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Full text of "Los ofidios venenosos del Cauca. Métodos empíricos y racionales empleados contra los accidentes producidos por la mordedura de esos reptiles"

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HARVARD UNIVERSITY 



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MUSEÜM OF COMPARATIVE ZOOLOGY 




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LOS 



OFIDIOS VENENOSOS 



DEL CAUCA 



Pauís. (librería ó linjirciiU de la V''» de Cu. Bouhet. 



LOS 



OFIDIOS VENENOSOS 



DEL CAUCA 



MÉTODOS empíricos Y RACIONALES 

EMPLEADOS CONTRA LOS ACCIDENTES PRODUCIDOS 

POR LA MORDEDURA DE ESOS REPTILES 



POR 



El doctor Evaristo GARCÍA 

MKDICO DE I, A UXIVEÍISIDAD DE COLOMBIA 

MIE.MBUO HU-NÜHAIIJO DE LA ACADEMIA UE MEDICINA DF. BOGOTÁ 

M I E M D II O I U S D A D O It DE LA SOCIEDAD DE MEDICINA DEL CAUCA 

MIEMBHU HO.NORAniO DE LA ACADEMIA DE MEDICINA DE MEDHLI.IN 

Y DE LA SOCIEDAD DE MEDICINA Y CIENCIAS NATüfiALES DE CARTAGENA 




CALI 

1896 5 



í*ror>iedad del autor. 



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INFORME 

SOBRE EL TRABAJO 

DEL DOCTOR EVARISTO GARCÍA 

« LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA » 

Presenlado á la Sociedad de Medicina en su sesión del 20 de Julio de 1892 
POR LOS DOCTORES LUIS J. URICOECHEA Y N. N. SCARPETTA 



Sres. Miembros de la Sociedad de Medicina del Cauca, 

El Sr. Presidente nos hizo el honor de repartirnos en comi- 
sión para su estudio el extenso trabajo sobre los O/idios veneno- 
sos del Cauca que el D"" Evaristo García presentó á esta Sociedad 
en la sesión del 20 de Julio del presente año, y os presentamos 
hoy el informe reglamentario. 

En este importantísimo trabajo, está dedicado el primer capí- 
tulo al estudio de los caracteres anatómicos y fisiológicos de los 
ofidios, y hace el autor razonadas y justas apreciaciones sobre la 
facilidad que tienen estos animales para efectuar los más capri- 
chosos movimientos, basado en la conformación anatómica de 
sus escamas, de sus vértebras y en su modo de articulación; des- 
cribe la conformación de las mandíbulas, su funcionamiento y 
da explicación clara y científica del fenómeno que llama la aten- 
ción de todo observador ignorante de la facilidad que tienen 
estos reptiles para devorar presas enormes, así como destruye 
de una manera incontrovertible las creencias arraigadas en el 
vulgo de historias fantásticas de serpientes que maman á la mu- 
jer en la época de lactación sin hacerle daño y que extraen la 
leche por succión del pezón de las vacas. 

Después de una científica clasificación de los ofidios en gene- 
ral, ordena y describe en particular los venenosos del Cauca 
incluyendo en ellos especies nuevas descritas y clasificadas por 
profesores nacionales, y con los cuales se enriquece el estudio 



VI INFORME. 

de nuestra fauna colombiana, estas son : La veinticuatro del 
Cauca (creemos que así se llama también en los otros Departa- 
mentos, sobre todo en Cundinamarca), llamada por el Profesor 
Posada Arango Tlianatophis patoquilla^ y el TlianatopJtis sutus 
del mismo Profesor, conocida entre nosotros con el nombre de 
Hilván probablemente por la línea saliente y blanca que presenta 
á lo largo del dorso que parece una sutura. La Colgadora^ otro 
Thanatophis bien descrito por el Sr. Evaristo García y clasifi- 
cado como tal, especie quizás única y caracterizada por una 
especial disposición de la cola que le permite colgarse de las 
ramas como los monos. Parece un órgano de prehensión. 

La descripción de estas especies nuevas le dan mayor impor- 
tancia á un trabajo que tiene, como el del Dr. García, un carác- 
ter puramente nacional y el cual lleva con paciente observación 
y tino científico, los conocimientos é historias transmitidos por 
tradición vulgar al terreno de los hechos observados y al campo de 
la ciencia. 

Ameniza su trabajo el autor con la relación de fenómenos 
extraordinarios ejecutados por las serpientes á los que despoja 
él con la clara luz de sus conocimientos, del misterio en que 
están envueltos y que tanto llaman y han llamado la atención del 
hombreen todo tiempo; da explicación correcta de los hechos 
y les quita las vestiduras del charlatanismo. 

Al describir cada especie, habla de sus hábitos y da sabios 
consejos á los campesinos para precaverse de sus ataques, ha- 
ciéndoles saber sus horas de caza y los lugares que gustan fre- 
cuentar. 

No podemos pasar adelante sin hacer algunas refiexiones 
sobre los medios que pone en acción el ofidio para coger su presa 
que escoge generalmente entre animales mejor dotados que 
ellos para la locomoción, etc. Es de admirar, ci'mio un animal 
rastrero pueda alimentarse de otros dotados de alas y de facili- 
dades de locomoción, mil veces superiores. El autor nos habla de 
la fascinación y atribuye el fenómeno á la paralización de las 
fuerzas físicas por el terror. 

En el fenómeno del hipnotismo en general, se presentan 
estados mixtos que no pueden considerarse sino como grados 
entre los tres estados fundamentales descritos por Charcot. 

Entre esos estados podemos contar el que se llama de fasci- 
nación ó de encanto, en el cual hay conservación del movimiento 
y pérdida de la voluntad. Se obtiene por lo que se llama la 



INFORME. ^ 

toma de la mirada, es decir, bajo la influencia de una mirada pe- 
netrante y viva en la cual se lija con atención el fascinado. No 
vemos porque no pueda una serpiente producir, por medio de sus 
ojos vivos é inmóviles generalmente inyectados y brillantes, un 
principio de hipnotización que llegue hasta el grado de fascina- 
ción sobre su víctima, cuando sabemos que las aves son sucepti- 
bles de adquirir este estado en ciertas condiciones. El autor nos 
cita la experiencia del pajarito colocado delante de una pizarra 
á la que se ha trazado una línea blanca vertical, que es idéntica 
á la experiencia practicada frecuentemente en las ferias del 
mediodía de Francia, que consiste en colocar un gallo con la 
cabeza fija sobre un tablero negro sobre el cual se ha trazado una 
raya por delante del animal que queda inmóvil en verdadera 
catalepsia. ÍSo podemos pensar que en el tablero haya la menor 
intención de hipnotizar al gallo y sin embargo el fenómeno se 
efectúa. 

En la fascinación hay imposibilidad de separar la mirada del 
fascinador y tendencia á seguirlo porque el movimiento no se 
pierde; así acaso podríamos explicar la creencia vulgar de que 
las aves pequeñas se dirigen á la boca de la serpiente. 

El terror puede entrar en gran parte en el desarrollo del 
fenómeno, ó puede producirse sin él, lo que se llama la le- 
targía lúcida, estado en el cual, la voluntad pierde su acción 
sobre los músculos y la conciencia se conserva; estado bien 
descrito por Livingstone cuando refiere lo que le aconteció con 
un león á que acababa de herir y que sin darle tiempo á prepa- 
rar de nuevo su arma, hizo presa sobre él. « Rugiendo á mi oído 
de una manera horrible, dice el célebre explorador, me sacu- 
dió vivamente como un perro á una rata, sirviéndome esa sacu- 
dida en el estupor que parece sentir un gato, especie de ador- 
mecimiento en que no se experimenta ni el sentimiento de 
pavor ni el del dolor aun cuando se tenga perfectamente con- 
ciencia de todo lo que pasa, un estado análogo al de los pacientes 
que, bajo la influencia del cloroformo, ven todos los detalles de 
la operación, pero sin sentir el instrumento del cirujano, lo 
cual no es el resultado de ningún efecto moral, porque se quita 
el temor y se paraliza todo sentimiento de horror, en tanto que 
se mire al animal de frente. Esta condición particular se produce 
sin duda en todos los animales que sirven de presa á los carní- 
voros. ■>■> 

Hay más ; un ruido, un movimiento, un soplo, bastan para 



Víll INFORME. 

dar fin á este estado y de ello nos da una patente muestra el 
Dr. García al relatar la historia del pajarito libertado por la 
aproximación de un viajero; al simple ruido el animal dejó 
su quietud, revoloteó y huyó, rompiéndose así la cadena invisi- 
ble que unía al victimario con la víctima. 

En capítulo separado trata magistralmente de la conforma- 
ción anatómica de la glándula del veneno y describe el admi- 
rable instrumento inyector de éste por medio de colmillos dis- 
puestos á la manera de nuestras agujas para inyecciones hipo- 
dérmicas con la jeringa de Pravaz. Estudia la acción del veneno 
en el organismo y distingue con razonamiento enteramente cien- 
tilico, el modo de obrar de éste, el de los alcaloides vegetales y 
los virus contagiosos. Según su teoría se explica perfectamente 
la razón de las hemorragias profusas, por la acción del veneno 
sobre la masa de la sangre, á la que fluidifica y descompone. 

Llama la atención el Dr. García sobre la necesidad de prestar 
atención al empirismo y de observar con espíritu recto y justi- 
ciero los resultados obtenidos por él, hijos, sin duda, de una 
experiencia tradicional, casi siempre confirmada por el éxito. 
Nos da un ejemplo en los procedimientos usados por los curan- 
deros ignorantes para salvar á los mordidos de serpientes, que 
casi siempre obtienen mejores resultados que los profesores en la 
ciencia. Con paciente y bien dirigido trabajo ha logrado hacerse 
á los métodos empíricos para la curación de las mordeduras 
de víbora, rodeados en todo tiempo del misterio y convertidos 
en secretos y patrimonios de familia que nunca han podido 
descubrirse. Se sorprende, con muchísima razón al descubrir- 
los, de la rara coincidencia que existe entre la manera de obrar 
y la familia de plantas elegida con este objeto por pueblos sepa- 
rados por inmensas distancias, por diversidad de costumbres y 
de idiomas y entre los cuales no ha podido haber comunica- 
ción por la naturaleza de los obstáculos que los separan. En 
efecto, en África, en América y en Asia se han usado siempre 
como curas, plantas escogidas entre la familia de las Aristolo- 
quias y de las Piperáceas. En casi todos los pueblos la prepara- 
ción y la aplicación de las curas está rodeada del mismo am- 
biente secreto y misterioso como si hubiera convenida unidad 
en todos ellos. En cuanto á las plantas sabemos que su uso viene 
por tradición desde los aborígenes de América, incomunicados 
perfectamente con el resto del mundo. 



INFORME. IX 

Los conocimientos vulgares los lleva el Dr. García al terreno 
científico clasificando y ordenando las plantas usadas en esta 
terapéutica, interpretando sobre bases científicas la acción 
fisiológica de cada una de ellas y dando razón de su modo de 
obrar en los envenenamientos ofidianos. 

Al tratar de cada una de las plantas y de la preparación de 
las curas, inserta en su obra un gran número de observaciones 
relatadas por personas de entero crédito colocadas en orden clí- 
nico y de las cuales nadie puede dudar. Entre las observaciones 
hay algunas de curaciones efectuadas con hiél de víbora sobre la 
cual podían recogerse mayor número en toda la República, y 
recordamos que el eminente profesor M. Plata Azuero hablaba 
de sus benéficos efectos á sus discípulos de Terapéutica en la 
Universidad Nacional. 

Entre las plantas clasificadas y estudiadas por el Dr. García, 
encontramos el Canelón del Telembi. El Cuartillito y el Amor 
seco del valle, que por sus propiedades estimulantes enérgicas 
podrían tener un mayor número de aplicaciones en la terapéutica 
general, y aumentar así la riqueza de plantas útiles á la medi- 
cina que tenemos ya. 

Concluye la obra con el estudio de los procedimientos científi- 
cos, usados contra la mordedura de las víboras, y da sabios con- 
sejos y útiles instrucciones á los que por sus ocupaciones y 
sus negocios están más expuestos á la mordedura de las ser- 
pientes. 

Por tanto vuestra comisión cree que la obra del Dr. García es 
de suma utilidad, que tiene el mérito de la originalidad y de 
haber vencido todas las inmensas dificultades con que tropiezan 
en vuestra patria los hombres que se dedican á las ciencias, 
con paciencia, tino científico, carácter observador é inteligencia, 
y os propone respetuosamente : 

1° Dar un voto de aplauso al Dr. Evaristo García por su labo- 
riosidad y su consagración al estudio de tan importante materia ; y 

2" Dedicar un número del Boletín de Medicina del Cauca para 
publicar íntegro su trabajo de acuerdo con su autor. 

Luis C. Uricoechea. — P. P. Scarpetta. 
Cali, 8 de Noviembre de 1892. 



INFORME 

DE LA COMISIÓN QUE ESTUDIÓ EL TRADAJO SOBRE 

LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA 



Bogotá, Marzo de 1893. 

Señor Presidente de la Academl\ Nacional de Medicina. 

Por vuestro honorable conducto presentamos á la Academia 
el siguiente informe sobre el trabajo del Señor Dr, Evaristo 
García, cuyo título es los Ofidios venenosos del Cauca^ que tuvis- 
teis á bien pasarnos en comisión. 

Trata el autor, en los dos primeros capítulos de su obra, de 
los caracteres anatómicos y fisiológicos de las serpientes, los 
describe con propiedad y erudición y hace notar ciertas disposi- 
ciones anatómicas características que sirven para explicar varios 
hechos que siempre han llamado la atención por la manera 
especial de ejercerse algunas de las funciones de la vida vege- 
tativa y de relación en esta clase de reptiles. Fundándose en los 
trabajos de los naturalistas extranjeros, en los del Colombiano 
doctor Posada Arango, y en sus propias observaciones y estudios, 
establece la calificación de los ofidios en general, y en particu- 
lar la de los venenosos que habitan en el Departamento del 
Cauca, objeto principal de sus estudios. No se le ocultaron — y 
así lo manifiesta — las grandes dificultades que se ofrecen para 
hacer una clasificación exacta y completa de esta clase de verte- 
brados, tanto por la diversidad de nombres vulgares con que 
se designa muchas veces una misma especie en distintas locali- 
dades, como por la confusión que reina, aún entre los natura- 
listas, á este respecto, así como por la falta de obras especiales 
y de museos de historia natural. Estas dificultades, de todos bien 
conocidas, lejos de minorar el mérito de la obra del Dr. García, 
lo enaltecen, aun cuando de ellas proviniera alguna imperfec- 
ción que, dadas las condiciones actuales de nuestra situación, 
no hubiera sido posible evitar; siempre quedará como una am- 



plia y sólida base para levantar el edificio de la hisloria nalural 
de nuestro vasto y rico territorio. 

Guiándose por su atenta y escrupulosa observación, ayudada 
á las veces de los testimonios de los naturales ó habitantes de 
cada localidad, describe el género de vida de las serpientes vene- 
nosas del Cauca, con indicación de los sitios que suelen habi- 
tar, ora en la espesura de los bosques, ora en las orillas panta- 
nosas de los ríos, ó en las lomas áridas ; da á conocer la clase de 
alimentación que prefieren, la hora en que se dan á la caza de su 
presa y los medios de atraparla; y de todos eslos datos deduce 
útilísimas indicaciones para precaver al hombre del peligro de 
sus mordeduras, á menudo ocasionadas á la muerte y siempre 
á graves padecimientos que debilitan y enervan hasta las más 
vigorosas organizaciones. Con la prudente reserva de un sabio, 
trata déla fascinación que las serpientes ejercen sobre los demás 
animales, y la atribuye á un fenómeno de inhibición, á la para- 
lización de las fuerzas físicas causada por el terror, más bien que 
á la intención de hipnotizar á sus víctimas, al efecto de la 
hipnotización, fenómeno acerca del cual el estado actual de los 
conocimientos cientííicos no permite hacer ninguna aseveración 
definitiva. 

En el capítulo 3°, estudia el Dr. García las propiedades del 
veneno de los ofidios, describe cuidadosamente la disposición 
anatómica de todo el aparato, muy perfecto, destinado á la 
elaboración de la sustancia tóxica y á los medios de inocularla, 
examina las variaciones que ofrecen en las diferentes especies 
la forma, la longitud, el grosor y el lugar de implantación en el 
maxilar de los colmillos, que son los órganos destinados á ino- 
cular el veneno ; hace ver que la acción de éste, varía en la edad, 
la talla y el estado relativo del reptil, con el clima, la estación 
del año y otras condiciones de medio. 

Traza circunstanciadamente el cuadro sintomático que revela 
la acción del veneno sobre la economía, describe los desórdenes, 
tanto generales como locales, que ocasiona, y las lesiones ana- 
tomo-patológicas halladas en la autopsia de los animales que 
han sucumbido por intoxicación del veneno de los ofidios, apli- 
cado experimentalmente. Hace un paralelo entre la acción de 
este veneno y la de los alcaloides vegetales tóxicos y los virus 
de las enfermedades infecciosas, del cual deduce con mucho 
juicio y profundo conocimiento de la acción de todas estas sus- 
tancias, que hay grandes diferencias entre su acción y la del 



XII INFORME. 

veneno de las serpientes; en tanto que halla, por la observación 
clínica, mucha similitud entre los síntomas de éste y los de la 
fiebre amarilla. 

Trata en los últimos capítulos (del 4° al 8°) de los métodos 
empleados en el tratamiento de la mordedura de los ofidios pon- 
zoñosos; enumera en primer lugar los procederes empíricos 
seguidos por los curanderos; describe las plantas usadas por 
ellos como contras ó contravenenos, y la manera de prepararlas 
y administrarlas, al mismo tiempo que presenta diversas obser- 
vaciones de curaciones obtenidas por estos medios; recorre 
luego los procederes racionales de que se sirve la medicina; 
establece el valor relativo de cada uno y la manera de aplicar- 
los. Llama la atención hacia la circunstancia, muy digna de 
notarse, de haberse usado por pueblos muy distintos y lejanos 
entre sí las plantas de unas mismas familias, en particular las 
Piperáceas y las Aristoloquias, en el tratamiento de este acci- 
dente, lo que comprueba con observaciones y citas adecuadas. 

Por esta ligera reseña que os acabamos de hacer — que por la 
naturaleza del informe nos hemos visto obligados á reducir 
mucho — comprenderéis que la obra del Dr. García, cuyo examen 
nos habéis encargado hacer, es de suma importancia por todos 
conceptos ; es una monografía completa, metódica, ordenada. 
Si á esto agregáis el estar escrita en lenguaje claro y conciso, con 
voces precisas que revelan un conocimiento perfecto de las 
ciencias naturales y médicas sobre las cuales versa toda la obra, 
á la vez que una gran facilidad de expresar los pensamientos y 
hacer comprender las ideas, os persuadiréis de su importancia. 
También debemos hacer notar la poderosa energía que se nece- 
sita en nuestro país para llevar á cabo una obra de la naturaleza 
de ésta, que requiere constancia, consagración, gastos conside- 
rables de tiempo y de dinero, instrucción nada común, y sobre 
todo, patriótica abnegación. 

En conclusión, vuestra comisión os propone lo siguiente : 

<i La Academia Nacional de Medicina, considerando muy im- 
portante la obra del Dr. Evaristo García sobre los Ofidios venenosos 
delCauca^ tanto en el concepto científico como en el de utilidad 
nacional, cree que debe ser presentada al Congreso Médico 
Nacional. » 

Señor Presidente, 

Juan de Dios Carrasquilla. 
Heliodoro Ospina. 



índice 



capítulo i. 

F'áginas 

Caracteres anatómicos y fisiológicos de los ofidios I 

CAPÍTULO II. 

Clasificación de los ofidios. — Dificultades para su estudio en nuestro 
país. — Nuevo género propuesto por el Profesor Andrés Posada 
Arango. — Ofidios venenosos más comunes en el Cauca. — La Pelo 
de gato. — Sus hábitos y costumbres. — Fascinación de los pajari- 
tos. — Fecundidad de los ofidios. — Equis del Cauca. — La Taya 
del Cauca. — La Verrugosa del Chocó. — Leyendas referentes á este 
ofidio. — La Veinticuatro. — La Hilván. — La Colgadora. — La Cas- 
cabel. — Efectos de la música sobre los ofidios — Lo. Rabo de Chucha 
del Cauca. — Lachesis punctatus. — Las Corales. — Variedades en el 
Cauca. — La Coral del Valle (Elaps corallinus). — Cabeza de chocho 
(Coluber formosus). — Coral de la montaña (Coluber venustissimus). 
— Coral de Mocoa. — Animales que persiguen á las culebras. — 
Creencias populares acerca de las serpientes, de los curanderos y de 
los encantadores de culebras 7 

CAPÍTULO III. 

Definición del veneno de las serpientes. — Descripción del aparato vene- 
noso. — Síntomas producidos por la mordedura de los ofidios. — Do- 
lencias consecutivas en las personasque resisten los accidentes de las 
mordeduras. — Efectos variables del veneno en circunstancias espe- 
ciales. — Efectos en los animales. — Lesiones macroscópicas de los 
órganos. — Efectos sobre la masa sanguínea. — Diferencia en el 
modo de obrar entre los alcaloides vegetales, los virus y el veneno de 
los ofidios. — Semejanza entre los síntomas de la fiebre amarilla y 
ios accidentes producidos por el veneno de los ofidios. — Diagnós- 
tico de la picadura de un ofidio y de otros animales ponzoñosos. . ... 39 

CAPÍTULO IV. 

Necesidad de que la medicina preste atención á los métodos empíricos 
preconizados por los curanderos 54 



XIV ÍNDICE. 

CAPÍTULO \. 

Páginas. 

Métodos empíricos empleados en el Cauca contra los accidentes produ- 
cidos por la mordedura de los ofidios venenosos. — Diversas clases 
(le curanderos. — La Capitana y el Cuaiiilíito del Sr. Francisco Fer- 
nández. — Observaciones sobre su empleo en la hidrofobia. — 
Observaciones en la mordedura de víboras. — Clasificación botánica 
de las plantas. — La Capitana (Leguminosa papilonácea). — El 
Cuartillilo (Piperácea). — El polypodium vulgare. — El almizclillo ó 
ambariUa (Hibiscus abelmoschus). — Modo de emplearlas. — El Cane- 
lón del Telembi. — Observaciones clínicas sobre el empleo de esta 
planta en las mordeduras de víboras en el hombre y en los animales. 

— El ají y el a/lpiqíie. — Su empleo popular en el Ecuador contra las 
mordeduras de los ofidios venenosos. — Las Aristoloquias y el Guaco. 

— La Zaragoza niniche. — Usos iocráticos de estas plantas. — La hiél 
de víbora. — Observaciones clínicas sobre el uso de esta sustancia. — 
Modo de prepararla. — El aguardiente y el amoníaco. — Observacio- 
nes relativas al empleo de estas sustancias en los accidentes produ- 
cidos por la inoculación del veneno de los ofidios. — La Curarina 
de D. Juan Salas Nieto. — Experiencias con este medicamento en 
Caracas. — Algunas observaciones más de su empleo en el trata- 
miento de las mordeduras de ofidios venenosos. — Aplicaciones lo- 
cales. — La piedra de la serpiente. — El Pambao-Balvo. — El haba del 
caballero. — El tallo de la caña de azúcar. — El zaino del limón 58 

CAPITULO VI. 

Hellexiones acerca de los métodos empíricos contra las mordeduras de 
las serpientes. — Empleo de las mismas sustancias en diferentes 
regiones del globo terrestre. — Los métodos vulgares no son medios 
infalibles para la curación de los mordidos de serpientes. — Antí- 
dotos químicos y antídotos fisiológicos. — Importancia de las sus- 
tancias estimulantes como remedios iocráticos 87 

CAPÍTULO Vil. 

Métodos racionales para neutralizar el veneno de las serpientes. — El 
permanganato de potasa. — El ácido crómico. ■ — El clurtiro de oro. 

— El nitrato de estricnina 92 

CAPÍTULO MIL 

Tratamiento de los accidentes producidos por mordedura de los ofidios 
venenosos. — Medios locales. — La ligadura. — La succión. — Las 
ventosas. — Las incisiones y la cauterización. — Medios generales. 

— Las inyecciohes hipodérmicas y las pociones estimulantes 98 



ÍNDICE DE LOS GRABADOS 



Páginas. 

Grabado 1°. — « Pelo de galo » del Cauca {Botrops alrox) Iri 

— 2°. — « Equis del Cauca » {Botrops rhomboaliis) 20 

— 3°. — « Taya del Cauca » [Bolrops lanceolatus) 22 

— 4°. — (< Cabeza de verrugosa del Chocó » {Botrops acrochordus) . 23 

— 5". — " La Hilván » {Thanatophis sutus) 26 

— 6°. — « La Colgadora » {Thanatophis colgadora) 27 

— 1°. — «La Rabo de chucha del Cauca » [Lachesis mutus) 30 

— 8°. — « Rabo de chucha del Chocó » {Lachesis punctatus) 31 

— 9°. — « Coral cabeza de chocho » (Co/iífter/'ormosMs) (Variedad). 32 

— 10°. — ■< Coral del Cauca » {Coluber venustissimus) 33 

— 11°. — « Coral de ponzoña de Mocoa » {Elaps marcgravii) 34- 

— 12°. — Capitana, amor seco del valle (Desmodium mauritani) . . . 64 

— 13°. — Cuartillitos [Piperomia nummulari) Q^ 

— 14°. — Canelón del Telembí {Piper Telembi) 67 

— lü°. — Zaragoza niniche [Aristolochia pilosa) 76 



LOS 



OFIDIOS VENENOSOS 



DEL CAUCA 



CAPÍTl LO PIUMEHO 
Caracteres anatómicos y fisiológicos de los ofidios. 

La denominación de ofidios corresponde en el lenguaje 
zoológico á los nombres vulgares de culebras ó serpientes. 
Son animales vertebrados, que pertenecen al orden de los 
reptiles, que respiran por medio de pulmones y que tienen 
la sangre fría. Su cuerpo, cilindrico y alargado, está despro- 
visto de miembros. Avanzan ó retroceden arrastrándose. La 
piel está cubierta por epidermis escamosa. Los ojos, dotados 
de cierta fijeza aterradora en la mirada, no tienen párpados, 
y la boca, armada de dientes, es muy ancha y dilatable. 

El conocimiento detallado de los principales órganos de 
estos reptiles, nos permitirá apreciar mejor sus funciones 
más notables. 

El cuerpo de los ofidios es en lo general cilindrico ; y no 
tiene verdadero cuello que separe la cabeza del tronco, sino 
una depresión que continúa con dicho cuerpo, para terminar 



2 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

en cola más ó meno? aoiida. En el mavor número de las 
culebras no existe vestigio alguno de miembros: pero en 
una ó dos especies el par de remos posteriores está repre- 
sentado por dos espolones córneos, situados en la base de 
la cola y sostenidos por pequeños liuesos, que pudieran 
considerarse como miembros posteriores incipientes [doas y 
pitones) . 

Los olklios ejecutan los movimientos, por consiguiente, 
arrastrándose con inflexiones por medio de las costillas y de 
las escamas transversales colocadas en la parte inferior del 
cuerpo. Estas escamas, más anclias allí que en las otras 
partes, forman una serie de placas imbricadas unas en otros, 
con un borde córneo libre, que se endereza por acción de 
los músculos, para tomar apoyo en las asperezas del terreno 
y empujar el cuerpo liacia adelante. Además, las vértebras 
forman entre sí una larga columna con múltiples articula- 
ciones, que explican los fáciles movimientos y los diferentes 
modos de progresión en las culebras. Cuando se tira de la 
cola una culebra que se ba metido en algún agujero, se 
experimenta la resistencia que oponen las escamas. En la 
cabeza, las escamas, más grandes que en el dorso del cuerpo, 
toman la forma de placas ó escudos, cuyo número y dispo- 
sición sirven para clasificar á estos reptiles. 

