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LEYEKDAS ESPAÑOLAS. 



IJHPBBNTA DE H. FOURNIER Y C», 

CALLI DI ÍBIVI, V^ f4. 



LEYENDAS ESPAÑOLAS, 



POR 



JOSÉ JOAQUÍN DE MORA. 




Wat 



parís , 

lIBRIRli DS D. VIGEHTE SALVÍ , 

CALI.I SB LII.I.B, M^ 4* 

1840. 



MÉJICO, 

EN LA LIBRERIL DE CALVAN, 



rOtTAL SB A00STIIIO5. 



1840. 






AL LECTOR. 



Mi objeto al escribir estos poemas , ba sido aplicar 
la yersifícacíon española á un género de narración 
que diste tanto de la bumilde trivialidad del romance, 
como del altisonante entonamiento de la epopeya. 
En las épocas modernas de nuestra literatura j siemr- 
pre que nuestros poetas ban querido referir con algu- 
na estension , se ban arreglado á una de aquellas dos 
elases de composiciones, la primera de las cuales no 
parece ya digna de un siglo tan adelantado como el 
nuestro , y la segunda, en que los españoles bemos 
sido tan fecundos como mal aventurados, no puede 
adaptarse sino á una clase particular y escasa de be- 
cb08 y de bombres. Los creadores de nuestra poesía 
no procedieron con tanta restricción ni escrúpulo. La 



c 



TI AL LBCTOB. 

mayor parte de los poemas que componen la Oaiee- 
cion de Sánchez, pertenecen al género narrativo, y 
ninguno de ellos es romance ni poema épico ; lo que 
prueba , cuando menos , que los ingenios anteriores 
al siglo de Juan de Mena eran algo mas liberales en 
doctrinas poéticas , que los de las siguientes genera- 
ciones. Con la única escepcion del Moro espósito , no 
tengo idea de un solo poema narrativo de alguna 
nombradla , que nox>ertenezca á uno ú otro de aque- 
llos dos géneros. 

Es cierto que el romance tiene entre nosotros mu- 
chos y mui zelosos partidarios , y que no goza de 
menos favor entre los estranjeros; y con razón , si el 
objeto de este aprecio es el romance antiguo , ya se 
considere como monumento histórico, ya como mues- 
tra del genio poético de la nación española. Nuestros 
antiguos romances forman en efecto el cuerpo de poe- 
sía popular, mas perfecto, mas característico y mas 
interesante de cuantos poseen las naciones de Europa. 
Pero en esos límites se encierra su mérito, y de ello 
no se infiere que en el siglo present»^ cuando las ne- 
cesidades intelectuales son tan diferentes de las que 
existian en los tiempos de los romanceros , debamos 
rebajarnos al nivel de que ellos no podian salir, ni 
privarnos de los recursos que las vicisitudes de los 
siglos han puesto á nuestra disposición , y de que ellos 
no podian hacer uso. El romance , en mi sentir, no 
es el origen ni el principio de nuestra poesía : es una 



▲I. uscroB. vil 

40geii€pteioa de las formas qne ella adoptó^ desde 
que» empezó á merecer tal nombre. Casi ninganode 
los poetas mencionados en la famosa Carta del mar- 
ques de ^antillana, pertenece á la clase de romance- 
ros; ni lo fueron tampoco los autores de los poemas 
recopilados por Sánchez ; ni pueden ser clasificados 
^mo. tales los de la época siguiente , y mucho menos 
Juan de Mena, Boscan , Garcilaso, León y sus imita- 
dores. Todavía á mediados del siglo XIY se conside- 
raban las composiciones asonantadas como un genero 
irolgar; y respetable solo por el aire de antigüedad 
que esta peculiaridad les daba. Tengo á la vista un 
libro mui curioso , que me suministra un argumento 
fuerte en favor de esta opinión. Es una colección de 
romances, esplicados y comentados por el magnífico 
caballero Alonso de Fuentes , quien no ha querido 
descubrir el autor de ellos. £1 comentador, enco- 
, miador, como siempre sucede , del autor comentado, 
al hablar del género do poesía en que este escribió , 
se esplica del modo siguiente: Resta agora por el 
auctor destos aintos satisfacer á algunos que son 
mas amigos del consonante con capa y sayo , que 
les hincha los oidos y que no del propósito de la 
historia j que no dejarán deponer objectos en ellos, 
diciendo que fuera mejor compostura seguir el 
hilo de sus consonantes limados ó trabados..., ; y 
á estos digo, quel intento deste auctor fué querer 
mostrar estas historias con el origen destos cantos 



Titl M/ UKroiw 

viqiús; que toda aquella am que se oonáFisth^tm 
y asimila áotra, será mas perfecta cwmiúsnm 
se llegare ó paresdere á aquella de quien seisa^ 
ca ; y msij imitando estos cantos á los de mtestfos 
antiguos, aquella rusticidad de vocablos y cq%t 
sonantes mal dolados, les da la auetoridad y iá* 
jos que les qutíaran los consonantes limados aira- 
badas. * Por donde se echa de ver que la <q;>míoo ge* 
nerai estaba en contra de los asonantes ó consonan^ 
tes mal dolados, y que solo podían merecer el tílu* 
lo de composición literaria , como imitación de un 
género antiguo , que por las cualidades que ya he 
notado , era y debia ser altamente popular y bien 
recibido. 

No creo pues haber avanzado una herejía literaria 
en la opinión que ya he vertido sobre la poca digni-* 
dad de esta clase de versificación ; antes bien soi de 
parecer que esta opinen está perfectamente de acuer- 
do con las mas aplaudidas doctrinas modernas sobre 
el placer intelectual que producen las obras litera- 
rias. Uno de los grandes fundamentos de este placer, 
que lo es también de todos los nuestros , consiste en 
el mérito de la dificultad vencida , es decir, en la sa- 

* Cuareaía cantos de diversas y peregrinas historias, decla- 
rados y moralizados por el magnifico caballero Alonso de 
FuénieSf dMqidés al ilustrisino y esceUníe Señor don Perafáti 
de Hibgra , m(Vrques de Tarifa, Adelantado del Andalucía etc, 
su señor. Sevilla, en casa de Dominico de Robértis, 155o. 4to. 
leL g6t 



tMaodHm que, por una especíenle instiato, resoUt 
ennoeo^nof, ai ner coos^uido «n fin -por medio de 
esfuerzos que no estáoai alcanzo de todos, y que por 
eimsigoienle supone eu el que los hace, calidades na* 
d»f€OBianes. 4 Qué difícidtad presentan y qué etfuer^ 
ZO6 oecesitau los versos asonantados en una lengua 
oomo la nuestra, que, tanto por la regularidad de 
su gramática, como por la abundancia de Yozes que 
ha sacado del latin, posee una inagotable provisión 
de esas terminaciones imperfectamente semejantes? 
¿No vemos con qué facilidad componen romances los 
bombres del vulgo , y no son ellos los autores de los 
inumerables que se han escrito y corren impresos, 
sobre milagros de santos , aventuras festivas y rídí<* 
culas , y fechurías y crímenes de malhechores? Sin 
duda algo mas cultos y literarios que estos son los 
romances de Góngora y Quevedo ; mas lo que se in- 
fiere de esta diferencia^ es únicamente , que el mis- 
mo instrumento , por grosero que sea , despide di- 
versos sones, según la mayor ó menor destreza de 
las manos que lo pulsan. La combinación octosilábica 
ocurre tan frecuentemente en nuestro idioma , que 
lejos de ser una operación difícil , á vezes , escribien- 
do en prosa , se necesita alguna aplicación para evi- 
tarla. Con esto , con la independencia de lus versos 
«•aes y 000 la Hjerísima traba de los pares , hai 
bffiUMiite para poder aserrar, que, á menos de su^ 
4HMier una organiz^eiott destituida enteramente de 






X AL LBCTOB. 

oido métrico, escribir versos asonantados de ocho 
sílabas, necesita muí poco mas esfuerzo que el que se 
requiere para escribir en prosa. 

Bien sé que la repetición periódica de la misma 
terminación en los versos alternados, no deja de lle- 
nar agradablemente el oido , y este es el argumento 
favorito de los admiradores del romance. Pero, en 
primer lugar, en su origen el romance no estuvo su- 
jeto á la unidad del asonante , en todo el curso de la 
misma composición ; lo que prueba que su mérito 
no consistía entonces en esa monotonía de sonidos. 
Podría citar muchos romances antiguos en prueba de 
esta verdad ; pero me limitaré al siguiente fragmento 
de uno de Don Alfonso el Sabio : 

Yo salí de la mi tierra. 
Para ir á Dios servir, 
T perdí lo que liabia, 
Desde mayo basta abril, 
Todo el reino de Gastiella 
Hasta allá á Guadalquivir. 
Los obispos y perlados 
Cuidé que metien paz 
Entre mí y el mió hijo. 
Como en su Decreto jaz. 
Ellos dejaron aquesto, 
T metieron mal asaz, 
Mon á escuso , mas á vozes. 
Bien como el añafll faz. 

A propósito de esta cita observaré , que ^n todos 
los romances de la misma época se observa la misma 
propensión al uso de la rima perfecta, y que la in- 



trodacdoB de la ríoia imperfeeta ó asonante pror^ 
Bia^ como la de los versos incompletos ó demasiado 
largos^ los ripios y otras manchas semejantes , de la 
ignorancia, falta de oído ó negligencia del poeta. En 
segando lugar , este placer acústico que resalta de 
la repetición periódica de terminaciones semejantes ^ 
¿ puede tener otro origen que el hábito^ que es el 
gran trasformador de todas nuestras sensaciones , y 
que convierte en placenteras las mas desagradables, 
y en necesarias las indiferentes ? Una vez acostunt- 
brado el oido á un cierto género de vibraciones, ó á 
la repetición de las mismas en ciertos espacios de 
tiempo, las recibirá siempre con deleite , y su inter- 
rupción no podrá dejar de serle desagradable. Tal 
es en globo la esplicacion que dan los filósofos al pla- 
cer que resulta del compás en la música y del ritmo 
en la poesía. 

Pero en el acertado uso de la rima perfecta hai 
méritos de un orden mas elevado. £1 rimador se co- 
loca en la necesidad de escoger entre un número muí 
limitado á vezes de palabras , y , por esto solo , en la 
de buscar nuevas analogías entre las ideas por ellas 
representadas; de donde sin duda pueden resultar 
sentidos violentos y metáforas traídas por los cabellos, 
y otras incongruencias del mismo orden; pero, en 
manos de 'un hombre de pensamientos profundos y 
viva imaginación, semejante traba es el verdadero 
principó de esas grandes bellezas que admiramos en 



ni ML 1«CT0A. 

los buenos poetas modernos , entre Iob cuales losmct^ 
generalmente aplaudidos son precisamente aquellos 
que ban manejado aquel resorte con mayor naturali- 
dad y destreza. 

Me parece hallar on esta doctrina upa conflrmacion 
ó mas Lien un corolario del siguiente aforismo de Ba- 
€on : Credunt homines rationem suam verbis im^ 
perore^ sed fit etiam ut verba vim suam super ra- 
tionem retorgueant, * Algo mas lejos ha ido un escri- 
tor mui profundo de nuestros dias , ^ el cual opina 
que el verdadero medio de hallar pensamientos es 
buscar palabras : documento que está perfectamente 
de acuerdo con las mas aplaudidas especulaciones de 
loe fllósofos modernos sobre la asociación de ideas , 
y el influjo de los signos en las operaciones mentales, 
^i se han desdeñado algunos de ellos de aplicar es- 
tos principios al asunto que nos ocupa. Bútler com- 
para mui ingeniosamente la rima, con respecto al 
influjo que ejerce en el verso, al timón que, aunque 
colocado detras del bajel ^ y obligado aparentemente 
á seguir sus movimientos , en realidad dirige su curso. 
Brown entra en mas amplias consideraciones : ¡Cuan- 
ios, dice , de los mas bellos pensamientos é imáge" 
nes poéticas se deben á esos sonidos finaks^ que se 
engieren uno á otro, por su semejanza acciden" 

' NOYÜM OHGANÜM. tiB. I. APH. I , IV. 

^ Ct tte$t qtt*tn ehetehant des paroles que ¡fon trouve des 
pernees, JooIbet. 



AL iBcioii. - m 

tal, y que en el hecho de obligar al poeta á dete^ 
nene, hasta acomodar el metro ^ con perfecta pro^ 
piedad de ideas y de medida, á la imperiosa nece^ 
itdad de la rima, le presentan , durante este tit- 
tervaiOy mayor variedad de imágenes que las que 
espontáneamente nacerían en su espíritu, si noh 
sf0etara aquella inevitable restricción f * 

El lector benévolo disculpará que lo haya detenido 
éon esta pcqueila, aunque quizas enojosa dtsertaden^ 
si reflexiona que el sistema que he seguido en estas 
Leyendas de sujetarme escrupulosamente á la fel 
severa det consonante, no procede de la manía de 
singularizarme , ni del deseo insensato de rebajar á 
los escelentes poetas españoles que han seguido el 
principio coBtrarío. Lo que me ha decidido á sepa- 
rarme de su ejemplo, ha sido el íntimo convenci- 
miento de la necesidad que tiene nuestra poesía, de 
abandonar esas formas triviales y fáciles que la des^ 
histran y* rel>ajan ; canvencimiento que he creído 
(^rtutto apoyar, á los ojos del público , en autorida^ 
des de mas peso, que el que la mia podría darle. 

Quitas habría procedido con mas acierto, y sin duda 
con mas arreglo al gusto dominante, si en ]ug«rd# 
sosteneruna opinión, que será tratada de paradoja por 
no pequeña payte de Tos críticos del dia, hubiese imi* 
tadó elejemplo de algunos poetas recientes, que ha» 
consagrado sus prólogos ai examen de la gran cues» 

Léciures on íhe PTiilosophy ofthe BUman Mind, Lect. 56. 



* 



XIY AL LBCTOR. 

tion pendiente en la actualidad , entre clásicos y ro- 
mánticos. Tengo una razón mui poderosa para ahs-* 
tenerme de tomar parte en esta dispata ; y es que 
no la entiendo. Tan incomprensible es á mis ojos el 
clásico que desdeña, desprecia ó ridiculiza los nue- 
vos elementos artísticos que ha introducido en la li- 
teratura de los pueblos meridionales el mayor cono- 
cimiento que han adquirido de la alemana y de la 
inglesa , como el romántico que trata tan irrespetuosa 
y hostilmente á los modelos de perfección que abun- 
dan en las filas contrarías. Nadie me hará creer que 
Shakespeare es un bárbaro, y Calderón un eslrava- 
gante ; ni tampoco podré persuadirme que fueron dos 
genios de primer orden , par la única y esclusiva ra- 
zón de no haberse sometido á ciertas reglas^ y de no 
haber adoptado cierto género de imágenes y metáfo* 
ras, que son, en entender de ciertos hombres, condi- 
ciones necesarias y limites positivos de la escelencia 
literaria , y trabas mezquinas y absurdas , en opinión 
de otros que batallan en las filas opuestas. Aquella 
escelencia, según me lo han enseñado mis maestros, 
y según lo que la esperiencia de todos los siglos con- 
firma, nunca podrá obtenerse , sino adoptando el gé- 
nero de composición y el gire de ideas mas análogas 
á las disposiciones naturales y al temple espontáneo 
del individuo, y jamas será el resultado de un siste- 
ma , ni del empeño de justificar prácticamente invita 
Minerva ciertas opiniones, modas ó doctrinas. De 



AL LBGTOl. XY 

esta úUimo principio nuoca saldrán mas que produo- 
clones contaminadas con aquel insoportable yido, 
qm es el mayor enemigo de la originalidad, del buen 
gusto y de la perfección literaria; la afectación. 

Hágame el lector la justicia de reconocer qae, por 
defectuosas que sean las composiciones sometidas en 
este ?oliimen á su juicio, á lo menos no bai en ellas 
la menor traza de aquel acbaque , tan común en 
nuestro siglo. Ni alego como un gran mérito la cir- 
cunstancia de baberme preservado de su influjo, por- 
que en realidad no concibo el placer que resulta de 
violentar las propensiones individuales , ni de forzar 
al entendimiento á caminar por una senda trazada de 
antemano, sea ó no sea la que seguiría, abandonado 
á su (H'opia indinacion y movido por sus impulsos 
naturales. Malas ó buenas , estas Leyendas ban sido 
esciitascon independencia de todo espíritu de escuela 
jie faedon. Las reglas que el autor ba seguido, no 
soa las que prodama como indispensables , ó infringe 
por eterna una ú otra clase de escritores ; sino las 
que le han parecido emanadas del sentido común y 
del.iüuen gusto. En una palabra, no desea que las 
Legendas sean juzgadas como clásicas , ni como ro- 
miiitíc^.t sino como suyas. 




i 



LA JUDIA. 



-<*<><>- 



« A thing ordark imaginings. »— Btron. 



I 



1 




Solo está el bosque : sin testigo muere 
Sas lÍDfas el raudal, de espuma leve 
Salpicaado las Dores de su orílli, 
V el iccbo que le forma la varilla 
Del mimbre y del aromo- 
Sota en la cumbre del celeste domo 
Plicidameote el irgénleo disco 
La luna ostenta, ; el pelado risco 



i LA JUDÍA. 

Con varios untes sus vislumbres quiebra, 
Ora en blanquizca masa ó sutil hebra, 
Ora en grupos de nácar. El reflejo 
Celestial, en su copa, al roble añejo 
De forma estraña viste, 

Y con pendiente rama el sauce triste 
En móviles figuras la convierte. 

Con esplendor mas fuerte, 
•La luminosa inundación dilata 
Sus anchas olas de bruñida plata 
Por el llano vecino, desde donde. 
Bajo florida rama que la esconde, 
Susurra y juega en armoniosa risa. 
Cargada de placer y olor , la brisa ; 

Y al mover de sus alas, se difunde 
La esquisiia fragancia, y leve cunde 
Por la callada esfera. En lejanía 
Vaporosa levanta oscura frente 

Noble castillo, ingente 
Masa de enormes piedras, que algún dia, 
Día de un siglo escelso, aunque remoto. 
Retumbó con el bélico alboroto, 

Y oyó de alegre fiesta el alto grito; 

Y en el opuesto lado, cual ceñudo 
Gigante, sus colosos de granito 
Levanta el monte, cuyo aspecto rudo 
Disfrazan con diáfana cortina 

La luna y la neblina. 
! al es la escena á do con lento paso 
Se dirige Don Suero, y entra, y mira 



LA JUDÍA. 

Cauto en torno, y suspira, 

Y de rubor escaso 
Se tiñe el rostro, do perene asienta 
Mortal amarillez, dolencia oculta 
Quizás ó pena amarga. Con afrenta 
De su opinión, la plebe osada insulta 
Su nombre, y atribuye en sus hablillas 
De su rostro las trazas amarillas 

A tenebrosos actos. 
Negros designios y terribles pactos. 
Desde que Tino de lejana tierra. 

Do lo UeTÓ la guerra 
Que ostentó de la cruz la roja marca. 
En Sion la piadosa, la comarca , 

Donde Suero domina. 
Señor de tierras yastas, abomina 
Su yugo y su mansión. Y no se crea 
Que agobiando con bárbara tarea 

Sus siervos oprimidos. 

Les arranca gemidos. 
Cual los otros magnates. Compadece 
Desde lejos sus males; favorece 
Sin verlos su infortunio. A nadie daña ; 

Mas cual visión estraña 
Que horror secreto y repugnancia inspira, 

La faz del hombre mira. 
La suya, en surcos hondos, aunque apenas 
Seis lustros cuenta de existir, indica 
Tormento que lo labra y mortifica ; 
Pesadumbre de bárbaras cadenas, 



6 LA JUDÍA. 

A las que el corazón yíctima cede. 
Quiere olvidar sus males, y no puede, 

Y en secretos pesares se consume. 
Breves instantes aspiró el perfume, 

Y sació su mirada asustadiza 
Don Suero en el recinto deleitoso. 

« Huyamos, » dice, « huyamos : el reposo 
Que yo busco, no es este. Suaviza 
Sobradamente al alma este deleite, 

Cual esmerado afeite 

Que deslumhra y halaga. 
No es aquí donde encuentra el vago anhelo, 

Con que me abruma el cielo, 
Objeto que termine y satisfaga 
Su sedienta inquietud. Aquí respire 

Quien á la holganza aspire. 
Que á virtud atribuye y á inocencia 
Lo que llaman los hombres esperiencia. 
Mis sombríos tormentos necesitan 

Peñascos eminentes, 
Por donde furibundos los torrentes 
Dilacerados troncos precipitan ; 
Quebradas hondas y hondas aberturas, 
Do su feroze libertad celebra 

Silbando la culebra ; 
Malezas intrincadas, peñas duras, 
Niebla espantosa y bárbaro rugido 
De huracán desatado, que disuelve 
Las altas crestas del peñasco hendido. » 

Dijo, y turbado vuelve, 



Y de pronto «n siisinr<»Í6alo y hkmká^ 
Como lo lama «i hmiibre M^ e^oamáo 

Eq ventura perene. 
Con misterioso hediiie lo detiene. 
Torva sospecha el ánimo le ofusca : 
Por la espesura enmarañada busca 
De aquel rumor mcógnito el origen , 

Y á un mortal sus miradas se dirigen, 
Que comprimido, y trémulo, y doliente, 
Se arroja al suelo, y dice presionado : 

« Noble señor, piedad de un inocente. 

De un ser desventurado, 
Que al margen del sepulcro titubea. 
Mi vida está en tus manos : de ellas sea, 
Si lo quieres, despojo, y si prefieres 
Dar fácil puerta á impulso compaiúvo.... » 
Don Suero lo interrumpe : « Di quién eres, 

Y si en el labio pérfido y nocivo 

De un hombre la verdad tiene morada, 

Di la verdad, ó mueres á mi espada. » 

« Nunca, » responde el joven, « en mi seno 

Derramó la mentira su veneno. 

Un culto que detestas , €s «i mío : 

La próxima ciudad con eco impio 

Proclamó esta mañana horrible muerte 

Contra el misero pueblo de mi raza : 

Un iluso pontífice pervierte 

Su razón. Furibunda despedaza 

Los miembros de la victima la plebe, 

Y nuestra sangre en vaso imputo bebe. 



8 LA JUDÍA. 

Mi padre— yo lo vi— provecto anciano, 
Docto en yerbas y simples, cuya mano 

Sin venal recompensa 
La salud repartía á los mortales, 
En el tropel de muchedumbre inmensa. 
Perdió también la vida á sus puñales. 
Salvóme de la muerte mano amiga, 
Y aquí, señor, tras bárbara fatiga 
Llegué, do en tu bondad me anuncia el cielo, 

Mi refugio y consuelo. x> — 
«No lo pides en vano, » le responde 
Don Suero, que no sabe ni adivina. 

Cuál fuerza peregrina, 
Cuál poderío irresistible esconde 
Voz tan estraña, en males tan crueles. 
«Sigue mis pasos, calla y no rezeles. » 



II 



A la luz de la antorcha que ilumina 
La retirada habitación, do encubre 

Su eiistencia mezquina 
Aquel «lesventurado ser, descubre. 

Con turbada estrañeza, 
De su afligido huésped la belleza. 
Tersa la piel como marmóreo busto , 
Talle esvelto cual mimbre, delicado 
Cual la flor del espino, y matizado, 

Gomo lozano arbusto, 

De salud y esperanza, 



LA JUDÍA. 

£1 cutís trasparente; 
Ojos, por los que fuego actí?o lanza; 

Sombreada la frente 

De profosos cabellos, 
Negros cual azabache, y muí mas bellos : 
Tal era el hijo de Abraham. Lo admira 
Don Suero sin cansarse, cual si fuera 
Vaporosa yision, que rauda gira 
Con rastra luminosa por la esfera. 

Y mas lo admira, cuando en dulce acento. 
Le dice : « Buen señor, dame la mano, 

T deja que en su vario lineamento, 
De tu destino el misterioso arcano 
Revele el labio mió. d 

Y Don Suero se presta, ya sin brio, 
Cual ave por la sierpe fascinada, 

Y su orgullo al incógnito somete. 

« Esta Unea promete, » 

Dice con voz turbada. 
Dando un suspiro, el desgraciado hebreo» 
« En la guerra de amor feliz trofeo. 
Aquí se pinta un triunfo en otra guerra 
Mas cruel : de los grandes de la tierra 
Doblarás el soberbio poderío. 
Aquí miro un deseo que devora 
Tu generoso pecho, y no desdora 

Tu nobleza y tu brío. » — 
« Cuál es? » pregunta el español. c< Anhelo, » 
Sigue el garzón, «de merecer del cielo 

Lo que pocos mortales 






19 LA JUBÍA. 

Merecen de los seres celestiales : 
Ciencia , que al bombre eleva y magaifíca 
Sobre la turba imbécil; ciencia augusta, 
Que el pecho entusiasmado puríüca, 

Y si al indagador ynlgar asusta, 
Al sublime mortal de ánimo fuerte 
Abre el alto vcdúmen de la suerte. 
Ella la senda próspera te allana, 

Y en galardón de tu piedad te envía. 
Fiel y segura, aunque modesta, guia. 
Mano potente y diestra, aunque temprana, 
Que, dócil á tu voz, en los preceptos 

Te iniciará del invisible mundo, 
Cual humildes los guardan sus adeptos. » 
Reconcentrado en meditar profundo, 
Don Suero escucha el grato vaticinio. 
«Incomprensible joven! ¿qué dominio,» 
Clama, « en mi ser y en mi destino ejerces? 
¿Y cómo el giro á mis pasiones tuerces 

su Qureza natura, ao^anuas? 
Tú en mi mente leistes, y tú mandas. 
Cual euro que las altas cumbres postra. 
En un alma que al mundo entero anrostra; 

Lo arrostra y lo desprecia. 
Desde el nacer miré con desden frío 

La muchedumbre necia 
De mis iguales : con feroz desvio, 
Sus pérlldas caricias ; con enojo, 
La miserable presa que disputa 
Ciega codicia con brutal arrojo. 



LA JVBÍA. It 

Esa felizidad de que disfruta 

La ambicHHi salnfeelia, 

Ora en gloriosa breeha, 
Que de sangre y maldad riega su enGono, 
O en doctrina pueril ó esoelso trono. 
Que con su peso aplasta el ancho mundOy 
Era á mis ojos fango Til é inmundo. 
En esta torpe escena profanadas, 
A los astros se erguían mis miradas. 
Qué ! decia : esos oiites refulgentes 
i. No son mas para el hombre q¡ie lumbreras. 
Lujo inútil en candidas esferas ? 
¿ No hai en su labio Tozes elocuentes. 
Que de los seres que en el aire habitan, 
Provoquen la amistad ? ¿ y no habrá seres, 
Que la piadosa invitación admitan, 

T en sublimes placeres 
£1 alma que su mano implora , inunden ? 
¿ Por qué en mi altivo corazón difunden 

Los celestes decretos 

Esos brios inquietos. 
Ese inquieto anhelar, que se desdeña 
De cuanto el hombre goza y cuanto enseña ? 
Punzándome en el pecho la codicia 
De un no sé qué, remoto, puro, eterno, 
Cuyo recuerdo Ínclita delicia 
Derrauíaoa en mi ser, aunj oven tierno 

Busqué en lejano clima, 
Y en borrascoso mar, y en alta dma, 
Digno objeto á mis ansias vanamente. 



12 LA JUDÍA. 

Del espléndido oriente 
Recorrí las magnificas regiones ; 
Seguí de Balduino los pendones, 
T con el musulmán cruzé mi acero. 

Turbó un combate fiero 

Del Líbano el silencio majestuoso 

Mísero yo I que ciegp y orgulloso 
Me aluciné en frenética arrogancia, 

Y cual los otros combatí, cediendo 
Torpe al yugo de e|^ida ignorancia, 

Y en el ardor del combatir tremendo 
Cayó en mis manos y pidió la vida 
Un noble anciano, cuya faz ceñida 
De calma augusta y majestad serena 
Deja suspenso el destructor amago. . 

Era un famoso mago 

Y un astrólogo insigne. La cadena 
De su cautividad fué mi respeto : 
Servíle como á padre, y como á numen 
Reverencié sus dichos. El secreto 

Del celeste volumen 
Prometió revelarme, y conducirme 
Por alta via al inefable arcano. 
Vio en mis intentos la constancia firme, 
Yió en mi mente el desprecio del humano. 
Que de la iniciación es lei severa. 
Mas tremoló Balduino la bandera 
De la Cruz, y el destino mas siniestro 

Me apartó del maestro. 

Ya vi entonces cerrada 



LA JUDÍA. 13 

Para siempre la entrada 
I>e la ciencia del bien : mi fantasía 
La desesperación cnbrió horrorosa. 
Dejé indignado la quimera impía 
De la guerra. La estensa y rumorosa 
Faz del mundo, cual pérfida asechanza 
Se presentó á mis ojos. Ni e^ranza, 
Ni placer, ni vigor, ni plan, ni ébjeto 
Tuto de entonces mi existir. Sujeto 
Con invisible lazo que me liga, 
No sé á quién, ni sé á dónde l^fatig» 



Que el corazón destruye , 



;k 



% 



Propende ni concluye. 
¡ Y tú has de ser, tú, joven, tú, proscrito, 
Quien el sublime rito, 
Que el bien y el mal presagia, 
Quien lOB altos portentos de la magia 
Descubras i mis ojos ! Por ventura 
¿ Cabe em ta edad la intrépida firmeza, 
Que oia elevarse á la región oscura, 
O arrostrar del sepulcro la tristeza, 

Y evocar de sus nieblas horrorosas 

Visiones espantosas? » — 
a Los hechos te darán fácil respuesta, » 
Con faz inmoble el joven le contesta. 
« Sé dócil á mi voz ; mis pasos sigue, 

Y si tu zelo y tu virtud consigue 

Llegar á las moradas 
Al saber destinadas ; 
Si la hueste feliz que el aire puebla. 



ti LA JUDÍA. 

Te abre en preseoda mia sus regiones; 

Si rotas las prisiones 
Del sepulcro y su lóbrega tiniebla, 
Lanza tremenda voz su seno frío ; 
Verás cuál de los dos tiene mas brío. » 



III 



Una sola existencia, y una vida , 
Y un propósito solo, y un deseo 
Al español aninuRi y al hebreo. 
Cuando esparce la furia embravecida 
Del euro horror en noche, que oscurece 
Mole inmensa de nube borrascosa, 
La rama de los bosques los guarece; 
O juntos en la orilla resbalosa 
Del formidable precipicio, atentos 

Al silbar de los vientos, 
O á las centellas que el espacio abrasan, 

Horas enteras pasan. 
Juntos los ve la aurora de contino. 
Fijos en el añoso pergamino, 
O en la figura mística que encierra 
Los destinos del hombre y de la tierra. 

Juntos los ve el ocaso 

Girar con lento paso, 
Cual si igual los moviese oculta rueda, 

La sombría alameda. 
No es amistad la que sus almas liga ; 
Algo mas es : instinto inesplicable. 



LA JUDÍA. U 

Que ora los atosiga 

Con deseo insaciable 
De mas estrecha unión, y ora los lanza 
En brazos de una ciega confianza. 

Empero, cual arbusto 

Que lozano y robusto, 
Vigor, salud, perfume, alti?o brota, 

Y lentamente la alta rama inclina. 

Desfallecida y rota; 

Y lentamente el fuerte tronco mina 
Secreta destrucción, y amarillea 
La pompa del follaje, y no lo orea 
Benigna el aura ; y el dañino abrojo 
Lo cubre, y sin el lustre fresco y verde. 
Los leyes jugos de la vida pierde; 

Tal el vislumbre rojo 
Huye de las mejillas del hebreo : 
Tal se fija un inútil devaneo, 
Ponzoña lenta, activa y concentrada. 
En su abatida y lánguida mirada ; 
Tal al impulso agitador y vivo. 
Que con su sangre circuló , sucede 

Rezelo pensativo, 

Y el raudal de la vida retrocede. 
Lo conoce Don Suero, y disimula, 

Bien que de esta mudanza 
Motivo ajeno de verdad calcula, 

Y á su desconfianza 
La rienda afloja, y á cansancio frío 
Las penas atribuye del judío. 



16 LA JUDÍA. 

Era el anochecer : solo Don Saero 

Por áspero sendero 

Sus pasos encamina. 
« ¿ Por qué me deja, » dice, « y apetece 
La soledad ? ¿ Proyecta mi ruina 

Quizas, ó se enyanece 
Con mi docilidad y mansedumbre ? 

¿ O en torpe servidumbre 

Piensa que lo subyugo, 
T en quien su amigo fné, mira un verdugo ? » 
T entonce al borde de escondida fuente 
Ye al mancebo apoyando tristemente 
Su cabeza en la mano. El hondo sello 

De la aflicción marchita 
Sus pálidas mejillas : el cabello 

Desacordado agita ; 
La faz hendida amargo llanto moja 
T el sollozar de la agonía arroja. 

« No mas padezcas, » dice ; 
« No mas en estos muros, infelize. 

Consumas tu existencia. 
Recobra tu nativa independencia. 
Oro tendrás profuso, si oro quieres, 
Que te abrirá el camino por do fueres. » -* 

« Cruel ! » entonce esclama 
Despechado el doncel. « Cuando dañina 

Tu enemistad me infama, 
¿ Por qué tu duro pecho no adivina 
La dolencia mortífera y tremenda 
Que el mío abate y emponaofia ? ¿ Ciñe 



LA JUDÍA. 17 

Tu mirar fascinado oscura Tenda, 

O DO ves CDál se tíñe 
Mi Tida coo la sombra de la muerte ? 
¿ T el oro vil endulzará la suerte 
Que me labra tu fría indiferencia ? 
Qué me importan el oro y la opuUncia ? 

Soi mujer y te adoro : 
Tu amor es mi riqueza y mi tesoro. » 
IJoa seguuda vida aquel momento, 
Veloz difunde animadora^ llama 

De activo sentimiento 
Por el ibero confundido. Inflama 
Nuevo calor sus venas, y circula 
Con él dolor estrauo, que estimula 
Sus vorazes afectos. Tiembla, siente 
Que del rendido corazón se exhala, 

Cual de volcan ardiente, 
ígnea erupción ; que, cual estiende el ala 
Rápida el ave desde la alta cresta, 

Y por los aires se remonta, y presta 
De la vista del hombre desparece , 
Así en nueva región su mente vaga , 

Y en ella lo embriaga 
Sabor de incierto goze. Le parece 
Salir 4e] mudo abismo de la nada, 

Y que fué un sueño torpe, una mentira 

Su existencia pasada. 
« Mujer, divinidad, visión, portento, » 
Clama en estasis ciego, « ¿á dónde aspira 
Tu vida inespUcable ? ¿ á qué tormentos 

I. 



18 LA JUDÍA. 

Me destinas ? ¿ Qué nuevas y terribles 
Amarguras preparas, qué quimeras 
Dolorosas al hombre en quien imperas ? 

Los lazos apacibles 
Del amor, sus espinas y sus gozes 
¿ Son para ti, son para mí ? Disipa 
Mi confusión. » — « Insano ! desconoces 
El don de que el humano participa, » 

Responde la doncella, 
« Guando inefable unión vincula y sella 
Ciencia y amor; cuando la esfera baja 
Deja el amor, donde su leí se ultraja , 

Y con el ser que adora, 
Se identifica en la región, do mora 
Perene fuente de inexhausta vida. 
No es para ti ; no es para mí la ofrenda 
Con que la humanidad paga aturdida 
Tributo á leí universal. Descienda 
A ese vil fango de placer oscuro 
Vulgar amor, cual en el seno impuro 
Se abriga de la imbécil muchedumbre. 
Yo te adoro; yo muero de adorarte : 
Yo desfallezco en lenta pesadumbre 
Por tu amor. Yo tu amor en toda parte, 
Gomo vital atmósfera , respiro : 

Yo á tus plantas espiro. 
Si en fuego igual tu seno no se inflama* 

Empero de la llama, 

Tenaz y abrasadora, 

Que el pecho me devora , 



LA JUDÍA. 19 

No es el voraz incendio 
Foco de infame dicha y vilipendio. 
Confundirme en tu ser; que te confundas 
Tú en mi ser ; que en aéreas y profundas 
Meditaciones, juntos y enlazados, 
Corran por nuestros miembros trasfoimados 
En jaspe inmóvil, fluidos sutiles. 
De esos que en los etéreos pensiles 
Elaboran los genios celestiales; 
Hé aquí mi aspiración : hé aqní la fuente 

De las ansias mortales. 
Que el acerbo dolor grabó en mi frente. 
Tú, en los hondos arcanos del destino , 

Fuistes el señalado 
Para regir con cetro diamantino 

Mi pecho atormentado. 
Para conmigo hollar, lejos del mundo, 
En la región del ámbito profundo. 
Senda encumbrada que los aires hiende, 
Do el verdadero amor sn antorcha enciende ; 
O para abrir la tumba, si desdeñas 
Esperanzas tan nobles y halagüeñas. 
Donde impregnado de dolor y ultraje , 
De la infeliz Raquel el polvo baje. » 

IV 

Como tijeras horas, se deslizan 
Los dias del amor; mas un afecto 
Que desdeña el amor, como imperfecto 



20 LA JUDÍA. 

Nado y mezquino eulaze, en que se berizan 
Penas agudas y tormentos graves, 
£n medio de las pláticas suaves ; 
Un arrebato, un frenesí que liga 
Con algo mas que amor, el desaliento 
De la imaginación, y ansiar sediento, 

Que el placer no mitiga, 
De fantástico bien, estraño al mundo, 
En giro desigual y vagabundo, 
Del tiempo burla el curso y las barreras 
Que señalan las boras y los dias. 

Así en dobles quimeras,. 
Que engañan sus ardientes fantasías, 
Raquel y Suero unidos se embriagan ; 

Y sin que satisfagan 
Meses enteros de estrechez, de hechizo. 
Quizá ilusorio, ni uno ni otro pecho, 

En el asilo estrecho. 

Que de color rojizo 
Los siglos doran, lóbrega morada, 
Resto confuso de la edad pasada, 
Cual en oscpra huesa se sepultan; 
Y su existir al universo ocultan. 
De aquella soledad, ni un ser humano. 
Con pié indiscreto y con mirar profano. 
Turbó el silencio misterioso y triste. 

Ni saben lo que existe 

Fuera de aquellos muros. 

Donde ya mal seguros. 
En el olvido que su amor protege, 



LA JUDÍA. 21 

Pérfido lazo el porvenir les teje. 

No lejos del castillo se levanta, 

Con copa espesa y con erguida planta. 

Grupo de antiguos roblus, 
A cuyo abrigo los altivos nobles 
De la comarca al rededor yacían. 
Sobre la muelle yerba, fatigados 
De la caza afanosa. Discurrían 

De tiros acertados, 

De ciervos y de osos, 

Y de perros famosos. 

Uno de ellos, Don Ñuño, que opulento, 

Y atrevido, y violento. 
Con jMrepotencia impávida amenaza 
Cuanto á su dicha y su querer se opone, 

«r Vosotros, » dice, ceno entendéis de caza : 

Don Suero sí que al riesgo no se espone, 

Y se goza feliz en noble presa. » — 

« Cuál ! » pregunta un magnate : « cuál es esa ? »— 

«Raquel es, la judía, » 
Contesta Ñuño, «que en dichoso dia 

Huyó de nuestras manos 

Y de otros mil cristianos. » 
Otro dijo : « Dejad esa materia,. 

O temed que Raquel con negras artes 

Nos cubra de miseria. 
Ya su nombre es fómoso en todas partes 
Por el alto poder de sus hechizos. » — 
« ¡ Los nobles de Castilla asustadizos, » 
Dice Don Ñuño, « sufren el denuesto. 



S2 LA JUDÍA. 

Que esos dos seres en la tierra imprimen ! 
i Que en diabólico crimen 

Y en vinculo funesto 
Un noble de Castilla se despeñe ! 

¡ Que huya de sus iguales y desdeñe 

Su amistad y su trato, 
Por vil enlaze y prácticas horrendas ! 
Dónde está vuestro honor? ¿ dónde el conato 
De conservar intactas, como prendas 
De sangre pura, el nombre de Castilla 

Y la fama inmortal de los abuelos ? » — 

« Venguemos tal mancilla, » 
Grita la turba airada. « Por los suelos 

Derroquemos el muro. 
Donde se abriga ese mortal impuro. » 
No dicen mas, y aprestan los caballos, 

Y apresuradamente á sus vasallos 
Congregan, y arman, y su zelo escitan 
A consumar el crimen que meditan. 

Desde encumbrada abnena 
Ven los amantes nubarrón de arena, 
Que en tiempos de injusticia y de atentados 
Planes indican fieros y malvados ; 

Y á examinar envía 
Don Suero un hábil y zeloso espía 
La causa del rumor. Sábelo, y jura 
Que no será el castillo sepultura 

De SQ honor. Vierte el oro á manos llenas, 

Y á los suyos prepara y los provoca, 

Y á guerra á muerte toca, 



LA JUDÍA. aa 

T ruge como tigre entre cadenas. 
Raquel lo sigue por do quier : su mano 
Ciñe la fuerte espada, y asegura 
La olvidada armadura, 

Y ajusta al morrión plumero ufano. 

No cual antes envuelta 
Gime en negro pesar : firme y resuelta, 

Y á toda desventura apercibida. 

Sexo y edad olvida, 
«f Yéngate, » dice intrépida ; a confunde 

De esa infame caterva 

La osadía proterva. 
Su sangre criminal feroz difunde : 
Tu mano en ella y el acero esmalta. 
Esa sangre quizas es la que falta. 
Para que á tu mirar se rompa el velo 
Que te oculta los ámbitos del cielo. 
Corre, que ya los oigo, cual panteras 
Bramar de rabia. ¿Yes cuan orgullosas 

Tremolan sus banderas? 

¿Cuan sedientas y ansiosas 
Sus miradas nos buscan , para hacemos 
Yictimas de sus odios homicidas?» 
De sus cavernas hondas y encendidas 

Arrojan los infiernos 

Al genio que se goza. 
Cuando un mortal á otro mortal destroza. 
G^o que largos siglos del ibero 
Rigió los hados, cuando fué el acero 
Su código, la ííierza su justicia. 



24 LA JUDÍA. 

Y e) execrable Dúmcn se recrea 
Viendo entre hermanos bárbara pelea. 
Que escita de nnos pocos la malicia, 

Y en que turba servil ciega se lanza, 
Sin interés, sin odio ni esperanza. 

. Allí el cuadro uniforme 
Que la historia en sus páginas repite. 
Sangre vertida, confusión enorme, 
Fuga veloz y sanguinario envite, 

Y muertes, y alaridos, 

Y orfandad á inocentes desvalidos. 
Reproduce incansable la Discordia. 
En los santos alcázares del cielo 

Cubrió Misericordia 
Su dulce faz de impenetrable velo. 
Por no ver los horrores de aquel dia. 
Don Suero busca en la contienda impía 
Al móvil principal del atendado ; 

Y Ñuño despechado. 
También busca el objeto de su enojo. 

Y encuéntranse, sedientos cada uno 
De sangre ajena, y ambos de consuno 
Suspenden un instante el ciego arrojo. 
Fué un instante no mas : parten lo6 üeles 
Troteros al batir del acicate. 

Las dos lanzas penetran los broqffeles, 

Y se rompen, y entonces el combate 
Fué mas terrible; brillan las espadas. 
Como en cimas riscosas y escarpadas 

Deslumhran á lo lejos 



LA JVüiJL. 9ft 

De la lava encendida los reflejos. 
Resuenan en las fuertes armaduras 
Horrendos golpes, que con implas manos 

Se asestan inhumanos 
Los dos contrarios; vastas hendiduras 
Ábrense en la coraza y en el peto, 

Y de sangre se cubren. Las heridas 
Mas enardecen el atroze reto. 

Ya de Ñuño las fuerzas abatidas 
Aflojan : su enemigo reconcentra 
£1 vigor que en sus músculos reside : 
La fiera punta la garganta encuentra 
Del rival, y del tronco la divide. 

Entre tanto suspenso 

£1 uno y otro bando 

Se mantuvo, observando 
La lucha atroz y sanguinaria : intenso 
Rumor circula, cuando Ñuño cede ; 

Y al victorioso Suero se encaminan, 

Y fieras amenazas le fulminan. 

Ni á tal peligro el bravo retrocede : 
€on unos pocos el peligro arrostra, 

Y á mas de un infanzón cortó la vida. 

Mas la profunda herida 
Que hiende el pecho, sus esfuerzos postra. 
Su mano entumecida ya no agarra 

Cual férreo anillo el puño, 

Y un agudo tormento lo desgarra. 

Los que la sangre vengan de Don Ñuño, 
Mas lo estrechan, y él mas se debilita. 



16 LA JUDÍA. 

Se afloja el brazo, sttéltásela espada, 

Y como flor del talla desgarrada, 
Del cansQfdo annmal se precipita. 
Óyese un grito agudo ée repente, 

Y las hileras conaMmtienio paje. 

Cual lo indica su traje. 
La desesperactoíi'cobre su frente : 
Rompe el aire con trémulo alarido, 

Y al caballero eikñitüe se arroja; 

Con su llanto le moja ; 
Rodilla en tíetva, acfuel resto abatido 
Sostiene con vigor : «us manos toma ; 

Le aplica una redoma 
De esencia inútil; dábrelo de besos, 

Y torna en calma muda sus escesos. 
Cuando el último soplo de la vida 
En los ojos de Suero se desliace. 
Sobre el triste despojo inmóvil yace 
Raquel, al busto destrozado unida, 
Como á gótico muro hojosa taiedray 

O cono si una piedra 
Cubrir debiera, en el sepnlero mnbTfo, 

De amboael polvo frió. 
Empero ya la turbft la conoce, 

¥ oonlbnunar feroze, 
« Raquel, » gritiv « es Raq«6l : la infame muera.» 

Y entólioes altanera. 
Refrenando el dolor que la sOftuea, 
Álzase, y con desden y horror los «rtra : 
Un lienzo aplica á la encendida boca, 



LA JUDÍA. S7 

Su exhalación maléfica respira, 

Y los mira otra Tez con risa amarga; 
En sus brazos ya lánguidos comprime 
El seno herido de su amante ; gime , 

Y en eterno reposo se aletarga. 



•^3^" 



LA 

BORDADORA DE GRANADA. 



-<*^-í»- 



¿Es posible que le abrazos 
A las cortezas de un robre , 
Y dejes el árbol luyo 
Desnudo de fruía y flores ? 

Alá permita, enemiga , 

Que te aborrezca , y lo adores. 

PitREZ DE Hita. 



ADVERTENCIA. 

Cuando yo estaba en Granada arrastrando bayetas, la buena 
mujer que me cuidaba la ropa, me contaba que la reina Isa- 
bel era mui aficionada á buñuelos. Hallándose poniendo e! 
cerco á Granada en la ciudad de Santa Fé, fundada con este 
designio, supo que en una plazuela de Granada, llamada el 
Pilar del Toro, ponía su ambulante manufactura una buño- 
lera mora, que tenia unas manos divinas. Antojósele á la Rei- 
na Católica comer los productos de su industria : noticioso de 
lo cual Gonzalo de Córdova, entró en medio del dia por la 
puerta y calle de Elyira, vestido de moro y á caballo ; llegó al 
Pilar del Toro; agarró á la buñolera por un brazo, la puso á 
las ancas , y partió á correr. Como el buñuelo no es un objeto 
raui á propósito para los adolrhoí poélióos, he trasformado á la 
buñolera en bordadora, y le be dado un granito de amor, que 
es ingrediente tan necesario en las aventuras de aquel siglo y 
de aquella escena. 







Sohte la piierla de Elvira 
Está UD moro de alalina. 
Que mas que aceobar, sutpirt 
Cismando al ctel* ; ■ Mal bsjra 
Bostro que tal (tena inspira ! 
Qne apena el bigote raja 
Sobre mi liütio, y ja el seao 
Guarda de amor el veneno, s 



3Í LA BORDADORA DB «BAÑADA. 

II 

a Mal haya el hora en que pudo 
Domar mi suelto albedrío, 
Plegando el vigor sañudo 
Que animaba el pecho mió. 
Pues ya ni hierro ni escudo 
Sé empuñar con noble brio, 
Cual antes, ni en la batalla 
Mi i^alor ardiente estalla, x» 

III 

« Quieii tiene la culpa, gima 
Cual yo de amor no pagado; 
Deshecha la propia estima 
Y el corazón destrozado. » 
Causaba este mal Zelima, 
Mora diestra en el bordado. 
Que al vivo imita en labores 
Bellas, pájaros y flores. 

IV 

Junto á la puerta de Elvira 
Vive Zelima, y el moro 
Las miradas ño Tetira 
De donde está su tesoro. 
« En esos muros respira, » 
Dice, « la beldad que adoro; » 
Y en ellos fija abatido 
Las miradas y el sentido. 



LA FU6Ai 38 



Dan en la torre de Vela 
Con golpes lentos las doce. 
Tal Tapor la nocbe vela, 
Qae ni un bulto se conoce. 
Un ginete con cautela 
Por el Triunfo va veloze, 

Y á la puerta de Zelima 
Detiene el paso, y se arrima. 

VI 

De zelos entonce herido, 
La atalaya el moro deja ; 
Baja airado y confundido, 

Y agudo puñal maneja. 
Llegando ai umbral querido, 
Ye un potro atado á la reja, 

Y furibundo promete 
Quitar la vida ai ginete. 

VII 

Todo es silencio y reposo : 
Grato perfume el ambiente 
Despide, y el cielo umbroso 
Ni un leve rayo consiente 
De estrella alguna. Medroso 
Ya cual gamo, ó ya valiente 
Cual tigre herido, el amanté 
Se detiene vacilante. 



U LA B0RDA1MUIU DB «RAIf ADA. 

YIII 

Entreabierto ve el postigo 
De la que adora, y sospeeha 
Que algún venturoso amigo 
En blandos lazos la estrecha. 
Pone al cielo por testigo 
De su injuria, y ya deshecha 
El alma en furor y enojo, 
No halla obstáculo su arrojo. 

La puerta empuja y la huella 
Dentro pone, cuando uíano 
Sale con Zelima beUa 
Guerrero altivo. En su mano 
Luce la pura centella 
De un estoque toledano : 
Un alquicd verde y pl^ta 
Su rostro y pecho recata. 



Y al verlQ» su mepte embarga 
Ciego furor. Le arremete, 

T atn>7 golpe le descargti 
Ck>n el puñal de Albacete. 
Pero tanto el cuerpo alai^ 

Y tanto el odio .somete 

Su razan, que el mal seguro 
Golpe descaii^ en el maro. 



LA FIW4. 



JM 



£1 ofendiéo gnoweio 
Rápido se proeifíita 
Con el esgrimido acero 
Sobre el audaz que medka 
Su muerte. De un tajo fiero 
Aliento y amor le quita» 
Monta yeloz, y la grupa 
Trémula Zelima oei^pa* 

XII 

Con los brazos se afianaa, 
Ciñendo el cuerpo al ?alieate. 
Que ya eaelerra su esperanza. 
Misera ! que al inocente 
Niega su amor, y se lanza, 
Tan linda como imprudente, 
Al que la roba y engaña ; 
Y es un adalid de España. 

3011 

El Gran Capitán Gonzalo, 
Que bace dias se desvela 
Por Uevar este regalo 
A la inmortal Isab^. 
Terror del moro y del gato 
Su nombre fué ; pero aoMa, 
Mas que beüeosa fema. 
Servir á una itoftve^huna. 



^ LA BORDABOBÁ DB «RAMADA. 

MV 

De la diestra bordadora 
Noticia Isabel tenia: 
Quiso que fuese la mora 
Dama de su compañía. 
£1 Gran Capitán no ignora 
Tal deseo ; su osadía, 
Que ningún rival empaña, 
Lo induce á tentar la bazaña. 

Un esclavo cauteloso 
Lleva á Zelima un billete. 
En que su afecto ardorosa 
Oculte amante promete. 
Con el mensaje engañoso 
Van también un brazalete 

Y un collar de oro bruñido. 
De ricas perlas guarnido. 

XVI 

Por el don, la dama infiere 
(Que un don los montes aUana} 
Que el amante que la quiere. 
No es de clase humilde y liana. 

Y ya «1 corazón le hiere, 
No amor, sí soberbia vana, 
Que con potente atractivo 
Dobla su rigor «squivo. 



LA WWA. 87 



XYII 



Responde al billete, y jara 
Fe que con bronce compita ; 

Y así á Gonzalo asegura 
La proeza que medita. 

De nuevo escribe, y procura 
De noche amorosa cita. 
Con tan ardiente eficazia 
Que al punto obtuvo la gracia. 

xViii 

Y en esta cita la mora 
Mudó de asilo y de suerte, 

Y el infeliz que la adora , 
Recibe temprana muerte. 
Ciega ambición ! quien ignora 
Tus dones, pueda acogerte, 
Para hallar en tu servicio 
Negro y hondo precipicio. 



'?m^ 



9t LA BORDABdlIA DE GRANADA. 



II 



LA CORTE. 



-<^|07 



En un eminente estrado 
Que en nácar y en oro brilla, 
Sobre un cojín de brocado 
Está Isabel de Gastilku 
El reí en pié está á su lado, 
Y en frente, vasta cuadrilla 
De adalides é in&nzones 
Que defi^den sus pendoBes. 

II 

Hernán Cortés, estremeño. 
Gallardo joven de brío. 
Que ya en militar empeño 
Derramó de sangre un río. 
Manrique, de Lara dueño. 
Que en el sazonado estío 
De la edad, luce en la tierra. 
Sabio en paz, temible en guerra. 



t 



LA COiRTE. 



in 



Los Silvas y los Farfanes, 
Los Méndez y los Tendillas, 
A cayos daros afanes 
Deben sa prez las Castillas ; 
Con otros maciras galanes, 
Qae en amores y en rencillas, 
En lides y galanteos 
Ganaron muchos trofeos. 

lY 

A un lado del aposito 
Está un genoves piloto, 
Que con osado ardimiento 
Ofrece imperio remólo. 
Las furias del elemento 
No pueden servir de coto 
A su meditar profundo ; 
Mas ofrece — «n nuevo mondo. 



En esie gnipo de gente, 
Noble, ardorosa, esforzada. 
Fija el mundo atentamente 
De norte á sur la mirada : 
Que la raza de occidente, 
Largo tiempo esclavizada 
Por musulmana bandera. 
De aüi su salad espeira. 






40 LA BORDADOBA DB GRANADA. 

VI 

Santa-Fé encierra en sus muros 
Germen de sucesos grandes; 
De hoi mas no estarán seguros 
Gerdeña, Milán ni Fiandes. 
Allí están ios hombres duros 
Que alcanzarán de ios Andes 
Las cimas, fijando en ellas 
De hispano poder las huellas. 

VII 

Allí, los que la rudeza 
De tosca y áspera gente 
Tornarán en gentileza, 
Con habla dulce, elocuente. 
Y la gótica aspereza, 
Desarrugada la frente, 
Se humillará á la dulzura 
Del saber y la cultura. 

VIH 

Una dama es quien fomenta 
Con su voz y su mirada 
Tal porveoir ; quien sustenta 
La contienda ensangrentada. 
Último golpe á la afrenta 
De Iberia; quien adorada 
Por invencibles guerreros, 
Da el impulso á sus aceros. 



LA COKTS. it 



n 



EUa en Madrigal empieza 
Aun niña, sin enseñanza, 
A recorrer con grandeza 
Vida llena de esperanza. 
Ciñe audaz en su cabeza 
Biea diadema, que lanza 
Fulgores resplandecientes 
A tres naciones potentes. 



De Gibraltar al Pirene, 
Del Guadiana á Valencia, 
Con fuerte mano sostiene 
Segura la vasta herencia. 
Mas, cual valladar, detiene 
Su gloriosa prepotencia 
La morada peregrina. 
Donde el rei Zagal domina. 

Solo á domeñar aspira 
Aquél albergue postrero 
Del musulmán, que en él mira 
Nublado el puro lucero 
De su fama. No respira 
Ta sino furor guerrero : 
Su divisa es — O «er nada, 
O ser reina de Granada . 

3. 



ií LA BORDADQBA BE GRANADA. 

XII 

(c Nobles infanzones, d ^clama 
Con eco gra^ y benigno, 
« Si bravo aliento os inflama, 
De sangre española digno, 
Tiempo es ya de que la íama 
Borre ese baldón indigno» 
Que el nombre español afea ; 
Libre al cabo España sea. » 

XIII 

«En las fieras Alpujarras 
Tremoláis ya sin mancilla 
Las arajpnesas harras 
Con el león de ClasUUa. 
Tiempo es yii^ q|l^ de las garras 
De musulm^na/gayUla, 
Granada y sa muro fuerte 
Vuestro heroico ardor liberte. » 

XIV 

« Gonzalo Fernández diga 
Su parecer, ya que muestra 
Tanto en bélica fatiga 
Seso firme y mano diestra. » 
Gallan en la turba amiga 
Todos; mirada siniestra 
Despide que la ira exalta; 
«Quél » dice, a Gonzalo falta ? » 



LA COATE. iS 



XV 



« No falta, » dice un guerrero 
Que entra de pronto en la sala; 
41 No falta quien con su acero 
Su fidelidad señala. 
La mano que al moro fiero 
Tropas y campiñas tala , 
Conduce á la Bordadora 
Que vos quisisteis, señora.» 

XVI 

Isabel torna jlsueñn 
Los ojos al quie escorzado 
En tal peligro se empeña , 
Tal empresa ha consumado. 
Ck>mpasi¥a y hala^eña. 
Depone su gei^to airado. 
Dando la mano á Zelima, 
Que ya el temor desanima. 

XVII 

Ella, infeliz, reconoce 
Tarde la impía asechanza, 
Mientra al corazón, veloze 
Cruda flecha el amor lanza. 
En vez del mentido goze 
Que le ofreció la esperanza. 
Se ve, por mano proterva. 
Vendida, engañada, sierva. 



44 LA BORDADORA DE GRANADA. 

xvrtí 

Despecho y amor unidos 
ÁbreDle profunda llaga 
Que encadena sus sentidos, 
T apresura muerte aciaga. 
Por los bosques escondidos 
Sola y afligida vaga, 
Cual corza á quien parte el seno 
Dardo teñido en veneno. 

XIX 

Si con Gonzalo se encuentra ,^ 
Baja confusa los ojos, 
T su dolor reconcentra 
Y reprime sus enojos. 
La voz se le añuda, y mientr» 
Se cubre de visos rojos 
Su faz, la infelize mora 
Baldón y afrenta devora. 

XX 

Como en el limbo oloroso 
De tierna flor el gusano 
Labra el nido, silencioso, 
Y el jugo puro y liviano 
Consume voraz y ansioso, 
Hasta que el color lozano 
Se borra, y el tallo erguido 
Queda flojo y abatido; 



LA CORTE. i5 



XXI 



Tal la pasiou comprimida 
Labra en Zelima dolencia, 
Que de la temprana vida 
Devora la grata esencia. 

Y al cabo, desfallecida, 
Yíctima de la Tíolencia 
De amor, á la tumba baja. 
Sin saberlo quien la ultraja. 

Que él, de combates sediento. 
Ciego al peligro se arroja, 

Y audaze, del alto asiento 
La raza alarbe despoja. 
Mas tarde, rayo violento. 
Verterá corriente roja 

Su victoriosa cuchilla. 
Donde Parténope brilla. 

XXI II 

Hasta que un duro mandato, 
Vengando el mal de Zelima 
Con enemigo conato, 
Del guerrero el pecho oprima. 
No faltará quien ingrato, 
Mal rei, falso amigo, imprima. 
Pagando servicios fieles. 
Torpe mancha en sus laureles. 



UNA MADRE. 






-^Q>- 



c< Un bienrait n*cs( jamáis pcrdu. » 




Cuándo y cAmo Sevilb Rié Sevilla, 
T dej6 de ser Hfspalis, se ignora ; 
Es puDlo sobre el cual grave rencilla 
Se suscita entre sabios cada hora. 
Antes de ser Sevilla, fué Sibllla ; 
Voz que huele i btina mas que i mora : 
De esto DO hai duda. Mora ó Men lomani 
Poco importa á ta genio íevilhoa. 



59 ÜÜA MAOBB. 

n 

HiáfMüis Ó SevUti"-^tes euestioaes 
Que la etimolo^ no decide, 
Sbie dando á su arbitrio esplicacioneSy 
¥16 iOB paia mi i^eiiio : que este pide 
Cuftdrdftf eseewks, beebos, descripelones» 
ir él lento nsHNurr sn esftierxo inií^de 

Y íeúsk€kttUki»peítíe de letarga 
Sallárae este {««Mesift nmi Inigni) 

III 

S)i nombre es lo de menos. Voz y cosa 
Son dos cosas distintas. La primera 
Suele ser arbitraria y engañosa : 
La segunda es real, como cualquiera 
Lo sabe : en ella el bienestar reposa, 
O el mal estar; la dicha verdadera, 
O la suerte infeliz. Por consiguiente, 
fli nombre debe ser indiferente. 

IV 

í»obre lo cual, si yo quisiera, haría 
Mas de un sabio y profuso comentario, 

Y por X mas z probaria 

Cnanto el idioma es caprichoso y vario. 
Pero ki difusión no es mi manía : 
Pienso haber dicho ya lo necesario, 
Hin que el lector se aburra ni se ofenda, 
Pan que el hilo de la historia entienda. 



15L !^Ii6fü60. 51 



Caando Sevilb piaés iba mudando 
De nombre, y no de puesto, que sin dadt 
Precedió á la conquista de Fernando, 
En tiempo de los moros; era ruda, 
Y bsgo un yu||^, á la verdad no blando, 
Yi?ia solitaria una yiñda, 
Mujer de honor, y á mas buena cristiana, 
Frente á frente del puente de Triana. 

VI 

Era por julio : mes allí encendido, 

Pues no hai cerebro que el calor aguantd ; 

Yo á mas de doce grados be vivido 

De latitud, y cosa semejante 

Nunca esperimenté. Pierde el sentido 

Quien se espone á la furia llameante, 

Que el dios Febo en verano allí desploma : 

Es mucho mas que Ñapóles y Roma. 

til 

Pero de noche se respira ; y era 
Muí de noche : las once y treinta y cinC9« 
Cuando á gozar del aura placentera 
Salió la tal viuda, con ahinco. 
De su casa no mas que á la ribera. 
Desde su casa al Bétis hai un brinco ; 
Mas ella no brincó, porque sabia 
Lo que á su estado y afios- convenia. 



52 UüA MADRE. 

TIII 

Los años no eran mucbos : la prudencia 
Sí era mucba. En aquella edad se hallaba 
A que el reí Jorge daba preferencia^ 
Los cuarenta : aunque es cierto que agregaba 
Su majestad dos cosas : corpulencia 

Y buen color; y de las dos gozaba 
La v¡üda.~Su culis era nieve, 

Y las arrobas que pesaba, nueve. 

Sale pues, y del Bétis á la orilla 
Se acerca, y de la linfa noble saca 
Lleno un jarro, ó quizas una escudilla. 
Para regar un tiesto de albabaca : 
Es planta mui común allá en Sevilla. 

Y á propósito : vuelvo á la matraca 
De la etimología : el nombre es moro ; 
Aunque el árabe es lengua que yo ignoro. 



Cuando del Bétis se volvió á su casa , 
No dejó de sentir algo de susto : 
Efecto natural de luz escasa, 
Que da á la mente un colorido adusto. 

Y mas viendo que un hombre cerca pasa 
Con un albo alquicel cubierto el busto, 

Y gorra que basta el labio se encasqueta ; 
Por tanto la viuda el paso aprieta. 



EL PBÓFUGO. 53 



XI 



Y él el suyo, y en voz baja le dice : 
« Si eres un ser humano, y no una fiera, 
Ampara por piedad á un infelize. 
Que sin tu apoyo fácil es que muera. 
No tu pudor mi ruego atemorize : 
Enciérrame en un sótano ó do quiera, 
Con tal que no me dejes en la calle. 
Donde mi perdición infeliz halle. » 

XII 

Ella responde : «Sigúeme. » No advierte 
Cuánto peligra su reposo acaso, 
Abriendo su morada de esta suerte 
A la traición, al crimen ó al fracaso. 
Obra la caridad con brazo fuerte. 
Como toda pasión : no paso á paso, 
Ni se entromete en cálculo ó guarismo : 
Caridad que calcula, es egoísmo. 

XIII 

Entran, y él se descubre, y manifiesta 
En su porte y vestido un personaje, 
Aunque del rostro la inquietud funesta 
Su gallardía natural ultraje. 
No era una unión discorde y descompuesta 
De índole tosca y decoroso traje, 
Como se observa vezes infinitas 
Desde que se inventaron las levitas. 



Era una majestad noble y sencilla. 

Cual la suele in^raír naturatoi ; 

Que no deslumhra» aunque esplendente brilla. 

Mezclando gravedad y gentileza : 

Un ^ire que á los ínfimos no humilla, 

Y arrostra del mas alto la braveza 4 
Aire que en el silencio mas profundo, 
Está diciendo : « Soi algo en el mundo. » 

a No puedo, » dice , « revelar quién soi ; » 

Y ella responde : « Yo no lo pregunto. »— 

« Mañana, » él sigue, «lo sabrás, no boi. »— 
« No fijo mi atención en este asunto. »*— 
« Dame un vaso de agua. »— « Por él voí. »-<- 
« Quiero una cama.»— a La tendrás al punto.»— 
« Adiós, y toma ese bolsón de cuero. »— 
« Quédate á Dios, y guarda tu dinero. » 

XT> 

Solo está el estvanjeco.; la española 
Sube á su cuarto» y ciérralo por dentro; 
Porque en aqueUa casst vive sola» 

Y quiere libertarse de un epouentro 
Funesto^ su virtud* SI que viola 
De la hospitalidad cd noble eeütro, 

¿ No es un perverso f Sá¿ mas este eiMM>, 
Se repite en la blHAría ¿ endlt pm^ 



SL FMÍ>FU«íO. 5& 



XYII 



Aun no rompía en el oscuro oriente 

La luz del sol, cuando en la calle suena 

Tropel confuso de afanada gente, 

De á caballo y á pié, que el orbe atruena 

Cfm alta vozeria. Era frecuente 

En la corle aquel siglo igual escena : 

La ¥iüda lo ojó por de contado ; 

Mas luego se volvió del otro lado. 

XVIII 

Después que sale el sol, va la viuda 
A ver cómo se hallaba el encubierto ; 
Pero se queda como estatua muda, 
Cuando nota que el cuarto está desierto. 
Que el moro se escapó no tiene duda : 
£1 pequeño balcón estaba abierto; 
El piso no era bajo ni era alto» 

Y asi pudo salirse dando un salto. 

XIX 

No hubo mas, y la historia acabarla 

Ck>mpletamente aquí, si yo quisiera. 

Pero si aquí quedara, i meiecia 

Que á componer octavas me pusiera ? 

Todo lector sensato esclamaria : 

Qué insulsez I qué pamplina ! qué tontera ! 

No quiero qqe el lector tenga un mal rato : 

Y sobre todo, si es lector sensato. 



6¿ UNA IfADBE. 



U 

■ • 

EL ALCÁZAR. 

Tu pleito , que hasta agora , á pena dura , 
Ansí como á malvado, te condena, 
Convertirá en sentencia de soltura.' 

Fb L. de Lboü. 



Todo cuento éii él mundo tiene cola : 
£11 aquellos es corla, en estos larga. 
No hai un suceso aislado ni acción sola 
En la vida, ya dulce ó bien amarga. 
A esto suelen llamar, rodar la bola. 
Mi conciencia poética descarga 
Su deber, refiriendo el resultado 
Del hecho que ya queda detallado. 

II 

Salió á siis diiigencias la faeroina , 

Y antes de la primera diligencia, 
La acomete en la callé una vecina : 

« Vecina, » dice, « sabes la ocurrencia ? 
Hubo anoche tremenda rebujina 
En el alcázar ; bárbara pendencia 
Entre el rei moro y varios cortesanos, 

Y dicen que vinieron á tas manos, » 



EL ALCÁZAR, 57 



ni 



« T después en las calles han reñido, 

Y ha habido sangre, muertes y destrozo ; 

Y á cristianos y moros han metido, 
Sin distinción, en cepo y calabozo. 

Y como á los rebeldes ha vencido, 

Diz que está el rei saltando de alborozo ; 

Y alguna fiera ejecución se traza. 

Pues van á poner horcas en la plaza. » — 

IV 

(c Dios venga en todo, » respondió, siguiendo 
Su caminó algún tanto apresurada, 
No sin secreta agitación, oyendo 
Los dichos de la gente amontonada. 
A una puerta llamó, la cual abriendo 
La esclava fiel, le dio pronto la entrada, 

Y en lo interior un moro la recibe. 
Que graves muestras de dolor exhibe. 



« Somos perdidos, x> esclamó ; « en prisiones 
Está tu hijo. Anoche arrebatado 
Fué á mi zelo : terribles conmociones 
Tienen al rei confuso y enojado: 
Todo hai que rezelar de sus pasiones 
Violentas. La tormenta del Estado 
Cada vez mas feroz sopla y se agita, ^ ^ 
E inocente holocausto necesita. » 



YI 

La desgraciada madre, en quien la nueva 
Fué cual rayo que enciende y que destroza, 
Al cielo la mirada húmeda eleva, 
T en agitada convulsión solloza. 
Cual si la Parca en su profunda cueva 
La sepultase bajo dura losa. 
Queda inmóvil, y muda y sin aliento, 
Enajenada en susto y en tormento. 

Yn 

« No morirá, » clamó de pronto, erguida 
Gomo la estatua del divino Apolo; 
<c Al que le dañe, arrancaré la vida, 

si sube al cadalso, no irá solo. 

1 Es acaso el monarca un homicida. 
Que se goza en el crimen y en el dolo? 
To de la humanidad el germen santo 
Fecundaré en su pecho cou mi llanto. » 

VIII 

Dijo, y al alto alcázar de Sevilla, 

Que hoi es un caserón triste y oscuro ^ - . 

A los ojos vulgares, maravilla 

Que de Acrópolis borra el noble maro, 

Corre veloz, cual rápida avecilla, 

A quien el cazador con pecho duro. 

Placer que un duro corazón delata. 

Los huérfanos pollueios arrebata. 



EL M(4SA>' 



m 



Estaba Blob^igMci ( pomae Jos rosto» 
De la facciom quemjibaa todaTí^ ) 
Ea medio de la turba de dis^aesUx» 
Jefes, á quienes canto repartía 
Sus órdenes. Ea lances como estos 
Suelen turbarse el orden y armonio 
Del rito de palacio. En cierto modo 
La salud del Estado es mas que tpdo. 



• «1 



El monarca en tal caso se bomanizai 
Porque el peligro es cosa muí humana ; 
Con los mas humillados fraterniza. 
Porque la desventura nos hermana 
Con altos y con bajos. Guando ati«a 
La discordia feroz tan inhumana , 
El interés á un hombre y otro junta, 
Y ni nombre ni raza se pregunta. 

XI 

Oyendo de amor solo los consejos^ 
Entró la madre en la mansión temida* 
Sin que la deslumhrasen los reflejos 
Del poder, con que el vulgo se intimida. 
El rei, que la conoce desde lejos, 
f( A esa buena miyer .da4 lotque pida» » 
Dijo, y salió un morísoa' p^rsoinaje 
Con el angustio fjíMffflfVf m^nm?^ 



60 UÑA UADRE. 

XII 

« Qué pides ? x> dice.— « Pido la persona, » 
Responde la infeliz, « de Gil Valpuestá. » 
£1 personaje calla y reflexiona, 
T al rei torna llevando la respuesta. 
El rei vacila. En tanto la matrona, 
Para quien es la dilación funesta. 
Adonde está el monarca se aproxima, 
Sin que respeto ó miedo la reprima. 

XIII 

Y al verlo cerca, como muda roca 
Que ni siente, ni piensa, ni respira, 
Queda suspensa un ralo, y en la boca 
La queja, el ruego y el aliento espira. 
Ya el lector cotí el dedo el caso toca ; 
Ya puede adivinar lo que la admira. 
De estos casos los libros están llenos : 
El rei era su huésped, nada menos. 

XIV 

Mas ella no se da por entendida : 
El rei si, quien declara á los presentes r 
« Esa cristiana me salvó la vida 
De manos de furiosos insurgentes. 
Imploré su favor : compadecida, 
Sin averiguaciones imprudentes, 
De mis gratas ofertas indignada. 
Me recibió benigna en su morada. » 



EL ALCÁZAR. 61 



XV 



Luego se Yuetve á la cristiana, y dice : 

« Si por vana piedad lu labio abusa 

De mi deuda, tal hecho contradice 

Tus prendas admirables^ y te acusa. 

Mas por qué te interesa ese infelize ? 

¿ Por qué tan afligida y tau confusa 

Su vida imploras ? qué mudanza es esta ? 

Qué tienes tú que ver con Gil Val puesta ? »— 

XVI 

« Gil Valpuesta, señor, es hijo mió, » 

Responde ; « es mi esperanza ; es mi consuelo. 

Por estar cerca de él, con zelo pió 

Dejé mi esposo y mi nativo suelo. 

Rezelando tu enojo y poderío. 

Con otro nombre y bajo el pardo velo 

De pobreza fingida, en tus estados 

Sola he vivido meses dilatados. . 

XVII 

Enternecido Mohamed contesta : 
a La promesa del árabe no engaña. 
Llévese esa mujer á Gil y?lpuesta, 
Y Alá bendiga su virtud estraña. » 
Mi pluma á describir no está dispuesta 
La delicia en que aquel seno se baña, 
Ni hallo un estilo que á la escena cuadre : 
Si hai quien hallarlo pueda, es una madre. 



tS üNA'HABnr. 



ni 
LA SEPARACIÓN. 

(( II cuor si serra 
Nelle fortune , e sol lo schiude il tocco 
Delle grandi sventure. » 

MoifTi, Galeotío Manfredi. 

-oflo- 



Mi narración no marcha por la senda 
Que traza el arte á doctos escritores. 
Es vicio antiguo en mi : ya no hai enmienda : 
Harto deben saberlo mis lectores. 
Mi regla antigua es aflojar la rienda, 
Cuando monto el Pegaso , ya por flores 
Me lleve, ó ya me lleve por espinas : 
Tales son mis poéticas doctrinas. 

II 

Y mas en esta escena que circunda (1) 
Mis miradas ; aquí, do libre y dueña 
Naturaleza, en soledad profunda. 
De humillarse al humano se desdefia. 
Aquí, do majestuosa y vagabunda. 
En pinturas magníücas me enseña 
De las remotas eras los vestigios, 
Adornados de encantos y prodigios. 



LA 8BPARACI0N. 0S 



ni 



Qaé inefable espectáculo I qué alturas 
Inmensurables ! donde en mole densa, 
Albas las nieblas, y otra vez oscuras» 
Ya se dilatan cual cortina inmensa 
Sobre el coloso ; ya de nieves puras 
Dejan visible la llanada estensa; 
Ya bajan al declive, cuyo verde 
En la nevada cúpula se pierde ! 

IV 

Qué emporio de grandeza ! ¡ Qué vislumbre 
De mágico esplendor el domo ostenta ! 
I Cuál del astro refleja la alba lumbre, 

Y en nacarados visos la presenta ! 

¡ Gon qué arrogancia la atrevida cumbre 
Parece que el zenit toca y sustenta; 

Y abre luego sus sólidas entrañas, 

Y los bordes abiertos son montañas ! 



Y el valle! qué perfume! qué intrincada 
Confusión deleitosa ! qué florida 
Diversidad ! Aquí nunca alterada 
La atmósfera por aura embravecida , 
Nunca por rayo ardiente calcinada. 
Con blandura perpetua me convida, 
Gon sonreír eterno me acaricia, 
Cubriéndome de goze y de delicia. 



6Í UNA MADRE. 

VI 

Yo me be sentado al borde del torrente 
Que de encumbradas rocas descendía ; 
Yo he subido á la cúpula eminente, 

Y otra mas alta á mi mirar se erguía; 
Yo entre las ramas inundé la frente 
De un raudal de aromática ambrosía; 
Yo penetré en la nube que rodea 
Del coloso la masa gigantea. 

VII 

Qué estói haciendo ? describir ! — El hombre 
No tiene voz que baste á tanta empresa. 
Cómo hallará la frase ? ¿ cómo el nombre, 
Guando la acción del pensamiento cesa ? 
Fuerza es que mire y calle, y que se asombre, 

Y si puede, en el alma lleve impresa, 
Cual alta antorcha que perpetua luce. 
La celeste visión que lo seduce. 

VIH 

Perdón, lector amigo : mis miradas 
Ahora mismo están fijas en la escena. 
Que en mis toscas y leves pinceladas 
De fastidio quizas tu mente llena. 
Regresemos á sendas mas trilladas ; 
Naveguemos eu ola mas serena ; 

Y reprimiendo la intención altiva, 
Volvamos á modesta narrativa. 



Lk §lBPABACIOIf. 65 



IX 



TÚ querrás que te esplique claramente 
Lo que encuentras oscuro en mi relato : 
Por qué razón á un Joven inocente 
Quiso dar el rei moro tan mal ralo : 
Quién era esa señora finalmente, 
Modelo de ternura y de recato. 
Este deseo me parece justo, 
Y voi por consiguiente á darte gusto. 



