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Full text of "Límites entre Venezuela y Nueva Colombia"

UNIVERSITY OF NORTH CAROLINA 



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THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 

SOCIETIES 



F2281 
.B7 

G9 
1880 



J. NOE HERRERA 
SALES OF COLOMBIA N BOOKS 
APARTADO AEREO 12053 
BOGOTÁ, COLOMBIA 



00006082605 



This book is due at the WALTER R. DAVIS LIBRARY on 
the last date stamped under "Date Due." If not on hold it 
may be renewed by bringing it to the library. 



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in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/lmitesentrevenezOOguzm 




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LIMITES 

ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA, 

POR ANTONIO L. GUZMAN. 



introducción, ^y 

i 



Está visto. Van propagándose en nuestra vecina 
los espejuelos de color de fuego, que, como es sabido, 
enrojecen todos los objetos. Los teocráticos, empeñados 
en volver á las doctrinas romanas de Hildebrando ; 
los radicales, empeñados en derribar todos los diques 
de la licencia, con un solo embion, y en arrancar las 
costumbres más inveteradas de un solo tirón. Poco 
más 6 menos, con las mismas exageraciones, cada uno 
de ellos concurre energúmenamente á ensanchar la ho- 
guera, en que los unos y los otros pueden quedar 
incinerados, con cuanto existe todavía de valor ines- 
timable en la Patria que debian salvar. 



2 LÍMITES 



En medio de aquel torbellino reverberante de pa- 
siones, la cuestión limites con Venezuela sirve tam- 
bién de combustible, escogido por escritores que di- 
cen que trabajan por la salud pública. Así en Bogotá 
como en Panamá, se sigue escribiendo, ignorante ó ma- 
ligna, pero muy ardorosamente, como si la materia 
de límites no hubiera llegado ya á la más evidente 
claridad, en ese grueso volumen en que agotaron los 
Plenipotenciarios de una y otra República, cuanto ha- 
bia que estudiar en ella, y cuanto pudieran produ- 
cir sus aptitudes, su patriotismo, y su absoluta con- 
sagración á llenar honrosamente sns deberes. 

Se redacta y se publica, como si nada estuviera 
todavía escrito, como si esos señores escritores no supie- 
ran leer, ó como quien cierra ojos y orejas para no 
ver y no oír. 

Podria ser que con esas cantinelas, que ya no 
debian oirse, cultivando y multiplicando engaños, ora 
con buena, ora con mala fe, encandeciendo cada vez 
más los ánimos, y extendiendo el número de los en- 
gañados, llegaran esos señores, que bien pudieran ver 
más claro y tomarse la pena de prever, á crear 
una situación, en que ya no se pudieran precaver 
muchas desgracias de unos y otros pueblos, y un es- 
cándalo más, muy bochornoso en América, desdicha- 
damente irremediable para entonces. . 

Vamos, pues, á oponer el posible antídoto á esos 
males, con el alma en paz, y con el amor más ingé- 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 3 

nuo á una y otra República hermanas, porque abri- 
gamos el corazón de un antiguo colombiano. 

Parécenos que para este saludable propósito, nada 
habrá tan eficaz, como presentar en compendio la ver- 
dadera historia y el actual estado de la cuestión limi- 
tes, para que instruidos los patriotas, así venezolanos 
como neo-colombianos, de lo que conviene que todos 
sepan, que no debe ser sino la verdad, puedan juzgar 
esa materia en su verdadera luz, y dirigir la opinión 
de unos y otros pueblos por el sendero de la justicia, 
y de la única conveniencia verdadera y comuu á to- 
dos. He aquí esa historia : 

Al separarse funestamente Venezuela de la unidad 
de la antigua y gloriosa Patria, quedaron rotos nume- 
rosos vínculos, y muy convenientes lazos del más 
alto y legítimo interés, desde las bocas del Orinoco 
hasta las bocas del Tumbes : quedaron burladas sa- 
bias y elevadas combinaciones, fecundísimas para el 
porvenir, y abandonadas las más gloriosas y benéficas 
tradiciones ; y quebrantado el gran todo en cada una 
de sus tres secciones. 

Quedó el Ecuador bajo la presión del Perú, per- 
diendo á Mainas, á Jaén de Bracamoros, y regiones 
privilegiadas sobre el Amazonas. Quedó Nueva Gra- 
nada en forma de saco, con mezquina y mala costa 
sobre el golfo de las Antillas, con otra mayor casi 
inútil sobre el Pacífico, y toda ella encarcelada ; y 
quedó Venezuela, si bien con todo el litoral útil y 



4 LÍMITES 

toda la región lluvial, pequeña por pobre y despobla- 
da, para servir de vanguardia de este continente Sur- 
americano, al frente del coloso del Norte, y de todos 
los colosos de Europa. Quedó roto el equilibrio entre 
las dos Américas y entre los dos mundos, y roto también 
el equilibrio continental Sur-americano. El tiempo, 
con su serie infalible de sucesos y de acontecimientos 
extraordinarios, tan frecuentes, y tan desgraciadamente 
imprevistos, irá demostrando, y quizas no muy tarde 
comprobará, lo infausto de aquella increible ceguedad, 
y la buena fe de estas previsiones Tj°líticas. 

Entre los graves males consiguientes á la desdi- 
chada separación, debemos contar el de la cuestión 
límites, que bastaria por sí sola, para que unánime- 
mente condenáramos aquel crimen de parricidio. 

Venezuela liabia pasado desde 1810 basta 1823 por 
una lucha sangrienta de trece años, la mayor parte 
de guerra á muerte, con un combate desesperado en 
cada palmo de tierra, y con saqueos, destrozos, incen- 
dios, y cuantos desastres cabe imaginar ; dejando atrás, 
en lo de furor, patíbulos, descuartizamientos y viola- 
ciones de todo género, todo cuanto la historia nos 
cuenta de más atroz en el resto del mundo. Nada lo 
quedó pues respecto á archivo de límites, como no 
quedaba casi nada de lo que existió en el tiempo co- 
lonial. Si algo poseía de títulos jurisdiccionales, na- 
die sabia á ^dónde, ni cómo adquirirlo, cuando no 
existia ya ni un solo archivo, habiendo sido quema- 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 

dos ó convertidos en cartuchos, hasta los libros de 
bautismos y casamientos de las iglesias, porque la 
mayor parte de esos mismos templos, con sus respec- 
tivos párrocos, también habian desaparecido. 

Quedaba tan solo á Venezuela, respecto á demar- 
cación de su territorio, la voz de la tradición, el co- 
nocimiento práctico de los pocos, ya hombres, del tiem- 
po de la Colonia, que sobrevivieron á la guerra. 

La Nueva Granada quedó en posesión de cuanto 
existia documentado, reposando en sus archivos ofi- 
ciales ; porque su guerra habia sido sin comparación 
más humana, y de menores proporciones y continui- 
dad ; y porque quedando Bogotá por capital, el Gobierno 
nacional debió recoger y recogió cuanto existia escrito 
en la materia. 

Páez, que habia sido siempre insubordinado, desde 
que tomó las armas por la Independencia, ya en la 
última mitad de la guerra; y que desde entonces ha- 
bia aspirado siempre á su personal omnipotencia ; 
Páez, que en 1826 habia ya pretendido romper la uni- 
dad de Colombia, y que en 1829 logró forzar la vo- 
luntad de Caracas, y hacerla aparecer en insurrección, 
no habia logrado, sin embargo, arrancar á los pueblos 
de Venezuela, en los pronunciamientos que forjó y 
que impuso, su funesto propósito contra la integridad 
de aquella grande y gloriosa Patria. 

Tampoco pudo obtenerlo del mismo Congreso Cons- 
tituyente, que él convocó, el cual resistió, con un va- 



6 LÍMITES 

lor civil honrosísimo, el criminal empeño de la sepa- 
ración. Aquel Cuerpo augusto conservó la bandera y 
el escudo de Colombia, cuando Páez quiso cambiarlos. 
Ese Congreso, verdaderamente ilustre, ordenó por una 
ley, que se conservara la misma Bandera de Colom- 
bia, y el mismo Escudo, representante de la gran Pa- 
tria ; y que fuera rodeado en su parte inferior con 
las palabras "Estado de Venezuela," dejando eu 
blanco -la superior, para que en ella se estampara 
" República de Colombia." Con un patriotismo y 
una entereza ejemplares, nunca llamó República á Ve- 
nezuela, y siempre dijo, Estado de Venezuela ; y al 
abordar al fin la materia integridad nacional, por 
artículo expreso y terminante de la Constitución, que 
decretó para salvar las libertades públicas, y para su- 
jetar á Páez á leyes escritas, acordó que los futuros 
Congresos quedaran autorizados para restablecer la 
integridad de Colombia, en pactos con las dos Seccio- 
nes hermanas. 

Elegido Páez presidente del Estado, por cuatro 
años, (período constitucional) é insistiendo en su fu- 
nesto propósito de separar enteramente á Venezuela, 
para convertirla, como más tarde logró alcanzarlo, en 
un verdadero señorío, ó tranquila satrapía, á despecho 
de todo lo dicho y en abierta oposición á la voluntad 
de los pueblos, resolvió consumar su atentado. 

Ni pudo contenerlo la preexistente declaratoria 
del Ecuador, que conservó la bandera y el escudo de 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 7 

Colombia, con la leyenda "El Ecuador en Colom- 
bia;" protestando que quería conservar la grande 
unidad nacional. Tampoco lo pudo contener que la 
Nueva Granada mandase sus representantes, invitando 
á Venezuela á la reintegración de la Patria ; ni que 
aquella Sección, hermana nuestra, hubiese permanecido 
dos años sin constituirse, con la esperanza de la 
reunión. 

En su calidad de Presidente, y en abierta contradic- 
ción con la ley fundamental, mandó á Bogotá al señor 
Santos Michelena, excelente ciudadano, desgraciada- 
mente partidario de la separación, para negociar Tratado 
de límites, de comercio y navegación, de división de 
la deuda nacional, etc., etc. Fué aquella una Pleni- 
potencia, para consumar la separación de las tres 
grandes Secciones del territorio de Colombia, haciendo 
desaparecer la más grande de las hechuras de Bolívar ; 
la que hoy, con treinta Estados federados, desde el 
Atlántico hasta Tumbes, seria una gran nación, mui 
superior á todas las banderías, como á todos los po- 
derosos, imposible de ser dominada sino por la auto- 
ridad de sus leyes, y en fin, una verdadera y poderosa 
patria, en pleno é imperturbable goce de sus derechos, 
de su dichosa paz y soberanía. 

En efecto, faé_di yidida la deuda e ntr e Vene zuela, 
Nueva Granada y el Ecuador, por un Tratado^^y este 
obtuvo al fin aprobación y cange por los tres Estados ; 
porque era urgentísimo poner en curso el cumplimiento 



8 LIMITES 

de los deberes del crédito interior y exterior, cuyos 
numerosos y potentes interesados de den'ro y fuera 
del territorio, gestionaban desesperadamente por una 
resolución cualquiera, que abriese senda al cumpli- 
miento de los deberes fiscales, objeto privilegiado del 
señor Miclielena, Ministro de Hacienda y Crédito. 

Y fué negociado, además, un Tratado de limites, 
que fué rechazado por el Congreso de Venezuela, 
porque atribuía á la Nueva Granada jurisd icción en 
la Goagira hasta éTlJabo de ChicMvacoa, y no hasta 
el de la Vela; porque dejaba granadino á San Faus- 
tino, que está de este lado del rio Táchira, verdadera 
línea divisoria, y límite natural ó arcifinio ; y porque 
respecto á Arauca y su terreno al Sur, se había pres- 
cindido de derechos^Tirritoriales de Vene zuela, h asta 
con violación manHTesta de una Real Cédula termi- 
nante, cuya autenticidad estaba y está hoi reconocida 
por uno y otro Gobierno, como la última y como 
auténtica. 

Estos tres puntos ; á saber : parte de la Goagira, 
San Faustino y Arauca, fueron los únicos en que 
hubo discusión, así en Bogotá como en Caracas. El 
gobierno de Nueva Granada aprobó el tratado, y luego 
lo aprobó aquel Congreso, un año después de su 
celebración; sin que ni ánte3, ni entonces, ni después, 
asomara la menor pretensión de soberanía territorrial 
granadina, sobre la región del Orinoco, del Casiquiare 
ni del Rio Negro ; pues que se pactó con el señor 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 9 

Michelena en Bogotá, como línea divisoria entre las 
dos Repúblicas en aquella parte, una imaginaria, ó 
meridiano, que pasando por la laguna llamada del 
Término, corriese al Sur hasta confinar con un tercer 
poder. 

Tal era la situación en 1870 respecto de los tres 
puntos antes mencionados, porque habian sido infruc- 
tuosos los esfuerzos de varias Plenipotencias enviadas 
á Bogotá ó venidas á Caracas desde 1832. 

Se inauguró la administración nacional de Vene- 
zuela de 1870, principio del célebre Septenio, y se 
propuso el Ministerio de Relaciones Exteriores, aunque 
•sin causa ocasional entonces, y solo por cumplir sus 
deberes oficiales, formar un archivo de limites. Reú- 
nense con patriótica perseverancia, y recogiendo y 
examinando papeles ya olvidados, y como perdidos, 
multitud de Reales Cédulas, Reales Ordenes, Instruc- 
ciones Reales, Expedientes de límites, y numerosos 
documentos fehacientes, hasta formar 24 grandes vo- 
lúmenes ; y cuando en 1875 llegó á Caracas el señor 
Dr. Manuel Murillo, dos veces Presidente de la Nueva 
Colombia, trayendo el carácter de Ministro Plenipo- 
tenciario de la República hermana, que debía suponer 
y creia encontrarse en la misma ventajosa situación 
en que se habian encontrado por espacio de 45 años 
los señores Mioistros neo-granadinos, tropieza con una 
cordillera de verdaderos títulos territoriales de Vene- 
zuela, formando esos 24 volúmenes, en manos del Ministro 



1 LÍMITES 

Guzman, su anticuo amigo, con quien debia abrir y 
abrió las conferencias, para la negociación del Tratado 
de límites. 

Propuso el Ministro venezolano al iniciarlas, que 
aquella negociación se dividiera en dos partes. La 
primera, sobre examen del derecho, ó verdadero Uti 
Possidettis de la Capitanía General de Venezuela y del 
Virreynato de Santa Fe en 1810; á fin de conocer los 
dos extremos de la cuestión, según gestionaba en ella 
desde 1832 el gobierno de Nueva Granada. Así lo 
quería también ahora el de Venezuela, y así podría 
encontrarse más fácilmente, después, un término medio 
conciliador y todo voluntario, de recíprocas concesio nes 
y conciliación de comunes intereses, entre pueb los 
hermalros, ""iu — cual sejfeTlu^jnate ria de la segimda 
parte de la nego ciació n. 

Así convenido y protocolizado, se firmó. 
Aparece después de ese examen del derecho, por 
sobre todas las argumentaciones del señor Murillo, y 
de una manera evidente, que en la Goagira perteneció 
siempre á Venezuela la jurisdicción territorial hasta el 
" Cabo de la Vela," quedando suyos los dos únicos puer- 
tos de aquella península, que son "Bahía grande " y "El 
Pórtete," ambos al Oriente de dicho "Cabo de la Vela," 
desde el cual era que habia ejercido jurisdicción, siem- 
pre al Occidente, el antiguo Virreynato : resultando al 
mismo tiempo, que Sinamaica no era sino el extremo 
oriental de una línea militar de defensa, de cinco 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 



11 



puntos más, escalonados desde Maracaibo hasta Rio 
Hacha, en la garganta ó itsmo de la península, para 
defender el Continente de los indios, cuyo territorio, 
que el Soberano llamaba "la Goagira» quedaba así 
cortado al Norte de esa línea de defensa, bajo la 
jurisdicción de Venezuela. 

Resultó también que "San Faustino," pedazo de tie-\ 
r ra de dos leguas y media de ancho y algo más de 
largo, en que hubo tiempo atrás una aldea, que la mis- 
ma Colombia habia ya extinguido política y civilmente, 
por haber ya desaparecido sus pocos vecinos, estando 
del lado acá del rio TácMra, verdadero confín de am- 
bas jurisdicciones por documentos auténticos, pertenecía 
á Venezuela de una manera indisputable ; y aunque el 
señor Murillo ocurrió á la singular novedad de que el 
rio Táchira no es rio TácHra sino Pamplona ó Pam- 
plonita, hubo de estrellarse este recurso ante distintas 
é incontestables pruebas. 

Resultó en fin, que la Villa de Arauca, y un vas- 
to territorio al Sur, pertenecía á Venezuela por Real 
Cédula expresa y terminante, que uno y otro gobienor 
teman ya reconocida como autentica. 

Sin embargo de todo esto, que aparece comprobado 
de una manera exuberante, en ese gran Tomo de la 
negociación de límites, en controversia mui culta, y de 
parte de Venezuela mui moderada, con los talentos del 
señor Murillo, y con sus patrióticos empeños, Vene- 
zuela, como se verá en el Epilogo déla negociación d* 



1 2 LÍMITES 

límites, firmado por el Ministro A. L. Guzman, después 
de haber probado con evidencia sus derechos territoria- 
les, ofreció y probó su cordial disposición á un arreglo 
posterior, no ya en cuanto á derechos, 'primera parte 
de la negociación, sino en la segunda, que conforme á 
lo ya convenido, habia de abrirse después, relativa á 
conveniencias recíprocas y concesiones mutuas y frater- 
nales, cual se ven anunciadas en el Epilogo ya citado. 
Pero el señor Murillo venia también con el desig- 
nio de alegar derechos neo-colombianos sobre la región 
occidental del Orinoco, del Casiquiare y del Rio Ne- 
gtro, y se encontró con una Real Cédula, terminante y 
auténtica, posterior á todo lo que el señor Murillo 
alegaba, y al tenor de la cual, ambas regiones oriental 
y occidental de dichas grandes arterias, pertenecían á 
la jurisdicción de Venezuela en 1810, y en pleno dere- 
cho le pertenecen hoi ; no solo hasta el meridiano, que 
sin fundamento alguno habia fijado Codazzi, partiendo 
rectamente al Sur desde la " 'Laguna del Termino" en la 
región occidental, hasta dar con territorio extraño, sino 
como dos grados más al Oriente ; así como se probó con 
documento auténtico, que el nombre " Laguna del Tér- 
mino" con que se encontró Codazzi, y que le indujo á 
suponerla termino entre la Capitanía General y el Vi- 
rreynato, no le fué dado á la laguna, sino por la Co- 
misión Real, que fué encargada del deslinde de las 
dos provincias venezolanas de Caracas y Barínas, en 
época colonial ; y por tanto, habia sido una simple 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 13 



equivocación del señor Codazzi, la designación de aquel 
meridiano entre Venezuela y Nueva Granada. 

Contra la dicha Real Cédula y contra esas prue- 
bas fehacientes, tenia que estrellarse toda pretensión 
del señor doctor Murillo, que habia convenido, como 
ambos Ministros debieron hacerlo al iniciar la negocia- 
ción, en sujetar su examen al punto de derecho ó ver- 
dadero litis Possidetis de 1810, para abrir después la-, 
segunda parte de la negociación, sobre mutuas conve- 
niencias y recíprocas concesiones ; y en este estado, el 
señor doctor Murillo dio corte súbitamente á todo, y 
emprendió su vuelta á Bogotá, hasta sin esperar la 
lectura de las dos últimas contra-réplicas del Ministro 
de Venezuela, las cuales envió su Gobierno con Mi- 
nistro especial á Bogotá inmediatamente después. 

No es posible tratar este punto de la materia de 
límites, relativo á la región del Orinoco, del Casiquia- 
re y del Mió Negro, sin recomendar á la considera- 
ción de todos los patriotas y hombres sensatos y hon- 
rados, así venezolanos como neo-colombianos, las gra- 
vísimas consideraciones que se desprenden de los ante- 
cedentes que preceden, y que hacen resaltar con toda 
la fuerza de la verdad, la injusticia y la fundada extra- 
ñeza que envuelve la moderna pretensión á derechos 
territoriales granadinos, en aquella región. 

Be tal manera carecía Nueva Granada desde 1830 
de todo título en que fundarla, que ni aun existia en 
la mente de su Ministro negociador en 1832 y 33, ni 



14 LÍMITES 

en la mente de su Gobierno, ni en la de su Congreso 
Nacional de 1834 ; aunque todos ellos tenían en sus ma- 
nos los archivos del Virreynato y los de Colombia, en 
los cuales pretendieron fundar sus alegaciones respecto 
á la Goagira, San Faustino y Arauca. No se con- 
cibe que en el empeño de estudiar esos sus propios 
archivos, para disputar estos tres puntos, no tropeza- 
ran con alguna palabra referente á esta cuarta y nue- 
va pretensión, sino que, á nadie ocurriera semejante 
idea, en momentos de una discusión tan importante, 
así oral en Bogotá y todo aquel país, como por la 
prensa, como en el Gabinete Granadino, y como en las 
diferentes sesiones de aquel Congreso, que aprobó el 
Tratado Michelena, no solo sin protesta ni la menor 
observación, en lo tocante á Orinoco, Casiquiare y 
Rio Negro, sino que sin asomar siquiera la menor in- 
dicación. Lisa y llanamente reconocieron aquel Gobier- 
no y aquel Congreso, como límites granadinos con Ve- 
nezuela, el meridiano de Codazzi, que corre á una dis- 
tancia de cuarenta leguas por término medio del punto 
más cercano de la ribera del Orinoco, en línea recta hasta 
Maipúres, y á sesenta de la de Casiquiare, y otra vez 
á cuarenta de la de Rio Negro. 

¿No existían en Bogotá los archivos íntegros del 
Virreynato y de Colombia? ¿No fueron estudiados por 
el Ministro negociador, ni por el Gobierno, ni por el 
Congreso Granadino I \ De qué manera pudiéramos con- 
cebir que ni siquiera asomara una indicación? ¿Cómo 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 15 

es que un año después de la fecha del Tratado, que 
fué negociado en 1833, tampoco apareciera reclamo ni 
indicación alguna, al aprobarlo el Congreso en 1834 \ 
Si alguna vez se ha probado, en el curso secular de 
las relaciones internacionales, una verdad con evidencia 
matemática, es sin duda en esta ocasión, en que resal- 
tan el derecho y la tranquila posesión de Venezuela 
sobre la región del Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, 
de una manera incontrovertible. Y de otro modo, 
l cómo se explicarían los actos oficiales, solemnes y 
auténticos, de los poderes públicos de la Nueva Gra- 
nada ? 

Y no lo hemos dicho todo. En 1842, ocho años 
más tarde, viene el mismo señor Pombo, el ministro 
de 1832 y 33, notabilidad de las más ilustres que ha 
tenido aquel pais, y como Plenipotenciario de su Go- 
bierno, negocia y firma un tratado, en cuyo protocolo 
tampoco aparece la menor indicación de derechos terri- 
toriales granadinos, á la región mencionada, ni á su 
tranquila posesión por Venezuela. 

Y todavía hai más. Por un artículo de ese Trata- 
do, queda reconocida la soberanía de Venezuela al Orien- 
te y al Occidente del Orinoco, Casiquiare y Rio Ne- 
gro, pues que por concesión expresa de Venezuela á su 
vecina y hermana, aceptada por Nueva Granada al apro- 
bar el Tratado, es que puede la bandera granadina ó 
neo-colombiana, navegar las aguas del Orinoco, Casi- 
quiare y Rio Negro, sin otros ni mayores gravámenes, 



16 LÍMITES 

que los que gravan ó gravaren á la bandera venezolana, 
- Si en 1842 hubiera tenido aquel gobierno la menor 
idea de esos derechos territoriales que ahora pretende 
tener hasta la misma rivera occidental de los citados 
tres grandes rios, la Nueva Granada se hubiera tenido 
por condueña de esas arterias fluviales, tanto como Ve- 
nezuela ; que en ese concepto, no hubiera tenido dere- 
cho territorial, sino hasta la ribera opuesta. 

¿Cómo se concibe que ocho años después de la aproba- 
ción legislativa granadina del Tratado Michelena, toda- 
vía no hubiera ocurrido ni aun al Gobierno mismo de 
aquella República, ni al señor Pombo, dos veces su 
Ministro, que existiera ese derecho 'que ahora invade 
la discusión, sin ningún título sobreviniente % ¿Ignora- 
ban el Ministro, el Gobierno y el Congreso granadinos, 
que al negociar, al firmar y al aprobar y cangear el 
Tratado Pombo de 1842, reconocían auténticamente, en 
la solemnidad de un Tratado público, inexorablemen- 
te obligatorio, la soberanía de Venezuela sobre ambas 
regiones oriental y occidental del Orinoco, Casiquiare 
y Rio Negro? 

En los anteriores párrafos hemos pagado un tribu- 
to de amor sincero y del más patriótico interés, por la 
Nueva Colombia, tanto como por Venezuela. Venezola- 
no de nacimiento; ciudadano de Colombia, en la cual 
serví en la primavera de la vida; debiéndole una hos- 
pitalidad genorosísima en dias posteriores y mui acia- 
gos; honrado entonces tan generosamente, que fui uno 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 17 



de sus legisladores constituyentes en Rio Negro, y des- 
pués su Ministro cerca del Gobierno de Venezuela, para 
el nobilísimo empeño de reintegrar la Gran Patria, esa 
en que más tarde tengo entera fe de que irán á desa- 
parecer todas las desgracias y miserias, hijas de la in- 
fausta separación, mi voz es la vez de un buen hijo, 
y me aflige la idea de que hombres y plumas mal 
informados, ó quizás inducidos por motivos suyos, ex- 
traños y quizás nocivos á la salud común, persistan en 
separar todavía más y más á dos hermanas, hijas de 
la gloriosa Colombia, que más tarde se han de encon- 
trar abrazadas por la madre común, para hacer la fe- 
licidad de la generación que realice evolución política 
tan verdaderamente redentora ; y la de innúmeras ge- 
neraciones que bendecirán con férvido entusiasmo la 
reintegración de la Patria, y levantarán estatuas á los 
héroes civiles que la hayan reinscrito en el augusto 
teatro de las Naciones libres y civilizadas. 



II 



Ofrecimos en el artículo publicado en La Opinión Na- 
cional del 27 último, número 3.078, sobre la materia 
del título anterior, continuar, si lo creyéramos nece- 
rio; Jy nos parece serlo ya, con dos objetos. 

. Primero. Presentar desde luego á la consideración 
de todos las hombres justos, los títulos auténticos de 
soberanía de Venezuela, en la Goaglra, hasta el Cabo 



18 LÍMITES 

de la Vela, en San Faustino, hasta el rio Táchira, y 
en Arauca y sus terrenos al Sur, hasta la línea que 
consta establecida por la última Real Cédula, cuya 
autenticidad y vigencia han estado y están recono- 
cidas por ambos gobiernos. 

Y habremos de corroborar, aunque ello no seria 
indispensable, esos mismos derechos, con gran número 
de pruebas, de las que fueron puestas en evidencia en 
la negociación de límites de 1874 y 1875, por el Ministro 
de Venezuela, el mismo que dicta estas líneas. 

Aquel volumen de trescientas ochenta y tres páginas, 
texto de las conferencias, y sesenta y siete de docu- 
mentos auténticos, no habrá podido llegar á las ma- 
nos sino de mil personas, á lo sumo, en la extensión 
de ambas Repúblicas ; apenas una cuarta parte habrán 
leído el todo, ó más ó menos páginas de las allí con- 
tenidas ; mientras que un interés sagrado, de justicia, 
de patriotismo y de general conveniencia, exigen ya 
con imperio que la verdad se difunda, multiplicando 
sus agentes, para uniformar la conciencia pública de 
un lado y otro de las fronteras, y para obtener por 
resultado el conjuro de todo lo apasionado, erróneo y 
bochornosamente peligroso. 

Es servir bien á Venezuela como á la Nueva Co- 
lombia, el difundir en uno y otro país el perfecto co- 
nocimiento del buen derecho, y de la verdadera con- 
veniencia de ambas Repúblicas hermanas. El patriotis- 
mo suele ser á veces falso y enmascarado ; y en otras, 



eetke Venezuela y nueva Colombia. 19 



engañado, juzga servir á la salud' cornun por el cami- 
no de la injusticia. 

Entramos en materia, reduciéndonos por hoi á so- 
lo el primero de los cuatro puntos en que se supone 
haber dudas todavía. 

GOAGIRA. 

Asombro debe causar á todo ánimo recto, que la 
Administración Parra, de Colombia, desestimara tan irre- 
flexivamente la proposición conciliadora que consignó 
el Ministro de Venezuela en el Epílogo de la negocia- 
ción de 1874 y 7o, en que aparecen tan justa y fra- 
ternalmente bien combinados los verdaderos intereses 
del uno y del otro país en aquella Península, siendo 
aquel medio el único en que es posible un*avenimien- 
to, renunciando Venezuela en favor de su vecina y her- 
mana el magnífico puerto de " El Pórtete" y su costa 
occidental hasta el "Cabo de la Vela;" para venir enjdia- 
gonal á la Teta Goagira, á la de los Aceites, y por 
puntos de deslinde natural, á la garganta de la Penín- 
sula, en las alturas de Montesdeoca. 

Véase en seguida cuales y cuantos son los títulos 
y pruebas jurisdiccionales, y la posesión tranquila de 
Venezuela hasta el "Cabo de la Vela ; " todos los cuales 
son irrefragables, y fueron puestos á la vista del señor 
Murillo en diferentes páginas, de los veinte y cuatro 
volúmenes que se expusieron á su examen. 

Las memorias de los Virreyes de Santa Fe, mezqui- 



20 LÍMITES 



no arsenal de los argumentos granadinos ó neo-colom- 
bianos, solo dicen: " que las tribus de indios de la 
Goagira vivían en entera independencia y sin suje- 
ción alguna d su autoridad. " Así está escrito en esas 
memorias 

Supongamos que Venezuela, como colonia ó como 
República, hubiera liecho alguna vez esa misma decla- 
ratoria (lo cual nunca ha sucedido) \ cuál sería hoi, 
en pleno derecho y verdadera conveniencia, lo que 
ambas Repúblicas debieran hacer ? Indudablemente se- 
ria dividir entre las dos la península. % Y no es esto 
lo propuesto en el Epílogo-Guzman, dejando el puerto 
occidental á Colombia, y quedando el otro á Venezue- 
la? En realidad, desde aquellas declaraciones de los 
Virreyes, quedó patente la justicia y la conveniencia 
de lo propuesto por el Ministro de Venezuela en el 
Epílogo citado de 1875. 

Veamos ahora los títulos y pruebas de dominio 
territorrial de Venezuela, en aquella Península, siempre 
hasta el "Cabo déla Vela?'' 

1. — 1499, Herrera, Cronista, mayor de las Indias del 
rey de España (obra oficial ) dice que Ojeda, en 1499, 
reconoció como conquista de España, desde el Golfo 
Triste, ó bocas del Orinoco, hasta el ' Cabo de la Yela.^ 
Y Ojeda fué el primer gobernador de tierra firme ó 
Venezuela. 

2. — En 1500, Rodrigo Bastida fué investido por el 
Rey con el mismo gobierno anterior de Ojeda, hasta el 
"Cabo de la Vela:' 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 21 

3. — Fuerza es añadir, aunque interrumpiendo el or- 
den cronológico, que en 1861 publicó el gobierno de la 
Nueva Colombia á sus expensas y por comisión confe- 
rida al señor Dr. Felipe Pérez, una " Geografía oficial 
de los JEJstados Unidos de Colombia;" y en ella se 
dice, que Bastidas, no contento con lo que habia obte- 
nido del Rey, "dobló el Cabo de la Vela, límite de su 
Jurisdicción con la de Rio Hacha ; ' ' con cuyas pala- 
bras está confesado, que el extremo jurisdiccional de 
Venezuela en la Goagira era el "Cabo déla Vela;" y 
esto en "La Geografía oficial de los Estados Unidos 
de Colombia, en 1861." 

4.— En 1508 divide el Rey el litoral del continente 
al Mar Caribe y al Atlántico, en dos partes, dando á 
Diego de Niqueza la jurisdicción hacia Occidente, desde 
el "Cabo de la Vela" hasta el Cabo Gracias á Dios, y á 
Alfonso de Ojeda desde Urabá hasta el "Cabo de la 
Vela." 

5. — En 1528 otorga el antiguo Soberano la capitu- 
lación con los Wélzares, dándoles la jurisdicción sobre 
lo descubierto y adquirido por Ojeda, y fijando como 
límite el "Cabo de la Vela." 

6. — En 1620 traslada el Rey la jurisdicción á la Real 
Audiencia de "La Española," (Santo Domingo) y fija 
el límite de Venezuela en el "Cabo déla Vela." 

7. — Al crear luego la Real Audiencia de Caracas, 
demarca el Soberano su territorio jurisdiccional, desde 
los límites de Demerara hasta el "Cabo de la Vela." 



22 LÍMITES 



8. — En 1685 divide el Soberano el territorio de Ve- 
nezuela en dos partes por el Rio Uñare, y señala á 
Caracas su jurisdicción desde aquel rio hasta el "Cabo 
de la Velar 

9. — En 1728 crea el Rey la "Compañía Guipuzcoa- 
na," con sus grandes privilegios comerciales, y le im- 
pone el deber de establecer y conservar el crucero ma- 
rítimo, desde las bocas del Orinoco hasta el '''Cabo de 
la Velar 

10. — Y al extinguir la misma compañía, atribuye 
al Intendente general de Venezuela la jurisdicción fis- 
cal, terrestre y marítima, hasta el lí C'abo déla Velar 

11.— En 1734 nombra al Gobernador de Caracas 
Juez conservador hasta el "Cabo de la Velar 

1739. — Fué en este año que por Real Cédula de 20 
de agosto, creó el Soberano el Virreynato de Santa Fe, 
incluyendo en él el territorio actual de Venezuela, que 
quedó siendo parte del Virreynato ; pero las jurisdic- 
ciones dentro de ella, correspondientes á sus magistra- 
dos respectivos, quedaron las mismas ; y así como que- 
da probado que desde 1499 venia la Goagira gobernada 
desde Caracas, en todo cuanto se ejercía en ella la 
jurisdicción española, así seguiremos probando que des- 
pués de la separación, continuó esa jurisdicción atri- 
buida por el Rey á la autoridad de Caracas. 

12. — Al separar de nuevo el Soberano del Virreynato 
la Capitanía general de Caracas, dos años después, (1742) 
volvió todo el mismo antiguo territorio y se conserva- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 23 



ron sus jurisdicciones, quedando por tanto, lo que el 
gobierno español llamaba La Goagira, desde la linea 
de defensa en su Istmo ó Garganta, al Norte, hasta 
el mar y el "Cabo de la Vela," perteneciendo á la Ca- 
pitanía General. 

Continuamos ahora probando con evidencia esta 

verdad. 

13.— En 1771 reglamenta el Capitán General de Vene 
zuela los resguardos de mar y tierra, desde las bocas 
del Orinoco hasta el "Cabo de la Vela." 

14.— En 1777 se dirige don Manuel Antonio Fió- 
res, Virrey entonces de Santa Fe, al Capitán General 
de Venezuela, con motivo de la segregación de Ma~ 
racaibo de aquel Virreynato y su agregación á la Ca- 
pitanía general de Caracas, decretadas por el Rey en 
8 de setiembre del mismo año, y encarece al Capitán 
General que conserve los puestos fortificados existen- 
tes en la Goagira, y que levante o¿ro nuevo, y le re- 
comienda la conservación del resguardo marítimo. 

De modo que, aún en el falso supuesto de que 
" La Goagira" hubiera estado desde 1740, fecha de la 
incorporación de Venezuela al Virreynato, y también 
después de la separación, á los dos años, fuera de la 
jurisdicción de Caracas, lo cual resulta absurdo, por 
esa serie de actos jurisdiccionales que quedan cita- 
dos, siempre resultaría evidente, que en 1777 habría 
quedado La Goagira dependiendo exclusivamente de 
la Capitanía General. Y esto, por confesión, én la 



24 LÍMITES 

precedente explícita declaratoria del mismo Virrey de 
Santa Fe, don Manuel Antonio Flores, en documento 
auténtico que reposa en el archivo de límites de Ve- 
nezuela, y que fué expuesto á la vista ocular del señor 
Murillo. Que el Virrey recomendase esos puntos de 
común defensa contra los goagiros, enemigos del Virrey - 
nato como de la Capitanía General, no prueba sino que 
esa jurisdicción bélica era, como necesariamente lo habia 
de ser, acumulativa. 

Al Virreynato le quedaba toda la costa occidental 
de la Goagira, desde el "Cabo de la Vela'' hasta Rio 
Bacha. 

15. — En 1780, el Ministerio de Indias previene al Go- 
bernador de Maracaibo, que la Isla descubierta al 
Occidente del Golfo, poblada de ganados para la pro- 
visión de las fortalezas de la Costa Goagira, fuese 
administrada directamente por el Gobierno mismo de 
Maracaibo. 

16. — En 1781, el Capitán General ordena costear el 
viaje á cuatro oficiales de artillería, llegados de España, 
y que seguían á Cartagena, de todo lo que necesita- 
ran hasta el extremo occidental de la costa Goagira. 

17. — En el mismo 1781, pide el contador Mayor 
de Caracas al Intendente, que se exija del goberna- 
dor de Maracaibo los comprobantes del producto de 
Esquilmos de la isla ya citada, y que se solicitaran 
en la secretaría de gobierno las órdenes que el Gobier- 
no de Santa Fe hubiera dado antes, sobre fabricación 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 25 

de cal, exportación de piedra, etc. de dicha isla, en 
el tiempo en que aquella provincia de Maracaibo ha- 
bia pertenecido á la jurisdicción del Virreynato. 

18. — En el mismo año, 1781, el Contador Real de 
Maracaibo da parte al Intendente de Caracas, del 
cumplimiento dado á la Real Orden sobre pacificación 
de los indios Goagiros, y para impedir que recibieran 
armas y municiones. 

19. — En el propio año de 1781, da cuenta el go 
bernador de Maracaibo, de haber retirado las milicias, 
por estar ya los indios Goagiros reducidos á tranqui- 
lidad. 

20. — En 1784, el Intendente General de Caracas, 
vuelve á reglamentar el Resguardo terrestre y maríti- 
mo de Venezuela, confiándolo al coronel don Vicente 
Antonio de Icuza, hasta el "Cabo de la Vela." 

21. — En 1784, da cuenta el Capitán General de Ca- 
racas al Ministerio de Indias, de haber mandado al 
coronel Icuza á cruzar sobre "Balda Honda" puerto 
Oriental de la Goagira, inmediato al "Cabo de la 
Vela." 

22. — En el mismo año, 1784, dan cuenta el Capi- 
tán General y el Intendente, de haber provisto al 
Comandante del Crucero marítimo de buenos prácticos, 
sobre toda la costa Goagira. 

23. — En el propio año 1784, dicen las mismas au- 
toridades de Caracas al Ministerio de Indias, que el 
resguardo estaba obrando sobre "Balita Honda" y que 



26 LÍMITES 

de Maracaibo se le suministraban los víveres y todo 
lo necesario. 

24. — En el mismo año, 1784, el Capitán Gfeneral co- 
munica al Ministro las providencias que lia tomado y 
piensa tomar, para la pacificación de los Indios Goa- 
giros. 

25. — En 1785, el Ministerio de Indias excita al 
Intendente de Venezuela á perseguir los contraban- 
dos de un don Luis Vidal ó Vidalle, en toda la Cos- 
ta Goagira. 

26. — En 1789 participa el Gobernador de Maracaibo 
al Capitán General, medidas tomadas para la reduc- 
ción de los indios de la Goagira. 

27. — En el propio año, 1789, acusa recibo el Capi- 
tán General al Ministerio de Indias, de la Real apro- 
bación que habia recibido de sus medidas Sobre la 
Goagira. 

28.— 1795, aprueba el Rey todo lo hecho por el 
Capitán General y el Intendente de Venezuela sobre 
la Goagira. 

29. — En el mismo año aprueba lo que se le habia 
informado sobre íl Ba7iia Honda." 

30.— En 1798 trascribe el Capitán General al Mi- 
nisterio lo que el gobernador de Maracaibo participa- 
ba sobre asuntos de la Goagira. 

31.— El mismo año, 1798, otra nota semejante. 

32.— En el mismo año, 1798, dice el Capitán Ge- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 2*¡ 



neral á su gobierno, haber aprobado varias medidas 
del gobernador de Maracaibo sobre la Goagira. 

33. — A fine3 de ese año mismo, 1798, da parte á 
S. M. de estar restablecida la paz en la Goagira. 

34. — En 1799, pide el gobernador de Maracaibo 
quinientos fusiles y doscientos sables, para expedicio- 
nar contra los indios goagiros. 

35. — Dos meses después, en el mismo año de 1799, 
ofrece el gobernador de Maracaibo á la Capitanía Gene- 
ral, atacar decisivamente á los Goagiros hasta reducir- 
los á la obediencia ; á pesar de falta de cooperación 
del Gobernador de Rio Hacha, jurisdicción del Virrei- 
nato, del lado occidental de la Goagira. 

36. — En el propio mes de 1799, contesta el Capi- 
tán General al gobernador de Maracaibo, que ha di- 
rigido notas al Virrey de Santa Fe y al Gobernador 
de Rio Hacha, y esperaba obtener la cooperación que 
se deseaba, del lado occidental de la Goagira. 

37. — Dos meses más tarde, diciembre de 99, dice 
el Gobernador de Maracaibo á la Capitanía general : 
"que todas las parcialidades de Cojoro (lado oriental 
de la Península) habían marchado sobre las de Calan- 
cala (vecinas de Rio Hacha, en el Virreynato) á cobrar 
la muerte de uno de los suyos, y que se había per- 
dido la oportunidad de atacarlos, porque se habían 
internado hacia Rio Hacha más de cincuenta leguas, 
fuera ya de los limites de la Capitanía General. 



28 LÍMITES 

38. — En 1800 aprueba el Capitán General aquella 
conducta. 

39. — Un mes después, aprueba el Capitán General 
lo hecho por el gobernador de Maracaibo para atraer 
á los Cocinetas. 

40. — En 1801 acusa recibo el gobernador de Mara- 
caibo al Capitán general, de la Real orden del año 
anterior, aprobando los motivos que el Virrey habia 
manifestado para no cooperar del lado occidental de 
la Goagira á las operaciones del gobernador de Mara- 
caibo contra los goagiros ; y en la cual previene S. M. 
que se adopten las providencias de la Capitanía Ge- 
neral, las cuales habian sido ya aprobadas en órdenes 
de 22 de octubre de 1799 y 17 de abril ¿e 1800. 

41. — En el propio año, 1801, dice el gobernador de 
Maracaibo al Capitán General, que indios de Chimare 
se habian presentado á rescatar una india y unos 
indios que tenia en rehenes ; y añade, que la Junta 
de guerra celebrada en Maracaibo á consecuencia de 
las probabilidades que habia de una guerra entre 
España y Francia, contaba entre otras seguridades, 
con que los indios de Macuire, desde Cliicliwacoa Jiasta 
Balúa Honda (que es casi toda la costa Norte de la Pe- 
nínsula) cooperarían á la defensa. 

Omitiendo mucho más, % no serán bastante 41 
títulos Reales, y actos continuos^ y auténticos de tran- 
quila jurisdicción de la Capitanía General de Venezuela 
en la Goagira, para imponer silencio á la injusticia? 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 29 

Fué el Arzobispo y Virrey de Santa Fe, el señor 
Góngora, quien aconsejó el establecimiento de una 
línea militar de defensa en la garganta ó istmo, á 
cuyo establecimiento debían concurrir la Capitanía Ge- 
neral y el Virreynato, entre Maracaibo y Rio Hacha, 
así para la comunicación de estas dos Provincias, aquella 
de Venezuela, y esta del Virreynato, como para la 
defensa del continente al Sur, y para aislar á los 
indios goagiros, cuyo territorio al ISorte de esa línea 
de defensa, es lo que llamaba el Soberano, por sus 
Reales Cédulas y Reales Ordenes " La Goagira," y 
con la que dice terminantemente que debiera lindar 
la línea de defensa militar, establecida al través del 
istmo. 

Además de Sinamaica, fueron escalonados, como 
puntos de aquella línea, Soledad, Pedraza, Pozones, 
Salado, Montes de Oca y Guarero ; y la Real orden 
de 1790, que alega Colombia ahora, lo que ordenó 
fué dividir el gobierno de esa línea de defensa entre 
los gobiernos de Rio Hacha y de Maracaibo, y de 
ninguna manera dividir el Virreynato de la Capitanía 
general ; ni se ocupa de modo alguno del territorio 
de la Goagira, al Norte de la línea de defensa, con 
el cual dice la Real orden que queda colindando la 
línea, de defensa. 

Pretender que la Real Orden de 1790 segregara de 
Venezuela la Península de la Goagira, es por consi- 
guiente una pretensión diametralmente opuesta al tenor 



30 LÍMITES 

de la misma Real Orden, que no mandó sino señalar 
los límites de la fundación de Siuamaica, principio de 
la mencionada línea, de la cual dice terminantemente 
que queda lindando al Norte con la Goagira. 

E) mismo coronel Acosta, que como Plenipoten- 
ciario de la Nueva Granada, quiso asomar por primera 
vez en 1844, 14 años después de la separación, la 
singular aspiración granadina á todo el territorio de 
la Goagira, al publicar en Paris, cuatro años después, 
su "Compendio histórico de Nueva Granada," sin 
duda que obligado por su propia conciencia, reconoció 
á Venezuela jurisdicción y dominio desde los Montes 
de Oca á la Teta Goagira, á la altura de los Aceites, y 
al cabo CMvacoa, con el propósito sin duda de dejar 
al país de su nacimiento (de cuya circunstancia no 
debió acordarse en su calidad de historiador) los dos 
puertos de " Balda Honda' 1 '' y u El Pórtete." 

i Cómo podríamos explicarnos, sino reconociendo 
la exactitud de todo lo que dejamos escrito, el -silencio 
de los Plenipotenciarios y de los gobiernos y Congresos 
granadinos, desde 1830 hasta 1844, sobre esa supuesta 
jurisdicción territorial, que ahora se pretende sostener 
hasta Paijana, hasta cortar por la espalda la forta- 
leza venezolana de San Carlos, llave del lago de Ma- 
racaibo, hasta pasar por los suburbios de aquella 
ciudad capital, y hasta suponer , granadino un vasto 
territorio de aquel Estado venezolano, hacia el Sur, pobla- 
do, cultivado y gobernado tranquilamente por Venezuela? 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 31 



III 



Hemos citado en dos artículos anteriores de La Opi- 
nión Nacional, más de cuarenta documentos auténticos, 
verdaderos títulos del dominio de Venezuela en aquella Pe- 
nínsula, excepto el terreno ya expresado, contenido al Occi- 
dente, desde dicho cabo, por una curva á la Teta Goa- 
gira, á los Aceites y á Montes de Oca. 

No sabemos qué pueda contestarse, con razón j 
con Justicia, para desvirtuar la fuerza de derecho que 
arrojan aquellos actos del antiguo Soberano, ni los de 
la continua posesión de Venezuela desde su descubri- 
miento (1499) hasta 1810, verdadero Uti Possidettis. 

Pero queremos disipar en todo ánimo recto, hasta la 
menor sombra de duda, en materia tan importante 
para uno y otro país. No es solo Herrera, Cronista 
mayor de las Indias del Rey de España, ni el nom- 
bramiento de Ojeda, primer Gobernador español de 
Venezuela, ni el de Bastidas, ni la provisión del 
Consejo de Indias en 1535 á favor de los Welzares, ni 
la Cédala de 1620, ni la posterior creando la Au- 
diencia de Caracas, ni el otro acto Soberano de 1695, 
ni el creador de la Compañía G-uipuzcoana, ni el que 
la extinguió más tarde, ni la Cédula de 1742, sepa- 
rando á Venezuela del Virreynato, al cual habia sido 
unida dos años antes ; ni son las únicas pruebas de 
posesoin, además de esos actos Reales, los de 1777 



32 LÍMITES 

y 1780, cuatro de 1781, cinco de 1784, el de 1785, 
dos de 1789, dos de 1795, cuatro de 1798, cuatro de 
1799, dos de 1800 y dos de 1801, los documentos 
auténticos que prueban este derecho y esa posesión 
continua. Tenemos otras pruebas corroborantes, de 
grande autoridad, que aunque rio sea indispensable 
que se traigan á colación, sí es conveniente que los 
ánimos justos de un lado y otro de la frontera los 
conozcan.- 

1. a 1627. — "Las noticias historiales de la conquis- 
ta de tierra firme en las Indias Occidentales " del Ve- 
nerable Frai Pedro Simón, muchas veces citado por el 
señor Murillo, pero siempre con resultado contraprodu 
cente, como se verá más adelante. 

2. a 1701. — "Historia de la Provincia de San Antonio 
del Nuevo Reino de Granada, " libro 4.°, capítulo 4.°, 
sobre límites de la Provincia de Santa Marta, de Frai 
Alonzo de Zamora. 

3. a 1723. — Don Alonzo de Ojeda, en su obra de 
aquel año. 

4. a 1723. — Don José Oviedo en la suya. 

5. a 1779 —Don Antonio Narváez y La Torre, Go- 
bernador del Virreynato en Rio Hacha, legalizando la 
carta del Factor de la Real Compañía Guipuzcoana, y 
su contestación al mismo Factor ; reconociendo el 
límite -en el "Cabo de la Vela. 79 - 

6. a 1789.— Don José de Alcedo, en su "Diccio- 
nario histórico- geográfico, "Tomo 5.°" 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 33 

7. a 1795.— La Real Cédula de 27 de julio, cita- 
da por el insigne patriota, Pro. general José Félix 
Blanco, sobre segregación de Sinamaica del Obispado 
de Santa Marta, y su agregación al de Mérida. 
8. a 1806. — El célebre historiador Depons. 
9. a . 1808 — El ilustre granadino Don Francisco José 
de Caldas, en su " Semanario del Nuevo Reino de Gra- 
nada" á la página 2. a de la reimpresión de París, año 
de 1849, bajo la dirección del Cónsul granadino Don 
Joaquín Acosta, el mismo Acosta que como Plenipoten- 
ciario granadino habia inventado cuatro años antes, 
la pretensión jurisdiccional de nuestra vecina y herma- 
na, cortando por la espalda la fortaleza de San Carlos, 
y rozando las espaldas de la ciudad de Maracaibo. 

El sabio Caldas señala por término de la frontera 
el "Calo de la Vela;" con la misma justicia y honra- 
dez con que, al hablar de San Faustino, demarca como 
límite entre el Yirreynato y la Capitanía General el 
talhueg del "Rio TácMra" 

10. a 1817. — La "Carta Corográn'ca" publicada en 
Madrid. 

11. a 1820 á 22— "El Barón de Hnmboldten mate- 
ria de límites." 

12. a 1833.— "El informe de la Comisión de la Ho- 
norable Cámara del Senado de la misma Nueva Grana- 
da en ese año." 

13. a 1848.— El señor coronel Acosta en su "Com- 
pendio histórico de Nueva Granada, publicado en Pa- 
3 



34 LIMITES 

ris, el mismo que como Plenipotenciario reclamaba to- 
da la Península cuatro años antes. Folios 19, 23, 293, 
369 y 375." 

14. a 1850.— Don José Antonio Plaza, ilustrado y 
notable granadino, folios 399 y 340 de sus "Memo- 
rias." 

15.* 1855. — EIDr. granadino Pedro Fernández Madrid, 
en su " Informe sobre límites de Nueva Granada con Costa 
Rica," inserto en la Gaceta Oficial granadina de 1858. 

i Podrá quedar la menor duda á ningún hombre 
recto y desapasionado, de que La Goagira fué siempre 
un territorio de la jurisdicción de la Capitanía Gene- 
ral de Caracas, desde su descubrimiento hasta el últi- 
mo dia de la Colonia, con solo la excepción del poco 
tiempo que perteneció toda Venezuela al Virrey nato de 
Santa Fe, y por tanto, territorio jurisdiccional de Ve- 
nezuela todo el litoral de la Goagira hasta el "Cabo de 
la VelaV 

Pues además de cuanto viene ya espuesto, todavía 
se verá todo ello corroborado en estos artículos, que 
por amor á ambas Repúblicas seguiremos publicando 
con referencia á la misma Península Goagira ; así co- 
mo después, á los otros tres puntos de la supuesta 
cuestión ; con el propósito de que quede imposible to- 
da pretensión ulterior, que se atreva á sostener las in- 
venciones del señor Acosta en 1844, catorce años después 
de estar reconociendo lo contrario los mismos gobiernos 
de Nueva Granada y sus Congresos nacionales. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. ót> 



Nada puede ser tan conducente á este patriótico 
intento, como recorrer con justa consideración todo lo 
que los talentos y el empeño del señor Murillo alcan- 
zaron á deducir de un profundo y dilatado estudio, 
con el propósito laudable, si se quiere, pero verdade- 
ramente imposible, de afrontar documentos auténticos 
de cerca de cnatro siglos. Muy suscinta, pero muy 
exacta y verazmente, extractaremos esa controversia, 
para que nadie pueda quedar engañado. 

1.° Recusa el señor Murillo la autoridad de He- 
rrera, el Cronista mayor de las Indias del Bey de 
España. 

Herrera es irrecusable. Era el Cronista del Sobe- 
rano, extractando los archivos reales, en una obra 
oficial, y en materia de suma importancia, sin que nun- 
ca baya sido desmentido. Y lo apoyan Navarrete, Ovie- 
do y otros ya mencionados. 

2.° Cita el Ministro colombiano, como en favor de 
sus aspiraciones, al padre Simón. 

Este historiador reconoce expresamente á OJeda su 
jurisdicción basta el "Cabo de la, Vela-," y este es el 
punto cardinal de la cuestión. 

3.' Pretende el ilustrado señor Murillo, que al se- 
parar el Rey á Venezuela del Virreynato, no volvió á 
ella la jurisdicción de la Goagira, 

La ausencia de toda cita, título ó prueba de que 
no volviera la Capitanía General á su integridad de dos 



36 LÍMITES 

años antes, ese vacio de toda prueba en que incurre 
el señor Murillo, está demostrando que este esfuerzo 
de su dialéctica, si bien puede atestiguar una vez más 
su notoria capacidad, no prueba cosa alguna en favor 
del derecho que sos tenia. La jurisdicción española fué 
siempre ejercida desde Caracas, aun durante los dos 
años en que Venezuela estuvo incorporada al Virrey - 
nato, y aun perteneciendo á él la provincia de Mara- 
caibo, que nunca comprendió el territorio de la Goa- 
gira. Así consta, y lo dejamos probado citando los 
documentos. 

4.° Otra vez cita el señor Plenipotenciario á Frai 
Pedro Simón, en sosten de las pretensiones de su Gro- 
bierno. 

Este Reverendo, en sus "Noticias históricas de las 
conquistas de la tierra firme en las Indias Occidenta- 
les, " dice, hablando de las jurisdicciones : "Así se es- 
tuvieron estas partes y costas de la tierra firme, desde 
el "Cabo de la Vela)'' hasta la boca de Rio Grande?" 
Tal cita del señor Murillo resulta pues contraprodu- 
cente. 

Además, del capitán Rodrigo Bastidas, dice su pa- 
ternidad: "que obtuvo el título de Gobernador y 
adelantado teniendo por límite el "Cabo de la Vela." 

5.° De nuevo se cita al Padre Simón por la Ple- 
nipotencia colombiana. 

Pero las palabras de este Reverendo en ese pasaje, 
«on las siguientes: %< A la sazón que se hacia esta pro- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 37 



visión y despachos de García de Lesma, se hacia la de 
ios Alemanes Henrique Alfinger y Gerónimo Seiller, 
Factores de los Welzares para la Gobernación de Ve- 
nezuela, que confina con esta de Santa Marta en el 
"Cabo de la Tela." La cita es importante, pero lo es 
como una de las pruebas corroborantes en favor de 
Venezuela. 

■6.° La provisión del Consejo de Indias de 22 de 
febrero de 1535, citada por la Legación colombiana, y 
que copia el Padre Simón, con referencia á Don Pedro 
Fernández Lugo, es otra cita del mismo género ; dice 
así : 

"Iréis á conquistar en la Provincia de Santa Mar- 
ta, que se extiende desde donde se acaban los límites 
que tenemos señalados á la Provincia de Cartagena . . . 
hasta donde asimismo se acaban los límites de la Pro- 
vincia de Venezuela y "Cabo de la Vela." Resulta pues, 
que la Real Provisión citada en apoyo del supuesto 
derecho de Colombia / dice expresamente lo contrario de 
lo que se pretende por el Gobierno de Colombia. 

7.° Otra cita de la réplica que contestamos, es la 
del padre Zamora. 

Veamos lo que ella vale. Lo que dice este padre 
en su libro 4.°, capítulo 4.°, sobre los límites de la 
Provincia de Santa Marta, que siempre correspondió 
al Virreynato, es textualmente lo siguiente: "en que 
está la ciudad de Rio Hacha con sus pesquerías de 
perlas." 



38 LÍMITES 

Nadie ha dicho ni escrito hasta hoy, que las pes- 
querías de perlas viniesen del "Cabo de la Vela" hacia 
Oriente. Ellas estaban naturalmente situadas en la grande 
ensenada que corre desde el " Cabo de la Vela" hacia el 
Sur y el Occidente. Perlas no se pescan ni las hubo 
nunca sobre costas bravias inabordables como son las 
de la Goagira al Norte, con excepción de sus dos puer- 
tos "Bahía Grande" y "El Pórtete" en los cuales nunca 
hubo tales pesquerías. 

8.° Pretendió el señor Muiillo, con cierta discre- 
ta precaución, que cuando separó el Rey la provin- 
cia de Rio Hacha de la de Santa Marta, se extendía 
la primera al Oriente del " Cabo de la Vela" y por ello 
quedó perteneciendo á la segunda. 

No seria explicable cómo ni por qué aquella Cé- 
dula Real viniese á establecer tal novedad, que ella 
no menciona. 

Al partir una Provincia en dos, lo razonable, lo 
infalible será siempre, que el todo de las dos, con- 
serve los límites anteriores del mismo todo anterior. 
Para que otra inteligencia tuviera derecho á ser admi- 
tida, seria indispensable que la disposición soberana lo 
hubiera así ordenado y establecido, antes, ó en el acto, 
ó después de la separación ; y esto no aparece sino 
cautelosamente dicho en la suposición del señor Mu- 
rillo, cumpliendo el deber que le imponían sus ins- 
trucciones. 

9. a Poca ó ninguna importancia creyó conveniente 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 39 

atribuir el señor Ministro Neo-colombiano, al histo- 
riador capitán don Alonzo de Ojeda, en la narración 
sobre descubrimiento de Venezuela, pues que en un pá- 
rrafo dice que la jurisdicción de Venezuela en la 
Goagira empezara en 1528, por las Reales capitula- 
ciones concedidas á los Welzares, y en otro párrafo 
quiso que solo sirviese de apoyo á esa jurisdicción, 
la Real Cédula de 1740, que separó á Venezuela otra vez 
del Virreinato de Santa Fe, todo lo cual envuelve una con- 
tradicción, y ambas suposiciones son opuestas á la verdad. 

Contra ese desden diplomático del señor Murillo, 
está lo que don Alonzo de Ojeda, el historiador, y el 
primer gobernador de Venezuela, dice en su capítulo 
4.°, libro 1.°, á saber: 

"Al Distrito de Gobernación concedida por el Rey 
á los Welzares, comprendiendo desde el " Cabo de la 
Vela" hasta Marcupane, con el fondo que le parecie- 
se conveniente para el Sur, en que por entonces no 
se señalaron limites" 

Después señaló el Rey como límites al Sur de la 
Península Goagira, la línea de defensa que estableció 
en su garganta desde Sinamaica hasta Rio Hacha. 

10.° Recusa el señor Plenipotenciario al célebre 
Alcedo, en su "Gran Diccionario Geográfico" aunque 
fué Alcedo miembro de la Real Academia de la His- 
toria, y capitán de las guardias reales, y aunque go- 
za de una reputación general, como geógrafo <ie pri- 
mer orden. « 



40 LÍMITES 

Y en efecto, tenia el honorable colega razón para 
repugnar aquella respetable autoridad, que al hablar 
en su tomo 5.° del ll Cabo de la Vela" dice: "Es pro- 
montorio y punta de tierra en la costa y Provincia 
del Gobierno de Venezuela." Y al hablar de Vene- 
zuela, dice: "Tiene de largo 200 leguas desde el Mo- 
rro de Uñare hasta el "Cabo de la Vela" (Estaba 
entonces Venezuela dividida por el Soberano en dos 
partes iguales : de la boca del Orinoco á Uñare, y de 
Uñare al " Cabo de la Vela") 

Al hablar de Rio Hacha dice Alcedo: "Que con- 
fina con Maracaibo, y que tiene de Este á Oeste cua- 
tro leguas, lo cual manifiesta que no comprendia Rio 
Hacha á la Goagira. 

En la página 289, tomo 3.°, entre las naciones de 
indios que enumera, como dependientes de Venezuela, 
coloca á la Nación de los Goagiros ; y entre los rios 
de Venezuela, coloca al Socuy. y entre los promonto- 
rios al de La Vela. 



IV. 



Continuamos el análisis de las argumentaciones con 
que el señor doctor Murillo, Plenipotenciario Neo-co- 
lombiano, pretendió sostener los supuestos derechos 
territoriales de su patria sobre toda la Península de 
la Goagira ; cuyo análisis comenzamos en el número 
anterior de La. Opinión Nacional. 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 41 



Es pues el presente artículo, el cuarto de los que 
hemos dictado, para hacer cada vez más evidente la 
justicia en la materia de límites de las dos Repúbli- 
cas hermanas, que no podrán tratarse como tales, mien- 
tras subsistan las falsas creencias que hoy la oscurecen, 
por falta de la conveniente difusión del conocimiento 
<le la verdad, del uno y del otro lado de la frontera. 

11. Recusa también el señor Murillo al ilustre gra- 
nadino Caldas, al autor de la Carta geográfica de la 
región del Ecuador, al Corrector de la de Maldonado, 
al de la Colección de Observaciones astronómicas del 
Virreinato, al de varios Mapas, y planos topográficos, 
y al de excelentes croquis de caminos y de rios y 
Cuadros estadísticos, como geógrafo insigne. Al autor 
de la Quinología y de la Filografía del Ecuador y 
Nueva Granada, y de las diez y ocho grandes láminas 
de planos y perfiles de los Andes, y Redactor del 
célebre " Semanario del Nuevo Reino de Granada" 
Al de los comentos corográficos de Caro, Falledo, Fi- 
dalgo y Maldonado, y de las correcciones al mismo 
Humboldt, en su cuadro de las Regiones Equinoccia- 
les. 

Este sabio, honor y gloria de su Patria, la Nueva 
Granada, describiendo los límites del Virreynato dice : 
"Atraviesa hasta las montañas de los Motilones y Goa- 
girps^y na á terminar en el "Cabo de la Vela." (Las 
montañas hacia la Goagira terminan en Montes de Oca, 
en la garganta de la Península.") 



42 LÍMITES 



12. Prescinde el señor Plenipotenciario hasta de la 
eminente autoridad del gobierno de la antigua Colom- 
bia, que dijo casi lo mismo que el señor Caldas, en 
su Gaceta Nacional número 24, de 31 de mayo de 1822. 

