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Full text of "Los tres siglos de la dominación española en Yucatán: O sea historia de esta provincia, desde la ..."

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AM 







♦ . --. ■ 






r' 



Ul II 







DE lA DOMINACIOX ESPAÑOLA 

o SEA 
fflSTORU DE ESTA PROVINCIA, 

DESDE LA CONaUISTA HASTA LA INDEPENDENCIA 



JEücríbióla el R. P. Fr. Diego López CogoUudo^ pro^ 
mncial que /Ue de la orden francis^na; y la continua un 

yucateco . 

La historia es una fiel de 
positaria de todas las acciones 
buenas ó malas de los hombres.... 

y forma el estímulo mas 

poderoso para la virtud, y 
el mayor freno del vicio. 

Bidftld, 



^msL^ a? 




CAMPECHE. 



Impresa por José María Peralta. 



1849. 



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v.l 





4£#ESPUES de vacilar por algún tiempo, al fin hemos pre^ 
ferido publicar, tal cual está escrita, la historia de Yucatán por 
el P. Fr. Diego López CogoUudo; antes que hacer de ella un 
^stracto ó sinopsis, según nos aconsejaron varias' personas de 
juicio é ilustración. Algunas consideraciones de peso nos desi- 
dieron á adoptar el partido de hacer integra la reimpresión, 
aunque no fuera la muy plausible de conservar á la literatura 
este monumento, que el tiempo habia desplomado, casi sin es- 
peranza de reedificarse. Porque en efecto, escasea tanto esta obre, 
y son tan raros los ejemplares de la única edición, que hemos 
visto ofrecer ciento y cincuenta pesos por uno que, al menoe-, 
estuviese en buen estado, y no ha sido posible conseguirlo: 
circunstancia que se encuentra comprobada con la vana solici- 
tud que en su demanda se ha empleado por mucho tiempo ea 
los periódicos del pais. 

Emprender la inmensa obra de hacer un estracto, sobre es^ 
ponemos á defraudar á la historia de los hechos que justamen- 
te le pertenecen, nos habríamos echado encima una carga, que 
acaso no habríamos podido sobrellevar. Conservando integra 
la obra, dejamos fijada la base de una historía que si no nos- 
otros, otro que valga mas, escríbirá en adelante, cuando logre- 
mos ver organizados los archivos públicos que se hallan en el mas 
espantoso desorden, ya por el espíritu vandálico que regularmen^ 
fe ha reinado en los disturbios intestinos, ya por la punible y 
escandalosa apatía de algunos antiguos empleados, ó ya final- 
mente por las frecuentes invasiones de corsarios y piratas que 
infestaron nuestras costas en los dos siglos anteriores. 

Se dice que el padre Cogolludo, mas que una historía de 
Yucatán, escríbió una apología de la orden franciscana, que- 
riendo probar que á ella y no al esfuerzo de los conquistado- 
res, se debió la pacificación de esta península: que su obra es- 
tá sembrada de relaciones fabulosas de milagros ridiculos: que 
carece de sana crítica y buen raciocinio: que su lenguaje es 
tosco y poco culto; adolesciendo demás de muchos vicios de gra- 
mática: que ocupa inumerables páginas en dar razón de los ca- 
pítulos de los frailes; y que por último, su obra no es mas que 
un cronicón de su orden. No pretendemos justificar á nuestro his- 
toriador de todas estas acusaciones, sin embargo de que algu- 
nas de ellas son gratuitas; y para convencerse de lo contrario, 
bastaria su simple lectura. Pero permitásenos aventurar algu- 
Qos reflexiones, que «dejen ^eiKJante pieveacioo contra esta histoiúL 



IV. 

No hay duda alguua, porque es un hecho histórico couv 
probado por inil documentos curiosos, en que los frailes fran- 
ciscanos psra aprovecharse de la renta de todos los curatos de 
la Diócesis, ofrecieron frecuentemente la cuestión de este pun- 
to, apoyándola en el título que se arrearon de pacificadores 
de Yucatán. En el dia es esta una polémica insignificante, por- 
que casi estinguida aquella orden, rigiendo leyes tan diversas en 
este punto, y habiendo perdido amenudo los promovedores, sus 
pretensiones en la corte de España, de todo ello no queda si* 
nó una noticia confusa, que apenas retienen ó los muy apli- 
cados al estudio de nuestra historia, ó los que estuvieron direc* 
lamente interesados en el particular. ¿Quién negará sin embar* 
go, que el modo de presentar la dificultad, los medios de desen- 
volverla, y los hechos que le sirven de fundamento, son dignos 
de conservarse? Verdad es que el autor lo hace, sosteniendo 
oomo es muy natural, los pretendidos derechos de su orden; pe- 
ro el lector que tenga criterio, sabrá pesar en la balanza de su 
buen juicio, las razones del pro y del contra, pues debemos ha- 
cer al padre Co^lludo la justicia que se merece, por su bue- 
na fé al referir igualmente los datos y pruebas que militaban 
en contrario. Repetimos que esta cuestión no presta en el dia 
otro interés, que el muy natural que debemos tener en no per- 
der ni los hechos mas insignificantes de nuestra historia; sin em- 
bargo de que el presente ejerció en su tiempo un influjo po- 
deroso. Fué un hecho grave y trascendental. 