No entro en la lista yo de los autores 
Que, movidos del estro ó la arrogancia, 
Están siempre diciendo á los lectores : 
Hai entre yo y ust^Mles gran distancia. 
Van mis vuelos por auras inferiores ; 
Al lector me presento sin Jactancia, 

Y quiero que en mi rima, aunque indiscreta, 
rx>nozca mas al bombre que al poeta. 

XI 

Homo «um^lo demás está en Terencio— 

Y el nil humanum, y el (Uienum puto. 
Más quisiera guardar alto silencio. 
Que hablar en tono seco y absoluto. 
Hombres á quienes amo y reverencio. 
Piensan inui de otro modo. No disputo 
Sobre si su opinión es mala ó buena : 
Y'o sigo mi opinión, y no la ajena. 



XII 

No es el verso lo mismo que la prom ' 
Ya nos lo han dicho ; pero al cabo el verso 
No es mas que idioma humano : no otra cosa. 
El versificador no es ser diverso 
Del prosista. Si en senda vaporosa 
Sale de la región del universo, 
Y se sube á los cuernos de la lona, 
Su jerga para mi sciré moruna. 

XIII 

Si estuviera despacio, escribiría 
Gomo hizo Horacio Flaco á ios Pisones : 
A los aficionados á poesía 
Dedicara mis útiles lecciones^ 
Con lógica sagaz demostraría 
Lo que va de nación^ á na^l^Ai^s : 
Probura lo qiie va. da ayer á hoi ; 
Pero no tengo tiempo^ como soi. 

XIV 

Me urge llegar al «abo de este cuento; 
Porque tengp pendientes otros planes» 
T con su resultado feliz cuento, 
Para que obtengan premio mis afimes. 
Los poetas abundan taiv sin cueutq. 
Que el que aspire, isalir d($ ios desvanes 
Del Pindó, do pululan á mont^mes, 
Tiene que descubrír nueras regiones. 



LA aSFAlAaON. «7 



XV 



Con esta laiga digresloii olvido 
Que al lector prometí sacar de duda, 

Y estará bostezando de aburrido, 
^ algún Ínteres toma en la viuda. 

Y también puede ser que distraído» 
Su vaga reflexión de objeto muda» 
Mientras yo sin sentir diserto y cbarlo : 
Yol en un santiamén á despacbarlo, 

XVI 

Mohamed subi6 al trono en negro dia ; 
Fué breve y borrascoso su reinado. 
En él ia insurrección y ia anarquía 
Sacudieron las bases del Estado; 
También el español lo combatía 
Desde Sierra Bforena y «Ir condado 
De Niebla, donde mucboa infanzones 
Alzaron bravamente sus pendones. 

XVII 

Era el de mas poder Nu&o Yalpuesta , 
Por cuyas venas sangre ilustre mana. 
Su torreón ocupa la alta cresta. 
Cuyo cimiento riega Guadiana : 
Numerosa guerrilla y bien dispuesta 
Lo obedece, de gente veterana; 

Y mas de cuatro vezes en Sevilla 
Causó graves alarmas sif guerriUa. 



68 VNA HABRÉ. 

XVIII 

En monte, en llano, en cumbre, en pima, ea vega 
Se hallaban siempre aquellos atrevidos; 
Por do quier empeñaban la refriega. 
Ya juntos en gran masa ó divididos. 
La sangre mora que los campos riega, 
Tiene á los habitantes entumidos ; 
Todo se vuelve miedos y terrores, 
Y cesan en los campos las labores. 

XIX 

Mohamed sd)urrida' diz : « Ya basta ; 
Pongamos á este mal de una vez freno. » 
A su decreto muchedumbre vasta 
Forma, y parte á la lid el agareno. 
Tres mil ginetes con broquel y asta 
Mandados por Ali, de furia lleno, 
Cubren las cercanías de Ayamonte. 
De allí los pasos vuelven hacia el monte, 

XX 

Donde están de Valpuesta los hogares, 
Mal defendidos por escasa gente. 
Mientras recorren ásperos lugares 
Ñuño y sus campeones. Fieramente 
Combate el; moro, y vierte impío á mareS; 
Sangre española; dueño ya del puente , 
Levadizo, del fosp y la poterna. 
En la morada vencedor se interna. 



LA SSPABAaON. 69 



XXI 



En tanto la fiímilia del magnate 
Fagitiva en los bosques se guarece, 

Y al rumor espantoso del combate 
La triste madre gime y se estremece. 
Sigúela el hijo tierno, á quien abate 
La fatiga, y por poco desfallece ; 

Y en esta confusión oyen de cerca 

La turba que los sigue y que los cerca. 

XXII 

Los pormenores del suceso ignoro; 
Mas la persecución fué tan funesta, 
Que de la madre aparta al hijo el moro, 

Y asi cayó en sus manos Gil Valpuesta. 
Del reino vindicado ya el decoro, 

La coluna á Sevilla vuelve presta; 
Acoge el rei benigno aquella hataja, 

Y espera sacar de ella gran ventaja. 

XXIII 

A un moro venerable lo confia : 
Llamábase Abelud, hombre de peso, 
El cual de su niñez los pasos guia. 
Mirándolo cual hijo, no cual preso. 
En tanto á Ñuño un parlamento envía, 
Con la amenaza que al primer esceso 
Que cometa en su bárbaro ejercicio , 
Gil perderá la vida en el suplicio. 



TQ UNA MAIIBC. 

XXIT 

Perdiendo al hijo, pierde la matrona 
Toda su dicha y todo su consaelo ; 
Mas á un despecho ínúiii no abandona 
Su pecho varonil : activo zelo 
La estimula voraz : de su persona 
No teme los peligros, porque el velo 
De la pasión la ciega y la seduce : 
Amor solo en la vida la conduce. 



Toma una decís&on aventurada; 
El traje adopta de mujer sencilla, 
Y solo hasta la puerta acompañada^ 
Logra entraren los muros de Sevilla. 
Allí emprende una vida reüjrada : 
Finge que en las reyertas ^Oastitta^ 
Perdió al marido, mísero soldado. 
Que apenas lo preciso le ha dejado. 

XXTI 

Zelosa en tanto, busca y aveHguifi 
Con incansable ardor y gran desta&Ka : 
Que en semejantes casos atestigna 
Su admirable poder naturaleza*. 
La mente mas oscura y ñas eugiia,. 
Movida por la voz de la teraeza. 
Se iguala en genio y en saber profundo 
Con los grandes filósofos del m«ndo. 



LA, HlPABAClfm. 74 



XXTn 



La recibe Abelud, y ella se arroja 
Consternada á sos piéft. Con tierno llanto. 
Cual si implorara su vivir, los moja, 
Y de maternidad el ftiero santo 
Reclama firme. El viejo no se enoja, 
Antes cede benigno al mismo encanto 
Que el altivo l6Qa« cuando en Florencia 
Respeté de una madre la presencia. 

XXTIII 

« Qué quieres ? » dice.— « Verlo cada día, » 
Responde, « y esivecbario cmtra el seno : 
Que en él sus ojos viertan la alegría^ 
T lo dejen de amor Vj^ba lleno. » 
¿ Quién á tal petic^^B negaría. 
Sin un alma de braHe? El agareno, 
Bondoso y justo, resistir no puede : 
Todo cuanto le pide» le concede^ 



72 UNA MADBB. 

IV 

EL jardín. 

(( Fué aquella noche el jardín, 
No jardín , cueva horrorosa : 
Un estoque cada rosa, 
Un puñal cada jazmín. 
Flora eclipsó sus malizes, 
Por no Ter tantos horrores. » 
El jabdin db los ekcantos 



Podría ser lacónico, y acaso 
Lo desea el lector ; pero confieso 
Que voi en esta historia paso á paso, 
Aunque rara vez caigo ej^pte esceso. 
Nunca las bellas flores d^BÉmaso 
Exbalan tanto aroma y eml^^, 
Como cuando se ciñen á una Árente, 
En escelsas virtudes refulgente. 

II 

De pocos años á esta parte be visto 
Tanta perversidad, que cuando encu'entro 
Inocencia, virtud, bondad, existo 
Por algunos instantes en mi centro : 
Al placer que abora gozo, no resisto. 
Su deliciosa inspiración adentro 
Del alma se insinúa, y la recrea, 
Gomo el aura benigna que me orea. 



BL lABDIH. Tt 



lll 



En la conducta de los hombres hallo 
Tanta contrariedad, tan estupendo, 
Tan alto enigma, que los miro y callo, 
Diciendo allá á mis solas : No lo entiendo. 

Y en entusiasmo de alegria estallo, 

Y en agitada inspiración me enciendo. 
Guando en un corazón que siente y ama, 
Naturaleza su poder reclama. 

IV 

Bondad I ; llama celeste, mui mas pura 
Que estrepitoso y bárbaro heroísmo ! 
Fuente de bienandanz^L de dulzura, 
Flor deliciosa, adori^^Kabismo 
De la existencia huioRra! en ti procura. 
No en virtud trasformada en fanatismo. 
No en sacrificios duros y crueles, 
Hallar mi ingenio humilde cuadros fieles. 



Que á vergonzoso olvido los condene 
La opinión. No me importa, si arrebatan 
Mi fantasía en estasis perene, 
Y en ella nobles ímpetus desatan ; 
Si en la dulce esperanza que sostiene 
Mi agitada existencia, me retratan 
Los objetos queridos y remotos , 
Que mis afectos fijan y mis votos. 



7» U9Wkr|ÍAftR1B. 

tí 

Dijo un sabio r «iQuien «olamenté es bueno, (2) 

Tansolo es bueno para si. » Perdona, 

Sublime autor de i?ittílio, si condeno 

Tu dicho^ que del hombre el ser baldona. 

Bondad rebosa como vaso lleno; 

Cual raudal, al)de^no«e abandona ; 

Para si, escuna frase peregrina, 

Que el bueno ni comprende, ni adivina. 

Til 

(f Virtud es fiierza ^ » dijo el mismo ; «acalla 
Su voz la voz del corazón; reprime 
Su tendencia. »-* Es ver^ ^ cuando avasalla 
Los Ímpetus que el cieio^^Mnbre imprime, 

Y lo convierte en sólida iraRka, 
Presenta el espeotáculo sublime 

De una lid, en que esíoerza^ue se doble 
La parle ma&luimildeá lamas noble. 

Tin 

El sentimiento á La «azon ; «1 3P«|;o 
Del público interesry la jiKlieia, 
La voluntad. Entonces en-^verdiigo 
Se torna el bombretiy^^B el-sena vicia 
De sensibilidad el'duloe jugo, 

Y sonríe al dolor, y lo- acaricia . 

Ni aun le es dado regar -oon llanto tierno 
Lauro que le asegura noait^re eterno. 



BL JfAfOm. 7& 



IX 



Virtud es esta, augusta, pura y santa, 
Que al mortal ennoblece y dignifica ; 
Que á región mas et»celsalo levanta, 
Mientras mas sus afectos sacrifica. 
Empero ¡ cuánto padecer y cuánta 
Tortura al ser bumano mortifica. 
Si en la reñida y ¡áspera batalla 
De la naturaleza el grilo acalla ! 



Mas la bondad no ahoga el hondo grito; 
Lo escucha blanda, y dócil le obedece : 
Ni es dichosa, si en círculo infinito 
Su dicha no propaga^mgrandece. 
Quién en ventura áHRipara á Tito? 
¿Y cuándo mas feliz Roma parece, 
Que bajo el cetro que empuñó la mano 
Del que fué la delicia del humano ? 

XI 

Ábrense aqui á mi mente las regiones 

De la meditación. Filosofía, 

Roto el velo de aéreas ilusiones. 

Descubre á mi sedienta fantasía 

Sus augustos secretos. Sus lecciones 

Mi Musa en ritmo fácil espondria, 

Si no fuera alejarme demasiado 

Del plan qu9 enel principio me be formado. 



T5 VVA OÍADBIb. 

XII 

No por haber triunfado fácnmcnte 
De Valpuesta, quedó Mohamed tranquilo. 
Ambiciosa facción, secretamente 
Contra su vida aguza duro filo. 
Crece en sns filas la malvada gente; 
T, cual de pronto reventando el Nilo» 
Cubre el llano de espuma turbulenta, 
Así la audaz conspiración revienta. 

XIII 

El rei gozaba, en un retrete oscuro 
De elevados y espesos arrayanes, 
De la noche el aliento blando y puro. 
Tras un día de públicos jL^. 
Quizas en su conciencia ^Reguro, 
Con pocos de sus fíeles capitanes, 
Depuesta la altivez de la corona, 
A familiar coloquio se abandona. 

XIV 

Súbito de unos álamos vecinos 

Sale, cubierto el rostro y hierro en mano. 

Turba de despechados asesinos, 

Y see^ucba esta Voz : «Muera el tirano.» 

Yelozes, los alfanjes damasquinos 

Sacan Ibs fíeles, y al impulso insano 

Resisten bravos y con faz serena, 

T el rei se esquiva de la atroz escena 



SL JABDin.. 77 



XV 



Según después contaroo, hubo en esta^ 
Conspiración guerreros de Castilla. 
Si á ella no coocurrió Ñuño Yalpuesta, 
Quizas alguno fué de su cuadrilla; 

Y asi no bai que estrañar que ya dispuesta 
Para el bijo estuviese la cucbilla. 
Cuando sale el poder de estos conflictos, 
No repara en confesos ni en convictos. 

XVI 

Era vasto el jardin : por su espesura 
Yaga con preaiucion y marcba incierta. 
Yolver á entrar en su mansión procura ; 
La senda busca en yajje, y no la acierta. 
Mas un rumor leja^H^^scgura 
Que la paz del alcázar desconcierta 
También con mano infiel la rebeldía, 
£ inmóvil queda, como estatua fría. 

XVII 

Crece el peligro, y mas crece la duda, 

Y mas crece el terror. Sin un amigo 
Que en el conflicto en su favor acuda, 
Lucba el rei con el mal, y no halla abrigo 
Que lo ampare del mal. Cien vezes muda 
De dirección, y al fin por un postigo 
Secreto, que le ofrece el ciego acaso. 
Logra sin ser oido abrirse paso. 



XTtlI 

Yióse solo enia calle, no sabiendo 
Quién le era fiel;, quién no : problema osécrro 
Del poder vacilante : más tremendo 
Que declarada enemistad ; más duro 
Que conocido desainor. Temiendo 
Que allí se agolpe mats tropel, del muro 
Del alcázar se aleja; y ya es sabida 
La mano á quien debió corona y vida. 

xii 

Vencedores son ya los debelados: 
Va en el alcázar terminó él empeño : 
Ya un nuevo jere rige á los malvados. 
Gozoso, altivo, triunfadorJdsueño. 
Mas en lejano punto, los serados 
Del valeroso Alí, fiel á su dueño. 
Su voz escuchan y el acero esgrimen 
Contra la hueste que entroniza el crimen. 

XX' 

I ... 

Los atacan y vencen ; y á sus manos 

Muere el usurpador. Pero su gente 

Se esparce por los puntos mas cercanos, 

Y resiste á la tropa bravamente. 

El rei, que escucha estrépitos lejanos 

Desde el balcón, venir de pronto siente 

Cerca la tropa que su nombre aclama. 

<( Estos los mios son » dice, y los llama. 



BL JABDIlt^ 79 



XXI 



El pormenor exacto del descenso 
No consta, y se refiere en modo vario. 
Problema es que costó trabajo inmenso 
Al ingenio sutil del anticuario. 
Sobre tan peregrino asunto pienso 
Dar á luz un difuso comentario ; 
Pero no podrá ser que ahora lo escriba, 
Por las razones que he espresado arriba. 



-oy. 



BL 

BOTICARIO DE ZAMORA. 



« I do reoiember an apolbecary, 

"Vi^hoin late I noted 

In Utter'd weeds. » 

Shakbsprarb. 



'\A 




Ben J^Mf, el lioEúario 
De Zamof^, efrUD bebMB, 
Algo ma^.tpie estnblario, 
por lo mal veslido j feo. 
Gabán ei^coloreK rario. 
De medio siglo trofeo, 
Cubre^eecof^nde la Cahlft, 
VasU poHiia «d « e>P*)ilu. 



94 BL BOTICARIO DE ZAMORA. 

II 

Tosca cuerda es su cintura, 
Qon la que á Tezes se enreda 
BartMi entre torda y oscura, 
De áspera crin, no de seda. 
Sombrero de inmensa anchura, 
Que mas parece una rueda 
De molino, graso y sucio, 
Le guarece el occipucio. 

III 

Sos dedos, garfios agudos, 
O mas bien, tenazes barras, 
De tegumentos desnudos, 
No son dedos, sino garras. 
.QÍ06 breves, no sañudos, 
€k>n redondas antipurras. 
Que cabalgan en la cumbre 
De nariz de media azumbre. 

IV 

Verás, si entras en su casa. 
Las mas raras baratijas ; 
Mucbas figuras de masa. 
Culebras y lagartijas ; 
Vejigas llenas de, grasa 
De hipopótamo * sortijas 
Con letras y con figuras. 
Las mas estrafias y oscuras. 



BL BOTICARIO DE ZAMOmA. 8S 



Yerbas secas infinitas, 

Espíritus, gomas, untos, 

Raizes, piedras, pepitas 

T cabellos de difuntos. 

De polvos varías cajitas; 

De ungüeolos vastos conjuntos ; 

Y un cocodrilo en el tecbo, 
Lleno lo interior de afrecho. 

VI 

De este arsenal bien provisto 
Saca lo que es necesario 
Para su ejercicio misto 
De adivino y boticario : 
Que él lo futuro ha previsto, 
Da fuerza al octogenario. 
Halla lo que se ha perdido, 

Y á las doncellas marido. 

VII 

Siempre gozoso y risueño, 
Sirve bien ai que lo paga ; 
Gura al rico con empeño. 
Con chistes al pobre halaga. 
Mas diz que escaso de sueño, 
Solo y por de noche vaga, 
Desde el ocaso á la aurora, 
Estramuros de Zamora. 



|Í6 I^L'^iMTICABIO DE «AÍMMI4. 

Tin 

¥ DO embargante el asedio 
Del adalid castellano, 
Cuando pasa por en medio 
De sus tropas, vneWe sano. 
Gracias á estraño remedio, 
Binada puede el anciano 
Librarse, dice la gente, 
Del español diligente. -— 

Iftiimnd, alcaide en Zamora, 
Festivas bodas prepara 
Con una gallarda mora. 
De hermosura prenda rara. 
Mas cuándo casarse ignora. 
Porque su dicha acibara 
Temor que batalla incierta 
Su boda en sangre convierta. 



Llama á Beu Jusef un día, 
Y le dice : « Buen anciano, 
Sírveme de astuto espía 
Dentro el cerco castellano. 
Qué noche, saber querría. 
Podré enlazar con mi mano 
La de mi adorada prenda. 
Sin que el espafioi lo entienda. » 



El MhnCABIO IMB tAVOSA. ST 

XI 

tt Lo sabrás, » dijo el hebreo. 
Vase, y pronto está de vuelta; 
Y responde : « A tu deseo 
Da esta noche brida suelta, 
Porque tienen jubileo 
Los de Castilla, y absuelta 
Tace de ataque y fatiga 
Toda la gente enemiga. » — 

XII 

« Toma este bolsón, » le dice 
Triunfante Mamud, y ordena, 
« Que aquella noche félize 
Se disponga baile y cena ; 
Que nada se ecouomize 
Con tal motivo ; » y apena 
Se hunde el sol, ya en la mezqniu 
Mamud de gozo palpita. 

XIII 

Mas cuando en alegre fiesta 
Mamud su cariño esplaya, 
Seña de alarma ftinesta 
Da en la almena la atalaya. 
Mamud á luchar se apresta ; 
Con el susto se desmaya 
La novia ; corren armados 
Al muro los convidados. 



88 EL BOTICARIO DB ZAMORA. 

XIV 

Trábase dura contienda. 

Que mil muertes amenaza : 

No hai moro que no defienda 

Con duro tesón la plaza. 

Por mas que el cristiano emprenda , 

Siempre el moro lo rechaza ; 

Y tanto el daño lo aqueja, 

Que el lance aburrido deja. 

XV 

Cuando la aurora amanece 
Tras la nocturna desgracia, 
Colgado en alto aparece 
La perla de la farmacia. 
Si tal galardón merece; 
Si fué error, ó bien falazía, 
Lo que infamó su memoria, 
No nos lo dice la historia. 



EL HIJO DE DON FARFAN. 



« E Tosa puré, e '1 tenia , c iic riporla, 
In yece di castigo, onore c laude. » 
Gbrusalbmmb ubkrata, \. 2¿. 



^\f\ 



.,,¡11 Mir 




Por las frondocas attans 
Qqi: circundan i Lopera , 
Coando tas centenas puras 
De la celesilal lumbrera 
Bompen las nieMai osearas 
Que enaegrecliD la eriéra. 
Vaga envoelio en giana j oro, 
Don Farhn, terror del nioi). 



92 EL HIJO DE DOIf FABFAN. 

II 

Fijas están sus mirftdas * 
En la ciudad enemiga, 
Que él c^n tropas esforxaiasv. 
En duro cerco fatiga ; 
Y á las violentas punzadas 
Del corazón, la loriga 
Parece fednto estredio : 
Tal dolor lé áigiía el pech». 

m 

Trasc^speso roble oevlla 

Sd mantiene, y perlaibade^ 
TMiéiido yer d iBsnlto 
Qi i l O flp B Bl ia, confirmado, 
flllé.de Lopera un bullo 
Por un |)Ortillo escusado ; 
Farfan lo aguarda sañudo, 
T con el brazo forzudo, 

ly 

Cuando se iaeeiwak lo para. 
« Vi llano ^pañolyi) le dice, 
« Borroa de fanülia dara^ 
Pues su faaia contradice 
La del vU que se separa 
Del hosor^ B^e infelize 
De mi amor, que en negro día. 
Dio almufedola eEposa-mla. ^ 



El^ BIJO D& DON FARVAIlf. 93 



« Yaque deseajrado ofend,^ 
Cuanto en noble zelo acata 
Tu pajdre, y el lustre vendes 
De su nombre, fiera ingrata 
Copsuma lo que pretendes; 
En mi tu furor desata. 
De esta hueste soi caudillo : 
Clava en mi pecho el cuchiUo.i» 

VI 

(c La punta en sangre teñida 
Muestra á la gavilla infame , 
Donde hallastes acogida. 
Su vista en valor la inflame; 
Y orgullosa y atrevida , 
Goal torrente se derrame 
Por el suelo de Castilla, 
Para ccdmar tu mancilla. » 

VII 

Y,él, sin que el padre lo asomliie, 
Le replica en noble acento : 
« Bien os valga el santo nombre 
De padre, que no consiento 
De nadie baldón, ni hai hombre 
Fuera de vos, que un momento 
Viviera, tras el lenguaje . 
Con que me.cnbris de nltre^ji » 



EL HIJO DE DON FARFAK-. 
VIII 

« Señor padre, habéis herido 
Honra qae iio es toda vuestra ; 
Parte de ella he merecido 
Goii mi valor y mi diestra: 
Honra que no ha coosentido 
De iuterpretacioD siniestra 
Soplo Impuro, sin que ardiente 
Cual fiero volcan reviente. » 

IX 

Ved que soi tan castellano 
Gomo vos; tan caballero 
Gomo ei que mas, y en la mano 
Ved que no falta el acero. 
I Queréis saber ei arcano 
Que se encierra aquí ? Primero 
No lo sabréis, os lo juro, 
Que embistamos ese muro. »-- 



«Pues á los muros, » esclama 
Farfan, y los tercios junta, 
T su intrepidez inflama 
Mostrando la heroica punta, 
Signo de victoria y fama, 
c Dó está el mancebo ? » pregunta, 
Con afán que en vano esconde.-- 
lias nadie á su afán responde. 



EL HIJO DE DON FABFAX. 95 

XI 

Ck)iiiienza el ataque; unidos 
Los tercios, honor de España , 
Se muestran apercibidos 
A la mas cumplida hazaña. 
Lanzan altos alaridos 
Las tropas : con furia cstraña 
Combaten, aunque serenos, 
Castellanos y agarenos. 

XII 

T al tiempo que la liatalla 
Has sangrienta se enardece, 
Dentro de la almena estalla 
Grito que el aire estremece : 
T de pronto, en la muralla 
Cristiana turba parece. 
Que con orgullo tremola 
Noble bandera española. 

XIII 

Cien jóvenes esforzados 
Son, que un mancebo acaudilla, 
Cuyo acero á los sitiados 
Con fieros tajos humilla. 
Y á tal proeza animados 
Los guerreros de Castilla, 
Van yelozes á la puerta. 
Ya por mano amiga abierla. 



9% EL HIJO DB DO!f PAVAlf. 

XIV 

Cede al doble impulso el moro, 

Y ya es de España Lopera ; 

Y eco de clarín sonoro 
Retumba en monte y pradera. 
Toma el soñado desdoro 
Farfan en gloría altanera, 

Y al hijo ansioso procura, 

Y en sus brazos lo asegura. 

xv 

Mas él responde : « El portillo, 
Por donde salí esta aurora, 
Nunca pudiera yo abrillo, 
Sin la mano de una mora. 
Que sujetó en fuerte grillo 
Hi pecho. Sea en buen hora ' 
Para Castilla Lopera, 

Y para mí la portera. » 



HERMIGIO Y COTONA 



•^Qi^ 



« Alas 1 there is no instinct Uke ihe heart.)» 

Vtron. 



ADYERTENGIA. 

D. Sancho Ordóñcz , rei de Galicia^ apenas mencionado en 
iiuesiras historias, y que muchos escritores confunden mala- 
mente con el rei de León, Sancho I. el Gordo, empeió á rei- 
nar por los años de 927. La anécdota que ha servido de base á 
la ficción de este poema, se halla en el [tomo 19, pág. 133 do 
la España sagrada del F. FI6rez. 




I : bat I lene 11 lo oOier peopleu 

Sil WillM SCOÍT. 



Era Galicia ihj reino, nBk hdlllh ; 
No ;a un IVagmento estrafio, qne se aflUa, 
Cuando el poder ó la traicioa ki itr^ltít. 
Bajo el jugo servil de tina madrostn. 
Era un lodo Min<^én«o, qué mmWJe, 
Y en sus usos, y lejes, j lenguaje, 
Res[áraba untdad, como la sein, 
Áuies que e) Meno asotedor disuelra 



100 HERMIGIO T GOTOXA. 

Su espléndido conjunto, en la semblanza 
De sa vegetación, y en la pujanza 
De sus troncos iguales, y el perfume 
Que sus átomos leves reasume, 

Y de ellos forma un todo que embriaga ; 
Muestra un plan uniforme , no la vaga 
Producción del capricho ó de la suerte. 
Era patria Galicia, noble, fuerte, 

Suya propia, no herencia ó mayorazgo 
Del que el tributo cobra ó el portazgo. 
Lejos, sentado en mórbidos cojines. 
Eran suyos terrenos y confínes; 
Suyo el nombre, y las armas, y la gloria 
No postiza, ni estraña, ni ilusoria 
La fama que selló con sangre pura. 
Cuando opuso á la intrépida bravura 
De hueste goda y tribu sarracena. 
Falange propia, sin ayuda ajena. 

Y por aquellos tiempos, era Lugo 
Corte, no de un tirano ó de un verdugo, 
Cual lo son en el dia muchas cortes : 
Centros donde terminan los resortes 
Empuñados por manos clandestinas; 
Cuyas estremidades son espinas. 

Que destrozan y punzan á lo lejos, 
Mientra aturde el poder con sus reflejos 
Al que resiente en lo interior el daño. 
Sin ver quién mueve el destructor amaño. 
Corte de un hombre como todos; bravo, 
Condescendiente, popular, no esclavo 



BEKiaeiO T «OTOÑA* tOI 

De áulicas formas y grotescos ritos. 

Y por los arrabales y distritos 
De la ciudad, sonaba á toda hora 

De la industria el murmullo : animadora 
Melodía, mas grata al hombre sabio. 
Que la que arroja con impuro labio, 
Si emponzoñado galardón lo anima, 
Torpe lisoiua en acordada rima. 
Allí el pino, y el jaspe, y el acero. 
Bajo la diestra mano y el esmero 
De artííice sagaz, la forma muda, 

Y tórnase joyel la masa ruda, 

Y el arbusto cerril en tela muelle. 
Fragua encendida y ponderoso fuelle 
Lanzan al mundo, activos y yelozes, 
Sólidos bienes é inocentes gozes. 

En el taller oscuro de un armero 
Trabaja sin cesar, torvo, severo 
De rostro y de modales, más adusto 
Que liviano, un garzón alto, robusto. 
De tufos blondos y de azul pupila ; 
Un aire misterioso de tranquila 
Majestad lo circunda. Su destreza, 
Ya en ablandar del hierro la dureza. 
Ya en dar temple esquisito á fina espada, 
O lustre brillador á la acerada 
Cota, al escudo, al morrión y al peto* 
Le ganan el cariño y el respeto. 
Ya de guerreros, ya de menestrales. 



|p9 PmUCIO T 6»T€flE4. 

Buscados son sus dagas y puñales : 

De habilidad sus obras son prodigio : 

Común es su loor : su nombre Hermigio. 

AI yunque un dia terminar procura, 

Para un magnate espléndida armadura, 

Que resiste á potente cimitarra. 

Ya al yelmo aplica la pulida barra , 

Ya del broquel realza los contornos, 

Con dorados y sutiles adornos. 

<( Y qué ! » dice entre si, dando un suspiro, 

« ¿ Siempre en callado, siempre en ¥il retiro 

Se exhalará mi vida, inútil, floja. 

Desconocida y sin brillar, cual hoja 

De arbusto retirado, que destruye 

La ráfaga otoñal? Pues qué ! ¿ no fluye 

Sangre en mis yenas, que el yalor inflama? 

Qué ! ¿ no late mi pecho, si la fama 

Lo halaga con su mágico recuerdo ? 

¿ Por qué en labor de esclavo humilde pierdo 

De mi fuerza yital el noble jugo? » 

Dijo, y de pronto se estremece Lugo 

Con bélico alarido, y en la almena, 

Y la torre, y la plaza,^ agudo suena 

Clarín de alarma. Fórmanse anhelosas 

Las huestes de Don Sancho; nebulosas 

Las ráfagas de polvo que, á lo lejos, 

Del albo dia eclipsan los reflejos. 

Morisca tropa anuncian. De repente 

Veloz impulso en^la ardorosa mente 

De Hermigia estalla. Su razón ^ ofusca ; 



HaMB«IO T BÍWW4. 103 

No ya su mano laboriosa busca 
PunzoD, martillo, lima ni tenaza. 
El peto adusta ; endosa la coraza ; 
La espada empuña ; toma la rodela ; 
Ciñe el crestado morrión, y vuela. 
Desatentado, ciego, pero altivo. 
Llega á las puertas de la plaza. Ergivo, 
Que con su gente intrépido la guarda, 
Viendo aquella presencia tan gallarda. 
Sospecha que algún caso lastimero 
Deja al bravo adalid sin su trotero, 
Y un bayo noble y volador le ofrece. 
Lo acata Hermigio, monta y desparece. 



•«»«p 



104 BBMWIO V «OTOIU. 



11. 



«She loved me for the dangers I had passed. n 

Shaebspkarb. 



-<^4o- 



De la atmósfera el ámbito perturba 
La alegre yozeria de la turba 
Que en la plaza de Lugo se congrega, 
Y el éxito feliz de la refriega 
Con ferviente entusiasma solemniza. 
Guirnalda, y ramo, y pabellón tapiza 
Las calles, y de juncias olorosas 
Se cubre el payimento. Estrepitosas, 
Con prolongados ecos las campanas, 
A las yencidas tropas musulmanas , 
Que en fuga leye su yergüenza ocultan , 
Con su armonía triunfadora insultan. 

A tiro de ballesta del portillo 
Del murallon, guarece un bosqueciUo 
De arrayan y de enebro, la morada 



HEBHIGIO T «OTCXNA. 105 

Que hennosea una virgen desgraciada, 
Huérfana» sin amigos, sin apoyo, 
Sola en el universo. Cual arroyo 
Que, lejano del prado y sementera, 
Lleva inútil su linfa placentera 
Por soledades ásperas y umbrías. 
Tales se pierden sus hermosos días, 
En silencioso olvido y abandono. 
Pero, como joyel digno de un trono. 
Su nativo esplendor que al sol remeda» 
Sepulta en negro risco ó tosca greda; 
Tal en aquella soledad oscura 
Se oculta un alma generosa y pura; 
Una de aquellas almas que en sosiego 
De modesto existir, activo fuego 
De poderoso sentimiento abrasa, 
Y del estrecho circulo no pasa, 
Do fortuna severa la coloca. 
Sino cuando otra igual llega y la toca. 
Simétrico el talante ; la estatura 
Gallarda, cual ciprés; rosada y pura 
La tez; redondos brazos, ancha frente; 
Cabellera alazán profusamente 
Vertida por los hombros y la espalda; 
Seno de nieve y ojos de esmeralda, 
Cuyo mirar las almas aprisiona 
En rendimiento fiel— tal es Gotona. 
Mientras lejano suena en sus oídos 
El rumor de los altos alaridos. 
Con que la plebe el triunfo victorea. 



1#0 HBBM leiO T CKHDWVA. 

Ella su yago meditar recrea , 
Con paso incierto ea soledad {urofuiida, 
Por el plantel agreste que circunda 
Su ignorada y tranquila residencia. 
Al autor de su niíseira e&istencia 
Leyanta el corazón; tierno lo adora, 

Y alzarle quiere un ruego; p@ro ignora 
Cuál don ha de implorar, bien que suspenso 
Resiente el cosazon yació inmensa, 

Que ningún ser yisible satisface. 

Y en esta idea la razón tenaze, 
Vuelye afanada en incansable giro, 

Y del seno le arranca hondo suspiro. 
Mas súbito un quejido lastimero 
Hiere su oido, y el pensar lijero 
Detiene, como sólida muralla 

La rabia del torrente : atiende y caUa, 

Y escucha, y otra vez aquel quejido 
Más le penetra el alma que el sentido. 

Y entre las ramas busca, y de repente 
Garzón herido, cuya faz doliente. 
Dolor agudo y desaliento indica. 

De compasión y horror la petrífica. 
Si horror y compasión á un pecho noble 
Juntos invaden, no será que di^le 
Compasión su benéfica energja, 
Del ciego horror bajo la planta fría. 
En alma que adornó naturaleza 
Ck)n el sublime don de la temesa, 
Si un sentimiento agitador estalla, 



La compasioiilo doBQA y aras^Uit 

Y al impeta MKSjpe^ 49 ll)>9«MÍ0Qii. 
Ejemplo ñié de esta verdad Qolona* 
Cual ^rabe que humikjie se adQnueoa 
Dentro la choza yil qu0 lo guarece, 

Y en brazos del dolor que lo acibafat 
Si tiene un sabio amigo, cuya vara 
Potente el sueno compai^vo rompa, 
Dispierta en regio alcázar, cuya pemp^ 
Su mente aturde y su mirar sorprende; 

Y él, que tan rara mutación no entiende. 
Ni aun osa dar asenso á tal prestigio ; -^ 
Guando salió de su endeblez Hermigío, 

Y cerca de su rostro un rostro mira. 
Que un anhelar incógnito le inspira, 

Y se siente apoyado en aquel seno, 
Cuyo perfume lo embriaga, lleno 
De inesplicable confusión, ni aun osa 
Librar la m^te á la visión hermosa. 
Pasada aquella yaga incertidumbre 
Que alarga el padecer, la muchedumbre 
De contrarios afectos se deshace. 
Como la nieve espuesta al sol, y mace 

De pronto, en lo interior del alma, un fUego 
Devorador, i|n d0s£renjido y ciego 
Desear, un propósito inflexible. 
De aquellos qiie en el curso bonancible 

Y común de la. vida escasamenle 
Combina el hado : inagotable fuente 
De infortunios, al Ifombre que se laiisa. 



168 HBiinoio T (M>T<mA. 

Sin calcular el riesgo, á la esperanz», 

T porque ardor intenso lo importuna. 

Quiere torcer su giro á la fortuna. 

Basta un instante para amar? —Conforme 

En ese curso lento y uniforme 

De negocios civiles que se llama 

Sociedad, raras yezes el que ama, 

Del verdadero amor las leyes sigue. 

Fuerza es que el interés cambie ó mitigue 

Del espontáneo afecto el puro brote ; 

O bien que erguido el paternal azote 

Norma al cariño y á la dicha traze. 

Mas el que libre y desprendido nace 

De torpes apetitos; el que siente 

Dentro del alma impulso prepotente. 

Que á designios escelsos lo encamina, 

Ese con llamarada repentina 

Se consume : ese en rápido momento 

Bebe un siglo de amor y de tormento. 

En el humilde asilo de Gotona 

Tres dias pasa Hermigio, y se abandona 

Dócil al blando yugo de la bella. 

Su ardor caritativo y la centella 

Juvenil aceleran la esperanza 

Del recobro feliz. Mas iqué mudanza 

Labran esos tres dias en la suerte 

De Gotona y Hermigio ! En lazo fuerte 

Sus almas se ligaron : ambos juran 

Larga fidelidad. Si se conjuran 

En su mal infortunios, cuales postran 



HBBiafiío T eofsmtA. 109 

Tronos altíTOs, ellos los arrostran* 

ff Parto, » le dice Hermigio ; « digno esposo 

No es de tí un menestral ; mas ya anheloso. 

De amor y de ambición suelta la rienda, 

Piso arrojado mas altiva senda, 

Y el esposo feliz que darte quiero. 

No será un menestral, será un guerrero. » 



^««pi» 



KO HÉUlíIOM t «Otd^A. 



m. 



«Hai alanos hombres, que verdaderamente son 
buenos y santos; pero suelen ser necios. » 

Lozano, Reyes nuevos de Toledo, 



-o§|o- 



Llena estaba la corte de Don Sancho : 
El antiguo salón, lóbrego y ancho, 
Apenas da cabida á los tropeles 
De cortesanos, que acudían fieles 
A dar la enhorabuena al soberano. 
El cual, en alto trono, acoge ufano 
Los homenajes públicos. Su diestra 
Don Gelimer ocupa, en quien se muestra, 
Junto con mano osada y triunfadora. 
Genio mordaz y lengua decidora. 
Ero, el obispo, ocupa el lado opuesto, 
C!on ojo hundido y con torcido gesto, 
Gomo si leyantado en santo arrobo. 
Mirara con desprecio nuestro globo. 
« Brava jornada, » dice el rei, <x infanzones. 
Bravamente marchaban los pendones 



HBAifMio T «mmA. 111 

De Galicia por llanos y por cerros, 

Empapándose en sangre de esos perros. 

Mas, decid, Gelimer, ¿no habéis sabido 

Quién era el adalid desconocido, 

Cuyos golpes tremendos espantaban 

Las falanges moriscas? i Cuál brillaban 

Repetidos sus tajos y reveses 

En yelmos, en alfanjes y en payeses ! » 

«Señor,» responde Gelimer, «mi esmero 

Ya averiguó su nombre : es un armero 

Llamado Hermigio. Sangre ilustre mana 

Dentro su corazón, y si inhumana 

Lo persigue la suerte, que debria 

Darle apoyo y solaz, no es cuenta mia: 

Aquí este santo obispo lo conoce. » 

ígneo furor la faz cubre veloze 

Del prelado : ni atina á dar respuesta ; 

Tanto su orgullo la alusión molesta. 

« Nada decís, » pregunta el rei, «Don Ero? » 

« Tu Alteza,» le responde, « coando... pero... 

En verdad, el mancebo es mi sobrino, 

Y si hoi padece en infeliz destino. 

No es culpa de mi amor ni de mi zeh). 
Quise piadoso encaminarlo al cielo. 
Conferirle las órdenes sagradas 

Y dos capellanías bien dotadas. 
Has desoyendo el saludable aviso. 

Ni aun la tonsura el insolente quiso. » — 
« Por los huesos que están en Gompostela, » 
Replica Sancho, « tu piedad anhela 





til HEEMIGIO T 60T0NA. 

Que se llene de clérigos Galicia. 
No es harto numerosa tu milicia ? 
Mis ojos no yen mas por todas partes 
Que tus lóbregas tropas y estandartes; 

Y á mas de ser al pueblo graves fardos, 
¿Todos los hijos han de ser bastardos? 
Gran nomb radía ese doncel te gana, 
Mucho mas con broquel que con sotana ; 
Hazle merced, obispo, y séle grato.» 
Esquívase Don Ero con recato 

De la corte, algo menos orgulloso 

Que cuando asiste en traje esplendoroso 

Y entre devota turba, á graye fiesta, 
Con báculo en la mano y mitra en testa. 
A su mandato presentóse Hermigio, 
En quien ya no quedaba ni vestigio 

Del rango humilde en que yació agobiado. 
No era un obrero ya, que era un soldado, 
Firme en talante y afamado en brío. 
« Cuál es vuestro placer, mi señor tío? j» 
Le pregunta, con tono del que sale 
De prisión y conoce lo que vale, 
a Mi placer, » le responde algo confuso, 
<c Ya que la eterna voluntad dispuso 
Sacaros del camino mas derecho, 
Mi placer es ligar en nudo estrecho 
Tu mano con la mano de Glotílde, 
Santa doncella, religiosa, humilde. 
Cierto— carece de fugazes dones. 
Que arrastran los profanos corazones. 



BJBBMIGIO T «OTOÑA. fl3 

Dirás que anda torcida y algo corva ; 

Mas esta leve imperfección no estorba 

Que sea de virtudes relicario. 

Esta noche dispon lo necesario, 

Y casado serás en mi capilla. » — 

« Vuestra bondad, señor, me maravilla,)) 

Le replica el sobrino sonriendo ; 

«Y me duele, prelado reverendo, 

Que esa propuesta de que hacéis alarde, 

Haya llegado á mis oídos tarde. 

Esta mano no es mia, que es ajena. 

Dios, de quien sois ministro, me condena, 

Severo y justo, si falaz é impío 

Regalo á mi solaz lo que no es mió. 

Fui libre en mi taller : lo soi ahora. 

Del yunque y de la fragua abrasadora 

No troqué el duro afán por la coyunda 

Que hora se ofrece á mi humildad profunda. 

Vuestros designios son pios y sanos ; 

Mas no os puedo servir : béseos las manos. » 

Salióse erguido, y el obispo ruge 
De furor y despecho : tanto empuje 
Dan las pasiones á las almas pias ; 
Tan estrañas les son las simpatías 
Del corazón. Con tan feroz desprecio 
Mira la ajena dicha un santo necio. 



114 IUBMII«IO T «OXORA« 



IV. 



« La faccia sua era faocia d'uom giuslo, 
Tanto benigna avea di fuor la pelle, 
E d*un serpente tullo V altro Tusto. » 

Dante. 



-Ǥ|o- 



Sabedor Gelimer de todo el lance, 
Poner decide fuera del alcanze 
Del tiro episcopal al buen sobrino. 
Asi teje sus lazos el destino; 
Asi un azar en su querer influye, 

Y por tan leves causas se construye 
De los hombres la dicha 6 la desgracia. 
Llama á Herminio y le dice : « Te hago gracia 
De un tercio en mi escuadrón. Sé su caudillo; 
T para habilitarte, este bolsillo 

Será de mi cariño leve muestra. » 
Besa el doncel la generosa diestra 
Que su valor y zelo galardona, 

Y vuela al caro asilo de Cotona, 
Que era de su bajel el gobernalle. 

A tres leguas de Lugo, en hondo valle, 



Que limitan cercanas dos altoias. 
Cubiertas de sombrías espesaras. 
Mansión del abandono y del misterio, 
De Sámos el humilde monasterio, 
Do habita caridad ferviente y santa. 
Sus torreones góticos levanta. 
Un hombre justo es el abad : no de esos 
Que cifran la justicia en los esoesos 
De un zelo arrebatado : paroxismo 
Ya de superstición, ya de egoismo. 
Ni de su puro labio el anatema 
Salió jamas, con que la rabia estiema 
De torpe orgullo y presunción insana 
El alto nombre del Señor profana. 
Ni condenó jamas como delito 
De la naturaleza el hoiido grito; 
Ni del ser que prodiga amor y goze. 
Forjó un verdugo bárbaro y feroce. 
Blando, indulgente, compasivo y tierno. 
Mira en la caridad el lazo eterno 
De la inmensa familia de los hombres; 
Y en esos vanos y pomposos nombres, 
Irreligión^ apóstata, ateísmo. 
No ve mas que maldad ó fanatismo. 
A este varón perfecto Hennigio acude. 
Para que en santos vínculos añude 
Su mano con la mano de Gotona, 
Sin esa pompa vana que inficiona 
La verdadera dicha. Los amantes. 
No ya envueltos en ropas elegantes. 



f i6 HBttiGIO T GOTOHA. 

Sino en auras de amor y de ternura, 
Ante el sagrado altar la oñrenda pura 
0e sus almas presentan, y gozosos, 
Gustando ya los bienes deliciosos, 
A los que desde entonces se aperciben, 
Del santo abad la bendición reciben. 
Sabe Don Ero el' negro desacato : 
Tal lo juzga, y en bélico aparato, 
Circundado de lanzas y broqueles 
( Porque en los siglos bárbaros los fieles 
Formaban batallones obispales, 

Y los obispos eran generales ), (3) 

De los claustros invade el santo abrigo ; 
No ya como pastor, como enemigo, 
A quien feroz estímulo enfurece, 
La casa de satélites guarnece : 
Penetra en ella, echando bendiciones; 
Del archivo los íntimos rincones 
Examina : la gótica escritura, 
Que antiguos privilegios asegura, 
Toma violento ; de las hondas cagas 
Los tesoros retira y las alhajas ; 

Y al pobre abad que su indulgencia pide, 
Echa una bendición, y se despide. 

Tal fué del siglo diez lá disciplina. 
Del vulgo ciego iá trivial rutina 
Celebra, encomia; admira la escelencia 
De aquella edad, sú Cándida inocencia, 
Su virtud apostÓiÍG^. Qué insulto 
De la verdad !Ün pueblo fiero, inculto, 



flflBiunGio Y sméKM. ííi 

Sin mas lei que la fuerza, sin mas gloria 
Que una fama brutal y transitoria, 
Podrá ser tipo de inocencia ? ¿ Acaso 
Del error al delito hai mas que un paso? 
Monarcas y pontífices, magnates 

Y plebeyos, en hórridos combates 

Y escitados por bárbaros enojos, 
Se arrancaban impíos los despojos 
De la infellze sociedad, inerte 
Víctima de la rabia del mas fuerte. 
; Noble modelo al siglo que se jacta 
De doctrina analítica y exacta I 
Hipócritas, mentís ; si la lumbrera 
Del saber no nos guia en la carrera 
Que á nuestros días el destino traza, 
Segura perdición nos amenaza. 
Solo el saber refrena el fiero orgullo 
Del poderoso, y el letal murmullo 
De corrupción solo el saber acalla. 
Plebe ignorante, estúpida, vasalla. 
Plebe que un falso resplandor deslumhra, 
No es mas que firme base, do se encumbra 
La usurpacioo, de crímenes culnerta. 

Lo que sus arterías desconcierta. 
Lo que su desenfreno atroz reprime^ 
Nunca es mas que el saber : prenda sublime 
Con que la eterna y poderosa mano 
Dulcifica la suerte del humano. 



119 HBAII16I0 T GOZXMliU 



V. 



« The king is full of grace and faír regard. 
And a true lover of the holy church. » 

Sqakbspbarb. 



-ofio- 



Ya sé que es deplorable, aunque deslumbre 
£1 brillo que lo envuelve en alta cumbre, 
La suerte de un monarca. Con el prisma 
De su poder se aturde, y cuando el cisma 
Popular ó traición feroz apresta 
Su ruina, y el tiro infame asesta, 
Desacordado en su ilusión, inerme, 
Al borde del abismo goza y duerme : 
El siervo vil que á su poder se íbcUbs, 
Con invisible yugo lo domina. 
¿ Quién compone la espléndida oüerva 
Que lo circunda ? Adulación proKrf», 
Disfraz, calumnia, seducción, peridia. 
Una cosa no mas me causa envidia, 
O dos, mas bien : la rica biblioteca, 
Y el santo don de hacer justicia seca. 



JUBMiaiO Y CMMTOIIA. !!• 

£1 hombre á quien, en trámite infinito, 

Con raro idioma y con absurdo líto, 

Juez iníleiible á su placer maltrata. 

No será largo tiempo demócrata. 

Un rei pronuncia, y con activa mano 

Corta de un golpe el nudo gordiano ; 

Del opresor soberbio una voz sola, 

No mas que un gesto la arrogancia inm(da. 

Se engaña, porque es hombre, muchas vezes, 

T ¿ acaso están de error libres los juezes? 

Mas esta larga historia concluyamos. 

Al pié del trono, el buen abad de Sámos, 
Hundido en pena y en baldón se arroja; 
Los pies de Sancho con su llanto moja ; 
Pide reparación de tanta afrenta, 

Y di gra?e crimen del prelado cuenta. 
Causa horror á la corte la demanda. 
Sancho, ofendido justamente, manda 
Que venga el reo ante su trono augusto ; 

Y Gelimer, por darle este disgusto. 
Portador quiere ser de aquel mensaje. 
Llega el obi^i» con aquel visage 

De ascética sgrvoganciá, que denota 
La hiél de que es.capaz alma devota. 
<( ¿ Habéis pensado vos, » dice el monarca, 
« Que de san Pedro la modesta barca 
Se ha tomado ballena destructora ? 
Es el cayado espada vengadora? 
¿ O será que en el reino de Gidicia 



120 HEBIIIGIO T COTONA. 

Vos, y no mi poder haga justicia ? »— 
« La causa de ese ultraje se me oculta, » 
Dice Don Ero; «tu piedad me insulta 
Con odiosos baldones y dictados. 
Los merezco, Señor, por mis pecados : 
Como justo castigo á Dios lo ofrezco. 
Más injurias decid, que mas merezco. » — 
« Eh ! » responde, « dejad gazmoñerías. 
Con santos hechos y con obras pías 
Se prueba la virtud y se acrisola. 
No con gesto fruncido y con parola. 
A este buen fraile que tenéis presente , 
¥ á su comunidad, que es buena gente, 
Mejor que vos, por causas que yo ignoro. 
Quitasteis escrituras y tesoro. 

Devolvadlos al punto, ó por los huesos » — 

« Mis crímenes, señor, no son mas que esos ? » 
Dice el obispo : « tu bondad acato : 
Creí que era otra cosa el desacato. 
No será que se ensanche ni se esponje 
A costa de la mitra ese buen monje. 
A quién toca regir el monasterio ? 
Yo tengo mi redil, vos vuestro imperio. 
Mandad, señor, en trámites civiles; 
Dejad á los pastores sus rediles. 
Has no se diga que mi pobre influjo 
La guerra en las ovejas introdujo. 
Pronto estói á ceder ; los dos cedamos. 
Don Ero es menos que el abad de Sámos Y 
La sólida virtud huye de estremos : 



HERHIGIO T COTONA. 121 

Los dos hemos pecado : pues tomemos, 
Para que nadie pierda su decoro, 
E\ fraile la escritura , yo el tesoro ; 
Cediendo sin discordia ni amargura, 
£1 tesoro el abad, yo la escritura. » 
yo dijo mas, porque, al oirlo, salla 
Del solio el rei, á quien veloze exalta 
Tremendo enojo ; y tanto, que Don Ero 
Desaparece del salón lijero. 
Entra temblando en su palacio; gime. 
Víctima de la pena que lo oprime , 
' Y , bañados en lágrimas los ojos, 
Devuelve al monasterio sus despojos. 

De Hermigio cuentan los gallegos fastos, 
Que , dueño un día de dominios vastos , 
Ganados con proezas infinitas. 
Consagró á sus pasiones favoritas 
De larga vida el venturoso resto. 
Su Gotona y su espada : no mas que esto 
Formaba la existencia y la delicia 
De aquel hijo glorioso de Galicia. 
Cuánto duraron estas ilusiones, 
No lo dicen aquellos cronicones. 



-oseo- 



6 



LA FLORIDA. 



-*©í>- 



(f Si son zelos un furor, 
Una ciega destemplanza. 
Que solo quiere venganza , 
Estrago , muerte y horror ; 
T que no teme á los cielos, 
y que á los cielos se alzara, 
Si allí su venganza hallara ; 
Dices bien, yo tengo zelos. » 
Un Inobrio db esta corte. 




Cuando se ocupa amor en dar ud ralo 
De disi^sto á un sinSo de humanos seres, 
Ora eslieoda el mortirero mandato 
A simples aldeanos ú i proceres ; 
Aplica diligente sn conato, 
Y en Tasto grupo de hombres ; mujeres , 
Que en oada menos piensan que en amorus , 
Derrama sus agudos sinsabores. 



126 LA FLORIDA. 

II 

De Troya á Tiro y del Egipto á Roma 
Las flechas lanza, en curso no sabido, 
Y á Marco Antonio Gleopatra doma, 
Gomo el pérido Eneas doma á Dido. 
Ni diferemeift ée pais ó idioma. 
Ni espaciM ^ aneha mar ha dividido. 
Ni el asilo mss lóbrego y secreto 
Sirven á stu rigor de pare^to. 

III 

Suelen sos intenciones temerarias 
Poner á medio mnndo en movimiento. 
¡ Cuántas cosas han sido necesarias, 
Cuánto defirió, y oro, y escarmieBto, 
Para activar las chispas incendiarias, 
Cuyos estragos va á decir mi cuento ! 
Cuento, no en el sentido de patraña : 
Es historia verídica, aunque estraña. 

IV 

Cuando agobiaba á España aquel Segundo 

De los Felipes, masa tenebrosa 

De horrendo crimen y saber profundo, 

Genio infernal con capa religiosa. 

Dominador y escándalo del mundo ; 

A quien una nación fiera, orgullosa. 

Noble, gallarda y atrevida debe 

Los torrentes de fango que ahora bebe ; (4) 



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LA 9fc0tll>4. 1Í7 



Reconcentrado en soledad amena, 
Cerca del mar, á orillas del Barbate, 
Su Tída oscura, plácida y serena. 
Pasaba sin sentirla Gil de Oñate. 
Ilustre fué en marítima faena ; 

Y mas de cuatro vezes, en combate 
Tremendo, cuya fama hoi se repite. 
Asombró las llanuras de Anfitrite. 

VI 

Sirvió á Felipe en místico, y galera, 

Y navio, y brulote, y en fragata ; 
En Cuba, y en Brasil, y en la ribera 
Por do Orinoco inmenso se desata : 

Y vino á darle en limpio su carrera 
Muchas heridas con alguna plata ; 
Tejos escasos y sangrientas riñas; 
Cien contusiones y cincuenta pinas. 

VII 

Mas era tan brioso cual modesto, 

Y viéndose ademas entrado en años. 
Dijo entre sí : « Podré mui bien con esto, 
Si han hecho mella en mí los desengaños,. 
Pasar tranquilo de mi vida el resto 

( Libre de que en sus límites estraños 
La mar airada mi existencia aflija ), 
En brazos de mi esposa y de mi hija. >» 



liS LA FLCAIDA. 

VIII 

Volvió á su tíerra, y se encontró privado 
De su esposa, tesoro de prudencia ; 
Pero vivia Inés, noble dechado 
lie hermosura, dé gracia, de inocencia. 
Tió en esta desventura, señalado 
¥1 designio de la alta Providencia. 
<( Seré su eterno compañero, » dijo, 
T cerca de Vejer compró un cortijo. 

IX 

Álk en profunda soledad, ceñido 
Dd filial afecto que lo encanta. 
Se consagra con zelo desmedido 
Al cultivo de aquella tierna planta. 
Gomo prospera solo y escondido 
Tigoroso rosal, y se adelanta 
A la lenta estación su lozanía, 
Tal Inés progresaba y tal crecía. 



Grecia y progresaba en gentileza 
Y en ternura^ en ingenio fácil, vivo, 
Cual no lo desarrolla en la estrecheza 
De la ciudad el ser, allí cautivo. 
Fijó en su corazón naturaleza 
Laboratorio creador y activo 
De pasión, y en su mente vasta hoguera 
De exaltada ilusión y audaz quimera. 



LA FLOBIDA. It9 



XI 



Al mirar de la sierra los crestones, 

Y las olas furiosas y encumbradas, 
Subian á la par sus refle»ones. 
Por contrarios resortes impulsadas. 
Tras aquellas fingia otras regiones, 

Y tras aquellas otras apartadas; 

Y asi abrazaba en meditar profundo 
Con la imaginación el vasto mundo. 

XII 

Ligaba, no sé cómo, á los perfiles 
De la roca desnuda ó la montaña. 
Recuerdos misteriosos y sutiles 
De antigua bistoria ó fabulosa hazaña. 
O ya sus pensamientos juveniles. 
Flexibles, como al viento dócil caña, 
En el éter escelso y cristalino 
Vagaban sin sendero ni destino. 

XIII 

Y era feliz ; porque su dicba entera 
Se cifraba en el padre, cuya vida 
De todo su existir la mitad era. 

Mas que la otra mitad grata y querida 
Ni pudo imaginarse que severa 
La suerte, á duras leyes sometida. 
Como separa un busto de su base. 
De aquel benigno apoyo la apártase. 



130 LA FLdRIDA. 



XIV 



« Nunca, » decía, « nunca de su lado 
Me arrancará el destino, i Qué me importa 
Sin él la vida ? Arbusto despojado, 
Que soplo horrendo de la tierra corta, 
Fuera yo sin su vista. Separado 
Mi ser del que á virtud mi pecho eihorta. 
Esa misma virtud que hoi me entusiasma , 
¿Que fuera sino un soplo, una fantasma ? » 

Y á su vez el anciano sumergido 
Todo en amor, miraba de la huesa 
El sendero de 0ores guarnecido, 
Mientras su planta en él dejase impresa 
La hija adorada. Sepultó en olvido 
Lauro, tesoro, nombre, gloria, empresa. 
« Aquí, » decia, « fondeó la barca. 
Hasta que llegue el golpe de la Parca. » 

XVI 

¡ Qué contraste no forma la existencia 
De estas dos almas que pasión no irrita, 
Ck>n la adusta y callada turbulencia 
En que la corte de Madrid se agita I 
Felipe en su orguUosa prepotencia, 
Golpe de espanto y muerte dar medita, 

Y verter los torrentes de su saña 
Sobre las costas de la Gran Bretaña. 



LA FLOUDA. iti 



XTH 



Bajo el terrible orgullo de Isabela 
Cayó María : reinas ambas. Cuente 
Quien los prestigios de los tronos zela, 
De Carlos y Luis el inclemente 
Sacrificio ; la historia nos revela 
Crimen igual en coronada frente, 
Y los ungidos del Señor, rendidos 
Bajo el hierro feroz de otros ungidos. 

Quiso vengar Felipe el desacato, 
No porque á la virtud con él se ofende, 
Sino en fe del hipócrita aparato 
Que por santa piedad al mundo vende. 
Mas no quiso tal cosa; su conato 
Destructor mas osado fin pretende : 
Que de la Inquisición la vil cuchilla 
Ensangriente del Támesis la orilla. 

XIX 

Guarte, pueblo brlton; que si descarga 
Su furor el perverso, ya no haí lustre 
Para ti, sino serie odiosa y larga 
De torpezas y males. Ni el ilustre 
Resplandor que á los pueblos bol embarga 
De admiración, podrá, sin que lo frustre 
Fanatismo con manos espantosas, 
Brotar entre tus masas afanosas. 



132 LA FLOBIDA. 



Se apagará en su germen la centella 
De libertad, que puede, conducida 
Por ti, cual pura y luminosa estrella. 
Vivificar la esfera ennegrecida. 
No del saber la antorcha noble y bella, 
Por tus hijos zelosos 'esparcida. 
Dará terror al déspota inhumano. 
Ni el tridente feliz pondrá en tu mano. 

XXI 

Ni la potente actividad que crea, 
Al par de alma virtud, dicha y tesoro, 
Tu fuerza animará. Y esa tarea, 
Que vincula en tus límites el oro 
Del mundo, y que lo alivia y lo recrea, 
Servirá para el triunfo y el decoro 
De vanos y postizos simulacros, ^ 
Fómes de corrupción con nombres sacros. 

XXII 

Deja que huelle tu cerviz Felipe; 
Deja que su sangrienta intolerancia 
Tu porvenir espléndido disipe, 
Hundiéndolo en abismos de ignorancia ; 
Que tu exaltado genio participe 
De esa unión de bajeza y arrogancia. 
Digno producto del imbécil ocio. 
Que halagan despotismo y sacerdocio; 



LA FLOBIDA. 133 



XXIII 



Y no esperes que nazca en tus confines 
Un Newton, que revele á los humanos 
De la alta voluntad los nobles fines, 
En las obras mas bellas de sus manos. 
En su lugar, perversos arlequines, 

De la razón verdugos inhumanos, 
La tornarán ridiculo instrumento 
De error, y de maldad y abajamiento. 

XXIV 

En lugar del augusto consistorio, 
Que hace temblar los solios mas potentes, 
Te regirá un audaz definitorio 
De holgazanes rollizos é insolentes. 
Londres, en vez de ser activo emporio 
De labores opimas y esplendentes. 
Del vencedor bajo el horrible imperio 
Será un lóbrego y triste monasterio. 

XXV 

La suprema Bondad que el cielo habita, 
No permitió en sus íntimos arcanos 
Que se cumpliese la intención maldita 
De aquel alto modelo de tiranos. 
Inútil es su esfuerzo : en vano agita 
De dominios remotos y cercanos 
Los resortes activos y fecundos, 

Y estruja la sustancia de dos mundos. 



13i LA FLORIDA. 

XXVI 

Retiembla doblegado el elemento ' 
Bajo el peso de naves orguUosas; 
Pertrechos, municiones, armamento 
Llenan sus cavidades espaciosas. 
Suben á sus castillos ciento á ciento 
Legiones de provincias belicosas, 

Y la nobleza, fiel á su monarca, 

En la terrible espedicion se embarca. 

XXVil 

Sidonia que la rige, escribe á Oñate 

Y á su zelo confía una galera. 
A tal noticia el infeliz se abate, 
Sumido en llanto y pesadumbre fiera. 
No lo asombra del mar el crudo embate, 
•Ni los peligros de la lid guerrera; 

Mas la separación que lo amenaza, 
Todos sus sentimientos despedaza. 

XXTIII 

Mientra en amargo lloro la sencilla» i 
La tierna Inés, su hermoso rostro <ba!ia, 
Del Barbate aparece en la alba onlla 
Sobre alta popa el pabeUon de Eai^ñ^. 
Espléndida labor orna la quilla, 
Sostiene el botalón figura estraña, 

Y lleva en el alcázar esculpida 

Esu inscripción dorada : la Flobida. 



LA FLOftlBA. 135 



Como se arranca vn monte del cimiento 
De granito, si horrible terremoto 
Lo agita con atroz sacodimiento, 

Y baja al llano desqaidado y roto ; 
Tal angustiado por Yoraz tormento, 
Al infringir el pió y tierno yoto. 
De la caitada Inés Gil se separa, 

Y del padre infelize la hija cara. 

XXX 

No pintaré el gemido y el sollozo, 
Ni el lamento del padre y de la hija; 
Porqae en tales escenas no me gozo. 
Ni es en ellas mi Masa tan prolija 
Cual otra, que sin velo y sin rebozo. 
Todo su zelo en retrazarnos fija 
Las contorsiones, gestps y vissges 
De sus adoloridos personajes. 

XXXI 

«Oh.'si! no! ah! qué? tú! eh! yo? Dios mió! 

Cielo santo !... por qué?... y acaso?... pero... » 

Con este repertorio seco y frío 

Hai escritor que llena un tomo entero. 

Suplir así pretende el poderío 

Del ingenio inventor, que, mas severo. 

Para mover nuestros afectos pinta. 

No para gastar plumas, tiempo y tinta. 



186 LA FLORIDA. 

XXXII 

Pintar en verso no es pintar en cobre, 

Ni en tabla 6 lienzo : grande es la distancia. 

A ftiorza de ser rico, es nno pobre 

Vaíí esta Oíistidiosa redundancia. 

Qué ha de hacer el lector con lo que sobre ? 

Si lo aqueja la estéril abundancia 

;Coiiio dice un (Vanees) de un mal versista, 

i Habré paciencia humana que resista ? 

XXXIII 

Dirá el lector : « Viígiüo, cuando traía 
El retrato de Em»s ó el de IMdo, 
^ Se iNNae^ como usted, coa gran cachaza 
.V esfilioanMis las leyes que ha seguido? » 
No ^«ior; pen> aquella era otra raza. 
H^ aquí lo que despiKS se ha establecido : 
t>ia csal como guste, se maueje ; 
Y al qw mo le a co mo de, qM lo deje. 

XXXIT 



^ 



Tii^Oio, y aui Hoiero, 
Le Braué tápela 
Ta qw d «i^pBil ne <s 
Kftssl ken^puay fikfl 
auÉeáguwir^ii.T 
lüe «vea SK faocatws T s 



LA FLOmiDA. UT 



MXV 



Cuando llegaba á este logar, me puse 
A buscar muí despacio, acá en mi idea, 
Alguna fácil transición que escuse 
Este desate que mi estilo afea. 
Mas es forzoso que al lector me acuse : 
De nada me ba servido mi tarea. 
Esta charla inconexa y desunida 
¿ Qué tíene de común con la Florida ? 

La cual yogaba cerca de la orilla. 
Con viento escaso y rumbo placentero, 

Y aun no estaba distante media milla. 
Guando desde la cofa un marinero 
Gritó que se acercaba una barquilla. 
Gil, sin que se alterase el derrotero. 
Mandó achicar la veb, por si acaso 

T^ anunciaban de tierra algún fracaso. 

XXXVII 

Y á los pocos minutos, á su seno 
De Inés el seno candido oprimía ; 
Mientras su labio, de ternura lleno, 
En estos sentimientos porumpia : 

« Contigo arrostraré borrasca y trueno : 
Males, riesgos, azares desafía 
Mi valor. No te aflijas ni exasperes : 
Contigo me tendrás adonde fueres. >* 

6. 



1^ LA FLORIDA. 

XXXYIII 

En vano opone Gil, ora el mandato , 
Ora la insinuación ó el blando mego ; 
Mientras mas le resiste, mas conato 
Pone Inés, y responde con mas fuego. 
Era absurdo su plan, era insensato ; 
Mas era impulso del amor : y luego, 
£1 mas alto poder cede y se agacha. 
Cuando dice, No quiero, una muchacha. 

XXXIX 

Y no era un sacrificio doloroso 

Para Inés ; pues al ver la vasta anchura, 

Y el alternar del negro y espumoso 
Vaivén del oleaje, y la llanura 
Confundida en el giro nebuloso 
Con que termina la redonda altura 
Del horizonte occidental, se erguía 
Gigantesca y veloz su fantasía. 

XL 

Nunca fué mas dióbosa que en presencia 
De aquella inmensa soledad, trasunto, 
Bien que humilde, de la alta omnipotencia, 

Y cual ella, magnífico conjunto' 
De misteriosa y grave prepotencia. 
De su meditación sublime asunto 
La mar era ; sus hórridos bramidos 
Sonaban gratamente en sus oídos. 



LA FMOIDA. 189 



^I 



Al llegar la Florida al mar que ostenta 
Del Tajo la ancha espuma embra?ecida. 
La formidable escuadra se presenta. 
En tres lineas inmensas dividida. 
Con marcha gravedosa, blanda y lenta, 
Cual á fiero designio apercibida, 
En igualdad simétrica se avanza. 
Preñada de esterminio y de venganza. 

xui 

Mas allá, donde el mar corta estupendo 
De Finislerre el cabo con altura 
Pedregosa, un rumor vago y tremendo 
Conmueve de los orbes la estructura. 
Espeso nubarrón ancho y horrendo 
Su masa estiende tétrica y oscura 
Por el zenit; el viento cede y calla: 
Queda la mar inmóvil cual muralla. 

Poco á poco se arruga y se estremece; 
Poco á poco sus olas desiguales 
Son sierras altas. El trastorno crece, 

Y crece en las regiones solsticiales 
El bramar de los vientos. Desparece 
La luz en los etéreos umbrales ; 
Menos la que rojiza el aire hiende 

Y en furioso estampido se desprende. 



f4# L4 FLOmiDA. 

XLIY 

Ceden arte y yalor ; ceden los bríos 
Del marinero ai horroroso amago. 
Sepáranse sin verse los navios, 
En curso desigual, remoto y vago. 
Los unos en incógnitos bajíos 
Rápidos chocan con funesto estrago ; 
Y otros que el mar y el huracán gobiernan , 
En iracundo piélago se internan. 

xiv 

Cual paja por los vientos sacudida, 
O pluma por arroyo turbulento, 
Se agita, y alza, y hunde la Florida 
Sobre la faz del hórrido elemento. 
Ora se acerca á playa combatida 
Por las olas con albo rompimiento ; 
Ora parece que su quilla toca 
Los ángulos adustos de una roca. 

XLTI 

Do quier se torne, en frente ve cubierto 
De horror alto peligro : ya en regiones 
Que desconoce el navegante esperto, 
Sembradas de aridisimos peñones ; 
Cual si hubiese en insano desconcierto 
Natura, ó en horribles convulsiones. 
Sacudido del mundo los cimientos, 
Para cubrir la mar con sus fragmentos. 



LA FLOUHA. Ul 



XLTII 



Tristeza, desaliento y apatía 
Reinan eu el bajel : nadie obedece. 
Nadie en un hora de e&istir confía , 
Ni la esperanza de existir parece 
Mas que acerba ilusión. La fantasía 
De Inés ora de asombro se estremece, 
Guando del padre el riesgo considera, 
Ora absorta, y fecunda, y altanera, 

XLyíii 

En aquel espectáculo sublime 
Se abisma enajenada, y se recrea, 
Y apena el entusiasta ardor reprime. 
Que incendio abrasador sopla en su idea 
Mente privilegiada, en quien imprime 
Su traza el genio animador, y crea. 
Como si el orbe fuese su dominio, 
Delicia y goze en muerte y esterminio. 

XLIX 

Tras dos semanas de peligro inmenso. 
De pronto, en noche lóbrega y cerrada, 
Sienten al buque plácido y suspenso. 
En mar tranquila, lisa y sosegada. 
Bien perciben hallarse en un esteiiso 
Recinto, cuya anchura limitada 
Por larga curva de blanquizca arena, 
La agitación de su pesar refrena. 



Ii3 LA VLORIDA. 



Cuando raya la aurora, se presenta 
Población estendida y circundada 
De cultura frondosa y opulenta; 
La costa, en ambos giros, sombreada 
Por amena espesura, donde ostenta 
La encina su cerviz noble y poblada ; 

Y á lo lejos ganados triscadores 

Y grupos de afanados labradores. 

LI 

En una lancba Oñate se encamina 
(Sin poder inferir dónde se hallaba) 
Con su escribano á la ciudad vecina. 
Inés, cuyas ideas recreaba 
La escena inesperada y peregrina, 
Que la costa á sus ojos presentaba, 
Confusa en vagabundo devaneo. 
No pudo resistir á su deseo. 

LH 

Toma otra lancha, y baja al bosque espeso, 

Y entra sola en su incógnita espesura ; 
Do, no como en su patria, del cantueso 
La fragancia aspiró ; ni aquella holgura 
Sintió, que llena al alma de embeleso. 
Cuando en región que hermoseó natura 
Con los mas ricos dones de su mano. 
Vegetal esplendor cunde lozano. 



LA FLOUHA. Ii3 



Lili 



Alia yerba la tierra {piamecla, 
Pero inodora. Nieve ó escarlata 
No adornaba, cual vi6 en Andalacia, 
Los tallos verdes de la hojosa mata. 
Era la selva tétrica, sombría; 
Los troncos en inmensa colunata, 
Desnudos se elevaban y derechos, 
En prados de retamas y de heléchos. 

LIV 

Mortal era el silencio, interrumpido 
Por la resaca que la playa azota : 
O por el melancólico graznido, 
Con que á la mar saluda la gaviota. 
Tal vez de musgo pálido ceñido 
Áspero risco, ó tal vez peña rota 
Por raudal que irritado el suelo hiende, 
Sus miradas atónitas sorprende. 

LV 

Reclinase en un lecho de follaje ; 
Oye rumor, torna la faz, y mira 
Cerca de si un estraño personaje, 
En cuyo aspecto , perturbada admira 
Estatura, color, y gesto, y traje. 
Parece que la sangre se retira 
De sus venas heladas, y parece 
Que el mundo á su mirar se desvanece. 



144 LA FLORIDA. 

LVI 

Era un joven robusto, esvelto, airoso, 
Blanco cual cima de nevada altura ; 
Rubio el cabello, que con giro undoso 
Los hombros baña : llenos de dulzura 
Los ojos azulados : majestoso 
Talante, que realza la cintura 
De anchos pliegues; y de ella una nagüilla 
Pende vistosa, y cubre la rodilla. 

LTn 

Orna su frente lúgubre tocado, 
Con un negro plumaje en él prendido ; 
La pierna cubre borceguí encarnado, 
O de cintas mas bien bello tejido. 
Corto y brillante estoque lleva al lado ; . 
Broquel al brazo, de metal bruñido, 
Y un manto breve cuelga por la espalda, 
Matizado de rojo y esmeralda. 

LYIII 

Queda al mirarla inmóvil : mutuamente 
Se contemplan los dos. Él fué el primero 
Que el silencio rompió ; mas vanamente 
Se empeña en esplicarse el estranjero. 
Viendo su esfuerzo inútil, reverente 
Llega, y con ademan blando y sincero. 
Le da á entender que venga á su morada. 
Donde será servida y respetada. . 



LA FLOBIDA. U5 



LIX 



Con gesto y ademan ella le indica 
Su historia, como puede, y la esperanza 
De encontrar protección le signiüca 
En aquella región. Su conüanza 
Él gozoso y risueño ratifica ; 

Y ^a acordes y unánimes, se avanza. 
Conduciendo sus pasos á la orilla, 

Y se sienta á su lado en la barquilla. 

LX 

Llegan á la Florida; do al apcianu 
( Ya de vuelta) el incógnito saluda 
Con toque afectuoso de la mano ; 
Gesto que borra cautelosa duda. 
Hablan sin entenderse castellano 

Y escoces ; mas de pronto el joven muda 
En latín su escoces ; y Oñate dice 

Con aire satisfecho : Salve, amice. 

LXl 

Amigable coloquio entonce empieza^ 

« Soi Maclean, jefe, » el joven le declara, 

(c De un clan ó de una tribu, que en braveza 

Con la mejor de Escocia se equipara. 

La isla en que estás, es Mnil : no en su riqueza^ 

No en opulentos edificios clara > 

Clara en sus hijos, cuyos nobles pechos 

Sostienen con su sangre sus dereebos. 9 

7 



US LA FL0B1DA. 

LXU 

El ínteres que inspira gente estraña 
En habla y en costumbres, y aquel tono 
De hombre dispuesto á belicosa hazaña, 
Noble y sencillo, bravo sin encono, 
Al español seducen : que en España 
(Justo es que lo concedan en su abono) 
Lo escelso y noble es nacional ; lo bajo 
Es cosa que de ñiera se nos trajo. 

LXIII 

Grande amistad en breve se suscita 
Entre el joven Maclean y el viejo Oñate; 

Y como la Florida necesita 
De la activa labor del calafate. 
Con esta detención se facilita 

Que mas y mas la estrecha wiUm se ate ; 
Mientras con otra unloii mas viva y cara 
La triste peripecia amor prepara. 

txiv 

Fueron los ojos diecionário mudo 

Dé esta pasión, tan proaU como ardiente; 

Lenguaje de retórica iiiiQ$nifcdo, 

Y mas que la vetóñca elocuente. 
Kb ambos 8en^,la,niíjrad4 pud». 

Ya lánguida, ya inlsle^y^vAemeiitey 
Veloz cual rayo que ^i^iih(» lanza, 
Pintar amor, desea y espereza. 



LA FLORIDA. 147 



LXV 



Maclean adora á hies, é Inés lo adora ; 
Mas no es amor en ellos uno mismo. 
En él ve Inés la imagen seductora 
De activez, de valor y de beroismo. 
En ella ve Maclean... mas quién lo ignora? 
£1 escoces no entíende platonismo. 
Joven es, y ella hermosa y bien formada ; 

Y esto para qué sirve ? — Para nada. 

LXVI 

De la bella Maclean no se scspAva» 
Ora en tierra, ora á bordo. >Gada día 
Crece el amor reciproco, y mas clara 
La pasión ardorosa se-esprinüa. 
Hablan los escoceses Jengua rara ; 
Mas ella fácilmeirte la aprendía. 
¿No hai para anu^ ñas ámdas^mpresas 
Que aprender cuatro frases eaeocesas? 

LXVII 

De la medalla ved Itera el reverso. 
Mientra Inés á su afecto se abandeBa, 

Y amor solo le ofrece eianiverso. 
Ruge cual fiera y giioe otra ipeesooa. 
Casado era Maclean ; mas el pwverso, 
Que seducción y crímeoí amláeioiía, 
Ínterin su pasión' no seliiCace, • 
Cubre con yil «iteBdo wfttei^nlwe. 



