerse al frente 
del ejército nacional. Brown llevaba por nuestras 
aguas sobre la popa de frágiles barcos, la bandera 
de la revolución. 



J 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 91 

Entre tanto, el ingénito buen sentido del Direc- 
tor, cuando la irritación del peligro no lo extra- 
viaba, inclinábase á contemplar las tendencias 
provinciales, decretando la preferencia para los 
empleos locales de los nativos de la provincia en 
que habían de ejercerse, (^)y elevando en todo el 
año 14 á la categoría de provincias, distintas ju- 
risdicciones de las antiguas intendencias: la Ban- 
da Oriental el 7 de Mayo: Entre Ríos y Corrientes 
el 10 de Septiembre, Salta el 8 de Octubre, decla- 
raciones arrancadas sin duda por el aspecto ame- 
nazador de la revolución, plausibles, no obstante^ 
porque no es la tarea menos diñcil de quien le* 
gisla plegarse á las exigencias traídas por el defj- 
arroUo de los pueblos en convulsión. ¿No habéis 
visto los refinamientos del arte complaciendo el 
orgullo humano al convertir en joyas las piedras 
que ai-rojó incandescentes el cráter del volcán? 
Así es dogma irrevocable en política que los 
pueblos han de envanecerse y adornarse con los 
resultados informes de sus convulsiones interio- 
res modificados y embellecidos cuando el pensa- 
miento se apodera de ellos y los regulariza. ¡Oja- 
la hubiera sido este el sistema capital de nuestros 

antiguos ensayos constitucionales! El interior 

acataba al Gobierno Nacional y sus peligros no 
disminuían sino por los conjuros marciales de 
Güemes cuyos gauchos ahogaban en sangre la 
arrogancia del veterano español. Del 16 al 17 de 
Mayo, la escuadra argentina desbarataba las 



(1) Decreto de 13 de Abrí! de 1814. 




92 LECCIONES DE HISTORIA 

fuerzas navales de España en las aguas del Pla- 
ta, y el 18 pedía Vigodet un tratado, rechazada 
por Brown, que desembarcaba el 24 en Buenos 
Aires inundado de gloria entre las aclamaciones 
de un pueblo, cuyo entusiasmo rayaba en delirio. 
El 20 de Junio caía la plaza de Montevideo en 
poder de las armas nacionales; pero apenas sefior 
del antiguo baluarte español, el arrogante Alvear 
sintió á sus espaldas el estallido de las campañas 
acaudilladas por Otorgues, teniente de Artigas,, 
que venían á reclamar la soberanía orientaL 
Desbaratada la montonera en las Piedras en la 
noche del 25 de Junio, Artigas reconoció el 
gobierno del Director: Rodríguez Peña fué en 
calidad de su delegado extraordinario con Gaz-^ 
con por auditor y D. Manuel Moreno por secre- 
tario á gobernar desde Montevideo: el 23 de Julia 
llegaron á entregarse en la rada de Buenos Aires 
los últimos restos del poder naval de España: 
el 21 se ratificó la convención por la cual se so- 
metía Artigas, y el r de Agosto desembarcaba 
Alvear en la capital, aclamada vencedor de 
Montevideo y conciliador del Oriente! 

El 17 fué absuelto Artigas, restablecido en sus^ 
gradas militares, y nombrado comandante ge- 
neral de campaña en la provincia Oriental. Si 
bien libre en el litoral de las armas extranjeras, 
el gobierna se encontraba en frente de la anar 
quía, que ya no era un misterio: en el oeste ^ 
vencida su ejército en Vilcapugio y Ayouma 
peligraban los pueblas, entregados casi á sus 
esfuerzos aislados: la revolución sufría en el 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 93 

Contínente golpes de muerte; cafa la chilena en 
Rancagua; y silencioso y vencido, con el alma 
amargada y su terrible coraje hirviendo dentro 
del pecho, descendía las cordilleras fuerte y 
siniestro como el cóndor de sus cumbres, José 
Miguel Carrera el caudillo de la democracia 
trasandina; presente horrendo, que lanzaba un 
pueblo hermano sobre nuestra agitada sociedad, 
destinado á atizar con mano aventurera el in- 
cendio feroz de las pasiones. Por todos los rum- 
bos de los patrios horizontes amenazaba la nube 
presada con el rayo, y el sordo rumor de las 
muchedumbres, creciente ya, y más creciente 
cuanto más guerreara, retumbaba como el bra- 
mido del Dios de los huracanes. 

Artigas, Ramírez, Güemes, Ortiz dentro, en el 
seno de la Patria. El irrevocable testamento de 
Moreno... .la omnipotencia desorientada deLauta* 
ro... el provincialismo intransigente... la ambición 
de los hombres y la ceguedad de los pueblos... el 
desplome, por ñn, del templo en que las masas 
adoraron sus tiranos, como la obscuridad de una 
tormenta sin nombre, sacudían y extraviaban 
las fuerzas criadoras de la revolución, amena- 
zada siempre por la monarquía, triunfante á la 
sazón en España, que veía á Fernando, cautivo 
cobarde y ridículo libertado por la heroica cons- 
tancia de sus subditos, aparecer en son de con- 
quista para ahogar los derechos populares bajo el 
cetro que humillaron los Borbones á los pies de 
Napoleón. Era día de amargos desengaños: 
de hielo para el corazón, de lágrimas para la 



1 



94 LECCIONES DE HISTORIA 

virtud,— y nuestros revolucionarios se extravia- 
ron. Creyeron imposible fundar la democracia, 
y fueron á las Cortes á mendigar un rey. Riva- 
davia y Belgrano se asociaban en Londres con 
Sarratea, según las instrucciones del Director, 
para combinar la pacificación de Espafia con 
sus colonias. Sarratea los trajo al plan que por 
entonces meditaba, de aprovechar las turbulen- 
cias entre Carlos IV y Femando, á ñn de pro- 
ponerle la coronación de don Francisco de Paula, 
hermano del rey de Espafia, para establecer una 
monarquía temperada sobre las Provincias Uni- 
das, Chile y el Perú. Valiéronse en sus laboriosas 
negociaciones del conde de Cabarrus, amigo 
íntimo de Sarratea, los cuales les dieron el giro 
de una intriga vulgar, que estuvo á punto de 
concluir con la sangre de Belgrano, gracias á la 
conducta rastrera de Sarratea. Halagada la am- 
bición borbónica de la familia real, acaso habría 
tomado formales y desastrosas apariencias la 
quimera de los revolucionarios, si la caída defi- 
nitiva de Napoleón, en 1815, no hubiera disipado 
sus sueños, haciéndoles perder toda esperanza 
de protección para el nuevo rey. 

Entre tanto Alvear había sido nombrado jefe del 
Ejército del Oeste que lo rechazó el 17 de Diciem- 
bre, antes que llegara á sus filas; y acobardado Po- 
sadas por la anarquía, abandonó el Gobierno, que 
ocupó el General destituido por sus subalternos el 
9 de Enero de 1815. Subía al mando supremo sin 
prestigio en la opinión. Las municipalidades del 
interior y las de Montevideo y Santa Fe le reco- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 95 

nocieron sin embargo. No así el Alto Litoral 
que cayó á sangre y fuego sobre él, mandado 
por Artigas, el protector de ¡os pueblos libres, y 
en abierta rebelión contra el gobierno central. 
El Director trató de defenderse. El 28 de Mayo 
dictó un sangriento decreto de segundad pública, 
y el 5 de Abril puso fuera de la ley al indómito 
caudillo de los orientales, provocando con sus 
violencias la irritación del enemigo y el des- 
agrado popular. Impotente para conjurar los 
riesgos de su gobierno no tuvo la sensata ge- 
nerosidad de Posadas, que abandonó el timón 
cuando vio que su mano era flaca para re- 
girlo. El Director, señores, (no insistiré sobre 
esto), el Director envió un diputado al Brasil 
para negociar con lord Strangford, la entrega 
de la naciente Repüblica Argentina á un pro- 
tectorado inglés. En una nota que la prudencia 
del Dr. García dejó sin entregar, le pintaba al 
ministro británico las convulsiones que el pais 
atravesaba, agregando: «En estas circunstancias, 
•solamente la generosa nación británica puede 
>poner un remedio eñcaz ú. tantos males acogien- 
»do en sus brazos á estas Provincias, que obede- 
■cerán su gobierno y recibirán sus leyes » Fir- 
maba esta nota en 23 de Enero: en Marzo ful- 
minaba rayos contra los montoneros de Artigas, 
y el 11 de Abril el ejército que enviaba á com- 
batirlos, se alzaba en Fontezuelas á las órdenes 
de Alvarez Thomas: el 15 se revolucionaba la 
capital con el Cabildo á su cabeza; y con el 
Director cafa obscuramente la memorable Asam- 



96 



LECCIONES DE HISTORIA 



blea democrática de 1813. El Ayuntamiento 
reasumió el Gobierno, desterró á Alvear, pren- 
dió á Herrera y Larrea sus ministros, ensan* 
grentó la revolución con persecuciones impla- 
cables, y puso en el Directorio al general Ron- 
deau, é interinamente por su ausencia á don Igna- 
cio Alvarez Thomas, jefe de la sedición de Fonte- 
zuelas, contrapesado su poder con el de una 
Junta de Observación^ elegida popularmente en 
la capital, y que dictó el 13 de Mayo el famoso 
Estatuto provisional de 1815. 

Los cabildos de las provincias y los caudillos 
federales, saludaron regocijados la caída de 
Alvear, aprovechando la ocasión para sancionar 
de hecho, la autonomía de sus pueblos, ya por 
sus declaraciones al responder á la circular del 
Ayuntamiento de Buenos Aires: ya por el reco- 
nocimiento que prestaron al nuevo Director, 
negando al mismo tiempo su obediencia á la 
Junta de Observación que sin embargo dictaba 
la ley reguladora del gobierno acatado. El 10 de 
Mayo, el verdugo quemaba solemnemente á las 
cuatro de la tarde en la plaza de la Victoria, 
ante un gran concurso, realzado por la for- 
mación de algunos batallones y la presencia del 
Cabildo y Director interino, en el gran balcón 
de las casas capitulares, él bando de proscrip- 
ción contra Artigas. Caucionado con estas ce- 
remonias irritantes para la fracción vencida, 
entraba en juego el gobierno en Abril bajo la 
bandera del Estatuto, cuyos preceptos no pasa- 
ban las fronteras de Buenos Aires. En él se 



j 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 97 

consagraba el hecho revolucionario, de donde 
■emanó la Juata, consolidando el Directorio, su 
hermano del origen, y daba garantías al movi- 
miento del individuo en la órbita de la libertad, 
sin disimulo ni restricción. Pero considerado 
como monumento de nuestra historia constitu- 
cional, es el resultado informe de una época 
monstruosa. Cediendo alas tendencias federales, 
concedía á las provincias la del gobierno local (>) 
otorgándoles la facultad de expedir cartas de 
ciudadanía, <^> atribución nacional en tiempo de 
la Asamblea constituyente. Como todas las leyes 
de organización transitoria, hanta entonces dic- 
tadas, prometía la convocación de un congreso, 
en el cual la nación debía ser representada por 
provincias, (S) las cuales contraían el deber de 
rentar sus diputados, como lo estimasen opor- 
tuno, í*J y obtenían franca libertad, para mo' 
diñcar & su placer el sistema de elección indirecta, 
establecido en la sección quinta i^'. Además de 
estas prerrogativas, esencialmente descentralt 
zadoras, les aseguraba la más ilimitada reserva, 
en la administración de los negocios locales, M 
y el derecho de revisión sobre el Reglamento, <" 
del cual usaron para rechazarlo. Si en su con- 



(1) Secciún V, c«p. V. artlcalo 1" á &•. 
tS) Sección primera, cap, S* articulo ó 

(3) Caplnlo y anlcalo daico. 

(4) SecciSn tercera, cap. I art, 80. 
■(b) SecciúD qalDta, cap. S* art. II. 

(6} Providencia Ecaeral , novena. 
■01 Providencia ceneral, doce. 



98 



LECCIONES DE HISTORIA 



junto predominara este espíritu creo, que hu- 
biera ofrecido al país fecundos resultados, y que 
éste lo habría aceptado gozoso. Pero al lado de 
sus principios federativos, abrigaba tendencias 
dominadoras y empapadas de anarquía, que la 
constituyen en un engendro contradictorio en sí 
mismo. 

La Junta, entidad híbrida de atribución na- 
cional y origen local y revolucionario, se arroga 
la supremacía, estableciendo para defenderse 
una milicia cívica, cuyo jefe debía ser el Cabildo 
de Buenos Aires. Armando al pueblo, corría 
riesgo de hacerse esclavo del vecindario de la 
capital, y para contrarrestarlo, afecta á las fun- 
. clones del Director la facultad de nombrarle sus 
jefes. Hecha esta evolución, el peligro cambia 
de aspecto, pero persevera. Dada la fuerza al 
ejecutivo ¿qué viene á ser la Junta destituida de 
apoyo en la opinión? Pero ella quiere defenderse 
y decreta, que siempre que á juicio suyo, el 
Supremo Director quebrante sus deberes ó viole 
las leyes, pierde el comando de las armas, que- 
dando éstas baio sus órdenes. Así la Junta se 
constituía en juez y parte, y el Reglamento no ha- 
cía en el fondo^ sino regularizarlas revoluciones 
que presentía, legalizando el desorden. (*^ Flota^ 
sin embargo, entre sus contradicciones y sus 
errores el sentimiento de la nacionalidad, lám- 
para salvada del azote de los odios como si bri- 
llaran sus luces en una esfera superior al mons- 



(1) Véanse sección 3» cap. 2<* art. 6 y 7: sección 3^ cap. T art. V 
sección 6* cap. 3o art. 10^ etc. etc. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 99 

truoso sacudimiento contemporáneo.— Este ideal, 
vago en ciertos y críticos episodios, de nuestra 
dramática historia moderna, ha sido, cuando más 
olvidado, el manantial oculto bajo la masa in- 
mensa de sus propios raudales, del cual brotara 
la fiebre de acción y los grandes entusiasmos 
populares. Al caer con la Asamblea la unidad 
teórica de las Provincias, se balancea no obstante, 
sobre la disgregación federal, que consumaban 
los legisladores del afio 15, con su Reglamento en 
junta local, y los caudillos nómades cortando á 
sablazos los antiguos vínculos nacionales. 

En resumen, señores: la democracia centra- 
lista, llamada á regir el país por la revolución de 
Octubre de 1812, reniega de su símbolo, se hace 
monarquista, y cae con el movimiento de Abril 
de 1815. La ciudad de Buenos Aires, hecha so- 
berana por su victoria, dicta una ley nacional. 
Sus tendencias federativas quedan neutralizadas 
por la masa de poder, que para contrarrestar 
aquella influencia, coloca en manos de la Junta, 
emanada del voto ilegítimo del vecindario de Bue- 
nos Aires. El gobierno para domesticará los cau- 
dillos, los contempla y quiere halagar su feroci- 
dad enviándoles maniatados á sus enemigos, á fin 
de que sacien con sangre su venganza. Los cau- 
dillos le vuelven la espalda y rechazan sus san- 
grientos presentes. ¿Qué fenómeno social ha de- 
terminado esta balumba ruidosa, que llegó hasta 
desvirilizar la revolución de la independencia y 
ahogar la esperanza en sus más fuertes caracte- 
res? Reflexionemos, señores. 



100 LECCIONES DE HISTORIA 



IV 

Hemos visto nacer al abrigo del primer movi- 
miento de Mayo tres partidos vigorosamente de- 
lineados: el demócrata centralista, el localista y el 
conservador. Hoy encontramos, uno nuevo,— el 
partido de Artigas, esencialmente distinto á cuan- 
tos lucharon hasta entonces, porque ni amaba 
la democracia francesa de Moreno, ni fraterniza- 
ba con Funes, provincialista teórico, preocupa- 
do con todas las vanidades urbanas del colo- 
niaje, ni menos era conservador con Saavedra. 
¿Qué representaba entonces Artigas? Debemos 
distinguir primeramente. Media entre la muche- 
dumbre y su caudillo la diferencia que descubri- 
mos entre los instintos comunes y el propósito 
de quien los explota. Artigas, y cuando nombro á 
Artigas, designo á todos los sangrientos capita- 
nes de nuestras montoneras, no es, respecto de 
los bandos que lo seguían, sino la encarna- 
ción traidora de sus tendencias características, 
que encaminó por vías inmorales, hacia fínes 
incógnitos y redundantes en su dafio. Todos los 
caudillos tienen afinidades con las pasiones que 
encabezan, pero todos las superan con la for- 
midable medida de la perfidia y la ambición. 
Gaspar Francia acariciaba el localismo de los 
paraguayos, pero de seguro no entraba en el 
instinto de su pueblo el placer del martirio. Yo 
no comprendería á Napoleón, sin la vanidad gue- 
rrera del pueblo francés, ni comprendería á Cé- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 101 

fiar sin la rapacidad conquistadora de la ciudad 
eterna; pero la Francia tiene su República y Ro- 
ma engendró á Casio y Marco Bruto. Es propie- 
dad del caudillo explotar las pasiones populares; 
y extirpa su semilla, señores, el legislador pru- 
dente, que las respeta en lo que tienen de noble 
y las ilustra al resplandor de los principios con 
la pura sinceridad del patriotismo. El caudillo 
argentino nació del desborde de pasiones con- 
trarrestadas. Lejos de mí, que no juzgo de los 
medios por los ñnes, sino que á unos y otros so- 
meto al criterio de la moral, la insensatez de 
alcanzar un solo cabo de justificación, á esos 
hombres brutales, que con el alma ciega y co- 
razón de Atila, han llevado el exterminio donde 
quiera, que hayan puesto el pie. Cuando miro á 
su funesta historia, el sabor de la sangre me irri- 
ta el alma. Si me preguntáis qué pienso de los 
caudillos, os responderé, que no pienso nada: me 
contento con aborrecerlos! Me horroriza el es- 
pectáculo de mi patria, destrozada por su mano, 
y destrozada sin esperanza, puesto que á la vez 
sus patriarcas civilizados, buscaban reyes en 
quienes resignar la soberanía del pueblo; puesto 
que á la vez las ciudades como la Roma patricia , 
se empefiaban por hacerse señoras. Y bien ¿qué 
pasión halagaban los caudillos? ¿quiénes forma- 
ban aquel inmenso partido que guiaban con su 
lanza? Oidlo, señores, y no os escandalicéis si mi 
primera palabra os parece cruda. La pronuncio 
con lágrimas en los ojos, y en el seno de mis her- 
manos, y ella es el proceso del coloniaje y la ab- 



fc»rl 



102 LECCIONES DE HISTORIA 

solución de la historia sobre todos ios errores de 

nuestros pobres padres Aquella situación era 

la forma propia del dualismo, que carecterizaba 
la civilización argentina: quiero decir: era el 
colono urbano en jaque con el colono campesino. 
Si no averiguamos lo que era el pueblo jamás 
entenderemos su historia. Por eso he hecho re* 
saltar en el curso de estas lecciones, que el pue- 
blo argentino, no era sólo el pueblo de la capital,, 
que se revolucionaba democráticamente el 25 de 
Mayo. ¿Sería el grupo de doctores de la Univer- 
sidad de Córdoba, ó el elemento ilustrado de 
Buenos Aires y las provincias, con sus teorías 
francesas, con sus preocupaciones coloniales? 
¿Sería la logia oligárquica de Lautaro soñadora 
de reyes y tiranizadora de pueblos? No, señores: 
no todo el pueblo estaba encerrado en las mez- 
quinas y envanecidas ciudades de nuestro suelo. 
Hoy mismo apenas una tercera parte de los 
argentinos vive en grupos, no digo ya en pueblos. 
Capitales de provincia tenemos como Jujuy y la 
Concepción del Uruguay con tres ó cuatro mil 
vecinos, y fácil es estudiar, porque la revolución 
no lo ha disipado, el carácter de la aldea argentina. 
Los pueblos son las masas, porque las masas son 
la pasión y la fuerza. Con cualquier pueblo se 
funda la tiranía, pero no abundan los que son ca- 
paces de regularizar la libertad. Por eso insista 
en mi problema: ¿cuál era el pueblo argentino? E 
insisto en mi solución. Desterrado de la cultura 
y de la industria, ginete nómade, señor de su 
capricho, disperso en sábanas solitarias, amonto* 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



103 



nado en aldeas sin escuelas ni administración, 
sin lazo moral que lo sujete, privado de los 
deleites del hogar y del apoyo de la propiedad, 

iracundo esclavo de una barbarie sistemática 

ved ahí al pueblo fundido á imajen del coloniaje: 
él pueblo que los reyes de España educaron 
para la ignominia, sin contar que una hora 
4e infalible justicia había de llegar en que el 
coraje reventara en el alma del hermano de 
aquella víctima, en cuya degradación se so- 
lazaban. La inmensa masa puesta en movi- 
miento, era el hombre desgraciado de las cam- 
pañas. Los altos espíritus americanos procla- 
maron la revolución, y el gaucho argentino 
vino á la sombra de su bandera inmortal, mas 
<por qué vino? ¿Sabía, por ventura que los pue- 
blos son los jueces de los tiranos? Una cosa 
sabía por la infalibilidad del instinto, que era 
víctima: que otro hombre gozaba^ mientras él 
veía empaparse su fría ramada con lágrimas 
arrancadas á su hijo que se moría de hambre: 
sabía que no le era posible aplacarla, sino con el 
robo,— triste destino al cual le condenaba la ley, 
y de dolor en persecución, y de persecución en 
iniquidad, atravesaba su vida de tártaro, cuando 
sorprendido por el grito regenerador de Mayo, 
vino á su servicio, arrastrado por pasiones vin- 
dicativas. Evoco el recuerdo de las más encum- 
bradas glorías de mi país, y veo allí al gaucho, 
héroe y triunfador por la libertad. Al propagar- 
se la revolución, como hemos dicho, los pueblos 
prestaban obediencia á los gobiernos fundados 



104 LECCIONES DE HISTORIA 

para servirla: gobiernos sin órbita legal, revolu- 
cionarios en su origen y estructura, y cuya 
responsabilidad moral ante la opinión tenía por 
criterio el supremo punto de mira de la revolu- 
ción. Tales gobiernos, señores, no estribaban 
sino en la adhesión popular, y en tanto que 
mayor halago prestaran á las pasiones, por 
desenfrenadas que ellas fueran, como tenían 
necesariamente que serlo en muchedumbres se- 
mi-bárbaras, mayor sería también el prestigio y 
la consistencia de su poder. No preguntemos, 
pues, por qué era omnímoda y popular la autori- 
dad de Ramírez. Lo era porque se armonizaba 
con la situación fisiológica de las masas que 
acaudilló. Fácil es reconocer lo que este ele- 
mento buscaba en la revolución; pedía la mejora 
de su condición material; y como las intuiciones 
universales del humano linaje enseñan antes que 
doctrina ni abstracción alguna, que es la sobe- 
ranía propia, la fundamental garantía de todo 
bienestar, concibiéronlo los caudillos semi-ilus- 
trados como Artigas, lo aprendieron otros en su 
escuela y en la tendencia localista de las provin- 
cias y de Buenos Aires mismo y en cuanto á las 
masas, ellas lucharon, señores, por el predomi- 
nio de los hombres á su semejanza, esperanza- 
dos en obtener de su mano lo que las leyes 
coloniales les quitaron. Ved ahí lo que á mi 
juicio es ley histórica de las montoneras argen- 
tinas. Yo no inculpo al gaucho que se agrupaba 
bajo la lanza de Artigas. Yo inculpo la legislación 
brutal, que en tales condiciones morales le 



DE LA RBFÚBUCA ARGENTINA 1(© 

colocó. Tremendas y sangrientas son todas las 
revoluciones sociales. Los escándalos 7 las tira- 
nías políticas caen en un día de cólera popular, 
cuando el soberano no encuentra sino un crimen 
que extirpar y una ley que restablecer. Pero esas 
tiranías que han podrido el fondo de la sociedad, 
que han degradado la conciencia, y perturbado 
de tal manera el orden de los pueblos, que llegan 
á formar vicios hondos, arraigados y formida- 
bles por su impulso y por la inmoralidad congé- 
nita de la víctima: esas, señores, sólo se eztirpan 
con tempestades horrendas, con desencadena- 
mientos bárbaros, con mares de sangre sacri- 
ñcada á los ídolos, y por ñn con tragedias 
populares, en que se pierde de vista la estre- 
lla de las reformas y que expulsan de sus ban- 
deras al alma honrada y severa. Ninguna re- 
volución más )usta que la de Spartaco en lo 
antiguo, que la de Toussaint-Loverture en lo 
moderno, y ¿qué espíritu moral aceptaría la 
responsabilidad de sus caminos? España nos 
dio el gaucho enviciado en sus desventuras. El 
gaucho vino á la revolución y tenía forzosamente 
que venir, porque la revolución era democrática, 
y él, mayoría inmensa y verdadera fuerza nacio- 
nal, era el nuevo soberano proclamado el 25 de 
Mayo, — que pedía la abrogación del fabuloso 
despotismo que lo desgarraba. Ante el temple 
salvaje que daba á sus armas alzadas con brazo 
vigoroso y con la conciencia obscurecida, los 
demócratas de la civilización estremeciéndose 
reflexionaron: ¿Qué forma de aplicación podrían 



106 LECCIONES DE HISTORIA 

dar á la libertad, en aquel torbellino que empe- 
zaba y cuyo secreto no comprendían? La federa- 
ción reclamada se estrellaba contra la pobreza 
de recursos materiales y morales de los pueblos 
para su marcha regular; pero como la causa de 
este antecedente y de todos los vicios sociales y 
económicos que engendraban la anarquía, no era 
otra sino el centralismo, era estéril y contrapro- 
ducente la sinrazón á que se inclinaban de supri- 
mir los arranques federativos, sancionados ya 
con el tratado del Paraguay en 1812, y reconoci- 
dos con la prescindencia que siguió á las instancias 
que en 1813 le hacía la Asamblea por medio de 
D. Nicolás Herrera para su incorporación. Ar- 
duo era, repito, el problema de dar libertad y 
asegurar el orden á un país despoblado, ignoran- 
te y sin hábitos de política popular. ¿El centra- 
lismo hubiera podido desenvolver la democra- 
cia? El desierto, el atraso y la miseria hacían 
inaccesible la autoridad nacional, á las quejas y 
necesidades de las provincias lejanas, como lo 
era el trono español á las quejas y á las necesi- 
dades de las colonias, como lo era el virreinato 
á las del interior. O se sometían sinceramente 
las provincias, y entonces se habrían estacionado 
donde la Colonia las dejó, es decir, en la con- 
quista: ó protestan y desobedecen, y entonces 
la nacionalidad cae y la dispersión se consuma. 
Nada exagero. El gobierno centralista y nacio- 
nal habría sido más celoso que el trono por 
estar más vecino, é igualmente impotente, porque 
ni en 1810 ni en 1868 sabemos en Buenos Aires 



i 



\ 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 107 

cómo se vive en Jujuy. Sin entrar en las formas 
orgánicas ni descender al análisis del espíritu 
campesino, fácil es persuadirse de que el país no 
estaba, aun en sus porciones escogidas, conve- 
nientemente preparado para la democracia, to- 
mándolo en general. No existía en los pueblos 
el amor de la administración municipal, y esto 
por razones sobre manera sencillas y claras. 
Para que el espíritu municipal se desarrolle, es 
necesario cierto nivel de bienestar relativo; es 
forzoso que la propiedad sea general, y que la 
masa viva feliz y libre con su industria, ideal 
vedado para sociedades sometidas al monopolio, 
y compuestas de elementos contradictorios. Los 
Cabildos, forma exterior del comunalismo, fueron 
en los primeros tiempos los representantes de las 
ciudades, cuya personalidad absorbió el virrei- 
nato, y si es cierto que á su sombra se engendra- 
ron las primeras manifestaciones descentralistas, 
encarnadas en Funes desde 1810, no es menos 
evidente que aquella idea incorrecta, no pene- 
traba como convicción en el espíritu de los 
pueblos. La bandera de las turbas de Artigas 
no era aquella. Lo he dicho ya: el gaucho pedía 
el encumbramiento de sus afines en un interés 
de que no se daba cuenta, y que no era otro, 
sino la reforma de su destino social. Lo que en 
las poblaciones traspiraba, era un temor, erróneo 
en mi concepto, de que el unitarismo produjera 
la omnipotencia de Buenos Aires, y las provin- 
cias estremecidas por este presentimiento, fo- 
mentado con destreza por los agitadores, sacu- 



108 LECCIONES DE HISTORIA 

dían el freno y prestaban alas á los montoneros. 
En su seno no existía, repito, la idea definida de 
la administración, menos aun de la soberanía 
local, ni por consiguiente estaban aptos para la 
democracia. Esto en los pueblos. Los individuos 
carecían del resorte cívico del republicano. Edu- 
cados para el yugo, no sabían sino obedecer. 
El sistema de educación colonial, maestramente 
descrípto por el canónigo Gorriti, se reducía, 
como él dice, á enseñar á los hombres á rezar, 
sin infiltrarles ni la alta idea del deber moral, 
ni los elementos iniciales del derecho social. El 
sometimiento al poder: he ahí toda su escuela 
política. ¿Es esta, por ventura, la ciencia del 
ciudadano en las democracias? En frente, pues, 
de este enorme cúmulo de dificultades arraiga- 
das, venía la Asamblea á legislar y á constituir. 
¿Qué hacer? ¿Dar formas artificiales á aquella 
lucha de fuerzas hirvientes? ¿Fundar la demo- 
cracia bajo cualquier sistema, volviendo la es- 
palda á los peligros? ¿Entregar la nación al 
juego espontáneo de la vida provincial, á fin de 
simplificar la organización posterior? Esto ha- 
bría roto el ya relajado vínculo de la unión 
nacional, y el altísimo blasón de la Asamblea 
fué negarse á combinar constituciones arbitra- 
rias, salvando, no obstante, con todo esfuerzo, 
el principio de la unidad argentina y la comu- 
nión de la esperanza bajo la bandera revolucio- 
naria. Tan evidentes eran los estorbos que 
impedían regularizar la libertad, que ya en 1812 
San Martín desconfiaba del éxito de la empresa. 




DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 109 

La sociedad de Lautaro retrocedía gradualmente 
de sus primitivas convicciones y engendraba 
las dictaturas y los monarquistas. Cuando las 
hondas y robustas pasiones de los pueblos esta- 
llaron queriendo llevar, no como se ha solido 
pensar, los girones de una bandera que los gau- 
chos no odiaban porque son patriotas, sino una 
garantía de su alivio, cuyos recursos ni conocían 
ellos ni conocían tampoco los pensadores, y 
buscando, en vez de los fines, los medios mal 
concebidos y á costa de la eterna moral de las 
acciones, entonces su misma prepotencia, bo- 
rraba los antiguos matices, y daban á la elabora- 
ción interior un carácter peculiar. Las turbas 
armadas y enrojecidas en combates sacrilegos, 
luchaban por su soberanía bárbara; y los pensa- 
dores de la revolución, que les resistían, iban 
acobardados á pedir un rey, que cegara los 
purísimos manantiales de la regeneración del 
Plata con la tiranía proscripta en 1810. Sacrilegio 
contra sacrilegio! Estos divisaban en perspectiva 
la felicidad de la patria bien constituida, y des- 
esperaban de llevarla á término, si daban entra- 
da á las tendencias selváticas del gaucho. Los 
otros destrozaban para desahogar su vida: ni 
medían el peligro, ni soñaban las fecundidades de 
la armonía. Eran además la fuerza viva, porque 
eran la nación. En temor de su reinado, los 
pensadores huían de consagrar sus adivinacio- 
nes, irrevocablemente impresas al fin á los des- 
tinos del país cuando una vez democratizado, se 
han fundido en el hecho y en el sentimiento 



lio LECCIONES DE HISTORIA 

nacional. Segregados entre tanto por raudales 
de sangre, los unos conservaban la nacionalidad, 
los otros labraban vertiginosamente la descen- 
tralización, odiándose como enemigos mortales y 
persiguiéndose sin descanso. El predominio de 
los teorizadores habría traído el centralismo, 
combinación tan quimérica como ruinosa. El de 
los montoneros había traído una democracia bru- 
tal, sin norte, sin fuerzas reguladoras, que pros- 
tituyera su símbolo y entronizara la barbarie. 
Su alianza era imposible, sin el sometimiento de la 
una, porque hallábanse en el delirio de la guerra 
y en la informe vivacidad de las pasiones. Lue< 
go, para normalizar la democracia y para desen- 
gañar de sus quiméricas ilusiones á los ilustres 
prohombres, que deslumhrados por la libertad 
monárquica de Inglaterra, pretendían aplicarla, 
sustituyéndola otras veces por el centralismo de 
la montaña, era necesario que la revolución 
siguiera su camino, bárbaro porque asi lo eran 
las campañas, verdadera expresión de los pue- 
blos al salir de las manos de España. La guerra 
civil era un fenómeno fatal.... Terrible confesión, 
que encierra un anatema sobre la madre patria 
que le dio margen y que hago no obstante tran- 
quilo y hasta cierto punto satisfecho, porque me 
lleva á agregar esta verdad histórica: La Repú- 
blica Argentina no ha guerreado por mentidos 
antagonismos, como lo pretende una escuela^ á 
cuya cabeza está el Dr. Alberdi, entre la capital 
esencialmente despótica, y las provincias esen- 
cialmente liberales: ha guerreado por haberse 



i 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 111 

divorciado el pensamiento de las fuerzas , y las 
teorías de los hechos, en su tremenda elabora- 
ción política. Tal es la ley que preside á la 
historia moderna de mi país, como aparecerá 
evidente conforme avancemos en nuestros estu- 
dios, los cuales demostrarán que las más agrias 
manifestaciones de este fenómeno no han sido 
obra de una localidad, sino producidos en los 
momentos de más amplia vida nacional. El 
origen del mal está en nuestra civilización y en 
antecedentes coloniales que han sido comunes á 
toda la nación. 

Repito que formulo este juicio tranquilo y 
gozoso, porque al descubrirlas en penosas vigilias 
con el corazón oprimido por amargas impresio- 
nes^ él ha sido una revelación de paz para mi 
espíritu. Yo me he estremecido, señores, al 
contacto de las frías cenizas de mis padres, y 
horroroso me habría parecido tener que acusar 
su memoria de crímenes sin cuento. Vengo en 
paz con mis amores y mi conciencia, para 
anticiparos al delinear la aurora nebulosa de la 
anarquía, desde esta cátedra donde hasta hoy no 
he callado ninguna verdad, esta mi profunda 
convicción. Dadas las condiciones morales y 
políticas del Río de la Plata y el punto objetivo 
de la revolución, el país no podía regenerarse, 
sino por la guerra civil. ¿Por qué? He señalado 
la razón claramente: por la anarquía reinante 
entre la idea y el instinto, entre la cabeza y el 
brazo: anarquía que arranca de este hecho social: 
la revolución llama á las masas, que vienen bus- 



ÍCCIONES DE HI 

randera refoi 
ra ella, se des< 
Qdes exigenci 
in apasioaadi 
ifacción impe 
í la nacitJn. Si 
lo visible, a 
gre. Ha babt 
persoaalidade 
no ha habido 
i tenemos que 
s que bendeci 



LECCIÓN XV' 



sonal. Influencia de loa Cabildoa en la emancii 
Anarqnta del litoral. El EJírcito de. Norte. A 
mes. Pleblscilo de Febrero de 18]6. Calda d 
varez. Gobierna interino de Balcarce. Cabild 
de Janio de 1BI6. 



Señorbs: 

El 6 de Mayo de 1815 tomó el coronel Alvarez 
la dirección del país, perturbado de un cabo al 
otro, é inició su gobierno con sañudas venganzas 
contra los hombres del régimen vencido por la 
insurrección que acaudilló en Fontezuelas, Plan- 
ta brotada en la grieta que el espíritu de circulo 
abriera en el Directorio, única fórmula viva de la 
unión nacional, el nuevo poder revolucionario 
atrajo hacia sí la apasionada simpatía del caudi- 
llaje. Fuerza es, seftores, que insistamos, fijando 
el punto de partida. 

Os he dicho que en las montoneras y los ban- 
dos formidables que fueron su desarollo, hay una 
amalgama que descomponer para reducirlas á su 

(1) Esta lerci 
«Dtre losafloa d< 



>NBS DE HI3TC 

d: los caudil 
toñera era e 
D de esclarc 
iible A su esp 

caudillo era 
>za y ea la s 
moral, ígnor 
T del deber e 
lerio, radica] 
IOS por adíri 
os por origí 
I Güemes, bí 
la de las catr 
i victoria y 
sociales. 

los campos ; 
ion coincidec 
:a y mudas a 
lé aparece x 
>enas el cam 
Itas? A mi ju 
enos politice 
lino á medi 
lio de la rev( 
cudimientos 
A noche. La 
iriéadonos el 

moral del p 
at bajo un si 
olución agre 
er de vista: t 

Destituida 



DE LA KEPÚBLICA ARGENTINA 115 

rior, porque obraba bajo la bandera del rey Fer- 
nando, y sin propósito claro respecto á la demo- 
cracia, abiertamente resistida en los altos cír- 
culos, no le era dable organizar la nación, sino 
sobre bases caprichosas y transitorias^ confian- 
do la observancia del derecho á la buena fe 
del magistrado. El pueblo se hacía legión. Lo go- 
bernaban los soldados con un objeto confesado: 
terminar la guerra; y este pensamiento constituía 
al ciudadano en soldado y contribuyente. Seño- 
res, yo confieso que no conozco otra vía de ac^ 
ción más eficaz que aquélla, dadas las peculiares 
condiciones en que el pueblo argentino se encon- 
traba por entonces; pero no conozco tampoco 
flanco más accesible á la invasión de las tiranías 
en la historia de pueblo alguno. Las tiranías no 
reposan tanto en lo que edifican como en lo que 
destruyen, ni en las fuerzas que disciplinan como 
en las fuerzas que corrompen. Despertábase el 
pueblo argentino á la sombra de gobiernos per- 
sonales. En la mano del gobernante, bárbaro 
frecuentemente como la masa que debía acaudi- 
llar, estaba la vida y la suerte del ciudadano. 
¿Era mucho que el colono se dejara enervar por 
sus halagos y viniera á su partido temeroso de 
provocar sus iras? Había más, señores, y vamos 
al fondo del fenómeno. La muchedumbre deshe- 
redada se sintió dueña del terreno. Tenía la fuer- 
za y buscó su soberanía. Había en esta pasión el 
resplandor de un instinto grande é invencible. El 
pueblo oprimido por el grupo quería reconquis- 
tar su derecho. La inmoralidad menos cuestiona- 



116 LECCIONES DE HISTORIA 

ble y la más evidente barbarie fueron la fórmula 
de aquella faz social. Los gobiernos personales 
la halagan y organizan: la engañan también, 
porque jamás fué propósito leal de los caudillos, 
mejorar al pueblo que los levantaba, como no lo 
fué tampoco reconcentrar en la provincia, su 
prestigio y poder, sino cuando la pereza del áni- 
mo como en Bustos, ó violentas barreras, como 
las que Dorrego levantó contra López^ los ence- 
rraban en límites estrechos. Este hecho le da á la 
revolución la horrible impetuosidad, que comen- 
zaba á desplegar por 1815. De cualquier manera, 
señores, todo espíritu serio delante de un fenó- 
meno social de aquella magnitud, debe investi- 
gar, sino tiene afinidades que lo expliquen; y 
respecto del nuestro, bien podemos afirmar que 
las encuentra en la forma social de toda civiliza- 
ción primitiva ó en crisis. La transformación de la 
Europa moderna se inicia en forma de feudalis- 
mo: la transformación de la América conquistada 
en adelantazgos primero, en señoríos territoria- 
les y Encomiendas cuando recibió su primer 
carácter normal y legalizado. ¿Por qué? Porque 
todo estado social transitorio, requiere fuerza 
inmediata y acción vigorosa, que encuentran, así 
los pueblos que viven de sí mismos, como los 
tiranos que los transforman á sangre y fuego, en 
la reconcentración del poder y la disminución 
de su teatro. El Asia antigua se disciplinaba en 
patriarcados, las razas primitivas del nuevo con- 
tinente en tribus y cacicazgos, y la civilización 
del Anahuac y del Perú, en el momento en que 



J 



^ 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 117 

fueron sorprendidas por Cortés y por Pizarro, 
no bien desenvueltas aún en su giro imperial, 
conservaban tintes feudales y cierta multiplici- 
dad concéntrica, que dejaba percibir sus compo- 
siciones elementales. Estos fenómenos, impertur- 
bablemente reproducidos en la historia del linaje 
humano, responden sin duda á faces genuinas de 
su espíritu, y nacen de la escala lógica en que se 
desarroUe la simpatía, destellando gradualmente 
del fondo de la persona, al hogar, á la localidad, 
á la patria y á la raza. El estallido brutal del 
gauchaje, fué ñel á esta fórmula del sentimiento. 
Sólo la tiranía, desviando las pasiones de su 
nivel ha podido engendar el cesarismo. La multi- 
plicidad de la simpatía es el principio, el medio 
y el ideal de la naturaleza en el crecimiento de 
los amores, que es la ley de la sociedad. Cau- 
dillos llenos de la voluptuosidad del despotis- 
mo como Quiroga, ó concienzudamente crueles 
como Rosas, debían en lo futuro desviarlas en 
ese sentido y explotarlas para ensangrentar los 
pueblos y desmoralizar los más íntimos resortes 
de la sociedad. Ya antes que ellos. Artigas pre- 
tendió el cesarismo del litoral, como Ramírez 
más tarde, como Carrera en el afio 20; pero 
cuando la revolución comenzaba, el instinto era 
visible, y la opinión de las provincias se le 
plegaba, comprometida en el movimiento y por 
distintos antecedentes y circunstancias. En el 
vuelco rápido de la administración antigua, 
permanecía intacta una institución, conservada 
por la tradición y el orgullo de las ciudades. 



118 LECCIONES DE HISTORIA 

Hablo de los Cabildos. Eran la única institución 
legal, que dominaba, cuando todo el aparato vi- 
rreal, caía derrumbado por los revolucionarios. 
Hermano del pueblo, había sido su refugio en días 
amargos. La queja del colono se levantó por su 
intermedio en el conflicto. Estuvo á la cabeza de 
los grandes movimientos de 1806 y 1807. Salva- 
dos de la vorágine, tenían á su favor el lustre 
de la antigüedad, y gozaban del prestigio que ella 
arroja sobre las instituciones. Fueron el punto de 
apoyo de la estrategia revolucionaria, en casi 
toda la América española, y si es cierto que el 
ayuntamiento de Buenos Aires, flaqueó en el 
pensamiento de 1810, también es verdad que de 
grado ó por fuerza fué el órgano del plebiscito 
del 25 de Mayo, y que más tarde, en cualquier 
ocasión en que los vecindarios, ya en la capital, 
ya en las provincias, tuvieran reclamaciones que 
hacer y leyes que dictar, fueron los Cabildos el 
núcleo de todas las evoluciones decentralizadoras 
ó facciosas. El espíritu de cuerpo les infundía 
arrogancia, y lisonjeaban á los pueblos cuando 
rugía el descontento á fin de encabezar las sedi- 
ciones. Representaban al pueblo en la acefalía 
accidental ó provocada, instituían representantes 
y prevenían las deliberaciones de sus asambleas 
nacionales: eran, por fin, la base del gobierno 
local y el foco que atraía los grupos á su total 
dispersión. Por consecuencia nutrían en las ciu- 
dades una opinión análoga con el giro de las 
montoneras. Mediaba una enorme diferencia y 
aun antagonismo, entre éstos y los pastores suble' 



j 




DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 119 

vados bajo la bandera del caudillaje. Los últimos 
querían su fuero, su civilización, sus escuelas y 
sus hombres: los pastores querían los suyos; pero 
se ligaban en el esfuerzo decentralizador y ende- 
rezaban la tarea á un tópico común. En algunas 
dominaba francamente el caudillaje, dueño del 
litoral desde 5anta Fe hasta la frontera del Para- 
guay: en otras se mantenía el elemento culto; en 
poder de la dirección política. 

Tenemos, pues, varios fenómenos en acción: 

V El centralismo de los gobiernos nacionales. 

2^ La revolución de los gauchos, dirigida por 
los caudillos: revolución social en su origen, que 
comenzaba á tomar formas políticas al contacto 
de la ambición, y se revelaba dispersándola anti- 
gua unión. 

y* El localismo de los pueblos, apoyado en los 
Cabildos y con ciertas afinidades respecto á la 
revolución campesina. 

Una metonimia, porque casi todos nuestros 
programas y debates políticos son figuras de retó- 
rica, aceptada en nuestro tecnicismo histórico 
llama é estos arranques la revolución federal. 
Restablezcamos la propiedad de los nombres, 
estableciendo la doctrina. Se le ha dado ese nom- 
bre, porque federal se llamó Carrera el año 20, 
federal se llamó Rosas después de las revolucio- 
nes que siguieron á la Constitución de 1826. Y sin 
embargo, esa palabra que hoy día contiene para 
los argentinos un dogma, resonó por la primera 
vez en Buenos Aires, como una vía de acomoda- 
miento que neutralizara la resistencia á la nació- 



120 



LECCIONES DE HISTORIA 



nalidad, y combinase todas las inclinaciones é ins- 
tintos en una unidad armoniosa, capaz de respon- 
der á las necesidades del progreso y á las exigen- 
cias de la pasión de partido. Si largos afios des- 
pués los hombres de espíritu ilustrado divagaban 
para apreciar con exactitud la organización fe- 
deral, ¿no sería una estravagancia afirmar que Ra- 
mírez y Caparros traían doctrina determinada á 
la revolución desde sus albores? ¿Si aun la demo- 
cracia, tomada en absoluto, era un problema, 
cuya solución se desvanecía en temores y 
dudas acerbas para las almas superiores ¿no 
es temerario y ridículo atribuir á la muche- 
dumbre ignorante, una profesión concienzuda 
de sus principios, consolidados con una for- 
ma práctica de organización? No confunda- 
mos las ideas con los instintos, ni las formas 
políticas con los hechos sociales de donde na- 
cen. La idea de una federación emanó en el 
Plata de la presencia del instinto localista, de 
un instinto invencible hijo de la democratización 
del pueblo bajo el sable de los caudillos; y los 
primitivos partidarios de esta idea lejos estuvie- 
ron de identificarse con ellos, ni aceptar la 
responsabilidad de sus enormes maldades. Si 
más tarde incurrieron en este extravío, ya 
veremos por qué superabundancia de odios 
agriados en la lucha, sobrevino tan funesta 
mistificación. El pueblo vino á la soberanía 
en las ciudades, en forma de asambleas y revo- 
luciones: vino á la soberanía en las campañas 
en forma de montonera. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 121 

Cuando el motín militar de Fontezuelas arro- 
jaba por tierra el indiscreto Directorio, no podían 
los caudillos menos de saludarlo como victoria 
suya, y victoria grande habría sido para los 
pueblos, si el período de su estallido, obscuro 
respecto de los grandes principios que norma- 
lizan la democracia, no condenara todas las 
revoluciones y todos los gobiernos á una ley 
fatal de imprevisión. ¿Qué dieron los revolu- 
cionarios á la alta esperanza nacional en la caíd» 
de Alvear? Señores: le dieron cruentos escán- 
dalos, se enzafiaron contra las más venerables 
personalidades de 1810, y á guisa de infalibles, 
ellos esclavos también del desacierto, castigaron 
los errores como crímenes. Ala arrogante into- 
lerancia de Alvear con el caudillo de los orientales 
hicieron seguir inmorales condescendencias, 
ofreciéndole la persona de sus enemigos para 
que cebara su venganza, que el nómade capi- 
tán de montoneras rechazó con honor. Algo 
más ofrecieron al país: sancionado por una 
asamblea aristocrática de 1h capital, díéronle el 
Reglamento que estudiamos en la lección anterior, 
especie de constitución atrabiliaria y efímera, 
incapaz de imprimir orden ala nación, y contra- 
dictoria con la fibra democrática de las muche- 
dumbres. 

No debemos sorprendernos del resultado de 
tales divagaciones. Si los caudillos estaban 
dispuestos á acatar el nuevo Directorio sólo por- 
que reaccionaba contra el antiguo, no entraba en 
su interés, y fuerza es confesar que ni en el del 



dfa 
te 



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ejf 



DE LA KEPÚBLICA ARGENTINA 123 

anes: nada economizó, y antiguos personajes de 
revolución desplegaban un furor insano contra 
•mpafieros de esperanza y de glorias: D. Juan 
sé Passo contra Monteagudo, Agreto, Ro- 
Iguez Peña, Herrera y hasta el delicadísimo 
ieyttís, hombre elástico, que se amoldaba á 
das las situaciones, estaba allí asesorando fre- 
iticamente los bandos y las sentencias. Aquella 
isis tenía el ce&o más alarmante. 
Entre tanto, el gobierno abría negociaciones 
m Artigas. Todo el litoral y la provincia de 
3rdoba, capitaneada por Bulnes, le prestaban 
lediencia 6 seguían su impulso en nombre de la 
dependencia provincial, constituyendo uno de 
5 feudos montoneros más extensos, que hayan 
)arecido en nuestros accidentes históricos; por 
añera, que su sometimiento resolvía en el 
mtido de la paz vastos problemas de la situa- 
ón, y á haberlo conseguido, el gobierno revo- 
cionario se hubiera hecho perdonar graves 
^aciertos, sin que por eso el reproche de la 
jsteridad aminorara ante los inmorales resortes 
icados para ese fin. 

Don Blas José Pico y don Francisco Bruno Ri- 
*rola fueron enviados al cuartel general del can- 
illo para ajustar con él las bases de la paz, y el 
ía 16 de Junio le dirigieron sus propuestas desde 
aisandú. Se trataba en ellas de restablecer 
:atmente la paz interior. Buenos Aires renun- 
laba á sus derechos sobre la Banda Oriental, la 
lal debía ingresar en la unión como provincia 
idependiente, y se garantía el indulto y el olvido 



124 LECCIONES DE HISTORIA 

de las pasadas diferencias, conviniéndose por el 
artículo 7° en la demolición de las murallas de 
Montevideo; pero Artigas, al verse solicitado por 
las contemplaciones del Directorio, llevó lejos 
sus exigencias, y tan poco dispuesto se encon- 
traba á reducir sus fuerzas bélicas, que en vez 
de aceptar la demolición de las fortificaciones 
de la capital, pretendía grandes indemnizaciones 
pecunarías y la devolución de los pertrechos 
tomados á Vigodet en 1814. La negociación 
fracasó naturalmente; y en seguida, el caudillo 
deseoso de normalizar la actitud independiente 
de las provincias, que gobernadas por él y por 
sus tenientes ó sometidas á su influencia, protes- 
taban contra el vínculo nacional, convocó un 
congreso que debía tener por asiento sus aduares 
y por barra la montonera. 

Corrientes, Entre Ríos, Banda Oriental, Santa 
Fe y Córdoba enviaron diputados á aquel cón- 
clave singular, cuyas deliberaciones agitaba ya 
en su cerebro el indómito capitán que reunía sus 
diputados, los cuales hubieran dado sin duda un 
extravagante espectáculo, legislando á la sombra 
del ombú solitario, rodeados y cohibidos por el 
gaucho sableador, para constituir en beneficio 
de Artigas una democracia sin modelo ni copia. 
Aquel patriarcado lanza en ristre hubiera tenido 
no poco de fantástico, y el sentimiento aventu- 
rero del gaucho convertido en ley, sería uno de 
los vuelos más caprichosos del espíritu humano 
y de las civilizaciones rudimentales. La intran- 
quila actividad de aquella escena se prestaba 



UE LA SEFÜBLICA ARGENTINA 125 

poco, no obstante, á una comedia que exigía 
reposo; y el proyecto del caudillo se desvaneció 
al contacto de los muchos que hervían en su 
alma. 

A pesar de todo, quiso tentar un nuevo vado 
para buscar estabilidad en la paz, y acreditó 
algunos diputados para abrir nuevas negocia- 
ciones en Buenos Aires. Reprodujeron éstos 
las exigencias que tres meses antes hicieron 
frascasar los proyectos de Pico y Rívarola, insis- 
tiendo principalmente en la devolución de los 
pertrechos tomados después del sitio de Monte- 
video y en cuanto podía concurrir á fortalecer 
la independencia de la Banda Oriental, punto 
objetivo de sus aventuras. El Directorio se neg<3 
áe nuevo A tal compostura, y apenas se con- 
vino en una tregua, que nadie aceptaba de bue- 
na fe. 

Mientras que estos acontecimientos se desen- 
volvían en el litoral, las provincias de arriba 
eran teatro de cuadros no menos trascendenta- 
les en el drama de la guerra civil. Separado el 
general San Martín del ejército del Norte para 
asumir la intendencia de Cuyo, le subrogó en 
el mando el general Rondeau, que invadió el 
Perü y se apoderó de Potosí el 5 de Mayo de 
1815. Cuatro meses de quietismo para un ejér- 
cito gangrenado por la anarqufa que á la 
vez engendraban los celos de los jefes y los 
odios de partido que se deslizaban traidora- 
mente bajo la bandera del soldado; la corrup- 
ción, que con tan vivos colores ha retratado el 



:iONES DE HIS1 

SUS Memorü 

general Roí 
el nervio de 
\, siquiera li 
rero, que s6\i 

medir la tall 
lenla corrier 
:ioiies. El ec 
ajaba; es dec: 
sa colecticia 
iríos al soldaí 

néctar de la: 
üa después dt 
los españole 
: alto mérito r 
'■ y Media, O; 

de Novieml 

1 donde no ta 
tonado con s 
nuestras acti 
■os tropiezos 3 
I saltefLo de 

provincia y 
bre, alzóse U 
solvente que 
arque y capi 
sorbido por el 
más soporta 
que ha resf 
eranfa, Güen 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 127 

y se puso en abierta resistencia contra el general 
y contra el Gobierno Nacional, que en honor de la 
verdad, no podia alegar títulos más abonados 
para exigir obediencia, que él para negársela, 
temeroso de quedar envuelto en la restauración 
española 6 dejar en sus manos la provincia, si 
seguía el ejército en su marcha retrógrada. Esta 
insurrección asumió el calor febril de todas sus 
afines, y circulaba ya hermanada con el odio 
hacia los gobiernos centrales la ojeriza contra 
Buenos Aires y los porteños, consagrada en el 
grito revolucionario que elevó á Güemes al go- 
bierno déla provincia. El general Rondeau tuvo 
que cruzar sus armas con las del caudillo. Mayo- 
res peligros trajéronlo más tarde al sometimiento 
y á la heroica defensa de la independencia, á 
cuyo sostén consagró su vida en adelante. Meses 
antes que estallara la revolución en Salta, había 
enviado el Directorio al general Viaraont á 
Santa Fe durante la tregua. Funcionaba allí por 
entonces una especie de legislatura provincial, 
que con motivo de la elección de teniente gober- 
nador, trabó lucha con el Cabildo, apaciguada 
por la intervención pacíñca y por todos solici- 
tada del jefe nacional, turbulencias que dieron 
por resultado la reincorporación de Santa Fe, 
realizada en Septiembre y seguidamente imitada 
por Córdoba. 

