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Full text of "(Libros publicados por la Sociedad de bibliófilos españoles)."

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CARTAS 



EUGENIO DE SALAZAR. 



CARTAS 



DE 



EUGENIO DE SALAZAR, 

VECINO Y NATURAL DE MADRID, 
ESCRITAS 

A MUY PARTICULARES AMIGOS SUYOS; 

PUBLICADAS POR LA SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS ESPAFÍOLES. 




'-*Sí!ÍS*:»3&f!*í9' 



MADRID, 

IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA, 

calle del Duque de Osuna, número 3. 

1866 



NÚMERO 54. 



Pocos países de Europa poseen el rico caudal literario que España 
guarda aun inédito : nuestros archivos y bibliotecas están llenos de 
producciones en todo género, que por causas de todos conocidas no 
han visto aun la luz publica , y bastarían por sí solas á establecer la 
justa fama que nuestros mayores ganaron en las letras. 

Hoy, pues, que las investigaciones de los eruditos se dirigen prin- 
cipalmente al conocimiento de los pasados siglos ; que la historia se re- 
construye sobre bases sólidas y enteramente nuevas; que la vida y 
costumbres de los pueblos son examinadas á la luz de la crítica histó- 
rica, única que puede servimos para la apreciación exacta de antiguas 
civilizaciones, importa más que nunca salvar del olvido gran numero 
de joyas literarias que por estar aun inéditas, ó haberse hecho muy 
escasos los ejemplares de su primera, y quizá única impresión, están 
fuera del alcance de los estudiosos llamados á juzgarlas y esclarecerlas. 

Persuadidos de esta verdad, unos cuantos aficionados á lo que vul- 
garmente se llama u libros viejos » , doliéndose , como es razón , de que 
tanto trabajo literario é histórico permanezca aún arrinconado y des- 
conocido, se han propuesto, hasta donde alcancen sus fuerzas, dar á 
conocer por medio de la imprenta los más importantes de entre ellos 
bajo el punto de vista literario; comenzando por cuatro cartas de Eu- 
genio de Salazar, festivo al par que agudo escritor del reinado de Fe- 
lipe II, el cual manejaba la lengua con tal propiedad y soltura, que bien 
pueden aquellas considerarse modelo aventajado del estilo de su siglo. 

Nació nuestro autor en esta corte por los años de 1530. Fueron sus 
padres el capitán Pedro de Salazar, también madrileño, y doña María 



de Alarcon. Cursó leyes primeramente en Alcalá , después en Sala- 
manca, y por ultimo en Sígücnza, donde obtuvo el grado de licencia- 
do. Terminados sus estudios contrajo matrimonio con doña Caulina 
Carrillo, natural de Toledo. En dicha imperial ciudad vivió algún 
tiempo en calidad de andante en corte ó pretendiente de varas , aper- 
reada vida, cuyas penalidades y sinsabores pinta él mismo con singular 
donaire en su Carta de los Cata-riberas ^ 

Antes de alcanzar vara de corregidor estuvo como de meritorio des- 
empeñando comisiones judiciales del Gobierno. Fué una de ellas la de 
juez pesqubidor en Tormalco de Asturias, con cuyo motivo escribió 
la graciosísima carta al licenciado Guedeja, relator del Consejo, y 
después fiscal de la Audiencb de Galicia, en que hace la descripción 
de aquel lugar y pinta con vivos colores el genio y costumbres de 
sus habitantes ^. 

Por Octubre de 1567 pasó de gobernador á las Canarias, perma- 
neciendo en Tenerife y la Palma hasta el de 1573, que á 19 de Julio 
fué nombrado oidor de la isla Española, por otro nombre Santo Do- 
mingo, para donde se embarcó con su mujer é hijos, según se echa 
de ver por la agudísima carta 3 que en 10 de Noviembre de 1568 
dirigió á su amigo el capitán Mondragon, describiendo jocosamente 
la milicia de Tenerife, y por otra posterior, aunque sin fecha, escrita 
al licenciado Miranda de Paz, en que refiere las penalidades y traba- 
jos de una travesía de mar. 

De oidor de Santo Domingo ascendió á fiscal de la Audiencia de 
Guatemala, plaza que servia aun por los años de 1580. De allí pasó 
á la de Méjico, donde obtuvo al fin la de oidor, que servia en 1 598 á 
la muerte de Felipe II, y en cuya universidad se graduó de doctor, 
según él mismo dice en una epístola en tercetos dirigida á Hernando 
de Herrera 4. 



' Es la tercera en orden de las que ahora se publican. 

* La cuarta y última. 

} Es la segunda. £1 capitán Mondragon, á quien va dirigida, se llamaba Cristóbal ; 
ñrrió ventajosamente en Flándes é Italia, obteniendo el empleo de maese de campo, 
ú comandante de un tercio de españoles. Quizá fué padre del licenciado Hyerónimo 
de Mondragon, que en 1598 publicó en Lérida, y en casa de Antonio Robles, un 
donoso juguete intitulado Cctisura áe la locura humana. 

4 Hállase al fol. 196 con el epígrafe siguiente : Al insigne poeta Hernando de Her- 
rera^ Epístola ^ y al margen de ella, de letra del autor : aen que se refiere el estado de 



Durante su permanencia en Méjico nuestro autor se dedicó á es- 
tudiar á fondo e] genio, inclinaciones y costumbres de sus habitantes. 
Tenemos á la vista un extenso memorial que en su calidad de fiscal de 
aquella Real Audiencia dirigió al Supremo Consejo de Indias; consta 
de treinta y cuatro capítulos, y es todo de su puiío y letra '. En el 
resume con notable claridad todos los puntos relativos á la gobernación 
de aquellos países, de que dicho tribunal habia ya consultado en ante- 
riores comunicaciones, representando los males que pedían pronto y 
eficaz remedio , y seiíalando los vicios de la administración que con- 
venia refornur. Es á todas luces un documento importantísimo, escrito 
con suma claridad y elegancia, y en que brillan á la par sus vastos 
conocimientos en la legblacion de Indias y su experiencia en lo« nego- 
cios \ Este y otros trabajos, que atestiguan su celo y diligencia en el 
desempeño de su cargo, debieron llamar la atención del Gobierno de 
la Metrópoli, puesto que en lóoi fué nombrado oidor del Supremo 
Consejo de Indias, trasladándose lu^o á esta corte con su mujer é hijos. 

a ilustre dudad de Méjico, cabexa de la Nueva España , y se apunta el fin de cada 
una de las artes liberales y ciencias y la variedad de todas las especies de poesía. No 
hay respuesta de esta epístola, porque cuando llegó á España, era ya muerto este 
famoso poeta.9 

' El memorial abraza los puntos úguientes : Que se promueva entre los indios el 
oso de la lengua española, siendo aún muy pocos los que la saben y hablan. — Que 
sean reunidos en pueblos para hacer más fiicil su endoctrinamiento y la administración 
de los sacramenlDs. — Que se les prohiba bajo graves penas el uso de los cuchillos 
llamados a carniceros. D — Que no se permitan empleados solteros, ó que hayan dejado 
sus mujeres en España. — Que se quiten los estancos de carne y de vino. — Que no se 
hagan clérigos de prima tonsura. — Que no se levanten milicias con el nombre de 
tt soldados de la China.l) — Que no se exijan licencias para sacar vinos. — Guerra de Chi- 
chimecas. — Aaentos para el descubrimiento de Nuevo Méjico. — Que los oficiales reales 
de Zacatecas no retengan la pbta de S. M. hasta la partida de los galeones. — Que los 
fiscales asistan en las audiencias del Gobierno. — Receptorías. — Alcaldes y mayorales 
de minas. — ^Tesoreros de la Cruzada. — Encabezamiento y venta de juros. — Avalúos 
de las mercancías que vienen en las flotas. — Exactores de tributos y cobranzas. — 
Poja del coarto en las almonedas. — Obispados vacantes. — Gobierno de Méjico. — 
Jueces de cuentas de indios. — Renunciación de oficios de pluma por otra vida. — Su- 
cerion de encomiendas. — Entretenimiento* á hijos de los conquistadores. — Sustento y 
buen tratamiento de los indios. — Que los indios tribuurios sean reconudos, si fuere 
necesario, antes de los tres años que marcan las Reales cédulas. — Ministros encargados 
de la doctrina de los indios. — Mercaderes cesonarios de los encomenderos. — ^Tratan- 
tes. — ^Justicias. — ^Derechos de los curiales. 
* Hállase á 151. 30X. 



kí m£iny> kh prororcioBi cu zs. vxásr. 'rñ áxros cae ie m persona 
V emplerii acatamrjt de ¿ar, ¿ítíerón : 

Xac: T CJK es VLarjit j zrxxut txsáaaac 
la eacaeía Coas^tiaQESBae t SaV-inrimá ; 
La íkewña wae &, la Vfuwr'm ; 
la lAtjCMSJk'^ ¿oczor c£ Tsnin 

La nSaai Reaja fs joxpaáo, 
l*ucjcm ét t3tn a Portapl vecaa 9 
Jccz t>rny-.íáinr ^ á la cocdru, 
Y escarre en las Casarás {obersaaio. 

Oídiar f&í en la Espaóob, j Gsaaemala 
Me toTo por fiical, j ¿e allí an sabo 
Di en Mépcoá fiscal ▼ á oádor loéso. 

¡ Oh qúén le dícK al tríbaiKal más alto f 
¡ Oh ^QÍén sBfaícae al eterno, al que Tala ', 
Aooqoe pasase por el zpxM. j fue^o! 

Su nombramiento para el Consejo de Indias debió ser causa de que 
alterase este último terceto, pues esti borrado, y en su lugar añadido 
el siguiente : 

De allí al otro tríbonal más alto 
De Indias, que me puso Dios la escala, 
í Allí me abrase so dÍTÍno fuego ! 

£1 año de su muerte se ignora ; pero sí nació , según hemos visto, 
por los años de 1 530; si á fines del siglo xvi se decia ya o viejo y can- 
sado por la edad marchito», de presumir es no alcanzase muchos más 
del siguiente. Parece ser dejó dos hijos : Femando y Pedro, de los 
cuales el primero entró aun joven en la Compañía de Jesús, y el se- 
gundo fué capitán en Flándes y murió en 1635. 

Aficionado en extremo á la poesía y á todo género de literatura, 
Eugenio de Salazar dedicó sus ocios á la composición de un corpu- 
lento volumen de prosas y versos que intituló : Si/va de varia poesía^ 
y dejó legado á sus hijos con una advertencia preliminar ^ acerca del 

' Eitá ún duda por avale. A 

^ tt Hijos ^let dice), esta SÜtfa dt poeúa no me determiné á publicarla en mis dias, 
porque aunque (si no me engaño) tiene obras que pueden salir á luz, temí por cana 
de mi proíésion y oñcio no tuviesen algunos i desautoridad mia publicar é imprimir 
obras en metro castellano. No sé si esta razón cesará después de mi muerte; comuni- 
cadlo con amigos que lean ^cuerdos y graves, y tengan buen voto, y á les pareciere 



modo y forma en que aquel se habia de estampar, y observaciones 
muy juiciosas sobre la impresión, ortografía, prosodia, etc. La obra 
está dividida en cuatro partes : las tres son de poesías pastoriles, ama- 
torias, satíricas y morales, incluyendo en ellas las «obras de devoción.» 
La ultima lleva este encabezamiento «Cuarta parte de las obras de 
Eugenio de Salazarw, que contiene algunas de las Cartas en prosa á 
muy particulares amigos : la misma que damos hoy á la estampa, sen- 
tidos de que un tesoro literario de tamaíía valía quedase tanto tiempo 
ignorado y escondido. 

Una sola de las cartas, la de los Cata-riberas y ha sido impresa dos 
veces ; la primera por Valladares en el tomo xviii de su Semanario 
erudito y con poca corrección y ninguna crítica; la segunda por don 
Bartolomé José Gallardo con aquel esmero y curiosidad que acostum- 
braba á poner en todos sus trabajos '. Habíase hasta entonces creído 
que la festiva y aguda carta que tan al vivo pinta la vida de los pre- 
tendientes, era obra del célebre don Diego Hurtado de Mendoza, em- 
bajador de Carlos V en Roma, y no menos ilustre por su cuna que 
por su talento; como tal la habia publicado el editor de aquella com- 
pilación, y Gallardo, que en materias de crítica-literaria se mostró 
siempre entendido y agudo, aunque mordaz en demasía, no perdió la 
ocasión de revindicarla para su verdadero autor, reimprimiéndola con 
sumo esmero y corrección, precedida de una jocosa y picante intro- 
ducción, en que á vueltas de mil digresiones más ó menos oportunas, 
reunió cuantas noticias pudo adquirir de Eugenio de Salazar, é hizo 
alarde como de costumbre de su exquisita erudición en materia de 
libros. 

Habíase el capiun Pedro de Salazar, padre de Eugenio, dado á 
conocer, mientras vivió , por varias obras históricas , entre las cuales una 
de la guerra hecha por el emperador Carlos V á los luteranos de Ale- 
mania ^, hubo de desagradar al célebre don Diego Hurtado de Mendoza, 

que la obra es tal, y que mi memoria no padecerá detrimento en publicarla, hacedla 
imprimir; que si Dioc es servido que yo deje acabados y impresos m'is Puntos de Dere- 
choy ó en estado que vosotros los podáis acabar y imprimir en mi nombre primero 
que esta Silvay aun parece se podrá mejor publicar ella, pues habiéndose visto mis 
trabajos juridicos, no se presumirá que gasté mi tiempo en hacer metros. Consideradlo 
todo bien, y haced lo que fuere más acertado.» 

* El Criticón, papel -volante de literatura y Mías artes. Núm. 3.°, Madrid, 1835, 8.° 
^ El título de estj obra no le dio Gallardo con su acostumbrada exactitud, sin duda 



quien, bajo el seudónimo de bachiller de Arcadia, escribió contra ella 
una punzante, si bien graciosa y sazonada sátira, seguida de una su- 
puesta réplica del mismo capitán. Era justamente célebre entre los 
literatos esta graciosísima carta , aunque la circunstancia de haber sido 
escrita por don Diego Hurtado de Mendoza , estar dirigida al capitán 
Pedro de Salazar, ser su hijo Eugenio autor de la de los Cata-riberas^ 
y haber este último tenido ademas intima y estrecha amistad con un 
poeta llamado donjuán Hurtado de Mendoza, vecino de esta corte, y 
señor del Fresno de Torote , fué causa de que se trocasen de tal modo 
las especies , que no era fácil empresa deslindar las obras de unos y de 
otros. Esto lo hizo con su acostumbrado acierto Gallardo, aunque tam- 
bién incurrió en tal cual error, como fué el de suponer que el autor 
del Buen placer trolado, lindísima colección de poesías en el género 
italiano introducido por Boscan, y el de El Caballero cristiano, poema 
en octavas con sus puntas y ribetes de caballeresco, eran una misma 
persona '. 

Bien merecían publicarse íntegras las obras de este ingenio matriten- 

por no haber conocido la edición príncipe, que tenemos á la vista. £s como sigue : 
Historia y primera parte de la guerra que don Cárhs Vy Emperador de los romanos, rty de 
España y jllemania, mouió contra los príncipes y ciudades rebeldes del reino de jUemania y 
sucesos fue tuuo. Ñapóles, en la emprenta de Juan Pablo Suganappo. Año del Señor de 
mil y quinientos y cuarenta y ocho años. A cinco dias de Setiembre. Con el título algo varia- 
do se reimprimió cuatro años después (1552) en Sevilla por Domenico de Robertís. 
Pero no es ésta la sola obra que dio á la estampa Pedro de Salazar ; podemos citar otras 
dos distintas, que son : l.** Hystoria de la guerra y presa de África con la destruycion de 
la filia de Monaster, e ysla del Gozo, y perdida de Tripol de Berbería : ct^n otras muy 
nueuas cosas. En Ñapóles por maestre Matkia, l 552, fól. — 2.** Hispania victrix. Historia 
en la cual se cuentan muchas guerras sucedidas entre christianos ¿ infieles , etc. Medina del 
Campo, 1570, folio, de la cual hay reimpresión hecha en el mismo Medina, en 1576. 

Si, como hay sobrados motivos para sospechar, este Pedro de Salazar fué hijo de 
Diego, autor del Dialogo de Re Aíilitari, impreso primeramente en Alcalá, 1536, 
fólio, y después en Barcelona, 1590, 4.°; de la traducción de Las Guerras ciuiles de 
los romanos de Apiano Aiexandrino, Alcalá, Miguel de Eguía, 1536, folio, y también 
de La Arcadia, de Jacobo Sanázaro, Toledo, 1549, 4.°; preciso es convenir que los 
Salazares de Madrid se distinguieron en el siglo xvi como escritores en varios géneros 
de literatura. 

' Los dos tenían el mismo nombre y apellido : don Juan Hurtado de Mendoza i pero 
el primero, que fué vecino y natural de esta coronada villa, era deudo y pariente de los 
Mendozas de Guadalajara, y ademas imprimió sus poesías en AlcaLí, 1550, mientras 
que el segundo, que era natural de Granada (Pedraza añade sobrino del conde de 
Tendilla), no dio á luz su libro hasta 1570, en Antequera. 



se, puesto que por fortuna reunidas en un códice señalado con C 56, 
escrito todo ü corregido de su letra, se conservan en la biblioteca de 
la Real Academia de la Historia ; pero nos contentaremos por ahora 
con dar á la esumpa la cuarta parte de su Silva , que como dejamos 
dicho, contiene sus obras en prosa, y presenta una muestra aventajada 
de su estilo y gusto literario , así como una pintura animada de las 
costumbres de su tiempo. Van acompañadas de un Glosario, en que se 
explican las muchas voces, ya técnicas de milicia ó marina, ya anti- 
cuadas, aunque todas propias y castizas, con que, á vueltas de agudos 
chistes y festivas comparaciones, están salpicadas sus cartas. 

A cerrar íbamos ya esta introducción, cuando un aficionado á este 
género de estudios nos anunció que en la Biblioteca Nacional de esta 
corte se conservaba inédita una obra de nuestro autor. En efecto, con la 
marca M 33, se halla allí un poema intitulado : Navegación del Alma 
per el discurso de las edades del Hombre , compuesto por Eugenio de Sa- 
lazar. Es en folio, de 80 hojas, y tiene al fin una tabla de los voca- 
blos náuticos, los cuales están ademas explicados al margen de puño 
de su autor. Por qué razón no le incluyó Salazar en el tomo de sus 
obras, que, según ya se dijo en otro lugar, dejó en manos de sus hijos 
y preparado ya para la imprenta, es una cuestión que no nos atreve- 
mos por ahora á resolver; bastará decir que el poema es muy digno 
de figurar al lado de otras de sus obras, y que el glosario de que va 
acompañado nos ha sido muy útil para la explicación de muchas voces 
marítimas de su caru al licenciado Miranda. 

P. de G. 



CARTA 

A UN HIDALGO AMIGO DEL AUTOR LLAMADO JUAN DE 
CASTEJON, EN QUE SE TRATA DE LA CORTE. 



Mucho me importuna vuestra merced sobre que le 
escriba algo del modo , uso , trato y cosas de la corte, 
como si esto se hubiese de hacer tan á la corta que se 
pudiese encerrar y comprender en una carta. Ovillo es 
éste que si se comenzase a desenvolver, podrá llegar al 
cabo del mundo el hilo. Mas todavía, por complacer á 
vuestra merced en algo ( pues las sentencias que se han 
pronunciado en los pleitos que tiene en Chancillería 
de Valladolid no le complacen en nada ) , descogeré un 
poco de esta cuerda : vuestra merced podrá ir deva- 
nando , y no quiero decir devaneando ' , porque el 
devanear no se hace bien en lugar tan solitario, y de 
tan poca gente y trato como ése : acá se hace muy 

' Lo mismo que «andando en devaneos.» 



mejor, porque la gente es mucha, los tratos y las 
negociaciones muchas ; las pretensiones y pretendientes 
muchos; los amores muchos, y mucho más los dolores. 
El henchimiento y autoridad de la corte es cosa muy 
de ver. Porque está tan llena de las personas reales , de 
prelados , de dignidades , de sacerdotes , de religiosos, 
de señoras, de caballeros, de justicias, de letrados, de 
escuderos, de negociantes, pleitantes, tratantes, oficia- 
les y menestrales, que es cosa de admiración ; y como 
no todo el edificio puede ser de buena cantería de piedras 
crecidas, fuertes y bien labradas, sino que con ellas 
se ha de mezclar mucho cascajo , guijo y callao , así en 
esta máquina entre las buenas piezas del ángulo hay 
mucha froga y turronada de bellacos , perdidos , faci- 
norosos , homicidas , ladrones , capeadores , tahúres, 
fulleros, engañadores, embaucadores, aduladores, re- 
gatones, falsarios, rufianes, picaros, vagamundos, y 
otros malhechores tan amigos de hacer mal, como lo 
era Cimon ateniense, y es nuestro conocido ' el be- 
neficiado de no hacer bien. Está la corte, allende de 
esto, llena de gentes extranjeras de diversas naciones; 
encontraréis por las calles unos * que os saluden con : 
beso la mano de vuestra merced; otros 3 os dicen : beso 
as maos a vosa mercé; otros ^ : agur xaona orduan fago- 
(ala; otros 5 : bon giornOy mi ricommendo a la signoria 

' Era un clérigo rico que tenía poca caridad , y hacia poca limosna. 
{^Nota del autor ^ 

* Españoles. 

3 Portugueses. 

^ Vizcaínos. El saludo está mal escrito y debe ser de esta manera : 
tígur, jauna y ordu oncan (¡agólala, 

^ Italianos. 



vostra; otros ' : musieury je me recommande a vostre 
bonne grace; otros * : Got berliena huberlib den gudem- 
dag; otros 3 : gutmara gad boe. De manera que hay 
tanta diversidad de saludos, que parece vinieron como 
guarnición y presidio a impedir el daño que el ejército 
de médicos cortesanos pretende siempre hacer en la 
gente. Y hay tanta diversidad de lenguas entre ellos, 
como entre los que edificaban la torre de Babel. 

Andan en corte unos vestidos a la castellana, otros a 
la francesa y borgoñona , otros a la tudesca , y otros de 
otras maneras de trajes que los donados de Santa Ca- 
talina no darían un real por ellos para su traer. Barbas 
andan mil cortadas a la pimentela, ninguna a la aza- 
frana, muchas á la marquesota, pocas a la condesina, ni 
á la duquesa. Bozos algunos al uso del buen tiempo, 
descubierto el hocico y el diente, y aun el colmillo. 
Otros traen hechos los bigotes tan largos y feroces, que 
quieren con ellos espantar las gentes, y poner ánimo a 
las garrapatas ; y algunos los dividen , y se hacen dos 
pares de ellos, porque con aquello se tiene por expe- 
riencia dobla la braveza de los corazones. Muchos traen 
los mostachos tan crecidos, y tan cubiertas las bocas con 
ellos, que las dichas bocas, cuando acaso se descubren, 
parecen siesos de caballos cubiertos con sus colas muy 
pobladas. Son estos mostachos como guardas de puertos, 
que ninguna cosa entra ni sale que no la han de regis- 
trar. Y así , si por el puerto de la boca entra alguna 



' Franceses. 

* Flamencos y tudescos. Así en el códice; pero habrá de leerse: 
Got verlei be euer libden guten tag; ó si es flamenco : goeden dacb. 
3 Ingleses. Debió decir : good morrotü, good bye. 



leche, algunas natas, yema de huevo blanco, caldo de 
algún guisado ó potaje, allí le detienen a la puerta, 
y en fin les ha de dejar en las uñas, ó derechos, ó 
cohechos. Si por el puerto sale alguna saliva, gargajo 
ó flemas, por de priesa que quiera salir, estas guardas 
lo detienen una hora para ver lo que sacan , que no se 
pueden escabullir de ellas. Y finalmente , lo que entra 
y sale por estos mostachos es como lino que pasa 
por rastrillo, que ha de dejar la estopa en las púas. 
Empero hallo yo que tienen otro bien , y es que, como 
la raposa se aprovecha de su cola empapándola en su 
raposina para rociar con ella y desviar de sí los perros 
que la siguen y van alcanzando , podrán los enmos- 
tachados empapar sus mostachos en mosto de San 
Martin ó Yépes, y salirse a negociar sin miedo de la 
sed; porque cuando ésta les fuere alcanzando, podránla 
remojar de tal manera con el rocío de sus mostachos que 
no pueda darles alcance ni hacer presa en ellos ; porque 
podrán llover vino , como llueve agua el admirable 
árbol de la isla del Hierro. 

Unos en esta corte se sirven á la española acompa- 
ñándose de tantos criados , que cuando van por la calle 
parecen hombres que llevan á ajusticiar , según van ro- 
deados de gente de pié. Otros tienen en esto más regla 
y moderación, como lo solian hacer los extranjeros, 
llevando consigo un solo lacayo que tenga el caballo, si 
se apeare, y un paje que le acompañe donde entrare. 
Y otros se sirven confi3rme al primer uso de nuestros 
primeros padres, mandando á sí mismos lo que les 
conviene. Y aun tengo yo á éstos por los mejor librados, 
pues no tienen que lidiar con tan capitales y des- 



apiadados enemigos^ como son los criados y mozos de 
esta corte; de los cuales di tú, famosa bellaquería, glo- 
tonería, embriaguez, impiedad, infidelidad , ingratitud, 
desconocimiento, descomedimiento, descuido, tahure- 
ría, rufianería, sisa y latrocinio, lo que sabes; que yo 
de estos crueles azotes de los hombres de bien, caribes 
que tragan gente humana, gusanos que comen las 
carnes de los cortesanos , y landres que Dios envia á la 
corte por los pecados de la corte, no tengo lengua 
para hablar, ni pluma que quiera mojarse en tan necia, 
ruin y bellaca tinta. 

Mesas muchas hay espléndidas en esta corte , donde 
de ordinario se asientan muchos caballeros y escuderos 
sin ser convidados. Porque el señor ó caballero que 
aquí hace plato , tiénese por obligado á aquellos que 
se vienen á sentar a su mesa, siendo personas que líci- 
tamente pueden ser admitidas. Son estas mesas servi- 
das de diversas maneras ; las borgoñonas son las más 
usadas, porque como se pone junta toda la comida de 
tres ó cuatro veces, y cada vez se hinche toda la mesa 
de diversos manjares, asados, cocidos y guisados, son 
menos costosas, y hartan más presto con la vista de 
aquel henchimiento. Suelen algunos de los que allí 
comen, por dar á entender que traen poca hambre, 
dar al papo mucho menos de lo que él demanda ; y 
porque no se piense que tienen en mucho las aves y 
manjares regalados, dejan la perdiz, el capón, el faisán, 
el francolín, el pavo, el manjar blanco, el minaustre ', 

^ Asi en el códice, pero debió decir mirrauste, que era una salsa 
compuesta de almendras machacadas, canela y miga de pan, rociado 
todo con caldo de la olla. Servíase para pollos, palominos y otras 



los pasteles, las empanadas de venado y jabalí , y las 
tostadas, y dan en la vaca y en el carnero, sin poner 
la mano en otra cosa de la mesa, bien contra la volun- 
tad de su apetito y gana , que como niños a la madre 
están pidiendo a la mano de todo lo que ven delante. 
Después en casa el papo y estómago se quejan y claman 
contra la mano diciendo que para qué se dijo : del 
pan de mi compadre ' , etc. , si ella en la mesa ajena , 
que no le cuesta blanca, ha de andar tan corta y limi- 
tada y hacerles padecer hambre, y si alguna vez los 
harta, ha de ser del manjar más grosero y menos 
gustoso. La mano se descarga diciendo, que conviene 
aquello al honor de su señor, porque no se piense que 
los lleva á que maten la hambre en mesa de otro. El 
papo y estómago dicen , que no les parece bien aquella 
disimulación tan en perjuicio suyo; y que en resolu- 
ción tiene hartos duelos quien ha de comer por mano 
ajena. 

Andan galanes sin número en esta corte , hechos en- 
jundias de amor, derritiéndose por cualquier parte, 
que defenderán la hermosura de sus damas con una 
espada y una capa al fuerte Brimartes * armado de todas 
armas. Y es lo bueno que se pondrán á todo este riesgo 
por damas que no pornán por ellos un alfiler de los 
con que se prenden los cabos de la toca. 

Darse han en esta corte mil contradictorias verdade- 

aves. Véase á Ruperto Ñola, Libro de Guisados y Logroño, 1524, 
4.^ fól. 16. 

' Buen jático á mi ahijado, díccse por los que son liberales de 
los bienes ajenos. Véase a Juan de Mal Lara, Pbilosopbia vulgar. 
Cent. VI, fól. 167. 

* Hérvc caballeresco nombrado en una de las partes del Amadís. 



ras; hombres de mucha cristiandad, religión y celo, y 
por el contrario otros, ¡oh his de putas, y qué grandísi- 
mos bellacos y malos cristianos , sin acuerdo de Dios ni 
de sus ánimas , olvidados de la muerte temporal y aun 
de la vida eterna ! Hombres de grande autoridad y ve- 
neración ; y hombres ( hablando con perdón de los que 
lo son ) tan bajos de pensamientos , tan viles, apocados 
é infames, que con razón pueden ser tenidos por la 
hez del mundo. Entre los cuales juzgo por más bajos 
y viles estos truhanes , que por más honrarlos ya los 
llamamos locos, y si los baptizásemos con su verdadero 
nombre, los llamaríamos bellaquiarcas , como llama- 
mos heresiarcas á los caudillos mayores de los herejes. 
Son estos bellacos tales, que si en su oficio mueren, 
ni el cielo los ha de querer, ni el purgatorio los ha de 
admitir, y aun los gentiles antiguos creyeron que el 
infierno se habia de despreciar de acogerlos , porque ni 
las almas que allá están gustan de sus truhanerías , ni 
los diablos se precian de bailar al son de sus guitarras. 

Hay muchos hombres en esta corte de condición 
noble, quieta, llana y de mucha humildad; otros tan 
inquietos, tan bullidores, y bulliciosos y entremetidos, 
como el azogue y las salamanquesas y las agujas; y 
otros tan hinchados que parece traen piezgos como 
odres por bajo , porque no se les vacie el aire ; aunque 
á la verdad estos hinchados suelen más de ordinario ser 
los más nuevos en la corte, que ni ellos la han enten- 
dido el humor, ni ella los tiene conocidos. 

Hay hombres francos, liberales, generosos, que 
tienen por gran felicidad el dar ; otros mezquinos, 
cuitados, desastrados, que no se hartan de tierra como 



sapos^ más tenaces que tenazas ; hombres que si el real 
entra en su poder, entra en perpetuo cautiverio ; hom- 
bres que son como alcancías , donde puede entrar el 
dinero, y no salir, si la alcancía no se quiebra. 

Hay aquí hombres de claros y asentados entendi- 
mientos, delicados juicios, agudos ingenios y prestas 
habilidades, que con facilidad ahondan hasta el centro 
de la tierra y penetran los cielos ; y hombres de solo 
nombre, tan cargados de gruesa y pesada necedad, que 
me espanto cómo se pueden menear con tanto peso; 
hombres que yo no alcanzo para qué son necesarios en 
la corte , ni aun en el mundo ; porque para los coches 
hay pías, para los carros muías, para traer leña del 
monte acémilas, para arar bueyes, y para acarrear 
agua, asnos : no sé cierto de qué pueden éstos servir ni 
aprovechar; sino que en fin la necedad, como señora de 
tantos vasallos, sustenta aquí éstos á pesar de nuestro 
rey, aunque son de ley contraria, y tan obstinados ne- 
cios, que no bastan todos sus sabios para convertir uno 
de ellos. 

La soberbia es coronela de un crecido cuartel de 
este ejército de la corte. La vanidad es maestra de 
campo de un gran tercio de esta gente, la cual expende 
y consume toda su renta y substancia en solas tres cosas, 
es a saber : en cubrir y adornar sus aposentos de ricas 
tapicerías , lucidos tafetanes y damascos , vistosos cue- 
ros, costosas camas y estrados, galanos cofres, sillas y 
bufetes; en vestir sus cuerpos de costosos trajes, y en 
cargar sus mesas de buenos manjares. La cuenta de los 
gastos de la vida de cada uno no se escribirá en cien 
balones de papel ; el testamento de estos tales de ordi- 



nano se suele escribir en la uña; porque como los bienes 
de los defuntos sean los que queden pagadas las deudas, 
de ordinario los cuerpos de deudas se suelen sorber 
estas herencias, y aun quedarles los buches casi del 
todo vacíos. 

Tienen grandísimo trabajo los cortesanos que se tie- 
nen por obligados a hacer demostración en las tres 
cosas dichas, y más si son casados. Porque sólo para el 
tocado de las cabezas de sus mujeres, no les basta 
cuanto ganan los mal aventurados ; que si los tocados 
fuesen solamente castellanos, podríanse honestamente 
sustentar; empero los menos nacieron en Castilla; los 
más son franceses, húngaros, tudescos, milaneses, tan- 
gomangos, guineos, pitagóricos, peripatéticos, ma- 
gos, lunáticos, cornúpetas, diablescos y endemoniados. 
¿ Quién podrá explicar el trabajo de los pobres maridos 
cortesanos con las galas , con los arreos, con los afeites, 
con las devociones, estaciones, visitas, juntas, fiestas, 
meriendas y colaciones de sus mujeres ; con aquel dar 
todos á entender que no hay mal que sospechar, ni 
imaginar de ellas, aunque se vayan á gnsayar en los trin- 
quetes de la casa pública, y aunque se metan á escudri- 
ñar los senos del infierno ; y aquel entender á la clara 
muchos de ellos que sus mujeres no hacen cosa que 
buena sea, ni principio que á buen fin se enderece? 

Pues ya que la de las mujeres es carga tan pesada, 
y el de los criados contrapeso tan insufrible, las criadas 
y mozas de casa alivian á los pobres cortesanos y á los 
que en corte vivimos. Pasóse ya aquel siglo dorado 
en que las criadas y mozas de servicio servian, tenian 
vergüenza y honestidad y guardaban su limpieza. 



Aquí quisiera acabar, si vuestra merced me da licen- 
cia, que paso ha sido este último para dejar mi pluma 
más que cansada, y aun mi estómago más que revuel- 
to. Por lo cual no pienso ahora meter el pié en los 
oficios, ni entre los oficiales de tantas maneras y espe- 
cies de secretarios, contadores, escribanos, alguaciles 
y procuradores como hay en esta corte; porque podría 
ser , que aunque le quisiese el hombre retirar y sacar de 
presto, me le hubiesen cortado antes, creyendo que 
llevo dineros en el zapato. Sólo quisiera tratar de una 
cosa y casi general costumbre , ó por mejor decir cor- 
ruptela, que hay en esta corte, que es tener todos los 
cortesanos puestos siempre los ojos en el blanco de su 
particular, sin atender al cómodo ni descómodo del 
prójimo, como perros y gatos que están al derredor de 
la mesa cuando el señor come, que el que más presto 
puede coger el hueso ó el pedazo de pan que de la 
mesa se arroja, ése le coge sin atender á la hambre del 
compañero; tanto que anda entre estos cortesanos un 
lenguaje, que temo ha salido del infierno ; porque cuan- 
do uno ha hecho negocio, de que se le sigue provecho, 
aunque se haya llegado al fin de él por medios malos, 
torpes é ¡lícitos, y sea efecto muy en daño y perjuicio 
de tercero, lo salvan y excusan y tienen por bien nego- 
ciado con decir : hizo su negocio. Acerca de los incon- 
venientes y males que de la cortesana aprobación de 
esta manera de negociar nacen , se puede mucho más 
sentir que explicar ; y así no digo más , sino que en las 
negociaciones de corte, aunque se negocie á pospelo, 
no se tiene por errado el corte. 

Y si vuestra merced quiere bien entender qué cosa 



es la corte, cerrando esta carta se la definiré : que la 
corte es unas escuelas donde se enseñan y ejercitan 
todas las facultades buenas y malas; ó de otra manera, 
la corte es monte de tres tabernáculos : uno templo sun- 
tuoso y devoto de la religión cristiana; otro receptáculo 
del mundo y la carne , y el otro chiquero donde se 
ceban y engordan los siete puercos mortales ; ó de otra 
manera : la corte es acogida y estanque de los sucesos 
del mundo; presa de mentiras y navegación, donde 
siempre la aguja toma por norte al particular interés 
del navegante ; ó de otra manera : la corte es dia que 
descubre los buenos; noche que encubre los malos; 
carga enfadosísima para los sabios ; gustoso entreteni- 
miento para los ignorantes ; senda trabajosa , estrecha 
y muy embarazada para el cielo ; y ancho y deleitoso 
camino para el infierno : ó de otra manera, la corte es 
mar donde los peces grandes se tragan á los peces 
chicos; tierra poblada de sucios gusanos , ratiles ' vene- 
nosos y fieras rapaces ; aire lleno de piadosas cigüeñas, 
amorosos pelicanos y caudales águilas, y cielo donde 
el sol y la luna resplandecen, é infinidad de estrellas 
centellean é influyen. Y por acabar con las definiciones 
de la corte y esta carta, digo : que la corte es una 
universidad grave, autorizada, lustrosa, llena y muy 
varia, donde tienen votos, así los malos como los 
buenos, así los simples como los prudentes ; donde 
Dios es muy temido y acatado, el demonio muy agra- 
dado y seguido ; donde los altares del templo de Venus 
y Cupido están siempre humeando con sacrificios de 

' Está sin duda por « reptiles, d 



necios y tontos ; donde el dios de los epicúreos tiene 
la mesa más llena , y Baco tiene la mejor y más com- 
batida bodega ; y donde la justicia es más poderosa y 
rigurosa, y los bellacos más y más principales. Y nues- 
tro señor, etc. De la corte ' 

■ No tiene fecha la carta; pero de presumir es la escribiese antes 
del año 1567, en que obtuvo el gobierno de las Canarias. La célebre 
carta de Los Cata-riberas , que más adelante se inserta, la escribió 
en 1560, en Toledo, estando allí la Corte, y él pretendiendo una vara 
de corregidor. 



CARTA 

ESCRITA AL CAPITÁN MONDRAGON, EN QUE SE DESCRIBE 
LA MILICIA DE UNA ISLA. 

{Es ¿til para la noticia del lenguaje militar y algo del orden de la milicia. ^ 



Muchos dias ha que no he visto carta de vuestra 
merced : no sé si lo han causado las militares ocupacio- 
nes, en que su Majestad le emplea de ordinario, ó 
tenerme por hombre del otro mundo después que estoy 
fuera de los términos y promontorios de España. Si lo 
causa la primera causa, no me parece que en buena 
amistad es bastante descargo, que, pues la pluma 
no embota la lanza, tampoco la lanza debe desjarretar 
la pluma. Y pues Julio César en el mayor fervor y 
conflicto de sus guerras y batallas escribía de noche 
todos los sucesos del dia, bien podría vuestra merced 
alguna noche escribir una letra a quien tanto la desea, 
y por obligación de amistad antigua la debe. Y si esta 

3 



14 

remisión la ha causado la segunda causa, paréceme (con 
perdón de vuestra merced) menos causa. Pues quien 
trae (como vuestra merced) tan delante los ojos la 
muerte, y quien en los recuentros, escaramuzas y asal- 
tos anda cada dia casi á brazo partido con ella , no hay 
para qué deje de tener memoria de los que están en el 
otro mundo. Y porque en esta parte tengo por menos 
inconveniente estar yo justamente quejoso de vuestra 
merced que no vuestra merced lo esté de mí, quise 
escribir ésta significando la milicia de esta isla ', para 
que entendiendo que yo escribo desde la guerra, se 
tenga vuestra merced por más obligado á hacerme lo 
que pido. Que también aquí se ofrecen peligrosas suer- 
tes del fiero Marte; también aquí la diestra Bellona 
tiene su escuela de armas, y aun tales discípulos en ella 
como vuestra merced entenderá por lo que se sigue. 

Y pues del general es el primer lugar, será bien que 
primero tratemos de los generales de esta milicia y ejér- 
cito; los cuales siempre son bachilleres, porque son los 
gobernadores que su Majestad aquí envia para admi- 
nistrar justicia. Andan con sus saboyanas y bonetes; 
sus armas ofensivas y defensivas son la vara. Es gran 
contento, y anímase mucho la gente de ver un general 
de estos manejar y revolver su muía, y más cuando 
algún arcabuz se dispara, que ella misma se revuelve y 
desmaneja, de manera que saca al general en un mo- 
mento mil pasos del escuadrón, y aun á veces arras- 
trándole por el campo. 



' La de Tenerife, de la cual y de las demás, denominadas Canarias, 
era el autor gobernador por los años de 1 567 al de 73. 



«5 

Está la milicia nuestra dividida en tres tercios, cuyas 
cabezas son tres maestres de Campo, ó por mejor decir, 
maestros del campo, porque saben harto más del campo 
natural que produce los frutos para el sustento de la 
vida humana, que del campo militar que los gasta y 
consume : y son muy más práticos en lo de la Geór- 
gica de Virgilio y Agricultura de CoUumela, que en las 
Reglas de Onosandro, ni en las de Vegecio : y así saben 
muy mejor cuándo y cómo se han de excavar y podar 
las viñas, sembrarse y escardarse el trigo, y derramarse 
las otras simientes en la tierra, que cómo se ha de juz- 
gar la gente de guerra, ni cómo se han de hacer ni or- 
denar los escuadrones, ni cómo se ha de escaramuzar, 
arremeter, retirar, ni otra cosa alguna que al oficio de 
maestre de campo incumba. 

Capitanes de infantería hay quince ó veinte, á los 
cuales algunos soldados no llaman capitanes, sino capi- 
tales enemigos , porque les hacen pelear sin sueldo con 
las cepas de sus viñas al tiempo de la cava y poda, en 
lo cual trabajan y sudan harto más que si peleasen con 
crueles contrarios. 

Pues los alféreces de estas capitanías, para plegar y 
desplegar las banderas, arbolarlas, ponerlas sobre el 
hombro izquierdo con gran bizarría, entregarlas al 
viento que se las tienda y haga tremolar y campear, y 
escondérselas cuando convenga, defenderlas hasta la 
muerte, perder las vidas de los cuerpos antes que las 
banderas de las manos , bien hay entre ellos quien lo 
haga, y mayormente ahora que las banderas todas están 
nuevamente lucidas y renovadas como sambenitos; lo 
cual no era en años pasados , que en todas ellas no se 



i6 



ataran diez maravedís de todas semillas , porque esta- 
ban muy rotas y maltratadas de largas guerras que 
con los ratones habian tenido. 

Sargento mayor y menores hay muy diestros, que sa- 
ben muy bien formar sus escuadrones en cuadro, en pun- 
ta, en círculo y de otras muchas maneras; saben guarne- 
cerlos y fortificarlos en la avanguardia y la retaguardia; 
saben sacar sus mangas de arcabucería, aunque algunas 
veces (si no son todas) la avanguardia va hecha vaga 
guardia, y la retaguardia ataharre, y las mangas todas 
rotas. Y es mucho de ver cuando alguno de estos sargen- 
tos, capitanes, ó maestres de campo guia un caracol 
cerrado, y al tiempo del deshacerle, verle que no atina 
más a salir del que si se hallase en el centro del labi- 
rinto de Creta, ó en el buche de la ballena que tragó 
al profeta Joñas. El sargento mayor tiene gran cuidado 
de dar el nombre á las velas, y no nombres de Santiago, 
San Miguel, San Jorge ni otros santos, sino nombres 
de que ellos más gusten ; y así unas noches les da por 
nombre la Vimbrera, Bel-terreno, ó Breña verde, que 
son unos pagos que hay de donde proceden muy bue- 
nos vinos; otra noche la Bermuda, porque es una 
badulaquera que hace muy gruesas morcillas; y otra 
noche la madre Rioja, que es otra madre Celestina. 

Hay hombres de grandes cabezas y experiencia, que 
se juntan con el general á los consejos de guerra fuera 
de los regidores; aunque los regidores son tan sabios y 
expertos en las suertes de la malicia (digo de la milicia), 
que no sé yo si el Gran Capitán, ni el señor Antonio ', 

* Probablemente Antonio de Ley va, el castellano de Pavía. 



17 

ni el señor Alarcon, ó el de Pescara, ó Mariñano', 
entendieran la tercia parte de lo que ellos entienden. 
Los del consejo, que no son regidores, hanse esco- 
gido por su larga experiencia ; porque hay algunos que 
ha cincuenta años que estuvieron un año ó dos en Zafin, 
ó en Cabo de Ager y Mazagan, y otras fronteras de 
Berbería en servicio del rey de Portogal, y así entienden 
muy bien lo de la guerra vieja y dan la mitad de sus 
consejos en arábigo. Hay otros mozos de poca edad, 
empero de muy más poco entendimiento, recien venidos 
de Italia, donde pasaron por ciertas plazas y alojamien- 
tos de soldados bisónos, yendo á impetrar beneficios, 
rescriptos ó indultos de la Sede Apostólica que les 
importaban ; á los cuales se dio de tal manera el arte 
militar en los pocos dias que con los soldados de Italia 
comunicaron, que traen en la uña todo el uso y reglas 
de la guerra nueva ; y aun á algunos sobra papel y 
tinta, según traen las uñas crecidas y sucias. Y cierto, 
juntos estos soldados con los de la guerra vieja , y el 
general y regidores terciando , no hay más que oir y se 
podrá decir ésta mejor escuela de la milicia que fué la 
Academia de Atenas de la Filosofía ; salvo que para 
entender los consejos de los maestros de la guerra vieja, 
es menester una lengua arábiga, y para los pareceres 
de los de la guerra nueva es necesario un intérprete de 
la lengua toscana, y aun otro que declare los términos 
que ellos usan del frásis militar, que acá no se entiende 
más que el Nuevo Testamento. Para lo de los regidores 

' Juan Jacobo de Médicis, marqués de Marignano, y hermano del 
papa Pío IV, fué uno de los generales de Carlos V que más se dis- 
tinguieron en la guerra de Alemania. 



i8 

no es menester expositor, porque todos hablan la lengua 
vulgar. 

Vinieron este año los moros sobre una isla comar- 
cana , por lo cual convino en esta isla juntarse á con- 
sejo de guerra, donde se tuvo un consejo de tanto peso 
é importancia, que era digno de perpetua estampa. 
Porque el Gobernador, que es capitán general, propuso 
que sobre aquella isla estaban quinientos moros y dos 
mil bajaes, los cuales traian carracas de remos, y podrían 
venir con facilidad á esta isla , que mirasen qué conve- 
nia proveer para que no nos tomasen durmiendo. Luego 
salió uno de dos médicos que hay en cabildo reidores, 
diciendo que convenia todos los vecinos tomasen de un 
filonio romano ó el zumo del opio , que era cosa muy 
probada para desterrar el sueño de los ojos. El otro 
médico dijo : « buen olor de polvos de castóreo ó de 
pimienta rociados con vinagre les manda vuestra merced 
tomar para no dormir. Yo fio, si toman el filonio ' ó el 
opio que vuestra merced dice, que duerman tanto, que 
pueda ser hallar, cuando recuerden, pasada su era, y 
mudado el cuño de la moneda como los siete durmien- 
tes.» Otros regidores dijeron que se tapiasen las calles 
con tapias de cien codos en alto, porque los moros 
tuviesen necesidad de llamar á las puertas, y no se en- 
trasen sin llamar saltando las bardas. Otros, que se 
cegasen los puertos y caletas de la isla (que son más de 
trescientos de profundísima altura), porque los moros 
no pudiesen tomar tierra. Y otros que se fuese la gente 

" El original decia filouio; pero se ha corregido conforme está. El 
filonio (philonium) era un medicamento muy usado en la antigua far- 
macopea. 



'9 

á dormir á las montañas desde luego, porque los moros 
no les tuviesen atajados los pasos al tiempo del menes- 
ter. Sobre lo cual se altercó y voceó tanto por todos á 
un mismo tiempo, que parecian muchachos que leen 
en la escuela; y aunque ni unos son Oñez ni otros 
Gamboas, ni unos güelfos ni otros gibelinos, no se 
acababan de resolver; y así salió un maestro de la 
guerra vieja, y dijo : «si aquí vinieren los moros, procu- 
raremos cogerles los almogávares, que ellos nos dirán 
qué gente es ésta, si vienen buenos adalides y valientes 
alcaides en ellos ; yo creo que son morillos gilmeros de 
los que no hay que temer, y que no vienen entre éstos 
de aquellos alárabes esforzados que cuando estábamos 
en la frontera revolvian contra nosotros en las escara- 
muzas batiendo las piernas á los caballos á toda furia, 
embrazadas las adargas y blandiendo las lanzas con 
rebozos de almaizales ante los rostros, porque no 
viésemos si se les mudaba el color, y venían cantando 
de esta manera : Menzab almoxarac y darga zemel qui- 
fizinina y ahorren tayni yagrini^ ya nuarti lex mati qui 
limi ni. Amuley ti naarfixi hamelu illium '. Y cantábalo 
el buen capitán viejo en el cabildo como lo cantara el 
alárabe en Berbería. » Luego salió otro de los maestros 
de la guerra nueva, y dijo : «si los moros vinieren á 
nuestra isla, en nuestras casas nos toman, adonde po- 
dremos comer piñatas podridas cuando quisiéremos, y 

' Parece canto guerrero de los que usaban alárabes y beduinos en 
la costa africana. Está en dialecto vulgar, y ademas tan desfigurado 
por la escritura, que no es cosa fácil atinar con su significado. Em- 
pieza : uEl campo de las picas y de las duras adargas», y parece con- 
cluir : u¡oh señores^ mis camarádas! cargad sobre ellos.» 



ellos comerán bizcocho lleno de gusanos, si lo tuvie- 
ren. — No estamos en tiempo ni en tierra tan fría, que 
no podamos muy bien jugar las armas á cualquier hora, 
que esta tierra no es Alemania, donde me acuerdo que 
estando en campaña nos acaecia no poder ligar con las 
manos la ligagamba, ni atar una estringa, ni aun sacar 
la hoja del fodro, y los estivales se nos quedaban pega- 
dos á las calzas con el hielo ; levántense mil hombres y 
marchen luego al puerto; alójense en sus cuarteles, 
tengan allí sus personajes, sepan ordenarse de manera 
que cuando convenga, su escuadrón se cierre y abra, y 
sepan sacar sus mangas de arcabucería, que aunque no 
tengamos los herreruelos de Alemania, ni los tercios de 
Ñapóles y Sicilia, no nos ofenderán ; que ellos no traen 
cañones reforzados, ni culebrinas, ni serpentines, ni 
sacres con que nos batan la fortaleza, ni puedan romper 
lienzo de ella, ni traen mantas de guerra, ni ingenios 
para este combate. — Si pareciere á vuestras mercedes 
que en aquel repecho, que está á caballero del cúbelo 
viejo de la fortaleza, se haga un bestión, donde se 
planten dos pasamuros , dos falconetes y media docena 
de versos y esmeriles, y mosquetes entre sus cestones 
para que ayuden á defender el cúbelo ; fortificando esta 
artillería con foso y trinchea, vayan cincuenta gasta- 
dores que lo hagan, y con esto, si vinieren, dejámoslos 
saltar en tierra á hacer sus corredurías, echaremos 
nuestras espías de á caballo tras ellos, y en haciendo 
alto, darles hemos Santiago, al matin, encamisados 
(si nos pareciere), porque aunque nos mezclemos con 
ellos nos conozcamos, y harémoslos recoger á sus 
galeras, de manera que nos dejen mucho despojo en 



las uñas, y por lo menos les pillaremos el bagaje.» 
Sobre este parecer se levantaron y multiplicaron las 
voces largo rato : al cabo del cual la resolución del pe- 
sado consejo fué que se avisase al alcaide de la fortaleza 
que no durmiese a prima noche, y tuviese los paveses 
sin polvo, y las espadas de la fortaleza fuera de las 
vainas para más presteza, y se pregonase, para animar 
al pueblo, que ninguno temiese a los moros sopeña de 
tres reales de vino para las guardas del fuerte. Y con 
esta resolución se salieron sin tomar otra. 

Salidos de este cabildo juntáronse luego los regidores 
en otra casa á reir de las cosas que habian dicho los 
maestros de la guerra nueva y vieja. Y dijo uno : «mira ' 
por mi vida lo que dijo el capitán viejo , que cogiése- 
mos los almogávares de los moros, por decir las almo- 
jábanas; como si ellos trajesen almojábanas para su 
regalo. » — Otro dice : «pues ¿no vistes que buena sonada 
dio á la canción arábiga ? mira quién nunca entró á pe- 
lear cantando donde lleva tanto peligro de muerte. — Y 
aquellas piñatas podridas (dice otro) que dijo el sol- 
dado nuevo, que habiamos de comer en nuestras casas, 
¿no ñiera mejor que si tuviéramos pinas en esta isla, 
comiéramos los piñones sanos y buenos ? — Pues ¿ qué 
campaña era aquella de Alemania (dice otro) en que 
estuvo nuestro capitán nuevo, donde hacia tanto frió, 
que no se podian atar las ligabambas? : los que están en 
las campanas, badajos suelen ser.» Otro dijo : «¿qué 
animal es aquella estringa que no podian atar? Y ¿qué 
árbol es el fodro , cuya hoja dijo que no podian sacar ? 

' Manera vulgar de pronunciar y escribir el plural del imperativo. 



que cierto yo no tengo más noticias del que de los más 
ignotos del paraíso terrenal. — Pues ¿no estuvo buen 
disparate (dijo otro) lo que dijo, que los estivales se 
les pegaban á las calzas con el hielo? paréceme á mí 
que los estivales, siendo vapores secos del estío, más se 
pegarán con el calor. — Y aun á mí me parece lo mismo 
(dijo otro), y que no fué grande el aviso que se levanten 
mil hombres que marchen al puerto ; porque si no se 
levantan y están acostados ó sentados, mal irán á mer- 
car, que es lo que él llama marchar hablando á la solda- 
desca. — Pues más dijo (dice otro), si vuestras mercedes 
se acuerdan, que los mil hombres se alojasen en sus 
cuarteles, como si la mar de nuestro puerto fuera de 
aloja , y como si estuviéramos en Alimaña ó Flándres, 
donde se tejen manteles de muchos cuarteles para tanta 
gente. — Y la gente que al puerto fuese (dice otro), ¿iba 
á fiestas y momerías, que habian de tener personajes? 
Y el escuadrón de la gente ¿habia de tener puertas para 
cerrarse y abrirse ? Y ¿ qué alcabucería habian de sacar 
los soldados en las mangas? — Mas mira (dice otro), 
¿para qué queríamos acá los herreruelos de Alimaña? 
que aun un herrero que tenemos nos sobra; más nos 
hicieran al caso las tercias de Ñapóles y Sicilia que dijo, 
pues el Rey no nos quiere dar para estos gastos las que 
aquí tiene del pan. — Pues ¿ no estuvo muy donoso (dice 
otro) el término de batir la fortaleza? como si fueran 
huevos para freir en tortilla. — Y ¿qué culebras y ser- 
pientes (dice otro) son aquellas, que dice que no traen 
los moros? — Y sacres también dijo (dice otro), como 
si los hubieran de traer para matar garzas en esta isla. 
Aquello que dijo que no romperán los moros lienzo de 



s3 

la fortaleza, creo yo : porque si en ella hubiese lienzo, 
tengo para mí que el alcaide ternia más camisas, que 
me afirman que no tiene sino una, aunque ésa muy 
bien servida; porque para el servicio de ella sola, dicen 
que tiene media docena de gorjales y puños. — Las man- 
tas de guerra que él dijo (dice otro), querría yo que 
trajesen los moros; quizá rescatariamos algunas, que 
deben de ser grandes y de mucha lana, pues las traen 
para cubrirse en el campo ; ingenio para combatirnos 
todos ellos tendrán poco. » 

« Pues ¿ no estuvo bueno (dijo otro) decir que se haga 
un bestión en el repecho ? ¿Quién le ha de hacer ? Há- 
gale Dios que le hizo á él ; que aquí no somos criado- 
res para hacer criaturas. Y que se planten allí pasamuros, 
como si fuesen árboles y otras plantas , que estén entre 
cestones; mira qué fuerza pueden dar los cestos de la 
vendimia por grandes que sean. — Más fuerza me parece 
á mí (dijo otro) que dará la trinchera, que dijo : por- 
que si hay que trinchar estará la gente reforzada. Y 
esto pudieran gastar bien los cincuenta gastadores que 
dijo que fuesen ; y no sé yo qué otra cosa hay que 
gastar, para que hayan de ir gastadores al puerto. — Mas 
¿qué quiso decir (dijo otro) cuando dijo que el repecho 
estaba á caballero del cúbelo? — En eso diría (dice otro, 
riendo) que el repecho estaba caballero sobre el cúbelo; 
sino que no declaró si á la jineta ó á la estradiota. 
¿Y qué corredurías de lonja habian de hacer los moros 
en nuestra tierra? Y qué alto habian de hacer? ¿Había- 
mosles de consentir que tratasen, y que hiciesen torres 
altas en que se hiciesen fuertes? — Y teniendo el Santo 
Oficio en esta tierra (dice otro), ¿ habiamos de dar á San- 



»4 

tíago á los moros? y al matin ¿y el alma? Pues ¿no fué 
buen aviso (dijo otro con mucha risa) que vamos en- 
camisados para conocernos? Como si no hubiesen de 
ir las camisas debajo de los sayos y jubones. Y que 
pillaremos el bagaje y que pelearemos en vago ; mira 
qué parecer tan importante. » 

Así hacen conversación los sabios regidores de lo 
que proponen y tratan los expertos maestros de la 
guerra nueva y vieja ; y pasa el negocio de tal manera, 
que los capitanes de la guerra vieja murmuran de los 
soldados de la guerra nueva; los soldados de Italia 
escarnecen a los fronteros de Berbería ; los regidores 
mofan de los unos y de los otros; el pueblo ríese de 
todos; y el mundo puede murmurar, escarnecer, reir 
y mofar de todo este pueblo y ejército. 

Atambores hay escogidos oficiales, aunque todos 
son negros; tocan el recoger, la orden, el marchar, 
hacer alto, el arma, la escaramuza, la plegaria, el arre- 
meter, la batería, el retirar; y todo lo tocan á la sonada 
del gurumbe ó chanchamele y otros guineos. 

De pifaros hay gran falta, si no se toman el dia de la 
necesidad de los del ejército porcuno. 

Dos trompetas hay para la gente de a caballo tan 
roncas y desacordes, que los caballos no las conocen 
por tales; de los caballeros muchos las entienden, y se 
animan y encorajan con su sonido; porque parece que 
van sonando en remembranza de la pasión de Nuestro 
Señor Jesucristo, como las que se tocan en Jueves 
Santo. 

La gente de esta isla generalmente es muy animosa, 
y en especial los capitanes ; de los cuales algunos luego 



»5 

en viendo que se descubre vela por la mar , aunque sea 
de diez leguas , encamina su mujer é hijos é cofres a la 
montaña ; y les avisa que tomen cueva ó sitio donde 
él también pueda caber , si allá fuere. 

Los soldados son unos Césares, en especial los rati- 
ños portugueses (que hay aquí muchos), que en oyen- 
do nueva de enemigos y viendo a cualquier hombre 
rico de la isla, dicen por él unos a otros : ollay elle 
garde a sua facenduy que eu nao teño que gardar aínda 
mais que a miña persoa : por ende y por os evangelios y que 
si os enemigos venen a illa , logo me fujo a as montiñas 
mais altas. 

La disciplina y orden militar, ni el guardar los 
bandos y órdenes de sus capitanes no les da mucho 
gusto; porque como son gente tan belicosa y orgu- 
llosa dicen : que eso de órdenes es bueno para obis- 
pos que las dan y clérigos que las reciben , y para los 
religiosos que las profesan : y no para ellos, que ni 
nacieron para ordenar, ni para ser ordenados. Son dies- 
tros, airosos, y muy gallardos; las picas llevan como 
penitentes que llevan cruces a cuestas; los montantes 
juegan como yeseros las palancas con que majan las 
granzas; las rodelas por bajo amparando las braguetas, 
y las espadas tirando tajos y reveses por alto. Para tirar 
los arcabuces atiéstanlos hasta las bocas de pólvora; 
tómanlos por medio del cañón con la mano izquierda, 
y sacan el brazo al lado cuanto pueden, porque no les 
toque el fuego (que le temen mucho) ; y al tiempo del 
pegar la mecha con la otra mano, vuelven el rostro 
a la otra parte, como los flacos que aguardan la lance- 
tada del sangrador : y aun al disparar del tiro cierran 



26 



los ojos, y pierden el color, y tiemblan como casas 
viejas. Las balas que tiran son balidos, porque van 
balando por comer ; no tiran perdigones al enemigo, 
que en sus cuerpos los echan cuando los tienen. Son 
de gentil y cierta puntería, y más con escopetas de 
vidrio. En tocando un arma, y diciendo ¡enemigos! 
andan los valientes, los Guzmanes, por la ciudad ar- 
diendo como fuego de estopas , y en saliendo al campo 
para ir al puesto , acábase la llama de estas estopas , y 
quédanse escondidos por los barrancos y quebradas de 
la tierra : unos dicen que á proveerse; otros que á 
acechar á los que se vuelven ; y otros afirman que 
quedan en celada para si los enemigos entraren la tierra 
adentro. 

¡Oh qué lástima y qué dolor tan grande es ver estos 
dias de rebatos la gente de guerra que baja al puerto, 
cuando se despiden de los que bien quieren ! El marido 
derramando lágrimas se abraza con su mujer diciendo : 
«quedaos á Dios, mujer mia, que no sé si nos veremos 
más»; y pégase con ella tanto, que antes que se despe- 
gase, serian los enemigos idos, aunque estuviesen sobre 
la isla un año, si el general no entrase á arrancarle 
como á clavo con tenazas. El hijo temblando dice á la 
madre : «¡oh madre mia! ¿quién pudiera ahora encerrarse 
en ese vientre, do me trajistes, por no me apartar de 
vos en tiempo de tanto peligro?» El padre dice á los 
niños : «¡ay hijos mios salidos de mis lomos, para qué 
me apartan de vosotros, que sois mis hijos, á quien yo 
amo tanto , y me llevan á ver moros , que no los quer- 
ría ver más que á todos los diablos ! Empero cuanto 
oir esto es dolor y pena , es grande contento ver 



27 

cuando estos rebatos se ofrecen de noche , salir el capi- 
tán de la ciudad (digo el que está señalado para quedar 
con cierto número de gente en guarda de la ciudad, 
cuando las otras compañías bajan al puerto), con el 
cual solo creo quedaria la ciudad muy segura ; porque 
allende de ser hombre de ochenta años arriba, cuyo 
ánimo, vigor y fuerzas no pueden dejar de estar muy 
vivas con el calor de la sangre nueva, saca tan bien 
armada y aderezada su persona, que la espada Durindana 
de Roldan , ni aun la Balisarda que cortaba las armas en- 
cantadas, no pasaria las suyas. Porque en la cabeza saca 
una celada de paño azul con su baberon muy baboso, 
que algunos llaman papahigo, y debajo su bonetillo 
colorado, y un tocadorcillo de tres varas de lienzo con 
una caperuza jaén , y encima un sombrerazo encasque- 
tado , que no le llegarán al casco lanzas del cielo que 
cavan ; saca dos pajes de armas á los lados , uno de 
espada, que le ata y desata la agujeta de la martingala, 
cuando es menester, y otro de lanza que á cada paso 
le pone el orinal en la mano, porque con la alteración 
de los rebatos cada momento ha menester poner la 
lanza en cuja. 

El alférez es muy conforme al capitán; saca un 
abanderado, porque él harto tiene que llevar, y sus- 
tentar con ambas manos el peso de una arroba de 
potra que delante le cuelga. 

Los soldados de esta compañía son conformes al 
caudillo , y escogidos de propósito para que las mujeres 
queden seguras de estupros y fuerzas , y libres de los 
rayos de sus ojos, aunque no de los del ojo de cual- 
quiera de ellos. Son los soldados de todo este ejército 



28 



tan bravos, que si cualquiera de ellos se halla encima 
de una cuba , la beberá la sangre de mejor gana , que 
Tomíris bebió la sangre de Ciro, y los numantínos la 
sangre de los romanos. Es gran contento verlos arre- 
meter (digo a las tabernas), y es gran gusto verlos 
retirar (digo hacia sus casas) en descuidándose el capi- 
tán y cabos de escuadras. Un dia de alarde es cosa de 
ver la brava competencia que hay entre los capitanes 
sobre la avanguardia y retaguardia ; y el dia que se 
ordenan para cosa de veras, todo el ejército querria ser 
escuadrón , y que su avanguardia fuese todo el Océano, 
y en su retaguardia los Alpes y Pirineos con el monte 
Olimpo encima, v 

Después que los moros acuden á estas partes , hay 
muchos que tratando de lo que sería de los vecinos, 
si viniesen á esta isla, se les va la lengua á la ley que 
piensan guardar en este cuento , y dicen alzando las 
manos al cielo : Alá xadibor '. Otros dicen : gracias al 
Dios de Abraham que puso sinagogas y juderías en Ber- 
bería. 

Andan en este ejército más diferencias de bandas, 
que de ritos y setas entre los herejes é infieles ; porque 
aquí tenemos las bandas rojas de España, las blancas 
de Francia, las azules de Normandía, las negras de 
Bretaña y las amarillas de Alemania, y otras de diver- 
sos colores y diferentes naciones. De manera que nin- 
guna nación de gente enemiga podría aquí venir que 
no hallase contrarios con quien pelear y amigos que le 



' Allah aálim (Dios solo es sabedor), expresión muy frecuente 
entre los árabes. Los moriscos aljamiados pronunciaban xabidor. 



i9 

ayudasen. Armas hay muchas; y qué tales? Picas, pero 
pocas, y éstas mejor para picar bueyes que para tras- 
pasar turcos. Espacias, no como la tizona del Cid, em- 
pero como negros tizones. No han menester alabardas, 
que albardas se son ellos ; ni partesanas más que sus 
dientes, que parten lo sano para sí mejor que cuantos 
partidores de herencias hay. Arcabuces muchos y bien 
aderezados de todas municiones; para diez hay un 
frasco y para ciento un murron ^ No se usan en esta 
guerra ameses de piezas dobles, porque no se han de 
esperar golpes que hayan menester tanta resistencia ; y 
para su manera de pelear, esles grande impedimento 
el ir encambronados, porque pelean huyendo por los 
riscos más que cabras. Ni usan arneses de seguir, pero 
tráenlos de seguidos, que es morrión de grana, redondo 
y sin cresta, gola, peto, espaldar, brazales, guarda-brazos 
y quijotes de lienzo; gocetes de lana, manos sin man- 
diletes, piernas sin grevas ni calzas, pies sin escarpes ni 
zapatos : con las cuales armas pelean tan bien que ni los 
enemigos les ven los pechos, ni les pueden dar palmada 
en las espaldas. Tampoco usan coseletes de infantes, 
porque dicen que no son armas suyas, pues no son 
hijos de Rey, ni usan otros cuerpos de armas, y aun 

' Así en el códice; pero debe ser error del copiante por «morrión», 
que era el casco usado por los mosqueteros y demás gente de á pie. 
ftLas armas del arcabucero y del mosquetero (dice Méndez en su Arte 
Militar, 1612) son todas ofensivas y ninguna defensiva; puesto que 
no traen más que el arcabuz ó mosquete, y las cosas que le pertenecen, 
como son horquilla, balas, pólvora, cuerda ó mecha, frasco, polvorera, 
portafrasco y bolsa para las balas , ademas de espada y daga. Defensiva 
no lleva ninguna, á no ser el morrión, que le defiende y guarda la ca- 
beza w. Otro tanto viene á decir Pistofilo en su Opiomacbia ó sea Dis- 
cursos de la Pica, de la Alabarda y del Mosquete, Siena, 162 1, en 4**. 

4 



30 

cuerpos de almas hay muy pocos entre ellos ; ni aun 
almillas no usan si no son de grana. Muchos se infun- 
den el alma de Baco, y éstos van los más animosos 
entre tanto que les duran estos espíritus vitales , y aca- 
bados estos humos quedan como cuerpos desangrados. 
Usan rodelas bravísimas de pintura : unas con sierpes 
que espantan ; otras con San Jorge que pasa al dragón 
con la lanza; otras con Santiago derribando moros con 
su caballo y espada, y otras con San Miguel que tiene 
al diablo a sus pies vencido ; y con otras pinturas tan 
terribles, que si los enemigos lo consideran bien todo, 
temerán mucho menos lo vivo que lo pintado. No 
cabalgan en caballos de la raza de Ñapóles , ni de los 
campos de Jerez , ni hacen potros de Alcaraz ; de otras 
castas los tienen ; y aunque aquí hay muy pocos , son 
muy buenos caballos, todos de ambas sillas (digo de 
silla y albarda), recios de lomos, que traen leña del 
monte, como las acémilas de Sosa que sirven en la 
cocina Real, tan mansos y humildes que someten la 
cerviz á la collera y arado con toda mansedumbre, 
humildad é instinto. Son revueltos en gran manera, 
porque la mayor parte del tiempo los traen á los 
tornos al rededor de las atahonas, y así como andan 
seguidos y hechos al trabajo, son aptos para cualquier 
acto militar. Corren como sapos por aradas; paran 
muchos de ellos sin ser llamados ; otros son tan sordos 
de boca que aunque les hagan pedazos los dientes, no 
oyen las aldabadas del freno. Muchos de ellos parten 
contra Oriente y paran hacia el Mediodía ; otros salen 
del Septentrión y van á dar al Poniente. 

De los caballeros , pues , ¿ qué hay que decir sino que 



3» 

son diestrísimos en el juego de la lanza y adarga? sino 
que como entre cada dos piernas de caballero va un 
animal de cuatro pies , tan grande y feroz como es el 
caballo , y los dos pies van encajados en dos estriberas 
como en dos bretes, ligados y encerrados los tobillos y 
carcañales con las espuelas y acicates; el peso de la espa- 
da sobre el muslo, la adarga sobre el brazo izquierdo, 
la rienda en la mano zurda, la lanza en la derecha; ¿ cuál 
diablo se ha de menear y revolver en la silla , ni jugar 
la lanza y adarga? Si la lanza del moro viene por detras 
bimbrando el hierro como lengua de culebra, perdone 
la señora espalda del jinete, que la adarga ni sabe ni 
puede cubrir el cuarto trasero. Pues si viene el golpe 
sobre el lado de la lanza, allí es el sudar y el temblar 
y perlesía de todo el lado derecho ; porque cualquiera 
de estas adargas es de cuento, y parece de encaje, 
como tablachina de húngaro, que no hay menearla de 
sobre el lado siniestro, porque así se lo manda el cora- 
zón, que esté delante de él y le ampare, y todo lo 
demás del cuerpo se valga por sí. 

Caballos ligeros no se usan en esta guerra, porque 
se congojan debajo de una celada engolada ó borgoñona; 
ni saben llevar la lanza en cuja, que parece lanza coja; 
ni ponerla en el ristre, que parece que ponen una ristra 
de ajos ; ni se quieren obligar á llevar espada y daga 
en la cinta, y estoque y hacha colgando del arzón, que 
dicen que parecerian tiendas de espaderos. Ni aun se 
atreven a cabalgar á la brida, aunque los aceros de las 
sillas les lleguen á las barbas y colodrillos , y las borre- 
nas les ciñan los muslos y se les cierren como llaves; 
porque dicen, y muy bien, que de qué sirve llegar el 



3* 

arzón delantero a la barba , si el hombre de armas no 
es de barba, ni el arzón trasero al cerebro, si el cere- 
bro está vacío; y que de qué efecto serán las borrenas, 
si los muslos que han de ceñir son de borra. 

Una fortaleza hay sobre el puerto, que si no hay 
más fortaleza en los pechos de la gente de la isla, en 
breve rato ella mostrara la poca que en sí tiene. Tratóse 
en dias pasados de hacerle una barbacana , y muchos lo 
contradijeron, diciendo que no eran menester viejos 
con barbas canas para defender la fortaleza, sino buena 
gente, moza y recia. Tratóse también de hacer una for- 
tificación delante de ella á manera de trinchea de céspe- 
des, y muchos lo contradijeron, diciendo que qué re- 
sistencia habian de hacer los céspedes, pues el fuerte 
Céspedes no se pudo defender de los morillos de Gra- 
nada. Tiene la fortaleza buena artillería, aunque poca; 
tiene para esta artillería muy buen conde-establo y 
artilleros, y tales, que les acaece asestar de puntería la 
pieza á una montañeta que está á trescientos pasos, y no 
acertar la bala en todas las montañas. Está bien aper- 
cebida la fortaleza de todas armas y municiones ; por- 
que demás de las piezas gruesas hay ciertos arcabuces 
sin llaves, ciertas picas sin hierros, ciertas espadas mo- 
hosas, algunos paveses del buen tiempo; pólvora mu- 
cha, más de tres quintales y medio ; mucha ropa para 
el vestido de los soldados ; bastimentos á hartura; mu- 
cho bizcocho, mucho trigo, centeno, cebada, mucho 
vino, vinagre, aceite, sal, muchas cecinas, pescados 
ceciales y quesos; muchas legumbres de garbanzo, len- 
teja, haba; mucha leña y carbón, atahonas, molinillos, 
hornos y una grande cisterna, aunque sin gota de agua ; 



33 

y tan llena está la fortaleza de todo lo demás, en tanto 
que podría diez años estar sitiada como Troya, sin 
que la tomen más por hambre el dia postrero que el 
prímero. 

Pues en la vela de ella no hay descuidar, que en los 
tiempos necesarios no hay dia que el general no mande 
ir más de veinte soldados, y que no vayan por lo menos 
más de dos ó tres; y éstos de los que convienen, no 
gente holgada y briosa, que no quieren meter en la 
fortaleza más pólvora (que harto poca se tiene ella), 
sino gente amortiguada y cansada de cavar y arar y 
trabajar en el campo todo el dia ; que duerma y calle 
y no ponga la fortaleza y alcaide en rebato. De esta 
manera nos velamos en esta isla; de esta manera nos 
guardamos y apercibimos contra cualesquier enemigos 
que vengan. Y prometo á vuestra merced que está la 
gente tan animosa, que tengo para mí que por muchos 
enemigos que salten en tierra, han de matar muy pocos 
de los de este ejército ; del cual no sé si me queda más 
que decir para que vuestra merced entienda su cuali- 
dad y suerte. Lo que á la pluma ha faltado, supla el 
buen entendimiento y larga experiencia de vuestra mer- 
ced, cuya persona y estado nuestro Señor, etc. Fecha 
en I o de Noviembre de 1568 años. 



CARTA 

ESCRITA AL LICENCIADO MIRANDA DE RON, PARTICULAR 

AMIGO DEL AUTOR. EN QUE SE PINTA UN NAVÍO, Y LA 

VIDA Y EJERCICIOS DE LOS OFICIALES Y MARINEROS 

DE ÉL, Y COMO LO PASAN LOS QUE HACEN 

VIAJES POR LA MAR. 

{Es ¿til para la noticia del lenguaje marino,) 



^i navigant marey enarrant pericula ejus, Lx)s que 
navegan podrán contar los peligros del mar, dice el 
que mejor lo sabe. Y así , como hombre que por mis 
pecados he navegado, quise contar a vuestra merced los 
trabajos de mi navegación, aunque (á Dios gracias) 
fueron sin ímpetu de mar ni cosarios. 

Hallándome sin provisión en la isla de Tenerife, traté 
de fletar navio para esta Isla Española ', y fleté no por 
poco dinero uno llamado Nuestra Señora de los Reme- 
dios, de harto mejor nombre que obras; cuyo maestre 

* La de Santo Domingo, adonde pasó con plaza de oidor en 1 573. 



36 

me afirmó ser el navio capaz , velero y marinero, estanco 
de quilla y costado, bien enjarciado y marinado. Y lle- 
gado el dia que nos hubimos de hacer a la vela, y la hora 
de nuestra embarcación, que fué antes del mediodía, 
lunes 19 de Julio, doña Catalina ' y yo con nuestra fa- 
milia nos llegamos á la orilla de la laguna Stigia donde 
arribó Charon con su barquilla, y nos llevó a bordo del 
navio que nos habia de recibir, y nos dejó en él. Y allí 
por gran regalo nos metieron en una camarilla que tenía 
tres palmos de alto , y cinco de cuadro , donde en en- 
trando la fuerza del mar hizo tanta violencia en nues- 
tros estómagos y cabezas, que padres é hijos, viejos y 
mozos quedamos de color de difuntos, y comenzamos 
a dar el alma (que eso es el almadiar), y a decir baaCy 
baac; y tras esto bor^ bor^ bor^ bor; y juntamente lanzar 
por la boca todo lo que por ella habia entrado aquel 
dia y el precedente, y a las vueltas, unos fria y pega- 
josa flema, otros ardiente y amarga cólera, y algunos 
terrestre y pesada melancolía. De esta manera pasamos 
sin ver sol, ni luna; ni abrimos los ojos, ni nos des- 
nudamos de cómo entramos, ni mudamos lugar, hasta 
el tercero dia, que estando yo en aquella oscuridad y 
temor oí una voz que dijo : «bendita sea la luz y la 
Santa Veracruz, y el Señor de la Verdad, y la Santa 
Trinidad; bendita sea el alma, y el Señor que nos 
la manda ; bendito sea el dia y el Señor que nos le 
envia.» Y luego esta voz dijo las oraciones Pater Noster 
y Ave María, y tras esto dijo : «Amén. Dios nos dé 
buenos dias, buen viaje; buen pasaje haga la nao, señor 

' Doña Catalina Carrillo, su esposa, con quien casó en 1557. 



37 

capitán y maestre y buena compaña, amén : así faza 
buen viaje, faza; muy buenos dias dé Dios a vuestras 
mercedes, señores, de popa a proa.» Que como yo oí 
esto, consolado con tales palabras dije a mi mujer : ((Se- 
ñora, aunque sospecho que estamos en casa del diablo, he 
oido palabras de Dios. Quiérome levantar y salir a ver 
que es esto, y ver si nos vamos ó si nos llevan»; y así me 
aliñé lo mejor que pude, y salí del buche de la ballena 
ó camareta en que estábamos, y vi que corríamos en 
uno, que algunos llaman caballo de palo, y otros rocin 
de madera, y otros pájaro puerco; aunque yo le llamo 
pueblo y ciudad, mas no la de Dios que describió 
el glorioso Augustino. Porque no vi en eUa templo 
sagrado , ni casa de justicia, ni á los moradores se dice 
misa, ni los habitantes viven sujetos á la ley de razón. 
Es un pueblo prolongado, agudo y afilado por delante, 
y más ancho por detras, á manera de cepa de puente; 
tiene sus calles , plazas y habitaciones ; está cercado de 
sus amuradas; al un cabo tiene castillo de proa con más 
de diez mil caballeros en cada cuartel ; al otro, su alcá- 
zar tan fuerte y bien cimentado que un poco de viento le 
arrancará las raíces de cuajo, y os le volverá los cimien- 
tos al cielo , y los tejados al profundo. Tiene su artille- 
ría y su conde-estable que la gobierna; tiene mesas de 
guarnición; no falta en este pueblo un trinquete, ni un 
joanete ni un borriquete, papahigo, boneta ni barren- 
dera. Tiene un molinete que con su furia mueve á los 
marineros, y con su ruido á los pasajeros; una fuente 
ó dos que se llaman bombas, cuya agua ni la lengua ni 
el paladar la querría gustar, ni las narices oler, ni aun 
los ojos ver, porque sale espumeando como infierno y 



3^ 

hediendo como el diablo. Hay aposentos tan cerrados, 
oscuros y olorosos que parecen bóvedas ó carneros de 
difuntos. Tienen estos aposentos las puertas en el suelo 
que se llaman escotillas y escotillones ; porque los que 
por ellos entran escotan bien el contento, alivio y buen 
olor que han recebido en los aposentos de la tierra ; y 
porque como los aposentos parecen senos de infierno 
(si no lo son) , es cosa cuadrante que las puertas y en- 
tradas estén en el suelo de manera que se entren hun- 
diendo los que allá entraren. Hay tantas redes de jarcias 
y cuerdas a la una y la otra banda, que los hombres 
allí dentro parecen pollos y capones que se llevan á 
vender en gallineros de red y esparto. 

Hay árboles en esta ciudad, no de los que sudan 
saludables gomas y licores aromáticos, sino de los que 
corren contino puerca pez y hediondo sebo. También 
hay ríos caudales, no de dulces, corrientes aguas crista- 
linas, sino de espesísima suciedad; no llenos de granos 
de oro como el Cibao y el Tajo, sino de granos de 
aljófar más que común, de granados piojos, y tan 
grandes que algunos se almadian y vomitan pedazos de 
carne de grumetes. 

El terreno de este lugar es de tal cualidad que cuando 
llueve está tieso, y cuando los soles son mayores se 
enternecen los lodos y se os pegan los pies al suelo, 
que apenas los podréis levantar. De las cercas adentro 
tiene grandísima copia de volatería de cucarachas, que 
allí llaman curianas, y grande abundancia de montería de 
ratones , que muchos de ellos se aculan y resisten á los 
monteros como jabalíes. La luz y la aguja de esta ciu- 
dad se encierra de noche en la bitácora, que es una caja 



39 

muy semejante á éstas en que se suelen meter y encu- 
brir los servicios de respeto, que están en recámaras de 
señores. Es esta ciudad triste y oscura; por defuera 
negra, por dentro negrísima : suelos negrales, paredes 
negrunas, habitadores negrazos y oficiales negretes; y en 
resolución es tal que desde el bauprés á la contrame- 
sana, de la roda al codaste, de los escobenes á la leme- 
ra, del espolón al leme, de los estantes de babor hasta 
los masteleos de estribor, y del un bordo al otro, no 
hay en ella cosa que buena sea ni bien parezca ; mas 
en fin, es un mal necesario como la mujer. 

Hay en este pueblo universidad de gente y población 
donde tienen sus oficios y dignidades por sus grados y 
hierarquías, aunque no de ángeles. Porque el piloto tiene 
á su cargo el gobierno de ella, como el lugarteniente 
del viento, que es el gobernador propietario. El capitán 
la defensa, y ya que este capitán no es el Roldan, tiene 
la ciudad dentro muchas roldanas, bravos bigotes y 
aun vigotas. El maestre la guarda de las haciendas ; el 
contra-maestre el arrumar y desarrumar; los marineros, 
marinar la nave; los mozos y grumetes ayudar á los 
marineros; los pajes servir á marineros y grumetes, 
barrer y fregar, y decir las oraciones y velar la ciudad. 
El guardián no es de frailes franciscos, sino que guarda 
el batel , y tiene cuenta con guardar lo que hurta á los 
pasajeros y hacer traer agua. El despensero la guarda 
del bastimento ; y el calafate es el ingeniero que la for- 
tifica y cierra los portillos por donde podria entrar el 
enemigo. Hay en este pueblo un barberi-médico para 
raer los testuces de los marineros y sacarles la sangre, 
si menester fuere. Y en fin los vecinos de esta ciudad 



40 

no tienen más amistad, fe, ni caridad que los bijagos, 
cuando se encuentran en la mar. 

Miré al piloto, teniente del viento, y vile con gran- 
de autoridad sentado en su tribunal é cadira de palo> 
que se debió comprar en almoneda de barbero; y de 
allí , hecho un Neptuno , pretende mandar al mar y á 
sus ondas, y á las veces sacude el mar con una ra- 
beada, que si no se asiese bien á los arzones de la silla, 
iría á sorber tragos del agua salada. De allí gobierna y 
manda, y todos hacen su mandado, y le sirven tan bien 
que después de «Lanzarote cuando de Bretaña vino», 
yo no he visto caballero tan bien servido, ni he visto 
bellacos que tan bien sirvan y tan bien merezcan sus 
soldadas como estos marineros. Porque si el piloto dice : 
¿ah de proa? veréislos al momento venir ante él sal- 
tando como demonios conjurados; y están los ojos en 
él puestos y las bocas abiertas esperando su mandado; 
y él con grande autoridad manda al que gobierna, y 
dice : bota ; no botéis ; arriba , no guiñéis ; goberná la 
ueste cuarta al sueste; carga sobre el pinzote, que no 
quebrara el grajao; bota délo. Luego lo ha con los 
otros marineros, y dice : guinda ' el joanete; amaina el 
borriquete; iza el trinquete; no le amureis al bótalo; 
enmara un poco la cebadera; leva el papahigo; empa- 
lomadle la boneta; entren esas badasas aprisa por esos 
olíaos; desencapilla la mesana; agoladla á la verga con 
los peniceos; toma las fustagas; unta la pasteca; liga 
la tricia al guindaste; tira de los escotines de gabia; 
suban dos a los penóles; ayuden a las tricias, que cor- 

' Guinda y amaina y etc, están por guindad ^ amainad. 



4« 

ran por los motones ; sustenta con los amantillos ; unta 
los vertellos, correrán las liebres; via de las trozas, 
abrazará el racamento al mástil ; así de la relinga de la 
vela mayor; dejad las cajetas; tomad aquel puño; hala 
la escota; dad vuelta al escaldrame; haced un pajaril á 
jilovento; atesá con la bolitia; ayudaos del verdago; 
leva el gratil por aquel medio; alza aquel briol; haced 
un palanquin; tira aquella braza; dad vuelta; amarra 
aquellas burdas; dejad las chafaldetas; tesa los estayes; 
mete aquel cazonete que se sale aquella veta; tocad 
la bomba; mete bien el zuncho; juegue el guimbalete 
para que la bomba achique; escombra esa dala; zafa 
los embornales. Y cuando el piloto provee estas cosas, 
es de ver la diligencia y presteza de los marineros en 
la ejecución de ellas ; porque en el instante veréis unos 
en los baos de la gabia; otros subiendo por los afecha- 
tes asiéndose á los obenques; otros caballeros en las 
entenas; otros abrazados con el calcés; otros con los 
masteleos; otros pegados con la carlinga asidos á los 
tamboretes; otros asidos de las escotas halando y ca- 
zando; y otros trepando y cajándose de una á otra 
parte por las otras jarcias; unos altos y otros bajos, que 
parecen gatos pauses por los árboles, ó espíritus de los 
que cayeron del cielo y se quedaron en el aire. 

Pues al tiempo de guindar las velas es cosa de oir 
zalomar á los marineros que trabajan , y las izan can- 
tando y á compás del canto, como las zumbas cuando 
pelean; y comienza á cantar el mayoral de ellos, que 
por la mayor parte suelen éstos ser levantiscos, y dice : 
bu iza — o dio — ayuta noi — o que somo — servi soy — 
o voleamo — ben servir — o la fede — mantenir — o la 



fede — de cristiano — o malmeta — lo pagano — sconfondí 
— y sarrahin — torchi y mori gran mastín — o fillioJi — 
dabrahin — o non credono — que ben sia — o non credo- 
no — la fe santa — en la santa fe di Roma — o di Roma 
— está el perdón — o San Pedro — gran varón — o San 
Pablo — son compañón — o que ruegue — a Dio por 
nos — o por nosotros — navegantes — en este mundo — 
somos tantes — o ponente — digo levante — o levante — 
se leva el sol — o ponente — resplandor — fantineta — viva 
lli amor — o jóvel home — gauditor. A cada versillo de 
éstos que dice el mayoral, responden todos los otros 
o o, y tiran de las fustagas para que suba la vela. 

Estaba embelesado mirando esta ciudad y los ejerci- 
cios de la gente de ella, y maravillado de oir la lengua 
marina ó malina; la cual yo no entendía mas que el 
bambaló de los bramenes. Y aunque la lengua es ma- 
lina y vuestra merced malino, no sé si habrá entendido 
todos los términos y vocablos que he referido ; si algu- 
nos se le fueren de vuelo, búsquelos en el vocabulario 
del Antonio, y de los que allí no hallare pida interpre- 
tación á los marineros de la villa de Illescas, donde se 
ejercita mucho esta lengua ; y no me la pida á mí , que 
en aprender las voces, acentos y vocablos de este con- 
fuso lenguaje sin entender las significaciones, pienso 
que he hecho más que diez tordos ni veinte papagayos. 
Harto es que haya yo aprovechado tanto en esta len- 
gua en cuarenta dias, como el estudiante de Lueches 
en cuatro años que estudió la lengua latina en la uni- 
versidad de Alcalá de Henares, que yendo á iniciarse 
ú ordenarse de prima tonsura le preguntó el arzobispo 
de Toledo : «¿qué quiere decir Dominus vobiscum?)) y 



43 

él respondió construyendo la oración : «¿¡?, yo doy; 
minuSy menos; vobiscum á los bobos.» Así hago yo 
(dijo el Arzobispo), idos a estudiar, que cuando hayáis 
bien acabado de aprender la gramática que ignoráis, se 
os iniciará la corona que pedis. » Y con esto le despidió 
sin darle tijerada en la cabeza. Y no es de maravillar 
que yo sepa algo en esta lengua , porque me he pro- 
curado ejercitar mucho en ella, tanto que en todo lo 
que hablo se me va allá la mia. Y así para pedir la taza 
muchas veces digo : larga la escota. Cuando pido algu- 
na caja de conserva digo : saca la cebadera. Si pido una 
servilleta digo : daca el pañol. Si llego al fogón digo : 
bien hierven los olíaos. Si quiero comer ó cenar en 
forma digo : pon la mesana. Cuando algún marinero 
trastorna^ mucho el jarro le digo : / oh ! cómo achicáis. 
Cuando otro tira un cuesco (que pasa muchas veces), 
digo : ah de popa. Así que ya no es en mi mano dejar 
de hablar esta lengua. 

Estúveme mirando al gobernador cómo proveia y á 
los marineros cómo ejecutaban, hasta que viendo el 
sol ya empinado, vi salir dos de los dichos pajes debajo 
de cubierta con cierto envoltorio que ellos dijeron ser 
manteles, y tendiéronlos en el combés del navio, tan 
limpios y blancos y bien damascados, que parecian pieza 
de fustán pardo deslavado. Luego hincharon la mesa 
de unos montoncicos de bizcocho deshecho, tan blanco 
y limpio que los manteles con ellos parecian tierra de 
pan llevar llena de montoncicos de estiércol. Tras esto 
pusieron tres ó cuatro platos grandes de palo en la 
mesa, llenos de caña de vaca sin tutanos, vestidos de 
algunos nervios mal cocidos ; que estos platos llaman 



44 

saleres, y por eso no ponen salero. Y estando la mesa 
así bastecida, dijo el un paje en voz alta : «tabla, tabla, 
señor capitán y maestre y buena compaña, tabla pues- 
ta; vianda presta; agua usada para el señor capitán y 
maestre y buena compaña. ¡Viva, viva el Rey de Cas- 
tilla por mar y por tierra! quien le diere guerra que 
le corten la cabeza; quien no dijere amén que no le 
den á beber. Tabla en buen hora, quien no viniere 
que no coma.» En un santiamén salen diciendo amén 
toda la gente marina, y se sientan en el suelo a la 
mesa, dando la cabecera al contramaestre, el lado 
derecho al conde-estable. Uno echa las piernas atrás, 
otro los pies adelante; cuál se sienta en cuclillas, y cuál 
recostado y de otras muchas maneras. Y sin esperar 
bendición , sacan los caballeros de la tabla redonda sus 
cuchillos ó gaña vetes de diversas hechuras, que algunos 
se hicieron para matar puercos, otros para desollar 
borregos, otros para cortar bolsas; y cogen entre ma- 
nos los pobres huesos , y así los van desforneciendo de 
sus nervios y cuerdas , como si toda su vida hubiesen 
andado á la prática de la anatomía en Guadalupe ó en 
Valencia; y en un credo los dejan más tersos y limpios 
que el marfil. Los viernes y vigilias comen sus habas 
guisadas con agua y sal. Las fiestas recias comen su 
abadejo. Anda un paje con la galleta del brebaje en la 
mano, y con su taza dándoles de beber harto menos y 
peor vino , y más baptizado que ellos querrian. Y así 
comiendo el ante por pos, y el pos por ante, y el me- 
dio por todos, concluyen su comida sin quedar conclusa 
su hambre. 

A este mismo tiempo comen en mesa aparte el ca- 



45 

pitan, maestre, piloto y escribano de la nao; y a la 
misma hora todos los pasajeros, y comimos yo y mi 
familia. Porque en esta ciudad es menester que guiséis 
y comáis á la misma hora de vuestros vecinos; por- 
que si no, no hallaréis lumbre ni rayo de amor en el 
fogón. Por manera que yo que tengo fastidio, he de 
comer y cenar á la hora del que tiene hambre canina, ó 
comer frío y puesto del lodo, y cenar a escuras. Es de 
ver á esta sazón el fogón , que algunos llaman la isleta 
de las ollas , qué de garabatos de curtidores andan en 
él ; ver tantas comidas diversas á un tiempo , tantas 
mesas y tantos comedores. — Uno dice : uoh quién tu- 
viera un racimo de uvas albillas de Guadalajara.» Otro : 
((oh quién hallara aquí un plato de guindas de Illescas.n 
Otro : «comiera yo ahora unos nabos de Somo Sierra.» 
Otro : «yo, una escarola y una penca de cardo de Medina 
del Campo.» Y así todos están regoldando deseos y 
descaliños de cosas inalcanzables del puesto donde ellos 
se hallan. Pues pedí de beber en medio de la mar, 
moriréis de sed, que os darán el agua por onzas como 
en la botica, después de harto de cecinas y cosas sala- 
das; que la señora mar no sufre, ni conserva carnes ni 
pescados que no vistan su sal. Y así todo lo más que 
se come es corrompido y hediondo, como el mabonto 
de los negros zapes. Y aun con el agua es menester 
perder los sentidos del gusto y olfato y vista para 
bebería y no sentirla. De esta manera se come y se 
bebe en esta agradable ciudad. ¿ Pues si en el comer y 
beber hay este regalo, en lo demás cuál será? Hombres, 
mujeres, mozos y viejos, sucios y limpios, todos van 
hechos una mololoa y mazamorra, pegados unos con 

5 



46 

Otros; y así junto á unos uno regüelda, otro vomita, 
otro suelta los vientos, otro descarga las tripas, vos 
almorzáis; y no se puede decir á ninguno que usa de 
mala crianza, porque las ordenanzas de esta ciudad lo 
permiten todo. Poneros-heis de pies en el suelo de esta 
ciudad, entrará un golpe de mar á visitarlos, y besá- 
roslos-ha de manera que os deje los zapatos ó botas 
blancas más que nieve de su saliva espumosa, y que- 
madas con la fortaleza de su sal. Quereis-os pasear por 
hacer algún ejercicio, es necesario que dos grumetes os 
lleven de brazo, como novia de aldea; si no, daréis con 
vos y con vuestra cabeza bien lejos de las almohadas 
de vuestro lecho. Pues si queréis proveeros, provéalo 
Vargas ; es menester colgaros á la mar como castillo 
de grumete ; y hacer cedebones al sol y á sus doce 
sinos, á la luna y á los demás planetas, y emplazarlos á 
todos, y asiros bien á las crines del caballo de palo, so 
pena que, si soltáis, os derribará de manera que no 
cabalguéis más en él; y es tal el asiento que aynda 
muitas vegadas chega a merda á o olio de o cu, y de 
miedo de caer en la mar se retira y vuelve adentro como 
cabeza de tortuga, de manera que es menester sacarla 
arrastrando á poder de calas y ayudas. 

La música que se oye es de los vientos que vienen 
gimiendo, y del mar y sus olas que llegan al navio bra- 
mando. 

Si hay mujeres (que no se hace pueblo sin ellas), ¡oh 
qué gritos con cada vaivén del navio ! ¡ ay madre mía ! 
y, échenme en tierra; y están mil leguas de ella. Si llueve 
y vienen aguaceros, buenos tejados y portales hay, 
donde se ampare la gente del agua; y si hace sol que 



47 

derrite los masteles, buenos aposentos y palacios frescos 
para resistirle; buena aloja y obleas para refrescarse. 
Pues si os toma una calma en medio del mar, cuando 
el matalotaje se os acaba, cuando no hay agua que beber, 
aquí es el consuelo; el navio arfando noche y dia, vuél- 
vese-os a revolver el estómago que estaba quieto, a subir 
á la cabeza los humos que estaban asentados, y veis- os 
á Dios misericordia, hasta que, ella mediante, vuelve a 
soplar el viento. A tiempos van las velas encampanadas 
y hinchadas, que es contento verlas; y á tiempos toman 
por avante y azotan aquellos masteles, y más á nosotros; 
porque anda el navio casi nada. Pues si el piloto es 
poco cursado en la carrera, que no sabe cuándo se ha 
de dar resguardo á la tierra , y enmararse para huir las 
bajas, las restringas y otros peligros, pensaréis que vais 
por mar alta, y en un tris os hallaréis en seco, y luego 
mojados, y luego os hallarán ahogados. Pues si el navio 
es un poco zorrero como el que nos llevaba, que aun- 
que tenía viento á fil de roda, apenas se meneaba; ¡oh 
qué largo es el viaje! los compañeros cada hora se po- 
nian á la corda pairando, y aun era menester llevarle 
ajorro, que no bastaba llevarle remolcando; cuando 
habia bonanza para ello, iba penejando, que cada dia 
nos almadiábamos de nuevo en habiendo un poquito de 
tiempo. 

De dia todo es negrura y de noche tinieblas en esta 
ciudad, aunque á prima noche después de la cena, á 
la cual llama el pregón como á la comida, se acuerda 
el pueblo de Dios por la voz del paje que trae la 
lumbre á la bitácora diciendo : uamén, y Dios nos dé 
buenas noches; buen viaje, buen pasaje haga la nao. 



48 

señor capitán y maestre y buena compaña.» Después 
salen dos pajes y dicen la doctrina cristiana y las ora- 
ciones, Pater Noster, Ave María, Credo, Salve Re- 
gina. Luego éntranse los pajes a velar la ampolleta, y 
dicen : «bendita la hora en que Dios nació, Santa María 
que le parió, San Juan que le bautizó. La guarda es 
tomada; la ampolleta muele; buen viaje haremos, si 
Dios quisiere. » Cuando acaba de pasar el arena del am- 
polleta, dice el paje que vela : u buena es la que va, me- 
jor es la que viene; una es pasada y en dos muele; más 
molerá , si Dios quisiere ; cuenta y pasa que buen viaje 
faza; ah de proa, alerta, buena guardia.» Y los de proa 
responden con un grito ó gruñido, dando á entender 
que no duermen. Y á cada ampolleta que pasa que 
dura media hora, hacen otro tanto hasta la mañana. 
Allá á la media noche el paje llama á los que han de 
venir á velar el cuarto que comienza de allí á la ma- 
ñana, y dice : «al cuarto, al cuarto, señores marineros 
de buena parte; al cuarto, al cuarto en buen hora de 
la guardia del señor piloto, que ya es hora; leva, leva, 
leva. )) Hasta esta hora todos velamos , empero de ahí 
adelante los párpados no se pueden tener; abrázanse las 
pestañas, y cada uno se aplica á la parte que tiene seña- 
lada para su recogimiento. Yo me metí en mi tabuco 
con mi gente, y nuestro dormir era dormitar al son del 
agua que rompia el navio. Todos íbamos meciéndonos 
como en hamacas, que el que entra en navio, aunque 
sea de cien años, le han de mecer en cuna; y á ratos de 
tal manera que rueda la cuna, y cunas y arcas sobre él. 
De esta manera navegamos solos sin otra compañía 
seis dias. Porque otras ocho naos que salieron con 



49 

nosotros del puerto de Santa Cruz de la isla de Te- 
nerife, en cuerpo de flota, dejaron de cumplir los 
mandatos del señor juez de la Contratación de Indias, 
que allí nos despachó, y soltóse cada uno por donde le 
pareció la primera noche que navegamos. Así que vién- 
dose el hombre en un navio solo, sin ver tierra, sino 
cielo no sereno y agua, camina por aquellos reinos 
cerúleos, verdi-negros, de suelo oscuro y espantoso, sin 
ver si se menea de un lugar ni conocer la stela de un 
navio , viéndose al parecer siempre rodeado de un mis- 
mo horizonte, viendo a la noche lo mismo que vio a 
la mañana, y hoy lo mismo que ayer, sin ver otra cosa 
alguna diversa. ¿ Qué gusto ? ¿ qué alivio puede tener 
en el viaje ? ¿ ni qué hora le puede dejar el enfado de tal 
camino y posada? 