Respecto de las relaciones de milagros, convenimos en que 
Cogolludo tocó hasta la estravogancia. Pero haj](umos esta so- 
la reflexión. Escribió en el siglo XYII: bajo la dominación 
española; y cuando la inquisición, ese abominable tribunal, ha- 
bía oprimido al raeiocimo de una manera muy fuerte. Mas: 
en un país nuevo, zanjándose apenas los fundamentos de la 
religión, procurando estirparse radicalmente la idolatria de los abo- 
figenes (mal ain duda mas funesto que las relaciones de mila- 
gros), hay alm de estraño en que se hubiesen empleado estos 
mocentes artificios para fijar la creencia; ó que el historiador 
I6b creyese inocentemente? ¿quién entonces podria jactarse de 
fio tener un juicio tan débil (*)? ¿quién podria sustraerse de los 

(*) Nadie Ya3ra i figurarse ñor lo dicho, que nosotros du^ 
damos de la eristencia de verdaoieros milagros. ¡Dios nos pre- 
serve de semejante heiegia! Aunque no tuviéramos otros me» 
^UoB para fundar nuestra convicción, bastara que las divinas es- 
erituras nos refírieseni eomo lo hacen frecuentemente, milagros 
BBombroaos que la fé, rátud teolo^ca que altamente acatamos 
y profesamos, nos obliga á creer. Los cuentos y patrañas, las 
eonsejas que en todos aiglos veemos que se refieren como mi- 
lagros, ain embargo de que puedan esplicarse naturalmente; es- 
to es lo que no creemos, y depreciamos. El cristianismo por 

-itta MitB no tisDQ McwMhd d» «wyoa taa inísenibtosi m de 



v; 

iniliieticias del romance, cuando sin saberlo nuestros mayoroG^ 
eran involuntariamente esclavos de sus impresiones? El siglo 
XIX es el si^lo ünsírado, el sijs^lo de Ins luces y del progie- 
so. Enhorabuena; pero si hay esas luces, esa ilustración y ese 
progreso, disculpemos á los que tuvieron, si se quiere, la des- 
gracia de dejarse influir del espíritu de su siglo. Esas relacio» 
nes de milagros fabulosas 6 no, ofrecen por otro aspecto, una 
ventaja digna de tomarse en consideración; y es que nos sumí* 
nistran medios de rectificar nuestros errores, y de conocer el ca^ 
rácter dominante de la época. Es una mina inagotable, que pue- 
den esplotar el poeta y el romancero, el historiador y el filó* 
sofo. El liombre de juicio y de sólida ilustración, sabrá apror 
ciar . debidamente el motivo que tenemos para no suprimir estos 
tstraviados rasgos del autor, tanto mas, cuanto que no creemos 
haya fundamento ¡mra sospechar que seamos fanáticos ni ami- 
gos de la superstición. 

El cargo que se forma contra el autor, sobre su falta da 
crítica, es jfundado hasta cierto punto; pero no asi tan vagamen<» 
te como se indica. Para escribir su historia, se aprovechó de 
cuantos documentos auténticos pudo reunir: de ellos hace com« 
paraciones muy juiciosas, propone objeciones y las resuelve cou 
acierto y facilidaid. Sus observaciones son exactas, y á cada pa- 
so encontraremos motivos para hacerle la justicia que se mere- 
ce. Cuando refiere hechos de que ha sido testigo, lo hace con 
admirable propiedad. No puede, en nuestro concepto, exigirse 
otra cosa mayor de un escritor de aquella época, y que for- 
maba su obm en aquellas circunstancias. Seamos justos. 

Se nos ha dicho también, que el lenguaje de este libros ' 
es tosco y poco culto, adolesciendo ademas de graves vicios giot 
maticales. Pero los que aventuran una observación semejante^ 
lo hacen sin conocimiento de causa. Cuando escribió su histo- 
ria el padre CógoUudo, casi habia desaparecido el harmoniosn 
y dulce lenguaje de D. Alonso el sabio, de Mariana y de Cer- 
vatites. Gongóra y Quevedo se habian apoderado de la lengua 
castellana, despojándole de su pompa y gala naturales; y como 
si de suyo careciese de riqueza y elegancia, la habian adulterar 
do escandalosamente; sembrándola de frasismos estravagantes, exa- 
gerados y rudos, en que se sacrificaba la pureza de la lengua, 
á un ridículo culteranismo. Desde las Siete Partidas^ hasta 
el Informe de la ley agraria^ (dignos modelos que todos de- 
biéramos tener á la vista para evitar los torpes vicios en que 
solemos incurrir, creyendo equivocadamente hermosear nueslicaí 
escritos con periodos tan risibles como perdantescos) observamos 
una gradación que casi puede marcarse. Allí veemos á Lope 
de Vega, á Calderón, á Gkuncilaso y á Solis: allí también á los 
culteranos, que aun hay tienen imitadores, por desgracia. — EÜ 

autoridad tan dudosa y equivoca, pafa ser tan firme como 41^ 
y lucir con ío4q al hvüo que le dio su divino . autor. 