El Poder Ejecutivo reconocía su impotencia 
legal y moral para hacer frente á la crisis interior 
y resistir juntamente el empuje del enemigo co- 
mún. El trabajo febriciente que conmovía las 



128 LECCIONES DE HISTORIA 

entrañas del país no era la federación ni la diso- 
lución: no era la federación, porque á su favor 
se elaboraban los despotismos parciales, que 
rompieron la nacionalidad, con un movimiento 
inverso al que esta clasiñcación supone: no era 
precisamente la disolución, porque sobrevivía un 
lazo simpático y un ideal supremo, destinado á 
restablecer la fraternidad, renaciente cuando más 
disuelta y extinguida aparecía; pero sí era un 
progresivo despojo de fuerza para el poder cen- 
tral, y una altanera recuperación déla diversidad 
mte-virreal vaciada en el molde de la revolución 
campesina. Por consecuencia, el Poder Ejecutivo 
buscaba en la ley lo que la política y los hechos 
le arrancaban diariamente á pedazos, y al trope- 
zar con la pueril arrogancia de la Junta de Obser- 
vación, no podía ocultársele, que aquel Regla- 
mento era para las montoneras y los caudillos 
provinciales, una especie de colaborador pasivo 
que les abría paso neutralizando la fuerza resis- 
ente, y entregándoselas maniatada. Recurrió en- 
onces al pueblo en demanda de la Reforma, y el 
13 de Febrero de 1816 tenía lugar en el templo 
ie San Ignacio una reunión popular, destinada á 
discutir olocráticamente la ley que regularizaba 
los poderes nacionales. 

De aquella sanción temeraria, porque las ideas 
no se maduran en medio de los tumultos, y des- 
autorizada porque era ilegítima la autoridad del 
vecindario de la capital para imponer leyes de 
carácter constitucional al resto de la provincia y 
á todos los pueblos de la nación, no podía espe- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 129 

rarse sin delirio, la panacea sobrenatural que 
curara á la revolución del espíritu revolucionario. 
Como quiera, se ensayó, y este solo hecho prueba 
la incorrección de las ideas dominantes. 

Reunido el vecindario, nombró por aclamación 
para presidir el acto á don Manuel Oliden, gober- 
nador intendente de la provincia y para autorizar- 
lo en clase de secretario al doctor don Bernardo 
Vélez Gutiérrez. Fué aquélla una de las situacio- 
nes más criticas que ha atravesado Buenos Aires 
en el período revolucionario. Las hojas periódicas, 
multiplicadas ya y sobre las cuales volveré más 
tarde, transpiraban el encono más sombrío en sus 
polémicas: la sociedad estaba profundamente 
dividida y agriada: el estrépito de la guerra civil 
estremecía el suelo, y el horizonte se toldaba de 
más en más, cuando el bando convocatorio del 
director Alvarez, traía de esta manera el pueblo 
á la arena de las sediciones, legitimando los exce- 
sos en que pudiera incurrir. Después de debates 
tan largos como vagos, fué sancionado un decre- 
to, que devolvía paciñcamente á las autoridades 
su problemático prestigio, aplazaba la forma del 
Estatuto para ser considerada en presencia de la 
que proyectara una comisión compuesta por el 
sufragio de los presentes con el doctor don Ma- 
nuel Antonio Castro, el doctor don Gregorio 
Funes, el doctor don Tomás Valle, el doctor don 
Luis Chorroarín y el doctor don Domingo Ache- 
ga, debiendo invitarse álos vecinos de la cam- 
paña á una nueva asamblea, ñjada para el 4 de 
Abril siguiente; y constituía por fin una comi- 



T>' 



130 



LECCIONES DE HISTORIA 



sión de seguridad individual, con mandato de 
enfrenar los poderes si transgredían la ley. Esta 
parte del plebiscito de Febrero es la expresión 
indubitable y común en aquellos días de la vio- 
lenta crisis que el país atravesaba. El pueblo 
con noble actitud se pone en defensa contra el 
gobierno. El general Mitre nos refiere una pa- 
labra del general Belgrano, en que expresaba 
su admiración hacia el pueblo que con tan alar- 
mante espectáculo y tan moderado desenlace 
le sorprendió á su regreso de Europa. Belgrano 
tenía razón. Escasos ejemplos contendrá la his- 
toria de un uso tan prudente de su omnipotencia 
en pueblo alguno en revolución. No es este sin 
duda el único timbre que para colocarse entre los 
pueblos magnánimos puede ostentar el del 25 de 
Mayo de 1810, el del 4 de Febrero de 1852; pero con 
noble desprendimiento rechazó el poder que el 
gobierno le brindaba para satisfacer pasiones y 
vanidades; y comprendiendo la gravedad del mo- 
mento, se contenta con resguardarse contra posi- 
bles ó probables violencias. Es esto sin duda una 
de las páginas de su historia, que más brillante- 
mente lo enaltecen. Temeroso el Cabildo de los 
riesgos de una nueva asamblea, interpuso toda 
su influencia á fin de que no se llevara á efecto 
la que estaba señalada para el 4 de Abril. El Di- 
rector accedió á su solicitud y el 3 publicó un 
bando, suspendiendo la convocatoria del pueblo, 
y apelando para la reforma del Estatuto al Con- 
greso Nacional, que suponía reunido, y al cual 
había enviado ya Buenos Aires sus diputados. 



j 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 131 

sta era la esperanza que alentaba á todos los 
gentinos, cualquiera que fuese su bandera y su 
isión. Convocado para satisfacer la ansiedad 
; los pueblos, por la revolución seini-localista del 
io 15, el Congreso, por uno de esos presentí- 
lentos que templan tantas desventuras, hijo del 
icudimiento y destinado á reconstruir la nacio- 
Uidad, tenía la rara fortuna de halagar las aspi- 
[Cienes de todos, porque todos veían en él un 
sgo de su , genio y un elemento de su victoria. 
I alto sentimiento emancipador de las armas que 
inservaban inmodiñcado y en su elemental pu- 
za el espíritu de 1810, como el sentimiento no 
enos previsor de los que estaban empapados en 
s luchas internas de la organización: todos, 
pito, hallaban en la Asamblea nacional pábulo 
sus ilusiones. Entre tanto, como durase en el 
:oralla tregua ratificada perla reincorporación 
: Santa Fe, el Director había enviado á reforzar 
ejército del Perü algunas de las tropas que bajo 
s órdenes de Viamont, tenía en observación so- 
■e aquella provincia. Aprovechando su debilidad, 
s sediciosos alzaron de nuevo su pendón, capi- 
neadospor Vera, rindieron el ejército nacional 
tomaron prisionero á su jefe. El Director se 
)resuró á sofocar la revuelta y envió nuevas 
visiones al mando del general Belgrano, á quien 
"oveyó de instrucciones á fin de restablecer la 
iz, si fuera posible; economizando la sangre 
■gen tina harto necesaria para vencer la restaura- 
ón colonial en Chile y el Peni, y que amenazaba 
i el territorio hoy argentino, trayendo á la paz 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 133 

Uidad venía á conocimiento del pueblo 
ital en los momentos en que el gobier- 
veocido por una sedición obscura y sin 

)nado por los suyos y derrotado por sus 
loldados, el Director tuvo el placer y 
ie dirigir su ultima palabra á los pue- 
üo justo después de haber escalaáo el 
ra comunicarles la grata nueva de la 
leí Congreso; y el 16 de Abril, día en 
:anónÍgo Zavaleta pronunciaba en el 

de la Catedral un discurso patriótico, 
ludaba la nueva esperanza al asomar 
[)atrio horizonte, Alvarez reunía el Ca- 
a Junta de Observación, y pintándoles 
r y despecho el movimiento sombrío 
errocaba, elevó su renuncia, que fué 

Ambas corporaciones, en seguida de 
: la soberanía del Congreso, formularon 
iesto, declarando que no asumían el 
lecesario para entender en la renuncia 
lUpremo del Estado, sino obligados por 
:o, como lo harían valer ante el mismo, 
entre tanto un Director interino, hasta 
:íi5n superior. El mismo día fué electo 
er general don Antonio Balcarce, que 
isión del mando en la mañana siguiea- 
iudad se encuentra en el más profundo 
decía la Gaceta del 20 al dar cuenta de 
/es acontecimientos. 
)argo, el periodista ofícial se engañaba, 
iparente quietud de la ciudad, el hom- 



134 LECCIONES DB HISTORIA 

bre previsor columbraba el peligro, y podía 
decir como el judio: « Tempestad habrá hoy, 
porque el cielo triste tiene arreboles.» Balcarce 
comenzó su gobierno por transar con la sedición 
á cuyo favor se había levantado, y ratificando 
el pacto de los oficiales amotinados, retiró el 
ejército nacional al Sud del Arroyo del Medio. 
Este sesgo impuesto por la fuerza de los caudi- 
llos y la infidelidad de los subalternos de Belgra- 
no, lejos de ser una victoria, era una verdadera 
derrota para las autoridades de la unión. El des- 
prestigio de su poder retratado con una frase pin- 
toresca por el general Paz, (i) era la herencia, la 
única herencia, que el director Alvarez dejaba 
á su sucesor, entregándole un gobierno, eclipsado 
por la instalación del Congreso y vencido por las 
revoluciones. Rodeado de sombras y desaires, 
como estaba, tenía, no obstante, que desafiar nue- 
vos y enérgicos impulsos de la anarquía contra 
cuanto se opusiera á los despiertos instintos de 
las masas. El Estatuto provincial había contri- 
buido á irritar un poderoso elemento de lucha. 
Uno de sus artículos más novelescos, (2) ordenaba 
la fundación de un periódico denominado el 
Censor, que debía ser pagado por el Cabildo, y 
cuyo principal objeto era censurar los poderes 
« ilustrando á los pueblos en sus derechos y ver- 
daderos intereses.» En Agosto de 1815 comenzó, 



(1) Dice el General que el Gobierno Nacional era una jerga con 
que nadie queria taparse,{Memorias póstumaSi tomo 1^}. 

(2) Sección VII, Cap.II, art. 6». 



DE LA HEpObLICA ARGENTINA 135 

en efecto, á darse á luz á dicho periódico, redac- 
tado por el sefior Valdez, cubano. Cuando estudiá- 
bamos en la última lección el conjunto del Esta- 
tuto provisional, vimos que no sólo dejaba cam- 
po al desarrollo político del provincialismo, sino 
que lo armaba también preparándolo á la resis- 
tencia. 

A más de los medios generales otorgados al 
resto de los pueblos, puso á disposición de los 
sentimientos locales de Buenos Aires esta arma 
poderosa de publicidad, que quita toda duda, si 
pudiéramos abrigarla, en su clasificación. Lega- 
lizaba la lucha y arrancaba del espíritu descen- 
tralista mal entendido. Iniciada artificialmente 
la controversia, que trababan á la sazón diver- 
sas hojas periódicas, tan llenas de nervio como la 
Crónica de los discípulos de Moreno, la Prensa, 
y las Observaciones de Camilo Henrfquez, no 
tardó en degenerar en acerba p olémica, en la 
cual se revelaba la hiél que ganaba todos los 
corazones. 

La altura de nuestra prensa doctrinaria digni- 
ficada por el talento del Dr. Moreno, siquiera 
conservara en algunas publicaciones contem- 
poráneas, el Observador Americano, por ejem- 
plo, mucho de su lustre primitivo; empezaba á 
degenerar, convirtiéndose en palenque, donde la 
pasión suplía al pensamiento, y el halago tribu- 
tado á las preocupaciones ocupaba el lugar de la 
iniciativa trascendental. La prensa que dege- 
nera en órgano de los partidos, descuida siempre 
su papel docente por el que conviene al interés 



136 LECCIONES DE HISTORIA 

de bando: adquirir prosélitos acariciando errores. 
De ahí, y cuenta, señores, que hablo salvando 
honorables excepciones que reconozco y sin 
mengua del preclaro mérito que bajo diversos 
aspectos ha conquistando para sí la prensa 
del Río de la Plata: de ahí, decía, que haya 
tan funestamente contribuido á amamantar las 
generaciones nuevas y la vanidad de la muche- 
dumbre con esa adoración de sí mismas, que 
cierra para la verdad los oídos de los pueblos, 
que mata la fibra del progreso porque extingue 
el sentido de los vicios sociales; ese amor propio 
sin nombre, que hace quietista á la España y 
aleja con la verdad la reforma, dejando reinar á 
los círculos porque conservan calor y actividad. 
Hemos pasado tanto tiempo haciendo la oración 
del fariseo que nada me admira en materia de 
extravíos! Por aquel tiempo, señores, asumía la 
polémica periodística un carácter estrecho. El 
diario oficial, redactado por el Dr. Alvarez, de- 
fendía espada en mano cuanto provenía del go- 
bierno, un día el orden y otro la sedición, hoy la 
paz y mañana la guerra. El Censor^ por el con- 
rario, estaba á servicio de la Junta de Observa- 
ción y del Cabildo, poniendo iguales bríos, aun- 
que fuerza es convenir, que mayor suma de 
lógica. Ante el rumbo inequívoco que tomaba el 
espíritu de las provincias y los sentimientos 
localistas despertados en Buenos Aires, comen- 
zaba á fomularse una solución política: organi- 
zar el país bajo formas federales. Los partidarios 
de esta idea, entendían empero, la organización 



DE LA KEPÚBLICA ARGENTINA 137 

I, bajo un aspecto tan rudimental, que 
:1 soplo de la realidad para echar A tie- 
iciociuios abstractos, 
lelo no era la Constitución norte-ameri- 
787, sino los artículos de la Confedera- 
¡"iladelfia. Imaginaban una especie de 
:ti(3nica, en que cada provincia conser- 
ndependencia más lata, delegando sólo 
igreso general ciertos atributos de la so- 
ixterior. Un gran pueblo, nacido y educa- 
1 libertad y parala administración propia, 
de estar á punto de sucumbir bajo la 
jletérea de este desorden legal. El tra- 
rior de la sociedad argentina llevaba di- 
ontraria al trabajo social de Norte Amé- 
lue era contrario su punto de partida, 
inglés, al desaparecer vencido por la 
1 del siglo pasado, dejó en sus colonias 
ón y los hábitos de un gobierno débil y 
;nte en el detalle de la vida civil: dejaba 
za directriz y mucha fuerza popular: 
is costumbres de administración local 
rática, latísimos fueros á la autonomía 
uevos Estados, y ciudadanos general- 
atos para el derecho y la responsabi- 
la soberanía republicana. De consi- 
la tarea política de la nación, tenía 
1 de mira criar un centro á lo disperso, 
a al gobierno á fin de que la unidad 
solviera en el municipalismo desbor- 
te era el dogma de Washington. El des- 
ispañol, al revés, dejaba la habitud del 



ECCIONES DE HISTORIA 

el recuerdo de un 
ocráticamente en to 
ial, modiñcado solai 
¡ales, que no eran ei 

parcialidades del de 

ineducado y pobre 
: lleno en las funcioi 
acia: poblaciones ci 
das de vida propia: 
itantes, y camparías 
ataraz viviendo del ] 
on irritadas por su 
te, la tarea política i 
lisminución del gob 
:blo. Supongo que e 
'era, con efecto, el g< 
eceta de insensato 
os términos: el mal 
: matémosle. Es c 
dolor; pero también 

y una sensibilidad. '. 
gobierno es ruinoso 
i su falta absoluta? 
.a usura es criminal 

interés! La renta disi 
ítima y debe desapai 
á su famoso aforisn; 
/ Eugenio Pelletan 1 
lio sin gobierno, pres 
tásticos de su alma d 
e no concibo cuerp 
isible. 



L REPÚBLICA ARGENTINA 139 

a cuestión. La supresiiSa de un 
1 dejaría los pueblos entregados 
aes espontáneas, toda vez que el 
liga careciera de poderes para 
1 asuntos locales. Vosotros sabéis 
ueblos de entonces y fácil es cal- 
de esa noción lo que podrían ser 
s propias. Pero tomad en cuenta 
;uridad, que la soberanía de los 
L forma lógica de aquel moví- 
la verdad: fraccionándose la na- 

vigorizado las tiranías parciales 
3r los enclialecamientos de Arti- 
'as matanzas de sus semejantes. 
BStá sobre toda controversia, que 
joderes era sólo un aspecto del 
iba en pie el más arduo: formar 
ara la libertad. Y bien, sefiores: 

los Quiroga educan á los Riva- 
bien, no es el juego regenerador 
n y de las ciencias, el que trans- 
e niflo lefiador de la selva en 
nrado? Yo he dicho en diversas 
curso de estas lecciones: la liber- 
ivina, cuyas evoluciones nadie 
r, ni aun so pretexto de amor á la 
he dicho y lo repito hoy, señores. 

opresión, sea en forma de anar- 
na de despotismo, sea en forma 

tengo sino un amor, la libertad; 

1 de mí el pensamiento de lanzar 
i sobre la tribu africana, que 



:iONES DE HISTO 

;o, se díspusier 
el progreso: ta 
a reacción bar 
lo en un per 

pero viriles át 
ipeñara en redi 
r la paz en la a 
1 egoísmo de k 
frtad. Abrir es 
»ra que en evi 
< en uso de sus c 
le los pueblos: 
lertad. Y agreg 
la por algunos] 

lanzadas por 
le esta doctrini 
stema habría 1 
rovincias. Mep 
0. ¿No existía e 
mbres ilustrad 
n alto grado 
litad respondí* 
i, en efecto, Fi 
:aba Gorriti, pe 
al; estaba Godi 
antes personají 

con el recuei 
>s] pero esos er 
larar laindeper 

esos eran los 
■ eran los que id 
:an caprichosa 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 141 

contradictorias en sí mismas que no resisten 
Lun al análisis del arte literario. Esa confede- 
ion griega, quería decir López en Santa Fe, 
nírez en Entre Ríos y Caparros en la Rioja, 
ipeando independientes contra un Congreso 
dealistas sin fuerza ni prestigio, 
ara fomentar el progreso del país ha sido 
;oso, porque así lo reclamaba nuestro embrio- 
io modo de ser, que el gobierno central asu- 
ra esta responsabilidad. Yo sé bien que en 
ellos momentos cualquier espacio que se 
'a á las formas provinciales levantaría iguales 
dades al gobierno, pero podrían neutralizar- 
:on la acción de más ilustrados elementos 
íidos por la autoridad nacional. Podría repo- 
se que esa lucha no habría sido pacfñca 

3 me acerca á mi consecuencia. Creo que 
i hipótesis es exacta: creo también que la re- 
ación del centralismo extirpado en 1810 ha- 
t dado el despotismo y la perpetuación de los 
es que hacían entonces tremendo el problema 
a democracia; y todo lo confieso, porque en 
intima convición, la confederación y la uni- 
eran igualmente ruinosas, y la federación 
ta de tipo norte-americano, que es hoy nuestra 
na de gobierno, era entonces imposible. La 
rra civil era irremediable, 
a intransigente arrogancia de los caudillos 
ía su independencia: la única vía de acomo- 
liento que se imaginaba, era ineficaz y anár- 
:a: el alto pensamiento de nuestro Congreso 
no estaba formulado. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 14 

ir convocó un Cabildo abierto que tuvo luf 
en la iglesia de San Ignacio. Una cuest 
ia absorbió el debate, dando por resulti 
se intimara al gobierno la apertura de coi 
en toda la provincia para determinar de c 
sra sería oído el pueblo. La intriga y la c 
in se prolongaron por muchos días, comp 
endo la prensa que la encaró con la pasi 
ardiente. El sufragio de la capital fué C( 
3 al Director, y el Cabildo y la Junta ven' 
i, lo depusieron en seguida, organizando u 
sión gubernativa compuesta de D. Fn 
Antonio de Escalada y D. Miguel de Irii 
que no fué reconocida por las tropas,ácu 
iro huyó et comandante de Lujan, no 
ionar antes á los capitulares y robar la c 
Cabildo. El movimiento fué dominado. 
i, no obstante, desarraigado, ni se desvaí 
n dejar el germen de una opinión nutri 
.Itos intereses. Et localismo entraba en Bi 
Ures coincidiendo con los primeros debaí 
inales, que tenían por tópico la organizaci 
al. La explosión no venía de la campaf 
ipital fué su teatro. Es cierto que el sufra^ 
mayoría le fué adverso; pero con no meii 
;ncia se demuestra que et contagio no re< 
1 barrera, y venía á socavar las aras del ] 
entralísta que se domiciliaba en Buer 
i. Es esta revolución vencida el reflejo 
redo nuevo, y un título que Buenos Ait 
e alegar cuando se la acusa de miras absi 
:s. Nada signiñcan las aspiraciones ím] 



LECCIONES DE I 

un dfa de deseng 
lómeno que acabo 
.a grao sistema de 
[ue veremos repto 
ado el genio de le 
., la exactitud co 
de antagonismo x 
. provinciana y 1 
i que ha existido, 
un equívoco. ¿Par 
os errores en sus 

en el fondo de U 
s contra su reprodi 
comenzaba á fatij 
las, otro sacrifici 
consumado por la 
ir la disolución, i 
:gar la capital sus 
imbre del poder, 
disputar á las pro\ 
lillos su feroz vict 
lo de la patria. ISÍ 
ociones profundas 
almas en aquellos 
trajeron de sus t 
y el apoteosis: la 
/ la gloriosa sane 
... Mintiendo el a 

sus fronteras co 
.s, los usurpadort 
;onquÍstadores de 
la Colonia, los in 



DB LA REPÚBLICA ARGENTINA 

ueses del Brasil, por fin, se por 
;n son de protección 6 conquis 
incia oriental del Plata- 
n noticia llegaba á Buenos A 
}. Si aquélla irritaba la fibra na 
o el sentimiento guerrero de lo: 
., ésta era como un providenc 
sus dolores, y un salmo de esp< 
lue amargamente tristes, sentít 
ora por hora la gloriosa común: 
nos. El Congreso de Tucumá 
aclarar la independencia de lai 
idas. 

. llama hacia la gran asamble 
latería para nuestra próxima le 



LECCIÓN XVI 



e Tacnmán. Su siplrlla j la plin. Sai primeros tx 
•mbrunleato del direclor Paeyrrcddn. Con(u*i0n de po- 

Declaraciún da la Independencia Nacional. Cnetlidn 
'. Prayeccoi de orfaolzacion nacional. CUluara de 
Iones. -'Iht asi 0n ponotneía. SeaCanraclún de Cbile, 
B9 de GQemea. Reaperlara del Con^reui en Bnenoi 

Sns debat». ConstitacÍ«n de 1B19. Necoclaciones Ji- 
ca« de 1815 A 1819. Critica del cobierno dirtctoral. 
■ida. 



lerano Congreso de las Provincias Uni- 
istalú enTucuinánel25 de Marzo de 1816, 
icontraremos en su seno de los persona- 
liarízados con la popularidad y la direc- 
tos neg'ocios desde 1810. La oleada de la 
1 había dispersado por entonces el nú- 
aquellos grandes patricios: los unos, 
leytes, sucumbieron bajo las aflicciones 
; otros vagaban en el destierro, expulsa- 
i patria por el brazo vengativo de las 
s: algunos saboreaban vencidos la hiél 
jdios insensatos y se aprestaban á recon- 



LECCIONES DE HISTO 

sado poderío. Carai 
¡ustadas al nivel c 
e la asamblea. Et 
os tipos originales 
ácil deducir de sus 
ciones populares, 
elemento culto de 
ibilitan nuestro juii 
¡tu de la época, 
is sesiones encont: 
ergentes, que repr 
^nista de la capita 

las atribuciones 
icos, ya la tendencí 
jrovincias, ya los 
:. Estos sentimientt 
, sino en opurtunít 
Icance que el sufic 
Existencia, en esta 
ps espíritus. Por lo 
en alto en honor d 
íes superiores lo i 
emulas. Los errort 
le no son sus afii 
te el espíritu irreñi 
•s hombres y las eos 
greso ha pasado co; 
es. Sobre su noml: 
período de la revo! 
pretendido escribí 
y cuando historia( 
ifestado las discorc 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 149 

ban en su seno, se ha torcido la vista como 
ante la anarquía del Olimpo en los cantos de 
Homero. Pero al reducir á proporciones huma- 
nas aquellos movimientos, sometiéndolos al cri- 
sol científico, repito que á mi juicio, no son sus 
discordias los rasgos que resaltarán. Conocemos 
el origen del Congreso: los pueblos lo llamaron 
en la convulsión febril de la anarquía, que los 
devoraba, y de los peligros amontonados sobre 
la grande empresa de la independencia. Su ob- 
jeto es claro, y lo concebía y lo expresaba neta- 
mente: restablecer y organizar la unión sobre 
bases sólidas y liberales. C Conocemos también 
su composición: tomaban asiento en él hombres 
ilustrados que en su mayoría no habían partici- 
pado de los extravíos que trataban de curar. 

Su primer pensamiento fué pacificar el país, y 
completar la representación nacional con los di- 
putados de las provincias insurreccionadas. A 
este fin, tomó ingerencia directa en los negocios 
políticos, enviando un agente, el Dr, Corro, ante 
el caudillo del litoral, '2' cuando llegó á su no- 
ticia la renovación de la anarquía en Santa Fe. 
Ya el 4 de Abril había sancionado una ley gene- 
ral de indulto para hacer real la reconcilia- 
ción de los bandos, y tres días antes el goberna- 
dor de Salta y el general del Ejército del Norte 
le habían comunicado el restablecimiento de la 
paz en dicha provincia. El 20 de Abril, por mo- 
lí) Redactor del Concreta Nacional, namera 1— Preámbnle. 



A REPÚBLICA ARGENTINA 1 

por el estrépito de la revoluc 
ificienteraente alta y prestigi 
j en su iniciativa, se contentó 
idulteró su misión de legislí 
r directamente hasta aquí y e: 
ntos que caían bajo el resorte 
f comenzaba á deslustrar el 
Ivió al nacer, en presencia d 

motor de la restauración. Nin 
:ter nacional había consun 
ayo. Recién entonces detern 
aevo Directorio, que recayó e 
uan Martín Pueyrredón, candil 
los de Buenos Aires oponía 
, que lo era de algunos proviii 
en la elección por una inmi 
mandatario entraba al gobii 
iribuciones fueran deslindad: 
speranzas, sino por emanar d 

nacional, que era la entidad 
erizada en aquella coyuntura, 
juró acatar la soberanía de 
entada en el Congreso y defei 
iometténdose al mandato supr 
El Director interino fué facul 
is funciones del Ejecutivo c 
el propietario, salvo su den 
^n apelación, y el país quedó e 
)r un Congreso en Tucumán j 
) residente en Buenos Aires 
e, visitando ejércitos y obra 
aba como primer magistrado i 



ICCIONES DB H 

se confuDdíai 
a de cada pe 
igreso se enl 
tdores de pro 
uncía del de S 
le Córdoba, á 
r los diputad< 
laban aquell 
amblea. Dos 
¡ón de una ir 
jjo sus (Srden 
de honor. Lli 
tender en la ) 
que solicitab 
i administrai 
onstituir un 
svolución est 
o es, sin otrf 
ifínes déla si 

en sus delit 
opia expresií 
1, que muití 
só en cuent 

de lleno los i 
i. 

o nombró uni 
~ie de asunto! 
i cuyo estudie 
é votada en 
ta de 17 mat 
categorías: I 

forma de go 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 153 

a importancia de las materias fué clasificada 
[res Órdenes, cada uno de los cuales exigía 
into género de votación. Para hacer sanción 
los asuntos de primer orden, 6 de carácter 
stituciona), se requerían las dos terceras par- 
más uno de los votos sobre la totalidad del 
greso. Puso con esto una traba á las sancio- 
precipitadas, j al predominio que pudieran 
uirir pocas provincias, una vez que los dipu- 
is traían instrucciones que los hacían mar- 
r de acuerdo, y que las votaciones eran per- 
itas;— de donde habría resultado el triunfo 
os que tenían mayor número de represen- 
es, aunque fueran una minoría real. 
)s principios que debían servir de base á la 
ilación nacional, se presentaban ante el legis- 
r en forma de hechos sociales producidos por 
iierra. Dos eran los que descollaban como 
litados irrevocables de la revolución. 
i emancipación proclamada en 1810 llevaba 
e sus armas la bandera del rey de España, 
íaban seis aOos de vida independiente para 
otro giro á los sentimientos populares; pero 
os visto que la revolución perdía gradual- 
te aquel sello meticuloso, que la prudencia le 
rimió en sus primeros días. Los términos 
:ios noconducen á resultados definitivos. Si 
mple hecho de la emancipación, conservando 
eneración del monarca cautivo, sus leyes, su 
Jera, su soberanía reconocida como origen 
'emo del derecho invocado contra las juntas 
a Península, había abierto una solución de 



: LA REPÚBLICA ARGENTINA 155 

beligera ntes estaba dispuesto ni en 
ielirio, á cruzar los brazos y some- 
lución había triunfado en los esplri- 
e ser consagrada en las formas 

la sociedad política, y era esta la 
3n posible de la crisis en que la 
a envuelta. Estos resultados eoar- 
>rvio nacional, eran palpitantes y 
la duda. La independencia estaba en 
, ¿Cómo entender de otra manera 
3 acó ntecimientos ni el entusiasmo 
is, ni la constancia de los ejércitos? 
r he cho producido por la revolución. 
3 contenía el principio mismo de la 
ón interior. Inmediatamente nacida 
siones populares, que se sucedieron 
lasta 1809, la revolución trajo en sus 
carácter definido, que era además, la 
I su victoria. La iniciativa de los 
lep e ndientes, vencida por la reacción 
ayo de 1810, fué eclipsada por el 
:1 25, que consumó el grande objeto 
into por la fuerza y la voluntad del 
■evolución aristocrática cayó bajo su 
misma. Reducida á un círculo estre- 
najes,nose había puesto en contacto 
irnaciones populares, que llamó á su 
las horas de desesperación siguientes 
ion de la primera Junta de Gobierno. 

del 24 de Mayo, veneranda vigilia de 
in día, la aristocracia sesgó en sus 
oclusivas: puso el secreto de susespe- 



1 



ICCIOt 

raz<}i 
la pi 
cedoi 
ipor 
:iaci<: 

gran 
oluci 

á g 
mía I 

D pO] 

s afl 
ley, 
ilost 
310 h 
: Saa 
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cauc 
abiet 

de C 
la 
ñola 
; año: 
is lu( 
desc{ 
ejerc 
iciaf 
amo 
menc 
¡Ddul 
ilemo 
lela 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 157 

i con SUS rasgos nobles y sus divinas formas- 
re los pueblos convulsionados, sino porque es 
iscutible, que las sediciones que se encadena- 
unas con otras eran la manifestación rudi- 
ital de este sentimiento: no hay ley sobre la 
untad de los pueblos. Aun el motín militar de 
itezuelas y el que derrocó al director Alvarez, 
a hechos bruscos y anormales, que partían de 
itica convicción. ¿Cuál era el verdadero fe- 
leno social de la época, cuál era la fuerza, la 
y el carácter de aquel período: qué instinto y 
núcleo eran poderosos y soberanos del país 
ie las orillas del Plata hasta las fronteras del 
j Perii y la cordillera de Chile? La insurrec- 
1 campesina, las montoneras. Ellas se gober* 
an y tenían en la espada de sus caudillos el 
de fierro de la revolución. La ley se estrella- 
contra sus aduares. Ninguna autoridad era 
tada por ellas, sino la de sus caudillos. Esta 
a por apoyo y única salvaguardia un presti- 
desenvuelto, no á favor del terror ejercido so- 
el enemigo, sino de la contemplación y 
rtad concedida á los instintos semi-barbáros 
gaucho, que sólo obedecía á quien amaba, 
ilo amaba á quien tuviera disimulo para sus 
esos y caricias para todos sus caprichos. Tal 
el hecho tremendo levantado sobre la nación, 
encontraremos sobre el polvo de la guerra 
erñl olímpico de la democracia, pero están 
hechos carne y sangre sus bríos y sus pasio- 
. Especie de esfinge aterradora se modela en 
orizonte su fisonomía monstruosa, reflejando 
, alma que no reconoce sefior. 



3E LA REPÚBLICA ARGENTINA 159 

de 1810, los ■ Representantes de la 
s Unidas de Sud- América, reunidc 
5S0 General, invocando al Eterno qu 
I Universo, en el nombre y por 1 
de los pueblos que representaba! 
lo al cielo, á las naciones y á lo 

todos del globo la justicia de sv 
;Iararon solemnemente á la faz de 1 
s era voluntad unánime é tndubitabl 
vincias, romper los violentos vínculo 
gabán A los reyes de España, reci 
derechos de que fueron despojados, 

del alto carácter de nación libre é it 
ite del rey Fernando VII, sus suct 
letrópoli. » 

¡uraba la independencia respecto d 
le toda otra dominación extranjera 
la juró en la capital el 13 y 14 d 
, el8 de Agosto el ejército délos Ande: 
ibre ai^entino, por fin, la acatab 
sión de su voluntad. Esta quería efec 
a absoluta independencia del país, 
res alarmantes que venían del Bras: 
iaciones desesperadas de Alvear co: 
ingleses, hacía necesaria la estensió: 
atoria, comprendida en la fórmul 
ito. El hecho conquistado se hac 
mne: s(ílo importaba hacerlo triunfa 
tauración española. 
)S ojos en seguida la asamblea haci 

interior. El punto cuarto de su prc 
debates prometía traer á juicio lo 



LECCIONES DE E 

ales de las pr 
nos para consc 
e en el espíri 
tentar y estud 
ir en este ana 
del pueblo, p 
ida de sus trabí 
ín embargo el 
>, declaró entei 
■en celebrado 1 
$n hasta que e 
que había de 
srdadero y pe 
I 19 hablaba < 
a Constituciói 
ni el Congre 
de diversa m 
specharse que 
: actos anteri< 
:e, no había h 
provincial. E 
liento de la C 
:ado de Buem 
Perú i" ) no p 
ir el medio de 
ifestara en aqu 
el Congreso C' 



iteban Aeuattn Gazi 
liei de Bustamlnte, 
w Serrano, por Cha; 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 161 

En los puntos 15 y 16 del mismo programa 
prometía ocuparse de las grandes cuestiones 
sociales entrañadas en el reparto de las tierras 
públicas y en la administración comunal. La 
necesidad de resolver estos problemas al llamar 
los pueblos á la libertad, que era imposible bajo 
un orden social combinado para conservar y 
desenvolver la tiranía, no exige, á mi entender, 
largos comentarios. La suerte del pobre y sus 
efectos sobre la economía general, eran un fenó- 
meno tan siniestro y tan evidente, que se pre- 
sentó ante eJ Congreso, como el primer escollo 
de toda reforma liberal. 

No era sin embargo seguro en sus concep- 
ciones, ni las ideas prácticas prendían fácilmente 
en su espíritu. Sus individuos más aventajados 
no tenían en política, sino ideas arrancadas á la 
literatura semi-romana de los enciclopedistas. 
Propusieron descuidar estas reformas prepara- 
torias y se pusieron de frente ante los hechos 
para elaborar sin paso previo la forma completa 
y permanente, que debía investir la nación. ¿Qoé 
principio de gobierno conviene á las Provincias 
Unidas? Ved ahí la gran cuestión planteada tres 
días después de declarar la independencia, W 
por el Dr. Acevedo, representante de Cata- 
marca. 

Encararon la realidad suprema y se estrellaron 
en ella. Decretada la forma de gobierno, debía 
dictarse la Constitución. Ya era temerario por 

(1) Sesidn del 1S de Jalio de ISIS. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 16! 

on que el Congreso teorizaba en Tucumán, i 
ecuerda la plácida inocencia de ciertos nifl 
.ue combinan sus juguetes sin darse cuenta 
as terribles tempestades domésticas que se di 
tan bajo el techo paterno. El Congreso 
onmovió no obstante, y el 3 de Agosto sane 
laba un -manifiesto y decreto redactado por 
>r. D. Jiían José Passo. Comenzaba por 
ar una palabra del discurso que dirige Gern 
lico é los soldados rebeldes en los Anales 
'ácito: «Bórrese esta mancha y tornen en rui 
el enemigo las cóleras civiles.» Trazaba la 
nación aciaga del país, despedazado por ] 
acciones y estorbando la acción trascenden 
el Congreso. «Estábamos, dice, trazando 1 
primeros lineamientos del plan de nuestra U 
cídad sobre las bases que han de cimentai 
con ñrmeza, y el temor y ruido de cuatro ce 
vulsiones tumultuosas desconcertó nuestras n 
didas.* Pintaba el abismo donde los pueblos serJ 
rrastrados, si sordos á la voz conciliadora de 
oberanía, perseveraban en sijs turbulentos ( 
Qínos, y terminaba por decretar la paz: «Fií 

la revolución, principio al orden, recono 

miento, obediencia y respeto á la autorid 

soberana de Jas Provincias.» 

El Congreso no tenia otro recurso de q 
char mano, sino esta inocentada, para eoni 
ídar la unión y restablecer la concordia. 

Esperando que la paz viniera por su impotei 
'»05«^o,queá su mandamiento se doblegaran ! 
lasiones, rompiera Artigas su lanza, y abdicar 



.ECCIOKES DE HISTC 

rreccionadas, á 1 
ún, las justísima 
rtadas en el cot 
desheredado y ei 
Congreso conti 
:o-tilosófícas arrul 
de Ramírez, los i 
a, y el heroico bai 
as de Salta. 
[Ué pretendía el C< 
aba fuera de las 
naba lastimosam 
íacíón democrátic 
lacia más aún: la 

<r. Acevedo proa 
la monarquía coi 
rano coadyuvaba 
;, aterrados por e 
aba la anarquía. 
1 Congreso que 
imultuoso nacim 
avor en aquellas 
;ron que extirpa 
ir, el amor de su 
i prepotencia de 
■acional. No vel 
incipio ni su pur 
con efecto, sino 
corrupción que 1: 
pero, de su es 
social que la m( 



DE LA REPÚBLICA AKGENTINA 165 

cario con buenas y prácticas reformas era la 
gran misión histórica del l^slador: dignificar al 
hombre, educándolo y vindicándolo: combinar 
con prudencia las inclinaciones invencibles de 
la democracia, con el orden y U iniciativa cen- 
tral, cuya reserva era exigida por el estado em- 
brionario de los pueblos: esta habría sido, sefio- 
res, una empresa digna de aquella generación 
y el único camino de salvación para la naciona- 
lidad gangrenada. 

Hemos visto que traslucían en el alma de los 
diputados estos purísimos reñejos; pero ¿cómo 
pretender que los abrazara en su sintética mag- 
nitud, una asamblea de hombres malamente 
educados para el empirismo de nuestro antiguo 
foro, ó para la dialéctica teológica de las escue- 
las coloniales? Pobres y dignos varones! dejáron- 
se subyugar por espíritus fatigados, y aceptaron 
aquel pensamiento híbrido y exóticol 

Sólo uno de sus diputados, el Dr. Anchorena, 
salvó su conciencia de republicano, porque tra- 
yendo á recuerdo sus lecturas de Montesquieu, 
no encontraba propicio el suelo de las Provincias 
Unidas, para la ubicación etnográfica de la mo- 
narquía. El padre Oro reclamaba solamente una 
consulta previa á las provincias. El Dr. Sáenz 
abjuraba el federalismo y se plegaba á los mo- 
narquistas. Entre ellos estaban Castro Barros, 
Rivera, Soria, Godoy Cruz, Thames, todos, por 
fin, decididamente colocados en la utopía reac- 
cionaria iniciada por Acevedo, y prestigiada por 
los dos primeros capitanes de la independencia 
ai^entina. 



SES DE HISTC 

nericano, q 
Aires en A¡ 
do y mesun 
ñera. 

to de los dis 
eno, estaba 
sombra qui 

desaliento 
:nos import 
icipios vivo 
5blo al fof' 
i en 1810: b 
ria de la Ai 
echo actual 
is, porque 
) tenían ri 
cer. Se fund 
;n lo vago. 
a todas las 

normal, 
ngreso no 11 
Jna fracciór 
:rú, y que c 
Itrios del ii 
L monarquíi 
nos de los 
s Incas, y ul 

monarca. I 
a no exige c 
stigio de li 
dad, el recu 



D£ LA SEFUBLICA 

de los emperadores indígenas venH'^ 
conquista española. El Sr. D. Barto 
a llamado á esta invocación de la t 
dígena, la mitología de la revoluciói 
efecto. Cuando los primeros bardo 
nos buscaban en el Olimpo griego lo! 
derecho y de la fuerza, buscaban tan 
mba de los Incas el eco amigo y arm( 
bertad, bajo cuyo amparo se alza 

doblando la cerviz del león y coron 
:e con eternos laureles. Ni la raza cr 
:ía la revolución, desciende de la sa 
a; ni el Inca fué para el hombre prín 

cordilleras y los valles argentinos, 
itador y tirano. Cuerda clásica de U 
na, la tradición del Inca, nada era 
de las muchedumbres, igualmente á 
ruando se les llamaba á la paz en no 
:rva, que cuando se les llamaba á U 
i en nombre de Manco Capac. 
bstante, el rasgo de clasicismo de i 
etas se convirtió en teoría política 
lanos del Congreso, y nos salvó de a 
sastres, porque el desacuerdo de lo 
i acerca de este tópico, dejó en susí 
iria deliberación que preparaban. L 
nos salvó. 

i debates fueron bruscamente intern 
■ cuestiones suscitadas entre Córdobí 
:uya independencia transitoria sant 
[reso. El soberano cuerpo había dir 
:ctor, establecido en Buenos Aires ( 



LECCIONES I 

3, algunos p1 
el camino. E 
evantar un s 
or de Córelo 
u complicida 
ibre, por mo 
brar & aquel 
biéndose reí 
o Cabrera, 
un represen 
as compron: 
acusó de pai 
i los diputf 
inarios hosti 
iclamaron e 
■ Cabrera, pi 
alorados del 
3 sesiones d 
ícretó solemí 
toda nota d 
Lgosto nada 
o opuesto á 1 
embargo, log 
raciones pos 
)restigio de 1 
niento de c( 
interior tm 
vecindad del 
le la capital 



B ds Septiembre. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 169 

:ohÍbido en su libertad. Los celos contra Buenos 
Vires se levantaban como una de tantas brumas 
le aquella época tormentosa; pero este senti- 
Diento acertaba á compendiar coa ciertos visos 
elevados todos los otros odios que amamanta- 
tan la anarquía. De todas maneras era real, y 
:uando se pensó en restablecer la conñanza en 
a nacionalidad, convocando el Congreso, se le 
lió por asiento la ciudad de Tucumán, librándo- 
o así de toda sospecha mezquina. Sin embargo, 
!l 23 de Septiembre recibió comunícaeiones del 
reaeral Belgrano, en las cuales le trasmitía el 
iviso del general G-üemes de que el enemigo 
imenazaba seriamente A Salta. En aquel con- 
licto determinó ponerse en salvo. Los diputados 
le Córdoba se esforzaron por llevarlo á su pro- 
vincia, pero la mayoría fué de diverso dictamen 
f acordó trasladarse á Buenos Aires, colocándo- 
íe de este modo en el centro de los recursos y 
jróximo al P. E. para auxiliarse en la complicada 
:area de gobernar el país, paciñcarlo y defender- 
lo contra los ejércitos españoles. 

En un manifíesto datado á 2 de Octubre de 1816, 
3l Congreso se esforzó en aquietar el temor que 
5U traslación á la antigua capital pudiera desper- 
tar en los pueblos, y reproduciendo las considera- 
ciones que militaron en el debate de Septiembre, 
insistió en las circunstancias eventuales que en- 
torpecían sus comunicaciones con el Poder Eje- 
cutivo, por la anarquía que entre la residencia 
de ambos se atravesaba. «No mudamos de asien- 
to, cuando no mudamos de intención,» concluía. 



ie 

acii 



ME 

adi 



Qás 
ido 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 171 

i fin de dar al Congreso un carácter verdaden 
tnente nacional: objeto que no habría lograda 
íino quitando á las asambleas electorales ú 
provincia su derecho de dar instrucciones 
imitar los poderes de los representantes de 1 
□ación. Un sistema bi-camarista, que concillan 
;n el cuerpo legislativo, con formas armónicas 
íficaces, la representación nacional y provincia 
10 podía originarse, sino de ideas mejor formadg 
;n materias de organización. El Congreso teni 
decidida inclinación á las sinopsis, y esto lo pe: 
3ió. Por lo demás, concedió extensas facultadt 
i los gobernadores de provincia, y dejó en pi 
los defectos sustanciales del Estatuto reformadi 
Es sin duda singular que aquella asamblea m< 
larquista en la víspera, se preocupara de dar h 
j^es,democráticas al pueblo que representaba. E: 
:ravagaDcia política de la estofa de tantas con 
encontramos en la historia de la revoluciones, j 
no preten-ieré, señores, buscarle explicaciont 
más ingeniosas que científicas. Para mí no exísi 
sino un criterio en historia: la observación. El 
no me da como clave de estos fenómenos, sir 
una verdad, que me honra como argentino y sati 
face mi pensamiento: la buena fe, la honesta leB 
tad del ilustre Senado, que declaró la independei 
cia.Quería lo mejor sin comprenderlo alas clara 
El video tneliora de Virgilio, divisa de los est 
dos corrompidos, no es aplicable al infantil ca: 
dor con que dejaban arrebatarse aquellos noblí 
legisladores, hoy al lado de la quimera reacci 
naria, maflana al de combinaciones tan arbitr 



bu 
lee 



de 
ida 
s, 1 



lad 



do! 

:l I 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



II 

lirector Pueyrredón liego á Buenos Aires 
ie Julio de 18!6. Desde la orilla del Uru 
basta la provincia de Ciírdoba, hervía irri 
' cada vez más desenvuelta la revolucíói 
jr, esfuerzo democratizador y descentralis 
e el Congreso de Tucunián se esforzab; 
iprimir. Los pueblos del norte y las provin 
ndinas llevaban & la vez un giro entusiast 
'mante. Era condición indispensable de s 
:oUo tender á su propia soberanía, así qu 
an conciencia de sí mismas. El heroísm 
salteaos, cuyo brazo fué la barrera qu 
norte contuvo la restauración, les infundí 
ento local, encarnado por Martín Güemei 
s revueltas contra el gobierno central, E 
te Cuyo ponía toda su savia á servicio d 
isa americana, y presidido por San Martí 
trayéndose de la lucha que envolvía ya » 
de lanación, parecía ser el santuario incoi 
lado de la primitiva deidad. ¿Cuan profund 
niento de orgullo, no incubarían en el esp 
£l pueblo cuyano, aquellas grandes pasione: 
arecían absorberlo? Al propio tiempo, mar 
el gobierno un ejército en el norte y prf 
la otro en el oeste. Los portugueses entn 
■n son de conquista al territorio orienti 
'lata, tres meses después de recibirse Puei 
>n. Ved ahí el cuadro en que venía á deseí 
T sus principios. 



ACCIONES DE HIS 

los pueblos y s 
son cuadro ps 
elementos forz 
sscindir de elle 
: le soD ajenos, i 
ias contradictor 
:on que los cír( 
lyores desventa: 
la época queest 
'a sus ídolos. El 
.sayaban sístein. 
ibiertamente. Bi 
ada una socieda 
de iaclinactone! 
licalmente diveí 
ra que se constit 
atón alguno for 
, arnuJnica del s 
) concurren á ui 
Ún posible. La i 

greso de Tucum 
:r como un mun 
' no sé qué poi 
. cosas y los hoi 
hasta el punto c 
stractas. Así [ 
lades de la demí 
creación de sigt 
sus reyes de co: 
ctones morales 
Iteraban fundam 



DE LA REPÚBLICA ABGENTINA 175 

ad innatural, á que estuvo reducida, incurrien- 

en extravíos por la falta de orden interno y 
de tradición provincial,— el Congreso lejos de 

restarse á aquel impulso, le alzó por dique su 
mnipotencia semi-francesa, y la promesa de 
n centralismo absorbente. Engendro de aquel 
jnóraeno, el Directorio fué la personificación 
ormal y ejecutiva de su espíritu, y se consagró 
nérgicamente á preparar la fundación de un 
Sgimen aborrecido por los pueblos y opuesto á 
i única vía de organización que la naturaleza 
;s depara. Pueyrredón fué elegido en lucha con 

1 candidatura de D. José Moldes, representante 
ontemporáneo de una bandera política destína- 
a á hacer inmenso camino en el porvenir. Re- 
resentábala en Buenos Aires la revolución 
e Junio del año 16, que pretendió incorporar 
i capital al movimiento descentratista cada 
ez más vigoroso en las provincias. Había en 
5te colorido de opinión uno de esos resplando- 
^ tempranos, que la preocupación envanecida 

segura de su terreno desprecia en el primer 
lomento: que engruesan, sin embargo, porque 
ontienen los principios de la verdad, y llegan & 
acerse señores cuando la atmósfera se aclara y 
i razón se despeja. Volviendo la vista á la revo- 
ición de los campos é inclinándose á condescen- 
er con sus exigencias y á consolidar los he- 
hos que producía, aquellos hombres de clarísi- 
la visión, que renunciaban á las vanidades ur- 
anas del colono y extendían lealmente la mano 
sbre tas muchedumbres para levantarlas hasta 



LECCIONES DE HIS 

ín, resolvían pruc 
nos estaba desgf 

entidad socavabs 
es nacionales. El 
i contra este mültii 

perseverancia á 
mario- La utopía 

■e de 1816 el pie t 
I el patrio territor 
s, la pertinaz incl 
sa. Jamás estuvo 
desde la primítiv 
La conocéis en su 
:ínÍcos otro, crími 

amortiguadas be 
> oceánicas buscal 
:aban tierra y sat 

antes rompieron 
is y no perdouuroi 
a, para clavar la 
)bre las fronteras 
a. largamente, du 
de Carlota y d( 
[ue extrañar al ve; 
ar. La situación < 
1 codicia. La Bai 
:ulos nacionales, ; 
tenía fuerzas ni r 
guerras pendiente 
ial de la unión, tt 
;nturada. ¿Se alia 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 177 

:o? ¿Solicitaría el Directorio una alianz; 
:? ¿Llevaría el primero su entusiasma 
lependencia hasta preferir la victori; 
ra á la supremacia del gobierno nació 
ndescendería éste con la forma revolu 
radicada? 

e el enemigo entró de este lado de 1 
el director Pueyrredón trató de poners 
lo con las autoridades orientales y € 
s montoneras, á fin de resistir de consu 
iendo al mismo tiempo una marcia 
n al general Lecor, que capitaneaba la 
:onquistadoras. 

rechazó con arrogancia toda proposi 

rebajara su actitud independiente. E 
igués por su parte, negó al Gobiern' 

su personería para intervenir en la 
;s orientales, reputando aquel territori 
mente segregado de hecho y de derechi 
)vincias del Plata. Declaraba en el mis 
> que su misión no era conquistar, sin 

Aquel país devorado por la anarquí 
on el suyo, y era prudente de parte de 
recaverse contra posibles irrupcione 
aontoneras semi-salvajes que Artiga 
ba. El Directorio sostuvo sus derechos 
do la observancia del armisticio ñrma 
12. El conquistador fué sordo á tod. 
i, y á principios de 1817 ocupó á Monte 
rtigas insurreccionando las campafla 
[a ; pero sus frecuentes derrotas sol 
lara protestar contra el mentido sufra 



:CCIONES D& HIST0RIJ1 

los portugueses in 
de ocupar la capití 
loribundos vegetal 
restos de las Misío] 
capar á la cotrupci' 
lera. El cetro asiá 
sobre el indio mísi' 
el abandoDo del go 
en el fondo: á su f 
sa de 1801, y la in 
montonera. Como 
iguirse lanza relán 
ual la muerte, asi 
lispear en la agonfí 
uadro de una regid 
cendidas entrañas < 
¡Itan las vidas y 1 
:ión, la humanidad 
enluta sobre la tu 
>mpeya y Herculam 
e también sus horrt 
sridad debe llorar 

veía humear los 

las colinas de Jert 
cia de Mendoza, 
e la fuerza física i 
aen su correctivo 
egeneran á la larga 

hijo que habla co 
)ios vapores de la 
atástrofes tremend; 
morales corrompid 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 179 

le la quimera y se desenvuelven en la miseria, 
n el odio, en el crimen : en esas catástrofes 
ue hallaréis en la barbarie de la historia pri- 
nitiva preparada bajo la forma de comunis- 
ao, de tiranía colonial, de tisis política, de 
lontonera artiguista, de conquista portuguesa, 
le brutal despotismo paraguayo, estallando so- 
ire una raza y echando á la muerte pueblo y 
esperanzas, ohl la patria no tiene lágrimas para 
anto desastre, ni hay dolor comparable á su 
[olorl Sí, señores, abrumado Artigas bajo la 
nuchedumbre de la fuerza conquistadora, envió 
i Andrés Tacuarf su hijo y ultima encarnación 
lei antiguo nervio guaraní, á sublevar et país 
;ontra e! enemigo que los héroes de Ararica 
ístaban habituados á vencer. Su estrella se ha- 
lía hundido. El enemigo los derrotó, y tras sus 
estos fugitivos envió al guerrillero Das Chagas, 
:1 Atila del Uruguay, y no quedó piedra sobre 
>iedra en diez de los antiguos pueblos occiden- 
ales. El tirano paraguayo quiso quitar el cebo 
i los portugueses y arrasó por su parte las 
loblaciones vecinas al Paraná. 
La conquista extranjera asentaba de este mo- 
lo sobre impías brutalidades, y ebria con la 
iangre y con el fuego, guerreaba contra las 
nsensatas é indómitas montoneras orientales. Ni 
;1 horrible espectáculo de aquellos desastres de 
iello humano, ni la ignominia del pueblo some- 
ido á la conquista, fueron partea someter á una 
:onciliación honorable ni al gobierno ni al 
:audillo. La invasión portuguesa era la muerte 



LECCIONES DE HIS' 

1 pueblo oriental. En 
os iba envuelta la pt 
o ó del Directorio. Un 
r tal hipótesis, dejan e 
■dugo. ¿Quién era su ' 
i respuesta á la conciei 
ín. El portugués quedó < 
da Oriental, y el gobier 
itonces, sin abandonar 
:ta prescindente y pacíi 
lé adoptado este tempeí 
minar la oposición ard 
mbatfa al Directorio. L 
LCión que constituye la ¡ 

argentino, irritábase be 
onquista. Su honor es 

martirio: quería guei 

y su deshonra. Había í 
coso que así se oponía 
}río, era el mismo que 11 
centralización, y no ei 
]ue la autoridad nacioni 
lies, sin exigirles en car 
dilecciones populares. 1 
la y desterró á sus ení 
)so y honorífico para el 
le las provincias á D. 
5 á estudiar en Norte Ai 
íunfante y radicada d 

su patria no encontrad 
Entre tanto, la vanidad 
i la honda llaga que los 



DE LA REPÚBLICA AHGENTINA 181 

le abrían, y esperó el momento de la 

s las cordilleras estaba preparándose 
la de altas glorias y de fecundos 
, si bien no falto de trágicos episodios, 
tado Chile por las armas españolas y 
is fronteras argentinas del Perú á las 
i, sólo contenidas por el denuedo 
ombinábase en las altas rejiones oficia- 
lamiento de llevar la guerra á través 
les restableciendo en Chile el imperio 
[ución, y dividiendo la fuerzas enemi- 
enio audaz del general San Martin, 
ácter de político y soldado saboreaba 
tidas emociones de una hazafia, que 
íbal hasta Napoleón, sólo dos veces 

la tierra. Una memorm del señor 
:onces oficial mayor del Ministerio de 
' las largas meditaciones del héroe, 

al Gobierno de la Nación á dar aquel 
3 operaciones militares de la indepen- 
is Provincias Unidas iban á devolver 
¡ranos sus terribles presentes, remon- 
>usca de las batallas las montañas, que 
s bajaron perseguidos tos emigrados 
Sus picos enhiestos y helados no serían 
tener al bravo. Sólo el ala de las águi- 
:scas y la endecha del trovador cam- 
uando se entregaba á vivir de sus 
T de sus amores al pie de las rocas, 
oración á aquella atmósfera rasgada 
ndulaciones del pabellón argentino é 



LECCIONES DE HISTOI 

a el refiejo de las 1 
everante como el 
tad, el Capitán de 
e serena á todo esto 
iscordia recogía y i 
ai^entino los resic 
injeras turbulencias 
upo de emigrados, i 
istrosa de Rancagí 
le los Andes buscaí 

de los argentinos, 
i personalidad de O' 
íxodo sin fortuna,- 
ite viril, arrogante 
)so y ampliamente 
ón de inteligencia j 
os y derramaba en 
:alidad de su alma, 
inos igualmente en 
iplitud de sus vista 
ra energía de sus es 
¡miento y pertinac 
, no obstante, el pr: 
ludillo; y en la brui 
as como en la impn 
ibras, revelaba uno > 
;otan en la medianil 

doblado bajo su t 
as las voluntades. E 

1 de Guatemozfn: c 
juel hombre era u 
u mano capaz de n 

de la independen 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 183 

rozador de la venganza. Llamábase José 
lel Carrera. 

