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Full text of "Los Borbones de España y los de Goritz"

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WIDENESLIBRAKY 



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S,.^4Xi,%-,„ fc 3 H . 3 




l^ai'üarli CoUtgr Libracs 




TROM TIIÉ PLTPÍJI OF 




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ClIAlíLKH MINOT 1 

Claal of 1888 ' 



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LOS ' B0E.S01TES 

^ ROBERTO DÉ CIISTII^E. 

teaducu^ a( eóyavioté 




BOZZ ^ SDZTOR. 

I ' Ii^rcnU 7 Librería , ealU fíe CarreUs , •um. S.* 

1839. 

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S|v(^^_* ^>B4»3 



. Av,\ 2 , 191» 
Hú^ tmá 



/♦ 



• 1 



KsÍA obra •« propAdad 
"Je D. IfiWACio Boix, 
• .y »« p^rM^ri ccm to- • 
do el rigor de la ley «i 
que la reimprima. 






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EL EDITOR mmi 



'iíSÍS^i9X^p^ 



Láa. obra que se va á pflmcar en 
el centro 'del reino de la aug;usta 
Isabel , y bajo el gobierno de la in- 
mortal CristOía está escrito por un , 
hombre ^ue ha acompañado á la du^ 
quesa de Beira al centro de la fac-« 
eion navarra ^ y la ^a puesjto en po- 
der, del Príncipe rebelde j está de- 
dicada ^1 qne llama rey Carlos , y 
por consiguiente toda ella está res- 
pirando la degradada pasión del ser»- 
vilismo. 

Pero si los horrores de la guerra 
civil que ha encendido en España la 
rebeldía de éste príncipe ; si los de- 
sastres que está sufr^ndo la nación, * 

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los rio!s de s*gre que h^n corrido, 
las lágrimas qu^ han arrancado a la 
viudez y á la horfátidad , y las ca- 
tástrofes de que ha sido teatro es- 
té hermoso y heroico suelo, hacen 
recaer sohre su persona l^y^orren-- 
da celebridad d^^ crimen : fls parti- 
cularidades quáB|ntiene esta obra; 



las rela|ÉMies HPsu propia familia, 
y la vicil^ carácter de cada uno. de 
los g^efes ó corifeos del pat*tido de 
la ignoAiiniosa .esclayitud , no piie<« 
den dejar de interesar al publico, 
como parte integrante de la desgra- 
ciada historia de nuestros dias. * 
En estp concepto ha determinado 
publicarla el ]Éditor , añadiendo 4 tsu 
final el folíela titulado :«I.A.VER- 
DAD por él ;señor Zea Bermudez, 
cpie es la mas obvia demostración de 
los derechos de nuestra augusta 
Reiiva , y confiando su traducción á 
lina pluma cpie , práctica y celosa 
refute las falsas aserciones por me^ 
*dio de notas, jf sostenga el honor 



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de la justa causa nacional con* la ne- 
cesaria energía; 

El público, pues, encontrará no«i 
ticias particúlai'es sobre la rama^prí^ 
mera de lo&Qorbonés, precipitada 
del trono de Francia ; leerá el tes- 
to de lat)bra como leeria un^ui*ío 
* de l^stella que solo podría ei^i^jjp su 
risa* ó su desprecio, y hallará en las 
notas que sean necesarias, el gio^ 
rioso trmnfo de la verdad sobre la 
pérfida imposturat 



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AL PUBLICO. 



lili vo^men que -se publica bajo este titulo es la 
prdduccion de un aiitor ventajosamente conocido 
en la literatura; pero es preciso advertir á esa^ar- 
jte del« público^ que suele (pr un libró solamente 
par la reputación de su autor sin pensar en que 
existen nombres qu^ representan personas distin- 
tas^ y sin notar la diferencia de las cualidades de 
ellas que el co^de Roberto de Custine es distinto 
de su primo el marques de Custine , el cual es el 
/lutorde las memorias y viajes del Mundo ^ asi co- 
mo de la España bajo Fernando VII y del £thél; 
La obra del conde Rbberto de Custine : Los 
Borbones de Corita y \q¡ de España es un tomo 
reducido á una colección de memorias 6 impresio- 
nes recibidas en un viaje , es la sola relación fran- 

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ca y senciMade noa perigraifation á GoritziBran- 
see y Saitzburgos : es la espresion Jk su*alecto á la 
familia de los Borbooes destituida ^ y es. finalmen- 
te lina serie de retratos bost]0jados con un colo- 
rido de verdad que no pueden sospecharse de lison- 
jeros (1). ^.^ 

£1 conde de Custine ha encontrado en la Del- 
fina el áiismo valor y nobleza que ha ostentado ea 
las Tullerias durante^ quince años. Ha pintado á esta 
señora tan buena y generosa como se la ha encon- 
trado en todas partes^ y ha trabado el cuadro de 
sus dos hijos^.mas bien quizá con la noble fran- 
queza de un militar y de un servidor leal , que con 
la imparcialidad que debe caracterizar al ^ue es- 
criba la historia. 

El conde de Gus tíjfls e dirijo después de. Gorits 
á la residencia de la^Pmcesa de Beira, y álli en 
•Saltzburgo comienza la narr^ioi^de I9 empresa 
« peligrosa que ^e ha dignado tonfíarle la valiente 
princesa. La ^salida de Austria : el viaje por Fran- 
cia : la. entrada en España : íos riesgos á que se 
han visto espuestos ^ y la agradable acogida de don 
Carlos , todo está espuesto con un desin|erés y mo- 
destia poco comunes en^l dia. 

También debo manifestar al lector que el acto 



. (i) £n el curso de la obra puede que conozca el lector si ia 
pusioo ha tooiado aiguiyi vez á su cargo el dirigir la pluma. 



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ale la pubfícacion detesta oí>ra úo es de ningiiB 
modo el de la roflínifestacion de mí propia opinión. 
Como director de la librería histórica que he futí* 
tiado^ debo publicar ted^s los mateilales necesarios 
á la construcción del gran todo que llanfianíies his- 
toria^ cualesijüiera qiíe sean sus colores políticos. 
La llegada de la princesa de Beira al campo de 
D. Carlos , referida por un hombre de buenos sen- 
cimientos que no se ha separado de ella desde Sattz- 
})urgo hasta Tolosa me ha parecido un hecho his- 
tórico tan precioso , que no me he detenido á coa* 
«id^rar.si podría herir á la opinión de algunos^ es- 
tando seguro y como, estoy y de que esta narración 
Jebe ser üt9*á todos aquellos que no buscan sino 
los hechos históricos , demasiado sabios para sacar 
«consecuencias de ellos , y adjudicarse el derecho de 
vituperar ó aplaudir. 

Mr. de Custine ha escrito su libro con frases 

¿e reconocimiento y de afecto, y yo lo publico líni- 

<^amente bomo un documento precioso y necesario 

* i la historia del siglo.— Paris 15 de febrero de 183S. 






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* Jtl.1 rennirse eoo V. M. y entregarle sn bijo son los 
solos motivos que deteriniaan á la reina Jmria Te- 
resa á emprender el largo y pefígroso \¡aje que Toy 
á describir. . • 

A V. jH. pdr consígoieple y debe ser dedicada 
Iñ felaeion de la empresa ea que.ftgvra como beroi- 
na esta princesa Haatre* 



fij Adviértase que es el aUtof qüíefi habid, y que es lan pró- 
digo en este título como jasto en los epítetor qne le da en e • 
discurfode Ja obra, * 



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• * * * 

Jhnfiñi»ie hftber tenidd la gloría de serTirlk^ 
. guia me atrcTO.á aspirar á la de su Lístoriador , j 
8¡ tuTe codicia y- afán en que pesasen sobre roí las- 
fatigas y los riesgos que S. M. me había juzgado 
digno de soportar: otro tanto.afan, tengo de cpmu- 

«ar a U Europa la admiraóron qne estW grande (i)" 
u^faa logrado ^nspirai^e.^ 

* Permitidme señor qne cftoque este rápido ¡tioe^ 
rario bajo sus reales auspicios , y me Contempla* 

V'é dichoso si consigo despertar alguna dulce sei»^ 
sacien en elüorazon de V;.M. en medio de los com-« 
bates de la guerra, y las sangrientas luchas quecor-* 
re i buscar como dignq hijo de Enrique IV (2)^ 
• Señor y tos sois uno de aquellos é qmenes se 
puede amar sin sospecha de interés y y alabar sin li- 
sonja : porque os adornáis mas con el casco que coo 
Ia*d¡adema , y babeiá llegado á conocer que , en U 
¿poca presente un verdadero rey debe^ejár cf cetra 
qne adorna su mano por I» espada que la arma. 
> ' Señor , tos sois el-honol* de los tronos y la sal« * 
iragnaraia de los revés ^»cuyas coronas aseguran coi» 

^ — i : , ., ^ 

... • .. » ' • • 

(t) La grandeza cTe tos veyés consiste , 6 en la estension dir 
lusdominioa , á w el^BU» é»A<>^ sdpbdiC&s que ellos UamAi va- 
•allot, ¿cuál de estos dos títulos constituirá la grai^eza de AI»* 
vía Teresa ? 

. (2) £nríqae IV alimentaba con pat^ernal cuidado i los sdb* 
* ditos retíéldes qué combatía cblí derecho legítimo. Véanse tos 
St Carlos al final de esta obra ; recórranse los campos de Ara- 
gón jr la Mancha j k verá la exactitud de la comparación. 



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bs i^ictorlas (1) pueda completarlaa ego an trinnfo 
final el ano qne comienza 4l^gír 9 y un boletín vi^-r ^ 
.toríoao con la fecha del Escorial ensenar á la Euro- 
pa lo que puede la unión de un grande pneblo^y un 

gran re/ (Sí > 

So j ton profundo respecto 

£1 mai hSmilde y obediente serTÍdte . 

DÉ V. M. 



mf Podía el autor haberse tomado el trabajo deenum^ 
varlai. • 

(2)* Ya ba dado dos pasoí giganteicos en Gaavdamíno 7 en 
lUjBales. £1 autor paed^aáadirloi i tus decantadas fíctorias. 






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I. 



Viage de Marsella ¿ Goritz.-Molivos de mi tiagei -Attalrteso d 
Siinplon.~Ei corret de Milani—Veneeia,— Trieste. 



ftaeiá maetio tiempo qua tefiiá ^ó pro^ifitMó 
el bacer un \¡ag*e á Austria , dbilde teA|g;o paríeíntes 
qac^icttpan cletados*dc8tioo9 ^ y qoeria sobre todo 
irisltár a los príncipes á quienes faabia jurado ibí 
afecto. Yo no habia TÍsto á Enrique de tVancia^ 
desde so %aUda de Ing^laterra; y á la*Dclfina 9 des<« 
de 1832. Impaciente de yer por mí mismo los eain« 
tiofr que se habían operado'en este joten principé 
ereia exasperado. ena litote decía de él,* y me pare^, 
cía que los que me babffllian de esta* materia babian 
descuidado la observación de los puntos esenciales 
para Bjai^se en detalles puramente pueriles. 

Salf pues de Marsella á fines de abril, de 1858^ 
y después de haber atraiesado la Suiaía llegvi¿ al 

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•'— 1«— . 

pié' del Simplón. Hacia mnchoa días qaélloWaain 
cesar y pero mas que el mal tiempo me incomodaban ks 
codTeraaciones que se oian á cada relevo en laa casas 
<de postas^ pues todas se redncian á ios retardos y los 
inconvenientes ^in niimero que Labia qiie sufrir para^ 
pasar este moiite terrible. El fin de todas estas con ver* ^ 
sacioné^era siempre esclamar; ; Ali ésta'llaviat. ! Es- 
ta es. la nieve d¿l Simplón, Serían las cüalpo de la 
tarde coando llegué a Briga.es , pequeña y bonita 
ciudad al pie del primer contrafuerte del Simplón» 

Allí sope que bacia seis dias que oo nasaban car* 
ruajes poique la grande cantidad de nieve que ba« 
bia caidp^ y sobre todo , el hundimiento de ona mo* 
le tremenda de ella 5 habian interceptado el camino. 
Se esperaba sin embargo que al dia siguiente esta- 
ría practicable .porgue 800. hombres est^ban^ traba* 
jando^en abrir paso desde el amanecer. 

Esta butna noiiciá me la. con firmaron, tres via* 
jerosá las ocho de la noche, los cuales sin cm|pirgo 
• se habian visto precisados á abandonar sus carruajes y 
andar a pie dos leguas. Pero, después que ellos ha* 
bíaa verificado el paso, Iqs trabajadores hal/iattcon* 
seguido remover los obstáculos qué quedaban , ha* 
bia cesado la lluvia ^ el tiempo, se habia serenado^ 
^y todo nos hacia esperar jubaen. tiempp para d 
dia siguiente. • ^ . • . ^ 

A'las cuatro de la mañana comencé pnes á trepac ^ 
la montaña, cuya subida debia durar ocho horas « «y 
andaba casi siempre á piícá fia de poder gozar mejor 
ét Jos 'puntos de Tistá. El tiempo era magnífico y el. 

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— 19 — 
cielo smnamente pnro y despejado ,* y ealcataba 
tanto el sol que me faé preciso abandonar la capa. 

Llegfádo a Ja cumbre del monte , me encontré en • 
medio de una Ilanara inmensa , ó por mejor decir de 
un océano de nieve cubierto de escollos de yelo. 
Allí puíte admirar a placer el mas bello espectáculo 
que puede presentarse á la vista. A mi izqnicrda se. 
descubrían . las montanas de la Saboya que yo do« 
minaba enteramente: á mi dcrccba los grandes bie- 
lda de la Suiza 9 y á mis pies .el Itódano qne ser^ 
penteaba en el valle qtie se csticndc .desde el Sim- 
plón basta el lago de Ginebra. El termómetro sé-^ 
nalaba grado ' y medio por citcima de cero» 

Subido en carruaje eomengé ,á bajar; á las cinco 
entré en las grandes y berlnosas llanuras de la Lom« * 
bardia^ y fui á dormir á una pequeña ciudad que 
se llama DomO-D*Os.sola. 

Al otro.)I¡s| por la maSapa y después de mi sa- 
lida tuve el gusto'de saber que babia pasado la no- 
^ cbe en la misma posada que. d general Clouct qoe 
Tenia de Gbritz 9 y se 4ir¡g?a á la Suiza.. Sf e bubk- 
ra sido ciertamente. agradable. el volver á ver á un 
hombre de un carácter tan bello ^ y al que profeso 
una veneración profonda** 

' Llegados á I|aveuli, que se encuentra á la orilla 
del lago mayor, dejé ^ carruaje para embarcarme 
eo «nbaqne de vappr, y recorrí en él la longitud 
del hgé. Allí pude visitar las islas Borrameas tan 
hermosas, tantaf .veces descritas, y de las que se 
habla siempre eou entusiasmo y con placer, y fui 

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-^20 — 
k desembarca]^ ii Arrona ; hermosa j peqnefCa eid* 
dad edificada al pie de !a colína sobre k caai está 
coloeada la estatua colosal de Carlos Borromco. 

Esta eslátuadc bronce y de una esqtíisita labor 
es la mas garande qiic existe en Europa. Su cabeza^ 
á*la que se sube por una escalera , puede con faci- 
lidad contener cuatro personas. Los ojos , las orQ« 
jas y la boca, son otras tantas ventanas desd^ las 
que se descubren puntos de vista mágicos. Se podrá 
fácilmente formar idea de las proporcioues colosales 
de esta estatua con decir solamente ^ que el libro . 
que tiene cñ una de 12is manos el: Santo , puede 
contener die^ persónaS colocadas la uiia al lado de 
la otra» 

Al llcg'ar cerca de Scsto Calendo distinguimos 
un' poste negro y ailSariilo con el Aguüa de dos ca« 
bczas eu el remate ; entonces *iba á'cntrar en lot 
dominios del imperio. Allt cambia todo,de aspectos 
el pesado carruaje, piamontes y el postillón Vestí*** 
do de a2uj , son reemplazados por un elej^aute car* ^ 
riüje milaries, tirado por cuatro caballos hermosos 
y g^uiados por postillones que nos baciani atravesar 
el aire como una fleeba , tocando su corneta y dan- 
do chasquidos á compás con s*us látigos. Delante 
de nosotros y para servirnos de escolta , galopaban 
dos benitos gendarmes coa un elegante, uniforme 
verde y color de rosa; Trotaban y, caracoleaban 
alrededor del carruaje , partian á escape para hac^r ^ 
apartar, á los carreteros indolentes^ y yolvian á no* 
sotros con lina celeridad igual. . 

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. — 21 — 

Asi tíegné á Milán de doode sa|í alrotro día por 
It maSaiia yóo me detuve basta íni lleg^ada k Va- 
necia. 

Veaecia es 1» maravilla del mundo, pero laiadnstrm 
no tardará én Lecharla^ pardcr del i&ismo modo 
que hecha á perder todOs los pueblos sobre los que 
llega á tener influencia.* Gracias á los camítios de 
bi.erro; llegará á ser* dentro de poco un* san Malo de 
Italia. Yo llegué a las diez de la noche al paraje 
doode se cambia el carruaje por una góndola. Dei« 
pues de haber navegado alguu tiempo por un can; 1 
estrecho y tortuoso , perdí desvista la tierra , y dis. 
tinguí á Veñecia semejante á un vasto incendio en 
medio de las olas. Nuestra góndola negra y los góu^ 
doleros vestidos de negro , los largos postes negros * 
que nos serfiaade señales «y que parecian moverse 
cual tristes sombras que . se. pascaban por cl.agüa, 
y un inmenso disco de* luz d elante de los' ojos to- 
do era á propósito para «xaltar nuestra imaginación 
.en términos 9' que por poco que uno contribuyese 
por su parte , podía creerse en la orilla de la lagu*^ 
na Csfigia» 

Ko era mi intenciojí él hablar de semejanies 
maravillas porque Venei^ia no puede describirse. 
liOs palacios de mármol , tas Ipesias de lo mismo, 
eñbiertag por dentro de oro y pinturas preciosas^ 
. he aqui t Venecia. E«ta ciudad se puede reasumir 
en tres palabras ; el oro, el mármol y la pinturas' 
Por todas partes se encuentran las obras mAstra» 
del arte. Allí está una estatua de. pórSdo , qvc 

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— 22 — 
•irvé de límite ! h la esquina^ de una ealle , y mas 
allá 01» pozo de bronce 9 eayo' trabajo dciieado se 
admirarla en el uiiiséo más rico. En el poco tiempo 
que be estado en Vcnecia;, he vísló tantas obras 
de Pablo el Veroné^, de Tíciano y Tinloret, qne 
podría formarse de ellasf un musco monstruoso dos 
Teces mas garande que el de Versalles. Para* dceí*»- 
JO de una tcz^ creo que el que no ba visto bá Ve* 
necia, no ba \isto nada, y que el que la ba tÍs* 
to, no tiene ya nada que. ver. 

Vo tenia mucbas cartas.de recomendación ; y 
cutre ellas una para la Condesa de Gontaríni,. cu- 
ya ^rata acog^ida líié lia dejado ñu precioso rccner». 
do.' La Condesa de Gontarini, tidcmas del mérito 
de un.g^usto sobrcs^alientc, y un talento disling^uido' 
tiene el de acog^cr á las personas que le son reco. . 
inendadas, con ese don de la amabilidad jr esa pre-* 
Tcneion que constituyen Ja felicidad del estrang^ero/ 
á quien boora con la. bospitalidad. Ella tuvo la- 
atencioin de presentarme al Almirante ' Paulonci , y 
con este motivo pode visitar el arsenal que encier- 
ra una mucbedumb're de objetos precposoe, ehtre los 
cuales se cuenta la armadni^a de Enrique IT. Al 
pasar- por delante de la coraza,* debajo de la cital 
lalió nno de los m4%randes de los corazones buma- 
nos, me quité el sombrero con respeto, y besé el 
pomo de la espada vencedora de Afayena. ' 

Con solo pasa/ el puente de tos Suspiros, y con 
enti# en los-borrendos calabozos de la inquisición 
del estado^, se, puede' uno foi^ar una idea de la duF 

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«ara y áuiiifledambre ^e Ioa gobieroos Tepublícanos, # 
£o .estk horrorosa maosioo ae cMiieplraiii poc do 
quiera los restos 4e los lormenlos qne hakdebidd • 
aufnr los ¡nfeücifti qne la ban habitado^ lias paredea . 
están cubiertas de una sang^re táu ro|a, ooiuo ai !a 
mano .del verdugo la bobiese derram&do el dia 
antes. , • 

A las siete de fa tardle^me embarque en un buqué 
. de vapOt*9 y al dia sigoteufe ya estaba ao el puerto 
de Trieste. Allr nada de poesía , tqdo es poskifl y 
no se vé por ninguna parte sino la industria y el 
comercio.*' Ninguna ci«tdad dts Europa se parece k • 
Alarsella tanto como Trieste. Allí se-, disfruta «del 
mismo clima, se ven los mismos edificios, un mou'- 
te deade coya cumbre- se distingue la ciudad , el 
puerto y los campos de las ¡dmediacioues 9 y finaU 
mente el' viento, llamado Í3orra qo» suple en Trieste 
el Mistral de MarálUa* 

El 28 de mayq á^as siete de ta maSana subí en lel 
carruaje 9 para tomar el camino de.Goritz. Después • 
•de haber andado ocho horas al través de escarpadas 
montanas^, iiajje á un hermoso 'valle cuyo aspecto j 

cultura recuerdan eUdciiciosoi valle de Gresivaudan? 

* ' . ■ •' • 

cerca de Granoble. Ai otro lado me ensenaron a 
Goritz, <|ue es una pequeña y benita ciudad edifica- 
da en la falda de una colina. 
' No ca posible decir lo que yo eéperimeuté en este 
inatante. A medida que me acercaba se apoderaba 
mas de mí un penoso aentimiento> ocasionado por 
la idea de que cu este retirado rñicon.del ¡lup^^i^io de 

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Austria 9 M bosped&bao los liltimos retólíes cié la 
noble. familia ^«e por espado de tantos «iglos, ha 
iietfho k felicidad y la gloria de la Francia. Enton* 
ees isentí ana vaga (nijuíetad 9 y ún secreto temor 
de no encontrar ál joven principe , taj cual lo pin- 
taban los diarios y los viajeros de G'oritae, 7* '9^ ^^^ 
bállos que poco antes piarchaban con demasiada len. 
titnd, según*, mi impacieqcia y afán *, me parecía ya 
que me conducían con demasiada priesa al térmioTO ' 
^a^ercunp de mi víaje^ 






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fpermantnm tn ííoritj. 



GortU.—>La familia real.— Henriqa^ de Francia.— Su cárae- 
ier.*-Sa educacioíi» iiu m^aks. 



Goij^tz es ^na ciadad hermosa aunque pequeña, 
que participa á un tietüpo de la elegancia italiana, y 
del aseo alemán r los habitantes son afables y bue- 
nost allí se habla igu^wente el italiano que el alc- 
uau , y «un podiriá añadirse el francés ; porque, 
después de la mansión que ha hecho la familia real^ 
tod^s se hta* dedicado á aprender esta lengua. Yo 
habia apeado en la fonda, del %rran Ciervo, en ¿onde 
me tuTieronal principio por alemán, pero cu^qdo 
pregunta por la casa djú conde .de Brissae , y se 
supo que venia de Francia para ofrecjer mis respetos 
ii aquella familia , que los habitantes de Goritz se 
,cdmplac¡an'en llamar sus bnenos príncipes ^todoé 
sé apiñaron alrededor de 4ní , y jse disputaron* el 
pheer de acompanariqe i la casa porque yó habia 
preguntado. 

AquelU miania iar4^ f lii en g^a da Mr. de ÍBris* 

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~ 26 — 

sa€ el tnnl era nn 4i|t¡gao conocinueoto mío , pues 

le kabia yisto inueLas veces en Inglaterr^y eo Ita* 

Ka coando era caballero de honor lie S. A. R. Ala* 

dame (1)'^ y veia con una satisfacción re4isla< á la 

jnmediaeion de su bíjo á un bombre , cuj^a lAhad 

y nobleza de sentimientos me eran. tan conocidos. 

Le dije con una franqueza inilitar qué venia de Fran- 

fiíaj que no era para bacer al joven príncipe una v¡« 

6Íta4nomeutánea9 sino jpara estar largo tiempo y ver* 

le con . frecuencia , y qae^ desi^abia no solo poder 

«juzgar de su ins^ccion , sino conocer á fondo su 

carácter ; en u^palabra , que t|ueria ver por mi 

mismo 'si justificaba^ como se decía, la adlie^ion de 

•US ümigos y las sím^Uas de loa liof^bre» ^ gran* 

des senCimientos. Mr. dé Brissác mé eontcsiá que 

quedaría ^atisfaoho , que daría toda el mundo por* 

que todioa loa franceses viniíi^eB ¿ GuAtz , pues el 

príncipe, aaádió, nopodia dejar do ganaren acr^biea 

conocido. . • , . ' 

Al otro dia por I» maSaoa fori {futaAt é inme- 

diatfti^eiHe fui intrardn^iloeneisdofien dofidecsta-* 

ba reuoida Iqda la faniíliereaL Aladamo la DidAnia (2) 

• y Mademotsetle ^ .asi como ks smotas D^Agon y 

NicohieslabairoFCitpadaó ea la&orcs de tapicería, des*^ 

tinada» áin dntla á i^guna lotería para los pobrcsf 

VioUe y benéfiea di»tra«cion del destievrau . , 

• Lo« píiicipes me reeitúeron^ éoo la bondad que 
ka ea nalnnú^ Lhmé á un bériimo jáíven^ qiíe ae 



(iy E»ti es la duqiicsd de l)orri. 
(2) La duqveía dl« ¿¡kt^áítmá.. 



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• ^ . _ 27 •— ' • 

me «cerei epn ipn «¡re deaeiiibarazido y tfabie y y 

era Henrifpif de Fraocia. 

Era tal el cambio qae se Labia operadp en sa 
persona desde la ultima vez que yo le babia Tisto, 
que me bubiera sido difieil reconocerle á no estar en 
el palacio de Goritz*. . 

Después de baber hablado media bora, los prín- 
eipcs me preg^untaron por las personas que les inte- 
resaban en Francia , y particularmente, por . Mr. de 
Brezé y por Mr. de Benier^ de qiíieqi la familia real 
seguia con ínteres y reconocimiento los combates po- 
líticos. Me fue sumamente lisonjero el Tcr tributar 
á los principes nn bomenaje dé esta espeeieal ca- 
rácter jnobie., al talento- sobresaliente , y á la sincera 
adbeaion de dos bomlircs , de los cuales el uno es pa- 
riente ^ y el otro ataiga mió- 

El Delfin, BiaJaigHa Delfina y MademoiseUe (1)' 
se retiraron y me qttedii solo con d jj6vcn príncipe 
y Mr. de Brissac, El primero me repitió lo que la. 
Dclfina babia .tenido ya la bondad de decirme 9- que 
aentia mudio tener que dejar ár Goritz tan pronto, y 
se .prometia que yo pcrmaceria ba^ta que. llegase €l 
momento desn vinje* • 

Desde- este instante pasaba una parte del dia con 
el , y lejos de haber .Ttsto dcfrandadajS . mis esperan- 
sas y todo lo que be observado me ha parecido muy 
Boperíor á laque debia prometerme ^^-y por lisonje- 
ro qoe pueda parecer el letrato que baga de él , es- ' 
tari muy distante de la realidad.- 
(1) UeriDana da Enrique » é kij^ide la duqiieta de Bert i. 

• * _ ' , iigitized by.CnOOQlC 



28 

■ # 



III. 



El príacipé tiene cinco p¡es y catiro pnlgadas, y 
todo inclina á creer qoe debe crecer todavía. Su caer* 
po es derecho y airoso , tiene el pecho ancho y' des« 
embarazado ,. y sb cabeza^ sjjwwre alta , esti per* 
fectamente colocada. &obre M^Hj^bros. Su rostro 
tiene una {jrasde espresion jaPRbleza y dulzura, y 
sos ojos hermosos y azules brillaii cuando se aulmaa 
con* particular resplandor. Su mirada es ,fija y pe- 
netrante ; para que .una persona le gústele debe m¡- 
Ar con seguridad , y sr bielt recibe li todo el mun* 
do con gracia y con bondad , los milUares son por 
lo común* el objeto de su benevolencia. 

Durante los ocbo días que he permanecido yo 
en Goritz he asistido todos los dia^ á sus Icccioncít, 
y he dado coYi él Iprgos paseos. 'So educación dási* 
ca, que está ya concluida, nodl^janada que desear. 
Be oido decir f recaen trnién le en Francia que se ha- 
bí» compuesto una historia para U edacaeion- del jo. 

Digitized by CjOOQIC 



Yen ptíifoipe^ en laoao sé hablan adrede omitider 
' los tiecbos. memorables paraqi||QO los Ikgasc á sa^ • 

ber. E^te rumor, cuidadosamente dlftindido, es una ' 

verdadera calomuía, y no se necesitan ucuchas bo*? . 
fas de conversación para conycncerse de ^lo^'^pnes « 
posee afondo la bistoría de JFraucía^.no;. ignora nin- 
guno Ve los grandes acaecimientos que ban seiiala* 
do nuestros últimos cuarenta anos , y juzga de ellos 
con admirable exactitud^ La est)*emada reserva con 
que babla de la última catástrofe que le ha preci«< 
pitado en nn .destierro á él y á su familia ¡ dcmues* ' 
traque ba hecho un estudio de todos, sus detalles^ ' 
y que ha profundizado las.fatal¡dades pob'ticas que 
ban podido acarrear el desenViM^del driinA de JuÍ¡o» 

t Otra de las ideas que confínala intención se ban 
queríalo esparcir es la de que este joven principé ha 
sido educado en la inpgigalcria de un Luis*et Debo* 
«lario 9 y no con la piedad ilustrada de san Luisj 
pero yo le he visto en la iglesia ^y si bien es ver~ 
dad que c<tá con el recogimiento que conviene á un* 
descendiente del santo rcy^pntiendc no obstante, que . 
%i{os grandes culpables deben prosteruár su cabeza 
ña el 'suelo e^b^mbre dq bien puede adorar á Dios 
con la cabeza elevada y la vista cu el ciclo. 
* Sabe perfectamente el alem'an, el ing)^.y el ita« 
liano ; pero lo que ma^articularméntc acredita la 
viveza de su penetración es comprender la idea del 
que le habla antes que haya c%udnido de espresar- 
la; A mi ma ba sucedido muchas' veqps cuando en- 
traba en siis ideas o tocaba nna materia que Ic «gra^ 

• . ' * . igitizedby Google 



^ . „ ov ^ 

daba . el advertir qne habia compreiidida^deade b# 
* priioeras glabra» In que le qoeria decir ^ y que ai 
.' iné dejaba concluir de espresaíi el pensamiento era 
aotamente ñor atención, . 

H^ estudiado también á fondo todo» los antore% 
que tcatan sobre el arte militar , y sn^^ estudios tán-^ 
to en esté ramo como en todos los óticos baá sida 
' completos y profundos. Sa*voz, que es llena y sonó* 
ra se o|c de miiy lejos 9 y su golpe de vista tiene 
una exactitud qoc^liaria bonor al militar mas consu- 
mado. Ha tenido ademas algunas ocasiones de baeer 
. maniobrar tropas , y sieoipré lo ba bechá de tur mo« 
do capaz de escitar d entu^iaslno de Jos soldados y 
b sorpresa de los <»p|cs* • • 

JJu estrangoro de distiueion me contaba una aneé* 
dota que confirma esto mismo. £1 ano anterior ba.-^ 
bia pasado póc Gorit^ un regimiento de caluilleríft 
búngara que iba á acantonarse. La oQ^ialidad fue se^^ 
gutt rostombreá cumplimentar, á los augustos des* 
terrados 9 y el coronel solicitó el bonor de que ins* 
pcccionase su. rrgimicüto el príncipe. Hcnrique ac-^ 
cedió "Con placer ^ y á pocas boras* estaba á caballcf 
y al trote largo dirigiéndose á una ¡radera k poc^ 
distancia de la ciudad donde el regimiento estaba 
formado^ * • 

Pasó por las filas , balib& h la mayor parte de I09 
soldados sobre las materias que podian interesarles^ 
entrando en los dé^alfSesde sii equipo y armameáto^ 
y después 4,e*baber faecho ejecutar con mucba ser** 
iildad y previaioDlas majs difíciles maniobras se puso 

♦ * \ DigitizedbyCnOt^gl^ 



~ 31 ~ 

• á la caben dd regimiento y mantfb la carga. A ésth 
^oz de mando todo el regioiiento aalsé al galope , y ^ 
6ega# me d¡jo*el oleial el príncipe .tranlportó a loa 

^iriejos búsarea con tal entusiasmo que blandian sna 
aablea y gd||ban bonra como en lin dia de batalla. 
Yo liaMP^^ál «(irínctpe ée esta anécdota, y dio 
respondió con Tivcza, «Si fue ana cosa soberna! 
pero nos dettivimos i la orilla del r\9 ^si babiese 
sido nn regimiento' £i*anc¿awlo bobiéscmoe atrayésa* ^ 
do » y lo hubiese becbo'dcl mismo modo qoe lo de* 
cia , porque |^o solamente monta á caballo con mu* 
chíáima gracia sino coo un* atrevimiento que raya 
> con la temeriJad*. 

Henriqtié de F/'SOcíabecita con mocha facttidad 
el verso, y tiene una -memoria- lanpro'dígiosa que 

* Ifegaba a' recitar aOO de seguida y sin titubear, tiene 
también mucho cdudal de voces y' mucha fecundidad 

. de ideas. Yo\he asistido sumuchag de sus lecciones, 
y después de haber hecho hablar al enviado de los 
estados de Blobois, respondid coi\ tanta, dignidad y 
tan á propósito, que su respuesta era digna de la boca 
de Carlos V. . • . •*.•.. 

Cualquicfa qnc sea la suerte que la Providencia 
le destine se puede aíiriAír qnc le hallará dispuesr* 
to. Las ocasiones podrán fal'tarle,'pcro es bien áe» , 
guro que Enrique no las malogrará. 

Las .bellas, y nobles cualidades de este príncipe 
aon el consuelo úfi la Del lina, en un destierro quo sii' * 
fre'con una calma y una resignación sublime* S^rta 
de desear que todos las que ni bao hecho enemigos 

♦ ■ . . BigitizedbyCnOOglC ■ 



■ - ' = .32. — 
ie h aagasla familia áe los jporbones padieseo tu^* ■, 

, bltar en Geritz al^j^nn tiempo y Terían el ifnper¡0 
goc ejerce la Tictod, La familia <de3terrada iio%¡eiie 
ningfun .adulador en este rincón de la tierra , y no^ • 
obstauie no poedc dar un^-poseBin q^^reciba ben<» 
diciones. Allí le detienen á uno para Waalarle nna 
moger que ba sido socorrida con tod£\^ su familia} 
inas lejos .^* indican á nno una cbo¿a*qHc[ha sida ' 

. qn(nnada y vuelta á edificar y y por todas partes se 
oyen bendiciones y votos por la felicidad de una fa«< 
milla qne ba hecbo tantos ingratos s^ que dismi-* 
naya por eso su inag*otable bondad, y admirable • 
virtud. 

Si Henrique es completo najo es m^nos sil beir<' 
m^na. Hay se difcc en la capital de las rusias una 
princesa que pasa por la mas bella de Europa, pera * 
yo' dudo que ignale en bondad , en anüibilidad y* 
tálenlo á la graciosii bermana de nuestro Hen-' 
rique. ' • ' . 

liO; que mas me ba interesado es el tierno «art^ 
ño que existe^entre los dos liermauos , pues parece 
qiie tas penas del destierro que soportan con tanto 
valor, y sin alterar su bumor y su ejiráctci» btfyaiy 
estrccbado los vinculo» q(A los unen^ En sus cora-" 
lEOfies e&iste una ntaucomunidad de goces y de pe-' 
ñas y una simpatía de esperanzas en el porvenir y 
nna necesidad de consuelos en la actuatidadr 

Los oebo dias que be estado eitGorilz^bafn frans* 
curr¡d6 cou nn^ celeridad increíble. Una parte dé la 

mañana la |>a9aba yo^on el joTen principe , y por 

• ., • • 

DigitizedbyCnOOglC * 



-33 ■-• 

la noche co el ^alon con la DelBna, toda la familia 

. real y algnnos vasallos Icalcg. El tiempo se pasaba 

* co conversación grayp , se Ii4)laba de los Lombrea 

sin vacritud^y sin amargura de los acaecimienlos pa»* 

•ados. * 



• « 



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--. 8* — 

IV. 

» 
t 

4 

Interior ¡re lá familia nal. 



jE!a la casa y manejo interior de la familia real 
l>%y sencilleaü y dignidad pero ndda de superfino por* 
que esto seria qpitano á los numerosq^ infortunios 
-queloi» principas so(^orren cn.Frtinciá. Yo me ale» 
^gro de tener ocasión para hablar de esta materia con 
el fin de desváuecer un error demasiado general, 
pi^es hay muchas personas párticulariftente en Ale- 
mania que creen que es 9|« de Blacas sobre quien 
pesan los gastos de la* familia desterrada* Basta co- 
nocer la nobleza y grandeza de alma de. la rama 
• prin^ogénita de los Borbones para convencprse Ve 

que esta nunca cdnsentiria qye pesasen sus infortu- 
nios sobre uno dé sus vasallos. Si k familia real 
tuviese necesidad de ser socorrida no lo seria sola- 
mente por M • de Blacas sino por todos aquellos 
de sos vasfillos y que les hai! guardado fidelidad/ 
Gracias al cielo no se encuentra en este caso 9 pues ' 
posee bienes que aunque^no considerables bastan para - 

• * ■ DigitizedbyGoOQle 

• «O 



ÍMegQrarla ^tma'indepeDdeivcia entera y absoluta. M« 
de Blacas me agradecerá esta aclaración j es verdad 
qae ba* hendido bienes en Francia ñera ba sido para 
comprar la ba^cnda di* Kircbberg , en que se apo* 
ya el título de príncipe austríaco que ba solicitado 
idel c*tnperador. En Gorila M. de Blacas jcsta en 
^ casa de nuestros príncipes ^ y en Kjrcbberg nuestros 
príncipes están en casa de ellos mismos mediante 

* un convenio pecuniario *quc tienen ajustado/ 

£u una época en que se encuentra mérito en 
el solo cumplimiento de los deberes se debe agradct 
ccr á Hf • de |M|ca5 el^iaber seguido á la familia 
real en su destierro sin procurar disminuir este méri- 
to f su afecto muy natural si se atiende á que la 
inmensa fortuna que tiene en Francia progede en- 
teramente de la munificencia de nuestros' príncipes. 

El dJa fijado para la partida de la familia real 
fui-por última vez á ofrecerla mis respetos y desdi- 
diéndome del príncipe me dijo con bondad que no 
admitía mi despedida ^porque esperaba \ormealdia 
BÍgui^ite. ((Yo no marcha, dijo*^ basta las diez de 
la mañana , i^enid a las nueve y todavia tendrculos 
.media hora larga para hablar juntos.» Yo fui hsacto 
» a la cita , y cu el momento de separarilbs me cutre- 
gb algunas memorias para sus amigos dé Francia. 
«En cuanto a vos, aSadió tomándome la mano quie* 
ro daros una cosa que 'baya llevado yo y que os 

• ruego uséis enr memoria mia. Esie es un alfiler que 
mi tnadre me regaló en Escocia y que yo aprceío 
BiDcbo; pep estoy persuadido que me agradecerá 



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byGoc^k 



^* 56 - ^ 
él destiao que le doy. Deseo qne esta finesa oa re* 
cueráe nuestra entrevista. (1) 

Dorante nri permanencia eti Gorifz he l^corrido 
con el prÍDcipe las ininediacioueé de* Ia'Q¡udad, qoe 
son sumamente pintorescoí;. Gorítz eslá dominado 
jpor ui^ castillo ftnliguo , edíGcado sobre la cumbre 
de ana roca cu pis muraHas cubiertas de yedra y ar^ 
quitect.ura atestiguan su antigüedad, 

Tambicfi visité muchas veces el convento de 
Franciscanos, cdificado^sobre una altura á la estrc* 



(^) En la a^tudlidad hay en Prfrís*una carta preciosa del 
príncipe que pinta de un modo- maravilloso su alitia y la eleva<^ 
cion -de sus sentimientos. La persona a quien ha sido airígiaa 
7 que 0s] ciertamente digna de este favop ha estado ¿pique 
. de ceder á las solicitudes d«sus amigos y* publicarla , pero et« 
crtjpulos ridiculos y la necia cortesanía que no permitió en sao 
Cloud advertir al rey que la bandera tricolor ondeaba sobre lai 
JTallerias por temor de distraerle de la partida de VVisk con- 
siguieron estorbarlo. Sin duda se habr.i hecho presente que esta 
carta escrita como confidencial no podia pubUoaxsc sin autori* 
sacien de su autor , y quizá también sel ha tenido presente que 
contenia espresiones demasiado lisongeras, y esta perspna euyo 
nf ér i to iguala al talento reconociendo quo eV^ demasiado per* 
«on^kha renunciado 'd este designio. 

£1 virtuosd conde de Kergorlay que ha tcpido la dicha de 
leerla me ha iiablado de ella con entusiasmo, y yo no puedo* 
menos de reproducir aunque sea de un modo imperfecto uno 
de. los numerosos pasages que han llamado su atención. Ha- 
blando el príncipe de aquejlas personas que se suceden con 
tanta rapidez cerca de so persona , dice, **• Debo creer que la 
Providencia^ te sirve de este medio para hacerme conocer á lo*- * 
liombres, pues de otro modo me teria imposible aproar h\tm 
el mérito y el afecto/ • • , * 

{Kota del auton,} » ♦ • 



DigitizedbyCnpOglC ' 



^37 -i 
midad de la^ciddad. Eu las sepulturas de la iglesia 
de este codveoto están depositados los restos de esc 
rey tan Galuniniado y que tan. mal lia juzgado la 
Francia., • • * > 

Todas las veces que he entrado en la iglesia iie 
eneonfrado sobre la losa que indica su sepultura per* 
aonas arrodilladas dcvbfamente y orando alli Como 
sobre el sepulcro de nn santo. . ^ ^ 

£^artí el nüsino (l¡a de Gorítz ^ y por la tarde me 
encontraba en Trieste con el corazón lleno de satis- 
facciones y la cabeza de recuerdos. Mi viage no La- 
bia sido inúiü.en vez de ver dbfraudadas» mis es pe 
ranzas , lo que babia observado por nif mismo las 
liabia escedido y asi es que dejé todos mis temorea 
airas y volví muy gozoso con cllfs^ 



• 

• 



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-^88 — 



V. 



iBi (Soritj á ÚmMtt. 



Llegada á Brunsee.— Interior de S. A. R. Madr^ma.— Gcnleí 

quela rodean.-^Recuerdb de Francia.-Colonia Veudcana.^» 

' Aspecto de SUría'. , . • . 



. l^artí de Trieste á las se¡s de la maSana^ y al día 
'Bignicnte á las ocho de ella llegué á $lraz , lii{varc¡ilo 
establecido sobre el camino de Gralz. enfrente de la 
travesía que conduce al camino de Bruns'ce. Mientras 
me preparaba el carruaje que debía conducirme trabé 
conversación con el dueño de la posada, lepcditenas 
sobre los alrededores y sobre el tiempo que se nccesi- 
taba para llegar al palacio. Est^bucn bombrc me ha- 
bló de Madama eon el entusiasmo de wn Trance^ del ano 
f820. (( Todo el país es dichoso , me dcc¡9, desde 
que esta princesa se lia establecido en el ;] no hay 
un pobre en diez leguas^ h 1a redonda ; elU dá traba* ^ 
Jo á todos los artesanos y alivia todos los iñfortu- 
tt¡os.-V(^s ese palacio?, me anadió, seualáadpmc con 



Digitized t^ VjOOQ IC 



• ^ ♦.39 — 

«1 dedo nn Tasto eilificio, edificado sobre U pendien- 
te de nna colina qae domina el *curso del río , pnea 
bien, clIS dicen que va á comprarlo, Dios mió! 
qnisicramos que todo el paÍ3%fcR>se siiyói^ porque es 
tau bticna ! y son tan Cclices sus coloiibs! Yo] no me 
quejaba de la locuacidad del sencillo orador^ y iniando 
él iba á continuar vino el poslitlon á decirme que 
* todo notaba p^ñto para partir. Confieso que be- 
biera dejado c#n scñiimicnto' lAia convcrsácíoa que 
tenia tanto atractivcr para mí sino hubiera p^i^do 
que iba a ofrecer mis respetos dentro de muy po- 
cos instantes ája misma persona que era- el objeto 
de su alabanza. Partimos at gran trote y dos bo* 
ras después entramos en 4Ú patio del palacio tde 

Broosec. * ' 

• • • 

En un principio esperaba«encootrar al leal y ea» 
timable marqnes de Cbarel, p(ro epmo ttubicse %.n» 
centrado en Trieste Sk M. de Monty esoudcro de 
Madama y me hubioee diclio que el ma1^ques estaba 
cn^Fr^ncia me bace anunciar á la daiúa el bonoj* de . 
S. A. «. . • * 

* La condesa de Quesnay me fccíbió icon la afabi- 
lidad que la distingue , y después de algunos mo* 
mentes de conversación me dejó para ir á tomai^ li|p « 
«érdcnes de S. j^l. P^aoo^ ¡nstantcsjdes'pues yisí^ íáé* 
•cirme que Madama ^csitaba en su tocadof y no podia 
rec¡|)¡rme pé|;o qne^ne convidaba á comer*^, y q'be 
deseando liabhrme. lo mas^pronto .posible me espera- 
Im.en su gabinete me()ía boria antes. 

En el camino ma habían ««(«cñado la 'ui<ica po«,a- 
• • • . • • • 

■ . '* • ^ .^.igitizedby Google • 



.. _- 40 ~ - • 

4a que había á la iamediaclon del palacio 9 pero esta 
inmediación era iHia distancia muy grande «pues es- 
t4 cerca de, media legua. El alojarme tiUi hubiera, 
aido perder la mitad de mi tiempo en idas y ^^cnidas 
y por» consigfuicute tomé el partido de alojarme^ 
■*niuy cerca , ya fuese en casa del jardinero ó 4e ai- 
. guno da los arrendadores , c iba á participar esta re- 
solución á madama doQucsnay cuando me amincio' 
qn^ «Ikladama babiá dado sus br^lcnes para que me 
prepa/asen una bábilacion en palacio.* 
• 



• 



A la hora indicada por Madama pasé á verla, 
ine recibía con su bondad ordinaria ^ y me asegnra 
la. ¿atisfa'ccion que tenia en ver á mi francés tan 
adicto- á la causa de su «hijo. Jüiia de las primeras 
pre{];untas fue relativa á c^te principe , pues Mada- 
ma quiso saber lo. que «me hábia parecido Enrique 
de Borbon, y su or(>;u¿lo inalerikal pareció tiermimcn* 
te lisonjeado con mi cnt&siasmo por el hermano^ y 
pof la hermana. * 

4^ pesar de sus sentimientos y de los dolorosos 
desengaños que ha tenido Madama conserva toda la 
firmcTÜi de ^u alma ,.foda sil cpnfiaiHfca. y toda si/** 
enyrgia. Antes de comer fui presentado al conde do 
Luchasi , cuyo aire d<yscmbaraz2ffo y nifhlcs modUcs 
toe rctlujeron desdó Inogo. Después me he enconlra- 
. ¿o Inuchas veces con él y en* vez d*e variar de idea 
be tenido motivo para confirmar mi opinión por laa 

•' _ • Digit^edby Google 



. , ^ u ^ " • ; 

líelhs. y relevantes cqalidades que le adornan. El 

conde dc'Lucbasi une á un grande talento una ins«, 

truccion ptofundjij y sobre todo un tino original. 

Ló que me gusta de *el es que se muestra mi^y 

fi^anccs. IV<4 hay un¿uom1>rc glorioso que no«onoze«, 
una fauíÜia ilustre cu j^ nombre uo sepa, ni un cáráe. 

ter noble al que no le tribute bomenage. Cono'ce so- 
bre todo cuanto concierne á* la heroica Vendez, y 
8U rostro tan noble y vt^onil se' anima de un modo 
particniar cuando habla de las proezas de ios - 
liaroche-Iáequclasre, de los Cadondal y áe los Les- 
-ctire, de los Bohchamp^ de los ^at&oliocán y' 
de todos los Talicntes paisanos que adivinaron é im- . 
provisaron la Yictovla. 

El palacio de Brnhscc es como todos los pals^ios 
4c In SCiyh un grande edificio cuadrado sin ningún 
adorno de arquitectura eon un patio interior.. Jül 
p«irque que Madama' ha beebo dibujar será muy be« 
lio eon el tiempo , y su diaria ocupa(i'>a es el-ficsa. 
ynntr á las nueve, en una bermosk cerca, guarnecí- 
^ da de flores , y aiü recibe á las personas que la qu¡é« 
ren lyibiar. A la una se sirye !a co^uida que es sh« 
mámente alegre. Mad^^ma hace Ips honores|de la me* 
'fia con una afabilidad que* inspira confianza^ á los 
que* sé digna convidar. Dc^'pues de la coniídt ^ 
determinan paseos á p¡e,*¿ caballo .ó^en (Ojle],{y[á 
la vuelta se relira Madama a su cuarto. A las siete * 
fie reúne una pequeña sociedad , en donde pa^an la^ . 
liUras con celeridad*! y ere i ble, porque c^ respe t> que 
está seuora inspira minea destie»dr*la alegría. ]Vaii« 



igitized by 



Góogk 



iince los Konores de la sala con mas amabUIdad que 
ella , y por tod^ partes en Bransee síe olvida á la 
* princesa para no considerarla sino coiÉo una. noble 
y gradosa alcaidesal a , 

^ S. 4^) R¿ reiine en el mus alto grado todas las 
cualidades que pueden constituir á una princesa 
grande y valerosa del misma modo que las que dis» 
tlbgttcn á una 'louger é4 talento y de gnisLo. 

. La servidumbre de Madama se compone en la 

actnalidad del marques de Chazel ^ de la condesando 

Quesnay , que es una seniora buena , Hrmablc y gra« 

*c¡osa, cuya'adbesion y ficUiidad á Madama no reco' 

, noce lím¡l|!s ^^y el noble y Valiente cunde de Monly 

de Reze que lia sido bonrado con dos sentencias do 

pcn^ capital. * * 

Brunseé es un bcrmoso y grande señorío que 

cuenta con 50000 vasallos. La presencia de Mada« 

ina.ba difundido allí del mismo modo, que en otro 

fiempo en RodMi la ábiindancia y la felicidad con 

nna prudente eco'ilomía, aunque .con nna fortina * 

, mediana; ella consuela los desgraciados^ liace cuidar á 

los enfermos, y educar á los *inos de los pobres. 

A n)i -cuarto de le[]^ua dé la morada de la ;inadro 

de. Enrique de Francia., 1*y un pequeiio pueblo ca . 

dvndésc han eslaMccidt> mucbas familias de piy>s-* 

criptos. La felicidad de ver á Madama de tal modo, 

'alivia su destierro qile no se encuentra uno que be* 

.che nn*f»crs la Francia. Sh patria, está aliado de 

aquella «que ha, liecbo frcnic-.á l|a* balas y para recp- 

.brar la corona dé^aii hije^- ' ^ 



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Termidaré este capitnio con ana anécdota qof 
dará ana ¡dea perfecta del carácter de Madama á los * 
qne no le conoqpn, y que lo recordara i los qn^.Ie 
conocen ya* Hace ^tres «Sos, era á mediados de Ce* ' 
brero, el iavi^rno .Labia sido mayrigaroso y lar- 
go, inachs^ miserias babian* sido socorridas ^n 
. Francia por tina mano desconocida, y mas de una 
tercera parte de las rentas de Madama, babian sido 
^gastadas con este objeto. S» (||¿« R. dab^ un con- 
irite en su palacio de Gra|[E, y acababa de entrar en 
el salón elegantemente Tcatida^ cnandb el admjnis» 
trador de sus bienes, aprovechando el momento en 
que la princesa testaba s^a , todavía se acercó á ella 
y le dijo ,*qais bacia pocos días qae babia liquidado 
sus ciAntas^ y qoe tenia el sentimiento de «tccirle,^ 
que hat)ia gastado en dádivas cerca de la mitad de 
sus rentas , que por consiguiente , sino se <|^cid¡a á 
moderar su generosidad , peligraba que contrajese 
deudas.^. A. R. entonces resOo^^io con su cono- 
cida viveza. ¿Y podéis suponer *que yo distrutc un 
instante de placer , si an^ps de entraren mi salón ue« 
gase el pan á uno de aquellos que lo liau*sacri6cado 
todo por nosotros? Si yo hi(wcsé una cosa seme- 
jante, estas jo|ras que llevo, qiiemarian mi* cUtis: 
Id segmd dando todo *Io que ae os mande , y cuan* ' 
do no quede nada eb vuestra caja se venderán mis 
diamantes. . . 

Dfspues de oinco dias pasados en Brnnsee, que ^ 
me ^ parecieron . muy cortos, porque nada .pqede 
igualar á la bondad con que fui ;tralando por Mada«> . 

, . *. ^ ' * DigtizedbyCnOOglC 



nía , y la franca y h cordial amistad que me manl* 
fesUroQ todas las personas de su casa ; roe despedí 
d^ S; A. R. , la cual dáodome una fUa para Vieoa 
me- entr4*g^ó un IiermQso retrato en miniatura de un 
Lijo, y me dijo, que creia que aquella era la' fine- 
za que me podía ser nías garata. 

La provincia en medio de la cual está situado el 
palacio de Brunscc, una de las mas ricas y pinto- 
rescas dcl^iüiperio au^riaco. Toda la Sliria se pa- 
rece á los cantones -de la ^iza, los mas fértiles y 
mejor cultivados. £1 pueblo stírio, se ha adquirido 
mucha reptitacian de bondad entre los alemanea^ 
'que son generalmente bucnu^ los crímenes son tan 
raros 9 que'ha.ce mas de cien años que no lia liabidc» 
nna ejecución capital en la provincia , y es #al la 
probidad de este escelenfe pueblo , que lUadama me 
decía, (c^i no fuere por la intemperie del ínvieroo, 
8C {iodrian dejar las puertas y. las venlanas abiertas 
en Brunsee. Cui^o' yo dejo esta . habitación para 
ir a ps^ar en Gratz la estacioil rigurosa , estoy se- 
gurade encontrarlo á mi vyelta todo eii el ihisma 
estado. 