13. Tampoco para mientes el ilustrado colega co- 
lombiano en la confesión de su gobierno, á que se re- 
firió la comisión respectiva de la honorable Cámara de 
Representantes granadina en 1834, que terminantemen- 
te dijo, "no conocer los límites que separaban al Es 
tado de Venezuela del de la JVueva Granada en la cos- 
ta Goagira ; " ni le mereció atención el informe pos- 
terior, pedido por la misma comisión al gobierno co- 
lombiano, en que dice, " que^w entonces, habia fijado 
por término la "Punta Espada" 

14. Ni tuvo fuerza alguna en el ánimo de la Ple- 
nipotencia Neo-colombiana, la confesión del general 
Joaquin Acosta, en su "Compendio histórico de Nue- 
va Granada" (1848) cuando en el capítulo 2.°, página 
23, dice lo siguiente: "A Ojeda se le concedió la 
Gobernación de toda la costa desde e " Cabo de la Ve- 
la" hasta el golfo de Urava." 

Y en el capítulo 16, página 293 dice, "que en 1542 
llegó Luis Alonzo de Lugo, hasta el " Cabo déla Vela" 
ejercitando su autoridad en la Ranchería para la pesca 
de perlas." 

Y en el capítulo 19 página 369, hablando del Gober- 
nador Orosco (de Santa Marta) dice: "que la paz era 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COBOMBIÁ. 43 



tan sólida, que podia viajarse con toda seguridad des- 
de Santa Marta "hasta el " Cabo de la Vela." 

Y este señor general Joaquín Acosta, es el mismo 
que cuatro años antes habla inventado la pretensión 
de que toda la Goagira era territorrio jurisdiccional de 
Nueva Granada. 

15. Con el propio desden trató el señor Plenipo- 
tenciario al Cronista más antiguo de la Nueva Grana- 
da, el Pro. Juan de Castellanos, soldado de caballería 
de la conquista, que dice: "que llegó al "Cabo de la 
Vela y Ranclierla de las perlas,'" á servir en el Virrey- 
nato. Este Castellanos después se ordenó, y fué cura 
de la ciudad de Tanja. 

16. — Y el mismo prescindimiento hubo de sufrir el 
respetable granadino Pedro Fernández Madrid, Presi- 
dente de la comisión de Relaciones Exteriores del 
Senado de su patria, que en su informe de 10 de 
abril de 1835, dice: "Mientras que Colon exploraba 
y tomaba posesión de esta costa (la del istmo) Ro- 
drigo Bastidas, Juan de la Cosa y Alonzo de Ojeda 
(los primeros gobernadores de Venezuela) hacían otro 
tanto por comisión del Rey de España, desde el " Cabo 
de La Vela," en la extremidad de la Península Goa- 
gira, hasta el golfo de Darien Urava. A virtud de 
estas empresas se crearon en 1508 las dos primeras 
Gobernaciones de lo que se llamó Tierra Firme, y más 
tarde, Nueva Granada, concediéndose la una, denominada 
Nueva Andalucía, desde el "Cabo de La Vela" hasta el 



44 LÍMÍTES 

golfo de Darien á Ojeda ; y la otra, que se denominó 
Castilla de Oro, hasta el cabo Gracias á Dios, á Diego 
de Nicuesa. " 

17. — M atribuyó valor alguno el respetable colega 
neo-colombiano, á la aprobación que el Senado grana- 
dino le acordó en 13 de abril del mismo 1855 á ese 
informe, que obra en la Gaceta Oficial de Bogotá, 
número 1788. 

18. — Tampoco mereció consideración alguna al señor 
Ministro, la Real Cédula de 1749, que ordenó la divi- 
sión de las misiones para la reducción de los indios 
goagiros, entre la provincia de Maraciabo y la de 
Santa Marta ; sin embargo de que esta Real disposi- 
ción es diametralmente opuesta á la moderna pretensión 
inventada por Acosta, y sostenida ahora, sin título 
ninguno, de que toda la Península era territorio del 
Virreynato. 

19. — Si algunas relaciones de los Virreyes hablan 
de medidas militares defensivas ú ofensivas respecto 
á los goagiros, no parece que esto preste fundamento 
á la pretensión de un dominio territorial exclusivo 
del Virreynato, y harto capaz era y es el señor Mu- 
rillo para no deducir tal consecuencia, si á ello no 
lo comprometieran sus instrucciones. Los goagiros 
eran enemigos de la corona de España, á su territorio 
estaba atribuida la jurisdicción de Venezuela ; pero 
siendo también colindantes con el Rio Hacha, ó con 
la antigua Santa Marta, Provincias del Virreynato, la 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 4o 

facultad y la obligación de contenerlos y de hacerles 
guerra, en caso necesario, no podian ser sino acumu- 
lativas de la Capitanía General y del Virrey nato. El 
derecho bélico era de ambos, el derecho jurisdiccional 
era de la Capitanía General. 

20. — Asentó el señor Murillo, que con la caducidad 
de la concesión de Carlos V. á los Welzares, en 1546, 
desapareció aquella delimitación, que no vuelve á apa- 
recer en parte alguna. 

Olvidaba S. B., totalmente, que se le habían puesto 
á la vista, posteriores á esa fecha, la Real Cédula de 
1620, con los mismos límites para Venezuela, hasta el 
'■'•Cabo de la Vela ; " la posterior creando la Audiencia de 
Caracas ; el acto Soberano de 1695 ; el creador de la 
Compañía Guipuzcoana ; el que luego la extinguió, y 
la Real Cédula de 1742, separando á Venezuela del 
Virreynato ; y olvidó los demás actos de jurisdicción 
y de posesión continua de 1777, 1780, cuatro de 1781, 
cinco de 1784, el de 1785, dos de 1789, dos de 1795, 
cuatro de 1798, cuatro de 1799, dos de 1800, y dos 
de 1801. En materia tan grave y delicada, no era de 
esperarse tal prescindimiento, si no hubiera de con- 
cederse á las preocupaciones de origen patriótico y 
á la tenacidad de un compromiso oficial, la más culta 
indulgencia y hasta los honores del elogio. 

21. — Igual olvido sufrió el señor Plenipotenciario 
cuando estampa las siguientes palabras: "No ha po- 
dido Venezuela exhibir en los 40 años de este debate. 



46 LÍMITES 

fundamento más sólido á esta su pretensión {el do- 
minio de la Goagira) que la concesión á los Wel- 
zares.'''' 

En este pasaje, desaparecieron de la memoria del 
señor Plenipotenciario todos los títulos auténticos que 
quedan citados, y esto no necesita comento alguno. 
Ellos estaban ya presentados, cuando S. E. estampaba 
su negación absoluta. 

22. — Confiesa S. E. el Plenipotenciario que se le 
liabian citado diferentes autoridades, como en efecto lo 
habia hecho el de Venezuela, de historiadores, geó- 
grafos, estadistas y políticos, y juzgó bastante para 
anular enteramente el valor racional de tan robustas 
pruebas, declarar como lo hizo, que todos ellos "es- 
cribieron sin más datos que copiándose unos á otros," 
para señalar á la Capitanía General de Venezuela su 
confín occidental en el "Cabo de la Vela." 

El Plenipotenciario de Venezuela confesó por su 
parte, que aquel era un giro feliz de argumentación, 
bien que sin fuerza alguna persuasiva; y en esta 
vez agregará la expresión de su pena, por ver tratados 
con desden tan singular á un Herrera, á los mismos 
Reverendos padres que el señor Murillo creyó conve- 
niente citar reiteradas veces, al célebre Oviedo, al 
insigne geógrafo Alcedo, al renombrado Depons, al 
inmortal Barón de Humboldt, al respetable granadino 
José Antonio Plaza, al ilustrado granadino Pedro 
Fernández Madrid, al misma granadino Acosta, in- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 47 

ventor de esta cuestión, á la Comisión de la Honorable 
Cámara del Senado granadino de 1833, á la Gaceta 
Oficial granadina de 1858, al celebérrimo y sapiente 
Caldas, y á todas las demás respetables autoridades 
con las cuales se habia ' procurado conseguir el conven- 
cimiento del señor Plenipotenciario. 

23. — Y aún juzgó pertinente a la discusión de De- 
recho, en la defensa del que se empeñaba en sostener, 
la declaración terminante de que: "los títulos y prue- 
bas del dominio territorial de Venezuela, no pasaban 
de ser simple erudición. " 

El de Venezuela se limitó á agradecer la finura 
de aquel encomio, pero los lectores tendrán más liber- 
tad para penetrar en el fondo de ese argumento de 
derecho, si es que él tuviere ese fondo, fuera de la 
habilidad diplomática de su respetable colega. 

24. — Alegar el representante de la Nueva Colombia, 
como argumento propio de esta discusión, que en 1740 
fué incorporada Venezuela al Virrey nato, quedando 
así borrados los antiguos límites, pudiera tener influjo 
•en esta discusión, si ese estado de cosas hubiera sub- 
sistido ; pero si dos años después volvió á ser sepa- 
rada Venezuela entera de la jurisdicción de Santa Fe, 
de manera indeclinable volvieron á existir los mismos 
linderos, pues que no fueron alterados por el entonces 
Soberano. El olvido de un hecho real tan culminante, 
bien pudiera autorizar la creencia de que, careciendo 
nuestra vecina de todo título verdadero, y de toda 



48 LÍMITES 

prueba fehaciente, llena el vacío con las notorias ap- 
titudes polémicas de su representante, á quien encarga 
su Gobierno la defensa de imposibles. 

25. — Aseguró S. E. que antes de 1740, era todo 
oscuro y contradictorio en materia de límites. Pero 
para tal declaratoria, hay que saltar por sobre toólos 
los títulos y pruebas textualmente citadas por el Mi- 
nistro de Venezuela, desde 1499 hasta 1740. Ese fallo 
del señor Murillo dejó sepultados en el más profundo 
olvido dos siglos y medio, con todas sus Reales Cé- 
dulas, Reales Ordenes, y tan numerosas y auténticas 
pruebas de posesión venezolana, como se le habían 
puesto á la vista. 

26.— Si Maracaibo, (por entonces unida á Mérida) 
fué adscrita al Virrey nato en 1678, como lo dice S. E., 
este hecho oficial, nada prueba en esta discusión sobre 
el TJti Possidettis de 1810, pues que en un acto pos- 
terior, del mismo Soberano, mandó luego segregar á 
Maracaibo del Virreynato, agregándolo á la Capitanía 
General de Caracas, (8 de setiembre de 1777). Olvidar 
este acontecimiento, cuando se recuerda el primero, 
que fué anulado, es una manera de razonar, que 
prueba propósito y habilidad, si se quiere, pero que 
convence lo contrario de aquello que pretende el Go- 
bierno, que así comprometió á uno de sus más bene- 
méritos servidores, en el empeño de sostener injusticias. 
Pero hai más. La Ooagira no fué nunca provin- 
cia, ni parte de provincia, de la Capitanía General ni 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 49 



del Virrey nato. Desde de su mar del Norte hasta la 
garganta que la une al continente, entre Rio Hacha 
y Maracaibo, por la línea de defensa, desde Sina- 
maica hasta Rio Hacha, la Goagira era un espacio 
peninsular, sin autoridad española en ejercicio dentro 
de su territorio. No era parte de Maracaibo, ni de 
Santa Marta, ni más tarde de Rio Hacha. Fué siem- 
pre la Goagira, sin otra jurisdicción española conocida, 
que la que el Rey otorgó á su descubridor Ojeda, y 
le conservó á Bastidas, y á los Wélzares, y á la 
Compañía Guipuzcoana, y á los capitanes generales y 
á los intendentes de Caracas. Y esa era toda una 
jurisdicción territorial. Incluía el corso sobre toda la 
costa, hasta el " Cabo de la Vela," la facultad soberana 
de abrir y cerrar puertos, de permitir ó de prohibir 
el comercio exterior, de establecer y sostener resguar- 
dos de mar y tierra, de permitir ó no la comunica- 
ción con el extranjero, de reducir tribus indígenas, 
por la persuacion ó por las armas, de crear estableci- 
mientos militares y civiles, y misiones, y cuanto abarca 
la verdadera jurisdicción territorial ; y ésta se ve 
ejercida por Venezuela, obedeciendo Reales Cédulas ó 
Reales Ordenes del antiguo Soberano, desde su descu- 
brimiento por Ojeda en 1499, hasta 1810, fecha del 
Uti Possidettis, que uno y otro Gobierno reconocen 
como justo y como indispensable. Y esto consta en 
todos los títulos que vienen siendo citados, y está 
robustecido por numerosas pruebas auténticas del de- 
4 



50 LÍMITES 

recho de Venezuela, y respetables autoridades políticas, 
científicas é imparciales, 



V 



Continúa el análisis de los argumentos empleados 
por el ilustrado Plenipotenciario de Colombia en la ne- 
gociación de límites de 1875. 

Empezó éste análisis en el tercero de estos artículos, 
insertos en el número de La Opinión Nacional del 
lunes 22 del corriente, continnó en el del 23, y sigue 
en el presente. 

27. Sostuvo S. E. que la Goagira quedó agregada 
ai Virreynato aún después de la Cédula Real de 1777, 
que separó del Virreynato la Provincia de Maracaibo, y 
la agregó á la Capitanía General de Venezuela. 

No dice la Real Cédula ni una sola palabra respec- 
to á la Goagira. Habla exclusivamente de la Provincia 
de Maracaibo, y según esto, el señor Murillo no creia 
que la Goagira fuese parte integrante de diclia Provin- 
cia. Confirmaba pues el señor Ministro lo que sostenía 
y sostiene el de Venezuela : á saber : que la Goagira 
nunca fué parte integrante de la Provincia de Mara- 
caibo. 

28. En lugar inmediato, refiriéndose el señor Ple- 
nipotenciario de Colombia á la Cédula que separó á Ve- 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 51 

nezuela del Virreynato, dos años después de haberla 
reunido á él, hace la siguiente pregunta : % Podia pre- 
tender entonces la Provincia de Venezuela que sus lími- 
tes se extendían hasta el Cabo de la Vela? ¿Qué hacer 
entonces con la Provincia de Maracaibo que quedó per- 
teneciendo al Virreynato \ 

De manera evidente declara aquí el señor Murillo, 
que consideraba la Groagirá entera como parte de la 
provincia de Maracaibo, y esta creencia es diametral- 
mente opuesta á la probada en el párrafo anterior. 
Con mucha pena tenemos que demostrar estas verdades, 
porque profesamos verdadera y mui alta estimación 
á tan ilustrado y Respetable colega, pero los deberes 
oficiales son inexorables, como lo prueba que el emi- 
nente señor Murillo, para cumplir los que se le habían 
encomendado, fuese hasta emplear argumentos contra- 
dictorios entre sí. 

29. Con más apariencia de exactitud citó el señor 
Plenipotenciario al Ministro español señor Grálvez, y la 
Real Orden de 1790 ; pero va á verse que esta alega- 
ción se desvanece totalmente á la luz del buen 
examen, quedando solo de ella cierto mérito de argu- 
mentación, en prueba de la habilidad con que se que- 
ría cumplir bien un deber de resultado imposible. 

Veamos lo que en realidad valen en esta dilucida- 
ción la nota del Ministerio español y la Real Orden 
de 1790. 

Gálvez dice que Sinamaica y Sabana del Valle es- 



52 LÍMITES 

taban situadas en la provincia de Rio Hacha. Y si 
esta cita valiera algo, resultaría imposible de explicar 
por qué preguntó el señor Murillo : % Qué hacer enton- 
ces de la provincia de Maracaibo ? con cnya pregunta 
aparece la Goagira, no en Rio Hacha, sino en Mara- 
caibo. 

Pero vamos á aclarar este punto, dejando á un la- 
do lo de "Sabana del Valle," que por estar situada al 
Sur del istmo ó garganta de la Península, no perte- 
nece á la disensión actual, porque no es Goagira. Con- 
traigámonos á Sinamaica. 

Fué fundado este establecimiento en los años de 
1774 á 1778 con el nombre de "Fundación de Sina- 
maica," al cual llama la Real Cédula que la mandó 
deslindar, fronterizo á los Goagiros. Era en efecto 
frontera entre el territorio ya conquistado y ocupado 
al Sur de la Península, y la Goagira, colindante al 
Norte. No era por consiguiente la Goagira en la men- 
te Real ni en la Cédula lo mismo que Sinamaica, de 
la cual era frontera, como no lo eran los demás 
puntos de esa línea militar, de la cual era extremo al 
Oriente, y que continuaban hacia Rio Hacha por Sole- 
dad, Pedraza, Pozones, Salado, Montes de Oca y Gua- 
rero. Esta línea dependió antes toda de Rio Hacha, 
ó sea del Virreynato, y quedaba interpuesta entre la 
Goagira al Norte y el resto continental al Sur del Vi- 
rreynato, á quien correspondía defender su territorio 
jurisdiccional de los avances de ios goagiros. Por eso 



■ENTRE VENEZUELA Y . NUEVA COLOMBIA. do 

fué llamada por el Rey de España Sinamaica fronte- 
riza á la Goagira. 

Pero esa nota del señor Gfálvez no era eficaz á 
la actual disensión. El dijo mui bien al asentar que 
Sinamaica dependia de Rio Hacha, porque es verdad 
que en esa fecha sí pertenecía á aquella Provincia. Tal 
cita deja por tanto de ser pertinente en la discusión 
actual. 

La Real Orden de 1790, separó a Sinamaica de Rio 
Hacha, y por consiguiente del Virreynato, y la agre- 
gó á Maracaibo. El mismo señor Murillo confirma lo 
que Venezuela vj^ne sosteniendo, cuando en fuerza de 
lo que venia leyendo en la Real Orden, leemos que dice 
en ese pasaje, hablando de Sinamaica, "Establecimiento 
fronterizo á los indios goagiros." 

En esta confesión del señor Ministro neo-granadino, 
llamando á Sinamaica fronteriza, S. E. no tenia arbi- 
trio para evitarlo; porque la Real Orden de 19 de fe- 
brero de 1790, anterior á la separación (13 de agosto 
■de 1790,) relativa á Sinamaica, la llama " Estableci- 
miento fronterizo á los indios goagiros " situado en la 
Provincia de Rio Hacha, con cuyas palabras del anti- 
guo Soberano, prueba Venezuela, que la Goagira era una 
cosa distinta de Sinamaica, y de los otros puntos de la 
línea militar de defensa, pues que si fueran una misma 
entidad civil, política ó de cualquiera otro linaje, no po- 
dría el Rey llamar á Sinamaica fronteriza á los indios 
goagiros. 



54 LÍMITES 



30. Es verdad que el señor Ministro de la Nueva 
Colombia, al citar la Real Orden del 13 de agosto de 
1790, la copia en estos términos: " Establecimiento de 
Sinamaica fronterizo á los indios goagiros que están 
situados en la Provincia de Rio Hacha ;" y si ta- 
les fueran en realidad los términos de la Real Orden, 
resulraria por primera y única vez perteneciendo á Rio 
Hacha y al Virrey nato el territorio de la Goagira, y 
resultaría el señor Murillo desmintiendo lo que habia 
dicho, citado en el párrafo anterior. 

Pero ese fué un error ó una distracción del amanuen- 
se que emplearía el señor Murillo, para sacar copias en 
el archivo de límites de Venezuela. Lo que consta de 
una manera visible, clara y terminante en la Real Or- 
den original, es textualmente lo siguiente : "Estable- 
cimiento de Sinamaica fronterizo á los indios goagiros, 

POE ESTAR SITUADO EN LA PROVINCIA DE RlO HACHA ;" 

lo cual es cosa diferente y diametralmente opuesta, á 
la copia preinserta, á la cual se atuvo el señor Murillo, 
aceptando sin duda la de un amanuense poco exacto 
ó descuidado. Lo que el Rey dijo no fué que los in- 
dios goagiros estaban situados en la Provincia de Rio 
Hacha, sino que Sinamaica lo estaba, lo cual era 
verdad en aquella fecha. 

31. — De un descuido semejante del copista, depen- 
dería que se escribiese El Rey, en lugar de El Virrey, 
cuando la Legación colombiana se referia á la comisión 
dada al gobernador de Rio Hacha don Antonio Nar- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 55 

váez, para separar á Sinamaica de Rio Hacha, agregar- 
la á Maracaibo y marcarle límites. Pero fuese el Rey, 
como dijo el copista de aquella Legación, ó fuese el 
Virrey como en realidad es el caso, ¿que dijo Narvaez 
á Díaz Granados, obedeciendo al Virrey, y Díaz Gra- 
nados á Francisco Nicasio 3 "que debia inmediatamen- 
mente agregar al gobierno de Maracaibo la fundación 
de Sinamaica." ¿Puede esto confundirse con la Goa- 
gira, de la cual dice el Rey que es fronteriza, á 
Sinamaica. El mismo gobernador de Rio Hacha orde- 
na al comisionado, "que haga entender á los vecinos de 
la fundación, que desde aquel momento quedaba, ella 
agregada á Maracaibo : que haga entrega formal del 
mando de la Fundación : que la haga de pedreros, ar- 
mas, pertrechos, municiones, herramientas, útiles, y de- 
mas de la dotación necesaria á la defensa y seguridad 
de la Fundación." ¿A qué se cita esa orden con refe- 
rencia á la Goagira, que de ninguna manera se nombra 
en ella para nada \ 

32. —Sostuvo S. E., que si Maracaibo no compren- 
día el Establecimiento de Sinamaica cuando fué agrega- 
da á la Capitanía General, toda la Península quedaba 
perteneciente al Virreynato. 

Si las palabras de las Reales Ordenes no fuesen tan 
terminantes, al Tamar á Sinamaica fronteriza de los 
indios goagiros ; si no existiera nada de cuanto queda 
auténticamente probado sobre el derecho y sobre la po- 
sesión continua de Venezuela en la Goagira, esas líneas 



56 LÍMITES 

del señor Mnrillo pudieran alcanzar hasta la categoría 
de argumento en la discusión de límites ; pero ante 
las palabras textuales del antiguo Soberano, que hacen 
de Sinamaica territorio y jurisdicción distintos de los 
de la Gróagirá, y ante esa serie ininterrumpida de actos 
de jurisdicción venezolana en aquella Península, desde 
su garganta hasta el mar, el esfuerzo del señor Mi- 
nistro Colombiano continúa siendo, por lo menos, en 
cuanto á límites, infecundo. 

33. — Confiesa el señor Ministro, que la invención del 
señor Acosta en 1844, ( á los catorce años de separa- 
ción ) y que hoi pretende sostener el Gobierno Neo-co- 
lombiano, es extraordinariamente perjudicial á Venezue- 
la, pues que dice S. E., que dejo á las poblaciones de 
3faracaibo sin verdadero resjpaldo ; pero vuelve á fun- 
dar tan extraña aspiración en la Real Orden de 
1790. 

En esta pretensión padecía S. E. otro notable 
olvido. El Virrey ordenó á Narváez y Narváez á don 
Francisco Antonio Granados, quf? separase á Sinamaica, 
extremo oriental de la línea de defensa, de la juris- 
dicción de Rio Hacha, agregándola á Maracaibo, 
y que señalara los límites de la misma Sinamaica; 
y esa comisión señaló esos límites hasta el cabo de 
Chichivacoa, siguiendo al cerro de las Tetas, á la 
sierra de los Aceites, y al término de la serranía conti- 
nental en Montes de Oca ; de modo que, Sinamaica 
quedó subordinada á Maracaibo, con jurisdicción hasta 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. Oí 

la mitad de la Península, cuya totalidad, como queda 
probado, pertenecía desde su descubrimiento á la Ca- 
pitanía general. Apoyar la invención del señor Acosta, 
á la que hoi se pretende atribuir buen derecho, en la 
Cédula de 1790, prescindiendo del cumplimiento que 
se dio á esa misma Real Cédula, y trayendo el dominio 
colombiano á la totalidad de la Península, es sin género 
de duda, una manifiesta contradicción, en que incurre 
el Gobierno de Bogotá por el órgano de su representante. 

Querer fundar un derecho colombiano á toda la 
Goagira en la Cédula de 1790, único documento citado 
al efecto por Colombia, y ál mismo tiempo prescindir 
de los términos textuales de la Real Cédula, y tam- 
bién de la ejecución que se dio por el Gobierno espa- 
ñol á ese mismo documento, marcando límites á Si- 
namaica hasta Montes de Oca, Sierra de los Aceites, Teta 
Goagira y Chichi vacoa, no puede ser juzgado sino como 
una flagrante contradicción. 

34. — Apenas puede ser considerada como lujo de 
argumentación, la cita que hace el señor Murillo, de 
unas palabras del Virrey Gnirior, pues que ellas fueron 
vertidas cuando Maracaibo pertenecía al Virreynato. 
del cual fué más tarde separada, y que por otra parte, 
no prueban sino que los goagiros eran enemigos de 
la España, y era necesario tratarlos como tales. 

35. — Las del señor Góngora en 1789 están en el 
mismo caso, y carecen por tanto de toda fuerza en 
la discusión actual. 



58 LÍMITES 



36. — Las otras del mismo señor Virrey, como re- 
galos á los indios para inducirlos á la obediencia, 
tampoco prueban otra cosa, sino lo que nunca ha 
negado Venezuela ; á saber : que desde el Cabo de la 
Vela, por una curva hasta los Montes de Oca, aquella 
parte occidental de la Península, en cuyas aguas exis- 
tían las pesquerías de perlas, pertenecían y pertenecen 
á la jurisdicción de Rio Hacha. 

37. — Lo qne el mismo señor Góngora aconsejó, 
sobre establecimiento de una línea de comunicación 
entre Rio Hacha y Maracaibo, en la garganta de la 
Península, convertida en línea militar de defensa, nada 
prueba respecto á la Goagira misma, que conforme á 
las palabras ya citadas del antiguo Soberano, era terri- 
torio limítrofe de esa línea de comunicación y de- 
fensa. 

38. — Lo dicho por el Virrey Ezpeleta en 1796, 
sobre haberse mejorado las relaciones de Rio Hacha 
con goagiros, nada significa en esta discusión, pues 
que como queda dicho, desde el Cabo de la Vela, 
hasta los Montes de Oca, por la curva de las Tetas 
y los Aceites, existia y existe casi media Goagira, 
que Venezuela ha reconocido y reconoce como perte- 
neciente á Colombia, porque que bajo el Gobierno es- 
pañol dependió de Rio Hacha, que era parte del Virrey- 
nato. 

39.— Que el Virrey Mendinueta dijese en 1803, que 
habia terminado la pesca de perlas, y no quedaba á 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 59 



Rio Hacha otra importancia que la de poder liacer 
frente á indios goagiros, está en el mismo caso de lo 
que antes dijo Ezpeleta. Los goagiros eran enemigos ' 
del Virreynato, tanto como de la Capitanía Gfeneral 
de Caracas. 

40. — Las otras palabras del mismo Mendinueta, en 
su relación de mando, instruyendo al sucesor, citadas 
por el señor Murillo, se limitan á declarar la completa 
independencia en que estaban los goagiros, que eran 
aguerridos, que estaban armados, y que era un error 
querer sujetarlos por la fuerza. Nada de eso prueba 
jurisdicción. Prueba que los goagiros eran enemigos 
de España. 

En nada desmienten esas noticias los límites juris- 
diccionales de Venezuela hasta el "Cabo déla Vela" y 
hasta la curva ya mencionada ; y mucho menos con- 
ducen á suponer, que toda la Península dependiese 
del Virreynato, que es lo que ahora pretende Colombia. 

41. — Si el Virrey Flores pidió dinero á Venezuela 
para el establecimiento de Sinamaica en 1778, cuando 
Sinamaica y toda la línea de defensa del istmo depen- 
dían del Virreinato, no es un hecho pertinente á la 
actual discusión, porque dos años después fué que 
Sinamaica pasó á la jurisdicción de Venezuela, por 
virtud de esa misma Cédula de 1790, único, pero inútil 
argumento, con que ahora se pretende sostener dominio 
sobre toda la Península. Y ademas, pedir dinero no 
es prueba de jurisdicción. 



60 LÍMITES 

42.— La cita del Padre Julián, tal corno fué hecha 
por el señor Murillo, es una verdadera prueba de los 
derechos que sostiene hoi Venezuela, pues que al decir 
" Mar de Rio Hacha, " solo queda reconocida como 
territorio del Virreynato, aquella parte de la Península, 
al Occidente del Cabo de la Yela, que por una curva 
hasta el mismo Rio Hacha, forma la grande ensenada 
de la antigua pesca de perlas. 

43. — Si el mismo clérigo 6 fraile, el Padre Juliarí, 
dijo, (y no dice S. E. en qué fecha) " que la reducción 
de toda la tribu ó nación goagira al cristianismo, es- 
taba á cargo del Virreynato, por medio del Gobierno 
de Santa Marta y el Obispo de la misma Diócesis,'''' la 
Real Cédula dada en Buen Retiro á 20 de abril de 
1749 dice todo lo contrario, cuando ordena " que la con- 
versión al cristianismo de los indios gentiles de las 
Provincias de Maracaíbo y Santa Marta encargada á 
los Capuchinos, se divida en misiones distintas, apli- 
cando á Santa Marta y Rio Hacha los Capuchinos de 
Valencia, y d la de Maracaibo, los de Castilla y Na- 
varra" 

Sin embargo de tal evidencia, añade el señor Mu- 
rillo, que en virtud de las palabras del Reverendo 
Padre, "no puede quedar duda alguna" en el punto de 
dominio territorial de la Goagira perteneciente á Santa 
Fe. El lector se permitirá sin duda disentir, como 
el Ministro de Venezuela, de esa opinión de S. E. 

El lector ejercerá también su buen criterio para 



EKTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 61 

deducir, cuál deba prevalecer en su opinión : si la Real 
Cédula citada, ó lo que cuenta el Padre Julián, cuyo 
libro no ha podido hasta ahora tener el gusto de ver 
el Ministro -de Venezuela. 

44. — Asienta el señor Plenipotenciario Neo-colom- 
biano, que "después de la concesión á los Welzares, 
no liubo acto alguno, Cédula, Real Orden, Coloniza- 
ción, ni otra cosa cualquiera, que diera por confín de 
la jurisdicción de Venezuela el lí Cabo de la Vela.' 1 

Fácil y breve seria contestar preguntando ¿ qué 
acto, Cédula, Real Orden, etc., etc., existia en favor 
del Virrey nato, al Oriente del u Cabo de la Vela?" 

Pero es preferible recordar la concesión del Rey 
á la Compañía Guipuzcoana, y esa serie de cuarenta 
documentos auténticos, desde 1499 hasta 1810, que 
antes de llegar á este pasaje, ha debido encontrar el 
lector del presente extracto. 

45. —Arguye el señor Plenipotenciario, que mien- 
tras que Maracaibo perteneció al Virreynato, no apa- 
rece acto alguno atribuyendo á Venezuela la jurisdic- 
ción de la Goagira. No podrá sino parecer singular, un 
prescindimiento tan absoluto y tan repetido de todo 
lo que en el archivo de límites de Venezuela, se puso 
al examen del señor Murillo, y que en las conferencias 
respectivas se le fué citando, como venimos haciéndolo 
en este trabajo. Esa jurisdicción, apoyada en tan 
numerosos títulos y pruebas de posesión, entró por 
dos años, siempre ejercida desde Venezuela, y con 



'62 LÍMITES 

ella misma, en el Virreynato, y con ella volvió al 
statu quo, á la integridad de la Capitanía General, sin 
anmento ni disminución, por mandamiento soberano. 
Como se ha dicho antes, y queda probado, no era la 
Goagira Provincia de Maracaibo ni parte de ella, ni 
tampoco de Rio Hacha. ¿Y por qué no se prueba 
esa jurisdicción en la Goagira del Virrey, con actos 
de verdadera jurisdicción? 

46. — Juzga conveniente la Plenipotencia colombiana 
asentar, que la de Venezuela repudiaba los resultados 
de la Cédula de 1790. Es sensible tal error, pero es 
necesario demostrar que lo es. Todo lo contrario apa- 
rece patente en las conferencias, como en este escrito. 
Se acepta y se respeta la Real Cédula de 1790 ; pero 
es precisamente al tenor de lo que ella dispone: "agre- 
gación de Sinamaica á Maracaibo y delimitación de 
Sinamaica." Lo repudiado es, lo que se pretende 
desde 1844 hasta ahora, queriendo que esa Real Cé- 
dula fuese sobre delimitación de la Capitanía General 
y del Virreynato. 

47. — Se complace el señor Murillo en una larga 
copia de Fray Pedro Simón, y sin embargo, no se 
encuentra en pasaje alguno del Reverendo Padre, que 
la Goagira dependiese de Santa Fe, y por el contrario, 
dice, ' ' que los Wélzares gobernaban hasta el ' ' Cabo de 
la Vela.'''' 

48.— Llamó viejos Cronistas el señor Ministro Neo- 
colombiano á los que habia citado el Ministro de 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 63 



Venezuela, pero el lector eximirá sin duda de esa 
triste calificación á Depons, Acosta, Humboldt, don 
José Antonio Plaza, granadino, el Dr. Pedro Fernán- 
dez Madrid, granadino, Don Francisco José de Caldas, 
granadino, y el coronel Joaquín Acosta, también gra- 
nadino. 

En el artículo siguiente terminaremos el análisis 
de los argumentos del señor Ministro Colombiano, en 
la cuestión de límites en la Goagira, quedando per- 
suadidos de que respecto al primer punto, (la cuestión 
de derecho,) que es el referente á la Goagira, no que- 
dará en ánimo alguno razonable y justiciero otra con- 
vicción, que la de que el señor Murillo fué compro- 
metido por un gobierno imprevisivo y tenaz en sostener 
la injusticia, á defender con todo linaje de esfuerzos 
de su inteligencia y patriotismo, una causa desdichada, 
como lo es y será siempre la de todo lo injusto. 



VI 



Continúa el análisis de la argumentación del señor 
Plenipotenciario neo-colombiano, Dr. Manuel Murillo, 
respecto al dominio territorial de la Goagira, en la 
cuestión de límites de las dos Eepúblicas vecinas y 
hermanas. Seguirá el resto del examen, en artículos 
posteriores, respecto á la misma Goagira, á San Faus- 
tino, Arauca y la región del Orinoco. 



64 LÍMITES 

49. — El señor Murillo acusa de contradicción al 
Ministro venezolano, citando á Herrera, respecto á la 
jurisdicción que el Rey concedió á Alonzo de Ojeda. 

Fué una equivocación del señor Murillo aquella ase- 
veración. Alonzo de Ojeda hizo primero un viaje á Amé- 
rica como descubridor aventurero, y á este viaje se re- 
firió Codazzi, citado por el señor Murillo, al mencio- 
narlo en su historia. 

En el segundo viaje vino con jurisdicción desde 
lí Paria hasta el Cabo de la Vela" y se le llama des- 
cubridor y también primer Gobernador, por las razones 
siguientes : 

Aunque estaba descubierta Cubagua con pesca de 
perlas, y la islita de San Juan, y se quiso fundar una 
nueva Toledo por Cumaná ; y aunque Gonzalo de Ocam- 
po habia reducido y esclavizado indios, y padres Fran- 
ciscanos hicieron un depósito á orillas del Manzanares ; 
y aunque Soto (Francisco) sucedió á Ocampo, y Cas- 
tillon se batió con los indios, y don Diego Colon que- 
na fundar la nueva Cádiz donde está Cumaná, y Vi- 
llalobos habia pretendido poblar á Margarita, y Alonzo 
Niño y Cristóbal Guerra buscaron perlas y oro, y lle- 
varon gente á Margarita y á Cumaná, Marocapana y 
Mochima ó Manare, con el Ledo. Casas; (Frai Barto- 
lomé, después ) ; y aunque Niño y Guerra volvieron á 
Curiana y á España, cargados de perlas ; y aunque 
Vicente Yánes y Arias Pérez tomaron posesión de San 
Agustín, atravesando bocas del Amazonas, y volvieron 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COBOMBIA. 65 



por el Esequivo á las bocas del Drago, de vuelta á 
España ; y aunque Lope llegó al cabo de San Agus- 
tín y al golfo de Paria, todos en calidad de descu bri- 
dores aventureros, ya pública ó ya clandestinamente, 
ora buscando perlas y esclavos, ó ya el oro mismo, 
ninguno de ellos aparece en parte alguna oficial ó his- 
tórica, que tuviera misión Real con jurisdicción terri- 
torial. Solo los dos Guerra, Cristóbal y Luis, se lla- 
man ellos mismos, en carta suya, Comisionados por S. 
S. A, A (título entonces de los Reyes) para descu- 
brir y rescatar, y visitaron á Paria y Margarita, y vol- 
vieron á España. Luego salió de Cádiz Rodrigo Bas- 
tidas, en 1500, descubrió la isla Verde, al Sur de Gua- 
dalupe, navegó hasta el Cabo de la Vela, continuó por 
las Costas de Santa Marta, las bocas del Magdalena, la 
galera de Zanda, la Costa de Cartagena, la isla de 
Barú, y las de San Fernando, y atravezando el Golfo 
del Darien llegó al Cabo de San Blas, y se volvió á 
España sin haber ejercido sino aquel derecho bélico, que 
la corona de España se apropió respecto del nuevo 
mundo. 

No así Alomo de Ojeda en su segunda expedi- 
ción, para la cual, autorizado por Real Orden el Obis- 
po Fonseca, pactó con Alonzo de Ojeda su nueva ex- 
pedición al Continente, nombrado Capitán para poblar 
y sujetar lo descubierto á los Reyes de España como 
Gobernador de la tierra que descubriera, con la mitad 
de los provechos, si no excedían de trescientos mil ma- 

5 



66 LÍMITES 

ravedices. Así llegó Ojeda á Paria, y luego á Marga- 
rita, y luego á Cumaná, donde debia establecer asiento, 
y navegando al Oeste, y tocando en Curazao, dobló el 
cabo de Chichivacoa, batió á los indios en Babia- Grande 
y Cabo de la Vela, fué luego aprisionado por sus mis- 
mos capitanes subalternos y conducido á Santo Domin- 
go. Así terminó la primera comisión Real para poblar, 
fundar y gobernar desde Paria hasta el " Cabo de la 
Vela." 

Navarrete y el Cronista Real Herrera son los que 
mejor refieren gran pane de lo que queda expuesto. 
No hubo pues contradicción del Ministro de Venezuela, 
y en estos párrafos queda demostrado, que ese argu- 
mento del señor Murillo no tiene fuerza alguna en la 
cuestión de límites. 

50. Mucho citó el Ministro de Colombia á uno que 
otro Reverendo Padre de los que se dieron por enton- 
ces á contar á su manera los hechos, y á recojer con- 
cejas y vulgaridades, dando S. E. la preferencia al Pa- 
dre Simón. Queda demostrado, al hablar de cada cita, 
lo que ella en realidad puede valer en una cuestión de 
derecho, en la cual presenta Venezuela los 40 títulos ver- 
daderos, y pruebas oficiales y auténticas, de dominio y de 
posesión continua en la Goagira. 

Pero no deja de merecer atención, que esas obras 
de Sus Paternidades estén plagadas de absurdos, que 
á fines del siglo XIX, como estamos, parece hasta in- 
creíble que estén escritos. Citaremos un ejemplo : que 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 67 

un pez llamado Marrajo se engulló un indio entero, y 
después de uno ó dos dias, echándole por ceba al 
monstruo un perro ensartado en un anzuelo, se lograra 
pezcarlo, y traerlo á tierra, y que después de tres 
grandes rosoplidos, saliera el indio íntegro y vivo y se 
muriese el animal. Que otro indio, obediente á los 
preceptos de su religión, y haciendo ruidos estruendo- 
sos, evoca al Diablo, y este malvado se le presenta á 
hacer su pacto con el indio. Acude felicísimamente un 
Reverendo Fraile dominico, y cara á cara con Satanás, 
cambiándose los dos los más gruesos palabrones, se 
resuelva el reverendo á esgrimir una cruz, y á sacudir 
agua bendita, y entre latines y puro castellano, conjura 
al príncipe de las tinieblas, que súbito desaparece, de- 
jando en el ámbito de la batalla ahogados á los cir- 
cunstantes con la pestilencia del azufre. 

Semejantes excentricidades de aquellos benditos y 
Reverendos varones, han de enflaquecer necesariamente, 
gran parte de la fe que haya de dispensarse á sus 
narraciones. 

51. — Lo consignado por el señor Plenipotenciario 
neo-colombiano, respecto á Bastidas, requiere una ex- 
plicación, que lo prive de cierta ventaja que pudiera 
producir la oscuridad en un punto oficial. Fué en 1525 
que Bastidas recibió la gracia de Adelantado para Santa 
Marta, y saliendo de Santo Domingo, recaló al Cabo 
de la Aguja en la Península, y siguió á Occidente bus- 
-caudo el territorio de su jurisdicción, y llegado á un 



68 LÍMITES 

puerto, fundó allí á Santa Marta. Alzáronse los Te- 
nientes de Bastidas, mal herido volvió á Santo Domingo, 
y murió en Cuba. Así lo refiere don Nicolás de la Ro- 
sa, quien fija el primer descubrimiento en 1523, y el pri- 
mer Gobernador, García de Lezme, en Santa Marta, por 
el año de 1529 ; treinta años después del descubrimiento 
del territorio jurisdiccional de Venezuela, desde la " boca 
del Orinoco hasta el Cabo de la Vela." Si Bastidas no 
es llamado Gobernador de Santa Marta, es porque solo 
fué descubridor ó adelantado, sin que haya prueba de 
ningún otro carácter. 

52. — Fué un argumento del señor Ministro colombia- 
no, que la pesca de perlas sobre costa de la Península 
goagira, estuviese rejida primero desde Santa Marta, y de 
Rio Hacha cuando fué partida la Provincia en dos, siem- 
pre con jurisdicción dependiente del Virreynato. 

Esto quedó ya contestado victoriosamente, con solo 
recordar que Venezuela ha reconocido y reconoce el do- 
minio neo-colombiano en toda la costa occidental de la 
Goagira, desde el Cabo de la Vela hasta Rio Hacha, y 
al interior hasta la Teta, los Aceites y Montes de Oca. 
Pero nunca está demás el noble empeño de robustecer la 
verdad. 

Hablando de La Rosa, en el capítulo 10, página 
266, del mar correspondiente á la Provincia de Santa 
Marta, que entonces incluía á Rio Hacha, dice: u que 
es tan claro, aplacible y espacioso que parece una sa- 
bana." i Podría esta descripción ser aplicada sino á la 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. (59 



:gran encellada comprendida desde el Cabo de la Vela 
hasta Rio Hacha y Santa Marta? ¿Cabe que antor 
ninguno describiera en esos términos la costa Norte de 
la Península, del ' 'Cabo de la Vela " hacia el Oriente ? 
53. — Las siguientes son palabras del señor Murillo, 
citando á Herrera, como para probar que no fué Alon- 
zo de Ojeda el primer Gobernador del actal territorio 
de Venezuela, como deja probado que lo que fué él 
Ministro de Venezuela, con la Real Orden que autori- 
zó al Obispo Fonseca para pactar con Alonzo de Ojeda, 
nombrándole Gobernador de la tierra que descubriera. 
He aquí esas palabras del señor Murillo : 
u A quien Herrera dice que se le ordenó que esco- 
ciera para la Merced que se le habia hecho de 200 le- 
guas desde el Cabo de la Vela á la vuelta de Marañon 
o del Marañon al Cabo de la Vela, fué á Diego de 

Ordáz." 

Aquí aparece el señor Murillo y su citado Herre- 
ra, confesando la jurisdicción de Venezuela hasta el 
"Cabo de la Vela" y no se concibe como al propio tiem- 
po se quiera sostener la jurisdicción antigua del Virrey- 
nato, y la actual de nuestra vecina hermana, en toda 
la Península de la Gfoagira. 

54.— Cita el señor Murillo al Padre Simón, redar- 
guyendo á Herrera. Veamos lo que dice el Reverendo : 
"De suerte que tengo por cosa cierta haber comenza- 
do el gobierno de don Diego de Orádz, solo desde el 
puerto y ensenada de Borburata, qne era donde se acá- 



ti) 

* u LIMITES 

ba el de los Alemanes, desde el "Cabo de la Vela-" y 
haberse ido prolongando la costa adelante por los puer- 
tos de Caracas, Golfo de Cariaco y Maracapana basta 
el Rio Marañon." 

De estas palabras del Padre Simón aparece lo. mis- 
mo que dijo Herrera.— Jurisdicción hasta el " Cabo de la 
Vela," y no es fácil encontrar la razón por la cual sea 
citada Su Paternidad para contradecirse él mismo. 

Herrera y Su Paternidad anduvieron errados, olvi- 
dando ó ignorando el pacto con Alonzo de Ojeda, ce- 
lebrado por el Obispo Fonseca, por virtud de una Real 
Orden ; pero aun concediendo lo que se supone de que 
fuese Diego Ordáz el primer gobernador, nunca seria 
el punto discutible, si fuese Ojeda ó fuese Ordáz, por 
que lo que lia de quedar demostrado en esta cuestión 
de límites, es, cual fuese el territorrio de esa jurisdic- 
ción, que ahora pertenece á Venezuela, y tanto Herre- 
ra como el Padre Simón,, extienden el del gobierno es- 
pañol en Venezuela hasta el " Cabo de la Vela." 



VII 



55. — Contradiciendo el señor Murillo al Ministro 
de Venezuela, que la jurisdicción del territorio de esta 
República pasara al tiempo de caducar el privilegio 
de los Wélzares, á la Audiencia de La Española (Santo 
Domingo) con la de otros territorios peninsulares y 
continentales ; asienta S. E. su negativa con estas 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 71 

palabras : ' ' Esto no está probado : no resulta de do- 
cumento alguno. " 

Pero el señor Ministro colombiano había dicho ya, 
en la contrarréplica que contestaba el de Venezuela, 
lo siguiente : 

"Carlos V declaró anulado el arrendamiento que 
daba el usufructo y gobierno de aquellas tierras á los 
mercaderes alemanes. Cesaron en todo sentido los 
efectos de aquella delimitación, que no vuelve á apa- 
recer en parte alguna. La colonización en toda la Costa 
Firme siguió lentamente bajo la autoridad de la Rea.l 
Audiencia de Santo Domingo." 

Esta declaración del señor Murillo no puede en 
manera alguna concordar con la anterior en que dijo : 
Esto no está, probado. Ahora lo está con la firma 
de S. E. 

Y necesario es añadir, repitiendo, porque el señor 
Ministro también repite, que el lector habrá encontrado 
en la serie numerosa y continua de títulos y actos 
de posesión de Venezuela hasta el " Cabo de la Vela" 
una respuesta victoriosa al aserto del señor Murillo, 
de haber cesado con el privilegio de los Wélzares la 
delimitación que empezó con Alonzo de Ojeda, y que 
vino mantenida por el antiguo Soberano hasta 1810. 

56.— Que ese territorio, desde las bocas del Orinoco 
hasta el "Cabo de la Vela," fué dividido en dos, el uno 
hasta Uñare, y otro hasta el "Cabo déla Vela," esotra 
de- las alegaciones de la Legación Colombiana. 



72 LÍMÍTES 

¿Pero no dice ella misma que la mitad occidental, 
gobernada desde Caracas, se extendía hasta el " Cabo 
ds la Vela?" ¿Y si después fué unida la del Orinoco 
á Uñare á la de Caracas, no quedó la Capitanía ge- 
neral gobernando hasta el "Cabo de la Vela?" 

57.— Que Maracaibo perteneciera ai Virreynato desde 
1685 hasta 1777, como lo sostiene aquella Legación 
muí exactamente, nada prueba respecto á la Goagira, 
que nunca fué parte de Maracaibo, pues que él no 
lindaba con la Goagira sino por la Fundación de Si- 
namaica, que conforme a las palabras del Rey, era 

colindante con la Goagira, como extremo oriental de 
la línea militar de defensa y de comunicación con 
Rio Hacha, en la garganta de la Península. 

58. — Cita el señor Ministro la ley 2.% título 15 
de la Recopilación de Indias, en que fueron recopiladas 
las Cédulas Reales de 1526, 1528, 1583, 1591 y 1620. Esa 
ley manda establecer Audiencia y Cnancillería Real 
en la Española, y respecto á su jurisdicción dice : 

"Y tenga por Distrito todas las islas de Barlo- 
vento y de la Costa de tierra firme y en ellas las 
Gobernaciones de Venezuela, Nueva Andalucía, el Rio 
del Hacha que es de la gobernación de Santa Marta. 
y de la Guayana ó Provincia del Dorado. " 

Conocía pues el señor Murillo que la jurisdicción 
venezolana habia pasado, después dé los Welzares, con 
territorios del Virreynato, como Rio Hacha y Santa 
Marta, á la Audiencia de Santo Domingo ; eso mismo 



ENTÍJE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 73 

que S. E. alegaba no estar probado, ni resultar de 
documento alguno. 

Ni tal argumento significaría cosa alegable, porque si 
el Rey pasó la jurisdicción de los Wélzares á la Au- 
diencia de Santo Domingo, el mismo Rey la devolvió á 
la Capitanía Gfeneral y Audiencia de Caracas, como en 
su lugar quedó probado. 

59. — La contradicción entre la concesión del Sobe- 
rano á Ojeda y la posterior á los Wélzares, que alega el 
señor Murillo, no tiene en su apoyo ni la menor razón 
de ser. La de Ojeda fué la primera, 1499, la de los 
Wélzares consta que fué otorgada veinte años después : 
¿por qué, pregunta el señor Ministro de Colombia, á 
cuál título de los dos nos atenemos de 1528 en ade- 
lante? Esos dos títulos, de fechas tan distantes, ni se 
excluyen entre sí, ni hacen otra cosa que confirmar el 
uno y el otro, la evidente verdad, de que el límite era 
el " Cabo de la Vela:' 

60. — Recusa el señor Murillo al señor Felipe Pérez, 
porque en su geografía oficial de Colombia, escrita y 
publicada bajo los auspicios del gobierno colombiano, 
hablando de Bastidas, dice : que el límite de Rio Hacha 
era el "Cabo de la Vela f pero nunca ha aparecido un 
acto oficial de Colombia, y ni siquiera trabajo científico 
ó literario, desaprobando ó contradiciendo lo dicho por 
el señor Felipe Pérez. 

61. — Juzgó conveniente el señor Ministro confesar, 
que pertenecía á la autoridad de Venezuela el Resguardo 



74 LÍMITES 



marítimo y terrestre de la Goagira, para impedir el 
contrabando, etc., pero llama esta jurisdicción una atri- 
bución especialísima, que nada arguye en cuanto á la 
jurisdicción ordinaria sobre la misma costa y el 
interior. 

¿Y cómo se explicaría esa atribución especialísima, 
si la Gfoagira hubiera r)ertenecido al Virreynato? ¿Por 
falta de recursos % \ Por falta de hombres ó de armas % 
¿Por estar más distante? \ Puede imaginarse causa para 
esa excepción, menguando la autoridad del Virrey, y 
complicando el ejercicio de la autoridad en la Penín- 
sula, así en tierra como en el mar? 

Pero hai más ; terminantemente dicen algunos de 
los títulos jurisdiccionales de Venezuela, que quedan 
citados y hasta copiados, que la autoridad de Venezuela 
podia hacer descubrimientos y todo género de estableci- 
mientos en el interior de la Península ; y esto no podia 
estar comprendido en esa atribución especialísima, que 
habría anulado completamente la jurisdicción del Virrey- 
nato. 

Y es del caso recordar, que la Cédula de 1777 sepa- 
rando la Provincia de Maracaibo del Virrey nato, y agre- 
gándola á la Capitanía General de Caracas, conserva á 
Venezuela esa misma jurisdicción de mar y tierra, para 
evitar el contrabando y para otros varios fines, ¿por qué 
habría esta facultad de subsistir, sino porque la Goagira 
dependía de Venezuela ? 

62. — Niega el señor Plenipotenciario que la Capita- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 75 

nía general ejercería jurisdicción ordinaria en la Pe- 
nínsula. 

i Y cuál ejerció nunca el Virreynato 1 En el interior 
de ella, desde la línea de defensa en el istmo hasta el 
mar, nunca hubo autoridades políticas ni judiciales que 
pudieran ejercerla, ni por parte de Venezuela ni por 
la del Virreynato, ni otra jurisdicción alguna que la 
que el Ministro de Venezuela dejó tan bien probada 
con documentos auténticos • y por esta razón, el lector 
encontrará carente de toda fuerza esa distinción esco- 
lástica de jurisdicción ordinaria, sin prueba alguna en 
que fundarse, y la que el señor Muriilo quiso llamar, 
atribución especialísima. 

63. — Que la Goagira entrara en el Virreynato, cuando 
toda Venezuela fué agregada á él, no puede ser argu- 
mento aplicable al Uli Possidettis de 1810, pues que 
dos años después, fué separada Venezuela en toda su 
integridad. 

64. — El Factor de la Compañía Guipuzcoana, encar- 
gado del Corso y Resguardos de mar y tierra sobre la 
Goagira, comunicó, como era regular, al Gobernador de 
Rio Hacha, la provisión que lo autorizaba, y en ella 
estaba fijado el "Cabo de la Vela' 1 '' como extremo 
territorial de la Comisión de la Compañía, y el Gober- 
nador de Rio Hacha contesta que queda impuesto, 
\ Por qué llamar legalización á esa respuesta del Go- 
bernador de Rio Hacha ? \ No serian otros los términos 
de esa nota, y entre ellos, el de autorizar á la Com- 



76 LÍMITES 

j>añía ? i La legalización hubiera sido útil, cuando era 
tan terminante la concesión del Rey hasta el "Cabo de 
la VelaV 

64. — Querer la Legación colombiana que la Cédula 
citada por el general José Félix Blanco sobre segrega- 
ción de Sínamaica del Obispado de Santa Marta y su 
agregación al de Mérida, pueda ser una prueba de que 
antes no perteneciera á Maracaibo, porque entonces 
habría 'pertenecido también en lo eclesiástico, no tiene 
fundamento alguno. Varios ejemplos pudieran citarse, 
respecto á América, en materia de jurisdicción, para 
probar que solian ser distintos los límites de la juris- 
dicción eclesiástica y de la política y civil. No es 
necesario probarlo, por ser cosa muí sabida ; pero para 
Henar el deber, citaremos un ejemplo referente al Vi- 
rreynato y á la Capitanía General. Pamplona perte- 
necía al primero, y dependía del Obispo de Mérida, 
provincia de Venezuela 

65. — Asienta el señor Murillo haber llevado la de- 
mostración de los derechos, cuya defensa le habia 
encomendado su gobierno, "hasta la saciedad y hasta 
el fastidio" ~No se concibe fácilmente lo de la saciedad, 
pero sí lo del fastidio, con que un talento y un 
carácter como el del señor Murillo, que venia contando 
con los reconocimientos que habían firmado en otras 
épocas los señores Santos Michelena y Fermín Toro, se 
encontrara detenido en ese camino de triunfos, por la 
evidencia de 24 volúmenes, archivo de límites de Ve- 



ENTEE VENEZUELA Y 
— — -VA COLOMBIA. 77 

nezuela con la Nueva Granada T~ 
Estar obligado oficialmente á defende? va Colombia, 
injusto, lo que desaparece siempre á la inexacto, lo 
examen, debe engendrar el fastidio, como único cLbuen 
del ánimo, que quisiera estar siempre cumpliendo"''? 
mandatos de la conciencia. 

~No terminaremos esta labor, contraída al derecho 
territorial sobre la Península Goagira, sin recomendar 
á la consideración de todo hombre justo, de conciencia 
propia, y de esa independencia, dote precisa de la pro- 
bidad, los términos en que el Plenipotenciario de Ve- 
nezuela propuso al de Colombia, dar solución, recípro- 
camente satisfactoria, por honrosa y fraternal, á toda 
dificultad referente á la Goagira. Fué del modo si- 
guiente. 

Consta de la misma Real Cédula reconocida por 
ambos gobiernos, que al ser separada Sinamaica de Rio 
Hacha y el Virreynafo, y agregada á Maracaibo y la 
Capitanía General, le fué demarcada á dicha Sinamaica 
su jurisdicción hasta el cabo de Chichivacoa, y hasta 
este cabo es que cabe en lo posible la injusta preten- 
sión de contradecir la jurisdicción de Venezuela, si se 
respeta el üli Possidettis según los términos de una Real 
Orden, que ambos Gobiernos tienen por eficaz. 

Entre Chichivacoa y el Cabo de la Vela existen los 
dos puertos únicos que tiene la Península, cuya po- 
sesión, sin uno de ellos, seria totalmente infecunda. 

Entre Chichivacoa y el Cabo de la Vela media 



78 LÍMITES 

algo menos de un grado astronómico, y aún suponién- 
dolo entero, no serian sino veinte leguas de costa, 
conteniendo los dos puertos ' : Bahía-Grande " al Oriente 
y "El Pórtete al Occidente." 

Si toda la cuestión se versa sobre esas veinte leguas, 
porque Colombia, tiene que reconocer á Chichivacoa 
como extremo de su pretensión, según la Real Cédula 
de separación de Sinamaica del Virreynato, que su 
propio Ministro reconoce y alega, y si Venezuela sos- 
tiene su derecho jurisdiccional hasta el "Cabo déla 
Vela," i no será justo, racional, conveniente y honroso 
para las dos vecinas y hermanas, que cada una ceda 
de su derecho ó pretensión diez leguas, quedando un 
puerto á la una y el otro á otra? ¿Cabe que hombres 
patriotas, capaces y previsivos, dejen de aceptar como 
lo mejor para una y otra hermana, lo que Venezuela 
ha propuesto, no en la cuestión de derecho, objeto de 
la primera negociación, sino para la segunda, que fué 
acordada por- ambas Plenipotencias, y que dejó de 
iniciarse por la súbita y prematura ausencia del señor 
Murillo? Muchos de nuestros grandes propietarios 
aceptarían ese tan fecundo sacrificio, para vivir en paz 
con el vecino. 

Es cuanto el estudio profundo de la materia, la 
intención del bien común, y el amor á una y otra 
República, desgraciadamente desprendidas de la grande 
y gloriosa Patria que fundaron Bolívar y el ilustre 
Zea, pueden concebir y proponer. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 79 



VIII 



Segundo punto de discusión. — Límites entre las dos 
antiguas Provincias españolas Pamplona y Maracaibo, 
actuales Estados de Santander, granadino, y Táchira, ve- 
nezolano. 

SAN FAUSTINO. 

Es un pequeño terreno de como dos leguas, sepa- 
rando los dos territoris, y en totalidad de trece le- 
guas. Hubo allí una aldea, y en el año 75 fué 
eliminada, por haber desaparecido, según publicación 
^n la "Revista" de Cúcuta, hecha por el G-obierno del 
Estado Santander. 

De nada absolutamente sirve semejante pañuelo de 
tierra á Colombia. A Venezuela le es necesario, para 
comunicaciones de parte del Estado Táchira, en su co- 
mercio con Maracaíbo! Su posesión por Nueva Grana- 
da acaeció por un hecho de simple ocupación, aunque 
estaba y está del lado acá del rio Táchira, límite na- 
tural 6 arciñnio de las dos República, y conforme con 
el principio americano que establece las delimitaciones 
de las nacionalidades actuales, de conformidad con el 
Ubi Possidettis de 1810. 

Los vecinos actuales, en cuatro mui pequeños ca- 
seríos, que ni aldeas son ni pueden ser, llamados Pe- 



80 LÍMITES 

ronilo, Palmar, Riecito y Resbaloso, son casi todos ve- 
nezolanos. 

Pásase pues á la demostración de los títulos del 
dominio territorial de lo que fué aldea de San Fausti- 
no y su circuito microscópico. 

Pertenecía á la prov in cia de Maracaibo, y con e lla, 
perteneció al Virreynato hasta 177 7, en que el an tiguo 
Sobéraño^gregó la Provincia á la Capitanía Genera^ 



quécTo san Faustino en la Capitanía General. 

~ PM v a"~ta _ Tn^"íaHlT^eligelicia de la siguiente demos- 
tración, ha de tenerse presente, que en el tiempo colo- 
nial, eran colindantes la Provincia de Pamplona del la- 
do del Virreynato, y la de Maracaibo, del lado opuesto, 
territorio entonces del mismo Virreinato, y desde 1777, 
por Real Cédula, perteneciente á la Capitanía General 
de Caracas. Partían términos por el Rio el Táchira, desde 
su origen hasta recibir al Pamplonita, y hasta desembo- 
car en el Zulia, con el nombre de Táchira ó rio de Cú- 
cuta. Ambas Provincias estaban bajo la jurisdicción del 
Virrey de Santa Fe hasta la citada fecha de 1777, en 
que la de Maracaibo fué agregada á la Capitanía General. 

Examinemos ahora á cual de las dos Provincia pertene- 
cía ese pañuelo de tierra llamado San Faustino. 

Juan Maldonado fundó en 1561, con el título de 
Villa, á San Cristóbal, actual capital del Estado venezo- 
lano Táchira, de este lado del Táchira; partiendo térmi- 
minos con Pamplona por el mismo rio, y perteneciendo 
al territorio de Mérida, que era una misma Provincia con 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 81 

Maracaibo. (Documento número 5 en el archivo pre- 
sentado al examen del señor Morillo.) 

San Cristóbal, y también La Grita su vecina conti- 
gua, fundada por Francisco Casares en 1576. (Documen- 
to número 6) eran fuertemente combatidos por los indios 
Motilones, que desde aquel punto eran dueños del terri- 
torio hasta la garganta ó itsmo de la Península Goagira, 
ocupando las márgenes del rio Zulia, é interceptando á 
Pamplona como á Mérida y sus pueblos del Lago de 
Maracaibo, el punto de su comercio. 

Se fundó pues un destacamento militar en el pun- 
to en que más tarde (1662) fundó don Antonio Gimé- 
nez de los Ríos, el caserío que llamó " San Faustino 
de los R ¿05." 

A ese servicio se destinó la tropa situada en La 
Grita. 

En 1662, poco después de la fundación del Case- 
río, se convirtió en pueblo, y se añadió Un puerto á 
corta distancia, con familias de San Cristóbal, y ese 
puerto se llamó u Puerto Real." en la boca del Táchi- 
ra. (Documentos 1.° 3.° 7.° y 8.°) 

En premio al valor de aquellos vecinos y de aque- 
lla tropa, en lucha constante con los Motilones, otor- 
gó el Rey á aquel pueblo el título de Ciudad, con 
gobierno propio, independiente de San Cristóbal y de 
La Grita . 

Por aquel tiempo dependían San Cristóbal y La 
Grita, así como San Faustino, y hasta el mismo Méri- 



82 LÍMITES 

da, de la Provincia de Maracaibo, y esta del Virrey- 
nato ; y aun después de creada la Capitanía General de 
Venezuela en 1731, como no fué incluida la Provincia 
de Maracaibo, esta quedó en el Virreynato, y luego, 
toda entera, con San Cristóbal, La Grita y San Faus- 
tino, fué incorporada á Venezuela 1777. 

Puerto jReal, en Cédula de 28 de setiembre de 
1751, fué llamado Puerto de San Faustino, sobre el 
Zulla en la boca del TácMra, que trae ya incorpora- 
do al Pamplonita, y dependia de San Faustino. 

En 1745 se habia arrendado aquella navegación fluvial 
y la del Zulia, causando el arrendamiento grandes per- 
juicios á las poblaciones colindantes del rio Táchira, 
de modo que, según Verástegui, en 1754, ya San Faus- 
tino venia arruinándose. Verástegui era Oidor en la 
Real Audiencia de Santa Fe, y lo dice en un infor- 
me al Virrey, en el cual atribuye ese y otros males 
á las hostilidades de los Motilones. 