1 conducta anárquica en Mendoza obligd 
;ral San Martín á deportarlo á la capital, 
nanencia en Buenos Aires de su fam 
funesta como desgraciada, dejó honda sen 
y manchas de sangre derramada por 
mable vanidad de los Carrera. Empeftí 
establecer la revolución en Chile por si s( 
endió auxilios, que el gobierno argenti 
idido á la sazón (1815) por Alvarez Thon 
igó por consejo del general San Martín, 
iembre de 1815 se embarcó en el bergar 
pedition», dando rumbo á Norte Anaér 
le residió todo el año de 1816, en busca 
lentos navales, para acometer la reconqu: 
^hile. Logrado por ñn, á costa de afanes 
ito y de una labor tan perseverante como 
:1 armamento de una escuadrilla, volvió al 
t Plata, al cual llegó á principios de 1817, cu 
a. suerte de Chile había dado pasos giganl 
sin el auxilio de su espada, fenómeno < 
,paba á la comprensión de su orgullo sin i 

i audaz campaña de los Andes fué tan br 
o áspera y gloriosa. Et ejército partió 
doza á mediados de Enero de 1817: el 8 
rero había terminado el paso de la cordill 
hallaba acampado en Aconcagua: cus 
después (12 de Febrero) ganó su prii 
lia, destrozando los tercios restauradores 
lesta de Chacabuco- El 16 era proclami 



LECCIONES DE HISTORI 

Director de Chile el c 
O'Higgins. Sus resulta! 
recibidos como la soluc 
:a que se hallaba la inde 
ló por un momento sus tj 
. entregarse á la unánimí 
grandes victorias suscil 
tiginosa de Carrera se 
ie sus ambiciones. An 
antiguo, acariciaba la i< 
mzarse sobre Chile y r 
a influencia. El gobierne 
:on el chileno se lo im] 
la división entre los patr 
lo ruinosa para la causa 
presencia de Carrera en 
el signo de la anarquía, '. 
: Chacabuco, el General i 
lo el espectáculo teatral 
íno á Buenos Aires, dond 
[10 sus operaciones subsij 
placar la ambición de 
una misión ante el ge 
Jnidos. Carrera la rechaí 
quívocas relaciones. E 
gresó al teatro de sus hí 
;torias de Chile eran de 
i; pero no conjuraban 
:n las fronteras del Peri3 
ís luchaban solas contra '. 
ilistas. El 15 de Abril se 
lalta, que evacuaron el 5 



\ KEPtJBLICA ARGENTINA 

sobre Jujuy, que sólo fué ocu 
i el 21 del mismo mes, grac 
uerra de recursos seguida 
les por la insurrección df 

la conducta de su fuerte ac 
emes en aquellos momenti 
íonificación marcial más ger 
imbres argentinas. Solo, ce 
hombre libre y el coraje d 
fuerza primitiva déla patria 
le las formas, realizaba, dej 

á las cosas y A los hombn 
revolución de Mayo. El p\ 
r y su perseverancia, y el go 
su órgano, le decretaba hoi 
1 conducta. 

, segUn he indicado ya, teníí 
demás á la anarquía domé: 
losición lo combatía en la ca 
; defendía por medio de la Gt 
ación portuguesa de la B. 
as emigrado á Entre Ríos ■ 
to, había soplado en la hog 
ado en masa contra el gobii 
le 1817, uno de los subalterne 
isebio Heremí, se sublevó ( 
ana contra su jefe, compn 
novimiento al comandantt 

D. Gregorio Samaniego, i 
reincorporación de su previ 
mal. El Directorio envió e 

fuerzas á las órdenes de D 



LECCIONES DE HIST 

:s de Oca, las cuate 
arríanos, formabaa 
fírcito de dos mil h 
é estéril, y no cons 
y recrudecer las an 

;so Nacional había 
;ode 1817, y ocupád< 
ito devuelto con r( 
initivamente sancic 
8 de Diciembre. 
Mos del afio siguie 
n el saqueo de Juj 

quedaba irrevoca 
^hile. Uaa expedic 
>rio venía en Ene: 
;ar la derrota de C¡ 
Martín le salió al 
ma sorpresa, su eji 
Rayada durante li 
cias empero á su fi 
e uno de sus subait 
consiguió en breve 
ie Abril, casi á la ^ 
te codiciado por el 

orillas del Maypo 
ctoría, garantía la 
imada solemnemer 
ibuco. El Ude Ma; 
r triunfo, regresó á 
apaña del Perú. Rec 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 187 

vaciones del pueblo ebrio de entusiasmo, los 
res del Directorio y del Congreso, y ios 
}s de la lira argentina, templada en el fuego 
s batallas. 

entras la lira de Luca y de Várela cantaba 
lorias nacionales, otra República nueva, pero 
rosa en su luciente juventud, nos enviaba en 
tlabra amiga una esperanza y un estímulo. 
I de Febrero de 1818 llegaba á Buenos Aires 
comisión norte americana, encargada de 
]iar la situación política del país, para mo- 
' la conducta del gobierno de la Unión. Los 
icios la dispensaron cordial acogida, y en el 
siguiente, al volver á su país, publicó el 
[tado de su visita, altamente satisl'actorio 
los argentinos. Sin embargo, la independen- 
tactonal no fué por entonces reconocida, 
i el primer vértigo de la guerra habíase 
uidado el problema vital de la instrucción 
ica. Decidido el Poder Ejecutivo á fomen- 
t en adelante, fundó el colegio de la Unión 
>ud, dirigidopor el Dr. Achega, y solemne- 
te instalado el 16 de Julio. Grande y vivísimo 
isiasmo despertó en el pueblo el nuevo esta- 
Imiento. Los militares; los empleados de 
.dministración y los simples ciudadanos se 
ísuraban á enriquecer con generosas dona- 
es el fondo destinado á las pensiones gratuitas. 
Congreso por su parte sancionó el 13 de Julio 
1818 la aplicación de la renta ííscal en las 
mcias transversales al fomento déla instruc- 
1 primaria en todas las provincias. 



LBCCIONES D 

las tempestades se 
á estos movimiento 
resto que sufrió J 
•s Aires á principio 
lontevideo. Sus bei 
e restablecer su iol 
una revolución, pa 
viaje, cayendo en 
5 aprisionó en M( 
tblevación, y procí 
fueron fusilados ei 
8, pocas boras de 
I la victoria de M 
sn á conocimientc 
ifrenar su cólera, 
las autoridades 
ites de aquel acto, y 
nzas contra un pu 
entonces no cesó 
ación con el ^en 
ín, no perdonó esl 
3 de los poderes arg 
iba habilitarse pan 
á consumar sus s 
ita en Montevideo 
i escribir un periód 
ón, destinado á ati 
n el litoral por loí 
irero no tenía ni cri 
la social que desf 
í: su ideal era gobe 
ualesquiera. Paree 



. REPÚBLICA ARGENTINA 

, cuya bandera estat 
;rtad chilena, y enceu 
las montoneras. A fin( 
idos en Buenos Aires d 
a Graisse, acusados < 
:tor, por instigación d< 
ran con efecto, y juzgi 

pasados por las arma 
.mediato dJ estalló una 
ioneros españoles resi 
itonces se creyó corres 
i^arrera. Una degollac 
or el gobernador Dupi 
manchar con sangre si 
n, con inmoral aplauso ■ 
lillos del Litoral per 
t se hizo cargo del E 
Rebrero de 1819, al proj 
:unas divisiones del E 
;s el 18 y el 19 en el C( 
ntra la montonera, cuyt 
convenio con Belgrano 
etardó por breves in; 
u ruina. Por este ce 
ticio, el retiro de las tro 
ifos, y la reunión en 5a: 
breve de diputados qu 

los intereses controv 

ban, señores, todas Ii 



LECCIONES DE HISTi 

s pueblos al fracci 
la soberanía de las 
[jques bárbaros de ! 
o de organización, 
do por las EDUchedui 
o &. las exigencias di 
dolo, hubiera sido 
los políticos contemí 
;1 furor ciego de last 
a parte, no parecie: 

las turbas embra> 
flores. Por el cont 

la vida argentina 
tonces, cuando tan 
aban más furiosos 
mido el Congreso Nj 
iuscitaron nuevos 
:ia de dictar la Ce 
> comenzaron el 23 
iz atacó de frente la 
rtiñcial al país anarq 
itad presunta de obe 
tos provisorios y le 
nservar el orden y pí 
esfuerzos reunidos 
; unas costumbres P 
a;radación y despoti 
íblica á aquella form 
os verdaderos intert 
Pacheco, Passo, el I 
3o contrario, atribu] 
suprema eñcacia p£ 



>E LA REPÚBLICA ARGENTINA I 

al común todas las fuerzas de par 
los hábitos anti-Iiberales contrai 
lía colonial. La divagación del C 
;rsaba sobre la forma que habíi 
democracia. Dudaba de aceptar 
perseverando en las quiméricas 
lo cegaban en Tucumán, y creía 
lie está en la mano de las asamb 
os pueblos los sentimientos que 
istituciones. La idea de constituí 
raleció definitivamente en la sei 
gosto de 1817,dejando á salvo el d 
irovincias para examinar la ley 
iue se dictara. En seguida notr 
)n compuesta de Bustamante, Se 
ta, Passo y Sáenz, para redacta: 
ue discuiiO desde el 31 de Julíi 
1 22 de Abril de 1819. El Directi 
de las esperanzas del Congreso ] 
nturas le había instigado á apresi 
i. La Constitución fué jurada el 2 

> pretendió combinar en propot 
los elementos nuevos y viejos é 
ra hacer resultar una unidad com 
en el país, se dijo el Congreso, ras 
>s de la monarquía: los tenemos i 
'áticos, encarnados por las órdi 
is y el respeto á la riqueza y 
sociales, y existen, por ñn, sentim 
Stícos que importa contemplar. ( 
ada la tradición monárquica co 



192 LECCIONES DE HISTO 

bierno unipersonal y ceatri 
sus tendencias políticas por 
camente unitario, que debía i 
íento admÍBÍstrativo y el eje: 
nía originaria de la nación. < 
, la tradición aristocrática, di 
ider legislativo á un senado 
s encamaciones sociales y d< 
ado también en la investidut 
LOS, que emanaba de la eleccii 
s senadores de provincia; d 
nadores eclesiásticos; del Di 
nadores militares. Queda, po 
sentimiento democrático, po 
it ciudadano del fuero común le 
il Poder Legislativo, la Cámai 
ja del sufragio popular. As 
s^islador, la organización nac: 
i las dos grandes tendencias 
umirá una forma en lo ejec 
icaz para contrarrestar las ca 
s que puedan surgir y sufii 
leblos habituados á la diret 
■1 antiguo régimen, consulte á 
s pasiones populares toman t 
a. Encaminadas de esta mane 
,s propias del pueblo á un pun 
■n halagarse con la esperanz 
I raciocinio del Congreso era 
L efecto, en la sociedad argenti 
le encontró en sus investigí 
paró que ellas no se encam 



í LA REPÚBLICA ARGENTINA 19; 



r cauces normales, sino que er 
lestos en combustión por el aveí 

iniciación democrática. 
3 (ll^inétnosle auíocracia,por cuar 
I lo modiñcó fundamental y pert 
la autocracia, digo, j la aristocrai 
; bajo el gobierno colonial, porq 
os; pero la democracia vino A 
a, joven, flamante, bárbara tambif 
piiente incapaz de plegarse á ] 
liciones que se le oponían. ¿Cót 
a unoP *No puede echarse remien 
istido raído, ni vino nuevo en odi 
perder el remiendo y el vestido, 
sija.> Así ha dicho el Evangelio. 
i por concluida la elaboración cua 
3a. Percibió los materiales de 
:a futura bullendo en el crisol, 

amalgamarlos. ¡Error funestol ; 
'adiciones caducas resistiendo & 

que era invasora por su proE 
ue era nueva. El hecho trascende 
tente, el ünicoque tenía por delar 
para desenvolverse y perfeccioni 
cho democrático. La asamblea 
res afios y murió por no habei 
ctó así una constitución contrai 
stinada á perecer: ecléctica, y p 
>ntradictoria. Las leyes son simpl 
El como los resortes de la vida. . 
á su obra, el Congreso se felicita 
sumido las ventajas y salvado 1 



194 LECCIONES DE HISTORIA 

incoiiTenientes de todas las formas de gi 
Refundiendo antítesis, j desviándose de 
' ;s del pueblo, restableciendo lo 
icido ó próximo á serlo y detr 
: el trono & medio levantar de li 
irodujo una monstruosidad sin v: 
pudo halagar, 
íel en esta quimera mal aventi 

del Directorio, condenado & m 
tencia al frente de la revolución, 
iones al frente de la realidad, 
entralista y oligárquico en fren 
lemocracia que brotaba de los ] 
pción de la ley del 13 de Julio 

elemento de mejora moral intrt 
lo. La administración! ¿Sabéis, ; 

el sistema rentístico del Directo 

é en dos palabras. Las penuria 
ran diarias: las erogaciones de la 
itas del estado militar, aparato i 
irtable, que apoyaba la trabazón 
a los fondos del erario, que sal 

ia con uno de estos medios: em; 
i, que hacían de la propiedad ui 
rita en la ley para adorno de 

parlamentaria: gravámenes cap 
erados sobre el comercio, que V 
y desnivelaban los mercados 
conflicto. Otro gran recurso ene 
rio en sus elucubraciones admi 
nían circulación hasta 1818 dos 
ito: el primero llamado papel biUe 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 195 

■ real en plata era el 30 por ciento de s 
' escrito: el segundo llamado papel moned 
¡e cambiaba con 40 por ciento de pérdídi 
obierno levantó un empréstito de tres m 
s con el objeto de proporcionarse fondi 
[ue acudir á los gastos premiosos de la s 
ón, ofreció 15 por ciento anual de premio 
Testadores; y para amortizar el papel circí 
, lo admitió por su valor escrito, de dond 
á resultar, que sin encontrar el numerari 
buscaba, se encontró con el nuevo pap 
ido de préstamo, al cual adeudaba un pr 
que no podía pagar sino con exacciones 
[ctos, provocados por su mismo remedí 
era la Caja Nacional de fondos de Sud Ara' 
creada en 1818 y suprimida por Rívadavi 
misma imprevisión presidía sus tareas í 
to decía relación con los grandes interesi 
3micos de la Nación. Fué necesario, qi 
ra el espíritu progresista que se encarnó f 
lavia, para que la mirada de los hombrt 
tado se detuviera en las delicadezas de 
ÍÓnsocial,arrogantemente despreciadas ha 
tonces. Los tópicos que sorprendía eran si 
.rgo, numerosos y terribles. No sólo estal 
pullición el resultado mas lógico y compleí 
sociedad española, el pastor aventurero, qi 
guerra civil buscaba la igualdad y cond 
á correr las pampas sin abrigo, venía á li 
lamentos á buscar un palmo de tierra, sob 
al sentirse hombre, sino que además, sen 
;staba mustio y estéril el desierto sin borde 



X) LBCCIOKES DE HISTO 

: se llama país argentino, llai 
uraleza invoca á la industrii 
. espontáneas y lujosas ostent 
id, la población extranjera 
anda, infundirle aspiraciones 
itarla riqueza nacional. Cui 
idena á muerte á los pobre; 
letos de población, y á lo 
lensas son atravesadas poi 
las ninguna virgen va á cont 
y los soles pasan alumbrand 
lezas, y fecundando frutos q' 
o los pájaros salvajes, pare 
)S inclina unas sobre otras tai 
i á fin de equilibrar la natura 
lestino de la tierra, criada ps 
lumanidad. ¿Por qué se íntei 
.s evoluciones de armonía y 
arda? 

)Íversos fenómenos alejabaí 
e nuestro eterno problema. : 
cortejo de odios contra las in 
as: las leyes y la Constitucid 
esencial establecían en los i 
la ciudadanía, que no se ofi 
o en premio del sacrificio de 
s, ningún estímulo contenía 
>a2 de atraer la emigración 
dio de la propiedad. Ella era 
huía de la usurpación cruda 
:o no es ese el ünico peligro 
las sociedades mal constituí 



KEPÚBLICA ARGENTINA 

lercantilestrae consigo fl< 
le agotan las fuerzas de: 
rbitrios ñnancíeros puest 
eros años de la revoluciót 
lación española recalcitri 

base de los recursos b 
an el capital, acobardáiid( 
na palabra, este cúmulo d 
iaciertos, que dejaban los 

reforma, esta administi 
rente para la desigualda 
:ho, como para el desier 
10, mantenía el país, t 
nde Espafia lo deja. Sob 
mes contrariadas, defram 
iivinaciones políticas y 1 
icas de los pueblos, pretf 
;r un gobierno autocrátit 
refundir en un centro de í 
provincias dispersas, leji 
localistas. Los revolucio: 
j entre ellos el proscripi 

la procelosa oleada en qi 
nación. Una noble palabn 
:sa palabra fué sujuicic 
tda en los conciliábulos di 
cutían, que la provincia 
: apoyo á aquellas combi 
ada por los odios terribl 
•evocando. Sabían que e 
;lio de las muchedumb 
i aspiración descentralíz 



196 LECCIONES DB HISTORIA 

de las provincias. Sabían que no 
posible, sino cuando ios pueblos b 
sello á las leyes, y cuando las c 
estriban en la opinión y en las co£ 
eso pretendieron quitar de sobre 1< 
hombros de Buenos Aires la car^s 
nían los gobiernos centralizadores, 
su nombre con la porfiada resisteoc 
á la democracia y á los pueblos. C 
bajo el anatema,— y dejando esa a 
cidn que aqueja á las sociedades ci 
tidos se persiguen, y niegan el agu 
ios que militan bajo distinta bande 

Agregándose este foco de pasión, 
puestas en juego por la revoluci 
envuelto el Directorio en una atn 
singularmente cargada con otros i 
bre los cuales muy poco puedo de 
fiero á la diplomacia de 1815 hasta 

La historia diplomática de la Re 
fundamente obscura hasta hoy día, 
medida que va descubriéndose, asp 
manera simpáticos para la nació 
otros sabéis, cuan singularmente n 
penurias del hogar, los vínculos 
hombre de corazón. «Diérame el cié 
un diplomático argentino alejándos 
orilla, triste y preocupado en 18: 
■augusto de Frankiin y su prestigie 
•acercárame yo á los poderosos e 
•una nación fuerte y temible ¡cuan 1 
>el peso que llevo hoy á las espaldas! 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

res. La fortuna parece haber agotad) 
en pro de la tierra de Franklin... 
i fué avara; y si áspera era la elaborf 
de la nacionalidad argentina, no m 
se presentaba la empresa de abrirle 
Qfraternidad de los pueblos. I,a coi 
de intereses europeos y monárqu 
smiaba desviar, ya que no vencer, 
la independencia, imponía á la dipl 
isacciones, espectativas y giros, c 
os inmediatos no podían ser otros, 
luces siniestras sobre los gobie 
itarlos á veces, é irritar la generosa 
le los pueblos, que no conocen md 
leroísmo, ni más prudencia que la 
leí mártir. 

randes negociaciones del Directori( 
: la primera desde 1815 hasta 1818 
la segunda en 1819 en Francia. Cu 
B la ocupación portuguesa de la E 
1 expuse sumariamente sus resultadi 
Entre ellos medió un tejido diplom 
I cual me contentaré con llamaros la 
r su influencia sobre la política int 
il punto objetivo de nuestros estudie 
.lianza había hecho de la restauracid 
a la suprema atencidn de los gabi 
ntales de Europa. Las relaciones 

y Portugal eran cordiales, y hallál 
I de ser estrechadas con el matrimor 
ncesas de Braganza, cuando ason 
a tentativa de ocupación por la t 



X) LECCIONES DE HIS 

encía sobre la provincia oi 
iraba á su turno A interrc 
las colonias, celosa del pr 
TUtaba la Inglaterra; y Is 
nos de su insaciable Bor 
lerzo supremo y decisivo 
r consecuencia, la crisis d 
fa incalculables proporción 
sido heroico y caballerescí 
ate á la fortuna, había mayí 
¡or inspirado sentimiento, 

estrago que la amenazabí 
la misión diplomática del 
leiro. Mañosas negociacioi 
las ambiciones dala Corte, 

la invasión llevada á cat 
ha, el Directorio se hallabi 
ilianza híspano- portuguesa 
o conflicto no menos serio. 
£ntre ligarse con la Españ 
tauración colonial, 6 invaí 
a provincia de Montevide 
ífirieron el último temper 
sobremanera sencilla. La 
izmente la idea de dilatar 
tsil, encerrándolo entre el 
i, el Paraná y el Río de la 
nte, mediaba la garantía 
laterra en 1812. Partiendo 
■ectorio se negó á llevar pt 
!stíón, como lo pretendía e 

y las entusiastas monto 



A. KEPÚBLICA ARGENTINA 3)1 

'ez el Congreso, quien trató ( 
si general invasor, bajo basi 
:ertadas y de giro monarquist 
cía, francamente revelada en si 

El Directorio contuvo este proc 
:onsigui(5 del ministro de Relaci 

de Portugal garantías acerca í 
ores de su Corte, 
egociacirtn diplomática á que n 
>yecto de coronación del prínci] 
laterra resistía á la Santa Alianz 
as estudiaba por 1819 en Euro] 
Valentín Gómez, cuando el gal 
sometió el pensamiento de cor 
■ Chile, á aquel joven principe it 

déla independencia nacional, p 
; en cambio á un rey y á la influe 
os aprestos bélicos de España 
' ninguna de las complicación 
1816, había sido enteramente de 
linistro argentino, cuyas instru 
lan aceptar análogas propuesta 
^o en ella, un recurso dílatori 
echado podía despejar la difíi 

Provincias Unidas, y promet 
gobierno. 

lleno Irizarri observó una condu 
1 Octubre de 1819 llegó á Buen 
Gutiérrez Moreno, trayendo pli 

y explicaciones verbales para 
entino, al cual instruía detallad 
ómez. Ejercía entonces el Diré 



202 LECCIONES DE HISTORIA 

torio el general Rondeau. Sometida 
al Congreso, fué discutida en Octub 
bre del mismo año en sesiones secr 
cuyas actas se dieron á luz e: 
antado á mediados de 1820. Larg< 
>ates, divagaciones sin cuento, e 
aliaba de vez en cuando el acen 
ultrajado, dieron por consecuenc 
n condicional de la propuesta 
To el derecho de la legislatura o 
resolución deñnitiva. Las revolu 
pafia y las Provincias Unidas 
lación en 1820: la intervención < 
1 de Norte América, según ap 
riosas revelaciones del presiden 
listro Alvear, publicadas no ha 
"e de su secretario, — contribuyet 
e nublado, en el cual, no sería ju 
, antecedentes, determinar la re: 
los estadistas argentinos. La ii 
'O que luchar contra la estrategi 
tes, que no es menos solapada ni 
ra la moral política, hoy que en 
rbaros; porque la opinión no la^ 
3ro de los tiranos es fértil en e; 
ines ingeniosas de poder, con 1 
ancean, acariciando las grandes 
los pueblos. 

illa extendió sus redes sobre 
cíente, pobre, desgraciado y < 
irafio es, señores, que sus estad 
1, en presencia de las tormentas 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 203 

raba? Sin embargo, la independenci 
1 dominante. La fórmula del juramenl 

> rechazaba la hipótesis de abdicaciói 
:a que fuera, y el furor de los odit 
asta adquirir la extravagante form 
el Directorio le dio en 1816, prohibid 
españoles contraer matrimonio en li 
s Unidas, sin obtener previameni 
::iudadanía. Así la profesión de la ii 
cia era condicional del estado civil 
las personas. ¿Pero había algo más qi 
I en la voluntad del Congreso? ¿No fi 
nte monarquista en 1816? ¿No lo ser 
entonces al aceptar las propuestas de : 
sraba sinceramente en su antiguo cam 
ometo, señores, que investigaciones d 
^mpiendo el misterio á que su natural 
, condenó á este malaventurado episi 
an en claro la cuestión, y me es gra 
is desde ahora, que un compatrio 
)repara en Europa la historia diplom 
directorio, sobre la cual no tengo duc 
ara grandes luces, conociendo su hat 
1 perseverancia. Hablo de mi amigo 
anuel R. García. De cualquier maner 
r buscando nuestro punto de vista, el s 
as negociaciones violado por el rumo 

> por las pasiones, y lastimando 
alar, recrudecía los odios próximos 
1 Directorio en la revolución. L( 
ites que hemos estudiado le daban toe 
I de la traición. Ohl qué importaba 



LECCIONBS DE UISTOEL 

icia habiendo de sacríG 
iones del pueblo- 
era ante sus ojos la ab 
,: traición contra la jus 
implo. No había fíbra i 
o que no estuviera abs 
r eso era fatal el espl 
los que gobernaban, al 
complicaciones exteri 
, que no tenían poder 
igreso, que sancionaba 
s y anti-democrátlcas, c 
é insignias, y envolvía 
>ular las encarnación 
indo de monarcas y d( 
llevaba al último exti 
>s pueblos. Los pueble 
;1 estadista semi-espafl' 
fios después y en oca: 
i alto pensador decía sii 
ue se quieren. Reciban 
rán felices!» Cierto, sefl 
sntinos que no entraroi 
emias de la antigua Al 
Lulas científicas del den 
aciones políticas. Pero 
)n, eterna y fecunda, si 
las fuerte que todo axic 
desventura, amaron la 
ilada de la sociedad, el 
:s morales es espontánt 
) con que la cultura 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 205 

imiento poético desborda y absorbe toda su 
ncia de concepctón. El gaucho nace músi- 

poeta. ¿Os parece enfática esta palabra? 
rengamos en que nace guitarrero y pavador. 
ántíga sorprende á veces por la chispa 
ue la ilumina: frecuentemente se arra 
tnsamiento y en la forma como una es 
i artística que ofenderla al legislado: 
ica, pero no al poeta, habituado á Si 
1 de inspiración con su propia impo 

otra cosa es, señores, el instinto del 
sino el estallido del alma, ansiosa de 
sus emociones, referir sus entusias 
:arse en sus amores, luchando coi 
i corteza de barbarie que la apesad 
mudece? Necesita un lenguaje y n 
Lira. La música es el idioma de los es 
;ntos íntimos, de las revelaciones de' 
I mitos de la naturaleza y del amor, 
oesía de Osiam. La música de ni 
30S tiene cadencia monótona, pon 
Stona la armonía de las planicies, 
primitiva , indecisa la ilusión que 
L el alma del gaucho entre el llaní 

y el firmamento encendido, el bali< 
lo y el susurro del silencio y el caí 
toso del tero y del vagabundo ckoj 
le las campiñas me baña en una i 
sin nombre, me desorienta de los 

recoge en mí mismo. Comprendo el 
rsonalismo del gaucho, reconcentra 
¡rsistencia del espectáculo, irresistibl 



SS DB HI! 

Oíd el < 

que lleg. 
ra muert 
a contri 
iteligenc: 
itre sus 
to aviví 

cruzad) 
:hillo est; 
le su alta 
la pasíó 
1 de su 
a, y se 
tracanes, 
e su pot 
loria SU! 
r 6 vei 

es horr 
lura sus ¡ 
r; pero i 
su pamp 
Glósales. 
:oino la 

más rut: 
erzas & c 

luchan: 
orizonte! 
sí es gr 
sucho su 
le su Dio 
ocación 
ros influ 



E LA REPÚBLICA ABGENTtNA 

D un prestigio religioso reforza 
tud de la vida, fué la ley de 1 
e habla de arrancar la Repúbl 
g;nominia y empujarla á las cu 
racia. 

strofas de la pampa, armoni 
i barbarie, eran el salmo < 
rrar el Koram de los tíranos. 
; generación de Mayo, ni 
1 abnegación, ni menos glorie 
nejaba por intervalos, el sii 
pasado, y corrompidas teori 
amarrado á siglos enteros de 
Ahí sus hombres levantaron 
le los pueblos. Negáronle su 
1 su ídolo. Sí, señores; ¿no 1 
:dimiendo la democracia en 
quimeras? El resultado es cía 
bárbara de los campos tom 
asestará contra el templo < 
icro tabernáculo de la fratei 
'ras del delirio el desengañe 
ertar: tras del Congreso y D 
es reaccionarias y sus const 
cas vendrá la revolución. I 



LECCIÓN XVII 



D (1819-1821): Duallsmi 
político de l> NaciilD. Loi partidos iir(ciiliiioi. 
montonera. Bl afio 20. Primera invasiún á Buen 
Sus resaltados. Secnnda invasiún á Buenos Aires.- 
erada en el Rio de la Plata. Autonomía provincial. 



SbSokbs: 
los acercamos al nudo del drama revol 
, Numerosos problemas ligados con la ¡ 
itemporánea hemos de encontrar en el 
que esta noche comenzamos á estudí 
:ciso que nuestros procedimientos cedí 
gencias del objeto que buscamos. De 
rio podríamos caer en los apasionado: 
; de un arte, que no es el mío, por no 
nos hasta las fórmulas sintéticas de la c 
estudiáramos por curiosidad deberían 

terminado. Pero ya he dicho que ve 
tro hacia el pasado sin un alto propósit 
Qte, tiene para mí algo de sacrilego, c 
dría una fiesta en medio de las tumbaí 
IOS luz en la historia, y pálida é ineñca 
[ue nos suministrara, si hubiéramos d 
nos en las brutales soluciones de 1S20 



udi 



LtO! 



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isti 
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i di 
laja 
3ra 

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fioi 
ian 
)rd 



REPÚBLICA ARGENTINA 21 

:ados por pasiones tradiciona 
i, tienen miedo á la verdad y 
te de la historia. 1820 es día 
o día de crisis. Sus peripeci 

para el ojo vulgar, respondí 

orden lógico en el cual se e 
snte trabadas. Si en medio ( 
amos principios que se introc 

que se realizan, prueba es 
tnes que los precipitan tien 
a, origen histórico y objeto [ 
j la historia de un pueblo y no 
audillos. Imaginaos, sefiores, 
>mpafiaría sobre la superfi< 
el estallido de un volcán y 

montaña. Imaginad los di 
curtiría un naturalista, si ola 
:sa región, sin cuenta del feí 
Jor, y estaréis cerca de gradu 
e ha solido incurrirse pretí 
lilo de la historia en la biogra 
ipersos y extraviados por eí 
lacía el Director de 1815 en 1 
y Carrera? ¿Qué hacía Sarrat 
;1 afio 12 entre los montoner 
son los problemas generalme 
incarar el período de la disoi 
esas problemas son á la v< 
le vista histórico, insolublí 
s. Aun resueltos y explicad 
señales ó pasiones, que no es : 
', nada enseñarían sino el mér: 



212 LECCIONES DE HISTO 

loral de ciertos individuos; per 
ibles, y de ahí que se tenga tan 
le la historia del pueblo en el 
s invitaré, señores, á una indag 
ero: os invito sí á investigar 1 
ais y el giro de la historia, y re 
studíamos la historia de un pu 
raíla de sus caudillos. 
Resistía el Directorio, el Con 
e Lautaro, seducidos por sus 
ráticas, á las rudas manifestac 
anía de las muchedumbres y < 
rovincial, reveladas en las forr 
audillaje y en el caviloso loca! 
ades. Dos fuerzas sociales esti 
[emento ideologistaque acaricia 
uca, el elemento campesino qi 
erse rey para lograr por la fue: 
ue la revolución habíase contt 
3n ofrecerle. Surgían en el seno 
■atices intermedios, que degra 
niestros de la pasión al contac 
10 reflexivo y previsor. Quiénes 
tío igualitario y deraocratizadi 
n renunciar al centralismo del '. 
es, á la vez que aquél, acepta 
irersivo de la unión, para sustit 
acionales que conciliaran los i 
.mbos matices pretendían ap( 
echos para regularizarlos, y si 
os grandes partidos; el federal , 
mdidos después, desde 1835 hí 



E LA KEPÚBLICA ARGENTINA 2] 

este período sintetizaban las divii 
: el partido de la libertad y el part 
partido puede llamarse á la grey 
e azuza á los verdugos y arrastri 

tiranos. 
n embargo era latente hasta los i! 

1819, Lo arrogante y definido en 
e la capital y el caudillaje de las f 
vísperas de lanzarse sobre el cf 
la, fueron detenidos por el pacto 
il general Belgrano. Los artfcu 

ajustados el 18 de Mayo de U 
1 reunión de un congreso en San : 
debía poner término á las difer 
Santa Fe y la capital. La Const: 
gada en Mayo burlaba las esperan 
acianos, y los manejos del Congr 
nado negocio del príncipe de Li 
día malgrado de las penas terril 

los que fueran infíeles al júrame 
coincidían para enardecerlos i 
da de José Miguel Carrera que a 
orporárseles. Reclamado por el 
general portugués que gobernabi 
ital, el incendario extranjero, pidi 
6n á sus odios y bríos á la vengan 

su rojo pendón el grito, que en 
petir á la media noche en las ca 
Ld desolada: Federación ó Muei 
odo de abominación y exterminio £ 
lo de Rosas y Carrera, los dos hí 
nos han creído en la federación, 



LSCCIOH 

forzoso ( 
Rechazad 

tiendas d 
I era el ár 
E de las 
audillos I 
ido. Tras 

de Santa 
tnde espe 
npióse el 
es y pérfi( 
riza de B 
teríno lo i 
larchú A c; 
.mago de : 
Director 
1 escuadre 
ido á sus 
^5 brutalíd 
r cuestión 

Artigas I 
obustez d 
inquieta 
libres.» D 
ierra her 
1 oriental, 
■ecursos d 
z necesiti 
;ntes. Me 

el 22 de 
6 la bata 
ido por el 
guay- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA '. 

torio entre tanto había llamado e 

ejércitos argentinos que campeí 
njero y en las fronteras de la nac 

San Martín apartó el suyo del co 
narquía, y sólo envió los cazadore 

que en Enero de 1820 se sublevi 
n, estableciendo un gobierno loca 
elión. Menos feliz el general Bel 
idió con el del Alto Perú hasti 
íntrales de la República. Presa ( 
d que en el aflo siguiente le lleí 
ibandonó A sus camaradas á fine 
ídolos bajo las órdenes del gec 
fe de estado mayor. El ejército * 
por diversas influencias y la disc 
' relajada. Pechos había donde 
<n entrada otras ambiciones, sinc 
tuyen á San Martín, á Belgrar 
i los tipos acabados de la epopeya 
ro afinidades en la política inte 

poderío feudal, indisciplina y re 
Sn, todo esto existía enérgico y d 
is filas del ejército. La anarquía t 

y el 7 de Enero de 1820, se sub 
:o capitaneado por Bustos. Los t 
etendieron ligarse con los subleva 
>s se dio por satisfecho con Ueví 
en Córdoba su gobierno person; 

iniestro abandono, sintiendo disip 

ora los recursos en que creía apo 

nación recelosa en derredor, 



'¿16 LECCIONES DE HI5T' 

provincias armadas á su freí 
esperando coyuntura para s 
descentralizador, Rondeau rej 
poder irrevocablemente perdid' 
el mes de Diciembre á tos mont 
divisoria de Santa Fe. El 31 de '. 
so buscando prestigio en el Ca 
brado al alcalde D. Juan Ped 
ejercer las funciones del Direc 
y en sus dependencias, dándole 
res un punto de apoyo para prc 
y á la revolución una base legal, 
todavía en el prestigio de su au 
él abrigaba semejante ilusión. 
26 de Enero el día en que del 
solemne apertura del Congresc 
titucional, cuyos diputados hat 
gunas provincias, sin reparar 
tución había caducado. Medial 
poder del cual emanaba y los pi 
obedecerla. 

El dia de la prueba llegó. E 
1820 encontráronse dispuestos í 
ejércitos en la cañada de Cep( 
griento fué el combate. Esas c 
las caballerías gauchas en que 
arremeten con el pecho del bru 
y cuerpo á cuerpo, dan proc 
batallas, pero vierten arroyos i 
los personales y persecuciones 

Impotentes para vencer las i 
res, los montoneros se limitar 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 21' 

gínetes del Director; pero sus infantes, £ 
pimiento ni recursos, hubieron de retirar 
:ia San Nicolás de los Arroyos, dejando i 
nos del montonero el laurel de la victoria. Si 
:olás elevado al rango de ciudad á fines ■ 
9 en gratitud á sus servicios á la causa d 
ectorio, le fué fiel hasta el fin; pero su parti 
Loció muy pronto que el mal ya no podia s 
jado. 

,a complaciente prensa oficial de Buenos Air 
arrogante y decidida poco antes por la gt 
. levanta acentos humanitarios y llora sob 
angre vertida, desde que la derrota de Cep 
llegó á noticia de la capital. Atravesaba és 
nentos de espectativa suprema. El Congre 
:ó sus sesiones, y el pueblo fué llamado á 1; 
tas. Aquel patriciado soberbio, que duran 
: años habia dado la ley, iba hoy á recibir! 
I asiento de los altos poderes y el nticl 
3roso de opinión que dio sus tonos al nerv 
olucionario, se estremecía entonces amagat 
el desborde de masas brutales y altanerf 
buscaban el foco conservador y centralts 
a destruirlo. Ciego de cólera venía el ga 

Enfurecido y jadeante por la irritaí 

>ción de sus rencores implacables, capitane 
>s Carrera, Ramírez y López, formados t 
escuela de Artigas, escuela de crueldades 
vanidoso desacato por cuanto represental 
civilización urbana, azuzaban frenéticos si 
;stes señalándoles el pueblo donde fuere 
Clonadas las leyes, donde se afirmó el desp 



218 LECCIONES DE BIST 

tísmo doctoral y militar del Di 
greso. La abominaciiía venía 
Encontraría en su seno fariseo: 
también los sinceros creyent 
profeta, los desterrados amadot 
to tiempo cerraron las ciudat 
ojos al espectáculo de las camp 
fín la represa, aquel mundo pt 
mitd en el álveo colonial, inv 
enseñorea y destruye. El des 
Delirando con soluciones qui 
sociales artifíciosas y vencidas, 
caudillos civilizados por imprít 
ficar el genio agreste de la dei 
en un pueblo cuasi bárbaro: al 
ron y contradijeron. Hoy viene 
selvática vii^inidad, por un cí 
y de lágrimas: la fuerza es su 1( 
sorte, y su historia el martirolo; 
Buenos Aires qué hace? ¿Acepl 
los que persiguieron á Mariar 
predilecto, la gloria profética d 
ral; la funesta idolatría de los c 
pueblo, vencedor en Mayo, del 
nía, para levantar sobre tan m 
nos irresponsables y constituci' 
la teoría y falsas como el abst 
brazos á la montonera? 

El pueblo se aprestaba á deft 
licias comandadas por el gen 
á campaña, mientras cafa obsc 
greso para dar sitio á la auto 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 219 

que de sus ruinas iba á nacer. El 10 d 
o, eran dueñas ya las montoneras de 1 
ña y los jefes coaligados tenían su cuartí 
.1 en el pueblo del Pilar. El gobierno nacit 
aba destruido por el peso de las armas 
rio de la opinión. La cuestión estaba r< 
¿Qué objeto tendría entonces una batalh 
leral Soler se puso en relación con Ram 
,Ópez, jefes del Ejército Federal; pero com 
aran á reconocer la comisión pacificador; 
tada por el Ayuntamiento, éste se apresui 
ocar un Cabildo abierto á finde que el pu 
nara por este medio la resolución que cr 
:onvenirle. El 16 de Febrero á las cinc 
arde tuvo lugar la asamblea, que se lim 
asmitir sus poderes á una junta de do( 
entantes, la cual, en la mañana siguient 
ó gobernador interino mientras durara 
as circunstancias y no fuera posible reun 
> de la campaña, al ciudadano D. Manu 
ratea. Sarratea se transportó al camp. 
I de los invasores: el 23 de Febrero firmó 
federal del Pilar, publicado por bando el 2 
) entraron en la ciudad los caudillos ve 
:s en compañía del gobernador interino, 
tres gobernadores declaraban en el artíc 
leí pacto, á nombre de las provincias q\ 
laban, aceptada la federación como ba 
tema nacional; prometían la reunión de i 
eso, sesenta dias después de la ratifícacíi 
Lcto >i), al cual serían invitadas todas 1 

2t de Abril de 1820. 



220 LECCIONES DE HISTORIA 

provincias hermanas í". Las tropas 
debían comenzar & retirarse en divisic 
hombres á sus respectivas provincias, 
ocho horas después de la ratificación 
rábase Ubre el comercio y la navega 
is provincias contratantes, í^) y á fie 
arse, decían los jefes federales, de 1. 
n que apoyaron su declaración de g 
■a Buenos Aires, uno y otros se cor 
3n á abrir un juicio político á los fu 
e la administración nacional que ac 
errocar <■". No obstaba el artículo qu 
a esta decisitín para que en otro se 
idultados todos los emigrados de la 
as provincias, con tal que su emigrac 
rigen en la guerra zanjada por el pa 
Itimo se obligaban los contratante 
miediatamente en libertad los prisc 
ivieran en su poder.'" Con este pt 
isuelta la unión nacional conserv; 
)da emergencia y contra toda espera 
iez años de prueba tan estrepitosamt 
izados. El localismo ganaba terreno, 
ue de Mendoza revolucionada en E 
an Juan que venía al movimiento fed 
ípios de Marzo, apoderábase de Bm 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 231 

le de los montoneros en la batalla < 
•1 pacto del Pilar. 

nidos tienen su nombre tradicional, 
!cito cambiárselo. Ya os he dicho qi 
IsD segregativo es lo opuesto & lo qi 
s políticas llaman federación j á 
: latina de esta palabra indica. El e 
as masas en aquel período no tendía 
endía á federar, sino al contrario 
íntima y exclusiva unidad del ^ 
ue cambió de nombre con la rev 

que el partido del Directorio, í 
huella de los conservadores primi 

. contra todo evento mantener. Arr 
e su teatro, el sentimiento de las loe 
infaba, y Buenos Aires y sus depe 
reconocían recíprocamente como E 
ranos. La dignidad de los portefi 
.0 obstante, hondamente ultrajada. '. 
iladín de la arrogante anarquía de 
ante los diez aQos, tenía que ceder 
os gauchos vencedores, y renovar ! 
su capricho. Paseábanse éstos ergí 
; calles de la altanera capital, y en : 
jminio transformaban la faz exterior < 
bres. La aristocracia urbana, cedien< 
in civilizadora del extranjero, con 
lunicaba franca ycordialmente,pleg 
sa á las exigencias de la moda, síntor 

1 de actividad en las sociedades m 
3da civilización estacionaria ha ii 
¡ costumbres un sello peculiar y ce 



22ü I^CCIONES DE HIS 

rvado sus trajes típicos c( 
terior de esas mismas costu 
movible influencia de la civ 
. hecho del traje del hombre 
la extravagancia, sea lo qu 
iiltíplicidad es su genio y as 
1 poder irresistible. Bueno 
mo todo pueblo en que la vi 
cesidades reales 6 facticia: 
jIo y medios de ser satisfecl 
oscribió la irrupción montoi 
í hábitos sociales, decaía la - 
anti-revolucionaria de nuesb 
güilo ostentaban su apego 
,os,— y el rojo chiripá y el p( 

del centauro de las pamp 
lestras calles, llevados ya p 
. por los tímidos 6 ambicio 
a. Los círculos se estrechabj 
lantería se replegaba, y hu 
:a cultura, como en el reinad< 
orainación perseguidora. El 

Cepeda rodeaba la ciudad, 
la vez rota la muralla de '' 
ras horas aciagas la escudd, ; 
ra sus dioses. 

Extrañas afinidades de Sa 
: origen y monarquista de c 
□ los caudillos que formado 
bao en el pecho todas sus a: 
:onfesadas,traían temeroso ( 
.rio. Pasaban largos días y 1. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 223 

Gruesas cantidades de armamento iban á 
itar el parque de José Miguel Cañera, cuya 
icia, determinada por intereses ajenos y 
os á los que á Buenos Aires y las provin- 
reocupaban á la sazón, complicaba singu- 
ite aquella situación espinosa y amenaza- 
Jn rumor siniestro corría á la vez de boca 
a: Alvear, el director proscripto de 1815, 
)a de desembarcar. El proceso del Gobier- 
:ional, activamente emprendido daba luces 

pasión recogía ávidamente respecto á la 
icia raonarquizadora de la logia de Lautaro 
afínes. Balcarce llegaba á Buenos Aires 
!S de su retirada de Cepeda, y entre tran- 
f desconñado, entraba el I" de Marzo á la 
, que lo recibió con ovaciones inusitadas 
ii su presencia despertara nuevas esperan- 
antiguas memorias de poder. El horizonte 
obscuro. Derrocar la oligarquía de Lautaro 
strar la transacción, vergonzosa para un 

preocupado con las habitudes de la gloria 
)beranía, sacriflcaRdo al propio tiempo la 
ndencia de Buenos Aires que Sarratea 
daba, influenciado por su genio ambicioso, 
ciencia ambigua y el prestigio de los cau- 
irmados que lo subyugaban, equivalía en 
& reagravar los males de la política ven- 
Tenía la actual todos sus inconvenientes 
s, sin la ventaja moral que le daba la 
i de sus agentes. Intransigente ydespótica 
;más estacionaria y contradictoria con las 
rimitivas del pueblo que tenía por escena. 



;rno suspendía sus relacioni 
al Dr. García sus podere 
e vista, realizaba el aislamiei 
pero á la manera de la teg 
;todiaba celosa el senado d 
nanecían firmes las huestes 
iu ley & la reina del contin 
a hoy como pueblo vencido 
con el Directorio todo un s 
ocial, nuevas vías de solucití 
menos, abríanse delante de 
endonados; mas ese ses^o, p 
:edores de Cepeda, amenaza 
el feudo arttguista ensayai 
to litoral, y reproducido má 
ior por Quiroga y sobre la R* 
[uan Manuel Rosas. Hay en i 
1 un resorte moral, que s( 
ara salvarlos. En momentoi 
nación pueden perder de vii 
viarse en medio de turbule 
jero el instinto conservador 
üego para marchar sin rep< 
1 ea el pecho y vencer ho] 
ron ayer, si tras del velo de 
in la sacra lámpara que bus 
ada por el temor y la inqui 
a dio la voz de alarma, exigi' 
licaciones acerca del armai 
>naba en manos de los caudi 
Jichos pertrechos á aplacj 
i. Husmeaba al pobre Chile 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

ios sangrientos, y abríase paso hasta 
a suspirada entre despojos y ruinas, ( 
^sitara el hervir de la sangre para est 
1 la jornada. Sarratea lo temía. Al fíi 
tro de la capital, y Napoleón podría 
larse en Tito. Pero el pueblo no ei 
de contentar. Tenía en Balcarce su e 
' el 6 de Marzo en asamblea revolucioi 
tuyo con el carácter que investía S: 
lien depuso, ordenando juntamente 
itoria de una nueva representación ■ 
Balcarce aceptó. Apoyado no o 
atea en las fuerzas de Ramírez y di 
ampafia, resistió la enérgica resoluc 
arce y pocos días después se adueñó 
te de la silla que había perdido. S 
ó la jauría. Conocía los resortes de li 
;n que se apoyaba y los pulsó con i 
lidad. Al apoderarse del gobierno por 
:ntos, fulminó terribles decretos de seg 
ica: cerró los almacenes, persiguió 
nes y corrillos, y obligando al vecino 
medroso á refugiarse en la mansa coi 
logar, esparció un pavoroso silencio 
s agitadas arterias de la capital. Cuí 
no asomaba á hurtadillas por las end 
entana, encontraba la soledad ó el 
gaucho y ningún ruido sino el cru 
; del montonero, señor de aquella vs 
olis. Parecía que la muerte hubiera 
ivel sobre la ciudad. El caballo del c 
iba al pie de la pirámide, y devoto á 



LECCIONES 

LOS ocupaba Sarratt 
gloria marchita y i 
ro los estremecimii 
n á favor de la esp 
;fecto en Buenos A 
y proscripto A con 
:s de 1815, ni el D 
reprodujo sus erro 
), que los elevó á li 
es años de quimera 
id para con él, y él, 
onquistar por la [i 
latÓ. En la noche 
icándalo interrumi 
e la capital: era qu 
ido y solo, serefug 
Carrera lo recibiiJ : 
íarratea le hacía er 
acto recién fírmad< 
mal deñnió momen 
tiro de las tropas fe 
ieber, juramento n 
lo efectuar, se reali 
audillo chileno con 
;arrera se retiró ci 
laguardia al grupo c 
bezaba. Las fuerza: 
ras de sus huellas í 
ados de Abril enco 
1 en San Nicolás, 
de Santa Fe. 
enos Aires podía n 



lE LA REPÚBLICA ARGENTINA 227 

Unarios acontecimientos que termi- 
icalismo inoculado en el país se apo- 
¡ualmente de todas las provincias. El 

era sancionado en Tucumán, y el 
e comprometía la provincia de Cuyo 

al Congreso federal que debía re- 
eve. Entre tanto, la capital entraba en 
)uscaba reparaci<}n para su dignidad 
a la presencia de un gobierno impues- 
za de los caudillos. La Junta desti- 
atea el 1° de Mayo y lo subrogó con 
. Ildefonso Ramos Mejla, hombre de 
;dios, que no podía salvar al pueblo 
:es penurias. Poco más de un mes 
:urrido desde la retirada de la mon- 
rera se encontraba en Santa Fe sin 
lo el intento de ponerse en pie res- 
i iniciar su campaña sobre Chile. 
*vo la ambición de los caudillos, pero 
serano de Entre Rios desde la derro- 
s, dióse por satisfecho entonces, y 
.<5pez se le incorporó á la cabeza de 
inos. Alvear venía con ellos. Ame- 
les Aires, y sintiéndose el general 
ayor brío que el gobernador Ramos 
tr el peligro, se apoderó del gobierno 
e una sedición, y armándose salió á 
; invasores. La severa derrota en la 
a Cruz, abrió por segunda vez á los 
camino de la capital. El general que 
rogancia había destraído un gobier- 
s las dosis de legalidad que los 



228 LECCIONES DE HISTORIA 

tiempos permitían, para hacerse salva 
provincia, desalentado el día del con 
mullicaba el 29 de Junio su descalabre 
al Cabildo que arbitrara medios para 
país. El Cabildo nombr<} una comisión 
dora, que no dio resultado. Dueños los 
de la campaQa del Norte, convocaron 
blea el V de Julio en Lujan, compuesti 
tados de nueve partidos, la cual eligi< 
don Carlos María de Alvear gobernai 
provinria, intimando á la ciudad su so 
to. El Cabildo sostuvo con bríos su 
rechazando halagos y amenazas. Soler 
la ciudad se encontraba desgobernad 
tiendo por la fuerza popular el sitie 
montoneros entablaron apoderándos 
arrabales. 

Cua^i ahogada por la acefalía y la g 
levantarse como una evocación de s 
conservador, la enérgica cabeza de un i 
Perseguido y desterrado á causa de lí 
dad de su espíritu nacional y la inquic 
ría de su carácter, Manuel Dorrego hat 
bajo el Directorio el amargo llanto del 
do. Regresó á la capital, cuando la ola 
naría que más tarde debía tragarlo, 
lejos del Plata al vencido Director qu 
cribió. Traía en su alma fogosa de pí 
de caudillo, una solución original del 
orgánico de la nación. Manuel Dorregí 
ca y sinceramente federal. Enemigo d 
lismo absorbente del régimen vencid' 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 229 

I vez de la tendencia artiguísta, que se dirigía 
enfeudar el litoral, proclamando la soberanía 
e la fuerza bruta y traicionando los instintos 
auchos para explotarlos. Enamorado de su 
luenos Aires quería salvarlo en medio del incen- 
io, y romper la unidad sin sacrificar la provin- 
ia á una soberanía aparente y á una sumisión 
eal. Era aquella una influencia nueva que con- 
iliando extremos, partiendo de hechos y rema- 
indo en teorías, traía cierto sello utópico, pe- 

despertaba juntamente grandes esperanzas, 
briendo horizonte en medio de las tinieblas. La 
ctitud decidida del pueblo lo ayudaba, araedren- 
indo á los enemigos, que sólo tardaron diez y 
iete dias para persuadirse que era imposible 
saltar la ciudad con tropas colecticias de caba- 
ería, cuya táctica era el valor personal y la 
lerza infatigable de su brazo. El Cabildo per- 
laneció incontrastable. Era la última expresión 
e la dignidad portefia, como era Dorrego la ex- 
resión de su heroísmo. La montonera levantó 

1 sitio, retirándose en seguida. Dorrego hecho 
obernador de Buenos Aires siguió denodada- 
lente tras ella el 18 de Julio, y batallando sin 
escanso por la costa del Plata desde las már- 
enes de Buenos Aires, siguió las huestes de 
!arrera, que combatían sangrientamente con 
aballos y caballeros á nado en las aguas del Pa- 
aná, de canal en canal, y de isla en isla; ciegos 
e seguían y guerreaban en San Nicolás y á la 
tilla del arroyo de Pavón, donde Dorrego pro- 
lamaba vencedora la autonomía de Buenos 
Líres que acababa de salvar. Era el 12 de Agosto. 