Los pueblos de Ia«St¡ria tienen nna . apariencia 
de úseo* y abundancia , qne causa piaq^ r á los viaje- 
ros. La ^población e» belfa, {os hombres son altos 
y b¡cu formados , llevan un . trage que les sienta 
muy bicu, el cual consiste, en nna chaqueta aznly 
guarnecida cou una infinidad de b^oncs; en «la ca- 
beza una. gorra de terciopelo b piel de una heclinra 
• sriginal , calzón* de gamuza negra , y unas botas 



•igitized tjy 



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- «naves. En uno de los bolsillos del lado se de^a yer 

mango de un cueliíllo mas ó menos i*ic% y el del 
•tenedor que el stlrio lleva siempre coiisfgo. Mas 

para qué me dcteiig^o en unos detalles que son ge- 
« neralmentc tan conocidos? Sobre todo cuando yo 

no me be propuesto hablar de la Alemania sino solo 

del deslkrro. 



.. . •' * igitizedby Google 



# 



_ 4»_ 



VI. 



• 



£1 príncipe de Metternich.— La .Aristocvaet£.— Costufl^es'gp-' 
iieraie8.*»Saloaes de la CapitaU ^ 



Al día sijalente de mi partida de Britnsce He-^ 
gué á Viena. A uim Icgtia de la ciudad se eaciien» 
traun pequeño monumento góxico de un cstüo He* 
RO de oriífinaUdad , y yo yie liabia detenido á esa» 
minarlo y cuando un buca alemán* que pasaba en su* 
eabriolc tuvo la' atención de detenerse para darme 
aI{][unos detalles 9obre su origen. • 

Esta hermosa torre, me dijo ^ se llama la Filena 
Ve la hilandera , y en el tiempo en que los jóvenes 
de vuestro pis asi como los del nuestro , pasaban 
sn vida en ir *á bebeír aguas calientes, ó de hacer un 
viaje sentimental á la Snha , . uno de nuestros ga- 
#. 

• 3 • • Digitizedby Google 



bules abandoDÓ *sa novia para ir á nna tejaoa f ape- 
dicion. La joveu yema todos los días i esta peque^r 
fia eminencia 9 desde la que se,pacdc*cstfnder mu» 
chola vista confia esperanza de ver volver á sa . 
querido. Al «cabo de un ano de* faaber esperado in« 
.útilmente 9 Uogó 4 ^s oidob la noticia de un comba* 
te Hangrionto en el qug babia perecido, y esta des- 
gracia Ifabicndolá becbo perder la razón , venia to- • 
dos los días con su rueca y sit uso á scntai^^ sobre ., 
una gran piedra que Sabia en el mismo paraje don* 
de está ^1* monumento. Permanecia mucbas boras 
bilaiido, y no «bandonabi su^sitio sino muy tarde^ * 
basta que un cjia de, invicrn^^ muy frió cuando llegó 
el fiel criado que la solta arrancar de ese sitio , cu» 
centró a la pobre doncella que liabia ya cesada de 
8ufr¡i*y cspgipr. * . , 

Los pariiutes de la novia bicieroa entoneea ele- 
vár el mou||nieuto para* eternizar la memoria die uo 
amor tan constante. 

Era preciso dejarla novela pra se{]^uir la bisto- ^ 
ría 9 y me dirigí al (wíncip# de JIliUernicb que me 
recilüó con'mny fiíic^ áteitcion*, y .me habló con in- « 
. teres de mucbas personas de mi familia particular* 
mente. -El príncipe tiene loa modules desembaraza* 
dos. y el buen tono qpo distingue *í los grandes se* 
noj'cs, y ademas esa delicada atcucion x[uc caracleri- 
zá á los funcfpnarios del imperio de Austria. 
• Lo que mas me admira en M. de Mcttcrnich *e9 
el que á pesar de* las graves ocupaciones que le ab« 
aOrven las boras del día , por la noche en el aaloa 
« 
• • • •' 

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— 48 — 
liacg desaparecer el hombre de estado y oo se pre» 
.Bcnta'siuocomo un hombre amabilísimo coya eon* 
Yersacion ¡atcresaate y llena de ingenio interesa en 
alto grano. * ^ 

La prinees%de1Míetern¡ch , mugcr^hcfiflosa y de 
talento hace con su madre bs. honores del recibo. 
La acogida que la debí me Tnc tanto mas lisongcra 
cnanto qne oo la hace sino i aquellos cá yos senti* 
mientos ha sabido apreciar* 

• . . . 

Ca aristocracia awtríaf a. 

La aristocracia an«triaca es abora lo que era j 
• seria aun la nobleza francesa sino hubiese sido des- 
pojada j degollada y calumniada, y ^bre tod% ú sus 
títulos no hubiesen sido usurpados ppc hombres que 
se han hecho nobles para envilecer la *^cbleza y por- 
que no han sabido reemplazar á los sentimientos que 
animaban a esta da^^^ sino. con. la altivez de la va* 
nidad unida á la-bajczatfc la oonducta y las sinuosi- 
dades del amor al Jojo ¡ocultar bajo el hipócrita cr» 
plendor de un escudo de armas robado. (1) ' 

La nobleza alemana es adicta á sn aoberamiy con*- 
serva las costumbres de su^ antecesores ^ y sobre 
todo h sencillez y la bondad que han desaparecido - 
de • nosotros enteramente» 

Viena es sin contradícion una.de las mas agrá- 

(1) No fúc iton el j>iotor. 



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• 



' dables ciudades dev Europa «^ paes lio bay oingoiia 

-* qae encierre tautos y tau bellos paseos*^' pero tam- 
bien-se debe reconocer* que no bay pueblo qne los 
frecuente mas porque á cualquiera boca qucab va* 
ya áfilos se encuentra gente. Poria.tarde sobre t0«- 
' do con especialidad los dias de fiesta toda la pobla* . 
cien so esparce gor lo^ alrededores. ^ . . 

'Alrededor de la ciudad bay .nuiñerósos figones 
que 'sirTcn de ponto de reunión , y .qué no tienen 
comparación ninguna con Jlos cliivibitilqs de los ar« 

. rabales de Paris/En Viena son inmensos y* mag- 
níficos salones , cubiertos' de doraduras v escTolturas 
y guarnecidos de un número infinito. de mesas, en 
donde conciírren á sentarse todas las clases de.la so- 
ciedad para t^mer alegremente y oir'*una escclente 

' miiüica. Cualquiera puede conducir sin reparo su 
niuger ó su Jiija á tocios, los sitios público^ seguro • 
de qiie .en medio de esta mucLedu.mbre cuyas olé^-\ ^ 

* das se crUzan en todas direccioues no* se oirá una 
*' * sola, palabra* capaz de alarmar el pudor. Se -puede 
décir-de los vienen^es lo que yo^ respoijfdt en una 
ocasión en que* me. preguntaron mi parecer acerca 
de este pueblo. (^Lo que yo pienso , dije , ó mas 
bien lo que me admira es, 4]ue aqoi todo el mondé 
¿8 gente de buena socif*dád.?> ' ' * 

> He visitado les* jardines reales al otro dia de tCr 
cdiicorridos -por mas de' 12,000 pcrsoiitfs y no se ' 
conocía que bobiese entrado nadie , porque ni una 
Itoia se. bábia arrancado .de los árboles, ni se babia 
cogido nna flor , ni se había movido una maceta dé . 

. * • . • • ,¡g¡tized.byG00gle 



• -1 50 — 
in lograr. E» imposible' farmarae inuí idea de laaled 
cióa y cortesanía de este poeblo. AI v*cr anas eos* ^ 
tambres tan* [iiiras y sencilhs no puede nno : menos , 
de reírse de fas decfamacíoncs centra el despotismo 
y el cmbrnlccimicnto en que tiene el emperAlor á 
BUS vasallos* (1) . • 

Yo quería. íiaccit uti paralelo del Austria y de la 
Francia 5* pero* hubiera tenido quc^s-iifrir niuclio cp« 
mo.francé:» porque hubiera necesitado de presentar 
á mi país con los. habitantes de la capital entrega- 
dos á .todos los crímenes ^ obligados á salírde su ca* . 
aa siempre armados para no ser robados, o asesina- 
dos en el jleno.dcl día ^ y 400,000 hombres de tro- 
pa ociipados en defender a los individuos y no ti la 
patria |, y me hubiera visto precisado á dcv^ir ^ que si 
e|i la bandera que tremola en las nuc\as Tullerias se 
ve escrito^ orden y. libertad «el miedo ^y el. egoism<| 
irfiduidos en consejo de ministros estipulan ppr niies« 
. tros^iuteresea interiores y csjeriorcs. Asi y. pues\ yo ♦ 
deseo á los paires constitucioaales cl dcspotism9*dcr / 
cinperidor* de Austria que consuela (odas las p^snás, 
difunde ios beni;Gcios entre los pobíos y se hace' rea- 
petar de los ricos ; despotisnyo que permite al sobe- 
rano recorrer el imperio, sin guardias , y despotismo 



(i/ £1 .despot ¡sino para .el autor es el colmo cíe la felicidad 
humana ; y la sangie derramada en el campo del honor no falf 
á si}8 ojos lo que un antiguo y carcomido pergamiifo. Si •crco'i 
también due estos diplomas han bajado del ciclo y qiie no itco-^ 
nocen el mismo origen que los que se conceden «a' él día?* 



Djgitized by CnOOg IC , 



•Cogido por la fft$jálná^ del^misho modp que es ejecw 

cido J>«r la bondad.^ . . * * . • ' 

Estos rld/ciilos usos ingleses á los coales b^ so^ 

, mete ciqgami^nte la Franc¡)i do han triunfado toda* 
iría en pl Auatcía; asi^tsl Raout, <*ste be^o ideal de las 
Teladas b tertulias modcrnasNes poco ápreeiado en ' 
Germania; Las reuniones «de Viena son, poco nume-^ 
rosas y permiten ^or consí^iente una conversación ^ 
general y animada. Un estrangero ancle ser recibido 
con frialdad á su entrada', pero esta frialdad se con* 
'•vierte bien pronto en la mas amable benevolencia ^ y • 

• esta clase dé soci(^dadea son sumamente agradables 
porque las mugeres reúnen iina^instrucHiiOu profun*. 
da },inucba gracia y sencillez* * * 

5. ^. K. Ülabama ¿n flieit?. 



Hicia iS días que yo babía llegado cuando* me 
tonnciaron el arribo de^fülama, y me apresdr^i 

presentarme a ella. S, A. R« fue recibida del niodo 

mas liaongero j tratada |;on la mas alta distinción y. 

alojada con ,toda su comitiva en el palacio iVnperial^ 

donde octrpaba- nna. mágnlGca habitación. .* . \ 

Los príncipes .y princesas Je. la casa de Austria, 

asi cpnio, lodos los «grandes dignatarios, fueron i vi* 

sitar á la valerosa madre 4e mie&tro Enrique* Un 

cnebe tirado de seis e^balloír que éstal^ puesta á su 

'disposición (te orden del Ei^perador la c\induGÍera to* 

dos los diasal paUcio de.Scboenbrunn, en donde. 



.g'itizedby.GóOgle 



_S2 — 
comift con la -familia ¡mperiad. Las gaardlas por dt^ 
lante Je las cuales pasaba la lifician los tnisÉ6s ho* 
Dores que á una princesa. de la familia' austríaca. 
Por la tarde volvia á Viena y asistían á su rcuuiou 
todos los franceses leales. • • . . • ^ 

Con*uiotivó <}e ,csíe ;v!aje á Viena- me. acuerdó 
qne la prensa* ilinástica pfibÜcjb que la corte de la 
•mansión que liabia hecho' alli esta, princesa *cra por 
la frialdad con que había sido recibido. Con presenciar 
dé estos hechos sé podra juzgar >de 1^ veracidad de 
la prensa indicuda. • • • 

La ¡irincesa había determinado desde la prima^ 
Tera Ir á* pasar alguo tiempo en Kirsberg cuando 
sus hijos y toda- la (ainiiia -imperial Ja babia coovi. 
dado con instancia á pasar por Viena y detenerse enc- 
esta ciudad algún tiempo. Después fue atacado el 
emperador dd sáráiiipiou, y habiéndole sabido cre- 
yó' deber diferir au \iaje , pero cnandb el empera* 
dor ^estuvo entcramente*convalecido lá escribió S* M. 
la emperatriz qiie no hAia ya riesgo ninguno y que 
se la esperaba coq impacienciav * 

S. A, R. qiie deseaba encontrarse cb Kirsbeifg 
.el dia del cumpleaños de su hijo, no pudo prolongar 
8u permanencia en Viena; pero lo que yo pnedoafirmap 
porque lo he visto es^ que lejos de ser fria la aco- 
gida que se le hizo fué muy dí*gna-de ella , y lowmas 
lisongerli posible para todos sus adictos. 

Yo dejé ¿Viena con un visrdadero sentimiento^. 
y después de haber becLo la corte á todo lo.qae' 
quedaba de los Bórbones de Francia era muy oata*. 

' . . ■* .* " Digitizedby Google 



. . ^ . . «= 53 ^ . • 
tal qVie faése á ofrecer mis" respetos Íl tos de Espa* 
na qae liabitabaii ed Assfrta. Asi , -pues. , partí para 

. .Saltzborgfo eon el coode de X. *P. qae iba á visitar 
kd orillas del Rhtn. / *« ' 

Ea el numergr de las macáVilIas de toda especie 

, qu9 se encuentran en Vieua ^sus inn)ediác¡oues no 

:*{l^'ede meooá de citarse el palacio giMico de La^eni. 
burgo. E'ste^ palacio eolocado sobre un' lago que se 
eucdbny^a en'nficdio del magnífico pai^quede Laxeoi.- 
burgo' ha sido edificado de orden del emperador 
Francisco, y bajo su particular inspección. Para sa 
construcción se han rennido las curiosas ruinas de to. 
do» 1 09 palacios' góticas que ban cubierto la •Alemania" 
Los vidrios, los muebleá^ las arniaduras) todo tiene 
fta origen antigup j preaenta jrecuerdos dé. gloria* 






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/ 



^i»^ 



vil 






lia familia ,ireat de E^aña .-^Confianza hecha 'por , Arji. U 
princesa de Beira acerca de sti deseo de Tol?er ¿España.— 
JMticoraportamiento con Ate molido. ' * ' 



• M. o llcgné i Saitzbargo yeinto días antes de la rca« 
ñíoáde ZpcplUz^'á la caál lian atribuido inocbo4 . 
periódíeps la resolución tomada por^ la priuccsa de 
Beir^ de Tol ver á España. * ^ 

•Los periódicos nialmforraádos^ sin duda ba'n su- 

puesto que es^* pr¡n(;iésa atravesó la Francia con el 

«onsentimljento 4<il gobierno francés , de /suerte qnct 

Biendo a3i yo serla el.ageote ó el juguete de los Lom- 

bres del poder. (iX , ' 



(1) Todos convinieron en crta ¿poca en que el pasaporte fue 
«spedído en y¡ena*por Ta embajada de Francia, f él dicho* de| 
autor no- es «aficieute para demostrar la falsedad de una aier« 
'<'¡o/i generalmente recibida. • 



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~ 85 — . .. . . • 
Gmlqoiefá de hs dos* suposiciones es. détnssia* 

.dó huinillante para <{ae yo. nó tomb ínteres en rcfa« 
tar||i. No : los bombrcs que hah toeadó la 'mano de 
Dealas uí los ami^O:^ de £stos lioinbrcs no se lig^a* 
rán con Ias«g;cntc9 de lionom^ara sc[|;Hndar tfna^ein* . 
presa- tan arrojuU coinodi^ (jiie tentó esta princesa. 
£1 suponerlo' es un absurdo. ./ • ; 

Pocos In^ntfsdcdpuSs' de nn Ue^ada tn^. pre- 
senté en palacio para bacerme anunciar y pre{;untar 
]a bora > ¡& la eiial qnerri/i reclbii^ic S. A. Aie *pn* 
trodiijeron en uii salpn que sirve de aiitecimára , y 
' encontré. una bonita y amable seño^ka qi»e I19 biaba . 
maraviUosaincnte bien el frapcéa; y era la scfiorita 
Pilar de Arce, dama de* honor de JS^. A. R.. ; está 

^e dijo, que sin duda' ninguna ipe' recibif ¡a klans-*. 
tante, y desapareció sin darme tiempo de atiabar de 

* pedirla perdpn por nii.trajc de camino^ Casi en el* 
mismo instabtc v/>lvió.para*ifitraducirinc ; S. A. R. * 
nle recibió con la mayor iKMiUkd y me dijo, que e's^ 
taba advertida de tni vigila por el Conde de la Al- 
eddia, embajador ^or Carlbs V. y cerca de la Corte 

^de Viena. \ * . * .; * 

Al verJ^ 9 quedé admirado del sire Sif¡iio y tna» 
¿estuoso de la princesa. Ale ,pareeió de la edad de 
tfeinCa y euatroá treinta y croco anos/su estatura 
algo masque lAcdiaua, es airosa^ tienje toda 1a soltara 
f . b gract% que' so)o\en EspiSa se c.ncueoti||in^ su 
rostf^tie&e la reguhridad mas perfecta 9 ^noa* gran- 

. de esjiresion.de nobleza y dulmira; liermosísiino cil. ' 
'i¡0^ los dientes «dmirablementé Mancos , la boca 

* . ' • _ •• . ■ igitizedbyCíiOOglC. - 



, ^ ._ 56 — 
péqiMnii, los. cabellos de *ébaáp, ojos \ negaros y 
(rraodes y la manp peqaena y bien hecha /y el pie de 
' una andaluza. S. A. *R. es hija de Juan XIV, her- 
mana de don Miguel 9 y. hermana política y sobrina 
de Garlos V. . *^¿ * •^ 

En Saltburgo en dondb estaban los príiicipes 
españoles .coii una corta servidumbre leal ,, hacta la * 
prinecsa una vida sumamente retinad»^ se habia de* 
dicado á lii educación d'Q sus sobrinos , que cHa mis- 
roa dirigía con el mayor cuidado; la ínayor parle 
del'dia la dedicaba á prcscftciarlas heccioncs que les 
hacía «dar'jiara completar su educación , y por, la no« 
che -asistia al 'salón en •donde rccibia gente» de la 
ciudad, ó saliá á pasear á ca*ballo 6- en coche. 
' ' Xá conversación recayó al instante sobre la Es^ 
. paña*, y todas las veces que mi adhesión al realismo 
me hacia envidiar la suerte de los soldados .'de Car- * 
los V'véia animarse* su hermoso rostro, y sus'gran- 
dcs ojps negros , bi^illar Vón un esplendor varofi J. 
Cuando me despedí de la princesa, tuvo la 
bondad de rogarme que volviese a la noche, y $1 
.misino tiempo. me preguntó', si tjucrla encargarme.» 
de «procifrar á una de sus damas de honor , los- me- 
dios de atravesar la Francia para reslituirse á Espa- 
ña. Yo me puse enteramente á sus órdenes ^ y -la 
dije que la cosa era fácil , que podia ' envisirla á 
BlarseHa', en donde descansaria algunos •diasWnii 
casa , y qác desde allí yo hi haria ácompaíiaf por 
vina persona d& confisfnza hasta- la froi^era Espafio- 
ia. Me djó muchas gracias y me dijo, que me ha* 



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. -87.--. ■ 

ría eierlbir para Advertirme* de ia éfotu üirqae d«« 
Sia ^rlir la^e&orá'de quien se trataba.' ^ 

Hacía «pocas horas- qoe habia jp Tuelto .á Ja po« 
eada« cuando un criado me trajo, up billete de la 
aeaorita doña Pilar de Arce en qáe me-Z^eh^ que 
•paaase'á sa cásalo ma& pronto posiblb, pero qujB 
fuese solo porque teoia que comunicarine cierta 
cosa qfie no debia sabei:;la uadie^ Yo me ptesfnté^al 
momento y y babiéadome conducido «1 apásenta 4^ 
la jovjen dama de honor ^ me.. dijo esta^^q^o 
era S. A. R. la que t|tteria hablarme. Le (ffrcci 
fucñ mt brazo, y baja'mos á.la babitacio^ de. la 
princesa ; la cual cu el . momento* en que quedamos 
tfolos? ine dije, a Una persona en la que*yo. |i<s 
puesto toda mi confian^sa^ pie ha asegurado qpe po» * 
*d¡a fiarme de vos 9 .y con lar con vuestra serenidad* 

t^y resoincion. La mujer pues*de quien os hé hablado^ 
y que desea* llegar V España, lo mas pVonto posible^ 

* soy yo*9 que quiero ^reuñirme cOn el Aey y condu- 
cirle al príncipe de Asturias.^ En un principio espc* 
taba qiíe hubí^rei^H'uelto á Frfncia par& daros pav 
te de mi^ntcHcion y peror he reconocido que es* mu*?- 

. ' cbo mas prudente 9 $í consentís en; tomar este cui- 
dado 4 vuestro ^argo^ el concertarlo iodo aqpi.an* < 
les de vuestra mar^a. llecoiiozcó la* reflexión que 
pide fan negocio de esta ^importancia; fSor' consU 
gniente venidme á ver m&ñana*á las pueve^ y mt 
^ets lo que.habreis^ decidido. ^. 

Solo tii^ hombre de mis. sentimientos y reSlisiiio 
podrá compre Mer lo que p<só poK mí al hacerme 



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byCóogle 



propesij^loít* Un inesperada y 9«pckiUnft*' 
. Vq^vf pttes á la posada enterametitip (^réocupadb 
de la'gloriosa (iiUion que ae me .acababa^ de coufiar 
y babiebdo decidido el pactídt que debía tomar .al 
*d¡a sig^uietité i las nueve, nda presente en palacio; 
, En el insolante que la princesa me víó. Vino i. 
mí para prej^untarme lo que babia iresnclio. Yo 

«^ ^ise una rodilla cii^tíerrá , ;y. besándola la- mano , Ja 
dllgVacias por él bonor que «se dignaba dispensarme) 

, y la jure que con* el fayor dM cíelo yo la cof|d(M?¡ria 
i ella y á sií spbrino al medio de Jos valientes sol- 

* dadoís de Carlos;' a^Si, fne respondió dfa; llegare» 
roos, TOS nie inspiráis .nna entera eon6anza ,' y es* 
tof £C¿ura de qiic la Vírg^cn ha, oido' mis orac^nés 
en '.el licclio de enviaros aqui. Después anadU» que 
''era Reina de España, qne ^e babia^ icaSado 'con ef 
Bey .por poderes bacía' mucbos láéses, y que dcbU* 

. %^tár cérea de ¿1 y participar df> sus r¡csg^ós,«y que 
el príncipe ¿e Asfurias ademad tenia Teinte aíios, « 
y qnc debía ir á combatir juntamente eon los fieles 
* 'soldados de sil padre , para cpnqtKstar la cor*0|ia que 
debítt llevar alguj^ dia. - \ 

Eptonces qúiise manifestarla los* diferentes *^e* \ 

* dios que juzg^ába debiaii emplearse para asegurar 

. el éiito del viaje; pero e^la me^-espendió qup babia 
'puesto sil confianza en 19Í9 y que me^cjaba d.nena* 
absolotp déla elección de lo^. que creyese cónyc- 
Dientes; que se s(|l8ctfriá«i todo género de fat¡g|^f 
que iria á pie* y á caballo*^ y que en el caso de qu« 
' '*cl riesgo Hegasc i exigirla» aabria. también baccr 

■ • • • 

• _ MgitizedbyVnQPglC 



^Í¡M dé la pUlqla» Bfo díó sn palabra rgál de qne üa* 
dteteodria coñoclnüento d^lo que . acabábamos de 
.resoker/ y medRjo deapoesw a Ahora qué ^a está /• 
t#4o deterv^inado es iuúlil escribiros^ y .'las ctfrUs* 
' podiau caer en inalas maoos. Vohed <l Francia , id 
á prepararlo, todo para naesira arriesgada empresa ^ * 
y TolYcd cuando. creáis que la ocasión es fav^irable, 
pnes. yo no tengo necesidad ,6Íno« de po^as boras^; 
para disppner mí partida. » •» 

Benové pnes á^ princesa fa segartdad de' mi 
afecta y decisión , me despedí de ella , y á las once 
ja éftába aobi^e el camino dp Municb f epgrei4p y . 
dichoso con la alta misión que se me acababa de 
confiar. Yo deseaba ofrecer mi homenaje á los Bor« • 
bones de España , y gracias a la proposición de Jla* 
princesa de. Beim iba á presentarles un servicio se- . 
Salado» - • ' •' 



igitizecí by CnOOg IC 



N 



^ 60 ^ • 



vm. 



JXTxUíri. 



tía ofiejal general ruso.«--PKparatiroi de la eoroiiacíoii del 
emperador eo Milán. , 



ün Munich , dejé al conde de S. P, para' diri- 
girme á Afilan, yiíacía do% días que viajaB^ triste- 
mente 9 y solo cuando en el relcVo *de una posta 
encontré ^1 oficial general Znicbtel, ayudante -de- 
ckmpo de S. M. I. rusa.* Yo le kabia conocido yá 
en ' Viena , y ai en todas partes linbiera sido este un 
encuentro ag;radable para mí, con mueha mas ra- 
zón, e|||un momento en que tenia necesidad de dis* 
iracrme de mis. graves preoeupacioHes. Me própu- 
io pues . eoptinoar el camino conAiigo , y- yo .lo 
acepté con afau. El geqeral Zuicbtel es nn hombre 
de muchísimo talento y. y .sii . ériginalidad y alegría 
aae- hacían. precios» aa sociedad. Mi -querido gMie* - 

' ' ^ . ..gitizLby Google 



r«l^ le d¡J6%mcha9^ teces/ os amo con todo ini' co- 
razón ^ porqoe sois tan francés como- yo: vos sen. 
tís y pensáis enteramente a la francesa: El me ges-* 
pondta apretándome (a maño y riendo. «Consiento 
.con mucho gusto en ser vuestro compatriota^ por- 
que estoy seguro qiic nadie me tendrá pOiTuo fctin« 
cés dé ^Ko; » 

0edpoes de e^t^í ai»adfa« alVo es estraSo qi^ . 
los rasos |pngamos . mucha simpatía con vosotros^ 
porque nuestros buipuos modales los hemos tomado 
de la Frán<;¡a. ¿No es por ventiira la Rusia á don** . 

• de. ha ido á buscar un asilo la parte mas selecta de . 
vuestra «oblezB ^ aquellos restos gloriosos* del cjéf* 
cito de Conde ? diíos fueron acogido#por todas laa • 
familias éomo amigos y hermanos , y en cambio de 
la hospitalidad que les dallamos^ nos han dejado jas 
tradiciones de la caballería, y las bellas maneras* 
que los distingiien.» ' 

Yo gustaba macho de oír contar a mi.compa&e- 

[ ro de viaje y hasta los menores detalles de 4a vida y 

"costumbres del Emperador; 5^ en estaniatcryi, éí 

no acababa nunca 9 porque no tiene limitcsja admi- 

• ración' con que mira á su principe. Podria csfciM- 

blr^n (orno con Jo.qiio me ha referido todo ello 

interesante, atenea de la^<;órte de S. Pctersborgo; * 

pero uíé contendré con re[Air nua' de las- muchi- 

sima^ anécdotas con que me agradab^p en el viaje*. 

Era en.el invierno que siguió, á la llegada del • 

• H^erat^Mai^on , como embajador do Luis Felipe 
•1^ S. PoterabürgOy y en b época en .que muchos 



• diarios fraocescs lanzaban contra el ^Em^ródor ló» 
cfipctoa mas injuriosos , pnes le llaiiiaban el buitre 

«epspnadó, /el cocodrilo del norte; sus enemig^o» 

se eómplp'cian en ddcir ^ue arrebataba los bíjos de 

\ . los polacos para' transportarlos k' I^usia y a SUierift 

quiza V y se a&adian circunstancia» capaces . de ba» 

cer erizar los cabellos de la cabeza de los dk^ctores 
. - " • • . .* • * • 

• • de proyiücia y y del j&rdin del. palacio reaL 

/ Se sabe que cKEihperador asistie casi^^iariamen-^ 
te ¿ la parada de las guardias entrantes ^ Ja quesii'. 
' Verifica en verano en una de las plazas dje la Capi« 
tal<^ y en inT¡crno en nir inmenso picaderó^* Era* 
. pues en- ¿ste picadero en donde se encontraba el 
' Empei^doT 'An todo su estado mayor, y entre lo» 
cstranjcros se encontraba este dia el mariscal Mái* 
^ son y ese g-t'andc táctico ctiyo talento y profundo»; •. 

conoc¡ipiento4 estratégico^ decidieran la victoria eiv 
' la batalla de Rambonillet* * \ 

. Por Jo.comqn en esta parada desfila un destaca* 
•' mentó' de^paged y cadetes , los bijos 'de Íó» polaco» , 
son ajmitidoá en este cuerpo del. mismo modo. que* 
los vusos", y. en estas ocasiones el. Emperador gusta 
dcjlaknai* á álgufios de estos jÓTcnes , y felicitarle» *. 
sobre su» adelantos y buena conductat, ó bien dar- 
. íes ligeras reprensión^ sobre sus t^avcsu^as» 
V ' Este dia pncs biiff venir del^cyninadtfineYíte do» 
^ jóvenes polacos , bonitos nín«;hachos , con pelo* ra« 
* bio y moflctudoiiy y des|nies de baber bablado algua 
rato con elíosf les "preguntó por sns familiai; des- 
nuca cogió i nno spaveineBte por* Jas orej«» y vaK 

« > •■ *Diginzedby_CjOOglC 



viendo 8á íÉtttro' rollizo kacU SI*. MliisyQ, ¿Qué 
os*parece, le d^Q, de este bri^pVizuelo ? ¿ No 1% Vcri|||| 
da,d que está fresco y*roU¡zo? lU. Maison se apre*^ 
suró á responder ^ é ¡nclioandoso profufidaiRente; 
Sí señor, le dijoi, se eonoe^qne lo jusa uiuy bien. 
Puea bico^ scaor ]l]ar¡^cal,^ontjestPR Emgcrador^ 
'asi C8 como vo^inc los como • ir dándole un caclie- , 
te cariiioso al inucliac(io'^ anda picarjilo^ le dijo^ 
Tcs á l|^cerle cocer. . • * * ' . . 

' M. AlaiáOtt q\ie' no Uefte el talento de las.ocor* 
rencia^ oporipu^!^ y so mordió los labios y no supo 
que t'Q^poud^r. . . ' . ^^: ... 

Hablando de <!^te mo'do, riendo y fumaniro llií- 
gatnos á. Milán, cuya ciudad «ofrccia un c$pcclaoulo • 
nada común* •Artesanos n'iunerosos se cruzaba«i ta 
,to4as direcciones 9 en la. catedral scvdesplég^aban ta- 
picerías 4<^ la mayor n^agniriccncia, y los pintores, 
doradores y ^adx)rnistas , estabais ocupados en pre- 
pararlo todo para 4a imponente l*er'c4nonia , quie den» 
tro de un nies,debm |cunirJo qne ba^ de mas di»M 
tiugmdo en. Europa en la Ig^íesia je san* Carlas « 
liorj^omjboy el' glorioso palroa de Mílau. , 



'• *. • 



igitizeaby Google 



• — 6* — 

SBOTtXTBÁ P4'R9B. 



IX. 






Mi.regreso á Francia .-«y ¡sita doñiieiliaria heeha en mí ca» 
durante mi ausencia .-.-Dispoiicionés relatiTaa á mi misiona— » 
♦Fartvi Jai fiestas de la corenacioi4 



ll^spaes de despedirse dd geoeral ZalcLtel f de 
q»ien tne separé eoo verdadero dentimiehto , temé ' 
el camiDO dé G^ppytt pr9niel¡é«dQme encontrar eo 
ei puerto de esta ciudad un buque de yapor que'me, 
. condujese i Marsella j pero como el tiempo" hábia 
•ido malo^ y no pudiesen fijarme el dia de la He« 

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• — 65 — 
gada ie uno de clhts, cont¡Q|i¿ mi v¡ajc ta posta 
eo ^reccion de I^'iza. 

A mi llegada á Marsella cuatro días después del 
mi salida de Milán , supe lo$ detalles de uoa visita 
domiciliaria , ó mas bien de un reg-istro que liabia 
maudado 4iaccr en mi eas:i M. MoutsOivct. Parece 
que la acogida que liabia tcssido yo en Viena , á la 
cual no estáa acostumbrados los boinbres de julio, 
cansa alguna inquietad al gobierno. Sin duda se 
espA^aba eucontrar en mi eurrcspoud encía los mo- 
tivos qui^abian determinado mi viaje á Alemania; 
pero si JO bubiese podido creer que mis pasos inte- 
rcsaten tanto á los hombres de la revolución; y so- 
bre todo, sí M. Montallvet bubiese tenido la aten- 
ción de preguntarme á fo que iba , le hubiera res- 
pondido* (( Señur el objeto de mi viaje es ofrecer la 
expresión de mi afecto á los príncipes, que duran, 
te tantos aiios han hecho la felicidad de la Fran- 
cia; i es^s príncipes á quienes yo no debo nada y 
vos les debéis tanto , á aqneüos en fin que no han 
provocado vuestro resentimiento, sino cuando no 
Lan tenido favores que otorgaros. » ( I ) 

Pero el señor Viinistro prefiere el obrar de otro 
modo. 

£1 día 6 de julio á las seis de la mañana , y al 
otro día de la fiesta de san Enrique una banda de 
agentes de policía y de gendarmes acompa&ados de 
nn protegido de M. Montalivct qiie en el uiomeúto 



'(1) A esto^ puede rcfponcler ti gtiKia el /«olMcrno francés. 

S • 



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— 66-^; 

se U talaba eontirábaiidista español , y qne en la rea« 
lídad era no apercibido por la Jastícia ; ioTadii^oo 
mi domicilio bajo el ridículo pretexto de^ipoderarstf 
de un depósito de armas y municiones de guerra 
destinadas al ejército de España^ 

Después de buscar inüülinehte cl deposito qus 
sabiaii muy bien no debía encontrarse , y que de* 
cian Iipbia sido denunciado por cl agente del uiinis- 
tro ^ el jefe de los algiiacÜcs quiso tomar conocí* 
oiicnto de los papeles que se cncoiitra1)an en mt ca» 
sa. La investigación fue completa, todas^as cartas 
fueron leidas desde la fecha basta la firma, y el 
menor pedazo de papel , fue vuelto y revuelto diex 
Y#ces« M* de Montalivet se quedó como siempre con 
6U miedo y su celo perdidos , y sus subalternos se 
fueron con la cabera baja y las manos vac(as% 

Al oir esta rHacion sentí un movimiento de in* 
dignación, pero bien pronto le sucedió el de na 
vivo placer, porque .ü^sta ve2 al mcnos^me babia 
preparado el cielo de antemano los medios de ven- 
garme ( 1 ) y me dediqué á disponerlo lodo para con* 
ducir á la Reina al Cuartel Real. Como la cele- 
ridad en el viaje , era la primera condición que de- 
bia asegurar el éxito, mandé baccr un carruaje nue- 
vo , encargando al maestro de cocbes que lo cena* 

(1) Gomo descubre el autor loi bajos scntimíentof del ser* 
TÍlisRip, y la idea equivocada que tiene de la justicia y recUlnd 
del cielo , atribuyéndole á este la deparacifta de los mediot da 
satisfacer tu venganza. 



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t 



~ 67 ~ 
tfayese con caidado y solidez, para qite-pudlese lia- 
«er 400 leguas sia qtie fuc^s oecesaria reparación 
ii¡Dg;ana. Eo segaida escribí á an amigo estraogero 
para que luc enviase un pasap(}rtc á nombre ^ví'jflj 
manifestándole qac la observación y vigilancia de 
qae era yo el blanco me obligaban á viajar bajo otro 
.nombre ^ y le advertí que biciese comprender en el 
,pasaporte á su mujer y uno de sus sobrino^. Reco» 
•nociendo ademas, que no sería prudente atravesar la 
.Francia con csle pasaporte rcfrcndad^||n Saitzbur* 
go^ me procuré otro para el interior; y como era 
necesario no descuidar ninguna precaución, y pre» 
Teer^aun el casPen que serta precisa una separación, 
tomé un pasaporte separado para cada uno de noso- 
tros, lo cual me fué tanto mas fácil cuanto que las 
senas de mi mujer convenían bastante con las de la 
Beina* 

Entretanto mi mnjer bacía preparar un ajuar ó 
equipaje (ompleto para la Reina , á fin de que esta 
no necesitase de llevar nada consigo á su salida del 
palacio de Sahzburgo. 

-Mi proyecto era atravesar toda la Francia, lie» 
gar á las inmediaciones de Rayouá , sin que nadie 
ni apnjos mismos agentes del Rey, tuviesen cono- 
cimiento de ello. Hasta llegar á casa de persona se. 
gura cerca de la frofttera , no qncria ponerme en 
relación con el marqués de L. y decirle los verda- 
.der<)s nombres de los viajeros. Pero por desgracia 
no tenía ninguna especie de relaciones en el pais. 

Di parte, pues de este inconveniente á' uno de 

• 

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— 68 — 

mis amigos y que era á qoien b»b¡a confiado el ae-^ 
creto, y mé ofrec¡6 escribir á ono que debía mere» 
ccr sa confianza , pues tenia poderes del Rey* Le 
regué que escribiese 9 y yo mismo senté las pre- 
guntas en términos ^ que no fuese 4)0s¡ble el res- 
ponder á ellas de un modo ambiguo. Ademas lo 
autorice 9 para que en el caso que lo creyese nece- 
sario, y solo en la última estrcmidad confiase es- 
te importante secreto , bajo de U palabra de honor 
á la pers JKi á quien dcbia dirigirse , y quedamos 
contenidos en que yo encontraría en Cbambery 
la dirección ó el nombre de la ijersona que de- 
seaba. 

Las fiestas de la coronación del Emperador t¡- 
nieron muy á propósito para facilitarme los medios 
de salir de Francia y sin alarmar la policía y el con- 
curso de los estraugcros que se encontraban en SÜ- 
lan; favorfcia mi» proyectos permitiéndome despa- 
recer del tiirbinpn de regocijos públicos, f artí pues 
de Marsella en los últimos días del mes de agesto, 
conduciendo conmigo al bijo del amigo de quien be 
hablado ; joven bueno y amable que acababa de ter- 
minar sus estudios , y al cual me alegraba de pro- 
porcionar un viaje agradable , al mismo tieilpo que 
le presentaba la ocasión de ser útil á una cansa , á 
la cual era tan adicto su padre. El debia ocupar . éa 
Saitzborgo el cuarto del príncipe de Asturias y 
fingirse enfermo en el caso en que la Reina no 
creyese conveniente hacer confianza de todas la^ 
personas que componían so servidumbre. . 

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-. 6» — 






Llegado é MiIan el 29 de ag^osto, tres dias an* 
tes que faiclese el Emperado||su eotrada sQleihnei 
fui á ver a todos los conocidos qae ya habían llega* 
do I y entre otros me presenté al príncipe de Met* 
f^rnicby que me recibió perfcctanicntc. En so rcn* 
Dion fae en donde el conde de S, B. me contt nna 
anécdota mny cnríosa, en la cual el justo medio li|b>. 
ce como acostumbra un papel barto triste. 

M. de Saint Aulaise, Embajador de LuisjtFeliy 
pe que Tenia á /isistir á la Coronación , babia teni . 
do k menos el bacer visar sn pasaporte en la einb^^t 
jada de Cerdena , y llegado á las fronteras del Pia-*, 
monte , le fue en vano implorar la poderosa pro* 
teccion de^ Rey de los franceses; pues tuvo que 
aceptar la escolta de un carabinero encargado de no 
perderle de vista , hasta el primer pueblo de la, 
Lombardfa. No creo que en los analet de la diplo-» 



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~ 70 — • 
macla existí otro ejemplo de nn embajador, conjía* 
cido de brig^ada en brigada. 

El 1.^ de setiembre veriGcó el Emperador su 
entrada solemne en la capital de la Lopibardía. To- 
das las autoridades de la Ciudad , asi como los altos 
dignatarios de la Corona , babian ido por la mañana 
á un pabellón que se babia construido en el camino 
y en el comedio de llunzza i Milan^ 

La comitiva pai'tió h las diez. Un batallón bnn* 
garo*abria la marcha , seguían los bcrablos ó reyes 
de armas de todas las ciudades de la Lombardia coa 
las túnicas , colores y armas de sus respectivas ciu- 
dades 9 después Tcnian los podcstas de las mismas^ 
las diputaciones ¿e las corporaciones cicntífieais de 
las universidades y dfftlas academias de bellas artéS,' 
T los diputados de las asambleas provinciales. Todos 
estos personages iban ca carrozas de dos caballos 
precedidas de ana división dccabailcría , los escoden 
ros y palafreneros de corte, después los caball<Ki 
de mano del Emperador ricamente enjaezados y con- 
ducidos por dos palafreneros , los dos gobernadores 
fíe VSnccia y Milai^ en dos carrozas tiradas por 
fiéis caballos , después los nobles admitidos á los bo* 
ñores de la corte , los escuderos , gentiles-hombres 
y consejeros íntimos , el sumiller , el mayordomo 
mayor, el virey de la Lombardia y después una 
magnífica carroza tirada por ocho caballos , en la 
cual estábala Emperador y la Emperatriz. Finalmen- 
te, detras muchos coches con I^ damas de palacio 
un escaadron de la guardia noble lombardo veneeia'-» 

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^ 71 — 
«t j y lÉD batallón ie g^ranaderos bángaros que cer^ 
raba la marcha. 

Erá infidiedía caando el Emperador entró en la 
ciudad. Por todos partes resonaban esos {rntos d^ 
ealosiasmo qué no se oyen ya cu Francia (1). Fer- 
nando no (eme á su pueblo y se mezcla concia mu- 
cbedumbrc sin reparo n¡ii(runo y no funda su se- 
guridad perenal en las bayonetas que )e rodean (2). 
. El testimonio estrepitoso de la estimación pareció 
intcfCsar vivamente al Emperador , á la Emperatriz 
y á los Príncipes todos de la familia. 

La comitiva se dirig^io á la catedral en donde se 
^ntó un solemne ¿Te Deum al estrépito de las sal* 
Tas de artillería y de las descargas de la fnsileria» 
Acabada la ceremonia pa9Ó el Emperador al palacio 
Urehi-dacal por lina galería cnbicrta y construida a| 
efecto. Durante el dia se presentaron SS.^ MM. mu -^^ 
cbas veces al balcón y fueron saludadas con la^ ma#^ 

^vas aclamaciones. 



fi) Pero la hacienda publica , las artes , la industria , él eo« 
jnercio, los caiQ i nos, los «anales y todo'cnanto constituyela 
prosperidad de una nación se encuentra 4h otro «stadó que 
«n tiempo de Luis XV y Luis XVI. Los gobiernos representa- 
tivos no presentan el espectáculo de ese Injo monstruoso y éik 
aparente adoración del pueblo á sus seilor«s como cll(^s se litu * 
|an, pero aseguran el bien isstar y la libertad mas órnenos per" 
fecta de los ftób(}Jtos. 

(2) Que responda el autor , los guardias 6 la escolta que 
acompañan el coche de la hermosa Cristina , y ló mismo le sn- 
^ederia á Luis Felipe sí hubiese correspondido á Jas esperaoma# 
J^ la Franeie« 



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- 72 •- 
Por la nocbe el Emperador y la Emperatriz acorné 
paitados de toda la corte recorrieron la ciujad eil 
carraage descubierto y sin guaVd!as¡ Al dta siguien- 
te hubo una representación estrordinaria en el mag* 
nífico teatro de la Escala. El teatro estaba sumamen- 
te iluminado y se representaron la Dama del Lago y 
los hijos de Eduardo. Esta última pieza fne muy 
mal escogida porque la usurpación y el rcgicidio^soa 
unos tristes cqadrbs para presentarse en una fiesta 
de coronación. Me acuerdo que en Francia se come* 
tió una torpeza semejante representando la Muda 
de Pórlici delante el rey de Ñapóles cuando fue 
a ver por la última vez al auguro gcfc dé su fa- 
milia. 

. El 3 tuvo lugar en la gran sala llamada de los 
Cariátides la ceremonia del horaenage. Había tribu* 
^AL|Pas dispuestas por todo elrcdcdor, el trono del Em- 
perador estaba en medio áe uno de los grandes 1^ 
dos ) enfrente estaba la tribuna de la Emperatriz, y 
las otras estaban ocupadas poV el arcbiduqtic Virey^ 
los Príncipes de la familia, el cuerpo diplomát¡GO| 
las personas de la corte y los espectadores convida- 
dos por billete. Los escuderos , gentiles-hombres y 
consejeros íntimos que justamente con las grandes 
cruces de las órdenes imperiales y reales ^ y los ca* 
ballei'os del Toisón de oro fueron á buscar al Empe* 
r&dor á su aposento. S. M. se colocó en el trono, 
teniendo á su derecha a su grande escudero con la 
espada real en la mano ; un poeo mas abajo y al mis- 
no lado el mayordomo mayor y el capitán de Ia*ft 

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-.73- 
gnardiaB hai|gmras ^ á h isquicrdá d eftpitan de Um 
^ariiñft trabinas^ el ayudaote general y d aomilleirtf 
Bajo de la tarima qae sostenía el trono eitaba eoílo* 
cado el consejero áalico liaeiendo funciones de caA« 
ciUer y el mayordomo mayor de palacio y 1 os dos ge* 
bemadorcs de Venacia y Milán. Enfrente del tr«íno 
y en tres filas los diputados de las asambleas centra- 
Jes y* provinciales, á dereelyi é izquierda los Lera]* 
desde armas j después el estado mayor de las tropa^y 
y 'finalmente la guardia noble búngarli y la gnardtl 
noble lombardo- veneciana colocadas en fila todo al« 
rededor déla sala. . 

Los nzobispos y obispos que formaban 1$ ce«» 

niÜTa se colocaron á derecba é izquierda del trono. 

El consejero áulico que bacia las funciones de 

supremo canciller presentó los diputados^ al Elii* 

. perador y le pídid en nombre de cilios el permiso de 

prestar fé y bomenage al Soberano, después el ma« 

.yordomo mayor del reine pronunció un discurso que 

confirmé el público con numerosas aclaoMCÍones. El 

. Emperador respondió lo que sigue : 

<c Por fin weo cnmpür mis deseos de encontrar- 
me entre mis fieles Tasallos del reino looibardo«ve* 
tief o . para ponerme la corona de bierro en con Ar« 
midad con los estatutos dados al reino por su augus- 
to fundador. » 

« Prb&imo á celebrar este acto solemne dcr- 
aeo que sirva para estrechar los vínculos de amor" 
que unen estos pueblos á mi trono y que es 
para ellos una nueva prenda de mi cuidado paternal.^ 

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fc l^bnoéiclo á los seBÜnientos ée fidelidad y d« 
afecto qae en nombre de*elloa ne han sido 4ipre% 
aados, pej^miloá sas dfpaüidas'i(«e até loséoiifirineil 
dé otievo con aofeinm V¿ioiia((e.« 

Entonces A cooaégero aoUeo leyó k Xórmüla 
del jú^ameMo , y todos los diputados lo vtpUteroa 
leVantando^ no la ikiano entera como en Francia 
sino solo el pni^ y Ío% dos priuieroi» idedoe* * 

El Empeirador pasé en scgnída St pié é Ja eate« 
dral rsegnldo *de loé dipnlados y de so edmUiva 
ordinaria ; se eattió otra «vez el Te Déwn j des* 
poes yolvlb á sn babltacion. Todos loa mieiÉbiroa 
de las diputaciones del i*eino comieron Jnc dii en . 
palacio. 

Aquella noehe asistieron SS. MM. á un iktágnf- 
üco baile ^ dado por la nalilcsa de la eapitah Una 
grande galería que daba á un jardín, of recia la vista 
de la Iluminación mas brillante que se baya Vistor 
Todo el jardin «stab»^ lleno de ieiiipletea y palacios 
cbinescos transparentes ^ formados de papeles de eo* 
lores 9* y todos estos cuerpos aislados de arqniteetii- 
ra unidos con guirnaldas de globos Je j^t ersos 
coloren transparentes también. 

El 4 de mayo un magniRco eocbe tirado pút 
oebo caballos y escoltado por destacamentos de éa^. 
balicría é inrauteria fue enviado i Monzea para 
traer la corona de hierro ^ y por la uocbe bubo bai* 
liB en palacio. 

El 5 se Terificó la imponente ceremonia de la co- 
ronación* Coalqaiera ^e haya sido la magnifieen* 

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^7B ~ 
ch de la covontélcm 4e la rema de 1agkfcmiii<^ 
crtso que pueda eer eotn parada *coa ejí esplendéis 
y tnagpeslad de la del fimperador |p Milao. 

Es verdad y que eti esta, la relian ^tólica «of| 
toda sn potopa y sos santaa iospiraeiones «nadia eos 
aanlas {^rande^s i las g^aadezas de la tierra y y qae 
la' soberbia €aftedr|Ue Milao, esleodia sos faraasos 
como un ^euadra^Kamenso alrededor de tm bella 
eeremoDia. Todo el ¡nterior de la cúpula eslroa' ri- 
camente cubierto de telas de terciopelo y seda, se 
babla elevado uo altar uiagolfico en medio de la igle* 
sia ; delras de este altar estaba el trqno que debía 
ocupar el Em|prador á sn Ileg^ada , y antes de su 
' coronación como Rey de Lombardía ^ y á la izquier- 
da del altar, estaba el trono real debajo de un dosel 
ricamente adornado. 

Eñ la nave principal y en las laterales , estaban 
dispuestas filas de tribunos en las que se colocaron 
todas las personas conviJadas para la ceremonia ; y 
en los ángulo^ del coro á dcrecba é izquierda del 
trono imperial, estaban las tribunas de la Empera* 
triz , Principes y princesas. 

En medio de esta pompa estrangcra y de estas 
magníficas fiestas en lasque liabia yo sido admitido 
con particular benevolencia , scniñ mi corazón su- 
^.pí amente oprimido. Yo francc^Pua este grito de 
*^^ftva el Rey , tan grato a mis recuerdos» Veia al 
^^atriarca de Venccia implorar la bendición del cielo 
sobre la antigua casa de la Sorei(||^ mis ojos se lle- 
naban de lágrimas y recordaba la coronación da 

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~ 7« — 
én donde jc preslaroo tantos jnrametttM 
deÜdelidtdy de afteto. AlA veta yo lo mismo qae 
en Rbeims , 4 1^ príoclpes de la saogre prosternar- 
se delante del Rey y jurarle liomeni^je y fidelidad; 
y después mi pensamiento se vohia bácia Goritx, 
en donde la familia de Borbon espía en el destierro 
sn demasiada eoofiansa en esto^ttramentos , y so 
"ftúg^ñ la ingratitud con el onRo y el perdón. 



.# 



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— TI — 



XI. 



iSiaje k SaltjbnriJb. 



SAlída pam Saltzhiirgo.«-»Ppl¡cia Francesa y: Austríaca cbaí* 
qu«ada.-**Fuga de la Reina y del Príncipe de Asturias.^-LIe* 
gada á Chafflberjr.-«Incon7eoíentes que me esperan. 



El 22 de setiembre pdrtf de Milán con un p>st« 
porte á nombré mío para Vieiia , y al pasar por es- 
ta última cwdad , alargue mi viaje alg^Qnos dias por* 
que creí ffis priiilente este rodeo » qae llegar dU 
rectamente á Saitzbargo para volver á salir al ¡na* 
tante. 

' Eli el camino de Milán á Vicna cambié de nom- 
bre* y pasaporte, pues liegaé á una ciadad por In 
noebe bajo mi nombre verdadero, j salí al d¡« ai* 
ipiiente bajo de otro distinto. 

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~ 7» — 

El 29 de setiembre dia de od agüero télz y lle-^ 
gué i Saltzburgo con mi joven compañero de viaje» 
En Viena y en laa diferentes ciudades por donde 
babia transitado , babia dicbo á los empleados de 
policía encargados de refrendar los ^aportes, fue 
mi mujer se babia separado de mí para ir á bacer 
una visita á una parienta suya, que estaba en las 
agnas de Iscbel, y que contaba pasar por Saltz^ 
burgo en donde nos babiamos citado. 

Fui á parar á la. posada del Buey de oro, y fa 
preferí á las demás porque está situada á una de 
las estremidades de la ciudad , por la parte del ca* 
mino de Insbrucb. Después de algunas boras de 
descanso me prepare para ir á anuncfar mi llegada 
á los augustos f ujgitivos 9 y antes de salir á la calle 
entré en la sala de recibo común, llamé al criado, 
le entregué mi pasaporte, y le dije en voz alta par« 
que pudiesen oírme algunas de las personas que es< 
taban allí f 'que lo llevase áJ| policía y lo liiciese 
refrendar para la Suiza pasando por Insbmcb, y 
qne mi mujer. que debia^euntrseme allí, es decir, 
en Saltzburgo, llegarla probablemente de Ischel 
por la noebe y partiríamos á las diez. 

. Hecbo esto , salí , rodee algunas oftks sin ser 
observado , me dirigí á Palacio y me bice a anun« 
ciar i la señorita Pilar de Arce que salió á 
recibirme gozosa , pero apenas nos, babiamos nen- 
iado, coando la vi derramar copiosísimas lágri- 
mas. Le pregunté entonces la causa de este cambio 
tan repentino, y me contestó que babia espcrimen- 

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— TO ~ 

tado^t V€rme Jos/ seiitíniientos enteramente opues- 
tos 9 á pes^r de qiie ambos eran may ^naturales; 
pues si bien tcpia un placer yívo y verdadero al con- 
siderar que la Reina illa a volver a £|paña J no poH 
dia sepultar la idea de jind separación. 

Yo estaba con la Reina- ^ me anadio , cuando de* 
jb á Madrid, la be seguido a Portugal, allí he es* 
tado siempre á su lado , he participado de sus .fati* 
gas V sus riesgos , y me cantea una pena indecible 
el considerar que va á separarse de mí en cl mo* 
mentó ^oe va á esponerse á nuevos peligros. Si no 
se tratase sino de un viaje agradable, me sometería 
á mí suerte con mas resignación* 

Un afecto semejante en una muchacha Jlan jó- 
iren me inleresb muchísimo, y la pregunté por qué 
no la conducía ¡a Reina. A jeslo me contestó que la 
coodueiria gustosa , pero que la babia prohibido esip 
presamenie que me hablase de ello, no queriendo 
aumentar mis cuidados en tan peligroso viaje. Con 
este motivo la tranquilicé, y la dije que si ni ama 
«oosentia partiría con nosotros* 



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— »■ — 



xa. 



iTamllk it (Bsf&M. 



Iba yo á presentarme ¿ la Reina y corireoír emi 
ella en la hora de la partida , euando ^éta señora In- 
vo la bondad de presentarme á la princesa Amelia^ 
aa hija política y mujer del infante don Sebastian. 