El caminar por tierra en buena cabalgadura y con 
buena bolsa es contento ; vais un rato por un llano, 
subis luego un monte, bajáis de allí á un valle, pasáis 
un fresco rio, atravesáis una dehesa llena de diversos 
ganados, alzáis los ojos, veis volar diversas aves por 
el aire, encontráis diversas gentes por el camino, á 
quien preguntáis nuevas de diversas partes ; alcanzáis 
dos frailes franciscos con sus bordones en la mano y 
sus faldas en las cintas, caminando en el asnillo del 
seráfico, que os saludan con un Deo gracias; ofrecérse-os 
ha luego un padre Jerónimo en buena muía andadora 
con estribos de palo en los pies, y otros mejores en las 
alforjas de bota de buen vino y pedazo de jamón fino. 
No os faltará un agradable encuentro de una fresca 
labradorcita, que va á la villa oliendo á poleo y tomillo 
salsero, á quien digáis : «¿amores, queréis compañía?» Ni 



50 

aun dejais de encontrar una puta rebozada con su za- 
patico corriendo sangre, sentada en un mulo de recuero, 
y su ruñan a talón tras ella, Ofrécese-os un villano que 
os vende una hermosa liebre, que trae muerta con toda 
su sangre dentro para la lebrada, y un cazador de quien 
compráis un par de buenas perdices. Descubrís el pue- 
blo donde vais a comer ó a hacer jornada, y alivíase-os 
con su vista el cansancio. Si hoy llegáis a una aldea 
donde hallaréis mal de comer, mañana os veréis en 
una ciudad que tiene copiosísima y regalada plaza. Si 
un dia coméis en una venta, donde el ventero carí- 
acuchillado, experto en la seguida y ejercitado en lo 
de rapapelo , y ahora cuadrillero de la Santa Herman- 
dad, os vende gato por liebre, el macho por carnero, 
la cecina de rocin por de vaca, y el vinagre aguado por 
vino puro ; a la noche cenáis en casa de otro huésped, 
donde os dan el pan por pan y el vino por vino. Si 
hoy hacéis noche en casa de huéspeda vieja, sucia, ri- 
josa y desgraciada y mezquina , mañana se os ofrece 
mejorada suerte, y caéis con huéspeda moza, limpia y 
regocijada, graciosa, liberal, de buen parecer y mucha 
piedad; con que olvidáis hoy el mal hospedaje de ayer. 
Mas en la mar no hay esperar que el camino, ni la po- 
sada, ni el huésped se mejore; antes cada dia es todo 
peor, y más enfadoso con el aumento de trabajos de 
la navegación y falta de matalotaje que va descreciendo, 
y siempre más enfadando. 

Yendo pues así solos llegó el primer sábado, en que 
á la hora de la oración se hizo una solemne ñesta en 
nuestra ciudad de una salve y letanía cantada á muchas 
voces; y antes que se comenzase el oficio, estando 



5» 



puesto un altar con imágenes y velas encendidas, el 
maestre en voz alta dijo : «¿somos aquí todos?» y res- 
pondió la gente marina : «Dios sea con nosotros.» Repli- 
ca el maestre : «salve digamos, que buen viaje hagamos; 
salve diremos, que buen viaje haremos.» Luego se co- 
mienza la salve, y todos somos cantores; todos hacemos 
de garganta. No fuimos en nuestro canto por terceras, 
quintas ni octavas , sino cantando á un tiempo todos 
ocho tonos y más otros medios tonos y cuartas. Porque 
como los marineros son amigos de divisiones , y divi- 
dieron los cuatro vientos en treinta y dos, así los ocho 
tonos de la música los tienen repartidos en otros treinta 
y dos tonos diversos, perversos, resonantes y muy di- 
sonantes ; de manera que haciamos este dia en el canto 
de la salve y letanía una tormenta de huracanes de 
música, que si Dios y su gloriosa Madre, y los Santos 
á quien rogamos, miraran á nuestros tonos y voces, y 
no á nuestros corazones y espíritus, no nos conviniera 
pedir misericordia con tanto desconcierto de alaridos. 
Acabada la salve y letanía dijo el maestre, que es allí 
el preste : «digamos todos un credo á honra y honor de 
los bienaventurados apóstoles, que rueguen á Nuestro 
Señor Jesucristo nos dé buen viaje.» Luego dicen el 
credo todos los que le creen. Luego dice un paje que 
es allí monacillo : «digamos una Ave María por el navio 
y compañía»; responden otros pajes : «sea bien venida», 
y luego rezamos todos el Ave María. Después dicen 
los muchachos levantándose : « amén ; y Dios nos dé 
buenas noches», etc. Y con esto se acaba la celebración 
de este dia, que es la ordinaria de cada sábado. 

Otro dia domingo por la mañana descobrimos y co- 



5» 

nocimos nuestra almiranta, la cual asimismo conoció 
nuestra nao que era su capitana; y con mucho contento 
nos juntamos y venimos más de quince dias en compa- 
ñía; al cabo de los cuales, una mañana subió el mari- 
nero a la gabia á descubrir la mar y dijo : «una vela», 
con que nos alteró mucho, porque aunque sea un 
barquillo por la mar le temen los que no van de arma- 
da, sospechando que son cosarios. Luego dijo el mari- 
nero : ((dos velas»; con que dobló nuestro miedo. Luego 
dijo : ((tres velas»; con que hizo soltar más de tres tiros 
de olor, teniendo por cierto que eran de ladrones. Yo, 
que llevaba allí todo mi resto de mujer é hijos, consi- 
dere vuestra merced qué sentiría. Comienzo á dar prisa 
al conde-estable que aprestase la artillería; no parecían 
las cámaras de los versos y pasamuros ; aprestóse la 
artillería; hízose muestra de armas; comienzan las mu- 
jeres á levantar alaridos : «¿Quién nos metió aquí, amar- 
gas de nosotras ? ¿ Quién nos engañó para entrar en este 
mar?» Los que llevaban dinero ó joyas acudían á es- 
conderlos por las cuadernas y ligazón y escondrijos del 
navio. Repartímonos todos con nuestras armas en los 
puestos más convenientes, que no tenía jareta la nao, y 
las mismas prevenciones habían hecho en la almiranta, 
con ánimo todos de defendernos ; porque los tres navios 
se venían acercando á nosotros, que parece traían nues- 
tra derrota. Uno de los cuales era bien grande , aunque 
á los marineros se hizo tanto mayor que unos decían : 
((éste es el galeón de Florencia»; otros : ((antes parece el 
Bucintoro de Venecia» ; otros : ((no es sino la Miñona de 
Inglaterra»; y otros decían : ((parece el Cagafogo de Por- 
tugal. » Mas acercándose más ellos, que aunque eran tres 



53 

no venían menos temerosos, nos conocieron, y luego 
nosotros conocimos las velas que eran de amigos ; por- 
que eran navios de los de nuestra flota. El placer pre- 
sente igualó al pesar pasado , sino que allí el mar nos 
dio a beber otro de sus tragos. Porque arribando el 
na^cío grande sobre nosotros por saludarnos de cerca, 
se descuidaron los que gobernaban de manera que por 
poco nos quitaran la salud y las vidas. Porque nos 
embistió con el espolón por la popa, y hizo en nuestra 
ciudad una batería, por la cual comenzó a meterse la 
muchedumbre del mar de tal manera que si la gente 
no acudiera á la resistencia, fuera nuestra ciudad toma- 
da de las aguas antes de una hora. Mas quiso Dios que 
se remedió con no poca alteración de doña Catalina, 
que estaba alojada en aquel cuartel. Y acabadas las 
alteraciones de las lenguas, aunque no las de los cora- 
zones, se lavó todo el temor con agua salada, porque 
no oliese mal , y nos saludamos todos con mucha alegría 
y contento; y los tres navios volvieron a prometer la 
conserva de la capitana y almiranta. Arbolamos luego 
bandera de capitana en el masteleo de la gabia mayor, 
y pusimos arco en la popa, y hacíamos nuestro farol de 
noche; llegábannos las naos á saludar por sotavento, é 
iba todo el negocio de ahí adelante con mucho orden. 
Y el estilo de saludarse a las mañanas unos navios a 
otros, es a voz en grito, al son del chiflo diciendo: 
«buen viaje»; a tan buen tono que es para perder la 
salud, y aquel buen viaje que se dan, que oírle un día 
basta para hacer malo el viaje de un año. 

Así navegamos con viento galerno otros cuatro días, 
hasta que ya el piloto y gente marina comenzó á oler 



54 

y barruntar la tierra como los asnos al verde. A estos 
tiempos es de ver al piloto tomar la estrella, verle tomar 
la ballestilla, poner la sonaja y asestar al Norte, y al cabo 
dar 3,000 ó 4,000 leguas de él ; verle después tomar al 
mediodía el astrolabio en la mano, alzar los ojos al sol, 
procurar que entre por las puertas de su astrolabio, y 
cómo no lo puede acabar con él ; y verle mirar luego 
su regimiento; y en fin, echar su bajo juicio a montón 
sobre la altura del sol. Y cómo a las veces le sube 
tanto, que se sube mil grados sobre él. Y otras veces 
cae tan rastrero, que no llega allá con mil años; y sobre 
todo me fatigaba ver aquel secreto que quieren tener 
con los pasajeros del grado ó punto que toman ; y de 
las leguas que les parece que el navio ha singlado; 
aunque después que entendí la causa, que es porque 
ven que nunca dan en el blanco ni lo entienden , tuve 
paciencia viendo que tienen razón de no manifestar los 
aviesos de su desatinada puntería; porqué toman la 
altura a un poco más ó menos; y espacio de una cabe- 
za de alfiler en su instrumento os hará dar más de 
quinientas leguas de yerro en el juicio. Tómame este 
tino. ¡Oh cómo muestra Dios su omnipotencia en ha- 
ber puesto esta subtil y tan importante arte del marear 
en juicios tan botos y manos tan groseras como las de 
estos pilotos ! Qué es verlos preguntar unos á otros : 
((¿cuántos grados ha tomado vuestra merced?» Uno 
dice : (cdieziseis.» Otro : «veinte escasos.)) Y otro : «trece 
y medio. )) Luego se preguntan : «¿cómo se halla vuestra 
merced con la tierra? )) Uno dice : «yo me hallo cuarenta 
leguas de tierra.)) Otro: «yo ciento cincuenta.)) Otro 
dice : «yo me hallé esta mañana noventa y dos leguas)); 



55 

y sean tres ó sean trescientas, ninguno ha de conformar 
con el otro ni con la verdad. 

Oyendo estos vanos y varios juicios de los pilotos 
y maestres y de algunos marineros que presumen de 
bachilleres en el arte, venimos hasta que a los vein- 
teiseis dias de nuestra navegación fué Dios servido que 
vimos tierra. ¡Oh cuánto mejor parece la tierra desde 
el mar que el mar desde la tierra! Vimos a la Deseada, 
y qué deseada, á la Antigua, y desembocamos por entre 
las dos, dejando a la Deseada a la parte del Leste ; pasó 
nuestro deseo adelante, y apareciósenos a barlovento 
Santa Cruz. Fuimos casi a luengo de tierra de ella; 
luego alcanzamos a San Juan de Puerto Rico, perlón- 
gamos su costa é hicimos resguardo en Cabo Bermejo, 
porque se suelen esconder allí ladrones. Fuimos de allí 
a reconocer á la Mona y los Monitos, aunque de mu- 
cho atrás los traíamos reconoscidos y reconoscímoslos. 
Pasamos en demanda de la isla de Santa Catalina, y 
hallámosla, y descobrimos la Saona, y tierra del bendito 
santo que nos dio gozo tanto, tanto, tanto. Todo esto 
no se hizo sin muy copiosos aguaceros que nos mojaban 
y remojaban. Mas todo lo teníamos por tortas y pan 
pintado, no viendo los huracanes que temíamos. 

Con el gozo de verse con la tierra que demandábamos, 
se descuidó un poco el señor piloto teniente del viento y 
subdelegado, el que traía la rienda del dicho caballo de 
madera, y comenzó á descaer el navio del puerto, hasta 
que dando bordos se volvió á poner en la carrera. Lo 
cual fué causa que no podimos entrar aquel día por la 
boca del rio de Santo Domingo por ser ya noche. Y 
así convino entrar con la sonda en la mano á ponernos 



56 

en lugar seguro; porque fuera necedad haber nadado 
y nadado, y ahogar a la orilla. Echáronse dos áncoras 
y buenas amarras, con que el navio quedó ( Dios me- 
diante) seguro. Y quedámonos aquella noche en el 
agua, sin que yo consintiese saltar á nadie en tierra, 
porque no se supiese que yo estaba allí ; que cierto fué 
la más larga y trabajosa noche del viaje todo. Porque 
el navio estuvo siempre arfando, y nuestros estómagos 
como el primer dia que nos embarcamos. Y acerca de 
los trabajos y peligros del mar no tengo más que decir, 
sino que todo lo dicho pasa cuando se lleva viento en 
popa y mar bonanza; considere vuestra merced qué 
será cuando hay borrascas de mar ó cosarios, y más si 
vienen fortunas ó tormentas. En resolución la tierra 
para los hombres , y el mar para los peces. 

Otro dia al amanecer viera vuestra merced en nuestra 
ciudad abrir cajas á mucha prisa, sacar camisas limpias 
y vestidos nuevos , ponerse toda la gente tan galana y 
lucida, en especial algunas de las damas de nuestro pue- 
blo que salieron debajo de cubierta, digo debajo de 
cubierta de blanco solimán, y resplandor y finísimo 
color de cochinilla, y tan bien tocadas, rizadas, engrifa- 
das y repulgadas que parecían nietas de las que eran 
en alta mar. 

Salió el maestre a tierra y un criado mío con quien 
envié un recaudo al señor Presidente. Y luego comen- 
zaron á acudir barcos á nuestro navio, y porque no 
había tiempo para entrar la nao sino atoando, yo y mi 
familia nos metimos en un barco que nos trajeron ade- 
rezado. Y salimos á la deseada tierra y ciudad de Santo 
Domingo, donde fuimos bien recibidos, y habiendo 



57 

descansado dos ó tres dias se me dio la posesión de mi 
silla, donde quedo sentado para hasta que Dios quiera, 
y sin deseo de surcar más el mar, y con deseo de saber 
que vuestra merced está en el puesto que merece. Do- 
ña Catalina y sus hijos besan á vuestra merced las 
manos, y nuestro Señor, etc. 



CARTA 

ESCRITA AL MUY ILUSTRE SEFÍOR DON JUAN HURTADO 

DE MENDOZA ', SERoR DE LA VILLA DE FRESNO 

DE TOROTE, EN QUE SE TRATA DE LOS 

CATA-RIBERAS. 



Por una suya me envía vuestra merced á mandar le 
escriba el estado de mis negocios , y muy por extenso 
en qué entiendo y cómo me va en esta corte ; y porque 
(como vuestra merced sabe) soy siempre obediente a 
sus mandatos, haré en ésta lo que me manda, y aun 
más de lo que me envia á mandar. Porque no sola- 
mente daré cuenta de mi vida, empero también de la 
de mis amigos, que acá son muchos; porque en los 

' Fue natural de esta corte y muy amigo del autor. Escribió : Buen 
placer trotado en trece discantes de cuarta rima castellana , Alcalá, por 
Joan de Brocar, 1550, 8.°, y otro libro de poesía, intitulado El Tra- 
gitriumpboy que también se imprimió en Alcalá. Pero es preciso no 
confundirle, como hizo el señor Gallardo, con otro donjuán Hurtado 
de Mendoza, granadino, que veinte y siete aííos después dio á luz El 
cavallero cristiano^ en metro. Antequera, por Andrés Lobato, 1 577, 8.*' 



6o 



lugares de los trabajos y infortunios se suelen de ordi- 
nario ligar amistades entre aquellos que los padecen. 

Yo salí de mi casa cinco meses ha para venir a esta 
corte, que acorta a los largos de moneda, y aun alarga 
mal de su grado a los cortos de ánimo para gastarla; y 
llegué a ella con tanto deseo de ser proveido, cuanto 
arrepentimiento tengo ahora de haber venido por pro- 
visión. Pues (aunque tarde) ya conozco y veo que 
vine por lana y volveré tresquilado, pues son tantos 
los que pretenden ser proveidos, que si Dios no hiciese 
en los oficios un milagro semejante al de los cinco panes 
y dos peces , sería imposible caber bocado a la centési- 
ma parte de las bocas que acá están abiertas. Mas, 
pues yo me vine á meter de mi voluntad debajo de 
esta bandera, no me quejaré de algunos amigos que 
allá me representaron los trabajos y miserias que en su 
seguimiento se me aparejaban, que son tantas, que en 
tanto mal y tristeza no puede haber otro gozo sino 
que es de muchos. 

Y para que vuestra merced bien entienda esta nues- 
tra triste, costosa y larga navegación por esta carta de 
marear, ha de presuponer que en esta galera de pre- 
tensión de oficios temporales (digo de corregimientos) 
bogamos tres géneros de gentes : letrados que en esto 
no lo somos; soldados que, como quien por huir de los 
trabajos y desasosiego del mundo se casa, huyendo de 
la menor guerra, que es la de las armas, se vienen á 
meter en ésta, que es muy más incomportable. Y otros 
caballeros de espada y capa que con gana de comer y 
ambición de mandar, vienen á buscar oficios que les 
den mando sobre una ciudad y su tierra, porque sus 



6i 



patrimonios y rentas no bastan para se le dar sobre un 
lacayo y un paje. Todos estos tres géneros de gentes 
se comprenden debajo de este famoso nombre Cata- 
ribera y porque si el letrado cata la ribera, el soldado la 
corre, y el caballero la vuela. Y lo que todos padece- 
mos, el nombre de Cata-ribera lo dice, consideradas las 
partes de que se compone, que son : cata, rija, vera, 
que quiere decir : « busca riña verdadera. » Y aunque estos 
tres géneros de gentes somos diversos en profesión, 
como somos unos en pretensión, parecemos amigos. 
Bien es verdad que a tiempos cuando encuban a algún 
delincuente, podrían meter en la cuba tres ó cuatro de 
nosotros por animales contrarios. Porque lo que lleva 
el perro, piensa el jimio que a él se le quita ; y lo que 
ase el gallo, parece á la culebra que ella lo pierde. Y 
asi, si la discreción no tuviese enfrenadas las lenguas 
y cubiertos los corazones, de fuerza nos habríamos de 
morder con los dientes y aun despedazar con las uñas. 
El tiempo solamente acá le expendemos en madrugar 
á llevar á nuestro Presidente al Consejo y volverle á 
su posada, y tener cuidado si quiere salir a alguna parte 
para aguardarle. Porque si alguna vez saliese sin que 
alguno de nosotros le aguardase, por el mismo caso 
terna por cierto que ha perdido el corregimiento que 
espera. Holgaría vuestra merced de ver a las mañanas el 
escuadrón tan lucido que hacemos : tanta camisa sucia, 
tanta ropa raida, tanto sayo grasiento, tanta gorra 
coronada, tanta almilla de grana, tanto pantufo viejo, 
tanto guante añejo; ojos que no los limpiaran todos 
los tafetanes que se tejen en Toledo y Granada; cabe- 
llos con más pelusa que se hace en los telares de lienzo 

6 



62 



de Portugal; barbas que no las deshetráran todos los 
peines de los cardadores de Segovia y los Cameros. 
De esta manera vamos tan metidos en ordenanza que 
no tenemos necesidad de sargentos que nos ordenen; 
más habríamos menester oñcios que nos sustenten. En- 
trado el Presidente en Consejo nos derramamos como 
lavazas ó agua de fregar por aquel patio, y hacemos 
corrillos como la gente del vulgo en dia de eclipsi á 
tratar de las provisiones, cuántos corregimientos hay 
que proveer, cuándo saldrán, qué hay de nuevo acerca 
de esto. Uno dice : uayer me afirmaron en casa del Pre- 
sidente que tiene en su cámara veinte provisiones de 
oficios para henchir.» Otro dice : «pues yo tengo un 
amigo en casa del secretario Eraso , que me mostró la 
minuta de las provisiones de oficios que están mandadas 
hacer, y no son sino siete, y esas muy ruines, porque 
entran en ellas los corregimientos (ó por mejor decir) 
los corrimientos de Madrigal , Ciudad Real y Tordesi- 
llas.» Otro dice : «pues pocas ó muchas, no pueden dejar 
de salir presto , que yo sé de buena parte que el Presi- 
dente consultó ayer con Su Majestad las provisiones 
de corregimientos. » Otro dice : « no se trató ayer de eso 
en la consulta, sino de otras cosas que importan más al 
Rey y al reino. » Y otro dice : «ayer me dijeron que dijo 
un letrado que le habia dicho un caballero que oyó decir 
al prior de San Juan que le dijo por cosa cierta uno del 
Consejo que el Presidente ha dicho que en toda la 
semana que entra se descargará de las provisiones de 
corregimientos.» Mire vuestra merced qué juez pes- 
quisidor ni de residencia podria examinar todos los 
eslabones de esta cadena de testigos para venir á apurar 



63 

si el Presidente dijo tal. Y después de averiguado que 
él lo dijo, si no lo cumpliere, 

¿Quién sera aquel caballero 
En armas tan esforzado 
Que demande la palabra 
A varón tan señalado? 

Hay gente entre nosotros tan curiosa que pronosti- 
cando como los médicos en las enfermedades agudas 
del cuarto para el seteno, del onceno para el catorceno 
y del diecisiete para el veintiuno ; de un viernes de con- 
sulta para el domingo, y del domingo para otra con- 
sulta, y de una salida del Rey para la vuelta lo que 
será de las provisiones, cuándo se consultarán y cuándo 
saldrán, pasan la vida colgados de esta esperanza peor 
que los que cuelgan de la horca. Y si no fueran más 
ciertas las profecías de los profetas, trabajo tuviera el 
mundo. Hacémonos astrólogos de astrosos, y echamos 
juicios á montón fundados en fundamentos que Tolo- 
meo ni Aliabenrregel ' con toda su judiciaria, no darán 
en un blanco de éstos en que nosotros cada día damos. 

En esto pasamos hasta que quiere llegar el término 
de salir nuestro Presidente de Consejo, que media hora 
antes, porque no se nos vava nos salimos á la plaza que 
está delante del palacio donde se hace el Consejo. Y 
unos se ponen en ruines caballos, otros en viejos cuar- 
tagos y otros en muías mohínas, algunas de color y las 
más de hambre. Si es invierno, allí nos azota el cierzo, 
como si fuésemos robles de la montaña. Si es estío, 

' Célebre astrónomo árabe , natural de Córdoba , llamado Alí 
Ebn Ragcl» de quien se conserva un poema sobre la astrología judi- 
ciaria en la biblioteca del Escorial. 



64 

allí nos derrite el sol como á cuartos de ajusticiados; 
y para sufrir esto cualquiera se precia de armarse de la 
paciencia de un Jó '. Juntámonos en aquella plaza aquí 
tres, acullá seis, acá cuatro, allí diez, como moruecos 
en siesta aguardando que nos salga el sol ; cada uno los 
ojos fijos en la puerta, como los tiene el podenco en la 
boca de la madriguera donde se encerró el conejo. Y 
en asomando el Presidente partimos de nuestros puestos 
como cuadrillas mal concertadas de juego de cañas, y 
llegando cerca arrojamos nuestros cañazos dándole fie- 
rísimas bonetadas, y luego volvemos las riendas unos 
a zurdas y otros no á derechas y llevámosle a su po- 
sada. 

Esto es mucho de ver, que como nos hemos de apear 
para subirle á su aposento, cien pasos poco más ó me- 
nos antes de llegar á la posada nos vamos apercibiendo, 
echando la mano zurda al arzón, arremangando la ropa 
con la derecha, sacando el pié del estribo, y comen- 
zando á echar la pierna sobre el anca de la muía; y al 
arrancar de la silla uno descubre la martingala, y otro 
la bragueta caida; cuál las bragas rotas, cuál el pañal 
colgando, y aun tal hay entre nosotros que muestra la 
lana sucia de los cojines. 

Juntámonos allí tantos y remanece cada dia tanta 
gente nueva, así de espada y capa como de pantufo y 
saboyana, que parece nos criamos de las inmundicias y 
bascosidades de la casa del Presidente, como chinches, 
cucarachas, ratones y otras sabandijas semejantes. Al 
tiempo que entramos en la sala, desde la puerta de ella 

' Entiéndase Job. 



65 

hasta la de la antecámara nos hacemos dos órdenes, pe- 
gados de lado unos con otros, que parecemos estacadas 
de presa de molino, para que pase el Presidente y nos 
vea. Y cuando somos muchos, es cosa de ver cómo 
nos encajamos y apretamos, y la pesadumbre que da un 
codo del vecino que salga delante del cuerpo del otro, 
pareciendo que aquel ha de ser nube para que los ojos 
del Presidente no le vean a él. 

Entrado el Presidente arrimámonos por aquellas pa- 
redes hasta que todos los relojes del pueblo nos echan 
de allí con las más voces que pueden dar. Ix) que en 
estos acompañamientos se pretende, es servir á su se- 
ñoría las provisiones y mercedes que nos ha de hacer 
(si se sufre proveer a tanto necio), y que sus ojos de 
piedad nos vean, y vistos nos encomienden á su me- 
moria para acordarse de nos poner en lo más profundo 
de su olvido. Y este ser visto del Presidente deseámoslo 
tanto que algunos (si nos fuese lícito) iríamos á le acom- 
pañar con corozas en las cabezas, porque pusiese en nos 
sus ojos como en personas más señaladas. 

Hay pretendientes entre nosotros que desde la puer- 
ta del Consejo hasta la cámara del Presidente tenemos 
ojeados y considerados los puestos y lugares donde por 
fuerza han de topar sus ojos, para coger cada dia un 
puesto de aquellos donde podamos ser vistos, como los 
buenos capitanes, que reconocen y eligen los puestos y 
sitios convenientes para alojar sus campos, y hacer los 
efectos que para la victoria convengan. Unos se quedan 
en la calle á la puerta de la casa, porque el Presidente 
les acuda con el primer favor y bendición de sus ojos. 
Y éstos no se apean, sino estánse en sus caballos y 



66 



muías, como muchachos en talanqueras para ver encer- 
rar el toro, porque su señoría vea que están ya apres- 
tados y a caballo para ir á los oficios donde los quisiere 
enviar. Otros le reciben al pié de la escalera para le dar 
á entender cuan cerca están ya de ser ahorcados; y aun 
alguno hay en este lugar que finge que estropieza en un 
escalón y que va á dar de ojos, porque el Presidente le 
eche mejor de ver. Otros paran en la mesa de la esca- 
lera para le significar que no se pone mesa en sus casas. 
Otros le aguardan en los corredores para demostración 
de su corrimiento y desventura ; y otros se ponen á la 
entrada de la sala, considerando que allí, como el Pre- 
sidente llega al estrecho, no puede dejar de mirar á una 
parte y á otra para ver si son servidores ó enemigos. 
Y nunca falta un par de ellos que se fingen como bes- 
tiones, cada uno á una parte de la puerta de la antecá- 
mara, para que al entrar los ojos del Presidente los topen. 
Veria vuestra merced cuando alguno de los que están 
en las estacadas que he dicho teme que el Presidente ha 
de pasar sin verle, que (como el que en la esgrima mete 
el pié derecho y alarga el brazo de la espada, y aba- 
lanza el cuerpo para alcanzar un toque franco al con-^ 
trario) , así hurta una pierna y un brazo y medio cuer- 
po con toda la cabeza, y pásalo del límite de la estacada 
cuando el Presidente llega, y mételo en la calle por 
donde él viene, y hácele una muy notable y humildísi- 
ma reverencia, y dale una vistosa y reverendísima bo- 
netada porque le vea. Y aun alguno hay tan cuidoso y 
considerado en esto, que el dia que ve mucho acompa- 
ñamiento , y le parece que no ha de poder coger alguno 
de los puestos dichos, se queda un poco atrás del Presi- 



67 

dente, y ya que él y toda la gente van delante, aprieta 
la muía perneando como pulpo, y alcánzale , y pasa por 
junto a su lado la gorra en la mano y los ojos enclava- 
dos en la ilustrísima persona, que parece torcecuello ó 
que lleva alguna landre en el pescuezo que no le deja 
volver la cabeza para mirar adelante, hasta ver que el 
Presidente le ha mirado ; que luego se le desenvara el 
cuello y se le destuerce, y va consolado su corazón. 
Alguno muy contento de que el Presidente le haya 
visto, no lo pudiendo disimular, vuelve al compañero 
y dícele : «¿no vio vuestra merced como me miró el 
Presidente? en verdad que volvió á mí la cabeza dos 
veces, que me pareció que me quiso hablar.» Y veria 
vuestra merced al que piensa que el Presidente no le ha 
visto, tan triste, tan desconsolado aquel dia, que ni 
toma gusto en lo que come, ni le sabe bien lo que 
bebe ; porque tiene por cierto que las provisiones se han 
de henchir aquella noche , y que como el Presidente no 
le vio aquel dia, no se ha de acordar de él. 

A las tardes vamos a la casa del Presidente, contem- 
plamos la puerta de la calle, miramos al zaguán, vemos 
el patio, subimos por la escalera, pasamos por los cor- 
redores, entramos en la sala, preguntamos qué hace el 
señor Presidente; porque todo esto nos alivia la pena 
de este purgatorio, como la aliviará en el infierno al 
rico avariento el meñique mojado de Lázaro. Andamos 
por allí un poco, llegamos á la puerta de la cámara del 
secretario al olor de las provisiones sin hablar palabra, 
y volvémonos á salir como cuando el perro hambriento 
entra en el aposento donde hay carne metida en alguna 
arca, que heridas sus narices del olor de ella, huele las 



68 

sillas, los bancos y los cofres que hay en el aposento, 
con deseo de topar con la carne , y al cabo como no la 
descubre se sale fuera. 

Los que son más continentes entran de mes á mes 
a suplicar al Presidente se acuerde de ellos, y a ver si 
descubren alguna tierra sobre sus pretensiones y espe- 
ranzas, como los que entraban a consultar el oráculo 
para saber sus futuros sucesos. Otros que tienen la san- 
gre más encendida y la moneda más atenuada, entran 
de quince en quince dias y de veinte en veinte; y algu- 
nos hay tan rendidos á su pasión y tan apretados de su 
necesidad (digo de su necedad) , que si el portero les 
permite entrar tres veces en la semana, no entran dos 
solas á representar á su señoría sus duelos y letras , y 
darle con sus buenas razones á entender la poca culpa 
que tiene en no proveerlos. 

Veo á los recien venidos de oficios que se señalan y 
conocen entre los que há dias que bogamos en esta ga- 
lera, como cotrales de Guadiana entre las vaquillas de 
Asturias; ellos tan gordos y panzudos, que parecen 
cebones de presente ; y dentro de pocos dias que vuel- 
ven á moler en esta tahona, las carnes se les desminuyen, 
las quijadas se les señalan, y el color se les muere tanto 
que en poco tienlpo no se distinguen ni echan de ver 
entre los que acá estábamos, porque todos andamos 
más amarillos que cagajones. 

Acaece muchas veces que después de haber un letra- 
do residido cinco ó seis meses en la corte con grandes 
esperanzas, gastada la bolsa, rematadas las prendas y 
comidos los cuatro cuartos de la muía, que no le que- 
daba de ella sino la cabeza y el rabo para comer un 



69 

sábado; al tiempo que tenía por cierto salir proveido 
en un buen corregimiento, con que se pudiesen enmen- 
dar todos sus aviesos, le sale, como catarata en el ojo, 
un salud-é-gracia de una comisión de cuarenta dias allá 
para la isla de los Lagartos, ó para algún lugar de los que 
están debajo de la tórrida zona; y acierta á salir de ma- 
nera que si es invierno os le encaminan al abrigo y tem- 
planza de Asturias, y si estío le encomiendan á la fres- 
cura y sombras de Extremadura; y sale el negocio y 
el necio á tiempo que aunque se hallase la bolsa de 
Juan de Vota Dios ', no le podría dar dinero para hen- 
chir los hoyos que en corte tiene hechos. Y no hay otro 
remedio sino demandar miserícordiosa la espera á los 
acreedores hasta la vuelta, que vendrá rico y cargado 
de oro en polvo de la India de Chile. Alguno de éstos 
dice : «el Presidente me quiere sustentar como á los 
pollos de Marta*.)) Otro dice : «su señoría me ha querido 
ocupar en esta comisión, porque no vea hacer en otros 
las buenas provisiones, como suelen engañar al niño con 
algún juguete porque no eche de ver que sale fuera 
de casa el ama que le cria. Pues repudiar este legado 
no conviene, porque no nos digan que si menosprecia- 
mos lo menos, nos menospreciará lo más.)) Y así el pobre 
letrado arroja el pecho al agua, y parte á su comisión 
cargado de duelos y rodeado de alforjas. 

Otro gusto, otro alivio y otro consuelo para el triste 
cata-ribera, después que las provisiones han estado re- 
presadas seis ó siete meses en la cámara del Presidente, 

' Así en el códice, pero habrá de entenderse : uVoto á Dios.» 
* Alude al conocido refrán : Allá se lo baya Marta con sus pollos, ó 
bien á este otro : Los pollos de Marta danles pan y y piden agua. 



70 

ver salir una sola, y de ahí a otro mes otra sola, como 
dolores de parto espacioso, ó traque del que está con 
pasión de cólica. Y cuando ya las tinieblas de la con- 
sulta se aclaran , y la presa de las provisiones se suelta, 
y se mandan publicar, aquí es el clamor y el sonido 
de los dientes de los que salen condenados. Uno que 
quiere ser corregidor sin tener juicio ni mano para 
corregir una plana de un niño que comienza a escribir, 
dice que va todo por favor, y que sin éste no aprove- 
chan letras ni partes. Otro que por aventura lo mere- 
cería bien, echa la culpa á su desgracia y contraria 
fortuna. Otro loa á Dios por ello, y otro lo da a todos 
los diablos. Y al fin algunos con paciencia y los más 
sin ella, desamparan el campo y el estandarte de la 
Presidencia, y toman el camino para donde Dios los 
ayuda, y algunos (según ellos dicen) para donde el dia- 
blo los lleva, diciendo : «ya que escapamos de esta mi- 
serable guerra como soldados de campo vencido, sin 
blanca, sin armas, sin vestidos y sin consuelo alguno, 
no nos diera el Presidente siquiera sendas varillas que 
lleváramos en las manos para pedir limosna por donde 
pasáramos. » De esta manera lo pasamos en esta corte. 
Y en fin hablando generalmente de los miserables cata- 
riberas, digo que míseros somos, miserias pedimos, mi- 
serias nos dan y miserablemente vivimos. 

Ya que he dado cuenta en general de nuestro modo 
de vivir en la corte , quiero descender á algunos casos 
de mi particular y de otros que han pasado y he visto 
después que vine entre los de mi pretensión. 

Yo vine á esta corte, y por no perder tiempo, en aco- 
modándome de aposento, ordené un memorial para el 



Presidente y le fui á hablar; y quiso mi fortuna que 
entrando á hora que negociaba, entraron delante de mí 
uno tras otro dos letrados recien llegados que iban 
como yo con sus memoriales en las manos. Parecíamos 
todos tres cofrades de la Merced que íbamos en proce- 
sión con nuestros cirios encendidos. Llegó el primero y 
comenzó a hablar, y llevaba las manos tan embarazadas 
con su memorial que no pudo ó no se le acordó qui- 
tarse la gorra, y como no tenía hecha la lengua á re- 
volver señorías, con una señoría se le fueron dos mer- 
cedes como mansos con el toro; y un paje, viéndole 
hablar tan cabiz-cubierto, llegóse a él y quitóle por 
detras la gorra de la cabeza, y él volvió, y advirtién- 
dose de su descuido, se turbó tanto que no pudo hablar 
más palabra; antes se quedó allí como si de carne y 
hueso se hubiera convertido en piedra. El Presidente 
viendo que no hablaba ni se iba le dijo : «dad acá el 
memorial, que por él veré lo que queréis.» El soltó el 
memorial y volvió las espaldas tan de presto, que temí 
se volvía como muía maliciosa á arrojar un par de coces 
al Presidente; empero quiso Dios que no lo hizo, sino 
salióse sin hacer reverencia ni acatamiento, parece que 
entendiendo que no le habia de aprovechar aunque le 
hiciera, salvo si no lo dejó de hacer por tener tan des- 
cuidado el pié como la mano. 

Llegó luego el otro letrado (que era más desenvuelto 
y bien criado), quitada su gorra, y hizo una reverencia 
tan baja que creo se holgara de hallar un agujero por 
do meter la rodilla por bajar del suelo de lí cámara, y 
dijo : ayo me llamo el bachiller Pascual Redondo, soy 
vecino del lugar de Bociguillas donde he servido toda 



71 

mi vida á Su Majestad , á tiempos abogando y a tiem- 
pos barbechando mis tierras y haciendo mis agostos y 
vendimias para encerrar pan y vino y paja para el baste- 
cimiento de esta corte. Y aun estuve una vez aceptado 
por teniente de corregidor de Becerril de los Campos, 
sino que me revolvieron con el corregidor y no me quiso 
llevar consigo. Suplico a vuestra señoría me haga tanto 
placer que me emplee en alguna cosa buena, que yo ser- 
viré a vuestra señoría como verá.» El Presidente riéndose 
dijo : «por cierto que es muy justo que quien tan bien ha 
servido a Su Majestad sea remunerado conforme á sus 
servicios. Idos a vuestra casa, que ofreciéndose en qué, 
se terna memoria de vuestra persona.» Él entonces quiso 
dar el memorial, y el Presidente dijo que se le llevase, 
que para acordarse de él no habia menester memorial. — 
Ni aun memoria (dije yo entre mí), y así él hizo otra 
reverencia muy baja y se salió contentísimo. Yo llegué 
luego y dije al Presidente mi razón. Oyóme y dióme la 
respuesta ordinaria que haria por mí lo que pudiese ; y 
yo me contentaría con menos. Tomó mi memorial, y 
salíme y alcancé al bachiller Redondo; el cual muy 
contento se volvió a mí y me dijo : «¿qué le parece 
cómo no me turbé yo como el otro? Todo es burla 
sino hablar sin empacho. Mire cómo se holgó el Pre- 
sidente de oirme. Tenga por cierto que me ha de dar 
el primer corregimiento bueno que provea; porque así 
se lo pedí yo que me diese cosa buena; que si estos 
licenciadillos que andan por aquí perdidos mil años 
supiesen hablar y decir bien las cosas en que han ser- 
vido, yo fio no tardase tanto el Presidente en proveer- 
los. Mas si cuando se ven delante de él no saben decir 



73 



oxte ni moxte, ¿qué les ha de dar?» Yo le dije : upor 
cierto, señor licenciado, vuestra merced tiene mucha 
razón, y sale respondido como hombre regalado y muy 
de la asa ; pues le mandan ir a su casa a esperar la pro- 
visión para que no gaste su hacienda en esta corte. — 
¡Ah! par Dios, señor (dijo el bachiller), cuánto mejor 
será que me lo envien a mi casa que no aguardarlo aquí ; 
aunque creo que no tardará mucho en salir. Pues no 
piense que yo era del asa, que yo le prometo que es 
hoy el primer dia que hablo al Presidente ; y pésame 
de no haber venido antes, que ya estuviera muy hon- 
radamente proveido; sino que cuando los hombres nos 
hacemos al pan casero y al torrezno de las mañanas no 
nos sacarán de casa aunque nos prometan cien obradas 
de barbechos y mil reses vacunas.» 

Con todo este consuelo se fué el bachiller Pascual 
Redondo á su casa á esperar su provisión, que llegará 
cuando el cuervo de Noé venga á se la llevar en el pico. 
Y con todo eso, fué mejor despachado que yo, que me 
quedé en esta corte á esperar la mia, que creo no lle- 
gará más temprano. 

De esta manera anduve un mes aprendiendo el estilo 
de los señores cata-riberas en los acompañamientos, en 
las representaciones, en los corrillos y en las otras cosas 
necesarias para el entendimiento del arte peor que me- 
cánica de los susodichos; que no fué poco en un mes 
tomar el pulso y conocer la complision á cuerpo de 
negociación tan varia. 

Y al cabo de este mes, pidiéndome el mozo dineros 
para la despensa, metí la mano en el talego, y hallé 
dentro tanta nonada, que pensando que aquella mano 



74 

se me habia pasmado y perdido el tacto de ella, metí 
la otra, y como hallé tan poco que palpar, me vi en 
términos de perder el sentido por lo que no sentia. Y 
así viendo que la moneda se habia ido y mi provisión 
no parecía, puse los ojos en el bolsón, y víle y sentíle 
tan sin virtud, tan frió y boqueando como enfermo 
que se va de cámaras, y por no acabar de quedarme 
en seco, como el pez cuando cesa la corriente que le 
sacó de la madre del rio , despaché una provisión á mi 
casa, firmada con mi firma y sellada con mi sello, im- 
poniendo cierto tributo sobre las raciones y alimentos 
de todas las cabezas de ella , sin exceptar mamante ni 
piante que no contribuyese para el socorro de la pro- 
secución desta guerra. Y mi provisión fué obedecida y 
cumplida; y así me entretuve otro mes con este so- 
corro y mi esperanza; en el cual salió proveído el cor- 
regimiento de Medina del Campo en un letrado. Y salió 
este oficio solo, como preso que ha estado mucho tiempo 
en la cárcel , y la quebranta y se suelta por redimir la 
vejación de la larga prisión. 

Y acaeció sobre esta provisión un buen cuento entre 
dos cata-riberas, un soldado y un letrado; y es, que al 
soldado, que por aventura tenía puesta su esperanza y 
corazón en las décimas de Medina, y en las comodida- 
des que le habian de hacer los mercaderes que allí tra- 
tan en los precios de lo que comprase, pesóle mucho 
de ver proveido el oficio en otro; y estando tratando 
de la provisión en la sala en corro de pretendientes, él 
dijo con mucha cólera : u ahora cosa incomportable es 
que letradillos lleven á los caballeros tan buenos oficios 
como el de Medina.» Un bachiller que estaba en el 



75 

corro, volviendo por el honor de la profesión dijo al 
soldado : « ¿ por qué halla vuestra merced eso mas in- 
comportable que ninguno de estos caballeros que están 
aquí que no son letrados? — Siéntolo más (dijo él muy 
demudado), porque á un caballero como yo, que he 
servido a Su Majestad derramando mi sangre, no se 
habian de anteponer bachillerejos. — Pues no me parece 
a mí (dijo el bachiller con mucha flema) que vuestra 
merced ha servido mucho á Su Majestad en derramar 
su sangre; más le sirviera en derramar la de los enemi- 
gos; que quien va á la guerra no á herir, sino á ser 
herido (digo no á ser huido, sino á huir), no obliga á 
Su Majestad para que le haga mercedes ni á su Presi- 
dente para que le dé corregimiento. » 

El soldado, con mucho enojo de las palabras del ba- 
chiller, dijo : « quién dice que yo he huido, miente; que 
yo he derramado mi sangre peleando como muy buen 
soldado. — Creo yo (dijo el bachiller) que esa pelea y 
derramamiento le habrá vuestra merced hecho con el 
dado, porque si fuera como vuestra merced más miente, 
no tuviera necesidad de venir acá por armas para sacar 
y chupar á los cristianos la sangre que dice haberle 
derramado los moros ; que allá le hubiera premiado Su 
Majestad ó sus generales.)) 

El soldado, que demostró ser tan corto de razones 
como de razón , quiso cerrar con el bachiller para su- 
plir con las manos la falta de la lengua; mas metímo- 
nos en medio los que allí estábamos de manera que no 
dimos lugar á más rompimiento. 

En este tiempo hice otra vez reseña de la gente de 
mi bolsa, y salieron al alarde tan pocos soldados, que 



entendiendo que entre mis subditos no habia medio 
para más socorro, me procuré valer de mis amigos y 
deudos, á los cuales despaché mis cartas de creencia, y 
de ellos me llegó otro socorro que me resucitó de 
muerte á vida. 

De estotros caballeros de espada y capa que no han 
servido á la milicia en particular casi no tengo que 
decir, porque los veo en corte tan humildes y bien 
comedidos, tan justificados en sus palabras, tan despre- 
ciadores de cohechos y tan amigos de oficiales fieles, 
que son aquí los mejores corregidores del mundo; y si 
uen el aldegüela no hay más mal que suena», merecen 
Su Majestad les haga mucha merced. Empero porque 
en el muy buen paño suele haber la raza, y en la más 
fina grana cae la polilla, y no todos los llamados han 
de ser escogidos, ni hay cuerpo sin ijada, diré lo que he 
visto en ciertos miembros de este cuerpo de caballería. 

Y es que un mes después de la provisión de Medina 
que he dicho, salieron proveidos dos de estos caba- 
lleros en dos corregimientos; los cuales no hubieron 
sacado los recudimientos de sus rentas, cuando pusie- 
ron en almoneda y pregón algunos miembros de ellas 
para los arrendar de por menor, empero por la mayor 
cuantidad que pudiesen. No faltaron personas que hi- 
cieron posturas; rematáronse las tenencias, los alguaci- 
lazgos, las alcaidías de cárcel, y algunas de estas rentas 
tan bien subidas, que van bien seguros los arrendadores 
de la puja del cuarto. Yo, entendiendo el negocio, dije 
á uno de estos corregidores que se me daba por amigo : 
«señor, mirad lo que hacéis, que no es permitido vender 
los oficios; que como sabéis, se han de dar libres para 



77 

que vuestros oficiales los hagan bien y libremente,» El 
corregidor me dijo : «¿qué queréis que haga, que ha un 
año que estoy en esta corte esperando este corregimien- 
to? ¿no os parecerá bien que, pues ya me vino a las 
uñas, me pague las expensas del detenimiento? Que 
juro a Dios que no hay real en galera para ir á él ni 
aun para salir de esta corte , si estos ministros no me 
ministran. Y aun allá yo os prometo que no tengo de 
tener las manos cerradas á los que de buena voluntad 
me lo ofrecieren. — No hagáis tal, señor (dije yo), 
que el principal bien de los jueces es tener las manos 
limpias. — Limpias y relimpias las traeré yo (dijo él), 
porque me las lavaré cada dia tres veces, cuando me 
levantare de la cama y sobre comida y después de cena. 
Y el oro no ensucia las manos. — No, oro no, guardaos 
del diablo (le volví á decir); aun ya, cuando visitéis la 
tierra de vuestra jurisdicción, recibir un cabrito, un par 
de perdices, ó de conejos por moderado precio, aun no 
es tanto mal ; aunque también por esto no faltará quien 
diga que os corrompen para que dejéis de hacer justicia. 
— Muy delgado hiláis (dijo el corregidor) ; de eso de 
comer y beber, cuanto viniere de limosna recebiré yo 
muy de buena gana; porque quod intrat per os y non 
coinquinad hominem (lo que entra por la boca no cor- 
rompe al hombre). 

))Y sabéis que los corregidores podemos muy bien 
recebir todo lo que consiste en peso, número y medi- 
da; porque lo que se pesa recebímoslo sin pesar; en 
lo que se cuenta no hay cuenta; y para lo que se mide 
nos parece que nos da el Rey la vara. 

— Guardaos de una residencia, señor (le respondí) : 

7 



7» 

mira no os den vómitos en ella, con que alancéis el 
humor malo y bueno, quiero decir lo bien y lo mal ga- 
nado. — Andad (dijo él), que ya tengo experiencia de 
eso; que mil ducados de cohecho nunca costaron qui- 
nientos de pena; que si una vasija está llena de miel, 
aunque la trastornen y vacien, siempre se queda algo 
pegado en ella; y así a los corregidores, aunque más 
nos sigan y persigan y condenen , con un buen cohecho 
que hayamos recebido pagamos todas las nonadillas 
que en residencia nos cargan, y aun nos queda pan para 
nuestro año. » 

El otro corregidor no sé qué intención llevaba, aun- 
que, pues el principio fué semejante al de este mi ami- 
go, piadosamente se puede presumir no serán diferen- 
tes los medios de la administración. Ambos se fueron, 
y yo quedé tan quedo, que aun hasta ahora no me he 
mudado de este lugar, aunque han corrido otros dos 
meses. Al principio tenía alguna esperanza de salud, y 
ya la voy perdiendo del todo, como enfermo que va 
de mal á peor; porque en parto tan largo no creo que 
dejará de nacer hija al cabo. 

Dias há que viendo que no nos puede venir socorro 
de parte alguna , vamos acortando las raciones : la mu- 
la rebuzna, el mozo gruñe y yo bocezo ; mas ¿ qué he- 
mos de hacer? que nos vemos como los que están 
sitiados por todas partes , y no les puede entrar socorro 
ni bastimento, sino comer por onzas para podernos en- 
tretener algún dia más. Hecha tengo la cuenta; y si el 
sustento me llega á otro mes, será todo lo del mundo. 
Determinado estoy que si en todo este mes, con que se 
cumplirán seis de mi residencia en corte, no me saliere 



79 

alguna suerte, volverme á mi casa, porque para tan 
corta vida como los hombres ya vivimos, basta ser me- 
dio año necio. Y sin duda no me deterné más, porque si 
no fuere proveído, seré pobre ido. Y nuestro Señor, etc., 
de Toledo y de Abril 15 de 1560. 



CARTA 

AL LICENCIADO AGUSTÍN GUEDEJA, ENTONCES RELATOR 

DEL CONSEJO Y DE LA CÁMARA DE SU MAJESTAD, Y AHORA 

SU FISCAL EN LA REAL AUDIENCIA DE GALICIA, 

EN gUE SE DESCRIBE LA VILLA DE TORMALEO, 

QUE ES EN EL CONCEJO DE IBIAS DE LAS 

CUATRO SACADAS DE ASTURIAS; Y SE 

TRATA ALGO DE LA GENTE 

DE ELLA. 

[EuribÜia el autor tuando en una comnion en aquel pueblo.) 



De cerro en cerro, de puerto en puerto y de peña 
en peña vine á estas cumbrosas Asturias, donde algu- 
nas veces me hallo tan vecino de las nubes, que me 
regalo con ellas, y pongo mi cabeza en sus regazos. 
Después que he visto esta tierra, no me maravillo de 
haber oido decir que los asturianos tiraban lanzas al 
cielo; porque le tienen tan cerca de sus casas cuanto 
lejos de sus corazones. 

Yo estoy en la insigne ciudad de Tormaleo, que 



£2 



quiere decir tormento malo, donde al presente resido; 
cuyo sitio y disposición y moradores querria describir, 
si acertase mi desatino a desatinar como conviene para 
significar tan desatinada ciudad y gente. Es la populo- 
sa ciudad de hasta diez casas todas redondas; está ce- 
ñida de bravas peñas, adornada de viejos castaños; rié- 
ganla claras y frescas fuentes y arroyos. Está asentada 
en un repecho contra el Septentrión, y mirada desde 
cualquiera de los cerros que la rodean , parece colmenar 
de pocas y mal reparadas colmenas; pero la miel de 
ellas no la labran abejas, sino ovejas y cabras, y puer- 
cos y vacas viejas. 

Las casas, como he dicho, son redondas, porque 
para que quepa la ruindad de los moradores, la figura 
redonda es la más capaz. Dos puertas tiene cada casa, 
una al Oriente y otra al Occidente ; y ni por la una se 
ve el sol , ni por la otra se descubre el cielo. Vese á 
ratos por entrambas la nieve de vara en alto, y un 
fidalgo de solar conocido con una espada al lado y un 
broquel al rabo , un puñal pendiente , lanza y azcona 
al hombro, y una ballesta en la mano con cinco ó seis 
saetas espetadas entre el collar del sayo y gorjal de la 
camisa; y con este rosario de cuentas va á rezar á la 
Iglesia , donde á la puerta deja arrimada la azcona y 
lanza; y si el clérigo le va á echar agua bendita, se 
empuña en la espada , pensando que le va á dar con el 
hisopo; si oye mentar un santo, ase del puñal, diciendo 
que aquella es gente que él no conoce. Y cuando el 
presbítero se vuelve al pueblo á decir : Dominus vo- 
biscum^ sospechando que vuelve á mirarle la mujer, 
pone una saeta en la boca y echa la gafa á la ballesta. 



«3 

y saliendo de allí, si ve una bota enconada, le rínde las 
armas y cruza las manos. 

En las dichas casas no hay sala ni cuadra ni retrete; 
toda la casa es un solo aposento redondo como ojo de 
compromiso; y en él están los hombres, los puercos y 
los bueyes todos pro indiviso y así porque todos son 
herederos de la tierra-, como porque ni aun en las cos- 
tumbres se diferencian. A un mismo tiempo habla el 
hombre y gruñe el puerco y brama el buey ; y tengo 
los oidos tan confusos con la diversidad de zumbidos, 
que al hombre tengo muchas veces por la bestia, y al 
animal por el hombre ; y cuando en esto estoy más en- 
gañado , creo me engaño menos. El hogar está en me- 
dio de esta apacible morada , porque de allí salga luz 
y calor para todo el circular aposento igualmente, 
aunque á veces comprende más un traque de la hués- 
peda que cuanto calor sale del copioso hogar. Las 
dichas casas circulares son cubiertas de unos cimborios 
de fina paja, y éstos rodeados desde el extremo hasta 
el coronamiento de unos rollos de bimbres, hechos por 
tal orden y manera, que Cuando los vi, pensé que eran 
los verdugados que salieron desterrados de Castilla; y 
por otra parte bien considerados parecen á los pabello- 
nes que suelen tener por defensivos las ollas del mal 
cocinado de esa corte. Y, en fin , las casas con ellos son 
como bellotas con capirotes ; porque la gente regalada 
de estas partes es tan amiga de la bellota (que ellos 
llaman llande) , que no se satisfacen con metella en sus 
buches, sino que ella los tenga metidos en sus entrañas. 
Todas las casas son insulanas, ninguna se pega con la 
otra : así son las voluntades de los vecinos. 



84 

Estas casas tienen llenas de tantas baratijas, armadi- 
jos, trastos, pertrechos, bastimentos, instrumentos y 
municiones, que no tenía tantas la madre Celestina para 
fabricar hechizos y reformar virgos. Las castañas tienen 
en alto sobre unas bimbres tejidas pendientes de unas 
sogas, en las cuales miran y contemplan como los mo- 
ros en el zancarrón de Mahoma; porque no hay sus- 
tento que les dé más gusto, ni que ellos tanto amen, 
excepto el vino , al cual tienen tanto amor, que siempre 
lo traen metido en lo íntimo de sus entrañas. 

Habitan esta lustrosa ciudad ilustres hidalgos de 
lanza mohosa, cuchillo cachi-cuerno, abarca peluda, 
pierna desnuda , capotin de dos faldas , caperuceta anti- 
gua sobre largas coletas. Es gente de tanta punta, que 
comen y beben en platos y escudillas de palo por no 
comer ni beber en platos de Talavera, ni vidrio de 
Venecia , que dicen que es sucio y que se hace de bar- 
ro. Pan de trigo no lo pueden ver, ni carne fresca; la 
que se muere de landre , modorra ó sanguiñuelo , ésa 
les es saludable y gustosa. La cama en que me acuesto 
es un escaño de palo que parece andas de defuncto, tan 
angosto que he menester estar como cuerpo muerto, 
sin me rodear para no rodar por casa. Échame mi hués- 
peda un cabezal debajo, que sospecho que está lleno de 
pluma de puerco espin ; una sábana en que me en- 
vuelvo , parece de buena cañamaza tramada con cerdas 
de rocin prieto ; la manta es parda, creo que es de lana 
de burras y esparto ; es nueva corriendo sangre , tanto 
que me dice la huéspeda que yo la he llevado la virgi- 
nidad ; y yo digo á la buena vieja que miente , porque 
juro á Dios que es tan áspera y esquiva la dicha señora 



. «5 

manta ^ que en toda la noche no quiere llegarse á mí. 
Háceme mucho donaire ver á la aseada de mi huéspe- 
da arremangar sobre el escaño los cabos de la colcha 
rica, porque no se ensucie con el polvo del suelo; aun- 
que á la verdad no le falta razón , porque en esta re- 
gión no se hace el polvo de la tierra , sino de panales 
de buey y freza de lechones. 

El mayor pueblo de este horizonte no pasa de diez 
ú once vecinos, empero aunque no son muchos, son 
muy mal avenidos; y ellos dicen que no han menester 
ser muchos, pues no nacieron para henchir las sillas 
que dejaron vacas los ángeles que cayeron del cielo. 

Y pues he dicho de los galanes de esta ciudad , no 
sera justo dejar de pintar las damas de ella. Y no trato 
de pintar viudas ni casadas ; porque á éstas tratáronlas 
y traíanlas sus maridos , y buena pro les haga la ganan- 
cia del sucio trato. Ni llego á las muchachas de diez 
años abajo, porque éstas allá se andan por los montes 
tras sus cabrillas, donde no sé quién se les llega, que 
alguna vez, supliendo la malicia á la edad, vuelven con 
chibatillos en los vientres. Tocará pues mi pincel á las 
damas que no traen toca, ni cofia, ni garbin, ni aun 
albanega; antes andan con su cabello suelto hasta los 
hombros, que parecen figuras de tapiz antiguo y ahu- 
mado ; las cuales son las doncellas de doce y diez y seis 
arriba, con cuya vista entendí las leyes del Fuero y Partidas 
que tratan de las doncellas en cabello. Son, pues, estas da- 
mas mal sacadas de cuerpo, levantadas de hombros, cortas 
de cuello, grandes de cabeza, angostas de frente, ceñudas 
de cejas, hendidas de ojos, anchas de narices, largas de 
boca, copiosísimas de tetas, abundantísimas de nalgas, 



86 



levantadas de barriga, espaciosas de cintura, gruesas 
de pelo, toscas de manos y abiertas de pata. El color 
de las caras es muy gracioso y de buen lustre, entre 
verde y morenico, y un poquito de amarillo que se 
mete a perfilar; la tez muy linda y asentada como 
de rocin sarnoso. Usan un cierto género de basqui- 
nas, no de mezclas de Inglaterra, no de granas de 
polvo ni de cofolla, no rasos de Valencia ni tercio- 
pelos de Genova, sino de una cierta tela delgada, bien 
pareciente y muy semejante á ésta de que hacen las al- 
bardas. Hacen las basquinas angostas, porque se señale 
la copia nalgar, y no pasan de media pierna, porque 
descubran las pantorrillazas , que son como timones de 
ruedas de haceñas. Calzan unos botinicos abrochados, 
altos de cuello , no de cordobán muy suelto, sino de vaca 
mal curtida, que también sirven de zuecos; porque el 
más mal cimentado de ellos está fundado sobre una 
docena de suelas; y cuando es menester para dar una coz, 
suplen por herraduras, porque son herrados por bajo, 
de tal manera que cuando alguna de las damas anda 
más menudico, parece frison recien herrado que corre 
por calle empedrada. 

He deseado mucho ver danzar á estas damas con estos 
botinicos una pavanilla italiana, ó una gallarda ó saltarelo, 
ó una alemana, ó un pié de jibao; mas como en esta 
tierra no hay tañedor sino de corneta, no me han podido 
cumplir este deseo. Son muy medidas y cautas en el 
hablar; por maravilla hablan con los hombres, aun- 
que algunas veces obran con ellos; hablan más con las 
bestias; á los puercos dicen cache ^ cache : mal fogo vos 
abrase; á las cabras y ovejas chava xeUy riegeUy riegeu; 



«7 

y á los bueyes heij hei y aho^ aho^ xatOj aberroi. Es 
gloria ver las perlas que despiden por aquellas bocas 
cuando no regüeldan. 

En el comer son muy templadas; no comen caldo 
ni sopas sino dos veces al dia, en levantándose de la 
cama y cuando se van á acostar por no hacer barriga; y 
cada vez poquillo y bueno : una escudillica de palo que 
allá serviría de artesuela para jabonar, llena de caldo y 
de agua, y nabos, y hojas de nabos, y poco de manteca, 
espetadas en ella un ciento de sopas de pan de centeno, 
cada una tan grande como losa de sepultura ; y con una 
serenidad lo embusan, que no parece que abren las 
bocas ; y á vuelta de cabeza veréis el dornillo más bar- 
rido por de dentro que fregado por defuera ; y estando 
comiendo se les ve visiblemente ir hinchando las pan- 
zas y renes poco á poco, como cuando el botero hincha 
el odre con el soplo. Yo las digo que cómo pueden co- 
mer tanta sopa y nabo, que es ventoso? y respóndenme 
que por eso dio Dios respiraderos á la cuba , porque 
no rebientc. Y en comenzando á hervir las ollas del mal 
cocinado de sus estómagos , pasa su respirar de tal ma- 
nera, que si tuviera cualquiera de ellas mil troneras, por 
todas tronara, y para ninguna faltaran municiones ni 
balas que soltar. 

Estas doncellas en cabello hacen las haciendas de casa 
con gran liberalidad y limpieza; ponen la olla sin fregar, 
espúmanla con una teja ; muelen la sal en el servidor 
cuando no hallan limpio el mortero ; limpian los platos 
con la falda de la camisa; ciernen la harina con harneros; 
masan el pan con las nalgas; cuécenlo con leña de bo- 
ñigas, y barren la casa á soplos. 



S8 



Usan en esta tierra las damas de nombres muy ga- 
lanos y bien sonantes; porque se llaman Marucas, 
Juanucas, Treijas, Freicas, Aldaras, Blasquidas, Gol- 
zalvas y Alvarucas , y de otros nombres al oido tan 
suaves como éstos. Cantan cantares muy amorosos y 
suaves, como son: 

Deita palia al boy Gonxalvo , 
Deita palla á ó hoy, 
Treija Ferrandex fi andera honrada^ 
Puja cada fio y va pucberada, 

Lx)s tonos, sonadas y voces, si vuestra merced las 
oyese diría que Rincón se puede arrinconar y Talaman- 
tes ' dejar de presumir, y aun que si Ulíses pasara por 
el mar de estas sirenas ^, le prestaran poco sus ardides, 
porque no hay bordón de gaita que les llegue, ni cuerno 
que les iguale , ni aun sapo en charco que asi haga de 
garganta. 

Y por cerrar con las abiertas en cabello , digo que 
son hermosas como el Huerco, dispuestas como el puerco, 
sacadas como el erizo, derechas como la cepa, ceñidas co- 
mo la cuba, airosas como el asno, graciosas como el buey, 
avisadas como la mosca, limpias como la araña, olorosas 
como el regüeldo, fieles como el gato, desenvueltas 
como el galápago , delicadas como el roble , blandas 
como la carrasca, apacibles como el cierzo, y agradables 
á los ojos como el humo de la cebolla. 

El que enferma en esta tierra no tiene otro médico 
sino el oso que le tome el pulso, ni otro barbero sino 

' Rincón y Talamantes, dos cantores excelentes en la voz. 
^ El original decia seronas. 



89 

la víbora que lo sangre ; el boticario es el puerco que le 
da medicinas de su botica , y el buey le echa las ayudas 
con el cuerno. Dios me dé salud. 

Ya considerará vuestra merced la vida que tendré en 
esta Trapisonda; y no tengo pena de mí , sino gran do- 
lor y lástima de mi criado el corcovado, regibado, mal- 
hadado, que pensó que venía á las Asturias á hartarse 
de truchas á bragas enjutas, y se ve las bragas moja- 
das y nevadas , y aun despedazadas , y la primera tiene 
por mirar con los dientes ni aun morder con los ojos. 
Yo le aconsejo que saque los pensamientos de truchas, 
perdices y cabritos que traía en el papo, y se cebe de 
ellos, y todavía tiene por mejor hartarse de ruines bas- 
timentos que de buenos pensamientos; y así da en la 
hogaza de centeno y en la cabraza vieja con harto 
menos escrúpulo que el amo de Lazarillo de Tórmes. 
Porque aquel todavía preguntaba si habían masado 
manos limpias los mendrugos de pan que comía; em- 
pero á mi buen sirviente no le pesa sino de lo que no 
ve pegado al centeno que come y tasajos que engulle; 
tanto que cada vez que le veo comer reniego del gusto 
que tan presto se le hizo á los manjares de esta tierra. Y 
sobre todos nuestros trabajos tratan las partes de con- 
certársenos, cosa que en oyéndola el alguacil desmaya, 
y el escribano se muere, y yo no sé si he espirado. Temo 
que si el concierto se efectúa , cada cual de nos se ha 
de echar por un cerro abajo á probar cuál rueda mejor. 
£1 alguacil jura que ha de hacer de la vara un dardo 
para atravesar al inventor del concierto; el escribano 
protesta de hacer una hoguera del proceso para que- 
mar á la parte querellante con las informaciones de sus 



90 

heridas; y yo voto de trocar dos maletas de libros que 
traje por dos tercios de cecinas que lleve. Y para ata- 
jar tantos inconvenientes hágalo Dios como los tres de- 
seamos, que antes se cuajará el mar de Oriente que las 
paces de Tormaleo. Y nuestro Señor , etc. 



GLOSARIO. 



ADVERTENCIA. 



Hemos dicho en la Introducción que Eugenio de Salazar, ademas 
del tomo de sus obras legado á sus hijos , y que se conserva original 
en la Real Academia de la Historia, habia escrito un poema alegórico 
en tercetos , intitulado : Navegación del Alma por el discurso de todas 
las edades del Hombre, Consta éste de diez y seis cantos, y le preceden, 
s^;un la usanza de aquel tiempo , varias poesías laudatorias, como son : 
una sextina y un soneto del padre loan de Cigorondo, rector del se- 
minario de la Compaííia de Jesús de Méjico; otro soneto del licenciado 
Mestan9a de Rivera, canónigo de Méjico; unos versos latinos y un 
soneto castellano de don Pedro de Liévana, deán de Guatemala. Siguen 
después unos versos latinos del autor y dos dedicatorias, una en prosa y 
otra en verso, á Felipe III. 

Del contexto de las poesías laudatorias ya mencionadas, así como 
de ciertas expresiones de la dedicatoria en prosa, pudiera deducirse que 
Eugenio de Salazar compuso esta su obra en Méjico, antes del año 1 599 ; 
pues iun cuando está encabezada simplemente con la palabra o Señor », 
y en ella da i Felipe III el título de «Majestad», hay un párrafo con- 
cebido en estos términos : « Por lo cual me pareció materia á propósito 
para que vuestra Majestad discurra por los riesgos de la verde j florida 
adolescencia en que al presente se baila y y por los de las demás edades 
que Dios alargue en vuestra Majestad por muchos y prósperos años , 
como su católica Iglesia y todo el mundo lo ha menester. » Cuando 
Felipe III subió al trono, en Setiembre de 1 598, no contaba más que 

8 



94 

veinte años de edad, y por lo tanto era aun adolescente; ademas la 
dedicatoria en verso que sigue después está expresamente encabezada 
con estas palabras : «A la Majestad del Rey don Felipe Tercero, 
nuestro señor, rey de las Españas, de Hierusalcn y de las Indias orien- 
tales y occidentales, etc.n ; y así no cabe duda de que la obra se concluyó 
en Méjico, reinando ya Felipe III. Por qué razón no la incluyó su 
autor en el tomo legado á sus hijos, es punto que no nos es dado 
resolver, por falta de datos. 

Sigue á la dicha dedicatoria en verso la «metaphora, alegoría y mo- 
ralidad de toda la obra», en que se declaran las partes de que esta 
compuesto el Navio (el cuerpo del hombre) , y las del Navegante (que 
es el alma). Al margen del texto, y de la propia mano del autor, se 
declaran los vocablos, términos y frases marítimas, y para mayor co- 
modidad de los lectores se pone al fín una tabla al^bética de todos 
ellos , con el número del canto y terceto en que se hallan usados. Ter- 
mina la obra con una canción y un soneto á las cuatro postrimerías. 

Excusamos añadir que esta última circunstancia, sin la cual el poema 
de Salazar hubiera sido casi ininteligible para los lectores no versados 
en la náutica, nos ha sido de grande utilidad para explicar los muchos 
vocablos marítimos de la carta dirigida al licenciado Miranda de Ron , 
que no se hallan en nuestros diccionarios. 



GLOSARIO. 



jlhrusar^ abrasar, quemar, del latín bajo aburere. 

El fuego que dentro del alma mabrusa 
Su pena es un grande que no sé decilla, 
Querría vivir por sólo sufnlla ; 
Mas este querer la muerte macusa. 

{Slueuion de Amor^ 1539, fól. 18.) 

Adarga de cuento; llamábase así la que en medio del redondel tenía un cuento como 
el de las lanzas. 3 1 . 

Afeckate, lo mismo que Fléchate ó A fléchate, en firances Enflechure. Según César 
Oudin en su Diccionario fratices-esfaño/ , los aflechates son las cuerdas de que se 
hacen las escalas de los navios. El mismo Eugenio de Salazar en su Glosario f al ex- 
plicar la voz ovencaduras, dice así : a Son las escaleras de cuerda que están á los 
lados del navio, por donde suben á las gabias, que los machos gruesos se llaman 
ovenques, y los delgados que atraviesan y hacen las escaleras se llaman afecha- 
ta.n 41. 

Agolar^ en marina coger la vela y amarrarla á la entena. 40. 

Alarde j parada, revista; es voz arábiga de al-aradk^ que significa lo mismo. 

Albanegay la cofia ó red para recoger el pelo de la cabeza. 85. El padre Haedo en su 
Topograftía de Argei, fólio 27 vuelto, dice : «Suelen todas (ansí moras, como turcas 
y renegadas) traer una como escofia en que cogen los cabellos, á que llaman en mo- 
risco lartia ó el beniga, la cual es de tela, y labrada en la delantera de algún color.n 

Almadiar; almadia es voz arábiga, de maadia, con el artículo a/, que vale tanto como 
balsa ú armazón de maderos para atravesar un rio. En Aragón llaman aún almadia 
al conjunto de troncos de árboles ó maderos trabados y sujetos entre sí para 



96 

conducirlos por los ríos. De dicho sustantivo se formó el verbo almadiar^ que es lo 
mismo que pasar un río en balsa ó almadia. 38, 47. 

j4JmatÍHf V. Mat'm. 

yUmojabanúy cierta torta hecha de harína, huevos y queso, de que usaban mucho los 
moríscos. Es voz arábiga formada de jaban, que en dicha lengua signiñca queso. 2 1 . 

Amantillos, dim. de amantes, que son los cabos que sirven para arrízar las gavias. 41. 

Aloja, cierta bebida de que usaban mucho los moríscos, compuesta de agua, miel y 
especias. 47. 

Amurada, s. f., los cosudos de un navio por la parte interior. 37. 

Amarar, en mar. tirar de los puños de la vela en dirección á la proa. 40. 

Arfar, dícese del navio cuando cabecea levantando y hundiendo la proa. 47, 56. 

Arnei de seguir, armadura completa, ó de todas piezas, como la que usaban los hom- 
bres de armas. 

Arrumar, en mar. esdvar, disponer convenientemente la carga de un buque de ma- 
nera que no se incline más á una parte que á otra. 39. 

Astroso, adj., el que cree en la influencia de los astros. 63. 

Ataharre , el correon ó cincha que pasando por debajo del maslo de la cola de una 
acémila impide que se corra hacia delante el baste ó aparejo. Debe decirse atafárre, 
y viene del árabe ats-tsafar, que en dicha lengua vale lo mismo. 1 6. 

Atesar, poner una cosa tiesa ó tendida , y en mar. poner tirantes los cabos ó velas del 
navio. 41. 

Atoar, en mir. remolcar una nave por medio de un cabo echado por la proa y sujeto 
á una ancla , del cual tiran los marineros. En portugués antiguo toa vale tanto como 
remolque. Ambas voces parecen derivadas del inglés two, que en francés se dice 
touer, 56. 

Avante, adv., lo mismo que adelante, del ñrances a^jant. 47. 

Avieso, sust., contrariedad, desacierto, desgracia, infortunio. 54, 69. Hállase algunas 
veces usado como adverbio á vieso, como si dijéramos al vies, al envés. 

Que otra conclusión queda 

Que desta va muy á vieso. 

{Las 400 del A/mirante, preg. 79.) 
Azafrana, barbas á la. 3. 
Azcona, lanza corta á manera de dardo. 82. 

Badassas ó Badazas, en mar. las cuerdas que unen las bonetas con las velas. 40. 

Badula fuera, la que hace ó confecciona badulaque, que, según la definición de Ter- 
reros, es un guisado de carne hecha pequeños trozos con un caldo muy espeso. 16. 

Baja, s. f., en mar. lo mismo que bajo ó bajío. 47. 

Balisarda, espada de Renaldoe de Montalban. 27. 

Balón, fardo grande. 8. 

Ballestilla, instrumento náutico muy antiguo y tosco para tomar la altura, ó como se 
decia en el nglo xvi , la estrella del polo. 54. Díjose también vallestilla. 

Bambalo, la jerga ó dialecto de los sacerdotes de Brahma en la India. 42, 

Baos, en mar. son los maderos que atraviesan la nave de un lado á otro por la parte 
interior. 41. 



97 

Btrtello, V. yerteilos. 

Beaiom^ bastión , baluarte avanzado sobre los ángulos salientes de una plaza. 20, 23, 66. 

Bigota, en mar. cada una de las bolas de que está compuesto el racamento. Hállase 
también escrito vigota. 39. 

Bigote f voz náut. al parecer distinta de la anterior, y que parece derivada del geno- 
ves vigottay que algunos escritores explican por capo di mottone, que en castellano 
es motón. 39. 

BijagOf pez del mar Océano, en extremo voraz. 40. 

Bimh-ar^ cimbrar, doblarse como el bimbre, del latin vinun^ que es lo que corrupta- 
mente llamamos hoy dia mimbre. 31. 

Bmbre^ mimbre, del latín vimen. 84. 

BoTttiay quizá sea boliche, que en mar. vale tanto como las bolinas del velacho y jua- 
netes. 41. 

Boneta, en mar. la vela supletoria que en tíempos-de bonanza se añade por la parte 
inferior á la vela mayor y al trinquete. 37, 40. 

Borgtmomaj la mesa en que se servia junta la comida, cubriéndose tres ó cuatro veces. 5. 

Barrenas y lo mismo que borrenes. Borren llamaban los guarnicioneros á cierta tablilla 
colocada en el arzón de la silla y en la parte anterior del fuste. 32, 37. 

Borriquete áe proa , según Terreros el mastelero de proa. £1 Diccionario marU 
timo (Madrid, 1831) le describe así : uVela que se pone sobre el trinquete con 
tiempos duros para que sirva en caso de rizarse éste.)) Otros le llaman el velacho, 
y Jal le deriva de Bóreas ^ viento del norte, y Triquete (en lulia trinchetto)^ que es 
la vela de mesana. 37. 

Bótalo j en mar. lo mismo que botalón. 40. 

Botar f en mar. tirar con fuerza. 41. 

Braza j medida de dos varas ó seis pies, que es ó se supone ser la medida de los brazos 
extendidos. En mar. son ciertos cabos que pasando por los motones de los brazalotes 
van á dar en una argoUa colocada en el costado del navio hacia popa. 41 . 

Bramenes, lo mismo que brahnunes, esto es, sectarios y sacerdotes de Brahma, cuyo 
culto es muy antiguo en la India. 42. 

Bretes f según Covarrubias es lo mismo que cepo ó prisión de hierro, potro. 31. 

Brioles y en mar. los cabos que sirven para aferrar j coger las velas. £s palabra tomada 
del normando breuil; los portugueses los llaman hnoes. 41. 

Burdas y en mar. ciertos cabos gruesos que partiendo de la cabeza de los masteleros se 
fijan por medio de cadenas y argollas en los costados del navio, y sirven para sus- 
tentar los árboles y masteleros. Según Terreros, burda es sinónimo de brandal f pero 
Jal, en su Glossaire nautique (Paris, 1 848), opina que son voces de significación distinta, 
citando en apoyo de su opinión un texto del siglo xvii que dice así : a En el mastele- 
ro mayor cinco obenques, un aparejuelo, una burda y un brandal por banda, y en 
el mastelero de proa cuatro obenques, un aparejuelo, una burda y un brandal por 
banda.» 41. 

Caballero, esUr á... lo mismo que dominar. Tirar á caballero, era tirar de alto á bajo, 
ó sea hacer fuego fijante, por oposición al rasante. Caballero, pues, era la bateria ó 
reparo así dispuesto. 23. 



Cahhutttierto ^ adj., el que tiene U caben tapada ó cubierta. 71. 

Cadira , silia. 40. 

CajarUf mccene ó moveree de una parte á otra. Es ténníno de mar, y se aplica á los 
marínerot cuando se pasan de un cabo á otro. 41. 

Cajetas (caxetas), en mar. las trencas hechas de 7 á 9 filásticas. 41. 

Calces. Según Terreros, el calce ó cofa* en b Marina son ciertas tablas clavadas en lo 
alto de los palos , y que sirven para guardar las garruchas destinadas al movimiento 
de las antenas ^ pero debe escribirse y pronunciarse calcés (en francés carcése\ y sig- 
nifica la parte superior del árbol mayor. Es voz griega derivada de xopx^oiov. 41. 

Callao^ la mezcla de chinarro y cal que árve para rellenar los intersticios ó huecos de 
la mampostería. 2. 

Carlinga f la hembra ó hueco cuadrado que hay en b sobrequilla, donde se asientan y 
hacen firmes los árboles de un navio. 41. 

Gnstfr, en mar. lo mismo que habr, que es tirar por las escotas ó escotines. 41. 

Cazonete f en mar. ciertas esUquillas formando punta por uno y otro lado, que árven 
para las vinateras y jaretas de las jarcias. Sejoumant en su Dicthnnaire marituiu dice 
equivocadamente que los cazonetes son garruchas redondas. En fr. ant. funconneaM, 
en it. cmcinetto, 41. 

Cebadera f en náut. b vela del bauprés que toma el viento á flor de agua. Llamóse 
sin duda así por ser su figura b del saco (de cebada) que los arrieros acostumbran 
á colocar bajo el morro de sus caballerías, de donde se dijo «cebadera», á no ser que 
venga de cebo {cibm) que es alimento, comida. Los franceses llaman á dicha veb 
civadiere. 

Cedebón , parece lo mismo que reverencb , acatamiento ó cortesía. Según Terreros, 
que deriva esu pabbra de cessio bonorum, dicha voz significaba antiguamente ocesion 
de bienes ó derechos hecha á alguna persona.)) 46. 

Ckafaldeta^ en mar. Ibman chafaldetes á dos cabos que sirven para izar contra las 
vergas los puños de b gavia y velacho. También los tienen b cebadera y los jua- 
netes, sirviendo para aferrar y coger dichas velas. 41. 

Chanckamele, baile de los negros de Guinea. 24. 

Chiflo^ en mar. el pito de son agudo y chillón usado por los contramaestres. 53. 

Codaste. Según Thomé Cano en su Arte para fabricar nadies (Sev. , 161 1, p. 53}, era 
«el remate de que se forma b popa donde se ha de afirmar el timón.» Eugenio de 
Sabzar en su Glosario le describe de esU manera : «Codaste es el palo que se conti- 
núa desde la quilb hasta la popa, donde está fijo el timón, y de este codaste se 
fijan de un cabo y otro las tablas de b popa.)) Parece derivado de coda (cauda), 
que es cob y asta^ mastel ó palo. 39. 

Cofollay especie de grana distinta de la Ibmada «grana de polvo)); coculb, coscoja, 
del latin coccus. 86. 

Combes , en mar. el entrepuente ó segundo puente de un navio. 42. 

Condesina^ barbas á b. 3. 

Condestable y en mil. el oficial subalterno que cuida de b artillería y de b pólvora. 32, 
37. Hállase también escnto condestablo. 

Contramesana y el árbol de b nave más inmediato á b popa. 41. 

Coselete y cierta coraza pequeña y ligera que usaba la infantería, fir. corselet. 29. 



99 

Cstra/, el buey viejo. 68. 

CaMof parece diminutíTO de cubo, que en fbrt mil. es el cuerpo sólido y redondo 

puesto en las esquinas de las murallas ó cortinas. 23. 
Cuyoso, adj.y lo mismo que cuidadoso y cuitoso, como antiguamente se decía. 66. 
Qtja^ aquella parte de b armadura que cubría el muslo (cuísm, cuxa). aPoner lanza 

en cuja» es afirmarla apoyándola sobre el muslo. 25. 
Qpuu f en mar. los camarotes de una embarcación pequeña. 48. 

DaU, en mar el canal de tablas por donde sale á la mar el agua que saca la bomba. 

Di jóse también a Jala y parece venir de la voz teutónica tika/, 
Dtaarrumar^ lo contrarío de Arrwnar^ ó sea deshacer la estiva de un buque, colocan- 
do la carga de distinta manera. 41. 
Dnca/Hio, voz cuyo origen nos es desconocido, y parece significar deseo intempestivo 

de alguna cosa. 45. 
Deunhararte {desemhararu\ ponerse una cosa floja, perder su tiesura ó ri^dez. Emba- 

ramiento, en medicina, vale tanto como entorpecimiento en los brazos, pescuezo ó 

piernas, causado por la gota. 67. 
Daencafillar^ en mar. quitar á la mesana la capilla ó vela sobrepuesta. 40. 
Dafomecer, despojar, prívar. 44. 

DesAetrar, llaman los cardadores al desenredar la lana con el peine. 62. 
Damanejarte, salirse de la mano ó gobierno del jinete; dícese del caballo cuando no 

obedece á la mano ó freno. 24. 
Desfreclaruj tener á menos, ó mirar una cosa con desprecio. 7. 
Devanear^ andar en devaneos, i . 
DomilJof el dornajo, hortera ó artesa pequeña y redonda en que se da de comer á 

los lechones. 87. 
Durindanay espada de Roldan. 27. 
Dufmesaf barbas á la. 3. 

Embornales y en mar. los caños por donde desagua la cubierta de un buque. Díjose tam- 
bién amhtmal y amhrunal, 41 . 

Embusar, embutir, tragar. 87. 

Empalomar, en mar. guarnecer ó coser la relinga y giatil con la vela. 40. 

Encamhronado, adj., lo mismo que tieso ó levantado. — Encambronarse se dice del 
caballo cuando levantándose de los pies delanteros se pone sobre los de atrás. En 
fi-. u cambrer. 29. 

Encampanado y adj., lo que tíene forma de campana. Díjose de las velas de un navio 
cuando están hinchadas. 47. 

Encorajarse f tomar coraje, armarse de valor ó esfuerzo. 24. 

Engolada, adj., aplicase á la celada que tíene gola. 31. 

Engrifada y adj. fem. , se aplica á la mujer que lleva muy rízado el cabello, pues á los 
rizos y bucles llamiban antíguamente grifis. 56. 

Enmarar, inclinar alguna cosa del lado del mar, como cuando se carga la vela del 
bauprés llamada cebadera hasta hacerla casi tocar con el agua. 40. 

Enmararse j en mar. hacerse la nao mar adentro apartándose de la tierra. 47. 



Entena f especie de percha muy larga, á la cual está asegurada la vela latina en las 
embarcaciones de esta clase. Distingüese de la verga, que es la que nrve en las velas 
cuadradas , en ser mucho más larga y formar una curva. 40. 

Eualdrame; el origen y significación de esta palabra nos son enteramente desconocidos. 
Tratándose de mar. puede ser escaldrante , que es el palo i que se atan las esco- 
tas. 41. 

Escarpe i el calzado grueso y fuerte del hombre de armas. 29. 

Escobenes y en mar. los agujeros por donde pasan los cables del ancla cuando se da 
fbndo. 39. 

Escombrar, desocupar ó limpiar un canal de agua corriente , y principalmente las dalas 
de una embarcación. 41 . 

Escotin, en mar. el cabo de una vela menor, como juanete de gavia, velacho, etc. £1 
de la vela mayor es llamado escota, de donde se formó el dim. escofin, como quien 
dice escou de las velas menores. 

Esmeril f cierta pieza de artillería pequeña; en it. smerigik, fr. emerillon. 20. 

Estanco, adj., aplícase al buque que no hace agua. 36. 

Estantes, en náut. los palos que están sobre las mesas de guarnición, y sirven para 
atar en ellos los aparejos del buque. 39. 

Estay, en mar. el cabo grueso que desde la gavia mayor va al trinquete, ó el que 
desde allí pasa al bauprés para asegurarlos y afirmarlos. 41. 

Estival, s. m., vale tanto como bota, y viene del italiano estiua. 22. 

Estival, adj. , vapor seco del estío, ¿estfvus. 22. 

Estradiota, ciertos cuerpos de milicia de á caballo, procedentes de la Morea y de Al- 
bania, al servicio de Venecia. MonUban con los estribos largos, las piernas tendi- 
das, sillas con borrenes donde encajaban los muslos, y los frenos de los caballos con 
las camas muy largas. Dicha manera de montar, que como se ve era completamente 
distinta de la conocida con el nombre de jineta, fué muy antigiia en España y 
Portugal, donde era conocida con el nombre de brida. Así lo prueba Antonio 
Galvam de Andrade en su libro intitulado : jtrte da caballar ia de Gineta e Estar- 
diota, bom primor de ferrar et alueiteria. Lisboa, loam da Costa, 1678, fól. £1 se- 
gundo tratado, que ocupa desde el folio 453 al 528, trata exclusivamente de la silla 
llamada estardiota. 

Estrella ; tomar la estrella es locución marítima antiguamente usada por tomar altura 
ó averiguar la lasitud , puesto que por la estrella polar ó del norte se gobiernan los 
navegantes. 54. 

Estringa, agujeta, liga, del lat. stringere : en ing. string es cuerda. 21. 



Falconete, pieza de artillería que ya no está en uso; en fr.faucon y fauconnet, 20. 

Fa%a, está por fega, subjuntivo de facer ó hacer. 37. 

Filonio, cierta opiata, de la cual habia dos clases : pérsica y romana. Ruiz de Fontecha, 
en su Diccionario medico, folio 103 vuelto, escribe Phylonium, y dice que es un 
medicamento muy frió. Créese tomó el nombre del médico Filón. 1 8. 

Fodro, la vaina de la espada , que en lat. baj. se óijofeutrum y fodra ; en alemán mo- 
ácrno fulter, en ír.fourreau. 18. 



Frats ¿fre^y estiércol de animal cuadrúpedo, y principalmente del puerco. 85. 

Fngaf esta palabra, que parece derivada de ñragua, significaba antiguamente toda clase 
de obras de albañilería. £n las Ordenanzas áe Sevilla, fól. 145 vuelto, titulo a de la 
partición de las frogas)), hay un pasaje que dice así : ((Quando algunos porfiaren 
•obre alguna partición, quier sea de casa, ó rienda, ó soberado, ó de albóndiga, ó 
de baño, ó de alguna cosa que sea fregada, déuelo el alarife judgar por mandad* 
del alcalde, n 2. También significaba la mezcla de cal y arena con que se une lá 
mampoctería. Alonso de Proaza, en los versos que puso al fin de la Celestina, 
dice así: 

Ella assentaua en los muros troyanos 
Las piedras éyro^^ sin fuerza de manos. 

Fmtíaga, en mar. la cuerda que pasa por la polea ó garrucha colocada en la punta de 
k)s masteleros. 40. Dijose también ustaga, en fr. ant. taage. 



GaUrno, según Terreros, es el viento de nordeste en el Océano, y el greco ó grecal en 
el Mediterráneo. 53. Los portugueses le llaman gaUerno. En el Roteiro de don Joan 
de Castro, en 1 541 , se halla el siguiente pasaje : (( Ha quatro de Janeiro todo o dia 
ventou o vento de Nomoroeste gallemo. )) — a Galerno viento es ni mucho ni poco 
viento, if) Eug. de Salazar, Glosario marítimo. 

GmUsrda, s. f., género de danza que Terreros dice ser española, pero cuyo nombre 
parece extranjero, puesto que los franceses la llaman gaillarde y los italianos ga- 
gliarda. 86. Juan de Esquivel Navarro, que en 1642 imprimió en Sevilla sus Discur- 
sos sobre el Arte del danzado, dice al folio 21 : ((la Gallarda se comienza con reue- 
rencia, que la ejecuta el pié izquierdo j sálese á los once pasos con izquierdo, estos 
ton acidcntales rompiendo con derecho , porque los paseos de gallarda se obran con 
él, y se deshacen con izquierdo.» 

Galleta, jarro con pico para beber ó echar vino. 44. 

Garhim ó garvín, especie de cofia ó redecilla para la cabeza. 85. ((Pues no veys que 
dize que avia doze años que jamas se pusieron garhin ni albanega , sino una princeta 
bbrada de seda verde á usanza de Jaén.» Retrato de la Lozana andaluza, por Delica- 
do, fo\. 6. 

Gañavete, lo mismo que gañivete ó cuchillo. Es voz provenzal. 44. 

Gato-paús, que otros llaman paúl. Especie de mono chico. 41. 

Gilmero, epíteto aplicado á los moros, y cuyo origen y significación nos son descono- 
cidos. Escribíase xilmero. 19. 

Gorjal, la pieza de la armadura que protegía la gorja ó cuello. — La gola ó gorguerin, 
ó sea la vuelta del vesddo ó camisa que rodea al cuello. 23. 

Goceta, piezas de formas varías en las antiguas armaduras destinadas á cubrír las arti- 
culaciones sin embarazar su juego. Llamábanse también goznes. 29. 

Grajao, en mar. el palo redondo y agujereado, por medio del cual el pinzote se comu- 
nica con la caña del timón. 39. Dijose también grajado. 

Gratil, en mar. el cabo de jarcia con que se hacen firmes las velas para impedir que 
el demasiado viento las rompí y rasgue. 41. Dic. de Cano. 



Grevas , las calzas de acero con que los hombres de armas cubrían y defendían la 
parte anterior de las piernas. 29. 

Guimbalete^ palanca con que se hace jugar el émbolo de la bomba. 41. 

Guindar^ en mar. izar, levantar, como en fr, gmndery ital. ghindare. Algunos, como 
Terreros, le derivan del vasc. ¡ruindatUf otros del alem. xvinJen. 

Guindastes, en mar. los cuadernales formados de palos gruesos, en los cuales se ponen 
las roldanas. Fíjanse en las cubiertas y latas, y sirven para armar las vergas. Parece 
voz derivada de pandar, que es lo mismo que alzar una cosa por medio de garru» 
chas ó poleas. 40. 

Guineo f baile de los negros de Guinea. 24. 

Guiñar, en náut. es inclinar la proa del buque hacia una ú otra parte del rumbo que 
lleva, lo cual se hace con un ligero movimiento del timón. 39, 40. 

Gurumhe, baile de negros. 24. 

Guxman , apodo soldadesco del nglo xvi , y que se daba por mo& á los tibios de cora- 
zón. Diego Duque de Estrada en sus Comentarios {^Mem. Hist. de la Academia , tomo 
XII, p. 161) dice : ((Sentí mucho haber dudado el duque de Osuna que hubiese yo 
servido al Rey, creyéndome habia quedado en aquella ocaáon en Ñapóles, como 
hacen muchos guxmana fingiendo estar enfermos por quedane con sus mujeres ó 
damas, y por ser gallinas.)) Clonard (tomo ni, pág. 155) dice que gifíonan era el 
enganchado voluntario, pero la definición que anteriormente hemos dado nos 
parece más acertada. 29. 

Halar, en mar. tirar de un cabo. 41 . 

Herreruelo, cierta especie de caballería alemana asi llamada por la capa corta, sin ca- 
pilla y con el cuello alto (en cj&ttWinio ferreruelo) que comunmente usaban. 22. 
Huerco, lo mismo que infierno, del lat. orcus. 88. 

Insulano, a., adj., lo que está aislado. 83. 

Isleta (la) de las ollas , nombre que dan los marineros al fogón en que cocinan su 
rancho. 45. 

Jaén, especie de caperuza 6 bonete, cuya forma nos es desconocida, y que quizá se 
llamó así por usarse ó fiíbricarse en aquel reino. 2 1 . 

"Jareta, en mar. la red de cuerda ó enrejado de madera, detras de la cual la tripula- 
ción de una galera se resguardaba para pelear; escribíase xareta, y es voz arábiga, 
que el Padre Alcalá en su Vocabulario arábigo traduce por red de cuerda. 52. 

Jibao (xibao), V. Pie de jibao. 

Jilovento, lo mismo que Xilovcnto. 

Jorro , en mar. es lo mismo que remolque. — Llevar una nave á jorro equivale á 
remolcarla. (( Llegada que fué la real galera á bordar con el referido caez donde filé 
traída á jorro, su Majestad salió de ella)), etc. Entrada de Felipe II en Portugal, 
1 583, 4.®, fol. 1 1 2. Jorro es voz de origen arábigo, ác jarra, que vale tanto como 
llevar una cosa arrastrando. 

Lcbudd, el gigote ó guisado hecho de liebre y llamado también junglado. 50. 



I03 

Lrarr, en mar. el tímon de la nave y su caña. 39. Según Salazar, el palo con que se 

gobierna el navio, llamado también gobernalle. 
léomtra , en mar. la lumbrera ú agujero practicado en la popa de la nao , por donde 

sale un madero llamado caña á encajarse en el timón. Thomé Cano, Dicciona- 

rio, etc. , pig. 39. 
Lemauñ$co^ adj., el que procede de levante, y en náut. el marinero insubordinado. 41. 
Lkéra, en mar. los trozos de madera larga que están enfilados con los vertellos en el 

racamento. 41. 
L^a^gamha^ y por corrup. ligabamba, la liga ó atadura que servia para sujetar las 

calzas, oo, 21. 

LUndty lo mismo que glande ó bellota, del Xzúnglans. 83. 

AíahontOf manjar de que se alimentan los negros africanos. 45. 

MaadiUte^ la parte de la armadura que cubria las manos : quizás sea equivocación 
por maniUíe. 29. 

Mantas de guerra y voz genérica con que hasta ñnes del siglo xv se designaban las 
varias especies de aparatos defensivos y movibles, debajo de los cuales el sitiador se 
acercaba impunemente al muro de una ciudad. Díjose también mame// y mante- 
lete. 20. 

Marquesota f barbas á la. 3. 

Martí/t'ga/a , la parte de la armadura que cubria y defendia la entrepierna, y su equi- 
valente en las calzas. 28 , 64. 

MasteleoSf en mar. los palos que se ponen encima de los árboles del navio. Hoy dia 
te Ibman «masteleros)), y los hay de varias clases : el mayor, el de proa, el de 
sobremesana, etc. 55. 

Matin. Esta voz nos parece francesa , y equivale á la castellana « alborada.)) Dar San- 
tiago al matin , signiñcaria , pues, atacar al enemigo con el grito de guerra de San- 
tiago y á b alborada. — En autores militares del siglo xvi la expresión (( dar una 
alborada)) se halla frecuentemente usada en este sentido. En francés matin y matinee 
significan lo mismo. 20, 24. 

Maiutmorra , en mar. el bizcocho averiado y podrido que se daba á los galeotes. — 
En Granada dan este nombre á la sopa espesa de pan de centeno ó maíz. 45. 

Mtrraustre, la salsa compuesta de almendras dulces, canela y miga de pan, rociado 
con caldo de la olla, con que se condimentaban los palominos y otras aves. 5. 

Aíoldoa, amalgama confiísa de varias cosas. 45. 

Momería , la fiesta en que andaban momos ó graciosos, p. 22. 

MotaneSf en mar. las garruchas de madera de diversas formas y tamaños por donde 
pasan los cabos. 41. 

Murron, parece ser lo mismo que morrión. 29. 

Nombre ^ en mil. lo mismo que ahora llamamos a santo.)) 16. 

Ohenquet^ en mar. los cabos gruesos que encapillando en la cabeza del palo ó garganta 



104 

sobre los baos , bajan después á las mesas de guarnición y se fijan en las vigotas de 

las cadenas. 41. Díjose también O^^nque. 
Oblea y la pasu delicada cocida entre dos hierros, de que se hacian las suplicaciones y 

barquillos. 47. 
OllaOf en mar. el ojal que se hace á las velas cuando hay que añadirles otra. Thomé 

Cano, jirte de fabricar naos. £s Toz formada de O/Í0, que en castellano antiguo ág- 

nificaba ojo. 40. 

Palanqmny náut. £1 cabo cuyo chicote ó punta está fija al tercio de la Tela mayor 
y trinquete , mientras que el otro chicote ó punta pasa por un motón de la verga, 
y baja al pié del árbol \ sirven para izar y recoger los puños de las velas. Según 
£ug. de Salazar, udar un palanquin» es levantar la vela con el briol, que es cierta 
cuerda con que se arremanga y coge la vela mayor para que el piloto que va al ti- 
món pueda ver la proa. 41. 

Pañol y el sido de una galera donde se guardan las provisiones. 43. 

Pajarily escrito paxaril, tcrm. de mar. Dícese «hacer pajarib) por amarrar el puño 
de la vela con un cabo, y cargarle hacia abajo para que esté fija y tiesa cuando hay 
viento largo. 41. 

Pantufa y lo mismo que chinela ó pantuflo, fr. pantoufity \\. panttofolla. 61 , 64. «Me- 
dia encarnada , liga blanca guarnecida de oro , pantuflo de terciopelo negro. )) Fieuai 
á San IgnaciOf 161 1, fól. 53. 

Papahígo , náut. , cierta vela así llamada ; la hay mayor, que corresponde á la mayor 
sin boneta , y menor, que es la de triquete ó trinquete. 40. 

Papahígo y especie de careta de paño con que se cubria el rostro en viaje. 27. 

Pasamuro , especie de cañón reforzado propio para batir los muros de una plaza. 20. 

Pasteca, term. de mar. j según Terreros, es la polea mayor por donde corre la tricia 
del árbol en los navios. 40. 

Payrando. Dícese que está la nao al pairo ó pairando, cuando está queda con las velas 
tendidas y largas las escotas. Los portugueses llaman pairo á un golpe de viento, y 
pairar al ponerse á la capa. 47. 

Penejary balancearse la nave , del lat. penderé. 47. 

Peníceos , voz marítima cuyo origen y signiñcacion nos son desconocidos. Quizá sean 
los cabos ó cuerdas con que la vela llamada mesana se sujetaba á la verga. 40. 

Penóles, en mar. las puntas ó extremos de las vergas. 40. 

Pía, la jaca ó hacanea blanca con pintas negras. 8. 

Píe de Jíbao; escribíase también xibao y gibao, y era un género de danza muy 
usado en el siglo xvii. Esquivel Navarro en sus Discursos sobre el Arte del Dameadoy 
fól. 17, al tratar del paso llamado substenido ó sostenido, dice así : ((Es un movi- 
miento grave que se practica en torneo, hacha, pié de Gibado, alemana, y otrw 
danzas á este tono, de que se fabrican lazos para máscaras y saraos. )) Debió Uamane 
gibado de ((giba)), por la fígura que hacia el cuerpo del que ejecutaba dicha 
danza. 86. 

Piezgo, la punta ó extremidad del pellejo correspondiente al pié del animal. Los bo- 
teros dan este nombre á la punta de una bota que se ata para que no se vacie el lí- 
quido. 7. 



IOS 

Pimemeia , barbas á la. 3. 

Phnotey en mar. la palanca que sirve para hacer girar la caña del timón. 40. 

p9sfeÍ9^ tejer á pospelo, es tejer á hilo contrarío ó contra pelo. Negociar á pospelo ^ es 

tratar un asunto impertinentemente ó al contrarío de como debe tratarse, i o. 
PjoMt, en mar. son los cuatro extremos ó ángulos donde forman gazas las relingas de 

las Telas. 9. 

S^mjote (quixote), la parte de la armadura que defendía los muslos, fi'. cuisuj cuis- 
Me. 29. 



er, la sacudida ó movimiento violento y de costado, que suele dar á un buque 
un descuido del timonel. 4x3. 

Racatmentoy el compuesto de vertello, liebre y bastardo, que por ellos pasan, y sirven 
para unir y atracar b verga con el mástil ; en fran. raccage, del anglo-sajon raca. 41 . 

tUf^nay humor de la raposa ó sorra. 4. 

RmUj reptil. 12. 

/UtiñOf especie de ratón pequeño que se cría en Asturias; en port. ratinho^ que es el 
diminutivo de rato. 23. 

Rmtuí^ en el paño la hilaza que se diferencia de los demás hilos de la trama. 76. 

RtRmga^ en mar. el cabo con que se refuerzan las orillas de las velas. 41. ((Cuando el 
navio va con todas las velas, y quieren que no navegue, largan las escotas, y en- 
tonces se dice que el navio está pajrrando, ó á la payra, y á la relinga, y á la trínca, 
y á la corda, que todo es uno. » Eugenio de Salazar. 

üaus, ríñones, caderas. 

Rntringay en mar. pasaje estrecho de poca agua, cuyo fondo de arena ó piedra 
avanza dentro de la mar. — £s corrupción de restinga ó rastinga^ como dicen los 
portugueses. Eugenio de Salazar dice que las restingas son piedras como abrojos que 
están encubiertas en la mar. 47. 

Roáay en mar. el madero grueso y corvo, que partiendo desde la quilla llega hasta el 
bauprés y forma el remate de la proa. ((Tener viento á fil de roda» es expresión 
equivalente á tenerlo en popa, porque viene tan derecho que no inclina la proa más 
á un lado que á otro. 39, 47. 

Roieianay en mar. la rodaja ó garrucha por donde corren las cuerdas. 39. 

Saéojfanaf cierto ropón hrgo de que usaban los bachilleres. 14. También se daba este 
nombre á la especie de brial usado por las mujeres. (( A las recien-casadas les era 
permitido una saya llana, que sería como agora los briales ó saboyanas que usan las 
mujeres hecha de lino ó cotonía.)) Román, Repúblicas del Mundo ^ 1590, lib. viii, 
folio 343. 

Sacrey cierta especie de falcon que servia para la caza llamada de volatería ó de azor. 
En art. cierta clase de canon. Es notable que en los prímeros tiempos de la inven- 
ción de este instrumento destructor, las varias clases de él recibieron nombres de 
animales dañinos ó aves de rapiña, como áspide, basilisco, serpentín, culebrina, 
pelicano, sacre, falcon y fálconete, gerifalte, rebadoquin, esmeril ó esmere- 
jón, etc. 20. 



io6 

Salerf en cat. el plato de madera en que se sirve la comida de los forzados. 42. 

Sa/tareloy lo mismo que saltaren, que era cierto género de danza. SaltareHoy en italiano, 
equivale i saltillo ó brinquillo. 86. 

Sanguinueloy cierta enfermedad á que está sujeto el ganado lanar. 84. 