En 1754 la dicha Audiencia se ocupa de la guerra 
contra los Motilones. 

En 1759 dice el Virrey al Ministerio de Madrid, 
que ha establecido Rondas contra los Motilones, y que 
el Gobernador de Maracaibo proponia la conquista con 
la concurrencia de la Compañía Guipuzcoana de Ve- 
nezuela. 

En 1761 se prueba la existencia de Puerto Real ó 
San Faustino en jurisdicción de Maracaibo, con el do- 
cumento número 14. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 83 

La cédula de 1765 ordena al Virrey, que informe 
sobre el arriendo del "Puerto de San Faustino de la 
provincia de Maracaibo." 

Queda, pues, demostrado, que San Faustino y su 
puerto habian pertenecido' siempre á la provincia de 
Maracaibo hasta 1765. 

Cuando en 1777 se negoció con don Pedro Nava- 
rro el arrendamiento de San Faustino, su bodega ó 
puerto, y la navegación del Táchira y del Zulia, si- 
multáneamente pasó Maracaibo entero á ser parte de 
la Capitanía General, y cuando terminó el quinquenio 
del arrendamiento, pasó la administración de aquella 
renta, producto de la bodega y navegación, a la capi- 
tal de Maracaibo, como parte de las rentas Reales de 
la provincia. 

Todos estos documentos fueron puestos de mani- 
fiesto al señor Murillo. 

El oficial Real de Hacienda de Pamplona, dice 
terminantemente, que San Faustino y su puerto perte- 
necían al Gobierno de Maracaibo, así como la Misión 
de Capuchinos para la reducción de los Motilones ; y 
dice al Virrey, que San Buenaventura es puerto de- 
pendiente de Salazar, al frente del "puerto de San 
Faustino, situado en la otra banda á la boca del Tá- 
chira." 

El Fiscal de la Real Audiencia de Santa Fe, en 
representación al supremo tribunal propone que se pi- 
da informe á los oficiales de la Real Hacienda de Ma 



84 LÍMITES 

racaibo, porque los autos originales de los remates de 
los puertos, liabian sido ya remitidos á la Intendencia 
de Caracas, á cuya Capitanía General se habia agrega- 
do ya la provincia de Maracaibo. 

En 1.° de febrero de 1778, el Oficial Real.de Pam- 
plona, quiere que se le atribuya la administración de 
rentas del puerto de San Faustino, que habia ya pasa- 
do á la provincia de Maracaibo, y Capitanía General de 
Caracas, alegando para esto, conveniencias de los contri- 
buyentes, pero en ninguna manera, dudando de la juris- 
dicción venezolana. 

En 1780, el Intendente general de Caracas dice al 
administrador de rentas Reales de Maracaibo, que perte- 
neciendo el puerto de San Faustino á la jurisdicción de 
San Cristóbal y provincia de Maracaibo, administre se- 
gún las órdenes que le comunica. 

En junio de 1781 dice el administrador citado al In- 
tendente, que el circuito de San Faustino estaba casi 
poseído por los Motilones, aunque en efecto era de la 
jurisdicción de San Cristóbal. 

El julio del mismo año, el Fiscal de la Real Hacienda 
de Maracaibo pide al Intendente de Caracas ciertas provi- 
dencias, para impedir el contrabando, por estar San 
Faustino, dentro de aquella Provincia, en territorio de 
San Cristóbal, y la Provincia agregada á la Capitanía 
General de Venezuela. 

En agosto del propio año, dice el Intendente de Ve- 
nezuela al Virrey, que había dictado diferentes me- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 85 

didas sobre San Faustino, situado en San Cristóbal, y 
perteneciente á la Provincia de Maracaibo, y le exije 
que por su parte diera las instrucciones necesarias, para 
que se procediese en el concepto de depender San Faus- 
tino de la Capitanía General, como perteneciente á la 
Provincia de Maracaibo. 

En junio de 1783, el administrador de Rentas de 
Maracaibo se apoya en la Real Orden de abril del año 
anterior, relativa á la administraccion de la Bodega y 
del puerto de San Faustino. 

El mismo Virrey de Santa Fe preguntaba por ese 
tiempo, separado ya Maracaibo del Virreynato, en nota 
al Gobernador de esta Provincia, si los puertos de San 
Faustino y San Buenaventura, 'pertenecían al Virrey- 
nato 6 á Yenezuela. 

En esa nota reconocía el Virrey, que San Faustino 
no se estaba gobernando desde Santa Fe, porque si lo 
hubiera estado, de ningún modo lo preguntaría. Ademas, 
manifestaba el Virrey la más extraña ignorancia de la 
topografía colindante entre el Virreynato y la Capitanía 
General, pues que confunde el puerto de San Faustino, 
del lado acá del rio Táchira, con el de San Buenaven- 
tura, del lado allá del rio Zulia, frente á la desembo- 
cadura en él del rio Táchira, y en territorio gobernado 
desde San José de Cúcuta. 

En 1784 el Reverendo Padre Arzobispo y Virrey de 
Santa Fe, don Antonio Caballero y Góngora, represen- 
ta al Rey en 22 de mayo, los inconvenientes de la 



86 LÍMITES 

Real Cédula de 10 de diciembre de 1783, que agrega- 
ba la ciudad de Pamplona y la parroquia de San 
José de Cúcuta, y la villa del Rosario, al nuevo Obis- 
pado de Mérida de Maracaibo. Los términos de esa 
representación del Virrey al Soberano, y los de otra 
carta de 'SO del mismo mayo de 1784, no dejan duda 
alguna en cuanto á pertenecer San Faustino á la Provin- 
cia de Maracaibo, agregada ya á Venezuela desde 1777. 
— Dice el Virrey y Arzobispo de Santa Fe, que el nue- 
vo Obispo de Mérida de Maracaibo le habia dado cuen- 
ta de su llegada ; y que creyendo el Virrey que la 
erección y posesión que se le anunciaba, era solo den- 
tro del territorio de la Provincia de Maracaibo, le ha- 
bia dado la bienvenida, pero que advirtiendo que la 
Cédula incluia á Pamplona, San José y el Rosario de 
Cuenta, 'pertenecientes al Yirreynato, esto le obligaba 
á representar. 

Si San Faustino hubiera pertenecido á la jurisdic- 
ción del Virreynato, como pertenecían Pamplona, San 
José y el Rosario, ¿no habria incluido el Arzobispo 
Virrey á San Faustino en su representación l Esta es 
nna prueba difinitiva, de que en concepto del Virrey- 
nato, San Faustino no le pertenecia. 

El señor Góngora, dice: que consideraba justísima 
(Documento número 11.) la erección del referido Obis- 
pado, dentro de los límites de la Provincia de Mara- 
caibo, pero respecto á Pamplona, San José y el Rosa- 
rio, representaba como Arzobispo y Virrey, que per- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 87 

tenecian al Virreynato, y eran "los limítrofes con la 
Capitanía Gen eral. ' ' 

El mismo señor Prelado, en representación inclusa 
en la Real Cédula de 1.° de marzo de 1790, se ex- 
presó en los términos siguientes: "Cuando se dividió 
la enunciada Provincia de Maracaibo del Virreynato, 
se señaló por término divisorio el rio TácMra, que co- 
rre en el Valle de Cúcuta, quedando desde el por terri- 
torio de la misma Provincia y jurisdicción de la ciu- 
dad de Pamplona, las parroquias de Nuestra Señora 
del Rosario, la de San José y pueblo de Cúcuta. 

En esta representación del Virrey, que también son 
términos de la Real Cédula de 12 de marzo de 1790, 
se encuentra expresa y terminantemente lijado el Rio 
Táchira como límite entre el Virreynato y la Provincia 
de Maracaibo, agregada por el Soberano en 1777 á la 
Capitanía G-eneral de Venezuela. 



IX 



Continúa la demostración de los títulos y docu- 
mentos justificativos y auténticos del dominio terri- 
torial de Venezuela en San Faustino. 

El mismo Virrey Arzobispo, en su representación 
al Soberano, terminantemente dice: "Que citando se 
dividió la Provincia de Maracaibo del Virreynato, se 
señaló por término divisorio el rio Táchira." 



LIMITES 



La Real Cédula de 12 de marzo de 1790 confirma 
lo dicho por el Virrey, y añade, que al incluir á 
Pamplona, San José y él Rosario en la nueva Diócesis 
de Merida, se conservaba sin embargo íntegra la Pro- 
vincia de Maracaibo. De este modo, según el mismo 
Rey, San Faustino resulta siendo con evidencia parte 
de dicha Provincia de Maraca ibo. 

El Virrey Arzobispo dice : que el nuevo Prelado 
de Mérida no podria sostener la autoridad en Pam- 
plona, San José y el Rosario, y debia limitarse á la 
Provincia de Maracaibo. 

Cuando en 1844 se ventilaban los límites en Bo- 
gotá, ofreció el señor Acosta, Ministro granadino, al 
de Venezuela, presentarle la Real Cédula de 17 de 
febrero de 1783, sobre erección del Obispo de Mérida ; 
pero no pudo ni quiso hacerlo, sin duda porque en 
ella encontró, que el rio Táchira era el limite entre 
Maracaibo y Pamplona. El Ministro Guzman, sí pudo 
y quiso presentarla auténtica ni señor Murillo. 

La relación de mando del señor Arzobispo Virrey, 
al tratar de la Diócesis de Mérida, dice que el objeto 
de la Real Cédula era limitar el nuevo Obispado de 
Mérida á los términos de la Provincia de Maracaibo, 
y que estando señalados por el rio Táciiika. no debia 
comprender á Pamplona, San José- y el Rosario. 

Está pues declarado por el Virrey mismo de Santa 
Fe, desde el tiempo del señor Góngora, lo que hoy 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 89 

está sosteniendo "Venezuela, á saber : que el rio Táchira 
€S el límite. 

Aquí debia terminar esta demostración ; pero des- 
pués de una resistencia que pudiera llamarse pertinaz 
del gobierno granadino, por más de cuarenta años, y 
que ha engendrado tan peligrosas y falsas preocupa- 
ciones, es prestar un servicio á uno y otro país, 
corroborar más y más la evidente justicia de Ve- 
nezuela respecto de San Faustino. 

En 1786 solicitó el Virrey del Intendente de Ve- 
nezuela, que dictara ciertas medidas sobre exportación 
de cacaos por el puerto de San Faustino y S2¿ rio, 
en protección á los frutos que producía Pamplona, y 
el Intendente de Venezuela las dictó, y acusó recibo 
el Virrey en marzo de 1787. Si San Faustino y su 
puerto hubieran dependido del Virrey, necesitaba él 
de que las órdenes fueran de Caracas? 

Groot, historiador granadino, terminantemente dice : 
que los términos señalados entre el Virreynato y la 
Capitanía General, los determinaba el rio Táchira. 

La Real disposición de 179o á que alude el Virrey 
Espeleta, sostiene la agregación de Pamplona, San José, 
el Rosario y Salazar de las Palmas, ct la Nueva Dió- 
cesis de Mérida ; y al decir, las cuatro jurisdiccio- 
nes que pertenecían al Virreynato, manifiestamente 
excluye el Rey á San Faustino. 

En 1793, el Ministro Gardoti le dice al Virrey, 
comunicándole ia Real Orden de 25 de mavo sobre 



90 LÍMITES 

exenciones al puerto de Maracaibo, que informe sobre 
la conveniencia de agregar á la provincia de Mara- 
caibo las cuatro jurisdicciones pertenecientes al Vi- 
rreynato, y del documento número 16 consta, que 
eran Pamplona, San José, el Rosario y Salazar de 
las Palmas : % por qué no hablara el Ministro de San 
Faustino, si no fuese por estar del lado acá del Tá- 
cliira, perteneciendo á Maracaibo % 

El alcalde ordinario de Pamplona comunica al 
Virrey un alzamiento de los indios, de un lado y otro 
del Táchira, y añade : lie dado parte al Gobernador 
de Maracaibo, para que determine lo que tenga por 
conveniente en los pueblos que están en su jurisdicción, 
% Por qué % Porque Limoncito pertenecía á San José 
y la Arenosa á San Faustino. Documento número 17. 

El Virrey Mencia de la Cerda, en su Memoria, 
al hablar de "Las cajas Reales," dice lo siguiente: 
La matriz de Maracaibo, con dos oficiales Peales y 
sueldo de setecientos pesos, con los productos de La 
Grita, Mérida, Barinas, San Cristóbal y San Faus- 
tino, rinden al año común 36.913 pesos 3 reales. ¿No 
confirma el Virrey de la Cerda con estas palabras, 
que San Faustino pertenecía á la Provincia de Ma- 
racaibo % 

El historiador Groot, fundado en un certifícate del 
Escribano Real y Notario Mayor Pedro Joaquín Mal- 
donado, sobre productos de los diezmos de la Diócesis 
de Mérida, dice que el Juzgado de Barinas producía 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 91 

3.966 pesos con 2% reales, el de San Faustino 814 pesos, 
y sigue detallando el producto de las demás pobla- 
ciones de la Diócesis en la provincia de Maracaibo. 

El Gobierno de Maracaibo fundó en el pequeño 
territorio de San Faustino, con Motilones reducidos, 
un pueblo llamado la Arenosa, á dos leguas de San 
Faustino. 

El historiador Depons dice en 1806 que alrededor 
de San Faustino, y de tu Villa de Perijá, ambas 
en jurisdicción de Maracaibo, habia* una misión de 
Capuchinos Navarros, cuyas congruas pagaba el Go- 
bierno de Maracaibo, el cual corria con las Rondas 
pacificadoras de los indios, defendiendo á San Faustino 
y su circuito. Dice Depons ademas, que el Ministerio 
de Indias en 1.764, refiriéndose al arriendo del puerto 
de San Faustino, lo considera perteneciente á Maracaibo. 

Los Factores de la Compañía Guipuzcoana en Ma- 
racaibo y el Táchira, reclamaron, según Depons, ciertos 
perjuicios, por estar San Faustino comprendido en la 
jurisdicción de la Compañía. 

El Dr. don Joaquin Camacho, Corregidor del So- 
corro, en la relación territorial de Pamplona, dice 
en 1809 : que la Provincia de Pamplona, linda con 
Maracaibo por el rio Táchira, por ser el término 
que separa al Virreinato de las Provincias de Vene- 
zuela. Este documento se encuentra en el " Semanario 
del Nuevo Reino de Granada," que publicaba el sabio 
granadino clon Francisco José de Caldas. 



92 LÍMITES 

Cuando Caracas se alzó noblemente en 1810, con 
el glorioso fin de separarse de la España, y la siguieron 
las demás Provincias de Venezuela, con excepción de 
Coro y Maracaibo, San Faustino se pronunció por la 
causa de Caracas, y nombró su Junta provisoria, com- 
puesta de los señores Dr. 18'. Fernández, don Eugenio 
Santander, don Juan Romay y don Juan Manuel 
Merendez. 

En 1811 se nombraron Diputados americanos para 
las Cortes de España de 1812, y San Faustino eligió 
al Dr. Domingo Ruz. Así consta del documento nú- 
mero 3, en que aparece San Faustino separado de 
Maracaibo, todavia español, pero unido á las demás 
Provincias independientes de Venezuela, y probando 
oon un acto solemne y auténtico, que no pertenecía 
al Virreynato. 

Todavia en 21 de julio de 1820, dominada gran 
parte de Venezuela y su capital por el Gobierno es- 
pañol, hasta la batalla de Carabobo, al ser proclamada 
la Constitución de 1812 en España, la Capitanía Ge- 
neral de Caracas ordenó la elección de Diputados á 
Cortes, incluyó á San Faustino como partido de la 
provincia de Maracaibo; y esto consta en la "Gaceta 
de Gobierno" de Caracas de la citada fecha. 

¿Puede quedar en ningún ánimo recto y de verdad 
patriótico, ni de este lado del Táchira ni del lado 
opuesto, ni la más ligera duda respecto á que San 
Faustino perteneció siempre á la provincia de Mará- 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 93 

caibo, así cuando fué parte del Virreynato, como después 
de su segregación en 1777, y hasta las vísperas de la 
batalla de Carabobo, término de la dominación espa- 
ñola en Venezuela? 

Sin embargo. Continuemos sirviendo á la paz, á la 
tranquilidad y á la gran causa de la fraternidad, con 
todo lo que pueda añadirse como fruto de un estudio 
profundo de la materia. 

Apoyémosnos en grandes y notorias autoridades. 

El Diccionario Geográfico de 1826, en la palabra 
San Faustino de los Rios dice: Ciudad de la Capita- 
nía General de Caracas." 

Humboldt, en sus publicaciones de 1820 á 22, des- 
cribiendo los límites de la Capitanía General de Vene- 
zuela, se expresa del modo siguiente: " La parte occi- 
dental del Gobierno de Maracaibo que comprende el 
" Cabo de la Vela," etc. Ciudades: Maracaibo, Mérida, 
Gibraltar, Trujillo y San Faustino (Documento nú- 
mero 18.) 

Oviedo, Depons y Alcedo, que concuerdan en este 
punto, quedan ya citados. 

El señor José Antonio de la Plaza, en sus "Memo- 
rias para la historia de la Nueva Granada," dice: que 
el Capitán Antonio Giménez de los Blos, fondo con la 
pacificación de los CMnatos y Lobateras de la goberna- 
ción de Mérida, etc., etc. Y en otro lugar dice : que 
la Provincia de Mérida liasta Cúcuta, fué pacificada en 
1781 por una expedición que mandó el Gobernador de 



94 LÍMITES 

Maracaibo. — En otra parte dice, al fin se fijó al rio 
Táclvira como linde de ambas Diócesis. 

El sabio Caldas, en su " Semanario del Nuevo Reino 
de Granada," marcando los límites del Virreynato, se 
expresa del modo siguiente : "toca en la Cordillera de 
Cúcutof, Mosca las cabeceras del Táclvira, sigue su 
curso hasta su embocadura en San Faustino, atraviesa 
Jiasta las montañas de los Motilones y Goagiros, y 
siguiendo estas va á terminar en el " Cabo de la 
Vela." 

El granadino Dr. don Joaquín Camacho, abogado 
de la Real Audiencia de Santa Fé y Corregidor del 
Socorro, describiendo los límites de la Provincia de 
Pamplona en 1809. (Página 229 del " Semanario del 
Nuevo Reino de Granada,") los detalla así. Y también 
con la jurisdicción de Maracaibo por el rio Tachira, 
" que es el termino que separa el Virreynato de las 
Provincias de Venezuela." 

Después de dejar patentes, y en su propio texto, 
títulos tan auténticos de Venezuela sobre San Faus- 
tino, hasta el límite del rio Táchira, como son las 
Reales Cédulas, Reales Ordenes, palabras de los Vi- 
rreyes de Santa Fe, y numerosos actos de jurisdicción 
de la Capitanía General de Caracas, desde 1777' hasta 
el último día de la Colonia, y hasta diez años después 
de la fecha del Uli Possidettis de 1810, debia creerse 
terminada toda discusión en esta materia; pero como 
el señor Murillo, con su notoria habilidad, encontró 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 95 

qué contestar á tanta autenticidad, en el próximo 
artículo sobre San Faustino demostraremos, punto por 
punto, y sin omisión alguna, que en la réplica del 
señor Plenipotenciario colombiano, no hay sino esfuerzos 
de talento, para cumplir un deber desdichadamente 
impuesto por un Gobierno preocupado é imprevisivo. 



X 



Demostrada la jurisdicción territorial de Venezuela 
sobre San Faustino hasta el rio Táchira, con Reales 
Cédulas, Reales Ordenes, palabras textuales del Virrey 
de Santa Fe, actos de posesión tranquila hasta 1810, y 
grandes autoridades granadinas y extranjeras, todavía 
dan lugar á continuar esta demostración, los esfuerzos 
con que el señor Murillo alcanzó á formular ana ré- 
plica, que si no demuestra en manera alguna el de- 
recho territorial del Virreynato hasta 1810, sí tiende á 
esparcir oscuridades en esta parte de la cuestión de 
límites. Me propongo pues disiparlas, á fin de alcan- 
zar perfecta convicción de todo lector patriota y justi- 
ciero, ya sea venezolano ó ya sea colombiano. 

Expondré suscintamente las alegaciones de S. E., y 
demostraré su carencia absoluta de todo valor en de- 
recho. 



96 LÍMITES 

Entre esas alegaciones hay tres, que pudieran esti- 
marse sustanciales, por solo su apariencia, si se prescin- 
diera de examinarlas, y son las siguientes : 

1. a Que constituido el pequeño pueblo de San Faus- 
tino por el Rey, en premio á su valor contra los indios 
Motilones, en gobierno propio, atribuyó el nombramien- 
to de su gobernador al Virrey de Santa Fe. 

2. a Que una junta superior de Real Hacienda de 
Santa Fe, adjudicó en 1808 un globo de tierra á un don 
Juan Ángel Noguera, en el sitio de Guaramiéo, que se 
dice era jurisdicción de San Faustino. 

3. a La posesión pacifica de casi dos siglos hasta 
1810. 

Lo demás de la contra-réplica del señor Murillo se 
verá después que no tiene fuerza alguna en un examen 
del buen derecho ; y en cuanto á las tres preinsertas, pa- 
so á probar que carecen de toda eficacia en esta cues- 
tión de límites. 

Cuando se fundó la Villa de San Cristóbal, La Gri- 
ta, etc., poblaciones de la antigua provincia llamada 
Merida de Maracaibo, ella entera, como Maracaibo mis- 
mo, eran parte del Virreynato, pues que no fueron agre- 
gadas á la Capitanía General de Caracas, sino por Real 
Cédula de 1777. Nada tiene por tanto de particular, que 
se atribuyera al Virrey el nombramiento de ese Gober- 
nador de San Faustino, ni que continuara haciéndolo 
hasta la fecha de la segregación del Virreynato y agre- 
gación á Venezuela, que después ordenó el Monarca. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 97 

Pero se pretende que continuó el Virreynato nom- 
brando á ese Gobernador, y es necesario observar, que 
en 24 volúmenes del archivo de límites venezolano, no 
hay una sola palabra que pueda persuadir la exactitud 
de ese aserto, mientras que tampoco han presentado 
prueba en qué fundarlo, ni el Plenipotenciario, ni el Go- 
bierno de la antigua Nueva Granada, hoy Colombia. 

Pero supongamos, para que nada quede pendiente 
ahora en la cuestión limites, que se pudiera probar 
algún caso de tal nombramiento hecho por el Virrey, 
después de la Cédula de 1777, que agregó á la Capitanía 
General la provincia de Maracaibo entera ; y veamos si 
este solo hecho, puede bastar á destruir el perfecto de- 
recho territorial que sostiene Venezuela sobre San Faus- 
tino. 

Que San Cristóbal nunca perteneció á la provincia 
española de Pamplona, está probado con que hasta aho- 
ra no lo hayan pretendido nunca ni Nueva Granada ni 
Colombia actual. 

Que desde su fundación perteneció San Cristóbal á 
la jurisdicción de Mérida de Maracaibo, esta confesado 
por Nueva Granada y por Colombia, y probado con el 
documento número 5 del archivo venezolano, presentado 
al señor Murillo. Por él consta que Juan Maldonado la 
fundo en 1561, en la jurisdicción de Mérida, así como 
en el número 6.°, consta que Francisco Casares fundó á 
La Grita en 1576. 

Que San Faustino lo fué en territorio de San Cris- 

7 



98 LÍMITES 

tóbal, por Antonio Jiménez de los Rios, que le puso el 
nombre dé San Faustino de los Míos, también consta 
de la misma manera, así como que el destacamento mi- 
litar que allí se lijó contra los Motilones, se sacó de la 
tropa acuartelada en La Grita. 

Que poco después de la fundación del caserío, y ya 
convertido en pueblo, se fundó en la boca del Táchira, 
al Zulia, un puerto que se llamó Puerto Real y tam- 
bién Puerto oZe San Faustino, está probado con los do- 
cumentos 1.°, 3.° 7.° y 8.° 

Por aquel tiempo, San Cristóbal, La Grita, San 
Faustino y basta el mismo Mérida eran parte de la 
Provincia de Maracaibo, y ésta pertenencia al Virrey- 
nato, aún después de 1731, en que fué fundada la Ca- 
pitanía General de Caracas, sin incluir en ella la Pro- 
vincia de Maracaibo. 

El documento número 14 prueba, que en 1761, 
Puerto Real ó de San Faustino, pertenecía á la. juris- 
dicción de Maracaibo. 

La Cédula de 1765, también dice terminantemente 
lo mismo. 

Y consta también en nota del oficial Real de Ha- 
cienda de Pamplona. 

Y en representación del Fiscal de la Keal Audien- 
cia de Santa Fe. 

Y en nota del Intendente general de Caracas en 
1780. 

/ 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 99 

Y en otra del Administrador de Rentas Reales de 
Maracaibo de 1781. 

Así también en la del Fiscal de Real Hacienda de 
Maracaibo, de julio del mismo año. 

Y en la de agosto del Intendente de Venezuela al 
Virrey. 

Y en la de junio de 1783 del Administrador de 

Rentas Reales de Maracaibo, apoyándose en la Real 
Orden de abril del año anterior. 

Y en las representaciones del Reverendo Padre Ar- 
zobispo y Virrey de Santa Fe, don Antonio Caballero y 
Góngora, que terminantemente dice ser el rio Táchira 
el término de la jurisdicción entre Pamplona y Maracai- 
bo, con estas palabras. Cuando se dividió la Provincia, 
de Maracaibo del Virreynato se señaló por termino diviso- 
rio el rio Táchira. 

La Real Cédula de 12 de marzo de 1790 confirma lo 
dicho por el Virrey. 

La nota del Virrey al Intendente de Venezuela en 
1786, es una prueba terminante de que San Faustino y 
su puerto en la boca del Táchira al Zulia, dependia de 
la Capitanía General. 

La Real disposición de 1795 citada por el Virrey 
Espeleta, manifiesta que San Faustino pertenecía á 
Maracaibo. 

La del Alcalde Ordinario de Pamplona al Virrey, 
cuando el alzamiento de los indios, es otra prueba feha- 
ciente, de que San Faustino era de la jurisdicción de 
Maracaibo. 



100 LÍMITES 

La Memoria del Virrey Mencía de la Cerda, sobre 
las Cajas Reales, expresamente incluye á San Faustino 
en la Provincia de Maracaibo. 

La Fundación de la Arenosa, hecha por el Gober- 
nador de Maracaibo en territorio de San Faustino, á 
solo dos leguas de distancia, es una prueba de hecho 
auténtico. 

Groot, Depons, el Diccionario Geográfico de 1826, 
Humboldt, Oviedo, Alcedo, el granadino Don José An- 
tonio de Plaza, el granadino Dr. Don Joaquín Cama- 
cho, correjidor del Socorro ; y el sabio granadino Cal- 
das, todos contestes, fijan á San Faustino en la Provin- 
cia de Maracaibo, así cuando perteneció al Yirreynato 
como después de agregado á la Capitanía General de 
Caracas. 

Dados estos antecedentes, todos incontestables, s& 
pregunta: si la Real Cédula de 1777 segregó á la Pro- 
vincia de Maracaibo del Virreynato, tal cual era y 
toda entera, y la agregó á la Capitanía General de Ca- 
racas, y si no hubo en ello alteración alguna hasta 
1810, ni siquiera lo pretenden Nueva Granada y Co- 
lombia actual, ¿no es verdad que San Faustino y su 
Puerto, como partes de la Provincia de Maracaibo, á la 
cual han pertenecido siempre, corresponden á la juris- 
dicción territorial de Venezuela ? 

Y si esto es así, % que significaría que por un abuso r 
ó por un error, (tan comunes en aquellos tiempos) hu- 
biese nombrado el Virrey de Santa Fe algún goberna- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEYA COLOMBIA. 101 

dor para San Faustino? ¿Puede una violación de la 
Real Cédula de 1777, ya fuese por error ó por malicia, 
abrogar los mandamientos del Soberano, y anular com- 
pletamente la autenticidad de todos los documentos que 
quedan relacionados % 

Esa, pues, que es la única alegación de alguna 
apariencia, opuesta por la Legación de Colombia al de- 
recho territorial incontestable de Venezuela, carece de 
toda fuerza en el examen actual del uno y del otro 
derecho. 

Y aquí prescindo, de la indudable y muy respe- 
table autoridad del inmaculado patriota, general de 
Colombia y dignidad del Coro Metropolitano de Cara- 
cas, Ilustre Procer José Félix Blanco, que asegura que 
tal nombramiento se hiciera por los Virreyes, por co- 
misión especial del Soberano, según Cédula Real. De- 
esperar es, que esta Real Cédula pueda ser presentada 
en el archivo venezolano. Hasta ahora solo existe el 
documento número 3. 

Por otra parte, son tantos y tan extraños los erro- 
res que se encuentran en la legislación de la antigua 
Metrópoli, respecto á sus Colonias de América, en cuan- 
to á jurisdicción, que no podria ser mayor la arbitra- 
riedad con que distribuía, de manera complicada, ya la 
civil, ya la militar, ya la eclesiástica, ó ya la de Real 
Hacienda. Un ejemplo solo habré de citar. Esa Real 
Cédula de 1777, anexando á la Capitanía General las 
Provincias de Cumaná, Maracaibo, Guayana etc., aña- 



102 LÍMITES 

de la singularidad, de que los Gobernadores de Mara- 
caibo y Guayana, diesen cumplimiento á las provisio- 
nes que en lo sucesivo despachase la Real Audiencia 
de Santo Domingo. (Documento número 9.) Esas mis- 
mas poblaciones de Pamplona, San José de Cúcuta r 
el Rosario y Salazar de las Palmas, aun á despecho 
de las representaciones del Arzobispo Virrey, g no insis- 
tió el Soberano en agregarlas á la Mitra de Mérida de 
Venezuela? Guayana dependia todavía en 1762 del Vi- 
rreynato de Santa Fe, y sin embargo, el Rey dispuso 
que su Gobernador prestase el juramento indispensable 
para entrar en el ejercicio de sus funciones, en manos 
del Gobernador y Capitán General de la Provincia de 
Venezuela y Ciudad de Caracas. (Documento número 
11.) 

\ Tiene algo que pueda constituir un derecho per- 
fecto de dominio territorial sobre San Faustino, el error 
6 la malicia, si es que los hubo, de algún Virrey, nom- 
brando Gobernador para San Faustino, después de 1777 \ 
fecha de la Real disposición en que agregó el Sobera- 
no toda la Provincia de Maracaibo á la Capitanía Ge- 
neral de Venezuela ? 

Creo, con toda la buena fe de mi carácter, que 
dejo completamente destruida, como desaparecida, la 
supuesta fuerza del más serio de los argumentos pre- 
sentados por el señor Murillo, en cumplimiento del 
deber que le imponían sus instrucciones ; y con igual 
evidencia dejaré sin fuerza alguna, las demás con que 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 103 

S. E. debió procurar y procuró sostener las erróneas 
pretensiones del gobierno que le envió. 



XI 



La segunda alegación del señor Plenipotenciario 
colombiano, queriendo sostener derecho territorial de 
su nacionalidad en el pequeño terreno de San Faus- 
tino, se quiere fundar sobre la concesión de un globo 
de tierra, hecha en 1808, por una Junta superior de 
Real Hacienda del Virreynato, á favor de don Juan 
Ángel Noguera, llamando Guar amito al lugar. 

Aún haciendo gracia de la verdad de tal hecho, 
él no tendrá más fuerza en buen derecho, que la que 
pudiera atribuirse á cualquiera otra concesión, que por 
error ó malicia, se hubiera hecho de otro globo de 
tierra, por esa ó por otra Junta del Virreynato, en 
Barquisimeto, Coro ó Caracas. Probado como lo ha 
sido que hasta el rio Tácliira, quedó todo siendo 
territorio de Venezuela desde 1777, con testimonio del 
mismo Virrey de Santa Fe, de todas las demás auto- 
ridades españolas de aquel tiempo, y por el texto de 
las Reales Cédulas y Reales Ordenen, esa equivocación, 
ó ese abuso de tal Junta, ¿puede pretenderse que se 
convierta en prueba de dominio, en diametral oposición 
al tenor de tan buenos títulos? 



104 LÍMITES 

Pero hay más, Guaramito, ó mejor dicho, Gua- 
rumito, como le llaman las cartas geográficas, es el 
nombre de un lugar, que nunca ha sido jurisdicción 
de San Faustino, porque queda al Oriente de la 
quebrada China, lindero de San Faustino por aquel 
lado. Desaparece pues el segundo alegato del señor 
Murillo, de los tres que mejor apariencia tenian. 

El tercero fué la posesión no interrumpida, que 
el señor Ministro tuvo por conveniente atribuirle al 
Virreynato, y á la Nueva Granada ó Nueva Colombia. 

Respecto al primero, responden contradiciendo de 
una manera terminante, las palabras de un Virrey, 
las de todas las demás autoridades españolas ya 
citadas, y las del entonces Soberano. 

Respecto á Nueva Granada y Colombia, la posesión 
ha sido de puro hecho, y contra derecho; y viene 
siendo disputada por Venezuela desde su separación 
de la antigua confraternidad colombiana. Y tanto, que 
fué uno de los tres motivos con que el Congreso de 
Venezuela anuló el Proyecto de Tratado del señor 
Michelena, en 1833 ; y que después, y hasta ahora, ha 
venido siendo un obstáculo para la celebración del 
Tratado de límites. No alcanzo cómo en tales circuns- 
tancias, pudiera caber en la mente ilustrada del señor 
Murillo, que esa posesión, tantos años protestada por 
Venezuela, pudiera alegarse corno" titulo de buen de- 
recho. 

\ Se refiere el señor Ministro á Mérida ó Maracaibo, 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 105 



á cuya jurisdicción pertenecia San Faustino en el 
régimen español hasta 1777 ? Todo aquel territorio 
perteneció al Virreynato. ¿Podia el Capitán General 
de Caracas, reclamar á San Faustino % 

De 1777 en adelante, hasta 1810, perteneciendo ya 
San Faustino, como parte de la Provincia de Mara- 
caibo, á la Capitanía General por mandato expreso 
del Soberano, y por confesión del Virrey y de todas 
las autoridades españolas, ¿ qué habia que reclamar 1 
% Lo que ya se poseia y se poseyó hasta 1820 ó 21, 
cuando San Faustino hizo elecciones para las Cortes 
españolas, como parte de la Provincia de Maracaibo % 

Creada Colombia, desapareció el Virreynato y 
desapareció la Capitanía General, y también la Presi- 
dencia de Quito, y tras de unas Vicepresidencias in- 
terinas, de Venezuela y de Cundinamarca, que luego 
luego se extinguieron, apareció Colombia dividida en 
sus doce grandes Departamentos, que si en lugar de 
tales, en Gobierno central, hubieran sido Estados en 
germina federación, habrían salvado á Colombia y á 
Bolívar y á todos nosotros, Ecuatorianos, Granadinos 
y Venezolanos, de 49 años de Casicazgos, Autocracias, 
Anarquías, desastres y sangre patria. En tal estado, 
en 12 Departamentos la gran República, \ tenia algo 
que reclamar Venezuela, entidad que no existia? 

De 1830 hasta la fecha ¿no ha sido constante la 
protesta de Venezuela por la indebida posesión de 
hecho, que tomó la Nueva Granada de San Faustino? 



106 LÍMITES 

l Qué posesión tranquila es la que se alega ? Eu ma- 
teria tan importante para una y otra hermana, parece 
que no debiera nunca ocurrir pensamiento alguno, y 
menos aún reclamación, que no pueda tener otro 
efecto, que el de prolongar las dificultades, y oscurecer 
una franca y patriótica discusión. 

Sin embargo de tantas y tan claras y fraternales 
demostraciones por parte de la Plenipotencia venezo- 
lana, el señor Murillo, dolorosamente preocupado, llama 
simple rumor, de malísimo efecto en Nueva Granada, 
lo de que Venezuela pretendiese dominio en San 
Faustino ; y llegó S. E. hasta dar el nombre de in- 
juria al alegato venezolano, para atormentar d una 
Nación amiga, por tan insignificante paño de tierra. 
La Plenipotencia de Venezuela se limitó en esta vez, 
como en otras, á lamentar con ingenuo dolor, lo que 
juzgó ser una momentánea y lamentable, aunque pa- 
triótica aberración. 

Y mencionó S. E. el derecho de usucapión, que 
jamas se ha concebido sino por abandono del dueño. 
No sé como pueda imaginarse abandono, cuando desde 
1830, según los protocolos que uno y otro gobierno 
tienen á la vista, viene siendo San Faustino, punto 
cardinal de discusión. 

Llámale el señor Murillo insignificante paño de 
tierra; y en efecto loes por su pequeñísima extensión; 
y lo es para Colombia, bajo cuya autoridad ha desa- 
parecido el poblado, hasta en calidad de aldea, que 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 107 

oficialmente ha sido extinguida por las autoridades 
colombianas. 

Pero no así respecto á Venezuela. Por esa pose- 
sión granadina de hecho del insignificante paño de 
tierra de San Faustino, no ha podido ni puede el 
Estado venezolano del Tá chira tener camino propio 
suyo al rio Zulia, para bajar sus frutos, sin pechos, 
peajes, ni gravámenes indebidos, al lago y al depósito 
de Maracaibo, para ser exportados ; ni puede recibir 
sus consumos del exterior, sin iguales sacrificios, ni 
en el tiempo que pudiera y debiera recibirlos. Este 
es el Aquiles de la cuestión San Faustino. 

Algunos vecinos de Cútuta, abriendo un camino al 
Zulia del lado allá del Táchira, han convertido en 
tributarias suyas á las poblaciones venezolanas de la 
opuesta orilla, que, no teniendo salida propia, tienen 
que someterse á los pontajos, peajes, acarretos, bo- 
degas, etc., del camino colombiano, en un trecho de 12 
ó 13 leguas. Desde 30.000 hasta 60.000 fuertes anuales 
en dinero, cuesta á los pobladores del Estado Táchira, 
según el cuantun de sus cosechas, el tránsito por el 
camino de Cuenta, por esa posesión contra el derecho 
más patente, que han sostenido Nueva Granada y Co- 
lombia actual. Esas 12 ó 13 leguas, en ley de Dios 
venezolanas, tan insignificantes á los ojos del señor 
Ministro, son la mitad de la prosperidad pasada, pre- 
sente y futura del Estado Táchira. Quede Cúcuta con 
su camino, y con todo lo que sea suyo, pero no 



108 LÍMITES 

quieran los Gobiernos nacionales de Venezuela ni de 
Colombia, que ese abuso de 49 años, continúe siendo 
un obstáculo insuperable á las prosperidades del Estado 
Táchira, y un germen funesto de rivalidad entre pue- 
blos hermanos, que sin justicia y sin previsión, van 
comprometiendo cada dia más su porvenir. 

Sinembargo de todas estas verdades, véanse aquí 
las palabras del señor Murillo, calificando la reclama- 
ción de Venezuela. Que sin respetar una posesión de 
dos siglos, tratándose de un pedazo de tierra insig- 
nificante, que para nada necesita Venezuela, la han 
agitado y . la agitan en pos de una temeraria rei- 
vindicación, únicamente con la mira de anular un 
camino productivo, ó con la de vengar una derrota 
industrial á costo, de poblaciones inocentes. " 

¡ Los dos siglos ! ¡ El camino productivo ! ¡ Las 
poblaciones inocentes ! Contesten los lectores, que el 
autor de estas líneas quiere y respeta demasiado á 
Colombia y á su Ministro. 

Quedan sin duda desvanecidos los tres puntos car- 
dinales en la contrarréplica del señor Murillo, y con- 
tinuaré sujetando á lógico y justiciero examen el resto 
de sus argumentaciones. 

XII 

No podia ocultarse á la notable inteligencia del 
señor Murillo, que ese nombramiento del Gobernador 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 109 

de San Faustino por el Virrey de Santa Fe (si es^ 
que se hizo alguno después de la Cédula Real de 1777, 
que agregó la provincia de Maracaibo á la Capitanía 
General) contraviniendo abiertamente á la Real dispo- 
sición ; así como la concesión del globo de tierra en 
Guarumito, fuera del linde de San Faustino ; y como 
el singular alegato de la supuesta prescripción ; debían 
quedar decisivamente anulados en el examen del de- 
recho, quedando reducidos á la categoría de laudables 
esfuerzos suyos, cumpliendo sus instrucciones. 

Apeló en consecuencia á una novedad en extremo 
singular, y á la cual le comprometían, por una parte, 
las órdenes de su gobierno, y por otra, las palabras 
textuales ya citadas del mismo Virrey, en que declaró 
al rio Táchira verdadero confín del Virrey nato por 
aquella parte ; y ademas, la fuerza de esa serie de 
documentos auténticos, y de citas de todos los geó- 
grafos, que antes habrá visto el lector. La novedad 
es del género que los juristas han calificado con el 
nombre de "la coartada." En efecto, si no fuese 
su fragilidad ante la claridad del examen, todos los 
títulos de Venezuela quedarían limitados al punto en 
que el rio Pamplonita desagua en el Táchira, el cual 
desaparecería en aquel punto, para seguir con el nom- 
bre Pamplonita, su tributario, hasta desembocar en el 
Zulia. Es un simple traslado de un nombre, que ha 
venido gozaüdo constantemente hasta ahora el rio Tá- 
chira, para bautizarlo con uno nuevo, que sin embargo, 



110 LIMITES 

se quiere que venga valiendo en buen derecho desde 
tiempo inmemorial. 

Veamos si esa novedad deba tomarse en cuenta- 
para la cuestión límites. 

El sabio Caldas, al decir que el Táchira es el linde 
entre el Virreynato y la Capitanía General, añade "en 
todo su curso hasta su embocadura en San Faustino" 
nombre del puerto que forma el Táchira al desembocar 
en el Zulia. 

Su curso es de Sur á Norte, mientras que el Pam 
plonita viene del Suroeste al Nordeste, hasta desaguar 
en el Táchira. 

La geografía oficial de Colombia, publicada en Bo- 
gotá de orden y bajo la protección del Gobierno en 1863 
(presidiendo la República la alta inteligencia del general 
Mosquera) dice á la página 385, tomo 2.°. lo siguiente : 
"Cuatro miriámetros delante de los cachos queda 
San Buenaventura, en el vértice del ángulo formado 
por la confluencia del Táchira y el Zulia." Tenemos 
pues, que el Táchira es Táchira y no Painplonita hasta 
desembocar en el Zulia. 

El mismo autor (Dr. Felipe Pérez) dice en la pá- 
gina 377: "Cortada (la Cordillera) por el rio P ampio - 
nita antes de unirse al Táchira. " No es pues el 
Táchira el que entra en el Pamplonita, sino éste en aquél." 

La misma geografía colombiana, página 408: "por 
arroyos que recoje el Pamplonita, para seguir con el 
nombre de Táchira en busca del Zulia. ' ; 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 111 

Esas relaciones de mando de los Virreyes, que 
tienen tanto de estériles para Colombia en esta cues- 
tión, como tienen de citadas por su Gobierno, lo único 
en que se refieren á aquel rio Táchira, es para lla- 
marlo límite del Virreynato, y si fuese Pamplonita 

desde donde recibe las aguas de ese nombre, quedarian 
sin demarcación la Capitanía General y el Yirreynato, 
desde el punto de la confluencia hasta las márgenes 
del rio Zulia. j Puede esto concebirse % 

En el proyecto de Tratado d e 1833, pretendió la 
Nueva Granada , para conservar á Sa n Faustino, que e l 
l indero fuese una " Cuma en b usca de la Quebrada de 
don Pedro,''' 1 y en el proyecto de tratado de 1854, pres- 
cinde de la Curva, para hacer que el límite "suba las 
aguas de los ríos La Grita, Guar amito y Quebrada 
China, liasta el origen de esta, y busque luego las 
cabeceras de la de don Pedro. " La carta oficial colom- 
biana de 1864, acepta esta misma división : % de dónde 
procede divergencia tan notable, y de dónde la nueva 
pretensión de traer el límite más al Oriente, y hacerse 
partícipe de las aguas de La Grita y el Guaramito 8 

Buscando el señor Murillo en qué apoyar, con más 
ó menos solidez, el cambio de nombre del rio Tácliira, 
da con un informe de don José Sánchez Cosar (á quien 
llama César) Gobernador Teniente de Justicia Mayor de 
la Villa de San Cristóbal en la Provincia de Mérida, al 
Comandante don Francisco de Alburquerque, y cita con 
algunas inexactitudes uno que otro pasaje, omitiendo 



112 LÍMITES 

los que sin duda no encontraría, y que en lugar de 
favorecerle, lo contradicen palpariamente ; como por 
ejemplo " señalándole por término de su demar- 
cación, por el lado de la ciudad de Pamplona, 
liasta el rio que llaman Cúcuta," El Táchira se llamó 
en lo antiguo rio de oro y rio de Cücuta. 

Otro ejemplo. " Habiéndose ofrecido diferencias 
entre los vecinos de esta Villa (San Cristóbal) y los 
de la ciudad de Pamplona, en vista de las declara- 
ciones que de una y otra parte se recibieron, tocante 
al señalamiento de aquel lindero del kio Cúcuta, Ro- 
drigo de Parada, alcalde ordinario, etc. (de San Cris- 
tóbal,) tomó y aprehendió posesión en el Puerto del 
rio Zulia (boca del Táchira, Puerto de San Faus- 
tino) .... lo que pasó en 23 días del mes de agosto 
de 1578. " 

Otro pasaje del informe en que busca apoyo el 
señor Murrillo, contiene estas palabras : " al Poniente 
confina esta Villa con Pamplona, siendo el término 
el rio Táchira, distante de esta Villa ocho leguas 
más ó menos. " 

La inserción hecha por el señor Morillo, difiere 
del texto original en tales términos, que en un pasaje, 
en lugar de decir á la de Tunja, se dice á la de 
Pamplona. Y llama á Pamplona Provincia, cuando 
en realidad no lo era en aquella fecha. 

Todavía es más decisivo en la materia el informe 
del señor Gobernador Teniente de Justicia Mayor don 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 113 

José Sánchez Corsa, cuando dice " en las riberas del 
rio Táchira y mce-p>arroquia de " Santa Barbara de la 
Mulata'''' {que distará de la parroquia de San Antonio 
al Norte, tres ó cuatro leguas) se mantienen y cul- 
tivan las haciendas, arboledas de cacao, cuyo fruto, 
con el que se recoge de las que hay en jurisdicción 
de Pamplona, y no se conducen para el reyno, se 
embarcan por el rio Táchira, Pamplona y Zulia (los 
tres ya es tino) que junto con el Catatumbo y otros 
dentra en la Laguna de Maracaibo, á donde se destina.'''' 
Establece el mismo informe, que la Quebrada de 
don Pedro era la raya de la jurisdicción de San Faus- 
tinOj y como esta Quebrada desemboca en el Táchira, 
dos leguas más abajo que desemboca el Pamplonita, 
al decir Don José Sánchez Corsa que la Quebrada 
Don Pedro derrama en el Táchira, viene á ser verda- 
dero testimonio de que dos leguas después de haberse 
unido las aguas del Pamplonita y el Táchira, todas 
ellas seguían llamándose Táchira. 

El párrafo 3.° del señor Gobernador y Ccrrejidor 
dice " que en las riberas del Táchira (y no de Pam- 
plonita) está la vice-parroquia de u Santa Bárbara de la 
Mulata,'' 1 y como esta viceparroquia, que era constituida 
por una grande hacienda nombrada " La Mulata''' 
(que todavía existe) principia más abajo de la boca 
del Pamplonita en el Táchira, aparece de manera evi- 
dente, que el señor Corsa llama Táchira aquel rio, 
después de recibir al Pamplonita. 
8 



114 LÍMITES 

El resultado de estas demostraciones, espero que 
sea el convencimiento de que el único apoyo escojido 
por el señor Murillo, para cambiarle su nombre al 
rio Táchira, sustituyéndole el de su tributario el Pam- 
plonita, es un robusto documento probatorio que lo 
contradice. 

El mismo señor Murillo confiesa lo que sostuvo el 
Ministro de Venezuela, cuando dice en su réplica lo 
siguiente: "Efectivamente, el rio Táchira, desde sus 
cabeceras en el páramo Tama hasta donde une sus 
aguas con el rio Pamplonita, y hasta donde le en- 
tra la quebrada de don pedro, sirve de límite por 
esa parte á Venezuela y Colombia. Pues que la Que- 
brada de Don Pedro entra en el Táchira dos leguas 
más abajo que las aguas del Pamplonita, queda con- 
fesado por el señor Murillo, que después de recibir el 
Táchira al Pamplonita, continúa con su nombre Táchira. 

El mismo señor Murillo, en junio de 1868, tra- 
tando en Caracas de esta misma cuestión como Ple- 
nipotenciario de Colombia, en conferencia con el de 
Venezuela, del dia 2 de ese junio, protocolizó estas 
palabras " que según los datos que tiene su Gobierno, 

la línea divisoria debe ser la siguiente continuando 

por la serranía hasta las vertientes del Táchira; éste 
aguas abajo hasta la Quebrada de San ó Don Pedro. " 
De modo que en 1868 era todavía en concepto del 
señor Murillo rio Táchira, la línea divisoria, después 
de haber recibido las aguas del Pamplonita. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 115 

Y esto no tiene nada de extraño ; porque lo mismo 
creia y lo mismo declaró el Congreso granadino en 
1834, al aprobar el artículo 27 del proyecto de Tra- 
tado de límites del señor Michelena, desaprobado por 
el Congreso de Venezuela, cuando reconoció la verdad 
de que el Táchira conservaba su nombre después de 
recibida la Quebrada de Don Pedro, que desagua en 
él después del Pamplonita. 



XII [ 



Terminemos ya la confutación de, esa singular 
novedad, con la cual ha pretendido el Gabinete de 
Bogotá convertir el Táchira en Pamplonita,, como 
Jhuye el derrotado del campo de batalla, para haber 
de rehacerse en una nueva posición. Vengan ahora á 
robustecer la verdad todos los geógrafos y todas las auto- 
ridades, que legitiman de manera auténtica el nombre 
de Táchira, á las aguas que nacen en. el páramo 
Tama, reciben entre otras vertientes las del Pamplonita 
y Quebrada de Don Pedro, y siguen á desembocar en 
el Zulla, formando el puerto de San Faustino. 

El sabio granadino Caldas, el célebre geógrafo, 
-astrónomo, físico y naturalista de la Nueva Granada, 
¿ablando del Táchira dic^ : " Es limite del Virrey- 



116 LÍMITES 

nato en todo su curso hasta su desembocadura en 
San Faustino. " 

El gran Diccionario francés de 1826 dice : ' ' San 
Faustino de los Rios .... Ciudad de la Capitanía Ge- 
neral de Caracas, á 52 leguas al Oeste de Barínas, y 
17 leguas al Norte de Pamplona. " 

El mapa dedicado al señor Obispo Mariano Marti en 
1787, llama TácMra al rio que desemboca en el Zulia. 

La carta geográfica del eminente granadino y co- 
lombiano Gran General Mosquera, conserva y respeta 
al TácMra su propio nombre, hasta desembocar en 
el Zulia. 

Y esta carta trae la nota siguiente : 

Nota. — "Esta carta ha sido trabajada sobre la de 
Colombia publicada por el coronel Codazzi en el Atlas 
de Venezuela ; pero corregida en cuanto á Nueva Gra- 
nada en sus límites, dirección de Cordilleras, curso de 
muclios ríos, costa del Pacífico, y varias posiciones 
geográficas. En cuanto al territorio de Venezuela, 
nada se ha variado, como que es el trabajo más com- 
pleto que se conoce. " 

Codazzi conserva su nombre al TácMra hasta de- 
rramar en el Zulia, en todas sus cartas geográficas. 

El mapa de H. Kiepert "América tropical," dedi- 
cado á Humboldt, da el nombre de TácMra al que 
desemboca en el Zulia. 

El de Pond y Kyle da el mismo nombre á las mismas 
aguas. 



ENTRE VENEZUELA T NUEVA COLOMBIA. 117 

El de Sud-Aniérica por Stanford, Londres, el propio 
nombre hasta salir al Zulia. 

El gran mapa Dorsy de la Rochette, publicado en 
1807, con el nombre de Colombia prima, como los ante- 
riores, TácJiira hasta entrar al Zulia. 

Lo que vale todavía más. El mapa Corográfico de 
la moderna Colombia, publicación oficial, hecha (así lo 
dice) en la Administración del Dr. M. Murillo, y bajo 
la inspección del Gran Gfeneral T. C. de Mosquera. 
Este mapa oficial de Colombia, llama Tácliira al rio 
que sale del páramo Tama, no solo hasta donde se 
le reúne el Pamplonita y después la Quebrada Don 
Pedro, sino en todo su curso hasta caer al Zulia. 

Juzgue ahora el lector la frase del señor Murillo, 
en que para asomar la novedad de ese despojo de su 
nombre al rio Tácliira, empieza por decir : "que todos 
los razonamientos» del Ministro venezolano se fundan 
en un error topográfico." El error topográfico, es ese 
que está analizado en todo lo que queda escrito. 

Agreguemos un razonamiento más. ¿Cómo es que 
ningún documento, ni antiguo ni moderno, dice que 
Pamplonita sea límite entre el Virreynato y la Capi- 
tanía General, ó entre las Provincias de Pamplona y 
Mérida % 

Destruidos los tres primeros fundamentos de la 
réplica del señor Murillo, en cuanto á San Faustino^ 
y hecho ya imposible que se vuelva á querer desbau- 
tizar al rio Táchira, lindero del Virreynato con la 



118 LÍMITES 

Capitanía General de Caracas, según el Arzobispo y 
Virrey de Santa Fe, Ilustrísimo y Excelentísimo señor 
Góngora, pasemos revista á las otras pretensas pruebas, 
con que quiso cumplir sus deberes el señor Ministro 
granadino. 

Acusó de infidelidad al Ministro venezolano, por 
supresión de una coma, y de la palabra San Faus- 
tino, en una cita de un extracto de cierta relación 
de mando de Virrey. — El Ministro de Venezuela, mui 
distante de la vulgaridad de creerse infalible, juzgo 
posible que hubiese cometido un error, nunca una 
infidelidad; palabra que devolvió muy cortesmente al 
señor Murillo. Para convencerse, pidió á S. E. vista 
de los documentos de su archivo, pues que ya le 
habia presentado todos los suyos, y obtuvo por res- 
puesta, que no estaban en su poder las relaciones de 
mando. ¿Cómo pudo pues el señor Murillo hacer ese 
cotejo, para el cual eran ellas indispensables ? Como 
ese incidente pudiera encontrarse por algún lector 
meticuloso en el cuerpo entero de las conferencias, ha 
sido necesario mencionarlo aquí, para no dejar duda 
en punto alguno. 

Dijo el señor Murillo, "que San Faustino fué 
fundado en el país de los CMnatos, por capitulación 
con la Audiencia de Santa Fe" ; y estoes así; pero 
prescinde S. E. de que perteneció desde entonces á la 
Provincia de Mérida, que dependía del Virreynato, y 
que fué después agregada á la Capitanía General. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 119 



Esto consta hasta del historiador granadino Dr. José 
Antonio de Plaza, que á la página 251, en 1850, dice 
lo siguiente: " Indios Chinatos y Lobateras de la 
Gobernación de Mérida." 

Maracaibo fué incorporado á Mérida, y se llamó 
la Provincia Mérida de Maracaibo ; y quedó adscrita 
al Virrey nato ; pero perteneciendo á esa nueva Pro- 
vincia San Faustino, como San Cristóbal, La Grita, 
etc. 

Que el Virrey Solis de Cardona, en 1760, ordenase 
que los esclavos y gente de servicio en las haciendas, 
hiciesen el de rondas contra los Motilones, con armas 
que fueran de Maracaibo, no prueba sino que los indios' 
Motilones, enemigos de España, le hacían la guerra 
en las fronteras de las dos provincias Pamplona y 
Mérida. El Virrey mismo dice, que aquella era una 
providencia interinaría mientras resolvia su Majestad 
cierto proyecto, con la concurrencia de la Compañía Gui- 
puzcoana. Aquí resalta la verdad que queda asentada 
arriba. Era defensa común contra enemigo común, 
porque decir Compañía Guipuzcoana, era decir juris- 
dicción de Venezuela. 

La relación del estado del Virreynato, escrita por 
el Fiscal don Francisco Antonio Moreno, de orden del 
Virrey don Pedro Mecia de la Cerda, fué citada por 
el señor Murillo, como para probar deslinde entre 
Maracaibo y San Faustino ; pero escrita la memoria 
en 1772, y habiendo pertenecido Maracaibo al Virrey- 



* 



120 LÍMITES 

: • 

nato liasta 1777, el argumento no puede ser más 
débil ; y vamos á verlo, además, completamente inu- 
tilizado, con las palabras mismas de la relación de 
Moreno. Son las siguientes : 

"Tiene asimismo (el distrito de la Audiencia de 
Santa Fe,) siete gobiernos políticos situados al in- 
erior, conviene saber: Antioquía, Chocó, Veraguas, 
Mariquita, Girón, Neiva y los Llanos. No está com- 
prendido San Faustino entre los distritos de la Audiencia 
de Santa Fe, pues no es ninguno de los siete que 
cuenta el señor Fiscal. Sí nombra después á San 
* Faustino, pero es para decir, que su gobernador era 
le la provisión del Virrey en 1772. Este punto del 
nombramiento atribuido al Virrey, fué ya esclarecido 
en páginas anteriores. Resulta que la cita de S. B., 
lejos de probar que San Faustino pertenecía á los distritos 
de aquella Audiencia, prueba lo contrario, porque 
según el fiscal Moreno, no eran sino siete los distritos, 
y no figuraba entre ellos San Faustino. 

Empéñase el señor Murillo en que San Faustino 
no pertenecía á Maracaibo, cuando fué unido á Vene- 
zuela en 1777, pero probado que se fundó en terri- 
torio de San Cristóbal, y que San Cristóbal pertenecía 
á Mérida, y Mérida con Maracaibo formaron uña sola 
Provincia, llamada Mérida de Maracaibo, perteneciente 
al Virreynato, no pudiera ser más evidente, que al 
agregar el Soberano esa Provincia á la Capitanía Ge- 
general en 1777, entró en ella San Faustino, como 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 121 

todo lo perteneciente á la Provincia en que fué fun- 
dado del lado acá del rio Táchira. 

Don José Sánchez Corsa dice, seguu la cita del 
señor Ministro de Colombia, lo siguiente: "Al Norte 
confina (San Cristóbal) con la de San Faustino y la 
raya, que es la quebrada don Pedro. " Y esto no se 
refiere sino á San Cristóbal, que en efecto lindaba 
con San Faustino por dicha Quebrada, pero no á la Pro- 
vincia de Mérida ni á Maracaibo. 

Lo que el señor Murillo pudo encontrar fácilmen- 
te, en lo dicho por el Virrey Sánchez Corsa, es lo 
siguiente: " Al Poniente confina esta Villa (San Cris- 
tóbal) con Pamplona, siendo el término el rio de 
táchira, distante de esta Villa ocho leguas más ó 
menos. He aqui otro Virrey, citado por el señor 
Murillo, y contradiciendo á S. E. 

Todavía más: el Virrey añade: " En las riberas 
del rio Táchira y mee-parroquia de Santa Bárbara de 
la Mulata," etc. Aquí está confirmado que el Táchira 
era Táchira después de recibido el Pamplonita, pues 
que Santa Bárbara de la Mulata no está antes de la 
conjunción, sino leguas después de ella. 

Cuando Sánchez Corsa dice, hablando de San Cris- 
tóbal ; " Al Norte confina esta jurisdicción con la de 
San Faustino, " no hace sino demarcar dos jurisdic- 
ciones subordinadas y pertenecientes á una misma 
Provincia, que era la de Mérida, y esas palabras nada 



122 LÍMITES 

prueban en la discusión del límite entre el Virrey- 
nato y la Capitanía General. 

En otra inserción del señor Murillo de lo dicho 
por Sánchez, le hace terminar con estas palabras "pro- 
longándosele á la de Pamplona. " Aquí sufrió el 
señor Ministro otra vez la consecuencia del descuido de 
su copista. Lo que el original dice es "prolongándosele 
8 la de Tunja. " Lo mismo acontece con un " distante, " 
que no se encuentra en el original. También falta la 
coma, que se encuentra en el original después de las 
palabras capital de Pamplona. 

Se citaron al señor Plenipotenciario colombiano, en 
apoyo de los derechos territoriales de Venezuela hasta 
el rio Táebira, los siguientes pasajes del Arzobispo y 
Virrey de Santa Fe, señor Gongo ra, relativos á la erec- 
ción del Obispado de Méridá. 

1.° Que su Ilustrísima, al recibir el anuncio, no 
advirtió que Pamplona, San José de Qúcuta y el Ro- 
sario, estaban adscritos á la nueva Mitra. \ Por qué 
no incluía el Arzobispo Virrey en su reclamación á San 
Faustino, como lo habría hecho si lo considerase del 
lado allá de la frontera \ 

2.° Estima el señor Góngora justísima la erección 
del nuevo Obispado, pero solo dentro de los límites de 
la Provincia de Maracaibo, y pide que se excluya de 
la nueva jurisdicción del Obispado de Mérida á Pam- 
plona, San José y el Posario. \ Creia el señor Arzo- 
bispo Virrey que San Faustino pertenecía á la juris- 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 123 

dicción del Virreynato ? \ No confesaba que pertenecía 
á Maracaibo ? 

3.° Palabras del Ilustrísimo señor Arzobispo y Ex- 
celentísimo Virrey, repetidas en la Real Cédula en 
que le contesta el Soberano: "Cuando se dividió la 
enunciada Provincia de Marojcaíbo del Virreynato, 
se señaló por término divisorio el rio TácMra que 
corre en el valle de Cúcuta. " Aquí está contestada 
por la autoridad suprema del Virreynato, la pretensión 
del Gobierno granadino y Neo-colombiano, sostenida 
por su ilustrado Plenipotenciario. 

Singular, mui singular es, que cuando la Nueva 
Granada y Colombia han venido tantos años alegando 
las tales relaciones de mando de sus antiguos Virre- 
yes, (sin que en ellas se lea ni una palabra termi- 
nante en la cuestión de límites) al presentar Venezuela 
las únicas que se encuentran en esas relaciones, per- 
tinentes y decisivas en la cuestión, el señor Plenipo- 
tenciario de Colombia prescindiera de ellas, hasta el 
punto de no considerarlas vistas en la exposición del 
de Venezuela. En las que acaban de copiarse, consta 
que el Virrey no consideraba á San Faustino, sino fuera 
de su jurisdicción ; y que el TácMra es el TácMra, y 
que así TácMra, era el limite entre él Virreynato y la 
Capitanía General. 



124 LÍMITES 



XIV 



Supone el señor Ministro de Colombia en su répli- 
ca, (que no contra-réplica) que el de Venezuela omitió 
al citar la exposición del señor Espeleta, el nombre 
de San Faustino, y supone también la omisión de una 
coma. Llama esta supuesta omisión infidelidad, y el 
de Venezuela, encargado por su Gobierno de una ne- 
gociación tan grave para dos países que quiere con efu- 
sión como su propia patria, hizo en esta vez lo que 
en otras, que pueden verse en el grueso tomo de la 
negociación de límites. — Observar á S. E., muy cortes- 
mente, la inconveniencia de la palabra. En esta oca- 
sión probó Gruzman al señor Murillo, que habia sido 
exacto : y que, no infidelidad, pero sí dos errores, 
sin duda del copista de S. E., eran causa de las dife- 
rencias, que resaltan en la copia que trae S. E. de la 
exposición del Virrey Espeleta. 