La epidermis de los olldios se muda frecuentemente en 
una sola pieza, desde la cabeza basta la cola, sin desgarrar 
ninguna escama; de tal manera que una vaina epidérmica 
de culebra encontrada en el campo, puede servir para desig- 
nar la especie de donde proviene. No sabemos cómo bace 
la culebra para despojarse de la epidermis; pero algunos 
campesinos aseguran que se coloca entre bendiduras del 
terreno, que comprimen el cuerpo y le permiten deslizarse 
dejando la cubierta. 

La columna vertebral de las serpientes está admirable- 



DEL CAUCA. 3 

mente dispuesta para facilitai' sus movimientos peculiares. 
Las vértebras tienen en la parte anterior dol cuerpo una 
cavidad en donde se aloja cierta eminencia hemisférica co- 
rrespondiente á la parte posterior del cuerpo de la vértebra 
que la precede. Mediante este sistema de articulación, seme- 
jante al que une las costillas lateralmente con el cuerpo de 
las vértebras, el ofidio puede enroscarse, torcerse ó ejecutar 
con la fuerza muscular movimientos ondulatorios ya en 
sentido vertical, como para treparse á los árboles, ya en 
sentido horizontal, como los que le facilitan el avance ó la 
natación. El número de las vértebras es variable con las 
especies; pero se han contado hasta 422 en las mayores 
serpientes. Estos reptiles carecen de esternón. Por eso las 
costillas quedan libres en su extremidad inferior, de modo 
que permiten ampliamente el ensanchamiento del tubo intes- 
tinal, para dar paso á presas, en ocasiones muy volumi- 
nosas. 

Los huesos que componen la cabeza, en número de veinti- 
ocho, están separados unos de otros. Las dos ramas de los 
maxilares superior é inferior, que forman el esqueleto de la 
cavidad bucal, carecen de sínfisis; esto es, no se unen entre 
sí, como sucede en los otros animales. Llamamos la atención 
hacia esta peculiaridad característica de los ofidios ; porque 
ella explica cómo pueden tragar animales enteros, tan volu- 
minosos que á primera vista parecería imposible pudieran 
pasar por la garganta. La cabeza se articula con la columna 
vertebral por medio de un solo cóndilo . 

La boca está armada de dientes agudos y numerosos, que 
se articulan en el borde de los huesos maxilares, sin j)enetrar 
en ellos : de modo que no tienen raíces, ni alvéolos en los 
huesos correspondientes. En el grupo de las culebras no 
venenosas, los dientes son llenos, agudos é inclinados hacia 
atrás, á manera de sierra, y forman cuatro hileras longitu- 



4 LOS OFIDIOS A ENENOSOS 

tunales en cada uno de los maxilares; mientras que en los 
ofidios venenosos aparecen colmillos largos y finos como 
aguja, provistos de un conducto por el cual Huye el líquido 
venenoso. 

La lengua en los ofidios está sostenida en la base por una 
masa carnuda; es larga, libre en el resto de su extensión, 
bifurcada en la punta y muy movible. Les sirve, como 
órgano de tacto, para palpar los objetos y para beber. 

Basta el somero conocimiento del aparato bucal en los 
ofidios, para no admitir las liistorias populares de serpientes 
que maman la teta de las vacas, porque la disposición de la 
dentadura y la forma de la lengua no permiten tomar suave- 
mente el pezón ni ejercer movimientos apropiados para 
extraer la lecbe de las mamas. 

El canal intestinal es corto : después del estómago, poco 
dilatado, sigue el intestino que recibe la bilis del bígado, y 
termina hacia la base de la cola en un orificio cubierto por 
una de las escamas inferiores. 

La reproducción ocurre por medio de órganos genitales 
completos, situados en la cavidad abdominal. En el macho 
los canales deferentes terminan en un pene doble cubierto 
de asperezas en la superficie. En la hembra existe una cloaca 
al final del intestino, en la cual recibe los oviductos. Hay 
unión sexual para fecundar los óvulos en el interior del 
cuerpo. 

Las culebras ponen los huevos en sitios húmedos, donde 
el calor del sol los incube ; sin embargo, algunas se enroscan 
y forman nido alrededor de los huevos : la generaci(ui es 
entonces ov'qtara. 

En las serpientes venenosas la incubación se verifica en 
los oviductos, donde se rompe la membrana que contiene 
los viboreznos, los cuales nacen ya formados : la generación 
es entonces v'tv'qjara. 



OKÍ. CAUCA. íi 

liemos dicho que los olidios tienen la sangre IVía. Eslo 
resulta de que el corazcui está formado de dos aurículas y de 
un solo ventrículo, en donde se mezcla la san¿;re que ha sido 
vivificada en los pulmones ó sangre arterial, con la vowsa 
que viene de las otras partes del cuerpo; circunstancia que 
disminuye el calor animal. La frialdad que sentimos al tocar 
estos animales, nos produce una sensación horrible que in- 
voluntariamente repelemos. 

La respiración de los ofidios es pulmonar : uno de los 
pulmones es rudimental, mientras que el otro forma un gran 
•saco que desciende hasta el abdomen, recorrido en la super- 
ficie por los bronquios y por los vasos sanguíneos. El aire 
penetra como á un depósito, por medio de inspiraciones 
lentas y de movimientos expansivos de las costillas y del 
abdomen. 

Pueden los ofidios permanecer mucho tiempo debajo del 
agua; pero siempre tienen necesidad de volver á la superficie 
para tomar el aire atmosférico. 

Como á todos los animales, los órganos de los sentidos los 
ponen en relación con el mundo exterior. Cubiertos con una 
piel escamosa, tienen el sentido del tacto muy obtuso. La 
lengua les sirve, como se dijo, para palpar los objetos, y está 
dotada para ello de movimientos rápidos y fáciles. Los ojos 
no tienen párpados : cúbrelos una película transparente de 
la epidermis que cae con ella en ciertas épocas del año. 
Carecen de oreja y de tímpano : solamente oyen por medio 
del oído interno. Se asegura que rara vez se pierde un tiro 
cuando se dispara con un arma de fuego sobre las víboras. 
Pudiera suceder, si tal cosa fuese verdad, que la detonación 
del arma de fuego rompiera, por fuerte conmoción, el oído, 
tan poco protegido de los ofidios. 

El órgano del olfato parece bien desarrollado en estos 
reptiles, á juzgar por la velocidad con que siguen á los 



6 LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA. 

animales que les sirven de alimento. Un conejo asustado 
atraviesa el campo á todo escape, y detrás, á carrera abierta, 
se precipita una culebra en su persecución. La rana huye de 
de rama en rama, sobre los árboles, y la culebra la persigue 
con tenacidad, sin perder la pista entre el follaje. 

INo es frecuente escuchar la voz de los ofidios. Cuando 
están poseídos de algún deseo ó de terror, hacen inspiraciones 
ó expelen con fuerza el aire pulmonar, para producir un 
soplo más ó menos agudo, hasta llegar al silbido, único 
medio de fonación con que expresan sus pasiones. 



CAPITULO 11, 



Cilasiíicaciún de los ofidios. — Dificultades para su estudio en nuestro país. 

— Nuevo género propuesto por el Profesor xVndrés Posada Arango. — 
Ofidios venenosos más comunes en el Cauca. — La Pelo de [¡ato : Sus 
hábitos y costumbres : fascinación de los pajaritos : fecundidad de los 
Qjijio^. _ Equis, del Cauca. — La Taya del Cauca. — La Veiruf/osa del 
Chocó : leyendas referentes á este ofidio. — La Veinticuatro. — La Hilván. 

Lrt Coleadora. — La Cascabel : efectos de la música sobre los ofidios. — 

La Rabo de chucha del Cauca (Lachesis punctatus). — Las Corales : variedades 
en el Cauca. — La Coral del Valle (Elaps corallinus). — La Cabeza de 
chocho (Coluber formosus). — Coral de la »iüu¿rt?7a (Colubervenuslissimus). 

— Coral de Mocoa .-Animales que persiguen á las culebras : creencia popu- 
lar acerca de las serpientes, de los curanderos y de los encantadores de 
serpientes. 



Los ofidios se dividen en dos grupos. 

Los del primero están provistos de glándulas á los lados de 
la cabeza, las cuales secretan veneno para inocularlo en la 
sangre de los animales, por medio de dos colmillos acanala- 
dos, convenientemente dispuestos, como arma ofensiva y 
defensiva, en el maxilar superior. Se les designa vulgar- 
mente con el nombre genérico de víboras, y en el lenguaje 
científico con el de i/ianaío/ídios, de la voz griega thanatos- 
que significa muerte. 

Los del otro grupo no poseen ningún aparato venenoso ni 
tienen colmillos acanalados, y los dientes, finos y en forma 
de sierra, se implantan en ambos maxilares. Existen en este 
grupo las más grandes serpientes : las boas, temibles por 
su fuerza de constricción; pero la mayor parte de las especies 
que lo forman son inofensivas, y algunas, capaces de ser 



S LOS OFIDIOS VENENOSOS 

domesticadas. El vidgc las reconoce con el nombre de 
culebras^ y en el lenguaje científico se designan con la 
palabra azemio/id'ws, de la voz griega azenüos que significa 
inocente. 

La clasificación de los ofidios está basada principalmente 
en la conformación de los dientes, según sean ó no veneno- 
sos, según se presenten en un solo maxilar ó en ambos y 
se2,ún la situación de los colmillos hacia atrás ó hacia ade- 
lante de la boca. Se agregan á estos caracteres, para formar 
familias, géneros, especies y variedades, la disposición de 
los escudos ó de las placas en la cabeza, la presencia de 
fóselas laterales en el hocico, la forma de las escamas en el 
dorso, la manera como se presentan debajo de la cola, los 
dibujos coloreados que adornan la piel, y aún los usos y 
costumbres de las serpientes. 

Opoterodoistes. — Ofidios con dientes en un solo maxilar, 
desprovistos de cola y muy pequeños. Ejemplo : los tyitJdops 
ó lombrices ciegas, el stenostoma (boca pequeña), gondotü de 
Colombia. 

CoLUBRiFORMES. — Ofidios que tienen ordinariamente las 
placaíi ó escudos de la cabeza más grandes que las escamas 
del cuerpo, unidas entre sí, sin sobreponerse; dientes en 
ambos maxilares; la cabeza larga seguida por el cuerpo, sin 
depresión notable; la cola muy extensa y fina. Algunos de 
estos reptiles son muy corpulentos. Ejemplo : Las culebras^ 
lo'< ptjtoncs, las boas. 

Opisthoglyphos. — Culebras con dientes venenosos situa- 
dos en la parte posterior de la boca. La robra-ri/jo (Coluber 
bicarniatusj, la liinpa-mato (^Coluber cenchria) del Brasil. La 
culebra en medias de Montpellier (Colopcltis insignitus.) 

Proteroglyphos. — Ofidios con los colmillos venenosos 
provistos de una canal abierta, é implantados hacia ade- 
lante del maxilar superior, con dientes en ambos maxilares 



DKL CAICA 9 

y aliíunas placas en la cabeza. Habitan las regiones calientes 
•del globo. — Áspid <» serpiente de Cleopatra^ la Cobra di 
■catielio^ la Elaps (\ coral. 

SoLExoGHLYPHOs. — Son kis serplcnles más temibles de 
todas, porque los colmillos venenosos, implantados en la 
región anterior del maxilar, están recorridos por un verda- 
dera conducto, que comunica con la glándula del veneno; 
de modo que cuando muerden, depositan todo el veneno 
•dentro de los tejidos. Corresponden á esta clase las víboras^ 
las cascabeles^ los bolrops^ etc. 

El cuadro siguiente resume los caracteres de las clases y 
■de los géneros en los ofidios venenosos. 



10 LOS OFIDIOS VENENOSOS 



CLASIFICACIÓN DE LOS OFIDIOS 

(DlMKKIL y ClBUON). 



^ , , ,M ■ 1 . \ Scotccophijdtoíi o yevmúor- 

Ln una de las mandíbulas solamente i ■ . , , 

( mes u opolerodonLes. 

„ , , ,, \ A zemiophii dios ó cicnrifov- 

' Llenos- Redondos y llenos. - i i j . 

i^iciius, 1 j ^ jj^gg ^j aglyphodontes. 

" I ^'^^ '; Huecos con \Afobcropfiydios ó fidenli- 

^ , ])osteriores | ^^^^ gotera hacia adelante. ( formes ü opisglyphos. 

Si T^ , , , T^ ., /Formando ade-L4ui.sío/)/) i/(/tos ó íallaiiíor- 

o / En las dos / Recorridos , ^ i ■ l i i 

f ,., , V \ lante un surco. mes o proteroglypnos. 

I mandíbulas; ) por un I o- ,• • 

' oin vesti""io / 
lossubmaxilares Jlargo canal i 1^.1° \ Thanatophy dios ó ííiWaci- 

anteriores. (. venenífero. [ , . , , , ) formes ó solenoglyphos. 

\ hacia adelante. I "^ ' 



SOLENOGLYPHOS y PROTEROGLYPHOS. 

í Vi}]CrÍ7lOS SOLE.NOGLYPIIOS. 

,, , , ., ' Naiirus : 

\ iPKRiDios : 4 tribus. , ,,, , r> 

ihlaphiim I'roteuoglyphos. 

\ Hydrijplniíf; ) 



VIPERINOS SOLENOGLYPHOS. 

Se determinan por la presencia ó ausencia de las fosetas lacrimales ó de 
falsas narices colocadas hacia adelante ó debajo de los ojos, asi como por la 
disposición de sus escamas y de su cola, esté ó no provista de aparato sonoro. 

,' DURISSUS. 

Fosetas lacrimales. — Crótalo'^ : 6 especies. • I1oiirido.s. 

V Mu.iAiiiis, etc. 



Ijachesis. 

[Cvolaluíi mutiis.) 



Desprovistos de campanilla caudal. Cola puntiaguda, las 10 ó 12 escamas 
que preceden á la punta, son espinosas. 

Trigonocephalus. 

No tienen cascabeles, ni su cola es espinosa. Su vértice tiene un escudete 
impar. 



DEL CAUCA H 

Botrops. 

[Hierro de lanza.) 

Tienen las escamas carenadas, no lionen fírandes placas supracefálicas; 
las tienen solamente encima de los ojos y sobie la carena que va de las cejas 
á las narices. 

8 especies : Botrops lanceolatus 6 víbora amarilla de la Martinica. 

Átropos. 

No tienen las placas superficiales de los bothrops. — 4 especies. 

Tropidolcemus. 

Las escamas de su vértex son imbricadas y estrechas y también las de la 
garganta. 

Echidna. 

[Sin fósela lacrimal.) 

No tiene ni placas ni escudete sobre la cabeza; sus narices son cóncavas 
y situadas, por decirlo asi, entre los ojos en vez de ser laterales. 
Varias especies africanas y de la India. 

Echis. 

Las placas subcaudales en una sola fila en vez de dos. 

,. .1 Carinata. 

Dos especies. < „ 

( 1 RAEN ATA. 

Cerastes. 

Víboras de placas superciliares que se levantan en punta y simulan cuer- 
necitos. 

Acanthophis. 

Cabezas cubiertas de grandes placas en su mitad anterior; las escamas 
subcaudales espinosas y la cola terminada por un aguijón encorvado. 

Pelias. 
Tres grandes placas cefálicas colocadas entre las escamas superciliares. 

Víboras. 

Entre las víboras que tienen la cabeza cubierta de escamitas, sin placas y 

sin fóselas, se reconocen : 

,' Víbora de seis remos, seis prolongamientos escamosos y 

\ como acanalados de la región superciliar. 

„ . I Víbora ammodvta. Hocico prolongado. 

Tres especies. { ,... ■ \, ■ , ■, n ^ ^ ■ , 

i Víbora común. Hocico truncado. Cabeza plana, guarnecida 

I arriba por una escama fuerte superciliar ; pero sin placas 

\ más grandes en el medio. 



42 LOS OFIDIOS VEiNENOSOS 

No obstante la clasificación anterior, es sobremanera 
difícil, para quien no haya hecho estudios especiales de 
-ofiología, determinar las diversas serpientes que se encuen- 
tran en Colombia, y asignarles los nombres científicos co- 
rrespondientes. 

Hay confusión en las designaciones científicas : las especies 
no están bien distinguidas, ni las variedades separadas entre 
sí. Algunas no están descritas, ni siquiera bien conocidas. 

Si acaso se consiguen algunas obras de viajeros natura- 
listas en los países intertropicales, sucede que al consultarlas 
se confunde la inteligencia, porque designan un mismo 
género con muchos nombres, según el parecer de cada uno. 

« El género Lachesh de Daudín está en la obra de Spix, 
incluso en el género Botrops. El príncipe Max de Newied ha 
conservado el género Lacliesis^ pero ha reemplazado el 
género Botrops de Wagler por el género Copinas de Merren. » 
[F. B. de Larerdn.) 

Á la divergencia de los autores en las designaciones de 
los géneros y de las especies, se añade la falta de uniformi- 
dad de una á otra provincia para las denominaciones vul- 
gares. En el Cauca, Departamento de Colombia, donde hemos 
reunido los materiales para este trabajo, se da el nombre 
de equis á varias especies de serpientes que muestran en el 
dorso líneas amarillas ó blancas en forma de letra X ó del 
signo X . Pero no siempre corresponde la idea que despierta 
la palabra equis á la realidad de los dibujos en el objeto 
natural. Lo que se observa con frecuencia en el dorso de 
estas serpientes son los rombos m;ís ó menos regulares, 
separados unos de otros. Por otra parte, mucho menos co- 
rresponden las especies que se designan con el nombre de 
■equis^ al género enunciado en el cuadro de clasificación de 
Jos S.S. Dumeril y Bibrón con la palabra erhis, género que 
hasta hoy no hemos podido encontrar en el Cauca. En este 



DKL CAUCA. ja 

hepartameiüo se (les¡i;na con el noml)re de veintinidlro á 
una serpiente pequeña, que en Antioquia se llama paloquilla. 
La pelo (le gato del Valle, es la mapann de la costa. 

En Colombia se ha escrito muy poco sobre nuestra fauna, 
y casi nada sobre las serpientes. Solamente hemos podido 
consultar con provecho los Apuíilamíentos para la ofiolo- 
gia colombiana del l>r. Andrés Posada Arango, única 
publicación científica sobre serpientes del país, que se ha 
sacado á luz, después de ochenta años que han trascurrido 
desde que el ilustre Lozano publicó en el Semanario de 
Caldas su importante memoria y plan de estudios sobre esos 
reptiles. 

No debe extrañarse, pues, que nuestro estudio sobre los 
ofidios venenosos del Cauca, adolezca de defectos, relativa- 
mente á la clasificación de las especies. Nuestras observa- 
ciones se refieren más a la parte médica que á las ciencias 
naturales. 

Faltan en los centros de poblaciíui de la República, biblio- 
tecas en donde puedan consultarse obras costosas, que no 
están al alcance de los aficionados ; faltan museos nacionales 
en donde estudiar los objetos de historia natural, y fallan, 
en fin, obras científicas de Profesores nacionales, de grande 
importancia y de utilidad para el país, como debe de ser la 
obra inédita del l)r. Posada Arango titulada Colombia con- 
siderada físicamente // en sus producciones. 

Después de investigaciones pacientes acerca de los ofidios 
del Cauca, hemos confirmado la opinión expresada de una 
manera más general para Colombia por el Profesor Posada 
Arango, á saber : 

1°. Que el género víbora no existe en el Cauca. 

En efecto, no hemos encontrado una sola serpiente sole- 
noglifa con ausencia de fosetas laterales entre los ojos y 
las narices, v con la cabeza cubierta de escamitas finas. 



14 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

2°. Todas nuestras serpientes venenosas pertenecen en lo 
general ú la familia de los holrófidos:^ llamados también 
crótalos por Dumeril y otros autores, aunque con impropie- 
dad, puesto que el aparato sonoro de donde se deriva el 
nombre o'otalus ó cascabel ^ no les es común. 

Todas las serpientes solenoglifas del Cauca están caracte- 
rizadas por la presencia de fóselas laterales en el hocico y de 
escudos ovales supra-oculares, 

« El más frecuente por acá de los géneros de esta familia, 
es el botrops (foseta) , dice el Profesor Posada Arango ; pero 
éste, tal como lo consideran hoy los ofiólogos, está mal 
constituido, es una agrupación heterogénea en la que se 
comprenden bajo la misma denominación serpientes de 
urostegos uni y biseriados. Mas la fijeza é importancia del 
carácter que suministra la disposición de los escudos sub- 
caudales en todos los demás géneros de ofidios, autoriza 
plenamente á mi entender, para separar aquí unas ser- 
pientes de otras, para subdividir el antiguo género en dos. » 

El Profesor Posada Arango considera únicamente como 
botrops las especies que llevan los urostegos (escamas debajo 
de la cola) dobles ó en dos series : botrops /anceo/atus, bi/i- 
neatus^ atrox^ etc.; y ha creado un género nuevo con el 
nombre de thanafophis (1), voz griega compuesta de t//anatO'<, 
que significa muerte, y de op/us que significa serpiente, para 
los de urostegos sencillos. 

« El género thanatophis está caracterizado así : botrófidos 
mudos (ó sin aparato sonoro), con la cima de la cabeza 
cubierta de escamas; con escudos supra-oculares, placas 
guturales lisas y urostegos en una sola serie : La falta de 



(1) Thanatos es la jialabra que señala el autor en los « Anales de la 
Academia de Medicina de Medellín », para designar el nuevo género. Poste- 
riormente hemos sabido que el mismo autor la ha cambiado por la palabra 
thanuíophis, para evitar confusión con un género de Arácnidos. 



Pag-, 15 



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/w^, CW BOUñ£T,2yñUt VlSCONrt, PAR/S. 



DEL CAUCA. 15 

escamitas bajo el extremo de la cola, los distinj^uc siificien ló- 
mente de los lache sis. » 

Nos hemos detenido en el estudio de este nuevo i^énero 
para la clasificaciíui de los ofidios, propuesto por el eminente 
naturalista colombiano, porque es aplicable á carias especies 
de nuestro país desconocidas aún de los naturalistas europeos : 
thanatophis patoquUla^ tluuiatophls sidus, tJianatophis wonla- 
?ii(s, tJtanatophis torvus. (Véanse los Anales de la Academia de 
MedelUn, páginas 45 á 49 del mes de marzo de 1889, n" T\. 

Sentados los principios generales de la clasificación de los 
ofidios, trataremos de los más comunes en el Cauca, y estu- 
diaremos de paso sus instintos y costumbres. 

Las descripciones que siguen son hechas sobre individuos 
coleccionados por nosotros, algunos vivos y la mayor parte 
conservados en alcohol. 



Pelo de gato del Cauca. 

{Botn>¡)í< aírox, de Wagler), bolrops jaruvitcwiu del Brasil (de Lacerda.) 

Ocupa el primer lugar la serpiente pelo de galo, llamada 
así por los campesinos del Cauca, á causa de las pintas 
aterciopeladas negras, semejantes á las de la piel de algunos 
individuos de la raza felina. 

La pelo de (¡ato es una de las más temibles entre las ser- 
pientes venenosas del Cauca. Mide longitud hasta de un 
metro y cincuenta centímetros, por circunferencia de veinte 
centímetros en la parte más gruesa del cuerpo. La cabeza, 
que es triangulai", muy aguda en el vértice y plana y depri- 
mida en la región frontal, mide siete centímetros desde el 
extremo anterior de la cara hasta el principio del cuello. El 
hocico es truncado y tiene la placa facial casi en triángulo v 
convexa, más alta que ancha. 



IG LOS OFIDIOS VEiNENOSOS 

No presenta en la cabeza más placas que las siipra-oculares^. 
elípticas y lisas, que cubren los ojos. Estos son salientes,, 
oblongos y con la pupila hendida en sentido vertical. Al 
lado de la placa facial están dos placas nasales, superior é 
inferior. Sobre la primera se abren las narices. Inmediata- 
mente después, hacia atrás, se encuentran las /'osetas^ muy 
abierta^ y profundas. La boca, partida en casi toda la longi- 
tud de la cabeza, está armada de dos colmillos acanalados, 
de dos centímetros de largo, corvos y ocultos debajo del 
maxilar superior. Las escamitas de la cabeza son negras^ 
aquilladas, muy finas y superpuestas. Por debajo del maxi- 
lar inferior, las escamas parecen más bien placas blancas, 
lisas V coriáceas. La coloración es de un fondo castaño 
oscuro, con dos líneas amarillas (color de paja) en cada lado 
de la cabeza. Estas líneas parten de las placas supra-orbita- 
rias y siguen oblicuamente hacia atrás y afuera, hasta los 
límites de la región cervical. El dorso, que es moreno, está 
marcado con líneas oblicuas, amarillas, en forma de losanges 
irregulares, alternando con manchas negras de reflejos 
aterciopelados. La cola, corta con relación al cuerpo, mide 
doce centímetros de longitud; es cónica, con urostegos bise- 
riados y termina en aguijón semejante á una punta de 
alesna. La cara inferior es de color amarillo sucio, y está 
con puntos de negro azuloso, como el color de la pizarra. 

Tal es el tipo de la peio de gato del Cauca. Existen varie- 
dades en el fondo de la coloración, ya negra, ya castaña 
oscura, con manchas losángicas de color gris ó de choco- 
late, más ó menos subidas; pero todas tienen los caracteres 
que acabamos de señalar. 

Estas serpientes abundan en los climas templados, de 18 á 
22° del termómetro centígrado, hasta una altura de 1200 á 
1300 metros sobre el nivel del mar, en las montañas que 
circundan el valle. Habitan en las cañadas, en medio de los 



DEL CAUCA. 17 

matorrales, y en las lomas enmalezadas vecinas á la montaña. 
Vov fortuna, se retiran á lo más espeso del bosque y duer- 
men mucho durante el día. En las primeras horas de la 
mañana, sobre todo después de las lluvias, salen á calentarse 
en los claros de la montaña, donde se las encuentra estira- 
das, recibiendo los rayos del sol ; en tanto que en las prime- 
ras horas de la noche empiezan sus excursiones de cacería 
contra sapos, ratas, conejos y aves. Los dos extremos del 
día (cinco á nueve de la mañana y cinco á nueve de la 
noche), son pues las horas más peligrosas para andar en las 
montañas; porque se tropieza fácilmente con estos reptiles. 
Es una precaución útil la de cerrar á esas horas las puertas 
de las habitaciones, cuando las familias van á pasar los 
ardores del verano en los climas templados de la Cordillera. 

Todos los animales se aterran cuando ven á las serpientes ; 
el caballo bufa y se aparta temblando fuera del camino; 
la muía da un resoplido, retrocede asustada y no hay poder 
humano que la obligue á pasar cerca del reptil; las aves de 
corral dan voces de alarma ; los venados y los conejos huyen 
despavoridos. 