Santiago y grito de guerra muy usado al acometer, y que se formulaba de vanas mane- 
ras, siendo la más común la de ((Santiago y cierra España.» — Dar «un Santiago» 
al enemigo, equivale á cerrar con él gritando Santiago. 20, 24. 

Serpentín y en art. especie de culebrina que ya no se usa. 20. 

Sino y lo mismo que signo ó C(»telacion. 43. 

Sonaja y campanilla ó cascabel. 54. 

Steldy en mar. el rastro 6 señal que deja un buque por la popa cuando navega. 
Stella. 49. 

Tablachina , escudo de cierta forma que usaban los húngaros. Ávib y Zúñiga {Comen- 
tarles ^ pág. 438) dice : u Traen escudos ó tablachinas hechos de manera que abajo 
son anchos y así lo son hasta el medio , y del medio arriba por la parte de adelante 
vienen enangostándose, hasta que acaban en una punta que les sube sobre la cabe- 
za; son encombados como paveses. )) 31. 

Talón y á talón, adv. , vale tanto como detras ó pisando á alguno los talones. 53. 

Tamhoretey en mar. la caja redonda que se ponía al rededor y en lo alto del mástil 
para resguardarlo de la lluvia. 41. 

Testifíiy en anat. el occiput ó la parte posterior de la cabeza. 39. 

Tocadorcilloy dim. de tocador, que es lienzo, toca ó adorno de cabeza. 27. 

Traque y estallido, ruido. 70. 

Trida y en mar. la cuerda que sirve para izar ó elevar al sitio que debe ocupar la 
verga, el gallardete, la bandera, etc. 40. 

Trinquete y la cama ó catre de cordeles. 9. 

Tro^a, aparejo hecho ñrme al chicote del cabo, que sirve para sujetar las vergas ma- 
yores á s\is respectivos palos. 41. 

Turrcnaday en albañilería, la mezcla de cal y guijo grueso. 2. 

Tútanos, tuétanos. 42. 

yersoy cierta especie de culebrina. 20, 52. 

yerdagOy voz marítima, de origen y significación desconocidos. 41. 

Vertellosy en mar. ciertas bolas enfiladas para facilitar el movimiento de las vergas. 

41. Escribíase también Bertello. 
yetas y en mar. los cabos con que se guarnecen los aparejos. 41 . Eugenio de Salazar 

en su Glosario dice que « xarcias y aparejos y vetas es todo uno , y son las cuerdas 

del navio y todo lo que en él es de cáñamo. )) 

Xaretay la red hecha de madera ó cabos, debajo de la cual se pone la gente á pelear 
para estar con más resguardo y seguridad. — Jareta de la jarcia son las vueltas que 
forma el cabo de los obenques de una banda pasando á los de b otra, para sujetar 
la jarcia y detener las socolladas de los palos en los balances del buque. V. Jareta. 

Xato y jato , becerro. 86. 



I07 

Xr/oytntb, scgun Eugenio de Solazar en su Glosario marítimo^ es lo mismo que sotaven- 
to, ó sea U parte izquierda de un navio, mirando de popa á proa. Hállase también 
escrito ji/ovrnto y gt/(ntmro. 41 . 

Zafar. 41. 

Zalomar, palomar, cantar de la manera monótona y acompasada que usan los marineros 

cuando tiran de algún cabo, con el ñn de hacer fuerza todos á un tiempo. 41. 
Zapty cierta raza de negros bozales. 45. 

Zorrero j adj. , aplicado á la embarcación que es pesada para navegar. 47. 
Zumhay lo mismo que moscarda ó moscardón. 41. 
Zuncho y voz náutica de origen desconocido. 41. 



ÍNDICE. 



Pág. 

Introducx:ion v 

Carta á un hidalgo, amigo del autor, llamado Juan de Castejon, 
en que se trata de la corte i 

Carta escrita al capitán Mondragon , en que se describe la milicia 
de una isla 13 

Caru escrita al licenciado Miranda de Ron, particular amigo del 
autor, en que se pinta un navio, y la vida y ejercicios de los 
oficiales y marineros de él , y cómo lo pasan los que hacen via- 
jes por la mar 35 

Carta escrita al muy ilustre señor D. Juan Hurtado de Mendoza, 
señor de la villa de Fresno de Torote, en que trata de los Ca- 
ta-riberas 59 

Cana al licenciado Agustín Guedeja, entonces relator del Con- 
sejo y de la Cámara de S. M. , y ahora su fiscal en la real au- 
diencia de Galicia, en que se describe la villa de Tormaleo, 
que es en el concejo de Ibias de las cuatro sacadas de Asturias, 
y se trata algo de la gente de ella 81 

Glosario 91 



SOCIEDAD 



BIBLIÓFILOS ESPAÑOLES. 



D. Juan Eugenio Hartzenbusch. 

D. Pascual de Gayangos. 

Excmo. Sr. D. Serafín Estébanez Calderón. 

D. Cayetano Rosell. 

D. Tomás Muñoz y Romero. 

limo. Sr. D. Braulio Antón Ramirez. 

D. José Godoy Alcántara. 

D. Mariano Carderera. 

D. José Almirante. 

D. Emilio Lafuente y Alcántara. 

D. José Fernandez Giménez. 

D. Mariano Vergara. 

D. José María Escudero de la Peña. 

D. Francisco Asenjo Barbieri. 

D. Dionisio Hidalgo. 

D. Santos de Isasa. 

D. Antonio de Peñaranda. 

D. José García y García. 



D. Vicente Vignau. 

D. Miguel Colmeiro. 

limo. Sr. D. Manuel Colmeiro. 

D. Valentin Carderera. 

D. Juan Facundo Riaño. 

D. Jacinto Sarrasí. 

D. José de Castro y Serrano. 

D. Ramón Llórente y Lázaro. 

D. Toribio del Campillo. 

D. Gregorio Cruzada Villaamil. 

Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo. 

D. Cándido Bretón Orozco. 

D. José María Octavio de Toledo. 

D. Indalecio Sancha. 

D. Manuel Oliver y Hurtado. 

D. Manuel Rivadeneyra. 

D. Manuel Rico y Sinobas. 

D. Carlos Castrobeza. 

D. Genaro Alenda Mira de Percebal. 

D. Anacleto Buelta. 

D. Máximo de la Cantolla. 

D. Fernando de Castro. 

D. Jacobo Zobcl. 

D. Manuel Lasala. 

D. Eugenio Maffei. 

D. Feliciano Ramirez Arcllano. 

D. Francisco Moya. 

El Director de la BibliotecaNac¡onal,porel Establecimiento. 

Excmo. Sr. Marqués de Morante. 

D. Joaquin de Azpiazu y Cuenca. 

D. Vicente Barrantes. 

D. Julián Sánchez Ruano. 



¿ 



poesías 



D. FRANCISCO DE RIOJA. 




i. 



poesías 



D. FRANCISCO DE RIOJA 



CORREGIDAS CON PRESENCIA DE SUS ORIGINALES 

a5!aoidas í ilustradas 
CON LA BIOGRAFÍA Y LA BIBLIOGRAFÍA DEL POETA 

POR 

D. GATBTAIIO AIABRTO DE LA BAIASAA T 



publícalas 
LA SOCIEDAD DE BIBLIÓFILOS ESPAfíOLES 




MADRID 

IMPRENTA Y ESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA 
cíUc del Duque de Osuna, número 3 



1867 



NÚM. 178. 



D. FERNANDO NUÑEZ ARENAS. 



La historia literaria, menos afortunada en nuestra 
España que la política , á pesar de su amenidad y de la 
riqueza y gloria de los timbres con que en su inmenso 
campo se ostenta adornado el ingenio español, ha sido 
entre nosotros escasa y limitadamente cultivada. Si de 
sus ramos principales, la crítica aparece aquí tratada é 
ilustrada por muchos y muy insignes escritores, en la 
biografía y la bibliografía no contamos conocidamente 
sino algunos, muy distinguidos a la verdad, pero que 
no han podido abrazarlas con la extensión y perfección 
apetecibles , ya porque abarcando demasiado, como el 
ilustre D. Nicolás Antonio, habian de ser forzosamen- 
te diminutos y á menudo inexactos, ya porque su obje- 
to filé, como debia, circunscribirse en sus trabajos aun 
radio determinado. 

Si nuestra biografía literaria y nuestra bibliografía 
hubiesen sido en España debidamente apreciadas, no 
vcriamos impresos y reimpresos muchos de nuestros 
autores clásicos, célebres en todo el orbe, con mezqui- 
nas y descuidadas ilustraciones, y algunos absolutamen- 
te faltos de toda noticia, de todo esclarecimiento de esta 
especie. 



A formar y perfeccionar estos ramos, deben concur- 
rir las tareas parciales de los editores , las monogratías 
aquí y allí esparcidas. Agregados estos trabajos á los de 
Antonio, Jimeno, Latassa, Pastor Fuster y otros, y a 
los muy preciosos que existen inéditos y oscurecidos, 
una diestra compilación de todos ellos sería la verda- 
dera y sólida base de nuestra historia literaria. 

Llevado yo del deseo de contribuir en algún modo á 
tan grande empresa, ardientemente aficionado como soy 
a esta clase de tareas, al colectar de nuevo las obras 
poéticas de D. Francisco de Ríoja, corrigiéndolas 
escrupulosamente por sus propios originales y aumen- 
tándolas con algunas inéditas, me propuse ilustrarlas con 
una biografía, la más completa y exacta posible de su 
eminente autor, redactándola con mi genial prolijidad, 
y con mayor y más activa diligencia que los escritores 
que me habían precedido. 

£1 biógrafo de la apreciable colección antológica que, 
bajo el título de Parnaso Español ^ dio á luz, á fines del 
pasado siglo, el benemérito D. Juan José López de Se- 
daño, fué quien primeramente escribió una relación de 
la vida de D. Francisco de Rioja, valiéndose, á lo 
que se infiere, de estimables documentos, que no tuvo 
por conveniente citar, fiel á su sistema de laconismo bio- 
gráfico; sistema absurdo y antihistórico, que, practicado 
antes y después de aquella fecha por otros escritores, 
nos ha privado de noticias interesantísimas. Pero si dis- 
puso y se aprovechó de algunos documentos, no hubo, 
por otra parte, de conocer varios datos, así impresos 
como inéditos , que estuvieron á su alcance, y con cuyo 
auxilio hubiera podido á lo menos presentar un trabajo 



VII 

mas exento de graves errores é inexactitudes. Los pos- 
teriores biógrafos de Rioja, descansando sobre la fe del 
pamasista, han repetido, abreviándole todavía, el pri- 
mitivo relato. £1 más moderno de ellos, que goza justa 
fama de erudito, solamente ha encontrado una curiosa 
noticia que añadirle, contrapesada por un error de su 
propia y peregrina invención. 

Di principio a mi tarea consultando detenidamente 
los códices M-82, Q-87 y D-150 de la Biblioteca Na- 
cional de esta corte, en los cuales hallé para mi objeto 
preciosos datos originales. Me serví luego con utilidad 
de otros códices del mismo establecimiento, los señala- 
dos Cc-128, V-196, Y-147, F-i 16 y Bb-i22. Exami- 
né la completa copia del manuscrito de Rodrigo Caro, 
Varones ilustres en letras y naturales de Sevilla ^ adicio- 
nado por tres distintos escritores, que posee la Real 
Academia de la Historia, y la excelente de los bínales 
Je Madrid y escritos por León Pinelo, que existe en la 
referida Biblioteca Nacional. Aproveché las estimables 
noticias que acerca de nuestro poeta ofrecen bien pa- 
tentes la Jerusalen y la Filomena^ de Lope de Vega, el 
Arte de la Pintura^ de Pacheco, y algunos otros libros 
de aquel tiempo; trasladé fielmente las que dio en sus 
Avisos D. José Pellicer de Tobar; reconocí, llevado 
por una de las notas que mi afectuoso amigo D. Au- 
reliano Fernandez-Guerra y Orbe ha puesto á su pre- 
ciosa colección de las Obras de ^evedoy el códice X-21 
de la Biblioteca Nacional, confirmando las conjeturas, 
para mi objeto muy apreciables, que sobre él insinuaba 
dicho erudito colector, pero que un posterior hallazgo 
suyo ha venido a dejar desvanecidas; y, por último, 



VIII 

sirviéndome del referido artículo biográfico del Parnaso 
Español y hice uso con oportunidad y diligencia del dato 
allí consignado, relativo al fallecimiento de Rioja (dato 
procedente quizá de algunos Avisos manuscritos con- 
temporáneos de aquel suceso) ; y habiendo por él obte- 
nido la partida de defunción de nuestro poeta, y en- 
contrado en ella expreso el nombre del escribano ante 
quien otorgó su testamento, logré afortunadamente ha- 
llar también este documento precioso, acompañado de 
otros á él relativos, que me han suministrado noticias 
y pormenores inapreciables. 

El códice E-191 de la Biblioteca Nacional, que fal- 
ta de ella desde el año 18 17, contenia un opúsculo 
inédito de Rioja. Las notas marginales manuscritas 
que, relativas á la vida del mismo, se leian en cierto 
Sermón escrito por su sobrino, el sevillano Fr. Juan 
Félix Jirón, se han hallado entre los papeles del insigne 
D. B. J. Gallardo, y van aquí insertas con otros datos 
de igual procedencia, que he debido á la amistad de 
los eruditos D. J. A. Gallardo y D. J. Sancho Rayón. 

El distinguido académico D. José Amador de los 
Rios, en sus anotaciones á la traducción que déla His- 
toria de la literatura española y escrita en francés por 
Mr. Sismonde de Sismondi, hizo y publicó en Sevi- 
lla, año de 1842, dio noticia de varios estimables au- 
tógrafos de Rioja, que juzgaba perdidos, y que han 
proporcionado exquisitos datos para su bibliografía; y 
al mismo tiempo, de la existencia de ciertos trabajos 
biográficos dignos del mayor aprecio, relativos á tan 
ilustre ingenio. Hé aquí la relación textual del Sr. Rios: 
(( En la Biblioteca de la catedral de Sevilla existia un 



precioso manuscrito que contenia varias carias de Rioja 
dirigidas á Pacheco, y de éste á aquel, del mismo 
modo que los Diálogos de la Pintura del último ; tres 
años hace que tan precioso monumento ha desapareci- 
do, con profundo dolor de los amantes de nuestras le- 
tras. Hay noticias de que un diligente literato, el pres- 
bítero D. Ramón Cabrera, habia logrado recoger 
muchos datos curiosos relativos a la vida de Rioja ; y 
estos apuntes deben existir en poder de los herederos 
del referido eclesiástico, á quienes dejó igualmente to- 
das sus obras inéditas. Don Justino Matute y Gaviria> 
de quien hicimos mención al hablar de Alcázar, poseia 
un códice de mucho precio, en el cual estaban com- 
prendidos varios escritos de Rioja, que habrá sin duda 
sido víctima de la ignorancia de un hermano suyo, que 
heredó todos sus bienes. » Es probable que ademas en 
los archivos de la universidad, de la catedral y de algu- 
nas parroquias de Sevilla se conserven , como se guar- 
dan en los de S. M. y de los sucesores del Conde Du- 
que de Olivares, documentos y noticias que pudieran 
ilustrar mucho esta biografía. 

De las notas que á su fin he puesto, algunas podrán 
parecer superfluas ; pero, aunque realmente lo sean, estoy 
persuadido de que los curiosos las leerán con aprecio. 
La más extensa de ellas , fruto de mis investigaciones 
en su parte principal, es de grande interés; contiene la 
vida del íntimo amigo de Rioja , D. Juan de Fonseca 
y Figueroa, sabio y malogrado escritor, apenas cono- 
cido de nuestros eruditos. 

No ofrece ya ciertamente gran novedad la publica- 
ción de las poesías de Rioja, impresas una y otra vez, 



en especial las más selectas, que todos los aficionados 
á nuestra literatura saben de memoria. No obstante, en 
las ediciones de los autores clásicos, un texto genuino 
y correcto es novedad que no tiene precio; y bajo este 
punto de vista, la presente lleva tan notoria ventaja á 
todas las anteriores, que no ha menester gran demos- 
tración. Las obras poéticas del ilustre Leucido salen 
aquí trasladadas de sus propios originales , autógrafos o 
corregidos por el autor , colocadas por el mismo orden 
que en aquellos manuscritos guardan, é ilustradas con 
las variantes que resultan entre sus correcciones autó- 
grafas y su primitiva lección. Van ademas adicionadas 
con algunas composiciones enteramente inéditas. 

Finalmente, el retrato de Rioja (exacta reproducción 
del que publicó López de Sedaño), y tal cual facsímil 
de sus autógrafos ilustran y adornan este libro, que 
me prometo desde luego ver acogido con indulgencia y 
aprecio por los apasionados á la literatura, y por cuya 
publicación y la honra que recibo en ella, pago aquí 
el debido tributo de gracias á la Sociedad de Bibliófilos 
españoles. 

Cayetano álbirto de la BAititEitA y Lbiraoo. 



ADVERTENCIA. 



Terminados por mí, á principios de 1 856, con los 
auxilios a que me he referido en el prólogo ante- 
cedente, así el artículo biográfico de Rioja, como 
el descriptivo de sus obras, emprendí la copia ge- 
nuina del texto de las Poesías ^ no creyendo ya muy 
posible la adquisición de nuevos datos ilustrativos. 
Engáñeme, sin embargo, en esta creencia. No se 
habia cumplido todavía un año desde aquella fecha, 
cuando, después de haber en este período tenido el 
gusto de hacer adiciones importantísimas a la sec- 
ción bibliográfica con presencia del códice referi- 
do, comprensivo de varios escritos de Rioja, que 
perteneció á D. Justino Matute, y que el Señor 
D. José Amador de los Rios juzgaba perdido, me 
hallé en la precisión, gustosa ciertamente, pero 
algún tanto acibarada y enojosa, de añadir consi- 
derable número de nuevas y curiosas noticias al 
artículo biográfico, defendiendo al paso la verdad 
y genuina originalidad de algunas de las principa- 



les que llevaba consignadas, fruto de mi activa y 
afortunada diligencia. 

Es el caso, pues, que á deshora, en la tercera 
entrega del tercer tomo de la Revista de Ciencias^ 
Literatura y Artes ^ que se publicaba en Sevilla, 
hubo de ver la luz cierta Carta literaria de Don 
Antonio Gómez Aceves á una señora muy docta re- 
sidente en aquella ciudad '; carta con fecha de 
Madrid, 14 de Mayo de 1855, donde, a petición 
de la erudita señora, se reierian notables y pere- 
grinos datos de la vida de Riqja, a los cuales se 
agregó en el subsiguiente número de la Revista 
otro, sumamente apreciable, relativo al mismo 
asunto, publicado también por el Sr. D. Antonio 
Gómez Aceves. 

En dos clases se dividen naturalmente las noti- 
cias á que nos referimos. Auténticas^ 6 fundadas 
en documentos, á que desde luego damos com- 
pleto y cabal asenso. Inciertas^ cuyo origen y 
fundamento calla el articulista, asegurándolas, sin 
embargo, decisiva y rotundamente. Las primeras 
completan mi trabajo, y respecto de ellas no me 
incumbe sino intercalarlas en el. texto ó agregar- 
las por apéndice ; de las segundas, una muy prin- 
cipal le contradice y desmiente. Forzoso me es 



' ¿Doña Cecilia Bóhl de Faber? 



defenderle, admitiendo las restantes con la debida 
reserva mientras no aparezcan comprobadas. 

He procurado, por tanto, ingerir en mi relación 
biográfica los datos positivos y más interesantes 
referidos por el Sr. Aceves, dejando algunos de 
ellos para los Apéndices que van al fin; y en una 
extensa nota, oportunamente colocada, he rebatido 
el que tengo por falto de exactitud, y hecho indi- 
cación de los que no llevan documento que los 
apoye. 

C. A. DE LA B. 



BIOGRAFÍA 



D. FRANCISCO DE RIOJA. 



Francisco de Rioja> el sensible y ñlosóñco poeta, el docto 
humanista y sagaz político, nació en Sevilla por los años 
de 1580 á 1586. Fué hijo legítimo de D. Antonio de Riojay 
de D.* Leonor Rodríguez de Herrera , naturales y vecinos de 
la misma ciudad '. Su abuelo paterno, Pedro de Rioja, sirvió 
á S. M. en la guerra muchos años, principalmente en Flan- 
des, donde murió siendo alférez, bajo las órdenes del Duque 
de Alba. Tuvo nuestro escritor un hermano, cuyo nombre no 



' El testamento original de D. FftANasco D£ Rioja» descubierto 
por mi solicitud y diligencia, nos ha proporcionado esta aprecíable no- 
ticia. Esperaba yo hallar en él expresada la edad del otorgante , que 
algunas veces suele declararse en tales documentos; pero esta esperanza 
ha salido vana. £1 periodo a que aproximativamente referimos el naci- 
miento de RiojA está calculado sobre los datos más 6 menos conoci- 
dos, que hemos reunido para escribir su biografía. En el afio de 1845 
publicó D. Antonio Gómez Aceves diferentes partidas de bautismo 
y defunción , sacadas de las parroquias de Sevilla, relativas unas, y atri- 
buidas otras con palpable error á célebres hijos de aqaella ciudad. Las 
estimables investigaciones de que fueron fruto aquellos documentos, no 
parece que produjeron el hallazgo de k partida bautisma] de Rioja. 



consta, que murió asimismo en el servicio de las armas '. Te- 
nemos noticia de otros dos parientes suyos : de su sobrino el 
carmelita sevillano Fr. Juan Félix Jirón , catedrático de teo- 
logía, matemático, orientalista, hábil paleógrafo y dibujante, 
autor de varias obras apreciables ; y del Dr. D. Mateo Jirón 
de Rioja, abogado de los Reales Consejos. Conjeturamos que 
éste y el anterior fueron hermanos, y ambos hijos de alguna 
hermana de nuestro poeta ^. 

Cierto curioso documento, que hemos tenido presente, nos 
da motivo á sospechar que la ascendencia paterna de Fran- 
cisco DE Rioja traia su inmediato origen de la comarca de 
Guadalajara. 

Pobre fué sin duda la cuna de nuestro eminente escritor. 
Oigamos sus propias y explícitas palabras : 

Desde el infausto día 
Que visite con lágrimas primeras. 
Me tienes ¡oh pobreza! compañía. 

(Silva III.) 



' Ál^ RiOjA estos méritos de su abuelo y de su hermano en el 
Memorial que dirigió al Rey, solicitando'una capellanía de honor; Me- 
morial , cuyo borrador, corregido y adicionado de su mano, se conser- 
va en la Biblioteca Nacional de esta corte (códice Q-87). En este pa- 
pel calló los nombres de sus padres, expresando solamente que eran 
íien nacidos í ñase que sustituyó de su puño y letra á la de muy honra- 
dos, puesta por el desconocido amanuense que le escribió primitiva- 
mente. 

* Acaso fué también deudo suyo el P. Fr. Melchor de Rioja, fran- 
ciscano menor, que escribió una Guia espiritual para examinar la con- 
ciencia , impresa en Licja (Flándes), el año 1579. Al certamen poético 
de la Soledad, celebrado en esta corte el de 1660, concurrió un 
cierto licenciado, D. Manuel de la Rioja. Domingo de Rioja fué hábil 
escultor en Madrid. A una academia poética, celebrada aquí, el dia 
22 de Diciembre de 1681, por varios criados de la casa Real, para 
festejar el cumpleaños de la Reina madre, D.* Mariana de Austria, con- 
currió otro D. Francisco Rioja, ugier de vianda de S. M. 



3 

Cansóme en fabricar lenta fortuna 
Con el error que á los humanos lleva; 
Mas la experiencia á mi razón le prueba 
Que igual me ha de seguir la de la cuna. 

(Soneto.) 

Enmedio de su honrosa pobreza, los padres de Rioja, cu- 
yos nombres, oscurecidos hasta ahora, resaltarán de hoy más, 
grabados en la brillante corona de su hijo, acertaron á enca- 
minarle por la senda gloriosa que le marcaban sus talentos , á ' 
costa quizá de toda clase de sacrificios y privaciones '. 

Hallamos noticia auténtica de los estudios de Francisco 
DE Rioja en el citado Memorial suyo, que forma parte del 



' Muy distante me hallaba yo de pensar^ cuando por feliz resultado 
de mis investigaciones logré descubrir el testamento de Rioja « que 
datos auténticos, contenidos en aquel documento, habian de verse des- 
mentidos (si es aquí lícito y propio este término) antes de verse pu- 
blicados. Nada, sin embargo, más cierto : las prensas de Sevilla acaban 
de esumpar una biografía de aquel ilustre ingenio, tan nueva en noti- 
cias, cuanto cercenada é incompleta, y en esta biografía se dan á Rioja 
diversos padres que los declarados en su testamento , y ya nombrados 
en este libro. 

Me refiero á la Revista de Ciencias ^ Literatura y Artes ^ de Sevilla. 
En su tercer número del tomo ni , correspondiente al 31 de Enero 
de 1857, el Sr. D. Antonio Gómez Aceves publica un artículo en- 
cabezado : Estudios biográficos. Carta literaria á una señora muy 
docta; fechado en Madrid, á 14 de Mayo de 1855, y cuyo principio, 
convenientemente extractado, es el que se sigue: 

«Muy señora mia : no puede V. figurarse lo mucho que me he hol- 
gado al leer su favorecida, en la cual me pregunta por Francisco db 
Rioja, suplicándome le diga algo de la vida y hechos de este insigne 
ingenio sevillano. 

»Voy, pues, á complacer á V. Desde que nos vimos la ultima vez 
en Scvüla, hace diez y seb años, he sabido de él muchas noticias. Me 
he dejado en Sevilla mis manuscritos de antigüedades literarias, por lo 



códice Q-87 de la Biblioteca Nacional. Titúlase allí licencia- 
do; dice ser clérigo presbítero, graduado en sagrada teología 
por la universidad de Sevilla; que habia estudiado cuidadosa y 
diligentemente en su facultad, y aprendido las lenguas latina, 
griega y hebrea; y por último, que en estos idiomas habia 



que no tengo otro remedio sino recurrir á la memoria , que no es pe- 
queño sacrificio '. 



PRANatOO ANTONIO OE aiOJA. 

«Nació en Sevilla^ á fines del siglo zvi, en la collación de Omnitm 
Sanetorum, vulgarmente llamada barrio de la Feria» por la que en ella 
se celebra todos los jueves del año. Fueron sus padres D. Andrés de 
Rioja, labrador de tierras, y Doña Catalina Medina Medinilla, parien- 
te del insigne humanista sevillano de este mismo apellido.» 

Pruebas de esta noticia : ninguna absolutamente. Nada de referen- 
cia á partida bautismal del insigne poeta, ni á ouo documento en que 
pudieran constar los nombres de los autores de sus días. 

Contmúa poco más adelante el Sr. Gómez Aceves: 

aYa sin padres (Rioja), y racionero de la Santa Iglesia de Sevilla, 
vivió algunos años en la calle del Conde del Castellar, frontera de la 
parroquia de San Marcos, con dos hermanas suyas, la una llamada 
Doña Francisca, mujer legitima de Luis Cansino, y la otra Doña Inés, 
mujer legitima de Jacinto Atanasio de Vargas, su pariente, la cual 
murió viuda, el día 3 1 de Mayo de 1649, y Rié sepultada en la referi- 
da parroquia de San Marcos. 

dEu la mbma calle, y muy inmediatos, habitaban también el ilus- 
tre D. Pedro de Guzman, señor de Torrijos, tío de D. Gaspar de 
Guzman, conde-duque de Olivares y de Suilücar la Mayor, y el doc- 
to D. Juan Adán de la Parra, el cxjol filé testígo del casamiento de la 
hermana de Rioja, Doña Francisca, con Luis Cansino.» 



' Adviértue que U mitad del artículo se compone de largot retazo» de cartas ccm- 
temporáneai de Rioja, con sus fechas. Esto no se escribe de memoria. 



5 
trabajado con mucho fruto, anotando y comentando los libros 
sagrados. 

£1 Sr. D. Antonio Gómez Aceves, en su artículo biográ- 
fico, de que hablamos al pié, asegura que nuestro Rioja 
«estudió humanidades y teología en el colegio Mayor del Mae- 



Infierese de estos áldmos párrafos que el Sr. Aceves ha tenido 
presentes la partida de casamiento de Doña Francisca de Rioja con 
Iaüs Cansino, y la de defunción de Doña Inés. £n aquella constarían 
los padres de la connuyente, llamados sin duda D. Andrés de Rioja y 
Doña Catalina Medina Medinilla; pero ¿por dónde se acredita que 
efta Doña Francisca fiíese, en efecto « hermana del insigne poeta? ¿No 
pudieron ser ambas señoras prímas camales suyas, hijas de un hermano 
de su padre? 

Ahora, pues, compárese el orígen de la noticia sobre los padres de 
Rioja, dada por el Sr. Gómez Aceves, con el de la mia, emanada de 
un documento legal, de una escrítura de testamento apoyada con los 
especiales comprobantes que en su oportuno lugar referiremos extensa- 
mente; y dígase cuál de estas noticias merece ser admitida como legi- 
tima y verdadera. Aun cuando, llevada la suspicacia al Cdtimo extremo, 
se sospechase, como tal vez alegó el Dr. D. Mateo Jirón de Rioja, 
pleiteando con el heredero de su tio, que el testamento había sido pro- 
ducto de la más criminal ^ificacion , j quién no ve que el primer cui- 
Mado de los que interviniesen principalmente en hecho tan inñune 
cuanto poco probable, hubiera sido el de mencionar con exactitud los 
nombres de los padres del supuesto otorgante, dado que un torpe 
error en este punto bastaba para descubrir desde luego la ^Isedad del 
documento? Y si éste hubiera sido efectivamente falso, ¿se conserva- 
ría, como se conserva, legalmente protocolizado? 

£1 biógrafo de la JUvütaác Sevilla no ha visto, puede afirmarse con 
entera seguridad, la partida bautismal de Rioja. O bien la de casamien- 
to citada, que él ha creído perteneciente á una hermana del célebre 
escritor, ha sido orígen de la equivocación que impugnamos, ó bien 
para estas investigaciones se ha servido de personas que han abusado de 
su buena fe y burlado su diligencia. El nacimiento de Rioja en la par- 
roquia de Omnium Sanetorum se ha deducido acaso de su vecindad en 



6 
se Rodrigo, de su patria, teniendo por condiscípulos, entre 
otros muchos jóvenes brillantes, al literato Francisco Pache- 
co, al crítico Juan de Robles, al anticuario Rodrigo Caro y 
al poeta Diego Mejía, con los cuales conservó siempre una 
amistad no interrumpida. » Y en el siguiente número de la 



aquella feligresía por los años de 1603, que consta de un documento 
apreciabilísimo, publicado por el mismo Sr. Aceves en el subsiguiente 
número de la Revista. 

Seria de desear, en verdad , que este erudito sevillano fuese más cau- 
to en adoptar ciertas noticias, y menos eficaz en publicarlas sin la 
consulta y meditación debidas. A esta ligereza, hija de su afición y buen 
celo, deben atribuirse otros notables errores suyos en materia de eru- 
dición y estudios biográficos. A fines de 1845, entre otras Noticias y 
partidas de bautismo y de defunción de algunos sevillanos famosos ^ que 
sacó á luz en el periódico titulado El Heraldo, nos dio por fe de bau- 
tismo del poeta Salinas de Castro, la de otro Juan de Salinas, nacido en 
Sevilla, año de 1593» cuando aquel insigne hijo de la ciudad deNá- 
jera conuba ya por lo menos treinta años de edad. Diónos asimismo 
por fe bautismal de D. Diego Félix Quijada y Riquelme, malogrado 
vate sevillano que nació en 1 597, la de otro D. Diego Quijada, bau. 
tizado cincuenta y tres años antes. Hubo de reconocer después, en 
parte, este ultimo yerro, y al publicar en el segundo número del tomom 
de la actual Revista sevillana, como inéditos, el soneto de Cervantes á 
la muerte de Herrera, impreso y reimpreso desde 1 8 19, y el de Quijada, 
que también lo fué años pasados en el Semanario Pintoresco, ha tras- 
ladado la pretendida fe al padre del poeta Quijada, de quien dice ahoífP 
que anació por los años de 1 574 á 1 580», concluyendo su noticia con 
estas palabras : a Estamos seguros de que hasta esta primera publicación 
del antecedente soneto, ninguno de los más laboriosos eruditos españo- 
les conocia las obras de Quijada, ni lo Babia oido nombrar sino en la re- 
ferida silva del Laurel deApolo.rt Por mi parte, sin preciarme de eru- 
dito, aunque sí de laborioso, ofrezco al Sr. Aceves curiosas noticias y 
otra composición de Quijada , tomadas de libros impresos y bastante 
conocidos. 

Con respecto á la biografía de Rioja, si bien el Sr. Gómez Aceves 



7 
Revista^ artículo titulado Antigüedades^ bellezas artísticas y 
sepulcros de las iglesias parroquiales de Sevilla^ describiendo la 
de Santa Marina, inserta, entre otras partidas de bautismo, sa- 
cadas de su archivo, notabilísimas por los ilustres personajes 
literarios que en ellas figuran, la que sigue : «Libro primero de 



(merced á su residencia en Sevilla y á sus estudios acerca de las anti- 
güedades de aquella capital) ha logrado algunos documentos y datos 
que la ilustran, desde luego se evidencia que, lejos de haber llevado 
muy al cabo sus indagaciones, ni aun ha conocido las noticias que 
sobre este punto son ya vulgares hace poco menos de un siglo. No de 
otro modo pudiera haber estampado en su artículo este curioso párra- 
fo : (« Como buen caballero, siguió Rioja la mala suerte del Conde-Du- 
que... No se sabe dónde murió. En mi opinión , falleció en Sevilla. \\ 

Deseoso yo de asegurarme plenamente de que el Sr. Gómez Aceves 
no habia llegado á ver la partida bautismal de Rioja, y al propio tiem- 
po de hacer por mi parte cuanto pudiese para lograr este documento, 
escribí en solicitud de él á mi afectuoso amigo el Sr. D. José Fernan- 
dez Espino, distinguido ingenio sevillano, catedrático de aquella uni- 
versidad. Contestóme sobre este particular, con fecha de Sevilla, lo 
de Enero de 1 859, lo que transcribo á continuación : 

« Mi querido amigo : Nada he podido rastrear, á pesar de mis dili- 
gencias , acerca de la partida de bautismo de Rioja. No sé yo si con el 
transcurso del tiempo conseguirá nuestro colaborador el Sr. Gómez 
Aceves , á fuerza de trabajo y paciencia , encontrarla. No creo esto 
imposible, teniendo en cuenta que el referido señor lee detenidamente 
todas las partidas sacramentales de las parroquias , cuya historia artísti- 
ca y literaria va publicando poco á poco en la Revista, n 

Nada necesito añadir á las anteriores líneas. 

En carta de i.^ de Marzo siguiente, me decia el mismo Sr. Espino: 

«Si algo averiguo sobre Rioja, no seré moroso en comunicárselo. En 
la Biblioteca Colombina se encuentran algunos datos curiosos; pero 
estos canónigos, encargados de su custodia, han prohibido, no sé por 
qué, que se copie de sus papeles y códices una sola letra. Trabajo, sin 
embargo, para alcanzar, por favor especial , excepción respecto á mí ; 
si la consigo, será con gran reserva, mas le comunicaré lo que des- 
cubra. » 



» bautismos, folio 354. En veinte y tres dias del mes de Julio de 
)) seiscientos y tres arios, bapticé yo el bachiller Blas de Estepa, 
))cura desta iglesia de Santa Marina desta ciudad de Sevilla, á 
))Luisa, hija de la Iglesia; fué su padrino Francisco de Rioja, 
))estudiante, vecino de Omntum Sanctorum : fecho ut supra. El 
))bachiller Blas de Estepa, cura.» 

Este documento concurre á probar la exactitud con que 
hemos calculado la época del nacimiento de Rioja. 

Aunque de su Memorial referido nada consta acerca de 
estudios jurídicos por él seguidos, afirma el biógrafo del Par- 
naso Español^ que inmediatamente después de los primeros de 
humanidades se aplicó al de las leyes , en cuya facultad, dice, 
se graduó de licenciado. Ya refiriéndose a este grado, ya bien 
al de teología, licenciado vemos que le titula ya Lope de Vega 
en su Jerusahn conquistada (poema que publicó en Madrid, año 
de 1609, concluido desde 1605, y cuyo privilegio fué expedido 
por Agosto de 1608), al mencionarle entre los eminentes hom- 
bres de letras que allí encomia (libro xix), celebrando sus 
profundos conocimientos en las lenguas latina y griega, y las 
tareas literarias á que se dedicaba. Condénese este elogio en 
la octava lxxxiii del libro xix, que dice así : 

Antonio Ortiz, con amoroso engaño, 
Renueve al docto Herrera la memoria ; 
Rioja , propio en el idioma extraño. 
Dilate la romana y griega historia ; 
Y tú, por verdes años, desengaño 
De que merecen su debida gloria. 
Roba á Claudiano su laurel, Farta, 
Pues ya su Proserpina te confia. 

Al margen de este notable elogio de nuestro autor, añadió 
Lope la siguiente nota: El licenciado Rioj A ^ gran latino y 
griego, 

Pero aun más encarecido es, por cierto, el que seis años 
después (16 14) le tributó el inmortal Cervantes en su Fiaje 
del Parnaso^ cap. ni, nombrándole con señaladas frases entre 



9 
los insignes poetas que ñnge concurrentes á la defensa del 
imperio de Apolo '. 

Terminados sus brillantes estudios, é investido con el sacer- 
docio, Erancisco de Rioja hubo de obtener un cargo ecle- 
siástico, á lo que yo entiendo, en alguna de las parroquias de 
Sevilla. Muéveme á conjeturarlo así el siguiente dato, aunque 
poco explícito, el solo que acerca de los sucesos de nuestro 
autor en este período ha llegado hasta hoya mi conocimiento. 

Entre los borradores de sus poesías , existentes en el códi- 
ce M-82 de la Biblioteca Nacional, y en el papel mismo donde 
escribió parte de unas décimas i Clori^ inéditas, papel que for- 
ma el fól. 70 del códice, se lee, también escrito de su mano, 
un párrafo de carta en borrador, dirigida, según se infiere, á 
persona de notable influjo, residente en Madrid , que dice de 
este modo : 

((Lo que V. m. a de pedir al Sr. gil ramirez de Arellano, 
es una carta para el licenciado Fivas, para que pague con bre- 
vedad á la fábrica los maravedises deste año de 614 que se le 
an librado en el arahal del estado del duque de Ossuna por ser 
por obras pias, y las costas que se azen en la cobranza.» 

El Sr. Gil Ramirez de Arellano^ del hábito de Santiago, era 
en aquella fecha consejero del Supremo de Justicia, cámara 
y estado de Castilla. Rioja se dirigia tal vez á su íntimo ami- 
go D. Juan de Fonseca y Figueroa, de quien pronto hablare- 
mos con merecida extensión. 

Pasó Rioja posteriormente á Madrid , donde se hallaba por 
Julio del año de 1617. Así se infiere del contexto de cierta 
carta, en que vamos á ocuparnos detenidamente^ y del de la 
ingeniosa Epístola que le dirigió Lope de Vega , imprimién- 
dola en su Filomena^ el de 1621. 



Llenó del gran bajel el gran vacío, 
£1 gran Faancisco ok Rioja , al punto 
Que saltó de la nube en el navio. 



lO 

Consérvanse entre los curiosísimos papeles que forman el 
códice Q-87 de la Biblioteca Nacional, tres cartas origina- 
les del erudito poeta sevillano D. Francisco de Calatayud á su 
paisano y amigo D. Juan de Fonseca y Figueroa. Fonseca, 
varón no menos ilustre por lo esclarecido de su linaje que 
por su exquisita y vastísima literatura, protector generoso de 
los ingenios y de los artistas de su tiempo , que habiendo á la 
vez cultivado profundamente las letras y manejado con des- 
treza el pincel, no puede recibir de la posteridad el lauro de- 
bido á sus obras, lastimosamente perdidas, se ocupaba con 
asiduidad , por los años de 16 16 y 16 17, en la composición de 
una Historia de la España antigua ^ sirviéndose de su amigo 
Calatayud como de un diligente y sabio colaborador. Residia 
Calatayud á la sazón en Sevilla, donde con solicitud consul- 
taba y reunia inscripciones y monedas municipales, remitien- 
do preciosos datos y acertados pareceres á Fonseca, residente 
en Madrid. De Sevilla, pues, son sus tres citadas cartas, es- 
critas en Junio, Julio y Agosto de 161 7. Esta última (del l.® 
de Agosto), cuya colocación se halla extrañamente trastorna- 
da en el códice, formando su medio pliego ultimo el fól. 140, 
y su primer pliego los 171 y 172, equivocación salvada con 
notas marginales de dos eruditos (Gallardo uno de ellos) ; con- 
tiene un párrafo (en el cual se halla críticamente la interrup- 
ción expresada), que dice de esta manera : 

((Hasta aora no me a vuelto Serna los pliegos de v. m., 
aunque se los e enviado a pedir; si v. m. gustare que lo vea 
todo i le diga mi sentimiento, será bien comenzara ver la obra 
desde su principio; si bien yo quisiera que v. m. la redujera 
al método que advierto* : sírvase de comunicarlo 2 con Fran- 
cisco de Rioja, que en esto poco se aventura, y si el mió pa- 
reciere disparate, también se pierde poco. » 



' Este plan, ó método, escrito por Calatayud, existe, aunque no 
completo, en el mismo códice, folios 164 y 65. 
^ Aquí la interrupción. 



Infiérese, pues, claramente de este notable párrafo, que 
Francisco de Rioja residia en el mismo punto que Fonseca, 
su amigo: en Madrid, por los meses de Julio y Agosto de 1617. 
Y confirman así bien que visitó la capital del reino algunos 
años antes del de 1621, los dos siguientes pasajes de la Epís^ 
tola que le dedicó Lope de Vega en su Filomena^ intitulándo- 
la Ei fardin de Lope de Vega, Al licenciado Francisco de Rioja^ 
en Sevilla, Dicen así : 

Tú , que del cortesano mar las olas 
Cuerdo olvidaste f y donde quietas yacen. 
Vives las horas del estudio solas... 



¿ j^uién duda que tu aquí lugar tuvieses, 
Francisco ilustre, y mi querido Elisio, 
Elisio que me pesa que no vieses ? 

No faltan fundamentos en que dar apoyo á diversas conje- 
turas sobre los motivos que ocasionaron la venida del joven 
Rioja á la corte en esa citada época. 

Desde luego se presenta como probable y más fundada, la 
de que intentase hacer valer sus brillantes méritos literarios^ 
exponiéndolos personalmente, con el apoyo tal vez de algún 
influjo respetable. Fundase esta conjetura en el interesante 
documento que llevamos ya citado : el Memorial que hizo 
a S. M., solicitando una capellanía de honor, cuyo borrador, 
de su mano, se conserva en el códice Q-87 de la Biblioteca 
Nacional. Aunque este documento carece de fecha, no puede, 
por su contexto, referirse sino al período de la vida de Rioja 
que nos ocupa '. 



' Hállase colocado en el códice, formando su fól. 1 29. Escrito pri- 
mitivamente por mano desconocida, no hubo de agradar i Rioja su 
redacción, y tachando una gran parte del principio, rehizo al margen 
todo el Memorial, con más lacónico y esmerado estilo, en los térmi- 
nos siguientes: 

c Señor : El licenciado Francisco de Rioja, clérigo presbítero, natu- 



12 

Algunos indicios , sin embargo, dan ocasión, en mi concep- 
to, para sospechar motivada por otras causas su primera y 
menos conocida visita á la metrópoli de España. 

£1 célebre D. Gaspar de Guzman, que con el título de 



ral de la ciudad de Sevilla, y graduado en Sagrada Teóloga por aqueUa 
Universidad , dice : que a estudiado en su facultad con el cuidado y di- 
ligencia de que V. M. se podrá mandar informar, abiendo aprendido las 
lenguas latina, griega y hebrea, y trabajado en ellas con mucho fiuto, 
de que ha nacido el tener muchas notas y particulares estudios en los 
más libros de h Escritura, en los Santos y Concilios antiguos, y algunos 
tratados particulares en diferentes materbs con aprobación y estima- 
ción de los... doctos : es hijo de padres bien nacidos y nieto de p® 
de Rioja que sirvió á su majestad en Flándes muchos años y en las otras 
partes en que a esta corona se le ofrecieron entonces ocasiones : asi- 
mismo tubo un hermano que murió sirviendo á V. M. en la guerra : 
por todo lo qual pretende y suplica a V. M. se sirva de hacelle merced 
de una plaza de capellán de honor de su real capilla, para que en el 
ejercicio de su profesión prosiga y muera en su real servicio, como lo 
an hecho todos sus antepasados, u 

La parte del Memorial primitivo que dejó sin tachar Rioja , dice así: 

u ... tiene mucha noticia de las buenas letras : a cscrípto algunos 
tratados en materias diferentes, principalmente un libro en lengua la- 
tina , defendiendo la inmaculada Concepción de N. S.^ — Es hijo de 
Padres muí honrados, y sus antecesores an servido á V. m.d en la guer- 
ra, ansí en Italia como en Flándes, con gran satisfacción y aprobación 
de sus personas, y su agüelo P** de rioja fué un gran soldado, murió 
siendo alférez en Flándes... del duque de alúa, sin avelc echo merced 
en remuneración de sus servicios; en consideración de los quales y del 
cuidado y asistencia continua de sus estudios por ser de la calidad que 
representa, y tener mucha noticia de ellos personas graves y doctas 
del Rey no. 

wSupca á V. m.d se sirva del haciéndole merced de una capellanía de 
las de su Real Capilla , pues concurren en él partes y calidad que en 
ello la recibirá muy grande. »• 

Evidentemente se infiere que no pudieran ser dictadas por Rioja 
tan desaliñadas frases. Sin duda escribió el papel oficiosamente algún 
amigo suyo, muy enterado de sus méritos y circunstancias. 



13 
conde-duque de Olivares rigió por tantos años la monarquía 
en nombre del rey Felipe IV, nació en Roma, el año de 1587, 
hallándose su padre, D. Enrique, segundo conde de Olivares, 
de embajador de España en aquella corte. Como ya tenía su 
casa inmediato heredero en el primogénito, D. Jerónimo, 
fué dirigida la primera educación de D. Gaspar por el cami- 
no de la carrera eclesiástica. A los doce años de edad vino 
con su padre á España , é inmediatamente pasó á continuar 
sus estudios en la universidad de Salamanca, dedicándose al 
de las leyes canónicas, con mayor facilidad de ingenio que 
vehemencia de aplicación. Por el voto de sus concolegas 
( ley singular de semejante época ) , llegó á obtener después 
el cargo de rector de aquellas renombradas escuelas. Falle- 
ció entre tanto su hermano mayor, y poco después el Conde, 
su padre, y viéndose D. Gaspar dueño del mayorazgo, dejó 
la carrera de la Iglesia, y siguió la corte en pretensión de la 
grandeza y de la mano de su prima. Doña Incs de Zuñiga y 
Velasco, dama de la Reina, cuyo esposo logró ser en el año 
de 1607, á los veinte de su edad. Propias de su casa cuantio- 
sas rentas y heredades en la ciudad y comarca de Sevilla, es 
de creer que D. Gaspar, desde.su venida á Ei^paña, pasase 
allí largas temporadas de recreo, y que, ya libre señor de todos 
sus bienes, fuese su tertulia en Sevilla^ como lo era en Madrid, 
«público certamen de los hombres de ingenio», en cuyo fre- 
cuente trato, nacido de su inclinación uá todas las artes y bue- 
nas letras», y singularmente á la poesía, encontraba el joven 
Conde una distracción de sus afanosas y mal contentas am- 
biciones, y un medio de adquirirse popularidad. En efecto, así 
estas amistades é inclinaciones, como la rumbosa y estudiada 
liberalidad con que franqueaba su bolsillo, no solamente á los 
que le pedian , sino espontánea y generosamente á los nobles 
necesitados, y con más especialidad á los literatos, le capta- 
ron el afecto y aplauso universal. Adoptóle Sevilla por hijo, 
y los ingenios favorecidos con su cariñosa protección le die- 
ron el nombre arcádico de Manlio^ con alusión al famoso de 



«4 
M. Manlio Capitolino, romano insigne, que no debió menos 
aura popular á su mano dadivosa que á su libertadora espada. 
Hállase explícitamente designado el de Olivares con este 
nombre, que á la vez suena con cierto eco anagramático, en 
un soneto, que con carta de parabién por cda nueva ocupa- 
ción y cámara del Príncipe», le dedico y dirigió desde Sevi- 
lla, con fecha de 1615, D. Ñuño de Colindres Puerta; cu- 
rioso papel original, que existe en el códice Q-87, repetida- 
mente citado. 

Eran, pues, de una edad misma quizá, ó con muy corta 
diferencia, nuestro Francisco de Rioj a y el ilustre D. Gaspar 
de Guzman. Como Rioja se distinguía ya en Sevilla, desde 
antes acaso del año de 1605, por sus felices y superiores ta- 
lentos, y en el de 16 14 era contado entre los hombres emi- 
nentes en ciencias y letras, que ilustraban aquella ciudad y la 
nación toda ', es sumamente probable que en el transcurso 
de este período le conociese el joven Conde y se honrase con 
su trato y amistad , prestándole también apoyo y generosa pro- 
tección. Poseemos ademas en favor de esta probabilidad al- 
gunos datos, de los cuales, al parecer, se infiere que Rioja y 
D. Gaspar de Guzman estuvieron en relaciones muy íntimas 
durante sus años juveniles. El mas explícito se contiene en 
cierto romance satírico, denominado Testamento del Conde-Du- 
que de Olivares , compuesto después de la caída de este minis- 
tro, que se conserva manuscrito en diversos códices, entre 
ellos el M-8 de la Biblioteca Nacional. Don Adolfo de Castro 
ha publicado algunos trozos de este apreciable documento S 
entre los cuales nos referimos aquí á los siguientes versos : 

Al canónigo Rioja 
Mi pluma, broquel y daga,- 

' Así lo indica el referido elogio que debió á Cervantes, y lo com- 
prueban , aunque algo posteriores, los que recibió de Lope en la Filr 
mena, que transcribiremos más adelante. 

* En su opúsculo histórico arriba citado. 



«5 

Consejo de inquisición 
San Plácido se lo encarga. 

Esto de legar el Conde su pluma al grave y docto canónigo 
RiojA se comprende perfectamente; pero ¿y su broquel y da- 
ga? ¿No parece ésta una alusión muy evidente á la edad flo- 
rida de ambos, tiempo en que Rioja se vio quizás obligado 
por su situación á ser compañero y confidente de D. Gaspar 
en sus devaneos y aventuras amorosas?... 

Tenemos entre las poesías de nuestro autor dos composi- 
ciones que, á mi juicio, son también una prueba de esas pri- 
meras amistades: los sonetos que en el cuaderno autógrafo de 
fecha del año 1614 llevan los números 22 y 36. En este ul- 
timo aplaude y excita Rioja una pasión amorosa del futuro 
Conde-Duque : 

ManliOt las pocas horas que solia 
Contar del sueño al ocio y al engaño. 
Dolor tuyo y tu incendio con extraño 
Sentimiento á mi mente las desvia. 



Pues érame escarmiento peregrina 
Forma de padecer, porque temiera 
Errar, cual tü, por un Vesubio ciego; 

Mas i cómo ¡ ay ! // es ¡a causa tan divina ? 
¡Oh bien dichoso, aunque abrasado muera. 
Quien pudo arder en tan ilustre fuego! 

El soneto xxii parece compuesto durante algún viaje de 
ambos amigos desde Sanlúcar de Barrameda á Rota, el Puer- 
to de Santa María, Cádiz lí otro punto de aquella costa : 

Este ambicioso mar, que en leño alado 
Sulcas hoy, pesadumbre peregrina. 
De fundación en otra edad vecina , 
Ha entre soberbias olas sepultado. 

Cuando se ve ceñido y retirado. 
Aparece admirable, alta ruina, 
Y la llaman ¡oh Manlio! Salmedina, 
Que sombra de su nombre aun no ha quedado. 



i6 

¿(¿uién creyera que envidia de grandeza 
En lisonjero ponto se hallara? 
i Oh mal segura fe de agua inconstante ! 

Borró de esta ciudad la ilustre alteza , 
Por dilatarse, como ya borrara , 
El ancho imperio y el poder de Atlante '. 

Si, pues, en efecto disfrutó Rioja, desde su primera juven- 
tud , del afecto y la confianza de D. Gaspar de Guzman , es 
muy posible que viniese á la corte en clase de capellán ó de 
secretario de este ilustre personaje. Los grandes señores ha- 
cian entonces gala de tener á su servicio personas de distin- 
guido y celebrado ingenio ; con más gusto que otros podia se- 
guir esta costumbre el de Olivares , fino apasionado y protec- 
tor de las letras. 

Otra amistad, aun más íntima, como estrechada con los 
lazos de paisanaje, cultivó nuestro Rioja desde su juventud, 
que debió de tener decidida influencia en su suerte, y fué la 
del docto sevillano D. Juan de Fonseca y Figueroa, de quien 
ya llevamos hecha interesante mención. 

Fonseca, hermano del Marqués de Orellana, de familia 
ilustre, enlazada con los primitivos troncos de la casa de los 
condes de Monterey, ascendientes del joven Conde de Oliva- 
res por la línea materna, era de más edad que Franxisco de 
Rioja. Probablemente nació por los años de 1578. Dedicado 
con las más felices disposiciones y con apasionado ardor á 



' Las ruinas de Salmedina (la antigua Ebura ó Ebora de los B in- 
tuios Turdettinos) existen cubiertas por el mar, á tres leguas, próxima- 
mente, de Sanlúcar de Barramcda, enfrente, y á tres cuartos de legua 
de la punta de Chipiona {Capioni furris), constituyendo un grupo de 
escollos, y se divisan perfectamente en los dias clarosi Salmedina es 
nombre árabe, que se interpreta gran ciudad. Son muy escasas las no- 
ticias que dan de esta Ebura los antiguos geógrafos : de la catástrofe que 
la sumergió no se conserva ninguna. Véase al fin la nota. 



«7 

los estudios humanísticos , admirador entusiasta de los que en 
ellos sobresalían, debió de inspirarle particular afícion y sim- 
patía el talento eminente de Francisco dk Rioja. 

Tuvo D. Juan de Fonseca su residencia principal en Ma- 
drid , por lo menos desde el año 1609. En efecto, consta que 
se dirigia, desde no sabemos qué punto, á esta capital, por 
Agosto del expresado año, de una carta fechada en Sevilla, que 
le escribió su amigo el ingenioso D. Juan Antonio de Vera y 
Züñiga, y se conserva en el códice Q-87 de la Biblioteca 
Nacional ; y si bien tenemos indicios de su estancia et\ Se- 
villa por el año de 16 12, documentos ya citados, y otros de 
que hablaremos, nos le señalan residente en Madrid por los 
de 1613, 14, 16 y 17. 

Las relaciones amistosas de Rioj a y Fonseca en Sevilla, an- 
teriores al año de 1607, se hallan, á mi juicio, comprobadas 
por tres notables composiciones poéticas de Rioja, contenidas 
en el cuaderno original de sus bersos ^ fechado en 1614. 
Una de ellas forma ademas principal parte de su carta autó- 
grafa, existente en el referido códice Q-87. Hé aquí dos de 
ellas íntegras : los sonetos xxviii y xxx, y ademas el pasaje 
correspondiente de la silva vi : 



SONETO XX VIII. 



En vano del incendio que te infama 
Eternidad presumes « aunque extienda 
Su fuerza más, y el pecho tuyo encienda; 
Que fin breve y veloz tiene quien ama. 

Si furioso y violento se derrama 
Por tus venas, en áspera contienda. 
Por más que el rojo humor se le defienda , 
Pasto será de su ambiciosa llama. 

No temas, pues, del inconstante y ciego 
Vulgo ser habla un poco; que alterado, 
Súbito, como el mar, su fiíria deja ; 

Que si soberbio ardor asi te aqueja. 
Seras en breve al no sonante fuego 
En humo y en cenizas desatado. 



i8 



SONETO XXX. 



Fabio, miraste, y lu^o á la amorosa 
Hacha ardiste: no acuso la presteza; 
j^ue es nueva admiración la alma belleza 
De la en tí dulcemente poderosa. 

Los candidos jazmines y la rosa 
Que en su frente esparció naturaleza , 
¿Quién vio jamas? y ¿quién la alta belleza 

Y llama de sus luces gloriosa? 

Tú, pues, prudente, que el correr no ignoras 
Del puro sol á escura noche y fria. 
Ardes en viendo lumbre soberana. 

Arde; que huyen las veloces horas, 

Y no se sabe si al presente dia , 
Fabio, podrá añadirse el de mañana. 

SILVA. AL VERANO. 

Fonscca , ya las horas 
Del invierno aterido. 
Aunque tarde, se fueron, 
Y su vez agradable permitieron 
Al céfiro florido. 



Concluye así : 

¡Y tú la edad no miras de las horas? 
Arde, Fonseca, en el divino fuego 
Que dulcemente engaiía tu cuidado; 
Toma ejemplo del tiempo, que nos huye, 

Y en sus flores de tardos nos arguye , 

Y no dejes pasar en ocio un punto ; 
Que tan excelsa llama 

A nueva gloria y resplandor te llama. 
i Y sabes si á este dia claro y puro , 
Otro podrás contar ledo y seguro, 
Ó si del beUo incendio que te apura 
Ha de lucir eterna la hermosura? 

Composiciones en que Fonseca representa un papel erótico 
tan señalado no pudieron serle ó suponérsele dirigidas sino 



«9 

cuando aun se hallaba en la edad de las pasiones, y acaso no 
decidido todavía, ni quizás inclinado, á seguir la carrera ecle- 
siástica. Es cierto que la dedicatoria del soneto xxx , dirigido 
primitivamente á Tírsts , 

Viste I oh Tírsis! y luego á la amorosa 
Hacha ardiste 

se halla en el manuscrito original intercalada, de mano del au- 
tor, pero también se observa tachada después, y sustituido el 
nombre de Fabio, en el primer verso, al de D. Juan; enmien- 
das asimismo de letra de Rioja, quien hubo de hacerlas re- 
flexionando que no parecía bien el nombre expreso deFonseca 
al frente, y designando la persona objeto de tal composición. 
Si ésta y la SUva al verano^ que en el original aparece dirigida 
primeramente á» cierto Andrés Fernandez de Andrada ^, no 
fueron compuestas desde luego para Fonseca, es lo cierto que 
su autor se las dirigió después; cosa que indudablemente no 
hubiera hecho á no haber antecedido relaciones amistosas en- 
tre ambos en los verdores de su edad. 

Aunque en el manuscrito de i6 14 no se expresa la perso- 
na á quien se refiere el soneto xxviii, tengo por seguro que 
en él habla Rioja con su amigo D. Juan de Fonseca, á quien 
se le remitió en carta de su mano, sin fecha ni rúbrica, escrita 
en pliego y encabezada con el escudo de armas del mismo 
D. Juan, ligeramente delineado de tinta. £1 estilo de esta 
carta, que se conserva en el citado códice Q-87, y va literal- 
mente copiada á continuación, es su verdadera data; refleja 



■ Este Andrada debió de ser hijo de Pedro Fernandez de Andrada, 
insigne sevillano, profesor de equitación, que escribió el Libro de la 
jineta de España (Sevilla, 1 599) y otros dos del mismo arte (véase la 
nota), y que en 1 597 contaba más de cincuenta años. Del Andrés hay 
en el códice M-82 un fragmento de silva á la entrega de Larache^ la 
expulsión de los moriscos y la muerte de Enrique IF ( 1 609). 



lO 



la edad alegre de nuestro poeta, y aun prescindiendo del so- 
neto, suministra una prueba muy evidente en favor de la de- 
mostración que ahora nos ocupa. He supKdo, al transcribirla, 
dos signos interrogativos, que, á mi parecer, necesita, si ha de 
comprenderse en parte su sentido, uno de sus períodos. 



SR. D. JUAN DE FONSECA '. 

a No se espantaría vmd. de que no ñiesse el otro día aun- 
que lo prometí, porque sabe que por poco que tenga uno de 
poeta a de tener entre otras esta virtud de no dezir verdad, 
los epigramas de mal aire están del libro segundo en el capi- 
tulo catorze, vmd. los vea y haga un soneto a mi Antón de 
Ortiz que lo desseo mucho, io e echo un soneto, que aunque 
no estoi agradado del lo enuio a vmd. por no dejar de pa- 
recer poeta en matar con versos a todas oras, verdaderamente 
señor nadie se puede prometer buen dia aunque lo vea ama- 
nezer sereno y claro, porque ¿quién puede prevenir un soneto 
y mas a ora de comer? por esto dijo el Petrarca : 

La vita il fin il di lodi la sera, 

pero va de soneto, y guarde Dios á vmd. que bien lo avra 
menester después del. 

)^En vano del incendio que te infama 
Eternidad presumes, aunque extienda 
Su fucr9a mas y el pecho tuio encienda. 
Que fin breve y veloz tiene quien ama. 

))Si fíiríoso y violento se derrama 
Por tus venas ; en áspera contienda 
Por mas que el rojo umor se le defienda. 
Pasto sera de su ambiciosa llama. 

))No temas, pues , del inconstante y ciego 
Vulgo ser habla un poco, que alterado 
Súbito como el mar su furia deja, 

))Que si soberbio ardor assi te aqueja. 
Seras en breve al no sonante fuego 
En umo y en cenizas desatado. 

Francisco de Rioja.v) 



21 

£1 segundo período de esta carta es para mí un enigma in- 
descifrable. ¿ Por ventura alude Rioja en ella á su paisano y 
distinguido poeta Antonio Ortiz Melgarejo, á quien Lope ce- 
lebró en la Jerusalen , y Pacheco en el Jrte de la Pintura ? 
I Se reñere en esa cita singular á alguno de los antiguos poetas 
epigramáticos? Pudiera juzgarse su soneto relativo al mismo 
desconocido Antón de Ortiz ; pero la notoria alusión que en 
él hace Rioja á desiguales amores de un ilustre personaje, 
conviene y cuadra perfectamente á las circunstancias de Don 
Juan de Fonseca. 

No faltan, pues, fundamentos para sospechar si tal vez 
nuestro poeta vino á la corte, por aquellos años de 1617, lla- 
mado por su amigo Fonseca, el cual, justo apreciador de su 
relevante mérito, desease utilizarle en beneficio de las letras. 
Fonseca podia sostener á su lado á tan digno y estimable ami- 
go, aprovechando su entendida colaboración , y prestando al 
mismo tiempo con sus elevadas relaciones un apoyo muy fa- 
vorable á toda pretensión que entablase. 

A no dudarlo, en mi sentir, la amistad de Rioja con el ilus- 
tre Fonseca debió de contribuir notablemente, y acaso dar 
origen á las íntimas conexiones que mediaron entre el mismo 
Rioja y el conde D. Gaspar de Guzman. El Sr. Gómez Ace- 
ves añrma, sin expresar los fundamentos de su aserción, que 
habiendo nuestro autor hecho grande y estrecha amistad con 
su vecino D. Pedro de Guzman, señor de Torrijos , este ca- 
ballero le relacionó con su sobrino el Conde. Dado que así 
sea, no se opone este dato á lo que llevamos dicho, pues que 
D. Juan de Fonseca pudo servir de intermedio para la prime- 
ra de estas amistades. 

Cualquiera que fiíese la posición de Francisco de Rioja 
en Madrid á la época citada, ya independiente en un todo, ya 
subordinada al Conde de Olivares y á D. Juan de Fonseca y 
Figueroa, seguro parece que tenía ya él experimentadas y su- 
firidas con ánimo fuerte notables vicisitudes de fortuna. A 



22 

ellas aluden varios de sus versos contenidos en el manuscrito 
de 1614; obsérvense los siguientes: 

Vimc del Adria en la soberbia fiera. 
El vigor y el aliento desmayado; 
Juego ya de las olas arrojado. 
Soy náufrago despojo en la ribera. 

Pero yo, que me vi en el trance extremo 
Tantas veces 

Manlio, si alguna vez la igualdad mia. 
De la fortuna en el mayor grieto. 
Te causó admiración 



Y en la composición escrita en elogio de su retrato se 
dice : 

La faz es de Rioja y el semblante 
Este de quien esperas voz y aliento ; 
Varón que frente igual á la fortuna 
Mostró más importuna. 

Nótese, en apoyo de las conjeturas que hicimos sobre las 
primeras relaciones de Rioja con el de Olivares, que éste fué 
testigo y admirador de la firmeza de ánimo con que el poeta 
sobrellevó sus vicisitudes. 

No conocemos documento alguno que fije con absoluta 
precisión la época de su primera llegada á Madrid. Si una 
carta, cuya última hoja se conserva en el códice M-82 (fo- 
lios 152 y 157), hubiese sido dirigida á Rioja, cómoda moti- 
vo á sospecharlo la circunstancia de hallarse escritos en ella 
los borradores de dos sonetos del mismo, con algún funda- 
mento pudiéramos conjeturar que se hallaba en esta corte, 
por lo menos, desde principios de Enero del año de 16 15 '. 



' Al hacer mención de esta carta, debo advertir que los folios in- 
termedios del códice (153, 54, 55, 56) han sido arrancados violenta- 



»3 
Los borradores quede mano de Rioja se hallan escritos en 
este pedazo de carta son : un bosquejo imperfecto del soneto 

Cansóme en fabricar lenta fortuna... 

que en este borrón comienza : 

Quién podra fabricarse á la fortuna... 

7 el de aquel otro soneto suyo tan notable : 

Rompo con lisa frente las prisiones, 
i^li , que tus engaños fabricaron... 

Limitándonos al seguro y positivo dato que sobre la resi- 



mente. Sin duda contenian algún ardculo precioso. Firma la carta 
D. Melchor del Alcázar. Referiremos seguidamente las noticias que te- 
nemos de este malogrado ingenio , compatricio, y sin duda condiscí- 
pulo de nuestro Rioja. Nació D. Melchor del Alcázar en Sevilla el año 
de 1588; filé hijo menor de D. Juan Antonio y nieto de D. Mel- 
chor , el hernumo del célebre epigramático Baltasar del Alcázar. Casó 
con su prima Doña Luisa Ortiz de Zuñiga, tia del analista de Se- 
vilhu Pasó á la corte con su hermano mayor D. Luis, y en ella 
estaban, y obsequiaron al insigne pintor D. Diego Velazquez de 
Silva, por el mes de Abril de 1622. Obtuvo D. Melchor destino 
en palacio; la Relación de la partida del Principe de Gales refiere que 
eite le regaló una sortija, en premio de su ingenio y asistencia. Por la 
misma época (1623) concurrió á la Academia de Madrid ^ que en su 
casa presidia D. Francisco de Mendoza , y se halla citado en uno de 
loa Vejámenes manuscritos de Pantaleon de Ribera. Celebra Francis- 
co Pacheco, en su Arte de la Pintura, á nuestro D. Melchor de 
JUrido ingenio, inserta unos versos suyos, y añade que murió en Ma- 
drid, de treinta y siete años, el de 1625. Zuñiga dice que fué alcaide 
y gobernador del bosque y casa real de Aranjuez. Dejó varios hijos. 

En 19 de Diciembre de 16 17 hizo á su costa en Sevilla lucidas 
fiestas de toros y cañas, en obsequio á la Inmaculada Concepción. Ar- 
guijo escribió la Relación de ellas. 

3 



*4 
dencia de Rioja en Madrid, por Julio de 1617, contiene la 
carta de D. Francisco de Calatayud, no podemos prescindir 
de fijar la atención en la frase relativa al mismo que emplea 
este erudito caballero: «Sírvase v. m. de comunicarlo con 
Francisco de Rioja, que en esto poco se aventura >in ¿Encier- 
ran estas últimas palabras un sentido alusivo á la posición de 
Rioja, entonces probablemente humilde y subordinada? ¿O 
bien indican la amistosa confianza con que le trataban Cala- 
tayud y Fonseca, y le daban parte en sus tareas literarias, 
hasta cierto punto reservadas * ? En cualquier caso, la carta 
ofrece un testimonio irrecusable del concepto que ya se me- 
recia en aquella época por su ciencia y erudición. 

De creer es que las pretensiones de Rioja en la corte, á 
pesar de méritos y apoyo, experimentasen contrariedades, que 
haciendo prolongar indefinidamente su despacho, anunciasen 
desde luego la incertidumbre de su buen éxito. Una de tales 
pretensiones fué sin duda la que consta del Memorial en bor- 
rador que arriba trasladamos. A la verdad no debían de cor- 
rer entonces con mucho favor los influjos del Conde de Oli- 
vares y de su pariente Fonseca. Al Conde le filé negada una 
y otra vez la grandeza de España , y si al fin se le confirió un 
cargo honroso al lado del príncipe D. Felipe , no tardo el de 
Lerma en arrepentirse de este paso , y en intentar su separa- 
ción de aquel puesto, receloso del afecto que llegó á cobrarle 
el Príncipe, y de las miras ambiciosas, de la capacidad y re- 
solución que en él claramente descubria. Pero, cualquiera que 
fuese la causa , es indudable que las gestiones de Rioja no 
tuvieron el resultado que él apetecia, y que, desesperanzado 



' Consta por otra de las cartas de Calatayud á Fonseca, que el eru- 
dito anticuario sevillano Juan de Torres Alarcon quería por aquel 
tiempo áar á entender que escribía una historia ie la España antigua, 
y que de su museo se proponía Calatayud sacar mañosamente noticias 
y datos para la que Fonseca trabajaba. 



7 rico de desengaños, abandonó la corte y se retiró á Sevilla, 
decidido á vivir oscura y modestamente, renunciando al ansia 
y í la sed de los oficios , y aspirando al ejercicio de la virtud y 
á los puros goces que proporciona. Algunos indicios de este 
retiramiento se traslucen, á mi ver, en k Epístola moral a 
Fabioj composición que el Voto unánime de los críticos atri- 
buye á RiojA , aunque en el antiguo manuscrito que de ella 
se encontró (por los arios de 1768) nolleva^ba su nombre, así 
como tampoco en otro que parece haber existido con poca 
posterioridad; ambos ya perdidos '. 



' Al exponer aquí ínmcamente mi parecer conjetural acerca de la 
época en que Rioja pudo escribir esta célebre composición , y sobre 
la persona á quien sospecho la dirigió, siento en el alma no convenir 
con la opinión que acaba de emitir uno de nuestros más insignes crí- 
ticos , el Sr. D. Manuel Cañete ^ al examinar, en su Discurso de recep- 
ción en la Academia Española ^ de qué manera el poeta cortesano 
RjojA expresó en sus versos el sentimiento que inspira la contempla- 
ción de la naturaleza. Dice, pues, el ilustre académico en ima dé sus 
notas al expresado Discurso : 

«Ignórase aún la fecha en que Rioja escribió la Epístola moral. En 
mi opinión debió ser cuando , después de la caída del Conde-Duque, se 
retiró á Sevilla, quizá en 1644. £1 Sr. D. Cayetano Alberto de la 

Barrera, que ordena actualmente una extensa biografía de nuestro 

vate sevillano, conjetura que pudo escribirse la Epístola hacia el 
año 1618, después de la primera esuncia del poeta en la corte (créese 
con ñmdamento que Rioja nació de 1 580 á 1 586); pero todavía no se 
atreve á asegurarlo, tanto por la falta de datos fehacientes en que apo- 
yarse, cuanto porque son no menos fuertes y poderosas las razones que 
dan á la contraria opinión, cuando menos, apariencias de razonable y 
de exacta. A mi ver, Rioja no hubiera trazado la Epístola moral con 



' Tuto efiscto la pública recepción del Sr. Cañete el dia 8 de Diciembre de 1S58} 
el DÍKiino le imprimió lós meses antes. 



x6 
Diluida, pues, scgun nos inclinamos á creer, por el des- 
atendido RiojA esta cana á su am^ t &vorecedor D. Juan 
de Fooscca, ofirece, bajo d punto de rista biográfico, pasajes 
muT nocablcs, que cranscribinios á continuación : 

Fuño, las c uriJHjjf cortesamas 
PmíaDes soo» do d ambicioso moere, 
Y dcode al más actiro nacen canas. 

£2 que no las limare ó las rompiere. 
Ni el nombre de rvon ha merecido. 
Ni subir al honor que pretcndiere. 



la rcriad , Ejoeofu y sobriedad de términos que en ella resplandecen, 
sin tener mar formado d gusto literario y sin haber tocado por sí mis- 
mo la ranjdad de ciertas grandezas y lisonjas, la ceguedad de la ambi- 
ción cortesana; en una palabra, sin haber vivido entre la batahola de 
los negocios en que debió intervenir como secretario del privado. Le- 
yendo atentamente aquellos admirables tercetos, se vendrá en conoci- 
miento de que Rioja debió escribirlos ya muy entrado en años.» 

Desde luego adoptaría yo la opinión del Sr. Cañete, — a quien debo 
y agradezco tanta honra, — si los términos mismos y las notables alu- 
siones de la cuestionada Eftst§ié no la contrariasen evidentemente. 
En efecto, si Rioja la hubiera escríto en 1644, después de la caida de 
Olivares, (CÓmo hubiera podido expresar en eDa que buia y se retirá- 
ka, r9mfiend9 ¡os Uxms que á la corte y á sus ambidones le ligaban? 
¿ No filé su retirada en aquel trance absolutamente forzosa, como pre- 
cisa consecuencia de la caida y destierro de su patrono? ¿A qué, pues, 
hacer de la necesidad virtud? Por otra pane, Rioja, el confidente ínti- 
mo del Conde-Duque, el mismo que le acompañó en la hora fatal de 
su desgracia política, defendiéndole aun después hábil y enérgicamente 
en el Kicanáro , no podia de numera a^una firmar la terrible censura 
que encierran estos versos de la Epístola moral: 

Peculio propio es 3ra de U príransa 
Cuanto de Astrea fué, cuanto regía 
Con su temida espada y su balanza. 

y no se diga que pueden aludir al sucesor del Conde en el mando y 



27 

El ánimo plebeyo y abatido 
Elija, en sus intentos temeroso. 
Primero estar suspenso que caido; 

Que el corazón entero y generoso 
Al caso adverso inclinará la frente. 
Antes que la rodilla al poderoso. 

Más triunfos, más coronas dio al prudente 
Que supo retirarse, la fortuna. 
Que al que esperó obstinada y locamente. 

Esta invasión terrible é importuna 
De contrarios sucesos nos espera 
Desde el primer sollozo de la cuna. 

Dejémosla pasar como á la fiera 
Corriente del gran Bétis, cuando airado 
Dilata hasta los montes su ribera. 

Aquel entre los héroes es contado 
Que el premio mereció , no quien le alcanza 
Por vanas consecuencias del Estado. 

Peculio propio es ya de la privanza 
Cuanto de Astrea fué, cuanto re^a 
Con su temida espada y su balanza. 

¿Qué espera la virtud, ó en qué confía? 
Vén y reposa en el materno seno 



el favor regio; porque Rioja debia consideraciones y respetos á Don 
Luis Méndez de Haro, y porque, sobre todo, los versos hablan de la 
privanza como de una situación ya existente desde mucho tiempo 
antes. 

Razones son éstas que me persuaden y obligan á sostener la conje- 
tura que tengo formada. Y en su apoyo añadiré: que siendo, como 
creo, el Fabio k quien la Epístola va dedicada, D. Juan de Fonseca y 
Figueroa, mal podía serle dirigida después de la destitución del Conde- 
Duque, pues consta que murió algunos años antes de este suceso. 

Sobre todas estas cuestiones se eleva la de pertenencia de la célebre 
composición. Sin duda alguna su autor fué sevillano; á Rioja debe de 
atribuirse mejor que á ningún otro ; pero acaso un impensado hallazgo 
vendrá con el tiempo á desvanecer nuestras conjeturas y presimciones. 



28 

De la antigua Romálet, cuyo clima 
Te será más humano y más sereno. 

Que si acortas y ciñes tu deseo. 
Dirás: «Lo que desprecio he conseguido; 
Que la opinión vulgar es devaneo. » 

Más precia el ruiseñor su pobre nido 
De pluma y leves pajas , más sus quejas 
En el bosque repuesto y escondido. 

Que agradar lisonjero las orejas 
De algún principe insigne, aprisionado 
En el meul de las doradas rejas. 

Triste de aquel que vive destinado 
A esa antigua colonia de los vicios. 
Augur de los semblantes del privado. 

Cese el ansia y la sed de los oficios ; 
;ue acepta el don, y burla del intento 
1 Ídolo á quien haces sacrificios. 

Así aqueUa que al hombre sólo es dada. 
Sacra razón y pura, me despierta. 
De esplendor y de rayos coronada; 

y en la fria región, dura y dcsieru 
De aqueste pecho, enciende nueva llama, 

Y la luz vuelve á arder que esuba muerta. 
Quiero, Fabio, seguir á quien me llama, 

Y callado pasar entre la gente; 

Que no afecto los nombres ni la fiuna. 

Un ángulo me basu entre mis lares. 
Un libro y un amigo, un sueño breve. 
Que no perturben deudas ni pesares. 

Una mediana vida yo posea. 
Un estilo común y moderado. 
Que no lo note nadie que lo vea. 

Así, Fabio, me muestra descubieru 
Su esencia la verdad, y mi albedrio 
Con ella se compone y se concierta. 

No te burles de ver cuánto confio. 
Ni al arte de decir, vana y pomposa, 
£1 ardor atribuyas de este brío. 



29 

;£s por ventura menos poderosa 
Que el vicio la virtud? ¡ Es menos fiíertc? 
No la arguyas de flaca y temerosa. 

La codicia en las manos de la suerte 
Se arroja al mar, la ira á las espadas, 
Y la ambición se ríe de la muerte. 

Y ¿no serán siquiera tan osadas 
Las opuestas acciones si las miro 
De más ilustres genios ayudadas? 

Ya, dulce amigo, huyo y me retiro 
De cuanto simple amé; rompí los lazos : 
Vén y verás al alto fin que aspiro. 
Antes que el tiempo muera en nuestros brazos. 

Concurren asimismo á indicar esa prudente y filosófica 
determinación de nuestro poeta aquellos ya mencionados ver- 
sos de la Epístola^ que con alguna anterioridad al año 1621 
le dirigió Lope de Vega , inserta en la Filomena : 

Tú, que del cortesano mar las olas 
Cuerdo olvidaste, y donde quietas yacen. 
Vives las horas del estudio solas. 

Descúbrense dos fines 6 pensamientos diversos en la Epís- 
t$la moral ^ que pueden tener entre sí muy estrecha conexión. 
Comienza el poeta consolando á su amigo en el contrarío 
suceso de sus esperanzas y pretensiones cortesanas. Fortale- 
ciendo su espíritu con admirables máximas, le aconseja que 
se retire prudentemente, que ciña y acorte su deseo ^ dejando 
el ansia y ¡a sed de los oficios. Al recordarle después la breve- 
dad de nuestra existencia, introdúcese ya él mismo en la com- 
posición, y continúa refiriéndose á sí propio al describir los 
tranquilos goces de una vida sencilla, modesta y retirada; 
vida que ardientemente desea, resuelto con ánimo firme á 
entrar, detestando el vicio, en el camino de la virtud. Y con- 
cluye asegurando á su amigo, no ser aquel propósito aparente, 
ni el ardor con que le expresa, una vana pompa de elocución; 
que osará briosamente llevarle a cabo con su auxilio, y por 



3© 
último, que ya se retira y huye^ rompiendo los lazos de cuanto 
simple amó. 

Tenemos, pues, á la vista, aliado de tan inequívocas seña- 
les de una variación notable en la vida de Rioj a, pruebas muy 
explícitas de lo desfavorecido que andaba en la corte D. Juan 
de Fonseca , por efecto sin duda del poderoso y contrarío in- 
flujo del Duque de Lerma '. 

Escrita la Epístola moral desde Sevilla, no debió de llevar 
fecha muy posterior á los primeros meses del año de i6i8, 
en cuyo tiempo conjeturo que se restituyó nuestro autor á di- 
cha ciudad. Consta que allí residia por la primavera del si- 
guiente año de 1 6 19, en cuyo tiempo tuvo principio la polé- 
mica literaria que sostuvo con el Duque de Alcalá acerca de 
la inscripción ó Título de la Cruzj dado por el P. Luis del 
Alcázar, y aprobado por Francisco de Rioja, para una de 
las pinturas ejecutadas por Pacheco. Impugnó el Duque esta 
inscripción; sostúvola nuestro autor; el docto procer replicó 
extensamente y con acerba crítica , haciendo imprimir estos 
papeles en Sevilla, Barcelona, y aun por tercera vez no sé 
en qué punto, sirviéndose de su secretario Antonio de Laredo 
Salazar ; y por fin , á esta publicación contestó Rioja con otro 



' La influencia contraria al Conde de Olivares cesó el dia 4 de Oc- 
tubre de 161 8, con la caída del privado Lenna, victima de la intriga 
que para arrebatarle el mando tramó su hijo, el Duque de Uceda, se- 
cundado por el astuto Fr. Luis de Aliaga , confesor del Rey. Ambos 
tenían ofrecido y prestado su apoyo al de Olivares» a trueque del ser- 
vicio que éste les hacia , indisponiendo al Príncipe con el Conde de 
Lémos, su gentilhombre también, sobrino de Lerma y enemigo decla- 
rado de aquellos dos personajes; el cual, con intención mas recta á la 
verdad, había empleado antes análogos medios contra el Conde de 
Olivares. Teniendo, pues, en cuenta la mudanza favorable a éste, 
ocurrida el 4 de Octubre, he calculado que debieron ser anteriores i 
esta fecha la vuelu de Rioja á Sevilla y k composición de su Epístola 
moral. 



31 
erudito discurso, que sacó á luz, dedicado al Conde de Oliva- 
res, agentil-hombre de la cámara del Príncipe.» 

Por la misma época del año de 1619 escribió también Rio- 
JA, y dedicó á Pacheco, un Discurso probando la exactitud de 
las pinturas en que se representa á nuestro Señor crucificado 
con cuatro clavos. Este escrito, que Pacheco insertó, treinta 
años después, en su Arte de la Pintura^ concluye con las no- 
tables palabras siguientes : 

«Yo quisiera ¡oh sacrosantos clavos!..... que obraseis en 
mí nuevos afectos , nueva vida para seguir con verdadera imi- 
tación al Señor — Francisco de Rioja. — Ultimo dia de 

Pascua de Espíritu Santo del año de 1619.» 

No puede ser más patente la coincidencia de esas piadosas 
súplicas de Rioj A, con la resolución que expresó en su Epts^ 
t$la moral. 

Como en este dicho año, á fines de Abril, hiciese el Rey 
su jornada á Lisboa, con objeto de recibir el juramento de 
aquel reino al Príncipe heredero, le acompañó el de Olivares, 
y á su vuelta pidió y obtuvo licencia para trasladarse á Sevi- 
lla. Durante su estancia allí, costeó la impresión de las poesías 
de Femando de Herrera, edición que tenía colectada y dispues- 
ta Francisco Pacheco, desde 1617, y que salió precedida de 
un juicio crítico biográfico del poeta, escrito por Rioja, y 
dirigido al Conde, á quien iba también dedicado el libro por 
su colector. De este trabajo de RiojA, no menos apreciable 
en el concepto biográfico que en el filosófico, no podemos de- 
cir si filé hecho, como parece lo más probable, en el propio 
año de 1619. Su encabezamiento dice : ((Francisco de Rio- 
ja. — á D. Gaspar de Guzman, Conde de Olivares, etc.» 
Rioja omitió la data, según su costumbre, terminando con 
desear al Conde larga vida , (( para aliento y favor de los estu- 
diosos.» 

Los pasajes de la Epístola moral ^ en que Rioja declara sus 
propósitos de aborrecimiento del vicio, y da por desatados y 
rotos los lazos de sus pasiones ; y al mismo tiempo aquellas 



3« 
fenrorotas dfmandas il Señor, de noeros afectos, nueva vidí, 
DOS dan mocÍTo pan discurrir, si no con acierto, á lo menos 
coo curiosas noticias sobre las inclinaciones de su juventud, j 
b variación que en ellas pudo desear á esta última fecha* 

RiojA filé conocido j celebrado como poeta en el período 
que medió desde 1607 á 1628, próximamente. Distii^iósde 
con el nombre arcádico de Lemnd$ (alusivo acaso á la blancura 
de su semblante), nombre que dejó consignado su compatricio 
el insigne D. Francisco de Me«lrano, en dos composiciones 
amorosas que le dedicó (« al Lie. Francisco db Riojad), j se 
hallan en sus Rimas ^ impresas al fin de ios RfmuU$s de ánmr^ 
de D. Pedro Vanegas de Saavedra (Palermo, 1617); poema 
escrito en 1604, corregido y copiado de nuevo en 1609, 7 no 
impreso hasta el citado año de 1617, en que lo fué por An- 
gelo OHandi, tipógrafo de Palermo, que halló el MS. unido 
con el de las Rimas de Mednmo, también inéditas, pero no 
fechadas. Cervantes , en su Fiúje del Pamas§ , publicado á fines 
de 1 6 14, contó á RiojA entre los grandes poetas de aquel 
tiempo. Lope , en b epístola 3ra citada, escriu , lo más tarde, i 
principios de 1621. Monulvan, en el Or/e$j que dio á la es- 
tampa en Madrid , año de 1624. Es muy evidente que h nu- 
vor parte de sus obras poéticas fueron fruto de su primera ju- 
ventud. £1 manuscrito más completo que de ellas conocemos, 
existente en el códice M-82, corregido de su mano, j acaso 
todo él autógrafo, lleva de la misnu este encabezamiento: 
Ffrsís de FRANCISCO DE RiojA; üM de 1614 *. Contiene sus 
once silvas, dos sextinas y treinta y nueve sonetos de los cin- 
cuenta y ocho suyos que son hasta el dia conocidos. Y en 
este contenido de cincuenta y dos composiciones, se com- 
prenden veinte y dos amorosas. Tan notable número de ver- 



' Como en su lugar diremos extensamente, este manuscrito hubo 
de empezarse á copiar de originales más andgoos, en 1614, y, saq)en- 
sa esta copia por bastante tiempo, se le agregaron, al condnoarla, al- 
gunas composiciones hechas durante aqoel intervalo. 



33 
sos amatorios , casi codos ellos relativos á su propio autor, se 
aumenta con el muy respetable de once decimas á Clortj inédi- 
tas, existentes en el mismo códice, escritas de su mano, en 
borrador, y con la circunstancia de estarlo parte de ellas al 
envés de otro borrador incompleto de carta suya, donde se 
cita como año á la sazón corriente el de 1614. Desde el 
año 1628 en adelante vemos á Rioja celebrado por su erudi- 
ción histórica, teológica, lingüística » jurídica, pero no como 
poeta. Don Nicolás Antonio solamente cita sus escritos en pro- 
sa. No he visto poesías suyas en ningún certamen , ni elogios 
poéticos debidos á su pluma al frente de libro alguno. Cuan- 
do tantos ingenios arrojaron flores sobre los sepulcros de Lope 
de Vega y de Montalvan, panegiristas ambos de RiojA, éste 
se mantuvo silencioso. 

Cierto es que en el mismo códice encontramos , fuera del 
cuaderno de 16 14, algunas composiciones de RiojA,quecon 
bastante seguridad deben de ser referidas á época posterior 
á 1619, de las cuales varias son amatorias, señaladamente la 
que empieza : 

Ardo en la llama mas hermosa y pura 
Que amante generoso arder pudiera 

Y aquella en que, al parecer, atribuye á la perfidia de su 
Fili la prisión que sufrió en Madrid, por orden de su mismo 
amigo y protector el Conde-Duque de Olivares. Difícilmen- 
te se concilia esto con lo grave de su carácter y con los de- 
beres que le imponia su estado, más estrechos cuanto su 
posición fuese más pública y más autorizada. Cualquiera 
que sea la solución de estas dudas, no la admite, á mi juicio, 
el hecho de ser la principal parte de las poesías de RiojA de- 
bida á los ocios estudiosos de su juventud; ni puede menos 
de concederse que , á vuelta de la severidad filosófica que las 
distingue, se paga también crecido tributo en ellas á las ar- 
dientes pasiones propias de la edad florida. A los extravíos de 
aquella su edad, parece que deseaba Rioja poner término 



34 
en 1619, al paso que á sus esperanzas y deseos de elevación. 
No es de extrañar que tal cual vez se desviara del primer 
propósito, ni que más adelante olvidase completamente el 
segundo ". 

En el nuterno seno de Sevilla , 

Roma triunñmte en ánimo y grandeza , 

academia lucida de todas las letras^y bellas artes , Rioja, 
estimado y honrado de cuantos las profesaban , modestamente 
atenido á sus dos profesiones, se entregó con tranquila asi- 
duidad al estudio, perseverando firme en su resolución des- 
preciativa de la corte durante un período de más de tres años, 
desde 1618 hasta mediados de 1621. La i?^fi/0¿7 repetidamen- 
te aquí citada, el yardin di Lope di Vega^ que este ilustre 
ingenio le dedicó en su Filomena^ contiene un explícito testi- 
monio del laborioso abstraimiento de Rioja en aquellos años, 
y también algunos otros datos sobre su persona, que reco- 
miendan la inserción completa en este sitio del correspon- 
diente fragmento de aquella composición; breve corona en 
que Lope tejió flores para muchos ingenios y personajes de 
su época. Principia así : 

Divino ingenio, i quien están sujetas 
Romanas musas, griegas y españolas. 
Que ennobleces, aumentas y interpretas; 

Tú, que del cortesano mar las olas 
Cuerdo olvidaste , y donde quietas yacen, 
Vives las horas del estudio solas; 



' Acaso le fortalecía por entonces en él su amigo Calatayud, diri- 
giéndole su excelente silva Al lino (códice M-82, autógrafii, inserta 
en mi Cancionero de poetas varios de los siglos xvi y xvii), la cual con- 
cluye de esta manera : 

QñeffueSf eideseoi ¿quién, Rioja, 
Esper atizas no ataja , 
Si la muerte de todo nos despoja, 
Y en naciendo vestimos la mortaja? 



35 

Claro Febo andaluz, por quien ya nacen. 
En vez de olivas, lauros en el Bétis, 
Que mas ardientes los ingenios hacen; 

La gran ciudad por quien discurre Tétis, 
Mayor que la que dio famosa á Niño, 
La hija del gran ídolo Dercétis; 

Honrada ya de tu laurel divino. 
Se precia más de ti que de la infusa 
Ciencia del Smimeo y Venusino. 

Como la tierra inmoble, aunque difusa. 
Vemos estar de la naturaleza. 
Que es el aire animablc, circunfusa; 

Asi la ciencia (aunque es mayor grandeza) 
Tu parte superior sublime baña. 
Poco menos que angélica belleza. 

Tú, pues, por quien la línea más extraña 
De nuestro polo ha de ofrecer gustosa 
Memoria á las corónicas de España , 

Oye de mi jardín la artificiosa 
Máquina, donde vivo retirado. 
Si no virtuosa vida, nunca ociosa. 

Comienza á describir el jardín alegórico , entre cuyos ador- 
ios supone los retratos y bustos de hombres insignes, y de 
fstos menciona el primero á RiojA : 

¿'Quién duda que tú aquí lugar tuvieses, 
Francisco ilustre, y mi querido Elisio, 
Elisio que me pesa que no vieses? 

De los personajes ilustres por su nacimiento y elevadas 
>rendas, nombra y ensalza en primer lugar ai Conde de Oli- 
rares : 

Aquí dirás (y es bien) que ^cómo callo 
El Guzman generoso, el de Olivares, 
En quien ciencia y virtud iguales hallo? 

Pero también es justo que repares 
En que alabanzas cortas son ofensas, 
Y que todas en el serán dispares. 

Bien pienso yo que de mi celo piensas 
Que á mayor ocasión Euterpe guarda 
Asunto de virtudes tan inmensas. 



36 
Al retiro de RiojA por esu misma época, juzgo yo que se 
refiere también Lope en el notable elogio que le tributó en su 
Laurel de Apolo^ compuesto, á lo que se infiere de su dedi- 
catoria, desde el año de 1628, aunque no salió á luz hasta 
el de 1630. Dice así : 

Con este gran ingenio, previniendo 
Musas latinas, griegas y españolas. 
Con arrogancia entumeció las olas, 

Y á los muros arroja 

Pedazos de cristal, como que llama 

Al célebre Francisco de Rioja ; 

Pero luego sabiendo que desama 

La inquietud de las cortes y el bullicio. 

No quiso perturbarle. 

Porque fuese dejarle 

De su respeto indicio. 

Y despertar en su lugar le agrada 
La memoria llorosa 

De aquel joven 

Bien pudiera ser ésta, en efecto, una mera variante del pa- 
negírico más extenso con que le honró en El yardin. Pues 
á la verdad, por los años de 1628 ya habia dado muestras 
D. Francisco de Rioja de no desamar tan absolutamente la 
vida inquieta y agitada de la corte. Y ademas, en la corte le 
indican, al parecer, domiciliado por aquella fecha las más 
probables conjeturas. Pero el descubrimiento hecho última- 
mente por el Sr. D. Aureliano Fernandez-Guerra y Orbe, de 
cierto manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, que 
presenta indicios de ser obra del mismo Rioja, en la suposi- 
ción de serlo efectivamente, pondría muy en duda esas dichas 
conjeturas, probándonos que D. Francisco residia de nuevo 
en Sevilla por el año de 1626, y nos daria margen á calcular 
muy posible la prolongación de esa residencia hasta el tiempo 
en que Lope escribió el referido pasaje del Laurel de Apalo, 

La repetida alusión que este grande ingenio hizo, en 1621 
y 28, á las tareas literarias de Rioja sobre los poetas griegos 



37 
j btinos j y el dictado de Firgilio andaluz que sobre el de 
ntitvú Píndaro le di6 Montalvan en su Or/eo >, nos indican la 
pérdida de algunas traducciones suyas de aquellos clásicos, y 
aun nos hacen sospechar si tal vez se ensayó en la poesía 
épica; empleo digno de su imaginación vehemente y de la ri- 
queza y elevación de su estilo. Según todas las probabilida- 
des, tales trabajos literarios, por desgracia no conocidos, de- 
bieron de ser tareas de ese tranquilo y ñlosóñco retiro, del 
cual, con menor provecho para las letras» vino á sacarle de- 
masiado pronto la súbita elevación del Conde de Olivares al 
apetecido poder. Desde este suceso toma principio el segundo 
período de la vida de Rioja , en el cual supo con su diestra 
conducta acrediurse de discreto político, sin aventurar su 
opinión ni descuidar sus aumentos personales. 

La anticipada muerte del piadoso Felipe III, acaecida el 31 
de Marzo de 1621, colocó prematuramente el cetro del im- 
perio español en manos del joven príncipe D. Felipe. A las 
del conde D. Gaspar de Guzman pasaron derechamente las 
riendas del gobierno; y aun antes de tomarlas en forma, due- 
ño absoluto de la confianza del nuevo monarca, ya vio con- 
vertidos en mandatos sus interesados consejos. 

Inauguró el Conde su mando ministerial con providencias 



> ¡ Qué hmZf qué laurel preriene Febo, 

A tí , de entrambas musas docto amparo, 
jOh Virgilio andaluz, Píndaro nuevo, 
RiojA ilustre, honor del Bétis claro! 
Ciña tus sacras sienes Delio Efebo, 
En tanto que te copia en mármol paro, 
Minimo insigne, por su dulce estilo 
Montoya universal , nuevo Cirilo. 

Or/fú.., poema del Dr. Pcrez de Montalvan; Madrid, 1624. Pri- 
i edición, onica en vida del autor. En la de Madrid, 1723, se ha- 
lla terminada esu octava así: 

En unto que te copia en mármol paro, 
Por ciencia, por conceptos, por estilo, 
Avendaño sutil , nuevo Orílo. 



3« 

akuneiice popuhres. Decretó algunas reformas beneficiosas; 
entregó elcrados ddinciientcs al brazo de h, justicia ; removió 
de sus destinos á los principales em|Jeados j palaciegos. Aca- 
llando así los deseos del momento, justificó su prestigio, é 
hizo lugar espacioso para sus deudos, amigos j apasionados. 

Entre las personas de quienes el Conde creyó entonces 
oportuno servirse j rodearse, no debió de ocupar el últi- 
mo lugar su íntimo j fiívorecido RiojA '• £1 autor de los 
AmmUs ecUsiásticss j iecmláires de la ciudad di Sevilla (Ma- 
drid, 1677) , D. EHego Ortiz de Zúñiga, al mencionar á éste 
en el catálogo que inserta de los prebendados de aquella ca- 
tedral, vien todas fiícultades estimados», da sobre su llama- 
miento á h corte por el Conde de Olivares, 7 sus relaciones 
con este personaje, alguna apreciable noticia. Dice así : 

v(D. Fran'CISco db Rioja, canónigo, inquisidor del Tri- 
bunal Santo de Sevilla jr del Supremo, logró merecido vali- 
miento con el conde-duque D. Gaspar de Guzman , á quien 
supo tratar más verdades que lisonjas, y seguirle igual en 
ambas fortunas, con crédito siempre de varón entero en in- 
tención y dictámenes. No me consta de cierto si foé natural 
de Sevilla '. De ella le sacó la perspicacia del Conde a su 
confianza, C9n fretexU de ocupadles literarias^ y su modestia 
se contentó de crecer poco en las mayores.» 

Fuese ó no fundada en ese pretexto la invitación del Con- 



' V Llamóle á la corte cL. Conde-Duque de Olivares (dice Don 
Diego Ignacio de Góngora, en sus adiciones á los Farones ilustres de 
Caro), para tenerle siempre i su lado, y de quien en muchas resolu- 
ciones elegia su consejo para ejecutarlas.» 

^ Extraña ignorancia en este punto la de Zuñiga, hijo también de 
Sevilla, donde tan vivos recuerdos de Rioja exbtirian en aquella féchi, 
y hombre erudito, i quien no debian ser desconocidos los diferentes 
impresos de aquella época, en que más 6 menos explícitamente consta 
la patria del mismo ilustre ingenio. 



39 
de, RiojA no quiso desairarla , y olvidando sus propósitos 
filosóficos , corrió a gozar en la corte del poderoso favor de 
su patrono. 

Una picante, si vaga, conjetura, dan ocasión a formar so- 
bre las concausas de esta determinación de RiojA, dos de sus 
más interesantes composiciones poéticas. Hablamos de los 
sonetos en que, al parecer, alude á la prisión que sufrió algún 
tiempo después por arbitrario mandato de su protector. Em- 
pieza el primero de este modo : 

En mi prisión y en mi profunda pena 
Sólo el llanto me hace compañía, 
Y el horrendo metal que noche y dia 
En tomo al pié molestamente suena. 

No vine á este rigor por culpa ajena; 
To dejé el ocio y paz en que vivia, 
T" corrí al mal, corrí á la llama mia, 
T muero ardiendo en áspera cadena. 



Y el segundo así : 



Rompo con lisa frente las prisiones, 
Fili, que tus engaños fabricaron ; 
Lágrimas tu mentir acreditaron 
Contra hábitos de fieles prcsunciotíes. 

¡Ob, cuántas veces, Fili, á tus acciones. 
Que mal ardiente llama en mí apagaron , 
En mb hielos piedad solicitaron, 
Y turbaron prudentes prevenciones! 



Declara Rioja en el primer soneto que por su propia vo- 
luntad corrió al maljá la llama suya; y que el haber dejado, 
por ella, el ocio y paz en que vivia tranquilo, vino á ocasio- 
narle la rigorosa prisión de que se queja tan sentidamente. Y 
en el segundo, que esta prisión la debió á los traidores engaños 
de Fili^ á quien señala, al parecer, como objeto de su malar^ 
diente llama. Ahora bien : ¿ aluden a esta pasión aquellos vir- 
tuosos propósitos de la Epístola moral á Fabio? ¿Los olvidó 

4 



40 
tamhícn al trocir por la a 'pitada curte su pacífico retiro de Se- 
villnr 

Nt) he coiisc¿ruido averiguar la fecha en que se presentó á 
disfrutar del favor ministerial. Los historiadores guardan si- 
lencio, considerándolas sin duda como de poca trascendencia, 
sobre las conexiones de! Conde de Olivares con Rioja en 
estos años; y no he hallado en relación alguna, impresa ni ma- 
nuscrita, comprobada la especie que un moderno escritor' 
afirma, de haber sido redactada por Francisco de RioJA la 
exposición ó memoria que el Conde presentó al Rey, en 28 
de Noviembre de 1 621, acerca de la concesión de mercedes, 
honores y recompensas, y de la necesidad de excusar todas 
las que produjesen nuevos gravámenes al Real erario. A la 
verdad, la viva y preferente recomendación que en este do- 
cumento se hace del estado eclesiástico, de hs hombres doctos 
y vlriiíosos que con su rioctrina y ejemplo sirven á la Iglesia y au- 
toríztifi el reino ^ parece dictada por el interesado deseo de al- 
gún individuo de la misma clase recomendada. 