230 LECCIG 

Las oberturas p 
echazadas en Sant 

El día 9 se había 
na nueva Junta d' 
on diputados de lí 
lera vez á legislar, 
rdiendo en Cuyo, 
e Corro habían i 
'ucumán se procU 
eneral Araoz á la i 

enmedio de tanta 
□presiones de otrc 
Ima atormentada 
TÍtaba. El general 
re y el pendón de 
idn libertadora alf 
guas del Pacífico el 
odinas suspirabac 
Oder nacional, y d 

hermano de hist 
stimulos preñados 
mío. El senado d 
n premio al genen 
ubiera ilustrado er 
ia, y acreditaba un 
obierno de Buenos 
ivil del Litoral no ! 
uenos Aires era i 
a el Gamonal. El t 
ombraba un nueve 
ríguez, revolucior 
ue hubo de toma 



:a argentina 

ibildo, para c 
sladores de : 
2I acto, y el 
aña, desarm 
pugnaba á t 
igio político 
;edicí($n con 
lía popular 

oba había o 
mes del Lito 
24 de Novie 
ratado solen 
s Aires, ratí! 
itantes, y el 1 
cto de Febj 
ba como asi 
le debía con 
ilvos sus d( 
ente. El 22 
'ado los dipu 
igreso. 
tire privaba 
poyo para si 
ae Santa Fe 
1 los salvaje! 
I una natura 
los dioses y 
re y fuego é 



232 LECCIONES DE H1ST< 

de Diciembre sobre el pueblo 
Duando tan bárbaramente una ( 
y destrozos que debía conducir 
so. Ramírez se puso de nuevt 
mas por fortuna las provincias 
cupadas con la anarquía local 
todas partes, fueron sordas á s 
guíñanos. A principios de 182 
campaña- Las proTÍocias del c 
Andes se aprestaban á resistí 
Carrera, que se encaminaba 
Chile. En Buenos Aires se coo 
de defensa contra Ramírez, le\ 
titos, reduciendo los gastos d 
ción, 7 aun reprimiendo con 
tencias locales contra el gobie 
portugueses atizaban la díscor 
San Martín, prestigiado por la 
tusiasmo genuinamente ameríc 
sus triunfos en el Peni, enviat 
remotas regiones consejos de 
dad, cuya prensa y cuyas arm 
frenesí de la lucha. 

El 31 de Mayo de 1821, el gi 
fué nombrado gobernador pro 
aflos. A pesar de la convocatoi 
Congreso, algunos de cuyos dip 
en el punto de la cita desde el 
provincia, con este acto, vincul 
do largo y fijo el honor y la í 
A una forma casi independiente 
azarosa era la situación y tan c 



DE LA EtEPÜBLIC^ ARGENTINA 233 

labían acosado ya á la crédula generación revo- 
ucionaria, que ]a promesa del Congreso, pana- 
:ea misteriosa que hasta allí detuvo todas las 
empestades, restañó heridas y reanimó esperan- 
¡as, era en esta oportunidad impotente para 
■eavivar la fe en la nacionalidad. Fatigábase 
istérilmente la Junta de Representantes eligien- 
lo diputados para una asamblea, en la cual na- 
iie creía y á la cual nadie quería pertenecer. 
Para encontrar cuatro diputados tuvo que hacer 
:rece elecciones, y al fin se vio forzada á sortear 
os ultimes candidatos y obligarlos á aceptar ('>. 

Señores: Es extraño á mi objeto, detallaros 
:ombates de montoneros. Combinados Ramírez 
j Carrera, fueron vencidos ambos, el primero 
m Córdoba en el mes de Julio en que fué muerto 
m una guerrilla: el segundo en Mendoza á fines 
Je Agosto, después de haber atronado el interior 
:on el rumor de sus huestes, luchando en país 
extraño y por causas egoístas, hasta caer vencido. 
El 4 de Septiembre moría fusilado en Mendoza, 
f su cabeza paseada de provincia en provincia 
3ara escarmentar, decíase en la jerga bárbara de 
as venganzas facciosas, á los caudillos que estu- 
i'ieran por nacer. Aldao y Quiroga vinieron, sin 
imbargo, años después al ensalmo de la revolu- 
:ión tumultuosa que ganaba las provincias. 

Coincidentemente con la muerte de Ramírez 
icontecía en Salta la de Güemes. Arrojado del 

(1] Febr«ro de 1^1. Los dipntadoa fueron D. Joan Cruz Várela, 
ílEcldo: D. Teodoro SitDchez de Busiaiiiante, elegido; D, Hatfa* 
Patrún, lorteado: O. Justo Garcia Váidas, sorteado. 



234 LECCIONE 

gobierno personal que 
lo, continuando la re; 
:;a, con que pecho & pi 
ras de su provincia di 
sin cuento ni reposo c 
Bola. Trabajaba accic 
cierta noche, cuando 1 
asaltada por tropas es 
la retirada, y huyen 
ocultó en el fondo c 
indómim de la selva 
Dios y á la grandeza 
libertad, y abandonad 
cia argentina. 

Con la muerte de ar 
localismo dos apoyos I 
5U patriarca con la mi 
grandioso tipo de pas 
Callar en el mármol d< 
de Plutarco. José Mig 
que mata por ensangr 
héroe superior á su 
todos los hombres y í 
escritor moderno ha j 
lista y corazón apasio 
gobernar en Chile. 
Carrera su reposo, su 
y el honor, la dignidaí 
de los hombres. Si es 
cia indomable, por ac 
realizada en criatura 
dida por elgenio en e 



.A RBPtiBLICA ARGENTINA 

argentinos, á quienes mi 
ledio, en el cual podía d 
alonar crímenes con tal 
>ra es el genio de la i 
lecíede Atila original y g 

busca de otra presa en 

furor. 

de 1821, quedaba Buen 
zas por la paz de Santa 
ifrez. Las provincias an 

temores que les infundió 
independiente aunque i 
rnada por Dupuy: la int< 
la, Catamarca separada á 

',0 aislada por.Ibarra 

i cabeza y los diputados 
1, esperando á sus colegas 
endremos esta noche. El 
ia, abierto el 19 de Julio 
lueva que no entenderíf 
ite las ideas sobre el cu 
■ecorrer. 



I temamos percibir la ve; 
jcrático de la revolución i 
turbulentas intrigas de 
el Directorio, el cual coi 
le volvió su espíritu traD¡ 
ad resistente á la soberai 



236 LECCIONES DE HISTI 

lar, que la aristocracia habla, i 
los primeros tiempos de la ia< 
principios republicanos de Mor 
inoculado en las almas, antes 
las luchas, los rechazaban, pre 
canso formas reaccionarias y < 
prichosas para organizar el p 
ción con la suma de pasiones y 
colocaron en el rol de las nai 
los quiméricos proyectos de 
favor ideó el Congreso la rest 
raza cuasi perdida, para sobre] 
tro y el poder Á la civilización e 
continente, lo hemos visto forj 
titucional, ambigua y absurda, i 
tocrática, terminando por incur 
lirios cuando la ambición fran< 
un rey. El criterio histórico no 
proceso alguno más acabadamc 
La democracia era rechazada. 

Brillaban en los pueblos sacr 
fiera y creatriz inspiración, que 
vuelve en su razón y su sensibil 
á sondearse y se eleva hasta Dii 
no del espíritu libre, reflejandc 
social los dogmas republicano 
aquella fuerte conciencia de ; 
determinado el heroísmo y la 
mártires. Cierto es, seflores, grs 
la meditación y la propagai 
encendieron el pensamiento Uai 
trar, regularizar y embellecer, < 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

lor cuyo intermedio las masas bar 
;e soberanas, fundaban la demo< 
es menos evidente que las reí 
; puestas al frente de la nación, vi 
! pasado con respeto y con amo: 

del gesto crudo y el espíritu obscí 
, y acariciaban la esperanza délo 
US sacrilegas predilecciones. La 
ícutiva hasta 1813, legislativa di 
lea, reincidente en su primer ca 
6, normalizada en la utopfa y la 
1 1820, estuvo inspirada, salvo bn 

instantes de intuiciones libérale 
rracia y por los extravíos que c 
1 genio. El presidente Monroe 
Unidos declaraba noblemente en 
uático argentino, que la traba e 
había fracasado el esfuerzo de 1 
ligas de América por obtener el 
;ode su independencia, noeraotr: 
Lciones en el destino primordial, 
os reservaban los gobiernos y lo: 
I ilustre republicano tenía razón, 
ai necesitáis vosotros tampoco q 

cadáver ensangrentado de Bei 
ido, que moría en el Perú, mártir 
ccionario, y poniendo los últimt 
su genio á servicio del frío desí 
ibotaba. No fué Monteagudo el 
a argentino ínñel á su credo, y ef 
ue contemplemos su muerte tráj 
lanera dolorosa para la posteridad 



238 LECCIONES I 

blicana y orguUosa de s 
mos hacernos cargo de 
que fueron tristes y bonei 
de Belgrano y el espíriti 
de San Martín. La demo 
los estadistas que gobei 
bajo el régimen transit 
tentó prescribía el hábit 
poderes y el recurso á 
que concillaba las fom 
mocracia, los goberaaní 
-dían A inclinarlo cuanto 
al cartabón colonial, rep 
su liturgia y sus medie 
del general Rondeau.* 
gobierno,» eran llamai 
danos argentinos desd 
Gaceta Ministerial, y ■ 
fundarse en el período 
gio militar eran obligadc 
gresar en sus aulas á 
Jimpieea de sangre. Tr 
uno de los primeros cuit 
sistía en la sanción del i 
peto por la propiedad, 
lidad con que decretal 
titos y contribuciones fo 
to sin crédito, restricci( 
severa ñscalidad, eran la< 
que se acudía á las gu( 
mentos de una administi 
taba partidarios inventa 



REPÚBLICA ARGENTINA 

O, gobernaban sin ley, y cu 
al capricho propio ó al su 
ovincias, sin personalidad 
esperanza de recibir refc 
social predominaba de un 
ada de los ríos argentinos, 
fosco y celoso del monop» 
•s deslumhraba la luz col 
por el estremecimiento t 
los actos democráticos, 
trascendentales episodit 
ban su tono á la revolud 
espíritu popular. Enferma 
gentina, no sólo por el di 
:ión, sino además por esta 
lemocracia. 

erentoriamente otro puní 
el fenómeno que acabami 
el orgulloso urbanismo 
señores, que dé nombres 
racteres originales, el urh 
dejaba la más vigorosa ; 
1 en la barbarie j privad 
igualdad revolucionarias, 
ün á los estadistas de la n; 
ban uno y otro error de la 
cía de una provincia eni 
í)los, como deducen en an 
ue la acusan de egoísta vai 
r consecuencia, aquellos ht 
mtralista estaban identifici 
, que en las provincias el ii 



LECCIONES DB HISTORIA 

lar daba margen á im localismo 
iriamente eogrosaba. Pero et I 
ixt todas las provincias, sin exci 
1, siempre que sus estadistas se 
epreseotando á los pueblos y ene 
, política de la nacionalidad ten 
zar, fuera que reformaran libei 
le se plegaran á la fuerza de in 
conservador Ó monarquista. N< 
Aires,— y cuando digo Buenos / 
la opinión franca y libre del pi 
ayo, del pueblo que resistió á 
1 cenáculo privilegiado en que 
»res vivían nutriéndose de teoría: 
leños Aires, repito, el turiferario 
> primitivo. Nacionales fueron 
sta del año 11 y la Asamblea 
i 1813, centralista también; previ 
ño 15, que puso en una Constiti 
>5 primeros detalles legales de Is 
viscial; nacionales fueron los C 
y 1819, centralizadores de sesg< 
'fuéprovincial y porteño, el gobi 
-atados interprovinciales en F 
bre de 1820; y si me permitís un 
ÍLadora hacia delante, si me perr 
, pasión á otra pasión, un extreí 
}, sin detenerme á justiñcar esta 
é que fué provincial y portefia 
; invistió á Rodríguez con el gobie 
:Ó en 1^2 el tratado cuadrilátero 
ial la Junta que dictó la ley fun 



DE LA KEPtJBLlCA ARGENTINA 

13 de Noviembre de 1824, y nación 
:so unitario de 1826; que fué provir 
n la Cámara, que en 1852 rechazó ( 
San Nicolás, y por fin que diez años 

congreso nacional sancionaba y en 
por una legislatura portefta, la ley 11 
^ederaliaaciÓM. No quiero sincera: 
ícultar verdades amargas pero evi 
;viarme de mi propósito: quiero indi» 
nento de esta opinión: que el impul 
idor de los diez aflos de la revoluci< 
enlace asistimos, tenía origen nac 
ide deduzco este axiomafundamenta 

historia: la indolencia urbana, cara 
muía más avanzada en la civilizaci 
1 de aquellos tiempos, y la resiste 
nocracia, su resultado directo, se i 
esta tendencia peculiar de su ageni 
lismo del gobierno nacional, 
ikhora bien, señores: La revolución c 
itábase formidable y brusca. Doi 
brmes é inconscientes como la obra ( 
'batos, había producido hasta entoi 
nizando sus afines y detestando la 
)anas, procediendo violentamente y 
sanguinarios tumultos y revueltas: al 

como aborrecen los leones la pr 
lismo y la conquista extranjera, desí 
sociabilidad semi-asiática, semi-esp 
pampa, oriunda y argentina en su se 
5, desde la yerra y el círculo trazs 
Lpalía y los cánticos del payador, 



242 LECCIONES DE 

pírítu salvaje renovaba 
le lo nutre en la historie 
1 desertor y el gaucho n 
ilítíco de la extraviada 
udillo valeroso y duro c 
talista, — así venía, sefloi 
ula completa de la otra 
íspotismo y la economía 
;otado su lóg^ica, realizs 
cendio y con matanza s 
encía de su reinado, la 
las muchedumbres. Es 
dle otro nombre si quen 
10 uno, se llama democr 

réis Convengo en ell 

a democrático. 
Investiguemos el seguní 
El partido conservado! 
comunicación de los pu* 
voluciones parciales y ¡ 
prestigio personal, era 
!ntes, que encerraban é 
L las formas estrechas, 
[ofstas, miradas principa 
; vista del criterio moni 
■aban la soberanía y dis 
ntas entidades cuanto; 
mtener un gobierno e 
rreinato, ó cuantas frací 
an dar pábulo & la amt 
las correrías de sus sec 
rtigas, Ramírez, López, ' 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

bal, Caparros, cada uno en su tien 
. y á medida de sus pasiones y ca 
m al impulso descentralizador dai 
interna por los instintos provinci 
ifestaciones primitivas. De aquí en 
do hecho encarnado en la revolu< 
>os: el localismo. 

otro tenían añnidades en los p; 
: las ciudades; pero las ciudades, 

agentes de una revolución trem 
ilizada, que daba margen A la 
I de caudillos ambiciosos y sang^i 
es á las masas que capitaneaban 
1 ambición y superiores en maldi 
n los resortes del terror, sembrj 
ón y la ruina, y poco á poco iba 
> la -espontaneidad de los suyc 

convertirlos en ciegos instrumei 
;oísmo. Este torrente feroz se 
leamente en la República entera 
dsto, y bajo la conducta de Lói 
: y Carrera, cayó en 1820 sobre ] 
siento del Gobierno Nacional, dis 
sablazos. La primera invasión 
5 dio este linico, pero trascendei 
disolvió la nación extinguiendo 
itdad. 

tido recalcitrante quedó definitiv. 
. Luchaba, representado en la 
)adre Castañeda, pero su lucha 
Buenos Aires aceptaba la condic 
revoluciones habían colocado á 1 



244 LECCIONES DE HISTOE 

blos, y sacudida la vergüenza 
mientras tos bárbaros pusieron 
su noble y elevada cerviz, abrií 
dura labor á fuerzas nuevas que 
larizar lo que estaba consolida 
monarquista se disipó en aquel 
pertar. Los demócratas civilizj 
vinieron á dirigir el pueblo en 
que se le abría. Y no era sólo li 
hecho aceptado. También el loc: 
taba erguido y apoyándose en 
ideas profundamente arraigadas, 
montoneras tuvieron lugar en el 
primera tuvo por objeto destr 
nacional: el gobierno cayó y Bu 
sumió su soberanía local. La se 
objeto dominar á Buenos Aires, p 
ambición de Carrera, y los suefi* 
López, que como la mayoría d 
explotaban el localismo de las 
desviaban eri obsequio desús aml 
Aires, conducido á las batallas 
Manuel Dorrego, defendió su au 
cial y las preeminencias de su C: 
Tal es, señores, el carácter ( 
tienen los horrorosos sacudimíei 
durante el cual hubo momentos e 
ticioso romano hubiera exclamac 
el estupor, con aquel acento de& 
nefastos y prostituidos: *los dio 
nanh Y era natural, señores, e 
cultura argentina fué asaltado y 



íepi^buca argentina 245 

impaflas. En aquel primer ins- 
confusión, la moral fué reoga- 
'dinado á la ambición, y perso- 
y toda mala pasión hallaban eu 
into favorable para su desacor- 
ojos se habituaron gradualmen- 
d, y los hechos comenzaron i 
ibra de sus perfiles. De allf 
es definidas y diferencias so- 
partícipe de los rencores y de 
ganaba los círculos, agitábase 
a actividad, no obstante, discu- 
y deslindando los antecedentes 
incias, la unidad y los destinos 
democracia y la civilización 
os acontecimientos en la con- 
riade los pueblos. Dos horrible! 
avesado Buenos Aires: el terroi 
larqufa de 1820. Las revolucio' 
mo si la sociedad ensayará sU' 
s sus hombres y todos sus baO' 
)udiara y ellos se combatierar 
ral y envanecidos despreciado 
y del honor popular. Combates 
nadas escandalosas, silencioso: 
;nos campesinos, humillaciones 
1, todo pasó como una vorágiDt 
/■orar el antiguo orden de cosas 
!ció, cuando inspirándose en li 
triotismo, resonaba el eco dt 
as, que iniciaban una era nueva 
I hecho consumado para incrus 



246 LECCIONES DE HISTORI 

tarle los principios, inclinándose 
dualismo social en la eterna y sacr 
déla libertad. De esta analogía 
resultaba deSnitivamente proclat 
cracia. 

Fué necesario para lograrlo la r 
bara de 1820. ¿Qué queréis, sefioi 
mala fortuna nos amarró al nace: 
vicios y preocupaciones y miseria; 
zación depravada y marchita, bar 
grandeza podemos reivindicar cuai 
el amor de los pueblos bacía dogo 
superiores á su poder. ¿Es culp 
ventura, baber sido colonos de E 
al revés nuestro timbremás gloríoE 
del coloniaje y llegar, por doloro; 
cierto, pero llegar al fin, á la vis 
montaña? 

Una observación final, compleí 
Los caudillos semi-salvajes que in 
tria hubieran sido verdugos de lo: 
sus reformadores. Los pensadores 
cadenados por el deber, y teme 
brecha al furor gaucho que gruflía 
y á las márgenes del Paraná, en Is 
y al pie de la cordillera, no hah 
mano osada la barrera de extrav 
de apegos sacrilegos á lo viejo, ñ 
lo inicuo, que estaba corrompiendc 
argentina, á favor de los círculos, c 
y e[ aristocrático y necio desdén 
venía bautizado en el altar de los i 



,A REPÚBLICA ARGENTINA £ 

dualismo de las fuerzas nado 
por la revolución, que acert 
tadistas, y puso en contactí 
lientos, hechos obscuros y 1 
s, destinados á eliminarlos, 
30 que envía luz y vida sob 
letas que le rodean. 
. rompieron la muralla. Po 
Üorrego: por esa brecha pe 
democracia había vencídi 
luchar en lo porvenir con 1 
ifisible y una; pero la democ 
nsumado y grandioso, que f 
lestruir, y que llevará consi 
mo argentino, cuando los ti 
ostrera gota de su sangre, i 
'ia de audaces republicanos. 
y, seflores, también el loca 
Todas las provincias se ai 
a vencido á Ramírez, ha ene 
Santa Fe, y se reconcentra 
a reforma democrática, qu( 
itro estudio en la próxima lee 
res, que la sanción sangrier 
Y el hecho histórico que pr( 
i\ de Rivadavia, puntos de ] 
ración argentina, son dolí 
frimientos sin nombre y sir 
:minentemente popular y co 
ecirlo? fruto regado con la sí 
, que si nos arranca lágr 
ivanecernos, porque pueblo 



248 LECCIONES DE HISTORIA 

no de este mundo, partiendo de tan b 
con recursos tan mezquinos, ha recor 
con rapidez comparable la ría dolon 
se purifican y la escala espinosa que 
la libertad. 
El pueblo argentino no es deudor de 
Su libertad ha sido comprada á pt 
sangre en medio siglo de desventuras 
el escándalo y admiración de las futur 
Y ya que hemos visto evidente y c 
fecundidad entrañada por esta coinci 
tre la fuerza bruta que procede por hec 
truosos y el patriotismo ilustrado que h 
y regulariza, permitidme deducir la mí 
nentemente civilizadora y fraternal, 
mi conciencia el corolario de la hist( 
tina: La revolución es obra de todos 
la acción universal de los hombres y 1 
y hace Invencibles en el porvenir de : 
la democracia, esperanza suya y d 
porque es la ley de la naturaleza apn 
organización de las sociedades. 



LECCIÓN XVIII 



lúN PROVINCIAL (182M821): Situaclún Teluiva d« 1 
ifts, PaclDs ÍDlerprovÍDci&les. RelAcioncs exterior 
lí democrdllcft. Tendencia cenlralizadotn de R^^ 
[reíai del país. Tentarivaí de reorcanlzacldD nac 



afiORBS: 

taca en el período que me va á ocu 
ocia del espíritu reparando los desi 
:luyendo las creaciones del brazo nac 
ilización apoderándose del hecho real 
barbarie, y enseQándonos una vez n: 
:oria, que no ha puesto Dios en lassoí 
lerza alguna que les sea estéril. Las i 
laB tienden á rehabilitarse destruyen 
lante error que las corrompe, y si mi 
indores de buena fe y de buen sentido 
1 las almas en las crisis, sobreviene la¡ 
se moderan los extremos. Los puebl 
ios respiraron desde 1821 hasta 1625, p 
ilismo social que los enfermaba se me 
toriamente.... Transitoriamente, digo 
:on dolor; pero no quiero prevenir el 



250 LECCIONES DE 

tro. Otra zooayotrahonda 
tendremos que recorrer m 
teatro en el cual actuaron 
vertiginoso como Quirogí 
bárbara de Rosas. 

Reconozcamos, entre tat 
dita la cordura y patrioti 
ráneos: el de haber endere 
futuro, tomando por pui 
cuya contradicción habría 
los estragos de la guerra ( 
nalidad por una revoluciri 
entraban hasta lo profund 
de los campos, y que rer 
múltiples y arrogantes pi 
por decirlo así, toda InSue 
caminos se abrían hacia la 
recto, pacífico y fecundo: 
estéril el otro. Este coi 
adarga y correr á domar 1< 
soberanías locales, y reci 
dad centralista y retardat 
El opuesto era aceptar la ( 
incoherentes productos d 
por medio de una reforma 
lidad deseada, dirigiendo 
nión ya disciplinada en el j 
De esta manera, implanta 
vuelta la fuerza social en 
cionalidad habría llegado 
un fenómeno: una aspirai 
de los pueblos, en vez de 1 



EEPtÍBLlCA ARGENTINA í 

ntimiento publico ó un capr 
noble sin duda y glorioso, ] 
do no aborrecido por la mm 
?rtad, además, era para el h 
a musa, pero en ninguna mat 
\x, que basta entonces habí 
;recho. Ved ahí dos verdt 
n evidentes como amargas, 
aciocinios para comprobarlo 
o no se había revelado h. 
on sus formas conservador) 
o del centralismo ^irreal, sie 
i, el tópico que instintivam< 
i mano de los partidos desde 
llénelas políticas de 1810. E 
rida hasta la revolución de 
la uniOn fué violenta cua 
los gobiernos generales vii 
;1 de Pueyrredón y el de Alv 
:apital como el de Alvare 
despreciados como el del i 
Era por consiguiente, temer; 
lecerlos sin despertar pre 
■ovincias las necesidad de 
ísesidad era correlativa con 
tra no menos grande y legíti 
tensamente sentida por el j 
a en el espíritu ilustrado ca 
en el ánimo agreste y altan 
traba la pasión. Me refiero 

a que presidía las elaboracio 



252 LECCIONES DE HIS' 

de la generación revolucionan 
infinito reflejaba el brillo de s 
para en las perspectivas del { 
biera querido, siguendo los pe: 
en la raya de los dos océano 
hasta el Istmo,trazar un circuí 
s^icas para traer el colono á 1 
héroes. Seguía el argentino si 
tes, que los condujeron ardieni 
Suípacha y Maipü: prestáronl 
atmósfera de las cordilleras, el< 
zón y fíjaban sus ensueños- ] 
amor. Ese amor el principio d 
ni la gloria marcial que ilustr 
vence á los tiranos, ni el amor 
liga nuestros ideales con nu 
bastan, señores, para abrevar 
dientos de la justicia. ¡Cuántas 
ducido en la historia el aciag 
Francia bajo el Terror, de V 
prerao Consejo! Cuántas despi 
tiranos, perseveran los pueble 
Las tiranías no siempre residí 
en los déspotas, sino en las s 
impotencia para la libertad! , 
Francia, no murió el manso L 
republicanos? No quiero dec 
mera década revolucionaria, 
desafueros tan brutales como I 
republicana y el Paraguay ci 
portado después que sus tiraní 
do; pero sí haceros notar, que 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

en fracciones, una de las cuales se som 
caudillos irresponsables, la otra á gobie 
ey constitutiva, usurpadores ó depositi 
a soberanía, centralistas y conservad 
máticos de los resortes coloniales, mal 
e su heroico entusiasmo por la libertad, 
lo de su independencia, de sus himnos 
glorias, iba envuelta en el despotismo c 
ición, del hecho radicado y de la ignora: 
nás consuelo y fortaleza que sus enérg 
ios. Realizar la libertad organizándola, 
lo los pueblos y moralizando las camp 
. identificarla con la sociedad y la coni 
personal, era deber urgente y sagradi 
lombres en quienes confiaba y el medí 
< de llegar & la nacionalidad. Una vez r 
os los centros pai'ciales en que la revolu 
Ita al país, con principios y costumbres ! 
Qor su luz, la opinión activa y sefiora hs 
cho el ancho templo que la convulsión 
se daba prisa á demoler. En 1821 predoi 
solución transitoria. Rivadavia vino á t 
con luces superiores la honesta lealtac 
irnador Rodríguez, conjurando en cuanl 
» á la política, todo peligro exterior, ai 
ido la revolución con el acatamiento de 
luctos, y entregándose á la reforma de la 
ia que estaba destinada A servir de nucí 
iconstrucción nacional. Voy á trazaros 
[ro siguiendo sus líneas prominentes, 
lies son innecesarios á nuestro objeto, 
Ición y la monografía los conservan < 



254 LBCCiONEs DE ms 

lemoria, así en este período < 
esta por estudiar, circunsta 
iza á agruparlos por afinidad 
a doctrina. 

En Agosto de 1821 estaba d 
izada la paz del litoral. Sur; 
larmantes diferencias entre I 
reRíos, relativas á la intelig 
nteríores, pero la buena fe d 
onsiguió cortarlas. Las pro 
onservaron su situación resp 

las estipulaciones del tratad 
aenzaban á reunirse en Córc 
leí Congreso Nacional. Dije 
lOcas esperanzas abrigaban 1< 
,e este nuevo ensayo constil 
onfianza subsiguiente á tanto 

agregarse en la época que tr 
linar un alejamiento univers 
lea predominante que la car; 
on efecto, de darse suelta á 1 
ara que á la vez que se conv 
rgentina de las vitales exige 
an fuera dable á cada pueblo, 
iuenos Aires, consagrar su e 
la local, — la reconstrucción i 
or el Congreso de Córdoba, 
ios inconvenientes. O bien 
fortunado, hubiera restablec 
cialmente la unidad, actualm 
ien, en caso de ser desgracia) 
luevo desprestigio y colores 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA ! 

Tavorables sobre el principio que enea 
e todas maneras, era prematuro. El pa¡ 
itraba desorientado. El amor que consí 
i comunión nacional parecía desvane 
I embate de las revoluciones, desnivel 
ie todo los elementos políticos, que aui 
)an órbitas trazadas ni caracteres tangil 
nbargo, los pueblos no tenían resortes I 
le pulsar para resolver perentoriamenl 
ion. Habíanse comprometido en aquel 
le organización. ¿Cómo retroceder? But 
comenzó declarando por medio de la 
lira el 15 de Septiembre de 1821 , que en 
nitado el mandato de sus representanti 
ninar el sistema bajo el cual debia coi 
un Congreso Nacional con amplias fací 
nstituyentes; y terminó por retirar sus d 
lo cual hizo abortar aquel pensamiento 
como generoso. Este procedimiento ri 
ario en sí mismo y en su fin, colocaba 
icia en una situación más avanzada t( 
e la iniciada por las sediciones de 1816. 
ptaba abiertamente el contagio deseen 
rompía las formas legales y continuab; 
icíón resistida hasta 1820, dándole un ca: 
finido. Las representaciones anteriores 
t carácter nacional, y estaban exentas d 
mía de las provincias. El año de 181. 
blea le dio á este principio sanción c( 
mal, y el Reglamento de 1815 que revi 
stinto carácter á la Asamblea que cor 
ao obtuvo reconocimiento de parte dt 



256 LECCIONES DE HISTO 

□ación. La unidad, por consíg 
sido inturrumpida en su pred 
nal y legal. El procedimiento 
ratíTo y revolucionario de Bu 
usó de su soberanía sobre la 
cionat, importaba el triunfo de 
provinciales de 1^0. El insti 
que apareció el año 16, se arri 
gar á tener al cabo de los desast 
más completa en la misma ca 
aftos, tan satisfecha y orgullosa 
vivir dirigiendo la nación y som 
á los poderes emanados de la te 
blo argentino 

Disuelta de esta manera la i 
vincia siguió su rumbo ó su s 
predominara en ella la opinión 
sus caudillos. La provincia d 
tituyó en 1821, instalando pacfí 
bierno local. 

Por la misma época y hasta I 
rra civil, si bien circunscripta . 
porciones, en diversas localidat 
comenzó á hacerse visible en 
Rioja un terrible personaje; en: 
los hábitos campesinos, destiuí 
uno de los períodos más sangri< 
sos de la revolución argentina 
estatura y proporcionada corpu 
greflada cabellera le arrancab 
de las cejas, y bacía marco á si 
cerrado por el arco de su crán 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 257 

lal se destacaban dos ojos cuya fuerza no s( 
isplegaba sino en la irritaciún en la cólera ( 
i las emociones del juego, su pasión favorita 
enta la expresión reservada y perspicaz de 
impesino; y al ciego valor del gaucho malí 
unía la crueldad febril de los caracteres gran 
!S y funestamente apasionados. La concien 
a de la fuerza y la vanidad indómita de st 
ituraleza genuinamente agreste y brutal, U 
breponían sobre las masas, y en pocos pechoí 

anidó con mayor ignominia la voluptuosidad 
A despotismo. Aquel hombre había luchadc 
m el tigre, había despedazado las rejas de si 
isión, sembrado el espanto por pagos pro 
os y ajenos, conocía media República palmo í 
limo, y era adorado como el mito gaucho ei 
irras, pulperías y payadas. Vestía el traje d< 
3 pastores argentinos, no lujoso y á guisa d< 
¡liberada condescendencia como Güemes, sinc 
iro y legítimo, tosco, sucio y desgarrado. Nadit 

superaba en destreza sobre el caballo, íl nc 
r Rosas. Aquel hombre se llamaba Juan Pa- 
ndo Quiroga. Si queréis conocerlo en los 
sortes más íntimos de su vida, y estudiar con 
¡leite su horrorosa historia, yo os recomendara 
Facundo del sefior Sarmiento. Difiero en apre- 
aciones fundamentales con este distinguidc 
^nsador; pero si Quiroga necesitara para vivir 

la memoria de los pueblos un libro, ese libro 
1 está escrito. Quiroga y su biografía son dos 
[nortalidades inseparables como Plutarco y sus 
irones. El caudillo comenzaba recién en 1821 



25e LECCIONES DE 

á formar su siniestra cele 
los que han capitaneado 
incluyo Á Rosas, hombn 
originalidad personal, nin¡ 
ñcado su elemento social i 
como Quiroga. Su apari 
niendo en armas con brío 
todos los rencores y crue! 
parecía sumar en su co 
partida de los escándal 
habían de desenlazar el pt 
en el litoral. 

Este, mientras tanto, cor 
so prudente de la revolu( 
En 25 de Enero de 1822 
entre Buenos Aires, Santa 
ratificado más tarde poi 
por largo tiempo la base 
bajo el nombre de Trat 
objeto fundamental era í 
de las provincias contratai 
buscaban desde el primer 
tarlas para emprender la i 
trativa y política, que les 
aceptada la democracia co 
no. La administración di 
con él la tranquilidad que 

Este pacto era algo más 
za y algo menos que una c< 
cía en toda su plenitud h 
exterior de las cuatro 
vedaba ejercerla en el i3 



DE LA REPÚBLICA AHGENTINA 259 

' previo y expreso de todas las de 1 
□cipio aplicado con especial severidad 
se relacionara con el resto de los pueblo 
íos. Sin embargo, los intereses comune 
s cuales le^slaba, los intereses de carác 
onal, digámoslo asi, no tenían represer 
xterna y normal. Sin dieta federal, sin er 
i las relaciones exteriores en corporació 
stratura alguna, aquella singular confedc 
enía que proceder por adhesiones parcit 
tos aislados en los asuntos de más suprt 
dad. Inútil es discutir la gravísima ii 
encia de aquella organizaci<}n. Si cad 
hombre, mirando aisladamente el mism 
10 percibe sus formas con igualdad, ya s 
rá qué profunda discordancia anarqutz 
iones, cuando desde distinto teatro, co 
modifícado por una atmósfera especia 
lina el mismo problema, buscándole solt 
anime. Y á fe que solemnes cuestione 
es se presentaban á la sazón á un pu( 
: podría decirse, estaba sosteniendo do 
, y en jaque siempre con la solidarida 
sa de las monarquías europeas. Sea 1 
era, señores, el hecho es este: en la S( 
interior, los pueblos contratantes ge 
le la más franca independencia, pero e: 
iciones exteriores, y más aún en su 
ísimas relaciones, que llamaremos ai 
i, el pacto la restringía, sin darle repr< 
m estable, ni otro medio de ejercicio, sin 
adas negociaciones y convenios del me 



260 LECCIONES DE HISTORIA. 

mentó, que á la vez entorpecían 
traían consigo el peligro de disolv 
el primer desacuerdo. Nada se es 
pecto de la futura organización naci 
no envolvía sino promesas vagas, i 
rengota en la representación argei 
arbitrio deferían los pueblos inte 
vertidos, y aquel acento respetuo: 
nombre y el amor de la patria en 
en medio de la revolución, tan pr< 
horas de mayor discordia, antes qu 
salvaje arrebatara su habla á la 
su gesto al sentido moral, que huí 
que en medio de su vanidosa in 
acongojaba á los pueblos como al 
lento una incurable nostalgia del hi 

De las provincias litorales tres 
prudencia, aunque aceptaron div« 
Buenos Aires, Entre Ríos y Corriei 
últimas sancionaron una constituc 
tre Ríos en 1822 y Corrientes en 
davia dirigió la provincia de Buei 
distinto camino. 

Repugnando aparentemente la ii 
una ley caprichosa, sin anteceden 
orgánicos de acción, creyó preferib 
modesta en las apariencias, ardua, 
y trascendental, como seguramentt 
tarea literaria que acometieron lo 
y contemporáneamente varias de Iíi 
Esta reforma debía preparar los el 
les de una futura ley constitutivj 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 2 

!5 exacto, que Buenos Aires, dánc 
íes propias, asumía un carácter ar 
la vanidad urbana de los porteño 
:uencia, prestaba fuego á los instii 
poderosos; y que Entre Ríos, Corr 
Salta, dictando la Constitución y 
Istados, le daban al principio fed< 
clones de un hecho consolidado. A 
le daban una base l^al. Una lej 
ledida con fervorosa instancia poi 
, trajo á la patria á los proscríp 
mdas heridas en las almas, y pus 
; la revolución pacífica que se cor 
perseguidos y fautores de tanto es< 
lo. Cuando las resistencias del par 

llegaron á traducirse en sedicic 
>rimtdas con respeto hacia las for 
arantidas con la publicidad de 

establecida. Así aconteció en 18! 
i intentos del Dr. Tagle, que no m 
ernos. Después veremos su oport 
prenderemos su naturaleza, 
rreros argentinos capitaneados po 
; los Andes vencieron en 1821 la re 
aflola del Bajo Perú, apoderándose 
I ministro Rivadavia al presentar 
ala noticia de aquella nueva victi 
deras nacionales iniciaba una poli 
ealmente pacífica. Rechazando t 
e sumisión y tomando por punto 

cmbre de 1821. 7 d« Mayo de 1822. 



262 LECCIONES DI 

mira y de partida el rece 
pendencia nacional, su ci 
tiadora, realizó en Julio 
preliminar, que á pesar d 
corte de Espafia, puso t( 
trece años de heroico mai 
blo, cuya sangre y tesoro: 
DOS de cinco naciones ex 
Estados Unidos y la Ingli 
les relaciones, que prestij 
exterior, si no los resulte 
tendencia y la profunda i 
la marcha del país. En N 
recibido el seflor Rodne 
leí gobierno de los Esta 
"ué acreditado ante el mis 
También celebró un trat 
:on Colombia el 8 de M 
:n 1821 la torcida inten 
pretendía cambiar el reco 
pendencia por la soberaní 
Declarada en 1822 la inde] 
:uesti»ín oriental adquirí 
]ue reclamaba suma prud 
jrometer el litoral en meí 
li menoscabar la honra ■ 
/incia oriental fué incoi 
:823, como lo había sido 
lufragio falsificado de s 
erritorio estalló la guer 
jortugués Costa Macedo 
-ecor, que se disputaban 



LA REPÚBLICA ASGENTINA 263 

ircas, y el Cabildo de Montevide 
•ctubre de 1^3 se echó eo brazo 
de Buenos Aires. La guerra parí 
; entusiastas orientales y un fuert 
litoral que llegó hasta la revolu 
1 gobierno entrerriano del generí 
marchaba de acuerdo con el d 
chaban por llevar la cuestión s 
batallas. Largos y bien intencic 
i en la Junta de Representantes 
dientes en la activa prensa á 
, agitaban profundamente la opi 
inó el sesgo pacífico, y el seño 
Gómez fué acreditado ante el go 
il (U, á fin de retardar la guerra, s 
evitarla. 

do de esta manera las pasione 
en la República por la revolución 
aizar esfuerzo por conservar L 
lar las relaciones extranjeras, e 
Rodríguez, al cual ha dejado si 
avia su inspirador, ejecutaba enér 
vasto plan de reforma, sobre e 
; reconstruirse la nacionalidad, ; 
i estudiar. 

11 

á la obra, renunciando ante li 
esentantes las facultades extraor 
ue había sido investido el ejecuti 



264 LECCIONES DE HISTORIA 

vo en el período de Balcarce, estimu 
determinar su carácter y aumentar e 
íie sus individuos proporcionalmentf 
ablación del país y su propia respe 
os leyes dictadas por la Junta resol 
lestión y fundaron el gobierno det 
>bre sus bases regulares. Por la prin 
iclaró extraordinaria y constituyen 
tndo duplicar su número; y por la se 
'glamentó la manera de elegirla, estal 
sistema de elección directa y el sufi 
;rsal. Más adelante í^) se ordenó la re 
lual de sus miembros. 
Estas leyes por la primera vez pro 
íspués de la revolución y acreditad 
ntimiento público, echaron los cim 
gimen democrático, iniciando, á la i 
den armónico de los poderes, el jm 
)íntón en las sociedades Ubres. B 
ista allí por las formas mixtas y c 
le no le daban salida legítima, no • 
impo para manifestarse, sino las sed 
s escándalos. Siempre combatida y 
ivada de medios legales para luchi 
leltas se encadenaban como los des£ 
s errores. El ávido sentimiento de libi 
lidaba el corazón del pueblo, se apa 
itusiasmo de aquellas conquistas, cu] 
:s formas halagaban la pasión de los 

1) 3 de Atosto de 1821. 
i) 14 de Aíosto de 1821. 
i) 2B de Noviembre de 1822. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 265 

y el sacro deseo, latente en algunos, pero vivo 
desde el primer día que las muchedumbre! 
vinieron á la actividad. La lucha irregular di 
los bandos había pervertido las conciencias ei 
cuanto al ejercicio de los medios de acción has 
ta entonces empleados. Hemos visto los motine; 
obscuros y sin bandera reproducirse prodigio 
sámente al abrigo de los grandes conñictos di 
1820. Pero el sistema electoral era para aquelli 
generación un campo inexplorado, que revestí: 
tanto de sagrado como de bello y de nuevo 
Entraba en sus luchas con el sentido mora 
intacto y puro. El fraude y la violencia hubié 
ranle parecido el más repugnante sacrilegio 
Ignoraba también la táctica por cuyo intermedií 
se mistiñca la opinión y se falsea juntamenti 
con el sufragio el principio de legitimidad que di 
él reciben las instituciones democráticas. Levi 
tas recién ungidos -hubiéranse estremecido df 
llevar la abominación al santuario. Todo concu 
rn'a para que el deber conservara su imperio, j 
tranquilas y espontáneas fueron las primera; 
manifestaciones del sufragio popular, no porqut 
faltaran grandes pasiones en pug^na, si reparái: 
en los intereses que la reforma general compro 
metía y que lucharon encarnizadamente en If 
elección de 1823,sino porque el voto público aui 
no se había desprestigiado por la relajación de 
sentido moral, que es el vicio enorme que tras 
mite su impureza á lo más sagrado y grandíos( 
de las libertades democráticas. Esta ley llegó i 
ser impotente muy en breve para contener e 



266 LECCIONES DE HIST 

desorden y ha sido objeto de d 
defenderé muy encarnizadaí 
: notar que ella rigió tos act 
ifragio popular en los primer 
> fué tan mala como los homb 
ban. Por otra parte, toda ( 
eficaz: sin moral y buena fe n< 
)sible. Complicad cuanto qu 
o; poned al soberano bajo tute 
1 actitudes suspicaces y desc< 
udadano si la buena fe esta | 
irá el ingenio, y entonces del 
urán la mano y tejerán laur< 
)res de la soberanía popul: 
ifiores, sí me he distraído. 
Decía que aquellas reforma 
íbiemo representativo republ 
írmosa franqueza que debt 
leblos virtuosos. Ni teníame 
ir balances electorales, ni pí 
ira evitar la prestidigitación 
ector y la urna, ni soldados a 
ner al ciudadano en la mesu 
taria que garantiera el der 
:guridad de las personas, ni la 
lían, ni los templos se cerrabí 
inores, el primer acto electora 
I celebraba al pie del altar ] 
;urrían pacífica y gravementt 
an altísimas funciones, sin t 
n talante guerrero. Las emoc 
itremecían á los contempon 



-A REPÚBLICA ARGENTINA 

inviolablemente conserva 
ntemplo como una sombra 
mpre fija en los recuerdos 
liñez y la juventud, el de u; 
alma baSada por la más e 
áofía, la filosofía de la resig 
LTecía llenarse de savia vai 
;ber republicano, cuando s 
a edad se inclinaba ya á h 

la fatiga y la vejez. Muc 
■aréis su nombre. Yo pago 
recordándolo; porque cuar 
intarse desde el fondo de i 
: de un principio santo, <5 
í la suave reminiscencia i 
á la espalda, es que vive 1 
o j pobre maestro á quien ; 
[a mientras fui nifio. En s 
el espíritu superior, que hab 
lución y presenciado el espe 
tras desgracias, hablábam* 

invierno, frente á la inmoi 
aba sin prisa y sin amargí 
US bellas ilusiones y sus 
ncantos, hablábame de la 
anza su voz tomaba el 

la muerte 6 la sonorida 
juilo como el justo, para qi 
msparentes en la última 
adro á mi vida, que era pan 
ma... Ese anciano, diputado 
as y congresos, autor de la 



268 LECCIONES DE HISTORI/ 

crédito público provincial, opule 
en otro tiempo, mantuvo su senecl 
baio diario y murió mendigo y oIt 

e Manuel Pinto Sobreviv 

íes el sentimiento del deber < 
igún halago de la vida era I 
lenetrar hasta aquella grane 
con Dios y la virtud, sOlo el 
)vla, y en medio de peligros 
jtías siniestras, subsiguient 
irdinarias de 1852, el pobr 
onó su deber de ciudadan 

rales Los soldados y lo 

o le abrían paso y descubría 
;naba silenciosamente su vot 
; los primeros tiempos fiel á 
^nesis republicano. El pres: 
inio popular de Buenos Aire 

de sus labios amargas p 
;, contrastando espectáculo 
s. Cuando tan honda é irrev 
ejaba en el espíritu de los 
imíento de la soberanía piit 
alta forma, fácil es apercibir 
ipatías que la rodeaban y el i 
randioso que revestía. 

1 era el punto de partida de la r 
principios, como se ve, ilumi 
lan los hechos. El gaucho q 

la política, y esta intervenc 
r bárbaros recursos, era no: 
pción del sistema representa 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 269 

tilecido además el Poder Legislativo en 
idiciones genuinas, las ramas de la auto- 
iocial quedaban divididas y funcionando 
órbitas peculiares. Satisfechas por esta 
i las exigencias primordiales de la liber- 
lerezd el gobierno sus vistas hacia la ad- 
aciún económica de la provincia, irregu- 
10 lo habia sido la marcha de los gobiernos 
irácter de Buenos Aires respecto de la 
, Permanecían de pie todas las ofícinas y 
s administrativos del gobierno colonial, 
ndo sus fueros y multiplicadas preemí- 
s. Los gobiernos revolucionarios hablan 
3 el impulso de urgentes necesidades para 
entas, sin reparar ni en la deuda inmensa 
e sobrecargaban al Estado, ni en el des- 
jue introducían en la administración. El 
liento de la reforma se reducía á una fór- 
reve ; concentrar y simpliUcar (" . Reasu- 
se sucesivamente en un centro comün 
as antiguas oficinas: se estableció la san- 
nual del presupuesto ffl ; se uniformó el 
ito de las aduanas, reformando las leyes 
tido liberal t^' : reservóse á la Legislatura 
litad de establecer contribuciones y se 
ció la directa <■" : se suspendió el emprés- 
:retado en 1820 (^', y consolidada la deuda 



isje del 4 de Septiembre de 18Í1, 

reto de X8 de A«osto de IBZl. 

es de 4 y ll de Diciembre de 1821. 

it de 31 de Agosto y 3de Septiembre de 1821, 

Septiembre y 17 de Diciembre de 1831. 



LECCIONES DE HISTOR 

a la tJe O rigen y destiní 
ida la Caja Nacional ie 
\ ruinosa operación ño 
creado el crédito públic 
e se autorizaba el 
acó de descuentos, p 
') , y se facultaba al P, 

> 6 fuera del país un 
oaes, destinados á la < 
el establecimiento de 

iud y la dotación de a 
l(W. 

> de vista resaltante 
iignado en las palabrí 
; acabo de citar. Tent 
eníralismo rentístico y 
uprimía todos los an 
s de colectar y distríb 
ogados por la liberal 
lucía, sino que ya el 1 
ít<5 á los Cabildos sus 
o. El gobierno tomó so 
los impuestos munici] 
directa en sus aplicac 
ueran sometidos anua 
Jel Ayuntamiento. 

o tiempo se consagró 



: 30 de Agosto de IB21. 
de Noviembre de 1821, 
de Noviembre de 1S2I, 
de Octubre de 1^1. 
le Junio de 1822. 



DS LA REPÚBLICA ARGENTINA 

' aparato militar, que insumía 
Tarío, sin darle al pa{s ni respi 
i. Nuestros ejércitos eran pe 
Techados. Sólo la paciencia y 
tusiasmo patrio que los aliment 
*e santa, pudieron darnos los 
ias que conquistaron en quin& 
crudas é incesantes. Pero nue 
T era insoportable para el país 
e ardor en que la llama bélic 
t>re todas las almas, y la guei 
abierto á las aspiraciones poH 

y generosas: en épocas tai 
vas facciosas, en que los bi 
in adeptos acariciando vanidaí 

había llegado la corporación 
I fabuloso. El gobierno puso i 
premió en cuanto le era dado 
honrados y leales veteranos 
escefiido la espada desde 1810 
©portables proporciones el pr< 
;rra, dando su retiro á los que 
;ro requerido para la defensa d 
reforma acometió respecto d 
; civiles. Trayendo la adminis 
o común, era consiguiente la 
impleados ; y librando al erar 

gastos que demandaba la anl 
alancearse pronto sus recursos 
romo lo comprueban los estad 

le U de Noviembre de 1821. 



'Z?l LSCCIONES DE HISI 

snalmente dados á luz en lo 
época por la tesorería general 

Esta mejora sensible en la 
ponía á servicio de las miras li 
doras del gobierno una gran s 
aumentada con la cooperación 
blo. En las breves horas de qu 
ees logradas, así como en los i 
cuando Moreno j Belgrano ei 
Clones de temple tan diverso, \ 
en el fondo, — poco á poco, ibaí 
elementos de civilización, á los 
consagró desde 1821 todo su i 
tizándolos y dándoles impulso ; 

Vosotros sabéis, señores, co 
ción combatieron los primeros 
cura domesticidad del colono. ' 
tista abomina el extranjero. La 
de los días del Redentor, faná 
ción y orgullosa con el mon 
tramaba complot, si oía de los 
Rabbí, aquella palabra nueva 
judío, como era nueva y grar 
no y para la antigüedad entera 
el pueblo, ni la nación, sino Is 
y hermana á la confesión de ] 
de una ley universal y común 
tiana ha rehabilitado al hombi 
sión á su amor. Pueblos decad 
go, y olvidadizos del espíritu, 
taba en el sable ensangrentado 
han levantado tabernáculos á 



I REPÚBLICA ARGENTINA 

la China pagana, que ha 
lavitud en el Paraguay, y 
España en sus colonias, c 
iservadora de sus iniquidí 
do de los pueblos contra 
nación, funesto para sus rej 
orgullo. Improbas tareas t 
> en Sud América, y á m 
ución, veíanla renacer de cui 
10 una reminiscencia odio: 
<s sin ventura. Cuando á ] 

XIX, el pensamiento argei 
Incubando teorías reforma<J 
omía rural, ningún espíritu 
a indisputable de regenera: 

coloniales, con fuerzas y i 
; lejos de absorbernos, al alii 
í suelo, se modificarían y n 
£ social, imprimiendo al 
y el carácter simpático dt 
■venir. Entre las preocupad 
la razón, señalemos una qi 
vanidad de los pueblos y 
res entre los hombres : «el g 
ieso, señores, que no lo entie 
ifícación de esa palabra de ; 
ad, cuando me coloco en el 
róeos vulgares, cuyo encad 
ener sus visos de lógica, po 
inos que toma como leyes no: 
pero,ásolas con el instinto ñ 
y la humanidad, yo no lo en tic 



274 LECCIONES DE HISTORU 

sellores. El hombre de Rusia y del 1 
como el francés, y el asiátíco como 
¡ne inteligencia, sentimiento y fu 
tlvedla por medio de la educaci 
oral, y toáoslos hombres serán ig 
ideal, y sólo los principios absoli 
erecea atraer el amor del hombr 
,rgo, por conservar el genio na' 
1 un escritor español de nuesb 
ibre aldeano de su país, la creeni 
ergüenza de llamar poética, de ' 
do de la bermita disparó un tral 
salteador de los caminos: por 
nio nacional está inmúril la 
rílización secular, y por el mi; 
■bierno colonial había infundido 
:a, odios acerbos contra toda ra 
>s primeros revolucionarios, des 
comercio los mercados argentii 
cooperación del hombre de oti 
anto desenvuelve las sociedad) 
tividad privada, ya por su conc 
rvicios piiblicos. No obstante, 
íz muy profunda. La Constituci* 
1 Corrientes en 1824 consigna 
rminantes y bárbaros contra el i 
lal no admitía, sino á condic 
■nfinado en Goya, especie de c 
ye¿ le destinaban. Et pensam 
ita, que dominaba en Buenos A 
tenerse en tan necia terquedad 
de Agosto de 1822, se dictó 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA " 

P. E., á propuesta suya, para esl 
rríente de inmigración, que aume 
m nacional y diera impulso á 
a industria. Al mismo tiempo se 
producción, fundando juntas bf 
L del ministro de gobierno, encar{ 
irla industria y el comercio; <■> 
tro orden, aprovechaba las luC' 
3 extranjeros, instituyendo el D 
'. Ingenieros <2J . 
\gosto de 1821 se decretó el estal 

una Bolsa de Comercio, y i 
i Legislatura la elección directa c 

Consulado mercantil. Inútil es 
a novedad entrañada por esta li 
de los principios liberales, sol: 
marrada basta entonces al rég 

atendré tañipoco en las declarac 
ilidad de la propiedad (S) , y segu 
(*i cuya infinita repetición desc 
gobiernos patrios, demuestra p 
guna eficacia de las leyes, cuan 
)S poderes y la conciencia de ios 
prestigian j defienden. No se i 
declaraciones sino cuando son 
> aflos de sacrificios no habían ba 
: prácticos en la tierra argentii 



e Sde AsoaCodelS!). 

de AEosto. Decreto de 23 de Agosto de 1821. 

alo SI de 1832. 

c tláe Febrero de 18». 