, ^ 





I 



VI 

padie Copilludo no pudo evitar el contagio general, y sin embargo 
es justififiíihle, pues icemos capítulos enteros escritos con tan 
sencilla elegancia y con tal pureza de estilo, que son dignos de 
perpetuarse. Sus defectos, mas frecuentemente son de lógica ó 
idsologia, (]ue de gramática. Defectos graves en verdad; pero ca- 
si inevitables en el tiempo que escribió, y en la posición per- 
sonal de! escritor, que andaba por los pueblos del interior de la 
península, formando su historia que, por única, debemos apre- 
ciar mucho. Después de él, y aun pudieudo hacer buen uso 
de los datos que presenta, ¿quién se ha atrevido á escribir la his- 
toria de Yucatán? Seria mejor que evitásemos parecemos & aque- 
llos médicos adocenados y ramplones, que indican la enfermedad y 
sus causas, y no aplican el remedio: dan el diagnostico y el 
pronostico; pero no establecen el método curativo. 

Cogolludo en efecto, ocupa muchas pftginas, refiriendo los 
capítulos que celebraba periódicamente su urden. (Josa muy na- 
tura.!. No solo para los frailes, sino para todo el pueblo era un 
acontecimiento la celebración de un capitulo; y íL la verdad cuan- 
do escribió, no solo subsistía el mismo interés, sino lo que es mas, 
carecia de todo ntotivo fundado para sospechar que mas adelan- 
te, su narración llegase á parecer insulsa. Este es el siglo del 
positivismo: aquel no lo era. Hoy se habla del vapor, de los 
ferrocarriles, de la maquinaria, y de la alta y baja de los precios, 
íMU el mismo entusiasmo y calor que entonces se hacia de los 
jubíleos, de los canonizaciones de los santos, de los autos de fé, ' 
y de las juntas capitulares de los frailes. No hace ni treinta años, 
que la Gaceta de Méjico solo se ocupaba de esto, y ¡se criti- 
ca & Cogolludo porque liizo otro tanto ahora dos siglos! Se 
añade, que hoy, no interesan semejantes relaciones, y convenimos 
en lo mismo; pero si fuéramos á cercenar de las obras de los an- 
tiguos todo cuanto hay en ellas de inútil, y aun de ridículo, 
ni aun sabríamos sus usos, costumbres, fiestas, ceremonias y so- 
lemnidades. No hay escritor, que deje de afectarse de las preo- 
cupaciones de su siglo; y no si enp re aparecen un Bacon, un Kei- 
300, ó un Voltaire, que puedan sobreponerse a! espíritu domi- 
nante. Estos genios son raros, y fijando la atención de los coe- 
táneos, dejan en pos suya nn rastro luminoso, que la posteri- 
dad mira como su guia. Sin duda no es asi como brilla nuestro 
historiador, ni le hemos de despreciar por esta falta, tan común 
hasta en los autores de la mejor nota. 

Decir que la historia de Cogolludo no es otra cosa, qne un 
cronicón de la orden franciscana, es también ima impostura, y 
por tanto una injusticia. ¿Qué hubiera sido de nuestra historia, 
si el celo y asidua laboriosidad de aquel buen religioso, no se 
hubieran empleado en sustraer del olvido tantos hechos lancu- 
xiosos, como i luportíuiies? En el espantoso desorden en que ya- 
cen nuestros archivos, ó mejor dicho, en el estado de nulidad 
en que se encuentran, ¿quién habría podido revivir la antigua 
bbtona del pais? Ea el naufrago g^eral. solo ba quedado esa 



I 

i 

I 



vil. 

tabla de salvación, á la cual debemos acojemos. Léase esta hi^' 
Coria, y veremos la nuestra; no un cronicón, como se le ha llar 
mado sarcasticamente. ¿En dónde hallaremos el ^Informe contra' 
los indios idolatras de esta tierra," que escribió el Dr. Sánchez 
de Aguilar? ¿en dónde la relación del Br. Valencia? ¿en dón- 
de el devocionario del padre Lizana? ¡Todo se ha perdido!!! y 
solo nos queda uno ú otro ejemplar, rarísimo, de CogoUudo y 
¡se quiere que lo condenemos al desprecio! No sucederá, mien- 
tras haya un solo yucateco amante de su pais que sepa apre- 
ciar á aquel benemérito escritor, que acaso es digno de unaei»- 
tátua, si lo examinamos con imparcialidad y despreocupación. 
Los trabajos apostólicos de los PP. Landa^ Órbita^ Cárdete^ 
Fuensalidüt Henriquez y otros muchos, eran dignos de una especial 
y minuciosa esposicion: el haberlo hecho y referir otras cosas con- 
cernientes á su orden, no es escribir un simple cronicón de frailea» 
Léase, y esperamos que será tratado con mas miramiento y gratitud. 