Conservase en el citado códice M-82, formando su fo- 
lio 124, un curioso autógrafo de Rioja, que puede servimos 
de probable indicio de su residencia en Madrid por el mes de 
Agosto de 1622. Es una copia suelta, sin epígrafe, de la dé- 
cima que con libre pluma escribió D. Luis de Góngora sobre 
el suceso de la alevosa muerte dada al ingenioso y estimable 
Conde de Villamediana, que tuvo lugar en esta capital el 



* D. Adolfo de Castro, en su citado opúsculo histórico. Este mis- 
mo escritor, al compendiar ahora para la colección de Líricos de los si- 
^Jos x\\ y XVII, t. I (.w'xii de la Biblioteca de Autores Españoles), W 
biografía de Río; a, aííadiéndola una noticia de corto interés, supri- 
miendo en cambio otra muy importante, y haciendo en ella altera- 
ciones arbitrarias, dice que el de Olivares sacó de su retiro i Rioja 
para traerle á la corte, cuando fué á Sevilla con cl Rey, en el año 
de 1624. 



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4» 
día 21 del expresado mes y año. Rioja hizo indudablemente 
aquella copia ', reciente el caso , ya por mera curiosidad , ya 
con objeto más importante. Aunque esta composición es muy 
conocida, la reproducimos con la ortografía de Rioja : 

Mcntidero de Madrid , 
dczidnos quien mato al conde : 
ni se dize ni se esconde 
sin discurso discurrid. 
Dizen que lo mato el cid 
por ser el conde 1o9ano, 
mas es el discurso vano 
lo cierto del caso á sido 
que el matador fue bellido 
i el inpulso soberano. 

Según el biógrafo del Parnaso Español^ el Conde de Oliva- 
res encargó desde luego á Rioja la dirección de su riquísima 
biblioteca particular, y al mismo tiempo le hizo su abogado con- 
sultor. Del joven monarca, ardiente apasionado y protector de 
las letras, hubo de serle al privado muy fácil conseguir para su 
amigo y confidente la plaza de cronista de Castilla, que éste 
desempeñaba ya por Setiembre del año de 1624. (Tamayo de 
Vargas, Novedades antiguas de España. Flavio Lucio Dex^ 
tro»., defendido.., Madrid, dicho año. Fól. 93 vuelto.) 

£1 parnasista asegura que Rioja obtuvo también por aquel 
tiempo la plaza de bibliotecario de S. M. Como el único dato 
^ue me es conocido, relativo á la primera vez que ejerció este 
destino, es del año 1634, reservo su detenida mención para 
el lugar oportuno. 

Cronista de Castilla fué nombrado Rioja, por muerte del 
célebre Antonio de Herrera. Obtenia este cargo por Setiem- 



' Dos variantes presenta con la impresa y con un códice del Señor 
Fernandez-Guerra , que son : «Ni se dice», por uní se sabe»; «Mas es 
el discurso vano», por «disparate chabacano.» 



4* 
brc del año 1624, como va referido, pero no le conservó lar- 
go tiempo. Habíale ya renunciado por Abril ó Mayo de 1625, 
temporada en que visitó á Sevilla; y, dimitido, contribuyó 
con su influjo á que recayese, como recayó, en nuestro Don 
Tomas Tamayo de Vargas. Debemos estas noticias al Señor 
D. Antonio Gómez Aceves , que en su consabido artículo 
biográñco publica, entre otros retazos de cartas , cuyos orígi- 
ginales no declara dónde existen , los siguientes. Copiamos li- 
teralmente el texto del articulista. 

« El cosmógrafo de S. M., Pedro Antonio Moreno Vilchcs, 
natural de la villa de Solteras, en carta de Sevilla de 12 de 
Agosto de 1625, le dice á Rodrigo Caro, residente en la villa 
de Utrera, su patria, entre otros particulares : 

)^ Cuando estuvo aquí Francisco de Rioja esta primavera^ me 
dijo cómo se hahia desistido del oficio de cronista : yo le pedí hi- 
ciese diligencia para que se diese á Don Tomas : él abrazo este 
parecer^ por haber conocido en el partes y aliento para el oficio: 
ahora escribe Pacheco^ como v. m. verá , que tiene muy adelante 
esta pretensión ¡ holgar tame saliese con ella , porque le veo traba- 
jador y celoso de la honra de España, 

))En carta de Francisco Pacheco , fechada en Madrid, Oc- 
tubre de 1625, y dirigida al referido Pedro Antonio Moreno 
Vílches, cosmógrafo de S. M., le dice, entre otras cosas, las 
siguientes : 

» Recibí carta del Sr. Licenciado Rodrigo CarOj a quien esti- 
mo en mucho^ y me huelgo infinito de su buena memoria y corres- 
pondencia : así fueran todos los amigos. To había dado^ como le es- 
cribí á V. m,^ el memorial suyo á Francisco de Rioja ^ y después 
le hablé de nuevo un dia^ antes que se partiese al Escorial: hoy 
día de la fecha por la mañana le visité en orden á esto^ y le 
acompañé hasta Doña María de Aragón y y oí misa con él y enco- 
mendándole el cuidado de dar noticia al Arzobispo del Sr. Li- 
cenciado; y él con muy buena gracia me prometió que lo haría. 
Ojala estuviera en mi mano : hago lo que puedoj pero hago nada 
al cabo '.» 



Esta pretensión de Caro no parece que debia de ser relativa al 



43 

Asegura el Sr. Aceves que Rioja habitó en Madrid ( sin 
duda [K>r este tiempo), en la calle de Torija, y que « iba á de- 
cir misa, ó á oiría, á Doña María de Aragón..., ácuya iglesia 
le acompañaban casi diariamente su inseparable amigo el sabio 
sevillano D. Juan Adán de la Parra y... Vicente Espinel.» 

Según el biógrafo del Parnaso Español^ nuestro poeta obtuvo 
el cargo de bibliotecario del Rey, al propio tiempo que el de 
cronista de Castilla. Y en efecto, es indudable que ya desempe- 
ñaba un destino en el Real palacio por Junio de 1625 ; pues- 
to que en una loa que D. Antonio Hurtado de Mendoza 
compuso para la ñesta teatral que en dicho regio alcázar se 
celebró por la fausta noticia de la toma de Breda ', haciendo 
individual mención de los empleados en la cámara de S. M., 
al describir con donaire sus extremos de alborozo y alegría por 
aquel suceso, nombra al ((ingenioso Rioja», de quien, más 
seriamente, dice que ((ponderaba y solemnizaba» tan insigne 
hecho de armas. Insertamos en los Apíndices el fragmento 
correspondiente de esa curiosa composición. 

El descubrimiento, si así puede llamarse el atento y dete- 
nido examen del papel número 16 de los comprendidos en el 
códice (legajo) X-21 de la Biblioteca Nacional de Madrid, 
que acaba de hacer el Sr. D. Aureliano Fernandez-Guerra y 
Orbe, al ocuparse en reunir materiales para ilustración y com- 
plemento de las Obras de D. Francisco de ^evedo^ que con 
asidua laboriosidad é inteligencia colecta para la Biblioteca de 
Autores Españoles^ ha venido, como ya hemos indicado, á dar 
origen á curiosas é interesantes conjeturas sobre ciertos suce- 
sos de la vida de Rioja. 

Contiene el expresado papel, anónimo, de letra del siglo xviii 



cargo de cronista. El párrafo de la carta primera, que se refiere á Pa. 
checo, no está bien claro, y seguramente induce á error sobre el con- 
tenido de la segunda. 

' Rindióse esta plaza el dia 8 de Junio de 1625. 



copia de buen pendolista, pero de ruda Minerva, si hemos de 
juzgar por las faltas ortográficas de sus pasajes latinos, una 
especie de comentario crítico-satíríco de la Política de Dios^ 
Gshiemy di Cristi y Tiranía di Satanás^ obra de la pluma de 
oro, de la inteligencia altamente liberal j civilizadora del in- 
signe D. Francisco de Quevedo. 

£1 primitivo dtulo de este papel crítico, jinotaciones á la 
Pslttica de D. Francisc9 de ^evedoj aparece tapado con una 
tira de papel, donde se le sustituyó el de Anotaciones a la Poli' 
tica de Diss y Gioiemo de Cristo, Sin duda esta copia hubo de 
andar en manos de muy encumbrados personajes , puesto que 
la sir\e de forro el sobrescrito de un pliego Jl Rej^ nuestro 
señsrj del Marqués de los Feltz. 

£1 contexto de las tales Anotaciones^ registradas en el índice 
manuscrito de la Biblioteca Nacional entre las producciones 
manuscritas de Quevedo , hizo concebir al Sr. Fernandez- 
Guerra la sospecha, probablemente apoyada por algún otro 
critico, de que su desconocido autor fuese tal vez nuestro 
eminente D. Francisco de Rioja. £sta conjetura, enunciada 
por dicho erudito en las ilustraciones al tomo primero de su ci- 
tada colección , produjo en mí, como tan empeñado en estas 
investigaciones biográficas , un deseo vivísimo de estudiar pro- 
lijamente sus fundamentos. £n efecto, examine con mucha 
detención el manuscrito, y si bien hallé algunas razones muy 
atendibles en contra de ella , encontré a la vez otras que la 
confirman y la dan bastantes grados de probabilidad. Concep- 
túo indispensable la exposición de unas y otras en este lugar, 
de su relato se desprenderán naturalmente las conjeturas que 
hacen al principal objeto y propósito de nuestra tarea bio- 
gráfica. 

£1 estilo de las Anotaciones ofrece en general un desaliño no 
muy propio de la pluma del que tan elegantemente la manejó 
en el Aristarco^ en los Avisos á predicadores y en algunos otros 
escritos prosaicos. Y no puede menos de parecer también un 
tanto ajena de Francisco de Rioja, que se ejercitó con 



45 
apasionado instinto á la ciencia de Apolo, la ironía repetida 
con que el anónimo autor habla de ella, y denomina una y otra 
vez poeta a D. Francisco de Quevedo. Pero á estas induc- 
ciones, que , á la verdad, pesan mucho en la balanza, se opo- 
nen los señalados indicios que vamos a manifestar. £1 autor 
era natural de Sevilla ; aludiendo al título de la obra que im- 
pugna, dice (fól. 2) : 

a Prometió la rueda del ollero una tinaja por lo menos de 
ciento y veinte arrobas, cuales se usan en las bodegas de nuestro 
Ajarafe^ ó sierra de Cazalla : remitámonos á lo que después 
saldrá, sin duda desigualísimo en la prosecución... — Espere- 
mos el parto de los montes. )) 

Era de profesión eclesiástico. — Así lo demuestran, el espí- 
ritu de su obra, la preferencia con que en ella trata las cues- 
tiones teológico-dogmáticas , y la inteligencia con que las 
discute. 

Su erudición, allí desenvuelta, era muy copiosa, y no me- 
nos profana que sagrada. Muéstrase conocedor de la lengua 
griega, y muy señaladamente de la hebrea. Preciado de tal, 
equivocadamente caliñca de mero romancista á Quevedo. Hé 
aquí sus palabras : uSi habla (Quevedo) del libro que se in- 
titula Sabiduría^ bien pudiera yo decir que lo más cierto es no 
ser de Salomón ; por razones y pensamientos sólidos : sin du- 
da los que son romancistas peligran en estas materias. )) 

Hallábase á servicio del Conde-Duque por el año 1623. 
Escribe en el fól. 4: «A esto se reduce lo de (la gracia de) 
duque de Sanlúcar, de que S. M. le hizo merced (al Conde 
de Olivares), casi tres años después, en el último de 23, estando 
yo en su servicio^ y poco antes la de gran canciller.» 

I En quién otro, pues, que en nuestro Francisco de Rio- 
JA, hallamos reunidas las circunstancias que el autor de las 
Anotaciones reunia de sevillano, eclesiástico, profundo teólogo, 
erudito greco-latino y hebraista , y servidor familiar del Con- 
de-Duque en el año 1623? 

Hemos dicho que el estilo de las Anotaciones no parece pro- 



46 
pió de la elegante pluma de RiojA. Aventurada es por lo co- 
mún toda investigación exclusivamente fundada en los carac- 
teres peculiares que suele presentar el de cada escritor. Del 
de Francisco de Rioja tenemos, sí, muestras en el género 
serio y filosófico, ya consultemos sus poesías, ya sus escritos 
políticos, jurídicos y filológicos; poseemos una carta suya es- 
crita con festiva y juguetona pluma ; pero de ese otro estilo 
taraceado de serio y jocoso, á que ñcilmente se desliza la crí- 
tica más adusta, no tenemos ejemplo alguno entre sus obras 
conocidas. Rioja, de natural severamente grave y melancó- 
lico, no podia manejar con destreza la sátira; y el intento de 
mezclarla en un asunto que de suyo se prestaba tan poco á 
ella, indispensablemente debia de embarazar, en el supuesto á 
que nos inclinamos, el ya trabajoso vuelo de su pluma. Pero 
no es tan inmensa la distancia entre el estilo de Rioja y el de 
las Anotaciones^ que dejen de presentar uno que otro punto de 
muy visible analogía. Léese en este opúsculo una frase por 
extremo notable y señalada, que Rioja usó en uno de sus 
escritos prosaicos: en la carta que desde Madrid, con fecha 
de 21 de Abril de 1654, escribió á D. Juan Lucas Corta, y 
fué publicada por D. G. Mayans entre las de varios autores 
españoles y t. i, Madrid, 1756. Esta carta empieza así : 

((V. m. sobre docto es discreto ; y la razón dijera yo a v. m. 
a boca^ y la diré sí algún día fuere Dios servido que nos volva- 
mos á ver )) 

En las Anotaciones y fól. i vuelto, leemos : 

«A otros (les pareció) que éstos eran conceptos predicables, 
ya recogidos de sermonarios (de que han hecho demostración), 
ya oidos á predicadores, casi señalando su autor, que los muy 
atentos no lo desconocen por suyo, aunque no lo oigan á 
boca )) 

La contestación dada por Quevedo á este opúsculo crítico, 
que por desgracia se ha perdido, hubiera probablemente es- 
parcido alguna luz sobre la cuestión que nos ocupa. £1 mismo 



47 
lió noticia de aquella en el prólogo á la edición corregida de 
(u Política^ donde, hablando de las impugnaciones que esta 
>bra inestimable había experimentado, hizo una respetuosa y 
lotable distinción entre la respuesta por él dada al docto que 
fdvirtií^ y la que no merecían (dos otros)) á quienes dejaba 
[entretenidos con la sombra, hasta que los silbos y la grita 
:on[iasen posesión de su seso. )) 

Enunciados estos antecedentes, vendremos al dato más 
curioso é interesante para nuestro objeto, que hallamos en 
las Anotaciones. Hablando el autor anónimo , y haciendo críti- 
ca de la carta de D. Lorenzo Vander Hammen á Quevedo, 
panegírica de su Política de Dios , é inserta a continuación de 
esta obra, dice (fól. 4 vuelto) : 

«Parece D. Lorenzo, si es su autor, de profesión teólogo y 
estudio positivo de buena erudición y lección , curioso á lo 
eclesiástico y moderno. 

ȣ digo si es su autor, no sin gran fundamento, porque lo 
que habia visto suyo, que es el Epítome de Filipo 11^ no me 
ha contentado^ por las razones que hubiera visto de mi mano. 
Si en mi prisión no me hubieran cogido este papel con otros. 
Hubierale estado bien este recuerdo)), etc. 

Estuvo, pues, el anotador preso (y lo dice sin rebozo í casi 
con envanecimiento) por el año de 1625 ó en los primeros 
meses del siguiente, puesto que en aquel trance le fué ocu- 
pado, entre otros , su papel crítico de la obra histórica intitu- 
lada : D. Felipe el Prudente , segundo de este nombre , compues- 
ta por D. Lorenzo Vander-Hammen y León , impresa en 
Madrid, el año de 1625 ; y dado que se hallaba escribiendo el 
de las Anotaciones por Agosto de 1626 ((( ¡ oh, válgame Dios y 
la Virgen, nuestra Señora, en cuya víspera de su Asunción 
estoy escribiendo esto, no habiendo cuatro dias que lo co- 
mencé!» Fól. 4 vuelto). 

Sabemos que D. Francisco de Rioja sufrió en Madrid 
una prisión arbitraria, por mandato, á lo que parece, de su 
mismo protector y amigo el Conde-Duque de Olivares. Tres 



48 
documentos literarios poseemos, escritos de su mano, que más 
ó menos expresamente lo acreditan : los tres sonetos que tan 
conocidos son , y que principian : 

En mi prisión y en mi profunda pena , 
Sólo cl llanto me hace compañía 

Rompo con lisa frente ks prisiones, 
Fili, que tus engaños fabricaron 

¿í>ué secretos no vistos, en mb males 
Inventas, Cloe ? 

Cuyos originales, existentes en el códice M-82 de la Biblio- 
teca Nacional , sobre ser, como va dicho, autógrafos de RiojA, 
llevan, de su mano también , los terminantes epígrafes : uir 
Francisco de Rioja» — nM mismo.)) El autor de su biogra- 
fía inserta en cl octavo tomo del Parnaso Español^ que para es- 
cribirla tuvo sin duda presentes muy apreciables datos, asegu- 
ra que Rioja, víctima de una gran persecución, suscitada por 
sus émulos, que no solamente le derribó de la gracia del Con- 
de-Duque , sino que le condujo hasta el extremo de ser con- 
siderado como reo de Estado, sufrió una dilatadísima prisión 
en Madrid, posteriora Noviembre del año de 1636. Añadeque 
la causa de esta persecución, aá lo que se puede colegir^ fué la 
de atribuírsele ciertos escritos satíricos 9 de interpretarle mali- 
ciosamente algunos asuntos de sus obras»; y más adelante 
dice que {^ acaso se le inculcó en las revoluciones que acaecieron 

con motivo de los escritos atribuidos á su grande amigo 

D. PVancisco de Quevedo», y que «el papel intitulado El 
Tarquino Español y Cueva de Me liso)) (virulento libelo contra 
el Conde-Duque) era en efecto atribuido por algunos á Don 
Francisco de Rioja. » Desde luego se observa que la enun- 
ciación de tales motivos es puramente conjetural. Procuremos 
apurar el origen y calcular las probabilidades que pueden te- 
ner esas conjeturas. 

Reproduciendo, en primer lugar, la cuestión que ya toca- 



i ¿Afir* m£0>*éU. á9*r' A^ ¿^Av» <%VM 



.K 



49 
mos arriba sobre la parte que en la prisión de RiojA puede 
sospecharse que tuvo tal ó cual relación amorosa en que se 
hallase envuelto y comprometido, sospecha nacida de aque- 
llos versos : 

Rompo con lisa frente las prisiones, 
Fili, que tus engaños fabricaron; 
Lágrimas tu mentir acreditaron 
Contra hábitos de fieles presunciones ; 

fijaremos á la par nuestra atención en ellos , y en el otro ya 
citado soneto suyo, que dice : 

¿Qué secretos no vistos, en mis males 
Inventas, Cloe? Miro las acciones 
^e fabricaron á mi fax prisiones y 
Como cuando en tu gracia^ siempre iguales. 

También las puras luces celestiales. 
Contra quien no hay humanas prevenciones; 
Mas ¿qué oculto veneno en ellas pones. 
Que las siento, muriendo, desiguales? 

¡Oh modos eficaces y elocuentes. 
Cómo habláis en las injurias mias 
Lo que niegan palabras y favores ! 

¡ Qué no entendida fuerza de temores 
Descubrís en silencio! ¡ Ay! ¡Florecientes 
Mis glorías llevan los veloces dias! 

Este enérgico apostrofe á Cloe , ¿ va por ventura dirigido 
al Conde-Duque ? En medio de la estudiada anfibología del 
soneto, ese primer cuarteto parece expresar claramente una 
alusión á la gracia^ al favor que el Conde habia dispensado al 
autor. Parece la queja respetuosa del amigo, injustamente 
oprimido y juzgado por el amigo. Observemos al mismo tiem- 
po en el otro primer cuarteto que RiojA, culpando a Fili de 
una como delación fi^lsa, acreditada con fingida i lágrimas^ 
expresa en terminantes frases la idea del efecto, para él tan 
adverso, que esa ficción produjo en el ánimo de su aprisiona- 
dor, destruyendo las presunciones de constante fidelidad que de 
él tenía formadas. Y últimamente, enlazando con estos indi- 



50 
cios la alusión, que ya dejamos analizada, contenida en el 
soneto : 

En mi pcision y en mi profunda pena. 
Sólo el llanto me hace compañía, 

haremos notar el hecho de tener los autógrafos de estas tres 
composiciones caracteres materiales que demuestran haber sido 
escritas en una misma época. 

No hay dificultad alguna en creer que Rioja pudiese ser 
calumniosamente señalado como autor de un escrito contrae! 
Conde-Duque. Ni ofrece improbabilidad la suposición de que 
esto se verifícase de 1625 á 1626. La aserción del pamasista, 
que fíja la prisión de Rioja en época posterior á Noviembre 
de 1636, no se presenta fundada en prueba ni documento al- 
guno. Creemos que aquel biógrafo no debió de tener á la vis- 
ta, relativamente á este suceso, fechas determinadas , y es 
muy probable que gratuitamente se la atribuyese ó calculase 
posterior á la toma de posesión que de su prebenda de Sevilla 
asegura llevó á efecto Rioja ese tal dia 10 de Noviembre. 
Cabalmente la misma biografía contiene, á la par de algunos 
estimables datos , especies y noticias equivocadas , que dan 
clara muestra de la ligereza y arbitrariedad de cálculo, no me- 
nos que de la falta de erudición de su autor. 

Conjetura éste que acaso Rioja participó de la persecución 
que su grande amigo D, Francisco de ^evedo sufrió desde 
fines de 1639 en adelante. Quevedo no podia ser grande ami- 
go de Rioja. Satélites de distintos astros, fuerza era que 
girasen opuesta y separadamente. — Fonseca, el íntimo de 
Rioja, impugnó con acritud al insigne escritor madrídense. 
Quevedo refutó á Rioja en su prólogo á las Poesías át Fran- 
cisco de la Torre, publicadas en 1631. — Añade el parnasista, 
como en apoyo de su conjetura sobre este punto, que en 
efecto, el papel intitulado E¡ Turquino español y Cueva de Me- 
liso^ que falsamente fué atribuido al mismo Quevedo, le te- 
nían algunos por obra de D. Francisco de Rioja. Es cierto 



5« 
que en una de las notas que suelen acompañar á ese libelo se 
dice que fué compuesto por Rioja. Pero aun cuando esta no- 
ta, muy posterior al texto, y evidentemente inexacta en otros 
pormenores , no se hallase desmentida , como lo está, por los 
hechos y la sana crítica, nada probaria en favor de la hipó- 
tesis de haber dado la Cueva de Meliso justo motivo para la 
prisión de Rioja. La Cueva fué escrita y divulgada después de 
la caída del Conde- Duque. — Una gratuita suposición del parna- 
sista en la cuestión que nos ocupa, he descubierto por medio 
del citado códice M-82. Dice aquel biógrafo que la prisión 
de Rioja fué dilatadísima; pero al fól. 152 vuelto del expre- 
sado códice existe el borrador autógrafo del soneto : 



Rompo con lisa frente las prisiones, 
Fili, que tus engaños fabricaron. 



con la siguiente primitiva é inequívoca variante de su primer 

verso : 

¡^é fáciles cayeron las prisiones, 
Filiy que tus engaños fabricaron 

El elogio de Francisco de Rioja comprendido en el Lau- 
rel de jfpolo^ obra que Lope escribía desde el año 1628, tiene 
su más fácil y probable explicación , admitido el supuesto de 
ser en efecto Rioja el autor de las cuestionadas Anotaciones. 
Alude allí claramente Lope a la vida retirada de Rioja en 
Sevilla : 

T á los muros arroja 
Pedazos de cristal, como que llama 
Al célebre Franosco de Rioja ; 
Pero luego, sabiendo que desama 
La inquietud de las cortes y el bullicio. 
No quiso perturbarle 

Comprueba ademas muy evidentemente el retiro de Rioja 
por aquellos años, el siguiente pasaje, aun más honroso para 
él, más digno y expresivo, de la Epístola que Lope dirigió á 
D. Micael de Solís Ovando, natural de Plasencia, caballero 



5* 
ác Saín Jiun j cmbaLJador de Malta en nuestra corte ■ ; pu- 
biicindoia al ¿n de su precitado Laurel de ApoU. Dice así, 
aludiendo á la que había titulado su Jar£m (viii de La Fila- 
mema\ de la cual lievamos hecha oportuna mención : 

Cc^ie» ca 3¿ J^riin muchos defcctc»» 
Pcrc jc iííiera en el fr.inÍTRa planta. 
En vez ¿c fiores, prodocir concetos. 

V má¿ £Í juzgas á soberbb tanu 
Dedicarle á Rio> , honor y gloria 
Del Bcd5 , que hov ru5 ilahanTai canta. 

Rio; A, acuel varón cuva memoria» 
De Herrera , de Pacheco y de Medina 
Encareció b merecida historia. 

Aquel que con Apolo determina 
Lai causas de las Musas » si bien trata, 
Sererí t /rA i*/ , ciencia divina- 
La época de la composición de esta epístola consta en ella 
misma : la escribió Lope muy poco después de la Corona trá- 
gica ^ y ésta durante el verano de 1627. 

Ahora bien; si Rioja, retirado en Sevilla, fué realmente el 
autor de las Anstachnes escritas allí por Agosto de 1626; si 
entonces acababa de librarse de una prisión injusta y arbitra- 
ria, ¿no es probable que por algún tiempo se retrajese de 
volver á la corte, prolongando su residencia en Sevilla hasta 

el año de 1628, y acaso más todavía? 

Estas últimas páginas teníamos escritas meses hace, fun- 
dando, por decirlo así, sobre el viento conjeturas, que juz- 
gábamos luminosas, acerca del oscuro suceso de la prisión de 
RiojA. Un reciente descubrimiento (que tal puede ya ser lla- 
mado el hallazgo de muchos libros impresos) ha venido á 
echar por tierra todo el fentástico edificio formado por esas 
conjeturas. 



' A quien alaba de ingenioso poeta , incluyéndole también con bre- 
ve elogio en el Laurel, 



S3 

Prosiguiendo el Sr. Fernandez-Guerra (D. A.) con labo- 
riosidad incansable y sin igual estudio en los trabajos ilustrati- 
vos para el segundo tomo del ^evedo^ acaba de hallar, á dicha, 
en la biblioteca del Escorial, un ejemplar de la Defensa que 
del patronato español de Santa Teresa de Jesús escribió 
en 1628 D. Francisco Morovelli de Puebla, impugnando á 
D. Francisco de Quevedo ', quien, como es sabido, soste- 
nía ardorosamente el antiguo patronato de Santiago. 

En este libro, pues, Morovelli, presbítero sevillano (sobri- 
no del célebre escritor jesuita Juan Bautista Poza), sujeto cu- 
rioso y dado á estudios de varia erudición, se declara autor de 
las Notas á la Política de Quevedo, citando pasajes de ellas 
que textuales se hallan en el manuscrito de la Biblioteca Na- 
cional, base de nuestros equivocados y galanes cálculos. Por 
la dedicatoria que de este opúsculo hizo Morovelli a la espo- 
sa del Conde-Duque de Olivares, consta que estuvo algunos 
años antes á su servicio ; y de la misma dedicatoria y del tex- 
to, que sufrió por aquel tiempo una prisión, á cuya notorie- 
dad hace expresamente referencia. Hé aquí el período del 
texto en que más clara y terminante mención hace de sus 
Notas (fól. 6 vuelto y 7) : — ((Sólo reparo en que D. Fran- 
»cisco no ha acabado de entender este lugar : Non est meum 
náanvobis. En el fól. 46 de su Política de DiosXo romanza así : 
)) A^ me toca á mí^ sino á aquellos á quien está prevenido por mi 
Jí Padre; y aquí parece que insinúa lo mesmo, diciendo : No 
nes de mí daros eso á vosotros, Y como yo tengo advertido en 
nías Notas á aquella Política y San Mateo no quiere decir es- 
»to )), etc., etc. 



■ Z>. Francisco Morovelli de Puebla defiende el Patronato de Santa 
Teresa de le sus, patrona illustrtsima de España. T responde á Don 

Francisco de ^euedo l^illegas, cavalleroy etc A la Excma, Sra. Doña 

Inés di Zkñiga, Condesa de O linares, mi señora Con licencia, Im- 

presso en Malaga, por luán Rene. Año de M.DCXXFIII. 4.** 



54 

£1 párrafo de la dedicatoria á que nos hemos referido dice: 
(C Esta generosa defensa (glorioso ensayo de mí ingenio), que 

)'he hecho por el patronato de Santa Teresa dedico á vues- 

i>tra excelencia, obligado igualmente al favor que me hizo es- 
)>tando en su servicio, y al que recibí de la Santa en mi sabida 
«prisión D, etc. 

A consecuencia de este descubrimiento, hubiera yo debido 
suprimir todo lo relativo á la desvanecida conjetura ; sin em- 
bargo, he preferido rectiñcarla y dejar esos párrafos intactos, 
dado que en ellos se contiene cuanto he acertado á discurrir 
sobre la prisión de Rioja , cuya época y circunstancias inda- 
garán otros acaso con mayor habilidad ó más fortuna '. 

Regular parece, y así lo juzga también el pamasista, que 
por los años de 1621 á 1625 obtuviese Rioja la ración ó 
canongía de la Santa Iglesia de Sevilla ^ pero alo cierto es (di- 
ce aquel biógrafo) que tomó la posesión de ella en 10 de No- 
viembre del año de 1636.)) ¿Habrá en esta últíma cifra erfor 
de imprenta ó de copia? 

No he logrado adquirir otro dato biográfico relativo á nues- 
tro Rioja en el período que transcurrió desde 1628, época 
probable de la composición del Laurel de Apolo ^ hasta 1634, 



' Con respecto á la estancia de Rioja en Sevilla por el año de 1627, 
debo advertir que el Sr. Gómez Ace\'es habla de ella como de un he- 
cho positivo, aunque sin dar prueba alguna. Dice: «En la primavera 
de 1627 volvió á Sevilla nuestro Rioja, donde pasó una al^re tem- 
porada éntrelos amigos de sus primeros años..... etc.v — He adquirido 
últimamente un papel impreso (en folio), titulado : Carta qui el Docfr 

Francisco de Figueroa^ médico de la Inquisición de Sevilla^ escrihU i 

Francisco de Rioja, coronista de S. Ai., en que le dice pierda el miedo 
á la Peste causada de rugientes y Polvos, que dicen ha corrido en Mi- 
lán, etc. Esu carta va fechada en Sevilla, á 16 de Octubre de 1630,7 
comienza : Luego que v. m. llegó á esa corte, le escrihi que m$ bshia de 
nuevo más que su ida á ella^ en que se hablaba variamente en ésta. 



ss 

que ia muy notable exposición que dirigió al Consejo de la 
Suprema y General Inquisición deEspaíía, manifestándole su 
parecer sobre las proposiciones que por el índice expurgatorio 
se mandaban borrar en el Elucidarium Deipara^ escrito por 
el P. Juan Bautista Poza , y sobre otras nuevamente repara- 
das en la misma obra; documento que existe en la Biblioteca 
Nacional de esta corte. 

£1 célebre jesuita Juan Bautista Poza, vizcaíno (hijo de 
Andrés Poza, autor de dos obras apreciables sobre geografía, 
náutica é historia (1583 á 1587), se dedicó apasionadamente 
á los estudios teológicos. Desempeñaba ya una cátedra al 
tiempo de la fundación de los estudios de la Compañía en Ma- 
drid. Escribió diversas obras, entre las cuales la que sacó á 
luz en el año de 1626, intitulada : Elucidarium Deipara : quo 
hac continentur : Pravius explorator majori ex parte pugnax 
et contentiosus de Chronographia et Geographia Misteriorum 
Firginis : liber l e$t de re paterna ; ll de Corpore Firginis : 
III supplementum pro definiendo Inmaculato conceptu. Complu^ 
ti^ 1626. (Fól.) — Lugduni. (4.°) — Obra en que absurda y 
atrevidamente se propuso indagar y explicar á su modo el 
misterio de la Purísima Concepción, y discurrir sobre Us 
cualidades naturales de la Santísima Virgen y de su divino 
Hijo, nuestro Redentor. 

Con justicia mereció este libro la censura de los tribunales 
de la Fe. La causa del P. Poza tuvo principio en el año 
de 1629, siendo inquisidor genera] D. Antonio Zapata, arzo- 
bispo de Burgos, y se prolongó hasta el año de 1643. Don 
Juan A. Llórente refiere, en su Historia de la Inquisición de 
España^ los motivos secretos del empeño con que esu causa 
se prosiguió y sostuvo por tan largo tiempo \ motivos sobre 
los cuales no estampa D. Nicolás Antonio la menor indica- 
ción. «La universidad de Salamanca (dice el ilustrado secre- 
tario de la Suprema) habia representado contra la solicitud de 
los jesuitas , de elevar á universidad el colegio Imperial de 
Madrid. Escribió en defensa el P. Poza; se le impugnó, res- 

5 



56 
pondió; se le replicó, publicó nuevas apologías; y por últi- 
mo, hizo un tomo de sus opúsculos , en latin para Roma, y en 
castellano para España. Fueron condenados unos y otros, por 
decreto déla Inquisición romana, á 9 de Setiembre de 1632.» 
Los antagonistas (sigue refiriendo Llórente) quisieron que la 
de España hiciese lo mismo ; pero ésta se negó á ello por influ- 
jo del Conde-Duque, cuyo confesor era jesuíta. Entonces el 
doctor Francisco Rosales, capellán de honor del Rey, maestro 
del in&nte-cardenal D. Fernando, publicó un papel ', dela- 
tando todas las obras del P. Poza como heréticas, y aun ateas, 
y refiriendo que delante de tres jesuitas, escogidos para la dis- 
puta por orden de S. M., y á presencia también de los duques 
de Lerma y de Híjar, y de los condes de Salinas y Saldaña, 
le habia demostrado ser falsas y truncadas las citas que hacia 
de la Escritura, Santos Padres, etc., concluyendo por acusar- 
le de sospechoso en la fe, y asimismo á sus prelados, que, á 
pesar de todo, le habian nombrado posteriormenre maestro 
del colegio. A consecuencia de tales precedentes y acusacio- 
nes, quiso el papa Urbano VIII declarar hereje al P. Poza; 
pero hubo de abstenerse por respetos á la corte de Madrid, 
cuyo primer ministro era decidido protector de la Compañía, 
y se contentó con mandar que fuese destituido de la cátedra, 
privado de enseñar, escribir y predicar, y relegado á un cole- 
gio sito en alguna de las poblaciones menores de Castilla. Los 
jesuitas , fuertemente escudados , no cumplieron con este de- 
creto. Su prepósito general los disculpaba en Roma, alegando 
que el Rey de España les impedia obedecer aquella suprema 
disposición. Entre tanto, Alonso de Vargas, en una interesante 
obra, impresa fuera de España, ponia de manifiesto las estrata- 
gemas y aviesa doctrina de los hijos de Loyola. Así prosi- 
guieron las cosas, hasta que derribado el de Olivares de su 
encumbrado puesto, se prohibieron en España y Roma las 



Con fecha de 5 de Octubre de 1633. 



S7 
obras del P. Poza, y éste fué condenado á abjurar las herejías 
á que inducían algunas de sus proposiciones, que fueron de- 
masiado exageradas por sus antagonistas. 

Hasta aquí Llórente. — D. Nicolás Antonio no da noticia 
de escrito alguno de J. B. Poza relativo á esa cuestión uni- 
versitaria. Según este bibliógrafo, Poza fué preso por la In- 
quisición, y al fin sentenciado á privación de voz, voto y car- 
gos en su instituto, y á destierro perpetuo en el colegio de 
Cuenca, donde murió año de 1660 '. 



■ Otra versión, menos autorizada, pero digna de tenerse presente, 
acerca de la causa que motivó la persecución sufrida por el P. J. B. Po- 
za, es la que vamos á referir, sacada de los escritos de aquel tiempo. 

En el papel intitulado La cueva de Me liso, mago. Diálogo satírico 
entre Meliso, mago y y D.Gaspar áe Guzman, Conde-Duque de Oliva- 
res; y en las Notas que con el título de Apología postuma contra el 
Tarqnino español , Conde-Duque de Olivares, le sirven de ilustración 
y comento, se lee lo siguiente (habla el mago) : 

« Pero porque algún dia 
Podrá recalcitrar la Compañía 
Por intereses varios, 
Contenradle sus dos grandes contrarios, 
Juan de Spina y Rosules. 

• Nota 39. El Dr. Francisco Rosales, que fué de España á Roma, 
dende estuvo un año, actot en la causa de fe contra Juan Bautista Po- 
za y sus secuaces, y todo el tiempo hizo el gasto el papa Urbano VIII. 
Pasó a Bolonia, donde habia sido colegial, año de 1635. Murió en Ma- 
drid, loco, con sospechas de veneno. — El Dr. Juan de Spina, hombre 
admirable de estos tiempos, con tan connnuos trabajos, murió en Gra- 
nada en prosecución de la misma causa. Las cosas de éstos quieren un 
Ubre muy dilatado.» A esta nota pone la siguiente D. Aureliano Fer- 
nandez-Guerra y Orbe {Obras de ^evedo, ilustradas) : « Comenzaron 
las persecuciones contra Poza, después del año de 1632 , con motivo de 
sus discursos en la capilla Real dé palacio.» — Presumo que el Sr. Fer- 
nandez-Guerra, al estampar esu nota suya, se ha fundado en el otro 
documento á que hemos aludido , y es otro papel , con pretensiones de 



58 
D. Francisco de Rioja, á quien había ya sido conferido 
el cargo de Inquisidor del Tribunal de Sevilla, recibió del Su- 
premo orden particular y expresa de emitir su parecer sobre 
el singular Elucidario. A pesar de las estrechas relaciones y 
simpatías que probablemente le unian con los jesuitas, rela- 
ciones que parecen comprobadas por el influjo y valimiento 
que la Compañía tuvo con el de Olivares, de quien fueron 
sucesivamente confesores los padres Francisco Aguado y Juan 
Martínez de Ripalda, jesuítas notables; á pesar, digo, de ta- 
les simpatías, D. Francisco de Rioja expuso al tribunal 
con la más severa imparcialidad su dictamen condenatorio de 



histórico, denominado : náa licenciosa y becbos escandalosos y sacrile- 
gos de D. Gaspar de Guzman, conde-duque de Olivares, favorito del 
rey Felipe lí^, que existe manuscrito en el códice K-141 de la Biblio- 
teca Nacional, de donde le sacó á luz D. Basilio Sebastian Castellanos 
en El Bibliotecario^ Semanario de escritos antiguos (Madrid , 1 841). Este 
libelo, á vuelta de terribles acusaciones de asesinato y de otras ridicu- 
las de hechicería, contiene contra el exministro las de protector de los 
judíos (efectivamente, quiso concederles vecindad y libre ejercicio de 
su culto), y de afecto á las máximas del Alcorán, que frecuentemente 
leia, según el mismo papel; upor cuya lectura (dice) esta delatado 
en el Santo Oficio una y muchas veces, \) A este ultimo propósito , aña- 
de : « Confirmase también la lección del Alcorán con la proposición 
que predicó en la capilla Real, el año de 1632, por Pascua de Espíritu 
Santo, el P« Poza, su gran valido, en que dijo que el mentir, antigua-, 
mente ^ alguna vez, era afrenta; pero ya, gloria á Dios, desde que vin§ 
el Espíritu Santo, el mentir mucho se tolera; y gloria á Dios, se to- 
leran los adulterios, y á gloria de Dios se lee el Alcorán; la cual 
proposición denunció en el Santo Oñcio el Dr. Juan de Espina, í 
hizo la averiguación eIDr. Villon, comisario de la corte, y le dieron 
salida con decir que hablaba varonilmente : replicó el denunciador con- 
tradiciendo esta salida , y pidiendo que le obligasen á declarar quien era 
el que le oía este sermón, y envió D. Gaspar á sus confidentes, y aun 
no se sabe si por su orden fué á la fiesta un bufón vesrido de turco. » 



59 
los escritos y la persona del jesuíta Poza. De esta Exposictony 
que se conserva en la Biblioteca Nacional (códice D-150, fo- 
lio 140 y siguientes) autógrafa y con la firma de Rioja, pero 
sin fecha, y que hubo de ser escrita y dirigida á principios 
de 1634 ó fines del año anterior, trasladamos los siguientes 
párrafos, estimable muestra del estilo y de la rigidez y seve- 
ridad censoría de nuestro D. Francisco : 

M. P. S. 

«Por orden de V. A. se mandó formar una junta , en que 
se volviesen á ver las proposiciones que por el índice expur- 
gatorio se mandan borrar en el libro de Juan Bautista Poza, 
de la Compañía de Jesús, intitulado Elucidarium Deipane^ 
y otras también en que se ha reparado ; y porque me ha pa- 
recido conveniente que V. A. se halle informado déla doctri- 
na que este autor escribe, y de los fundamentos della, antes 
que se vean las calificaciones de los de la junta : — Suplico 
á V. A. con todo rendimiento me permita decir mi parecer, 
que por ventura podrá ser de alguna luz, y será testimonio 
de un ánimo cuya mayor presunción es acertar á servir á V . A. 
y mirar por el respeto y decoro que se debe á tan supremo tri- 
bunal. 

))£n la persona del autor no he de hablar, porque siempre 
que me miro á mí, cualquiera me parece mejor; mayormente 
siendo persona de religión tan santa, tan prudente y tan doc- 
ta ; mas porque este autor en las doctrinas que escribe, ó sea 
para seguridad de ellas, ó de su persona, las más veces usa 
destas palabras : examinative ^ inquisitive^ dubitative^ recitative^ 
y otras semejantes, diré cómo es imprudencia usar dellas; 
porque la doctrina, ó pertenece á la religión, ó no » 

(Refuta enérgica y extensamente, así bajo el rigoroso con- 
cepto teológico-dogmático , como bajo el filosófico natural, 
según los conocifnientos de aquella época , las doctrinas del 
Elucidario y y las defensas escritas por su autor. Al fól. 160 
continúa ) : 

«También quiero decir á V. A. mi parecer cerca del pa- 
pel que Poza ha sacado, fundando que los Reyes tienen voto 



6o 

consultivo en las cosas de fe; y porque de ordinario amonto- 
na muchas que no son de propósito y cita muchos conci- 
lios en que asistieron y firmaron los Emperadores , los Reyes 
y sus consejeros, diré á V. A. que todo esto es así y debe ser 
así , lo uno para testimonio de lo que pasa en los concilios, lo 

otro para la seguridad, paz y quietud de ellos mas no para 

la difinicíon, ni para que se les pida parecer » (Impugna h 

jurisdicción de los príncipes en lo eclesiástico, y continúa) : 
«Suplico á V. A. pondere cuál ha sido el escándalo que este 
autor ha hecho con este papel, cuando tenemos un Rey, que 
el sol no ve otro más católico ni más pió ; ¡ qué peligro no 
tendria esta doctrina en otro ánimo que atendiese más á la li- 
cencia ! )) (Nota la escasa noticia que Poza mostraba tener 

de los concilios y de otros puntos de erudición sagrada, j 
acaba) : (( Yo confieso que muchas proposiciones de las que 
no están en el Expurgatorio se pueden defender; pero fiícra 
bueno tomar este trabajo, ó hacer esta gracia V. A. á un hom- 
bre que pudiera ser útil á la Iglesia ó á la república de las le- 
tras; pero habiendo tanta doctrina peligrosa, ó por herética ó 
por cismática, ó por errónea ó temeraria, ¿cómo es posible? 
Sólo por gobierno no se debiera permitir ningún libro ni tra- 
tado suyo, porque no enseña sino peligros; y ojalá fuera in- 
geniosamente y con erudición ó lección, que, apartándolo 
dañoso, se pudiera permitir lo demás para que aprendiesen al- 
gunos; pero los que saben poco, como no pueden discernir 
ni examinar, beben el peligro sin antídoto y piérdense en la 
enseñanza; y así, después de decir mi sentimiento cerca del 
Expurgatorio^ y lo demás que V. A. me mandó ', fuera 
lícito representar á V. A. los inconvenientes que se siguen de 
andar en manos de todos los escritos de este autor, los emba- 
razos que causa á un tribunal tan grande, las indignidades que 
se siguen de atender á cosas que tan poco merecen la aten- 
ción de V. A.; suplicara á V. A. se hiciera con él y sus es- 
critos lo que el Papa ha hecho ; pues para la jurisdicción no es 
inconveniente que V. A. se ajuste en esta parte con Su San- 



' Aquí aparece bien claro que este dictamen filé dado por mandato 
del tribunal. 



ridad; y hay tantos de que se permitan, como V. A. ha ex- 
perimentado, y experimentará con los dias. — Lie. Francis- 
co DE RiojA. m 

Al recusar oportunamente en esta exposición las autorida- 
des apócri&s que en su libro y defensas alegaba el P. Poza, 
menciona Rioja diferentes falsas adiciones á los libros sagra- 
dos y otros supuestos documentos (como la carta de la Virgen 
á S. Ignacio mártir), que una piedad, mal entendida, según 
él, habia forjado y acreditado, con menoscabo de la pureza del 
cristianismo. £1 que tal escribia era, sin embargo, partidario y 
defensor acérrimo de los falsos cronicones llamados de Dextro 
j Máximo^ como consta por el ya citado libro de Tamayo de 
Vargas, intitulado Flavio Lucio Dextro defendido. (Ma- 
drid, 1624.) £1 pasaje del texto de esta curiosa obra, á que 
nos referimos ahora, tendrá oportuno lugar en el catálogo de 
las de RiojA. 

Precede en el códice (folios 107 al 137 vuelto) una copia 
simple de las defensas de Poza , de dos diversas letras , sin fe- 
cha. Léese á su principio el siguiente párrafo : « Sabe el mis- 
mo autor que graves calificadores de la junta del Expurgatorio 
de 1632 examinaron por comisión del Consejo el Elucidario 
y apologías , y que habiendo visto las censuras de Toledo, y 
las del P. Mtro. Cornejo, y las del P. Mtro. Fr. Juan de San 
Agustin, aprobaron todas las doctrinas delatadas )), etc. Con- 
cluye este papel así : u Esta es la defensa de todas las propo- 
siciones puestas en el Appendix para que se expurguen en el 
Elucidario,)) 

Indicamos ya oportunamente que nuestro autor hubo de 
ejercer desde 1624 el honroso cargo de bibliotecario de S. M., 
digno empleo de su ingenio y erudición. Consta ademas que 
antes de 1634 tuvo á su cuidado la formación del índice de 
aquella escogida librería, por un curioso documento poético : 
bs décimas (espinelas) que, describiéndola, rasgueó con su 
fícil pluma y publicó el Fénix de los ingenios, Lope de Vega 
Carpió, entre sus tituladas Rimas humanas y divinas del licen- 



62 

ciado Tomé de Burguillos (Madrid, 1634), cuyas aprobacio- 
nes son de ñnes de Agosto de ese míSmo año. Comienzan de 
esta manera : 

Á D. JUAN INFANTE DE OLIVARES. ESPINELAS. 

Ayer vi la librería, 
Don Juan, de Su Majestad, 
Con unu curiosidad , 
J^ue pintada parccia; 
Si entre unu monarquía 
No puede naturaleza 
Extenderse i mis riqueza, 
£1 saber tanto la excede. 
Que sólo el ser sabio puede 
Añadir á un rey grandeza. 

£1 estudio no es igual 
Al Vaticano de Roma, 
Porque el nombre no le toma 
Para cdiñcio Real; 
Remitida al Escurial 
La grandeza , se ha trazado 
Curioso y proporcionado; 
Que en excediendo esta ley. 
Más fuera que estudio á un rey. 
Ostentación de letrado. 



Concluyen con las tres siguientes : 

£1 estudio con tenia, 
£n aquel curioso espacio, 
Dos bufetes, que en palacio 
Claro está que los habria : 
£1 uno un pomo tenía 
De agua de ámbar, y no acaso. 
Porque el cristalino vaso 
Fuese fuente de Aganipe , 
Cuando el Apolo Felipe 
Se retirase al Parnaso. 

£1 otro la escribanía, 
A quien venerando atento 



63 

Su divino entendimiento. 
Un rojo telliz cubría; 
Aquí traducido habia 
Al GuicbarMno crisol 
De la verdad, como el sol; 
Del honor del Rey hazaña , 
Que, porque habló bien de Espaiía, 
Quiso que hablase español. 
El índice que á su mano 
Traiga el libro sin congoja. 
Fué cuidado de Rioja , 
Nuestro docto sevillano. 
Éste es el museo hispano, 
Diamante de librerías. 
En quien de dos monarquías 
Deja el peso peregrino. 
Un estudiante divino. 
Las horas de algunos dias. 

A D. Fernando de la Torre Farfan, poeta sevillano de 
mediados del siglo xvii, debemos la noticia de haber sido Rio- 
ja, con otros insignes poetas y caballeros, juez de un Certa- 
men que á presencia del Rey se celebró en los amenos jardi- 
nes del Buen Retiro, en el año de 1637 ». Dice así La Torre 
Parían ( Templo panegírico al certamen poético que celebro la 
hermandad insigne del Santísimo Sacramento^ estrenando la 



" Dia 20 de Febrero. Este certamen fue uno de los festejos que en 
nuestra corte se hicieron por la elección de Femando III, rey de Hun- 
gría y de Bohemia, para rey de romanos. Este príncipe, primogénito 
del emperador Fernando II, a quien ^ sucedió sesenta dias después de 
dicha elección, estaba casado con la inñmta Doña María, hermana 
del rey D. Felipe IV. Las fiestas á que nos referimos fueron en todos 
conceptos bríllantísimas, y especialmente la mascarada, en que entró el 
mismo Rey, presidida por el Príncipe de Esquilache y el Almirante 
de Castilla. — El dia propio, 20 de Febrero, en que la justa poética se 
celebraba, moría el emperador Fernando; preparábanse lutos, que 
eran á su vez preludio de nuevos regocijos. 



64 
gran fabrica del sagrario nuevo de la metrípoli sevillana con ¡os 
fiestas en obsequio del Breve concedido por Alejandro FU al pri- 
mer instante de María Santísima nuestra Señora , sin pecado 
original. Por D. Fernando, etc. Sevilla, Juan Gómez de 
Blas, 1663: 4.°) : 

(( No me puedo detener á otras muchas razones sólo qui- 
siera ver qué asiento le hace la de aquella Real academia que 
mereció en el paraíso de la tierra (en el Buen Retiro) la 
presencia de S. M., año de 1637, donde en un asunto burles- 
co que se escribió con este metro (pié quebrado), v. gr., á 
Martin de Figueroa se le dio el primer premio, y á redro 
Méndez ( ¿de Loyola? ) el segundo, porque los más pies que- 
brados fueron de cinco sílabas, habiendo de ser de cuatro. 
Diérasele el primer premio si se ajustara al ritmo. Pues va- 
monos hacia los jueces, que no lo entenderán ; fuéronlo no 
menos que el Príncipe de Esquilache, el Sr. Luis Méndez de 
Haro, el Conde de la Monclova, D. Francisco de Calatayud, 
D. Antonio de Mendoza, Francisco de Rioja y D. Gas- 
par Bonifaz. Presidió Luis Velez de Guevara, fué secretario 
Alonso de Batres, y fiscal D. Francisco de Rojas.» 

£1 &vor popular de que disfrutó D. Gaspar de Guzman, 
conde de Olivares, á los principios de su dilatada goberna- 
ción, debido á las justas y acertadas providencias con que la 
inauguró, y en gran parte á los prósperos sucesos de nuestras 
armas durante cierto período, comenzó bien pronto á desva- 
necerse, conocida que fué la desmedida ambición que le domi- 
naba. Viósele desde luego solícito en distraer al jó ven monarca 
del cuidado de los negocios públicos y del cumplimiento desús 
altos y sagrados deberes, ya con magníficos festejos y saraos, 
ya fomentando su afición á las letras, ya sus placeres menos 
legítimos y disculpables, con escándalo público y desdoro de 
la regia dignidad. Viósele separar del lado del trono á conse- 
jeros sabios é imparciales, desembarazarse por mal simuladas 
razones de gobierno del infante D. Fernando, de la in£inta, 
duquesa de Mantua , Doña Margarita de Saboya y del prín- 
cipe Filiberto. Acusósele de la inopinada muerte del estimable 



65 
infiuite D. Carlos , y del mismo modo se creyó ver su mano, 
siniestramente poderosa , en otras prematuras pérdidas que el 
Estado sufrió, de patricios dignísimos y beneméritos servido- 
res. Los pueblos , abatidos bajo el peso de enormes impuestos, 
que se les arrancaban para el sosten de numerosas fuerzas de 
mar y tierra , veian absorbido principalmente el producto de 
sus sacrificios por la codicia del privado y de sus agentes, ó 
dilapidado en los fastuosos saraos y festejos de la corte. Así, 
cuando sistema tan inmoral y ruinoso vino á complicar la si- 
tuación militar en que nos había colocado una política no bien 
acertada , cuando los reveses fueron sucediendo á las victorias, 
perdido absolutan^ente para el Conde-Duque de Olivares el 
firme apoyo de la rectitud y de la justicia , estalló en España 
un grito unánime de odio á su persona, y dióse al fin, por Ma- 
yo y Noviembre de 1640, el de insurrección en Cataluña y 
Portugal , no sin que á tan deplorables sucesos llegasen á con- 
tribuir extranjeros manejos , diestramente dirigidos. 

Expusieron los catalanes sus quejas en un extenso mani- 
fiesto, dirigido al Rey por los concelleres y Consejo de los 
Ciento de la ciudad de Barcelona, titulado : Proclamación Ca- 
tólica á la Majestad piadosa de Felipe elGrandcy impreso de se- 
senta y ocho pliegos , comprensivo de treinta y ocho artículos, 
en los cuales, señalando al Conde-Duque y al protonotario Don 
Jerónimo de Villanueva como autores de las desgracias y ruina 
de España, pedían su destitución; exigían el castigo de los 
jefes militares que con sus tropelías y vejaciones habían pro- 
vocado el alzamiento ; la salida de todas las tropas castellanas 
del territorio catalán ; la exacta observancia de las constitucio- 
nes del Principado en lo relativo á las guarniciones de sus 
presidios, y en fin, algunas otras garantías. Recogióla Inqui- 
sición los ejemplares que circulaban del manifiesto catalán, y 
el Rey ordenó al mismo tiempo que no se contestase á él. Sin 
embargo, publicáronse algunos papeles impugnándole débil- 
mente, y al cabo, con mejor acuerdo, resolvió el Conde- 
Duque, meses después, vindicarse de las acusaciones de los 



66 
sublevados, y medir también con ellos las armas del racioci^ 
nio y de la elocuencia. {uTodo es ahora (escribía D. José Pelli- 
cer de Tobar, en sus Avisos históricos del 20 al 27 de No- 
viembre de 1640 ") tratar de responder á la Proclamación Ca- 
tólica de los catalanes , y á otros papeles que han estampado. 
En esto están ocupados D. Alonso Guillen de la Carrera, 
del Consejo Real de Castilla, el Dr. D. Francisco de Río- 
ja, inquisidor de Sevilla, cronista de S. M., y el Lie. D. Juan 
Adán de la Parra, inquisidor ordinario, y otros que escriben 
á su devoción. )) 

No parece que anduvo muy diligente nuestro RiojA en el 
desempeño de este encargo oficial , puesto que su escrito im- 
pugnatorio no vio la luz pública hasta el mes de Junio del año 
siguiente. ((Hase publicado ahora (decia el mismo Pellicer, en 
los Avisos de 2 de Julio de 1641) un libro intitulado Aristar- 
co^ ó Censura de la Proclamación Católica que escribieron los 
catalanes el año pasado ; su autor es el inquisidor D. Fran- 
cisco DE RiojA, cronista de S. M. ; las noticias son bebidas 
en la fuente más alta, como tan confidente del Sr. Conde- 
Duque. £1 libro absolutamente es bueno y de lindo estilo; 
todo lo que dice es puntual y verdadero , y satisface á las ob- 
jeciones de los concelleres y Consejo de Ciento.» 

Salió á luz este escrito (en 4.°, de 66 folios) con el simple 
título de Aristarco^ ó Censura de la Proclamación Católica de los 
catalanes^ anónimo, sin lugar ni año de impresión , y precedido 
solamente de un ((Prefacio.» En él se contesta enérgica y elo- 
cuentemente á los cargos del manifiesto catalán, aduciéndose 
copia de razones y datos, que destruyen ó debilitan algunos de 



' Avisos históricos f que comprenden las noticias y sucesos más particu- 
lares ocurridos en nuestra monarquía desde el año de 1639, por D. José 
Pellicer y Tobar, cronista del reino de Aragón. Salió á luz esta intere- 
sante crónica en el Semanario erudito^ publicado por D. Antonio 
Valladares y Sotomayor, tomos xxxi, xxxii y xxxiii. 



67 
ellos. Es libro muy estimable y digno de ser reimpreso. Las 
noticias terminantes que de él nos transmiten Pellicer de Tobar 
y D. Nicolás Antonio, no dejan duda alguna de que fué debido 
á la pluma de Riqja. Al citarle el diligente G. £. de Franke- 
ñau en su Sacra Themidis Hispana arcana (Hannoverae, 1703), 
dice (secc. ix, parr. 43) : ((Escribió el Aristarco^ por mandato 
del Conde-Duque de Olivares, D. Francisco de Rioja, 
según consta de una nota puesta de mano del consejero de la 
cámara de Castilla D. Bernardino de Pardeñas , en el ejem- 
plar de este libro, que compré de su biblioteca '.» 

A pesar de hallarse el digno patricio y eminente escritor 
D. Francisco de Quevedo Villegas, en la fecha á que nos 
vamos refiriendo, y desde principios de Diciembre de 1639, 
rigorosamente preso en el convento de San Marcos de León 
por sus escritos y atrevidas y no reservadas opiniones contra 
la tiranía y el aborrecido gobierno del privado, quiso contri- 
buir también con su pluma á la defensa de la integridad de 
España, amenazada, siquiera fuese disculpable la causa, con 
el levantamiento de Cataluña. Impulsado por esta idea patrio- 
tíca, y deseoso de aliviar su triste situación lisonjeando un 
poro al orgulloso ministro, escribió su discurso, intitulado 
La rebelión de Barcelona^ ni es por el huevo^ ni es por elfuero^ 
donde con su vivísima y aguda penetración hirió y echó por 
tierra varios de los pretextos alegados por los catalanes en su 
celebre manifiesto *. Antecede al discurso un breve prólogo. 



' Según el mismo Frankcnau, la Proclamación Católica se imprimió, 
año de 1640, en un volumen en 4.°, de 260 páginas; edición distinta 
de la que menciona Pellicer de Tobar. 

* Endos de los manuscritos de este discurso de Quevedo, que ha 
tenido presentes el Sr. D. Aureliano Fernandez-Guerra y Orbe , apa- 
rece bajo el pseudónimo del Dr, Antonio Martínez Montejano , na- 
tural áe la villa de San Martin de Espuches. Ambos son del siglo pa- 
sado. En otroi dos (t. i de la colección de Fajardo, Biblioteca Na- 



68 
en que el autor declara modestamente su intento, limitado i 
la ampliación de los argumentos y fuertes razones del Ariitar-^ 
co^ de cuyo mérito hatee un justo elogio, sin mentar el nom- 
bre de RiojA. Así porque en este prólogo se contiene tan 
imparcial y digno juicio del Aristarco^ como porque, á vueltu 
de los encomios , dirige Quevedo en él á nuestro docto Río* 
JA un aguzado dardo crítico, he juzgado muy oportuna é 
ilustrativa su inserción. Dice así : 



Cattsa juta me/hr mpom tu per stt utumdu, 

^Lucano, lib. tii.) 

(( Habiendo visto el Aristarco^ 6 Censura á la que llaman los 
catalanes Proclamación Catéüca, y pesado la grande fuerza de 
sus razones, lo sólido de su recóndita erudición, igualmente 
docta y verdadera, y lo suave, varonil y robusto de su estilo, 
no por crecerle ni añadirle, sino por acompaiíarle ; como el 
cero, que delante del número no vale nada, y como la sombra, 
que es nada detras del cuerpo; determiné escribir lo que des- 
preció la severidad de aquella pluma, y lo que después de 
ella, que á todo bastó , sobra. Porque, si no obedecieren al 
docto, padezcan al ignorante, y en esta materia se haya dicho 
lo que basta y sobra. Y si bien reconozco que en lo de la ida 
á Belén cuando nació Cristo, el Aristarco^ con declararlas 
medallas que se han fingido , los detiene en aquel camino y 
los degrada de Reyes Magos ; con todo, me enfadé tanto vien- 



cional, y códice nüm. 8 de mi librería, también del siglo zvra) le 
halla con el nombre de Quevedo. Consta indudablemente ser produc- 
ción suya, escrita poco después de la publicación del Aristarco, de k 
carta que en 1641 dirigió al Conde-Duque, declarándole francamente 
cuáles de las satíricas que se le atribuían eran en efecto de su ploma. 
Poca entereza mostró el ilustre preso al ponderar en este discurso k 
integridad^ el desinterés y celo del privado, comparándole con David, 
expelido por el rey Achis; porque, si bien recto y leal, no agraiéh* k 
los sátrapas; y con Daniel, odiado y calumniado de los sátrapas y orde- 
nadores. 



69 
do que en los evangelistas ni escriptores eclesiásticos autén- 
ticos se leia nada, que quise hablar en ello; y lo dejé hasu 
re|>asar todo lo que se escribe de Herodes. Pudo ser que si 
fueron á Jerusalen , fuesen á verle y diesen el arbitrio de que 
degollase los inocentes, que parece traza de catalanes. Lo 
que hallare saldrá en la segunda parte , cuyo título será otro 
refrán que se dice : Justicia de catalanes. » 

Esforzábase el de Olivares con ánimo resuelto y firme por 
dominar el alzamiento de Portugal y Cataluña , con el des- 
igual éxito que era de esperar de su viciosa administración, y 
de los recursos, valor y entusiasmo de los sublevados. Entre 
otras providencias á este fin encaminadas, adopto la de crear 
una titulada Junta de Ejecución^ presidida por el Conde de 
Monte Rey; especie de consejo directivo y administrativo de 
las operaciones militares; al cual agrego después cuatro fun- 
cionarios , encargados de proveer á la defensa de las fronteras 
de Aragón, Navarra y Cataluña con la vecina y enemiga 
Francia; de mantener correspondencia con los gobernadores 
de sus plazas fuertes , y de reclamar en la Junta los necesa- 
rios socorros de armas , municiones y subsistencias. Dieseles 
oficialmente el nombre de Piscolariosy inventado y propuesto 
por nuestro D. Francisco de Rioja. 

Por espacio de dos años logró todavía el osado ministro 
conservar el timón de la desarbolada nave del Estado en me- 
dio del recio temporal que la combatía. ¡ Tan poderosa fasci- 
nación supo ejercer sobre el ánimo del indolente cuanto ilus- 
trado monarca ! Pero ya se aproximaba el término de su funesta 
dominación. Un hecho patriótico y generoso de la reina Doña 
Isabel, digna por sus virtudes y relevantes prendas del más 
honroso recuerdo, avivó el cariño de su augusto esposo, de 
largo tiempo entibiado por la maligna influencia del valido. 
Halló entonces esta señora la oportuna ocasión de exponer 
enérgicamente al Rey el triste estado de los negocios públi- 
cos, debido al ruinoso é injusto gobierno del Conde-Duque; 
haciéndose intérprete fiel de las quejas de los pueblos y del 



JO 

voto de los grandes y prohombres del reino, que deseaban an- 
siosos hacerle presentes los mismos clamores y. sentimientos. 
Conmovido profundamente el Rey (en cuyo ánimo habian 
hecho ya muy honda impresión las representaciones en igual 
sentido del Marqués de la Grana Carreto, embajador de 
Austria, del arzobispo de Granada D. Garceran Álvarez, de 
la in&nta Doña Margarita y de alguna otra persona de su 
particular aprecio), consintió en oir al respetable Conde de 
Castrillo y á varios grandes, que en repetidas audiencias le ha- 
blaron con amarga , pero santa y necesaria verdad , y decidió, 
por último, la destitución y destierro del Conde-Duque, en la 
noche del jueves 15 de Enero de 1643. Todavía hizo el or- 
gulloso valido, por espacio de siete dias, desesperados esfuerzos 
para reasir de nuevo las riendas del gobierno, pero no consi- 
guió sino prorogar por ese breve tiempo el cumplimiento de la 
orden soberana. Reiterada ésta con severas amenazas, salió 
por fin de Madrid para su confinamiento de Loeches, á la una 
y media del dia 23, acompañado de su confesor, el P. Juan 
Martínez de Ripalda, de la Compañía de Jesús ; del Conde 
de Grajal , de D. Cristóbal Tenorio y de D. Francisco de 
RiojA ". En Loeches recibió poco después, á instancia suya. 



■ Como en la relación de estos curiosos pormenores se observa al- 
guna divergencia entre los historiógrafos contemporáneos, Pcllicer de 
Tobar, León Pinelo y el anónimo, que con probabilidad se sospecha 
fuese el Marques de la Grana Carrcto, he creído conveniente insertar 
aquí sus versiones respectivas, para que puedan cotejarse y apreciarse. 

«A 17 de Enero (dice Pellicer de Tobar, Avisos de i^ de Julio 
de 1643) se comenzó á rugir la retirada del Señor Conde-Duque; y 
efectuóse dia de San Ildefonso, viernes a 23, que salió para Loeches, 
acompañado sólo de Tenorio, su confesor, y el inquisidor Rioja. 9 

«El viernes 23 de Enero (dice D. Antonio de León Pinelo, en sus 
Afínales ó Historia de Madrid desde eí nacimiento de Cristo y Señor nnes- 
tro hasta eí año de 1658, manuscrito G-55 de la Biblioteca Nacional) 



71 
permiso del Rey para trasladarse á Toro, punto en que debia 
permanecer hasta nueva orden. Pero, según Pinelo, no partió 



pasó el Conde al cuarto del Rey, con quien estuvo media hora; entró 
luego en una junta que duró hasu las once ; preguntó dos ó tres veces 
qué hora era, de que se coligió la tenia señalada para irse; dejó escrito 
un papel á la Condesa, que está con el Principe, y á la una y media, 
bajando por la Priora con su sobrino D. Luis de Haro, conde de 
Grajal, y Francisco de Rioja, se entró en un coche que allí tenía el 
de Grajal, que le acompañó ^ y el P. Juan Martínez de Ripalda, de la 
Compañía, que llevó para confesor suyo; detras iba otro coche con al- 
gunos criados. Así salió á la puerta de Guadalajara, y por la del Sol á 
salir por la de Alcalá; allí aguardó otros criados que habían salido por 
la pueru de Leganitos ; en llegando, tomó una litera, y con dos coches 
detras, y hasta cuarenu personas á caballo^ caminó á Loeches, que 
dbta cuatro leguas de Madrid. » 

«La mañana siguiente (al día 22) bien temprano (escribe el autor 
anónimo de la Caída de su privanza ^ y muerte del Conde-Duque de 
Olivares papel impreso en el Semanario erudito^ tomo iii, y primiti- 
vamente en Italia), procuró (el Conde-Duque) hablar á S. M., pero 
no pudo conseguirlo. Lo cierto es que salió de Madrid a las nueve del 
día, y el que tardó en irse parecieron á todos muchos siglos La par- 
tida no se hizo sin artiñcio, pues no ignorando el Conde-Duque lo 
mucho que el pueblo le aborrecía, y que corría peligro de ser maltra- 
tado si de él se dejaba ver; para asegurarse de tan fuerte riesgo, tres 
días antes hizo prevenir cuatro coches y muchas muías, como si en- 
tonces hubiera de partir. En este día, 23, dio igual disposición, pero 
mientras los coches esuban en la Priora (que es la parte de atrás del 
palacio), él, por las puertas de la cocina, secretamente se puso en un 



' Confinnan en este punto el presente relato los siguientes versos del Testamento 
barlcsco tiei Conáe- Duque (códice M-8 citado) : 

Y que acompañen mi cuerpo 
Mi nuevo padre Ripalda 
Y el de Gnjal, en un coche 
Que salga á la deshilada. 



para aquella ciudad hasta el 12 de Junio del mismo año 
de 1643 '* 

«En cuanto el Sr. Conde-Duque estuvo en Loeches» con- 
tinúa Pellicer de Tobar, «se dio á S. M., por orden de Don 
Andrés de Mena, un Memorial impreso contra el dicho Con- 



coche viejo con cuatro ínulas, y tiradas las cortinas, en medio de dos 
padres de la Compañía, como si fuera al patíbulo, tomó el camino de 
la calle de Atocha; y partiendo en el mismo tiempo por la parte dek 
Priora las otras carrozas con sus criados , hubo gran rumor entre ma- 
chos, y el pueblo, creyendo que iba allí el Conde-Duque, descargó 
sobre el tren una furiosa tempestad de piedras, de tal modo, que para 
aquietarle fiíe necesario manifestarle lo interior de las carrozas, y que 
viese claramente que en ninguna de ellas iba el Conde-Duque. Con tal 
arbitrio, llegó éste sin peligro á Loeches n 

Hemos juzgado más exacta la versión de Pinelo. Don Luis Méndez 
de Haro, es muy natural y crcible que saliese á despedir ¿ su tio, a 
quien, olvidando generosamente agravios y desdenes, había prestado 
servicios importantes en aquellos (íltimos dias. £1 de Grajal, que hiá- 
litó su coche al Conde, sin duda para su mayor seguridad, parece muy 
probable que por la misma razón le acompañase. Hemos dado crédito 
á Pellicer, que le merece por muchos conceptos, en la cita de Teno- 
rio, gran servidor y hechura que fué del ilustre desterrado. En cuanto 
á la relación anónima, ocurre desde luego que Rioja, vestido como 
iria con su traje clerical, pudo ser tenido muy fácilmente por un pa- 
dre de la Compañía. 

' A su paso por Aravaca le visitaron la Condesa, su esposa, su hijo 
bastardo el Marqués de Mairena (D. Enrique Felipe de Guzman) y 
su suegro el Duque de Frias, y se volvieron á la corte. La Condesa 
permaneció en palacio, aunque mal vista, sirviendo su cargo hasta el 
dia 3 de Noviembre del mismo año, en que, por decreto Real, expedi- 
do en Zaragoza, pasó á Loeches con la Marquesa de Mairena, mujer 
del expresado D. Enrique, el cual vino también a pocos dias a re- 
unírseles desde Zaragoza, privado de la gentilhombría y de la presiden- 
cia de Indias. Juntos allí, recibieron orden de marchar á Toro, adonde, 
en efecto, caminaron el 1 8 del propio mes. 



73 
de, aconsejando al Rey ie visitase, y también á los ministros, 
haciéndoles los cargos en él contenidos)) (cargos gravísimos, 
que formaban una acusación completa). (í A este Memorial 
nlio una respuesta, intitulada : Nicandro , í Antídoto contra la 
calumnia que la ignorancia y la eptvidia han esparcido por deslucir 
y manchar las heroicas é inmortales acciones del Conde-Duque de 
Olivares^ después de su retiro^ que se dio al Rey, y se espar- 
ció por mano de un D. Juan de Ahumada, que fué antes 
religioso de la Compañía, y habiendo salido, vino de Anda- 
lucía, y por hombre docto se introdujo con Rioja, de modo 
que alcanzó ser maestro del Sr. D. Juan de Austria. Mas con 
este papel desbarató su fortuna , porque habiéndose quejado 
el Nuncio)) de lo que en él se decía, de gastos hechos en la 
elección del Papa , y asimismo de su contenido el Duque de 
Osuna y otros personajes elevados é influyentes, el Consejo 
procesó al autor, que como tal aparecia Ahumada, y al im- 
presor, al paso que el Santo Oñcio condenaba el escrito y re- 
cogia todos sus ejemplares. £1 estilo severo y elegante del 
Nicandro^ su fuerza y destreza de raciocinio, y hasta su mis- 
mo título, Nicandro ó Antídoto^ de forma tan análoga al del 
opúsculo ya referido de Rioja, Aristarco 6 Censura y hacen 
muy fundada la sospecha de que su verdadero autor fuese 
también D. Francisco de Rioja. Como quiera, no admite 
duda que se escribió con anuencia del Conde-Duque , y con 
datos por él suministrados en legítima defensa propia ^ 

Rioja , envuelto en la desgracia de su patrono, como nece- 
sariamente debía de suceder, no llegó á ocupar entonces, á lo 
que se infiere del relato biográfico de D. Nicolás Antonio >, 



' Reimprimióle Valladares en su Semanario erudito, 
* Dice este bibliógrafo que Rioja estuvo condecorado con los cargos 
de inquisidor, primero, del tribunal de SeviUa, y después del Supre- 
mo {Decoratus honor e^ necnon Inquisitoris ^ cum Hispalensis, tum Su- 
premi Judie um Fidei Senatus ) ; y añade : ^em tamen ultimo dictum 



"4 
xüsssncz lAtn^stí =i is«s ji.ttíx hpiíza de consejero del Supre- 
nu ac Ituiu^ch:!!. i mt hsM áe ser promovido en aquel últi- 
m: icr-ina:. C:is?*i¿fa¿t iinsidez talosótica de sus principios, 
asx siai:iner« ríe ar «sosA^cuá en aquel trance fuerte á su 
■m^T X ir3«Bcs?r. Cnmos qae le sipúó á Toro y que 



-k XT . r.^.,-Tr: *. ... ■ j t _"^i— r-w . ws^^nrr an rxÜEÉf. De un documen- 
*:: airmrx-: r^ >:s£;:=:c& . r.:csüi «se IborLA, cundo falleció, era 
Mx :^^ ^ - JiT^-wji ?ji3r« 3>r cceasre, ser revocado su nom- 
naci:t=tr: x is zaizi ^ C.-nir-Darae, t rmüdado después en la 

Li i: -.cano: áaznr: Jizzúkí: T/.^xnewfi áil dnáe-DMqMe áe 
:.:^jr r.xZiTi M-$ U ii SriS-Tsa Naciocal, fol. 247), que 
le-i 4. v,Lii r»:rs2*:x ¿i Eac-:. 1Í45, se barli de Rioja con alusión 
mi- --" TT.— .rr — > 1 5L iíscz:*: ¿r zir¿*i3cr¿¿ Tribunal Supremo. Co- 
riamc» íc:l i^ z-^srrz "lt! tjt!» ¿e iVía c c ci p ogci<Mi , i que acaba- 
í?,Ts ó: r=ir"rT».-s . iia¿e=or ¿g^acs ceros ¿jumen tos de ella ; uno de 
•> -ite- r.-nx-su ¿ 2íK3c^ £!«ar.:ra¿c per León Pinek), de haber 
jAT.TsrraiaS: i. C>:a¿í ¿c Grñl il ¿s Orrares coando pardo á Loe- 

I2 icoxer: xc Duv, xsaes; 






>ñ3r as a can oc AsscÁi^ — 
vTrrr.Tsi r-ATAiaDcr '-*« xr=i=ji5 tesmnentarias , disposiciones, 

V i. oe Gru&l, es ss oxhe« 



75 
permaneció á su lado; y á creerlo así nos mueven, no sola- 
mente esa consideración, sino el pasaje antes referido de los 
Anales de Sevilla^ donde leemos que Rioja «supo seguir al 
Conde, igual en ambas fortunas ^ con crédito siempre de varón 
entero en inteitcion y dictámenes.» Falleció el Conde-Duque 
en dicha ciudad de Toro, el dia 22 de Julio de 1645, á los dos 
años y medio de su caida del poder. 

Trasladóse á Sevilla nuestro D. Francisco de Rioja , y 
decidido á pasar el resto de sus dias en su nativo suelo y 
en la dulce quietud de un retiro apacible y estudioso , labro ü 
amplió una casa cerca del convento de San Clemente el Real^ si- 
tío apartado del centro de la ciudad , adornándola con jardin^ 
fuentes y preciosas alhajas^ siendo las principales sus libros ^ y 
se entregó libremente al estudio, y al ti^to y comunicación 
literaria de los hombres insignes que honraban aquella ilustra- 
da y populosa capital. Rioja disfrutaba desde muchos años 



Aquestas úguientes mandas. 

A don Cristóbal Tenorio 
Una encomienda le basta \ 
Pero le encargo que sea 
Atalaya de las salas. 

Y con cualquiera difunto 
Me envié nuevas, por cartas, 
De lo que los Grandes dicen 
Y lo que loe chicos claman. 

Al canónigo Rioja 
Mi pluma, broquel y dagaj 
Cottujo de Inquisición y 
San Plácido u lo encarga. 

Declaro que tengo el hijo 
Que todo el mundo declara, 
Tan hijo de mb costumbres. 
Como dicen sus hazañas, etc. 

Rioja , como simple inquisidor de Sevilla, no podia intervenir en la 
causa formada sobre los célebres sucesos del convento de monjas de 
San Plácido de Madrid. 



1^ 

antes de las saneadas rentas que su prebenda y otros cargos 
públicos y privados le aseguraban; así, no es de extruíar que 
dispusiese del capital necesario para la fabricación y ornato de 
su Tusculana^ la cual, á la fecha de 1674, en que D. Diego 
Ignacio de Góngora escribia sus adiciones á los Varones ibw- 
tres en letras^ naturales de Sevilla , de Rodrigo Caro, adicio- 
nes donde se reñeren esus últimas noticias, estaba ya casi 
arruinada. 

Nueve años, por lo menos, vivió en aquel plácido retira- 
miento D. Francisco de Rioja, y á juzgar por su recono- 
cida aplicación y laboriosidad, en este período tranquilo y 
exento debió de producir su pluma sazonados frutos. Pero 
desgraciadamente, si estos trabajos se han conservado, ó ya- 
cen en la oscuridad, ó han servido para dar inmerecida repu- 
ucion á rapaces escritores. Por aquel tiempo (en 1649) ^^ 
á la estampa el ¡lustre Francisco Pacheco su Arte de la Pin- 
tura^ libro que contiene, ademas del ya citado Discurso sobre 
las pinturas de Cristo crucificado^ escrito por RiojA en 16 19, 
una breve contestación á Pacheco, sobre si era negra la Andró- 
meda de la fábula; papel también escrito por Rioja en época 
muy anterior, y dos traducciones hechas por este mismo del 
latín, en verso castellano, que insertaremos en su lugar 
propio. Dos años después, en 1650, el Dr. Gaspar Caldera 
de Heredia, célebre médico sevillano, comunicó á nuestro 
D. Francisco, en solicitud de su dictamen y censura, el 
libro que con mucha anterioridad habia compuesto y titulaba : 
Arancel Político , Defensa del honor y práctica de la vida de 
nuestro siglo^ que el Dr. Gaspar Caldera de Heredia^ caballero 
de la muy antigua é ilustre casa de Caldera , dií á D. Lorenzo^ 
D. Juan Antonio^ D, Félix y D. Gaspar Caldera y sus hijos y 
guando pasaron á la Ciudad de los Reyes. Por el año de 1641. 
Rioja le examinó en efecto, y manifestó al autor su juicio 
aprobatorio y panegírico de la obra, en dos cartas, con fechas 
de Setiembre de 1650 y Abril de 1651, que se hallan copia- 
das en el MS. original (4.°, de 313 hojas) de dicho Arancel 



11 

político ^ existente en la Biblioteca Colombina de Sevilla 
(B 4.^-445-17). Insértanse á continuación tan estimables 
cartas , según el puntual traslado que de ellas hizo el sabio 
bibliógrafo y filólogo D. Bartolomé J. Gallardo, y hemos 
debido á la amistad de su sobrino y heredero, D. Juan Anto- 
nio Gallardo. 



CARTAS DEL Sr. D. FRANCISCO DE RIOJA, 
Inquisidor de la Suprema ^ Bibliotecario de Filipo IV el Gran- 
de : Sócrates en el celo de la Verdad ^ y Platón en ¡a compre- 
hension universal de las S ciencias; al Dr, Gaspar Caldera 
de Heredia , Médico de Sevilla , emitiendo su Juicio acerca 
del libro MS. de este^ titulado Arancel Político, Defensa de 
el honor, i práctica de la vida de nuestro siglo. 

aE visto su Aranzel Polytico de Vmd.j y bien defendido 
el honor de sus hijos; si al paso que Vmd. a podido mostrar- 
les los preceptos, les pudiera infundir el valor con que exe- 
cutarlos. Vmd. ha andado tan sobrado padre, como descui- 
dados los demás de nuestra edad en negocio tan encarecido 
de los Lacedemoniosy Griegos, como lo muestra bien Platón 
en treinta y quatro diálogos que gastó en persuadir esta nece- 
*sidad; y asi juzgo que no será verdaderamente padre el que 
no procurare dar este libro a sus hijos : si Vmd. le saca a luz, 
de espacio nos veremos para conferir algunos de estos puntos. 

»De nuestro retiro, de mi casa, y septiembre 8 de 1650. 

»De Vmd. 

Francisco de Ryoja. » 



SEGUNDA CARTA 

D£ EL DICHO SR. INQUISIDOR D. FRANCISCO DE RYOJA. 

«Señor mio^ asi como a los enfermos de vna larga y pro- 
lixa enfermedad se les acaba el apetito de la comida porque se 
extingue i apaga el calor natural de el estomago, y se ven^e 
de el todo el gusto de el viuir, porque se acaba el de el co- 



78 
HL^on : assi también en la continuada enfermedad de los vi- 
9Í0S , se acaba el apetito de la virtud , que reside en la mente, 
i el gusto de la lición , que tiene su asiento en la inteligencia 
de las potencias de la alma que se valen de los sentidos cor- 
póreos : i como el calor natíuo de estos está extinguido, y 
apagado con la continua enferm.<^ de la corrupción general de 
el VÍ9Í0; assí como aquella está desesperada de reniedio, assi 
esta : Con que vemos que como son tantos los enfermos, i 
tan pocos los sanos, ay tan poco gusto de los libros serios, i 
de los que podían curar esta enfermedad : son raros los ora- 
culos de cordura, y essos viuen ociosos porque no ay quien 
los consulte. 

))No dismínuie la grandeva, ni contradise la capacidad el 
aconsejarse, ia con los viuos, ya con los muertos : antes la 
acredita quando debate la razón porque no la combate la des- 
dicha : y a llegado a tal estado esta postración, y rendimiento 
de el apetito, que los oradores apostólicos, predicadores de 
el Euangelio, con lo subido de punto de su rethorica, y avn 
con lo festiuo de su adorno, no pueden resucitar este muerto 
apetito; con que salimos de sermón tan necesitados de reme- 
dio, como si no le vbieramos oydo ; grande argum.to de que 
esta radicada en habito esta enfermedad, pues ya no bastan 
los últimos remedios. 

))£sta es la ra^on porque temo mas el buen despacho de 
este libro, que su aplauso ; porque este está librado en lósr 
pocos en quien no se ha acabado el gusto de las Letras; y 
aquel en los muchos que no alcanzan lo que se deue a su 
estimación. 

))Ia le e dicho a Vmd. en otra lo que juzgo de su Arancel 
Polytico : y aora le digo que por las Máximas sacadas de aque- 
llas mesmas doctrinas, es de lo mas selecto, escogido, y raro, 
que se ha escrito en nuestra Lengua, assi por lo selecto de las 
sentencias , por la grauedad de su estilo , como por lo conciso 
y breuc, que es lo que mas se necesita para leerle con gusto, 
y atenderle con cariño, y deseo de aprouecharse : de las Me- 
morias chronologicas y historia arcana me parece se logren 
en mejor edad : que no les faltara su siglo, porque este no lo 
es : porque es mi sentim.^o el mas fiel testigo, i lo es el dueño 
también de que desee remediar muchas de aquel tiempo, y lo 
propuse con eficaces rabones, que uencieron la autoridad su- 



79 
períor y la Magestad persuadida de razones contrarías. £1 
daño está en que ay pocos , o ninguno oy que sepa , o pueda 
contenerse en su esphera , y que mida su poder con sus fuer- 
fas, o su juicio; porque todos lo miden, o con su vanidad, o 
con su presumpcion : que la ambición mide el juicio con el 
puesto, y se arrima a la gloria de mandar, y por ventura qdo. 
entiende menos lo que resuelue, y esto es medir la resolución 
con el poder. 

» Invencible pareciera el que solamente emprendiera lo que 
puede alcanzar : pero el apetito de gloria le precipita , facili- 
tándole las empresas , y después sin remedio topan con los 
inconvenientes no aduertidos antes : No se si es mas diñcil 
contenerse en la moderación, que en su esfera : que la ra^on 
distingue, inñere, y concluie^ y vn juizio desapasionado re- 
conoce, pondera , decide ; y mas vale un entendimiento libre 
de pasiones, que muchas manos : bien lo dixo Eurípides : 
Men$ una sapiens , plurium vincit manus, 

»Esto se me ha ofrecido responder a lo que e visto de sus 
estudios de Vmd. que ya que no consiga la gloria que merece 
(que en quanto vno viue, no se alcanza) por lo menos no le 
puede faltar el premio que la virtud merece por si misma, y 
el de los venideros siglos. 

dDíos guarde a Vmd. y consuélese con que tendrá lo que 
dixo Tácito de los escritos de las edades pasadas , que ^od 
exemplis tuemur^ et in exempla erunt, 

»De el retiro de mi casa en abril de 1651. 

»Su mayor Servidor y Amigo, 

Francisco de Ryoja. » 

Establecido tranquila y , al parecer , cómodamente , en el 
suelo delicioso que le dio cuna, en la culta Sevilla, que con 
su ilustrada sociedad y su riqueza literaria y artística le ofrecia 
recursos inmensos para toda clase de estudiosa ocupación; 
próximo, cuando menos , á la edad de setenta años ; solo, rico 
de escarmientos y desengañado ya de mundanas ilusiones, 
¿podría creerse que Rioja abandonase el sosiego de su re- 
tiro para engolfarse de nuevo en el agitado mar de la corte ? 
Si de conjeturarlo se tratase, no nos inclinaríamos , en verdad. 



8o 
á semejante presunción. Pero no se trata sino de un hecho. 
Rioj A , sin despedirse de sus amigos , dejó repentinamente á 
Sevilla, y se trasladó á Madrid en los primeros dias de Abril 
del año de 1654. Una carta suya, escrita en esta corte, con fe- 
cha de 21 del expresado mes, que D. Gregorio Mayansy 
Sisear poseyó autógrafa , é insertó en el tomo primero de su 
colección de Cartas morales^ militares^ civiles y literarias át 
varios autores españoles (Madrid, 1756), nos trasmite la noti- 
cia de este hecho, y, á pesar de la oscuridad y reserva de su 
contexto, nos suministra algún dato sobre el motivo que 
pudo ocasionarle, dándonos al mismo tiempo muy clara idea 
del carácter de Rioja. La trasladamos á continuación, con el 
epígrafe que la puso el diligente Mayans, sintiendo no poder 
añadir de paso indicación alguna acerca del paradero de tan 
estimable autógrafo. 



CARTA DE DON FRANCISCO DE R/OJA, del Cm- 

sejo de la Suprema y General Inquisición , y Chronista de los 
Reinos de Castilla á Donjuán Lucas Cortes^ que después fui 
del Real Consejo di las Indias , del qual passo al de Castilla 
en 20 de Enero de 1687. Tengo el original de esta carta, 

«V. m. sobre docto es discreto, i la razón digera yo á v.m. 
á boca, i la diré si algún día fuere Dios servido que nos bol- 
vamos á ver; porque fuera de la poca seguridad de la vida, 
la cercania de mi ñn por naturaleza siempre me avisa, ¡aun 
persuade á que ninguna cosa que aya de ser mañana, podré 
ver. No me despedí de v. m. porque mi deliberación, ni era 
de consejo, ni de aviso. Huve de venir a ver a un cavallero 
vecino de Madrid, por buena voluntad que yo le tenía; i re- 
cibióme de manera, que si yo contara el modo, quizá nadie 
lo creyera, por la distancia que ai de su estado al mió; i qui- 
zá porque se supo esto, que no fué mui secreto, me vieron 
personas de gran ministerio. Hizo esto mas ruido aquí, que 
pudiera en Sevilla. Mi Gefe me embió a visitar, i yo cstoi 
con suma estimación de todo; pero sin vanidad, ni presun- 
ción; porque lo que es liberalidad ajena, i no mérito mió, no 



8i 

me de ve ensobervecer. No vine a pedir nada, ni deseo ocu- 
pación : i pocas veces en el común orden de las cosas se da a 
quien no pide ; i yo no he aprendido a pedir, ni a rogar, no 
por sobervia, sino porque sé, que solo el ruego del que pue- 
de, 6 se respeta, u se quiere bien, tiene fuerza de imperio; 
pero los demás ruegos, como entran haciendo injuria, que es 
estorvar la libertad de la persona que ha de dar, cansan más, 
que solicitan. Foresta razón solo quisiera rogar i pedir á Dios, 
no a los hombres, con quien de ordinario son ociosas las dili- 
eencias de la buena voluntad. He dicho a v. m. el estado mió, 
1 la disposición de mi ánimo, como ya alguna vez referí 
a v. m. Si pudiere servir en algo lo haré con mucho gusto; i 
de balde. Si no básteme ver al Cavallero que vine a ver, que 
con su buena voluntad estoi pa^do. Dios me guarde a v. m. 
muchos años como deseo. Nladrid, y Abril veinte i uno 
de 1654. — Al amigo el Dotor Siruela beso las manos, A. i s. 
de V. m. — Francisco de Rioja. — Señor Don Juan Lucas 
Cortes. )) 



Hábilmente escriu esta carto con el evidente objeto de 
cumplir deberes de amistad sin aventurar indiscreus conñan- 
sas, puede hasta cierto punto ser interpretada con el auxilio 
de otras noticias que poseemos. Don Nicolás Antonio y el pri- 
mer continuador de los Varones ilustres sevillanos ^ de Rodrigo 
Caro, nos han trasmitido la de que Rioja , algunos años an- 
tes de su muerte, volvió á disfrutar de la gracia y amistad del 
rey Felipe IV , quien le encargó de nuevo el cuidado de su 
biblioteca. £1 biógrafo del Parnaso Español ^ que , al parecer, 
no supo esta última circunstancia, asegura que Rioja isfué lia- 
modo segunda vez a la corte » por motivos que , según añade , u se 
ignwan. íí Los tenemos , pues , muy fundados para sospechar 
que su repentina vuelta á Madrid fué decidida por alguna in- 
dicación, más ó menos directa, del Monarca, y que el perso- 
naje de quien recibió una acogida tan afectuosa, que hubo de 
hacerle objeto de cortesanas y aduladoras atenciones, debiade 
ser precisamente de los más elevados en la escala social. — Por 
aquel tiempo fué sin duda posesionado Rioja en su plaza de 



82 

consejero del tribunal supremo de Inquisición , que obtenía 
cuándo falleció. £1 cabildo de la santa iglesia de Sevilla le 
nombró por su agente en Madrid, según afirma el biógrafo 
parnasista, con relación probablemente á noticias sacadas del 
archivo de aquella catedral. 

Cinco años y poco más de tres meses disfrutó Rioja de la 
corte, y de su elevada y más independiente posición, en este 
ultimo período. El cuidado de la regia biblioteca y la asisten- 
cia al tribunal hubieran sido ocupaciones ya demasiado tra- 
bajosas para su edad, si ademas de disfrutar de una salud ex- 
celente , no hubiese contado con recursos que le proporciona- 
ban las necesarias comodidades. Rioja poseia dos carruajes 
con sus tiros correspondientes , y á más una silla de manos; 
así, no es de extrañar que habitase lejos del Real alcázar, co- 
mo veremos en adelante. 

Desde luego nos inclinaríamos á conjeturar que nuestro au- 
tor, con el influjo de sus destinos y relaciones, habia por enton- 
ces favorecido á su sobrino Fr. Juan Félix Jirón (de quien consta 
que residía en Madrid, y era calificador del Santo Oficio, por 
Setiembre de 1658, y que fué asimismo revisor, censor y visita- 
dor de libros por el consejo supremo de Inquisición y cronista 
de los reinos de Castilla > ), si en el testamento del mismo Rioja 
encontrásemos algún ligero recuerdo de este apreciable deudo 
suyo, ó por lo menos de D. Mateo Jirón de Rioja ^, á quien 



' Que el P. Jirón residía en Madrid por la citada fecha , consta^ no 
solamente de varias calíñcaciones que hizo, sino de un papel manascri- 
to que existe en el códice T- 11 6 de la Biblioteca Nacional, copia de 
cierta traducción suya. Véase al fin la nota correspondiente. 

* El Sr. Gómez Aceves, en su arnculo descriptivo de la iglesia 
parroquial de San Vicente Mártir, de Sevilla {Revista citada, tomo iv, 
páginas 402 y siguientes), ha publicado la siguiente partida bautbmal 
de un hijo del Lie. D. Mateo Jirón y Rioja : 

uEn el libro xvi de bautismos de dicha parroquia, al fól. 72 vuelto, 



.83 
suponemos hermano del P. Juan Félix. Don Francisco de 
RiojA , como la mayor parte de los que se hallan libres de los 
vínculos más estrechos de Éunilia, prefería, por un sentimiento 
muy justo de independencia personal > la sociedad íntima de 
sus meros amigos á la de sus parientes y allegados. Así es que 
al tiempo de su fallecimiento habitaba en compañía de un 
amigo, llamado D. Alonso Fajardo de Roda, caballero del há- 
bito de Calatrava, en la calle de San Mateo, casas de Don 
Juan de Aristizábal. 

£n aquella morada le acometió la última enfermedad, á 
principios de Agosto ó fines de Julio del año de 1659. No 
aparece de los documentos á que ahora me refiero, y que 
he tenido la satisfacción de descubrir, la especie de dolencia 
que terminó sus dias. Resulta solamente que D. Alonso Fa- 
jardo le asistió en ella, de«día y de noche, sin faltar un insun- 
tc, y que el enfermo conservó sus fecultades intelectuales y 
el uso de la palabra , por lo menos hasta el dia antes de su 
muerte, en el cual recibió los Santos Sacramentos. 

En la mañana del 7 de Agosto referido, encontrándose Don 
Francisco de Rioja muy agravado, mandó llamar al P. Fray 
José González, monje benedictino, que hacia oficios de cura 
párroco de San Ildefonso, anejo entonces de San Martin; re- 
concilióse con él por tres veces , y accediendo á sus instan- 
cias, sin preceder mandato de médico, recibió en el acto los 
Sacramentos, que hizo traer de la parroquia de San Luis. Ins- 
tado en seguida vivamente por el expresado monje para que 
dispusiese sus negocios terrenales, Rioja le contestó que lo 



hay esta partida : « En miércoles quatro dias del mes de Diciembre de 
•mil y seiscientos y cuarenta y siete años, yo el P^ Paulo de Carmo- 
»na Valderrama B.do propio y cura desta Yg* del Sr. San Vicente 
nde Sevilla, Baptiza á Diego Femando, hijo del Licenciado Don Ma- 
nteo Jirón y Rioja, y Doña Raphaela Alphonsa de Rochafár, su legí- 
ntima mujer: fue su padrino el doctor Don Pedro de Abaunza, vecino 
i»á Santa María. Y lo firmé, Paulo de Carmona k^aUerrama, cura.» 



H 
haría con más detención , puesto que antes quería consultu- 
sobre el asunto con su habitual confesor, el P. Gabriel de Sa- 
las , de la Compañía de Jesús ; y como el P. González insis^ 
tiese en que sin perder momento debia otorgar su disposición 
(para cuyo efecto consta que estaba ya llamado y presente el 
escribano Tomas de Varas), Rioja, esfor%ando la voz,contestó 
terminantemente que no. En vista de esta negativa, se/retiraran 
el P. González y el notario Varas. Seguidamente eiivió reca- 
do el enfermo al referido P. Gabriel de Salas y á otro escri- 
bano, llamado Francisco Jiménez del Baño, que vivia en la 
inmediata calle de Hortaleza; este se presentó al momento, 
y poco después llegó de la casa profesa el P. Salas con su cor- 
respondiente compañero. Rioja conferenció con el padre, y 
después declaró que no teniendo herederos forzosos, ascen- 
dientes ni descendientes, estaba con resolución de dejar por su 
único heredero á D. Alonso Fajardo de Roda, su verdaátn 
amigOy que le había asistido en su enfermedad de dia y de noche^ 
sin /altar un instante; y que quería hacer testamento cerrad»^ 
por no oir quejar á ninguno antes de su muerte. Fijo en esta de- 
cisión, se retiraron el P. Salas y su acompañante, y el escri- 
bano Baño procedió á formalizar el testamento, sirviéndole 
de amanuense Cristóbal Martinez de Medrano. Aunque en el 
se expresó que le ñrmaba el otorgante, no lo pudo llevará 
efecto, según aparece testificado, sin duda por su estado de 
postración. Cerrado el documento con arreglo á la fórmuh le- 
gal, firmaron en su cubierta, como testigos, Cristóbal Martí- 
nez de Medrano, D. Francisco de Arándiga, Pedro de Altu- 
ra, Francisco Ortiz, D. Francisco Gaspar, D. Lope de Ta- 
pia y Vargas, y Jaime de Fuentes. Estas diligencias debieron 
prolongarse, por lo menos, hasta bien entrada la tarde. £1 si- 
guiente dia > 8, antes de las doce de su mañana, espiró Dov 
Francisco de Rioja. 



Viernes, según el pamasista. 



«5 
£n el mismo dia, á pedimento de D. Alonso Fajardo, y pre- 
via información de testigos, por auto del teniente corregidor 
D. Francisco Valero, y ante el escribano del número de la 
villa Juan Fernandez de Buendía, se abrió el testamento, en 
que RiojA instituia por único heredero suyo y testamentario 
al sobredicho D. Alonso Fajardo de Roda, del hábito de Ca- 
latiava, á cuya disposición dejaba la del funeral, misas y en- 
tierro. A consecuencia de hallarse equivocado en el testamento 
el segundo apellido del heredero (Rojas por Roda), tuvo éste 
que presentar información de testigos, á la cual debemos gran 
parte de los pormenores referidos. Púsole pleito inmediata- 
mente sobre la herencia el Dr. D. Mateo Jirón de Rioja, 
abogado de los Reales Consejos, ante los mismos juez Valero 
y escribano Fernandez de Buendía, según consta del testi- 
monio de su poder otorgado en 1 1 del propio mes de Agosto, 
á fiívor de cuatro procuradores. Don Alonso dio el suyo á tres 
para su defensa, pidiendo antes formalizacion del inventario, 
que, en efecto, se hizo ante Tomas de Varas, por auto del 
juez precitado. Este inventario comprende solamente los bie- 
nes muebles y el dinero que Rioja poseia en Madrid. — £s de 
creer que el pleito entablado por el Dr. Jirón fuese duradero 
y de resultado contrario á su demanda. La indagación del pa- 
radero de este pleito es empresa que por ahora no nos resol- 
vemos á intentar, satisfechos con nuestro precioso descubri- 
miento '. 



' En el mes de Febrero del año de 1854, valiéndome del dato con- 
signado por el biógrafo del Parnaso Español^ sobre el dia del falleci- 
miento de RiojA, y suponiendo que este suceso habria tenido lugar en 
el distrito de la parroquia de San Luis , en cuya iglesia fué encerrado* 
según el mismo biógrafo, aquel ilustre escritor, solicité su partida de 
defunción en dicha parroquia de San Luis. Encontrada allí por fortuna, 
obtuve de eUa certificación , cuyo tenor literal es el siguiente : 

"Certifico, como Teniente mayor de Cura de la Iglesia Parroquial 



86 
Fué sepultado Rioja en la misma iglesia de San Luis; no- 
ticia que debemos al biógrafo del Parnaso Español^ quien, al 
estamparla sin expresar su procedencia, añadió que á la fecha 



de S. Luis de esta Villa de Madrid : Que en el Libro cuatro de Di- 
funtos de dicha Iglesia, al folio trescientos veinte y tres, se hállala 
siguiente 

íi Partida : D. Francisco de Rioja, Inquisidor de la Suprema, mu- 
»rió en 8 de Agosto de mil seiscientos cincuenu y nueve en la calle de 
»San Mateo, casas de D. Juan de Aristizabal; recibió los Santos Si- 
))crament08; otorgó un testamento cerrado, que se abrió hoy día déla 
n fecha, ante Juan Fernandez Buendía, escribano del número de k 
)) villa; por él deja la disposición de funeral, misas y entierro á volun- 
»tad de D. Alonso Fajardo de Rojas, caballero de la orden de Cala- 
» trava, que vive en la dicha casa, á quien deja por testamentario in 
wsoliáum y heredero. — Corresponde á la letra con su original, á que 
»me remito. San Luis, siete de Febrero de mil ochocientos cincuenta 
)>y cuatro. — Pedro de Alva.xí (Hay un sello.) 