La princesa Amelia , no tiene nin{yQn punto de 
semejanza con su hermana María G*istryia j y lejos 
de irituperar Ja tema política que ha scgiiido sn m»> 
rido don Sebastian , ella misma se la hubiese indi- 
cado 9 si este hubiera tenido necesidad de ello. 

• Esta princesa solo tiene Tcinte y dos ^ anos , ct 
Alta y tal tcz un poco demasiado recia; pero i 
Tueltas de esto^ tiene la cabeza mas bella que puede 
Terse. So hermosa cara se distingue prticttlarmen* 
te por una grande espresion de bondad y dulzura, 
y me preguntó coa na yivo interés an hermana, 
por S. A^ R. • 

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MS 81 «« 

A ni YiielU i la posada en.Tte de oqcto mi pa* 
•aporte á la policía, diciendo qtie acababa de eocon- 
Ifar una carta de mi mojer en el correo y la c»al me 
confirmaba so llegada para las nueve de la nocbe^ y 
me advertía que condueia cou^igo una camarera, 
por lo que pedia yo que toviesen la bondad de io». 
cribirla en el pasaporte ii fin de evitar todo incon« 
Teniente por el camino | pero el empleado de poli* 
cia le devolvib diciendo, qne el documento estaba 
perfectamente en regla, y que no babia' ninguna 
necesidad de inscribirla « 

Antes de salir de la posada env¡¿ á buscar al 
amo de postas, para decirle que queria cuatro ca* 
ballos', y deseaba sobre todo que estuviesen engan* 
cbados un poco antea de las diez , y volviéndome 
•1 criado de la posada ^ le. encargué que estuviese 
lodo preparado para esta hora* 

A las nueve ya estaba en el cuarto de la Prio* 
cesa , que estaba ocupada lo mismo que so sobrino 
ftt bacer los últimos preparativos, advertí á la lleina 
qne encontraría en el carruaje la ropa blanca y loa 
vestidos que pnediese necesitar , y después de ba- 
bor dado érdenes para poder alejar los pocos cria- 
dea alemanes empleados en la casa, bi^ que se pre- 
aentaaen lodos los criados espafioles, les participó 
•• resolución y el objeto de sn viaje , y les dijo qne 
contaba sobre la fidelidad de qne la babian dado 
tantas prnebaa. 

« El ae&or añadió señalándome á mi , responde 
del ésuto con tal de que se guarde aqui el secreto 

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— 82 — 
daránte seis dÍM, y no be,títubeadé «n fiarme iñ . 
TOS , porque conozco vuestra fidelidad J estoy se* 
gfura de qne me daréis una |»rneba de <*IIa , guardan- 
. do el mas absoluto silencio sobre mi partida. » 

Todos lo prometieron anegados en lágrimas ^ Y' 
se precipitaron á sns pies para besar su roano, k 
princesa 'Amalia, apoyada sobre la puerta y sofoca^ 
da por los sollozos^ no podia articular palabra* 

S. M» entonces me presentó una Cajita ie 
bierro diciéndome, quje coutenia cosas que la eran 
muy apreciabics aunque de poco valor , y qne en 
cuanto á sus diamantes los babia vendido para so« 
correr algunos de sus vasallos fieles que la babian 
leguidoal pais cstrangero. 

Me despedí de mi joven compatriota , que per« 
ñianeció en el palacio. S. AI. tomó mi brazo , y la 
señorita Pilar el de su sobrino; bajamos á las co- 
cinas ) de alli pasamos á la leñera , y después de 
haber pasado por un grande montón de leña , lle- 
gamos á una puertecita que sale á nuo de los calle- 
jones que rodean el palacio. 

Salidos felizmente sin que íios viese nadie, nos 
encaminamos bastante de priesa á la posada dd 
Buey de oro , y tocaban las diez en la grande torre 
de Saitzburgo , cu el momento en que pasábamos el 
puente. . 

, A mi llegada á la posada tnve la satisfacción 
de ver que se babian ejecutado puntualmente m¡^ 
edenes , pues los faroles de mi carruaje estaban 
encendidos^ los caballos eogancbados, y ef^|iosl¡* 

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Ilon moBlado. Cada uno ocapó poeii an aitio, y al 
tiempo de aubir dije al postillón lo siguiente y qué ■ 
nunca deja de surtir buen efecto. Dobles agujetaa 
at nos conduces bien , y partió al trole largo sin 
dar tiempo á la posadera de concluir un Kirie dé 
irolos por la felicidad del viaje. 

Nosotros guardamos un profundo silencio basta 
que estuvimos á alguna distancia de la ciudad , y 
yo fui el primero en romperle para decir á la Reina 
que el 29 de setiembre era el aniversario de Enri 
que dé Francia, 

«Ya lo se, me respondió ella, y me alegró na- 
cbo porque estoy segura de que S. Miguel velará 
por nosotros , asi como vela por sel. » 

Durante esta primera nocbe nadie pensó en dor« 
iiiir, pues cada uno estaba preocupado por diferen^ 
tes pensamientos. La Reina pensaba en la felicidad 
de reunirse á su real esposo , y de presentarle sa 
hijo digno de llevar un dia la corona y y del que 
hacia seis años que estaba separado 9 y yo pensaba 
€a la terrible responsabilidad que pesidia aobre dií^ 



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— » — 



Rttr&to M {Irtnnpc U ^$inxuL9 (1). 



Al tlia siguiente la eon^crsacSon se aniii\¿ y se 
bizo alegre é ¡iitercsánte. . El carácter admirable de 
la Reina, su bondad y la ig^uaUlad de su carácter 
que no se lian desineutido un solo instante durante 
este largo y penoso viaje , le lian hecho soportar las 
fatigas de él sin incomodidad. El príncipe que ha* 
bla muy bien francés, hizo bien pronto conBansa 
de mi. Es ua joven airoso , su fisonomía es dolee y 



( 1 ^ Mochai Teeet le ha dado ya el autor eiCe título « qua 
de ninguna manera le corresponde; pero ahora que se llega á 
tratar de é\ , ei menester decir que aunque tuviera el derecho 
de que está tan distante, era necesario de que estuviese reco* 
nocido y jurado, y nadie puede titularse tal sin estas circons* 
tincias. Una de las cosas que apenas pueden concebirse es, qua 
los realistas hayan tomado el partido del Príncipe rebelde en« 
leramente contrario á la legitimidad de qué tanto blasonan, 
pues esta legitimidad reside solamente en Isabel por todas lat 
Icyea antiguas y modernas, como se verá en eí folleto que irá 
unido á esta obra; cuya demostracioo no admite coatradícciae 
Ai réplica. 



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~ 85 ~ ^ 
•tpri^slTay jTios Duincrosos cooociinientot que ya 
fonety peane ooa caalídad preciosa para un príncU 
pe que es el deseo de aptendei*. Me bacía mncbaa. 
preguntas sobre su primo de Gorilz, me baUabáde 
la Francia y níe pedía detalles sobre la organización 
y equipo del ejército. Después me ésplícaba la di- 
ferencia ó puntos de semejanza que existen entre 
loé ejércitos francés y español , y iodo esto coa 
una exactitud admirable. Este príncipe posee toda 
lá dignidad de modales 9 y el desembarazo y bcne»^ 
^oleircia que distinguen á los descendientes de 
Luis XIV. 

Gracias al estimnlante que yo babia aplicado á 
los postillones J nos bacian estos correr tan apriesa 
que fne necesario en algunas ocasiones ecLar agua 
á las ruedas del cocbe , y este modo de viajar gus* 
taba mucbo á la Reina , que deseaba salir de Ale- 
mania y llegar al término de su viaje. Asi es que 
|ne decía para justificar su impaciencia. 

Yo sé muy bleu que el Príncipe de Mettcrnicb, 
•e alegrará mucbo de saber mi llegada á España, 
pero siempre se hubiera opuesto á mi marcba por 
el temor de que me detuviesen al tiempo de atra* 
Tesar la Francia. Y ya conocéis^ anadia ella riendo^ 
qoe mi deteueion complicaria terriblemente la cues- 
tión europea, y darla lugar a mucbísimas notas di. 
ploroáticas , lo cual alterarla el sueño de los diplo* 
miticos de Europa , y seria una lástima porque tic* 
neo mneba necesidad de dormir. 

Ytt la babia prometido qoe el priucipt no it 

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-.86 — 
lepararia de día dorante el Ttaje, y tila gustaba jle^ 
oírme repetir esta promesa. 

Después de atravesar á losbrocfa y mochas cío* 
^ades peqoefias del Tirol, asi como el camino de' 
Lindan á Milán, a corta distancia de Breguents. 
llegamos á las orillas del Rbio, mny cerca de su ein- 
bocadora en el lago de Constancia. Estábamos 80«. 
bre los limites del imperio de Aostria, á la otra* 
parte del rio qne debiañios pasar en ana barca, era^ 
ya la Sniza, y alli nos esperaba una „esceaa tan fa8*« 
lidiosa como cómica y ridicnla. 



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— 87 — 



XIII. 



tíxa]t por U Snm- 



Al l}tf[$r irla barrería de L. pequeña eiadad del eao— 
ton de Zarieiiy uo galopín vestido con un traje mii* 
griento 9 medio militar y medio civil , detuvo el car- 
ruaje y pidió mi pasaporte. Después de haberle lei* 
do y releído muchas veces, ine dijo eon wt aire im* 
ponente. ^^ Aquí no hay mas que tres en el pasapor* 
te , y yo veo cuatro eiT el codie.» Yo le esplique i 
la larga lo«que babia hecho decir al gcfc de la policía 
de Saitzbitrgo 9 y lo que me había respondido^ aña* 
diéndole que babia atravesado los ffstádos austríacos 
ain la menor dificultad. El de Zurich me respondió- 
como un verdadero apartaiio •* ' <^ Si la que no está 
comprendida en el pasaporte ha pasa&lo por Austrii^ 
:BO pasará por aqni.» ■ 

Élite tono arrogante me hizo echar menos la 

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alenctoa de los empieardos aQstrtacw, ijne iioiici 
piden el pasaporte á Jos viajeros sino eon el sombro* 
ro í^n la mano y deseaqdoles fm (etiz viaje al tiempo 
de devolvérselos. 

Nuestro bombre vélvíó afganos íoslaiiles des* 
pues f. se aeereó al cocbe , y señalando con el dedo 
índice á la Reina preguntó ¿Quién es esta? -^Bri* 
bou , insolente , le respondí yo ; es mi m!iijer»-*¿ Y 
este 9 siempre con el mismo geslo»--^ Insolente ^ ct 
mi sobrino. — Luego cis esta la que no eüta compren* 
didaen el pasaporte, indicando á la señorita dona l^i* 
lar: es preciso qne baje- y que venga' conmigo. —Y 
yo también bajaré , le dije abriendo la portilla , yo 
ira contigo , y ojala que nos condujeses al Aostria^ 
nara qu^ yo pudiera tener el gnsto de bacerte dar 
cincuenta palos. —-Seiior , respond¡<^ , guardan» bien 
de insultarme por el desempeño de mis funcionesy 
porque podríais muy bien arrepentidos j y nos con* 
dujo murmurando á'casa de uno de los altos funcio* 
. narios del pueblo, que dcbia ser coando menos nü 
equivalente del snprefecto. 

Llegados á la easa y trepamos .nna alta escalera^ 
qne podia confundirse con nna de mano , y nos in* 
trodujeron en un cnartito , en euyo fondo se eneón* 
traba el importante magistrado sentado en nna silla 
de madera. Su traje de por la mañana, porque toda* 
viaeran las siete, secomponiade un gorro de Jilgodoa. 
grasicnto , de una cbuqucta de indiana rayada f y de 
nn calzón corto de piel * amarilla § las piernas desnn* 
das 9 y los pies metidos. en nnas viejísimas bolaa» 

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— .89 — 
Caadla A i|ttiá«n qne nof cottdhek le ki^ i««' 
t^fwu^Q en «mI alemeii del |rraTe delito que nos cmi* 
d«c¡a á soprceetida 9 «e leraotó , dejó su pip ^ Imh^ 
pió aas «nteejoay y tomando on aire serio comentk' 
áfaaeemenn interrogatorio en regla. Entonces cam* 
Mó ni mal humor .y encontré la co^ tan ridfenla 
qne 1^ tomé por^ el lado chiatcM. Al cabo de 091 
cnaKo de boro que leeslaiía chasqueando , el fnncio* 
atrio sejoclinó al oidode su acólito, le dijo algn« 
ñas palabras , y esle nos bizb señal para qne le si* 
gniésemos* 

To ereia al llegar á la calle qoe estabr termináis 
do este gra^e negocio , y solo pensaba en ▼oWer al 
carruaje cbanceando mientras con Is seSorita don* 
PiUr sobre el riesgo que liabia corridp de quedaí^? 
presa en «n lugar tan triste ; pero el alguacil me in* 
lermmpió diciéndome, que iba h condnciri|os deÜn* 
le de la primera autoridad del pueblo^, y alU se de* 
cidirin sí podio pasar ó no, señalando á^ia seftpriU 
ton el dedo» 

Habríamos andado «nos cincuenta' pasos cuando 
entramos en casa de nn boticario y hallamos á esta 
especie de capitán general picando belicosamente 
drogas en su mortero* Se apartó de él , se quitó un 
delantal a|¡ul que tenía puesto, pos biso entrar en 
nn gabinete que le serbia de sala de audiencia , y que 
talaba atestado de redomas y simples de todss espe« 
caes, so pnso sus anteojos , examiob mi pasaporte , é 
iba probaUemente á empezar el mismo interrogatorio 
ifm ase babia becbo su gefe ^e estado mayor ; pero 

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^ 90 ^ 
e^fHQhi^POaUt me. parecía, ya demiiaiádo largliV le 
maiHfeaté que encontraba e^te mpila de obr%r-.con los 
eiMinji^roa demasiado rídíe^lay poco atento.^ y qui$ . 
calilla decidido 4 apararme del camino y áitig^rm^ 
irl^uceiia, en dQode estaba reunida la díota- par# pro* 
49$¡r ttnajiisla.y cooapotente qnej«f£sta amena^^a pro« 
daja el efectp; que yo-hábia previsto 9 pUes ae nba 
pe^Qiitió volver i la posada donde n^^a capturad U 
Reina. Lo qi|e me indignó en c^te.^eg^cio. fué;!» 
Uaneasa del Aguacil que Labia estado tan ni^oletitc 
con nosotros , y por Jo qtie respeta al pasaporte |.ei| 
•I que «I fin BC' consiguió que pusieran el pase t etn- 
{rteó/C^rea de un cuarto de bora para darme á cak 
IflMier con rodeos que esperaba que le diese alguna 
patiScacion. .. * 

. i A escepeion de este auceso no beinoé tenido niii^ 
^lía detención en Suiasa sino uno , motrvado por la 
dfticiiltad de /encontrar caballos 9 pues casi todos'lia« 
Uan sido ireqoeridós para tirar de los cañonea. 9 k 
causis de los preparativos dé la guerra que se /baieia 
&. la eaxon/ • 

Después- de baber atravesada k Znaiefa , Beiáiay' 
liansanne y -Ginebra llegamos á Ghaaiberey el fi de^ 
Otfiubre á las cuatro de la mañana. < Mi plan en' na 
principio era no detenerme en eslaeludad sino ba^la* 
hora en que se abriesen'los oficinas del eorreo , pner 
qii^ ftllí dcbia recibir las seuas de la péraoná de las> 
inme«liaciones de Bayona , á cnya casa delna ir á pa«' 
rar. En seguida hnbicra condticido i la fteinaa^ea-- 
aa de un amigo que Itabita éobü-eia frontera de Fra»*' 

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— 91 — 
Cía, j^ dDí M>i«rá podida lonur «Ignii 4^€i^«^ 
•0S..1I. . :..:.. 

> £n coanta aape que «ataba abicar^o el deapacl»», 
éttl eorreo me dirigí á él , j me eiitregi|rffii odíí carr, 
la y pera caal fue al abrirla mi admiraciaii cuando; eo^ 
lagar de las sema cjae tenia pedidas eircp^tré'-doa 
págioas lleaaa de ÍB9ti*acoione9 eoTÍadaa pojr la^pjer^, 
#om á : qtHen se hAlk dirigido, mi %a«Hg^. i laa que. 
terminaban eon eétaa paíabraa t se resp^ij^^ie ifi^f, 

^Jcas0 €4mirori0 ne se reipwiede nadd^AAenf^^ 
de eaító Iimi anuneiabaa la lleuda de anapersona gife^ 
teaia ipit eomuaicarme coaaa muy imporlant|B8.. .. .;, 
Jle daban ingtr^cciouea ^f qe yo^ no b^Úill pildi,*; 
da 9 y mojlaaddia on deaconoeido que «np m^^ .4i^ts 
cargaba 4e aiognn*4nodo de la redpopaabílidadjdeL 
la empresa ^«i- aceptando .sus ofrel;¡roieotoa.;Da ep|i«^ 
oegnia yo «1 resellado, se me podia baeer cargo, de, 
haber pheato mi confianza en él , y por el contriirioj^^ 
«1 mismo carga ae me podia hacer si versaba <60i|iie«^ 
terme i su «Ifimadmn. Yo «o |>odta c^eer . lo pro* 
pío qne ^éia , y tora ^lecesidad de /rdeer^eMa misi-^ . 
Ta original para conTeneerme de qne efiictíf ainente^ 
me la dirigían á mí. ,. , 

rMe preaentéypnes, sin dffacicn ea caM de la 
persona .qne me anonetaban para bascar la áciaraaioiiti 
qnadeaeaba aobre no beebo qoe no podiaeaHfiear 5 y.. 
encontré á M. de-P. qne me dijo quehabia sido en* . 
iriado «n posta del fondo de Langüeduc para cucar- « 
garsedel Principe, y conducirle é la frontera de Esp i 

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-•92 — 
lülía y porqae se ercia indispeoMble áná •ép«rie¡M« 
Mi prinier moTimíeoto fue decirle que lo seolie nii* 
ého f pero que el príoeipe 00 se 8e|Mirari« de fluí 9 j 
que dijese a la persona que le eaviaba que se ocupa* 
•e de sus nég^ocios propios j pero no de los mios. 

Mas' reflexionando cuanto podía desag^radar esto 
respuesta k M. de P* y que en este modo de obrar ' 
no hacia sino- dar una prueba de su afecto^ j su celoj^ 
y pedsáildo ademas que en el caso de una desgpraeiai 
de la que a veces no pueden preservárnoslas mayo* ' 
res precanciones y no faltarían personas que me aen* 
aarian de haberlo comprometido todo por ambición^ 
dije á M; de P. que sentía mucho qne le hubiesen 
keebo hacer nn viaje tan lar^fo 9 porque yo no ereia 
necesaria esta separación , y que si la hubiese erei* 
do tenia en Gfaanibery y sóbrela frontera de Fran* - 
cia , parientes y amigos , que me hubieran ayudado 
en esta ocasión. Le añadí no obstante que iba á to-» ■ 
mar las órdenes de la Reina , y que procuraría co«« 
vencerla á que consintiese en esta separaeíoir. 

A mis primeras insinuaciones 00 pareció S. M* 
querer adherir á mi petición y pero cuando yo- insld 
diciéttdola que consideraba «til esta medida condtt» 
yó por convenir en ella. 

^ ^^Pues qne vos os habéis encargado de «na em» 
presa tan dilcil y pel¡(¡;rosa , es muy josto que jm 
me someta á lo que creáis que puede asegurar wm 
éxito a y aiiadió con el corazón oprimido t ^^ Sha 
embargo , me baUais prometido que no me separa* 
via dd . principen 

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— M — 

trfit ftMBOMft ioslroeciooet decían entre nlrat t^ 
m% qoe el príncipe tria en el coche de SI. de P, y 
aegttiria el misnio camino que la Reina ^ mantenién* 
dose siempre á media legna de distancia.^ Creo qne 
todo el mundo dirá como yo ^ qne no podia ser la 
prudencia el motiyo de lo que se exijia , porqoe era 
' eridente , que si la policía detenia el primer cocIm 
no dejaria de detener también el segundo. Por con- 
siguiente era dividir los riesgos para unirlos despnfS. 

Con este motivo decidí qne el príncipe scguiria 
nn camino distinto del nuestro , y como el mas cor* 
lo es el de Lion y la Auvernia.^ me jparccióel i 
guro j y aconsejé que lo tomase M. de P. 



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^M — 



XIV. 



Mtaj¡t por jTrancia* 



' SepMtMtion fortada de la* Reina y so sobrino.—- Yíaje por 
Francia. • > 



'^áOndaje »l Príncipe a cas» de uoa persona conocí* 
da de M. de P. con quien este se bakia entendido 
para el paso de la frontera» El debía partirá la una, 
y como el fcaniino por la Auyernia es algunas pos- 
tas mas largo que el que yo ¡ba á tomar, permanecí 
en Chambery hasta la nocbe k fin de facilitar al Prín* 
cipe que llegase al mismo tiempo que nosotroa á las 
inmediaciones de Bayona. 

Entramos , pues , en Francia por Ecbelles, y 
después de baber sufrido el registro de la aduana pa* 
aamos la frontera sin obstáculo ninguno. La Ileina 
Labia perdido la alegría que no la babia abandonado 
»n ioatante desde Saltxbnrgo « no se ocupaba ^t sí 

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— 9S^ 
Misnia, iHibklMi flin cesar del Príncipe > yfréemnl»^' 
inente interruiii[j¡a una conversación para décit^net 
<<¿ En dbnde creéis que esté Carlos en éste nioiiieii«> 
lo ? ¿ Estáis Merlo de qne se baila bien segnro eoá 
la persona á qnien lo acabáis de confiar? ¿Ale proáne-^ 
teis al inenos que lo encontraremos cerca de Bayona^ 
y que la frontera de España la pasaremos junto» ^ 

Creeisj'me deoia ella en algunos momentos de in« 
quietud 9 que cuanto mas pienso en mi sobrino, mas 
me persuado de ^ue esta separación no entraba en 
el plan que babiaís formado? Aliora os conózco'basA 
tante , y vos no sois de esos hombres que toman pre^ 
cauciones minuciosas. Estoy seg^ura de que todo es- 
to es el resultado de una inlri^i^a. Aig;nnos Iiombres 
ambiciosos y celosos de la confianza' que mft habéis 
inspirado quieren partir con vos el mérito de unH 
empresa que os be confiado á vos solo. f 

Tallas eran las espressiones de la Reina y la cual 
con su penetración y su sagacidad había descifradq 
el enigma que yo no me habta atrevido á descifrar e^r 
Chambcrv. 

Nosotros seguimos el camino de Marsella, y des- 
pués dé haber pasado Valencia y Monteliinart , {)a« 
samos el Rhodáno por el puente del Espíritu San^ 
to, seguimos nuestro camino por el Nimcs, Montpe» 
llier y Tolosa, y llegamos á las inmediaciones de Baw 
yona sin nmggn accidente. 

^ ' Las principares ciudades que sé encontraban eá 

. el camino las ^Misábamos en el lleno del día ; yo so^ 

plicaba entonces ii la Reina y á doaa Pilar que le** 

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TftPtaieü M» ▼«!•• 9 iMJaacii nao de lo» cf klilf» f fo- 
ro éomo podio foceder qoo bubieto olgoao qoe eo* 
aocioie i h R«¡*<^ f te>Ña cmdodo ie ¡aclinornie «de* 
boto cooio poro miror afooro ^ y de esfe modo ii« 
porocio qm nos ooulliboniOB , y por otra parlo ero 
imposible ver baaUnló de lleoo el rostro dk S« 11 • 
para poderlo reconocer* 

Desde la frontera do Francia basta ^l términoJe 
■«estro vjaje no nos ban pedido los pasaportes, Doo 
Teces los gendarmes se acercaron al cocbe ; pero yo 
dttdí ans p^egonlas siendo el primero i dirigirles la 
palabra s les preguntaba los nombres de sos gcfes y 
olgnooo detalles sobre los cuerpos e^. qoe babian ser- 
vido 9 y.tómáaidomo entonces por un oficial de su* 
perior graduación que iba k reunirme á m¡ regimien* 
M se quitaban el sombrero > y me deseaban nn boen 
iriaje. 

A medida que nos acercábamos k Bayona la es* 
peronza dé volver á rer á so sobrino 9 y la calmo 
que la Reina notaba en mi la restituyeron so éon- 
ian^ y alegría. 

. Hasta entonces nos bebíamos detenido dos veces 
ol dia para eoner, pero al salir de Tolera la pru- 
dencia nos biso nn deber de comer en el cocbe> pues 
el grande número de espafioles qne . rc»¡den én esto 
parte del LangSedoc bubiera podido 'esponer á S. II. 
i ser reconocida. Hice y pues , ^ Tolosa las provi* 
OMmesqne podían sernos necesarias para los dos días 
que nos quedaban basta las inmediaciones de Bayo* 
M I y el cuebe qoe hasta entonces babia sido núes* 

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«ía 97 «^"^ 
ifi Mti ie recibcr j Piíéslrd dormhotb^ ttegé á ftf 
liáestro comedor. 

Este nitódo de; tivir taft alíelo para Ji Ücifia 
ienia inucíios atracÍ¡v6A pata mí • Cuaodo Ileg^aba Ié 
hora áé la comida la amable camarera íiacia IchIos Íos 
esfuerzos postbles para dará so gracioso rostro el airií 
de aeren ¡dad : pedia las órdenes de la Reini ^ lá dá^ 
ba la lista de los platos y en ségnida ella y yo nos 
dcnplbamóf de poner el cubierto ^ y mientras que 
jo estendítt sobre nuestras rodillas uíi pedazo de éa* 
pa, eoyos embozos^ nos servían de mantel ^ ttíá sa* 
caba su cesta , una polla f ria y algfunos frates j un« 
botella dé agua y otra de vino de Dordéanx f do» 
'vasOs j uú cucbíllo miíy pcqne&o , y unos pedazos Aé 
papel que servian dé platos i completaban el cubíél''» 
io real. 

En ana 'de esta» comidas, á ías cfnaíes presidia 
el apetito y escesiva alegría , la señorita dona Pifar 
cebó fnerii del coebe un bueso, qué ^altó poco para 
que tocáq^ ji, ún gendarme que pasó cerca de noso- 
tros , y la ^Vít^n« Ja reprendió con mncba gracia pOr 

lajdCjVl^'^^^^^y.l^^^^^''^'^^^ tenia con aofas 

q6e teiijaii U :<&rban¡dad de dejarnos viajar 
^8égilj||ií^ad y y que no se empicaban sinoea 
it\tíB Iffdrones/ 



I 







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m . 

_»• _■ 



XV. 



cubaba á (Bayona. 



llcmpo perdido i Iqs alrededoreí de Bayona.— inquietad de la 
Beina."«Cao8at que retardaron la Uegada del^principe.«-in€- 
dídaa Cornadas para entrar en España. 



lili II de óctabre i las dos de la mañana llega- 
ñios á casa de M. D. ; la Reina babia pasado dqpe 
noches en el cocbe y yo diez y ocho , asi es que to« 
dos teuíamos grande necesidad de descanso, y sin 
embargo allí era en doudc iban á empezar ^ucstras 
tribulaciones» -^^^ i" ; 

El dueño de la casa en que estábamos recfUíó un 
billete después del desayuna, car^R^ le ^.dlcmn qañ 
el cónsul de Cristina parccíendc» it9tící<^'at: ¡le b sprck* 
ximacion de los riagcros reales ba¿rr iüdos sus es* 
fnerzos para obligar ii la policía Crancaaa k touuur 

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— 99 ^ 
inediclás 5 qné el telégrafo tío hahí$í moyido to4aT¡a 
eos grandes brazos^ pero que T^rosimilníietite no tar- 
diaria á poticrscl eii hiovimíeiitOé Este aviso era dig* 
lio dé fodqf crédito porqae er^i dado por el marques 
dcL- 

Se decidió poesí qué no era prudente perniane- 
' cef en casa de M. D. ^ pues le hubiera sido muy 
fácil áJa policía el seguir nuestras huellas 5 porqno 
hab/ainW Ifcgado eií posta á su casa, 

M. D. nos, hizo, conducir en su carro en casa de 
M« tí*y uno de siis parientes y este recibió á la Rei« 
na con todaslas demostraciones de afecto que dis- 
tinguen á los Terdaderos .realistas. £1 incógnito 
pties no era posible ya porqué todo el mundo sabia 
el aeereto que nú> habia sidof confiado sino á uno 
sold* 

Esperábamos al príncipe de ud momento i otro, 
pero las horas transeurrian y no llegaban. El primer 
dia se pasó asi ; al segundo ya no tenia límites la 
inquietud de la Reina 9 y yo J9.ismo comenzaba á 
catar con mucho cuidado y me. vituperaba mi con 
descendencia. 

A nuestra llegada me habían entregado una nota 
indicándome la marcha qUe debia seguir para pasar 
la frontera. La Reina debia ser conducida al ano- 
checer en casa de Madama T. que habia tomado un 
pasaporte para sí y dos criadas. Con este carácter 
debia salir de Bayona S. M. al amanecer y llegar 
basta Cambo ,^ ciic' donde eucontraria un guia que 

la acompasaría á^Espana. 

., • i 

i 

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^ 100 ^ 

Yo cottiiioiqoé ttte proyeeto li 8« M. (Í)ylt 
firegonté tn parecer , y ella Me respondió qoe la re* 
pa^naba entrar en Bayona , pero qne no obatanto 
consentiría si yo lo juzgaba itecesario. 

Animado con Ja confianza qoe la Reina me ^dis* 
pensaba la dije qn^ no solo desaprobaba este medio 
aido que me opondría á él i menos qoe S« H. no 
lo mandase y porque en un momento en qne la po* 
Hcia parcela instruida de. nuestra llegada, era una 
imprudencia grande el encerrarse en una ciudad por* 
que una vez dentro de Bayona seria imposible lá 
resistencia mientras qoe en el campo era siempro 
fácil huir ó defenderse. 

Se corformó pues enteramente con mi opinión^ 
y habiéndola dicho que eslaba determinado i poner 
un término y dirigirme yo mismo á la persona qoe 
estaba autorizada con los poderes del Rey me ascgn* 
tó qué süscribia de antemano á lo qne yo dec¡dir¡a« 



(1) Estos pa»oi rodeados de sustos hacen resaltar la ridícu* 
les de los títulos de Magestad , Reina y Príncipe de Asturíaft 
concedidos solamente por un' puñado de fanáticos que quieren 
establecer el trono del infante rebelde aunque sea sobre las 
ruinas de los pueblos y los sepulcros de la generación presente* ' 
Se .puede dar el nombre de ftey por dos títulos. O el hecho 6 
el derecl^o. Por el hecho reina incontestablemente Isabel y re¡« 
■ Aará mientras quede un español que sea digno de este nombre»* 
y por el derecho , aunque pudiera citar las leyes y demostra* 
cioKes que se han publicado hasta el dia me remito al folíete 
que seguirá ú eita obra , el cual recopila los grandes srgameB« 
tos que pueden convencer á la Europa. La legitimidad tsla^ 
Yei esti sostenida por el überalisaio españok i ' 



' *. g¡ttzedtiyG0<P¿fe' 

* 4 ' ■ ,••«-' 



Coa efecto^ partí al día aigaíente á las doa de 
b mañana y llegué al amanecer á Bayona. 

Como las indiscreciones cometidas hasta alli no 
■ne babian permitido Tcr á M. de S^ R. ^ á mi llegada 
este no conocía el carácter y Talor de la Reina ni 
la resolacion' del príncipe 9 y no babia determinado 
sino un solo medio que era el que debia ocaisionar 
menos fatigas 9 pero irbtas las circunstancias convi^ 
no en qoe era nna imprudencia el Valerse de él. Se 
decidió pues entre nosotros que nos valdríamos do 
los contrabandistas. 

El marqués de L. me dejó para dar sus órdenes 
*l efecto y me dio una cita para un punto fuera do 
la ciudad. Era muy natural que quidiese aproTCchar 
déla ocasión para ofrecer á la Reina la espresion 
de un afecto de que da tantas pruebas d¡ariament4». 

Al .volvernos á ver me dijo qqe el telégrafo W 
bia ya hablado por fin y que antes de salir de Ja c¡a« 
dad babia adquirido con certosa la noticia de que es* 
taba muy observada la casa de la dama española y y 
qqe bacía, dos días se habla dado la orden de deto-r 
perla con los companeros de viaje en el caso que st 
presentasen en la barrera. 

Algunos días después salió esta señora para res* 
tituirse á España , y fue seguida por muchos agen* 
tes de policía que crcian que su camarera , que era 
muy conocida, debía ceder su asiento á un alto per, ' 
sonage en las inmediaciones de Cambo. Con poste- 
térloridad se ba sabido qne el guia que estaba encari 
gado 4el paso do la frontera habla sido ganado por 

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— 102 -. 
el cónsul espaSoI en virtud de una numa de 6000 
francos. • 

A las once llegamos á ^asa de ia Reina qne estac- 
ha á la yentana 9 y ya por ana sena que me hizo de 
lejos eon la mano , ya por la csprcsion de su fisono* 
mía obseryé que lenia alguna buena noticia que dar- 
me. El principe había llegado poco después de mi 
salida^ y su yíaje fio liabia 3Ído tan feliz como el 
nuestro porque el coche que »e habla enviado de To« 
losa á Chambcry era tan viejo y malo que se ha. 
bian roto tres ruedas en el camino , cuya composi. 
cion liabia ocasionado un retardo de treinta horas. 

M. de L. quedó admirado de la Reina , y des. 
pues de haberse despedido de ella me dijo tomán« 
dome la mano , « Teueis mucha razón , una muger 
de este carácter debe entrar en España por el caminí^ 
]j[ue han seguido {p9 generales de Carlos V. 



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— IM — 



XVI. 



fitage }ít la Vitins. k <S0|)afUi. 



la Reina 7 ni Camarista.— Su disfrax.— Peligros á qae se rea 
«xpoestas— Serenidad del principe.— VigUaMÍa organitiuU 
en favor de ellos.— Desertores franceses. 



MJesjfutt de tontas düaciones y aosicdadee el 14 in 
octubre á las cinco de la mañana entramos en no 
pequeño barco ^ conducido por dos marineros la 
Reina y el príncipe , la camarista , M. de R. y yo» 
y subimos el Adonr hasta la embocadura del Rida* 
toa* El tiempo era horroroso , pues el sgua caia á 
torrentes, pero i nadie daba cuidado alguno* El pía* 
cer de habérsenos reonido ya el príncipe y de ver- 
Dos.por fin sobre el camino de la frontera había res- 
toblecido la calma y la alegría en los rostros de to* 

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jdoa pero b i|Rie|oa en especial parecU mis gOMOstt qoc 
psdie. j . 

Despncs de tres horas de aavsf actoa llegamos á 
ona aldea llamada ei puerto de Golclte, donde iips 
lesperal^n loa gfuias y acétoilas. Desembarcamos des* 
pues de habernos despedido de M. de B« é qu¡ei| 
dio la Reim» las gracias mas espresivas y monl^mov 
á caballo* 

La comitiva se componía de on habitante ifs Ba? 
I^ona qoe conocia los caminos con motivo de tener 
pna hacicn^fi .pn esta parte del país basfco de un 
jefe de los contrabaüdistss, la Reina el príncipe^ 
1% señora dona Pilar y de mí. • 

Jjñ Reina y su dama de honor tenían sillas i.n« 
glesasy pero la de S. SI. que habia sido her 
jcha para una per^QOf fnpy delgada «eri demasta*- 
jdo e9trccha , de modo que su pierna no podia en- 
fraír ei^ la horquilla 9 as^ es que iba mas bien sus? 
pendida que sentada sobre el caballo. Yo previ coi| 
lemor qoe una postura tan penosa llegaria á bacerse 
insoportable y y sin lembargo no i^abja remedio 
ninguno. 

Despoes de andar algunas horas llegamos al pie 
de uní jeibinencia en la cumbre de la cual hay una 
iglesia aislada que sirve de parroquia á las aldeas 
jdel contorno* Era la hora del o$c^ divino, y ha* 
liiamos yi casi llegado i lo alto de I9 cuesta ^ cuso* 
do vi repentinamente que la Reina se inclinaba bkr 
/eia atrás y y que resbaló del caballo, yo me apee 
llf! mío I y Uejjfuc felizmente á tiemj^ de presernrff 

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Je que dtese en ei suelo. Esto fue motjlyado dé 
tiabérse rolo las cincliás de su pésima silla , y jo 
ine alearé de qae pástese térmiao á la molestia qois 
jesta seüora debía seniir ^ aanqve ella 90 lo qaeriiíi 
leonfesar por 00 alimentar mi caidado.* 

filadle á Dtto de los guias, le iiice aipear para 
que montase S. M. , pero ella no quiso , porque no 
liabia montado nunca sino á la inglesa, y no se 
f trevia á montar de otro modo. 

Los momentos eran preciosos , la misa se iba á 
iConcluir, algunos muchachos comenzaban á salir de 
ta iglesia, y dentro de pocos instantes nos ¡ha- 
mos á ver rodeados de mas de cien personas, en- 
tre las cuales podian hallarse curiosos ó indis- 
cretos* En este apuro, y señalando con la mano 
los Pirineos que estaban delante de nosotros, la 
dijet S« M, quiere ir por este lado, ó prefiere re- 
troceder hacia Bayona bajo la escolta de dos gen- 
darmes. A España respondió ella, y sea del modo 
que queráis. 

Cuando oí esto, la puse el pie en el estrivo, la 
ayudé a montar y partimos al trote. La lluvia babia 
cesado, ei tiempo estaba ya muy hermoso, y como 
<odo el mundo se regocijase de ello, me dijo la Rei- 
lia. «Es san Miguel, el patrón de las gentes hon- 
dadas de vuestro país , el que nos procura este sol; 
él vela por nosotros desde nnestra salida de Saltas. 
Iiurgo. 

Serian como las seis de la tarde, cuando llega- 
f!i¥H fd pie d|B (BOU aotijguo castillo flanqueado por 

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CQitfO torres gitieas, el eaal er» el retiro del bizarro 
marqnés de Belzance. Uno de los gous ae acercó 
á mí y me d¡jo , ai gustaba yo de qoe pidiese bospi- 
talídad^ y en este caso c^oe es lo qae debería decir. 

Decid aL marqués de Belzuoce^ te respondí^ 
qoe es on fraoces amigo soyO) qae tícdc acompa- 
ñando k un jefe del ejército de Carlos V ^ y qijie le 
pide asilo para esta nocbe. 

Apenas lo supo SI. de Belsuuce, cuando i la 
manera de nn alcaide de los antiguos . tiempos nos 
salió á recibir { me apretó la mano ^ ofreció su brazo 
i la Reina para conducirnos al salón, y se esforzó en 
probarnos lo dicboso que se creia por reunir nos en 
BU casa. Habíamos servido juntos en la Guardia 
real , y cuando sobreyino la revolución de Juüoy 
prefirió romper su espada al faltar k sus juramentos. 
Asi es que tuve una Tanidad en poder presentar á bi 
Reina este antiguo companero de armas. 

Después de la caida del trono babia vuelto todo 
sn afecto al ilustre y desgraciado príncipe de Con- 
de , en casa del que estuvo algún tiempo hasta que 
acaeció la catástrofe borrorosa que privó de la vida 
á este viejo desgraciado. Entonces se retiró al an- 
tiguo bogar de sus abuelos , y alli en compañía de 
BU bermosa mujer , pasaba dulcemente la vida y 
amenizaba sus ocios con el cultivo y con los be* 
neficios que prodigaba en derredor de sí. 

¡Pero ay! Esta fiel compañera le babia sido 
arrebatada por la muerte , las móntaSas y jardines 
que en otro tiempo recorria con tanto plaoer f no 

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— 107 — 
«fan para él en d día , sioo objetos de pooai «mrr 
0as y reeoerdoa do}orosoa« 

^or la ooche snpKqaá á M* de B^lznoce qne 
me diese alg^ados delaUes sobre el pais que leniamoa^ 
queVccorrjer. El se esteo4¡<i eo esta toaterla, y coq 
la vakjQtia que ñhtingne i I09 montaSeses. « lEs ana 
felicidad eoolinui el eiicoofraren medio de cstaFran* 
€¡a lao egfoista y corrompida nn rincón de tierra en 
4onde se baya perpetuado la fé, las costumbres 
puras y la rígida probidad de nuestros padres. Aquí 
podéis entrar <en todas las cabanas, con. la certi* 
adumbre de encontrar en ellas ún a^ilo inviolable 
contra la persecución. del gobierno. Todos los hom- 
bres que balliáreis os servirán de guias 9 y podéis 
eonfiarles Tuestra persona y vuestro bobillo sin 
temor, porque ellos espondrin sus vidas por defen- 
der lo uno y lo otro , sobre todo si les decis que 
vais á defender la causa de Carlos V á la que todos 
están adheridos. 

Al otro dia al amanecer llegó el célebre jefe de 
contrabandistas con el eual se faabia entendido el 
marqués de L. para el paso de la frontera. 

Las personas que nos babian acompaSado, ha* 
jbian. regresado á Bayona. Yo hice venir á mi euarto 
i nuestro nuevo guia , y cuando estuve solo con él, 
le interrogué sobre los medios conque contaba para 
hacemos entrar con felicidad en España, y sus 
respuestas me dejaron muy satisfecho. Era un hom- 
bre de mucha estatura, aire marcial , abierto y de- 
terminado. Guando llcgiié i preguntarle si podía 

' ■ . DigitizedbyCnOOglC 



— tos ~ 

contar eon él^ en el caso qoe fneta neceaaño coh 
plear la fuerza, me ^apretó la mano con ona sefial 
afirutat¡?a , ^ por toda respoesta me deacobrii la 
ancbo pecho en el f|ae Tela la cicalrix de ona iialn 
que lo bahía, a travesado de parte á parte. 

Convenimos poes en que las dos señoras loma* 
rbh la delantera disfrazadas de labradoras del pais, 
y que nosotros las segoiriamos de cerca para nro* 
fte^rlis en casQ nccesariPr 



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— M» — 



xvn. 



£íaUba para (Bs^^U. 



La Reina fia senorUa donal^UarfechaliiaD ocu^ 
pallo desde la luañana de au oaeTO traje, y cuando 
bajaron al desayuno Yen¡an ya transformadas en 
tuiscas* '' . •' -^ ' 

S. M. llevaba an jubón pardo., liuá camisola 
rayada de negro y azul,! al cuello un pañuelo d« 
merino negro, y i^lá. cabeza on^nuelo cdo^^ancliaa 
rayas azuíes y amantlW*^. tinas medias ije lana ne« 
gt*as y zapatos muy recios (i), coinglctaban sü 
traje. El de su dama era cóá corla, diferencia 
I0 uiismo^ - • ;. í 



(1) Algnnoa diai antes dé dejar la Espapa y yo babia nicw 
aifestado á la Reina el deseo de Hevarme á Franj:iajlqj| pápalos 
herrados que ella habia llevado en este \ienoso viaje : pero s« 
habían qu^^dado en Elízondo , j ella tAvo la t>ondad d¿ n^cei'* 
Im venir, 5 nc los entregó la víspera de mi partida. *- ^<^j 

Nota dfl autor ^ \ ^ 

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El disfraz del príncipe y el mio^ eran asímís^^ 
nio semejantes 9 y se componian de uD' graa panta*^ 
Ion de terciopelo negro, una faja encarnada de 
lana , ona clKiqoeta redonda de paño azul ^ chaleco 
rayado encarnado y aitíaríUa^ et cneUo> de lar camisa 
irnelfo sobre el de lá cbaquéla^ porque los paiáanos 
basco» no lleva it corbatines , y finalmente un gorro' 
azul en la cabezav E» la mano un bastoo con nodos 
y con pono de eneró* 

A la una de la tarde se pusieron enr marcba la 
Reina y su daui» de honor acompañadas de do» 
guias. 

A poca distancia del castillo de Sf • de Belzuoce 
comenzaban los riesgos. ¡Vosotros íbamos á encon- 
trarnos entre dos líneas de. aduana», y solo por me- 
dio de un ardid se podia pasar la primera, porque 
á la menor señal hubiera acudido la segundar que es 
la mas inmediata á España , y entonces hubiera sido 
difícil de escapar. ^ 

Partimos pues pocos momentos después que la 
Reina montados en dos caballos , que nos habia de- 
jado nuestro huésped. Al dejarle yo, le tendí la 
mano y le dije; Marqués de Belznpce, la Reina de 
España y el príncipe de Asrnrias , os dan gracias 
por la hospitalidad que acabáis de concederles. 

Mi amigo quedó un poco suspenso , pero reco- 
brándose al instante me dqo : hubiera debido sospe- 
charlo , porque no he visto mujer que tenga nn aire 
lan majestuoso y tan noble. 

A este tiempo .se acercb otra persona , yo pust 

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— 111 — 

un dedo á mi boca, él rae comprendió y ttosotroo 
¡Murlimos* 

iltkrcl)a l)ack la Sxonttva. 

Después de baber andado onaa do» boras liega* 
^ mos k una aldea qae ae enenentra en el fondo de na 
Tallecito. Ecbamos pie i tierra, .y mientras uno 
de los guias uos bacía entar en una cabaSa habitada 
solamente por nna vieja ^ el otro saltb sobre uno do 
nuestros caballos y partió á gran trote condocién* 
dolos por UD camino diverso del qtie babiamoa 
traido» 

Nos encontrábamos entonces i nna media legna 
del pueblo de Irrissary ocupailo por nna brigada de « 
adufineros. Una bora después de nuestra cutrada en 
la cabana de la yieja , que no habia dejado el puesto 
de observación que babia tomado desde nuestra 
llegada en una ventanilla del desvaa que miraba al 
pueblo, vimos volverá los dos guias que, liabian 
acompañado á la Reina , los cuales nos dijeron que 
las dos personas que se les babiau conGado babian 
atravesado ya felizmente la primera línea. 

A la inmediación del pueblo que era preciso 
atravesar, asi como el camino que va desde san Juan 
pie de Puerto á Bayona, S. M. y sn compañera 
dejaron las muías [Mira andar i pie, y sus guias las 
confiaron i dos mujeres qne las esperaban , las que 
entregaron á cada nna de las dos seiioras dos cestos 
con pollos, y asi siguieron su mareba y pasaron 
por delante da los aduaneros sin flamar la atención* 

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A las siete de la nocíie llegarqfn i h casa en dóü^ 
dé jebisD (iasar la nocbe. 

Uno de los gaias me advirtió cfue la caja qut 
contenía las alhajas dé la Éeína podría llamar la 
aleación de los aduaneros si lle]i;abamos á tropezar 
coní ellos j y conociendo cuan prudente era ía obser* 
Yacion, lo abrí j repartí á tres de ellos los diferen-- 
tes objetos que contenia. Todo fue devuelto con lar 
mas escrupulosa exactitud después de nuestro arri-r 
be á España^ 

Al anocbecer nos pusimos eñ camino , j cómo^ 
nuestros guias no tuvieron por prudente el pasar 
por el pueblo. por donde habían pasado las señoras 
aquélla tarde y bicimtfs útt grande rodeo. Las solas 
dificultades que encontr'amos por el camino fueron 
cinco b seis cercados de maleza sumamente espesor 
que fue necesario atravesar. Como eran demasiada 
altos para poder saltar por encima de ^llos^ el hom* 
bre que iba debute se bajaba y apartaba con su bas- 
tón las ramas para abrirnos paso^ Guando juzgaba 
ía breeba practicable se metia dentro, alargaba la 
Cabeza , miraba con atención sr habia emboscada á la 
otra parte y y entouces solamente se aventuraba y 
* nos baeift señal para que le siguiésemos. Nosotros 
seguiamos su ejemplo arrastrándonos con nuestras 
rodillas y nuestras manos. 

Asi es que a las once de la noche llegamos k la 
casa de nuestro guia general , con las manos y las 
piernas estropeadas^ Este hombre bizarro que ■• 
babia perdjido de vista á la Reina ^ nos envió á na 

• 

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r- 113 — 

áe fias Itermanos para dátnos noticias de estas dos 
bonitas señoras (espresion de que sé sérviáb naes-, 
tros g^úias cuando hablabani de la Reina y de !s «<?- 
iíotita doña Pilar), y decirnos que habiendo obsCr* 
Tado» ¿Q las líneas de aduanas nioviniicnlos desusa ¿ 
dos que indicaban la alariHa , fio kabía creído prd* 
dente el hacernos pasar la noche juntos en ünáji 
misma casa ; pero qué podíamps estar muy tranqui- 
los ^ porque fas dos señoras estaban en casa de ünn 
dé sus parientas cñ donde las prodig^aricín todos [09 
posibles cuidados $ y seriamos advertidos at instante 
si negaban a correr algün riesgo, JVos bizo dec¡r< 
ademas que hubiera sido posible tentar el paso dé lá 
frontera aquel mismo dia ; pero que debiéndose ve- 
rificar el entierro de una joven en el pueblo ^ocupa- 
do poi^ la última lirigada dé aduaneros habia pensado' 
que nuestras compañeras podrian atravesarle sin 
riesgo de ser conocidas 9 detras de la comitiva qué 
le acompañaría* 

EWibí á la Reina para darla noticias de su so- 
brino, y pa>Cie¡párfa qiHé babiamos llegado felizmen» 
te a muy corta distancia del lugar en donde sé en- 
contraba ella misma. 

La mnjer de mi huésped es una basca alta , fran- 
ca y de nn aire jovial. IVos preparó una escelehte 
cena 9 de la que comimos el príncipe y yo coa 
muy buen apetito. Nos acostamos en escclentes ca- 
mas ) y dormimos hasta el dia con un sueño tan 
profundo como si la línea de las aduanas se hubiese' 

encontrado á cien leguas. 

8 

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— 114 ~ 

Al otro dia 16 recibimos mny temprano iioti« 
cias de la Reina , nuestro guia nos enviaba á decir 
que lo pasaba bien, que se pondria en camino á 
las once 9 y que nos tendría al corriente de su 
marcha; pero que era preciso obrar con mocluí 
prudencia y eirconspeccidn porque estaba difundi- 
do el alarma por todas partes, y se decia que aun* 
que aquella tarde debían lleg^ar tropas de línea y 
gendarmes para reforzar ios puntos de los aduaneros* 

Todo sucedió como lo babia prometido nnestro 
guia. La Reina y la señorita doüa Pilar llegaron 
á la hora indicada á la casa de donde dcbia salir el 
entierro. Llegaron con el cadáver á la iglesia y 
atravesaron todo el pueblo de IIorea-Dosis para ir 
al cementerio: alli las esperaban los guias, y se 
juntaron con ellos sin *8er observadas. Era preciso 
bjacer mucha parle del camino á pie, trepar monta* 
nás, ir al través de los campos ó seguir senderos 
estrechos cubiertos de malezas y espinas, cuyas 
agudas puntas no respetaban las blancas manos d< 
nuestras viajeras^ 



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^ 118 *- 



*». 



xvzu. 



ISaíorbt U flthta. 



La Reina soportaba todita éaÍM faligaa con vq 
mlor «|di! eátkaba lá ádmlracioii ie aos guias , y la 
aeSorita dé Atct i «sia tierna y ileÜcadil jóvcn pare- 
oía aaear do la onerjiXde aH noble ama las fuerzas 
de que tenia necesidad^ 

Boraoto este penoso Tiaje^ mía ícencrdos se 6- 
jaban como era natural en U Vcndec , pur s la per* 
maneneia de la duquesa de Berri en aquel pais , y 
ol Tiije de la Reina al frayes do los montes del país 
basco tenían la mas singular semejanza. Era á na 
mismo tiempo cstaaño f admirable el ver en dos 
épocas tan próximas la una de I* otra dos nebíes f 
alientes mujeres qne no estaban babituadas'a seme* 
jantes fatigas , precipitarse con valor á los riesgos 

do talif>emprcauy y cato en no tiempo de molicio 

j 

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^ 116 — 
y ég^oistno en qne las dificultades baritn retroceder 
á mucbos bombt'cs. * 

Pero la Reina dé Espafla iba mas allá de los P¡* 
ríñeos á reunirse á un esposo y un ojcreilo fiel que 
bibia pro vado en veinte IvitalUs )o que de él se po- 
dia esperar 9 mientras que la intrépida 'madre de 
Ent-i(|uc corriendo k Francia para bacer un llama* 
miento que* no debía ser oido de todos sus am¡g0S| 
no encontró sino la traición y la cárrcl. 

Hacia ya nii|cbas^boras que ellas andaban^ cuan- 
do se distingfuió una patrulla de aduaneros, y se 
apresuraron á refugiarse á una casa que se encon- 
traba á poca distancia del camino , px!ro apenas en- 
traron la patrulla se dirigia a cl!a. Entonces Toe 
preciso el luí ir y ganar un uiolino en donde pudie- 
ron descansar un corto rato. 

Nosotros sabiamos todos estos detalles cadft 
cnarto de bora. Se me dijo que poco antes del paso 
de U Reina por el pueblo de Horca Dos^is, babift 
recibido la aduana la noticia oficial de la aparición 
de altos personajes en la frontera 9 y la orden de 
bacer todos los esfuerzos posibles para arrestarlos. , 
lia policía de Luis Felipe proinclia mil francos pov« 
persona 9 y el Cónsul espaiiol prometía cincuenta- 
uiH al que lograse arrestar á la Reina y al príncipe* 

Supimos con corta dif^eiiels el modo cómo U' 

Reina babia atravesado la Niva , pero despnes me lo 

Mntó ella misma con mas exactitud» Llegada al otro 

lado del rio sobre los bombros del guia qiic babia áe— 

jcesltido de seguir alguo tanto U.corrien|e parí ga«» 

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— 117 — 
jiir an sendero , el terreno estaba en declire y nno* 
jado ^ y por consiguiente resbaló y qayó ella. 

«Felizmente, auadi<{ ella riendo, caí del lado 
dereebo , pues si hubiese caido del otro alli hubiera 
dado fin la Reina de España abogada ó rotos sus 
.miembros contra las pl(:dra9 gordas -de quo está llena 
Ja prilla, » , . 

A las cuatro se presentó sin aliento un valiente 
contrabandista con la feliz noticia de que la Reina 
liabia ya pasado la frontera, y que nos esperaba 
aquella nocbe. Fue preciso tener paciencia basta la 
Tuelta dQ los guías, y en el instanto que tomaron 
algún d^^anso emprendimos nosotros la marcha. 

Pero en pocas horas cambió terriblemente el 
aspecto de las cosas, pues lo que babia sido fácil 
por la mañana, llegó á ser imposible por la tarde, 
en razou á que todos los empleados de la aduana 
animados' con las recompensas que se les habiao 
prometido, se babian puesto en movimiento. 

Nos dividimos |)ues en dos bandas , el príncipe 
marchaba noventa pasos delante de mí acompañado 
dedos hombres, y yo scguia solo con el tercer^. 
Encontramos á un paisano que conducía una baca 
por el mismo camino, mi compaíiero se puso á ha* 
blar cOn este hombre yendo siempre á su lado, y 
yo spgnia detras , sirviéndome de mi bastón y para 
. hacer adelantar la baca. 