• 276 LECCIONES DE HISH 

derechos fundamentales del lior 

Bajo otros varios aspectos, de 

antes de resumir este juicio, 

provincia. 

r\_. — -rámonos en la ilustrac 

Q primaria. 

mera manifestación d< 
ú sublevarse contra la 
el fomento de las luce 
ifios, medios altamen 
\\ individuo de la indol 
& la sociedad de la 
irimiera. Dos grandes 
este respecto: ensañe 
, y fomentar el cultiv 
d adulta. Tiene el hom 
5 calidades de imagin 
:er, que ha sido constan 
enómeno de manifest: 

grado de su cultura 

1 poeta vive de adivic 
■ vive de la reflexión 
J á lord Byron en la so 
, sin su cielo tormentos 
ulos de la mar en que s 
ando con su dolor ó su 
habéis muerto al poetí 
erría desterrándolo d< 
misterioso, su rayo de 
ina cresta de las monta 
:e en el silogismo. Lit 
tgica incoherente de la: 



LA REPÚBLICA ARGENTINA 277 

arte el fuego sagrado, que pide su 
o, pulsa la lira y entona las melaa- 
mbres de Job, ó rompe el mármol 
3re el lienzo y se pasma ante su 
5n, Moisés de Miguel Ángel, María 
Jrbino. ¿No os parece, señores, una 
irando la vida y una ñcción fabu- 
ladro de los pastores de Arcadia, y 
;lla Grecia poética de las edades 
Así el pastor ai^entino refleja ín- 
ndores, cuando abre sitio á sus 
ticos y á la encarnación ideal de su 
:o en el Homero y el Osiam de núes* 
Santos Vega el payador, 
el credo revolucionario en los la- 
¡flos en forma de cantiga popular, 
[>er su broche el alma de la gran 
ivaba el susurro del manso Paraná 
i la musa de Labardén; y eo el día 
rrojos de la sociedad apenas libre, 
u estremecimiento en el canto de 
y salmo de la patria, de entonación 
la lira olímpica vibrada por la lan> 
uciÓQ. El argentino es poeta. En su 
;go volcánico, entusiasmo dentro 
gor en su palabra. El grande ideal 
autiva. Habladle de la libertad y 
is héroe: habladte de los grandes 
as causas, de los grandes derechos, 
ogoso y apasionado como por su 
y por su propio derecho. El mártir 
lece sus ñbras: llora sobre la tumba 



278 LECCIONES DB HISTOE 

de Abraham Lineóla, y cree go 
porque la ama, cree dominar la 
la vislumbra.— Condición de poe 
bellas y grandes almas se sal 
adoración fntima de sus visiones 
la esperanza. Así vivió Platón de 
del amor fantástico. El detalle, 1 
deber correlativo á aquel derecho 
se disipan entre el resplandor de 
zonte que se corre ante su vista, i 
de nubes que modifican la luz. 
la práctica y le martiriza la in 
cíente. El entusiasmo del d(a ah 
rancia de la víspera. Nuestro m 
provisado. Edificando sobre esp 
rematado en teorías, y la horribl 
realidad, ha quedado reconcentr 
grandes principios sin medios de i 
de oradores y poetas, Henos de 
siasmo, llenos de nosotros mismc 
do que dormita bajo el manto 
Perdonadme esta forma de mal gi 
sobre las alas del águila: que no 
al cielo y mire mejor hacíala tiei 
la fiereza poética de una raza ii 
ardiente: filtrar en su alma los mi 
incorporándose sus secretos y hal 
levantar sobre la observación y la 
tíficas los medios de actividad, qt 
principios y los hacen fecundos,- 
juicio, y parece haberlo sido en 
grandes estadistas nacionales, la 



DE LA REPÚBLICA AKGENTl 

)sa, que debe transformar 
iooaria sociedad. Si á esi 
:s añadís la ley común á 1 
! la preparación del homb 
' la función suprema del ri 
nía; si añadís otra ley no n 
ncula al desarrollo pleno ; 
lades el desarrollo del ind 
io metódico de sus fuerzas 
r físicas, habremos abrazai 
cación, y especialmente C( 

1 de educar al pueblo arge 
suprimir sus vicios, sino 1 
ditación, para rectiñcar í 

tiempo de sincero etitu! 

no podían mesos tan gra 
)licitar un esfuerzo, 
ñas abraza el sistema de 
re en los resultados de U 

2 la razón y la palabra poi 
tura como capital atesorac 
educación toma al niño j 
fuerzas. La ilustracióit 

iento y abre campo á la a 
trímera forma al hombre 
e. AI entregar el pueblo i 
>s primeros revolucionaric 
igorizarlas con aquellos 
\penas concibió Moreno 
ico, pensó en la fundaci<5 
> y bibliotecas públicas. B 
is esfuerzos como sabéis. 



LECCIONES DE HISTORIA 

años, 7 en cada intervalo de rep 
e nuevo la cuestión, y hemos vi 
límente, toda vez que en cuanto 
alizaban en establecimientos re 
[>s que eran comunes á los conté 
le el establecimiento del Colegio 
ajo el gobierno patríútico del gei 
78, fué maduro y constante anl 
ntinos ilustrados la erección de i 
I en Buenos Aires, montada por 
' sus métodos en armonía con la: 
ntelectuales del hombre modem 
e los gobiernos coloniales, que i 
''ertiz desde el marqués de Loret 
;, que apenas tuvo fuerzas y ti 
bezar los grandes movimientos 
;ríodo, y Cisneros cuya actividai 
iredilecciones y sus temores, p( 
amiento mandado ejecutar por u 
Jesventaja y amargura para los ci 
}ril espacio de los diez años falti^ 
s pacientes trabajos de aquella f 
!n en Mayo de 1819, el director '. 
Congreso, al cual debía ya el paí 
nó gruesos fondos á la educació: 
naron el cumplimiento de la ley 
facción del deseo común. Las n 
ño 20 sobrevinieron, entorpecien 
il de las cosas y de los hombre 
z, encargado por el Director de 
ación, hubo de aplazar sus trab 
ito de 1821, en que se decretó y i 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 2 

;mne erección de la universidad. Es 
ise en ella, bajo un plan modesto y 
;, estudios acertados y puestos bajo la ( 
ie profesores competentes, cuyos c 
1 ser impresosy publicados '•) , como le 
m efecto algunos: el de Matemáticas < 
lo Diaz, el de Filosofía deD. Juan Mi 
ro, el de Derecho civil de D. Pedro S 
etc. 

uero académico otorgado á la Universii 
ocación bajóla tutela del P. E. esotro c 
3 que caracteriza el centralismo implai 
gobierno delgeneral Rodríguez, y que ¡ 
QQserra el monopolio ofícial de la cié 
re bases análogas se estableció el Tril 
edicina, aboliendo el antiguo Proto-i 

3S otros aspectos se favorecía ígualme: 
rollo de la ilustración publica, ya 
ido la libre importación de impreso 
«ando la Biblioteca (S), suprimienc 
ia previa para establecer tipografías 
tando la distribución anual de premios 
. <s) , la Colección de poesías patriótic: 
ada íl la honra monumental de los 
evolucionarlos. La sociedad literarí 



le 6 de Mayo de 1S38. 
Je 3 de Septiembre de 1821. 
le 7 de Septiembre de 1^1. 
de S4 de Octubre de 1821. 



282 LECCIONES DB H 

Buenos Aires, establecida en 
su vez por estimular el vuel 

Tan á pecho tomaba el gi 
fomentar los estudios, que 
pesquisas policiales contra 
abandonaran las aulas, orde 
todos los que fueran hall 
durante las horas destinada 
Universidad. 

Más liberal y seria era la 1 
inspirada por la misma intec 
de Octubre de 1822. 

Hasta las artes y las belU 
fiebre de acción. El 6 de E 
año se otdenó el establecim 
la dramática y teatro nació 
pueblos de temperamento a 
teatro y la novela una influí 
la poesía de buena ley les j 
pirados en tas delicadezas d 
la fibra de las pasiones. Cae 
su drama y su poema, su < 
pero sus episodios esparcid 
prestan á ser abrazados de t 
desenlace llega, la acción 
desprender la moral de si 
efectos, la lección es tardía, 
tá cercana y la vejez nos ini 
cia es mala maestra, porqu< 
do su lección es inútil. La 
por la musa íntima da relie' 
rales, y encierra dentro de 



284 LECCIONES DE H 

naturaleza es la fuente que 
y la vida práctica es el can 
del pensador y del poeta. 

Toda literatura que buscs 
campo fuera de su terreno ] 
que tiene á la vista, para Si 
rectificar su pensamiento, ei 
mera, descolorida, muerta an 
Mejor dicho, no es literatun 
rario. No tiene vida en sí mU 
desarrollo, ni originalidad 
verdes llanos, nuestras moi 
cuadro de una creación nue 
artístico, y nuestra sociabil 
primitiva en las provincias, ti 
Aires, mezcla sui géneris < 
dialidad que la hace amena 
europeo que lucha por intr 
vanidades, con sus méritos j 
elaboración política: aquells 
social de los campos y la ald 
res, encierra los gérmenes y 
ra nacional. Imitemos nove 

mas europeos jamás escril 

na novela ni un drama dií 
el último brochista de alien 
en vena y colorido al ingeni 
qué? porque éste se inspira e 
nosotros en el cuadro pintad. 

La literatura ha tenido es( 
cienes originales en nuestrc 
Echeverría, á Sarmiento, un 



bají 
aere 
elp. 
ra ] 
i ei 
es se 
omb 

y d 
ro, : 
ia el 
■ eos 



;la 1 
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iron. 

es, 5 



poe 

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BS] 



s y 

So 



lia! 
ais 
pol 
poi 



solución, no era fácil 
Agreguemos que e: 
planteado. Se trat<3 '. 
mas, en lo que no s 
ganar. El proyecto p 
zaba tres puntos ct 
fuero personal del el 
sos, y la extinción de 
excepciones, la parte 
el primero, y la Con 
Junta de Representa! 
1' del proyecto, no i 
reformas á todas las 
tado. Tampoco disc( 
conveniencias econtí 
el Ejecutivo las api 
una masa respetable 
gencia era provocaí 
minuta ministerial, 
rentoriamente las ca: 
era sustituido por d 
tendentes á hacer la : 
una, propuesta por 
secularización volunt 
un mínimumáe relig 
podrían subsistir. La 
tor don Julián Seguí 
el ministerio, mandí 
casas llamadas mena 
cía, el convento de la 
nos de San Pedro, 
debates seguidos por 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

; por la prensa, con especialidad 
'a, órgano del ministro Rivadavi 
ido un temperamento en que ent 
ombinaciones conciliatorias: se cei 
; menores y se prohibió la existen 
) alguno que tuviera más de 30 ni i 
^ligiosos. 

mi entender, este corte centralizai 
ón eclesiástica, un error enorme 
» reformista, y uno de los hecho 
isticos de su tendencia. El partii 
io tomú la bandera conservadora e 
imo estandarte de guerra, y al gi 

religión! se fraguaron las conspi 
Lgosto de 1822 y Marzo de 1823, o 
ir el Or. Tagle, antiguo minis 
3Ón, como era el tema controvertí 
1 electoral del afio 23, ganada [ 
I. Algunas provincias, y señalada 
uan, seguían el impulso de Buem 
iroga, como los vencidos de la Ci 
mbíén de levantar pendón de ii 
Bcrilegio para conmover las muchf 

miendo. — La reforma, he dicho, t 
tralización. Dudábase de la capa 
y quería ponerse todo en mane 
). Hemos visto que el sistema rent 
ición y bene0cencia publicas, la 
eclesiástica, todo venía á reconce 
dirección del P. E. Vino tambi 
:raciÓn civil, desandando camino. 



290 LECCIONES DE HISTO 

En Diciembre de 182Í se sup: 
bíldos, trayendo á la dirección 
ciones admÍQÍstratÍTas y sustíl 
judicial y político que les comf 
cía y los juzgados de paz, dep 
tos del P. E. Las funciones d( 
los actos electorales pasaron 
ma, á los jueces de paz; por 
arbitrio del P. E. quedó desde 
de los destinos de la provii 
nocemos el funesto alcance i 
cuando las fuerzas que resume, 
das en manos menos honesta* 
formularon. El instinto gube; 
principios franceses dominabaí 
ministro Rivadavia, — y pusiero 
bre la organización democrática 
Si el criterio ilustrado y el patri 
lia administración disimulaban 
el cual iba arrastrado el pueb 
tancia accidental no desfigura el 
incurrieron, ni los peligros ei 
Constitución de un P. E., que 
va, salvo escasas modtficacíone: 
caída de Rosas, una suma de fi 
para encaminar al sabor de lo 
luntad traicionada, las riqueza 
leyes, su desarrollo y su progre 
colonial centralizaba en la accii 
vaba, por consiguiente, las fu 
La reforma centralizó en el I 
aún la acción oñcial. 



LECCIONES DS HISTO&I 

de apoyo á las evolm 
seriad. Rivadavia es 
el progreso en la hist< 
sión nacional había ti 
nenzaba á ser el suefio 
sndoza los invitaba á 
staban, y et gobierno d 

el mismo afio al Dr. 

reunión de un Congr 
las. De la orilla del '. 
lera partía el mismo v 
laron su desengaño e 
s que encontraron s 

los unos fatigados; ai 
Jiros, todos aspiraban 
ad. Pactos prudentes 
as que pudieran sut^ 
educada gradualment 
racia. Ásperas y fogo: 
in en el interior, ene; 
los, ansiosos de reinal 
>so y sin rivalidad. B: 
hacia las provincias « 
;1 general Rodríguez 
:ia, retiró los represen 
a la Convención de Cói 
'enía este gobierno ra: 
:lta de dos afios se huí 
:almente la situación c 
conveniente lo que acá 
itil y perjudicial?.... L 



REPÚBLICA ARGENTINA 

. Zavaleta llevaba coa 
uates. El Congreso d' 
Aires, que había estorb 
i reuniera otro en Córc 
ímo lo hemos visto j 
a segregar unos de o 
lamados provincias en 
i revolución. Había d 
hiéraos provinciales, i 
upes al rededor de los 
imán 7 Cuyo estaban 
Entre Ríos y Corrientf 
eto del año 14 y los p! 
pueblos del interior lo 
ir legislaciones locales i 
d,tan autorizadas por 1 
iciones y reformas del 
iba encargado de proi 
; las antiguas provine: 
preparaban la de 182f 
)ierno que había insu 
movimiento reformadí 
lano afecto á instttucii 

este plan, señores, y ei 
blos se movían en dir< 
ra modificar. Hubiera : 
ensanchar gradualm 
das modeladas en el 
le á la vuelta de pocos i 
advertido, que irna vez 
faltaba para ser nación 



LBCCIONES DE HISTO 

>: nombre y bandera 1( 
si Pero el ministro Ri' 
apresuró la reconstruc 
eprimir la federación q 
lar. 

error, digo, en este plf 
nerosidad 7 noble patri< 
liemo procedió con leal 
u agente que quitara á 
diplomático, recabando 
3 de la opinión, sin mis 
oco de parte de los puel 
gieron la invitación, ; 
7 grandes acontecimient 
; fatigado, señores, 7 i 
cuadro que hemos cont 
[uilo, daba margen á la 
■ estas nuevas tentati\ 
i democracia vencedora 
linoso que la mano de 
iscaba en la unidad na 
[¡aciones. Vastas reforn 
■eso, que nos envanece ] 
o de la alianza sincera ( 
do de la provincia y la 
[ue por tan crueles y 
n nuestra última lecció 
espués de este lapso, 1 
localistas habían toma 
la situación: atacando i 
antes sólo aparecían en 
i de instinto, y que b 
lamente las relaciones c 



repCblica argentina 

slo en una palabra, 
las luces descentrali 
]ué formas deberían 
(bastaba quererlo pai 
id, evolucionando e: 
reformada? Así sólo 
TOS padres que pusie 
< y su alma á servicie 
)uena fe abrillantaba 
mcia de las revoluci< 

de los desengaños r 
cundas quimeras, y 
lo de esta provincia, 
'as del abismo del ai 
US instituciones, arr 
elementos traídos á 
ichedumbre soberans 
r y grandioso, que i 
:blo. La causa mat 

clara á mi entendet 
JÓ la unión y el tren 
ivo que luchar con 
:ndencias se amalgai 
L brotó aquella ráfaf 
nplantó la democrac 
Tientes que purifica 
lodernas. La teoría q 
on quista una nueva t 
''eremos en la lecciór 
y con qué resultado. 



cioN x: 

FtiBLICA IINITARI 

(1SS4-182T] 



lacionalista di 
undos y espor 
primitiva untó 
toñeras. Anoi 
>1 prestigio de 
/olucionaria tli 
sumido su aut< 
s,segUQ lo reci 
O, fundaron el ; 
calismo cruda: 
gración. Partii 
1 las condese 
nprimieron nu 
>ntralísmo res 
>er5íón, de que 
inverso y reí 
tonomía radica 
lo en Buenos A 
a soberanía n. 



; LECCIONES DE HIS 

el mandato de sus miembr 
aeate: expresamente por 
Piones que les dieron y 1 
asambleas: implícitamenl 
ensayo que les estaba e 
t>o que los sucesos habíai 
5 de las muchedumbres, 
ios Aires había dado & esi 
> de Noviembre un caráci 
nne; y si bien sus represer 
tban la más lata libertad C 
obre los puntos más trasc 
nacional, dicha ley, por le 
arse su régimen interior 
lias, coartaban á la asambi 
lo para sus primerosensa 
>biernos locales entraban 
is, y nada dispuestos e 
car su modo de ser propi 
Congreso lo reconoció 
:nero de 1825 la ley fundí 
oberanía provincial, aunq 
;res generales con el ma 
tos terminantemente deí 
pendencia, integridad, st 
iperidad nacional (». 
itos objetos agotan la defí 
}ero como las atribucione 
rdaban lógica con ellas, la 
lerza. Respecto de las pt 

Irlícolo <• de !« ley de 23 de Ener 



E LA REPÚBLICA ARGENTINA I 

aa ley, decía textualmente: «Por 
la promulgación de la Constitu 
eorganizar el Estado, las provir 
nteriormente por sus propias ins 
servó igualmente á las provincii 
evisar la Constitución que se dici 
una forma transitoria á la uniói 
el Poder Ejecutivo nacional al 
enos Aires, reduciendo sus atribi 
en de las Relaciones Exteriores 
lermedio entre las provincias ; 
que por el artículo 1° se declai 
e. Dos graves objeciones se opi 
7 en los luminosos debates á que 
s inconvenientes que creaba ; 
ior del Congreso robusteciendo 
ia provincial: 2" El desagrado 
itar en los pueblos por el hech< 
;cutivo nacional á los poderes I 
>s Aires. Era, sin embargo, tan 
utoridad que se les otorgaba, y 
ftcio reservado al localismo, qu 
ida sin equívoco, como lo fué df 
lasta Enero por medio de acto; 
berania representada en la asam 
e un punto de vista positivo, la 
;ro de 1825 ninguna otra cosa 
Je una federación tan débil y reí 
i imposible el desarrollo de la fui 
idos los medios de acción esta 

le U \tj de 23 de Enero. 



300 LECCIONES DE I 

en manos de las provincia 
tropas, jurisdicciíSn sobre las 
cuanto constituye los elem< 
dábales reservado por el pa 
al gobierno general la re] 
del país, puesto qué la mis 
Congreso era restringida pe 
sión que las provincias te 
carta que debió sancionar, i 
zón el gobierno de Buenos j 
neral Las Heras, acompaña 
mo el Dr. García, que Heno; 
vilizacióo, inclinábanse, sin 
tantos argentinos ilustres 
Cavia), á la aplicación de 
Encargados de ejecutar la 
circularon á las provincias, 
sentido genuino que se desj 
ra que daba á la nación, y e 
acariciaba los más desenvi 
revolución. 

Pero nada comprender 
situación del país, si deti 
investigáramos lo que era 
tico en la sociabilidad argt 
mos á riesgo de tomar aqu 
historia, por una faz compl 
marchara regularmente poi 
nados. Nada sería más en 
reclamo vuestra atención p 
cir con modestia republici 
ne severas amarguras, que 



5 LA REPÚBLICA ARGENTINA 

ima la justicia y el progí 
ntos dignos de fanatizar loi 
ligamos la Providencia que 
rir lo que estuvo oculto pa 
padres, infatuados con su; 
is j la convicción de su ap' 
gfénea amalgamada por la 
3S, el pueblo no tenía miras 
es unánimes. Por el cont 
i salvaje y la muchedumbí 
;norante y desmoralizada 
íl educaciíSn, eran un grupo 
ido robusto, con el cual se 

estadistas. El cuadro de 
nces tiene rasgos sombrío; 
larcados. Permitidme que 

insistir mucho en lo que ] 
ho en el curso de estas lecc 
oza extraviada entre las qi 
■nirad agrupados unos poc 
or de un fogón. Secas las 
ostros parece que su sangre 
izón, va á reventar del vaso 
Pasan los vidriosos ojos, c 

sacrificio, del montón de 
Febrilmente á un naipe, á 
impasible tallador, quejuí 
s Facundo. Facundo siem] 
anancioso y sus compañero 
;idos, levántanse también en 
ente sometidos á su signo, 
ida. A la sombra del negro 



302 LECCIONES 1 

dable pendón surcado { 
va horrible )a montonei 
lio: arrasa las aldeas y 
Facundo siempre vence, 
jara la áspera disciplina 

dado robó El caudil 

suyos ramas de árbol de 
>La vara del ladrón ha 
El aduar se desvela cont 
nio mudo y sobrenatun 
chos las miden entre 
ladrón, para escapar dt 
la suya. Al siguiente d 
«Este es el ladrón» di( 
Facundo adivina. Un m 
de la víctima suena enti 
quemada soledad, Facui 

Y la tapia ensangrenta 
tíbulo: el bosque frondoí 
iras ni lo dispuso ú cedei 
sitos bajo el ruego de la 
familia desolada y la vir 
su látigo, el campo de tu 
poético sacrificio.,.. Barí 
los dos grandes caudillo 
monumentos y testimon; 
dad, los amores y el arro 

Barranca Yaco, Farsí 
sólo Facundo, Aquiles df 
América, sobre el suelo e 
En las anchas sábanas i 
las masas, ginete que dom 



! LA REPÚBLICA ARGENTINA 

itiza, Otro hombre famoso y. 
pañas. No era nuevo hacia 
u negro drama. He retard 
bición, porque el aliento del 
> envenena. La músase irril 
conciencia, embargada, apt 
premo esfuerzo si puede 
enidad del que juzga y la 
lue aborrece. ¿Quién era e 

Al verlo creeríais que el ; 
tó para encarnarse en él. E 
nediodfa. Atlélico de forma; 
istura, lleva en su andar i 
l: pero en su frente ceñuda 
desprenden de sus ojos dor 
ntemente que aquella acti^ 
>r movimientos espontáneof 
lirada baña el óvalo de sl 
bios contraidos tienen el g 
nial, y en su frente alta, p 
se lee un pensamiento fijo, ui 
¡pasiones del alma que trasl 
iza que lo alienta parece hal 

sus labios aquella fría son 
ueños amargos y se fijó coi 
la emoción del hombre leal 
mientes del pecho; pero de 
j y subyugados por su mira 
ejo siniestro de la faz que si 
;asumieraen cadapunto:au 
ira corazón. Todo él está en 
;a, como una encarnación de 



304 LECCIONES DE HISTOl 

que humilla y se burla de sus ser 
plandece en su ñsonomfa el raloi 
moral, ni la franca iogenuidad de 
visor. Su alma no reposa. laquie 
capricho de la pasión, desmayad 
irritada por el encono. Tiene 
nantes radicados en la vida vag 
confidencias del palenque: el pi 
del hombre en la lucha con la 
soledad: la idolatría de la fuerza 
al remordimiento debilitado pi 
instintivo, que engendran el com 
ciones. Es disimulado y suspic 
Está á servicio de sus fines ambi 
intima: apenas siente su vida n: 
de pasiones coincidentes. Ningt 
se ha desenvuelto con mayor lóg 
elemento: nada lo contrariaba e: 
alma por la ausencia absoluta d 
Gaucho un día, fué otro protectoi 
caudillo de desertores, que cobi 
capitán de montoneras militares 
la ley primero, independientes c 
por fin: jefe de las campañas ma 
ro de la corrupción y el desalien 
al cual una generación de mar 
el Dios de la justicia, y una gent 
vos ensalzaba gritando con ace: 
Loor eterno al magnánii 
El gaucho estupefacto le admi 
rria la pampa dominando el brui 
brazo y aliento de Hércules; lo a' 



LA REPÚBLICA ARGENTINA 305 

la tierra de los desiertos sustent 
o cantar el payador del sud, ni tic 
, ni patrón más campechano, ni g 
lusto, ni gaucho más enamorad 
del desierto alimentó pecho mí 
•on resplandor sus luces á busí 
Y era así, la belleza de Juan M 
restigiosa para el sentido estétií 
>árbaras, es la idealización artlstic 
esino, como era su corazón degr 
cto lógico y superior de la educ 
lábitos, de las preocupaciones co 
ije envileció al pastor de los desie 
apareció suma tal de ignominii 
formas tan seductoras. Era el B 

i el interior y Rosas en el Sud, e 
■evolución, cuyo imperio debían t 
rse. En presencia de estos dos \ 
:teres que todo lo avasallaban e 
sus añnidades, preguntémonos í 
nedio de su predominio. Yo oig 
precación de un poeta, convertit 
mdo encarándose con el tirano 
vafe de la pampa, que vomitó 
labras, señores, palabras... Los ca 
susceptibles de aislarse del fenóm 
le aparecen. No son monstruos qi 
no: son monstruos engendrados p( 
s. Explicadme de otra manera 
impa ni á Facundo entre los santt 
¿Por qué, señores, sino por 



306 LECCK 

ngénita apatía de 1 
titerráneas, se preí 
, tiranías inertes y 
lez? ¿Por qué, sin 
la y la vanidad 
ina revolución de 
o unitario de 1826 
ia ateniense, se d< 
ocalismo negando 
lo, señores, los can 
;enuinamente en p' 
ss de su elemento; 
olonial hecha car 
upaciones y en su; 
listoria intelectual 
;abeza arremetían 
íes legales y niicle 
lestruyeron el foc( 
*reciso es que no 
)ueblo. 

Frente á aquella 
e á las evolución 
¡rovincias que dab 
-esultados revoluci 
julares, presen tábi 
!(Sn de ilusiones y 1 

Las inteligencias 
)lica tenían en su 
uncionar. Contííb 
Titi, Idgico y profii 
-izador implacable, 
;;astro, espíritu ret 



REPÚBLICA ARG 

'asso, que mal 
d, solía justiñcf 
rodeaba: y dii 

sentido como 
ongreso en 182 
Banda Oriental 
TOS caracteres 

en el grande 
D. Manuel Mo 
itf ñca del partii 
pero incisivo 3 
e combate; y : 
Dorrego, revol 

la lucha, de '. 

rasca sacudía i 
idía aislarse y i 
juscaba una se 
ciones.... Manu 
5 oleadas y lo 
i lucha práctici 
ídes del proble¡ 
1 dura labor, . 
iracanes, según 
eprimir, impul; 
a su lógica y s 
incorporación : 
trabajos del Ci 
nante en él era 
y el sentimien 
al progreso de 
eriales de los 



308 LECCIONES DE UISTOBIA 

educación, ya en la tendencia impre: 
cipios sociales y económicos que ha 
girla. No se le ocultó, desde su iss 
había en la autoridad que investía, n 
sorio, que lo obligaba á contJucirsi 
reserva á fin de no exacerbar las p 
les ni concitarse la enemistad de las 
en las cuales residía evidentemente 
real. Sus primeros pasos fueron dad 
da mesura, pero encaminados desdi 
la rehabilitación más completa del p 
Ya el 9 de Marzo de 1825, discutiendc 
de un diputado de Catamarca i", s 
declaratoria que anulaba de hecho 
de las provincias para poner límites 
datos, atribuyendo la plenitud de si 
nes al acto de la elección, sin que ir 
reserva provincial alguna, pudiera 
modificarlas. No sin prudentes den 
pues de luminosos debates, llegó em 
venir potestativamente en el régime 
las provincias. E! orden lega! fué pt 
la de Córdoba por las violencias del 
Bustos, que ¡í fin de perpetuarse en e 
solvió en una asonada la legislatur 
tenido el coraje de nombrarle suce 
presentantes acudieron ante el Conj 
querella; pero éste se abstuvo de i 
recta ni indirectamente en turbulí 
mente locales, en virtud de las resé 

(I) El Dr. Acevedo. 



OB LA REPÚBLICA ARGENTINA 

la ley fundamental. Sólo cejó de 1 
aando en los últimos meses de 1 
¡eron en Córdoba aquellos escá 
, y otra legislatura, disuelta ti 
ibernador Bustos, se puso al amp. 
lacional. Su intervención fué esi 
lia para enconarla resistencia qui 
>a en la provincia, 
ceder del Congreso en la primera 
) privaba, es verdad, de todo prest 
de las masas pero con esta nuev 
ascendía á una arena en que le ag 
bates desiguales. Su espíritu, coi 
noble y elevado. Por otros r 
ibtiene la admiración de la post 
ca, señores, era caballeresca y gei 
sin duda una superioridad inmei 
Q la asamblea que, presintiendo 
urada la independencia sud ame 
'ictorias de Bolívar y de Sucre, ( 
as del Alto Perú serian difícilmei 
las á la unidad argentina, acata 
nte aquella situación creada por 
las deja en plena libertad para di 
lestinos. 

incipios civilizadores incorporad 
ion en Buenos Aires desde el mii 
davia y García, imperaban sin i 
spíritu. A sus ojos el extranjero 
resente maldito; ni los derechos 
lad acuerda por igual á todos lo 
era tampoco peligro que la art 



310 LECCIONES DE H] 

Apenas funcionaba, cuando 
con la Inglaterra de 1825, fon 
más ancha de las naciones m 
garantías individuales; y la 
tratada con este y otros m 
plácida, indicando sus propii 
espíritu de mansedumbre y 
tituye su esencia. 

Debatiendo en Septiembre 
rrencia de la República al Co 
de Panamá, cedió limitando 
los principios que aceptaba | 
ternacional, lejos de prestar 
dogmas absurdos y barbariz 
taran los americanos en ma; 
potencia, ebrios de orgullo fi 
bajo la domesticidad y el ej 
tiguos colonos. 

El hombre, tiene en cuali 
tierra, donde sus hermanos 1 
de su bienestar. Se lo dan Dic 

La tierra argentina está abie 
y á toda industria. La liben 
extranjero. El espíritu arge 
también á toda influencia ni 
humano. La desigualdad de 
no es causa de antagonismo. 
damentales eran el punto de j 
trina social, radicalmente nu 
que juntamente hería las pi 
sobrevivieron á la Colonia y 
blema económico en nuestro i 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 



311 



Su radicación era uno de los resultados más 
fecundos del trato con el extranjero y de las re- 
formas de 1821 á 1824. 

Pocos, tal vez ninguno, entre los espíritus ele- 
vados sobre todo, dudaban de ellas en Buenos 
Aires, desde que la atmósfera española fué diái- 
pada por la libertad y por las brisas que venían 
del extranjero á ventilar el hueco en que los re- 
yes de España amontonaban sus esclavos. 

Era característico además en el tipo del unita- 
rio una fe incontrastable en las fórmulas ñlosó- 
ficas, que servían de apoyo á sus combinaciones 
sociales. Aquí debemos herirlo en lo vivo, por- 
que este rasgo es el capital en su fisonomía. 

El Contrato social era el libro de la sabiduría. 
Hay un estado de barbarie que es primitivo: hay 
un estado de sociedad, innatural, pero necesario. 
Tal era su dogma matriz. 

El primero es la plenitud de la libertad: el 
despotismo personal, como dice Beccaria. Para 
llegar al segundo, el hombre necesita enajenar 
esa libertad, abdicar en manos de la comunión 
su actividad, sus fuerzas, su pensamiento y re- 
cibir de la ley una nueva actividad, y una nueva 
fuerza, tanto más legítimas y fecundas, cuanto 
mejor proporcionadas se encuentren con el des- 
tino que se les da. ¿Cuál es ese destino?.... Des- 
envolver el conjunto, apropiándose el resorte de 
las unidades. O lo que es lo mismo: llegar á la 
mayor vida colectiva por la mayor anulación del 
individuo. 

Por eso se exige del republicano la virtud 



312 LECCIONES DE 

pasiva de las sociedades aa 
Rousseau decía que la dei 
ble sino en un pueblo de át 

No todo es falso en esta d 
que si ciertamente hay erro: 
venio el hecho que const 
no lo hay por cierto en de 
lo radica es convencional. 
de Norte América el pact 
Pero, entendido que la socit 
naturaleza humana, como 
sentimiento, ya ninguna ( 
tiene fuerza suficiente par 
chos fundamentales del hon 
sea la edad y situación del 
recibirla, ninguna ley pued' 
los elementos que la vida < 
ve, de los intereses que crf 
nes que engendra, del gran 
la sustenta: la mejora de la ■ 
de la unidad: el hombre y 
gobierno de sí mismo: vigil 

No indico esta cuestión, s 
ros ¡a clave de un fenón 
revolución dominada por 1 
social llevada á sus últim 
sido arrastrada al suicidio. 
á la Francia después de oc] 
ción, águila prisionera con 
jaula de bayonetas. La raz 
la alienación personal y 
cia de los elementos carao 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA : 

)do á la convención,— se deduce de i 
cióu omnímoda de los legisladores 
:ncia legislativa. Qué más?.... Lo qut 
flgico, seflores; el legislador, regí 
lucado en las abstracciones científl 
I de buena fe que está en su mano n 
ueblos, amoldar pasiones y dar una 

á sus conciudadanos, entiende qu 
sobrenatural contra toda causa 
a, está en dar leyes y constituci< 
tanto más eficaces á su entender, c 
adicatmente varíen el modo de ser 
ue ha de obedecerlas, y cuanto m^ 
iSten á los sentimientos personales 
:ontraríarlas. Y las consecuencias 
cuando están hirviendo las entr; 
centes de la sociedad, esos legislad 
in al Ser Supremo como Robespit 

leyes como Saint-Just: dan constiti 
leonadas y desobedecidas como la; 
arias de todo grado en Francia, st 
ias y lágrimas, está propagándolo 
bajo el imperio de Napoleón, mier 
aeblo sigue sus errores, la revolució 
' se desorienta y las tiranías se reha 
pública Argentina ha recorrido esi 
V cuál de todas las vías dolorosas 1 
errada! La literatura clásica y la c 
il francesa fueron el pan de aquí 
ertes, tan varoniles por su resorte, 
ts y grandes por la espléndida espen 
gabán, como extraviadas por su íluí 



314 LECCIONES DE HISTORIA 

-por la quimerü incorporada á las bi 
cuitadas de su espíritu. La Constitu 
cíales, señores, que ninguna fuerza n 
el impulso que con ella pretendían da 
blos hacia la libertad que amaban s 
te y la civilización armcSnica que i 
«¿Cdrao resistirse A los resultados 
•Cómo despreciar la soberanía hasta 
•romper el molde destinado á formula 
■lidad y la política de las Provincias 
No se hacían cargo de que la Cons 
entrañaría vitalidad, sino en cuanto 
los instintos de los pueblos y pudierE 
en elementos vivos. Antes creían qu 
de dirimir perentoria y radicalmente 
de anarquía. 

Todos los gobiernos son buenos, 
otra parte. Lo que importa es aplica 
blos el que los lleve á la perfección, 
que esta es nuestra doctrina? No, s 
todos los gobiernos son buenos, pon 
son los justos, y sólo son justos los qui 
ni es exacta la consecuencia, porq 
emana una política funesta. La misi( 
no es regenerar ni encadenar los p 
acción se Umita á regularizar las for 
libertad asume cuando se desenvuelve 
la francesa ha creído que tiene por o 
formar las sociedades, y todos sus es 
fracasado. La libertad desborda de la 
los pueblos crecen, y la ley debe e 
-blarse bajo las banderas del progre 



ESPÚBLICA ARGENTir 

jo los caprichos del 
que Cervantes no ! 
> le impidió escribí 
genio en las regla 
eles de Murillo, ni 1( 
asiún de Fausto. I 
abstracciones ñlos 
Locke, en las forma 
anerlo, en las quimí 
, y ¿qué tendríamos 
^ada menos, nada r 
idades iban arrastra 
i. Estudiad sus disi 
re que los leo, señor 
:imo. Veo en ellos 
ustrada, que en nai 
2 sus juicios y la c 
into puede imagina 
entaciones de excla 
anch'io. Pero á la 
del equívoco, inexoi 
' de la quimera aq 
seaban todo lo bell 
:los de ella, como i 
la de las poesías h 
I pueblo ya como u 
. el maquinista;— ya 
reso era el médico, 
eclan, apretémoslos 
)Sle la droga que e: 
contraria contrari, 
señores, sus escrit< 



316 LECCIONES DE 

cursos. Apenas hallaréis í 
usadas estas semejanzas, 
pintoresca que expresabaí 
to. Una República, decía 
la máquina de un molino... 
tado en su molino, decía o 
ción, es como un enfermo 

aquél, es el ingeniero 1 

ha un cuarto, es el médico 
res, tomaban el pueblo, coi 
oponer resistencia á sus ci 
cas ó á su sistema curativo 
error. Si, aceptando sus 
argentino era una máquir 
desmontado, porque era 
¿Convenía reconstruirla? £ 
enfermedad, suprimiendo! 
con la salud la deshonra, 
bargo, de su espíritu tan 
Buscaban en la Constituci 
libertad y la regeneraci<5i 
Ahora bien, señores, san 
mental de Enero, se apode 
tativa que á poco dio luga 
zada de los partidos. La p 
ardiente tribuna, donde se 
contenidas por las formas 
seno del Congreso. Desde 
constituida en órgano de 
siempre la mantuvieron i 
trascendental. El genio ir 
gentinos y de los porteño: 



DE LA REPÚBLICA ARGENT NA 



317 



encontrado siempre en esta literatura fácil é irri- 
tante, un medio de manifestación que por el vér- 
tigo en que envuelve, atrae las naturalezas fogo- 
sas, impotentes por su propio modo de sentir y 
de obrar para amurallarse contra excesos y de- 
masías. Frecuentemente se ha visto á los hom- 
bres mejor intencionados prostituirse arrebata- 
dos por la improvisación, y palabra por palabra, 
dicterio por dicterio, partir de la verdad y llegar 
por la polémica hasta la blasfemia. Podría cita- 
ros nombres, pero adulteraría, si tal hiciera, mi 
carácter en este lugar. 

De todas maneras, señores, la prensa soplaba 
en la hoguera y aumentaba combustible. ¿Qué se 
debatía? Digámoslo brevemente, para delinear 
el perfil de otro partido, cuyo conocimiento es 
indispensable. Dije que el estadista clásico des- 
conocía el grupo popular y campesino, como ele- 
mento indispensable de organización. Provenía 
este resultado de sus principios franceses: el ciu- 
dadano enajena todo derecho al ligarse por el 
pacto, y en lo normal no tiene sino lo que la so- 
ciedad le concede por el ministerio de la ley. 
Otra causa concurría á determinarlo: la concien- 
cia científica, el ensimismamiento del pensador, 
que cuenta sólo consigo mismo y reposa en la 
eficacia de sus elucubraciones y sistemas. Nada 
podían esperar los hombres educados en este 
sentido de la intervención del gaucho y del des- 
arrollo del localismo, que era su consecuencia y 
llevaba á la soberanía pueblos, que no tenían sino 
pasión, como resorte de la estructura, que pre- 



] 



318 LECCIONES DE HtST 

tendían dar á la nación. Este 
ilustre por el genio de sus proli 
tor para todas las vanidades ( 
trado, reputaba la ley fundan 
combinación transitoria y el p 
la escala centralista, su ideal, p 
raha el predominio de su influe 
do de la vida activa los elemen 

A su frente se levantaba el [ 
porteño de 1816 y 1821; se lev 
liberal encabezado por Dorre 
masa de opinión, más prácticj 
aunque menos literaria y clás 
tinta solución al conñicto social 

Distinta digo, y debo agrega 
no quiero ni puedo atenuar mi 
era más acertada, y una de aqi 
nes precoces, que son el tormí 
dor, cuando el torbellino revc 
de la sien de sus caudillos el li 

Yo no soy unitario en mi pa 
país. No comprendo la vida sii 
más lato desarrollo. No com[ 
tampoco sino cuando la activic 
concentra y atarea en lo esenc 
cia, y se suprime de los pueblo 
anexionista, que llevó á los ro 
mundo, que trajo á los espaflo 
cedió á Napoleón por Europa 
m^s de doscientos años ha in 
dos y diplomáticos brasileros 1 
de la Plata y las márgenes del 



320 LECCIONE 

mejor sociedad es la c 
ción de gobierno. Di\ 
eso la federación es li 
democracia, como es 
más exacta del derecl 
la le; aumenta, y la li 

Indico estas ideas, 
juicio, que razones di 
en favor de la federac 
no general y teórico 
les de 1825 para deser 
el terreno del arte, e 
nacional, á cuyas inl 
cender al unitario en 
debates. 

La trágica muerte 
nombre ilustre con u 
No fué su mayor desv 
el martirio es la apotí 
cuál es, señores? Un 
resignaría si en la ini 
el dolor. La inmola 
años: la inmolación d 
poránea siempre in^ 
servicio un día aquel 
vislumbró, aunque ta 
enemigos: haber rec 
que lo aborreció en 
humana, invocando li 
honrado, que murió 
y cristiano. Dorrego 
cho malo. Dorrego, n: 



REPÚBLICA ARGENTir:,! 

ano: «lOh! que no 
or de este gran puet 
efiores, que el gí. 
'. pueblo cuyoamori 
el misterioso estreí 
agonfa. 

ular los errores hijo 
í, sino restablecer ( 
> aquella gran iigun 
le la guerra civil q 
uda de justicia que 
; ha radicado en U 
)rofes<í temprano. T 
sastres los pueblos 
como Dorrego y & 
s á la sociedad ese 
ado, primitivo, que i 
destino de los puebl< 
momento de anális 
is ciudades en 182 
con el vandalaje de 
ispersos de sus filas 
on la esclavitud de 
lemoria. Pero en e 
inismo faccioso, que 
i á favor del desa 
inaré en otra lecciói 
: 1825 compartían los 
:to á la ciudadanía, 
L religiosa, el fomei 
para la ilustre asan 
)icos, arrastrados pe 



322 LECCIONES DE HIS1 

plina de los partidos parlamei 
al gobierno y á la mayoría, 
temperamentos más liberales 
mismos. No encarnaban, en 
suspicacia indígena ni el faná 
con que las masas primitivas 
gringo, á la máquina, al doclí 
Más aun, seflores: tenía el e 
generoso, abierto á la influenc 
civilización extranjera, que h 
demócratas argentinos entn 
América que fué española. '. 
palabra: eran los mismos hom 
fuerza social en una manifest 
práctica y más nacional. Sei 
ción y querían extirpar la ba 
gencia no estaba en el fin, s 
Los unitarios querían vencí 
domesticarla. L<os unitarios 
frente con la antorcha en en I 
les querían fíltrar la luz gradi 
tarios querían suprimir de la i 
elementos primitivos; los fed 
signándose á dejarlos función; 
la tormenta por medio de la t 
sar en la unión á los caudillo; 
tisfaciendo su vanidad y haci 
de la paz y de la civilización: 
por esta manera, garantías y i 
que se unieran la alta teoría 3 
ñco con ta pasión públicii, los 
nales del hombre ai^entino 
dicados por la revolución y 
orgullo. 



.A SEFÚBUCA AKGENTt 

s no se daban cuenta 
iana. Los federales te 
los y fomentaron U 
'go más gratide que 
e la historia tiene mis 
igue en el curso de 
rasiones contemporá 
igías en historia, rept 
> unitario se valió ta 

el brazo de Facun 
■evolución de Tucun 
ftdas por su credo pol 
e todos los medios, 

i organización que c 
an razón, y que ape 

1 se revela lo frenéttc 

a, señores, sin antic 
mos presente el cuad 
e esforzado por delin 

unitario, tesis, teoí 
-gulloso de su aposte 
-lógica del urbanism 
itftesis: fuerza nacic 
tora elevada á poten 
i esencia era la sober 
desenvuelto á su cali 

1 hispano-argentino: I 
deral: punto de aven 
ia y original: europ& 
ntino en sus aplicaci 
lor la doctrina norte 



SM LECCIONES 

confunde con el unitari 
zadora, con el indígena 
democrático: profetiza 
el fruto más genuino di 
sitó treinta años de lut< 
gre para madurar; Doi 

Dije que el partido 
fundamental como el [ 
ción centralista sobre 
de 1821. Los federales,: 
ma deñnitiva de unión, 
te, que tenía objeto rat: 
cional el giro que tos si 
cosas. Siendo, como en 
federación, incomparab 
artículos de Filadelfia, 
era un preludio reacci 
base de una organizan 
cuencia, la dialéctica dt 
opinión, disputaban, ya 
so, ya las prerrogativa 
das por la ley de 28 de '. 

Los localistas portefli 
en idolatrar lo que se 
de Buenos Aires, más bi 
de las cuales sólo el rég 
trascendentalmente de 
defendían la personalic 
en la paz que disfrutó 
había granjeado un crét 
situación geográñca,al 
to y de su aduana, y á 1 



.A REPÚBLICA ARGÉN' 

Martín Rodríguez. 1 
i por el orgullo de " 
» de las provincias 
cíonalidad, apoderf 
uenos Aires suficier 
^oístas y miopes, en 
se presentaba má: 
'a que pisaban: sin 
el grito del argentii 
Facundo, que pedí, 
el martirio, la com 

; este volcán el C< 
mediarlo todo dicti 
5ar de esto parecía 
lidad del problema 
La tremenda resj 
1 Abril de 1825 ot 
:ocios constituciona 
bajos. La comisítSi 
íencial de todos lo 
n atreverse á dec 
igreso que le diera 
, decía: yo haré i 
ficio. Pero el Con 
mpertj los dictáme; 
:es serios, luminosa 
i justo renombre 
I del monstruo por 
nidades, obligando 
5 pueblos, el curso 
ie que estaba invesi 



326 LECCIONES DE HISTORIA 

fiar mucho en el criterio político de le 
darle mayor importaocia á su voto, n 
viar de sí la responsabilidad inmedi 
averiguar lo cierto, la mayoría de I 
del Congreso (Agüero, Gómez, Castro 
JDcIiaaban á consultarlos acerca del 
Constitución. El Dr. Gorriti propuso 
ramento. Consistía en redactar des 
proyecto, que fuera circulado á las p 
esperase su sanción definitiva de ot 
convocado ad hoc, así que los pueb: 
formado conciencia respecto al fond' 
lies de la Carta proyectada. Parfice 
indicación era profundamente juicio; 
clinaciones populares por manera i 
fáciles de averiguar sino por el estud 
limpias de toda preocupación, empre 
bre los sucesos y los elementos socia 
ta entonces se hablan producido ó i 
Toda la vida argentina estaba visible 
ción no había dejado fuerza alguna ii 
mida. El Congreso pensó de otro moí 
Junio sancionó una ley por la cual or 
legislaturas provinciales que en un t 
dente se pronunciaran acerca del 
reputaran más conveniente para el b 
cional. Dichas legislaturas no teñí 
constituyente, ni otra atribución algii 
poder legislativo provincial. Esta lej 
caprichosa, en consecuencia. Termíi 
tiendo que la Constitución sería soi 
vez sancionada, á la decisión de la< 



DE LA REPÚBLICA ASGENTINA 3^ 

que se pedía á las legislaturas no 
tivo, sino puramente consultivo- De 
icras, reforzando las consecuencias d 
!3 de Enero, y acatando la autoridad 
)los para decidir sobre el fondo de 
Lción, sirvió de punto de arranque i 
cía que Córdoba, entre otras, opusie 
teniente á toda ley de carácter const 

entes estos debates y la conmoción sO' 
;ra inseparable, el rayo épico, que pí 
;ado en la mano del genio nacional, vi 
I oriente del Plata para electrizar 

y calcinar sus cadenas. Era aque 

la sublime aventura: la edad de íos se 
■enovada por la libertad. La coyui 
i se incrustaba ya sobre el cuello de 
amarrados al carro de victoria del i 
xtranjero. El siniestro silencio de 

reflejaba el vacío de las almas priva 
■recho. Y esa postración aparente de 
í no es sino la nostalgia de la liben 

larga engendra la ñereza de las rev( 
' el empuje creador de las razas que 

Las aguas del Plata infunden heroísi 
iventud la fuente antigua, como v 
na sagrada de Jacob. Cruzábanlas 
I reposo en Abril de 1825 unos po 
;.... Eran los 33. Ciudadanos de instint 
1 democrática, no creían estar solos. ] 
i un pueblo: los conducía Dios. El p 
icendió al contacto de sus almas fueri 



I LECCIONES DB HtSTOKIA 

ios bendijo su arrogante abne^ 
hedumbres se armaron y la re 
ndi<J con sobrehumana rapidez, 
sto los orientales se declararon 
orados á ta unión argentina: en 
itubre, capitaneados por Rivera ; 
ifaban de las huestes del tirano e 
irandí. El Congreso argentino ( 
o al pueblo que sacudía el yugí 
!>rigo del nombre nacional, dec 
orada la provincia Oriental el 2 
e 1825. La República, empujada 
sos y la fibra caballeresca de 
recipitaba A grandes pasos en u 

no le deparó sino laureles pa 
is, y cantos para la cítara guer: 
os. Era congénita á la emancíp 

de los orientales su vocación á 
ia. Artigas personificó este in 
o é indómito, que llenaba las al 
or ilustración y en la suma ba 
era un voto popular, una pasiór 
leza y el patriotismo. ¿Qué pod 
[os argentinos que habían de s: 
enir doméstico en los altares de 
s?.... Para llevar la guerra conti 
epiiblica no tenía ni rentas, ni s< 
ior, fogoso en la lucha contra Es( 
nentaba en aquella sazón los iri 
)s de la propia esclavitud. Caud 
3 subyugaban las masas, y á ter 

iban á sujetar al pueblo si n 



J 



DE LA REPÚBLICA ARGÉN 

combate. Algo más 1 
faltaba gobierno. El 
limitadísimo del Podei 
:es no era bastante par 
irmal y rápida que la 
dé hacer entonces? Ui 
istia la guerra por lo 
bajo el aspecto de los ; 
Estado, tanto como p 
la paz interior. El m 
i ardientemente esta 
vanidad caballeresca < 
a argentina, se decía, 
)riental lo que ha llev 
: su amor expansivo á 
e sus hijos y el bienest 
en el mes de Mayo, ob 
nar medidas preventii 
leí Uruguay, el Congre! 
5 fuerzas, cuya propied 
entonces del resorte p: 
ilemente signifícativa, | 
is localidades y alte: 
ley fundamental, prox 
i dentro y fuera del Coi 
>aso largo hacia el cení 
a de los pueblos, y un s 
obierno provincial de 
-zas del resto de la naci 
ial, con efecto, por su 
:o al orden interior de I 
ción que determinaban 



330 LECCIONES DE HISTORIA 

pias, fácilmente alterables, por cuant 
blea local conservaba unida í su pot 
naria y legislativa la atribución extrai 
constituyente declarada en 1821. P 
que la suerte de la nación y la autori 
del Congreso quedaban en et fondo su 
por el derecho escrito y actual á la oi 
legislatura de Buenos Aires. Conce( 
la buena fe salvara al país del conflict 
ponía una situación tan complicada, < 
rio sin duda, dar margen Á la sospe 
pueblos y á las sugestiones de los face 
sanar el impenetrable signo de la na 
este último punto de vista, abordó e 
Dr. Gorriti, pero no le fué dado esi 
sanción, hacia la cual iba arrastrada h 
por el entusiasmo más puro reposa 
noble ingenuidad de su conciencia. C 
tdfio de una pieza, quería establecer c 
el P. E. permanente. El Congreso no 
á tanto. Ambas soluciones eran ina 
arriesgadas. La mayoría creyó má 
detenerse allí. Al propio tiempo exig 
cutivo provisorio, un proyecto para, 
fondo nacional. 

El Ejecutivo poco afecto á la guerra 
se poca prisa á cumplir la ley de Maj 
Julio fué agriamente reconvenido en 
Congreso, y dimitió el ejercicio de lai 
nes nacionales, sin que su dimisidr 
mitida. La escuadra brasilera estab 
Buenos Aires, y contrastaba en el < 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA i 

lelicoso del Congreso con la prude 
tivo. Declarada en Agosto la incorp 
i Banda Oriental, aun lardó el Ejecu 
4 de Noviembre para intimarlo al 
iperial, que contestó con el bloqueo 
fln de guerra, entusiastamente acep 
ingreso, en el cual estaba ya repre 
íanda Oriental desde el 1" de Ei 

rte estaba echada. Yo no os lleT 
i sentaros bajo la sacra selva de 
la sangre argentina obligó & la t¡ 
ir. Tampoco os llevaré entre las oí 
romo el aventurero antiguo, á ag 
moción, en la barquilla de Brown,es 
or los vientos, el concierto destru 
imbates, y el alma de la patria, 
orno un Dios monstruosamente n 
os elementos, en la borrasca y e 
La gloria es familiar al argenl 
retiró su brazo vencedor. Y qu 
a fascinación de su deleite bélico, 
is menester espíritu reposado, 
aba crear rentas al Ejecutivo pr 
[ 27 de Octubre de 1825 el Congí 
a negociación de un empréstito de 
y el 15 de Noviembre siguiente, n 
10 fondo público nacional un capita 
instituyendo una renta de 5 por cíe 
do para su pago la suma anual de 75 
5,000 para la amortización del cap 
cia de Buenos Aires además había t 



332 LECCIONES DE HIST 

pasado á las autoridades nació; 
del empréstito de Inglaterra. O 
uno del capital del Banco de E 
hallaba en quiebra, y cuyos bil 
garantidos por la nación seg 
de Enero de 1826, y acciones > 
debían ser suscritas en el terri 
blica, debían completarse los 
del Banco Nacional, instituido 
de Enero. Cuatro meses despi 
oprimido el país por la situaci< 
aflictiva causada por la guei 
brasilero, el Banco Nacional fu 
gar sus billetes á la vista por d 
el origen del papel moneda de 

Por lo pronto el país tenía reo 
fuerzas militares: las leyes d 
1825 y varias del 2 de Enero de 
en medio de vigorosos debates, 
do al Ejecutivo para reclutar trc 
disposición las milicias provii 
no podía emplear sino en la g 

Por ley del 19 de Noviembre 
el Congreso había ordenado un, 
para completar su número, ton 
elección de un diputado por 
tantes, tipo que debía duplicaí 
señaló á los representantes un 

Reservó, no obstante, el régi 
las provincias, legislar sobre el 
y á sus autoridades entender en 
los diputados, según lo prescri 



DE LA REPÚBLICA Al 

El Congreso entra 

la electoral incorpor 
i de los partidos 3 
ncias inopinadament 
s, amontonaba nube; 
e parecía comprimir 
stad. 

anto, determinó el t 
P. E. permanente, 
lente de la Repúbli 
D. Bernardino Rival 

(1) 

esto juramento el pn 
ongreso Constituyen 
curso la intención q 
5, dijo en resumen, i 
vencer al imperio, i 
exclusivo del Río c 

apoyo de la regeni 
niento de la Preside 
arma en que se llev 
I sublevar una oposit 
llores. — Atribuyendo 
ira elegir al Presid 
I, dictaba una ley ' 
lizo notar prudentes 



ente Lap«t qae dcbfa snce 
gó ID anfragio. El Dr. Goi 
eneral Alvor: el sefundo pi 
voló por el Ko*!'*' t-ava 



334 LECCIONES DE 

debía reposar sobre el vot 
arreglo á la de Enero de 18 
á esta ley porque era radi 
se le ocultaba, empero, qui 
ciso respetarla ó desadat 
y el encono de los pueblo¡ 
laba; y excuso detenerme 
fondo mismo de la ley de 
era pernicioso y adultera 
radicado en la independen 
blicos. Un gobierno sin 
sin leyes orgánicas, regi 
constituyente y legislativc 
res, sino una quimera fran 
mano del ingenio en la m. 