Adquirida por este documento la importante noticia del escribano 
en cuyo protocolo debia existir el testamento de Rioja , me dirige al 
archivo general de escrituras publicas, establecimiento de los mas bien 
organizados de esta capital, en busca del expresado protocolo ó de su 
registro. Hallóse inmediatamente expresado en el índice que elescrihn» 
Juan Fernandez de Buendía tenía registros desde el año de 1657 el 
de \66^yydesde \6j\ basta ei de iGj^y en el oficio desempeñado actual- 
mente por D, Mariano Fernandez del Canto, Estos datos resultaron exac- 
tísimos ; los protocolos de Buendía parecieron desde luego en la escribanía 
indicada; pero lo voluminoso y no muy bien coordinado de ellos hizo 
harto difícil el hallazgo del deseado testamento. Al cabo de algunos dias 
de examen, le reputaba yo por perdido, cuando el mismo Sr. Canto, i 
cuya complacencia estoy reconocido vivamente, le encontró a pocos 
momentos de una investigación hecha con habilidad y verdadero ínte- 
res. Como la adquisición de una copia testimoniada de este testamen- 
to, con las diligencias que le acompañan , hubiera exigido formalidades 
judiciales y gastos de consideración, me limité k extractar minuciosa- 
mente los datos principales y de mayor interés contenidos en aquellos 
documentos. Aunque las noticias que obtuve por resultado van ya ex- 



87 
en que escribía (1774) ya no existia en aquella parroquia nin- 
gún documento ni memoria que justifícase este hecho. La an- 
tigua iglesia de San Luis fué reedificada, tal como hoy existe, 



tensamente referidas en el texto, juzgo no menos indispensable que 
curiosa la inserción aquí del extracto mismo, reducido i los más bre- 
ves y precisos términos. 

Escribanía de D. M. F. del Canto. — Protocolo del antiguo escriba- 
no Joan Fernandez de fiuendía. — Testamentaría de D. Francisco de 

RjOJA. 

Documento 1.** Pedimento de D. Alonso Fajardo de Roda al te- 
niente corregidor de Madrid, en esta corte, á 8 de Agosto de 1659. 

— Expone que acababa de ^lecer D. Francisco de Rioja, que vi- 
vía en su compañía, dejando un testamento cerrado, en el cual tenía 
entendido que le nombraba su testamentario y heredero. Pide se mande 
abrir el susodicho testamento con la solemnidad que dispone la ley. 

z.^ Auto del Lie. D. Francisco Valero , teniente corregidor de esta 
villa y corte, por ante el escribano del número de ella, Juan Fernan- 
dez de Buendía , en la misma fecha , mandando que se reciba la com- 
petente información de testigos. 

3.** Información ante los dichos juez y escribano, en la propia fe- 
cha. — Declaración de D. Lope de Tapia y Vargas, ^e conoció á Don 
FtANasco DE R10JA , y sabe que es muerto, y lo sabe porque Jo ha visto 
en este Ha como á las doce de la mañana y en un cuarto bajo de las casas 
en que hacia su morada. Y asimismo sabe que otorgó tesumenio cer- 
rado, á que se halló presente y ñrmó como testigo, á ruego del otor- 
guite, etc. — Declaración de Cristóbal Martínez de Medrano, testigo 
y amanuense del testamento. — Declaración de D. Gaspar de Espinosa 
Monteser, que vivia en compañía de D. Lope de Tapia y Vargas, en 
los Pozos de la Nieve; testigo que ñrmó el testamento sólo con sus 
nombres, D. Francisco Gaspar. — Declaración de Jaime de Fuentes, que 
vivía en ks casas de la morada de Rioja, testigo del testamento. — 
Declaración de Francisco Ortiz, criado de D. Francisco de Tapia, y 
asimismo testigo ñrmante del testamento. 

4.** Auto del juez, con la expresada fecha , mandando se proceda « 



88 
en los diez años que mediaron desde 1679 ^ ^(>^9' Los restos 
mortales allí sepultados serian probablemente trasladados á la 
parroquia de San Gines, de la cual era San Luis anejo en 
aquella época. 



la apertura del testamento; y veriñcada, se ponga en el regbtrodc es- 
crituras del escribano actuante Fernandez de Buendía. 

5.** Testamento de D. Francisco de Rioja. — Comienza en la 
forma propia de los documentos de esta clase que se otorgan cerrados: 
« Sepan cuantos esta carta de testamento vieren cómo yo D. Francis- 
co de Rioja, hijo Jegttimo de D, Antonio de Rioja y de Doma Leonor Ro- 
drignez de Herrera, todos vecinos y natnrales de la ciudad de SeviUá^ 
Inquisidor de la suprema y general Inquisición, y Bibliotecario de su 
Majestad, estando enfermo del^cuerpo y sano de la voluntad n, etc., etc. 
El resumen de sus cláusulas es el siguiente : 

— Primeramente encomienda su alma al Señor que la crió, etc. 

— Dispone que el funeral que se le haga, ademas de una misa can- 
tada, su entierro, y el numero de misas rezadas que se le apliquen en 
sufragio, queden al arbitrio de su testamentario. 

— ^e no se cobre «///¿/(diceen la tercera cláusula) de lo que el 
Rey N.o S.r me adeuda de mis salarios de Bibliotecario. 

— Declara en la cuarta, que no debe ni le deben cosa alguna. 

— En la quinta, que tenia dado poder á Juan González, su mayor- 
domo, que as istia en Sevilla, para que administrase y cobrase las rentas 
que tenia en dicha ciudad y fuera de ellas y manda que al susodicho 
mayordomo se le tomen cuentas, etc. — Nombra por su testamentario 
in solidum á D. Alonso Fajardo de Rojas (Roda), caballero <iel hábito 
de Calatrava. 

— Instituye al mismo D. Alonso por ¿nico heredero de! remanente 
de sus bienes, en agradecimiento á sus caritativos servicios, y por no 
tener herederos forzosos. 

— Y finalmente, revoca y anula cualesquiera otro anterior testamen- 
to, codicilo, etc. ; firmando (dice) el presente en Madrid, á 7 de Agüito 
de 1659. Sin embargo, como ya hemos dicho, su firma no aparece en 
rl documento, h cuyo pié se halla la media firma del teniente corregidor 



89 
Si el heredero de D. Francisco de Rioja cumplió con su 
deber, distinguiendo siquiera con una sencilla inscripción el 
sepulcro de su legatario, la incuria de nuestros compatriotas ha 



yéUr9, En la cubieru, 8eg;un la fórmula legal, firman los testigos Don 
Francisco Arándiga, Pedro de Altura, Francisco Ortiz« D. Francisco 
Gaspar, D. Lope de Tapia y Vargas, Jaime de Fuentes, y ante todos el 
amanuense Cristóbal Martínez de .Medrano, autorizando el escribano 
Francisco Jiménez del Baño, el cual ademas da fé de la imposibilidad 
del otorgante para firmar. 

6.® Nota firmada por el juez y el escribano, sobre la equivocación 
del apellido de D. Alonso que resulta en el testamento. {Jtojas en vez 
de R^dü.) 

(Aquí correspondía la inserción de la nota del poder otorgado por 
d Dr. Jirón para el pleito que puso á Fajardo; pero seguimos la colo- 
cación que estos documentos tienen en el protocolo. ) 

7.^ Pedimento de D. Alonso al mismo juez, en 2 de Setiembre, 
para que se le reciba información de testigos, en comprobación de que 
el escribano Baño, ante quien se hizo el testamento, equivocó su se- 
gando apellido Roda , poniendo Rojas. 

8.^ Auto, mandando se reciba información sobre esto. 

9.° Información ante los expresados, en 2 de Setiembre. — Decla- 
ración de D. Francisco de Arándíga, a que asi dijo llamarse y ser veci- 
no de esta villa y vivir calle de San Mateo, casas de Tomas Hurtado.» 
Declaró que conocía á D. Alonso, y sabía que siempre le habían lla- 
mado y se había firmado Fajardo de Roda ; y que asímbmo conoció á 

D. FaANasco de Rioja y vih cómo vivía en casa y compañía del 

dicho D. Alonso Fajardo de Roda; y que fué testigo del testamento de 
Rioja, etc. Dijo ser de edad de treinta y cuatro años. — ^Declaración de 
Pedro de Altura, testigo del testamento, favorable. — Declaración de 
Bernardo Carrera, criado de D. Alonso. — Declaración de Francisco 
Jiménez del Baño, escribano publico, que vivía calle de Hortaleza. 
Declaró que en la mañana del 7 de Agosto fué llamado por D. Fran- 
cisco DI Rioja, que trataba de otorgar testamento; que estando en ca- 
sa del expresado Rioja , el cual se hallaba en cama gravemente enfer- 
mo, mandó llamar éste á dos padres jesuítas de la casa profesa ; que ai 



90 
dejado borrar aquel recuerdo, y confundido en la huesa común 
las cenizas del sabio Leucido, del sensible» ñlosófíco y ele- 
gante poeta. 



iíMO U iecian el P, Salas, con elcual, c^mo su confesor, comunicó el enfer- 
mo algunas cosas de su conciencia ¿ ácchnnáo en seguida ^irr no tenia 
herederos forzosos, ascendientes ni descendientes, y fue estaba con r eso- 
liuion di dejar por su heredero a D, Alonso Fajardo de Roda, que era 
su verdadero amigo, que le habia asistido en su enfermedad, de dia y de 
noche, sin faltar un instante, j que quería hacer testamento cerrado, for 
no oir quejar á ninguno antes de su muerte. Que determinado así por 
el susodicho D. Francisco de Rioja , se retiraron los padres jesuí- 
tas, y el deckrante y Crbtóbal Martinez de Medrano se pusieron 
á escribir el testamento. Y por ultimo, que la equivocación del ape- 
llido Roda fué cometida por el dicho amanuense Martinez de Me- 
drano. Este declarante dijo ser de edad de treinta y siete años. — 
Declaración del P. Gabriel de Salas, de la Compañía de Jesús, de 
edad de sesenta años. Declaró haber sido íntimo amigo y confesor de 
Rioja , y conñrmó los hechos relativos á su persona que los anteriores 
testigos declaraban, y los referidos que habian pasado á su presencia. 
— Declararon del P. Fr. José Gonulez, monje benedictino, que 
hacia oñcios de cura de la parroquial de San Elifonso, aneja de San 
Martin. Declaró que habia sido llamado en la mañana del 7 por Don 
Francisco de Rioja, gravemente enfermo, que en el acto se recon- 
cilió con él por tres veces, y á quien, hallándole muy apretado, exhortó 
á que recibiese los Sacramentos, como lo verificó al momento, sin 
mandato de doctor, haciéndolos traer de la parroquia de San Luis. Que 
en seguida, observando lo grave de su estado, le instó i que hiciese 
disposición testamentaria, á lo que el enfermo contestó que para esto 
necesitaba consultar antes con su confesor el P. Gabriel de Salas; y 
como el declarante insistiese en que debia verificarlo sin más dilación, 
Rioja , esforzando la voz , repuso que no, Y que en consecuencia se 
despidieron el declarante y el escribano Tomas de Varas, que se ha- 
llaba presente. 

10. Poder otorgado por el Dr. D. Mateo Jirón de Rioja, abogsKio 
de los Reales Consejos , á favor de cuatro procuradores, con fecha del 1 1 



9» 



«El licenciado D. Francisco de Rioja fué bien propor- 
Dcionadode cuerpo, la cabeza grande y prolongada, el sem- 
oblante modesto, apacible y meditador, el color blanco, los 
» ojos rasgados, penetrantes y vivos, las cejas grandes, emi- 
Bnentes y triangulares, y el cabello, bigote y barba crespo, 
»no muy poblado y bien puesto. » Así nos le pinta el anónimo 
biógrafo del Parnaso Español ^ á cuyo diligente colector, el dig- 
no patricio D. Juan José López de Sedaño, debemos la pu- 
blicación del retrato de nuestro poeta , copia del que, (( hecho 
de pluma con mucha puntualidad , se encontró casualmente 
(dice el expresado colector, tomo ix, ario de 1778) en un 



de Agosto del mismo año, para que siguiesen el pleito que trataba con 
D. Alonso Fajardo de Roda , sobre la herencia de D. Franosco de 
RiojA : ante el teniente corregidor Valero y el escribano Juan Fernan- 
dez de Buendía. 

1 1. Pedimento de D. Alonso Fajardo de Roda, en dicho dia 1 1 de 
Agosto, solicitando la formalizacion del inventario de los bienes y 
efectos que en Madrid poseia y dejó por su fallecimiento D. Francis- 
co DI RiOJA. 

1 2. Auto, mandando proceder a la formación de dicho inventario. 

1 3. Invenurío de los bienes y efectos que D. Alonso Fajardo de 
Roda presentó como pertenecientes á D. Fkanosco de Rioja, que 
íidleció habitando en su compañía. — Los ardculos mis notables que 
en él constan son los siguientes : 

«lUna carroza de baqueta, con clavazón dorada, cortinas de damas- 
co y forro de paño de invierno, etc. 

it Una estuEi antigua 

M Cuatro muías de pelo negro. 
Una silla de manos 



I 

9* 
Memorial original^ escrito en siete idiomas ^ como son, el he- 
breo , el siriaco, el arábigo, el griego, el latino, el italiano y 
el español, y este último en diversas muestras de letras, he- 
cho para presentarle al Rey D. Felipe IV , por el maestro 
Fr. Juan Félix Jirón , carmelita calzado , catedrático de teo- 
logía, y sobrino de Rioja, en que pedia al Rey una pbza de 
su bibliotecario ; cuyo exquisito papel» se hallaba inserto en un 
códice original que contenia la traducción de la Historia déla 
Biblioteca Vaticana^ que hizo del italiano al castellano D. Juan 
Velez de León en el año de 1680, hallándose de secretario 
del Marqués del Carpió, embajador extraordinario de Espa- 
ña en la corte de Roma; códice que paraba en la selecta y 
numerosa librería del Excmo. Sr. D. Manuel de Roda. 

£1 dibujo del P. Jirón, á lo que yo juzgo, debia de ser 
exactísimo. Reproducido con destreza en el cobre por D. Joa- 
quin José Fabregat, nos refleja vivamente el alma del insigne 



» Sillas. — Cama. — Un cuadro de Santa Teresa. — Escritorio y cscri- 
bania de plata. 

n Ciento veinte cuerpos de diferentes libros de diferentes facultades, 
de griego, latino y castellano. 

i)Dos letras cobraderas , una de 1,500 rs., y otra de 402 rs. de 
plata. 

«Casulla, estola, bolsas de corporales. — Cáliz y patena de plata. d 

«Y el dicho D. Alonso Fajardo de Roda (concluye) juró no tener 
noticia de que por la muerte de D. Francisco de Rioja hubiesen que- 
dado más bienes que los inventariados, excepto una casa que se dice 
dejó en la ciudad de Sevilla y tma librería que, para que constase, remi- 
tiria orden que se inventariase, etc. » — Este inventario de Madrid apa- 
rece hecho ante el escribano Tomas de Varas. 

14. Poder otorgado por D. Alonso Fajardo de Roda, en 14 de Se- 
tiembre de dicho aiío, á favor de tres procuradores , para que siguiesen 
el pleito que sobre la expresada herencia le había puesto D. Mateo 
Jirón de Rioja. 



93 
escritor. Al delinearle, es presumible que Jirón tuviese pre- 
sente el retrato de RiojA, hábilmente pintado por D. Juan de 
Fonseca y Figueroa, de cuyo precioso cuadro solamente la no- 
ticia nos ha quedado. Según el índice de manuscritos de la Bi- 
blioteca Nacional de esta corte, en el códice Q-87 de la misma, 
al fól. 124, existia, escrita, a lo que se infiere, por el propio 
Fonseca, una Noticia del expresado retrato. Desgraciadamente 
£dta del códice tan interesante hoja ; pero en cambio, se con- 
servan en el M-82 el borrador y una copia de la ^ilva que se 
escribió en elogio de aquella pintura por el tiempo mismo de 
su ejecución. He aquí su texto, según la citada copia, existen- 
te al fól. 42 vuelto, entre varias poesías de Rioja, copiadas 
de la misma mano, pero con algunas enmiendas de la del 
autor : 

AL RETRATO DE FRANCISCO DE RIOJA, HECHO POR D. JUAN DE FONSECA 
Y FIGUEROA. 

Silva de D, Francisco de Calata^ud, 

La ^ es de Rioja y el semblante 
Éste, de quien esperas voz y aliento; 
Varón que frente igual á la fortuna 
Mostró más importuna: 
Éste es del patrio Bétis ornamento , 
Y á quien á la alta cumbre de la fama 
Excelsa virtud llama. 
No esjDcres que te diga de su mente 
£1 espíritu ardiente. 
La singular doctrina , 
La universal noticia peregrina , 
Que no es empresa á corto ingenio humano 
Del cielo concedida; 
Mas al que ha dado vida con la mano , 
Dará Fonseca en sus escritos vida '. 



' Al íól. 106 del códice se halla el borrador de esta composición, 
escrito primitivamente de la propia mano que el traslado referido, pero 



94 

La estampa nos representa á Rioja como de unos cuaren- 
ta años de edad. Cabalmente puede ser referida con probabi- 
lidad la composición de la silva á los años de 1624 á 1626. 

El insigne pintor y poeta Francisco Pacheco, afectuoso 
amigo de Rioja, daría indudablemente lugar á su retrato en 
el precioso libro donde dibujó e ilustró los de sus contem- 
poráneos y compatricios más insignes : libro que regaló al 
Conde-Duque, y del cual no restan sino un considerable tro- 
zo, comprensivo de 115 hojas, con cincuenta y seis retratos 
y cuarenta y cuatro elogios, que en Sevilla posee mi amigo 
el Sr. D. José María Asensio y Toledo, y algún otro pequeño 
fragmento; en ninguno de los cuales se contiene el retrato de 
nuestro Rioja. 



Si por los hechos conocidos de su vida pública, y á la vez 
por sus escritos , nos proponemos juzgar del carácter y de las 
cualidades morales de D. Francisco de Rioja, grandes se- 
rán nuestra indecisión y perplejidad. ¿Cómo conciliar la vir- 
tuosa rigidez del autor de la EpistoA á Fabio^ con la partici- 
pación moral en los desafueros del Conde-Duque de Oliva- 
res, que recae sobre su confidente, defensor y favorecido, el 
inquisidor Rioja? ¿Cómo la entereza, la dignidad del uno 
con la humillación del otro ? ¿ Cómo la abnegación del fílóso- 
fo con la ambiciosa solicitud del cortesano? 

Estamos, sin embargo, muy distantes de creer que Rioja 



con noublcs enmiendas y variantes de letra de D. Franosco de Rioja. 
La primitiva es, á mi juicio, del amanuense de Fonseca. En casa de este 
hubo de escribirse la silva en amistosa reunión. Calauyud dictaría, im- 
provisando, al escribiente; Rioja se encargó de corr^irla. 



95 
fiívoreciese con su opinión todos los desmanes de su protec- 
tor. £1 hecho de su prisión, y el imparcial testimonio de) his- 
toriador Zúñiga, nos le indican, ai parecer, acorde alguna vez 
en sus consejos con los principios que profesaba. 

Una de las cualidades más relevantes que le adornaron fué 
su firmeza de ánimo, á prueba de vicisitudes y desgracias. 

Varón que frente igual á la fortuna 
Mostró mas importuna , 

dice el elogio á su retrato ; y él mismo, en uno de sus mejores 
sonetos, dirigiéndose al Conde-Duque : 

ManliOy si alguna vez la igualdad mia. 
De la fortuna en el mayor aprieto. 
Te causó admiración» verme sujeto 
A tan fácil rigor, rba podria..... 

Acreditó después más señaladamente esta firmeza, siguien- 
do á su patrono al destierro, y defendiendo allí esforzado su 
causa contra el torrente de la opinión. 

En las cuestiones literarias , que por lo común pueden tra- 
tarse más libre y desinteresadamente, mostró Rioja tan in- 
flexible severidad de juicio, que su contemporáneo, el insigne 
D. Nicolás Antonio, á vuelta de los elogios que le dispensa, 
presume de él que se abstuvo quizá de ocuparse en obras de 
mayor importancia literaria y por la acritud con que juzgaba^ no 
solamente las ajenas ^ sino hasta las suyas propias ^ Rioja de- 
bía sin duda juzgar los escritos ajenos con estricta sujeción al 
consejo de su viva y profunda inteligencia. 

Es cierto que no encontramos de su pluma versos enco- 



' Objudicii acrimoniam^ qua non aliena tantum^ sed et sua opera 

dijudicabat, — Acrimonia se traduce también por agudeza ^ pero aquí 
no es aplicable este signiñcado , sino el que directamente se deriva de 
Acsa, acerbo, agrio; acor, agrura ó acedura, (Lcbrija.) 



96 
miásticos, ni loores de ninguna especie, dirigidos á los emi- 
nentes escritores de su época; pero también le hallamos exento 
del opuesto vicio, en que la generalidad de éstos incurrieron al 
prodigar exagerados panegíricos, sacrificando muchas veces 
á consideraciones de amistad ó de mera cortesía sus convic- 
ciones propias y las leyes de la sana crítica. £n esta conduc- 
ta de RiojA se echa de ver al mismo tiempo su prudente y 
característica reserva. Abstraido siempre, siempre sagaz y 
discreto, le vemos guardar el anónimo en el Aristarco^ publi- 
car el Nicandro bajo nombre ajeno, y servirse en ciertas com- 
posiciones, que evidentemente aluden á sucesos de su vida, de 
frases ambiguas y de figurado sentido, que dejan siempre du- 
doso el suyo verdadero. £n las cartas familiares aparece no 
menos reticente y oscuro. 

Estimado de sus contemporáneos más insignes en todo ge- 
nero de letras y erudición, mereció de muchos de ellos dis- 
tinguidos elogios y pruebas inequívocas de aprecio >. No le 



' De estos elogios y muestras de estimación, hemos hecho y hare- 
mos especial mención ó cita en sus respectivos lugares. £1 presente nos 
parece el más adecuado para hacer mérito de un curioso artículo de la 
Bibliotheca Hitpana de D. Nicolás Antonio, que dice así : 

«Rodrigo Fernandez de Ribera, sevillano (según creo), vivió en Se- 
villa con el Marqués de la Algaba, cuyo secretario era. £scríbió : 

»> La Esfera Poética^ cuyos efectos son otras tantas centurias de sonetos^ 
y los nombres de ellas: Amorosa, de Venus ^ dedicada á Lope de Vega 
Carpió; Fabulosa, de Mercurio ^ á Don Luis de Góngora; Varia, de 
Diana, h Don Francisco de ^evedo; Heroica, de Marte ^ á Doña 
Cristobalina de Alar con; Jocosa, de Júpiter, á Don Juan de Ar guijo; 
Fúnebre, de Saturno, a Don Juan de Vera y Züñiga; Sacra, dei So/, 
á Don Franxisco db Rioja. 

))La mejor es la centuria sexta, á la muerte de la reina de £spaña, 
Margarita de Austria. Fué Ribera ingenioso y adornado poeta, pero 
no tan feliz en la armonía y estructura de la oración.» 

Hasta aquí D. Nicolás Antonio, que no se sirve decirnos si esta 



97 
faltaron al propio tiempo encarnizados émulos, ni podian fal- 
tarle, atendidas su posición y circunstancias. Quéjase de ellos 
con ñlosófíca entereza en su bien sentida y elegante Silva á 
la Constancia^ dirigida al pintor Francisco Pacheco : 

¿Ves cómo las riberas permanecen 
Firmes, Pacheco, al Ponto embravecido. 
Que aunque al horrendo golpe se estremecen 
Con el temor quizá del gran ruido. 
Después de roto un mar, con igual frente 
Animosas aguardan el siguiente? 
Tal juzga mi firmeza. 
Aunque cambio semblante 
A los golpes del vulgo enfurecido 

Ármense ciento á ciento 

Los que hieren con rabia envidiosa , 

Y furiosos en mi sus iras prueben ; 

Que en lo adverso consuncia se acredita. 

¡Oh! ¡ejercite yo siempre el sufrimiento 

Con frente no marchita! 

Presente la virtud no resplandece 
Como debe, con honra no manchada; 
Antes es perseguida y denostada 

Con este fundamento nunca huyo' 

Mientras vivo. Pacheco peregrino, 

Del enemigo el diente más agudo; 

Ni formo queja alguna 

Del más amigo en mi alabanza mudo ; 

Que en el ultimo dia 

Comenzará á vivir la gloria mía. 



enorme colección de setecientos sonetos se hallaba impresa ó inédita. 
Tamayo de Vargas no la cita , ni á su autor, en la Junta de libros. No 
cjíbte en las bibliotecas publicas de esu capital, ni en la particular 
de S. M. De este Ribera han publicado algunas noticias bibliográficas 
los Srcs. Gayangos y Vedia, en las Adiciones á su traducción de la 
Historia de la literatura española^ de Ticknor. (Véase al fin mi nou.) 



98 
Naturalmente debia de excitar envidias la posición de nues- 
tro insigne hombre durante el apogeo de su influencia con el 
privado; pero á los efectos de esa mala pasión se agrego sin 
duda, para enajenarle muchas simpatías, el de su genial reser- 
vado, cauto, lejano, al parecer, del trato franco j expansivo. 
Hemos apuntado varios indicios, que concurren á caracterizar- 
le de ese modo, y habremos de añadir aquí, al mismo propó- 
sito, dos retazos de cartas de los publicados por D. Antonia 
Gómez Aceves ; documentos que, bajo este concepto y otros> 
ofrecen noticias extremadamente curiosas. Habla el expresa- 
do biógrafo : 

«El Lie. Hurtado de la Puente, en carta fechada en Ma- 
drid, a 8 de Octubre de 1641 , le dice á Rodrigo Caro, ha- 
blándole de Río ja : 

«Al conde de Pié de Concha, Sr. D. Juan de Isasi, maes- 
))tro del Príncipe nuestro Señor, que es la persona que 
))hay en esta corte de mayor opinión en letras, le he pedido 
))con todo encarecimiento que si se ofreciese ocasión, ó que 
))si no la hubiese, la busque, para hablar sobre las personas en 
» quien estaria bien empleada la Crónica de Indias, que es 
))en vmd., de cuyos escritos le di particular noticia, y de las 
«recónditas letras y prudencia de vmd. Este caballero es gran- 
))de amigo de Rioja, y están con el Conde-Duque grandes 
» ratos todos los dias; ofrecióme que lo haría, y es caballero 
))muy ingenuo y amigo de hacer bien. El Sr. D. Francisco 
))de Kioja no da audiencia en su casa ni quiere que nadie lo 
))vea en ella; que tanto señor hace desear y encubre los res- 
))plandores de su potencia y valimiento; á su único y mayor 
))amigo D. Juan Adán de la Parra se lo he dicho; no se loque 
)) harán; cierto son gente extraordinaria todos los validos de 
)) esta era; no les agrada sino es lo asqueroso y malo ; no sé 
))á qué lo atribuya; veo los efectos, que sólo basta.» 

uEl antedicho Lie. Hurtado, en carta de Madríd, de 14 
de Octubre de 1641, entre otras cosas, dice á Rodrigo Caro: 

«Aunque he preguntado si se ha consultado el oficio de 
)) cronista de Indias, me han dicho dos ó tres pretendientes 
»quQ no : el uno es un capón viejo, á mi mal juicio gramáti- 



99 
co rancioso; y el Abad de Farias, administrador del hos- 
pital de los Italianos, siciliano, que es gran pretendiente; 
pero óbstale el ser extranjero, si bien un Pedro Mártir lo 
fué, siendo siciliano. Ayer tarde se pasó el Marqués de 
Malpica, de la cámara del Rey, muy leído según dicen, al 
coche de D. Antonio de Mendoza , en que yo también es- 
taba , sólo por hablar deste oficio ; y me preguntó si conocía 
i vmd. y de sus partes ; yo le dije lo que supe, y prometió 
hacer tcxlos los buenos oncios que pudiese ; y lo mismo hizo 
D. Antonio; si bien entrambos no consultan ni pueden decir 
una palabra en la antecámara del Rey. £1 Sr. D. Francisco 
de Rioja, que habia de tomar esto con veras, y lo puede to- 
do, yo soy tan poco su valido, que no he podido acabar con 
él que me dé audiencia en su casa: con todo, ademas del 
recaudo que le envié con D. Juan Adán de la Parra, como 
tengo escrito á vmd., haré el último esfuerzo para hablarle, 
6 le escribiré un papel '. )) 



' La plaza de cronista de Indias vacaba por ^lecimicnto de Don 
*Qnias Tamayo de Vargas, ocurrido en 2 de Setiembre de 1641 . 



APÉNDICES Á LA BIOGRAFÍA. 



£n la noticia bibliográfica de nuestro autor (Apéndice), 
hablamos extensamente de sus escritos contenidos en el códi- 
ce que el Sr. D. José Amador de los Rios mencionó, dándole 
por perdido ó destruido, propio que fué del sevillano Matute, 
perteneciente hoy al Sr. D.Serafín Estébanez Calderón, y que 
hemos tenido el gusto de examinar en casa del Sr. D. Aure- 
liano Fernandez-Guerra. Las fechas de estos escritos podrán 
ser datos muy apreciables para la biografía de su autor, cuan* 
do con más copia de ellos se amplié y perfeccione ; por esta 
razón las consignamos aquí separadamente, haciendo sobre 
ellas tal cual oportuna observación. 

£1 papel ((del Lie. Francisco de Rioja», titulado Declara- 
ción de las letras de una piedra que se halló en ¡a heredad del vein- 
ticuatro Gaspar de Vargas Machuca^ en los Caños de Carmona^ el 
año de 1603, es de suponer que se escribiría no mucho tiem- 
po después de este hallazgo ; y comprueba los conocimientos 
que ya en aquella fecha poseia el joven licenciado. 

La de sus Avisos délas partes que ha de tener el predica- 
dor (13 de Marzo de 1616), nos indica la especie de estudios 
á que ya se inclinaba con más preferencia. £s muy de sentir 
que no conste el punto donde escribió estos Avisos. 

En 161 7 compuso, por encargo del cuerpo municipal de 
Sevilla, la inscripción para la obra que, bajo la dirección del 
célebre arquitecto Juan de Oviedo, se hizo en el sitio titula- 



lOI 

do La Almenilla^ desviando trescientos pasos ai norte de la 
ciudad la corriente del Guadalquivir. Dos años después ( 1619) 
escribió con elegante arcaismo el Epitafio latino para la sepul- 
tura del Duque de Béjar. 

Concurren á probar que residía en Sevilla por la primavera 
y el verano de 1619, las fechas de su Respuesta al discurso del 
Duque de Alcalá y sobre el título de la Cruz (20 de Abril de 
dicho año), y de la copia de su Carta al Dr. Sebastian de 
Acosta (Junio de id.). 

La nota que de su mano puso al margen del erudito papel 
del Duque de Alcalá sobre las pinturas de nuestro Señor Je- 
sucristo crucificado > , no prueba que se encontrase en Sevilla 
por Noviembre de 1622, fecha de este Discurso, que pudo 
ver y anotar años después. 

Finalmente , el contexto de su Carta á D, Pedro de Hila- 
vicencioy fechada el 5 de Octubre de 1629, confirma las con- 
jeturas que, cimentadas en el elogio del Laurel á^ Lope y en 
la Epístola de este mismo á D. Micael de Solís Ovando, he- 
mos formado sobre la residencia de Rioja en Sevilla por los 
años de 1626 á 1630. 



Un elogio notable de nuestro poeta hallamos en la Epístola 
que Lope escribió á D. Fr. Plácido de Tosantos , obispo de 
Oviedo, del Consejo de S. M. , que es la segunda de las 
comprendidas en su colección titulada La Circe ^ con otras 
rimas, etc. (Madrid, 1624), cuyas aprobaciones son de Se- 
tiembre del año anterior. Alabando allí Lope á varios de nues- 
tros más insignes historiadores , dice : 



' Aprobatorio de la opinión de Rioja sobre este punto. 



102 

Mas no merecerá menos memorú 
pRANasco DE RiojA , úigenio nro. 
Del Bétis andaluz corona y gloría. 

Que no hallarán en él menos amparo^ 
Que ha dado á las Corónicas de España , 
Prudencio en letras y virtudes claro. 

Hizo mención de Rioja, muy digna por cierto de especial 
recuerdo, el Discreto de palacio^ D. Antonio Hurtado de Men- 
doza, en una Loa que compuso, y fué representada por Pe— 
dro de Villegas con la comedia que se hizo en la regia mora- 
da por las felices nuevas de la toma de Breda (1625}. Dice- 
Mendoza ( 0Ar¿7j líricas y cómicas^ 1728, pág. 78) : 

Al cuarto del Rey corriendo 
Va el Conde, y sin muletilla; 
Sin duda son buenas nuevas , 
Pero no tomará albricias. 

Pedro de Contrcras baila , 
Salu Don Diego Mejía, 
Insaustc canta , y gorgcan 
Rojas, Camero y Asprilla. 

El ingenioso Rioja 
Lo pondera y solemniza; 
Ipeiíarricta lo alaba, 
Y rézalo Zapatilla. 

Gracias á Dios está dando 
La Condesa, y la Alcañizas 
Viene alegre, y la del Carpió 
Ha entrado con lechuguilla. 



Del Rey todo el aposento 
Se alborota, y vemos risa 
Aun hasta en Marvan , que no 
Lo merece cualquier dia. 

Pedro del Yermo no cierra. 
No quiere dormir Matías, 
Y ha dado albricias Calero, 
Que es la postrer maravilla. 



Rindióse Breda en 8 de Junio de 1625. 



Hemos visto que Lope de Vega denomina licenciado á 
nuestro Rioja en el canto xix de La Jerusalen conquistada^ 
donde escribe loores de varios ingenios é ilustres españoles. 
Advertimos ya que este poema, impreso en el año 1609, ''^~ 
vaba el privilegio Real, dado en Valladolid á 23 de Agosto 
de 1608; pero cumple advertir asimismo que se hallaba con- 
cluido, y remitido al Consejo en solicitud de la competente 
licencia, desde tres años antes. En carta de Lope al Duque de 
Sesa, con fecha de Toledo, á 3 de Setiembre de 1605 (una 
de las halladas en el archivo del Sr. Conde de Altamira) , se 
lee: 

((Mi Jerusalen enviéla á Valladolid, para que el Consejo 
me diese licencia. Imprimiré la muy aprisa, y el primero ten- 
drá V. £. Es cosa que he escrito en mi meior edad, y con 
estudio diferente que otras de mi juventud , donde tiene más 
poder el apetito y corazón. » 

Conviene esto exactamente con lo que el mismo autor dice 

en el prólogo del poema al Conde de Saldaña : «Tarde y 

esperada sale á luz ; que por ocasión de algunos libros sin doc- 
trina, sustancia y ingenio, escritos para el vulgo, se prohibió 
la impresión de todos generalmente. » 

Debemos deducir, por consecuencia, que Rioja , de quien 
consta que era en Julio de 1603 m^o estudiante y debió de 
obtener la licenciatura entre este año y el de 1605. Si ya no 
es que Lope añadió con posterioridad algunos elogios á su re- 
ferido canto panegírico. 



104 



Entre los manuscritos bibliográficos y biográficos de Don 
Bartolomé José Gallardo, se han encontrado los apuntes re- 
lativos á RiojA, que literalmente copio á continuación (en 
Diciembre de 1861). 

En una tira de papel, letra de Gallardo: 

«Francisco de Rioja. — Bibliotecario de Felipe IV. 

))Por decreto de S. M. (D. 1. g.) de 21 de este, manda al 
Bureo, que á Fr.co de Rioja su Bibliot.**, se le libren 600 du- 
cados por su Real dispensa cada año, empezando á correr des- 
de i.^ de Enero deste presente año en adelante, sin otra ré- 
plica. V. m. Sr. Contralor, lo ejecute así en librarle lo corri- 
do y lo que corriere en adelante, y respóndame v. m. luego 
á este papel. Del Bureo a 24 de Setiembre 1638. — M. 
El conde de Castro. — Sr. Contralor.» — El sin réplica alu- 
de á algunos entorpecimientos que había puesto la contaduría 
á la paga. (V. en la Mayordomia mayor de Palacio el depar- 
tamento Casa del Rey, ordenes del Mayordomo mayor des- 
de 1637 á 69, legajo núm. 2. ) 

))He resuelto que á Fr.co Je Rioja le corran los gajes que 
se le pagan por la despensa desde hoy en adelante todo el 
tiempo que bastare para devengar 800 ducados que he man- 
dado goze, para que pueda pagar las bulas de los beneficios 
de que le tengo hecha merced ; de suerte que haciéndosele bue- 
no lo que ha gozado hasta hoy, se le vayan continuando los 
dichos gajes « y se le paguen hasta en dicha cantidad, y hecho 
esto se cumpla la orden que tengo dada. (Rubricado de la Real 
mano.) En Madrid, a 15 de Agosto de 1641. — Al Bureo.» 
(Ib., num. 2. Reales órdenes desde 1632 á 1643.) 

En otro legajo : u Real Cámara. Reales resoluciones des- 
de 1624 á 1685, núm. i.° — Habiendo D. Gabriel Bocán- 
gel solicitado en 17 de Junio de 1643 servir la Biblioteca en 
ausencias y enfermedades de Rioja, S. M. proveyó de su Real 
mano lo siguiente : No hay para qué proveer este ínterin, » 



IOS 
La fecha de esta solicitud de Bocángel se aviene perfecta- 
mente con la que Pinelo refiere de la salida del Conde-Duque 
desde Loeches para su destierro de Toro, que fué el dia I2 de 
Junio de 1643. No es creíble que la plaza de bibliotecario 
estuviese vacante los once años que duro la ausencia de 

RiOJA. 



Adición de Gallardo á una de sus papeletas relativas á nues- 
tro autor, sacada del manuscrito que al pié se cita : 

a Francisco de Rioja, racionero, entró á 10 de Octu- 
bre de 1636 : inquisidor de la Suprema en Madrid, donde mu- 
rió á 8 de Agosto de 1659. ^"^ coronista y bibliotecario del 
Rey, eruditísimo, nombrado en la ración por el Sr. Borja y 
el cabildo de Sres. Canónigos, por agosto de 1636. Del hace 
memoria D. N. Antonio. Sucedióle su coadjutor D. Anto- 
nio de Medina Cuellar. )) 

(D. J. de Loaisa, Varones ilustres del cabildo de la santa 
iglesia de Sevilla. MS. (88-254-31). (¿Biblioteca Colom- 
bina?) 



Entre las cartas originales, y casi todas autógrafas, de 
Lope de Vega Carpió, que formando tres volúmenes en folio 
se han descubierto últimamente (Abril de 1863) en el archi- 
vo del 8r. Conde de Altamira, dirigidas al Duque de 8esa ', 



' Con presencia de estas cartas, é inserción de muchas de las que 
son autobiográficas, y con auxilio de otros documentos y noticias, he 
escrito, y tengo concluida desde principios de este año, una Nueva 
biografía áe Lope áe Vega Carpió (volumen de más de 400 hojas en 
folio), que regalaré sin condición alguna á cualquier editor que se 
comprometa á publicarla. 



io6 
hállase la siguiente, en que hace aquel grande ingenio referen- 
cia, en extremo curiosa y picante, á D. Francisco de 
RiojA : 

(Madrid, ¿Julio de 1616?) 

((Señor, yo no tuve culpa de faltar anoche, pues aguardé 
hasta las onze, y desconfiado me fui á passar tan excesivo 
calor con una loca en el umbral de su puerta, por donde no 
pasó V. ex.", siendo forzoso para yr al prado; porque hasta 
la una me estuve habiendo ojos, aunque cuando boluí me 
advirtieron en la posada de que Gonzalo me venia á buscar. 

)) Hubiera olgado mucho de ver la pendenxia , no tanto por el 
gusto con que v, ex,^ la pinta (atenido al proverbio que dice: 
las pendencias y la mar desde lexos las has de mirar) , como por 
ver a RiojA , apeado de su diuinidad^ absoluiendo un quadrillero^ 
que es acción estupenda ; y quisiera mucho saber si le absolvió al 
US so de la yglesia griega ú de la latina; que es onbre quedize que 
ha estudiado ¡a filosofia por los Lacedemonios. 

))Si á V. ex." le dan gusto cartas latinas, lea esas dos mien- 
tras busco otras. Ahi va también la de Liiían, y essas co- 
medias que escribí para Palacio, que también quiero yo dar 
á V. ex." borradores ; á quien suplico que no borre nada de 
la carta de Flora, porque creo que está bien ansí. 

)) Guárdeme Dios al Duque de Sessa mi señor, los años 
que el puede, y son los mismos que yo desseo. » 

(Es la carta xxix del tomo iii.) 



JUICIOS críticos. 



Presunción grande fuera, por cierto, la nuestra, si nos cre- 
yésemos capaces de escribir aquí, en su lugar propio, un ra- 
zonado juicio crítico de D. Francisco de Rioja, conside- 
rado como poeta, apreciando debidamente el carácter y el 
mérito de ese corto número de composiciones que han basta- 
do para colocarle en uno de los más eminentes puestos de 
nuestro Parnaso, coronado de laureles inmarcesibles. ¿Cómo 
acertaríamos á ponderar la elevación de sus pensamientos, á 
señalar ese espíritu que le distingue esencialmente de los poe- 
tas que sólo atendieron á la forma, á la belleza exterior de 
sus obras? Y limitándonos á estas cualidades, ¿pudiéramos 
elogiar merecidamente la excelencia de su versiñcacion, la 
pureza y majestad de su estilo, la propiedad y cultura de su 
lenguaje ? 

Honremos con más dignos y entendidos censores á tan es- 
clarecido ingenio, transcribiendo varios artículos que acerca 
de sus obras poéticas han escrito y publicado algunos de nues- 
tros críticos más eminentes. 

¿DON PEDRO ESTALA? '. 

Francisco de Rioja se distingue mucho de los demás in- 
genios de su siglo, por la belleza de su dicción majestuosa y de 



■ Prólogo á las Poesías inéditas de Francisco de Rioja y otros poe- 
tas andaluces i cuyo autor parece ser el escolapio Estala. Tomo xvni de la 
colección de D. Ramón Fernandez, MDCCXCVII. En Madrid, en la 
imprenta Real. 



io8 
su rersáficacioo, por h regukridaii de sus composiciones, por 
b rehemencia, en fin, de imaginación y b fuerza y severidad 
de pensamientos que en casi todas elbs centellean. Ninguno ha 
manifestado un carácter tan respetable y filosófico , ninguno 
una sensibilidad tan interesante, ninguno el acierto de variar 
el tono tan á propósito, según los diferentes objetos que se le 
presentabom á b vista : él sabía enternecerse sobre bs flores, 
llorar con entusiasmo los estragos del tiempo y bs ruinas de 
los pueblos, llamar con voz irresistible al ejercicio y estudio 
de b sabiduría. Él es el primero de nuestros poetas antiguos, 
que, ún lamentarse de elb, ha saludado á b desgracia como 
el crisol de b virtud ; y á es, en fin, el que ha dicho que valia 
más plegar b fimte á b adversidad que la rodilla al poder. 

Por desgracus no poseemos de este poeta más que un cor- 
to número de composiciones, que ahora se publican , y aun de 
éstas podrían omitirse algunas, sL se hubiera de consultar es- 
trechamente á b gk>ru de Rioj A. Él desechara ahora una gran 
parte de sus sonetos y algunas de sus silvas ; corrigiera mu- 
chos versos flojos y prosaicos, que vician la belleza de los de- 
mas, y se ejercitara en asuntos dignos de b energía de su 
pluma. Pudiéramos justificar con ejemplos estas advertencias, 
pero deseamos excusar b prolijidad ; fiíera de que , comparan- 
do á RiojA con él mismo, se advierten al instante sus des- 
igualdades. Sus defectos no son de naturaleza contagiosa ; hi- 
jos los unos del descuido, los otros del vicio de las copbs que 
han llegado á nosotros, no pueden servir de prueba contra su 
buen gusto ni contra sus talentos. Éstos se han de medir por 
b Canción á Itálica % por b Epístola á Fabio y por muchos 
rasgos de sus Sihas. Al contempbr las bellezas que brillan 



' £1 lector debe prescindir de todo lo que estos cnticos juzgan de 
RiojA fundados en la CénuioM é Itá/úa, admirable composición que 
se le atribuyó equivocadamente, y cuyo verdadero autor ñié el licen- 
ciado Rodrigo Caro , según se probará después. 



109 
en estas composiciones, se siente la pérdida de lasque no han 
sobrevivido al tiempo, y se desea que RiojA hubiese vivido 
en circunstancias menos infelices. Ellas lo hacen todo; hay 
épocas , hay países , cuya maligna influencia corrompe la áñ- 
cion , el estudio y los talentos ; y Homero entonces , ó no ha- 
ría versos , ó sería un coplero. 



D. MANUEL JOSÉ QUINTANA '. 

Pero quien mejoró infinitamente más á Herrera fué Fran- 
cisco DE RiojA, sevillano también y discípulo de la mis- 
ma escuela, aunque floreció bastantes aiíos después. Igual 
en talento á Herrera y superior en gusto, RiojA hubiera fija- 
do sin duda los verdaderos límites entre la lengua prosaica y 
la poética, si hubiese escrito más ó se conservasen sus com- 
posiciones. ¡ Cómo es posible que un hombre de tan grande 
ingenio, y que vivió tantos años, no escribiese más que una 
canción, una epístola, trece silvas y unos cuantos sonetos? 
Más fícil de creer es que sus escritos se perdiesen en las di- 
ferentes vicisitudes que tuvo su vida, ó que yazcan olvidados 
entre los muchos monumentos literarios que entre nosotros 
luchan todavía con el polvo y los gusanos. Lo poco suyo que 
ha quedado es suficiente, sin embarco, á darnos idea de su 
carácter poético , sobresaliente entre los otros por la nobleza 
y severidad de la sentencia, por la novedad y elección de los 
asuntos, por la fuerza y vehemencia de su entusiasmo y su 
fantasía, y por la excelencia del estilo, que es siempre culto 



' Introducción hbtórica ásu Colección de poesías selectas castellanas ^ 
desde el tiempo de Juan de Mena hasta nuestros días. Madrid , año 
de 1807. 



lio 
sin afectación, elegante sin nimiedad, sin hinchazón gran- 
dioso, y adornado y rico sin ostentación ni aparato. Un mérito 
que le distingue particularmente es el acierto con que cons- 
truye sus períodos , los cuales ni dan en secos por la brevedad, 
ni se arrastran penosamente por lo prolijos ; defecto frecuen- 
te y grande en los más de nuestros poetas, cuyas cláusulas, 
no bien distribuidas, fetigan el aliento cuando se recitan. Bien 
sé que aun en estas pocas composiciones hay resabios del 
prosaismo de los poetas del siglo xvi y del fdso oropel de los 
del siguiente ; pero, ademas de que son rarísimos, debe tenerse 
presente que no limó él ni dispuso estos versos para publicar- 
los '; disculpa bastante de mayores yerros. Por mucha impor- 
tancia que se les quiera dar, no podrán quitar la primacía que 
gozan entre nuestros tesoros poéticos las delicadas silvas á las 
flores , la magnífica Canción á las ruinas de Itálica , y la casi 
perfecta Epístola moral á Fabio. 



D. FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA *. 

Basta abrir las obras de nuestros mejores poetas, como 
Garcilaso, Herrera, León, Rioja, los Acgensolas y otros, 
para ver hasta qué punto se habian nutrido con la literatura 
clásica de los antiguos ; tal vez puede decirse que tanta era la 
veneración que les profesaban, que á veces rayó en delirio, 
en términos de impedir que campease con más libertad su fe- 
cundo ingenio. Mas lo que no admite duda es que con aque- 
llos modelos formaron su gusto , y elevaron nuestra poesía al 



' El manuscrito de 1614 demuestra que los corrígió cuidadosa- 
mente, aunque no tuviese intención de publicarlos. 
* Obras literarias. Tomo i. Poética, Londres > 1838. 



más alto punto de esplendor. (Nota sobre la locución poé- 
tica.) 

No recuerdo entre nuestras antiguas poesías ninguna que 
pueda presentarse como modelo completo de la elegía; pero 
no faltan algunas en que se admira el tono delicado y suave 
que requiere; siendo, en mi concepto, Rioj a y Francisco de 
la Torre los dos poetas castellanos en que más sobresalen las 
dotes convenientes para este ñn. £1 primero tomaba fácilmen- 
te el acento melancólico, que es el alma de la elegía ; el ob- 
jeto más pequeño, una rosa , bastaba para conmover su co- 
razón : 

¿Y esto, purpurea flor, y esto no pudo 

Hacer menos violento el rayo agudo? 

Róbate en una hora. 

Róbate licencioso su ardimiento 

El color y el aliento; 

Tiendes aun no las alas abrasadas , 

Y ya vuelan al suelo desmayadas : 

[Tan cerca, tan unida 

Está al morir tu vida! 

Las flores, las estaciones del año, todos los objetos de la 
naturaleza, le inspiraban, al contemplar su hermosura, aque- 
llos sentimientos tiernos que despiertan en un alma sensible : 
se deleita , se encanta celebrando á la primavera como favora- 
ble al amor : 

I A cual vaga lazada de oro crespo , 

A cuál purpura y nieve. 

Por do las gracias y el amor se mueve , 

No aumentó hermosura peregrina 

Alguna flor divina ? 

Pero la idea del amor y de los placeres hace que su ánimo 
se repliegue dentro de sí mismo, y el recuerdo de la velocidad 
del tiempo y de la muerte acaba por echar un velo sombrío 
sobre el cuadro más risueño : 

¡Oh florido verano! 
Si á mi afecto se debe. 



112 

Camina á lento paso. 
Deja el volar, deja el volar ligero 
Para tiempo más triste y más severo ; 
Tü candido y suave y blando espira, 

Y tarde te retira: 

Pero sordo y difícil á mi ruego. 

Veloz pasas volando, 

Al humano linaje amonestando , 

Viendo las rosas que tu aliento cría 

Cómo nacen y mueren en un día: 

Que las humanas cosas. 

Cuanto con más beUeza resplandecen , 

Más presto desvanecen. 

Más inclinado por su corazón al tono de la elegía , aun- 
que inferior á RiojAen corrección y en gusto, aparece Fran- 
cisco de la Torre, etc (Nota 7.* al tomo iv.) 

La poesía emplea muchas veces el estilo ñgurado para ex- 
presar con novedad y energía un pensamiento común ; nada 
más frecuente que ocurrir hacer mención de la muerte; pero 
los buenos poetas han hallado siempre modos nuevos y bellos 
de expresar la misma idea; en RiojA, por no acudir á otro, 
se hallan varios (en su excelehte Epístola moral á Fabio) : 

Antes que aquesta mies inútil siegue 
De la severa muerte dura mano, 

Y á la común materia se la entregue. 

En otro lugar, en vez de decir, como se hace ordinaria- 
mente , que el tiempo nos destruye , trastorna totalmente la 
imagen : 

Antes que el tiempo muera en nuestros brazos. 

En la misma epístola presenta la idea de la muerte de esta 
manera tierna y expresiva : 

Adonde por lo menos, cuando oprima 
La tierra nuestro cuerpo, dirá alguno: 
Blanda le sea, al derramarla encima. 

(Nou 8.* al canto 11.) 



113 
Un moralista dirá con gravedad que los ambiciosos des- 
precian la muerte ; pero Rioj a , para expresar la misma idea 
con una imagen viva, personifica á la ambición, cuando dice 
en la precitada epistola : 

Y la ambición se ríe de la muerte. 

Ya vemos con sorpresa una idea grande, terrible» expresada 
con una sola pincelada. (Nota 7.^ al canto 11.) 

Después de la época de Juan de Mena , nuestros poetas del 
siglo XVI mostraron, hasta donde consiente nuestra lengua, un 
hipérbaton natural y bello > sin incurrir en oscuridad ni afec- 
tación ; sirvan por todos los demás los siguientes ejemplos. 
RiojA empieza de esta manera su Canción á ¡as ruinas de 

Itálica : 

Estos, Fabio, ¡ay dolor! que ves ahora 
Campos de soledad, mustio collado, 
Fueron un tiempo Itálica famosa. 

Es imposible presentar desde luego un cuadro magnífico 
con colores que hieran más vivamente la imaginación ; pero 
adviértase que gran parte de este efecto singular lo produce la 
artificiosa colocación de las palabras. ¡Cuánto tino, cuánta 
filosofía mostró en ella el poeta ! (Nota 9.' al canto 11.) 



D. JOSÉ AMADOR DE LOS RÍOS «. 

Lo que distingue las poesías de Rioja es la ternura y la 
melancolía, y un fondo filosófico, al par de una dicción senci- 
lla , pero majestuosa ; sus pensamientos son siempre nobles y 



' Anotaciones a su traducción de la Historia de la literatura espa- 
ñola , escrita en francés por Mr. Sismondi. Sevilla, 1842. 



««4 
graves , y su genio se presta con una admirable facilidad á to- 
dos los géneros. Habia estudiado profundamente los autores 
de la antigüedad , y se echa de ver en cualquiera de sus com- 
posiciones que era muy apasionado de Horacio, á quien imi- 
ta perfectamente en su Oda á la rique%a £1 estilo de Rio- 

jAes muy parecido al de Herrera Sin embargo, preciso 

es confesar que b elocución de Rioj a es más escogida y sen- 
cilla, sin que por eso pierda nada de su dignidad: los únicos 
defectos que se encuentran en sus poesías son un poco de 
prosaismo , y algunas veces , aunque muy contadas , aquella 
hinchazón que en su tiempo corrompió nuestra poesía y nues- 
tra literatura. Y ¿qué diremos de sus silvas, en que están 
esparcidos tantos rasgos de imaginación brillante , de sensibi- 
lidad exquisita y de bs demás dotes que adornan a nuestro 
poeta? Todas ellas son tesoros riquísimos de poesía casteUa- 
na, todas son preciosísimas hojas de b corona que ciñe la 

frente de Rioja La Epístola moral á Fabio^ casi perfecta 

en su género, como dice el Sr. Quintana, está llena de her- 
mosos pensamientos morales, de imágenes sencillas y tiernas, 
y de esa filosofía agradable que tan bien sabía Rioja derra- 
mar en sus composiciones De propósito hemos dejado 

para lo último el hablar de la Canción á las ruinas de Itálica^ 
una de bs más célebres composiciones poéticas que honran 
nuestro Parnaso , capaz ella sola de acreditar á su autor de 
poeta excelente: según nuestro pobre juicio, Rioja no hizo 
más que añadir algunas estanzas y dar algunas pinceladas maes- 
tras á la Canción que con el mismo objeto escribió el erudito 
Rodrigo Caro, y que hemos leido en un manuscrito, etc '. 



* El resto de este artículo tendrá lugar más oportuno en el nuestro 
bibliográfico de Rioja. 



>"5 



D. MANUEL CAÑETE. K 



Gloriosa excepción en su tiempo, Rioja, que vivió como 
hombre de bien en una corte pervertida, y resolvió en Espa- 
ña, como Horacio en Roma, el difícil problema de ser al par 
lírico y razonador, supo también librarse del contagio que por 
aquellos días mudaba la sencillez y majestad de la musa ibera 
en aparato vanidoso de gigantescas locuciones vacías de sen- 
tido, ó en cúmulo extraño, y las más veces ridículo, de imá- 
genes desaforadas. Amaestrado en la desgracia, el pdlta sevi- 
llano busca auxilio en la ñlosofía No anima á Rioja el 

espíritu imitador, pero galante, puro y lleno al par de fres- 
cura, que enamora en Garcilaso Tampoco hallamos en 

sus poesías el místico arrebato, la profunda intensidad lírica 

del maestro León Alma de suyo benévola, pero herida y 

desengañada, Rioja ve, siente, sufi-e los estragos de la am- 
bición, de la hipocresía, de la envidia, y busca reposo en 

el seno maternal de la antigua Romúlea etc. 



D. JOSÉ MARCHENA ^ 

Mas quien (después de Herrera) elevó hasta el ápice de 
la perfección la poesía lírica, fué su paisano, y acaso su dis- 
cípulo, Rioja. El afecto que la célebre Canción á ¡as ruinas 



' Discurso ¡eido ante la Real Academia Española y al ser recibido 
públicamente en ella (Diciembre de 1858). 

* Lecciones de filosofía moral y elocuencia, Burdeos, 1820. 



ii6 
éi IzA^A anñiB, es b mrfanroüa filosófica que las vastas re- 
SqTiias de !o« nfrfíríos en que se u6niha el humano poderío, 
en «os mortiLn infiuiden. Tremendos documentos de la fla- 
queza dd hombre r ¡a fuerza de b naturaleza, el moho que 
sus derribadas columnas carcome , el amarillo jaramago que 
en los fragmentos mal seguros de sus medio allanadas paredes 
crece, nos están contino «cñahodo h honda sima que á nos- 
OCTM, las obras nuestras, nucttros tícíos 7 nuestras virtudes 
nos ha de sepultar un día. La aniquilada potencia del pueblo- 
rer, que fundó á Itálica, los soberbios edificios de esu colo- 
nia, la gloria de sus hijos, señores los unos del universo, ilus- 
tres otros por sus tarcas literarias , todo se retrata con viveza 
á h mente del autor. Las regaladas termas , el vasto anfitea- 
tro, los palacios que habitaron los Cesares, hijos de Itálica, 
las piedras que publicaban sus haaañas, todo ha sido víctima 
del tiempo v b muerte. La sacra Troya, b altiva Roma, la 
docta Atenas, se le representan entonces , 7 tan nobles ruinas 

aumentan su dolor 

La epístob satírica de Río ja combate con fuerza b loca 
solicitud de los que pasan b vida pretendiendo cargos y hu- 
miUindose ante los pabci^os; pero más bien es un elogio de 
b vida exenta de ambición y codicu, que b expresión de un 
enérgico encono contra los ambiciosos. Los únicos contra 
quien se irriu el virtuoso y filósofo poeta, son los frailes hi- 
pócritas, que, encenagados en los vicios más torpes, predican 
la virtud en las plazas y sitios públicos : 

No quiera Dios que imite á los varones 
Que gritan en las plazas macilentos. 
De la virtud infames histriones; 

Esos inmundos trágicos, atentos 
Al aplauso vulgar, cuyas entrañas 
Son infectos y oscuros monumentos. 

¡Qué plácida resuena en las montañas 
El aura respirando blandamente! 
¡Qué gárrula y sonante por las cañas! 



"17 



ARTÍCULO ACERCA DE D. FRANCISCO DE 
RIO JA, ESCRITO POR D. Nicolás Antonio. {Bihlio- 
theca hispana nova^ t. l.) 

D. Franciscus de Rioja. Hispalensis, acri vir judicio 
et bonarum artium cognitione, divinarumque atque humana* 
rum rerum notitia non mediocri, evocatus ín curiam, lateri 
adhessit Gasparis Guzmani, Olivarum Comitis, Phílippo 
Regí IV ante omnes alíos dum viveret cari, apud quem bi- 
bliothecaríi munus gessit, historiographi Regii decoratus ho* 
nore, necnon Inquisitoris cum Hispalensis, tum Supremi Ju- 
dicum Fidei senatus, quem tamen ultimó dictum locum, va- 
riante patroni fortuna, occupare non valuit : quantum vis 
aliquot ante mortem annis gratia florueret ejusdem Philippi 
Regis, tradita sibi Bibliothecae Regias cura. Elucubravit olim : 
^ El Aristarco^ i Censura de la Proclamación Católica de los Ca^ 
falunes. Matriti 4, absque auctoris nomine. 

Ildefonso^ o Tratado de la Concepción de Nuestra Señora. Hunc 
librum laudat D. Thomas Tamajus in opere inscripto : La 
Verdad de Dextro^ fól. 93, nondum ut credo formis excus- 
sum. 

Carta sobre el Título de la Cruz. 

Respuestas a las Advertencias contra su carta , intituladas del 
Duque de Alcalá. 4. ^ 

Avisos á predicadores attribuit ei Franciscus Paciecus, Pic- 
tor Hispalensis , en los Diálogos de la Pintura, 

Minuta alia fecit in gratiam amicorum , majoribus forsan 
abstinens ob judicii acrimoniam, qua non aliena tantum, sed 
et sua opera dijudicabat. 

Matriti demum obiit circa annum 1658. 



■J- I 



r.'* 



I r 



NOTICIA BIBLIOGRÁFICA 



ESCRITOS DE RIOJA. 



El número de producciones de la elegante pluma de Don 
Francisco de Rioja que se han conservado hasta nuestros 
días, ó de que tenemos noticia, es á la verdad muy limitado 
relativamente al período en que suponemos disfrutó de una 
vida retirada y tranquila, y no confirma el testimonio que de 
su laboriosidad nos ha trasmitido alguno de sus contemporá- 
neos. Muerto lejos de su país natal, anciano y solo; heredado 
por un extraño, que probablemente no debia de serlo menos 
al estudio y cultivo de las letras, es de presumir que de sus 
obras manuscritas , unas pereciesen á manos de la ignorancia, 
y otras viniesen á servir de fundamento á reputaciones aje- 
nas ; a ser plumas de otras cornejas , que dijo de las suyas pro- 
pias el insigne Ruiz de Alarcon. 

Tan sólo cuatro escritos de Rioja menciona su compatri- 
cio y coetáneo D. Nicolás Antonio, en el artículo que deja- 
mos ya copiado anteriormente ; indicando ademas que com- 
puso algunos otros opúsculos, de los cuales cita uno en 
artículo separado. De sus talentos y trabajos poéticos, ni la 
menor noticia dio este bibliógrafo, más inclinado á investigar 
la existencia de escritos históricos, jurídicos y teológicos, que 
la de aquellos puramente relativos á la amena literatura. 

Cuatro solamente de los que se atribuyen á Rioja, sabe- 
mos ó presumimos que se dieron á la estampa, sueltos, du- 
rante su vida. Algunas otras obrillas suyas vieron también la 

y 



120 

luz en la misma época, insertas en libros de otros autores. 
Sus poesías han permanecido inéditas y oscurecidas hasta fi- 
nes del siglo pasado, y todavía lo están uno que otro de sus 
opúsculos en prosa. La Biblioteca Nacional de Madrid, afor- 
tunada en este punto, ha sido el paradero de varios de los es- 
critos inéditos de Rioja, algunos de ellos autógrafos; sus 
Poesías originales forman la principal parte de este tesoro li- 
terario. A tan feliz circunstancia es debido el presente tra- 
bajo, que vamos á completar en lo posible con la Noticia bi- 
bliográfica de estos escritos. 



OBRAS EN PROSA DE D. FRANCISCO DE RIOJA. 

IMPRESAS. 

Carta ná D, Gaspar de Guxman^ conde de Olivares n^ ilus- 
trativa de ¡as Poesías de Fernando de Herrera. 

En ella las analiza y juzga, dando curiosas noticias bio- 
bibliográñcas del autor (quizá su lejano deudo materno). Esta 
erudita carta (así la califica D. Nicolás Antonio) va impresa 
en los principios de la excelente edición que, por diligencia 
del insigne Francisco Pacheco, y á expensas del Conde de 
Olivares, se publicó en Sevilla, de los Versos de Fernando de 
Herrera. Emendados i divididos por él en tres libros. A Don 
Gaspar de Guzman^ Conde de Olivares^ Gentilombre de la 
Cámara del Príncipe nuestro Señor^ Alcaide de ¡os Alcafares 
Reales de Sevilla^ i Comendador de Bívoras en ¡a Urden de 
Ca¡atrava, (Escudo del Conde.) Año de 1619. Con Privüe- 
gio. Impresso en Sevilla y por Gabriel Ramos Vejarano. 4.°, 
con el retrato del autor. 

Los preliminares de esta edición son los siguientes : Apro- 
bación del Dr. Lucas de Soria Galvarro; Sevilla, 12 de Abril 
de 1617. — Aprobación de Pedro de Valencia^ Madrid, 30 de 
Agosto de 16 1 7. — Privilegio Real á favor de Pacheco, por 



1X1 

die£ años. — Dedicatoria de Pacheco al Conde, sin fecha. (Le 
Uanu hijo de Sevilla. ) — Francisco de Rioja á D, Gaspar de 
Guxman^ conde de Olivares^ etc. Principia así esta carta : 

«En la fortuna que án corrido los versos de Fernando de 
»Herrera, los a valido solamente el favor de V. Señoría, para 
nque no se pierdan en el descuido o en el desprecio de los más, 
»que esta suerte tuvieron casi siempre , como si no merecieran 
»el lugar que án alcanzado los mejores; pero los dias, que sa- 
»ben borrar las invidias, i mostrar con nueva fuer9a la verdad 
nde las cosas, darán a estas obras la gloria que se les debe )> 

a Sus obras (dice más adelante) se perdieron, y estos ver- 
usos, de los muchos que hizo, a podido librar con increíble 
Dtrabajo i diligencia Francisco Pacheco, a quien se deve la 
» gloría de que salgan a luz, i de verá España la memoria de los 
«Varones Ilustres que a tenido » 

Concluye la carta de Rioja en estos términos : 

(C ... De las partes de Fernando de Herrera é dicho á V. Se- 
»ik>ría brevemente lo que é sabido. Holgara yo que u viera sido 
litan dichoso en hallar qvien las contara, como lo a sido en 
•hallar el favor de V. Señoría, cuya vida guarde Dios muchos 
»aik», para aliento i favor de los Estudiosos.» (Sin fecha ni 
lugar. )—Ei Lie. Enrique Duarte á la memoria de Fernando de 
Herrera. (De él dice, entre otras cosas, que Pacheco recogió 
algunos de sus cuadernos y borradores, que escaparon del nau- 
fragio en que pocos días después de su muerte perecieron to- 
das sus obras poéticas, que tenía corregidas y encuadernadas 
para la imprenta. Añade Duarte que él proporcionó el borra- 
dor del prólogo que para dichas obras tenía escrito Herrera, 
y se publicaba á continuación.) — Prefación de Fernando de 
Herrera á sus versos. — Soneto de Pacheco. — Libros i y ii de 
las Poesías. — Soneto de Baltasar de Escobar. — Libro iii. — 
Al fin la tabla y el colofón : Impreso en Sevilla^ por Gabriel 
Ramos Vejarano^ año de 1619. 

Gran parte de esta carta de D. Francisco de Rioja , en 
la relativa al juicio crítico del divino poeta, ha sido reimpresa 



122 



al frente de los versos de éste , en la Colección titulada de Don 
Ramón Fernandez^ y últimamente en el tomo primero de Poe- 
tas Líricos de la Biblioteca de Autores Españoles. 



Discurso probando la exactitud de las pinturas en que se re- 
presenta á N, S. Jesucristo crucificado con quatro clavos. 

Publicóle Francisco Pacheco, al fin de su precioso y ya 
rarísimo Arte de la Pintura: Sevilla, 1649. ^* precedido de 
una breve dedicatoria del autor al mismo Francisco Pacheco, 
como tan insigne artista, y el más cuidadoso en la parte del de- 
coro. Empieza en la pág. 593, y concluye en la 604. Le firma 
Francisco de Rioja, uá último dia de Pascua de Espíritu 
Santo, del año 1619.» 

En este escrito lució Rioja notablemente su erudición y 
sus conocimientos lingüísticos. 

A continuación de él insertó Pacheco su respuesta, que es 
un nuevo discurso en apoyo de la opinión de Rioja, con no- 
ticias artísticas por extremo curiosas. Lleva esta contestación 
la fecha de 18 de Mayo de 1620, y á ella se siguen cinco 
cartas que, aprobando y elogiando entrambos papeles, escri- 
bieron posteriormente á Pacheco otros tantos amigos suyos y 
de Rioja, de reconocida erudición teológico-literaria. Es la 
primera, del célebre Magistral de Sevilla, D. Manuel Sar- 
miento de Mendoza, y tiene la fecha de 5 de Enero de 1622. 
Las restantes van fechadas en Enero, Abril y Junio del mis- 
mo año, y en Abril de 1629. Estos aprobantes alaban enca- 
recidamente á Rioja. El P. Diego Melendez, jesuita, le 
llama nuestro ciudadano y amigo; Fr. Hernando de Ribera, 
mercenario, dice que deseaba con ansia ver esta obra de 
Rioja, por el conocimiento que tenía de la erudición y bue- 
nas letras de su autor ; (( á quien (añade) deben los doctos uno 
de los primeros lugares , por ser de los más eminentes suje- 
tos, en todas materias, que ilustran nuestra edad, siendo en 
él iguales su sabiduría singular y su singular virtud.» 



«23 

CúHtestacioH á ¡a pregunta que le hixo Francisco Pacheco^ so- 
bre si era negra la Andrómeda de la Fábula. 

Insertóla asimismo Pacheco en su Arte de la Pintura^ pá- 
gina 175, indicando que era muy joven cuando consultó este 
punto con Rioja {cuando la luz era menor). Prueba RiojA la 
afirmativa de esta cuestión con varias autoridades , entre ellas 
la de Ovidio, en su Epístola de Safo á Faon^ cuyo lugar tra- 
duce elegantemente. Esta traducción le tendrá entre sus 
poesías. 



Carta de Francisco de Rioja á Francisco Pacheco (sobre el tí- 
tulo de la Cruz). 

Esta carta, contestación impugnatoria dada por nuestro 
autor al papel del Duque de Alcalá, escrito en censura del 
título ó inscripción de la Cruz, que para un Crucifijo pintado 
por Pacheco dio el P. Luis del Alcázar y aprobó Rioja, se 
halla impresa, precedida de dicho papel del Duque ^ y seguida 
de las Advertencias 6 réplica de éste á la Carta de Francisco de 
Rioja y formando un tomo en 4.% de 43 folios, con esta por- 
tada : Del Título de la Cruz de Christo Señor nuestro ; sin expre- 
sión en ella de autor, lugar ni año. El secretario del Duque, 
Antonio de Laredo Salazar, escribe al frente un prólogo, en 
el cual dice que, impreso este libro anteriormente en Sevilla 
con premura, notable incorrección y en tamaño menos propor- 
cionado, poco después del embarque del de Alcalá para aquel 
su vireinato de Cataluña, se estampaba de nuevo con mayor 
corrección y diligencia, en obsequio de los estudiosos. Infié- 
rese, pues, que esta segunda edición debió de hacerse en Bar- 
celona. Ocupa la caru de Rioja seis hojas y algunas líneas. 
Consta por el siguiente artículo haberse impreso tercera vez 
el libro expresado. 



>24 

Respvesta de Francisco de Rioja á las advertencias contra su 
carta ^ intituladas Del Duque de Alcalá. 

Este papel, sin portada, impreso en 4.^, comienza con la 
dedicatoria , cuyo epígrafe es : Francisco de Rioja al Conde de 
Olivares, Gentilhombre de la Cámara del Príncipe nuestro Se- 
ñor^ Alcaide de los Alcafares Reales de Seuilla , y Comendador de 
Bíuoras en la Urden de Calatraua, Por el cual se ve que el 
papel fué impreso antes del 31 de Marzo de 1621. Contesta 
Rioja á las Advertencias (á su primera y segunda impresión, 
pues la tercera dice que no habia logrado verla ), con fuerza 
de raciocinio, copiosa erudición lingüística y notable acritud; 
procurando excusarse del tono y del atrevimiento, con supo- 
ner que no podian ser obra del Duque las Advertencias, 



Aristarco^ ó Censura de la Proclamación Católica de los Cata" 
lañes, 4.°, de 66 folios, sin lugar ni año de impresión (Ma- 
drid, 1 641). Va precedido únicamente de un Prefacio, He- 
mos hablado con alguna extensión de este libro en el texto 
biográfico '. 



Nicandro , ó Antídoto contra la calumnia que la ignorancia y 
la envidia han esparcido por deslucir y manchar las heroycas é 
inmortales acciones del Conde- Duque de Olivares^ después de su 
retiro, — Al Rey nuestro Señor Don Felipe IV el Grande, 

Trasladamos el título de este papel , á excepción de la pa- 
labra Nicandro^ de su reimpresión en el Semanario erudito ^ co- 
lectado por D. Antonio Valladares de Sotomayor. Su prime- 
ra impresión, hecha probablemente en Madrid, 1643, debe 



' Se han reimpreso modernamente algunos retazos del Aristarco en 
el tomo XXI de la Biblioteca de Autores Españoles y primero de Histr- 
fiadores de sucesos particulares ; Madrid, 1852. Fól. 



125 

de ser rarísima, como recogida que fué por el Santo Oficio. 
Publicado á nombre de D. Juan de Ahumada, su estilo re- 
vela desde luego la pluma de Rioja. En el texto biográfico 
nos ocupamos extensamente de este interesante escrito. 



Carta familiar á D, Juan Lúeas Cortés^ fechada en Ma- 
drid, á 21 de Abril de 1654. 

Impresa entre las Cartas morales , militares , civUes i litera- 
rias , de varios autores españoles , recogidas i publicadas por Don 
Gregorio Mayans i Sisear, Tomo primero» Con Ucencia» En Ma- 
drid : en la Imprenta de Música por Francisco Asensio^ Calle 
del Barco Ano de M. D.CC LFI..... 8.*» 

Va íntegramente reproducida en el texto biográfico. 



INÉDITAS QUE SE CONSERVAN. 

Avisos de las partes que a de tener el Predicador; de Fran- 
cisco de Rioja, 

Tal es el literal título de este papel, del cual existen dos 
copias en la Biblioteca Nacional. La más antigua forma parte 
del códice Cc-128; es de letra esmeradísima del siglo xvii; 
lleva sólo una enmienda de la propia mano. La otra copia se 
halla en el códice V-196, pág. 95 ; es de letra del siglo xviii. 
— Profundísimo y elegante opúsculo, que merecia por mu- 
chos conceptos ver la luz pública. Consta de seis hojas en 
folio. Principia : a Las partes que yo deseara en un predica- 
dor quiero escribir; i serán solamente algunas de las que per- 
tenecen al arte de bien decir, al gusto i la noticia de las co- 
sas, i á la prudencia con que se han de tratar » Concluye 

sin fecha ni data alguna. 



126 

Exposición dirigida al Consejo de la Suprema y general In- 
quisición de España , manifestándole su parecer sobre las pro- 
posiciones que por el índice expurgatorio se mandaban borrar 
en el Elucidarium Deipara del P. Juan Bautista Poza, y 
sobre otras nuevamente advertidas en la misma obra. 

Este apreciable escrito de Rioja, autógrafo y con su fir- 
ma, pero sin lugar ni fecha (de 1633 á 1634), forma las pá- 
ginas 140 y siguientes del códice D-150 de la Biblioteca Na- 
cional (en folio). — Hemos traudo de el ampliamente en la 
Biografía. 



Carta familiar á D. Juan de Fonseca y Figueroa , sin lu- 
gar ni fecha. — Autógrafa. 



Memorial al Rey. Borrador autógrafo, sin lugar ni fecha. 
Consérvanse en el códice Q-87 de la misma Biblioteca, fo- 
lios 126-129, y se insertan textualmente en la Biografía estos 
dos últimos escritos. 



INÉDITAS QUE SE HAN PERDIDO. 

Cotejo de la Historia de España entre Ambrosio de Morales 
O campo y Garihay, 

Según el índice de manuscritos de la Biblioteca Nacional^ 
formado por los Iriartes, existia este opúsculo de Rioja en 
el códice £-191 de la misma, que falta de ella desde el año 
dei8i7. 



Cartas á Francisco Pacheco. 

Da triste noticia de ellas el Sr. D. José Amador de los 
Ríos, en sus eruditas notas á la traducción de la Historia de 



i*7 
nuestra literatura, escrita por Mr. Sismondi, que hizo y pu- 
blicó en Sevilla, aíío de 1842 ^ Dice así (tomo 11) : 

a En la biblioteca de la catedral de Sevilla existia un pre- 
cioso manuscrito que contenia varias Cartas de Rioja, diri- 
S'das á Pacheco, y de éste á aquel, del mismo modo que los 
Hébgos de la Pintura del último; tres años hace que tan 
precioso monumento ha desaparecido, con profundo dolor de 
los amantes de nuestras letras.» 



lUphonso^ ó Tratado de la Concepción de Nuestra Señora, 
Menciona D. Nicolás Antonio esta obra de Rioja, refi- 
riéndose á la noticia que de ella dio D. Tomas Tamayo de 
Vargas , al folio 93 vuelto de su Flavio Lucio Dextro , caba- 
lUro español de Barcelona defendido Madrid, 1624; don- 
de se expresó en los términos siguientes : 

«Pero en esta parte (la prueba del dogma y culto de la 
Concepción, por la autoridad de Dextro) satisface con la 
doctrina y acierto que todos saben el M. Francisco de 
Rioja, Cronista de S. M., ornamento singular de la erudi- 
ción mejor, en el Tratado de la Concepción^ á que dio con 
justo acuerdo nombre de Ilephonso^ probando el principio de 
su celebridad en capítulo particular, con los testimonios de 
Dextro y Máximo y otros ; que para que tenga ya fin la im- 
portunidad de las controversias de la Concepción Purísima y 
k irrefragable de Dextro^ conviene que todos gocen con las 
demás obras que su autor nos oculta y todos deseamos.» 



' Historia de la literatura española , escrita en francés por Mr. Sis- 
monde de Sismondi, principiada á traducir , anotar y completar por 
D. José Lorenzo Figueroa, y proseguida por D. José Amador de los 

Riot, socio de niímero de la Academia sevillana de Buenas Letras 

Sevilla 9 imprenta de Alvarez y Compañía, calle de Rosillas, nume- 
ro 27; 1842. Dos tomos, 4.° — Una tercera parte escasa del tomo 
primero es lo traducido por el Sr. Figueroa, impreso en 1841. 



128 

En el borrador primitivo del Memorial que Rioja dirigió 
á S. M., y va trasladado en su Biografía, alegó como prueba 
de sus conocimientos literarios el haber compuesto ó escrito 
algunos tratados en materias diferentes; principalmente un libro 
en lengua latina defendiendo la inmaculada Concepción de Nues- 
tra Señora. Habiendo al margen rehecho este borrador, de su 
propia mano, omitió la mención del expresado libro, alegando 
únicamente que tenía hechos particulares estudios y 

Notas en los más libros de la Escritura , en los santos i conci- 
lios antiguos^ i algunos tratados particulares en diferentes ma- 
terias. 



OBRAS POÉTICAS. 

No tenemos noticia de que durante la vida de Rioja vie- 
sen la luz publica más que cuatro de sus composiciones poé- 
ticas, que insertó Francisco Pacheco en el Arte de la Pintura 
(Sevilla, 1649)'. £s la principal de éstas su Silva á un pintor- 
que no acertaba á pintar a Apolo en una tabla de laurel. Laf& 
otras son traducciones del latin. 

La mejor y más preciada de Francisco de Rioja, su 
Epístola moral á Fabio (D. Juan de Fonseca y Fígueroa), ha 
sido la primera que de sus obras poéticas ha merecido en nues- 
tra edad los honores de la estampa. Salió á luz en el tomo pri- 
vciiíxoiiA Par naso Español, Colección de poesías escogidas de los mis 
célebres Poetas Castellanos , impreso en Madrid , por Joachin 
Ibarra, 1768 (en 8.^); pero no ciertamente como obra de su 



' Posteriormente he vbto impreso su soneto 

No se acrediu el día, antes se in^uiu 

en el libro Encomio de los ingenios sevillanos en la fiesta de los santos 
Ignacio de Loyola y Francisco Javier; Sevilla, 1623. 



1X9 
legítímo autor , sino atribuida al Dr. Bartolomé Leonardo de 
Argensola. £1 que sirvió de original para esta impresión hubo 
de ser un malísimo traslado; tales y tantas son las erratas con 
que salió viciada. Sobre la procedencia y circunstancias de 
este original, dijo al fin del volumen, en el fndtce de las 
piezas con una breve noticia y juicio de ellas ^ el benemé- 
rito editor de aquella colección D. Juan José López de Se- 
daño , caballero pensionado de la orden de Carlos III y aca- 
démico de la Historia : 

«Esta hermosa pieza vacia ignorada y confundida entre las 
muchas inéditas de los dos Leonardos, que existen en poder 
de algunos curiosos Ella misma, sin otras pruebas de le- 
gitimidad , manifiesta ser parto del severo juicio y delicado in- 
genio del rector de Villahermosa Pudiera haberse aclarado 

más, ó mudado el sentido á una ú otra expresión , al mismo 
tiempo que ha sido necesario suplir algunas que estaban to- 
talmente obscurecidas; pero se ha omitido, por guardar toda 
fidelidad al manuscrito, mediante tener algunas apariencias de 
original, ó á lo menos de exacta copia, ejecutada en tiempo 
del autor, según la forma de la letra y otras señales. » 

Dos años después, el de 1770, publicó López de Sedaño 
el tomo IV de la misma Colección (Madrid, por D. Joachin 
de Ibarra, impresor de cámara de S. M.) ; y en él aparece ya 
el nombre de Francisco de Rioja al frente de cuatro de 
sus composiciones , que son las tres silvas : A la rosa , Al ve- 
rano y Aljazmin (esta última incompleta), y el soneto 

No se acredita el diamantes se infama. 

Publicólas Sedaño por una copia defectuosa de varias de las 
del mismo autor, que adquirió, dice, por casualidad, y las 
ilustró al fin del tomo con las siguientes notas : 

(A las silvas») uLas obras de este excelentísimo poeta es- 
pañol, aunque son bastantes, no existen impresas ni conoci- 
das. De ella^ se ofirecen, como para muestra, estas tres compo- 
siciones, que bastan á indicar el gran mérito de nuestro Rioja. 



130 

No les falta requisito de cuantos pide la buena poesía , ni de 
hermosura de pensamientos, ni de propiedad de imágenes, 
ni de pureza de estilo, ni de armonía y dulzura de la versifi- 
cación, que no resalten en ellas, principalmente del fondo de 
moral sobre que las establece; porque no ignorando nuestro 
autor, como poeta tan docto, que las poesías de asuntos ama- 
torios, ó tomadas de imágenes simples y materiales, pero des- 
nudas de ejemplo 6 moralidad provechosa, no tienen más 
utilidad que el mérito del buen lenguaje y la viveza de las pa- 
siones, para darlas más realce, dirigió todas sus obras á ejem- 
plos y alusiones morales de mucha oportunidad y conve- 
niencia. La última silva está diminuta por defecto de copia, al 
paso que se hace más sensible su falta, por la ventaja que hace 
á las dos antecedentes en lo florido y elegante de sus pensa- 
mientos y en la versificación. » 

{Al soneto,) ((Yacia oscurecido entre otros muchos muy 
estimables de este poeta, y el presente lo es por la propiedad 
y grandeza de las imágenes, y la buena moralidad de las alu- 
siones. )) 

En el año de 1774 salió á luz el tomo viii de esta Colección 
(Madrid > por D. Antonio de Sancha). Estimulado el editor 
por la buena acogida que habian merecido las poesías de Río- 
ja publicadas, insertó en este volumen la Canción á Itálica^ 
juzgándola equivocadamente obra de este poeta >; la sextina 

Crespas, dulces, ardientes hebras de oro, 

y la Silva á la riqueza. Adornólas con el retrato de Rioja, y 
las ilustró con una estimable noticia biográfica y con tres 
notas , de las cuales la primera comienza así : 

((Todas las composiciones que publiquemos de este ¡lustre 
poeta castellano , es forzoso que adquieran mucha aceptación 
de los inteligentes, conforme se empezó á verificar en las po- 
cas que tuvimos proporción de incluir en el tomo iv de esta 
Colección, Ahora, que poseemos todas las que constan dejó es- 



' Es del Lie. Rodrigo Caro. 



«31 
rritas, ofrecemos las presentes, con el dolor de no poder in- 
jertar todas las que quisiéramos al frente de su retrato, pero 
]ue $c resarcirá en el tomo siguiente » 

Publicó, en efecto, en el tomo ix y último del Parnaso (Ma- 
Iríd) por D. Antonio de Sancha, año de 1778), cuatro compo- 
fticiones de Rioja : las silvas A la pobreza^ Al clavel^ A la rosa 
amarilla y Al jazmín (por segunda vez esta última, pero ya 
completa). Insertó después el elogio del retrato que hizo Fon- 
seca de nuestro poeta, escrito por Calatayud, según aparece y 
del cual hablamos extensamente en su lugar. Reñriéndose, al 
anotar la Silva aljazmin^ á la incompleta publicación anterior 
de esta pieza , dice : 

aHabiendo adquirido entonces por casualidad las copias 
de las poesías que incluimos en aquel tomo , estampamos 
la presente, (alta y defectuosa conforme la encontramos ; pero 
hallándonos actualmente con la copia exacta de todas las poe- 
sías de nuestro Rioja, y entre ellas esta silva con toda la 
integrídady aumento que se reconoce, la publicamos » etc. 

La procedencia de esta exacta copia de las poesías de Rio- 
ja se halla bien expresa en el siguiente párrafo de su noticia 
biográfica estampada en el tomo iv. Enumerando el biógrafo 
las obras de nuestro poeta que habian llegado á su conoci- 
miento, dice : Las Poesías^ las cuales se encuentran en un códice 
de obras inéditas de varios autores , que para en la Biblioteca 
Realy y hoy se han copiado^ y disfrutará el publico las más prefe- 
ribles y entre las pocas que existen ' 

Habiendo emprendido en el año de 1786 la publicación de 
una más metódica y completa colección de poetas líricos espa- 
ñoles el entendido y rigorista crítico D. Pedro Estala, modes- 
tamente encubierto con el seudónimo de D. Ramón Fernandez^ 



" La Canción á Itálica , contenida en el mismo códice , anónima, 
fué, por su estilo principalmente , atribuida á Rioja. 



■32 
comenzó su extensa tarea reimprimiendo las poesías de ambos 
Argensolas, divididas en tres volúmenes. Al fin del tercero in- 
cluyóla Epístola moral á Fabio^ publicada diez y ocho años an- 
tes por López de Sedaño como obra de Bartolomé Leonardo 
de Argensola; pero la reimprimió con el nombre de Francisco 
DE RiojA, á quien juzgaba Estala, fundado en evidentes n- 
zones críticas, que debia ser atribuida. Indicólas en su A¿- 
vertencia al tomo, de esta manera : 

u Últimamente se ponen dos piezas • que en el Parnaso Es- 
pañol se atribuyen á Bartolomé, no porque sea ninguna de 
ellas suya, sino por las razones que expondremos. Estas son 
la epístola que empieza : 

Fabio, las esperanzas cortesanas 

y la canción : 

Ufano, alegre, altivo, enamorado 

De éstas, la primera es sin duda de Francisco de Rioja, 
como es evidente á cualquiera que la lea con reflexión y 
tenga .conocimiento del estilo y carácter de las poesías de este 
grande ingenio. Pero, sin tener que recurrir al estilo, porque 
ésta es una prueba muy equívoca para muchos, tenemos so- 
brados fundamentos para restituir á Francisco de Rioja la 
gloria de esta bella composición. Porque ¿ cómo podría decir 
Bartolomé : 

Vén y reposa en el materno seno 
De la antigua Romúlea , etc. ; 

y mucho menos : 

Casi no tienes ni una sombra vana 
De nuestra antigua Itálica, etc.? 

La cual expresión no deja duda que es del mismo autor que 
compuso la incomparable canción sobre las ruinas de esta an- 
tigua colonia; dejando aparte otras muchas circunstancias de 
su versificación y lenguaje , que todas juntas constituyen la 
mayor probabilidad de que son producciones de un mísnu) in- 



«33 
genio. Pero si aun hubiere quien se empeñe en atribuirla á 
Bartolomé, no porfiaremos en disuadirle, porque realmente 
esta epístola es tan excelente , que el mejor poeta se puede 
honrar con ella. Por las muchas bellezas que brillan en ella, 
y por salir ahora corregida por un antiguo manuscrito, de los 
muchos y enormes errores con que se imprimió en el Parnaso 
Español^ creemos hacer un servicio agradable á los inteligen- 
tes en insertarla, n 

Publicó, por fin, el embozado Fernandex las Poesías de 
RiojA, once años más adelante, el de 1797, en el tomo xviii 
de su colección. £1 volumen lleva esta portada : 

Poesías inéditas de Francisco de Rioja y otros poetas andalu- 
ces. Tomo xviii de la Colección de D, Ramón Fernandez, 
M.D.CCXCVIL En Madrid^ en la imprenta Real ». 

El prólogo que Estala puso á su frente principia con estas 
palabras : uLas poesías que comprende este tomo > han sido 
sacadas de varios códices comunicados al editor. )) Única no- 
ticia que éste se sirve dar de las fuentes á que recurrió para 
su publicación. Sin embargo, consta que para imprimir las de 
Rioja se valió del códice mismo de la Biblioteca Real, de 
donde se sacó la copia manejada por López Sedaño. La inser- 
ción entre dichas poesías de Rioja, de dos fragmentos anóni- 
mos, existentes en el expresado códice, y la nota que al pié de 
ellos estampó el colector, diciendo expresamente que se ha- 
bían sacado del códice donde estaban las poesías y borradores de 
Rioja, son testimonios que acreditan irrecusablemente este 
origen. 

Con respecto á las ilustraciones biográficas de la edición. 



' En la misma se imprimió toda la colección, cuyo tamaño es en 8.° 
marquilla. 

* Son, después de las de Rioja, una égloga de Fernando de Her- 
rera, varias composiciones de Arguijo y de Baltasar del Alcázar, y el 
Poema Je la pintura (fragmentos), de Pablo de Céspedes. 



134 
fué Estala más mezquino aún de lo que exigia el sistema de 
concisión que se habia impuesto acerca de este punto. Lleva- 
do de su nimio y extremado afiín de depurar y escoger, no fue 
muy escrupuloso relativamente al texto de Rioj a. A pesar de 
tener á la vista sus originales y borradores, no hizo constar bs 
variantes que resultan entre la primitiva composición del au- 
tor y las correcciones que después estampó él mismo de su 
mano ; y lo que es peor, no guardó en este punto consecuen- 
cia, prefiriendo á su capricho, unas veces la enmienda, y otras 
la lección primitiva. Se tomó la libertad de alterar y recom- 
poner algunos versos, y descuidó al mismo tiempo la correc- 
ción tipográfica. Finalmente, omitió las dos sextinas ^ una de 
ellas ya impresa en el Parnaso^ un soneto y algunos fragmen- 
tos autógrafos ; suprimió la última estancia de la Canción i 
Itálica , opinando que afeaba tan sublime composición , atri- 
buida por Estala á Rioja con el error mismo de los anteriores 
y subsiguientes críticos (error que acaba de ser completa- 
mente desvanecido, según referiremos); y omitió la mayor parte 
de los epígrafes y todas las dedicatorias. 

La Epístola moral á Fabio^ que no se halla en el códice de 
la Biblioteca Real, la insertó al fin sin nota ni advertencia 
alguna. Pero es tan considerable el número de variantes que 
allí presenta respecto de la estampada el año de 1786 en la 
misma colección, y son estas variantes de tal especie, que des- 
de luego indican la presencia de algún otro más limado y cor- 
recto original. 

En todas las colecciones antológicas de antiguos poetas es- 
pañoles que desde aquella hasta la presente fecha se han pu- 
blicado dentro y fuera de España, han tenido señaladísimo 
cuanto merecido lugar las más bellas flores poéticas de Don 
Francisco de Rioja, siempre reimpresas con arreglo á la 
edición de 1797, que acabamos de describir. No tenemos no- 
ticia de que esta edición haya sido reproducida íntegramente 
en el largo período de cincuenta y siete años. Por fin, acaba 
de serlo, con algunos aumentos, en la Biblioteca de Autores Es- 



«35 
pamUs , desde la formación del lenguaje hasta nuestros dias. To- 
mó trigesimosegundo. Poetas Líricos de los siglos xvi y xvii. 
Colección ordenada por D. Adolfo de Castro. Tomo primero. Ma- 
dridy M. Rivadeneyra^ E di tor^ Impresor. Salón del Prado ^ 8. 
1854. (Fól.) 

El texto de RiojA en esta colección se halla conforme por 
punto general con el de la referida edición de D. Pedro Estala. 
Sin embargo , alguna que otra vez el colector prefiere respec- 
tivamente los de Pacheco, Sedaño ó Marchena. Cuando no, 
hace constar al pié las variantes de estos dos últimos , así como 
en el caso antedicho indica las del supuesto Fernandez. Pero 
no hace mérito de las muy esenciales que ofrecen entre sí los 
dos textos que éste publicó de la Epístola moral. Estampa la 
Canción original de Rodrigo Caro á las ruinas de Itálica^ al pié 
de la refundida, que aun era en aquella fecha reputada por 
obra de Rioja. Inserta la sextina que publicó Sedaño y dos 
de las traducciones que incluyó Pacheco en su Arte de la 
Pintura. Pone de su invención epígrafes á varias de las com- 
posiciones. En los Apuntes biográficos reasume los que de 
Rioja escribió el parnasista, rectificando su error acerca del 
nacimiento de aquel, y añadiendo alguna curiosa noticia, al 
paso que omite otras conocidas é interesantes, y que incurre 
en nuevas y notables equivocaciones. 

En la Revista de Ciencias , Literatura y Artes de Sevilla, 
tomo V, año 1859, ^^ ^^ publicado un soneto de Rioja á la 
Concepción de la Santísima Virgen. 



TRADUCCIONES DE LAS POESÍAS. 

Algunas de las más escogidas de nuestro autor han sido 
traducidas al italiano, alemán y francés. De las silvas^ hizo 
en 1822 una excelente versión italiana el Sr. D. Jovenal Ve- 



136 
gczzi, de Turin, oficial de la primera secretaría de Estado de 
Cerdeña, hispanista distinguido. Su traducción de la Siha a 
la rosa obtuvo dos ediciones. 



ANTIGUOS MANUSCRITOS DE LAS POESÍAS DE RIOJA. 

Tan sólo dos códices comprensivos de antiguos originales 
de las poesías de Río ja podemos citar como existentes : los 
de la Biblioteca Nacional, que nos han servido para esta 
edición. Es probable que se conserve el titulado Cisnes del 
Bétisj que Gallardo vio y describe; pero fuera aventurado el 
afirmarlo. De haber existido algunos otros tenemos las noti- 
cias, más ó menos vagas, que vamos á referir. 

Don Juan José López de Sedaño, al insertar en el tomo pri- 
mero del Parnaso Español (año de 1768) la Epístola moral de 
RiojA como producción de Bartolomé Leonardode Argensola, 
expresó que se hallaba ignorada y confundida entre las muchas 
inéditas de ambos Leonardos, que existian en poder de varios 
curiosos. Aunque parece aludir en esto á diversos códices, yo 
creo que se refiere principalmente al de poesías de aquellos 
dos célebres hermanos, que mencionó después, perteneciente 
á D. Miguel María de Nava, del Consejo y Cámara de S. M. 

Don Pedro Estala, que reimprimió la expresada Epístola al 
fin del tomo iii de Rimas de los Argensolas, año de 1786, 
indicó ligeramente que la estampaba corregida, por un antiguo 
manuscrito^ de los muchos errores con que habia salido á luz 
en el Parnaso. 

El mismo D. Pedro Estala hubo de tener presente otro di- 
verso manuscrito de la propia célebre composición , cuando 
la publicó de nuevo con muchas y muy esenciales variantes, 
que no podemos creer debidas á su capricho, en el tomo xviii 
de su colección con las demás Poesías de RiojA, año 
de 1797. 



137 

En el ya citado códice Q-87 de la Biblioteca Nacional 
existíanla su fól. 124, unos Versos de D. Francisco db 
Rioj A , según consta del índice de manuscritos de aquel esta- 
blecimiento , escrito por los Iríartes. Pero la hoja 124 faltaba 
ya en el año de 1849 de aquel estimable códice. Consérvase 
todavía en él un soneto de Rioja ', que forma parte de su 
Carta autógrafa á D. Juan de Fonseca. Hemos hablado re- 
petidamente de este códice : miscelánea de papeles que fueron 
del dicho Fonseca , dispuestos y colocados sin orden y como 
á ciegas , y algunos ya desencuadernados y en el más deplora- 
ble estado de conservación \ en fól., de 173 hojas útiles, sin 
portada, con nota de haber sido del Sr. Conde de Miranda; 
encuademación antigua en pergamino, rotulado : Inscripciones 
y Memorias antiguas. 

Se ha encontrado últimamente noticia en los manuscritos 
de Gallardo, de otro antiguo códice de las poesías de Rioja, 
rotulado Cisnes del Bétis ; descripción que trasladaremos ín- 
tegra. 



CÓDICE M-82 DE LA BIBLIOTECA NACIONAL. 

Este códice, de valor inestimable, original acaso ya único 
de las poesías de Rioja, debe ser aquí descrito, para cabal 
ilustración de estas obras, con la más prolija, siquier en^do- 
sa, minuciosidad. 

Es un tomo en 4.^, de 319 hojas, encuadernado á la anti- 
gua en tafilete rojo, rotulado Poesías varias^ y formado por 
una miscelánea de papeles, todos manuscritos, de diversos ta- 
maños y de letras en su mayor parte del siglo xVii; algunas 



£n vano del incendio que se infama 
Eternidad presumes etc. 



138 
de fines del xvi. Sin portada; en la primera hoja se lee, de le- 
tra del siglo pasado : ((Tiene 323 folios.» Su contenido es el si- 
guiente : 

Folios desde el i.** al 41. — Poesías de D. Diego de Men- 
doza y de Bartolomé Leonardo de Argensola. 

Folios 41 vuelto al 43 inclusive. — Poesías de Francisco 
DE RiojA ó á él relativas, en esta forma : 

((De Francisco de Rioja á la Rosa.n Silva, de letra del 
amanuense de Fonseca, y con una variante autógrafa. — La 
Suva al retrato de RiojA, con el epígrafe ya referido. De 
letra del mismo amanuense. — <(De Francisco de Rioja, ^Z 
Jazmín. n La silva, de letra del mismo, y con otra varian- 
te, también de mano del autor. 

Folios 44 al 51. — Poesías de D. Juan Antonio de Vera y 
Zúñiga, de D. Francisco de Calatayud, de Baltasar del Alcá- 
zar y de Francisco Pacheco. Todas de letra del amanuense 
de Fonseca. — Hojas en blanco. — Fragmento de una com- 
posición. • 

Folios 52 al 68. — Poesías de Rioja, todas de letra del 
mismo escribiente de Fonseca, en esta forma : 

a De Francisco de Rioja. 

SONETO I. 

En mi prisión y en mi proñmda pena » 

Al cual siguen otros veinte y uno, numerados correlativa- 
mente, y algunos con epígrafe que indica su asunto; corre- 
gidos uno que otro de mano del autor; por este orden : 

¡ Cómo se van las aguas deste rio 

Clori , á tus ojos y á la llama pura..... 
Si mides tu ambición con tu fortima..... 

I En qué ecclso lugar. Lesbia, formada 

Pili , la destemplanza con que suena 

Ardo en la llama más hermosa y pura 

Estas ya de la edad canas ruinas 

¿Qué secretos no vistos, en mis males 



^39 
Movió mi fuego á compasión los días... 

De los rosados cercos donde suena 

Prende sutil metal entre la seda 

No se acredita el día, antes se infama.. 

Cansóme en fabricar lenta fortuna 

Hiere con saña el mar y con porfía 

En vano del incendio que te infama.... 

Ya del sañudo Bóreas el nevoso 

Ya la hoja que verde ornó la frente 

Celos que perturbab la razón mia 

¿'Cómo será de vuestro sacro aliento 

Aunque pisaras, Layda, la sedienta 

Claro y tranquilo el mar me conducia.. 



Después siguen : 
La silva al verano : 



Fonseca, ya las horas.. 



Sin epígrafe alguno. 

(i Del mismo. — 5/7. ii. — yfl /azmin,)) 

La silva á la Rosa ^ con el epígrafe de otra letra. 

Esta silva y la anterior van copiadas con las variantes que 
en la otra copia intercaló Rioja de su mano. Síguense algu- 
nas hojas en blanco, y entre ellas un fragmento aislado, al 
parecer de una silva, escrito de diversa letra. 

Folios 69 y 70. — Borradores autógrafos de Rioja. Son on- 
ce décimas á Cloriy sin epígrafe alguno, inéditas. 

De las dos hojas en que se hallan escritas , la segunda con- 
tiene también parte de un borrador de carta, autógrafo de 
Rioja, extensamente ya mencionado en su oportuno lugar. 
De estas décimas ^ las tres primeras tienen sólo cuatro en- 
miendas, pero las restantes un gran numero; con lo cual, y 
haber quedado ocultas en parte con el cosido del libro, son 
algunas indescifrables. 

Fól. 71. — Borrador autógrafo de Rioja. Principio, tacha- 
do, de una composición, que dice : 



I40 

Vazcs en este mármol sepultado , 
Ilustre amigo, en los primeros años. 
De la umana inconstancia i sus engaños, 
Egcmplo horrible al ánimo ambicioso. 

Al rededor borroneó un soneto , que no parece concluido, 
y del cual sólo pueden comprenderse algunos versos. 

Folios 72 al 77. — Sátira en tercetos, anónima. Parece de 
letra de D. Juan Antonio de Vera y Zúñiga. 

Fól. 78. — Borrador de Rioja , autógrafo. Cuarteto, del 
cual se lee : 

a fabricarme fácil la fortuna 

ambición á mi cuidado; 

pero k severidad de adverso hado 
cruel ocasión se me dará oportuna. 

Folios 79,80. — Soneto de Juan Antonio del Alcázar.— 
Hoja en blanco. 

Folios 81 al 87 inclusive. — Siete papeles de marca muy 
pequeña, con dobleces y señales de haber ido algún tiempo en 
el bolsillo. Contienen : 

Diez sonetos de Rioja, autógrafos, en esta forma : 

Fól. 81. — Dos, al frente el que comienza : 

¡ Qué secretos no vistos en mis males 

con el epígrafe : de fran<^<' de Rioja y escrito por éste con diver- 
sa pluma y tinta. — A la vuelta del folio : 

Movió mi fuego á compasión los dias 

con el epígrafe: del mismo ^ escrito por Rioja con la propia 
pluma y tinta que el anterior. Llevan algunas enmiendas de 
su mano. 