Acabábamos "de entrar en un camino profundo, 
cuando de improviso se levanta un aduanero de 
detrás de una zarza y se pone á considerarnos. Yo 

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— 11» — 

k miré fijamente An parecer alterado ni aorprenJB* 
do de sn presencia y él permaneció en pie en el mis- . 
mo sitio , y yo continué mi camino jag;ando con el 
bastón y dándole sobre la espalda i la pobre baca. 
Después de p9sar yolví dos 6 (res Teces la cara con 
el aire natural de un hombre que 'nada tiene que 
temer 9 y que se itduiíra de que le observen con 
lauta atención. 

Nuestro paisano y sn baca se separaron á poca 
distancia de alli , y como se acercaba la noche me 
aproximé al príncipe para poder cuidar mejor de él» 
Era preciso renuMctar i pasar por el pneblo que 
babia pasado \^ Ileina, por consiguiente hicimos 
un largo rodeo , y no |leg;auios á la orilla del Niva 
basta jas nuevq de la noche. Esta era sombría j 
lluviosa , y cqcontramos al jefe de los (¡mw que nos 
. espcrabii con algfunps hombrea ; nos avisó que el va- 
do por donde habiii pasado la Reina estaba tomado, 
por los iidnaneros ^ y como las lluvias b^bian au- 
mentado considerablraiente la corriente > no aabin 
01 aerb posible encontrar otro tado^ 



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-. Í19 — 



|)a00 Uí río Um. 



Üontiooftmos naeitro cftinino lobleojo la cor* 
nenie del N¡ve basta que ae nos accre¿ ono de l6s 
noestros y nos dijo , que hablásemos despacio por* 
qoe á cica pa^oa de distancia babia ana emboscada» 

Después de na momento de .disensión delibera* 
mos pasar el torrente por el pnnlo en donde nos 
hallábamos. Todos los contrabandistss se dispnsie* 
ron qnitándose sos zspatoa y pantalones ^ y como 
yo no seg^if^ sn ejemplo , me advirtieron qoe el rio 
era maa proifundo de lo que yo me pensaba ^ y qn^ 
ai me entraba agua en laa botaa no podría despaep 
andar las tres horas qne me faltaban para llegar i 
donde estaba la Reina ^ pues necesitábamos hacer 
lirandea rodeos. Asi es qne tove que imitar el ejeni- 
pío de loa demaa. 

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~ 120 — 

Después de atar mis pistolas con la faja las al¿ 
al cuello para que no se mojasen. El Príncipe se 
subió en |^s hombros de un basco vigoroso , y co- 
giéndonos todos por la mano i fin de no ser arras*'* 
irados por la corriente , que era muy rápida en este 
punto , nos metimos en el rio. ^ 

El paso fue sumameote larg^o y dificil. El gnia 
nuestro que marchaba á la cabeza , sondeaba la pro- 
fundidad con su b^tstoii y nos liacia subir ó bajar 
para evitar los parajes mas 'probados. 

Todos los que conocen los terrenos montuosos 
saben que el fondo de los torrentes está sembrado 
de grandes peñas, y pueden figurarse por consi- 
guiente lo penoso que seria el paso de este rio en 
una noche oscura. Ya dábamos con las piernas con- 
tra una roca qué era preciso saltar , y ya calmos en 
un hoyo en donde nos llegaba el agua al sobaco. El 
bombre que llevaba al príncipe , resbalo de una de. 
estas piedras y casi desaparecieron los dos. Por for* 
tuna S. A. pudo coj^r el brazo del que estaba in- 
mediato, y fue socorrido al instante; mientras tanto 
lel hombre i|ue lo llevaba recobro el equilibrio , y le 
volvió a fonar sobre sus hombros. 

Llegamos por Gn á la otra orilla , pero yo tenia 
las piernas lastimadas y los pies ensangrentados. 
Oeapues de bab^aaos vestido, seguimos nuestro ca^^ 
mino , y al cabo de nna media hora llegamos a un 
Tallecito profundo f estrecho, se nos acerciiron 
tres bombrea y se nos dieron < conocer , el guia 
iprincipal loa llamó /í parte ^ y después de baber tía- 

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k- 121 -- 

fclado largo ttempor con ellos Tino í unirte i swi 
eamaradas, y les habló ew lengoa basca que es en- 
teramente ininteligible para mí. Lo que yo pode 

♦ comprender es que después de una larga discusión 
en la que habían sido de distinta opinión , se habito 
decidido como sucede casi siempre en las asambleas 
delilierantes por Sr. del presidente. 

El jefe de contrabandistas me tomó por el bra- 
zo, me separó de ios demás, y habiéndome condu- 
cido á algunos pasos del grupo de los demás me 
dijo, que era iinposible el pasar aquella nocbe la 
frontera, porque todas las brigadas estaban sobro 
las armas, y los puestos reforzados; que se habían. 
enviado destacamentos de infanteria y de gcndar- 
meria, que todos los espias que se nos hab¡(in reu* 
fiido, convenían unánimes en que seria un*cto áe 

' la mayor imprudencia el aventurarse á pasar esta 
iioche. 

« Asi pues es preciso diferirlo hasta mananaf, 
me añadió la casa de uno de jos nuestros en donde 
disfrutareis de la seguridad mas completa si fuese 
de temerme registro, tíos avisarían con antíeipat 
cion, y tendríamos tiempo para ocultarnos en nna 
^rota que se encuentra á cien paso», y que soloa 
nosotros conocemos. » 

Pensando en la mojrtal inquietud 4^ la Reina 
le dije que era imposible diferirlo al otro dia; que lo 
que parecía difícil entonces, podría ser impracticable 
después f que teníamos hecha la mitad del camino, 
^ que era preciso concluirlo $ ^ue ad^m^ habla pro<» 

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1^ 1» » 

imtHp i U Peiop cuodqctr al prfoeipe «qwlla wm 
die 9 7 qae día debía estar con el majer euUado si* 
jM^Jefela llcigar, 

No S09 les riegos bis aolos obstibcalos que ter# 
aeis que superar esta noche y me respondió. El jo* 
>ea «sta borribleoieiite eansado.» sos botas estas 
llenas de agna, y yo estoy seguro de qae se qaeda* 
ria en el eamino, 

Pespoes seSaUndome eon l|i mano una enorme 
montana qne. estaba delante » iioadtó* Tres como 
esta tenéis qne snbir y b^jar antes de penetrar en 
España. 

Conocí entonces qoe tema razón 9 y al instante 
tomé mi partido, he dye qne le confiaba la personfi 
del príncipe aquella nocfae; qne me respondía de 
ella eol^/iff cabeza, y que era preciso qne al amane* 
eer bicicse pasar la fronterai; pero que en cnanto á 
mi 9 yo qoeria partir al instante á fin de ir á tran- ' 
qoilizar á la Reina. 

En vano qniso hacerme . nievas obseryaciones 
sobre el rieqgo á que yo me eapopia , pero le pedí 
dos ó tres hombres de los mas determinados j y 
Tiendo que estaba ] tomada mi resolución condujo 
.por hacer lo qne qoeria. Entonces participé al prín* 
cipe mi proyecto ^ y lo aprobó díciéndome qne no 
le falt4»a el valor sino bs piernas, y que hacia 
tiempo que pensaba en el mortal cuidado en qne se 
ballaria la Reina. Le presenté pues nna de mis p¡s« 
tolas 9 y le dije. No temáis . señor el hacer uso de 
esta arma contra ?nestros enemigos, porque es dig- 

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— 123 — 
ao de an deseendiente de Lab XIV , el mbrirse pe- 
so con las armas ea la mano por la frontera de an 
reino. Me áió las gracias y me dijo , que cierta* 
mente se serviría de ella st se presentaba la ocasión. 
Tomadas estas disposiciones recomendé nueva* 
mente la persona del príncipe al fiel contrabandista ^ 
advertí ¿'este qne al otro dia al amanecer me apro* 
umaria é la frontera para esperar en ella al joven 
viajero > y él me prometió enviarme uno que n^ 
advirtiese de sn llegada. Me presentó entonces los 
tres hombres qne debian acompañarme ^ cada ano 
de los cuales estaba armado cofi un recio bastón y 
vn cucbillo; yo preparé la pistola que me que- 
daba , y después de ponee en mi cintnra el cuchillo 
catalán nos pusimos en marcha. 



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— m ^ 



^9 



|la00 iit la Jrionttra, 



Trepamos el monte que mi guia me había ense- 
ñado , y cuya cumbre se perdía en las nubes s la 
pendiente de ella es sumamente rápida , el sucio es- 
tá cubierto de musgo , y la lluvia que babia caído 
lo babla puesto sumamente resbaladizo. 

Uno de mis guias iba á una corta distancia , el 
segundo a pocos pasos detras de él y el tercero se 
man tenia á mi lado siempre que el terreno lo per- 
mitía. Y llegados coH corta diferencia a dos tercios 
de la montana / encontramos una roca saliente que 
formaba cornisa , y este era el camino que necesi- 
tábamos tomar para rodear nna parte del monte y 
llegar á la bajada opuesta. Por un lado la roca se 
elevaba como si estuviese cortada con picos y per- 
pendicular como una pared ; y á algunas pulgadas al 

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~ 12S — 
«rtro lado , pues no hftbia espacio sino para el paso 
de únfaombréy estaba qaebrada hasta el precipicio. 
£ti el fondo eorria un torrente , cuyo ruido apenas 
podíamos oirj tal érala elevación en que nos ha* 
liábamos. • ' 

El guia que iba detrás de»^mí me pasó una mano 
por la cintura, y apoyando la otra sobre mi hom« 
bro me hizo señal de que dcbia ioclinar el cuerpo 
.al lado de la roca. 

La noche era tan oscura que no se podían dis* 
tiognir los objetos , y solo en alg^unos intervalos en 
que la luna se abria paso al travos de las nubes^ 
nos permitía Tcr en derredor nuestro por pocos 
instantes una corla distancia , y el resto del tiempo 
yó no podia advertir el cortísimo espacio que me"^ 
separaba del abismo^ dtno porque no encontraba 
apoyo mi bastón* 

Andubimos asi nna media hora larg^a durante U 
enal yo no podia jnasgar de los pasos mas ó menos pe- 
ligrosos que teniamos que dar , por el modo con 
que mi bizarro contrabandista que iba detras de 
mí apretaba mi cintura, rodeándola con sn brazo 
nervioso. Asi llegamos al canee seco de una cas- 
cada que nos sirvió de camino para bajar al valle. 

Todavía no habiaii^os andado sino una tercera 
parte del eanMno, y ya yo^tíie habla ff4ícit%ido mu* 
chas veces de haber ahorrado al príncipe un camino 
tan pesado y peligroso. 

Llegados al pie del monte nos dirijimos hacia 
vn torrente que debiamos atravesar, cuando el- 

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— 126 -» 
goUi que ¡Im delunte de mí di5 aa siWiáú iMnnejaate 
al cbiiUdo de us ratos/ id que me ie|pa¡a apojb 
ligeramente sa palo sobre mi hombro^ como para 
llamar mi atencioo^ y ri pesar cerca de ub gran 
castaño yi distintamente. ^ y i tres pasos de noso- 
tros dos bombres ocultos en la maleta y con los 
fusiles al lado, los cuales eran aduaneros. Yo cebé 
mano inmediatamente á mi cintura , pero sea quo 
ellos snpnsiestv que nosotros eramos la vanguardia de 
un destacamento mas numeroso , 6 creyesen por la 
seguridad de nuestra marcba que estábamos decidi- 
dos á pasar por encima de dios , im bicieron mofi- 
miento ninguno* 

Asi continuamos nuestra aventurada correria, 
ya trepando altas y escarpada» montanas , ya pa* 
sando precipicios, y sin (atenernos sino algunos 
instantes en el fondo de los valles para cobrar alien* 
to. Los puntos que mis guias escogían para estos 
pequeños descanses, er^an aquellos en que no babia 
peligro ninguno, pues ellos mismos se permitían 
eneender sus pipas, y aun bablar en vos alta. 

Uno de ellos que bablaba báatante bien francés 
me dijo, que el camino que segoiamos era poco vi« 
gihdo , y que se suponía que nadie sino los atrevi- 
dos contrabandistas pudiesen frecuentarlo; anadien* 
do que aun ellos lo bacian rara vez, y esta cuando 
no iban cargados. 

Durante este penoso camino , dos veces me 
ocM en tierra con la resolncion de no pasar ade- 
lantty tan rendido me bailaba por el cansancio^ pero 

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^ f 2T ^ 
pensando Iae|^ que ana noble alentada mnjer^ nnt 
Reina liabia superado/ parte de estas dificnltadea, y 
qne la era necesaria mi presenei» para ealmar sns 
inqnietodes bacía an esfuerzo sobre mi mismo ^ t 
Tolvia á tomar el camino* 

IJegamos por fin a la orilla de un arroyado ^ el 
bombre que iba delante se detuvo después de ba* 
berle pasado, y volT¡¿odose á mi puso la mano 
sobre un peüasco de granito que estaba al lado del 
camino y esclamó t ya estamos en España 

Yo besé esta piedra con nn arrebato de goso y 
ajitando mi gorro en el aire, bice resonar por los 
montes el grito de viva €¿irlos V» 
^ Arrastrados por mi;ejemp|o9 ■»» Talicntcs com* 
pañeros repitieron el mismo grito y añadieron el de 
yivan nuestros hermanos de IVavarra. 

Todas las fatigas fueron olvidadas al instante, 
y al cabo de nn cuarto de hora ya entraba yo- en 
ana pequeña cboza en donde encontré acostada so-*- 
bre un lecho miserable á la Reina y < su dama 
é» bonér. 



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128 — 



XXI. 

Heimion de la Reiai y lu tobrino el f ríiici|it. 



lio é9 posible pintar él cuidado de la Rema coa 
motivo de la tardanza de su sobriuo. Eu cnanto me 
T¡5 me preguntó poc qu¿ no venia en mi compaüía} 
^o la referí las dificultades del paso del Niva , la vi« 
gilancia de los aduaneros, y el largo rodeo que La- 
bia sido necesario para llegar con felicidad bas- 
ta all^ filia aprobó enteramente mi conducta, y 
me manifestó con la mayor espresion cuanto agra- 
decía lo que yo acababa de hacer para^ tranquili- 
asarla. 

La cabana qoe servia de asilo á la Reina era de 
BO desertor francés que babia venido alli a buscar na 

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^ ííé ^ 

•brigfé "f los .miirdbs pai^a asistir i iú pohtt padref 
que no tenia otro apOyO que él 

A hm tres de la nia&ana tocarota á la jptaerta ,Í€ 
la eabaña y me dispertó tin rnidorde maclií^imás voc- 
ees y armas; miré al travé-^^de una claraboya que ser^ 
TÍa de Tentana , y reconocí por el traje que crao soí^ 
dados carlistas Di parte de ello á la Reina que tuvo^ 
mucha satiéfaccion , y Inrgfo nos dijeron qne era* uní 
oficial francés al servicio de Carlos j que iban hasta' 
la misma frontera para' protejcr la entrada de la mu- 
£;er y del hijo de nHio de sus |]^cfes , y que hacia nko. 
choSí dias estábao ocupados cu observar iucesatito - 
mente los piados. 

Este oficial francés era hijo del tnaf^qtiés de trr 
y un jov<$a valiente y disting^uiíló. Se encontraba én 
Bayona con licencia ni tiempo de nuestra lle{;ada j y 
había vuelto á España, a donde lo babia enviado' su 
padre para organizar esta vígilaucia ca favor de lo» 
ilustres viajeros. 

Poco después^ Hegfó uur seg^nhdó destacaímeiltOF 
mandado pOr un oficial de IS aiios. Su padre ^ quis 
era voluntario en la misma compaiita iras lo ensena- 
ba cou org^uilo diciendo y qite líabia obtenido este 
g^adb'en el carmpo de batalla después de haber muer- 
to cuatro ingleses por su mano. Yo leabraeé con el 
mayor gusto. 

Nuestro buesped nos babia preparado chocolate 
de qne teníamos mucha necesidad , piH;s estábamos* 
«n ayunas desde la víspera p&r la mañana. La mu^ 
|rer de nnestrer guia nos babb prometido que coco» 

9 

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(rarfaiDOB noa buena ocna en España 9 y diciendo^ 
nos qae allí la comcríamps de in^jor gana ; pero loa 
seseares adiian^ros que no sabía» ciertamente qae 
era la cena do una Reina la babiaii interceptado ; a¿¡ 
es qiie si Mr. MontaUbct no conseguía apoderarse 
de la Reina $ al menos se ^apoderó de su cena este 
lu^nibre de e$tado« 

£1 cboeoiate nos fnc servido en tazas de barro^ 
sobre una niesa formada por una tabla sostenida por . 
dos pies Bjos en tierra, S. M, al acntarsti ^pbre na 
mal banquillo me dijo riendo : ^^ el mantel de que 
nos servíamos en el cocbe , nos seria, muy útil aqui.a 
La señorita Pilar dijo que preferiría el cocbe al man* 
tel.s^Quita allá Pilar, le dijo la Reina, el ir en 
cocbe es bueno para los negros , pero los facciosos 
como nosotros deben viajar á caballo^ 

. Concluido nuestro desaynqo frugal nos pasimos 
en marcba para ir á recibir al príncipe^ Ademas no 
perdíamos camino»^ pues era la misma dirección que 
debíamos seguir para ir á £IÍ2ondo. 

Nuestra escolta estaba dividida en dos pelotones. 
Ct joven oGcial y cuatro bonibres iban á unos veln» 
te pasos delante de nosotros 9 y su padre coq loo 
otros cuatro formaban la retaguardia. Allí llegamos 
á la orilla de ün riacbuelo que sirre de límite á los 
dos reinos* 

Yo iba dtetras de la Keina ^^^ al nor SU9 vestidos 
destrozados por las zarzas, y todavía mojados de la 
liuvia de la víspera ; sus zapatos y sns medias cu* 
bicrtai» de barro j al recordar que babia soportado 

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— 134 ^ 
con Unta calma y resignación las fatigas inánditaá 
de un viaje tan largo y peligroso , si» qae sa ale* 
gria se hubiese alterado un instante; admirado de 
tanto valor ínc preguntaba á mí mismo y si los liom» 
bres qué acababan dé péner á precio su cabeza , y 
que por sos socorros y las (ratsá^ qitfé ponen ^ pcrpe* 
tilan la goérrif jr la devastación en España, no son 
mas criminales , que íar que por motivos de pora am-r 
biciou ba usui*pádá la corona (1)/ 

> I • ■ • ■" I.' -i .-„■? ; • - r ' f \ f 

(ij Está ílemostrado el indisputable derecho de legitimidad 
qtic remide en fsa^él' II, nuestra augusta , amada jf verdadera 
Reina. £1 folleto que se unirá á continuación reproduce ló^ 
principales é indestructibles argumento^ éi^que se funda el de- 
recho^ íñ'dicado^ ; |M|D si los límites. de una nota permitiesen el 
' ensanche nccesar^|Ptodavia se pódria' probar , que si los go- 
biernos son para la felicidad de los pueblos, nunca al del prío« 
cipfi rebelde pbdriá convenir a está' g1:ande é ilustrada uacioii* 



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~. in — 



XXII. 



Ifttttmon ¡re la Wma g Í>tl jinnicipt <« 
~ sobrino. 



Hacia no cnarto de hora rfne nosotros nnáih^ 
mos por delante de ¡la frontera de Francia j cuando 
yo advertí sobre una altara, en frente de nosotros 
un paisano que agitaba su gorra en el aire , é ¡nd¡- 
caba con ia mano el paraje ^ sin duda , por donde el 
príncipe babla entrado en Espaiía. Yo. lo parlieipé k 
la Reina , la cual me babia manifestado formalmcn* 
te, que su inteneion era conservar el ¡ncógnilo bas* 
ta Elizondo , y aun basta Tolosa si era posible. Pero 
el gozo que espcrimenló cu este momento le b¡20 
olvidaiAta resolución^ y voh ¡endose bácia sus sol* 
dados con un aire de magcstad, que le sentaba tam» 
bien 9 y que contrastaba de tin modo singular coa 
tu traje ^ esclama :' ^^ Hijo» míos yo soy vuestra rei- 
na I corred á recibir al bijo de vb^^stro Rey. 

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^133 — 

A estas palabras, todos estos Tállenles cebaroa . 
i correr, y pocos instantes después una descarga de 
fusilería nos iiízo saber que el beredero de la eoro« 
na de Espaüa Citaba en medio de los soldador de sa 
padre* ^ , 

Nos encoutrábamos cerca de una hacienda situa- 
da á la oruia del cainino , y allí ei*a. donde dcbiaiuos 
esperar las acéinilits. S. M. se sentó sobre un mon* 
fon de bcno que estaba a la puerta de la casa. Una 
niucliachucla lle(;;ó á ofrecerla manzanas ; y hablen* 
do inanífcstailo deseo de comer una, yo se la mon*'' 
dé con el gran cuchillo qne llevaba conmigo , feli- 
citándome con S. M. de no haberme visto prei:¡sa« 
do á emplearle sino para un uso tan inocente. 

Pocos instantes después llegó el príncipe con sa 
escolla , y no haj necesidad de decir cuan interc* 
santefne esta escena. La Rcin^ y el principé no de- 
bían separarle ; todos los peligros estaban pasadas, 
-las fatigas olvidadas ; y solo les esperaba por todas 
partes el amof y el calttsiasmo* 



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^ 



^13*. 



$ntraí>a ^n (SU^onbo, 



Reeibíjiiíejito que lucieron á María Tereu 7 al príncipe. 



.Afesdeestenipnieiito ,el viaje de la Reina y del prín- 
cipe fue ana terdadcra marcha triunfalg La jioUcia 
de su lle{;ada 9e difundió por aquellas provincias con 
la celeridad del reláinpag;o. Todos (csfos valles del 
Bastan tan apapiblcs y felices desde que están bajo 
la dominación de Ca^'lps lian tomado como por cu- 
canto nn aspecto desusado. Por todas partes se oia 
el sonido de las campanas y el estrépito de la fusile- 
ria y los ba|)itantes cngpalanados con sus trajes de los 
dias de fiesta se precipitaban delante de la Reina y 
del príncipe, y |[ps colmaban de bom'enajes p de ainpr 
j de respeto. • 

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^135 — 

CI 17 de octubre ií*lad ocbo de la nOelif rerificó sti 
entrada: en Elizondo Alaria Teresa, montada en na 
mulo, Téstala todavía con el traje de paisana basca ^ 
y en liíg^ar de un qbal ^ cubierta con tini capoté de 
soldado. 

Todas las campanas estaban al viiclo y la cindad 
iluminada. Xas aotoriilades y los principales habitan* 
tea la babtan salido al ^i|ci|ei]itrp parfi cuoiplinicp- 
tarla^ 

Al dia siguiente á las ocbo de la mañana salimos 
para ir á dorinir á JBIg^prriaga, SI príncipe monta ^ 
ba el caballa del capitán L. , j la Reina, la señori- 
ta Pilar y madama Fulg^ocio ^ f|ue habia venido é 
recibirla , estaban montadas e» mulos. 

Alli es donde \i ppr la primera vcss estos terri* 
bles andadores de la Nayarra, cilyos pies parece que 
devoran las distancias. Los cincuenta hombres que 
nos escoltaban iban tan deprisa como nuestros ca« 
ballos durante las ocho leguas del país que tuvimoa 
que hacer , y por la noqhe me quede admiraJQ de 
Ter bailar á ¿stoa mismos bombres cu las calles. 

A nuestra llegaba á Elgorriaga ya pudimos dcjav 
pnestroa disfraces porque los contrabandistas nos 
enviaron los trajes que habiamos dejado en casa de 
M. de; Delj^uncc. La Reina se puso el traje que, yo 
la habia llevadQ de ^Marsella, y i|n sombrero de paje 
con un vcIq verde,. 

Al otro dia por la mañana oos pusimos en ca^ 
mino muy temprano á Gn de llegar pronto i Tolosat 
A »lg^Pft distancia de la ciudad encontramos al se« 



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-^ 136 rr- 

fior Tejeiro 9 geotil-bombrc ékl míantc D*^ Seba»» 
tjan ^ que Iraia el encardo de regalar al pr/ocipe on 
.^orra de color atuaraoto , guarueeido eoo na fleco 
de oroiiy ua berruo&o sable ^ y eoino las personas 
que le rodeaban le biciesen obicrvar el primor del 
trabajo 9 él lo dcsciubaíaó diciendo: .^^ Lo que ¡m» 
porta es que la boja #ea (^uena, pprque p^easp $9t» 
Ifirine prQuto de ejyiaé ^ 



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— i» 



XXIV, 



Htz^H k SOIO09, 



Va^cfit^ dil iaf ante dof^ Seipaitian / la madre,* 



Pocas legaas antes de llegar i Totosa , encontráis 

mot al infante don Sebastian á quien hacia cuatr9 

dSios que no le li^bia visto su nlatlre, y durante cn« 

ja separación había temido frecuentemente por su 

existencia f porque habia corrido miiekos riesgos y 

expuesto varias veces la vida en el campo de ba» 

lalla. 

La Reina^ estrechó entre sos brazos á su hijo, 

y ambos estaban tan .conmovidos que no podian ha- 

blar. Quiso presenlarme i él^gero no pudo articiu 

i$r palabra. £1 infaotje copoció aa intención^ y me 

i 

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— 138 ~ • 
bino una salntacion afectuosa. Al cabo de no coarto 
de bora de este dulce desabogo nos pusimos ea 
marcha. 

El infante se acercó entonces á mi , y tomando-* 
me la mauoafc<c||]|)sam|snte me dijo. Me perdona- 
reis el que baya tardado tanto ^ mapifi^staros mi re- 
conocimiento 9 pero estaba tan abitado , ba sido tan 
|g;rande la fclipidad de Tcr á mi madre que po podía 
contener los sentimientos qne me agitaban. £1 ser-* 
tícío que acabáis 4ebaicerJ[i)ái>páis es mas impor- 
tante que el ganar pna b^taila, y yo os üonserVari 
un reconocimiento eterno como bijo j como es- 
panol» * 



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■^ I3S -. 



3exv. 



fía %úm ¿n SolO0Sr 



llomiBAcioBit y baÜM popuUrei.s-yrbiittudQ. 



l^lc^met á ToloÉm muy temprano, y á nuestra 
'iCntrada resonaban por todas partes los 0r¡tO8 de 
\¡va el Re^, Tiva hi Reina ^ Y¡van los príncipes. 
Me parecía estar en Franí:!^^ ^n los licrmosos días 
de la restátiracion ^ y üste grito de viva el Rey que 
yo no Iiabia proferido desde que están desterrados 
los Borbonps, lo oia nllí con un sentimiento de 
placer mezclado de tristeza. Yo envidiaba esta eon« 
secueiite fidelidad, este afecto que supera todos los 
obstáculos 9 y que los riesgos y las persecuciones^ 
polo consiguen exaltar una adhesión tan dcsintprf? 

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sada en España ^ y taa fña y egoísta entre fie«* 
floli*os. 

Por la nocbe se ¡lamíiió la ciadad^ y la pobi»* 
cion pasó la itocbc bailando en las calles^ no hay 
pueblo mas aficionado al baile ^ que estas provincias 
liascas, en cada pueblo y en cada aldea lia y músicos 
pagados por la municipalidad, los cuales en los do* 
mingos y dias de fiesta se establecen en ios parajes 
públicos para que bailen los babitaotes. 

Mucbas personas fidedignas me bao asegurado 
que es tan grande el amor al baile 9 y la iiidife* 
rencia por el peligro, que se ban iristo formarse 
cuadrillas de baile, en los puntos avanzados, las 
cuales no suspendían su diversión por las balas de 
canon que solían pasar silvandó al través del bolero. 

Todos los oficiales acantonados en los alrede- 
dores, se presentaron en Tolosa para cumplimentar 
á la Reina , y fueron presentados por el general Cr* 
bistondo , que joven todavía reuue á una fisonomia 
^agradable, una iustruceion profunda (1), yuii va* 
.lor admirable. Este did mismo modo que iodo\ loa 
oficiales de su estado major, me trataron con la 
. mas franca cordiaUdad> 



' ( 1 ) No es esta la opinión t¡ae se tiene de él por persoQM 
que le han conocido desde su primera juvcnlud, pues es per*** 

. tona que no ha frecuentado los estudios, ni se cree dotada da 
la majfor aplicación. Pero seria la primer persona de la par** 
cíalidad del autür, y de la cual hubiese tenido que hablar ea ' 
el discurso de esta obra , á la que no hubiese atribuido el 4at« 

• fk una iuUrnccIoa profuiiilA 
e 



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Vi también en Tolosa al jorea S* de Mane* 
lla^ el caal por so iralor y en recompensa de las 
mochas heridas qae ha recibido en el campo de ba» 
talla f ha obtenido el grado de eorontlf 



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— ím — 



XXVI. 



<íario0 lí. 



Eneaentro' de Carlos f María* Teresa^ y tí príncipe de ▲«- 
' tur las. 



JLñtre "fofostf y Alcoitia , faé doiid<f encontramos 
•I Rey ; en el inátante mismo todo el mundo echó 
pie á tierra, y SS. Mllf* demostrarotf sentir el mas 
\ivo placer. El Rey sobre todo pareciaT bailarse en 
el colmo de la felicidad ^ al verse reanido' al mil* 
ino tiempo con su bijtf y la Reina^ El rae dijo las 
palabras mas lisonjeras 5 y con csAspre'sion de bon- 
dad qne es tan preciosa eúr la boea de los Borbones. 
Cómo él daba un méritof ¡ilfinito á lo que yo 
acababa de bacer^ me creí eii ef caso' de responderle. 

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Señor ^ yo be fido ampliamente recompensado de 
mis penas y con la acogida qne he tenido en Espa« 
ña 9 y V, M. colma mi sati;»faccion mucho mas de 
lo que yo podía pronictermé. No he hecho sino mt 
deber en esta ocaaioil j porque U causa del Rey de 
España ^ es la de los hombres de bien ^ de todoar, los 
paises. Fuera de esto Vé M^ es ou Borborf, y co« 
mo á tal le rttcgo $ que me Considere como á uno 
de sus tilas fieles servidores^ 

El Iley$ después de una fUedia hora de, marcha, 
al lado de la Reina^ se adelantó á Azcoitia en don» 
de todo estaba preparado para la Celebración del 
casamiento* ^ 

# 



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« 



SCSUI. 



€í\thtmoti itl €aí^mUnttí. 



Coartel Heal de Azcoítía.— Cclebriicíon deí cayamicfíld.— Fa* 
]ac¡o del drrque áé Grah'adá'.~£l infante* don ¡^cbaitían.— Re« 
0oci jos.— Pasco á Lojola.— Corrida de toros. 



JLia Reina ¿izo stí entrada ctf Ascoítm) rodea* 
da de nii numeroso y brillante ,cstado mayor. Solo 
Lacla do4 día» que el Rey había sabido su <*ntrada 
en España, eou motivo de un billete que ella le 
liabia eserittf al pasar la frontera. 

El cuartel Real que estaba en Elorrio , había 
sido transferido a Azcoitia la víspera , y S, M. es« 
taba alojada en el pajacio del duque de Granada f a^fi 
que este fiel y . leal servidor, to^o ladicb* de 

■ -i ' ^ 

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— 145 — 
qoeeIRey babicse qneriilo alojarse co so etsa. 

Uiw media Lora después de niieatra. llegada ^ jo 
recibí ana ¡nvitaciOD del Rey para presenlarme en 
palacio, á fin de asistir á la ceremonia del casa* 
miento que ibé a vcriScarse. SS. MM. seguidas 
de toda la «erñdumbrey fueron introducidas en Ui 
Capilla, el Rey ^ el Príncipe de Aslnrias, y el In. 
fanle don Sebastián, llevaban el grande uniforme 
de capitanes generales, llevando al coello el cordón 
del Toisón de oro , y la banda de Carlos IIL La 
Reina llevaba su modesto traje de camino , porque 
no habia tenido tiempo para hacerse uno á pi'opósi* 
topara la ceremonia» ¡Pero qué importa! Este tra- 
je recordaba los grandes peligros separados, y 'las 
largas fatigas sufridas: y la paciencia y el dolor 
▼ al^n muelio mas en el dia sobre el trono, cjue el 
cspl^dér y el lujo. 

El obispo de Leo» les echó la bendición, 
y SS* SliU. en seguida pasaron en procesión á la 
Catedral (t) en donde se cantó un Te Deum. 

Por la noche hubo iluminación general y bailes 
en las plazas y calles publicas, y se pncdc decir 
que la frase tan frccueiitemcute embustera de unes* 
tro Monitor era verdadera en esta ocasión , porque 
el entusiasmo era unánime y dificil de describir. 

Dos dias después SS. Sllll. seguidas de toda la 
corte, fueron á visiiar el célebre convento de Ra« 



\t) £n Azcoítia Ao existe catedral, tal es la etaclitud de Us 
relactooca del aetor. 



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- 146 — 
jon» f que se eBeueoIra á uoa media legpiia de AiU 
coitia. Este cs^ ua gprande y inag;aifico edificio 
coQdtrnido sobre el mismo lograr qae ocupaba la ca* 
aa del seuiiiiario. Todavía se vé el cuarto, al qae, 
vino á corarse de la herida que recibió en el sitio 
de Pamplona. 

La iglesia que es toda de marmol , es tambica 
de un estilo licrmosíáimo. En este establecimiento 
se. crian á espensas del Rey, muchos de loa hijos 
de sus fieles vasallos. 

Llc(vamos a las once, y después de haber asisti* 
do ¿* uua misa con mibica ejecutada por los alom* 
nos, SS. MM. y todos los de la comitiva fueron 
introducidos en el refectorio, eo donde se les sirvió 
un csceiente desayuno. 

Después de este, que fue muy alegare ,, el Rey 
y la Heina visitaron el establecimiento, y cniraróa 
en todos los detalles que podian asegurar el bíca 
estar y la instrucción de los jóvenes educandos. 

£1 joven de Yillemur, asi como muchos de sus 
camaradas diríjieron á SS. MM. discursos suma* 
mente elocuentes; ya por los sentimientos del cora* 
zon que también espresaban, como por la rectitud 
y exactitud de las ideas. 

El príncipe de Asturias y el infante don Sebas» 
tian, hicierou i los alumnos muchas preguntas^ 
cuyas respuestas manifestaban la instrucción que 
Labian recibido. Los filósofos de París, se hubieran 
asombrado de encontrar tantas luces en un país que 
quiercu scüalar como el de las tinieblas. 

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,— I».— 



XXVIU. 



€1 infante ion ¿«bastmn. 



Bdrtto de eiU priocipe* 



MLl lafiínCe don Sebastiiii ,' i qaiea be tenido 
oeetfnn de yer con frecuencia dorante mi perma* 
neocia en el cuartel Real , e^ un príncipe lleno de 
instrucción y de amabHtdad. Su educación ha a¡« 
do aomaniente esmerada, liabla muy bien francés 
y posee ademas de profundos conocimientos milita* 
res de el velor qat todo él mondo le reconoce, mu- 
chas habilidides «[ue Je distingaeri*, como bombre 
' de gusto y de sociedad. Pinta üiáraTiflosamente, 
es muy boén másieo , tiene una Yéc berúBosa , y el 
gv^to^ctn que canta acredita ijue há aprotecbado dé 

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~ 14S ^ 

•a permanencui en Italia 9 para eaf adiar el métoá» 
de los garandes iiiae8li*os. Creo deber reprodncir 
aqni do gfracioso y béiiéTolo billete que tuvo b 
bondad de dirijirme al^uoos días antes de mi rrgre* 
so á Franela, r 

ce Sr A Oonde. El inmenso servicio qne acabáis 
de prestar á mi familia y á su cansa, quedará sieui* 
pre grabado en mi.corason. Y deseco de qne coq« 
servéis la memoria de los sentiuiienRP que me ba* 
beis inspiradb'') oi rttégó aceptéis como un pequeño 
recuerdo un par de pistolas Fabricadas en estas pro« 
▼incias } su seocillex y su origen os recordarán laa 
cii^unstancias y los lugares en donde be tenido te 
fatisfaccioa de bacer vuestro conocimiento , y do 
aseguraros de níí afecto particular. Azcoitia 9 do 
noviembre de 1838. 

Sebastian GabrieL - 



Por la tarde volvimos á Aceoitia. 

£1 S3 tuvimos una. magftoífica corrida de toroSf 
j al dia siguiente SI me .vestí el traje de los facciosos 
j partí para Balmaseda, Babia manifestado el Rey el 
deseo de visitar el ejército , y S. Al. tuvo la liou* 
dad de dar orden á uno de sus ayudantes de cam* 
po para acompañarme al cuartel .general de Maroto. 
Hubiera judo incompleta mi sat.isfjpec¡oii) ya dema* 
siadugcandesiu embarga 9.^ Lobiese reparado loo. 
Pirineos sin visitar ^tos soldados tan acrcjedores al 
see^pocimioiito do sa ftej^.b est¡^iapÍM éi.lo. 



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Earapa (t ) f y qne luía llerado en d pa¡9 la «mi* 
kndfo de sas araus^ y el gran Bomtire de Zoaia* 
lac&rregpQi* 



"imm 



(i) La ettímacioii ie lo« í*niltkMt't9mo t\ autor, Cttjt ce* 
fuedad le hace enconlrar la ^oria en la dcfradacioa de U 
aerridunbrCf la aat baja j oprobioM» 






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» 



• 'i'i '^' ,■* 



Ctmrtel gtntral l>t Carlos ü. 



Caartel jeneral.— Marote.— Sos antecedente».— Diicíplíoa.— 
Aipecto del ejército.— Ettranjeroi que firren en «at filas. 



Ed el camino 9 irlsiUmos las fibrícas de armas de 
E¡bar , eo las que bay centenares* de trabajadores 
empleados en la construcción de sables y fusiles. 
Todas las armas que los soldados de este ejército no 
toman á los enemigos ^ están fabricadas en Eibar* 

El primer dia de nuestra marcba fuimos i dor- 
mir i Durang;o. 

La Vizcaya que bemos atraresado en toda so 
longitud f es una de las proirincias mas ricas y 



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— 151 — 
pintorescas de Espafiá. Todos los cursos de las agnaa 
que son bastante onmerosos ^ están gnarnecidos de 
nn namero inílnUo de herrerías y fandieíones de toda 
especie 9 en el mejor estado de actlvíclsd , pero lo 
que para mí era un contínno motÍTO de cstrane^a^ 
era la perfecta seguridad de sus Labitantes > 7 el 
aspecto de la abondancia qae se notaba por todas 
partes. Sin los numerosos uniformes , los convoyes 
de todo género que recorren los caminos, y sobre 
todo sin la prespcctiva de algunas casas quemadas, 
que ban quedado. alli 9 como para perpetuar el odio 
de las poblaciones y el transito de las bandas na» 
clónales, seria imposible persuadirse que esta bella 
proyincia bace seis anos que es el teatro do^^ guer* 
ra mas sangrienta y encarnizada: los campos están 
por todas partes cubiertos de ricas cosecbajs , y los 
habitantes se entregan pacíficamcfi te á la labor del 
campo (I). 

La administración de todas las proT¡nc¡as oca» 
padas por las tropas reales, es admirable por sa 
sencillez. Las Jnntas territoriales nombradas por loa 
habitantes, son las que ejerce la verdadera sobera* 
nía , y no lia y nada roas estrano qne el oir á los 
partidarios del justo meilio francés. declamar contra 



(\) Háj propoticioncs tan «bsardaí, que no necetiUn de 
Oira contradicción que el buen criterio del lector. Todo el 
arando sabe el estado de las provincíhi , los brazos arrebatados 
á la agrículturji I j el «atado de opresión da aquellos ha« 
bitantea.. 



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_ 152 ^ 

«1 despotismo ^« Carlos V que combate i h cabc^ft 

Ae sus fieieis Tssallos , por ei mantetiimieiito de sns 

faeros , mientras qne el gobierno liberal de Cristi* 

na quita á la naeion española sus derechos 9 para 

fundar contra la voluntad de nn gobierno Tccinoi 

6u caprichoso régimen de libertades publicas (!)• 

' Las juntas territoriales después de la gnerra se 

bán convertido en verdaderas comisiones mili tares J 

pues ellas son las qu^ proveen a la defensa interior 

del país , y á la manutención de las tropas» Allí no 

bay intendentes militares, ni comisarios / ni era* 

picados en víveres , ni finalmente nada de lo qne 

nuestros soldados acostumbran á llamar arroz , pa« 

y sal. Bitas administraciones tan costosas , y estos 

proveedores tan ladrones , son desconocidos en el 

ejérctto dé CárloS j y sin embargo está provisto de 

cuánto necesita. 

Por los caminos se encuentran con^ojres de 
nitilas cargadas de salitre para la fabricación de la 

pólvora^ por otro lado se ven carros que condueea 

a1 ejército cartuchos y balas de canon , y todos es* 

ios transportes se ejecutan con un érdeo admirable^ 

pues protegidos por una débil escolta, recorrcA 



{1) Solo la %Boraaeía del autor puede desconocer, que 
'antentra* la Nación Espaúola toda entera, gomia bajo el peto 
<de la fenriduRi^re ma^ dtira, estas provincia* eoKsenrafido tos 
tfuero» y priviicjios, gocaban de la mas plena y amplia libertad. 
Asi no es entraño que ellas ^e batan por conservar sus fueroc, y 
«1 resto de ia NacioM i quien te fa baa arrebatado por r^- 
«abrarlof. 



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^ iss — 

ytcíBoiÉgptie Im camioos paianik por^ ddÍMiftt. 4é 
las psettM iniliUrcB, y bajo el caoon de las plasas 
de les eríalinoS) coa uoa aegaridad que priíeba k> 
iadiferencia del peligra y el desprecio del eneniipi^i 

Si se me pregunta por qué ios soldados de Car* 
los son tan yalicntes, y por qaé los de Gristina Isk 
son tan poco ^ yo responderé qne es porqoe loa nooo 
so Taten por pnincipesy y los otros por intO'^ 
^eses (!)• 

Les soldados de Carlos V defienden á un mismo 
tiempo su fé poUtiea y su fé reKgtosa , niieotrai 
qne los de Crislioa combaten por im gobierno qno 



fi) £s menester el colmo de U naas crasa estupidez , y del 
mas cie^o fanatismo para sentar una proposición tan absurda y 
tan eoDtraria á los hechos que presenta la historia de la guerr* 
actual. £n medio de la protección y el apoyo que ha encontra«« 
do la rebeldía .de este príncipe, en los partidarios de la escla* 
TÍtud Europea, qué progresos ha hecho^ qué plazas ha tomado, 
qaé TÍctorias ha conseguido. Todaría esta reciente el empeño 
de la conquista de Bilbao, y el puente de Luchana es nn ttt* 
ligo del valor de las tropas leales, y de la confusión y Tergoen* 
sa de los rebeldes. Pero ma« recientemente todavia Guardami- 
ao y Ramales, pueden adjudicar la corona del valor á los Ta« 
Uentes que han sabido ganarla. Sil mí ae me preguntara el 
por qué de esta diferencia de-Talor entre los dos partidos sien* 
do ambos españole», yo responderé con mas solidez y razón 
^ne el autor , qne es porque los unos deBenden laliermosa y 
noble causa de la. libertad £spañola , apoyada en el trono lejt^ 
Ünio de Isabel ii, al paso que los otros pugnan por so ignom¡<* 
nia propia- y por los solos intereses de nn pretendiente usurpa* 
dar. Note puede decir lo mismo de los vtteaínos, los cuales 
«asna te ha demastvada , diafraua ms /oeraa dd régiaaca mae 
boiéfica j liberal. 



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topr)BMÍil>^,y :ye> wu CaostitiieiiN» qí» ijgtmnmi 
de «qoi piroeede que 1m^ reductos «e jomelea á*l« 
dÍBoi^lm^DMS severa y soportan Im fatigas 7 las 
pmrMtttttes^ mientras qee los eristkios se «ublevaa 
«entra sus íjaCés^ y loa asesinsía.CQaiido carecen de 

¿ üBajd ka haiideraade GrisJiipia m hay ain<^ ner- 
eenaeios, y bajé las de fiarlos liay; cristianos y es» 
' panoles (2). ^ 

• rCaaedo^ejesiodiá ceioeiyolo'lie beelio, la na* 
4Qnileaii.del pus y los i inmeoBOs .recursos qaé en^ 
eieera9.'ae^piiede<afiri|iar eoo eegaridad qae eaahs* 
quiera que sean los sucesos de la guerra , las pro- 
TÍncias de Vizcaya no estarán nunca bajo la díiimi- 
nación de las tropas nacionales ^ qoe nnuqa estas se 
etreveríin á penetrar en eUas , y que di ejército es- 
tpanjero que lo intente encontrará alli su sepulcro. 
Basta decir que en las montanas de Navarra., de. 
Ouipu^cioa y de U Vizcaya., y con medios muy in* 
feviores'á los que se poseen en el dia ^ estas tropas 
han deátroido otros cjércilto^, y anonado un cuerpo 
de 10,000 ingle$ps, 991 c.omo la legión i^strangera 



C 1 ) Vf^h^J una palabra ea todo el párrafo que do sea ona 
ealvmiiíoia imposliura. Nadie «s mas sufrido que los soldadoa 
de la naeioii , ni es posible abrazar- una eausa con mías oMm 
«rder , .ni mas decidido entusiasmo. 

(2) Bajo las banderas ^le Cristina hay buenos cnidadaDOs, 
y bajo las de CárW hay solamente siervos de los verdaderos 
mercenarios. 



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que por so Talor y discipitna , irtlu tres veces, el 
námero de que se componía ( 1 )• 

Tres diss después de nuestra marcha llegamos k 
Balmaseda, y yo me hice acompañar á caaa del 
jeoeral Maroto, á quien conocía particularmente 
por haberle tenido ocoftditittcttls Remanas en mi ca« 
.sa^ cuando logró evadirse áe ía policía fraojcesa* 
Tuvo un verdadero gozo en volverme á ver , y me 
aseguró del placer que le babia causado el saber que 
el mismo que babia prestado un servicio tan grande 
á la cansa del Rey ^ej^to sus^tdab,)^)? era el que 
le babia acojido tan bien en Francia* 



fij Hub¡er4fDot pregnntado al autor el número de tropas 
l^a estjmiijerfis ú e«|iañolai ^e4um jpciref¡¡4o, for.M parte det 

príncipe rebelde. 

'•^ ■•' ; ■ ;. . ■'..■'. . : i 



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lit ^ 



Httrato It MsLXOta. 



Uaroto, es on hMibre ie ana bella figara , dé 
«na estatara eletada y en toda la faerza de att 
edad (1)9 80 estertor grave y sns finos modalee 
dan nna ¡dea exacta de ser un caballero t nn caste* 
llano* He Tisto pocas personas cuya mirada de 
León sea mas difícil de sostener , y sobre esto se 
poede consultar á los soldados de Cristina (2). 

Blaroto entró muy joven en el servicio militpr» 
y ba becbo toda la guerra de la independencia en la 



( 1 ) Maroto es tifi hombre de anos setenta a&os, por coa- 
•igfñ^te DO puede graduarse en la fuersa de la edad. 

Y2) La .abertura de esta última campaña » acredita el peco 
temor ^ue puede inspirar i las tropas leales, el talento 7 ralor 
de Masólo. 



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cimI ba dftdo nmnerosas proébts de so screnitlad y 
pericia ( i )• Posteriormeiita pasó á Amériea e« 
donde se adquirió una «grande repotaeioo ^ porqae 
•cuando el oro de Inglaterra sembró la insurrección 
en las posesiones españolas, Maroto permaneció 
fiel á sus deberes y y toda la América se encontra- 
ba ya sublevada cnandp la proifiocia que mandaba^ 
obedecia lodavia al lejítimo Rey. 

Posee en alto grado el don de electrizar á los 
liombres que manda , y el de inspirarles una grande, 
confianza. Cuando tomó el mando del ejército ^ la 
disciplina estaba relajada , muchos batallones entera* 
mente desorganizados , y un grande número de sol- 
dados desertaban cada dia de sus cuerpos para toI» 
▼er á sus hogares. Su presencia restableció el or- 
den , los batallones se reorganizaron y completaron^ 
los desertores volvieron voluntariamente á sus regi- 
mientos , y su justa severidad restableció en los 
cnerpos , la sumisión y disciplina que son tan nece- 
sarias en el ejército* 

£1 mayor elogio que yo puedo hacer de sn per- 
sona es el decir que en el camino que bé recorrido^ 
los pueblos mezclaban su nombre i los gritos de 
viva el Rey , viva la Reina. 

He encontrado en Balmsseda muchos oficiales 
estrsnjerosy entre los cuales he visto muchos fraa^ 



(i) E% cierto que ha hecho toda la guerra de la índepea* 
diencia ; pero con carta gradaaclon y sin que «e le recooocca 
tia^eelebffid^d. 

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~ m — 

coA^ciflo» mioB, y digMi lo qpe qoieria Im 
periMico», iodoBJMhm saliefeebos y conteolos de 
«« poHcioQ. Para probar h verdad de esta aaereioiiy 
citaré no artículo de la Gaceta del medio dia, cer- 
Uficando yo la exactitod de los detalles qoo con- 
licoe» 

^<Uo diario de París , comparaodo las ¡ncesaotéii 
súplicas que Lacen ios cristiBoaalcstraojero» y la 
actitud noble fe iudepepdicnte de los realistas, aiia* 
dia, que los ofieiales de fuera que se presentaban i 
Carlos encontraban en él una fria acojida , y difícil* 
«neote Hegaban á grados superiores. Pero bay un 
«rror en esto , que el Rey de España, asi como to« 
dá su noble familia manifiesta á los que se le acer« 
can esa afabilidad que sienta tan bien á la verdadera 
^ndeza , ni tan poco ciei*to que sea difícil el as* 
censo á los oficisles estranjeros de un verdadera 
mérito, pues, que el mayor número de los militares 
que han tomado servicio en Espaita, han llegado 
con rapidez á graditaciones elevadas. Entre otros 
podemos citar á Mr. de Barres Duznolad, coronel 
de estado mayor, Sabatier igualmente coronel, De 
Coetlogon, capitán de ingenieros , el conde de La« 
laude , capitán de caballería , el joven conde de Buz* 
Wildecb , que ha reemplazado dignamente á su her* 
mané, tan querido de todos los oficiales españoles, 
por su valor y preciosas cualidades. If . M. de Rcitb, 
y Raden , coroneles de artillería é ingenieros , y una 
muchedumbre de otros oficiales franceses y ale* 



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— IW ~ 

Los realistas españoles soa denniailo Talientes 
ellos mismos, y eonocen demasiado su interés |iara 
mirar con envidia á los oficiales estranjer09 que les 
son tan útiles 9 sobre todo en las armas científicas 
en donde el celo y la inti^epides nó pneden suplir 
al estudio y á la espericncia. 

Jamas un oficial de mérito sera recibido con 
frialdad en España , y si un pequeño número ba 
creido encontrar alguna desconfianza y no ban te« 
nido compafieros basta después de baber becbo sus 
pruebas , lo deben atribuir á bombrcs ambiciosos é 
intrigantes demasiado bien recibidos al principio y 
que después ba sido necesario despedir* Algunos 
de estos bombrcs lian escrito y escriben todavía en 
los periódicos, y al mismo tiempo que se prodigan 
elogios, á sí mismos vituperan á aquellos que los 
ban juzgado con demasiada exactitud: de aquí laa 
falsas ideas que adopta la prensa de Paris con de- 
masiada lijereza* ^ 



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~ im ^ 



0i0ita it tos pimtQS aDan^aiiíos. 



Al otro iiá por la mañana el g^cneral Slaroto me 
propuso \¡s¡tar los pantos avanzados, y montamos á 
caballo después del desayuno. Entre las personas 
que acompañaban al jeneral , se encontraba el prín» 
cipe Federico de Schwartzemberg y el joven conde 
de Buz-Waidecb con el berniano del cual yo me 
babia encontrado en la escuela militar de S. Cir. 

Entramos en Castilla y nos dirijimos bacia Villa- 
BOTa. El jeneral qneria aprovechar de este paseo 
para ensenarme una parte de su ejercito ; dio en sa 
virtud las órdenes necesarias, y á medida que nos 
«cercábamos i una posición, encontrábamos á las 
tropas que la ocupaban formadas en batalla* 

IVo se puede formar una ¡dea exacta derbuea 
estado de los batallones carlistas , su uniforme seo- 
ciUo y. cual conviene i tropas que bacen la guerra 

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— 461 ^ 

luce 8éb aSo», tiene cada ooo su byeB par de za^ 
patos , un pantaloo rojo , un capote azulado 5 ^ ea 
la cabeza uua boina b gorra. No llevan casi efecto^ 
ningunos consigo , porque estos les embarazarla eA 
las largas corrcrias que. tienen que hacer en las 
luoQtaiiaS) los almacenes están siempre á la proai- 
niidad del ejcrcilo ,. y ademas los liabilanles de las 
provincias sou los beriManos y los amigos de los sol- 
dados de Carlos. Asi ea que los reciben con carino 
y proveen á sus necesidades. 

1^ que me asombraba sobre todo era el buen 
estado del armamento y e\ aire marcial de las tropas» 
En cuanto á esto citaré con particularidad un bata* 
Ilou de guias que produjo cu mí un efecto extraor- 
dinario j porque me recordó nuestros Lcrniosos ba* 
(aliones de la Guardia Real en traje de camino. Loa 
escnadroucs de caballería que íorve ocasión de exa- 
minar , están nerf ce tamen te montados y eqoiiiados^ 
y los hombres qí|e parecen dotados de mucho valor^ 
mauejan sos lanzas con mucha destreza. 

Después de haber inspeccionado siete ú ocho 
batallones y muchos escuadrones ,, volvimos al cuar* 
tel jcoeral* Al otro dia los oficiales de injeoieros 
me hicieron ^visitar la fórtafeza de Ualniascda y todos 
los trabajos que la defienden : todas estas obras están 
cu un estado de perfecta defensa 9 y no puede uno 
cansarse de admirar la perseverancia y el talento que 
ha sido necesario para crear con los débiles recur- 
sos de que pueden disponer los carlistas ^ y aon ha* 
ce poco tiempo todo lo que vo he visito durante mi 

" n 

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— 162 -. 
perin&Deneía en C8lc país. En una de las HateriaGí 
del fuerte me ensenaron piezas de treíota y seis, 
cayo peso no' escede al de una pieza de á ocho , y 
^ue han sido fundidas con el mismo hierro y del 
mismo modo que los cañones de los fasiles ( 1 )• , 

En seguida irisite dos parques de artillería , ono 
de sitio y otro de campaña ^ que están en ef estado 
mas satisfactorio f casi todas las piezas y los atalajes 
han sido tomados á los cristinos , también me ense- 
ñaron algunas piezas de campaña, entre las cuales 
babia dos obuses magníficos Lechos a martillo del 
mismo modo que las piezas- de treinta y seis que 
me habian enseñado^ 



(i) Asi han salido ellos, y han hecho tan buena prueba en 
el fuerte de Guardamino. 