.í 



>»• 



148 LA FLORIDA. 

LXVIII 

Era lady filaclean, mas altanera 
Que sensible, mas fiera que amorosa. 
Devora su ignominia, y solo espera, 
Mujer sañuda y agraviada esposa, 
Vengarse en el infiel de tal manera, 
Que su vida, cubierta de espantosa 
Desperación, horrible cuadro sea. 
Donde el castigo de su crimen vea. 

LXIX 

Con un atroz malvado se concierta, 
Para que se introduzca en la Florida, 
Y con baile y con música divierta 
La gente ociosa, al goze apercibida. 
Logra en efecto abrirse franca puerta ; 
Cada cual lo festeja y lo convida; 
Él, que oportuna circunstancia acecha, 
Deja en la Santa-Bárbara una mecha. 

LXX 

Era la noche : de repente estalla 
Fragoroso estampido, que conmueve 
De la ciudad la sólida muralla, 
Cual suele el huracán la paja leve. 
Mudo terror las genteis avasalla : 
Baja ansioso á la costa quien se atreve; 
Maclean baja, y allí terrible escena 
De espanto y de pavor sus almas llena. 



LA FLORIDA. 149 



LXXI 



El punto donde anclaba la Florida , 
Presenta á guisa de tremenda roca, 
Compuesta de humarada renegrida 

Y espesa, que al zenit se eleva y toca. 
En lo inferior, la llama comprimida 
Del peso colosal que la sofoca» 
Desciende, cual terríñca guedeja, 

Y la faz de las olas la refleja. 

LXXII 

Qué fué de Inés? Quizas sueño inocente 
La mecia en risueñas ilusiones, 
Cuando la trasladó golpe inclemente 
Del sueño á las angélicas regiones. 
Vagó pulverizada levemente 
Su forma en agitadas conmociones 
Por los aires, y al fin se precipita, 

Y en su regazo el mar la deposita. (5) 



-oB€Sc^- 



K^. 



ESCENA 



DB 

LOS TIEMPOS FEUDALES, 



(( Mas amaba la tierra que non al Criador ; 
Era de muchas guisas home rerolredor. » 

Bbrceo. 




■,\}ué MtDoroera el nombre de vasillo, 
CuaDdo al par de) podenco y del caballo, 
Y peor muchas vezes <]ue uno ; otro, 
Na Dea tüD bien como á gallardo potro, 
Lijero en caza j atrevido en guerra. 
Su trataba al monarca de la tierral 
iQné grato era el escelso predomlaio. 
Fundado en la rlolencia y exterminio, 



156 ESCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 

Robusta espalda y gigantesco lomo, 
Miembros de hierro y corazón de plomo, 
Pasiones viles, miras temerarias. 
Que no enfrena el deber; — tal es Don Arias. 
Su código es la fuerza ; su capricho 
Móvil de sus acciones. Quien ha dicho 
De Calígula, que era sangre y lodo. 
Hizo al vivo el retrato de este godo. 
La guerra es su elemento : cuando lidia, 
Feliz está y gozoso, y se fastidia. 
Guando reina un monarca pió y manso. 
¿ Qué es al guerrero insípido descanso. 
Que no amenizan sangre, incendio y muerte? 
Buena es la caza para el hombre inerte 
Que se recrea en cuentos y romances. 
Es verdad que sus riesgos y sus lances 
Son de mas ardua lid nobles ejemplos. 
Pero en la caza no se roban templos, 
Ni se desfloran vírgenes, ni cunde 
La sangre humana ; ni la caza infunde 
Rabia de asolación y de ruina. 
Tal era de Don Arias la doctrina. 
La paz á su castillo lo destierra, 
Y en sus calladas bóvedas se encierra, 
Mustio, aburrido, solo con Ricardo, 
Santísimo varón, monje bernardo, 
Que desempeña obligaciones hartas : 
Decirle misa y decorarle cartas. 
Porque esta flor y nata de Castilla 
No aprendió la cartilla. 



BSCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 157 



IV 



((Ricardo, ven acá; cuéntame un cuento. » 
Ricardo entra en )a sala, toma asiento, 

Y empieza á referir con punto y coma 
La gran entrada de san Pedro en Roma, 
Montado en un trotero peregrino, 

Y llevando las riendas Constantino. 
Detras viene en* cadenas el Diablo, 

Y le han puesto los grillos de san Pobló, 
Con lo que lanza una bufada bronca. — 
Don Arias no lo escucha, sino ronca : 
Dispierta cuando el monje humilde calla. 
<f ¡ Que no sepa Inventar esta canalla 
Cosa que me divierta ! Ni un adarme 

De ingenio tienen. Qué he de hacer? Casarme. 

Ocurrencia feliz ! Con quién ?» — «Estrella, » 

Dice el fraile, «es lindísima doncella. 

De sangre noble y de lucidas partes.»— 

«Qué es hoi?»— «Domingo.»-— <(Pues me caso el martes. 

Marcha al castillo de su padre, y díle 

Lo que tu ingenio singular cavile. 

Para que me conceda la muchacha. 

La muía torda llevarás; despacha : 

Y cuando me levante de la siesta. 

Me darás la respuesta. 



158 ESCENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 



('ual trasparente gota de rocío 
Tímida luce en valladar sombrío, 
Sobre el pétalo blando del capullo ; 
O cual escaso arroyo, que en murmullo 
Voluptuoso orea la espesura 
Donde se lanza su corriente pura; 
Tal en sabrosa oscnridad Estrella 
La vida pasa silenciosa. Bella, 
Cándida, pensativa, pudorosa, 
De altiva aspiración, alma fogosa, 
Leve imaginación y habla suave. 
En su mirada placentera ó grave. 
Que parece encerrar alto secreto, 
No solo inspira amor, sino respeto. 
Sus gracias, su inocencia y su ternura 
Son el potente bálsamo que cura 
Del padre la fatal melancolía. 
Fué Don Alfonso poderoso un dia ; 
Fué terror de las huestes agarenas ; 

Y la sangre que fluye por sos venas. 
Por las de Wamba y Recaredo fluye. 
Mas hoi esquiva de sus puertas huye 
Prosperidad, y pálido á sos ojos. 
Alzándose en ruinas y despojos, 
Pavoroso infortunio se presenta, 

Y de su corazón el gozo ahuyenta. 
Tal la dicha es fugaz y transitoria ! 



ESCENA DE LOS TIEMPOS FECDAiLBS. 159 

Las manos que arrancaron la yicloria 
Del musulmán en afanosa guerra. 
Hienden hoi las entrañas de la tierra. 
La suerte aflige al hombre ; mas no abate 
La altivez del magnate. 



VI 



Cual era de temer, Ricardo torna 
Con un no positivo; y aunque adorna 
Su triste narración con largas frases, 
Cual se desploma un monte por sus bases 
Del terremoto al furibundo empeño, 
Tal vio hundirse el orgullo de su dueño. 
Calló el perverso, como el viento calla 
En horrendo huracán, y luego estalla 
Con renaciente rabia y predominio, 

Y en ráfagas se lanza de esterminio. 
A su voz imperiosa se congrega 

La caterva feroz, que en la refriega 
Sigue sus pasos y su ardor imita. 
Otra vez á la marcha los concita; 

Y ellos al crimen y al furor apuestos. 
Cual bandada de pájaros funestos 
Que conduce un instinto sanguinario, 
Siguen fieles al jefe temerario. 

Qué espectáculo horrible ! A la inclemencia 
Del invasor, en débil resistencia, 
Se opone Don Alfonso con la ayuda 
De sus fieles vasaUos^ gente rada. 



160 SSGENA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 

Y no á sangrienta hicha apercibida. 
Exhausto de lidiar, casi sin vida, 

Y sus vasallos rotos y deshechos, 
Mientras cunde la llama por los techos. 
Donde Estrella infeliz tiembla afanosa. 
Cede el padre á la mano poderosa 
Que dobla su altivez cual leve paja, 

Y se somete al hombre que lo ultraja. 
Hija y padre caminan al castillo 

Del bárbaro caudillo. 



VII 



La escena de pavor, estrago y muerte 
En turbulento gozo se convierte. 
De perfumada cera enormes cirios, 
Guirnaldas de claveles y de lirios. 
Morisca alfombra y milanes brocado 
Brillan pomposos en el rico estrado 
Del victorioso robador. Al frente. 
Debajo un trono de tisú luciente, 
Don Arias aparece junto á Estrella : 
Ebrio él de vino y de placer ; mas ella. 
Pálida, inmóvil, como estatua fria. 
Que hermosea la etmsca galería. 
Fijas en el vistoso pavimento 
Sus miradas están : ni un leve aliento 
De su oprimido corazón se exbala. 
La estrepitosa música, la gala 
De la alegre y festiva concurrencia , 



BSGBICA ÓB LOS TIEMPOS FBÜDALBS. 101 

Son á sus OJOS fúnebre sentencia, 
Terrible anuncio de su fin temprano. 
Sumido en honda pena el noble anciano, 
La Tíctima contempla enternecido, 
Y dirige á los cielos un gemido. 
Los cielos, mas potentes que Don Arias, 
Oyeron sus plegarias. 

VIH 

f, Quién es el reverendo personaje 
Que en la sala penetra ? Un tierno psge 
Lo precede gritando : « Dad permiso 
Al astrólogo armenio, cuyo aviso 
No despreciaron coronadas testas. 
Recibid humildosos las respuestas. 
Que como dulce miel vierte su labio. 
De la esfera conoce y astrolabio 
Los profundos secretos ; y los signos 
Ora gratos al hombre ó bien malignos. 
Ora ventura anuncien ó desgracia. 
Ceden á su sublime perspicazia. » 
Gallan todos, y admiran : la presencia 
Del hombre grande inspira reverencia. 
Negro ropón lo cubre, y negra toca 
Su frente ciñe ; por mejilla y boca 
Se esparcen ondas de nevosas canas. 
Cual de diciembre en frígidas mañanas 
Cuelga del ramo de copada encina 
De albo hielo la pompa peregrina. 

7. 



Idi BSCEITA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 

A Don Arias cod gtave andar se acerca ; 
Y el alma endurecida, ruda y terca 
Bel perverso, cual ave fascinada, 
Queda por alto influjo encadenada. 
Estrella en tanto mira, y no comprende 
La secreta delicia que se estiende, 
Cual linfa pura en arenal tostado. 
Por su seno agitado. 



IX 



Párase en frente de Don Arias, serio, 
Mas no iracundo, el hombre de misterio , 

Y vacilando entre respeto y duda, 
Don Arias balbuciente lo saluda. 

« Hablad, » le dice al cabo, « y de la esfera 

Los giros consultad y la carrera. 

Para que en su brillar se patentize 

De este enlaze el horóscopo felize. » — 

« Antes se enlazarán tigres sedientos, » 

Tales fueron del salúo los acentos, 

« Con tímidas ovejas, que tu mano 

Con la de esa infeliz.... y>— «Felón villano, m 

Clama el impío, y el terrible acero 

Va á empuñar.— Era tarde ; más lijero 

Que su ademan, el sabio lo comprime, 

Y mientra el criminal de rabia gime, 
Luchando en vano contra el brazo fuerte 
Que lo subyuga como masa inerte. 

Uno de sus vasallos, que la injuria 



ESCEÜA DE LOS TIEMPOS FEUDALES. 163 

No olvida de su honor, con ciega faría 
Que en su mirada horrendo ardor despide, 
£1 seno le divide. 



Alto clamor de júbilo resuena 
Por la ancha sala, rota la cadena 
De aquel aborrecido vasallaje ; 

Y mientras, el astrólogo del traje 
Mentido y de las barbas se despoja, 

Y á Estrella mira y á sus pies se arroja. 
Quién era? Etiel su primo, el compañero 
De su infancia, que en curso placentero 
Se deslizó y caricias inocentes : 

£1 que de los ilustres ascendientes 
Siguió las huellas en reñida hazaña. 
Llegó triunfante de región estraña , 

Y al buscar la mansión de su querida, 
La vio en rotos fragmentos convertida. 
Alas prestóle amor; voló en defensa 
De la que adora, y noble recompensa 
Galardona por fin su acción gloriosa 

En coyunda amorosa. 



>a@o- 



ZAFADOLA 



-*^*- 



« Sigúese que los imperios 
Y reinados l 

No son , no , desaforrados 
De lacerios. » 

GÓMBZ MaNRIQüC. 



ADYBRTEN(2U. 

La historia de Zaradola, rei de Rueda, es uno de los episo- 
dios mas curiosos de la Crónica del emperador Alfonso VU , 
obra escrita en lalin macarrónico; pero llena de preciosidades 
históricas y de anécdotas interesantes y de rasgos eminente- 
mente característicos de las costumbres é ideas dominantes en 
aquellos remotos tiempos. Los asuntos de las dos siguientes 
Leyendas se han sacado de aquel precioso monumento histó- 
rico , malamente descuidado, como otros muchos de los d<' 
nuestra literatura antigua, por los escritores de las (apocas si- 
guientes 




No el lerrilorio [omenso, no es el brillo 
l>e la esplendente pompa, ni el cuchillo 
.Siempre amenazador, lo que afianza, 
Ni hace esiable el poder. La bienandanza, 
La paz, la dicha, la segura y Tuerte 
rroteccion, con que ampara al vulgo inerit: 
Mano piadosa y firme ; y, mas que todo, 
Calor suate, qne en humilde lodo 



168 ZAFADOLA. 

Brotar hace la flor amable y pura ; 
Beneficencia, madre de ventura, 
Fuente de amor y de placer, en eso 
Consiste su vigor. Nunca el esceso 
De irresistible autoridad arranca 
Bendiciones al mísero, cual franca 
T activa la bondad, cuando desciendo 
De la alta cumbre, y al humilde tiende , 
De orgullo esenta, el ala protectora. 

Bajo el imperio de la raza mora. 
Ya terminado el bárbaro esterminio 
De la invasión, partierou el dominio 
Cien reyezuelos, que con fuerte espada 
Subieron á los tronos de la nada. 
Los unos buenos y los otros malos. 
Cual sucede entre rusos y entre galos, 

Y donde quiera que uno se engrandece 
A costa de la turba que obedece. 
Feliz nación, sí de un Nerón escapa ! 
Rueda, que apenas boi luce en el mapa, 

Y que solo al produelo de su cepa 
Debe que algún mortal su nombre sepa, 
Fué en otro tiempo corte de un caudillo, 
Sugeto racional, hombre sencillo, 

Y en siglo como aquel, raro en su clase ; 
Cuyo gobierno se apoyó en la base 

De dar á cada cual lo que pedia, 
Si el propio bienestar no se ofendía. 
Parece fácil máxima, y lo fuera , 



* ZAFADOLA. 169 

Si SU oficio el qae manda conociera ; 
Mas no es así. Negar, ponerse serio, 
Gesticular con aire de misterio, 
Y ver en cada ruego una asechanza ; 
Tal es la ciencia del poder. No alcanza 
Mi cortedad arcano tan profundo. 
Que viva cada cual en este mundo 
Según le guste mas, según le cuadre, 
Con tal que no me muerda, ni me ladre. 
Ni me sirva de estorbo en el camino, 
4 No es un bien para todos ? El mezquino » 
Que solamente por dañar nos daña, 
¿ Será mas que una estúpida alimaña ? 

Zafadola (que asi apellidan todos 

Los escritores árabes y godos 

Al rei de quien hablamos) no era de esos 

Jefes erguidos, infleiibles, tiesos, 

Que tienen por desdoro la sonrisa, 

Y que, para ponerse una camisa. 

Llaman al mayordomo de semana. 

Aunque fiel á la secta musulmana. 

No castigaba cual mortal insulto 

Que cada cual se abandonase al culto 

De su elección. Cristianos y judíos. 

Sin ser encarcelados por impíos. 

Ni temer ya la hoguera, ya la soga. 

Uno en iglesia y otro en sinagoga. 

Adoraban en paz al Infinito 

Con himno varío y con diverso ríto. 

8 



170 ZAFADOLA. 

No hubo alguacil en Rueda, ni escribano : 
Él, á la puerta del lugar, temprano, 
Cada día fijaba su pretorio, 

Y sin papel sellado ó repertorio. 
Con provecta intención y ánimo puro. 
Sacaba al litigante de su apuro. - 

Sí alguien en el tributo se atrasaba, 

Kl por la puerta sin llamar entraba, 

Y, i< Hombre, » decía, « ¿ juzgas tú que pueda, 

Si no me pagan, gobernar á Rueda ? 

Paga con dos mil santos, si no quieres 

Que salgan á la plaza tus enseres. » 

Y si el contribuyente respondía 
Que estaba miserable, y no tenia 
Trigo en granero, ni dinero en arca. 
Sonriendo apacible el buen monarca, 

« Pues bien, aunque no está mui rico el Irono, » 

Le decia, « esta vez te lo perdono. 

Pero si no me guardas el secreto, 

Quince días de cárcel te prometo. » 

Su gusto principal ( y era buen gusto ) 

Fué siempre alijerar el peso injusto. 

La torpe humillación, la dura carga, 

Que á la clase infeliz la vida amarga; 

Del magnate opresor la altivez fiera 

Doblar con fallo pronto y lei severa, 

Y desterrar la frase privilegio^ 
Como cosa de magia ó sortilegio. 

« No señores, » decia, « no mas frases : 
De las categorías y las clases 



2AFAD01.A. 171 

Debemos olvidar basta los nombres : 
Todos nacemos ubos , todos hombres. 
La Providencia bienhechora y sabia 
Dictó esta regla á la feliz Arabia : 
Que allí se heredan reses y ganados, 
No títulos, derechos ni dictados. 
Quien del común nivel salir pretenda, 
Deje á su actividad libre la rienda, 
Trabaje, pene, agote el tiempo, sude ; 
Verá cuan pronto la opinión acude, 
T en tomo de él levanta aplauso y grito. 
¿ De qué sirve á los godos el prurito 
De íijar en exóticos blasones 
Barras y crnzes, tigres y dragones. 
De raza antigua la gloriosa escena ? 
Esa gloria no expropia, que es ajena : 
£1 que quisiere gloría, que la gane. 
Fuerza es que de este mal mi reino sane. 
Si hemos de ser amigos. » Por supuesto, 
Con este sabio y liberal repuesto 
De máximas y leyes, conseguía 
Fijar la paz, el orden, la alegría 
En sus estados ricos, aunque cortos. 
Los cristianos estaban medio absortos. 
Viendo en un moro tales procederes. 
Moros, cristianos, hombres y mujeres 
En paz gozaban plácida ventara : 
Tanto, que un sabio y respetstble cura 
Subió al pulpito, y dijo : « No s<eatnos 
Ingratos á los bielies que goza^iH^s : 



172 ZAFADOLA. 

Bendigamos las manos que protegen. » 
Y se puso á cantar : Salvum fac regem, 

Gomo al raudal tranquilo que la vega 
Con blanda espuma cariñoso riega, 
Juguetón, trasparente y cristalino. 
Fuerte borrasca en el peñón vecino 
La turbonada lóbrega prepara. 
Que en cieno ya á tornar su linfa clara ; 
Tal al felize límite de Rueda 
De la Fortuna la inconstante rueda 
De lejos apercibe, cual si exhausta 
Fuera de bienes, turbación infausta. 
Que ya á cubrir de llantos su recinto ; 
Terror, fugas y azares, laberinto 
De infortunios, penoso y sanguinario; 
De la ambición forzoso corolario . 



II 



Sonaron en la corte de Marruecos, 
Cual poderoso estimulo, los ecos 
Que lanzaba en España la morisma 
Victoriosa y feliz ; y como el prisma 
Hermosea los rayos que diylde, 
Tal la ambición del jefe que preside 
Las marroquíes turbas, con la fama 
De conquista tan célebre se inflama. 
Dominaba allí entonces la caterya 
De los ferozes mohabitas, sierya, 



ZÁFADOLÁ. 173 

Mas que Vasalla, de un atroz caudillo. 

Cuya legislación era el cúcblllo ; 

Cuyas órdenes raudas y crueles 

Ponían en acción cien mil infieles. 

Era Hall el nombre de esta fiera, y como 

Raudal que vierte de su escelso domo 

Á(las nevado, embravecido fluye, 

T selva y roca en su correr destruye; 

Tal el capricho atroz del mohabita 

Sin estorbo se lanza y precipita, 

Y toda inútil resistencia acalla. 

« Ya 'dobló el cuello la íbera canalla, » 

Dijo, « al Koran, y de ventura lleno, 

Domina en toda España el agareno. 

4 Y dejaremos que á sus anchas gOze 

Solo tan rica presa, y que destrozo, 

Dueño feliz, con imperiosa diestra 

La que podria ser víctima nuestra? 

No será. Derroquemos esa silla. 

Que esplendorosa nos insulta y brilla 

Sin rival. De los límites estrechos 

Del África salgamos, y deshechos 

Caigan á nuestros pies, y en polvo hundidos. 

Los que por ciego azar favorecidos, 

Tiñen en sangre hispana sus laureles. » 

Dijo, y surcan las aguas cien bajeles. 

Recíbelos Iberia, como el lago 

Al destructor torrente, y fiero estrago 

Bfarca sus huellas, desde el mar de Alcídes 

Hasta Toledo, y en horrendas lides 



1^ Z/^AMM^. 

De hermanos eoii henmiaos-híenre U>«ría, 

Y cunden la desdicha y la laisaria» 

Zafadola entre l$unM> reflexioBa 
Que no está mui segura<stt corooa, 
Cuando unas^x»as altivas y potentes 
Pasaron de unas ft^otes á otras frentes. 
Ya el invasor á l^iieda se aproxima; 
¿ Y cómo podrá ser que lo reprima 
Con poca hueste y con exiguas arcas. 
Cuando no resistieron los nionarcas 
De Toledo, de Górdóva y Sevilla ? 
Para que no lo cubra esta mancilla 

Y mantener su dignidad suprema. 
Echa mano de rara estratagema. 

En el diván convoca á siis mujeres, (6) 
Magistrados, caudiUos y proceres» 
Alcaides, y santones, y alfaquies, 
Alférezes, imanes y cadíes; 

Y después de pintar breve y sucinto 
Los males que amenazan el recinto 
Donde él impera» dice : ^*Lo que importa, 
Es salir á la hurga ó á k corta, 

Por fas ó nefas de este mal horrendo ; 
Es agarrarse de un canbon ardiendo ; 
Es, si largo mi reino,. pillar otro, 
Aunque se cambie un asno por un potro. 
Ahora veréis si ^o sé uidir la trama. 
Reina AUaofiO en I^on^ de quien la fiama 
Cuenta las mas^üaaa&oMUHdr^s: 



Jamas hubo un guerrero en las Castillas 
Mas aclivo, mas bravo» mas astuto» 
Él no se va á las ramas» sino al fruto» 
Ni adolece de adusta intolerancia » 
Mal que del godo á la gavilla rancia 
Cual contagioso virus inficiona. 
De rígido cristiano no blasona, 
NI condena severo nuestro rito ; 

*• - 

Ni la poligamia es un delito 
Que alarma su conciencia generosa, (7) 
Puesto que á mas de la legal esposa. 
Dicen que tiene esposas ilegales. 
Estas ya veis que son buenas señales. 
Tentémosle la ropa, si bs parece ; 
Porque si el invasor sigue en sus trece, 

Y no hai quien ponga á sus progresos muro, 
No es probable que Alfonso esté seguro ; 

Ni si ve que á su ausilio fácil corro. 

Que desprecie soberbio mi socorro. 

Qué decís de mi plan? " — ** Que es escelente,'' 

Responden; y el monarca diligente 

Dispone una magnífica embajada. 

Dióle Alfonso en León soberbia entrada , 
Pues eu tiempos tan crudos y tan malos. 
Recibir grandes cestos de regalos 

Y ofrecimientos de amistad sin coto, 
No era cosa de echar en saco roto. 
Pronunció el diplomático su arenga, 

Y el buen Alfonso le responde : ** Ycinga 



176 ZAFADOLA. 

Guando guste mi amigo Zafadola, 
¥ verá si mi afecto se acrisola, 

Y con servicios útiles se arraiga. 
Esta casa es mui suya. Venga y traiga 
Sus mujeres, con tal que así le cuadre 
(Supongo que serán ciento y la madre) : 
Venga á pasar aquí dichosa vida; 

Que no le faltará casa y comida, 
Para su majestad, socias y socios."' 
El activo encargado de negocios, 
Gozoso de llevar tan buen despacho, 
Hizo el zala-melec ; montó en un macho, 

Y atrevesando río, llano y cuesta. 
Entregó á los seis dias la respuesta. 

III. 

Alfonso, el que al rei moro prestó asilo, 
Era un rei singular, por otro estilo. 
De manos de su madre Doña Urraca, 
Gruesa de cuerpo, aunque de mente flaca. 
Recibe un cetro carcomido y roto: 
Siendo escena de vicios y alboroto 
León, y de disturbios y pobreza, 
Mientras estuvo Urraca á su cabeza. 
Alfonso quiso enderezar el carro; 

Y sin temor de fiebre ó de catarro. 
Trepando montes y pasando ríos. 
De cien rebeldes sometió los bríos; 
Quitó al rei de Aragón provincias bellas 



ZAFADOLA. 177 

Que atrevido usurpó i fijó las huellas 
En las soberbias barras, y seguro 
Dentro del reino, como en alto muro, 
Pensó en cortar los vuelos al mohabita, 

Y hacerle en su región una visita. 
De Zafadola la cortés oferta 

Abrió á sus intenciones ancha puerta. 
Recibiólo en magnifico aparato; ' 
Mandó que se le hiciese el mismo trato 
Que á su persona, dióle treinta villas 
Del Duero en las espléndidas orillas ; 
Partió con él su trono, y en palacio (8] 
Le reservó cortés un gran espacio, 
Do tuviese el serrallo y la mezquita. 
Siempre del rei la corte el uso imita : 
Su voluntad ó su afición es norma, 
A que dócil la turba se conforma. 
Zafadola en León era el capricho 
De todo palaciego insecto ó bicho. 
Se esmeraban marqueses y barones 
En darle francachelas y funciones; 
Llevábanlo á cazar zorras y liebres; 

Y en tanto él despoblaba sus pesebres 
( Por no quedarse atrás en bizarría) 
De los troteros que la Arabia cria. 
En premio de tan nobles homenajes. 

Uno solo entre aquellos personajes 
Desde el principio lo miró sañudo. 
Era un cierto Farfan, de temple crudo. 



178 ZAFiJD|aLA> 

Cejijunlo, calUMl^, fiio j toB?o. 

Uao de esos nacido para estorbo 

De la familia humana; repulsivo 

De gesto y de mirar ; no tan, altivo 

Gomo amenazador ; no tan severo 

Gomo despreciador del mundo entero ; 

Guya ojeada silenciosa y dura, 

Revela una iptencion secreta, oscura, 

Que ninguno adivina y todos temen. 

¡ Y es dable que en amor también se quemen 

Esos pechos de mármol, y que atize 

Su llama en tanta nieve, y martirizo 

Gual mansa oveja al tigre sanguinoso! 

Farfan cayó en la red, perdió el reposo, 

Y uniéndose el amor á índole fiera, 

Quiso que ZafadolaJo perdiera: 

Asi el maligno al inocente inmola. 

La perla del harem de Zafadola, 

Saled, mora graciosa y vivaracha, 

De bellas formas y de linda facha, 

Morena, bien armada, algo rolliza. 

De Farfan las potencias esdaviza. 

Del serrallo la tétrica clausura 

No era en España tan. severa y dura 

Gomo en Bagdad; y entánces mucho menos, 

Pues no era dable en tímites ajenos 

Disponer, cual si fuera en propia casa. 

El rei, de conocida buena masa, 

Dejaba que tomasen<«ii^ mujeres 

Parte en las diversiones y placeres. 



ZAVABOLA. 17» 

Farfan, en una de estas ocastonas, 
Dejando campo Ul>re á su&tpasioaes, 
Se aproximó á la beBa ; le liabl6 claro ; 

Y viéndola algo indócil» sin reparo 
Se dejó atrás la raya deldecoro, 

Allí á vista y pacienisia del rei moro : 
El cual era indúlgeme; mas no tanto. 
La beldad ofendida soltó el llanto, 

Y el rei sin alboroto y sin despecho, 

Dijo en voz baja al ofensor : *' Mal hecho : 
No sabes que uua esposa es propia alhaja ? 
Quien ultraja á Saled, mi honor ultraja. 
Qué ! ¿ tenéis por costumbre los cristianos 
Hablar á las mujeres con las manos ? » 
El cristiano, mordiendo sus enojos» 
Lo mira adusto con rugados ojos» 

Y le vuelve la espalda, prometiendo 
Vengar su deshonor de un modo horrendo. 



IV 



Ya la bandera de León tremola 
Sobre el muro de Rueda» y Zafadola, 
Con ventajoso cambio satisfecho» 
Cede á León su trono y su derecho. 
Si ganó ó perdió Rueda en. el contrato, 
No lo dice la historia, ni yo trato 
De resolver problema tan osqplhok 
Un hecho solo tengo por seg^,. 
Y es que se vieron en aqpejIAos «lias 



182 ZAFADOLA. 

De opresiones, y robos, y miserias. 

Que secaron las lánguidas arterias 

Del pueblo, con poétíca energía 

Se ofrece á su exaltada fantasía. 

Harto de humillación y vilipendio, 

Brota en sus masas el voraz incendio 

De indignación frenética y venganza, 

Y con rabiosa ceguedad se lanza. 

Cual onza hambrienta, al crimen y al destrozo. 

Sus manos baña con impuro gozo 

Quizá en sangre inocente; se recrea 

Feroz en el suplicio, y la tarea 

De despojo, de muerte y ostracismo 

No es inhumanidad, que es patriotismo. 

En la crisis fatal callan ó mueren 

Razón, piedad, filosofía : hieren 

El cielo los dolientes alaridos 

De los sacrificados y oprimidos. 

Mientras que la sangrienta y cruda masa 

Por recriminación corta y escasa 

Tiene aquella esplosion que la enajena. 

Recordando la bárbara cadena. 

Cuyas lívidas y hondas cicatrizes 

Recientes aun están en sus cerviees. 

El filósofo esplica fácilmente 

La causa de este mal. La lei potente 

De la incesante rcacóon que agita 

De los orbes la máquina infinita. 

Comprende al ser humano; y quien recarga 

Tanto sus fuerzas que su aliento embarga» 



ZAFADOLA. 183 

Su orgullo <l<^la y su esperanza ciega, 
Ya sabe que el fatal término llega, 
Donde en ferozes, aunque breves luchas, 
Una generación venga otras muchas. 

Pero los que del trono participan 
El banquete magnífico, y disipan 
Debajo de su sombra y á su amparo 
Sudor que al infeliz cuesta tan caro, 
¿ Por qué dirigen su rebelde encono 
A ese mismo poder, que desde el trono 
Sus arcas hinche y su vigor sostiene ? 
Que í ¿ No tiene bastante, cuando tiene 
Feliz magnate rentas abundosas. 
Poder, lustre, dominio y otras cosas ? 
Pues tal fué la nobleza en otros dins. 
Guando las encumbradas dinastías, 
O compraban del noble el pupilaje, 
O gemian en polvo y en ultraje. 

No es mas precaria la abatida suerte 
Del esclavo infeliz, víctima inerte, 
Sometida al capricho de un verdugo, 
Que la de un soberano, puesto al yugo 
De envanecida y fiera aristocracia. 
Jamas de su ambición el hueco sacia 
La prodigalidad culpable y ciega 
Del rei, que á su poder blando se entrega. 
Piensan que el cetro es nada sin su apoyo, 
Y como de un arroyo y otro arroyo 



18 i ZAFADOLA. 

Forma el Niágara su potente espuma, 
Ven eo el trono y su poder la suma 
Del poder que ellos deben al acaso. 
Estorban entre el rei y el pueblo el paso, 
Y á vezes uno solo los delitos 
Paga de ancho tropel de parásitos. 



Alfonso dijo un dia á Zafadola : 

<c No puedes ignorarla batahola 

Que anda en León : ni juzgues que la plebe 

Deja de comportarse como debe. 

Del pobre no hai que hablar : lo sacrítico, 

Y se calla la boca; pero el rico 
Mas apetece, mientras mas engorda. 
Ya no es posible hacer la vista gorda : 
Farfan con otros diez malas cabezas 
Ocupan importantes fortalezas. 

Yo mañana saldré contra Gonzalo, 
Que es el mas poderoso y el mas malo : 
Tú de Farfan te encarga, y dale un susto. » 
£1 moro respondió : « Con mucho gusto. » 

Y de hueste moruna y española 
Forma una buena masa Zafadola, 

Y sale á combatir á aquel perverso, 
Que en torre colocada en el reverso 
De peñascosa y alta serranía. 

La cólera de Alfonso desafia. 
Sanguinoso fué el sitio, pero breve ; 



Pues aunque exasperado aquel aleve, 
Viendo al rival feliz batir su muro, 
Sostuvo con tesón el lance duro ; 
El incansable sitiador lo estrecba, 

Y á las pocas semanas por la brecba 
Con su aguerrida tropa se introduce, 

Y la bumiUada guarnición reduce. 
No fué menos feliz en su campaña 

Su gran amigo Alfonso, y, cosa estraña ! 
El mismo dia entraron en la corte. 
Por el sur uno y otro por el norte. 
Farfan encadenado y conducido 
Por Zafadola, al rei besó el vestido. 
El moro deja al rei con su vasallo, 

Y va á dar una vuelta á su serrallo. 
Pero á los cuatro dias de repente 
Sale de su prisión el delincuente, 
No solo perdonado, sino amigo ; 
No solo sin rezelo de castigo, 
Pero colmado de bondad y dones, 

Y otra vez alistado en los pendones 
Que su conducta vil cubrió de cieno. 
Entonces dijo á Alfonso el agareno : 

« No me meto en camisa de once varas ; 
Pero estói viendo aquí cosas mui raras. 
¡ Con que al traidor que ofende tu corona, 
Con generosidad se galardona, 
Cubriéndolo de bonores y riqueiza, 
En lugar de cortarle la cabeza ! 
Entre nosotros reina otra costumbre : 

8. 



186 ^ Z&^ADOLA. 

£1 Koran recemleBda mansedumbre ; 

Mas no que al destéllente el jasto halague, 

Pues dice : Quien tal*Mxo, que M pague : 

Precepto lleno de inmortal pericia. 

Porque no nos cansemos, la justicia 

No es mezquina invención del* ser humano : 

Trazó sus leyes la potente mano, 

Que separó la luz de la tiniebla 

Y de esplendores los espacios puebla. 

Quién eres tú para tarbar sus leyes^? 

Gusanos son ante; eu faz loe reyes, 

Gomo dice el Koran ; ceniza el tron». 

No nacen mis consejos del encono, 

Ni pienses que á Parían odio ni envidio. 

Pero tú ya bostezas del fastidio 

Que ocasionan en ti tantas arengas : 

Pues, hijo mió, allá te las avengas. » 



VI 

Es la locomoción una de aquieUas 
Cualidades, rsm nobke8^y mui bellas. 
Según las circunstaocÁas y personas. 
Si al verso, por ejemplo, te aficionas, 
¿ Cuál ha de ser el estro que te arrulle, 
(Convertido en perpetuo buUe-buUe ? 
¿ Cómo será filósofo el que pasa 
Todo el dia de Di<>s fuera de oaaa, 
Evaporando el jugo de la mente 
En giro vago y charla impertinente ? 



Los iilósoros pues y los poetas 
Deben tener sus facultades quietas, 
£q los reyes la cosa es muí distinta : 
La adulación ó el interés les pinta 
Lo que existe con pérfidos colores: 
La espina cubre de agradables flores ; 
£1 mal y el bien aumenta y disminuye, 
Según lo que á sus miras contribuye, 

Y así de nuestra especie los separa, 

Y su ruina y destrucción prepara. 
Si el rei no ve la cosa por sus ojos, 
Se espone á mil engaños y sonrojos. 

Bien conocía Alfonso lo que vale 
Rei que anda, y corre, y vuela, y entra, y sale. 
Ver y creer — tal era su divisa. 
Ni hubo rei que anduviera mas aprisa, 
Ni quitase la vida á mas caballos. 
En todas sus provincias los vasallos 
Lo estaban aguardando por momentos ; 

Y sus acelerados movimientos 

( Cosa no vista en gentes de su clase ) 
No daban tiempo á que en el reino entrase 
La desidia que infesta las regiones, 
Donde son desidiosos los mandones. 

« Sus, )) dijo Alfonso; « la afligida Espafia 
Nuestra inacción y negligencia estraña. 
Vamos á libertarla de esos perros. 
Que doblan su cerviz con duros liierros. » 



188 ZÁFADOLA. 

Con esta elocnentisima plroelama 
De su geüte los ánimos inflama ; 
El estandarte vencedor tremola, 

Y puesto á su derecha Zafadola, 
Con paso acelerado y gran denuedo 
Se aproxima á los muros de Toledo. 

Torrentes, rayos, vientos, terremotos, 
Que estáis desde los siglos mas remotos 
Sirviendo á los poetas mazorrales, 
Cuando pintan las furias y los males 
De guerra, de invasión y de conquista. 
Quitaos por ahora de mi vista. 
Torrentes, vientos, terremotos, rayos, 
¿ Qué serán sino débiles ensayos 
Al lado del destrozo y la ruina. 
Que vierte Alfonso por do cpiier camina ? 
Su hueste pulveriza y desmorona 
Los muros de Jaén, y de Carmona , 

Y de Murcia, y de Córdova, y Sevilla. 
De ferazes cosechas ni semilla 

Ni rastro deja, ni aun inútil paja: 
De h alta cima á la llanura baja 
La sangre cunde y el incendio vuela, 

Y de la muerte el soplo frío hiela 
Los resortes* vitales, en la anchura 
Donde sus bienes prodigó natura. 
El mohabita que con vida escapa. 
En sierra escabrosísima que tapa 
Selvática espesura, se guarece ; 



ZAVADOLA. tm 

Miéotras que ea negros hornos desparece 
El alcázar, la torre y la mezquita. 
No á Zafadola el zelo debilita, 
Para ayudar á la horrorosa empresa, 
Del Koran la doctrina que profesa. 
De fiel al rito museliñ blasona ; 
Pero entre su creencia y la corona, 
A la corona da la preferencia, 

Y el segundo lugar á su creencia. 

Lo mismo hizo el famoso Enrique cuarto ; 

Y ¿ quién no está de sus elogios harto ? 
Lo mismo! No : que anduvo mas aprisa^ 
Vendió su capital por una misa. 

VII 

Después de estos destrozos inhumanos, 

Alfonso refregándose las manos. 

Dijo : « Ya despaché en Andalucía ; 

Ahora le toca á Portugal; y el dia 

Que allí también despache, daré un brinco, 

Y sabrá el de Aragón cuántas son cinco. 
Tú, Zafadola, aquí mandando queda : 
Andalucía vale mas que Rueda. 
Tropas te dejo moras y cristianas : 
Mientras someto yo tierras lejanas. 

Tú de estas posesiones saca fruto. 
Si te va bien, me pagarás tributo, 

Y si no, tan amigos como antes. » 
Dijo Alfonso, y poniéndose los guantes, 



tia ZAFiü>OLA. 

El aguijQtttt^tícik al potro ba^fo, 

Y desparece mas veloz qqe el rayo. 

Creyendo Zafadola estar en Rueda 
(Porque no es dable que mudarse pueda 
De temple natural activo brote) , 
La blanda oliva empuña, y no el azote; 

Y el resultado fué, que en cuatro meses 
Los males, los trastornos, los reveses 
Que el desorden produce y la anarquía, 
Inundaron su^pobre monarquía. 
Siguió á su. yerro el escarmiento raudo. 
No al despotismo aterrador aplaudo, 
Cual la plebe servil, que ve en el trono 
La imagen del Eterno ; ni perdono 

La corrupción del pérfido sofista, 

Alquilado al poder, para que vista , 

Con frases elegantes y sonoras 

El horror de sus miras destructoras ; 

Pero tampoco apruebo la blandura 

Criminal, que á los malos asegura 

Paz y reposo en vez de hierro y palos. 

Ai del que capitula con los malos I 

Gran cosa es la piedad : mui santa y buena ; 

Mas no cuando á su sombra desenfrena 

La impunidad al crimen y lo adula, 

Y mientras sus esfuerzos estimula, 
Prepara al hombre honrado negro abismo. 

Y de la libertad digo lo mismo : 



Llámese libertad, ó csoteqiiiert, 
Se engaña quien la elogia ó vitupera» 
Si ignora á quién se aplica y en qué caso. (9) 
Supongo que frenético traspaso 
La lei humana y la divina, y huello 
Los derechos mas santos, y atropello 
Justicia, honor, virtud, y los destrozo. 
Me lleva un ministril al calabozo, 

Y allí sin libertad y luz me tiene. 
Supongo que á mi ausilio luego viene 
Mano amiga, y me dicen : « Salte fuera : 
Ya tienen libertad. »— Diga cualquiera 
Si tal nombre en tal caso significa 

La noble cualidad que dignifica, 

Consolida y ensancha k ventura 

Del fiero hijo del Támesis ; la pura. 

Radiante antorcha que en Westmínster luce. 

Una misma palabra se traduce 

De cien modos según la circunstancia : 

Yo á las vozes prefiero la sustancia. 

No importa que me clamen : « Eres Ubre ; 

Constitución ya tienes que equilit»e 

Los poderes. » Palabras, frases, humo. 

Con todo ese aparato, yo me abrumo, 

Y otros gozan : yo sufro, y ellos ríen. 
En escribir y en perorar se engríen 
Los que entroniza la opinión por sabios. 
Bien trabaja la pluma, y bien los labios; 
Pero en la vida oscura y retirada, 

¿ Qué bien se signe de esta bulla t— Nada. 



192 ZÁFADOLÁ. 

una (Constitución es un folleto : 

No es mas, si no me saca de un aprieto. 

Y si me pone en otros, y si amarga 
Mi mísera existencia, y si la carga 

Que llevo á cuestas, dobla; y si perturba 
La dicba de mi hogar, y si á la turba 
Sucia, ignorante, descarada y ciega. 
Mi honor, mi dicha y mi ventura entrega, 

Y una nación entera gime y llora ;^ 
No es folleto , es la caja de Pandora. 

VIII 

Creyendo pues el moro que podria 
Con el perdón, la paz y la amnistía 
Tranquilizar los pueblos de su mando, 
Con caja y añafíl publica un bando. 
Que autoriza á rebeldes y malsines 
A vivir sin temor en sus confines. 
El manto del olvido, por supuesto. 
Hacia gran papel en el contesto 
De la pieza oficial (frase esquisita, 
Que desde Galia nos llegó fresquita, 

Y por venir de Galia y de su corte. 
Le dio la Cobachucla pasaporte), 

Y este manto cubrió con sus remiendos 
Los delitos mas torpes y tremendos. 
Vinieron en tropel los criminales. 

Que ocultos en espesos matorrales 
Estaban aguardando su esterminio. 



ZÁFABOLA. 193 

Recobraron su añejo predominio 
La corrupción, la intriga, el desacato ; 

Y sin disfraz, sin miedo y sin recato 
Dejaron sus cavernas y garitas. 
Preñados de ambición los mohabitas. 
Comenzaron en grande los traslornos : 
Hoi en Benamejí, mañana en Bornes 

Se enarbola el pendón del descontenlo : . 
Los malos se reúnen ciento á ciento, 

Y después mil á rail. El buen monarca 
Vuela de una comarca á otra comarca, 

Y cuando en una el daño se apacigua, 
Retoña en otra la raiz antigua. 

Ya su tropa no puede darle abasto, 

Y en vano corre de su imperio vasto. 
Sin respirar, la estensa superficie. 
Ya de sus indulgencias y molicie 
Reconoce, aunque tarde, el agrio Truto. 
n Si yo la hubiera echado de absoluto. 
Otro gallo sin duda me cantara, » 
Solia repetir; y, cosa rara ! 

£1 que daba otra vez sabios consejos, 
Guando miraba al infortunio lejos. 
Hora que el infortunio se avecina. 
En el desliz que censuró , se obstina. 
Zafadola, en conflicto tan amargo, 
Al buen amigo Alfonso escribe largo, 

Y la contestación no fué tardía. 

Alfonso un cuerpo formidable envía 

De infantes y ginetes, todos bravos. 

o 



194 ZAFAIM».A. 

Pero los reyes son tunbíeii ^davos 
Del error, y un error cometíó Alfonso, 
Que no cometería el mas intonso : 
Ordena que Farfan el cuerpo mande. 
Funesta distracción de un hombre grande ! 

IX 

Figúrese el sensato en tal contienda 
Cómo estaría la real hacienda. 
Ademas de que en tiempos tan infaoatos 
Estaban los bolsillos algo exhaustos, 
Odiaba Zafadola los tnbutos 
Directos é indirectos, pues «los frutos 
De la industria,» decia, «son sagrados, 

Y no quiero que giman mis estados 
Bajo el yugo despótico del fisco. 

Es forzoso tener pecho de risco, 
Para gozarse en la desgracia ajena ; 

Y un trono es deleznable eomo arena, 
Si en maldición y en lágrimas se funda, 

Y el odio de los pueblos lo circunda.» 

Un sistema económico tan raro 
Debia al fin y al postre salir caro. 
Zafadola se hallaba en mil conflictos, 
Tanto que su vasallos mas adictos 
Decian entre sí : «Bueno es lo bueno; 
Mas nadie sirve sin el pancho lleno , . 

Y no será posible que resistan 



Nuestros braxos, quedándonM jmrtttotit. » 

T cuando los^ adicu» dioen 98lo, 

Qué otras cosazas no diria. el resto! 

Llegó en fin á tal cabo la penuria, 

Que de la queja se pasó á ia injuria; 

De la injuria almoiin y á la amenaza ; 

T no encontrando Zafadolai traza 

De llenar, cual debía, tanto empeño, 

Perdió la gana de comer y el^snefio, 

T ganó la terciana y la icterieiiv 

Mas llega á la sasHm á su noücHa 

Que de Paríanla h«ieBa»TencMiil^> 

Despojos opulentos ainsoia^ 

Que en Jaén, y Gimaiéa, y'Antetfueva 

Almacenó copiosa, aeneateni 

De oro, y plata^ y brocados^ 7\j6ycl6s; 

T suponiendo á>lo»taiidiltos^Qiies 

A tan notorio ^ysamtD^iOQinprattiAMi, 

Da al perverso Panfófrexaolo^vieo 

Del estado infeliz emqm- s» baiiiha. 

La mitad del botí&le dettaAdidNS 

Como cosa dehida^al paototestoeobo 

Que tiene ce» Alfon». «Bt ¡tUiproviecfao^i) 

Dice, « trábalo ajusto <es(tiits>«ie>asii»ta) 

Si'quiere aseguraresta ooiii|ittsta4<» 

A demanda tan simple y tan modesta 

Pasan los dias sin llegar respiiesta. 

El moro determina ir en persona ; 

Y bailándose Farfan en Archidona, 

Alli le sale Zafadola al paso. 



106 t AVADÓLA, 

Brev^ fué su discurso ; pero al caso. 

Y la contestación aun fué mas breve, 
Pues volviendo la espalda aquel aleve, 
Ni aun se dignó decirte una palabra. 

En un hombre de honor mas brecha labra 
Que infortunio, desprecio. Zafadola, 
Mas encendido ya que una amapola, 
Por el brazo sañudo lo detiene, 
¥ con amarga voz le reconviene 
Su falta de pudor y cortesía. 
Semejante ocasión Farfan quería, 
Para justificar negra venganza. 
Entonces á la victima se lanza, 
Con un puñal el seno le destroza, 

Y en sus dolores últimos se goza. 
Guando dieron á Alfonso la noticia, 
Era mui de esperar que su justicia 
Gomo trueno estallase, porque el more, 
A mas de ser' su amigo, fué un tesoro 
De virtudes amables y sencillas. 

Pero el dominador de las Gastillas 

Se jactaba de' ser un buen cristiano. 

La muerte de un infiel mahometano 

Era cual la dé un gato ó la de un perro, 

«Poco habrá que gastar,» dijo, «en su entierro.» (10) 



LA BATALLA DE FRAGA. 



•^Qi>' 



« Hast thou yet more blood (o cast away ? » 

Shakespeare. 




HiéDtras AJfbnsa sétimo loclemente 
Las regiones aflige de poniente. 
Otro Alfonso, no menos arrogante. 
Cubre de asoUcioa bs de levaau. 
Es el Primero de Aia^m tan fiero, 
Tan audaz, tan activo, tan lijero, 
Que solamente en una correrla 
Sale de Jaca j.mm eit Almeria. 
En na corral no paede baber doa galles ¡ 



200 LA BATALLA DE FRAGA. 

Y de los dos Alfonsos los yasallo3» 
Por seguir los caprichos de sus dueños. 
Entraron en durísimos empeños. 

Has esta parte de su historia omito, 

Porque no habiendo guerra sin delito, 

O sinónimas siendo las dos tozos, 

Las guerras mas impías, mas atrozes 

Son las que mueven las sangrientas manqt^ 

Cual aun se ve , de hermanos contra hermanos. 

Duro es que el hombre se convierta en fiera; 

Y solo por seguir otra bandera, 

Al que nació cual él. de padre y madre, 
Con mano impía el corazón taladre. 
Duro es que en el asedio ó la conquista 
Los que no se conocen ni de vista, 
En sangre ajena naden como en ola; 
Mas que en acerba lid sangre española 
Por española mano se derrame. 
No solo es malo en si, pero es infame 
Borrón que mancha gloria merecida. 
No digo mas, que está fresca la herida. 



II 



De Alfonso á los esfuerzos y á la fama, 
Como barrera sólida, Abengama, 
Rei de Valencia y Murcia, que sustenta 
Con honra los dos cargos, se presenta : 
Moro ae gran prudencia y cuerdo tino. 
Pues menos el acero damasquino, 



LA BATALLA DB FBAAA. SOI 

Que la oliva pacifica, maneja. 
Por él es dado á laboriosa reja 
Surcar llanos desiertos, infecundos. 
Antes que de los cóncavos profundos 
Saliese, por decreto de Abengama, 
La corriente que de ellos se derrama, 

Y forma de los páramos veijeles. 
Más estimaba el moro los laureles, 
A cuya sombra nace llena espiga 

Y en cuya copa el ruiseñor se abriga. 
Que los que al héroe ciñen cual culebra, 

Y el ditirambo en torpe voz celebra ; 
Más cosecba abundosa y ricos firutos, 
Que de invadida raza los tributos; 
Más, en fin, alquerías y telares. 

Que himno de triunfo y pompas militares. 
Lo saca empero Alfonso de su holgura 
Con bárbara irrupción, y aunque procura 
Gontrarestarlo el moro como puede, 
Dos vezes derrotado el campo cede; 
Dos vezes huye y se encastilla en Fraga, 
Do vanamente el vencedor lo amaga 
Con ballesta, y escala, y con ariete, 

Y con tenaz impulso lo acomete. 
Desde la escelsa torre y desde el muro 
Con poca y brava hueste el rei seguro. 
Su enojo burla y su furor rechaza. 

Mas qué hace un rei metido en una plaza t 

Si oficiosa amistad no lo socorre, 

¿ De qué pueden servirle muro y torre? 



se» LA4M«Li«il OB 



m 



Ya en Afinca drcolan emisarios 
Del estrechado moro ^ y pueblos varios 
De Tafilete, y Trípoli, y Marruecos 
Hieren los aires con ruidosos ecos. 
Gongréganse en defensa del monarca 
Los de Oran, los de Túnez, los de Barca ; 
Hienden los puertos numerosas quillas, 
Y cubren en tropeles las orillas 
Cuarenta mil fogosos vengadores. 
Allí los Tejufines y Almanzores, 
Que ya mas de una vez con sus hazañas 
Anegaron en lloro las Españas, 
Las anchas cimitarras aperciben. 
Suena la trompa bélica, y reciben 
Las olas en su espalda turbulenta 
La tropa que tan noble hazaña intenta. 
Secreta fué en Valencia su llegada ; 
Que Alfonso, cuya mente aletargada 
Yace en descuido peligroso, olvida 
Que no estaba la costa defendida* 



iv 



Sus realeo adorntn>|fenoiageS 
De varias ifiAgiiAs y«4i^iB06 vnio& 
El obispo de Láscftf^ (hombre iieio, 
Devoto por dMNUH Mooaicfeni, 



LAMáááMjLim wmmA. 

De dictamen raairito j fmgmntga; 
Gastón el bctmes* ^«e de^^fiiseofia 
Quiso, y no {Nido defimder la orilla 
De tropa de Aragón yideCasülla; 
Almerí de Narbona, ác|Hlaid& Franela 
Las puertas cierra inútil arroganeía 
Con que del trono el ceño^áesa&á; 

Y Calvete de Sua, qne ceafía 

Mas en audaz impulso que en buanaeso; 

Y Fortunel de Fol, joven travieso, 

Y al par enamorado y libertino, 
Que robó una princesa en el camino, 

Y deshonrada la mandó á un convento. 
Donde murió de rabia y sentimiento; 
Raimundo del Talar, hcmor de Jaca; 

T Centul de Bigarra, queso saca 

La espada, sin que firvoquen-sas^leseoa 

A Eduvíjís, la joya de Btmiéoa; 

Y Miramon al fin, la flor mas pora 
De la caballería, en hermosura 
Sin rival, pues es fama que cautiva 
Con su mirar la dama m»ialUva; 

Y sin rival en brío y en pujanza. 

Ya en combate de estoque, ya de" lanza ; 
Sus trovas ademas; de^grat^ Iffenas, 
Repiten en sus márgenes-amenas 
El Duranza y fA Jáear; FafVGrifb 
De Alfonso y otros reyes; y eM|ii£rflb 
Modelo de guerrero eort^Mmo-: 
Caballero francés y^^liérae t ateÜrti Oi 



204 LA BATALLA DE FRA«A.' 

Con esta turba espléndida y florida, 
Muí mas holgada entonces que aguerrida, 
Prolonga Alfonso el obstinado asedio ; 

Y de tan larga operación el tedio, 
Cuyo próximo fin no se anticipa, 
En banquetes espléndidos disipa. 
Burlar quiere el empeño de los moros. 
Incauto prodigando sus tesoros 

En frutas raras y costosos vinos, 

Y aves, y otros manjares peregrinos. 
Solo sus gozes interrumpe á vezes, 
Guando dirige al cielo humildes preces. 
De hinojos ante el arca misteriosa (11) 
Que regaló el pontífice á su esposa. 
Reliquia santa se custodia en ella, 

Y con cada diamante como estrella. 
Bien esculpida caja de oro fino 
Guarda la alhaja que de Roma vino. 
Ni basta á la piedad el rico adorno : 
Tanto de noche cual de dia, en torno 
De aquella sacra prenda, vela y canta. 
Con grueso cirio en mano, turba santa ^ 
De arzobispos, de obispos y de abades, 

Y clérigos^ y monjes, y cofrades. 
No rezela ya Alfonso que contrarío. 
Mientra en su campo tenga el relicario. 
Se tome el hado en desíávor; su influjo 
Mas fuerza tiene que el valor; y el lujo 
Con que su devoción lo condecora, 

Le asegura una mano protectora. 



LA BATALLA DB FKA6A. 205 



Tanto en estas ideas se encapricha, 
Que á ellas debió la bárbara desdicha 
Con que afligió á su reino, y el fracaso 
Mas tremendo y mas lúgubre. Fué el caso 
Que ya en los muros de la escelsa Fraga 
La plaga mas horrible, aquella plaga 
Que poco á poco el flojo y leve estambre 
De la humana armazón deshila,— el hambre^ 
De críiqen negro inspiración maldita, 
Los ánimos y fuerzas debilita. 
De muías, y de gatos, y ratones 
( Común estremo en tales ocasiones) 
Ya en el mercado no se vía resto. 
Un término espantoso, más funesto 
Que el morir con las armas en la mano, 
Aguardan el guerrero y el paisano; 

Y paisano y guerrero en lances tales 

No son mas uno que otro : son moríales. 
Conociendo Abengama que se afloja 
La constancia, benigno se despoja 
De su despensa bien henchida y vasta; 
Sus repuestos agota, mas no basta. 
Los dias pasan, y el asedio dura ; 

Y si con Tozes de piedad procura 
(k)nsolar la morisma en sus aprietos. 
No ve en torno de si mas que esqueletos. 



SQ6 LA BATALLA OB BBA6A. 



VI 



Una diputación muerta de hambre, 

Cuyos miembros con cuerpos como alambre, 

Muestras son del rigor que los humilla, 

Ante Alfonso temblando se arrodilla, 

Sin que sepa Abengama su proyecto ; 

¥ allí postrado como esclavo abyecto, 

Inundando el estrado con su lloro. 

El que llevaba la palabra, moro 

De grave estilo y argénteas canas, 

Vierte en Arase doliente quejas vanas. 

Con aquella efícazia y arduo empeño 

Que inspira el hambre, bárbaro diseño 

Traza el cuitado de la suerte impía 

Que aflige á la ciudad, y ablandaría 

( Tal es el hombre cuando el mal lo apura ) 

Con su elocuente voz la piedra dura. 

< En fin, noble señor, » así concluye, 

«Si tu benigna voz nos restituye 

La vida que nos falta ; nuestras penas 

Si compadeces blando, las almenas 

Se doblarán sumisas á tu fama, 

T hollarás, á despecho de Abengama, 

£1 muro en que obstinado se eneastiila 

Para desgracia nuestra y su mancilla. » 

Tras pausa breve : « No, » grita el monarca. 

« Sufra el mal que apetece el que se embarca , 

Que puesto en alta mar, ya no hai remedio. 



XA BATALLA BB <BRA«A. S07 

Asedio quiso Fraga, y tendrá asedio : 
Asedio ha de tener hasta que aplique 
Mi ejército la escala, y sacrifique 
Con duro acero y con sangrientas manos 
Hombres, mujeres, jóvenes y ancianos. » 



VII 



Sonó apenas tan hórrida palabra. 
Cuando en el domo escelso, donde labra 
Santo y potente numen nuestra sueFte, 
Trazó irritado esta sentencia : mdbbtb. 
Pues si en aquel alcázar de grandeza 
Suele hallar compasión nuestra -flaqueza ; 
Si cariñosa y plácida intercede, 
Cuando á fugaz pasión el hombre cede, 
Ferviente caridad; suspira y calla. 
Cuando en el seno del humano estaUa 
Fallo de enemistad y de esterminio 
Malévola ambición, sed de dominio, 
Que en sangre, asoladon y horror se funda, 
Y en raudal destructor la tierra inunda. 
Quien perdón no concede, bo lo aguarde : 
£1 que desprecia al hombre por cobarde. 
Si al que pudiera aniquilar, da vida, 
No hallará compasión, cuando la pida. 
No, señores del mundo ; sabed esto : 
Si quier deslumbre en elevado puesto. 
Si quier estienda el ancho poderío 
La feliz ambición; potente rio, 



208 LA BATALLA BE FRAGA. 

En su ruidoso tránsito derroque 
Cuanto encuentre ; mas no cruel sofoque 
La voz de humanidad, ni sus derechos 
Ultraje, ni los vínculos deshechos 
Que ligaron al hombre con su hermano. 
Ciego en triunfo fugaz huelle inhumano. 

VIH 

Con cauteloso paso, tropa inmensa 
Que el rei moro ha llamado á su defensa , 
Fiel instrumento de la adusta Parida, 
Del Ebro en las orillas desembarca ; 
Y al recibirla en su distrito el Ebro, 
Los bosques, do el asilo y do el enebro 
Dan á las aves placentero abrigo. 
Anunciaron temblando al enemigo. 
Tal en la cumbre altiva del Pirene, 
Cuando sañudo el huracán previene, 
Con mugidos tremendos y ecos vagos, 
A valle y selva fúnebres estragos. 
Como si oculto numen lo inspirase; 
Se estremece el granito en su honda base. 
Marcha en bien concertados escuadrones. 
Sin que de trompa ó de atabal los sones 
Su paso anuncien, la aguerrida hueste ; 
T sin que sus designios contrareste 
La de Alfonso, con mengua de su fama, 
Por Aragón segura se derrama. 
Ni el mas l^ero aviso lo dispierta 



LA. MATAMOJk pjtWMÁíOá^ SOSI; 

De SU funesta obstiiiacioii, y übierliL . , 
Deja la entrada de su hermoso knpetío, 

» 

Y le apercibe doro cauti?erio. . 



IX 



tira UQ amanecer del seco agosto. 
Cuando del campamento el giro angosto 
Grito de alarma turba repentino. 
Por los montes cercanos y el camino 
<jue montes y llanuras atraviesa, 
Descubren los cristianos nube espesa, 
Que se mueve pomposa y se dilata ; 

Y al través, el acero y la escarlata 
De los jefes audazes, y mas lejos 
De alfanjes y de lanzas los reflejos. 
Do quier tiendan la vista los cuitados, 
No ven mas que enemigos : los sitiados 
Desde el muro, con pitos y tambores, 
Saludan á sus bravos defensores, 

Y al rei aragonés burlan y ultrajan. 
En silencio y en largas filas bajan 
Infantes y giuetes el repecho ; 

Y al rededor del campo, el cerco estrecho 
Mas y mas lo aprisiona, y se condensa. 
Los de Aragón, que no en propia defensa 
Pensaron esgrimir estoque y lanza , 

Sus glorias recordando y su. pujanza. 
Sobre la empalizada se presentan» 
("on secreto terror la» armas cuentan; 



r. 



Y aunque resicIMé « m ii f Ma mma o» 
Viendo layiftmnh ^M «wia» ilaaio 
Cuan unidas el girocdMeto^esoadüi^ 
Be su seguridad ansiosos dudan. 
Los caudillos con torvo sobrecejo, 
Mudan á cada paso de consejo ; 
Con vacilante paso dfstri^en 
Los tercios porel cmpo; y ora arguyen 
Entre si, y ora coriiái doiosflaiiia 
Prói[imo el riesgo^ y ya nirlM inilaiMv 
Sed de triunfos glorittSoS'euÉl stAM : 
La sorpresa 9tt ardiente zeki eiiíHa. 



Empero Alfonso mascfue toddsisede 
Cuidoso á la inquietud, que y^ no puede 
Dentro el seno emb(»€arlftdoi« espiM 
De atroz rcmordfniteto'; y la mezquina 
Turbación de su fBor'^aHBHrtilettta 
Los bríos de sus lro|an xlenHíMita. 
De su orgullo la lilMea füfUfOia 
Húndese de repente, T<taptM9a, 
Fúnebre perspecthFav^^tenniMdft 
Por bondo abisart^ixfiNCt sn^ntifada. 
Entonces si los mUeno» kHOMlM» 
De los sitiados ]Marofe,vl€6UiiBevtos 
Del bambre, yderiii n)iMrte(ta<á6S|wjo» 
Con vivo rasgo pittCaiise4 fivs «|mí. 
Por vez primera eAl^«Mto&iqiuóid«s- 



Del desgraciado Meiteii sos oMúli. 
N^ndose la tierra á«l eipartÉtt^ 
Fijando su piMMIier» cdUtÍHm 
Donde el hMibre en esHemo msd la ^a» 
Congrega al clero, y manda que se erija 
Con pompa no eomna. el relicario ; 
Que en alba nube esparza el inoeasario 
Grato aroma, y el arpa dulces sones ; 
Que en fervientes y puras oraciones, 
Y en armónica estrofa de himno tierno 
Se imploren la» «bondades del EtemOé 



tí 



Hai un ser en las auras celestiales, (IS) 
En quien hallan Ips miseros mortales 
Benévolo y suave patrocinio ; 
Ser que penetra ü celestial dominio 
Donde su trono augusto Dios asienta, 

Y con trémula mano le preseata. 
Lloroso, sonrosado; oempasivo. 

Los ruegos del enfemo y del cautivo^ 
Los de la tierna madie y dé la esposa. 
Mas Gabriel de la maiio|)oderoia 
Los fallos justos revereole aeata^ 

Y mientras por la esfera se dilata 
Del afligido aragonés la queja:^ 
Torna su rostro el námen y se a^ja. 
Ni el ministro veloz cb& la Teáganza 
Del Eterno, que rápido seiami 



212 LA BAÍTALLA DE FftAAA. 

Con flameante acero de la altura. 
Dócil á alto decreto, y asegura 
Victoria al justo y perdida al ms^vado. 
Bajó entonces, de fuego y muerte armado. 
Cual, fijando un espléndido destino. 
Los ruegos escuchó de Constantino 
Y arrolló las legiones de Maxencio. 



XII 



Como se anuncia en fúnebre silencio 

Y en marmórea quietud la destructora 
Tempestad, y á su furia bramadora 
Mortal reposo en aire y mar precede. 
Hasta que reprimirse mas no puede 
La agitación eléctrica, y estalla; 

La gente así enemiga inmóvil calla, 
Fijos hombre y caballo como roca, 
Hasta que al arma el afrioano toca, 

Y se cruzan aceros con aceros. 
Al reventar los ímpetus primeros. 
Fué al atacar igual la resistencia ; 
Los de Aragón reciben la violencia 
Del empuje, cual mole dura y alta 
De peña que la mar rugiendo asalta. 
Sin turbar su cimiento y su reposo . 
Por rebellín, empalizada y foso 

Corre sangre á torrentes, pero en vano; 
Que mientras mas esfuerza el africano 
Sus brios, y el circuito mas estrecha. 



LA BATALLA DB VBAAA. SIS 

Mas destrozo en sus filas lanza y flecha 
Del encerrado aragonés pfopaga. 
Viendo el moro con cuánta muerte paga 
Su arrojo, da la seña, y de repente 
Júntase la coluna en masa ingente, 
Con la que osado Tejufin concierta 
Finalizar de un golpe la reyerta. 
Mas apenas las filas se separan, 
Cual si á espontáneo impulso se prestaran 
Los de Aragón unidos, á la anchura 
Salen del campo, escena mas segura 
Do luzca el brío en desigual refriega. 
Cada magnate en torno á si congrega 
Los que han jurado fieles sus pendones : 
Siguen los alaveses y vascones 
De Gastón los preceptos, gente brava. 
Que, como Alcides, la potente clava 
Con cierto tino y gran vigor maneja; 
Garzones de alba tez, negra guedeja, 
Ágiles movimientos, faz adusta. 
Vigilante, tenaz, sobria y robusta. 
Manda Almorí la gente de Narbona, 
La que con chozas frágiles corona 
La cumbre del Pirene ; la que habita 
Su mas profundo valle, y se ejercita 
En perseguir venado, gamo y oso. 
Por risco desigual y resbaloso. 
A Raimundo obedecen los navarros. 
Dóciles al deber como bizarros ; 
Duros en los trabajos, sobrios, llenos 



De escelso Iraiiot, jf Mm, j aenmoe. 
£1 grueso de la tropa avagoaesay 
Que en iuTasíoft lejana ^a>diiaremfresa, 
De Alfonso larges-a&Mi ha aegttido. 
La suene, y á sb Mo Gonkiatiéo 
En León, y en Gastilia^j ea Bayona, 
Con noble fe circanda.su persona. 
Á su acendrado zelo se confia 
Todo en lO'que dfró la moaaix|iiia 
Su porvenir, sa4i<^ y su decoro : 
La reliquia, el arcliivo y d tesoro. 
Miramon, sin muirse 4 i^ngun bando, 
Toma quinientos nobles 4 su mando, 
Que son la flor de Francia y.de Castilla; 
Jóvenes cuyas armas sin mancilla, 
A las banderas 4lel Sepulcro fides, 
Cogieron eu Sion santos laureles. 

xui 

Ocupan los diversos- escuadrones 

Del de Aragón los áridos crestones 

Que circundan á Fraga, diestramente 

Llamando la atención por lado y frente 

Del árabe, que incierto á dónde acuda^ 

La dirección de sus ataques muda. 

Mas no tarda en mezclarse en varios puntos, 

Rotas fracciones, móviles conjuntos 

De parciales encuentros. De una parle 

Se dirige la turba al estandarte 



LAsmMmí3¡k9m wmmA» flU 

Que sobre el pabetloa letiwiéet; 
De otra Gastón e» Miten pdev 
Se empeña con los'fieíosavgeliiios; 

Y allí formando espcM^remeltnos 
En torno á los «aseoMS y alaveaes. 
Turba densa se fonna, y en paveses 

Y en yelmos golpetean cacbilladBSt 
Como cuando del cielo detpefiadas 
Masas espesas de granizo bajaa^ 

Y los arbustos hunden y desg^ían. 
Miramon al peligro mas urgett!» 
Vuelve zeloso ; sigue diUgMte 
Sus pasos Almeri, y en los reales 
Sangre otra vez difúndese á raudales. 

Y mientras toda la morisma apura 
Por allí sus esfuerzos^ de una aitunt 
Baja Raimundo con vigor la falda> 

Y á los moros sorprende por la espnldai. 
Fue entonces indecible la fiereza 

Del combate. Almorí, que á la caben 
De los suyos, cual tigre se andanza, 
Pierde la vida : ponderosa lann^ 
Que un gigantesco marroquí despide, 
De parte áfurte el seno le di?ide. 
Joven misero! amable cuanto ilastfet 
Perdió contigo Languedoc el lustre 
De su nobleza, Alfonso un grande amigo ; 

Y de tu verso armónico testigo 
Provenza, al rimador de las hermosas 
Que pisan stis colinas deliciosas. 



316 LA BATALLA Dk JPBAtiAv^ 

Viendo en sus ojos láoeleste lumbre' 
Leve apagarse, intensa pesadumbfe, 
Que el labio sella y el cabello eriza, 
Del cristiano el denuedo paraliza. 
Mas de venganza y destrucción sedientos, 
Unánimes se arrojan, y violentos 
Choques y cargas hórridas repiten. 
Ciegos Raimundo y Miramon compiten 
En arrostrar de cerca la profunda 
Masa que por do quiera los circunda ; 

Y no solo la arrostran, mas la hienden, 

Y los pocos audazes que defienden 
Sus jefes denodados, mas adentro 
Los empujan á mas reñido encuentro*. 
Quién podrá ya salvarlos? La fatiga 
Del lance temerario no mitiga 

Sus arrojos; la sangre que derrama 
Tanta herida, sus ímpetus inflama; 
Mas en contra de si vasto torrente 
De moros se acumula, y prepotente 
Su número, los hunde y los ahoga. 
Con alto grito el vencedor desfoga 
Su júbilo, mirando en polvo hundidos 
Los dos héroes, en muerte y gloria unidos. 
Aquel grito difunde negro espanto 
Por la falange aragonesa ; en llanto 
Se inundan de cien bravos las mejillas; 
Las filas se disuelven. En pandillas 
Desordenadas mézclanse gimiendo 
Los miseros, que aquel golpe tremendo - 



LA BATALLA DB FAAAA* ftl7 

Consumacioa mas negra Tatídm. 
Concedió á Múamon mano divina 
Lo que, mas que valor, genio y riqueza, 
Los ánimos seduce : gentileza 
No afectada ; modesta compostura 
Que los públicos votos asegura ; 
La familiaridad del hombre grande, 
Que ora suplique, ó reconvenga, ó mande, 
De seductor halago se reviste, 

Y ni el temor ni el odio le resiste, 

Y las envidias frustra y los engaños. 
Fué el ídolo de propios y de estniños, 
Adorno de la corte y la milicia ; 

Fué en los reales de Aragón delicia 
Del príncipe, del jefe y del soldado; 

Y al verlo sin color, mustio y postrado. 
Cunde en las tropas negro vaticinio 
De confusión, derrota y esterminio. 

XIV 

Mas quedaba Gastón, que en,k)s reveses. 
Con sus incontrastables montañeses, 
Ya en campo abierto, ya en sitiada torre, 
Con oportuno amparo siempre acorre; 

Y bien que^lo aquejase mole espesa 
De bárbaros, á mas loable em|Nresa 
Del grueso la ardua posición lo escita, 

Y á su ayuda veloz se precipita. 
Los dislocados restos á su mando 

10 



* 



220 LA BATALLA DE FBA6A. 



XV 



Desde el mal defeodido parapeto 
Contempla Alfonso el fin de aquel apñeto. 
No hai esperanza ya que le sonría: 

Y en vano la llorosa gritería 

De monjes, y mujeres, y prelados, 
A perdición segura condenados, 
Su protección en tanto riesgo implora. 
Contra la inmensa muchedumbre mora, 
Que ya del triunfo en daño suyo viene. 
Solo un tercio escogido lo sostiene. 
Aquellos fidelísimos vasallos 
Apriétansele en torno; los caballos 
Parten á un golpe ; Alfonso ocupa el centro ; 

Y atravesando rápido por dentro 
Déla apiñada turba, en tiempo breve, 
Bien que á cerrarle la salida mueve 
Sus fuerzas Tejufín, del fiero lance 

Se esquiva^ y buye fuera de su alcanza. 
Mas el abandonado campamento 
Retumba con el mísero lamento 
De aquella turba débil y afligida. 
De ella uno solo conservó la vida: 
£1 obispo de Lascar, que en Valencia 
Prostituye después la reverencia 
De su exaltada dignidad, sumiso. 
Vil apóstata, infame circunciso, 
Al mentido profeta de la Arabia. (13) 



LA; MATAhLJL DB fB^A. Ü1 

' ' '■'•••■''••. 

Mientras destroza el musulmán con rabia 
Codiciosa la rica y vasta tienda 
Del monarca, sus arcas y la prenda > 
De su piedad objeto encarecido, - 
Guarécese el cuitado en lo escondido 
De una selva intrincada, do la hiedra 
Y la silvestre vid con roble y piedra 
En espeso tejido se enmarañan. 
Diez adalides fieles io acompañan, 
Únicos restos del poder que un día 
Dominó de Burdeos á Gandía. 
El cansancio y la sed postra estos bravos ; 
Empero mas agudos son los clavos 
Que despedazan del monarca el seno, 
Pues mientras mas pacible y mas sereno 
El horizonte de la vida halaga 
Las miradas del hombre, mas aciaga 
La contraria fortuna lo atormenta, 
Si santa abnegación no lo sustenta. 
Mas ¿cómo puede su benigno labio 
Doblar el torpe orgullo y el resabio 
De prepotencia que el mortal adquiere. 
Cuando cegarlo en su ruina quiere 
La suerte que lo eleva en alta cima? 
Feliz el hombre á quien la propia estima 
Mas satisface que el poder y el trono ; 
Que si ruge en su daño el fiero encono 



Del iafortunio, plácido y modesto, 
Sonriendo le dice : « Bst^l dipaesto. » 

ITII 

En el declive de «a» aiewrai ocK)ura, 
Que ciñe frondosJ9ÍipiA«8pe8uni 
De monte b4(> y oiplnosal>refia9 
^1 santuario imvHMe^e la Peña 
rimido oculta su pa|izo teclio. 
Allí fruta sabrosa y pobre lecbo 
Encuentra el fatígidepera^^ino, 
Consuelo el desdichado; y el mezquino. 
Que del poder rezela la Tcsganza, 
Seguridad, consejo y esperanza. 
De santa caridad la mano amiga 
Con cariñoso ^Iwii al rei prodiga 
Cuanto su triste cckpdicion requiere; 
Pero en vano, que el dardo que lo hiere 
Mas y mas se «pcarniza y lo destrona. 
Su mente fija tii^iie.^ Zaoigo^» 
Desde cuyos al^i^ AKurroon^ 
Oprimió reyes y afoli^ Daciones; 
En su raza estingijuí^, (s^ la opwleocia 
De su corte q^ pr-on^.)^ Tipl^ncía 
Del bárbaro aftícMIP» y Mi codicia 
Convertirá eufn^jfmM^ é íomuQdiii^ia. 
Al formid^bW p8i§a4e ^u^^oal^ 
Cede ya el eow^m; ^Dl9i¡^ ffmt;^ 
Con tormento jy>^t(8ijyb>fi lo^lWOPgQW- 



LA BATALLA DE FBA«A. itd 

Sus pálidas mejillas no se mojan 
En lágrimas; el pecho no despide 
Suspiro de dolor; ni el labio pide 
Favor, piedad, alivio ni consuelo. 
Cubre el turbio mirar fúnebre velo 
De desesperación : lánguidamente 
Se abate al poWo la arrugada frente; 
Y en brazos de piadosos cenobitas» 
Que imploran las bondades infinitas 
Con salmo triste y con plegaria tierna. 
Pasa el monarca á la región eterna. 



-I $ jr'- 



DON LOPE. 



-<©->• 



« Jam venio moritunis et b»c Ubi porto 
I>ona priüs. » 

YlBG. ^1?. X. 881. 



4 




Snena el cUrio. El «oro, 
Grllaa den tobes Hens. 
El rico peto de oro, 
Ijs moradas baiMilerw. 
El atatMl sonoro 
T lu haestesjsnenwMi 
Gloria ilustre lie B(p«9a. 
Brillan en bMaupKfa. 



228 DON LOPE. 



II 



Luce al frente, escitando 
Noble castaño al trote, 
Jóveu de aspecto blando, 
Rubio el ttt(b y bigote. 
Jamas tu?o Fernando 
Lanza de cuyo bote 
Repitiese mas lances 
Castilla en sus romanees. 