El señor Murillo la asienta del modo siguiente : 
" Con efecto, el tiempo lia hedió ver que no eran 
vanos estos recelos, pues que en el año pasado de 1793 
se me previno de Real Orden, que informase acerca de 
las ventajas ó inconvenientes que resultarían de agregar 
á la Provincia de Maracaibo las cuatro jurisdiccio- 
nes de Pamplona, San José y el Rosario de Cúcuta, 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 125 

la ciudad de San Faustino y la de Solazar de las- 
Palmas y acaso también Ocaña" 

Si esta copia del señor Ministro dice exactamente 
lo que dice el original, (que tampoco tiene S. E. en 
su poder) resultará el señor Espeleta no sabiendo con- 
tar ; porque nombraría tres jurisdicciones para comple- 
tar cuatro ; y agregarla tres ciudades con las cuales 
completaría seis anexiones. Duro es consentir en un 
grado de ignorancia tan completa en el Virrey de Santa Fe. 

Pero he aqui lo que en consecuencia, estimó con- 
veniente protocolizar en seguida el señor Murillo. 

" Aliora veamos lo que dijeron los dos últimos 
Virreyes, y especialmente lo que asevera Espeleta, so- 
bre la solicitud que se hizo al Rey, y que este desecho, 
para que se agregara á Maracaibo las clatro juris- 
dicciones DEL CORREGIMIENTO DE PAMPLONA, Á SABER: 
SAN JOSÉ Y EL ROSARIO DE CÚCUTA, LA CIUDAD DE SAN 
FAUSTINO Y LA DE S ALAZAR DE LAS PALMAS." 

Es en este párrafo del señor Ministro de Colombia, 
que se encuentran dos diferencias entre sus dos inser- 
ciones, cortas en letras y muy fecundas en resultados. 
Después de las palabras Corregimiento de Pamplona, 
estampa el señor Murillo un á saber, que no está en 
la copia que S. E. habia insertado del pasaje de Es- 
peleta. Tampoco se encuentra en él la palabra Corre- 
gimiento, y son esas dos palabras, añadidas, y también 
la coma que precede al á saber, los que vienen á ser- 
vir de fundamento al tema del señor Ministro. 



126 LÍMITES 

Con esa estructura distinta, queda excluida la 
Ciudad de Pamplona de la reclamación hecha al 
Rey en cuanto á la novedad de agregarla á la de 
Maracaibo ; y esa omisión de Pamplona, producto de la 
coma, el Corregimiento y el á saber, dan lugar para 
que se complete el número cuatro del Virrey Espétela, 
con San Faustino, quedando reclamadas San José de 
Cúcuta, el Rosario, Salazar de las Palmas, y lo que 
necesitaba el señor Murillo, el disputado San Faustino. 

Si Pamplona, San José, el Rosario y Salazar de las 
Palmas, estaban reclamadas por el Virrey, para que no 
entrasen en la Diócesis de Mérida, \ como excluye el se- 
ñor Ministro á Pamplona en el pasaje de Espétela, y 
coloca en su lugar á San Faustino, para completar el 
número cuatro? 

Lo que hay también de singular en esto de las re- 
laciones de mando de los \ Virreyes, mezquino arsenal de 
las armas con que se quiere defender la injusticia, es 
que, pedidas por el Ministro de Venezuela al señor Mu- 
rillo, declaró S. E. que no las tenia, mientras que el 
archivo de Venezuela, de 24 volúmenes, todo entero se 
puso á la vista de S. E. Quizás por eso de no tener- 
las, será que se notan, no infidelidades, pero sí erro- 
res y contradicciones en lo expuesto por S. E. 

La Real Cédula de 12 de marzo de 1790, incluye 
los términos en que el Arzobispo Virrey habia funda- 
do su reclamación, y en ellos se lee lo siguiente : 
''''Pero habiendo advertido después que en la expresada 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 127 

Cédula de 10 de diciembre se hallaba individualizado 
el nombre del pueblo de Pamplona, y parroquia de 
San José, etc., etc." 

De modo que fué totalmente infundado lo de ex- 
cluir á Pamplona para introducir á San Faustino. 
Reclamaba el señor Góngora todo lo que estaba del 
otro lado del Táchira, que según el mismo limo, señor, 
era el confín del Virreynato, según se ve en las pala- 
bras siguiente de Su lima. 

" Guando se dividid la enunciada provincia de 
Maracaibo del Virreynato, se señalo por término divi- 
sorio el rio Táchira, que corre en el Valle de Cúcuta, 
quedando desde él al otro lado por territorio de la mis- 
ma provincia y jurisdicción de la ciudad de Pamplona, 
en que se hallan situadas las parroquias de Nuestra 
Señora del Rosario, la de San José, Pueblo de Cúcuta, 
y otras hasta dicha ciudad, que dista trece leguas de la 
raya; por cuya razón debiendo ser la erección de la 
referida, Diócesis dentro de aquella Provincia (Mérida 
de Maracaibo) no debia incluirse en ella estas poblacio- 
nes. ." 

En otro pasaje dice el Virrey : "De modo que, pa- 
ra las forzosas visitas de los respectivos Prelados ha- 
brían de transitar en la cortísima distancia que va di- 
cha POR TERRITORIO AGENO." 

En la Real Cédula se encuentran estas otras pala- 
bras, como escritas por el Virrey. " Que á esto se ana- 
dia, el que la nominada Ciudad de Pamplona y su 



128 LÍMITES 

jurisdicción hasta la explicada raya, correspondía al 
Corregimiento de Tun_ja" 

Otro pasaje de la Real Cédula, insertando lo dicho 
por el Virrey: " Que no sabia como podía sostener 
el nuevo Prelado su autoridad, queriendo extender su 
territorio á más de lo que contenia la enunciada Pro- 
vincia de Mar atiabo." 

Sin embargo de la fuerza de las demostraciones an- 
teriores, el señor Murillo creyó estar autorizado para 
asentar, que las pruebas de Venezuela " se estrellaban 
por la perentoriedad de las expuestas por S. E." 

Otro alegato de S. E. fué el de que los constitu- 
yentes de la antigua Colombia, en la Villa del Posa- 
rio, á orillas del Pamplonita, decretaron la división 
territorial de la gran República, adscribiendo á San 
Faustino al gobierno de Pamplona. 

Aquí hay un error topográfico. El Rosario no está 
sino á la margen misma del Táchira, dos leguas antes 
de reunírsele el Pamploiiita. Es este el que nace» á 
inmediaciones de Pamplona. 

El TJti possidettis que rige en la cuestión límites, 
es el de 1810, y no el de 1821. 

La ley de división territorial de Colombia, no fué 
dada en 1821 sino en 1823. 

Legislando la grande y gloriosa Colombia sobre su 
extenso y fecundísimo territorio, no tenia para que ocu- 
parse del Uti possidettis de 1810. sino de dividirlo, 
de acuerdo con las conveniencias de aquel tiempo y 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 129 

de aquella situación. No había Estado granadino de 
Santander, traspasando el TácMra, é impidiendo al Es- 
tado TácMra, venezolano, el camino de sus importa- 
ciones y exportaciones. El heclio actual es, por la in- 
fausta separación de 1830, que el Táchira resulta tri- 
butario de Santander, con violación del principio del 
Uti possidettis de 1810, por no respetarse la división de 
derecho, reconocida por el Virreynato, que era y es la 
que marca el rio TácMra. 

Pretendió el señor Murillo hallar algo en favor de 
sus pretenciones, en la obra de Baralt y Díaz ; pero como 
en ella no hay una sola palabra re'ativa á San Faus- 
tino ¡ que desmienta el límite del Táchira, no en- 
cuentro que haya materia de contestación. 

En distintos lugares de la réplica del señor Murillo, 
aparece que el G-obernador de Maracaibo ejerciera juris- 
dicción en San Faustino, cuando Ja Provincia dependía 
del Virreynato, y no se concibe porque no la ejerciera 
después de 1777, en que fué agregada á la Capitanía 
General, siempre de carácter bélico. 

Hasta por tres veces dice el señor Ministro colom- 
biano, que se llamara San Faustino todo el curso del 
rio, desde su nacimiento cerca de Pamplona, hasta su 
entrada en el Lago de Maracaibo. 

En tal aserto hay varias equivocaciones. El TácM- 
ra no nace cerca de Pamplona, sino en el páramo de 
Tama. El que nace cerca de Pamplon i es el Pamplonita, 
que desaparecería, siendo verdad lo dicho por S. E. 

9 



130 



LIMITES 



Sin embargo, el señor Murillo fué tan lejos en su 
fervor, que llamó fuegos de artificio las argumentacio- 
nes incontestables del Ministro de Venezuela, y las ca- 
lificó como demostraciones capaces de fascinar. 

Cabe que, así como hay licencias poéticas, consen- 
tidas por el arte divino del padre Homero, se consien- 
tan licencias prosaicas, en cuestiones de derecho. 

Llama S. E. también novedad, lo de que el Táclii- 
ra sea el límite entre el Virreynato y la Capitanía 
General ; y lo llama una especie, y también lo llama 
un rumor. 

Pero esa novedad tiene para hoy un siglo en- 
tero de confesada por el Arzobispo Virrey de Bogotá, 
y por lo menos, desde entonces hasta ahora ha debi- 
do venir perdiendo su extrañeza, para que á los cien 
años deje de ser ya simple especie, y esté distantísi- 
ma de lo que llamamos rumor. 

En cuanto á los fuegos de artificio, como no dejan 
de tener semejanza con los rayos de luz, yo los con- 
signo al juicio de mis lectores. 

El informe del Oidor Fiscal de Santa Fe, que ale- 
ga el señor Murillo, es un documento en que quiere 
aquel funcionario apoyar la solicitud del oficial Real 
de Pamplona, el cual pretende, que se le autorice 
para ingresar en las cajas que administra, el produc- 
to de los remates del arriendo del puerto de San Faus- 
tino, que se estaba enterando en las cajas de Mara- 
caibo. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 131 

¿Pero no prueba esa misma solicitud, que esos 
productos estaban ingresándose en Maracaibo, como 
quedaron después, como quiera que San Faustino era 
parte de aquella Provincia \ % Qué fuerza tiene esa 
petición ? Ella es una prueba de lo que sostenía el 
Ministro de Venezuela. Cuando se ocurre buscando 
apoyo á tan débiles argumentos, se está confesando 
que no los hay mejores. 

Llama dédalo el señor Murillo la larga serie de 
providencias administrativas, que constan en los 24 
tomos del archivo de Venezuela, para probar el ejer- 
ció constante de jurisdicción territorial sobre San 
Faustino, desde 1777 hasta 1810. 

Pero el dédalo, como todo laberinto, es un lugar 
donde nunca se pierde el que lo ha estudiado, el 
que se explica lo intrincado de sus sendas, ni el que 
conoce el rumbo que da salida á la espléndida luz 
del Sol. 

Vuelve el señor Ministro de Colombia á argumen- 
tar con la " Fundación de San Faustino" por comi- 
sión del Presidente de la audiencia de Sania Fe. 

Olvidaba S. E. que en esa fecha la Provincia de 
Mérida, que incluía á San Faustino, pertenecía al Vi- 
rreynato. En esta actualidad, ¿es pertinente tal argu- 
mento en la cuestión de límites ? 

Vuelve á buscar apoyo en el nombramiento atri- 
buido al Virrey, del gobernador de San Faustino. 

Necesario es repetir, que cuando así lo dispuso el 



132 LÍMITES 

antiguo Soberano, ese San Faustino, con toda la Pro- 
vincia de Mérida, pertenecían al Virreynato, y que 
aparte de que no consta que hiciera uso el Virrey 
de esa facultad, desde 1777 hasta 1810, en caso de 
haberlo hecho, no seria sino un error ó un abuso, 

s que la Provincia entera de Maracaibo, como la 
de Mérida, estaban segregadas del "Virreynato de una 
manera explícita y terminante, en la Real Cédula de 
1777 ; y que en ningún caso puede alegarse la viola- 
ción de la ley, para sobreponerla á la autoridad de 
la ley. 

Vuelve S. E. á pretender, que el Rey negara la 
agregación de San Faustino, San José, el Rosario y 
Salazar de las Palmas á la Provincia de Maracaibo. 

Es pues indispensable repetir, que en lugar de ese 
San Faustino, fué Pamplona la que con San José, el 
Rosario y Salazar, negó el Rey que dejaran de per- 
tenecer al nuevo Obispado de Mérida, y de ningún 
modo hizo mención el antiguo Soberano de la Provincia 
de Maracaibo. 

Supone el señor Ministro de Colombia, que en cier- 
to pasaje de la primera exposición del de Venezuela, 
"quedaron huellas de una conmoción distinta de la 
enunciada en ella?'' Repetiré en esta vez lo que dije 
entonces. Esto es grave ; y solo continuará el Minis- 
tro de Venezuela en el ímprobo trabajo de este exa- 
men, con sacrificio de su propia estimación, porque 
consagrados á la Patria, sociego, fortuna y vida, con- 



ENTRE VENEZUELA T NUEVA COLOMBIA. 1§& 



sagrádole está el sacrificio del justo orgullo. Como 
no cita S. E. el pasaje de esa singularidad, y como el 
aserto está fuera de todos los límites de lo posible, 
para quien ha pasado por medio siglo de vicisitudes, 
algunas dolorosísimas y no pocas extremas, por fideli- 
dad á su propia conciencia, queda este punto como 
final. 



XV 



Llama el señor Murillo "un hallazgo para sus- 
tentar una especie, " el de la Real Cédula de 1783, en 
que apa recen las representaciones del Arzobispo Virrey- 
de Santa Fe, reclamando que Pamplona, San José, 
el Rosario y Solazar de las Palmas quedasen en la 
Diócesis del Virreynato, por estar del otro lado del 
rio Táchira, que reconoce el Virrey como límite entre 
el Virreynato y la Capitanía General. 

Esta especie de juicio de S. E., ó modo de juzgar 
de S. E., apenas puede explicarse por la honda pena 
que debió causarle el hallazgo, no de una especie, sino 
de una Real Cédula, en que aparece fehaciente la con- 
fesión del Virrey de Santa Fe, de que el rio Tácliira 
era término de su jurisdicción, y de que no reclamaba 
á San Faustino por estar de este lado del lindero. 

Y no es menos singular que esa calificación, . la ma- 



134 LÍMITES 

ñera en que quiso entender el señor Plenipotenciario 
de Colombia la confesión del Virrey, y los términos 
de la Real Cédula. 

Alega que el Prelado Virrey no menciona á San 
Faustino. 

i Cómo habia de mencionarlo, si lo que reclamaba 
era lo que estaba del otro lado del Táchira, y San 
Faustino estaba de este otro lado % El señor Ministro, 
en esta alegación, concordaba perfectamente con la 
verdad del caso, y con el Ministro de Venezuela. Sí, 
señor : el S. Góngora no reclamaba á San Faustino. 

Trató con desden el señor Murillo, tanto á Groot 
como á Plaza, autoridades invocadas por el Ministro 
de Venezuela; pero sabiendo el lector que el primero 
de esos autores es el de la célebre " Historia eclesiás- 
tica y civil de la Nueva Granada," y quien fué Plaza, 
el eminente granadino, ese desden será juzgado por el 
lector. 

Tómase el trabajo S. E. de impugnar al Ministro 
de Venezuela, atribuyéndole haber dicho en algún pasaje, 
que el Táchira quedó sirviendo de límite entre la Dió- 
cesis de Santa Fe y la de Mérida. Como en este caso 
resulta enteramente inexacto eso que se atribuye al 
Ministro de Venezuela, que nunca dijo tal, este error 
de S. E, no podrá atribuirse á su copista, y habrá 
que pasar por la pena de reconocer, que aun los más 
elevados talentos de nosotros los mortales, son suscep- 
tibles .del error y de la equivocación, sobre todo. 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 135 

cuando la suerte nos depara deberes de buen éxito 
imposible. 

Repudia también el señor Murillo al Dr. Joaquín 
Camacho, abogado de la Real Audiencia de Santa Fe 
y Corregidor de la Villa del Socorro, tan cercana á la 
frontera, el cual escribe en 1809 ; y también repudia 
al ilustre Caldas. Para esto se acodera de nuevo 
S. E., en aquella su novedad, de no ser el Tá- 
cliira Táchira ; lo cual queda suficientemente analizado 

ya. 

Dice el señor Murillo lo siguiente: " Lo que no 
puede probarse nunca, es que pasando la boca de la 
Quebrada de don Pedro arriba de San Faustino, el 
rio que forman ya el Táchira y el Pamplonita se 
haya llamado en toda esa época anterior á 1810, y 
tal vez á 1830 Táchira. " 

El señor Ministro se contestó por sí mismo en 
este pasaje, destruyendo con la verdad, que coufiensa, 
el error mismo que quería sostener. Pues que la Que- 
brada de don Pedro desemboca en el Táchira, según 
el señor Murillo, y pues que el Pamplonita lia desem- 
bocado ya en el mismo Táchira, dos leguas antes, 
queda probado por el señor Murillo, que después de 
la desembocadura del Pamplonita, siguen aquellas 
aguas con su nombre de Táchira, como lo dicen todos 
los geógrafos, y todos los mapas conocidos, recibiendo 
después las de la Quebrada Don Pedro. 

Errado anduvo S. E. al decir que el Pamplonita y 



136 LÍMITES 

el TácMra se reúnen como trece leguas ai Norte de 
San Faustino. Los mapas, los geógrafos, y I03 actuales 
conocedores de aquel territorio, dicen todo lo contrario : 
dicen que el TácMra recibe al Pamplonita al Sur de 
de San Faustino, y á cuatro ó cinco leguas de aquella 
ciudad. Es el Tácliira el que en su curso hasta el Zulia, 
dista esas trece leguas de San Faustino. 

Que el Padre Simón llame Pamplona al rio Zulia, 
es una singularidad que pudiera llamarse extravagante, 
por única ; pero en la cuestión Táchira ó Pamplonita, 
la cita carece de pertinencia. Este Reverendo Simón 
era desdichado en topografía. Le da al Lago cincuenta 
leguas en su diámetro mayor, cuando solo tiene poco 
más de la mitad, ni tiene de ancho sino veinte leguas, 
en una parte y treinta en otra, en lugar de ochenta. 
Califica S. E. de inútiles todas las autoridades que 
se le habian citado, probando que el Tácliira era el 
límite, porque dice que eso nadie lo ha negado, hasta 
donde recibe las aguas del Pamplonita. 

Prescinde S. E. de una manera todo nueva, de 
que esas autoridades dan uniformemente el nombre de 
TácMra á los aguas que desembocan en el Zulia. 

La relación del estado del Virreynato en 1772 y la 
del señor Guirior en 1786, citas del señor Murillo, no 
prueban sino que el Zulia se llamo rio de San 
Faustino, en cuyas selvas habitaban los indios Moti- 
lones, enemigos del Virreynato y de la Capitanía Ge- 
neral. Por esto dijo el ilustre Cálelas, que los límites 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 137 

del Virreynato atravesaban hasta las montañas de los 
Motilones del otro lado del Zulla. Ese rio de San 
Faustino no podía ser otro que el Zulia, único rio 
navegable (con hartas dificultades) pnes nnnca lo han 
sido ni lo son el Pamplonita ni el Táchira. 

En la cita de S. E. de don José Sánchez, hai 
variantes que es necesario mencionar aquí. No dijo 
Sánchez, " hasta él rio que llaman Cúcuta " sino " liasto, 
él rio que llamaban Cúcuta. " Tampoco dijo " cuyo 
fruto con él que se recogía," sino " cuyo fruto con él 
que se recoge." Amen de otros de menor cuantía. 

Cita el señor Ministro el capítulo 16 del " Viaje 
de Humbóldt á las regiones equinocciales /" pero como 
ello no prueba sino que se llamó San Faustino en 
aquel tiempo al rio Zulia, pues que ni el Pamplonita 
ni el Táchira fueron ni son navegables, no tiene la cita 
pertinencia en la cuestión. 

Dice el señor Murillo que ese nombre TácMra, 
solo se debe á los esfuerzos de irnos y la indiferencia 
de otros, y que data desde 1830. Otra cosa dicen 
todos los documentos y autoridades antes citados. 
Otra cosa dirán los que han hecho en el Estado gra- 
nadino de Santander tributario suyo al Estado vene- 
zolano del Táchira. \ Cómo habían de ser indiferentes 
al cambio de nombre de las aguas divisorias, esos 
especuladores del Camino de Cúcuta al rio Zulia % 

Ademas ; \ padeció también esa indefer encía el go- 
bierno granadino de 1833, y el congreso granadino de 



138 LÍMITES 



1834, llamando TácMra la corriente que desemboca en 
el Zulia f ¿También ]a padecieron la legación, el go- 
bierno y el congreso venezolanos, al desaprobar el pro- 
yecto de Tratado Michelena ? 

Dice el señor Murilio, que la oposición (verdadera 
protesta) hecha por Venezuela á la indebida ocupación 
granadina de San Faustino, no ha pasado de algunas 
murmuraciones de determinados vecinos del Táchira. 

Difícil, mucho, mui difícil es concebir, que sean 
simples murmuraciones, las desaprobaciones del gobier- 
no de Venezuela y de los congresos de Venezuela, á 
todo proyecto legitimando la indebida ocupación de San 
Faustino por la Nueva Granada y por la Nueva Colom- 
bia. El fervoroso empeño de cumplir deberes oficiales, 
apenas puede autorizar la libertad de juicios seme- 
jantes. 

Pregunta el señor Ministro de Colombia "¿Qué 
oposición cabía hacer en 1835 á la jurisdicción sobre 
San Faustino, población tan insignificante, cuando no 
se había hecho en el tiempo corrido desde el año de 
10 hasta el de 1830? " 

El de Venezuela preguntó á su vez \ Cuál Vene- 
zuela seria la que durante la grande unidad de Colom- 
bia, dividida en sus nueve grandes departamentos, pu- 
diera haber reclamado á San Faustino ? - \ Habia persona 
hábil para esa reclamación? 

Y durante la guerra de la Independencia, ella, la 
guerra misma, estaba reclamando todo el territorio de 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 189 

Venezuela á fuego y sangre. Y cuando San Faustino 
no fué español, en la primera época, \ no se unió á 
Caracas \ Y cuando eligió Diputados á las Cortés en 
1820, i no concurrió San Faustino como parte de Vene- 
zuela? La pregunta del señor Murillo no tiene razón 
de ser : 

Cree el señor Murillo que el archivo de Maracaibo 
no debió sufrir menoscabo. 

Tal juicio arguye un olvido completo de la recon- 
quista de Maracaibo por el feroz Morales, de la desgra- 
cia de Garabulla, del célebre combate de 29 de noviem- 
bre, y de Montilla, de Lino Clemente, de Padilla y del 
heroico Beluche. \ No convertida los archivos en tacos 
y cartuchos, aquella hiena, sucesor de Bóves, que in- 
cendiaba pueblos, que convertia en yermos las here- 
dades, y en cimenterios las poblaciones % 

Ya al terminar el señor Murillo, viene á quedar 
descubierto el secreto de la indebida retención de San 
Faustino por su Gobierno. Dice " que Colombia ha 
otorgado un privilegio al camino de San José al Zulia 
(ese que ha hecho tributario al Estado Táchira) y que 
el territorio adyacente, sometido á la misma jurisdic- 
ción concesionaria, tiene que considerarse cautivo á 
la concesión' 1 ' 1 añade también que " un cambio por 
cesión ó enagenacion, impondría responsabilidad al qud 
la hiciera. ' ' 

Este argumento es ajeno de la cuestión de Derecho 
territorial, con arreglo al principio asentado del TJtti 



140 LÍMITES 

possidettis de 1810, á cuyo examen está destinada esta 
primera parte de la negociación. 

Es en la segunda parte, que ese inconveniente 
debería tomarse en consideración ; y á fe que estaña 
mui distante de ser imposible el allanamiento de seme- 
jante dificultad monetaria, ya fuese á Colombia, ya á 
Venezuela, ó ya á las dos asociadas. 

I Y no valdria la pena de semejante transacción 
financiera, el honor de armonizar los intereses y los 
ánimos de aquellas poblaciones fronterizas, y conver- 
tirlas, de rivales perpetuas, en verdaderas hermanas ? 

He terminado el imparcial examen de la cuestión 
de límites respecto de San Faustino. 

Quedan exhibidos todos los títulos y pruebas de 
Venezuela, - respecto á su jurisdicción sobre aquel paño 
de tierra ; y quedan analizadas con una justicia, en mi 
concepto, depurada, todas las argumentaciones opuestas. 
La rectitud de los lectores, del uno y del otro lado 
de la frontera, aun sin más auxilio que el del simple 
y común buen sentido, fallará en esa cuestión ; y los 
hombres justos, los verdaderos patriotas, se empeñarán 
en difundir el conocimiento de la verdad, en bien de 
la salud común de una y otra Repúblicas hermanas. 



EJSTTKE VENEZUELA Y 2STUEYA COLOMBIA. 141 

XVI 

ARAUCA. 



En el proyecto de Tratado del señor Santos Mi- 
chelena, como en el posterior del señor Fermín Toro, 
con los cuales venia contando el señor Murillo, se 
habia prescindido completamente del verdadero dere- 
cho territorial de Venezuela al Sur del Arauca. 

El primero incurrió en el error de suponer lin- 
dero entre el Virreynato y la Capitanía General, una 
Laguna que llevaba y lleva el nombre de Laguna del 
Término, y de aquí provino que el señor Codazzi 
incurriera después en el mismo error. 

El señor Toro, en 1844, cayó en la misma fatali- 
dad, y en otra, muy perjudicial, en que dejaba á la 
Nueva Granada, al otro extremo de la línea, parte del te- 
rritorio de la Villa de San Cristóbal, que nunca habia 
sido disputado. 

En otro grave error se habia venido incurriendo, 
al fijar el Apostadero sobre el Meta, como punto ex- 
tremo de la línea divisoria entre las dos Repúblicas, 
error que adivinó el señor Codazzi en su "Geografía 
de Venezuela," cuando dijo: " En el mapa de Vene- 
zuela formado por mí, no hallando documento para 



142 LÍMITES 

determinar bien los límites de esta República con la 
Nueva Granada, prolongué la línea del meridiano del 
Paso del mentó.''' 1 Palabras que cita en su Geografía 
oficial de la Nueva Colombia el señor doctor Felipe 
Pérez. 

Que careciendo Venezuela de buen gobierno, y por 
esta razón, de la existencia de un archivo de límites 
(que sí ha podido formarse de 1870 en adelante) se 
incurriera en esos sacrificios de su buen derecho, viene 
á ser desgraciadamente lógico. Se tropieza con unas 
aguas que traen de antaño el nombre de "Laguna 
del Término" y se supone ser el termino entre el 
Virreynato y la Capitanía General. 

Pero no señor. La Real Cédula de 15 de febrero 
de 1786, no se referia á la división jurisdiccional de esas 
dos grandes entidades, sino á la de Caracas, y la nueva 
de Barínas, que esa Cédula creaba ; y las dieron por 
término aquella laguna. Por eso dice la Real Cédula: 
u Desde las barrancas, siguiendo por la serranía la 
demarcación primitiva de Barínas, hasta encontrar el 
rio Boconb." Esa Cédula no era pertinente á la ma- 
teria de límites entre la Capitanía General y el Vi- 
rreynato, sino cuando separa á Barínas de Casanare, 
desde las barrancas de Sarare al origen del Táchira. 

Entremos en la demostración. 

Fué fundado San Cristóbal en 1561, en un sitio 
llamado Valle de Santiago, en territorio de Mérida, 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 143 



que pertenecía al Virreynato, y que se extendía á todo 
el Norte y el Oriente del rio Táchira. 

En 1717 San Cristóbal como San Antonio, Mérida, 
Barínas y La Grita, eran un todo llamado Herida, 
al cual fué agregado en 1776, Pedraza. Con esta in- 
tegridad y con la suya, fué segregada la Gobernación 
de Maracaibo del Virreynato, y agregada á la Capi- 
tanía General de Caracas. 

De aquí que, la línea desde las cabeceras del Tá- 
cJiira, en el páramo Tama, hasta las Barrancas de 
Sarare, debía tirarse por las crestas de donde nacen 
los ríos Asua, Quinimari, Pió Frió, Cuite, Peteito y 
Burgua, tributarios del Torbes y del Uribante, y de 
allí por el Sarare á sus Barrancas. 

Así consta en la visita oficial que hizo el Goberna- 
dor de Barínas del territorio de su Provincia en 1786, 
en que dice. "Que navegó el Sarare, hasta el pié de la 
serranía de Pamplona" 

Así lo confirma también, que los vecinos de Pam- 
plona en 1787, para comunicar el Valle de Labateca con 
Barínas, limitaran su parte de camino, "en la orilla de 
la tierra montuosa y fria, ó tierra alta, ó serania." 

Y así se confirma en 9 de enero de 1787, en in- 
forme del Comandante y Sub-Delegado de Real Ha- 
cienda de Barínas, don Fernando Millares, al Inten- 
dente de Venezuela, cuando dice. "Por la justicia 
y vecinos de Pamplona, del Reyno de Santa Fe con 
permiso del Excelentísimo señor Virrey, se está ira- 



144 LÍMITES 

¿ando de abrir un camino desde el Valle de Labateca 
ó de los Locos, liasta donde acaba la tierra mon- 
tuosa y empieza la baja." 

Todo esto consta de manera auténtica en el ar- 
chivo de Venezuela. En 4 de febrero de 1787 partió 
de Gruasdualito la Comisión oficial exploradora de la 
nueva vía de comunicación, entre la Provincia de Ba- 
rínas, venezolana, y la de Pamplona del Virreynato. 
Salió con sesenta y nueve hombres al mando de don 
Antonio Usseche, en trece canoas, remontanto el rio 8a- 
rare, en busca del pié de la serrania, á encontrar la 
comisión de Pamplona, según lo convenido entre las 
autoridades y los vecinos de Barínas y Pamplona. En 
el itinerario consta ; ' ' que el día 7 á las 5 de la 
mañana, pasaron por la boca del rio Nula, el 11 por 
la de Tucupido y la de Macaguane, el 12 al lugar 
en que encajonado él rio, tiene más fondo, el 13, por 
más estrecho y más corriente, con gran dificultad, el 
14, por sobre mucha piedra, continuas chorreras y co- 
rrientes violentas experimentando mucho frió por 
aproximarse á la tierra alta, y el 15, llegó la Comi- 
sión al pié de la serranía. Buscando á la Comisión 
de Pamplona, pasaron el 16 la boca del Oirá, y el 
17 habiéndose internado á pié, y no hallando la Comi- 
sión Pamplonesa, determinó regresar. Llamó la Co- 
misión, San Julián, el punto á donde habia llegado 
el 15, pié de la serranía, y por consiguiente, donde 



EETKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 145 

empieza la tierra alta y acaba por aquella parte la 
baja en estos llanos" 

l Puede quedar duda respecto al punto divisorio en- 
tre Pamplona y Barínas, en vista del documento oíicial 
que se acaba de extractar, comunicado por el Gober- 
nador Millares al Intendente de Venezuela, como 
diario de la comisión % Queda probado cuál es el lími- 
te desde las cabeceras del Táchira á las Barrancas 
del Sarare. 

Continuamos la demostración de esa línea divisoria, 
desde dichas Barrancas hasta el rio Meta, y para ello 
veamos cual sea ese punto del Meta, extremo entre las 
jurisdicciones de la Provincia de Caracas y la Provincia 
de Barínas, creada por la citada Peal Cédula. 

La Cédula de 6 de abril de 1776 mandó agregar la 
Villa de San Jaime, que pertenecía al Virrey nato, á la 
Capitanía General. 

Como Maracaibo estaba incorporado entonces al Vi- 
rreynato, el Virrey encargó la entrega y demarcación á 
su Gobernador, y éste á Don Pedro Chasin, que no lo 
entregó todo, dejando á la parte de Barínas lo compren- 
dido entre la Cordillera, Camoruco y el rio Masparro, 
que era la línea divide até entre San Jaime y Barínas. 

Cédulas posteriores restituyeron ese terreno á la Ca- 
pitanía General, con lo descubierto entre el Apure y 
el Meta por Fray Gerónimo Gibraii .;•, enviado por el 
Capitán General de Caracas, como misionero, en 1769 

10 



146 LÍMITES 

para aquella exploración, y para civilizar indios por el 
Orinoco y el Meta. 

Todo consta en la cuenta dada por el Capitán Ge- 
neral al Rey en 26 de diciembre de 1769. 

Pedia en ella catorce religiosos más, seis para las 
misiones existentes, y ocho para las nuevas sobre el 
Meta, y proponia la fundación de una Villa en la de- 
sembocadura del Meta en el Orinoco, y que ordenase 
Su Majestad que el Cabildo de Barinas (adscrita toda- 
vía al Virreynato) no repartiese las tierras descubiertas 
entre el Apure y el Meta, las cuales lo liabian sido por 
autoridad y con expensas de Venezuela, y que confina- 
ban con las otras ya restituidas con la Villa de San 
Jaime, en complimiento de la Cédula de 6 de abril 1766. 

De estos documentos auténticos aparece, que las 
tierras entre el Apure y el Meta, desde los límites de 
San Cristóbal hasta el Orinoco, pertenecían á la Capi- 
tanía General de Caracas, una parte por la restitución 
de la Villa de San Jaime, y otra por conquista y reduc- 
ción hecha por la Capitanía General y sus misioneros. 

En efecto, el Rey, en 17 de abril de 1771, encargó 
al Capitán General por una Real Cédula, el buen tra- 
to de los indios, autorizó la creación de la nueva Villa, 
y ordenó al Cabildo de Barinas (entonces parte del 
Virreynato) que se abstuviera de hacer novedad, par- 
tiendo ó adjudicando tierras entre ' el Apure y el 
Meta. 

Y por otra Cédula, de 17 de enero de 1779, en que 



^^^^^M?TR^^^ÑezÜeLA^yÑÜeVA COLOMBIA. 14'í 

esta inserta la de 1771, se reiteró la prohibición al Ca- 
bildo de Barínas de componer, mesurar y vender te- 
rrenos de la jurisdicción de San Jaime, ó los descu- 
biertos por el Capitán General de Caracas, entre el 
Apure y el lleta, cometiendo el conocimiento de ta- 
les asuntos, y el cumplimiento de la Real disposi- 
ción, al Capitán General. 

Otro Capitán General, don José Carlos Agüero, á 
solicitud del Consejo de justicia y Regimiento de la 
Villa de San Carlos de Austria, encontrando mal tra- 
zada la linea divisoria entre las Provincias de Caracas 
y Barínas, ordenó en o de marzo de 1776, que en 
cumplimiento de la Cédula de 1771, se tirase la línea 
de nuevo, desde la desembocadura del rio Masparro 
-en el Apure, hasta el último hato fundado por vecinos 
de Caracas al Sur del Apure, y de allí otra línea 
recta al Sur, hasta lar orillas del Meta. 

El Capitán General don Luis Uzaga y Amézaga, 
dos años después (27 de marzo de 1778) dispuso que, 
no habiendo cumplido los comisionados de 1766 su en- 
cargo, procedieran á ejecutarlo don Juan Antonio Ro- 
dríguez y don Andrés Ruíz é Ibáñez, y reunidos es- 
tos señores en el pueblo de Nuestra Señora de la Con- 
cepción de ¡as Nutrias, procedieron á cumplir su en- 
cargo. 

Véase aquí en extracto el itinerario que siguieron. 

Situados en la boca del Masparro, principiaron á 
tirar la línea entre el Apure y el Meta : Pasaron por 



148 LÍMITES 

el caño Bebedero de los caballos, y punta del monte 
del Joval ; atravesaron los caños Agua Verde y Se- 
tenta por el paso de los Alejos, y luego el Potrero 
de las Puertas, junto al médano del Guarataro. Si- 
guieron ai Boquerón del caño Guarüico, y por una 
Sabana muy extensa, atravesando los médanos de los 
Algarrobos, llegaron al caño ó rio de Gateara. De 
aquí siguieron á una mata grande (pequeño bosque) 
de mucha palma de yagua, que llamaron La Tigra, 
y atravesaron por el caño de Cancagua ó Urichuna, á 
distancia como de tres leguas, hasta el rio Arauca. 
Pasaron por las cabeceras del Unamche, y por la 
orilla de una Laguna, que dejaron al Naciente, y que 
llamaron Laguna del término. Atravesaron el caño 
de Agua de Culebra ó Cucliinero, y luego otro muy 
atascoso, que denominaron Macanillas ; y saliendo de 
aquí al caño Caribe ó de los Arrecifes, atravesaron 
otros dos que apenas distan un cuarto de legua, y 
que llamaron Almorzad ero ó Padure, y Caño Lindo ó 
Arrecifes de Trapic7iito. Luego pasaron á otro, que 
denominaron Caño Confuso 6 Cañar avá, y desde allí 
siguieron al Sur hasta el rio Meta, donde grabaron 
tres cruces en tres árboles, situados entre dos pequeños 
cerros de piedra, arrecifes, junto á la orilla de la 
montaña del mismo rio Meta, y como á doscientas 
varas de una mata (pequeño bosque) de Piñal. 

Este punto, según los mismos comisionados, es el 
intermedio entre la boca de Caño Cañar avá y la del 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. p 149 

rio Lipa; bocas que distan una de la otra pocas 
millas, en la ribera Norte del Meta. 

En mayo de 1778 proveyó el Capitau General que 
mandaba, observar y cumplir los linderos que la ante- 
dicha línea demarcaba, en cumplimiento de la Real 
Cédula; y que en la boca del Meta se fundase la 
Villa de San Carlos del Meta, en obsequio al Príncipe 
de Asturias. 

Está pues descubierta, entre puntos dados y bien 
conocidos, la línea divisoria de los Gobiernos de Ca- 
racas y Barínas. 

Empieza 4m Apure frente á la boca del Masparro, 
Ér termina en el Meta, entre Caño Confuso ó Canaravá, 
y ia desembocadura del rio Lipa en el Meta. 




u 



XVII 



Corrobora la fuerza de estos datos auténticos, el 
hecho de que la " Compañía Guipuzcoana " mantuviese 
un Factor en San Salvador de Casanare, donde el rio 
Casanare desemboca en el Meta, á pocas millas de la 
boca del Lipa. Que ese Factor existia en aquel punto, 
consta en la relación de mando del Arzobispo Virrey, 
señor Gbngora. 



150 LIMITES 

También confirma todo lo expuesto, que las misio- 
nes que tenia el Virreynato al Norte del Meta, que eran 
San Miguel de Macuto, San Francisco Regis de Suri- 
mena, San Luis de Casimena, San Pbalo de Ouacacia, 
San José de Cubuina, San Nicolás de Buenamsta, 
Santa Rosalía de Cabatina, y San Agustín de Gua- 
napalo, (que era la más oriental, donde tuerce el Meta 
de Sur á Norte, por el paralelo quinto septentrional, 
grado y dos tercios al Occidente del Meridiano que sus 
puso Codazzi, al Occidente de la Laguna del término)- 
estuviesen todos, como se ve en todos los mapas, i al 
Occidente de la entrada del rio Casanare en el Mét& 

Tampoco pasaban de la línea que corre de la boca 
del Masparro en el Apure á la del Lipa en el Meta, 
ninguno de los seis pueblos de la jurisdicción de Santa 
Fe, que habia al otro lado del Casanare, y que eran 
Tame, Macauguane, Patute, San Ignacio de Casanare 
ó Puerto de Betoyes y San Salvador de Casanare. 

Pero lo que confirma más que todo, la verdad que 
va demostrándose, es el informe pasado por el Gober- 
nador de los Llanos al Virrey, cuando éste le pre- 
guntó, cuáles eran los términos de su jurisdicción en 
los Llanos, y le dice el Gobernador en 1782, textual- 
mente lo que sigue : 

" El partido de este Corregimiento comprende ocho 
pueblos; Macuto y Guanapalo, de la jurisdicción de 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 151 




üe la de Santiago, á orillas del Meta; y el Giramena, 
de San Martin. Esta misión está á cargo de los PP. 
Agustinos descalzos, y el de Giramena al de los de 
nuestro P. San Francisco." 

Este es un documento, que no permite continuar 
discusión sobre los límites del Virreynato con la Capi- 
tanía General, en la región que media entre los Andes 
y el Orinoco, el Casiquiare y Rio Negro. Es el Virrey 
quien pregunta al Gobernador del Distrito de los 
Llanos del Yirreynato, cuál es su jurisdicción ; y es el 
obernador del Distrito quien le informa ; y como se 
verá más adelante, esto concuerda perfectamente, con 
lo que se probará de manera incontestable al tratar de 

■ l^íMmites del Virreynato y la Capitanía General, en la 

* r^»sn del Orinoco. 

Fué Codazzi, el que sin conocimiento exacto, supuso 
como límite un meridiano al Occidente de la Laguna 
del Termino, y lo hizo atravesar el Meta en el antiguo 
Apostadero. La demarcación verdadera, es la que partía 
de la boca del Masparro en el Apure, y terminaba 
entre las bocas del Caño Confuso ó Cañar avá y del 
Lipa en el Meta, según quedó ya demostrado. Otro 
error fué tomar el Arauca desde el Paso del Viento, 
aguas arriba, á buscar las Barrancas del Sarare, pues 
que la línea debió tirarse de la desembocadura del Lipa 
en el Meta á las citadas Barrancas. 

La grave equivocación que se quiere sostener, 
tomando el Arauca por el Meta, provendrá quizás del 
hecho siguiente. 



152 LÍMITES 

En tiempo del Virrey Flores, y en 6 de setiembre 
de 1776, lo que se llamaba Junta general de Tribu- 
nales en Santa Fe, pensó mejorar la demarcación de 
los Corregimientos que entonces pertenecian al Virrey- 
nato ; y los Comisionados para proponer esa demarca- 
ción, presentaron un proyecto deslindando á Barínas 
de Casanare por el Arauca, y de Pamplona por el 
Sarare y la montaña del Valle de las Batecas. Pero 
este proyecto no fué aprobado por autoridad alguna, 
ni tuvo por consiguiente efecto ; y aunque lo hubiera 
tenido, la Real Cédula de 1786, habria hecho desa- 
parecer esa demarcación, porque con la mayor cla- 
ridad establece la verdadera. j 

El único mapa conocido de aquel tiempo, sitúa, al 
rio Sarare, con el nombre de Cúitagá, al Qesfcayí en 
el Valle de las Batecas o de los Locos, lo continúa 
con el nombre de Sarare, desprendiendo al S. O. un 
brazo, por donde transitaban los de Casanare, y con- 
tinuando el Sarare al E , desprende otro brazo hacia 
el S. E., que derrama en el Arauca, pero el Sarare 
continúa siempre al Este, forma un desparramadero, 
desemboca en el Uribante, y forman ambos el Apure. 
Como al tomar aquellas aguas el nombre de Sa- 
rare, desprenden un brazo al S. E. por donde transi- 
taban los de Casanare, es lógico asentar, que lo lla- 
mado Paso Real de los Casanares, estaba arriba del 
desparramadero, cuando las aguas corrían por una 
madre vieja, que existe todavía, muj^ al Sur de 



Á 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 153 

Arauquita, y que el mencionado brazo fué confundido 
con el actual Arauquita. 

El Paso Real no puede ser el de la línea de 
Arauca, porque la línea tirada hasta el lleta, no 
podría venir á las Barrancas de Sarare al pié de la 
k Serranía. 

El mapa del Estado Mayor del General Morillo, 
B dato español de mucha respetabilidad, trae la línea 
entre Casanare y Barínas por la incorporación del 
ixrazo del Sarare, cortándolo en la3 Barrancas á de- 
sembocar en Arauca, 

Quedan pues manifiestos los datos legales, y tam- 
^fcüenPios errores que se les quieren oponer, referentes 
á ( la J %3cta, entre el Meta y las Barrancas de Sarare. 
^JEl^Gobernador de Barínas don Fernando Millares, 
de^^^Sn Estado general de su Provincia en 30 de 
noviembre de 1787, y en él hace constar lo siguiente: 
" Ciudades, Villas y lugares, cabezas de partido, 
en la jurisdicción de la nueva Provincia, de Ba- 
rínas. 

Barínas Capital; Barinitas, ciudad de Pedraza, 

San Vicente, San Jaime, San Antonio, Nutrias, Mi- 

yagual, Guanarito, Guasdualito, Banco-Largo y Obispos. 

Pueblos svbalternos de españoles. 

San Juan de Payara, La Cruz, Sabaneta, Isla 

de Boconó, Marrones, Akauca. {Aquí está Arauca 

en Barínas.} 

Misiones de padres Capuchinos Andaluces. 



154 LÍMITES 

Achaguas, Payara Alamaica, Cunamche, Sina- 
ruco, Arauca, Setenta, Guanarito, Morrones, Cana- 
paro, Guáchara, Corocoro y Simaringa. 

Misiones de padres Dominicos. 

Cotiza, La Palma, El Real, San Juan, San José, 
Santa Posa, San Vicente, Guanay ua, GuacMvá é Isla 
de Sarare. 

Pueblos que no son de misión ni doctrina. 

Curbatí, Caroní, Pueblo JVuevo, El Corozo, Qu 
brada-seca, Maporal, San Miguel, Otocun, Mijagual, 
Santa Bárbara, Aricagua y Santa Rosalía. 

En esa descripción dice el gobernador dojft r , ^or- 
nando Millares, que su Provincia, en una espaciosa y 
fértil llanura, disfruta las vertientes de la -serranía 
en los rios Bocona, Guanare, Portuguesa, Masparro, 
Santo Domingo, Paguey, Canagicá, Suripá, Ticoporó, 
Apure, üribante, Arauoa, Lipa y Meta. 

El mismo señor Gobernador hace constar en 31 de 
octubre de 1791, que su nueva Provincia, creada por 
el Soberano en 1786, habia sido formada de territorios 
que antes correspondían á las de Caracas y Maracaibo, 
y al Reyno de Santa Fe ; quitando á la primera la 
Villa de San Jaime, y su jurisdicción de Apure, á 
Maracaibo la de Pedraza, y al Virreynato Arauca, 
Barrancas y el territorio del Lipa. 

El mismo señor Millares, en 12 de octubre de 1792, 
manifiesta al Rey, los productos de su visita ; y en 
ella, el descubrimiento de la navegación del rio Sarare, 



• 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 155 

hasta el pié de la serranía de Pamplona, del Reyno 
de Santa Fe. 

En 22 de enero de 1787 dice el Intendente de 
Caracas, que la tierra montuosa de este lado del Valle 
de las Batecas ó de Los Locos, está colindante con los 
Llanos de Barinas. 

En un nombramiento de Protector de los indios 
de la Provincia de Barinas, se asienta, que le perte- 
necen muchos territorios que antes pertenecían á Santa 
Fe, y otros pueblos en San Jaime y San Antonio, y 
entre los rios Apure y Meta. 

Por las demostraciones anteriores, está probado el 
, derecho territorial de Venezuela en la YWa de Arauca, 
en Arauquita, Santa Rosa, y todo el territorio que 
antes queda oficial y auténticamente demarcado ; lo 
cual no podia ser de otro modo, porque la Villa de 
Arauca fué íundada por familias venezolanas, entre 
ellas, la del señor Lara, que allí estableció el más 
grande de sus hatos. Arauquita fué fundada por un 
Capitán mandado desde Barinas, y Santa Rosa, con 
sus plantaciones de cana, fué fundada por venezolanos 
exclusivamente. 

Por la última Real Cédula, quiso el Soberano 
dividir el Virrey nato de la Capitanía General, por una 
línea imaginaria, que partiendo de las barrancas de 
Sarare, junto al Lago Macaguan, terminase en un 
punto del Meta, equidistante entre Canaravá y la boca. 
del Lipa. 



156 LÍMITES 

Tal línea imaginaria, aérea, hasta de cincuenta 
leguas, que sin consulta de interés alguno, público ni 
privado, atravesaría aquellos Llanos, habria de ser un 
germen inagotable de perennes dificultades entre las 
dos Repúblicas : tendría que ser amojonada de milla 
en milla, donde no hay una piedra ni como hacer 
cal ; y habria que conservar esas 150 marcas perpe- 
tuamente. 

jNo será preferible para ambas Repúblicas, el se- 
ñalamiento de* un límite natural ó arcifinio, por el 
Talhueg del mismo rio Lipa, ó de su vecino el Ele,< 
desde su boca en el Meta hasta su nacimiento, y dí 
allí, por la cuchilla de la serranía hasta el páramo 
Tama, origen del Táchira? Cualquiera de esas dos 
vertientes, la del Ele ó la del Lipa, equivale casi 
perfectamente, en cuanto á la pérdida ó ganancia de 
territorio, á la tal línea imaginaria, ahorrando in- 
mensos gastos y dificultades y disputas. 

Pero si Colombia insistiera en el desatino de la 
línea imaginaria, como la Real Cédula que la pres- 
cribió es la última, es auténtica, y ni Colombia ni 
Venezuela pueden dejar de reconocerla como verdadero 
TJti possidettis de derecho de 1810, entre la Capitanía 
General y el Virreynato, la cuestión desaparece, como 
habia de desaparecer, al convenir en la demarcación 
por el Ele ó el Lipa, que propuso en su Epílogo de 
la negociación de límites, y proyecto de su segunda 
parte, el Ministro de Venezuela. 



ENTKE VENEZUELA Y NO EVA COLOMBIA. 157 



XVIII. 



Exhibidos ya los verdaderos títulos de Venezuela en 
la frontara que dividía las provincias españolas de Pam- 
plona y Mérida, y Pamplona y Barínas, todos autén- 
ticos, y exhibidos los documentos oficiales del tiempo 
colonial, en que aparece Venezuela con dominio terri- 
torial, por la línea descrita, desde el páramo Tama has- 
ta el punto intermedio entre las bocas del caño Cana- 
ravá y el Lipa, vamos á la segunda parte de esa de- 
mostración, analizando los argumentos del señor Muri- 
11o, que estaba, en el deber de cumplir deberes imposi- 
bles. En ocho páginas de la réplica de S. E. no hay 
un solo argumento de der eolio. Toda mención de esas 
ocho páginas pudiera evitarse, si no fuera indispensable 
hacer imposible toda duda, tanto en Venezuela como en 
Colombia . 

1. — Que ha causado sorpresa á S. E. la exposición de 
su colega. 

Eso no es extraño. Es la primera vez que Vene- 
zuela, con archivo de límites, exhibe sus verdaderos 
títulos. 



158 LÍMITES 



2 -Que no bastan ya los límites que la ciencia y la 
tradición, interpretando la Beal Cédula de 1776, tenían 
señalados, y sobre cuyo panto toda disputa parecía 
evitada. 

Las cuestiones subsisten vigentes, y son inevitables, 
mientras que verdaderas pruebas no les den su verda- 
dero término. 

3 -Que desconoce la exposición de su colega hasta 
la Geografía enseñada en las mismas escuelas vene- 

zolanas. 

Lo que en esas escuelas se enseñaba, se enseñaba 
como provisorio; pendiente como estaba la cuestión 

limites. 

4._Que se quiere ensanchar el perímetro de Venezue- 
la millares de leguas. 

No se quiere ni ensanchar ni angostar. En una cues- 
tión de derecho territorial : se sostiene el que consta en 
títulos irrefragables 

5._Que esos títulos son relaciones desautorizadas y 
aqenas de todo dato geodésico y astronómico. 

Nada puede haber más geodésico, que los itinerarios 
de las comisiones oficiales encargadas de una demarca- 
ron. Lo astronómico es siempre posterior, ruándolos 
títulos son topográfico?. 

6.-Qae Colombia no fué la primera iniciadora ni 
proponente sino Venezuela por medio de los señores 
Michelenü y Toro. 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 159 

Fué Venezuela la primera, porque fué Páez autor 
empeñadísimo de la separación, el que, violando un 
mandato contitucional, mandó á dividirlo todo entre 
las dos Repúblicas, convirtiéndolas de buenas hermanas, 
en entidades extrañas, con intereses encontrados. 

Ademas, el uno y el otro Ministro carecian de to- 
do documento probatorio, como lo demuestran los proto- 
colos, y lo confesaron ellos mismos. 

Y por último ; la desaprobación del uno y del otro 
proyecto de Tratado, está probando la falta de justicia 
con que se redarguye á Venezuela con aquello mismo que 
ella desaprobó. 

7. — Que Guzman no ha tenido que impugnar, ni 
opinión ni dato alguno, de origen granadino, sino á ios 
hombres de Estado y diplomáticos de Venezuela, Mi- 
chelena y Toro, y á sus hombres de ciencia más no- 
tables, Codazzi, Cajigal, Baralt y Díaz. 

Lo que Guzman ha debido impugnar y viene impug- 
nando, son las pretenciones actuales del Gobierno de 
Colombia, sostenidas por el señor Murillo ; para lo cual 
.se le honró con la misión de Plenipotenciario de Vene- 
zuela. Si esos diplomáticos y esos hombres de ciencia 
aparecen hoy en el error, á la luz de los 24 volúmenes 
de documentos auténticos del archivo de límites, que 
ha podido, sabido y querido formar un buen Gobierno, 
de 1870 para acá, ese error de esos señores no puede con- 
vertirse en derecho alguno de la Nueva Granada, ni en 
culpa de Venezuela ni de su Ministro. 



160 LÍMITES 

8.— Que Michelena, en 1833 declaró en Bogotá, que 
carecía de datos sobre límites. 

Esto es verdad, y consta en el protocolo, y debiera 
ser bastante para que el señor Murillo no se empeñara, 
en convertir en apoyo de sus pretensiones, lo mismo que 
S. E. confiesa que declaró Michelena. 

1 9. — Que en otra conferencia presentó por fin, un pro- 
yecto de línea fronteriza, que dejaba á "Bahía honda" 
perteneciendo á Nueva Granada, " porque siempre había 
estado bajo la jurisdicción del Virrey." 

Esto último quedó negado, con una larga serie de 
documentos auténticos de Venezuela, al tratar de la Goa- 
gira. En cuanto á ese proyecto de línea fronteriza, no 
se concibe como pueda alegársele á Venezuela con él, 
después que el Congreso de Venezuela lo desaprobó in- 
mediatamente que se le presentó. 

10. — Que el artículo 27 del proyecto Michelena em- 
pezaba en el Cabo Chichicacoa, etc , etc. 

Todo eso fué desaprobado por el Congreso de Vene- 
zuela, y ha venido siéndolo hasta ahora. % Tiene algún 
valor en calidad de prueba ? 

11. — Que el Plenipotenciario de Colombia llamó aven- 
turado, que se especificara de manera irrevocable la 
línea de frontera, sin cartas exactas, ni relaciones es- 
critas, etc., etc., y propuso cierta modificación. 

Esta relación de lo sucedido en 1833, pudiera ser 
curiosa, y hasta alcanzar el honor de histórica, pero 
pertinencia en la cuestión de derecho territorial, cuan- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 161 

do todo ello fué repudiado por Venezuela, que ahora 
logra hacer patente su justicia tan espléndidamente, 
convendrán los lectores en que no se le puede acordar 
á esos recuerdos. 

12. — Aquí pregunta el señor Murillo. ¿ Iba el Pie- . 
nipotenciario Venezolano á divertirse con el Gobierno 
de la Nueva Or añada? 

El autor de estas páginas deja en la consideración 
de los lectores la justicia, la conveniencia, la oportu- 
nidad y el espíritu que revela la pregunta del señor 
Murillo. 

13. — Que el señor Toro convino más tarde, en que 
la demarcación entre Barínas y Casanare, empezara 
en el extremo oriental, por el apostadero del Meta, 
etc., etc. 

Si también fué desaprobado el resultado de la 
misión Toro, aun apesar de la dominación Páez, ¿ á 
qné se toma el trabajo la actual plenipotencia colom- 
biana, de traerla á colación, para contestar á una serie 
de títulos y pruebas auténticas, presentados en esta 
negociación por el Ministro Guzman % 

Podia S. E. haber sospechado, y aun temido, que 
llenando así las páginas de su réplica con lo que no 
tiene valor alguno en derecho, se atribuyera su ímprobo 
trabajo á falta de verdaderos fundamentos, para la 
pretensión que se le habia encargado sostener. 

14. —Dice el señor Ministro que el señor Michélena 
y Mojas Queipo, fué encargado por el Gobierno de 

11 



102 LÍMITES 

Venezuela de una exploración en la región del Ori- 
noco, que la practicó, que el señor Dr. .Francisco 
Aranda emitió un juicio muy favorable á la obra del 
señor Michelena, y que se imprimió á costa del Te- 
soro Venezolano. 

El señor Michelena no recibió encargo alguno sobre 
discriminación de limites. Se le acordó el de explorar 
esos territorios, tan desconocidos ; y muy voluntaria- 
mente se mezcló en averiguar fronteras ; y si el libro 
se imprimió, no fué con otro objeto que el de difundir 
algunos conocimientos más, respecto de un territorio 
nacional. No parece razonable, ni aún medianamente 
lógico, que aquella impresión se quiera hacer valer 
como título granadino en aquella región, cuando es 
evidente que en aquel tiempo mismo, continuaba Ve- 
nezuela su desaprobación á los proyectos Michelena y 
Toro. En cuanto al juicio del señor Aranda, verda- 
dera ilustración venezolana en materia de Derecho 
civil, y hombre de vasta ilustración literaria, él no 
podia oponer en asunto de límites, lo que todo 
Venezuela puede probar de 1873 para acá. 

Tiene cierta singularidad, que atribuya el señor 
Murillo fuerza de convencimiento á lo escrito por el 
señor Micheleni y Rojas Queipo, que al tratar de la 
frontera de las dos Repúblicas entre los Andes, el 
Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, contradice con extraor- 
dinario esfuerzo, y á fe que con mucha justicia, las 
actuales pretensiones de Colombia en aquella región ; 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 163 



esas que por primera vez inventó el señor Acosta, á 
los catorce años de separación, esas que ignoraban 
hasta ese dia los Gobiernos y Congresos de Nueva 
Granada, y esas que por un Tratado publico, que 
está vigente, (el Tratado Pombo) no tienen manera de 
existir ; pues que en él reconoció la Nueva Granada 
el derecho territorial de Venezuela, en ambas riberas 
de aquellas grandes arterias fluviales. 

Lo que sin duda desautoriza completamente esa 
parte del libro Michelena, en que busca apoyo el 
señor Murillo, son las últimas palabras del mismo 
libro, sobre la materia ; palabras que el señor Murillo 
tuvo por conveniente copiar en su réplica. Son las 
siguientes : 

"Si en los puntos á situar, la línea, tanto en la. 
Goagira, San Faustino y Barínas fueron reconocidos 
como legítimos los títulos presentados por la Nueva 
Granada, como lo fueron, no sucede así con respecto 
á lo que determina etc. " 

(Sigue hablando del límite en la región del Ori- 
noco, Casiquiare y Rio Negro.) 

¿Qué fuerza puede atribuir el lector á esa autoridad 
Michelena, en que busca apoyo el señor Murülo, 
cuando ve que da por reconocidos . como legítimos los 
títulos presentados por Nueva Granada respecto á Goa- 
gira, San Faustino y Arauca, desconociendo ú olvi- 
dando la desaprobación terminante del Congreso de 



164 LÍMITES 

Venezuela, respecto del proyecto MicTiélena, y del pro- 
yecto Toro f Sea ignorancia, ó sea natural olvido, 
valia la pena de que el señor Murillo hubiera tomado 
en consideración la flaqueza de semejante argumento. 



XIX 



15. — En seguida de la desgraciada cita hecha por 
el señor Murillo del señor Rojas Queipo, aparece una 
del señor general prevendado José Félix Blanco, que 
después de ser recusado también por el señor Ministro, 
en lo relativo á San Faustino, como débil autoridad, 
es presentado por S. E. como muy valedera, porque 
juzgó que era el Apostadero del Meta el extremo 
oriental de aquella línea fronteriza. 

Nada tiene de particular que el señor Blanco 
ignorase el deslinde oficial, que por orden del Capitán 
General, empezó en la boca del Masparro en Apure, 
y terminó entre las bocas del Caño Canaravá y del 
Lipa. La de Blanco era una opinión particular, 
sin dato formal en qué fundarse 5 lo otro es una 
demarcación oficial, ordenada por las autoridades com- 
petentes, y ejecutada por los respectivos comisionados^ 
y confirmada por el Gobernador de Barínas, señor 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 165 

Millares, y definitivamente aprobada y decretada por 
la Capitanía General. 

16. — Asienta el señor Murillo de una manera ma- 
gistral lo siguiente : " Convenida desde el Cabo CM- 
chivacoa hasta el Apostadero del Meta, la línea divi- 
soria, quedaba únicamente pendiente, que se decidiera 
por un arbitro cómo debia continuar desde el Apos- 
tadero. " 

De modo que, para el señor Ministro de Colombia, 
la demarcación de Codazzi, que él mismo declaró pro- 
visoria, por falta de fundamento en qué apoyarse, y 
el proyecto de Tratado Michelena, desaprobado, valen 
más, que el acto Legislativo del Congreso de Venezuela, 
que dejó sin efecto esa demarcación y ese proyecto. 
Así lo creería S. E., puesto que arguye á Venezuela, 
y le reclama, lo mismo que ella negó. 

Tampoco seria un arbitramento el que hubiera queda ■ 
do pendiente, porque estándolo toda la cuestión límites, 
lo pendiente era esto, que se estaba haciendo en 74 
y 75. Aclarar el derecho territorial del uno y del 
otro país, con el examen de los títulos y pruebas en 
que apareciera el verdadero TJti possidettis de 1810 ; 
con el laudable fin de que, conocidos los dos extremos 
de la cuestión, pudiera pasarse á la patriótica combi- 
nación de los intereses de una y otra República, por 
medio de concesiones recíprocas. 

El señor Murillo se extravia al hablar de arbitra- 
mento, por solo que, prescindiendo del Congreso de 



166 LÍMITES 

Venezuela en el acto de la desaprobación, convierte 
en deber de esta República, aquello mismo que ella 
desaprobó. 

17. — Acusa S. E. á Venezuela de contradictoria, 
porque no cumple la que con error manifiesto dejó 
dicho el señor Codazzi, y aceptaron sus Plenipoten- 
ciarios Micliélena y Toro. 

Ninguno de esos tres señores era Venezuela. Ve- 
nezuela fué y es, lo que por el órgano de sus grandes 
Poderes públicos, desaprobó la hecho por aquellos 
señores, y ha venido sosteniendo esa desaprobación 
hasta hoy, no solo sin ser contradictoria, sino pro- 
bando justísima insistencia, para hacer evidentes sus 
derechos, como lo está haciendo. 

La que sí aparece manifiestamente contradictoria, 
es Nueva Granada ó Colombia, ó mejor dicho, los 
hombres que las han gobernado. Ellos aprobaron desde 
1834 el proyecto de Tratado Micheltina, que en la 
Goagira, fijaba el Cabo de Chichivacoa como punto 
divisorio ; y en 1844, pretenden venir hasta Paijana, 
la fortaleza de San Carlos, y las orillas de la ciudad 
de Maracaibo. Y esta contradicción no es entre el 
Gobierno de aquel país y funcionarios suyos, cuyos 
errores haya él repudiado, sino entre un acto Legis- 
lativo de 1833, y una pretensión Ejecutiva, inventada 
en 1844. 