Los pajaritos chillan cuando los sorprende la serpiente 
entre las ramas, y muchos, aturdidos por el miedo y vícti- 
mas de un embarazo, que les impide volar lejos, paran en la 
boca abierta de su enemigo. Este fenómeno se explica por- 
que los pájaros son de naturaleza muy impresionable y pue- 
den fácilmente amedrentarse. Si á un pájaro se le acuesta 
sobre el dorso y se amenaza herirle los ojos con el dedo, 
tiembla de miedo, estira los miembros y permanece mucho 
rato en esa posición, á pesar de haber desaparecido el dedo 
que lo amenazaba. Si se traza una línea blanca sobre el 
fondo negro de una pizarra, y se pone sobre la línea el pico 
de un pajarito, pronto queda inmóvil éste, en la postura 
primitiva hasta que un ruido lo saque de esa letargía. Nada 



is LOS OFIDIOS VENENY)SOS 

de extraño tiene que á un gorrión, tan listo como es para 
volar, le suceda, sobrecogido de terror á la vista repentina 
de su terrible enemigo, lo que á nosotros en los ensueños, 
cuando batallamos por librarnos de un monstruo : que los 
esfuerzos sean impotentes para huir. Si en aquel estado 
se da un grito, se rompe la cadena misteriosa que une el 
monstruo á la víctima, ésta puede libertarse. Un pajarito se 
revolcaba de una manera singular, sin poder levantar el 
vuelo, cuando un viajero, al acercarse, hizo huir á una culebra 
que estaba en la orilla del camino. Entonces el pajarito voló 
francamente. Quiso Dumeril demostrar el efecto rápido del 
veneno de las víboras en las aves, se acercó á una serpiente 
con un pajarito en la mano, el cual murió de miedo, sola- 
mente á la vista del reptil, antes de que la experiencia se 
liubiese verificado. El fenómeno, inexplicable á primera 
vista, depende en nuestro concepto de la paralización de las 
fuerzas físicas, á causa de un gran terror, más bien que de 
la acción en la serpiente, para hipnotizar al pajarito y redu- 
cirlo á obediencia forzada. No todos los pájaros están sujetos 
á esta influencia del terror. Muchos se escapan del peligro, 
burlan la astucia de la víbora y aún la persiguen con encar- 
nizamiento. 

Las serpientes, en lo general, andan apareadas, como las 
aves ; y como en éstas, los colores superficiales brillan más 
en una que en otra. 

Los campesinos buscan la compañera de una serpiente 
que han muerto, en el mismo sitio donde ocurrió la 
cacería, y casi siempre la encuentran en la vecindad de 
ese lugar. 

La pelo de gato no huye de la presencia del hombre ni de 
ningún otro animal : apenas lo siente, avanza un poco más 
adelante, para prepararse en lugar adecuado á la lucha 
ofensiva ó defensiva. Lo mismo sucede con todos los otros 



DEL CAUCA. 19 

¿o/rops' del Cauca, mientras que las culebras, huyen liipida- 
menle cuando sienten al hombre. 

Si la serpiente se enfurece por alguna provocación, si se 
(trnia^ según la expresión vulgar, forma un cono en círculos 
concéntricos sobrepuestos, cuyo vértice lo constituye la 
cabeza sostenida por el cuello erguido. Los ojos encarniza- 
dos, sobresalen de las órbitas; abre la boca enrojecida, 
endereza los colmillos, de dos centímetros de longitud, y 
mueve rápidamente la bifurcada lengua. 

Al aproximarse la víctima, se desenrolla con la fuerza y 
rapidez de un resorte, y sin perder el suelo, hiere oblicua- 
mente las carnes con golpe como de martillo. Entonces un 
músculo constrictor comprime el canal glandular y lanza un 
chorro de veneno en el espesor de los tejidos. Sucede á 
veces que los colmillos penetran profundamente en las 
carnes, y con la impetuosidad del ataque, la serpiente los 
quiebra al retirarlos. No quedará por esto desarmada, por- 
que al lado del colmillo principal existen gérmenes de otros 
colmillos, destinados á reemplazarlos. 

Es fácil aprisionar á una pelo de gaio^ por medio de un 
cordón atado en lazo corredizo á la extremidad de una vara 
muy larga. La obstinación de la serpiente irritada, es tan 
sostenida, que permanece días consecutivos armada en pre- 
sencia de un objeto que se le ponga á cierta distancia, como 
un sombrero ó un pañuelo ; de modo que da tiempo para 
alejarse y buscar una arma ó compañeros que ayuden á 
matarla. 

La serpiente es tenaz y vengativa : cuando se la ha 
irritado en algún punto, reaparece, en el mismo sitio, 
preparada para herir. Hemos tenido ocasión de ver á los 
campesinos ir en busca de una víbora irritada que dejaron 
i'.n día antes en algún sitio, y encontrarla allí, ya sola, ya 
en asocio de la compañera. 



20 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

La fecundidad de este reptil es asombrosa. Se lian encon- 
trado en el interior de su cuerpo veinticinco, treinta y hasta 
cincuenta viboreznos de diferentes tamaños, colocados á lo 
largo del vientre, en forma de rosario, y envuelto cada cual 
en una membrana propia. Aseguran los campesinos que los 
primeros viboreznos al nacer, se orinan inmediatamente 
para atacar á los que vienen en seguida; y es también 
opinión popular que la madre devora ¡i los hijos cuando 
nacen, escapando unos pocos de esta olidofagia. Debe existir 
algún medio permanente de destrucción de los viboreznos, 
porque son pocas relativamente las serpientes pequeñas que 
se encuentran en las montañas, y porque, si todos los hijos 
que se hallan en el seno materno se procrearan y multipli- 
caran en proporción, no se podría caminar en los bosques 
intertropicales. 

La mordedura de esta serpiente es mortal : unas doce 
horas después del ataque, bastan para producir la muerte, si 
no se aplican los remedios convenientes. 



Equis del Cauca. 

[Botrops rhomboatus). 

Otra especie de botrops^ más común en las tierras calientes 
del valle que en las montañas del Cauca, es una serpiente de 
un metro y cincuenta centímetros de longitud, poco más () 
menos, y de quince á veintidós centímetros de grosor. Tiene 
la cabeza triangular, con el vértice muy agudo, el cual ter- 
mina sobre un hocico levantado, porque la placa hexagonal 
de la cara, es más alta que ancha. Á los lados del hocico se 
ven las aberturas nasales, y más hacia ati'ás las fosetas 
lacrimales. Los ojos, que son oblongos y con la pupila ver- 
tical, llevan encima, á manera de párpado superior, un 



Pag. 20. 



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DEL CAVCA. 21 

escudo liso, y elíptico en su forma. Las escamas de la cabe/a, 
nquilladas y muy finas, son morenas. I na línea amarilla 
parle de la placa supra-ocular y va hasta la porción cervical 
del cuello deprimido. En el dorso, sobre fondo de color bazo, 
sobresalen líneas oblicuas de tinte amarillo de paja, las que 
forman entre sí rombos regulares y visibles en la mitad 
del cuerpo, separados unos de otros por mancluis negras. 
En su conjunto, las líneas amarillas, que forman los rombos, 
describen X, de donde viene el nombre vulgar de esta ser- 
piente. En los costados, entre las escamas del vientre y las 
del dorso, existe un cordón sinuoso de escamas amarillas, 
que hacen entradas en los espacios negros que separan los 
rombos. La cola, cónica y obtusa, mide once centímetros, 
no termina en aguijón como en la especie anterior, y está 
cubierta de escamas. Los urostesos son biseriados; la cara 
inferior del cuerpo, de color negro de pizarra, con puntos 
amarillos. Algunas de estas serpientes son grises y designa- 
das por los naturales con el nombre de equis ruñns. 

Habitan en los bosques espesos, á orillas de los ríos 
afluentes del Cauca, en el Guachal, el Bolo, el Amaime, etc., 
y en los cañaverales de las haciendas. Cuando se limpian 
estas plantaciones, los obreros encuentran un gran número 
de equis amarillas. 

En las dehesas de guinea ó de paní, que son las de pastos 
cultivados en el valle para engordar los ganados, estas 
enormes serpientes hacen mucho daño cuando sientan sus 
viviendas y las de sus hijos cerca de los abrevaderos. Enton- 
ces aparecen muertos los toros (mordidos en el hocico por 
las serpientes venenosas), con tanta frecuencia, que los 
dueños del rebaño se ven obligados á abrir campaña contra 
ellas y á ponerse en acecho para matarlas con armas de 
fuego. Un medio más cómodo ])ara destruirlas es el de 
colocar leche con estricnina en disolución en las cercanías 



22 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

del lugar donde se supone que habitan. Las serpientes gus- 
tan de este alimento y mueren envenenadas. Otro medio de 
matarlas consiste en prender fuego cuando la sequedad de 
los pastos lo permite. La obstinación de las serpientes en 
el combate las hace perecer entre las llamas. 



La Taya del Cauca ó Cabeza de lanza 

{Botrops lanceolatuít.). 

Esta serpiente es una de las más temibles en el Cauca, 
por la actividad de su veneno. De un fondo de color ama- 
rillo, ó moreno, marcado con manchas de color castaño 
á los lados del cuerpo prismático, mide una longitud de 
120 centímetros. La cabeza muy apkistada y de ancha base, 
tiene una longitud de 6 centímetros, y á ella sigue un cuello 
delgado y comprimido. Es notable porque, además de las 
escamitas aquilladas y de los escudos supra-oculares, pre- 
senta unas escamas grandes, que forman los bordes ante- 
riores de la cabeza, desde los ojos hasta el liocico. y encie- 
rran un espacio triangular, cuyos ángulos son formados por 
el hocico hacia adelante y los dos ojos hacia atrás. Este 
esj)acio representa la punta de una lanza, de donde viene el 
nombre de cabeza de lanza dado á la serpiente. La placa 
facial es más ancha que alta, los agujeros de las narices 
están situados muy cerca de la extremidad del hocico ; las 
fosetas son muy pronunciadas. Los ojos, oblicuos, ovales y 
grandes, tienen la pupila vertical. Dos líneas laterales, de 
color amarillo, van de los ojos á la región posterior de la 
cabeza. Los venenosos colmillos son muy grandes y agudos. 
La parte inferior del cuerpo es de color moreno con puntos 
amarillos. La cola, que es de urostegos biseriados y sin 
aguijón, tiene una longitud de 12 centímetros. 



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La t(i¡i(i del Cauca, de color pardo ó amarillo, es muy 
parecida á la fierro de lanza ó víbora amarilla de la 
Martinica; habita en el valle del Salado y en las montañas 
circunvecinas; se encuentra en las plantaciones de caña y á 
orillas de los grandes ríos del Cauca. 



La Verrugosa del Chocó. 

( Botrops acrochordus) . 

He aquí la más grande y la más feroz de las serpientes 
venenosas del Cauca. Habita en las selvas del Chocó, á 
orillas de los ríos Atrato, San Juan, Dagua y Telembí, y es 
el terror de los bogas y de los peones en el camino de Buena- 
ventura. Su talla es, poco más (3 menos, de dos y medio 
metros, y gruesa como el brazo de un hombre robusto. 

El volumen considerable de la verrugosa^ nos ha dificul- 
tado el conservar en el alcohol el animal entero ; pero posee- 
mos de esta manera una cabeza perteneciente á ese ofidio, 
la cual mide once centímetros del hocico á la región cervical 
y siete centímetros al través, en la parte más ancha, al 
nivel de las comisuras de los labios. Esta cabeza es convexa 
sobre el occipital, y un poco deprimida en la región frontal. 
Sus escamas, yuxtapuestas, parecen conos con aristas, dis- 
posición que le da á la piel un aspecto granuloso. Al tocarla, 
produce una sensación de escofina; porque las escamas 
parecen tubérculos ó verrugas, de donde vienen los nombres 
científico y vulgar acrochordus^ voz griega que significa 
verruga. La coloración es morena pálida ó de fondo color 
de chocolate, con manchas negras irregulares. Una línea de 
color castaño se extiende lateralmente desde cada ojo hasta 
el borde posterior de la eminencia mastoidea, que forma 
relieve sobre la depresión del cuello. El hocico es alto y 



24 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

truncado ; la placa facial, perfectamente trianiiiilar. Las na- 
rices, muy salientes, se abren hacia arriba en el borde del 
ángulo agudo de la cabeza. Las fóselas lacrimales, enormes 
y profundas, están adelante de unos ojos redondos con 
pupilas verticales, cubiertos por encima con una placa en 
forma de óvalo, parecida á un párpado acanalado en su 
mayor diámetro. La boca profundamente hendida, tiene 
6 centímetros del hocico á la comisura labial, y oculta dos 
colmillos acerados, de 2 1/2 centímetros de largo. Debajo 
del maxilar inferior, una hendidura media, bastante pro- 
funda, divide á éste en dos quijadas, cuya superficie triangu- 
lar está cubierta de escamas blancas, lisas, ovales, que 
semejan el tejido ordinario de la paja en un sombrero de 
Suaza ó de Panamá. Los escudos ventrales son igualmente 
blancos, y la cola, ciniica, termina por un aguij(')n en forma 
de uña. 

A este ofidio se refieren las leyendas más singulares, con- 
tadas por los que han viajado en los Choc()es. A])unda en lo& 
bosques, en donde se la oye gritar con sonidos semejantes 
al cacareo de la gallina. Se introduce á viva fuerza en las 
canoas de los bo^as; ronca durante el día cuando duerme 
envuelta en espirales; acecha al viajero en los caminos; 
golpea con el aguijón de la cola las raíces de los árboles, 
para asegurarse y levantarse enhiesta como una vara y 
medir el tiro á una distancia tan larga como es su cuerpo, 
de donde trae con fuerza formidable á la víctima. Un hombre 
cargado con su fardo, una muía con su carga, lian caído á 
la violencia de su tracción. Se dice que una vez que el 
viajero se ha puesto dentro de su radio de acción, la ser- 
piente y el hombre quedan cara á cara, resolviendo el pro- 
blema de la vida ó de la muerte. Si el hombre no tiene arma 
en la mano, debe resolverse á extrangular al monstruo, 
empuñándolo con fuerza atlética por la garganta, y cual otro 



DKL CAICA. 2S 

Laoconte, sostenei- sus mieml)ros oprimidos cnire las espi- 
rales del ofidio, que no larda en envolverse, hasta que se 
le obligue ií atlojar los anillos. En todo esto puede liaber 
algún fondo de verdad; pero también mucho de fantástico y 
de maravilloso. 

Llegamos ahora al estudio de nuevas especies, separadas 
por el Profesor Andrés Posada Arango del género botrops, 
para formar el nuevo género thanatophis cuyos caracteres ya 
dejamos anotados Caben en este género muchas especies 
desconocidas hasta hoy por los naturalistas de Europa. 



La Veinticuatro del Cauca. 

[Thanatophis paloqiiillti, de l^osada Arango). 

« Serpiente de pequeña talla, 30 á 40 centímetros de largo 
y como 12 milímetros de diámetro; de cola aguda, igual á 
1/H de la longitud total. Su cabeza es mucho más ancha que 
el cuello, triangular, plana, pero levantada en el hocico por 
tener la placa rostral más alta que ancha. Las escamas cefá- 
licas son imbricadas y aquilladas, como las del cuerpo; las 
placas supra-oculares simples y lisas, las nasales dobles; las 
fosetas lacrimales bien marcadas, i^or encima es de color 
bruno ó moreno con manchas oscuras y poco aparentes; los 
costados y el vientre son blanquecinos, pero salpicados de 
manchitas negruzcas, que le dan un aspecto porfiroide. Las 
escamas del dorso están dispuestas en 17 ó 18 series » 

Habita las regiones bajas del Departamento de Anlioquia, 
en donde se le conoce con el nombre de patoquilla, y en el 
Cauca, en las montañas del valle del Salado y á orillas del 
río Dagua, en donde la designan con el nombre de veind- 



26 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

cuatro^ porque, dicen, causa la muerte veinticuatro horas 
después de la mordedura. 



La Hilván. 

{Thanatophis siiliis, de Posada Arango). 

Esta serpezuela llama la atención porque á lo largo del 
dorso, sobre el cuerpo comprimido, presenta una sutura 
saliente, especie de hilván blanco que divide el dorso en dos 
mitades laterales ; y porque tiene el hocico prolongado hacia 
arriba, en punta blanda, cónica y cubierta de escamitas. 

De tres individuos que hemos reunido, el más grande 
mide 30 centímetros de largo y 5 centímetros de circunfe- 
rencia. El cuerpo es comprimido, prismático y de color 
gris oscuro; presenta por encima, á lo largo del dorso, una 
especie de m/e saliente. Á cada lado del rafe blanco, existe 
una serie de puntos del mismo color con los rebordes negros, 
alternando los de un lado con los del lado opuesto. La cola 
tiene 3 centímetros de longitud, con urostegos uniseriados; 
el vientre es de color gris pálido, con puntos morenos. La 
cabeza, triangular y con el hocico levantado y puntiagudo, 
recuerda por su aspecto la de la víbora amodita ; las placas 
supra-oculares son lisas y cubren por el borde externo los 
ojos sobresalientes. Las narices y las fóselas se observan 
fácilmente. Las escamas de la cabeza, así como las del 
cuerpo, son aquilladas é imbricadas. 

Habita en las montañas de San Antonio y del Dagua, en 
el Departamento del Cauca, y en Antioquia, en el Distrito 
de Zea. Esta especie, lo mismo que la anterior, se oculta 
fácilmente entre las hojas secas del suelo, queda inadvertida, 
y muerde en el pie ó en el tobillo. 



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La Colgadora..... . Thanatophis colgadora. 



LA COLGADORA 



DEL CAUCA. -27 

La Colgadera del Cauca. 

' {Tftanatophis cnlgainra, de E. García). 

Otra especie, nueva en nuestro concepto, es una serpiente 
verde, muy particular en su conformación y en sus hábitos, 
que se cría en la cordillera Occidental de los Andes, en 
Calima, en Dapa, en San Antonio y en otros sitios de das 
montañas del Cauca. Los naturales la designan con el nom- 
bre de colgadora; porque se suspende por la cola de las 
ramas de los árboles, se balancea en el aire, y en esta posi- 
ción se arma cuando siente al hombre. 

Esta serpiente, de color verde azulado, es de aspecto ho- 
rroroso; porque las escamas, aquilladas é imbricadas, desde 
la cabeza hasta la cola, son relativamente grandes y erguidas. 
La cabeza, triangular y aplastada, mide 38 milímetros del 
vértice al borde cervical, y presenta en la parte media 
posterior una canal formada por dos eminencias mastoideas 
sobresalientes. El hocico, muv aplanado, presenta la placa 
facial más ancha que alta ; las aberturas de las narices, 
notables, y las fóselas, profundas, adelante y hacia abajo 
de ios ojos redondos. Estos ofrecen en el borde superior 
unas espinas ó escamas erizadas que limitan el lado externo 
de las placas supra- oculares, que son lisas. Por debajo de las 
mandíbulas, las escamas, de color blanco amarilloso y lisas, 
están separadas en la parte media por una depresión tan 
profunda, que toman el aspecto de verdaderas quijadas. El 
cuello es delgado en relación con la cabeza, muy compri- 
mido y parece prismático, lo mismo que el resto del cuerpo, 
el cual mide 75 centímetros de longitud. La cola parte de 
una depresión notable, tiene 8 centímetros de longitud 
y es p}'ehe?isíl como la del motio. Las escamas anchas del 



28 LOS OFIDIOS VENENr>SOS 

vientre, de color uniforme verde amarilloso, terminan en 
una sola hilera de la cola. 

La colgadora es muy irascible, acude al golpe del machete 
sobre el tronco, enrolla la cola en las ramas y ofende al 
pasajero. Pira alto como dicen los montañeses; rara vez 
anda por el suelo; permanece en la copa de los árboles; 
duerme entre las ramas; se nutre de insectos y de ranas, y 
sorprende á los pajaritos en su nido. Su veneno no es tau 
activo como pudiera temerse. 



La CascabeL — Boiquira. 

[Crotahis horridus de Linneo). 

Aun cuando no hemos encontrado esta serpiente en el 
Departamento del Cauca, daremos una descripción de ella, 
por ser el tipo de la familia de las Crotnlidas y porque habita 
en el vecino Departamento del Tolima y en otras secciones 
de Colombia. 

Como lo indica su nombre, la cascabel se distingue ])or la 
presencia en la cola de unas cápsulas córneas embutidas 
unas en otras, cuyo número aumenta con la edad, y produce 
al moverse un sonido semejante al de los fríjoles contenidos 
en las vainas secas. Este sonido especial advierte al hombre 
y á los animales la presencia del oíidio. La cascabel habita 
lugares secos, pedregosos y calientes, en las orillas de los 
arroyos y de los caminos, á donde vienen los animalillos que 
ella atisba para tragárselos. El ganado vacuno, que se cuida 
poco de los hotrops^ se relira de las laderas secas en donde 
abunda este reptil, á la caída de la tarde, hora en que 
empieza la cacería de las serpientes. El más teri'ible de los 
solenoglifos, la cascabel., no existe en el valle del Cauca, no 



DEL CAUCA. 29 

«abemos si se encuentra en el Chocó, pero abunda en el 
Tolinia y en la hoya del Ma^^dalena. 

Pertenece al i^énero de las crol.nUda.s^ caracterizado por la 
presencia de placas sobre la parte anterior de la cabeza, la 
cual está cubierta de pequeñas escamas aqu ¡Hadas, notables 
por los cascabeles en la extremidad de la cola. Su tamaño es 
hasta de 2 metros, y su picadura, fatalmente mortal. La 
cascabel de la América del Sur, es conocida también con el 
nombre de l)u¡qnira. 

Un amigo nuestro, que ha vivido en hacienda de la Cordi- 
llera, nos contaba que cuando se divertía haciendo sonar el 
clarinete <> la llanta durante las primeras horas de la noche, 
algunas culebras invadían con frecuencia su pieza de habi- 
tación. Se dice que los ofidios no son insensibles á los soni- 
dos de la música. AP. de Chateaubriand se expresa á este 
respecto de la manera siguiente : 

<t En el mes de Julio de 1791 viajábamos en el alto Canadá, 
con algunas familias salvajes de la nación de los Ounotrag- 
nes. Un día que nos detuvimos en una pradera á orillas 
del río Genedí, una serpiente cascabel penetró en nuestro 
campamento. Había entre nosotros un Canadense que tocaba 
la flauta y quiso divertirnos con su arma de nueva especie. 
Al aproximarse al soberbio reptil, formó de repente una 
espiral, aplanó la cabeza, infló las mejillas, contrajo los 
labios, mostró los colmillos envenenados y la garganta 
enrojecida. La lengua horquillada se movía rápidamente 
afuera; los ojos brillaban como carbones encendidos; el 
cuerpo inflado de rabia subía y bajaba como un fuelle; la 
piel se veía erizada de escamas; la cola daba sonido siniestro, 
oscilando con la rapidez de un ligero vapor. Entonces el Cana- 
dense comenzó á tocar la flauta; la serpiente hizo un movi- 
miento de sorpresa, retiró la testa hacia atrás y cerró poco 
á poco la garganta inflamada. Á medida que el efecto mágico 



30 LOS OFIDIOS \'ENENOSOS 

la fascina, los ojos pierden la fiereza, las vibraciones de la 
cola cesan y el ruido que hacía oir, se disminuye y mueve 
por grados. Menos perpendiculares sobre la línea espiral las 
roscas de la serpiente se ensanclian, y unas tras otras caen 
en tierra en círculos concéntricos; las escamas de la piel se 
bajan y Loman su brillo natural; vuelve ligeramente la 
cabeza, y permanece inmóvil en actitud de atención y de 
placer. En esos momentos el Canadense se retira tocando la 
flauta con sonidos lentos y monótonos; el reptil baja el 
cuello, separa las yerbas con la cabeza, y sigue serpeando 
los pasos del músico que la seduce, deteniéndose cuando 
aquél se detiene y siguiéndole cuando se aleja. Así fué 
conducida fuera de nuestro campamento en medio de una 
multitud de espectadores que apenas creían lo que estaban 
viendo, n 



Equis Rabo de chucha (1) del Cauca. 

{Lachesis imitus). 

Esta especie de serpientes venenosas habita de preferencia 
en las lomas secas y pedregosas del Cauca. Se distingue por 
la cola (desnuda de escamas 2 ó 3 centímetros antes de la 
terminación) que es de color blanco amarilloso. El nombre 
vulgar proviene de que se compara la extremidad blanca de 
la cola, con la de un marsupial rapaz, didelfo de América, 
que hace carnicería en las aves de corral durante la noche. 
Esta serpiente, de color castaño con sombi'as grises, no pasa 
de 75 centímetros de longitud, y presenta además todos los 
otros caracteres de los Botró/idos. 

Tenemos en nuestra colección una serpecilla de 30 centí- 

(1) Chucha 011 el Cauca y AnUoquia. Runcho en Cvmdinamarca. Sarigues 
en Francia. 



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DEL CAUCA. 31 

metros de longitud, de color i;ris pálido, mosqueada con 
puntos redondos morenos en el dorso, semejantes á los 
puntos negros que marcan la superíicie de los dados. La cola 
es cilindrica, blanca y desprovista de escamas desde 3 cen- 
tímetros antes de su terminación. La punta es rugosa ó 
espinosa. 

En la cabeza, las escamitas aquilladas grises, forman en 
el fondo de las escamas morenas una cruz griega suspendida 
de un cordón de rosario. Una línea morena parte de los 
ojos y va á la comisura posterior de los labios. Los ojos, 
redondos, de color blanco, están cubiertos por encima con 
la placa supra-ocular oval de color gris; el liocico, muy 
levantado, preséntala placa facial acanalada en su longitud; 
á los lados del bocico se ven las aberturas nasales y las pro- 
fundas fosetas lacrimales. Los colmillos venenosos son muy 
visibles V tienen un centímetro de longitud. 

Habita en las montañas del Dagua. La designaremos con 
el nombre de Lachesis ¡lunctatirs. 



Serpientes corales. 

Existen variedades del género Elaps^ en el valle y en las 
cordilleras del Cauca. 

Notables en lo general por la coloración de rojo subido, 
interrumpido por anillos negros, alternados con otros de 
color verde blanquizco, las corales, consideradas por algunos 
como inofensivas, por otros como serpientes temibles, están 
boy clasificadas entre los ofidios que poseen un aparato 
venenoso, con colmillos en la parte posterior de la boca. La 
cabeza, que es aplastada, la tienen cubierta de grandes placas 
poligonales, una anterior y dos posteriores; se conexiona 
insensiblemente con el cuerpo, que es de grosor casi igual al 
de la cabeza, tapizado de escamas lisas y oblongas; la cola 



32 LOS OKIDIOS VENENOSOS 

es corta, obtusa, casi del mismo grosor que el cuerpo y 
tiene las escamas inferiores colocadas en doble fila. La boca 
-es pequeña, con los maxilares poco dilatables, y los colmillos, 
recorridos por un conducto microscópico, están situados 
-atrás, en el maxilar superior, lo que les impide inocular 
fácilmente el veneno. Sin embargo, se citan casos de acci- 
dentes y aun de muerte producidas por la mordedura de la 
coral. Su cuerpo, pequeño en las especies que habitan la 
montaña, adquiere proporciones más grandes en las de las 
selvas del valle. Se nutre de insectos, de ranas, de sapos y 
lagartos pequeños, y se oculta en las grietas de la tierra. 

Las especies más comunes en el Cauca, son : la coral del 
ralle (Elaps coraUhim) de Merren, que tiene color de ber- 
mellón, con anillos negros, alternados con verdosos blan- 
quizcos. Alcanza poco más de un metro de longitud. 

La coral cabeza de rhorho [Cnhiher formo.sii.s de ^^'iedl con 
^1 cuerpo negro en la parte superior, anillado, de color verde 
amarilloso, y de color rojo en los dos tercios posteriores, 
con los mismos anillos verde amarillosos. Las placas de la 
cabeza son rojas y negras, parecidas en el color al fruto del 
chocho ó jequiriqui [Abras precatorins de Wild). Habita en 
Calima, en Dapa y en la cordillera Occidental. 

Otra roral [Colaber venasímhnus de Wied) tiene el cuerpo 
rojo pálido, con anillos negros, dobles, separados por fajas 
verdoso-blanquizcas. La cabeza es pequeña, negra y con 
placas verdoso-blanquizcas aterciopeladas. 