III 

Cubre altiva cimera^ 
De pluma variada. 
Ja blonda cabellera, 
Cual vid ensortijada, 
£1 broquel una boguen 
Representa, y grabada 
Letra que dice : Lttego 
Será ceniza el fuego, 

IV 

De nuevo. El morOy grita 
La turba, y en el llano 
Muchedumbre infinita 
De ejército africano 
Parece. La concita 
Con invencible mano. 
Con espantosos ecos, 
Mustali de marruecos. 



DON LOPE. 299 



Cuyo aspecto atezado 
Cubre en pliegues undosos 
Gabán verde y morado. 
Relámpagos fogosos 
De furor concentrado 
Vierte al mirar : rugosos 
Los carrillos de heridas , 
Que costaron cien vidas. 

TI 

Las dos masas opuestas 
Vacilan agitadas 
De intenso afíin ; apuestas 
A morir; impulsadas 
Por pasiones funestas. 
Las filas conturbadas 
Ondean ; lo^roiifos 
Relinchan a^tati^s. 

» 

VII 

Y en medio de esta escena 
Confusa, en un instante 
La mirada serena 
Cambia en volcan tonante 
Don Lope. La melena 
Se le eriza : arrogante. 
Da espuelas al castalio 
Con desorden estrano. 



i230 Htm LOPB. 



VIII 



Que Mustali se ofrece 
De repente á sus ojos, 

Y el ánimo oscurece 
Negra turba de enojos ; 

Y el pechóse estremece^ 

Y de vislumbres rojos 
Se cubren las m^'iUas, 

Y manchas amarillas. 

IX 

Ni aguard» ni medita ; 
Sanguinosa venganzi» 
Sus pasos precipita 

Y aguija su esperanza. 

<c Don Lope, » en vano grita 
Voz de amistad. No alcanza 
Su poder al c^ afcga 
Sed de sangre enemiga. 



Tal el milano hambriifttlft , 
Posado en alta roca , 
Deja raudo el asiento^ 
Si su avidez provoca" 
La víctima. Violento . 
Ya el de la hoguera toca 
Las mustthnanas filas, 
Pasmadas y tnmqitlla^i 



]>0»ao9«» ssi 



XI 



« Malsín, » dama, « perverso. 
Que con indigoo ultraje 
ManciUastes d terso 
Lustre de mi linaje : 
Follón , del universo^ 
Vil escoria, salvaje 
Marroquí, negro inmundo» 
Que execra y odia el mundo : » 

xn 


« Muerte traigo^ o mi furia 

Se estinguirá en lar muerte. 

Sangre pi4e mi injuria >, 

Derrámelft el ma^fuerté; 

De tu brutal lujvria 

Cayó víctima inerte. 

Cayó en nefa|wta:4ia 

La que fué hermaiui miá.» 

XIII 

« La que finé ¡mfo entro 
De virtml^ y anaqu» hermosa, 
Mayor^ Mlei4 adentro 
Guardaba pudorofloi 
Hasta qm en un encuentro, 
De alhajan tan preciosa 
Se hizo dueña tu mano 
Con designio^ villano.. » 



¿38 Btm LOPE. 



XIV 



<c Y como sucio insecto, 
Que el ca{mUo deshoja , 
Tu labio en soplo infecto 
Flor virgínea despoja 
De su lustre , y abyecto 
Desperdicio, se arroja 
La infeliz á la huesa, 
Que la aguardaba ilesa. » 

XV 

« Sal , forzador injusto, 
Sal,, cobarde maldito. 
Si no lo impide el susto 
Que acompaña al delito : 
Sal, que el decreto justo 
Del saber infinito 
Señaló la barrera i 

m 

De tu infame carrera. » 

XVI 

Dijo , y como la rama 
Se estremece al silbido 
De huracán que derrama 
Bóreas aterido, 
Mustali, á quien inflapia 
Ya el furor, combatido 
Por su rabia funesta , 
No atina á dar respuesta 



wns Lopji. 



xm 



Sale eriipero , y téloze 
Lope la espuela agita , 

Y al marroquí feroze 
La bestia precipita, 
Que el riesgo desconoce. 
Su audaz empuje evita 
Mustalí y se repara , 

Y al triunfo se prepara. 



XTHI 




Mas en vano*, que el ceño 
Del español no afloja , 

Y en el segundo empeño 
Su punta en sangre mc^a ; 
Ya del contrario dueño, 
Leve al suelo se arroja , 

Y lo estrecha, y agarra , 

Y el seno le desgarra. 

XIX 

Sin vida al moro viendo 
La hueste musulmana, 
Lanza bramido horrendo. 
La juventud lozana 
De Castilla, al estruendo 
Corresponde, y ufana 
Del triunfo de Don Lope, 
Parte unida al galope. 



40. 



m mu «.(WNi. 



13^ 



Chocan, ciM^ úos torrentes 
Que de mQ^itc^ lejanos 
Descuelgan sty? cprrieaíes , 
Árabes y cristianos, 
Leones ioclei^entes 
Los héroes castellanos. 
Voz de piedad ii^> esciv^h^ 
T frenétipoft U^ihaii. 

Vencen, y •ralarido 
De la victoria saana. 
Cual tr^jg^iendo estampido 
Que losaijFes atjruena. 
.Mas lúgul^re ruido 
Pronto el júbilo enfreoa, 
Y repent^JM^i ^sp^Ate 
Cambia el j^í^o «n ll^to. 

Lívido, ^1^0, IrIo 
Yace el jo.j^# B^pa$a, 
Sobre el 6^^ fgm W no 
De sangre p}^ b^^. 
Jamas d^fl^^i!^ pip 
Cumplió i]^as i¡tf)ble ^i^i^. 
Que lajime imnprt^U^^ 
Su hoguera j sn c enÁ^ji^. 



EL BASTANDO. 



AR] 



« Est-ce ma faute á moi, si mon pére n*a pas épousé 
uta mere ? » 

BBAUMARGHA18. 




Alfonso oDceDo, de infeliz memoria, (I i) 
Por baber dado & Inz ea su linaje 
Germen en que se esplaje la oratoria , 
Pintando cuanlo insulto y cuanto ultraje 
De un estado infeliz mancba la gloria ; 
Modelo de soez libertinaje. 
Uno de aquellos reyes inflnilos. 
Célebres por sus faltas s delitos ; 



240 EL BASTARDO. 

VIII 

Uuo de ellos, Enrique, de altiveza 
Dotado y de valor, en quien derrama 
Mas de un amable don naturaleza, 
Y cuyo seno en noble chispa inflama. 
No intimidado al ver que la bajeza 
De su cuna el odioso Pedro infama. 
Dijo entre sí : « Veremos si Fortuna 
Realza la bajeza de la cuna. » 



»arcilr : m; 



Era Yillena su parcmT: magnate 
Poderoso, ante el cual en lances duros 
£1 trono mismo su soberbia abate; 
Porque en aquellos siglos tan oscuros 
( Y nos parece enorme disparate ) 
Circundaban al trono espesos muros. 
Que no alzaba un montón de proletarios 
En tumultos ruidosos y precarios. 



No de mendigos una imbécil horda i 
Que suspende su rabia y sus escesos, 
Cuando aquel que maldicen, los engorda , 
O derrama eo su grupo algunos pesos i 
Sino raza feliz de gente gorda, 
Señores entonados, graves, tiesos, 
Que, dueños de vastísimas comarcas, 
Ajustaban la cuenta á los monarcas. 



BL BASTARDO. Sil 



XI 



Entonces no se hablaba de derechos, 
Ni de igualdad ; ni sabios oradores 
Daban en periodos contrahechos 
La señal de bochinches destructores. 
A la dificultad se iban derechos 
Hombres llenos de títulos y honores : 
Sí obraba el rei indócil á sus fallos , 
Lo dejaban al pobre sin vasallos. 

Mudan según los tiempos las usanzas; 

Mas nunca muda esta verdad suprema : 

No hai orden, ^si en las fuerzas no hai balanzas; 

Si lo es todo laiirba ó la diadema. 

Que enfrenen al poder cotas ó lanzas, 

O en su lugar político sistema. 

Importa cuatro bledos : lo que importa, 

Es que tenga el poder la rienda corta. 

XIII 

Nada hai entre los hombres absoluto : 

Nunca lo fué el poder, ó lo ñié un dia. 

O lo reprime un pueblo ciego y bruto , 

O el temor de exaltada jerarquía, 

O del saber el laborioso fruto 

En profunda y metódica teoría, 

O bien el confesor, ó el heredero 

Que pone de su parte al cocinero. 

11 



Enrique en m difuso cartapacio 
Cuenta sus cuitas á ViUena, y este 
Le responde : « Aquí tienes mi palacio 
Con aguerrida y valerosa hueste; 
Vente pues, y hablaremos muí despado^ 
Sin miedo de que osado contrareste 
Nuestros planes Don Pedro ; que este hidalga 
Ya sabe á la hora esta lo que valgo. » 

Manda ensillar Enrique, y parte, y llega 
Donde combate el mar con fieras iras 
Soberbia roca, fin de hermosa Tega, 
Que corona el castillo de Algecíns. 
Allí su turba armada y fiel congrega 
Yillena, que prefiere i las mentiras 
De la corte, y á cintas, y á colgajos» 
Pingües rentas y fértiles train^. 

Amor aguarda á Enrique en el regazó 
De la amistad, cual sierpe que entre flore» 
Tiende al are infeliz oculto lazo, 

Y la encadena en nudos déstraétofea. 
Amor sirve á sus miras de embarazo^ 

Y prepara ancha senda ¿ los rigores 
Del hado ; pero en cambio le asegam 
Largos años de paz y de ventora. 



BL BASTAAOO. MS 



X7II 



Entre las hijas de Villena, Juana 
Sobresale gentil, graciosa, viva : 
Como capullo virginal, lozana, 
Gomo arroyuelo juguetón, festiva. 
Su juventud espléndida y temprana, 
Dentro de aquella soledad cautiva , 
Despliega su vigor, callada y sola. 
Cual bajo espesos ramos la viola. 

Mientras mas la contempla, mas la admira 
Turbado Enrique, y respetoso calla. 
Fija en ella los ojos, y suspira^ 
Como si detuviera fuerte valia 
La pasión ardorosa que lo inspira. 
Al fin un dia aquel volcan estalla, 
Y sin mas precaución ni miramiento 
Declara su atrevido pensamiento. 

XIX 

«Infeliz I ¡ qué de males y tonnentosi) 

(Así responde la beldad sencilla) 

« Te anuncian tus fogosos sentimiento^ 

Si severa razón no los humilla ! 

Con sus enardecidos juramentos 

Tu hermano, el rei Don Pedro de Castilla^' 

Mi mano solicita. Díme ahora 

Si arrostrarás su saña vengadora. » 



344 EL BASTARIK). 

Cual se desquicia de una cumbre el cedro, 
Asi del desgraciado cede el brio. 
« El asesino de mi casa ! Pedro ! » 
Clama, y se queda como jaspe frío. 
« No á su corona ni poder me arredro ; 
No temo de su brazo el golpe impío : 
Temo una mancha horrible y afrentosa — 
Soi bastardo, y su madre ha sido esposa. » 

« Temo un rival que no me vence en gloria, 
No me vence en lo altivo y lo gallardo : 
Me vence en prenda fútil é ilusoria. 
Legilimo es Don Pedro, y yo bastardo : 
Él ostenta su escelsa ejecutoria, 

Y yo, oprimido bajo el torpe fardo 
De un origen adultere y perverso. 
La escoria voi áser del universo. » 

XXII 

«Sube á su trono : sé feliz, si puedes, 

Y mi declaración funesta olvida. 
Mientras que yo, dejando estas paredes, 
Voi á buscar un término á mi vida. 
Tejióme amor en tan pesadas redes 
Desdicha inacabable, encrudecida 

Por el recuerdo del mortal dichoso 
Que ha turbado dos vezes mi reposo. »— 



EL BÁftTÁftDO. 2i5 



XXIII 



«Generoso doncel, » le dice Juana, 
Que por Enrique ya en amor se quema, 
«No me seduce, no, la pompa vana, 
No el frágil oropel de la diadema. 
Señora quiero ser y soberana, 
No de un pueblo infeliz que gima y tema. 
Sino de un corazón como el de Enrique, 
Con quien mi corazón se identifique, o 

XXIV 

« ¿ Qué me importa de padres, y de abuelos, 
T de linajes el confuso abismo ? 
Amor para dar giro á sus anhelos, 
¿Se pone á examinar fees de bautismo? 
Lei es amor dictada por los cielos : 
To cedo á su potente despotismo, 

Y desprecio el poder de un soberano : 
Tuyo es mi corazón, y esta es mi mano.» 

XXV 

Hincase Enrique, y, al besarla ansioso 
Quiero decir, la mano), entra Vi llena. 
Contempla el espectáculo amoroso, 

Y esto dijo no mas : « Sea en hora buena. » 
Enrique, entre turbado y orgulloso, 
Quiere hablar; mas el padre lo refrena. 
«No vengas con escusas y perdones : 

Lo apruebo; mas con ciertas condiciones. » - 



ti6 BL BASTANDO. 

XXVI 

« Cuáles son ? » dice Enrique — « Que á tu heraitiio, » 

Responde, «bagamos Implacable guerra; 

Que purguemos unidos de un tirano, 

De un monstruo impuro de maldad, la tierra; 

Que de su corazón, profundo arcano, 

Do la perversidad su abismo encierra. 

No quede gota sin verter; que al trono 

Subas después, — con esto te perdono. »— 

XXVII 

(( Por hecho, » dijo Enrique : « desde ahora, 
Juro emplear mi vida en esta hazaña : 
Juro esgrimir la diestra vengadora, 
Si el valor de los buenos me acompaña. 
Pero ¿no juzgas tú que se desdora 
La altivez en que luce nuestra España, 
Si sus destinos y su cetro fía 
A un hijo de... » — « Valiente tontería, » 

XXVIII 

yillcna respondió ; « ¿ no estás mirando 
Cómo tratan los reyes esas cosas? 
El trono de Aragón alzó Fernando 
Para un hijo bastardo : las esposas 
Son, en la escena del supremo mando, 
Como alhajas brillantes y ostentosas, 
T sus hijos no quitan sus derechos 
A los que nacen en furtivos lechos. 



Bt lABTÁAOO. 917 



XXIX 



No pienso enti^r en grandes pormenores 
Sobre las consecoencfas de este trato. 
Fueron breves y dtrlees los amores 
De Enrique; sin mido ni aparato • 

Las nupcias , ni danzantes ni cantores 
(Uso tan racional como barato ), 
Pues bastan los derechos parroquiales 
Para chupar al novio ios reales. 



A las pocas semanas en Sevilla 
Cundió la especie, y Pedro noticioso, 
Cual la corte lo fué, de su mancilla. 
Bramaba como tigre sanguinoso. 
El garrote, el cadalso, la cuchilla,— 
No hablaba mas que de esto, y presuroso 
Despacha un instrumento de sus iras 
Con órdenes secretas á Algeciras. 

XXXI 

Llegó tarde el buen hombre : prevenido 
De la tormenta Enrique, no sin pena, 
Resolvióse á dejar su bien querido 

Y la mansión dichosa de Yillena. 
Era urgente tomar algún partido, 

O esponerse al suplicio ó la cadena ; 

Y asi, burlando del cruel las í^irias, 

Se embarca en un ianchon, y llega á Asturias. 



2^8 £L BASTANDO.. 

XXXII 

Por fortuna, en el pecho de su hermano 
Puso natura un corazón de fiera ; 
Pero tan vagabundo y tan liviano, 
Como la mariposa en primavera. 
Un ímpetu feroz, cual soplo vano, 
Pasaba raudo, y la beldad primera 
Que cruzaba en aquel punto su vista, 
Hacia de su pecho la conquista. 

XXXIII 

Entonces fué cuando en torrente impuro 
Se desbocó el escándalo en Castilla, 

Y de santo pudor deshecho el muro, 
Tomó prostitución la escelsa silla. 
Descubre Pedro en un rincón oscuro 
A una vil barragana, la Padilla , 

Y en sus inmundos brazos soñoliento 
Sirvió al mundo de bárbaro escarmiento. 

XXXIV 

Lodo y sangre brotaba por sus poros 
f^ infeliz madre Iberia, prodigados 
Terrenos, dignidades y tesoros, 
A parásitos viles y malvados; 
Cubierta de ignominia, y luto, y lloros 
Una reina infeliz ; menospreciados 
Los fueros de aquel alma peregrina. 
Por dar gusto una torpe concubina. 



EL BASTABOO. íí^ 



xxsv 



Hai quien llama á este monstruo justiciero. 
Profanación odiosa ! La justicia, 
O llega á dominar al hombre entero, 
O es venganza, impiedad, rabia, malicia. 
Emanación divina del venero 
De toda perfección, de la inmundicia 
De nuestras bajas liviandades huye : 
Un soplo de flaqueza la destruye. 

De su mirada, fallo de esterminio, 
Pavorosos huian los mortales. 
Buscando en la mansión de otro dominio 
Eefugio á sus decretos infernales. 
Despreciado el materno predominio. 
Se guareció María en los umbrales 
De Portugal, do el padre, inútil viejo, 
Eeinaba sin decoro ni consejo. 

XXXVII 

Como la madre de rftron lasciva. 
Empaña el resplandor de la corona, 

Y en brazos de perversa comitiva 
Al mas inmundo esceso se abandona. 

Y aunque por su belleza no cautiva. 
Siendo ya mui talluda la matrona, 
A fuerza de finezas y de dones 
Halló quien halagase sus pasiones. 



950 EL BASTABDO. 

XXXVÍH 

Fué ya su desvergüenza tan noloria. 
Que el buen padre salió de sus casillas. 
Esto lo dice la veraz historia 
( Veraz, no obstante ciertas mentirillas) ; 

Y purgando de aquel borrón su gloria, 

Y la de Portugal y las Castillas, 
Tomó el partido, entonces mui usado. 
De quitarla de en medio en un bocado. 

XXXIX 

Enrique en tanto, al paso que acrecienta 
Pedro de Iberia el odio y repugnancia, 
El ancho giro á su ambición aumenta, 

Y da á su pretensión mas arr(^ncia. 
Escaso de hombres, y de influjo, y renta. 
Con algunos amigos se va á Francia, 

A probar de la suerte los estremos; 

Y no le fué mui mal, como veremos. 

XL 

Entonces era Francia lo que^a sido 
Por siglos largos, lo que entonces era 
Toda la cristiandad ; confuso nido 
De vicio, de maldad, de saña fiera, 
Donde triunfaba el adulterio erguido. 
Ya en clase humilde, ya en augusta esfera ; 

Y el rapto, el homicidio y la ponzoáa 
Reinaban desde Mancha hasta Gascona. 



m. BASTAIDO. tSf 



XLI 



El opresor erüel de los Templarios 
Dejó en tres herederos, tres maridos. 
Cuyos vínculos fueron seminarios 
De la infidelidad. Los dos sufridos : 
No el otro, que sin mucbos formularios. 
Viendo su honor y lecho corrompidos, 
Premió de Margarita la torpeza 
Entregando al yerdugo su cabeza. 

XLII 

Hija suya también era Isabela, 
Que de Inglaterra el trono contamina. 
Ck>ntra el débH esposo se rebela; 
Lo engaña, lo traiciona y lo asesina. 
Su corazón, que sangre y muerte anhela» 
La patria envuelve en llantos y en ruina. 
Promoviendo con pérfidos engaños 
Encarnizada guerra de cien años. 

¿ Son estos por ventura los anales 
(Dirá alguno al leer estos horrores ) 
De hotentotes, caribes ó esquimales ? 
Se trata de cristianos ? — Sí señores : 
Eran cristianos firmes y leales, 
Sumisos á sus padres confesores, 
A cuyos pies, humüdes como el polvo, 
Lloraban al oir — Ego te oftwlvo. 



25a EL BASTARDO^ 

XLIV 

Pero el clero ( dirán también ) qué hací 
Dirigir de esta máquina los ejes ; 
Someter toda clase y jerarquía 
Con el arma terrible — Per me rege»; 
Pasar en dulce holganza todo el dia ; 
Cazar venados y quemar herejes; 
Dar á la población grandes aumentos, 

Y fundar catedrales y conTentos. 

XLV 

Enrique llega á Francia en coyuntura 
Critica por demás, que á los franceses 
De las armas la suerte adversa y dura 
Prodigaba infortunios y reveses. 
El rei Juan lo recibe con ternura. 
« Ya tienen en tu brazo los ingleses 
Quien les apriete la corbata,» dijo, 

Y lo trató amoroso como á un hijo. 

XLVI 

Ya inundaban ingleses batallones, 
Con el nombre de Crecy envanecidos. 
De occidente las fértiles regiones, 

Y lloraban los pueblos oprimidos. 

La Francia entera acude á los pendones 
Del rei Juan. Los magnates aguerridos, 
Los príncipes y duques, los primeros 
Son que ofrecen al trono sus aceros. 



EL BASTARDO. S58 



XLYII 



Horrible fué y Iremenda la jomada 
De Poitiers ; no eran hombres, sino fieras. 
De Francia la nobleza esterminada ; 
Prisionero el monarca ; sus banderas 
En polvo hundidas ; al inglés doblada 
La estension que fecundan las riberas 
Del magnifico Loira ; ni vislumbre 
De esperanza en tan negra pesadumbre. 

XLVIII 

Salvóse Enrique por milagro, y viendo 
Que aquello no le ofrece gran ganancia, 
Se quedó pensativo, discurriendo 
Cómo salir y para qué de Francia. 
Era la ociosidad un mal horrendo 
Para sus ilusiones y arrogancia ; 
Para obtener el cetro á toda costa, 
No podia vivir sino es en posta. 

XLIX 

i Cuál su júbilo fué, cuando le avisa 

El rei aragonés que tiene guerra 

Con Don Pedro ; que allá se vaya aprisa, 

Y que de lo contrario el golpe yerra ! 
Tornóse el mal humor en blanda risa : 
Llega volando á la anhelada tierra ; 
Presenta al de Aragón fiel homenaje, 

Y le jura perpetuo vasallaje. 



ÜH BL BikSTAJtDO. 



I Qué estaba haciendo Pedro, mientra feíervia 
En luchas sanguinosas su íh)ntera ? 
Consumando una horrenda fechuria. 
Que del mismo Nerón no se creyera. 
Aunque en el lazo criminal yacía 
De la Padilla, hermosa cual artera. 
Quiso á este drama dar un episodio, 

Y escitar contra sí mas y mas odio. 

ti 

Como luce en remota altura un astro, 

Y aparta su fulgor de humana vista, 
Tal en honda quietud Juana de Castro, 
A quien temprana viudez contrista. 
Espléndida beldad oculta. El rastro 
Descubre Pedro, quiere que en la lista 
Figure de sus victimas ; mas halla, 
No un pecho mujeril, una muralla. 

tti 

Amenaza, suplica, Uora, jnra, 

Se ablanda, se enfurece— todo en vano ; 

Juana se obstina como jaspe dura, 

Y desprecia el poder del soberano. 
En fin, aquel perverso se aventura, 

Y de esposo le ofrece pecho y mano^ 
Protestando con labio fementido, 

Que Blanca no es su esposa ni lo ha sido. 



BL BASTAROO. MS 



un 



Y para no dejar la menor duda, 
Llevando á cabo el criminal esceso, 
Presenta al otro día á la yidda 

De nulidad el integro proceso, 
Que formó en un instante con la ayuda 
De un reverendo obispo algo travleéo. 
El que entonces regia en Salamanca, 
Hizo este gran servicio á Doña Blanca. (15) 

tiv 

Contenia el maligno cartapacio 
Declaraciones, vistas, juramei^tos 
De los hombres primeros de palacio ; 
Consultas y otros varios documentos; 

Y sentencia, en que, al fin de un gran preláeiOy 
Atestado de impíos ai^umentos, 

Todo fundado en falso testimonio. 
Anulaba el obispo el matrimonio. 

íAr 

A este golpe la hermosa vo lesi^. 
A qué mujer no aturde una corona? 
¿ Cómo ha de sospechar el lance triste 
Que de la Iglesia nn principe sanciona? 
£1 prelado de capá $e revi^, 

Y un crimen á otro crímeti adiciona. 
Autorizando con sagrado rito 

Un execrable y bárbaro delito. 



856 EL BASTARDO. 

LTI 

No trato de pintar las agonías 
En que después la mísera se lanza, 
Cuando al cabo de tres ó cuatro días 
Pedro le dice : « Todo ha sido chanza : 
Satisfechas están las ansias mías. 
De tu orgullo pueril tomé venganza : 
Con quien gustes de hoi mas puedes casarte 
Yo me voi con la música á otra parte. » 

Lvn 

Ya viendo tan sacrilegos dislates 

Y corrupción tan despechada y fiera, 
Muchos de aquellos tímidos magnates 
De Castilla abandonan la frontera. 
Parte quieren tomar en los combates 
Que de Aragón ilustran la bandera, 
Esperando ademas que el bravo Enrique 
La causa que defienden, justifique. 

LVIII 

En la falda silvosa del Moncayo 
Fué donde decretó la Providencia, 
Que Enrique y Pedro hiciesen el ensayo 
De aquella abominable competencia. 
Como desciende el fragoroso rayo, 

Y al mundo da terror con su violencia, 
Tal Enrique en la lid destroza y mata, 

Y en ciego ardor furioso se arrebata. 



EL BASTABDO. S57 



LIX 



No á las eras futuras antícipo 

Lo que otra lira mas sonora cante. 

Estos, de odio fraterno horrendo tipo, 

Que no hai pecho sensible á quien no espante, 

Dejando atrás la fama que de Edipo 

La raza impía ennegreció, distante 

Región presentan á la Musa mia, 

Escelsa por demás á su osadía. 

LX 

Yo no siento interés, sino fastidio 
En tanto horror, en siglo tan perverso : 
Otro, cuyos aplausos no le envidio, 
Su maldad perpetúe en noble verso ; 
Retraze aquel horrendo fratricidio 
Que asombró en Montiel al universo, 
Y absuelva al que inficiona tal mancilla, 
Porque fundó en Toledo una capilla. (16) 



-oS€&>- 



14. 



LAS DOS CENAS. 



-^Qi^- 



« Look here, upon this picture» and on this. » 

Shakespeare. 




No sé qué impulso irresistible muevo 
Mi inspiración afuera del camino 
Que á mi fortuna señaló el desuno. 
Fácil, sencilla, descuidada j leve 

Describió en rinia bi«ve. 
Sin aspirará órnalo peregrino. 
Las impresiones blandas y lijeras 

Que en bosques y praderas 
¥ en solitario estudio recibía ; 



963 LAS DOS CEICAS. 

Huyendo de las frases altaneras, 

De la sonora y alta gallardía, 

Con que ingenios noveles 
Ganaron sus laureles. 

Huyó en el mundo de elevados puestos : 
En asilos modestos , 
Do virtud sin mancilla 
Y do amistad sencilla 
Fijaron su q^orada ; 
AHÍ donde gp brilla 
T'ia amhjgíBai^ahadtt. 

m siguió nin WPp ep i j f 

Que su espontánea hicllnaciiQ||) ÍbM^ 
Por benigna inteocioa y ánimo puro. 

Asi , versista oscuro, 
No fueron mis asuntos las contiendas, 
En que al genio del mal implas ofrendas 
Las naciones tributan, cuando aflojan 

A enemistad las riendas , 
Y con fraterna sangre el suelo mojan. 
Ni sonó en los alcázares dorados 

Mi ritmo, ni ensaUados 
Fueron por mi los dueños de la tierra, 

Felizes en la guerra, 
O en magníficos ocios circundados 

De espléndidos prestigios. 
Ni adusto pensador, en los vestigios 

De las eras remotas, 
Diformes bustos y colunas rotas 



LA9 DOS CENAS. 

Busqué grandes lecciones y escarmientos. 
En leve estrofa, humildes sentimientos 
Tímido preludié, como en las notas 
Blandas que mayo inspira, 
De amor el ave, y de placer suspira. 



II 



Mas un poder oculto, 

Por senderos lejanos, 
Me llevó al vasto templo donde el culto 
0e la naturaleza y sus arcanos 

Se abrieron á mis ojos. 
De su inmenso poder las maravillas, 
De sus tremendas iras los despojos 
Estático admiré. Vi las orillas 
De inmensos ríos, y subi á la cumbre 
De portentosa cordillera. En mares. 
Do vierte igual el sol ardiente lumbre , 
Lo vi cubrir los anchos valladares 
Del horizonte, ya de ricos velos 
De púrpura y carmín, ó ya de fajas 
De mil variados visos, que los cielos 
Ceñían, y perdíanse en las bajas 
Líneas de oeste en nubes estupendas. 

Luego en pomposas tiendas 
De estensas hojas y de espesas ramas, 
La selva equinoccial me dio acogida. 

Do las perenes llamas 
Del sol respetan la mansión ceMda 



26i LAS SOS CENAS. 

De aromas y frescura ; 
Y elevando su cúpula atrevida 
Los palmeros, sostienen en la altura 
Tallos ajenos y prestadas flores. 

De mares interiores, 
Que de los Andes la infinita nieve 
Forma, en torrente undoso trasformada, 
Surqué las ondas en barquilla leve , 
Por suaves alientos impulsada. 
Yi en numerosas islas intrincada 
Yegetacion cubriendo la ruina 

De antiguo monumento, 
Que elevado por gente peregrina, 
De imperio vasto indica el fundamento 

Misteriosos anales 
De un poder, cuyas leyes paternales 
Abrazaron magníficas regiones. 
Del Ecuador al proceloso Estrecho, 

Y no existe : deshecho 

Bajo altivos pendones, 
Símbolos de las glorias de Castilla. 



III 



Tanta belleza y tanta maravilla 
Desataron de súbito en mi mente 

De exaltación potente 
Yigorosos empujes, y olvidando 
De inspiración humilde el curso blando, 
Busqué tipos grandiosos, como aquellos 



LAS DOS GEICAS. S6S 

Que admiraba en carrera vagabunda ! 

Meditación profunda , 
Donde verdad sus candidos destellos 
A mis ojos lanzase ; estrepitosas 
Convulsiones de gentes y de estados ; 

Batallas sanguinosas. 

Tronos pulverizados; 
Estos vestigios tristes de ilusoria 
Grandeza, y de poder flaco y mezquino. 
Con que espanta á los hombres el Destino, 

Y que guarda en sus páginas la historia. 
Ya otra vez en incultas narraciones 
Bosquejar emprendí con mano osada 

La escena ensangrentada, 
Negros crímenes, pérfidas traiciones ; 

Y aunque cual antes la callada selva 
Con antiguos recuerdos me convida, 

A esfera mas snbida 
Quiere la inspiración que dócil vuelva. 

Sígneme, buen lector, si no te enoja 
La variedad de tonos y de estilos 
Que adopta el numen en su giro vago. 

Y si de fama ilustre me despoja 
Torva censura con acerbos filos. 

Mas que el ruidoso halago 

De públicos favores. 
Leves guirnaldas de marchitas flores, 
Me placerá indulgente simpatía 
De una musa jovial, como la mia. 



M6 LAS DOS GBNAS. 



IV 



Satisfecho de Enrique el fiero encono , 
Mientras espanta al pueblo su delito» 
De su exasperación acalla el grito 
Y osado ocupa el vacilante trono. 
Lo ayudó la ambición de los magnates. 
Sedientos de riqueza y despotismo; 
Empero ante sus pies se abre un abismo 
De discordias, intrigas y combates. 
Sus vecinos conjúranse en su daño; 

La traición y el engaño 
Lo rodean; rebeldes poderosos 
Su poder amienazan, y su vida 
Va á ser una cadena entretejida 

De males horrorosos. 
Activo y fuerte , acude adonde estalla 
Mas cercano el peligro; y donde quiera 

Nuevos peligros halla. 



Castilla entonces era 
De la tribu altanera 
De ricos-hombres victima infelize ; 
Cuya ciega codicia y arrogancia 
De los pueblos agota la sustancia, 
Y el poder del monarca contradice. 
Enrique los implora en su defensa; 
Mas no sin generosa recompensa 



LAS DOS CBNA8* Wt 

Le prestan sus servicios : que no adulan 
Al poder, sino cautos estipulan 

Inmensas donaciones 
De estados, y de villas, y pensiones. 
A tanto esceso sube aquel infausto 
Tráfico, de arterías torpe feria. 

Que del tesoro exhausto 

Corrupción y miseria 
Brotando como fétidos raudales. 
Llenan la anchura de la triste Iberia. 

De las pompas reales 
Desnudo el trono, y del estemo brillo, 
Se embotó de las leyes el cuchillo; 
Y eludir y burlar el poder regio. 
Era del grande noble privilegio. 



VI 



Tal vez por aliviar la grave pena 
Que el corazón de Enrique despedaza, 
En la espesura de la selva amena 

De la afanosa caza 
Busca la agitación. Dóciles perros 
Lo siguen ; y por llanos y por cerros. 
La astuta liebre y el lijero gamo 
Con incansable obstinación molesta : 
O en las ardientes horas de la siesta 

Suelta el diestro reclamo, 
Y con el arcabuz apercibido, 
Bajo frondosas ramas guarecido, 



36(( LAS DOS CBICÁS. 

Observa cuándo asoma 
La tórtola, el faisán ó la paloma. 

VII 

Tan mal afortunado en ca/.eria 

Fué Enrique como en mando ; 
Pues anheloso á vezes y sudando, 
Por llanos y por rocas discurría, 
Y por bosque y maleza, 
Sin dar con una pieza. 
En grave asunto y leve circunstancia 
Se muestra de la suerte la constancia, 
Guando á un mortal sus tiros endereza. 
Guerrero ó cazador, rei ó vasallo, 
Todos penden rendidos de su fallo; 

Y fuerza es renunciar, si ella se encona, 
Lo mismo á la perdiz que á la corona. 

VIII 

Cierto dia, á principios del verano. 
Durante largas horas corrió en vano. 

Sin dar al ocio treguas. 
Por un áspero monte muchas leguas, 
Siendo de sus esfuerzos infelizes 
Único galardón seis codornizes. 
Débil, rendido, macilento y lacio, 
A mas de anochecer llegó á palacio ; 

Y arrojándose en un sillón mullido, 

Con acento abatido 



LAS DOS CENAS. MO 

Por improba faena. 
Manda que traigan sin tardar la cena. 
A este precepto acude el mayordomo 
Con abatida faz, pasos de plomo, 
Trémulo labio y espresion confusa, 
Cual hace siempre el inferior que piensa 

En su propia defensa, 
Dando al agravio favorable escusa. 
«Vuestra Alteza,» le dice cabizbajo, 
« Solo puede cenar de lo que trajo. 
Que no hai mas, ni en cocina ni en despensa.» — 
« A ese estremo ha llegado mi penuria ?» 
Dice el rei, comprimiendo mal la furia 
Que iba á estallar en voto y en blasfemia. 

Pero el hambre lo apremia, 

Y su yugo severo 
Lo mismo al rei oprime que al pechero. 
« Si no hai mas, » le responde, « como dices, 
Pon en el asador las codornizes. »— 
«Vuestra Alteza,» contesta el mayordomo, 
« No sabe lo demás : ni un leve asomo. 

Ni vestigio, ni seña 
Hai en palacio de carbón ni leña, 

Y ni un maravedí tengo en el arca. »— 

« Empeña este gabán, » dice el monarca ; 

Y de la vestidura se despoja 

Y de despecho en lágrimas la moja. 



870 I.AS DOS CE?FAS. 



IX 



Fué sin duda la cena poca y triste; 
Y solo en ella el mayordomo asiste, 
Sin que sirviese camarero ó paje, 
Para que no cundiese aquel ultraje. 
El leal mayordomo, hombre provecto, 

A quien por el afecto 
Que desde su niñez al rei tenia, 
Estrañas libertades concedía. 

Viendo con cuánto empeño 

Devoraba su dueño 

Aquella cena parca, 
Esclama enternecido : « ¡ Que un monarca, 
Que ha vencido enemigos prepotentes, 
A tan escasa cena se limite. 
Mientras que sus vasallos insolentes 
Devoran en opíparo convite 
Del oprimido pueblo la sustancia! 
¡ Que sobrelleve Enrique la jactancia 

De esos vanos proceres, 
Que nadan en delicias y placeres, 
Mientras él, que postró fuertes naciones, 
Gomo el mas infeliz de los villanos, 
Adquiere lo que come, con sus manos ! » 
Agrian tan bien sentidas espresiones 
De Enrique los rezólos; averigua 

Del hecho escandaloso 



héS DOS GEVA». 271 

La verdad ; y fiándose á laaotígua 
Fidelidad y al ánimo zaioso 

De aquel noble criado. 
Sale en su compañía disfrazado. 



El diestro mayordomo facilila 

La oculta entrada en la mansión que habita 

Lara, el tremendo Lara, 

£1 perpetuo caudillo 
De abierta rebelión; el que prepara 

La tea y el cuchillo, 
Para que triunfe su ambición proterva. 
El rei en elevada galería, 
Que el comedor magnífico cenia, 
Desde oscuro rincón calla y observa. 
Eran ciento, entre obispos y barones, 

Y abades ó infanzones 

Y de rango inferior, los convidados. 
De Persia los espléndidos brocados, 
Sujetos con dorados medallones, 
Pomposos ornan el altivo muro. 

En grandes candelabros de oro puro 
Cirios enormes de olorosa cera 

Perfume y luz derraman ; 

Y delicado lienzo, que recaman 

En guarnición lijera 
Seda, joya y metal, la mesa cubre. 
Amontonan en ella los criados 



878 LAS DOS €BNAS. 

Manjares delicados, 
Como en las huertas el copioso octubre 
Vierte profuso delicadas pomas. 
Llenan el ancho ambiente los aromas 

De vianda esquisita, 
Y de plata bruñida en honda jarra 

El néctar de Navarra 
Charla ruidosa y confusión escita. 

Aquel bárbaro lujo, 
Que desde el Asia la Cruzada trujo, 
Mezclando á la crudeza la molicie, 
T ornando con dorada superficie 
Torpe ignorancia y condición sangrienta. 
Por donde quiera allí su gala ostenta. 



XI 



Da el reí apenas crédito á sus ojos, 
Viendo cuan implacables los despojos 
De España los magnates sacrifican ; 
Pero crecen de punto sus enojos. 
Oyendo cuan impávidos se esplican, 

Y de sus mismos crímenes blasonan 

Y su suprema majestad baldonan. 
Uno pondera en narración exacta 
Sus olivares, sotos y cortijos : 

Con mas necio impudor otro se jacta 
De tener tres apoyos en tres hijos. 
Que en armarse no tardan, 
Si el reí no les concede lo que aguardan. 



LAS DOS CENAS. 273 

Un obispo ( no sé si el de Sigüenza ) 
Llevó algo mas allá la desvergüenza. 
« Si Enrique, » dijo, « quiere cercenarme 

El diezmo y la primicia, 
No llegará á sus cofres .un adarme; 
Si tenaz permanece en su injusticia. 
Contra su autoridad armaré al vulgo; 

Y si se obstina mas, lo descomulgo. » 

Oyó Enrique estas cosas, 

Y otras oyó no menos afrentosas ; 

Y cuando ya turbados y beodos 

A un mismo tiempo deliraban todos, 

Y alto rumor, como huracán deshecho, 

Resonaba en el techo 
Del anchuroso espacio, 
Con el criado fiel vuelve á palacio. 

XII 

En penoso desvelo 
Pasa la noche Enrique. De la altura 
Donde lo colocó benigno el cielo. 
Derrocado se vio por mano impura. 
Cual vil usurpador; envilecida 
Su augusta majestad ; contra su vida 

Yió esgrimidos puñales, 

Y en infinitos males 
Envuelta la nación, debajo el peso 
De aquellos opulentos opresores. 
De pronto disipados sus temores, 



274 LAS DOS CENAS. 

Resuelve poner fía á tanto esceso, 
Vindicando su afrenta 

Y la gloria del trono en que se sienta. 
Propio es del hombre que abatido cede» 

Ignorar lo que puede : 
Un mal paso á otro malo nos conduce; 
Una debilidad tras otra llega, 

Y así la voluntad dócil se entrega 

Y á mecanismo ciego se reduce. 

Mas si en choque de vario pensamiento 
Súbito en lo interior la razón luce, 

Cual resorte violento, 

Desata el albedrío 
Con fuerza estraña nuevo poderío. 

XIII 

El sol apenas en oriente brilla. 
Guando los reyes de armas de Castilla, 
A quienes estas diligencias tocan, 
Nobles y obispos ante el rei convocan. 
« Su Alteza, » dice el ancho pergamino, 

« Velando de contino 

Por sus fíeles vasallos, 
Quiere de gran conflicto presérvanos. 
Nuevas le han remitido harto siniestras, 

Con equívocas muestras 

De aparatos hostiles 

Y discordias civiles, 
Triste anuncio de grave desconcierto. 



LAS DOS CBÜ AS. 175 

T para proceder con mas acierto, 
Desea consultaren casos tales 
Nobles, obispos y hombres principales. » 
Todos ellos acuden á la cita, 
Pues si el rei sus servicios necesita 
En defensa del reino y su decoro. 
Los tendrá que pagar á peso de oro. 
Ya todos juntos, ábrese una puer^, 

Y en un salón que admite luz incierta. 
Observan que con pica y alabarda, 

Los circunda y los gnarda 
De adustos veteranos fila doble. 
Salir entonces quiere obispo y nd^le ; 
Pero con gesto mudo y ñ*ente torva 
La prevenida guardia se lo estorba. 

Y luego su pavor de punto crece, 
Cuando en el fondo del salón parece 
Cierto desconocido personaje, 

Que á guisa de salvaje 
( Tal su sañudo enojo lo demuestra), 
Esgrime un hacha en la robusta diestra. 
Con razón tembló al verlo su malicia : 
Era el ejecutor de la justicia. 

XIV 

Dos horas de rezelos y temblores 
Allí pasan obispos y señores ; 
Sus miembros el pavor liga y embarga, 
Y del remordimiento 



276 LAS DOS CENAS. 

La pesadumbre amarga 
Gomo estatua los fija al pavimento. 
Cabizbajos, humildes, siu aliento, 
Temblando aguardan que indignado Enrique 
A su justo furor los sacrifique, 

T que en suplicio infame 
Su sangre vierta y su baldón proclame. 
Sale Enrique por fin, y frente á frente 
Se coloca y los mira, cual valiente 
Toro, que julio abrasador agita, 

Y el ataque medita 

Y mide con la vista á su contrario. 

« De vuestro orgullo necio y temerario 
Ya estáis, » les dice, « recogiendo el fruto. 
¿ No habéis cubierto á la nación de luto 

Y al trono de ignominia ? ¿ No habéis hecho. 
Con pérfida artería y vil cohecho, 

Tráfico de mis dones ? ¿ No os maldice 
España, por vosotros infelize ? 
No habéis sacado á la cuitada el jugo? 
Pues bien, hora escuchad : este verdugo. 
Que alza el hacha tremenda á vuestra vista, 
La cerviz cortará del que resista. 
O cedéis ó morís : ó esos estados. 
Vilmente por vosotros usurpados, 
Devolvéis sin demora á mi dominio, 
O aquí se sellará vuestro esterminio. » 
Dijo, y volvió la espalda ; y los cuitados 
Acuden presurosos al ministro 
Con ruego ansioso y tímida plegaría; 



LAS DOS CENAS. 277 

Y logran que en el público registro 

La cesión Yoluutaria 

De aquel despojo insigne 
Con los ritos legales se consigue. 



U9 



PEDRO NIÑO, 



-<^>^- 



(( Fallé un buen caballero, mereciente de honra é 
fama, cerca de aquellos que pugnaron por llegar á 
palma de Tictoria. » 

Gbónigá de Don Pedro Niño. 




Suspende el curso audaz al pensamienlo, 
Filósoro sagaze, y un tnomenio 
Deja que se estravlen tus miradas 
Fuera de las regioues aparuidas, 
En que Gel i tu empeño t« sublimas. 
Ed los mótiles cuüdros que eu mis rimas 
Con pobre adorno la verdad presenta, 
La ardua faiiga de pensar ahuyenta. 
Docta muestra es la razou, si caula, 



282 PEDRO NIÑO. 

Siguiendo humilde la severa pauta 

Que una inefable autoridad le fija, 

Lleva adelante su labor prolija. 

Empero la razón débil y flaca 

¿ De dónde el jugo que la nutre, saca ? 

Cuál debe ser su estudio ?— El universo, 

Ya en favorable curso, ya en adverso, 

De los sucesos la corriente mane; 

Ora de alegres flores se engalane. 

Ora se cubra de ásperas espinas:: 

Sin hechos y sin datos no hai doctrinas. 

Buscas la perfección? ¿Bse problema, 

Que con aguda hipótesi y sistema 

Grecia intentó solver, y nanea pudo? 

¿ Quieres que el hombre, de pasión desnudo, 

Pase incontaminado las inmensas 

Penalidades de la vida ? ¿ Piensas 

Darle en precepto sabio y esquisito 

Fuerza con que lo apartes del delito, 

Si del placer traidores embelesos 

Lo envuelven en su lazo, ó los escesos 

De sus fogosos ímpetus amanses ? 

En tan ardua faena no te canses : 

Siempre ha regido al mundo un gran resorte 

De estímulo potente. La cohorte 

Privilegiada, que el nivel desprecia, 

Bajo el cual se resigna turba necia, 

Siempre apartó sus pasos del camino, 

Por donde el vulgo estólido y mezquino 

Ciegamente transita ó vaga incierto. 



FBDRO NIÑO. t83 

El pórtico, y el claustro, y el desierto 
Testigos fueron ya de esa energía 
Que por diversas sendas se estravia. 
De dignidad sedienta y de mejora : 
Tal vez sublime en sus aciertos; y ora. 
Juguete ciego de protervo encanto, 
Cubriendo al mundo de ceniza y llanto. 
Si hoi se jacta severo el raciocinio 
De regir con despótico dominio 
Los adeptos del culto que proclama, 
Sed afanosa de respeto y fama. 
Fidelidad á santos juramentos 
Asombraron al mundo con portentos ; 
Cuando no el raciocinio laborioso, 
Sino conjunto vario y caprichoso 
De usos y leyes duras y groseras, 
Opuso á la maldad altas barreras. 
Yo que el saber, humilde y fiel acato, 
En intensa delicia me arrebato, 
Cuando en épocas bárbaras y duras 
Claros modelos de virtudes puras 
Los anales del mundo me presentan ; 
Cuando la fuerza y el poder ostentan. 
Para imponer á la violencia susto, 
Firme resolución y empeño justo. 

Tú, que doctrina mas profunda enseñas, 
Si narración humilde no desdeñas, 
Oye la que del polvo de un archivo 
Sacó de un español el zelo activo. 



88i PEDRO KllfO. 



(. 



Cuando Don Juan, el Inrante 
De Portugal, en quien brilla 
Grande valor, fe constante. 
Nombre y honor sin mancilla , 
Con escuadrón arrogante 
Vino de paz á Castilla, 
Donde con pompa esmerada 
Don Enrique le dio entrada; 

II 

Consigo trajo una estrella 
Que eclipsaba á la mas pura : 
Doña Beatriz, su hija bella, 
Flor de gracia y hermosura ; 
Mas tan rebelde doncella. 
Que el padre en vano procura 
Darle un ilustre marido. 
De los mil que la han pedido. 



FBDftO NIÑO. 885 



III 



Porque de Aragón y Francia, 
Nayarra y otras naciones, 
A jurarle fe y constancia 
Vienen potentes barones. 
Mas ella con arrogancia 
Contesta en breves razones, 
Insensible y altanera, 
Que en vano espera el que espera. 

IV 

En Valladolid convoca 
Don Enrique á la grandeza, 
A quien el empeño toca 
De lucir gala y riqueza; 

Y la emulación provoca 

Su vanidad, cuando empieza 
A ostentarse en galanteos, 

Y en saraos, y en torneos. 



Pasan alegres los días ; 
Gastan profusos tesoros 
En ruidosas cazerias. 
Bailes y fiestas de loros, 
Y en valientes correrías 
De cristianos y de moros, 
Ck>piando al vivo los lances 
De historias y de romances. 



M6 PBDBO NIÑO. 



VI 



Llega en tanto un caballero 
Portugués, á quien la fama* 
Como inventíble guerrero, 
Sin par en la lid proclama. 
Fatal es siempre.su acero 
Al que en combate lo llama; 

Y por brioso y robusto, 
A un gigante diera susto. 

VII 

Y el renombre de Castilla 
Su vanidad tanto hiere. 
Que con toda la cuadrilla 
Justar á caballo quiere. 
Sin mal odio y sin rencilla. 
Salga al campo el que saliere, 
A los mas fuertes y altivos 
Hará perder los estribos. 

VIII 

Afikniten los castellanos, 

Con venia de Enrique, el reto, 

Y se aperciben ufanos 

A salir de aquel aprieto; 

Y reciben de albas manos. 
Besándolas con respeto, 
Bandas de varios colores. 
Prendas de tiernos amores. 



PE0kO NlifO. ftr 



IX 



Siéntase en la galería 
Que ornan ricos tafetanes, 
La vistosa compañía 
De damas y de galanes. 
Al resonar la armonía 
Del clarín, los alazanes 
Tascan briosos los frenos, 
De ardor generoso llenos. 



En un cordoves trotero, 
Suelto, gallardo, atrevido, 
Se presenta el caballero. 
De fino acero ceñido. 
Verde y blanco es el plumero; 
Y en el escudo bruñido 
Lleva grabado este mote : 
Naon faz poueoqinm m$ hote, 

%i 

Saluda al concurso atento 
Con la cabeza y la mana; 
T sale cortando el viento 
Un adalid castellano. 
Empieza el choque violento ; 
Pero el esfuerzo era vano. 
Que pronto dejó la silla 
£1 guerrero de GasUlla. 



288 PEDRO NIÑO. 



SU 



Sale el segundo, y certero 
Maneja la diestra lanza; 
Mas cayó como el primero 
Y no valió su pujanza. 
Promete mas el tercero 
Que vigoroso se avanza ; 
y aunque tarda en ser vencido, 
Mide el suelo confundido. 

XIII 

pi que después se presenta, 
Maneja un caballo pió, 
T en su marcha grave y lenta, 
Prudencia demuestra y brío. 
Firme en la silla se asienta; 
Tanto, que al verlo el gentío, 
Fija atento la mirada 

Y aguarda lucha empeñada. 

XIV 

Parten, y el primer envite 
Una y otra lanza quiebra ; 

Y el castellano repite, 

Y dobla al otro, cual hebra 
Delicada, en otro quite. 
Con grande aplauso celebra 
La muchedumbre la hazaña 
Que promete honor á España. 



PBDmo Nifto. ssgu 



XV 



De nuevo empiezan la justa 
Portugués y castellano; 

Y aquel, con la faz adusta, 
Creyendo el triunfo cercano, 
La apretada lanza ajusta. 
Mas halla una diestra mano 
Que intrépida le resiste, 

Y con otro golpe embiste. 

XVI 

Sigue otro lance reñido, 
Siguen ataque y defensa, 

Y el portugués precavido 
Ya solo en cobrarse piensa. 
El castellano atrevido 

Y animado por la inmensa 
Gritería, el acicate 

Con nuevo ardimiento bate. 

XVII 

Por dar fin á la pelea , 
Gritando al caballo escita. 
Que, dócil al que lo emplea, 
La carrera precipita. 
El portugués titubea, 

Y otra vez el pueblo grita, 
Viendo su caballo suelto 

Y al ginete en polvo envuelto. 



S90 PEDRO NIÑO. 



II 



Una dama portuguesa, 

De aquella hazaña testigo, 

Y á quien en el alma pesa 

La derrota de su amigo. 

Dijo : « No fué noble empresa ; 

Mal procedió el enemigo : 

Ni fué valor, sino maña, 

Lo que ha dado el triunfo á España. »< 

II 

« Callad vos, » dijo la Infanta, 
En alto enojo encendida ; 
« Ginete de mejor planta 
Nunca pareció en corrida. 
i, Quién vio gallardía tanta, 
Ni acción tan bien sostenida ? 
¿ Cuándo ha visto el mundo entera 
Mas cumplido caballero ?» 



PEDRO NIÑO. Wl 

111 

Sale entonces recatado 
ün paje que está presente, 
Mucho en la corte estimado, 

Y del vencedor pariente. 

Lo encuentra ; lo aparta á un lado, 

Y le relata fielmente 

Con voz que el afecto inflama, 
Lo que dijo aquella dama. 

IV 

Y él responde : « ün caballero 
No aspira á gloria mas pura, 
Que la que el labio sincero 
De una dama le asegura. 

De hoi mas por la Infanta muero; 

Y mi fiel afecto jura 
Por el cielo soberano. 
Que seirá suya mi mano. » 



A solas en su retrete. 
Lleno de fuego amoroso. 
Traza un discreto billete, 
Comedido y respetuoso. 
Mano y corazón promete ; 
Y está de llamarse ansioso 
(Si merece gloria tanta) 
Caballero de la Infanta. 



SOi PED&O NIÑO. 



VI 



« Lo que al alma aprisionada, » 
Le dice, « ofreceros toca, 
Lo sostendrá con la espada, 
Con la pluma y con la boca : 
Buena fama, bien ganada, 
Pecho firme como roca, 
Y honra pura como armiño : 
Vuestro esclavo — Pedro Niño. » 

VII 

Recibe la Infanta él pliego, 
Que altamente su ira enoja. 
« ¿ Quién es el que loco y ciego, 
A tanto empeño se arroja ? » 
Dice turbada ; mas luego 
Siente enardecida y roja 
La mejilla, y avasalla 
Su ardor, y suspira y calla. 

VIH 

Pasó la noche dispierta. 
Pensando que fuera ultraje 
Tan inesperada oferta. 
De su nombre y su linaje. 
Por la mañana á la puerta 
Viendo de servicio al paje, 
Le diz : « Menino discreto, 
Cúmpleme hablarte en secreto. » 



PBBSO NIÑO. 293' 



IX 



Luego á preguntarie empieza, 
Quién es el desacordado 
Que con baldón de su alteza 
Tal mensaje le ha enviado. 
Dice el paje : <c Vuestra Alteza 
De este su humilde criado, 
Que honra con tanto cariño, 
Sabrá quién es Pedro Niño. » 



« Pedro Niño es el guerrero 
Mas audaz que vio Castilla, 
Pues nunca emprendió su acero 
Contienda sin decidilla. 

A Enrique en combate fiero 
Ganó su fuerte cuchilla; 
Gloria c[ue hoi al mundo espanta. »• 
« Prosigue, » dijo la Infanta. — 

XI 

« Delante de Pontevedra , 
A un jayán que allí vivia, 
Fuerte y duro como piedra, 
Temerario desafia. 
Blas nada su pecho arredra ; 
T aunque doncel todavía, 
Con nunca vista fiereza 
Le partió en dos la cabeza. » 



39i PEDttO NIÑO. 



XII 



(( Eu las ilustres arenas 
Donde floreció Gartago, 
Por las huestes agarenas 
Sembró el terror y el estrs^o. 
Las empinadas almenas 
Se rendían al amago 
De su espada, y la fortuna 
Postró de la Media-luna. » 

Xlll 

(( Guando las anchas riberas 
Del Guadalquivir maltrata, 

Y villas, y sementeras 
£1 atrevido pirata ; 
Niño con fuertes galeras 
Lo acomete y desbarata, 

Y el imperio de las olas 
Dio á las armas españolas. » 

XIV 

<( Hecha de Francia la liga, 
Gon una escuadra potente 
Al Briton tenaz ostiga, 

Y dobla su altiva frente. 
Salta en la playa enemiga, 

Y contra la turba ingente 
Gombate, la vence y doma, 

Y dos grandes islas toma. » 



PBOBo mvo. tBi 



XV 



« La vo» en Francia estendida 
De hazañas tan superiores, 
El reí francés lo convida, 
Y bienes le da y honores. » -* 
(cBuen menino, por tu vida. 
Refiéreme sus amores, » 
Así interrumpe la Infanta, 
« Con la señora aUmranta. »— 

xn 

ft En una noMe alquería 
Que adorna espeso follaje, 
El almirante vivia : » 
( Prosigue el cuento el buen paje ) 
« Mosen Amao de Tria, , 
Hombre de pro y de linaje. 
De alto brío y buen consejo; 
Pero ya achacoso y viejo. » 

XTII 

« Janela, su tierna esposa 
( Mejorando lo presente ) , 
Linda, bien hecha y graciosa. 
Vive allí penosamente. 
Pero su ahna candorosa. 
Que liviandad no consiente. 
Ni abríga intención bastarda. 
La fe sin mancilla guarda. » 



^m FB»EO mifo. 



XVIII 



« Pedro allí bien acogido, 
Sus altas dotes revela. 
Bien visto por el marido 

Y estimado de Janela. 

Pero á buen tiempo advertido. 
Grave peligro rezeia. 
De que en culpable embeleso 
Pierda la razón y el seso. » 

XIX 

« De aquellos nobles franceses 
Amistoso se despide; 

Y en la capital dos meses 
Bien obsequiado reside. 
Do con señores corteses 
Las armas y el valor mide, 

Y halaga á las damiselas 
Con danzas y cantinelas. » 

XX 

cr Guando en tan grato recreo 
Pasaba el tiempo, recibe 
De la almiranta un correo. 
Que grandes nuevas le eihibe. 
Con vivas ansias deseo y 
Aquella dama le escribe. 
Vengáis á verme al instante. 
Pites ha muerto el almirante, x- 



no mifo. Mr 



XXI 



« T después de ese mensaje, 
¿ Yió á quien tanto lo enamora? 
Pregunta Beatriz; y el paje 
Le contesta : « Si señora : 
Hizole tierno homenaje, 
Pero lo demás se ignora. » 
La Infanta con ceño oscuro 
Dijo ; « Ya me lo figuro. »— 

XXII 

« Mas ayer con gran respeto, » 
Pronto el paje le replica, 
« En un mensaje secreto. 
Su intención le significa, 
Que á mas elevado objeto 
Sus afectos sacrifica, 
T que perdone Janela, 
Si por otra se desvela. » 

XXIII 

Entre risueña y airada. 
Diz la Infanta : « Buen menino, 
Tu plática bien fraguada 
Muestra tu ingenio ladino. 
Mas te aprovecha de nada ; 
Que he de ser de acero fino 
Contra amorosos estremos. » 
Y el paje dice : « Veremos. » 



PE01M> NlMOé 



III 



Irritado el ardimiento 
De Pedro Niño, procura 
Declarar su pensamiento 
A aquella ingrata liermosura. 
Mas ella evita su intento ; 

Y á la humildad y ternura 
De sus miradas altiva 
Vuelve la faz, y se esquiva. 

II 

Mas tanto crece la fama 
De Pedro, que su ruido 
Donde quiera oye la dama, 

Y su loor repetido* 

Y mientras mas se derrama 
Prez que fué tan merecido, 
Más la ocasión huye diestra; 
Más obstinada se muestra» 



PEDRO mico. 



III 



Cabalga la Infanta un dia 
Por la tupida alameda, 
Que con bóveda sombría 
La oscura noche remeda. 
Su galana compañía 
Largo tramo atrás se queda ; 

Y ella, de riesgo segura, 
Entra sola en la espesura. 

IT 

Sale un hombre de repente 
De las ramas de la orilla, 

Y ante Beatríz reverente 
Pone en tierra la rodilla. 
«No rechazes inclemente,» 
Dice, « de un alma sencilla 
Los rendidos homenajes; 
No con desprecios ultrajes» 



« Al que en mas de uO' dnPd encuentro. 
Con no mezquinos varones, 
Dio señal de tener dentro 
Sublimes aspiraciones. 
De ellas tú, divino centro, 
¿ Será justo que baldones 
Con invencibles desdenes 
Al que ya sin vida tienes?» 



300 PBDftO KINO. 



VI 



Y en Arase mas estendida 
Su vivo afecto pondera, 
Con plegaria bien sentida 
Que una roca enterneciera. 

Y al notar algo movida 
La mirada antes severa, 
Majestuoso se levanta, 

Y se aproxima á la Infanta. 

VII 

La rienda toma en la mano, 

Y al dócil caballo guia 
Hasta un bosque allí cercano. 
Donde una fuente corría. 
Bajo un arbusto lozano 

Que exhala grata ambrosia, 
Se alzaba en mullido lecho 
Verde y ftorido repecho. 

• VIII 

Apéase allí la hermosa ; 
Niño el brazo le presenta, 

Y turbada y ruborosa 
Sobre las flores se sienta. 
Con la plática amorosa, 
Que Beatriz callada alienta, 
Dando impulso á su osadía. 
Pasa el tiempo y muere el dia. 



PBBBO NIÑO. 301 



IX 



Dice al fin la Infanta : «Conde 
De Buelna, ya me venciste^ 
Que en yano mi pecho esconde 
La llama que en él prendiste. 
Mi labio fiel te responde 
De mi corazón : supiste 
Triunfar de un orgullo vano ; 
Dueño serás de mi mano. » 



« Mi libertad ha sufrido 
Muí mas de un combate recio. 
Como piedra he resistido, 
Pagando amor con desprecio ; 
Mas ya que te he conocido, 
Mi Yida no tiene precio, 
A menos que con la tuya 
Cual mansa corriente fluya.» 

u 

« Ea ti solo encuentro el brio, 
En ti solo la altiveza, 
Que plantó en el pecho mió 
Benigna naturaleza. 
No han doblado mi albedrio 
El poder ni la riqueza ; 
Mas á proceder tan noble 
Fuerza será que se doble. » 



9MI PCDRO Niño. 



XII 



<(Tu alma empero necesita 
Temple duro cual diamante ; 
Que no es dable que permita 
Nuestra amistad el Infante, t, — > 
<f Si el infierno se concita,» 
Responde Pedro arrogante, 
« Contra mi amoroso empeño, 
No importa : serás mi dueño. » 

XIII 

Tras mutua y sincera oferta» 
T juramento amoroso. 
Modo y dia se concierta 
Para el enlazo dichoso. 
Por una escusada puerta 
Entrará el feliz esposo, 

Y obispo fiel y discreto 
Los bendecirá en secreto. 

XIV 

Tnvo la noche siguiente 
Lugar la unión deseada. 
Gallada y modestamente 
En capilla retirada. 
Consiguió el joven valiente 
La recompensa anhelada; 

Y obtuvo la Infanta bella 
Un esposo digno de ella. 



PBi>mo vmo, toa 



IV 



Cual seca y lánguida mata, 
Después que pasa el invierno 
T abril sonríe, desata 
Frondosa el vigor interno 

Y robusta se dilata 

En hoja y capullo tierno. 
Dando ensanches á la vida 
Que antes guardaba escondida ; 

II 

Tal Beatriz, desde que siente 
De amor la benigna llama. 
Muestra en su mirar ardiente 

Y el carmin que se derrama 
Por su faz, que interiormente 
Pasión activa la inflama, 

Y sin temor que la oprima. 
Todo su ser reanima. 



3^ PEDBO. NIÑO. 



III 



El Infante, que la acecha 

Y el grave suceso ignora, 
No sin enojo sospecha 

Que algún galán la enamora. 
Una borrasca deshecha, 
O mas bien devoradora 
Sierpe, en su seno se abriga, 
Que su existencia atosiga. 

IV 

Y mas viendo que afanados 
Renuevan la antigua instancia 
Opulentos potentados 

De Aragón, Castilla y Francia, 
Que se dan por agraviados 
De la severa arrogancia , 
Con que sus votos rendidos 
Son por la Infanta acogidos. 



Llamándola á su presencia, 
Dícele : « El tiempo es venido, 
En que elija tu prudencia 
Entre tantos un marido. 
Culpable es la resistencia, 
Pues la clase en que has nacido, 
Te impone el precepto justo 
De sacriOcar tu gusto. »— 



PEDRO NmO. 305 



TI 



« Mi clase, señor, » replica 
Con entonada reserva, 
<f Si mi gusto sacrifica. 
Me pone al nivel de sierva. » 
£1 padre, á quien mortifica 
Tanta obstinación, y observa 
Que ella firme se sostiene , 
Su cólera no retiene. 

VII 

Mientras mas del padre crece 
La destemplada censura, 
Mas resuelta ella parece 

Y en no ceder mas segura. 
Su pecho no se estremece 
Cuando el Infante le jura, 
Que antes que nazca otro dia. 
Postrará su rebeldía. 

VIH 

Responde Beatriz : « Ta es tarde, 

Y ocultarlo no rezelo : 
Esposo de que hago alarde, 
Tengo, que me ha dado el cielo. 
No penséis que me acobarde 
Tímida en vil desconsuelo ; 
Con él dolor y abandono 
Prefiero al brillo del trono. » 

41. 



306 PBD&O ]»IHO. 



IX 



Cuando su disco levanta 
El sol al siguiente dia, 
De Valladolid la InfanU 
Bien custodiada salia. 
En una lorre que espanta 
Por triste, fuerte y sombría, 
Colocada en alta sierra, 
Don Juan airado la encierra. 



Pedro enfurecido brama, 
Tierno amante y fiel esposo ; 
Mas Don Enrique lo llama, 
Su protector generoso, 

Y así le dice : « Esa dama 
A quien turbaste el reposo , 
Tiene un padre á quien estimo 
Por aliado y por primo. » 

XI 

«Agraviado de tu arrojo, 
Me ha dado sus justas quejas. 
Puedes temer un sonrojo, 
Si cauto no te manejas ; 
Mas yo calmaré su enojo. 
Si de estos muros te alejas 
Hasta que el tiempo lo ablande, 

Y vengas cuando yo mande. » 



KDRO SINO. 907 



XII 



Al castíUo de Zamora 
Se va el pobre caballero. 
Donde crece de hora en hora 
Mas firme su ardor primero. 
Doña Beatriz que lo adora. 
Con seguro mensajero 
Manda y recibe papeles, 
De mutuo amor prendas fieles. 

ZIII 

Un dia tras otro día 
Pasan asi los amantes, 
Y el afecto no se enfría 
De sus ánimos constantes. 
Pedro enfrenar no podia 
Sus impulsos arrogantes ; 
Mas es fuerza sacrifique 
Todo al precepto de Enrique. 

XIV 

También le ruega su esposa 
En una carta discreta. 
Que á la suerte rigorosa 
Resignado se someta, 
Pues por su parte, animosa. 
Mayor desventura reta, 
Fiel al santo juramento. 
Mientras le dure el aliento. 



308 PEDRO mno. 



XV 



Mientras la vida cnitada 
Pasan dama y caballero, 
Una poderosa armada 
Cruza en la boca del Duero. 
A la orilla amenazada 
Acuden noble y pechero, 
Viendo cuánto se avecina 
Destrucción, muerte y ruina. 

xn 

Porque está mal defendida 
La tierra contra los moros, 

Y la corte empobrecida 
Sin armas y sin tesoros. 
Corre la gente afligida ; 
Suenan lamentos y lloros, 
Viendo erizadas las popas 
De armas, banderas y tropas. 

XVII 

Toma la morisma tierra ; 
Sembrado y villa recorre. 
Porque en tan infausta guerra 
Nadie al mísero socorre. 
La gente armada se encierra 
Dentro de castillo ó torre ; 

Y ya en Portugal no queda 
Quien salir al campo pueda. 



FBDRO muro. íK)9 



XYIII 



Viendo el rei que se va á pique, 
Vuelve al Infante los ojos, 
Encargándole que á Enrique, 
Con gran empeño y de hinojos 
Ruegiie, moleste y suplique. 
Para evitar que en despojos 
Caiga del vil mahometano 
La herencia de un rei cristiano. 

XIX 

Tan inesperada y cruda 
Noticia llega al Infante. 
Ni en Castilla hai quien le acuda 
En conflicto semejante. 
Pide á Don Enrique ayuda 
De caballero y de infante, 

Y mas le insta á que le preste 
Un buen caudillo de hueste. 

XX 

«El que mas puede ayudarte, » 
Dice el rei, « aunque lo sienta 
Tu orgullo, el que igual á Marte 
Siempre en la lid se presenta, 

Y el portugués estandarte 
Lavará de toda afrenta, 
Dándole renombre eterno ; 
Es Pedro Niño, tu yerno.» 



$10 PBDBO NIHO. 



Enténces Don Jaaa sañudo. 
De irritación gestos hace. 
Dice el vei, diestro y agudo- : 
<c GoDoaca que no te place. 
Él pudiera ser tu escudo; 
Mas si no te satisface. 
Deja que ese noble ¡mperio 
Caiga en tiiste eamtiverío. » 

XXII 

(( Con tal que una grave ofensa 
Castigues como es debido, 
¿ Qué importa- que sin defensa 
Quede tu reino oprimidid'? 

Y si el rei tu bermano piensa 
Que asi lo bas desatendido, 
Respóndele tú severo, 

Que tu bonor es lo primero. x> • 

XXIII 

« Tiemblo al oir tu relato, » 
Don Juan alterado dice; 
« En seguir el arrebato 
De mi cólera, malbice. 
Ya de corregirlo ti'ato : 
Venga Don Pedro, y feiize, 
En su amor premiado sea 

Y triunfante en la pelea. » 



PEDRO IflÜO. 311 



XXIV 



Y nadie eslrañe que en gente 
Poderosa y elevada 

Se cambie tan fácilmente 
Resolución empeñada ; 
Pues la desgracia presente 
Hace olvidar la pasada, 

Y si fortuna^i enoja , 

El hombre mafliüerte afloja. 

XXV 

Sigue la historia diciendo 
Que volvieron los amantes, 
Que hubo un convite estupendo, 
Que dieron fiestas brillantes; 
Que luego en combate horrendo 
Vencedoras y triunfantes 
Las falanges portuguesas. 
Hacen al moro pavesas. 

XXVI 

Y sigue de aquel guerrero 
Contando la ilustre vida, 

De quien guarda el orbe entero 

La fama bien merecida. 

Mas yo aquí suspender quiero 

La relación mal tejida, 

Para que en docto volumen 

La emprenda mas diestro numen. 



/ 



jR. 



DON WPLICARPO. 



r^*- 



(cSustine. » — Máxima estoica. 
<f Aguanta. » — Traducción! libre. 



14 



4 




Figúrese el leíAor ea ana viHa, 
Triste ; maE empedrada, como todas 
Las de la parte interna ile Castilla 
(Begfoo do Dunea penetraron modas), 
Un caserón estenso, qnc no brilla 
Por tustes eriegos, sf por a nnas godas ; 
Su cumbre una pirámide de lejas, 
T zelosfas por adorno j rejas. 



316 DON POLICARPO. 

II 

Jardín abandonado, mustio, seco, 
En que nacieron hace un siglo flores ; 
Patio enclaustrado de estendido hueco 
Con restos de antiquísimas labores ; 
Piezas vacias, donde el dócil eco 
Arremeda ios vientos triscadores; 
Y algunos muebles de nQ|d^tiguos 
En ios departamentos ij^^Eguos. 




Tal era la mansión en que la vida. 
Sin ambición, ni miedo, ni esperanza, 
Pasaba, no envidiada ni temida, 
Don Policarpo Antúnez de Carranza. 
Su inclinación llevaban dividida 
Moderna ilustración y añeja usanza, 
A guisa de las dos causas diversas, 
Que idolatraban los antiguos persas. 

IV 

Por una parte, en bella ejecutoria 
Sus abuelos ilustres consignados, 
Traian de continuo á su memoria 
Grandes servicios, hechos esforzados. 
Por otra parte, no juzgó ilusoria. 
Ni indigna de sus hechos elevados. 
La dicha que disfrutan los mortales 
Con las instituciones liberales. 



DON POLICABPO. 317 



Ecbaba menos de su noble raza 

Los timbres, ei boato y el decoro, 

Y conservaba ilesa una coraza, 

Que hizo mas de una vez temblar al moro. 

Mas al fijar las mientes en la traza 

Con que hoi del pueblo se preserva el oro 

Por medio de un fj^É^o presupuesto, 

Decía allá entre sí ^^Bor es esto. » 




Solía comparar eras con eras 

Y usos con usos. «Es verdad, » decía, 
« Que en el siglo catorce á las banderas 
De España la victoria iiei seguía. 

Pero en cuanto á modales, qué groseras! 
I Qué falta de elegancia y simetría 
En muebles, en convites y en ropajes ! 
En estas cosas éramos salvajes. » 

VII 

«La pujanza, es verdad, de daga y puño 
Daba al ultraje enérgicas respuestas; 

Y nadie con Don Alvaro ó Don Ñuño 
Podía impunemente andarse en íiestas ; 
Pero la ilustración del nuevo cuño 
Nos ahorra estas prácticas funestas, 

Y desde que tenemos garantías. 
No se ven en el mundo fechurías. » 



818 IM>If F01.1fiAB»0. 

TIII 

i( Eran nuestros abuelos mui formales^ 
Infatigables en cualquier empresa; 
Y antes faltara el polo á sus quiciales, 
Que ellos en el cumplir una promesa. 
Mas, sobrios ora, y ora mazorrales, 
En los sociales gozes de la mesa, 
No aclimataron nunca eujgttbra España 
Beef-steak, ni rabióles, ^^^nipaña. » 




«También es cierto que en el grupo vasto 
De la plebeya multitud se erguía 
El noble, mas orondo que un canasto, 

Y mii adoraciones recibía. 

Mas para mantener el lujo y fasto 
Que tan escelsa elevación pedía, 
Estaban los criados de hambre muertos, 

Y á vezes se empeñaban los cubiertos. » 



« Desde que á los trabajos dio la moda 
Sobre honores y alcurnia preferencia, 
El que trabaja, está siempre de boda, 

Y el que no es mas que noble, en indigencia^ 
Antes bastaba con la sangre goda 

Para subir un hombre á la eminencia; 

Y en nuestros dias el que no trabaja, 

Pan seco y duro come, y duerme en paja. » 



DON POLICAKPO. 319 



XI 



a Qué es mejor ? el progreso, ó la rutiaa ? 
Ir adelante, ó mantenerse quieto? 
¿Sangre ilustre y doméstica ruina, 
O Til linaje y el bolsón repleto? 
¿ Quedarse un hombre atrás, mi^tras camiiu 
La sociedad, y tímidoy sujeto 
Enfangarse en mii^^B en errores. 
No mas que porq^^^BltMre priom ? » 

^^ xn 

Entre un sistema asi y otro sistema 
Nadando en incesantes confusiones, 
Se consumía el héroe del poema 
En las mas complicadas reflexiones. 
Quién ha de resoWer este problema? 
¿ Quién dará norma fija á sus acciones 

Y punto á un yacilartan inconexo? 
Quién habla de ser ? £1 otro sexo. 

XIII 

Casóse, como noble, por poderes 
Con mujer á quien nunca tío la cara : 
€omo si en este mundo las mujeres 
Fueran alguna mercancía rara. 
Que asi se liguen dos humanos seres^ 
Solo porque uno es Gómez y otro Lava, 
Fiándose en ajeno testimonio, 

Y que esta unión se Uame matrinoDío ; 



320 DON POLICARPO. 

XIV 

T que del corazón se den las llaves 
A quien no se conoce, ni de vista, 

Y permanezca en vínculos tan graves 
Un infeliz mortal, mientras exista; 

Y que estas leyes han de ser suaves, 
Porque asi se le antoja al canonitsta ; 
Confieso con verdad que^^Bentiendo. 
Asi está el mundo : vai^^^Kíguiendo. 

De la novia un pariente muí cercano 
Se la condujo al pueblo en que vivia. 
Pues no habiéndola visto de antemano. 
No era mucha la prisa que tenia. 
Ella no era un prodigio soberano 
De hermosura : tampoco era una arpia : 
Una de estas mujeres infinitas 
Que ni se llaman feas ni bonitas. 

XVI 

Pero tenia aquel anzuelo ó gancho, 
Que mas que la beldad, liga y sujeta ; 
Arte de dominar en campo ancho. 
Que no hai dificultad que no someta. 
Con esta nota su opinión no mancho ; 
Antes la califico de discreta. 
Al mujeril dominio todo cede, 
Y cada cual domina como puede. 



DON POLICABPO. 321 



XVll 



Dueña de las potencias y sentidos 
De quien no le oponía resistencia 
(Por ser cosa frecuente entre maridos 
Quedarse sin sentido ni potencia), 
Criada de la corte en los ruidos. 
Acostumbrada al brillo y concurrencia, 
Yió con horror el ^^^alojamiento 
A que la condena^^^Hamiento. 




XVIII 



Y con aquel acento que avasalla 

Y no deja lugar á la respuesta, 

« Fuera, » dijo, <c ridicula antigualla : 
Fuera ese goticismo que me apesta. » 

Y mientras el marido observa y calla, 
Ella al ataque y destrucción dispuesta, 
A la cabeza de un tropel de mozos 
Hace en los muebles bárbaros destrozos. 

XIX 

Bajan rotas al suelo colgaduras 
De damasco, biombos, cenefillas. 
Armarios con dorados y molduras. 
Retablos, canapés, bancos y sillas ; 
Estampas, papeleras y pinturas. 
Soperas, jarros, platos, escudillas ; 

Y aquella furia, con sus manos propias, 
Hizo pedazos veinte cornucopias. 




3i9 DON POUCARFO. 

Terminado el oficio de la escoba 
En remover escombros y fragmentos, 
Ricos muebles de mármol y caoba 
Ornan los trasformados aposentos. 
Pabellones chinescos en la alcoba; 
£n el salón magníficos asij 
Al testero dos lunas co| 
Por donde quiera, bron^^^^^tales. 