Contradictorios han sido esos malos conductores 
de los Altos intereses de Nueva Granada y Colombia, 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 167 

cuando en 1833 aceptan con aprobación Legislativa, 
como frontera oriental suya, el meridiano que se des- 
prendiera de la Laguna del Término, y de 1844 para 
acá, pretenden extenderse hasta la misma ribera del 
Orinoco y las del Casiquiare y Rio Negro. 

Sin embargo, el Ministro de Venezuela, aunque 
probó esas contradicciones, no creyó deber emplear 
ese lenguaje, que en otros varios casos de las confe- 
rencias evitó con cuidado, a pesar de la insistencia 
con que lo empleaba la Legación Colombiana. 

18. — Continuando el señor Murillo en ese olvido 
de la autoridad de los hechos oficiales, vuelve á asen- 
tar. " Venezuela habia diclw antes , por medio de sus 
funcionarios públicos y de acuerdo con la comisión 
Corográfica, que el apostadero del Meta es el punto 
á que se refiere la Real Cédula de 1786." 

Siempre el mismo tema. Una Venezuela creada por 
la imaginación del señor Ministro, y que pudiéramos 
llamar el polo opuesto á la verdadera Venezuela. 
Consecuencias como las que se empeñaba S. E. en 
deducir, requerían premisas de ese linaje, para que 
hubiera aparente lógica al tiempo de deducirlas. ¿A 
qué fundarse en errores para reproducir errores % 

lü. — Siempre en el mismo camino, asienta el señor 
Murillo. " Que el punto relativo á las Barrancas 
estaba trazado en la línea desde las serranías en que 
nacen el Tórbes y el üribante hasta las cabeceras del 
Nula. " 



168 LÍMITES 

La negación de tal aserto está más que fundada 
en los párrafos anteriores. Tal decisión no lia existido 
nunca. 

Además \ acaso la Cédula de 1786 habla del rio 
Nula, como término de la línea que describió la co- 
misión demarcadora ? 

\ Tuvieron conocimiento los señores Miclielena y 
Toro de la Cédula de 1786? 

I Lo tuvo el señor Codazzi ? El alegato preinserto 
revela su nulidad. 

20. — Desecha el señor Ministro la indicación de 
un límite natural ó arcifinio, por el rio Ele ó por el 
Lipa. 

I Es que se prefieren líneas imaginarias, atravesando 
50 ó 60 leguas de llano, y matas ó pequeños bosques, 
cortando rios, caños y sinuosidades topográficas, para 
amojonar con 150 ó 200 postes esa extensión, conservar 
todas las dificultades consiguientes, y mantener per- 
petuamente los tales postes ? Enhorabuena. Paciencia. 
Venezuela reconoce, como Nueva Granada y Colombia 
actual, que la Real Cédula de 1786 es la última, es 
auténtica, y es obligatoria. No hay ya discordancia. 

Aquí es que entra el señor Murillo en la cuestión, 
límites ó derechos territoriales de ambas Repúblicas, 
de una manera formal. Quedan atrás -las alegaciones 
fundadas en hechos y datos nulos y de ningún valor. 
Empieza á examinarse la Cédula de 1786, y entramos 
en materia. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 169 



XX 



Estamos pues de acuerdo en que rija para la de- 
marcación entre Barínas y Casanare, ó sea, en aquel 
trayecto, entre Venezuela y Nueva Colombia, la Cédu- 
la Real de 1786. Examinémosla con justicia. 

Si los dos Plenipotenciarios Michélena y Toro, y el 
señor Codazzi, convinieron en que el Apostadero de 
Meta, es el extremo oriental de la línea imaginaria, or- 
denada por dicha Real Cédula, como lo asienta el señor 
Murillo, el itinerario oficial de la comisión encargada 
de fijar ese punto, demuestra palmariamente lo contra- 
rio, pues que el en que llegaron demarcando, es el que 
media entre las bocas del Caño Cañar avá y el rio 
Lipa. 

La Real Cédula dice terminantemente. ''La lineo, 
tirada por los Diputados de Caracas.'' Y esa línea, 
consta por el Itinerario, que terminó entre dicho Caño 
j el expresado rio. Si esta negociación, en su actual 
primera parte, ha de atenerse al Uti possidettis de 1810. 
de acuerdo con los documentos oficiales, es insostenible 
en ella la pretensión de fijar ese estremo oriental de 
la línea divisoria, en el Apostadero del Meta, que ni el 
itinerario ni la Real Cédula siquiera mencionan. 



170 LÍMITES 

Fijado ese punto donde lo establecieron los dipu- 
tados de Caracas, (palabras de la Real Cédula) donde 
lo reconoció el Gobernador de Barí ñas, y donde lo apro- 
bó y decretó el Capitán General, queda fuera de cues- 
tión el Apostadero del Meta. 

El otro punto extremo de esa línea, dice la Real 
Cédula que sea '■'■Las Barrancas de Sarare." No se 
comprende por qué quiere el señor Murillo, que pre- 
valezca lo que se imaginó en las negociaciones desa- 
probadas por el Congreso de Venezuela, " desde las se- 
rranías en que nacen el Tórbes y el Uribante, Jiasta 
las cabeceras del Nula, y por el Nula al desparrama- 
dero de Sarare" lo cual fué desaprobado por el Congreso 
de Venezuela, y no lo dice la Real Cédula, y apenas 
puede comprenderse en qué se quiera fundar. 

Las Barrancas de Sarare, está demostrado ya que 
están al pié de la serranía, donde la Comisión de Ba- 
rínas, que fué á encontrar á la de Pamplona, para 
establecer la comunicación entre las dos Provincias, sa- 
lió de sus conoas, ya en tierra fría, y empezó á subir 
las faldas de la serranía. Si un documento oficial 
y auténtico, del tiempo español, nos explica dia por 
dia la subida del Sarare, por una comisión oficial, y 
nos dice el punto en que debió encontrarse y en que 
buscó y no encontró, en tierra fria, al pié de la serra- 
nía, á la comisión de Pamplona, ¿ no está facilitando 
cuánto es dable lo que debemos llamar Barrancas de 
Sarare, punto extremo al Norte y Occidente, de la línea 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 171 

trazada por la comisión oficial, y confirmado por la Cé- 
dula Real? 

Dice' el señor Ministro, que no se sabe hoy cual sea 
"el Paso Real del Casanare" Eso no importa, pues 
que lo ha de indicar, la linea misma que ordena la Real 
Cédula entre los dos puntos extremos ya indicados. Esa 
línea debe cortar, y no como quiere el señor Murillo, 
seguir, el curso del rio Aráuca. Cortar una^ vertiente, 
es cosa opuesta á lo que quiere el señor Ministro, que 
es, seguir la corriente. 

Es singular que se introduzca el rio Nula, que no 
nombra la Real Cédula en parte alguna, cuando la pre- 
tensión colombiana quiere fundarse en esa misma Real 
Cédula. 

Confirma lo que viene sosteniéndose por Venezuela, 
el mandato del Soberano en ese mismo documento, cuan- 
do nombradas las Barrancas de Sarare, añade lo si- 
guiente : "Desde dichas Barrancas prosiga la línea 
por la Serranía" ¿Están ó no las Barrancas al pié de 
la Serranía ? ¿A qué buscar rios, que ni se nombran en 
la Real Cédula, ni tienen que ver con una línea descrita 
en ella, y cuyos dos puntos extremos conocemos \ 

Dice el Rey en 1786 "Desde allí (el punto donde 
llegó la línea descrita por los diputados de Caracas ) ti- 
rada otra línea hasta las Barrancas de Sarare, por 
encima del Paso Real que llaman de los Casanares, 
en el Rio Aráuca, cuatro jornadas distantes de la ciu- 



172 LÍMITES 

dad de Barinas : y de las nominadas Barrancas^ 

SIGUIENDO POR LA SERRANÍA." 

Sostiénese que no es posible en el dia encontrar lo 
que llama la Real Cédula Paso Real de los Casana- 
res, en el rio Aráuca, pero esto no significa nada, pues 
que la Real Cédula manda tirar una línea del pun- 
to intermedio entre Canaravá y Lipa, desem- 
bocando en el Meta, hasta las Barrancas de Sarare, 
y es matemático que esa línea al tiempo de cortar el 
Aráuca, que es lo que dice la Real Cédula, y no de se- 
guir las aguas, como quiere Colombia, marcará con pre- 
cisión el punto que, llámese ó no en el dia Paso de los 
Casanares, es sin duda el que así se llamó, ó cuando 
monos, el que ordena el Soberano. 

Cuestiona el señor Ministro, cual fuese el carác- 
ter de los comisionados que dividieron las dos Pro- 
vincias de Caracas y Barinas, todo en territorio de 
Venezuela, y no del Virreynato, pero prescinde de 
manera singular, de que esa demarcación, que empe- 
zó en la boca del Masparro en el Apure, y terminó 
entre las bocas del Canaravá y del Lipa, fué con- 
firmada por el Gobernador de Barinas, de manera au- 
íéntica, y también por el Capitán General de Caracas, 
que la decretó como definitiva. % Falta alguna circuns- 
tancia para que esa línea sea respetada? Pues hay 
más tadavía. — El antiguo Soberano, en su Real Cédu- 
la, esa que ambas Repúblicas reconocen como última 
y auténtica, confirma la línea y su extremo Sur, 



ENTRE VENEZUELA *T NUEVA COLOMBIA. 173 

cuando manda, que empiece la otra que lia de venir 
dé las Barrancas de Sarare, en el punto á que llegó 
la línea " tirada por los diputados de Caracas" 

Esa misma Real Cédula en que quiere fundarse 
el señor Ministro de Colombia, contiene una aproba- 
ción expresa del Soberano á ambas líneas de demar- 
cación ; la que empezó en la boca del Masparro y 
terminó entre Canaravá y el Lipa, al desembocar en 
el Meta, y la que parte de aquel punto hasta Las 
Barrancas de Sarare, que es la que sostiene Venezue- 
la ; y también confirma y manda, que del último pun- 
to, siga la demarcación por las filas de la Cordillera, 
que es también lo que quiere y sostiene Venezuela. 

Y de este modo ¿qué resultaría? Precisamente 
lo mismo que si Colombia aceptara el rio Ele ó el rio 
Lipa por límite arcifinio ; porque las cabeceras del uno 
ó del otro en las filas de la Cordillera, llevarían el 
límite por esa fila al páramo de Tama, origen del 
TácMra, sin haber perdido ni ganado alguna de las 
dos Repúblicas territorio, á expensas de su hermana, 
de su natural aliada, y de su futura común nacio- 
nalidad. 

Una línea entre dos punios dados, como la orde- 
na la Real Cédula, tiene que ser una recta, hablando 
matemáticamente. Para otra inteligencia, habia de lla- 
marse curva. Esto sentado, la que pretende el señor 
Murillo, no es, por sinuosa y quebrada, la que or- 
dena el Soberano. Ni la Real Cédula menciona al rio 



174 LÍMITES 

Nula, ni dice que le rodea, ni que siga corrientes, ni 
márgenes del Aráuca. Hace atravesar el Antuca, y to- 
do junto prueba, que es insostenible la pretensión que 
Venezuela niega, fundada en la Real Cédula de 1786. 

Conñrma aún más todo esto, y lo expuesto por el 
Plenipotenciario de -Venezuela en su primera exposición 
la vista del Gran Mapa del Estado Mayor General del 
general Morillo, del año de 1819, que lia sido puesto al 
examen del señor Ministro de Colombia en el archivo 
de límites. En ese mapa se ve trazada la línea en cues- 
tión, tal como aquí queda de nuevo descrita ; esto es, 
una recta, que dirigiéndose al Nt O., desde la 
margen del Meta, pasa al Sur del Desparramadero de 
Sarare, corta el rio Aráuca un poco más arriba de la 
boca de caño Caluft, muy acerca de cuyo corte, se ve 
trazado y nombrado el ^'camino de Casanare," y que por 
fin, va á terminar sobre la margen dereclia del rio 
Sarare al pié de la serranía. El territorio que queda 
al Sur y S. O. de esa línea, se dice en el mapa mis- 
mo " Casanare ;" y todo el que queda al N-. y N. E. 
de la misma, lo denomina "Provincia de Barinas." 
¿Se necesita una prueba más concluyente % Aquel e3 
el Uti Possidettis español. 

Que ingenieros comisionados por ambas partes tra - 
cen esa línea sobre el terreno, ya que Colombia no 
quiera aceptar como límite natural, perdurable y recí- 
procamente conveniente, el rio Ele ó el Lipa, sea en- 
horabuena ; pero han de limitarse esos ingenieros á des- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 175 

«ubrir la recta, entre los dos puntos que ordena la Real 
Cédula. 

Pregunta el señor Morillo "¿Qué tiene que ner que 
el Gobernador y sus dependientes viajaran por él rio 
hasta el pié de la serranía, con la pretensión de que 
'la linea se tire por la cresta de la montaña? 

Tiene que hacer por dos razones incontestables. 
1. a : porque el itinerario llegó al pié de la serranía 4 
encontrarse con la Comisión de Pamplona. 2.°: porque 
la Real Cédula dice " siguiendo por la serranía." 

Otro argumento colombiano es, que la comisión, 
subiendo el Sarare, no menciona las Barrancas . 

La Real Cédula menciona expresamente el pié de 
la serranía, y manda que de las nominadas Barran- 
cas se prosiga por la Serranía. \ No queda en eviden- 
cia, que según la Real Cédula, las Barrancas están 
al pié de la serranía ? 



XXI 



Por un argumento que con frecuencia emplean los 
matemáticos para demostrar una verdad, probando que 
aquello que se la opone es y seria imposible, redar- 
güiré por fia al señor Ministro de Colombia, su em- 
peño de fijar el Apostadero del Meta, como el punto 



176 LÍMITES 

en que dispone la Real Cédula de 1786, que empiece 
la línea de demarcación. 

¿Podría esa línea terminar en las Barrancas de 
Sarare, después de cortar el rio Aráuca en el "Pase- 
Real de los Casanaresf'' ¿Podría seguir por la 
serranía? Tírese esa línea sobre cualqnier mapa cono- 
cido, inclusive el oficial de Colombia, y se verá que 
según ella, no cumple en manera alguna lo que dis- 
pone la Real Orden misma en que S. E. pretendió 
fundarse. Tírese de la manera que lo sostuvo el Ple- 
nipotenciario de Venezuela, y se verá cumplida la 
soberana disposición. 

Interrogó en seguida el señor Murillo en estos tér- 
minos. "¿Cómo es posible mantener en suspenso el 
arreglo de límites que tanto interesa á la paz y al 
comercio de ambos pueblos, por pretensiones en cuyo 
favor apenas pueden insinuarse tales conceptos f' : 
Este apegas y estos tales conceptos, se refieren á 
esas demostraciones matemáticas que el lector acaba 
de tomar en consideración. 

Continúa el señor Ministro en estos otros términos. 
4í ¿Quiérese así cultivar una amistad y una frater- 
nidad como las que deben mantenerse entre pueblos 
que se necesitan reciprocamente para desarrollar la 
importancia á que los llama la naturaleza f" 

Nunca lian sido las exclamaciones argumentos de 
de derecho. Retorcer ese desahogo, pudo haber sido 
su contestación ; pero el Ministro de "Venezuela se 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 177 

abstuvo, como en otras ocasiones semejantes, de seguir 
al de Colombia en ese linaje de tratamiento. 

Y debe advertirse, que si en la adopción por 
Colombia del rio Ele ó del Lipa, en lugar de la línea 
imaginaria, resultara algún paño de tierra desierta en 
favor de Venezuela, su Ministro habia ya ofrecido, 
no en calidad de compensación únicamente, sino en 
muy generosa prueba de la fraternidad con que Ve- 
nezuela queria tratar á su antigua y futura hermana, 
una extensa región entre los Andes y el Orinoco, y 
entre el Meta y el Vichada. Aguas que salen del 
lado abajo de los raudales, que hacen á Colombia 
condueña del Orinoco, y que convierte á Bogotá casi 
en un puerto ñuvial, pues que á una jornada de buen 
camino carretero, ó pocas horas de un ferrocarril, tiene 
aquella capital, tan querida de Gruzman, tres buenos 
puertos sobre el Meta ; rio navegable en todas las 
estaciones, que corre de Occidente á Oriente casi en 
línea recta, y que desemboca del mismo modo en el 
Orinoco, por cuya boca saldrían las producciones de 
una tercera parte del territorio de Colombia, 300 leguas 
más cerca de los mercados extranjeros, de lo que 
salen hoy por la dificilísima arteria del Magdalena, y 
esto, sin tropiezos de ninguna clase, sin riegos, 
sin fuertes seguros, sin fletes enormes, y sin averías 
ni pérdidas. Es así como se prueba una amistad y 
una fraternidad, como las que deben mantenerse entre 
pueblos hermanos. 

12 



178 LÍMITES 

Se distrae el señor Ministro en impugnar el itine- 
rario de la Comisión Oficial, que dividió las Provin- 
cias de Caracas y Barínas. % Porqué % — Porque llamó 
matas los pequeños bosques que interrumpen nuestras 
sabanas, siendo ese como lo es, el único nombre con 
que son conocidos en todo el país (mata.) Por los 
nombres de los sitios y caños que menciona la comi- 
sión, aunque son los mismos que aparecen en los 
mapas conocidos, incluso el de Colombia mismo. Pero, 
¿qué fin útil puede atribuirse á esa impugnación, 
cuando el objeto que se investiga es el punto á donde 
llegó la Comisión, y ese panto está perfectamente 
demarcado entre las bocas del Cañar avá y el Lipa, 
entre dos pequeños cerros de piedra arrecife? 

i Qué valor tienen esas observaciones contra la 
misma Real Cédula invocada por el señor Murillo, y 
reconocida como vigente por ambos Gobiernos, que 
al mandar tirar la linea imaginaria divisoria entre la 
Capitanía General y el Virreynato, dice expresa y 
terminantemente: " desde el punto donde llegaron los 
Diputados de Caracas f '" 

Añade el señor Murillo "La comisión no podia 
estar autorizada para desviarse á su grado al Occi- 
dente, pues que así podría privar á su antojo á 
Barínas y á Casanare de las tierras de su juris- 
dicción. " 

Era tan difícil cumplir el encargo que gravitaba 
sobre el señor Murillo, que en realidad era imposible, 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 179 



liasta para su notorio talento. ¿Cuál era antes de esa 
delimitación, el territorio jurisdiccional que tuvieran 
Caracas ni Barínas, si no existia la línea divisoria % 
% Cuál era ese frande ? La Comisión iba demarcando 
por la primera vez los términos de esas jurisdicciones, 
-con la autoridad del Capitán G-eneral, y éste con la 
de una Real Cédula. Daban á la una y á la otra 
Provincia lo que habian de empezar á tener por suyo. 
Pero fijemos la., vista en lo sustancial para la 
•cuestión límites. La comisión llegó al Meta, en cum- 
plimiento de la misión que se le había confiado, en. 
«el punto medio de la distancia entre las bocas Cana- 
ravá y el Lipa: la Real Cédula de 1788 dice: "que la 
linea imaginaria divisoria de la Capitanía General 
y el Virreynato, empieze en el punto del Meta adonde 
llegaron los diputados de Caracas." Este es el manda- 
miento Soberano. Este es el Uti possidettis, contra el 
cual nada pueden argüir razones tales como la extra- 
íieza de los nombres de sitios y caños, ni la rara 
observación de que á los pequeños bosques se les 
llame matas. 

Más todavía, los diputados no iban á dividir á 
Harinas de Casanare, sino á Barínas de Caracas, 
en territorio todo venezolano, según la Real Orden 
misma ; quedando Casanare del lado allá de ambas 
provincias venezolanas. 

Siempre lian querido Nueva Granada y Colombia 
¡apoyar sus pretensiones en relaciones de mando de 



180 LÍMITES 

sus antiguos Virreyes. Es en una de ellas donde se 
ha argüido al señor Murillo, que la Compañía Gui- 
puzcoana tenia un Factor en San Salvado?' de Casa- 
nare, para probarle, que hasta sus inmediaciones lle- 
gaban los privilegios de la Compañía. Sin embargo, 
el señor Ministro tuvo por conveniente interponer una 
duda más, y desconocer, lo que la relación de mando 
terminantemente dice. 

Otra lucubración del señor Plenipotenciario le lleva, 
á echar de menos constancia del número de leguas 
á que se extendieran las jurisdicciones de los pueblos 
venezolanos fronterizos á Casanare. 

La Cédula Real no da lugar á semejante objeción. 
Fija el punto extremo de la linea imaginaria, allí á 
donde llegaron los diputados de Caracas, y la manda 
tirar hasta las Barrancas de Sarare. Aquello que 
quede de este lado de la línea, es inequívocamente 
el terreno jurisdiccional de los pueblos adyacentes. 

Aquí hace mención el señor Ministro de un informe 
del gobernador de los Llanos al Virreynato, en 1782, 
en que describe los términos de su jurisdicción, que 
llegan según el señor gobernador hasta Guanapalo, 
junto al puerto de Cajífi, y boca del Pauto. Esto 
pertenece enteramente á la discriminación del cuarto 
punto en la cuestión de derecho territorial, que es 
el de la grande Hoya del Orinoco, Casiquiare y Rio 
Negro, y nada tiene que hacer con los límites de Ve- 
nezuela con Casanare. 



ENTRE VENEZUELA. Y NUEVA COLOMBIA. 181 

Pero sí es pertinente á la actual discriminación, 
otro informe de un Feliciano Otero, también Gober- 
nador de los Llanos, según el señor Murillo, dirijido 
al Virrey en 1797, que trata u de los beneficios que 
reportarían las poblaciones de su mando por el co- 
mercio Ubre. " 

Incidentalmente asienta sobre límites, que Barínas 
-confina por el Norte con Caracas y Guayana, por el 
Sur, con Casanare, sin otra división que el rio Arauca, 
y por el Oeste, con Mérida, ambas Villas de Cúcuta, 
la de San Cristóbal, y mucha parte de la Provincia 
de Pamplona, y por el Oriente con Orinoco, jurisdic- 
ción de Guayana. 

Salvemos ante que nada, y dejemos en toda su 
claridad, la verdad de lo que se va discriminando. 

La Cédula de 1786, reconocida por ambas Repúblicas 
como Uti possidettis entre la Capitanía General y el 
Virreynato, deslinda á Casanare, que antes se llamó 
Desierto de los Llanos, en el Virreynato, de una ma- 
nera decisiva. Desde el punto á donde llegaron los 
Diputados de Caracas, hasta las Barrancas de Sarare, 
por una línea recta. Cualquiera otra demarcación an- 
terior, desaparece ante los términos explícitos de dicha 
'Real Orden. 

Pero persigamos al susodicho señor Otero, á quien 
tuvo la bondad S. E. de atribuir en ese informe " que 
revela alta inteligencia, sagacidad y celo sin afec- 
tación. " 



182 LÍMITES 

He aquí como vienen á tierra esas tres altas 
cualidades. 1.°: Barínas nunca ha confinado con Gfua- 
yana. 2.° : Su límite Sur, que es la línea de la Cédula 
de 1786, está muy distante de ser el rio A rauca, que 
debe ser cortado por esa línea. 3.° : Barínas no con- 
finaba con las villas de Cúcuta ; quien confinaba era 
Mérida. Tan garrafales errores no merecían tanta 
generosidad del señor Murillo. 

i Y es esto todo % No señor. Ignoraba el señor 
Otero, de modo increíble, la topografía del terreno. 
Sitúa el " Trapiche en la boca del Meta sobre el rio 
Orinoco, y le llama "Confín á la verdad, muy impor- 
tante de esta Provincia. " Consúltese ahora el Mapa 
que se quiera, y aun el propio Mapa oficial de Co- 
lombia, y se encontrará " Trapiche, el Caño Trapiche, 
la isla Trapiche, los arrecifes e islas de Trapichito," 
todo esto inmediato á la boca del Caño Cañar avá, 
verdadero confín de Casanare, como antes queda pro- 
bado. 

Otro informe de un antiguo Gobernador de los Lla- 
nos del Virreynato, fecha de 1752, y en que busca apoyo 
el señor Ministro de Colombia, carece de toda eficacia 
para sostener lo que con él se quiere defender. Por 
los términos mismos que S. E. copia, se vé que apenas 
tocaba el distrito de los Llanos, el rio * Arauca, y esto 
no podia ser sino cortándolo por encima del Paso Peal 
de los Casanares, que es lo que consta en Ja Real 
Cédula, Si se consulta el Mapa oficial del Estado Ma- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 183 

yor del general Morillo, Pacificador entonces, y por 
voluntad del Rey, omnipotente en el Yirreynato como 
en la Capitanía General, se encontrará eso que el señor 
Murillo ha venido negando, que puede ya descubrirse, 
con el nombre Paso Peal de Casanare. La línea divi- 
soria parte en el Mapa á poca distancia de la boca del 
Lipa en el Meta, sigue hasta un pueblo llamado Todos 
Santos, y ese trayecto hasta cortar el Arauca, lo llama 
el Mapa, Camino de Casanare. Aquel punto, donde este 
camino corta el Arauca, ha de ser precisamente el Paso 
Real de los Casanares. Sigue el camino hasta otro punto 
cerca de Guacliivá, y es allí a donde el Mapa traza un 
camino que viene de la serranía, y que llama Camino de 
Cuenta, el cual debe ser el que también se llama camino 
de Pamplona. Llegabn, pues, la jurisdicción territorial del 
Yirreynato, según el Mapa oficial español de la última 
fecha, á ^se punto, poco distante de la boca del Lipa ; 
y otra vez tenemos confirmado todo lo que viene pro- 
bándose en esta demostración. Llegaba al Arauca el 
Distrito de los Llanos del "Yirreynato, pero era cortán- 
dolo, y por tanto, no eran límites sus aguas, seguidas, 
como lo quiere el señor Murillo. 

Que mencione ese informe al Arauca entre las aguas 
que corren por su Distrito, se explica perfectamente, 
porque el Arauca nace y corre alguna distancia en ese 
territorio del Distrito de los Llanos, lo cual no quiere 
decir que el Arauca en toda su extensión fuese límite, 
sino que lo es precisamente hasta el punto en que así 



184 LÍMITES 

lo ordena la Real Cédula de 1786, "donde lo corta el ca- 
mino de los Casanares en el Paso Real de ese nombre." 
"Notable" llama el señor Ministro " el empeño de 
su colega Guzman en ec?¿ar por tierra la linea trazada 
por Codazzi, que hoy mismo es ley de Venezitela." 

Lo que es ley de Venezuela es lo contrario : es la 
desaprobación del Congreso de Venezuela, al proyecto de 
tratado Michelena de 1833, á que se ajustó el señor 
Codazzi ; por no tener datos ciertos, como él mismo lo 
confiesa. 

Va el señor Murillo hasta el extremo de atribuir 
á su colega, el error de tomar el Arauca por el 
Meta. ■ 

La equivocación es del señor Murillo, que quiere 
llevar la línea divisoria u por las aguas de Arauca abajo 
hasta el Paso del Viento " y de allí por el meridiano 
de Codazzi al Apostadero del Meta, " cuando la Cédula 
Real, que sirve de fundamento en esta discriminación, 
esa de 1786, ni menciona el curso del Arauca, ni el 
Paso del Viento, ni tal meridiano, ni tal Apostadero ; 
sino que manda expresamente, que se tire su línea 
imaginaria de deslinde entre el Virreynato y la Ca- 
pitanía General, " desde el punto adonde llegaron los 
Diputados de Caracas sobre el Meta, hasta las Barran- 
cas del Sarare, por encima del Paso Peal de los Casa- 
nares en el rio Arauca. " 

El desden del señor Plenipotenciario Colombiano por 
el Gobernador de Barínas señor Millares, solo puede 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 185 

explicarse por el disgusto natural que habia de causar 
á S. E., lo grave de la autoridad de aquel Gobernador 
de Barínas, que tan explícita y exactamente nos dejó la 
descripción de su Provincia, de la manera que antes 
queda expuesta, con expresión de sus límites, y de sus 
ciudades, pueblos y caseríos. El señor Millares fué de 
lo más ilustrado, de lo más recto y consagrado al ser- 
vicio de su patria, que mandara el Rey de España á 
sus Colonias ; y tal es la muy justa fama postuma de 
que goza. 

Otro documento apareció al fin, citado por el señor 
Ministro de Colombia. Un oficio de 23 de Abril de 1792, 
firmado por un Gobernador de Casanare. En él se di- 
ce ; que hasta aquella fecha, "no se habia señalado 
todavía con aguja la Unen divisoria de Casanare con 
Barínas. " 

Tampoco lo ha sido hasta hoy con aguja, pero sí 
lo fué y muy terminantemente, por la Real Cédula de 
1786, por una línea, desde el "punto adonde llegaron los 
Diputados de Caracas, hasta las Barrancas de Bar are, 
al pié de la Cordillera.'''' Lo de la aguja es indudable- 
mente sutil, pero la Real Cédula lo embota de una 
manera concluyente. 

Fué del gusto del señor Ministro asentar, que la 
argumentación de su colega se apoyaba en datos que no 
concurrían al objeto con que eran aducidos. 

Esto debe quedar considerado como del orden sun- 
tuario de la argumentación. Es una sentencia sin juris- 



186 LÍMITES 

dicción ni competencia alguna, ni pertinencia en cues- 
tiones de derecho, que no pudiera ser inspirada sino por 
la energía de un empeño y de un compromiso, tan 
inextricables como los que pesaban sobre el señor Murillo. 

Preguntó el señor Ministro, para responder á la 
reclamación de su colega de la villa de Arauca, de 
Arauquita, Santa Rosa etc. 

lí ¿ Qué entendemos por derechos del Úti possidettis V 

La respuesta es perentoria. Uti possidettis es pose- 
sión con titulo válido. ÍTo lo es la simple posesión de 
hecho; y en la delimitación del Virreynato con la Ca- 
pitanía General, el título válido es la Real Cédula de 
1786. 

Habla el señor Plenipotenciario de "otras poblaciones 
á la derecha del Araura.^ No existe sino una, que se 
llama Paso del viento, y que se está considerada, por 
la ocupaciourn indebida de Colombia, mitad suya y mitad 
de Venezuela. Y otra vez es necesario citar la Real 
Cédula de 1786, la que Colombia y Venezuela consideran 
último y auténtico mandamiento, constituyendo el Uti 
possidettis de 1810. 

Al terminar su réplica el señor Murillo, asienta lo 
que sigue : " Y no cuadra bien que tras de ella y como 
pidiendo una restitución y un avenimiento, el señor Pleni- 
potenciario hable de tirar una nueva línea toda en menos- 
cabo de lo que es debido á Colombia y de lo que desde 
él principio se le ofreció como estrictamente ajustado al 
Uti possidettis de 1810. El derecho y la dignidad de Co- 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 187 

lombiá se hierenno menos con la especie de argumentación 
que con la propuesta" 

Lo que tiene este pasage del señor Murillo de diso- 
nante, con el genio benevolente que siempre ha debido 
y debe presidir, entre dos pueblos verdaderamente her- 
manos, al tiempo de discriminar derechos, no creyó el 
Ministro de Venezuela que ameritase de su parte nna 
retorcion. 

El no habia hecho otra cosa que reclamar el cumpli- 
miento, tan religioso como es debido, de una Real Cédula, 
que ambas Repúblicas reconocen hoy como título válido 
de su respectivo derecho territorial, conforme al Uti 
possidettis de 1810 ; y no se comprende como consin- 
tieran la capacidad tan notoria del señor Murillo y su 
conocida rectitud, en atribuir á su colega la pretensión 
de tirar "una nueva línea toda en menoscabo de lo que 
es debido á Colombia. " 

Menos inteligible es, que se supusiera ofrecido por 
Venezuela y estrictamente ajustada al Uti possidettis de 
1810, cualquiera otra delimitación de los dos países, que 
la prescrita por la mencionada Real Cédula. 

En cuanto á que la dignidad de Colombia hubiese 
sido herida con la argumentación y la propuesta del 
Ministro Ouzman, seria necesario resolverse á creer el 
imposible, de que esa dignidad fuese incompatible con 
la justicia. 

Para que se juzgue bien por los ánimos rectos de uno 
y otro país esta grave cuestión, y del espíritu con que 



188 LIMITES 

la sostienen una y otra parte, y no por ningún otro 
estimulo, añadiré lo siguiente. Es otro párrafo del señor 
Murillo, que dice así. " No se concilla bien una propo- 
sición semejante con la sinceridad que dele presidir á 
una avenencia ó transacción, cuando comenzamos por 
sentar que aquello mismo que se disputa nos pertenece in- 
concusamente, y se afecta ceder una pequeña porción 
exigiéndolo todo. " 

Prescindamos de la amargura con que habia de 
leerse lo que antes queda subrayado. Eso seria ale- 
jarnos del deber de procurar una avenencia ó tran- 
sacción. 

Pero no se puede prescindir de que el señor Mu- 
rillo olvidara, que estaban los dos Plenipotenciarios 
todavía desempeñando la primera parte de la negocia- 
ción, destinada á descubrir los dos extremos de la cues- 
tión límites, en los títulos y pruebas de jurisdicción 
territorial, ajustados al Uti possidettis de 1810; para 
pasar después á la segunda parte, ó sea, la concilia- 
ción posible de esos derechos, consultando intereses re- 
cíprocos y conveniencias mutuas. 

En resumen. Si Colombia juzga conveniente fijar 
el límite por aquella parte, desde el páramo Tama, 
origen del Táchira, por la cuchilla de aquella Cordi- 
llera, hasta el próximo nacimiento del Ele ó del Lipa, 
y por el uno ó por el otro hasta su desembocadura 
en el Meta, Venezuela está dispuesta á aceptarla 
también, y no solo á compensar el. desierto y peque- 



ENTRE VENEZUELA. Y NUEVA COLOMBIA. 189 

ñísimo espacio que pudiera quedar en su favor, com- 
parando ese límite con el de la Real Cédula vigente, 
sino á dar una espléndida prueba de su ingenua fra- 
ternidad, con la concesión ya indicada, entre los An- 
des y él Orinoco, él Meta y él Vichada, concesión que 
constituirá á Colombia en dueña del Orinoco, á Bogo- 
tá casi en puerto fluvial, y á más de un tercio del terri- 
torio colombiano, en comunicación fácil, pronta, y singu- 
larmente económica para todos sus cambios con el ex- 
terior. 

Si Colombia se negara á aceptar ese límite natu- 
ral y perdurable, que armonizaría para siempre los 
intereses y los ánimos de las poblaciones fronterizas, 
prefiriendo la línea que estableció el antiguo Sobera- 
no en su Cédula de 1786, tampoco habrá más cues- 
tión. No habrá sino que trazar en el terreno esa 
recta, entre los dos puntos que ella precisa ; amojonar 
aquellas sesenta leguas ; conservar á perpetuidad cerca 
de 200 postes ; y seguir sufriendo pacientemente todos 
los inconvenientes de esa impertinente delimitación 



190 LÍMITES 



XXIII. 

LÍNE\ DIVISORIA ENTRE LOS ANDES Y EL ORINOCO, 
CASIQUIARE Y RIO NEGRO. 



Por el proyecto de Tratado Michélena, comenzaba 
esa línea en el Apostadero del Meta, y seguía por su 
meridiano hasta el confín Sur. Esto fué aprobado por 
el Congreso granadino en 1834, y desaprobado por Ve- 
nezuela. 

Ocho años después, el mismo señor Pombo, cole- 
ga del señor Michélena en 1833, viene á Caracas como 
Plenipotenciario granadino, y en un Tratado de comercio 
y navegación, acepta como concesión fraternal de Ve- 
nezuela, que la bandera granadina pueda navegar las 
aguas del Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, como las 
demás de dominio venezolano, sin otros gravámenes 
que los de la bandera venezolana. 

Al cabo de ocho años, desde 1833, nohabia ocu- 
rrido á los Altos Poderes granadino?, ni á Ja prensa 
nacional, ni á hombre alguno, que la Nueva Granada 
tuviese derechos territoriales hasta las riberas mencio- 
nadas, pues que si tal noción hubiera aparecido, Nue- 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 191 



va Granada se habría considerado, no solo ribereña, 
sino condueña de aquellas grandes arterias fluviales. 

Diez años después de aprobado por Nueva Grana- 
da el proyecto del Tratado Michelena, y dos después 
del Tratado Pombo, (1842) asoma el señor Acosta, Mi- 
nistro granadino para esta negociación, la novedad de 
querer extenderse Nueva Granada hasta las riberas oc- 
cidentales de los tres citados grandes rios. Es decir : — 
abarcando casi toda la región de las tres hoyas del 
Orinoco, Casiquiare y Rio Negro ! ! 

De modo que, íntegros en Bogotá los archivos del 
Virreynato y de la antigua Colombia, ni el Ministro 
señor Pombo, colega del señor Michelena, ni el de Re- 
laciones Exteriores, ni el Gabinete granadino, ni el 
Presidente de aquella República, ni uno solo de los 
numerosos Senadores y Representantes de Nueva Gra- 
nada, en el espacio de diez años, encontraron motivo 
alguno, en el estudio de la cuestión límites, para ima- 
ginar el antojo del señor Acosta. Sin la menor ob- 
servación, aprobaron en 1833 el proyecto que limitaba 
su jurisdicción territorial, por una línea que dista desde 
veinte hasta sesenta leguas de esas riberas ; y sin la 
menor observación fué aprobado y canjeado el Trata- 
do Pombo de 1842. No pudiera ser todo esto de 
más singular significación. Estudiando límites todos los 
altos funcionarios de aquel país en archivos íntegros 
disputando sobre la Goagira, sobre San -Faustino y so- 
bre Arauca, aprobando definitivamente el proyecto de 



192 LÍMITES 

Tratado Miclielena, y luego el tratado Pombo, no se 
encuentra, no aparece, ni el motivo más insignificante 
para asomar siquiera la menor duda con relación al 
límite occidental, que ahora se quiere atribuir al Vi- 
rreynato, y por consiguiente á Nueva Granada y Co- 
lombia. Tampoco ocurrió á la prensa nacional, ni á 
hombre alguno, que la Nueva Granada tuviese dere- 
chos territoriales hasta las riberas mencionadas, pues 
que si tal noción hubiera aparecido, Nueva Granada 
se habría considerado, no solo ribereña, sino condue- 
ña de aquellas grandes arterias fluviales. 

Volvamos pues á demostrar lo infundado, lo ver- 
daderamente absurdo de la invención Acosta, que to- 
davía se quiere sostener. 

Para esto es necesario remontarnos casi á los prin- 
cipios del siglo pasado, y traer la historia oficial has- 
ta 1810, labor pesadísima sin duda, pero deber que 
impone el amor al uno y al otro país. 

En 1731 creó el Rey de España la Capitanía de 
Venezuela. 

En 1753, para cumplir el tratado de límites con la 
corona de Portugal, celebrado tres años antes por el 
Rey de España, se crean cuatro comisiones de límites, 
para que los demarquen desde la colonia del Sacra- 
mento, sobre el rio la Plata, hasta el Amazonas y sus 
afluentes. 

La cuarta de esas comisiones, encargada de delinear 
la frontera entre el Amazonas y el Orinoco, fué puesta 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 193 



á cargo del jefe de escuadra don José de Iturriaga que 
la presidia, el coronel de infantería don Eugenio Alva- 
rado, el capitán de navio don Antonio de Urrutia y 
el de fragata don José Solano, 

Por esa Cédula de 1753 encargó el Rey á esta 
comisión " el establecimiento de pueblos en el terreno 
que media entre el Marañon ó Amazonas y el Orino- 
co >, y poco más tarde, como se verá en su lugar, con- 
firió el Rey á Iturriaga el titulo de comandante ge- 
neral de poblaciones" y de todo el rio Orinoco, para 
fundarlas y vigilar la frontera con los Portugueses." 
Y añade el Soberano : que supuesto su nuevo destino 
de "Comandante general de dicho territorio y pobla- 
ciones,' 1 '' debia procurar que los Portugueses no se iu 
temasen en los dominios de España. 

Se extendía pues la jurisdicción de Iturriaga Á to- 
da la línea fronteriza con la Colonia Portuguesa, 
ó sea el Brasil. 

En 1754 llegó la Comisión á Caracas y en 1756 en- 
tró en la región del Orinoco, y continuó al Sur hasta 
Casiquiare y Rio Negro. Pasadas las Cataratas de 
Atures á Maipúres, el ingeniero geógrafo Don José 
Solano llegó á la embocadura del Guaviare, y continuó 
pacificando la región de Rio Negro hasta el raudal de 
Coroeuvl. 

Solano logró que el cacique Granero, vencedor de 
los caribes, se lijara en San Fernando de Atabapo, y 
que Ipúr y Cajamú se fijaran al Sur ; pero los 

13 



194 LÍMITES 

Manitimtanos conducidos por Cocuy, y ganados por 
los portugueses, se pasaron á ellos, y los condujeron 
aguas arriba hasta fundar á San José de los Maramta- 
nos, queriendo apoderarse del raudal de Qorocuví, an- 
tes explorado y ocupado por el Alférez Santos y el 
sargento Bobadilla á las órdenes de Solano. 

Esto se va escribiendo, para probar cómo todo el 
territorio de aquella región fué descubierto y some- 
tido á España, por la comisión antes mencionada, á 
órdenes de Iturriaga, y á esfuerzos de Solano. 

Cumuripe y Sitiar ir ico fueron fundados en la vi- 
fu rea cion del Orinoco que da origen al Casiquiare y 
San Francisco de Solano en la desembocadura del Ca- 
siquiare en el Rio Negro, ambos en la ribera izquierda. 

En la derecha fueron establecidos San Felipe y 
San Agustín, y hacia arriba, en la izquierda, San Mi- 
guel, Tonmb Maroa, San Gabriel, y Sania Rosa de 
Fimicliin. 

Véase pues, que por estos datos, comprobados en 
el archivo que se puso al examen del señor Murillo, 
toda la región de Rio Negro, Casiquiare, Atabapo y 
Guaviare, desde el raudal de Corocuví, y aun desde la 
Laguna de MaraYí, fué fundada y quedó dependien- 
te del centro de autoridad establecido en San Fer- 
nando de Atabapo, jurisdicción á cargo de la " Co- 
mandancia General del Orinoco, Casiquiare y Rio Ne- 
gro, conferida por el Rey á Don José de Iturriaga en 
1762. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 195 

Al morir Don José de Iturriaga, transfirió esa mis- 
ma jurisdicción á la " Comandancia y Gobierno de 
Guayana" 

En 176G aprobó el Rey lo dispuesto por Iturriaga, 
y confirmó esa jurisdicción al Gobernador de G-uaya- 
na, sobre toda la región cuya exploración y someti- 
miento al Rey habia antes confiado á la Comisión y 
á la "Comandancia General de Iturriaga.' 1 '' 

Este territorio linda al Occidente con la misión 
más oriental de los Llanos de San Martin, la cual 
llegaba al punto en que el Guayabero y el Yariarl 
forman el Guaviare ; y lindaba además con las mi- 
siones de los Andaquíes y del Caquetá, que goberna- 
ban los religiosos de Mocoa, Caquetá, Fragua y Ca- 
guán, sin extenderse al Oriente del Caguán, afiuente 
del Caquetá, ni aun á la embocadura del de los En- 
gaños, en el mismo Caquetá. 

Aparece pues evidente, que las misiones de Cari- 
chana, Atures, Maipur.es y todo el partido de Casi- 
quiare y la Hoya del Rio Negro, dependientes del 
Centro de autoridad de San Fernando de Atabapo, ba- 
jo la jurisdicción de Iturriaga, quedaron dependientes, 
por disposición soberana en 1766, de la " Comandan- 
cia y Gobierno de Guayana. 

Queda probado hasta donde llegaban las misiones 
que dependian de- Santa Fe, independientes de la au 
toridad de Iturriaga. 

Y queda probado que todo el territorio antes de- 



19 O LÍMITES 

lineado al Sur del rio Meta, y atravesado por el Vi- 
chada, el Guamare, Atabápo, Inirida, Cásiquiare y 
Rio Negro y sus afluentes, pertenecían á la jurisdic- 
ción de Guayana, por Cédula Real expedida en 1766. 



XXIV 



La Cédula dirijida al Virrey de Santa Fe en 5 de 
mayo de 17G8 dice lo siguiente : 

"Don José de Ilurriaga, etc.; dispuso que la Co- 
mandancia General de las nuevas poblaciones del alto 
y bajo Orinoco y Rio Negro, que ejercia, quedase, como 
lo está por su fallecimiento, a cargo del Gobernador y 
Camandante de Guayana ; y conformándome á esta 
disposición, y hallando conveniente á mi Real servicio 
que subsista invariable, hasta nueva resolución mia, la 
expresada agregación al Gobernador y Comandante de 
Guayana, etc., de suerte que queda reunido en aquel 
mando, siempre subordinado á esa Capitanía General 
(la de Santa Fe) el todo de la referida provincia. 

Véase aquí que el Soberano considera y llama un 
todo la referida provincia de Guayana. 

Ni eso podia entenderse de otra manera, porque al 
agregar una parte á otra parte, queda naturalmente cons- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 197 

tituido un todo ; y ese todo quedó siendo la Provin- 
cia de Guayana, que nunca volvió el antiguo Sobera- 
no á separar ni á desmembrar. 

En 5 de Mayo de 1768 separa el Rey la Provincia 
de Guayana del Virrey nato, y la agrega á la Capi- 
tanía General de Caracas, y con esa fecha dice el 
Ministro de Indias, acompañando la Real Cédula al 
dicho Capitán General de Caracas: " Que declarado por 
el Rey que han de quedar perteneciendo al Gobierno 
de Guayana las poblaciones de alto y bajo Orinoco y 
Mió Negro, se lo participa á los efectos que convenga, 
y como por Real Orden de 1.° de marzo de 1766 se 
disponía que la Comandancia de Guayana estuviese 
subordinada al Capitán General de Venezuela, así se 
Jiabia comunicado al Virrey de Santa Fe." 

En 28 de Octubre de 1771, vuelve la jurisdicción 
de Guayana á depender del Virreynato, por nueva Cé- 
dula Real que dice : 

■ ■ Que no subsistiendo el motivo por el cual se yu- 
so el Gobierno y Comandancia de la Provincia de Gua- 
yana á las órdenes del Capitán General de Venezuela, 
quedase subordinada al Virrey de Santa Fe la dicha 
Comandancia? ' 

El 8 de Setiembre de 1777 vuelve el Soberano á po- 
ner bajo la jurisdicción del Capitán General de Vene- 
zuela la Provincia de Guayana, con las de Cumaná y 
Maracaybo, y las Islas de Margarita y Trinidad. 

Apenas ®s concebible cómo pudo el señor Acosta 



198 



LIMITES 



imaginar, que volviendo á la jurisdicción de Caracas 
teda la Provincia de Guayana, cual viene conociéndose 
por los antecedentes preinsertos, quedaran bajo la del 
Virreynato las poblaciones del alto y bajo Orinoco, Ca- 
siquiare y Rio Negro, que constan situadas en los lin- 
deros conocidos del mando de Ilurriaga. 

Sin embargo, así se pretendió, y así han querido 
sostenerlo désele entonces, Nueva Granada y Nueva Co- 
lombia de 1844 para acá. 

Pero tan extraño error, tan infundada pretensión, 
desaparecen totalmente ante la prueba concluyente que 
vamos á exponer. 

¿A quién tocaba dar su verdadera inteligencia y su 
extricto cumplimiento á la Real Cédula, que última y 
difínitivamente dejó á Guayana bajo la jurisdicción de 
la Capitanía General de Caracas ? Sin duda que á Ios- 
Magistrados y funcionarios públicos del mismo régimen 
español de aquellos tiempos. Sin duda que al Gober- 
nador y Comandante de Guayana, á las autoridades y 
empleados de su dependencia, á los Misioneros, ai Ca- 
pitán General y al Intendente de Caracas, y más que 
nada, al Ministerio de Indias y al Soberano. Veamos 
pues que la interpretación forzadísima del señor Acosta, 
está en contradicción manifiesta y evidente con esa in- 
teligencia y ese cumplimiento, dado por todas las au- 
toridades españolas á la expresada Real Cédula de 8 
de setiembre de 1777. 

1777. — En ese mismo año da la agregación de Gua- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 199 



yana á la Capitanía General de Caracas, ya empieza á 
verse el cumplimiento de la Real Cédula, cual fué la 
intención del Soberano, y cual fué entendida y cumpli- 
da por todas las autoridades. Ella tuvo fecha de 8 de Se- 
tiembre, y apenas un mes después, en 1.° de Octubre, 
se expide por el Rey la que comunica al Intendente ge- 
neral de Venezuela, para que los misioneros de la or- 
den de San Francisco en el lado oriental del Orinoco, 
fuesen trasladados á la banda occidental, bajo un pre- 
fecto independiente del de Píritu. 

¡Y esta banda occidental es la que se quiere dis- 
putar á Venezuela ! 

1778. — El Intendente general de Venezuela, en 18 de 
agosto, al ministerio de Indias : que es muclio mejor, en 
efecto, conservar los diez religiosos observantes en la ban- 
da occidental. 

1779. — Real Cédula ordenando al Capitán General 
de Caracas, que evacué un informe sobre los perjuicios 
que causaran los extranjeros en la Provincia de Gua- 
yaría, sobre sus misiones etc. 

1782. —El Capitán General dice al Ministerio de In- 
dias : " Que por la vasta extensión que media de la 
región del Orinoco al Amazonas, término meridional 
de la provincia, en cuyos territorios existian grandes 
cacaguales silvestres, tanto en rio negro como en otros 
parajes de la provincia, creia el Capitán General 
que seria conveniente que S. II. concediese nuevas' mi- 
siones en Quayana á los padres Franciscanos observan- 



200 LÍMITES 

tes, y á los Dominicos y Mercedarios de Venezuela y 
Santa Fe, dando á los Dominicos el terreno desde Cu- 
chivero liasta los raudales de Atures y Malpares, Á am- 
bas márgenes del Orinoco, y también todo su fondo 
hasta el Amazonas, lindero meridional de guayana, 
llenando así el vacio dejado por los expulsos Jesuítas: 
que á los observantes se le atribuyera el territorio des- 
de dichos raudales hasta las cabeceras de Orinoco, con 

TODO EL CASIQUIARE Y RIO NEGRO." 

1783. — Don Antonio de La Torre, comisionado por 
el Virrey Oongora en el Distrito de los Llanos del Vi- 
rreynato, informa al Arzobispo Virrey: " Que ninguna 
población había á Id banda meridional del" Meta, que 
perteneciera á la jurisdicción de aquel Distrito" 

1787. — Por Cédula Real de 6 de junio deja el Rey 
al arbitrio del Intendente de Venezuela y del Gober- 
nador de G-uayana, y del Prefecto y Padres de las 
misiones, la distribución de los 63 religiosos entre el 
alto y bajo Orinoco. 

1792. — En 3 de mayo. El Intendente general de Ve- 
nezuela al gobernador de Gruayaaa, comunicando el auto 
que liabia proveido, para el arreglo de los pueblos del 
Alto Orinoco y liio Negro, y para el pago de los síno- 
dos de todos los misioneros. 

1792. — El Gfobernadar de (xaayana acusa recibo y 
expone algunas observaciones. 

Don Manuel Centurión, á quien confirió su auto- 
ridad Iturriaga al tiempo de morir, y á quien confir- 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 201 

mó el Rey en la jurisdicción de Guayana, inclusa ya 
la que ejerció Iturriaga, se llama en todos sus docu- 
mentos "Don Manuel Centurión" Gobernador de 
Guayana, Alto y Bajo Orinoco y Rio Negro. 

Don Luis Antonio Gil, en 8 de marzo de 1792, se 
llama Gobernador Capitán General á Intendente de Gua- 
yana Alto y Bajo Orinoco y Rio Negro. 

Todavía en 1801, 24 años después de la Cédula que 
agregó los territorios de la jurisdicción de Iturriaga á 
la provincia de Guayana, don José Felipe de Inciarte 
se titula : Gobernador ; Comandante General é Intenden- 
te de la Provincia de Guayana Alto y Bajo Orinoco y 
Rio Negro. 

De modo que, con el mismo título que gobernaba 
Centurión en 1771, bajo la dependencia del Virreyna- 
to, siguió gobernando bajo la Capitanía General de Ca- 
racas, y con el mismo título gobernaba Gil en 1792, 
y gobernaba Inciarte en 1801. 

El plano de Guayana que la Intendencia de Vene- 
zuela pasó en 1792 á la gobernación de Guayana, con- 
tiene una descripción de todas las poblaciones á dere- 
cha é izquierda del Orinoco, del Atabaco, de Casiquia- 
y Rio Negro. 

Omitiendo otras muchas pruebas semejantes, queda 
bien comprobado por actos del mismo Soberano, de la 
Capitanía General, de la Intendencia de Caracas, de los 
gobernadores de Guayana, etc., etc., que la Cédula de 
1777 pasó definitivamente á la jurisdicción de Yene- 



202 LÍMITES 

zuela, como parte de Guayaría, todo lo que fué explo- 
rado y fundado por la cuarta comisión de límites, y 
gobernado por don José léurriaga, y transferido por 
éste á Centurión, y conservado en esa misma juris- 
dicción un tercio de siglo después de la fecha, en que 
el señor Acosta imaginó, que esos territorios habian 
quedado en la jurisdicción de Santa Fé. Absurdo que 
se ha pretendido sostener por gobiernos incapaces, in- 
justos é imprevisivos de Bogotá, sin estudiar los dere- 
chos suyos ni los ágenos, aprovechando la incuria, la 
verdadera somnolencia de otros malos gobiernos de 
Venezuela, para traer las cosas á un punto, en que el 
patriotismo, la sana razón, la justicia y el sentimiento 
fraternal de ambos pueblos, les imponen con verdadero 
imperio, y con estrema urgencia, la necesidad de poner 
un término justo y conciliador á la grave y peligrosa 
cuestión de sus límites. 



XXV 



Pero después de bien probados los títulos terri- 
toriales de Venezuela, á toda la región que exploró y 
fundó la cuarta comisión de límites entre las dos 
coronas de España y Portugal, con el tenor de las 
Reales Cédulas, Reales Ordenes, y la serie de docu- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 203 

mentos oficiales que quedan citados, y que se presen- 
taron originales al señor Murillo, solo falta tomar en 
consideración, lo que alcanzó á decir S. E. para cum- 
plir su deber oficial, y demostrar que carece de toda 
fuerza en la cuestión de derechos que se ventila. 

Pero antes será muy conveniente continuar con otra 
demostración, igualmente incontestable y decisiva. 

La de describir gráficamente esa región, con sus 
límites, sus pueblos y misiones, su topografía, liasta 
donde es conocida, y lo más notable de la correspon- 
dencia referente á ella, entre el Soberano y los fun- 
cionarios públicos, y de estos funcionarios entre sí. 

Para esto será indispensable casi copiar la parte 
correspondiente de la negociación de límites, en la 
conferencia de 25 de enero en 1875. 

El plano ó descripción topográfica acompañado por 
el Intendente General de Venezuela á la Gobernación 
de la Provincia de Guayana, que se presentó original 
al señor Ministro de Colombia, y que según su fecha, 
fué pasado quince años después de la en que supuso 
Acosta haber quedado en el Virreynato los territorios 
que transfirió Iturriaga á Centurión, y que el Rey le 
confirmó, formando un todo jurisdiccional, hace 
constar lo siguiente. 



204 LÍMITES 



POBLACIONES. 

Alto Orinoco hasta San Fernando de Atabapo. 

1.° — Ribera derecha del rio. 
— Uriquiria, San Francisco de Cuchivero, Caicara, Ca- 
puchino, Encaramada, Urbana, Cari chana, y San Juan 
Nepomuceno de Atures. 

IZQUIERDA DEL RIO. 

San José de Maipúres, San Bórja, Santa Clara de 
Sama. 

2.° — Desde San Fernando de Atabapo hasta las 
cabeceras del Orinoco. 

DERECHA DEL RIO. 

San Román, San Francisco, San Rafael, Santa Ger- 
trudis, San Félix. 

IZQUIERDA DEL RIO. 

Santa Bárbara, San José, San Vicente, Santa Isabel 
de Marrea. 

3.° — Derecha de la bifurcación. 

CASIQUIARE. 

Fortaleza Buena-guardia, Quera-buena, Santa Cruz, 
Nuestra Señora del Triunfo. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 205 

IZQUIERDA DE LA BIFURCACIÓN. 

Sivaririco, Cunuripe, Ponciano, Buenavista, San 
Francisco Solano, Custodio, Santa Isabel. 
4.° — Rio Atabapo. 

s 
DERECHA DEL RÍO. 

San Fernando, Chamuchina, Santa Cruz, Baltazar. 

IZQUIERDA DEL RIO. * 

San Antonio de Tuaminí ó Yavitá. 
5.° — Rio Negro. 

DERECHA DEL RIO. 

San Felipe, San Agustin, Tomó Adentro, Tomó 
Afuera. 

IZQUIERDA DEL RIO. 

San Carlos, Tiriquin, San Gfabriel, Maroa, Santa 
Rosa de Pimichin, San Miguel, Victorino, Tabasquen, 
Tigre. 

Estas, eran las poblaciones y caseríos que en las 
regiones del Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, estaban 
bajo la jurisdicción del gobernador de Guayana, quince 
años después de haber sido Guayana segregada del 
Virreynato y agregada á la Capitanía General de 
Caracas. 



206 LÍMITES 

Véase, pues, hasta qué punto es absurda la in- 
vención Acosta, imaginada á los catorce años de la 
separación de Venezuela, á los diez años del proyecto 
del Tratado Miclielena, y dos años después de apro- 
bado y canjeado el Tratado Pomoo, en que Nueva 
Granada reconoció el dominio exclusivo de lo que ahora 
se quiere disputar. 

He aquí también, el cuadro de las Misiones for- 
madas y fomentadas por el Virreynato, y que le per- 
tenecían en el gobierno español. 

EN PORÉ Ó CASANARE. 

Macuto, Guacacia, Cagüima, Betoj^es, Tamé, Maco- 
cuare, Patuté, San Salvador, y Morcóte. 

Esto era en 1806, cuando un Gobierno político que 
se llamaba Distrito de los Llanos, dependiente del 
Virreynato, gobernaba tres secciones, llamadas Casa- 
nare, Santiayo y San Martin, y que no llegaban hasta 
cerca de la embocadura de los rios Casanare, Lipa y 
Ele ó Meé en el Meta. 

EN SANTÍAGO. 

Casimena, Surimena, Buenavista, Simena, Sabana 
Alta y Nansa. 

EN SAN MARTIN. 

San Antonio, Guamera, Maricure, Arama, Payo, 
Pachiquiare, Cuiloto, Soledad, Eleé y Lipa. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 20 7 



El pueblo más oriental sobre las riberas del Gua- 
yabero, no llegaba al punto en que este rio y el 
Ariarí forman el Guamare. 

en andaquíes. 

Cinco pueblos entre las márgenes de los ríos Fragua 
y Pescado. 

En el Cagueta y el Putumayo tenían los misio- 
neros de ocho á diez poblaciones. 

Estas mieiones, con las de Andaquíes, pertenecían 
á los religiosos del rio Mocoa, del Cagueta, del Fra- 
gua y del Caguán, y llegaban antes de desaguar el 
Caguán en el Cagueta. 

Las de Putumayo, próximas á la embocadura del 
Yaguas, eran Marive, La Asunción y San Ramón; y 
las del Alto Putumayo, por la embocadura del. Guineo, 
eran Mamo, San Diego y San Rafael de Amaguajes. 

Para formar idea exacta de la fuerza demostrativa 
de lo que queda escrito en este artículo, así como de 
lo que seguirá descrito en él, si se quiere conocer la 
verdad gráficamente, ha de consultarse un Mapa, aun- 
que sea el mismo oficial que publicó Colombia en una 
de las dos Administraciones del señor Murillo. Así 
se verá cual era el límite de las dos jurisdicciones, 
la de la Capitanía General de Caracas y la del Virrey- 
nato, bien distinto del que ese Mapa mismo adoptó, 
por la invención Acosta. 



^08 LÍMITES 

Todo el territorio comprendida entre el Meta, el 
Vichada y el Guaviare era gobernado desde Carichana, 
la Encaramada, San Borja y San Juan Nepomuceno 
de Atures. 

Las de Casanare, de Santiago, y de San Martin, 
Secciones del Distrito de los Llanos, dependiente del 
Virreynato, apenas llegaban á las embocaduras en el 
Meta, del Lipa, del Ele y del Casanare. 

La jurisdicción de los misioneros de Carichana, la 
Encaramada, San Borja y San Juan Nepomuceno de 
Atures, era dependiente de la jurisdicción Real conferida 
por el Rey á don José de Iturriaga. 

San Fernando de Atabapo tuvo su gobernador ; y 
fué don José de Iturriaga el fundador de San José de 
Maipúres, y fué Centurión, su sucesor, quien fundó á 
San Antonio de Tuaminl, en la Cabecera del Caño de 
este nombre, que desemboca en el Atabapo. 

Entremos ahora á determinar con precisión, la ver- 
dadera frontera entre las dos Repúblicas, en la cuestión 
de derecho, pues que pertenecen á la segunda nego- 
ciación, los pactos de combinación de intereses recíprocos, 
y de concesiones fraternales, cuales se las deben Vene- 
zuela y la Nueva Colombia, hermanas gemelas en la 
vida de la Independencia y de la libertad ; y que solo 
siendo buenas hermanas, por sus sentimientos y por sus 
hechos, podrán alcanzar los altos destinos que les reserva 
la Divina Providencia. 



EETKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 209 



XXVI 



Para determinar con precisión todo el territorio 
.que fundó la cuarta comisión de límites, el mismo 
que puso el antiguo Soberano bajo el mando de don 
José de Iturriaga, que éste transfirió al Gobernardor 
de Guayana, y que dio origen á la Real Cédula que 
incorporó todo esa Región definitivamente á dicha 
provincia de Guayana, bajo la jurisdicción de la Ca- 
pitanía General de Caracas, es indispensable remontar- 
nos á mediados del siglo anterior, para que los lecto- 
res conozcan perfectamente la materia, y queden deter- 
minados con la debida precisión los límites de ese 
territorio, que son por consiguiente los de Venezuela 
con la Nueva Colombia, entre los Andes, el Orinoco, 
Casiquiare y Rio Negro. Se recomienda que esta lec- 
tura se haga, siempre que fuere posible, con presencia 
de un buen mapa. 

La Cédula de 5 de mayo de 1768, concuerda con 
la de 1753, y con varias otras Reales Ordenes y actos 
oficiales, ya citados, fijando por lindero meridional de 
Guayana, el rio Amazonas, 

14 



210 LÍMITES 

Fúndanse esa Reale disposición, en el princi- 
pio de que, desde 1761, no habia otro tratado de lí- 
mites que el de Tordesillas, entre España y Portugal. 

Sobrevino el tratado de 1777, y la jurisdicción de 
la corona de Portugal fué reconocida " desde las bo- 
cas del Amazonas , hasta la más occidental del Yu- 
purá en el mismo Amazonas,'''' 

Quedó pues Guayana lindando por el Amazonas 
con el Brasil, desde esa boca occidental del Yupurá, 
aguas arriba del Amazonas, hasta la boca del Javarí, 
tributario por su margen austral. 