Elaps marcgravii (Wied). Culebra coral de tres anillos, 
culebra de ponzoña de Mocoa. 

Culebra de cuerpo cilindrico, que tienen una longitud de 
82 centímetros y cuya cola termina en aguijón. La cabeza, 
•casi del mismo grosor que el resto del cuerpo, tiene nueve 
placas encima, distribuidas así : dos pequeñas nasales, dos 



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DEL CAUCA. 33 

rniís grandes situados atrás, tres en otra hilera posterior, la 
placa del medio, más grande que las laterales, en cuyo borde 
externo están los ojos, y dos posteriores largas, de forma 
cónica. A jiartir de la cabeza, que es de color negro, limitadn 
en el cuello por un anillo rojo, siguen tres fajas negras, 
anchas de \ centímetros, separadas por dos anillos angostos 
de color blanco, y en seguida otra faja roja. La boca, poco 
extensible, tiene un pequeño colmillo venenoso á cada lado 
del maxihir superior. 

Esta culebra fué remitida por el señor D. Alejandro Quin- 
tero, Prefecto del Caquetá, residente en Mocoa, junto con 
otra coral de 30 centímetros de longitud, con anillos rojos y 
negros alternados unos con otros. La cola termina en un 
aguijón agudo, en el cual no hemos encontrado ningún con- 
ducto ó canal visible al examinarlo por medio de fuertes 
lentes de aumento 

Sin embargo, el Sr. Prefecto se expresa de esta ma- 
nera : 

« Me dicen los Indios que el veneno de la pequeña mata 
velozmente; que un individuo picado con el aguijón, no 
alcanza á vivir una hora; á veces pica con la boca, pero no 
produce efecto alguno esa picadura. Mi padre refería que en 
el año de 18G0, cuando estuvo de Prefecto aquí, conoció en 
el istmo de Bermeja la coral de ponzoña, diciéndonos que 
quiso coger una que encontró en el camino ; pero uno de los 
indios que le acompañaban á pesar del respeto que le tenía, 
al verle que iba á apoderarse de la culebra, le hizo caer para 
atrás, advirtiéndole que esa culebra tenía ponzoña. Demos- 
traron su aserción poniendo al alcance de la culebra aprisio- 
nada un palo podrido en el cual introducía el aguijón, y al 
acercarle la hoja de un cuchillo se oía el retint'ni que pro- 
ducían los golpes del aguijón. Según los informes que he 
podido recoger, la coral de ponzoña tira saetazos con su 



34 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

aguijón de la cola y con una celeridad semejante á la de una 
aguja de la máquina de coser. » 

Sería muy notable que hubiese ofidios 'con ponzoña en la 
cola. El argumento de que, aprisionada, haga punzadas con 
el aguijíhi, no tiene valor ])ara probar que tenga veneno en 
la cola. Fuera necesario observar los efectos del veneno en 
un animal vivo, y ver si realmente lo instila con el aguijón. 
Macerados como están los ejemplares que hemos recibido, 
no hemos logrado descubrir conducto en el aguijón con que 
termina la cola. 

El bolrox atrox del valle, tiene también aguijón en la cola, 
pica con él la vara cuando se la aprisiona del cuello con una 
horqueta, pero no tiene veneno ó ponzoña en la cola. Creemos 
que sucede lo mismo con la coral de Mocoa, no obstante la 
afirmación de los indígenas. Se necesitan por lo menos obser- 
vaciones minuciosas para dar crédito á un hecho lan nota- 
ble en ofiología. 

Las serpientes no se sustraen de la ley general que rige á 
los animales en la lucha por la vida sobre la haz de la tierra. 
Tanto especies que nacen armadas para el ataque, como las 
que vienen al mundo inermes para la defensa, desempeñan 
papel importante en la guerra de destrucción que existe entre 
unas y otras. No hay enemigo pequeño. 

El hombre tiene numerosos auxiliares que le ayudan á 
desembarazarse de huéspedes tan peligrosos. El cerdo es un 
excelente compañero de colonización para facilitar las pri- 
meras plantaciones en los bosques ó montañas vírgenes 
infestados por los ofidios. Es el único cuadrúpedo que no le 
teme á la víbora : se abalanza sobre ella aun cuando esté 
preparada para herir; recibe sin cuidado el golpe sobre la 
capa grasosa que protege el cuello; eriza las cerdas duiante 
la lucha, para aprisionarla con las pezuñas de las patas, y 



Pa^. 32. 



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DEL CAUCA. 3o 

las masca dundo gruñidos de saLisfaccióii. Dicen los campe- 
sinos que el puerco se pone nir'io meses después, cuando las 
serpientes lo han mordido. 

El gato cuida de la habitación del montañés y persigue con 
tenacidad las culebras venenosas. Eriza los pelos del cuerpo, 
se enarca, se estira, salta á uno y otro lado de la serpiente 
armada, la burla con el copo de la cola, que le presenta para 
que muerda en falso, la hiere con destreza y al íin la obliga 
á huir. 

Hay unos insectos pequeños, numerosos y feroces en el 
ataque : son las hormigas carniceras ó cazadoras. Formadas en 
legiones invaden las casas por todos los costados; marchan 
desplegadas en guerrillas; rondan los huecos de las paredes 
y las grietas de los entablados, y acaban con los grillos, los 
alacranes y demás musarañas que invaden las habitaciones. 
Algunas veces desalojan de su guarida á las serpientes, las 
que se azotan contra el suelo, desesperadas por las picadu- 
ras de aquellos insectos. 

El úijuUa ^ el (jaiúlán, la yualdicia^ el guaco y otras aves 
rapaces, dan caza á las serpientes. Cuando se queman los 
pajonales de las lomas, se observa que alrededor de la 
columna de humo, se cierne en el espacio, á pesar de la 
fuerza del huracán, un par de águilas cazadoras. Un día 
vimos una que descendió veloz, en línea recta, como la 
varilla de un cohete, tocó contra la tierra y se levantó de 
nuevo en espirales, llevando entre sus garras una culebra 
que se retorcía en los aires. Con frecuencia nos ha sucedido 
en las excursiones por las montañas, dejar colgado de alguna 
rama el cadáver de una serpiente, para recogerlo á nuestro 
regreso, y no encontrar después señales del ofidio : el gavi- 
lán se lo había atrapado. 

El Serpentario coposo de la Martinica hace guerra empe- 
cinada á la serpiente ñerro de lanza de la Isla. INada tan 



36 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

curioso como la lucha de un Serpentario con una serpiente. 
El reptil atacado se detiene, se endereza contra el enemigo, 
infla el cuello y da señales de cólera con silbidos agudos. 
« En este momento, dice Levaillant, el pájaro de presa des- 
pliega el ala y la pone por delante, como un escudo que le 
cubre las patas y la parte inferior del cuerpo. La serpiente 
ataca; el pájaro salta atrás, y vuelve al combate presen- 
tando siempre al diente venenoso de su adversario la extre- 
midad del ala, hasta que se agota el veneno en las plumas 
insensibles. Entonces el ave da golpes vigorosos con el ala 
opuesta, aturde á la serpiente, la arroja al aire con destreza 
repetidas veces, la mata á picotazos y la devora después de 
muerta. » 

Las culebras mismas se comen unas á otras. Ya hemos 
citado como ejemplo de ofidofagía, el hecho, generalmente 
admitido entre los campesinos, de que las víboras devoran á 
los viboreznos. 

Nuestro colega el D' Alfredo Garcés, que habitó durante 
su infancia en (lalima, hacienda situada en la cordillera 
Occidental de los Andes, ha tenido la complacencia de sumi- 
nistrarnos datos sobre los ofidios y sus costumbres; y nos 
ha referido haber visto una culebra sabanera^ de color gris 
plomizo en el dorso, y amarillo pálido en el vientre [Cohibci- 
pUanbeus) que se había tragado á oVyü pelo de gato hasta la 
mitad del cuerpo, empezando la ofidofagía por la cabeza. 

El hombre mejora las dehesas en las lomas vecinas á la 
montana, poniéndoles fuego á los pajonales durante los 
veranos, y prepara de la misma manera las siembras en las 
rocerías del valle. Con esta operación limpia el terreno de 
malezas y mata un gran número de serpientes, tanto más 
cuanto que el botrops se bate pertinaz contra las llamas del 
fuego y al fin se quema en el puesto. 



DEL CAUCA. 37 

Dicen los que tienen hatos de ganado en la cordillera, que 
el vaho de las vacas ahuyenta las víboras. Se comprende 
que la crianza de ganado en número suficiente, empradiza las 
lomas y deja á las víboras en campo abierto, expuestas al 
alaque de sus enemigos. (Uiando las vacadas descienden en 
tropel portas veredas de las montañas, maltratan, aplastan y 
á veces matan á las serpientes que encuentran en el camino. 

No terminaremos este capítulo, sin relatar algunas de las 
creencias populares esparcidas en todo el mundo con rela- 
ción á las serpientes venenosas. 

El vulgo, inclinado siempre á lo maravilloso, acepta como 
verdades incontrovertibles las impresiones de los sentidos, 
por absurdos que parezcan los hechos mal observados. Basta 
la coincidencia de los fenómenos, para admitir entre ellos rela- 
ciones de causas invariables. El hombre pensador comienza 
por dudar de los hechos é investiga la verdad por medio 
del estudio, la observación y la experimentación; el vulgo 
comienza por creer las relaciones fantásticas, de un modo 
tan obstinado, que en ocasiones es mejor no discutir con él. 

Afírmase que si á un individuo mordido por la serpiente 
venenosa se le acerca una mujer en gestación, el estado del 
enfermo se agrava y Ids síntomas fatales reaparecen. Hemos 
oído asegurar á hombres, por otra parte instruidos, que la 
víbora se aturde y en ocasiones se muere en presencia de 
una mujer en cinta. Por el contrario, nosotros hemos visto 
mujeres en ese estado, que han sido víctimas de las morde- 
duras de víboras. 

La creencia de que la lepra griega se cura con mordeduras 
de serpientes, ha costado la vida á las personas que se han 
sometido á la prueba. Tal sucedió con un leproso de Río 
Janeiro, que murió cuatro horas después de haberse some- 
tido voluntariamente d la mordedura de una cascabel irri- 
tada. En el Puente del Cauca, cerca de Popayán, una mujer 



38 LOS OFIDIOS VENENOS(^S DEL CAUCA, 

elefancíaca murió á consecuencia de mordeduras hechas por 
un botrops enfurecido (1). Si el veneno de las serpientes 
pudiera servir para curar aquella enfermedad, tan peligrosa 
experimentación debiera hacerse con cautela y por manos 
hábiles. 

Muchos individuos creen, que al sentirse mordidos del 
ofidio, basta lanzarle una mirada airada, llena de furor y de 
rabia, para que el reptil muera en el puesto. 

En cuanto á los curanderos y encantadores de culebras, 
las historias se repiten sin cesar. Juegan con las víboras, 
aún con las más temibles; las hacen bailar; las envuelven en 
el cuello; las magnetizan; las tornan inofensivas; se hacen 
inmunes con el jugo de las plantas, con la hiél de víboras, ó 
se cree gozan de una disposición especial que los vuelve 
invulnerables, por medio de secretos misteriosos. 

Es verdad que los curanderos del país juegan con las cule- 
bras, y las llevan en la copa del sombrero ó enrolladas en 
los brazos. La gente se reúne alrededor de ellos durante la 
función y los supone dotados de poderes sobrenaturales para 
domar las serpientes. 

El buen sentido aconseja estudiar los medios naturales de 
que se valen, antes de caer en las supercherías de los juglares. 
Las culebras inofensivas se domestican, y pueden jugar con 
ellas las personas que las manejan sin terror. Un poco de 
audacia hace prácticos á algunos individuos para apretar del 
cuello las serpientes venenosas, sin que esto impida verlos 
en ocasiones mordidos por el ofidio. Conviene sabor que 
los juglares del Brasil extraen los colmillos de los bnlrojis 
antes de dar su función, y que los encantadores de la India 
agotan cada día el veneno de la naja, forzándola á morder 
muchas veces un objeto. 

(1) Bolclin de Medicina del Cauca. N» 47, Febrero do 1801. 



CAPÍTULO 111. 



Deniiición del veneno de las serpientes. — De.^cr¡pc¡()n del aparato venenoso. 
— Síntomas producidos por la mordedura de los ofidios. — Dolencias 
consecutivas en las personas que experimentan el accidente de las morde- 
duras. — Efectos variables del veneno en circunstancias especiales. — 
Efectos en los animales de sangre fría. — Principios activos del veneno 
en la sangre de las culebras. Inmunización contra el veneno de los oli- 
dios. — Lesiones macroscópicas de los órganos. — Efectos sobre la masa 
sanguínea. — Diferencia en el modo de obrar entre los alcaloides vege- 
tales, los virus y el veneno de los ofidios. — Semejanza entre los síntomas 
de la liebre amarilla y los accidentes producidos por el veneno de los 
ofidios. — Diagnóstico difei-encial entre la picadura de un ofidio y la de 
otros animales ponzoñosos. 



El veneno de las serpientes es un líquido de consistencia 
gomosa, de color amarillo de ámbar, inodoro, neutro, solu- 
ble en el agua, á la cual le comunica su coloración amarilla, 
pero insoluble en el alcohol y en el éter. Según Fontana, in- 
trépido experimentador con el veneno de las víboras, produce 
en la lengua la impresión de una sustancia ligeramente 
astringente. Cuando se evapora en una cápsida, forma capa 
seca, brillante y hendida en varias direcciones, como sucede 
con una superficie barnizada. Este residuo de la evaporación, 
se vuelve á disolver en el agua, le da la coloración amarilla 
y conserva la actividad del veneno. Si se le carboniza, deja 
un olor ligero de cuerno quemado. El aparato venenoso se 
compone de tres partes, á saber las glándulas secretantes, 
las ranales membranosos, y los colmillos huecos ó canalizados. 

Las gl'íudulas son los órganos destinados á la producción 



40 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

del veneno. Están situadas en los lados de la cabeza y atrás 
de las órbitas, rodeadas por fibras musculares y envueltas 
por una aponeurosis; tienen la forma y el volumen variable, 
según el tamaño de la serpiente, desde un guisante hasta 
una haba pequeña, y su color es amarillo pálido. Su textura 
se compone de granos en racimo, situados como barba de 
pluma á lo largo de pequeños canales que se van reuniendo 
para formar el canal excretor. 

El riinal membranoso comunica la glándula con la raí/ 
del colmillo hueco ó canalizado. Presenta antes de penetrar 
en el conducto del comillo una expansión que hace las veces 
de vejiga, para el depósito del líquido venenoso. 

Lo.v roltiüllos, corvos y agudos, están recorridos por un 
canal ó conducto, desde la base hasta el vértice. Cerca de la 
I)unta, en la cara convexa anterior, se presenta una abertura 
elíptica, semejante al ojo de una aguja de las que sirven 
para inyección hipodérmica. En número de dos, sólidamente 
implantados, uno en cada lado del maxilar superior, se 
doblan en el estado de reposo contra el paladar, ocultos por 
un repliegue de la mucosa. J\o se limitan á dos los colmillos 
de las serpientes : varían de tres á cinco en cada lado, pero 
en diversos grados de desarrollo : unos de 2 ó más centí- 
metros de longitud, son las armas en ejercicio; otros en 
reserva, para entrar en función, están más ó menos des- 
envueltos y ocultos esperando la caída de los anteriores. 

Imposible es imaginar aparato mecánico mejor combinado 
para inocular el veneno. Ya hemos visto cíhiio se prepara el 
ofidio para morder cuando se enfurece ; cómo desenvaina y 
dispone los colmillos y cómo muerde, hundiéndolos en los 
tejidos, con la fuerza de un resorte, y depositando en el 
interior el líquido mortal. 

El veneno de los ofidios es una saliva tóxica cuando se 
introduce en el torrente circulatorio de los animales; pero, 



DEL CAICA. 4í 

¡cosa singular! se jíiiodo tragar impunemente, sin que pro- 
duzca efectos do veneno en contacto con las mucosas sanas. 
Sirve además al reptil, como jugo digestivo, para disolver 
las carnes y sustancias álbum inoideas que forman su nutri- 
ción. 

Raras son las ocasiones que se presentan en el Cauca de 
asistir á las personas que padecen los accidentes consecuti- 
vos á la mordedura de los ofidios venenosos. Los casos no 
son tan comunes como se pudiera creer, en vista del número 
considerable de serpientes que existen en montañas y en 
bosques; y menos si se tiene en cuenta que las personas 
ofendidas solicitan preferentemente la asistencia de los 
curanderos, más bien que la de los médicos graduados. 

Nosotros podemos, sin embargo, dar una descripciún mi- 
nuciosa de los síntomas que se notan en el bombre á conse- 
cuencia de la mordedura de una serpiente venenosa; porque 
en los últimos años liemos asistido á algunos enfermos 
emponzoñados por el reptil y liemos podido reunir muchas 
observaciones suministradas por personas instruidas y dignas 
de todo crédito. 

Las mordeduras de ofidios venenosos se presentan con más 
frecuencia en los peones empleados en la recolección del 
café, fruto que se produce de excelente calidad en los climas 
templados de las montañas en que abundan tales reptiles; 
en los cazadores y viajeros que en esos sitios se exponen á 
las picaduras de los dn/ro/js y de las cnifjndoras ; en los tra- 
bajadores del valle cuando limpian las plantaciones de caña 
de azúcar ó los cauces de los ríos donde habitan las equis ó 
hotrops rhomboaius, y en los obreros del camino de Buena- 
ventura, porque en las regiones calientes del llagua abun- 
dan las lIianntoph¡s\ las lachesis y las verrugosas. 

Las partes del cuerpo más expuestas á la picadura de las 



42 LOS OFIDIOS \ ENENOSOS 

víboras son los pies, las manos, las piernas y los antebrazos. 
Hará vez el reptil alcanza el muslo ó el tronco. La verrugosa 
y la colgadora pican alto : en la cabeza, en el cuello, en el 
pecho y en los brazos. 

El hombre siente con espanto la especie de latigazo de la 
serpiente que al descuido lo ha atacado : lo que sucede rara 
vez; porque en la mayoría de los casos, la presencia del 
reptil no escapa á la mirada escudriñadora del caminante, 
y « Serpiente vista, serpiente muerta », dice un adagio de 
la Martinica. 

Los accidentes tienen lugar en las personas que tropiezan 
en los campos ó montañas con el reptil que está en acecho. 
Al sentir al hombre huye asustado y se arma en un punto 
poco lejano, donde, si aquél lo ve, desvía con facilidad; pero 
si no lo ve y desgraciadamente sigue el mismo camino, es 
mordido en las piernas. Los zapadores, los que cogen el 
café, los niños que andan en la montaña en busca de nidos 
de pájaros, los jornaleros que recogen paja en las lomas, 
padecen las mordeduras en las manos. Los viajeros que, 
olvidando los hábitos de cacería nocturna de los ofidios, 
pasan por las veredas á la caída de la tarde, y los que no 
inspeccionan los baños en las corrientes de agua de las mon- 
tañas, son mordidos en los pies. En fin, los que talan los 
bosques tupidos y los que no examinan con la luz las camas 
en los ranchos de las montañas, pueden ser mordidos en 
diferentes partes del cuerpo. 

Entonces lo que llama la atención, lo que hace volver la 
mirada llena de angustia, es el dolor producido por una 
espina que lia atravesado las carnes, sensación que en lo 
general coincide con la vista del reptil que acaba de morder. 
Si el terror no hace huir en seguida al ofendido, tiene éste 
tiempo de matar á la serpiente, antes de que vengan los 
síntomas consecutivos á la mordedura, de llamar compañeros 



di:l caica. 43 

en su auxilio ó de buscar recurso en la habitación cercana 
al lugar del accidente. Casi jamás sobrevienen el aturdimiento, 
el síncope y la muerte en el acto del suceso. Sería necesario 
que el ofidio introdujese gran cantidad del veneno directa- 
mente en una vena gruesa. 

El dolor de la mordedura venenosa, lejos de aliviar, 
aumenta más y más, se extiende á las partes vecinas y se 
acompaña de punzadas penosas. Las heridas dejan salir dos 
gotas de sangre : las partes adyacentes á éstas, se hinchan ; 
poco á poco una aréola amoratada y edematosa rodea á las 
primeras, y los miembros se entorpecen. Estas perturba- 
ciones locales vienen seguidas de otras de carácter reflejo, 
que inician la escena alarmante de síntomas generales, como 
son ansiedad, palpitaciones del corazón, oscuridad de la vista, 
vómitos, abatimiento y debilidad de las fuerzas. 

Bien prontO;, dos ó tres horas después, la hinchazón au- 
menta en todo el miembro mordido; el color lívido de la 
piel se ofrece con manchas pálidas que le dan aspecto jas- 
peado; aparecen ampollas alrededor de la mordedura; se ven 
verdaderas flictenas llenas de serosidad sanguinolenta debajo 
de la epidermis; hay edema en la piel y fuertes dolores en 
las articulaciones vecinas. Los fenómenos locales consecu- 
tivos á la mordedura de las serpientes, tienen de particular 
ó característico, que se acompañan de descenso notable de 
la temperatura, de modo que no corresponden á una reac- 
ción inflamatoria, con aumento de calor, como sucede en 
las lesiones traumáticas de otro orden. 

Á medida que se pronuncian los fenómenos locales pro- 
ducidos por la acción del veneno sobre los tejidos, aparecen 
los generales que coexisten con la reabsorción del veneno 
por la sangre, la cual reabsorción se manifiesta con cefalal- 
gia frontal intensa y coloración amarilla de la piel y de las 



44 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

conjuntivas. El pulso, acelerado al principio, ahora es lento, 
intermitente y débil y acompañado de frialdad en las extre- 
midades. La respiración se torna anhelosa y fatií^ante. Los 
vómitos de bilis ceden el puesto á los sanguinolentos more- 
nos; la sed es insaciable; el semblante se pone pálido; hay 
sudores abundantes, y miedo especial á la muerte, se apodera 
del paciento, unido á depresión del espíritu y de las fuerzas. 

Después aparecen congestiones do los órganos internos, 
que se revelan por esputos sanguinolentos respecto del pul- 
món, y por aumento de volumen respecto del hígado y del 
bazo, los cuales son dolorosos á la presión. En uno de nues- 
tros enfermos, el volumen del bazo era tan notable que 
formaba un cono en el hipocondrio izquierdo. Hemorragias 
pasivas aparecen en los tegumentos externo é interno ; vense 
manchas purpurinas en la ])iel y grandes flictenas de sero- 
sidad sanguinolenta en las axilas, en los brazos y en el 
pecho; hay pérdidas de sangre por las encías, epistaxis y en 
ocasiones lágrimas rosadas y vómitos de sangre. 

La hematuria en el hombre v las metrorragias en las 
mujeres son tan abundantes, que preocupan sobre manera 
á los pacientes, (luando la terminaciíui ha de ser fatal, la 
frialdad del cuerpo aumenta; el pulso es sólo de i8 pulsa- 
ciones por minuto; hay síncopes por intermitencias en los 
latidos del corazón, convulsiones, sul)delirio, coma ])ro- 
fundo, que se termina por la muerte, la cual sobreviene seis 
ó siete días después de la inoculaci('>n del veneno. 

Pocas veces acontece la muerte en un plazo más breve, 
salvo circunstancias especiales, como la introducción directa 
del veneno en una vena, ser un niño la persona ofendida, ó 
ser el ofidio adulto y picar alio, esto es, en la cabeza, ó en el 
pecho cerca del corazón; de modo que el veneno penetre 
pronto en el torrente circulatorio y acelere los accidentes del 
envenenamiento. 



DKL CAUCA. 4:í 

Caso de que la enfennodad vaya á tener una terminaciúii 
feliz, los sínlomas nlarniantes se atenúan rápidamente : el 
edema, la Uimeí'acciún de la parte oí'endida, las hemorragias 
y la postración de las fuerzas desaparecen, y pronto se resta- 
blece la normalidad en las funciones del organismo. 

En muchos individuos de los que han resistido los acci- 
dentes de la intoxicación, por mordedura de los ofidios, se 
sigue una convalecencia lenta y penosa; en ocasiones sobre- 
viene anemia profunda, que es rebelde ala medicaci(hi tónica 
mejor dirigida y á la permanencia en clima frío. 

Algunos quedan inválidos ó son atormentados por úlceras 
incurables, consecuencia de gangrenas en los tejidos. Una 
negra, vecina del río Guachal, en el valle del Cauca, fué 
mordida en un pie por un boti'ops r/iomboatus ó equis del 
país; tuvo hemorragia copiosa en el sitio de las mordeduras; 
el pie se hinchó; la pierna, edematosa, fué presa de dolores 
agudos; piel, músculos, tendones y aponeurosis del dorso 
del pie y parte inferior de la pierna cayeron en putrílago, 
dejando á descubierto los huesos. La paciente permanece en 
el hospital hace algunos meses, atormentada por una úlcera 
callosa incurable. En otros se eternizan las erupciones cutá- 
neas; reaparecen de vez en cuando los dolores articulares ó 
de las cicatrices ; sobrevienen debilidad ó pérdida de la vista y 
varios fenómenos que indican depresión en las fuerzas vitales. 

Se deben tener presentes, para apreciar los efectos más ó 
menos rápidos y la mayor ó menor gravedad de los acci- 
dentes producidos por la mordedura de ofidios, muchas cir- 
cunstancias relativas á la talla ó al completo desarrollo de 
la serpiente, al estado próximo de cambio de la piel, á la 
cantidad de veneno inoculado, á la resistencia de la persona 
ofendida y á otras varias condiciones que hacen más ó menos 
activo el veneno de las víboras. *^ 



40 LOS OVIDIOS VENENOSOS 

Los colmillos (lo un botrops complelamcnle desarrollado, 
penetran al través de los vestidos y depositan mayor cantidad 
del líquido fatal á una gran profundidad de las carnes; 
mientras que los de otro más joven y pequeño, pasan apenas 
el espesor de las telas, penetran superficialmente en la piel 
é inoculan corta cantidad de veneno. 

Los campesinos temen con razón la picadura de los ofidios 
inmediatamente después de la época de la renovación de la 
epidermis. En efecto, para verificarse el cambio del tegu- 
mento externo del ofidio, éste permanece en un estado de 
letargía durante un tiempo determinado, en el cual no hay 
consumo de la saliva tóxica para la digestión de los alimen- 
tos, ni motivo alguno de agresión ó de defensa. El veneno se 
acumula en los canales membranosos, y al despertar la ser- 
piente, lo inoculará en mayor cantidad á las primeras vícti- 
mas de sus nuevas excursiones; mientras que serán menos 
temil)les los efectos de la mordedura cuando haya gastado el 
veneno en otros animales. 

No influye menos la relación entre la cantidad del veneno 
y el volumen del animal atacado. Los casos más rápidos de 
muerte se refieren á niños, á personas débiles y á animales 
pequeños. 

La actividad del veneno también está en relación con los 
climas : el veneno de las serpientes que habitan en los climas 
cálidos es más activo que el de las que permanecen en los 
climas templados ó fríos. 

Con las especies animales varían igualmente los efectos 
del veneno. Las aves mueren minutos después de la morde- 
dura; los perros resisten pocas horas el envenenamiento, de 
tal modo que los cazadores, rara vez alcanzan á llegar á la 
casa de los amos. En el Tambo, Distrito de Popayán, dos 
leñadoras dejaron debajo de un árbol á un niño custodiado 
por un perro. Al regreso encontraron un botrops enorme 



DEL CAUCA. 47 

(lespeclazado por el perro, y el fiel guardián tendido en el 
suelo, con horribles mordeduras en la cabeza. Ambos cadá- 
veres yacían cerca de la criatura, que se había salvado. Se 
infiere que la serpiente se aproximaba al niño, atraída tal 
vez por el olor de la leche, cuando el perro trabó combate 
en defensa de su amo. 