Si echamos una ojeada sobre los historiadores que hablan 
de las cosas de América, observaremos que casi todos ellos, mas 
6 menos, emplean el mismo método y orden que nuestro his- 
toriador CogoUudo. Todas aquellas requisiciones é intimacio- 
nes que se hacían á ios indios, absurdos y ridiculos paliativos 
con que encubrían su avaricia los conquistadores, son unas mis- 
mas en todas. Allí están Torquemada, Gomara, Herrera, Ber- 
nal Diaz y otros, que pueden comprobarlo. Nada hay pues de 
estraño en que CogoUudo entre en estos pormenores, y justique 
la conquista que hicieron en el pais ¿quiénes? nuestros pa- 
dres siii duda ninguna. Creemos que ha pasado ya el tiempo 
de engañarnos á nosotros mismos, en este particular. Cuando 
hemos declamado con tanto calor contra los españoles, echán- 
doles en cara la iniquidad de la conducta empleada en la con- 
quista, y con palabras fuertes les reprochamos su continuada u- 
surpacion de una tierra que no era suya, hemos representado 
un papel ridículo. Ya nosotros, hijos de españoles, ¿por ante 
quién se nos otorsfó semejante derecho? Enhorabuena, que 
hubiésemos empleado heroicos esfuerzos para lograr la indepen- 
dencia y alejar de nosotros el ominoso sistema que soportaba du- 
ramente, no solo los americanos, sino los españoles todos de am- 
bos mundos: la justicia y la razón estaban de nuestra parte, y 
apesar de los abundantes medios de aquel inicuo poder, fué 
nuestro él triunfo, porque era preciso que lo fuese. Pero hoy 
que se han estrechado los antiguos lazos que nos unieron ala 
metrópoli, que se ha reconocido nuestro buen derecho y se nos 
ha abierto la puerta para el reciproco comercio, seria una co- 
sa ridicula, insistir en aquel sistema de exageradas recriminaciones. 
Ni la civilización, ni la fílantropia del siglo^ pueden autorizar se- 
mejante conducta. Nuestra religión, nuestro idioma, nuestras vir- 
tudes y nuestros vicios son eminentemente españoles. Esto no qui- 
la que nuestro corazón y nuestra vida sean para siempre de la patria. 

La conquista se habría efectuado, ó entonces ó xsms tardo. 



^H^ Confo 
^^r loncia 
^^ dad ir 



Yill 




Conforme liiitiiera progresado el enieniliiiiiemo Iminaiio. l(i ex\»' 
loncia de resiones desconocidas, habñu empezado é. ser iiluí ver- 
dad inconiro vertible, exitondo por consio;itienlo ol deseo de co- 
nocerlas y aprovecharse de las ventajas qtie ofreciesen. El inmor- 
tal O>lon, sin esperarlo, descubrió un micvo mundo y abrió un' 
campo inmenso al crimen y á la hríroicidad, á la gloria y ft 
ia infamia. Con tan opuestos caracteres, se presenta la lii'sto^ 
ría de la conquista. — Una muchedumbre de aventnrcros se Iíum 
zó sobre este vasto teatro, y era muy natural quí* sucediese to* ' 
do cuanto leemos en las historias del tiempo: nnriones gmndcií 
y ricas, fueron sojuzgadas: los mas cílebres guerreros, rcnci- 
áoBT los monarcas mas poderosos, luimülados y destronados. A- 
qiiel fué uno de los mas grandes cataclismas á que esta cspue.'t- 
10 el mundo. Era imposible que se regenerasen los nnevos pue- 
blos de oira manera; y sin tales anuTcdentes, WilHüms Pena 
rn vano habría intentado sus pacificas transaciottes para ecljdr 
los cimientos de la gran nación que lleva la vanguardia de l:i3 ^ 
xepfiblicas americanas. Antes debió correr la sangte inocente dtí 
numerosas vfclimas; y esto es io q;ie conoció imperfcctaniente 
el padre Cf^lludo. Sin embaído, en su historia de Yucatán 
no veemos aplaudidos ni justificados los grandes crímenes de los 
conquistadores; y al travez de buenas palabras, con satisfacción 
observamos condenada la atroz maldad que cometió Femando 
Cortés ahorcando ni ex-emperador de Méjico y á varios de sn 
comitiva. ¡Atrocidad tan horrible, como inrcesaria, que aun despnes 
de tres siglos hace vertir Ingrimas de indignación y de dolorí 

Todo posó ya al dominio de In historia: las grandes rc- 
i'oluciones del mundo han arrastrado cu su formidable vórtice 
& las naciones nuevas de América. Al desniOronarse las góti* 
cas instituciones que rigieron por siglos on los pueblos viejotí 
de la Europa, han aparecido como por encanto las jóvenes rc- 
püblicas que casi á la vez han inscrito su nombre en el calá- 
logo de los potencias civilizadas. Su gloria va identificado con 
la de Washington, Bolívar, San Martin, Morelosé Iturbide. Dcsa-' 
parecieron los tiempos de la barbarie y del oscurantismo; y aun- 
que por desgracia, todavía corre á torrentes la sangre america- 
na, no debemos ver en esto sino In guerra de la civilización 
contra 1(19 preocupaciones añejas: son los arrebatos do la juven- 
tud imlllíca de las imevos naciones, contra las pretcnsiones ran- 
cias do la aristocracia plebeya que aun piilnlu entre nosotros. 
Tríunfarfin los principios; y ol triunfo ser* sangriento, pero firme 
y dnriidero. No esta muy remoto ol tiempo, en que veamos por fiji 
realiindo esto solemne vaticinio de los grandes pol íticos de la época. 