•y i- 



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i 



tS3 ^ 



XXXII. 



JÜticlta áí dnúxUi xml. 



Despaes de cuatro días pasado^ úóIoí cI general 
Slarota, le deje para Tol^er al Cuartel real. El prín- 
cipe de ScliwarlzéVnfrrt'g ijue negocios ¡inportaules 
llamaban á Francia , aprovecbándose de la inacción 
que la mala estación imponia al ejército^ se decidió 
á partir conmigo. Yo tuíVé en ello nuiclio gozo, 
ponjuc era imposible encontrar un compañero de 
\¡aje mas alegre ni mas amable que él. El príncipe 
es del pequeño ni^ei^o de aquellos que creían toda- 
Tia que uu grande apellido impone táuibien grandes 
deberes , y que el puesto de un caballero está en 
todas partes donde la legitimidad se encuentra ame- 
nazada. 

¿Que se han hecho esos grandes apellidos de 
Francia? En otro tiempo uo habí ¡a ntio que no fi- 

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-. 164 -^ 
gfuriae en Ioa eampos de Ctfrlos V. No L»hr¡a ana 
grande faiuiüa cuyo jefe no hubiese enviado i sa 
bijo á esta áspera escuela: ¡Pero ay ! Loa tiempos 
ban cambiado sobre manera. La nobleza de FrancM 
acepta la ociosidad que le ba dado la revolución , é 
bien se ba liccbo industriosa y especuladora. Si 
queréis encontrar los antiguos apellidos no loa re- 
reis brillar sobre una medalla recogida en el polvo 
del campo de batalla. Los escudos «le armas que 
eran en otro tiempo las ensenas del valor en medio 
de los choques, son en el dia objclos de pnro ca- 
pricho. Los artesones de las salas de nuestros jóve- 
nes señores , están a la verdad tapizados de escudos 
de armas de todas especies , pero sou de alabastro; y 
si las proezas de los abuelos están pintadas en el 
lienzo , sus herederos piensan sin duda que la pá« 
giua de so historia está demasiado llena ,- pues dejan 
descansar su espada y no tratan de añadir una línea 
al libro de sus glorias. 

Con motivo de las grandes lluvias qne hablan 
echado á perder los caminos , nos vimos precisa- 
dos á hacer un graude rodeo para tomar el camino 
real de Tolosa. Pasamos ^por Amurrio en donde 
vimos dos magníficos batallo nes de Castilla, y des- 
de alli nos dirigtmb^á Bilbao. I^lcgados al pie de 
la montaüa que sCpi^a Üesta ciudad del camino real 
que scguiamoi , cphaáios pie á tierra, y después de 
entregar nuesfi^os caballos á los hotubrcs que nos 
acompañaban, emprendimos el subir la montaña. 
Nos habian advertido que s¡tf¡Kpve que ios crÍL^tinoi 

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~ 165 — 

Teian tnucbas personas juuUis, sobro todo siema ofi« 
ciales y los saludaban con al{run caiionazo. 

El príncipe ilc Sch\vartzetnber{]^ que no se ba- 
hía encontrado en ntB{;una función de armas for* 
mal desde que se encontraba en Bsp:u1a, esta- 
ba incoinodado de parlhr de este modo. « Al meuoi 
me de^la él andando, s¡ estos bribones' son aten* 
los con nosotros podrá decir ¿ mi vuelta á Fran«. 
cia que be oido silbar ana bala de caíiou de los 
cristinos. » 

Cuando lle^j^amos á la cumbre de la montana 
descubrimos á Bilbao y á todas las obras que la ro- 
deán. Estábamos cerca de una batería cneiuig'a en* 
teramentc en frente de uosotro:»^ y babia uiia pie- 
za de tjreinta y seis. 

• Empleamos como nna inedia bora en mirar con 
nnestros anteojos f^ ciudad y los diversos punto3 
fortificados , y después de cspei-ar la bala de canon 
que el príncipe deseaba tanto , y que los cristinos 
DO tuvieron á bien enibiarpos, nos rcqiiiiyios 4 p urd- 
iros caballos 9 montamos eo ellos, y scgniíuos nues- 
tro camino. 

El 2 de setiembre ileg^amos al Cuartel real, y 
yo me apresuré a presentar mis respetos á SS. M^f. 

El Rey que me acógela siempris con tanta bon- 
dad me pidió con interés Ql(¡^unos .detalles sobre lo 
une babia^ observado , y después de escuchar con 
atención 16 que le dije acerca del orden admirable, 
el airp marcial y discipllnu nue babia notado ca su 



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ejército y el Talor y decisión dé qae me parecía 
animado me dijo. 

«Sí^estoy contento y orgalloso de ser cl padre 
de semejante paeblo , y podéis decir en Fruncía y 
por todas partes ^ue ^no abandonaré nnnca á mis 
fieles soldados. Mientras que me qaede uno para 
combatir á mi lado , defenderé mis deredios y mi 
corona; y ^i el enemigo llegase un dia á destruir 
mi ejército.? yo me baria matar, pojrque mas Tale 
Tivir como Bey que morir como proscrito. 

Dos dias después, esto es, el 4 de noTiembre 
que era )a fiesta del Rey, bubo un grande Ibeaamanos 
en la corte. Después de él fui á afrécer mis respe- 
tos y mis felicitaciones al Rey, á quien ya liabia 
anunciado mi regreso á Francia. S. M. ine mani- 
festó su sentimiento por la prontitud de mi marcha 
y me entregó las insignias de las gran £!rnz de Cájtt- 
los III. 

Grceria faltar ^ un mismo tiempo á mi deber 
y al reconocimiento , si no publicase la car.ta que 
Ae orden del Rey me dirijieron con este inotiyo. 

Sr. Conde.. •• «Al Jncluirx>s la jidjunjUí 
comunicación de lá gracia de la gran Cruz de Car- 
los III con que el Rey mi augusto amo )ia querido 
distinguiros, me apresuro á .manifestar a V. iE. la 
satisfacción que me eave, y cuáq «ensíjile soy al 
honor de ser el.organo de la munificencia real para 
,con V. E. que acaba de prestar á mi patria un ser- 
vicio tan señalado. 

Recibid Sr. Conde la expresión sincera de mis 

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— 167 — 

«entimientos ^ y de la consideración la mas ilistin» 

^nida con la cual tengo jel honor jde ser ^ueslrp 

juay obediente seryidor 

José Arias Tejeiro. 

Cuartel Beal de Azcoitia 4 de noviembre 
de 1858. 



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— IM — 



3CXXUI. 



Hntlta á /rancia. 



Dcspnes de jbaberine despedido del Bey de U 
Reina y de los príneipcs, tomamos el «amíao de 
Francia 91. de Scliwartzemberg y yo. 

Hacia pocos momentos que habíamos Hegado á 
Tolosa cuando oímos un garande ruido de mujeres y 
niños que corrían por las calles dando gritos de 
alegría. JVos asomamos á la Tenia na y vimos á todb 
este concurso que acompañaba una pieza de canon 
que atravesaba la ciudad. Bajamos á la calle y uno 
de los sargentos me dijo 9 que este canon había si- 
do tomado poqos días antes de una hatería inglesa de 
Pasajes. • 

« Era la noche de san Garlos me decía él , no- 
sotros estábamos en nuestros puestos abanzados y 
hacia un tiempo tan horroroso , que el débil techo 
de nuestra barraca apcoas podia garantirnos de la 

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~ 169 — 
Hotia i|f» cam á torrentes* Mi catnarada iné dijo. 
Salles que Loy es el dia de {san Carlos y que yo 
desearla ofrecer al Rey ¡un ramillete digno de éL 
Yo también lo descaria le respondí yo. ¿Pero có- 
ano conseguirlo ? Si. pudiésemos^ respondió mi ca- 
marada^ presentarle uno de esos cañones de bronce 
que admirábamos esta n^anana en la batería inglesa 
que está delante de nosotros? Sí, pero la cosa es 
imposible.— No tanto «orno tu crees. — Probemos. 
Los comedores de buey debeni estar metidos en sus 
garitas para {[uareefrse del mal tiempo. Nosotros 
fiomos ocho 9 tomemos dos hombres con nosotros y 
los otros cuatro guardaran el puesto. » 

«Yo consentí en ello, me decia este bizarro 
sargento 9 y partimos Hoyando con nosotros una 
cuerda y una pala; ¿legamos ii paso de lobo cerca 
de la bateria, y después de escuchar nu instante, 
nos dejamos caer en el foso. Mi camarada monto 
sobre mis espaldas , otro montó sobre las suyas y 
ulcanzó la tronera, un, segundo le sigi^ió, y qui-^ 
lando sin hacer ruido las cadenas y ios clavos que 
«ujctaban la pieza á la curefia , la hicieron caer en 
el foso ; nosotros atamos sólidamente una estremi- 
dad de nuestra cuerda al réilcdor de la pieza, y 
después de haber subido sobre el glasis tratamos de 
subirla , «sto nos hizo trabajar mucho, pero lo con. 
seguimos no olistante, y aun nos la hubiéramos 
llevado si el dia que comenzaba a amanecer no nos 
liubicse hecho temer el ser descubiertos, y perder 
«1 fruto de .nuestro irabnjo. Tomaaios ¡mes d par- 

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_ 170 — 
lido de arrebatarla unos cien pasoa del glaais , !• 
enterramos en la >arena , y llegamos á nuestra bar- 
raca muy mojados, pero sumamente satisfechos del 
chasco que acabábamos de dar al enemíg». » 

o Por la mañana yo di parte al comandante del 
batallón de lo que había sucedido 9 jM hizo tomar 
las armas á cuatro compañias, figuró un ataque 
falso, y mientras estos buenos inglesas estaban 
ocupados por este lado, yo fui con una docena de 
iralientes^ descnjterré la píieza y im Is Ileyé. 

. Al día siguiente partimos para TqIoss y llega- 
dos ,á Andoain^ nos detUTimos algunas horas para 
yisitar el campo de batalla y irer las obras conside- 
rables que han construido los carlistas sobre esta 
línea , allí me complacía yo en oir los menores de* 
talles de Jos he^^bos d<e arm^^ que han ilustrado el 
ejército real. Un oficial que se encontró en esta 
batalla de Andoain, me esplicó icircunstaiiciiidamen* 
te la toma de este pueblo. 

Un batallpu de Guipúzcoa , que 90I0 tenia oeho^ 
cien tas plazas , fué el que después de haber hecho 
una descarga, parlió á la bayoneta, y después de 
bal>er recorrido la calle principal, atrayesd un puen- 
te y llegó A una llanura en donde se encontró 
cuerpo á cuerpo con ios ingleses , y como en esta 
¿poca los soldados jcarlístas estaban aun bastante mal 
armados, la mayor parte 110 tenían bayoneta en sns 
fusiles, los tomaron por el canon y acometieron á 
los inglesen k golpe de enlata. 

Cuaudo después de la batalla trataron de en« 

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- m - 

terrar los ninertos, se encontraron .mas áe cuatro» 
cientos qne tenían magnllados Jos ^^ráueos ( 1 )• 

Yo me despedí de «stos ir.aljciilcs ú quienes deje 
con un verdadero sentimiento , y ^ruatro días des* 
pues me encontraba ya en Francia. 



fi) Téngase presen te ^ciu¡c;n iliabla, y ^la parcialidad que 
caracteriza su escrito. ' 



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— 17^ 



C0i^CLUSS03í. 



Yo no soy diplomático ni hombre de eitado^ 
pero liay cuestionca de las que to,i]o hombre de buea 
sentido pttede juzgar, y la cuestión española es de 
este niimero. 

Eli la grande Inclia abierta á la otra parte de 
los pirineos ^ el Bey y la España han licelio sn de- 
ber , ¿ pero lo ha lincho la Enropa , ni la hace tam- 
poco en el momento mismo en que estoy ha-- 
blando ? 

Desde el prpncipio de est^ sangrienta lucha loa 
gabinetes del continente cometieron nna^ grande fal* 
ta 9 falta cuyas consccnciiciás han sido capitales y 
esta ha sido la de no reconocer á Carlos V. Con efec- 
to 9 la serie de los sucesos demuestra cada dia las vea- 
tajas que los gabinetes de san James y de las Ta- 
ller ias han sacado de una política contraria. 

Ueconocicndo, Otitensíblciuente á Cristina la In- 
glaterra y la Francia se han puesto en el ca'^o de 
poJcr pyuJar abicrtanipnte ai gobierno de Madrid y 

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{loder decir de Cristma : Es nuestra Aliada, hói 
gabinetes del norte no potUan decirlo al ttabki^ de 
Carlos V. De aquí la decisión que se ba inanifesta* 
do por un lado, y la indecisión que se ba dejado 
ver por el otro ( I ) y porque todo depende de las 
posiciones que una vez se ban tomado. 

La .primera medida que debieron adoptar los ga- 
binetes del norte es el' reconocimiento de Carlos V, 
y al otro día de este recouocimientti bubícran tcnr* 
do los brazos libres mientras que abora los tienen 
atados. Pero mé dirán tal vez que el reconocer á 
Carlos V era dar la señal de una conflagacion gene- 
ral , mas esta objeccion absurda no es sino la cspre- 
slon del miedo y del cgoi.^mo. 

Ni la Iirghterra ni la Francia liarán la guerra, 
porque no deben ni pueden hacerlo. 

La Inglaterra llegada bace mucho tiempo al ze- 
nitb de la fortuna no puede dejar de declinar y el 
statu quo de la Eurojm puede' solo prolongar la 
duración de un poder que se hace muy pesado en 
sus manos debilitadas. La inmoviKdad es para [« 
Inglaterra una cuestión de TÍda ó muerte .' enohrc» 
remos las cansas que la impiden decidirse por Fa 
guerra. Una deuda enorme cuyo interés auiral rgna* 
la casi a todo el presupuesto entero de la Franer», 
una aristocracia cuya decadencia ba comenzado^ una 

. . _ ^ 

( 1 ) No v% lo mismo protrjcr á fa sordina^ nna nial» «aitsa^ 
fiuc ilrcUrarsc injuslansrnlc cu fjver cicla úu razwi v la m- 
j'iHíicia»^ ' * ♦ 



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^ 174 ^ 
sociedad trabajada; por fcrineotacioAed* de. anacqnuí 
que ella lia eiiviado'. á los cuatro áng:ula9 del mundo, 
y que se lian enirciienado mas aun por los males 
que lian causado; una nación dividida entre Iqs po- 
seedores del suelo y el proletario f un parlamento 
sin mayoría , y por Consecuencia un ministerio sin 
dirección y una población hambrienta , en Irlanda 
O-Conell y la ajitacion, y en el Ganada una insur- 
rección amenazadora } ved aqui el estado de la In- 
g la térra r 

JUeno^ belicosa que cí emperador romano de 
quien Fiabfff la historia, la Inglaterra no quiere mo- 
rir en pie .; quiere morir sentada porque sabe que 
este es el medio de prolongar la vida. ' . 

En cuanto al gabinete de las Tullerías hay razo- 
nes no menos fuertes y coucluj entes para no que- 
rer la guerra. En un tiempo en que el elemento re- 
Yolttcioiiário le daba oonti^a la Europa uua fuerza 
que no tenia en el día y él no bt quiso porque hizo to- 
do lo posible; para evitarla^ ¿cóuio pues presumir 
que quiera ahora aventurarse á ello? Los embaja- 
dores á ia verdad vau repitiendo, que podrían de- 
senmascarar ai monstruo reVoluciotiario como decía 
Al ¡rabean J mas estos embajadores s^en que el pri- 
mer acto cíe la revolución seria el de atacar ¿sus 
carceleros. El gabinete -de las Tullerías hace ocho 
anos que manifiesta demasiada prudencia para que se 
le pueda sospechar de una temeridad de la que no ha 
dado ejemplo á ta Francia ni á la Europa. ,Por lo de- 
mus él podría perder mucho y no te«nia nada que ganar. 

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— 175 — 

Sopongó en efecto ana gi#rra favorable al prin- 
f*ipfO democrático : la revolncion que alimenta con- 
tra los hombres del 7 de agosto odios que ella 
considera merecidos los^ derribará infaliblemente. 

Asi nO' interés general ev Inglaterra , y un in- 
terés particular ra Francia hacen imposible la guer- 
ra, y haga lo que quiéranla Europa , íos fundadores 
de la cuádruple atianasa no se moterán. Fuera de esto, 
¿qué haría la Europa que no fuese de riguroso dere- 
cho en política ó en diplomacia? ( í ) 

Los gabinetes de san James y de las Tullerias 
han reconocido á Cristina, porque su' poder era un 
hecho. Pne^ bien ^ el poder de Carlos V es aun 
mismo tiempo un principio y un hecho victorioso, 
porque es cor los campos de bafalfa de España y 
con la espaikr de sus soldados con lo qoe ha sancio- 
nado su lejftimidad (2). 

La Francia y la Inglaterra lian reconocido el 
gobicniio de Cristina como un hecho conveniente á 
stt política , mas la Europa reconocería á Carlos 
como un príncipe scgon como la grande ley de la 
lejitimidad que rije á su derecho polilico (5). 

(ij Lafttima que no le hayan tomado por su consejero los 
soberanos del norte. 

(2) La lejitimidad donde no existe no puede sancionarse, 
y el poder de Carlos V está' circunscrito á los matorrales y 
bosques de la Vizcaya. 

(3) Nadie puede reconocer el derecho donde no existe, pe- 
TOscl autor sm entrar nunca en la discusión de esta grande 
cuestión da por sentado un supuesto que es uinmüestamente 
absurdo. 



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^ 176 -- 
Ilabria un tratado fle«at¡anza laonárqiiica en ¿oiitra- 
posición con el tratado de la cuad^uide alianza , y 
entonces los gabinetes unidos podrían decir á los de 
Londres y Paris. Habéis establecido el principio 
de la no intervención , y os debcis decidir á obser-* 
Tarlo.* sed neutrales cutre Cristina y Carlos , y 
dejad ventiUr la cuestión entre ellos* Si iutervenin^ 
nosotros lo barcinos tauibien , porque si sois los 
aliado» de Cristina , nosotros somos los aliados de 
Carlos. 

Estas pocas palabras pronunciadas con un tono 
de firmeza y decisión valdrían mas que todas las 
notas diplomáticas* 

I a Europa se ¡ud¡(jna de los norrorcs de qne la 
España es el teatro , gime de sus niales y de[iende 
de ella el terminarlos ( !)• • 

El día en que yo asistí en el paleo del Rey á 
una corrida de toros^, observe que la lealtad españo- 
la y aseguraba á estos fieros animales las suertes del 
combate establecidas por las leyes y por los usos. 
JLo que los espaíioles liacen con los toros, ¿no lo 
harán lo» revés con los liouibres en quienes reside 
el honor y la fuerza del realismo ? Los soldados de 
la lejitimidad no obtendrán ai fin la igualdad de las 
armas y la olvervaneia de las leyes de la guerra? 



(1) Si cl término que el autor nos desea es el del dom¡mi> 
de Carlos, sepa que este s^na mas fiin(?sto v hovroro&o que to- 
dos los desastreaí de la guerra civil. 



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~ 17T — 

Confieso. qne este Tofa que fortñtf esiú fuiídáila 
inas bieu tn el interés moral del bonor de las co- 
ronas ; porque si los reyes ofrecen á Carlos el re- 
conociiniento de sn derecho como un homenaje tri- 
butado á la lejítiinidad, eí Uey de España llegará 
c^nsi{yo y á las filas de los soberanos sus hermanos 
nn Iiuesped que los tronos no deben desdeñar , es 
decir, la \^¡ctoria ( i ). 

(. 1 ) Mal aspecto presenta por lo menos hasta el día. 



1» 



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— 178 — 



VOTAS DÜIi iSíDITOB FBAnCZSS. 



Deseoso el editor de dar algunas noticias fieles 
y completas sobre la España, ba creido que no 
seria fuera Ae su lugar el presentar algunos estrac* 
tos de las cartas del capitán José Tansky sobre el 
ejército de don Carlos como notas finales basta abo 
ra. El editor se propone que el conde Roberto de 
Cttstine no se quejará de este apéndice, porque to« 
do él está en favor del ejército del pretendiente^ 
y porque tiene el objeto de convencer á los lecto- 
res á quienes la obra de Mr. Cusline no baya con* 
Tencido. El editor pues va á corroborar la opinión 
del partidario de Carlos V. Con la opinión impar* 
cial de un oficial que ba servido con distinción en 
las filas de los cristiuos. 

Verdaderamente los beebos no^ pueden ser ad- 
mitidos en la historia , sino cuaitdo son juzgados por 
los hombres de los dos partidos. Este solo pcn« 
Sarniento y este deseo de la exactitud han deci. 



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— 179 — 
d¡do al editor it añadir á esta obra ya tan cilriosa y 
detallada del conde Roberto de Gqslinc las cartas 
del capitán José Tanslsy sobre el ejército de don 
Carlos. 

Sentimos baber tomado prestadas tan pocas pá- 
ginas de la obra que nos ba confiado d capitán 
Tansky, pero nosotros nos abstenemos de juzgar 
asi como de toda previsión y cálculo político : núes* 
tro objeto no nos permite publicar otra cosa qne 
los materiales puramente bistóricos. 



I 

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18© — . 



CAETA.0 



SOSRB 



EL EJERCITO DE BON CARLOS. 



Primera CaHtí. La Gfmpr esa que yo be tomado 
á mí cargo quedaría racomplela si despaes de haber 
babtado del cjéreito consthueional , no tratase de 
dar traa ¡dea del ejército del pretendiente. 

Las fuerzas de don Carlos ^ las componen dos 
ejércitos distintos; el navarro vascongado de las pro- 
vincias rebeldes y el castellano. £1 primero aunque 
an&iliar es el principal y es pufffmente territorial 
como lo fue el de los realistas de la Vandé. Caen- 
ciairacnte organizado para Ja defensiva y no seisepa* 
ra sino momentáneamente de sus hogares. Et otVo, 
en que ae admiten españoles' de todas las-'^uia^ 

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^ 181 — , - y 

^iflcias, y aun estranjeros, no tiene basta ahora sino 
lo» cuadros de los cuerpos destinados á formar el 
verdadero ejército de operaciones* 

Las provincias vascongadas y la navarra, no 
estaban sujetas á la contri bacion personal de la 
quinta. No suministraban continjeutc j y no babian 
tenido nunca ejército permanente; pero las leyes 
del pais obligaban á todos los habitantes á tomar lad 
armas para -la defensa común , lo que se llamaba 
levantar apellido. 

En 1825 se organizaron voluntarios, realistas en 
algunas ciudades de las provincias vascas , y en toda 
la Navarra , escepto en Pamplona en donde se opu- 
so la guaruicion francesa. Esta era una especie de 
milicia local que se reunía rara vez. 

Las provincias de Vizcaya y de Guipúzcoa te- 
dian antiguamente uha müicia llamada tercios que 
dependía de las autoridades municipales , y cuyos 
oficiales eran nombrados por la diputación general. 
Hacia el fin del reinado de Fernando , el cáinistrf» 
Calomarde se declaró abiertamente contra los fueros, 
de éstas provincias, y si bien la Navarra se mostré 
dispuesta á someterse i las leyes comunes de la Es« 
pana y suministró hombres , las otras tres provin- 
cias rechazaron con enerjía la inovacion. 

En 1850 cuando Mina penetró en Navarra el 
coronel don Benito Eraso, formó dos batallones de 
voluntarios realistas en puente la Reina. Esta tropa, 
aunque licenciada poco tiempo después , es la que , 

lia servido de base al ejército actual. £1 brigadier 

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— 182 — 
Santos Ladrón enarboió el estandarte de la' insnr-* 
reccion , pero antes que pudiese formar un cuerpo 
respetable de tropas , Fue preso cerca de los Arcos 
y Fusilado. Itnrralde le sucedió, y consiguió reunir 
tres batallones, que no tardó en poner bajo otras 
manos, mas hábiles. La junta nombró á Zumalacar« 
regui comandante de todas las fuerzas militares del 
pais, y este se ocupó con ardor en darles una or- 
ganización adecuada á su destino y á las localidades» 
Zumalacarregui no era ni hombre de estado ni 
poderoso jefe Ae partido J no tenia ni la instrucción^ 
ni los talentos , ni la experiencia de un jeneral. Go- 
mo simple coronel de un rcjimiento de infanteria 
lijera , no se habia señalado hasta entonces sino por 
la firmeza de su carácter y la violencia de sus opi- 
niones abáblutistas , pero tenia el instinto del man- 
^ do , una grande actividad , mucha encrjia , y una 
voluntad inalterable y firme* Era pues el hombre 
que convenia para las circunstancias. Conoció que 
era necesario comprometer la población entera en 
un sistema de defensa común sin arrancarle entera- 
mente á sus ocupaciones diai*ias y agotar el paisj 
y á medida que la necesidad lo e&ijía y que adqui- 
ría armas y municiones llamaba sucesivamente to- 
dos los habitantes al servicio por edades , dejando a 
las municipalidades los detalles de la primera organi- 
zación, de modo que no se reservaba sino la instrne- 
cion de las masas , el aire marcial , y la disciplina 
que debia dar a los batallones territoriales. 

Uno ó muchos pueblos formaba una compañía^ 

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— 183 — 

^ y no can ton componía un batallón que era la ani- 
dad de la fuerza y de la adininistracíon. Sluchoa 
batallones coipponian una división territorial que 
tomaba el nombre de uua de las provincias subleva- 
das, y representaba ep algún modo la vanguardia de 
la población entera. Los jefes fuelron nombrados por 
Us dipnlaciones provinciales , y los oficiales inferio- 
res pop el jeneral en jefe ^ escojidos entre los hom- 
bresf mas notables y considerados del país. 

De este modo todo el pueblo se encontró com- 
prometido en una lucha que se hizo jeneral y na- 
cional* Las tropas se organizaron sin estrépito so- 
hte todos los puntos á la vez y sin dejar sus bogu- 

. res* Si se trataba de rechazar la agresión de las co- 
lumnas enemigas ó de emprender una espedicion los 
bombres que eran necesarios se sacaban provisio- 
nalmente de los cantones mas inmediatos al enemi- 
go, pépo cuando la cspcdicion estaba terminada se 
restituian á sus casas. Asi evitaban las marchas y 
las contramarchas coutíouas que tanto fatigan y 
abruman al mas vigoroso* soldado. 

En menos de seis meses formó Zumalacarrcgui 
nías de doce batallones bien organizados que armó y 
equipó con los fusiles, y efectos que quitó al ejército 
nacional, y no obstante el pais no se reseulia nada 
de la guerra y la tropa habia adquirido esa confianza 
en sí misma , qne para los jóvenes soldados es el 
presagio de los primeros triunfos. 

La llegada de don Carlos al centro de la insur- 
rección en el verano de 1851 dio mayor actividad 4 

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— 184 ^ 
la org:aaizacioa inílitar. Eutonces se dio luás. esla^ 
bilidad á los cuerpos que pcrinaDccíeron tnas fre- 
cuc^iitemente reanidos y ejercitados ^ «e fortíficaroa 
machos puatos ^ se formaron almacenes , depósitos^ 
grandes tajieres para el e«|uipo y vestuario de las 
tropas y se establecieron fabricas de armas en Pía- 
sencia^ en £¡bar>u.na fábrica de pólvora y unas fun- 
diciones de proyectiles en Orbaceita en donde se 
construyó un arsenal para suministrar los objetos 
necesarios al parque de la artillería de sitio y de 
campana* En diciembre de 1834 todas las fuerzas 
de las provincias ascendían á veinte y dos batallo- 
nes y puatro escuadrones, que componian veinte 
mili combatientes. En el mes de enero delSSS se au« 
lueiító el ejercito con ocbo mil hombres sacados de 
1^ clase de diez y ocho á treinta y seis anos, pero 
biep pronto la reunión de las fuerzas considerables 
de la Reina sobre el teatro de la g^uerra obligó ¿ los 
sablevadps á redoblar sus esfuerzos, y se alista^ 
ron todos los hombres de diez y siete á cuarenta 
anos en estado de llevar las armas, lo qne hizo 
^eender la fuerza efectiva del ejército á treinta 
mil hombre:^ repartidos en treinta y seis bataliol 
lies y se^ escuadrones C9u diez y ocho piezas de 
campana. 

Se puede decir que el ejercito navarro vascon- 
gado tal cual estaba á la muerte de Zumalscarreg^ui 
que es el que lo formó, habia llegado a} niayoL* 
punto de dcs^rruilo. Desde entonces es el que ha 
samiúistrado el fondo de cuerpos mótiles que re< 

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«= 185 ==. 
corren la £dpana, y ha dismuialdo considera1if«- 
loeiUe por las pérdidas sucesÍTas que lia sufi'ldo. 

La organización del ejéreito castellano dista mu* 
«bo de estar tan adelantada como la del navarro 
-vascongado. Su existencia es precaria y su porve- 
nir es incierto. La base de este ejército se formó 
«1 rededor de don Carlos en Portugal, y se com.. 
ponia cuando mas de ciento cuarenta oficiales y 
cuatrocientos soldados, ochenta de los cuales eran 
a|*t¡llcros. Los* oficiales siguieron á don Carlos á 
Inglaterra, y la mayor parte consiguió rennirsc en 
las provincias sublevadas. Los soldados puestos en 
depósito en Santárem fueron dirijiJos algún tiempo 
después á España , en donde se reunieron a diversas 
bandas que los condujeron al pretendiente. 

Don Carlos durante mucho tiempo 90 tuvo oirá 
guardia para su persona ^ que un batallón de insur- 
jcnles mandado por Eraso; pero hacia la mitad del 
aiio de i85(> se organizó un batallón de guias com- 
p uesto de los jóvenes mas ricos del país , y una 
compañía de granaderos á caballn. H^eia el fin del 
.mismo añqt se dio á Gómez el mando de una división 
,de cerca de tres mil hombres compuesto de seis ú 
4)cho batallones la mayor parte castellanos y arago- 
neses. En 1856 las correrías hechas en el corazón 
de la Espaiia reunieron bastantes voluntarios realiá- 
|aá y aventureros para permitir ,á don Carlos Id 
organización de nuevos cuerpos , cnya fuerza asr 
ccndió á niJi tercio de la de! rjércttó navarro vascoii- 
j^ado< Ellos cuerpos fornian i ndí¿tin lamente \a las 
[ 

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.- tg6 — 
rc9ery99 móviles de) ejército priocipal ift enerpos 
aislados é independíenles. 

Hecspitabndo todas las fuerzas regulares de don 
Carlos encontraremos aproximadamente veinte y 
dos. mil guinisotos hombres reparjlidos como sigue« 



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E^KRCIT«> NAVAJO YASCOJSGAPO* 



,.» y a.a división de Navarra ( i« Hombres. Caballos, 

batallones de á Soo hombres y 4 , 

escaadrones'i 100 caballos). ^ooo 4oo 

3.* de Guipn^coa (8 batallones). 4ooo 

4.^ de Álava (6 batallones y a es- 

^ cnadrones). ^ <»<><> **^* 

5/ de Vizcaya (S batallones). iooo 

Total .17,000 Soo 

De este modo el total del ejército navarro vascon- 
gado no consta sino de unos 17000 hombres de 
infantería y 600 caballos. 



EJERCITO CASTELÉANO. 



Hombres. Caballos. 



Gotirdia Real (batallón á pie y coni- 

pailía de jjuardias á caballo). ^o® 

Brigada Castellana (4 balálloMes). aooo 

Brigada Aragonesa y Valenciana 

(4 batallones). aooo 

Ait*J4cria, aSo 

Toial 4iS¿o 



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-^ 188 — 
En ini primera carta hablaré de los jeaeralea y 
de los oficíales del ejército de don Garios j mi re* 
lacion me prometo que baslark para hac^r conocer 
al lector el espíritu de este ejército ^ al que ha con- 
fiado el Pretendiente la defensa de sus derechos t 
la corona de j|!spaña. 



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-* í»9 — 



II. 



g 4 ^ 4 Jí *<(**•••• • •*••'•• ^ 



La guerra ka aca()a<l6 yá con los primeros jefes de 
esta cspcdicioií vascongada. Santos Ladrón^ Eraso, 
Itnrralde , Znmalacarregui , Odonell y Saga^tivelza 
bao terminado ya süs dias. Et ejéreilo carlista cu 
la aetnalidad tiene pocos jencrales que ha jrnn tenido 
grados superiores en el ejercite regular de' España, 
y ereo que á eseepeion de uno solo ninguno de los 
otros liaya mandado nn batallón ni escuadroü^ de 
tropas de linca. 

La mayor parte ha principiado en el ejército de. 
la Cé) y carece de la instrucción y de la es¡]erien* 
cia que es necesaria para el grado de que está rc^ 
Tcslida; pero jóvenes llenas de actividad, de ardor y, 
decisión convienen á la guerra defensiva que sos- 
tienen sobre un teatro tan reducido , que cono«;cn 



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— 190 _ 
tan perfeclainente, y en donde todas sns disposicio- 
nes están secundadas por la población. 

A la cabeza de este ejército se encuentra el 
infante don Sebastian , nacido en el Brasil en 1810. 
Fne criado en Madrid y é Infante de Portugal^ por 
nacimiento llegó a ser infante de España j por he- 
rencia d«5 los títulos y de las riquezas de su abue- 
lo don Gabriel. Fernando dio sus bienes a don Car* 
los f pero él le puso pleito sobre la restitución de 
ellos y liTganó. D. Sebastian está casado con la 
hermana de la rejcnta María Cristina , y en na 
principio prestó juramento de fidelidad á Isabel ii, 
pero habiendo ido á Ñapóles bajo prctesto de recu* 
¡lerar su saidd cambió de opinión , y en 1835 se 
reunió con don Carlos en {as provincias vascon- 
ijadas» ' 

Los infantes de España, tenientes jenerales 
desde la cuna no están sujetos como los príncipes 
de Rusia y Alemania al aprendizaje de la profesión 
«le las arínas por el ejercicio indiápcosable de las 
funcióiiés de Ids girados inferiores ; y si la itaturale- 
za no les tía dotado del jenio militar , son los lilti* 
mos oficiales del ejército p pues vivcu en el fondo 
del |Kilacio , y pasan su juTcutud cutre los sacerdo- 
tes y las mujeres. 

El principio de doii Sebastian La sido sin em- 
barco bastante brillante , pues en quince dias hizo 
retirar a Sárzfiéld á Pamptoiia , batió coOipletameu- 
f e á Evans cftt Hernán! , y rc'cliazó á Es|iartero en 
Bilbao^ pero muchas jcntcs bien informadas su|>o- 

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_ 191 — 
nen qne fue deudor de esUa vétotájas I los eobéejos 
de los mentores militares qne no le faltan. 

£1 conde de Espa&a hijo de Un emigrado frail- 
ees al serTicio de Espafia , desdé el año 17dS noin^ 
brado capitán jetteral de Cataluña por don CArloS, 
apenas pasó la frontera para tomar el máU^dó de las 
"bandas que se organizaban allí, cuando se tió obli- 
gado á retirarse á Francia 9 en donde permáuejéió 
basta 1838. Instado por el Pretendiente acaba de 
constituirse en Cataluña^ en doodé bace inútiles 
esfuerzos para jeneralizar la guerra en ésta désgra- 
ciada provincia , cuyo terreno es tan favorable á la 
discordia de la guerra civil. Esté bombre no carece 
de instrucción ni valor , era coronel al tiempo de 
la invasión de los franceses en é) año 1808 y ad- 
quirió todos sus grados durante la guerra de la iii* 
dependencia contra sus compatriotas , y aun manda* 
ba una división del ejército que bloqueó á Bayoiiá 
en 18IS. 

Casa Egoia es uno de los tenientes jeneralea 
mas antiguos de España , es natural de Vizcaya , y 
ba servido en «1 cuerpo de ingenieros , eii el que se 
distinguió durante la gtierra de la independencia. 
Su adlicjiion al Rey , su valor y firmeza le lian gran- 
jeado k confianza de los realistas. Mandaba en jrfé 
el ejército de la fé , unido después etí esta época á 
don Carlos lé instó fuertemente, después dé tas 
Tcntajas conseguidas por Zumaiacarrcgui sObre 
Valdés en la Borunda a que marGha«e9(d>re Madrid 
en lugar de emprender el sitio de Bilbao. Alguu 

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^ 192 — 
tiempo dcgpiies de la mnertc ilc Zomalacarregiif^ 
don Garlos le confió el mando del ejército^ y ma* 
nlfestó ^n estas clrcoastancías itít» actividad de la 
que suele tenerse á sn edad j él aumentó los cuadros, 
pero una intriga del obispo de LcQn, su enemigo 
personal^ le bizo perder el mando» Egnia es la mejor 
cabeza del estado nfóyor de don Carlos pero es 
manco , y la pérdida de su manó, proviene de una 
yenganza particular* Con motivo de baberse señala- 
do por su encarnizamiento contra los liberales cuan- 
do era capitán jencral de Galicia recili^ó una carta 
de Londres en donde se encontraba una materia ful- 
minante qme le quemó de tal modo la mano izquier- 
da que fué necesario amputarla. González Moreno, 
teniente jencral, ten¡« el grado de ayudante del reji- 
miento de Savoya, ál tiempo de los asesinatos de lus 
franceses en Valencia, y la sed de sangre' que ma- 
nifestó le valió el grado de coronel. Cuando el 
proyecto de Torrijos sobre las carias de Andalucía, 
se encontraba de gobernador en Málaga , y bablcn- 
dole alraido según se dice de un modo alevoso le 
bizo fusilar» 

Maroto era ja coronel ci^^ando su rejimienlo fué 
enviado á América , y alli llegó al grado de Maris* 
cal de caropo¿ Gozaba de poca autoridad en el ejér- 
cito del Pretendiente, cuando la división entre los 
mucbos jefes que se disputaban el mando del ejér- 
cito , bizo que la camarilla lijase la atención en rl, 
y le colocase en la posición actual de jencraJ en jefe 
del ejército carlista, 

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— 193 — 

Los jenerales Monteneg^ro y Silvestre ábn los 
dos oficiales mas instruidos del ejército de don Gar- 
los. El (irimcro ha servido en artillería, y ha sido 
empl^^o largó tiempo en el ininisferio de lá Gruer* 
ra , bfljo el réidado de Fernando VIÍ era coronel 
de iñjcnieros. Ambos son ságrelos deí mérito y buen 
consejo, pero pcTco á própódil(r para el mando de 
las tropas. 

Yillarreal es el actoi* mas feliz dé cuantos ha 
puesto én escena la' insofreécioní vascongada. 
En 1825 era simple capitán del regifnicnto del 
Príncipe, profesaba opiniones muy liberales, y no 
hubiera nunca abandonado el ejército nacional , sino 
le hubiesen c|aitada el empleo por haber servido en 
el ejército dé la fé. Nombrado coronel por la junta 
de la provincia de Álava dé donde és natural , jus* 
ti ficó su confianza con una grande actividad, con el 
valor y los conocimientos de la guerra, ¿omalacár- 
regui, le distinguió y le promovió en poco tiempo 
al grado dé Mariscal de campo, el ctfaí íe propor. 
cionó el mando en jefe del ejército en 1856. No se 
pueden formar sobre él vastas miras, pero tiene ti- 
no y ácieríor én el mando y posee en nn alto grado 
la confianza y clamor del soldado. Modesto, afa- 
ble , y en la flor de la edad y ( pues ticlié treinta 
años), es uno de los oficiales mas corteses y xapa- 
ces de don Garlos. ^ 

Don Miguel Gé^mez ,' andaluz, era jefe de bata- 
llón en el ejército antes de la insurrección, es un 
hombre fijo ^ astuto, de ntí espíritu avenlurero, y 

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^ tu ^ 

•€ ba granjeado la reputación de no partidario M* 
das; pero acosado de baberae querido apropiar en 
k eapedtcioo de Andalucía una parte de las contri* 
baciones que ezijia para don Carlos , ba estatal mu* 
cbo tiempo preso , y abora vejeta en la desgracia* 

Gulbelalde, natural de Vizcaya ^ sirvió en las 
guerrillas durante la gueüra de la independencia, y 
en seguida en el ejercito de la fá. En. 1824 se re- 
tiró á Pamplona 9 con el grado de comandante ^ y 
|io ¥ohib á entrar en el servicio basta el ano de 18SS 
en el ejército ins^rjente. Su valor le ba beebo ade- 
lantar uiucbo en poco tiempo j ba mandado las li- 
neas de Hernani, después de la muerte de Sagastí- 
belza j y en el dia es Siariscal de campo* 

Zariategüi 9 natural de Navarra, era un mero 
escribano antes de la insurrección de sa pais, ba 
becbo como tal algunos esludios , y no carece de 
inlclijencia. Zumalacárregui Ic empleó como secre- 
tario y este favor escitó los Celos de sus colegas, 
los coales cegados por la envidia le pusieron en ri- 
dículo cuando quiso mandar. Durante mucbo tiem^ 
po no le empleó don Carlos sino en la redacción de 
las proclamas y artículos insignificantes de la gaceta 
real de Onate J pero cuando resolvió bacer la espe* 
dicion en el reino de Valencia , reconociendo la 
iieci|Mad de confiar el mando de las tropas que sa- 
caba de sus fieles provincias, á un liot|)bi«e seguro 
y capaz , lo confió a Zariátégui. La confianza del 
Pretendiente fué entonces plenamente justificada^ 
pues el escribano manifestó un grande instinto para 

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— 198 ~ 
la {jverra , y mactia resolución. £t «ranee qnc hw 
basta las puertas de Madrid y es ona operación atre- 
vida concebida sin los Terdadei*os principios del 
arte, pero que formó su reputación y le colocó desde 
loego sobre U mayor parte de sna cólegais. 

Elliot , La Torres , Ürbistondo , tienen instruc* 
í;¡ou y algunos conocimientos militares* Sabemos 
que ban servido en la Guardia ^ pero iguoramos 
cuales son sns antecedentes en esta guerra. Se les 
áupone libres de preocupaciones y de superstición^ 
y todos en la flor de la edad. 

Goni, Frauciscor Garcfa , Sopelaua, |Zarasa y 
Quilec , jenerale» nacidos de esta guerra , que man- 
dan fuertes divisiones. Sus facultadas en el arte mi- 
litar, no se entienden sin embargo mas allá de las 
lie un jefe de batallón ordinario de línea. Fj¿ mi 
próxima carta acabaré de decir lo que sé aecrca dé 
los beebo9 y caracteres de los otros jefes del ejér^ 
«sito carlista. 



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— 19* — 



nx. 



A. la li»to de lotf Jeneralesr carlistas f debo añadir á 
Cabrera 5 TrlsUoy y y Ros de Eróles , estos tres 
partidarios los mas célebres de don Carlos, han 
trabajado en Catalaoa j en el bajo Aragón con una 
cierta anión 5 á la cabera de bandas considerablen. 
El primero es an joven qne estaba destinado al es- 
tado eclesiástico, y que ha hecho algunos eifodios, 
lo qoe le dá una cierta consideración á los ojos de 
BUS partidarios^ Dejó el seminario en 1834 para 
organizar una guerrilla^ con la cual alarmó el Ara- 
gón, y desde esta ¿poca no, ha cesado de recorrer 
esta provincia con el hierro y la antorcha ¡ocen« 
diaria en la mano ^ tambieoF siguió á Gómese en 1837 
en su famosa espedicíon. 

Trislany sacerdote secular, de las diócesis de 

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-- 197 -- 
jSoIsdna , es pn digno compañera del anterior^ qua 
lia abrazadp por fanatismo la cansa fie don Carlos. 
La iñdjepepdeojcia de sn fortuna^ sa^ carácter, sn 
jPnerza prodijiosa y sn actividad , le ban (dado una 
grande influencia en el país, pero po jba qqerido 
nunca reconocer a los jenerales qne ba euTiado don 
Carlos 9 para manda|r en Cataluña ; 7 se puede decir 
que odia tanto á los navarros como k los soldados de 
la Reina. Ahora acaba de ser llamada al cuartel je- 
oeral dé don Garlos , y se cree que será detenido 
alli bajo cualquier pretexto, porque si vuelve á 
Cataluña, no podrá disponer el Pretendipnte de h9 
baodas faccipsasr 

El Ros de ]Broles, és ni| paisano de los aire* 
dedores de Piiigcerda, de edad dennos» cuarenta 
años , que se ba dado y^ i conocer en las insnrrec- 
ciones 4e |82S$ y 1837. ^s un bombre sencillo y 
grosero jf pero (Cuya lealtad le bi| granjeado un cier- 
tQ nú Ulero de partidarios. Tiene influencia en mu* 
cbos valles, cuyos habitantes 1^ son adictos, pero 
no se aleja jamas para correr^Vrenturas sobre ni| 
teatro mas distante.. 

El Serrador, l^sperana^a, Palillos y' Forcadeli, 
posón sino los héroes de los cainipos reales.- Los 
(Boofines d(e las próyincias' de Aragón, de Cataluña 
y Valencia , ^on el teatro habitual de sus escursio^ 
lies, y de sus latrocinios. Estos paises pobres y 
desiertos, en donde las tropas de la Reina no p|ic- 
den circular con facilidad, les permiten ^1 reunirse 
y permanecer impunemente. ' 

< 

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^498 ^ 
■i 1Bntl*e los ^stranjeroa que se han adlicriJo á la 
jeaiisa de íT OH Carlos^ machos le han pceslado^ue* 
0OS. servicios 9 pero dos sobre lodo bao hecho una 
carrera rápida , y parecen haber adquirido títolés á 
#q coofiaiijzá« Ambos son fran.cjcses , y provienen dfs 
ht Goardia reaL 

. Aiíjet había dejado el servicio de Francia como 
icapitan para hacer el comercio , pero habiendo com* 
,prom<^tidatodQ su capital en especulaciones aven* 
taradas aprovechó de las circunstancias para volver 
á sn primera profesión, y ofreció su espada á la 
legitimidad desgraciada^ Recomendado por Car- 
los X á la familia real de España , llegó á Madrid 
y ae adhirió a don Carlos á quien siguió á Porta- 
f^\^ y fue el compañero y el guia del Pretendien* 
jte en el viaje misterioso que hizo por medio de la 
Francia. Aujet titulado Barón de los Valles y aya.« 
dante de campo de don Carlos, es en la actualidad 
jifariscal de campo é Inspeclor jencral de infantería» 
Adolfo Save salía de la artillería de la Cruardt^ 
real francesa en.lá^ue era cvartel maestre cuando 
Ae unió á don Carlos en Portugal. Sus conocí- 
inientos en artillería eran muy limitados, pues no 
liabia recibido otra instrucción que ]a que se dá i 
los sarjentos de esta arma en las escuelas de los ri;- 
Jimientos^ pero Save es Mitelijente é intrépido en 
«I fuego, lo que le ha valido el grado de coronel 
^ mandos superiores. . 

Ahora que h • dado nna ¡dea del estado mayor 
carlista, solo me queda el caracterizar la masa dfr 

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— 199 — 
los oficiales^ Todos ellos provienen 6 del ej¿rei|o ' 
de la fé , ó de la insurrección del eatraíijero. Los 
de la primera categ^oíía que lian servido después cu 
1^1 ejército regentar de EspaSa de 1823 á 1830 ocn- 
pan fen el ejercito del pretendiente los pqntos mas 
importantes. Licenciados bajo el ministerio de Zea 
la mayor parte 9 se han visto precisados á alistarse 
en las filas de don Carlos. Durante los siete anos 
que lian pasado bajo las banderas del ejército regó* 
lar, kan adquirido alguna tintura de la teoría del 
arte, el liábito del servicio y algún aire n^arcial. 
Para distinguirlos de los otros que carecen de las 
primeras nociones de la profesión militar ^ se l^i 
llama madrileños. 

La segunda categoría no se compone sino de 
Lombrcs iticnitos é indisciplinados^ aunque llenos 
de ardor, de entusiasmo y patriotismo. Como baii 
tomado las armas para defender la independencia de 
su provincia , es difícil sacarles de sus bogares para *^ 
liacer la guerra en el centro de la Espaiía, y sobre 
este particular ban teuido mncbas riñas con los ofi« 
ciaics madrileños con quienes no tienen ninguna 
«iinpatía 9 y & quienes profesan muy poca estima* 
«ion. Medio salvajes se abandonan al instii^to de 
sn crueldad , y detectan cl orden y la regla : ellpa 
no entienden nada de la instrucción de pelotones y 
4le batallón , pero saben conducir una banda de ti- 
madores, armar una emboscada y ejccular una sor- 
presa. Fuera de esto , como tienen la misma eos- 
lumbre y lenguaje del soldado , gozan de un gran* 

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rde ascendiente sobre ¿1 ^^ l^s circunstaiiciaa díRci- 
les y como las marchas forzadas ^ los bivaques , las 
fatigas y todas las grandes privaciones en las cuales 
UQ tienen efecto las exortacipnes de los primeros. 

La última clase comprende á los estranjeros. 
Én 188? fueron admitidos en el ejército de Fer- 
nando muchos oficiales franceses y suizos , para lle- 
yap 4 él los principies de la instrucción y de la dis- 
cipünaj pero jbabicndo sido todos comprendidos 
en las ijoedidas de proscripción, dictadas mas bien 
por la envidia que por un interés político bien en- 
tendidQ , pfrecíeroii sn espada á don Carlos. A es- 
tos se |ian unido muchos oficiales de la Guardia, 
real y de las tropas suizas licenciadas en Francia^ 
después de la pcvplucion de julio» En esta última 
clase se encuentran los organizadores , los tácticos 
y los sabios del ejército de don Carlos , que adbcr 
ridos jS sus deberes como mártires del honor, sk- 
Ten fioih celo y fidelidad el |)artido que han abra- 
zadp sin cuidarse de su propia fortuna. A estos 
es principalmeote deudor el ejército carlista , de su 
aire marcial , de su administración y quizá de la 
inay or parte de los triunfos que ha conseguido. 

La posición física y política del país que es el 
teatrp de la guerra, la educación de las costumbres 
y el carácter del pueblo que le habita , le hacen su* 
inaipente belifsoso. 

Desde los tiempos mas remotos habiéndose vis- 
to rodeado de numerosos enemigos, comprendió este 
pueblo perfectamente que su independencia y U 

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— 201 ~ 
conservación de sus libertades , dependían de la de» 
fensa de los pasos y de los desfiladeros qae son las 
verdaderas llayes de sus montanas. Así es qae 
cada cuntbre de montiaña o de colína^ está ocnpada 
por una habilacion separada, que parece destinada 
como un cuerpo de guardia para vijilar 9 ya que no 
sea para defender los desfiladeros que Ja rodean J y 
estos son una especie dé observatorios , desde los 
cuales los habitantes estlenden sus miradas ai lo le- 
jos por todos lados 9 y con cuya ayuda no solo se 
preservan de toda sorpresa, sino que pueden caer 
de improviso sobre el enemigo que no los ba ^íái^ 
vertido* 

El vestuario del ejército navarro vascongado es 
sencillo y se acerca mucho\al traje de los babitantes. 
Su calzado está en bnen estado , y es superior al de 
las tropas de la Reina. Las armas están bien con- 
servadas , y las cartucheras siempre dadas de lustre. 
Todos, los días, cada soldado recibe en campana me* 
dia libra de carne , dos libras de pan, nn cuarterón 
de alubias y un cuartillo 4# vino , y ademas el sa- 
lario de un real. Cuando está en su casa no tiene 
derecho ni á dinero ni á ninguna ración. 

Fácilmente se concibe que con esta existencia, las 
tropas carlistas marchan de prisa y largo tiempo sin 
detenerse. Este soldado no obstante tan obediente y 
valeroso ciando combate en su pais , pierde todas 
sus cualidades , y se dispersa si le sacan de allí. 
JEn i83o, tres mil navarros fueron enviados i 
Cataluña, y apcuas hicieron su aparición en estii 

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— 202 — 
proTineía ^ cuandd se apresiiraroii á Tolrer á suf 
bogares trayendo consigo á sus oficiales. Tanta fuer- 
sa tiene para ellos el afecto á so patria. 

Tales son las noticias que be podido procurarme 
durante mi permanencia en IVavarra sobre los ejér- 
citos españoles. ]l|ucbos se estravian sin duda de 
las ideas jeneralmeote recibidas sobre los bombres 
y las cosas ; sin embargo yo protesto que nada be 
dicbo que no sea conforme á la verdad. Estraojero 
en España lo soy también á las facciones que la des* 
pedazsn , y no tengo ningún interés en yitoperar 
lo bueno ni en ocultar lo maIo« Dicboso si estas 
nociones pueden justificar las ideas erróneas que se 
han formado cu Francia , sobre la situación y re- 
cursos de los ejércitos que bace cuatro aSos se ba* 
cen una guerra mortal sin llegar i conseguir el 
resultado político que cada uno de ellos se ba pro- 
puesto. 



wm 



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XiA VERDAD 



SOBRE 



ImA CUESTIOlf DB SUCESIO» 



A LA 



t^ 



DON FRANCISCO DE ZEA BERMUDEZ, 

Antiguo primer secretario de Estado, presidente del 
- 4^on8ejo de lilinistros de S. M. CatóUea. 



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_ Í08 — 

t^ VERDAD» 



áOBRE 



&A cvBBTmu ibm umm^iúM 



A lA 



CíOTíCIStA D'S SidS^AHAt 



£ií adYcoimíento Áe la éasa dfe Bordón al trono' de 
Espáná en 1700 fue seiíalado con una guerra jeae* 
ral étí Europa , puso á Luis XÍY á dos dedos de 
auíuina^ y a ira jo sobre España males ¡ñcalcfolabíes. 
Nuevas desgracias para la península sé liaif seguido 
¿ la estincíou de la sucesión masculina por muerte 
de Fernando VII ¿ tan ciiico anos cuuiipiídos, y la 
pangré coi^re i torrentes eú iína guerra civil que faa* 
jce estreHiecer a la linitiádidad. 
'■, «La muerte del fiéy aúscita nn punto de dere» 
cbo el ttia^,iifipot(añte que .puede ocurrir en una 
monarquía^ cuaudo las leyes fundamentales de If 

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/ 



-. 206 ^ 
nacioo no arreglan la sucesión al trono de una ma- 
nera positiva 9 clara é inil¡8|iutaLle ; pero en este 
punto posee España una Icjislacion nacional , fuerte 
y venerable por su antigüedad , nada equívoca, nun- 
ca infrinjida ni desconocida , y que por lo mismo 
jamas ha caido en desuso. IVo hay monarquía que 
baya sido rejida. con mas uniformidad; nioguua 
puede invocar como £spana derechos 9 costumbres 
y leyes de una antigüedad tan remota , supuesto que 
las que determinan la sucesión al trotio , se pierden 
en la oscuridad de los tiempos: y en materia de 
lejitimídad monárquica especialmente la antigüedad 
del derecho es el mas sagrado de todos los títulos* 
¿Como esplicar esa estraña é incomprensible ano- 
malía que traiilorna la cucslion respecto de España? 
Y ¿ á quién acusar cuando vemos que los gabinetes, 
defeusores más severos de la lejitimidad , dudau de 
la de Isabel II al trono de sus padres, siendo asi que 
ésta lejitimidad deriva de un derecho fundado en 
' lina costumbre inmemorial , consagrada mas adelan- 
te por las leyes fundamentales de la monarquía? 
Estas , observadas invariable y relijiosaiiicnte por 
espacio de ocho siglos y hasta niftstros días /no 
presentan una sola escepcion contraria , mientras 
que el supuesto derecho de don Carlos no descansa 
más que en la alteración radicalmente viciosa * de 
esas mismas leyes fundamentales, y por consiguien- 
te es nula , alteración pasajera , que nunca ha tenido 
efc^ejio ni aplicación y que ademas ha sido revocada 
y #ip#tl.da con todas las formalidades requeridas , con 

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— 207 — 
todas las solemnidades y condiciones qoe exije el 
derecho páblico español. 