El ganado vacuno resiste más á la mordedura de las ser- 
pientes que el ganado caballar ó mular. Éste se salva pocas 
veces, á pesar de aplicaciones oportunas. 

El efecto del veneno es más lento en los animales de san- 
gre fría : de tal manera que Fontana, Roussel, Guyón y otros 
experimentadores, lo creyeron inofensivo para los reptiles. 
Experiencias posteriores de Vulpien, y sobre todo de Lacerda 
en el Brasil, han probado que la inyección del veneno de los 
viperidios en las cnlebras, puesto en gran cantidad, produce 
la desorganización de los tejidos y la muerte del animal. 

En los campos tropicales se ven con frecuencia riñas entre 
las víbor/is y las culebras, saliendo victoriosas las últimas. 
Los Señores Pliisalix y Bertrand han demostrado que existe 
en la sangre de la víbora principios semejantes á los del 
veneno, dotados como éste de gran actividad fisiológica y 
que se deben considerar como la causa verdadera de la 
inmunidad de la víbora para su propio veneno. En el mismo 
orden de ideas se cree que la inmunidad de las culebras de- 
pende de la presencia en la sangre de los mismos principios 
activos. Los Señores Phisalix y Bertrand han extraído la 
sangre de culebras ligeramente cloroformizadas y por medio 
de jeringuillas asépticas la han inyectado en el tejido celular 
de los conejos, los que han muerto en seguida con los mis- 
mos síntomas y con las mismas lesiones anatómicas que se 
presentan cuando se inocula la erJúdnina (fluido secretado 
por las glándulas de las serpientes venenosas). 

Reflexionando sobre estos fenómenos puede creerse que 



48 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

será posible encontrar una solución atenuada de echidnina 
que confiera la inmunidad en los animales contra el veneno 
de los ofidios, así como el vulgo cree en nuestro país, que 
hay individuos cu fados ^ es decir, inmunes contra las pica- 
duras délas víboras. El doctor Calmette ha" llegado á la 
inmunización inoculando dosis crecientes de veneno, míni- 
mas al principio; ha comprobado igualmente que el suero de 
un conejo así vacunado permite á la dosis de cinco centíme- 
tros cúbicos inoculado una hora y media antes de la inyección 
del veneno activo de la víbora, neutralizar completamente 
el efecto de éste último, aun á dosis dos veces más elevada 
que la dosis mortal ordinaria. 

No hemos tenido ocasión de hacer autopsias en los indi- 
viduos muertos por envenenamiento de los ofidios; pero 
juzgamos por analogía que las lesiones encontradas en los 
órganos de los animales, deben de ser semejantes á las pro- 
ducidas en el hombre. 

En los experimentos se hace morder directamente álos ani- 
males por la serpiente : método difícil y peligroso de poner en 
ejecución, á causa de la dificultad para conseguir ofidios vivos, 
y más todavía por los peligros que se corren al obligar á un 
ofidio vivo á que muerda al animal sujeto á la experiencia. 

Este método, empleado en los primeros ensayos sobre el 
veneno de las serpientes, se reemplaza hoy por medio de 
inoculaciones hechas en los animales con las jeringuillas 
para inyección hipodérmica. El veneno se obtiene expri- 
miendo en una cápsula de porcelana las glándulas del ofidio 
que se acaba de matar, ó, lo que es mejor, obligando al 
ofidio aprisionado á morder en un copo de algodón atado á 
la extremidad de una varilla. En uno y otro caso se disuelve 
la ponzoña en agua destilada, con el fin de conocer la dosis 
que se aplica. Para inocular el veneno en el experimento, 
se usa la jeringuilla de Pravaz. 



DKl. CAUCA. 49 

Las lesiones encontradas en los lejidos de los perros enve- 
nenados por mordednras de ofidios, ó con diluiciones de su 
veneno, son las siguientes : 

Abierta la cavidad torácica, se ven los pulmones infarta- 
dos, rojos en la superíicie, con manchas violáceas, debidas 
á las extravasaciones de la sangre, y el parenquima denso 
hasta el grado de perder la crepitación natural del tejido 
sano cuando se comprime entre los dedos. La mucosa de los 
bronquios, congestionada, contiene mucosidades espumosas 
y sanguinolentas. 

En el corazón, la sangre difluente, que circula en las venas 
coronarias, produce derrames capilares debajo del endocar- 
dio, en el ventrículo izquierdo, los que se revelan en la 
pared de las cavidades cardíacas con manchas violáceas ó 
puntos negros liemorrágicos. 

La cavidad del estómago, congestionada desde el cardias 
hasta el píloro, presenta la mucosa manchada con placas ó 
puntos violáceos de diversa intensidad; lo mismo que la 
mucosa enrojecida de los intestinos, donde se encuentran á 
veces coágulos de sangre extravasada. 

El hígado, con notable hiperemia, se ofrece voluminoso 
y jaspeado de manchas violáceas y amarillas en la superficie. 

El bazo se ve muy aumentado de volumen, iViable á la 
presión, y difluente en el interior del parenquima. 

El páncreas y los ríñones aparecen con los mismos signos 
de congestión, derrames de serosidad en los intersticios 
celulares, y estrías y manchas sanguinolentas en los tejidos. 
Igualmente se observa orina negra sanguinolenta, contenida 
en la vejiga congestionada. 

La sustancia blanca cerebral presenta puntos rojos finos, 

cuando la mordedura es en los miembros; pero esos puntos 

se convierten en manchas negras de sangre extravasada 

cuando la mordedura ha sido en la cabeza ó en el cuello. 

4 



50 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

Las meninges se congestionan y dejan exudaciones de sero- 
sidad sanguinolenta. 

Las lesiones orgánicas procedentes del veneno de los 
ofidios, dependen de la profunda descomposición de la sangre, 
la que puesta en contacto con suficiente cantidad del líquido 
mortal, se torna negra, de una fluidez excesiva y pierde la 
propiedad de coagularse. 

Cuando se vierte una gota de sangre normal y fresca en 
un poco de veneno líquido de serpiente, y se somete esta 
mezcla al examen por medio del microscopio, se observa 
que los glóbulos rojos de la sangre se alargan, forman 
grumas y se convierten en un líquido protoplásmico, amorfo, 
difluente, de color amarillo con estrías rojas de hematina, y 
al fin, se desprenden de aquí y de allá pequeñas burbujas 
de gas. (/. B. Larerda.) 

El veneno de los ofidios obra, pues, directamente sobre la 
sangre, asfixia al glóbulo rojo, lo carboniza y lo bace impro- 
pio para la nutrición y para la vida. 

Si observamos la manera como obra el veneno de los 
ofidios en la economía animal, advertiremos que no puede 
compararse con la de los alcaloides vegetales, ni con la de 
los virus en las enfermedades infecciosas. 

En primer lugar, los alcaloides necesitan ser absorbidos 
por el torrente circulatoi'io, penetrar en la redecilla capilar 
de las arterias, y ejercer acción sobre los órganos electivos, 
para producir los efectos tóxicos que les son característicos. 
La atropina debe ponerse en contacto con el sistema nervioso 
central, para que se manifiesten los efectos narcóticos; la 
digital elige las fibras del corazón para su efecto sedativo, la 
estricnina obra sobre las células de la medula espinal, para 
sus manifestaciones tetánicas. 

En segundo lugar, las inyecciones hipodérmicas practica- 



DEL CAUCA. 51 

das con soluciones de morlina, de curare, de digital, etc., no 
producen lesiones locales en los tejidos, y al penetrar en el 
torrente circulatorio no alteran los glóbulos sanguíneos, 
para producir su efecto sobre órganos especiales. Sucede lo 
contrario con el veneno de las serpientes : no bien se pone 
en contacto con los tejidos vivos, los altera, los diluye y los 
digiere por medio de un fenómeno de difusión local. Enemigo 
del protoplasma, de la célula viva del organismo, disuelve 
el glóbulo rojo de la sangre, sin tener afinidad con ningún 
tejido, ni obedecer á las leyes histoquímicas. 

Otra particularidad del veneno de los ofidios, que lo dife- 
rencia todavía más de los venenos vegetales, es la de su 
innocuidad en contacto con las membranas mucosas cuando 
están sanas. El veneno de la cascabel ó del botrops puede 
ponerse en la membrana conjuntiva de los ojos ó sobre 
la lengua, puede tragarse é ingerirse en el estómago y en 
los intestinos, sin correrse riesgo alguno. No sucede así 
con los alcaloides : la atropina, puesta en la mucosa ocu- 
lar, dilata la pupila; la morfina, propinada en poción, 
narcotiza; la estricnina, tragada en cantidad suficiente, 
mata al animal. 

Tampoco es comparable el modo de acción del veneno de 
los ofidios con el de los virus en las enfermedades infecciosas. 
Si es verdad que al examen microscópico del veneno se 
observan bacterias agitadas por movimientos semejantes á 
los de los microbios de los virus, esas bacterias no se 
reproducen en los tubos que contienen caldos esterilizados 
conforme al método de Pasteur; no son gérmenes que se 
reproduzcan en la sangre para desarrollar los síntomas de 
descomposición que dejamos anotados. El veneno del botrops 
desecado á una temperatura superior á 100° del termómetro 
centígrado, pierde su acción venenosa sobre la economía, 
no obstante que los micrococus resisten á esta alta tempera- 



•Ó-2 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

tura y se mueven en la nueva solución. Esla experiencia 
demuestra que la actividad del veneno no depende de los 
gérmenes ó microbios. 

Según Gautier, célebre químico francés, la saliva humana 
en descomposición, deja separar un alcaloide venenoso, se- 
mejante á las ptomainas ó alcaloides de los cadáveres, el 
cual tiene analogía en su modo de acción con el veneno de 
las ser}>ientes. Para Lacerda, es un jugo digestivo parecido 
al jugo del páncreas, y el ofidio lo emplea no solamente 
como arma de ataque ó de defensa, sino que se sirve también 
de él para la transformación de las sustancias alimenticias. 
El veneno disuelve la carne á una temperatura de 30", emul- 
siona la í;rasa cuando se le mezcla en tubos de vidrio v 
precipita la caseína al contacto en la leche. 

La observación clínica nos enseña entretanto, que el 
veneno de las serpientes desarrolla en la economía, síntomas 
parecidos á los de la fiebre amarilla. Si exceptuamos los 
fenómenos de pirexia que anuncian la invasión del tifo 
amarillo, diferente de la depresión en los individuos 
mordidos de la víbora, tendremos que reconocer una seme- 
janza notable en los procesos de los dos estados morbosos. 

La cefalalgia frontal, las perturbaciones de la visión, los 
V(')mitos biliosos, el color ictérico de la piel, la depresión 
profunda de las fuerzas, el terror á la muerte, la disolución 
de la sangre, las hemorragias de las mucosas, la albuminu- 
ria, la frialdad del cuerpo : todo este conjunto constituye el 
triste cuadro del período de postración en la fiebre amarilla, 
exactamente igual al de los síntomas que se desarrollan por 
la mordedura de los ofidios. 

En ambos procesos encontramos la fluidez de la sangre, 
negra é incoagulable; manchas de sangre extravasada en el 
tejido celular, en el endocardio, en los pulmones, en el 



DEL CAUCA. o3 



estómago y en los ¡nlesüiios : fenómenos consecutivos á la 



congestión de los órganos. 



El diagnóstico de la mordedura de serpiente se establece 
desde el momento en que ocurre el accidente; porque en la 
mayoría de los casos se ve la víbora que lia ofendido; pero 
sucede en ocasiones que la víctima ba sido picada durante 
el sueño, en la oscuridad de la nocbe ó en circunstancias 
especiales que bacen nacer duda con relación á la picadura 
de otros animales ponzoñosos. 

Se puede confundir la picadura de una serpiente pequeña 
con la de la escolopendra (cien-piés) que abunda en Córdoba 
V en Buenaventura, en la costa del Pacífico. 

No debemos olvidar que el veneno de la víbora produce 
fenómenos de adinamia; que después de la mordedura no 
hay rubicundez ni color en la piel de la parte binchada, y 
que no hay fiebre de reacción, como si el organismo estu- 
viera subyugado por el veneno. Después del dolor vivo que 
acompaña á las dos heridas hechas por los colmillos, sucede 
el entorpecimiento del miembro, la hinchazón es rápida y 
sin calor en la piel, se forma un círculo lívido alrededor de 
la herida; viene enfriamiento de la parte dañada, hay poco ó 
ningún movimiento febril y se nota postración de las fuerzas. 

En la picadura de la escolopendra, los pies maxilares hacen 
cuatro benditas en los tegumentos, á las cuales sigue un dolor 
ardiente, calor altísimo de la piel, círculo inflamado alrede- 
dor de tales heriditas, elevación de la temperatura en el sitio 
lesionado, fiebre intensa y exaltación de las funciones vitales. 

En las picaduras del escorpión, de la hormiga congo y de 
la araña, el dolor es agudísimo en el momento del accidente, 
el calor grande y hay rubicundez con inflamación del sitio 
ofendido, infarto de los ganglios y fiebre en algunos casos : 
síntomas que faltan siempre en la mordedura de la víbora. 



CAPITULO IV 



Necesidad de que la medicina preste atención á los métodos em|;iricos 

preconizados por los curanderos. 



Existe un vacío en la ciencia ó arte de curar, relativo á 
los efectos mortales de los venenos inoculados en la econo- 
mía animal por las picaduras de reptiles venenosos. 

Gran número de los individuos que habitan los países 
intertropicales, pagan tributo á la muerte, producida por la 
picadura de víboras. En Colombia son frecuentes las morde- 
duras causadas por las serpientes venenosas, entre los 
campesinos que talan los bosques para trabajos de agricul- 
tura y entre los peones que descuajan las selvas para abrir 
caminos. 

En la generalidad de los casos, los médicos nos quedamos 
perplejos en presencia de los mordidos por las culebras, por 
deficiencia de métodos científicos racionales para combatir 
el mal. Los pacientes, guiados por el instinto de la conser- 
vación, buscan auxilio en los habitantes de los campos, 
reconocidos como curanderos^ los que aplican, con cierto aire 
de misterio, fórmulas más ó menos complicadas, que la 
tradición indígena señala con el nombre de contras. 

Entretanto, la observación de los que practicamos la 
medicina en los países donde abundan aquellos terribles 
animales, no nos permite poner en duda muchos casos de 
curación obtenida por medios empíricos, á la vez que presen- 
ciamos la muerte como terminación del envenenamiento, en 



LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA. 55 

las personas ó animales á quienes por cualquier motivo no 
se les ha podido aplicar oportunamente el remedio. 

No aceptamos, en consecuencia, el desdén con que miran 
algunos médicos ¡lustrados las prácticas de los indígenas, 
juzgándolas manifestaciones de la ignorancia ó del charlata- 
nismo. Lejos de eso : la historia del arte de curarnos enseña 
en todos los tiempos, ejemplos numerosos en los que el 
instinto salvaje y las prácticas populares han precedido con 
buen suceso á las investigaciones pacientes del hombre cien- 
tífico, quien al fin las despoja de cuanto tienen de ridículo y 
de sobrenatural, para elevarlas á la categoría de principios 
técnicos bien adquiridos. 

Para comprobar nuestra aserción, se nos permitirá copiar 
un pasaje de las « Notas de viaje » del ilustrado colombiano 
Señor ür. Salvador Camacho Roldan, relativo á los contrave- 
nenos indígenas usados en Panamá en casos de mordeduras 
de serpientes. 

« Á propósito del Dr. Le Bretón (dice el Dr. Camacho 
Roldan), recuerdo un hecho notable en los anales de la 
ciencia médica ocurrido durante mi primera visita á Panamá. 
Este Dr. estaba curado contra el veneno de las culebras por 
medio del uso del jugo de las hojas de guaco, y con ese 
motivo jugaba con impunidad en la botica llamada de las 
Culebras, perteneciente al Dr. Kratochnill, con las serpientes 
más venenosas, que por capricho especial del propietario 
había allí siempre en exhibición : se las envolvía en el brazo, 
en el cuello, y aún se aplicaba blandamente, en señal de 
cariño, la cabeza del reptil contra la mejilla, sin haber sido 
mordido jamás. Un día llegó del Darién una culebra espe- 
cialmente pedida por el Jardín Zoológico de París, de un 
metro de largo, color negro, cabeza muy aplastada, movi- 
mientos muy rápidos y ojos de una tristeza singular. Tomarla 
en la mano el Dr. Le Bretón v recibir en el acto en ella dos 



56 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

Ó tres mordeduras, fué lodo uno. Por pura precaución en un 
principio (pues el Dr. afirmaba que no tendría consecuencia 
alguna, lleno de confianza en la inmunidad que esperaba le 
daría el guaco) le hicieron todas las aplicaciones usadas en 
tales casos. Vendaje en el bra/.o, amoniaco líquido en la 
herida y más luego cáustico de Yiena. Sin embargo los efectos 
del veneno empezaron á producirse en bre\e : hinchazón en 
la parte herida, fuerte dolor de cabeza, sudor frío, vómitos, 
palidez mortal y coloración morada ó azulosa en la mano. 
)) Se pensó entonces en cortarle el brazo por el codo ; pei'o 
al efectuarlo se notó que la hinchazón pasaba hasta cerca del 
hombro, y luego se vio invadido por la infiltración del 
veneno, el tronco mismo del cuerpo. Bien que lo asistían 
todos los médicos de Panamá, y entre ellos un alemán de 
gran reputación, el Dr. Autenrieth, á las veinticuatro horas 
se consideró desesperado el caso. 

» En esos momentos se presentí» un indígena de r,liepo, 
pueblo de las inmediaciones, ofreciendo que si le dejaban 
solo, y el Dr. Le Bretón prometía guardar secreto acerca 
de los remedios que emplease, lo curaría. El ofrecimiento 
fué aceptado, y encerrándose el Indio con el Dr., ya mori- 
bundo, al siguiente día salió anunciando que la curación 
estaba efectuada : lo que en efecto sucedió, pues aunque lenta 
la convalecencia, veinte días ó un mes después estaba el 
enfermo del todo restablecido. 

» Con motivo de este acontecimiento ocurrió á pocos días 
un desafío singular. Heñían dos Indios acerca de cual de los 
dos conocía mejores contras para combatir el veneno de las 
culebras, y sujetando la disputa al procedimiento experi- 
mental, resolvieron recibir las mordeduras de las que los 
contendientes tuviesen á bien presentarles. Después de 
ensayar varias víboras y sus contravenenos respectivos, al 
fin uno de los dos sucumbió en la demanda, y su antagonista 



DKL CAUCA. ;;7 

lo dejo morir para comprobar la inferioridad de conocimiento 
de su adversario. Jactándose el vencedor de que él sí cono- 
cía el ro)íí/(/, fué ju/.i;ado y condenado á ])residio, como aulor 
de un homicidio voluntario; por más que fuese caso í>rave 
probar que existía el remedio. Desgraciadamente no recuerdo 
el nombre de la culebra homicida; pero este es uno de los 
casos que comprueba la conveniencia de salvar, junto con 
las razas salvajes ó semi-salvajes, un cúmulo de conoci- 
mientos raros adquiridos por la experiencia de los pueblos 
primitivos. — ¡Cuántos agentes terapéuticos importantes, 
desde la quina, el guaco, el cedrón y la ipecacuana, no se 
deben á la ciencia despreciada de los indígenas de América! » 

Debemos, pues, estudiar las medicaciones empíricas que 
gozan de fama general, para confirmarlas ó no en su empleo, 
por medio de las observaciones que se nos presenten, ó 
para rectiíicarlas por medio de la experimentación con el 
fin de que entren en la corriente de los trabajos científicos. 

Con este objeto, hemos logrado adquirir, á fuerza de ins- 
tancias repetidas, el conocimiento de algunos secretos de 
afamados curanderos del Cauca, junto con el de las plantas 
ó sustancias empleadas por ellos como contravenenos. En 
muchos casos de curación sobre personas conocidas en estas 
comarcas, hemos comprobado la verdad por medio de inves- 
tigaciones personales, de modo que no quede duda en nuestro 
ánimo; v en otros hemos visto administrar, con éxito feliz, 
las pociones que aquéllos propinan á los pacientes. Las obser- 
vaciones detalladas se insertarán en el lugar respectivo. 

Alpublicarlos conocimientos que hemos adquirido sobre los 
desastrosos efectos del veneno de los ofidios en la economía ani- 
mal, y los medios de que podemos disponer para combatirlos, 
procuramos prestar un servicio humanitario y echar bases para 
estudios posteriores, que no carecerán de importancia científica 
y de utilidad en la práctica de la medicina en nuestro país. 



CAPITULO V 



Métodos empíricos empleados en el Cauca contra los accidentes producidos 
por la mordedura de ofidios venenosos. — Diversas clases de curanderos. 
La capitana Y el cuarlillito del Señor Francisco Fernández. — Observaciones 
sobre su empleo en la hidrofobia. — Observaciones en la mordedura de 
víboras. — Clasificación botánica de las plantas. — Lacapitaita{Leguminosa 
papilionáced). — El cuarlillito {pipertícca). — El polipodiiim nilyare. — El 
almizclillo ó ambarilla [Hibisciis abelmoschus). Modo de emplearlas. — • El 
canelón del Telembi. — Observaciones clínicas sobre el empleo de esta 
planta en las mordeduras de víboras. — El aji y el agipique. — Su empleo 
popular en el Ecuador. — Las aristologuias \ el guaco. — La Zaragoza ni- 
niche. — Usos iocráticos de estas plantas. — La hiél de víbora. — Modo 
de prepararla. — El aguardiente y el amoniaco. — Observaciones relativas 
al empleo de estas sustancias. — La curarina de Juan Salas >'ielo. — 
Experiencias con este medicamento en Caracas. — Aplicariones locales : la 
piedra de la serpiente ; el Pambao-balvo ; el Haba del caballero ; el tallo 
de la caña de azúcar. — El zumo de limón. 



Jamás individuo mordido por víbora, solicita los cuidados 
de los médicos : busca siempre á los curanderos. Hay curan- 
deros de varias clases. Unos son indígenas semi-salvajes, que 
])ropinan zumos de plantas designadas por ellos con nombres 
caprichosos, segiin los efectos que les suponen, como el de 
ffenerahi, capitana^ estanradera., halconcilo., etc. Vienen los 
conocimientos de esas aplicaciones por la tradición de ante- 
pasados aborígenes, los cuales, guiados por el instinto de la 
conservación^ elegían los remedios vegetales que curaban á 
las bestias en caso de accidentes semejantes, ó tal vez por 
analogía entre los efectos, de aquellas plantas y los síntomas 
de la enfermedad. Otros curanderos tienen cierto grado de 
civilización y han recibido las indicaciones de algún indígena 
en el empleo de las contras, á las cuales dan el nombre de 



LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA. 59 

secretos. Éstos son hombres, en lo general, ignorantes, especie 
de juglares que socaliñan al vulgo en los pueblos con juegos 
de manos y ceremonias misteriosas, demasiado ridiculas. 

Existen, en fin, otros hombres, de buen sentido, serios, 
benévolos y observadores, que tienen fe ciega en la tradición 
y conceden conocimientos maravillosos á la raza indígena. 
Estos han obtenido métodos curativos de los Indios, los han 
perfeccionado con la práctica, y se han hecho notables en 
ciertas regiones del país, por su caridad y acierto en el arte 
de curar. 

Durante muchos años hemos notado en el Cauca la rareza 
de los casos de muerte por accidentes consecutivos á la mor- 
dedura de los ofidios, en tanto que hemos oído referir con 
frecuencia casos de curación. 

Creímos al principio que el veneno de los ofidios del 
Cauca era poco activo ; de tal modo que el organismo podía 
resistir las alteraciones de la economía animal y luchar con 
ventaja para recuperar la salud. Pero bien pronto la obser- 
vación de muertes en animales de gran tamaño, como el 
caballo y el buey, nos hicieron pensar que el veneno de los 
ofidios del Cauca, es poderoso á producir la muerte en pocas 
lloras. Además, casos de defunción en el hombre cuando no 
se ha sometido á algún tratamiento, combaten la duda ó la 
incredulidad natural en el médico, quien exige hechos com- 
probados, buenas observaciones y experimentos repetidos, 
para dar crédito á las historias populares. 

El deseo de cerciorarnos y de reunir en compendio los 
métodos vulgares para facilitar el estudio de ellos entre los 
naturalistas y médicos colombianos, nos indujo, hace más de 
cuatro años, á emprender investigaciones sobre los ofidios y 
los métodos empíricos empleados por los curanderos. Vamos 
á exponer los resultados de nuestro trabajo en relación con 
las observaciones recogidas y con el conocimiento de las 



60 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

plantas ó sustancias empleadas en el tratamiento de las mor- 
deduras de ofidios. 



La capitana y el cuartillito. 

Tales son los términos vulgares con que se designan dos 
vegetales que forman la parte principal en la composición 
de un brebaje empleado })or el Señor Francisco Fernández, 
afamado curandero deJamundi, contra la ///V/ro/b/z/r/ causada 
por mordedura de perros con peste de rabia, y contra las 
mordeduras de los ofidios venenosos. 

Antes de ocuparnos en la clasiíicación de estas plantas, 
creemos conveniente transcribir la relación de observaciones 
detalladas que bondadosamente nos ha suministrado el Sr. 
ür. Bartolomé Fernández, poseedor del método empleado 
por su padre para combatir los accidentes en la ¡lesle de 
rabia y en el envenenamiento por mordeduras de ofidios. De 
esta manera hacemos pública manifestación de gratitud al 
Dr. B. Fernández (abogado), quien ha accedido gustoso á 
nuestras exigencias á este respecto, y además, ponemos á 
los médicos en capacidad de juzgar lo que valgan las obser- 
vaciones, referidas ingenuamente por persona extraña á 
principios de medicina y de ciencias naturales. 

En cuanto á nosotros, afirmamos haber corroboi'ado los 
relatos con la ratificación de la mayor parte de las personas 
á quienes se refiere, dignas de entera fe y crédito. 

Sr. Dr. Evaristo García. 

C;ili, .Mayo 7 tle 18SS. 
vPte.) 
JMi dislinguido y querido amigo : 

Mi padre naci(') en esta ciudad el 21 de Sei)tiem])re de 1807; y muri(') el 
D de Enero de 1886. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de Santa Librada 
bajo la dirección del 11. V. Fray Pedro Herrera, los que luvo que abandonar 



DEL CAICA. 61 

para iledicarse al trabajo y poder socorrer á su anciana madre, quien era el 
objeto de sus princiiíales cuiílados. En el año de lcS:3G conliajo nialriuionio 
con mi tinada madre Felicidad .Malla, y desde entonces se dedic(') á las 
faenas del campo en donde llevó una vida sencilla y humilde, trabajando 
sin descanso para aliviar las necesidades de su familia, educar sus hijos, y 
hacer el bien posible á la humanidad, lo que le atrajo la estiniaciíhi y aprecio 
de todas las clases sociales. 

En cuanto al secreto (jue poseía para curar la hidrofobia y las mordeduras 
de las víl)oras, el cual poseemos hoy sus Jiijos, lo revelo á Vd. para bien de 
la iiuniauidad. Es tan eficaz que no se cuenta un solo caso de muerte entre 
las (pie se hayan aplicado el remedio. 