En 1717 habia sido creado el Virreynato de Santa 
Fe, desmembrándolo del Perú, y aunque en 1722 volvió 
á la condición de Capitanía General, en 1739 fué res- 
tablecido 

En 1740 fijó el Soberano sus límites á los dos Virrey- 
natos, desde Tumbes, en el Pacífico, por los Andes de 
Piura al Marañon, hasta el 6 o grado de latitud Sur, atra- 
vesando el Ucayali, hasta el Jaraví ; por las aguas de 
éste al Amazonas ; por las de éste á la boca más 
occidental del Yupurá, llamada Avatiparaná ; y atrave- 
sando el mismo Yupurá por la laguna Cumapí, (Maraki) 
al Rio Negro ; y por las cabeceras del Chivará, y la 
serranía del Parima, hasta la boca del Esequivo en el 
mar. Límites del Perú y Santa Fé de Bogotá. 

Pertenecían entonces la Presidencia de Quito y la 
Capitanía General de Venezuela al Virreynato de Santa 
Fé. 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 211 

Por Keal Cédula de 12 de febrero de 1742, se se- 
paró de nuevo la Capitanía General de Venezuela, de 
toda dependencia del Virreynato. 

La Cédula de 5 de mayo de 1768, dio por límite 
á la. Provincia de Guayana el rio Amazonas, es decir 
desde su boca en el mar, hasta la del Javarí, su anuente 
meridional, donde empezaba la jurisdicción de la Audien- 
cia y Presidencia de Quito. 

Allí fijó la comisión mista de límites, en 5 de julio 
de 1781, el marco respectivo, según Requena y Aguilar y 
en el número 5 de sus Memorias de 1797. 

Creada por el Rey la comisión dejflímites, para 
cumplir el mismo tratado de 1777, confirió á la Coman- 
dancia General de poblaciones y límites en el Alto Ori- 
noco y Rio Negro, amplia jurisdicción territorial en 
aquella región, hasta la frontera con los Portugueses. 

Estos habían establecido frente á la boca del Javarí, 
en la ribera Norte, el poblado de San Francisco Javier 
de Tabatinga, á pesar de lo convenido por el tratado 
de 1750, que dejaba á la corona de España toda la 
ribera del Norte. En estos antecedentes fué que se 
fundó la Cédula de 1768. 

Esa ocupación de hecho, quedó embarazando la jusris- 
-diccion de la Comandancia General del Alto Orinoco y 
Rio Negro, y después, la de la gobernación de Guayana, 
cuando aquella le fué agregada. 

El tratado de 1777 reintegró á España el trayecto 
del Amazonas, entre la boca occidental de Tupurá y la 



212 LÍMITES 

del Javarí, y quedó la provincia de Guayaría sin la- 
boca del Amazonas, ni el trayecto hasta la boca occiden- 
tal del Yupurá, y reducido ese límite, de esta boca del 
Yupurá, á la del Javarí. 

Los límites que habia dado la Cédula de 1740 al 
Virreynato, habian sufrido ya la desmembración de esa 
parte de la Capitanía General de Caracas, cuando en 
1777 fué agregada Guayana á esta Capitanía General, 
separándola de Santa Fe. Pasó Guayana con sus límites 
y con su jurisdicción sobre el Alto Orinoco y Rio Negro 
á la Capitanía de Caracas, lindando con la colonia por- 
tuguesa en el Amazonas, desde la boca citada 
del Yupurá, hasta la, del Javarí, ambas en Amazonas ; 
y pasando así Guayana de la dependencia del Virrey- 
nato á la jurisdicción de la Capitanía General de Ca- 
raca?, pasó también á ésta, el derecho de deslindar la 
línea de sus límites por él Sur. Así lo prueba la serie 
de actos Reales y oficiales anteriores á esa fecha, y lo 
siguen confirmando muchos más de fechas posteriores 
hasta 1810. 

El Virreynato quedó comprendiendo la Presidencia 
de Quito, y en ella la provincia de Mainas, que exten- 
dió su jurisdicción liasta la boca del Javarí. Al pro- 
cederse al cumplimiento del tratado de 1777, iniciando 
los trabajos de demarcación entre la juridiccion española 
y la portuguesa, se encontraba la Capitanía General de 
Venezuela en ejercicio de plena jurisdicción sobre la 
Provincia de Guayana, y como parte de ella, sobre los. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 213 

territorios de la Comandancia General de poblaciones 
del Alto y Bajo Orinoco y Rio Negro. 

El Virreynato comprendía sobre el Marañon ó Ama- 
zonas, la Provincia de Maznas, de la Presidencia de 
Quito, extendiéndose hasta la boca del Javarí. 

Tocaba pues, á la Capitanía G-eneral de Venezuela 
entenderse directamente con la cuarta comisión, nombrada 
para demarcar la línea divisoria entre las colonias de 
España y Portugal, y así lo dispuso el Soberano. 

Los artículos 11 y 12 del tratado de 1777, compren- 
dían toda la parte del Amazonas entre la boca del Javarí, 
aguas abajo hasta la occidental del Yupurá, y por en 
medio de este rio, liasta aquel punto en que por raudales 
ú otras causas pudiesen quedoír cubiertos los estable- 
cimientos españoles y los portugueses, en las riberas 
del mismo Yupurá, y del Negro, y la comunicación 
entre estos dos rios, conocida en la fecha del primer 
tratado de 1750. 

Correspondía al Virreynato entenderse con dicha 
cuarta división, (6 comisión) por conducto directo de 
la Presidencia de Quito, á que pertenecía la provincia 
de Mainas, con sus misiones del Marañon, en una y 
otra banda, hasta la boca del Javarí. La línea debía 
bajar por los rios Ouapore y Mamoré, ya unidos con. 
el nombre de Madera, hasta el paraje situado á igual 
distancia del Marañon y de la boca del Mamoré, de- 
biendo continuar de Occidente á Oriente hasta encon- 
trar con la ribera del Javarí, y bajar por sus aguas 



214 LÍMITES 

hasta entrar al Marañon, de modo que el Javarí que- 
daba siendo límite oriental de la Provincia de Mainas. 

Relevante prueba de esto es la Real Orden de 6 
de junio de 1778, comunicando al Capitán General de 
Venezuela, que se habia convenido en la cuarta división 
(ó comisión.) En ella se le instruye de la propuesta/ 
hecha por la Corte de Lisboa, fijando la partida españo- 
la en el pueblo de San Fernando, ó en el de Pevas, 
situados en la orilla Norte del Marañon, para bajar 
de allí á la boca del Yupurá. Prevenía también la- 
reunión de la partida portuguesa en el Gran Para, para 
pasar de allí al fuerte de Rio Negro, ó Villa de Bar- 
celós, y subir por el Amazonas á la misma boca del 
Yupurá. En cualquiera de los parajes citados, decía 
el Rey al Capitán General de Caracas, que los Comisa- 
rios de ambas naciones acordarían la ejecución del ar- 
tículo 12 del tratado, terminando así la división de los 
dos dominios. 

Vemos pues sostenido por el Soberano en 1778, dos 
verdades importantes : primera : que á los diez años de 
la Real Cédula que unió á la provincia de Guayana la 
región del Orinoco hasta la boca del Javarí, antes go- 
bernada por Iturriaga, el Rey consideraba esa región 
como parte de Guayana, y el todo, como territorio 
jurisdiccional de Venezuela : segunda : que todos los 
argumentos que en 1844 adujo el señor Acosta, interpre- 
tando la Cédula de 1768, están desvanecidos desde 
1778 por la autoridad del Rey de España, lo cual 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 215 

excusa al Plenipotenciario de Venezuela la labor de 
analizar y confutar los esfuerzos de dialéctica de aquel 
señor Ministro granadino. 

Aun hablando del derrotero y giro de la cuarta 
división, se prueban de nuevo ambas verdades en la dicha 
Real Cédula. Ella dice, "no teniéndose aquí (Espa- 
ña) aquel conocimiento práctico del terreno, por donde 
se deba correr la línea divisoria señalada en dicho ar- 
tículo 12, para abrir con él un rumbo acertado, y conside- 
rándose al mismo tiempo que los portugueses, mejor 
instruidos, por las frecuentes expediciones que por tierra 
y agua han practicado en ellos, se hallarán con los 
conocimientos necesarios para no desviarse de los tér- 
minos, límites y puntos fijos, que prescribe el citado ar- 
tículo 12, deja el Rey al arbitrio de los Goberna- 
dores de las fronteras, que se comisionen rara esta 
diligencia, la ejecución de ella, acordándose aquellos en 
todo á los estrechos términos enunciados en el men- 
cionado artículo, eligiendo los lugares, terrenos, montes, 
rios y demás parajes que deben servir de marcos, y 
disponiendo otros medios de practicar la operación, en 
la forma y términos que están prescritos, y con que 
queden satisfechas recíprocamente las intensiones de ambas 
Cortes, mediante ser ésta la voluntad del Rey, y que 
igualmente ha convenido con el todo de ella la Corte 
de Lisboa, que expedirá sus órdenes con la intención, 
de que por los portugueses se verifique su exacto cum- 
plimiento." 



216 LÍMITES 

Todo este tenor de la lleal Cédula está probando, 
que en la intención y voluntad dt'l Soberano, el territorio 
limítrofe de que se trata, estaba bajo la jurisdicción del 
Capitán General de Caracas, como real y verdaderamente 
lo dijo la Cédula de 1768, á la cual no es posible dar 
una inteligencia opuesta, á lo que expresamente demues- 
tra el Bey de España diez años después. 

Pero todavía es más esplícita la Cédula de 1779 
dirigida al Capitán General de Venezuela, cuando dice : 
"deja S. M. al cuidado y celo de U. 8. (para el cum- 
plimiento de la Cédula) que sabrá uniformar sus pro- 
Tidencias en la parte que le corresponde, con las an- 
teriores disposiciones,^ comunicadas sobre este asunto de 
la fijación de límites. 

Agrega la Cédula al Capitán General "que no pierda 
de vista el encargo JiecTio para valerse de las personas 
que se tienen indicadas, en cuanto sea convenible con 
esta última resolución, ecnando mano de cualesquiera otros 
sugetos que sean capaces de desempeñar por su habilidad 
estas comisiones, en la inteligencia de que al Virrey 
de Buenos Aires, y también al de Santa Fe, por lo 
que mira á los países de sus respectivos territorios, se 
les lia comunicado esta determinación"; que también 
se referia á la primera, y segunda y tercera División. 

En Real Orden de 25 de enero de 1779 se dice al 
Capitán General de Caracas, que se ha recibido su nota 
de 14 de setiembre del año anterior, manifestando que- 
dar instruido, y exponiendo las dificultades que ocurrían 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 217 

para dar principio á la práctica de la 4 a División, y 
para obtener las noticias necesarias para fijar una exacta 
idea, de todos los parajes principales de la provincia. 

DE GUAYANA, POR DONDE HABÍA DE CAMINAR LA CITADA 

4 a División. 

En este pasaje de la Real Orden está patente y de 
manera indiscutible, que los territorios que iba á des- 
lindar la 4 a División al Norte de Amazonas, entre tabo- 
ca occidental del Yupurá, limite portugués al Occidente, 
y la del Javarí, límite oriental de Mainas, eran parte 

INTEGRANTE DE LA PROVINCIA DE GUAYANA, así 6U el 

concepto del Capitán General de Caracas, como en el 
del Soberano, porque la primitiva provincia de Guayana, 
antes de la incorporación ordenada por la Cédula de 176S, 
era el rio Orinoco, limitado al Occidente por el grado 
6 o del meridiano de Bogotá, ó sea el 70 y medio del 
de Paris, y aun suponiendo que bajase por el Atabapo á 
Yavitá, Pimichin y Maroa, y por el Guainia á unirse 
con el Casiquiare, hasta llegar por el Rio Negro á la 
frontera en el Amazonas, línea que toda ^corre más 6 
menos bajo el mismo meridiano indicado, nada liabia 
que deslindar entre la provincia de G-uayana y la Co- 
lonia portuguesa, porque ese meridiano pasando á pocas 
millas de la boca del Yupurá, no daba lugar á deslinde 
alguno con el Brasil, puesto que el tratado de 1777 que 
se iba á cumplir por la 4 a División, reconocia al Portugal 
el dominio del Amazonas, desde esa boca del Yupurá 
hasta la suya en el mar. 



218 LÍMITES 

Evidentemente, la comisión iba á demarcar los límites 
de la región que estuvo á cargo de don José de Iturriaga, 
entre el Yupurá y el Javarí, y esta parte es la que el 
Capitán General estima en 1779, sometida á su juris- 
dicción, y la que también reconoce como suya la Cédula 
Real. 

Y ella añade todavía, li S. 31., en vista de todo y 
aprueba á V. S. su celo, para la más pronta aclara- 
ción por parte de nuestros comisarios, debiendo ser muy 
del caso el conocimiento del curso del rio Yupurá ; 
remitiéndosele el mapa de la Nueva Andalucía, en donde 
está comprendida la provincia de la G-uayana, con todos 

LOS PARAJES Y EL RIO YüPÜRA PARA QUE V. S. PUEDA 
INSTRUIRSE, ETC., ETC." 

Y sigue la Real Cédula de 1779 ordenando al Capitán 
General "que destine á los trabajos de la comisión los 
ingenieros que tenga á sus órdenes, y las personas que 
juzgue convenientes, y que á estos como á la cuarta 
división, se les señale su sueldo y gratificaciones, que han 
de pagarse adelantados, obrando en concierto con el In- 
tendente de Caracas, á quien se dan las órdenes con- 
venientes. " 

Añade aún ia Cédula, que no restaba otra cosa sino 
que se dedicase (el Capitán General) á adquirir cuales- 
quiera otras noticias que pudieran adicionar la instruc- 
ción perteneciente á la cuarta división, de modo que 
se hagan más asequibles, las operaciones de los límites 
respectivos Á los terrenos de su jurisdicción. " 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 219 

Aquí está expresamente dicho por el Rey de España, 
que los terrenos que iba á deslindar la cuarta división, 
eran de la jurisdicción del Capitán General de Caracas. 

Al Intendente de Venezuela le comunica la Corona 
esos antecedentes, y entre otras cosas, le dice lo si- 
guiente: " de estas Divisiones, la cuarta debe tener su 
'principio en la provincia de Guayana, y ¿¿ este efecto 
se han liecho las prevenciones correspondientes á ese 
Gobernador de Carracas, paro: la nominación de sugetos, 
etc., etc. 

Como la boca del Yupurá, donde debía empezar sus 
trabajos la comisión de límites, está al Occidente del 
meridiano más occidental del Orinoco que antes queda 
descrito, y como la Cédula dice que esos trabajos de 
la comisión debían tener su principio en lapromncia de 
Guayana, queda una vez más demostrado por Real Orden, 
que era provincia de Guayana la región entre el Yupurá 
y el Javaií. 



XXVII 



Terminaremos hoy esta nueva demostración, de que 
todo lo explorado y fundado por la cuarta Comisión 
de límites entre las colonias españolas y portuguesas 
entre el Orinoco y el Amazonas, puesto bajo la juris- 
dicción de don José de Iturriaga, y últimamente bajo 



220 LÍMITES 

]a del Gobernador de Guayaría y Capitán General de 
Venezuela, por mandato expreso del antiguo Soberano, 
pertenece en pleno derecho territorial á Venezuela. 

En abril de 1780 estaba ya la cuarta División en 
la parte alta del Amazonas, que llevaba el nombre de 
Marañon, y habia llegado á aquel territorio el Inge- 
niero don Francisco Requena, Jete de la demarcación 
general entre las unas y las otras colonias, y estaba 
nombrado por el Rey Gobernador de Maznas. 

En 31 de octubre de ese año de 1780, el Capitán 
General de Caracas da cuenta al Rey, de que los Comi- 
sarios portugueses ya en el Marañon, se acercaban al 
Javarí, término de la provincia de Guayana. 

En 10 de octubre de 1783 da cuenta el Capitán Ge- 
neral de Caracas al Rey, de que el señor Requena, Go- 
bernador de Mainas, le consultaba, si la 4 a División de 
limites correspondía solo al territorio de Mainas, ó si 
también al de la Capitanía General de Venezuela. 

De modo que, el jefe de la Comisión general de 
límites, el ingeniero y geógrafo don Francisco Requena, 
sabia y creia en 1783, quince años después de la Cé- 
dula de 1768, que quiso alegar Acosta y alega hoy 
Colombia, que después del límite de Mainas, que era 
la boca del Javarí, y de allí aguas abajo del Ama- 
zonas, era territorio de la Capitanía General de Vene- 
zuela. ¿Era esta, -ó no era, la verdadera inteligencia de 
la Cédula Real de 1768? 

La duda que el señor Requena habia enunciado 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 221 

fué, la de si la 4 a comisión terminaba en el Javarí. 
en cuyo caso creia que existiera una quinta, bajo el' 
mando del Capitán General de Yenezuela. El comisario 
portugués le contestó, que no existia tal 5 a partida, 
como en efecto no la hubo. 

Puesto el señor Requena en inteligencia con el 
Capitán General de Venezuela para los trabajos del des- 
linde, recibió de este magistrado la nota de 12 de ju- 
nio de 1782, en la cual, seguu el señor Quijano Otero, 
página 220 de su " Memoria histórica sobre limites entre 
Colombia y el Brasil" le noticia el Capitán General, 
que irán á auxiliarle don Gaspar de Salabarría y don 
Antonio Barreto ; y nublándole de la dirección que debe 
tener la línea divisoria conforme al tratado, le da ins- 
trucciones detalladas. 

Las innumerables disputas ocurridas entre los co- 
misarios portugueses y españoles, hicieron imposible una 
completa demarcación entre las Colonias españolas y 
portuguesas. Los portugueses no entregaron las pobla- 
ciones que tenian desde la boca occidental del Yupu- 
rá, aguas arriba del Amazonas hasta Tabatinga,; y el 
señor Requena hubo de retirarse indignado á su Go- 
bernación de Mainas, á principios de 1790. Continua- 
ron pues los portugueses ocupando territorio en la ban- 
da septentrional del Amazonas, entre las bocas del Yu- 
purá y el Javarí, que según el tratado de 1777, perte- 
necía á España, y era parte de la provincia de Gua- 
yana. 



222 LÍMITES 

El Presidente de la Comisión de límites y Gober- 
nador de Mainas, Don Francisco Requena, hizo la 
descripción de las misiones de su provincia, que com- 
prendía veintidós pueblos, entre los rios Morona, Pai- 
tuza, Ñapo y Putumayo, sobre la ribera izquierda del 
Amazonas; ó sobre la ribera derecha ó del Sur, entre 
Cahuapanás, Ouallaga, ücayali y Javarí. 

Entre estos pueblos figuran Borja, Barrancas, Ura- 
binas, San Regís, Omaguas, Napeanos, Pebas, Su- 
cliiquinas, Qamuchero y Loreto, que están figurados en 
ambas riberas del Marañon, en el mapa topográfico 
que por mandamiento del Rey, hizo el señor Requena 
en 1796. Esas poblaciones eran las llamadas misiones 
de Mainas, fundadas por los Jesuitas de Quito, agrega- 
das al Perú por Cédula de 1740, y luego á Santa Fe, 
como parte de la Presidencia de Quito. 

Estas misiones jamás llegaron hasta la boca del 
Caquetá ó Yupurá, ni más al Oriente de la boca del 
Javarí. De aquí que los pueblos de la margen sep- 
tentrional del Amazonas, más abajo del Javarí hasta el 
Yupurá, no pertenecieran á Mainas, ni al Perú, ni á 
Santa Fe, sino á la provincia de Guayana, de conformi- 
dad con el tratado 1777. 

Por todos los datos oficiales que quedan citados, el 
límite de la provincia de Guayana al Sur en 1810, ven- 
dría á ser el Amazonas en toda la distancia que media 
entre el Yupurá y el Javarí, según el tratado de 1777, 
3^ según la inteligencia de la primera comisión de li- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 228 

mites, de la cuarta división, de don Francisco Reque- 
na, Gobernador de Maznas, y último Presidente de la 
misma comisión, y del Capitán General de Venezuela ; 
y según la mente y los mandatos expresos del Rey de 
España ; todo lo cual traído en apoyo de este dere 
cho, consta en el archivo ofrecido al examen del señor 
Murillo, en los mismos documentos ya citados. Si al- 
guna limitación pndiera pretenderse de tal frontera, 
nunca seria en favor de la antigua Nueva Granada, 
hoy Colombia, nuestra hermana ; seria en favor del 
Perú, si resultara auténtica una Cédula que se dice 
existir expedida en 1802, por la cual se pretende que 
el Rey de España, que en 1740 habia segregado del 
Virreynato del Perú la Presidencia de Quito, con su 
Provincia de Maznas, para agregarla á Santa Fe, res- 
tituyó al dominio del Perú, por esa enunciada Cédula 
de 1802, no solo los territorios de Quijos y Mainas, 
sino todo el triángulo entre el Amazonas, desde Taba- 
tinga hasta la boca occidental del Yupurá, el miemo 
Yupurá aguas arriba hasta la embocadura del Apo- 
póris, y la línea de Tabatinga á la misma boca del 
Apopóris. 

Este territorio pertenecía en 1810 á Guayana, si la 
enunciada Cédula de 1802 no existe auténtica, ó si no 
ha sido revocada ó reformada en fecha anterior á 1810, 
ó habiendo sido suplicada, no fuese repetida. Y en 
el caso de que dicha Cédula viniese á probar, que el 
mencionado triángulo pertenece ai Perú, por el princi- 



224 LÍMITES 

pió de Uti possidetis de 1810, entonces el límite que 
dejó el Rey de España á la Capitanía General de Vene- 
zuela, en la provincia de Guayana, es indispensablemente 
el que aquí consignará el Plenipotenciario de Venezuela^ 
De la boca del Apopóris en el Yupurá, y por el 
Thalweg del Yupurá hasta la embocadura del rio de 
Los Engaños ; de aquí la línea recta al Norte, cortan- 
do el dicho rio de Los Engaños, y otro afluente del 
Apopóris y el Vaupés, hasta las cabeceras del Negro, 
en la sierra Padavida, siguiendo al punto de unión 
del Guayabero con el Ariari, para formar el Guama- 
re ; y de dicha unión, á pasar por las cabeceras dé- 
los rios Vichada y Muco, hasta la boca del caño Isi- 
mena, en la margen meridional del rio Meta. 

El señor Murillo debió encontrar robustecido cuanto 
queda dicho en esta exposición, en el documento nú- 
mero 21, y demás que se citarán, del tomo 2.° intitu- 
lado "Guayana." 

Ese documento número 21, es una comunicación 
dirigida al Virrey de Santa Fe por don Manuel Cen- 
turión, gobernador y Comandante general de Guayana, 
fecha 6 de julio de 1769, en que expresa la mente 
del Rey en la Real Cédula de 5 de mayo del año an- 
terior, sosteniendo que los territorios de las misiones 
que en ella se mencionan, dependían inmediatamente de 
la Capitanía General de Caracas, lo cual comprueba 
con varias copias auténticas de Reales Ordenes y des- 
pachos, á saber : 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 225 



1.° De un oñcio de Don José Solano, Gobernador 
y Capitán General de Caracas, comunicándole la refe- 
rida Cédula, etc. Es de fecha 8 de junio de 1769. 

2.° De un oñcio del Bailio Don Julián de Arria- 
ga al Capitán General de Caracas, trasmitiéndole la 
dicha Real Cédula, que está fechado el mismo 5 de 
mayo. 

3.° De otro del propio Bailio Arriaga á dicho 
Gobernador, con fecha 1.° de mayo de 1766, referente 
á la admisión de la renuncia que habia hecho Don 
Joaquín Moreno, de la Gobernación de Guayana. y al 
nombramiento recaido en Don Manuel Centurión para 
sustituirle. 

4.° De otro del mismo Bailio al propio Goberna- 
dor, referente al nombramiento de Don José Bossi, para 
el mando de las fuerzas que estaban en Guayana á 
cargo de Don Simón López de la Fuente. Tiene fecha 
junio 17 de 1768. 

5.° De otro del propio Bailio Arriaga á don Ma- 
nuel Centurión, comunicándole el nombramiento que el 
Rey habia hecho en éste, (Centurión) para Gobernador 
de Guayana Su fecha es 1.° de mayo de 1769. 

6.° De la Real Cédula de esa misma fecha, referen- 
te al propio nombramiento. 

7.° De un decreto y toma de razón, del nombra- 
miento de Don José Bossi, como Capitán de infan- 
tería de Guayana : es de fecha 3 ue julio de 1769. 

15 



226 LÍMITES 

8.° De otro del 5 de julio de 1769, mandando ex- 
tender á continuación copia legalizada de la Real Or- 
den de 5 de octubre de 1768, que trata del estableci- 
miento de un trato de ganado y fundación de villa de 
españoles, en el sitio de la Msmeralda, á las márge- 
nes del Alto Orinoco. Este documento corre allí inserto. 

Hasta aquí las copias legalizadas en el referido do- 
cumento. Prosigamos refiriéndonos á otros, algunos de 
los cuales, aunque citados ya en las anteriores expo- 
siciones, siempre merecen especial mención en la pre- 
sente, por la relación que dicen con el límite de que 
venimos ocupándonos. 

La Real Cédula de 28 de octubre de 1771, por la 
cual se puso de nuevo bajo la dependencia del Yirrey 
de Santa Fe, la comandancia de G-nayana, unidas á 
ella como están, (dice la Cédula) las nuevas pobla- 
ciones del Alto y Bajo Orinoco y Rio Negro. (Docu- 
mento número 22.) 

La Real Cédula de 24 de julio de 1772, disponien- 
do el Rey, que de Santa Fe se suministrasen los di 
ñeros y cuanto más fuese necesario para poblar á Gfua- 
yana, por estar resuelto que esta se agregase al Vi- 
rreynato. (Documento número 23.) 

Todavía con mayor claridad encontraría el señor 
Plenipotenciario de Colombia confirmado el límite an- 
tedicho, entre la Capitanía Gfeneral de Caracas y 
el Virreynato de Santa Fe, en los documentos si- 
guientes. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 227 

El de 7 de noviembre de 1781, en que pregunta el 
Arzobispo Virrey Don Antonio Caballero y Gfóngora á 
don Joaquin Fernández, Gobernador de la provincia de 
los Llanos, cual era el territorio de su jurisdicción ; 
lo que desde luego prueba, que hasta 1781, no tenia 
el Virrey conocimiento de su propia jurisdicción de los 
Llanos, que nacen al pié de los Andes granadinos, y 
siguen formando una gran parte de la hoya del 
Orinoco. 

Pero veamos lo que informa el Gobernador de los 
Llanos. Estas eon sus palabras. " El partido de este 
Corregimiento comprende ocho pueblos : Macuco y Oua- 
napalo de la jurisdicción de Pore ; Zurimena, Casi- 
mena, Cliámesa, Isimena y ZTpia, del Corregimiento 
de Santiago á orillas del Meta, y el de Giramena, de 
San Martin. Esta misión está á cargo de los P. P. 
Agustinos Descalzos, y el de Giramena al de los de 
Nuestro padre San Francisco. Los puertos por donde 
se comercia en el rio del Meta son Macuco y Guana- 
palo .... aunque para el tráfico no hay más que los 
dos puertos arriba dichos," etc., etc. 

De esta nota resulta, coi una evidencia que no pu- 
diera ser excedida, que los Llanos del Virreynato en 
la hoya del Orinoco, no pasaban de la boca del Pauto 
en el Meta, á poco más del grado 3.° de longitud 
oriental de 1 meridiano de Bogotá, mientras que el del 
Tratado Michelena, de 1833, que arbitrariamente aceptó 
después Codazzi, sin razón alguna para hacerlo, como 



228 LÍMITES 



él mismo lo confiesa, corre por el 5.° grado del mismo 
meridiano de Bogotá. 

Hay entre el meridiano que resulta de lo expuesto 
por el Gobernador de los Llanos, y el que trazó Co- 
dazzi, un grado dos tercios de diferencia, que hubiera 
perdido Venezuela por el tratado de 1833, y por lo 
cual fué desaprobado. 

Y es digno de notarse, que la diferencia que re- 
sulta entre el límite que el Plenipotenciario de Vene- 
zuela deja probado, desde la boca del Gaño Isimena, 
margen meridional del Meta, hasta el último pueblo 
del Virreynato, que cita el Gobernador de los Llanos 
en el documento preinserto, no es sino una distancia 
insignificante, pues que será apenas de medio grado, 
ó sean diez leguas. Resulta la extensa demostración 
hecha por el Plenipotenciario de Venezuela, confirma- 
da por el dicho oficial del Gobernador de los Llanos 
del Virreynato, informando al Virrey de cuáles eran 
los límites de su jurisdicción. 

Terminaremos esta demostración recordando de nue- 
vo, que Nueva Granada desde 1830 hasta 1842, vino 
respetando la posesión de Venezuela en todo el terri- 
torio de esa región, que hoy pretende disputarle. Son 
12 años, con distintas Administraciones, Plenipotencias, 
discucion de límites en la Goagira, San Faustino y 
Arauca, con doce Congresos, y sin que á nadie ocu- 
rriera la absurda pretensión del señor Acosta. Esto 
tiene que repetirse, con el propósito, muy bien inten- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 229 

cionado, de que ]a fuerza que arrojan tales anteceden- 
tes, obre los efectos que racionalmente debe producir 
en todo ánimo recto y todo corazón patriota, á fin de 
evitar á una y otra hermana, las consecuencias que 
siempre se deriban cuando se desconoce la verdad, y 
se permite al error anidarse en el entendimiento. 

Todavía es de mayor fuerza lo que sigue, porque 
es de derecho positivo para uno y otro país, pues que 
descansa en un Tratado público, aprobado por los po- 
deres Constitucionales de ambas Repúblicas, y canjeado 
conforme al derecho de gentes. El pacto interna- 
cional de 23 de julio de 1842, cuyo artículo 15 dice 
expresa y terminantemente lo siguiente. 

"A fin de dar mayores facilidades al Comercio 
de los pueblos fronterizos, se Tía convenido y convie- 
ne en que la navegación de los ríos comunes de las 
dos Repúblicas sea libre para ambas, y que no se 
impondrán otros b más altos derechos de ninguna clase 
b denominación nacionales b municipales, sobre los bu- 
ques pertenecientes á cualquiera de las dos Repúbli- 
cas que naveguen dentro de los dominios de la otra, 
que los que paguen ó pagaren los nacionales . Esta li- 
bertad É IGUALDAD DE DERECHOS DE NAVEGACIÓN SE 
HACEN EXTENSIVAS POR PARTE DE VENEZUELA, A LOS 
BUQUES GRANADINOS QUE NAVEGUEN EN LAS AGUAS DEL 

rio Orinoco ó del Lago de Maracaíbo, en toda su ex- 
tensión hasta la costa del mar." 



230 LÍMITES 

El Plenipotenciario de 1842, señor Pombo, que esto 
pactó, el Gobierno y el Congreso granadinos que lo 
aprobaron, y el canje hecho en su oportunidad de di- 
cho Tratado, dejaron reconocido el dominio exclusivo 
de Venezuela en las aguas del Orinoco, que sin em- 
bargo, se pretende disputar en 1879. 



xxviii 



Con el patriótico fin de dejar la cuestión límites 
en este opúsculo al alcance de todos sus lectores, sin 
que quede punto alguno sin el correspondiente exa- 
men, haré en esta sección, cuarta y última, relativa á 
la Hoya del Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, lo mis- 
mo que dejo hecho al tratar del límite en la Goagira, 
San Faustino y Arauca. Recordar los argumentos del 
señor Ministro de Colombia, en su exposición primera 
y en su réplica ó contra -réplica, tales como fuerou 
hechos, y analizarlos contestando. 

Empezó S. E. por atribuir á su colega que hubie- 
se asentado, que por el proyecto Miclielena, de 1833, 
lidbria pekdido Colombia la región del Orinoco, 

Como los lectores habrán visto todo lo contrario en 
lo que queda escrito, es innecesaria una impugna- 
ción de ese aserto de S. E., que tampoco seria argu- 
mento de derecho. 



EJN T TEE VENEZUELA Y NTJiUVA COLOMBIA. 231 

Llamó el señor Ministro una condescendencia inex- 
plicable del Gobierno de Nueva Granada, sin haber 
estudiado la materia, la aprobación dada por Jos Po- 
deres constitucionales de su país, á aquel proyecto de 
Tratado. 

Poderosa razón tenia S. E. para llamar inexplica- 
bles aquellas aprobaciones, de lo que tan bondadosa- 
mente llama condescendencias ; y duro anduvo el se- 
ñor Ministro al declarar, que ni el Plenipotenciario 
granadino, ni el Ejecutivo ni el Congreso de su país, 
estudiaron la muy grave materia que estaban resol- 
viendo. Esos juicios de la Legación Colombiana, los 
pesará cada lector en la balanza del suyo propio. 

Alegó el señor Murillo, que el límite internacio- 
nal por las riberas del Orinoco, Oasiquiare y Rio Ne- 
gro, seria límite arcifinio y por tanto preferible. 

Este es un argumento de conveniencia, que no 
pertenecía ni pertenece á la discriminación del derecho. 

Concreta el señor Ministro en dos solas Reales Cé- 
dulas el examen de los derechos territoriales en la 
Hoya del Orinoco : la de 1768 y la de 1786. Y dice 
S. E., que estos son los dos únicos documentos de ca- 
rácter legal reconocidos fidedignos, y delante de los 
cuales la probidad ordena inclinarse sin vacilación. 

Desgraciada debe parecer esa apelación de S. E. á 
la probidad, que debia y debe considerarse recíproca- 
mente reconocida y respetada, entre verdaderos hom- 
bres públicos y buenos servidores, y cuando no se 



232 LÍMITES 

trata sino del acierto, ejercitando el juicio con rectitud. 
No podrá menos que parecer singular, que teuien- 
do el señor Murillo ante sus ojos tantas otras Reales 
Cédulas, y tantos otros documentos fehacientes, como 
habrán de encontrarse citados en las páginas anterio- 
res, llame á las de 17G8 y 1786, los dos únicos docu- 
mentos de carácter legal en la cuestión. Es un tajo, 
separando todo lo que no convenia tener presente, 
para deducir consecuencias arbitrarias. Pero siguiendo 
el sistema opuesto, el de no repudiar lo que estorba, en- 
tremos al examen de esas mismas dos Reales Cé- 
dulas. La Cédula que creó la provincia de Gua- 
yaría, separándola de la antigua Nueva Andalucía, 
no es la de 1768 : es de seis años antes. Fué la de 5 de 
junio de 1762, Real Cédula, que creó la provincia 
de Guayaría, nombrando para su Gobernador á Don - . •*.* 
Joaquín Moreno de Mendoza, cuyo Real título estaba 
ante los ojos del señor Murillo. (Documentos 11 y 18 
del Tomo Guayana 2.) 

Y fué en 1762 que el Re}' marcó los límites de la 
provincia de Guayana, que entonces creaba ; y si la de 
1768 hace mención de esos límites, no fué sino recor- 
dando los que tenia antes, al tiempo que mandaba 
agregar á ella las misiones del Alto y Bajo Orinoco 
y Rio Negro, formando un todo, corao lo dice la Real 
Cédula misma. 

Esto se evidencia en las catorce Reales Ordenes y 
diez y seis cartas ojíciales que contiene el volumen 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA C0L0MI3IA. 333 

número 11, sometido al examen del señor Murillo ; y 
todo lo que se encuentra en los nueve cuadernos del 
propio volumen, bajo el número 18 ; documentos todos 
de 5 de 1762, en qne fué creada la provincia de Guayana, 
hasta 1765. 

Incorporados á esa provincia de Guayana por la 
Cédula de 1768 las misiones del Alto y Bajo Orinoco y Rio 
Negro, formando un todo, pasó en 1771 á la jurisdicción 
del Virreynato, y en 1777, volvió ese todo á la jurisdic- 
ción de la Capitanía General de Venezuela. 

Ni concebirse puede sin extraordinaria violencia, 
por qué pasara Guayana al Virreynato en 1771 con 
todo el territorio de las misiones de Orinoco y Rio 
Negro, y al volver esa misma Guayana, ese mismo todo, 
á la Capitanía General en 1777, hubieran de quedar en 
el Virreynato esas mismas misiones, que según el texto 
de la Real Cédula, eran parte de la provincia de Gua- 
yana, formando un todo. 

Y he aquí que ni las Cédulas de 1768 y 1786 son 
los dos únicos documentos de carácter legal en la materia 
discutida, ni hay tal necesidad de que la 'probidad se 
incline sin vacilación, para reconocer el antojo del señor 
Acosta en 1844, que pretende sostener todavía el señor 
Ministro Colombiano. 

¿Pero cabe, es posible, que discurriendo natural y 
lógicamente, se quiera hacer prevalecer esa inteligencia 
absurda de 1844, sobre la inteligencia que consta proba- 
da en actos del Soberano, de su Ministerio de Indias, y 



234 LIMITES 



de todos sus empleados en esta parte de América, desde 
1777 hasta 1810, todo lo cual está probando, que el 
territorio de las misiones del Orinoco y Rio Negro quedó 
considerado desde 1777 como parte de Guayana, y ese 
todo como jurisdicción de Caracas ? % Se concibe que el 
Uti possidettis hasta 1810, término de la Colonia, no sea el 
mismo Uti possidettis de 1810, fecha de la Independencia ? 

I Acosta y los cuatro Magistrados irreflexivos de 
Nueva Granada y Nueva Colombia, saben mejor lo que 
quiso y dispuso el Rey de España, que el mismo Rey, 
sus Ministros, y todos sus Magistrados ejecutores de 
sus Reales disposiciones % 

Esto no necesita más fuerza de demostración. 

Porque Colombia ha propuesto un arbitramento, y 
Venezuela no ha contestado aceptándolo ni negándolo, 
ocupada como estaba en descubrir sus títulos fehacien- 
tes, y completar un archivo bastante para probarlos, 
quiere el señor Murillo que ese silencio se convierta en 
un reconocimiento implícito de sus pretensiones, que 8. E. 
llama derecho legal. 

Pendientes y repetidas las protestas de Venezuela 
contra las pretensiones de su vecina y hermana, vigentes 
los actos Legislativos que han desaprobado los proyectos 
Miclielena, Toro, etc., ¿cómo se pretende que ese silen- 
cio, tan justo y tan necesario, se convierta en recono- 
cimiento de lo mismo que Venezuela está negando. 

¡ Y sin embargo, el señor Ministro, en su compro- 
miso oficial, califica de especiosas argumentaciones, la 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 235 

numerosa argumentación y las incontestables demos- 
traciones con que su colega viene cumpliendo sus deberes ! 
Júzguense estas conclusiones del señor Murillo, de una 
manera imparcial, por los mismos lectores. Entretanto, 
no deja de ser nuevo que el señor Plenipotenciario pre- 
firiese contestar con observaciones generales. 

Aquí llegamos aun pasaje del señor Ministro, que yo 
me limitaré á llamar pleonástico, por lo que tiene de exa- 
gerado. Dice S. E., que su colega, había penetrado en dis- 
cusiones vedadas á Venezuela, cuando habia mencionado 
el Amazonas. 

Aun siendo verdaderos esos, que no son sino falsos 
títulos y derechos imaginarios de Colombia ñasta las 
riberas del Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, que S. E. 
pretendía sostener, \ la parte oriental de Casiquiare y 
Rio Negro, aguas que derraman en Amazonas, no daba 
derecho á Venezuela para hacer mención del Amazonas % 
Y se dice que esto, le estaba vedado ! 

"Vedado, cuando matemáticamente se ha demostrado, 
que los derechos territoriales de Venezuela, según Reales 
Cédulas, se estienden hasta la desembocadura del Javarí, 
en el Amazonas, á lindar con Mainas ; ó cuando menos, 
hasta la boca del Apopóris en el Yupurá, si existiere y de- 
biera estar vigente la Real Cédula que alega el Perú de 1802. 
Es olvidar todo cuanto tenia á la vista el señor Plenipoten- 
ciario de Colombia, en los 24 volúmenes que tenia á la vista, 
y en las exposiciones de sn colega,decir con tan singularaplo- 
mo, que á Venezuela le estaba vedado hablar del Amazonas. 



236 LÍMITES 



XXIX. 



Para que ésta demostración quede totalmente incon- 
testable, es necesario seguir paso á paso la réplica del 
señor Ministro de Colombia, de modo que no quede 
punto alguno sino en la claridad del dia. 

Divide S. E. su réplica en cuatro partes. 

I a Observaciones preliminares. 

2 a Sinopsis de la provincia de Guayana. 

3 a Legalidad del límite arcifinio. 

4 a Pretendida posesión del Atabaco. 

En lo escrito ya en el presente opúsculo, quedan 
completamente desvanecidas todas las aseveraciones de 
S. E. que se verán á continuación, porque las pruebas 
del dominio territorial de Venezuela han quedado en 
tal grado de evidencia, que cada lector podrá ir per- 
cibiendo sin esfuerzo, que la réplica del señor Ministro 
Colombiano no prueba, sino el talento que le distingue 
y su compromiso oficial. 

Dijo S. E., que debiendo circunscribirse su colega al 
examen y discriminación de los títulos de Venezuela, 
se dio á describir las alteraciones de la comisión de 
límites, y hasta penetro en discusiones vedadas á Vene- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 237 

zuéla en que solo son competentes Colombia, el Brasil 
y el Ecuador. Es decir región amazónica. 

El Ministro de Venezuela presentó todos los títulos 
territoriales de Venezuela que se habrán encontrado en 
las páginas anteriores. Debemos suponer que S. E. los. 
habia olvidado al asentar lo que acaba de leerse. Se 
extendió el de Venezuela cuanto era indispensable en 
lo concerniente á la Comisión de límites, porque esa era 
cabalmente la descripción que pudiera llamarse gráfica, 
del territorio que defendía, por ser venezolano desde 
1777, en que el Rey lo segregó del Virrey nato y lo 
agregó á la Capitanía General de Caracas, y que S. M. 
continuó, como su Ministerio, y como todos los Magis- 
trados y funcionarios españoles hasta 1810, entendiendo 
esa segregación, y esa agregación, de la manera que hoy 
la sostiene Venezuela ; y ante la cual es una aberración 
totalmente insostenible la invención Acosta de 1844, que 
vendría siendo la negación absoluta de las disposiciones 
del antiguo Soberano, y del verdadero statu quo ante 
oelum ó sea, Uti possidettis de 1810. 

En cuanto á la singularidad de estarle vedado á 
Venezuela tratar de la región amazónica, demostrado 
queda que á la Capitanía General correspondía todo lo 
explorado y fundado por la comisión de límites, hasta 
lindar con Mainas, que si en un tiempo perteneció al 
Virreynato, fué después de la jurisdicción de la Pre- 
sidencia de Quito, y hoy corresponde al Ecuador : de 
modo que, es la Nueva Granada ó Nueva Colombia. 



238 LÍMITES 



la que en la Hoya del Amazonas, que empieza en 
su Cordillera oriental de los Andes, no pasa de su límite 
con Venezuela, que queda ya descrito, y vecina Ecuador. 

Dijo el señor Murillo, que en este debate no le era 
permitido decir cosa alguna relativa á la delimitación 
de los concurrentes á la Hoya del Amazonas. 

Siendo esto así, aparece una contradicción pal ma- 
ña, entre esa parte de las instrucciones del señor Murillo, 
y sus credenciales para pactar con Venezuela sobre 
límites. Nada puede añadirse aquí, sino que la situación 
revelada por el aserto del señor Murillo, creaba una si- 
tuación incomprensible. 

Cita S. E. un párrafo, que dice ser pasaje de un 
documento del Ministro del Brasil, fecha de 1854, dirijido 
á Guzman, en que decía que Venezuela nunca tuno una 
pulgada de tierra en la provincia de Mainas, y que 
las regiones amazónicas, y gran parte del propio rio, 
por título alguno pueden ser reclamadas como forman- 
do parte de la Capitanía General de Caracas en 1810, 
ni por el Uti possidettis, ni por las Reales Cédulas. 

No recuerda Guzman, al dictar estas líneas, ese 
pasaje, que cita el señor Murillo, ni que en tiempo 
alguno haya él entrado en discusiones con un Ministro 
del Brasil en materia de límites, ni en otra alguna, ejer- 
ciendo, como ha ejercido, diferentes Plenipotencias. 

Sin embargo, contestará en este opúsculo lo que 
aparece en ese pasaje, citado por el señor Murillo. Es 
fácil y es breve. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 239 



Venezuela nunca ha pretendido tener jurisdicción 
sobre parte alguna del territorio de Mdinas. Ese señor 
Ministro Brasilero carecia de conocimientos exactos. No 
tenia el señor Ministro Brasilero motivo para negar lo 
que nunca se ha imaginado. 

En cuanto á esa generalidad de las regiones ama- 
zónicas, el señor Ministro andaba escaso de noticias, 
pues que Venezuela reconoce distintas jurisdicciones, 
como lo prueba su tratado de límites con el Brasil, en 
el cual fué dividida entre los dos países, una de las 
regiones amazónicas, la que atraviesa el Rio Negro. 

En cuanto á derecho territorial sobre otra porción 
de la hoya amazónica, desde la Piedra del Cocuy hasta 
la unión del Caquetá y del Apopbris, y por este hasta 
sus vertientes, y por una recta al Norte hasta la reu- 
nión del Ariari con el Guayabero, formando Guaviare, 
y de ese punto al Caño Isimena, bajando por el Meta 
hasta el intermedio de las bocas del Ele y del Lipa, 
en el mismo líela, aguas tributarias del Orinoco desde 
el grado 3.° de latitud Norte, y del Amazonas los que 
quedan al Sur, hasta la línea antedicha, queda probado 
y explicado con sus motivos y sus pruebas, en el lugar 
"correspondiente de las páginas anteriores, que la rotun- 
da negación en que busca apoyo el señor Murillo, carece 
de todo fundamento. 

No es porque Iturbe pidiera uno que otro auxilio á 
la Capitanía General, ni por una pregunta de Reque 
na ó de León y Pizarro, que Venezuela sostiene, que 



240 LÍMITES 

todo el territorio explorado por la cuarta comisión de 
limites, y fundado por ella, pertenecen á su dominio 
territorial. Es porque Iturbe lo gobernaba todo por 
Real Cédula, y porque al morir transfirió esa jurisdic- 
ción al Gobernador de Guaya ua, Centurión ; porque el 
Rey de España confirmó esa disposición, para que 
siempre quedaran unidas las misiones del Alto y Bajo 
Orinoco y Rio Negro que gobernaba Iturriaga, á la 
provincia de Guayana, formando un todo, y porque 
ese todo fué agregado á la Capitanía General de Ca- 
racas por Real Cédula de 1777, sin que hasta 1810 hu- 
biese el antiguo Soberano hecho otra cosa, que soste- 
ner lo dispuesto en esa Cédula ; y porque en una serie 
numerosa de actos oficiales, que quedan ya citados, y 
que se pusieron á la vista del señor Murillo, consta que 
el Gobierno español, y todos sus Magistrados y fun- 
cionarios, sostuvieron basta 1810 la recta y natural 
inteligenci ¡ de pertenecer á la Capitanía General aquel 
todo, que el Soberano había agregado á Venezuela 
en 1777. 

La Real Cédula era una ley, y por un principio 
inconcuso de derecho, las leyes no pueden interpretar- 
se en caso alguno de manera que resulte un absurdo ; 
y nada habría tan absurdo, como, que diciendo expre- 
samente la ley, que el territorio mandado por Iturriaga 
quedase formando un todo con lo que había sido pro- 
vincia de Guayana, se conciba lo diametralmente opues- 
to ; se conciba que quedaron separadas las dos partes- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 241 



de ese todo : Que la Cédula mencionara los límites quelia- 
bia tenido Guayana, antes de la formación del todo, no 
tiene nada de absurdo. La corona de España cuidaba 
mucho de sostener y repetir su dominio hasta el Amazo- 
nas, y nada tan explicable como que aprovechara toda 
ocasión, de insistir en la declaración del derecho que 
sostenia. 

Que la comisión de límites se entendiera alguna vez 
con el Virreynato, no es argumento en la cuestión de de- 
recho, ni es más que un resorte de confusión. Las misiones 
de Orinoco y Rio Negro pertenecieron en un tiempo, como 
la misma antigua G-uayana, al Virreynato. Además : las 
comisiones I a , 2 a y 3 a , que venian desde la Colonia del 
Sacramento, junto á las bocas del Rio de la Plata, discri- 
minando la jurisdicción de las dos coronas, y que llegaba 
al Amazonas cuando el Virreynato lindaba con el Perú por 
el rio Tumbes, y por la línea que en otro lugar queda des- 
crita, necesariamente debia ella entenderse con el Virrey 
de Santa Fe, cuando Quito y Mainas estaban bajo su 
jurisdicción. 

Para que asertos de esa naturaleza tengan fuerza en 
esta discusión, es indispensable que vayan acompañados 
de las fechas y de los términos de los documentos á que 
se refieren tales menciones. Así es como el Ministro de 
Venezuela lo hizo en todas las conferencias, mostrando los 
documentos originales, y con la misma formalidad de ci- 
tar los documentos y las fechas, lo viene haciendo en el 
presente opúsculo. 

16 



242 LÍMITES 



XXX. 



Desde la página 188 del volumen de la Negociación 
de límites de 1874 y 75 en adelante, apenas hay hasta 
la 220 un argumento de derecho, ni prueba alguna de 
posesión, favorables á la pretensión colombiana en la 
Hoj^a del Orinoco. En su lugar, se encuentran gene- 
ralidades, tales como, preceptos que deben observarse 
(y que el Ministro de Venezuela observó siempre) en 
discusiones amistosas y fraternales, recuerdos de pasajes 
históricos, fragmentos sobre Patronato Real, copias sin 
pertinencia, citas de Humboldt, retazos de historia, citas 
del Padre Caulin, etc, etc. Pero en el empeño de no 
dejar sombras, confusión ni error de ninguna especie, con 
perjuicio de la verdad del buen derecho, se hace necesario 
recorrer, atenta, aunque brevemente, aquellos puntos 
que de alguna manera pudieran producir oscuridades. 

Que la Cédula de 1753 fuese dirijida también al 
Virrey, \ puede ser argumento en esta discusión, cuando 
el deslinde entre las dos coronas confiado á las cuatro co- 
misiones españolas de limites, debia comprender los del 
Virreynato, que entonces se extendia hasta algunos grados 
al Sur del Amazonas ? Esa prueba la tiene también 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 243 



Venezuela. Pero tiene además, la evidente y expléndida 
demostración del territorio qne estuvo al mando de Itur- 
riaga, y que él transfirió al Gobernador de Guayana 
al morir, por acta auténtica que el Rey confirmó crean- 
do el todo de la actual G-uayana, con la antigua del 
inismo nombre y con los territorios que mandaba Itur- 
riaga. 

Que ordenara el Rey á su Virrey de Santa Fe, que 
auxiliara á,lq> Comisión de limites. ¿Cómo nó, cuando 
esa comisión iba á deslindar á Mainas, que era del 

Üf! 

Virreynato. „,-,,. 

Que las misiones "no ejercían jurisdicc on." \ Cómo 
asienta S. E. en párrafo contiguo, " que ellas gobernaban 
en todos los ramos ? " 

Que el misionero "fuese elegido por el Prelado de 
su religión; y que solo pudieran visitarlo los Obispos 
por lo tocante al ministerio parroquial. " Este es un 
pasaje ajeno de la cuestión, como lo es toda la Real 
Cédula, que sigue ocupando largo espacio de la réplica 
de S. E. 

La cita del Barón de Humboldt, que expresamente 
dice : " los misioneros del Orinoco reúnen todos los 
poderes en una sola mano, " y que en otra parte dice : 
hasta " los soldados repartidos en las misiones son 
dependientes de los misioneros, " si algo prueba, es lo 
que la Plenipotencia de Venezuela vino sosteniendo en 
todas las conferencias ; y que el señor Murillo se equi- 
vocó gravemente, cuando asentaba en su réplica "que 



\ 



244 LÍMITES 

el servicio de misiones ni daba ni quitaba jurisdic- 
ción. " 

La Real Cédula copiada íntegramente por el señor 
Ministro de Colombia, fecha en noviembre de 1774,., de- 
cidiendo una competencia entre los Capuchinos Catalanes 
y la autoridad x )0il tica, es un documento totalmente 1 
extraño á la discriminación de límites. 

Que Iturriaga dijera al Virrey, cuando dependía de 
su autoridad, en Octubre de 1760, lo que cita el señor 
Muríllo, \ qué fuerza tiene, si ese territorio no lué agre- 
gado por el Rey á Venezuela sino en 1777.1 

Los párrafos de Humboldt, de las páginas 194 y 

.Jíioq cií"- v f i. 

195, pueden tener el mérito de noticias topográficas, pero 

in relación ninguna con el objeto de las conferencias 

sobre delimitación de las dos Repúblicas. 

La distinción entre nuevas y viejas poblaciones bajo 
el mando de Iturriaga, es del todo voluntaria por parte 
del señor Muríllo. Iturriaga era el Jeje Superior de 
unas y otras, porque lo era de todo el Orinoco. 

Lo de la traslación de Santo Tomé de Gfuayana á 
la Angostura, no pasa de ser un recuerdo histórico. 

Otra cita de Real Cédula, de junio de 1762, carece 
de pertinencia ; porque el territorio que se disputa no 
perteneció á Venezuela hasta 1777 : y en el mismo caso 
está la de 20 de julio de 63, y la de octubre de 186L 

La descripción que hace el señor Murillo del Alto 
y Bajo Orinoco^ no tiene otro objeto que el de inter- 
calar, una vez más, la invención Acosta de 1844, en 




ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 245 

diametral oposición al texto de la Real Cédula de 1768, 
que agregando á Guayana los territorios de la jurisdic- 
ción de Iturriaga, terminantemente dispone que queden 
¡htipn ella para siempre, formando un todo. 

■ÉLos límites que en ese pasaje atribuye de nuevo el 
señor . Morillo á Colombia, están contradichos con el texto 

de Reales Cédulas y de numerosos documentos oficiales 

4 
y au ténseos}.. L ,en distintas partes del presente opúsculo. 

Si las misiones no habian subido de los raudales 
hasta 1758, eso nada prueba en lo que se está discu- 
tiendo. 

Que Solano no pasara de San Fernando de Atabapo, 
tampoco prueba nada ; y está desmentido de manera exhu- 
berante en todo el curso de la discusión. 

Síguense unos retazos históricos, sin pertinencia al- 
guna á la materia de la conferencia. 

Sinopsis de la provincia de Guayana. 

En esta sección de la réplica del señor Ministro de Co- 
lombia, reaparece el Reverendo Padre Caulin, con un 
historial que ni aun es del caso mencionar. Pero sí es 
del caso desvanecer ciertas graves equivocaciones, que se 
ven intercaladas por el señor Murillo, entre disertaciones 
ajenas de la cuestión. Por ejemplo. " Que Iturriaga no 
fué enviado por el Rey sino á fundar poblaciones de 
españoles en las orillas del Orinoco, del Rio Negro y 
del Amazonas. " 

Iturriaga fué nombrado, Gobernador de las pobla- 
ciones y fundaciones del Alto y Bajo Orinoco y Roi 




240 LÍMITES 

Negro, como se habrá visto textualmente en los lugares 
anteriores respectivos de este opúsculo. 

Y dicho sea de paso, aprovechando un descuido del 
señor Ministro, si " Iturriaga trajo el encargo de f 
dar poblaciones de españoles en las orillas de 
ñoco y del Rio Negro, \ no quedaban bajo su iuivsáiccion 3 
ambas riberas del Orinoco y Rio Negro f 't%$ r no es eso 
lo que sostiene Venezuela, y lo que S."E. eV¿|° encargad o 
de contradecir? ° a ^'™™ 

Empeñase el señor Ministro en apocar la jurisdicción 
de Iturriaga, á pesar de la Real Orden de 22 de setiembre 
de 1762, ( Documentos número 11 ) y todas las siguientes 
hasta 1768, y en especial las de 5 de junio, dos del 2 y una 
del 3 de noviembre, y dos del de diciembre. Su juris- 
dicción era sobre todo el territorio bañado por el Orinoco 
y el Rio Negro, tanto de poblaciones como de misiones 

l Qué significan en esta discusión que las escoltas 
militares "fuesen grandes ó fuesen pequeñas?' 1 

' ' Que Ouayana nunca estuvo sometida al Capitán 
General de Caracas hasta 1777. " 

Esto puede contestarse al señor Murillo con una cita 
de S. E. mismo : la Real Cédula de 28 de octubre de 1771, 
en la cual dice el Rey ; ' No subsistiendo ya los motivos y 
razones por que me digne resolver que el Gobierno y 
Comandancia de la provincia de Guayaría estuviese á 
las órdenes del Gobernador y Capitán General de la de 
Venezuela y ciudad de Caracas : lie declarado etc, etc. 

Y no está demás añadir las otras palabras del Rey 



■ ... . 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 247 

en esa misma Real Cédula. " He declarado que la ex- 
presada Comandancia, (de Guayana ) unidas á ella como 
están por Real Cédula de 5 de mayo de 1768, las nuevas 
ilaciones del Alto Orinoco y Rio Negro quede ya con 
o$$$luta subordinación y total dependencia' 1 ' 1 etc, etc. 

Procura también el señor Murillo aminorar los pue- 
blos 1% fundaciones del Orinoco. 

No fueron menos de cuarenta y tres los que el Goberna- 
dorde Guayana, Centurión, mencionó al dar cuenta oficial. 

Insiste de nuevo S. E. en que la jurisdicción Iturriaga 
estaba limitada por la ribera oriental del Orinoco, la del 
Casiquiare, y la del Rio Negro. 

Es grave la equivocación. ¿No estaba y está situado 
San Fernando de Atabapo en la boca del Guamare, ni 
Santa Bárbara en la del Ventuari, ni Santa Cruz sobre 
el Casiquiare, ni Tiriqícin, San Miguel y Maroa sobre 
el Guainía, ni Tiniquin y Yavitá sobre el PimicMn, y 
Tuamini, Baltazar sobre el Atabapo, y Maipüres sobre 
la margen izquierda del Orinoco f 

Y de aqui también resulta, que así el Atabapo como 
el Temí y el Tuamini, como el Guainía y el PimicMn 
y otros, pertenecían al territorio de la jurisdicción de 
Iturriaga, y luego á la provincia de Guayana, y por 
tanto á la Capitanía General de Caracas. 

Llegó S. E. hasta la extremidad de llamar usurpa- 
do por Venezuela ese mismo territorio. El patriotis- 
mo tiene también su fanatismo, y al fanatismo se le 
conceden los privilegios de la buena fe. Es a«í, con 



248 LÍMITES 

toda esa fraternal consideración, que creyó el Ministro 
de Venezuela deber disimular tan extraño avance de su 
honorable colega. Estaba encargado de escojitar me- 
dios de unión, y creyó cumplir con solo protestar. * 
El atraso de la antigua Guayana, la desaparición $$ 
la Ciudad Real, y otras alegaciones semejantes, '^aaiá 1 
prueban en la cuestión que se ventila. _^fl 

El silencio délos jesuitas, los méritos c- Hamrroldt, 

, . ■ -. i * -i ¿onuxn aoiav* ,_., , 

la incuria de los frailes, tampoco son materia discutible ; 

ni que aquellas poblaciones y misiones cayesen en decaden- 
cía a fines del siglo XVlii, porqne nada de eso podía 
comunicar al Yirreynato una jurisdicción que el Rey ha- 
bla trasladado á Caracas desde 1768. 

Hace mención el señor Murillo de una disputa entre 
el Gobernador de Guayana y los Frailes, sobre trasla- 
ción del pueblo de Vasiva. Ninguna relación tiene tal 
hecho con la discriminación de que se trata ;. pero sí 
prueba, pues que Humboldt visitó la Guayana á fines 
del siglo XVIII, que para entonces, treinta años des- 
pués de la Cédula de 1768, que agregó la Guayana á 
Venezuela, estaba el Gobernador de Guayana ejercien 
do su jurisdicción sobre Vasioa en Casiqíciare, y sobre 
Carichana á ciento cincuenta leguas de Vasiva. No 
podia ser de otro modo, porque todas las autoridades 
y funcionarios públicos del régimen español de ma- 
nera conteste y continua, entendieron y cumplieron la 
Cédula de 1768, de la manera que hoy sostiene Vene- 
zuela su verdadera inteligencia. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 249 




XXXI 



«ooOfera^^a del señor Ministro de Colombia es, un pa- 
saje '^fef^rfWÜÍ-de Humooldt, en que dice "Que en 1785 
se dio áW$po)($e tyaloz la misión de Pádamo, intimán- 
dole que inmediatamente fuera á hacerse cargo de la 

TniSIOTL. oI>ÍvW#F9 

No pudiera serv^sta cita más decisiva en apoyo 
del derecho de Yenezaela. \ Si en 1785, diez y siete 
años después de la Real Cédula de 1768, que agregó 
á la provincia de G-uayana todo lo explorado por la 
cuarta comisión de límites, al mando de Iturriaga, to- 
davía el Gobernador de Guayana estaba ejerciendo ju- 
risdicción sobre Pádamo, cuando ya la Guayana perte- 
cia á Venezuela desde 1777, % puede sostenerse que aque- 
lla región habia quedado dependiente del Yirreynato, 
después de 1768? 

Extiéndese el señor Ministro largamente sobre cam- 
bios de sitios de las misiones, sobre escasa población 
del Alto Orinoco, sobre dificultad y lentitud de los via- 
jes, etc., etc. 

Fué el territorio, incluyendo el Alto y Bajo Ori- 
noco y Rio Negro, el que en 1768, fué agregado á 
Guayana formando un todo, por cédula del Rey de 




250 LÍMITES 

España, y ese todo fué lo que quedó segregado del 
Virreynato, y lo que sirve de punto en la actual dis- 
cusión, cualquiera que fuese la lentitud de los viajes, 
el numero de los pobladores, ó los cambios de sitios 
las misiones. 

Tenaz llama el señor Ministro " la diligencia con 
que en los archivos de la Colonia, se hq$a, vejado á 
liallar lo necesario para establecer el "Qti, .possidettis 

de 1810. 

« 
Es un acto de justicia el ejercido por el señor Mu- 

rillo, al hacer esta confesión. Pudo' S. E. haber añadido, 

y con tan feliz éxito. 

Que Centurión, en 1772, dependiendo todavía Gua- 
yaría del Virreynato, diera cuenta al Virrey con refe- 
rencia á San Fernando de Atabapo, nada prueba en 
este examen. Fué cinco años después que Cuagana 
vino á pertenecer á Venezuela, formando un todo con 

LO QUE GOBERNÓ ITURRIAGA. 

Alega S. E. que la Nueva Granada no tenia cono- 
cimiento en 1333 de la Real Cédula de 1768, la mis- 
ma que en 1844 pretendió el señor Acosta que pudie- 
ra ser fundamento de su extraña invención, desmin- 
tiendo la inteligencia que el gobierno español y todas 
sus dependencias habian dado á la expresada Cédula, 
desde el dia de su expedición. Estaba pues la Real 
Cédula en k^s archivos de Bogotá, formando un cuerpo 
con todos sus semejantes, pues que pudo servir al se- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 251 

ñor Acosta para introducir su extraña novedad en la 
cuestión límites. 