La anarquía estalló en '. 
bierno nacional no tenía 
administrativos, ni alojam 
vincia lo hospedó y fué di 

Ambos poderes se reco 
to y se encontraron rivale 
tenfa jurisdicción alguna ] 
vincia de Buenos Aires: 
nación: una sombra de i 
origen, gloriosa por sus vt 
nes. ílas el localismo de 
¿qué sombra es esta, que a 
poder, que atrae el acatann 
apodera de los resortes en 
prestigio? 

Las complicaciones de 1 
dieron prontamente la a 



LA KEPÚBLICA ARGENTINA 

ulminaba y los círculos 
ixorable. En virtud de li 
1826 el Presidente non 
neral Cruz, jefe de las í 
. La mina estalló sin tar 
^as Heras salió A la liza e 
iciones como capitán g 
. La Presidencia soatm 
¡stión fué tempestuosam 
gislaCura provincial, qui 
ilegal y atentatoria en prt 
provinciales de 182'! y 

son de todos los monum 
el que mAs A lo vivo tn 
de las situaciones. A(j 
partidos que una A una 
isa las palpitaciones de 
lablaban en el diapasói 
& los cataclismos, y el 
nidad era batido sin repo; 
;r seco bajo la mano de 
ura se sobrepuso á las pa; 
iesvíó. El gobernador S( 
en querella contra la Pr 
amblea retardó el momei 
t<S el nudo en vez de desi 
intes de presentarse la 
'incial (•! habfa comenzad 
: capitalización, sanciona 



336 LECCIONES DB HISTORIA 

Marzo. Esa ley es conocida y i 
muy breves reñexiones. Designab 
de la nación la ciudad de Buenos 
luyendo una nueva provincia en el 
membrado, que provisoriamente q 
la capital misma, bajo la dependen 
, de las autoridades nacionales. La 
taria, presentada más tarde por e] 
dos provincias en vez de una ei 
desmembrado: una del norte y otra 

La elecciiín de una capital es una 
diñere según el sistema de gob 
adopte en cada pueblo, y París, exc 
para un imperio, sería destructora 
constitucional en una democraci 
Por consiguiente, la ley de 1826 ei 
por cuanto no se había fijado el sist 
y su sanción contra el torrente de 
tres, unitarios y federales, después 
tes luminosos y concluyentes del 
se explicaría sino por la seguridaí 
res respecto al resultado definitivo 
ración política á que asistían. 

No que yo crea, señores, que la 
de la ciudad de Buenos Aires d( 
sentido unitario la solución del pr 
titucional; pero sí creo que lo d( 
nacionalización de todo su terril 
entender, la ley de 1826 no fué dad 
dad, sino para apoyar la reacción < 
que fiaba el Presidente para Uev 
sus altos prepósitos sociales. 



REPtÍBl, 

m cuaní 
instituci 
indame: 
t)re de 
acto de 
que est 
icias h 
3o por 
sa, cuyi 
;za y op 
rijdas. 
iba á i 
la que 
:ntaría, 
ias á do 
leranla 
alabras, 
tciones 
una pr 
nenlari 
j, no fu 
freso se 
ndo, las 
Tientos 
ituídos 
:onsum. 

Lto estrf 
is estad 
la piei 

le Octu 



á38 LECCIONES DE 

empréstito y la de 15 de Febrero de IK 
lidando la deuda interior, hipotecaron ; 
pectívos efectos las tierras públicas, c 
piedad se entendía ser inherente á la £ 
provincial. Los oradores federales lev; 
debate á la alta región de la política 
dental, rechazando el dominio que la i 
atribuía, como un atentado palmario 
derecho vigente y una provocación im 
los intereses que postergaba. Disueit 
culo nacional, argumentaron, la soberar 
provincias heredó todos los derechos d 
na, y por consiguiente, pasó el realeí 
propiedad. Sus esfuerzos fueron estéri 
provincias privadas de esta fuente de 
pasada á la nación. 

La hipoteca de las tierras traía, por ol 
el inconveniente radical de inmovilizad 
tra la tendencia colonizadora, progresi 
regeneración, que era el fondo del es 
aquellos hombres empapados en santo 
de reforma, esta ley radicaba en laí 
clones argentinas, el hondo vicio econ( 
que estribó la estructura social de la C 
comprometía para su conservación e 
nacional. A fin de no esterilizar por e 
fuerzas que la naturaleza nos había pi 
buscaron pocos meses más tarde un n 
conciliar la observancia de dicha ley 
intereses perseverantes llamados á des 
la industria y la población. 

Tal fué el origen de la madura y orig 



I ARGENTINA 

el 18 de Abr 
aexivo, pero 
la recibid y 
inercia de la 
rosas, no intr 
a reengendra 
^tuándola, al 
;eo hoy con fo 
ifernales, teor 
noche, un día 
á los manda 
ue Á su sab( 
sangre de si 
í exánime ó i 
i falta el tien 
10 quisiera. ] 
lo nos ocupát 
e en estos vii 
oda nuestra i 
estrado, y peí 
loria y conve 
20 todas las i 
;a por sus frt 
is y sus añncE 
s tomadas po: 
udalísmo, fue 
■inciones ápr 
dalo y la rui 
"ático, y cuya 
¡n ahogadas 
nás viril, es 



340 LECCIONES DE HISTOl 

gaucho vagabundo y tributario 
ñores propietarios de centenare 
rancho destruido del gaucho est; 
ajena. Ni tiene éste confianza 
ella su semilla, ni derecho pan 
mundo con el hogar de su espo! 
de los que amó. No se improi 
riquezas sino con leyes distribu 
piedad, como la que rige en Chi 
hace mucho se ha encontrado 
vecindario de Buenos Aires, qui 
aquel milagro transformador de 
dos misterios sociales, aquella 
Colonia y de nuestra democrac 
los regios perfumes del Escorial 
sión, señores, del monstruo que 
baríe en su pereza y á Rosas en 

Ineficaz por consiguiente esta 
aspecto social, fué bajo el politii 
centivo á la anarquía despierta. 
el Congreso nacionalizó la renta 
del papel sellado fí, y las aduat 

Centralizando los recursos, se 
acción del gobierno nacional. I 
la fiebre de progreso, los vastís 
que germinaban en el cerebro ■ 
lustre que sus labores sin re 
sobre el pueblo: sus tentativas c 
mineras, de viabilidad, de cana: 

(1} L«y de Hario9de 183«. 
(3) Id. de Marzo 3. 
(3) Id. Mano Ij. 



342 LECCIONES DE Hl 

sultas ya habían respondido 
obtuvo el resultado complete 
Congreso se halló en el misn 

Tres provincias: Salta, T 
eran las únicas que habían 
y una de ellas: Tucumán, ex 
servara su legislatura, excepi 
en el fondo un voto federal. C 
expresamente por la federai 
Juan, Córdoba y Santiago. C 
voto en el Congreso: San L 
tamarca, la provincia Orienta 
contestaron: Santa Fe y Ent 
federal era inequívoco sin e 
Galisteo representante de la 
los campeones más constanl 
de la federación. Buenos Ai 
su órgano legal por la ley 
por consiguiente, tampoco i 
sulta. 

Córdoba estaba en abierta 
poderes nacionales, había j 
del Congreso y desconocido 
Santiago gobernado por Ibaí 
reacción, y los más enérgico 
greso eran representantes si 
La Madrid á la cabeza re: 
Quiroga, omnipotente en Cu; 
gobierno de Rivadavia para 
Santa Fe había lanzado al n 
ultimátum federal: Tarija í 
nación: Buenos Aires, cerebí 



LICA ARGENTINA 

I en el encono c 
:ina estaba comj 

bravos soldad 
:ires del honor 
ientas batallas j 
lyada no tenía 
lertad ajena. E 
aba sin desean: 
nos convencim 
a y la instabil 

mano, los cim 
< á pecho por 
ía penetrado er 
: no tenían la S' 
días: eran el pi 
le de la electr 
istro de las hora 
acto del gobier 
ida acto de las i 

lenlarios estaba 
seno como los 
; los brazos, at 
bordante píen i t 
ía presión, sant 
a de la Constitu 
on. El esfuerzo 
lé impotente ps 
a. El seflor Gi 
que defendió si 
solución medií 
consolidar bajo 



344 LECCIONES 

federal las provincias i 
vivir indepeadientes, r 
resto de la nación, para 
ción gradual: pensamit 
cutido con detención, i 
que tuvo con la idea 
Constitución por el se 
la de rehacer por agre^ 
provincias antiguas, en 
con las libertades local 
rechazaba la sanción di 
por el curso natural de 
flores, que reproduzca u 
indiqué al comenzar. C 
Córdoba destituido sus i 
sistídole el Congreso en 
federales: cuando la rev( 
voz de ataque, y la con 
yecto, ninguna razón s 
viera contenida en las i 
puse la lucha contemp' 

Sólo dos argumentos 
tervinieron en la defensa 
les no me haya ocupado, 
tariüs: Contamos con la 
Tres provincias que hai 
cinco que han consígn 
Congreso, y tres que hai 
man la mayoría. 

El silencio de las legií 
el derecho de revisión, i 
federales, su compromisi 



ILICA AKGEI 

El que cal 
;e que las 
rania votf 
ría, si se & 
itable la re 
fa local, ei 
doblar. ] 
snía adem 
efutación i 
litarios: L 
ipobladas, 
era y car& 
n regenen 
}rla comu 
n logrado ' 
mpequeíle 
federales, 
leblo el rur 
lUsa de la i 
smo coloni 
o: en la ju 
en el excl 
en la unid 
aba de fas 
regaran b; 
iña crecer 
su admini; 
su autono 
bieráis inl 
orío de Bu 
son. Pero 
;, negáis t 



346 LECCIONES DE HIS 

concedisteis, y llamándoos m 
mismo mal con remedios tan 
la verdad, señores, contra cuy 
la teoría clásica, y la Constít 
sancionada el 6 de Diciembr 

Sacrificaré su estudio A vi 
No es indispensable analízarli 
la del Paraguay í», no conozc 
tución mala. Su horrible vi' 
unitaria y en llamarse unitari 
provincias á departamentos a 
los agentes del poder nación 
tución del año 19, limpia de s 
tocrfSticos. Más unida, más 
mocrática. Seis afios de prep 
contraindicaban. No tenía pr 
sociabilidad argentina, emint 
naria, localista, campestre, in 
nidad, y apasionada, sino refle 
Era, decía el diputado Ugartt 
fora que dio que reir al Dr. i 
excéntrico de nuestra órbita p 
*nece á la política, ha dicho 
•que no se apoya en el sentimi 
■tenece á la universidad, y 
spoesía.» No reposaba sobre 
fuerzas discordaron y cayó. 

Cuando fué presentada á 
ejército nacional vencedor en 
á sus espaldas los brasileros 
quedaba inmóvil, imposibilita^ 



SEPI^BUCA ARGENTINA! 

[fia. El Dr. García 1 
negociar la paz, y 
tó sancionando la 
ido fué rechazado ] 
}S fatigados se nega 
ites y la situación c 
complicada. Tariji 
les, perdida la cui 
atizaban febrilment» 
:otaba en vano su f 
le Mendoza por in: 
Dr. Vélez recibía di 
inante declaración 
tirábase desencanta' 
ución doctoral de C 
en armas hacia el 
tspor Quiroga en m 
religión// La teor 
lerza que hubo de 
ráronle al gaucho s 
laba todo á sablazo 
lo: la misma incógi 
igre. El localismo 
ires. Tenemos, dec 
iCos y universidad 
raba su mano de 1 
egoísta, desar roUac 
por uno de esos t 
instituciones ínnati 

;cía no ha mucho e; 
ibio acento de un c< 



348 LECCIONES 1 

neo, era difícil, pero no i 
no obstante, se negó á 
era su arma, y entonces 
El 7 de Julio renunció : 
interinamente el Dr. D. 
gran partido unitario ib 
emigración de su jefe, 
recer un aflo más tarde 
la muerte funesta de su ■ 
de Agosto el Congreso 
la fatiga y sin esperanzi 
Dorrego había vencido, 
zación unitaria había fr 
£1 ínQujo de aquella ( 
dejado hondos surcos ei 
ciedad. Ninguna fuerzí 
lutamente en los puebl 
quias inmortales ó men 
pero fecundas. La unidi 
fórmulas probables de U 
Su ensayo fué ruinoso, 
hemos visto, en el divor 
tos internos vivieron de 
á pesar de deber aquel 
dencia no lejana de los ii 
que radicó la democrac 
Directorio. Cuando el 
neo abre el corazón y 
gencia para recibir á n 
cosmopolita y anónima ; 
pirada por Dios: cuandc 
extiende con blandura 



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div¡ 



da 
cen 
ega 



350 LECCIONES DE HISTOK] 

doade murió Martín Güemes. Ls 
gentína, una y hermana, esa es 1 
le espera en pos de aquella rev 
lucha, sefiores. «Milicia es la vi 
sobre la tierra, y como días de 
sus días>. 



N X 



fué pro 
ú coroa 
federal 
3uenos - 
s y enea 
do prev 
resultó 
■a terrib 
> hombí 
i revolu 
>ilidad 
:n la de 
irerjente 
t-americ 
ilustrad 
imbre ii 
orno á 1e 



vamente rebelde, el i 
orgullo agreste del 
consecuencia, trans 
Debía á sus conciud 
más resistente que 1 
Les debía la conse 
plantel de ilustrad 
por los unitarios, al ] 
flcación del pueblo 
clónales, impotentes 
con su apoyo. Juste 
caudillos, puesto qut 
sangre colonial cin 
pueblo, pero era just 
rrarlos en el deber, : 
de todos sus hijos, 
comün, el desidert 
dado por la inhabili 
sortes de la política i 
que con los caudillo; 
cultos sabía que á ■ 
pero contaba con 1 
de sus partidarios, 
extendiendo el hori 
El monstruo indómi 
taba á su lado. ¿L 
por rumbos fijos? A 
dos era recia, y esca 
para continuar la ta 
interrumpido; circuí 
reclutar adeptos eni 
cólera de los exalta 



i3blica argentina 

Tasca en el leño car] 
I. Apreciar su sitúa 
sflores, un acto que 
fibra. Algo más aiii 
ición derrocó treme 
una guerra extranje 
nuestra última lecci 
írmentación interna 
se en peligro de pert 
ítales intereses comí 
omenzaré por esta ( 
• Dorrego resolvió c 

í la cabeza de la pi 
s los gobiernos arj 
Brasil, y obtuvo de e 
ales el encargo de ( 
de la nación en sus 
idiando las cuestioni 
e la Banda Oriental 
)na de Portugal en 1 
e, es fácilmente per 
a colonización hispí 
a con el imperio vec 
cendientes de Cabra 
apoderaron sucesiv 
sHtica en dos faces d 
el meridiano de Tor 
caprichosa del ut 
or medio de las arn 
Grande y las Misioi 
con los conatos de 



354 LECCIONES DE HIS 

conquista de 1817, y los actos p 
1822, se apoderaron, decía, de | 
territorios. La posesión de 
realizaba su eterno sueflo, y er 
peligros para el Río de la Plat 
sión del imperio no se deter 
atizó la desmembración del i 
podría encontrar pretextos pai 
Ríos ó en Corrieutes, iguales 
que, en decir de sus estadista: 
dados contra la Banda Orienti 
Unidas jamás renunciaron si 
la Banda Oriental ni por las rt 
tigas, ni por las conquistas I 
período de entusiasmo febri 
por los principios políticos tar 
profesados en los pueblos, la < 
mas de gobierno era tópico d 
fundas entre argentinos y bra; 
dades no se hacen tolerantes, 
normalizan la libertad, y cuai 
en vez de una bandera de con 
en un estado moral, en un d 
dad. Todo esto levantaba el 
aquellos conquistadores que 
de las márgenes del Plata. P 
cuestión era vital, y una vez 
nación en ella, importaba á 
verla & costa de todo sacrifi' 
obtenidas desde 1825 por la in 
cendieron los 33, los triunfos 
Bacacay, Ombú, Ituzaingó y 



r 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

ron de gloria á los bravos soldados del 
republicano, no bastaba para domar la i 
cia brasilera. Las provincias estaban en 
por el desvío de los gobiernos, la preoc 
de los pueblos en las cuestiones interio] 
dislocación que sobrevino por fin, cuandc 
después de las jomadas de Ituzaingó, s( 
ría una acción más compacta para exp 
victoria. Las armas nacionales habían 
lices también en sus empresas navales, 
basta el punto de limpiar de enemigos Is 
del Río de la Plata. Escuadrillas y ali 
prisioneros entraron por trofeo en la 
argentina, rendidos por el brazo de Bro 
nuestros puertos bloqueados no recibían 
otros tiempos las naves del comercio. í 
nos, en una palabra, la desunión y la ] 
Sin tanto estorbo y sin la abstención 
raguay, habría sido resuelto sin duda, 
por todas, el eterno problema de la coló: 
hispano-portuguesa. Pero el sombrío des 
de Francia doblaba á sus conciudadauoi 
cobarde egoísmo del esclavo, y en na 
currieron á aquella guerra que á la ve 
laba sus destinos y los nuestros, como á 
otra empresa han concurrido de cuántas 
ron la independencia y la libertad sobre 
que ha escandalizado durante cincuen 
terminando por ensangrentarlo. Las as 
oes recíprocas de los beligerantes eran 
dida. Cuando el ejército republicano £ 
de San Gabriel buscando posiciones e 



356 LECCIONES DE HI 

cas, el marqués de Barbacen 
dos: «na cidade de Buenos A 
Tres días después era vet 
Aquellos guerreros argenlin 
victoria: aquellos milicianos 
fuego patrio, que asordaron 
llanos con la diana triunfal 
carga, redoble del bruto, del 
al paso del indómito guerril 
rían, señores, sus aspiracioi 
libres, amamantadas por el 
tico que amparaban en Río G 
cr astada en tierra de esperan 
argentina? Ellos querían av¡ 
gloria y embriagarse en sus 
sidades. ¿Pero era esto posi 
dioso?... Ño, señores: ya lo hi 
ción interior y financiera del 
lo permitían. Después de I 
Buenos Aires sólo sostenía, i 
cito republicano. Así lo declí 
un tratado solemne, de cuyo 
de Dorrego borró con genen 
palabras de gratitud escritas ; 
provincia por Villagra y por 
te Rivadavia persuadido de t 
tó la mediación de la Inglater 
cía firmó en 1827 un tratadc 
honor argentino, porque no ci 
alcance, si los orientales, fíele 
biéranse resuelto á no doblai 
ya por la fibra de la independí 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

Ü^ongreso lo rechazaron como sabe 
or del Brasil, exasperado por sus i 
uería á toda costa recoger la victoi 
e sus derrotas. En tan dura situ 
imergencias sobrevinieron para ac 
mesticar el orgullo del trono coi 
V principios de 1825 un caudillo d 
)re, toma en una mano la bandera, 
spada de la devastación, penetra i 

Misiones orientales, llevando el 
de su paso: era el ángel terribl 
io Rivera. Lavalleja pretendió en 
). El siguió su curso con rapid' 
y me resisto, señores, á reproducii 
■o de dolor, en cuyo centro se aj 
udillo, su guía y su inspirador, qu 
; la enemiga de los gobiernos y c 
idades de su proceder, inclinó 1 

la política y precipitó el éxito 

No estA en mis principios aplaud 
is por sus resultados. Aquella lo 
laudo. Consigno el hecho, nada 

Dorrego quiso regularizar la inv 
ssfuerzo se estrelló contra la iner 
10 López, y la simpatía que tal ve¡ 
sn secreto una aventura decisiva 
ón. El saqueo y las emigración* 
]uella parte del antiguo territorio 
de las guerras apenas han dejad< 

aldea miserable, sofocando el p 
ablaciones con el sable y con el I 
into, el seflor Dorrego, en cuya 



358 LECCIONES DE HISTOl 

habían puesto las provincias un 
reservándose para sí la direcciÓT 
gentes, entabló desesperado de U 
negociaciones por medio de los ; 
Balcarce, que produjeron la Ce 
minar de 1828. En ella nada se e 
& la cuestión de límites. La mita 
rica nece-sita ponerse de acuerdo 
Un artículo adicional compromel 
contrantes A emplear todo esfuer: 
libre navegación de los afluenti 
obsequio de sus ciudadanos, poi 
cado. El tópico capital de la cu 
fué resuelto honorable y dignf 
á la energía con que el gobier 
mantuvo las condiciones que el 
no pudo arrancar A la obstinaci 
y la duplicidad del marqués de 
nistro y negociador. Del sacrifi 
pueblos valerosos: bautizada cor 
tina, que á raudales se mezcli 
patricio, héroe en las huestes pt 
valleja y Rivera, sombreada por 
arrebatado al destino en las tierr 
en Ituzaingó y en Juncal, aparee 
los pueblos libres é independient< 
Oriental del Uruguay, El éxito i 
era completo, pero era hermoso 
pleto, digo, porque dejaba pendíe 
puntos de divergencias internac 
que limitaba 1» declaración de ! 
2° á la Provincia cisplatina, dei 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 359 

10 escrito del Río de la Plata por los pac- 
de 1821. Era hermoso, no obstante, señores, 
]ue nadie osará acusar de esterilidad una 
rra que produjo el advenimiento de una na- 
1 libre y democrática, y obligó á la polí- 
del imperio á replegarse de las posiciones 
izadas que ocupara desde 1817. El sacudi- 
nto popular que engendró á Artigas estaba 
íñcado, mientras el caudillo purgaba en el 
ierro sus desmanes. ¿No queréis que el ar- 
tino se envanezca de su nombre, cuando lo 
umbra el espectáculo de su brillante pasado? 
Grande es sin duda el destino de un pueblo, 
en sus mayores aflicciones y decaimientos, 
e soldados para su honor y sangre fecunda 
verter por sus hermanos. Apenas presénta- 
los anales de ningún pueblo sincronismos 
singulares: 
15— Explosión de la anarquía— Congreso de 

Tucumán— Victorias de Güemes. 
17— Invasión portuguesa— Restauración de 

Chile — Anarquía de Artigas. 
20— Disolución nacional— Campaña del Perú. 
28— Guerra civil— Nacionalidad Oriental, 
írmulas caprichosas del acaso? No, señores: 
ilaciones externas y tangibles de un resorte 
írior, que ni el conflicto enerva ni la anarquía 
iigue destemplar. La independencia ha con- 
ado todas las almas en la unanimidad de en- 
ismos, que determina lOs grandes resultados 
3ricos. Por eso veis á Dorrego, firme y re- 
to, pisar el mismo terreno en que Rivadavia 



360 LECCIONES DE HIS 

sostuvo la cuestión nacional, 
gía. Pero la República, seme 
soldado del imperio bizantín' 
gido laureles, cuya frescura 
pronto las lágrimas de sus hij 
arrastrándola sin reposo, jam 
po para saborear sus glorias 
de 1828, el ejército volvía & su 
gar. ¿A qué volvía?.... La hist 
reclama ya. 

_Dorrego subió al poder apoi 
tido, en el cual se aglomerab 
cálmente opuestas entre sí. C 
era su propósito estorbar el 
que entre dos grandes faces 
gentina venían preparando, s 
divorcio, su desconocimiento 
nes de la revolución. Comen; 
ligar las provincias argentin; 
común, reconocido y sanción 
escrito. La circular en que ; 
blos su exaltación al mando, c 
agrio y en diversos puntos inj 
y administración de los uní 
obstante, con claridad el pur 
moslo así, cuya apreciación, di 
Ha tesis tan complicada por el 
hombres, y por las condicioi 
constituían problema. Efecti 
nización nacional era difícil, i 
des populares no estaban nivi 
tura armónica y principios ig 



362 LECCIONES DE U 

lUTso dirigía. Había en el s 
IOS y á la cabeza de las mo 
iobre cuyo carácter no poc 
:arse. ¿Creería él, por ven 
,(Spez, Bustos, Facundo, AIi 
¡ombría constelación de ca 
ad de someter á la ley su 
'esaban concienzudamente 
lombre escrito en cintas 
os desiertos campos de la 1 
¡efiores, que había estudiac 
;us resortes en la vida de i 
abía de memoria la Const 
los Unidos, y había templ 
)roscripto soñando para su 
[lorioso apoteosis del ciudi 
;omo el colono español aper 
regó, digo, no podía creer 
•"e, Córdoba y Santiago, at 
il despotismo negativo y 
le Bustos y de Ibarra: qu 
nfiuenciados por la estrella 
[a, eran pueblos ni gobierno 
lesde luego una organizad 
cuando le faltan elemento 
sueltos. Y sin embargo, se; 
azón. No está en la mane 
ebacer su historia; no est 
lombre ni cabe en la omnip 
iue no sea lo que una ve2 
)ueblo argentino pesaba ui 
)Ie: la colonización espafloh 




DE LA ItEP1>BLlCA ARGENTINA 



deoaba & no entender la libertad, á tro 
buscándola, á ensangrentarse para conseg 
Dorrego se resignaba á la triste suerte de s 
tria: á cruzar la penumbra de una organiz 
incompleta, que pudiera- acercarla á la fe 
ción que él había estudiado en su gran m( 
Los unitarios querían hacer en un día lo q 
confiaba á la revolución y al tiempo. ' 
razón, señores: movimiento popular es la : 
ria de las sociedades libres. Qué transáis 
la barbarie! Y cómo no si la barbarie 
pueblol.... 

Aquí estribaba toda su estrategia pol 
Para que ese elemento indómito que trae 
frente á Facundo, se docilice y aplaque, es 
sario, que el cordobés, localista incurable, < 
santafecino celoso, que el porteño envan 
con su comercio, con sus poetas y sus 
sean dueftos del objeto de sus amores y se 
nos en su hogar. Para domesticar á los 
dillos, satisfagamos su instinto, acariciémt 
pero no encendamos la guerra, cuyas bris 
fuego desarrollan su nervio y les dan el imi 
Esta era la política de Dorrego. Entre los 
tarios y los caudillos, se levantaba él lleí 
vigor, encabezando el partido federal, á fe 
tar el crecimiento espontáneo de los pU' 
Subvenciones á las provincias: prudentes i 
vas para tratar con sus gobiernos: hala( 
los unitarios, que se esforzaba por atraer 
filas, porque en medio de sus iras de partii 
vela en ellos un foco de iniciativa civilizs 



364 LBCCIOMES DEVIE 

que importaba fulgurar sobr 
que iba á apoyar la Repúbli 
el pueblo y pura el pueblo 
su política en lo fundamenta! 
los tintes de toda situación re 
facciones engendran odios q 
posible superar. Así, las pol 
sa, las invectivas de círculo 
dignación de los unitarios bi 
ciedad y nublaban de día 
Reuniones secretas, correspe 
sas con el ejército de línea 
saña profunda, prevenían al 
al movimiento, que la aborn 
oportunidad para estallar. Kn 
no tenía que luchar con otro 
Juan Manuel Rosas había c 
de verdugo tras de las apar 
majadero y prestigioso, y gan. 
de los federales, á cuyo ser 
aparente sinceridad, hasta o 
miento de comandante genen 
lo hizo arbitro de la suerte d 
caudillo legal de las milicias ¡ 
su frente, su carácter comen 
rubor. Dorrego no tardó e 
aliado era su más sañudo en 
rios, contrariando las pasione 
porcionaban á la ambición de 
oportunas; pero Dorrego que fi 
y abrigaba una alma capaz ( 
vado, era un enemigo terriblí 



tEPÚBLICA ARGENTII 

aquella naturalez 
lencia en colocar 
sor lo menos en 
Dnesto alcance no 
regó. Pero ya er 
s en la campaña 
s: haMan solicita 
ios: los gauchos 
u ascendiente, y c 

colorados, conve 
tnpaQa reclutaba 
Sartén á pesar de 
ra tiempo de cont 
, que ejercía, poní; 
apital: era un pod 
tado dentro del 
ble lo que decía 
as han sido el cri 
: la tuvo Artigas, 
s, y digo que es c 
prestigio de los c; 
do su poder, y ce 
;uab]e de todos 1 
e deseosos de dotí 
s con el sable de 
lanza. Los unítar 
éderal, fuerte tods 

el cual están pa 
le dividían á las 

Mientras en la pa 
íduino fundía el í 
ebfa colocar muy ¡ 



366 LECCIONES DE HISTOBIA 

la ley, sobre la libertad, sobre el temí 
tras las montoneras de las mootafii 
ban para rehacerse, y Dorrego las c 
amaneaba su fíereza, y daba tono aX 
templado de los pueblos; el partido u 
nuDciaba á la pacífica propaganda d 
vía, y & nombre de los principios, ech 
de la fuerza del ejército, para inocular 
con las bayonetas nunca ensangrentí 
alif, sino en gloriosas Hdes contra los 
de la patria. El ejército venía á reac 
limpiar de caudillos la República,» par 
de sus propias palabras, y á reconstr 
ción, levantando el partido ilustrado 
fuerza militar. Dorrego lo sabía. Firt 
bargo, la paz, como hemos visto, en j 
1828, En Noviembre el ejército estaba c 
cargado de laureles, que iban á marcfa 
tre el polvo de las guerras intestinas. 



n 

Dos arrogantes militares, condecora 
banda del general sobre el campo de i 
Ituzaingó, descollaron en aquella comp 
heroísmo, que envanece á los argentin 
la musa virgiliana de Juan Cruz Var 
lie, bravo como un giiego antiguo, 
como un árabe: Paz, soldado europeo 
to varonil y cabeza serena y reflex 




DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

bos eran los caudillos destinados á c< 
reacción militar, que debía volver la 
á la situación destruida por las revol 
1827. El plan era vasto y bastante si 
en sí mismo para necesitar aclaracior 
lie estaba encargado del litoral y Pa: 
rior. Porteño el primero y cordobés i 
fueron escogidos con acierto, demosl 
nada era posible esperar para la vid 
si el localismo no era acariciado aui 
de la reacción unitaria. En Noviemb 
llegó á Buenos Aires la división de L 
fué acuartelada en la Recoleta. Paz c 
la provincia de Santa Fe esperando e 
de obrar. El trabajo estaba maduro ; 
tiempo que perder. En la mafiana 
Diciembre, el general Lavalle al fre 
división formada en la plaza de la V 
claraba caduco el gobierno del coron( 
invitando al pueblo A una asamblea 
tener lugar en la capilla de San Roqu 
La proclama del general Lavalle n 
un solo voto, que personalmente le fu 
chable: tampoco contenía, empero, y I 
tra atención sobre esta particularida' 
palabra que recordara a] pueblo s 
dad con el resto de la nación. Cuanc 
aisló á Buenos Aires, cuando más fan 
se irritó el localismo, el nombre de ta 
tria estaba en los labios y enelcorazó 
Creo que estaba también en el alma 
pero Lavalle calló, para apoyar el r 



cffaS LECCIONES DE HISTORIA 

militar que encabezaba, en una pasiói 
intransigente que los unitarios pretei 
años antes extirpar con la ley de c 
Constitución unitaria. El prestigio 
revolucionario, el entusiasmo de 1 
agradecida á los unitarios y adoctrin 
Várela, y las simpatías numerosas 
sa puesta en acción, propagaron la 
toda la capital. La asamblea popul 
bró, con efecto, el mismo día. Ya esi 
por las revoluciones el sentido der 
todo militar afortunado que vencía 
nunciamiento, podía contar con la 
gobernadores. El general Lavalle fi; 
bernador en la asamblea de San Roq 
Entre tanto, el coronel Dorrego hal 
la campafia, buscando en los milicíar 
sas mismof apoyo para resistir. El 5 i 
He en su persecución, delegando el 
manos del almirante don Guillermo i 
milicias se habían prestado á la conv 
gobernador depuesto, y Rosas, cuyo 
sonal lo inclinaba á la guerra, vino á 
apoyo reclutando unos 3000 hombres 
y mal armados, que fueron derrotat 
las tropas regulares de Lavalle en e 
Navarro. Dorrego y Rosas huyero 
rrota; pero la hora del martirio h£ 
para el tribuno y caudillo de una ca 
á hundirse con él por largos aQos, 
incandescentes de la revolución y 
Una partida del regimiento de hüsai 
dio alcanzándolo en su fuga. 



LA BEPtJBLICA ARGENTINA 

culó en Buenos Aires la aoti 
1 general Rondeau, resídenti 
ipítal, y varios agentes extra 
su influencia para salvarlo 
5 que vigoriza las presunción 
;nto, respecto á la suerte c 
da en los acuerdos revolucior 
día 13 á presencia del jefe 
intimada su sentencia de n 
lora para escribir y para ora 
[ano escuchó sin conmoción ' 
e mandato. Exhaló en brev' 
s con mano segura el doloi 
iesgarraba el corazón, ai sent 
3S lazos de afecto puro y se 
laban á la esposa que enea 
)ló con blanda ternura las 
íida. Le recomendó el perd 
y la educación de sus hijas, 
i la edad del festivo candor, 
Indida destellaba su amor y 
«La religión, les decía, es mi 
este trance de amarga solem: 
; borre en vuestros corazone 
isó también en la patria que ( 
ludimiento horrendo que pre 
los que de buena ó de mala 
ideras no h¡cie-an razón de 
izas el martirio que él ace 
ios, hacia el cual elevó su es] 
por la emoción religiosa q 
seno. Sorprendido en la 



370 LECCIONES DE HISTORIA 

de SU turbulenta carrera ábrese re 
ante sus ojos el campo del reposo 

eterno reposo La esperanza le 

á sus hijos su amor y á sus conc 
ejemplo, porque grande es, sefion 
manera moral y sublime la muerte 
ron j llega al suplicio sereno y at 
de la inmortalidad. Aun no ha ter 
solado adiós. Dorrego ha recibido i 
gobiernos patrios, que devuelve ai 
en beneñcio de sus conciudanos. I 
acerca: y la luz melancólica que s 
planicie, contribuye á suavizar k 
cuadro que la imaginación lucha 
recordándole su vida, sus esperan 
daño. El misterio se levanta: la i 
mundo, la muerte sobre el mártir, 
sol en el occidente y las margarita 
dobladas por su rayo, recobraba 
bajo la caricia del rocío y de las I 
Dorrego, alzando la frente que i: 
bendición del sacerdote, abraza d 
el poético crepúsculo de las cam] 
púsculo de su existencia. Dios, el [ 
en su alma y la desahogan. Su 
Su mirada mansa y tranquila. A! c 
sólo percibe la imagen de su es] 
hijos, el inmenso horizonte de la 
todo es amor en la muerte del cris 
hacia sí al oficial ejecutor, y le pi 
es el abrazo del perdón, que el 
zando le promete trasmitir i su: 



J 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 371 

La hora del plazo se ha cumplido. Dorrego b 
muerto. «Participo al gobierno delegado, escribí 
»el general Lavalle ese mismo día, que el coron 
»D. Manuel Dorrego acaba de ser fusilado pi 
»mi orden-... La historia juzgará, seflor ministr 
»s¡ el coronel Dorrego ha debido ó no morir 
Bien, señores, la historia ha juzgado ya que 
coronel Dorrego no debió morir. Antes que 
historia, yo me apresuro á decirlo en honor c 
un soldado que purgó aquel pecado sacrifica: 
dose por la justicia, — el general Lavalle ir 
probó su propia acción y la memoria de su ilu 
tre víctima le arrancaba lágrimas de arrepeni 
miento. Yo creo, señores, en el anepentiroien 
de los mártires y en el llanto de los bravos. Peí 
no circunscribamos así nuestro juicio. Aquel 
grande inmoralidad desprendida del Koram ( 
los partidos, ¿fué ütil ó fué como yo lo creo i 
crimen funesto y de amarga trascendencia pai 
la revolución argentina? «Si quitáis de la histor 
>la muerte de Dorrego, ha dicho un pensador a 
■gentino, que no obstante la reprueba, el dran 
■queda incompleto, frío, absurdo.» ") Sefiorí 
quien cree que es la libertad el resorte de 
vida, no puede dar entrada al fatalismo entre 1< 
elementos de la historia. Atendidas las conc 
ciones intelectuales y morales del hombre a 
gentino después de la revolución, y el profu 
do dualismo social que su curso reveló exisi 
y que las pasiones democráticas ahondaron, yo < 



372 LECCIONES DE HISTORIA 

he dicho estudiando la anarquía de 1 
mi juicio, la guerra civil era una calai 
no estaba en poder humano alejar, 
qué? Porque el sentido político de lo 
poráneos no descubría un centro de 
que pusiera en actividad las fuerzas 
todo elemento popular y neutralizan 
sus principios viciados ó disolventes, 
civil era necesaria, porque los partidos 
dían otra libertad sino la de imperar £ 
do las fracciones que los contrariaran 
teáramos hoy día dos cuestiones que r 
el terreno de la política trascendei 
riamos gran luz para conducimos ec 
berlnto. ¿La revolución está consumí 
mocracia, es decir, la libertad, la ig 
responsabilidad están desenvueltas 
ciedad argentina? Vosotros sabéis q 
¿pensáis que la guerra civil sea aun e 
mino de ardiente purificación para lo 
iQué sacrilego problema, señores, y c 
rror os causaría el ciudadano desacon! 
lo plantearal ¿Y por qué, sino porqn 
dad reposa sobre una solución que in 
armoniza por lo menos todas las tend 
necesidades, los caprichos de los hon 
leyes severas de las cosas: solución p' 
da formas á la nación y acaricia la v 
las localidades, solución social que 
todos al común bogar de la madre si 
que rompe el pan, como Jesús, con 
publícanos? Sólo por eso, señores, es 



DB LA REPÚBLICA ARGENTINA 373 

:rÍsol que caldeaba hace treinta afios el 

la anarquía, las astillas de la escuela 
uan y los cañones de Oncativo. Ahora 
é era Dorrego, el localista de 1816, el 
to de 1817, el salvador del pueblo en 
ederal del Congreso, el revolucionario 
lino la precoz encarnación del principio 

argentino y fructífero, inoculado hoy 
\ turbulenta revolución que lo devoró? 
la del general Lavalle, ha dicho el es- 
1 citado, cortó el nudo en que estaba 
lose la sociabilidad argentina. Ha di- 
señores, porque entonces no había aun 

el dogma que boy preconiza con entu* 
jorque no creía en la posibilidad de un 
nto, que domesticara al gaucho y al Ua- 
iéndoles justicia, y desarmara los cau- 
: medio de la quietud, ahogándolos con 
ncia de su sinrazón. Pero esa frase 

una confesión: que la espada de La* 
rribó cierto obstáculo opuesto entre la 

la campaña, entre la civilización y la 

que estaba impidiéndoles destrozarse 
is. Esa es la verdad, señores. La es- 
1 general Lavalle dispersó el antiguo 
federal, escaso todavía en personali- 
bustas, y que una vez muerto Dorrego, 
L y su pensamiento, fué vencido y se 

Echando mano de la fuerza militar 
lizar la República á cañonazos, el par- 
irio exento de la serena razón de Riva- 

había hecho legión y había perdido su 



t LECCIONES DE HISTORIJI 

icter híst<)ríco y social. Por C( 
oración argentina cambia rae 
En adelante, Rosas no tie: 
ontenga, ni jefe popular á qi 
ido que lo enfrene: suelta al 
, como lo retrató el poeta, sul 

y da refugio en sus aduar* 
itaraz y á la agreste altanerif 
;jos de montón. No que yo 
:ra civil, bien lo sabéis, el meti 
los que declaman sin analiza 

la paz hubiera sido eterna y 
, pero sí que restablecido, ce 

los pactos de 1827, el punto c 
ido cuadrilátero, el resto del < 
a tenido las proporciones hor 
una tiranía sin igual ni análo] 
modernos hasta la tiranía d 
rte de Dorrego fué funesta pe 
ción civilizada en frente de la 
ual no podía luchar brazo á 1 
a fué heroica, pero desesperadi 
otra parte, y quiero decir todo 
que el partido de Dorrego teñí 
[nseca: la prueba de esto es si 
i. Sin embargo, poseía el gen 

que tiene su crecimiento es; 
lad también que los coatempo 
?-ugados por el ejemplo de aq 
es extremas de la Europa, que 
carse sobre ruinas, y entendía 
do Dorrego el lustre y el moh 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

6n, la mataban matándolo. Esto expli 
mducta pero no la justifíca. 
Si personificáramos las cosas, podrlami 
r: entre Lavalle y Rosas, entre Quiroga 
taba Dorrego- Muerto Dorrego, Paz 
lile quedaron solos á luchar contra Rt 
icundo. El comandante general de caí 
ijó á Santa Fe en seguida de la catástrol 
snvención nombró A Estanislao López g 
simo del ejército que debía vengar la i 
i Dorrego, y apagar el foco unitario q 
icfa en Buenos Aires. La- suplica del 
indo era estéril. No rogaba Dorrego 
>rdÓn de sus enemigos, sino porque mal 
; la hipocresía de Rosas, que aun despi 
ifiaba á todos los estadistas, él presint: 
la especie de intuición que la muerte o 
infundía, la horrible y selvática sobr 
mcia de crímenes que iban á rebullir s< 
itria. Mientras Rosas observaba desde 
s, la campaña de Buenos Aires se cuaj: 
mdillos, Benavente, Arbolito, Pancho e 
lolina, etc., posteriormente sacrificados 
uflal ó el veneno á la siniestra envidia d 
o. Lavalle se encaminó hasta Santa Fe d 
[visiones que siguieran la guerra de mor 
1 la provincia, pero la suerte fué adv 
is jefes. Estombar perdió la razón. El 
ado coronel Rauch fué derrotado y muí 
1 combate de las Vizcacheras, y el geni 
íó precisado á volver á Buenos Aires, 
n Abril de 1829 se encontró al frente de 1 



I 

k, 



376 LECCIONES DE HISTORIA 

licias de Rosas, que ya se había incorpí 
encabezar la resistencia. 

La revolución entre tanto cantaba vic 
la propaganda y la sátira púnzame del Pi 
La administración del coronel Dorregí 
sido tan conciliadora como la política de 
lo comporta, y habla respetado las in< 
nes de progreso implantadas en los seis . 
predominio que logró el espíritu de Riv 
Por manera que el nuevo gobierno, atare 
vez en la guerra cruda que tenia que s 
y encerrado en la ciudad, fué un gobie 
transición que respetó, no obstante, los di 
de la palabra y de las opiniones. El c 
la ciudad no alcanzaba á comunicar á h 
pañas el sentimiento reaccionario, y és 
guían en masa la bandera de los caudilU 
ñn tuvo lugar en Abril la batalla del Pu< 
Márquez. Lavalle fué derrotado. Lope 
nazado por Paz, triunfante en Córdoba, i 
á Santa Fe, y los agentes de Rosas en la 
provocaron una nueva complicación q 
minó por quebrar la energía de los re\ 
nanos de Diciembre. Intrigaron con el vi 
de Venancour, jefe de la estación francés 
Río de la Plata, para que á pretexto d 
gularídades cometidas con algunos fri 
por el gobierno, se apoderara como lo hi 
injustiñcada violencia en la noche del 
Mayo, de los gloriosos restos de la escí 
argentina, que comandó Brown en la 
naval contra el imperio. El gobierno coi 



E LA REPÚBLICA ARGENTINA 377 

inflicto con honor y los buques fue- 
os. Poco después Lavalle sintíén- 
o, quiso salrar la provincia, de los 

una guerra sin precedente en sus 
>or su prolongación y los crímenes 
ero que la exornaban. En el mes de 
lugar una entrevista entre Rosas y 
incia del Pino, donde se acordó un 

en Agosto se firmó un tratado, por 
ís partidos convinieron en deponer 
El general Viamont fué proclamado 
y se prometió la convocación de una 
atura que debía elegir el propietario 
londas llagas de la anarquía, 
ón del país era azarosa y siniestra, 
de la revolución se había formado 
¡xaltado, que arrastraba la juventud 
árganos en el Tiempo y el Pampero, 
regnado de fanatismo que colocaba 
;s en el terreno extremo que conve- 

y á cuantos ambicionaran medrar 

del desorden. Hombres pacíficos, 
efan que era tiempo de apaciguar 
i resistían con la desventaja que los 
lies tienen regularmente cara á cara 
1 febril de la intolerancia. Hl dicte* 
e boca en boca. Las incitaciones 
ra perentoria y sin esperanza de 
1 la doctrina cotidiana, que á la vez 

sañudos rencores y divisiones en 
olucionarias. Subyugado por esta 
ichazó Lavalle las proposiciones de 



LECCIOKES DE HISTORIA 

le le hizo López en Mayo de: 
1 en el río de las Conchas, 
I precaver su provincia co 
del inierior. Pero el desl 
iras crecía de más en más 
ra decir que la ciudad estal 
sdicción del gobierno era ui 
;ci<5n del entusiasmo de part 
de gauchos penetraban hí 
rque y en las calles y vale 
escopeteaban á las partidas, 
Ino de la capital tropezaba < 
camino con el grupo de lai 
a el paso, llevando en el som 
ia, como una ráfaga de saní 
u rumbo. Los exaltados : 
! paz. Fervorosos en su pas 
bajo el escándalo del asalt 
lanse los extranjeros, y Uegí 
; esas crisis vertiginosas qi 
garse. Lavalle hizo la paz i 
i situación. Su partido se 
mente entonces y después, 
s, que una vez vencido, com 
iba, la transacción era el úi 
los horrores que habrían < 
i si de otra manera hubiese 
uerle del país no se jugaba 
i en la plaza de Navarro c 
lesto del coronel Dorrego. 
I de la pampa y el brazo in 
3s, la brutalidad colonial y i 



DE LA REPÚBLICA AKGBNTISA 379 

me en Juan Manuel Rosas, venía rodanc 
bre la reina del continente, que se estremecí 

pálida y débil como la tributaria virgen c 
I santas colinas. Lavalle no había convocac 
rante su gobierno la representación provii 
il aplazada hasta el ñn de la guerra. El pací 

prometía. El gobierno de Viamont establ 
lo en su virtud era el A" que desde el 1° ( 
ciembre se instalaba en la ciudad. Tres h 
in regido en la campaña. El tratado promet 

orden regular: promesas de caudillo, prom 
i de traidor, porque sobre Rosas, en efect 
posaba la esperanza de su cumplimiento. L 
lie con noble patriotismo envainó su espac 
el general Viamont quedó entregado á li 
prichos de aquel malvado, que en vez de roe 
r la lanza, penetró soberbio en la ciuda 
tentando con sus escuadrones que él era 
;rza, él era el destino. La abominación i 
undía como el vapor mortal de las aguas c 
>mpidas. Aht bien pronto iba á encapotar tr 
bes tenebrosas el foco de la vida popular. ] 
bierno del general Viamont, prestigiado p< 
nombre de su jefe y sus ministros, inició ui 
Htica reparadora á íin de pacificar la Rep 
lea, y si era posible, regularizar el orden 
Ivar los pueblos de ser degradados bajo 
spotismo que venía en hombros de la mont 
ra, que sustituyó las enseñas nacionales p< 
í insignias sangrientas, penachos de plum; 
: avestruz y todos los ornamentos de la barb 
;. Rosas, omnipotente ya, cruzó las tentativ 



380 LECCIONES DE HISTOR 

patrióticas de la adminístracií 
Quedan escritos, no obstante, p 
en los registros de naestra histor 
los pactos fírmados con Saeta '. 
tarizada ya, y Corrientes, en 182! 
1830. Ellos eran la reproducció 
los de 1827 y anteriores: consig 
escapaba del alma de los argeatí 
oprimida se encontró por la mal: 
plandece en sus estipulaciones 
que se buscaba la paz. Pero 1 
guerra, porque sólo la sangre á 
testinas, sólo la desmoralizaciií 
en los pueblos los partidos bárb 
nen la masa y abonan el terre 
las tiranías. La convocación 
provincial fué el tópico de la opi 
y su círculo contra el general V 
dillo contaba con ser electo ge 
vez de una nueva asamblea, se 
vieja, es decir, la suspendida pi 
de Diciembre, cuyos diputados 
bajo su inSuencia en ta campafia 
tica y aun mayor en caso de u 
ción; pero quiso hacer sentir to 
voluntad. Venció y fué electo 
tres años con facultades extrao 

Volvamos ahora la vista hacia 
unitaria encabezada en el inte 
neral don José María Paz. 

A principios de 1829, cuando ] 
dio de Santa Fe hacia Buenos . 



; LA REPÚBLICA ARGENTINA 

del interior se lanzt} sobre 
:aba Bustos prevenido á la ( 

de su provincia le recibi< 
tando montoneras, emigran 
a, privándolo de baqueanos 
íéndole entender, en una 
arfa sino con el brío de su: 
diencia que sus victorias p 

1 22 de Abril se encontfí 
os viejos veteranos del Al 
os en Arequito en frente 
leí Brasil. Dos monumentos 
convertidos en falange de | 
I disputaban allí lo que ni 
: las batallas, y que todos i 
ido, sin embargo, han venl 
La victoria coronó las ari 
que ocupó á Córdoba, y co 
snos Aires, fué proclamüdo 
provincia. No se ocultaba 
io y práctico del bravo gene 
a primer tentativa concilabí 
>s de parte de los caudill 

fácil cooperación en los | 
Tor, ya por las afinidades 
a multitud, esquiva y fusca 
Ssped que acababa de desti 
Bustos. El espíritu revoluí 
)sas influencias para las aln 

el torbellino. Paz y Lai 
i los Desmochados, cuando 
doble desastre de Raucti y 



382 LECCIONES DE HISTO 

tombar, que poofan en peligro i 
sa que representaban. ¿Por qm 
su acción y obraron juntos? Y 
res, nadie lo sabe. Ha querid( 
fenómeno por el deseo de ver 
caudillaje en toda la nación, ba 
lie, Lavalle en el litoral, Paz e 
embargo, señores, Paz vuelve 1. 
nislao López, cuya derrota hut 
singularmente la empresa: pen 
derrota á Bustos y apenas dueñ< 
natal, vanguardia de la revolu 
1626, se apercibe de que su podi 
el pueblo le es hostil en las ci 
campañas, que aun se explota t 
ligioso para criarle odios, y el e 
de Córdoba se subleva contra 
reformadores de 1821, cuando 
con todos los caudillos del cent: 
como lo declara en sus Metnon 
elhogarcon la franqueza de un 
aislar la provincia y radicar er 
cía y su partido. ¿No era esto, si 
otra república quimérica, apoj 
binaciones y en la provincia qut 
Facundo agitaba grandiosos ; 
sueños de gloria montonera. L 
ralezas, por bruscas que sean 
taciooes, son sensibles al sue 
irritada por el fuego interior, 
bellezas del paisaje. Facundo 
blica. Platón la hubiera varíac 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 333 

I luz de SU genio, en la abstración de la 
Facundo hería con la lanza Ja monto- 
nista forjaba su tipo entre la sangre de 
itallas, doblando al subdito y aterrori- 
grupo. Paz levantaba su ejército entre 
lor guerrero y las envidiadas ciudades 
siera dominar. En los aduares de la 
contró refugio Bustos después de la de- 
San Roque. 

leral Paz veía la tempestad, y para con- 
quiso negociar, como ya lo he dicho, 
í agentes ante los gobernadores y ante 
lio, que sin investidura ni títulos era ár- 
eflor de los pueblos y sus mandatarios, 
.ccedió á la solicitación y Córdoba y 
I se estrecharon la mano. Facundo dá- 
sa á preparar sus incontrastables mili- 
■ confundir con su bravura y las artes 
sas de su caballo moro la osada arro- 
lel general, que no cargaba con sus 
)s, ni se estrellaba en las lanzas enemi- 
ib£a vencido á Bustos, pero Facundo 
indo. Paz envió un parlamentario á su 
ento. Apenas apersonado en él, Facun- 
!o intimar su sentencia de muerte, y fué 
n capilla. El parlamentario se preparó 
y al acercarse la hora del suplicio se 
nicó su perdón, con tanta informalidad 
sentencia. Varios días pasó en el cuar- 
'al, sin recibir orden alguna. El general 
lue había llegado poco antes, se paseaba 
jia tarde, conversando tranquilamente 



384 LECCIONES DE HIS 

cuando fueron interrumpido 
sentencia. El gato montara 
víctima volvió á la capilla, dí 
pocas horas después, despacl] 
saporte escrito de letra de F 
« Regresa el bombero D, N; 
» cuenta á su amo D. Fausti: 
> halla en la Zerrezuela, con 
» cedores de San Roque. — J 
» roga.» <•> 

La paz no era posible, Q 
campaña. Salta y Tucumái 
los unitarios hablan ofrecido 
Paz, que siquiera los rechaz 
su deseo de aislarse en Córc 
ranos, tuvo que aceptarlos ei 
que la cuestión tomaba. Fac 
previsiones del general, caj 
por la frontera de San Luis 3 
ciudad de Córdoba el 20 de 
batirse en campo abierto dos 1 
destrozado en el famoso comí 
que lo arrojó ebrio de ira sol 
clutar de nuevo sus fuerzas c 
de Córdoba plagada de mor 
juró no cortar su barba hast 
de la derrota. El tigre de 
ble en la ira. Los campos te 
blos se retorcían de dolor 3 
tados en sus mujeres y sus an 

(1) pAz^Memorlas pó$lnma$. 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 385 

gobernantes, exprimidos de cuanta rique- 
udales descubriese el ojo codicioso del 
> ó de sus ruines servidores, azotados, 
cidos, arrastrándose mustios á los pies 
baro que cruzaba por el vértigo san- 
del terrorista. El reclutamiento de las 
}ue iban á combatir en Oncativo es uno 
más horribles episodios en la historia de 
o, y jamás la monstruosidad de la tiranía 
-ó en furor. 

idlan estos acontecimientos con la caída 
revolucionarios en Buenos Aires. Men- 
lé teatro por la misma época de otra 
1 encabezada por el general Alvarado y 
, por el sangriento fraile Aldao. La si- 
de Paz era por demás difícil, y le apre- 
segurar la neutralidad al menos de los 
os, que no lo fueran afectos. Entonces 
lisionados firmaron en Buenos Aires el 
de 27 de Octubre de 1829, delegando en 
ita provincia el encargo de las Relacio- 
leriores, y acordando la reunión de un 
:o; pero fueron desgraciados en Santa 
la armonía de vistas con que marchaban 
' Estanislao López, su gobernador. La 
e la opinión le era constantemente in- 
n Córdoba. Algunas prevenciones con- 
Jisipar en la capital, pero las montone- 
ipesinas no le daban reposo, ni era dueflo 
lo que dominaba. Facundo volvió repo- 
n la esperanza de la victoria, 
de Febrero de 1830 se encontraron en 



386 LECCIONES DE HISTORIA 

¡ativo. El triunfo del general Paz fu 
:o que de todos los combates dados p( 
>s argentinos, es el de Oncativo el qi 
entemente revela la eficacia de los r( 
ixtíScos contra el coraje irreflexivo f 
te que fía al brazo del salteador y al 

caballo y á la bravura del jefe el é: 
batallas, preparado en el opuesto cam 
■az<Sa del matemático. Los sueños leva 
' Facundo sobre un mundo de delitos 
as de Cuyo se disiparon con una evi 
nquilamente ordenada por el general F 
rió por medio su ejército, y trajo el t 
sus caballerías indúmitas y fanatizada 
liarse contra las bayonetas de Ituzainf 
Tota de Quíroga fué completa, y el c 
lesperado huyó del teatro de su verj 
agiándose en Buenos Aires. La vict 
cativo ponía el interior, bajo la espi 
leral Paz. La estrella de Facundo deca 
istigio de sobrenatural fascinación qu 

sobre las masas, necesitaba mucha 
■a renacer. 