«¿A quién acusar, repetimos ^ de esa lamenta- 
ble desgracia? A la fatalidad , porilae solo la fatalU 
dad producida por un error funestó ba podido hacer 
qae se trastorne el principio inmutable de las mo«» 
narqnias en la opinión de sus mas gloriosos y firmes 
sostenedores^ * 

«Impugnar y destruir ese error fatal y peligro* 
so, disipar todas las dudas poniendo en toda su 
claridad y evidencia la lejitímidad de los derechos 
de Isabel II. al trono de España: esa es la larca que 
Tamos á emprender, y el único objeto de este es* 
crito. » 

((Ninguna dificultad nos arredrará, no omitiré* 
mos ninguna prueba ; tal es la fuerza con que noé 
sentimos para la defensa de un buen derecho. » 

«Subamos á la cuua de la monarquía, £1 impe* 
rio de los godos era. electivo. Las' asambleas nacio- 
nales hacían la elección de los monarcas •- las prime- 
ras variaciones ( que se cncamiuaban hacia los prin* 
cipios hereditarios del trono), fueron las eleccio- 
nes que la nación hizo en lu familia del príncipe 
reinante. » 

«La monarquía cleetiva ofrecía tan gravea in- 
etHivenientes , que se sustituyó á ella la monarquía 
hereditaria , elijicndo una familia en quien se asegu- 
rase la corona. Al establecer este principio de CAlabi- 
lidad monárquica , se estcndib á las mujeres el dere. 
cho de heredar , y desde el año ^S9 vemos á Alon- 

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~ 208 -- 

so 1 5 lllañlado el Ca^ó/teo, sob¡r al trono en virtad 
del deréciio de su mujer Ermescnda , hermana del 
rey Favila é h'ga de Pelayo ; después Silo , simple 
particular , sucede á Aurelio en el trono de Astu- 
rias por'el dcrécliQT de sil mujer Andosenda^ ber- 
mana del rey Frnela^ 

« Eíi 1037 temos elevada al trono de León a 
dona Sancha, hija de doír Alonso V y hermana de 
Bermndo III y por niucrtC del cual se liahia estin- 
guido la línea masculina y y el trono se hallaba va- 
cante. Dona Sancha se casó con el príncipe don 
Fernando y apellidado el Grande ^ hcrederór del con- 
dado de Castilla. Este príncipe ad(|üiríó el derecho 
al trono de León por este ínatriaionio^ y asi se 
efectuó la primera reunión de las coronas de Castilla 
y León (1). 

^^ Estando cercano á la muerte don. Alonso VI, 
y no* teniendo hijos varones mandó reunir los esta- 
dosr en' Toledo ; y á presencia del arzobispo prima • 
do ,- de los prelados, de la nobleza , hizo proclamar 
reina á* su hija dona Urraca, viuda d^f conde don 
Ramón , cuyo pacto de proclamación' era conse- 
cuencia de otra acta de reconocimiento' por la cual 
dolía Urraca fue designada como heredera del trono 
y reconocida* por lo» estados del reino en 1108. 



( 1 ^ Las coronav dé Castilla y de León se incorporaron defi- 
nitívaroeule á consecuencia del casamiento del rey don Alón* 
9#.IX de León con la" reina de Castilta- ddua' Bérengucla ma-* 
flre de tan Fernando. 



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^^iVo len¡en<Io dou Alooso VIII ,. rey 'iTeCiv$({^ 
Ua 9 bijo \ai*on , su hija' priinojéníta doíia ])ercii|<^of^* 
la fue rce&noeida dos veces como heredera del tro- 
no por los estados; primero eu el aiio de su naei- 
iníeoto por las eórtes de Bur[^o^ de 1171 , y des- 
pués por las dé Carrloo en 1188. Dona Berengnela 
abdicó en favor d«: su hijo san Fernando , 111 de 
este nombre (1). 

Hallándose sin hijos don Alonso X , las cortes 
de Sevilla de íSoü proclamaron heredera del trono 
á la hija primojcnila de aquel doña Bercnguela. Los 
. infantes hermanos del rev asistieron á csfas cortes 
y prestaron juramento el S de mayo; pero como 
don Alonso tuvo al ano signiente un hijo ,. el prín- 
cipe don Fernando , las corles le proclamaron su su- 
ccsor , y arrebatado por una muerte temprana fue 
reconocido su hermano don Sancho como heredero 
del trono. 

Dr Enrique 111 hizo que las corte» de Toledo 
de 1402 rcf'onocicraii como heredera al trono á su 
Idja única la infanta doiia Alaria. Este acto se veri* 
ficó el G de enero. Mas adelante tuvo don Enrique 
nn hijo, el infante don Juan, el cual fue al instante 
declarado sucesor suyo por b» eérles de ValUdolid 



(1) El €li|;no de notarte que una princesa fue la primera 
que recibió como heredera del trono el¡ juramento de la nación 
reunJüiTa Jtn cortes jenerales, porque doña Berenguela es el 
primer ejempU a»l¿niico. q^íc iio»^ presenta la kístoría de 
E.^pañai.. 

.• i4 ■ ' 



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^ 210 — 
de 1^3» E»te reiMÓ con el nombre de don Jíóanlf^ 
y tuvo una hiji^^ la infanta dona Csfalina, á quien 
laa eórtes de Toledo de i422 proelaniai'on heredera 
del tfooo ^ pero fue escluida de ¿i por el uactuiiento 
del infante don Enrique , su iierioano, que reinó 
después y fue el cuarto de este nombre. 

£n estas cortea de 142Í2 el primero que prestó 
juramento á la heredera del trono 9 fue el infante 
un tío : «Juro, dijo, que en el caso qué el rej lle« 
gase á morir sin dejar sucesión masculina.^ yo re- 
conoceré desde luego á la princesa por reina y sobe- 
rana de los reinos de Castilla y de León 5 y obser- 
varé respecto á ella todas y cada una de las cosas 
que todo leal y buen vasallo debe y está obligado i 
gnardar para con su fey y señor natural. » 

D. Enrique IV quiso proclamar heredera del 
trono á una hija llamada doiia Juana (la BeltranejaJ^ 
cuya paternidad le negaba la voz publica, atribu- 
yéndosela i Beltran déla Cueva, favorito Je la rei« 
na. Las cortes se opusieron f y después de a?guuos 
debates demasiado largos para la tranquilidad del 
reino se firmó al cabo en 1468 nn convenio en 
Guisando, por el que la infanta doiia Isabel , her- 
mana del rey fue reconocida como heredera del tro- 
no , y se le rindió homenaje. Allí se firmó el de« 
creto de convocatoria de cortes para la proclama* 
cion de la infanta. En cfeclo se reunieron en Oca- 
ña en 1469 , y fue proclamada esta scíiora, qipe por 
muerte de Enrique IV subió al trono con el re^ ' 
Fernando de Aragón tu marido , y desde entonce» 

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— 21Í — 
quedaron onMas las corona» de Castilla y Aragi)n. 

El primer acto de los reyes catóKcos foe reunir 
eóries para dar á reconocer como sn heredera a la 
infanta dona Isabel ^ su bija , con el título de prin« 
cesa de Asturias ^ y esta fue la primera \ez que 
apareció este título del presunto heredero de la co- 
rona* Las cartas convocatorias de los diputados pa« 
i*a este acto prueban de una manera tan formal el 
derecho de las mujeres , que creemos que se deben 
referir en estracto. 

Sabéis que es uso y costumbre en nuestros rei- 
nos que los prelados , caballeros, nobles y diputados 
de la nación presten juramento al hijo mayor ó hija 
del rey y de la reina como heredero de la corona.* 
Por tanto debéis enviar á nuestra corte á los di- 
chos diputados para qtie presten juramento á la 
princesa Isabel, nuestra querida y muy amada hija 
como princesa heredera de este reino : nombrareis 
I los diputados como tenéis uso de hacerlo , á fin de 
que vengan á la corte con vuestros poderes bastan- 
tes y en regla , y reconozcan y presten juramento 
á U dicha princesa nuestra hija como heredera de 
nuestros reinos para ser reina después de núes* 
tvo fallecimiento en caso que no tengamos hijo va* 
non etc. (1)« 
' En efeeto la infanta dona Isabel foe reconocida 



(1) £1 orií¡nal de esU carta eooTocatoría de 7 de febrero 
de 1475 le baila en la biblioteca real de Madrid, DD. 132' 
'Alio 109. 



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^ ai2 — 

ftoleinnemetile como Leaedera del trono^por h^ cér- 
tes de Madrigal de 147S y 76. Mas adelaute lo» 
reyes calóücos tuvieron uu hijo ^ el iufaote don 
Juan ; al instante se reunieron las cortes en Toledo 
en 1480, le reconocieron por heredero del trono* 
El príncipe murió en 1497 , y la iofanta dona Isa- 
bel sú licrinana , fue nuevamente reconocida herede- 
ra de la corona. Casada con el rey de Portugal don 
Manuel, ambos fueron proclamados sucesores del 
trono por las cortes de Toledo de 1488. En 1475 
las cortes de Madrigal tuvieron que tratar de la 
ley de sucesieu , porque algunos intrigantes qucriaa 
que el trono fuese reversible al rey Fernando , pre<- 
tendiendo que Isabel, aunque descendiente en línea 
recta , no podia ser preferida como mujer al rey 
Fernando su marido. Las cortes declararon solem- 
nemente que ^'por las leyes de Castilla y costumbre 
iumelnorial, las hembras eran, capaces para heredar 
y babian sucedido siempre a la corona á falta de he* 
redero varón. Recordaron todos los hechos que 
probaban la existencia de este derecho, y proclama- 
ron que la infanta dona Isabel era la verdadera be- 
/cdera del tronó, j que á ella sola pertenecía go- 
bernar el estado. » 

Habiendo muerto ^ esta princesa , asi como ss 
hijo el infante don Miguel , reconocido como here- 
dero suyo por las cortes de Ocana de 1499, la rever- 
sibilidad de la corona llamó á suceder al trono a la 
infanta dona Juana, casada con el archiduque JPcij- 
pe de Austria ^ residente en Flandes. Los rey^a m^ 

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~ 213 — 
télhsos escribieron á sn bija qne yoltiese ¡omediftli- 
ttiente á España • para ser reconocida beredera del 
* trono asi como sn marido , y recibir el juramento 
en calidad de tah Esla ceremonia se celebró en la» 
cortes de Toledo d<^ 1902, y la» de Valladoltd 
de ISfOB proclamaron al príncipe don Carlos y bijo 
de la reina, beredero presunto de la corona y prín' 
cipe de Astqrias^ y cuando en 1818 las c¿rte» de 
Valladolid proclamaron reina á doSa Juana la loca, 
asi como a su Iiijo don Carlos, fue con la restricción 
de que si algfun dia recobraba la reina su salud y la 
razón , el príncipe su bijo se desistiría del gobierno, 
y entregaría las riendas del estado á su madre: que 
las cartas, cédulas reales y otras actas, mienlras 
viviera la reina, llevarían primero sn nombre y 
después el de su, hijo , que no tendría otro título 
qne el de príncipe de España. 

La ca^a de Austria ha reinado basta su estincíon 
por muerte de Carlos II por una sucesión no inter- 
rumpida de la I íisea' masculina de padre á lujo, sin 
ninguna alfcrac¡on en la lejislacion que h babia 
llamado al trouo. 

Tal es la ley de sucesión que sin la menor in- 
* terrnpcíon ba rejido á la corona de Espaíia por es» 
pació de odio siglos, llamando tan i menudo al 
trono á las hembras á falta de varones. Mas ade. 
Jante tendremos que hablar del orijen de la lucha 
sanfrríenta que despedaza achialme^itc á Empana, y 
anticiparemos el orden cronolójic» para citar nn 
ejemplo moderno : (lor ser escepcional y cscéntricu 

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~ 214 — 
é noeslra Aarrfteíoa mereeo que «e coloqae aqtti, 
porqae paucba 4e an modo «hsolato y sio répliea 
liasta qa¿ punto «ataba viva cd las coatambrea de * 
loa españoles la j^ntigna ley de sneesioB al trono. 

En 1S(9. la naoioii foe yamada k defender el 
suelo patria contra nna agresión estranjcra y eori* 
tra una dinastía nueva qne Ja Franeia pretendía 
impoAerJc. El rey fernando VII y su berma- 
DO el ¡ufante don Carlos estaban ambos prisione» 
ros en Valensay, ,el nno viudo y sin bijos, y el 
.otro soltero. La naeion en su amor y adhesión no 
.hacia dislineion entre los dos príncipes, bi^jos de 
Carlos IV : no eiListía ninguna antipatía ni préocn- 
pacion : no babia espíritu de partido ni de predilec- 
ción s la cuestión estaba en el estado de teoría y 
d^ legalidad abstracta* 

¿Qué bizo la nación reunida en cortes en 1819? 
Proclamó el dcrecbo de las lienibras a béredar Ja co- 
rona por los artículos 174, 176 y 180 de la cona- 
titucion, cap. 2.% título 4.^ El testo es absoluto, y 
no deja Ja uieuor ambigüedad ^ por lo que conviene 
insertariod. 

Art. 174. El reino de las Cspanas es indivisi- 
ble , y solo se sucederi en el trono perpetuamente' 
desde la promulgación de la constitución por el ér« 
den regular de primojeoitura y representación entre 
los descendientes Icjítimos, varones y beipbras, de 
las líueas que se espresarán. 

Ari. 176. £ii el mismo grado y linea los varo* 
lies aerátt preferidos i las beinbras ^ y siempre, el 

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^iUÉyor ftl meqor; pero ¡as hembras de mejinr hnta 
ó de inejQr yti$ÍQ mi la mistna lima serán preferidat 
M Iq§- v9rones 4e linea ó grado posterior. 

Art: 180. A falta del Sr. D. Fernando VII 
de Borbon ancederan sos descendientes lejtiimosy 
usi varanes como hembras f k^ falta de (!stos los her- 
manos y berma ñas dfít rey^ tios y lias y sns des- 
cendientes lejUimos de ambo» sexps por el orden 
qne queda prevenido 9 guardando en todos el dere- 
cho de'repres^ntaoíon y Ja preferencia de las líneas 
«nteriores á las posteriores^ 

Esta constitución dos veces prouinlgada y otras 
tantas destruida, ¿ha dado 'punca márjcn á una sola 
reclamación con respecto al derecho hereditario do 
la corona asi establecido , á que eran llamadas las 
{lembras? íio^ Sus principios oligárquicos , su ten- 
dencia á la anarquía 9 la opresión que impouia al po« 
derreal^ orijinaron un seniiinícnfo n)ilural do ri;- 
pulsion que la bizo justamente proscribir ; pero en- 
Iré. todas las quejas que se levantaron contra la coiis- 
litueion de 1813 , jamás ífo formalizó ninguna con- 
tra el derecho de las beti^bras á la corona. Nunca 
hubo protesta en este punto, ni aun de parle del 
infante dum Cirios en la segunda época de aquel cd* 
digo que juró en IQ20. 

Hpntqs demostrado basta la evidencia y de un 
modo incontestable que de tiempo inmemorial la ley 
de sucesión al trono ha llamado á las hcmbri^ft a fsd- 
la di^ hijits varones del monarca r«*¡nante, liemos 
dicho y demostrado que Carlos y subió al trono 



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— 21iB ~ 
fie £spaua por el derecho de las Leitibrás traartiril- 
lido por la reina. laabci á su hija la reina doña Ju«« 
na la loca , esposa del arciiiduqae Felipe de Ans* 
tria. Al estin{ipairsc la dinastía anstriaca eñ la per- 
sona del rey Carlos II , T^nis XIV fundó en los 
derechos de sa mujer la infanta dona María Teresa 
sus pretensiones para ceñir la corona de España á 
sn nieto^ ¿ Cómo á presencia de estos hechos his- 
tóricos auténtieamente comprobados, qne acreditan 
lá existencia de siglos de la ley de sncesioa, sas 
repetidas y constantes aplieaciones y finalmente d 
derecho hereditario qne adqnirió por hembra la ca- 
sa de Austria primero, y dcspucs la de Borbonj 
como á presencia de Cslos hechos, decimos, se da» 
da de la Icjitimidad de Isabel II para suceder en el 
trokio á sil aug;usto padre Fernando Vil? 

Prcvccmos la respuesta: la letf de Felipe P» 
Pues bien , si probamos que esta ley jamas ha exts* 
t«do verdaderanus^tc , jain.as b* podido ser Tálida 
de hecho ni de derecho , y ^¿juc el acta que asi se 
califica, es arbitraria, ¡rejjal yrcdicalmcntc nulaj 
¿qué podrán objetarnos? Lo ignoramos. 

Seguros de la justicia qne nos agiste, ramos á 
demostrar la nulidad de esta acta, y considerando la 
cuestión bajo todas sus frases , la rcdCicircmos á la 
sencillez de una demostración matemática. Nad:» 
puede interesar tanto á una nación , como la varia- 
ción en el orden de suceder al trono. Por eso las 
leyes y costumbres de £spatia en este pnnto son 
p4>#iti\os y anulan el a(:ta de Felipe V en 1713» 

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- — 217 ^ 

Lft g^ttérr» dé sucesión iba (tectin«fido :'las'pro- 
^incias anbletadas en favor de la ^asa d« Aasfrit 
te pacifidaimh y reconóctan la antoridatl dé*Fei¡pei 
el tratado de Ulreeht tino i consolidar 'a(|nei tro- 
teo , tanto tiempo combatido. Entonces* fue cuando 
el ntiéYO monarca crc]fó que podiá baéer lo qne 
ninguno de sus predecesores batiSa tenido la tcnre^ 
ridad dé acometer. Sin baéer caso de una prtfcli^á 
constante y de las leyes establecida» mas de siete 
siglos bacía , derogó la misma ley fnndaroental dé 
la snceaton al tronó qoe á sn advenimiento habift 
Jurado observar con fidelidad; Sin consultar siquíe^ ' 
ra á los diputados del reinó Icgalmente convocados 
á cortes jenerales, Felipe V, nuitu propio^ dio na 
auto acordado, que por abuso se ha llaniaído ley sálica* 

No queriendo esponerse este monarca á una ne'« . 
|rativa si reunia según U forma establecida las cor* 
tes jenerales para proponerlas stt proyectóle deré* 
gaciott y quiso sin embargó cubrir la viotenci^f de so 
resu4ucion con nna apariencia de la legalidad , y 
consultó al4:onsejo de Castilla. La mayoría de este 
se opuso á que se alterase el orden de suceder a la 
corona. £1 presidente ñonqtiitlo.bizo una oposición 
enérgica , y «fl rey le desterró. No se perdonó me- 
dio alguno |>ara aleancor la 'aprobación del consejo} 
pero solo se le pudo inrrancar el dictamen siguiente» 

Para la legalidad y validez, asi como para l« 
«ceplacion jeneral , era menester que el reino con- 
vocado en cortes jenerales, i^oiuciirrleác á la foruu- 
4CÍon .de esta misma ley. 

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_ J18 -_ 

X#i Jiiili^ y b gruvedad 4e h aiftlem lo. en* 
|iam ipperio$«aieiitef per^ 90 «e bixo ««i* I^is cér- 
tM no Cttéron IbiiMiliaSf ni «e e»pf4ió la cMTOCiito- 
jrii : ' los jiyuiiUiiiie<»t08, ciudades y Tttias que te* 
impí derecho i le eleeciioa^ de diputados , no la hjh 
^roa: loe preladds del reino 00 faeroa llamados 
fá eonseitados,- Goaleiiloseelr^y coo laaiidar qaf se 
r^osilíeseii .poderes i los antiguos 4¡piitadof ijoe resi* 
4iaii én Madrid, y cuyo voto, ganado de antemano nn 
jpodr¡a.^Mer dju4fi|80* El rey biso j^ue le ijirijíesen una 
|ietteión para 4arogar i# antigua Jey; y re^ioadift 
en 10 dé mayo de 1713 en los terminas sigotentes. 

Qoietn y ordeai^ que la sfieesion se arregle en 
^adelante as^^nja forma espresada en la. nueva ley, 
y q.ne esta ee considere como ley fundameatal de 
' natos reinos.» no oMon^e la ley de fiorUda y todas 
las leyes ^ esiaiutoSf íSostunAres f usoSf éapUutom 
tienes y cmdssquiera otras disposieioíies de hs i*e* 
¡fes sus predecesores i derogándolas y anulándolaa 
no. cuanto se opongan i ia presente ley, quedando 
em cuanto á Jo demás en su fuerza y vigor, porqnn 
tal es tm w^luHtad* 

Esta acta , atentatoria á las leyes fundamentales 
del país y de la monarquía, tan repugnante en la 
formi y en lá esencia, contiene ademas un per- 
jnrio. Felipe juró á sii advenimiento que coiiser- 
«aria el patrimonio real y observaría las leyes se« 
gon las de^ partida y otras del reino ; y en b de- 
rogación arriba citada procede no obstante las leyes 
de partida y otras. 

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, Qe.i|i|»¡ ^m tn io q^ue s« fitfidatt . Ip» pr«im« 
•ioiiec de don CJkrlos 9 90] 4}oé s^e apfiyn ctti Icjiti,- 
Jtiillftd imvjiíuuria s en nqa vioIfeí<Mi de la ley Cnii» 
^damental y un perjnm; y j^im conid «i las corten 
.de 174)9 (qqe ae su^nev |mi eelebrtMla^J^ no bubier 
#en abo|idi» nqiidla yiohefoii de la |e^. RepelÍH|<Mi 
que es preiclap qoe Dio$ quiér^i pri^bfar i España df 
todas inancraa, pajraqne sn desffraeiailegne al pnn* 
lo <|e ver, la Josllcia y Ja santa miUmidad de som- 
na deseofipcida por /«ifia parte de loS; gabinetes d^ 
Eorppa , y baUai? adversarios efi k>s ft^^ranos qof 
.mas interesados ^tán ^n «ostenorja iejitíoiHtad df 
loa reyes. * 

Habiendo demostrado lo qne en todo tiempo ba 
aidotaleyde socesion en España^ y. que el fetft 
(de Felipe V qne la derogo para sustituir el autp 
acordado 9 i qo^eae dio el nombrjC^ de ley sálica^ es 
nula , arbitaria y una usurpación de poder, que no 
tiene ni puede tener la validez y ftpj^rza legales qne * 
reciben las leyes de las formilidades y condiciones 
esenciales requeridas para qoe sean valederas y obli;- 
{[aterías; no nos resta mas que hablar de la deroga- 
ción del attío acm'dado de 1713 por las cortes 
de 1789. 

Sin razón, y por un error cuyo origen es difí- 
eil indicar , se ba atribuidt^ al rey Fernando Vil el 
restablecimiento de las antiguas leyes, cuando no 
Idzo mas que poner en práctica la pragmática^ 
4Hinc¡on dada por Cirios IV en Us cortes de 1789. 

lie jiqui la historia de cátas cortes y la anula- 

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- 220 ~ • 
¿ion leí aoto acordado de 'Felipe V. Las eirtes je- 
neralcs del reino faeron convocadas con todas las 
solemnidades de eostombre por un decreto de Car- 
los IV , feeha'M de inayo d^ 1709, con ocasión áé 
prestar juramento at príncipe de Aátiirias don Fer- 
nando, hijo primojénitO del rey; acto qoe wgun 
los términos dcl^decreto deliia verificarse el 23 de 
setiembre, Híciéronse las elecciones , y el 14 de di» 
cfao mes todos los. diputados de las cindsdes qne te, 
iiian derecho de representación fueron reunidos bají» 
la presidencia del conde de Campománes , ofoberna- 
dor del consejo de Castilla , y en sus manos preste* 
ron juramento. Reconociéronse sus poderes jbastan* 
tes para este acto y para cualquier otro asunto que 
el rey les sometiese ; y se avisó á este para qqe se 
sirviera señalar el día de la apertura de las cortes. 
Designó S, M. el 19 de setiembre 9 y en efecto 
asi se verificó. El juramento al príncipe de Asturias 
como heredero del trono fue prestado el 25: el acta 
en que se da fé de esta ceremonia, nombra todos 
los diputados provincia por provincia. El conde de 
Gampomanes, después del acto del juramento y del 
homenaje , mandó qne don Pedro Eseolano de Ar- 
rióte, notario de los reinos, deleg^ado por el rey 
para dar testimonio de las rcsolociones de las cor* 
tes, leyera la proposición y petición siguientes 9 



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— 221 -^ 

Proposición. 

Siempre qae se ba querido alterar ó rcforiuar el 
método establecido por nuestras leyes y la costum- 
bre inmcniorial y el modo de suceder por derecho 
bereditario á la corooa , han resultado guerras si»n« 
grientas y trastornos que han devastado la monar- 
quía , permitiendo Dios que á pesar de los designio» 
y medidas contrarias á la sucesión regular baya pre» 
Yalecido siempre esta. 

Principiando por el hecho mas reciente de nqesr 
Ira historia y todo el mundo sabe que la sucesión de 
estereiuo, á la muerte del rey Carlos II, tocaba 
al hijo y al nieto de la infanta doña Maria Teccs|« 
de Austria, hermana del rey y mujer de Luis XIV, 
de Francia , y por consiguiente á Felipe V su nieto^ 
habiendo pasado por derecho dovoloto el trono de 
Francia al delfin, su padre, y al duque de Borgot- 
fia su hermano mayor. Todo el mundo sabe, repe* 
limos, que la evidencia del derecho fue impugnada 
y combatida só pretesto de renuncia de las inf^ntaf 
casadas con príncipes franceses. De aqui resulta k 
principios de esté siglo una guerra de sucesión en 
la que tanto padeció el reino. Sin embargo despuef 
de algunos anos de contienda fue reconocido el de* 
recho de los hijos de mejor linea, y Felipe V, qqt 
le represental» se aseguró icu el trono de EspaSa. 

En la soeesioB de la reina Isabel la católica, á 
pesar de las guerra», y desordene» sns citados por U^ 

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— 422 — 

gonot descontentos, se logró formar h gran ,mé* 
narqaía qae hoy existe 9 nniendo los reinos de Cas- 
lula y de Aragón por el casamiento de la reina coa 
d rey don Femando de Aragón* 

El mismo caso ocnrrib coaiido la herencia de la 
i^dna dona Berengnela, madre de san Fernando, 
fot so matrimonio con don Alonso de León : esta 
corona y la de Castilla se unieron entonces para 
áiempre. 

Finalmente la esperlencia de tantos siglos L* 
hecho ver que en España conviene ante todo con- 
scrtar las antiguas leyes y la costumbre inmemorial 
consignada en la ley 2, tit. 15, partida 2, para qne 
hs bijas de mejor línea y grado sean herederas de 
h corona en el orden fijado por la misma ley , sin 
que nunca les fuesen preferidos los hijos varones 
de una línea y de un grado imas distantes. 

Aunque en 1713 se trató de alterar este método» 
regular por motivos anejos á las circunstancias de 
aquella época que ya no existen ; no puede mirarse 
hi rcsolncion de entonces como ley fondamentalt 
jmrque es contraria á la qne exiália y se hahia ja. 
^ado , y porque ni el reino fue consultado , ni se la 
eomefió el examen de una disposición en que tan 
notablemente se alteraba la sucesión de la corona, 
como qae se excluyen las líneas mas próximas mas* 
éulinas y/emenfnas. 

Si en el tiempo de paz en qne nos ballaaHM no 
ée remediase radicalmente osla alUMeion, babria 
qae tañer en 4o aoeeaira fofrms y traatoraoB se» 

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— 223 ^ 
mejftotes á los qae^oearrierpn en I« ¿poca de U sa«f 
cesión de Felipe V. Estas calamidades se eri taran 
mandando observar niiestrai leyes y cosiiiiiilirct 
antig^nas^ seguidas por espacio de mas de 700 anos 
en la sucesión de la corona. 

Este deseo de nna paz inalterable para sns ira- 
salios ba movido el corazón paternal y benéfico del 
rey á proponer que las cortes traten y resuelvan 
con el mayor secreto y en el plazo mas breve que 
sea posible acerca de esta materia ; y para eso mi^ 
ha parecido que la petición que haya de djrijirse i 
S. M. conforme a sus soberanas intenciones , pndie^ 
ra estenderse en estos términos : 

Petición de las cortes de 1789. 

ScSor : la ley 2.", tit. IS, part. 2 declara lo 
que se ha abservado de tiempo inmemorial y lo que 
debe observarse en la suecsion del reino, habiendo 
demostrado la esperiencia la grande utilidad que ha 
resultado , supuesto que produjo la reunión de Cas- 
tilla y de Lcoñ y de la corona de Aragón, por el 
órdcfi de sucesibilidad seiíalado en dicha ley •• pne$ 
lo contrario siempre ha producido guerras y gran^ 
des trastornos. . . « 

Por todas estas consideraciones soplicaii ta» ; 
cortesa V. M. que á pesar de la innovación liew« 
cha por el auto acordado S, tit, 7 , lib, ti wÚé^ 
ne V. M. que se observe y cumpla perpetuamentir 
en la sucesión de la monarquía la costumbre inun*' 



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^ 22* — 
moríal cons¡(riiada tn clíclia Icj 2, ttt. JS^ f»í, 1 
como lo ka sido, en todo tiempo observada y g^ar« 
dada y como juraron Iqs reyes vuestros predeceso* 
ves 9 y que V. M. mande que se publique como 
ley y pracmática hecha y formada eu cortes^ á fin 
de que conste esta resolución , asi como la deroga- 
ción de dicho auto acordado» 

Lucg^o que se leveron esta proposición y peti- 
ción , el marque» de Villacampo^ diputado de Bur- 
gos tomó la palabra en nombre de hs cértcs* Eiti- 
pezó dando gi*acias k Dios de haber concedido á 
JSspana un rey tan relijioso y dotado de tan sabios 
y^ elevados sentimientos, y protestando después los 
\ívo8 deseos de las cortes de corresponder digna- 
mente á la tflta coiifiauza de S. M« en materia- tan 
grave y de tanto interés , y en so consecuencia pi- 
dió que se procediese á su examen y votación. 

El gobernador del consejo de Castilla , presi* 
denle dé las cortes , mandó entonces que se leyese 
de nuevo y en alta voz dit-ha petición y y observada 
esta formalidad, y habiéndose enterado todos los 
diputados de este documento y de las razones en 
que se apoyaba , se procedió a la votación , deci- 
diéndose por unanimidad elevar á S.. &I. la indicada 
yeticion. Tomando después en consideración la jus- 
lieía y la utilidad de restablecer respecto de la so- 
C0aion de la corona el orden regular consignado en 
la ley 9, til. 13 ,.part. 8 con formal derogación del 
^|o acordado de 1713 , que es el á. ^ , til. ?• ^ y 
li^» ^- ^ 9 de la recopilación, coiivinierofi lambían 

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ptfr iDMÁiinidad eo rfar gracias á S. M, por el res- 
tablecHiiíeiito tan necesario de la ley de sucesión á 
í« corona, y en proceder inmedialaineate á estén.: 
der y firfhar la petición de las cortes. 

Paesta en limpio, mandó el presidente que los, 
nétarios de cortes I» leyesen otra voz en \ot alta é 
iiitelijtble, y baliíeudo declarado todos los diputados, 
que la hallaban conforfiie con lo que liabian dclibe. 
rado y votado j y qué estaban prontos á (tt marla: 
la firmaron en efecto en la misma sesión de 30 de 
Étetiembrc de 1739^ 

. Levantóla en segfuida el presidente después de 
indicar los negocios administrativos deque tendrían 
que tratar las corles en sus próximasarcuníones. En 
la que se celebró el 3 de octubre , los notarios de 
eórtes leyeron de verbo ad verbnm el aeta de la se-, 
sion de 50 de setiembre, y todos los diputados 
itf aprobaron y ratificaron , bailándola conforme coa 
lo que unánimemente se liabia resuelto. 

Lft petición original fue presedtada a S. Mj por 
conducto del primer ministro conde de Florida-*) 
Manea con una consulta de la junta de los asisteiites 
de cortes (1) concebida en estos términos. 

La junta dé- asistentes da cortes líeáé la honra 



(1^ Se componía esta junta del eande de Campomáttcm 
gobernador ¿c\ consejo de Castilla , é'SC-presidenté de las cór« 
tes , der don Rodrigo de la Torre Marin, don Pedro Pérez Va« 
líente, don Juan Acedo Rieo y don Santiago Ignaeio ^, 
Espinosa, todos ministros del consejo lupremof de CaitiUa^^ 

i5 



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_ 226 — 
ae poner en tóanos de V. M. la petición qat le di- 
rijen los diputados del reino para qne se observe I« 
ley 2.% tU¿ 15, part. 2.* donde se establece segua 
la costumbre ¡nuicmorial de España el moda de su- 
cesión regular á la corona , prefiriendo el mayor al 
menor y los varones á las hembras en las línea» 
respectivas y segon su orden, derogaoda el anta 
acordada de 1715 , que e» elá. ® , del tit. 7, ® y 
lib. S. ® contrario á dicha .costumbre inmemorial, 
á fin de que tomando en consideración el dictamen 
unánime de las cortes reunidas en el buen Retiro^ 
donde se hallaron presentes también el gobernador 
del consejo de Castilla como presidente de esta» 
mismas córtesyay todos los asislenlea se digne V. M. 
dictar ¡|a resolución que sea del agrado de V. M., 
y juzgue mas conveniente al bien del reinOr Ma- 
drid 50 de setiembre de 17811, 

No tardó el rey en resolver^ y lo hizo en ealtr 

forma: 

(c He tomado la i^esoJucíon coniforme ú la pett- 
eion adjunta y y encargo que se guarde por ahora 
el moiior secreto y porque asi conviene á mi seruicio.y> 

Le jóse esta soberana resolución en la sesión 
de 50 de octubre, é imnedialamente se comunicó á 
las cortes el real decreto anejo á su petición cuyo 
tenor es este. Habiendo tomada en consideración 
vuestra petición, y los pareceres dados sobre este 
puato respondo que mandará á los de mi consejo 
espedir' lá pragmática sanción de costumbre en se» 
mojante caso. 

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-^^7 ^- . 

Conionicados asi alas cortes éstos decretos; del 
i^éy Carlos IV en la fortna requerida para «apresar 
la soberana Toluntad y aprobar y saDcionar las 
proposiciones de aqoellas, todos los diputados con- 
formáudósc con los deseos espresos dé S. M.: ^ pro- 
metieron con juramento giíairdar el secreto acerca de 
ésta proi^idencisr y ley constitucional basta la pübli- 
cacioli de la praguiática. 

.•-Et rey cerró en perdona las cortes en 5 de 
noviembre. 

~»Éñ tes actas de las sesiones de éstas sé halla 
itii documento que por so importancia merece ser 
citado aqni tcstualmCntc' como prueba del eiamen 
escrupuloso y Solemne qné precedió á la revocacioQ. 
del auto acordado dé 17I3< £s la ésposicioñ y dic^ 
támen dé los prelados presentes al reconocimiento 
del principé de Asturias : el original existe enr el 
Arcbivo del mitiisleiio de gracia y justicia, en Madrid. 

> Carlos IV cuya piedad y conciencia timorata 

qüeriaii obrar en está revocación con toda la soiem— 

iiidad y madurez posibles^ hizo que el conde de 

Florldablanca su primer ministro ^ eníregáse á |os 

arzobispos y obispos reunidos ^ la petición dé las 

Córtcs'párá restablecer la observancia dé la^ antigua 

ley* de; partidas y de la costumbre inmemórial.aéerca 

de la sucesión de la corona ^^paráque^aquelléSipre-. * 

lados le diesen su parecer* £1 tenor de éste ^ ñroíáé 

do en 7 de octubre pOr los eatorée prelador que . 

íormábau la asamblea y es el siguiente:^ ' 

Señor y el arzobispo dé Toledo!) y ló>s deman prtf-^¿; 

i 

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-. 228 — 
lido» del reino y conTOcados por brden mestra para 
prestar juramento á S. A. el tofante don Feraandoy 
rrincipe de Asturias , bao visto ^ /meditado y exa« 
minado la petición dirtjida á V. M, por todos lo^ 
diputados del reino reunidos en cortes 9 con el únU 
eo objeto de hacer ver que á pesar de la ionovaeioifr 
que introdujo el auto acordado í»r ^ y t¡t« 7. ^ y 
lib. S*^ f debe mandar V. M. que se observe y so 
guarde perpetuamente en el orden de sueesion déla 
corona la costumbre inmemorial consignada en la 
ley 2,*, trt. 15^ part, 2.°, como siempre se ba gnar« 
dado y observada, y como la juraron los reyeo 
▼nestlnos predecesores , promulgando la ley y .prag* 
mátiea sanción becha en cortes , ¿ fin de que conste 
esta resolución 9 a»¡ como la derogación de dicho 
noto acordado, fundándose en la grande ultlidad de 
la observancia de dieha ley de partidas y costumbre 
inmemorial, porque las coronas deCaslüfai, Leo» 
y Aragón se rennieróti por el orden eslaUeeido en 
Ja vrsma ley. 

Seitor , V. H» qne desea la resolución ma» jns« 
ta ae ba dignado para lograrlo de comunicarnos por 
medio de su primer ministro el conde de Florida* 
blanca la proposición de hs cortes, con orden pre* 
cisa de que demos nuestro dictamen á continuación 
de dicha proposición , sobre si V. M. puede y debe 
en conciencia y en justicia acceder i la petición de 
las cortes. 

Y después de la mas sería meditación como loa 
naa intercéados en la felicidad del reino y como re- 

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~ 229 — 
presentantes del clero 9 naestro unánime parecer y 
firme opinión es qne V. 91 puede y debe en con« 
ciencia y en justicia acceder a la petición de las 
cortes. Puede V. M.^ porque no cabe duda en 
cuanto á la soberana autoridad Icjislativa de V. M« 
muchos mas , cuando se funda y apoya en la propo- 
sición de todos los diputados del. reino presididos 
por el gobernador del consejo de Castilla Cpn los 
delegados de V^ M. asistentes á cortes. Debe V. M • 
acceder en conciencia y en justicia , primero por» 
que los motivos que las cortas ban presentado 
á V. m. , son poderosos y convincentes, pues de* 
bemos mirar como épocas de prosperidad la en que 
se verificó la reuuion de las coronas de Castilla y 
de Lcon en el rciui^do de dona Merengúela y su 
Lijo san Fernando y asi como la en que se incorpori 
la corona de Aragón por el casamiento de los royes 
católicos doña Isabel y don Fernfindo; y para eqU 
uto de dicha hemos vi^to que este tarden de cosaa 
se completó en |a persona de Felipe V , qne ñfn\n6 
al trono de España cqmo representante de los de« 
rccbos de su abuela la infanta dona María Teresa 
de Austria 9 hermana del rey Carlos |I, última 
soberano del reino (de la casa de Austria) 9 a pesar 
4c la oposición qqe hubo contra este orden dp siice^ 
4er, en vista de h^^ber renuncjadq la infanta dofia 
JUIaria Teresa los beneficios de esta ley al tiempo'dn 
isasarse. El dictamen de ios mejores teólogos y jn» 
risconsultos de la épocn fue 9 que |oa derechos de la 
¡Infanta y de sus descendientes estaban en toda su 

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^230 — 
foerzuj sao que Jas capitulaciones y renuncia I99 
' hijribíiesea alterado en lo mas míníuip ; porque asi cor 
inp lo espresa el rey don Alopso el Sabio en 1^ 
ley de ponidas citada por nosotros j en jsu tiempo 
ya era costumbre jnmenioríal que en la sucesión de 
}a coroQa el fiijo yaron fuese preferido á la hembra, 
<el mayor al menor y a falta de varones la hembra 
mayor á la menor , cuya ley está fundada ^n la na- 
tural y diiina. El rey se espresaba asi: He aqnilQ 
que |e ha acoslun^I^radp siempre en todos los paises 
del mni^do en que e| poder soberano ha llcjj^ado i 
ser hereditario; pero sobre todo en Espiaiia , par^ 
.evitar muchos males como en los tiempos pasados; 
y $e establece que si no hubiese varones , la bija 
mayor herede el trono ^ y que si muriese antes de 
'heredar el hijo primojénito ^ y dejase hijos lejitimos 
', de ambos 'se3if;os unos y otros hereden y no cuales^ 
c|uiera otras personas. 

Señor ^ el fundador de un nuevo mayorazgo 
"jinede sih duda éstablccei* el orden de suceder de 
, una manera irregular y por agoacion rigurosa , y 
éscluyendp para siempre á las hembras, porque los 
' bienes con que funda el mayorazgo , ^on iil^re^ y 
le pertet)ecen, pero el que hereda un reino ó un 
mayorazgo , cuya sucesión es regular y no de ag- 
nación rigurosa, no tiene el derecho que tuvo el 
fundador, para aUerar nada en lo esencial. Bien 
podr^ renunciar personalmente á la posesión del 
mayorazgo; pero en ningún caso podra perjudicar 
los derechos de sus hijos y descendientes llamados 

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— sai — 

i suceder por laJey , la fundacioo y la eostombre 
inmemorial ; razón inc6Dtrastable por la cual pudo 
muy bien la iofanla dona María Tefcsa renunciar 
por 6í el beneficio de la ley; pero de ningún modo 
pudo alterar )os derechos dé su nieto Felipe V; 
porque los derechos de este á suceder no eknpiezan 
£n su abuela , sino que se derivan por línea recta 
del jefe y de la base y nrijen de la ley de sucesión 
del reino, que ban pasado de jeneracion en jenera* 
don. y y que Jos soberanos se ban transmitido por 
derjecbo de sucesión. 

El auto acordado S. ^ , tit. 7. ^ , Ifb* & ^s en 
nada varía absolutamente este orden de cosas f por- 
que aunque nosotros prelados del reino, nos baila- 
mos iufprmado bien, y estamos seguros de que so- 
bre esta importoDte alteración no se pidió á nuestros 
antecesores su parecer; y de que dicho auto acorda* 
do se publicó solamente en las cortes sin examinarse 
jintcs debidamente como el caso lo requería ; á pe* 
sar de todo seutaremos este argumento concluyen* 
te ; ó Felipe V pudo con las cortes y sin los prela* 
dos alterar la costumbre inmemorial en el orden de 
suceder tan sólidanieutc fundada en la susodicha ley 
de Parlidas , o no. Si pudo destruir el derecho 
antiguo y aun el orden regular de la naturaleza^ 
con mucha mas razón puede V. M, con las cortes 
y los prelados restablecer las cosas y el orden de 
suceder á su estado primitivo, natural, ciiil y re- 
gular, á su forma autigua y costumbre iumcmoiial} 
y si Felipe V no pudo hacer lo que hizo^ Y. SI, 

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— 232 — 
debe tn epificieiicia y eo justicia acceder i la petir 
cíoii de kjs cortes del reioo. Madrid 7 de oclubr» 
de 1789.ssFraDCÍsco, cardenal arzobispo de Tole- 
do.«:Ag[uslin , obispo de Jaco (inquisidor jcncr 
rai^.esAgitstio , arzobispo de Zarag[oza.=jQaii 
Miinuel, obispo de Granada. «sAofonio, ffzobispo 
obispo de Córdoba. '=Cayctan<Oy obispo dcvLeon.— r 
Poming^Oy obispo de Tuy.=»rVictoriauo obispo de 
Tortosa.«.Gabino , obispo de Barcelona. =s .José, 
obispo de Albarrac¡».=Maniiel , obispo de Aslor- 
ga.^sLorcnzo, obispo de Scg^9rbe.=»Eslcvan An* 
foiiio, obispo de Pamplona .«^fjíuaa Francisco» obia* 
po de Sagovia. 

Este era el lenguaje de los prelados del reino, 
y esta su opinión acerca de la deroQ^ajciou del auto 
jacOrdadi^ de 1713. La solcinnidad del dictamen emi-> 
lido por los arzobispos y obispos alcja^ todas las dif- 
4a9 qi|C pudieran suscitarse en cuantp 4 la T/crdade* 
pra oportunidad de la r,estanraciou de las antig^nas lie? 
yes y délas costumbres inmemoriales que ordena- 
fl^an la sucicsiou del trono. Haremos observar que 
^sta revocación del auto acordado de 1715, bccba 
^pn toda la legalidad y todas las solemnidades exi? 
jidas por |as leyes del pais, no era una medida de 
/circunstancias, porque se veriGcab^ precisamente 
^cuando las cortes proclamaban lieredero del trono al 
príncipe de Asturias , después r^ y bajp el . nombre 
^e F.eroando VII, y cuando repibia el jurjiímeñ.to y 
^menaje ^c[ios diputados del reiuo reunidos en 
cartea jeocrales , y presididos por <;! ¡lustre conde 

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— 233^ 
deCampamMiefl. Aú poca eaaado Garlos IV 
tttqyó su aDtígiía foerza y T¡gor i la aiitigoa ley de 
Bacesí^B y fuese en elrcaoslaocías púraincote libres 
y cu que no se veia acosado por ninguna necesidad. 
Si el rey creyó que en sos di^s no debía publicar el 
jrestablcc'imícnlo de e^ta ley, esto se ^u^lica del 
modo mas natural con la prudencia que convenía 
observar á presencia de las ajitaciones y irastornoa 
que en su reinada ocurrieron en Francia, cuyos di- 
versos gobiernos no dejaron de guardar una actitud 
siiteüPfttNre violenta y dominadora para con la España. 

Fundóse , pues , Fernando VII como rey y co- 
rno, padre en la disp.o^iciou auténtica de la ley 
de 1789 , sancionada en buena forma por el rey don 
Carlos IV ) y promulgada soleinncmcute en las cor- 
les del Qiismo aiio , «o meaos qiue en las antiguas 
leyvcs y costumbres inmemoriales, para abolir en 
sn-pragmitica-saocion de 29 de marsu> de 1850 el 
Mto acordado de I71S, y re^tablecef la ley primi- 
tiva de sucesión i la corona , que se enlaza con los 
^recuerdos mas gloriosos de la historia de Espña. 

Fernando no podia ver sin estremecerse el por- 
venir del reino y de su bija, si durante su vida no 
Asegnralia la succsiion del trono a su descendcnjcia, 
restableciendo las aniigoas leyes del reino y dando 
ildídez á la pragmktica-sancion que la sabiduría de 
so augusto padre babia acordado en circiiostancias 
^nuy diferentes. Un ejemplo tan grande, un acto en 
queüie llenaron todas las SMlemnidadcs de costuui- 
jbre, ejecutado cu picoa paz y cu ua tiempo aio^ 

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~ 234 — 
temían ambiciones dinásticas en el seno de la fani* 
lia real, y cuando la sucesión del trono estaba ase- 
gurada en la línea masculina , todo cohcurria á im- 
poner al rey Feí^naado Vil el d^ber de la promnU 
gacion de esta ley. 

Este es el caso de destruir una aserción falsa y 
conocidamente en)o^anosa 9 que algunos enredadores 
políticos inveotaron á propósito el testamento de 
Fernando VII , designándole como el único título 
de donde se derivaban los directos de su augusta bi« 
ja á la corona de EJspaaa, suposieioQ <|ne sin mas 
ekámen han admitido algunos estranjeros. Creemos 
que aqoi debemos destruirla. Teniendo asegurado 
Isabel II su derecho hereditario al trono por las 
leyes constituyentes del reino como yá lo hemos 
dicho 9 el testamento del rey si| padre no pddia me-, 
jorar ni robustecer aquel derecho. ¿Qué necesidad 
hay de añadir que Fernando VII np habló en su 
testamento ni una palabra de esta cuestión ^ que no 
era dudosa para S. Al.? 

IVadlc ignora que las intrigas de un partido fa-^ 
nático , siempre prevalido 4^1 uombr0 del infante 
don Carlos^ acibararon la existencia del rey Fer- 
nando VII, Lejos de nosotros la ¡dea de querer 
ofender á aquel príncipe, con nuestras palabras, vi- 
tupei*aiido iojustameotc su conducta , pero tenemos 
derecho pura dtí$;ir que sea debilidad de carácter» 
aea obcecación, sea falta d^ reflexión, el hecho 
^ co listante es que i|on Carlos no ha tratado nnnca de 
dfssmentir con un acto público aquellos rumores^ 

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^535 — 
.cuando debía recjbazartos 4:oino calomnias, y reprp- 
;bar altainiente á los ojos de la oalcion y del. mando 
entero á los culpables que profanaban asi su ñOin« 
bre. La existeneia de estos rntnores y de las tramas 
eediciosas de las conspiraciones permanentes contra 
el rey su bei'niano , imponía á don Carlos la obli* 
gacíoQ de hablar; y sin embargan jamas se vio en su 
boca nna palabra de desaprobación de los proyéictos 
crimínales 4e los jCQnspicadores ^ en que siempre iba 
enyueho su nombre. 

El rey Fernando tuvo que reprimir en 182S 
,nna rebelión á mano .armada , fraguada en la ijiisma 
capital por los fautores de un fanatismo delirante. 
En 1827 $. M. tuvo que marchar en persona á 
conjurar una borrasca mas amenazadora y violenta, 
que la misma facción ha^ia suscitado nuevamente 
en Cataluña^ 

Sabemos que se aleja contra la pr^gmáticarsan-r 
cion de 1830 nn decreto de Fiernando VII que la 
abolia; pero públicos y notorios son los medios de 
coacción moral con que se arrancó ese decreto 
en 1852. cuando e| rey se bollaba en la ag^onfa. Va 
documento que denuncia el mando entero, esa vio- 
• leucia ejercida en la persona, del rey, y que nadie 
se atreverá á poner en dpdja es la declaración solem- 
ue hecha por Fernando VII en 51 de diciembre 
de 1832, que insertaremos 4 continuación del fo- 
lleto. Leyóse esta acta con toda la pompa v forma- 
lidades mas solemnes á presencia del rey y de niuU 
Jkilud do testigos, cutre los que se contaban todos los 

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— «36 -^ 
umistros, prelaJos y grandes de EspaS«, titos foa- 
isiooarios públicos en el rsmo jadicial y admioistra?* 
tivo del reino , individuos de la diputación perma* 
nenift de la grandeza, litólos de Castilla y otras 
personas notables de la capital. Desde entonces no 
puede dudarse de la nulidad del decreto arrancado 
al n|onai*ca agonizante. Obsérvese que esta declara* 
cion Solemne se bizo bailándose en Madrid el io« 
fante don Carlos, que no pretestó contra sn con* 
tenido. En seguida la bija de Fernando Vil, fae 
splemnemcnle reconocida como heredera del trono 
y en calidad de tal recibió el juramento y home- 
naje de los diputados de la nación reunidos en cor- 
tes el 22 de junio de 1835. Todo el cuerpo diplo- 
mático asistió á esta ceremonia menos el enviado de 
Ñapóles que protestó en nombre de sn corte, y 
entonces eomo en 1830 cuando se publicó la prag- 
mática sanción, no hubo ninguna otra reelamaeion 
ni aun de parte de la Francia. Haremos aqn¡ ona. 
observación , y es que esta pragmática publicada 
en 29 de marzo de 1830, es seis meses anterior al 
nacimiento de la hija de Fernando Vil. 

Resumiremos y habiendo tratado de sor claros 
y concisos en esta grave cuestión, diremos para 
concluir: ¿se quiere invocar las leyes antignas y In 
costumbre inmemorial de la monarquía? La lejiti* 
midad de Isabel II se baila consagrada por una le» 
jislacion nacional observada por ocho siglos sin oin* 
0una interrupción y por los numei*osos ejemplos 4o 
reinas que bao ceñido la corona de EJspana. La úai* 

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— 237 — 
ct císcmpcioii qne se presenta es el auto acordado 
del713^ manifiestamente ilegal y anulado en 1789^ 
sin que nunca baya tenido ningún efecto. 

Sirviéndonos del dilema pr^jiucsio por los ilus* 
tres prelados en sn declaración del 7 de octubre 
de 1788 diremos también ; ¿se inyoca el auto acor* 
dado de 1715? ¿Se le quiere conceder fuerza de 
ley ? Verdaderamente es la omnipotencia soberana 
del monarca derogando las leyes mas antiguas y la 
costumbre inmcmoi^ial. Pues bien^ concedemos por 
i^n momento esa enormidad ; pero entonces tampo* 
co podrá negársenos la inalterable continuación de 
esa omnipotencia , sopeña de contradiccron y de 
manifiesta mala fé. Siendo fos dcreebos de Carlos IV 
en 1789 y Ips de Fernando VII en 1830 los mismos 
que los de Felipe V en 1715 ; los efectos deben ser 
los mismos* Aquellos dos reyes pudieron dcsbaccr 
lo que su abuelo bahía beclip y por el mismo titulo^ 
con la diferencia que Carlos IV y su bijo Fernán- 
do VII procedieron con la mas rigurosa legalidad 
y la mayor solemnidad , de acuerdo con la nación 
reunida en cortes^ con. el espíritu y letra de las 
leyes y con la costumbre inmemorial ; mientras que 
Felipe V la yíoIó en el fondo, y holló la forma. 