Y aquellos archivos estaban íntegros, según confe- 
M<ML-xlel mismo señor Murillo. Y ni aun para el Tra- 
tado de 1842, ratificado por Nueva Granada en 43, se 
tenia conocimientos por los Magistrados y hombres pú- 

"fOO OÍ091BLJ. , _ __ 

blicos de agüeitáis de tan importante documento. JNe- 

cesario es convenir en que el caso es de notable sin- 

. .., , "^:ip 3Up so. 
gularidad. 

Vuelve el Padkte* Caulin á ser invocado por el 
señor Murillo, atribuyerrao k á Guayaría hasta 1762, dos- 
exentas veinte leguas de terreno de Norte á Sur, y tres- 
cientas de Este á Oeste, que serian sesenta y seis mil 
leguas cuadradas de superficie de Guayana. 

Venezuela defiende hoy casi la mitad, aunque en 
ella están inclusos los territorios de la jurisdicción de Itu- 
rriaga. ¿Qué valor hemos de atribuir á la autoridad 
del Padre Caulin \ Aunque fuese verdad lo que escri- 
bió ¿qué tiene ello que hacer con el actual derecho 
territorial ? 

La sinopsis de la provincia de Guayana del señor 
Murillo, en su parte histórica, no conduce á consecuen- 
cia alguna en la cuestión límites. 

Si algo prueba ese historial, es la evidente verdad, 
de que la exploración española, así como la ocupación, 
que partía de Venezuela, corría de Oriente á Occidente, 
atravesando el Orinoco, Casiquiare y Rio Negro, y re- 
montando las aguas que descienden délos Andes; mién- 



252 LÍMITES 



tras que ]a exploración del Virreynato venia de Occi- 
dente á Oriente ; y como fué la cuarta comisión, su Jefe 
el señor Iturriaga, y las misiones de su dependencia, 
los que descubrieron y fundaron toda aquel territori^ 

quedó por la Cédula de 1777 perteneciendo á Ve 

. ■ .' »J 

zuela. 

Apoca el señor Murillo cuanto le pareció conve- 
niente, la autoridad que ejerciera ltiirríaya, pero 
otra cosa dicen los documentos que quedan ya ci- 
tados, inclusas las Reales Cédulas ; y en verdad, lo que 
necesitaba el señor Murillo coiuprobar para persuadir al- 
go en favor de su pretensión, no seria la mayor ó me- 
nor dignidad del carácter oficial de Iturriaga, sino cual 
Gobernador de aquellos territorios, desde 1777 en ade- 
lante, dependiera del Virreynato, con ésta, aquella, ó 
la otra jurisdicción. 

Alega S. E., que Don Joaquín Moreno de Mendo- 
za no fué nombrado Gobernador de Gruayana, sino Co- 
mandante. 

I Qué importa el nombre que quisiera conceder el 
Rey á aquel Magistrado, si le conferia plena jurisdic- 
ción ! Después se llamaron Gobernadores los de Grua- 
yana. 

Dice S. E., que solo fué nombrado * Moreno con el ob- 
jeto de trasladar la ciudad de Guayana al sitio de la An- 
tura. El Real Título expedido en Arangüez á Moreno, 
el 4 de junio de 1762, dice: "Don Carlos, por la 
Gracia de Dios, Rey de Castilla, etc. Por cuanto con- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 253 

siderando la importancia de poner sobre otro pié el 
Gobierno de la provincia de Guayana, así para la 
major custodia de ella, las internas y Reino de Santa 
Fe, por la introducción que facilita la conocida navega- 
ción del rio Orinoco, como también para precaver, mu- 
dando la población de Guayana á la Angostura del ci- 
ne m&\ 

tadó rio„ 1¿l intemperie que hasta ahora se ha experi- 
-9 ,£bJirjfljjl 
mentado,, tan fatal á sus habitantes, impidiendo por esta 

B#£- , ffífrOi r >,ÍU 

razón su aumento: ;'7¿<s resuelto erigir en Com andancia 

4BDij£ín orit. 
separada toao su distrito. " 
r eup feonOi. 
Mas adelante dice el Título Real: "previniendo 

.yjViMVVV-, 

todo lo concerniente á este Un, .y mandando á toda la 

cv -np gu- 
iropa de la citada provincia,, r tanto oficiales de cual- 

quiera graduación, como sargentos y soldados, á los 

vecinos, naturales moradores y empleados en ella, sin 

distinción ni reserva de clase alguna, que os liayan, 

tengan y obedezcan por tal Comandante, os respeten, 

y acaten, cumplan y ejecuten vuestras órdenes, sean 

de palabra ó por escrito, etc., etc.'''' 

Está pues victoriosamente contestado lo que tan vo- 
luntariamente asentó el señor Murillo. Y es este el lugar 
de explicar á los lectores, el secreto que envuelve eso 
de presentar á Moreno, como simple comisionado para 
trasladar el pueblo de Guayana. 

Es que se quiere negar que la fundación de la 
provincia de Guayana fuese decretada por el Rey en 
1762, en esa Cédula que acaba de insertarse, para que 
venga á aparecer fundada, como lo inventó Acosta, por 



254 LÍMITES 

la Cédula de 1768, porque en ella se mencionaran los 
límites que habia tenido Guayana. No : la Cédula de 
Arangüez de 1762, funda la provincia de Guayana, 
pues que dice, que "para poner sobre otro pié el Go- 
bierno de la provincia de Guayana.' 1 '' ^4 

El señor Acosta tuvo, y el señor Murillo también;' 
necesidad de desconocer la fundación de Guayaría én 
1762, como provincia, para que apareciera fundada en 
1768, cuando no hizo el Rey sino mencionar los lími- 
tes que ya tenia, y á cuyo territorio mandaba agregar, 
formando un todo, los territorios que habian estado 
bajo la jurisdicción de Iturriaya.. 

Alega el señor Murillo^ que el Virrey propuso y 
el Rey declaró, que los dos mandos de Iturriaga y de 
Moreno eran distintos. 

Pero si eso sucedió antes de la incorporación for- 
mando un todo, de lo que mandaba Iturriaga y de lo 
que mandó Moreno, lo cual no dispuso el Rey hasta 
1768, siendo Centurión Gobernador de Guayana, ¿qué 
fuerza tiene ese argumento en la discusión actual ? 

Recordemos aquí, con exactitud, para evitar confu- 
siones, el curso de las Reales disposiciones sustancia- 
les en la cuestión. 

1762. — Fundación de Guayana como provincia, se- 
parándola de la antigua Nueva Andalucía, que iba 
desde el mar hasta el Amazonas. Quedó partida por el 
Orinoco, desde Atures, ó la confluencia del Meta, casi 
línea recta del Occidente á Oriente, hasta el mar, y 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 255 



por las riberas orientales del Orinoco, Casiquiare y Rio 
Tíegro. 

1768. —Incorporación á la provincia de Guayana de 
lo descubierto y fundado por la cuarta comisión de lí- 
mites, cuyo Gobierno fué conferido á Don José de Itu- 
rriaga, y ejercido por este señor desde San Fernando 
de Atabapo, hasta su muerte, cuando dicho magistrado 
transfirió su jurisdicción al Gobernador de Guayana. 
1771. — Aprobada por el Rey la incorporación de 
los territorios que mandó Iturriaga á la provincia de 
Guayana, para que permaneciesen siempre unidos for- 
mando un todo, agrega el Rey en 1771 al Virreynato 
ese todo de la provincia de Guayana. 

Por fin, en 1777, segrega el Rey esa misma pro- 
vincia de Guayana del Virreynato de Santa Fe, lo 
agrega á la Capitanía General de Venezuela ; y así el 
Rey como su Ministro, y como todas las autoridades espa- 
ñolas desde 1777 hasta 1810, quedan cumpliendo la Real 
Cédula en su genuino y verdadero sentido, el mismo que 
hoy sostiene Venezuela. 

Asienta el señor Ministro colombiano que Centurión 
no fué sino Comandante de la nueva Guayand y su 
presidio y de las nuevas poblaciones, Ciudad Real y 
Real Corona, y otras que se fundaron en el Alto 
Orinoco. 

Centurión, era por su Título Real, Comandante Gene- 
ral de la provincia de Guayana y nuevas poblaciones 
del Alto y Bajo Orinoco y Rio Negro. 



256 LÍMITES 



XXXII. 



Aduce el señor Murillo, en un solo párrafo, todas 
las argumentaciones siguientes. 

"lo liabia todavía provincia de Guayaría 'propia- 
mente diclio. Había una comarca inmensa con varias 
parcialidades de aborígenes incultos, algunos misioneros 
Incitando por catequizar esos salvajes ; tres poblaciones 
de españoles, á saber : La nueva Ouayana ó Angostura, 
Ciudad Real y Real Corona, y dos mandos militares ó 
Comandancias, que no pasaban de ser meras comisiones 
para determinados objetos, todo enclavado todavía en la 
provincia de Cumaná Nueva Andalucía, pues que hasta 
entonces no se le liabia expresamente segregado. " 

Lo primero, lo de no haber todavía provincia de 
Guayana, después que el Bey liabia dicho en 4 de junio 
de 1762 : " poner sobre otro pié el Gobierno de la provin- 
cia de Guayana,''' 1 no es en realidad otra cosa, que des- 
mentir el señor Ministro de Colombia el texto de una 
Real Cédula. Lo demás, tiende á presentar en forma de 
embrión aquellos territorios. Pero todo eso es, prescin- 
dir del tema verdadero de la discusión ; porque, así como 
estaba la Guayana, ella era provincia, políticamente ha- 
blando, y la Real Orden comunicada por el Bailío 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 2o7 



Don Juan de Arriaga, en 21 de setiembre de 1762 á 
Pon José de Iturriaga, le nombraba Comandante de los 
parajes y poblaciones del Alto Orinoco y Mió Negro ; 
así como nueve Reales Ordenes, desde la fecha antes 
citada hasta 20 de julio de 1763, comunican diferentes 
resoluciones á la Comandancia General de nuevas po- 
blaciones y de todo el Rio Orinoco. Y así como, las notas 
de Iturriaga al Ministro Arriaga sobre todo lo concer- 
niente á su Gobierno, desde julio de 1763 hasta mayo 
de 1764. Y así como la correspondencia entre el Go- 
bernador Iturriaga y el capitán Jaime Hosta, y el su- 
perior Frai Felipe Gilí, sobre el orden de las misiones 
en todo el año de 1765. 

Juzga el señor Plenipotenciario, buscando apoyo en 
la Cédula de 1768, qué no fué, sino á la muerte de 
Iturriaga, que el Rey pensó en crear la provincia de 
Guayana. 

Se hace incomprensible cómo fuese que, leida por el 
señor Murillo la Cédula de 1762, y el Título de More- 
no, contestara S. E. con aserción tan diametral mente 
opuesta al texto de aquellos documentos Reales. 

Añade S. E., que no hay otro documento que la 
Cédula de 1768, sobre límites de la Guayana, como 
provincia española, 

Guayana era la parte Sur de la Antigua provincia 
Nueva Andalucía, desde el mar hasta el Amazonas. Se- 
gregada en 1762 esa parte Sur, desde el Orinoco, sus lí- 

17 



258 LÍMITES 

mites quedaban perfectamente conocidos, y tales como 
fueron repetidos en esa Cédula de 1768, que mandó agre- 
garles todo lo gobernado por Iturriaga formando un 
todo con la ya existente provincia de Cfuayana. Si no 
hubiera preexistido Gfuayana, no habría á quien agregar 
el territorio de la jurisdicción de Iturriaga. 

Insistiendo en el mismo error, llama el señor Mu- 
rillo á la Cédula de 1768, la Constitución de la enti- 
dad Guayana. 

En efecto lo es, pero no de la antigua, sino de la nue- 
va Gfuayana, como se demuestra en todo lo que viene 
escrito. 

Sin la agregación ordenada en la misma Cédula de 
1768, es que dice el- señor Murillo "que pasó nueve 
años después la provincia de Guayana de la jurisdic- 
ción del Virrey nato á Id de la Capitanía General. " 

¡ Y se funda el señor Murillo para tan inaudita ase- 
veración, en la misma Real Cédula que mandó agregar 
la una á la otra parte formando un todo ! Este es el 
absurdo Acosta. Apenas puede concebirse cómo se pre- 
tenda dar á la Cédula de 1768, una inteligencia opues- 
ta á su propio texto, y á la que continuaron como suya 
el Soberano, y todos sus Magistrados y funcionarios 
desde 1777 en que pasó aquel todo a la jurisdicción de 
Venezuela. 

Llama el señor Ministro de Colombia, límite legal, el 
que sostiene como arcifinio ; pero esa legalidad está 
desmentida victoriosamente, por todos los documentos 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 259 

oficiales. Sí hay un límite arcifinio, que seria más con- 
veniente para Colombia, esa no es disensión de dere- 
cho ; seria punto de examen y justa consideración, en 
la segunda parte, ya acordada, de la negociación de 
límites. 

Asoma dudas el señor Ministro, sobre cuál fuese la 
jurisdicción de Iturriaga, pero el título regio que le 
llamó Comandante General de las nuevas poblaciones 
y todo el Rio Orinoco y Rio Negro, debiera ser sufi- 
ciente para que tales dudas no se concibieran. 

Absurdo llama el señor Murillo, lo que sostiene su 
colega como verdadera inteligencia de la Cédula de 1768, 
que creó el todo final de la provincia de G-uayana, y 
la de 1777 que lo separó del Virreynato y lo agregó á 
Venezuela. El absurdo consistiría en lo que ordenó el 
Rey de España, y en el cumplimiento dado á sus dis- 
posiciones en el régimen español, desde 1777 hasta 
1810. 

Repite el señor Ministro, que no habia otras nue- 
vas poblaciones del mando de Iturriaga, que Real Co- 
rona y Ciudad Real; pero en numerosos documentos 
-consta que eran muchas más, especialmente en Alto 
Orinoco y Rio Regro : y en uno de ellos, el mismo 
Centurión, inmediato sucesor de Iturriaga, menciona 

cuarenta y tres con sus propios nombres. 

Niega también S. E., que en el alto Orinoco hubie- 
se población alguna de españoles, y que existieran á la 



2G0 LÍMITES 



muerte de Iturriaga, San Fernando de Atabapo, Santa 
Bárbara y Maipúres. 

A ser esto cierto \ cuáles eran las poblaciones cuya 
jurisdicción trasladaba Iturriaga á Centurión % \ De qué 
poblaciones hablaba entonces el Rey en su Cédula de 
1768 \ \ Cuáles poblaciones eran las que agregaba á la 
antigua provincia de Guayana formando ün todo % 

Pero el señor Murillo añade : que seis ó siete años 
después de la Cédula de 68, ya no existían unas que 
S. E. mismo nombra. 

Confiesa, pues, S. E. que sí existían, por lo ménos r 
esas mismas que S. E. menciona. 

!N"ada se aventura (dice el señor Murillo) en aseve- 
rar que el año de 68, no existia población algu- 
na á la izquierda del Orinoco y Occidente de Ca- 
siquiare. 

No pudiera ser más penoso de lo que fué para el 
Ministro de Venezuela, y de lo que es hoy mismo, tener 
que oponer á las aserciones del eminente señor Murillo, 
negaciones tan rotundas como la siguiente. Existían en 
1768, y muchos años después, y existen hoy, San Fer- 
nando de Atabapo, Tavilá, Pimichin, Maroa, San Mi- 
guel, Baltazar, Esmeralda, Tiriquin, Santa Cruz y 
Santa Bárbara, todas al Occidente del Orinoco y del 
brazo de Casiquiare. 

Y cuanto sostuvo el Ministro de Venezuela, y lo 
apoyó en documentos probatorios, sobre las misiones que 
pretende Colombia estar situadas en territorio suyo, prue- 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 261 

foa que dependían del Covento mayor de Píritu, en la pro- 
vincia de Barcelona de Venezuela ; que recibian escolta de 
Guayana, que de allí se les pagaba sus pensiones, y de 
allí partían todos los actos jurisdiccionales del Gfobierno 
español. 

Y es tiempo ya de hacer una aclaración, que sobre 
ser muy justa se hace también indispensable ; puesto que 
la Plenipotencia colombiana viene pretendiendo sacar 
partido de una falsa inteligencia, sostenida en diferentes 
pasajes, según la cual, no dependían de Iturriaga sino 
las poblaciones que el fundara. Esta pretensión querrá 
fundarse, en que las reales Cédulas y los títulos juris- 
diccionales empleen las palabras nuevas poblaciones. 

Tal inteligencia nunca haría desaparecer la jurisdic- 
ción de Iturriaga sobre todo el territorio explorado por 
la cuarta comisión de límites, pues que en todo él po- 
día Iturriaga fundar poblaciones, y ningún partido ob- 
tendría la jurisdicción del Virreynato, aun suponiendo 
que Iturriaga venia enviado por el Rey á mandar po- 
blaciones que no existían. 

La verdad es que había, chicas ó grandes, poblacio- 
nes de indígenas, que al apoderarse el Rey de España de 
todo el territorio, venían á ser nuevas poblaciones en 
■el ámbito de su jurisdicción. Así se vé, que las mi- 
siones, desde su origen, aunque gozaran del Gobierno 
<;ivil, dependían políticamente del Gobernador de G-ua- 
yana, y muchos de esos poblados existían ya, antes de 
«er convertidos en misiones. 



2C2 LÍMITES 

Es pues un arbitrio insostenible, y por otra parte 
infructuoso, el de querer reducir la jurisdicción de Itu- 
rriaga á los pueblos ó caseríos que él fundara. 

XXXIII 

Dice el señor Ministro de Colombia, por cierto que 
sin descubrirse en ello fuerza alguna de argumentación,, 
estas palabras. " Ya se Tía visto que la Cédula no habla 
de misiones. " 

¿Pero las misiones no eran también poblaciones? 
% Cómo puede concebirse que en un mismo territorio, con 
cuarenta y tres poblados, en otros tantos diferentes 
puntos, los unos que se llamaban de españoles, *y los 
otros que se llamaban misiones, indistintamente situados,, 
por acá ó por allá, Iturriaga mandara los unos, y nadie 
mandara políticamente los otros? ¿No dice el Título 
de Iturriaga que comanda todo el Orinoco y Rio Negro * 
% A qué conduce el exigir que la Cédula dijera misiones, 
si ella empleó un término de mayor extensión y gene- 
ralidad cuando dijo poblaciones? ¿Quería el señor Mu- 
rillo que las misiones sembradas en aquel territorio,, 
dependientes del Convento Mayor de Píritu, dependieran 
del Virrey nato, mientras que los pueblos de españoles^ 
intercalados entre ellas, dependieran de Venezuela i ¿ Y 
ese argumento no está probando, al excluir las misiones 
de la jurisdicción de Iturriaga, que las poblaciones sfi 
dependían de esa jurisdicción venezolana ? 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 263 



Argumentos de aquel género, están muy distantes 
de ser lo que Colombia necesita, para contradecir el 
derecho de Venezuela, porque toca á Colombia, en esta 
discusión el omnis probandi, pues que Venezuela está 
en posesión de lo que se le disputa, desde 1777, y sin 
contradicción alguna hasta 1844. 

No son razonamientos más ó menos ingeniosos, los 
que deben oponerse al tenor mismo de las Reales Cédulas, 
y de tantos y tan terminantes testimonios contestes, 
que vienen probando la posesión de Venezuela. 

JSTo disimula el señor Murillo todo lo que le estorba, 
el cúmulo de documentos oficiales que le presentaba 
Venezuela, ya fundando misiones, ya mandando mi- 
sioneros, ya pidiendo informes sobre misiones, y ya 
reglamentándolas con estos, aquellos ó los otros religio- 
sos, y termina diciendo " La existencia de las misiones 
no altera en nada la genuina significación de la 
Cédula." 

i Y cómo concordarían esas palabras con las otras : 
u ya se Tía visto que la Cédula no habla de misiones" ? 

Estas últimas palabras quedan declaradas por el 
señor Murillo como inútiles, pues que no tuvieron ob- 
jeto alguno. 

La existencia de misiones y de misioneros de cua- 
tro ó cinco diferentes órdenes, así como las escoltas, y 
actos jurisdiccionales de Iturriaga y de los Gobernado- 
res de Guayana, sí constituyen positivamente un ar- 



264 LÍMITES 

gumento incontestable en favor del derecho de Ve- 
nezuela, porque es con actos de jurisdicción, así en 
lo civil como en lo criminal, que se prueba el domi- 
nio territorial. 

El señor Murillo llama " alegato para retardar 
la obediencia " todo ese cúmulo de títulos y pruebas 
que se pusieron á su examen. De esto juzgará el 
lector. 

En cuanto á la obediencia, ha de suponerse que 
se refiere á la Real Cédula, y no hay motivo alguno 
para reclamarla hoy, pues que todos los funcionarios 
y magistrados españoles vinieron prestándole esa obe- 
diencia, desde 1777 hasta 1810 ; y pues que Venezuela 
ha venido también sosteniendo esa misma inteligencia 
hasta hoy, y sin contradicción alguna hasta 1842, en 
que fué también reconocida por la Nueva Granada, en 
un Tratado público que está vigente, y hasta 1844, año 
en que inventó el señor Acosia una nueva inteligencia 
de la Cédula, desmintiendo al Ministerio de Indias y á 
todo el régimen español. 

Es tal el lujo de argumentación del señor Ministro 
Colombiano, que llegó á decir "que conocida la his- 
toria de la formación de la Guayana las palabras de 
la Cédula tienen una sencillez y claridad que no es 
posible oscurecer.'''' 

Estas palabras serian inspiradas al señor Murillo, 
muy naturalmente, por lo imposible con que tropezaba 
su talento, cuando empeñado en cumplir sus ins- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 265 

tracciones se esforzaba para oscurecer la inteligencia de la 
Real Cédula. 

Ya S. E. hasta el extremo de asentar, "que los 
funcionarios españoles entendieron las Reales Cédulas 
de 68, 71 y Tí del siglo anterior, de un modo opuesto 
al que sostiene Venezuela." 

Es indispensable repetir en este lugar, que desgra- 
ciadamente, hasta las virtudes suelen tener su fanatis- 
mo. Este del señor Murillo, es el fanatismo del deber, 
que por supuesto, aunque nada pruebe en la cuestión 
de derecho, sí prueba mucho en honor de tan enten- 
dido funcionario. 

En los primeros artículos de este opúsculo, relati- 
vos á la región del Oriuoco, quedó probado de manera 
incontestable, que desde 1777 hasta 1810, todos los funcio- 
narios españoles, desde el Ministro de Estado hasta el 
misionero, y hasta el soldado de la escolta, entendieron 
las Cédulas de 1768 y de 1777, de conformidad con su 
texto, considerando un todo la nueva provincia de 
Guayana, como lo dijo el Rey, teniendo ese todo como 
parte de la Capitanía General de Caracas, como lo 
ordenó el Soberano en 1777. Y así lo entendieron 
también los Gobiernos y Congresos de la Nueva Granada 
en 1833 y 1834, al de aprobar el proyecto Michelena, y 
hasta 1S42, al tiempo aprobar el Tratado Pombo, y hasta 
1844, fecha de la invención que todavía se sostiene tas 
desgraciadamente. 



266 LÍMITES 

Alega S. E. unas palabras del Virrey Mecía de 
la Zerda, referentes á la Cédula de 5 de mayo, y son 
las siguientes : 

"Determinado por 8. M. hasta otra resolución." 
Iremos comentando las palabras del Virrey, con 
toda la facilidad que ellas ofrecen. 

Está confesado por S. E., que sin otra resolución, 
soberana, posterior á 1768, la región mandada por Itu- 
rriaga debía tenerse como parte de la provincia de Gua- 
yana, fobmando un todo. No habiendo el Rey ex- 
pedido nunca una resolución, que alterase en lo más 
mínimo los términos de la Cédula, % cuál es la conse- 
cuencia lógica ? Va resultando el señor Virrey, exce- 
lente testigo en este proceso sobre el derecho de Ve- 
nezuela. 

Sigue el Virrey u que la Comandancia de las nue- 
vas poblaciones del Alto y Bajo Orinoco y Rio Negro, 
cuyos límites se expresan en ella, corra unida á ese 
Gobierno y Comandancia de Guayana" 

¿En qué contradicen estas palabras lo que sostiene 
Venezuela? Antes lo apoyan y confirman. Siguieron 
unidas las dos partes, formamdo tjn" todo, (como se lee 
en el texto de la Cédula ) y así pasó el todo al Virrey- 
nato en 1771, y volvió el todo á Venezuela en 1777, 
sin que aparezca, ni siquiera se haya alegado por Nue- 
va Granada ni por Colombia, acto alguno del Soberano, 



ENTBE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 267 

_ 

alterando lo dispuesto en esas Cédulas, ni reformando 
ó corrigiendo la inteligencia que les dieron todos sus 
ejecutores y cumplidores españoles hasta 1810. 

Procura apoyarse el señor Plenipotenciario colom- 
biano en un pasaje, que dice S. E. que se encuentra en 
una respuesta del Gobernador de Guayana Centurión,. 
al "Virrey de Santa Fe. 

Pedida por el Ministro de Venezuela á su honora- 
ble colega, para su examen, esa nota de Centurión, 
contestó el señor Murillo "que no la tenia,'''' como 
tampoco tenia (aunque muchas veces las citó S. E.) las 
relaciones de mando de los Virreyes, lo cual hacia con- 
traste muy notable con lo hecho por la Plenipotencia 
venezolana, poniendo al examen del señor Murillo, no 
ya 24 sino 26 volúmenes del archivo de límites de Ve- 
nezuela. 

Pero á falta de lo que el señor Murillo no podia 
exhibir, se le presentó la nota del mismo Gobernador 
de Guayana, Centurión, al señor Virrey, fecha 6 de 
julio de 1769, acusándole recibo de la Real Cédula de 
5 de mayo de 1768, que el Virrey le habia dirigido el 
10 de enero de aquel año. Nota en la cual le da par- 
te de haberla recibido también por conducto del Capi- 
tán General de Caracas, y en la cual terminantemente 
sostiene su autoridad sobre el todo de la nueva pro- 
vincia de Guayana, y su dependencia del Capitán Ge- 
neral de Caracas Don José Solano. 



2^8 LÍMITES 
•— 



XXXIV. 



No estará demás copiar en este lugar, la comunica- 
ción del Ministro ó Bailío Fr. Don Juan de Arriaga á 
Don Manuel Centurión, acompañándole el Real Des- 
paclio de Gobernado!' de Guayana, cual se verá á con- 
tinuación. 

"El Rey se lia servido nombrar á U. para suceder 
á Don Joaquín Moreno en la Comandancia interina de 
la Provincia de Guayana, según manifiesta el Real 
Despaclio que le entregará el Gobernador de Caracas Don 
José Solano, á cuyo efecto se le remite en esta ocasión. 
Participólo á U. para su noticia y á fin de que pre- 
cediendo los requisitos que en el referido Despacho se 
expresan, se transfiera á tomar posesión de la mencionada 
Comandancia, en inteligencia de que al Virrey de Santa 
Fe se anisa de esta procidencia, y que suministre á 
U. sus auxilios, y también se previene á Don Joaquin 
Moreno que en presentándose U. con los correspon- 
dientes Despachos, le entregue el mando y todas las 
órdenes é instrucciones que se le hayan expedido tocantes 
al mejor establecimiento de aquella Pkovustoia, sus forti- 
ficaciones, arreglo de tropa, y demás asuntos concer- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 269 

nientes á ella, á efecto de que con este reconocimiento 
y tajo la dirección del referido Gobernador de Caracas, 
pueda TI. tomar las debidas providencias para la con- 
tinuación y efectivo cumplimiento de las Reales ins- 
trucciones de 8. M. que le están comunicadas, en cuya 
importancia se espera acredite TI. su celo y atividad. 
Dios guarde á U. muchos años. Aran juez, I o de mayo 
de 1766. El B.° Fr. Don Julián Arriaga.— Señor Don 
Manuel Centurión. — Es copia de la original que existe 
en el archivo de la Comandancia General de Orinoco 
y Gfuayana y de la Secretaría de mi cargo ; lo que 
certifico. — Guayana, tres de julio de mil setecientos 
setenta y nueve, etc. — (Firmado. )— Francisco de Amán- 
tegui. " 

Cual se destruiría una planta, arrancándola con todas 
sus raíces, así aniquila el documento que precede toda 
la argumentación con que se pretende disputar á Vene- 
zuela su dominio territorial en la Hoya del Orinoco, 
Casiquiare y Rio Negro. 

El argumento Acosta consiste, en que la Cédula de 
1768, fué la que creó la provincia de Guayana. 

Aquí tenemos en el documento preinserto del Minis- 
tro de S. M. O., que en 1766, dos años antes de la 
Cédula fundamento supuesto del señor Acosta, dice e 
Rey por órgano de su Ministro á Centurión, que le nom- 
bra para suceder á Don Joaquín Moreno en la Goman, 
dancia de la Provincia de Guayana, según manifies- 



270 LÍMITES 

ta el Real Despacho que le entregará el Gobernador de 
Caracas Don José Solano. 

Era pues provincia la Gfuayana, ó mintió el Rey 
de España, ó no sabia lo que se decia, ó el año de 
66 habrá que considerarlo posterior al año de 68. 

Luego la Cédala de 68 no hizo sino mencionar los 
límites de la provincia que preexistia, y á la cual agregaba 
los territorios explorados y fundados por la cuarta co- 
misión de límites, todos los cuales estuvieron bajo la 
jurisdicción de Iturriaga, y por su orden, antes de mo- 
rir, y por Cédula posterior del Rey, habian sido agre- 
gados á la provincia de Guayana. La de 68 fué definitiva, 
mandando que queden esos territorios formando un todo 
jurisdiccional, como quedaron en efecto hasta 1810. 

Demostración más palmaria no cabe que se conciba. 

Como robusteciendo el señor Murillo la sofística inter- 
pretación de Acosta, dijo, que Centurión no habia recibido 
más autoridad, que la de trasladar la vieja Gfuayana á 
la Angostura. 

Aquí tenemos, como palabras del mismo Soberano, 
las siguientes, " Y se previene á Don Joaquín Moreno, 
que en presentándose U., con los correspondientes Des- 
pachos, le entrege el mando y todas las ordenes é ins. 
trucciones que se le hayan expedido, tocantes al mejor 
establecimiento de aquella. Provincia, sus fortificacio- 
nes, arreglo de tropas y demás asuntos concernientes á 
ella:' 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 271 

_ — ^ 

Volvemos á ver que Guayaría era provincia en 1766 
dos años antes de la Cédula de 68, en la cual inventó 
Acostó, que fuese fundada Guayana, para deducir que 
era esa Guayana la que se agregó á Venezuela en 1777, 
contradiciendo la Cédula misma de Q8, que al mandar 
agregar lo del mando de Iturriaga á la ya existente 
provincia de Guayana, dijo que permaneciese siempre 
unida formando un todo. 

Y todavía hay más. Todavía dice el Rey " á efecto 
de que con este reconocimiento y bajo la dirección del 
referido Gobernador de Caracas, pueda TJ. tomar 
las debidas providencias para la continuación y efectivo 
cumplimiento de las Reales instrucciones de S. M. que 
le están comunicados, en cuya importancia se espera 
acredite U. su celo y actividad. 

Esto es lo que el señor Murillo tuvo por conve- 
niente llamar una simple comisión para trasladar la 
vieja Guayana á la Angostura. Juzguen ahora los 
lectores, sean venezolanos ó sean colombianos. 

Cita el señor Murillo un informe del Gobernador é 
Intendente de Venezuela al Rey de España, cumpliendo 
la Orden en que se le pidió, y aunque dice S. E. que 
es de 1779, no reza el original sino que fué de 1782. 
Copió S. E. algunas palabras de ese informe, y el lector 
verá si ellas prueban derecho del Virreynato en el todo 
que mandaba Centurión desde 1766. 

Lo que dice es lo siguiente: " Que la 'situación de 



272 LÍMITES 

sus poblaciones y demás que en este 'punto refiere, 
está exacta y conforme d las observaciones y descubri- 
mientos de los últimos tiempos, en lo que' no hay 
duda etc., etc.' 1 '' 

¿Se deduce de esas palabras algo que contradiga el 
derecho perfecto de Venezuela ? 

Lo único que sí se deduce es, que el señor Murillo 
apareció muy mal informado, á pesar de tener delante 
el archivo entero de Venezuela, cuando dijo: "que no 
liabia más poblaciones que las tres que S. JE. nombró. " 
El Gobernador é Intendente de Caracas llamaba exacta 
y conforme la demarcación que Centurión hizo al Rey, 
cuando nueve años antes (1773) habia dicho al Virrey 
Don Manuel Guirior, (por depender todavía entonces 
Guayana del Virreynato) que había dado ala provincia 

EL CONSIDERABLE AUMENTO DE CUARENTA Y TRES PUE- 
BLOS DE ESPAÑOLES Y DE INDIOS, CON MÁS DE DOSCIEN- 
TAS FAMILIAS DE LOS PRIMEROS. 

Vuelve á ser llamado en auxilio por el señor Murillo, 
el Reverendo Padre Caulin, y en verdad sin resultado 
ninguno eficaz. Escribe el Reverendo, antes de que 
Guayana fuese creada provincia, en 1762, como queda 
ya probado. 

i A qué citar ni buscar apoyo en la novelesca historia 
de Caulin, tan plagada de inexactitudes, y tan anterior 
á la creación de la provincia de Guayana en 1762 ; y 
por supuesto, sin relación alguna con la Guayana creada 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 273 

en 1768, formando con ella un todo \ La cita está 
fuera de los límites de esta discusión. Y si Caulin 
hubiera dicho lo contrario de lo que dijeron el Minis- 
terio de Indias y el mismo Rey, % valía tampoco la pena 
de citarlo? 

Que como dice el señor Murillo, entretuviera el 
Virrey Góngora y otros Virreyes, la convicción de que 
la línea divisoria de Guayana con el Virreynato, fue- 
sen los rios Meta, Orinoco y Rio Negro, ni tiene 
prueba alguna en qué apoyarse, pues que no la pre- 
senta el señor Murillo, ni puede consentirse sin hacer 
violencia al buen sentido ; ya por la fuerza que arrojan 
todos los documentos que el lector habrá venido en- 
contrando hasta ahora ; y ya también porque no hay cómo 
ni por qué concebir, que los Virreyes hubieran con- 
sentido, que Centurión y los demás Gobernadores de 
Guayana, desde 1777 hasta 1810, hubiesen estado ejer- 
ciendo su jurisdicción sobre todo el Alto Orinoco y 
Rio Negro, hasta los confines del Brasil, fundando 
poblaciones, estableciendo misiones, reemplazando misio- 
neros, erigiendo fortalezas, etc., etc., entendiéndose siem- 
pre para todo con la Capitanía General de Caracas, 
como jurisdicción superior del todo de la provincia 

DE GlTAYANA. 

Entre los esfuerzos del señor Murillo, hay uno que 
revela perfectamente lo insuperable de ]as dificultades 
en que le colocaban sus instrucciones. Va S. E. hasta 

18 



274 LÍMITES 

asentar, que esa demarcación que sostenía, hubiese po- 
dido calar hasta en el ánimo de los habitantes de 
Venezuela. 

Bien pudiera suceder, que en pueblos en que todavía 
quedan uno que otro hombre de ]os que se criaban en 
los tiempos del Rey absoluto, de la Inquisición, y de 
Duendes y de Brujas, hubiese quien creyera lo que 
suponía el señor Murillo. Pero cuando los altos Poderes 
públicos de Venezuela, desde 1830, fecha de la sepa- 
ración, hasta ahora, han venido desaprobando todo 
proyecto que menoscabara sus derechos territoriales, bien 
valía la pena de omitir una alegación de ese linaje. 

XXXV 

Por fin, encontró el señor Murrillo algo que, con 
cierta apariencia, asomara parentezco con la pretensión 
que sostenía ; á saber : un acto de la Legislatura de 
Gfuayana, marcándole términos al actual Estado, y en 
ei cual prescinde de lo que constituye el territorio 
Amazonas. 

La división territorial interior, pertenece á la juris- 
dicción de la soberanía nacional, y no á la provincial 
ó de los Estados, y por consiguiente, ese no tiene valor 
alguno, fuera del ámbito del Estado. Siempre se ha 
creído en Gruayana, como en toda Venezuela, que la 
región occidental del Orinoco, Casiquiare y Uto Negro, 
así como la Qoagira en el extremo occidental de la 
Repiiblica, donde apenas hay escasísima población, 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 275 

nómade, de indígenas, y la mayor parte idólatras y 
en absoluta incipiencia, no debían ser sino territorios, 
bajo la autoridad exclusiva de ios grandes Poderes 
Nacionales, que son los que pueden y deben, con su 
paternal consagración, y á f uerza de tiempo, v de gastos 
y labores, convertirlos en nuevos Estados. 

Por otra parte, no puede sino parecer extraño, 
que en una cuestión de límites nacionales, buscara el 
señor Ministro de Colombia un título á su pretensión, 
en el acto subalterno de autoridad notoriamente incom- 
petente. ISTo es pues necesario extender más esta répli- 
ca ; pero añade el señor Murillo, que hubo un Folleto, 
del cual extracta lo que juzgó convenir á su objeto, y 
concluye con estas palabras. " No puede decirse más, 
después de esta sentencia de la prensa más autorizada 
de Venezuela. 

El Folleto, que Gfuzman no conocía ni conoce, 
aunque sin pena, porque no ha encontrado quien lo 
haya visto, es un escrito anónimo, según confesión 
del señor Murillo, y es por cierto singular, que un 
escritor de su talla, un hombre público tan antiguo, 
y un Magistrado tan ejercitado, llevase su generosidad 
hasta llamar sentencia al anónimo, y alegarlo como 
la prensa más autorizada de Venezuela. 

Otro argumento de S. E. está revelando lo angus- 
tiado de la posición en que le colocaban sus instruc- 
ciones. El argumento es u Que algunos hijos de Ve- 



276 LÍMITES 



nezicela, y solo como un arbitro para alegar, hablan 
de ejercicio de su jurisdicción en el territorio ' ' que 
pretende disputar. Los lectores, que habrán visto 
ejercida esa jurisdicción desde 1777 hasta 1810 por la 
Capitanía General de Caracas, y desde la disolución 
de Colombia en 1830 hasta 1844, sin la menor oposi- 
ción de Nueva Granada, y por el contrario, aprobando 
su Congreso el proyecto Miclielena, y aprobando el 
Tratado Tombo de 1842, que reconoce el derecho per- 
fecto de Venezuela, y que desde 44 hasta ahora,- ven 
que el señor Murillo llama usurpada la misma juris- 
dicción, están en capacidad de juzgar el valor que 
tenga en esta discusión el argumento citado. 

Extraña el señor Ministro, que su colega atribuya 
importancia á la posesión venezolana de San Fernando 
de Atabapo ; pero la extrañeza de S. E. carece de 
fundamento. San Fernando de Atabapo servia de capital 
siendo la residencia de Iturriaga, Presidente de la Co- 
misión de límites, y Gobernador de todo el teritorio 
explorado y fundado por ella. Es además, un punto 
expresamente mencionado en las Reales Cédulas, y en 
numerosos documentos oficiales auténticos del Gobierno 
español y de sus funcionarios. 

Dice el señor Murillo, que San Fernando de Ata- 
bapo vino muy á menos en cierta época; pero no es 
de suponerse que S. E. lo adujera como título juris- 
diccional del Virreynato. Aquella ciudad, cuya exis- 
tencia se conoce por actos oficiales desde 1758, nunca 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA, 277 

ha dejado de existir, y existe en el dia, altamente 
protegida por el Gobierno de Venezuela. Y es la misma 
de que hablan Humboldt y Bompland, y que men- 
cionan muchas veces Iturriaga, Solano, otros historia- 
dores y las mismas Reales Cédulas. 

Otra alegación del señor Ministro de Colombia con- 
siste, en unas palabras de Humboldt y Bompland que 
S. E. cita: son las siguientes.. "La soledad de estas 
regiones es tal, que de Carichana á Yamtá y de la 
Esmeralda á San Fernando, en una navegación de 
ciento ochenta leguas, no hemos encontrado una sola 
embarcación. ' ' 

Que viajeros exploradores observen las soledades 
de regiones vírgenes, es cosa corriente ; pero que esas 
soledades puedan constituir títulos de dominio territo- 
rial, que es lo que la Legación Colombiana debia pro- 
bar, eso no puede aceptarse. Entre tanto, bueno es 
tomar nota de que Hurriboldt y Bompland, á fines 
del siglo pasado, como veinte años después de la 
Cédula que pasó la Guayana á la jurisdicción de Ca- 
racas, formando ya el todo ordenado en 1768 por el 
Rey de España, encuentran á San Fernando de Ata- 
bapo, á Carichana, á Yamtá y la Esmeralda, depen- 
diendo de la Capitanía General ; y también es impor- 
tante observar, que Yamtá y Esmeralda, situados al 
Occidente de las arterias fluviales disputadas, depen- 
dían á fines del siglo XVIII de la Capitanía General. 



278 LÍMITES 



Que San Fernando de hoy sea una tercera crea- 
ción, si algo pudiera probar, seria la importancia de 
aquel punto, en que se reúnen el Orinoco, formando 
ángulo, con el Guaviare y el Atabapo, á poca dis- 
tancia del Inírida, y recibiendo el Canapeni, el Cu- 
pueni, el Masoa, el Aota y otros, constituyendo así 
uno de los puntos más importantes del Continente 
Americano, por el concurso simultáneo de tantas y tan 
grandes y opulentas corrientes, y sirviendo de centro á 
una región tan extensa y tan privilegiada por la na- 
turaleza. Y por estas razones, cuando epidemias 6 
malos Gobiernos, ó estaciones destructoras, han causado 
algún decaimiento en aquella Ciudad, que puede llegar 
á ser en el curso de los tiempos la más opulenta al 

« 

Norte del Amazonas, siempre ha vuelto á rehacerse 
para continuar progresando. 

Olvidando el señor Murillo todo lo que debió en- 
contrar en el archivo de límites de Venezuela, y que 
Tiene ya citado en este opúsculo, probando de manera 
evidente la posesión de Venezuela en aquellos territo- 
rios, dice, que "comenzó la usurpación al constituirse 
Venezuela en 1831." 

Quede la palabra "usurpación,'" en conferencias de 
espíritu fraternal, al juicio de los señores lectores, y 
vamos á contestar. Que desde el nacimiento de Ve- 
nezuela creara ella el cantón de Rio Negro, en su 
ley de división territorial, no es sino una consecuencia 
del todo natural, hija de su conciencia, de ser suyo 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 279 

aquel territorio. Lo que sí extrañará mucho todo 
hombre, áuu de la menor inteligencia, es que en esa 
misma fecha, la nueva Granada no se acordara para 
nada de Rio Negro, ni de sus regiones oriental y 
occidental, ni se acordara hasta 1833, al celebrar el 
proyecto de Tratado Miclielena-Pombo, ni al aprobarlo 
en 1834, nial celebrar el tratado de 1842, que está vigente, 
sino dos años después, el año del inventor señor Acosta, 
1844. 

Si la Cédula de 1777, que unió á Venezuela la G-ua- 
yana dice: " Unida ya a esa provincia el Alio y Bajo 
Orinoco con Casiquiare y Rio Negro" ¿es posible que 
todavía se esté disputando á quien corresponde la región 
de que se trata ? 

Como doce páginas consagra el señor Ministro de 
Colombia, á la copia de un informe que Codazzi dirigió al 
Gfobierno de Venezuela, en marzo de 1838, informándole 
de los malos manejos y abusos de todo género, que come- 
tían "las autoridades del cantón Rio Negro.' ' 

Son doce páginas que pudieran haberse omitido, por. 
que en realidad no prueban, sino la jurisdicción que ejer- 
cía Venezuela tranquilamente sobre aquel territorio en 
1838. 

Otras seis páginas del señor Murillo se refieren á otro 
informe del señor Rafael Acevedo, y otro del señor Fran- 
cisco Michelena y Rojas Queipo. En algo pertenecen á esta 
discusión la una y la otra cita, porque prueban que Vene- 
zuela estaba ejerciendo tranquilamente su jurisdicción en 



280 LÍMITES 



aquel territorio, y que estaba procurando remediar los 
males que experimentaba. 

Termina el señor Murillo su extensa exposición, como 
es costumbre hacerlo en casos semejantes, suponiéndose 
victorioso, y esperando del Gobierno de Venezuela "que 
quiera dar al mundo, con su conformidad, una prueba 
más de su probidad en Relaciones Exteriores, y de 
amistad' sincera al pueblo Colombiano." 

Ojalá, fervientemente se hubiera alegrado el Ministro 
de Venezuela, tan colombiano de corazón, al haber en- 
contrado una feliz oportunidad de probar su rectitud 
y su patriotismo, reconociendo como buen derecho la 
pretensión del señor Murillo ; pero esas páginas que 
quedan escritas, lo relevan de toda pena por haber 
insistido sosteniendo, como sostiene, y como sostendrá 
todo hombre justo, sea cual fuere su nacionalidad, que 
la provincia de Gí-uayana, formando un todo, como lo 
ordenó el Rey de España y como existió hasta 1810, 
con el territorio explorado y fundado por la cuarta 
comisión de límites, y mandado por Iturriaga, pertenecen 
en pleno y perfecto derecho á la jurisdicción nacional 
de Venezuela. 

En artículo posterior nos referiremos á la segunda 
paite, todavía pendiente, de la negociación de límites. 
relativa á una transacción conciliatoria, de comunes y 
de recíprocos intereses entre Venezuela y su hermana 
Colombia. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 281 



XXXVI 



Terminada la exposición de los títulos y pruebas 
auténticas, y testimonios corroborantes, de los derechos 
territoriales de Venezuela presentados en la negociación 
de límites con su vecina y hermana la Nueva Colombia, 
en 1874 y 1875, que era y es lo que correspondía hacer 
en la primera parte de dicha negociación, reducida al 
examen estricto del derecho 7iasta 1810, fecha del Uti 
posidettis ; y examinadas y contestadas todas las alega- 
ciones hechas por el señor Dr. Manuel Murillo, Pleni- 
potenciario de Colombia, hasta su separación de Cara- 
cas, súbita é inesperadamente, está pendiente la segun- 
da parte, ya convenida, de la dicha negociación ; y en 
el propósito, tan patriótico como cordial, de demostrar 
en Venezuela como en Colombia, todo lo que tiene de 
fácil y altamente conveniente á ambas hermanas, una 
solución, verdadero abrazo fraternal, y fecundísimo en las 
relaciones futuras de ambos pueblos, añadiremos aquí, tex- 
tualmente, como va á verse, la que con el título de 



282 LÍMITES 

"Epílogo" añadió A. L. Gfuzman, Plenipotenciario de 
Venezuela, desde 19 de abril de 1875, y que fué puesto 
al pié de la última acta protocolizada. 

EPÍLOGO DE LA NEGOCIACIÓN DE LÍMITES ENTRE VENE- 
ZUELA Y COLOMBIA, INICIADA EN SETIEMBRE 
DE 1874. 

Hecha la apertura de la negociación por el señor Mu- 
rillo, enviado al efecto por su Gobierno, en una me- 
moria abrazando toda la línea fronteriza, contestó Ghiz- 
man, Plenipotenciario de Venezuela, en cinco exposi- 
ciones : primera ; contestación á las observaciones generales 
4 del señor Murillo : segunda ; sobre límites en la península 
Gfoagira ; tercera ; sobre San Faustino, ó sea el Táchira : 
cuarta ; límites por Casanare : y quinta ; frontera en la 
región del Orinoco. 

El señor Murillo, dividió también su República en 
los mismos cuatro puntos limítrofes. 

El Ministro de Venezuela en su Duplica ó Contra- 
réplica, siguió el mismo orden de exposiciones, corres- 
pondiente á los cuatro puntos de discusión en la 
frontera. 

Este conjunto de muy laboriosos estudios y expo- 
siciones, se lia contraído exclusivamente al examen y 
demostración de los der eolios territoriales de cada una 
de las dos Repúblicas, como fué convenido al ini- 
ciarse la negociación, dejando para su segunda parte, 
el estudio y combinación conciliatoria de los intereses 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 283 

y conveniencias de ambos pueblos, por medio de recí- 
procas concesiones, á fin de dar un término feliz á la 
cuestión de casi medio siglo, por medio de una solu- 
ción espontánea, fraternal y altamente honrosa para 
ambos pueblos y ambos gobiernos. 

En la exposición de esos derechos territoriales, apa- 
recen á notable distancia las convicciones y propósito 
de los dos Plenipotenciarios. 

Pero esta no es sino una apariencia desagradable, 
que se desvanece ante la realidad, que sigue exponiéndose 
en el presente epílogo. 

DIFERENCIA DE LA GOAGIKA. 

Venezuela sostiene su derecho hasta el Cabo de La 
Vela. 

Colombia hasta el de Chichivacoa. Venezuela no 
puede prescindir, ni tampoco Colombia, de tener un 
puerto en la Península ; porque sin él, ella es inabor- 
dable, todo comercio imposible, y más que el comer- 
cio, la reducción de aquellas tribus. 

Quedando Venezuela con el puerto oriental y Co- 
lombia con el occidental, los legítimos intereses de am- 
bas naciones quedan conciliados ; y la Goagira dividida 
en dos partes iguales, quedaría perteneciendo á las dos 
Repúblicas hermanas, sin contradicción posible, conju- 
rando peligros que no deben escaparse á la previsión 
del patriotismo sud-americano. 

% Qué sacrificio exije á una y otra de las Altas Par- 



28-4 LÍMITES 

tes contratantes esta solución, á partir de los dos extre- 
mos del derecho que una y otra República sostienen ? 
Uno muy trivial. Cada una habria cedido de su 
actual convicción de derecho, diez 6 doce leguas de 
costa; porque entre los cabos de Cliicliivacoa y de La 
Vela, no hay sino un grado, ó sean veinte leguas, cuya 
mi|ad es lo que cada una renunciaría, para poner tér- 
maio á la cuestión Goagira. 

LÍMITE SOBRE EL TÁCHIRA. 

La dificultad comienza en la desembocadura del rio 
Grita en el Zulla, y termina en la boca de la que- 
brada Don Pedro, al desaguar en el TáchircL ; y todo 
el caño de tierra encerrado en esas líneas es de trece 
leguas cuadradas, entre las quebradas de la China y 
Don Pedro, con dos curvas imaginarias, y el rio T& 
cMra. En cuanto á población, hay un resto de lo que 
fué San Palestino, en el cual existia una aldea, que 
también acaba de ser eliminada. 

No tiene pues importancia alguna aquel pequeño 
espacio de tierra, sino porque, cons tru ido un c amino 
en la ribera izquierda del Tácliira, por una empresa, 
en el Estado Colombiano de Santander, haT quedado el 
f Es tado Venezolano Tác Mra privado del suyo, á su 
puerto inmediato, y convertido en tributario de una 
empresa particular. Como ésta celebró un contrato~con 
el Gobierno y tiene un término de privilegio, viene á 
ser este privilegio, el único verdadero incoveniente que 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 285 

se atraviesa, para que Venezuela y Colombia no que- 
den perfectamente deslindadas por la corriente del rio 
Tácliira, fraternizando aquellos pueblos fronterizos, cuan - 
to lo piden sus propios intereses, y cuanto lo exigen 
previsiones de que no deben prescindir ni el uno ni el 
otro Gobierno. 

í Qué sacrificio exige al uno y al otro pueblo la 
solución conciliadora relativa al Tácliira, pues que el 
paño de tierra disputado nada vale en sí, y pues que 
tanto ha de valer para Venezuela y Colombia hacer 
desaparecer aquel límite absurdo, con todas sus con 
secuencias, y sustituirlo con uno infalible y perdura- 
ble? ISTo vale la pena de llamarse sacrificio, 

¿Estará fuera del alcance de dos gobiernos libera- 
les é ilustrados, conciliar los intereses de aquel privile- 
gio de una manera racional, para que deje de ser obs- 
táculo á tan grandes y nobles propósitos como envuel- 
ve la materia de límites % 

Venezuela está abriendo la comunicación del TácTii- 
ra hacia el Oriente por el Uribante, que no es sino 
el mismo Apure en su origen, y el trayecto que se 
creia imposible está ya espedito. Abre hacia Occid ente 
el camino áe las^Gicamas, que llevará los frutos del 
>uerto en el^ Zulía. 



Aquel privilegio, pues, está seriamente amenazado I 
por un término fatal, y es imposible que no se pres- 
taran sus propietarios á cooperar á la solución in- ' 
dicada. 



286 LÍMITES 

Por otra parte, el Grobierno colombiano, que_^egun 
la op i nión de su PlenipotejT^iaxii>^sei%-^^sppji^able á 
la empresa de la duración del privilegio, que la con- 
cedió, habria también de concurrir por este motivo más, 
á facilitar los medios de remover ese único obstáculo 
que puede tener el perfecto deslinde de los dos pueblos 
por aquel rumbo. 

LÍMITE DESDE EL PARAMO TAMA HASTA LAS 
AGUAS DEL META. 

En este punto, la Real Cédula de 1786 está reco- 
nocida por ambos gobiernos como verdadero título del 
Uti possidettis de 1810. No ha}? pues obstáculo para 
que el tratado lo declare así. 

¿Pero que habrían adelantado Venezuela y Colom- 
bia? El uno y el otro punto extremos de esta línea 
imaginaria están en disputa. Dado que se fijaran, la lí- 
nea atravesaría sabanas de muchos horizontes, sesenta le- 
guas, partiendo rios, caños y propiedades, y exigiendo 
doscientos postes ó mojones, y su conservación perpe- 
tua, sin quedar por eso deslindadas Venezuela y Co- 
lombia, cual lo requieren su hermandad y sus más sa- 
grados intereses. 

Se ha propuesto por Venezuela que del páramo 
Tama siga el lindero por la cresta oriental hasta el 
punto del abra en que nace el rio Ele, y siga el lin- 
dero sus aguas hasta entrar al Meta. 

Este límite, que parece dejar á Venezuela un rin- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 287 

con hacia su extremo occidental, deja otro á Colom- 
bia en el extremo oriental por la curva que describe 
el rio Ele, para desembocar en el Meta. Uno y otro 
pedazo de tierra serian tenidos por insignificantes por 
cualquier individuo propietario de tierras, en gracia á 
la buena armonía con su vecino. 

Pero aun suponiendo que en ese límite natural que 
propone Venezuela, fuese más la tierra que quedase á 
ella que la que quedaría á Colombia, esa diferencia se 
verá que desaparece al tratar de la frontera en la re- 
gión del Orinoco. 

Si á pesar de todo esto, insistiera el Gobierno co- 
lombiano en la línea imaginaria de la Real Cédula de 
1786, como en esto no habría arbitrio, el tratado se 
firmaría conforme á ella, dejando en pié todas las difi- 
cultades que quedan previstas. 

REGIÓN DEL ORINOCO. 

Venezuela está dispuesta á aceptar como línea, la 
corriente del Meta, hasta su desembocadura en el Ori- 
noco ; la ribera occidental del Orinoco hasta la entra- 
da del Vichada en él, y aguas arriba hasta dar con el 
meridiano del tratado de 1833 ; y por este meridiano 
hasta el límite con la nación limítrofe de ambas al 
Sur. 

De este modo vendría Colombia á obtener la igual- 
dad de su bandera con la de Venezuela, de manera 
indisputable y perpetua en el Orinoco, hasta el mar. 
Entraría en él, precisamente al Norte de los raudales 



288 LÍMITES 

de Atures y Maipúres, desde donde aquel gran rio es 
perfectamente navegable hasta el Atlántico. 

Tampoco hay inconveniente en el concepto del Mi- 
nistro que extiende este epílogo, para que entrara en 
el tratado de límites, de carácter perpetuo, la igual- 
dad de la bandera colombiana con la venezolana, en 
todas las aguas navegables al Sur de la desembocadura 
del Vichada. 

En este concepto quedaría á Colombia en la hoya 
del Orinoco, el inmenso territorio que corre desde la 
falda de los Andes, un grado al Oriente del meridia- 
no de Bogotá, hasta el quinto de la misma longitud ; 
y desde el grado 6 o de latitud Norte, hasta los con- 
fines con el vecino. Esta región encierra por término 
medio, tomando su anchura E. O. desde Fusagasugá, 
á una jornada de Bogotá, esos cinco grados, ó sean 
cien leguas ; y de I. á S. por el meridiano Codazzi, 
ó del año de 33, mide siete grados que son ciento 
cuarenta leguas. De este modo, resultarían del domi- 
nio indisputable de Colombia, catorce ó quince mil 
leguas cuadradas en la hoya del Orinoco, que vienen 
á ser . equivalentes de las que Venezuela ocupa en la 
misma hoya occidental. 

En la exploración del señor Miclielena del rio 
Orinoco y sus afluentes, de la cual ha deducido el 
señor Plenipotenciario de Colombia argumentos en la 
cuestión de derecho, encuentra el de Venezuela una 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 289 



de las demostraciones que con más claridad pueden 
convencer, la grande importancia que tiene para Co- 
lombia la solución propuesta por Venezuela, para poner 
fin á todo motivo de discordia entre dos pueblos llama- 
dos á vivir como hermanos. 

He aquí la demostración que trae el señor Mi- 
chelena, de los señores Roiclin, Boussingault y Bí- 
fero, en su viaje desde Bogotá hasta las llanuras de 
San Martin, bajando después el Meta, hasta su con- 
fluencia con el Orinoco. 

Situación de Bogotá: 4°35' N. y 73°45' longitud 
O. de Grreenwich. 

La3 longitudes están tomadas al E. y al O. del 
meridiano de Santa Fe de Bogotá. Los resultados han 
sido calculados por los mismos viajeros. 

Lat. Norte. Long. in arcos. 



Cáquesa 4°25'15" 

Venta de ranchería .... 4°17'42' ' 

Paso de la cabulla. ... 4°11'40" 

Apiai 4°03'16" 

San Martin 3°41'41" 

€año de Máchica 3°57'23" 

Giramena 3°51'03" 

Embocadura del Nane. 3°57' 36' ' 

Marayal 4°07'40" 

Rio Cabuyare 4°17'44' ' 

€año de San Miguel. 4°18'44" 
19 



o 


02' 10" 


o 


01' 15" 


3 3 


33 33 


0° 


32' 12" 


o 


18' 03" 


o 


17' 01" 


o 


13' 50" 


>3 


33 33 


o 


05' 27" 


o 


13' 55" 



290 



LIMITES 



Maquibor 4°27' 45" 

Embocadura del rio Ca- 

risiana 

Estancia de Macaquibo 

Puerto de Macuco 

En la Playa 4°55'35 

Guanapalo 5°03'33 

Santa Rosalía 

Rio Casanare 

Sitio de Calabosito .... 

Sitio del Trapiche 

Sobre el Orinoco, Ca- 

riben 



o 



46' 24' 



4°32'44' 


> v 


04' 09" 


4°38'31' 


' 1° 


09' 01" 


4°47'16' 


1 33 


33 33 


4°55'35' 


33 


33 33 


5°03'33' 


5° 


03' 33" 


5°15'05' 


1° 


54' 12" 


6°02'03" 


2 o 


33' 01" 


6°14'21'' 


4 U 


37' 12" 


6°07'22' 


33 


33 33 



6° 



37' 47' 



6°16'14" 

El señor Michelena añade: "Según la situación as- 
tronómica del pueblo de Cáquesa, el punto más inme- 
diato de Bogotá adonde se embarcaron en Rio Negro 
los naturalistas, 1a distancia en latitud á 4 o 35' 48" U. 
á que se halla Bogotá, es solamente de o 10' y de 
long. E. de la misma á o 2' 10" _ por lo que estimo 
en 4 leguas de distancia á aquella capital, desde donde 
el Rio Negro, origen del Meta, es ya navegable." 

Tendríamos pues según estos cálculos, á Bogotá, 
centro de la extensa y hermosísima mesa andina, á 
cuatro leguas de un puerto fluvial, desde el cual sal- 
drían al Atlántico sus producciones casi en línea recta, 
sin embarazo alguno en ninguna época del año, con 
gastos, seguros, y tiempo, sin comparación menores que 
los que tiene que sufragar al presente ; quedando á 
la arteria del Magdalena todo Tolima, el Cauca, 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 291 



Antioquia, parte de Santander, Magdalena y Bolívar, 
hasta que explarado y abierto el Atrato, quedara 
este sirviendo al Cauca, Antioquia y al Chocó. Todo 
esto significa la oferta de Venezuela, de ceder, como 
se expuso al fin de la primera contestación del Minis- 
tro de Venezuela, la hermosa región contenida entre 
los rios Meta y Vichada hasta la margen misma occi- 
dental del Orinoco. Y esos productos no saldrían al 
mar como actualmente salen en el meridiano 77| de 
Paris, sino en el 62£, lo cual significa quince grados, 
ó sean trescientas leguas astronómicas en recta dirección 
al mundo, exterior. 

Resulta pues, de las anteriores demostraciones, que 
lejos de existir una distancia considerable entre las 
situaciones de Venezuela y Colombia en la cuestión 
de sus límites, no pudieran estar más cercanas, dado 
que se encuentran obligadas a deslindarse por títulos 
y documentos del tiempo de la Colonia, de cuya con- 
fusión, de cuyos errores, y de cuya ignorancia, solo 
puede formar idea el que estudie con una dedicación 
martirizante, los gruesos y numerosos volúmenes for- 
mados con ellos hasta ahora. 

En la G-oagira, el prescindimiento de diez ó doce 
leguas de costa, cada una de las dos Repúblicas, á 
partir de lo que cada una estima su derecho. 

En el Táchira, allanar el inconveniente de un pri- 
vilegio particular. 

Entre el Arauca y Meta, cargar con inconvenien- 
tes de una línea imaginaria de sesenta leguas, ó pres- 



292 LÍMITES 

«ludir de un pedazo de tierra más ó menos, para fijar 
aa limite arcifinio. 

En la hoya del Orinoco, contentarse cada una con 
la inmensa extensión que le toca, é igual-ando sus ban- 
deras en la navegación de todas las aguas. 



EESULTADO. 

La desaparición de todo motivo de mal querencia 
«ntre los pueblos fronterizos, facilitar sus comunica- 
ciones, cambios y progresos, engendrar su amistad cor- 
dial, y estrechar las relaciones de confraternidad entre 
-ambos gobiernos y ambos pueblos, de la única manera 
.eficaz y permanente que cabe conseguir tan fecundas 
ventajas. 

Pero nada de esto era posible que se demostrara 
sin la labor de las dos Plenipotencias, en el empeño 
•de descubrir y fijar los dos extremos de sus conviccio- 
nes, en materia de dereclio. 

Es encontrados esos dos extremos, que podia venir 
& ser posible encontrar su medio, que entre pueblos 
Independientes, es el único capaz de dar solución á difi- 
cultades serias y trascendentales. 

Por eso ha sido inadmisible el arbitraje, que des- 
unes de cierto tiempo, viene proponiendo Colombia. 

Era indispensable al arbitro conocer esos dos ex- 
éremos* no en la pretensión de cada gobierno, sino en 
sus títulos, documentos y autoridades corroborantes ; 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 298 



y á esto, de parte de un extraño, era imposible aspirar 
con probabilidades de buen éxito. 

Además : Venezuela no había encontrado todos los 
títulos que estaba segura de poder hallar. 