XXI 

En el estudio del querido esposo. 
Que á ella le pareció de escuela rancia, 
Se coloca un estante primoroso, 
Lleno de libros que produjo Francia. 
«Aquí,» ella dice, «puedes afanoso 
Salir del hondo abismo de ignorancia, 
£n que la gente de Castilla inculta 
Mas y mas cada dia se sepulta. » 

XXII 

El buen marido, dócil al mandato 
De aquella irresistible criatura, 
Pone esclusivamente su conato, 
T pasa todo el tiempo en la lectura. 
No aspira á la opinión de literato; 
Más modesto es su plan : solo procura 
Revlndicar la fama de Castilla 
Y ponerse al nivel de su costilla. 



mem volicabm. 8S8 



XXIH 



Para obtenerlo, impávido se arroja 

A devorar sus libros impaciente : 

No hai ciencia, no hai doctrina que no escoja ; 

Sin distinción en todas clava el diente» 

En su cerebro infatigable atoja 

Masa confusa, varia, incoberentc 

De opiniones contrariáis y diversas : 

Buenas las unas son, otras perversas. 

XXfY 

Da un salto de la historia á la novela ; 
Del Derecho romano á la poesía : 
Ora un economista (o desvela , 
Ta de un comentador la algarabía. 
Hoi por fijar una ecuación anhela ; 
Mañana una cuestión de teología ; 
T de la descripción de un raro anfibia 
Pasa á las estrategias de Polibio. 



I3nas vezes la triste patología 
Con imágenes negras lo alucina ; 
Otras, al estudiar la craneologia. 
Llegar á ser profeta.se imagina ; 

Y luego el catecismo de la Logia 

A la ciencia de Hiram su mente inclioav 
De Víctor Hugo lo enajena el. ritmo, 

Y luego la invención del logaritmo. 



384 DON POLICABPO. 

XXVI 

Y mientras él con tanto afán calcula, 
Compara y piensa, inmóvil en su silla, 
Su intrépida mujer cambia y anula 
Las antiguas costumbres de la villa. 

A las mozas y mozos inocula 

En el vals, la mazurca y la cuadrilla. 

Ya desprecian su honrada parsimonia, 

Y se lavan con agua de Colonia. 

XXVII 

A las pocas semanas se apercibe 
Una revolución la mas completa. 
Al Diario de modas se suscribe 
La mujer del alcalde, gran coqueta. 
£1 sofá en toda casa se recibe 
£n lugar del asiento de vaqueta ; 
Sillas inglesas en lugar de albardas, 

Y levitas en vez de capas pardas. 

XlVIII 

La regeneración que presta cunde 

Y hace mudar de aspecto á cada cosa, 
Grande entusiasmo en Policarpo infunde 
Por el mérito raro de su esposa. 

No echa de ver cuan rauda se difunde 
La miseria con vida tan costosa, 
Ni cuan desordenada está la villa. 
Que era piedra de escándalo en Castilla. 



DOH POLICARPO. 335. 



XXIX 



Ni la guerra civil que á los maridos 
Suscitan conjuradas las mujeres, 
A quienes ya parecen reducidos 
Los gajes mensuales de alfileres ; 

Y con esto los pobres, distraídos 
De sus acostumbrados quehaceres, 
En su interior envían al infierno 
Estraña innovación y uso moderno. 

XXX 

Bien dicen los filósofos : In medio 

ConsUtit virtuSf — máxima trillada, 

Que del hombre infeliz fuera remedio, 

A todas sus acciones aplicada. 

En unos entusiasmo, en otros tedio ; 

Aquí y allí pasión exagerada : 

Así juzgan los hombres, y asi vemos 

Que siempre se colocan en estremos. 

XXXI 

Esa cuestión ridicula y añeja 

De modernos y antiguos, bien podria 

Divertir, cual divierte una conseja. 

Tal cual desocupada fantasía. 

Lo que la ilustración nos aconseja 

Y apoya la esperieucia cada dia. 
Es elegir las cosas mas sensatas 
Sin examen de tiempos ni de dalas. 



XtíiXt 

Hoi con teoazidád tncban dos sectas, 
Que no se dan cniartel, ni oyen razóties. 
Personas que blasonan de provectas, 
Se casan con antiguas opiniones, 
Gomo las mas seguras ^ perlféctaSé 
Otras, en relumbrantes clausulónos. 
Solo llaman loable, justo y bello 
Lo que del nuevo cuño lleva el sello. 

XXXIII 

O todOy ó nocKa,— tienen por divisa 

Las dos contrarias buestes. Quien se muda 

Una vez por semana de camisa, 

T dice : « Dios os guarde, » al que estornuda ; 

Y cuando dan las doce va de prisa, 
Porque el puchero aguarda ;— ese no duda 
La secreta virtud del silogismo 

Contra la irreligión y el ateísmo. 

XXXIV 

Y al revés, el que anuda la corbata, 
A los dibujos de Paris sujeto, 

Y con frailes dominicos no trata. 

Ni de un en folio penetró el secreto ; 
Ese el vigor de su pulmón desata. 
Describiendo el bismut y el soUureto^ 

Y en el vapor las esperanzas ^ja 

De que el género bumano se corrijti» 



DOK POLICABPO. 3S7 



XXXV 



Y lo peor del caso es que trascieade 
La disputa á las leyes generales, 

De que la dicha de los hombres pende, 

Y en vez de dicha les resultan males. 
Cada adversario su principio estiende 
Foera de sus barreras naturales, 

Y al fin se encuentran en un punto mismo ; 

Y este punto cuál es ? Es un abismo. 

XXXTI 

Parten de dos principios encontrados 
Servil y liberal. El que mas puede» 
Aplica sus remedios ponderados 
A la masa infeliz que calla y cede. 
£1 otro con ataques esforzados, 
Logrando destruirlo, le sucede, 

Y en la contienda del vaivén infausto 
Dejan al pueblo, como corcho, exhausto. 

XXXVII 

Tal vez, cuando frenético se encumbra 
Mas el desorden, plácida y risueña, 
Moderación prudente nos deslumhra 
Con las fáciles máximas que enseña: 
Sabido es el manejo que acostambra. 
Cuando en gustar á cada cual se empeña* 
Sus reciprocas pérdidas reparan, 

Y á mas acerbas luchas se preparqn. 



328 DON POLICARPO. 

XXXT11I 

Que la moderación también propende 
(Siento decirlo) al mal. Cuando del yícío, 
Que en todo estremo nota, se desprende, 
Ella se arroja en otro precipicio ; 
Contrarias pretensiones desentiende ; 
Burlarse de uno y otro es su ejercicio. 
Puesta en el hipomoclio, qué resulta ? 
En nulidad inerte se sepulta. 

Responderá el filósofo optimista : 
« Esa es moderación? ni por asomo : 
Es imposible que tal cosa exista 
Sino en limites justos. » Pero cómo ? 
Todo hombre moderado es teorista. 
Si lo conceden, á mi cargo tomo 
Probar que en estos casos la teoría 
Es una garrafal majadería. 

XL 

La de Don Policarpo llegó á punto 
De perder la razón : púsose enfermo, 
Cabizbajo, amarillo, cejijunto. 
Parecía en verdad un estafermo 
Con algunos ribetes de difunto; 
O mas bien solitario, que en el yermo 
Disipa crudo los vitales brotes 
A fuerza de cilicios y de azotes. 



DON POLIGARPO. Zi» 



XLI 



En C9S05 semejantes, cuando el tedio 
De la vida nos cansa y nos oprime ; 
Cuando el mal nos suscita crudo asedio, 

Y oprimida en su red el alma gime; 
Solo queda un asilo y un remedio : 
La Religión— raudal puro y sublime, 
De donde mana en perenal corriente 
Solaz al corazón, luz á la mente. 

Don Policarpo, en yez de la alta senda 
Que allá conduce, desde el suelo bajo 
Ceñida el alma con innoble venda, 
Prefirió, como dicen, el atajo. 
Dejando á la ilusión floja la rienda. 
Creyó salir del misero trabajo, 
lazándose en el torpe y hondo abismo 
De la superstición y el fanatismo. 

XLIII 

Fué el atormentador de su conciencia... 
No sé— clérigo ó fraile— poco importa. 
Hombre de disciplina y abstinencia ; 
Mas su vista mental debió ser corta. 
De estos que á la doctrina y á la ciencia 
Llaman veneno que el infierno aborta, 

Y ven en el estudio el solo origen 

De las desgracias que á la tierra afligen. 



380l IKHI- «OUCARPOt 

XU». 

« Libros franceses^ «.esclamó, rogiendo: 
Cual hiena furiosa» « ¿No se inflaoia 
Rayo voraze y. destructor.? GorriendoH-n 
Perezcan todos en activa llama» »> 
Don Policarpo, á fallo tan tremando, 
Pensando en los.arranques de madama» 
Temblaba como tímido >cord€un»; 
Pero la salvación es lo primero* 

XIiV. 

Va á su casa, y con calma torva y.fria. 
Manda á un mozo llenar sendo canasto 
De lo que acumuló su librería. 
Después de tanto esmero y tanto gasto. 
En un pilón que en el corral babia 
Formó de libros un recinto vasto. 
Madama á la sazón en la tertulia 
Le decía á un Saiut-Preux : «Yo seréJuUat»'. 

XLYI 

Ya en su caletre la razón se apaga, 

Mientra en su mano seco hachón se enciende : 

La llama aplica, que lijera y vaga, 

Donde quiera que toca, rauda prende. 

Por el inmenso grupo se propaga 

La destructora combustión, y asciende 

Por todas partes el incendio infausto; 

Al genio del error digno holocausto. 



MMV FOLICAMFO. 3H 



XLTII 



Allí de Mably 7 sa pesada escn^, 
Propagadora de la gran doctrina 
Que en la esfera social todo ni?eia, 

Y no sabe crear, si no armina ; 
Que en la feroz Bspafta nos reyeh 
El máximum del bien, j nos destina 
Frugales mesas y desnudos lomos ;-^ 
Quedaron en cenizas dos mil tomos. 

XLTIII 

De D'Holbach los narcóticos escritos, 
Donde el error en formas mazorrales 
Conduce al hombre á bárbaros delitos. 
Se tornan chicharrones infernales. 
Allí mueren folletos infinitos 
Del padre de los cultos liberales, 
De Constant, que un humazo negro esconde 
Junto al Conservador del gran Tizconde. 

XLIX 

Y tú, Cerina ! tú también f ¿ la gracia 
De tu estilo no basta? No : en tus hojas 
Tremenda chispa sus furores sacia ; 
Ya se chamuscan fétidas y re^s» 
Pudiste merecer tanta desgracia?- 

Tú, que en la inspiración la pluma ni(^{aft, 
¿ Cedes, cuitada, al torbellino negro ? 
Pues, como soi cristiano, que 



332 DON POLI CARPO. 



¿ Para qué declaraste insana guerra, 
Mujer, al hombre que deplora el mundo; 
Al que, cual numen adoró la tierra, 
Al que al malo inspiró terror profundo ? 
Las perlas ricas que tu pluma encierra, 
No debieron ornar ídolo inmundo; 
Ni te hizo el cielo dones esquisitos 
Para adular hinchados parásitos. 

LI 

Allí cien escritores romanescos 
De novelas, ensayos, melodramas, 
Anglomanos, exóticos, tudescos. 
Desparecieron en vorazes llamas : 
Imitadores frios y grotescos ; 
Fabricantes de insípidas proclamas; 
Que en vano escalar quieren la alta cima. 
Donde el cantor de Ofelia se sublima. 

LII 

Ya consumado el horroroso incendio. 
Entra la esposa, y en raudal henchido 
Vierte la execración y el vilipendio 
Contra el devoto y mísero marido. 
Él, de resignación frió compendio, 
Sin alterarse aguanta el estallido; 
Ella en sangriento insulto se desboca, 
Y él le coatesta cual pelada roca. 



DON POLICÁBPO. 333 



Lili 



« Separación, » esclama furibunda, 
Desgarrándose el chai y las polleras ; 

Y él, inmutable en su quietud profunda. 
Le responde : <c Hija mia, como quieras. » 
Dirá tal cual lector :« Qué buena tunda ! » 
Policarpo seguia otras banderas. 
Empalagado ya de aquel consorcio. 

Vio el cielo abierto cuando oyó -^Divorcio. 

LIV 

Oigan ustedes cómo acaba el cuento. 
Muchos años después, el buen Carranza 
Murió siendo donado de un conyento, 

Y era de aquel convento la esperanza. 
Su preciosa mitad, alto portento 

De fino gusto y mujeril pujanza. 
Según relieren, terminó la vida 
En la calle de Atocha recogida. 



-o8<e>- 



EL PRIMER 

CONDE DE CASTILLA. 



-<^-t»- 



(( Octavio. Quién así cambió su estrella? 

Turpin. Ella. 

Octavio. ¿Y quién fué su sostea 

En sus males? 
Turpin. Ella. 

■Octavio. ¿Y quién 

Rompió sus prisiones? 
Turpin. Ella. 

Octavio. Válgate Dios por doncella ! 

No hai fiera mas arrojada 

Que doncella enamorada. » 

Un Ingenio de esta corte. 



338 EL PBIHEB COTfDE DE CASTILLA. 

II 

Mas que la edad, un frío aburrimiento, 
Y mas que el desengaño, la fatiga 
De un reinado cuidoso y turbole&to 
La antes famosa actividad mkiga. , 
Pésale el curso de los años lento,; 

;Suiatetar9erilo<«orazon noabrtga 

^^tmorü^mmap^peñii niígoze ; 

*^i amor, ni envidia, ni ambicioi»«Moce. 

III 

'Wrtiosos yaeen.onnaiiriKi oscura. 
Cual rotos muebles ó nmchitas flores. 
Broquel ^iiespada/iinnaf^drmadura, 
En tanto fiero empeño vencedores. 
Ni el alazán recorre la llanura 
Tras gamo ó liebre : duermen los azores 
Lánguidos en la percba : en el retrete 
No resuena el bullicio del banquete. 

IV 

Sancha no lejos de su padre crece. 
Sin recibir caricias de su mano. 
Bien que de fresca juventud parece 
Ya en sus mejillas el vigor lozano. 
Pero en vano el retiro la oscurece. 
Cual rica joya en tierra vil, y en vano 
Triste y austera soledad limita 
La inquietud generosa que la agita. 



1SL Pjqil^B COIfDE DE CMTILI^A. 339 



La condesa Matilde la acopafKip^, 
Dama de ingenio agudo y gran r^peto, 
Que el rei condujo de región estiaña, 
De su cordura y razonar discrelo 
Prendándose en T«lo6a. Y en Espsma 
Obispos é infanzones- e|i secreto 
Imploran reverentes sus ayiso3, 

Y los adoptan fieles y sumisas. 

Ella de Sancha el corazón dirige 
Con habla grave y amistoso zelo; 

Y en aquel abandono que la aflige, 
Matilde es su esparainza y su consuelo. 
De su meditación el curso rige, 

Para evitar que tome osado vuelo, 

Y en peligrosas fanta^s halle 
Deseo que la inquiete y ia avasalle. 

Tal puede reprimir, |a débil caoia 
Del aliso la fuerza del torrente, 
Que de la alta cerviz del Giuadarrama 
Se desploma espumoso y prepotente. 
Ya en aquel seno-jAveoil. ja Uama 
Prendió de afecto puro ; ya vehemente 
Busca, sin encontrar quién «e la indique, 
Objeto á que.su«irdor -se comunique. 



3i0 EL PRIMER COrfDE DE CASTILLA. 

TIII 

Ni otro objeto se ofrece á su mirada 
Que el ajeno dolor, al cual ansiosa 
Vuela, si llega el grito á su morada, 
Socorriéndolo activa y afanosa. 
Con Matilde á la choza retirada 
Penetra, y deja traza generosa 
De su piedad, y el huérfano infelize 
Y la afligida madre la bendice. 

IX 

Más que infortunio ciego, la injusticia 
Su ser conmueve y su pasión exalta. 
Si triunfan la violencia y la malicia. 
Si apoyo firme al oprimido falta. 
Si la fortuna, al criminal propicia, 
Doblega al inocente, — como salta 
Raudal en tubo estrecho comprimido, 
Así estalla aquel seno dolorido. 



«Si alguna vez,» decia, «en alto trono 
Me coloca el destino— yo lo juro — 
De los grandes el fiero desentono 
Comprimirá mi mano en fuerte muro ; 
Temblarán los tiranos á mi encono, 
Y podrá el inocente, mas seguro 
Que el poder, respirar sin que lo asombre 
Proterva autoridad ó ilustre nombre. » 



EL PRIMER COIVDE DE CASTILLA. 341 
XI 

Eq estas ilusiones se perdia 

Su mente acalorada, cuando un paje 

De León despachado á Don García, 

Le presenta de hinojos un mensaje. 

Al anuncio su lenta fantasía 

Se conmueve : el recuerdo de un ultraje 

Se graba en su memoria vivamente. 

Era la carta del tenor siguiente : 

XII 

(( A vos, reí de Navarra, hermano mió, 
Teresa, reina vieja y de mal hado. 
Mi acatamiento y homenaje envío. 
Si ñiera como vos rei coronado. 
Hora vengara aquel agravio impío 
Que en la familia duelo ha derramado, 
Puesto que la ocasión mas oportuna 
Favorable os presenta la fortuna. » 

XIII 

«Acá llegó el mal conde el otro dia, 
Recibido por Sancho nuestro hermano 
Con grande reverencia y cortesía, 
Puesto en olvido el crimen inhumano. 
Yo, que tan concertados los veia, 
Tomé al dicho mal conde por la mano, 
Y con cauto designio y mira doble 
Por esforzado lo alabé y por noble. » 



Xlt 

« Y á mis obsequios y amistad rendido 
( Que así lo procuré sutil y diestra), 
Díjele que aceptase agradecido 
La que juzgo segura y cara muesiára : 
Que fuera mi placer verlo marido 
De Sancha mi sobrina, la hija vuestra ; 

Y él viendo su ventura en este enlaze, 
Respondió conmovido : * Qué me place ! »— 

« Y esto añadió : * No ignoro que es donceilft 
Galana, y entendida, y de buen porte ; 
Con grande admiración me ha hablado de eHk 
Cierto amigo que habita aquella corte. 
Desde entonces }uré, sin conocella, 
Hacerla de mi amor y vida norte. 
Miro pues tu favor como precepto, 

Y el suspirado honor gozoso acepto. » — 

XVI 

«Hora, rei Don García, si la muerte 

De Sancho Abarca á castigar te ineita 

Su vil perpetrador, tu buena suerte 

La merecida pena fadlita. 

Baste tan grave empeño á conmoverte; 

Sal ya de esa inacción que debilita 

Tu buen nombre, y la sangre de un perverso 

Tu amor filial publique al universo^» 



XVII 

Cauteloso reserva Don García 
Nueva que halaga sus impulsos fieros; 
Mas pronto cambia en bulla y alegría 
Su retiro y sus hábitos austeros. 
Mandato urgente presuroso envía 
A los mas esforzados caballeros, 
Diciéndoles que tiene meditada 
.Grave empresa, gloriosa y reservada. 

Que se aperciban sin tardar, pues vale 
Mucho la prontitud en el empeño, 
Sin que aquella noticia se propale, 
Porque nadie descubra su diseño. 
T en efecto, con turba armada sale. 
Guando en las alas de la noche el sueño 
La silenciosa capital domina, 
T escaso albor los cielos ilumina. 

XIX 

Llegó después á Sancha la noticia, 

Y consternada la dej6^ y llorosa; 

Que aunque nunca del padre la caricia! 
Halagó su niñez, la fervorosa 
Condición de aquel alma sin malicia 
No enfría de la suerte rigorosa 
La aspereza, y amar es su destín», 

Y no sabe seguir otro camino^ 



3ii EL PRIIIBft CONDE DE CAWnttA. 



II 



Ya en occidente la postrer vislumbre 
Del dia se ocultaba, y en pos de ella 
Derramaba torrentes de alba lumbre 
La luna, remontando su faz bella 
Con indecible majestad. La cumbre 
Del monte y el raudal nacido en ella 
Imitan los reflejos celestiales, 
En dura nieve y móviles cristales. 

II 

Del regio alcázar á distancia breve 

Se conserva postrada la ruina 

De romana mansión : ni rastro leve 

De su historia se guarda ni adivina. 

Que el tiempo asi con rauda acción conmueve 

Los trabajos del hombre, y encamina 

Todo á la destrucción, en cuyo abismo 

Se habrá de sepultar el tiempo mismo. 



BL VBHim eOHOB ME CA«rR.tA. ZW 



III 



Naturaleza disfrazó el ultraje 
De los siglos, ciñendo cariñosa 
Los mutilados restos del follaje 
De verde aliso y de silvestre rosa. 

Y en rededor magnifico paisaje 
Dispuso, que termina en grandiosa 
Perspectiva, do el albo Pirineo 
Levanta su volumen giganteo. 

IV 

Ansiando por la plácida frescura 
Que alli en templada noche se respira, 

Y aquel puro deleite y grata holgura 
Que la frondosa soledad inspira, 
Sancha abandona la mansión oscura 
De su palacio, que con tedio mira ; 

Y al lado de Matilde, á paso lento 
Se encamina al antiguo monumento. 



Sentadas en el roto peristilo. 
Antes á falso numen consagrado, 
Atónitas contemplan el tranquilo 
Reposo del ambiente perfumado ; 
Reposo que en el seno, cuando asilo 
Presta á locas quimeras, arrastrado 
Por el secreto impulso de ansia incierta. 
Dolor profundo y turbación dispierta. 



dU< EL PBniBR GOUBB'AB «átfnH.Al> 

VI 

Tal el seno de Sancha, que ya oprime > 
Viva pasión ; y aquella escena grata 
Mayor viveza á la pasión imprime, 

Y en ella mas potente se dilata. 
Matilde observa que apenada gime, 
Que el llanto de sus ojos se desata; 

Y viendo confirmada una sospecha 

Que oculta abriga, al corazón* la» estrecha. 

vil 

¥ le pregunta con amor : « Qué tienes? 
Qué te aflige ? qué penas son las tuyas? »--r 
<( No enojosa,.» responde, « me condenes». 
Ni en mí imprudencia criminal arguyas. 
¥ si juzgas quiméricos los bienes 
Que nutren mi esperanza, no destruyas 
Con inútil razón una quimera, 
Que ya es mi porvenir, mi vida entera. » 

VIH 

<( Hai un hombre en el mundo que me adora, 

Y él de mi corazón también es dueño. 
Fuerza tiene y poder, y triunfadora 

Fué cien vezes su^ mano en arduo empeño. 
Desde lejana tierra me enamora.... 
Quizas presumes que deliro ó* sueno ? i»^ — 
No responde Matilde : largo rato 
Quedó en silencio oyendo aquel relato. 



Bb fráfeMf' omm» 1» ekifmtA. 3«7 

Prosigue Sancha : <c Las heroicas prendan, 
La generosidad, ei fuego, el btíó, 
Que lucen tanto en bélicas contiendas, 
Como en deber modesto, justo y pió; 
Ese soltar al corazón las riendas 
Sin mira interesada, mientra el frió 
Cálculo de los hombres enmudece, 
A Vista de su hermano que padece ; » 



« Esas dotes, favores celestiales, 
Que con escasa mano el cielo envía. 
Siempre en mis descontentos y en mis males 
Llenaron de entusiasmo el alma mia. * 
Veneré estos modelos inmortales 
En la historia, y pensé que no existia 
Modelo igual en esta edad de hierro : 
Feliz acaso disipó mi yerro. » 

XI 

« El nombre de Fétnan, — ya lo coniDces — 
Está de ese gran nombre el mundo henchido; 
De sus ilustres méritos las vozes^ 
Llegaron (en buen hora) á mis oídos; 
Y la mente en su^ ímpetus Telbzes, 
Que nunca la razón ha comprimido, 
Se fijó tenazmente en una idea 
Que sus aspiraciones likoíijéa. » 



348 EL PRIMER COUDE DE CASTILLA. 

XII 

1 Mi pasión comenzaba, cuando llega 
De Burgos, á servir á Don García, 
El noble castellano Lope Ortega, 
Caballero de seso y bizarría. 
En el estrado un dia se me allega , 
Y con mui reservada cortesía 
Breves palabras pronunció, mas tales 
Que aumentaron el peso de mis males. » 

XIII 

« Estas fueron : * £1 conde de Castilla 
Muere por vos de amor sin conoceros; , — 
« No dijo mas, y pronto mi mejilla 
De fuego se cubrió, y aunque altaneros 
Mis ojos procuraron desmentilla, 
Como en castigo de agraviados fueros, 
Fué empeño tan inútil como tardo, 
Que ya en el corazón estaba el dardo. » 

XIV 

« De entonces acaricio y alimento, 
Cual si de mi existencia fuera parte, 
Este.... llámalo ó goze, ó bien tormento. 
Que ya no me es posible disfrazarte. 
Contradecirlo es vano pensamiento, 
Que ya es mi pecho sólido baluarte 
Labrado por amor, y desafia 
Amenaza, poder y tiranía. »— 



Bt PRIMBft CONDE DE CASTILLA. 349 
XT 

(( Infeliz ! » la condesa le responde. 
(( No ves qué suerte el porvenir te marca ? 
¿ No llegó á tus oidos que fué el conde 
Quien muerte dio á tu abuelo Sancho Abarca ? 
Quién de un padre colérico te esconde ? 
¿ Quién detiene las iras de un monarca 
Sediento de venganza, ó lo concilla 
Con el perseguidor de su familia ? » 

XVI 

Esto dijo, y de pronto en la espesura 
Suena un leve rumor que las sorprende, 
Y desde el fondo de la selva oscura 
Con acertado giro se desprende, 
Cerrado con vistosa ligadura. 
Pliego oloroso. Sancha bien entiende 
Quién dirige, y á quién, aquel mensaje ; 
Que de amor aprendió sola el lenguaje. 

XTII 

De vuelta en el alcázar, anhelante 
Rompe la nema, y el papel devora : 
«Dulce premio logró mi amor constante ; 
Castilla ya os aclama por señora. 
Quien se atrevió á decirse vuestro amante, 
Vuestro esposo feliz se llama ahora. 
En nombre de Navarra esta promesa 
Acaba de afirmar Doña Teresa. » 



J60 . ISL ^IWIIJSR COmm DStlUMMILI^. 

XTIII 

Con indecible turbación ^.arüoja 
Sancha en «I seno de la amiga car^, 
Y en lianto.de ternura su faz moji), 
Teraura.que eljpezelo no acibara. 
Matilde no. lo estraña, ni^se en^^a, 
Ni una cierta sospecbade declara 
Que tan raro suceso le infundía, 
Reservándoise.baoerlQ al otro cUa. 



fff^ 



«L'MMRR «OmiE OB «AftlLLA. til 



m 



•I 

El cual T&yaAM de negrura denea 

Reteñido y de lóbrego odlafe, 

Cual si anunciase la-estenslon hunensa 

Contra el Señor del mundo horrendo ultraje. 

£1 Pirene cubrió su folda estensa 

De amaríllo-vap^r, como ropaje 

De fantasma. que el Erebo vomita 

Y por la oscura atmósfera transita. 

«II 

Los gritos de la plebe^alborolada 

Y del bronce los altosireverberos 

De Don García anuneian'lá llegada, • 
Con el tropel de ilustres, «abállelos 
Que salieron con' él á 4a jemada. 
En medio de^jgendarmas y lansieros 
Viene un hombre detrás en; muía parda. 
De alta presencia,' espléndida y.gaUtrda. 



352 BL PEIMEE COUDE DE CASTILLA. 

III 

Nadie conoce al triste personaje 
(Triste como sujeto á suerte dura), 
Pues si lleva magnífico ropaje 

Y rico adorno borda su cintura, 

Los brazos y los pies con duro herraje 
Bien apretado vínculo asegura . 
Ocúltasele el rostro en ancha venda 

Y un gendarma lo guia por la rienda. 

IV 

Llega, y con doble guardia es conducido 
Dentro de un torreón oscuro y fuerte» 
Por rudos visigodos construido 
Al tomar posesión de Gastro-fuerle ; 
Espantosa prisión, donde es sabido 
Que mas de un infeliz recibió muerte, 
No en castigo, sí en pérfida venganza. 
Por nociva poción ó aguda lanza. 



Al saber que es llegado Don García, 
Corre Sancha á estrecharlo contra el seno. 
Con la inocente y plácida alegría 
Que abriga un corazón de virtud Heno, 
Mas ah ! que la cuitada no sabia 
Lo que el destino le prepara ; ajeno 
Su pecho noble de traición bastarda ^ 
Con ajena traición no se acobarda. 



SL PBIWIS CONDE DE CASTILLA. 953 

VI 

Severo el padre le negó la puerta. 
Rasgo que de dolor la petrifica, 

Y su dulce esperanza desconcierta. 
Mas quién la causa del rigor le esplica ? 
A la condesa acude, la que incierta. 
Mientras en su temor se ratifica. 
Piensa, vacila y suspirando calla ; 

Y Sancha en lloro y en gemido estalla. 

Vil 

Nuevo mal en su pecho se acumula, 

Y á mas penosa turbación se entrego. 
Guando un rumor, que rápido circula, 
Tímido y vago á sus oidos llega. 

Ya Matilde su horror no disimula» 
Ya su sospecha antigua no le niega : 
« Fernán González es el preso, » dice : 
« Terrible suerte aguarda al infelize. » — 

VIII 

«Fernán González I el preciado objeto 
0e mi pasión ! el dueño de mi mano ! » 
Dice Sancha ; « ¿ qué bárbaro decreto 
Sacrifica al potente soberano 
De Castilla ?... Matilde,— lo prometo,— 
No logrará su fin el inhumano 
Que proyecta maldad tan afrentosa ; 
Yo los deberes cumpliré de esposa. » 

13. 



351 EL PKmatt C<^liti BB €íil»Mt/t¿ 

IX 

No dijo mas, y desde entonces- nra^ 
Ya á la reconvención y ya al afeei6>f 
Secretamente aleja miedo y dad»» 
Y madura callada sa preycctov 
Que el cielo blando á stf fafor acuda 
Ferviente pide, y el designio recttt 
Que la anima, y al cual ctega^ se laizav 
Fomenta y consolidáf su esperan2dp. 



Su inocencia sirviéndole de escudo^ 
Sola y en alta noche, del terrero 
Desciende á la prisión. Era hombre rudo, 
Mas franco y generoso el carcelero. 
No con sobornos, con plegarias pudo, 
Con llanto de dolor, no con dinero 
( Que de toda merced el precio borra ) 
Lograr entrada á la infernal mazmorra. 

XI 

Allí al guerrero, cuyo escelso brillo 
La esfera vasta de la fama llena. 
Mira oprimido el pié con fuerte grillo, 

Y los brazos con bárbara cadena. 
El cuello le sujeta férreo anillo, 
Que á quietud dolorosa lo condena ; 

Y toda su magnífica estatura 

Se dobla y tuerce en áspera tortura. 



Bft nunuu CONDE de castilla. 3&5 

XII 

Tiembla la antorcha en la agitada manD 
De la infeliz, y dando un alarido, 
No menos fuerte que garzón lozano, 
Pronto deja á su amante desprendido 
Del grave peso que lo oprime. Ufano 
Su pecho con el triunfo conseguido. 
Se descubre al amante, y la noticia 
Lo arrebata en consuelo y en delicia. 

De dos almas fogosas, confundidas 
En un digno y activo sentimiento, 
Que liga en una sola sus dos vidas, 
¿ Podré yo repetir el puro acento? 
Yozes por el dolor interrumpidas, 
Protestas firmes, alto juramento. 
Tierna efusión, propósitos audazes, 
i Caben en rimas toscas y fugases? 

XIV 

Los dos se adoran, y á los dos knpulsa 
Sed de esfuerzo sublime y altos hechos ; 
No ya pasión frenética y convulsa 
Que huella sin pudor santos derechos. 
Sino potente móvil que compulsa 
La energía vital, cuando en los pechos 
Virtud que estéril galardón no sacia, 
Valor infunde y fuerte pertinuia. 



356 EL PKIMER CO?IDB DE CASTILLA. 

XV 

Fernán á Sancha en relación sencilla 
De los pasados crímenes entera : 
« De Navarra, ya sabes, y Castilla 
La disputa reñida y duradera. 
Abarca, que sus tropas acaudilla, 
Las aproxima audaz á mi frontera; 
La acción se empeña en memorable dia : 
Cede Navarra, y la victoria es mia. » 

XVI 

(i Navarra, llena de terror y lulo, 
Reclama mi amistad, que no merece. 
De mi victoria así recojo el fruto, 
Viendo que cede Abarca y me obedece. 
Fijo por condición leve tributo ; 
Navarra sin obstáculo lo ofrece. 
La paz se firma : en justas y funciones 
La sellan á la par las dos naciones. » 

XVII 

H Pasa un año : reclamo la debida 
Retribución, y Abarca me la niega ; 
Que Navarra, en la paz restablecida, 
A su monarca en necio orgullo ciega. 
Búrlase de embajada comedida ; 
Y á fin de que en mortífera refriega 
No corriese de sangre vasto rio, 
En reto singular lo desafío. » 



BL PBUBE COlfBB DE CASTILLA. 357 

xvín 

<f Cuerpo á caerpo, y annados, y en presencia 
De ambas cortes lidiamos, con el rito 
Que la caballería reverenda, 
T eirlta el accidente y el delito. 
Tenaz y cruda fué la resistencia, 
Que era fuerte en las armas y perito 
Sancho Abarca; mas tuvo mala suerte» 
Y puso fin al lance con su muerte. » 

u Pareció al mundo todo el vencimiento, 
Justo castigo que falló mi lanza. 
Tu familia me habló con sentimiento, 
No con señas de cólera ó venganza. 
Nuevo pacto y solemne juramento 
Dieron á los dos pueblos la esperanza 
De que una paz eterna me uniría 
Con Sancho, con Teresa y con García. » 

« En León á Don Sancho una visita 
Quise hacer de amistad ; y él afanoso 
Con pompa estraordinaría me acredita 
Su afecto, y en convite suntuoso 
Con vivo empeño mi cariño escita. 
Con ríca espada y con joyel precioso, 
A fin que adormecido mi rezelo, 
Fácil cumpliese el críminal anhelo. » 



3SÍL EL PUMIE CONME I>E CAfVfiLLA. 



« Teresa en tanto su palabra empefi» 
De concederme el bien que apeleciav 
Y ademas se convino que en Girueña 
Tu padre á recibirme pasaria. 
Con el fin de evitar la menor sen» 
De los antiguos odios, él irki 
De siete cabaUeros eseolt^ado : 
Siete también vendrían de mi lado. » 



<K Con siete rieo&4i«nbreS'de GastíUa 
Llegué al punto aplaaado. Se presenta 
Tu padre, sin rttber de tal manciUa^ 
No con número igual, mas con CHUSienli.^ 
Alzábase allí carea una capilla. 
Donde por evitar riña violenta. 
Que inútiles dejaba nuestros bríos» 
Me encerré cauteloso con los míos. » 

XXIII 

<K Convidóme á salir ; mas el engaño 
Cerraba á sus ofertas mis oidos. 
Resolvíme á lidiar ; mas era el daña 
Seguro para pocos desvalidos. 
Tarde me arrepentía : el desengaño 
No nos deja esperanza. Reducidos 
Fuimos por bambre; y ya me dan U pena 
De mi sinceridad; grillo y cadena. » 



Et PBÍfllim COÍIfbB DE CASTILLA. SST 
XXIV 

Trémula escucha Sancha aquel relato, 
Que en ternura y en cólera la enciende. 
Hija fiel y amorosa, el desacato 
De su padre la asombra y la sorprende. 
Mas ya de aurora el apacible ornato 
Por la celeste bóveda se estiende: 
Sancha lo observa, y de la prenda cara 
Con tierna despedida se separa. 



Ijígp' 



360 EL PRIMES CONDE DE CASTILLA. 



IV 



Pasan los dias, y la triste Infanta 
No ve llegar el término á su cuita ; 

Y aunque en la noche, con lijera planta, 
Renueva cuidadosa su visita, 

La proyectada fuga no adelanta. 
Mucbedumbre de estorbos infinita, 
Que combina en su mal suerte funesta. 
Su amoroso designio contraresta. 

II 

Del monarca irritado la sañuda 
Condición, cada vez mas se exaspera. 
Manda que la opresión, mas y mas cruda, 
Debilite á Fernán hasta que muera. 
Mas hai secreta mano que la eluda ; 
Hai quien penetre en la prisión austera 
Destinada á cumplir designio infame, 

Y allí consuelo y bienestar derrame. 



BL VBSMBB CONDB DB CASTILLA. 9tÍÍ 
III 

La vez postrera, vuelta de la torre, 

Y apenas en su albergue retirada, 
Gnando en su meditar triste recorre 
Los males de su vida atormentada, 
Siente un grito agudísimo que eorrt) 
Yeloze por la almena dilatada, 

Y se repito pavoroso luego : 

Fuego I clama una voz ; cien otras : Fuego! 

IV 

No tarda en propagarse furibunda, 
Con atroz rapidez, la intonsa llama 
Que ya los techos góticos inunda 

Y por las galerías se derrama. 
Refléjanse en la bóveda profunda 
Tétricos resplandores, y se inflama 
La silenciosa atmósfera y el monte 
lias lejano del cóncavo horizonte. 



Por el ya hundido techo y los balcones 
Dilátanse anchas fajas de humo espeso, 
O se aglomera en vastos nubarrones, 
Qne ennegrecen el aire en sn progreso. 
Ábrense los robustos murallones, 

Y la postrada viga con su peso 
Las estendidas cuadras precipita, 

Y el encumbrado mirador hesita. 

16 



311 SI, pfum» CQN9«^o« iC^UM*^ 

TI 

Acuden afanados ^n. tropeles 
Gendannas, escuderos, cortesanos^ 
Turba infinita de vasallos fieles, 
Hidalgos, labradpres y villanos. 
Apercibense escalas y cordeles ; 
T en tan urgente riesgo tantas manos. 
Que en ciego torbellino se presentan. 
Mas la espantosa confusión fomentan. 

VII 

La cámara en que estaba Don García, 
De una masa de incendio rodeada,. 
Que con voraze rapidez creda. 
Niega al ausilio por do quier la entrada. 
Alzase entonce inmensa gritería. 
Viendo que está su vida separada 
Del sepulcro por un espacio breve, 
Y nadie á darle protección se atreve» 

VIII 

Arde ya el destrozado pavimento r 
Húndese la mitad; la otra vacila. 
La vida de García es ya un momento. 
Cual luz que se oscurece y aniquila. 
Suspéndese en las turbas el aliento; 
La desesperación muda y tranquila 
Que en los lances estremos de la suerte 
Penetra el alma, eq jaspe las convierte* 



<!, Yl»lWpil> €01^» »B CiÉiit|*.M^ m 



Un hombre, cuyo rostro desfigom 
Señal de grande esfuerzo y de iftájajot» 
Y restos de humo y polvo, se apresan. 
Rompiendo el grupo que el suceso atit|ft, 
Con ademaA intrépido procura, 
Con fuerte pullo y con agudo tajo, 
Por tanto estorbo abrir senda espedita 
Para la gran empresa q¡ae medita^, 



Ya esforzando les brazos y ya el hombro^ 

Por el humo y las llamas atropella^ 

Hasta un firme pilar, que entre el esoembro 

Y la quemada tablazón descuella. 
En él la escala fija, y con asombro 
General, sin temor sube por ella, 

Y arriba donde mas el riesgo crece» 
Cuid astro en torvas nubes se oscurece* 

Atónita miró la mucbedumbret 
Fijos en él los ojos, su osadia» 
Que el crecimiento de la innwBsa lumbre 
Los mas vivos temores infundía* 
Mas pronto los alienta una viriumbre 
De esperanza : la voz de Don García 
Suena, y también la voz del que ya viene 
Seguro con la casga qu^ sostiene. 



36i EL PRIMER CONDE DE CáSÜLLA. 

XII 

Desplómase de pronto el incendiado 
Pavimento con hórrido estampido , 
Apenas Don García se ha salvado 
En los hombros de aquel desconocido 
Bajan los dos : el pueblo entusiasmado 
Corre á su dueño que creyó perdido ; 
Y mientra en torno de él la bulla crece, 
Quien le salvó la vida, desparece. 

xtii 

Nueva inquietud los ánimos agita, 

Guando turba de fíeles servidores : 

<( La Infanta no parece, » ansiosa grita ; 

T el sonido acrecienta los horrores 

De la calamidad. Por la infinita 

Llorosa multitud de espectadores, 

Trémulos al oir pérdida tanta, 

« La Infanta, » suena entre el gemir, (da Infanta.» 

XIV 

Cobrando su poder naturaleza. 
El seno á Don García despedaza 
Con nueva tan horrible, y su terneza 
Se dispierta al dolor que lo amenaza. 
Al ver que de las llamas la fiereza 
Sepulta en una víctima una raza 
Que de Navarra la esperanza funda, 
Raudal de pena el corazón le inunda. 



SL fBIMI» COUDE DB CASTILLA. Mi 

.\ . - I -j í, ■ -- 

XV 

Ni basta á consolarlo en su tormento . 
Otra nueva que pronto se derrama, 
Y era que estaba hundido en su cimiento 
El torreón antiguo, do la llama 
Prendió también con raudo movimiento, 
Cual en arista leve ó seca rama, 
Quedando entre los míseros despojos 
El objeto infeliz de sus enojos. 

XVI 

£n esto, desgreñada y afligida. 

Se presenta á sus ojos la condesa, 

« Sancha, » esclamando, « no perdió la vida ; 

Tu duelo calma, y de llorarla cesa. 

Mas no gozoso aguardes su venida, 

Ni iracundo te opongas á la espresa 

Voluntad del que liga corazones. 

Lo demás te dirán estos renglones : » 

XVII 

« Marcho donde me ofrece una corona 
Quien me logró inspirar cariño tierno. 
A su honor mi inocencia se abandona : 
Pronto nos ligará vinculo eterno. 
A mi padre decid, que la persona 
Que lo salvó á mi súplica, es su yerno : 
Ponga fin este caso á la rencilla. 
Vuestra fiel la condesa de Castilla. » 



^9Ñ ti. tmmÉM toÉTMi hm «iurtf uá. 

XTllI 

Lector, si laborioso y pensatíTo 
La indagación histórica te agrada» 
Tenaz revuelre el polvoroso archivo, 
T en escritura añeja y mutilada 
Si no encuentras un dato positivo 
Que ilustre la aventura celebrada» 
Fácil disculparás que la Leyenda 
Fuera de a<iaellos limites se estienda. 



BOSQUEJO 



-<©■»>- 



«,Wbo shall heal murder ? Whal is done is done.» 

Btron. 




i Es ese el mismo, en cuju anchas venas 
Sopla ambicioD de gloria i; sed de fiíma 
Torrentes de vigor, en las arenas 
Por do sn linfa espléndida derraina 
Nilo Tecundo ? ^ El que Ujó en almenas 
AUivas, arrostrando hierro ; llama. 
El pendón de la Cruz ? j Es ese el mismo, 
Cujo acero aterraba al islamismo ? 



370 BOSQUEJO. 



II 



¿ Es ese el mismo, que llevaba impresa» 
De juventud la roja lozanía, 
Cual flor primaveral, pomposa, ilesa, 
Que el cáliz abre al resplandor del dia ? 
i El que brillaba en belicésa^^mpresa 
Con ciega iatrepidez y lozanía, 
Cual si el péHgro fuera su esperanza 
Y centella de Júpiter su lanza t 

III 

Dó el ornado ]inM|iiel ? ¿ dó el noble cáseo. 
Ceñido de albas ptamas ? ¿ dó está eü peto 
Que rechaaéi^' cual sólido peñasco 
De hinchatfo rio inmóvil parapeto 
Flecha de Libia y filo de Damasco ? 
¿ Dónde el relinchador, dónde el inquieto 
T espumoso alazán, que raudo supo 
Llevarlo en medio del contrario grupo ? 

IV 

¿ Son esos ojos, mustios y empafiadoa 
Por torva y melancólica vislumbre^ 
Los mismos qi^ en sus orbes dilatados 
Del cielo reflejaron la alta lumbre ? 
¿ Que con un mirar solo á los soldados 
Mostraron fin glorioso, cual la cumbre 
Que adorna el sol con su esplendor divino» 
Conduce al solitario peregfiao? 



MMQirEid. im 



Hora vedlo, cuál surca la honda traza 
Su Árente ajada, pálida, deshecha ; 
Donde en horrible vínculo se enlaza 
Con odio y con temor rabia y sospecha. 
Algnna sierpe oculta despedaza 
Su corazón, 6 con lazada estrecha 
Lo oprime, y seqa, torpe y escondida, 
Las fuentes del placer y de la vida. 

TI 

Cuál de profunda y lóbrega caverna 
Lanza un mirar qué hiela y petrífica 
De horror al hombre justo ; no es la tierna 
Señal de alto dolor, que santifica 
Ruego encendido á la Piedad eterna : 
No es la resignación que sacrifica 
Su padecer— es hórrido despecho, 
Es designio feroz no satisfecho. 

VII 

Es misterio infernal, ó negro abismo, 
Con cuyas vaporosas ilusiones 
Se aletargan en mudo parasismo 
Razón y sentimiento ; y en prisiones. 
Que en vano desacierto forjó el mismo. 
Sin poder ya romper sus eslabones. 
Gime, y no quiere mano compasiva 
Que desvanezca el^l^e lo cautiva. 



372 B08QÜB.I0. 

VIII 

« 

Fué dichoso y amado, y noble objeto 
De justa loa y reverente estima ; 

Y en lid ruidosa ó en privado reto 

No hai en su nombre quien baldón imprima. 
Benigno el hado en plácido decreto 
Le abrió el sendero de encumbrada cima; 
Sonrióle el poder, y dióle entrada 

Y asiento en su magnifica morada. 

IX 

De joyel esplendente y rica gala 
Ceñido amor, en corte bulliciosa, 
Donde el suspiro inflamador exhala, 
Mas eficaz que en selva silenciosa, 
Sus sienes adornó. La noble sala. 
Mientras en la armon(a estrepitosa 
Retembló del sarao, fué la escena * 

Do amor lo ató con mágica cadena.— 



Hoi desamor universal circunda, 
Y lúgubre terror mora en su pecho. 
Cubre los secos miembros ropa inmunda^ 
Mísera choza con hundido techo. 
Que despiadado el aguacero inunda. 
Sus pasos aprisiona en giro estrecho ; 
De su encuentro ominoso, en terror vano, 
Huye despavorido el aU 






106QVBJO. 373 



XI 



Tuvo un amigo, en guerras y en amores 
Socio fiel, y en el goze y en la hazaña. 
Jóvenes arabos, y ambos triunfadores ; 
Súbita la sospecha vil empaña 
La intima unión. Los hierros vengadores 
Se cruzan. Ciega al mísero la saña ; 

Y atónita lo ve la turba inmensa, 
Herido, desarmado, sin defensa. 

xn 

El circo numeroso de guerreros 

Y príncipes que miran el combate, 
Celebran con aplausos lisonjeros 
Al que su orgullo rencoroso abate. 

No abriga el vencedor designios fieros ; 
Ni dentro el seno la ponzoña late 
De rencor. Deponiendo el agrio encono, 
« Toma tu acero, » dice, « te perdono. » 

XIII 

Cual infernal hechizo, que provoca 
Conjuro infando de región maldita, 

Y dócil al perverso que lo invoca. 
Sus negras alas horroroso agita , 

Y por las mudas auras se desboca. 
Las plantas y los árboles marchita. 
Los verdes tallos vuelv^ en hilos flojos 

Y viste el prado de isp^os abrojos ; 



994 MMMUnsio. 

Así en el alia» ^1 ve»eido labra 
Funesta destracdoo, total ruina 
De virtud y nobleza, la palabra 
Te perdono^ y los jugos oontanina 
Del corazón, sin que sus senos abra 
Ta mas á puro afecto. En honda mina 
Sangrienta enemistad concentra el bria 
De la venganza y del furor sombrío. 

Te perdono, retumba en sus oidos 
Noche y dia, en.el bosque y en la tienda : 
Como cuando en (erozes alaridos 
La fiera anuncia destniccion horrenda; 
Como cuando en sonoros estampidos 
Afloja el noto á su furor la rienda » 
O la tierra .sacude sus cimientos 
T convierte el alcázar en fragmentos. 

XVI 

« No mas, » dijo : c perezca ; » y asegora 
Con vil intento el acerado filo. 
La noche vela con tiniebla oscura 
Las retiradas márgenes del Nilo. 
Allí espiar al vencedor procura, 
Cuando vuelva feliz del grato asilo 
De la que adora ; allí vengar la ofensa f 
Que dobló su altivez, iluso ^nsa. 



IQMIIIIEJOf ^ 



3nrii 



Lo Te» lo asalta y le desgarra el seno. 
T... no era su rí?aL.. era la iMrinosa. 
Gayó, y con rostro «¿adido y seieBO, 
« Tu mano, » dice» « lia sido generosa» 
Si al que está de virtud y i^oria llenoy 
Cuanto tú de ignominia y de afrentosa 
Protervia, salvo al recibir la muerte» » 
Dijo, y en resto inm6vU se convierte* 

Con la centella del siguiente dia 
La nueva se propaga. El campamento 
Hierve en indignación y en griteria. 
Que él oye oculto en peñascoso asiento. 
Cubre su nombre maldición impía» 
Que exhala el adalid con agrio acento; 
Venganza pide el eco fobninante ; 
Venganza jura el infeliz amaote. 

¿ Dónde irá que feroas no lo persiga 
Su renombre execrable ? Se desprende 
Del manto, y talabarte, y la loriga, 
Y el rostro desfigura* Incierto hiende 
La maleza, y el hambre y la fatiga 
Su fuerza antigua y su vigor suspende. 
Do quier humana voz llegue á su <ndo« 
Escucha el triste lance repetido* 



376 BOSQUEJO. 

Mendiga el pan de choza en choza, huyendo 
De las ciudades el rumor, do escita 
Sangrientas iras el delito horrendo, 

Y en plebe airada indignación concita. 
Por las regiones que ilustró venciendo 
Del musulmán la turba infiel, transita , 
Cual insecto á quien da la luz asombro, 

Y se pculta en ruinas y en escombro. 

XXI 

Tras largo, y lento, y tormentoso giro, 
Triste aldea que en áspera quebrada 
Da al oscuro pastor pobre retiro, 
Le sirve de sepulcro ó de morada r 
Donde responde el lánguido suspiro 
De la naturaleza amortiguada 
Al bramar de huracanes inclementes 

Y al rugido de horrísonos torrentes. 

XXII 

Un mes fué un siglo de infernal tormento, 

De terror, y de angustia, y de visiones, 

Con que el devorador remordimiento 

Espanta sus inciertas sensaciones. 

Un siglo de agitado sufrimiento 

Que, ora en calma terrible, ó contorsiones 

De despecho, sus miembros despedaza 

Y los vitales nudos desenlaza. 



EL HALCÓN. 



-<©^- 



« 11 ful un bon syre, qui oncques ne manqua aiix 
loix de chevalerie. Gens d*Églisc araient cuydancc de 
tes États.» 

VlBILLB CBKOHIQUB. 







La edud media del mondo, asf Ikamada, 
EVtrque la historia mal ó bien proinedia. 
Fué en vicio y aa virtud tao variada. 
Que se puede llamar tragi-coBiedia. 
Hiña por novelistas esplorada 
Con tesón iucansiible, la edad inedia 
Guarda en sus abultados pergaminos 
Grandes hechos j enormes desatinos. 



380 EL BALCÓN. 

II 

Los nobles restos de la altiva Roma 
Sirven de base á un nuevo poderio. 
Que su vasto dominio huella y doma^ 

Y su orillo convierte en polvo frió. 
Con estrépito horrible se desploma 
La obra de César, y álzase sombrío 
Donde brilló, con bárbara arrogancia. 
Un modelo de insigne estra vagancia. 

III 

Conjunto singular de nobles prendas 

Y torpes descarríos; mezcla impura 
De locuras y hazañas estupendas, 
De infancia leve y sensatez madura. 
Siglo en que recibió santas ofrendas 
La lei de honor sanguinolenta y dura, 

Y en que virtud, cediéndole su trono, 
Cayó en indigno olvido y abandono. 

IV 

Galantes y crueles, y tan fieros 
Cual dóciles tal vez á un yugo vano, 
Tocaron los audazes caballeros 
Los dos estremos del afecto humano. 
Zelosos de su cuna y de sus fueros, 
Fueros y cuna con ardor insano 
Kcndian, sin despecho ni amargura, 
A la superstición y á la hermosura. 



EL HALCOW. 391 



La abnegación del propio bien, qae es cima 
De perfección, y al hombre, capaz de ella, 
Sobre su especie atónita sublima. 
Fué joya de aquel siglo, clara y bella. 
Riqueza y ambición, fama y estima, 
Dóciles se plegaban á la huella 
De un ídolo, que á vezes existia 
Solo en la acalorada fantasía. 

Pláceme el recorrer en los anales 
De aquellas eras hechos peregrinos. 
Propios de gentes fíeles y leales, 
Rudas como groseros campesinos, 
Juguetes de sus ímpetus brutales; 
Pero atados con lazos diamantinos 
A un deber que forjaban en su idea, 
Gomo yo la ilusión que rae recrea. 

Til 

No sé qué encanto tiene lo que pasa 
Del límite formal de nuestra vida. 
En donde' la ventura es tan escasa 

Y la anchura del mal tan desmedida : 
Cuanto el aspecto físico traspasa, 
Con placer mas intenso nos convida ; 

Y lo que vemos mas allá, parece 
Que mas nos dignifica y ennoblece. 



Que á lar Teutnra |iOBftit& y ckim 
Se opone este qulinérieo embeTes^ 
Si de lo que sendi&os, nos separa, 

Y nuestra ser ocupa; to eoBfieso¿ 
Si uno con otro gocé se comparar. 
La ventaja es del une con esceso; 
Mas la imaginación rebelde y vita 

De la impresión real hr fuerza esqaiva^ 

IX 

¿ Qué pensaban los hombres en las eras 
De los Sanchos y Alfonsos ? Las rodillas 
Doblaban ante fátíles quimeras, 

Y ellas les inspiraban maraylllas. 
Leyes atrozes y costumbres fieras 
Se ligaban con máximas senciñas 
De escrupulosa probidad ; y en todo 
Se mezclaba la perla con ellodo. 



¿ Veis ese débif y modesto anciano, 
Que con ropas de oscuro peregrino. 
Llevando un noble balcón sobre la mano. 
Transita á pié por áspero camino? 
No es monje, ni pechero, ni villano ; 
Crofredo es de Bretaña, que al destino 
Debió un trono, y con él riqueza y fama, 
Y por esposa, belfa y rica dama. 



EL HALCOir. 3^ 



XI 



¿ Y á dónde se encamina el buen Goñredo, 
Sin esposa, ni acémila, ni paje? 
Va á la santa ciudad, que impone miedo 
No menos al ruin que al personaje ; 
Donde reside Paulo, cuyo dedo 
Distribuye la gloria y el ultraje; 

Y de cuyas potentes bendiciones 
Penden monarcas, héroes y naciones. 

XII 

Gozaba el duque en paz, y en paz regia 
Pingües estados de ventura llenos ; 

Y entre el rezo y la caza trascurría 
Sus años apacibles y serenos. 
Obispo era su hermano, que tenia 
Cuanto á un prelado corresponde, menos 
Ideas santas y saber profundo, 

Y abnegación de cosas de este mundo. 

XIII 

Porque él era el factótum de Bretafia, 
£1 móvil de pajado y sus proceres ; . 

Y ora con viva fuerza, ora con mafia. 
Manejaba del duque los poderes. 
Nadie miraba entonces como estrafia 
Tal confusión de cargos y deberes. 
El báculo podia mas que el cetro, 

Y mas que el yo lo mando, el vade reM. 



38 i EL HALCOlf. 

XIV 

Rara vez el obispo pisó el coro ; 
Nadie oyó de su boca una homilía ; 
Mas llevaba la cuenta del tesoro, 
De lo que entraba en él, y de él salia. 
Gl duque recitaba como un loro 
(luanto su astuto hermano le decía-: 
Este le presentaba todo hecho, 

Y lo firmaba aquel como en barbecho. 

XV 

No era un hombre el obispo en malas artes 
Versado, ni cruel, ni rencoroso; 
Ni do ambición siguió los estandartes, 
Ni del hombro de bien turbó el reposo. 
Si su influjo estendia á todas partes, 
Era porque su genio bullicioso. 
Movido por un ímpetu secreto, 
No le daba lugar de estarse quieto. 

XVI 

V su hermano al revés : como suplicio 
Miró el trabajo. En muelles almohadones, 
l>as el almuerzo y santo sacrificio, 
Pasaba el dia esento de pasiones. 

No era pasión en él, porque era vicio, 
Lí\ guerra de faisanes, perdigones. 
Garzas y chochas : solo sacudía 
Su noj« languidez la cetrería. 



■L HALCÓN. 3S5 



XVII 



Así eo vez de procazes favoritos 
Que circundan ansiosos los doseles, 
Eran del duque grandes favoritos 
Jerifailcs, balcones y lebreles. 
Estos huéspedes eran infinitos. 
Ágiles lodos, adiestrados, fieles; 
Con lo que se gastaba en su sustento, 
Podia mantenerse un regimiento. 

Uno eulre todos los halcones era 
Tan ágil, tan veloz, tan entendido. 
Su acción tan acertada y tan lijera. 
Que mereció llamarse el Preferido. 
Con é\ hablaba el duque, cual si fuera 
Varón de mente grave y buen sentido : 
El pájaro entendía sus mandatos, 

V daba á su señor mui buenos ratos. 

xn 

Era un prodigio el ave : la mirada 
De su dueño entendía, y con anhelo 
Hespondia á la orden indicada^ 
Acelerando ó retardando el Yuelo. 
Era el puño del duque su morada; 

Y en la mesa, á su lado, sin reielo. 
Tomaba de su plato con el pfoo 

Lo mas bien sazonado y lo mas rico. 

•7 



M6 SL AALOON. 

Vida tan sosegada y tan serena 
No debiera acabarse. Asi decimos 
Todos, cuando el placer nos ensena» 

Y de lejos el mal no discernimos. 
Mas la medida de la dicha llena, 
Tornados en dolor gozes opimos. 
Entonces se nos viene á la memoria 
Cuánto es la didia leve y transitoria. 

Sonó para Gofredo aquella hora 
Que todos han de oír tarde ó temprano ; 
La hora del mal, horrible, destructora 
Del corto bien que es licito al humano. 
De inesperado mal la voz sonora 
Gofredo oyó; la oyó también su hermano, 
Ambos de incertidumbre y temor llenos; 
T en verdad no era el caso para menos. 

xiui 

Cra vecino de Gofredo Udico* 
Noble señor de la opulenta Nántes; 
Emprendedor, osada» fiero, rico, 
De grandes miras y humos arrogantes. 
Por no sé qué r^y^rta. que no esplico, 
Ni esplican las liistorias discordantes, 
Diz que á Bretaña jdedaró la guerra, 

Y entró de man^^mi^da por su tierra. 



EL HALCÓN. 387 



XXIII 



En manos de un obispo, á quien estrafia 
La previsión de aquellos casos era, 
Sin dttsBsa la misera Bretafia, 
Abría al enemigo su frontera. 
Ni para defenderse de su safia. 
Disposición habia que pudiera 
Dar armas al valor y al patriotismo : 
En España otra vez hubo lo mismo. 

XXIV 

Y lo mismo habrá siempre que el que mande. 
Sumido en vida grata y reDiolooa, 
Fuera de los senderos se desmande 
En que el deber lo ciñe y aprisiona. 
La seducción del predominio es grande; 
Grande hechizo circunda á la corona ; 
Mas si el que lo probó, cede ú su halago, 
Prepara el suyo y el ajeno estrago. 



Si difiere el peligro con, Verem&s^; 
No corre prisa; nadie nw etpura; 
Se verá poco á poco en los estremos, 

Y ha de llorar mui tarde sa locnra. 
Los que estamos abajo, padécenos; 
El ágil enemigo se a(>resurai 

Y cuando á paso lento aqnel canHia, 
Este ya ha eoosumado su nám^. 



.^88 EL HALCÓN. 



XXVI 



Por la primera vez, en largos años, 
Pensó en negocios públicos Gofredo; 
Lo que no hicieron tristes desengaños^ j^. 
Lo hizo un resorte mas terrible — el miedo. 
Eran tan inminentes ya los daños, 
Que morir era igual á estarse quedo. 
Preciso era moverse de algún modo : 
En la elección del medio estaba todo. 

XXVII 

Debió ser el obispo, por supuesto. 
Quien cortase aquel nudo gordiano ; 
Mas no estaba el buen hombre muí dispuesto 
Para ganar á Udico por la mano. 
Tras mucho meditar, convino en cslo : 
Que en peregrinación fuese su hermano, 
Y con ayuno, llanto y penitencia 
Implorase del papa la clemencia. 

xxyiii 

m 

Gofredo al escuchar tan duro fallo. 
Iba ya á replicar en agrio tono : 
« Por ventura de Roma soi vasallo ? 
£s mas la escelsa silla que mi trono? » 
Con otras reflexiones que ahora callo. 
Por miedo de escitar el duro encono 
Del que quiere pillarme en un renuncio, 
Para llevar corriendo el soplo al Nuncio. 



KL HALCÓN. 389 



XXIX 



Reprimióse el buen duque sin embargo; 
Bajó los ojos y quedóse frío, 
Porque después de un cautiverio largo 
^i aun para libertarse queda brío. 
Aunque entonces salió de su letargo, 
No siendo dueño ya de su albedrío, 
Ni arbitro de romper Tieja costumbre, 
Tragó en silencio aquella pesadumbre. 

XXX 

Dolíale el dejar su bella esposa, 
Con quien pasaba ratos tan felizes, 

Y emprender una marcha peligrosa, 

Y alojarse sin guardias ni tapizes : 
Hucbo mas lo afligía la espantosa 
Reflexión, que entre tanto las perdizes 
¿ Qué dirían al ver que les faltaba 
Quien ni un momento libres las dejaba ? 

XXXI 

En seguida otra imagen mas horrenda 
Gima puso á sus graves desazones : 
«¿Tan infeliz seré que me desprenda 
De mis caros amigos, los halcones? » 
Por poco suelta al llanto libre rienda ; 
Mas súbito pronuncia estas razones, 
Gomo de su flaqueza arrepentido : 
<( Vendrá conmigo á Roma el Preferido. » 



390 EL HALCO». 

XXZIf 

Entonce al Preferido á parte tomi, 

Y estas graves palabras le endereza- ; 
« Conmigo, Preferido, vas á Roma ; 
Mas no para lucir tu lijereza. 

No pienses que ir á Roma es una broma ; 
Allí no Tamos á seguir la pieza, 
Ni á que la trompa suene ni el can ladre, 
Sino á besar los pies al Santo Padre. » 

XXIIl 

(( No mas en travesuras te deslizes, 
Cual tienes de costumbre ; te lo advierto : 
Aunque sientas volar cien condornizes, 
O en verde matorral ó en campo abierto: 

Y las veas pasar por tus narizes, 

Has de quedarte inmóvil como un muerto. 
Que me desobedezcas no presumo ; 
Si me desobedeces, te desplumo. » 

XXXIV 

El pájaro al sermón estuvo atento, 

Y erizando de júbilo el plumaje, 
Parece que espresaba su contento 
Por ser socio del duque en el viaje. 
De la partida próximo el momento, 
Gofredo se despide» muda el traje, 

Y tomando el bordón y la esclavina. 
Con el halcón á Roma se encamina. 



Bb- HAE.0OIV. 9H 



x%\r- 



No contaré las penas y Hú^s 

De aquella inrelizísima jornada ; 

Ni oómo un gran seftor, matando hormigas, 

Paso cima á la empresa- comenzada. 

Que atravesó regiones enemigas. 

Que estuvo su existencia amenazada, 

Que mendigaba el pan üe puerta en puerta; 

Es cosa inverosímil, pero cierta. 

XIXVI 

¿ Y qué hai de inverosímil en la historia, 
Cuando ha de ser historia lo que vemos? 
¿ Conserva algún dislate su memoria, 
Mayor que los dislates que hoi hacemos? 
Si todo lo pasado es hoi escoria. 
Las razas que nosotros engendremos, 
Al leer nuestra historia peregrina, 
4, Nos llamarán escoria ó perla tína ? 

XXXVII 

Ni hablaré del humilde acatamiento 
De Gofredo ( por no ser tan prolijo ). 
Suprimo el singular recibimiento 
Que hizo el Padre común al dócil hijo; 
Ni diré que uno erguido en alto asiento, 
Puesto el otro de hinojos, lo bendijo ; 
Ni la cuenta he de hacer de los doblones 
Que costaron aquellas bendiciones. 



39i EL HALGOH. 

XXXYIII 

Si el lector es un hombre de proYecho, 
Tiene pard saber lo necesario. 
Que si el duque volvia satisfecho. 
No lo quedaba menos el Vicario. 
Este, porque cobraba su derecho; 
Aquel, por la indulgencia y relicario ; 
Con cuyas armas, de esperanzas rico, 
Ni un momento dudó vencer á Udico. 

XXXIX 

Pero lo interesante del suceso 
Es cómo se condujo el Preferido ; 

Y fué con tal mesura y tanto seso 
Que el duque lo miraba enternecido. 
No cometió en la marcha un solo esceso; 
El puño de Gofredo era su nido : 

Cual yedra fiel que el tronco firme agarra, 
Tal adhería al puño con la garra. 

XL 

Más de una vez sintió temblar el suelo 
Con la bulla de alegres cazadores ; 
Emiiero supo refrenar su anhelo 

Y olvidar sus hazañas anteriores. 

Lo insultaba el faisán con tardo vuelo, 

Y el mirlo con sus giros triscadores; 
Mas ni pudo el faisán, ni pudo el mirlo 
A infringir sus deberes inducirlo. 



■ALOOH. 393 



XLI 



Mas los halcones son como otra raza 

De indWidnos, que al bien se muestran sordos. 

Se recrea el balcón si despedaza 

Palomas, oropéndolas y tordos; 

Pero el otro individuo, cuando caza, 

Los que caza, son pájaros mas gordos. 

Chcusez le naturel^ dice un poeta, 

/{ revient au goUop. Quién lo sujeta ? 

XLn 

Preferido era halcón de carne y hueso ; 
Y en estos ingredientes se vincula 
Enérgica afición á todo esceso. 
Que el apetito y la pasión adula. 
Si un instante se cansa de su peso 
La virtud, la pasión luego pulula : 
De este común principio no se escapa 
Ni el monje mas austero de la Trapa. 

XLUI 

Volvióse el duque pues, como decia. 
Libre ya de sus tétricos afanes. 
Trazando en su vivaze fantasía. 
De regreso á su corte, vastos planes. 
Antes de todas cosas disponía 
Gran batida de chochas y faisanes; 
Después de recrearse en esta empresa. 
Pensó en su cara esposa, la duquesa. 



3ff EíiWkua^ni^ 



xuv> 



Llegó ocupado en este pensamieittd, 
Siempre teniendo á Preferida e a trnaaoi^ 
A un misero lugar cerca de Trento 
En calorosa tarde de verano. 
Cansado de la marcha, tomó asiento 
En un poyo que estaba allí á la mano ; 
T el balcón, cuando vio dormido al dueño, 
Como él, se libra á deliciosa sueño. 

Quiso entonces la suerte, á quien es uso 
Colgar cuanto nos daña y arruina 
(Propensión insensata que no escuso), 
Que se hallase allí cerca una gallina. 
Esta pobre gallina un huevo puso ; 
T desembarazada la oGcina 
Que destinó natura á tal empleo, 
Soltó, como es costumbre, un cacareo. 

XtVI 

Con menos prontitud baja atraido 
Por la eléctrica vara rayo ardiente. 
Que dispierta y se lanza Preferido 
Contra aquella infeliz ave inocente. 
En un instante el cuello retorcido 
Por la garra del pájaro inclemente, 
Y el pavimento en sangre salpicado 
Maniilestan el crimen perpetrado. 



Eh'VMhteitf. 39ft 



XLTIff 



Qué Te el duque al abrir los tristes-ojos ? 
Oh espectáculo atroz ! Quis taita fando! 
Del caro Preferido los despojos 
Semivivos aun y palpitando; 
Una furia ó mujer, brotando enojos 

Y el sacrificio horrible consumando 
Con sendos golpes y ásperas injurias. 
Propias de las mujeres que son furias. 

XLYín 

En aquel solemnfsimo momento 
£1 duque se acordó de que era duque 
( Del hombre el repentino movimiento 
Depende del sistema en que se eduque ) ; 
Salta con nunca visto atrevimiento, 
Sin temor de que el salto lo desnuque, 
Sobre la despiadada halconicida, 
Que al verlo no da un cuarto por su vida. 

XLIX 

El cuello con las dos mano&le estrecha. 
Mientras su rabia en lágrimas desfoga ; 
La pobre, en coyuntura tan estrecha, 
Hizo lo que cualquiera que se ahoga : 
Luchando por izquierda y por derecha, 
Retorciendo los brazos como soga 

Y haciendo mil violentas contorsiones» 
Procural)a salir de sus prisiones. 



396 EL HALCÓN. 



Al rumor de la lucha y de la soba 
Se alarman los vecinos y vecinas, 
Y con pincho, y con palo, y con escoba 
Salen de sus corrales y cocinas. 
Este con un peñón de mas de arroba; 
El dómine con gruesas disciplinas ; 
£i herrador armado del martillo; 
Con un blandón de á vara el monacillo. 

LI 

¿ Por qué será que en vasta muchedumbre 
Siempre reinan los ímpetus malignos, 
Cundiendo entre sus masas, como lumbre, 
Pensamientos de un hombre sano indignos ? 
¿ Cuál el origen es de esa costumbre, 
Por la cual se enarbolan negros signos 
De destrucción, si, nobles ó villanos, 
Se juntan mas de diez seres humanos? 

LlI 

¿ Quién ha visto acudir vastos tropeles 

A socorrer el huérfano y mendigo ? 

¿ Quién á recompensar servicios fieles, 

O á dar viandas al hambriento amigo? 

¿ O á coronar con ínclitos laureles 

Al hombre honrado, que en modesto abrigo 

Desprecia la opinión del vulgo loco? 

Lo han visto ustedes ? No.— Ni yo tampoco. 



BL HALCOIf. 397 



Lili 



Lo que he visto cien vezes, y habrán visto 
Cuantos llevan de vida algunos años, 
Es lo que llaman pueblo, siempre listo, 
Si se trata de injurias y de daños. 
Jamas al pueblo vi, desde que existo, 
Ya en mi suelo natal ó en los estraños, 
Unirse en entusiasmo y alborozo, 
Sino para ruinas y destrozo. 

LIV 

Concluyamos, que ya va largo el cuento : 

Murió á manos de aquella gente ruda 

Gofredo de Bretaña, y de su asiento 

Fué arrojada la mísera viuda. 

A solitario y austero convento 

Se retiró el obispo; — y aun se duda 

Si allí aquietó su genio bullicioso 

Que fué á su pobre hermano tan costoso. 



LOS 

NOIUtfANDOS £K GALICIA. 



«'He deem'd btmeelf mark'd ouf for olher8*'tete, 
And mock'd al ruin so they shar'd'htoiMej» 

Btroh. 



ADVERTENCIA. 

Los normandos, mandados por su reí: Gunderedo, aporta- 
ron con cien naves en Galicia, por los años de 968 , bajo el rei- 
nado de Don Ramiro III. Son increíbles los estragos que hicie- 
ron en aquel país , desde la costa hasta el monte Cerbero. El 
conde Don Gonzalo Sánchez, que algunos colocan errada- 
mente entre los condes de Castilla , les dio una sangrienta ba- 
talla, en que Gunderedo perdió la vida ; venció completamente 
á los invasores, y tuvo la dicha de libertar á su patria de tan 
tremenda calamidad. 




De la corriente tormentosa ¡r randa. 
Por átmáe el mar de Bóreus recauda 
Del agitado Báltico el tributo, 
Y con sus af^as el copioso fruto 
De mil borrascas ; coa audaxes qnillas, 
Dura amenazo á plácidas orillas. 
Sale, hroiando destrucción y miedo, 
.Saogitinario y terrible, Gunderedo, 



402 LOS NORMANDOS EN GALICIA. 

El formidable jefe del normando. 
El mas horrendo azote, que bramando 
De cólera el Deslino, contra Iberia, 
Para sumirla en llanto y en missria, 
Cual terremoto asolad or d satai^ 
Por la espesa neblina se dilatad- 
La vela henchida, y la alba mole hiende, 
Cual horrible fantasmsrctue desciende 
De la etérea mansión; para que ghna 
Trémulo el hombre, y el terror Id oprima. 

¿ Quién del dominio de la eterna- nleif^ 
De esos audazes los impulsos mueve, 

Y hacia las playas, do brillaote luce 
Con blanda llama el cielo, losisonduce? 
Sed dé gozes imptrnos , de oro y vino, 

^ir'de adulterio y rapto: TÍ6 al Dbstino 
A Demandan cetros, lauros ni coronas; 
Ni osados dejan las heladas zonas 
Para inmortalizar con noble hazaña 
Renombre ilustre en la nación estraña. 
Prez de valor en pueblos sometidos. 
En sed rabiosa queman sus sentidos 
Codicia infame, intrépida lujuria. 
No es vicio, no es pasión, que es negra furia 
La que sus rudos pechos atormenta, 

Y en inquietudiimpávida y violenta 
Rige invisible el curso leve y vago, 
Del Categat á Roma y á Cartago. 
Ruge en vano del pol o, conmoviendo 



LOS IfOBMANDOS EN GALICIA. 40S 

Olas y playas, estampido horrendo 
De gigantea tempestad, y agita 
Los abismos en vano; y precipita 
Torbellinos y ráfagas en vono, 
Por la hinchada estension del Océano, 
De los vientos el tétrico monarca. 
Burla sus iras la 11 jera barca, 
Meciéndose unas vezes en la cumbre 
De las olas, que en vasta muchedumbre 
La sacuden mugiendo, como paja 
Que arrastra el euro; y otras vezes baja, 
Cual flecha rapidísima á la hondura, 
Do preparan la móvil sepultura 
Del nauta temerario; pero en breve 
Sobre la espalda líquida se mueve. 
Cortándola veloz, y proclamando 
La invencible destreza del normando. 

Ebrio, y terrihle en su embriaguez, al brillo 
Del rayo clama el bárbaro caudillo : 
« Hijos del norte, sonreíd : ¿ no es esta 
Para nosotros jubilosa fiesta? 
¿ No son los huracanes el arrullo 
Del seteotrion? Hollad con noble orgullo 
Los caprichos del mar; póngales freno 
Vuestra invencible terquedad, y el seno 
Recread con la imagen seductora 
Del bien que el porvenir nos atesora. 
La rica Iberia con virgíneos bcazos 
Nos convida : fragineiitofl y pedasDOS 



40 i LOS XORHANDOS EN GALiaA. 

Tórnense catedrales y conventos : 
Oro son sus pedazos y fragmentos. 
En torbellinos humeantes rompa 
Vuestra mano soberbia la alta pompa 
Del monasterio y del castillo ; brame 
Voraz incendio, y su furor derrame 
Tor altos bosques y opulentas mieses. 
Cruje el mástil? No importa. Qué reveses 
Os intimidan? Acudid á popa. 
Quien me quiera seguir, alze la copa. » 

Dijo, y bebió, y bebieron los impios, 
Y arrostraron del mar con nuevos bríos 
La cólera ; y el sol, que desvanece 
I^ contienda agitada, y resplandece, 
Cual de los orbes soberano y dueño, 
Los vio sumidos en profundo sueño. 



II 



Gonzalo Sánchez, ¿dónde estás? Acorre 
Solicito á los muros de tu torre, 
Que en vano opone al invasor su almena, 
Si su recinto un pérfido envenena, 
Y en él baldón á tu vejez prepara. 

Tierno capullo de belleza rara, 
Lijera como el gamo, simple y pura. 
Como jazmin recien abierto, Hermura, 
Del buen Gonzalo única prenda, un dia, 



LOS MORMANDOS EN 6AL1CU. 405 

Mientras el bravo conde recorría 
Con no vencida hueste su frontera, 
Triscaba vagabunda en la pradera. 
Guardábala Sesmundo desde lejos. 
Uno de aquellos servidores viejos, 
Que al lado de Gonzalo en lid gloriosa 
Propagaron su fama belicosa ; 

Y el paje Ulrico, á quien Gonzalo estiende 
Benigna protección, y en quien ya enciende 
Pasión furiosa su voraz centella. 
Acompaña al anciano y la doncella. 

Ya aquellos dos incautos corazones. 
Ligados en ocultos eslabones 
Que ni de voz ni gesto necesitan, 
A negra perdición se precipitan. 
Una ocasión les falta que acelere 
Su ruina ; y amor, que de ambos hiere 
Los pechos, y los turba, y acibara. 
La ocasión azarosa les prepara. 
A un grupo de madroños y taraje 
Llega cansada Hermura, y llega el paje, 

Y Hermura al césped lánguida se arroja, 
Como pervinca solitaria y floja. 