Si por el contrario se quiere tachar de arbitra* 
rias las actas de 1789 y 1850, y condenarlas por 
nulas, también nos convenimos hipotéticamente. 
Entonces la misma acnsacion de arbitrariedad , la 
misma nulidad- y con mas poderosa razón recaen so- 
Ire el acta de 1713, y aoalando ana y otras do& 

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_ 238 — 
liallainds con la antigua ley j la única yetá^áerá jji 
lejitímada por ocho sigilo» de existencia , la única 
qué es permitido intocar ; y esta llama al trono de 
los cejes católicos á Isabel II , Lija de Fernán* 
do Vil ^ como reina y lejítima soberana de las Es* 
pañas* 

En esta esposicion fiel y autentica der la Icjiti** 
ntídad de la reina Isabel II hemos dejado hablar á 
/la historia inexorable^* y si á Teces hemos invocado 
la lógica y es porque es inseparable de la justicia t 
esta no necesita sofismas para su defensa í la verdad 
es ilnav 

Como hombres monárquicos 9 subditos fieles y 
esclavos escrupulosos de los principios conservado* 
res del orden y de la justicia, nuestra voz nó pue* 
de ser sospechosa cuando la levantamos en favor de 
nuestra patria y la cual en su mayor parte lia pensa- 
do y piensa como nosotros. Rigurosos' deberes he- 
mos tenido que Cumplir 5 y no hemos faltado á ellos 
porque sabíamos prever. Depositarios de la confian* 
za del soberauo que nos honró con sus augustas 
bondades hasta el líltluio dia de su vida, hemos si- 
do testigos de su angustia como padre y rey en los 
momentos postrero» de su^ existencia; en aquellos 
supremos instantes en que parecía que el monarca 
estaba ya delante ¿(e Dios, Fernando YII nos re» 
enmendó que velásemos por el trono de . sn hija y 
por la conservación de su real autoridad : compro- 
metimos nuestra palabra por deber, por' honor y 
por reconocimiento. Varian veces hemos renovado* 

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^ 2S9 « 
tpn énajeoamiento este compromiso; y la Europa 
sabe si hemos sido fieles á él. Hemos peleado con 
TÍgor j valor y perseverancia por librar á España 
de las calamidades que han sobrevenido^ Con tran- 
quila resignación bemos becbo frente á todos los 
peligros 9 y bemos aceptado con alegría todos lo^ 
sacrificios^ por ser fieles á nuestros jurametrfos, á 
nuestros principios y á nuestras convicciones poIí« 
ticas. Puros en nuestras intenciones^ deseosos tanto 
como el que mas de reformar los abusos admínis- 
trativod por el progreso lento, pero seguro del 
tiempo y de la esperiéncia nos liemos dedicado k 
detener el torrente de las innovaciones prematuras 
que nos parecian peligrosas. Conocíamos que el 
poder no podia debilitarse sin riesgo^ sobre todo 
en el momento del combate* porque de antemano 
babiamos aprendido á conocer la» intrigas de los 
partidarios de don Curios. Hemos sucumbido en la 
brecha sin capitular: demasiado se han realizado 
nuestras tristes predicciones. Si en la posición en 
que nos hallamos en el dia no hubiésemos consulta* 
do sino la necesidad del descanso y nuestra propia 
conveniencia : no hubiésemos dejado nuestro reti- 
ro; pero como las desgracias^ personales no son na* 
da y nada pueden sobre la felicidad dé nuestra 
alma f esta se despedaza á la relación de las calami- 
dades páblicas porque (odas nuestras simpatías y 
uncstras facultades pertenecerán hasta nuestro ulti- 
mo aliento á la augusta hija y lejítima heredera de 
nuestros reyes y á nuestra cara patria. 

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^ 24« — 

una \úz de confianza lia penetrado en^ noeslro 
pacífico retiro 9 y ha apelado á naestroa sentiinicá- 
los de adhesión y de lealtad : uoa ha manifestada yie 
el interés de España y de su tierna^^ soberana; éxijia 
que viniésemofi » defendéis sn- ean^a f que también es 
la causa de la humanidad ^ tan cruelmente oltraja- 
da y doliente. Al punta acudimos al puesta qjoe se 
nos señaló. A pesar de nuestra edad y achaques 
quisimos mas arrostrar todas las fatigas y rig:ore» 
de no ^taje penoso ^ que dejar de responder á c». 
llamamiento que nos ha contuOYido profuiidamcnley 
y que al mismo tiempo conocemos que. nos honra 
sobremanera; porque corno buenos españoles, aun- 
que distantes pol* desgracia de nuestros bogares^ 
damos culto con entusiasmo en nuestro corazón á 
la monarquía lejítima 9 y á la patria ausente. «sFran- 
cisco de Zea Berniudez.»:>J7er/m 19 de febrero^ 
de 1359. 



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Í41 — 



D. Francisco Fetmandet del Pino ^ caballero grati 
Cruz de la Real orden de Isabel la Católica , de 
Uí Real y distinguida arden de Carlos UJy Co- 
mendador de la lejion de honor de Francia , Ca^ 
hallero Maeslrante de la Real de Granada, JRe- 
jidor perpetuo de la ciudad de Antequera ^ del 
Consejo de Estado y Secretario de Estado y del 
Despacho universal de Gi*acia y Justicia^ y 
Notario mayor de los Reinos* 



Cjerlifico y doy fé ; Que habiendo sido citado ¿t 

orden de la Reina íi. Sra«, por el aenor Secretario 

primero de Estado y del De^pacbo , para presen- 

. tarme en este día en la Cámara del Rey N. Sr. ; y 

niendo admitido ante «n Real persona k las doce de 

la mañana y se presentaron conmigo en el misnio 

sitio y citados también individualmente por la dicha 

Real orden el muy reverendo cardenal arzobispo do 

Toledo: «I seííor don Francisco Javier Castaiiov, 

preguen tendel consejo Real: el sí^nor don Fráiiciáco 

iG 

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4Íft Zea Bennudez, primer secretario de EsUdd| , 
presidente del Coasejo de Slinisttos; el señor don 
José de la Cruz, secretario del despacho de la 
Guerra: el señor don francisco Javier Vclsa , se^ 
crclario del despacho de Slarína: el señor don Víe* 
. foriano de Euciuia y Ffedrá , secreti^rio del despi^ 
cbo de Hacienda : eí señor cofide de Ofalia , secre* 
lario del despacho de Foineiilo jeneral del Reinos 
los señores consejeros de Estado mas autígnos» 
esLÍstentcs en Madrid^ conde de Salazar^ ,Duf{ue 
del infajitado, don Jo:»é García de la Torre, doa 
José AznarcZy don Luis Lo|]cz Balleetcros^ y 
marqués de Zauíbrano : la dípuiacion periuancute 
de la grandeza , compuesta de l«>s señores y duque 
de Vil la -hermosa, marques ile Cerra Ibo, marqués de 
SlirafloreS) conde de Ccrvcllou , conde de Parsent^ 
marqués de Alcañices , y marqué» de Ariza ; el 
señor patriarca de las Indias, el reverendo obispo 
auxiliar de Madrid : el señor comisario jcneial de 
la santa Cruzada : tos señores don Francisco Jüa- 
rin y don Tadeo Ignacio Gil , eañiaristas mas aii» 
Ügnos úz Castilla , el señor den Ignacio Omufriatff 
y nourera, decano del consejo stipremo de Indias^ 
y el señor don Francisco Javier Caro y Tonque* 
ñaada, camarista del mismo: el i^eñor don Anjel 
Fuertes , decano del consejo Real de las órdenes? 
el tenor don Felipe de Córdoba, Gobernador itél 
consejo supremo de Ilactcitda : los señores tíf olói 
de Castilla^ conde de san Román: marqnés de 
Ca»poverde: marqués de la Cuadra y conde dé 

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-. 243 — 

Adineró , la diputación de los Reinos , romptiesta 
de los señores don Matías Pareja y Torres , don ' 
Joaqain González Kieto, don Francisco Iñigo de 
Iñigo , don Jo^ Ferrer , don Joan Pablo Pérez 
Caballero, don Pedro Vivero y Mores y don San- 
tiago López Regañón ; el señor don Esteban Bur- 
lado de Mendoza y Ponce de León y diputado en 
Corte por la provincia de Guipúzcoa , y los señores 
don José Gariga y don Simón Ibarra y cónsules dr| 
tribunal de Comercio de Madrid. Y á presencia de 
todos me entregó S. M. el Rey una declaración 
escrita toda de su real mano , que me mandó leer, 
como lo bice en alta yoz, para que todos la oyesen, 
y es á U letra como sigue ; 

Sorprendido mi real ánimo en los momentos de 
agonía , á que uie condujo la grave enfermedad de * 
que me ha salvado prodijiosa mente la Divina mise* 
ricordia, fitnié un decreto derogando la pragmática* 
sanción de 89 de marzo de 1830 decretada por mi 
augusto padre á petición de las cortes de 1789 para 
restablecer la sucesión regular en la corona de Es- 
pana« La turbación y congoja de un estado , en que 
por instantes me iba acabando la vida , indicarían 
sobradamente la indeliberación de aquel acto, sino 
la manifestasen su naturaleza y sns efectos. Ni co* 
ano Rey pudiera yo destruir las leyes fnndameota- 
les del Reino, cuyo restablecimiento habia publi*'- 
^do, ni como padre pudiera con voluntad libre 
despojar de tan augustos y lejírinios derechos á mi 
de^eendeneia. Hombres desleales ó iiuíos cerearou' 

I 

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mi lecho 9 y «btisaDcla de mi «mor y del de m¡ m« j 
cara Esposa á los Españoles , aamentaron su aflic- 
cioii y lá amargura de mi estado , asegarando qoe 
el reino entero estaba contra la observancia de la 
pragmática 9 y ponderando los torrentes de sangre 
y la desolación universal que babria de producir ai 
no quedase derogada. Este annifcio atroz , hecbo en 
las circunstancias en que es mas debida la Terdad 
por las personas mas obligadas» á decírmela , y cuan* 
do no me era dado tiempo ni sazón de justificar 
au certeza, consternó mi fatigado espíritu^ y fib* 
Borvió lo que me restaba de iutelljcocia , para no^ 
pensar en otra cosa que en la paz y conservación 
de mis pueblos y haciendo en coauto pendia de mi 
este gran sacrificio como dije en el mismo deereto, 
ii la tranquilidad de la nación Española.. La perfidia 
consumó la horrible trama que había principiado la 
seducción { y en aquel dia se entendieron certifica* 
clones de lo actuado con inserción del decreto , que* 
brantando alevosamente el sigilo que en el mismo^ 
y de palabra mandé que se guardase sobre el asunto 
hasta después de mi fallecimiento. 

Instruido ahora de la falsedad con que se ca« 
Inmnió la lealtad de mis amados Españoles, fieles 
siempre á la descendencia de sus reyes : bien per* 

.suadido de qoe no esta en mi poder , ni en mis de» 
seos derogar la inmemorial costumbre de la suee- 
sion, establecida por los siglos, sancionada por la 
ky , afianzada por las ilustres hcroinas que me pre* 

hedieron en el trono y solicitado por el \oté «ná« 

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i 



— *48 — 
Biine ié los Reinos: y libre en este di« de h ¡nfluen- 
eia y eoaeeion de aquellas funestas circunstancias: 
deelaro solemnemente de plena voluntad y propio 
movimiento , que el decreto 6rroado en las angus- 
tias de mi enfermedad fue arrancado de mí por 
sorpresa : qne fue no efecto de los falsos terrores 
con que sohrecojieron mi ánimo J y que es nulo y 
de ninji^un valor y siendo opuesto á las leyes fonda- 
mentales de la monarquía y á las oblig^aciones que^ 
como Rey y como padre , debo á mi augusta des* 
cendencia. En mi palacio de Madrid á 51 de di- 
ciembre de 1832. 

Concluida por mi lectura, puse la declaración 
en las reales manos de S. M. 9 quien asegurando 
qne aquella era su verdadera y Ubre voluntad ^ la 
fi^mb y rubricó á presencia de los dicbos señores^ 
escribiendo al pie Fernando , y yo pregunta á los 
que presentes estaban, si se habian enterado de su 
contesto; y habiendo respondido todos que estaban 
enterados y se finalizó el acto ; y S. M • mandó que 
fie retirasen los señores arriba referidos 9 y yo de- 
posité en seguida esta real declaración en la secre^ 
taría de mi cargo 9 donde queda archivada. ¥ pm 
qne en todo tiempo conste y tenga sus debidos efec- 
tos doy el presente, testimonio en Madrid en el 
mismo dia 51 de diciembre de 185S.«?BF¡rmado.a>>« 
FrancifliCO Feroandes dct Pino, 



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: Con feeha.de este día ha tenido á iien la Reimf 
Nuestra Señora dirijirme el real decreto si* 
guíente: 

• 

Eo las cortea coiiTQcadas por mi abuelo el seSor 
don Carlo!4 IV, y celebradas eo el palacio del Buen 
Retiro en t789, después de considerada atentamente 
la innovación becba por el auto acordado de .10 de 
mayo de 1715 sobre cl método de sucesión á U 
Corona , se suplicó su derogación y el restablecí* 
miento de la antigua coslunibre del Reino en el. ¿r« 
den de suceder , con preferencia dé varón á hembra 
dentro de I* mi^ma línea , atestiguada y sancionada 
por la ley 2,^^ ttt. 15, part, 2.* A esta súplica 
respondió el Rey , mi augusto abuelo , que ordena* 
ría al consejo espedir la pragmática-sanción aeoa- 
tumbrada en fales casos. Pero consideraciones del 
tiempo inclinaron &a real animó á que todo lo ac* ^ 
tuado en aquellas cortes sobre este punto^^ aunque 
lIcTado á su término legal ^ fuese reserTado por 
entonces , y las ajitacioues que sucedieron aquel aao 
eu Europa, y sobrevinieron después .en la Penínsu- 
la, ban mantenido en secreto esta resolnicioQ , hasta 
que el Rey , mi muy caro y amado Esporo ^ mandó 
.publicar para su perpetua observancia la pragmática- 
sanción de 29 de marzo de 1850. 

Insistiendo yo en las soberanas intenciones del 
Rey , y pasadas ya las circunstancias que motivaron 
y promulgaron el secreto , be venido eon en real 

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— 24T — 

•cnerdo en iiiaiicl«r, que Im «ctas ie lit cirtet 
de 1789 sobre la aacesioo directa del trono , y loa 
dieliinienes que ae hayan dado sobre esta materia^ 
se impriman y publiquen literalmente ^ como doen* 
mcntos importantes para la historia. Tcndréislo en* 
tendido y dispondréis lo conTeniente para au cnm* 
, pliroiento.— -Está rubricado de la real mano de la 
Reina N. Sra. , 

Lo comunico á V.^E. para que en obedecimien* 
to de la voluntad soberana de S« M. se sirva , como 
notario mayor de los reinos j estender un tcstimo* 
nio en forma , de lo que resulte de las actas de cor* 
les de 1789, sobre la sucesión regular y directa 
de. la Corona de España , y de todas las consultas 
ó dictámenes dados sobre esta materia , que deben 
bailarse en el archivo de la secretaría de Estado y 
del despacho de Gracia y Justicia de su cargo. Dios 
guarde á V. E. muchos anos. Palacio 1.^ de enero 
de 1853.— Francisco de Zea fiermudcz.-— Sr. se« 
secretario de Estado y del despacho dsi Gracia y 
Justicia* 



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J 



S48 ~ 



DOX FRANCISCO FEMNAXDEZ DEL 
PINO , Caballero 9 Gran criiz de la real órdeti 
americana de Isabel la Católica ^de la realif distuu 
jfuida orden Española de Carlos 111 j Comendador 
de la lejion de honor de Francia^ Caballero maes- 
trante de la real de Granada j Rejidor perpetuo 
de la ciudad de Antequera j del consejo de Es* 
tadoj secretario de Estado y del despacito uni* 
versal de Gracia y Justicia y y notario mayor dn 
los Reinos t 



Ci»nTirtG,o i Que entre los papeles qne en eali* 
itail de reservados se custodian en la secretaría de 
Estado , y del despacho de Gracia y Justicia de mi 
^Mtfgo , se han encontrado Juntos un libro y Tarioi 
legajos y documentos orijinalcs , de los que se hará 
por su orden espresa mención , pertenecientes i In ^ 
conTOcacion de las cortes de 1789, á su legal y 
■otemne apertura , y ái las sesiones y asuntos que 
en ellos se trataron. Dicho libro es un volámen en 
félio 9 encuadernado en media pasta , con nn rótulo 
por fuera que dice: Corles de Madrid del año 
de 1789; y en el interior una portada en que se es» 
presa que es ei libro de díclio aiio j y que en ¿I es* . 
tan las dilijencias de reconocimiento de poderes y 
nperjtttra de las cortes, y las acias y acuerdos de 

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cstM^ «cftcbrftdod en el salón de los reinos <IeI pala* 
CIO del Baen Retiro para los asaotos qne S. SI. él 
«enor don Carlos IV se s¡rT¡¿ encargarles. Contle- 
vfie diclio libro ^ fán la portada y el índice, cuatro* 
«¡entas sesenta j dos^bojas foliadas, de las eoáles 
todas relativas á la convocación de las cortes y á las 
«ctas«i4)re examen délos poderes y. sobre la aper« 
tura y sesiones de las mismas , están escritas en pa- 
pel sellado del aSo de 1789 9 y autorizadas en la 
forma de costumbre por los escribanos ínayores de 
cortes den A^^atin Bravo de Velasco y Aguilera, 
y don Pedro Escólano de Arrieta. 

Al folio 1. ^ de dicbo libro , bajo la autoriza* 
«ion de don Manuel de Aizpun ^ Redin, secretario 
del consejo de la cámara de Estado de Castilla y de 
Gracia y Justicia, y eon el real sello del- señor 
don Garlos IV, se baila una eertijBcacion, cuyo 
contesto á la letra es el siguiente : 

«Don Manuel de Aizpun y Redin, caballero 
út la real y distinguida orden Española de Car* 
los Itt, del consejo de S. M., y su secretario eii 
«1 de la cámara de Estado de Castilla y de Graeb 
y Justicia s^sCertifico; que en conformidad del reil 
idccreto dirijido por S, M. á la cámara en 28 de 
tnayo de este año, para que á efecto de que sus 
rónos y vasallos juren al serenísimo principe don 
Fernando N. .8r. , sninuy caro y amado bijo , se 
«escribiese en la forma que en ¡guales casos se ba 
raeostnmbrado a todas las cindades y villa de voto eti 
«orles ^ |iara ^ne jcnfiaaeffi diputado» • coq poderes 

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ÍjBi|il^i 7 bMlantes para el esplicado tfeel^y y otro» 
l|eg^oc¡o$ 81 se projinslesen; coo fecha de 31 del 
ipisttia me$ de mayo , se las coinunieó la carta cir* 
calar del tenof siguiente: — El Rey; — Gonerjoy 
jttsticia, rejídores, caballeros, escuderos , oficia^ 
l^s y hombres buenos de la &I^ N. y M, mas L. 
ciudad de Burgos, cabeza de Castilla, mi cámarai 
Sabed : que habiendo señalado el dia 23 de setiem* 
bre de este ano, para que mis reinos y vasallos ju* 
ren al príncipe don Fernando, mi muy caro y muy 
amado hijo , en la iglesia del convento real de san 
, Gerónimo de la villa de Madrid, conforme á leyes, 
fueros y antiguas costumbres de estos nii^ reinos, 
aegun y por la fornia y manera que los príncipes 
primojéuitos y herederos de ellos se ^uclen y^acos- 
tpmbran jurar ; he resueltq ordenaros, como lo ha* 
go, nombréis en la forma que .en seinejantes casos 
babcis acostumbrado hacerlo, diputados, que en 
yuestro noinbre> y dfi toda e.8a provincia, presten 
d juramento que sotf obligados hacer al príncipe 
don Fernando , mi muy caro y muy amado bij^ , y 
./que J^s otorguéis y traigan dichos diputados poderes 
:;|rmc»lrps amplios y bastantes para dicho c^fcclo, y 
r|j^ra irf^r ^] entender , praclicar , conferir, otorgar 
y.conclul^ir p|Qir córtjes otros negocios , si se propu- 
,]^iiiren' y pareciere jCon veniente respUcr , acordar y 
l^onyenir para (os (iue^ referidos : en intclijencia de 
que para el^dia primero de agosto próximo venide- 
ro , dcberfin hallarse présenles precisamentf en la 
, fioniiifada vil|a 4c Madrid los expresadas dipntados, 

, ' DigitizedbyCnOOglC 



— *8I — 

IBOnlof citados poderes amplios, y baftaoles; c^ 
todas aquellas dáqsolas y circanstaDcias que se ro* 
qaiereo en semejantes crasos para sn mayor fórma« 
lidad y y evitar toda duda 9 coutlujcncia y dilaciones} 
bajo del apcreibímieulo que os hago desde ahora, 
de que si psjrfi el citado dia np se hallaren presente^, 
6 hallándose ,no futieren I09 nominados Tuestros 
podercts ¿mpUos y bi^tjintes, inandaré formar' y 
concluir todo lo que se hubiere y debiere hacer , de 
la mis^na forma y manera como si todos los diputa* 
¿os de estos mis reinos se halla^n presentes con los 
poderes que se requieren ; asegurándoos que en to- 
. das ocasiones .esperimentareis mi real gratitud. De 
Aranjuí» á 31 de majo de |789. — Yo bl Rey. — 
Por oían^Ado del Rey ]V. Sr. , don Manuel de Aíz« 
.pnn y Rediji.— »Y para que coqste y se tenga prfe* 
senté, por don Agustín 9ravp de Velasco y Agui- 
lera , escribano mayor de los reinos » al tiempo del 
.reconocimieiito de los poderes con que han Teni- 
do los insinuados diputados, y que en oficio de 
esté dia le encargó, doy la presente en Madrid 
i 2 de setiembre de i789«— ^Manuel de Airpun y 
Redin.» 

Siguen en el mismo libro, desde el folio 5, 
dos certificaciones estendidas en debida forma , j 
en papel sellado de aquel ano , de los títulos de 
notarios de los reinos, á. favor de don Agustín Bra* 
To de Velasco y Agoilers , y don Pedro Escolano 
de Arricia , para que pudiesen ejercer los oficios 
de escribanos mayores de cortes, y para los demias 

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~ ÍS2 — 
efectos consigttieiites á U Talides de ios insIratteB- 
los y acuerdos que se antorisasen* 

A contioaacion, 4esde el fóUo 19 ^ sigue el se- 
ta orijinal 9 autorizada por los dichos escribanos 
mayores ,' de la junta de señores asistentes de e4r- 
teS| celebrada en 14 de setiembre de dicbo ano, 
por seriaUmientó anterior de día y hora, en la 
posada de señor conde de Campomancs , goberna» 
dor del Consejo, á fin de reconocer los poderes de 
los caballeros procuradores de las treinta y siete 
ciudades y Villa de Toto en cortes , y dé recibir 
en juramento, A esta junta concurrieron como 
asistentes los señores don Rodrigo de la Torre 
Marin, don Pedro José Pérez Valiente , don Joan 
Acedo Rico y don Santiago Ignacio de Espinosa, m¡^ 
nistros del consejo y cámara , el señor secretsrio de 
la cámara don Manuel Aizpon y Redin , y los dos 
escribanos mayores de cortes. Al mismo tiempo se 
juntaron en otra sala los caballeros proeuradores 
nombrados por las treinta y siete ciudades y Villa 
que tienen voto, á saber: por Burgos, León, Za- 
ragoza, Granada, Valencia, Palma de Mallorca*, 
Sevilla, Córdoba, Murcia, Jaén , Barcelona, AtÍ. 
la, Zamora, Toro, Gnadalajara, Fraga, Calata- 
yud , Cervera, Madrid , Estremadura, representada 
por la villa de Alcántara y por la ciudad de Piasen^ 
cia , Soria , Tortosa , Prñi'scola , Tarazona , Paleii* 
éia , Salamanca , Lérida , Segovia , Galicia , Valla- 
dolida Gerona , Jaca , Teruel , Tarragona • Borja, 
Cuenca y Toledo. 

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— a83~ 

Retliiidas todo») y oída mba on el oratorio del 
seftor gobernador del Consejo, y tenieodo presente 
el eéremonlal de las gorfes de 1760, y varias reso* 
liieíooes del señor don Felipe Y sobre la preceden* 
cia de las ciudades ^ se procedió al sorteo de las que 
no son capitales de reino; y después de las once 
primeras, cuyo lugar está señalado por resolucio- 
B^es particulares., cupo la suerte á las restantes por 
d drden que van enumeradas, escepto Toledo, á 
liuién se reservó el derecbo que pretende al primer 
lugar^ En seguida fueron llamados, y entraron su* 
eesivamente en la sala de junta de los señores asis- 
tentes ,. presidida por el señor gobernador , los dos 
procuradores de cada una de las ciudades por el 
orden con que se han nombrado , y presentaron sus 
poderes , que fueron leidos por uno de los escriba* 
nos maj'ores;' y reconocidos y declarados por bas* 
tantea para los fines de estas cortes , prestaron el 
juramento acostumbrado en manos. dé los mismos 
escribanos mayores de los reinos* 

Después de una junta precedente, y siguiendo 
el orden numérico de los folios , existe al 47 del 
mismo libro una certificación original, firmada 
por don Manuel Aizpun y ^Rcdin , secretario det 
consejo de cámara , y autorizada con el sello real, 
de la que aparece , que la junta de señores asisten- 
tes de las cortes, di5 cuenta k S. BI. en consulta 
de 14 de setiembre del mismo ano, del reconocí, 
miento de poderes de los diputados de las ciud&des 
y Villa de voto en cortes, y de que fueron csti« 

■ sí ,1.;. 
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— 25* ^ 
miút por bastantes para cualesquiera necios qa« 
•I Bey mAndáse proponerles; á fio de que 8. M. 
■e sirviese señalar el día y hora que fuese de su 
réai agrado para lá apertura de dicbas eártes , como 
ío hizo desiguaodo el sábado 19 de dicho mea, á las 
oüce de la luanaoa. / 

Eo vil tiid del seSáramtééto betho ftor d señor 
¿od Carlos lY, para taa augusta cerétooiiiH, y eu 
¿biíiprobacioó 4e if^ exacta y solemttMietfle so 
¿umpliéló mandado poi^ S* M.^ apireteal iNHloM 
del inisino libro otra certificación original 5 eon 
igual autorización que las anteriores , de la que re- 
sulta que en dicho dia sábado 19 de setiembre , sa* 
neroú «11' coches de la posada del señor gobemaitor 
todos* los que habian concurrido á la junta celebrada 
én ella él 14; y dirijiénJose á palacio fueron admi* 
tidos á lo real aprobación de S, H , quien hit9 
una alocución á los reíoos^ que sé halla al folio 84 
tueltó, sobre él objeto de su convocación para ba. 
cer el juramento y pleito bottietiajc al serenísimo 
áenor príncipe de Asturias , y para tratar y concluir 
^or cfirtes otros negocios , que les baria entender 
por «r gobernador del consejó. Respondieron etf 
nombre de todos los procuradores de Burgos 9 y 
habiéndose retirado el Rey , dijo el señor gobernar 
dor : «caballeros: el Rey quiere que las cortes que* 
den abiertas , para que en ellas se trate de una pae- 
mática sobre la ley de hs sucesiones y otros pon* 
tos, juntáodose éod d señor presidente y asia* 
lentas' tm el salón de loa reinos dé palacio dd Buen 

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_ 2Í5JS — . 
Ilctiro todas las Téées que fuér¿ menester j pata lío 
cual da licencia S. Hl./ j encarga la brcTedadi 
servicio de Dios^ y bien de los reinos.» Conéluidas 
estas palabras', se \oiv1eroii todos en la forma f por 
el orden con qtic \¡ii¡cron/ Llegados á lía posada de 
diclio sf nór gobernador , y euti aclos en la sata doni» 
de estniiéron el dia del reconocimiento de iiodérei. 
dijo el marqués de Villaeampoj procurador de QuN 
gos , qiie' féniá que representar a la junta ; y ocíll 
pando todos sus asientos 9 propuso y suplicó dichp 
procurador , qné cesase la comisión ele millones, en 
cunipltíniento dé la insirucciotí qué dejó el reii^o eá 
las cortes de 1712; a lo qtie ofreció la junta e'xami* 
ñar el asunto y proponer á S. AI. lo conveniente.- 
iPropuso además otros puntos de etiqueta, á que él 
•eñor presidente contestó en términos satisfactoriosl 
'En testificación de haberse verificado él solemne 
acto de la juré del Rey IV. Sr. don Fernando Vil, 
como príncipe de Asturias y libredcro del trono, 
existe también a1 fóiio 62 otra certificación de. los 
escribanos mayores de cortes, de la qiíe circunstan. 
ciada y muy menudamente resulta , que en el dia ¿3 
de dicho mes y ano, señalado para el efecto 
por S. M., se bizo en el monasterio de san Geró- 
nimo de esta corte, el juramento del serenísimo 
príncipe de Asturias don Fernando IV. Sr. , a pre- 
t»encia de los reyes, y con asistencia de las clases j 
personas á quien toca , con todas las solemnidades 
-j formas acostumbradas en tales actos. 
" 'Abiertas las corles por S. SI. desde el i9 do 

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— «66 — 
Mliembrey habiendo precedido el Bolemóe reeonó^. 
nocimicnto del sereDÍsimo señor príncipe de Asto* 
rías y principiaron sns aesionc» en el dia 30 de dicho 
mea 9 ae^nn lo comprueba la orijjinai cerüBcaeioo 
del folio 9Ay autorizada por los mencionados escri* 
baños mayiures de cortes ^ con todas las formas re- 
queridas por la ley ó costumbre» Esta certificación 
que principia en dicho libró al indicado folio 94 , y 
acaba eñ el ill j es del tenor literal siguiente s 

« En la yUla de Madrid á 30 de setiembre 
(de 1789^ en consecuencia del señalamiento de dia 
y hora hecho por S» I. el señor gobernador del 
consejo ^ presidente de las cortes para continuar las 
que S. M. se ha servido convocar , cuya apertura 
se hizo i su real presencia el dia 19 de este mes en 
el real palacio de Madrid y concurrieron á las ocho 
de la mañana de este dia al de Buen Retiro y saton 
de los reinos f los caballeros procuradores de Un 
treinta y siete ciudades y Villa que tienen voto 
en eárte , y por el orden de antigüedad de sus cin* 
dades, según los sorteos ejecutados en el dia 14 del 
corriente mes^ son los siguientes» 



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-* 25T — 

» Por Burgos,.— El marqués de Villac&in{)p.-r- 
P^ Manael Francisco Gil Delgado. 

» Por^ Lcon.—D. Joaquín de Cea y Váldés.— 
El marqués de Villadangfos* 

^ Por Zaragoza.— El marqués de Villarri^n- 
.ea«— -D. JToaquíu, Gistué. 

» Por Granada. — D. Diego Antonio V¡ana«-:T- 
ÍD. Manuel Villafranea y Sanabria. 

^>Por P^alencia. — D* Ignacio Llopiz Fcrriz y 
Salt. — D. Bernardo.Inza y Lereu. 

» Por Palma en Mallorca. — D. Antonio Mon- 
lis. — D* Ignacio Ferirandell. 

• Por Sevilla.— n. Ruiz D¡a¿ de Rojas.-^ 
D. Manuel María de Mendivih 

» Por Córdoba. — D. Rodrigo Fernandez do; 
Mesa y Argotc, — D.. José Valenznela Fajardo. 

» Por Mnrcia.^-D. Joaquín de Elgucta y 
Bfeaas.-^D. Francisco Tomas de Jumilla y Vera^ * 

nPor Jaén. — D. Feliciano María del Rio.— • 
D* Manuel de Uribe y Bnenacbe. 

y>Por Barcelona. — D* Manuel de Antich y 
de Mora.*— D. Juan Antonio de lúiralles. 

» Por Avila.r—El conde de Ibangrande.— 
D. Francisco Cosío. 

B Por Zamora. — D. Gerónimo Manrique de 
Lara. — D. Juan García del Pozo. 

1^ Por Toro. — D. Bernardo. Miguel San(ianie* 
l^o. — D. Santiago Zambranos. ^ 

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— «58 — 

» Por Gaadalajara.-^D. Diego Pedroebe y 
Astabiiroaga. — El Vizcoode de PaUzuelos, 

» Par Fraga. — D. Seneo Corbatoo y Garf> 
ees. — D. Medardo Cabrera. 

» Por Calatayud. — D. Joaquín de Gtrta,— 

D. Tomas Casanova. 

» Por Cervera. — Lie. D. Joan Francisco Ra« 

non.-^D. Mariano Salat y Mora. 

» Por Madrid* — El Excnio. señor Marqués de 
Astorga^ conde de Altamira. — £1 EiLcmo. señor 
narqoés de Belgida, 

» EsTREMADcjKA* — Por /o. vUla de AleáxUor- 
ra. — D, Miguel Sánchez de Badajoz* — D. Gabriel 
María Blanco de Vaidés. 

i* Por la ciudad dq Plaseticia. — D.^ Francisco 
García Pascual Ainbrona.-—Kl marqués de santa 
Cruz de Agnirre. 

. » Por Soria^-^J). Joaquín llerran. — El mar* 
qués de Zafra. 

» Por Tortosa. — D. Juan Fábregues y Boy- 
xar. — D. Antonio Oriol. 

» Por Peniscola. — D. Baltasar Martí. — 
D. Francisco Javier Morales. 

» Por Tarazona, — Dr. D. Juan Gil y Rada.— 
D. Lucas la PeSa. 

» Por Patencia. — D. Miguel María Carrillo.— 
D. Manuel Agustin Ruiz. 

» Por Salamanca* — D. Luis Mangas Villa- 
fuerte. — D. José Velez de Cosío. 



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— 259 _ 
'■* •P^ Lérida.— n. Joao Bautista de Ta. 
pia«.-^D. Vicente Gallart y Escah. 

liPor Segwpia. — D. Juan de Arenzana.-^ 
D. Francisco Baca y Cáceres* 

» Por Galicia. — D. Andrea Antonio Agui« 
lar. — D. José María Marqiiina. 

D Por VaIladolid.—B. Vicente Diaz de la 
Quintana y Qoevedo. — D. Rafael de Salinas. 

» Par Gerona. — D. Franciisco Delás.— 
D. Francisco de Martí y de Carreras. 

9 Por Jaca, — Dr. D. Antonio de Hago.— 
D. Juan de Asia. 

nPor Teruel. — D, Manuel Becerril.~ 
D. Bkltasar de Onate. 

iüPor Tarragona.'^Tí. Alejandro Cadenas y 
Garlier.-*-D. Carlos de Morenes y de Cazador. 

» Por Borja.^^H. Francisco^ de la Justicia.-"» 
Dk Tomas Cnartero. 

' nPor Cuenca.^^Ti. Jnan Nicolás Alvarez de 
Toledo.— D.'^LncasCrisanto de Jaques. 

» Por 'Toledo. —Ty. Anjel López de Lerena.«r» 
D* Juan Manuel Tentor. ^ 

«Estando todos jontos , á escepcion de los de 

Teruel y'' avisó '^n portero de qne Tenia- el señor 

Presidente acompañado de los ilnstrísimos señores 

4on Rodrigo de la Torre Marin , don Pedro José 

'Peres Valiente, don Juan Acedo Rico y don San. 

tiago Ignaelo de Espinosa, niiniítros del conaejo y 

erfmara , y don Manuel de Aizpnn y Redim , seere» 

t 

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• 



- 260 — 
Cario de la cámara por lo tocante i gracia y jasticiá 
y estado de Castilla y y asistentes de las cortes^ 
y al punto les salieron á recibir los caballeros pro- 
curadores á la sala grande qne está antes del saloii^ 
y fueron acompañándolos hasta que tomaron sus 
respectivos asientos en las sillas que estaban prepa- 
radas en esta forma : la del señor gobernador pre- 
sidente tie las cortes, en medio debajo del dosei^ 
con una mesa delante cubierta con damasco carmesí 
con galón de oro , sobre la cual babia una escriba- 
nia de plata y una almohada de terciopelo carmesí 
galoneada de oro y y encima un misal abierto coa 
un Crucifijo sobre los Evanjeliosj y al uno y otro 
lado de S. I. había otras sillas para los senortn 
asistentes ; á, distancia de una vara de dicha mesa 
había dos filas de bancos á lo largo del salón , co. 
biertos de damasco carmesí para los caballeros pro- 
curadores : ai fin de la del lado derecho una mesa 
CQu igual cubierta y y dos escribanías de plata para ' 
nosotros los escribanos mayores de cortes ; y en 
medio al final de las dos filas*, un banco para los 
caballeros procuradores de Toledo : y colocados to- 
dos en sus respectivos lugares y entro en este estado 
el señor don Baltasar dé Oñate^ procurador de la 
ciudad de Teruel , diciendo que no venia su compa- 
ñero por estar indispuesto t y luego qne tomó so 
puesto, se dio principio al acto, manifestando di 
señor presidente , que ante todas cosas se dcbia ha- 
cer por todos el juramento secreto de lo que so 
tratare en estas ebrtes , conforma ala práctica ía- 

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ft 



^261 — 
eottcuMmente obsertada en tales casos, que se re- 
daeia á ^sar los dos diputados de cada eiudad é 
Tilla y y poner cada uno sn mano derecha sobre los 
ETanjelios y misal qn^ se hallaban en la mesa 
de S. 1. 9 y después que sucesiva y progresiya- 
mente lo hubiesen hecho todos, se reciba el jura- 
mento según la fórmula observada en lo antiguo, la 
cual mandó que se leyese por mí don Pedro Esco- 
lañó de Arrieta antes de empezar el acto , para que 
todos se enterasen^ lo que ejecutó, y es como 
signe» 

JFirmula ¿leí juramento de .guardar secreto délo 
ffue se trate eti las cártes. 

Qne V. SS. juran á Dios y á la Cruz, y 4 
las palabras de los Evanjelios que corporalmente 
con sus manos derechas han tocado , que ternán y 
guardaran secreto de todo to que se tratare y pla- 
ticare en estas cbrtes tocante al servicio de Dios 
y de S. M. , bien y pro común de estos reinos, 
y que no lo dirán ni rebelarán por sí, ni por inter* 
pósitas personas , ^Vecté ni ÍTiiItrecf^ á persona al- 
guna hasta ser acabadas y despedidas las dichas 
cortes ; salvo si no fuere con licencia de S. M. , ó 
dd señor presidente que en su nombre está pre>, 
senté. 

<< Responden s 

<< Sí juramos/ 

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~ 262 ^ 
<<Si w io hicierea, pios N. Sr. los «yad«,^ 
•i 00^ se lo denlaiide* 

Después de haberse conelaido su lectura , dU 
. jo S. I. que se diese principio al aclo , y luego 
que se levantaron los caballeros procuradores de 
Burgos, se introdujeron por medio de las dos filas 
los de Toledo á pretender que debian bacérlo pri'* 
mero, esponiendo unos y otros el dereebo de so 
respectiva ciudad, sobre que liacian las protestas 
convenientes para que no les pairase perjuicio, y 
que se les diese testimonio para usar de él co* 
luo les conviniese J y S. I* acordó se guardase la 
costumbre, y s^ les diesen los testimonios que 
pedían* 

Seguidamente los caballeros procuradores de 
Burgos principiaron el acto ^ poniendo sos nianíMi 
derecbas sobre los Evanjelios y -Crucifijo que se 
hallaba en la mesa de S. I., y continuaron eon las 
mismas ceremonias y formalidades todos los caba- 
lleros procuradores por su orden hasla concluir los 
de Toledo; i cuyo tiempo mauctó S. I» que se re- 
cibiese el juramento , y se» ejecutó, / habiéndose 
puesto' todos en piedesenbiertos , y también el se* 
ñor preaidente y asistentes t luego mandó S. !• que 
nosotsos los escríbanos mayores de eóries biciédc* 
mos el juramenta, y lo ejecutamos eon las oiismas 
ceremonias y formalidad que los ealialleros procu- 
radores, leyendo la fórmula uno a oirow 

Concluido este acto , hizo S. I. la proposición 

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— f 63 — 
y petición , qoe se leyó por mí don Pedro lEñ^^h^ 
no de Arrieta, qoe son del tenor siguiente : 

Froposicion* Siempre qne se ha querido Tariar 
é reformar el método establecido por nuestras leyes^ 
y por costumbre inmemorial para suceder en la co- 
rona, han resultado guerras sangrientas y turba, 
cienes , que han desolado esta Monarquía , permi- 
tiendo Dios y que a pesar de los designios y estsible- 
cimieutos contrarios á la sucesión regular , haya 
esta prevalecido. 

Empezando por el caso mas reciente qne tene- 
mos áía vista, saben todos, que perteneciendo l« 
aucesiob de estos reinos por muerte del señor Car- 
los II, á los hijos y nietos de la señora dona Teresa 
de Auatria, so hermana, mujer del gran LuisXtVde 
Francia, y como tal al seiior don Felipe V, su 
nieto, por la incompatibilidad del Reino de Francia, 
que debia quedar ni seiior Delfin su padre « y al 
señor duque de Borgona su hermano priinojénito; 
saben todos, repito, que la claridad.de este dere- 
cho fué impugnada y combatida, con prctesto de 
las renuncias becbas por las señoras infantas que 
casaron en Francia ; de que resultó la guerra de 
aucesioii de principios del siglo , en que tanto pade- 
cieron estos reinos.- Sin embargo , después de mu- 
chos años de guerra , fué reconocido el derecho de 
aquellas hembras de mejor línea , y afirmado en el 
trono de Empana el señor Felipe V, qne procedía 
de ellas. 

Cu la sucesión de la señora Reina doña laabcl 



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— 264 — 
la Católica se consiguió, i pesar de las guerras j 
turbaciones que escitaroo los mal contentos, formar' 
esta gran Monarquía , nuiéndose eotonce&^or medio 
¿el señor Rey Católico don Fernando, los reinos 
de Castilla y Aragón.; 

Otro lanío se verificó ea la sucesión dé la seno* 
ra Reina dona fiérengncla, madre del señor sao 
Fernando , pues por su medio y matrimonio con el 
seaor Rey don Alonso de León, se unieron para 
siempre León y Castilla. 

En fin la esperiencia de tantos, siglos ha hedió 
Tcr 9 que lo que conviene á España es que se guar- 
den sus leyes antiguas y su costumbre inmemorial, 
atestiguada en la ley 2/, tit. i5, part. 2.^ para 
que sean admitidas 4 l^ Corona por el orden de lá 
misma ley las hembras de mejor línea y grado, sin 
postergarlas á los varones mas remotos. 

Aunque en el ano de 1712 se trató de alterar 
este método regular, por algunos mo tiros adopta* 
dos á las circunstancias de aquel tiempo que ya.no 
anbsisteo , no puede conceptuarse lo resuelto en- 
tonces como ley fundamental , por ser contra las 
que existian y estaban juradas ; no habiéndose pedi- 
do ni tratado por el reino una alteración tan nota- 
ble en la sucesión de la Corona , en la cual quedaron 
escl oídas las líneas mas pro &i mas, asi de varones 
como de hembras. 

Si no se pusiese ahora en tiempo de tranquilidad, 
un remedio radical á aqjiella alteración , serian de 
«spcrar y temer grandes .guerras y pertiirbacioaea> 

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— Í6B — 
ÍMmcJántes élas octinridas«l tiempo de k sucesión 
del señor Felipe Vi todo lo cnal quedará preea'vido, 
^«¡ se mandan guardar nuestras leyes y fuestras co8« 
lumbres antiguas^ observadas por mas de 700 anos 
en la sucesión de la Ciorona. 

Estos deseos de la paz inalterable y permanente 
de sus amados subditos » mueven el benéfico y pa- 
teroal corazón dc4 Rey 4||proponBr que se trate y 
resuelra con d mayor secreto y sin la menor dila* 
éion esta materia, á cuyo fin me ha parecido esten« 
der al Reino los términos de la suplica que podrió 
Itacer á S. H. en este asunto ^ conforme en todo á 
«ns soberanas intenciones. 

Petición. SeSór: Por la ley 2.% tit. 15 , par- 
tida j2«% está dispuesto lo que se ha observado de 
tiempo inmemorial , y lo que se debe observar en la 
oucenon de estos reinos , habiendo mostrado la es- 
periencia la grande utílSidad que se ha seguido de 
ctlo^ pues se unieron los reinos de Castilla y León 
y los de la corona de Aragón por el orden de suce- 
der señalado en aquella ley , y de lo contrario se 
lian causado guerras y grandes turbaciones. 

Piorlo que suplican las cortés á V. H. que sin 
embargo de la novedad liecha en d auto acorde* 
do 5. ^ 9 ik. 7. ® , lib. 8. ® , se sirva mandar se 
observe y guarde perpetuamente en la sucesión d« 
la monarquía dicha costumbre inmeinorial , atestt* 
guada en la citada ley S.^, tit. 15 , part. fi.*, como 
«iempre se observó y guardó y y como fué jurada 
por los reyes antecesores de V. M. ; publicándose 

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— 866 — 
ky j praemátiea hécba y forniada en cói^tea» por la 
cual conste esta resoiocion 9 y la derog^acion de áU 
cbo auto acordado. 

Acabada de leer la antecedente proposición y 
petición , se levantó el señor marqués de VUlaeam- 
po á responder en nombre del reino, y presenladoa 
los caballeros procuradores de Toledo á interrum- 
pirle , pretendiendo debUH^Iíacerlo primero snciu* 
dad 9 hubo entre unos y otros iguales protestas y 
solicitud de testimonios; y habiéndose acordada 
por el señor Presidente que se guardase la costnai- 
bre j y que sé les ilicsen los testimonios , se volvie* 
ron los de Toledo á su banco 9 y el señor niarqnés 
de Vlllacámpo hizo la arenga siguiente; 

arenga, SeSor ¿ el Reino dámucbas gracias-á 
Dios de habernos concedido un monarca ian católi* 
co y de tan esclarecidas y loables costumbre^para 
que ampare y defienda estos reiiios y á los natura» 
les de ellos; asi lo espera siempre de su gran de» 
SCO , como que acudirá á todo lo que convenga y se 
dirija á su bien , prosperidad y felicidad publica , de 
que resultará poder mejor bacer su real servicio. A 
estos caballeros redupda la mayor satisfacción en el 
encargo tan grave y de tanta importancia que se ha 
dignado S. AI. encomendarles; y esperan su de« 
scmpcno, hallándose V. I. Presidente de éstas cor* 
tes 9 y estos señores como sus asistentes ; con cuyo 
amparo se prometen muy buenos aciertos y sucesos 
en lo que se ofreciere ; y se dará principio á tratar 
y votar cuando á Y. I. le parezca. 

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~ «67 ^ 

Sabiendo sdrertiiio el señor gobevttádor del 
consejo, presideaU^e estas cortes ^ qae todos I04 
cabalUfOs proeoriidores maBifesfabaa sus deseos de 
o]»e(lec^r y conplaqejr i S. M. 9 bizo prescote S. I. 
que seria del real ngtñdo se eoocluyese este asunto 
con toda. brevedad, y por lo mismo le parecía que 
podría procederse á YOtar desde Juego , y manda 
que par los escribanos mayores de cortes se Tol?¡e« 
se á leer la petícion^ ejecutándose en alta toz, para 
que todos la enlendiesen cumplidamente ; y en su 
consecuencia nos pusimos ambos en medio de las 
cortes ^ y la leí yo don Pedro Escolano de Arrieta; 
y babiendo quedado todos enterados del contenido 
de la proposición y suplica que debia hacerse 
i S.« AI« ^ y las razones en que se funda y se proce-<* 
dio á la Totacjon , empeasando esta por los propura* 
dores y diputados de la ciudad de Burgos , quienes 
votaron se biciese i S. M. la súplica contenida en 
Ja proposición. 

Sucesiva y separadamente fueron votando lo 
tnismo los caballeros procuradores de las demás ciu* 
dades^y villa ^ por el orden de su antijgüedad , lo«i 
que la tiefien señalada para el «siento en cortes , y 
los restantes ,. según la que les cupo en suerte 
el dia 14 de este mes.* babiendo usado. dun B.alla- 
sar áfí Oiiate, uno de los procuradores de. cortes 
de la ciudad de Teruel^. del poder m soUdum que 
le está conferido por su ciudad para este acto , y 
todo lo tratado y conferido en la presente sesión^ 
por no b»ber podido copicurrir á ella, don JlianneJ 

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_ 268 ~ 
Becerril su compañero , « eaiiM de iiicti$poeicioa 
que se io impidió. 

Y coasiderando todos la jastieia y oültdad de 
restablecer en ta sucesioa de la O>rona el orden re- 
galar atestigaado^en la ley segunda, título quince, 
partida segunda , con derogación especifica del auto 
acordado de 1713 , que es el quinto , título siete li* 
hrp quinto de la recopilación, acordaron ademas 
con la misma uuiformjdad se diesen gracias al Rey 
Nuestro Señor por tan necesario restablecimiento 
en la, sucesión de la Corona , y que se procediese 
desde luego á solemnizar el acta , formándose y fir* 
mandóse la suplica y petición de córted. 

En su consecuencia nos mandó S. !• k nosotroi 
los escribanos mayores de ellas estendiesemos la 
referida petición y súplica qué acababa de notar el 
Reino, de plena conformidad , de que certificamoe, 
y se ejeentó en la forma siguiente: 

. Señor : por la ley segunda , titulo quince, per» 
^ida segunda , está dispuesto lo que se ba observado 
de tiempo inmemorial , y lo que se debe observar 
en la sucesión de los reinos ; habiendo mostrada la 
esperiencia la grande utilidad que se ba seguido de 
ello , pues se unieron los reinoa de Castilla y León 
y los de la Corona de Aragón por el orden de sn- 
ceder señalado en aquella ley , y de ló contrario se 
lian causado guerras y grandes turbaciones. 

Por lo que suplican las cortes é V. H. que sin 
embargo de la novedad becba en el auto acordado 
quinto 9 título siete ; Ubro quinto, se sirva mand^ 

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— . f 69 — 
M 'obserye y guarde perpétaamente en la saeeiioo 
de la monarquía dicha costumbre ianlemorlal , ales* 
tfgoada en la citada ley segunda, título qnioce, 
partida segunda^ como siempre se observó y guar« 
dó , y i:omo fué jurada por los reyes antecesores 
de V. Bi*: publicándose ley y pragmática hecha y 
formada en cortes, por la cual conste esta re solo 
cion y la derogación de dicho auto acordado. Salón 
úe los reinos en el palacio de Buen Retiro i SO de 
setiembre de l789.^='Siguén las firmas de todos los 
procuradores á córies.^=^Como escribanos mayores 
de cortes; «5 Agustín Bravo de Velasco y A^ii¡le« 
rs.ssD* Pedro Escdaoo de Arricta. 

Luego que se acabó de poner en limpio esta pe- 
tición, nos mandó S. I. a los escribanos mayores 
de cortes. que pasásemos á leerla en medio como 
se habiá hecho antes, lo que ejecutamos en alta é 
intelijible toz ; y habiendo manifestado todos que 
se hallaba arreglada á lo. referido y votado ,^ y ésr 
•taban prontos á firmarla, les dijo S. I. que lo hi* 
eiesen si gustaban; y en efecto bajaron á la mesa 
de los escribanos úaayores de cortes los caballeros 
proeuradores de Burgos, yantes de hacerlo recia* 
marón los de Toledo que les pertencoia firnyar pr¡« 
mero 9 ^bre lo cual hubo' entre ambqs iguales ra- 
zones 9 en punto á la preferencia de sus respectivas 
ciudades, y solicitud de testimonios; habiendo re- 
suelto S. I. que se guardase la costumbre y se les 
diese testimonio, se volvieron á sus puestos los de 
Toledo, y firmaron los de Burgos, á quienes sit. 

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^ Í70 — 
teesi^tfiéttfe fueron ri{fu¡endó todos losdemis, por 
et dludo orden de antigüedad , alendólo» álti»o» 
-^e firmaron bs ñé Toledo ^ y nosotros despoe» 
eouiO escribaiios mayores de cortes. 

En este estado bicimos prescfntۇ S. I. qne ^t 
estaba firmado de todos. 

Sucesitramente dicbo señor presidente de las 
cortes manifestó al Reino haber hecho presente h 
junta de asistentes al Rey N. Sr. la solicitud de 
que trata el acuerdo dei dia ^9 á la ^vnelta del pa- 
lacio, en razón de si debia eesar la comisión de mi* 
Ilones 9 y lo dispuesta en la instrucción formada 
por las cortes en el ano de 1713^ y que I» reso« 
Incion de S. M. era qne deseaba atender al Reino, 
y qne para providenciar eon mas conocimiento 
prevenía á dicba junta de asistentes informase de 
varios particulares; y que entre tanto, sin hacerse 
novedad, se juntasen las eértes' en este salón de 
los reinos. 

Aüadió asimismo que los demás pnnfoa'ttfbre 
qne débia tratarse én las sesiones sucesivas, isa re* 
dncian h formar sdplieas ó petieioneá, con vista de 

''los decretos y cédulas reales que tratan de la incom* 
patibiltdad de mayorargos , calidades de los que se 
f undasijn de nnévo , abono de las mejoras qne em 

* bienes vincnfados hiciesen los poseedores , y de la 
facultad dé cercar los terrenos destinados é huerta 
y nuevos plantíos, i cuyo fin sé traerían á las 
cortes los referidos decretos y cédalas. 

- En este estado* siendo ya tajptie, y cerca de laa 

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^ 271 — 
éoce de la manan* , se eonclnyá j dkoltiA la pre* ^ 
aenle seaion y jónta de eórtes, lúibieiido salido loa 
señorea Ctobemador del eonsejo y ag¡«tedtea en la 
, forma con qne entraron por la mañana i de todo 
lo cual certificamoa y hacemos fé loa infrascritoa 
escribanos mayores de cortes. a:^Ag;QStin Bravo de 
Velasco y Aguilera.«D. Pedro Escolano de Arrieta. 

NoTA.ssLa petición orijinal qne por la aeta an- 
lecedeute resolta haberse acordado y firmado , la 
.entregamos y pusimos en manos del ilostrislmo 
señor conde de Gampomanes 9 Gobernador del con* 
scjo y presidentfB de las cortes, éii la mañana dé 
este mismo dia, luego qae se salió do las cortes, 
y S. I. la dirijió también orijinal á las^ reales manos . 
de S. M. con nna consulta que se rubricó inmediata* 
tnente, por S. I. y señores asistentes^ y bajo de nn 
pliego cerrado entregué yo don Pedro Escolano de 
Arrieta de orden de S. I. en mano propia del Excmo. 
s^nor conde de Floridabianca. ¥ para que conste, 
ponemos esta nota, que firmamos en Ufadrid á 30 
. de setiembre de 1789. «»r Agustín Bravo de Velasco 
y Ago¡lcra.n>D. Pedro Escolano. de Arrieta. 

Asimismo resulta por otra certificación orijinal' 
de igual fé que las anteriores , suscrita por los dos 
' escribanos mayores al folio 127 de dicho libró, que 
las cortes continuaron sus sesiones, previo señala» 
miento y aviso del señor Gobernador presidente, y 
que en el dia 3 de octubre de 1789, celebraron la 
aegonda en el mismo logar, con asistencia de todos 
los qne oooc arrieron ¿ la anterior, y ademas de don 

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— 212 ^ - 
Itaoael Beccrril^ uno de los procbrádom de Tt^ 
ruel 9 que por indUpiMsicioa no se luibU iurllada pr»> 
eente; en la 'cual se ratifica el acta qae precede^ 
como aparece 4el filio 129 Tuelto.^ por catas pala- 
bras literales! 