Encontrados, ¿se trasladarían los archivos de Co- 
lombia y de Venezuela á la residencia del arbitra ? 
I Serian trasladados en sus originales, exponiéndolos á 
todas las eventualidades de largas navegaciones 1 \ Bas- 
tarían las copias % % Cabe esperar que ni gobierno ni 
persona alguna se consagrasen á estudiar esos volúme- 
nes, para desentrañar la verdad del derecho, sacándolo 
de ese seno caótico 1 

Pero considérese todo esto posible ; jy no habría 
de resultar, como de necesidad inexorable, el paso de- 
la cuestión de derecho á la de necesidades y conve- 
niencias domésticas, de cada una de las dos Repúblicas, 
que ningún arbitro puede conocer como las Altas Partes 
interesadas % % Habríamos llegado á un punto tan avan- 
zado como el de este epílogo, producto de la labor de 
las dos Plenipotencias ? 

í Qué falta ya \ 

Que publicados los estudios de esta negociación es- 
parzan su luz y revelen la verdad, en Venezuela como 
en Colombia. Que pasen esos expedientes, tan laborio- 
samente extractados en este protocolo, de las manos de 
la Diplomacia al gran jurado de la opinión publica. 
Ambas Repúblicas tienen hijos ilustrados, patriotas de 



294 LÍMITES 



muy legitima autoridad entre sus conciudadanos, que 
estudiando la materia, ya madura como se les ofrece, 
esparzan sus convicciones y se consagren á prestar á la 
Patria un servicio tan fecundo en grandes resultados. 

Sin ese tránsito, sin esa labor, no debemos equivo- 
carnos : la negociación de límites seguirá siendo un nudo 
gordiano un año tras otro, y en cada uno de ellos seria 
más intrincado, porque se irian creando y se irian desa- 
rrollando intereses y propósitos de muy peligroso anta- 
gonismo. 

El trabajo que ofrecen las dos actuales Plenipoten- 
cias, es un cuadro en que queda patente la verdad de 
los dos extremos, cuyo medio queda al cargo de los 
instintos y las previsiones del patriotismo. 

El solo hecho de estar pendiente la cuestión límites, 
desde que una y otra República asumieron su indepen- 
dencia, está probando de qué linaje deberán ser sus 
inconvenientes y su repugnante fecundidad. 

Ni los pueblos, ni sus hombres públicos, saben hoy, 
(con rarísima excepción) en qué consiste la imposibilidad 
de reconocer las fronteras, entre los dos países. Saben 
apenas, que consiste en tal ó cual punto limítrofe ; y 
el patriotismo mejor intencionado, por el mismo amor 
á la Patria, se viene apegando cada vez más á la creen- 
cia de que lo disputado es un derecho de su país, y 
una injusta pretensión del vecino. 

Indudablemente han de existir, acá como allá, preo- 
cupaciones que el tiempo ha venido y sigue consagrando 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 295 

como legítimas, y convirtiéndolas en ingenuas aunque 
engañosas convicciones. 

Estas convicciones vienen á convertirse en esposas y 
grillos de los hombres públicos y de los dos gobiernos. 
Ningún Plenipotenciario se resolvería á presentar á su 
Patria un proyecto de Tratado, que invadiese el terreno 
de esas preocupaciones. De iguales temores se encon- 
trarían asediados aun los mejores ciudadanos, en los 
Ministerios y en las Cámaras Legislativas ; y habrían de 
esquivar toda participación en una responsabilidad, que 
podría llegar á saldarles la cuenta de servicios de una 
vida entera consagrada á la Patria, y aun pudiera llegar 
hasta enterrarlos civil y políticamente. 

Es indispensable remover desde el fondo todos esos 
inconvenientes, y conjurar esos peligros. 

La base del obrar con acierto, está dada en las 
demostraciones tan laboriosas como ingenuas, de las 
actuales Plenipotencias. Esa demostración, que puede 
llamarse gráfica, de los dos extremos de convicción, es 
también la demostración del término medio entre esos 
extremos, objeto de la segunda parte de la negociación 
de límites. 

Y se habrá cumplido, al alcanzar su solución, la 
noble previsión del Ilustre Americano, Presidente de 
Venezuela, en su Mensaje al Congreso Nacional de 

1874. 

Por eso (dijo este Magistrado) "consigno aquí mi 
opinión después de haber estudiado la materia, y quizás 



296 LÍMITES 



penetrando lo que realmente quiere la Nueva Granada. 
Exigiendo la mitad de la Goagira, á San Faustino y lo 
que queda del lado acá del Tác7¿ira, y lo que nos per- 
tenece de derecho en el Desparramadero de Bar are ; y 
cediendo en cambio una linea de conveniencia en la 
región del Alto Orinoco, de modo que pueda la Nueva 
Granada navegar sus aguas sin aparecer como tributaria 
nuestra, habremos conciliado las dificultades presentes 
y conjurado todas las del porvenir" 



XXXVII 



Puestos en evidencia innegable los derechos territo- 
riales de Venezuela, en cada uno de los tres puntos que 
ocupó de hecho la Nueva Granada al tiempo de la se- 
paracion, hecho que Venezuela ha venido respetando hasta 
ahora, limitándose á protestar, salvando sus derechos, en 
la esperanza de obtener justicia, cual se la deben recí- 
procamente dos Eepúblicas hermanas por su origen y por 
sus comunes glorias, y ligadas por tantos y tan sagra- 
dos vínculos ; y demostrada la absurdidad de la inven- 
ción Acosta, á los catorce años de separación, respecto á 
las Hoyas del Orinoco y Rio Negro, parece que nada 
habria que añadir ; pero el ferviente deseo de servir fiel- 
mente á los verdaderos intereses, así de Venezuela co- 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 297 

mo de la Nueva Colombia nos impele _á añadir una de- 
mostración más, en obsequio de aquellas personas que 
no estén al cabo de todo lo que esta materia de lími- 
tes encierra. 

Con una insistencia que no carece de intenoion, se 
ha repetido por la Plenipotencia Neo-Colombiana, en el 

curso de las conferencias, que Colombia, en prueba de 
sus sentimientos fraternales, viene ofreciendo de tiempos 
atrás á Venezuela el juicio arbitral de un Gobierno ami- 
go. Esta repetición tiene en verdad la apariencia de un 
grave cargo contra Venezuela, que no habiendo acepta- 
do el arbitramento, como que desconfía de sus dere- 
chos. 

Semejante apariencia, conviene que desaparezca al 
frente de la realidad. 

Como queda visto, Venezuela y su Gobierno cono- 
cian perfectamente cuál era el territorio que gobernaba 
la Capitanía General de Caracas, y que conforme al 
principio del Uíti possidettis, corresponde á su dominio 
territorial ; pero le faltaban las pruebas fehacientes y 
auténticas de ese derecho, como consta en todos los Pro- 
tocolos anteriores, y hasta por confesión de la misma 
Plenipotencia Colombiana. Ha venido á reunirlos en vein- 
te y seis volúmenes después de 1870, y al llegar el se- 
ñor Murillo, se le han puesto de manifiesto. ¿Podia 
Venezuela exponer antes sus derechos á un arbitraje, sin 
las pruebas que ahora ha exhibido? 

Presentadas ya, ha objetado sin embargo á la pro- 



298 LÍMITES 

puesta del arbitramento, razones tan poderosas como las 
siguientes. 

Dividida la negociación en dos partes, la primera so- 
bre examen del derecho, según los títulos de la una y 
la otra parte, y la segunda, sobre avenimiento volunta- 
rio de ambas, conciliando sus intereses, no habia llega- 
do, ni ha llegado todavía, el caso de ocurrir á la agena 
justicia, cuando hay tanto que esperar de la justicia re- 
cíproca de las dos hermanas. No solo no se ha entra- 
do todavía á negociar en la segunda parte, ya conveni- 
da, sino que la primera misma quedó pendiente, por la 
súbita é inesperada partida para Bogotá del señor Dr. 
Murillo, sin ver siquiera las dos últimas demostraciones 
del Ministro de Venezuela. 

Pero hay más. Suponiendo llegado el caso del ar- 
bitramento, falta examinar su posibilidad. \ Se trasla- 
darán los archivos de Venezuela y de Colombia, origi- 
nales, á la residencia del arbitro, quizás á mil ó dos mil 
leguas de distancia, exponiendo á todas las eventualida- 
des de' tierra y de mar, títulos únicos de pérdida irre- 
parable ? \ Era dable que se sustituyeran por medios de 
copias % i Es racional la esperanza de que, ni Gobierno 
ni persona alguna, se consagrasen á estudiar, con toda 
la profundidad del caso, todo el archivo de Colombia, 
y treinta volúmenes por lo menos, cuyo examen debe 
exhibir Venezuela? 

Y aun todo esto vencido. ¿A dónde habríamos lle- 
gado % Sin duda que al término de la cuestión de de- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 299 

réüho, quedando pendiente la segunda parte de la ne- 
gociación, que está acordada, que es imprescindible, y 
cuyas necesidades y conveniencias solo pueden ser bien 
conocidas por los Gobiernos y hombres públicos del uno 
y del otro país. 

Pero todavía hay otro motivo, de singular gravedad, 
justificando el silencio de Venezuela, cimndo se le ha 
hablado de arbitramento ; y aunque ello sea un secreto 
de Estado, la sinceridad con que quiere Venezuela me- 
recer y obtener plena justificación de su conducta, de 
todos los ánimos imparciales y rectos, autoriza la publi- 
cación de ese secreto. 

Venezuela sostiene su dominio exclusivo sobre sus 
aguas fluviales y mediterráneas, de modo que, ninguna 
bandera sino la suya puede navegarías, aunque sí lo 
puedan, con esa bandera, todos los ciudadanos y subdi- 
tos de los pueblos amigos, en el ejercicio de toda in- 
dustria, y con todo motivo honesto, como lo pueden los 
venezolanos. 

En esto no hay más excepción, que la acordada á 
la bandera Neo-Colombiana por concesión de Venezuela, 
en el Tratado Pombo, de 1842, por el cual, la Nueva 
Granada dejó reconocido el dominio de Venezuela en 
esas aguas, que ahora disputa, aceptando la concesión 
de Venezuela. 

Pero no así la Nueva Granada ó Nueva Colombia, 
que ha renunciado su dominio exclusivo en las aguas 
que le pertenezcan, fluviales ó mediterráneas. 



300 LÍMITES 

En tal situación de cosas \ cuál seria ese arbitro, 
perfectamente imparcial, á quien fuese indiferente ad- 
quirir ó no un derecho perfecto para la navegación, con 
su bandera, de todas las aguas que por el antojo inau- 
dito del Ministro Acosta en 1S44, á los catorce años de 
nuestra posesión tranquila, pretende ahora disputar el 
Gobierno Colombiano % Un Juez, según todas las nocio- 
nes conocidas del buen derecho, \ puede ser competente 
en caso alguno, teniendo un interés suyo y directo, y 
de mucha trascendencia, asociado al interés de una de 
las partes ? 

Juzguen, pues, los hombres imparciales y justos, ve- 
nezolanos ó colombianos, de si esa insistencia de Colom- 
bia por el arbitramento, y ese silencio de Venezuela 
hasta ahora, puede en manera alguna tener influjo en el 
juicio que deba hacerse de la conducta de Venezuela. 



XXXVIII 



Con el propósito de hacer imposible toda duda en 
punto alguno relativo á la cuestión límites que nos ocu- 
pa, vamos á probar que esa renuncia voluntaria hecha 
por el Gobierno de la Nueva Granada de su dominio 
exclusivo sobre sus aguas fluviales y mediterráneas, par- 
tes integrantes de su dominio territorial, fué una grave 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 301 



y trascendental imprevisión de sus hombres públicos, 
que le hicieron á su país, quizás con las mejores inten- 
ciones, un mal de muy graves consecuencias, que pue- 
den llegar hasta ser funestas. 

Venezuela rio lo ha cometido ; y para convencer á 
todo ánimo imparcial de que la razón está de su parte, 
bastará el examen de la materia á la luz del Derecho 
de Gentes. 

En otra ocasión, tratando esta materia, y á fin de 
probar que el Ministerio de Relaciones Exteriores del 
Gobierno Neo-Colombiano, servido por el señor J. Sán- 
chez, no tenia razón, ni para sostener ni para reclamar 
la renuncia del derecho perfecto de cada Estado inde- 
pendiente y soberano al dominio de sus aguas interio- 
res, dictamos los párrafos con que empezaremos esta 
publicación. Son los siguientes. 

"Es verdad que viene prevaleciendo en los Tratados 
públicos el Tieclio consentido, y no el principio, de li- 
bertad de navegación de aguas fluviales, con tendencia 
á hacerlas de uso común, aunque no de propiedad co- 
mún : pero seria imposible encontrar en el Derecho de 
Gentes, sea de las autoridades ya remotas, ó sea de las 
recientes, los fundamentos con que el señor Ministro co- 
lombiano haya creído poder asentar, que las aguas me- 
diterráneas, así corrientes como estancadas, cuyas ribe- 
ras pertenecen á un solo dominio, pueden ser navega- 
das por otra bandera con igualdad de derechos, sino 
por resultado de convenciones ó tratados, en que se ha- 



302 LIMITES 

yan creído justamente equilibrados los intereses de los 
contratantes. 

Las libertades que han venido concediéndose á la 
navegación de aguas mediterráneas, así de estrechos ma- 
rítimos como de aguas fluviales, han tenido origen siem- 
pre en Tratados y ConvencioneSj en los cuales aparecen 
á veces los resultados de la negociación, sin la mención 
de las causas que los produjeron, y en otros, que son 
los más, con expresión de las condiciones ó concesiones 
que los han equilibrado. En cada época y en cada ca- 
so, se encontrarán fácilmente en los protocolos respec- 
tivos, las protestas, réplicas, y contraréplicas, en que 
expresa, ó tácitamente, quedaron establecidas compen- 
saciones, ó probaron un interés del cedente, que sirvió 
de origen á la concesión. 

El mismo Calvo, la más reciente autoridad del De- 
recho de (rentes, y ya de reputación colosal, nos de- 
muestra que la práctica no ha llegado á aceptar, res- 
pecto de los rios, el principio de perfecto derecho que 
consagra después de algún tiempo la libertad de los 
mares. Este insigne publicista nos dice, que la libre 
navegación de los rios está aceptada en principio gene- 
ral, como conveniente^ pero que, en su aplicación, no 
están de acuerdo las naciones ni los más renombrados 
tratadistas de la ciencia. Que ellos reconocen un dere- 
cho perfecto de propiedad, á cada Estado, sobre los rios 
que atraviesan sus territorios, de los cuales son parte 
integrante. 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 303 

Klüber sostiene el derecho absoluto de propiedad 
de los Estados sobre sus rios. 

Martens, aunque modifica ese derecho, lo reconoce 
como tal. 

Wheaton opina que los rios no debieran ser pro- 
piedad de un Estado ; pero que, si de alguna manera 
le es incómodo ó perjudicial el uso de sus rios por un 
extraño, puede excluirlo, como propietario legítimo ; y 
sigue llamando derecho imperfecto el de los demás Es- 
tados. Termina diciendo que, para el ejercicio de ese 
derecho imperfecto, ha de consultarse la ventaja de las 
partes, 

Heffter sostiene que la jurisdicción de un Estado se 
extiende sobre todas sus vías fluviales hasta su salida al 
mar. Sus palabras son estas: "Privados los rios de la 
libertad que distingue á los altos mares, ellos constitu- 
yen una dependencia natural de los terrenos que cru- 
zan." Y añade Heffter: "los Estados ribereños pue- 
den, hasta que los rios entren en otro territorio, dedi- 
carlos á su propio uso, y excluir de él á los demás." 

Es un error creer que en lo antiguo prevalecía el 
derecho de dominio de un Estado sobre los rios que 
cruzaban su territorio, y que es un adelanto de nuestros 
tiempos, el que viene modificando ese principio. Lo con- 
trario puede verse en el célebre Herodoto, como en Stra- 
bon. Cierto es que los publicistas más antiguos daban 
mucha extensión al jus usus innocui, pero todos con- 
fesaban la propiedad de un Estado sobre los rios que 



/ 



304 LÍMITES 



coman por su territorio ; y la necesidad que, en ciertos 
casos, habia de modificar, por Tratados especiales, tal 
derecho. 

El mismo Calvo, refiriéndose á los grandes rios de 
América, concluye: "que la navegación de los rios que 
corren dentro del territorio de un Estado, es asunto pro- 
pio y exclusivo de él, que puede reglamentarla, ó im- 
pedirla á voluntad." 

Con lijeras variantes, se encontrará la misma doc- 
trina en Hautefeuille, Polson, Riquelme, Caratheodory, 
Ortolan, De Cussj 7- , y cuantos han tratado la materia. 

Aun respecto de rios que cruzan el territorio de va- 
rios Estados, califican todos de imperfecto el derecho 
de los ribereños 6 contribuyentes, en la parte en que 
ambas riberas pertenecen al otra dominio : y Grocio, 
que pudiera llamarse el fundador de la ciencia, sostiene 
esta opinión. 

En la práctica, aparece que esas doctrinas son .fiel y 
constantemente seguidas. 

Si la navegación del ffliin es libre en el dia, ello 
se debe á las transacciones del Congreso de Rastadt, y 
á la convención de 1804, y al tratado de Paris de 1814 ; 
y, aun á pesar de todos ellos, los Países Bajos sostu- 
vieron que la parte que corría por su territorio era de 
su exclusiva jurisdicción. Mediando la Inglaterra, se so- 
metió el punto a^Congreso de Verona, y, dividida la 
opinión entre las Plenipotencias de Austria, Prusia, Ru- 
sia, Francia y Holanda, fué en 31 de Marzo de 1831 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 305 

cuando quedó convenida la navegación del Rhin, solo por 
dos de sus tres principales brazos, el Lech y el Waal, 
según los términos en que vino á transigirse el punto 
en la convención de Maguncia. Todavía hoy la Holan- 
da no permite el tránsito, ni aun á los ribereños, si no son 
subditos legítimos de Estados contratantes. 

La navegación del Escalda entre el Austria y las 
Provincias Unidas necesitó el tratado de Westfalia, y 
fué materia en los de Utrecht, y en el de 1815 entre Aus- 
tria, Inglaterra y Holanda. Para que las Provincias Uni- 
das permitierítu esa navegación del Escalda, fué indis- 
pensable que el Emperador renunciara importantes pre- 
tenciones, y aun después se hizo indispensable el trata- 
do de Fontainebleau, que dejó cerrado el rio, sin embar- 
go, á las Provincias Bélgicas. El tratado de Paris de 
30 de Mayo de 1814 contiene todavía la condición de 
que Antuerpia destruyera sus fortificaciones, y se con- 
virtiera en punto puramente mercantil. A pesar de to- 
do esto, fué imprescindible nuevo tratado en 1839, 
«ntre Bélgica y Holanda, y hasta 1863 no consintió esta 
en la renuncia de sus derechos exclusivos sobre el Es- 
calda, haciéndolos valer contra la Bélgica, sino en vir- 
tud de una indemnización de 17.000,000 y pico de flo- 
rines. 

Los Estados Unidos del Norte América, en el mis- 
mo año de 1863, se obligaron á pagar á la Halanda una 
parte de esa indemnización, que no pasara de 3.000,000 
de francos. ?- 

20 



306 LÍMITES 



MI Elba fué objeto de nn tratado en 1815, entre 
Prusia y Sajonia, otro en 1821, entre los Estados ribe- 
reños, y otro en 1844, á esfuerzos de la ciudad de Ham- 
buigo ; y después de todo, el Reino de Hannover sos- 
tuvo el peaje de Stade, que no renunció sino en virtud 
de una indemnización pecuniaria. 

La navegación del Po dio lugar á los tratados de 
1859, entre el Austria y los Ducados de Parma y Mó- 
dena, al cual se adhirieron la Francia y la Cerdeña. 

En cuanto al Danubio, que por el tratado de Bu- 
karest se declaró propiedad de Rusia y Turquía, en 
1812, la Rusia se lo apropió en 1829 exclusivamente; 
y aunque en 1840 trataron la Rusia y el Austria de 
combinar sus intereses, no lograron ponerse de acuerdo; 
y no fué sino en 1856, cuando en el tratado de Paris. 
consecuencia de la toma de Sebastopol, cedió la Rusia 
su derecho exclusivo sobre el Danubio en el interés de 
la paz. 

En América encontraremos la misma práctica. La 
negocion completa de lo que asienta el señor Ministro 
Colombiano. 

El Misisipí, por el tratado de paz de 1763, en que 
la España cedió á Inglaterra la Florida, y Francia el 
Canadá, quedó del dominio exclusivo de la Gran Bre- 
taña; y como después fué cedida á España la Luisia- 
na, por la Francia, y la Florida por Inglaterra, en 
1783, quedó la España dominando la boca del Misisipí, 
y sostuvo siempre su derecho exclusivo de nave- 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 307 

gacion, en toda la parte que atravesaba sus dominios. 
No fué sino por el tratado de reconocimiento de la in- 
dependencia de los Estados Unidos del Norte, que por cam- 
bios de concesiones, quedó el Misisipí libre á la navegación 
de la Gfran Bretaña, por consentimiento de la España ; pe- 
ro no lo quedó para los Estados Unidos hasta el tra- 
tado de San Lorenzo en 1795. 

Adquirieron aquellos Estados posteriormente la Lui- 
siana y la Florida, y quedó el Misisipí desde su fuen- 
te hasta su ria de su dominio exclusivo. 

El San Lorenzo, dio origen á una célebre discusión 
entre la Inglaterra y los Estados Unidos ; pero ni uno 
ni otro Gfobierno incurrieron nunca en el error de argu- 
mentar con ese derecho pretendido ahora por el Ga- 
binete de Bogotá. Los Estados alegaban que en el 
Congreso de Viena habia consentido la Inglaterra mis- 
ma, como uno de los contratantes, en la libertad de 
navegaeion de las aguas de que se ocupó aquel Con- 
greso ; y sobre todo, en que, antes de la guerra de in- 
dependencia, las colonias tenian el derecho de libre na- 
vegación del San Lorenzo, derecho que habia entrado 
á ser uno de los efectos de esa independencia. 

La primera de esas razones carecia de exactitud, por- 
que, como se ha visto en las demostraciones anteriores, 
la Europa no atendió, ni aceptó, ni practicó lo acordado 
en Viena del modo que suponian los Estados Unidos. 
La segunda razón tenia más fuerza ; pero tampoco cons- 
tituía un derecho perfecto, porque no se habia asegurado 
por Tratado público. 



308 LÍMITES 

La Inglaterra opuso que el paso de una bandera 
sobre un territorio extranjero, no era ni podia ser nunca 
de derec/w perfecto, pues que era una excepción del 
derecho de propiedad, y que los acuerdos de Viena ha- 
bían sido resultados de convenios, equilibrando intere- 
ses de los contratantes, y no equivalían á un derecho 
natural. 

Hasta 1854, á los 71 años, fué cuando vino á consen- 
tirse la libre navegación del San Lorenzo á los Estados 
Unidos, y también de los canales del Canadá, pagando 
iguales peajes las dos banderas, en 'lo cual no se vé 
sino el resultado del cálculo de los intereses, así britá- 
nicos como americanos, y de ningún modo la declaración 
de un derecho universal de libre navegación de las aguas 
fluviales. 

Y esa concesión misma, se reservó el Gobierno inglés 
la facultad de suspenderla, con previa notificación al 
Gobierno de Washington, cuando lo creyera conveniente. 

En el Sur América encontraremos la misma doc- 
trina. 

La Eepública Argentina sostuvo su derecho exclu- 
sivo en la navegación del rio de La Plata, desde 1810 
hasta 1853. Todo el tiempo que creyó que no le conve- 
nia otorgar la libertad de tránsito por su territorio á 
otra bandera. Fué el general Urquiza el que, calculan- 
do de diferente modo, y en el interés de las provincias 
del interior pactó con Francia, Inglaterra y los Estados 
Unidos, la facultad de que navegaran sus banderas por 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 309 

el Plata, el Paraná y el Uruguay, pero exceptuaron á 
los buques de guerra, y á los mercantes que condujeran 
armas 6 municiones. 

No fué sino en 1851, cuando los gobiernos del Bra- 
sil y del Uruguay se concedieron recíprocamente, y por 
mutua conveniencia, la navegación de sus rios. 

Y el Uruguay, *en 1853, abrió los suyos voluntaria- 
mente á todas las banderas, no como reconocimiento de 
un derecho de los demás gobiernos, sino como concesión 
expontánea en pro de sus intereses. 

En el mismo año permitió el Paraguay á la Francia 
y la Inglaterra la navegación del Paraguay, pero solo 
hasta la Asnncion. 

La Conferencia Argentina extendió al Brasil en 1857 
la concesión hecha antes á Francia, Inglaterra y Estados 
Unidos del Norte, negándole al mismo tiempo la nave 
gacion de los afluentes. 

En 1859 extendió el Paraguay á los Estados Unidos 
la concesión antes hecha á Francia, y á Inglaterra. 

Bolivia hizo á los Estados Unidos del Norte Amé- 
rica la concesión de navegar el rio de La Plata, en el 
trayecto que corre por su territorio, y declaró puertos 
habilitados todas sus poblaciones á orillas de aquel rio. 
Esta declaración expontánea de Bolivia, no fué en rea- 
lidad sino una medida administrativa, iDrocurando pun- 
tos de contacto con el exterior, de los cuales carece, por 
no tener en el Pacífico sino el puerto de Cobija, á gran 
distancia del centro poblado, y atravesando país desierto. 



310 LÍMITES 

El Perú y el Brasil pactaron en 1851 la libertad re- 
cíproca de navegación del Amazonas, y siguió el Brasil 
negando ese derecho á los ribereños de la parte superior 
del rio, y también al comercio de Europa. Por fin, en 
1867 la concedió, á partir del 7 de Setiembre, hasta su 
frontera occidental, en el Amazonas hasta Cameta en 
el rio Tocantines hasta Santaren, en el Tapajos hasta 
Borba, en el Madeira, y hasta Manaos en la parte que 
le toca del Rio Negro, al Sur de su límite con Vene- 
zuela. 

El Ecuador declaró libre la navegación de sus rios 
en 1853, consultando sus propios intereses. 

Tanto el Perú como el Brasil, negaron á los Esta- 
dos Unidos el derecho que ellos se otorgaron en 1851. 

Queda, pues, demostrado, que no existe tal derecho 
perpetuo de navegación de las aguas fluviales, ni acep- 
tado ni practicado entre los pueblos civilizados. Queda 
probado que todas las excepciones, existentes hoy, del 
principio universal de dominio sobre las aguas fluviales, 
en cada territorio por donde corran, así en Europa como 
en América, no provienen del reconocimiento de un prin- 
cipio, ni de un derecho que acepte el mundo civilizado, 
sino ya como conceciones, en virtud de compensaciones 
equivalentes, ó ya en virtud del cálculo de los propios 
intereses del ceden te. " 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 311 



XXXIX 



En el artículo anterior dejamos probado con creci- 
do número de autoridades y de ejemplos del Derecho 
de G-entes, que el dominio de las aguas fluviales y me- 
diterráneas es un derecho exclusivo del soberano terri- 
torial, en cuyos Estados corren ó se encuentran ; y que 
toda excepción en el ejercicio de este derecho, ha te- 
nido ó tiene su origen en una concesión del soberano, ya 
en virtud de indemnización, ya en el interés de sus 
propios Estados. 

Pero aquello lo dictamos en 1875, y como la cien- 
cia del derecho público, así como todas las ciencias 
morales y las naturales y exactas, llevan en nuestro 
tiempo tan rápido movimiento de progreso, y es el 
empeño de este escrito privar de todo amparo á la 
duda como al sofisma, queremos probar aquella misma 
tesis con las últimas doctrinas, y escogemos la publi- 
cación hecha en Julio último sobre "La libertad de 
la navegación fluvial por M. E. Engelhardt" Minis- 
tro Plenipotenciario de Francia, y miembro que fué 
de la Comisión Europea del Danubio, que actualmen- 
te publica en Paris, en la tipografía de A. Cotillón y 



312 LÍMITES 



C. a una serie de estudios metódicos sobre la misma cues 
tion. 

Escogemos este publicista, porque es partidario && 
esa libertad de navegación fluvial, porque es lo más 
reciente publicado en la materia, y porque ha mere- 
cido una inserción de su escrito en la " Revista de 
Derecho Internacional y de legislación comparada,'" ór- 
gano del "Instituto de Derecho internacional," que 
actualmente publican célebres jurisconsultos y hombres 
de Estado. 

Se inclina el autor á la opinión de M. Blunts- 
cMi, que en su " Derecho internacional Codificado" 
opina por la libertad de la navegación fluvial. Pero 
el mismo Engelhardt dice lo siguiente. "No es pro- 
bable que el sabio jurisconsulto haya pensado repre- 
sentar esta libertad fluvial, con la extensión que le 
atribuye, como una adquisición definitiva del Derecho 
de Gentes." 

Tenemos pues, que la autoridad misma que hemos 
escogido, como partidaria del principio que negamos, 
niega también textualmente, que ese principio esté 
aceptado en el Derecho de Gentes. 

El mismo autor añade. "No está generalmente re- 
conocida en práctica, (la libertad fluvial) y este pro- 
greso está todavía tan contestado, que ni aun ha pre- 
valecido hasta ahora sobre todas las arterias navega- 
bles que corren por diversas soberanías." 

Es cuanto necesitábamos para probar el dominio 



ENTKE VEÍTEZTJELA Y NUEVA COLOMBIA. 313 

exclusivo que sostenemos de cada soberano, pues que 
es una confesión de contra-parte. 

Pero afrontemos al mismo M. BluntscTili, que in- 
vocando el artículo 109 del Tratado de Viena de 1815, 
deduce de él, que esa mancomunidad fluvial quedó 
entonces establecida, al interpretar el artículo 5 o del Tra- 
tado de Paris, de 30 de Mayo de 1814. 

I Y qué dice el mismo Engelhard de esta opinión ? 
Dice lo siguiente. ' ' Es difícil encontrar en los anales 
diplomáticos, una disposición más voluntariamente am- 
bigua?' refiriéndose á ese artículo 109 de 1815. Dice 
más el autor, asienta que el artículo ' ' tiende á la ex- 
clucion de los pabellones extranjeros, y que equivale á la 
negación del principio liberal." 

Las escabrosidades con que tropieza el empeño de la 
mancomunidad fluvial, están probadas por el mismo 
publicista á quien impugnamos. 

El primer proyecto en la conferencia de 2 de febrero 
de 1815 fué de Mr. Dalberg. "La modificación fué de 
M. de Humboldt en la sesión del 28, la submodifica- 
cion de 3 de marzo fué de Lord Clancarty, y el 3 del 
mismo marzo, los otros miembros de la comisión opinan, 
que el artículo 5 del tratado de Paris de 1814, "no te- 
nia por objeto sino desembarazar la navegación de las 
dificultades que un conflicto entre los Estados ribere- 
ños pudiera engendrar, y no otorgar á Estados no ri- 
bereños, un derecho de navegación igual ai suyo, sin 
ninguna reciprocidad." 



314 LÍMITES 

Si esto leemos en los escritos mismos que hemos es- 
cogido como más recientes y autorizados, defendiendo 
la libertad dé navegación fluvial, ¿ puede sostenerse co- 
mo lo quiso el Gabinete de Bogotá, que esa libertad 
es un principio universal del Derecho de Gentes 9 

Pero continuemos. Cuatro años después, (18 de ju- 
nio de 1819) el Austria niega terminantemente que los 
Tratados de 1814 y 1815 hayan acordado la libertad 
de la navegación fluvial, y lo declara así en la confe- 
rencia de Dresde. 

Y en 1857, la Prusia declara lo mismo en la Comi- 
sión Europea del Danubio. 

Y el Elba, el Weser, el Ems y el Rihn, en lo perte- 
neciente á Prusia, y el Vístula, el Nieper y Pruth, 
Austro-Rusos, continúan en el dominio exclusivo de 
los respectivos soberanos. % Queda fuerza alguoa á 
la opinión ya citada, según la cual, los Tratados de 
Paris de 1814 y de Viena de 1815, habrían introducido 
en el Derecho de Gentes, como principio, la libre nave- 
gación fluvial ? 

A tal punto llevó la Prusia en 1843 su resistencia á 
ese supuesto principio, que el mismo autor que vamos 
confutando, cita la declaración de setiembre de 1843, en 
que resuelve el Gabinete de Berlín " Que los accionistas 
extranjeros de las compañías de navegación por vapor, 
no pueden votar en las Asambleas y deliberaciones de 
sus respectivas compañías." 

De nada vale que se nos cite el artículo 15 del Trata- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 315 

do de París de 1856, pues que no se trataba en él sino 
del Danubio, cuyo dominio se habia atribuido la Rusia, 
que á la sazón, vencida en Sebastopol, y obligada á 
aceptar la paz que se le imponia tuvo que renunciar 
á su antigua pretensión. 

Y por otro parte, i es que acaso se convierta en prin- 
cipio universal del Derecho de Gfentes, todo lo que acuer- 
den entre sí, por sus conveniencias ó por recíprocas 
concesiones, en un Tratado, dos, tres, ó cuatro soberanos % 
i No fué artículo de ese Tratado de Paris la renuncia 
del derecho del armamento en corso, artículo que ha 
sido propuesto á varias otras soberanías, y que muchas han 
desechado, y entre ellas la de los Estados Unidos del 
Norte? 

Y aun celebrado y canjeado ese Tratado de Paris de 
1856, vemos que el Gabinete de Viena vuelve en 1858 á 
negar la libertad fluvial, como lo habia hecho 40 años 
antes ; y la Prusia misma declaró, que el Tratado de 
Paris se limitaba en ese punto á solo el Danubio. 

En la Convención Danubiana de 1857, como en la con- 
ferencia Europea de Paris en 1858, el Austria y la Prusia 
opinaron de un modo al interpretar el Tratado de 1815, 
y el Austria y la Prusia declararon lo contrario. 



316 LÍMITES 



XL. 



En el artículo publicado ayer apareció una grave 
equivocación en el párrafo último, el cual debia decir. 
"En la Convención Danubiana de 1857, como en la 
conferencia Europea de Paris de 1858, la Inglaterra y 
la Francia opinaron de un modo, al interpretar él 
Tratado de Viena de 1815, y el Austria y la Prusiá 
declararon lo contrario. " Continuamos hoy pues, ana- 
lizando y confutando la ambigua publicación de Mr, 
E. D. Engelhart. 

Cita el autor cuatro actos diplomáticos en los cua- 
les fué favorecida la libre navegación fluvial : el uno 
sobre el Escalda, el otro sobre el Pó, otro sobre el ba- 
jo Danubio, y otro sobre el Pruth ; pero con solo que 
les llame, como lo hace, "transacciones," está proba- 
do que fueron resultados de conveniencias de los contra- 
tantes y está confesado lo que venimos sosteniendo. 
El principio del Derecho de Gfentes umversalmente re- 
conocido, es el del dominio de las aguas fluviales y me- 
diterráneas, como partes integrantes del soberano^domi- 
nio territorial. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 317 

Que Hamburgo, Hannower y Necklemburgo, ribere- 
ños del Elba, y la Baviera, Wutember, la Servia, la 
Moldavia y la Valaqnia, participantes en la Convención de 
Yiena en 1857, objetaran reglamentos restrictivos respecto 
de la navegación fluvial, no prueba sino que cada uno de 
ellos pretendia tener derecho territorial suyo á la respec- 
tiva navegación ; y nada nos parece tan exacto como el 
juicio del escritor citado en la publicación que rebatimos, 
cuando calificó de simples idealistas y negociadcores in- 
competentes á ciertos comisarios defensores de la libre 
navegación fluvial. 

No pudiera ser más sofístico el argumeuto del autor á 
quien impugnamos, cuando dice " que la Potencia co-ri- 
bereña de la parte inferior de una sección fluvial, no pue- 
de disponer de ella de una manera exclusiva, sin privar 
ala otra co-ribereña del mismo derecho que ella sostiene" 
Esto no es exacto : la que excluye al vecino en su sección 
territorial, se excluye así misma del uso de la sección 
de extraño dominio. No hay tal privación al co-ribere- 
ño del derecho que se apropia y que respeta su colin- 
dante. Dice el autor, que el dueño de la sección in- 
ferior debe considerarse privado por la fuerza de las 
cosas de su derecho exclusivo, y respetar como una ser- 
vidumbre el tránsito de la otra bandera. Fácil es res- 
ponder victoriosamente, casi con las mismas palabras. 
¿|Por qué el señor de la sección fluvial superior, no ha 
de considerarse, por las fuerzas de las cosas, sometido 
á una servidumbre que la naturaleza y el derecho le 



318 LÍMITES 

imponen % % Por qué ha de pretender traspasar las fron- 
teras de su dominio ? 

Otro argumento verdaderamente incontestable con- 
testa al autor á quien impugnamos, cuando pretende 
que el señor territorial de una vía fluvial inferior, "de- 
be considerarla en el caso de una vía nacional, cuyo 
tránsito no puede negar al co-ribereño de la parte su- 
perior. " Según el autor, este vecino necesita salir al 
mar, y esta necesidad se convierte en derecho, toda vez 
que existe, porque no es otra cosa, que uso inocente. 

i Pero esta doctrina no resultaría legítimamente apli- 
cable á todas las banderas, ribereñas ó no, con ese tí- 
tulo de uso inocente, para multiplicar los cambios y 
relaciones entre los pueblos % Y tendremos por resultado 
la desaparición del ( dominio territorial en todas las 
aguas que él comprende, engendrando numerosas, 
graves y hasta funestas consecuencias, por el quebran- 
tamiento del primero de los derechos, el derecho emi- 
nente. 

I Niega acaso á ninguno de los pobladores, de la 
tiera que transite por sus aguas interiores, el sobera- 
no que solo exige que el buque lleve su bandera ? % No 
es verdad que esa alegada necesidad es una verdadera 
ficción preñada de peligros ? 

Para llevar esa bandera, la nacional de las aguas 
que se navegan, el buque ha de llevar un capitán de 
la misma nacionalidad, y como él, una parte de la tri- 
pulación ; y si esto se llamare un inconveniente, com- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 319 

párelo el lector, no solo con los inconvenientes, sino 
con los muy serios y trascendentales peligros que re- 
sultarían, atravesando nuestros territorios semi-desier- 
tos, por veinte ó treinta arterias fluviales, con bandera, 
capitán y tripulantes extraños, tocando donde quiera 
que les ocurriera tocar, y de largas y en largas dis- 
tancias tropezando con un alcalde, comisorio, ó simple 
capitán poblador, que ni sabe leer ni escribir, ni tiene 
á quien consultar en cien leguas á la redonda. Asom- 
broso enjambre de tretas, de supercherías, de fraudes 
ó de atroces reclamaciones serian los resultados, y no 
pocas veces escenas humillantes, en que quedara sacri- 
ficada la dignidad nacional ; pues que sin esa absurda 
libertad de navegación fluvial, por el tráfico en nuestros 
puertos y ciudades, bien poblados é ilustrados, esas 
tretas, fraudes y reclamaciones nos han costado y nos 
cuestan sendos millones. 

Dice el autor, " que el Derecho de Gentes es la ex- 
presión de las conmociones generales y debe combiar á 
medida que se desenvuelve el espíritu humano" Ut 
mores gentium mutantur et mutatur jus gentium ; y 
añade, que reconocida en principio la libertad de los 
mares, debe ser su consecuencia la de las aguas fluvia- 
les que salen al mar. Dice además que el Congreso 
de Viena de 1815 inscribió en el Código de las naciones 
esa mancomunidad. 

Singular es que una ilustración tan notoria como 
la que aquí analizamos, haya pretendido confundir la 
libertad de los mares, que no atraviesan territorios na- 



320 LÍMITES 



cionales, y cuya navegación nunca puede producir sino 
bienes á la humanidad, con los hilos de agua que sur- 
can por territorio de dominio especial. Esto no nece- 
sita ser redargüido. Basta presentarlo en toda su des- 
nudez. 

No es menos extraño, que un publicista asiente 
magistralmente, que el Congreso de Tiena de 1815, 
albacea en la testamentaría política del primer Napo- 
león, y compuesto de los Plenipotenciarios de sus pa- 
sadas víctimas, y para entonces sus vencedores, al es- 
tablecer, por voluntad de cada uno de aquellos Estados, 
las condiciones de su paz posterior, tuvieran la emi- 
nente autoridad de reformar el Código de las na- 
ciones. 

Tan falso es ello, como que en el punto mismo 
de la navegación fluvial, casi ninguna de aquellas Altas 
Partes Contratantes, (como lo dejamos ya probado) se 
ha creído obligada en la práctica á esa interpretación 
de las ambigüedades del Tratado de Viena. No hay 
tal coneensus gentium, y no prueba sino debilidad de 
la doctrina que se sustenta, el empleo de argumenta- 
ciones que tan manifiestamente la trasparentan. 

Pero en fin, después de tantos esfuerzos, el hono- 
rable señor Engelhardt termina por confesar : que las 
"libertades fluviales, tales como se practican en el dia, 
son esencialmente convencionales." 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 321 



XLI 



La convención del Danubio de 1857, cuya tendencia 
era hacer libre aquella navegación, como condición de la 
paz impuesta á la Rusia, respetó sin embargo el domi- 
nio territorial hasta un punto notable, pues qne solo 
otorgó la libertad de tránsito á los buques que la nece- 
sitaran como complemento de su navegación marítima. 

En la convención del Rihn de 1868 no entraron sino 
los ribereños, á pactar según su conveniencia, aquello 
que se concedian los unos á los otros ; y juntos exclu- 
yeron á las demás banderas de la libertad que ellos 
recíprocamente se concedian. Fué pues reconocido el 
dominio territorial sobre las aguas interiores, y este 
acuerdo, tan reciente, es una prueba contra la doctrina 
que rebatimos. 

Mas resulta de esa convención, pues que las par- 
tes se impusieron, para otorgar cada una de ellas á los 
demás ribereños la navegación de sus aguas, la obliga- 
ción de que el Capitán del buque, para obtener el per- 

21 



322 LÍMITES 



miso, estuviese domiciliado en su territorio, y hubiese 
navegado tres años antes en las mismas aguas. Esta 
es otra prueba corroborante, del respeto que la diplo- 
macia europea conserva, al derecho eminente del domi- 
nio territorial. 

No ha sido sino una concesión de la Holanda, la 
salida al mar de las banderas ribereñas del Rihn, re- 
servándose una exclusivamente para la suya; y exi- 
giendo indemnizaciones, que en cuanto á la Bélgica, 
montó á millones de francos. 

La memoria justificativa del proyecto de la Prusia 
en la convencían Reniana, declara terminantemente : 
"que la abolición de los derechos antes establecidos so- 
bre la navegación del Rhin, no se funda sino en los 
tratados particulares concluidos en diferentes épocas 
entre los Gobiernos del Zollwerein, la Holanda y la Fran- 
cia, y que los demás Estados, para obtener esa libertad^ 
estaban obligados á la celebración de pactos. De este 
modo vemos, que en 1868, el dominio territorial sobre 
las aguas estaba perfectamente reconocido, doctrina que 
la Francia también propuso en 1798 como ribereña del 
Hhin. 

Pero valgámonos de las palabras mismas del señor 
Engelhardt, para que quede demostrado por el autor 
mismo cuyo escrito analizamos, que el dominio exclu- 
sivo sobre las aguas fluviales y mediterráneas está per- 
iectamente reconocido en la actualidad por el Derecho de 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOALBIA. 32<l 

Gentes, como lo ha estado en los siglos anteriores. Su 
párrafo sexto dice lo siguiente : 

"El análisis comparado de las dos legislaciones de 
1857 y de 1868, pone en evidencia este doble hecho : 
la comunidad danubiana regatea sin duda la navega- 
ción extranjera, pero lo poco que concede es gratuito 
y corresponde á un provecho recíproco, mientras que 
'la comunidad reniana, que lo promete todo, nada da 
de valde : subordina sus liberalidades á obligaciones 
más ó menos onerosas que las hacen ilusorias. " 

He aquí perfectamente demostrado que nadie ha 
reconocido hasta hoy en la culta y civilizada Europa, 
la pretendida libertad general de navegación fluvial, que 
el señor Sánchez, Ministro Colombiano en 1865, declara- 
ba ser principio universal. 

Concluiremos insertando el último párrafo del artícu- 
lo cuarto del honorable autor á quien impugnamos, 
y glosándolo á la evidente luz de los hechos universa- 
les, en la actualidad del mundo. 

Ese párrafo cuarto, en que el autor concreta todas 
sus ideas, en la materia que quiere ilustrar, es el si- 
guiente. 

"Sería singular reducir el alcance moral de la idea 
civilizadora que en 1814 revistió la forma solemne de 
un Tratado Europeo, hacer de la apertura de las gran- 
des vías fluviales en provecho de todas las naciones, 
un objeto de mezquino negocio : un beneficio que ha 



324 LÍMITES 

-ifo ser pagado con un equivalente, ya no es un bene- 

ficio. La libertad de la navegación interior, tal como 

€ub concebida y anunciada á principio de este siglo 

C1814) no lia sido ofrecida ó prometida mediante un 

sambio : fué decretada generosamente para facilitar la 

mmunicacion. entre los pueblos y hacer siempre menos 

s^iranjeros los unos á los otros Ella tuvo por bases 

manifiestas la igualdad y el interés del comercio gene- 

3»1; ella debia responder á la espectacion legitima de 

%s contemporáneos ; y si ella no ha sido todavía for- 

wwlmente elevada, como bajo la dominación romana de 

«g&o tiempo, al rango de un derecho natural, si per- 

Imece de lleno, con todas las ventajas que ella encie- 

w^-ín los límites que le marca el Derecho de Gentes 

@s©3.erno, á todo Estado formando parte del concierto 



Glosemos este párrafo del señor Engelhardt. 

I o El tratado de 1814 fué entendido por el Austria 
y por la Prusia de un modo opuesto al que supone 
*ai autor que analizamos. La Rusia se mantuvo tan 
distante de esa inteligencia del Tratado de Viena, que 
laasta la paz que le impuso su derrota en Sebastopol, 
estuvo dominio sobre el Danuvio. Ninguno de los 
Justados > alemanes, que fueron parte del Zollwereing, 
respetó- ese Tratado, pues que para la navegación del 
£Slva, del Pruth, como del Pó, como del Rhin, etc., 
«sus.., fueron celebrados convenios especiales con sus res- 
petivas concesiones é indemnizaciones. ¿Quién haré- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 325 

conocido pues esa inteligencia del Tratado de 18141 
l No está negada por los hechos y práctica constante dé- 
todos los soberanos de Europa ? 

2 o Nada autoriza al autor para calificar de negocio 
mezquino, el hecho de que las Naciones, al tiempo 
de ceder derechos legítimos suyos, en favor de otra 
bandera, reciban de ésta la debida compensación del 
beneficio que reciben. % No es esta la práctica gene- 
ral de los pueblos civilizados, en toda transacción en 
que hay cambios de utilidades? ¿Puede llamarse mes- 
quino negocio la apertura de todas las vías fluviales 
del mundo culto, convirtiéndolas en propiedad común f 

Noble es la tendencia á todo progreso, que facilite 
las comunicaciones entre los pueblos, y que cáela día haga, 
menos extranjeros á los unos de los otros. Así lo es la ten- 
dencia al libre cambio, que altas intelijencias vienen 
sosteniendo hace ya un siglo. Así lo es, que se susti- 
tuyera la justicia del arbitraje, en todas las diferencias in- 
ternacionales, al empleo salvaje de los sables, lanzas y 
balas, y cañones monstruos. Así lo seria el desarme ge- 
neral, devolviendo la Europa á su propia industria cuatro 
ó cinco millones de brazos, y ahorrando á los pueblos 
centenares de millones de conrribuciones, con desastres 
lutos y muertes innumerables, Así lo seria el perfecto 
equilibrio de las fuerzas marítimas, que tan enormes sa- 
crificios imponen á su propia patria. Así lo seria un des- 
linde racional por límites naturales ó arcifinios, 6 por 
diomas, ó por razaz, 6 por las prescripciones tradicionales 



326 



LIMITES 



de esos pueblos de Europa, que vemos amenguarse ó ensan- 
charse tan á menudo, tragando los unos á los otros territo- 
rios ó colonias, ó mercados ó inñuencias, con vertiginosa 
actividad. ¡ Olí ! Si los Congresos de la paz pudieran em 
pujar á la humanidad á ese Edén de la paz universal, de 
la ciudadanía universal, del Gobierno propio de pueblo 
en pueblo, sin aduanas, sin fronteras, sin tiranos y sin 
anarquías : ¡ convengamos en que esa vida seria una ver- 
dadera gloria ! 

Quizás la Providencia, en sus inescrutables y sapientí- 
simasleyes, nos mantiene tan lejos de ese Paraíso, porque 
bien refleccionado, viviendo en esa soñada gloria, la idea 
de morir perdiendo tantas delicias seria capaz sola ella de 
hacernos morir. 

Pero, ¡ á que distancia estarnas de esas utopias ! Y 
entre tanto, es necesario vivir en nuestro tiempo, y como 
viven los demás, en Guanto á cada uno le sea posible. 
El espectáculo actual es de singular elocuencia. La Es- 
paña, Inglaterra y el Imperio Germánico, disputándose 
la herencia del Imperio Marroquí. La Francia pensando 
i3n Trípoli y Tunes, para ensanchar la Argelia, sin pres- 
cindir por eso de su tradicional inclinación al Egipto y á 
la Siria. La Italia aspirando al Tirol, Trieste, y á la gran 
unidad itálica, sin perjuicio de otras miras que son para 
después. El A ustria engullendo á la Bosnia y la Erzego- 
wina, con un ojo sobre Constantinopla; llevando de brazo 
á la Hungría, con una garra sobre su parte de Polonia, y 
todo, sin perjuicio del resto de herencia que le quede en 



ENTKE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 327 

la Turquía. El Imperio Germánico encerrando ya en su 
seno las treinta antiguas soberanías alemanas, arrebatando 
á la Francia la Alsacia y la Lorena, atizbando á la Holan- 
da, explorando para colonizar, aliándose al Austria para 
el dia del reparto definitivo de la Turquía, é imponién- 
dose en todos los Consejos Europeos con la gravitación 
entera de su poder. Lo de la Rusia, desde Pedro el 
Grande hasta hoy, y sabe Dios hasta cuando, seria de 
nunca acabar. Por lo pronto, es su pobre Polonia, su 
vecino el gran señor de la media luna, con todos los miem- 
bros que ha logrado desmembrarle, y como gran poder asiá- 
tico, que debe ejercer desde Constantinopla, difícil es ad- 
vinar en su mapa futuro todo lo que la Rusia abarca has- 
ta la India Inglesa y hasta el celeste Imperio. 

De la Inglaterra, fácil es deducir que sus talentos 
prácticos, su paz octaviana, sus sólidas instituciones, 
sus previsiones incalculables, y su inmenso poder mone- 
tario, no solo sostienen sn imperio Indo, sino que sigue 
subordinando Príncipes y Reyezuelos, asiáticos, y apo- 
derándose del Afghanistan, y reservándose á Herat, 
Ua^e del Mar Rojo, y haciéndose patrona del Asia 
menor, y apoderándose de Chipre, y amagando con la 
anexión del Egipto, y asomando sus escuadras en el 
Bosforo, como salvadora de Constam inopia, y anexándo- 
se en África la Republiquita Bávara, y conquistando el 
Zululand, y arrojando á los cafres del vecindario de 
Natal, y poblando el mundo de Colonias, y abarcán- 
dolo con sus flotas, y dejemos ya este asunto, porque 
nunca llegaríamos al fin. 



328 



LIMITES 



En tal situación política del mundo culto, y pres- 
cindiendo de todos los planes europeos sobre el Japón, 
la Polinesia, la China misma, el Imperio Birman, etc., 
etc., etc., preguntamos á todo hombre sensato: ¿pue- 
den los gobiernos americanos renunciar á su dominio 
territorial sobre sus aguas fluviales y mediterráneas, 
mitad de las cuales atraviesan sus desiertos, y conver- 
tirlas en propiedad común, para que todas las bande- 
ras entren á cruzarlas desde ahora ? 

Parécenos que la materia queda tratada en su po- 
sible extensión para artículos de periódico, y termi- 
namos haciendo votos por que los hombres públicos 
de estas secciones americanas, á todos los cuales tene- 
mos por compatriotas, no se dejen deslumbrar con doc- 
trinas aparentemente liberales, pero en realidad usu- 
rariamente interesadas, que con frecuencia lastimosa 
nos llegan del otro lado de los mares. 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 329 



XLII 



Nos impusimos, con toda la buena voluntad de un 
antiguo colombiano, tan venezolano como granadino, la 
honrosa tarea de extractar la negociación de límites de 
1874 y 1875, con toda la fidelidad que el amor á la 
Patria impone, cuando se trata de sus más altos inte- 
reses. La lectura de ]os artículos anteriores demostrará 
si hemos desempeñado con lealtad ese deber. 

Falta sin embargo algo, que tenemos por muy im- 
portante: disipar con verdaderas demostraciones los 
efectos que deben estar produciendo en la Nueva Co- 
lombia, ciertos esfuerzos y ciertos escritos, que pue- 
den muy bien ser simples errores, pues que no tene- 
mos derecho para interpretar mal ajenas intenciones, 
pero que en realidad han sido y son altamente perju- 
diciales, porque tienden á lastimar, gratuita y calum- 
niosamente el justo sentimiento de amor á la Patria, 
que necesariamente ha de animar á nuestros antiguos 
compatriotas, los granadinos ó colombianos. 

Se ha querido presentar allá á Venezuela, ó sea á 
su Gfobierno, en la materia de límites, no solo como 



330 LÍMITES 

exigente y como injusta, sino que se lia llevado la 
invención hasta quererla hacer ver como animada de 
un espíritu imperativo y amenazante. 

Nada hay, ni pudiera haber, que careciera más de 
todo linaje de fundamento ; y creemos estar autoriza- 
dos para desvanecer esa sombra, que pretende interpo- 
nerse entre dos hermanas tan legítimas, y lo haremos 
con la sencilla y veraz exposición de los hechos, desde 
el dia de la infausta separación hasta el presente, en- 
tresacando solo lo más notable ó reciente. 

Apenas constituida Venezuela, al abrirse las sesio- 
nes de su Congreso Constituyente, le dirigió Casanare, 
antigua provincia granadina, su prommciamiento solem- 
ne, su acto de voluntad general, incorporándose á Ve- 
nezuela, y pidiendo con instancia, y con multitud de 
razones y motivos, ser aceptada en la integridad vene- 
zolana. Seriamente considerada la materia, el Constitu- 
yente de Venezuela agradeció expresivamente las simpa- 
tías de los casanareños, y negó la solicitud, ofreciendo 
sus buenos oficios y su cordialjlisposicion, á fin de can- 
ciliar los intereses y voluntades de aquella provincia 
con el Gobierno de la Nueva Granada. 

Segunda y tercera vez se repitió la misma gestión, 
obteniendo siempre el mismo resultado. ¿ Pudiera dar- 
se una prueba más positiva de fraternidad de parte de 
Venezuela % 

i Qué sucedía casi simultáneamente en la frontera % 
La ocupación de San Faustino por la Nueva Granada, 



ENTRE VEMEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 331 

á despecho de la .tradición, en abierta contradicción con 
lo declarado por el mismo señor Góngora, Arzobispo y 
Vi-rey de Santa Fé, y con lo que consta en Real Cé- 
dula y en documentos auténticos, según todo lo cual, el 
rio Táclúra era la demarcación entre el Vi-reinato y la 
Capitanía General. Y San Faustino, que aún después 
de 1810, habia elegido Diputado á Cortes Españolas en 
1812 y 1819, como parte integrante de Venezuela, quedó 
ocupado por la Nueva Granada. 

Venezuela, sorprendida, constituyéndose, aplazó la 
reclamación de su derecho, y nada más. 

Al mismo tiempo, xirauca, Arauquita, y todo el 
terreno hasta las bocas del Ele ó del Lipa, que siem- 
pre pertenecieron a Venezuela bajo el Gobierno Español, 
y que por Real Cédula terminante y reconocida hoy por 
ambos Gobiernos están del lado acá de la línea diviso- 
ria que estableció el antiguo Soberano, fueron también 
ocupados por la Nueva Granada. 

¿Qué hizo Venezuela en tales circunstancias % Apla- 
zar tan grave acontecimiento, para entenderse de Go- 
bierno á Gobierno en negociación racional hasta obtener 
la justicia á que tenia derecho. Ni una palabra que 
no fuese fraternal, para demostrar su profundo dis- 
gusto. 

Respecto de la Goagira, además de cuanto queda 
demostrado, citaremos dos hechos. Inventó el señor 
Acosta, á los catorce años de separación y de posesión 
tranquila de Venezuela, que la Nueva Granada era due- 



332 LÍMITES 

ña exclusiva de toda la península Goagira ; de tal ma- 
nera, que según él, vienen á ser parte de frontera los 
suburbios de la ciudad de Maracaibo, dejando intercep- 
tado por la espalda el castillo de San Carlos 1 ; y esto, 
cuando el Gobierno granadino y su Congreso, en dos 
ocasiones y oficialmente, liabian declarado que no co- 
nocían los linderos entre el Yi-reinato y la Capitanía 
General en aquella península. 

Y hay mucho más. Quiso fundarse Acosta en la 
Real Cédula que mandó separar á Sinamaica del Yi- 
reinato, y agregarla á Maracaibo ; y es singular, que 
esa Real Cédula produjo un deslinde oficial español, 
dando á Sinamaica jurisdicción casi sobre media Goa- 
gira, terminando la línea en el Cabo de Chichivacoa. 
De este modo, quedó situado el señor Acosta, en con- 
tradicción manifiesta con la misma Cédula que alegaba, 
como fundamento de su pretensión. 

i Qué ha dicho Yenezuela ni qué ha hecho por 
virtud de tales avances, contra su integridad y su de- 
recho ? Seguir protestando, con lenguaje siempre mode- 
rado y fraternal, y aplazando la dificultad, confiada^ 
en obtener al fin justicia. 

Otro hecho respecto de la Goagira. Legisla Yene- 
zuela en 25 de febrero de 1836, y autoriza el comercio 
en las costas de la península, previo permiso de sus 
Aduanas, ó de las Aduanas granadinas; pero des- 
pués legisla Nueva Granaca (en 6 de junio de 1843) y 
sujeta todo comercio en la Goajira á previa licencia 
de su Aduana de Rio Hacha exclusivamente, decía- 



ENTRE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 333 



rando buena presa, á todo otro buque que hiciera 
aquel comercio. 

Continuó Venezuela aplazándolo todo hasta ser oida, 
con presentación de sus títulos, y lograr el convenci- 
miento del Gobierno Granadino. 

Nada ocurrió á la Nueva Granada, ni aun al 
tiempo en que ocupó de hecho á San Faustino y Arauz 
ea, respecto del otro territorio, que 14 años después 
inventó el señor Acosta que era granadino, en la Hoya 
del Orinoco y Kio Negro ; ni cuando en 1833 celebró 
un proyecto de tratado sobre límites, que su Congreso 
aprobó un año después, tampoco hizo la menor mención 
directa ni indirecta sobre ese territorio. Más todavía. 
En 1842 celebra un Tratado con Venezuela sobre co- 
mercio y navegación, y queda reconocido en él el 
dominio territorial de Venezuela, pues que por un ar- 
tículo expreso, concede Venezuela á la bandera grana- 
dina que navegue las aguas del Orinoco, Casiquiare y 
Kio Negro, y Nueva Granada acepta la concesión. 

Sin embargo, el mismo señor Acosta inventa dos 
años después, que Nueva G-ranada se extiende hasta 
las mismas márgenes occidentales de las citadas arte- 
rias fluviales. 

A pesar de todo esto, Venezuela nunca ha llama- 
do esos procederes ni esas pretensiones injurias, ni 
hostilidades, ni usurpaciones, como lo han hecho Ma- 
gistrados y funcionarios colombianos, entre los cuales 
alguno ha llevado su displicencia, hasta preguntar en 



33é LÍMITES 

acto oficial, ' l si el Ministro Michelena habia ido á Bo- 
gotá á burlarse del Gobierno granadino." 

Esas destemplanzas, que d olorosamente lian sido tan 
frecuentes en el lenguaje del representante de Colom- 
bia, en ningún caso podrán encontrarse en las exposi- 
ciones venezolanas, porque en Venezuela sobreabunda 
el amor á su antigua hermana. 

Resulta pues, que en sus palabras, como en su esti- 
lo y su tono, y como en los liedlos de los Poderes 
públicos, Venezuela se lia mantenido durante 50 años 
en los límites de la moderación más exquisita, y fiel 
á los sentimientos fraternales, y que sobraría razón 
para atribuir á Nueva Granada y Nueva Colombia, ese 
tono de displicencia, de imperio, de exigencia extrema. 
y de olvido de los múltiples y sagrados antecedentes y 
futuros intereses, que imponen á las dos hermanas la 
más ingenua y positiva cordialidad. 

Es ahora, es ayer, en 1875, cuando el Gfobierno de 
Venezuela ha venido á creerse moral y políticamente 
obligado, por primera vez, en sus relaciones con la Re- 
púbica hermana, á salvar la dignidad de la República, 
colocado por el Gobierno de Bogotá en un compromiso 
verdaderamente inevitable. 

El señor Murillo habia acusado de usurpación á 
Venezuela, en una conferencia protocolizada, habia re- 
petido esta ofensa en una nota al Ministerio de Rela- 
ciones Exteriores, y habría sido criminal el Gobierno 
que hubiera consentido tal injuria- El de Caracas se 



ENTEE VENEZUELA Y NUEVA COLOMBIA. 335 

conformó con que la nota fuese retirada ; el señor Mu- 
Q'illo la retiró, y quedó considerada como non ave- 
nue. 

Pero el señor Sánchez, Ministro de Relaciones Ex- 
teriores de Colombia, creyó conveniente insistir en la in- 
juria, y en su nota de 24 de Junio de 1875, arroja á la 
cara del Gobierno venezolano, por tercera vez, la pala- 
bra USUEPACION. 

i Quedaba algún recurso al Gobierno venezolano, que 
fuese menos violento ni menos significativo, que el de 
suspender toda comunicación con quien así le trataba, 
hasta que inspirados los Magistrados colombianos por 
sentimientos adecuados á una negociación conciliatoria, 
como lo es la de límites, fuese dado al Gobierno de Ve- 
nezuela continuarla, sin detrimento de su decoro, ni de 
la dignidad de la Nación %■ 

Usuepacion es, en el Diccionario de la lengua — La 
acción y el efecto de usurpar. 

Usuepae es, en castellano : quitar á otro lo que es 
suyo, ó quedarse con ello. 

% Y qué es eobae \ Lo dice el Diccionario : es lo 
mismo que usurpar.. 

I Puede un Gobierno, sin hacerse indigno de presidir 
á un pueblo que le delega su representación soberana, 
dejar como desapercibidas injurias de esa gravedad % 

Permítasenos ahora preguntar, para concluir. 

¿De parte de quién, de cuál de los dos Gobiernos, 



336 LÍMITES 

aparece en esa historia de 50 años, la moderación y el 
sentimiento fraternal. 

En esta cuestión no entra por nada el uno ni el 
otro pueblo. La responsabilidad es toda, en aquel que 
aparece culpable, de hombres públicos inadecuados, de 
conductores incompetentes. 

; Y cuántas veces en la historia del mundo, apare- 
cen tales hombres, en realidad funestos, ocasionando á 
los pueblos grandes males por su carencia de aptitudes ! 

Hemos terminado. 
Caracas, Marzo 8 de 1880. 

Antonio L. Güzman. 



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