Si está lejos la rama que la apoye. 

Y allí por vez primera mira y oye 

Del amor que ha inspirado y ella siente, 
La espresion vigorosa y elocuente. 
Solos están : del indulgente anciano 
Los oculta el asilo, en que lozano 



íM lms-nimuiahdos en «augu. 

Propaga el tronco ramarzon espesa, 

Y con blandos aromas embelesa, 
Cual con sutil veneno, los sentido». 
Solos están ; y ciegos, y aturdidos, 

Y aman los dos, y nadie los detíende 
De la asechanza que el amor les tiende. 
Cuando en rapto frenético la boca 

Del fogoso doncel la mano toca 

De la inocente virgen, un guerrero 

Rompe el tejido móvil y iijero 

De las ramas, y -alesHido vigoroso 

Robusto brazo, en ademan furioso 

De hombre que no perdona á quien lo hamiUa, 

Sella con vil afrenta la mejilla 

Del osado garzón, quien se levanta 

Vengativo, y al conde se adelanta, 

Y el hierro empuña. Súbito contiene 
Su audaz impulso amor, y le previene 
Mas afrentoso porvenir. Al punto 

De encontradas pasiones el conjunto 
Que lo destrozan, sus miradas ciega.< 
Ponzoña activa el corazón le riegan 
Voraz incendio por sus venas fluye ; 
Alza al cielo los brazos, gime y huye; 



iir 



Una pasión en alma ardiente basta* 
Para abrirle mi) breebas. Si cwMfatU 
Con otra, y no le> eedeem enevgiai, . , 



LOS mmWAHBOS BN GALiaA. iOT 

La vida se convierte en anarquía 
De encarnizados sentimientos : rotos 
De esperanza los límites remotos, 
Fuera de ellos la victima no alcanza 
Vislumbre de temor ni de esperanza, 
Que la arranque del torpe parasismo. 

Y qué es entonce el porvenir? Abismo 
Sin luz ni fondo, á cuyo borde vaga 
Desatentado el reo, á quien halaga 
De destrucción el misterioso instinto, 
Hasta que al hondo y lóbrego recinto. 
Cual mole de granito, se desploma. 

Por intrincado valle y alta loma, 

Y áspera fulda y encumbrado pico. 
Sin designio ni norte, corre Ulrico, 
Roja aun la marca de baldón que impuso 
Gonzalo á su soberbia : no confuso 

De su desliz, sino brotando enojos, 

Y bañados en lágrimas los ojos ; 
Llanto, no de ternura, de despecho. 
Ya la venganza y el amor su pecho 
Punzan encrudecidos. Sin venganza 

No quiere el triunfo que el amor alcanza ; 

Y es venganza á sus ojos incompleta, 
Si el amor no corona su ansia inquieta. 
El ofendido honor hace que huelle 

La lei misma de honor, y que atropelle 
Su ambición j tan^ cruel como insensata, 
Los fueros misiáiós que el honor acata. 



i08 LOS kormaudos en galicia. 

La muerte jura á su ofensor : pedazos 
Jura hacer de su pecho, y en los brazos 
De la tierna beldad que lo esclaviza, 
Insultar de su padre la ceniza. 

Era entonces confuso laberinto 
Galicia de desorden. Su recinto 
Ramiro deja, ya por guerra estraña, 
Ya por las vegas que del Ebro baña 
La linfa bella, do en mansión frondosa 
De encarnizado batallar reposa. 
Sin rei, sin magistrados, sin el freno 
De sahidable autoridad, el seno 
Destrozan de Galicia en mil facciones 
Las ciudades, el clero y los barones. 
Del pueblo agravan los pesados grillos 
Mil bárbaros tiranos : los castillos 
Encierran muchedumbre destructora. 
Fatal á quien la ofende ó quien la implora. 

V en tan lo las campiñas furibunda 
De malhechores banda atroz inunda, 
Sin que el mísero pueblo lo resista. 
En su bandera criminal se alista 
Desacordado Ulrico, cual desecho 

De los hombres. No el sórdido provecho 
Lo seduce : á mas alta empresa aspira, 

V el propósito bárbaro le inspira 
Mas anhelo de crimen y de hazaña, 
Que á la turba feroz que lo acompaña, 
La sed del oro y del botin. En breve 



LOS MOBMAICDOS EK GALICIA. 409 

Nadie á rivalizar con él se atreve. 
Ya en sangriento designio, ya en arrojo ; 
Gomo huracán aselador, su enojo, 
Nuncio de muerte y destrucción, estalla. 
Su nombre espanta al mundo, y avasalla 
La banda de ladrones y asesinos, 
Criminales vulgares y mezquinos, 
Que ceden al imperio de su fama. 
La voz de todos ellos lo pioclama, 
Ck>mo escelso en maldad, jefe y caudillo. 
De entonce á los estados y al castillo 
De su ofendido bienhechor declara 
Guerra de asolación. Diestro prepara 
Con estraño tesón medios hostiles ; 

Y á la cabeza de sus socios viles, 

A incendio, y esterminio, y muerte toca, 

Y al enemigo á lucha igual provoca. 



IV 



£ra el conde Gonzalo noble viejo, 
Fuerte en la lid y próvido en consejo. 
Nombrado por su brazo y su justicia, 
Veneraban sus canas en Galicia 
La plebe y los magnates. Sus pendones 
Seguían los potentes infanzones, 
Dóciles á su influjo. Amigo y deudo. 
Ligados con Gonzalo en noble feudo. 
Reparaban cual propios sus ultrajes. 
Vuelan de torre en torre los mensajes 
De alarma : el desacato del bandido, 



410 L(^ NO]MM^DQ& EjEf ^ALIQUk, 

Ta con horrendo noqibre conocida^ 
Fiera altivez dispierta en los señores. 
Los ataques de seres inferiores 
Son doble injuria á distinguidosseres^ 
Guando luchan proceres con proceres^ 
Puede haber injusticia ; mas no ofensa : 
No así el orgullo de los hombres piensa. 
Si parte el tiro de regiones bajas. 
Al rumor de añafiles y de cajas 
La nobleza injuriada de Galicia 
Congrega sus vasallos y milicia, 
Y como á caza de dañina fiera, 
Terror y azote de comarca entera 
Que cual precioso bien su muerte piae, 
En bandas numerosas se divide. 
De valle en valle, y de una en otra cumbre 
Persigue á Ulrico vasta muchedumbre, 
Segura de triunfar. Lo ve la aurora 
Derramar su mirada indagadora 
Por la estendida vega y la llanura, 
Cubierto en vano en lóbrega espesura : 
Lo ve la noche, trémulo y perdido 
En ásperas cavernas guarecido. 
Sin reposo y sin sueño. Noche y dia. 
Ora el rumor del aire, ó la armonía 
Del ave, ó paso de veloze ciervo 
Llenan de susto el corazón protervo. 
Con desprecio, y horror, y odio lo mira 
La gavilla cobarde, á quien inspira 
Miedo el cadalso ; y con traición perversa, 



LC» HOftHATfDOS BN «ALICIA. if 1 

Por falda y por quebrada se dispersa « 
Solo en el mundo Ulrico, y eicecrado 
Por el mundo, de mil muertes oereade^ 
En cada sombra viendo un enemigo, 
Sin solaz, sin apoyo, sin abrigo. 
El caballo y las armas abandona, 
Y por la espesa breña que corona 
Los profundos barrancos de una sierra^ 
Cual inmundo reptil, la odiosa tierra, 
Que fuera un tiempo de sus dichas raya. 
Deja, y se encuentra en arenosa- playa. 



En la ancha cuadra del castillo, llena 
De noble turba, la algazara suena 
Del banquete abundoso. Lo preside 
Gonzalo Sánchez, cuya faz despide 
La noble majestad de años provectos, 
Consejos firmes y designios rectos. 
Junto al sillón del padre muestra Hermura 
Velado el resplandor de su hermosura, 
Con visos de pesar y de tristeza. 
No es ciego amor ni plácida terneza 
Lo que su blando seno martiriza : 
El recuerdo fatal la atemoriza 
Del peligro horroroso á que la espuso 
La ciega audazia de un garzón iluso. 
Circula el vino en profusión : los ecos 
Del canto rumoroso por los huecos • 
Del artesón dorado se repiten ; 



It2 LOS NORMANDOS EN GALICIA. 

Y cuando en gozo y en beber compiten 
Los huéspedes ilustres, con mensaje 
De las bocas del Miño llega un poje, 

Y pone en manos de Gonzalo un pliego. 
c< Sus, á las armas, infanzones, luego 
Corred, » esclama, « que el feroz normando 
Con cien bajeles surca, amenazando 
Nuestro poder, las costas de Galicia. 

Sin rei estamos á quien dar noticia 
Del urgente peligro. ¿ Esperaremos 
Sú tardío socorro ? ¿ No tenemos 
Fieles vasallos y ardorosos bríos ? 
Corramos al combate, amigos mios. » 
De pronto allí la junta esclarecida 
De la defensa el plan traza, y convida 
Con el mando supremo al buen anciano. 
« No eres jefe, » le dicen ; « soberano 
Te aclama nuestro amor. Leyes y fueros, 
Pontífices, magnates y guerreros. 
Todo á tu mando y á tu voz se humille. » 
Claman, y antes que el sol fulgente brille 

Y la alta sierra de esplendor corone, 
Ya en sus estados cada cual dispone 
El broquel, el trotero y la loriga, 

Y se prepara á bélica fatiga. 
Tales de lei feudal los beneficios 
Eran, cuando en error, pereza y vicios, 

Y en ignorancia tosca sepultados, 
Juguetes del poder los magistrados. 
Dejaban sin apoyo ni defensa 



LOS NOAMANDOS EN GALICIA. 413 

De plebe humilde la familia inmensa. 
Su defensa era el bravo, y en los muros 
De un torreón, tal vez libres, seguros 
Se refugiaron tímidos derechos, 
Debiendo su salud á nobles pechos. 



VI 



£ra la noche, y en la arena fría 
La mar su espuma plácida movía, 
Retrazaudo en sus móviles espejos 
De los astros los candidos reflejos. 
I Cuan suave espectáculo al que mira 
Sin inquietud la soledad I Suspira, 
No de temor ; de afecto puro y tierno. 
Que en la mar y en la noche, del Eterno 
Siente un decreto misterioso y santo; 
Respira un leve y delicioso encanto, 
Bálsamo que sus males suaviza. 
Cual manso soplo, el alma se desliza 
Por las olas pacificas ; se exalta 
Y á la cúpula sube, donde esmalta 
Con ricas joyas la ostensión oscura 
De Orion la magniüca cintura. 

No así el que abriga un corazón perverso : 
En la vasta región del universo 
No hai mas que maldición para su vida. 
La noche con visiones lo intimida 
De fantasmas horrendas, de gigantes 



444 LOS NOAAIAKÍOOS EN «CMOklHiA. 

Espantosos, que en ojos fulminantes 
Execración vomitan á su raza. 
El rugir de las olas lo amenaza, 
Cual si escuchase en ellas al Eterno 
Gritando en eco disfrazado : Infierno. 
Védlo escuálido, triste, con la seña 
De perdición en seca faz. La breña 
De la áspera retama, combatida 
Por la espuma del mar, es su guarida. 
Joven es, y ya arruga la ancha frente 
Decrepitud penosa : sed ardiente 
Calcina el labio corrompido : brota 
Frió sudor por la manchada y rota 
Vestidura, y el hielo de la brisa 
Mortal espasmo y destrucción avisa. 
Ese espectro feroz, lívido, horrendo, 
Que en abandono universal gimiendo, 
Frenético recuerda todavía 
Sangrientos planes de venganza impía ; 
Ese que en senda honrosa, libre pudo 
Grabar nobles hazañas en su escudo, 
Y que pasó los días de su infancia, 
Caro á sus protectores, en la estancia 
De intacto honor, en esperanzas rico. 
Ese es un monstruo de maldad : Ulrico 

Ceden los torpes miembros á un letargo 
Convulsivo : no es sueño, es un amargo 
Sopor, que el seno agita y despedaza. 
Dispierta repentino, cuando enlaza 



Sus manos fuerte mido. Üb'estraltijcfro 

De erguido talle y dé semfoiaiilte 'fiero, 

Seguir le manda al próximo arrecife. 

Los dos se embarcan en lijcro esquife : 

Corta el remo veloze la resaca, 

T el frágil leño á la galera atraca, 

Desde la cual bramando Gunderedo, 

Cubre á Galicia de espantoso miedo. 

«Quién eres?» le pregunta.— «Soi tu hermano,» 

Responde Ulrico, en quien vigor lozano 

Sopló de pronto el criminal instinto 

De asolación. «Si á ese fatal recinto 

Tomar designas soledad horrenda, 

Yo, cual tu hermano, mostraré la senda. 

Soi hermano de aquel que esa morada 

De execración en huesa trasformada 

Y en Etna frió y apagado deje ; 
Del que del duro corazón aleje 
Voz de piedad y mujeril ternura. 

Si su aniquilación con sangre jura. » — 
«Lo juro, » dice el bárbaro, á quien UeUa 
De delicia la rabia que enajena 
La fantasía atroze del malvado ; 

Y el pérfido doncel.... Del hombre honlrado 
Apartemos la escena que envilece 

La razón, con que el hombre se envafnece. 
Ciña un velo piadoso el negro abismo. 
Que abre con fíera mano el fanatismo 
De la perversidad. Veloz desciende 
Del cielo el rayo, y b ciudad lenciende; 



416 LOS IfORMÁNDOS EN GALICIA. 

Pero al lóbrego seno que lo lanza, 
La torpe vista del mortal no alcanza. 



Vil 



Largos meses de llanto y de ruina 
La región que á la costa se avecina, 
Pasó doblada al afrentoso yugo. 
Seco en tanta opresión el vital jugo 
Del campo ; trasformados en escombros 
Templo y alcázar; en horror y asombros 
La humana sociedad. Por todas partes, 
En pos de los horrendos estandartes 
Del sangriento invasor, cunden velozes, 
Gomo suelto raudal, males atrozes. 

En vano sigue su sendero vago. 
Que el incendio denuncia y el estrago, 
Del bravo conde la irritada hueste. 
Sin hallar enemigo á quien aseste 
Lanza ni dardo, ya los montes gira, 
Ya al bosque, ya á la costa se retira, 

Y solo del normando ve la huella, 

Y destrucción y crímenes en ella. 
Ulrico diestro su carrera guia. 
No sumido en feroz melancolía, 
Ni humillando sus bríos altaneros 
En un tropel de oscuros bandoleros ; 
Sino orgulloso en alto predominio, 
Triunfando en la miseria y estermiuio, 



UM HOBMAHDOS Blf 6ALICU. il*I 

Que el lustre borran del nativo suelo : 
Tales son sus delicias y consuelo. 
Ceñido de armadura esplendorosa, 
Sobre alazán intrépido, pomposa 
La cimera, cubierto de oro el cinto, 
Que enlaza agudo hierro, en sangre tinto 
Bruñido escudo con atroz leyenda : 
Falta masy fiero Ulrico á la tremenda 
Turba precede, al lado del caudillo. 
Llegan á un elevado bosquecillo, 
Desde el cual se descubre la ancha vega, 

Y los bordes del rio, que despliega 
Por su llanura rápidos cristales ; 

Y mas allá, en espesos matorrales, 
Lejana tropa que Gonzalo rige. 
Ulrico del normando allí dirige 

La mirada. « Los ves? » le dice ; « en breve. 
Si á mas cumplida empresa no se atreve 
Nuestro valor, en lucha temeraria, 
Pero inútil, espuestos á la varia 
Fortuna del combate, tus guerreros 
Cruzarán con el conde sus aceros. 
Osemos mas : de un golpe destruyamos 
Su altivez orgullosa. Cerca estamos 
Del castillo opulento, donde encierra 
Sus tesoros. Termine allí la guerra ; 

Y mientras arde el torreón altivo, 
Luchemos en combate decisivo. » 
Dijo, y cunde la voz. La tropa osada 
Por senda tortuosa y retirada, 



SÍ9 -té» MIUÍA^IM» ^ ^B/ÉÍLllStA. 

Sedienta de mafónza y de #tiit», 
A la mansión iiustt>e secméankina. 

Tin 

Ocupa el torreón la lusa esjmlda 
De una altura suave, y en la falda 
Se dilata, coi'tando con su anchura 
£1 encorvado cerro, una llanura. 
Esta por todas partes se guarnece 
De un enramado bosque, donde crece 
Ciprés, y aliso, y mirto, y roble, y haya ; 

Y cual pomposo cintnron, se esplafya 
€on giro igual del murallon en torno, 

Y de defensa sírvele y adorno. 
Llega el normando al interior distrito 
Del ancho anfiteatro, cuando el grito 
De sus guardias, le anuncia la presencia 
Del ibero á quien busca su insolencia. 
Previo el conde el designio que amenaza 
Su hogar querido, y por oculta traza 
Que la jornada abrevia, se anticipa, 

Y el negro plan del invasor disipa. 
Las dos fuerzas iguales, frente á frente. 
Se paran. £! caudillo diligente 

De una y otra calcula los azares 
Del empeño, registra los lugares. 
La opuesta masa cauteloso mide, 

Y en firme voz las órdenes espide. 
Asi cuando prepara la tormenta 



Trastorno imÍYorsal, su fiftz ostenta 
La mar inmóvil, eoiiio jaspe duro, 
Mientras suspenso el nubarrón oscuro 
La seña espera de la mano sabia, 
Para soUar los diques á su rabia. 
Mientra el destino á su valor pispara 
Muerte y triunfo, del grupo se separa 
Ck)n unos pocos el garzón. Tji torre 
De Gonzalo es el término á que corre 
Con infernal anhelo. Mas apenas 
Descubre entre las ramas sus almenas, 
Vision mas grata su maldad provoca. 

No lejos del camino, en alta roca. 
Que domina el tajado precipicio. 
Cual victima dispuesta al sacrificio, 
Hermura, en su inquietud aun mas hermosa, 
£1 éxito terrible aguarda ansiosa. 
La ve el indigno amante, y del trotero 
Se arroja, y mas audaz que tigre fiero. 
Sobre la presa mísera se lanza. 
La virgen, en devota confianza, 
Previendo la catástrofe iofelize. 
Resigna el corazón, y á Uirico dice : 
« No lograrás, infame, el vil intento. 
Antes destroze bárbaro tormento 
Mi seno triste en miseros pedazos, 
Que en el tuyo me estrechen esos bracos. 
Que mueve el crimen con impulso alroze. 
Sirva mi muerte de esquisito goze. 



^20 LOS NORMANDOS BN GALICIA. 

Sirva de premio á tu pasión maldita. » 
Dijo, y, sin vacilar, se precipita, 

Y de una en otra roca se desprende, 

Y al hondo abismo exánime desciende. 
Mudo queda y estático el perverso 

De despecho y asombro. £1 universo 
Se eclipsa de repente á sus miradas. 
Con lágrimas ardientes inflamadas. 
Allí, por vez primera, reconoce 
La perdición segura, á que veloze 
Su protervia lo empuja. La rodilla 
Dobla trémulo ; cubre la mejilla ; 
Tormento agudo el seno le destroza, 

Y agonizando de dolor, solloza. 



IX 



El rumor de la lucha lo dispierta : 
Llega á los suyos, y con mano yerta. 
Toma la rienda, y á caballo sube. 

De denso polvo la agitada nube. 
Que se levanta en moles colosales ; 
£1 rumor de clarines y atabales, 

Y el doliente clamor de los heridos, 

Y del furor los altos alaridos 
Sus ímpetus velozes estimulan; 
Imágenes horrendas se acumulan 
En su desconcertada fantasía. 

« No se oscurezca, » clama ansioso, « el dia, 



LOS NOBMAIIDOS Blf GALICIA. iSl 

Sin que el oonde á los filos de mi daga 

La pérdida de Hermura satisfaga. » 

Cuando al teatro sanguinoso llega, 

Ya estaba decidida la refriega. 

Pagó el jefe normando con su vida 

Tanta barbarie y destrucción : batida 

Su muchedumbre, ó muere ó corre. Ardiendo 

En furia Ulrico, al escuadrón tremendo 

Las riendas torna, y el acero esgrime. 

Gonzalo, al conocerlo, no reprime 

Su encendido rencor : las filas deja 

Y con la enorme lanza que maneja. 
Terrible golpe le dirige. Cruje 

Roto el broquel, y el desgraciado ruge, 

Y se desploma como roca inerte. 
Ceñido con las sombras de la muerte, 

« Vengado triunfas, » dice, « infame viejo. 
Muero en deshonra y en baldón ; mas dejo 
Don que por siempre tu existencia aflija. 
Vengado estói también : busca á tu bija. » 



-cB^ 



DON OPAS. 

EN CUATRO PARTES. 



-«i^->- 



« La digresión os pide mil perdones , 
Que 70 {iuelo petar en digresiones. » 
Floresta de rimas antiguas castbllahas. 




• AnihounotT— W 



naesira Esptfi* 

le empalia, 



Ud infortuDio atn» 

Qae al mas aevdro corazón I: 

Bien que el lustre préseme 

Va i ser bol el asuelo de mi riniB. 

Ed vano el curso de la suerte estraña 

De allf me aleja en apartado clima : 

Siempre flja en Espafia eslá mi mente. 

Cual en tierno amador pasión ardiente. 



i36 DON OPAS. 

II 

Y pues de ella me aparta el hado adverso, 
Buscaré cuidadoso en sus anales 
Asunto propio de mi tosco v«rso 

Y de mis'seilimienlos nadonales. 

Y si sale un iméiPpDete per«riA9e, 
Bien provisto de criticas pardales, 
Seguro está que logre coa su escrito 
Disminuir mi sueño ó mi apetito. 

III 

Entraré en el espeso laberinto 
De época añeja y por demás oscura. 
Menos que orudiciou, será el instinto 
Quiea guiará mi mano en la pintura. 

Y pues que no disputo, siao pinto, 
Si resulta una inñel caricatura, 

Sepa el lector que ea graves escritores 
Se suelen encontrar algo mayores. 

IV 

Grave infortunio cantaré; tremenda 
Crisis de aquellas que la suerte amarga. 
Soltando á sus rigores larga rienda, 
Sobre inocente población descarga. 
Digna de España mi sencilla ofrenda 
Tal vez seria, si con rienda larga 
Benigna inspiración, que humilde imploro, 
Diera á mí lira fiel eco sonoro. 



DOF 6pA8. itr 



Que al héroe principal, al que sostiene 
Todo el peso del drama qoe medito, 
Grande estilo poético conviene, 
Por su clase, su nombre y su delito. 
De los puros raudales de Hipocrene, 
Para tamaña empresa, necesito 
Cántaros llenos, no mezquinas copas : 
Canto las aventuras de Don Opas. 

VI 

Nombre infausto á mi patria. A su sonido 
£1 genio de la España oculta el rostro 
Con funestos recuerdos ofendido ; 
Mas yo, que á la virtud me humillo y postro, 
Nunca á la faz del crimen me intimido : 
Su torpe fealdad sereno arrostro, 

Y al pintarlo con pelos y señales. 
Pienso hacer un favor á los mortales. 

vil 

Hartos son los que cubren con empeño 

Y disimulan con afán propicio 

La torpe corrupción ; y, en hondo sueño. 
Dejan que cunda ponzoñoso el vicio. 
El hombre justo opone torvo ceño, 
Rígido á su poder, y el sacrificio 
De la razón á un ídolo perverso 
Bastara á trastornar el universo. 



i ¿8 DON OPAS. 

VIII 

Qué mas quieren los malos ? Cariñosa 

Los mece la Fortuna y los halaga ; 

Ni un deseo conciben, que afanosa 

Su incansable avidez no satisfaga. 

Si la censura fiel y rigorosa 

Con futuro baldón no los amaga, 

¿ Qué punto habrá que su poder no infeste t 

Conózcalos el mundo, y los deteste. 

Ya sé que no es valor luchar con muertos. 
Mas ¿ quién se atreve á pelear con vivos, 
Que siempre al débil lanzan tiros ciertos, 
Y son en hacer daño tan activos? 
Los caminos del mal están abiertos ; 
Llenos están de encantos y atractivos. 
Sepa el ciego mortal que en ellos entra. 
Lo que al llegar al término se encuentra. 



Y mientras la justicia humana venga 

La sociedad, si es débil quien la ultraja , . 

Para que en su desorden se contenga 

La envilecida tribu, pobre y baja; 

Alzada la opinión el brazo tenga 

Sobre el que huele almizcle y cuelga alhaja, 

Y, sumido en delicias y regalo. 

Quiere, por ser mas fuerte, ser mas malo 



DON ÓPAB. 499 



XI 



Mientras mas elevado es el objeto, 
Debe ser mas enérgico el ataque. 
. Por el fraque dejemos al coleto, 
Y por cetro, y capucha, y mitra, al fraque. 
Profano y criminal es el respeto. 
Si impide que la critica destaque 
Sus tiros al que tanto los merece. 
Solo porque en altura resplandece. 

XII 

¿ Esento ha de quedar de agria censura 
Quien enfangado en sórdido manejo. 
Quien dando manos á una intriga impura, 
No deja á una nación mas que el pellejo ? 
Por mas que hundido en gozes y en holgura, 
Lo ciña el lujo de falaz reflejo ; 
Por mas que ella lo aguante y se resigne, 
¿ Será otra cosa que un bribón insigne? 

XIII 

Si una pandilla, un club, una academia 
Se apodera del mando y lo vincula ; 
Si eu ella crimen y traición se premia , 
Y medra quien se postra y quien la adula ; 
Si verdad en su código es blasfemia, 
i. Ha de sufrir el pueblo, dócil muía. 
Que el orgullo de un grupo de insensatos 
Se burle de sus improbos conatos? 



4>9D IKNf OPAS. 

Xlt 

Por mas que con iTalaz nofiófélodattira, 
Ck)n dorado artificio y efícazia, 
Cubrir de flores la maldad pi>óM<a 
Campanuda y satii la^Üpíoiíiáda ; 
No tanto puede su elocuencia oscura, 
Que se convierta en dicha la desgracia 
De los que pagan pecbos y tributos, 
Mientras otros engoi*dan con sus frutos. 

XT 

¿ Qué es un c|(ffien 09<mro al lado de esos 
Atentados, que en alta jerarquía 
Maquina la ambición, cuyos ese^os 
No caben en un pueblo, ni en un üia ? 
Sangre, cenizas, insepultos faue^s. 
Incendio, estrupo, robo, alevosía ; 
El crimen da esos frutos, y aun peores. 
Cuando son personajes sus autores. 

XVI 

Ejemplo grave y persuasivo encierra 
De esta verdad mi canto, qne no' aspira 
Falaz á ornar los males de la guerra 
Con engañosa y pérfida mentira. 
Veréis en odio hervir la hermo^ tierra 
Que el Tajo riega, y estallando en ira. 
Bajar cien razas á la hue^ oscttra; 
Solo por una moza y por un cura. 



DOlf OPAS. 4M 



xm 



Veréis desfNireoer las tribus fieras 
Que vinieron del norte al mediodía, 

Y que á sus pies hollaron altaneras 
Poder que á cien naciones oprimia : 
Pasaron como ricas sementeras 
Que la langosta, oscureciendo el dia. 
Con apetito bárbaro destroza ; 

Y todo por un cura y ona moza. 

XTIII 

Hija la moza fué, y el cura tio ^ 

De un noble godo en Ceuta arrinconado^ 
No para que ostentase su alto brio 
Contra los enemigos del Estado, 
Sino para evitar que el poderío 
De su influencia á un príncipe, cuitado, 
Vicioso, débil, holgazán é injusto. 
En la ocasión primera diese un susto. 

XIX 

Grande episodio en los anales nuestit>s 
Forman las aventuras de la Cava: 
Las refirió León en ritmos diestros 

Y Ángel Saavedra en melodiosa octava. 
Cosa estraña! los lances mas siniestros 
Que á una nación convierten en esclava 
De la Discordia, y sus destinos rigen, 
Tienen por lo común el mismo origen. 



iS2 DON OPAS. 

Amor, que el hombre cual su vida aprecia, 
Que vivifica al mundo con su llama, 
Con la casta mirada de Lucrecia 
Terrible incendio junto al Tibre inflama ; 
Torrentes de infortunio vierte en Grecia 
De Helena el robo. Así cuando la fama 
De una nación refiere la grandeza, 
Es un crimen de amor por donde empieza. 

XXI 

Los godos no eran ya lo que eran antes. 
Cuando tembló á su nombre el Capitolio, 

Y el rumor de su armas arrogantes 
De Constantino amenazaba el solio. 
Adormidos en tronos vacilantes, 
Hacían insolente monopolio 

De la riqueza nacional : el lujo 

A este abismo de males los condujo. 

XXII 

Y mas que el lujo, el fanatismo, hermano 
De esa ignorancia mazorral y espesa, 

Que en errores de un orden sobrehumano, 
Cual en grato prestigio se embelesa. 
Por querer ser el godo buen cristiano. 
No mas lució su espada en noble empresa : 
Frailes lo dominaban y mujeres, 

Y vivia entre ayunos y placeres. 



DON OPAS. 433 



XXIII 



DoQ Julián empero el lustre añejo 
De sus abuelos conservaba puro ; 
Arrojado en la lid, sabio en consejo, 
integro en gobernar, aunque algo duro. 
Mas al mirarse desterrado y viejo, 
Sumido en un rincón triste y oscuro. 
Bien que amase á su patria, á fuer de godo. 
Amábase á si mismo mas que todo. 

XXIV 

Peusando est »ba siempre en Don Rodrigo, 

Y manteniendo viva la esperanza 

De lanzar contra aquel lorpe enemigo 
Dardo seguro de cruel venganza. 
«Si alguna vez,» pensaba, «yo. consigo 
Herir su infame pecbo con mi lanza, 

Y lavar con su sangre mi ruina. 

Me be de dar una buena disciplina.» 

XXV 

En estos pensamientos embebido, 

Salió á rondar de nocbe la muralla, 

Que al moro, dueño ya de aquel partido, 

Fué en todo tiempo prepotente valla. 

Iba solo, agitado, distraído. 

Con un tosco gabán sobre la malla; 

Justillo, á goda usanza, de gamuza, 

Corto broquel, estoque y caperuza. 

19 



43i BOK OPAS. 

XXVI 

De pronto siente que una mano dura 
Lo detiene invisible por el hombro. 
Tómase y ve gigántica estatura. 
Que á un pecho como el suyo daba asombro. 
«Quién eres? » dice el godo; y con dulzura 
Le responde el jayán : « Tarif me nombro; 
Tarif soi ; mas no vengo de enemigo : 
Vengo á hablar de la Cava y de Rodrigo.» — 

xxvn 

«Pues qué tiene Rodrigo con la Cava?» 
Dice Julián» en vano reprimiendo, 
Cual reprime el volcan la ardiente lava, 
De su furor el ímpetu tremendo. 
« Bagatela ! » responde el moro; « esclava 
De torpe vicio España la está viendo. 
Folgando está con ella Don Rodrigo 
A la orilla del Tajo sin testigo. » 

xxvm 

Era lo natural que en aquel lance 

Tíñese en sangre el conde el noble filo, 

Porque según se cuenta en el romance. 

Tal era de los godos el estilo. 

Mas el conde se hallaba en duro trance : 

Era su pecho borrascoso asilo 

De encontradas pasiones; y en tal caso 

La acción no puede siempre abrirse paso. 



BON OPAS. id5 



XXIX 



De aquel silencio aprovechainU) el dvioro^ 
«Conde,» le dice, «c aguantas esta injuria? 
¿ Sufrirás que marohUe.tu decoro 
De un príncipe insolente la lujuria? 
Véngate del que roba tu .tesoro : 
Sangre pide el baldón. ¡Del Miño al Turna 
Bañen torrentes de rc^iza espuma 
La escena do iu infamia se consuma,» 



«Tu ignominia y deshonra. Este lenguaje 
No es para un godo placentero arrullo ; 
Más atroz es empero >el fiero ultraje 
Con que un garzón audaz hiere tu orgullo. 
Infiel soi á tus ojos : soi salvaje; 
Mas el que ajase impávido el capullo 
De la virginidad de una bija mía, 
Vive Alá ! que á mis plantas moriria. » 



« Qué te falta ? dinero ! Amplios tesoros 
Aguardan tu señal : habla, y k» tienes. 
Ejércitos te faltan? Cien mil moros 
Sustentarán la causa que sostienes. 
Cenizas, destrucción, miseria y lloros 
Dispierten á Rodrigo : de sus sioies 
La corona de España se desprenda : 
I.as tuyas sonnras dignas déoste ptemiaj» 



i30 DON OPAS. 

XXXII 

c( Si ta rezelo el alto don rehusa. 
Porque mi voz humilde te parece, 
Sabe que no es Tarir, es el gran Musa 
Quien las armas del África te ofrece. 
Él tu pasiva negligencia acusa : 
Su alfanje, que invencible resplandece. 
Guando á contraria hueste se abalanza. 
El trono te asegura y la venganza.» 

XXXIII 

Gomo el hombre que en grave pesadilla 
Del mal y el bien los dos estremos toca, 

Y ya á su mente la esperanza brilla. 
Ya en horrible despecho se desboca ; 
Ora lo amaga bárbara cuchilla. 

Ora lo besa perfumada boca, 

Y no sabe qué juzgue, ni qué crea, 

Y tiembla, y suda, y gime, y titubea ; 

XXXIV 

o cual conspirador, que, ya dispuesto 
Para el dia siguiente el estallido, 
Ya se imagina alzado en alto puesto, 
Ya, frustrada su empresa, perseguido; 
Si retracta los planes que ha propuesto, 
Víctima viene á ser de su partido, 

Y si el plan que forjó le sale falso. 
No tiene otro recurso que el cadalso; 



OOH OPAS. 137 



XXXV 



Tad el padre infeliz, que de repente 
De tan gran novedad se desayuna. 
No sabe en qué lugar fijar la mente 
De los dos que le ofrece la fortuna. 
Aquí ve hundida en deshonor la frente; 
Allí ve la triunfante Media-luna, 
Constante objeto de su ardiente saña, 
Señorearse espléndida en España. 

XXXYI 

La flor de su nobleza ve marchita; 
Se ve á sí mismo en triste cautiverio; 
Pero recuerda que ha de ser mezquita 
Parroquia, catedral y monasterio. 
A un moro viejo que en Bagdad habita, 
Se humillará servil cristiano imperio ; 

Y el que por indulgencias marcha á Roma, 
Adorará el sepulcro de Mahoma. 

XXXVII 

Escrúpulo y pasión, con igual brio, 
Traban asi en el conde lid funesta ; 
Pero le dice el otro : « Tengo frió, 

Y no me voi de aquí sin la respuesta. » — 
« Deja, » le dice el conde, « que á mi tio 
Consulte sobre el caso y la propuesta. 
Cuenta el dinero, y ten listas las tropas, 

Y aguardaré el aviso de Don Opas. » 



i3» DOIC^ Ó9A«i. 

XXS¥HL 

Hora á un numen plebeyo, que su TÍda. 
Pasó en humilde puesto, respirando^ 
La atmósfera de choza reducida, 
O de modesto bosque el soplo blando, 
Presta, oh Itfusa, potente voz, henchida 
De estrepitoso acento, que imitando 
La frase que en palacio hablarse suele, 
De palacio los crímenes revele. 

Llévame por la mano, sin que vicie 
Su exhalación un alma sana y pura,, 
A la cuadra do en plácida molicie 
Reposan la opulenda y la impostura ; 
Donde en artificiosa superficie 
Su dardo vela corrupción impura ; 
Donde el poder con mágico embeleso 
Ponzoña comunica en dulce beso. 

XL 

Siga el numen audaz, si tú lo guias,. 
De ambicien la intrincada y curva senda», 
Y el curso de las negras arterias 
Que sirven á su cólera tremenda. 
Maquinaciones bárbaras é impías 
Aparezcan al mundo, sin la venda 
Con que lisonja vil las desfigura. 
Para que adore v calle plebe oscura. 



DONÓLAS. im^ 



xei 



A la morada arzobispal) do abriga 
Negra traición sos miras incompletas. 
Tú invisible me Ueva^ y de la intriga 
I)escúl)reme las cabalas secretas. 
No empuño en diestra mano plum» amiga ; 
No escribo boletines ni gazetas : 
Mi gusto es arrostrar libre de miedo 
Del magnate el rencor, hora que puedo. 

XL1Í 

Y ¡ ojalá en exaltada jerarquía 

Se colocase siempre, noble y grave. 
El que dócil y fiel de la poesía 
Escucha y sigue inspiración suave ! 
La humilde historia con venal falsía 
Del delito, si quier, pierda la llave, 
Para que los futuros eruditos 
Confundan las virtudes con delitos. 

xLiir 

Mas el mortal que en inspirada rima 
Puede hablar de los dioses el lenguaje, 
i Por qué la dbte escelsa desestima, 
Cómplice ciego del común ultraje' 
Sello de execración al vicio impnma : 
Prodigue á la virtud puro homenaje ; 

Y cuando á la verdad pague tributo, 
No espere de sus ponas mejor fruto. 



i4e DOF OPAS. 

ILIV 

Yo, á quien fortuna vacilante agita, 
Cual hoja que huracán feroz menea, 

Y ya con puntas ásperas me irrita, 

Y ya mi faz en dulce soplo orea ; 
Lo que el social comercio necesita, 
Lo que es obligación, lo que es tarea, 
Pago sumiso en rutinera prosa ; 
Pero escribir en verso es otra cosa. 

XLV 

Si de pronto en la mente conmovida 
Inesperado rapto sobreviene, 
Ya mi vida se cambia en otra vida. 
Que en región mas sublime se mantiene. 
Ni el poder con su fuerza me intimida. 
Ni la opinión adusta me contiene ; 

Y saboreo en esta altura un goze, 
Que el vulgo de coplistas desconoce. 

XLVI 

Desparece la escena que circunda 
Mi mirada ; la escena vergonzosa. 
Donde soberbia audaz, protervia inmunda 
La frente cubren de jazmin y rosa. 
InefablQ placer el pecho inunda, 
Cual en la primavera deliciosa 
De mi patria feliz ; benigno aliento 
Vierte en el aura amor, paz y contento. 



DOH OPAS. 441 



XLTII 



If O solo entonces libre se despoja 
Üe traba y de pavor la fantasía, 
Sino que la razón con rienda floja 
Deja la senda en do marchar solía ; 

Y esa armazón falaz que la sonroja 
Con el nombre de ciencia y de teoría, 
Obra que el mundo reverente acata, 
Por si misma se hunde y desbarata. 

XLVIII 

Desnudo y solo el crimen é indefenso 

Se presenta, sin corte que lo siga. 

Disipada la nube de iropio incienso, 

Con que la imbécil masa lo atosiga. 

Lleno entonces de orgullo, digo : « Pienso ; 

Sol dueño de mi mente ; y no la intriga. 

No ansia de lucro, ni temor del palo 

Me harán decir que es bueno lo que es n>aIo. n 

XLIX 

El que en sus venas lánguidas la fiebre 
Calorosa no siente en que me inflamo, 
A quien pagare mas, grato celebre, 

Y orne su frente con pomposo ramo. 
Después, dócil cuadrúpedo, al pesebre 
Acuda, y coma lo que diere el amo; 

Y si se digna hacerle una caricia. 
Reciba sus palmadas con delicia. 



44# DOK' ÓPÁSi 



Que asi viven millones de individuos, 
Oficinas llenando y tribunales, 
Y comiendo gustosos^ los residuos 
Que arrojan sus patronos liberales^ 
Siempre do sopla la fortuna, asiduos^ 
Siempre al poder sumisos y leales, 
Guando de ser poder el poder cesa. 
Se quitan de su vista á la francesa. 

LT 

No era Don Opas de esta clase. Adicto 
Por sangre y por cariño á noble razdí 
Que perdió el cetro, se mantuvo estriego 
En el arduo deber que el honor trae». 
Desafiando audaz todo conflicto. 
En la primera coyuntura emplaza 
La destrucción de un joven, que enviléoe 
Cetro que empuña y pueblo que obedece. 

LII 

De Witiza los hijos despojados 
Del solio, sus parientes y pupilos 
Yivian en abrigos retirados. 
Seguros en verdad^ mas no tranquilos^ 
Eclipsado esplendor, triunfos pasados 
Hiriendo el pecho con agudos filos. 
Mantenían constante el pensamiento 
En un inesperado movimiento. 



DO» ó» JA. U» 



Lliy 



Tal prestigio en si lleva la coponat: 

Todo aquel que la- ciñe, si la pierde, 

La esperanza de asirla' no abandona^ 

Que es árbol siempre vivo y siempre veMe. 

Yace Luís sumido en su poltrona ; 

No hai en Francia un mortal que de él se acuerde ; 

Mas quiere el trono, y nada le hace mella< : 

Y al fin y al cabo se salió con ella. 

LIV 

Mas de una vez Don Opas, que á Witiza 

Y á su ambición guardaba fe sincera, 
Con soplo astuto y recatado atiza 

De la guerra civil la horrible hoguera» 
Pero su zelo audaz halló ceniza 
Donde encontrar crcia llama fiera : 
Sus hechuras, en lánguido egoismo, 
Llamaban lealtad al servilismo. 

LV 

La legitimidad era su norte. 
Llamando usurpador á su enemigo : 
Porque no manejaban el resorte, 

Y no les daba el sucesor abrigo^ 
Murmuraban del jefe y de su corte. 
Hablaban de venganza y de castigo, 

Y de librar á España de su mengua : 
En fin eran mui bravos— -con lii lengua* 



444 DON OPAS. 

LVI 

Uno decía : « No me meto en eso. » 
Otro : « La Religión no lo permite. » 
A este le agrada tanto el arduo peso, 
Que no hai poder humano que lo escite : 
Aquel aguarda que con torpe esceso 
£1 mismo reí la empresa facilite. 
Cuentan que dijo un godo mui sensato : 
« Quién ya á poner el cascabel al gato ? » 

LVII 

Respuestas son de molde, que en la crisis 
De los pueblos repite un vasto coro, 
Cuando yacen en torpe parálisis 
£1 honor, el orgullo y el decoro. 
T si con filosófica análisis 
Se busca el germen á tan gran desdoro, 
Se encontrará en aquel dolce far niente. 
Que es de la esclavitud rasgo eminente. 

LVIU 

Mientras mas se espolea y sobrecarga 
A eso que llaman pueblo, y mas se ofende, 
Mas en honda modorra se aletarga, 
T mas de su baldón se desentiende. 
Bien puede el opresor doblar la carga : 
Todo le sale bien de cuanto emprende. 
Como el camello, dobla la rodilla. 
Porque no se moleste quien lo ensilla. 



DON OPAS. 4i5 



LIX 



Sé que el pueblo se enfada algunas vezes; 
Sé que suele también bacer justicia. 
Mas si se agitan de un barril las bezes, 
4 No se mezcla al buen vino la inmundicia? 
Furia, pillaje, envidia son los juezes 
De esta sangrienta causa. La malicia 
De un necio grita, y luego siguen otros, 
Gomo al manso las vacas y los potros. 

LX 

La víctima cedió, y el candidato 
Circundado de aplauso se presenta: 
Hai Te Deum, cohetes y aparato ; 
Do quiera el gozo público fermenta. 
Pasan meses, y el pueblo mentecato 
Dice con faz hundida y macilenta. 
Después de derramar llantos opimos : 
<c ¿ No era mucbo mejor el que perdimos ? » 

LXI 

La causa de este mal es un sofisma, 
Que adopta ciegamente el hombre honrado : 
Con la revolución y con el cisma 
Piensa que es\Á el achaque remediado. 
La libertad es buena por sí misma ; 
Mas no nace en terreno abandonado. 
Si no la fertiliza diestro surco, 
Tan libre será el libre como el turco. 



«Me üKSfi 6rA8. 



IH.II 



La libeftaü es cMa qiie se aprende, 
Que cuesta siglos de esperiencia amarga : 
Un pueblo no la estudia, y no la entiende, 
Sino tras liicha sanguinosa y larga. 
Lo bueno cuesta caro. ¿Qué pretende 
La rebelión ? Al suelo ecbar la carga? 
Fácil es : con pandillas y alborotos 
Los vinculos mas fuertes quedan rotos. 

«JKIII 

Si tras el alboroto y la pandilla 
Sale un disertador, ó mucbos de ellos, 
Con un plan especioso, donde brilla 
Cúmulo vasto de principios bellos; 
La gente al nuevo régimen se humilla; 
Deslumbran á la masa sus destellos ; 
Se dan la enhorabuena los cofrades, 

Y todos ven llover felizidades. 

LXIV 

Y llueven en verdad cargo y ascenso, 

Y se crean empleos infinitos, 

Y se embriagan en suave incienso. 
Muí orondos, los nuevos favoritos; 

Y el porvenir ofrece un campo inmenso. 
Según los periódicos, escritos 

Con severa razón y estilo culto, 

Y sin un gfllioismoni un insulto. 



MMf OPAS. v|47 



1X¥ 



Empero conservar esa conquista, 
No es tan fácil. Los hábitos añejos 
Pervierten la razón, turban la vista, 
Dan color de verdad á errores viejos : 
De aquí resulta una existencia mista, 
Cambio incesante de hombres y consejos, 
Favoritismo, tropelía, engaño ; 
Lo mismo exactamente que hubo antaño. 

LXVl 

Don Opas no entendía nada de esto. 

Porque en aquellas eras no existia 

La doctrina política, repuesto 

De la mas intrincada algarabía. 

No ocupaba el saber el primer puesto : 

Mucho se obraba y poco se sabia. 

El furor de la masa turbulenta 

Echaba al suelo un trono, ñola imprenta. 

«VII 

Viendo cuan vanos eran sus. conatos. 
Dijo Don Opas entre sí : «Paciencia ; 
Ya que lo quieren estos insensatos. 
Consúmanse en brutal indiferencia. 
Cubran mi mesa suculentos platos ; 
Brillen en casa el lujo y la opulencia ; 
Manténganse lo& sacos de. oi?o lljsnos, 
Y haya buena ^lud : ^l maLel jnénps. » 



448 DON OPAS. 

LXYIU 

Ks preciso saber que el buen prelado 
De Sevilla y Toledo juntamente 
Empuñaba feliz doble cayado, 
Doble renta cobrando exactamente. 
De la poligamia el atentado 
Pierde ya su carácter delincuente 
En las categorías religiosas : 
Allí son permitidas dos esposas. 

LXIX 

De los ultramontanos la doctrina 
Facilita esta práctica : bien taecbo. 
Los contrarios en charla peregrina 
Los Cánones alegan y el Derecho; 
Empero la razón el peso inclina 
Do se inclinan el lucro y el provecho. 
No tiene un mercader dos ó tres tiendas? 
Pues tenga un Padre dos ó tres prebendas. 

LXX 

Con los ultramontanos me acomodo, 
Tipos de singular condescendencia : 
Ellos nos dan remedio para todo; 
Jodo cabe en su elástica indulgencia. 
Mas como en tiempo del imperio godo 
A sus anchas andaba la conciencia, 
Y los ultras callaban y los cifras, 
El buen Don Opas se ciñó dos mitras. 



IM>If OPAS. 449 



LXXI 



Con sus productos en feliz holganza, 

Y en muelle olvido y lánguida pereza, 
Tal Yez el aguijón de su venganza 

De su filo embotaba la agudeza. 
No lo acuso de torpe destemplanza, 
Ni sé cómo gastaba su riqueza ; 
Mas ningún escritor de aquellos dias 
Cuenta sus fundaciones de obras pias. 

LXXII 

Súbito lo sacó de su letargo 

Carta de Don Julián, larga y prolija, 

Que era un comento tétrico y amargo 

Sobre el concubinaje de su bija. 

« Si quieres, » dice, « tomaré á mi cargo 

Que este fatal desorden se corrija : 

Ya que cristianos manchan mis laureles, 

Lavarán su inmundicia los infieles. » 

LXXIII 

«Solo falta que ilustres mi ignorancia, 

Y calmes los escrúpulos que abrigo. 
¿ Es licito tratar sin repugnancia 
Al enemigo de la fe, de amigo? 

¿Habrá quien luego absuelva mi arrogaucia, 
Si porque se le antoja á Don Rodrigo 
Dar rienda á su apetito con la Cava, 
En sangre goda mi baldón se lava ? » — > 



45tO DOM OiPAS. 

Lxxiy 

« i Que tenga yo un sobrino tan salvaje! » 

Clamó Don Opas, dando un golpe recio; 

«Se fija en un pueril concubinaje, 

T mira el honor patrio con desprecio. 

De principes amigos el ultraje 

El corazón no inflama de este necio; 

T se enfada por esas niñerías 

Que estamos viendo acá todos ios dias. » 

Toma la pluma, y fragua una respuesta 
Digna de aquella singular consulta. 
« ¿ Qué ignominia, >: decia al conde, « es esta. 
Que tu imaginación crea y abulta? 
Sea tu hija casta ó deshonesta, 
¿Qué daño ó qué provecho te resulta? 
¿En la prenda mas frágil de una hija 
Un adalid valiente su honor iija ? » 

LXX.VI. 

« Fija el tuyo mas bien en la alta empresai 
Que á toda España el ánimo electrizai 
De esclavitud infame yacen presa 
Los claros herederos de Witiza : 
Luz que brilló magniíica, es pavesa ; 
Fuego que ardió vehemente, es ya ceniza. 
Bórrese de Witiza el vilipendio 
Con espantoso y general incendio. » 



IKBf ÓPAfl. ÍM 



LXXYII 



« Una corona te seduce I Tonto ! 
Una corona es un joyel liviano, 
Que el aliento deslustra : no mas pronto 
Disipa airado viento el bumo vano. 
Yo mas arriba mi ambición remonto : 
4, Qué sirve un cetro en impotente mano, 
Si vive el que lo empuña en ansia eterna ? 
Mejor es gobernar al que gobierna, o 

LXXYIII 

« Con ese moro amable que te estrecUa, 
Toda dificultad la astucia zanje : 
Sus ofertas benignas aprovecha; 
Liga tu agudo acero al corvo alfanje. 
Renuncio á tu amistad , si en esta fecha, 
Puesto al frente de intrépida falange, 
Con ella á nuestra España no galopas. 
Toledo y mayo veintitrés. Don <^as-. » 

Lxnx 

Como en el liso prado la corriente 
Tímida se resbala, lenta y floja-, 
T mueve su cristal tan blandamentb 
Que apena el césped de la' orilla moja; 
Mas si llega al declive, de repente 
Con espumosos ímpetus se arroja; 
T en vez de susurrar, furiosa* muge, 
T árbol y peña arrastra en^fl&ro etnpti)e; 



45Í DON OPAS. 

LXXX 

Asi el débil mortal, á quien concita 
La pasión, y detiene la flaqueza, 
De un impulso lijero necesita 
Para estallar en hórrida fiereza. 
Ta no calcula, teme ni medita ; 
Todo consiste en empezar. Si empieza, 
Al cabo ba de seguir, sin que lo ataje 
Temor de perecer en el viaje. 

LXXXI 

Así el conde, leyendo la misiva 
De Don Opas, de pronto se arrebata, 
Y siente por las venas fuerza activa. 
Que con vigor potente se desata. 
Inmensa y deliciosa perspectiva 
Se presenta á su mente, y solo trata 
De enviar un amigo en diligencia, 
A negociar nocturna conferencia. 

LXXXII 

Así juegan los grandes con los chicos ; 
Asi, moviendo pérfido resorte, 
Un pueblo entero se hace mil añicos , 
Por dar gusto á un parásito de corte. 
Débiles, fuertes, sabios, pobres, ricos, 
No esperéis que el poder la rienda acorte 
Al fatal infortunio que os decreta, 
Para saciar el ansia que lo inquieta. 



MNi ÓPA8. i53 

LIXXIII 

Si atraviesa un filántropo regiones 
Donde vivió la paz algunos meses, 

Y ve colgar magníficos festones 

De la vid, protectora de amplias mieses ; 

Y blanquear lanudos los vellones 
Entre grupos de pinos y ciprcscs, 

Y verdear frondosas las praderas 
Al lado de amarillas sementeras ; 

LXXXIV 

Y entrando en la ciudad, oye el ruido 
De las activas máquinas, y el roze 
Del incesante negociar, nutrido 

Por cálculo sutil y acción veloze ; 

Y el doméstico hogar ve guarnecido 
De paz benigna y de inocente goze ; 

Y en esta perspectiva se recrea, 

Y en grato porvenir fija la idea ; 

, LXXXY 

Piense que todo dura, lo que tarde 

Loca ambición en inspirar el seoo 

De un imbécil quizas, 6 de un cobarde. 

Mente de plomo y corazón de cieno. 

Lanze un gnto no mas ; verá cuál arde 

La escena hermosa, y cuál retumba el trueno, 

Y cuál la muerte y el incendio cunden, 

Y todo lo aniquilan y confunden. 



iS4 D<Mr ÓPiflk 

LXXXVl 

Siempre ha sido lo mismo, dicenitodos. 
Es verdad : el poder siempre es el mismo; 
Pero al menos los árabes y godos 
No cubrian de rosas el abismo. 
Hoi con mil arlificios y recodos 
Quiere hacernos creer el despotismo- 
Que en nuestro bien trabaja y se desvela... 
Es mui gorda la pildora y no cuela« 

LXXX¥II 

Hasta la lei de Dios terrible y santa, 
Para ocultar sus crímenes, implora; 
T el que la huella con impura plantfti 
Con ella misma sus escesos dora. 
Antes la hipocresía no era tanta, 
Ni con máscara vil y engañadora, 
Cual diplomacia exótica y confusa'. 
Disfrazaron su plan el conde y Waesi». 

LXXXYIII 

No habia protocolos ni gazetas. 
Máquinas de sofisma y de patrañsh. 
Que con frases pomposas y discretas 
Convierten en blandura lo que es saña;. 
Ni en narcóticas rimas los poetas 
Daban á la política artimaña 
Barniz de convulsiva fraseologia^ 
Que desde media legua huele á Logia». 



wm wám i Jir 



LXXXIX 



El crimen era crimen, pero franco, 
T decia á las claras : Esto quierOé 
No aspiraba á lomar lo negro en blanco^ 
Ni quitaba á su víctima el sombrero. 
Ni al amarrar á un mísero en el banco, 
Lo halagaba con tono lisonjero ; 
Ni decia el poder al sacerdocio : 
« Partiremos el lucro del negocio. » 

Juzgábase una causa en la palestra 
Cuerpo á cuerpo : sistema aborrecido» 
En que el fallo pendía de la diestra». 
T pagaba la& costas el vencido. 
Mas hoi la ilustración ¿ cómo se muestira ? 
En esto hemos ganado ó bien perdido ? 
£1 influjo, cual antes la pelea, 
¿ No dicta. los oráculos de Astrea ? 

xa- 

Llámese fueraa^ ó bien llámese influjoi 
¿ Qué importa lo que diga el Diccionario» 
Si bajo el grave peso yo me estrojo» 
Cuando estrujar debiera al adversari<»? 
Que ganen la belleza, el oro, el lujo, 
Al favor de vascuence formulario^ 

el tajo y el revés de estoque y daga^> 

1 Al fin no es la justicia quien lapag^ ? 



456 DOK OPAS. 

XCII 

Y á propósito, ¡ qué ruin pobreza 
La del célebre idioma castellano ! 
Justicia es la verdad y la pureza, 

Y justicia es un juez y un escribano. 

Y así cuando me oprima con fiereza 
Fallo vendido por proterva mano, 
Diré correctamente y sin malicia : 

« i Qué cosa tan injusta es la justicia ! » 

XCIII 

Y para ser justicia en el sentido 
Metafórico absurdo, de que trato, 

¿ Se requiere tal vez ser buen marido. 
Ciudadano provecto, hombre sensato ^ 
No señor : nada de eso se ha pedido. 
¿Filósofo tal vez, ó literato, 
En quien profundo estudio deje impreso 
Lo que es injusto ó justo ?— Nada de eso. 

XCIV 

¿ No se exige del juez cumplida ciencia 
Del ser mental ^ ¿ Del hondo mecanismo, 
Cuya acción modifica la conciencia, 

Y la convierte en templo ú en abismo ? 
Qué ! ¿ no ha de conocer la intima esencia 
Del vicio y la virtud, para que él mismo 
No quede entre los limites suspenso 

De la virtud y el vicio ?— Ni por pienso. 



ixni OPAS. iW 



xcv 



Pues ¿ quién me va á jangar? Un monlfete, 
Que en seis años de oscura algarabía 
Logró cubrirse el cráneo de un bonete, 
Símbolo de precoz sabiduría. 
Con esta iniciación y algtin librete, 
Que mas le ofusca el seso todavía, 
No ha menester mas tiem^ ni trabaje : 
Bien puede echar sentencias á destajo. 

Si juzga solo, malo ; si con otros, 
Peor mil vezes; que esta gente unida, 
Gomo cuando en mannda van los potros, 
Marcha al daño compacta y decidida. 
Por esperiencia lo sabéis vosotros, 
Litigantes, que veis desvanecida 
La esperanza que mas justa parece. 
Si uno del sanhedrin os aborrece. 

XCVII 

En la primera instancia (qné pareja!) 
Juez ignorante y escribano agudo. 
Entre los dos la cosa se maneja ; 
¿Qué puede al infeliz servir de escudo? 
No sirve allí razón, no sirve queja; 
Su merced es un ente sordo-mttdo, 
Tieso, inflexible, inmóvil cual muráNa, 
Que instruye el pleito solo», y solO^faRa. 



4M DON ÓPASé 

XGTni 

En la segunda, aunque diverso el modo, 
No hai en el resultado diferencia. 
Si son malas las partes, ¿ qué es el todo y 
Acaso cambia el número la esencia? 

Y no hai quién nos arranque de este lodo ? 
I No temen que se acabe la paciencia 

Del que sufre, y un dia se amostazo, 

Y togas y golillas despedaze ? 

XCIX 

¿ Seré yo solamente quien me quejo. 

Con mordaz intención, de estos desmanes ? 

No saben que el achaque es mui añejo ? 

No decia lo mismo Gampománes ? 

¿ Pues por qué contra todo lo que es viejo 

De los nuevos se aplican los afanes, 

Y contra todo esgrimen la cuchilla, 
Menos contra la toga y la golilla? 



¿ Así la espada de Damócles pende 
Y amenaza invisible fama, vida, 
Familia y bienestar! | Asi se estiende 
Do quiera la asechanza, apercibida 
Por incógnita mano, que sorprende 
En su sueño al honrado, y de la herida 
Siente el dolor y atormentado muere, 
Sin ver el filo agudo que lo hiere ! 



BMT OPAS. iSi 



a 



Lejos del conde y de Tarif estamos, 

Y dando sin querer enorme brinco, 
Del año setecientos diez pasamos 

Al de mil ochocientos treinta y cinco. 
Con andar mas de prisa, ¿qué logramos? 
¿Qué Tamos á ganar, si con ahinco 
Proseguimos la historia paso á paso, 
rara hallaroos al fin con un fracaso ? 

cu 

imitemos á ciertos oradores 

Que han adquirido fama en la tribuna , 

Y á fuer de mariposas entre flores, 
Las liban todas sin Ajarse en una. 
Alguno conocí de estos señores. 
Que para demostrar cuan oportuna 
Sería una subida de aranceles, 
Sacó á luz á Zenobia y Praxitéles. 

CIII 

Ck)n todo, el ínteres que inspira el drama, 
Lleva tras si la ardiente fantasía ; 
En fuego activo el corazón se inflama; 
Sube á escelsa región la mente mía. 
Los campos miro ya do se derrama 
La usurpación, y do rugiendo impía 
Fiera Discordia, su ponzoña vierte, 

Y con ella terror, venganza y muerte. 



4M IMWÓPJI!^ 

CIV 

Miro la fuga del feliz magnate, 

Que viviendo en delicia y en grandeza, 

Por vez primera la cervifc abate, 

Sumergido en infamia, y en pobreza. 

La furia estrepitosa del combate 

Hiere su femenil delicadeza, 

Y, rota la ilusión de rango y nombre. 

Se acuerda, aunque mui tarde, de que es hombre. 

cr 

Al arcediano respetable miro, 

Muerto de miedo al ver que viene el moro. 

Abandonar con lánguido suspiro 

La silla de nogal del ancho coro; 

P¿ra olvidar en tétrico retiro 

De los sochantres el cantar sonoro, 

Y el diezmo con que hencbian viles legos 

La amplia concavidad de sus talegos. 

en 

Mas no es todo maldad ni todo ofensa , 
Ni son todos los dias tan fatales , 
Porque en la suerte del mortal compensa 
La fortuna los bienes y los males. 
Muere el dominio godo sin defensa , 
Perecen sus apoyos principales; 
Mas la nación no muere : sometida 
Va á recobrar masfüerza y ntieta vida. 



.••]f.^Ó»A9. lHU 



oini 



Se poblarán safi áridosidesiercos 
De cosechas, y bosques, y ganados, 
Y en arenales lánguidos y yertas 
Murmararán anroyos puados. 
De dulce ritmo plácidos eonoiertos 
Henchirán los alcázares defados» 
Donde el poder, depuesto el agria eaeoiio. 
En grave ciencia apoyará su trono. 

6TVI 

Ciencia desconooida^ue con c^o 
Miró el.byo del norle^ embrutecido 
Con la prosperidad, aittindo ásu ep^peño 
Cayó la gran ciudad en.bondo olvido : 
Ciencia, que de profundo y largo >suefio 
Dispertará al hispano, cuando unido 
Con su dominador en lazo. fuerte, 
Hombre se tome de vasallo inerte. 

«IX 

Por ves prímefft)la inmortal doetriiia 
Que en Grecia;sdz6 la esplendorosa ifrenle, 

Y eleva al hombre áimajeslad divina, 
Disipará las sombras de^^u mente; 

Y se avergonzará de la mezquina 
Fama que anheló>un.dia torpemente. 
Cuando oiogo vigor ytfmvm bcuta 
Eran de su^esisUI;'•|^i;absQblt;l|. 



46t DiOli OÍAS. 

V 

GX 

Cónlova ilustre en la frondosa orilla 
Se elevará del Bétís, derramando 
De su potente y majestosa silla 
Protección y saber en soplo blando. 
Dispondráse magnífica en Sevilla 
La escena de los triunfos de Fernando, 
Que aunque santo, fué un grande patriota : 
Union que en estos días no se nota. 

CXI 

Y en la perla del árabe, Granada, 
Mansión de encantos, y placer, y holgura, 
De vegetal riqueza coronada. 
El mismo adornará su sepultura. 
Dejando en la colina celebrada. 
Do Alhambra fija espléndida estructura, 
Memoria. eterna de los bellos días 
Que eclipsaron después guerras impías. 

cxii 

¿ Por qué no es dado al numen que me anima. 
Fiel trasladar á la espresion sonora 
La imagen interior, y en dócil rima 
Copiar las hermosuras que atesora ? 
¿ Por qué falla la suerte que reprima, 
Suspirando, la llama abrasadora 
Que el seno abriga, mientra el labio inerte ' 
De inspiración los ímpetus pervierte ? 



BOU ÓFA8. M3 



CXIII 



¡ FeUzes los poetas, que arrogantes 
Se lanzan á las aguas de Hipocrene, 
ProYÍstos de cadencias retumbantes, 
Barniz que á toda inspiración conviene ! 

Y en cómodos y lisos asonantes 

( Santa invención I ) su numen se mantiene 
Sobre la altura del común prosista, 
Perdiéndose en los aires de su vista I 

CXIY 

¡ Feliz el que maneja con holgura 
Del verso blanco el fácil instrumento ! 
Sublime innovación, que le asegura 
Entre los inmortales noble asiento ; 

Y en elocuente epístola procura 
Dar al lector, si no está soñoliento. 
Narcótico eficaz y activo, con que 
Abra la mano, caiga el libro, y ronque. 

cxv 

En venturoso dia el verso blanco 
Renació para gloria de Castilla ; 
Con eso la poesía no es estanco. 
Ni un poeta la octava maravilla. 
Ya al Pindó se concede paso franco : 
Todo el que quiere, su sendero trilla. 
Si en darle la Ucencia están conformes 
Los escogidos que prodigo el Tórmes. 



444 rMKÓDáfS. 

De estos santos vaiofies el conelUo, 
Protector del anciimo AnaeieoiHe, 
Quiso darle en £5|Mma domitUio, 
ik>n tal que al asonante se remottte. 
Ademas decretaron que el iditio 
Sonase en <odo piado y iodo monte. 
Arrinconando décima y quintilla 
A Tívir en tajierna y en guardilla. 

GX¥II 

Hasta del consonante los^ principios 
Se fijaron en reglas mas discretas; 
Con adverbios en ente y participios 
En ido y ado viven los poetas. 
Se alzó la escom unión contra los ripios. 
Para que estén las odas mas repletas ; 

Y para ennoblecer fiestas de damas, 
Fueron las seguidillas epigramas. 

GX.TIII 

Para dar cima á tan gloriosa empresa, 
Se trajo á colación el patriotismo, 

Y salió de las sombras de la huesa 
Lozano y vigoroso el arcaísmo. 
La ilustración asi rauda progresa ; 
Aiaz , sus y mfigiier 4an paroxismo 

De gusto al que los nuevos dogmas sabe : 
Ya no se diqeJufKo, sino €^. 



i^j( óq^s. 4^ 



« Tropó^b ahadMW^lH^ de^irene. » 
Tronar es < verbo «eÜKPt y ma%(^ oiiarilve. 
« El galo. lambió iiav##inbre, i^ porque fiaoie 
De temblar nombresi^imacaftuiiibre. 
« Chillante rueda arruUa>al juez, f»— « Peroné 
Gruje el Átkis su vasta pesa^niiibre. » 
« Fi|igoroso rumor gira tremendo....»— 
¿ Entiendes, Fab|o, lo que voi dicieiM(p>'l \i¡f0) 

GXX 

Lo confieso : no aleanza á esas alturas, 
Hústica y sin disfraz, la musa mia : 
Se espresa en tosca frase y rimas duras, 
Cual á orillas del Támesis soiia. 
Esas privilegiadas criaturas 
Manténganse de néctar y ambrosía : 
¥o comeré modesto humildes sopas.— 
Vuelvo á tomar el hilo de Don Opas. 



'W 




« 1 hite beea ■bui'd , iamlted , tnd bemj'd. 
■j iDJur'd bonoar etítt tlaaá tot veDgence; 
Bcr irounda irlll nerer cIok. b 



De cnaotos cuerpoB en su giro abrau 
NaUíraleu ; cod su impaUo mueve, 
Un ooajunlo de gente en una plaza 
(No bai eugeraclon) es el mas lere. 
Quien el proiecio de moverlo traza. 
Levante un solo grito, 8Í se atreve, 
1 sabii de una vez, d no lo supo. 
Lo que es 1> gravedad del mUo grupo. 



wm ó»As. 4rr 



II 



Un bombre tolo opone resistencia, 
No digo al grito, á la oración Terbosa : 
Si hai muchos, cada ano su conciencia 
A la conciencia del Tocino endosa ; 
Abdica el individuo su prudencia , 
T en la prudencia pública reposa. 
Y ¿qué es esta prudencia, si se apura? 
Sama total de la total locura. 

III 

Gomo corrompe el aire el gran conjunto 
De emanaciones que un concurso exhala. 
Tal la opinión, cuando en el pueblo junto 
£1 sentimiento y la razón se iguala. 
Meditarás sensato un grave asunto, 
Solo en tu gabinete ó en tu sala ; 
Comunica tu asunto á los vecinos, 
T verás cómo ensartan desatinos. 

IV 

Buscas la mayoría ? Toma el pulso 
A todo el que en la junta charla ó vota : 
Uno es un animal ; otro un insulso ; 
El que es hombre de bien, no sabe jota. 
A este siempre verás feroz, convulso ; 
Aquel en vino y en placer se embota ; 
Este es sangre, este almíbar, este lodo : 
Aquí tienes las partes de aquel todo. 



US 9W(A%kS. 



Mas toda diferenciase destfiuye. 
Si alguno lanza desatina enopp^, 
O inspiración celeste se atribujse, 
Sin que de la verdad nadie se infoFH^. 
Súbito en todos elaufUz i|»fluye; 
^tasis repentino y uniforme 
Cunde veloz en la convulsa masa, 

Y á mas de lo que el otro dijo^pasa. 

VI 

El que en reunión pacífica jrdísco^^ 
Por entusiasmo ó con malicia djijo : 
«Dios es Dios y Mahoma su profeta,)» 
¿ Creyó quedarse en este punto fijo? 
¿ O ya en su mente se agitaba Inquieta 
La destrucción universal, que fkliújp 
Del Bétis, y del Niio, y del;E^f|^^s 
Impuso leyes y ofreció combates ? 

Arrójalo su patria como impío, 

Y lanza execración, á sus preceptos; 
Mas le dio la desgracia nuevo brío, 

Y aumenta el entusiasmo sus., adeptos. 
De mar remoto y. apartado rio, 
Bandadas de ladrones y de Ineptos 
Acuden á alistarse á sus pend^n^s, 

Y á practicar ay linos y ^l^lucmnes. 



nm-^PA»: 4^ 



vm 



De nueva grita é la sumisa Atabia : 
« Dios es Dios y M ahoKia «s sn profeta ; » 
Voz que torrentes de furor y raiilgi 
A la aterrada humanidad decreta. 
Potente Alejandfia, Atenas saMa^ 

Y Ormuz lejano, y abundoBa Oreta^ 
Oyen pasmadas el furioso grito, 

Y tiemblan en sos bases de granito^ 

IX- 

De la razón pacibte no se cuenta 
( Por mas que el siglo su poder ahb^ 
Que escitase jamas una tormenta, 
Cual promoverlas la impostura sabe. 
Si alguna vee osada se presenta , 
Ten por seguro que infeliz acabe, 
O bien abandonada 6 perseguida, - 
O pagando su arrojo con la vida. 



Si la persecución no se entroniza 
De leyes duras y de hierro armada. 
Ni convierte á la victima e» ceniza , 
Cual hizo en otro tiempo Tor^emada, 
Otras hogueras en secreto utiza 
La calumnia, con zeio propagada^ 
Y esgrimiendo en secreto el torpe-6lo, ■ 
Es una Inquisición por otro estilo. 



470 DON OPAS. 



XI 



Si esta es ponderación, ¿por qué no corre 
Veloz la chispa que nació en oriente, 

Y á la afligida humanidad socorre 
Con mano compasiva? ¿De la mente 
Por qué el espeso velo no descorre, 
T deja que domine impunemente 
Cada vez mas pujante la mentira, 

Y ella le deja el campo y se retira? 

xn 

Si cuenta con tan célebres apoyos, 
Con Sócrates, y Newton, y Descartes, 
¿Por qué no manan límpidos arroyos 
De razón y virtud por todas partes? 
¿ Por qué ocultan su luz profundos hoyos, 
Mientras sus victoriosos estandartes 
Planta el error en los altivos muros, 

Y allí ondean vistosos y seguros? 

XIII 

Si alguno del error niega el influjo, 
Digalo yo, que aislado y sin testigo. 
Contra su imperio embravecido rujo, 

Y peso cada voz de las que digo. 
Siempre su nombre en mi terror produjo ; 
He sido y seré siempre su enemigo ; 
Pero de cierto límite no paso. 

Ni digo lo que siento sobre el caso. 



DON OTAS. 471 



WT 



Porque si dejo libre andar al estro, 
Y traslado fielmente lo que dicta, 
¿Quién me podrá evitar golpe siniestro 
Que el vulgo ianze con su fuerza invicta? 
El vulgo es el señor y es el maestro : 
Ante su tribunal, siempre convicta 

Resulta la verdad. Si el vulgo falla, 
Triunfa el sofisma, y la justicia calla. 

XV 

Qué remedio? Paciencia; y el que fije 
Las plantas fuera del común lindero. 
Si la prudencia su vigor no rige. 
Dóblese humilde al esgrimido acero. 
Quien al tropel común la voz dirige, 
O no espere guardar su honor entero, 
O si en verdades duras se desmanda, 
Podrá dejar la piel en la demanda. 

XVI 

Todo está compensado en este mundo : 
La razou no produce esos portentos. 
Ni hace estallar resorte furibundo, 
Que del orbe sacude los cimientos. 
Mas cuando el hombre en meditar profundo 
Sube á los encumbrados elementos 
De su ser, y en su ser halla un arcano 
Que se oculta á los ojos del profano ; 



4W s#]|'6PA»i 

XVII 

Cuando de inspiración la llama prende 
Dentro del seno, y leve se levanta 
La fantasía y los espacios hiende, 
T aun mas allá sus yiielos adelanta; 

Y la mirada desde alli desprende, 

Y al suelo mira, y ve locura lama, 
Laureles falsos, méritos postizos, 
Sabios tan necios, necios tan lollizos: 

xyiii 

A este placer cuál otro se compara? 
¿ Mirará quien lo goza, con envidia 
Poder, mando, riqueza, á quien prepara- 
Destrucción la calumnia ó la perfidia? 
¿ O al que su vida inúlíl acibara 
Con falsos gozes 6 mortal desidia ? 
¿ O al que viendo la caja de oro llena. 
Clama en fiero terror : Es sangre ajena? 

xíx 

Larga ya es esta digresión : tornemos 
Al oriente. Resuena en su distrito 
Grito de asolación : cien mil blasfemos 
Se arman furiosos, y el horrendo grito 
Propágase de Arabia á los estremos 
Del mundo. Un genio destructor, maldito, 
Rompe al oirlo su prisión sombría, 

Y se frota las manos de alegría. 



noK'áfykf. «173 



Su nombre es Fanatismo. MsrlectOKS 
Conocen mui.de cerca al pecsooaje. 
To, hablando francamente, mis eoloies 
No gasto en descpíblrsu gesto y traje. 
Hemos tenido ciertos sinsabores, 
T no quiero que nadie me avealaje 
En imparcialidad ; y, á masóla gente 
Que lo circunda,.eB nmQha y^MifKHaiite. 



A su imperiosa voz Caled el fiero, 

Que sangre y destcuocion^eja «aaiitr»Hco, 

Jura estinguir bajo el terriA^ie acero 

La patria de Darío y 2U>roastrp : 

Do el pastor á la sombra del paimeipp, 

Y en templo de oro el sátrapa, (del ¿aslro 

Velan devotos. el fujgor iomeRso 

Con nubes aromáticas de ¡incienso. 

De Cosróes los ^iást^gos goarclMÍlos 
Desparecieron en mansion'le^oa. 
Cedió laPecsia^.lose^lrañQSjtHos 
Su culto, SU esplendor^si^^poinpa^iifiuia. 
Sus hermosos y espléndidos distrit^Sy 
Que reprimieron la ¡amjb^cion «romana» 
Son hoi mansión de arenas yfde/^^Aa^, 
Do ni aun resp60 el iftb)e,laa m^m- 

10. 



474 B6H 6VX8. 

XKkll 

Siria también, magnifica, opulenta. 
Doblóse al yugo triunfador : la cuna, 
Donde del mundo se lavó la afrenta. 
Se humilló á la potente Media-luna. 
Asi la marcha de los siglos lenta, 
Asi en secretas vias la Fortuna 
A los guerreros del Sepulcro fieles 
Preparaba desgracias y laureles. 

XXIV 

Y el valle inmenso, donde el Nilo vierte 
Fecundidad y dicha, á los pendones 
Del musulmán, desanimado, inerte. 
Cede sus encumbrados torreones. 
De una familia numerosa y fuerte 
Sometieron los bríos las lecciones 
Del Koran ; la amenaza y la promesa 
Con que intimida al hombre y lo embelesa. 

XXV 

Llegó el raudal furioso á la comarca. 
Donde del mar al hórrido desierto 
Traza en ancha región la estéril Barca 
Límite calcinado, y donde yerto,*] 
Cual al funesto golpe de la Parca, 
Roto parece el general concierto 
De la vegetación en alba arena, 
Donde el soplo de vida nunca siiena. 



Wm ÓPA8. W 



XXTI 



Y el caudillo inTeiicible de la hueste (i9) 

( Su nombre es Abdalá ] les grita : a Hermanos, 

^ Será que esa barrera contrareste y 

Vuestros bríos ^ ¿ Queréis que los cristianos, 

Dueños altivos del soberbio oeste, 

Alzen seguros sus impías manos 

A una imagen de palo, y que la adoren, 

Y que de Alá la prepotencia ignoren? » 

« ¿ Y que Trípoli, y Túnez, y Numidia, 

Y el linde opuesto á la opulenta Gádes, 
A un culto de impiedad y de perfidia 
Sometan sus espléndidas ciudades ? 
Corramos, musulmanes : el que lidia 
Por nosotros, es Dios. De las maldades 
Del infiel no dejemos ni memoria : 
Fijemos en el Atlas la yictoría. » 

XXTIII 

Cual ánades ruidosos que en gaTilIa "^ 
La madre fiel conduce, se detienen 
De algún arroyo en la escarpada orilla ; 
Fija en la madre la mirada tienen, 

Y ella calcula un rato, y luego chilla, 

Y ellos á su mandato se previenen 

En un momento, y al raudal se lanzan, 

Y tras su guia el otro borde alcanzan ; 



476 nOfS ^VAS- 

Asi á la SHrena aquel tropel devoto 
Se arrojó al escuchar la arenga pia 
Del jefe, y entra en el confín ignoto» 
Entonando furiosa algarabía, 
Y repitiendo el sanguinoso voto 
Que impone muerte ó fe, lí;a<aparecia 
En el fin del desierto bosque oscuro, 
T detras alza Trípoli su lauro. 