Fól. 82. — Un soneto : 

Fili, la destemplanza con que suena 

con el epígrafe : del mismo , de iguales circunstancias que los 
dos antedichos. Tiene una enmienda de mano del autor, y 
otra escrita por el amanuense de Fonseca, observándose que 



i4> 
la puesta por Rioja necesita de esta ultima para hacer buen 
sentido. £1 escribiente no tachó, sin embargo, el verso pri- 
mitivo. 

Fól. 83. — El soneto : 

Rompo con lisa frente las prisiones 

escrito por Rioja, con la pluma y tinta (blanquecina) que 
los tres referidos epígrafes. £1 de éste dice también : del mis- 
mo. — Sin enmienda alguna. 

Fól. 84. — Dos sonetos. Al frente : 

En mi prisión y en mi profunda pena 

sin epígrafe ni enmienda. A la vuelta del fól. : 
Clori, á tus ojos y á la llama pura..... 

con el epígrafe á una centella que salto á los ojos de una dama. 
Sin enmienda. 

Fól. 85. — Dos sonetos. Al frente : 

jCómo se van las aguas deste rio 

A la vuelta : 

Si mides tu ambición con tu fortuna 

ambos sin epígrafe ni corrección. 
Fól. 86. — Un soneto : 

Cansóme en fabricar lenu fortuna 

sin encabezamiento y con dos enmiendas. 
Fól. 87. — El que empieza : 

¿En qué ccelso lugar, Lesbia, formada 

sin epígrafe, y con muchas y muy considerables enmien- 
das , de mano del autor. De estos diez sonetos , nueve se ha- 
llan entre los veinte y dos antes referidos de la copia hecha por 
el escribiente de Fonseca, en la cual se observan adoptadas 
las enmiendas y correcciones que el autor puso aquí de su 
mano. 

Folios 88 al 96 vuelto. — Sonetos del Retor de Fillahermosa 



«42 
(Bartolomé Leonardo de Argensola); copia muy mendosa, 
corregida al margen por el expresado amanuense. 

Folios 97 al 99 inclusive. — En blanco. 

Fól. ICO. — El fragmento de silva que comienza : 

Herviente ardor en los primeros años 

que Estala publicó entr^ las poesías de Rioja, por juzgarle 
semejante á las cosas que éste componía. Por mí parte, no 
encuentro en él esa semejanza : más bien le creería de Fran- 
cisco de Medrano. Escrito y corregido de letra que ninguna 
analogía tiene con la de RiojA ni con la del escribiente de 
Fonseca. 

Folios 10 1 y 102. — El otro bellísimo fragmento, que con 
el anterior, y bajo el mismo concepto, publicó Estala. Prin- 
cipia : 

El fuego que emprendió leves materias 

Su estilo es en efecto parecidísimo al de Rioja ; va dirigido 
á Clorij y escrito de letra que ofrece alguna semejanza con h 
del mismo, aunque, por otra parte, muy esenciales diferen- 
cias. 

Folios 103 al 105. — Soneto anónimo. — Otro, también sin 
nombre de autor, publicado como de Bartolomé Leonardo de 
Argensola. Ambos de letra, al parecer, de D. Juan Antonio 
de Vera y Züñiga. 

Fól. 106. — El borrador de la Silva al retrato de Rioja. 

Folios 107 al 1 1 1 inclusive. — Canción al Duque de Feria^ anó- 
nima. Es de D. Juan Antonio de Vera y Zuñiga, autógrafa. 

Folios 1 12 al 115 inclusive. — Hojas en blanco. — Papel que 
contiene algunas reglas de versificación castellana, de letra 
del amanuense de Fonseca. 

Fól. 1 16. — El fragmento de silva de Andrés Fernandez de 
Andrada, de que en otro lugar hablamos extensamente. 

Folios 117 al 119 inclusive. — Excelente 5i/c;tf al lino ^ sin 
nombre de autor, dirigida á nuestro Rioja. Es de D. Fran- 
cisco de Calatayud , autógrafa , con anotaciones marginales 



H3 
de letra del escribiente de Fonseca. — Soneto autógrafo del 
mismo Calatayud , dirigido á Fabio, consolándole en la muerte 
de cierta Julia. 

Folios 120 y 21. — En blanco. 

Fól. 122. — Siha anónima al retrato de D. Juan de Ar- 
guijúy pintado por D, Juan de Fonseca ; escrita de mano de 
RiojA. Sin enmienda ni epígrafe. 

Fól. 123. — Silva anónima al retrato de Sarmiento (Don 
Manuel Sarmiento de Mendoza , canónigo magistral de Sevi- 
lla), pintado por Fonseca; autógrafa de D. Francisco de Calata- 
yud. Sin enmienda ni epígrafe. 

Fól. 124. — La décima de Góngora á la muerte del Conde 
de Villamediana , escrita de mano de Rioja, sin epígrafe al- 
guno. 

Folios 125 al 148 inclusive. — Poesías varías anónimas de 
diversas letras. — Silva de D.Juan Antonio de Vera y Zuñiga, 
á Francisco Pacheco^ animándole al retrato de Amarilis; autógra- 
fa, con alguna enmienda de mano de Rioja. — Soneto nota- 
ble de Jerónimo de Lomas Cantoral , escritora lo que parece, 
en elogio de alguna colección de poesías. — Hojas en blanco. 
— Notas de Fonseca, de letra de su amanuense, á Garcilaso ' 
y á la Jerusalen de Lope. — Algunos versos y retazos sueltos 
de letra del mismo escribiente. — Hojas en blanco. 

Fól. 149. — Papel escríto de letra pequeña, y no parecida á 
ninguna de las del códice, que dice así : 

uLos sonetos nuevos que yo no tengo en limpio i é ávido 
después acá i todos los que vmd. me a enviado son estos ocho : 

Ardo en la llama mas ermosa i pura. 
Estas ya de la edad canas ruinas. 
De los rosados cercos donde suena. 
En mi prisión i en mi profunda pena. 



' Atribuidas equivocadamente á Rioja en el índice de manuscri- 
tos de la Biblioteca. 



Í44 
Prende sutil metal entre la seda. 
Cómo será de vuestro sacro aliento. 
No vbte siempre en firme lazo atadas. 
No se acredita el dia, antes se infama. 

)> Después recebí con la carta estos cuatro : 

Clon y á tus ojos i á la llama pura. 
Como se van las aguas deste rio. 
Cómo a ser inmortal, manlio, caminas. 
Si mides tu ambición con tu fortuna, v 

Todos son de D. Francisco de Rioja. 

Folios 150 y 151. — Notas de Fonseca á GarcUaso. — Imi- 
tación de Horacio; elegante oda anónima. 

Folios 152 al 157 inclusive. — Sólo existen estos dos folios 
extremos ; los cuatro intermedios han sido arrancados del có- 
dice. Hállanse formados dichos folios 1527 157 por un medio 
pliego doblado, que aparece haber sido la ultima hoja de una 
carta (de Don Melchor del Alcázar, fechada en Sevilla, á 27 
de Enero de 1615), comprensiva sólo de su final; fragmento 
que ya hemos citado en la biografía de nuestro autor, y en 
cuya parte blanca se leen dos borradores, autógrafos de Rio- 
ja , de dos de sus sonetos. £1 primero comienza : 

Quién podrá fabricarse á la fortuna 

Y el segundo, leido con sus «nmiendas : 

Rompo con lisa frente las prisiones 



Entre los 157 y 158, una tira con notas á Garcilaso; par- 
te de las ya referidas. 

Folios 158 al 160 inclusive. — La célebre Canción a Un rui" 
ñas de Itálica^ refundición hecha por Rodrigo Caro, de la 
primitiva que él mismo compuso en 1595. Autógrafa , escrita 
sin la menor enmienda y sin otro epígrafe que el siguiente : 
Canción, 



«45 
En la punta superior interna de la primera plana se hallan 
escritas, de igual letra, las iniciales R. C. ^ 



■ Un error de los primitivos editores , López Sedaño y D. Podro 
Estala , que sacaron á luz del códice M-82 de la Real Biblioteca las 
poesías de nuestro autor, error ciegamente adoptado por los que des- 
pués hemos exammado el mismo códice, ha sido el único origen de la 
posesión exclusiva en que por tantos años ha estado el insigne Don 
FuANasco DE RiojA de la Canción á ¡as ruinas de Itálica; posesión 
que después ha compartido con el licenciado Rodrigo Caro, verdadero 
autor de tan célebre composición. Creyeron ligeramente el pamasista 
y el encubierto abate que la letra del original de esta canción, existente 
en dicho códice, era de mano de Rioja, como la de varías otras poesías 
que contiene; juzgaron, ademas, que por las cualidades de pensamien- 
to, poéticas y de estilo y lenguaje, debía esta obra de pertenccerle , y 
sin dudar la publicaron como suya. En la equivocación caligráñca he- 
mos incurrido luego muchos ; en la crítica pienso que han caído todos los 
que se han ocupado en el análisis y juicio de las poesías de Rioja hasta 
estos últimos años. Dada noticia publica de la primitiva canción de 
Caro, por el Sr. D. José Amador de los Ríos, que vio esta composi- 
ción en el Memorial de la villa de Utrera^ , subsistiendo en el mis- 
mo error materíal los pocos que examinaban ó conocían el manus- 
crito de la Biblioteca Nacional, y juzgando los mas de los críticos ha- 



' Hablando dicho Sr. Ríos, en su citada versión de la obra de Sismondi (Sevilla, 
1842), de la canción refundida, única generalmente conocida hasta aquella fecha, y 
que se tenía por obra de Rioja, se expresó en estos téiminos : u Según nuestro pobre 
» juicio, Rioja no hizo más que añadir algunas estanxas y dar algunas pinceladas maes- 
» tras á la Canción que con el mismo objeto escribió el enidito Rodrigo Caro, y que 
n hemos leído en un MS. que odste en la citada Biblioteca de la catedral de Sevilla, 
I copiado el año de 1607 de otro que en aquel tiempo poceian los padres del convento 
))<le Utrera, titulado : Memorial de la nnlla de Utrera, escrito por Caro en 1604. Entre 
n varias noticias de antigüedades léese también (allí) la referida Canción , que el autor 
ndice haber compuesto cuando estuvo en las ruinas de Itálica en I595>n 

En el Semanario Pintoreteo Español y número del 18 de Febrero de 1844, se repitíó 
la noticia dada por el Sr. Rios, sin citarle, y se insertaron la canción primitiva y la 
refundida. 



146 
Folio i6i. — En blanco. 

Folios 162 al 164 inclusive. — Oda anónima á un retrato 
en dibuxo^ hecho por Pacheco. 



bcr sido publicad! la atribuida á Rioja por un original autógrafo, ó 
por lo menos y antiguo y con el nombre expreso de este poeta, deci- 
dióse y se estampó con toda seguridad que la famosa canción escrita 
primitivamente por el Lie. Rodrigo Caro habia sido reñmdida y me- 
jorada por Francisco de Rioja. — En el año de 1 849 comencé yo á 
reunir datos para la biobibliografia de Rioja , y á examinar con dete- 
nido estudio el códice M-82 de la Biblioteca Nacional. Cuatro años 
después tuve la honra de conocer y tratar al Sr. D. Aureliano Fernan- 
dez-Guerra y Orbe, y habiéndole dado noticia de esta mi tarea, desde 
luego me indicó su sospecha de que la refundición, atribuida á Rioja, 
de la Canción á Itálica^ escrita primitivamente por Caro, debia de ser 
obra asimismo de este ultimo autor. Como yo le refiriese las circunstan- 
cias del original, único, deesa refundición, incluido en el códice suso- 
dicho, que no llevaba nombre de autor, y que a modo de timbre se 
hallaba marcado con las iniciales R. C, confirmóse más y más en su 
conjetura , no obstante la opinión que, siempre con alguna duda, le 
manifesté, de ser la letra y la ortografía del mbmo orí^nal análogas á 
las de Rioja. 

Encargóme repetidamente el Sr. Fernandez-Guerra que procurase 
cotejar la letra del cuestionado manuscrito con la de Rodrigo Caro, y 
se propuso pedir á Sevilla un autógrafo de este autor con el expresa- 
do fin. Pero no habiendo tenido por entonces resultado el encaigo he- 
cho á Sevilla, esta diligencia infructuosa, y lu^o diferentes ocupacio- 
nes y vicisitudes, retardaron la decisiva investigación. 

Por fin, continuándola el Sr. D. Aureliano, me remitió con carta 
suya, que entregué al señor bibliotecario D. Juan Eugenio Hartzen- 
busch, mi afectuoso amigo, una nota que le comunicaba elSr. D. To- 
mas Muñoz y Romero, expresiva de las siglas de un códice de la Bl 
bliotcca Nacional (el V-169), en el cual se contienen cartas autógrafo 
de Rodrigo Caro ; y me encargó con instancia el deseado cotejo. De- 
tenidamente comparé las letras, encontrando la mayor semejanza entre 
ellas ; nótase sólo en las cartas alguna más frecuencia en el uso de la f 



H7 
Folios 165 al 173 inclusive. — La fábula de Acteon^ en oc- 
tavas ; anónima. 



como conjunción, al paso que el manuscrito de la Canción á Itálica 
ofrece en igual caso la / vocal. De esta inconsecuencia ortográñca son 
comunes los ejemplos. Szqaé /acst miles de la primera estrofa de la ce- 
lebre composición y de parte de una de las cartas, añadida la firma de 
CarOy y los puse en manos del Sr. D. Aureliano, que desde luego opi- 
nó por la absoluta identidad de las letras. Examinó después los origina- 
les y el papel en que se halla escrita la canción, confirmándose plena- 
mente en el mismo parecer, que han ratificado cuantos han tenido 
ocasión de hacer igual cotejo. 

Algún tiempo después, remitió desde Sevilla al mismo Sr. Fernan- 
dez-Guerra, nuestro generoso amigo el Sr. D.José María de Álava y 
Urbina el códice original (que afortunadamente ha pasado i formar 
parte de su riquísima biblioteca) del Memorial de la villa de Utrera^ 
propio que fué del convento del Carmen de esa población. Con pre- 
sencia de dicho MS., donde Rodrigo Caro mcluyó repetida, no dos, 
sino tres veces ^ la famosa Canción ^ con diversas mejoras y variantes, 
se propone el Sr. Fernandez-Guerra dar extensa y razonada noticia 
de tan curioso artículo de nuestra historia literaria en sus ilustraciones 
á las obras poéticas de Quevcdo. 

Entre los MSS. bibliográficos de D. Bartolomé José Gallardo se ha 
encontrado una copia de la misma Canción (de la primitiva) sacada 
por mano del malogrado erudito D. Juan Colon y Colon de la exis- 
tente del Memorial de Utrera en la Biblioteca Colombina. Precé- 
dela esu advertencia : « En la Biblioteca de la Catedral de Sevilla 
»(CC-i52-35) hay un MS. que en su portada dice así : Memorial de 
^la villa de Utrera : su autor el Lj^ Rodrigo Caro. Lo escribió el au- 
x^túr el año de nuestra redención 1604. Copiado por el Códize que está 
hen la librería del Convento del Carmen de Utrera : escrito por el 
nP. ¥r, Francisco Rosado^ lector jubilado del Orden de Mínimos^ año 
wde 1Ó07. — A las 25 hojas desde la dicha portada, dice hablando de 
Duna piedra hallada en Alcalá de Henares. «Decia assí : Murió en la 
^^ Ciudad de Itálica t de tantos años ^ y fulana, su continua compañera^ 
^)bizo poner esta sepultura , porque lo tenia muy bien merecido, \) Y en 



148 
Folios 174 al 187 inclusive. — Lz sátira de Bartolomé Leo- 
nardo de Argensola : 

Dícesmc, Ñuño etc. 

de letra igual á la que presentan las antedichas composiciones 
del mismo autor. 

Folios 188 al 207 inclusive. — Fragmentos (cuatro) del 
poema en sextillas, de D. Pedro Venegas de Saavedra, Reme- 
dios di amor y que se imprimió en Palermo, con las Rimas de 
D. Francisco de Medrano, año de 1617. Comprenden estos 
fragmentos , que parecen parte de un manuscrito, si no autó- 
grafo, dictado por el autor, unas ciento cincuenta sextillas de 
las trescientas treinta y dos de que consta el poema. 

Folios 208 al 212 inclusive. — En blanco. 

Folios 213 al 244 inclusive. — Cuaderno de poesías de 
RiojA, corregido y probablemente escrito de su mano, que 
comprende sus once sihas conocidas, dos sextinas y treinta y 
nueve sonetos. Le precede , en forma de portada , un tarjeton, 
dibujado de pluma y tinta de China, en cuyo centro se lee la 
inscripción siguiente : 

VERSOS 
DE FRAN- 
CISCO DE RIO- 
JA AfiO DE 
1614. 



n seguida dice : uA las Ruinas de esta cnroAD H19E una Canción, 

))QUANDO ALLÍ LLEGUé, aRo DE I 595 : POR VARIAR UN POCO LA LEG- 
ACIÓN LA PONDRá AQUÍ : D CtC. 

Hase hallado asimismo entre dichos manuscritos otra copia de la 
propia Canción refundida, sacada en ^csimil por Gallardo de un an- 
tiguo códice de Poesías varías, donde estaba con el nombre de Caro, 

Queda, pues, deñnitivamente probada la legítima pertenencia al 
Lie. Rodrigo Caro de la famosa oda á ¡as minas ie Itáliea; y ú Don 
Francisco de Rioja pierde un florón de su corona poética, nuestro 
Parnaso gana en cambio un nuevo y eminente ingenio. 



»49 

Desde el soneto primero, con que da principio, hasta el so- 
neto doce inclusive, la letra de este cuaderno, aunque hecha 
con detención y cuidado, indica, á mi juicio, una mano poco 
ejercitada en el manejo magistral de b pluma. Desde el so- 
neto trece hasta el fin es mucho más artística, esbelta y bien 
concluida. La ortografía de ambos trozos es idéntica á la 
de RiojA. Por mi parte me inclino á creer que ambas letras 
del cuaderno son suyas, y que el segundo trozo le escribió 
con bastante posterioridad al primero, que con más seguri- 
dad y más firme persuasión tengo por escrito de su puño. — 
Muchas de las hojas de este cuaderno están cruzadas con 
pluma, y en algunas se observa al margen la palabra no y en 
letra muy diminuta. Reproducimos las composiciones en el 
contenidas , por su mismo orden , con sus epígrafes y varian- 
tes en el texto de Rioja, y así juzgamos ocioso y cansado el 
formar aquí lista de ellas. 

Folios 245 al 315 inclusive. — Notable colección de sone- 
tos, sin nombre de autor, y de letra que no conocemos. — 
Poesías varias de diferentes letras, algunas anónimas, la mayor 
parte copias de Garcilaso y de Fr. Luis de León. — Entre las 
anónimas, un romance histórico, en dialecto andaluz, de le- 
tra del siglo XVI, inédito. 

Folio 316. — Esquela autógrafa de D. Juan de Arguijo. 

Folios 317 al 323, con que da fin el códice. — Autógrafos 
(poesías, firmas y algún apunte) del poeta sevillano D. Fran- 
cisco de Medrano. 

Teniendo á la vista los datos que acabamos de referir, po- 
demos calcular la antigüedad respectiva de los originales poé- 
ticos de RiojA que conocemos, y aventurar en consecuencia 
alguna conjetura sobre las épocas de su composición. 

Los doce primeros sonetos y la sextina primera , que entre ellos 
contiene el cuaderno cuya portada lleva la fecha de 161 4, 
son, á no dudarlo, de las primeras composiciones que hizo 
nuestro poeta. — Copiólas en aquel año, y dejando después 
suspensa esta material tarea, la continuó pasado bastante tiem- 



150 
po, ya por sí, ya por medio de un diestro amanuense. Hubo 
de aiíadir entonces á las antiguas que trasladaba, algunas 
nuevas, hechas durante ese intermedio; y su intento fué sin 
duda seguir acrecentando esta colección, puesto que no se 
observa á su fin señal ni indicio alguno de haberla dado por 
concluida. 

Sus diez sonetos autógrafos^ que se encuentran en el códice 
desde el folio 8i al 87, son todos posteriores al cuaderno de 
la portada. £1 más moderno de ellos es evidentemente el que 
principia : 

Rompo con lisa frente las prisiones 

De las dos copias de poesías de Rioja, hechas por el ama- 
nuense de Fonseca que existen en el códice, es algo anterior 
la que empieza al folio 41, y ambas son posteriores al cua- 
derno de la portada. Seis de los veinte y dos sonetos que con- 
tiene la segunda, se hallan en el expresado cuaderno; nueve 
son de los diez autógrafos, y siete absolutamente nuevos. £1 
soneto que en ella falta de los diez autógrafos, es el más re- 
cíente arriba citado. 

Doce se mencionan como nuevos en la hijuela de carta que 
forma el folio 149 del códice. Dos de éstos son los dos últimos 
del cuaderno de la portada; cuatro^ de los diez autógrafos; 
cinco ^ de los siete que sólo se hallan en la copia antedicha, 
y uno : 

¡Cómo á ser inmortal, Manlio, caminas 

completamente nuevo, que no se encuentra en todo el códi- 
ce. El colector £stala le publicó, sin embargo, no sabemos 
si tomándole de otro manuscrito, ó si tal vez de las hojas que 
ahora faltan en el de la Biblioteca Nacional. 

Todas las silvas de Rioja y su sextina segunda, inédiu, 
se encuentran en la sección segunda del cuaderno fechado 
en 1614. 

Las décimas amorosas, cuyo borrador (escrito en parte ai 
envés de otro de carta, donde se cita como año corriente á la 



>5« 
sazón el de 1614) forma los folios 69 y 70 del códice; parece 
que deben ser referidas á una fecha no muy distante de aque- 
lla en que la carta se escribió. 

La Epístola moral á Fabio^ he conjeturado fundada y ex- 
tensamente en el texto biográfico que , si fué obra de Río- 
ja, debió de ser escrita á principios del aiío de 1618; salva 
siempre la respetable opinión del Sr. D. Manuel Cañete, que 
tal vez, mediante la solución de ese problema de pertenencia, 
venga á conciliarse con la mia. 



CÓDICE ROTULADO CISNES DEL BÉTIS , 

DESCRITO POR GALLARDO. 

(Debo b nodcla de este códice, como tantas otras, á la generosa amisud del erudito 
tubliógrafo D. José Sancho Rayón , que me comunicó la papeleta original de Ga- 
llardo, cuyo contexto abreviado es como sigue) : 

aCisnes del Bétis, Lo qe contiene este cartapacio es lo si- 
)>guiente : 

yí Versos de D. "Juan de Arguijo, — Versos de Fr,^^ de Rio- 
nja. — Versos de Fern. de Herrera ^qc no han sido impre- 
»sos. — Tragedia de Lupercio Leonardo d^Argensola, » 

«Manuscrito en 4.% con este rótulo á lo largo : Cisnes del 
n Bétis, MS. 

))£n las indiz.' qe lleva en el forro dize : «Est. 15. Lit. D.» 

» Consta de 281 fojas, más la tabla al fin ; tiene entremedias 
))muchas hojas blancas. Al fin lleva sendos índizes (Registros 
yüos llama) , qe me parezen de letra del canónigo Cuesta- 
»Saavedra. 

))Las obras de Arguijo llegan al folio 35; su encabezamien- 
pto : Versos de D. Juan de Arguijo, — Siguen, folios 61 á 100 : 
yiVersos de Fr."" de Rioja.—Dt 124 á 233 : De Herrera, 1578. 
)) — Folios 236 á 281 : Tragedia intitulada La Famosa Ale- 
yíjandra (=:de Lupercio Leonardo de Argensola). 

))£n este libro advierto cuatro letras distintas : la de las poe- 



«52 
))sías de Arguijo y de Rioja, una; la de Herrera, qe es de 
))su tiempo ) otra ; la de la Tragedia (sin nombre de Autor), 
))otra; la de los Indizes, qe llama Registros y otra. 

))Ésta creo, si no se me ha traspintado la letra del ilustre bi- 
))bliógrafo D. Ambrosio de la Cuesta y Saavedra, qe ha de 
))ser suya; y suya conzeptúo sea la compaginazion de estas 
)) Poesías en un tomo , y de su caletre el título qe lleva en el 
))lomo. )) (Aquí habla de la tragedia de Lupercio, y continúa) : 
((Véase, no siendo letra de Cuesta, si es de un amigo suyo 
)) llamado Arroyo; ambos vivian en Sevilla á principios del sí- 

))glo XVIII.» 

La letra de los versos de Arguijo y de Rioja en este ma- 
nuscrito era de su tiempo, según expresa Gallardo en la pa- 
peleta al trasladar la tabla de los de Rioja, que es la si- 
guiente : 

SONETOS. 

i.° Corre con albos pies al espacioso Fól. 6i. 

2. Sube, frondosa vid, i en extendido..... 

3. Ya del sañudo Bóreas el nevoso 

4. Menoba que con turbia i alta frente 62. 

5. Marchite, ¡oh! nunca, frió i cano yelo 

6. Salve , oh mancebo , flor de la hermosa..... 

7. Otro tiempo profundo i dilatado 63. 

8. Lánguida flor de Venus, que ascondida 

9. Ya la hoja que verde ornó la frente 

10. Aunque pisaras, Layda, la sedienta..... 64. 

1 1 . Claro y tranquilo el mar me conducia 

1 2. Quando entre luz i purpura aparece..... 

13. ¡Ai, amarilla selva, qué desnuda 65. 

14. No esperes, no, perpetua en tu alba frente 

1 5. Pasa, Tirsi, qual sombra incierta i vana 

16. guando te miro, ¡ó fresno! así al helado 67. 

17. Yo acabaré infelice en el ondoso 

18. Naufraga onda, i cómo leda frente 

19. Este que ves, ó güesped, vasto pino 68. 

20. Almo, divino Sol, que en refulgente..... 

2 1 . Este sediento campo que abundoso 



1S3 

22. Este ambicioso mar, que en ]eño alado 70. 

23. Dónde con presto paso i frente leda 

24. ¡O como quando vi tu blanca frente 71. 

25. Date en que ejercitar el sufnmiento 

26. No canses el ingenio ni la mano 

27. Manlio, si alguna vez la igualdad mia 72. 

28. En vano del incendio que te infama..... 75. 

29. Este mar que de Atlante se apeUida 

30. Viste, 6 Tirsb, i luego á la amorosa j6, 

31. ¿Es esta vez, ó Manlio, la primera 77. 

32. Temes en vano al rayo que te ofende 

33. Sabes quan raro bien sigue k las horas 

34. Vime del Adria en la soberbia fiera..... 8 1 . 

35. Levanto el cuerpo que sustento a pena..... 

36. Manlio, las pocas horas que solia..... 

37. Sin razón contra el cielo, Aglaya mia..... 82. 

38. A un cuerpo echado ai mar : 

I No vbte siempre en firme lazo atadas 84. 

39. ¿'Cómo será de vuestro sacro aliento 

40. Ardo en la llama más hermosa i pura 85. 

41. Estas ya de la edad canas ruinas 

42. De los rosados cercos donde suena 87. 

43. Prende sutil metal entre la seda 

44. En mi prisión i en mi profunda pena..... 

45. No se acredita el dia, antes se infama 88. 

46. jí una centella que saltó á ios ojos á una dama : 

Clori, á tus ojos i á la llama pura 89. 

47. Como se van las aguas de este rio 

48. A Francisco Pacheco , pintor : 

Si mides tu ambición con tu fortuna..... 90. 

49. ¡Cómo á ser inmortal, Manlio, caminas 

50. Fili, la destemplanza con que suena..... 91. 

51. Rompo con lisa frente las prisiones 92. 

52. ¡O rotos leños i mojado lino..... 

53. ¿Qué secretos no vistos en mis males 

54. Cansóme en fiíbricar lenta fortuna 93. 

55. Movió mi fuego á compasión los días 94. 



«54 
56. Hiere con saña el mar i con porfia^... 

SEXTINAS. 

Crespas, dulces, ardientes hebras de oro..... 65. 
De Febo Apolo el claro ardiente rayo..... 65. 

SILVAS. 

I ^ Mancho el pincel con el color en vano 69. 

z. A la Riqueza : 

¡O mal seguro bien, etc. 72. 
^, A ia Pobreza : 

Desde el infausto día..... 73. 

4. A D. Fr!" de Villahn : 

Ocio a los dioses pide 78. 

5. A Fr,^ Pacheco, pintor. — A Ja Constancia : 

¡Ves como las riberas permanecen 79. 

6. A D. J. de Fonseca y Fig.^ — Al fuerano : 

Fonseca, ya las horas 82. 

J, A la Arrebolera : 

Tristes horas etc. 85. 

8. Al Clavel: 

A tí, clavel ardiente 88. 

9. A la Rosa amarilla : 

¿Qual suprema etc. 91. 

10. A la Rosa : 

Pura, encendida rosa 93. 

w, Al Jazmin : 

¡Ó en pura nieve etc. 94. 

DÉCIMAS. 

No se cansan mis enojos..... 96. 

Quiero mi grave tormento 97. 

En un lento resbtir 98. 

Los treinta y nueve primeros sonetos de este manuscrito, 
las sextinas y silvas, son exactamente, y por el mismo orden. 



las poesías contenidas en el cuaderno de la portada, del có- 
dice M-82. Es sensible que Gallardo no exprese dónde vio el 
que nos ocupa, en el cual encontramos que existían tres com- 
posiciones en décimas, dos de ellas para mí desconocidas, y 
la otra, que sólo conozco por su borrador. Nótase que no 
comprende la Epístola moral á Fabio, ni algunas de las poesías 
inéditas que insertamos en nuestra colección. 



APÉNDICE 

A LA NOTICIA BIBLIOGRÁFICA. 



La casualidad, decididamente ¿ivorable á mi tarea, me ha 
proporcionado, con alguna posterioridad, el conocimiento del 
códice comprensivo de varios escritos de Rioja, que perte- 
neció á D. Justino Matute y Gaviria, célebre bibliófilo sevi- 
llano, y del cual hice en su lugar oportuna mención. Este có- 
dice, por muchos conceptos precioso, que, según nota estam- 
pada á su folio 1 1 1, y fechada en Sevilla, á 3 de Abril de 1836, 
era entonces propio del que lo firma , D. Juan de Dios Gil de 
Lara, comandante de batallón de artillería, y fundidor mayor 
de dicha arma en aquella maestranza, quien le compró (dice) 
en la testamentaría de su amigo Matute; pertenece hoy al 
Sr. D. Serafin Estébanez Calderón, intimo amigo este distin- 
guido literato del Sr. D. Aureliano Fernandez-Guerra y Orbe, 
á quien debo yo tantos favores y pruebas de cariñoso afecto, 
le facilitó últimamente el precioso manuscrito, para que se 
sirviese de ciertos apreciables artículos que comprende, rela- 
tivos á Quevedo. El Sr. Guerra tuvo la complacencia de per- 
mitirme examinarle en su casa, y de proporcionarme puntua- 
les y curiosos extractos de su contenido. 

El examen de este códice, y la nota detallada de sus artícu- 
los , dan lugar á dos especies de adiciones al bibliográfico de 
Rioja, que aquí precede, llevado por mí al término de per- 
fección que me fué posible. Aumenta de un modo interesan- 



»57 
tísimo el catálogo de los escritos de nuestro autor, y rectifica 
el juicio que sobre los caracteres materiales del cuaderno de 
sus poesías, fechado en 1614, existente en el códice M-82 de 
la Biblioteca Nacional, tengo ya estampado, y que, sin em- 
bargo, quiero dejar intacto, para que se vea claramente mi 
error, y sea más notoria y apreciada su corrección. Pero an- 
tes de pasar á estas adiciones y enmiendas, necesario es que 
demos noticia general de la forma y contenido del códice. 

Es un tomo en 4.® (pergamino, cortes naturales), de 293 
folios, á cuyo frente campea un bello tarjeton de pluma y tinta 
de China, sepia ó corteza, en cuyo centro se lee : 



TRATADOS 

DE ERVDI 

CION, DE VA 

Ríos AVTO 

RES. 



Debajo y á los lados del tarjeton, la fecha : 
aFJo 1631. 

Grande y por extremo agradable fué mi sorpresa al ver en 
el dibujo del referido tarjeton y en su sombreado, la mayor 
semejanza é identidad con los del que forma la portada del 
cuaderno de poesías de Rioja, que con la fecha de 16 14 
existe en el códice M-82. Pasando adelante en mi examen, 
observé desde luego que la mayor parte de los papeles del 
tomo se hallaban escritos de una letra absolutamente igual 
á la primera de las dos en que lo está el mismo manuscrito 
de 1614. Y por fin, el prolijo reconocimiento de todos los ar- 
tículos me indicó por su colector al insigne pintor y poeta 
Francisco Pacheco; que gran parte de ellos proceden de 
originales que Pacheco poseia , é hizo trasladar por un mismo 
amanuense ; que varios llevan epígrafes , notas y tal cual re- 
tazo de mano del colector, siendo algunos obra suya; y que la 
colección comprende ademas otros autógrafos , todos de ines- 
timable curiosidad. 



158 

Su contenido en general puede clasificarse del modo si- 
guiente : 

Opúsculos de Francisco de Rioja, de los cuales tra- 
taremos extensamente en este apéndice. 

Papeles y discursos escritos por Francisco Pacheco, en de- 
fensa é ilustración erudita de sus propias pinturas. 

Aprobaciones originales de estos discursos y pinturas , es- 
critas por diferentes personas doctas. 

Diálogo de la limpia Concepción de Nuestra Señora. Por Pa- 
checo. Original) en parte autógrafo, con la aprobación para 
su estampa. Año de 1620. — Papel del mismo sobre la ventaja 
que hace la Pintura á la Escultura. — Impugnación del propio 
autor á Que vedo, en defensa del patronato de Santa Teresa. 
— Carta de idem á Pedro de Espinosa. 

Discurso del Duque de Alcalá, sobre el título de la Cruz. 
— Papel del mismo, sobre las pinturas de Jesucristo crucifica- 
do. — Algunos papeles apreciables de otros autores. 

De varios de estos artículos hago especial mención en otras 
obrillas mias \ á la presente sólo corresponden los rebtivos á 
Rioja. La noticia de estos escritos suyos tiene aquí su lugar 
propio; ya hemos anotado algunos datos que para su biogra- 
fía pueden inferirse de este códice , y hablado de los papeles 
que contiene del Duque de Alcalá. 

La descripción abreviada que acabamos de hacer de tan 
precioso monumento literario, rectifica ya por sí misma el er- 
ror material en que hubimos de incurrir al juzgar autógrafa 
de Rioja la primera al menos de bs dos letras en que se 
halla escrito el texto del cuaderno de sus Versos^ que llévala 
fecha de 16 14. Pacheco, amigo privilegiado de nuestro poe- 
ta, y diligentísimo literato, á cuyo celo y exquisito gusto de- 
bemos en gran parte la conservación de las obras poéticas de 
algunos grandes ingenios, emprendió la formación del manus- 
crito de 1 6 14; él mismo dibujó sin duda el frontis que le sirve 
de portada, y haciendo trasladar las primeras composiciones 
por mano de su ordinario escribiente, suspendió acaso por al- 



"59 
gun tiempo este trabajo, que posteriormente mandó continuar 
á otro más diestro amanuense. Rioja enmendó luego de su 
mano esta copia, así como también corrigió, y aun anotó, 
algunos de sus opúsculos trasladados para el códice formado 
en 1631. 

Hecha esta importante rectificación , pasamos a formar el 
catálogo .razonado de los expresados opúsculos, inéditos, á 
excepción de dos solos, y desconocidos generalmente de los 
bibliógrafos \ enumerándolos , no por el orden que guardan en 
el códice, sino aproximativamente por el cronológico. 

Discurso en defensa de las barbas de los Sacerdotes, J Don 
Francisco de Calatayud i SandovaL 

Este erudito papel consta de 8 folios dobles , y es el pri- 
mero del códice; le precede la dedicatoria , muy breve, á Ca- 
latayud, firmada: Francisco de Rioja ^ sin fecha. Su letra la 
referida. Por carecer de fecha se colocan aquí los primeros 
este y el siguiente : 

Del L. Francisco de Rioja. Declaración de las letras de una 
piedra que se halló en la eredad del veinteicuatro Gaspar de 
Vargas Machuca^ en los caños de Carmona: el aiio de 1603. 

Firmado : Francisco de Rioja, Dos folios escasos ; al 33 del 
códice, letra la misma. Es declaración de una lápida sepul- 
cral romana. 

Avisos cerca de las partes que a de tener el predicador, 
Al fin se lee, de otra letra (de Pacheco), la nota siguiente : 
De Francisco de Rioja. — 13 de Marzo de 16 16. La letra del 
texto es la del propio amanuense. — Comienza este papel al 
folio 9 del códice. Sus copias , existentes en la Biblioteca Na- 
cional, no llevan fecha alguna. 

Inscripción castellana que compuso Rioja para la obra del 
reparo de la Almenilla, hecha en Sevilla, año de 161 7. 



i6o 

Hállase al folio 34 vuelto del códice. Su epígrafe por lo 
menos es de letra de Pacheco (adviértase que la del ama- 
nuense es muy semejante á la sup). Transcribo íntegro este 
breve y curioso artículo. . 

((£n el reparo del Almenilla , del año de 16 17, se le pidió 
esta letra * : 

■UÑANDO 

KN LAS UPaDaS LA CATÓUCA MAGUTAD DK riLIFO Ul j 

SIENDO ASSISTKNTE 

DON DIIGO SAMMIKNTO DE SOTOMAYO», CONDE DE SALTATISIEA { 

SEVILLA 

DESVIÓ DESTE SITIO LA COEKIENTE DEL RIO GUADALCUIViK CCC. 

PASOS AL NOKTE CON QUE KEPAKÓ LOS CONTINO* DAAo* DE SUS 

FRECUENTES INUNDACIONES I PREVINO LA TOTAL RUINA SUYA. 

FUERON DIPUTADOS 

DON ALONSO DE CASAUS, DON FRANaSCO DE CÍSPEDES, 

DON FERNANDO CA VALLERO, VEINTICUATROS, ANDRÉS ORTIX, JURADO, 

I JUAN DE OVIEDO JURADO I MAESTRO MAYOR POR CUYA 

INDUSTRIA SE HIXO ESTE DIVERTIMIENTO DEL RIO. 

Af)0 DEL NACIMIENTO DE NUESTRO SALVADOR CRISTO CICI3CZV1I. Q 

Epitafio latino para la sepultura del Duque de Béjar, que 
falleció en el año de 16 19. 

A continuación del antecedente artículo, y al parecer es- 
crito de mano de Pacheco. Va trasladado aquí con su epí- 
grafe : 

(( A la sepultura del Duque de Béjar hizo el mismo autor 
este epitafio , y lo traduxo : 

PÍA POSTERITATI. 

Hic posrrvs est dominvs alonsvs diegvs stvniga 

DUX BECHARIS VJ. MARCHIO GIBRALtONIS, COMES BEL- 

ALCAEARIS. FUIT EQVES INSIGNIS ORDINIS VELLERIS AURBI. 

HAVSIT PRIMUM AEREM ANNO A VERA VITA NATAU 

LXXVIT. SACULI XVI. SVPREMVM ET MATVRE 

VNDEVICESSIMO SEQVENTIS, INTEGER FIDBI SPEI. 

VIR SINE AMBITIONE, MAGNANIMUS MANSVETVS. 

BENIGNUS, BENEFICUS IN OMNES. 

CONIVX rUENTISSIMA LONQAVO SOMNO SACRVM FBCIT. tt 



' Refiérese el colector á Rioja, cuyo es el artículo que precede 
á éste. 



i6i 
Defensa de los quatro clavos con que crucificaron a Cristo, Co- 
mienza al folio 47 vuelto del códice, de letra del mismo escri- 
biente. Es el discurso de Rioja en defensa de la exactitud de 
las pinturas que representan á Nuestro Señor crucificado con 
cuatro cbvos, que llevamos ya referido; copia exactamen- 
te conforme con el impreso al fin del Arte de la Pintura, 
Sigúele al folio 59, de la propia letra , la Respuesta de Francisco 
Pacheco á Rioja , tal como allí se estampó, y con la inestimable 
circunstancia de ser evidentemente el original que sirvió para 
la impresión ; acompañado de las Aprobaciones autógrafas de 
varios doctos á entrambos discursos, que á continuación de 
ellos se insertaron , más la de Fr. José de Santa María y los 
dos últimos párrafos de la del firanciscano Lugones, que allí 
se suprimieron. Son, pues, los aprobantes : Maestro Fr. Luis 
Molero, padre Diego Melendez, Fr. Francisco Freyle, maes- 
tro Fr. Vicente Durago, Fr. José de Santa María, Fr. Her- 
nando de Ribera, D. Manuel Sarmiento de Mendoza, maes- 
tro Alonso de la Serna, Fr. Domingo Castro, Fr. Damián de 
Lugones. — Sigúese, al folio i03,elPtf^r/ del Duque de Alca- 
lá , también aprobatorio de los mismos discursos, á que se hace 
extraña referencia en el texto impreso del de Pacheco. De- 
pende esto, como yo me sospeché, de una (alta tipográfica, 
evidenciada por este códice. Pacheco hizo trasladar en la co- 
pia de su Respuesta un pasaje de esta aprobación del Duque, 
señalándole para constituir una nota que el impresor embebió 
inadvertidamente en el texto. Lleva este docto escrito, cuya 
letra, única en el códice, le indica por autógrafo, la fecha de 
Sevilla, 17 de Noviembre de 1622, y una curiosa nota mar^ 
ginal de mano de nuestro Rioja. 



Respuesta al Discurso del Duque de Alcalá sobre el título 
de la Cruz. A Francisco Pacheco, 

Papel de 4 folios, poco más, que da principio al 26 del có- 
dice; de letra del mismo escribiente, y con el epígrafe de ma- 



I62 

no de Pacheco ; firmado : Fran.^ de Rioja^ y fechado á 2o 
de Jbrll 1619. A su margen dice : ¡mpresso. £s la respuesta 
de RiojA (que en efecto se imprimió, como]ra va dicho, en 
Sevilla y Barcelona) á la impugnación que del Título de la 
Cruzj dado por el P. Luis del Alcázar, y aprobado por Rioja, 
escribió el Duque de Alcalá. Precede en el códice (fól. 21) 
al artículo que nos ocupa , el Discurso del Duque de Álcali^ 

enviado i Francisco Pacheco en i de Abril di 16 19; de 

letra del amanuense, con el epígrafe de mano de Pacheco, asi 
como la nota marginal : esta impresso. 

De Francisco de Rioja, ( Papel en defensa de unos versos 
latinos de Fernando de Herrera á D. Alvaro de Portugal, 
conde de Gélves; censurados por Rodrigo Caro.) 

Ocupa el fól. 32 del códice. De letra del escribiente. Al fin, 
de la de Pacheco, dice : Esto tengo de letra dé iodos 3; y si- 
gue la fecha : 22 de Junio 16 19. 

Carta de Francisco de Rioja al déctor Sebastian ele Acosta. 

Dio motivo á esta carta una acalorada disputa que Rioja 
tuvo con el Doctor Acosu en casa de Pacheco, sosteniendo 
que por ¡a tradición avia en la Iglesia cosas que eran tan de fe 
como las escritas; opinión que impugnó agriamente Acosta, ca- 
lificándola de herética. Defiéndela Rioja en este escrito con 
fuertes y eruditas razones, y con moderación y templanza ver- 
daderamente ejemplares. La precede una breve dedicatoriet i 
Francisco Pacheco, y ocupa diez folios, comenzando al treintí 
y siete. Copia de letra igual á las anteriores; á su fin dice: 
Aviendo muchos dias que se escribió este papel ^ se trasladó dia ie 
San Juan Bautista de 16 19 : Francisco de Rioja, Va apojrado 
con dos aprobaciones originales, de Diego Granado y de 
Fr. Juan déla Anunciación, carmelita descalzo >. 



' En el epígrafe de esta Carta se observa tachado el nombre del 
doctor Acosta, probablemente por Rioja, y sustituido con la fiíise: 



163 

Carta de Francisco de Rioja á Don Pedro de Fillavicencio. 

En ella aprueba y enmienda con exquisita erudición dos 
inscripciones, una latina y otra castellana, compuestas por el 
expresado Villavicencio, con destino al retablo nuevo de San 
Miguel, en su parroquia de Sevilla; prefiriéndolas á otra lati- 
na del célebre antequerano Juan de Aguilar, cuya copia, in- 
clusa en la de una carta del mismo Aguilar, dirigida á cierto 
F. Jerónimo, para entregar á Pacheco, antecede á la carta 
de RiojA. Hállase ésta fechada, sin expresar dónde, á 5 de 
Octubre de 1629. De letra del amanuense, ocupa dos folios 
escasos, desde el 230. 

Tales son los opúsculos de nuestro autor contenidos en el 
códice del Sr. Calderón. 



Cartas al Doctor Gaspar Caldera de Heredia^ célebre mé- 
dico, en juicio y elogio de su libro, inédito : Arancel político^ 
Defensa del honor y práctica de la vida de nuestro siglo, que el 
Dr. Gaspar Caldera de Heredia , caballero de la muy antigua é 
ilustre casa de Caldera , dio á D. Lorenzo^ D. Juan Antonio^ 
D, Félix y D, Gaspar Caldera , sus hijos , cuando pasaron á la 
cisídad de los Reyes. Por el año de 1641. (Manuscrito original, 
en 4.^, 313 fojas : Biblioteca Colombina, est. B, t. 445, nú- 
mero 17. Visto por D. B. J. Gallardo, y por él descrito en 
sus papeleus bibliográficas.) 

Quedan ya incluidas estas Cartas en el texto biográfico. 



El P. Bermejo, en su Historia de nuestra Señora de Tejeda 
(1779) cita una De la fundación de Cuenca y lugares de su obis- 
pado ^ escrita por el Licenciado Rioja, MS. Debe ser persona 
diversa de nuestro poeta. 



á cierta persona docta; pero el colector volvió después á estampar el 
nombre borrado. 



•64 
£1 artículo biográñco de Rioja publicado por el Sr. Gó- 
mez Aceves, comprende dos fragmentos de cartas, que hacen 
relación á escritos de aquel. Van trasladados á continuación. 

((El ya citado Pedro Antonio Moreno Vilches, en carta de 
Sevilla, de 2 de Junio de 1628, á Rodrigo Caro, residente en 
Utrera, le dice, entre otros asuntos : 

tt £1 Padre Martin de Roa estuvo aquí, y ha de volver, por- 
))que me parece le han cometido á él y al Maestro de Cere- 
))monias las Lecciones, y el señor Arzobispo ha cometido al- 
))^unos de estos Santos a diferentes personas, unos á Salazar 
))de Mendoza, á Francisco de Rioja, á Serna, á D. Tho- 
))mas, al Doctor Aldrete, á Martin de Roa, al canónigo 
T) Centeno. Grandes partos se esperan. Plegué á Dios que no 
))sean montes.» 

((£1 mismo Pedro Antonio Moreno Vilches, en carta de 
Sevilla, de 13 de Julio de 1628, le dice á Rodrigo Caro, que 
continuaba en Utrera: 

(( Don Thomas (Tamayo de Vargas) me escribe que aun 
»no ha llegado á Madrid. También me dice que Francisco de 
» Rioja le ha escrito que tiene algunas dificultades en Dextro, 
))y él le ha respondido que se las envié, que aunque cualquie- 
))ra cosa advertida por su juicio, hará á todos fuerza, con todo 
))eso se esforzará a satisfacerle ^ 

))Gran bolina se ha levantado cerca del Patronato de nues- 
))tro Santo Apóstol Santiago, y muchos van escribiendo en 
n defensa de su Patronato. El Canónigo Juan González Cen- 
)) teño ha escrito un muy buen papel en defensa de nuestro 
)) Patrón: envióme uno: llevóselo D. Juan^ en viéndole le 
)) pediré un par de ellos, para v. m. y para mi. También nues- 
))tro amigo Juan de Robles ha escrito otro, que será con esta, 
))y también ha hecho una censura al papel de D. Francisco 
))(RiojA, según el Sr. Gómez Aceves), que remitiré áv. m.; 
))pero no se ha de saber que es suya, porque me lo ha revela- 



' Estas dudas hacen mucho honor á Rioja, que tal vez con me- 
nos prevención en favor de ciertas personas hubiera juzgado los apó- 
crifos, libros como después D. Nicolás Antonio. 



i6s 
))do debajo de secreto natural, y andará disfrazada como fo- 
»rasCera : es de donaire y pica con buena gracia ^)) 

Existe en la Biblioteca Nacional de. Madrid un códice en 
folio, compuesto de varios papeles manuscritos, de diferentes 
letras y tiempos, de 445 hojas, con título de Misceláneas 
Históricas y Políticas , donde se hallarán muchos papeles origina- 
les. Año de 1680. Sus folios 176 al 193 ocupa uno denomina- 
do : Apología del Hombre obscuro^ para desengaño de todos los po- 
tentados^ dedicada al Rey nuestro señor y en respuesta de un dis- 
cursito francés y imprimido en yenecia^ en nombre del Duque de 
Roan. 

Dice el bibliógrafo Pelliccr que este papel le parece de le- 
tra de RiojA. (Apunte de D. B. J. Gallardo, publicado en 
el Ensayo de una Biblioteca española de libros raros y curiosos^ 
formado con los apuntamientos de D. Bartolomé José Ga- 
llardo, coordinados y aumentados por D. M. R. Zarco del 
Valle y D. J. Sancho Rayón. Obra premiada por la Biblio- 
teca Nacional, en la junta pública de 5 de Enero de 1862, 
é impresa á expensas del Gobierno. Tomo primero. Madrid, 
imprenta y estereotipia de M. Rivadeneyra 1863.) 



* Se infiere de este párrafo último que Rioja escribió una defensa 
del patronato de Santa Teresa > según la interpretación del Sr. Ace- 
ves. Yo, sin embargo, la tengo por equivocada, y creo que Vilchcs se 
refiere á D. Francisco Morovelli de Puebla, de quien ya hemos te- 
nido ocasión de hablar. 



i 



í 



POESÍAS 



D. FRANCISCO DE RIOJA. 



EPÍSTOLA MORAL Á FABIO. 

Texto del tomo xviu de la CoUccion de FernanJe», ó Estala. Variantes del iii de 
la misma ; omitidas las que son evidentes erraus (•). 



Fabio, las esperanzas cortesanas 
Prisiones son, do el ambicioso muere 
Y donde al mas activo nacen canas '. 

El que no las limare ó las rompiere * , 
Ni el nombre de varón ha merecido. 
Ni subir al honor que pretendiere. 

£1 ánimo plebeyo y abatido 
Elija, en sus intentos temeroso. 
Primero estar suspenso que caido ; 

Que el corazón entero y generoso 
Al caso adverso inclinará la frente , 
Antes que la rodilla al poderoso. 



(*) Vanantes de esta Epistoia en su edición segunda : al fin del tomo iii 
de la Colección de Estala, impreso en 1786. Hemos preferido el texto 
de la edición del tomo zviii , no sin sospechas de que sus diversas lec- 
ciones sean obra del colector. 

' Y donde al mas astuto nacen canas. 

^ Tú que no las limare ó las rompiere. 



170 

Mas triunfos^ mas coronas dio al prudente 
Que supo retirarse, la fortuna. 
Que al que esperó obstinada y locamente. 

Esta invasión terrible é importuna 3 
De contrarios sucesos, nos espera 
Desde el primer sollozo de la cuna 4. 

Dexemosla pasar, como a la fiera 
Corriente del gran Betis, quando airado 
Dilata hasta los montes su ribera. ^ 

Aquel entre los héroes es contado 
Que el premio mereció, no quien le alcanza 
Por vanas consequencias del Estado 5. 

Peculio propio es ya de la privanza 
Quanto de Astrea fué, quanto regia 
Con su temida espada y su balanza ^. 

El oro, la maldad, la tirania 
Del iniquo procede y pasa al bueno 7 ; 
¿Qué espera la virtud, ó qué confia? 

Ven y reposa en el materno seno 
De la antigua Romúlea, cuyo clima ^ 
Te será mas humano y mas sereno. 

Adonde por lo menos, quando oprima 
Nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno 9: 



^ Esta invasión prolixa é importuna. 



4 



Desde el primer sollozo Jbajta la cuna. 
^ Por varias consequencias del Estado. 

^ Con su temida espada y fuerte lanza. 

7 Del iniquo precede y pasa al bueno. 

^ De la antigua Remulea , cuyo clima. 

9 La tierra nuestro cuerpo^ dirá alguno. 



«7i 
Blanda le sea, al derramarla encima. 

Donde no dexarás la mesa ayuno, 
Quando te falte en ella el pece raro '°, 
O quando su pavón nos niegue Juno. 

Busca, pues, el sosiego dulce y caro. 
Como en la obscura noche del Egeo 
Busca el piloto el eminente faro : 

Que si acortas y ciñes tu deseo. 
Dirás : lo que desprecio he conseguido » ' 
Que la opinión vulgar es devaneo» 

Mas precia el ruiseñor su pobre nido * 
De pluma y leves pajas, mas sus quejas 
En el bosque repuesto y escondido. 

Que agradar lisongero las orejas 
De algún Principe insigne, aprisionado 
En el metal de las doradas rejas. 

Triste de aquel que vive destinado 
A esa antigua colonia de los vicios. 
Augur de los semblantes del Privado '3. 

Cese el ansia y la sed de los ofícios ; 
Que acepta el don y burla del intento 
El ídolo á quien haces sacrificios. 

Iguala con la vida el pensamiento , 
Y no le pasaras de hoy a mañana '^ , 



'° Quando en ella nos falte el pccc raro. 

' ' Dirás : lo que yo precio he conseguido. 

'* Más quiere el ruiseñor su pobre nido. 

'3 A esa antigua colonia do los vicios 

Habitan con semblante disfrazado. 
'* Y no te pasarás de hoy á mañana. 



«7* 
Ni quizá de un momento á otro momento. 

Casi no tienes ni una sombra vana 
De nuestra antigua Itálica; ¿y esperas? 
¡O error perpetuo de la suerte humana! 

Las enseñas Grecianas , las banderas 
Del Senado y Romana Monarquía 
Murieron, y pasaron sus carreras '5. 

¿ Que es nuestra vida mas que un breve dia, 
Do apena sale el sol, quando se pierde '^ 
En las tinieblas de la noche fría? 

¿ Que es mas que el heno, á la mañana verde, 
Seco á la tarde ? fO ci^o desvarío ! 
¿Será que de este sueño se recuerde? 

¿Sera que pueda ver que me desvio 
De la vida viviendo, y que está unida 
La cauta muerte al simple vivir mió? 

Como los ríos que en veloz corrída '7 
Se llevan á la mar, tal soy llevado 
Al último suspiro de mi vida. 

¿De la pasada edad, qué me ha quedado? 
¿O que tengo yo, á dicha, en la que espero, 
Sin ninguna noticia de mi hado? '^ 

¡O si acabase, viendo como muero. 
De aprender á morir, antes que llegue 



' 5 Del Senado Romano y Monarquía 

Murieron , acabando sus carreras. 

'6 ¿Qué es nuestra vida mas de un breve dia, 

Dó apenas sale el sol, quando se pierde. 

*7 Como los ríos en veloz corrida. 

'^ Sin alguna noticia de mi hado? 



«73 
Aquel forzoso término postrero! 

¡Antes que aquesta mies inútil siegue 
De la severa muerte dura mano, 

Y a la común materia se la entregue! '9 
Pasáronse las flores del verano, 

£1 otoño pasó con sus racimos , 

Pasó el invierno con sus nieves cano *® : 

Las hojas que en las altas selvas vimos. 
Cayeron; ¡y nosotros a porfia 
En nuestro engaño inmóviles vivimos! *' 

Temamos al Señor , que nos envia 
Las espigas del año y la hartura, 

Y la temprana pluvia y la tardía **. 
No imitemos la tierra siempre dura 

A las aguas del cielo y al arado. 
Ni la vid cuyo fruto no madura *3. 

¿ Piensas acaso tu que fué criado 
El varón para el rayo de la guerra, 
Para sulcar el piélago salado. 

Para medir el orbe de la tierra, 

Y el cerco donde el sol siempre camina? *♦ 
¡Ó! quien asi lo entiende, quanto yerra! 

Esta nuestra porción, alta y divina, 
A mayores acciones es llamada, 



'9 Y enlsL común materia se la entregue. 

*® Pasó el ivierno con sus nieves cano. 

Con nuestro engaño inmóviles vivimos. 

Y la temprana mies y la tardía. 
*3 Ni á la vid cuyo fruto no madura. 

^ Y el cerco por do el sol siempre camina ? 



21 
22 



i 74 

Y en mas nobles objefx» se termina. 

Asi aquella que al hombre solo es dada ^5, 
Sacra razón y pura, me despierta. 
De esplendor y de rayos coronada; 

Y en la fria región dura y desierta 
De aqueste pecho, enciende nueva llama ^^ 

Y la luz vuelve á arder que estaba muerta. 
Quiero, Fabio, seguir a quien me llama, 

Y callado pasar entre la gente. 

Que no afecto los nombres ni la fama ^7. 

El soberbio tirano del Oriente, 
Que maciza las torres de cien codos 
Del candido metal, puro y luciente. 

Apenas puede ya comprar los modos 
Del pecar; la virtud es mas barata; 
Ella consigo mesma ruega a todos ^K 

¡Pobre de aquel que corre y se dilata *9 
Por quantos son los climas y los mares , 
Perseguidor del oro y de la plata! 

Un ángulo me basta entre mis lares. 
Un libro y un amigo, un sueño breve. 
Que no perturben deudas ni pesares. 

Esto tan solamente es quanto debe 
Naturaleza al parco y al discreto 3© , 



^^ Así aquella que á so/o el hombre es dada. 

^^ De aqueste pecho enciende viva llama. 

^7 Que no afecto los nombres de la fama. 

^S Ella consigo misma ru^ a todos. 

^9 / Misero aquel que corre y se dilata. 

3° Naturaleza al simple y al discreto. 



Y algún manjar común, honesto y leve. 
No porque así te escribo, hagas conecto 

Que pongo la virtud en exercicio, . 
Que aun esto fué difícil a Epiteto (*). 
Basta, al que empieza, aborrecer el vicio, 

Y el animo enseñar á ser modesto v ; 
Después le será el cielo mas propicio. 

Despreciar el deleyte no es supuesto 
De sólida virtud, que aun el vicioso 
En si propio le nota de molesto 3>. 

Mas no podrás negarme quan forzoso 
Este camino sea al alto asiento 
Morada de la paz y del reposo. 

No sazona la fruta en un momento 
Aquella inteligencia que mensura 
La duración de todo á su talento : 

Flor la vimos primero, hermosa y pura, 
Luego materia acerba y desabrida, 

Y perfecta después, dulce y madura. 

Tal la humana prudencia es bien que mida 

Y dispense y comparta las acciones 33 
Que han de ser compañeras de la vida. 

No quiera Dios que imite estos varones 34 
Que moran nuestras plazas macilentos , 



(•) Epictcto. 

3' Basta fMi empiece á aborrecer el vicio 

Y el buen camino enseñe al que es modesto. 
3* En 81 propio le trata de molesto. 

33 Y comparta y compense las acciones. 

34 No quiera Dios que siga los varones. 



176 
De la virtud infames histriones : 

Esos inmundos, trágicos, atentos 35 
Al aplauso común , cuyas entrañas 
Son infaustos y obscuros monumentos 3^. 

¡ Quan callada que pasa las montañas 
El aura respirando mansamente ! 37 
¡Qué gárrula y sonante por las cañas! 

¡ Qué muda la virtud por el prudente ! 
¡ Que redundante y llena de ruido 3« 
Por el vano, ambicioso y aparente! 

Quiero imitar al pueblo en el vestido. 
En las costumbres solo a los mejores. 
Sin presumir de roto y mal ceñido. 

No resplandezca el oro y los colores 
En nuestro trage, ni tampoco sea 
Igual al de los dóricos cantores. 

Una mediana vida yo posea, 
Un estilo común y moderado. 
Que no lo note nadie que lo vea 39. 

En el plebeyo barro mal tostado 
Hubo ya quien bebió tan ambicioso 
Como en el vaso Marino preciado; 

Y alguno tan ilustre y generoso, 
Que usó, como si fuera plata neta. 



35 Esos inmundos, trágicos jr atentos. 

36 Son infectos y obscuros monumentos. 

37 El aura respirando blandamente ! 

38 ¡ Que resonante con civil ruido. 

39 Que no le note nadie que le vea. 



177 
Del cristal trasparente y luminoso 4». 

¿Sin la templanza viste tu perfeta 
Alguna cosa? ¡O muerte! Ven callada , 
Como sueles venir en la saeta 4». 

No en la tonante maquina preñada 
De fuego y de rumor, que no es mi puerta 
De doblados metales fabricada 4». 

Así , Fabio , me muestra descubierta 43 
Su esencia la verdad, y mi albedrío 44 
Con ella se compone y se concierta. 

No te burles de ver quanto confío 45 , 
Ni al arte de decir, vana y pomposa. 
El ardor atribuyas de este brio. 

¿ Es por ventura menos poderosa 
Que el vicio la virtud? ¿Es menos fuerte? 4^ 
No la arguyas de flaca y temerosa. 

La codicia en las manos de la suerte 
Se arroja al mar;ia ira a las espadas, 
Y la ambición se rie de la muerte. 

¿ Y no serán siquiera tan osadas 



4® De cristal transparente y luminoso. 

4' En la templanza está la paz perfeta > 

En vano del vicioso codiciada , 
Que no se alcanza con veloz saeta. 

4^ Ni con tonante máquina preñada 

De niego y de terror, que no es su puerta 
De doblados metales fabricada. 

43 jínsi, Fabio, me muestra descubierta. 

44 Su esencia la verdad y el albedrío. 

45 No te burles de mí quando confio. 

4^ Que el vicio la virtud, ó menos fuerte ? 



178 
Las opuestas acciones , si las miro -^7 
De mas ilustres genios ayudadas? 

Ya, dulce amigo, huyo y me retiro 
De quanto simple amé : rompi los lazos : 
Ven y veras al alto fin que aspiro +* 
Antes que el tiempo muera en nuestros brazos. 



^"^ Las opuestas razones si las miro. 



48 



Ven y veras al grande fin que aspiro. 



VERSOS 



FRANCISCO DE RIOJA. 



AÑO DE 1614. 



MS. con portada dibujada por Frandico Pacheco : de dos letiai diversas : enmendado 
de mano del autor. (Biblioteca Nacional de Madrid, Cód. M-82.) Trasladado con 
su ortograña : adoptadas las correcciones autógrafas , y puestas al pié las lecciones 
primitivas. 

SONETO I. 

Corre con alvos pies al espacioso 
Océano, veloz, Tarteso Rio: 
asi no ciña el abrasado estío ' 
tu dilatado curso glorioso. 

I di á mi ardor que crece tu espumoso 
seno, a las muchas lagrimas que envió; 
ó esparza la dudosa luz, roció, 
ó muestre Cintia lustre generoso. 

Que oyendo en mustio son mi afán ardiente 
de ti , con crespa lengua resonado 
en verde prado ó en sedienta arena. 

Será que blandas luzes al herviente 
vmor muestre (ya en vano derramado) 
mi acerba i dulce, i clara luz serena. 



Así no ciña eJ caloroso estío. 



1 8o 



SONETO II. 

Sube, frondosa vid, i en estendido 
ramo corona la desnuda frente 
deste infelice Povo, que al corriente 
cristal yaze, de onor destituido. 

Sube, assi no amanzille el aterido 
ivierno en duro yelo tu ecelente 
cima, ni Febo, quando mas ardiente 
muestra a tu gloria el rayo embravecido. 

Que pues quando en su lustre florecia 
te dio el áspero tronco, i dilatado 
seno, donde luziesse tu ufanía ; 

Es razón, sacra vid, que el despojado 
leño, de verde i fresca lozanía 
ornes agora en su funesto estado. 



i8i 



SONETO III. 

Ya del saftudo Bóreas el nevoso 
soplo cesó, i el triste ivie]:no elado 
dando passo al divino ardor templado 
huyó al profundo centro tenebroso. 

I vuelve el verde onor al espacioso 
seno vuestro, del yelo despojado, 
sacros Povos, que ornáis el intrícado 
curso del claro Guadianur ondoso. 

Felices vos, que ufanos al suave 
rayo de Febo coronáis la frente, 
libres del yerto umor que os oprinúa. 

Mas triste yo que de importuno i grave 
yelo siento oprimir la frente mia, 
lejos de ver mi altiva luz ardiente. 



l82 



SONETO IV. 

Metioba, que con turbia i alta frente 
vuelas veloz al gran Tarteso rio, 
orrible á fuerza del pluvioso i frío 
Austro, la selva oprime tu corriente. 

I vi yo quando en la sazón ardiente , 
corriendo apena, de cristal vacio, 
ella te defendió del cano Estío, 
de tu ceñido umor mustia i doliente. 

No des al aire pues, ó rio sagrado, 
raices de tan fiel i generosa 
selva, que te asombro al estivo fuego. 

Templa la saña i el confuso i ciego 
hervir de tu profunda agua espumosa ; 
assi discurras puro i dilatado. 



183 



SONETO V (♦). 

Marchite ó nunca frió i cano yelo 
de tus labios la dulce i blanda rosa , 
do las gracias, do amor siempre reposa, 
ni otro sitio invidiando ni otro cielo. 

Dellos nunca a herir levanta el buelo, 
ni hacha cuida o flecha rigurosa, 
que una blanda palabra graciosa 
arma i enciende en el purpureo velo. 

Destos pues roxos, blandos i suaves 
labios do se arma Amor , i que encendieron 
mi pecho en llama i rQsa dulcemente. 

Nunca ó tiempo permitas que los graves 
yelos de edad la purpura ardiente 
amortigüen , i llama en que m'ardieron. 



(•) En este soneto v hizo Estala cuatro arbitrarias alteraciones. 



n 



1 84 



SONETO VI. 

Salve ó mancebo, flor de la hermosa 
llama qu'enciende i cerca el puro cielo ; 
cuanto menos que Cintia generosa , 
tanto luces mas candido en el suelo. 

Aplacible destierra en la sombrosa 
noche el orror de su medroso velo, 
que aun no vibra su hacha luminosa 
Venus, mirando al gran señor de Délo. 

Luze en su vez ó Héspero dichoso, 
en su silencio i con tu luz m'envia 
á mi dulce esplendor i mi cuidado. 

I si tal vez sentiste el amoroso 
fuego, que assi encendió mi pecho elado, 
dame no errar por tenebrosa via. 



185 



SESTINA !• 

Crespas, dulces, ardientes hebras de oro 
que ondas formáis por la caliente nieve; 
cuando veré salir las alvas luzes , 
contento de encenderme en vuestro fuego , 
que dexe de volver al triste llanto 
bañado en cana espuma c«mo cisne ? 

Igual entonces al Tebano Cisne, 
siempre ilustrara los celages de oro, 
por quien el corazón destilo en llanto ; 
ó asombren sueltos la purpurea nieve 
que esparze rayos de invisible fuego , 
ó recojan en áurea red sus luzes. 

Mas mientra viere tus divinas luzes 
no dejaré de andar, qual blanco cisne, 
cantando en muerte el amoroso fuego 
en que me encienden, i los cercos de oro 
que me desatan , como el Sol la nieve , 
por los ojos contino en dul^e llanto. 

Siempre resuelto estoi en puro llanto , 
salgan de Phebo, ó del Dragón las luzes, 
caya dulce roció, o caya nieve; 
i aunque mas dulce cante que alvo cisne 
nunca veré el compuesto en nieve i oro 
con blandos ojos á mi ardiente fuego. 



1 86 

¡O sí ya consumiese el duro fuego 
el miserable corazón en llanto , 
i nunca viesen mas bordarse en oro 
el cielo, a la mañana aquestas luzes ; 
pues ando siempre en ondas como cisne 
quando sale la noche i cae la nieve ! 

Bien sé triste que puede arder la nieve 
quando se acabe mi infinito fuego, 
i que abitar en él bien puede el cisne, 
quando toque piedad del grave llanto 
a mi Eliodora en sus acerbas luzes 
i quando esté ligado en lazos de oro. 

Pues no me enlaza el oro ni la nieve, 
den fin tus luzes a mi ardiente fuego, 
i en llanto i muerte cantaré qual cisne. 



i87 



SONETO VIL 

Otro tiempo profundo i diJatado 
te vi correr, ó sacro Esperio rio, 
i ya te ciñe el abrasado estío, 
i tu luciente marmol seca ayrado. 

Triste pensaba yo, nunca sobrado 
sentir tal vez el ardimiento mió ; 
o helase al Tañáis el ivierno frío , 
o regalasse el Sol su curso elado. 

Pero si tu, gran lustre de Ocidente, 
Betis, siendo deidad, del inumano 
tiempo la vez i sientes la crueza , 

No desespero de mi ardor insano 
buelta ver en ceniza la grandeza 
mientras Febo rayare en Oriente. 



i88 



SONETO IIX. 

Lánguida flor de Venus, que ascendida 
yazes, i en triste sombra i tenebrosa 
ver te impiden la faz al Sol hermosa 
hojas i espinas de que estas ceñida; 

I ellas, el puro lustre, i la vistosa 
púrpura en que apuntar te vi teñida 
te arrebatan, i a par la dulce vida, 
del verdor que descubre ardiente rosa. 

Igual es, mustia flor, tu mal al mió; 
que si nieve tu frente descolora 
por no sentir el vivo rayo ardiente, 

A mi en profunda oscuridad i frió 
yelo también de muerte me colora 
P ausencia de mi luz resplandeciente. 



1 89 



SONETO IX. 

A DON JU.° DE FONSECA I FIGUEROA (*). 

Ya la hoja que verde ornó la frente 
desta selva, Don Juan, en el verano, 
tiende amarilla por el suelo cano 
fuerza de elado espíritu ardiente. 

I la ova que en agua vi pendiente 
de un üeco risco con verdor lozano , 
mustia ya i sin color, despojo vano, 
Betis esplaya con mayor corriente. 

I yo assi bien no desigual mudanza 
siento en mi mal, que ya mi ardor intenso 
cambia el yelo en ceniza vana y fria. 

Quién esperó igual bien ? ó grata usanza ^ 
del tiempo : que fallece á par del dia - 
si un hermoso verdor un fuego inmenso. 



(*) La dedicatoria sobrepuesta de mano de Rioja. 
' Quién esperó igual bien ó belia usanza. 

* Del tiempo : pues fallece á par del dia. 



190 



SONETO X. 

Aunque pisaras Fili la sedienta ^ 
arena, qu'en la Libia Apolo enciende > 
sintieras ¡ai! que el Aquilón me ofende, 
i del yelo i rigor la pluvia lenta. 

Oye con que ruido la violenta 
furia d'el viento en el jardin s' estiende 
i que apena aun la puerta se defiende 
del soplo que en mi daño se acrecienta. 

Pon la soberbia, ó Fili, i blandos ojos 
muestra, pues ves en lagrimas bañado 
el umbral que adorné de blanda rosa : 

Que no siempre tu ceño y tus enojos 
podré sufrir, ni el mustio ivierno elado, 
ni de Bóreas la saña impetuosa. 



Aunque pisaras Lajday la sedienta. 

Pon la soberbia, ó Layda, i blandos ojos. 



191 



SONETO XI. 

Claro i tranquilo el mar me conduzia 
a que sulcara su profundo seno; 
i apena entré, quando el color sereno 
huyó de Bóreas con la saña fría. 

Crespos montes de humor al cielo via 
subir, i el mar d'oscura sombra lleno 
cambiar varias semblantes, i el terreno 
assiento entre las olas parecía. 

Entonce ¡ai! ¡ó mezquino! un mortal yelo 
me cubría, i, el üeco leño roto, 
luchaba con las aguas fatigado. 

En tanto afán, con voz ya incierta, al cielo 
movi a piedad : libróme, i hize voto 
de fiar nunca en ponto sosegado. 



192 



SONETO XII. 

Quando entre luz i púrpura aparece 
Talba, i despierto ¡ai triste! i miro el dia, 
i no hallo la blanca Fili mia ' , 
alba i púrpura i luz se me oscurece. 

Lloro i crece mi llanto quanto crece 
mas la lumbre, i la sombra se desvia ; 
i un torpe yelo assi me ata i refria 
que aun la voz para alivio me fallece. 

I a un tiempo apura amor con alto fuego 
en este ancho desierto el pecho mió, 
donde el pensar lo aviva mas i enciende : 

Lloro pues i ardo assi i el mal se estiende 
tanto, que a luz, i a sombra i a roció 
muero en llamas, i en lagrimas me anego. 



I no hallo la dulce Layda mia. 



«93 



SONETO XIII. 

Ai amarilla selva, que desnuda 
yazes, i en cano i yerto humor cubierta, 
¡cómo tu órrida faz en mi despierta 
nuevo mal a mi incendio i llama cruda! 

Siéntome ¡ai triste! arder quando se muda 
tu frente, i se descubre blanca i yerta : 
i quanto Taima tierra mas desierta 
se vé de luz, mi llama es mas aguda. 

Pero ¿qué mucho, ó selva, si la ardiente 
hacha con que te alienta el claro dia 
declina tanto al Austro pluvioso ; 

I yo estoy tan cercano al refulgente 
rayo, que de sus luzes siempre envía 
mi dulce ardor, Aglaida, i glorioso? 



i^ 



SESTINA II (♦). 

De Febo Apdo d claro ardiente rayo 
ya muda Taha nieve en tibias ondas , 
del mas elado i riguroso monte; 
solo a mi pura luz no cambia el yelo 
en piedad su centella, ni la llama 
que umedece los cercos de mis ojos. 

£1 Povo, el Siclamor, sus blandos ojos 
abren con el calor del puro rayo, 
que esparze en tomo de Phaeton la llama,* 
i con el fresco umor de vivas ondas; 
mas nunca reverdece, suelto el yelo, 
(bien que á la faz del fuego) mi arduo monte. 

Las plantas bolveran de qualquier monte 
otra vez á cerrar sus lindos ojos , 
i cubrirá sus calvas duro yelo , 
ante que yo vos vea, ó dulce rayo 
del eterno splendor, bañada en ondas , 
por la piedad de mi soberbia llama. 

¡O si en cana ceniza mi alta llama 
buelta, anduviesse solo por el monte, 



(*) Composición inédiu hasta la presente fecha. 



«95 
ó por do forman triste voz las ondas 
del Betis, i no viesse aquellos ojos, 
ni aquel luciente y amoroso rayo 
poderoso á encender el duro yelo ! 

Amor, enciende el cristalino yelo 
de mi dulce enemiga con tu llama, 
si no quieres mirarme al duro rayo 
suelto (cual en verano nieve el monte) 
en lagrimas, i ciegos estos ojos 
con el incendio de sus negras ondas. 

I si no te movieren estas ondas, 
ni de mi Layda el amarillo yelo 
a quererme mirar con blandos ojos, 
sacude con valor tu azerba llama, 
y abrásame qual suele á espeso monte 
un fogoso, i orrendo i fiero rayo. 

Pues duro rayo i encendidas ondas 
no vencen deste monte el arduo yelo, 
abrasa llama mis osados ojos. 



196 



SONETO XIV. 

No esperes no perpetua en tu alba frente, 
ó Aglaya, lisa tez, ni que tu boca, 
que al mas elado, a blando amor provoca, 
bañe siempre la rosa dulcemente. 

¿ Ves el Sol que nació resplandeciente, 
qual con luz desvanece tibia i poca, 
i tú sorda a mis ru^os como roca 
estás, en quien se rompe alta corriente? 

Goza la nieve y rosa que los años 
te ofrecen; mira Aglaya que los dias 
llevan tras si la flor i la belleza. 

Que quando de la edad sientas los daños, 
as de invidiar el lustre que tenias, 
i as de llorar en vano tu dureza. 



«97 



SONETO XV. 

Passa Tirsis qual sombra incierta i vana 
Este nuestro vivir, i como nieve 
al tibio rayo, desvanece en breve 
todo aplazible bien i gloría humana. 

Mira quanto en color, quanto en lozana 
juventud confiar el hombre deve, 
si assi acabó Medrano en buelo leve 
subido ya a la estanca soberana. 

Siento su fin veloz (aunque no incierto 
triste imagino aquel que nos aguarda) 
solo por no avenirle en pena, en lloro. 

Tirsis, dexa este mar, buelve ya al puerto 
la nave, i busca el celestial tesoro, 
que a nos qui^á tan triste fin no tarda. 



198 



SONETO XVI. 

Quando te miro, ó fresno, assi al elado 
soplo del Aquilón calva la frente, 
i al tibio i blando soplo de Ocidente 
de purpúreo verdor la cima ornado; 

Alegre buelvo á mi infelice estado, 
y esfuerzo assi mi corazón doliente : 
«Espera, no importunes al luciente 
» cielo, con vozesi con llanto, airado. 

» Tiempo sera que tan crecida pena 
)) acabe, y tu luz gozes, si oprimido 
wyazes ahora en tan profundo yclo. 

»I si el bolver del incansable cielo 
))da a un mudo tronco el verde oñor perdido, 
»¿como á ti no tu pura luz serena?» 



199 



SONETO XVII. 

Yo acabaré infelice, en el ondoso 
golfo que ensaña y turba el viento airado, 
pues en nevoso ivierno sulqué osado 
piélago assi profundo i proceloso. 

Ya me arrebata el ponto furioso, 
i miro el leño, en piezas desatado, 
entre la espuma errar ( ai yo cuitado ! ) 
y no el cielo a mis lagrimas piadoso. 

Yo acabaré, pues me crei imprudente 
del manso mar, que inmenso me rodea 
i bolvera en sus olas mis desnudos 

Güesos. No fie de cristal luziente, 
tome exemplo en mi mal , quien no dessea 
ser, qual yo, pasto de nadantes mudos. 



»4 



20O 



SONETO XIIX. 

Náufraga onda, i cómo leda frente 
tuya, mientra ocio fácil posseia, 
otra vez me a engañado, que crcia 
siempre tranquilo tu cristal luziente ! 

Ya no miro encresparse dulcemente 
el mar con l'aura que Ocidente envía : 
mas espumosos montes que á porfía 
levanta al cielo el Euro furiente. 

Tres veces fueron ya qu'el hondo Egeo 
rompi mal cauto con aguda prora, 
náufrago, i tantas lo sulque animoso. 

Debiera escarmentar, porque no aora ' 
opuesto en vano al mar impetuoso, 
llorara el cierto fin en que me veo. 



PuiUcra escarmentar, porque no aora. 



20I 



SONETO XIX. 

Este que ves, o güesped, vasto pino 
útil solo a la llama ya en el puerto, 
selva frondosa un tiempo, en descubierto 
cielo, dio amiga sombra al peregrino. 

De la cumbre Citoria al ponto vino 
por la mordaz segur el tronco abierto, 
y después alta máquina el incierto ' 
golfo abrió siempre con hinchado lino. 

Vientos, agua sufrió; llego á la aurora; 
veloz nave, rompió luengos caminos * 
i a su patria volvió soberbia i rica: 

Mas no firme a sufrir del mar aora 
los Ímpetus, por voto a los marinos 
Dioses Castor y Polux se dedica. 



I después velox máquina el incierto. 
Nave osadú halló luengos caminos. 



202 



SONETO XX. 

Almo, divino Sol , que en refulgente 
carro, sacas i ascondes siempre el dia, 
i otro i el mismo naces tras la fría 
sombra, que huye Talva luz ardiente : 

Pura y candida Ilitia que luziente 
eres del cielo onor, si se desvia 
el áureo rayo que tu ermano envia 
a tu hermosa faz resplandeciente : 

Venid ambos, venid, lustre del cielo, 
fáciles a mis ruegos; tu, Lucina, 
seas blanda a Celia en la cercana ora; 

I pues te onra, ó Febo, con divina 
voz, da al infante quando sienta el yelo 
del aire, ingenio i dulce voz sonora. 



203 



SONETO XXI. 

Este sediento campo que abundoso 
de roxa mies contemplo en el estio^ 
vi cubierto de humor luziente y frió 
en el órrido ivierno i proceloso. 

I este de luengos cuernos caudaloso 
Betis, correr con nuevo orgullo i brio 
vi ya; i descrece, i con angosto rio 
entra en el ancho piélago espumoso. 

Mas nunca, ¡ai ó dolor! mi incendio veo 
menguarme un punto , ó robe soplo elado 
onra a la selva, ó tibio la corone. 

I el hado aun en tan grave mal dispone 
que muera en mi importuno devaneo 
en lágrimas i en fuego desatado. 



Z04 



SILVA I (*). 

QUERIENDO PINTAR UN PINTOR LA FIGURA DE APOLO 
EN UNA TABLA DE LAUREL. 

Mancho el pinzei con el color en vano 
para imitar, ó Febo, tu figura 
en tabla de laurel. O los colores 
no obedecen la mente ni la mano, 
ó huye también Dafne tu pintura, 
árbol, aun no olvidando tus amores. 
Perdió la rosa i nieve que solia ' 
teñir su boca y frente, 
mas no la castidad con que vivia, 
pues oi la guarda en la corteza dura. 
¿Si perdió solamente 
color i hermosura, 

i anima el rudo tronco Dafne esquiva 
en tu desden, aun á tu imagen, viva? 
A la Aurora pinté en el horizonte. 



(*) En esta silva, que lleva sobrepuesto el epígrafe de mano del 
autor, hizo Estala varias absurdas alteraciones, empezando por el 
mismo epígrafe y por ponerla en boca del poeta, cuando quien habla 
en ella es el pintor. 

' Perdió la grana i nieve que solia. 



IOS 
entre inflamadas nubes i distintas 
con puras luzes i rosado arreo : 
de la Ninfa que habita el güeco monte 
mentí con los pinzeles el desseo, 
cuerpo dando á la voz con varias tintas : 
i tú. Marte soberbio, aunque guerrero, 
contra mi no vibraste el limpio acero 
porque con los colores te mostrara 
espirando fiereza. 
Sola esta virgen prueba su dureza 
en mi, porque intentara 
que leño informe Apolo la abracara. 
Dafne TArte ha vencido, 
venció ya Dafne PArte, 
ó Cintio, culpa tuya. 
Do está el arco, do está el divino aliento, 
á tan flaco poder mengua es que huya 
y que del se remita alguna parte. 
Dime, ¿la antigua llama 
con imperio en tu sangre se derrama? 
que el desden solo puede en un rendido. 
Ya tu desprecio, y no el de TArtc siento, 
que si queda sin gloria (ilustre Apolo) ' 
tu, fábula, y sin lustre al mundo, solo. 



yuc si queda sin gloria {intonso Apolo). 



toó 



SONETO XXII. 

Este ambicioso mar^ que en leño alado 
sulcas oi , pesadumbre peregrina 
de fundación en otra edad vezina 
a entre soberbias olas sepultado. 

Quando se ve ceñido i retirado, 
aparece admirable alta ruina , 
i la llaman, ó Manlio, Salmedina, 
que sombra de su nombre aun no a quedado. 

¿ Quién creyera que invidia de grandeza 
en lisonjero ponto se hallara? 
¡ ó mal segura fe de agua inconstante ! 

Borró d'esta ciudad la ilustre alteza, 
por dilatarse, como ya borrara 
el ancho imperio i el poder de Atlante. 



207 



SONETO XXIII. 

¿Dónde con presto passo i frente leda 
Fedro amigo, caminas diligente? 
Llevas, ó quan en vano, hacha ardiente 
que esparze de la cumbre el humo en rueda. 

¿ Ignoras por ventura quánto pueda 
mas estender su luz resplandeciente 
la llama que en mi pecho acerbamente 
i dulce el engañoso amor ospeda? 

Esa puede apagar fuerza de viento, 
i la lluvia que ya se precipita 
con Ímpetu del cielo i con ruido. 

Pero de Venus el ardor que siento, 
si la misma deidad no lo marchita, 
nunca sera de otro poder rendido. 



208 



SONETO XXIV. 

i O cómo quando vi tu blanca frente, 
Lesbia, yo pereci, i cómo encendido 
con nueva llama el pecho endurecido 
ya siento regalar sabrosamente! 

Mas ¿qual admiración si a un ecelente 
i peregrino ardor se ve rendido 
de altivas luzes, quien miró atrevido 
resplandor que vibraron refulgente? 

Pero que en transparente tersa i pura 
nieve se asconda del alado ciego 
la no vencida hacha abrasadora, 

I que muera en incendios cada ora 
quien de nieve tocó umana figura, 
¡ó admiración! ¡ó no entendido fuego ! 



ao9 



SONETO XXV. 

Date en que exercitar el sufrimiento 
i la grandeza de animo fortuna, 
i desmayas assi? ocasión alguna 
menospreciar debieras de tormento. 

¿Sabes que es infelice el siempre esento 
de padecer debaxo de la luna? 
que un mal sufrido, i aspereza una 
número da entre Dioses i alto assiento? 

Mira como del hierro i la herida 
la mal derecha vid orna su frente 
con verde veste, í con purpurea gloria. 

Pues la Ínclita Sagunto, por sufrida, 
mas que á sus fuertes muros i a su gente 
debe a la adversidad su alta memoria. 



2IO 



SONETO XXVI. 

No canses el ingenio ni la mano 
en imitar las luzes i la nieve, 
Lelio, de aquella faz, con quien se atreve 
arte sublime a competir en vano. 

Que ni el negro cabello simple i llano, 
que tal vez por la frente l'aura mueve, 
imitará la tinta, aunque mas prueve ' 
sobrar en fuerzas al saber umano. 

¿ I podrá las palabras i el aliento 
mentir temple ingenioso de colores? 
¡ó! no hagas tan grave injuria á Tarte. 

Quando el olor me pintes á las flores, 
i la llama del sol i el movimiento, 
de Egle podras la mas dificil parte. 



Espresará la tinta, aunque mas prueve. 



211 



SONETO XXVII. 

Manlio, si alguna vez la igualdad mia 
de la fortuna en el mayor aprieto 
te causó admiración , verme sugeto 
á tan fácit rigor, risa podria. 

Pero si sabes bien de valentia 
no engañe lo esterior tu alto conceto, 
que quién sabe si mas violento efeto 
hizo este mal en mí que en otro haria. 

Nave que pudo al mar enbravecido 
firme sufrir, i al viento mas airado, 
ya vi perder en arenoso asiento. 

I el vidrio á luenga edad nunca rendido, 
ni del'agua i la llama sojuzgado, 
lo vence i lo consume un blando aliento. 



112 



SILVA II. 



A LA RIQ^UEZA. 



¡O mal seguro bien, ó cuidadosa 
riqueza, i cómo á sombra de al^ia 
i de sosiego engañas! 
Ei que vela en tu alcance i se desvia 
del pobre estado i la quietud dichosa, 
ocio i seguridad pretende en vano ; 
pues tras el luengo errar d'agua i montañas, 
cuando el metal precioso coja a mano 
no a de ver sin cuidado abrir el dia. 
No sin causa los Dioses te ascondiéron 
en las entrañas de la tierra dura : 
mas, qué halló difícil ó encubierto 
la sedienta codicia? 
Turbó la paz segura 
con que en la antigua selva florecieron 
el abeto i el pino, 
i tráxolos al puerto, 
i por campos de mar les dio camino. 
Abrióse el mar, i abrióse 
altamente la tierra, 
i saliste del centro al aire claro, 
hija de la avaricia, 
á hazer á los ombres cruda guerra. 



Saliste tú, y perdióse 

la piedad , que no abita en pecho avaro. 

Tantos daños, riqueza, 

an venido contigo a los mortales, 

que aun quando nos pagamos a la muerte 

no cessan nuestros males ; 

pues el cadáver que acompaña el oro , 

ó el costoso vestido , 

solo por opulento es perseguido ; 

i el ultimo descanso i el reposo 

que tuviera en pobreza, Tes negado, 

siendo de su sepulcro conmovido. 

¡ A quántos armó el oro de crueza 

i a quántos ha dexado 

en el último trance, ó dura suerte! 

Pierde su flor la virginal pureza 

por tí , y vesse manchado 

con adulterio el lecho, no esperado. 

Al menos animoso, 

para que te possea 

das, riqueza, ardimiento licencioso. 

Ninguno ai que se vea 

por tí tan abastado i poderoso 

que carezca de miedo. 

¿Qué cosa abrá de males tan cercada? 

Pues ora pretendida, ora alcanzada, 

i aun estando en desseos , 

pena ocultan tus ciegos devaneos. 

Pero cansóme en vano ; dezir puedo 

que si sombras de bien en tí se vieran 

los inmortales Dioses te tuvieran. 



*H 



SILVA III. 



A LA POBREZA. 



Desde el infausto día 
que visité con lágrimas primeras 
me tienes, ó pobreza, compañía: 
aunque tan buena como dizen fueras, 
por ser tanto de mi comunicada 
me vinieras a ser menospreciada. 
Diré tus males, sin que mucho ahonde 
en ellos, que es mui raro 
lo que por glorias tuyas contar puedes. 
Tal vez el que en su casa un monte asconde 
de Numidia i de Paro 
en arcos i paredes, 

quando entre el blando lino se rodea, 
puesto de los cuidados en el fuego, 
sin conocerte alaba tu sosiego, 
y nunca, aunque lo alaba, lo dessea: 
llegas á ser de alguno en fin loada, 
mas de ninguno apenas desseada. 
Si eres tú de los males 
el que nos trata con mayor crueza 
¿cómo podrá ninguno codiciarte? 



215 

Después que nació el oro , 

i con éi la grandeza, 

murió tu ser, murió tu igual decoro 

en otra edad divino: 

¿si por esso, pobreza, en toda parte 

con enfermo color andas contino ? 

Con preciosos metales 

siempre veo levantado 

lo que tienes tú sola derribado. 

¿Qué ciudad populosa 

se sabe que por tí se haya fundado? 

¿Qué fuerza inespunable i espantosa 

por tí se ha fabricado? 

El suave color, la hermosura 

sólo en tu ausencia con su lustre dura. 

Pintame la belleza 

mayor que imaginares, 

compuesta de jazmines i de grana: 

si con vestido tuyo la adornares, 

su lustre pierde i gracia soberana. 

Pues quando el agro ivierno, 

hijo tuyo sin duda, 

que , como tú , también siempre desnuda , 

roba al bosque el verdor, i lo despoja 

de su amarilla hoja, 

pobre por ti su frente, 

ni su sombra codicia mas la gente, 

ni sus ramas las aves. 

I , si yo vanamente no dicierno , 

¿ quando armarse pudieron vastas naves 

donde se vio tu sombra? 

15 



2l6 

¿Quándo exércitos gruesos? 

El número infelice de sucessos 

que por tí an avenido, a quién no asombra? 

Hablen los nunca sepultados güessos 

que en las playas blanquean 

de tantos que por falta de sustento 

al mar rindieron el vital aliento. 

¡ Quántos has ascondido 

en los anchos desiertos 

para que al mal seguro caminante 

asalten encubiertos ! 

¡O, en quantas partes se vera teñido 

el campo con la sangre de los muertos ! 

No ai voz, aunque de hierro, que bastante 

sea á decir los males que acarrean 

duras necessidades. 

Los que pobres abitan las ciudades, 

¿ que afrenta no padecen ? 

Lo que por sus ingenios merecieron , 

ó pobreza! por ti lo desmerecen. 

Qué pobre huvo discreto? 

Quándo tuvo amistades 

que aun con pequeño honor correspondieran? 

Quándo con la pobreza algún respeto 

jamas se tuvo a las tendidas canas 

que tú de blanca nieve, edad, coloras? 

¡O mentes de la humilde gente vanas! 

no cuidéis, a despecho 

de vuestra pobre i misera fortuna, 

levantaros al cerco de la luna: 

mirad que quantos hijos van saliendo 



»i7 

del nunca en vano freqüentado lecho , 
tantos esclavos ¡ai! os van creciendo 
que ocupéis en mezquina servidumbre, 
no sin tormento vuestro, no sin llanto. 
¿Qué vale, ó pobres, levantaros tanto? 
Mirad que es necio error, necia costumbre, 
soltar a la soberbia assi la rienda : 
que yo apenas, humilde i sin contienda, 
puedo contar en paz algunas horas 
de las que passo en el silencio obscuro, 
olvidado en pobreza , i no seguro. 



2l8 



SONETO XXVIII (♦). 

En vano del incendio que te infama 
eternidad presumes , aunque estienda 
su fuerza mas, i el pecho tuyo encienda; 
que fin breve i veloz tiene quien ama. 

Si furioso i violento se derrama 
por tus venas, en áspera contienda 
por mas que el roxo humor se le defienda, 
pasto será de su ambiciosa llama. 

No temas, pues, del inconstante i ciego 
vulgo ser habla un poco, que alterado, 
súbito como el mar su furia dexa. 

Que si soberbio ardor assi te aquexa, 
serás en breve al no sonante fíiego 
en humo i en cenizas desatado. 



(*) Es el que ya antes dejamos copiado, inserto en la carta de Rioja 
á D. Juan de Fonseca. 



219 



SONETO XXIX. 



-O 



A DON JU DE FONSECA I FIGUEROA. 

Estt mar que de Atlante se apellida, 
en inmensas llanuras estendido, 
que a la tierra amenaza enbravecido, 
i ella tiembla a sus olas impelida; 

Cubre, Don Juai)^ la parte mas luzida 
del orbe, i yaze envuelta en alto olvido: 
vivir el nombre apenas ha podido, 
i fué mayor que el África encendida. 

En un sol i una sombra esta grandeza 
Tagua cubrió; di ¿i temes alterado ^ 
de tus males eterna Taspcreza? 

¡ O quán cerca te juzgo d'engañado 
si temes a los Ímpetus firmeza ! 3 
que todo huye como viento airado +. 



' Cubre, Antonio, la parce mas luzida. 

^ La agua sorbió ; di ¿ i temes alterado. 

3 Si imaginas en ánimos firmeza! 

^ Todo huye qual sombra ó viento airado. 



Z20 



SONETO XXX (*). 

A DON J** DE FONSECA I FIGUEROA. 

FabiO) miraste, i luego á la amorosa 
acha ardiste; no acuso la presteza ', 
que es nueva admiración Taima belleza ^ 
de la en ti dulcemente poderosa. 

Los candidos jazmines i la rosa 
q'en su frente esparció naturaleza, 
quién vio jamas? i quién Palta belleza 
i llama de sus luzes gloriosa? 

Tú, pues, prudente, que el correr no inoras 3 
del puro Sol a escura noche fría, 
ardes en viendo lumbre soberana : 

Arde, que huyen las veloces oras 4, 
i no se sabe si al presente dia, 
Fabio, podrá añadirse el de mañana 5. 



(*) Hemos hablado de este soneto en la biografía dd autor. £1 pri- 
mer verso decía primitivamente : 

Piste f S TirMitf i iuqro á h «morosa 

RiojA, sobreponiendo la dedicatoria á Fonseca, sustituyó á Tirsis^ Don 
Juan, en este y en el último verso. Pero luego tachó estas enmiendas 
y la dedicatoria, y escribió en ambos lugares Fabio: 
« Fabio ^ miraste , i luego á la amorosa. ... 

' Acha ardiste; no cuipo la presteza. 

* Porque es admiración 

Luego sustituyó : «que es blanda admiración n 

3 J tu prudente, que el correr no inoras. 

^ Arde, pues que nos huyen ¡ai! ¡as oras. 

5 Tirsis, se^ ba de añadir el de mañana. 

( LeccioMes primitivas de otros versos de este soneto. ) 



221 



SONETO XXXI. 

¿ Es esta vez , ó Manlio, la primera 
que sentiste las iras temeroso 
de Pagua, i del vulturno proceloso, 
ó que llegaste á ver la muerte fiera? 

¿ Cómo la frente assi en la paz severa 
turbas mustio con llanto vergonzoso? 
Destas olas i viento impetuoso 
en vano acusas la celeste esfera. 

Que no inorabas tu quan mal seguras 
son del mar las lisonjas, i quan ciertas 
á deslizarse sus tranquilas oras. 

Llora la umana condición si lloras, 
Manlio, i que al mar de ayer nunca despiertas 
ias mientes con que ói mides tus venturas, v 



SONETO XXXII. 



Temes en vano^ al rayo que te ofende 
ser en polvo i en humo convertido, 
aunque del pecho tuyo en lo ascondido, 
tanto con ambicioso ardor se estiende. 

El regalo ¿a qual ánimo defiende? 
antes lo tiene debii i oprimido : 
solo constante te hará i sufrido 
á padecer^ el fuego que te enciende. 

Como el barro que diestra mano informa 
de la impelida rueda al movimiento, 
apena estable en su primer figura ; 

Que mientra al agua i viento se conforma, 
yaze frágil ; i firme sufrimiento 
le dá la llama con que eterno dura. 



**3 



SONETO XXXIII. 

Sabes quán raro bien sigue a las oras, 
i que podras apenas en el dia 
contar alguno, i la tristeza mia 
ya admiras, *i ya culpas i ya lloras. 

Engañaste si piensas que mejoras 
ó borras asi el mal que el cielo envia: 
¿no ves que al Sol, como a la sombra fría, 
siempre acompañan penas voladoras? 

Juzgó, Manlio, tu mente, que sin duda 
el ánimo i el tiempo se mudara 
si otro el lugar ^ i si otro el aire fuera. 

Mas ¿qué hizo el que mares mil sulcára 
é incógnitas regiones anduviera? 
Que el cielo ¡ai! i no el animo se muda! 



í*4 



SILVA IIII (♦). 

A DON FRANCISCO D£ VILLALON. 

Ocio á los dioses pide, 
pálido, con elada voz é incierta 
el que en mal firme nave 
áspero mira el campo del Egeo : 
i aquel que apenas con el peso grave 
de las armas respira, 

quando el metal orrendo embuelto en humo, 
hierro ó plomo despide* 
Ya que entre el fuego i el furor no acieru 
á hazer en el ocio de sí empleo, 
lo huelga freqüentar con el desseo. 
Yo, pues, ¡quánto me engaño si presumo 
entre el polvo que vuelto en llama espira 
el güeco bronze, ó entre turbias olas. 



(*) Esta silva es imitación muy libre de la oda xiii del libro u de 
Horacio : 

Otium Divos rogat m patenti 
Prensus jEg^o simul aera nuóts 
ConMdit Lunawiy titfue certa fulgent 

Sjdera fuutis : 
Otium Mío furiosa TArace etc. 



"5 
ocio hallar en frágil leño, ó Mario , 
no venal por la púrpura ni el oro ! 
En vano me aconsejas que sulquemos 
mares, que en breve airados temeremos. 
Mas doi que vuelen nuestras naves solas, 
no con alas de lino el Ponto vario (*), 
i que lleguen al puerto , i las arenas 
ya pisemos de playas peregrinas; 
i doi que luego las profundas minas , 
no como siempre avaras, el tesoro 
nos ofrezcan que asconden en sus venas: 
¿volarán, dime, ó Mario, los cuidados 
por los montes de oro levantados? 
Ai ! que no libra el oro i la grandeza 
de alborotos la mente, 
ni la región con otro Sol caliente. 
Dáste á Tagua atrevido, i su aspereza, 
i huyes esta patria, este elemento 
que primero espiraste, 
i en quien primeras lágrimas vertiste : 
no huyas ^ que aunque huyas al abismo, 
no podrás de ti mismo ; 
i todos los pesares 
que en la tierra tuviste 
también te han de seguir por altos mares. 
No dexes por un pino el firme asiento 
donde mas de una vez ocio hallaste. 
Sabes que los cuidados voladores 



(•) Este verso le intercaló Rioja después. 



226 

suben ligeros^ mas que airado viento, 

á las naves mayores ; 

sábesloj i la codicia 

tu alta razón pervierte. 

Mira que la avaricia 

á nadie quita la debida muerte , 

ó le aumenta el vivir un solo dia. 

Yo, aunque mas ostinado me aconsejes, 

no he de huir de mi nativo suelo; 

i aunque de mi te alexes, 

como dizes, a mas benigno cielo, 

qu'es lo que mas de ti sentir podria: 

que ya en s^ura paz i en descuidado 

ocio, alegre desprecio 

el diverso sentir del vulgo necio , 

sin esperanza alguna 

de mas blanda fortuna ; 

i aguardo sosegado el dia postrero 

que verá poco alegre mi eredero. 



227 



SILVA V. 



' A FRANCISCO PACHECO. 



A LA CONITANCIA. 

¿ Vés como las riberas permanecen 
firmes. Pacheco, al Ponto embravecido, 
que aunque al orrendo golpe se estremecen 
con el temor quizá del gran ruido, 
después de roto un mar, con igual frente, 
animosas aguardan el siguiente? 
Tal juzga mi firmeza , 
aunque cambio semblante 
a los golpes del vulgo enfurecido : 
que el animo constante 
no ostenta su grandeza 
en negar á los males sentimiento , 
mas solo en no abatirse á su aspereza. 
Ármense ciento á ciento 
los que hieren con rabia envidiosa ', 
i furiosos en mi sus iras prueben * , 
que en lo adverso constancia se acredita. 



Los que muerden con rabia envidiosa. 
I furiosos en mi su fuerza prueben. 



228 

¡O, exercíte yo siempre el sufrimiento 

con frente no marchita ! 