Este secreto lo adiiuirió mi padre debido á su carácter suave y comunica- 
tivo, como paso á referirlo : En el año de ISliO fui mordido y despedazado 
por un perro con hidrofobia. Mi padre preocupado y alarmado, me puso en 
curación inmediatamente antes que sintiera alguna novedad, porque es bien 
sabido, que en el acto del contapio nada se siente, porque siendo lento el 
veneno de la hidrofobia en jjroducir su efecto, éste no empieza á sentirse 
sino á los diez, ó veinte y hasta los sesenta días después del contagio según 
la constitución del individuo. La persona que me curó, fué una india del 
Chocó, llamada Dionisia, quien le tomó tanto cariño á mi padre que le 
reveló el secreto esj)ontáneamente, lo que no quiso hacer á otras personas á 
pesar de fuertes sumas de dinero que le haiñan ofrecido. 

Primera oüskrvack» i>i: hidrofobia. — Una vez dueño mi padre del secreto 
no deseaba sino i)onerlo en práctica, para ver si la relación que se había 
hecho era real y verdadera, y esto pudo conseguirlo, en el aiio de 1(S"3C), 
cuando en Jamundí cuní de hidrofobia declarada, á una sirvienta de la Sra. 
Vicenta Córdoba de Vallecilla, la que habiendo sido contagiada por un perro 
con hidrofobia, no hizo caso, y al cabo de treinta días se le declaró el mal. 
Cuando llamaron á mi padre para que la curara, ya le había avanzado 
mucho la enfermedad ; pues ya la mujer no podía tragar y teníala garganta 
muy hinchada; y en los fuertes «.ccesos que le dábanse despedazaba y salía 
corriendo y gritando, y particularmente si veía el agua. En este estado fué 
cogida y amarrada, y empezó á curarla mi padre, consiguiendo que al 
cuarto día, ya no le diera el accedo, y que á los cuarenta estuviera perfec- 
tamente buena. 

Segunda observación he hidrofobia. — En el año de 18d7, el Sr. Gabriel 
Otero fué mordido })or un perro ccn hidrofobia, en Jamundí, y á los diez 
días de contagio le result(') la enfermedad, la que le empezó por fuertes 
dolores de cabeza, escalofríos, convulsiones en el cuerpo y por tener horror 
al agua. Al segundo día de sentir estos síntomas, salió corriendo por los 
llanos, dando gritos y despedazándose con los dientes : para cogerlo hubo 
que enlazarlo en los llanos de Jamundí, y así lo llevaron á la casa y lo 
amarraron en una escalera, para evitar que se mordiera. En este estado 
llamaron á mi padre para que lo curara, quien refería que se sorprendió al 
ver los efectos de la enfermedad ; porque los ojos se le habían brotado al 
enfermo y los tenía muy encendidos, y á la vez arrojaba babaza por la boca. 
Con mucho trabajo, nos decía, pudo apirearle el remedio, con el cual le 



C2 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

salvó la vida. El Sr. Otero sobrevivió como veinte años después de la cura- 
ción, hasta que murió de una enfermedad extraña. 

Tercera observación de hidrofobia. — En el año de 18o8, mi amigo y con- 
discípulo Sr. Julio Lloreda, fué mordido por un perro con hidrofobia. Cono- 
ciendo su padre, cl finado José ]\I. Lloreda, que el mal se le quería desarrollar, 
se lo llevó á mi padre para que lo curara, precisamente al tiempo que le 
comenzaba la hidrofobia, la que se le conoció, ya por lo vago de sus miradas, 
por lo intranquilo del sueño, supuesto que dormido daba fuertes gritos, y á 
veces se levantaba asustado; ya por la desesperaciiin que á menudo le daba, 
por lo que constantemente salía corriendo y se iba á las lomas. Mi padre 
comprendió que el mal comenzaba, lo atacó inmediatamente y pudo conte- 
nerlo y curar radicalmente á mi querido amigo que hoy vive en Popayán 
bueno y sano. 

Cuarta observación de hidrofobia. — La curación más notable que hizo mi 
padre fué la del joven Miguel Fernández, pariente nuestro, en Río Claro en 
el año de 18o9. Este joven fué contagiado por un perro que á su vez había 
sido contagiado por un gato hidrófobo : su padre quiso ponerlo en cura 
antes que apareciera el mal; pero el joven se resisti('). Á los veinte días 
después de mordido empezó á sentir sustos, sobresaltos, insomnios, dolor 
de cabeza, y constantemente sentía contracciones en el cuerpo y ardor en 
los ojos. Un día salió á pasear y al pasar por un arroyo de agua lo vio con 
horror y retrocedió dando gritos, corriendo y mordiéndose, y luego se 
subió á la copa de un árbol donde se puso á maullar como gato y, brincando 
de rama en rama, se dejaba caer al suelo. Cuando se le suspendía el acceso 
se tranquilizaba ; pero luego le volvía y despedazaba cuanto encontraba. En 
este estado lo cogen, lo amarran y llaman á mi padre para que lo cure; 
éste ocurre al lugar donde lo tenían y lo encuentra furiosísimo, con los 
ojos brotados, el color encendido y tascando con los dientes. En el acto se 
le aplicó el remedio, y al siguiente día, se le soltó de las amarraduras ; pero 
continuándole la curación á los cuarenta días quedó perfectamente bueno. 

Muchos casos de curación de hidrofoliia hechos por mi padre podría citar 
á Vd. ; pero temiendo cansar su atención con relaciones tan arduas, paso á 
hacer una ligera relación de las curaciones más notables que hizo con 
motivo de las mordeduras de víboras. 

Primera observación. — En el año de 1863, el Sr. Plácido Rodríguez fué 
mordido en las montañas de Jamundí por una víbora llamada pelo de 
f/ato (1), y en el acto ocurrió donde mi padre para que lo curara. Llega 
Rodríguez á la casa arrojando sangre por las narices y por la mordedura; 
con tortísimos dolores á las ingles, á la cabeza y al vientre, y con escalofríos 
que le daban á menudo; el pie en donde fué mordido estaba sumamente 
hinchado y adolorido. En el acto le aplicó mi padre el remedio y al día 
siguiente estuvo mejor, y al cuarto perfectamente bueno. 

Segunda observaci(')N. — En cl año de 1865, el señor Elias Morcillo, tjue 
hoy vive en Tunia, fué mordido por una gran víbora llamada cjiñs 2 en 

(1) Botrops atrox. 

(2) Botrops rhombontus. 



DEL CAUCA, 63 

las montañas de Río Claro á dos horas de distancia de la casa do mi padre á 
donde fué llevado con cargueros, llegando casi muerto, pues tenía comple- 
tamente rígido todo el cuerpo, particularmente las quijadas, y sumamente 
hinchada la pierna en donde fué la mordedura, estando á la vez nuiy dehi- 
litado por la mucha sangre que arrojaha por las narices y por los ojos. En 
el acto mi padre empezij á hacerle las aplicaciones del caso, teniendo que 
romperle los dientes para poderle aplicar el remedio al interior; pero el 
hecho fué que á fuerza de Irahajo y de la eücacia del remedio el hombre se 
salvó. 

Terceha OBSERVACIÓN. — El Scfior Francísco Tcnorío, agente del Señor Sergio 
Velasco, fué mordido, en el año de 1876, por un viborón en las montañas de 
« Pance », en toda la masa de una pierna. Conducido el enfermo á casa del 
Sr. Velasco, ocurrieron á mi padre, quien encontró al enfermo con fatigas 
mortales, arrojando sangre por las narices, por los ojos y por todos los poros 
del cuerpo; tenía el color amarillo, estaba sumamente hinchado, particu- 
larmente el vientre y la pierna mordida, y grandes manchas negras en el 
cuerpo. Al principio creyó mi padre imposible salvarlo ; pero coníiando en 
la eficacia del remedio empezó la curación con el mayor esmero y consiguió 
así levantar ese cadáver de la tumba. Tenorio vive bueno y sano en « Isabel 
Nérez » y él y su familia y el Sr. Sergio Velasco y el Sr. Dr. Carlos Delgado C, 
pueden certificar sobre lo que dejo expuesto. 

Cuarta observación. — Mi hermano Antonio Fernández, fué mordido por 
una víbora sumamente fina en las lomas de Río Claro. En el acto de habe-r 
íiido mordido se le desarrolló una hemorragia por la mordedura, sintiendo 
dolores á las ingles, y á la cabeza, con ansias y fatigas. Llega á la casa 
cayéndose, pues estaba completamente entontecido, de tal manera que no 
podía guardar el equilibrio, sintiendo además intensos dolores en la mor- 
<ledura. En el acto mi padre le aplicó el remedio, y al día siguiente estuvo 
mi hermano perfectamente bueno. 

Quinta observación. — Mi mismo padre fué mordido en dos ocasiones por 
dos víboras; pero como en el acto se aplicó el remedio nada sintió; porque 
es tal su eficacia, ([ue si en el acto de la mordedura de uña víbora sea cual 
fuere, se aplica el remedio, el efecto que produce la mordedura es como el 
que produce la picada de una avispa. 

Sexta observación. — Entre las curaciones que hizo mi padre hubo un caso 
raro y fué el siguiente : Un joven N. Muñoz, que vive en Sánchez, Distrito 
de Jamundí, hijo de la Sra. alaría García, fué mordido por una víbora en un 
pie; pero lo curaron mal, por cuyo motivo, se le hizo una gran úlcera en la 
mordedura, se le hinchó extraordinariamente el pie, y le daban constante- 
mente vértigos y fatigas mortales con mucho dolor al vientre. Al cabo de 
cinco años de sufrimientos del joven lo vio mi padre, y comprendió que 
todo era efecto de la mala curación que le habían hecho. En el acto empezó 
á curarlo y en menos de veinte días desaparecieron úlcera, hinchaztin, 
vértigos y dolores al vientre. El Sr. Muñoz vive bueno y sano sin haber 
vuelto asentir novedad alguna y puede certificar sobre este hecho, lo mismo 
que su madre quien también vive. 



Oi. LOS OFIDIOS VENENOSOS 

Muchos otros casos podría citar de curaciones hechas por mi padre, poro 
esto seria demasiado largo ; y por lo tanto debo agregarle ([ue todas las 
curaciones las hacía sin interesar un centavo por su trabajo, porque experi- 
mentaba gran satisfacción cuando hacia el bien á la humanidad. 

Mi padre deseoso de que tan útil secreto no se perdiera, nos lo transmitió á 
sus hijos, quienes lo hemos aplicado con magníficos resultados. 

Entre las varias curaciones que hemos hecho, citaré las siguientes : 

Séptima observación. — En el año de 18G8, mi malogrado y distinguido 
amigo Dr. José M. Borrero, tenía en la venta de San Antonio vui indio tra- 
bajando, y éste fué mordido en una pierna, por una equis de las que allí se 
producen. En el acto vino el Sr. José M. Rivera á dar cuenta del suceso, 
y mientras busqué las plantas y preparé el remedio, se pasó el día. No pu- 
dimos salir de aquí, con el Dr. Borrero, sino á las seis de la noche, y llega- 
mos á San Antonio á las ocho. Encontramos al enfermo malísimo, pues ya 
no podía hablai-, tenía el color sumamente amarillo, y aunque arrojaba poca 
sangre ])or las narices, la había arrojado en gran cantidad por la orina, 
estando con tortísimos dolores al vientre, con náuseas continuas y muy 
hinchada la pierna, lo mismo que el vientre. Toda la noche le aplicamos el 
remedio, con lo que conseguimos que al día siguiente pudiera hablar y 
tragar fácilmente; aunque no podía pararse, porque estaba muy entonte- 
cido, pero al tercer día estuvo bien mejor, y á los ocho estuvo trabajando 
bueno y sano. 

Me ocuparé en seguida de poner en conocimiento del público, por el 
honorable conducto de Vd., los remedios eficaces para curar tanto la hidro- 
fobia, como las mordeduras de víboras. 

Remedio para curar la hidrofobia. 

Para curar esta tremenda enfermedad, que siempre viene por contagio, 
entran en combinación las siguientes plantas. 

Primera : La llamada capitana, planta que se encuentra en las orillas de 
los ríos y en las sabanas. 

Segunda : Los cuartillitos, {)lan[a parásita. 

Tercera : El polipodio, también planta parásita. 

(kiarta : El alinizclillón, que se encuentra en los jardines. 

[Antes de pasar adelante, y para mejor inteligencia, nos permitimos inter- 
calar una ligera descripción délas plantas áque se reliere el método empírico 
del Dr. Fernández.] 

La capitana es planta herbácea que tiene altura de seisá ocho centímetros, 
crece en los prados y apenas se extiende en un radio de diez á doce cen- 
liiiietros. Las hojas simples son ovales y pecioladas, tienen un solo nervio 
central y se internan alternándose sobre un tallo flexible. Las flores rojas 
y azuladas, pequeñas, corresponden en su forma á las papilliondceas, y el 
fruto es una vaina compuesta de varias articulaciones casi separadas las 
unas de las otras, designadas por el vulgo con el nombre de cinpanihlif.ts. 



Pag. 64- . 



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Capitana, 
anior seco del valle 



A. Arce. 



Desmodium Tnauntianum 
ACCÉSIT. 



Pag. 65 



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i*»P.CH.eouRBT Z^.Kue vlscONrt/ parís. 



DKL CAUCA. 65 

Éstas, que son vellosas, se adlik'ri'u á los vestidos, molivo por el cual les 
dan en el Cauca el nombre de amor-seco. La planta no tiene t)lor ni sabor 
notables, y parece no poseer principio alguno estimulante. 

El Dr. Sandino Groot, Profesor de l'.otánica en la Universidad Nacional 
de Colombia, ha tenido la lina complacencia de ayudarnos en este trabajo, 
clasificando las plantas nuevas ó desconocidas para nosotros. Según aquel 
Profesor, la capitana pertenece á las Lc<inininoí<ax papUionaccas. 

Tribu Ileil/cearias. 

Gi'nero Desmodiuin. 

Especie nueva Desmüdiwn-inaurilidnuní accésit. 

Kr. ccAUTiLi.iTO. — Es planta que puede tener acci(3n terapéutica enérgica, 
por los principios aromáticos de un liquido estimulante ([ue llena en abun- 
dancia sus hojas. 

Crece sobre los troncos húmedos de los árboles á los cuales tapiza de verde. 
De los tallos delgados y flexibles salen raicecillas para fijarse en el tronco; 
y las hojas, solitarias, pequeñas, completamente redondas, con un diámetro 
de cinco á seis milímetros, están alternadas. El nombre de cuartiUito pro- 
viene de la semejanza en la forma de las hojas, con una monedilla de plata 
que se uso en Colombia. El pecíolo corto no se inserta en el borde de la 
hoja, sino un poco más adentro del limbo (hoja peltacla.) Estas hojitas 
coriáceas tienen la particularidad de estar repletas de un líquido que dis- 
tiende las dos láminas dándoles el aspecto de lentes biconvexos; de modo 
([ue al comprimirlas enire los dedos, sale con fuerza el liquido que con- 
tienen. La forma biconvexa desaparece de un día para otro en la planta, 
cuando se la coge para conservarla. Entonces la cara del lado del pecíolo 
de la hoja es convexa, y la opuesta ligeramente cóncava. Tiene tres nervios 
apenas perceptibles cuando se la ve por transparencia. Los frutos forman 
espiguitas largas hasta de cuatro centímetros, los que se insertan en el 
tallo por medio de un corto pecíolo, el cual lleva á uno y otro lado dos 
hojitas redondas, más pequeñas que las principales. La espiguita se parece 
á la del pepiloiujo (piper longum). 

El liquido claro y transparente que contienen las hojas, es de un sabor 
acre, picante, oloroso á esencia de cubebas. 

Según el Profesor Sandino Groot, de Bogotá, el cuartiUito pertenece á la 
familia de las Piperáceas. 

Tribu Piperomias. 

Género l'iperomia. 

Especie nueva I'eperoinia uui/unularifolia. 

El polipodio {Polipodiiim rulgare), de la familia de los heléchos, tiene una 
sepa nudosa de donde salen las raíces y las hojas. Éstas, sostenidas por un 
gran peciolo, en forma de pluma, con los folíolos sésiles, los cuales llevan los 
esporanges de cada lado del nervio central. Goza de acción levemente pur- 
gante. 

El ALMr/CLiLLÓN ó AMBAUíLLA cs de la familia de las malváceas {Hibiscus abel- 
mosclius), notable por los granos reniformes que "exhalan un olor de ámbar 
almizclado. Posee propiedades estimulantes antiespasmódicas. 



66 LOS íiriDIoS VENENOSOS 



Modo de preparar el remedio. 

Se toma una pran cantidad de capitana y se muele bien; pero como esta 
hierba es seca, para extraerle el jugo se humedece bien al tiempo de molerla 
con buen aguardiente resacado. Una vez molida, se pone tanto el zumo 
como el bagazo, en una vasija que no tenga grasa. Se toma una cantidad 
de cuartillitos y también se muele ; como esta planta contiene líquido, tanto 
éste como su bagazo, se unen con el de la capitana. Hecho esto, se estregan 
los dos bagazos l)ien. y luego se cuelan en un linón ó cedazo que no tenga 
grasa ; y el zumo que produzcan se coloca en una botella grande, hasta 
ocupar las dos terceras parles, acabándola de llenar con aguardiente resa- 
cado. Una vez llena la botella, se le ponen tres nudos de polipodio y tres 
granos de almizclillón, todo bien molido. De esta manera queda preparado 
el remedio. 

Modo de aplicarlo. 

De la botella así preparada se dará al enfermo una copa por la mañana t 
y otra por la noche, si no estuviere muy malo; y en caso de estarlo, se le 
dará una toma doble cada dos horas, disminuyendo en proporción de la 
mejoría. Una vez mejor, se le seguirán dando, una loma por la mañana y 
otra por la noche durante nueve días sin interrupción. Terminando los 
nueve días se suspenderán las tomas diarias, y sólo se le dará una loma 
cada ocho días, hasta completar los cuarenta días que dura el tratamiento, 
contados desde el día en que comience á tomar el remedio. 

Si durante los cuarenta días sobreviniere en el enfermo la íiel)re, como 
es natural, se le darán sudoríficos de hojas de ruda {Ruta gravclens). 

Sí el enfermo no pudiere tragar por tener inflamada la garganta, cosa que 
sucede al declararse la hidrofobia, se le pondrán en la garganta (•atai)las- 
mas de ruda fritas en aceite de comer. 

Durante los cuarenta días se le darán al enfermo fricciones en todo el 
cuerpo, particularmente en la columna vertebral, con el bagazo de la capi- 
tana en aguardiente. 

Por agua ordinaria durante los cuarenta días se hará un cocimiento de 
veinte granos de almizclíllo en tres botellas de agua. 

Por alimentos tomará el enfermo sopa de arepa, fideos, pan, carne fresca 
de res, sin condimento alguno; y por dulce tomará azúcar y merengues; y 
no podrá tomar en ningún caso carne ni manteca de marrano, ])látano ma- 
duro, ni arroz de Castilla. 

Guardará el enfermo vma dieta de cuarenta días, durante los cuales no 
podrá humedecerse, ni serenarse, ni recibir aires húmedos. 

Tres dias antes de terminar los cuarenta dias, se leaplicará cada día una 
lavativa de cordoncillo blanco [Pipcr itmbclatum) ; y al dia siguiente de la 
última lavativa, se le dará un puigante de jalapa, iq)licándole la cantidad 
según su edad, con lo que queda terminada la curación. 

Remedio para curar las mordeduras de víboras. 

Se prepara una botella tomando una gran cantidad de cuarHllitos, y de 
capitana solamente, en los términos arriba expresados, llevando mayor 



14.° 



CANELÓN DEL TELEMBÍ. 



Paj. 67. 




Canelón del 

Telembí 

Piper Telembí . 

Ji. J\rce. 



PIPER telembí. 



DEL CAUCA. 67 

canüJad de cuaiiillilos. Preparada así la botella, se le pondrán diez granos 
de cedrón [Simaba cedrón) y diez de canehni (i). Se tomarán igualmente 
veinte hojas de guaco [Mihauia guaco) morado y se les extraerá el zumo con 
buen aguardiente resacado, el que se agregará á la botella. 

En caso de (]ue no haya cedrón y canelón, podiá prepararse la botella, 
con cuarlillitos y capitana, y de esto se le dará al enfermo una copa cada 
hora el primer día duplicando la dosis en cada toma si estuviere muy malo. 
El segundo día se le dará cuatro tomas, una por la mañana, otra á las 
once, otra á las tres y otra por la noche ; é igual cantidad se le dará durante 
cuatro días. 

Si el enfermo no pudiere tragar, se le pondrán en la garganta las cata- 
plasmas de ruda con aceite. 

Si tuviere nuicho dolor á la cabeza se le dará á tomar, tres cogollos de 
ruda, puestos en cocimiento en tres pocilios de agua, los que tomará uno 
cada hora. 

En la mordedura se le pondrán cataplasmas de cuartillitos, preparadas 
con aguardiente, lo más caliente posible. 

Como el veneno de la hidiofobia es más intenso que el de las víboras, no 
se necesita para curar las mordeduras de éstas, guardar más dieta que la de 
los días del tratamiento, que será de unos seis días ; de tal manera que si 
pudiera aplicarse el remedio, en el momento mismo de ser mordida alguna 
persona, ésta podría seguir trabajando sin peligro alguno. 

Soy de ü. af'™° amigo que lo estima. 

Bartolomé Fernández. 



El canelón del Telembí. 

Esta planta crece á orillas del río Telembí, en las montañas 
de Barbacoas, Departamento del Cauca. Es una de las contras 
más afamadas y, en nuestra opinión, realmente activa para 
combatir el efecto del veneno de las serpientes. 

Desgraciadamente no nos ha sido posible conseguir la 
flor ni el fruto de tal planta : lo que liace difícil la clasifica- 
ción botánica. Tenemos acopio solamente del bejuco y de 
las ramas con sus hojas. 

El canelón es un bejuco leiioso, cilindrico, cubierto por 
corteza gris y que presenta al corte transversal una colora- 
ción amarilla. El grosor del que tenemos á la vista es de 
14 centímetros de circunferencia, señalado en la superficie 

(1) Nos ocuparemos después del canelón, especie de Piperácea, 



68 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

por nudos pequeños correspondientes á la inserción de los 
ramillos o de las hojas. Es sarmentoso y lleva raíces adven- 
ticias para fijarse á los árboles que le sirven de apoyo. Las 
ramas tienen hojas alternas, simples, pecioladas, lanceoladas, 
con vértice agudo y son de color verde intenso por encima, 
un tanto atenuado en el envés, peninervadas y de longitud 
de 10 a 15 centímetros. Del pecíolo, que tiene de 3 á 4 cen- 
tímetros de largo, salen tres nervios notables, procedentes 
de los nudos del tallo que se extienden de la base del limbo, 
el uno hasta el vértice, y los otros dos hacia los bordes de 
la hoja, un poco más abajo de la punta. 

El olor del leño y de la corteza, es parecido al de la 
pimienta; el sabor, acre, amargo, y aromático. La tintura 
es un estimulante enérgico, que se prepara poniendo en 
maceración veinte gramos de corteza en ciento de aguardiente 
á 22° del alcolhímetro centígrado. 

En atención á los caracteres que dejamos anotados, el 
canelón debe pertenecer á la familia de las Piperáceas. 

Se debe á los Sres. Juan Antonio Monzón y José Ignacio 
Segura, viajeros por el Chocó, la introducción y el uso del 
canelón en el valle del Cauca, contra la mordedura de los 
ofidios venenosos. Fué en Guaba hoy La E. mecía ^ donde se 
aplicó con buen suceso por primera vez, en un caso de 
envenenamiento por picadura de serpiente. 

El excelente Caballero D. Sinforoso Garcés, padre de 
numerosa familia que habita en Calima^ hacienda situada 
en la cordillera occidental de los Andes, hacia taparte media 
del valle del Cauca, ha tenido la bondad de suministrarnos 
observaciones interesantes acerca del uso del canelón. 

Primera observación (1864). — José Antonio García, joven 
de 10 años de edad, fué mordido en una pierna por un bolrops 
de regular tamaño. Arrojó mucha sangre por las heridas, 



DEL CAUCA. 69 

tuvo dolor de cabeza, vértigos, hemorragias por las mucosas, 
color amarillo de la piel, y edema del miembro ofeudido, 
acompañado de dolores agudos. No obstante el tratiimienlo 
clásico en aquella época, consistente en la aplicación de 
álcali volátil con zumo de guaco y raspaduras de cedrón, 
mezclados con aguardiente, y cataplasmas aromáticas sobre 
el sitio doloroso, el enfermo se agravó hasta el extremo de 
tener que bajarlo al pueblo de Jotoco, donde murió del 
sexto al séptimo día, con síntomas de postración parecidos 
á los de la fiebre amarilla. 

Segunda OBSERVACIÓN (1869). — Andrea iVrana, de edad 
de 22 años, fué mordida en el dedo gordo del pie por una 
pelo de gato de pequeña talla. Inmediatamente se le admi- 
nistró una copa de tintura de rnnclón y se le aplicaron 
cataplasmas aromáticas sobre la picadura. No se presentaron 
síntomas alarmantes, y salvo el edema del pie, al día si- 
guiente la enferma podía trabajar sin inconveniente. Fué el 
primer caso en que se empleara el raiielón en Calima. 

Tercera observación (1870;. — Cipriano Yalverde, de 
14 años de edad, fué mordido en un pie por una colgadorn . 
Hubo hinchazón del miembro herido, vértigos, dolores 
ligeros. En la misma tarde del acontecimiento empezó á 
tomar las copas de tintura de ranelón. Pocos días después 
pudo seguir en sus trabajos. 

Cuarta observación í 1 871 i. — Honorio López, joven de 
21 años de edad, fué mordido en un pie poruña coiyadora. 
Sobrevinieron hinchazón del miembro mordido, vértigos, 
dolor de cabeza, ansias. En el acto se le cauterizó la herida 
con lacre derretido y se le propinó una copa de tintura de 
ranelón. Al día siguiente pudo trabajar sin más inconve- 
niente que la quemadura del lacre. 



70 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

Quinta observación (1874). — Eduardo Garcés, de edad 
de 10 años, fué mordido un día á las seis de la tarde por un 
hotrops de pequeña talla. En el momento empezó á tomar las 
copas de tintura y a aplicarse las cataplasmas aromáticas. 
Un día después cesaron los accidentes ligeros, salvo la hin- 
chazón del pie, que duró algunos días más. 

Sexta observación (188i). — Ricardo Penagos, joven de 
24 años de edad, un día á las cinco de la tarde fué mordido 
en una mano por una pelo de gato de talla regular. Inmedia- 
tamente se tomó una copa de raneJún, la que repitió tres 
veces durante la noche. Al día siguiente pudo levantarse. 

Séptima observación (1887). — Manuel Castillo, de 28 años 
de edad, fué mordido en una mano por una/>í?/o de gato de 
pequeña talla. Tuvo dolor en la herida, iiinchazón del brazo, 
cefalalgia y ansiedad. Inmediatamente se le empezó á admi- 
nistrar tintura de canelón^ y á las veinticuatro horas se 
sintió bien y pudo trabajar. 

Octava observación (1887). — Eduardo Garcés, de edad de 
23 años, el joven mordido á la edad de 10 años en 1874, fué 
mordido otra vez en un pie por un hotrops de talla regular. 
El joven había comido plátanos guineos, y al propinarle la 
tintura de canelón, sufrió un ataque de indigestión con 
muchas fatigas, las que ocasionaron el vómito del remedio. 
Media hora después, cuando vino la calma, se repitió la copa 
de canelón, que fué vomitada de nuevo, y otra vez se le 
administró con igual insuceso. Pasadas dos horas, por cuarta 
vez, se insistió en administrarle el ranelón, el cual fué con- 
servado en el estómago, y se durmió el paciente en seguida. 
En todo este tiempo se le aplicaron cataplasmas aromáticas. 
Pero en el momento de administrarle por cuarta vez el 
canelón, ya el miembro herido estaba muy hinchado y los 



DEL CALCA. 71 

dolores de la pierna y de la cabeza eran agudos. Por la noche 
aparecieron vejigas llenas de humor rosado y siluadas en la 
axila del ])i'azo izquierdo, y color amarillo de la piel. Al 
día siguiente hubo dolor agudo en la otra pierna y se notaron 
ramales de color morado y verdoso en el pecho y en las 
espaldas. Se insistió en propinar una copa de tintura de 
eanelón^ tres veces al día, y aguardiente alcanforado, sobre 
los sitios doloridos. Tres días después los accidentes cesaron. 
La convalecencia principió al quinto día, y el enfermo se 
restableció completamente ií los quince días. 