Verlo y partir de pronto, sable en ina^QO, 

Cual hambrientp glotón se precipita 

Sobre el amplio jamón, que del germano 

La gravedad inalterable imita. 

Fué uu momento, y no mas. Pero el cristiano, 

Desde alta almena y sólida garita. 

Grita al caudillo : ((Ven» y pónnos cerco: 

Veremos de los dos.G^áles ofias teroo.» 

Gregorio manda en la ciudad : prefecto 
Del gran Heraclio, en quien HeracliOi^ja 
Su esperanza : varón nobles provecto, 
A quien no habrá revés «|ue. el seno aflija. 
Tipo de gracias y Jseldad pesfecto, 

Y de viril ardor, Zoé, su hija, 
De su vejez los años hermosea, 

Y defiende su vida en la^pelea. 



mm.^m/uk IfT 



huí 



Con casco y .peto de oro, que del saao 
Fiel conserva el perfil voluptuoso; 
Gima de plumas albas, cual ameao 
T ancho foUs^ de álamo pomposo ; 
Montada en yegua pía, que del freno 
Sufre irritada el- vinculo espumoso; 
Cogida en pliegue airoso leve falda, 
Rico manto de púrpura en la espalda ; 

Hierro español en mano, cual centeUa 
Que aniquila y 4eslumbra, la africana, 
Gomo entre arbustos el ciprés, descuella. 
Cuando en la hueste se presenta uíáBa 
A combatir al sitiador: con ella 
Sale Gregorio ; y el pendón de grana 
De Bizancio custodian cieu/guerreros. 
Que ansian teñir en sangre los aceros. 

xuuy 

Del sol en las corazas el seflejo 

Da aviso ai musulmán, y al arma toca ; 

Y mientra en colocarse está .perplejo, 

Frente á frente el cristianos colopa. 

Era viejo Abdalá; pero aunque viejo, 

Sus amorosos ímpetus provoca 

La beldad, yvalinirarde cerqa á Zoé, 

Fuerte apetito el coraeon jle ^oe. 



479 vm6wm, 

xixy 

Quiere mandar; pero la voz no puede 
Resonar detenida en la garganta ; 
Mira otra yez^á la amazona, y cede, 
Y el moro, al verlo tímido, se espanta. 
Bl cristiano escuadrón, á quien precede 
La intrépida doncella, se adelanta ; 
Cuanto se opone á su vigor destruye ; 
Confúndese Abdalá, palpita y huye. 

XXXTI 

No hai que decirlo : cuando el jefe corre, 
Vuela el soldado, y se acabó el denuedo. 
Por mas que el boletín la mancha borre, 
Todos saben que el jefe tuvo miedo. 
En dos minutos Abdalá recorre 
Mas largo espacio que medir yo puedo ; 
Persigúelo Gregorio, y con la lanza 
Hacen los suyos bárbara matanza. 

XXXTII 

Puso fin á sus golpes vengativos 
La noche, y Abdalá, muerta su fama. 
Se acoge con sus restos fugitivos 
A un bosque de laurel y de retama. 
AHÍ los derrotados, pensativos, 
Procuran aturdir sobre la grama 
Su baldón : unos lloran, y otros rezan, 
Otros callan, y ó roncan, 6 bostezan. 



MU é9á3. 199 



xxxnii 



Pero al rayar el dia, furibunda 

Se oye esta voz : « Indignos musulmanes , 

¿ Asi cedéis á la canalla inmimda, 

Cual palomas á fieros gavilanes ? 

I Qné pensarán, cuando la nueva cunda, 

Los muftis, los ulemas, los imanes? 

¿ Qué dirán de vosotros en la Meca, 

Sino que sois soldados de manteca?» 

XXXIX 

Era el que hablaba un joven que traia 
Para aquel escuadrón refuerzo corto. 
Mancebo de exaltada fantasía, 
Siempre en raptos ascéticos absorto : 
A la oración mental de noche y dia 
Consagrado; un frenético, un aborto 
Del fanatismo : á mas, su raza toma 
Su origen en la cuna de Mahoma. 

XL 

Miraba como asilo vil la tierra, 
T sus delicias cual raudal veloze. 
Dos leyes tuvo : devoción y guerra ; 
Y era al par de benéfico, feroze. 
Decia : ¿Qué adelanta aquel que encierra 
Sus mujeres? qué sirven diez ó doce? 
Setenta y dos destina el Paraíso 
A todo fiel y bravo circunciso. » 



5u nombre es Zobeir. Guando 3U acento 
Oyó Abdalá, que á un restp del serrallo 
CSonsagraba la aurora, como el viento, 
Giñendo el alquicel, monta á caloyo. 
Lo alcanza, y al notar tanto ardimiento, 
Sumiso, como tímido vasallo, 
Le entrega el mando, y Zobeir lo ajdm{t^, 

Y nueva arenga al escuadrón .repite. 

XLII 

A la que el viejo, para hacer notorio 
Su brío, añade por posdata : « Fi^li^^, 
El que consiga dar muerte á Gr^gofiq, 
Que vilmente manchó nuestros l^iir^le^, 
Veinte leguas de fértil territorio 
Gozará, con sembrados y planteles,; 

Y si esta oferta vuestro ardor no.^gpjj^, 
Tendrá ademas la mano de su hija. » 

XLIII 

Ya estaba apercibida á la batalla 
La gente fiel á Cristo, guarneciendo 
Vasta llanura : cubre la muralla 
Bravo presidio. En tanto rejQorrien(|p 
Van las filas, Gregorio y Zoé. Estalla 
^Simultáneo alarido, el cual oyepdo 
2obeir, con los suyos acomete, 
Haciendo con el sable el molinete. 



9 



DOK OPAS. 481 



XLIY 



Aquel arrojo inesperado agita 

La colana africana; mas contiene 

Sa turbación la hermosa. Precipita 

Zobeir nuevo empuje, y se mantiene 

La fila inalterable ; entonces grita, 

Viendo que el moro cauto se detiene : 

o Creyentes, Dios es Dios : vengad su injuria. » 

Y cargan cu pos de él con ciega furia. 

XLV 

Tanto que rota en grupos y fracciones 
La linea, y sin el alma que la rige, 
Pelean en distintas direcciones, 

Y cada cual do puede se dirige. 
Rechazan personales agresiones 
Los mas audazes, sin que nadie fije, 
£n muchedumbre tan confusa y densa, 
Plan del ataque y orden de defensa. 

XLVI 

No entraré á describir, porque no puedo, 

Ni me alcanzan las frases ni las vozes, 

Aquel horrible y sanguinario enredo 

De hostilidades bárbaras y atrozes : 

Furor, asesinato, injurias, miedo, 

Golpes, heridas, gritos, fugas, cozes, 

Hombres ya sin cabeza, ya sin brazos , 

Ya partidos en dos, ó hechos pedazos* 

ft 



4S4 JiOn OPAS. 



mi 



De cuantos tronos erigió el capricho 

Del poder absoluto, no hubo un trono 

Que llevase ventaja al susodicho 

En vicios, en incuria y abandono. 

Ya no era un trono en fin, sino era un nicho, 

Delante el cual en eco monótono, 

Y en disputas exóticas y oscuras 
Chillaban frailes y bramaban curas. 

LIV 

Porque del fundador los favoritos, 
Viéndose en alto puesto entronizados, 
Ya sin rezelo de contrarios ritos. 
Los talegos de escudos atestados, 
No cual ante, abnegados y contritos. 
Practicaron los dogmas venerados 
Del que aterrando al malo con su ejemplo, 
Purificó del tráfico su templo. 

No ministros de paz, sino instrumentos 
Eran de esclavitud : el poderío 
Dividían con principes violentos. 
Cuyo nombre en la historia causa hastío. 

Y en vez de los sublimes documentos 
De un código de amor, suave y pió, 
En necias y ridiculas cuestiones 
Malgastaban el tiempo y los pulmones. 



DOír ÓPÁS. 4S5 



LYI 



A la sazón lachaban con denuedo, (20) 
T era terrible el erudito choque 
Sobre innovar ó no innovar el Credo 
Con la frase latina, füioque. 
El César infeliz, muerto de miedo, 
No sabe cómo el fuego se sofoque ; 

Y en sus años cansados y caducos 
Eran sus consejeros los eunucos. 

Hierve Constantinopla en lid horrenda : 

El si procede ^ no procede zumba 

Por todas partes : en palacio y tienda 

La jerigonza bárbara retumba. 

Aunque no bai un mortal que lo comprenda, 

Una facción á otra facción derrumba ; 

Hoi gana la batalla el filioque^ 

Y mañana anatema á quien lo invoque. 

LYIII 

En medio de estas circunstancias graves 
Llega á la corte la fatal noticia, 

Y en vez de apercibir tropas y naves. 
Acusan á Gregorio de impericia. 

No son por lo común gentes suaves 
Los señores eunucos : su justicia 
Dictó este garrafal fallo absoluto : 
« Pague el África doble su tributo. » 







Con estos dessttiii^'iMriooáAalfiís, 
Que inspiran al poderosos reptiles 
De su escolta, oiixsalan á jsa^a^Síl^ 
Pobreza, confusión, guejnra&civitofi. 
África debe á un principe QslU>sfio^l^. 
Divídense los ánimos : serviles 

Y liberales luchain cerne loses : 

Unos quieren ser griegos y etros «iopqs. 

Mas poco á poco el griego el cuello inoliiui, 

Por miedo, por miseria ó por cansancio ; 

Que á la nación entera contanúiia 

La peste de la corte de Bizancio : 

Reclama el liberal nueva doctrina, 

Que en su secta no es bueno lo que «s RUtdki; 

Y por fin, desde Barca ¿ TaMlete, 
Al Koran Mauritania se somete. 

Empieza entonces l)á«bara larea 

De destrucción. Los árabes adustios 

Aplican ora el hacba, ora ]a tea 

A palacios, estatuas, aras, bustos : 

Reducida Gartago á vil aldea 

Queda en un santiaioen. (Seaiaos just&s : 

Quien trazas no deí» de su recinto* 

Fué aquel moaavcaanai^e , Cé^]m quiote i 



iMif ónuL kHn 



UOkí 



Tánjer sola coiserva, en el desdoro (ti) 

General y en escena laoi confusa. . 

Torres de mármol, capolas decoro, 

Grande riqueza y poblaciei difosa ; 

Gracias á aquel benigno y sabio moro 

Que la gobierna : el afanado Musa, 

Quien no creia, en medio de su aek), 

Que la barbaridad es grata al ciek>. 

LXUI 

Sobre lo cual hai varios pareceres, 
Y no están mui de acuerdo los doctores. 
Algunos hai que miraB los placeres 
Del alma, como sierpes bajo flores. 
Dicen mas todavia : « Los enseres 
Del aseo, jabón, pomada, olores. 
Peine y esponja, son cosas de hereje ; 
Son asechanzas que el demonio teje. » 

Lxrr 

En mi tierra hubo un fraile franciscano, 
Que era de esta opinión, y daba ejemplo, 
Pues siempre en su sermón, nariz en nano 
Estaban los devotos en^l templo. 
Yo le oí predicar : « Pueblo ciástiaoo. 
Guando un críaliano huele bien, eoolemplo 
Que metido -el demonio tá^perfomista. 
Hizo por este medio so coBq«ÍBta«<» (tt) 



'ít. 



íM ]M»f 6pAs. 

LTV 

Otros, por el contrario : « La infinita 

Sabiduría, » esclaman, « qne se plugo 

En dar fragancia leve y esquisita 

Del vegetal al delicado jugo ; 

Que con goze inefable nos escita, 

Do quier se vuelva el hombre ; que del yugo 

Del existir alivia el grave peso 

Con inocente y plácido embeleso; » 

LXVI 

(f ¿ Será que en estas redes cautelosas 
Muerte prepare al descuidado seno, 
Gomo pérfida mano que de rosas 
Cubre la copa henchida de veneno ? 
¿ No veis de sus miradas cariñosas. 
De su paterna risa el orbe lleno. 
Cual si al rayar en el oriente el día, 
Nos gritase : Gozád^ que es obra mia ? » 

LXVII 

« ¿Para qué en lo interior del alma puso. 
Cual potente aguijón, vivo deseo, 
Si movido por él el hombre iluso 
De imperdonable crimen se hace reo? 
A la lei de existir que nos impuso, 
I Cómo obedece el hombre, si el recreo 
Que á la existencia nuestro esfuerzo escita, 
Del qne la lei nos dio, la saña irrita ? » 



IMÜI ÓPA8. MM 



LXYUI 



« ¿ De qué sirve en el mundo la belleza, 
Ese conjunto aéreo y misterioso» 
Qoe con viyaz impulso en su pereza 
Dispierta al alma, y en mirar ansioso 
La fija, y derritiéndola en terneza, 
O alzándola con vuelo presuroso 
A incógnita región, le comunica 
Vigor que la hermosea y santifica?» 

LXIX 

« Qué ! lo hermoso no es bueno ! Al yerlo gimo 
De dolor ? me horrorizo ? se me hiela 
La sangre ? ¿ El soplo del vivir reprimo, 
Como cuando á mi vista se revela 
Diforme la maldad ? No : me sublimo 
Mas bien á noble espacio, donde vuela 
Feliz la mente , sin que el vicio infame 
Con soplo ardiente y corruptor me inflame. » 

Musa pensaba así. Cuando un devoto 
Censuraba su lujo y opulencia» 
Decia : « ¿ No nos da placer sin coto 
Allá en el porvenir la Providencia ? 
Pues yo miro ese término remoto, 
Y tengo de gozar harta impaciencia. 
Alá puede tener algún olvido : 
No señor : lo seguro es lo comido. » . 



im n^tí^PÉM. 



Fiel al sistema que abrazi^, Hioéele 
De esplendor fué an alcázar, do no fwá» 
Del fanatisino el m^iazante zelo 
Dar rienda suelta á su despecho rodo. 
Oro, plata, cristal y terciopelo. 
De que mas de un altar quedó desnudo. 
Cuadros, estatuas, mármoles, jarrones 
Ornaban sus magníBcos salones. 

LXXIl 

Y al saOber por Tarif que al fin d conde 
Clamaba por hacerle una visita, 

Con el mas fino afecto le responde, 

Y para aquella noche le da cita. 
Como á tal personaje corresponde. 
Le manda preparar cena esquásita, 

Y decia entre sí : « Si él bebe y come, 
Mucho será que al cabo no secóme. » 

LXXRI 

Entra el conde, se abrazan y se sientan ; 
Se hacen saludos, cada cual al modo 
De su pais. Los guisos se presentan ; 
Come de todos ellos el buen godo. 
Pregunta el musulmán: 4«Quó tal te sientan?* 
Dice el conde * «Mui bien : rico está lodo. » 
Concluye el postre; lávanse las manos, 

Y quedan los dos «oíos como hemsimes. 



IMüéPAB. 4tl 



lxht 



« Habla, » le dice el moro.— « No, frioMP», » 
Dice el otre, «habla tú. » — «Tú, » <lieeMiM.*» 
«Yo! o dleenHotro, «no: soi forastero.»— 
« Eso, » le dice el «ora, «do te escusa. » 
Insta el conde otra tck con mas esmeio ; 
Con mas empeio cA otro se rehusa ; 
T en esta pesadisisa oamecka 
Los dos héroes gastaroa hora y media. 

Hb Ar le dftee el oonde : « Yames^aMs; 

Entre buenos amigos no bai secfelo. 

Escrúpulos qué sirven ni reparos? 

Tú eres homive de bien, jo sea idiscfetii, 

Y los hombres discretos son bien ranos 

En este mundo. Escucha : yo prometo..». 

Ya entiendes.... es decir.... yo te suplioo.... 

Lo mismo yiene át»r...p«es...ya...jMeespUoo?9-*- 

LXXTI 

« Por las barbas divijias de Mahánma, » 

Le dice el musufcaMfi, «<fDe no te e»lieiido.-i» 

Dice el conde : « Pues bien : fuera de hroma* 

Las cosas no vas Jnen : ya lo estás viendo. 

Pues qué ! ¿ tú pienaas <|iie Aodrigow..^ Aona... 

Buen pichón es Rodrigo ! Conoe^nd* 

Yo su icaráoter... y cuidad»... he sido 

Leal ; pero... taabwft... me tea d»|sndid»f,n ^ 



LXXTII 

« Revienta de una yez, y di si quieres, » 
Dice el moro^ « ó no quieres que desha^ 
De un golpe el trono, á cuyas plantas eres 
Siervo ofendido : no ya trono ; plaga 
Que inficiona vasallos y proceres ; 
Monstruo que el jugo de los pueblos traga ; 
Simulacro pueril de fuerza inerme, 
Do un joven fatuo se arrellana y duerme. » 

LXXTIII 

(f Qué ! ¿ No hai sangre en tus venas, ni en las veAai 
De esos que fueron godos y hoi muñecos, 

Y no sienten sus grillos y cadenas. 
Deslumhrados con galas y embelecos? 
Están sin adalides las almenas. 
Desierta la ciudad, los campos secos; 
Pobre y envilecida España toda, 

i T esta es la suerte de la raza gtffla ! n 

LXXIX 

«Tantos y tan intrépidos varones 

¿ Cómo pueden doblarse á un mozalvete. 

Que no encuentra barrera á sus pasiones, 

Y no hai derecho alguno que respete? 
Si él arranca continuas maldiciones, 
¿Por qué á sus injusticias os somete? 
Quién convierte en blandura vuestro encono? 
Es el respeto que tenéis al trono? » 



DON ÓPA8. i93 



« Qué es un troQO? Un girón de terciopelo 

Y unas tablas de pino ; y los cristianos 
Se figuran estúpidos que el cielo 

Esta armazón sostiene con sus manos. 
T al verlo, doblan la cerviz al suelo; 

Y si sonríe el que lo ocupa, ufanos 

Se envanecen, y tiemblan, si se enoja ; 
Mientras él los estruja y los despoja. » 

LXXXI 

«Qué fuera España en otras manos, conde? 
I Qué fuera esa región, bella, escogida, 
A la que el Ser que en el zenit se esconde, 
Pródigo vierte el germen de la vida? 
I De esas llanuras, de esos valles, donde 
Fecundidad derrama sin medida 
Tesoros de abundancia y de delicia. 
Que vuestro orgullo fatuo desperdicia?» 

LXXZII 

« Naturaleza se apresura á daros 
Ck>n profusión la holgura y la riqueza : 
Necios, ¿ qué hacéis vosotros ? Sepultaros 
En inacción, en ocio y en pereza. 
Los ricos-homes, los varones claros 
Consumen en la frivola grandeza 
De la corte sus dias, y del trono , 

Sostienen la maldad con su abandono. » 



9»i mv (mtti. 



ttxmi 



« Y ese rebano embrütecMb y tfecio 
Que se llama nacioü, ¿qué pito toca T 
A torpes paparrucBas dar gran précfo; 
Pasar el día inmóvil como roca; 
Devorar la ignominia y el despreció ; 
T si un mendrugo al Gn lleva á la boca, 
Decir : * Gracias á Dios : gané el sustento^ 
Goscándome á la puerta de un convento. * 

LXXXIV 

« ¿ Adonde están las fábricas, las lonjas. 
Los caminos, los puentes, los canales ? 
No es eso lo que abunda : curas, monjas. 
Duques, condes, priores, provinciales. 
Esa es España : huecos como esponjas 
Los que chupan los gérmenes vitales 
Del pueblo, se arrellanan en la silla. 
Diciendo : ^E$ta es la ocftiava maravillk. *' 

m 

LXttT 

« ¿ Cómo queréis que no os desprecie Roma, 

Y el franco, y elgerman, y el mundo entero f 

Cuidado con el ñ*aiico : por Bfattoma, 

Que es de vuestros contrarios el primero. 

Si alguna vez por*el Pirene asoma. 

Ya os oigo decir : a Pies, ¿ para qué os quiero f» 

Ora de amigo se introduzca, ó vibre 

Contra España el aceró, Dios os libre. » 



B«ir óvAi. $m 



LXXX¥1 



Aqui , según refiere un anticuario^ 
Detuvo Musa un poco el raudo acento; 
Padecia un ataque pulmonariOy 
Y ya le precisó tomar aliento. 
Mientras, yo haré un lijero comentario 
De sus últimas frases, y lo siento, 
Pues (aunque sea confesión amarga) 
£1 moro tuvo la nariz mui larga. 

LXXXTII 

Desde el dia en que holló los Pirineos 
Aquel tan buen señor, Felipe quinto, 
Conjunto de pueriles devaneos, 
Masa impulsada por ajeno instinto;. 
De nuestros gloriosísimos trofeos 
No guardó seña el español recinto : 
Los españoles se volvieron trastos, 
Teniendo á su cabeza un reí de bastos. 

LXXXVIII 

En pos de él nos llegaron por la posta 
Miles de saltimbanquis matachines,, 
Que inundaron la> España, cual langosta 
Que se arroja á sembrados y iacdines^ 
Ansiosos de medrar á toda costay 
Estos aventureros parlanchines 
Empezaron por darnos su lenguaje, 
Su gobierno^ sus usos y ropaje. 



496 DdH óiPAS. 



LXXXIX 



Ya no fuimos nación, sino colonia; 
Hombres no fuimos ya, que fuimos micos 
De esos, que sin usar de ceremonia. 
Nos trataban de necios y borricos. 
Por cintas y por agua de Colonia 
Les dimos el honor y los bolsicos : 
Con sus brochuras, modas y embelecos 
Nos dejaron de plata y virtud secos. 

xc 

Convirtióse Madrid en vasta feria 
De insustancialidad y galicismo, 

Y remachando el clavo á la miseria, 
Ligóse el galicismo al fanatismo. 

Los ricos-hombres de la noble Hesperia 
Se sepultaron en el sucio abismo 
De una corte inmoral, pueril, abyecta; 
Del tripot de Luis copia imperfecta. 

xci 

Ya de Luis los fieros estandartes 
No daban leyes al vencido mundo, 

Y el protector antiguo de las artes 
Era un beato débil é iracundo. 
Soplaba en torno de él por todas partes 
La corrupción su aliento nauseabundo : 
Velado en negro eclipsis aquel astro. 

De su antiguo esplendor no quedó rastro. 



IKHI OPAS. 197 



xcu 



Y como el tícío en él era costambre, 
Dio rienda suelta en su vejez al vicio, 
Cediendo en vergonzosa servidumbre 
A una vieja, modelo de artificio. 
Gayó en vil fango de exaltada cumbre, 
T Juguete de infando maleficio, 
Sujetó su conciencia y su palacio 
AI astuto satélite de Ignacio. 

xctii 

Retrato fué de este conjunto odioso 
De flaquezas y vicios nuestra España, 
Perdida del contagio ignominioso 
Que dio á su suelo una familia estraña : 
Helado ya el aliento vigoroso, 
Padre de tanto honor y tanta hazaña ; 
Postrados sacerdotes y proceres 
Al pié de bailarines y mujeres. 

XGIT 

Como si la infección con largo alcanzo 
También helase naturales bríos, 
De la fecunda Iberia en aquel trance 
Quedaron los ingenios mudos, fríos. 
Gayó el pomposo espléndido romance, 
Cubierto de estranjeros atavíos. 
En manos de un tropel de mentecatos. 
Que llamaban entonces literatos. 

21. 



mm n&K'émdu 



Espurios hijos lie una ««^(e im^iiMt 
Prostituyeron so vital (mreEar; 
Y la matrona ü^U y ipobu&ta 
Se amodorró en esléüda peveza. 
Declarando á su ^ria guerra ii4usu> 
Llamando tosquedad su genUleea, 
Daban una patente áe salvaje 
Al que no repetia su leugntge. 



Ese cóIera-móriMis, qneaimdMiiiQA» 
De traducciones necias y trísrialeft. 
Escritas en idioma de eociaa, 
Llenas de solecismos gaiyafoles, 
Tuvo principio entonces. Contamina 
Todavía las gradas nacionales 
Esa jerga, ó cabala, ó logogrifi». 
En que escribe P..., nodemo :N8fo. 

Ya Musa vuelve á iiaMar; pero comprende 
Que es preciso mudar •áe batería, 
Porque el estile de su exordio ofende 
Del conde la eaensaMe altanenia. 
El curso de sus sátiras tsasfpei^e, 
Y observando que el godo >refiirimi« 
Su cólera con liérrido visaje. 
Él cambia el suyo, y toma 'Olfo lenguaje. 



MW OPM. 



xeiriii 



«Pobre naoíds i no os «qI(mi Wkf9u ^El•clelo 
Fué en adornarla generoso «niigo; 
Mas sometida á ese procas mozwelo, 
A ese jÓTen sin rienda, á eae Roérígo, 
I Qué podrá ser fispaña ? Rolo éí velo 
Del pudor, trasformada en Vú testigo 
De la disolucioa, iamuada .escena, 
Do un amor criminal se desenfrena^ » 

Entonces lo interrumpe el godo : « Dame 
Tu acero vengador. Muerte y ruina 
Descarga de una vez sobre el.io^^une. 
Que el lustre de mi sangre ■contanHoa* 
Como voraz incendio se derrame 
Tremenda asolación. Ab! concubina 
A la que es b^a mia, el mundo 41ama !-. 
Muera, muera mil vezes qiiien la .in£ama. » 



<c Su sangre pido y nada Bias. Tu Imiate 
Triunfe, destruy-a, queme» robe, tale; 
Nada me importiu l^paiU -al yiUgo apneste 
La cerviz ; no me opongo. Lo 4ue vale 
Mas á mis ojos, es la saipgre de o^ 
Que arrostra impune mi furor. SirbjaJle 
Bajo mi planta el postrimer. ^u^rp: 
Ese es el triunfo A que en mi I9bia aii^píio. » 



5<K) IMMI bMAS, 

CI 

f< Quiero que pague cada goze impuro 
De los que saborea á costa mía, 
Con herida mortal ; que el velo oscuro 
De la muerte le robe el claro dia 
Ck>n lentitud penosa ; que mas duro 
Que bronce el cielo, alargue su agonía, 
Llenando sin piedad cada momento 
Con un siglo de angustia y de tormento. » 

Gil 

« Y si para saciar mí justo enojo^ 
Fuerza es que del alfanje y de la tea 
Tórnese España mísero despojo, 
Y arda en discordias y en desdichas ; sea. 
Si como recompensa de tu arrojo, 
Quieres que á España confundida vea 
La Europa en fango y sumisión profunda ; 
Gomo me vengue yo, que se confunda > » 

CIII 

« Piense si quier Don Opas, cuya vida 
Pasa en los artificios cortesanos. 
En preparar de un trono la caída, 
Para alzar nuevo trono con sus manos. 
Hija no tiene (al menos conocida), 
Ni caben sentimientos muí humanos, 
Como los que en mi alma abrigar puedo. 
En quien es arzobispo de Toledo. » 



IKHf ÓPA8. 301 



CIV 



« Musa, » prosigue el ooode, « con fe ciega, 
Te abri mis recatadas intencioDes : 
Esa región feliz que el Bétis riega , 
Cubren tierras, castillos, posesiones 
Sometidas á mí. Te las entrega 
Mi amistad : no vaciles. Tus pendones 
Las ilustren : caballos, armas, ropas, 
Nada hará falta : cuenta con Don Opas. » 

cv 

Dijo, y habiendo señalado el dia. 
Para que con Tarif se contratase 
Lo que tan grave empeño requería. 
Tomando siempre la traición por base. 
El conde dijo á Musa, que le urgia 
Volver á Ceuta, donde en dulce frase 
Daría cuenta á todos de sus planes. 
Seduciendo la tropa y capitanes. 

cvi 

Todo depende de una coyuntura 
Favorable. Hasta el crimen se despoja 
De su horrenda y odiosa caladura. 
Con tal que la ocasión feliz escoja. 
El mismo crimen, que en la plebe oscura 
Pierde al que lo comete, y lo sonroja. 
En los que al pueblo con la fuerza oprimen. 
Cualquier cosa será ; pero no crimen. 



D01I ^FJWU 



CTH 



¿ Qué dijeron los godos, oomensatos 
Del coDde, cuando el caso les pespuso ? 
« Magníficas ideas, liberales 
Proyectos ; demos fia á tanto ainiso: 
Los moros son sugelos racioaales. 9»-t^ 
« Yo, » dijo un personaje, « no vebuso 
Mis servicios : los presto de eontado ; 
Bien entendido <|iie me den u» gisadft. » 

cvaii 

Lo que Ceuta fué entonces, ftié Bv^ona 
Muchos siglos después : risiiefio>oriMite, 
Donde empezó á brollar una oor»Ba, 
Y todo el mundo le dobló la feenle. 
De personajes esplendente z<¡ma 
Llamaron aUi sabio y escelente 
Al que después del triunfo de Castaños 
Recibió tan curiosos desengaños. 

cix 

Ya lo be dado á entender : el siüoy Jaicyna 
Mudan de aspecto el crimen y la ibaiana, 
O, como diz la gente innovador^. 
La moral de los pueblos. En Gspaña, 
Entregar la nación á gente mpra. 
Detestación escita, y odio, y saña ; 
Mas darla al que apoyó serjvil «alema. 
Cualquier que diga que es traioieB, UasfeiQa. 



MH ÓPiMft. 



GX 



Y yo, que sea moro ó buen cristiMO, 
Del que reinare en mi pai6 bao quejo, 
A menos que no sea ni paisaao : 
Digo paisano ; castellano viejo. 
No en la cuna me ^o, porque es vaao 
Capricho, y es^etso, no oonsejo , 
Quien detemma que «no oaiea éoide 
Por orden natural ie correspoiMle* 

€XI 

Mas del que reina en mi paás, aguardo 
Temple español, castizo, puro, neio ; 
No exótico, no misto, no bastardo. 
Que hoi llaman el mím plua de lo dieeielo; 
Temple español, que luoe por gallardo, 
Por recio y franco ; el que iispiit6 resfieto 
T leyes dio á la Europa ea otroa 4tia6, 
T sometió potentes monarquías. 

CXII 

No entra en mis planes referir ahora 
Cómo degeneró germen tan puro ; 
Pero que existe un mal que lo desdora. 
Lo adultera y corrompe, es bien seguro. 
Que una turba de gente charladora 
Por camino mas recto y mas seguro 
Tiene el que á estraños tipos nos doblega. 
Es fuuesta verdad ; nadie la niega. 



5M INHf OPAS. 

CXIU 

Cual si la libertad fuera uoa cosa 
Del otro jueves, rara, nunca yista, 
Quiere esta gente, le?e y vanidosa. 
Que de ropa estranjera se revista. 
En materia tan seria y gravedosa 
Ha de ser la nación también copista : 
Ser libre á la española es cosa rancia : 
Libres bemos de ser como lo es Francia. 

CXIV 

Oh desdoro ! oh vergüenza ! —Pero basta. 
Pues si sigo atacando á esos infieles. 
Fácil fuera llenar una canasta 
De conceptos mordazes y crueles. 
La historia que refiero, es noble y vasta ; 
Y para terminar con rasgos fíeles 
El cuadro interesante que medito. 
Tomar aquí descanso necesito. 



. i' 



«M«0' 




'^^^^^B^W^rr-SiJL^ 



aNaTesenza nocchieroiD grin lempesla, 
NoD doDna di prorlncle, ma bordello. » 



Cuando la fantasía del poeta 
Se traslada i la escena simple ; pan 
De la mansión rural, en su paleta 
No faltan elementos de pintura. 
La selva umbrosa con et aura inquieta. 
La clara aurora con la noche oscura, 
El monte, el río, dan i sus pinedos 
Imágenes tan nuevas como fieles. 



506 DON OPAS. 

II 

Da gusto ver con qué apetito se eote 
Tolgar poeta al prado, coma sMiit 
Cuadrúpedo infeliz que el hambre 
SI d» la alftlfo elufato arana lueie ; 
CdáiLfibil de una^endecha en 
Gracia» al eMN»HM»<i|NS lo i 
La» aeWas mas espesa? llcjar á hej^ 
T los jardines flor áflar despaja. 

ni 

Este género tiene gran ventaja 
Sobre todos. El hombre que lo emplea, 
Dispone á su placer de cuanta paja 
Dio á luz de veinte siglos la tarea. 
El poeta la idea ajena encaja. 
Sin sacar de lo suyo ni una idea, 
Y, como ricos que hai entre nosotros, 
Gome los frutos que cultivan otros. 

Asi en feliz edad se sáivia el paso 
De lecciones insípidas y aaiavga^ 
Y de lentos estudios; y par eso 
¿ Quieres poetas*? Los tendrás 4eai9ia«. 
Si te cae en las manos libra inprasa». 
Con unas linaaa^or^s y otras- laigaa» 
No tardes en compilarlo» Giran anelielai! 
Solo en esto consiste ser poeta. 



DO» ÓPA«. 5t7 



ImitatoreSjSerwm peeusy dice 
El mismo Horacio Flaco : lo salmnoe ; 
Pero dentó qae el hombre-se desliie 
Con estos fallos rígidos y estiemos. 
Servum huele á senil, y contradice 
Tal opinión lo qve en Espafia vemos ; 
Es decir, eminentes liberales 
Que son imitadores garrafiíles. 

VI 

• 

T si imitaran solamente en- verso, 
No pudiera quejarse el moralista, 
Pues le importa mui poco al universo 
Cómo ensucia el papel un mal coplista. 
Mas sale un resultado mui diverso. 
Cuando, en prosa jenízara, un sofista 
Hace tragar á la nación un plagio» 
Que es de males sin número presagie. 

Til 

Eso de trasplantar institaoionoBi 
Ck>mo si fueran nabos ó lecbugaa, 
Es imponer á un niño obligaciones 
Que exigen frente anda por arrogas: 
Inovador fatal I con-relumbrenes 
De elocuencia mi mente no subyugas : 
Con buenos caldos ^curarás mi inedin; 
Pero nunca con pasos do conediaL 



'508 ÜOV OPAS. 

VIII 

No entiendo de política : confieso 
Qne es griego para mi; pero calculo 
Los resultados, por los cuales peso 
Lo qne origen les dio. No capitulo 
Ckm el que anuncia ino?acion, progreso, 
Y al que no le da asenso, llama nulo, 
Servil, bárbaro. Quiero cuentas claras. 
No cáfila pueril de vozes raras. 

• 
Las cuentas claras son en la materia 
De que se trata, solo dos guarismos: 
Justicia y bien-estar. Con esto Hesperia 
Saldría de sus arduos embolismos. 
Pero si la injusticia y la miseria, 
Forradas en atrozes galicismos, 
Cual fangoso raudal la patria inundan, 
Reforma y libertad ¿ en qué se fundan ? 



A mí, que no soi procer, diputado. 
Ministro, embajador ni consejero. 
Me interesa mui poco el resultado 
De la cuestión del dia. Lo que quiero, 
Es tener que comer, (por decontado) 
Después que esté seguro mi dinero ; 
Y , para si se ofrece, un buen alcalde, 
Que juzgue con rigor, pronto y de balde. 



DON ÓPA8. 509 



XI 



Mas nada sirven los sencillos votos 
Qne fonna un pobre diablo en su retiro. 
Por caminos ocultos y remotos 
Traza la Providencia el lento giro 
De las cosas. En vano los pilotos, 
En quienes, mas que seso, arrojo admiro, 
Observan la veleta ó bien la aguja, 
Si una mano secreta los empuja. 

XII 

Gomo en el mundo físico se forma 

Molécula invisible, que varía 

Cien mil vczes de aspecto, y se trasforma 

Ta en fuego, ya en vapor, ya en agua fría ; 

T ora en modesta y recatada forma 

Vaga apartada de la luz del dia, 

O en borrascoso nubarrón se inflama, 

T baja al suelo en destructora llama, 

XIII 

Sin que sepan los hombres qué camino 
Siguió en sus metamorfosis secretas. 
Ni cómo al suelo retumbando vino 
Desde la alta región de los planetas ; 
Así cubre la mano del Destino 
£1 arco de do parten las saetas 
Que la aljaba política atesora, 
Semejante á la caja de Pandora. 



5M DMrtÓPM» 

xnr 

Viene esta reflexlsn desmolde sl^pviito, 
Que ha de^rel objeto de estedSMil». 
Quién á Rodrigo el trono dio'? |iiCf«ito. 
¿ Por qué acaso Hrféliz «I regioanidito 
Las espaldas ornó de aquel OMjvato 
De flaquesay maldad ? ¿iNo causa espaiito 
Ver cuan voluble la.fbetuAaí^oiega 
Con la ventura de tos 'hombrea guega ? 

Doblaba España el cuello :eQirlle(ádo 
A Witiza, conjunto monstRu^so 
De cornipci(m, el cual enar4eoido 
De sed impura, cual raudal furioso 
Que el valladar ^ilerrumba embravecido» 
Inmoló á su deseo impetuoso 
Guantas godas hevian sus misadas, 
Ora fuesen doncellas ó casadas. 

En vasto alcázar, donde jaspe y oío 
Deslumhraban, y salfombgas vdamagfpMüaSf 
Le mantenía elfkáblico tesoro 
Unas ciento y ^smouenta coACiilNiías. 
Diz que un obispo aLiner'taAlO'deadoro, 
Le echó en cara estas modas pelegrinas 
En un discurso sabio y «itndUo, 
Que ha conservado iftta£lo «a manuscrito. 



SMT 6pA8. mi 



^^«I 



« Señor, » le dijo, vyeá que 5a «I Ttsdtto 
Murmura contra ¥9B y contra el lisee, 
T sobre todo- dice que un «erredlo 
Menos huele á orMiHie<qu^ A moiisoo. » «^ 
kNo jue^in oíros pvinoípeB^il auillo? » 
(Le respondió el mennrcfi en toHOAriseo) 
«A tanto murmorar causa ao vm : 
¿Es serrallo una casa de reoreo?» 



Hizo mas : en solemne ordenamiento, 

Del sello del estado revestido. 

Le quitó el monopolio al casamiento 

T la ilusión al nombre de marido. 

« Tener mujeres, » dijo, « dos ó devto» 

A todo ser humano es permitido. 

Sea clérigo, fraile, obispo ó lego, 

A hombre ninguno esta franquicia niego.» 



Se acogieron los godos lal deoieto, 
Ck>mo á la miel acude ansiosa atope; 
El clero secular fué mas 'discreto, 
¥ no pudo prender en él la diispa. 
Don Opas solo, en mengua del respeto 
De su alta digiAdad, tomó una obispa; 
Y en vez de^tm lobo ^pie'le hiciese «dnfiíe, 
Dos lobos tuvo el infélic reba^. ^) 



512 DON OPAS. 



No sé si por motivo 6 por pretesto, 
Tomaron infanzoDes y magnates 
Tanta locura. « Sufriremos esto? » 
Decian. « Tan enormes disparates 
4 No habrán de producir un fin funesto ? » 
Se juntaron; tuvieron mil debates : 
La ambición, el cansancio y la ojeriza 
Se ligaron en contra de Witiza. 

XXI 

Notábase en la corte de Toledo, 
Por su moderación y compostura. 
Un hijo del famoso Teodpfredo, 
Joven de bella y plácida figura. 
Ya por afectación, ó ya por miedo, 
Pasaba el tiempo en soledad oscura, 
Sin ambición, sin lujo, sin amigo. 
Sin amores : llamábase Rodrigo. 

XXII 

Su padre murió á manos de Witiza 
(Sobre cómo y por qué no están de acuerdo), 
Y cual ascua que oculta la ceniza. 
Conservaba en el alma aquel recuerdo. 
Viendo que poco á poco se organiza 
La rebelión, el tal, que no era lerdo, 
Después de discurrir mucho y despacio, 
Afila su puñal y va á palacio. 



<t 



D<m ÓPA8. 5U 



XXIII 



Gircimdaba á Witíza en francachela 
De cortesanos la festiva tropa, 
T, como de Rodrigo no rezela, 
Dice, al verlo venir : «Dadle una copa. » 
Él, llevando á su colmo la cautela. 
Tiendo al rei bostezar, hecho una sopa, 
Mas rojo que la misma remolacha, 
En nn decir Jesús, va y lo despacha. 

XXIY 

En mas de una nación, según pregona 
La ciencia de la historia en sus anales, 
Todo el derecho al cetro y la corona 
Se redujo al veneno y los puñales. 
En el siglo presente, que blasona 
De virtudes severas, y modales 
Esquisitas, y sabias invenciones. 
No faltan estas duras transiciones. 

XXV 

A nosotros, de humilde y pobre clase, 

Nos espanta que la alta jerarquía 

Pueda tener por código y por base 

Tanta protervia y tanta sangre fría. 

Que en odio, en crimen y en maldad se abrase 

La raza á quien un puebfo entero fia 

Toda su dicha, y su poder concentra, 

Es cosa á la verdad que no nos entra. 



Afel DOir^ÓPAfl» 



Ck)mo en el hcmdo llano el peregt4m), 
Mientra acaricia el zéfiro la lierra, 
Goza el ambiente puro ycristaliBo 
De mayo pei^ñimado, y la lEdta siena 
Que alza su frente audaz junto al «a&ilBQ, 
De nube horrible que al moptalaierRiy 
Se cubre, y lanza del oscuro ^neso 
Huracán y granizo, rayo y tmeao; 



Así en la condición en que nacemos, 
Por el respeto y el amor guardados, 
Nos hacemos de cruzes cuando vemos 
Mas arriba tan negros atentados; 
Guando en rangos augustos y supremos 
Hijo, padre y mujer encarnizados, 
Como perros se muerden y destrozan, 
T luego comen juntos y retozan. 

Apenas cayó al suelo el rei beodo, 

Gritaron los leales cortesanos : 

« Rodrigo mande «n el imperto godo, 

A bien que lo ha adquirido por sus maiMB* » 

Cunde la nueva, y en el r^no 4od«, 

La plebe, el clero, nobles y viUanos 

Se felizitan viendo á la cabeza 

De España á un joven que tan'lHeneiBpieMu 



MK éPAák Mé 



XXIX 



Como empezó, siguió. Quitóse el velo 
Que disfrazó hasta entonces sus maldades 
Mil familias de bonor cubrió de duelo 
Con sus ioconeegibles Hviaiidades. 
Llenó de borrares el hispano sueio; 
Robó conventos,. y quemó ciudades : 
Por último, su ejemplo íerlUiza 
El grano infame que sembró Wiliza. 



Andaban sus espías acornó husenes 
Buscando buenas mozas porEüpaña, 
Olfateando todos los rinoenes, 
Incluso el locutorio y. la oabaña. 
Según cuentan amiguos cronicones. 
Una entre cuatro mil-se mostró urafia : 
Codicia y vanidad (flaquezas godas] 
Dieron al cabo fin de casi todas. 



A media milla del pomposo .Ts^o 
Se estiende largamente una espesura 
De antiguos 4»b]es,y de ^ooonte. b%}o. 
Que alta cerca de piedras asegura. 
Allí en el borde de eminente t^ 
De tétrica y seociUa arquiteaura, 
Se alza un castillo, cuj^a mole inmensa 
No es tanto habitación ^khoo defensa. 



M# MBléMiw 



Qvíéa UWtt d eastaio, « m 
Q«e MMÜe pvede peaetnr, B 
BaUa de ■• personje ea cavtifcm; 
OtrodeimiBafpo, á gún de Haabraw : 
Hai qsiea díee q«e «■ santo Mo aart e i io, 
Hojendo del monarca, que íoiportBBO 
Ho perdona abadesa ni novicia. 
Logra ocoUarse alU de flo notída. 



Un moteon de la infome policía, 
A fnerza de artífido y de conato, 
Logró colarse en la mansión mnbria, 
Sigoiendo ios impulsos de sn olfato* 
Yoelve á Rodrigo lleno de alegría. 
«Qué noticias?]» le dice el rei.—t Boceólo 
Di eardinaUj n el bicho le responde : 
«Una divinidad hija de un conde.» 

De bellas frases en profuso acopio 
Le retrata las gracias de Florinda 
(Florinda ó Cava, viene á ser lo propio ) : 
Talle esvelto, pié breve, mano linda; 
Mirada que adormece como el opio; 
Labio que á juegos amorosos brinda ; 
Pelo rubio, albo diente, seno erguido. 
Andar airoso, gesto comedido. 



DON OPAS. 517 



XXXY 



at Si guisas,» dice el rei, « como retratas, 
Serás gran cocinero, n Ya le aguija 
La pintura sus furias insensatas, 

Y sus conatos en la Ga?a tija. 
«Será,» pensó, «una de estas mojigatas 
Que no valen la pena; pero es hija 

De un enemigo, y basta. Al enemigo 
Nunca jamas dará cuartel Rodrigo. » 

No sé cómo (la historia no lo dice) 
Pudo llegar al lado de la bella, 
Sin asustarla, en traje de infellze 
A quien persigue rigorosa estrella. 
Al verla, su opinión no contradice 
Lo que oyó : sus deseos solo en ella 
Se cifran ; por saciarlos abandona 
El placer y el afán de la corona. 

XXXYII 

Piensa el malvado conocer el giro 
Que ha de tomar, para vencerla luego. 
Florinda no es de mármol : el retiro 
De su ternura alimentaba el fuego. 
Por la primera vez oyó un suspiro. 
Tímido anuncio de amoroso ruego : 
Sigue al suspiro enardecido lloro ; 

Y tras el lloro viene el Yo te adoro. 



518 B6ir'ól>É8. 



La larga^historia del amor primero 
En una jÓTen tüElrna-y recogidü, 
Lo saben mis lectopes. Tb noqniew 
Molestarlos con cosa tan sabida. 
Al idioma &laz y lísenjevo 
De la pasión cedió desprevenida 
Florinda ; per» no con tanto eseese 
Que cediese' el honor. Cuenta eowew*' 



Guando él caloul» que llegó el momentot 
De aventurar un golpe decisivo^ 
T emplea artifícioso su talento 
En lenguaje amoroso y persuasivo, 
Halla en vez de blandura alejamiento^ 

Y en vez del si anhelado, tono esquivo» 
Rodrigo enfurecido se propasa, 

Y ella le dice : « Fuera de mi casa» » 

Como el león que al palo y la cadena 
Poco á poco doblega su pujanza, 

Y en férrea jaula adormecido pena. 

Si alguien lo insulta en imprudente cbanzaif 
Se pone en pió, y eriEaiamelena, 
Ruge tremendo^ incendio activo lanza 
Por los ojos, coi^fiero'ardor^ agita, 

Y reventándole furor palpita; 



Tal aquel ofendido perseoije, 
Viendo frustrado su docIto esipeio» 
Por Til injuria y añ«ntoso ultnjé» 
Se anubla Tengador en torro ceño ; 
T dando brida suelta á su coraje, 
«Soi Rodrigo; » le dice, «soi tu dueño; 
Florinda es sierva mia : es mí TaoaUa. 
Te honro con mi capricho : cede y eallft^ » 

XLn 

« Gallar ! ceder! A un monstruo á quien maldigo !» 

Dice con noble indignación la €ayav 

a ¡ A mi perseguidor, á mi enemigOi 

Que con su astucia mi desdicha agrava ! 

¡ Tú mi dueño.... mi dueño! De Rodrigo 

La sangre de Witiza no e» esclava. 

Óyelo bien : la sangre de Witiza» 

Que fresca aun en tos manos me horrorixai » 

XL1II 

Por mas que en pecho mujeril se encienda 
Blaléfica pasión^ y estaüe en ira, 
Pronto la rabia á que soltó la> rienda» 
Cede el lugaral miedo, y se retira. 
De esta verdad ejemplo fué en ¡la tienda^ 
De Aureliano la reina de Patmira: 
Llora Zenobia heroica, füerta y brava; 
I Por qué no ha de lloiaf también la Cava ? 



520 ]M>N 6fi^, 

XLIY 

Llora la CaTa, y lánguida se arroja 
Sobre un cojín, turbada y sin sentido, 
Gomo era natural. Que el llanto afloja 
£1 sistema nervioso, es bien sabido. 
En esta situación.... doblo la hoja. 
El reí era un garzón alto y fornido, 
•Y en tal lance la moza mas membruda... 
En fin, que la forzó no tiene duda. 

XLV 

Cuanto el amor ablanda y enternece, 

Y en otro ser al que ama identifica. 
Tanto exaspera al alma y la enbrudece, 
Quien á innoble pasión la sacrifica. 
Solo con otro amor, amor florece : 

Lo que él liberalmente comunica. 
No se arrebata. Ni el poder ni el brío 
Pueden decir entonces : « Esto es mío. » 

La ultrajada Florinda no se lanza, 
Mujer Yulgar, á pesadumbre inmensa. 
Con llantos y con gritos qué se alcanza ? 
No hai raudales que laven tanta ofensa. 
Su pasión favorita es la venganza : 
Solo en vengarse noche y día piensa; 

Y mas, cuando le anuncian que en Castilla 
El reí hace notoria su mancilla. 



DOR ÓPAg. 5il 



XLYII 



11 mayor enemigo del reposo 
Del hombre, el que persigue y atormenta 
Con preferencia al hombre Tirtuoso, 
Es la fama, que ya como tormenta, 
Retumba con estrépito horroroso, 
Ta con industria cautelosa ylenta. 
Labrando en las tinieblas honda mina, 
El crédito mas sólido arruina. 

XLYIII 

^Siempre mira al través de un microscopio 
Que las cosas mas chicas engrandece ; 
Lo que es mas imposible y mas impropio, 
Mas probable y mas fácil le parece. 
Forman sus epitetos vasto acopio. 
Que de una boca en otra boca crece. 
Dar la noticia cual se sabe es mengua : 
No hai pintor mas fecundo que la lengua. 

XLIX 

T lo que mas me ofende y mas me irrita. 
Es que si en la anécdota que se cuenta, 
Hai nombre de mujer, en nada hesita; 
A la infeliz mujer cubre de afrenta. 
£1 ser que mas amparQ necesita. 
El que nos da la vida y alimenta, 
£1 ser que hos consuela y nos halaga, 
Ese en toda ocasión es quien la paga. 

22. 



Mi IMIf 'ÓBftS. 



El primero que oyó los pormenores 
De aquella torpe y bárbara vjoleifoia, 
La refirió añadiendo :« Pues, señores. 
No hizo Florinda.mucba resistencia. » 
£1 tercero le agrega : « Son amores 
Muí antiguos. » £1 cuarto, en reticencia 
Pérfida, dice : « Ayer cierto sugeto 
Me contó...; pero no : ^guardo el secreto. » 

Así corrió y así pasó el Estrecho 
Rápida la noticia trasforraada, 

Y así el moro la toma en m proTecbo, 

Y al padre se la endosa en embajada; 

Y asi del padre en el cuitado pecho 
Se clava aquella flecha envenenada ; 

Y así, con sus ribetes de oratoria, 
Se escriben las gazejtas y la lústoria. 

XII 

<f La Cava fué manceba de Rodrjgo. » 
Levanta alguno el falso testimonio, 

Y el escritor, amigo ú enemigo. 
Mira ya este baldón cual patrimonio 
De. la historia. Si yo lo contradigo, 
Responde un necio : « El cardenal Baronio 
Lo dice claramente en sus Ánakt. » 
Qué ! No saben mentir los cardenales ? 



'Ó»iS. 



fUUl 

Por el hoMr de mi pais, me oarro 

De esta faltare crltíca. Confieso 

Que á Florinda no vi id per éí forra. 

Ni es mi raza la snya ; mas por eso 

I Dejaré de acudir á sn socorro. 

Guando de la calumnia sufne el peso ? 

Dirán, ¿ por qué me«mpeBO en .que Ikié omu ?< 

No filé iMjer Fioríoda? Pves ae .tesla. 

Mientras el conde 4i8C«iiia4r»a 
De ejecutar el plan en <|ue se fija. 
Le entrega un ayudante de lapkia 
Enorme cartapacio de su iája. 
En él con grandes pormenores traza 
Todo el heclio, rogándole «que e3^ 
Venganza pronta ; y antea, que ia He^e 
Donde mas no la injurie aqoel aleve. 

Produjo un doble efecto «ata misiva 
Dentro del seno paternal: de wm lado. 
Su pertinaz detestación se -aviva 
Contra el autor del heñido aÉentado : 
Por otro ve en la triste narrativa. 
Que Florinda las leyes no ím ultrajado 
Del honor; pues ceder á la violencia. 
Nada tiene que ver oon ia ooncieatía. 



5ti D09 6p4S. 

LTl 

« En cuanto á retirarla, » pensó el Tiejo» 
« De las garras del tigre, ya está claro 
Que es preciso adoptar este consejo; 
Porque si huele el fin que le preparo. 
Arrancará á su victima el pellejo, 
Y me puede costar el juego caro. 
Teniendo estos rehenes en sus manos. 
No hai que pensar en moros ni en cristianos. » 

LTII 

Con este justo rezelar suspende 

Su plan, y comunica al moro amigo 

Los nuevos lazos que á Rodrigo tiende, 

T cómo va á pegársela á Rodrigo. 

Musa al diestro designio condesciende ; 

T el conde, meditando en el castigo 

Que al rei destina con oculta saña, 

Se embarca con buen viento, y liega á España. 

LTIII 

La sublime invención del pasaporte 
No era entonce en España conocida : 
Medida paternal, digno resorte 
De lei que en el amor se consolida. 
Asi Don Julián llegó á la corte 
Sin que nadie supiese su^ venida ; 
T antes que nadie su venida sienta, 
Disfrazado á Don Opas se presenta. 



90H 6pA8. 5M 



UX 



En tres horas y media de entreTisU 
Quedan de acuerdo aquellos dos traidores; 
Don opas, consumado tramoyista, 
Pensó en los mas triviales pormenores. 
Allí se trazó el plan de la conquista ; 
En fiii, el largo cúmulo de horrores 
Que salieron de aquel perverso foco, 
£1 lector lo irá viendo poco á poco. 

LX 

La gran dificultad de todo el paso 
Era arrostrar de buenas á primeras 
La vista de Rodrigo. Para el caso 
Ya estaban prevenidas las barreras 
Que deben evitar cualquier fracaso. 
No son tío y sobrino dos cualquieras : 
Hombre que de engañar tiene el secreto, 
Con la verdad engaña al mas discreto. 

LXI 

Al ver Rodrigo al conde, por supuesto 
Sale de sus casillas y ya estalla, 
Lanzando espuma, en tono descompuesto. 
Tratándolo de perro y de canalla. 
No cambia el conde ni actitud ni gesto : 
Aguanta como sólida muralla 
La descarga de aquella batería : 
Tan estudiado su papel tenia. 



JM»N .69ÁA. 



xzn 



« Desacordado JÓTen, aquí tienes 
Mi cabeza : con bárbara cuchilla 
Divídela cruel. Qué te detienes? 
Mas antes que te cubra esta mancilla , 
Viste de lauro mis cansadas sienes; 
Honra esta fuerte mano que á Castilla 
Sirve de muro contra el mal horrendo, 
Que ya le están los moros previniendo. » 

LXIII 

« Los moros te amenazan. Si no acudes 
Pronto al remedio, servirá de nada 
Que con tu religión y tus virtudes 
Tengas á España toda edificada. 
Antes de cuatro meses (no lo dudes) 
Cádiz, Sevilla, Córdova y Granada, 
Si una fuerte medida no se toma. 
Abrazarán el yugo de Mahoma. » 

LXIV 

« Centenares de bravos escuadrones. 
Esgrimiendo la corva cimitarra, 
De Ceuta sitian ya los torreones 
Gritando furibundos : Zarra, zarra. 
Ta de mis invencibles campeones 
La audazia noble y condición bizarra 
Se aflojan : sus desgracias se acumulan» 
Y si no los socorres, capitulan. » 



HOM.'ÓBAS. ifr 



LIY 



« Si á tal estremo el infortunio {>asay 
La moriama, que es gente de denuedo» 
Se entrará como Pedoo por su casa, 
Desde el peñón de Calpe hasta Toledo. 
Mayor designio su ambición amasa 
(No te lo digo porque tengas miedo) : 
Han jurado cortarte la cabeza, 
T llevarla á las plantas de Su Alteza,.» 

LXTI 

« Que es el califa de Bagdad. He dicho. » 
Tal fué la arenga con que eL conde astuto 
Hirió á Rodrigo el seno, como el bicho 
Clava su dardo en el dorado fruto. 
« Mi cabeza á Bagdad ! bravo capricho t 
Mi cabeza á los pies de un moro bruto ! » 
Dijo el rei : « esas son chanzas pesadas. » 

Y se puso á reir á carcajadas. 

LXYII 

Pero los distinguidos personajes, 
Testigos de esta escena escandalosa, 
Empezaron íl hacer sendos visajes, 
Como quien dice : « Mala va Ja cosa. » 
Después de repelidos homenojes, 

Y con voz abatida y respetosa. 

Saltó uno de ellos : « Sabes lo que digo ? 
Que no las tengo yo todas conmigo. » 



M8 DON OPAS. 

LXYIII 

Este rasgo de gótica elocuencia 
Llamó al reí la atención : paróse un rato» 
T dijo al fin : «El lance pide urgencia, 
T no quiero que compre tan barato 
Mi cabeza el califa. A la prudencia 
Del Consejo, que tiene buen olfato» 
La decisión de este negocio dejo. 
A Ter, un edecán : llama á Consejo. » 

LXIX 

Los miembros llegan.y se sientan todos : 

Ábrese la sesión, y el rei empieza : 

« Señores, al imperio de los godos 

Parece que le duele la cabeza. 

Ya sabéis con qué tino y con qué modos/ 

Dignos de mi poder y mi grandeza, 

Preservé á la nación de todo ataque ; 

Mas no estaba este golpe en mi aknanaque. » 

LXX 

«No hai que temer : España floreciente 

Prospera, gracias al cuidado mió. 

La paga, á la verdad, no está corriente ; 

El tesoro real está vacío ; 

La escuadra sin raciones y sin gente ; 

£1 soldado desnudo tiene frío ; 

Pero en España sobran los recursos. 

Ta acabé : pronunciad vuestros discursos. » 



MMf ÓFAS. ' m 



LXXI 



« Al arzobispo mi pariente toca. 

Según fuero del reino, abrir dictamen. »— 

« Ni tan siquiera puedo abrir la boca, w 

Dijo el astuto clérigo. « El examen 

De tantos males á llorar provoca. 

Dejad que hilo á hilo se derramen 

Mis lágrimas... Dios raio !... vuestro culto... 

A esta idea.... tenédme, que me insulto. » 

LXX1I 

a Ya me siento mejor : iba diciendo, 
Que mis ocupaciones pastorales 
Me alejan de este mundo : yo no entiendo , 
Ni quiero, de negocios temporales. 
A Dios continuamente me encomiendo : 
Entre el coro y visitas de hospitales, 

Y componer sermones y homilias, 
Se me pasan las noches y los días. » 

LXXIII 

<f Pero se trata del altar y el trono, 
Que un lazo indisoluble y santo liga, 

Y á las llamas eternas abandono 

A todo aquel que lo contrario diga. 
Aquí me siento arder en pió encono : 
El que con lengua torpe y enemiga, 
A la Iglesia separe del monarca. 
Digo que es un solemne heresiarca. » 

23 



« La crisis que aq^enaza , eausaasombcot 
Para que España al musulinanj^e ^ecU» 
CouTertida «oíi iacendio y en esoom^ro. 
Diréis vosotros ¿qué jemedip que4a? 
No hai mas remedio que aplicar el hpmbro; 
Que cada espaaol baga lo que pueda : 
No haya en esta ocasión mano remisa : 
El que no tenga, venda la camisa. » 

« Yo siento que las reatas de nú sHIsa 
A una triste miseria hayan bajado ; 
Pero la cosa es pública en Castilla: 
Vivo, ya hace tres meses, de prestado. 
Por supuesto, empeñando la vsyílla. 
Ya se ve.... los diezmeros han quebrado .... 
Cosechas malas.... á no ser por ASiQy 
Todo lo enlregaria peso á.peso. » 

ff Ni hai que tocar al clero : el que lo toque. 
No de un hercye vil se diferen<si^; 
Y hará que en contra suya se derroque 
Escomunion mayor latee ^ententÚB. 
Allí no tiene entirada rei ni roque : 
Con tal de que se acate y reverencie 
Lo que tiene guardado en los bolsicos, 
Dejad que la oaciofl se vuelva «ñieos. » 



MfVf (fBAS ^1 



IdU^VII 



«t Mas hai un gran arbitfio : eotun qiHiuto 
Puede entrar &el la caja: el oro á ríos. 
Después de muerto el tonta Sisebntf^, 
I No han regresado á España los judíos ? 
Pues á ellos ; trU^uloy mas tributo : 
Esprimamos el jugo á esos impíos. 
Queden en la miseria bátalos codos: 
I Por qué Ivin de ser n^is ricos flpe los|;od0S'?}> 

«Con estos fondos, sin perder íostanjte, 
Salga contra el ^ército moruno 
Todo el de acá ; gioete como infante : 
Todos vayan con Dios, sin quedar qno. 
El moro que en el África arrogante 
Todo lo invade sin temor alguno , 
Ta ven ustedes que se Ueva chasco, 
Viendo venir de pronto este chubasco. » 

« Quien da primero, da dos vejíes : maña 
Que siempre adoptan.los caufjillos diestros. 
Luego, para evitar que vepga á Espan^, 
Deben pasar al África los nuestros. (2i) 
Propto está concluida. la campaña 
Con capitanes bravos y maestros, 
Gomo los que en España hai. ádocQpas : 
Así salimos ui>a vez de j^\^. » 



532 DON ÓI^AS. 



ÍXXX 



Dijo, y bajando todos la cabeza, 
Siguen del arzobispo el sabio voto, 
Menos Rodrigo, que á temer empieza, 
Dentro de España, guerra ó alboroto. 
«Si conocen los moros mi flaqueza. 
Viendo mis fuerzas en pais remoto, » 
Decia, « ¿ no podrán echarse encima ? 
T á quién entonces la nación se arrima ? » 

LXXXI 

A esto el conde replica con razones 
Tan claras y con datos tan cumplidos, 
Que aquellos sapientísimos varones 
Se dieron á una voz por convencidos. 
Después de la sesión los dos bribones, 
Moviendo los resortes corrompidos 
De la corte, con dones liberales 
Activaron sus miras infernales. 

IXXXII 

La espedicion bien brava y bien apuesta 

Ya de las playas de Hércules salía ; 

Mas la opinión, á todo mal dispuesta. 

Estos rumores circular hacia : 

« Qué ! no es esta traición? maldad no es esta ? 

¡ Llevarlos á morir en lejanía. 

Ora de enfermedad, ora al cuchillo ! » 

Lo mismo sucedió cuando Morillo. 



DOü ÓPÁ8. 533 



LXIPUII 



El conde queda atrás con el pretesto 
De ciertas preyenciones importantes : 
Ahora yais á yer si el siglo sesto 
No produjo grandísimos tunantes. 
Viéndolo el rei tan fiel y tan dispuesto, 
No ya con espresiones denigrantes, 
Antes bien con cariño y con agrado 
En público le hablaba y en priyado. 

LXXXIY 

Él pasaba en la corte todo el día 
Con el rei, sus amigos y otros tales ; 
Mas por la noche íncásniui salía 
A gozar las caricias filiales. 
La Gaya á su solaz le contagia 
Lo ocurrido con pelos y señales; 
T entre los dos fraguaron el enredo, 
Que fué piedra de escándalo en Toledo. 

Ya próximo á partir, casi temblando. 
Pálido, en tierra la mirada fija, 
Al monarca ya á yer, y en tono blando 
Le dice : « Gran señor, tengo una hija. 
Ck»mo tan lejos de estos sitios ando. 
No tengo quien la guarde ni dirija ; 
Y aunque reside en apartada torre, 
Aun alli su virtud peligro corre. » 



5S# DoHf^^S: 



.••í 



uamr 

El seductor oyendo códio empieza, 

Dijo allá para sí : « to sáÉte todo: » 

Mas no puede esplicarse svéát^f^ifeza, 

Viendo que continúa dé este modo': 

« No carece Flórfncfá dé belleza ; 

Empero la belleza es südó'lodb, 

Si la pura Tirtud no la acom|[>a¿a, 

Y hai mucha coifüpcloñ en nuestra EspáSá.» 

i< Ya crecida, sin mádré, el' padl^ expuesto 

A que un alfanje su existéiícia rfúdk, 

VfiíL&i ílp.bo t&mer golpe füiiestü', 

Que arruine el pudor de mi Plórhld¿t. 

De un poryenir tan lúgubre y níolei^o 

No es dable que el paterno dmof {iréSdiMá': 

Mientras yo marcho á climas tan lejanos, 

No puede estala mejor que en' vuestras máft^. t^ 

LXXXTfil 

« Sed su tutor en e^ta diira adsenófft : 
Señaladle mansión donde i^da. 
Gracias á Dios, do estái enlá indf^en^^ 
De oro la dejd biétt' abástécidd. 
Si obtengo este (kvofde úi iiidtíli^iicía^ 
Por ti gustoso perdéis Ik vida; 
Bien persuadido qtté'^lo'i'inda tiene 
Quien su temprana edad gufs f ddStSl^é. #* 



.*! 



.f 



M^^^Mh* SCU" 



vtíí^ttx. 



Sin poder repiMfr lü' carcaJMy, 

Le dice el ftH': « eoim<> lo (fiili^tte, süfar. 

Mas antes de que'empiirértfdsstil jomada, 

Será preciso (iútí ¿rtf6t9ñáá' tesh » -^ 

« Es medida, sefíor, lAni acertadli^ 

T si te dignas á|^bar mt idesr, » 

Dice el conde, « esta noebe.,. ; » ínas Addrigo 

Lo interrompe; «Pues bien, cenad ooümfgo. v 

A la catenra alegre y libeórtltía, 
Que igualar al rei en yido^y en locnrft, 
'Sin saber quién á quién se oontamíia, 
Da parte de tan célebre aventura^. 
Aquel senado augusto detémrina, 
Para que esté la Tictf nda en tortura, 
Oue haya á la nocbe bailes y conciertos, 
T una mesa de mas decien cubiertos. 

Xcr 

Todo estremo ^ toca. Enel bttfUctb 
De la opinión que áplandé> grita, kiísultsr, 
La gran virtud se enseñorea' : e} v4d6 
Desfrenado, padece sV se* oculta. 
Pero el malvado tfmtdo y novicio 
Su corrupción en lobreguez septtlta^; 
Y la virtud, sin brio nf esperféntíta, 
Huye rauda del hombre la^ pf^eseneia; 



5$^! DOV JÍÍ9A$^ 

Ved al hombre de bien; al YeteraiK^ >h. ^ 

De la virtud, qué intrépido y qué noUe o: ; 

Desafia el furor del pueblo vano , r . :; 

Sin que su frente á la opinión se doble. 
Tal en vejez ma^ifica, lozano, 
Sólido, altivo, inconmovible el roble, 
A la rabia feroz de la tormenta 
Su tronco añoso impávido presenta. 

xcui 

Asi también se ostenta y se señala 

La audaz protervia, y maldición provoca ; 

Su baldón é ignominia torna en gala, 

Y los impulsos del pudor sofoca. 
¿Fuera feliz Nerón ó Garacala, 

Si de su desvergüenza impura y loca 
No hiciera á Roma criminal testigo ? 
Pues tal era la escuela de Rodrigo. 

Da la oración, y empiezan los criados, 
A fuerza de empujones y carreras , 
A poner mesas y á encender estrados, 

Y á colocar los platos en hileras. 
Acuden dos á dos los convidados. 
Cubiertos de galones y veneras, 

Y las damas de aquellos personijes 
Con ricas joyas y soberbios trajes., 



DOfl OPAS. &37 



XGV 



Empiezan á templar los instrumenUe 
Los músicos, las arpas y los pitos. 
Ocupados están ya los asientos; 
Ta piden compañeras los mozitos. 
Comienzan los acordes movimientos 
Del baile, los arqueos y pinitos. 
Ya dan las once, y el bullicio crece ; 
Pan las doce, y Florinda no parece. 

XCYI 

Pálido estaba el rei como difunto, 
Y á yezes encendido, hinchado y rojo, 
Diciendo en sí con ceño cejijunto : 
« Cómo podré sufrir este sonrojo 1» 
De la caterva el inmoral conjunto, 
Temiendo un estampido de su enojo, 
Lo miraban de lejos y callaban ; 
Pero allá en sus adentros se alegraban. 

XGTII 

Manda á sus espiones mas leales. 
Que le traigan al conde muerto ó vivo ; 
Que la ciudad entera y arrabales 
Registren con el zelo mas activo. 
No encontrando del conde ni señales. 
Vuelven con rostro serio y pensativo. 
Los bailarines á cansarse empiezan, 
Y, como es natural, de hambre bostezan. 



Ya el reí no safre mas: o Me ha dá«k> i«li(fiMb;«# 
Dice de pronto, y Tase asa apeientb. 
No fué al concurso este sncieso grato,- 
Ck>mo que todo el mundo estaba hambFlefMb! 
« Pues no hai dud^ que lia sido bileno el rfttbl 
Nos trata el rei conmuctto cuiíifylfiilléntol n^ 
Dicen, y Tan lái^ndoae uno á uno 
A dcTorar copioso- desayunoi 

Pero Rodrigo, en verde irse á lil<»mtty 
Monta afanadamente su tordillo, 
T á impulso del despecho que loí infiéñáÉr, 
Llega en pocos minutos^ al castillo. 
Con fuertes golpes á la puerta llama; 
T con cólera propia de un chiquillo^ 
Grita, patea, bufa, se enfurfede ; 
Pero nadie responde ni pai^eiee. 

Vuelve á la capital^ y mientra ensanchu 
Su pesar cob la' tribu desenvuelta. 
Corren por las llanuras de la Mancha 
Florinda y Julián á brida suelta. 
Pocos dias después, en una lancha. 
Ya estaba el conde en África de Vuelta'; 
Y halló, según sus sabias instrKeeiones» 
Laespedielonsinarmasfii racioÉied: 



i» 



a 

Ceuta era entótieM mía ttérmoia TitbH 
Con faentes, y pMMB, y portftes; 
No cual hoi residencia <k^ ^ín¥\it 
De los mas estupendtli'cfrhiiilialM. 
Ni entonces la afeaba Ki'nüiieirtt 
De tener presidiarios libérale^ 
Que alli con asesino&y Mroiies^ 
Se fueron á estudiar úvmíá ino«idllésk> 

cu' 

Ceuta pues, en aK|a^ tteiopo df (ftoso^ 
Gracias á ciertas causas^ <7ttyo' influjo 
Sabrá seguramenie el estddioeoi 
Era pueblo de nobles y de^il}02 
Cuando el conde de vuella viCtcMos» 
Con la Cava en el pueblo se ititrediijay 
LloTian en su casa á todas boras 
Visitasfie aefiores y seAorás. 

CII0 

Más abundaban ^as, por siqMieslo^ 

Por la curiosidflNl q<re las movia 

De observar (fité'toebiones y qné gestor 

Mujer forzada p($v «iFei* tenia. 

De examen tan insulso y tffRinoiestO' 

Harta y picada en fin, les^dljo uvdhTT 

«Yaque con tanto alrincd Tan y tieiH«^> 

4 Es caridad óP€M<IÍft>la-qtie*tliAibft?^9' 



5 id DON ÓPA8. 

av 

En tanto el conde y Musa á cada paso 
Se hablaban y escribían : el primero 
Deseaba salir pronto del caso, 
Para coger el flrato de su esmero. 
El segundo, temiendo algún fracaso, 
Político sutil y gran guerrero. 
Antes de una campaña decisiva. 
Quiso hacer un amago ó tentativa. 

Con poca gente en una y otra barca 
Taríf se lanza al gaditano seno, 

Y en la antigua Tartesia desembarca, 
Hoi Tarifa ; rincón grato y ameno. 
Apena en tierra, toda la comarca 
Viene á felizitar al agareno (25) 

Ck>n júbilo tan vivo y tan estraño, 

Que él decia entre sí : « Me huele á engaño. » 

cvi 

Mas sin cesar venian nuevas gentes. 
Trayendo al bravo moro dones varios, 

Y hasta las monjas le enviaban fuentes 
De dulce, y mazapán, y escapularios. 
Acudían mendigos y pudientes, 
Beneficiados simples y vicarios. 
Gritando unidos en alegres coros : 

« Viva la Religión I vivan los moros ! » 



IK>If OPAS. 541 



CYU 



« Viva la Religión » es santo grito 
Con que todo español esplaya el seno : 
Aplauso nacional y fayorito, 
Que se aplica á lo malo y á lo bueno. 
Si es sabido el lector, no necesito 
Fijar el dia en que con toz de trueno 
Sonaba en la nación : « Viva Fernando! 
Viva la Religión ! Vamos robando. » 

CTIII 

El cura de Tarifa, hombre prudente. 
Aquella noche tuvo una entrevista 
Con el moro, y le dijo buenamente : 
«Habíame la verdad : quieres conquista? 
Pues échate á nadar : con esa gente 
Te basta, sin que nadie te resista. 
El pueblo dice á vozes : ¿ Por qué tardas? 
Con tal que no le pongas dos albardas. » 

cix 

« Deja al fraile su misa y su pitanza. 
Deja al grande en pereza y en delicias, 
Deja al oficinista en dulce holganza. 
Deja al alcalde gajes é injusticias. 
Deja á la corte en comilona y danza» 
Deja al clero sus diezmos y primicias ; 
Y ora tengas la fe cristiana ó mora. 
Será tuya la España en media hora* »—• 



>f i8 tf Mf' éWiS. 



r^X 



« Qué ! » dijo qUoc^tq, ,<^ ¡.á ^Utijija^i^Btp 
Llegó la EffpaSa I á jclase tAn nkezqjwyat^i ! 
; Se abandona á inse)a^tp,j»tujr4ÍQÚe(^py 
Sin respeto .plapo^ jal que domijia.! 
Para que el español ^t^ cont^pU), 
¿ Le basta ]^ i^pio^ ó ]^ j^ropina ? 
Lo mismo ¡bia<^A -1^3 .yacas y .1^ potros : 
Santo Alá ! jio tQ^éisjia.t]:.!^ yosQUps?.».— 

« Ta no tenj^qm patria, sino . tieri;^^ 
Responde el ^r^^. «.Patria ! ¿Has entendida 
Lo que este .npqibre dulce y gr¡^to eaci^n^ ? 
No bal patria donde el inéritA op^in^idp» 
Huyendo el mundo, en soledad se entierria; 
Donde solo el malTado e^^plaudido.; 
Donde el j)pder con la nación combate, 
A cual inas «e caluinnia y i;^ se abate.» 

«La patria es J[a;u) de an^i^d; es prenda 
De amor,AcMya ^n^ra fruct^üca 
Segura y libreja virtud : <|i|0 tienda, 
Donde el poder con.|a.Tirtud trafica. 
A la patria ^ jiiá^ ep ¿gris^. ofrenda 
Sereno el bQiKk^<(^n<^ sacriüca, 
Sabiendo que^^^Ss^u p^^ría, y no rebai^o; 
Sabiendaime>^a^tt;blQA ^;90 ^e y^ estelo, j» 



Gxni 

« Estrecha liga j sólido contrato, 
Ck>muiiidad de males y de bienes.... 
Eso es patria. Do puede un insensato. 
Por que se ciñe no sé qué en las sieaeg, 
Exigir que le besen el sapato, 
T deslumhrar con galas y con trenes, 
T al que perece en la ignominia, botlla.... 
A eso tú llamas patria.' Fuego en eUa ! » 

« Al hijo que la apoya y la sustenta , 
Dice la patria : ' Sol tu blanda amiga, 
Sol quien te libra de opresión y afrenta ; 
Mi mano galardona tu (atiga : 

Y si ardorosa emulación te alíenla, 

Y si naturaleza te prodiga 

Genio, ciencia, Tírtud, valor, consejo. 
Sigue en carrera audaz ; yo te pootejo. * 



« Pero aquí, quien apoya y.qoien protege. 
Es un hijo de mil casualidades, 
A quien es mui factible ^ne maneíe 
Algún padre maestro de maldades: 
En torno al cual en vH teje^maneje, 
Yertiendo lisonjeras necedades. 
Circulan nn montón de parásitos 
Que viven de ^desorden y d^lH06.f» 



$ii ]M>1V OPAS. 