Que los valientes ánimos mas deben 

á la acerba ocasión y que a la dichosa, 

porque en el daño su valor se aumenta, 

como el estéril campo que acrecienta 

la virtud abrasado, 

(el incendio sonante i dilatado 

el vicio le destierra), 

i la copia de frutos producida 

debe mas á la llama que a la tierra. 

¡ O , quánto es infelice quien la vida 

breve pasa olvidado ! 

Siempre igual , quando nace i cuando muere, 

yaze en alto silencio sepultado. 

¡ I quánto aquel dichoso 

que la común envidia mereciere ! 

pues, si vive invidiado, no invidioso 

de quánto bien reparte la fortuna 

debaxo el cerco de la blanca luna. 

Presente la virtud no resplandece 

como debe, con honra no manchada, 

antes es perseguida i denostada ; 

mas descúbrese ausente, i aparece 

el puro lustre suyo, 

i entonce aun del contrario es desseada. 

Con este fundamento nunca huyo 

mientras vivo , Pacheco peregrino , 

del enemigo el diente mas agudo, 

ni formo quexa alguna 

del mas amigo en mi alaban9a mudo; 



229 

que en el último dia 

comenzará a vivir la gloria mía. 

Tú, pues, que en 1^ pintura con destreza 

a la Naturaleza 

ya vences, i ya igualas, 

no temas de enemiga 

pluma, ó de acerba lengua lo que diga ; 

que tu nombre divino 

el tiempo llevara sobre sus alas, 

i por tu ingenio i arte 

dirá del orbe en la escondida parte ', 

nunca en tus alabanzas importuno, 

que antes te invidia, que te imita alguno. 



Dirá del ancho mundo en toda parte. 



230 



SONETO XXXIV. 

A DON J.** DE FONSECA I FIGUEROA (*). 

Víme del Adría en la soberbia fiera, 
el vigor i el aliento desmayado, 
juego ya de las olas; i arrojado 
soi náufrago despojo en la ribera. 

Don Juan, en mi fortuna, quién creyera < 
tan súbita piedad de Ponto airado? 
temime entre sus iras sepultado 
i salvo a un tiempo me contemplo fuera. 

Colgaré úmida veste en sacro templo 
al eterno i común Señor por voto (**) ; 
sera acaso escarmiento al atrevido. 

Mas, ¿cómo a mi, si ai lisongero olvido 
i no asiste en imagen para exemplo 
viento, i turbado mar, i pino roto? (***) 



{•) Esta dedicatoria es sobrepuesta de mano del autor, como las an- 
teriores dirigidas al mbmo Fonseca. 

' Don Juan^ en mi ventura y quién creyera. 

(**) Este primer terceto se halla enmendado de mano de Rioja, que 
borró la primitiva lección raspando, y sin duda por haber roto el pa- 
pel , escribió el segundo verso en una tira p^ada. 

(***) Hallábase primitivamente escrito el s^undo terceto así : 
Mas , i cómo á mi , uuMstmtít^ ú ai semrido 
me asiste em viva imagen pan exemplo 
▼iento, i turbado mar, i pino roto? 



23« 



SONETO XXXV. 

Levanto el cuerpo que sustento apena, 
desta playa, que el ponto hiere i baña, 
libre ya de los Ímpetus i saña 
que teme i tiembla la a(;otada arena. 

I miro Tagua de piedad agena 
que entre montes d'espuma con estraña 
crueza me volvió, como aora engaña 
que mansamente por la playa suena '. 

Pero yo que me vi en el trance estremo 
tantas vezes, i sé quanta distancia 
ai de su al^re a su turbada frente. 

Huyo su imagen, aunque vanamente, 
que si conozco su mudanza, temo 
como igual a sus olas mi constancia. 



Con suave color y faz serena. 



^32 



SONETO XXXVI. 

Manlio , las pocas oras que solia 
contar del sueño al ocio i al engaño, 
dolor tuyo i tu incendio con estraño 
sentimiento a mi mente las desvia. 

I ni en la sombra, ni en la luz del dia 
me da apenas alguna desengaño, 
ni la piedad lo oñ-ece de tu daño, 
llama que no sera ceniza fría. 

Pusiérame escarmiento per^rína 
forma de padecer, porque temiera 
errar , qual tu , por un vesuvio ciego ; 

Mas, cómo ¡ai! si es la causa tan divina? 
¡ ó bien dichoso, aunque abrasado muera, 
quien pudo arder en tan ilustre fuego! 



«33 



SONETO XXXVII. 

Sin razón contra el cielo, Aglaya mía, 
mueves airado el labio, porque a dado 
veloz fin ya a tu lustre , i al dorado 
pelo que en tu alba frente reluzia : 

Si la ñor que aparece al nuevo dia 
el crespo seno en púrpura bañado 
con color se ve en tierra desmayado 
antes que el mismo al mar tuerza la via. 

Porqu'el fuego i la nieve dulcemente 
en tu rostro mezclados , ¿ qué otra cosa 
son que una breve flor ? Templa la saña ; 

Que la fatal disposición no engaña, 
si a quien alta belleza floreciente 
la edad le da de la purpurea rosa. 



234 



SILVA VI. 

(a D. JUAN -de FONSECA Y FIGUEROa) (*). 



AL VERANO. 



Fotiseca, ya las oras 
del ivierno aterido, 
aunque tarde, se fueron 
i su vez agradable permitieron 
al Zéfíro florido. 
Ya el verano risueño 
nos descubre su frente 
de rosas i de púrpura ceñida; 
remite el aire el desabrido ceño , 
i el sol libra sus rayos 
de las nubes oscuras; 
i con luzes mas vivas y mas puras 
regalando la nieve, 
al blanco pié de los parados rios 
las prisiones de yelo alegre quita, 
i su antiguo correr les solicita. 



(*) Iba dedicada esta silva primitivamente á Andrés FemánáiZ de 
Andrada; el autor borró este epígrafe, y puso en el primer verso /wr- 
seca^ tachando Andrada, 



«35 
Viste de yerba el suelo, 
i de verdor lozano 
frentes que desnudara el cierzo cano. 
En la copia de flores que aparece 
por los troncos desnudos 
que rara i breve hoja cubre apena, 
esperanzas ofrece 

del rústico al sudor, premio mal cierto , 
bien que sabroso engaño, 
de los frutos que espera 
en el copioso ramo i en la era. 
La pesadumbre líquida no crece 
con el furor de los oscuros vientos 
qu'ásperos la levantan i remuevea 
de sus hondos assientos; 
mas antes, ya serena i clara, gime 
con el peso de máquinas aladas 
que su tranquila i lisa frente oprime. 
Filomela con vozes acordadas 
se oye sonar en los confusos senos 
de ramas intricadas, 
i en los prados amenos. 
¡O, cómo es el verano 
tiempo mas genial i mas umano 
que otro alguno que da el volver del cielo ! 
¡ó, quál número i quánto trae de flores! 
¡ ó , quál admiración en sus colores ! 
De la imagen de Amor, ardiente rosa 
las encendidas alas, 
que fueron ya de sus espinas galas, 
con el color, con el olor divino 



236 
son lustre i ornamento al blanco lino , 
do al gusto se ministra coronando 
la mesa r^alada 
i fruta sazonada, 
con el puro roció blanqueando. 
Pues, ¡quál parece el búcaro sangriento, 
de flores esparcido, 
i el cristal veneciano 
á' quien Tagua de dada 
la tersa frente le dexó empañada ! 
¿ A quál vaga lazada de oro crespo 
a quál purpura i nieve 
por do las gracias i el amor se mueve, 
no aumentó hermosura peregrina 
alguna flor divina? 
¡O florido verano! 
si á mi afecto se debe, 
camina á lento passo ; 
dexa el volar, dexa el volar ligero 
para tiempo mas triste i mas severo : 
tu , candido i suave i blando espira, 
i tarde te retira. 
Pero sordo i difícil á mi ruego 
veloz pasa volando 
al umano linage amonestando, 
viendo las rosas que su aliento cría 
como nacen i mueren en un dia : 
que las humanas cosas, 
quanto con mas belleza resplandecen, 
mas presto desvanecen. 
¿I tú la edad no miras de las rosas? 



237 
Arde, Fonseca, en el divino fuego (*), 
fuego divino tuyo (**), 
toma exemplo del tiempo, que nos uye, 
que en sus flores de tardos nos arguye, 
i no dexes pasar en ocio un punto. 
Vive en la ecelsa llama {a) 
que á nueva gloria i resplandor te llama (a), 
que no sabes si al dia claro i puro (a) 
otro podras contar ledo i seguro ; 
ó si el hermoso incendio que te apura (a) 
luzirá con eterna hermosura (a). 



{*) Esta es enmienda de Estala. Olvidóse el autor de variar este 
verso con arreglo á su nueva dedicatoria de la silva. Decia: 
Arde, jíndrada, en aquel divino fuego. 

(••) Este verso y los señalados después con la letra {a) fueron cor- 
regidos ó sustituidos por Estala con bastante felicidad ^ acaso teniendo 
presente algún otro manuscrito; quedando el pasaje ultimo asi : 

Que tan excelsa llama 
A nueva gloría y resplandor te llama. 
i Y sabes si á este dig claro y puro 
Otro podrás contar ledo y s^uro, 
o si del bello incendio que te apura 
Ha de lucir eterna la hermosura ? 

Y en lugar del verso. 

Fuego divino tuyo, 

el siguiente : 

Que dulcemente engaña tu cuidado. 



238 



SILVA VIL 



A LA ARREBOLERA. 



Tristes oras i pocas 
dio á tu vivir el cielo, 
i tú a su eterna lei mal obediente 
á no fáciles iras lo provocas : 
al^as la tierna frente, 
(en llama, diré, ó púrpura bañada?) 
de la gran sombra en el oscuro velo , 
i mustia, i encogida i desmayada, 
llegas a ver del dia 
la blanca luz rosada : 
¡ tan poco se desvia 
de tu nacer la muerte arrebatada! 
Si es, pues, de alto decreto 
que el tiempo breve de tu edad incluyas 
en solo el cerco de una noche fría, 
¿qué te valdrá que huyas, 
con ambicioso afeto 
de acrecentarle instantes a la vida , 
los conocidos i nativos lares? 
No inquietes atrevida 
el cano seno á los profundos mares. 



*39 
que por ventura n^iraii camino 
en daño tuyo i tu ferrado pino; 
i en vez de la acogida 
que en las pardas entrañas 
hallaste siempre de la tierra dura, 
hallarás en sus aguas sepultura. 
Dime, ¿quil nedo ardor te solicita 
por ver de Apolo el refulgente rayo? 
¿Qué flor de las que en larga copia el Mayo 
vierte, su grave incendio no marchita? 
¡O, cómo es error vano 
fatigarse por ver los resplandores 
de un ardiente tirano 
que impio roba á las flores 
el lustre i el aliento, i los colores! 
I tú, admirable y vaga, 
dulce onor i cuidado de la noche, 
si la llama i color el Sol apaga, 
¿qual mayor dicha tuya 
que el tiempo de tu edad tan veloz huya? 
No es mas el luengo curso de los años 
que un espacioso número de daños. 
Si vives breves horas, 
¡ó, quantas glorias tienes! 
Tú las divinas sienes 
ciñes de la callada noche oscura, 
i no una vez ofrece á las auroras 
la soñolienta Diosa , 
de tus colores bellos 
tintas para sus frentes i cabellos. 
Dexa el mar ambiciosa , 



240 

que por tu errar inmenso i dilatado 

no añadirá fortuna 

hora á tu edad alguna, 

ni por mudar lugar tan apartado 

que otro sol lo visite i otra luna ; 

i pasa en ocio i paz aventurada 

de tu vivir el tiempo oscuro i breve , 

esperando aquel último desmayo 

a quien tu luz i purpura se debe. 



H» 



SILVA IIX. 



AL CLAVEL. 



A tí, clavel ardiente, 
envicia de la llama i de l'Aurora^ 
miró al nacer mas blandamente Flora: 
color te dio ecelente, 
i del año las oras mas suaves. 
Cuando a la ecelsa cumbre de Moncayo 
rompe luziente sol las canas nieves 
con mas caliente rayo , 
tiendes igual las hojas abrasadas. 
Mas , quién sabe si á Flora el color deves 
cuando devas las oras mas templadas ? 
Amor, Amor sin duda dulcemente 
te bañó de su llama refulgente 
i te dio el puro aliento soberano : 
que eres , flor encendida , 
pública admiración de la belleza , 
lustre i ornato a pura i blanca mano, 
i ornato , lustre i vida 
al mas hermoso pelo 
que corona nevada i tersa frente ; 
sola merced de Amor, no de suprema 



242 

Otra deidad alguna > 

¡ó flor de alta fortuna! 

Cuantas veces te miro 

entre los admirables lazos de oro, 

por quien lloro i suspiro, 

por quien suspiro i lloro , 

en invidia i amor junto me enciendo. 

Si forman por la pura nieve i rosa, 

(diré mejor?) por el luziente cielo 

las dulces hebras amoroso vuelo (*) , 

quedas, clavel, en cárcel amorosa 

con gloria peregrina aprisionado. 

Si al dulce labio llegas, que provoca 

á suave deleite al mas elado, 

luego que tu encendido seno toca 

á su color sangriento, 

vuelves ¡ay, ó dolor! mas abrasado. 

¿Dióte naturaleza sentimiento? 

¡O yo, dichoso, a habérseme negado! 

Hable mas de tu olor i de tu fuego 

aquel á quien invidias de favores 

no alteran el sossiego. 



(•) Estala corrigió: cv/f. 



*43 



SILVA IX. 

A LA ROSA AMARILLA. 

¿Cuál suprema piedad, rosa divina, 
de alta belleza transformó colores 
en tu flor peregrina, 
teñida del color de los amores 
quando en tí floreció el aliento humano? ' 
Sin duda fué soberbio amante i necio, 
cuidado tuyo i llama, 
i tú descuido suyo i su desprecio : 
diste vozes al ayre fiel, en vano. 
¡O triste, i quantas vezes 
i quantas ¡ai! tu lengua enmudecieron 
lágrimas que copiosas la ciñeron ! 
Mas tal hubo deidad, que conmovida 
(fuese al rigor del amoroso fuego, 
ó al pió afecto del umilde ruego) 
borró tus luzes bellas 
i apagó de tu incendio las centellas : 
desvaneció la purpura i la nieve ^, 



' Mientras en ti duró el aliento humano. 

* Desvaneció la pura rosa i nieve. 



«44 
de tu belleza pura 3 
en corteza i en hojas ¡ astil breve. 
El oro solamente , 

que en crespos lazos coronó tu frente, 
en igual copia dura, 
sombra de la belleza 
que pródiga te dio naturaleza; 
para que seas, ó flor resplandeciente, 
exemplo eterno i solo de amadores, 
sola eterna amarilla entre las flores. 



De tu linda figura. 



H5 



SILVA X. 

AL jazmín. 

¡O en pura nieve i purpura bañado, 
Jazmín, gloria i honor del cano estío! 
¿Cuál abrá tan ilustre entre las flores, 
hermosa flor, que competir presuma 
con tu fragante espíritu i colores? 
Tuyo es el principado 
entre el copioso número que pinta 
con su pincel i con su varía tinta 
el florido Verano. 
Naciste entre la espuma 
de las ondas sonantes 

que blandas rompe i tiende el Ponto en Chio, 
i quizá te formó suprema mano, 
como á Venus, también de su roció : 
ó, si no es rumor vano, 
la misma blanca diosa de Cithera , 
quando del mar salió la vez primera , 
por dó en la espuma el blando pié estampaba 
de la plaza arenosa, 
albos jazmines daba ; 
i de la tersa nieve i de la rosa 



246 
qu'el tierno pié ocupaba, 
fiel copia apareció en tan breves hojas. 
La dulce flor de su divino aliento 
liberal escondió en tu cerco alado : 
hizo inmortal en el verdor tu planta, 
el soplo la respeta mas violento 
que impele envuelto en nieve el cierzo cano, 
i la luz mas flamante 
que Apolo esparce altivo i arrogante. 
Si de suave olor despoja ardiente 
la blanca flor divina, 

ya amenaza á su cuello, ya a su frente (*), 
cierta i veloz ruina, 
nunca tan licencioso se adelanta 
que al incansable suceder se opone 
de la nevada copia, 

que siempre al mayor sol igual florece, 
é igual al mayor yelo resplandece. 
¡ O jazmin glorioso ! 
tú solo eres cuidado deleitoso 



(•) Tal como este período se halla en el códice y va copiado, no 

ofrece sentido ni buena constniccion. Estala corrígió, con acierto á 

mi juicio : 

. 7" amenaza á su cuello jr á su ñrente. 

Adoptando esja enmienda, escribiria yo : 

Si de suave olor despoja ardiente 

La blanca flor divina, 

T amenaza á su cuello ^ á su frente 

Cierta y veloz ruina, 

Nunca tan licencioso se adelanta (Apolo), 

Que al incansable sucedo- se oponga 



247 
de la sin par hermosa Citherea , 
i tu también su imagen peregrina. 
Tu candida pureza 
es mas de mi estimada 
por nueva emulación de la belleza 
de la altiva luz mia, 
que por obra sagrada 
de la rosada planta de Dione : 
a tu ecelsa blancura 
admiración se deve 
por imitar de su color la nieve , 
i á tus perfiles rojos 
por emular los cercos de sus ojos. 
Cuando renace el dia 
fogoso en Oriente , 
i con color medroso en Occidente 
de la espantable sombra se desvia, 
i el dulce olor te vuelve 
que apaga el frío i que el calor resuelve , 
al espíritu tuyo 
ninguno habrá que iguale 
porque entonces imitas 
al puro olor que de sus labios sale. 
¡O! corona mis sienes, 
flor, que al olvido de mi luz previenes. 



17 



248 



SILVA XI. 



LA ROSA. 



Pura, encendida rosa, 
émula de la llama 
que sale con el dia, 
¿ cómo naces tan llena de alegría 
si sabes que la edad que te da el cielo 
es apenas un breve i veloz vuelo? 
I ni valdrán las puntas de tu rama, 
ni purpura hermosa (*), 
a detener un punto 
la execucion del hado presurosa. 
El mismo cerco alado 
que estoi viendo riente, 
ya temo amortiguado, 
presto despojo de la llama ardiente. 
Para las hojas de tu crespo seno 
te dio Amor de sus alas blandas plumas, 
i oro de su cabello dio á tu frente. 



{*) Así el MS. La aspiración de la ^^ llena el verso, como en tan> 
tos otros de Rioja y de los demás poetas andaluces. 



«49 

¡O fiel imagen suya peregrina! 

Bañóte en su color sangre divina 

de la deidad que dieron las espumas. 

¿ I esto, purpúrea flor, esto no pudo 

hazer menos violento el rayo agudo? 

Róbate en una hora, 

róbate licencioso su ardimiento 

el color i el aliento : 

tiendes aun no las alas abrasadas 

i ya vuelan al suelo desmayadas : 

tan cerca, tan unida 

esta al morir tii vida, 

que dudo si en sus lagrimas la aurora 

mustia, tu nacimiento ó muerte llora. 



2 5© 



SONETO XXXIIX. 

¿ Cómo será de vuestro sacro aliento 
depósito. Señor, el barro mió? 
Llama a polvo fiar mojado i frío 
fué dar leve ceniza en guarda al viento. 

¿Qué superior, qué puro movimiento 
habrá en ardor, á quien el peso impio 
de esta tierra mortal apaga el brío 
i los esfuerzos á su ilustre assiento ? 

Piedad este encendido soplo aguarda 
que en mi se halla duramente atado, 
mientra el postrer desmayo se difiere : 

Mas si entre tanta oposición dexado ' 
fuere de vos, mi eterno fin no tarda, 
que un breve fuego, aun sin contrarios muere. 



y si entre tanta oposición dexado. 



25« 



SONETO XXXIX. 

¿ No viste siempre en firme lazo atadas 
la piedad i la fe a la mansedumbre? 
ya en la ondosa i sonante pesadumbre ' 
son con freqüente exemplo desatadas. 

¡ Quántas de las ciudades admiradas 
que al cielo amenazaron con su cumbre, 
i habla fueron por su ecelsa lumbre 
callan entre las aguas sepultadas! 

Este, pues, tan cruel, tan ambicioso 
umor, que lame fiero altas ruinas, 
es fiel y pió a la tierra, a un tronco elado. 

¡O afectos! ¡ó piedad! que al proceloso 
ponto ilustren tus obras peregrinas 
i a mi ni aun sombra tuya haya tocado! 

Con el soneto XXXIX concluyen las composiciones de Rioja in- 
cluidas en el MS. de 1614, en cuya traslación hemos procurado con- 
servar su inconsecuente ortografía^ supliendo» sin embargo, algunos 
signos de indbpensable necesidad. La mayor parte de ellas van marca- 
das en el MS. con un asterisco; otras llevan una cruz; algunas am- 
bas señales, y buen número se hallan tachadas con una línea oblicua. 



Ya en liquida i sonante pesadumbre. 



252 



SILVA (raACMEKTO?) 

ATRIBUIDA, POR SU ESTILO, A RIOJA. 

Códice M-82 de la Biblioteca Nacional. 



£1 fuego que emprendió leves materias 
ligeras y atrevidas, 
quanto fueron mas fáciles y aerias, 
quanto mas estorbadas y oprimidas , 
tanto con mas espiritu se esfuerza 
a levantar en sus ardientes alas 
los palacios augustos 
y los montes mas altos y robustos. 
Mas apenas tonante 
de los cóncavos senos de la mina 
el ayre le arrebata 
y en circuios de humo le dilata, 
quando no se ve mas que la ruina, 
rotas columnas y deshechas basas , 
ceniza y polvo obscuro 
del alta mole y del trabado muro. 
Impia hazaña y fiera 
por consumir el natural intento 
resolver la firmeza al grave asiento 



«53 
de inmudable montaña : 
impía y atroz hazaña 
y cruda condición, dar al deseo 
imperio de tirano, 
y al vano afecto poderosa mano. 
No asi, vagante llama 
tiende el cabello sobre antigua selva, 
y rompe y se derrama 
por los hojosos senos, ambiciosa 
de conservar su luz maravillosa ; 
y esforzada del viento 
discurre por el bosque a paso lento : 
esplende y arde en el silencio obscuro , 
émula de los astros ; 
arde y esplende al rutilante y puro 
candido aparecer de la mañana, 
y sobra y vence al sol. siempre segura. 
Abrasadora del verdor del pino, 
levanta entre sus ramas 
globos de fuego y máquinas de llamas; 
y en el sólido tronco y mas secreto 
del laurel y el abeto, 
estalla y gime y luce, 
nunca del Euro ó Noto escurecida, 
ni de la inmensa pluvia destruida. 
Tal en mi pecho inapagable incendio 
eterno se sustenta, , 
y tal como violenta 
y vana y leve exalacion huyeron 
las llamas, Clori, que en tu pecho ardieron. 



ÍJ* 



DIEZ SONETOS AUTÓGRAFOS DE RIOJA, 

existentes en el códice M-8a (* ). 



DE FRAN.«^° DE RIOJA. 

Qué secretos no vistos, en mis males 
inventas, Cloe? miro las acciones 
que fabricaron a mi paz prisiones, 
como cuando en tu gracia, siempre iguales: 

También tus puras vozes celestiales ', 
contra quien no ai umanas prevenciones; 
mas qué oculto veneno en ellas pones 
que las siento, muriendo, desiguales? 

¡ O modos eficaces i elocuentes 
como habláis en las injurias mias ^ 
lo que niegan palabras i favores! 

Qué no entendida fuerza de temores 
descubris en silencio ! ai ! florecientes 
mis glorias llevan los veloces dias 3. 



(•) Algunos llevan correcciones y variantes de mano también del 
autor. Prefiérense aquí éstas, y se pone al pié la lección tachada. 
' También tus puras hablas celestiales. 

^ Fos pronunciáis en las injurias mias. 

'J Mis glorias llevan los ligeros días. 



«55 



DEL MISMO. 

Movió mi fuego á compasión los dias (*) 
i llevaron veloces i severos, 
Fili, a tus ojos dulcemente fieros 
la flor que perturbó las pazes mias. 

la a los que en competencias i porfias 
de pretender, hizo tu amor primeros, 
aun la piedad no haze lisongeros 
de las cenizas que contemplan frías. 

¡ Cómo , si fuera al tiempo permitido 
bolver, i por las luzes de tu frente 
rayo de risa centelleando ardiera. 

Fueras con tu belleza mas prudente , 
porque el vivo color no enmudeciera ' 
con tanto aplauso a sombras reducido! ^. 



(•) Movió á piedad,..,, empezó á escribir Rioja. 
■ Porque el vivo color nunca te viera, 

* Con tanto aplauso en polvo convertido. 

Estala alteró arbitrariamente este soneto. 



256 



DEL MISMO. 



Fili , la destemplanza con que suena 
tu voz á mi desden, siempre me advierte 
que también para tí guardó la suerte 
el fuego a que severa me condena. 

A tratar nueva injuria como agena ■, 
Fili, mal puede ser que Tarte acierte * ; 
que no ai remedio a no prevista muerte, 
ni prevención en no advertida pena. 

En vano a persuadirme te dispones 
con forjada razón tus falsos ielos 
si tus alientos no te son propicios. 

Sabes que dieron próvidos los cielos 
al umano secreto las acciones 
solas de su verdad fieles indicios? 



' Tratar súbita injuria como agciuu 

* ^ien puede aunque c$u Parte se ctmcierte? 

La segunda variante va puesta de mano, al parecer, del escribiente 
de Fonseca. 



«57 



DEL MISMO. 

Rompo con lisa frente las prisiones, 
Fili, que tus engaños fabricaron: 
lágrin^ tu mentir acreditaron 
contra avisos de fieles presunciones. 

¡O quitas veces, Fili, a tus acciones 
(que mal ardiente llama en mi apagaron) 
en mis ielos piedad solicitaron, 
i turbaron prudentes prevenciones! 

Pero ia de tu llanto la elocuencia, 
i de tus modos en silencio el arte 
no podra introducir nuevos engaños. 

I yo mas quiero a solas invidiarte, 
que ver siempre ostinada la prudencia 
al persuadir de tantos desengaños. 



258 



En mi prisión, i en mi profunda pena 
solo el llanto me haze compañia 
i el orrendo metal que noche i dia 
en torno al pié molestamente suena. 

No vine a este rigor por culpa agena , 
yo degé el ocio i paz en que vívia, 
i corrí al mal, corrí a la llama mia, 
i muero ardiendo en áspera cadena. 

Assi del manso mar en la llanura 
levantando la frente onda lozana 
la tierra, al agua en que nació prefiere. . 

Mueve su pompa a la ribera, ufana, 
i quanto mas sus cercos apresura, 
rota mas presto en las arenas muere. 



i>9 



A UNA CENTELLA QUE SALTÓ A LOS OJOS 
DE UNA DAMA (*). 

Clori, a tus ojos i a la llama pura 
que los cerca i enciende dulcemente y 
centella de ambicioso fuego ardiente 
bolo mas atrevida que s^ura. 

Subió a tanta belleza i, suerte dura 
o crueldad de tu luz resplandeciente 
la apagó en el ardor, i, aun no caliente 
polvo, tu lumbre acusa i su ventura. 

Clorí, ¿invidió tu lustre i resplandores 
i culpa fué porque veloz muríesse 
i quedasse sin gloría oscurecida? 

Nunca se vio del Sol nube ofendida 
aunque invidia a sus rayos la opusiesse , 
mas antes encendida en mil colores. 



(*) Composición, hasta el dia, inédita. 



26o 



Como se van las aguas deste río 
para nunca volver, assi los años : 
i solo dejan infalibles daños 
que reparar no puede voto pió. 

Fundamos esperanzas al estío 
desde el ivierno, ó ciego error, ó engaños! 
i huyennos los tiempos por estitüKos 
modos, i huye el floreciente brío. 

La dulce atrocidad de aquellos cjos 
ante quien ia perdí color i aliento, 
tras si la lleva a mas andar el día. 

Vive tu a la opinión de honor sediento, 
que yo al ocio plebeyo viviría 
si apenas ai de lo que ftii despojos. 



201 



Si mides tu ambición con tu fortuna 
mientras la edad sin detenerse buela, 
sin causa, Fabio, tu razón desvela 
que aia a tu suerte oposición alguna. 

En lo interior del orbe de la luna 
no esperes paz al bien que Taima anhela, 
antes, ó Fabio, al sufrimiento vela 
alegre al que contrario lo importuna. 

Como la siempre floreciente llama, 
por quien renace i por quien muere el dia, 
que igual raya en el cielo i resplandece, 

I a montañas de nuves a porfia 
en su maior oposición parece 
que de hermosas luzes las inflama. 



Í62 



Cansóme en fabricar lenta fortuna ' 
con el error que a los umanos lleva; 
mas la esperíencia a mi razón le prueva 
que igual me á de seguir la de la cuna ^. 

Esta luz para mi nunca oportuna 
solamente en mi daño se renueva, 
ni sé que mas a sus orientes deva 
que la vez de los casos inportuna. 

I estoi ia tan de parte del engaño 
que fabulosas glorias me propone, 
que acción no acuso de siniestra suerte. 

Assi a sus leies ambición dispone 
el ánimo, i en tanto errar no advierte 
la verdad que le avisa el desengaño. 



Cansóme en fabricar otra fortuna. 
Que igual me á de seguir iiesiie la cuna. 



^^ 



Eln que eocbo li:^ir, Lesbia, formiia 
la nieve filé de Tu hermosa trente: 
La que a Moncaro corooó ludente ' 
na es blanca a su pureza cozz^>arada. 

Con cuál purpúrea llama retocada ^ 
filé a partes su belleza florede n tcr 
que desmata i abrasa ocultamente 
a Taima mas soberlña i mas dada. 

Tus puras luces, dulcemente atroces >, 
¡qué raio celestial cerca i enciende! * 
¡cómo suspende tu razón divina! ^ 

Mas, ó necio, quan poco las veloces 
palabras pueden! Lesbia per^rina, 
quien menos habla en tí , menos te ofende. 



' La que a /as cwm^res iwjmrii frecuente. 

^ Con qmé celestial Dama retocada. 

^ L$s $j$Sf fmeSf tan dulcemente atroces. 

^ Que raio soberdw^ /#/ enciende 

5 Tu raz$M tela envuelta en V9Z divina. 



i8 



264 



SONETO INÉDITO. 

Códice M-8a. Copia de las poesías de Rioja hecha por el amanuense de Fonseca. 



Celos que perturbáis la gloria mia 
i elais tal vez mi peregrino fuego^ 
crédito siempre a vuestra injuria niego 
porque apagar mi ilustre ardor porfia. 

Pero la blanca nieve que encendia 
en mí , llama a quien doi umilde ruego, 
aunque su lumbre solicito ciego 
con frecuentes ofensas me desvia. 

A mi tormento entonces lisongea 
un yelo que en mí corre blandamente, 
y en él alio, aunque breve, algún consuelo : 

Mas, ó celos, ó infierno, ó rabia ardiente! 
¿Cuando será que vuestro elar no crea? 
Que mas me abraso cuanto mas me yelo. 



z65 



DÉCIMAS INÉDITAS. 

Borrador autógrafo en el códice M-82. 



Quiero mi grave tormento 
en silencio padecer, 
pues así usurpa el temer ' 
la fuerza al atrevimiento. 
Mas no es mi fuego tan lento 
que el humo pueda ocultar : 
modos vengo a desear 
con que desmienta mi ardor *, 
i la fuerza del dolor 
aun quita el imaginar. 

Pierda el nombre de atrevido 
quien no pretende favores , 
i no acuse mis dolores 
quien nunca los ha sufrido. 



Pues así quita el temer. 
Con que desmienta el ardor. 

{Primitmms ieccmmt correpdsi for Rioja.) 



266 
Viva yo en publico olvido 
siempre ocioso á la memoria, 
i alcánze aquella vitoria 
que me diere tu piedad ; 
que a corta capacidad 
no conviene mayor gloria. 

¿ En qué te injuria quien ama , 
Clori, la encendida rosa 
que por tu nieve hermosa 
dulcemente se derrama? 
No aumenta el rigor la fama; 
sienta tu crueldad el dia 3 
que hacer polvo porfía 
el fuego con que has vencido, 
porque ofender al rendido 
es cobarde valentia. 



i si es ofensa ofrecerte 
en la mente blando ruego, 
permite que trate el fuego 
a quien buscares la muerte. 



Sienta tus iras el día. 



207 



El puro cielo que admiras 
i los mares espaciosos, 
¿no serán menos hermosos 
quando mas muestran sus iras? 

Ofendes a tu razón 
en tener tanta fiereza, 
que amor es de la belleza 
apacible adulación. 
Quien no huye su prisión 
bien merece menor mal : 
¿no ves el manso cristal 
que a la flor que ama su frente 
le da con crespa corriente 
de agradecido señal ? 



ii68 



Solamente el bien de amar 
quiero, sin correspondencia, 
pues muere asi la paciencia 
en naciendo el desear : 

deja de apagar 

el fuego que me eterniza, 
que tu yelo atemoriza ; 
i el arte de la razón 
no tiene jurisdicción 
para encender la ceniza. 

Esta luz que en mi floreze 

pasiones mias 

a la injuria de los días 
sin advertir desvaneze. 
Fuerzas el discurso ofreze 
del ánimo al blando juego 

mas risa i fuego 

contra la edad ha de ser, 
que es violencia su poseer, 
i el de la razón es ruego. 

Pero si roba la flor 
de tu voz i de tu aliento, 
Clori, el Sol menos violento, 
a mi ofensa tengo horror. 



269 
¿ Qué osará humano valor 
viendo divinos despojos? 
Mas ¡ó importunos enojos! 
perdida ya la esperanza, 
engañosa es la venganza ; 
dé el dolor llanto á mis ojos. 

Entre las poesías de Rioja, comprendidas en el códice titulado 
Cisnes del Bétis, visto y descrito por Gallardo, y del cual hemos dado 
noticia , exbtian tres composiciones en décimas , la que va inserta y 
dos que comenzaban : 

No se cansan mis enojos 

En tan lento resistir 



270 



SILVA EN VERSO LIBRE. 

Traducción castellana del epigrama en lengua latina , eacñto por el Lk. Franctfco 
Pacheco, canónigo de la catedral de Sevilla, que se puso en la urna del túmulo 
dedicado por aquella ciudad al rey Felipe II. 



£1 epigrama dice : 

^is dan digna tuo tumuli fastigia Regi, 
HUpalis? Aut fuerat Pyramis ullasatú; 

Nec Mausoioei moles operosa sepulcbri^ 
Nec tumuli errores ^ vane Sinande, tui. 

Pone triumphatas utroque a car diñe gentes , 
Par taque victrici regna tot ampia manu: 

^am late Occeanus genuinos pater aluit orbes , 
Et Sol Luciferis ambit anhelus equis, 

Europes stent jixa super, Lybiesque troph^ay 
Et fiens captivos Turcia viñeta duces, 

Imperii laudisque eadem mensura sepulchri est , 
Non capitur túmulo gloria tanta brevi. 

Su traducción es la siguiente : 

Ciudad ¿quieres alzar túmulo digno 
al Monarca Rey tuyo? 
no Pirámide alguna te bastara 
no l'alta pesadumbre 
d'el sepulcro de Máusolo, i errores 



271 

de tu túmulo no, vano Sinando; 

pon las triumfadas gentes 

d'el uno al otro polo , pon los anchos 

reinos que conquistó con vencedora 

mano; pon estendido en ambos Orbes 

el Occeano padre que los baña, 

i cuanto con flamígeros caballos 

anhelando el Sol cerca: 

fíxos se vean sobre esto los trofeos 

de Europa i Libia, i presa esté llorando 

Turquia sus captivos capitanes : 

que imperio i alabanza 

no se miden aquí con diferencia , 

ni en un túmulo breve 

cabe la inmensidad de tanta gloria. 

Hállase esta composición Juntamente con su original, escrita de ma- 
no del pintor Francisco Pacheco, sobrino del canónigo, en el pre- 
cioso fragmento del Libro de retratos , dibujados é ilustrados por aquel, 
que posee en Sevilla el erudito D. José María Asensio y Toledo, mi 
amigo y favorecedor, que ha tenido la bondad de comunicármelas. 



A LA CONCEPCIÓN DE LA SANTÍSIMA VÍRGEN. 



Publicado en la Revista de Gemciasy IMeratura y Artet^ de Sevilla, tomo v, año i8$ 
por un códice de la Biblioteca Cotombina. 



Cual fresca rosa en Jericó plantada 
Que del alba libó en la luz dudosa 
Preciadísimo aljófar, mas gloriosa 
Al fulgor de Titán se opone osada; 

Y en verde ramo al Cielo levantada 
El oro ostenta y púrpura hermosa, 
Desparciendo fragancia deliciosa, 
Reyna de los pensiles aclamada : 

Tal, pura virgen, sois; habéis triunfado 
Del sañoso Luzbel , porque el roció 
De la Gracia os previno en vuestra aurora : 

Que en la alteza eternal que se os ha dado, 
Nunca en su honor debió tener vacio 
De Dios la Madre, á quien el Orbe adora. 



'73 



SONETO. 

Traducción de un epigrama latino de Sampronio á Quintín Metsys, pintor. 



El cántabro metal formé en la llama 
Que impelido y secreto soplo alienta, 
Qual cíclope en el monte que alimenta 
Los eternos incendios que derrama. 

Y Amor, que raras glorias dio á quien ama. 
Mi pecho ardió con hacha violenta, 
Y con desden solicitó mi afrenta 
En la soberbia lumbre que me inflama. 

Pintor émulo amante, preferido 
Vi , y al hierro sonante , el pincel mudo : 
Pintor me hizo Amor : mis tablas muestra 

Breve martillo. ¡O Publio! asi en tí pudo 
Ser Vulcano pintor introducido 
Quando a Eneas Dione armó la diestra. 

Le inserta Pacheco en el jfrte de la Pintura , y da razón de su ar- 
gumento en estos términos: u Solicitada una honesta doncella de Flán- 
des de un pintor y un herrero , aficionada á la Pintura , quisiera que 
trocaran oficios por admitir al herrero por marido, que era gentil 
mancebo de hasta treinta años , el cual no estimó. Sintiendo él esto 



«74 
mucho, por conseguir su virtuoso intento se aplicó á la Pintura, aun- 
que era famoso en su oficio. Si bien el autor de su yUa pone antes 
otra causa de hacerse pintor ; pero inclínase mis á ésta , movido de 
una epigrama latina que doctamente escribió Sampronio debajo de su 

retrato de estampa en el libro de los famosos pintores de Flándes » 

Éste filé Quintín Metsys , llamado el Herrero de Ambires^ de quien 
poseen cuadros el Museo de Madrid y el del Escorial Nació en 1450, 
y murió en 1529. 



«75 



TRADUCCIÓN 

DE UNOS VERSOS DE OVIDIO. 
(epístcmla de safo k fMm,, 



Pequeña soi, pero mi nombre excelso 
es tan grande que el ancho mundo ocupa, 
i vengo a ser con él igual en todo. 
Si no soi blanca, Andrómeda a Perseo 
agradó, aunque en color patrio teñida. 
También se junta candida paloma 
con la que esta teñida en color varío; 
i la tórtola negra, de la verde 
ave vive ligada en dulce lazo. 

Alegó RiojA y vertió en castellano este pasaje de Ovidio , en una 
nota que remitió á Francisco Pacheco, el insigne pintor , contestando 
á su pregunu de si era negra la Andrómeda de Persea. Pacheco insertó 
este papel en su Arte de la Pintura. 



276 



TRADUCCIÓN 

DE LA LEYENDA MÉTRICA LATINA QUE EL CANÓNIGO 
FRANCISCO PACHECO HIZO Y DEDICÓ AL SAN CRIS- 
TÓBAL DE LA CATEDRAL DE SEVILLA. 



Tratando el pintor Pacheco, en su Artt^ pág. 567, de ks pinturas 
de San Cristóbal, dice : uY porque abrazan el intento de esta miste- 
riosa pintura los elegantes versos latinos que puso en el San Cristóbal de 

la iglesia mayor de esta ciudad el Lie. Francisco Pacheco, mi tio 

haré gracia de ellos al lector, n A su continuación añade : Traduccm 
emendada de Francisco de Rieja, 

VERSOS LATINOS DEL CANÓNIGO PACHECO AL SAN CRISTÓBAL DE LA 
SANTA IGLESIA DE SEVILLA. 

DIO tACBUM. 

Cbristifer est , fortisque gigas , ctti lucet cuncti 
In tenebris operosa Jides , larvasque minaces 
Non tí'met, atque ullis rerum mmersabilis undis: 
Nititur usque Deo : talem te Máxime divum 
Credimus , exemplumque piis ad iimina templi 
Ponimus , et méritos aris adolemus honores, 

A* CID. 13. XXC. IIII. 



^11 



TRADUCCIÓN EMENDADA DE FRANCISCO DE RIOJA. 

Christóval , i fortísimo gigante 
Es, a quien, caminando en las tinieblas, 
La Fe, de maravillas obradora. 
Amanece: no teme de las sombras 
Las vanas amenazas, ni anegarse 
En las ondas inmensas de las cosas: 
Estriba siempre en Dios. Tal te creemos, 
O grande entre los Santos; i del Templo 
Te ponemos, exemplo a los piadosos. 
En los sacros umbrales, i á tus aras 
Ofrecemos honores merecidos. 



NOTAS A LAS POESÍAS. 



SONETO PRIMERO. {Pág. 1 79.) 

Corre con alvos pies al espacioso 
Océano, veloz, Tarteso rio 

Refiere Estrabon, el insigne geógrafo griego, con relación 
á Estesicoro, que en remotas edades fué conocido el famoso 
Bétis con el nombre de Tarteso. Formaba este rio, todavía en 
tiempo de aquel célebre escritor, al desembocar en el mar por 
dos brazos (de los cuales, seco después el menor, mostraba, 
según Caro, su antiguo albeo « por cima de la villa de Rota»), 
una extensa isla, donde se hallaba situada la ciudad de Tarte- 
so, cuya fundación ha sido atribuida á Társis, hijo que dicen 
de Javan y nieto de Jafet; y á la que se supone denominaron 
los fenicios Tarseio y Tarseitas , de que pudo provenir Tarte^ 
50, Llamáronse entonces, aquella región Tartesside^ y tartesios 
sus pobladores. Cuando Estrabon escribía, habitaban allí los 
túrdulos; apenas quedaba memoria de la ciudad de Tarteso, 
y el gran rio no conservaba ni restos de aquel antiguo nom- 
bre. El de Bétis, según Bochart, se deriva de Bitsi^ voz pú- 
nica, que significa rio de estanques i lagunas '. 



Florez, Esparnt Sagniday tomo ix. 

»9 



28o 



SONETO IV. [Pt'lg. 182.) 

Menoba, que con turbia y alta frente 
Vuelas veloz al gran Tarteso rio 

El rio Menoba es hoy , con nombre arábigo, llamado Gua- 
diamar, y así le nombra RiojA en el soneto antecedente : 

Sacros Povo5, que ornáis el intricado 
Curso del claro Guadiamar undoso 

Nace pasado el rio Tinto y al oriente de sus fuentes, no 
lejos del lugar nombrado Castillo de las Guardas. Su curso es 
desde norte á mediodía, por el occidente del Guadalquivir, en 
quien desagua, cinco leguas y media más abajo de Sevilla, des- 
pués que éste empieza á formar las islas. — «Que su nombre 
fué en lo antiguo Menoba í) (dice el P. Enrique Florez, Espa- 
ña Sagrada^ tomo ix; Madrid , 1752), «consta por Plinio, li- 
bro III, cap. I, donde, al expresar los lugares del convento de 
Sevilla, pone á la derecha del rio Bétis a Osset, con otros 
pueblos de la misma banda, y al rio Menoba, añadiendo que 
se mete en el Bétis por el lado derecho : Fluvius Métnoha^ 
Batí et ipse a dextro latere infusus. » Porque Plinio baja recor- 
riendo el Bétis desde su nacimiento hasta el mar. « Otro Me- 
noba cita Plinio en la parte oriental de Málaga, al lado de una 
ciudad del mismo nombre; Menoba cum fluvio; y no puede 
ser otro que el llamado hoy de Felex. » Prueba Florez exten- 
samente que el Menoba, tributario del Bétis, es el Guadia- 
mar, entre otros testimonios y autoridades, con una inscrip- 
ción citada por Rodrigo Caro, donde aparece titulado Menú- 
ha^ y consta ser el inmediato á Sanlúcar la Mayor. 



NOTAS AL PROLOGO, 

Y 

A LA VIDA Y BIBLIOGRAFÍA DE RIOJA. 



Nota L {Pág. vil.) 

El manuscrito original autógrafo de los Varones ilustres en Le- 
tras^ naturales de la ilustrtsima Ciudad de Sevilla^ que inquiría 
el Licenciado Rodrigo Caro^ existia á principios del siglo xvili, 
según los apuntes que preceden ásu copia, que hemos tenido 
presente, en la librería de D. Juan Suarezde Mendoza, oidor 
de Sevilla. Compróle después el Lie. Alonso Martinez de 
Herrera, administrador del hospital de Santa Marta de la mis- 
ma ciudad, y de su poder hubo de pasar á la rica librería del 
Conde del Águila , donde se hallaba , según el colector del 
Parnaso Español^ por los años de 1774. Era este autógrafo un 
mero borrador , comenzado por Caro, á ruego del Dr. Don 
Martin Vázquez Siruela, que al mismo tiempo se ocupaba 
en otro igual trabajo, ((para que se ayudasen los dos», como 
lo refiere este último en nota de su mano, puesta al principio 
del original de Caro. De este original formaba parte una mi- 
nuta suelta, comprensiva solamente de los nombres y de algu- 
na principal circunstancia biográfica de varios escritores , que 
el autor, de cuya letra era asimismo , se proponia incluir en 
el códice. Llevaba esta minuta el siguiente encabezamiento : 
Hombres insignes en Letras que florecieron en la Ciudad de Se- 



282 

Villa , de los tiempos del Reí Don Phelipe II ^ asta Don Pheli- 
pe IV^ que hoi reina. 

Dejó Rodrigo Caro en estado de imperfecto bosquejo esta 
obra, á su muerte, ocurrida el año de 1647. Continuóla 
D. Diego Ignacio de Góngora (que vivió á ñnes de aquel si- 
glo) hasta principios del siguiente , extractando y traduciendo 
de la Bihliotheca Hispana^ de D. Nicolás Antonio, las noticias 
de autores^ sevillanos que contiene, adicionándolas, y añadien- 
do las que supo de varios que él había conocido posteriores al 
expresado bibliógrafo. Muerto D. Diego de Góngora, prosiguió 
estas noticias su amigo Fr. José Muñana, con algunas, ya del 
caudal de aquel, ya del suyo propio. Finalmente, D. Juan 
Nepomuccno González de León, académico de la de Buenas 
Letras de Sevilla, puso notas y adiciones á los borradores de 
Caro y á la continuación de Góngora. Todos los referidos 
originales vinieron, por ultimo, á ser propiedad de la biblioteca 
Colombina de la catedral de Sevilla, y de ellos fué sacada la 
copia que posee la Academia de la Historia, códice B-48 de 
su biblioteca, á cuyo principio se lee la siguiente nota autó- 
grafa de D. Bartolomé José Gallardo : 

(( Esta copia está sacada de muy buenos originales, existen- 
tes en la biblioteca Colombina de Sevilla , pero con ruda Mi- 
nerva, por mano del portero de dicha biblioteca, que era un 
tosco gallego, llamado Sierra. CauCe legenda. — Gallardo.» 

La Biblioteca Nacional posee otra copia, muy imperfecta, 
de dichos manuscritos. 

Nota 11. {Pag. VIII.) 

De las notas marginales al sermón del P. Fr. Juan Félix, 
habló el Sr. D. Bartolomé José Gallardo, en la defensa 
que publicó de la Biblioteca Española de Cortes^ á principios 
de 1838. (iaciendo mención de diferentes libros preciosos que 
en ella existían, procedentes de los conventos, dice: «Pues 
en los sermones, ¿qué de especies peregrinas y curiosas no 



\ 283 

se encuentran, teniendo tiempo y paciencia para ojearlos? 
£n las márgenes de un Sermón de San Elias ^ escrito por el 

autor del Origen y primeras poblaciones de España Fr. Juan 

Félix Jirón sobrino del Píndaro andaluz RiojA, biblio- 
tecario de Felipe IV, se leen especies jnuy curiosas para la 
biografía de este eminente ingenio, cuya vida y escritos in- 
vestigan hoy los eruditos con solícito afán.» 

Se ha encontrado, entre los manuscritos de dicho biblió- 
grafo, copia de los referidos apuntes, que nada añaden de nue- 
vo á lo que sabemos de RiojA. £1 sermón se titula : Sermón 
del Santo Patriarca y Profeta San Elias ^ predicado por el 
P. Mtro. Fr. Juan Félix Jirón ^ de la orden de N.^ S." del 
Carmen de la antigua observancia , en el convento grande de la 
ciudad de Sevilla^ de la misma orden , á 20 dias del mes de Ju- 
lio de 1650. En Sevilla lo imprimió Fr.^ Inacio de Lira , año 
de 165 1. 4.° 

£n él aludió Jirón á su tio, en los términos siguientes : 

((Acuerdóme de haber oido á un eruditísimo cortesano, 
))erande oráculo en cualquiera facultad, y tan eminente hasta 
))lo más de la admiración en todas (que no sólo se recogió á 
)) tener valimiento en su capacidad lo más extraño de la fílo- 
))sofia de las costumbres, sino se vio con acierto ponderadas 
))las verdades de la sciencia sagrada escolástica, expositiva y 
)) moral, á que ayudan con prontitud dichosa sus peregrinas 
)) noticias, lección de santos, conocimiento de sagrados cáno- 
))nes, concilios y controversias de la fe, y la averiguación del 
wmás secreto y recóndito de las lenguas orientales, de las filo- 
)) Sofías antiguas y modernas, historias sagradas y profanas, 
))que en el rendimiento que los mejores hacen á su razón y 
))elocuencia, tiene prueba evidente esta breve descripción) 5 á 
))este, pues, varón ilustre oí decir», etc. 

Y al margen le designa así : 

(( Non tantum a domesticis , sed ab exteris etiam altissime ce- 
))lebranduSy eximius usque et illustris D, D. Franciscus de Rioja^ 
))á Consiliis CathoUca Majestatis Philippi IV • Magni Hispa- 



284 

nniarum Regís, in Supremo S.Inquisttion'ts y Chronista etiam^ et 
na clavibus Regaiis Bibiiothear.)) 

Nota IIL {Pág. 2.) 

Consérvase entre los manuscritos de la Biblioteca Na- 
cional de esta corte (sala xiii, letra Y, códice núm. 147), 
una Ejecutoria ó información de hidalguía de los Riojas de 
la villa de Beleña, en la provincia de Guadalajara <; docu- 
mento cuya existencia en aquella colección, adonde vinieron 
a parar considerable número de papeles de nuestro D. Fran- 
cisco DE Rioj A , no parece probable que sea debida á una 
coincidencia casual. Nos es forzoso extractar aquí su conte- 
nido para aventurar alguna conjetura sobre la conexión que 
pudo existir entre los Riojas alcarreños y nuestro insigne se- 
villano. 

La Carta^ejecutoria de los Riojas de B ele ña y dada en Valla- 
dolid, á 16 de Julio de 1547, está escrita en vitela, letra góti- 
ca, con las capitales iluminadas de poco diestra mano; carece 
de escudo de armas, y empieza de este modo : 

((Don Carlos por la divina clemencia. Emperador semper 

))augusto Al nuestro Justicia mayor é á los del nuestro 

)) Consejo é otros Jueces é Justicias qualesquier, ansí déla 

)) villa de Veleña como de todas las otras Ciudades, Villas é 

)) Lugares, etc Salud é gracia : Sepades que pleito passó é 

))se trató en la ntra Corte é Chancillería que está é reside en 
»la noble Villa de Valladolid, ante los nuestros Alcaldes de 
»los Hijosdalgo, é Notario del Reino de Toledo, que del di- 
))cho Pleito primeramente conocieron; i después en grado de 
«apelación i suplicación en vista i en grado de revista ante el 
)) Presidente i Oidores de la dicha nuestra Audiencia, entre 



' Beleña. — Villa con ayuntamiento , de la provincia de Guadalaja- 
ra (cinco leguas), partido judicial de Cogolludo (dos leguas) 40 ve- 
cinos, 150 almas. — {Diccionario geográjico-estaáistico de EspénU y 
Portugal, por D. P. Madoz.) 



28s 
)) Francisco de Rioja, vecino de la villa de Veleña, é su pro 
»curador en su nombre, de la una parte, i los licenciados Pe- 
))drosa i Oviedo, nuestros procuradores fiscales enladhantra 
)) Corte i Chancillería en nuestro nombre, ¡ el concejo, alcal- 
ndes, regidores i homes buenos de la dha villa de Veleña, i su 
» procurador en su nombre, de la otra ; i era el dho Pleito so- 
))bre razón de demanda que por parte del dicho Rioja fué 

)fpuesta i presentada contra los dhos ntros fiscales é concejo 

))de la dha villa en que dijo que siendo, como era, el Ji- 
ncho su parte hombre hijodalgo notorio de padre é de agüelo 
))de solar conocido, é aviendo estado en tal posesión de tiem- 
opo inmemorial..... é aviendo sido guardadas al dho su parte, 
))e a su padree agüelo todas las honras, franquezas, liberta- 

))des que á los otros hombres hijosdalgo, destos ntros Rei- 

))nos, en especial en no pechar ni contribuir, como no avian 
apechado ni contribuido en ningunos pechos ni derramas rea- 
))les ni concejales en que pechaban e pagaban los otros buenos 

)) hombres pecheros las partes contrarias, en quebranta- 

» miento de la hidalguía de su parte i casi posesión de ella, le 
» avian prendado é sacado prendas por pechos de pecheros » 

Por tanto, pidió justicia, y que previa la competente infor- 
mación de testigos, se le declarase por tal hijodalgo, devol- 
viéndole las prendas, y guardándosele en adelante sus preemi- 
nencias y derechos, etc. 

Presentó por testigos á Hernando Crespo, vecino de Bele- 
ña, de edad de ochenta años; a Bartolomé Aguado, de la 
misma villa, y á otros varios vecinos de La-Nuera, Robredi- 
Uo, La-Torre y Albarcon (jurisdicción de Cogolludo), en dos 
sucesivas informaciones ; los cuales declararon haber conocido 
á los padres y abuelos del informante, todos vecinos de Hele- 
na, hijosdalgo, y por tales tenidos y considerados, etc. 

Resulta de estas diversas declaraciones que el susodicho 
informante Francisco de Rioja, natural y vecino de Beleña; 
fué hijo de Juan de Rioja y de Ana de Morales, y nieto pa- 
terno de Juan Fernandez de Rioja y de María de Rioja ; que 
tenía dos hermanos, llamados Juan y Bartolomé de Rioja, y 
que habia sido casado dos veces, haciendo más de veinte y 



286 
cinco años, en aquel de 1547, que se casó la primera vez. 

£n vista de todo, el tribunal de Valladolid fallo deñnitiva- 
mente que Francisco de Rioja habia probado bien y cumpli- 
damente su intención, y le expidió la carta ejecutoría. 

Acompañan á ésta dos informaciones posteriormente he- 
chas por Lope de Rioja, sobrino del expresado Francisco, 
hijo de su hermano Juan. De la primera de ellas aparece q«e 

((En la villa deBeleña, á 12 de Octubre de 1567, ante » 

(la competente autoridad) u pareció presente Lope de Rioja, 
natural de la dicha villa, y vecino que dijo ser de Santa Fe, en 

el nuevo reino de Granada,y presentóla siguiente petición » 

(de que se le recibiese información de hidalguía en vista de la 
de su tio, y previas las declaraciones de los testigos que pre- 
sentase al efecto, los cuales, dice): 

(( Primeramente sean preguntados si conocen á mí el dicho 
Lope de Rioja, y á Juan de Kioja, mi hermano; y si conocieron 
a Juan de Rioja y María Pelaez, ya difuntos, padre y madre 
de los susodichos; y si conocieron á Francisco de Rioja, ya 
difunto; y si conocen á Bartolomé de Rioja, vecino de esta 
villa, y de qué tiempo á esta parte; y si tienen noticia de la 
carta ejecutoria que fué dada al dicho Francisco de Rioja por 
los alcaldes de los hijosdalgo de la Chancillería de Valla- 
dolid )), etc. 

De la segunda información, que la subsigue, resulta que 

((En la ciudad de Santa Fe del nuevo reino de Granada, 
á 8 de Marzo de 1575, ante se presentó y leyó esta peti- 
ción por Lope de Rioja, relator de S. M. en esta Real Au- 
diencia. 

)) Ilustre Señor: Lope de Rioja, Relator de S. M. en esta 
Real Audiencia, digo : que tengo necesidad de hacer infor- 
mación de cómo seis hijos legítimos que yo tengo son todos 
habidos de legítimo matrimonio )) 

Pide se le admitan los testigos que al efecto presenta , los 
cuales 

(( Primeramente sean preguntados si conocen á mí el dicho 



287 

Lope de Rioja , y á Doña María de Céspedes, su mujer, y á 
Lope de Rioja , y á Francisco de Rioja , y á Bartolomé de 
Rioja, y á Doña María de Rioja, y á Doña Isabel de Rioja, 
y á Doña Petronila de Rioja, hijos legítimos de los di- 
chos», etc. 

Esta última información aparece corriente y legalizada en 
Santa Fe, á 9 de Marzo de 1575. — A su principio, al mar- 
gen, se lee : ((Información de mis sobrinos»; y eji la cubierta 
de la anterior : ((fejacion de mi hermano é hijos»; ambas notas 
de la misma mano, que debió ser la de Juan de Rioja, her- 
mano del informante, Lope. 

£n la suposición, á que nos inclinamos, de que estos docu- 
mentos existiesen en poder de nuestro D. Francisco de 
Rioja > , puede sospecharse con más fundamento que se re- 
fieran á sus ascendientes directos. 

Tres hermanos , hijos de Juan de Rioja, nietos paternos de 
Juan Fernandez de Rioja , constan de estos papeles. 

l.^ Francisco de Rioja^ que nacido, según puede calcularse, 
por los años de 1500, se casó la primera vez hacia el de 1522, 
y por consiguiente, pudo tener de este matrimonio, y aun del 
segundo, que habia ya contraido en I547> á Pedro de Rioja, 
abuelo de nuestro poeta. Habia fdlecido en 1567. 

2.° Juan de Rioja ^ que naceria quizá por los años de 1504, 
y no existia ya en 1567. Consta que tuvo dos hijos , Lope y 
Juan; el primero reunia ya seis , tres de ellos varones, en 1575; 
del segundo no sabemos si alcanzó sucesión. De los hijos de 
Lope y Juan no puede calcularse que procediese nuestro poeta, 
sino suponiendo dos sucesivas generaciones, algo prematuras. 



' No fiívorccc mucho nuestra opinión la grosera nota siguiente, que 
en papel y letra, al parecer, del siglo xvni, se Jee al fin de la ejecuto- 
ria. Dice así: nEstn guecutoría latruxo Manuel Muñoz, del apellido de 
ríoxa, para que la despache alguno de este apellido, y si saliese, se le de 
lo que por ella conviniere el sugueto. » 



288 

3-** Bartolomé de Rioja^que vivía en el año de 1567. Es de 
suponer que tuviese hijos, y pudo muy bien ser bisabuelo de 
D. Francisco de Rioja. 

Un minucioso reconocimiento de los libros parroquiales de 
Beleña daria mucha luz sobre esta curiosa cuestión. 



A principios del pasado siglo ilustró santamente el apellido 
de nuestro poeta el venerable mártir Fr. Félix de Rioja y 
Retamal, hijo del maestre de campo D. Nicolás de Rioja, 
conde de Riomolino , caballero de Calatrava,y de Doña Ana 
de Retamal. Nació en Cádiz, año de 1691; tomó el hábito de 
la orden de los ermitaños de San Agustin, en el convento de 
aquella ciudad, año de 1707, renunciando su mayorazgo y 
título. Cinco años después pasó á las islas Filipinas, en cuyo 
país se dedicó ardientemente á la predicación del Evangelio, y 
obtuvo la corona del martirio, año de 1736. 

Del escultor Domingo de Rioja, dice Palomino (pág. 340): 

((Para hacer los vaciados de las estatuas que habia copiado 
en Roma, traxo Velazquez (el pintor insigne) de aquella ca- 
pital á Jerónimo Ferrer,^ empleó también á Domingo de Rio- 
xa , hábil escultor de Madrid, )) 

Francisco Rioja y Gamboa era impresor en el Puerto de 
Santa María por los años de 1761. 

Nota IV. {Pag. 10.) 

Don Francisco de Calatayud y Sandoval. Nació en Sevilla, 
de ilustre familia, á ñnes del siglo xvi. Fué.en aquella ciudad 
ofícial real , contador de la casa de la Contratación , y des- 
pués secretario del rey D. Felipe IV. Muy erudito y estima- 
ble poeta. Tengo recogidas algunas de sus poesías, y he pu- 
blicado curiosos datos para su vida en mis Notas biográficas 
acerca de los Poetas elogiados por Cervantes en ^/ Viaje del 
Parnaso. (Apéndice primero al tomo xii de la preciosa co- 



289 
lección, impresa y bizarramente publicada por el distinguido 
tipógrafo y editor D. Manuel Rivadeneyra, y dirigida por 
D. Cayetano Rosell, de las Obras completas de Cervantes 
(Madrid, 1863-65). 

Nota V. {Pág. 10.) 

Don Alonso de la Serna, natural de Sevilla, canónigo de 
aquella catedral, docto teólogo y muy versado en historia y 
antigüedades. Dejó empezado un 

Comentario a Flabio Dextro; é imprimió : 

Sermón del Mtro, Alonso de la Serna^ á las Honras de la 
Magestad de Margarita de Austria^ Reina de España; en la 
casa de la Contratación de Sevilla y a y de Diciembre de 161 1. 
Sevilla j por yuan de León y 161 2. — 4.° 

Don Nicolás Antonio y el analista de Sevilla Ortiz de Zú- 
ñiga le atribuyen equivocadamente el Coloquio espiritual, que 
compuso y publicó D. Melchor de la Serna, simple clérigo 
sevillano, que se titulaba «esclavo de la Madre de Dios '.)) 

£1 Comentario que D. Alonso de la Serna hizo al Cronicón 
de Dextro , fué impugnatorio de este fingido libro. Disfrutó 
D. Nicolás Antonio del manuscrito de D. Alonso, a quien 
tributa merecidos elogios por su obra , cuya lectura le avivó 
el deseo de escribir la Censura de Historias fabulosas, Don 
Gregorio Mayans, en la dedicatoria de esta producción pos- 
tuma del insigne bibliógrafo, juzga, sin embargo, que la doc- 
trina del maestro La Serna era inferior á la grave empresa de 
refutar y anonadar tales falsedades , que acogieron y defendie- 
ron insignes escritores, fundando este juicio conjetural en el 
testimonio gravísimo del Dr. Vázquez Siruela. 

Dd maestro D. Alonso de la Serna publicó Juan Antonio 
de Ibarra, en su Encomio de los ingenios sevillanos (Sevilla, 1623), 
un soneto, imitación de Marcial. 



' Tengo en mi librería este curioso librillo, en prosa y verso, im- 
preso en Sevilla, por Alonso Gamarra, año de 161 5. 



290 

Nota VI. {Pag. 14.) 

Don Nufio de Colindres Puerta *. Al principio de la Déci- 
ma parte de las comedias de Lope de Vega Carpió Ma- 
drid, 1618, se lee una décima en alabanza de Lope, ((Del 
maestro Colindres, Gramático, Retórico y Filósofo.» Pudo, 
sin embargo, ser este maestro el P. Pedro de Colindres, je- 
suita sevillano, profesor de humanidades y predicador célebre, 
rector del colegio de Écija, que escribió : Triumphum di pee- 
cato originali, jfstigi ^ 1641 , y murió en 1668. 

Nota VII. {Pág. 16.) 

Don Juan Agustin Cean Bermudez, en el Sumario de las 
antigüedades romanas que hay en España (Madrid, 1832), 
habla de Salmedina en los términos siguientes (pág. 280) : 

(iSalmedina^ punta de tierra en la costa del mar Atlántico, 
en la provincia de Sevilla y en el término de Sanlucar de 
Barrameda. Se cree haber estado en ella el Castellum de Ebu- 
ra 6 de Ébora, que pertenecía á los Bástulos Turdetanos. 
Todavía se ven, en dias claros, las ruinas de su antigua pobla- 
ción , que están muy adentro del mar. » 

Con más precisión y claridad se expresa acerca de este pun- 
to el autor de los Discursos geográficos de la Bética romana^ 
D. Patricio Gutiérrez Bravo, presbítero en la villa del Ara- 
hal (Sevilla). Posee una copia de estos Discursos j inéditos, que 
Bravo compuso por los años de 1760, mi docto amigo el 
señor D. Aureliano Fernandez-Guerra. Comentando allí el 
texto de Estrabon : 

Postea Gades ¿/<r/W^ Mnesthei cognomine Portus 



* Don Nufio de Colindres le llama Juan Antonio de Ibarra en el 
expresado Encomio de los ingenios sevillanos (Certamen de San Ignacio 
y San Francisco Javier); expresando su sentimiento de que, «destina- 
dos ámás grave ejercicio», hubiesen ñütado al certamen otros tres hi- 
jos de Sevilla: Colindres, Enciso y D. Melchpr del Alcázar. 



291 

His superior est Bat'ts navigatioet Ebura opp'tdum ^rLuciPHE- 
Ri Templum, quod LucEM DUB1AM appellont ; dice Bravo : 

((Pruébase de aquí que Ebura estuvo antes de Sanlúcar, 
una legua dentro del mar; que con nombre arábigo llaman 
hoy Salmedina; y por consiguiente, no fué el cortijo llamado 
de Ébora. Salmedina se interpreta Gran ciudad,)) 

£1 texto de Estrabon , más fielmente vertido en la edición 
greco-latina de I. Casaubon (Amsterdam, 1707), dice : 

((Sequuntur Gadira si ve Gades Mnesthei Portus (Puerto 

de Santa María) et ad Astam maris aefussio et ebullitio. ^s- 

tuaria hsec vocant Tu m bipartita Bsetis fluvü ostia. Hisce 

in locis Oraculum Mnesthei est et Capionis furris , saxo im- 

posita, quod mari cingitur (opus mirabile) Phari instar 

Inde super Boetim navigatur, et urbs succedit Ebura ' et 
Lucipheri Fanum , quod Lucem Dubiam appellant : tum frasto- 
rum aliorum navigationes ac deinde jfnas fluvius, duobus se 
evolvens ostiis , etc. » 

El erudito y elegante poeta sevillano D. Francisco Rodrí- 
guez Zapata ha publicado en la Revista de Ciencias^ Litera- 
tura y Artes de Sevilla^ tomo primero, 1856, el siguiente so- 
neto : 

X LAS RUINAS DE SALMEDINA, EN LAS INMEDIACIONES DE SANLtJCAR 
DE BARRAMEDA. 

Aquí fué Salmedina ; el pasajero 
Sus restos esparcidos busca en vano; 
Cúbrelos espumoso el Occcano , 
Y escollos son , que evita el marinero. 



' Nota Casaubon que Stcphanola llama Ébora : ciudad en la costa del 
Océano, cerca de Cádiz. Y advierte que las Eboras son dbtintas, y que 
Piolomco ciu tres, pero ninguna en el Océano : i.*, la de los Turdu- 
hs (Bujalancc, su verdadero nombre fué Bora); 2.^, la de Portugal; 
3.*, la de los Edetanos, en la España Citerior. 



292 

Si de la edad cayó al harpon certero, 
Ó al rudo golpe de sañuda mano. 
Es para el hombre impenetrable arcano, 
Para la historia ñel , cargo severo. 

Quedan tan sólo oscuridad y olvido 
De la que acaso en bonancibles dias 
Reina se alzó de los Hercúleos mares. 

^Y nunca el vate, á compasión movido. 
Dará al viento en sublimes armonías 
Los que ella inspira, lúgubres cantares? 

Nota VIII. {Pag, i6.) 

Don Juan de Fonseca y Figueroa, hijo segundo de Don 
Cristóbal de Fonseca, señor del mayorazgo de las Tercias del 
obispado de Badajoz, y de Doña Mencía Manrique, nació en 
Sevilla, hacia el año de 1578. Fué su progenitor Juan Rodrí- 
guez de Fonseca, hijo de Pedro Rodríguez de Fonseca y de 
Doña Inés Diaz de Botello , tia de la Reina , esposa del rey 
D. Fernando I de Portugal , Doña Leonor Tellez de Mene- 
ses. Su madre, Doña Mencía Manrique, fué hija de D. Gó- 
mez Suarez de Figueroa y de Doña María de Orellana >, 
nieta paterna de D. García de Toledo (ayo que fué del des- 
graciado príncipe D. Carlos) y de Doña Mencía Manrique 
de Benavides, y biznieta de D. Gómez Suarez de Figueroa, 
segundo conde de Feria, y de su segunda mujer Doña María 
de Toledo (hija del Duque de Alba), cuyo hijo segundo filé 
el dicho D. García de Toledo. 

Tuvo D. Juan de Fonseca varios hermanos. El primogé- 
nito, D. Pedro de Fonseca y Figueroa , caballero de la orden 
de Alcántara, fué creado marqués de Orellana por el rey Don 
Felipe III, á quien sirvió de gentilhombre, y después obtuvo 
de Felipe IV plaza de mayordomo de semana. Estuvo casado 



' Esta señora lo fué de D. Rodrigo de Orellana y Doña Isabel de 
Aguilar. 



293 
con Doña María Carrillo de Toledo, hija del primer marqués 
de Caracena. De los demás no he logrado alcanzar noticia. 

En medio de la escasez y oscuridad de las que poseo acer- 
ca de esta rama de los Fonsecas, me hubiera inclinado á te- 
ner á nuestro D. Juan por natural de Extremadura, provincia 
donde radicaba el mayorazgo de su padre, y en la que nació 
su citado hermano D. Pedro*, según este mismo lo declara en 
una carta suya , existente en el códice Q-87 (((á fuer de ex- 
tremeño»), si no me convencieran íntimamente de que fué 
su patria Sevilla , aquellos versos de la Epístola moral que le 
dedicó su amigo RiojA : 

Vén y reposa en el materno seno 
De la antigua Rom ú lea ^ cuyo clima 
Te será más humano y más sereno. 
Adonde por lómenos, cuando oprima 
Nuestro cuerpo la tierra, dirá alguno : 
«Blanda le sea», al derramarla encima. 

Don Juan de Fonseca hubo de nacer durante la residencia 
temporal que en más de una época es de presumir que hicie- 
ran sus padres en aquella ciudad , ya atraídos de sus goces y 
bellezas, ya conducidos por las relaciones de parentesco. Do- 
ña Mencía era hermana del obispo de Cádiz , D. Gómez de 
Figueroa, y la casa de Guzman acababa de entroncar, no mu- 
chos años antes, con la de Acevedo-Fonseca-Ulloa , de don- 
de procedia D. Cristóbal. Procuraremos compendiar, así esta 
descendencia como aquel entronque, en el siguiente resumen 
genealógico. 

Los referidos D. Pedro Rodríguez de Fonseca y Doña 
Inés Diaz de Botello tuvieron cuatro hijos : Juan Rodríguez 
de Fonseca, Doña Beatriz, Doña Mencía y Doña Leonor. 

Juan Rodríguez de Fonseca fué el quinto abuelo de Don 
Crístóbal, padre del Marqués de Orellana y de nuestro Don 
Juan de Fonseca y Figueroa. De sus cinco descendientes di- 
rectos, hasta D. Cristóbal, no hemos logrado adquirir noticia 
alguna. 



294 

Doña Beatriz Rodríguez de Fonseca, hija mayor, caso 
con el Dr. Juan Alfonso de Ulloa, «varón de muchas letras 
y autoridad», consejero del rey D. Juan II y hermano del 
Dr. Pero Yañez de Ulloa, progenitor de los marqueses déla 
Mota, cuyos padres, naturales de Galicia y consanguíneos 
de D. Sancho Sánchez de Ulloa, señor de Ulloa y prímer 
conde de Monte-Rey , se avecindaron en la ciudad de Toro. 
Nacieron de este enlace seis hijos : Pedro de Ulloa Fonseca» 
D. Alonso de Fonseca, que fué arzobispo de Sevilla ; Feman- 
do de Fonseca, primer señor de Coca y Alaejos, mayorazgo 
que para él fundó su hermano el Arzobispo; Doña Catalina de 
Fonseca; Doña María y Doña Beatriz, esposa que fué de 
D. Pedro de Castilla, nieto del rey D. Pedro. 

Doña Catalina de Fonseca, hija mayor, casó con Diego 
González de Acevedo, contador mayor de Castilla, fiel servi- 
dor de D. Juan II y valeroso caballero, vencedor de Suero de 
Quiñones en la batalla de Olmedo; hijo de Juan González de 
Acevedo, consejero del mismo rey D. Juan y de Doña Al- 
donza Diaz Maldonado. Fué único fruto del dicho matri- 
monio. 

Don Alonso de Acevedo, que estuvo casado con Doña 
Marja de Ulloa, señora de Cambados, hermana del citado Don 
Sancho Sánchez de Ulloa, primer conde de Monte-Rey, de 
la cual tuvo dos hijos. Habiendo enviudado, abrazó la carre- 
ra eclesiástica, y llegó á ser arzobispo de Santiago y patriarca 
de Alejandría. Prestó, siendo arzobispo, grandes servicios 
militares en la guerra de Portugal, á los Reyes Católicos, y 
cuando éstos pasaron á la conquista de Granada, quedó por 
virey de Castilla, juntamente con el condestable D. Pedro 
Fernandez de Velasco. Fueron sus hijos : D. Diego de Ace- 
vedo y D. Alonso de Fonseca ; éste, varón erudito y protector 
insigne de las letras, arzobispo de Santiago y después de To- 
ledo, fundador en aquella ciudad del Colegio de Fonseca^ y en 
Salamanca del titulado del Arzobispo. £1 primogénito 

Don Diego de Acevedo, siendo aun muy joven, casó con 



295 
su prima hermana materna Doña Francisca de Zúñiga Ulloa 
y B¡edma,hija única y heredera de D. Sancho Sánchez y 
Ulloa, primer conde de Monte-Rey , señor de Ulloa, Mon- 
tcrroso, etc., y de Doña Teresa de Zúñiga y Biedma, vizcon- 
desa propietaria del mismo estado de Monte-Rey. Este ma- 
trimonio se verificó por expreso mandato de los Reyes Cató- 
licos, debido á la influencia de sus consejeros de Estado, An- 
tonio de Fonseca, segundo señor de Coca y Alaejos, tio 
segundo del novio (como hijo del Fernando arriba citado) y 
Rodrigo de Ulloa, señor de la Mota, también deudo del mis- 
mo por las líneas paterna y materna. Los reyes anularon las 
capitulaciones que el padre de la Condesa habia dejado firma- 
das con el de Benavente para el enlace de la misma con el se- 
gundo hijo y sucesor de este magnate. 

El conde D. Diego de Acevedo no disfrutó largo tiempo 
de su ventajosa unión. Desterrado á Perpiñ^n por sus dife- 
rencias con el Marqués de Cénete , recibió en el camino el 
indulto; pero llevado de un instinto belicoso é inquieto, se 
metió en la plaza de Salsas, que sitiaban los fi:anceses, y en 
ella pereció , de edad de veinte y dos años. Dejó asegurada su 
directa sucesión en un hijo, que fué D. Alonso de Acevedo 
y Zúñiga, tercer conde de Monte-Rey. Procreó éste á 

Don Jerónimo de Acevedo y Zúñiga, cuarto conde del 
mismo título , esposo de Doña Inés de Velasco y Tobar, hija 
del Marqués de Berlanga. Tuvo D. Jerónimo seis hijos : Don 
Gaspar de Acevedo y Zúñiga, sucesor; D. Baltasar de Zú- 
ñiga, el célebre estadista; D. Melchor de Fonseca, que mu- 
rió siendo colegial mayor del Arzobispo en Salamanca; Doña 
Juana y Doña Ana, que murieron jóvenes , y Doña María 
Pimentel ' de Fonseca, esposa de D. Enrique de Guzman, 



' El apellido Pimentel recordaba en ella sin duda el de Doña Jua- 
na, en quien tuvo al célebre D. Alonso de Fonseca, el arzobispo, 
hemumo del primer conde de Monte-Rey ; a D. Diego de Acevedo 



I 



296 
segundo conde de Olivares, y madre del famoso Conde-Du- 
que D. Gaspar de Guzman. — D. Gaspar de Acevedo y Zíí- 
ñiga, quinto conde de Monte-Rey, procreó á 

Don Manuel de Acevedo, que le sucedió, y á Doña Inés 
de Zúñiga y Velasco, esposa que fué de su primer hermano, 
el Conde-Duque de Olivares. 

Dedicado á la carrera de la Iglesia el ilustre D. Juan de 
Fonseca y Figueroa, hizo, según creemos, sus estudios en la 
universidad de Sevilla. Concluidos, hubo de pasar ala corte, 
donde su hermano D. Pedro gozaba ya de una posición ele- 
vada. Conjeturo que se hallaba en Madrid por Noviembre del 
año 1606, al dedicar á D. Juan de Solórzano Pereira sus No- 
tas latinas á la comedia Andría^ de Terencio; de las cuales son, 
al parecer, borradores unos de que más adelante hablaremos, 
existentes en el códice Q-87, y á los que sin duda pertenece 
el escrito al dorso de la citada carta de su hermano D. Pe- 
dro, fechada en Madrid, á 8 del expresado mes y año. De una 
que su amigo D. Juan Antonio de Vera y 2úñiga, después 
conde de la Roca, le escribió desde Sevilla, con fecha de 17 
de Agosto de 1609, que original se conserva en el mismo có- 
dice (folios 151 y 152, y sus apéndices en los 147, 48 y 50), 
se infíere que por aquel tiempo se preparaba D. Juan de Fon- 
seca para marchar á Madrid , no sabemos desde qué punto; 
quizás desde alguno de los pueblos situados al norte de España, 
según la alusión comparativa que encierra la carta, cuyoprin- 



y Fonseca, para quien fundó el mayorazgo de Fuentes, y que después 
fué creado conde de este mismo título por el rey Felipe 11. 

Don Antonio Francisco de Fonseca, Toledo y Ayala, señor de Co- 
ca y Alacjos, descendiente del consejero Antonio, fué hecho conde 
de Ayala por el rey D. Felipe III. Tuvo en Doña Marina de Ulloa, 
hermana de D. Luis, marqués de la Mota, á D. Femando de Fonse- 
ca, segundo conde de Ayala y marqués de Tarazona, que en 1646 
era gentilhombre del Rey. 



*97 
cipio es el siguiente : «Amigo : certiñco á v. m. que ha infí- 
))nitos dias que ando con poquísimo arbitrio sobre mi persona; 
aporque he hecho jornadas breves, pero muchas, y he traido 
»un pleito de cuentas que ha pedido continua asistencia; des- 
ato ha alcanzado parte a Faustino; ahora me es fuerza dejallo 
» encomendado a un amigo que lo acabe y entregue á Don 
))D. Arias, porque yo iré dentro de seis dias á Mérida, por 
D estar mi padre con poca salud. Dichoso v. m. que si en este 
n tiempo camina^ es de Flandes á Ingala térra; y no yo que si 
))salgo de África voy al Inñerno » 

Concluye así : «Últimamente; yo me hallo muy favorecido 
))con su correspondencia de v. m., y le suplico que, porque 
wtodo Setiembre estaré en Mérida, mande escribirme allí, 
j)pues hay correo desde Madrid continuo como para Sevilla, y 
Kí quien llegare primero^ escriba al otro. Yo remato esta )), etc. 

Distinguíase ya Fonseca en estos años por su profunda 
erudición y su ^miliar conocimiento de las letras humanas y 
divinas; tenía concluidos trabajos literarios apreciables, y era 
consultado sobre puntos eruditos y filológicos por hombres 
de claro ingenio y de vastísima doctrina. El principal objeto 
de Vera y Zúñiga en su referida carta y pliego adjunto, es 
contestar á las notas y enmiendas que á ciertos versos suyos 
habia puesto con inflexible severidad Fonseca, y someter otros 
a su corrección y censura. Por Enero del año 1610 le escri- 
bía una elegantísima epístola el erudito Juan Bautista Suarez 
de Salazar, gaditano, y canónigo de la misma ciudad , consul- 
tándole sobre la enmienda y verdadera lección de un lugar del 
poeta Catulo. 

Don Nicolás Antonio, al citar esta carta del canónigo Sua- 
rez , dice expresamente que á su fecha acababa de ser pro- 
movido Fonseca á la canongía y dignidad de maestrescuela 
que obtuvo en la santa iglesia de Sevilla. Y en efecto, la com- 
posición latina que escribió en alabanza del Pentehntaré§s 
de su amigo el insigne humanisu D. Lorenzo Ramírez de 
Prado, al frente de este peregrino libro, impreso en 1612, v 



298 
cuyas aprobaciones y licencias son de Julio, Agosto y Se- 
tiembre de 16 10, lleva el siguiente epígrafe textual : 

Don Joannes de Fonseca et Figueroa^ Marchionis de Oreüa- 
na f. : in Sancta Cathedrali Hispaiensi EccUsia Canonicus et 
Magtster Schola, — Jmico suo. 

Presumo que Fonseca se hallaba en Sevilla por Mayo 
de 1 61 2, en vista de una esquela 6 carta de recomendación á 
él dirigida por cierto Juan Gutiérrez Tello de Sandoval, con 
fecha del 13 de dicho mes, que existe colocada en el códi- 
ce Q-87, fól. 154, y empieza de este modo: 

((Señor D. Juan de Fonseca : hoi he buscado á v. m. dos 
»becescon mucho deseo de hallarlo, mas no para decirle lo 
))que aqui, sino otro negocio, pues no es bueno por escrito. 
)) Agora suplico á v. m. me haga merced en favorecer a Jerd- 
))nimo Tolón que lleva este, con el Provisor , en razón de una 
))casa de la fábrica de Santa Ana que posee », etc. 

£1 objeto de esta carta, y la marcada señal de una 5, escri- 
ta, y en el acto borrada, que se percibe en el sitio donde debia 
estar expresado el lugar de su data, son evidentes indicios de 
que fué escrita en Sevilla. Acaso tomó Fonseca por aquel 
tiempo mismo posesión de su dignidad canonical. 

Otras dos algo más estimables cartas , existentes en el pro- 
pio códice, nos cumple citar aquí, no solamente porque 
contienen algunos curiosos datos sobre Fonseca, sino por la 
honrosa é imparcial mención que en una de ellas se hace del 
afanoso ardor con que el mismo cultivaba y protegía las letras. 
Son estas cartas del célebre Gaspar Scioppio, autógra&s, es- 
critas en latin elegantísimo ( tal cual párrafo en toscano), y de 
fechas notablemente distantes: 1613 y 1624. La de 1624 apa- 
rece en su sobrescrito dirigida «A Don Francisco Guajardo 
qe Dios g.e En Madrid», y lleva esta lisonjera salutación: 
Salve vir nohilissime et doctissime. La anterior encabezada : 
Salve IlL^ Domine, y en la cual, lejos de hablar Scioppio 
con D. Juan de Fonseca y Figueroa, encarga al sujeto á quien 



299 
se dirige que le dé cierto parabién de parte suya; tiene, sin 
embargo, un sobre que dice : ///.">* D. Joanni de Fonseca et 
Figueroa ^ amico suo imprimís observando. En mi opinión, la 
persona á quien Scioppio escribió esta carta quiso comunicar 
original y textualmente á D. Juan lo que en ella se referia á 
su persona, y se la envió á la mano bajo ese nuevo sobre. 
Colocada al fól. 131 del códice, va fechada en un punto, cuyo 
nombre cifrado no se comprende, á 6 de Diciembre de 161 3, 
y á su fin se leen los siguientes párrafos ' : 

((II catalogo venga pur con buon commodo di Monsignor 
D Fonseca : in ogni modo non mi sara altro de dolor oculorum 
Dcommo dissia Alessandro delle done di Persia; poi che non 
»credo se possa haver grazia di copiar cossa alcuna di quella 

))Libraria, et quando la lizenza se ottenesse, dubito 

ntrovar un copista; pracsertim in graccis. Le gacette portano 
))che Monsignor Fonseca habia havuto un canonicato di Toledo; 
))si pare conveniente a V. S. gli dia il parabién a mió nome. 
nSe mi norra scribere come lei mene díede intentione, scriva 
7) pur in spagnuolo, che mi será clarissimo; si bene non potio 
^responder in tal lingua » 

No he hallado en ningún otro documento noticia de la pro- 
moción de Fonseca mencionada en esta carta. 

La segunda de Gaspar Scioppio (fól. 130) lleva la si- 
guiente data : ((Roma. a. d. 5. Januarii, anni ineuntis 1624.» 
Debe ser aquí citada para completa ilustración de este ar- 
tículo. Sus tres últimos párrafos dicen así : 

((111.™ D.n» Fonsecae animum laudo, cum de litteris ju- 



' Su principio y principal objeto versan sobre unas notas á Petro- 
nio, que Scioppio remitia, excusándose de su tardanza con el proceder 
de D. José (Antonio González) de Salas en este asunto « y hablando de 
este escritor en términos harto desabridos. González de Salas , como 
diremos después, trabajaba por los años de 16 19 sus Comentarios á 
PetroniOf publicados en 1629. 



300 

Dvandis, ornandisque tantópere satagit. Sed tota eum vía erra- 
n re judico, si jesuitarum opera, id quod optsít , efTectum dan 
)>posse censet : quos ego litterarum ac litteratorum perduelles 
))esse ', nullo negotio demonstrare, si usus veniat, queam. 
))Aliud igitur consilium ab eo forman velim, cuyus causa 
»ipse nemine intelligenti debeat ludibrium. Eum reverenterá 
))me saluta, et vale » 

No es menos de notar en esas líneas el parcial juicio respec- 
tivo á la cooperación literaria que Fonseca solicitaba de los 
jesuitas, que la merecida alabanza de su laboriosidad y su ar- 
diente celo en favor de las letras. Pocos meses antes habia 
entablado correspondencia literaria con el erudito P. Pablo 
Albiniano de Rajas, como aparece de la elegante contestación 
latina que éste le dio desde Valencia, en Junio de 1623, y se 
conserva original en el mismo códice (folios 161 y 62). 

Residió Fonseca en Madrid durante los cuatro años si- 
guientes al de 16 1 3. Probablemente á él iba dirigido el encar- 
go que RiojA, su amigo y compañero de su juventud en Se- 
villa, daba, con fecha de 16 14, á uno residente en la corte, y 
sin duda bien relacionado en ella, para que pidiese cierta in- 
teresante carta ú orden al consejero Ramirez de Arellano. 
De 1616 y 17 son tres cartas que le escribió el anticuario se- 
villano Juan de Torres Alarcon , ambas sobre asuntos litera- 
rios , que se conservan en el códice Q-87 , juntamente con las 
tres preciosísimas, ya citadas, del erudito y elegante poeta Don 
Francisco de Calatayud, fechadas en Junio, Julio y Agosto 
de 16 1 7. Resulta de estas ultimas que Fonseca, aprovechan- 
do la entendida colaboración de Calatayud, y acaso la de Rio- 
JA (de cuya residencia á la sazón en Madrid, al arrimo quizá 
del mismo Fonseca y del Conde de Olivares, nos dan peregri- 
na noticia), trabajaba por aquel tiempo en dos obras dignas 



' Calumnia evidente; porque los jesuítas han contribuido siempre 
en gran manera al cultivo y esplendor de las letras. 



30I 
del mayor aprecio, á saber : una Historia de la España antigua^ 
para la cual le reunía Calatayud en Sevilla inscripciones, me- 
dallas y otros datos , y una preciosa colección ó Cancionero de 
poetas andaluces , á cuya formación debia contribuir aquel muy 
principalmente. En efecto, según la primera de estas carus, 
hacia Calatayud á su fecha trasladar las poesías de D. Fran- 
cisco de Medrano, preparaba las suyas propias 9 y resolvia 
copiar asimismo las de Baltasar del Alcázar. £1 proyecto de 
esta colección antológica revela por sí solo el espíritu de pro- 
tección á las letras y á sus profesores, que distinguió á Don 
Juan de Fonseca, y le granjeó el afecto de todos ellos. De^ 
liciumfuit suo tempore (dice D. Nicolás Antonio) et amor eo^ 
rum omnium^ qui litterarum á quihus humani dicimur^ studiis 
delectarentur. 

No solamente con sus publicaciones aspiró D. Juan á per- 
petuar la memoria de los ingenios eminentes que florecieron 
en aquella época tan gloriosa para las letras , ni fueron éstas 
el objeto exclusivo de su cariño y su favor. Compartióle con 
especial afecto el estudio del Arte más bella de las tres herma- 
nas; de la Pintura^ cuyas primeras nociones hubo de adqui- 
rir en la insigne escuela de su ciudad patria. Sobresalió Fon- 
seca en la ejecución de los retratos , complaciéndose en pintar, 
como Pacheco, los de sus contemporáneos ilustres en todas 
ñicultades. Pero desgraciadamente, de sus obras artísticas no 
nos resta sino alguna que otra noticia. Apuntaremos lo que 
sobre este punto sabemos, en el catálogo de las obras que es- 
cribió, al mencionar su tratado latino Sobre la antigua pintura. 

Amante Fonseca no menos del escogido trato que del 
brillo estuoso de la corte, hubo de aspirar á un puesto eleva- 
do en ella, y caminar muy de acuerdo y en estrecha liga con 
su allegado el joven Conde de Olivares. Pero, como parte más 
débil y aislada, debió sufrir, á lo que parece, alguna fuerte re- 
pulsa del Duque de Lerma, no mediado aun el año de 16 18. A 
este contratiempo aluden los consejos Je retiro y olvido de las 
esperanzas cortesanas <^ del ansia y la sed de los oficios^ que Rioj A, 



desatendido asimismo y desengañado de sus aispiraciones, le 
daba por aquella fecha, escribiéndole desde sus modestos lares 
de Sevilla su inimitable Epístola moral. 

Es de creer que Fonseca, admitiendo la invitación de Rio- 
JA, pasase entonces á Sevilla, y que allí permaneciese hasta 
la época, no muy lejana (Abril de 162 1), en que subió al po- 
der el conde D. Gaspar de Guzman ; quien, atento desde luego 
á engrandecer su casa y familia, y á rodear el trono de amigos 
y allegados suyos, obtuvo para el de Monte-Rey la grandeza 
de España y el honroso cargo de la embajada de obediencia 
al nuevo Pontífice, á fines del mismo año de 1621 , y á prin- 
cipios del siguiente hizo ascender á plaza de mayordomo del 
Rey á D. Pedro de Fonseca, marqués de Orellana, dando 
probablemente al mismo tiempo á D. Juan de Fonseca la de 
sumiller de cortina. Que la obtenia éste ya por Abril del ex- 
presado año, consta de la noticia biográfica que Francisco 
Pacheco, en su jfru de la Pintura^ escribió del insigne pintor 
D. Diego Velazquez de Silva, su yerno y discípulo. No sola- 
mente por este dato, sino por algunos otros muy estimables 
que contiene, relativos al mismo D. Juan, trasladaremos de 
esa dicha biografía los párrafos correspondientes (pág. 102). 

((Deseoso, pues (Velazquez, dice), de ver el Escorial , par- 
))tió de Sevilla á Madrid por el mes de Abril de 1622. Fué muy 
)) agasajado de los dos hermanos D. Luis y D. Melchor del AI- 
» cazar, y en particular de D. Juan de Fonseca, sumiller de 
)) cortina de S. M. (aficionado á su pintura). Hizo, á instancia 
))mia, un retrato de D. Luis de Góngora, que fué muy cele- 
»brado en Madrid, y por entonces no hubo lugar de retratar 
))Ios Reyes, aunque se procuró. El de 1623 fué llamado del 
))mesmo D. Juan (por orden del Conde-Duque) j hospedóse 
» en su casa , donde fué regalado y servido, y hizo su retrato. » 
A este pasaje, que encierra tan insigne pcueba del cariñoso 
y protector afecto de nuestro D. Juan á los eminentes profe- 
sores del arte de la Pintura, añadiremos la digna mención que 
de él hace Pacheco en el mismo libro, al citar algunos de los 



303 
unobles caballeros y señores» que «en España se han precia- 
do n del a honroso y entretenido ejercicio» de esa nobilísima 

arte. «Uno destos (dice) fué Juan Pérez Florian ,D. Je- 

»róniniode Ayanza , D. Jerónimo Muñoz y D. Juan 

»de Fonsecay Figueroa, hermano del Marqués de Orellana, 
)) maestrescuela y canónigo de Sevilla, y después sumiller de 
»cortina del rey Felipe IV, que con la agudeza de su ingenio 
»y mucha erudición, no tuvo en poco el ejercicio noble de la 
» Pintura ^» 

Consérvanse en el referido códice Q-87 tres curiosísimos 
documentos , acaso ignorados de los historiógrafos , relativos á 
la despedida del rey Felipe IV y el Príncipe de Gales, cuan- 
do éste , repugnada su galante pretensión de enlace con la in- 
fanta Doña María, retornó de Madrid a Inglaterra, á princi- 
pios de Setiembre de 1623. Son : el proyecto de inscripción la- 
tina para el monumento que el Rey ordenó se construyese en 
el sitio del Campillo, inmediato al Escorial, donde se verificó 
la despedida ; el borrador ó proyecto de una especie de relación 
testimoniada, en latin asimismo, de las circunsuncias y objeto 
(que allí se da por conseguido) de la venida del Príncipe , y 
de los pormenores de su despedida , mencionándose , entre 
éstos, el pacto solemne de paz y amistad acordado en aquel 
acto por ambos príncipes; pacto cuyas condiciones y base 
(el enlace pretendido) aparecen más detalladas en el tercer pa- 
pel ó borrador, también testimoniado y en idioma latino. Lle- 
va este ultimo papel la fecha de 17 de Setiembre de 1623, el 
antedicho la del 11, y ambos suenan firmados por los infim- 
tes D. Carlos y D. Fernando, por los embajadores ingleses 
y el barón de Kimpston, y por el Conde de Olivares {amici^ 
tia hujus diligentissimus curator) y el Marqués del Carpió, 
todos como testigos. Estas traducciones latinas y la inscrip- 
ción fueron obra de D. Juan de Fonseca y de su amigo Ca- 



Páginas 1 1 2 y 113. 



304 
iatayud. La minuta, fechada el ii, es de letra de este último; 
las otras están escritas, ó por el mismo D. Juaa de Fonseca, 
ó por su amanuense. — En la jornada que el Rey hizo al Anda- 
lucía desde el mes de Febrero al de Abril de 1624, consta que 
formaba parte de la comitiva D. Juan de Fonseca, ejerciendo 
su empleo de sumiller de cortina. Conservando este puesto, 
obtuvo en el mismo año el brillante cargo de embajador ex- 
traordinario á la corte de Parma. Con él se hallaba ya inves- 
tido, pero continuaba en Madrid, á mediados de Setiembre; 
fecha en que aprobó el erróneo, si bien erudito, libro de Ta- 
mayo de Vargas : Novedades antiguas de España. — FlavU 

Ludo Dextro^ caballero español de Barcelona defendido 

Madrid,..., 1624 Así en el encabezamiento de su aproba- 
ción , como en el prólogo del autor, se le nombra expresando 
sus destinos de sumiller y embajador , pero no sus dignidades 
eclesiásticas. 

No debió detenerle mucho en Italia su misión diplomá- 
tica; pero ignoramos el período en que la desempeñó. Infié- 
rese que se hallaba en Madrid por Febrero del año 1625, de 
una carta latina que con fecha del 13 de ese dicho mes, pero 
omitido el lugar de su data, le escribió, y hubo de entre- 
gar personalmente en su morada, un tal Carlos Antonio Bele- 
redo *, que deseando ardientemente conocerle y ver su cele- 
hre museo ^ no habia podido conseguir que los criados del 
mismo Fonseca hiciesen presente á su señor tan recomen- 
dables aspiraciones. £1 principio de esta curiosa epístola, co- 
locada al fól. 141 del mismo códice, es como sigue : 

//.«» et Amplissimo Viro D. Joanni Fonseca de Figueroa 
D.^o meo dehita observantia calendo. — Carolus Antonius Belere- 
dus S. D. 

Ridebis audaciam meam , yoannes illustrissime , quod te tan- 
tum virum , litteris non vereor provocare meis, jfccipe rationem. 



La forma de su letra no parece española. 



305 
Domum tuam septies ingenue verum f afear ^ peüh it tui videndi 
cupidus et Musai ceUberrimi spectandi avidus , verum serui te 
corpori indulgen renunciarunt. )> 

Parece que Fonseca debia tener su museo en Madrid, don- 
de habitualmente residía. 

Continuaba ejerciendo su cargo de sumiller á fines de 1629, 
si hemos de juzgar por el epígrafe con que se imprimió un 
fiagmento de no sabemos qué escrito latino suyo, panegírico 
del gran Lope , al frente del Laurel de Apolo , entre otros mu- 
chos escogidos elogios del autor que allí reunió su amigo Don 
Francisco López de Aguilar. Dice así : Don Juan de Fonse- 
ca y Figueroa^ Sumiller de Cortina de su Magestad^ Maestres- 
cuela y canónigo de Sevilla , varón clarísimo. Y confirma hasta 
cierto punto su existencia por los años de 1628 á 1629 ', la 
cita que de su persona y de una obra suya manuscrita hace 
D. José Antonio González de Salas en sus eruditos Comenta- 
ríos a Petronioj impresos en Francfort, el año de 1629. Habla- 
se allí de Fonseca, según después veremos, como de escritor 
que á la sazón vivia. Debe de advertirse que , si bien Salas 
escribió estos Comentos diez años antes, los añadió y perfec- 
cionó en gran manera al tiempo de darlos á luz. Don Nico- 
lás Antonio, con referencia á noticias, al parecer, un tanto 
vagas (dicitur) , apunta que D. Juan de Fonseca murió en 
Madrid, siendo aún de buena edad {ante tempus)^ con gran 
sentimiento y duelo de todos los buenos. Si en efecto vivia 
cuando se imprimió el Laurel de Apolo , y, como parece segu- 
ro, habia fallecido antes del 7 de Marzo de 1632, dia de la 
solemne jura en Cortes del príncipe D. Baltasar Carlos, en 
cuya ceremonia consta que ejerció D. Alvaro de Ataide el 
cargo de sumiller de cortina , resulta que sólo llegó á contar 



* Todas estas deducciones son equivocadas. Murió Fonseca en Ma- 
drid, á mediados de Enero de 1627. Llegó el aviso de su muerte á 
Sevilla el dia 22. (Véase el apéndice á esta nota.) 



3o6 
unos cincuenta y dos años de edad, y queda comprobada b 
indicación de D. Nicolás Antonio >. 

De todas las obras que con laboriosidad incansable escribió 
D. Juan de Fonseca y Figueroa, únicamente dos pequeños 
fragmentos y tal cual ligera composición lograron los hono- 
res de la estampa. Don Nicolás Antonio menciona las que 
vio y halló citadas en otros autores. A su catálogo añadire- 
mos aquí especies y artículos de mucho interés para nuestra 
historia literaria y artística. 

In P, Terentii Andriam Nota» Dedicadas á D. Juan Solor- 
zano, con una epístola fechada el 14 de Noviembre de 1606. 
Opúsculo citado por D. Nicolás Antonio, que le vio manus- 
crito. 

In Séneca Epistolam xviii, lib. 11. December est Mensis 

Manuscrito, dedicado al mismo Solorzano. Cita este Comen- 
tario Antonio, sin expresar su fecha. 

Pro D, Laurentio Ramírez de Prado^ adversus Mussamber- 
tum seu Theodorum Marsilium. Manuscrito. Teodoro Marcil, 
parisiense, maestro de primeras letras, publicó en París, 1607, 
bajo el seudónimo de Claudio Mussamberto, una impugnación 
agria y poco feliz del Hypomnemata in C. Valerium Martia^ 
lem , apreciable comento de este insigne bilbílitano , que Don 
Lorenzo Ramirez de Prado, muy joven aún, habia escrito y 
hecho imprimir en aquella misma capital y en el propio año. 
Fonseca vindicó doctamente en este opúsculo á su amigo 
Ramirez. No se imprimió. Le cita Ramirez, pero no su tí- 
tulo, en su Pentekontarkos (16 12), y con relación á él, y en 
los dichos términos, D. Nicolás Antonio. 



' Entre los mayordomos del Rey que asistieron á la referida jura, 
no aparece, ni tampoco entre los título^ ^1 Marqués de Orellana. 



307 

Don Joanms de Fonseca et Figueroa^ Marchionis de Orelia- 
na/. in Sancta Cathedralt Hispalensi EccUssia Canontcus et 
Magíiter Schola. Amico suo. 