NuiwtM ilustre ctinipatrióla D. Lorenzo de Znvnio ha di- 
rjio, hablando do YucAton: "Cuando la masa inmóvil de sus ha- 
bitnntnü. iwti Rum do^dodu por trescientos años de esclavitud, 
i'flmli'n» ft [«rlicipnr de [as veiitiyas do la so<:iedud y del mo- 
timifiH" «I»" cnmimican los jíasioncs y las nuevas necesidades 
mw nwc» do l« civiliincioii. Yticsian sctiÍ uno <Je los paeblw 



IX. 

ntas significantes en el seno mejicano, y sus embarcaciones ^ 
¥An conocidas en los puertos de Europa." Pues bien; esa ma- 
sa inmóvil ya es activa: se ha lanzado en una nueva correrai 
y aimque no hace mucho tiempo, ya está lejos del punto da 
partida. Apenas hay dos años, que se puso en movimientOi y 
casi ha cambiado la faz total de la península. De entonces acá| 
tenemos marina militar, lucidos cuerpos de milicia ciudadana, 
y depósitos inmensos de armas y pertreciios de guerra. Tene- 
mos periódicos científicos y literarios, mercantiles y políticos. Hay 
sociedades filarmónicas, gabinetes de lectura y academias cien- 
tíficas. Se han acometido empresas atrevidas; y se han estable* 
cido una brillante línea de diligencias, cafeés, Hotteles y socio* 
dodes de recreo. La edac<acion primaría se perfecciona admira- 
blemente: la policia se mejora: se protejo la agricultura: se cons^ 
truyen y reparan caminos; en suma, se marcha, se adelanta/ 
se toma ya la senda del progreso que no tiene térmi- 
no. Van pues á realizarse nuestras mas lisongeros esperanzas. 
Yucatán va á ser un pueblo importante. Los masas, no son ya 
indiferentes, porque ha vanado su situación: quieren proteccioUi 
exi^n que se garantice su libertad civil y política. Desapa-* 
recio por tanto el choque perpetuo entre los que participan y 

Íozan de los rentas públicas y del mando. Una tercera enti- 
ad, un pueblo que se ilustra sin pretender el mando ni las 
rentos, enfrena á todos los partidos. Yucatán comienza & te- 
ner una historia propia: ya se registran hechos gloriosos en sus 
nuevos fastos. He alli el progreso. 

Nada importa que Mr. Federica . Wa)dg;k. nos haya vili- ^^ 
pendiado y escarnecido en una obra que acaba de publicar en 
Londres: en ella, tan solo veemos una prueba de su ignoran- 
cia sobre lo que escribe, y una ruin venganza porque nos rei- 
mos de él, cuando en Mérida manifestó sus exageradas preten- 
siones, al compararse en conocimientos estadí-sticos, y aun creer- 
se superior al ilustre Barón Alejandro de Humboldt. Apenas 
se nos conoce en Europa, y nadie acaso podría vindicamos de 
las injurias groseras de Waldeck; pero Mr. StgQ|}gQs, este sabio ^ 
viajero, que actualmente se halla por segunda vez entre los yu* 
catéeos que lo aprecian y consideran, nos ha hecho justicia en 
su elegante obra. "InddeTUs of travel in Central AmerícéXf 
Chiapas and Yucatán^ que publicó en New- York el afK> pa- 
sado. Se borrarán pronto las malas impresiones que hulAfsUfm, 
producido las estupendas falsedades, que desdeñosamente estam- 
pó aquel ridículo va^mundo, y se convencerán losseniiat^;N/|fi'9 
si no somos lo que liemos pooido ser, no ha dcpendki/; d^ 
nosotros. Por lo demás, no debemos vacilar en la niu^s <:«/' 
rera: marchemos sin temor. 

Nos hemos estendido mas de lo que creímos al tomar la ¡¿nífpf 
Aquí concluimos, y recomendamos á nuestros cotnp«tf/yAw ^ 
lectura de los Tres siglos de la dominación espéSiéUt^, 4 v *>; 

hoy damos principio con la historia que escribió el j«dit; ^,Afp!¿Mkr^ 




DE LA fflSTORIA DE YUCATÁN. 

CAPITULO PRIMERO. 

De las primeras noticias confusas que hubo de Yucatán^ y 
como le descubrió Francisco Hernández de Cúrdova. 