' En segttida^ dijo el ilnstrísimo señor Gobernador 
del consejo , Presidente de las cortes j qne se diese 
principio leyéndose por ns«iotros los escribanos ina^ 
yores de ellas la acta de lo acordado y conTcnido en 
la priikíera sesión qae se celebró en este salón de los 
reinos .cL dia 30 del propio mes de setiembre prb^ 
ximo pasado f y en sn con'secaencia leímos en media 
de las cortés dicha acta de verbo ad verlmm^ do 
qne certificamos y. hacemos fe: y después de con- 
cluida^ dijeron unánimemente todos los caballeros 
procuradores 9 qae la lean^ aprueban y ratifican,, 
por hallarla en todo conforme y arreglada á lo que 
se trat¿ y convino con uniformidad. Presté Intg^ 
don Manuel Becerril el juramento que habían be» 
cho los demás procuradores ;. después del cual coa* 
tinua el acta al folio 130 vueho en los términos si» 
guientes: concluido este acto, dijo (el fí.. Mtu 
^nuel) por lo respectivo ¿ lo acordado y convenido 
en el referido dia 30 de setiembre próximo, acerca 
del restablecimiento de la forma regular y antigua 
de la sucesión a la Corona real de España , que ac«-' 
cedia á dicho acuerdo y petición resuelta en ól , ce* 
mo justa y útil jeuerabneate á los reinos, y pedia 
se anotase asi en el presenté acuerdo. En su vista 
pareciendo justa al Reino congregado «n estas -cor 

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^ 573 — 
Um 9 la eipa0Í«¡on del •e&or don Bf aiio«l Becerrit^ 
fc oiM niaad¿ ii los eacribanog mayores qtie lo ano- 
láaemoa y pasléaemoa en eate acuerdo ; de qne eer- 
tifieamoa f^ hacemoa fé. 

Sp tratan aeguidamente otros puntos , y firinaii 
dacla los dos escribanos mayores de .cortes. ^ 

Consta también en el libro, desde eh folio 134^ 
qne con posterioridad á la sesión mencionada del 
día 3 9 se celebraron con igual solemnidad otras 
tarias en los días 10 , 12 , 17 , 20 y S& del mismo 
mes 9 de cuyas actas , firmadas en dicho libro por 
los escribanos mayores de cortes y resulta que á pro* 
puesta del senér presidente gobernador del consejo^ 
conde de CampomaneSy en nombre de S. BI. , se 
trataron diferentes asuntos sobre evitar los pcrjni* 
cios de la Tcunion de pingues mayorazgos; sobre las 
reglas á qne debian sujetarse los que en adelante se 
fttndasen, sobre los medios de promoTer el cultivo 
de laa tierras vinculadas j el cerramiento de las he- 
redades 9 y la seguridad de los plantíos de olivares 
y viñedos 9 conciliando el interés particular con el 
del estado, en la conservación de los pastos: cuyos 
asuntos según las actas , después de discutidos en 
las cortes 9 produjeron otras tantas peticiones, qne 
ee elevaron a S« H*, según consta desde el fo- 
lio 319 j sobre las cuales resolvió el Rey en los tér- 
minos precisos y auténticos que se comunicaron á 
laa mismas cortes. 

A eonltouscion de e^^tas actas se halla también 

desde el folio 116 la orijinal , autorÍ7>»da por los dos 

iS 

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^ S74 ^ 
escríbanos inajrores, de la sesión qne se enebro en 
et dia^l del mltiñd uie^ de «eliibte, bajo la itred* 
deaeifl del señor gobernador del consi'jiti, coñenr* 
riendo h ella como á las anteriores ^ los sefiores asis* 
tenties y proeitrédores áe los reinos. Po^ étehi aeU 
consta qne en aqnella junta se pubKcaróil en las 
cortes^ y se mandó por estas coniplir y ejecutar las 
resolneiones soberanas que el señor don Cál^lo^ IV 
tnvo á bien tomar sobre cada una de las )iroposicio« 
nes elevadas á sil augfttsta consideración. iBln dichar 
acta se lee ai fóKo 419' lo que sigue í 

Eii este estado se tato presente por el seKor 
gobernador del cénsejo , presidente de las, cortes^, 
que el Itcy lV« Sr* se blibia dignado dar sn respnes-' • 
ta y resolución á la^ seis peticiones ó súplicas hedías 
por él reiiio , acompañliodo asimismo las dos resolo^ 
cioriés puestas al margen de las consultas de guia, 
que con fecba de 30 dé setiembre prójimo y 96 del 
corriente hi^o la junta de señores asistentes, pasan»* 
do á las reales manos las referidas pcticif^nes ó sn« 
piicas, y se publicai^dn en la junta de sé&ores asis- 
tentes y que se celebró ayer. 

£1 señor don Manuel de Aizpnn y Aedin se- 
cretario de la cámara por lo tocante á gracia y jus- 
ticia y estado'deViai^tilla, y 'que asiste á las cortes 
á consecuencia de lo que previne 'S. t. , procedió i 
leer la primera consulta de -30 de setiembre de este 
ano,' sobre el restablecimiento de la sucesión regu- 
lar é inmemorial en la Corona de España con arre* 
glo á io qne dispone la ley segunda , títiNO^quiuce, 

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— 278 — 
^rtida segunii, derogándose, el «uto acordado 
de 17 i5, Ja coal con la resolución deS. BJ^, nos 
la entregó de acuerdo de la jnnta de señores asisr 
teutes é nosotros loa escribanos mayores de cortes 
el referido selior don Manuel Aizpno , para inserí 
l«rla en este aenerdo , y devolvérsela después; cu jo 
tenor ^ con el de su publicación en dieha junta , ea 
el siguiente: 

£1 6 b - Señor : Pasa la junta de asistentes de 
cortes á las reales manos de V. M. la 
petición y súplica que él Reino Lace ; 
é V. SI. para la observancia de la lej,. 
Segunda, título quince, partida segun- 
da , en que con arreglo á la costumbre 
inmemorial de España , se atestigua la . 
sucesión regular en la Corona, con 
preferencia de mayor á menor y varón 
á hembra dentro de las respectivas li- 
neas por su orden, con derogación de 
lo dispuesto en el ano de 1715 en el 
auto acordado quinto,. título séptimo, 
libro quinto, en perjuicio de la referi- 
da costumbre inmemorial; para que 
en consecuencia de este uniforme dic* 
tkmen de las cortes que se están cele- 
brando en el Buen Retiro, en que . 
iU^ncurrieron con el gobernador , como 
presidente de ellas, todos los asisten^ ^ 
tea se digne V. M. rci^oiver lo que sea 
mas de su agrado y beneficio de es- 



se jo. 

D. Dodriga 
déU Torre 
Marín. 

D, Pedro Pe- 
rca Valien- 
te. 

D, Juan Ace- 
do Rico. 

B. Santiago 
' Ignacio de 
Espinóla. 



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Mm\ 






IM reinos. Madrid SO dt 
de 1789. 

He tomada la resobteüm earresm 
pondienie á la skfliea qme aommpmoy 
encargando se guarde por aléora el 
nütn/or secreto j por convenir asi a nd 
seroicio, 

Madrid 30 de octubre de 1788. 

Pablícada: cúmplase lo que S. M. 

mauda , qnedando reservada la pelicioa 

y resolución orijioales para publicarse 

mañana eii cortes : y lueg^o que se ha* 

yan sacado las certiBcaciones corres* 

pendientes por los escribanos mayorea 

de cortes y lo devolverán todo orijinal 

k la secretaría y para que se conserve 

con la reserva que S. M, encarga y 

eonvieue. 

En seguida nos entregó el limo señor presi* 

dente á los escribanos mayores de cortes la referida 

petición del dia 30 de setiembre próximo sobre su* 

eesion regular de la Corona de España , para que 

la leyésemos á la letra con la respuesta y resolución 

de S« M. en medio del circo, á fio de que se pudte* 

se oir y entender bien por todos , lo caal ejecuté yo 

don Pedro Escoiano de Arricta ; y es como sigoex 

Señor: Por la ley segunda, título quince, par* 

tida segunda , está dispuesto lo que se ha observa* 

do de tiempo inmemorial , y lo que se debe obserrar 

en la sncesion de estos reinos; babieado mostrado 



Polblíeacíoii. 



Señores. 

Gobernador 
del Consejo. 

P. Pedro Pe- 
res Valiea- 
te. 

D. Juan Ace* 
do Rico. 

P. Santiago 
de Espinosa. 



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h ctperieneia la grande utilidad qae se ha seguido 
de ello y pues se unieron los reinos de Castilla y 
León y los de la Cprona de Aragón por el drden 
de suceder señalado en aquella ley , y de lo contra- 
rio se han causado guerras y grandes turbaciones. 
Por lo que suplican las cóf tes ¿ V. M* 9 qpe 
sin embargo de la novedad hecha en el auto aeor« 
dado quinto, título séptimo , libro quinto, se sirva 
mandar, se observe 7 guarde perpetuamente en la 
sucesión de la Monarquía dicha costumbre inme* 
mortal |i atestiguada en la citada ley segunda, tilo- 
lo quince, partida segunda, como siempre se ob« 
aervó y guardó , y como fué jurada por los reyea 
antecesores de V. M. publicándose ley y pragmi- 
tica hecha y formada en cortes , por la cual consto 
esta resolución y la derogación de dicho auto acor« 
dado. Buen Retiro en el salón de los reinos, 30 do 
setiembre de 1^0. (Siguen las firmas de todos 
los procuradores á cMes y de hs dos Escribanos 
mun/ores)» 



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RESPUESTA y RESOLUCIÓN DE S, M. 



A esto os respondo^ que ordenaré á 
los del lui Consejo espedir la pragf*» 
mática sanción^ que en taléis casos cor» 
responde y se aéostumbra, teniendo 
presentes Yuestra súplica y los^ictá- 
menes que sobre ella haya tomado* 



Oído y entendido todo lo referido por los eaW 
Ikros procuradoros con iiniforme dictáoien y «cla- 
pacioQ, se ratificaron en sus aiiteriores acuerdos, 
y ei]i qoe se, espida por el consejo la pragmática que 
se sirva resolver S« M. con todas Jas cláusulas y 
^rmezas de estilo. 

' Asimismo quedó enterado el Reino del espeeial 
encargo de S. M. para que se continne Ja obliga» 
eion del secreto de las cortes , dísoeltas estas por 
lo tocante i esta petición,, resolución y acuerda 
res^'ectivo á la sucesión de la Corona ; y asi lo oFre*» 
cieron uniformemente todos los caballeros pi:ocura- 
dores, cstendiendo á mayor abundamiento el joramen* 
to Jel secreto de las corles al referido encargo desde 
el diside boy : deseosos de que ao solo en la sns» 

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_ 27d — 
Uam sino, tu el laoda, ife «affiíre pá% proTÍdeiiei% 
y b ley GQiwtU^ciopQl» basta qoe se verifique U 
|MibU(!/uuQi| d« Id pragjdwUiea ^ fl tieippoqae S» M» 
liiTHsre pop coosfreni^iite, segmi su «alta previ^ioq. 

Couclaiila. la páblica y solemno lectura por lo«^ 
^afiribanos mayores de las demás peticiones de la^ 
cortes sobre los asan tos arriba iodicados , y de ta^ 
vesoluciones de S. M. el señor doo Carlos IV 9 aren- 
g6 al ReiD^í reunido el seSor pre^identé9 conde de; 
Qvmpo^iaiies 9 scignp jiparcce al folio 445, a^nn- 
ciaodo la resolucioi^ de S« 91 • de cerrar |as córtesj 
i>l día 5 de noviecobri^ pré^^imo , y manifestando el. 
grapide aprecip qoe bid)ni becho el Rey de cnaiito ie 
le babia propuesto por ^llas i que no podia ser ma<> 
yor la consideración gipe el Rei^io babia recibido de 
en soberano 9 qqjün babia tenido Ja real benignidad 
de eonfiirqidr á Iq^i pneblo^ sus fueros y derecbos j y 
que él mismo babia recibido la n^iyor complacencia , 
en praaanciar el acierto can que babian tratado los- 
piroi^ariMlnrea del Reino el objeto de la. sucesión 
li|gal en 1^ Corona de España ^conforme á piyestras 
costumbres y leyes, y las otras materias que babian . 
oeupado sns se^.iouiss^ A, coya areqga contestó el, 
primer procurador de Burgos, » pombre de todo el. 
Reino, con las ipias acendradas protestas d,e fideli. 
dad, gratitud y amor á sus so^beraiios , al serenísi- 
mo seSior príncipe de Asturias y real familia. 

Terminadas asi las sesiones de cortes en cum-- 
plimieoto de la resolución soberana que en la aut(^- , 
ríor alocttcipn afiunci^ el seiior presidente sobre cer- 

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nrUa pérsófinlaiente S. M. , se realisi en id db M* 
iaUdof S de noviembre, tan «ngasto y sdemiie 
acto a presencia del Rey con todas las ceremoaia» 
de estilo; según aparece del acta origfinai que obrar 
desde el folio 449 basta el 4S8, autorizada en for* 
tna legal por los dos repetidamente mencionados 
escribanos de cortes. 

Certifico asimismo qne uno de los documentos 
indicados al prioeipio, qne se custodia entre los pa« 
peles reservados de la secretarla de gracia y justi» 
cia de mi cargo , es la esposicion y dictáróen oriji* 
nal que todos los lU. RR. arzobispos y RR. obis* 
pos que asistieron i la jura del serenísimo señor 
principe de Asturias, dieron en 7 de octubre de 1789 
i S. M. el señor don Carlos IV , en respuesta i 
la consulta que lc|s pidió, por medio del señor conde 
de Floridablanca , primer secretario de estado y acer- 
ca de la proposición de las cortes para que se reno« 
Tase la antigua observancia de la ley dé partida , é 
inmemorial costumbre en la sucesión regular á la 
Corona de estos reiaos t cuya esposicion y dictamen 
•ntorizados con las firmas y rúbricas que oríjinales 
contiene de catorce prelados, es á la letra como 
sigue : 

Señor: El cardenal arzobispo de Toledo, y de» 
mas prelados de estos reinos, llamados de orden 
de V* M. para la jura del serenísimo señor don Fer« 
Dando, príncipe de Asturias, baír visto reflexiona- 
do y tratado sobre la proposición hec|ia a V'. II. 
por lodos los diputados de estos reiaos en las «clna» 



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^ 181 — 
fcs «irles , reiocMaí á^e m ewliMV» ^ ^ ^^^ 
<M hcthm en d «aloiiMribda ifuiolb^ \Uvim mptín 
«no 5 libro qotqlay te nrfá Mandar seobaerire y 
guarde fierpéCnameiite en la socesioii de e^a lio* 
narqiiiá lé coatiinbre iomeaiorial , atestiguada en ta 
leysegnnda, tllnlo quince 9 partida segooda, en la 
sacesido de estos reinos , eomo Mcnpre se observó 
y gna'rdó 9 y e^iuo foé jorada por los reyes antece* 
4N»res de' V. H. , paUieándose ley y pragmática 
becha y fbrmada ea eértes , por la eoal conste esta 
éesolncion, y lli^derogaciott de dicbo anlo acorda« 
4o 9 fundándose en la grande utilidad que se ba se» 
gnído en la^obscrvancia de diieba ley de partida , é 
¡umemorial costumbre, pues se unieron los reinos de 
Castilla y JLeon y los de la G>rotta de Aragón por 
«I orden de suceder señalado en ja citada ley 9 y 
de lo contrario se ban cansado guerras y grandes 
turbacione»# V. M.^ Senór, deseando resolverlo 
justo 9 se dignó para proceder en materia tan impor* 
tante 9 remitirnos por medio de vuestro primer se* 
«retario de estado el conde de Ploridablanca, la pro* 
posición de los reinos, con el rigoroso encargo de 
que manifestemos nuestro dictamen, ponieadiJe 
i continuación de dicba proposición, reducido 
asi S. M. puede y debe acceder á lo pedido por 
tas cortes, en conciencia y justicia x y en vista de 
todo y después de la mas seria meditación , coino 
*os mas interesados en la felicidad de estos reinos, 
y en represen taeion del brazo eclesÜstico de ellos^ 
«omos de «nirorme y constaulc sentir , puede y de* 

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mettle^ManéiieAlfilMi j^sfftoft «ihfo h pi«|HMÍ^ 
cioQ ked» por txidos Ioa 4ip!iilM|«4 4e ^od m^ot, 
proBidUltts pt» ▼oealffii goberm^dojí 4eL con^ejí» da 
GatfiU» CM la junlé 4e noistenlieft 4e<0&iim»; 7 dftlift 
•«eedkf i «Ha co eoiietMCM y |M«lfOÍ9 f. l9:.p9Miff9 
por Mr po^enosaa y Mii!|iiuifiail«s l9MnU4^ñ»,qnB büi 
e«rte» «apsoan á V. ^^ , pMa a^üi 4¡ffi9m fflicMi 
para estos reinoa la ¡MoapofaeíaA ^w «e Jiíi^ de loi^ 
ffcinoa de Gastílb j Lean tm I* a^«r4 raina doSa. 
BeraagíQaia j aa bija aan Semaiid^y y p^r li^M«¡a» 
deba Inaíaaa de b Cl^aopa 4e Aragfii»^ ei» b» ptc^. 
am^a de ba a<mora4 tmji^ ent^Ib^a ion babel 
y an manda don Feenand^; y para edm/^ de niiea^ 
Ira felicidad ae eetyipbté eu el aenar d^o FajUpe V,. 
que ai&1ii& al^trooo de iQHoa reinpa w repMdeubffbft 
del dareelio de aii ahaeb b aeSova diiSi^ M^riVTf^. 
reaa de Aaslru^ bsimaaa d«ii aeSoír wfíf.^ Clbrr 
loa II, líkinio poaeedor de eata CArM» 9*4» abaM^. 
te las.iinpQgaaeieiiQa que iia|^a<eiri9lra este óri» de. 
aoceampar barteneiáa&qm aa-bwiiirop »>Mfí.€l'ór*^ 
den de aaceder 9 al tíeapipo. d«l uiálts¡|noi|ÍQ de éiUhm 
aenora daSa Marb Tefeaa;.preWeiie¡efido ?n.di«!tMnea 
de* loa BiejiMrea tedbffoi y btnaAasdal Bwocl de> 
recho áfi' esta hembra, y de a«s nieloa, y nn f^r 
perjttdicarb los traiadoa de capitnlaebnea y renunr 
cta; pprqne segnn lo eapresa el seSor. don A4onao 
el Sabio on •» ley de partida ya ciuda^ «ra ya en 

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fililí de Tamo 9 fundada «n la ley diYiDa y nalfiBal 
por 0ftM« pidab'^^ * ^ E ifst0 9tfiaf:m ^íiwnfme o» to- 
dm Im, tímras A^L nm*^ 9 ^ V^i^ ^^ ^ selmní^ 
mfifirim' por Imaje ^ )^ nun/^rm^nte e» Enfmm^ i 

fumr finde,fi^í^sfíi0rm Mpie si figf^ ti«rm hi mmh 
mifiney I0 fy'ií tms^r heredase el Sfiin^ióaam 

heredfi^^ si dfij/i$s/e,Jijoi fija qwii oviese de su mih» 
jVr lefitíma^ qv^ ofu^I 6 a^lh le wiese^ é non 
n^ronmgimo.i» 

Podrá, Sr, ^ nn {andador 4(9 nm^voA ^ayorflxg<w 
bacer Ilaoiainieiitos ipregabi;es y de agoacioii r¡g^.^ 
rosa 9 escl|iyei|dp sieipipre k Jasbembraa, poriiiie loa 
bienes sobre que funda »on i^uypa y libras 9 p^ro, el 
qpie bereda un reino ó mayorai^o de regolar suee^ 
fion, y no de agnación rigo^rosa» no iieni^ el arbi- 
trio que el fundador 9 para aljterarle en cosa sualan. 
eial; y por lo mismo podrá tal vez renuncifir por si 
y BU persona el mayorazgo fundado j pfro de n¡n<» 
gnna manera perji|dicará el derecho de sus b¡jos y, 
descendientes^ á quienes por ley , por fundaciim y 
costumbre inmemorial corresponde el de suceder:/ 
por la cual solidísima razip podo perjudicarse coa 
la renuncia la señora dona María Teresa ; pero de. 
ninguna manera al señor Felipe V %^ nieto , pues 
los derechos de sucesión no tuvieron principio de la 



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Abaeh, moda k eaben^ fnndameato y Im4« 
•tteesioD «neslo» reinos, y despees se transmitie- 
ron y pesaron , eooo p6r eondncto i los déme» 
aneesoresd 

Ni estorba en modo algfnno el auto acordado 
quinto , título séptimo , libro quinto y pues aunque 
estamos los prelados muy cerciorados y seguros de 
que no se les pidió dictamen para tan considerable 
alteración, y que solo se promulgó en las cortea 
ain el necesario examen, con todo esto bacemos 
á V. M. esta evidente demostración t ó pudo el. se- 
ñor Felipe V con las cbrtes y sin los prelados alte, 
tar la costumbre inmemorial de España en el orden 
de suceder , tan sólidamente fundada en la citada ley 
de partida, ó no podo. Si pudo destruir todo el 
derecho antiguo , y aun el orden regular de la na« 
turaleza, mocbo mejor puede V. M. con las cortes 
y prelados restituir las cosas y sucesión á sn primí* 
tivo ser natural y civil , regular antiguo establecí* 
miento, é inmemorial costumbre: y sino pudo, de* 
be V. 31. en conciencia y justicia acceder á la soli* 
citud de los reinos. Madrid 7 de octubre de 1788. — 
Francisco, cardenal arzobispo de Toledo. ^=sAgttS« 
tin , obispo de Jaén, Inquisidor jeneral.— Agustín, 
arzobispo de Zaragoza. — Juan Manuel, 'arzobispo 
de Granada. — Antonio, arzobispo obispo de Gordo* 
ba.— Cayetano , obiapo de Leun.— Domingo, obis- 
po de Tuy.-r- Victoriano, obispo de Tortoss. — Ga* 
tino, obispo de Btrcelona.-*-<los¿, obispo de Al* 
birracin.«»Manuel , obispo de Astorga.— Lorenzo, 

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_ tSft ~ 
^bpo de Seg«^ri^e.-r»E8lebaii Antonio, obilpo do 
Ptenplono. — Jínon Francisco ^ obispo de SegfOTia. 

IgOislniento cerlificoy que tn un espediente ort« 
ginsl qne se ba encontrado, junto con el libro de 
tirtes de I78(t , entre los papeles reservados de la 
seéretarfa del despacho de mi, cargo, y se formó en» 
Sevilla por orden de la suprema junta, central del 
Reino , dada en 98 de diciembre 4e 1809 , á so- 
licitud del ministro de Portugal ,. qne pretendía m 
declarase á favor de la serenísima señora dona Car^ 
l^ta , Princesa del Brasil > la sucesión eventual de la> 
C«orona.de España, en atcncipn á haberse derogad» 
el auto acordado de 1713 en las cóütes d^ 178ft^ 
después de la justificación de. testigos .asistentes ¿ 
dicbas cortes ^ y otras qne se juzgaron conducentes . 
para bscer constar el solemne y legal restableci» 
miento que se hi%o en ellas de la ley de partida so«* 
bre la sucesión regular á la Corona, por haber 
quedado las actas y demás documentos en Msdrid 
al tiempo de sn ocupación por el ejército francés;, 
se halla una consulta del consejo, de España é In* 
dias^ .compuesto de ministros de todos los consejos,> 
escepto el de guerra,, rubricada por el señor don 
José Colon , decano , y por los señores consejeros 
don Manuel de Lardizábal, el conde del Pinar, don 
Francisco de Reqoena , don José Pablo Valiente, 
don Sebastian de Torres , don Ignacio Martines de 
Villela , don Antonio Lopes Quintana , don Migoel 
Alfonso Yillagomez , don Tomás Moyano , don 
Pascual Qnilea y Talón , y don José Salcedo t ea 

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lá cu»i dcgfNMS de éilaír k hf segiitt^ , lítrio qakí« 
ce> pniMtt wgumfcv «oIm*^ i< sqcmíoii á la Gomni 
de «stdtiiekiM 5 y i%fMi* I09 &eeh<ni mi^smms y 
pósleribrek á efta Ify ^ en qlie U» heabrst A^n #eii« 
pádo e( époaoy pdr «larden i«gukr de Meedtry 
eontioéa 'j cmdttye ^túoiej&tú tea Kfertle» tdr^ 
inliioe sigweiilea e 

- BsU ea ^ Sv. y en eempendid k hbtork^ ci>oneIé« 
jiea de k k j de parlid» ettada-^ en^o entn^iiloMealo 
aba ¡btcrriapeíofi lia prodncido ifiéompamUe» MítU 
ikátíM ^ y ctílade gmnéea ialbitoeioa^ taqnietedea j 
ealaaaidadea al eatado. A pesar de esta eostauábre 
pok respetable por an antigüedad y por el eoninn 
aeniiaakinie de k Macion, ¿qnien dirk qseelqflie 
eobsigaiéaenlarse aobre «1 t|«ooe de ka Espa&ae por 
el «nieo dereciio qoeadi^irió por beiebraiy tend^k 
reaelneion de arrojariia perpétaamente á todaa, 
eUigando i laa Hantadas edrtea del alio de 17SS, 
(debe decir de 1713) áipe ae lo pidiesen 5 y á 
aaneionark por at niamo? 

La caetnaion femenina 6 ley aáliea , eataUecida 
en elka^ y en an eonaeenének el nne^o reglamento 
sobre k anceaion de estos reinos, inaerto en k ley 
qnink, libro tercero^ trtolo primero, de la novísinm 
reeopikeion y el ante acordado del consejo, fner«tt 
umi de las intrigas de k Francia en tiempo del señor 
don Felipe V^ contra ka kyes fnndamentales de k 
ilonarqnía, y siogttkrmente contra k jr a citada, y 
contra k ley tercer», título qoidce, partida aegnn^ 
enyaa palabras y aentrncías son mn; reeotncndabka 

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é0 im^ámítíimf^qát miátím^ié y kgmjá b«sf unjo, qq 
tey cbtofeft'tfM q«6'dilMij«i|bw > 

- -líbalo ¿d^^Sf». y-^qne :ii8Íí éomo 8elif 2^»^% dih 
tMAr U dbiiiiiiá«iaii fritie^<9yriw¿htt 'alienen def 
ftá^tieá 5 d^téflle igftiílintiife ')' ¿omi ifsvoMehéBi dd 
8áillgí«''yo«ivr«ptnfliiiÜ0i»to 6iiiidt«8 máÜirisai^jeéáf» 
«ittiftbFí^^ »é «faiifi: lr«»itf¿ifj«' i «M '»|yisB|ínliitit pae4 
nuestra peáSfeiM. 'firédao «i^, réfite-si «mMfjIft^ 
qiil»H>ctt^4ifk |M4iá0rihi^ la lidiosa. MMlími /SUica^ 
(»>tttráfl«ifr y f#ií^i«lal'i< itfipl*iM!tii»^.y >leye9[ dei>Eék 
|Saáa>v<9i«ga4>eirt)adiíii «na ^«r^v 7 ^ fitéJaida' e» ti({ 
sEf Hits fálaifi y apa^tfwtea*: >. » í' > , / 

• ' fóiflrii^eaitf li^«giiatim> pDr4)Wiel aelÍMidoi^ 
F«ti(}e>y^ dekmyli CM «|ki al claro ifenelba^fué Jo 
airUió «r Ifoiió s él»- «Mila , fopqw fel Rey aapMipéiu' 
doM ( eon «rror ) ilaeiío para eaUUécerlav #o#mo i;ra* 
á^ri $0(a^p9PlM6Cwse elnrregh mimior^ ¿é omfor- 
mUia eñ h 4i^si«ioii libre de ««b atsisésí^Tiaó de? 
mn» ílBtéuttMleé q!«e no tema ^ ee perjafaiio«4ei :]mm* • 
bhi^ de aoe aoeéíaorea; oída porqoe «eai pébitca»^ 
auoqae 'triiulteie«ral^ la aedueeion dfe Íe« «^ncísae Mi*' 
nmroo 've^eseiitattlea ea M{tteHaa, cóclea.; y iMila^ 
pórqoe éiitéraaeiettte fahó la lrepimadicQ¡Qü.4e be. 
AmértcaÉ, eayc kiDO^cloii en el irdelí (Ke ateedér 
era'(8¡ oa^) mea re{ragDatttctq«e4a'de>EBpcfic¿ 

i^aerott ectaa eon^atadaa parra 4a ceioca Bmc •. 
CalóKeli doSa Isabel eomo iteina de GcatiUa } Leoii^ . 
de lo qué taro pandea eeloa »u aogvialo Eapoao; ^ 

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¿eail «erii el jiibIo ckíMr ds etU grMile kütmmfp 
digna de cftenMi nemorb^ «i víete vUriyailQ^} prt* 
vado »ii teso de este ¡ireeieae patrioMMiia svjre^ ce« 
que enrii|ueció á sos espenoe» y MuaeiHé ts Gortf? 
a»? ¿CóBie pedia perieveeer ea esclnsieni ¿per» 
peleo exhceedainieelo al arralo inieri0r.de la re» 
familia j devogando per eí las leyes del B^ioe, qiee 
obligan al Bey h no disponer i sá arbitrio, M lo» 
do 9 nt de parle de Bua donúnloe^ y ¿ eottservarloo 
reUjjieeanenle íaUgros á sm» sneesoreé.? 

Hay nólkia y aunqne de pera . Iraneeusiofi f que 
el consejo se opuso á taajnjtiata no^iedsd ^ lo qoe 
parece ioéreiUe , aunqnela ley eapene lo conlrario; 
y acaso si existiesen sus aroUVos, oeopados boy 
por los franceses y podría probarse ten impértanlo 
tradición. Lo cierloesy segon consta del espedieo* 
le qne acaba de formarse y que el gobernador det- 
conse^ conde de Campomanes y y los demás mi» 
Bistres de la cámara fueron los ajentes en las cor* 
tea de 1788 para que se pidiese por dli^, y se san- 
eiomse por S. M. la derogación de la ley Saltea^ 
deseonoeida por nuestra Gonslilneioo, sobre lo qne 
liobieran rqpresenlado eon el debido respeto é S. U., 
ai en algún tiempo bebiera el consejo inlenrenido 
con tanta nnifoeaiidad en su estableeimieolo. El 
señor don Carlos IV bizo de tan supremo tribunal 
la confiansa qne merecia; y si dejé de publicar- 
la por las proirineias y encarga el sigilo á loa di- 
putados basta que se lo '|ierniilÍ4'se y fue por temor 
i la f rMeia y consideración a otms cortes y cu- 

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~ 889 — . 
;^M flamamieotos á esta Corona te fas «Tejaba* 

Este político recato suspendió , pero no debilita 
la fuerza de la lej ; voló su voz sin arbitrio, y se 
estendió en estos reinos; seg^nn afirman los respe» 
tabtés sujetos j que con remisión á otros lo deponen ' 
de público y notorio. Ella fue pedida y ratificada 
por el Reino: el Rey la sancionó á su presenciar 
los vócalea que ban podido encontrarse en esta 
ciudad y en los pueblos libres de sus cercanías, lo 
-juran y aseguran t el oficial mayor de cortes que 
por fortuna se baila en esta ciudad, cuyas acta» * 
pasaron por su mano f lo certifica t el borrador del 
ceremonial que para su gobierno ba formado » sn^ 
ministra la clara ¡dea de su identidad : en él , entreí 
•tras ¿osas, sé baila anotada el asunto resertado 
que se trató el primer día} y aunque se baila su 
eonteuido , certifica y jura como testigo instrumeo<^ 
tal y presencial , no ser otro que el de la derogación 
de la ley sálica en la sucesión de esta Corona. Este 
documento corroborado con la declaración de loa^ 
.vocales , suple la falta del orijinal. 

Para la mas íntegra y legal calificación , ba stdo 
llamado por el decano para deponer en este espe* 
diente don Ifanuel Becerrtf, eorrejrdor de Córdo** 
ba I y no solo confirma con exacta individualidad 
cuanto se lia supuesto , sino que ba presentado y se 
lia unido á esta información un testimonio legaliza* 
do por nbibieion^ dado en l.^de marzo de 1790 por 
don Agustín Bravo de Velasco y Aguilera y don 
Padro Eseotano de Arriela . ser relarios ile S. H . 

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-- 290 — 
y de las corles ; por el que consta qáe como Tocal 
y procurador primero de la ciudad de Teruel, fué 
elejido con otros tres caballeros reprjesentaotes para 
que formalizasen las peticiones resueltas por las 
cortes 9 entre las que era una de ellas la derogación 
de la ley sálica ^ según, depone ; y que con efecto 
desempeñó este encargo con aprobaciuii de las niis- 
nia9 , liabiéndüla sancionado el Acy , aunque cou 
prece|ito de no revelarla basta su real órdco. 

£1 mariscal de campo, consejero supremo de 
guerra don Francisco Salinas y JUoiiino , sobrino 
cardenal del conde de Floridabianca , declara por 
habérselo oido á su lio , que los nialriuionios de los 
señores infantes doña Carlota con don Juan, y don 
.Gabriel con doña, lUariana , celebrados por su polí- 
tica é influjo, no se efectuaron con otro objeto que 
el de poderse unir en su caso ambas coronas; para 
lo cual se pensaba en cebar por tierra la ley Sálica, 
totalinentc ajena de nuestras leyes fundamentales. 
Asi se proyectaba ya por el señor don Carlos 111 
y sn ministro de estado en los añus de (M y tS5. 

En el de 88 pasó don Francisco Salinas ¿ la 
ebrte de Toscana con el carácter de ministro plenl- 
potenciarlo/ y habiéndose anulado con efecto (,fle« 
hiera decir ^ habiéndose acordado ^: , aunque sin pu* 
biicarse, la derogación de la ley Sálica en las cortes 
del año siguiente , llegó a saberlo por su embaja- 
dor el gran duque Leopoldo, después emperador 
de Alemania, cuyas quejas le manifesté, atribuyen* 
dolo ¿ cierta personalidad contra su hermana la Rei- 

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— 891 — 

míéeNiftAeñ , io qoe^procaró desvanecer.^ y pnsí» 
de oficio lo oeurrido en Ia consideraciofi de bii lio; 
remtliéfidose á doeamenlos qne respectivamente de* 
ben parar en amba^^cbrtea. . 

Despuíea de nnestra beróiea revoloeion, añade 
el misnio baberle oído en Aranjuez, estarse tratando 
de la venida del Rey ^ por cuya rason no era ttem« 
po entonces de lUniar á la iufanta dona Carlota} 
pero que se verificarla eo el caso de no codseg^oirto. 
Uituiiaménte dice haber visto la proclama publicada 
en Murcia en 1808 , en qne se supone la abolición 
de la ley Sálica ^ y qne todos aseguran que su autor 
era el conde de Floridablanca ; lo qne es mas qno 
probable , segnn los antecedentes referidos, 

¿Cómo puede ya dudarse de una verdad tan uni- 
formemente calificada? Es cierto qne la ley no obliga 
mientras no se baga pública y manifiesta^ pero ya 
qne ha llegado el feliz dia de qne se sepa sin ter« 
giversacion» obligará desde el momento en que V. M« 
lo mande por su real cédula ó pragmática que es |o 
único que la falta , y que será propio de su jtts<* 
tificaeion* 

¿Goal será el furor del astoto tirfno, viendo 
renacéis nuevos pimpollos de la misma rama qne 
contemplaba seca y pendtente.de' sn sanguinaria se- 
gur? ¿y cnal su abatimiento al ver que V.^ Al. los 
adicta , y que la Nación los adama en falta de sn 
Rey y de sus angnstos hermanos? Las reflexiones 
dd ministro de Portugal son tan sabias como polí- 
ticas; y acfiso contesta pilUica declaración pp<- 

/ , DigitizedbyCnOOglC 



érU V. M. ttlvAr la preciosa tída da csloa deigra* 
tiadoa príncipes 5 arretMitadoa inicoameote con ad- 
' miración ¿e la Earopa* La Nación redoblar! sus ea- 
foerzos, y no temerá la iofaosta paz. del Austria, 
ni las crecidas falanges con qne nuevamente pnede 
invadirnos. Si este monstruo ba conseguido minorar 
por ahora el número de sus enemigos , España no 
tiene que temerle dentro de so casa , aliándose con 
Portugal íntimamente ^ y con la poderosa Inglater* 
ra, inagotable en fuerzas y recursos, k quien tanto 
teme como aborrece. No las faltarán aliadas i las 
tres potencias ; porque semejante paz es fijo anon« 
cio á la Francia de una nueva ifocrra* 

La declaración á la sucesión de España en an 
caso y lugar , que exije el m¡ni»tro de Portugal ea 
favor de la serenísima señora doua Carlota, bija 
mayor del señor don Carlos IV , hermana de Nues- 
tro Rey y Princesa del Brasil , la contempla el con« 
sejo de rigorosa justicia, supuesta la indudable y 
solemne derogación de la ley sálica con universal 
consentimiento del Reino en las cortes de 1788, 
aegun se ba demostrado, y es pública y notoria en 
esta vasta Monarquía, á pesar del sigilo poKtico qoe 
se impuso, cuyas causas y motivos han cesado* 

La regencia del Reino con sus Indias, á maa 
de consiguiente y legal , ea de estreñía ncceaidad 
en las tristes circunstancias presentes. No exige tan* 
to la señora Princesa del Brasil, ó su augusto ea* 
poso, en representación de sus derechos* La nota 
f rcMutada á V. Bf* por au ministro en esta Corto 

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^ 293 -. 
fechi de 1.^ de setiembre , y otra i^ú en la 
de 24 de et mismo ano próximo pasado y solo piden 
ia^iresidencia de un coosejo arreg;lado á la ley , en 
qnien interioamenle se deposite el oso y cjereicio do 
la soberanía. Esta laudable moderaeion indica la 
. aineeridad de sn propuesta , y que solo se dirijo al 
restablecimiento de estos reinos, á la conservación 
de sus derechos en so easo j á la esf sieneia de iines* 
tras leyea y de niaestra atoada patria ; ¿ la defensa 
eonon éiodi^idnal de los que la componen; y á 
qne esta y sos preciosas Américas no sean infamo, 
presa de nuestros enemigos , é i^íctima fatal de in* 
•nrrecciones y tumultos. " , 

La garantía de todos estos gravísimos objetos 
b ofrecei la sublime eonaideracion de V. Bf • el 
ministro de Portugal en sos referidas «otas, ratifi* 
cindolas en las otras dos de 50 de noviembre y 20 
de diciembre del ano pasado. Sus reflexiones y pro- 
mesas, no solo desvanecen todo recelo polí|ico en 
materia tan delicada , sino qne cree; d consejo que 
calmaran cuantas cavilaciones sujiriese la malicia, 
M ae comunicasen al público y las meditase* No do- 
da el consejo qne el Reino y sus provincias las adopr 
lorian con elejio^ y que entregándose i la protee« 
eion y reiteradas promesas de la sefiora Princesa» 
pondrían sn libertad y confisnsa en sn arbitrio , si 
ao tullíase próxima i estos reinos. Pero ya qne por 
nuestra desgracia tardaremos en gozar de su rcsl 
prea^mcia, á V. M» pertenece llenar este vacío, 
■omíbrando sin la menor dilación sujetos que go^ 

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~ f94 — 
l^ieroeú iiast» stt felix yeiiül»ó Hi céogfregécida Í€ 
kécértés, y ^ae merexcaw- la opiaiáQ pública por 
«u probidad j patrioliaÉio. Todos «09 dignos las 
^é eompooeu esa auprema junta ^ pero isonsaltaiido 
a V« H* > le paeeoeal eoosejo que lín esta eicceíoá 
diese al Reiné- noa^prueba de aa absaloio despren«- 
duaiento» 

Esta generosa determinación acreditaría desde 
Inego «1 eelo de V^ M« , mantendría iiesoa los. pre- 
ferentes derechos del Ilejr y ile «tts atigoslos ber< 
nanos ; y jamás ee perjudí caria «o los snyna á loa 
naturales de estos reinos y de «us Américas^ á en 
gobierno y prerogativas. Siendo asi , es conEnnne é 
nuestra Cooslitocion, y «>ny útil que se verifique. 

Seria gran cordura y «terna gloria jpara V« IL' 
preferir 4 los eatranos una princesa^ reineta' por 
abora del trono 9 «oino quiere la ley { pero berina-^ 
na eoúsanguínea de nuestro desgraciado Monarca» 
aublinie en talenli^a^ «Atural de estos reinos ^ vir* 
tnosa :) rica en a^os mundos ,, ebnsiderada por nua 
conesionea y derechos , aliada con la potencia man 
poderosa, y libertada por ana auxilios de la perfi* 
pia del tirano. 

Vrje^ Seiior, la resetucion, y por womentoar 
se hace mas «necesaria. ¥• M. puede eonaolar «a 
nn instante a Jos fieles vasallos 9 que ja no tienmi 
que conservar «tras prendas que sus villas* La {»« 
tria y V. M. están en inminente peligroi eala «a 
la cansa ^e los clamores del consejo? lejos «de «ate 
santuario de justicia y lealtad toda somíbra de ¿«^ 

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— 295 — 
tereses 6 de eimilaclon ) ama á V. lÜ. , y reilíókiaee 
8U8 desvelos , y por lo misino qaiere sn salvaeiób 
y la de «us vasallo^;. 

V« M. resolverá lo mas júsfo. Sevilla IS de 
enero de 18|0.s=$¡^aen doce rubricas^ 

Del iifisino espediente consta ^ i|iie annque h 
junta central propemÜa á la resolución consultada 
por el cons4*jo reunido ^ la conservó á la decisíob 
de las próximas eortes, que ya se liaJuan convocado, 

CerliGco ftdemas, que de la copla ajutorízada y 
minutas rubricadas del espediente formado para pu- 
blicar la pragmática «ancion de ÍÍ9 de marzo de 1B30 
aparece que liabiéndose remitido ejemplares de dicbk 
pragpmátiea á las cindades de voto en eórtes por él 
ministro de gracia y justicia, contentaron dandb 
gracias á S. M. ^ y manifestando sn satisfáccioá 
por ^er i;umpI¡dos sus dicseos y promiíl^ado el i^es- 
tabfecimienlo de la ley de partida jtjue ellas mismak 
babian anplicado.9 las ciudades de Bnrgos, León, 
Zarag^oza , Granada 9 Valencia , Sevílln , Cótdoba, 
Murcia, Jaén, Avila, Zamora, Toro^ .Guadalajara, 
' Fraga., Galatayud^ Cervera , Alcántara., Plasencia , 
Soria, Torto5d, Peniscola, Tarazona, Palcncia, 
Salamanca^ Lérida , Coruiia, ValladoUd,, Gerona, 
Jaca , Teruel ., Tarragona, Borja, dictara., Toledo, 
Barcelona., Palma de Ma Hornea , y la diivutacion de 
los reinos; cCuyas exposiciones se pobllearon casi 
todas en la gaceta de aquel ano, y fueron r4>mitidas 
orijinales, igualmente que las de otros pueblos, 
ademas de la de Segovia que se conserva eu ^«te le- 

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.g»jf«^ |p*r» que se gaardaseo eo el arcluTO jesérel 
r ét Simaocas con el espediente orijioal. 

Todo lo cnal resalla y se acredita del libro de 
;lietas de eértes de 178d, y de los papeles y espe« 
dientea citados; y en h parte copiada á la letrtí cor» 
nesponde fielmente con aas erijinales , qne ae coo« 
aerean todoj» en el archivo de la secretaría de Eata- 
dlo y del despacho de Gracia y Jínsticia de mi cargOf 
€B el cnal no existen maa dicta uienea ni consnitaa i 
*ayor ni en contra del restablecimiento de la diclia 
ley de partida , ni en el mencionado libro de aclaa 
de cértes de 1789 se lee ninguna otra cosa perlc« 
neciénte á dicha materia, fuera de lo qne va reía* 
^€¡0iiado y copiado literalmente. Y jpara que públi* 
camente conste | en obedecimiento del real decreto 
lie S. H. la fteina Ntra» Sra. qne con fecha de 1.^ 
ilel carrienle ae oie ba comnnicado por el aeiior 
jaecretario de Estado^ Presidente del consejo de sé- 
Sores nuoistros , doy el presente testimonio en Ma^ 
ériáfi doce dias del mes de enero de 1833,«»JP>mi» 
aifto JP>n|t4»Hle» del Pmi^p 



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— *w -- 



KOTA/FINAL BEL EDITOB. 



La alta laiportaMia d« la gtaft MeaÚM qM i» 
lia Teotiladoeiiel folleto anterior titulado la Verdadf 
por don Fraoeisco de Zea Bermadei f en que ao 
trata nada níenoa que de la demoatraeíon de loa iai« 
preseriptiblea derechas d^ naeatra iooeenle y angna* 
4a Reina i la legitima aaecesiott del trono de ana 
anteceaorea no noa permite eerrar eate libro ain lut^ 
oer noa recapitulación de loa prtncipalea y podero« 
ooa argonentoa y añadir á eUoa loa qoc anminiatrn 
ia eoeation de principioa ^ de loa cnalea no liabla el 
anior de la Verdad por no parecer participar de la 
«opinión general de la nación en cnanto al recobro do 
ona pdbjicaa libertadea* 

Ocbo aigloa de no interrumpida aucceaion de laa 
Icyea antagóaa iinmemorabiea de aucceder i la co* 
jrona , dorante loa enalea^ ae unieron laa coronaa do 
ájaatnia y León p y Aragón y Castilla e« el primo* 

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ro de los g^rindeairgomentos que se preaeotao. Loa 
T¡c¡os de qae adolece el auto acordado de 1813 U 
circoo&taocia de no baber sido publicado eo cortes^ 
el destierro de Ronquillo , el presideute del coosejo 
de Castilla t y el dictamea de este mismo consejo 
lo calificao.de ni^ a^aarbitjnirio j^oteraiqeiite na* 
lo. Por el contrario las formalidades que mediaron 
en la pragmática sanción y la ¿poca en que se hiso 
la de toda «n fuerza y validez* 

Otro de los «rjgfumentos qne prueban la sinraxon 
é injusticia del pretendiente consiste en la Coustito* 
tucion del 12 que estat^lece las antiguas leyes de 
Buccesion) y cuya Constitución fue reconocida y 
jiiiÉda l*n IMO por. Fernando y- pOr C|rloá aio'pra* 
testa' niif^na. • ■ '•' ■• -• ■ • 

' lias i^oDspiraciénes f rebeliones abierlas en qne 
proehmaháo i'Carloá sé trataba nátiá meños'qite dé 
arrancia* la eorofiá de las sienas de k Icgitiiiiida4 
parar colocarlas «obre lá'é dé la usnt'paciíotf és uno dé 
los ^f^andcs éirtecié^ekit^s que iiétvé' cOiifHi M esté 
principe irebélde. Es i^erdad que «ó ptidenóíoé aseg^n^ 
Hr qhé esf^i viese i la cabeza dé estas rebeltohea 
'tenéidka Mbs de «Has con'^ la^ Aiertb 'dé -la^ A^iAai^ 
"perd k «ospecliá existe V%éiilecon tautim'iri ínzóé 
cuafntó que trenca sé 'ba dignado desaprobar estoa 
actos ni desmentir estas sospechas con la mni ligaré 
inañiféstacJon, y que lia dejádóvéo>rér la'^átíerté eo 
el fondo de su palacio mientras i^a bermano 1ia eor^ 
rido en posta á sOfocaflbs en el fondo de la- Catal- 
InSa. - 

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^ íes — 

1)eitio¿trii3a %^ ikótariedaA y eTfdencift Ae los ¿e- 
ireclios delsstWl üf trono de sás autecésóres ¿lia lle« 
^adó él caso dé maolfestár qaé h guerra civil qué afli* 
jb á la EspaSa no es pttranieüte ^e succesion couib 
lasque soslavo i principios étí «iglo pasadb sido dé 
Institnciones y ¡recobro 4e sos 4inl¡j^nas libertades. 
:S¡ los pueblos AO son m pueden ser «I patrimonio 
de an prkicipe • y si los gobiernos no «on «ino para 
los pueblos y la felicidad de ellos: es claro que «stos 
tienen deredio á procurarse aquellos gobiernos que 
procuran aa bien estar. Xa revolución de julio de 
la Tecina Francia és un lieclio reciente que sé pre- 
senta en lapoyo «de «sta «sercion^ 

Ahora pues los «españoles «que tantos sacrificios 
ban hecho por «1 irecoLro de sus iinti^uas libertades^ 
que tantas víctimas han tenido, Ten en «1 •cetro de 
Isabel la garantía de sus libertades y Tueros ., al pa- 
so que en el de Carlos , cuyo fanatismo «onocen no 
Ten sino la esclavitud mas férrea^ y basta las bogue* 
ras de la misma Inquisición. 

Con efecto, ¿qué pueden prometerse de un prín* 
eipe cuyo nombre ba sido la palabra de reunión de 
los fanáticos ^ibeccados ñe Jiquellos «nisroos 'qne ela* 
maban y representaban por «I rcstalilccimiento de 
la inquisieion Indicada ? IVingona -otra cosa sino el 
absolutismo mas «troz, absolutismo que yermarla 
éste hermoso suelo por medio de ejecuciones y ven* 
ganzas,,ó que provocaría una reacción que inunda*» 
«daria en saogre !a península. 

Destituido de todo derecho este principe no tie« 

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Hm mn liliilos que m «mbicion y m UmmMlf 
ipcro cuando ettovlese reTeslido de los oíat obviM 
k nteiott ha tremolado el estandarte de la libertad^ 
j eombatlri basta el último esfaerao ha Yilea entra* 
ftaa de eaclaritod j serTidambre» 



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lü^DlCE 

SN B8TA OBBA^ 

Protogo del Editor E^añot 8 

Del Editar franeit 9 

Didieataria de $u autor á Carlos V. . . . tS 



I. Viaje de Marsella á Goritz: *=^ Moti- 
vo de mi viaje: Trabesia del Simplón :**=^ 
Correo de Milán : = Veneaa : = Trieste. . 17 

II. Permanencia eti Goritz : rs= Go^ ' 
rilz:^==^La Familia Real :tsxz Enrique de 
Francia : «= Su carácter : «= Su educa- 
ción : -r- Sus modales 2S 

III. Retrato de Enrique 2g 

1V« Interior de la Familia Real. ... 34 
Y. De Goritz á Brunsee: ^^^ Llegada á 

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Brun$§e:^=^ Interior de S. A. R. la duqW' 
sa de Berr{:^= Personas gue la rodean :^=» 
Recuerdos de Francia:^==€olonia de la Ven- 
dee : = Aspecto de la Sltrta :. = Interior 
de S. A. R* 1'=^ Palacio de Brunsee. . • . • 3* 

VI. Viena : = El Príncipe de Metter- 
nich^Art&íocracid Austríoea^T'^^ Cosítmi- 
hres ffenerales:^r= Algunas reuniones de la 
C(xpitali^=^S. A. JR. la duquesa de Berri 
en Viena. • . .^. ► • . . - * r • • • * - • / *^ 

VIL Visita á SaUzbourgo:«=La Fami- 
lia Real de España i=- Confianza hecha 
por S. A. R. la duquesa de Beira- respec- 
tiva á su deseo de regresar á España : = 
Mi compromiso. ► . . -* ..••.. 6i 

Vlll- Milán :^=Un Oficial general Ru- 
^^ . _-, Preparativos y Coronación del Emr 
perador en Milán * 60 



IX. Regreso á Francia:^=^Mi regreso á 
Francia: == Visita domiciliaria hecha en mi 
durante mi ausencia: ==^ Disposiciones reía- 
tivas á mi encargo :=^ Partida para las 
fiestas de la Coronación 6* 

X. Fiestas de la Coronamn 69 

XI. Viaje a Saltzbourgo: =^ Policías 
Francesas ff Austríacas burladas :^===Fug9 
de la Reina y del Principe de Asturias :^=^ 
Llegada á Chambery : — Inconvenientes que 

me esperan allí. . 77 

XII. Familia de España:-^ Viaje á 

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-- 803 — 

Ckambery: — Retrato del Principe de ii-^ 

tuTÍa$. 80 

XUI. Viaje par la Suiza ,. , 87 

XIV. Viaje por Francia: — Separmon 
forzada de la Reina y isu Sjobrino. ...,.•• 94 

XV. La Reina de España en BayonoLi — . 
Tiempo perdido á las inmedia(:ione$ de i^sta 
Ciudad: — Temores de la Reina: — Causan 
que retardan la llegadci del Prineipe:'-rMt^ : 
didas adoptadas para entrar en Mspaña^.» 98 



XVI. Viaje de la Reina de España: — 
La Reina y su Camarista : b=: Sus disfrch 
ees : s= Peligros que arrostran : = Serení' 
dad del Principe : = Vigilancia organizada 
para protegerlos :=^ Desertores Franceses, 103 

XVII. Salida para España 109 

XVIII. Valor de la JReina 115. 

XiX. 'Paso del Nive. . . H9 

XX. Paso de la Frontera. ••.•*.. 124 

XXL Llegada á España 128 

XXil, Reunión d^ la Reina y su So- 
brino. . .- 132 

XXIII. Entrada en Elisondo: = Reci- 
bimiento hecho á Maria Teresa j y al 
Principe de Asturias 134 

XXIV. Llegada á Tólosa: = Entrevis' 

ia del Infante don Sebastian y su Madre. . 137" 

XXV. La Reina en Tolosa : ^=: llumi- 
naciones y bailes populares : «= Urbistondo. 139 



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— 30* — 
XXVI. Sneuemro de Cárlin V^ éhr 
lo Reina y M Principe de Asturias. . . itít 

^VII. Celebración del Maírim(mio:'s=» 
Cuartel Meal de Ascoitia:^^ Palacio del 
Duque de Granada: ^^El Infante don Se- 
bastian :^s=¡tegocijos:^=^Paseo á Loyotai'^ 
Función de Toros. , 144 

XXVIII. Infante dmSebastian.'ri^Re- 
trato del Principe. . . '. . 14T 

XXIX. Cuartelgenerai de Carlos F:— 
Ifarolo^ sus antecedentes : — Disciplina:--^ 
Aspecto del Ejército: — Est/rangeros {«e 

strveñ enit. ••..«. .^ .. . tSO 

XXX. RetriUo de Maroto Iftft 

XXXL Visita á los puestos avanzados. 160 
XXXIL Vuelta al Cuartel general. . . ft63 

XXXUL Vueha i Francia 16» 

Canclusüm ITi 

Notas del Editor francés. . .- 17& 

Cartas sobre et ejército de D. Carlos. . .' 180 
La verdad sobre la cuestión de sucesión 

é la corona de España , . 203 

Pragmática sanción de 1789 841 

Nota final del Editor español . .... ÜVI 



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