CXVI 



(( ¿ Estás acaso en el error qoe suelo 
Es lo mismo que pcttria f Desatino ! 
Presérvenos de tal delirio el cielo. 
Si asi fuera, el cuadrúpedo mezquino, 
Que en un prado feraz pone su anhelo 
T bendice la mano del destino, 
Por mas que el dueño con furor lo azota , 
Seria un eminente patriota. » 

CXYII 

« Tarif, la Providencia bienhechora 
De opimos bienes nuestro suelo inunda ; 
Tierras que mil venturas atesora. 
Vario y ancho raudal que la fecunda ; 
Llano estendido, cima protectora, 
Mar que ancha costa plácida circunda; 
Valles herbosos y seguros puertos : 
Entra en España, y qué verás?— Desiertos. » 

CXTIII 

«Colmó á los españoles Providencia 
De cuanto al hombre exalta y dignifica : 
Activa y creadora inteligencia. 
Mente en conceptos elevados rica; 
Corazón, que con noble indiferencia 
Su propio bien y su reposo abdica ; 
Sobrio en los gozes, fuerte en los trabajos : 
Entra en España, y qué veras ?— 'Andrajos. » 



I>ON ÓPA9, 545 



CXIX 



No dijo mas el cura ; y fué bastante 
Para que el moro, que en valor ardía, 
Ck>ncibiese el designio en un instante 
De ver si era verdad lo que decía. 
Ordena en aquel punto á un ayudante 
Lo que había de hacer al otro día, 
¥ se puso á escribir largo al califa. 
Recomendando al cura de Tarifa. 

cxx 

Salió al rayar el día con recato 
Para evitar la turba y el bullicio : 
Llega á Gonil, donde el sensible olfato 
Del moro no sufrió poco suplicio. 
En aquel pueblo se detuvo un rato, 

Y no le gustó mucho el ejercicio 

De la almadraba : y en verdad es pesca 
Sangrienta, sucia y de sobrada gresca. 

CXXI 

En Yejer recibió mil atenciones, 

Que es gente dulce, como blando el clima; 

Admiró los amenos callejones, 

Que una vegetación risueña anima. 

De la Sierra de Ronda los crestones 

Vio desde lejos con nevada cima. 

Ya bruñido marfil, ya ardiente grana ; 

Y á su carrera puso fin Ghiclana. 

23. 



5i%* Dora^AiT. 



' ', 



cxtli 

¿ Quién puede átíKféM)^ el embeleso 
Del alma, en el peA^ ToHiptuoso' 
Que abrigó mi tAWetf Aquel esMBO 
De perfumes, alieiitt) delidoso, 
Que eshalan el tomillo y el cantueso, 

Y el blando almorírduj ; a^el reposo- 
De la atmósfera pdrá y crfotaHoa, 

Que en arco traspatefite ^m» se inelhMr. 

cxfitf 

Aquella risa eterna con que balagá 
Naturaleza el pensamiento le^, 

Y ora á meditación incierta y vagli, 

Y ora al deseo y al amor lo mueve ; 
Aquel susurro juguetón que amiagá, 

Y á desfogar su impulso no se atreve, 
Porque parece que su fuerza impide 
La espesa aroma que el pinar despide. 

Y el pinar, con sus cdpulás tijeras 
De lúcida esmeralda, en cuyas bojas 
Juguetean las auras, metísajeras 

De amor y paz ; f de aztl^eiias roja^- 

Y azules alfombradas lá^ laderas, 

Y de per vincas, cnyá'S ramas flo)iBS 
En verde pabeltod y aiicba cortina 
Del áspero tunal cubreá Ik espina. 



.•a 



DON OPAS. 547 



CX<T 



I Triste reooevdo, imagen vaporou, 
Qoe el abM oprimes cual fotal misterio, 
IBeatn en ausencia injusta y dolovosa 
Bé ti me aparta incógnito liemisferlo ! 
Mb Mas escitas mi inquietud ansiosa ; 
tfbspende en mi tu irresistible imperio ; 
# si el» preciso que tu influjo tema, 
Meoeiio á llorar, y se acabó el poema. 




n Hai cosas increiblea en la bistora : 
Tánia perversidad I Unta falsía t 
Uás parece confusa pepitoria, 
Fraguada por insana fanUEla. » 
Esta sentimental jaculatoria. 
Que nosotros decimos en el dia. 
Se decia en loa a^los doce ; tiece, 
¥ siempre se dirá, legun parece. 



J>OH OPAS. 549 

n 

Kosotros nos baoeoH^I^IMfUzes, 

decimos : « El siglo 
Úm protervia tan vil no se profana. » 
CSomo si fueran tigres ó avestruzes 
Los individuos de la especie humana. 
De quienes cuentan que en aquellos dias 
Cometieron tan negras fechurías. 

III 

¡ Cuántas cruzes se harán nuestros biznietos, 
Cuando en la mano tomen los anales 
De este siglo ! Dirán : « Fueron discretos 
Nuestros abuelos, cultos, teatrales : 
En charlar y escribir, hombres completos; 
En alabanza propia, sin iguales ; 
Pero en medio de tantas perfecciones 
Fueron unos grandísimos bribones. » 

IV 

Porque en verdad, no todo lo que luce, 

Es oro; francamente. Confesemos 

Que nuestro siglo célebre produce. 

Tanto en el bien como en el mal, estremos. 

Mucho en escrito y charla se reluce; 

Pero todos al cabo conocemos, 

Que mientras mas se escribe y mas se charla 

De honradez, mas difícil es hallarla. 



Sdi DOR' ÓPA«L^ 



Es verdad qae ett losct^fPk'listtiriwiÉ': 
No gustan hoi los que gidabatii üiiítís ; 
A la opinión el crf men se aeomodav 
No se usaban levitas' bí tirantes^ 
Guando andaba en ^ mundo rdA goda; 
Ni se chupaba en vozes retumbantes 
Sangre á los pueblos : eran moi redondos^ 
Para entender de-empiiéstitofi j iéudosi 

vi 

En una cosa, si, vamos ganando, 
Desdé que entró la moda del sisiem» 
( Del representativo voi hablando») : 
Ta no hai dificultad, ya no hai problema'» 
Que no decida un orador, tomando 
La taraviila, y dando una postema*, 
Tan llena de honorable tontería, 
Que al luzero del alba aburrirüa. 

VII 

La voz representar viene de perlas- 
A algunas de estas farsas. Los leetores 
Que tengan duda, pueden ir á verlas, 
Si es que entienden de farsas y de actores; 
Máquinas hai alli, que en removerlus 
Se gasta algún dinero : apuntadores 
No faltan , ni papeles estudiados ; 

Y suele haber graeiosoi diputados^ 

\ 



ooír 6»A9. 5ai> 



Vllt 



Es verdad que á la esceha jl^rarqoía 
Estos cuerpos augustos no son grMos, 
Y, solo con Totar, la ihayoifa 
Suele causar a(l trono malos ratos. 
Mas que se llame trono ó cofradía, 
O un solo rei; ó doce literatos, 
Los que ejercen un ciego despotismo, 
¿ Al fin y al cabo no será lo mismo ? 

To vi cierta sesión, y al salir de eük, 

Me preguntó un amigo : «Te ha gustado?» 

Mi respuesta fué asi : « ¡ Qué voz tan bella' 

Tiene aquél carien juto diputado ! 

Mas su argumentación no me hizo mella : 

Su estilo tiene mucho de afectado; 

Su frase es larga mas que la cuaresma : 

Con pocas frases llenará una reSma.» 



«Ademas me parcceque se espirea 
No según su éonciencia; por dkf gllsto 
A lo que llaman ibir franceses eKbo; 
Pandilla en español*. » Entonté adttstO 
Mi amigo, amostazado me' répHca : 
« Qué I ¿ no son sus razones de buen gustó. 
Sólidas, elocuente? y sttfHés? 
Pues eres el mayor de los sefVifeS; » 



55S l>Oif OPAS. 

XI 

A este funesto don llaman los sabios 
Lógica natural, que es el talento 
De arreglar nuestra lengua y nuestros labios, 
No á la razón, al propio sentimiento. 

Y si el mundo está lleno de resabios, 
£s su origen fecundo un instrumento, 
A que damos el nombre de egoísmo. 
En tiempo de Tarif era lo mismo. 

XII 

Porque, como fué tal el alborozo 
Con que lo recibieron mis paisanos. 
Todo el mundo decía : « Qué buen mozo ! 
Qué bien monta ! qué modos tan urbanos ! » 

Y aunque no faltó sangre ni destrozo, 
Hubo quien dijo : « Son buenos cristianos, » 
Como los ultras simples y caducos 

Decian en París de los calmucos. 

Xlll 

Y tal filé el entusiasmo de la gente. 
Que quisieron marchar en su compaña 
Millares de individuos : tan urgente 
Era huir de los límites de España. 

Él entre tantos escogió prudente 
Lo que le pareció mejor calaña 
Entre los personsges y pecheros, 
Aunque hubo muchos mas de los primeros. 



DON OPAS. 5S3 



HT 



El gozo que produjo su regreso 
Entre aquellos insignes traidorazos, 
No se puede esplicar, ni con qué esceso 
De gritos, y de besos, y de abrazos 
Se pronunciaba el público embeleso. 
¿Se alegraban de Ter hecba pedazos 
La Es paña, y que corriese sangre á ríos? 
No me parece que eran tan impíos. 

Yo esplico de otro modo mas bnmano 
Tal fenómeno. El odio mas sangriento 
Entre un ser racional y otro, su hermano, 
O cede á la razón ó al sentimiento. 
Pero cuando el objeto está lejano 

Y colocado en alto encumbramiento, 

Y desde allí prodiga inmensos males 
A vasta muchedumbre de mortales ; 

xn 

Y en placer y opulencia se embriaga. 
Que el pueblo riega con precioso jugo; 

Y disfruta en sus penas, y lo halaga 
Llanto que arranca el sanguinario yugo ; 

Y con cadalso y esterminio paga 
La virtud y el saber, siendo verdugo 

El que debiera ser padre y custodio ; — 
Ya no es delito, que es virtud el odio. 

SI 



5U DON 6pa«. 

XYII 

Gomo chispa que en poco tiempo abjrasa 
Vasto edificio ó rica sementera, 
Cunde el sangriento enojo por la masa , 

Y todas sus pasiones exaspera. 

De la exasperación al crimen pasa ; 
Virtud es ya lo que antes crimen era ; 
Todo á su exaltación se sacrifica, 

Y el odio la ennoblece y santifica. 

XVIJI 

Obró con energía este resorte, 

Y atrajo al pabellón del agarene 
De agraviados frenética cohorte , 
Que sangre respiraban y veneno. 
De la región del sur y la del norte 
Un bajel acudia y olro> lleno 

De gente ansiando el musulmán dominio , 
Sedienta de venganza y de esterminio. 

xix: 

En la mansión escelsa, que al humano 
Veda el éter sutil y fulgoroso ^ 
Regia los destinos del hispano 
£1 genio de la patria majestoso. 
Con el reloj de arena en una mano, 

Y en otra mano el libro misterioso , 
Que en rasgos invisibles deposita 
Cadena de sucesos infinita. 



Don Opas. U5 



xa 



Su lUkDto paternal se desenfrena, 
Yiendo de males tan atroz conjunto ; 
Mira ondear la flámula agarena, 
T con ella el pendón de Esi^aña junto. 
HierYe en soldados la áfrica ua arena ; 

Y observando que el |iolvo llega al punto 
Señalado por mano destructora, 

Con espantable voz grita : ya es iioha. 

XXI 

óyelo Musa, da la seña, y |Kirte 
Soberbia armada con lijcr;i tiuilla , 
En que unida y me/chula st* rt'iKirte 
Hueste de Arabia y hiiesU' <lo Castilla. 
Tarif la rige, inlrépido ctiül Mario, 
Cual Palas, diestro y iKins»dor. I.a orilla 
Cubren alegres moros y cristianos, 
Ya con el triunfo vengador ufanos. 

Los cristianos, nadando ya en contento, 
Viendo la espedicion desde la playa 
Proceder en acorde movimiento, 

Y cuan pomposa por la mar se esplaya. 
Rompen el aire con acorde acento : 

« Dios te bendiga ; Dios contigo vaya. » 
Iba á correr sangre española á ríos, 

Y se alegraban de ello los impíos. 



5JÍ6 DON OPAS. 

XXIII 

Va con Tarif el conde, y los reflejos 

Del júbilo encendían su mirada. 

¡ Con qué orgullo le indica desde lejos 

La costa de la Bélica, alfombrada 

Por lozano verdor ! « Con mis consejos, » 

Le decía, «verás cuan acertada 

Sale la empresa. » El moro á todo esto 

No respondía mas que : « Por supuesto. » 

XXIV 

Donde en veloz corriente desemboca 
La mar primera que en su infancia ruda 
Surcó el genio del hombre, altiva roca 
Se alza soberbia, colosal, sañuda ; 
Desde la cima que las nubes toca, 
Tan perpendicular y tan desnuda, 
Hasta do opone al mar robusta orilla, 
Que parece tajada con cuchilla. 

XXV 

Hércules, á quien honra el gaditano, 
Y de quien tengo á dicha ser biznieto 
(No sé si era el egipcio ú el tebano), (26) 
Hombre robusto, y por demás inquieto» 
Vio que el mar no corría al Océano, 
Porque se lo estorbaba un parapeto 
De inmenso ensanche y sólida materia. 
Que reinaba entre el África y Hesperia. 



DOlf OPA 8. $57 



XXYI 



El comercio de Cádiz le decía : 

« Si abrieras á ese muro algunos trechos, 

El paso entre los mares nos daria, 

Gomo es fácil de ver, grandes provechos. » 

Hércules complaciente respondía : 

« Pronto estarán ustedes satisfechos. i> 

Llégase al muro, dale una patada, 

Y un mar en otro mar hizo su entrada. 

XXVII 

Si un cuerpo blando rompes, la rotura 
Presenta lineas curvas, desiguales ; 
Pero si rompes una masa dura, 
Mas rectas quedarán y verticales. 
Por esto la magnífica estructura, 
Do tuvieron principio aquellos males, 
Por la parte que mira hacia el Estrecho, 
No es mas que un murallon liso y derecho. 

XXVIII 

Antes fué Calpe, y hoi ciudad potente , 
Donde se venden sendas mercancías. 
Si estrañas por qué allí dice la gente 
Good moming en lugar de buenos diaSy 
Haré una digresión impertinente. 
Como acostumbran ser todas las mias. 
Critiquenme si quier los literatos : 
Las digresiones dan mui buenos ratos. 



y 



S8B 9Sm ÓNkS. 

xxfx 

Cuando andaba la España en retorteros 
(Somos los espafioles mui sencillos) 
Sobre cuál de dos reyes estranjeros 
Le babia (fe poner Bf>as duros griHos ; 
Mientras los castellanos majaderos 
Se dejaban pelar como cbíquillos ; 
Mientras los majaderos catalanes 
Se entregaban á fieros gavilanes; 

Entonces dijo para sí Inglaterra, 
Con esa gran nariz que Dios le ha dado : 
« Vamas á oler si sale de esta guerra 
' Para nuestro bolsillo un resultado ; 

Y mientras Francia en combatir se emperra, 

Y deja á España en infeliz estado, 

Y el campo de batalla es Cataluña, 
A Gibraltar echémosle la uña. » 

XXXI 

Disputaron los lores con empeño 
Sobre esta espedicion. Abrió la boca 
Lord Non-sense, y poniendo torvo el ceño, 
Dijo que era un desierto, una bicoca 

Y que quien de la plaza fuera dueño. 
Dueño seria de una estéril roca. 
Donde no hai yerba para media cabra. 
Lord Acute tomó entonces la palabra. 



BON OPAS. &M 



XXXII 



a Milores, » dice, «aunque mi noble amigo 
Ha vertido torrentes de elocuencia, 
Pongo al saco de lana por testigo.... (27) 
(Hear, hear, clamó toda la audiencia), 
Y pues que estói sobre mis piernas, digo (18) 
Que fuera una solemne impertinencia, 
Cuando se viene el pájaro á la boca. 
Andarse con la cabra y con la roca. » 

xxxiii 

« Esa cabra dará rios de leche, 
Esas rocas serán rocas de plata, 
Con tal que el ministerio se aproveche 
De conquista que sale tan barata. 
España en sus doctrinas se pertreche; 
Siga dogmas antiguos de reata; 
Mientras con esos dogmas y doctrinas 
Nos abra en Gibraltar copiosas minas. » 

xxxrv 

(c Abunden en España economistas, 
Del siglo doce partidarios fieles, 

Y tendremos espléndidas conquistas 
A fuerza de ordenanzas y aranceles. 
A millares vendrán contrabandistas ; 

Y los mismos que en órdenes crueles 
Los condenan á Ceuta ó Filipinas, 
Les comprarán tabaco y muselinas.» 



560 DON ÓPA6. 

XXXY 

Ganó la votación su señoría ; 
Salió la espedicion ; sitió la plaza, 
Que con ochenta hombres sostenía 
£1 patrio honor : ignoro con qué traza. 
Esa grave y metódica apatía, 
Esa serenidad, esa cachaza, 
Pasa por planta indígena del suelo 
Do nacimos : así nos crece el pelo. 

XXXVI 

Don Diego de Salinas gobernaba 
La plaza á la sazón, hombre devoto, 
Cuya táctica diestra se cifraba 
En novenario, disciplina y voto. 
Rómpese el fuego, y mientras penetraba 
Raudo el inglés con gritos y alboroto 
Por la calle mayor mas que de prisa. 
Estaba mi Don Diego oyendo misa. (29) 

XXXVII 

Tal fué el punto geográfico , do empieza 
La escena hermosa, en que aparece España 
Llena de majestad y de riqueza. 
Poderosa y temible á gente estraña. 
Su delicioso clima la fiereza 
Dulcifica del moro, como baña 
Blando arroyo la arena seca y triste, 
Y de verdor y flores la reviste. 



BtttI ÓFAS. MI 



XXXYIII 



Doce mil musulmanes, en troteros 
Africanos de ardiente gallardía, 
Respiran ya los aires placenteros 
De la bella y feraz Andalucía. 
En pos huellan su patria los guerreros 
Que el conde á su venganza conducía, 
Sin ricas armas ni bruñidas cotas : 
Llamábanse legión de patrtoias, 

XXXIX 

Suena el alto rumor de la venida, 

Y agrégase á las filas invasoras 
Turba espesa, á batalla apercibida 

Y animada de miras destructoras. 
La nobleza, agobiada y ofendida. 

Sus fuerzas une con las fuerzas moras ; 

Y acuden con acémilas, caballos, 

Y escuderos, y pajes, y vasallos. 

XL 

Periculum in mora : la tardanza 
Nunca sacó á los hombres de conflictos. 
A lo interior la tropa altiva avanza 
De guerreros impávidos é invictos. 
En su progreso triunfador la alcanza. 
Por do quiera, mayor tropel de adictos; 

Y con el nuevo ausilio hasta Paterna 
Sin la menor dificultad se interna. 



Ü3 um éBés, 

Gobernaba cual déspota ea Seviila 
(Hispalis era entónees) un BMífleoOy 
Miembro Tital de la real ga^íHa^ 

Y sobrino del mismo rei ; Edec». 
El cobarde mayor que vio CastiUa : 
Pálido, afeminado, mostÍQ, seca; 
Que pasaba los dias y sene»as 

En bailes, y convites, y jaranas. 

sen 

Y mientras en delicias se encenaga. 
Por toda la ciudad cunde veloze, 
Gomo viento sutil, la nueva aciaga, 

Y solo Edeco el riesgo desconoce. 
Tanto por fin el miedo se propaga, 

Y tanto crece en el continuo roze 
De tertulias, y corros, y pandillas. 
Que ya Edeco salió de sus casillas. 

Y aunque nunca en su vida vistió malla, 
Vomitando Vesuvios por la boca, 
«Yol, » dice, «á castigar esa canalla, 

Y á echar al suelo su arrogancia loca. » 
Juntó de pronto la soez morralla ; 

Le reparie dinero; al arma toca; 

Y cubierto de galas y de Ivyo, 
Sale á campaña eq alazán carM\}0. 



6»At. 



II.IV 

Ya recuerdan ustedes lo de Ooafia, 

Cuando al frente de bravos escuadrones. 
Gritando : «Muera el Corso, ciem Bspaia, » 
Aquel señor de cruzes y gatones 
Se echó á correr, cual tímida alknaña, 
Cuando vi6 á media legua los dragones; 
Y corrió por los llanos y los cerro», 
Hasta dejarse atras Despeñapérros. 

XLY 

Ni mas ni menos sucedió lo mismo 
Con este bravo, que al salir revienta 
De rabia, de coraje y heroísmo, 
Hasta que al enemigo se presenta. 
Por poco le da entonce un parasismo; 
Pero no le saldría bien la cuenta : 
Por lo cual á la fuga se abandona. 
De Paterna á los Caños de Carmena. 

XLTI 

De su gente no queda ni señales ; 
Por detras mueren unos ; otros quedan 
Ocultos en espesos matorrales; 
Por altos precipicios otros ruedan; 
Otros en la maleza y los zarzales 
Se embarazan, se turban y se enredan. 
Salieron mas de doce mil, y apenas 
Volvieron á Sevilla dos docenas. 



XLYII 

No hai posta mas lijera que una ftiga, 
Ni que lleve mas pronto una notida. 
Dicen que el miedo todo lo subyuga : 
No subyuga las piernas ; beneficia 
Mas bien la agilidad, y desarruga 
Los nervios, si un secreto mal los vicia. 
En tres dias llegaron á Toledo 
Dos oficiales : lo que puede el miedo I 

XLYIII 

La idea mas remota de la mente 
De Rodrigo era entonces la desgracia, 
i Oh, cuánto la Fortuna es inclemente, 
Cuan mortífera al hombre, si le vacia 
Su favor en espléndida corriente ! 
I Cuánto debe temerla, si le sacia 
Sus apetitos con propicios dones, 
Atestados de ocultos aguijones ! 

XLIX 

Es la felizidad una modorra. 
Un entumecimiento ó bien letargo, 
Que el porvenir del pensamiento borra. 
Si algo tiene de tétrico y amargo. 
Deja el hombre feliz que vague y corra 
Libre la fantasía á paso largo. 
Por una senda amena y perfumada, 
Que no presenta fin á su mirada. 



DOR OPA». 565 



De la modorra la pesada venda 
Se quita de los ojos, y se mira 
Sumido el hombre en soledad horrenda, 
Que desesperación y espanto inspira ; 

Y aquella amena y perfumada senda 
Cual mágica artimaña se retira, 

Y deja ver en hórrido vacío 
Despeñadero fúnebre y sombrío. 

LI 

Tal fué del rei la situación. Intenso 
Placer lo lisonjea y lo circunda : 
Se halla en el aura plácida suspenso. 
Que de aliento aromático lo inunda. 
De pronto sopla con furor inmenso 
Tremenda tempestad, y en la profunda 
Neblina busca ansioso sus quimeras, 

Y no quiere creer que va de veras. 

LII 

Consejos pide. Quién dará consejos ? 
Los hombres de razón y de pericia, 
Sensatos ^ entendidos, están lejos. 
Víctimas del baldón ó la injusticia : 
Turbas de cortesanos, flojos, viejos. 
Masas de corrupción y de estulticia. 
Pueblan de sus salones el espacio; 
Lo que llamamos mueble» de palacio. 



LIU 

Quién presta plata ? ¡ Acaso el ^ran porteólo 

De la Bolsa ! El judío tilico y gordo i 

No ; que respeaderá con fúndamela : 

« Me ha dado un aiie y he quedado sordo. « 

Porque, si de pagar Ueiga el momento, 

Dirá como otra vez : nNcn mi ricordo. 

Yo presto mi dinero á los moAareas, 

Para que vuelva á entra)? trl|>le en las áreas. » 

LIV 

En tanto acuden de pavor tefiidos 

Magnates, hacendados, infanzones ; 

Los unos lanzan fieros alarídos, 

Los otros le preguntan : « Qué dispones ? » 

Muchos de ellos, creyéndose perdidas, 

Empaquetan baúles y colchones. 

Más de uno de ellos á un rincón se arrima , 

Diciendo : « Yoi á ver quién queda encima. » 

m 

Vuelven loco á Rodrigo con clamores, 
Con el ir y venir, saliendo, entrando. 
Él contesta al tuntún : « Pero Señores.... 
Pero si.... pero como.... pero cuando. » 
Sin embargo, en los grandes sinsabores, 
£1 hombre mas imbécil, flojo y blando 
Saca á la postre fuerzas de flaqueza : 
Hodrigo quiete obr«r<K)B entereza. 



DON 6PAS. 5Íf 



LTl 



Manda por fin que cvanto godo existe, 
Sin distinción de dase, sangre ó renta , 
Bajo del patrio pabellón se aliste, 
Desde los diez y siete á los cuarenta. 
Pena de muerte tiene el que resiste , 
Todo tributo al doble se acrecienta ; 
Se embargan las caballos y las muías ; 
También los diezmos, sin pedir las bulas. 

Empiezan á implorarse donativos : 
Uno da una coraza, y otro un peto; 
Aquel una montura sin estribos; 
Estotro da una daga y un coleto. 
Siguen las malas nuevas : más activos 
Son los conatos en mayor aprieto ; 

Y como el riesgo grande bace cosquillas, 
No faltaron alhajas y vajiUas. 

LYIH 

Guando el rugir del infortunio suena, 
Superstición redobla su energfe. 
Nunca hai calamidad sin alma en pena, 
Vision^ duende, fantasma é profecía. 
Si la atmósfera está clara 6 serena, 
Si reina la algazara y la alegria, 

Y nos ceñintos de jazmín y rosas, 

No hai uno que se acuerde de estas cosas^ 



569 l>OIf OPAS. 



LIX 



Rodrigo estaba pensativo y serio, 
Guando entró en su retrete un ermitaño. 
« Vengo á ejercer un santo ministerio, » 
Dice, « movido por impulso estraño. 
Te vengo á revelar un gran misterio, 
No sé si es por tu bien ó por tu daño. 
¿ Quieres saber si en esta horrenda luclia , 
Serás vencido ó vencedor ? Escucha. » 

LX 

« Esa torre cerrada, que á la orilla 
De la selva vecina se levanta. 
De que refieren tanta maravilla, 
Y cuyo aspecto triste y negro espanta; 
Esa torre, que nadie ha osado abrilla. 
Porque el alma se añuda y atraganta • 
Cuando acaso la mira un indiscreto; 
Contiene en si un tesoro y un secreto. » 

«Dentro hai un arca; en ella un pergamino , 
Donde un encantador mui afamado 
Del imperio español trazó el destino. 
Cual lo tiene la suerte decretado ; 
Cuándo lo atacará pueblo vecino, 
Si el rei será depuesto ó degollado ; 
Con otras muchas cosas que yo ignoro : 
Bajo del pergamino está el tesoro. » 



DON OPAS. 569 



LXII 



Al rei la yoz tesoro da codicia, 

Que todo lo demás le importa un bledo. 

Finge en tanto, y responde : « La noticia 

No cayó en saco roto. Con denuedo 

Iré á la torre : fúnebre ó propicia, 

La suerte arrostro. Asi de tanto enredo 

Saldremos pronto y de una vez : mañana 

De cierto he de saber quién pierde ó gana. » 

LXIII 

Cuando se supo aquel estraño arrojo, 
Causó en Toledo escándalo infínito : 
En uno admiración, en otro enojo; 
Uno lo llama hazaña , otro, delito. 
« Será, )) decian, « misero despojo 
De su arrogancia loca. Pobrecito ! 
Uno que quiso entrar se quedó mudo : 
Él entrará ; pero, salir.... lo dudo. » 

Lxn- 

Llega el instante ; la ciudad entera 
De su temeridad va á ser testigo. 
El pavor en la turba prepondera, 
Temerosa de bárbaro castigo: 

Y oyendo que con voz altiva y fíera 
La puerta manda derribar Rodrigo, 
Por un común impulso se prosternan, 

Y gritan á una voz : réquiem (ptemam. 

34. 



570 IM>ir ÓPA6. 

LXV 

Lo que pasó en la torre, es un problema 
Que nuestros ilustrados escritores 
Refieren, cada cual según su tema. 
Pero que allí se yieron mil horrores. 
Para ninguno es ya duda ó dilema ; 
Y en cuanto á que lucieron sus primores 
Con el pobre Rodrigo los demonios, 
Unánimes están los testimonios. 

LXVI 

Hai un cierto escritor llamado Mora.... (80) 
Qué genio ! qué dicción tan noble y pura ! 
Qué hermosas tragaderas ! cuál perora 
Sobre esta escena ! y cómo la asegura ! 
Lozano, otro que tal, no lo desdora. 
Pisa también entiende la diablura : 
Bueno es Castillo, y Alcocer no es rana : 
Tu quoque! tú también. Padre Mariana í 

LXTII 

Yo contaré 1» cosa cual la creo, 
Porque tanta simpleza me abochorna : 
La contaré sencilla y sin rodeo. 
Nada inventa mi musa , nada adorna : 
Copié esta relación de un libro hebreo, 
Que me prestó un ]udfo de Liorna. 
Liorna es roas judía que cristiana : 
Ni le pesa al Gran duque de Toscana. 



Wllf OPAS. S7i 



LXVIII 



Entra Rodrigo pues, y á eorlo trecho 
Se sumerge en la niebla mas oscura. 
Va por un callejón largo y estrecho, 
De lo cual con el tacto se asegura : 
Por larguísimo tramo va derecho 
Sin hallar la mas leve curvatura; 
A cosa de una legua ya repara 
Que un muro de otro muro se separa. 

Quiere tentar el muro, y no lo encuentra : 
Supone hallarse en un salón vacío; 
Marcha sin dirección : cuanto mas entra, 
Mas se prolonga el boquerón sombrío. 
Ya el pavor en su pecho se concentra; 
Ya le empieza á correr un sudor frió. 
Grita, y un eco agudo le responde : 
Quiere volver atrás ; pero por dónde? 

LXX 

Las piernas se le doblan : el aliento 
Le va faltando ; el paso mal seguro 
Se debilita ; el pulso flojo y lento 
Fielmente marca su terrible apuro. 
Va á sentarse ; omis dónde está el asiento ? 
No hai mas medio que echarse al suelo duro. 
Se inclina para echarse, y de repente 
Una bruftiáa superficie siente. 



57Í DON ÓPA8. 

LXU 

La toca, y la retoca, y la examina 
Por la parte de arriba y por la baja ; 

Y tienta ya una esquina, ya otra esquina^ 

Y dos esquinas mas : es una caja. 
A la tapa las manos encamina : 
No advierte ni falleba ni cerraja. 
Trata de ver si abrirla al cabo puede » 

Y bien conoce que á su impulso cede. 

LXXII 

Ábrela, y con horrísono estampido, 

Y esplosion tremendísima y violenta, 
Fulgor sulfúreo allí dentro escondido 
Por los inmensos ámbitos revienta. 
Calma el primer fragor : cesa el ruido, 

Y de luz amarilla y tremulenta, 

Y amortiguada, y vacilante, y triste, 
La bóveda insondable se reviste. 

LXXIII 

Y por las estalactitas tijeras 

Y por los desiguales peñascones 
Saleo, cual de profundas ratoneras, 
Espíritus impuros á millones. 

Los unos, como sombras pasajeras» 
Los otros, como erguidos torreones ; 
Grandes, chicos, medianos, flacos, gordos, 
Lívidos, pardos, negros, bayos, tordos. 



DON OPAS. & «3 



Con alas y sin alas, y ooq cáenos 

Y sin cuernos, con colas y sin colas ; 

Y signen vomitando los infiernos 
De nuevos enemigos nuevas olas. 
Unos son jefes, y otros subalternos ; 
Aquellos llevan largas banderolas; 
Estos garrotes, mazas, palos, pinchos; 
Unos rebuznos dan , otros relinchos. 

LXXV 

Unos á otros enganchados giran 
Por aquellos vastísimos parajes; 

Y vuelven otra vez, y se retiran, 

Y repiten sus vueltas y pasajes. 
Todos al rei desconcertado miran 
Con espantosos gestos y visajes, 

Y la lengua le sacan, y estornudan, 

Y mil diversas contorsiones mudan. 

txxvi 

Poco á poco mitigan la carrera, 

Y van quedando firmes en sus puestos; 

Y forman una hilera y otra hilera, 

Y cesan los visajes y los gestos : 
Como aquellas Imágenes de cera 
De personajes graves y modestos. 
Que parece que miran y no miran, 

Y porque no son gente, no respiran. 



$74 IMHV OPAS. 

Abrió entonce un demonio con misterio 

Una especie de nicho ó de retablo. 

De do empezó á salir erguido y serio 

Un narigudo y colosal diablo. 

Su cabeza, grandísimo hemisferio, 

La cúpula parece de San Pablo : 

Sus piernas no son piernas, son giraldas ; 

Y son dos cordilleras sus espaldas. 

Ásperas selvas son sus dos bigotes, 
En los cuales un potro se perdiera; 
Sus cabellos parecen calat)rotes; 
Cada zapato un mistioo ó galera; 
Sus mejillas gigántioos mogotes. 
Ya dije que era narigudo, y efa 
Su nariz, que en la atmósfera se pierde, 
Un promontoríQ como el Gabo^verde. 

LXXIX 

Abre la boca, tenebroso alMsmo, 
Con cada diente y muela como roca, 

Y en tono de responso ó de exorcismo 
Salen estas palabras de su boca : 

« Tú, mi retrato fiel, otro yo mismo ; 
Tú, por quien el infierno se convoca. 
Porque tan alta distincioa mereces. 
Hijo de nuestro amor, salud m\ Teses. » 



M>if OPAS. ir5 



LXXX 



« Mil yezes, no mil años, ni mil dlis; 
Porque dentro de pocos (ten paciencia) 
Se te van á acabar las golleHas, 
Que sobre ti vertió nuestra clemencia. 
¿ Las juzgabas eternas, ó creias 
Que aquel cuyo poder te dló existencia, 
Crió cosas tan l)ellas y tan raras. 
Solo para que tú las disfrutaras? » 

o Gozaste; hiciste bien : me has dado gusto. 
Te encenagaste en yicios : muí bien hecho. 
Todo inmolaste á tu placer : mui justo. 
Glotón fuiste y lascivo : buen provedio. 
Abusaste del titnlo de augusto : 
¿ No abusa cada cual de su derecho? 
Forzastes y violaste á troche y moche : 
Eso se llana ir al infierno en coche. » 

LXXXII 

«Quisiste infierno, y lo tendrás. Bn eso 
Nuestra condescendencia es donde brilla; 
Hace siglo» que tienes exprofit$90 
€on tu nombre en palacio una casilla ; 
Allí estarás como ratón en queso. 
Después el mismo trono de Castilla, 
En que hicistes tan bien nueatros negocios, 
Te suministrará mui dignos socios. » 



576 JDON éPÁS, 

Lxxxin 

« Haremos mas : en praeba del agrado 
Con que hemos aceptado tus servicios, 
Dejamos en tu trono vinculado 
Uno de ios mayores beneficios 
En nuestro idioma. Allí queda estancado, 
Bajo nuestros diabólicos auspicios, 
Un vastago fecundo del infierno : 
Ese don que se llama desgobierno, » 

LXXXIY 

Dijo, y aplauden con horrendo grito 
Aquellos disformísimos muñecos, 
Mientras la voz del orador maldito 
Vibra en confusos y remotos ecos ; 

Y otra vez en las moles de granito, 

Y en sus inmensas cúpulas y huecos 
El estallido portentoso zumba, 

Y al suelo el rei como un lechen se tumba. 

LXXXT 

Hallóse, sin saber cuándo ni cómo, 
A la infernal entrada sin resuello ; 
Con el color entre azeituna y plomo ; 
Erizado el bigote y el cabello; 
Yerto, gafo, sin vista, sin asomo 
De sensibilidad ; torcido el cuello ; 
Encorvado, hemipléctico, sin pulso ; 
Ya inmóvil como estatua, ya convulso. 



M» ÓTAt. STT 



LXZXV1 



Acude al verlo b caterva pia.... 
Dejémoslo nosotros en sus manos^ 

Y volvamos la vista al mediodía, 

Y á los ardientes y fecandos llanos, 

En donde el Bétís (daloe nombre I ) cria 
Ricas olivas y abundosos granos ; 
Esos llanos ilustres que atraviesa 
De audazes invasores nube espesa. 

LXXXTII 

A cuya frente luce, como el toro 
Bizarro defensor de la manada, 
Tarif, el mas gallardo y noble moro. 
Que lanza enristra y que maneja espada. 
Tres vueltas le da al pecbo sierpe de oro, 
De fogosos carbunclos salpicada; 

Y luego airosa al cinturon desciende, 

Y de ella el sable vengativo pende. 

Lxxmíi 

Rica marlota, floja, leve y ancha, 
Pomposamente adorna su estatura. 
De seda candidisima, que mancha 
De trecho en trecho roja bordadura. 
En el bonete de tisú se engancha 
Magnífica esmeralda, que asegura 
Los pabellones sutiles y vanos 
De plumas de avestruzes africanos* 

S6 



Veinticinco monarcas agaueiMft 
En pos cabalgan; nm» t»YesiÁ^¡o& 
Grave y sencillamjeale^. y atcosJk»os 
Los bonetes de aUüúas. Protegidoe 
Llevan algunos los robustos, senos 
De acero de damasot^ y van segiúdos 
De sus membrudos pa|es. Riurais léeles 
Estraño aspecto dan á estos donceles. 

Forman la augusta y escogida aiaaada (31 ) 
Algunos de los claros fundadores 
De la pura nobleza, que en Granada 
Señalará sus hierros triunfadores :. 
El padre de una tribu celebrada 
Por graves inforUinios, por amoldes 
Sangrientos, el terrible Benoerraje ; 
Nombre que iamorlatíza fiero ultraje. 

xci 

Y Malique Alabes, die ilustre fama. 

Que aun guardan en sus áoibitos las vegas 
De los Padules, ÍUora.y Alhasaa;; 

Y Maza aterrador, y el gran Venégas, 
Cuyo recuerdo todavía inflama 

Mas de un noble en Madrid ; y el bravo Llégffs» 
Domador de encuiabrados vaüadares; 

Y Zegries, Gomóles yAlhamares. 



wwdffM. m 



sai 



Cinco mil vétennos koieisy tiui 
Preceden ; enemigoi del Profett, 
Cuando anunció muduisaft Inaiidilaft^ 

Y reclamaba sumisión compTeta; 

Y después de querellas infinitas , 
La mas dóeH'iahnige á< la trompeldi 
Del Koran, sus sectarios mas devotos 
Del Egipto en los limitas fMftotoB. 

Mézclanse en grsesos masas los nnoiUbs^ 
De piel tostadft y de segura iecba; 
Formidables en tropas desunidas, 
Si un cuerpo numeroso los estnech»; 
Pues en sus lijerisimas oorridas, 
Leves tornando, sanguinosa brecha 
Abren al escuadrón, y raudos vuelven» 

Y cual fugaz espuma se disuelvan, 

Y los nunca domados berebefes, 
Toscos, pero aguerridos y pujantes; 
Estraños á los usos y placeres 

De los tratos civiles; ignorantes 
De la grata labor que rige Céres. 
La sombra do palmeros elegantes 
Del rigor del estío los ampara,. 

Y del reflejodelvadiiO'Zafa^^ 



580 OON OPAS. 

XCV 

No tanto admira el ?er á los guerreros 
De tan diverso rito, lengua y trs^e, 
Gnal los nobles, finísimos troteros 
Que diestros rigen. Llenos de coraje, 
Fogosos, bravos, dóciles, lijeros; 
La crin flotando airosa, cual plumaje ; 
Hedondo el cuello, el pecho dilatado ; 
El corvejón sutil y delicado. 

xcvi 

Los engendró la Arabia, cuyo fuego 
Brilla en sus ojos y en sus venas gira : 
Magnífico animal, que ora del ruego 
La voz oye, ó del mando, ó de la ira. 
Ya alzando con blandísimo sosiego 
Los miembros arqueados, cuando aspira 
Soplo de paz, avanza en muelle holgura. 
Simétrico en balance y en mesura. 

XCTII 

O ya si el grito bélico lo incita. 
Súbito aguza la sutil oreja, 
Los cuatro remos iracundo agita. 
Sacude despechado la guedeja, 
Hasta que con furor se precipita. 
Guando da la señal quien lo maneja. 
Cual catarata henchida, y desparece, 
Y el dia en denso polvo se oscurece. 



OTAS. iSt 



xcTin 

Defns á legu y Media de disunca. 
Coa gnnsÍBio paso y ocNapostiin, 
fterestida de innófil arrogancia. 
Contrista el aire mole vasta, oseara, 
T nMmda en perpetua consonancia. 
Que forman armamento y herradura. 
Estos los godos son de Andalucía, 
Que en daño del monarca el conde guia. 

xcn 

Con séquito de fieles servidores. 
Que el feudo á sus mandatos encadena, 
Vienen ricos magnates y señores, 
De renta pingue y elevada almena. 
Dejaron de Toledo los rumores. 
Cuando con sus escándalos la Ueua 
Rodrigo, y en sus vastas heredades 
Del tiranuelo arrostran las maldades. 



Otros, que no se curan de Rodrigo, 
Ni indagan si es buen amo, ó bien si yerra. 
Solo á la invitación de un conde amigo 
Se escitan á tomar parte en la guerra ; 
Oíros, porque en la paz ven un castigo ; 
Otros, por echar lances y ver tierra ; 
Y muchísimos van como Vicente, 
Por ir con el ruido de la gente. 



5n D6ir 6pa«. 

a 

No obstante, el mayor núnero de brvros 
Van por ver si le agarran «igo al mom. 
Poco les duele que les pinoben chrTos, 
Si los clavos que pinchan , son de oro. 
Solo nacieron para ser esclaves : 
Respiran servidumbre en cada poro ; 
Pero les acomoda un nuevo yugo, 
Porque ya al otro le sacaron jugo. 

Olí 

Y poco mas ó menos, es lo mismo 
Siempre que se amostazan las naciones^ 

Y en turba armada suena patri&HtmOy 

Y hai vivas, y proclamas, y canciones. 
Si buscas en el fondo de este abismo 
Los desinteresados corazones, 

Que anima un puro y noble sentimiento, 
;, Sabes lo que bailarás ?— Uno por ciento. 

Precede el conde al bando numeroso 
Con camisón de malla, en que no brilla 
Joyel ni talabarte esplendoroso, 

Y lo envuelve del cuello á la rodilla. 
Ya cabizbajo, mustio, silencioso, 

No porque se arrepiente ni se humilla. 
Ni porque tiene á los contraríos miedo ; 
Sino porque no estaba ya en Toledo. 



Marcha la doble hueste no inquietada 
Del negro Gal pe á la potente Asido, (38) 
Que es hoi Jerez; ttanston privilegiada, 
De cuyo seno, en nunca interrumpido 
Venero, la Señora entronizada 
De los mares, coa li^io enardecido, 
Saca parte del jugo que alimenta 
El genio animador que la sustenta. 

Era Asido aquel dia un hervidero 
De gentes, y de bulla, y de alboroto» 
Y de salir y entrar al retortero 
Del cortijo ?ecino y del remoto. 
El Arenal parece un hormiguero ; 
El pueblo, como nave sin piloto, 
Vacila en agitado bambdeo : 
Ya lo impulsa el temor, y ya el deseo. 

cvi 

« Rodrigo viene, » saena en un corrillo. 

« Ya está en Áreos,» en otro. « No : en H archenay» 

Diz otro mas allá. Gente al portillo, 

Gente á los miradores y á la almena. 

« Ves aquel resplandor? pues es el briUo 

De las armas. Y el nubarrón de arena 

¿ No es la caballería ? » ~ « Qué! es engai» : 

Si es una recua.... no (que es un rebaño.» 



5^ wm'é^M. 

Y en efecto, Rodrigo ya de Bórnos 
Pasado habia los ameaos llanos, 

Y hervían sus repechos y contomos 
En bandas de guerreros castellanos. 
Él, cubierto de espléndidos adornos, 
Con la cuadrilla fiel de cortesanos 
Que lo emula en carrera libertina, 
Lejos del cuerpo lidiador camina. 

CVIII 

Cuál se fastidia en tanta baraúnda ! 

Y en tanto laberinto cuál bosteza ! 
« Militares ! El cielo los confunda. 

¿ Qué me importa la hazaña ó la proeza, 
En que esta gente su existencia funda ? 
Este casco me parte la cabeza ; ' 

Y esta maldita y ponderosa espada 
Me tiene la cintura derrengada. » 

cix 

« No me fuera mejor estar ahora 
Gozando con los mios y las mias. 
En mi alcázar, la holgura seductora 
De eso que llama el capellán orgias ? 

Y no estar cabalgando á toda hora 
Por hondos llanos y por cumbres fVias, 

Y en lugar de saraos y banquetes 
Comer y hablar con estos mala-sietes ? » 



BW ÓPAft. ^ 



ex 



El armado tropel que lo acompaña. 

No baja de cien mil : todo caudillo 

Que del conquistador teme la saña, 

Abandona el solaz de su castillo, 

Y sale con los suyos á campaña. 

Ningún señor de horca y de cuchillo : 

Se queda atrás : cual pueden, se arman todos 

Los adictos al cetro de los godos. 

cu 

o mas bien, los adictos al provecho 
Que del desorden público se saca, 
La gracia, el monopolio y el cohecho: 
Ellos quieren la leche, no la ?aca. 
« Santo es el trono, santo su derecho, » 
Gritan, « execración á quien lo ataca. » 
Dícenlo acaso por sus buenos ojos ^ 
No señor; por vivir de sus despojos. 

CXII 

Pero ninguno con mayor esmero 
Que Don Ópás, emplea genio y trazas 
En aprontar un escuadrón guerrero. 
Que no le baja un pelo á diez mil plazas. 
En él brilla pulido y fuerte acero 
En espadas, cimeras y corazas; 
Los hombres, casi todos veteranos, 
Los troteros valiente^ y lozanos. 



Nada omite su zeto : dé la "Sífla 
Vierte el tesoro «piíigQe y «scondido. 
Montó á caballo, y ñié de yifla en villa, 
Reclutas atrayendo á su partido. 
Viendo que el sacrístan -de «natiapíllt. 
Hombre de buena faz, alto y fornido. 
Manejaba un bastón con gran tálente^ 
Lo bizo tambor mayor de un regimiento. 

Los bijos de Witiza y los clientes 
De aquella malhadada dinastía, 
A sus exhortaciones obedientes, 
Preséntanse con noble gallardía. 
De su obispado saca muchas gentes, 
Y él los arma á su costa, y él los guía, 
Pues sabe manejar, pastor guerrero, 
No menos el cayado que el acero. 

ÍSXV 

Aquí debiera yo soltar el vuelo 

Del estro belicoso ; aquí podría, 

Si me escitase el ambicioso anhelo 

De la inmortalidad, la lucha impía 

Pintar en rima aleada ; mas no suelo 

l)ejar audaze la modesta via 

Que me trazó la suerte, aunque es angosta. 

Me gusta hacer reir ;'mas no á mi cesta. 



DOW OPAS. 



cxn 



Quisiera sí pintar la hermosa escena 
Del combate ; la espléndida limara, 
Que interrumpe tal yez, de arbustos llena» 
Colina desigual, ó Manda altura. 
No allí levanta inmole la melena 
Roble añoso, ni ostenta la espesura 
De sus ramas la encina , ni desata 
Su furia la espitmosa catarata. 

cxm 

Ningún rasgo grandioso alii relace, 
Gomo en el Alpe escelse ú Apenino; 
Mas hai un cierto halago que seduce 
La razón. Por el aire cristalino, 
Hasta el alma triscando, se introduce 
No sé qué holganza ó bienestar di?ino. 
Un perfume rural, un goze intenso, 
Que deja al boBi3>re estático y suspenso. 

cxvm 

No es Guadalete un rio estrepitóse, 
Ni lleva grandes selvas en «u orilla : 
Manso desliza el ovrso Tagaroso, 
Casi inmóvil á vezes. La ramilla 
Del taraje , y la adelfa, y del vistoso 
Rosal silvestre en majestad sencilla 
Su cuna adornan, su guirnalda tejen, 
Y en sus estraflos giros lo protegen. 



58$ DOK OPAS. 

CXIX 

Allí fui yo dichoso en el abrigo 
Del regazo materno, y otro tanto 
No pudiera decir el reí Rodrigo 
Con toda su corona y con su manto. 
Allí recibe el postrimer castigo ; 
Allí, cubierto de dolor y espanto, 
La vida, y el honor, y el cetro pierde : 
Ni aun hai huella fugaz que lo recuerde. 

,cxx 

Cinco Tezes el sol vertió esplendente 
Sus rayos en la lucha : cinco días 
Godo implacable y musulmán ardiente 
Pelean sin cesar. Vozes impías 
Esterminio proclaman : ni consiente 
Treguas el odio. Veinte dinastías, 
O brillan ó no salen de la nada, 
Según quien gane ó pierda en la jornada. 

CXXI 

La hueste de Don Opas es quien guarda 
£1 regio campo, lejos del empeño; 
Y allí el perverso engañador aguarda 
La ocasión favorable á su diseño. 
Mas ya su acerbo golpe no retarda : 
Manda dar fuego al campo, y tan risueño* 
Cual si estuviera presidiendo el coro, 
Con todos sus diez mil se pasa al moro. (33) 



DOM ÓPA8. 5M 

CXXll 

Atónitos, turbados y perplejos 
Quedan los godos. Con zeloso ahinco 
Busca á Tarif Don Opas, y á lo lejos 
Lo descubre, y se planta allá de un brinco. 
Los dos se abrazan, como amigos viejos. 
« Ya todo se acabó : toca esos cinco, » 
Diz el malvada El moro apenas osa 
Tocar aquella mano ignominiosa. 

CXXIII 

Lo que sigue, se sabe en las escuelas. 
El carro de marfil, el cetro de oro. 
Las muías blancas, y las dos chinelas, 

Y Orelia el trotador : rico tesoro 

De mentira ó verdad, que las abuelas 
Bordan á su solaz. Cristiano y moro 
Lo dicen en sus clásicas leyendas. 
No sin contradicciones estupendas. 

CXXIY 

Y en qué paró Don Opas ? Qué ventaja 
Sacó de su baldón ? Nadie nos cuenta 
Si de los moros pudo sacar raja, 
Trocando con usura tanta afrenta. 
Cual leve arbusto que aquilón desgaja, 

Y lo agita, y en cólera violenta, 
En fangoso pantano lo sepulta ; 

Tal su suerte ki historia nos oculta. (84) 



NOTAS. 



-»«^ 



4. 



Y mas en esta escena que circunda, — p. df. 

Bseribióse este poema en la hacienda de Colada,, propia <te 
B¿ Pedro José Guerra, stUiada en el. valle del miaoBO nombre^ e& 
el deparlamento de la Paz, república de BoÜYÍa. £1 valle ocupa 
una parte de la falda del famoso. Nevado de Uliraani , « la maaaltt 
moiOana de todo el MuevinMiuido , después del Pico de Soratn»)» 
aegun Balbi. ea su Compendio de- geografía; pero q»i^, si bCK 
iQOS de dar crédito iobservacioaes mas recientes, no sosamente 
eaeede al Socala, sino lambiea al Himalaya, considerado hasla 
ahora como el monte mas alto del globo. Mas el llUmani, adenat 
de su elevación , tiene otros derechos á la admiración de lo» hon^ 
bres aficionados á los grandes espectáculos de ia naturaleía. Por 
la elegancia de su perfil, por la variedad de sus tintes, por sus 
profundas sinuosidades,, y por su eniera, separafiioB de la grao 
cadena, de los Andes, puede eonsiderarsie como uno de los .mas 
grandiosos y bellos puntos do vista (Hie pueden ofrecerse á los 
cgos del hombre. El valle de GotaíSia, desde el cualparece que po<> 



59Í HOtAS. 

dria tocarse con la mano la niere perpetua que ciritrt la olduidel 
nHmanl, es una reglón privilegiada , en la cual se bailan reuni- 
dos, en el espacio de pocas leguas , los efectos mas pintorescos, y 
las mas vastas y variadas perspectivas : prados amenísimos, bos- 
ques impenetrables, precipicios, torrentes, alfombras de las flo- 
res mas delicadas y olorosas ; y todo esto oreado por el aire mas 
suave y tranquilo, y en presencia de un inmenso laboratorio de 
huracanes, nieblas y borrascas. 



2. 



Dijo un sabio : n Quien solamente es bueno , 
Tansolo es bueno para si.y^ — -p. 74. 

Celui qui n'est que bon, n'est bon que pour lui, ha dicho 
J.-J.- Rousseau, pervirtiendo la signiflcacion de las palabras, y ha- 
blando mas bien como hombre de mundo, que como filósofo. £1 pa- 
saje siguiente de Montaigne, que no se puede traducir sin echarlo 
á perder, traza, en mi sentir, con admirable delicadeza, la linea 
divisoria que separa la bondad de la virtud ; palabras cuyo senti- 
do se confunde tan frecuentemente, tanto en la conversación, 
como en los libros de filosofía : II me semble que la vertu est 
chose austre et plus noble, que les inclinations á la bonié 
qui naissent ennous. Les ames reiglées d'elles mesmes, €f Men 
néeSf elles suyvent mesme train, et représentent dans leun ae- 
tions mesme visage que les vertueuses, Mais la vertu somm^-ée 
nesgay quoy de plus grand et de plus actif, que de se ktíMer, 
púir une heureuse complexión, doucement et paisiblement con- 
duire á la suitte de la raison. Celuy qiá d'une doucewr et d^ime 
facilité naturelle, mespriserait les offences regeües, ferait ehoee 
trés4felle et digne de loüange : mais celui qui picqué et oMiré 
jusques au vif d'une offence, s'armerait des armes de la raison 
centre ce furieux appetit de vengeance, et aprés un grand eon- 
flict s'en rendrait maistre, ferait sans doubte beaucoup plus, 
Celuy-lá ferait fort bien, et cettuy-ci vertueusement : l'une ac- 
tion se pottrroit diré bonté , Vaustre vertu. Car il semble que le 
nem de la vertu présuppoee de la difficultéf et du con$ras$e, e 



4PI>U« iK PM< s'tífercer bom partU, Cuí á Vadvemure powr- 
fii#y notu nommons Dieu bon , fort , liberal ei ju$U : maii nous 
n€ U nommont pos vertueux, — Bssam, lib. II , chap. xi. 

5. 

ff 

Y los obispos eran generales. — p. H6. 

Que los obispos de aquellos tiempos guerreaban como \o& soñu- 
res temporales , y manlenian ejcrcilos á su sueldo, j se valian de 
ellos para el logro de sus miras políticas, es una verdad harto fa- 
miliar á los que tienen algún conocimiento de la historia de la 
edad media. Léase la vida del famoso obispo iriense D. Gelmírez 
en el tomo 49 de l.i España Sagrada del P. Flórez, y dígase si , 
é pesar de los enfáticos elogios que le tributa el erudito historia- 
ilor, pueden concillarse la conducta de aquel prelado, sus reyer- 
Us diplomáticas, sus armamentos bélicos y sus propensiones mar- 
-cialesy con las doctrinas del Evangelio y con las costumbres de los 
'fMiraeros siglos de la Iglesia. El reí, dice Flórez, había dado la 
iMendencia de Galicia al arzobispo^ y no pudiendo ir en per- 
muí á rendir al rebelde ( Don Arias Pérez }, dio la comisión al 

mrzobispo Estej ademas del hierro y fuego, necesitó valerse 

de la máquina llamada el gato, que, escavando la tierra^ ar^ 
macaba las piedras de la fortaleza. Finalmente la tomó, cau- 
íivando á treinta y seiSj y cediendo á los suyos cuanto había. 
Mwneton dos mut nobles y muí queridos del prelado; pero vol- 
vía triunfante á la dudada etc. Nótese que poco tiempo después 
de esta hazaña, el mismo Gelmírez presidió el concilio de Palen- 
sÁn, uno de cuyos cánones es el siguiente : Ninguno obligue á los 
elérigos á que sigan las espediciones militares, ó manejen ar- 
mas, ni á cosa que se oponga á los Cánones. 

i. 

Los torrentes de fango que ahora bebe,^f. 426. 

l^rlbtóse fste verso, cuando España, sometida al mas ilimi- 

25. 



Mi MOTAS* 

tido poder absoluto, parecía haber perdido la esperanait y Km 
medios de recobrar sus autiguas libertades. 



5. 



Y en su regazo el mar la deposita. —p, 149 . 

La mayor parle de los pormenores de que se ha hecho uso en 
este poema, se conservan entre las tradiciones de los highlanders 
6 montañeses de la Escocia occidental. Según ellos, la Florida ñié 
impulsada por la borrasca, á la espaciosa bahía de Tobermory, 
en la isla de Mull, condado de Argyle. Escocia era entonces un 
pais neutro, bajo el reinado de lacobo VI. : por conslguiente/h)s 
espaftoles, considerándose perfectamente seguros, permanecie- 
ron muchos dras en aquel punto, reparando sus averías y aguar- 
dando noticias del resto de la armada. El que se introdujo á bor- 
do de la Florida, y consumó el horrendo de^gnio de su Tdladu- 
ra, era un tal Smollett, bisabuelo del célebre contímiadordela 
Historia de flume. Reinan en Escocia dos opiniones sobre el orí- 
gen de la catástrofe. Los unos la atribuyen á la reina Isabel de 
Inglaterra, la cual , informada de que la Florida tenia á bordo una 
gran cantidad de dinero, perteneciente á la espedicion española, 
di6 orden á su embajador en Edimburgo , para que procurase 
por todos los medios posibles la destrucción del buque. El emba- 
jador se yaiió de Smollett, y anunció á la reina que estaban satis- 
fechos sus deseos. Otros refleren el accidente como se ha procu- 
rado referir en el poema ; pero dan el título de Infanta á la desr 
graciada española , que inspiró tan terribles zelos á la mujer de 
Maclean. Lo que parece no tiene duda , es que un jefe de este 
nombre se hizo mui amigo de los españoles, y se sirvió de los 
cañones de la Florida y de parte de su tripulación , para comba- 
tir el castillo del jefe de olro clan, enemigo suyo.— La gente vul- 
gar de la isla de Mull añade á eslas circunstancias otras de un ca- 
rácter maravilloso. Dicen que se encontró el cadáver de la In- 
fanta, privado del dedo pequeño de la mano derecha; que se en- 
terró con magnífico aparato, y que después fué trasladado á su 
patria, en un buque enriado por el gobierno español con este ob- 



jeto; qae el almt en pena de la Infanta se aparece de noeke 
en la playa, buacando oon una linterna en la mano el dedo ^e 
arrancé del cadárer la esplosion.— A principioa del siglo XVIII 
maaáó el gobierno inglés un bnqae de guerra á la baftiía de To- 
bermory, á yer si se podia descubrir el tesoro de la Florida. Ba- 
jaron diferentes vezes los buzos, encontraron parte del casco y 
sacaron algunos objetos; mas el dinero no pudo ser hallado. El 
«éiebre buco Spalding acoaaeiió la misma empresa por los años 
de 1787; mas ya se habían sumergido en el fango los restos de 
la Florida. 



6. 



En el diván convoca á sus mujeres.^^» 474. 

Si no constara esta circunsUmcia de un modo aulénlioo, el au- 
tor no se habría atrevido á inventarla ; pero la Crónica citada en 
la Advertencia preliminar lo espresa claramente : At ipse rex 
Zafadola, guando hasc audivit , vocavit filias 6uos et uxores..., 
dixiíque ad eos : Nosíis quoe gesta suní á Adefonso. El rei Al- 
fonso acudía también, en lances apurados, al consejo de las per- 
sonas del bello sexo : Sed rex vocavií sororem suam Infantam 
Domnam Sancíiantf et uxorem suam Domnam Berengarianif et 
altos consiliarios, quos prudentes in lalibus negotiis cogno- 
verat. 



Ni la poligamia es im delito 

Que alarma su conciencia generosa. — p. 475. 

£í 4iim isla gererentwr, ficcepit reíc quamdam eoncubinam, 
nunine e^ntr^ia, filiam Petri IHdaci et Marice OrdonU, pul- 
cktam nimis»,., ^ennUque ex ea quamdam filiam nomine Ur~ 
raeam, qum ai abla<iU»dum data esí sorori regis, Infatitisfm 
¡knnnas Sanetia, M ad nutriendum. Por donde se ve cuánU #ra 
la dignidad que reinaba en las cortes de tMiwel iiglo, pueato <|iie 



596 NOTAS* 

las hermanas de los reyes no se creían degradadas en aceptar las 
füncioQes de amas de leche de sus sobrinos bastardos. Nótese que 
esto ocurrió por los años de 1452, y que Alfonso habla casado en 
4128 con Berenguela, hija de Raimundo, conde de Barcelona, la 
cual estaba viva y sana, cuando la Infanta Doña Sancha, su cuña- 
da é íntima amiga, daba el pecho á Urraquila, hija dé Gontroda. 
Debe también tenerse presente que Berenguela era puellapul- 
chra el decora nimis, amairix ccísíitaíis, y que el emperadw 
ó rei Alfonso, gratia Deo, genuit ex ea filias. 

8. 

Partió con él su trono — p. 477. 

At Ule [Adefonsus) suscepit Zafadolam honorificé, et fecit 
eum sedera in solio regale secum, 

9. 

Llámese libertad j 6 como quiera. 

Se engaña quien la elogia ó vitupera. 

Si ignora á quién se aplica y en qué caso. — p. 491. 

Edmundo Burke, en sus célebres Reflexiones sobre la Revolur^ 
cion francesa j dice: No puedo decidirme á elogiar ni censurar 
nada relativo á los sentimientos y negocios humanos, cuando 
se me presenta el asunto en toda su desnudez, despojado de 
toda relación, y considerado meramente como una abstracción 
metafísica. Las circunstancias son las que dan á todo principio 
polfíico su colorido peculiar y sus efectos característicos. Cuan- 
do se me dice que un pueblo ha recobrado su libertad, ¿ qué mo- 
tivo tengo para congratularlo ? ¿Será porque la libertad, con- 
siderada de un modo abstracto, entra en el número de los be- 
neficios que nos dispensa la Providencia f Entonces felizitaré 
al loco que rompe sus saludables prisiones, y al asesino que se 
■ escapa de la cárcel , ya que uno y otro no hacen mas que reco^ 
brar sus derechos naturales. 



HOTAS. 597 

10. 

« Poco habrá que gastar ^ » dijo, « en su entierro. » — p. 498. 

No fué eslo precisamente lo que dijo Aironso, al saber la muer- 
te de su (mimo 7 escelente amigo Zafadola. Sus espresiones, se- 
gún el cronista , fueron : Mundus ego sum á sanguine Zafadoloe, 
amici mei; con lo que probablemente se creyó absuelto de toda 
otra obligación , con respecto á la memoria de su aliado y á las 
reclamaciones de la justicia. Todos los que conocen la historia de 
aquellos tiempos, saben que los cristianos, cuando no lo exigía el 
ínteres político, no miraban á los moros como seres con quienes 
era forzoso desempeñar deberes de justicia y de humanidad. 

H. 

[ De hinojos ante el arca misteriosa. — p. 204. 

Consta esta circunstancia de la Crónica : Bábebat autem rex 
aragonensium semper secum in expeditione quamdcím arcam 
factam ex auro mundo, ornatam intús et foris lapidibus pre^ 
tiosis, in qua eral Crux salutaris ligni. La obstinación de Al- 
fonso en negarse á las proposiciones que los sitiados le hicieron, 
está igualmente espresada en aquel precioso documento : Yolebat 
civitatem capere et omnes nobiles sarracenos subiré capitalem 
sententiam ; j el cronista halla la razón de este cruel intento : 
Quia Deus induraverat cor ejus , ut venirent super eum ornnia 
mala quas ipse fecerat. 



12. 



Hai un ser en las auras celestiales. — p. 211. 

No se crea que estas sobrenaturales circunstancias han sido in- 
ventadas por el poeta. Constan en la Crónica, donde se refieren 
del modo siguiente: Orationes eorum non sunt exaudito! ante 



^99B lf9TA.S. 

Deum, quia Gabriel archangelus, stimmus nuntius Dei, non íuUt 
eas ante tribunal Chrisii, ñeque Michael, princeps militios cas- 
lestiSy missus est á Deo, ut eos adjuvaret in bello. 

13. 

Ál mentido profeta de la Arabia. ^ p. 9S0. 

Xa Crónica hace espreea menoion de[ la apostasia del o)»úq[io 
^e Lesear, añadiendo que después se reconcilió con lalf^esia j 
fiolvió á ocupar su silla. 

14. 

Alfonso onceno t de infeliz memoria. — p. 237. 

La memoria de este reí será infeliz á los ojos de todos los hom- 
bres rectos j justos. Los entendidos triunfos conseguidos por las 
armas españolas durante su reinado, no pueden lavar las manc- 
ebas con que han contaiBtnado su nombre la inmoralidad pro- 
Aínda de mi conducta, su largo y escandaloao aaianeebamieKto 
«OB Doña Leonor de Guxmcn , la rebeldía de Don Juan MamiBl 
7 de otros magnates poderosos , á quienes el rei tuyo que galar- 
donar torpemente, por la incapazldad en que se bailaba de f^ 
primirlos ; los escesivos tributos con que sobrecargó á los pueblos, 
7 el horroroso germen de discordias y crímenes que legó ^á los 
españoles, con la doble posteridad , legítinuí y aduHerina, desa- 
fiada á renovar en una nación cristiana escesos y atroEÍd«ies, qtud 
eclipsan los que la fábula atribuye á las familias de los semidkises 
de Grecia. 



15. 



El que entonces regia en Salamanca , 

Hizo este gran servicio á Boña ñlanca. — p. 255. 

Uamibase Bon Juan, y tuvo ipor oompañoro en esta obra á 



NOTAS. 

Don Sancho , obispo de Afüa. ¡Oh htmbree nacidoSy dice Maria- 
na, no ya para obispos, sino para esclavos! 



16. 



Porque fundó en Toledo una capilla, — p. 257. 

Enrique fue el fundador de la capilla de los Reyes nuevos de 
Toledo, engrandecida y hermoseada por algunos desús sucesores. 



17. 



La corte de Navarra en Castro-fuerte, — p. 357. 

Las ayenturas que se refieren em esta Leyenda, han sido con- 
tadas de mui diversos modos por nuestros historiadores y roman- 
ceros, y probablemente en todas estas diferentes versiones haí 
mucho mas de fabuloso que de histórico. La que me ha servido 
de nOTma, es la que me sumiaisira uno de los romances conte- 
nidos en los Cuarenta cantos citados en mi prefacio. Gomo se 
verá tn tos versos siguientes, he copiado no solo el sentido, «ino 
idganat de iM-espresiones de aquella contposicioii : 

(f La reina Doña Teresa 
Viéndolos ya concertados , 
Que era hermana del rei , 



Tomó por la mano al conde, 

Y en secreto lo ha apartado. 
Mostrando quererlo mucho 
Por ser noble y esforzado» 

Y que queria que fuese 
Por mano suya casado 

Con la Infanta Doña Sancha. 

Yo triste Doña Teresa , 
Reina vieja y de mal hado , 



600 NOTAS. 

Dígovos que si yo (üese 
Como TOS rei coronado, 
Que vengaba bien su muerte 
Muí de presto y á mi salvo. 



Porque ya con el mal conde 
Tengo puesto y concertado 
Casarlo con vuestra hija, 

Y él me lo tiene otorgado. 
« «•.•••••••••••••■•••••••• 

Sintiendo el engaño el conde. 
En una ermita se ha entrado, 

Y con mui grandes prisiones 
En Castro-fuerte fué ecliado. » 

18. 

¿ Entiendes, Fabio , lo que voi diciendo ? -- p. 'MS. 

■ Los versos señaldos en la octava no son originales míos : ae han 
copiado de obras impresas, reimpresas y aplaudidas. Lasnúsoias 
locuciones y otras mas disparatadas se leen y se admiran en las 
obras de los mas acreditados restauradores de la poesía castellana. 



19 

Y el caudillo invencible de la hueste. — p. 475. 

La narración que empieza en esta octava, es puramente histé- 
rica. Los nombres de Zobeir, Abdalá y Gregorio están consigna- 
dos en todas las historias de aquel tiempo. Lo que se dice en el 
poema acerca de la hija del prefecto de Trípoli , no es tan poético 
como lo que de esta desgraciada heroína cuentan los historia- 
dores. 



NOTAS. «M 



90.' 



A la sazón luchaban con denuedo. — p. 485. 

La célebre disputa á que alude esta octava» fué la que separó 
la Iglesia griega de la latina, y la que, dando lugar al cisma de 
GoMtaiilinopla, precipitó la caida del Imperto romano en el 
oriente. Es preciso confesar que la corte de Soma se mostró infi- 
nitamente mas moderada á los principios deja disputa , que los 
gobiernos temporales. Cario Magno quiso que el papa León III 
declarase condenados á todos los que no reconocían la doble pro- 
sesion del Espíritu santo. El papa respondió que todos no son ca 
pazes de penetrar en tan altos misterios. 

ai. 

Táller sola consewa^ en ni desdo^Ch. -r p. W- 

h» e9eritore&árab.e» M^aja ^ los nwrcüB. de |>r(>nce y de IO0 
leelios de oro y plata de Táiüer. 

93. 

SHzo por este mediQ eu ooimiiifla. -r- p. üHt. 

La regla de san Pacomio dice espresamente : Nec lavabitur aqua 
nudo corpore^ nisi languor perspicuus sit. — Regula 93, p. 1. 

DOf (»6o« tuuo el i^feliz rebaüo, — p. 5li. 

Boppam impurissimum hominem, regis Witizoí flagitioeiS' 
simi aut filium, aut fratrem {utrumque traditur), hispalentem 
episcopum, consortem sibi episcopatus astívU, ut á duobus 
tupis ecclesias toletance grex peteret pascua virentia* AUbnai 



^W NOTAS. 



Sanctíl hlspani Db bbbus Hispanus anacbphalqbosis, Lib. iÍ, 
cap. 1». Es un buen compendio, escrito en lalin clásico. 

24. 
Deben pasar al África loa nuestros. — p. S3I. 

Suadet regi , ut arma in Africam, unde peHculum á sarrace- 
nis timebaturf transferret, Sanctius, ib. 



2S. 



Toda la comarca 
Viene á felizitar al agareno. — p. 540L 

Chrisüani ad mauros odio íyranni confluebant. Id. ib. 6íB^ 
bon t que acudió á las mejores fuentes, da algunos curiosos por- 
menores. Cien árabes y cuatrocientos africanos pasaron el £#- 
trecho. El nombre de su jefe, Tarif, indica todavía el lugar del 
desembarco. Recorrieron por tierra 18 millas de un pais cubier- 
to de colinas. La hospitalidad con que fueron recibidos, el gran 
número de cristianos que se les agregaron, sus incursiones en 
una provincia fértil y mal guardada, la riqueza de su botin, 
y la tranquilidad con que regresaron al África, fueron circuns^ 
tandas que sus compañeros miraron como anuncios seguros de 
la victoria. Dbcliiib and Fall of thb Román Empibb , ch. UL 

». 

No sé si era el egipcio 6 el tebano. — p. SStS. 

Cuestión graTÍsima, en cuya resolución ban consumido su calor 
natural muchos y mui graves historiadores. La vanidad nacional 
se ha decidido por el egipcio, dándole, con respecto al tebano, 
una anterioridad de diez siglos cuando menos. Léanse todos nues- 
tros historiadores , y se verá cuan acordes están en creer la tenida 
de este semidiós á España. Aldrete, Pellicer, el arzobispo Don 



NOTAS. 603 

Rodrigo, Ocampo, Mariana, Garil>ai, Caro, todo8 ellos. ¡T aho- 
ra nos quiere hacer creer un alemán que la existencia de Rómulo 
es una fábula! 

37. 

Pongo al saco de lana par testigo.— p. SS9. 

El canciller de Inglaterra preside la cámara de los lore ) sen- 
tado en un saco de lana, como símbolo del comercio y de la in- 
dustria. Los pares suelen designar al presidente con la espresion 
usada en el testo. 

38. 

Y pues estói sobre mis piernas, digo,— p. S59. 

En el estilo parlamentario , estar sobre sus piernas un miem- 
bro del parlamento ( ío be on his legs ) significa lo mismo que te- 
ner la palabra, 

29. 

Estaba mi Don Diego oyendo misa, — p- 560. 

Bsta anécdota se ha consenrado tradicionalmenle en el país. No 
sé si la menciona algún historiador ; pero atendidas las circunstan- 
cias de la época, tiene todos los caracteres de la verosimilitud. El 
marques de San Felipe, en sus ComentarioSf nos ha conservado 
pormenores mui curiosos sobre el estado de Gibraltar, cuando la 
tomaron los ingleses. 

30. 
Bai un cierto escritor llamado Mora,—p. 570. 
Bl conde de Mora, autor de una Bistoria de Toledo, llena de las 



mñ» ^ic^JÜfts y eaoro^ padr^&as. Gasüllo ^^U^^ uf^ Mftíssiífia 
áe los. godoí, q¡aid no le va en zaga. Alcocer y Pin» ^i$0n(f* ^ 
Toledo, ejusdem furfuris; pero callen todos don^^fl^ el I)r. 
Don Gristoval Lozano, autor de David perseguido, y de Los re- 
yes nuevos de Toledo , obra que ha tenido diez y siete edicio- 
nes, y que revienta de ignorancia, de vulgaridad y de supersti- 
ción. Todos estos autores y otros muchos creen ápié juntillas lo 
de la torre encantada de Hércules, porque ¿cómo habia de faltar 
un JOércultts ea la d^naa? Lasaña escede i sus 4igB«3 compaHe- 
ros en quvíosqs p^K-menores. Smutremos por fi¿s que TubaH$ 
éééfríneipio á la fáki^ica. de la tmre, y ^l Bércul^s , et famumh 
la reedificó y amplió , sirviéndose de ella como de real palorr 
cío, y leyendo allí la Arte mágica.,. A una manga de esta cueva, 
como tan gran mágico, hizo labrar Hércules un palacio encan' 
todo, el cual palacio mandó 4ue se cerrase, y que ninguno lo 
abriese, si no queria ver en sus dias la España destruida por 
gente bárbara, Pero esto no es nada. Es preciso leer en el mismo 
LoKUH» los ppnneBQCQ&.de la e«4rada de Rodrigo en la enera ; 
imriBfinAcea infinitapeote mas maravillosos, que lee que se leea 
en el poema. Por ejemplo : Llegaron á una cuadra mui üertSMO» 
labrada de primoroso artificio, y en medio de ella estaba una 
estatua de bronce de espantable y formidable estatura, pues- 
tos los pies sobre un pilar de hasta tres codos de alto , y con 
una maza de armas que tenia en las manos, estaba hiriendo 
en la tierra con fieros golpes. Esto se escribía en España, no en 
el siglo X., «no en el ado.4B jíeiBf^ por un dítelor.enrtool^gjía,. ca- 
pellán de S. JUt^ eflii4«ark> 4e U m^^ €cu|M4a, vicario de U villa 
áfi fiellin y procurador fiscal de Ia-€áiwiraa90st4ltea. 



31. 



Forman la augusta y escogida armada. — p. 578. 

Según Pérez de Hita., la m^qrjp^rtc de los fundadores de la 
nobleza morisca de Granada , entraron en España en la época de 
ja prioptern Invaiioii. Poeo^ eiier:|M»s .aiiii9crátieo8 te baUáoten 



eL muiMto nos TsUentM, mas generosos y oían verdaderaineiife 



52. 

Á la potente Asido , 
Que es hoi Jerez.— ip. 585. 

Esta identidad está irrebatiblemente demostrada por el erudit» 
Padre FIórez en su España Sagrada. Por mas que lo sienta Me- 
dina-Sidonia, Jerez se llamó antes Asido, y no Asta Regia, como 
ha creido sobrado lijeramente Gíbbon. A propósito : es cosa in- 
creíble que este infatigable escudriñador no luyiese la menor no- 
ticia de una obra tan clásica, tan yroftada y tw voluminosa co- 
mo la del Padre Flores. 



93. 
Con tod98 iuf éitz mil ie pasa al moro. — p. 988. 



Ecce perfidus BQppQS,.oirdore patmBpMi m^í i»t€r confuratos 
conveníum, cum vaüda siiorum, íttíegraqnenmmít ad hostes 
Julianumque signa transtuUt, StsetU Amawpbalqbosis, Lib. u. 
cap. 30. Es uno de los mejores de la obra. 



34. 

Tal su suerte la historia nos oculta. — ip. !^9. 

Lo que se sabe de Opas, después de la batalla del Guadalete, 
es sumamente incierto y precario. Parece sin embargo que los 
moros hicieron uso de sus servicios , envíandolo de embajador á 
Pelayo, en compañía del moro Alkama, con propuestas de paz 
y ofertas de protección. Desechadas por el héroe estas invitacio- 
nes, Opas aconsejó á los moros que empleasen el recurso de las 



MOTAS. 

una biUII* ea que Alkuní qnedí nMrlo y Dod 
Balo ei lo que r^er«n el Monje SllenM j el Cru- 
I Alfonio in. Pero lu clrcuDiluidaí de eiloi he- 
lot doi eaciitoret, ton Un tbnirdu, qae iiuplrui 

I Mbre los hecboi minnai. 




ilVDICE. 



^H>- 



Páginas. 

AI lector y 

La Judía I 

La Bordadora de Granada 19 

Una Madre * 47 

El Boticario de Zamora 81 

Si Hijo de Don Farfan 89 

Hermigio y Cotona 97 

La Florida 125 

Escena de los tiempos feudales 151 

Zafadola 465 

Labatallade Fraga 197 

Don Lope S25 

EIBastardo 335 

Las dos cenas S59 

Pedro Niño 279 

Don Policarpo 343 

El primer conde de Castilla 335 

Bosquejo 367 

El Halcón 377 

Los Normandos en Galicia 399 

Don Opas 493 

NoUs 591