Moriosos principios dienos de eterna memoria, no fábulas 
fingidas para gloria de la nación española; verdades sí admira- 
das del Orbe, emuladí^s del resto de las monarquías; gran par- 
te de un nuevo mundo (sngun el común lenguaje) manifesta- 
do á nuestra posteridad, y conquistado por el valor de pocos 
españoles, ofrecen asunto á la rudeza de mi pluma, escribiendo 
esta historia de Yucatán, que manifestado, ocasionó á la co- 
rona de Castilla la posesión de los amplísimos reinos de la 
Nueva España y sus riquezas. Habiendo el almirante D. Cris- 
toval Colon descubierto la Isla Española y demás provincias, 
que en las historias de estos reinos se leen, hasta su cuarto via- 
je, que hizo á ellas desde los de España, pasado las calamida- 
des, que se leen en la historia general de Herrera, y vaguean- 
do por el Occeano; le llevaron sus corrientes á dar vista á las 
Islas que están cerca de Cuba. La contradicion de les vientos, 
oposición de las corrientes, no verse el sol, ni las estrellas, la 
continuación de los aguaceros, truenos y relámpagos, que abor- 
taban las nubes; no les dio lugar á mas que hallarse sesenta 
leguas del puerto de Yacjuimo, después de sesenta dias que de 
él habia salido. Enfermaron los marineros con los grandes tra- 
bajos, y aun el cuidado con que el almirante habia estado en 
ellos, le puso en riesgo de perder la vida. Procediendo adelan- 
te con no menores peligros, descubrió una Isla pequeña con o- 
tras tres ó cuatro junto á ella bien pobladas, que llamaron Gua- 
najas, por haberle dado los indios este nombre á la primera, que 
vieron. Salió á tierra D. Bartolomé hermano del almirante, á 
reconocer la gente por mandato suyo, y vio venir de la parte 
Occidental una canoa de admirable grandeza, en que venian vein- 
te y cinco indios, que viendo los bajeles de nuestros españoles, 
ni se pusieron en luga, ni usaron de defensa, con el miedo 
que concibieron de ver gente para ellos tan nueva. Fué la 
canoa á vista del almirante, que hizo subir á su navio los in- 
dios, mugeres, y hijos que llevaban. Halló ser gente vergon-* 
zosa y honesta, porque si les tiraban de la ropa, con que iban 
cubiertas, al punto se cubrían: cosa que dio mucho gusto aJ al- 
mirante, y & los que tenia copsigo* Tratólos con agradables 



2. HISTORIA DE YUCATÁN. 

caricias^ y dióles algunas cosas de las (fae llevaba de Castilla 
en trueque de otras de las que le parecieron vistosas, para lle- 
var por muestra de las gfentes que habia descubierto; y que- 
dándose con el viejo, paria tener noticia de la tierra, licenció á 
los demás, para que se fuesen en paz en su canoa. 

Eran estos indios de este reino de Yucatán, pues por la 
parte Oriental tienen al golfo de Guanajos, y no dista de aquella Is- 
la en que estaba el almirante (que la llamó Isla de Pinos, por 
los 'muchos que vieron en ella) poco mas de treinta leguas, y 
yendo como iban de la parte Occidental, era forzoso fuesen de 
Yucatán, pues no hay otra tierra de donde pudiesen salir se- 
guros en embarcación tan pequeña, aunque para canoa era gran- 
de, que tenia ocho pies de ancho. Llevaban en ella mucha ro- 
pa de la que en esta tierra se teje de algodón, como son man- 
tas tejidas de muchas labores y colores, camisas cortas hasta la 
rodilla, que aun hoy no las usan mas largas; unas mantas cua- 
cadas que usan en lugar de capas, á qne llaman zuyén. na- 
vajas de pedernal, espadas de maderas, que hay de muchísima 
fortaleza, con navajas de las referidas pegadas en una canal, que 
labraban, con otras cosas de bastimentos de esta tierra, que se dirán 
en su lucrar. 

Quedó por entonces el conocimiento de esta tierra ton con- 
fuso, que se persuadia el almirante, era principio la vista de a- 
quellas gentes para hallar por ellas noticia del Catayo y ^an 
Can, aunque la espefiencia después mostró lo que se lia visto; 
y queriendo proseguir al Occidente, le dijo tales cosas el indio 
viejo de las tierras que señaló al Oriente (sin duda porque no 
aportara á su tierra) que volvió la derrota para Levante, y de^ 
jó el poniente, con que se quedó este reino de Yucatán, y los 
demás de la Nueva Elspaña sin ser conocidos. Pero la Provi- 
dencia divhia dispone las cosos, como vé que convienen. Co- 
nooióse esto claramente, pues después por el año de mil y qui- 
nientos y seis, cuatro después de lo dicho, intentando con emu- 
lación de los descubrimientos del almirante, Juan Diaz de So^ 
lis y Vicente Yañez Pinzón, hallar nuevas tierras, siguieron el 
descubrimiento, que el almirante habia hecho, y habiendo liba- 
do á las Islas db los Guanajos, y habiendo de coger la via de 
Levante, nave^on hacia el poniente hasta reconocer la entrar 
da del golfo Dulce, cuya boca á la mnr es como un rio, que 
sale á ella por entre cerro? muy altos (dos veces he estado ea 
él) y va dando algunas vueltas por tierra, por cuyu causa no 
k vieron, y tomando la vuelta del norte, descubrieron lo orien* 
IbI de Yucatán, sin aue ellos, ni por algún tiempo otra per-^ 
flona prosiguiese esta descubrimiento, ni se supiese mas de estas 
tienas. 