Elegante composición en exámetros y pentámetros, que 
empieza : 

Prétlia grandiloquo tentant Mavortia versu 
Pugnacesque solent tollere ad astra viros 

escrita, como llevamos indicado, en alabanza del Pentekon- 
tarkos y de su autor, é impresa al frente del libro, cuyo título 
literal es : 

IIENTHK0NTAPX02. Sive quinquaginta militum ductor Don 
Laurenti Ramírez de Prado Stipendiis conductus, Cujus aus- 
piciis varía in omni litterarum dictione monstra pro/iigantur^ 
abdita panduntur^ latebra ac tenebrea pervestigantur et illus- 
trantur. (Emblema.) Antuerpia^ Apud Joannem Keerbergium. 
Anno M.DCXII. En 4.<> 

La extraña denominación de este libro alude á sus cincuen- 
ta capítulos, que son otras tantas disertaciones sobre costum- 
bres romanas , griegas y hebreas , invenciones , arqueología, 
historia sagrada , legislación penal antigua y moderna, filolo- 
gía, historia natural, etc.; miscelánea incoherente, pero rica de 
estimables noticias é investigaciones. Reunia D. Lorenzo Ra- 
mírez de Prado tan copioso caudal de erudición á los veinte y 
seis años de edad , que en aquella fecha contaba, según la ins- 
cripción de su magnífico retrato, que decora la obra, perfec- 
tamente grabado por Gellaert, copiando el que pintó D. Juan 
de Jáuregui , de quien son unos versos castellanos laudatorios 
del retratado, que así lo declaran. La ilustran y adornan tam- 
bién algunos buenos dibujos de medallas y objetos antiguos. 
Fueron sus aprobantes Paravicino y Ruiz de Camargo. Lle- 
va, después del de Fonseca, panegíricos poéticos latinos de 
Tribaldos, D. Antonio Coloma, hermano del Conde de Elda; 
Francisco Peña, médico de cámara-, D. Juan Bateo; Mari- 
ner y D. Pedro de Luna y de la Cerda. 



3o8 

Aprobación del libro de D. Tomas Tamayo de Vargas^ intitu- 
lado : Novedades antiguas de España. Flavio Lucio Dextro^ ca- 
ballero español de Barcelona defendido Madrid ^ 1624. 

En 4.*» 

En esta aprobación, sin fecha (de Setiembre 1624), de- 
fiende Fonseca ardientemente el fidso cronicón titulado de 
Dextro. Ensalza á los varones eminentes que con el celo de la vir- 
tud se oponian a la injuria y atrevimiento de sus impugnadores, 
enseñando con sus escriptos la poca fuerxa con que suelen enseñar 
la calumnia y mentira; y cuenta de tales varones, entre los 
más beneméritos , á Tamayo de Vargas. Éste , por su parte, 
menciona en el prólogo á D. Juan de Fonseca y Figueroa 
como á uno de los principales ilustradores del Dextro. He aquí 
sus textuales palabras : (( Baste la comprobación de tantos ání- 
*mos ilustres para la aprobación de Dextro ^ y para la excusa 
de mi publicación. Años há que la solicité entre D. Juan de 

Fonseca y Figueroa con cuya liberal erudición se ilustra más 

su nobleza^ siendo igual á ambas su humanidad i y el P. Paulo 

Albiniano de Rajas para que juntos los estudios que en la 

ilustración de este autor tenian^ le tuviésemos como era ó como 
le podemos desear. Mayores ocupaciones le han detenido ; po- 
demos esperar que el uno dará esta nueva honra á España^ en- 
tre los muchos escritores antiguos suyos , con que desea de nuevo 
gloriarse ^ y el otro )), etc. 

En efecto, se han conservado las 

Notas á los cronicones y titulados de L, F. Dextro y de 
Ai. Máximo j con que el crédulo Fonseca pretendió ilustrar- 
los, en el códice S-76 de la Biblioteca Nacional. Este códice, 
en folio, que fué ((del señor Conde de Miranda», es una co- 
lección de curiosos papeles manuscritos, hecha por el insigne 



' Cronicón L. Flavii Dextri ^. C. 



309 
D. Juan Francisco Andrés de Ustarroz^ intitúlase Florestas^ 
I tomo. Su quinto papel es el Cronicón de Dextro * : al prin- 
cipio (fól. 43) lleva la siguiente nota de mano de Ustarroz : 

(i Este manuscripto saqué de otro que fué de D, Juan de Fonse-- 
ca^ y él lo había copiado del original del P, Higuera *. Todas 
las notas marginales son de D. Juan de Fonseca; si yo aña- 
diera alguna, llevará esta señal ^. )) 

El sexto papel es el Chronicon M. Maximi^ Episcopi Caesar^ 
augustani : tiene á su principio (fól. 69) esta nota de Us- 
tarroz ; Copiado de los mismos papeles de D, Juan de Fonseca, 

Nada dice el colector de las notas marginales que lleva este 
otro Cronicón , pero es de suponer que sean asimismo de Fon- 
seca, y á él se las atribuye el índice de MSS. de la Biblio- 
teca Nacional. 

« De veteri Pictura. » MS. 

Tenía ya concluida esta obra D. Juan de Fonseca antes 
del año 1629, en que salió á luz la esmerada edición de Petro- 
nioy con los exquisitos comentarios de D. José Antonio Gon- 
zález de Salas, el digno amigo de Quevedo, y principal editor 
de sus poesías. Imprimióse este Petronio en Francfort , para 
dejar á salvo la castidad de nuestra censura, y salió dedicado al 
Conde de Olivares, y ornado con su retrato, de buril expre- 
sivo y valiente. Precédenle únicamente la dedicatoria y prólogo 
del comentador. Su título, inscrito en un bello frontis, dice : 

F. Petronii Arbitri. E. R, Satiricon. Extrema editio ex 
H4usao D. Josephi Antonii Gonsali de Salas. (Escudo real 
con esta inscripción: Philippi IF Munificentia.) Magno Co- 
miti de Olivares Sac. Francofurti : cura ¡Volgangi Hoftna^ 
nii MDCXXIX. (Escudo de Salas, con el lema : Pauper 
animus aliena tantum virtute dives. ) En 4.** 

Dice Salas, en el epígrafe de su Comento j que éste habia sido 



' El P. Jerónimo Román de la Higuera^ jesuíta, su forjador. 
* Una cifra , que parece compuesta de las letras Y. 8. 



3IO 
trabajo casi de su niñez, y que le volvía de nuevo al yunque, 
después de transcurridos diez años. 

Comentando, pues, el pasaje donde Petronio alude á los 
progresos que en tiempo de Nerón hizo la Pintura, postquam 
Mgypüorum audatia tam magni artis compendiariam viam in- 
ven! t; escribe D. José Antonio : ^anam illa compendiaría 

via est quam Mgipti ad picturam invenerunt ? Sobre esta 

cuestión dice que después de consultar en vano a todos los 
intérpretes y á otros autores, acudió a su íntimo amigo Don 
Juan de Fonseca y Figueroa {inlustris vir^ et omnifariam eru- 
ditiom nfertus ^ imprimisque amicus)^ el cual, como tuviese 
compuesto y ya concluido, entre otros muchos trabajos lite- 
rarios, un libro De Pictura veteri^ con el mayor gusto le comu- 
nicó las noticias que, interpretando ese lugar de Petronio, tenía 
consignadas en su MS. Salas copia literalmente * los pár- 
rafos donde Fonseca ciu y traslada á su vez del opúsculo de 
Plinio sobre la pintura, enmendado por él con presencia dedos 
antiguos códices, el método que los egipcios usaban para es- 
tampar y fijar colores sobre telas abreviadamente , a lo que 
parece, por medio de reacciones químicas. 

Sensible por extremo es la pérdida de este libro de Fonse- 
ca, interesante no menos bajo el concepto artístico que bajo 
el punto de vista arqueológico. 

Fonseca, del mismo modo que Pacheco y Vicente Cardu- 
cho, ilustraba el arte con sus escritos y le enriquecía con las 
obras de su pincel. De tres de éstas solamente nos ha queda- 
do precisa y determinada noticia : de los retratos que ejecutó 
de sus tres eminentes amigos y compatricios, D. Francisco 
DE RiojA , D. Juan de Arguijo y D. Manuel Sarmiento de 
Mendoza. Consérvanse estas noticias en el códice M-82 de la 
Biblioteca Nacional , en la forma siguiente : 

Al fól. 106 se halla, escrito de letra del mismo Fonseca, ó. 



Pág. 1 5 del Comentarío. 



3" 
más probablemente, de su amanuense, el borrador de la Silva 
al retrato que aquel pintó de D. Francisco de Rioja ; bor- 
rador corregido de mano del propio RiojA , y cuya copia en 
limpio, de la misma letra del borrador, se halla en un cuader- 
no que principia al fól. 41 del códice , y comprende varias 
poesías de RiojA y otros. De esta Siha , que la copia atribu- 
ye á D. Francisco de Calatayud , hablamos detenidamente en 
el texto. £1 índice de MSS. de la expresada Biblioteca, obra 
de los Iriartes, contiene un artículo que á la letra dice así : 

ttFonscca y Figueroa (D. Juan). 

«Noticia del retrato que hizo de Francisco de Rioja. — 
Pág. 124 del códice Q-87.W 

Acudimos al códice Q-87, y le encontramos falto de la 
hoja 124. £s de advertir que en el artículo Rioja (del mis- 
mo índice) se registran unos versos de éste , con referencia a 
la propia pág. 124 del códice Q-87. 

Hállase formado el fól. 122 del códice M-82 por un papel 
suelto, donde aparece escrita de mano de Rioja, pero sin 
epígrafe alguno, la siguiente composición : 

Dos palmas , dos laureles 
Para Orfeo y Apeles 
Preven, oh tu, que notas admirado 
De Arguijo el fiel traslado 

Y de Fonseca el dibujar valiente ; 
Dos famas voladoras, 

Que desde el rojo Oriente , 

Adonde muere el sol , canten su gloria 

Y den eterna vida á su memoria. 

Por último, otro papel, foliado con el 123, contiene, sin en- 
cabezamiento, y de letra de Calatayud, la siguiente Silva en 
elogio del retrato (á mi juicio) de D. Manuel Sarmiento de 
Mendoza, canónigo magistral de Sevilla, hábilmente pintado 
por nuestro Don Juan : 

Bien muestran estas luces y estas sombras. 
Atadas diestramente. 



3«2 

j^ue es Fonseca su artífice valiente ; 
Y el blando y conocido movimiento. 
Que es fiel imagen esta de Sarmiento. 
Mas la sin par alteza 
De virtud, de dotrina y de nobleza 
(¡Oh espíritus divinos!) 
No permite que pluma 
Tanto de sí presuma « 

§ue á fama en todo el orbe dilatada 
fenda confiada; 
¡Oh! ¡en recíproca gloria 
Eterna viva vuestra gran memoria! 

El canónigo Sarmiento fué quien facilitó á Quevedo el ma- 
nuscrito de las obras poéticas de Fr. Luis Ponce de León, 
para que las publicase , dedicándolas al Conde-Duque. Se las 
dedicó, en efecto, con fecha de 21 de Julio, año de 1629; 
pero juntamente estampó una carta, dirigida á Sanxiiento, 
donde consigna su dádiva y mandato ; elogia sus trabajos lite- 
rarios inéditos, y le alaba de ((pródigo en alentar los varones 
insignes en virtud y letras», y de cuidadoso ((de preservar las 
memorias de ellos y alargar la vida a sus escritos. » Fué Sar- 
miento natural de Burgos, de familia esclarecida. 

Menciona el mismo Fonseca otra obra suya en el referido 
fragmento, copiado por González de Salas , á saber : ín Plinit 
Historiam Nota Perpetua, MS. Don Nicolás Antonio no 
logró ver estas obras de Fonseca, citadas en el Petronh de 
González de Salas. 

Las dos que siguen sí las tuvo presentes. 

Ad Claudiani Poem, de Raptu [Prosserpina Nota (= No- 
tula incepta^ dice Antonio). MS. 

De criticis Disputatiuncula ^ ínter Neotericum Scriptorem 
et ♦♦♦. MS. 

Comenzaba este opúsculo, según D. Nicolás Antonio, de 
esta manera : Contra claudum insurgo scriptorem , j con- 
tenia una defensa de ciertas correcciones ó enmiendas del cé- 
lebre Justo Lipsio, criticadas por el tal escritor cojo^ que An- 



3«3 
tonio sospecha si sería D. Francisco de Quevedo. No debie- 
ron, á la verdad, mediar muy simpáticas relaciones entre 
nuestro autor y el insigne cojo, protegido del Duque de Ler- 
ma y declarado enemigo del de Olivares. 

£n un ejemplar del citado libro de Tamayo de Vargas: 

FUtvio L. Dextro defendido^ que perteneció á D. Juan de 

Fonseca, halló D. Nicolás Antonio, al margen de la interpre- 
tación de las letras ó cifras P. P. O. {Prafect. Prat. OrienU\ 
esta nota manuscrita : Vide oharvationes nostras adversum 
Gutherium. Duda Antonio si tstsíS observaciones irvAn dirigidas 
contra Gutherío, que escribió : De ojficiis domus Augusta , ó 
contra Gnitero, colector de inscripciones antiguas. 

A este catálogo de las obras de D. Juan de Fonseca y Fi- 
gueroa, que, con ligeras excepciones, comprende las perdi- 
das, tengo la satisfacción de añadir la noticia de dos muy 
notables suyas que se conservan á esta fecha; una de ellas 
atribuida á diversa pluma, y la otra no conocida. Las creo 
muy dignas de atención, porque si bien no pasan de ser unas 
breves anotaciones, versan sobre dos de nuestros más grandes 
poetas : Garcilaso y Lope de Vega. He debido el descubri- 
miento de su verdadero autor al prolijo y detenido examen 
comparativo de los códices M-82 (donde se hallan) y (¿-87, 
que me han suministrado los principales datos para estas ilus- 
traciones. Son, pues, los borradores de unas eruditísimas 

Notas a Garcilaso de la Vegai y de otras 

Notas á la yerusalen conquistada de Lope de Vega Carpió. 

Estos borradores , escritos , parte en un cuaderno , sin fo- 
liatura propia, con los epígrafes : aGarcilasso)) — uó la gerusaUn 
de lape)), cuaderno que en el códice lleva los folios desde el 133 
al 149 , parte (el de las notas á Garcilaso) en dos pequeñas 
tiras separadamente colocadas (folios 150 y 157 repetido), son 
de la misma letra que las enmiendas y anotaciones puestas por 
Fonseca, según ya hemos dicho, á dos sonetos de D. J. A. de 
Vera y Zuñiga, papel original, existente en el códice Q-87. 
De la propia mano están escritas, á mi parecer, las referidas 



3H 
minutas del pacto acordado en el Campillo y de la inscripción 
para el proyectado monumento ; las copias de gran parte de 
las poesías de RiojA, que se hallan al principie del códi- 
ce M-82 ; una corrección á cierto soneto autógrafo del mismo; 
el borrador primitivo de la silva á su retrato; varías notas 
marginales y enmiendas á versos de diferentes autores , que, 
como los antedichos, existen reunidos en el propio códice, y 
algunos apuntes y retazos en uno y otro ^ La fetal circuns- 
tancia de no existir en éstos, ni á mi alcance, papel alguno 
firmado por D. Juan de Fonseca, mantiene la duda, que cier- 
tas observaciones me han hecho formar, acerca de si la letra 
referida será de su propia mano ó de la de un escribiente suyo. 
Hállanse escritos de la misma letra en el cuaderno de Notas de 
que tratamos, algunos juguetes ^ que no parecen propios del 
carácter ni de la edad de D. Juan. Al dorso de la citada car- 
ta de su hermano D. Pedro se leen unas apuntaciones latinas, 
de letra muy diversa de la cuestionada. ¿ No pudiera ser ésta 
la de nuestro autor, que, viviendo con su hermano, se sirvie- 
se para estos apuntes de un papel inútil del mismo? La 

carta no parece completa; es demasiadamente femiliar y tiene 
sus puntas de jocosa ; pero su estilo es desaliiíado. Lleva la 
fecha de 8 de Noviembre de 1606, y la firma Don p^ de 
Fonseca, Sabemos por D. Nicolás Antonio que Fonseca es- 
cribió y dirigió al insigne jurisconsulto madridense D. Juan 
de Solorzano Pereira, en 14 de Noviembre de ]6o6, unas 
eruditas notas á la Andria de Terencio. Pues cabalmente el 



' Apuntaciones relativas á pinturas sagradas, códice Q-87. Reglas 
de versificación castellana (fragmento), códice M-82. Interrogatorio 
sobre la biograña de Pedro de Valencia, códice Q-87. 

^ Un fragmento como de cantata amorosa, y esta s^;uidiUa : 

Agua pide la niña; 
Quién se la diera 
Del cañito dorado 
De la alameda. 



3^5 

pliego que forma los folios 156 y 157 del mismo códice (Q-8 7), 
contiene unos borradores, de letra idéntica á la del indicado 
escrito, al envés de ía carta de D. Pedro (fól. 144), los cua- 
les son evidentemente parte de unos comentarios á Terencio* 
Examinado atentamente el contexto del borrador unido á la 
carta, parece asimismo fragmento del propio trabajo. La coin- 
cidencia de fechas no puede ser más completa. A la incontes« 
table prueba que ofrece la antes citada carta de D. J. A. de 
Vera y Züñiga , de ser, ya autógrafas de Fonseca, ya dictadas 
por él á un amanuense, ó copiadas de su autógrafo, las ano- 
taciones y enmiendas á los sonetos del mismo Vera, añadire- 
mos otra material, que hallamos en el fól. 184 del códice á que 
ahora nos referimos. Las apuntaciones sobre pinturas de asun- 
tos sagrados, que de la misma letra de estas notas se leen al 
folio expresado, están escritas en lo blanco de un sobre de es- 
quela ó carta dirigida a Don Joan de Fonseca y Figueroa que 
dios guarde ^ En la duda que suscitan estos diversos datos y 
observaciones, yo me inclino á creer autógrafa de D. Juan de 
Fonseca la letra de los borradores que versan sobre Terencio, 
de mala forma y poco inteligible ; y de mano de su escribiente 
ó secretario la más clara, fácil y cursiva de las notas á Gar- 
cilaso, Lope y Vera, y de las demás piezas mencionadas. La 
asidua laboriosidad de este escritor, y su brillante posición so- 
cial, le obligaban hasta cierto punto á sostener un amanuen- 
se. Si agregamos á la identidad material , la que presentan asi- 
mismo en su estilo y en su rigorismo crítico las notas correc- 
tivas á Vera y Zuñiga, y las comentativas á Garcílaso y á 
Lope (singularmente estas últimas), quedará sólidamente de- 
mostrado que son obra de un mismo autor, de D. Juan de 
Fonseca y Figueroa; y que el índice de manuscritos de la 
Biblioteca Nacional atribuye equivocadamente las relativas á 



' La nema conserva estampado un bonito sello> en seco, con unas 
armas. 



3i6 
Garcilaso , á Francisco de Rioja. De las respectivas á Lo- 
pe no hace mención alguna. 

£1 papel que contiene los sonetos de Vera anotados por 
Fonseca lleva en el códice Q-87 el fól. 147. Cita allí vaga- 
mente Fonseca unas notas suyas á Herrera (Fernando). La 
réplica de Vera tiene los folios 148 y 150. 

La más importante y ardua tarea literaria de D. Juan de 
Fonseca, su Historia antigua de España , hubo de que- 
dar á su muerte en borrador, y probablemente no conclui- 
da. ¿Cómo D. Nicolás Antonio no alcanzó noticia algu- 
na de este trabajo, conocido de diversos y notables eru- 
ditos? No es imposible que aun se conserven de él restos 

apreciables; pero más creible es que haya sido aprovechado 
por alguno de nuestros arqueólogos ó historiadores. Descarta- 
da la parte precedente de los falsos cronicones, indudable- 
mente debia de tener gran mérito, atendidos los profundos 
conocimientos del autor y los datos que reunió '. 

£1 fragmento de discurso latino, comprensivo de elegantes 
frases laudatorias de Lope, que bajo el nombre de Fonseca se 
halla impreso al frente del Laurel de Apolo^ no lleva la menor 
cita ó señal que nos declare si pertenecia en efecto á una 
obra suya exclusivamente panegírica de aquel grande inge- 
nio , ó si procedia de otra de más general objeto entre las que 
produjo su pluma. — Los dos últimos versos de la composición 
al retrato que pintó de Francisco de Rioja : 

Mas al que ha dado vida con la mano. 
Dará Fonseca en sus escritos vida^ 



' Entre ellos , los contenidos en una preciosa Colección de inscripcio- 
nes antiguas^ la mayor parte de España, que constituye más de la mi- 
tad del códice Q-87. Perteneció esta colección al insigne D. Antonio 
Agustín, según consta de varias cartas de Fulvio Ursino y otros ita- 
lianos que en ella existen, relativas á la misma materia, y se infiere 
también de los sitios de las inscripciones pertenecientes a España. 



3^7 
nos ofrecen indicios de que tal vez proyectaba escribir algu- 
nos escogidos elogios biografíeos. 

No incluyó Lope á D. Juan de Fonseca en el Laurel de 
Apolo ^ mas en cambio le tenía ya dado preeminente lugar en 
su Jardin alegórico (epístola viii de La Filomena ^ 1621 ; á 
Francisco de Rioja) entre los eminentes ingenios, cuyos 
bustos supone allí colocados. He aquí los galantes versos don- 
de le nombra : 

En Don Juan de Fonseca el mármol niega 
Que no pudo dar alma tan divina. 
Si bien Lisipo al ñn del arte llega. 

El célebre Gonzalo Correa le dedicó su Coment. seu Decla^ 
raí. ad illud Céneseos : sed fons ascendebat de térra, 
etc.; Salmanticaey 1622, 4.°; libro que no he logrado consul- 
tar. En la dedicatoria, según D. Nicolás Antonio, le honra 
con estas encarecidas calificaciones : Fir ínter Iliteratos lítte- 
ratissimus; inter nobiles nobilissimus ; ínter utrosque praestan- 
tíssímus. 

D. Lorenzo Ramirez de Prado, al citarle en su Pente^ 
kontarkos (i6i2),le llama: Nobíle juventutís Híspaníae decus : 
bono reípublícae lítteraríae et perpetuo Musarum honorí natus. 

No ha debido, sin embargo, la memoria de D. Juan de 
Fonseca y Figueroa el más pequeño tributo á Rodrigo Caro 
ni á sus tres continuadores. Don Diego Ortiz de Zúñiga le 
cita en sus Anales de Sevilla (1677) entre los prebendados 
de aquella catedral insignes y estimados en todas facultades ^ con 
estas palabras : c( Don Juan de Fonseca y Figueroa , hermano 
del Marques de Orellana, canónigo, sumiller de cortina del 
rey D. Felipe I V. » No es de extraiíar que Zúñiga omitiese á 
Fonseca en su Catálogo de escritores sevillanos ^ cuando no in- 
cluyó en él á Rioja , cuya patria dice que no le constaba de 
cierto. 

El insigne poeta Cristóbal de Mesa, extremeño, de Zafra, 
en su libro Las églogas y geórgicas de f^irgilioy Rimas y el Pom- 



3i8 
peyo^ tragedia^ Madrid, 1618, dedicó á D. Juan de Fonseca 
dos sonetos satíricos, en los que hace justa censura de los es- 
critores adocenados y pedantescos. En el primero le llama 

Don Jusíh insigne y claro de Fonseca. 



APÉNDICE 

X LA NOTA RELATIVA X DON JUAN DE FONSECA. 

Entre los manuscritos bibliográficos de D. Bartolomé José 
Gallardo, se han hallado los siguientes apuntes acerca de este 
escritor: 

((Fonseca y Figueroa (D. Juan de). Fué hermano del Mar- 
ques de Orellana, sumiller de cortina de S. M. ; escribió Va- 
rios traudos, que ninguno vio la luz. Traelos la Bib. Hisp.^ 

tomo I En el libro de óbitos de la fábrica (catedral 

de Sevilla), á núm. 114, dice: ((El Sr. D. Juan de Fon- 
seca , canónigo, murió en Madrid ; vino el aviso de su muerte 
á Sevilla en 22 de Enero de 1627 años.» ( ¿Nota de D. Am- 
brosio de la Cuesta?) En un tomo de papeles varios ma- 
nuscritos de la biblioteca Colombina, est. BB, tab. 145, nu- 
mero 21, se hallan las siguientes obras de Fonseca: 

P. Terentii Carthaginensis Afri Andria. Notéc AíS. (Fo- 
lios 173-221.) 

(( Precede á estas notas una carta de remisión al Dr. Don 
Juan de Solorzano Pereira, fecha en Salamanca, á 2 de Di- 
ciembre de 1606. Y contestación de Solorzano, catedrático ac- 
tualmente de vísperas, fecha Ib., el mismo dia (folios 168-70). 
Este trabajo sobre Plauto parece ser el mismo original de puño 
de Fonseca, y algunas apostillas marginales del de Solorzano.» 

Diálogo sobre los sueños. (Folios 225-228.) 

A que precede también otra carta al mismo Solorzano. 



3^9 
De línea. (Folios 231-3.) 

Notae ad Claudiani ^ lib. prim, (Folios 235-43.) 

Notae ad Senecae epistoL xviii, ex lib. ii. (Folios 245-52.) 
Con una epístola remisiva á Solórzano. 

De criticis disputatiuncula ínter Neoterícum scríptorem et 

( ¿ Escrito contra D. F. de Quevedo?) (Folios 391-5.) 

En el mismo volumen, fól. 273, se contiene una carta la- 
tina de J. B. Suarez de Salazar al canónigo Fonseca (recien 
llegado á Sevilla), sobre un pasaje de Catulo. Su fecha en Cá- 
diz, II de Enero de 1610. 

Latassa , en su Ensayo cronológico de los escritores aragoneses 
(Zaragoza, 1789), refiere que D. Juan de Fonseca pasó, en 
el año de 1626, á reconocer los libros del monasterio de San 
Juan de la Peña, en Aragón, con una orden del Conde- 
Duque para recoger y traer á la librería de este magnate los 
más preciosos é importantes. De allí sacó, en efecto, el códi- 
ce Historia de Regibus Aragonum^ escrita hacia el año 1636 
por Pedro Marfilo, monje del expresado convento; códice en 
el cual (devuelto luego al archivo del monasterio) vio Latas- 
sa la siguiente nota : 

((Esta Historia de Aragón la traxe de San Juan de la Peña 
á la librería del Conde de Olivares, donde está. — D. J. D. F.» 

Habla de este códice el Sr. Muñoz y Romero, en su Diccio- 
nario bibliográfico-histírico , dando noticia de su moderna pér- 
dida, menos sensible en atención a existir de él una completa 
copia /acsimile^ hecha por diligencia del Sr. Abad y Lasierra, 
en la Academia de la Historia, y dos manuscritos de sus tra- 
ducciones castellana y lemosina , ó catalana, en la Biblioteca 
Nacional. 

Nota IX. {Pag. 19.) 

Pedro Fernandez de Andrada, sevillano , de noble alcurnia. 



320 

peritísimo en el conocimiento, manejo y enseñanza de los 
caballos, se dedicó toda su vida, así á la práctica de tan útil y 
necesario arte, como á su preparación teórica, publicando 
tres libros notables que acerca de él escribió, á saber : 

De la naturaleza del cavallo. Sevilla^ por Fernando Diaz^ 
1580,4.° 

Libro de la Gineta di España, Sevilla^ por Alonso de la Bar- 
rera^ 1599» 4*°» estimable por muchos conceptos, y muy es- 
pecialmente por contener á su firente una bella canción de 
Fernando de Herrera, quizá la última obra poética de este 
divino ingenio. 

Nuevos discursos de la Gineta de España^ sobre el uso del cabe- 
zón, Sevilla^ por Alfonso Rodriguez Gamarra^ 161 6, 4.** 

Pedro contaba , á lo que se deduce de su Libro de la Gine- 
ta j sobre cincuenta aiíos en 1597 ; por tanto, es muy íacil que 
Andrés Fernandez de Andrada fuese hijo suyo y coetáneo de 
RiojA. 

£1 fragmento de silva compuesta por este Andrés hacia el 
año 1607, que hemos citado existente en el códice M-82 (fo- 
lio 1 169, parece un borrador ó una copia desechada é imper- 
fecta. Principia de esta manera : 

«La entrega de Larache al Rey nuestro Señor Don Feli- 
pe III, la muerte del Rey de Francia Enrique, la expulsión de 
los Moriscos destos Reynos de España ; por Andrés Fernan- 
dez de Andrada.» 

SILVA. 



Que oi ves en tus castillos y riberas 
ni el oprimir tus olas^ 
las naves y galeras españolas , 
y por el precio vil el aíncano 



32« 

Entregar el imperio 

del soberbio Occeano 

k estraña religión, k estraña gente, 

no con pavor detenga tu corriente 

Luco famoso Rio 

preven un nuevo espanto..... 

Basta y sobra para muestra del famoso fragmento, que á la 
vuelta del folio queda interrumpido en el verso 

cnrrico yaze muerto , 

y cuyo contexto indica la mano ruda de un copiante. Su 
letra ofi-ece gran semejanza con la del amanuense de D. Juan 
de Fonseca y Figueroa. 



Nota X. {Pág. 21.) 

Antonio Ortiz Melgarejo. Natural de Sevilla , poeta digno 
de ser más conocido; floreció á principios del siglo xvii. Lo- 
pe de Vega, que hubo de tratarle en aquella ciudad , le alabó 
de imitador de Herrera, en el canto xix de su JerusaUn^ oc- 
tava 83 ya citada : 

Antonio Ortiz, con amoroso engaño. 
Renueve al docto Herrera la memoria; 



Dirigióle antes un soneto, que va en sus Rimas humanas, 
aumentadas (1605), y allí le da el nombre arcádico de Fi- 
delio. 

Tres solas composiciones he visto de Ortiz Melgarejo : la 
Canción en loor de su amigo Lope, inserta al principio de las 
expresadas Rimas; una Silva al cuadro del juicio final ^ pintado 
por Pacheco^ impresa en el Jrte de la Pintura de este últi- 
mo; y un Madrigal^ traducción de los primeros versos del 
Arte poética de Horacio, publicado en la misma obra de Pa- 
checo y en el tomo vii del Parnaso de Sedaño. 



3" 

Nota XI . {Pág. 30.) 

No habiendo conseguido ver el opúsculo referido del Du- 
que de Alcalá, no he podido comprobar la noticia de la cues- 
tión 6 disputa que le motivó , que se halla en las adiciones 
puestas por D. Juan Nepomuceno González de León, a fines 
del siglo pasado, á la minuta » biográfica de los Hombres in- 
signes en letras que florecieron en la ciudad de Sevilla^ de los 
tiempos del Rey D. Felipe II hasta Don Felipe IV que hoy reina; 
uno de los borradores de Rodrigo Caro para sus Varones ilus- 
tres^ como transcrita del expresado y rarísimo libro, el cual 
aparece mencionado por D. Tomas Tamayo de Vargas en su 
yunta de libros , la mayor que España ha visto en su lengua hasta 
el año de 1624 (códices FF-23 y 24 de la Biblioteca Na- 
cional ) , en estos términos * : Título de la Cruz de Jesu- 
christo Nuestro Señor. Sacóle á luz Antonio Laredo de Sala- 
zar (secreurio del Autor), 4.° En este mismo autógrafo 

hallamos citado á Rioja como autor de los opúsculos sobre 
el propio asunto, del modo siguiente : ((M.<> Francisco de 
Rioja, chronista de su Mag.<^ natural de Sevilla. » 

((Carta sobre el Título de la Cruz, » 

((Respuesta á las advertencias contra su carta intitulados {sic) 
del Duque de Jlcalá » , 4.^ 

D. Nicolás Antonio copió estas citas, sin añadirlas el me- 
nor dato. 

D. Diego Ortiz de Zúríiga, en el catálogo de escritores 
sevillanos, con que ilustró sus Anales^ dice : ((£1 Duque de 
Alcalá escribió un erudito tratado del Título de la CruZy y otro 
sobre la opinión de haber sido Cristo crucificado con cuatro clavos. » 
Esto nos aclara en parte un confuso párrafo de la carta que 
en contestación al discurso de Rioja en favor de las pinturas 
que representan á Cristo crucificado con cuatro clavos, es- 



' Códice B.-48 de la Academia de la HUtoria, ya citado y descrito. 
^ Encabeza la cita el nombre del autor. 



323 
cribió Francisco Pacheco con fecha de 1 8 de Mayo de 1620, 
insertándola después en su Arte de la Pintura^ párrafo que dice 
así (pág. 612) : «Don' Fernando Enriquez de Rivera, tercer 
Duque de Alcalá, favoreciendo doctamente esta pintura, dice 
en un papel que escribió el añoi622y acrecentando á este núme- 
ro otras tres imágenes de mucha antigüedad.» Aquí vemos 
confirmada la noticia que daOrtizde Zuñiga, infiriendo muy 
probablemente que estas líneas , escritas con posterioridad á 
la carta, constituían una apostilla ó nota, que fué intercalada 
en el texto por inadvertencia del impresor. 

En efecto, hemos hallado posteriormente en el precioso có- 
dice formado por Pacheco, año de 1631 , el título de Trata- 
dos de erudición de varios autores^ propio que fué de D. Justino 
Matute, y perteneciente hoy al Sr. D. Serafin Estébanez Cal- 
derón , la Respuesta original de Francisco Pacheco al expre- 
sado discurso de Rioja sobre los sagrados clavos, y allí apa- 
rece el párrafo relativo al Duque, señalado para constituir una 
nota. A esta dicha Respuesta de Pacheco, acompañada de las 
aprobaciones que lleva en el impreso, y alguna más, autógra- 
fas, se sigue en el códice el inédito y desconocido papel del 
Duque de Alcalá, sobre el propio asunto, fechado en Sevilla, 
á 17 de Noviembre de 1622, con todas las muestras de origi- 
nal, y acaso autógrafo. Le ilustra una curiosa nota marginal 
de Rioja, (Folios 103 al 110 del códice.) 

Al fól. 21 del mismo se encuentra el Discurso 6 tratado del 
Duque sobre el Título de la 0«z, ((enviado á Francisco Pa- 
checo en i.^de Abril de 1619. )) Es una copia de letra del es- 
cribiente de Pacheco ; su epígrafe, y la nota marginal está im- 
pressoj parece de mano del colector. Ocupa cuatro folios, y al 26 
va la Respuesta 6 réplica de Rioja, dirigida también á Pacheco, 
fechada á 20 de Abril del propio año y con la misma adver- 
tencia marginal. 

He adquirido últimamente, de la librería que fué de Don 
Bartolomé José Gallardo, por medio de D. José Sancho Ra- 
yón, así el libro publicado por el Duque de Alcalá, que con- 



3*4 
tiene la carta de Rioj a sobre el Titulo de la Cruz , contesu- 
cion del Duque, etc., como la última réplica de Rioja, que 
éste dio á la estampa, dedicada al Conde de Olivares. 



Nota XII. {Pág. 57.) 

Las obras del P. Juan Bautista Poza, que citaD. Nicolás 
Antonio , son : 

Eluctdarium Deiparae etc. 

Libellum supplicem ad JJrhanum VIII pro luo elucidario 



(Otro opúsculo en defensa del Elucidarium^ escrito á 
nombre de la nación cántabra.) 

Votum Platonis de examine doctrinarum (publicado bajo el 
nombre de Antonio de Saura). Zaragoza, 1639. 

Primeras lecciones que hizo en la primera fundación de ¡os 
Estudios de la Compaüía. Madrid, 16 12. 

Práctica de ayudar á morir. Madrid, 16 19. 

De Aíartyribus. De Humanitate Christi (opúsculos inéditos, 
que le fueron recogidos al tiempo de su prisión). 

Prometió en su Elucidario una 

Biblioteca de dichos y sentencias de filósofos y santos padres 
griegos y latinos, 

Antonio siente que estos manuscritos no se hubiesen con- 
servado, si estaban limpios de toda mancha.^ — Poza tuvo un de- 
cidido defensor, que fué Simón Rodriguez Ramos, médico 
sevillano, autor de la siguiente vindicación : AutipoUgiam ad- 



3*5 
versus calumniatores doctissimi PatrisJ. B. Poza^ Societatisye- 
su. Antiquariae, 1630, 4.^ 

En el índice de libros prohibidos que se publicó en Roma, 

el año de 1753 [Index librorum prohibí torum Additis Pro- 

hibitionihm usque ad annum 1752. Romae. Ex Typ§graph¡a 

Rev. Cam. Apost.)^ se hallan comprendidas los del P. Poza, 
en los términos siguientes (pág. 222) : 

((Joannis Baptistae Pozae Opera omnia ínter quae Elucida^ 
rium Deiparaey et quicumque alii Tractatus, Apologiae, Infor- 
mationes , Libelli supplices , vel quovis alio nomine expressi 
pro defensione prae&ti Elucidante si ve doctrinas Joannis Bapt. 
Pozae , tam pnelo mandati quam manuscripti ; praecipue in- 
frascripti libelli, scilicet : 

y) Memorial á los jueces de la verdad y doctrina, 

wSanctiss. D. N. Urbano Papae VIII. Natio et cognatio 
Cantábrica Jo. Baptistae Pozae, a Societ. Jesu, in causa ju* 
diciali tomi primi Elucidarii : cujus initium est: Beatissi» 
me Pater, Cantabricum Dominium et cognatio Jo, Bapt. Pozae, 
ad pedes Ves trae Sanctit, abj ecta apartes judiciales defensionis tomi 
primi Elucidarii ultro suscipiunt. 

))Sanctiss. D. N. Urbano Papae VIII cognatio Cantábri- 
ca lo. Bapt. Pozae, etc. ; cujus initium est : 

nBeatissime Pater Doctor Z>. lo, de Uribe et Tarza , nomine 
cognationis Cantabricae lo, Bapt, Pozae ^ttc, 

))(Libellus síne titulo cujus initium) : 

)) Señor y el Doctor D, Juan de Uribe y Tarza ^ en su nombre 
y en el de los parientes de J, B, Poza )) , etc. 



Nota XIII, {Pág. 69.) 

Bajo el seudónimo de Francisco Foppis^ se publicó en el 
campo contrario una impugnación del Aristarco y de la Idea 
del Principado de Cataluña^ de Pellicer, con el título de Inge- 
nuidad Catalana : Corona di los Lirios, Barcelona, Pedro De- 
xen, 1644, 4.** 



326 

La Proclamación Catoltca se atribuye á Fr. Gaspar Sala, 
abad de San Cugat de Valles, que escribió también : 

Epítonu de ¡os principios y progresos de las guerras de Catalu- 
ña en lósanos de 1640^ 41. Barcelona, 1641, 4.° 

Y tradujo del francés la obra que el Sr. de Sericiers com- 
puso en elogió del Conde de Harcourt, gobernador de Cata- 
luña por el Rey de Francia, con este título : El Héroe Francés^ 
i idea del Gran Capitán. Barcelona, 1646, 4.^ 

Nota XIV. {Pag. 70.) 

£1 manuscrito de los Anales , de D. A. de León Pinelo, que 
existe en la Biblioteca Nacional, y he tenido presente, es de 
letra de principios del siglo xviii. Su portada, de mano de Don 
Juan Isidro Yañez Fajardo, dice así : 

Annales o Historia de Madrid desde el nacimiento de Christo 
y Señor nuestro^ hasta el año de 1658. Escrita por D. Antonio 
de León Pinelo , oidor de la Casa de la Contratación de Sevilla , y 
chronista de S. MagJ en el Real Consejo de Indias. Hoy Feb,^ 23 
de 1 72 1. En folio, sin paginación. G-55. 

Nota XF. {Pág. Si.) 

El Dr. Martin Vázquez Símela, natural de la villa de Al- 
borge, cerca de Málaga, varón de agudo y perspicuo ingenio, 
adornado de todo género de erudición, y en especial de ex- 
tensos conocimientos en la antigüedad y las lenguas, fiíé ca- 
nónigo del Sacro-Monte de Granada, en cuya universidad 
enseñó teología, y después llamado á la corte por D. Luis 
Méndez de Haro, sobrino y sucesor del Conde-Duque, el 
cual le encargó la instrucción latina de su primogénito Don 
Gaspar, marqués de Eliche. Desempeñado este honroso car- 
go, fué agraciado Siruela con una ración canonical de la santa 
iglesia de Sevilla, donde vivió algunos años, gozando merecida 
&ma, no sólo de docto y erudito, sino de piadoso y justifica- 
do. Acometido de una parálisis, que le aquejó largo tiempo, 
falleció el día i.^ de Junio de 1664. 



^^7 
Fué este sabio y modestísimo varón, según escribe su ínti- 
mo amigo D. Nicolás Antonio, á quien debemos estas noti- 
cias, muy inclinado á la perfección y madurez en sus tareas 
literarias; así es que, á pesar del caudal de observaciones é 
investigaciones propias que atesoraba, dejó sin concluir la 
mayor parte de sus obras. De éstas cita el mismo Antonio las 
siguientes : 

De Sanctis HispaUnsibus ^ obra que trabajó en Sevilla, no 
bien satisfecho de las que sobre el mismo asunto habian es- 
crito el P. Antonio Quintana-Dueñas, jesuita, y D. Martin 
Anaya Maldonado. 

De San Fulgencio^ hermano de los Santos Arzobispos Leandro 
é Isidoro^ y de los libros que escribió; comentario de regular vo- 
lumen, escrito con suma diligencia, que vio el referido biblió- 
grafo. 

Prometió una Apología suya personal contra el jesuita Fran- 
cisco Vilches, autor de un libro sobre los Santos de Jaén y de 
la Historia de Baeza^ por quien parece que habia sido tratado 
ó criticado con poca justicia. 

Léese un Prefacio suyo, en extremo erudito, agudo y ele- 
gante (latino sin duda), al frente déla obra del P. Tomas 
Hurtado, toledano, clérigo regular menor, intitulada: Resolu^ 
tiones ortodoxa morales de vero Martyrio Fideií Este prefacio 
es, á lo que se inñere, lo único que de Síruela existe impreso: 
a ut ex ungue hoc leonem agnoscas», concluye D. Nicolás 
Antonio. 

Nota XVL {Pág. 82.) 

Fray Juan Félix Girón, de la orden de Nuestra Señora del 
Carmen, de la antigua observancia, nació en Sevilla, á princi- 
pios del siglo XVII. Adquirió extensos conocimientos en las 
matemáticas y en los idiomas orientales ; fué diestro dibujante 
y paleógrafo. En su carrera se distinguió notablemente; desem- 



328 
peñó una cátedra de teología y los cargos de calificador del 
Santo Oficio, de revisor, censor y visitador de libros y de 
bibliotecario de S. M. Fué muy versado en las ciencias histó- 
ricas , y por esta razón nombrado cronista de los reinos de 
Castilla. De un papel suyo manuscrito consta que estuvo pre- 
so siendo ya religioso grave y condecorado. Ni D. Nicolás 
Antonio ) ni D. Diego Ortiz de Zúñiga, sus compatricios y 
contemporáneos, hacen mención del P. Juan Félix. 
Escribió : 

Origen y primeras poblaciones de España ; antigüedad de la 
ínclita patricia ciudad de Córdoba y su partido y región Obesketa- 
ni a pays que dio naturaleza al glorioso Principe de los levi- 
tas S. Laurencio Aíartyr; por el Ai, R, P, Fr. Juan Félix 

Girón ^ carmelita andaluz bibliotecario de S. Ai, y su chro- 

nista general por los reinos de Castilla en Cortes, Cordova, 
1686 S 4.° 

Sermón de San Elias ^ Sevilla, 165 1, 4.** Existia en la bi- 
blioteca de las Cortes el aííode 1838, con una nota marginal, 
relativa á la persona de D. Francisco de Rioja. 

Memorial á S. M. el rey D. Felipe IV , en siete idiomas, 
y el texto español en varias muestras de letras, con el retrato 
de Rioja , de pluma. Poseíale D. Manuel de Roda en 1774. 

En el índice de manuscritos de la Biblioteca Nacional de 
Madrid, sólo constan dos papeles del P. Girón , ambos curio- 
sos por más de un concepto. 

El códice T-116, miscelánea de papeles diversos, en folio, 
contiene, el último, uno tituhdo Elogios de Chantabria; ajusta- 



' Adopta en esta obra las fábulas de los antiguos reyes de España 
y las de los cronicones. 



329 
d¿s á la Nobleza de España; sin nombre de autor, sumamente 
incompleto ^ comienza su parte primera con un fragmento del 
capítulo XLV. Al fin del capítulo xlvii advierte el autor que 
concluye aquella primera parte de los Elogios «con el capítulo si- 
))guiente, que contiene la dificultad de la traducción é inteli- 
»genciadel letrero siriaco que hai en la colegial ¿ie Santander^ que 
mestá en una piedra que fué céntrica de un edificio antiquísimo; y así 
))su explicación ha de ser la prueba y resumen de todo el tra- 
))tado antecedente : ((fué nuestro (añade) el cuidado de buscar 
nquién le declarase, y suya la gloria, y así ponemos sus mis- 
»mas cláusulas y nombre. » Empieza, pues, en estos términos 
el capítulo xLViii : « Preámbulo del P. Mtro. Fr. Félix Gi- 
nron, calificador del Santo Oficio, de la orden de N/ S/ del 
» Carmen de la antigua observancia.» Después de declarar y 
comentar el letrero, que estampa según tres formas, con sus 
correspondencias hebreas y castellanas, conduye :((Fr. Félix 
Xiron, en Madrid, á veinte y quatro de Sep.« de 1658 años.» 

Hay todavía un capítulo xlix. La parte segunda queda 
interrumpida á principios del capítulo viii. Este manuscrito 
es, al parecer, copia contemporánea del original. Al fin 4^1 
capítulo xlix, se lee esta nota autógrafa del bibliotecario Don 
J. A. Pellicer : ((Mostré esta inscripción á D. Elias Scidiac 
en Noviembre de 95, y me confirmó en que es toda arbitra* 
ría. De este Girón tenemos otras cosas. V. las cédulas de los 
MSS.— Pellicer.» 

£1 códice Bb-I22, miscelánea también, en 4.^, contiene un 
papel (núm. 4), que principia de este modo : 

«El Mtro. fi-ay Ju.o Félix Girón, Calificador del S.*» Ofi- 
cio, Reuisor, Censor y visitador de libros por el supp.»o de 
Inquisición, y Chronista de Su Mag.<> Por los Reynos de Cas- 
tilla, del orden de ntra. S." del Carmen, Afirma de experien- 
cia que siendo sequísimo de espíritu se halló sumamente con- 
solado repitiendo este Psalmo, que es el lxx de David. Y asi 
Por que le auian quitado el Recado de escriuir, le tradujo de 
memoria á numero castellano, y haciendo memoria lo escríae 



330 
y dedica mentalm.^ a vna gran señora de mucho espíritu, por- 
que supo se auia lastimado de ver padecer al maestro Girón.» 
Es oración contra la persecución: 

En tí. Señor, Dios mió. 
Espere confiado , 
Y así no será eterna 
La confusión que paso. 

Decían : Dios á éste. 
Sin duda le ha dejado. 
Sea perseguido y preso , 
Pues no tiene resguardo. 



Concluye : 



Gloria al Padre y al Hijo 
Y al Espíritu Santo, 
Como fue y aora y siempre 
Sin fin será alabado. 
Amén. 



Nota XVIL {Pág. 96.) 

Rodrigo Fernandez de Ribera, sevillano, secretario del 
Marqués de la Algaba , compuso un lindísimo poema en oc- 
tavas, imitación del célebre italiano de Luigi Tansíllo, Le 
lachrime de San Pietro , aunque mucho más corto, el cual se 
imprimió en Sevilla, por Alonso Rodríguez Gamarra, 1609, 8.° 

Escribió también : 

Esquadron humilde levantado á devoción di la Inmaculada 
Concepción de la Fírgen nuestra Señora. Sevilla, por Alonso 
Rodríguez Gamarra, 16 16, 4.^ — Colección de poesías com- 
puestas en alabanza de la Concepción de la Santísima Virgen; 
consta de un poemita de cien décimas, varios madrigales, 
canciones, redondillas glosadas al estilo antiguo, etc. 

Triun/o de la umildad en la vitoria de David, Sevilla > por 
Luis Estupiíían, 1625, 4.° Poema compuesto de ciento trece 
octavas. 



Carta á un amigo, consolándole en la muerte de su padre. Se* 
villa, por Luis Estupiñan, 1628, 4.^ Está en prosa fácil y ar- 
moniosa, que revela gran conocimiento de la lengua. 

Copiamos casi á la letra estas noticias de las notas y adicio- 
nes á la Historia de la literatura española , de J. Ticknor, 
escritas por sus eruditos traductores D. Pascual de Gayangos 
y D. Enrique de Vedia. No mencionan estos señores La Es^ 
fera poética de Ribera, de cuyos talentos poéticos forman 
aventajado juicio, como parece por las siguientes líneas con 
que terminan su nota : 

(( De este autor puede decirse lo que de otros muchos inge- 
nios de aquel tiempo. Sus primeras obras, escritas en el gé- 
nero nacional , son muy superiores á los esfuerzos que después 
hizo para alcanzar las encrespadas alturas de Góngora y sus 
secuaces. Sus Lagrimas de San Pedro, publicadas en 1609, 
son dignas de Fr. Luis ; por sus demás producciones se con- 
funde entre la turba de poetas que, ansiando imitar al vate 
cordobés, malgastaron sus dotes poéticas. )) 

Tampoco hallo citadas por los referidos anotadores las dos 
siguientes obras de Ribera : 

El Mesón del Mundo. — Es , á lo que parece , novelesco- 
alegórica ; la citan el erudito D. Juan Antonio Mayans, en su 
prólogo al Pastor de Ftlida, de Calvez Montalvo, sexta edi- 
ción. Valencia, 1792, y el librero impresor Padilla, en sus 
catálogos. 

Lecciones naturales contra el descuido común de la vida. Por 
D. Rodrigo Fernandez de Rivera, secretario del marqués de la 
Algaba y de Árdales. Sevilla, 1629, 8.° — Madrid, 1736; reim- 
presión hecha por Padilla, junta con la de El perro y la calen- 
tura, de Pedro de Espinosa. En 8.** 

Son estas Lecciones doce odas morales, cuyos asuntos : el gu- 
sano de seda, la hormiga, la purpura, la mariposa, la remora. 



332 
la abeja^ el mosquito, la salamandra, la luciérnaga, el cama- 
león, la araña y la perla. En ellos se descubre el ingenio, como 
el carácter filosófico de su autor. Los dedicó á su hermano el 
P. Mtro. Fr. Francisco de Ribera, agustino, desde Sevilla, 
Mayo de 1629. Quéjase en la dedicatoria de sus continuos 
achaques. Léense al frente de este libro, entre otros versos 
laudatorios , unos latinos de Juan de Aguilar , profesor público 
de buenas letras , en Antequera. 

Concuj-rió Fernandez de Ribera al certamen poético cele- 
brado en Toledo, año de 16 16, para festejar la dedicación de 
la capilla del Sagrario, con diez octavas escritas valientemente, 
aunque en el estilo de Góngora {Descripción de la capilla y re- 
lación de las fiestas Madrid, 16 17). Hallamos citado á Ri- 
bera como imitador de ^evedo^ y autor de una obra, que no 
se indica si es impresa ó inédita , titulada : Antojos de mejor 
vista ^ en las ilustraciones de D. Cayetano Rosell á su Colec^ 
cion escogida de obras no dramáticas de Fr. Lope Félix de Vega 
Carpió (tomo xxxviii de la Biblioteca de Autores Españoles). 
Madrid , 1856. 

Celebró Lope á nuestro Ribera en la silva segunda del Lau- 
rel de Apoloy entre los ingenios sevillanos, con estos versos : 

Traslade la deidad que reina en Délos 
(Aunque con justos cdos) 
Rodrigo de Ribera, á tu florida 
Margen, la verde ninfa que ofrecida 
Tiene á tu digna frente; 
Que mas difícilmente 
Se alcanzará el laurel que te corona 
De tí, quede la cumbre de Helicona, 
Cuando ingenio inmortal llegar presuma 
Al palio ilustre de tu docta pluma. 
Quedando para ser del sol esfera. 
Más alta que su monte la Ribera. 

Nota XVIIL [Pág. 144.) 

Lie. Rodrigo Caro. — Fué cuna de este varón doctísimo la 
antigua villa de Utrera, en cuya parroquial de Santiago reci- 



333 
bió el sagrado bautismo, á 4 de Octubre de 1573. ^^"^ ^Ü^ 
legítimo de Bernabé de Salamanca y de Francisca Caro; ésta 
natural , 6 por lo menos originaria, de Carmona ((( patria de los 
Caros, gente de estimación y cuenta») ; sobrino quizás de Don 
Fernando Caro, regidor perpetuo de dicha última villa, á quien 
dedicó dos obras suyas. Siguió y concluyó las carreras jurídi- 
ca y eclesiástica, doctorándose , aunque sólo usaba de la cali- 
ficación de licenciado. Desempeñó en Sevilla, por comisión 
del arzobispo cardenal D. Gaspar de Borja, el cargo de juez 
de testamentos y visitador eclesiástico de aquella diócesis. Re- 
sidió alternativamente en aquella ciudad y en Utrera, donde 
se hallaba domiciliado por el año de 161 7, y fiílleció en Sevi- 
lla, de setenta y cuatro años, en 10 de Agosto de 1647. 

No menos estimable por su integridad y pureza de costum- 
bres que por el caudal de conocimientos literarios que ateso- 
raba, Rodrigo Caro fué, dice D. Nicolás Antonio, como na- 
cido para los estudios humanísticos y para las indagaciones 
relativas á la ciencia arqueológica. Únicamente desmintió en 
parte su fíno criterio y exquisito juicio literario la fe con que 
contribuyó á divulgar el falso cronicón denominado de Flavio 
Lucio Dextro, Ya D. Nicolás Antonio indicó al fin de su ca- 
tálogo de las obras de Caro, que este insigne escritor habia 
cultivado con feliz éxito, así la poesía latina como la caste- 
llana. Sus composiciones de esta última clase han estado , sin 
embargo, oscurecidas hasta nuestros dias. Pocos años há que 
se halló en el manuscrito de su Memorial de Utrera la Canción 
á Itálica^ por él escrita en 1595 (después refundida por él 
mismo ; refundición que se creyó de Rioja) , y últimamente 
acaba de publicarse en la Revista sevillana de Ciencias y Lite- 
ratura y Artes (tomo 11, páginas 445 á la 450), otra bella 
Canción del mismo Caro á la villa de Carmona^ seguida de va- 
rios «escolios y observaciones» suyas que dirige á D. Fernan- 
do Caro, su deudo; composición sacada de un manuscrito 
también inédito del propio autor. £1 catálogo de las obras de 
Caro, que forma D. Nicolás Antonio, es el siguiente : 



334 
Impresas : 

Antigüedades y Principado de la Illmtrinima ciudad de Se^ 
villa^ y Corographía de su convento jurídico^ 6 antigua chancille- 
ría. Sevilla, por Andrés Grande, 1634, fól. 

Relación de las inscripciones y antigüedad de la villa de 
Utrera^ 4.^* 

Santuario de Ntra, Sra, de Consolación de la villa de Utre- 
ra. Osuna, 1622, 4.° ^ 

Flavii Lucí i Dextri omnímoda Historia etc. Híspali, 

1627, 4.« 

Manuscritos : 

Veterum Hispania Deorum Manes sive reliquia. Esta obra filé 
remitida á Flándes para su impresión , pero al ñn quedó iné- 
dita. Las siguientes se hallaban comprendidas en un códice 
autógrafo de Caro, que vio D. Nicolás Antonio. 

Di as Geniales o Lüdricos : libro expósito., dedicado á Don 
Fernando Henriquez Afán de Ribera^ Marqués de Tarifa^ por 
Juan Caroj Rector del Colegio de Jesucristo Nuestro Señor ^ de la 
villa de Bornos^y su capellán. Dedicó este libro, en que docta 
y agudamente trata de los juegos á^ niños, bajo el nombre sin 
duda de un pariente suyo. 

Tratado de los nombres y sitios de los vientos. 

Tratado de la antigüedad del apellido Caro : á Don Femando 
Caroj Regidor perpetuo de Carmona. 



' En 8.", según el Diccionario de Muñoz. 



335 
Respuesta á Don Martin de Anaya Maldonado^ en su Me- 
morial de los Santos de Sevilla. 

Respuesta al P, Martin de Roa , sobre algunas cosas que es- 
cribií en el Principado de Córdoba. 

^Carmina item aliqua Latina (concluye Antonio), (poesim 
))etiam, cum Latialis, tum vernaculae linguae, non ¡nfelicíter 
))Colu¡t) prxcipueque Cupidinem pendulum , ad Ausonü exem- 
))plum. )) 

Al .precedente catálogo deben añadirse el citado Memorial 
de Utrera , manuscrito que posee el Sr. D. José María de Álava 
y del cual existe copia en la Academia de la Historia, y el 
fragmento biográfico de los Varones ilustres sevillanos, que 
llevamos descrito *. 

Hay versos latinos de Caro en su mencionada Relación im- 
presa de las inscripciones y antigüedad de Utrera, (Un poema / 
latino, de trescientos diez versos, titulado Bíctis urbs sive Utrí- 
culo) 2. 

Para evidenciar la buena fe con que Rodrigo Caro procedió 
en su defensa y Comentario del falso Dextro , copiamos á con- 
tinuación parte de una dQ sus mencionadas cartas á D. Fran- 
cisco Andrés de Ustarroz (códice V-169 de la Biblioteca Na- 
cional), en la cual hace mérito de nuestro Rioja con grande 
aprecio. Lleva esta carta fecha de Sevilla, 2 de Diciembre 
de 1642. 

(( E visto el chronico de Luitprando, de D. Tomas Tamaio, 
)) porque luego que lo dio á la estampa me lo remitió á Sevi- 



* Dejó escritas unas Adiciones á sus Antigüedades de Sevilla^ que se 
han impreso en el tomo primero del Memorial histórico, 

* Muñoz y Romero, quien sólo cita esta obra como manuscrita en 
la Biblioteca Nacional. 



336 
))lla, y asimismo el del P. Jerónimo Román de la Higuera 
)) junto con D. Lorenzo Ramirez, vi en casa de un librero 
)) amigo aquí en Sevilla ; y lo primero que busqué fué los ori- 
))ginaies que siguieron : de quo altum stlentium; esto, con ser el 
)) precio muy subido, me desazonaron para no comprarlo, y me 
)) admiro de D. Lorenzo Ramirez que no advirtiese cosa tan 
)) necesaria y tan común en todos los libros antiguos. Cuando 
nyo saque mis Notas á Dextro, constándome que en España 
)) no avia original, busqué quatro ó cinco copias que pude haber 
)) de personas mui graves : D. P.° de Castro, Arzobispo de Sc- 
» villa; la Santa Iglesia de esta ciudad; Francisco de Rioja; 
))Don Francisco de Calataiud, S.^de su Magestad y el P. Juan 
))dePineda, de la Comp.^ de Jesús ; para no ir errado del todo en 
))un camino que nadie antes que yo habia andado; y si pudiera 
)) hallarse en Alemania el original, enviara á copiarlo » 

Insértanse aquí, en merecido honor de Rodrigo Caro, sus 
composiciones poéticas castellanas. 

CANCIÓN 
A LAS RUINAS DE ITÁLICA. 

Refundición hecha por el Lie. Rodrigo Caro de la original suya, escrita en 1595. — 
Texto según el MS. autógrafo existente en el códice M-81 de la Biblioteca Na- 
cional. 



Estos, Fabio, ¡ai dolor! que ves acra 
campos de soledad, mustio collado, 
fueron un tiempo Itálica famosa. 
Aqui de Cipion la ven9edora 
colonia fue: por tierra derribado 
yazc cI temido onor de la espantosa 
muralla, i lastimosa 
reliquia es solamente. 
De su invincible gente 
solo quedan memorias funerales, 
donde erraron ya sombras de alto exemplo. 
Este llano fué pla9a, alli fué templo, 
de todo apenas quedan las señales. 



337 
De el gymnasio, i las thermas regaladas, 
leves vuelan cenizas desdichadas. 
Las torres que desprecio al aire fueron , 
á su gran pesadumbre se rindieron. 

Este despeda9ado amphiteatro 
impio onor de los Dioses, cuya añ^nta 
publica el amarillo xaramago, 
ya reducido á trágico theatro, 
¡ó fábula del tiempo! representa 
quanta fué su grandeza, i es su estrago. 
i Cómo en el cerco vago 
de su desierta arena 
el gran pueblo no suena? 
^ Dónde, pues fieras ai, esta el desnado 
luchador? ¿Dónde está el athleta fuerte? 
Todo despareció : cambió la suerte 
voces alegres en silencio mudo: 
mas aun el tiempo da en estos despojos 
espectáculos fieros á los ojos; 
i miran tan confusos lo presente, 
que vozes de dolor el alma siente. 

Aquí nació aquel rayo de la guerra, 
gran padre de la patria, onor de España, 
Pío, Felice, Triumphador Trajano, 
ante quien muda se postró la tierra 
que ve de el sol la cuna, i h que baña 
el mar también vencido Gaditano. 
Aquí de Elio Adriano, 
de Theodosio divino, 
de Silio peregrino 
rodaron de marfil y oro, las cunas: 
aquí ya de laurel, yade jasmines 
coronados los vieron los jardines 
que aora son 9ar9ales y lagunas. 
La casa para el César fiíbricada, 
¡ai! yaze de lagartos vil morada. 
Casas, jardines, pesares murieron, 
i aun las piedras que de ellos se escribieron. 

Fabio, si tu no Uoras, pon atenta 
h vista en luengas calles destruidas, 
mira marmoles i arcos destro9ados, 
mira estatuas soberbias, que violenta 
Nemesis derribó, yazer tendidas; 



33» 
i ya en tito silencio sepultidos 
sus dueños celebrados. 
Así í Troya figuro, 
asi k su antiguo muro, 

i á ti, Roma, a quien queda el nombre apenas, 
¡ó patria de los Dioses i los Reyes! 
i á ti, á quien no valieron justas leyes, 
fabrica de Minerva, sabia Áthenas. 
Emulación ayer de las edades, 
hoi 9enizas, hoi vastas soledades; 
que no os respetó el hado, no la muerte, 
¡ ai ! ni por sabia á tí , ni a a d por fuerte. 

^Mas para qué la mente se derrama 
en buscar al dolor nuevo argumento? 
basta exemplo menor, basu el presente; 
que aun se ve el humo aqui, se ve la llama, 
aun se oyen llantos hoi, hoi ronco acento. 
Tal Genio, ó religión fuer9a la mente 
de la vezina gente, 
que refiere admirada 
que en la noche callada 
una voz triste se oye que llorando 
«¡cayó Itálica !i) dice : i lastimosa 
Eco reclama ¡Itálica! en la hojosa 
selva , que se le opone resonando : 
¡Itálica! i el caro nombre oído 
de ¡Itálica! renuevan el gemido 
miÚ sombras nobles en su gran ruina: 
tanto, aun la plebe, á sentimiento inclina. 

Esta corta piedad que agradecido 
huésped á tus sagrados Manes debo, 
les dó y consagro. Itálica fiunosa. 
Tu (si lloroso don han admitido 
las ingratas cenizas de que llevo 
dulce noticia asaz, si lastimosa), 
permíteme piadosa 
usura á tierno llanto : 
que vea el cuerpo santo 
de Geroncio tu mártir i prelado : 
muestra de su sepulcro algunas seiías , 
i cavare con lágrimas las peñas 
que ocultan su sarcófiígo sagrado: 
pero mal pido el único consuelo 



339 
de todo el bien que airado quitó el cíelo. 
Goza en las tuyas sus reliquias bellas 
para invidia del mundo i las estrellas. 



CANCIÓN ORIGINAL 
Á LAS RUINAS DE ITÁLICA. 

ESCaiTA POR EL LICENCIADO RODRIGO CARO EN EL aRO 1 595* 

( Aíemorial de la 'v'úla de Utrera , escrito por Caro en 1 604. ) 

CANCIÓN. 

Este es, si no me engaño, el edificio 
de Publio Scipion, de Roma gloria, 
colonia de sus gentes victoriosas; 
con él el tiempo ejercitó su oficio, 
y porque se leyese su memoria 
dejó aquestas reliquias espantosas 
que las manos rabiosas 
de el Alarbe fiero, 
en el dia postrero 
le consagró en sus aras inmortales. 
Los muros ya, que tan ilustres fueron, 
combatidos de arietes cayeron 
para campo de incultos matorrales. 
¡ Qué de dorados lazos tragó el fuego! 
i Qué de soberbias torres sumió luego 
el hondo abismo! ¡Aun apenas vemos 
iguales en la tierra sus estremos! 

Aqueste destrozado anfiteatro, 
donde por daño antiguo y nueva afrenta 
renace ahora el verde jaramago, 
ya convertido en trágico teatro, 
¡cuan miserablemente representa 
que su labor se iguala con su estrago ! 
¡Cómo, desierto y vago, 
la grita y vocería 
que oirse en él solia , 
se ha convertido en un silencio mudo 



340 
que , aun siendo herido en cavernosos huecos, 
apenas vuelve mis dolientes ecos 
de su artificio natural desnudo! 
Mas , si para entender estos despojos 
los oídos del alma son los ojos, 
aunque confusos miran lo presente , 
mil voces de dolor el alma siente. 

En esu turbia y solitaria fuente 
que un tiempo sus purísimos cristales 
en marmol y alabastro derramaba, 
dejando el padre Bétis su corriente, 
con debido laurel las inmortales 
sienes del docto Silio coronaba, 
y claras le mostraba 
en sus ondas azules 
las fasces y curules 

con que k Roma y al mundo mandaría, 
y aquel sangriento y lamentable estrago 
que, por los hados de la gran Cartago, 
en grave y alto estilo cantaría. 
¡ Bétis! ¡ah Bétis! ¡sordo pasa el río! 
Silio, ¡donde estas, Silio! ¡Silio mió! 
Silio despareció; y la fuente ahora 
con el agua que vierte á Silio llora! 

Aquí nació aquel rayo de la guerra, 
columna de la paz, honor de España, 
felice, tríunfádor, regio Trajano, 
ante quien muda se postró la tierra, 
de las islas que el mar Pérsico baña 
hasta el limite patrío Gadiuno. 
Aquí de Elio Adriano, 
de Teodosio excelente, 
de su padre valiente 
rodaron de marfil y oro las cunas; 
aquí ya de laurel, ya de jazmines, 
coronados los vieron los jardines 
que ahora son zarzales y li^;unas : 
la casa para el César fíibricada, 
hoy del lagarto vil es habitada; 
casas, jardines, Césares muríeron, 
y aun las piedras que de ellos se escríbieron. 

Mas ya que en valde lloro tu ruina 
y con el mió tu dolor renuevo. 



>4> 

¡oh , pan sicnire . laLÍa acD^a. 

pues ¿c :c¿i r- iisrora >^ij ü t 

solo el color T li ,■ tf"» Dfia Ürt :^ 
á qiúen te min, ckdo tc, foraxi: 
permíteme piaion, 
en pago de mi Lantcv 
que vea el cuerpo sasto 
de Gcf oncio, tu marnr t r-^¿*¿c: 
dame de su scpujcro a'jga".a« señaf . 
y cavaré con ¡grimas hs peñas 
que cubren su svcóñgo sagrado: 
pero mal pido tu nnico consuelo, 
pues solo aquese bien te dró el cielo: 
guarda en las tuyas sus reliquias hcÜMS « 
para envidia del mundo y las estrellas. 

¡Ay! ¡despoblada y de conceptos llena. 
Itálica hermosa! 

que los que comunicas lastimosa 
los borra al producir la grave pena ; 
y como muda lloras tu ruina, 
lágrimas y silencio es tu doctrina! 



A LA VILLA DE CARMONA. 

CANCIÓN DEL LICENCIADO RODRIGO CARO. 
{Revista dt GenciaSf Literatura y Arta^ de Sevilla, tomo u, año 1856.) 



X LA VILLA DE CARMONA.— SILVA. 

(dedicada a don FERNANDO CARO.) 

Salve, Alcázar sagrado. 
Salve una y otra vez, antiguo muro 
De mi por patria cara venerado : 
Aunque del tiempo vives mal seguro 
Y del mismo te veo 
Ya casi en tus ruinas sepultado, 
No sé que de valor y de grandeza 
A mu ojos ofreces. 
Con que respeto y afición mereces. 



34* 
Cuan bien te puso nombre de alegría, 
¡O incliu Carmona ! 
Quien tu primero pueblo disponia. 
Pues con mural corona 
Sales festiva á recibir el dia, 

Y con la fértil copia de tus bienes 
Alegre lo festejas y entretienes. 

Prevínote la mano arti£ciosa 
Sobre altos pedernales arriscada, 
Para que de altos fines 
Emula, á las estrellas te avecines; 

Y tu, á grandes hazañas ardidosa. 
Les hurtaste no menos que un lucero 
Que resplandece , empresa gloriosa 
En el escudo de tu limpio acero. 
De tu ilustre trofeo 

Las dos Hesperias invidiosas veo. 
Pues usurpas su honor á Leucothea, 

Y el Héspero luciente á Citherea. 
Para ser como Reina respetada. 

Te dio naturaleza 
La magestad y alteza, 

Y asi, en hombros de montes levantada. 
Presides al gran llano 

Que enriquece de espigas el verano. 
¡ Cuánto es mejor tu vega 
Que la que en varias flores deleitosa 
Dauro barre con oro y Genil riega! 
¡ Cuanto te debe Palas belicosa 
De olivas siempre verdes! 
¡Cuánto licor sagrado. 
Pródiga, en aras de Dionisio pierdes ! 
Mas, ^para qué tu generoso aliento 
Desacredito en lo caduco y vano, 

Y arrastro por el suelo el pensamiento? 
Voces me da en su templo soberano 
La fama de tus hijos inmortales. 
Cuyo nombre la aurora en sus umbrales 
Oyó admirada, y su valor pregona 

El Indio mar en la tostada zona. 

Aqui y alli corrieron orgullosos 
El renombre español acreditando, 

Y dando á Marte ejemplos gloriosos 



343 
Que está la fiera envidia murmurando; 
Pues vio cuanto esta gloria tuya abona , 
Que para el César invencible fuese 
Flaco el poder Romano, 

Y á él mismo pareciese 

(Quizá tembló) fbrtísima Carmona. 

De la bárbara hueste descreida. 
Del fiíror Africano 
Tanto fuiste temida. 
Que acometer no osó tu muro fuerte, 

Y así pudo engañarte, no vencerte. 
¡Ay cuánto precio diste 

De noble sangre al fiero alfange moro, 

A la vida la Cruz anteponiendo. 

La lealtad al tesoro! 

Dígalo el cuello santo 

De uno solo (y ¡cuan grande!) Teodomiro, 

Admiración de Córboba, y espanto 

Del bruto Abderramen enfurecido. 

¿Y qué retomo diste á tu venganza? 

Mil te pagó por uno. 

Tu fuiste de Fernando la esperanza. 
Que con solo aquistar tu Alcázar fuerte. 
Adelantó su intento glorioso 
Sobre el oscuro Rey no de la muerte : 
Lloró su fatal suerte 
El bárbaro en Sevilla delicioso; 
Arrastró negro luto entristecido 
£1 gran cali^ en África temido. 

^Qué rcííidas batallas, qué escuadrones 
No honraron tus pendones? 
Ilustres hijos tuyos 
Dan ser al promontorio Meliteo 
Desde el Mar Gaditano al turbio Egeo. 

^ Quién el genio no admira 
De los que con benigno aspecto mira 
Erudita Minerva? 
Mas su decoro á sí sola reserva 
Su debida alabanza; 

Que aunque se esfuerce osado el pensamiento. 
El decir no lo alcanza. 
Vive siempre segura, vive ufima. 
No temas de tu luz sombra enemiga; 



»S 



344 
Tu gloria soberana 
Vivirá eternamente, 
Que es mayor que el olvido su alta fama. 



X DON FERNANDO CARO. 

« Mucho puede v. m. conmigo : pues los ímpetus de la 
juventud, de quien es propio ejercicio el Poema, con man- 
darme, los ha resucitado para hacer esta Canción á esa villa, 
la cual debe á mi deseo el querer decir mucho de ella, como 
por su discurso se echa de ver. Mas, porque no se pueden de- 
cir en pocos versos muchas historias , y la Poesía es mejor 
misteriosa que larga, toqué algunas cosas , que si no es quien 
está muy adelante en ambas , por ventura no las entenderá. 
Y así me parece satisfacer á cualquiera lector con declarar lo 
más importante de esta Canción en estos escolios y observa- 
ciones. » 

No se trasladan aquí por su extensión. Los más notables 
son los que se refieren : á la etimología del nombre de Carmona 
{de carmon^ voz fenicia, dice Caro, que significa /¡rr//7íi/mtf, 
contra la opinión de Alderete, el cual la trae del griego carmon^ 
alegría) \ el que da noticia del escudo de armas de la misma : un 
lucero con la letra : Sicut Lucifer ¡ucet in Aurora^ sic in Béetica 
Carmo; el que recuerda la honrosa mención que de Carmona 
hizo Julio César en sus libros, y el engaño, referido por el 
historiador D. Rodrigo Jiménez, con que hubieron de to- 
marla los árabes ; y por último, los que tienen por objeto dar 
ligera noticia de algunos insignes naturales de ella ; el mártir 
S. Teodomiro , los militares Juan y Esteban de Ortega y el 
docto escritor jurista Alonso de Ojeda. Respecto del verso 

De mi por patria cara venerada, 

dice el autor : c( Esta voz cara es absoluta y ancípite, y se pue- 
de atribuir, no sólo á que es patria cara, esto es, amada, tino 



345 
á que Carmona es patria de ios Caros , gente de estimación y 
cuenta. » 

Entre los papeles de D. Bartolomé José Gallardo se ha 
encontrado copia del traslado de la misma CanctM a Itáiica^ 
con enmiendas y una nota, que existia en un códice de P«r- 
sías varias ¿ de la biblioteca Colombina ? Llevaba este epígra- 
fe : Canción á las ruinas de Itálica^ í SeuiUa ¡a vieja. Pmr el 
Licenciado Rodrigo Caro. 

hd. nota final , de la misma letra que las enmiendas, decia : 

«Esta Canción^ que el autor hizomo^o, la enmendó y reco- 
noció después, y está en el primer tomo de Fárias poesías, fó- 
lio 242, con annotaciones del mismo. » 

(Manuscrito de Poesías varias^ en 4.**, que comienza con 
las del Dr. Barahona de Soto, encabezadas con una dedicato- 
ria del mismo (en prosa) al marqués de Peñafiel, D. Juan 
Tellez Girón. Este volumen contiene (folios 248-90 y si- 
guientes) Poesías de Pedro de Espinosa , y entre éstas se halla 
la Siha á Roma antigua y moderna^ que se atribuye á Queve- 
do, calcada sobre la Canción á Itálica^ y en sentir de Gallar- 
do, obra del mismo Rodrigo Caro; opinión confirmada por 
la circunstancia de estar escrita de la misma letra que las en- 
miendas y la nota á dicha Canción a Itálica. Ocupa ésta los 
folios 159-60. 

Las siglas que apunta Gallardo son : C-344. (¿ Biblioteca 
Colombina?) 

Nota XIX. {Pág. 164.) 

Lie. Juan de Robles. Nació en la villa de San Juan del 
Puerto, provincia de Huelva, año de 1574. Siguió la carrera 
eclesiástica; estudió en Sevilla; filé condiscípulo de RiojA, 
Caro y otros literatos insignes. En 1609 obtuvo un beneficio 
de la parroquia de Santa Marina de Sevilla, y en 1612 su cu- 
rato, que desempeñó largos años con ejemplar virtud y piedad 
cristiana. Fué familiar de los cardenales de Castro y Guevara. 
Sus profundos conocimientos en humanidades é historia ta- 



J46 
grada y pro&iia le granjearon el trato literario con muchos 
doctos contemporáneos. Don Pablo de Espinosa, erudito se- 
villano, sometió á su corrección la Historia de logran Sevilla^ 
que compuso y publico en 1627. Escribió Robles : Tratado 
sobre las barbas de los sacerdotes ' , que parece se imprimió en 
Sevilla , en 4.^ Hemos visto que acerca de este curioso punto 
lució también su pluma, aunque no públicamente, nuestro 

RiOJA. 

Las tardes del Alcáxar, Obra inédita. 

El culto sevillano^ obra muy apreciable, que dispuesta ya 
para la prensa, con la aprobación del ilustre Quevedo, al fin 
quedó también inédita. Consérvase en la biblioteca Colombina. 

Defensa del Patronato del apóstol Santiago. 

Censura festiva del papel que en pro del patronato de Santa 
Teresa escribió D. Francisco Morovelli de Puebla. Inéditas. 
(Año 1628.) 

Murió Robles en Sevilla, de setenta y cinco años , el 2 de 
Enero de 1649. Está enterrado en el coro de la parroquia de 
Santa Marina. (Artículos de D. A. Gómez Acebes.) 

Nota XX. {Pag. 164.) 

P. Martin de Roa. Cordobés, de la Compañía de Jesús, 
obtuvo los primeros cargos en varios colegios \ últimamente 
los de prefecto de Andalucía y procurador en la curia roma- 
na. Enseñó por muchos años retórica y letras sagradas; fué 
grande erudito y conocedor del idioma patrio. Publicó muchas 
objras de historia, humanidades, poesía latina, etc., y dejó 
varias manuscritas. Murió en Montilla, el 5 de Abril de 1637. 



' Diálogo entre dos sacerdotes , en razón del uso de la barba de los 
eclesiásticos. Por el Lie. Juan de Robles. Sevilla, 1642, 4.^ (Catálogo 
gr. de Salva.) 



347 

Nota XXL {Pág. 124.) 

Nicandro ó Antídoto (Obra de Rioja). 

Nicandro, Célebre médico, gramático y poeta griego, colo- 
foniense; floreció en la olimpiada clx. Escribió muchas obras, 
de las cuales sólo se conservan dos poemas didácticos : el pri- 
mero trata de los animales venenosos y remedios adecuados; 
el segundo en general de los contravenenos. Nicandri Theria^ 
ca^ Nicandri Alexipharmacay se titulan en sus traducciones 
latinas» Imprimiéronse juntos repetidamente. Esapreciable la 
edición de Florencia, 1764, en 8.** — Tradujo el poema 77r/- 
riacaj en versos latinos, Pedro Jaime Esteve (ó Esteban), 
médico valenciano; publicóle en Valencia, 1552, 8.° Cicerón 
atribuye á Nicandro otro poema excelente De rebus rusticis. 
El P. Neoport, jesuita, escribió escolios latinos al Alexiphar- 
maca de Nicandro, que existen manuscritos en la biblioteca 
de la universidad de Salamanca. 



Pag, 292. 

NOTAS X LA BIOGRAFÍA DE DON JUAN DE FONSECA 
y FIGÜEROA. 

El mordaz Víllamediana dio también su dentellada al mar- 
qués D. Pedro de Fonseca y Figueroa en su letrilla 

Vita bonúy 

y ¿monos á Chacona; 

satírica de «los privados y ministros y señores» de la corte 
de Felipe IV (códice M-8 de la Biblioteca Nacional, fól. 75). 
Dice así : 

I A quién no le pone gana 
De murmuración forzosa, 
La porrada mentirosa 
Del buen Marqués de Orellana? 
Cuanto la fachada gana. 
Pierden las obras del tal ; 
Que el corazón es igual 



348 

A la robusta persona. 

Vamonos á Chacona. 

Pág. 296. 

Dr. D. Juan de Solórzano Percira. Nació en Madrid, 
el 30 de Noviembre de 1575. Fué hijo del Lie. Hernando 
Pereíra de Castro , salamanquino, abogado de los Reales Con- 
sejos, y de Doña Catalina de Solórzano y Vera, valisoletana. 
Estudió doce arios en Salamanca, donde ocupó muy joven 
todas las cátedras (menos la de Prima) de ambos derechos, 
civil y canónico. En 1609 fué nombrado oidor de la Real au- 
diencia de Lima, adonde pasó con el encargo especial de reco- 
pilar las cédulas y ordenanzas de Indias. Desempeñó con el 
mayor celo estos cargos y otros no menos graves. Fué su- 
cesivamente promovido a fiscal del Consejo de Hacienda, del 
de Indias, á consejero de este último y á fiscal del de Castilla, 
desde 1627 a 1633. Renunció esta última plaza por su dolen- 
cia del oido, á pesar de las instancias que se le hicieron. 
En 1640 recibió el hábito de Santiago, y dos años después 
obtuvo plaza efectiva de consejero de Castilla, con retención 
de la de Indias. 

Casó en Lima con Doña Clara Paniagua de Loaisa y Fre- 
jo, natural de La Plata, hija del general Paniagua. Tuvo di- 
latada sucesión de ambos sexos. 

Se ignora la época de su muerte ; pero consta que vivía 
en 17 de Enero de 1653. Su estatua y la de su esposa existían 
en el convento de monjas de Madrid llamado del Caballero de 
Graciay cuyo patronato tuvieron dichos señores, por cesión 
de su fundador, el arzobispo de Santa Fe, D. Bernardino de 
Almansa. 

Publicó Solórzano varias estimables obras, la mayor parte 
jurídicas, desde 1605 en adelante. La más famosa: 

De Indiarum jure disputationes Fué impresa en Ma- 
drid, 1 629- 1 630, y en León de Francia, 1672, en fól. De 



349 
ella sacó en castellano la Política indiana. Madrid, 1648, fól. 

Son notables asimismo sus EmbUmata Regio- PoUtica 

Madrid, 1653, ^^'* (Traducido luego por Matheu Sanz. Va- 
lencia, 1658.) 

Papel Político sobre la variedad de dictámenes de los hom- 
bres^ asi en el juzgar como en el discurrir. 

En el códice M-i de la Biblioteca Nacional de Madrid, to- 
mo primero del Parnaso Español y manuscrito, se leen dos 
sonetos de D. Juan de Solórzano, del Consejo Real , á su hijo 
D. Juan , colegial del Arzobispo, y ademas 

Décima jocosa y del mismo D. Juan al P. Astete. 
{{Cuarteta de D. Juan de Solórzano cuando se jubiló en la 
plaza de Indias.» Dice así : 

Yo me jubilo, señor, 
Por mi sordera, y también 
Porque no puedo estar bien 
Con otros que están mejor. 

En su Memorial.,*,, de los derechos ^ honores ^ preeminencias 

que se deben dar á los consejeros honorarios y jubilados 

(Madrid, 1642) dejó consignadas curiosas noticias de sus es- 
tudios, méritos y servicios. Este Memorial se reimprimió en- 
tre sus tituladas Obras postumas (Madrid, 1676), que com- 
prenden otros seis escritos jurídicos, y también el ya citado 
sobre la variedad de dictámenes. 

Pág. 297. 

Juan Bautista Suarez de Salazar. Nació en Cádiz, á ñnes 
del siglo XVI ; fué doctor en ambos derechos y en teología, pre- 
bendado y después canónigo de aquella ciudad, provisor y 
vicario de su diócesis. Insigne anticuario y humanista, autor 
de la erudita y rarísima obra Grandezas y antigüedades de ¡a 



350 
isla y ciudad de Cádiz. Cádiz, Clemente Hidalgo, 1610,4.^, 
y de otras varias que quedaron manuscritas. Fué varón virtuo- 
sísimo , hizo varias fundaciones piadosas, ya durante su vida, 
ya en su fallecimiento, ocurrido el 5 de Octubre de 1644* 
Legó parte de su librería á los jesuítas de Cádiz, y dejó el 
resto á disposición de su albacea el limo. Obispo de aquella 
diócesis, Fr. Francisco Guerra, quien regaló al docto canóni- 
go de Sevilla Martin Vázquez Siruela los manuscritos origi- 
nales del difunto, según afirma D. Nicolás Antonio, que cita 
los siguientes : 

De Mythologia terr. et ccelesti, 

M. T, Ciceronis in Orat pro. Archia Poeta loci aliq. emmen- 
dati et illustrati. 

Conjectunt quadam. 

Explicación de aquel lugar de San Lúeas : Exiit edictum a 
Casare j etc. 

De la memoria artificiosa. 

Santos de Cádiz. 

En la biblioteca Colombina de Sevilla, tomo xxi de Opús- 
cula vária^ existen de Salazar. 

Notas á las antigüedades de Cádiz. Son breves y de poco 
interés. 

Epístola D. yoanni de Fonseca ex Gadibus scripta super 
eodem. 

Fasciculus divers. Florum^ y otros papeles, entre ellos los 
citados de Notas á Cicerón y á San Lucas, y el de la Memo^ 
riay que lleva su firma. 

Según el autor del Diccionario de personas célebres de Cádiz, 
escribió ademas una Fida de San Epitacioy obispo, y Alegatos 
diferentes, impresos. 



35> 

Pag. 300. 

Señor Jil Ramirez de Arellano. De clara estirpe y no me- 
nos clara virtud, dice D. Nicolás Antonio, sin hacer men- 
ción del lugar de su nacimiento. Fué colegial del mayor de 
Cuenca, en Salamanca, y en aquella insigne universidad obtu- 
vo todos los grados académicos, hasta el más elevado de la 
facultad de jurisprudencia. Desempeñó algún tiempo una 
plaza de ministro de la chancillería de Valladolid , y después 
ascendió á la de consejero del Supremo de Justicia, Cámara y 
Estado de Castilla, queobteniaen i6i4yi6i7. Fuéjuntamente 
del Consejo de la Suprema Inquisición, y caballero de la or- 
den de Santiago. Dedicado con la más asidua aplicación y dili- 
gencia al estudio de las antigüedades,y principalmente al de las 
de España, reunió una copiosa y bien dispuesta colección de 
documentos antiguos, trasladados á su costa de los originales 
y de diversos archivos ; los cuales generosamente franqueaba, 
con notable estímulo y beneficio de las letras , á los aficionados 
á esta clase de investigaciones. El Mtro. Gil González Dávila, 
que le conoció á fondo, escribe, hablando de él, en su Historia 
de la ciudad de Salamanca^ lib. iii, cap. XX, las siguientes pa- 
labras : A quien debe mucho España^ por ser el que con más veras 
ha tratado de que se forme historia^ cual merece el valor desta 
Nación y Reinos ^ favoreciendo y alentando con muchas curios ida- 
des a los que siguen tal empresa. Débele Salamanca no poco y pues 
fué el que despertó este motivo de dar memoria á sus antigüedades 
y grandezas. 

D. Nicolás Antonio cita solamente, y con referencia al 
mismo Dávila, dos obras de Ramirez de Arellano, á saber : 

Ad Titulum D. de PrivUegiis creditorum. 

El Memorial de la grandeza del Conde de Aguilar^ Señor de 
los Cameros. 

D. Lorenzo Ramirez de Prado, en su traducción comen- 



35* 
tada de parte de los Aforismos políticos de Juan Chokier ', que 
hizo por mandato del Duque de Lerma, publicándola con tí- 
tulo de El Consejo y Consejero de príncipes^ en Madrid, año 
de 1617 ; hablando con erudición varia de la cualidad de ami- 
gos que han de tener los Consejeros , y del nombre de tales 
con que á éstos significaban ó distínguian los romanos, así 
bien que con el de comités y dice así (pág. 134}: c(Lo que 
aquí puede desear el más curioso y ambicioso de saber, verá 
en la estampa, escrito por quien con alabanza y veneración 
nombro siempre : el Sr. Gil Ramirez de Arellano, caballero de 
la orden de Santiago, del Consejo Supremo de Justicia, Cá- 
mara y Estado de Castilla, de fama ilustre, no por fortuna, 
sino por razón \ tan eminente como en prudencia, integridad y 
valor, en la posesión de superiores letras, y de las que llaman 
Buenas los diligentes inquiridores de la antigüedad n, etc. 

Pág. 301. 

Fonseca trabajaba con particular empeño y predilección en 
su Historia de España. Al mismo tiempo que se valia del di- 
ligente auxilio de Calatayud, solicitaba de otros eruditos noti- 
cias y materiales, y aun la corrección y enmienda de parte de 
la obra. 

De Rodrigo Caro, según consta por el siguiente párrafo de 
la carta de D. Francisco de Calatayud, escrita en Junio 
de 1617 : 

Rodrigo C^ro vive en Utrera^ y el mejor camino para lo que 
V. m, pretende de //, será una carta del señor Duque de Alcalá 
para Donjuán de Inestrosa^ si no es que me quiere hacer peregrino 
de Consolación, 

Al Mtro. Alonso de Laserna tenía dados pliegos de la mis- 
ma, como aparece del párrafo de la otra carta de Calatayud, 
fechada en Agosto, que hemos trasladado en el texto. 



De los libros iii y iv solamente. 



353 

Juan de Torres Alarcon le contestaba, con fecha de 23 de 
Agosto de 1616 » : 

Un año ha cabal que respondí a vmd, en ¡a materia de Escrip- 
tores de España^ para corregir los que vmd, quería sacar á luZy 
y ceso la correspondencia desta obra : y ahora en letra del señor 
Don Francisco de Calatayud me manda vmd, le avise lo que yo 
puedo servirle en la materia 

Y le incluia un catálogo de cronistas antiguos (entre ellos 
los mentidos Dextro y Máximo), de donde> á su juicio, podría 
Fonseca extraer noticias y datos, ó entresacar algunos frag- 
mentos. En esta carta autógrafa pide ya Torres á Fonseca la 

relación (genealógica) de su casa en cabeza del Marqués para 

insertarla en cierta obra genealógico-histórica que el mismo 
Torres y otro escribian, como consta más claramente de su 
carta fecha también en Sevilla, á 29 de Noviembre de 1616 *. 
En esta otra, firmada por Torres, pero escrita por mano de 
su desconocido colaborador (después de una larga dolencia de 
aquel, crónica sin duda, durante la cual, dice, le habian apar- 
tado sus amigos de toda clase de trabajos literarios), recordán- 
dole sus promesas á D. Juan de Fonseca , solicita Juan de 
Torres encarecidamente su cooperación literaria y pecuniaria 
para la obra que él y su amanuense, á quien llama el dueño de 
todoy estaban compilando y trataban de publicar. Dice, pues, 
entre otras cosas : 

T ansí por sí acaso tocare á la Andalucía y Estremadura núes- 
tro trabajo^ no queremos tenga falta de las casas de los amigos^ 
pues los que no lo son nos las dan francamente y porque sus linages 

y memoria sean mas notorios y para eso deseamos que v, m, en 

particular nos embie las fundaciones y los privilegios á la letra de 

su casa Y al fin : plega á Dios que algo desto le despierte á 

V, m, el gusto para que no falte á ayudas de la impresa^ para que 



^ Códice 8-87, folios 173 y 174. 
* Fól. 1 70 del mismo códice. 



35+ 
V. m, tenga tanta parte en lo formal^ como tendrá en lo material,.,.. 

De la misma carta se infiere que la obra de Torres tenía 
asimismo por objeto muy esencial y determinado la historia 
antigua de España. Calatayud, en una de las citadas suyas, 
escritas á D. Juan de Fonseca, dice que Torres quería dar á 
entender que escribía una historia de la España antigua. Poseía 
una riquísima colección numismática, y de ella se proponía 
Calatayud , según la misma carta, irle sacando lo mejor^ rete- 
niendo en su memoria y comunicando á Fonseca los datos 
más interesantes que en ella existiesen. 

Con fecha de Sevilla, 13 de Junio de 1617, volvió á escri- 
bir Torres á Fonseca. Esta carta autógrafa es muy extensa : 
forma los folios 166, 67, 68 y 69 del códice. Contesta en ella 
á la que Fonseca le habia dirigido por medio del Mtro. Laser- 
na, y le ofrece sus conocimientos y correspondencia directa- 
mente^ algo disgustado de que Fonseca se hubiese valido de 
aquel, con quien se manifiesta no muy bien avenido. Le cita 
diversos libros y códices históricos, cronicones, etc., que 
existían á su disposición, discurriendo sobre sus cualidades y 
utilidad ; le habla de otros materiales arqueológicos ; de los 
que habia dejado á su fallecimiento el erudito canónigo Pa- 
checo, y en fin, de otros puntos relativos á la obra de Fonse- 
ca y á la suya propia. 

Es muy curiosa la postdata de la antedicha carta de Torres, 
de fecha 29 de Noviembre de 16 16. Promete en ella á Don 
Juan que le remitirá una Memoria de los papeles y libros que 
habían sido del finado racionero Porras de la Cámara, como 
se lo tenía mandado D. Diego Arias de Mendoza ; libros que 
él habia visto por orden del oidor Mallea, para el Duque de 
Alcalá. Entre estos libros estaba el códice que contenia La 
Tia fingida^ de Cervantes. 



FIN. 



ADVERTENCIA 

RELATIVA AL RETRATO DEL POETA QVE ADORNA 
ESTA EDICIÓN. 



Prometida en el Prólogo (página x) una exacta re- 
producción del retrato de Rioja que publicó López de 
Sedaño, ha podido luego, durante la impresión del li- 
bro, mejorarse en tercio y quinto aquella promesa, 
gracias ala diligencia y generosidad de los señores Don 
G. Cruzada Villaamil y D. Valentin Carderera, a 
quienes tanto deben las bellas artes en España. La 
textual nota, escrita por el primero de dichos señores, 
que a continuación va copiada, informará al lector del 
origen y procedencia del retrato que publicamos. 

«El retrato de Rioja que va al frente de esta edi- 
))CÍon, grabado al agua fuerte por D. José Calvan, 
))está copiado de un dibujo al lápiz, de mano del céle- 
))bre grabador Manuel Salvador Carmona. Este origi- 
wnal forma parte de la colección de dibujos del Señor 
))D. Valentin Carderera, y se cree que Carmona lo 
)) calcara, para grabarlo, de alguno de los de Francisco 
)) Pacheco; pues el tamaño de la cabeza y el carácter 
«del dibujo son iguales en todo á los que presentan los 
«retratos que al lápiz hizo el suegro de Velazquez.)) 



índice. 



Breve Prólogo del ilustrador v 

Advertencia del mismo zi 

Biografía de D. Francisco de Rioja i 

Apéndices a la Biografía lOO 

Juicios críticos 107 

Noticia bibliográfica de los escritos de Rioja 119 

Apéndice a la Noticia bibliográfica ' 1 56 

Poesías de D. Francisco de Rioja 167 

Notas a las Poesías 279 

Notas al Prólogo, y á la Vida y Bibliografía de Rioja. . . . 281 

Advertencia relativa al retrato del poeta que adorna esta edición. 355 



Mi 



SOCIEDAD 



BIBLIÓFILOS ESPAÑOLES. 



D. Juan Eugenio Hartzenbusch. 

D. Pascual de Gayangos. 

Excmo. Sr. D. Serafín Estébanez Calderón. 

D. Cayeuno Rosell. 

D. Tomás Muñoz y Romero. 

limo. Sr. D. Braulio Antón Ramírez. 

D. José Godoy Alcántara. 

D. Mariano Cardercra. 

D. José Almirante. 

D. Emilio Lafuente y Alcántara. 

D. José Fernandez Giménez. 

D. Mariano Vergara. 

D. José María Escudero de la Peña. 

D. Francisco Asenjo Barbieri. 

D. Santos de Isasa. 

D. Antonio de Peñaranda. 

D. José García y García. 

D. Vicente Vignau. 

D. Miguel Colmeiro. 

limo. Sr. D. Manuel Colmeiro. 

D. Valentin Carderera. 

D. Juan Facundo Riaño. 

D. Jacinto Sarrasí. 



J\/«7V *VA»«A« X^VMkVAVr V4V A \/*W\iVf« 



D. Indalecio Sancha. 

D. Manuel Oliver y Hurtado. ^ 

D. Manuel Rivadeneynu 

limo. Sr. D. Manuel Rico y Sinobas. 

D. Carlos Castrobeza. 

D. Genaro Alenda Mira de Percebal. 

D. Anaclcto Buelta. 

D. Máximo de la Cantolla. 

D. Fernando de Castro. 

D. Jacobo Zobel. 

D. Manuel Lasala. 

D. Eugenio MaflFei. 

D. Feliciano Ramirez de Arellano. 

D. Francisco de Moya. 

Biblioteca Nacional. 

Excmo. Sr. Marqués de Morante. 

D. Joaquin de Azpiazu y Cuenca. 

D. Vicente Barrantes. 

D. Julián Sánchez Ruano. 

D. Raimundo González Andrés. 

D. Joaquin Ceballos Escalera. 

D. Sebastian de Soto. 

Sr. Marqués de la Mesa. 

D. Rafael Contreras. 

Excmo. é limo. Sr. D. José Gutiérrez de la Vega. 

Excmo. Sr. Marqués de la Vega de Armijo. 

Umo. Sr. D. Francisco Escudero y Pcrosso. 

D. Manuel Tovar Opacio. 



Dmo. Sr. D. Manuel Silvela. 

D. Fcrmin Hernández Iglesias. 

Sr. Marqués de Santa Marta. 

D. Manuel Tubino. 

D. José Pérez de Guzman. 

D. Ricardo Heredia. 

D. Mariano de Zabálburu. 

Sr. Marqués de Almagucr. 

Excmo. Sr. D. José de Posada Herrera. 

D. Manuel S. Bulnes. 

D. Eduardo de Mariátegui. 

Biblioteca del Ministerio de Gracia y Justicia. 

D. Emilio Ruiz de Salazar. 

D. Antonio Hurtado. 

D. José de Trillo Figueroa. 

D. Rafael Blanco y Alcalde. 

D. Isidro Autran. 

D. Francisco Cutanda. 

D. Luis Vidart. 

Excmo. Sr. D. Antonio Fernandez Duran. 

D. Mariano Aguado. 

limo. Sr. D. Félix García Gómez. 

Sr. Marqués de la Torrecilla. 

D. Francisco M. Tubino. 

limo. Sr. D. Manuel Ruiz Higuero. 

D. Leopoldo Martínez Reguera. 

D. Manuel Pastor y Polo. 

D. Tomas María Mosquera. 

limo. Sr. D. Frutos Saavedra Mencses. 

D. Ricardo Chacón. 

D. Ángel Barroeta. 

Excmo. Sr. Marqués de Sardoal. 

Excmo. é limo. Sr. D. Manuel María Hazaíías. 

D. Emilio Castelar. 

Excmo. é limo. Sr. Vizconde del Pontón. 

D. Carlos G. Abaurrea. 

Excmo. Sr. Marqués de Corvera. 

D. Nilo María Fabra. 



D. José Carranza y Valle. 

D. Justo Pclayo Cuesta. 

Ekcmo. Sr. D. Florencio Rodríguez Vaamonde. 

D. Ramón López Cano. 

Excmo. Sr. D. Joaquín Salafranca. 

limo. Sr. D. Román Goicoerrotea. 

limo. Sr. D. Luis María de la Torre. 

Sr. Conde de Pomar. 

D. Fermin de Lasala. 

D. José Arróspide y Marimon. 

Excmo. Sr. Duque de Sexto. 

D. Ramón Miranda. 

limo. Sr. D. Emilio Bemar. 

D. José Rivcro. 

Excmo. é limo. Sr. D. Juan Alvarez de Lorenzana. 

D. Amos de Escalante. 

D. Francisco de Paula Acedo. 

D. Ramón de Campoamor. 

D. Antonio Cavanillcs. 

D. Rafael García y Santbtéban. 

Sr. Conde de San Julián. 

Sr. Conde del Valle de San Juan. 

D. Juan Uña. 

limo. Sr. D. Isaac Nuñez de Arenas. 

D. Fernando García firiz. 

D. Joaquin Maldonado. 

D. Federico Fernandez San Román. 

D. Lope Gisbert. 



D. Juan MartoreU. 

D. Manuel de Goicoechea. 

Sr. Marqués de Cabriñana. 

Ateneo Científico y Literario. 

D. Juan Mané y Flaquer. 

D. Patricio Aguirre de Tejada. 

D. José Éntrala y Perales. 

D. Fernando Sola. 

limo. Sr. D. Francisco Barca. 

D. Buenaventura de Abarzuza. 

D. Ramón Villapol. 

Excmo. Sr. D. Leopoldo Augusto de Cueto. 

D. Mariano Vázquez. 

D. Ignacio Hidalgo Saavedra. 

D. Juan Federico M untadas. 

D. Teodoro Martel. 

Excmo. é limo. Sr. D. Eugenio Moreno López, 

D. Cayetano Alberto de la Barrera y Leirado. 

Excmo. Sr. D. Manuel Bermudez de Castro. 

D. Jerónimo de la Gándara. 

D. Manuel Fernandez de León. 

D. Carlos de Haes. 

D. Antonio Terrero. 

D. Carlos Ramirez de Arcllano. 

D. Manuel Jontoya. 

Biblioteca Colombina. 

D. Pedro Olarria y Adalid. 

D. Ricardo de la Vega. 

D. Juan de Dios de la Rada y Delgado. 

D. Eduardo Sánchez y Rubio. 

Biblioteca del Senado. 

D. Vicente de Soliveres y Miera. 

D. Gonzalo Sánchez Arjona. 

D. Ramón Sanjuanena y Nadal. 

D. José de Garnica. 

Biblioteca del Ministerio de Estado. 

Biblioteca del Ministerio de Ultramar. 

Excmo. é limo. Sr. D. Bonifacio Cortés Llanos. 



D. Manuel Merelo. 

Sr. Conde de Alcoy. 

D. Fernando Nuñez Arenas. 

D. Manuel de Almenara. 

D. Adolfo Mentabcrrí. 

D. Joaquín Aguado 

D. Eduardo Gasset MatJicu. 

D. Manuel Cañete.