Novena observación ¡1889). — Luis Renjifo, de edad de 
25 años, fué mordido en un pie por un botrops pelo de gato 
de talla regular. Tuvo dolor de cabeza, hinchazón y dolores 
en la pierna, además de ansiedad excesiva por impresión 
moral del joven. Tomó en el momento la copa de tintura de 
ranelón, la que se repitió dos horas después. Los síntomas 
sucesivos no fueron alarmantes. El joven, muy impresiona- 
ble, guardó dieta durante unos ocho días, al cabo de los 
cuales fué cuando desapareció la hinchazón del pie. 

Décima observación (1880). — Lubín Bustos, joven de 
18 anos de edad, fué mordido en un pie por un botrops 
pelo de (jato de gran talla. En el momento tomó la copa de 
tintura de cunelún. Hubo dolor é hinchazón del pie, fatiga, 
dolor de cabeza y ansiedad. Se usó la tintura de canelón 
cada seis horas; se le cauterizaron las heridas con limón 
tibio, y se le pusieron cataplasmas aromáticas y unturas de 
grasa alcanforada. Al tercer día el enfermo pudo levantarse. 

Undécima observación (1890). — Aurelio Arce, mordido 
por una colgadura en un brazo. Se le cauterizó con limón 
caliente, se le administró tintura de ranelón y se le aplica- 



72 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

ron cataplasmas de hierbas aromáticas. Los síntomas, que se 
limitaron á dolor de cabeza, hinchazón del brazo y ligero 
malestar, cesaron al día siguiente. 

Duodécima observación (Nuestra : 1890). — N.... Ramírez, 
joven soltera, de 26 años de edad, se nos presentó muy 
alarmada, porque se sentía desfalleciente á consecuencia de 
una metrorragia inesperada y abundante. Nos llamó la aten- 
ción el color amarillo de la piel, y durante el reíalo auiíus- 
tioso de la enferma, la presencia en los ojos de lágrimas 
ligeramente rosadas. 

<( Esta madrugada, » nos decía la paciente, « al ir á pre- 
parar unos fermentos para destilar licores, me picó un 
alacrán ó alguna araña. Ha habido dolor, el cual ha aumen- 
tado en la pierna; después he sentido fatigas, ansias, dolor 
de cabeza, vértigos y pérdida de sangre inesperada. » 

Examinamos la pierna y fué hallada ligeramente edema- 
tosa y con dos puntos de sangre correspondientes á dos 
heriditas semejantes á punzadas de colmillos. Sospecliamos 
que la picadura, hubiese sido hecha por algún otidio vene- 
noso; ordenamos una copa de tintura de canelón cada seis 
horas. Recomendamos á la familia que levantara las ollas de 
la cocina y los rodetes sobre los cuales se apoyan aquellos 
aparatos de fermentación. Al tercer día la paciente nos hizo 
avisar que se encontraba repuesta de los accidentes y que en 
verdad había encontrado en los rodetes de las ollas, una 
víbora color de tabaco, de longitud de una vara. 

Durante el período á que se refieren estas observaciones, 
han ocurrido en Calima varios casos de mordeduras en los 
animales por boirops pelo de gaío muy grandes. 

Un toro, mordido en la nariz, se puso muy triste, erizado 
y deforme por la hinchazón de la cabeza. Á las siete de la 
mañana se le di('» un vaso con tintura de ranelón v se le hicie- 



DEI. CAUCA. 73; 

ron fricciones con ziinio de limón. Á las cinco de ki tarde el 
animal emj)c/.<'» á comer. Se repiti*'» la dosis de canelón en los 
días sij;uicntcs, y el loro se restableció. 

El mismo procedimiento se ha empleado en tres vacas, 
mordidas en el bra/o, v en dos terneros mordidos en la 
pierna, y se ha obtenido ignal resultado favorable. 

Seis perros cazadores fueron mordidos lejos de la casa 
por holrops muy desarrollados. Uno de ellos en un ojo, dos 
en la nariz y tres en los brazos. Todos se salvaron con la 
tintura de canción, aún cuando había trascurrido un par de- 
horas cuando se empezó el tratamiento. Hemos observado 
que en los perros siempre hay grandes hemorragias, lo que 
no sucede en el eanado. 

Nueve casos han ocurrido en bestias caballares y mulares - 
Cuatro de ellas han terminado por la muerte, debido tal vez 
á la demora en la aplicación del remedio, que ocurri() veinti- 
cuatro horas después de las mordeduras, cuando ya había 
hemorragia por las heridas y por las narices. Los otros 
animales se han salvado, empezando la administración de 
la tintura de canelón, pocas horas después de mordidos. Se 
les daba dos copas poco más ó) menos de la tintura de canelón 
cada seis horas y se les friccionaban la herida y las partes 
liinchadas con tajadas de limón. Las muías parecen más 
suceptibles al veneno del bolrnps que los caballos, y el ganado 
vacuno. En un mulo muy estimado, no se notóla enfermedad 
sino cuando ya había empezado la hemorragia por las heridas 
y por las narices. El animal sudaba un líquido amarillo, 
estaba triste y tenía erizados los pelos. Se le dio doble dosis 
de tintura de canelón, se le pusieron cataplasmas aromáticas 
sobre las heridas y se le frotó con el zumo de limón. La 
hemorragia por las heridas persistía, y durante toda la noche 
procuramos combatirla por medio de compresas de agua fría 
v. con tintura de canelón cada seis horas. A las veinticuatro 



74 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

desapareció la hemorragia; pero el animal quedó triste, 
débil, abatido. Acostado sobre el suelo rehusábalos alimentos 
que le obligábamos á tomar. Insistimos en el tratamiento, y 
cuatro días después, el animal se levantó, muy flaco y débil, 
pero ya se estableció una convalecencia lenta, hasta quedar 
completamente bueno. 

Como se observará en la relación anterior, los casos de 
envenenamiento han sido producidos por el botropspelo de gato 
y por la rolyadora^ porque las otras clases de serpientes son 
casi desconocidas en las montañas del Cauca. 

Por regla general, debe aumentarse la cantidad de tintura 
de canelón que se propina al paciente, según sea el tamaño 
del ofidio, y el mayor espacio de tiempo trascurrido desde 
el momento de la picadura. 

La tintura se prepara con aguardiente á 22°. Mientras 
más añeja, más eficaz. 

El ají y el ajipique. 

Estimulantes difusivos muy enérgicos. Su sabor acre y 
ardiente lo deben á un alcaloide líquido : la capsina. Hay 
varias especies de pbmentoü^ de la familia de las sola- 
náceas. El cfji coral ó pimiento de Guinea, y sus variedades, 
tienen fruto grande, mayor de 2 centímetros de longitud 
[Capsicum annuion). El ajipñque ó pimiento de Cayena, que 
tiene el fruto muy \)Q(\i\Qño[Caps¡runi /'(tsí'igu'iatum de Blume). 

Los indios del Ecuador dan el ají como una contra en los 
casos de mordeduras de víboras. El Sr. D. Vicente Be- 
cerra, cancano que reside en el Ecuador, escribe lo siguiente : 

« El Sr. D. Luis Cordero, individuo muy ilustrado é inte- 
ligente, conocedor de las costumbres de los indios 
de Gualaquiza, refiere gran número de curaciones ver- 
daderamente maravillosas, obtenidas con el ají. Cita, entre 
otros casos, el de su pariente, Sr, José AF. Dávila, jefe 



DEL CAUCA. 75 

político del cantón Gualaquiza, y persona absolutamente 
fidedigna. El Sr. Dávila fué mordido por una cqiás en un 
pie. La herida muy profunda se cauterizó con azufre, 
se le dio muchas veces el amoniaco diluido en agua, 
y se le hicieron todos los remedios conocidos por los curan- 
deros sin lograr detener los horribles efectos del veneno. El 
Sr. Dávila desgarraba, sudaba y lloraba sangre ; un estado 
de completa adinamia llevaba al extremo la postración de 
su cuerpo ennegrecido y paralizado, el vientre inflado, el 
cerebro entorpecido, todo anunciaba su próxima muerte. 
Hacía seis días que esta situación venía agravándose, cuando 
se presentó en la casa un capitán jíbaro llamado Anguaslia 
Y prometió salvarlo. Tomó el Indio dos ó tres puñadas de 
rt/7, las trituró dentro de una vasija de agua, y de este líquido 
dio á tomar al paciente una parte y con la otra le aplicó una 
lavativa. En el momento comenzó á notarse la mejoría. Una 
hora después repitió el Indio la misma aplicación; en esta 
vez el enfermo libre de los efectos del veneno comenzó á 
comer con apetito. Por la noche se repitió la poción y la 
lavativa. Al día siguiente, con asombro general, el Sr. Dávila 
se levantaba del lecho perfectamente curado. 

)) Un peón fué mordido por una víbora, y el Sr. Dávila, 
conocedor del antídoto, lo curó en tres días. Otro individuo, 
llamado Pesantez, de S'igsig^ también picado por una víbora, 
se curó con el ají en dos días. 

» Una víbora llamada Is/ii/ji, mordió á una mulata joven, 
de -Macliala, en una pierna. Ya estaba moribunda cuando 
se recurrió al ají, y la curación se verificó en pocas horas. 

» A un jíbaro, llamado Pincha, le hizo nueve mordeduras 
una víbora. El indio cayó como muerto; mas sus compañeros 
le abrieron las mandíbulas y le dieron la primera toma de 
ají. Pinchú se salvó. » 

Los ajíes empleados en el Ecuador han sido el matucho y 



7G LOS OFIDIOS VENENOSOS 

ú junquilla. Parece que el primero es el que llamamos en el 
Cauca aj'tpique, y el segundo el ají común. 

Las Aristoloquias y el Guaco. 

Entre los remedios que dominan el veneno de las serpien- 
tes, ocupan lugar importante varias especies de la familia de 
las Arisíoloquias, como son X^Aristohrhia I/uI/ra, la Arislolo- 
rhia Mili Hommes ó Ansioloch'uf grandiflora del Brasil, la 
Serpentaria de Virginia, la Arisiolochia rordiflora y Arisío- 
lochia pilosa de Colombia. En el Cauca se emplean contra 
la mordedura de serpientes venenosas varias especies de 
Aristoloquias, designadas con los nombres vulgares de 
Zaragozas, Churnbipito, Ninichc y Jialronrilo. 

Estas plantas, repartidas en diversos puntos del globo, 
son en lo general, de tallo voluble, con las hojas alternas, 
pecioladas, cordiformes y reticuladas. Las flores, que son 
solitarias, llaman la atención por su forma irregular y su 
perianto tubuloso é inflado en forma de vientre hacia la base. 
Los frutos son capsulares. 

La Arisiolochia grandiflora (Gómez) tiene las raíces amargas,, 
nauseabundas y tóxicas para los animales, incluso el cerdo, 
cuando son frescas. En dosis terapéutica goza de propiedades 
estimulantes, muy útiles contra las mordeduras de las ser- 
pientes y contra las afecciones pútridas y gangrenosas. 

La Mirhania guaro (familia de las compuestas E upa lorias)., 
de la cual se emplean los tallos volubles y la raíz, posee un 
sabor amargo y nauseabundo. Goza de propiedades estimu- 
lantes análogas á las de la Serpentaria (A. Gubler, Comen- 
tarios del Code.r). 

De las observaciones referentes al uso de las Aristoloquias 
contra las mordeduras de las víboras, extractamos las si- 
guientes, suministradas por M . IL Lowther al Rev. F. G. Wood, 



15° 



ZARAGOZA NINICHE 



Pag-. 76. 




Jl.Jirce 



Zaragoza niniche... 



yAnstolochia pilosa 



ARISTOLOCHiA PILOSA 



DKL CAICA. 77 

íuilor de l;i Illustraled jSdtural litslon/ (Londoii, 1803). 

« De acuerdo con sus deseos le envío la i'elaciíni de un 
caso escogido entre más de veinte en los cuales he usado la 
AfLs(o/or/iia Lid'ira contra las mordeduras de serpientes 
venenosas. 

» Una robra había sentado su domicilio en un terraplén 
formado por unas hormigas blancas, cerca de la casa de 
Mr. Bretón. Un día llegó unapartida de cazadores deserpientes, 
y el dueño de la casa aprovechó la oportunidad para librarse 
del incómodo huésped. Después de excavar hasta cierta pro- 
fundidad los conductos del terraplén, uno de los trabajadores 
introdujo el dedo en el agujero para explorar la dirección. 
En esta maniobra la cobra lo mordió, y uno de los compañeros 
corrió al arroyo vecino para coger unas hojas que molió en 
una piedra y cuyo zumo administró para alivio de su amigo. 
El cazador informó á Mr. Bretón que esa planta era un espe- 
cífico contra el veneno de las serpientes, que ellos llevaban 
siempre consigo algunas raíces para un caso necesario. 
Mr. Bretón trasladó la planta á su jardín y tuvo ocasión des- 
pués, de emplearla con buenos resultados. 

)) La planta es trepadora y se cubre de hojas en la estación 
en que las serpientes duermen en las cuevas. Hay muchas 
especies de Aristoloquias, pero la Indica es la que tiene sabor 
más amargo y aromático. 

)) Trajeron á mi casa una joven hindú mordida en un 
pie por una cohra^ en un estado tan desfalleciente que 
rehusé hacerle el remedio por no desacreditarlo en caso 
tan desesperado. La enferma no tenía pulsaciones apre- 
ciables, estaba fría y de aspecto cadavérico. A instancia 
del marido, le abrimos la. boca y derramamos en la gar- 
ganta el zumo de tres hojas de ari>ilolociaia^ mezclado en 
el agua con diez granos de pimienta negra. Pasados diez 
minutos dio señales de vida, por contracciones en el labio 



78 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

inferior. Después tuvo algunos movimientos en los pies, y 
por fin hizo una profunda inspiración como si volviera de un 
síncope. Aun cuando tenía el pecho frío, manifestó sentir un 
fuego interior que la devoraba. Administramos el zumo de 
una hoja de ar'isloloquia mezclado con el agua. Dos horas 
después nos señalaba la herida en el pie, podía caminar y se 
marchó para su casa en reposición. » 

Para Mr. Lowther, que permaneció mucho tiempo en la 
India, el efecto de la arisioloqum es infalible en el hombre; 
tanto que él llevaba siempre consigo un mortero con su 
mano para no retardar la preparación del zumo de la hoja 
fresca. 

En el Chocó usan mucho el zumo de lialconáto (que es una 
aristoloquia) contra la mordedura de las serpientes, y lo 
emplean también como profiláctico. 

]No se debe olvidar que las plantas de esta familia, muy 
estimulantes, son tóxicas cuando se toman frescas en dosis 
exageradas. La poción se prepara con veinte gramos de raíz 
por un litro de agua hirviendo. 

La hiél de víbora. 

Es remedio empírico, usado desde tiempo inmemorial en 
el Chocó y en el valle del Cauca, contra el envenenamiento 
por mordedura de ofidios. 

El médico homeópata S. B. Hagins lo preconiza como un 
específico sin rival usado entre los indios de la América 
del Norte, y refiere algunas observaciones relativas al empleo 
de la hiél de víbora en individuos mordidos por la cascabel. 

He aquí algunos casos recogidos por nosotros : 

r El joven Sr. E., de unos 22 años de edad, salió una 
noche de la sala al corredor de una casa de campo en la 
cordillera, y fué mordido en un pie por un botrops pelo ele 



DEL CALCA. 79 

gato, de talla regular. Desarrolláronse los síntomas locales y 
generales del envenenamiento, los que se detuvieron en sus 
manifestaciones peligrosas, con el uso de la hiél de víbora 
disuelta en aguardiente, propinada por copilas, cada cuarto 
de hora. 

2° (1890). — A Manuel José Calderón, mulato de 30 años 
de edíid, vecino de Jamundí, le mordió sobre la pantorrilla 
una equis (botrops rhombeatiis)^ de gran talla, á orillas del río 
Cauca. Cuatro horas después del suceso, lo condujeron á la 
casa del Sr. Don Policarpo Vallecilla, quien le propinó, de 
hiél de víbora disuelta en aguardiente, una copa cada seis 
horas. El enfermo llegó á la casa muy postrado de fuerzas, 
con dolor de cabeza, vómitos sanguinolentos, edema de todo 
el muslo hasta las ingles, dolores agudos en las coyunturas 
y sopor. Al día siguiente se restableció. 

3° Antonio Mosquera, mayor de iO años, negro natural 
del pueblo de Buenos Aires y vecino de Jamundí, fué mor- 
dido (1891) sobre el pie derecho por una equis de talla 
regular. Pocas horas después del suceso ocurrieron á casa 
del mismo Sr. Policarpo Vallecilla, quien propinó la hiél en 
aguardiente, y curó al enfermo en pocos días. 

Modo de preparar la hiei de víbora y de administrarla. 

Se extrae de una serpiente de las más venenosas la vesí- 
cula de la hiél, con su contenido; se ata el perículo con la 
extremidad de un cordón; se pican con una aguja las paredes 
de la vesícula y se mezcla en medio del aguardiente ó alcohol 
á 22° que contenga una media botella perfectamente limpia. 

Se da á beber, en muy corta cantidad, cada cuatro ó seis 
horas. Se dice que es peligroso tomarla en alta dosis, porque 
produce los mismos efectos que el veneno del ofidio (1 



'1) El Doctor Calmette emplea las inyecciones del suero de un animal 



«o LOS OFIDIOS VENENOSOS 

El aguardiente y el amoníaco. 

Si pasamos de las ronlras usadas por los salvajes, á la 
práctica de la gente civilizada y aun de los médicos, encon- 
tramos el uso del alcohol y del amoníaco, preconizados al 
interior como antídotos fisiológicos del veneno de los ofidios. 

La mayor parte de los médicos convienen en aceptar el 
poder estimulante del alcohol hehido en mucha cantidad, 
hasta producir la embriaguez, como el agente curativo prin- 
cipal en los brebajes compuestos con las sustancias que 
dejamos enumeradas. 

Esta era nuestra opinión hasta que vimos administrar con 
buen suceso contra las mordeduras de las serpientes, los 
zumos ó las tinturas de las Piperáceas^ de las Ansloloqiúas y 
la hiél de víbora, en dosis de treinta {\ sesenta gramos en 
veinticuatro horas. 

Pero el alcohol en forma de bebida espirituosa, de aguar- 
diente, de coñac ó brandy, de mistelas ó ratafias, tomado 
copiosamente sirve en efecto para combatir los accidentes 
producidos por la inoculación del veneno de los animales 
ponzoñosos. 

En los anales de nuestra medicina nacional hemos encon- 
trado los siguientes casos : 

1° El joven Dr. L. .M. Cuervo, médico militaren el ejército 
que atravesó por Ayapel, desde el Departamento de Antioquia 

envenenado por la ochidiiina como antídoto rontra la mordedura de las 
víboras. En general cinco centímetros cúbicos del suero envenenado por un 
miligramo de veneno de víbora bastan para combatir como antídoto la 
mordedura de las serpientes que han inyectado un miligramo de veneno 
puro. Mientras más tiempo haya trascurrido después de la mordedura 
mayor será el grado del suero usado en el individuo intoxicado. Estos 
experimentos del sabio discípulo de Mr. Pasteur, pueden dar la explicación 
del tratamiento empírico de la hiél de víbora usado hace muchos años en 
(Colombia contra las mordeduras de las serpientes venenosas. 



DEL CAUCA. 81 

hasta el de Bolívar, en la í^ucrra de 1885, se expresa como 
sii>iie : 

« Los oíidianos son numerosos en los bosques y en los 
pajonales. El número de yíctimas que cada año hace su 
veneno es relalivamenle considerable. » 

Se trataba en un caso de una mapmiá verrugosa de metro 
y medio de long:itud que había mordido á uno de nuestros 
soldados en la pantorrilla desnuda. Inmediatamente se le 
lig() la pierna por debajo de la rodilla ejerciendo una cons- 
tricción violenta, se le hiceron incisiones cruciales sobre las 
heridas de las dos mordeduras que la mapaná había hecho, 
se le cauterizó con amoniaco líquido y al mismo tiempo se le 
dio aguardiente hasta embriagarlo, y de esta manera se 
logró salvarlo de una muerte casi segura si se tiene en 
cuenta la actividad del veneno de esa serpiente. Al otro día 
el soldado siguió la marcha del ejército sin que hubiera 
sentido otra novedad que calambres y hormigueos en la 
pierna herida. 

(i De la misma manera se trató en Calamar cá un individuo 
á quien mordió una cascabel sobre el tendón de Aquiles, sin 
que se hubiera manifestado ningún síntoma de envenena- 
miento >) [Revista Médica de Bogotá, n" 102. Mayo 20 de 1886.) 

2° El Dr. José V. Restrepo, de Antioquia, tuvo ocasión 
de tratar el siguiente caso : 

« Heliodoro V... de 34 años de edad, de buena constitu- 
ción, trabajador infatigable en las márgenes del río Porce, 
fué mordido por una mapaná equis, el 23 de Agosto á las 
9 a. m. 

» La serpiente, de gran talla, tenía poco más ó menos un 
metro y veinte centímetros de longitud, y cuatro centímetros 
de diámetro en su parte más gruesa. La mordedura fué 
sobre el pie derecho. 



82 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

» En los primeros momentos, el paciente sólo percibió 
una ligera punzada y que le tiraban del pie. y el terror 
natural cuando descubrió la serpiente. Después tuvo dolor 
insoportable en el pie y en la pierna, hinchazón en toda 
ésta, hemorragia de las encías, epistaxis abundante, hema- 
turia y diarrea de sangre. Hubo calofríos, fiebre, delirio y 
convulsiones en la noche del 23. El tratamiento empírico, 
desde el momento de la mordedura hasta el 26 en que 
llamaron al Dr. José V. Restrepo, consistió en una serie de 
medicamentos estimulantes extraordinarios. Un frasco de 
tintura de guaco y mejorana, trescientos gramos de amoniaco 
líquido (?). Los síntomas graves persistieron, hasta el 26, día 
en que el Dr. Restrepo comenzó á usar de una medicación 
racional, compuesta de percloruro de hierro, en seguida de 
ergotina, de diuréticos y sudoríficos, medicación que se 
sostuvo hasta la convalecencia del enfermo algunos días des- 
pués. » 

Es de notar en esta observación lo pronunciado de los 
síntomas graves y alarmantes producidos por el veneno 
ofídico ; la enorme dosis de amoníaco líquido que aseguran 
tragó el enfermo, la que sin duda ocasionó la fiebre y el 
delirio, que no acompañan de ordinario al envenenamiento 
por mordedura de serpientes. 

3° En Diciembre de 1862, viajaba el Dr. Manuel Uribe 
Ángel para Rogotá, por el viejo camino de Sonsón. Un peón 
de los que le acompañaban, de 23 años de edad y robusto, 
fué mordido por una equis de un metro de longitud, en las 
márgenes del río San Pedro. Dos gotas de sangre señalaban 
sobre el maléolo derecho, la entrada de cada uno de los 
colmillos de la serpiente. Al punto, el Dr. Uribe Ángel hizo 
meter el pie del enfermo en agua del río, lavó con sus pro- 
pias manos la herida; hizo incisiones en cruz sobre las 
mordeduras, con un bisturí que llevaba, y volvió á lavar 



DEL CAUCA. 83 

la heiiila; la cauterizó ligorameiile con el amoniaco y le 
propinó al paciente, en aguamiel, ocho gotas de álcali, dosis 
que repitió momentos después, para combatir un vértigo 
fugaz y el estupor que se apoderó del enfermo al verse mor- 
dido por el reptil. Salvo la ligera hinchazón del pie, no hubo 
mayores consecuencias, y el peón se restableció al día 
siguiente. 

Observaremos en este caso, que las incisiones y los grandes 
lavados con el agua corriente, hechas por el médico en 
seguida de la mordedura, impidieron que el veneno pene- 
trase en la sangre. El veneno de los ofidios es muy soluble en 
el agua. 

La curarina 

del Sr. D. Juan Salas Nieto. 

Este específico ha ganado crédito en el Cauca, en Panamá, 
en Bolívar y en otros Departamentos de Colombia. 

Es tintura de sabor acre y acerbo, tónica y estimulante á 
la dosis de una cucharada cada media hora, en los casos de 
mordedura de víboras. Parece ser una tintura de canelón y 
de otras Piperáceas mezcladas con hiél de víbora. 

Hubo ocasión propicia para experimentar los efectos de la 
curarina, como antídoto del veneno de las serpientes, en la 
Exposición de Caracas (1883), cuando el acaso ofreció á la 
vista de infinidad de circunstantes un caso decisivo en su 
favor. 

u Juan Lobo, joven de diez y ocho años de edad, fué mor- 
dido en el Palacio de la Exposición el 6 de Agosto de 1883, 
por dos serpientes muy venenosas, puestas en exhibición 
en la propia vidriera en donde estaban colocados los frascos 
de curarina. 

« Por descuido, una délas serpientes llamada la Yiejila, 
se escapó de la vidriera, y Lobo acostumbrado á maneiar 



84 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

culebras, pero siempre con las manos untadas del medica- 
mento, no tuvo tiempo de pensar bien en lo que hacía^ 
pues la escena pasaba en medio del inmenso concurso que 
visitaba la Exposición. Se lanz('>, pues, sobre el animal, lo 
cogió y fué mordido. Lolio no hizo caso del percance y 
atraído por el concurso se mantuvo allí liaciendo alarde de 
su familiaridad con las culebras. Media hora más tarde fué 
mordido por una macawei exlremixá-dmenie venenosa. 

)) Una hora había trascurrido desde esta última mordida, 
cuando Lobo, sintiéndose malo, fué á su posada con sínto- 
mas de envenenamiento, dolores y opresión al pecho, palpi- 
taciones del corazón, pulso irregular, hemorragias por las 
mucosas, vómitos, sudores fríos y postración de las fuerzas. 

» En este estado le fué administrado el medicamento eii 
inyecciones hipodérmicas, el cual hizo cesar los síntomas, 
alarmantes y restablecer la salud del paciente. » 

(Certificado délos Dres. Gregorio F. Méndez, M.M. Ponte 
y J. Guedler, médicos de la Universidad de Caracas.) 

En cierto caso de envenenamiento avanzado, en un joven 
habitante de la cordillera, cerca de Cali, mordido en el pie 
por un botrops de talla regular, presenciamos los síntomas 
patentes del veheno de los ofidios, así como los efectos de 
la curarina. El miembro inferior estaba frío, hinchado en 
toda su extensión, con las articulaciones adoloridas. Man- 
chas purpurinas se veían sobre la piel ; el hígado y el bazo 
estaban enormemente congestionados y sensibles á la pre- 
sión; pulso pequeño y lento, no batía más de 58 veces por 
minuto. Hubo hemorragia por las encías y por las narices, 
hematuria abundante, deposiciones de sangre, postración de 
las fuerzas y terror de la muerte. 

En este estado ordenamos le dieran la curarina, por 
cucharadas, cada dos horas, y que se le aplicaran cataplas- 
mas de piperonia {cuarti/lito), sobre la herida. 