•A general Paz pensaba que fué alt 
scendental su resultado, aun limitan 
;brar aquella personalidad horrenda 3 
• mahomético, que hubiera sido á la vi 
:os aflos el Ídolo de una raza barbariza 
terror, desde la cordillera hasta el I 
y sin duda exageración en ese senti 
í transpira el deseo de abonar sus e 
xificios. Empero, conriene un fondo d 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 387 

putable evidencia. La condición moral del gau- 
cho y el desarrollo del caudillaje, lo sometía á 
la forzosa tutela de las naturalezas superiores, 
capaces de fanatizarlo, y pensando por él, arras- 
trarlo con el halago ó el terror. Es una de las 
más duraderas reliquias de la guerra civil la 
idolatría de los hombres que han encarnado 
sucesivamente sus faces; idolatría que embota la 
fibra democrática, no ya tan sólo en el rústico 
pecho del campesino, sino en el alma del parti- 
dario urbano y culto que tiene tal vez el grito 
de la oratoria, mas no el sentimiendo profundo 
de la personalidad cívica, quebrado por la abdi- 
cación del fanatismo. Por consecuencia, la obra 
de entronizamiento y arraigo del espíritu colo- 
nial rebajado por la lucha primitiva del hombre 
del desierto, hubiera podido desenvolverse hasta 
donde el cálculo se agota al abrigo de un cau- 
dillo como Facundo. Pero ese desarrollo habría 
sido de todos modos contrarrestado por fuerzas 
civilizadoras, residentes en el seno de la Repú- 
blica, que en los cortos momentos de reposo, que 
alcanzaba, ostentaron en Cuyo creaciones su- 
primidas por tiranías destructoras, por la iner- 
cia de los déspotas perezosos, y la emigración 
de sus apóstoles más ardientes. 

La industria y la educación recibieron en Cu- 
yo un vigoroso impulso, sobre el cual reaccio- 
nó Quiroga al vencer, auxiliado por sus activos 
y no menos fanáticos tenientes, pero este mismo 
era el movimiento local: esfuerzos aislados de 
las provincias, que se prestaban al buen consejo, 



388 LECCIONES DB HISTORIA 

poniendo sus dineros y su acción en 
de sus propíos destinos. La acción n 
general Paz no intervenía en ese í 
sólo llevaba nobles aspiraciones y 
familiarizado con la victoria. Sin s 
resistencias ni atraerse el amor de U 
nes, el triunfo de Oncativo y la fuga 
lio, le sometía las provincias, subyugí 
aspecto de la fuerza militar que no i 
las pasiones & la restauración, porqi: 
no inocula ideas, ni los pueblos pui 
zarse á cañonazos. Nueve provindí 
ban, y sus gobiernos enviaron á Cor 
sarios que los representaran. Este C 
agentes oficiales destituidos de man 
lar y electos bajo la influencia de lo 
del general, le nombró Jefe supre» 
El título de este magisterio define el 
to. Era una reacción puramente i 
arraigo en el sentimiento de las ra&i 
rácter severo é incontrastablemente 
del general Paz y su entusiasmo ge 
reconstruir la nacionalidad, no basta 
generar los hombres, ni cambiar fui 
mente el papel histórico que represeí 
Por desenlace de la restauración 
1828 contra la antigua y tradicional 
partido unitario, teníamos, señores, á 
de 1830, en el litoral á Rosas apoder 
bierno de Buenos Aires, y Santa Fe, 
y Corrientes ligados por los pactos 
de 1829. A Córdoba, Salta, Tucumár 



DE LA REPÚBLICA ARGENTIHA 389 

m, San Luís, Santiago, Rioja y Catama 
iados á la restauración bajo el ínflu 
leral Paz y sus indomables veterano 
a ley, ninguna reforma, ninguna esp 
e estabilidad. Facundo emigrado y c 
onspiraba, entre tanto, con Juan Manu 



ni 

s primeros meses de 1830 las cuatro pr 
litorales se pusieron de acuerdo pa 
una convención particular en Santa f 
stó en Enero de 1831 el tratado cuadril 
tregando al gobierno de Buenos Aires 

de las Relaciones Exteriores, y ren 
en lo esencial el de 1822. La prim 
itración de Rosas fué el preludio de : 
espotismo. Subía al mando por la dis 
3el elemento urbano que le reistía. 1 
unitario estaba vencido en las batalh 
■al enervado por la muerte de Don 
□as podía oponer pecho firme á aquel 

1 expansión de fuerza bruta. La divi 
aba á introducirse en la ciudad. La 
de la prensa caía bajo el capricho • 
idones. El Colegio de Ciencias moraU 
una generación había sido iniciada en 
icio de la inteligencia, era á su vez sup: 
or el obscuro gobernante, atareado i 

la civilización bajo el nivel campeí 



390 LECCIONES DE HISTORIA 

no. Una política perseguidora y reacc 
ahondaba las escisiones sociales, cuajabe 
cárceles de presos políticos, levantaba ; 
primera línea caracteres corrompidos que 
□íaD en juego las artes pérfidas con que las 
nías, como la araOa, envuelven la víctima 
destrozarla con la calma cobarde del verd 
Sus seides lo aclamaban restaurador de 
leyes. Ninguna dejaba en pie, porque conti 
cían su tendencia igualitaria, las garantías 
al comün de los ciudadanos acuerdan po 
carácter universal, cuando arrogantemen 
de plano no violaba su letra en uso de las 
cultades extraordinarias que investía, 
concesión consuetudinaria de nuestra ant 
legislación, usada hasta allí con mesura po 
mandatarios que la obtuvieron, se convirti 
sus manos en arma de su arbitrio extravagí 
sobrepuesto á cuanto las sociedades cultas i 
nocen como forma del derecho. Los ciud 
nos rectos se alejaban de su lado con escánt 
y cuando aun era tiempo de retroceder, aqui 
de sus amigos de la víspera, que tuviere 
funesta ilusión de fomentarlo, herían sus c 
con la voz de la moral y de las altas conveí 
cías del país. D. Manuel José García le escí 
en 1830 mostrándole el precipicio en que su 
griento fanatismo iba á sumergirlo. Creía 
había en Rosas fanatismo por una idea, po 
guna forma política: por algo elevado. El 
baro jamás abrigó idolatría sino por sí mii 
un solo resorte imperaba en su alma frí; 



DB LA REPÚBLICA ARGENTINA ; 

nbición, esa infernal sensibilidad, que nc 
srida sino por los placeres que el dolor aj 
iscita y constituye la horrenda pasión de 
ranos. 

El mal hijo, el mal esposo, el padre dui 
rofsta, ¿qué cuerda llevaría viva á las i 
ones civiles del ciudadano? Petrificada po 
>pIo de la crueldad, aquella alma estaba ci 
}sorta en su orgullo, en la vocación inni' 
]e sus habitudes de cacique le imprimie 
Ds desequilibrios morales deciden de los h 
■es, como los influjos de la virtud, de la cíet 
> la poesía. Espíritu de temple angélico, 
ipado en la verdad, divinizado por el at 
)r el presentimiento sobrenatural que da á 
iza su historia, tenéis á Elíseo: encantado e 
ilio místico del Redentor, tenéis á San Ji 
ndurecidos en el círculo férreo del civismo 
;uo, & Catón de Utica y á Bruto: rebajac 
quimera hercúlea de la conquista, ado< 
ido en la altivez del gaucho, en los amores 
■uto, en la ley del toro y el jaguar, recri 
endo su ingénita vanidad y su apatía de ci 
ín, tenéis el tirano indígena: tenéis á Ro 
jr 1830 aun aspiraba á seducir la víctima, i 
I instinto no podía ser reprimido ni oci 
sas masas de proscriptos y encarcelados 
le Rosas cebaba su venganza, estaban sobrt 
dos delante del espectáculo del país, al pt 
: no inspirar recelos, ni aun al verdugo, 
s lanzaba al sufrimiento sólo por halagai 
isión brutal de su círculo secreto y sus fau 



392 LECCIONES DE HIS 

sedientas de biel. García con 
lo gritaba: García, representa 
les dispersos que aun luchal 
solos por muchos años. La 
la amistad, rompía todo lazo 
cerraba los hombres en la i 
melancolía que acalla las víbr 
sobre los pueblos en decadem 

Entre tanto Facundo consp 
con Rosas, y por aquellos días 
caudillos soberanos del país c 
certaban, compitiendo en desti 
la frontera de Santa Fe, para '. 
la cuna de Gorriti con el flota 
gauchos. La sociedad estabí 
corla colonial levantada á la : 
de Belgrano y Rivadaviá, de I 
moría azotada por el viento 
campafia se combinó, y Lópei 
Córdoba. Un accidente impr^ 
neral Paz que se apercibía é 
una guerrilla enemiga. Su Ci 
con un golpe de bolas lanzado 
y cayó en su largo y penoso c 
tarde del 10 de Mayo de 1831. 

Quiroga armado de nuevo di 
Videla Castillo, se apoderaba c 
pujada por él la clase ilustrad: 
de Cuyo huía á buscar en tier 
do y tranquilidad. En Novi< 
restos del ejército de Paz ma 
neral La Madrid eran vencid 



DE LA KEFÚBLICA ARGENTINA 

ela de Tucumán. El terror se 
apañas adoraron su ídolo exi| 
ibra divina de los jaramicosis 
ises antes siguió la restauracií! 
adelante el sombrío imperio di 
sticidad de la barbarie lo im 
ior Sarmiento ha dicho: «pue 
>n Paz fué boleada la cjvilizacii 

duda su ra(z, señores: y no ai 
I histórica, sino del error del p 
[ue quiso luchar en guerra abii 
za inmensa de los campos. I 
Fuerte, y el fuerte era el barban 
s después de ensayar sus mee 

bajó de la silla en ) 833, para 
sus elementos y agotar la sav 

empresa ruinosa. Combinó c 
ile las provincias una expedic: 
leí sud. Cada uno de ellos es 
r le dejaron solo. No se afectí 
no, sin duda, por la esterilidad 
le iba á imponer al pueblo. Em 
a, exprimiendo el erario prov 
;iando la autoridad y solazánd 
1 general, desde el cual despacl 
lades infructíferas un cuerpo di 
cia el interior de la Patagonía, 
jcimas de la federación, como d 

sacrilega, con los santos exti 
uinarios que impartía en el ejt 
era de la revolución de Mayo 
ró á meditar sus teorías, á lee 



394 LECCIONES DE HISTORIA 

de la ciencia y soñar con su patria 
población agrícola en cuyo paisaje I 
hombre le ofrecían estímulos y emocio 
finidas. Estaba solo. Juan Manuel Rosa 
entre la vegetación salvaje y á orillas d 
vaje. Le acompafia una horda y un 
tiene delante el desierto y el indio: su 
tipo. El sol abrasa allí como su ira 
estallar. La arena es árida como su 
Allí se adhiere más que nunca la masa 
dilla. Paya y azota, roba y se solaza { 
cinismo. Adoctrina el crimen y estat 
memoria popular su Koram de extei 
implacable anatema de su credo. A I 
del Rio Colorado toma su ultimo rep( 
sitaba inspirarse en la plenitud del s: 
era el reposo del tigre, fulminante el o 
los los nervios, encorvada la espalda, 
la cola á la vista de su presa. En ios 1 
de la pampa aspiró el aliento que deb 
veinte afios... Rosas se burlaba del pi 
viándole cómicos trofeos. Un coseletí 
encontrado á la orilla del río era la c 
famoso Chacorí, rendido por su braz' 
reminiscencias de antiguas consejas q 
ban su extravagancia, como más tard 
tirio de sus bufones, D. Ensebio y el pat 
Sus adeptos, entre tanto, preparaban 
no, intrigando en la capital y haciende 
sicion siniestra al gobierno federal 
Balcarce. Había comprendido la fracc 
que á este sostenía, que importaba 



LA REPÚBLICA ARGENTINA 39f 

idente del tirano, y siquiera 
i á ceder á su anárquico pred 
jnpafla, dándole dineros y auxili 
ca expedición, trabajaba con bt 
á la noche por amurallar la ley 
>ntra su ambición desenfrena! 
iel partido federal, empeñado 
:a sus principios. El proyecto 
le 1833, como resalta en la lectu 
, era una defensa contra Rosi 
estaba patente. Fomentar la ini 
rincipios avanzados respecto á 
la libertad de conciencia: garan 
bus, aun en los mayores confiict 
ringir el P. E. y normalizar 
ar por fin la puerta á la autocí 

para siempre el derecho legis 
ar á los gobernantes facultaa 
•'as: tales eran, los medios á cu 
aban la C onstitución, á radicar 

ley y la flexibilidad de la dem 
. establecimiento y división de I 
:os fallaba el proyecto en cuanto 
municipal, pero aun estos desc» 
a su evidente objeto: contener 
)osicÍón se activaba en vista de 
-OS federales de Balcarce se dii 
arios rehuían la lucha: la pren 
)n el más silencioso frenesí: el p 

comprendía que nadie gobernat 
bitro del país por la anarquía s 
o la pluma enérgica de Cavia 1 



3% LECCIONES DE HIS: 

chaba por e! honor del país.... 
de Rosas y veía su obra á puní 

El U de Octubre de 1834 s 
los federales descontentos coi 
carón á éste, reforzados por ■ 
campaña que les prestó su inñ 
cidos emigraron. La esposa c 
movimiento de Octubre, adqu 
ees el título de Heroína de la 
nado por el labio obsceno de 
la lira destemplada de los bai 

Asi iba venciendo Rosas i 
enemigos, que aún no se coi 
propósito uniforme. La emigí 
el segundo lote de patriotas, i 
perado las vallas de la arena 
símbolo y un nuevo núcleo de 
lomos negros estaban derrot 
ba Rosas á los federales que 
mando por tema de sus apod 
que vestían. Los resistas, sin 
ban aun satisfechos ni plenat 
El gobierno del general Vian 
Balcarce, representaba otra frí 
federal, que á sus intereses im 
Nueva escisión, nueva lucha. 

Un regimiento que servía a 
uniforme verde. El color ver 
y anatematizado. Vosotros £ 
punto, señores, porque el que 
mas vibra todavía en la atm<: 
patria. Cavia y Rivera Indart 



DE LA HEPÚBLICA ASGENTUfA 397 

ito de la prensa libre del Plata, lazando 
ía el estigma del pensador contra la bar- 

del malvado. Los proyectos de Rosas ya 
an un misterio. Facundo estaba en Bue- 
\ires y ambos caudillos hablaron de su 

ambos tendían al imperio de la nación. El 
- de los llanos hablaba de Constitución.... 
i hablaba hasta horrorizar á Facundo. «Ese 
re me ha aterradol» exclamaba Quiroga. 
descomposición social había llegado & su 
>. Las bandas del tirano, reclutadas en las 
les y en la criminal canalla que él acari- 
, recorrían las calles esparciendo el de- 

y el terror- La casa del doctor García 
saltada una noche á balazos. Delante de 
srta caía muerto por mano de aquellos ban- 

un joven ciudadano, inocente y virtuoso. 

1 las manos tintas en la sangre de los ani- 
. que acababan de degollar, embriagados 
re cínicas carcajadas, reuníanse noche á 
; los miembros de una singular y terrible 
lad recién fundada. Tenían los hábitos 
es del matadero y la pulpería. En su len- 
, cantando y bebiendo, echados por los 
;, botaban á la muerte la cabeza de los 
igos, fuéranlo ó no: el traje era su signo, 
era brutal en ella. Su arma era el pufial, 
>cuencia la blasfemia Ó la obscenidad, su 
lio una mazorca adornada con los colo- 
roscriptos, su objeto el crimen tenebroso, 
s tirano alguno humilló los pueblos con tan 
.es recursos. 



398 LECCIONES DE HISTORIA 

El terror esparcido por su iatermec 
jación del sentimiento moral, la irríti 
cobardía, que también tiene su vért 
ban los caracteres, y el día prostituí 
su luz de lleno sobre los hombres. 

Rosas estaba envolviendo la eluda 
men que debía enervarla hasta que se 
prostergada en sus sangrientas mano; 
le ofrecía el gobierno: un resto de pi 
daba darle la dictadura. Rosas vo 
palda. El terror arreciaba: sus gane 
neclan al ciudadano: la mazorca voci 
espúreo representante del pueblo cuy 
gloria traicionaba, doblando la rodil 
tirano: Mándanos, le decía, doblamos 
písala, seflor. El tirano callaba y le 
con sarcasmo. ¿Dónde está Rosas? 
dores recorrían los campos buscam 
redondo, desde el cual fechaba sus 
Dícese que el Alto redondo era una 
de su casa. 

Una sombra implacable turbaba su 

cundo! Facundo omnipotente en t 

Facundo ambicioso, Facundo que h 
Constitución, palabra capaz de seduc 
rios y federales oh! Facundo morin 

La guerra civil habla estallado de m 
Salta y Tucumán, durante el gobiern 
rio del Dr. D. Manuel Vicente Mora, ] 
debía ir en clase de mediador á resta 
la paz. Partió con efecto. Un chasc 
cedía, como el ministro'de su hado i 



\ 



DE LA SBPtÍBLICA ARGENTINA 

ipos que recorría. La impetuosa 
e sus jornadas retardó el golpe. 1 
oipero su misión, los aleves asesii 
, y en la tragedia de Barranca Yac 
i 1835 la vida del caudillo j los tei 
s. Poco después el sepulcro abierl 
o devoraba los agentes de su cr 
muerte de los Reinafé, el suplicio dt 
:z y de Cullen, no alcanzaron á arr 
ueblos la evidencia de tan enormes 
lorque no está en el poder, de los tí 
a elocuencia á la moral, 
gritábale al oído su demonio inspl: 
«ras? Hundamos la virgen en la p 

)s Aires, la arrogante ciudad de lo 
ludaz profeta de los días de Linier: 
a: pueblo del 25 de Mayo, de Rivaí 
)rrego, ¿dónde está tu «Ima? ¿dóa 
ilímpica de tus bravos, el acento d 
5 y el estro patrio de Luca y de ^ 
il ¿por qué corrieron los días, y tui 
amblan, y tus hombres callan, y a] 
gar resuena la voz de la madre i] 
■ porque es el amor, y el amor es 1 
nervio de la criatura y de los puf 
;tás y macilenta y el Plata no mur 
le libertad. La abominación ha vi 
.. Tus hijos huyen, ó temerosos los 
TOS se aislan y se entregan... 
: he estremecido mirando al cazadc 
ive vencida por la red y estruja: 



400 LECCIONES DE HIST 

corazón dolorido, cerrar sus 1 
sofocarla.. Así el bárbaro opr 
de la mazorca y la montonera 
de nuestro pueblo... ¿Y la As 
tica?... La degradación la post 
pago de esperanza brilló, no 
iba A entregar la noble ciuda( 
resonó el acento tronador de < 
el senado romano enmudecidí 
lante del César y alzara el tn 
de Tiberio, la voz augusta ¿ 
estremecía las fibras del esc 
en el nombre de Dios y de lo; 
canto del cisne. Ya no tendría 

ni horizontes el espíritu «Ri 

» quisiera narcotizar mi pensan 
• ré más,> exclamaba poco desp 
amargura, el orador de 1835, e 
Medrano estuvo, con él. Disc 
entregaba la provincia A los pii 
La ley fué sancionada el 7 de 
Rosas era nombrado gobernat 
del poder publico por cinco ai 
taba: era preciso que el ciuc 
látigo de rodillas y adorara el p 
altar. Rosas invoca el sufragi 
votos contra 4 ratifican el ac 
del pueblo. La dictadura est 
patriotas huyen despavoridos i 
gración, éxodo de la virtud qui 
partidos en el amor común dt 
arrancar la corona de espinas 



PÚBLICA ARGENTINA 401 

in de los inicuos y fábula de 
izorca se desencadena y las 
or visten de fiesta al esclavo 
las víctinias mejicanas que 
coronadas de ñores y pisaban 
las del tambor de pieles de 
or la mano del sangriento 

ido federal, los unitarios tra- 
& sangre y fuego con la bar- 
: ha vencido. Rosas pisa la 

)S. 

está silencioso. La religión 
rescripta, y sobre la cultura 
:emas. Llegarán los pueblos 
iales estrofas que entonaron 

y en las orillas del Rimac. 
nueva faz histórica se pro- 

1 de los partidos bajo el pen- 
a, Wrígth y Agüero, Rivera 
e abrazan para purificar el 
libertad. Nada queda en la 
baríe desnuda Ó disfrazada, 
lufiales, el cadalso del terror, 
lana para Camila O'Gorman, 
lartirio, aquel grito feroz de 
inada, del pulpito y del tes- 
ios salvajes unitarios!». La 
á fundada. 



LECCIÓN XX 



>: Resumen cronoloi 
e la dictadora. 



a noche nos ocuparemos de 1 
i. Hay, á mi juicio, grandes difi 
icer su historia, pero las hay í 
res para encerrarla en una 1 
in diéramos á detalles íntimos» h 
:o de convertir la ciencia en í 
3 contemporáneas. Mi propósitf 
^a, se limita, después de preser 
ipitales de su cronología, á ex: 
inía importa en el drama de li 
itina. 

¡pendimos nuestro último estu< 
ifausta de 1835. Aniquilada B 
:iga y corrupción por la anarq 
Rosas, cuya omnipotencia vin: 
nbra de los desórdenes y grac 
rrores de los partidos civiliza 



404 LECCIONES DE 

chazaron los términos medios y dieron est 
dos contra la roca de barbarie descubierta | 
revolución en el fondo de la sociedad coli 
como la Francia de otros días, como Roma i 
tiempos imperiales, evoca la dictadura, abdi 
soberanía y renombre, enmudece de espai 
se somete. 

La ley de 7 de Marzo y la votación univi 
ordenada por decreto legislativo del 23, dob 
ron al pueblo, con efecto, bajo la mano de 1 
armada con la suma del poder publico. La 
me jurisdicción que se le otorgaba, no era 
poder extraordinario, pero circunscripto e 
funciones del Ejecutivo, que otros gobern 
habían obtenido después de 1820: era, señor 
absolutismo creado A nombre de la democ 
en favor de una persona, absolutismo sin 
délo, cuyo tipo sería forzoso buscar en tos 
potismos asiáticos, secuestrados de toda ini 
cia reformadora y fieros en la lozana pie 
de su barbarie. Importaba la reasunctói 
principio y fuerza de la autoridad en un 
bre con poderes discrecionales y sin m 
alguna de conducta fuera de su ciencia y 
ciencia. Por la ley de 25 de Abril de 18 
Asamblea de Representantes se declaraba 
bida entonces y en las posteriores legisla 
para entender en otros asuntos sino los qi 
dictador sometiera á su juicio. Estas cons 
jamás versaron sino sobre hechos consum: 
ni concluyeron sino por himnos que con 
sacrilego entonaba la Asamblea ante el he 



DB LA REPÚBLICA ARGENTINA 405 

, en que humeaba la sangre de los patrio- 
ida en su holocausto por el puOal de 

y la espada de Oribe y Mariano Maza. 
;ión legislativa salía fundida y pulimen- 
: Cuartel de Serenos, donde entre queji- 
ejido de las víctimas inmoladas, escribía 
Marifio para las columnas de la Gaceta 
til el libro sabio de la santa causa. 
36 Rosas extendió su brazo sobre las Pro- 
Argentinas, haciéndose instituir supre- 
! arbitro en la causa abierta contra sus 
es en el asesinato de Facundo. En 1837, 
metió torpemente el honor nacional en la 

de Chile contra la confederación Perü- 
la encabezada por el general Santa Cruz, 
lera argentina fué deshonrada, y el bar- 
da hizo para reparar su vilipendio, sino 

anualmente laetigie de Santa Cruz en las 
leí Sábado Santo. En el mismo año inició 
sctáculos sangrientos fusilando en la pla- 
:etiro un número crecido de indios de la 
prisioneros, y por consiguiente, puestos 
'e moral del vencedor. Excuso por ahora 
Dentario, tratando de condensar mi resu- 
inoMgico. 

3Sá 1840 la situación política se complica 
itervención de elementos vastos y diver- 
olviendo al tirano en un laberinto, en el 
abre paso con todo linaje de insidias y 
enes hasta conseguir dominarla. 

escaló el poder en hombros de una fuer- 
ai, pero una vez enseñoreado del país, 



406 LECCIONES DE 

personalizó su dictadura, poniendo tod 
clases del pueblo en jaque, enfrenando la 
con las otras, anulando todos los partidos 
yendo á s( la suma influencia, el pensamie 
acción, toda la vida, en una palabra. Por r 
que á medida que crecía la vasta pirám 
que se apoyaba, aplastando una Á una toi 
facciones y matices políticos, si es verdí 
por su acertada perseverancia se aflrma 
es menos exacto que, irritando las natural* 
tivas, aumentaba la legión enemiga, agrí 
por el peligro común á los hombres de toi 
partidos. Los unitarios de Rivadavia y lo 
tarios de Lavalle, los federales de Dorre 
federales de Balcarce, los federales de Vi 
los rosistas desengañados, los caudillos t 
perseguidos por la envidia del tirano, erai 
tantos enemigos suyos. Otra falange se It 
ba á su frente: ebria de esperanzas, con el 
sivo entusiasmo de la edad de los amores, 
inspiraciones angélicas y la fiera abnej 
una juventud cuyo espíritu estaba impn 
en la doctrina social, en la poesía de la lil 
en el cosmopolitismo de la justicia y e 
cho, — formulaba su credo teórico y literal 
la boca de Echeverría: iba á luchar conSa 
to y con Rivera: á cantar con Gutiérrez si 
ranza viva en el fondo de la miseria, con N 
que sofiaba bajo el rayo de la luna en los 
tropicales. Armada de la lira y de la ( 
robusto el corazón para el dolor, arrostran 
bates y amarguras con Domínguez, con A 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

Zlantilo y Tejedor. Los maestros 
3 vagaban en la misma proscrípci 
, envanecido y cansado estaba co 
ven y puro. 

I la ciudad y la campaña residfí 
entos de accí<5n estremecidos poi 
o de la democracia: Ramón Maza, 

protomártires ilustres de la revo 
:uyo nombre no se apagará en le 
enideras generaciones, 
ercía la presidencia de la Repúb 
;onstituída en 1829, cuando la 
ntina buscó en aquella tierra herí 
' garantías, el general Oribe, rej 
lartido que la ciudad oponía al el 
r y gaucho encarnado en el gent 
e Oribe y Rosas mediaban añnidí 
. Muy pronto se entendieron, y i 
iental se dió á perseguir los emi] 
lución de Rivera contra la pres 
les proporcionó un punto de apo 
tuación aflictiva creyeron eficaz 
rielad el alma triste con la esp< 
lérica, y la veréis adherirse A la 

trafa en la punta de la lanza el 
"^otector de los pueblos libres. I 
creyeron que el interés argentin< 
,, y pagaron su error muy caro en 
y San Cala. 

ro resorte intervenía en el drai 
ifio también, movido por eventu! 
lal confiaron los proscriptos y qu( 



408 LECCIONES DE HISTORIA 

en la crisis. Me reñero ii la alianza france 
suelta por el tratado Mackau de 1840. M. 
Roger, encargado de la legación francesa 
muerte de M. de Vins de Peyssac, entabló 
maciones perentorias ante el dictador p 
torturas y penas ilegales impuestas al sefi 
ele, que sucumbió el 4 de Enero de 1838 I 
peso de horribles padecimientos: por las 
cuciones del sefior Lavie, comerciante 
campaña, arruinado y atormentado por : 
nientes del tirano, y en fin, por índemníza< 
acordadas en 1828 al señor Despui y pos 
mente negadas bajo el gobierno de Rosa 
dictador se negó redondamente á tratar 
señor Roger por carecer, como era efecti 
carácter diplomático. La insistencia se e 
contra la decisión gozosamente tomada p< 
sas. Resistir, en electo, las pretensiones 
Francia y llevar al extremo su negativa en 
bre de la soberanía nacional, era papel que 
gaba su vanidad y podía coadyuvar al arra 
sus miras, neutralizando si no reduciend 
generación para la cual la independencia fi 
musa y una deidad, su único amor y el s 
vÍQCulo de las pasiones. El agente francé 
su parte, estaba sin duda alguna vencida 
debate, pero su alma calorosa percibía en < 
do de la cuestión un tópico de solidaridad ] 
nitaria, que lo impulsaba á colaborar en ( 
debilitara las fuerzas del tirano. Rechaz£ 
personería, acudió al almirante Le Blan 
de la estación francesa. Rosas se negó ta 



>B LA REPÚBLICA ARGENTINA 

1 él, invocando el principio in 
via de no atender á agente extn 
se presentara en el Plata apoya 
s. £1 almirante declaró enton 
neo francés, y sus armas se ap( 
¡la de Martín García, heroicaí 
por Jerónimo Costa el 11 Oc 

lismo año había abortado la con 
irrayán, y su cabeza traída en 
tirano fué el ludibrio de sus ii 

1 gobernador Ecbagüe, de Entre 
lo al territorio oriental en auxi 
acosado por la revolución, abd 

en 1838. Derrotado en Cagi 
s cantaron victoria, y una cr 
ente poder aterraba el alma ini 
i preparábase, reuniendo elen 
rios, que no coincidían sino en e 
ial de sus esperanzas: derrot 
' lo demás, actuaban intereses e 
anarquizaban la revolución de> 
nitarios envejecidos en sus prin 
3 al principio de nacionalidad, 
le buena gana á aceptar el apo 
s. La juventud seducida por la 

que conocía, entraba de buena 
nza. Los extranjeros, por su 
antirse previamente del éxito. 

& hacerse caudillo. Paz, firme > 
de su escuela, hubiera dése 



410 LECCIONES DE HISTORIA 

con razón, reprimir el desorden de los va 
ciudadanos, que venían á la guerra conc 
por un grande entusiasmo y ninguna disi 
Rivera, absorto en sus ambiciones artif 
odiaba cordialmente al caudillo argentii 
alzado por el prestigio de sus compatriotas 
á encarnar en la Repüblica la obra indíg 
su redención. 

La revolución que acababa de estallar 
rrientesy que se arraigaba á pesar de lose 
de Juan Pablo López, no investía tem 
nacionales. Era un estallido del localismt 
un localismo imprevisor, que irritado 
ambición de Rosas sacudía valientemei 
tutela, creyendo, empero, posible conqui 
personalidad provincial, sin echarse en el 
dio y ahogar por el esfuerzo universal 
pueblos el foco del despotismo, cuyos sin 
destellos alcanzaban ya por todas las fn 
de la nación. ¿Era posible concentrar 
tantas fuerzas divergentes? 

La Madrid estaba en las provincias de 
rior y atizaba la revolución, próxima á re 
en armonía con la ley que presidió sus prir 
elaboraciones políticas. Allí también era 
volución provincial y localista, y lo era íc 
mente, porque la faz que la nacionalidad i 
contemporáneamente fulminaba rayos y 
sangre. Entre tanto, señores, los restos de e 
popular, iban á hacer en Buenos Aires su 
esfuerzo, para caer postrados en la mu 
silenciosa necrópolis, señalada al historiad 



E LA RBPÜBLICA ARGENTINA 41 

las tiranías victoriosas: el lago 

ím ado del pecho de los Maza, la 

:ellí clavada en la plaza de Dolo 

brutal de Prudencio Rosas. Ran 

m su martirio con el secreto de la 

vida de sus compañeros. Entregí 

ín en manos del tirano, fué inútil 

terror para arrancar de aquella al 

mfesióa que debía botar al sacrífi 

amigos. La conspiración era vas 

vencida. Muerta su esperanza clv 

uerte que Marco Bruto, Ramón Mi 

i adoración del deber. Su alma 

}5 en la perspectiva de la mué: 

aba la presencia del levita abomi 

ixilio le ofrecían los verdugos p; 

secretos con sacrilega traición. ] 

I tirano de encontrar solaz para 

^na en los conjurados de Maza, 

icto de terror con que quiere hela 

ueblo demócrata y enmudecer p. 

complaciente senado de la Ro 

prostituida. El Dr. Maza sufre espantosas toi 

ras. Su hijo va á morir en las garras de Rosa: 

quiere suplicar para salvarlo. El bárbaro i 

jamás sintió amor le vuelve la espalda y cíe 

sus puertas á aquel viejo dolorido, benefac 

suyo, depositario de horrendos secretos í 

pesan sobre él como una sentencia iraplacal 

•Espere Vd. en la antesala de la Cámara e 

noche á un amigo,» hfzole decir Rosas en la ta: 

del 28 de Junio de 1839 Era la noche. Mi 



412 LECCIONES DE HISTORIA 

dictando la renuncia de sus empleos, esperab 
amigo. El amigo se presentó. Era Rosas- Acc 
pafiábanlo cuatro de sus bandidos. El pobre vi 
alzó la cabeza, mudo de sorpresa, y hubi 
podido repetir aquella palabra de Jesús: »Ami 
¿á qué has venido?- Cubrióse el rostro con 
manos, y un minuto después el puñal de Gaei 
había traspasado su pecho. Sobre el papel < 
escribía limpió Gaetán su daga y huyeron. 

Maza se ha suicidado! fué el primer grito d< 
mazorca. El papel ensangrentado desmentía 
sacrilega calumnia. Masa ha sido asesinado j 
los salvajes unitarios! gritaban después 
Milagro fué que Mariflo no siguiera el cam 
de los Reinafé. Maza dijeron por fin ha ca 
bajo é[ furor popular!.... Los diputados llegad 
al sitio de la catástrofe.,.. Honores! indicó al; 

no ¿Honores?.... las cabezas se inclina! 

humilladas El cadáver de Maza y el de su h 

fusilado en la madrugada, eran llevados en 
mañana siguiente al Cementerio en un carro 
limpieza. 

El 29 de Octubre estalló la insurrección ■ 
sud. >E1 día de la libertad ha llegado, de 
Fedro CastelU, el hijo del primer demócrata 
Mayo; ya no hay tiranos, ya no hay esclavos 
Todos somos argentinos.» La chispa cuní 
rápidamente propagada "por celosos patriot 
avecindados en la campaña del sud, anttg 
centro del poder de Rosas, rebelado contra 
ingrato caudillo que apoyándose en el ejérc 
quería romper el nervio de las bandas miliciar 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 413 

para suprimir toda fuerza social. E15 de Noviera 
bre los revolucionarios se ponían en relaciór 
coa los btoqueadores, asegurándoles su sitppatíí 
á fin de que éstos les facilitaran su contacto coi 
el general La valle. Prudencio Rosas que encabe 
zaba la resistencia no fué inferior en actividad f 
los insurrectos. El tirano comunicó á la Sala 1í 
revolución el 7 de Noviembre. Dos días emplea 
ron los diputados en un torneo de vociferaciones 
cínicas: humildísimos votos bajo la ampulosidac 
de un entusiasmo artificial y cobarde, destem 
piadas proclamas de exterminio. Renovábanst 
las escenas de pocos meses atrás. Entonces 
decíase en la Cámara: creproducimos e! jura 
>mento de la independencia, poniendo á disposi 
•ción del Excmo. Sr. Gobernador, Restaurador dt 
■las leyes, nuestras vidas, nuestros bienes, nuestrc 
»honor y fama.» De entonces acá mediaba e 
asesinato de Maza. «La causa de los revoluciona- 
•ríos, gritaban, es la de Lavalle, el asesino salvaje 
•unitario traidor, renegado de su patria, vendidc 
»al oro de los inmundos franceses.» Una ley de S 
de Noviembre los puso fuera de la ley, y otorga 
lujosos premios de tierras á los federales adictos 
«á la santa causa del Restaurador y de la Amé- 
rica.» El 7 había sido vencida la revolución en el 
desastre de Chascomús: muchos de sus partida- 
rios consiguieron emigrar, pero su jefe fué toma- 
do por los seides de Rosas, y el 15 de Noviem- 
bre el comandante de Dolores recibía su cabeza 
enviada por Prudencio Rosas, «con la más gran- 
> de satisfacción, (son sus palabras) para que co- 



414 LECCIONES DB HISTORIA 

* locada en medio de la plaza vean su! 

• el coadigno castigo que reciben del 
> motores de planes tan feroces.» Era ya 
da fuerza revolucionaria vencida por el 

El 20 de Septiembre de 1839 vencía L¡ 
tropas rosistas en el Yeruá, el 9 de Abr 
en Don Cristóbal, y el 16 de Junio teníí 
combate indeciso del Sauce Grande. S 
Gestos a] Congreso de Entre Ríos no pu: 
su parte la provincia. Corrientes resistís 
ciado por Rivera, al propósito de ensf 
teatro de la guerra pasando el Paraná 
fibra de Lavalle no se quebró por tanto ( 
y en el mes de Julio invadió á Buem 
mientras el general Paz se dirigía á Ce 
ansioso de conservar el fermento revolt 
y aplacar la borrasca que el ejército 1 
dejaba á la espalda. Lavalle cayó ráp 
sobre la guarida del tirano, sobrecogido 
en aquellos primeros momentos. Bajo 
rasgaba las tinieblas del pueblo un re 
de esperanza; pero la iniciativa estabi 
en Buenos Aires, y la desconfianza, la i 
de las condiciones sociales, el mutismo 
de las tiranías maniataban al ciudadf 
soledad del terror. Lavalle temió ser 
por la inercia del pueblo, sus vacilaciom 
tiempo al tirano para recuperar el alien 
do, y en el raes de Agosto se retiró pre 
mente, invadiendo á Santa Fe, cuya cap 
por asalto. Los veteranos de Rosas lo pe 
entre tanto. Oribe estaba á su cabeza. E 



DB LA KEPÚBLICA ARGENTINA 41E 

■ debía incorporarse en el Quebrad 
5pas del general La Madrid, y cuan< 
golpes habían ya caído sobre la rev 
ando perdido el primer impulso que 
1 puertas de Buenos Aires, apenas esp 

de las explosiones provinciales d 
1 aliado extranjero, sin interés prácti' 
a, separábase de ella, ñrmando el 29 i 
le 1840 la Convención Mackau, que sú 
ra los proscriptos que tuvieron la cá 
Sn de creer en sus promesas, el indul 
¿Ignoraba el agente francés qué tirai 
con cuyo perdón brindaba á los aliadi 
,ba de abandonar? Cómo, señores! Ma 
lestigo en Buenos Aires de aquell 
ernales de Octubre. En las vigilias < 
i Lugares Rosas atisbabael suefio feb: 
la vencida ciudad, cuyo letargo enea 
gicas visiones de esperanza: la az 
le Lavalle, el escuadrón sagrado • 
. El ciudadano sumido en el terr 
ba la suspirada libertad; la madre 
rgen evocaba la flotante aparición ( 
;s, envuelta á lo lejos, como la estrel 
bes, entre las patrias banderas y 

las batallas pero la fisonomía d 

lía la palidez del enervado desencanl 

miraba El ronco bramido del tig 

e su garganta; sus entrañas palpit 
leña? se dijo el bárbaro! Pero no ha' 
oflar! Y su alegría feroz quiso darse t 
itín que anonadara bajo el supren 



416 LECCIONES DE HISTORIA 

terror la última ñbra del pueblo, la fibi 
esperanza. Un mes de horrores sin medií 
ejemplo, de inmolaciones feroces y cali 
fueron el espectáculo á que el agente fracn 
tió en la capital, y con el perdón de cuyi 
iba á brindar al campeón indómito de la 1 

Entre tanto, señores, Lavalle marchaba 
el interior. El general La Madrid faltó i 
del Quebracho, y el ejército libertador 
sangrientamente derrotado el 28 de Noviei 
1840. Las defecciones no se hicieron espeí 

Empero, Lavalle y La Madrid iban í 
su esfuerzo hasta el heroísmo. Dividi 
fuerzas libertadoras en columnas expeí 
rías, fué sorprendida y exterminada la d< 
nel Vilela, destinada á Cuyo, en San Cal; 
noche del 2 de Enero de 1841, Lavalle re 
en la Rioja, inició la guerra de partidas, ai 
por Brizuela su gobernador, y el Chacha 
lio de los Llanos, mientras La Madrid n 
ba fuerzas en el norte, y Oribe buscaba i 
una batalla para destruir al primero. 

Esta guerra desesperada costaba ya- la 
de Acha, derrotado en Michigasta, cuand 
nersLl Lavalle, abandonando la Rioja, se c 
incorporarse con La Madrid, cuya pren 
torbóla realización de sus planes. 

El movimiento iniciado por Marcos Ai 
da en Santiago sucumbía con su heroi 
En Septiembre de 1841, Lavalle era derro 
Famaillá y un mes después moría en Juj 
sinado por una partida enemiga en la c 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 417 

había hospedado con su secretario Frías 
>s de sus oficiales. La saña de Oribe no se 
6 ante su muerte, y su cadáver conduci- 
pocos y fieles compañeros al territorio de 
i, fué perseguido por el enemigo para te- 
brutal complacencia de remitir al tirano 
za del mártir. 

de Septiembre La Madrid había sido ani- 
I por Pacheco en el Rodeo del Medio. Las 
eliquias del ejército libertador emigraban 
patria sin fortuna, las unas custodiando 
ico recogimiento las cenjzas del caudillo 
i ásperos caminos de Bolivia,— lanzándo- 
otras á través de la cordillera, cerrada á 
n por las nieves, hambrientas, mustias de 
i desesperada, pero fieles al sacro voto de 
1 varonil. 

iterior quedaba de esta manera bajo el 
e Rosas. Pintaros, señores, el terror es- 
I por Oribe y Mariano Maza, en las cam- 
T ciudades del centro y norte de la Repú- 
poblaciones anegadas en sangre: la cabe- 
)S mártires cortada á serrucho y clavada 
caminos: grupos de prisioneros degolla- 
anceados entre danzas grotescas y cánti- 
,b(51icos: mostraros á Marcos Avellaneda, 
ado y estremecido por el frío del puñal 
verdugo le hace sentir para su feroz 
to, alzando la cabeza para decirle: «acabe 
y la cínica algazara con que los bandidos 
an su cadáver: reproducir las torturas 
ata de los prisioneros del Quebracho y de 



418 LBCCIONES DE HISTOHIA 

San Cata ea el campamento de Rosi 
cuarteles del Retiro, es tarea que me 
me horroriza. ¿Cómo pretender que cons 
la serenidad de la reflexión delante 
abismo de crímenes, — ante la insaciabl 
dad de los verdugos y la miseria hedí 
los esclavos que besaban la planta del t 
Entre tanto, señores, que la desenfrenac 
dad de los tiranos de Rosas le sometía 
das las provincias del interior, el gen 
conservaba el foco reaccionario en las o 
Paraná. 

Cuando llegó á Corrientes en Agoste 
estorbó que dicha provincia se doblara 
ambición de Rivera, y consiguió forma 
cito que llamó de reserva, sin que por 
tuviera que probar sus bríos. Echagüe 
de Corrientes cuando Lavalle invadió 
Fe. Gobernaba esta provincia Juan Pabi 
bermano del antiguo aliado de Rosas: 
ambicioso como é!, pero inferior en enei 
recursos personales. Aspiraba á goz 
influencia que tuvo Estanislao, pero Ri 
vez seguro en el poder, distaba de ti 
elevación de caudillo alguno que pudie: 
dirle celos. Parecía tener el presentimie 
caída. Su patente voluntad de subyugar 
hondamente la susceptibilidad feudal di 
como traía desazonados á los demás 
que le servían, y á quienes no había 
por completo como á los gobernantes n 
del interior. Esta irritación del provii 



DE LA REPÚBLICA AKGEKTINA 

jo la alianza de Santa Fe con Corrit 
da en 1641 por el coronel Rufz More 
D. Santiago Derqui. 
re tanto, los entrerrianos habían invi 
rientes, y en Noviembre del mismo 
aba sobre ellos el general Paz en la m 
batalla de Caaguazá. 
teneral Echagtte habla cumplido el ti< 
gobierno en Entre Ríos, 
círculo numeroso, que rodeaba la ya 
a persona de D. Justo José de Urq 
itió su reelección, consiguiendo subroj 
1 candidato. 

aproximarse el general Paz sobre I 
de acuerdo con Rivera, que se había 
;tido á invadir por el Uruguay, Ur 
le la provincia. Tenían, pues, los revol 
í en esta fecha tres provincias á su i 
f de seguro que los progresos alean: 
habrían detenido si una acción vig( 
brme hubiera explotado la gran mas 
sos que sus victorias les daban, 
^oísmo señorial de los caudillos y el 
dismo creciente en rápida escala di; 
stante, las fuerzas de la reacción y 
ención liberal para días muy lejanos, 
rnos aliados trataron de anular al ge 
lombrado director de la guerra, son» 
á una asamblea de comisarios suyo; 
on el desacuerdo y la inercia, 
be habla cumplido su horrible juran 
[Larse en sangre argentina, y repuesto 



420 LECCIONES DB HISTOKIA 

SUS fatigas, volvía sobre el litoral. E 
correntino se nejííS á continuar la cruz 
hombres que gobernaban la provincia 
nocían la patria de este lado del P 
retiraron sus tropas para encerrarse 
derla, en Marzo de 1842. 

De todas maneras, el sentimiento pi 
catándose de las sañas del tirano, saboí 
ees presagios en medio de su horrible 
cia y un nuevo riego de sangre prepara 
planes friamente crueles de Rosas, del: 
drar ñores rojas de amarga desespet 
la planta cultivada por los asesinos (. 
y los asesinos de puñal. Las matanza; 
de 1842 renovaron el terror de Octubre 

Oribe reforzado con tropas de Buen 
había ocupado militar y sangrienta mer 
ta Fe. El tra.tado de Galarza puso al fr 
guerra á Rivera, que trató de alejar á ] 
lado, como en efecto lo consiguió, d 
desde luego la revolución á que no ci 
hasta entonces sino con promesas. Pa 
gió en Montevideo donde ll^ó el 2 
viembre. Rivera fué derrotado el 6 d< 
bre en el Arroyo Grande por Oribe, qi 
dó en llegar frente á la capital de su pí 
ya heroica defensa consiguieron los ■ 
generosos y los argentinos emigradc 
hiciera cargo el general Paz, que la diri 
1844, en que volvió & ponerse al frente 
volución de Corrientes. Los señores 
Mendeville, ministros de Francia é Ji 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 4 

;ieron su mediación en Octubre á fin de 
L guerra de la República Oriental. Sus oli 
m rechazados y la Sala de Rosas le dii 

de gracias por ley del 16 de Noviem 
dando que le fuera presentada de viva 
iioa comisión de su seno. 
i^pués de la batalla del Arroyo Grande 
rencia de los ministros extranjeros asu 
orciones más serias, transformándose e 
lación de paz comunicada á Rosas el 1 
;mbre. Rosas la despreció, y tuvo lugar I. 
in de Oribe destinada á reconquistar po 
^a la presidencia que abdicó en 1838. 
ispués de derrotadas las tropas de Mee 

en Febrero al Cerro, y comenzó el 1í 
de Montevideo, que le ha valido á la n 
id el dictado clásico de la Nueva Troya, 
resistió, no obstante, en la campaña, h 
'encido por Urquiza en Malbajar en Er 
)44 y en la horrenda carnicería de la Ii 
rta el 27 de Marzo de 1845. 
Marzo de 1843 Corrientes había sido nm 
te dominada por los rosistas. El tirano, ei 
), envió una escuadra á las órdenes del gi 
irown á poner bloqueo á Montevideo, m 
Oribe fulminaba anatemas sanguinarios 
)s extranjeros que contribuyeran á la de 
í la plaza. Los jefes de estación no rece 
)n el bloqueo, sino en el mes de Octu 
ándolo al derecho de interceptar la intro 
deartículos de guerra. Violándolas Órde 
is agentes, y llegando en su entusiasmo 1 



422 LECCIONES DE HISTORIA 

ta cambiar su bandera por la oriental, Si 
la defensa una legión francesa. Y el coi 
te Brie mandaba un batallón de cazado 
eos: — hechos que comprueban ante la 
el sentimiento de humanidad que daba 
á la causa de los liberales del Plata, con 
tiendo el apoyo de toda alma sensible, 
brazo dispuesto á armarse por la justicíi 

En 1643 y 44 los brasileros trataron de 
nir en la cuestión del Plata: primero con el 
torado, que proyectó el ministro Siniml 
tarde con las negociaciones del marc 
Abrantes á ñn de combinar con los gabii 
Inglaterra y Francia su triple intervenc 
diestra diplomacia del gobierno en el Br; 
barató estos planes, recursos desespera 
los pueblos aceptan en último trance, y 
gobiernos ambiciosos otorgan paracomp 
la solución la suerte de los infortunados 
reciben. Corrientes se levantó de nuevo 
El general Paz se puso á la cabeza del 
en Enero del alio siguente. 

En las circunstancias azarosas que atravesaba 
el partido liberal, no faltaron estadistas que an- 
siosos de salvar á toda costa de aquella crisis 
funesta, prestaran alas á la política brasilera, 
cuyo ideal era disolver los restos del antiguo vi- 
rrenato, & fin de enervar esta democracia pode- 
rosa, que aunque atormentada á la sazón por 
la tiranía, llevaba savia en sus arterias y había 
vencido sus ejércitos en las guerras de 1826 



í 



A REPÚBLICA ARGENTINA 423 

sostenido por su gabinete en la 
que Rosas te negaba, siguió la 
la por los consejos desleales de 
>, agente imperial ante el dictador 
)Otjsmo de aquella tierra azotada 
io, tuvo su punto de apoyo en el 
alista, generador de gloriosos mo- 
js tiempos coloniales, y converti- 
ia genial del Dr. Francia en un 
; contra las ínSuencias del Río de 
i sirvió para arraigar el sombiío 
redado por la dinastía de los 
por consiguiente sus iras hasta la 
;neral Paz, á cuyo recto criterio 
ba el propósito reservado de la 
eptó, no obstante, porque toda 
epta el proscripto que en los um- 
:ria se siente detenido por la ma- 
js déspotas. El Paraguay no ha 
Fueron sus íntimos pensamientos. 
>ca, decía López en 1849, refirién ■ 
i del845, Corrientes hacía la van- 
'aguay.* Hecha la alianza, pasó á 
a cuerpo de ejército paraguayo, 
i la revolución, cansada por la 
rsos, y exterminada en la funesta 
:ón de Vences en 1848. 
con la revolución de Corrientes, 
novar el bloqueo de Montevideo 
r el almirante francés. La misión 
I Dr. Várela en Europa, hija de las 
eranzas que los emigrados ponían 



424 LECCIONES DE HISTORIA 

en el auxilio de poderes extranjeros, había produ- 
cido sus frutos, y á mediados de 1845 aparecieron 
en el Plata los ministros Deffaudis y Gore, exi- 
giendo de Rosas la cesación de la guerra y la aper- 
tura de los ríos Paraná y Uruguay. Su negativa 
fué firme. Las pretensiones de la intervención 
no tenían apoyo en el derecho de las naciones, y 
el interés de sus conciudadanos que los ministros 
invocaban, en manera alguna podía autorizarlos 
para imponer la paz ni la apertura de los ríos de 
pleno dominio de los pueblos ribereños. La in-- 
tervención anglo-francesa era, por consecuencia, 
arbitraria. Los periodistas de Rosas podían re- 
petir doctrinas abonadas por los términos del 
derecho de gentes. La tribuna tronaba, porque 
el esclavo había hallado una vena de elocuencia. 
Rosas invocaba más alto que nunca la indepen- 
dencia del pueblo, su eco llegó á fascinar el espí- 
ritu del gran capitán de América, vibrante aún 
con las sacras inspiraciones que le estremecían 
cuando pisaba los Andes dominando con su es- 
pada el mundo recién venido á la libertad. Oh! 
¿por qué extravagante combinación del desequi- 
librio moral del hombre pone á veces el destino 
en boca de los malvados palabras que estremecen 
las entrañas de los pueblos, cautivan sus héroes 
y disfrazan sus monstruosidades ante el criterio 
viciado de la mayoría? SeñoresI Antes que nada 
soy hombre: antes que nada soy libre. No reco- 
nozco frontera para la expansiva fraternidad del 
derecho, ni entiendo qué especie de honor patrio 
es aquel que tranza con los tiranos y se satisface 



.. 3 



DE LA REPÜBLICA ARGENTINA 425 

arrogantes de vanidad nacional, siquie- 
: su cabeza bajo la coyunda y se juegue 
ibertad de las generaciones futuras y el 
s tumbas y las glorias. No repruebo la 
5n anglo-francesa, porque la repute 

para el sentimiento nacional de los 
. No son, sefiores, los esclavos que 
lajo el chasquido del látigo, quienes 
nsefiar el amor de la patria á los pros- 
, los mártires. Cierto es que los princi- 
rigen entre las naciones favorecían á 
"O enfrente de las tiranías, señores, no 
fuente del derecho que la eterna ley 
1. Los despotismos están fuera de toda 

bajo el anatema de Dios. Contra los 
n hermanos todos los hombres libres, 
zo que contra ellos se levanta es brazo 
le venga la iniquidad y extirpa la abo- 
Cuando digo, señores, que los emigra- 
sron de una quimera con la interven- 
-francesa, lo digo, porque, atentas las 
iones que subyugan la política de los 
europeos y de las naciones envejecidas 
lo de sus glorias funestas, no creo en 
lad de los poderes que la llevaron á 
5 traían un interés ajeno al interés 
;ocial de los argentinos, 
establecieron el bloqueo abriendo á 

la entrada de! Paraná en el reñido 
; la Vuelta de Obligado. En 1847, des- 
; estériles negociaciones de Howden 
:i, fué levantado el bloqueo por parte 



r - 



426 LECCIONES DE HISTORIA 

de los ingleses, á quienes imitaron sus aliados en 
1848, dando al gobierno oriental un subsidio de 
40.000 pesos. El tratado firmado por Mr. Sou* 
thern en Noviembre de 1849 reconoció la invio- 
labilidad que Rosas había sostenido del derecho 
á la navegación de los ríos, y obligó á Rosas á 
retirar sus tropas del sitio de Montevideo así 
que fueran desarmados los extranjeros de la pla- 
za. La convención con la República francesa, de 
31 de Agosto de 1830, consignaba los mismos 
principios respecto á la navegación, y acordó la 
suspensión de hostilidades en la República Orien- 
tal. Esta convención confirmada por Mr. Le 
Predour y el Dr. Arana no fué ratificada. Como 
veis, señores, por promesas falaces del tirano, la 
intervención abandonaba la causa de la civiliza- 
ción, en cuyo apoyo había venido al Río de la 
Plata. Algunos soldados suyos quedaban en 
Montevideo, donde tenían que proteger la nume- 
rosa inmigración que había afluido durante el 
bloqueo. 