Hallábase el Gobernador Pedrarias Dávila en el Daríeu ton 
ftlta de mantenimientos y sobra de gente castellana, y estas dos 

le obligaiQ» Aidur'Uceopiay pan que los eepafiolfSi gve^d 



LIBRO PRIMERO. 3 

quisiesen ir á otras partes, pudiesen hacerlo. Bemal Diaz del 
Cíistillo dice en su historia, que fué uno de los que le pidie- 
ron licencia para irse á Cuba, por ver las revueltas que habia 
entre los soldados y capitanes de Pedrarias, y porque habia man- 
dado degollar por sentencia á Basco Nuñez de Balboa desposar 
do con liija suya, por sospecha, que se queria alzar contra él 
por el mar del Sur. Gobernaba en aquel tiempo Diego Velaz- 
quez la Isla de Cuba, haciendo buen tratamiento á los españo- 
les que en ella estaban, y los acomodaba lo mejor que era po- 
sible, con que los de aquella Is a se hallaban ricos. Teníase ya 
noticia en el Darien de esto, y así se determinaron cien espa- 
ñoles de los que allí estaban, la mayor parte de ellos nobles, 
de irse á la Isla de Cuba, y asi lo ejecutaron, recibiéndolos el 
Gobernador con afabilidad y promesas, de que en habiendo oca- 
sión los acomodaría. Alargábase esto mas de lo que quisieran, 
y viendo, que perdían el tiempo, se resolvieron los que vinieron 
de Tierra firme, ó Darien, con otros de los que estaban en Cu- 
ba, de buscar nuevas tierras, y en ellas mejor ventura. Tratar 
ronlo con el gobernador Diego Velazquez, y parecióle bien, y 
juntos ciento y diez soldados, nombraron por su capitán á un 
hidalgo llamado Francisco Hernández de Córdova, hombre rico 
y que tenia indios depositados en aquella Isla. Entre todos com- 
praron dos navios de buen porte, y otro les fiaba el Goberna- 
dor, con tal que fuesen primero á las Guannjas, y de ellas le 
trujesen indios, con que pagar el valor del barco. No vinieron 
en ello, por parecerles no era justo hacer esclavos personas de 
suyo libres, y no obstante les dio el barcO; y ayudó con bas- 
amentos para el viaje. 

Prevenido todo lo necesario de bastimentos, armas y mu- 
niciones, con algunos rescates de cuentas y otras cosillas, y tres 
pilotos que gobernasen los vageles, el principal Antón de Ala- 
minos, natural de Palos, el otro Juan Alvarez el Manquillo, de 
Huelva, y otro llamado Camacho de Triana, y un clérigo Alon- 
so Cronzaíez por su capellán, se alistaron ciento y diez soldados, 
y por su capitán Francisco Hernández de Córdova: por veedor 
para lo que tocase al rey Bemardino Iñiguez (y no Nuñez co- 
mo dice Herrera) natural de Santo Domingo de la Calzada. A 
ocho del mes de Febrero, año de mil y quinientos y diez y siete, 
se hicieron á la vela en el puerto, que los indios llamaban Ja- 
Tuco á la vanda del norte, y pasaron por el que se llama la Ha- 
boiia, á buscar el Cabo de S. Antón, para desde allí en alta mar ha- 
eer su viaje, en que tardaron doce dias, según dice Bemal Diaz, aun- 
óle Herrera dice que solos cuatro. Doblada aquella punta, le dieron 
principio, encomendándose á Dios y á la buena ventura, sin derrota 
cierta, sin saber bajos, corríentes, dominacicm de vientos, y otros 
ncBgis^ que en tal tiempo hoy se esperimentan. Luego se hallar 
ion en qUos con ana tormenta, que les duró dos mas con sus 
BficboSy y «pn q^mo eoleiidieían pexdsrae. Abonaioó el tiempo^ y 



4 HISTORIA DE YUCATAX. 

pasado veinte y iin dias después que sídieroii de lo Isla deCii- 
bft, vieron nueva tierra, dundo á Dios muchas gracias por ello. 
Desde loa navios vieron un gran pueblo, que por no ha- 
Iht visto otro tan grande en Cuba, le llamaron el Gran Cayro, 
distanie de la costa ai parecer dos leaiías. Dispoméndoee pa- 
ra Baiir á reconocer la tierra, una inuñaiin & cuatro de Marzo, 
vieron ir á los navios cinco canoas grandes navegando á rerao 
y vela, Uentis de indios, que I legaron haciendo señas de paz, lla- 
mándolos también con ellas desde los navios. Acercáronse sin 
lemofr y entraron en la capitana mas de treinta indios, vestidos 
con 6U3 camisetas de algodón, y cubiertas sus piules verendas. 
Holgáronse de verlos asi, teniéndolos por gente de mas razón 
que los de C'iibu {como también sucedió al almirante Colon} y 
los regalaron, y dieron algunos sai'tales de cuentas verdes, que 
esliinaron los indios, liabtendo mirado con cuidado aquel modo 
de gentes tan estrañas para ellos, y la grandeza y artificio de 
loa navios, nunca de ellos vista; el principal, que era cacique, 
hizo señas, que se quería volver al pueblo y que otro dia trae- 
ría mas canoas en que saliesen los españoles á tierra. Cumplió 
el cacique su promesa, y al otro dia por la mañana vino á los 
navios con doce canoas grandes y nmchos indios remeros, y con 
muestras de paz díjo ai capitán, que l'iiesen á. su pueblo, don- 
do les darían comida, y lo duiuas necesario, que para llevarlos 
traia aquellas canoas. Deciáselo con las palabras, que en su lengua 
_ lo significan, y como repetía Conéx tutúch: Ciméx cotóch, 
que es lo mismo, que venid á nuestras casas; entendieron los 
españoles, que asi se llamaba aquello tierra, y ia nombraron Ca- 
bo ó Punta de Cotóch, nombre, que quedó en las cartas de ma- 
rear, y por donde se conoce. 