DEL CAUCA. 85 

Cuatro días después el enfermo se hallaba fuera de peli- 
gro; pero qued() sufriendo de una anemia profunda. Meses 
más larde, el mismo individuo volvió á ser mordido por una 
•equis de escasa talla, y se curó con el citado específico, ya 
•conocido por él. 



Aplicaciones locales. 

La piedra de la serpiente. Entre las aplicaciones sobre las 
mordeduras de las serpientes, mencionaremos la piedra de 
la serpiente, pasta porosa usada por los indios del Cauca, y 
compuesta de cascaras de huevo molidas y mezcladas con 
sangre. En la India usan, con el nombre de Pamboo-Dalüo, 
una masa compuesta según Mr. Faraday, de huesos calcina- 
dos. Otra pasta, hecha de cuerno de ciervo calcinado, se 
usa en Méjico. Esta tiene entre los lio tentóles el nombre de 
haba del caballero. 

La piedra se adhiere, según la tradición de los indígenas, 
durante algunos minutos al sitio de la mordedura, absorbe la 
sangre y el veneno inoculado, y cae por sí sola cuando ha 
fenecido el peligro. 

Otra práctica del África, consiste en aplicar sobre la 
herida las carnes palpitantes de alguna ave sacrificada en el 
momento del suceso. Entre nosotros, creen que la caña de 
azúcar descortezada chupa el veneno cuando se aplica inme- 
diatamente sobre la herida. 

El Sr. Monzón, en sus viajes por el Chocó, descubrió uno 
de los medios de que se valían los juglares para hacer ino- 
fensivas las víboras. Consistía en obligarlas á morder un 

o 

limón momentos antes de empezar el juego de manos con 
esos reptiles. 

Una col ¡j adora enfurecida mordió el limón que se le pre- 



86 LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA. 

sentaba, y murió pocos momentos después del experimento; 
pero en otros casos no ha sucedido lo mismo. 

El zumo de limón hace más \isibles las mordeduras 
cuando el edema no deja percibirlas. 

Un diario de San Pedro (Brasil), refiere lo siguiente : 

« Un agricultor fué mordido en la pierna por una víbora 
Cascabel que fué muerta inmediatamente. 

» Sin impresionarse por ese hecho, el mordido tomó 
un limón agrio, llamado vulgarmente limón gallego, lo corló 
en dos mitades, á las que adicionó cierta cantidad de sal de 
cocina, y así preparadas las puso alternativamente en el 
fuego, aplicándolas cuando hervían, á manera de cauterio 
en las heridas profundas dejadas por la víbora. Repitió la 
operación durante algunos instantes, colocó una ligadura en 
la parte superior de la pierna, y sin dar ninguna importancia 
al caso, prosiguió su trabajo durante todo el día. 

» El agricultor manifestó que después de ser mordido por la 
víbora, apenas sintió un leve peso en la cabeza, el que desa- 
pareció en seguida de la operación del cauterio. » 

[Del Ferrocarril de Cali.) 



CAPÍTULO VI, 



Reflexiones acerca de los métodos empíricos contra mordeduras de serpien- 
tes. — Empleo de unas mismas sustancias en diferentes regiones del 
globo terrestre. — Los métodos vulgares no son medios infalibles para la 
curación de los mordidos de serpientes. — Antídotos químicos y antídotos 
fisiológicos. — Importancia de los agentes estimulantes como remedios 
iocrálicos. 



Acabamos de pasar en revista los métodos empíricos em- 
pleados popularmente contra las mordeduras de los ofidios. 

Lo más importante de nuestro trabajo consiste en haber 
acumulado los conocimientos sobre plantas y sobre sustan- 
cias activas empleadas por los curanderos : tarea difícil de 
llenar, si se atiende al misterio de que éstos rodean sus 
prácticas, movidos por el deseo de transmitirlas como reme- 
dios secretos de familia. 

Una vez compilados los métodos empíricos, recogidas las 
observaciones dignas de crédito, clasificadas las plantas de 
que se hace uso, estudiada la acción terapéutica de los 
zumos activos que éstas contienen, y conocidos los efectos de 
los medicamentos que se usan para combatir la ponzoña de 
los ofidios, tenemos la base necesaria para saber si los lilti- 
mos deben entrar ó no en la corriente científica de nuestra 
medicina nacional. 

Vamos á exponer algunas reflexiones que nos ha sugerido 
el estudio de los consabidos métodos. 

En primer lugar merece anotarse la semejanza entre los 
métodos y la analogía entre las plantas y las sustancias em- 



88 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

pleadas por el vulgo en regiones lejanas del globo terrestre. 

El indígena de la India usa de las plantas pertenecientes á 
la familia de las Aristoloquias, lo mismo que el indio de la 
América del Norte ó el negro del Brasil. 

En nuestras investigaciones acerca de los secretos de los 
curanderos del Cauca, encontramos que el cuartillito y el 
canelón de Telembí, pertenecen á la familia de las Piperáceas^ 
en tanto que los viajeros ingleses señalan la pimienta como 
sustancia activa empleada en los brebajes de los indios; 
aquí como allá mezclan los zumos de las plantas con bebidas 
alcobólicas. 

Algunos médicos franceses, ea sus viajes á las Antillas, 
refieren que los habitantes de la Martinica emplean los pi- 
mientos como contraveneno de los ofidios, y hemos visto que 
en el Ecuador se valen del aji con el mismo objeto. 

La pasta formada con la cascara de huevo entre los indí- 
genas del (>auca, es semejante al habn del caballero entre los 
hotentotes, compuesta de cuerno de ciervo carbonizado. 

Hay una tendencia entre los pueblos de las más remotas 
regiones, á emplear medicamentos semejantes contra unos 
mismos accidentes, sin que existan tradiciones comunes ni 
medios de comunicarse entre sí. 

Se comprende que los sabios puedan transmitirse las ideas, 
de un continente á otro, por medio de libros y periódicos 
escritos en diferentes idiomas; pero no hay explicación de 
cómo los aborígenes del Chocó, hombres salvajes, sumidos 
en ignorancia profunda con relación á la existencia de otras 
regiones lejanas del globo, puedan recibir por tradición los 
conocimientos de los habitantes de la India, para emplear 
las hojas y zumos de plantas de una misma familia contra 
accidentes parecidos. 

Todo esto prueba que hay un instinto curativo análogo, 
en el estado de naturaleza de la especie humana : tenden- 



DEL CAUCA. 89 

cia universal que el médico debe tener en cuenta para 
inquirir la verdad. 

En segundo lu};ar, la observación nos demuestra que el 
veneno de los ofidios de Colombia es bastante activo para 
producir la muerte en el hombre. No será más activo el 
líquido de la cobra., cuyos colmillos están surcados por canales 
abiertos, que el de la e(pi¡s que instila hasta la última ^ota 
del veneno por medio de colmillos provistos de conducto 
cerrado en su longitud, pero abierto en sus extremidades. 
Los efectos horrorosos del veneno de los botrops del Cauca, 
los presenciamos con alguna frecuencia en las selvas, para 
no abrigar la más pequeña duda acerca de sus terribles con- 
secuencias. 

Por tanto, aceptamos los métodos vulgares de tratamiento 
como recurso precioso para combatir los accidentes produ- 
cidos por el veneno de los ofidios ; pero no en el sentido de 
antídotos infalibles, como los preconizan los ciegos admira- 
dores de la tradición indígena. Difícilmente se detendrá á la 
muerte cuando un gran botrops de nuestras montañas muerda 
á un niño ó á una persona débil. Reconocemos de grado que 
en ocasiones bastarán las fuerzas naturales del organismo 
para resistir por sí solas el envenenamiento de los ofidios y 
recuperarla acción normal de las fuerzas vitales; pero esos 
no son los fenómenos comunes que nos enseña la experiencia. 

De la misma manera, en los casos de envenenamiento por 
el virus ó microbios patógenos del tifo amarillo y de la 
disentería ó de los miasmas de la malaria, los pacientes pue- 
den tener una terminación fatal, no obstante los recursos 
terapéuticos del sabio, ó al contrario, salvarse con el auto- 
cratismo natural solamente, sin que dejemos de reconocer 
el poder curativo de la quinina, de la ipecacuana y de los 
otros remedios aconsejados por la ciencia para combatir 
aquellas enfermedades. 



90 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

En tercer lugar, no creemos que las sustancias estimu- 
lantes de que hablamos, neutralicen el veneno de los ofidios, 
á la manera de los antídotos químicos. Sabemos que la clara 
de huevo, la magnesia y el hidrato de peróxido de hierro 
forman con el arsénico ingerido en el estómago, compues- 
tos insolubles, y de esta manera impiden la absorción del 
tósigo que ya no puede obrar libremente en la circulación 



sanguínea. 



Pero hay también antídotos fisiológicos; es decir, medi- 
camentos que dan al organismo fuerza excitante suficiente 
para resistir los efectos del veneno y procurar su pronta eli- 
minación. Las sustancias que dominan los efectos de la linfa 
de los ofidios, conocidas con el nombre de ¡acráticos^ deben 
considerarse como antídotos fisiológicos, tanto más si los 
eventos que acabamos de relatar demuestran que con el 
empleo de ellos, se atajan los efectos mortales de la ponzoña, 

A este respecto, nos separamos de la opinión del ilus- 
trado Profesor Lacerda, del Brasil, de quien hemos tomado 
buena parte de sus trabajos sobre las serpientes. Para el 
Profesor Lacerda, es una quimera buscar antídotos fisioló- 
gicos capaces de neutralizar la acción disolvente del veneno 
ofídico sobre el glóbulo sanguíneo. Según él, no hay más que 
el antídoto químico que desconponga el veneno en la cápsula 
del laboratorio. 

í^ero la observación de viajeros naturalistas y de médi- 
cos ilustrados, demuestra que bajo la influencia del alcohol 
y de los principios estimulantes que se encuentran en el 
zumo de las Piperáceas y de las Aristoloquias,se detienen las- 
hemorragias, se vuelve el calor al cuerpo frío, se opone á la 
acción destructora del veneno la energía de las fuerzas vila- 
les y se mantiene la vida de los pacientes, quienes, sin esos 
auxilios, morirían. Debemos, pues, convenir en que existen 
sustancias capaces de dar fuerza de reacción á la célula viva 



DKL CAUCA. 91 

para resistir el ataque del veneno perturbador, oponerse á 
sus efectos disolventes y eliminarlo de la economía. 

No dudamos que el conocimiento de los métodos empíri- 
cos nos conducirá á la adopción de nuevos métodos racio- 
nales para combatir los síntomas alarmantes del envenena- 
miento por mordeduras de reptiles. 



CAPÍTULO YII 



Métodos racionales para neutralizar el veneno de las serpientes. — El per- 
mangaualo de potasa. — El ácido crómico. — El cloruro de oro y el cloruro 
de cal. — El nitrato de estricnina. 



Hasta aquí hemos recorrido los métodos empíricos emplea- 
dos popularmente contra las mordeduras de los ofidios vene- 
nosos : métodos adquiridos en su mayor parte, por tradi- 
ción de los salvajes indígenas de la India y de la América, 
y sin otra base que la observación y la experiencia, guiadas 
por el instinto de conservar la vida. 

Los métodos racionales tienen por base el conocimiento 
de la naturaleza del veneno y de sus efectos fisiológicos en la 
economía animal. 

Recordaremos que el veneno de la serpiente es un líquido 
de consistencia gomosa, muy soluble en el agua, é insoluble 
en el alcohol y en el éter; que puede tragarse impunemente, 
pero que inoculado bajo la piel produce efectos locales en 
el sitio herido, y generales en toda la economía. Sabemos 
que á la excitación nerviosa momentánea que produce el 
miedo de sentirse mordido por una serpiente, sigue la de- 
presión, que va manifestándose hasta la muerte en los siste- 
mas arterial y nervioso. Conocemos los efectos de la pon- 
zoña sobre el glóbulo sanguíneo, al que deforma, alarga y 
diluye sin hacerle perder la propiedad de oxidarse. Igual- 
mente las congestiones de los órganos y las hemorragias de 
las mucosas y de la piel. 



LOS OFIDIOS vkm:xosos del cauca. 93: 

Así, pues, el espíritu cioulííico debe tratar primero de la 
descomposición del veneno de los ofidios en su estado origi- 
nal, })or medio de los antídotos químicos y de impedir que 
penetre al torrente circulatorio. Si esto no se consiguiere, 
vendrán en auxilio de las fuerzas vitales, los remedios esti- 
mulantes ó antídotos fisiol(5gicos. 

Con el objeto de descomponer el veneno de los ofidios, 
los médicos y los cirujanos de varias regiones del globo, 
ban ensayado el nitrato de plata, el percloruro de liierro, el 
sublimado corrosivo, el yodo, el ácido fénico, el tanino, el 
amoniaco, el alcohol, etc., sin haber obtenido resultados 
satisfactorios. En los últimos tiempos se han ensayado con 
algún buen suceso los compuestos minerales, que se separan 
engases, como el oxígeno y el cloro. Estos gases atacan las 
materias orgánicas y pueden descomponer el veneno de 
los ofidios. 

El permanganato de potasa. 

í( Este agente químico, dotado de una acción oxidante 
muy fuerte, cuya presencia altera casi todas las sustancias 
orgánicas y detiene el curso de la putrefacción, podría tal vez 
cambiar la composición molecular del veneno y obrar como 
antídoto químico. » 

El ilustrado Profesor del I]rasil, J. B. de Lacerda, em- 
prendió los experimentos, inyectando soluciones de perman- 
ganato de potasa al uno por ciento de agua pura, ya sobre 
el punto previamente inoculado con el veneno ofídico en los 
animales, ya en las venas de los mismos animales, cuando 
las perturbaciones ocasionadas por el veneno eran bien ma- 
nifiestas. 

Sus experimentos, verificados en presencia de S. M. el 
Emperador D. Pedro de Alcántara, del cuerpo diplomático, 



94 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

de los senadores, ministros, médicos y jurisconsultos, alcan- 
zaron resultados brillantes, que fueron presentados por 
Quatrefages á la Academia de ciencias de París (1881). 

La práctica corroboró en muchos casos clínicos los expe- 
rimentos anteriores, combatiendo el envenenamiento produ- 
cido en el hombre por diferentes especies de serpientes pon- 
zoñosas del Brasil, tales como la cascabel, la jararacusa, la 
jararaca, la urutu y la surucucu. 

Ninguno pone en duda la energía del veneno de estas 
serpientes, y por tanto, los resultados por medio del perman- 
ganato de potasa han sido admirables. 

Cuando la aplicación del permanganato de potasa se hace 
inmediatamente después de la mordedura, se detiene en el 
acto la acción local del veneno. Cuando se ha retardado 
algunas horas y la penetración del veneno en la sangre se 
manifiesta por síntomas graves, la gravedad disminuye 
con prontitud y el restablecimiento se opera en pocos días. 
Casos ha habido, en los cuales, perdida toda esperanza de 
salud, se ha vuelto á la vida á algunas personas, por medio 
de las inyecciones de que hablamos ; de tal manera que han 
convencido á los más incrédulos. 

Pueden acaecer algunos reveses si no se observan las 
reglas siguientes : 

I'' Es necesario procurarse permanganato de potasa puro. 
La solución no debe prepararse sino en el momento de ser- 
virse de ella. 

1" Las inyecciones deben ser practicadas en el punto 
mismo de la herida, siguiendo en cuanto sea posible el tra- 
yecto recorrido en los órganos por el colmillo de la serpiente. 

3* Las inyecciones deben ser repetidas, ya en la herida 
misma, ya en diversas partes del miembro entumecido, á 
intervalos más ó menos aproximados, hasta obtener la 
atenuación evidente de los síntomas. 



DEL CAUCA. 95 

4* Las inyecciones (lel)en ser practicadas lo más pronto 
posible, después de la mordedura. 

Cumplidas estas condiciones, el buen suceso es casi 
infalible. 

Agregaremos que el permanganato de potasa es desinfec- 
tante poderoso, incompatible con todas las sustancias orgá- 
nicas : con el alcohol, con la glicerina, con el azúcar y con 
todas las infusiones vegetales. 

Debe disolverse en agua destilada ó en agua muy pura. 

Los montañeses, los hacendados, los campesinos, deben 
estar provistos de un estuche qive contenga el permanganato 
de potasa puro, la jeringuilla de inyección hipodérmica y un 
frasco muy limpio para hacer la solución. 

En el Brasil, el país de la América en donde abundan las 
cascabeles, la confianza ha ganado los espíritus y nadie teme 
perder la vida por consecuencia de la mordedura de los 
ofidios, gracias á la vulgarización de este método. 

Ácido crómico. 

La Academia de Medicina de París ha concedido el pre- 
mio Orfila al Profesor Kaufman de la escuela de veterina- 
ria de Alfort, por ima solución destinada á curar las mor- 
deduras de las víboras, compuesta de una parte de ácido 
crómico disuelta en cien partes de agua. 

Según Mr. Kaufman, el ácido crómico obra tanto sobre 
las perturbaciones locales como sobre las generales ; atenúa 
unas y otras, y no ofrece inconvenientes para las inyeccio- 
nes. La solución recomendada es de uno por ciento de agua 
pura. Es preciso inyectarla en el punto de inoculación del 
veneno. Precipita á éste, de modo que su acción es tanto 
más fuerte, cuanto la inyección se practica con mayor rapi- 
dez después de la mordedura. 



% LOS OFIDIOS \ ENENOSOS 

El ácido crómico, muy soluble en el agua, es incompati- 
ble con el alcohol y las sustancias orgánicas. 

El cloruro de oro y el cloruro de cal. 

El Dr. Albert Calmette, médico Director del Instituto Bacte- 
riológico de Saígon, ha presentado á la Academia de Medi- 
cina de París un trabajo intitulado « Estudio experimenta [ 
del veneno de ¡a JSaja tripudiano. Cobra capelo ó Culebra de ca- 
pucho y exposición de un método para neutralizar este 
veneno en el organismo. » • 

Mr. Calmette tuvo la fortuna de recibir un barril que con- 
tenía diez y siete de estos peligrosos reptiles, de los cuales 
llegaron catorce vivos. 

Sacrificó once para extraer de las glándulas el veneno que 
le ha servido en sus experimentos. 

Todos los animales inyectados con el veneno murieron. 

Después de varias experiencias llegó á esta conclu- 
sión : 

« Que el cloruro de oro, introducido en suficiente cantidad 
en los tejidos de un animal inoculado con una dosis mortal 
de veneno de la cobra, aun fuera de los puntos de inocula- 
ción del veneno, impide la intoxicación del animal, con tal 
de que se intervenga antes de que los síntomas de asfixia 
bulbar se hayan manifestado. » 

La solución que se emplea es de uno de cloruro de oro 
puro por ciento de agua. 

El mismo doctor Calmette ha preconizado con experiencias 
posteriores las inyecciones de cloruro de cal anhidro como 
antídoto del veneno de las serpientes. Una parte de cloruro 
de cal seco en peso debe disolverse en once partes de agua 
hervida, la solución química se hará hasta el momento en 
que haya de emplearse, y las inyecciones subcutáneas deben 



DEL CAUCA. 97 

hacerse en la proximidad do la herida y tamhién hajo la piel 
del abdomen. 



El nitrato de estricnina. 

* 

Señalamos el uso de la estrimina como contraveneno en 
las mordeduras de las serpientes. 

Solución de una parte de estricnina (nitrato) en doscien- 
tas cuarenta partes de agua, mezclada con un poco de glice- 
rina, ha sido empleada con buen éxito por el Dr. Müeller 
de Australia. La solución se infecta hipodérmicamente, á 
intervalos de 10 á 20 minutos, según la gravedad del caso. 
La cantidad empleada en cada inyección es de unas veinte 
gotas. Los dos venenos parece que se descomponen mutua- 
mente, con el resultado de que ambos se neutralizan. Des- 
pués de varias inyecciones, cuando ya todo el veneno de la 
culebra está neutralizado, los efectos de la estricnina em- 
piezan á manifestarse con espasmos, y entonces debe sus- 
penderse el tratamiento. En cien casos, de mordedura de 
culebra, el Dr. Müeller salvó noventa y nueve personas, y 
una murió por falta de cuidado. (Del Pensamienio contem- 
poráneo de New York.) 

Este método tiene el defecto de exponer el paciente á un 
nuevo envenenamiento por la estricnina, si la curación no 
es dirigida por manos muy hábiles. 



CAPITULO VIH, 



Tratamiento de los accidentes producidos por mordedura de los ofidios 
venenosos. — Medios locales. — La ligadura. — La succión. — Las 
ventosas. — Las incisiones y la cauterización. — Medios generales. — 
Las inyecciones hipodérmicas y las pociones estimulantes. 



Conocidos los métodos y las sustancias que pueden em- 
plearse contra mordeduras de víboras, el médico puede en 
un caso especial establecer su sistema de curación con pro- 
babilidad de buen éxito, sin más que atender a las indica- 
ciones racionales, segiin los accidentes que deba combatir, 

1" Debe oponerse á la absorción del veneno en el torrente 
circulatorio. 

2" Debe combatir los efectos del veneno absorbido. 

Para esto, dispone de medios locales y de medios gene- 
rales, que obrarán segi'm el momento en que tenga que 
intervenir. 

Medios locales. 

La ligadura tiene por objeto impedir la absorción del 
veneno por el torrente circulatorio. Debe hacerse inmedia- 
tamente después de la mordedura y lo más cerca posible 
arriba del punto herido. Un pañuelo, una corbata, una tira 
de vestido, un cordón, un bejuco flexible, pueden servirnos 
por el momento. La constricción debe ser bastante fuerte 
para impedir la circulación de la sangre hacia arriba del 
miembro ofendido, pero no tan estrecha ni tan prolongada 



LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA. 99 

que pueda ocasionar la gangrena. En Popayán sucedió que 
un individuo mordido por una víbora se lig() tan fuerte- 
mente la pierna que cuando llamaron á los médicos, ya 
estaba aquélla gangrenada y bubo necesidad de ampu- 
tarla. 

Un medio de bacer una ligadura sin peligro, consiste en 
atar con un pañuelo en forma de vendaje, y sobre éste poner 
otra ligadura con un cordón. Se pasa entre el cordón y el 
vendaje un bastoncito que se llama tormento, al cual se le 
hacen dar vueltas para apretar el cordón con la fuerza de 
constricción conveniente. 

La succión. Se ha aconsejado extraer el veneno por medio 
de la aspiración con la boca. El recurso es peligroso, porque 
si hubiese alguna excoriación en la lengua ó en las encías, 
tendríamos dos enfermos en vez de uno. En circunstancias 
excepcionales puede emplearse con buen éxito. 

Las ventosas secas. Es mejor cuando se pueda hacer el 
vacío sobre la herida, emplear la bomba de ventosas para 
extraer la sangre, y por ella parte del veneno inoculado, ó 
el todo. Un vaso de vidrio ó una copa, un poco de algodón ó 
de alcohol y unas cerillas, bastan para proporcionarse el 
. aparato de las ventosas en cualquiera cabana. 

Las liNCisioNES de los tejidos exigen una mano hábil para 
ser aplicadas con exactitud, según la región del cuerpo en 
donde se hayan introducido los colmillos de la serpiente, 
los que á veces penetran hasta dos ó tres centímetros de 
profundidad, y entonces al practicar la incisión se corre el 
riesgo de cortar una arteria, una vena, un nervio ó cual- 
quiera otro órgano importante para la vida. Las incisiones 
deben hacerse en el sentido de la penetración de los col- 
millos, y tan profundamente como ellos hayan entrado. 

Las incisiones tienen por objeto dar amplia salida á la 



100 LOS OFIDIOS VENENOSOS 

sangre y al veneno, y poder lavar con el agua las superfi- 
cies ó cauterizarlas libremente. 

La cauterización. Como no hay seguridad de la expul- 
sión de todo el veneno después de las incisiones y de los 
grandes lavados, debe procurarse desorganizarlo por medio 
del fuego. 

Siempre que sea posible aplicar inmediatamente sobre la 
herida abierta en el trayecto recorrido por el colmillo vene- 
noso un metal incandescente, como una llave, un clavo, un 
alambre calentado al rojo, debe practicarse la cauterización 
para desorganizar el veneno. Esta operación, lo mismo que 
la de las incisiones, debe hacerla un médico ó una persona 
entendida, para evitar lesión en órganos importantes. La 
pólvora, el lacre y el carbón encendido no garantizan una 
cauterización profunda. 

Medios generales. 

Las inyecciones hipodérmicas y las pociones estimulantes 
de que hemos tratado en los métodos empíricos y racionales, 
constituyen los medios comunes de que podemos servirnos 
para combatir el envenenamiento por mordeduras de ofidios. 

En resumen : si un médico ó persona inteligente fuere 
llamado en el acto de la mordedura de un ofidio, debe proce- 
der al examen de la herida, para ver si se ha quedado en los 
tejidos el colmillo de la víbora, como sucede en ocasiones, 
y extraerlo con unas pinzas ú otro instrumento apropiado. 
Enseguida ligará ligeramente, arriba del punto herido, y sin 
pérdida de tiempo hará trasladar al paciente á la casa en 
donde se le deba asistir con más recursos, si la escena pa- 
sare en el campo. Caso de que corra cerca algún arroyo y 
de que se tenga á mano un bisturí ó cualquier otro instru- 
mento cortante, adecuado, se harán allí mismo inscisiones 



DEL CAUCA. 101 

profundas en los tejidos, según el trayecto recorrido por los 
colmillos y se lavará con agua corriente y repetidas oca- 
siones la herida ; de modo que salga disuelto en el agua todo 
el veneno inoculado, ó la mayor parte de él. Si la ocasión 
fuere propicia, éste será el momento de las cauterizaciones 
con el zumo de limón ó con el hierro candente. 

Cuando el médico lleve consigo el estuche con la jeringa 
hipodérmica y el permanganato de potasa, el ácido crómico 
ó el cloruro de oro, hará la disolución, al uno por ciento en 
el agua pura é inyectará sobre la herida y al rededor de los 
tejidos envenenados, una ó más jeringadas de las jeringuillas 
de Pravaz, con intervalos de diez á veinte minutos, según los 
síntomas que observare. 

Simultáneamente y como tratamiento general, debe darse 
una copa de tintura de cmielóii de Telembí, ó el zumo de 
piperomia^ ó de Zaragoza en aguardiente, ó la curar'ina^ á 
intervalos regulares. 

Pero sucede con frecuencia que cuando el médico ocurre 
aliado del enfermo, ya han pasado muchas horas después del 
momento de la inoculación. Sin embargo, cuando el veneno 
no se introduce directamente en una vena, basta la ligadura 
para detener los efectos de la absorción, después de dos ó 
más horas. 

En estos casos se harán las inyecciones hipodérmicas con 
las disoluciones de cloruro de oro, de ácido crómico, ó de 
permanganato de potasa, en varios puntos del miembro 
ofendido. Se propinarán las pociones estimulantes : el 
canelón^ Xticurariiia^ \a piperomia, las uiisloloquias, el brandy^ 
el aguardiente^ el amoníaco^ conforme á las indicaciones 
hechas en el estudio de cada una de estas sustancias. 

Deben aplicarse cataplasmas compuestas con la mismas 
plantas ó hierbas aromáticas, y lociones antipútridas, con 
alcanfor, ácido bórico, salol, fenol, etc. 



102 LOS OFIDIOS VENENOSOS DEL CAUCA. 

Cuando se haya salvado la vida de los accidentes agudos 
del envenenamiento, el médico se valdrá de la terapéutica 
normal, para combatir la anemia y la postración consecu- 
tiva de las fuerzas. Las preparaciones ferruginosas, la medi- 
cación tónica y reconstituyente acabarán el tratamiento. 



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HIGHSMITH #4 


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