La tiranía era señora de la República. Los 
proscriptos dispersos por Europa y América 
iban esparciendo por el mundo sus mustias Un- 
ciones deshojadas, ó desgarrándose el alma en 
luchas sin esperanza. Un gran movimiento de 
ideas en la generación formada en el martirio, 
prometía, no obstante, abrir rumbos á la libertad. 
Señalo el Argirópolis del señor Sarmiento, como 
una de sus más notables manifestaciones. Entre 
sus principios y la doctrina social del Facundo 
media un enorme progreso y una lección tras- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 427 

, Las provincias desangradas por el 
irrojadas por la inercia de cacicazgos 
, como el de Benavídez, el de Celedonio 
I el de López, ó sanguinarios caudillajes 
ra del de Urquiza en Entre Ríos, á más 
en la industria y la sociabilidad que el 
ron en los últimos tiempos de la colo- 
Jrimeros de la revolución, no renuncia- 
alismo, verdadera pasión de los pueblos 
5, cuya causa y evidencia ha sido el 
istante de nuestros estudios. Apoyar 
sión ias reacciones liberales, y resta- 
soberanía popular con los elementos 
de la sociedad, fué, seflores, la solu- 
,dora que pudo dar en tierra con el 
tirano. 

una vez obtenida, merced A la hábil 
ncia del ministro Lamas, la coopera- 
Irasil en 1851, los emigrados aceptaron 
de un caudillo que traía sus milicias 
[e chiripá y con el cintillo punzó de las 
as. Esa alianza dió la victoria á la li- 
espués de ajustada y preparados sus 
, el tirano arrancó á las provincias con 
de Jefe Supremo de la Confederación, 
iura para conservar la nacionalidad. Su 
a llegado. En Julio de 1851 las tropas 
lo abandonaron al frente del ejército 
. Rosas y los aliados se encontraron en 
de Caseros el 3 Febrero de 1852. Los 
del tirano depusieron las armas y el 
10 cayó. 



428 LECCIONES DE HISTORIA 

Tal es, en resumen, la cronología de 1 
dura, sobre la cual invoco vuestras refle 

H 

Señores: Hace diez y nueve aBos, que ui 
proscripto, inspirándose en su amor, sefií 
pueblo esclavizado, profetizábale su redei 
gritaba á la faz del tirano, para humillarlo 
convicción de su miseria: 

Fuea no bíbci en «1, de tus sieves nanos. 
Uas que una mancha lobre el cuello apenas 
Que td no sabes, vutgo de tiranos, 
Ni dejar ¡a eeDal de loa cadenas. 

{Míbuc 

Tan noble acento, señores, contiene, á m 
un error fundamental, y es la negación de 
pienso sobre la tiranía. .Contradice dí 
las nociones más claras de la filosofía 
historia, y repugna con las verdades de oDser- 
vación que le son relativas. Pudiera acariciar 
sentimientos de vulgar amor propio; pero la his- 
toria es la conciencia de los pueblos. Cuando no 
dice la verdad los corrompe, y no es su misión 
fomentar errores que disimulan los peligros 
abiertos bajo su paso. 

¿Qué fué, señores, la tiranía? ¿Es verdad que 
fué un fenómeno transitorio, una inclinación pa- 
sajera de los pueblos bajo el hacha de un mons- 
truo, que jamás tuvo arraigo, déspota necio que 
vivió al azar, que tiranizó sin plan y pasó-.-, sin 



)E LA EEPÓBLICA ARGENTINA 429 

nal de sus cadenas ? En ése caso 
a sido un conquistador, pero no m 
amenté. ¿Es cierto que el alma feroJ 
abrigaba la luz siniestra á cuyo favoi 
;n los déspotas, planes que realizar 
)bjeto de su pasión? Si no hubien 
enio del tirano, icórao nos explica' 
lajación de la fibra republicana y e; 
:o de la sociedad trasformada, hasts 
Tíoridades de la cultura, según su 
e capricho? Los grandes pueblos nc 
dos sino por grandes tiranos. Yode' 
s, que vuestro propio juicio resuelve 
después de las indicaciones que me 
; hacer respecto al sistema de Rosas 
1 y los recursos que empleó para 

uel Rosas está retratado en su obra 
; la disolución social que gangrenaba 
aspués de la guerra civil cuidadosa- 
da por su mano, lo trajo á la dicta- 
ado por la fatiga de los que buscaban 
obediencia. La musa de Tácito nc 
)ara enseñar á las sociedades que el 
las tiranías las mata más desastrosa- 
|ue la anarquía. El César campesinc 
do en un día de abyecto desaliento. 
rava y ardorosa no podía soportar el 
;volucii5n. El gobierno personal que 
diéndose hacia las bocas del Plata 
la de la Cordillera y los llanos de La 
ó pesadamente sobre sus hombros. 



430 LECCIONES D£ HISTOR 

Pero Rosas, desertor de la socia 
su cuna, á la sociabilidad gauch 
elemento por hábito y por eleccií 
taba, hablando en rigor, la supeí 
campafias A las. ciudades, de la f 
sobre la fuerza civilizada. Rosi 
dro del gauchaje en sus faces ni 
hijo de la revolución campesina, 
corporó identificándose con su 
dose una sola cosa con él en cult 
pero dominándolo, y salvando 
pasión, su originalidad. Llevó n 
dustría pastoril, y sin quitar en s] 
halló de bárbaro y primitivo, la s 
ciplina nueva, severa, y marcada 
daderaraente geniales. Rosas, ha 
con su capataz por haber violado 
hibición de llevar puñal, es Nape 
al centinela que lo amenaza, dor 
haciéndose colgar en efigie en 1 
Sevilla: es el tirano infundiend< 
extravagantes la idolatría de su 
do por el ascendiente personal la 
Sarniento ajenos, la actividad y e' 
de los que le obedecen. En las n 
rosamente organizaüas, la pasiói 
la vida y todas las facultades en 
fomenta. Siendo nifío aún, Rosi 
casa paterna, protestando contra 
hogar. Vaga en las correrías sin 
malo, por no soportar la subor 
Dilapida los bienes de sus padr 



3E LA. SEPÜBLICA ARGENTINA 431 

ue rechaza el freno de todo deber y 
ey. Apenas investido con la dirección 
ocia, apenas hecho propietario más 
dolo del pago y el cacique de peones 
í quienes sujeta á una disciplina rigo- 
:es se somete á las penas, que ella 
lía en que tal vez ex-profeso la ha 
. La razón essencilla. Antes se trató 
ptos de la sociedad, de la familia, de 

trata de los suyos. 
tirano de vocación, ¿En qué le cono- 
1 egoísmo: en la idolatría de su capri- 
ón es visible y persiste y lo absorbe 
faces de su vida, perpetuamente con' 
;var y robustecer su individuo ava 
)do. 

tan alta talla no podía ejercer el deS' 
Tovecho de una fracción social, ni de 
lu ideal, por consiguiente, era perso' 
der, haciendo servir á este fin cuanto 
era á su alcance la desmoralización 
ueblo que subyugaba. Digo la deS' 
i actual, porque ella era un fenómeno 

el cual no habría escalado el gobier- 
e, cuyo genio y tendencias habían te 
atas revelaciones en el primer períO' 
) ejerció. En 1830, seflores, cuando 
combatían aún con ardor, y los fede 
;-os luchaban con noble energía con- 
i perseguidora de Rosas, este, en uso 
jdes extraordinarias, se abocó causas 
nte los tribunales ordinarios, y abier- 



432 LECCIONES DE HISTORIA 

tos todavia los procesos, inand<J fusilar acu 
cuya culpabilidad no estaba legalmente co 
bada. Corre de boca en boca el horrible ep 
del mayor Montero, á quien Rosas ases 
mismo aflo con circunstancias de increíbh 
mia: llamándose su amigo, un día le er 
una carta cerrada para su hermano Pr 
cío, asegurándole que en ella se le recomet 
La carta contenía la orden de su inmediat 
lamiento, y fué cumplida. Tan horrorosa tr 
descubría hasta la evidencia cuánta mald 
encerraba en aquella alma. Más aiín, se 
Acababan los caudillos aliados de ocupar í 
doba en 1831 por un pacto solemne cele 
con su gobierno, cuando, violando su espi 
su letra, Estanislao López se apoderó de 
do número de ciudadanos y militares, qu 
sas recibió en el Rosario, remitiéndolos < 
guida á San Nicolás de los Arroyos, ■ 
llegaron el 15 de Octubre, mes de recuerdo 
sonales que celebró durante largos año; 
horrendos holocaustos. Siete de aquellos 
lices fueron fusilados por su orden en la 
siguiente, incluyendo al señor Videla, gol 
dor de San Luis, y á un niño de 14 aíl 
nombre Montenegro, que por acaso acomp 
á su padre. Estos eran los antecedentes m' 
de Juan Manuel Rosas, sí no queréis traer á 
los desmanes y brutalidades que señalal 
paso de sus montoneras durante la guerra 
de 1829. Caía gota á gota la tibia sangre de 
tero sobre la conciencia de Rosas y el alm 



DE LA REPÜBLICA ARGENTINA 433 

iiis aduladores: vibraba en el aire el 
1 niño martirizado por su mano impía, 
nimoso que hubo de arrancarse la vida 

darla en solaz á sus verdugos; estaba 
1 escarnio lanzado por su extravagan- 
f arrogante sobre la frente ruin de los 
ban la rodilla pidiéndole la salvación 
, cuando pisaba el trono, y arrancaba 
lausos á sus victimas sin fortuna, 
gio de 1835 fué unánime. Hay días de 

en que las sociedades de nada dudan, 
ran, nada piensan y su vida se reasu- 
niedo. 

moralización, por consecuencia, era 
Las nociones del bien y del mal es- 
adas con los siete sellos del terror. La 
aba el diapasón del sentimiento piibli- 
idez del cobarde tefifa la faz de aque- 
s de desolada memoria, que invadían 
santo, profanándolo con sus cánticos 
o mientras la moral era vilipendiada, 
i de la fe republicana moría sobre el 
e los héroes, y la patria sin levitas y 
a estaba triste y silenciosa como un 
írofanado. 

te desorden de ideas y sentimientos 
antear Rosas su gobierno. Propiamen- 
0, su gobierno: gobierno para él, y mo- 
su inspiración de tirano, 
oso invertir la armonía social: quitar 
itfas su fuerza: su encanto y sus garan- 
mfídencia y á la amistad, su gradación 



434 LECCIONES DE HISTORIA 

á los caracteres. Rosas recluta en los mataderos, 
donde la rudeza de las ocupaciones, la crueldad 
de los hábitos y la depresión intelectual y moral 
fueran mayores, los ciegos instrumentos que rea- 
lizaran sus mandatos, y los eleva i la primera 
categoría social, adornados con las gloriosas 
insignias de nuestros ejércitos y sorprendidos en 
medio de la miscelánea social que reunían Rosas 
y su hija, Cuitifio y sus compañeros de crímenes 
eran los venerandos personajes de la época. 

Rosas tenía su corte de mujeres intrigantes j 
de hombres que aun valían menos. Por su inter- 
medio trae á su devoción á las clases bajas, y 
fascinándolas con el prestigio que traidoramente 
les otorga, le sirven para entablar una policía 
secreta y un vasto sistema de delaciones sin 
igual en la historia de las tiranías. Su hija baila^ 
ba con las sociedades africanas al pié de la pi- 
rámide: doña María Josefa Ezcurra intrigaba sir 
reposo, valiéndose délos domésticos, que traicio- 
naban los secretos del hogar, vendiéndolos por el 
miserable orgullo que la corte del tirano desper- 
taba en su corazón. La clase elevada del pueblo 
era el blanco preferente de su rabia, no por otra 
razón, sino porque en la humillación universal 
que proyectaba quería someter primero y envi- 
lecer hasta el extremo la que mayores resortes 
de vitalidad tenía por la educación ó la riqueza. 

En 1840, el coronel Vicente González le con- 
sultaba qué destino daría á los desertores del 
general Lavalle que se le presentaban. Rosas le 
ordenaba recibir á los gauchos pobres, agregan- 



DE LA KEPtÍBUCA ARGENTINA 435 

palabras en la nota de su edecán: « No a; 
E. que debe hacerse respecto de los ric< 
i que se titulan decentes, porque de esti 

es bueno; en cuya virtud debieran si 
i por las armas Ó degollados todos Ii 
irecieren de esa clase de salvajes. » 
stema, señores, daba un doble resultadi 
aterrar al objeto de su anatema. Seguí 
rse las simpatías de la plebe. ¿La amarí 
ira? ¿Había algún misterioso sentimienl 
tico en el fondo de su alma? Nada men ( 
;efiores. La democracia no procede ana 

las sociedades ni deprimiendo el niv 
:ura: procede igualando, por la elevacid 
ises desheredadas á la altura media qi 
i las fuerzas populares y las habilita pai 
y el ejercicio de la soberanía comú; 
ifrenaba una clase con otra, 
zoso también no dejar tomar creces A 
ebeya, digámoslo así, á falta de otra p; 
e explotaba. La disciplina de los cua 

penalidad bárbara y discrecional co 
;ia á los pobres, el despotismo de k 
le policía, que daba á cada alcalde ú 

los poderes de un cacique, apretaba 
da sobre las clases subalternas. « Po 
mducta, 3 años á las armas: Por falta d 
■do, 300 azotes: Por hurto, 300 azotes: Pe 
[i caballo ajeno, 300 azotes. Por vago, 

, Por falta de pase, á muerte » Bast 

icar la penalidad brutal con que Rosa 

1 la clase misma, cuyas malas pasionc 



436 LECCIONES DE HISTORIA 

exacerbaba contra la gente rica y que 
decente, como decía á su teniente Gonzi 
nota que acabo de citar. 

Más aún. Rompe las fibras de las moi 
sacrificando á puñal ó veneno los cauc 
lo levantaron. Disciplina ejércitos de Ifm 
generales, arma los indios salvajes, si 
jerarquía, y él, inspiración y señor, dir 
cráticamente el pobre contra el rico, e 
contra el ciudadano, el soldado contra el 
el mazorquero contra el militar, la polic 
el mazorquero; desmonta la estructura ; 
una palabra, y lo nivela todo bajo la ú 
ción inoculada en las masas: la grar 
terrible magnitud de su persona. 

Rosas era un gran tirano, señores. 

Un pensador argentino ha citado con 
sobradamente trascendental en la bis 
las tiranías uno que no debo olvidar: los 
oficiales y populares hechos tributar á si 
después ¿e muerta, la regia veneración 
deaba á su hija, señalada por él como 
sucederle en el mando; porque, en efectc 
manera de encarnar en las muchedui 
idolatría del absolutismo en la persona 
afines del tirano. Era más que la liturgif 
Era el culto azteca del hombre poder 
ranfa. 

Hablo sobre hechos casi contemporán 
necesito largas referencias. 

Conocéis sin duda las fiestas parroqt 
inolvidable y escandaloso recuerdo. 



DE LA SEPCBLICA ARGENTINA 437 

bestias al carro triunfal en que paseaban el 

del tirano, magistrados, militares, ciuda- 
, y perdonadme si tales títulos otorgo á los 
es que los prostituían, sus esposas y sus 
lo arrastraban por las caites: lo colocaban 
la del santuario, y cobardes ministros del 
mo, entonaban cantos al Dios de la santa 
adumbre celebrando los sacrifícios del im- 
ble monstruo que exponían al culto de la 

to cielol ¿Dónde se había refugiado el pudor 
hombres libres? ¿En qué hora aciaga se ex- 
ó en las arterias del pueblo la calorosa san- 
; sus días de honor? Ah! señores, las artes 
inas del malvado sobrecogían al hombre 
solitario terror. 

Jéis lo que significa la delación? ¿Sabéis lo 
nporta aterrarse de su propio pensamiento, 

1 que el labio entreabierto por las ilusiones 
eño deje escapar la palabra que arrancará 
Ire del hogar y lanzará á la orfandad y la 
ia los inocentes, las mujeres, los hijos y los 

? ¿Sabéis lo qué eran las clasificaciones 

rano?.... Rosas tenía empadronada y juzgada 
dad y la campaña. No había situación per- 
matiz político, ni opinión presunta que 

; ignorara. Federal neto, federal firme, uni- 
salvaje empecinado, salvaje rabioso, salva- 

orregible, lomo negro todas las subdivi- 

i en que él había clasificado á amigos y 
¡gos, le eran conocidas, y la respiración del 
re lo traicionaba. 



438 I^CCIOKES QE HISTORIA 

La uniforme abdicación de la personalida 
tenía su rito externo: la divisa punzó, los lema 
de exterminio, los gritos horribles que mecían la 
cunas y profanaban los sepulcros, que amargí 
ban las fiestas y envilecían los sentimientos. í 
sereno que anunciaba las horas en la media n( 
che horrorizaba la santa vigilia de la madre junt 
á la cuna del niño: ■ ¡Mueran los salvajes uniti 
riosl » gritaba en medio del silencio ó del pav( 
roso concento de la tormenta. Los niños tembli 
ban de terror. «¡Mueran los salvajes unitarios 
era la eterna consigna de la esclavitud. 

Los teatros comenzaban sus espectáculos co 
un coro ignominioso de anatemas- 

Los templos resonaban como indignados, cuai 
do desde la cátedra evangélica votaba sus semf 
jantes al exterminio el sacerdote profano di 
Hombre Dios, que vinculó al amor la plenitud d 
la moral. 

£1 bigote fué insignia federal, y en la tierra d 
aquellos ñeros patricios que en 1812 amenazaba 
la vida del general Belgrano por haberles ordem 
do cortar su cabellera, santo Dios! todos obedf 
cieron en silencio. Era también insignia federi 
cortar la barba de modo que no formara U, segú 
la trivial expresión de aquel tiempo, y los qu 
violaban la consigna eran afeitados í« seco, com 
lo he leído en un documento de 1839. No habíi 
sefiores, fibra de dignidad que el tirano no mf 
tara. 

Las damas eran cobardemente escarnecida 
por turbas de miserables en el atrio de los ten 



DS LA REPÚBLICA ARGENTINA 439 

la ñaca ancianidad, ni el pudor sagrado 
rgenes contenían las furias de la mazor- 
decoro ni el amor levantaban un brazo 

TO. 

dafiana aparecen pintadas de punzó Ihs 
de un federal. Al cabo de una semana 
m todas las de Buenos Aires. 
todos los pechos flotaba la cinta roja: 
a la sien de las mujeres y ceñía la fren- 
íudadano : poco era aun, señores, man- 
umbién la cerviz angelical de los niños, 
s oídos resonaba el anatema marzorque- 
: los bancos de la escuela hasta la tribuna 
rdocio. 

>mos, señores, el resorte comün á todas 
lías, de que tan espantosamente usó Juan 
Rosas: el terror. 

:éis las atrocidades de su primer gobier- 
itemplad ahora la gradación sistemática 
lo aplicó durante la dictadura. No se 
ó en lagos de sangre á la ventura y sin 
Aun en medio de sus horrendas oleadas 
con tino certero, fija la mente en la 
i estrella que lo guiaba. El 8 de Julio de 
ayaba en el corazón de la ciudad sus 
:uIos de sangre. Ciento diez indios fusi- 
, la plaza del Retiro, amontonados cuan- 
palpitaban en la agonía y ultimados con 
eve por sus sicarios antes de arrojarlos 
a, eran las horribles primicias del marti- 
que se abría, 
imientos por sospechas políticas ó sin 



440 LECCIONES DE HISTORIA 

causa, legalmente comprobados hoy día, propa- 
garon en 1837 y 1838 la atmósfera de terror, que 
bien pronto iba á sofocar el seatimtento del 
pueblo. 

El brazo estaba diestro y la muchedumbre 
obediente: la moral parecía muda en las almas 
y segura la impunidad del verdugo, cuando en 
1839 se agitaban los últimos gérmenes revolucio- 
narios.... La cabeza de Zelarrayan adornaba el 
gabinete de Rosas.... La muerte de los Maza 
dejó muda de espanto la población. Manuel 
Cienfuegos cruzaba una noche por la acera del 
tirano: pocas horas después moría fusilado. 1840 
llegó. 

Hemos visto en el resumen cronológico la bo- 
rrasca que en aquel aflo de crisis amagaba el 
solio flamante de la tiranía. Otra circunstancia 
concurría á hacer especialmente difícil la situa- 
ción de Rosas. En ese aflo vencía el término por 
el cual fué elegido. Era el momento de probar 
la madurez de sus elaboraciones y la consisten- 
cia de sus resultados. ¿Quedaría vestigio alguno 
de pudor, noción sana de justicia en el alma de 
los que representan al pueblo, una fibra siquiera 
no corrompida por la abyección y por el miedo? 
Entonces el poder de Rosas fenecería. ¿Sería po- 
sible lograrlo, considerado el vuelco que la socie- 
dad habla sufrido, y la tela de anarquía y des- 
moralización que la envolvía? Por lo menos, 
señores, habría retumbado el grito del mártir 
que muere, pero rechaza con su sangre la com- 
plicidad del delito. Rosas temía, porque aun 



DE LA KEPÚBLICA ARGENTINA 

resente la historia de la revolu 
.: por eso aquel aflo fué la era d 
:ión. 

lOche del 4 de Mayo de 1840 un g 
idos descendía hacia la ribera pe 
lochabamba. Un traidor los acompa 
egarlos en manos de Cuitifio, de I 
carios de la mazorca, apostados e 
e la vecindad, y al oído trasmi 
ras después por la ciudad, la mat 
i de aquellos desgraciados. Cuitil 
acto continuo en la caverna del til 
fué pagada su tarea. 
Octubre. Respiraba Rosas del es[ 
undid la presencia del ejército lib 
i suelta & la cólera de sus entrj 
ndo la mazorca A la matanza y el : 
de las confiscaciones acababa dt 
ida contra los salvajes unitarios. E 
a persecución era sencillo. Los mi 
ipiaban su víctima: la conducían al 
o y la degollaban. Otros eran lleva* 
eles y pasados por las armas. Emb; 
i bienes en seguida y se remataban 
lapricliosos impuestos por los ases 
:io á pintaros la ciudad bajo el te 
radición reciente para quien no < 
)ntemporáneo, y toda descripció 
ara el testigo. Yo imagino, sefi 
noches mudas con el quietismo del 

dos como el sepulcro y me ate 

so estremece como una amenaz! 



442 LECCIONES DE HISTORIA 

muerte. El lejano murmullo de las olas, el \: 
do del perro vigilante, la vibración de la ati 
fera parecen un quejido, hondo, desolado 
amargura y de vergüenza de un pueblo qi 
retuerce en la profunda abyección. Viene e 
y la barbarie se solaza. Es la hora del robo 
atropello al hogar. La mazorca penetra er 
habitaciones, aterroriza y destroza: ultraja á 
mujeres, las azota y las saquea. 

El desborde es contenido con una palabra 
Rosas, que atribuye las ferocidades de esos 
de ignominia á la efervesceHCta popular.' 
lanzó sobre la memoria del Dr. Maza la inf 
insinuación del suicidio. 

Conocida es también la suerte de los prisi 
ros del Quebracho, San Cala y Rodeo del Mf 
Los primeros capitularon con el vencedor < 
de Noviembre de 1840. Quinientos sóida 
oficiales y ciudadanos emprendieron la mar 
desnudos ya, por los salvajes que azuzaba O: 
Caminaban sobre rafees y troncos en jorni 
de doce leguas diarias, estimulados á bayor 
sos cuando la fatiga los rendía, entre las b 
irritantes de sus guardianes. Si la postraciói 
abrumaba, eran degollados allí, y cada mai 
quedaba señalada con una docena de cadáv 
abandonados á las aves carniceras. Cuand( 
sed los atormentaba, eran formados á la o 
de la primer laguna que encontraran. A su i 
se acercaban á beber uno á uno todos los c 
pos del ejército. En seguida se acercaban 
caballadas, y después de hacerlas pasar u: 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 443 

!es para agitar el lodo en el fondo de la 
se les permitía saciarse con aquella be- 
alubre y hedionda. No alcanzaban á dos- 
Ios que llegaron al campamento de los 
!-ugares. Después de sufrir torturas, cu- 
rlpción horroriza, !a mayoría de los ofi- 
aeron fusilados en Abril de 1842. Los 
TOS del Rodeo del Medio, puestos bajo la 
i de Miguel Rosas en el campamento, 
ligados á desenterrar troncos y raíces, 
■umento alguno, para proveerlo de lefia, 
:arde era horrorosamente azotado uno A 
t del verdugo. Hacia 1842 fueron fusila- 
que el tormento no había hecho sucum- 
recordaré cómo- Sus propias manos 
a con anticipación una enorme huesa 
3a al enterratorio común. Eran conduci- 
rillados & su orilla, y fusilados de dos en 
>s que presenciaban la muerte, los arro- 
la fosa, y en seguida volvían á la orilla 
r á su turno fusilados. 
40 á 45 una triple vertiente de sangre 
a la corrompida sociabilidad de Rosas: 
r Oribe en el interior, el mismo horrendo 
ije, Urquiza y sus seides en el litoral, la 
a y ia efervescencia rosína en el centro 
ipltal vilipendiada. Sus vapores inunda- 
lire. Todo era terror. La febril barbarie 
se renovaba en Abril del 42. Los cohetes 
es anunciaban al absorto vecindario en 
is de la noche callada cada cobarde inmo- 
le la mazorca. En cínica irrisión se pa- 



444 LBCCIONBS DE HISTORIA 

seaban los cadáveres reclamando concursos con 
gritos que anunciaban frutas y flores para escar- 
necer los restos ensangrentados de las víctimas. 
La hiena desatada en las provincias seguía la 
pista al cadáver de Lavalle. Rosas ostentaba 
vanagloriado los miembros de los muertos, echa- 
dos á sus pies como en holocausto.... lOh! «Deson- 
»rras fazen a los biuos, ha dicho en sus leyes 
»D. Alfonso el Sabio^ e tuerto a los que son pas- 
»sados deste mundo, aquellos que los huessos de 
»los omes muertos non dexan estar en paz. » Rosas 
lo profanó todo: hasta la religión de las tumbas. 
Más debía hacer aún. Después que arraigado y 
vencedor, había relajado su funesta actividad, 
sobrevino la revolución que lo dio en tierra» 
Veinticinco fusilamientos sin causa, comproba- 
dos en su proceso, fueron la señal del renacimien- 
to del terror en 1851 y 52. Es popular la historia 
de Camila O'Gorman, que no reproduciré. Decid- 
me, señores, si nada más feroz pudiera inventar 
el ingenio de los tiranos. El profanador de las 
tumbas llega á lo infernalmente horrible: mata lo 
que no había nacido. 

Basta ya, señores. Lo veis desplegando gra- 
dualmente un sistema de terror, perseverante, cal- 
culado con frialdad, recto hacia su fin: el anona- 
damiento de los hombres, la relajación del sentida 
moral. Lo consiguió porque sus medios eran 
seguros. Otra arma tuvo para enervar al pueblo: 
enflaquecerlo en guerras sin gloria, mentir una 
pasión nacional, que jamás abrigó, porque era 
impotente para lo noble y lo bello. Suele abrigar 



DB LA REPÚBLICA ASGEHTINA 445 

ieotos grandiosos el alma de los déspotas 
í tipo de César y Carlos V: pero los tiranos, 
on, señores, ó están devorados por la ener- 
su egoísmo, y Rosas fué tirano por carácter 
laturaleza, tirano desde la infancia, tirano 
orazón, tirano desde el vientre de su ma- 
gro decía palabras que encantan al hombre 
ino y lo arrebatan. Su hipocresía enervd 
sos elementos, que sin el nombre de la 
por medio, acaso habrían estallado. 
: podía temer Rosas de la Asamblea, que 
solemnemente en 1835? La burlaba con 
luncias, y se hacía rogar de rodillas para 
:ar de nuevo el cetro, que ninguna mano se 
i á tocar. En 1840 la Sala le decretaba los 
de Héroe del desierto y Defensor heroico 
ndependencia americana. Rosas prohibía 
oficial en 1843. Se daba á Octubre el nom- 
mes de Rosas: Rosas lo prohib/a poco des- 
3e le exoneraba á él y sus secuaces de toda 
mción; se le decretaba el Monumento de 
(—edición oficial que perpetuara las cues- 
con la Francia en 1840, y la farsa inicua de 
infernal de 1841. Las diputaciones de la 
}lea iban, con motivo de cada renuncia, á 
ir ante el tirano los «patrióticos federales 
nientos,> como se decía, de su vida y de su 
Frecuentemente Rosas se negaba á reci- 
Diariamente se reproducían las escenas 
eccidn del senado romano, despreciado 
isar, que rechazaba sus coronas y sus hu- 
himnos. Pero el esclavo lisonjero es in- 
jble. 



446 LECCIONES DE HISTORIA 

La cobardía de los poderes, el terror, la 
cidn, el desorden social, aislaba al hombr 
hombre y concentraba la queja en el mister 
pecho. El espíritu de asociación desaparee 
Buenos Aires, al punto que apenas comiei 
renacer. Muerta la libertad de la prensa, la 
de barbarización no se detuvo allí. 

Las rentas de los establecimientos de iní 
ción pública fueron suprimí das en 1840, y ra^ 
al generoso desprendimiento de algunos n 
profesores, la Atenas del Plata no di¿ el e 
dalo de cerrar su Universidad. Los colej 
las escuelas, de 1844 adelante, necesitaban e 
ter sus textos al examen oficial y recabar peí 
previo, que se renovaba anualmente. Ima] 
cuál sería la decadencia de las provincias 
ríores. Incomunicadas hasta Marzo de 184! 
la supresión de los correos, las gangrena 
tedio en su aislamiento. Los bloqueos, las 1 
las persecuciones de sus inertes caciques, 1 
fícultad de las comunicaciones aniquilaron : 
dustría y las sometieron desprovistas de o 
ración al yugo unitario con que oprimía, gi 
do Federación ó muerte/ Sus agentes lo a 
ban como un ídolo, como un dios trem< 
Adonis y Quezoatcalt en uno, sus ritos er 
prostitución y la sangre. 

^Cómo obraba, cómo vivía Rosas? Sefior 
bien la conciencia de los tiranos es presa 
justicia social, la ciencia es pura y casta, y ; 
entraré en los antros de sus vicios: debo 
conducta al respeto de mí mismo y al pud 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 447 

queme oyen. Rosas vivía con el pavor 
do. Velaba por la noche, temeroso del 
el sueño. Los misterios nocturnos evo- 
as terribles ante la mirada de los malos. 
)a en chanzas brutales con los pobres 

le servían, y con los cuales ponía á 
abyección de sus cortesanos. Utilizaba 
¡os de su aristocracia, porque io era en 
canalla que vengaba sobre el pueblo 
is que le imponía su señor: utilizaba, 
servicios, oyendo consejos 6 aceptando 

minutas que luego presentaba como 
ite sus mismos autores. Se complacía 
ir la mayor torpeza de costumbres de- 
liplomáticos y viajeros, y extraviaba 
e los que pretendían estudiarlo, como 
>y día en el destierro, en xxn laberinto 
ricidades. 

venimiento al mando encontró estable- 
mtraüsmo de poder que fué fácil estre- 
medios de juzgar eran espeditívos. La 
:yes desde la Bastilla de los Santos Lu- 
idos sus tenientes, le remitían noticia 
sos clasiñcados según su extravagante 
j. Los procesos, porque sus instruccio- 
ales terminaban allí, se amontonaban 
:eros sobre su bufete. El día de mal 
)nfalos delante, y en notas marginales 

sentencia: 300 azotes, en libertad, fu- 
. Otras veces, ordenaba lo que llamaba 
eza de cárcel: fusilamientos, condena- 
las armas en masa: rescate de presos 



4^ LECCIONES DE HISTORIA 

políticos con pcrsoneros para el ejército. Cuan- 
do la tarea lo sorprendía en temple cómico, sus 
decretos llevaban la forma más extravagante: 

Póngase en libertad ¿ D*. Tránsito Pulido aprehen- 
dida según parte del comisario Caitiño por haber es- 
tropeado ¿ la joyen D^ Clemencia Castillo: haber ha- 
blado contra el sistema santo de la federación, dándole 
el titulo de tata en pifia al gobernador, y manifestan- 
do que la ilustre señora finada D^. Encarnación debía 
estar en el cielo colorado^ tratando al mismo tiempo de 
engrasados á los federales. 

Cuando aterró la República fusilando á sus 
cómplices en el asesinato de Quiroga, el Dr. 
Gamboa, defensor de los Reinafé, le pidió permi- 
so para dar á luz por medio de la imprenta el 
escrito presentado á su favor. Rosas dictó la 
providencia que voy á permitirme leer, porque 
es un espécimen concluyente de su estilo y de 
sus actos: 

£1 coronel edecán de gobierno D. Manuel Corvalán^ 
procederá mañana por la mañana á dar cumplimiento á 
la orden siguiente: 

1^ Pedirá al señor ministro de Relaciones Exteriores 
una solicitud que el Dr. D. Marcelo Gamboa ha dirigido 
al gobierno pidiendo permiso para publicar la defensa 
que ha hecho en favor de los reos de Barranca Yaco y 
la copia de dicha defensa. 

2® Hará comparecer al dicho Gamboa á la Escriba- 
nía Mayor de Gobierno y á presencia del escribano de 
ella le dirá y hará cumplir lo siguiente, de todo lo que 
dará fe éste, escribiendo la correspondiente diligencia. 



DB LA rbpDblica ARGBKTINA 449 

ae b6Io un Atrevido, insolente, picaro, implo, lojii 
initario ha podido cometer el avance de interrnmpi 
nltas 7 delicadas atenciones del gobierno con semf 
;e, tan importuna, como ínoport;tna y atrevida sol 
id. 

ne sólo nn unitario tan desagradecido como bribói 
podido concebir la idea de querer la pnblicacidn aii 
I de ta defensa de los feroces ejecutores de una moi 
iad sin ejemplo en la historia del mundo civilisadi 
I solamente un hombre que haya renunciado á tod 
» de religión, de honor y respeto al gobierno y é 1 
aión pública, y que en consecuencia de su pervecs 
no alimente sentimiento alguno de amor y respel 
lonor nacional, ha podido dirigirse oficialmente ; 
>iemo pidiéndole permiso para publicar una defeuE 
liante con la idea sin duda de preparar j despertí 
tímientos que sólo pueden abrigar los almas daS) 
7 los corazones corrompidos de los unitarios á cuy 
lunda logia él siempre ha pertenecido. 
:ue sólo un hombre ¿ quien los decretos de la Díviu 
iridencia haya colocado en la senda de un fin funei 
jara que asi pague ya sus delitos sin cuenta, ha pi 
a pedir á la suprema autoridad el permiso de un 
iHcación separada <\e la causa, como si la justicia d 
ipinión pública tuviese una sola oreja para oir 
^ar los delitos de los unitarios por las obras de dt 
sa en su favor, ó que en el pafs existiese la ley di 
>udo dándoles lo ancho para ellos 7 lo angosto pai 
federales. 

In su virtud y en pena de su descarada insolenci: 
el acto sobre-raye por su propia mano uno por un 
os los renglones de su atrevida presentación. 
n seguida le entregará la copia de ta defensa y 1 
i lo a I guíente: 
!ne ésta se le devuelve porque respecto á ella nad 



450 LECCIONES DE HISTOKIA 

le dice ftl jfobierno, porque en habwla trabajado nada 
mis ba beebo que llenar y cumplir con ano d« los car- 
gos y deberes del hombre de sa clase constituido en so- 
ciedad, tanto m&B cnanto que el gobierno declaró que 
una yez nombrados por los reos sus defensores, no se 
admitirían renuncias siempre que ellos fuesen de la lista 
aprobada por la autoridad suprema. 

Que por todo y siendo su delito no sólo por el avan- 
ce anteriormente expresado, sino también por la con- 
ducta inicua queba observado en sus conversacíoaes 
páblicag y privadas, conducta alarmante y en todos sen- 
tidos ofensiva A los altos respetos debidos al gobierno, 
se le ordena lo simiente: 

1" Que basta nueva resolución superior no debe sa- 
lir á más distancia que 20 cuadras de la Plaza de la 
Victoria. 

3° Que no debe ejercer oficio de abogado ni bacer 
escrito alguno de ninguna taya por más simple é ino- 
cente que sea. 

3° Que no debe cargar la divisa federal, ni ponerse, 
ni usar, ni en público ni privado loa colores federales. 

i? Que por cualquiera infracción de los tres prime- 
ros artículos será paseado por las calles en un burro ce- 
leste y castigado adem^ según el tamaSo de la falta. 

6' Que si tratase de fugar del país, luego que sea 
aprehendido será inmediatamente fusilado. 

Lo que se previene al edecán enunciado coronel don 
Manuel Corvalán para su exacto cumplimiento. 

J. M. DE Rosas. 

Este documento lo dice todo, sefiores. 

No me detendré en la administración de Rosas, 
tarea subalterna en que dejaba la mayor latitud 
!í los ladrones piíblicos, y limitada por su parte 



DS LA REPÚBLICA ARGENTINA 45t 

I dilapidar sin reparo y por órdenes verbales y 
lestitufdas de toda formalidad: á emitir papel 
nonada sin cuenta de las perturbaciones econó- 
nicas del país, explotando en provecho propio 
as rentas, que aumentaron después del bloqueo 
;on el crecimiento natural y espontáneo del co- 
Tiercio. 

Los parques de Palenno lujosamente cultíva- 
los con el trabajo de los presidarios y los solda- 
los, eran en los líltimos afíos de la dictadura, el 
nonumento del pueblo esclavo, vestido de fiesta 
Jara halagar al señor. Sus calles se veían fre- 
:uentemente cuajadas por un gentío silencioso, 
lue veneraba el árbol y apenas osaba pisar la tie- 
rra del horroroso santuario. Allí estaba la corte- 
>anfa y el lujo, y se manifestaban las formas ex* 
:ernasdelasociabilidad de Rosas, Unpoetaescri- 
3ÍÓ en ta Amalia las costumbres de la época del 
rerror con sus trajes, sus festines, su algazara 
jmbrutecedora. Cuando el reino de Rosas llegó 
I su apogeo, la chaqueta pasó de moda, pero el 
;haleco punzó y la divisa se conservaron como 
ímblema del quietismo: eran la hbrea. Los salones 
ie Rosas ya no estaban reservados para el ma- 
tador de ganados y de hombres. La prostitución 
era mayor. En 1840 sólo Cuitiño y raros villanos 
pisaban la casa del tirano. En Palermo entraba 
ia elegancia, el buen tono; allí tenía sacerdotes 
la galantería, se hablaba á la francesa; ia casa 
iel restaurador se había convertido en rendes' 
vous de un círculo inmenso, que había renuncia- 
do al decoro. Aquellas gentes, que Rosas proscri - 



45Z LBCCIONES DE HISTORIA 

b\6 acusándolas de decencia, domestica): 
concurrían á Palermo y cortejaban al moi 
¿Qué manifestación intelectual podía tei 
mejante estado socialP La musa del Plata p 
haberse refugiado con los proscriptos en i 
extranjeras. En su alma estaba viva la íi 
ctón ardiente de nuestras epopeyas, y sol 
cantaban con acento de poetas. Cada puebl 
su poesía, porque tiene su ideal. Quitadle 
gentino la libertad, quitüdle el amor exp 
que lo caracteriza en su triple existencia í 
social é histórica, y su cuerda literaria 
desaparecido. ¿Quién puede cantar su 
ignominia? Del seno de la dictadura h 
surjido la elegía de Job: pero pedir á aque! 
do de abyección el arranque épico, el liris 
las patrias esperanzas, de la personalidad 
vuelta por el sentimiento, eso sería desc 
el genio de las sociedades corrompidas y 
la impotencia de la tiranía para fomer 
progreso de los pueblos. Los escritores 
sas habían criado una forma gramatical 
monía con el pensamiento absurdo que 
saban: la apoteosis del despotismo.laadmi 
hacia el déspota. Ningún hombre podía a 
la primera, disentir la segunda. Su propa 
era mentira, y sentían la mentira. ¿Cóm 
frazarla? ¿Cómo fingir entusiasmo? Los 
cómicos, señores, destituidos de sentimíen 
tístico ahuecan la voz, porque no pueden 
la entonación genuina de la solemnidad 
dolor: aprietan los ojos y arrugan el 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 

rque no pueden llorar: gritan porq 
tft el entusiasmo y la sensaci<ín dran 
<s escritores de Rosas fingían vehen 
lontonando epítetos. Sustantivo entusi 
uién habia de creérselos? Ellos par 
rio lo reforzaban con una inmensa ri 
adjetivos: santo, americaMo, patriótii 
ral... Unitario es poco. — Fí7, protervo 
jan, inmundo, loco, traidor, salvaje uní 
bre estos modelos estaba vaciada una si 
e desapareció de Buenos Aires el 3 < 
ero. 

Este tópico es en gran manera significa 
e duele abandonarlo; pero, quiero mostn 
:imo cuadro del poder de Rosas. Has 
nto disponía del hombre en todas sus ao 
lo probaran dos recuerdos: un decreto t 
sarraiga la costumbre secular del caí 
ro del mismo año, proscribe los lutos, 
denes designando los mínimos detalles 
critura en los documentos oficiales: coi 
endose del punto de suprimir los días ft 
I favor del comercio á decretar una s 
itera de inacción para leer su mensaj 
josas ostentaciones de omnipotencia, c 
bles sólo á las que retratan en la histo 
'anos más famosos. 

1851 llegó y con él la revolución. Era ¡ 
ado jefe supremo de la nación, y recoi 
n duda las bacanales parlamentarias, t 
is oradores agotaban la hiél contra los so 
! la libertad y el incienso ante las aras d 



454 LECCIONES DE HISTORIA 

no. Las ñestas de la policfa y del teatro Argen- 
tino, en que se paseaba la eñgie de CJrquiza er 
carros de tunas y colores proscriptos, parodian' 
do en rimas brutales tos salmos de los muer 
tos; los apropósito federales, que recordaban \í 
musa torpe del Trágala, unitario.' los himnos j 
las protestas con que los caracteres se doblabar 
ante el trono, todo aquello, señores, revelabs 
que la degradación tenía raíz: que el genio de 
1840 ñajelaba aún sin piedad al noble pueblo 
vencido por las artes fecundas del tirano. 

¿Qué ba hecho Rosas en su larga dominación! 
preguntaba Rivera Indarte. ¿Qué ley ha dictado 
qué principio trascendental ba recibido aplica' 
citin bajo su gobierno, y á qué ha pretendidc 
fundir de nuevo la sociedad? Señores: las tira 
nías no son un medio: son en sí mismiis el ñu. Ye 
os diré, lo que en mi opinión hizo Rosas. Neutra 
lizó los sentimientos democráticos, desenvuelto; 
en las luchas de partido y en los sacudimíentoi 
de la guerra civil. Invirtiendo el orden social, 
borrando las huellas del individualismo y hacién- 
dose adorar, ídolo, soberanía, majestad; extirpd 
la revolución de Mayo con cuanto traía de gran 
de y de fecundo. Rosas crió una idolatría política 
que jamás había existido en la sociedad argentina 
á no ser que la buscáramos en las montoneras 
la personalisación del poder. Hasta qué punt( 
la-arraigó, os lo demostrará, señores, el hecho dt 
haber sobrevivido á su tiranía, de verla abru 
mando los pueblos argentinos, mal grado de in 
completas precauciones tomadas por el legisla- 



DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 4 

dor, que imitó preceptos de sociedades díveí 
i la nuestra, sin acertar en lo enorme 
mal y lo original y perentorio de su reme 
El poder está aún personalizado. La prueba 
es de este lugar. Esa es la obra de Rosas. 
es la obra infausta de un gran tirano, cuya hu 
3Óio borrará el tiempo que aleja y la educa* 
que redime. 

Ahora bien, seflores.— Debemos resolver i 
ploblema y sentar una doctrina. 

Rosas, obrando con la suma del poder piib 
que le dieron la ley y la votación de 1835, es 
minat? ¿Rosas tuvo cómplices, ó sólo él es 
ponsable de su despotismo? 

Señores: los magistrados han declarad 
Rosas asesino de profesión y ladrón fam 
Una sanción legislativa lo declaró reo de . 
patria. Yo no tomaré en cuenta esos a' 
solemnes. El sentimiento, moral es mi guía, 
su luz la cuestión es clarísima. La investic 
de Rosas lo autorizaba para ejercer los podi 
públicos sin contrapeso ni responsabilidad le 
Pero ¿con qué fin? Con el fin qu« abona la i 
de la autoridad: el desarrollo social, la sa 
guardia del derecho innato del ciudadano 
s^undad,la libertad, la propiedad. Los pod 
públicos tienen un objeto: su división ó cen 
llzación no lo altera. Puede entorpecerse 
marcha, y viciarse hasta el punto de ser in 
tentes para conseguirlo: eso constituye los m 
gobiernos. Pero el punto de mira de la organ 
ción social no se conmueve, y el deber moral 



456 LECCIONES DE BI3T0KIA 

mandatario es siempre idéntico. Si absorbe las 
fuerzas sociales, respetándolo, es déspota: dés- 
pota como lo era el manso Luis XVI; si, empero, 
lo quebranta, si priva al hombre de su participa- 
ción natural en el derecho: si viola la justicia, si 
viola la propiedad, si viola la vida, ya no es dés- 
pota, es tirano: ha ofendido & Dios, es criminal. 
Rosas pudo ser déspota porque su despotismo 
era legal. No pudo ser tirano, porque encima del 
disimulo con que la abyecta esclavitud encubría 
sus delitos, está la eterna ley de la moral que 
lo condena: está Dios que ha escrito el deber 
en el fondo de la conciencia: que ha dicho al 
hombre <no matarás» : que ha puesto en la natu- 
raleza racional la fuente viva del amor, indómi- 
tos resortes de sentimientos que gobiernan la 
humanidad, — y fuera de la ley y de las conven- 
ciones, hay una sacra inspiración que le llama 
bárbaro! que le llama asesino! que evoca la en- 
sangrentada imagen de Camila O'Gorman y tor- 
na á llamarle bárbarol 

¿Rosas tuvo cómplices? Sí, señores, los tuvo. 
No hay tirano sin colaboradores: no hay amo 
sin esclavos. ¿Quiénes eran los cómplices de 
Rosas? Yo hablo en nombre de la moral y niego 
que sus cómplices fueran sólo aquellas bandas 
de asesinos que ensangrentaron sus manos en 
el crimen. Cómplices de Rosas fueron los que 
aplaudían sus delitos, los que besaban su mano, 
los que se inclinaban ante su sombra en los 
atrios de Palermo! ¿Qué ley los condena?... La ley 
de la moral. Un noble proscripto ha dicho: «cuan- 



DB LA REPÚBLICA ARGENTINA 45 

>do todos tiemblan, no es el culpable el que tie 
• bla, sino el que hace temblar.» Cierto, señores 
hablamos del mártir, del pobre pueblo tortura 
por la tiranía. Pero el que puso su vida á S' 
vicio del verdugo, ese no es víctima sino asu: 
dor del delito. Entre la apoteosis del tirano y 
muerte podían escoger. Quijotismo? Ah sí! 
samo quijotismo de Florencio Várela: el qui 
tismo qué salva los pueblos y vindica la moi 
el quijotismo de los apóstoles y de los mártir 
Ah! sí, el santo quijotismo que rompió el ví 
del alma fuerte y hermosa de Domingo Sarmii 
to contra las murallas de Curupaití! 

Concluyamos, sefiores. 

Rosas llamado por las facciones A curar 
anarquía, iniciada en la Repüblica por el inscíi 
federativo de los pueblos, funda un gobier 
que revestía tres caracteres esenciales: ser ui 
tario, ser personal, ser bárbaro. Esta triple mo 
truosidad de su poder, borra desde luego 
divisiones doctrinarias de la sociedad, rea: 
miéndolas en un principio común; la libert 
Así la juventud emigrada formaba en Monte 
deo una asociación secreta, que la compróme 
bajo juramento, á pronunciar el olvido de 1 
partidos, una vez derrocada la tiranía. La re) 
ción debía producirse por el renacimiento de '. 
pasiones locales en las provincias subyugad 
por el espíritu esencial de la democracia, en 
proscriptos adoctrinados por el dolor. La ei 
gración se hallaba débil. Buenos Aires esta 
sometido por el ejército de línea y los mil las 



45S LECCIONES DE HISTORIA 

de un despotismo antiguo y arraigado. Los auxi- 
lios extranjeros habían fracasado. Era forzoso, 
por consiguiente, buscar apoyo en la revolución, 
en los celos provinciales, en la pasión federativa 
que Rosas comclrimía- Un proscripto había di- 
cho: «sólo un caudillo podrá tumbar ese trono». 
De aquí el movpiiento de ideas que inclinó á los 
emigrados y á las clases cultas de la República, 
cualquiera qut hubiera sido su doctrina en lo 
anterior, á tranzar con el sentimiento local, á 
aliarse con lof caudillos que eran una manifes- 
tación social ^enuína y hasta entonces contra- 
rrestada: á conciliar por fin la inteligencia y la 
fuerza de losí pueblos en una unión fecunda que 
rechazaron |os partidos antes y después del afto 
20: iniciada por Dorrego, bautizada con su mar- 
tirio, y sellada con la batalla de Caseros y la 
Constitución federal de las Provincias Unidas. 
Los republicanos del Plata recogieron una 
lección gratdiosa en la escuela del dolor. Allí 
apréndierori que la libertad era interés de todos 
y derecho común, y la vida argentina se reveló 
en sü pujante armonía. Toda reacción contra 
la dictadura, había sido imcompleta, artificial: 
la mitad de la fuerza, la mitad del pueblo. Cuan- 
do se reconocieron y congregaron las masas y 
los pensadores, y resolvieron su eterno antago- 
nismo en lo esencial, la nación de un solo golpe 
derrocó la titania y se colocó en el desenlace de 
su azaroso ^rama.— Rosas huyó.— Los viajeros 
que le visitad en vano pretenden sondear aquella 
alma disciplinada en el disimulo y envuelta por 



f 






DE LA REPÚBLICA ARGENTINA 459 

la extravagancia.— No respirará jamás las brisas 
argentinas. Este suelo de encantos y de amores 
es nuestro ya para la libertad, para la civiliza- 
ción: nada encierra para Rosas sino odio:— reli- 
quias de mártires que lo acusan, sombras que 
los vientos mandan á perturbar su sueño, á 
irritar sus remordimientos y fijar en su oído el 
murmullo quejumbroso de los muertos. Allá al 
fondo de sus negros horizontes la magia de la 
conciencia le alterna cuadros de luz fosfores- 
cente, que vienen y van, vacilan y se estampan 
perseverantes y siempre nuevos: un viejo... es 
Maza: un nifto... Montenegro... una mujer, Cami- 
la.... Dios lo perdone I 



FIN 



■./•cf,.- 



índice del tomo segundo 



LECCIÓN XII Página 

Emancipación y revolución (1810-1813): Términos 
y división del problema histórico en este perío- 
do. Movimiento general del país. Cronología 
de la revolución. Sus medios de expansión. 
Resistencias externas é internas. Mutaciones 
políticas. Peripecias de la guerra. Cuestión 
oriental. Cuestión paraguaya. Estado de la 
guerra á fines de 1812 1 

LECCIÓN XIII 

De la idea de la independencia. Doctrina osten- 
sible de la revolución argentina. Relaciones 
generales de la revolución en Europa y Amé- 
rica. Ratificación de los hechos á la idea de la 
independencia. Relaciones extranjeras. Ingla- 
terra. Escarapela y bandera. Sociedad de Lau- 
taro. Suerte de la revolución interna ó de la 
democracia. Mariano Moreno. Partidos. Peri- 
pecias interiores. Desarrollo de los principios 
democráticos. Escándalos y errores. Restableci- 
miento de la lógica revolucionario-democrática 
en el pronunciamiento de Octubre 45 

LECCIÓN XIV 

Elaboraciones dbmoceáticas (1813-1815): Asam- 
blea Constituyente. Su espíritu. Sus tenden- 
cias. Sus leyes. Su decadencia.— El Triunvirato. 
Guerra de la independencia. Germinaciones 
federales. Caída del Triunvirato.- -El Directo- 



462 IKDIOB 

Fllgiim 

rio. Gobieruo de Pos&das. Sitió de Honterideo. 
Artigas. Anarquía interna. Contrastes de la 
revolución. Los iniciadores desorientados. Pro* 
yectos de monarqnfa. Gobierno de Alvear. 
Protectorado inglés. Descontento nacional Re- 
volución de AbrU. El Estatuto de 1815.— Del 
fenómeno social y el hecho histórico originarios 
de la guerra civil 76 

LECCIÓN XV (1) 
Gobierno de Alvares Tbomas. El militarismo y el 
gobierno personal. Influencia de los Cabildos 
en la emancipación nacional. Anarquía del li- 
toral. El E;jérc¡to del Norte. Actitud de Gtte- 
mes. Plebiscito de Febrero de 1816. Calda del 
director Alvarez. Gobierno interino de Balcar- 
ce. Cabildo abierto de 19 de Junio de 1816 113 

LECCIÓN XVI 
Congreso de Tucumán. Su espirita y su plan. 
Sus primeros actos. Nombramiento del director 
Pueyrredón. Confusión de poderes. Declara- 
ción de la Independencia Nacional. Cuestión 
interior. Proyectos de organización nacional, 
Clansnra de las sesiones. — Invasión portuguesa. 
Restauración do Chile. Victorias de Güemes. 
Reapertura del Congreso en Buenos Aires. Sus 
debates. Constitución de 1819. Negociaciones 
diplomáticas de 1815 á 1819. Critica del gobier- 
no directorial. Conclusión 147 



> XVI, abarcan el periodo eompreodldo 



íhdicb 

LECCIÓN XVII 

Disolución db u. haoionmjdad (1819-1821): 
Dualismo social y político de la Nación. Los 
partidos argentinos. Irrupción montonera. El 
año 30. Primera iuvasiún & Buenos Aires. Sns 
resultados. Segunda invasión & Buenos Aires. 
—La democracia en el Río de la Plata. Auto- 
nomía provincial. Resumen 

LECCIÓN XVIII 
Djspbbsióh provincial (1821 • 1824): Situación re- 
lativa de las provincias. Pactos inter-provin* 
cíales. Relaciones exteriores.— Reforma demo- 
crática. Tendencia central izad ora de Rivadavia. 
Progresos del pala. Tentativas de reorgani- 
zación nacional 

LECCIÓN XIX 
La República Unitaria (1824-1827) 

LECCIÓN XX 
Guerra civil (1827-1836) 

LECCIÓN XXI 
Tiranía db Rosas (1835 - 1852> Resumen crono- 
lógico.— Idea filosófica de ta dictadura 



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