Por ver la costa llena de indios, recelando lo que después 
sucedió, salieron los castellanos en sus bateles y en las canoas 
6 tierra con quince ballestas y diez escopetas, según dice Ber- 
nal Diaz, aunque Herrera veinte y cinco ballestas parece que 
dá á entender. Bien necesitaron de esta prevención, porque por- 
fiando el cacique en llevarlos á su pueblo y guíándolos él mis- 
mo; al pasar por un montecito breñoso, dio voces e! cocique, y 
& ellas salió gran multitud de indios, que tenia puestos en ce- 
lada, y comenzaron & flechar A los españoles. Tal ftié el ím- 
petu con que acometieron, que A la primera rociada hirieron quin- 
ce soldados, y tras ella se jumaron con los españoles peleando 
con sus lanzas y csfmdas muy orgullosos, y dice Berna) Dia?, que 
les hacían mucho mal. l*oco roto pudieron snfrir las heridas de 
, los armas ospAÜolas, y habiendo mnerto quince de ellos, los res- 
irtíBtea huyeron, si bien pn'iidif rin dos hidio^, que de-spni;& !íie- ■* 
i'ion crisiiiinos: el mío w llainú :\lflrlinr v •;! oiv Jnliim Mién- 
tnb diir;tlja esla tscaramuK.i, el clérigo Alonso fioii7j>le,s, fnfi 4 
I adnrulurios, que estaban un (joco adelante en nníi jilaceta; 
l'7 eian tres caeos labradas de piedras, y allí halló muclios fdo- 



I 



LIBRO PRIMERO. 



los de barro, unos como caras de demonios, otros de mugeres, 
altos de cuerpo, otros al parecer de indios, que estaban cometien- 
do sodomias. En unas arquillas de maderas, que alli estaban, 
metió el clérigo algunos ídolos, y unas patenillas, tres diademas 
y otras piecezuelas á modo de pescados, y añades de oro bajo, 
que enseñó después á los compañeros. Ellos habiendo visto ca- 
sas de piedra, cosa que no usaban los indios de Cuba, y aque- 
llas señales de oro, quedaron, aunque heridos, muy contentos, 
habiendo reconocido tal tierra. Acordaron con esto de volverse 
á embarcar, y curaron los heridos; salieron de alli costeando al 
occidente, navegando de dia, y reparándose de noche á vista 
siempre de tierra, diciendo el piloto Alaminos, que era isla, y 
á quince dias dieron vista á un pueblo al parecer grande, con 
una ensenada, que creyeron era rio ó arroyo, donde podrían co- 
ger agua, de que ya llevaban falta, por ir las pipas maltratadas. 
Domingo, que llaman de Lázaro, salieron á tierra junto al pue- 
blo, que era Campeche, y por esta ocasión le llamaron San Lá- 
zaro, y hallando lui pozo de donde vieron beber á los indios, 
hicieron su aguada. Con recelo de lo sucedido en Cabo de Co- 
tóch, salieron muy bien prevenidos de armas. Recogida el agua, 
queriendo volverse á los navios, fueron del pueblo como cin- 
cuenta indios, con buenas mantas de algodón, y preguntaron por 
señas, que buscaban, señalando con la mano, que si venían do 
donde sale el sol, y con ser la primera vez que los vieron, decian 
Castilan, Castilan, sin reparar en ello los castellanos por enton- 
ces. Respondieron á los indios, que querían agua y irse. Ellos 
los convidaron á su pueblo, y los españoles con recato, y en 
concierto fueron con ellos, que los llevaron á unas casas de pie- 
dra muy grandes, que eran adoratorios de sus ídolos. 

CAPITULO IL 

Lo que sucedió á los castellanos en Campeche^ y después en 
Potonchan, donde murieron muchos d manos de los indios. 

Los adoratorios donde en Campeche llevaron los indios á ] 
los españoles, eran de buena febrica como los de Cotf'ch, y te- -^T"" 
nian figuradas en las paredes, serpientes, culebras y figuras de ^ 
otros ídolos, y el circuito de uno como altar lleno de got.us de 
sanirre muy frasca, ([ue sci^un sujiieron despnos íicababan de o- 
frecer unos indios en sacrificio, pidiendo á sus írlnjos vicloria 
coníío riviiiellos í^strLnT!"'?ros: y dioo i^'^'i^V jy^íü^, ípie á otra par- \ 
te do líVÑ ido'os tenían urri^i fc¿íiñ<i:('.>, cóiñb á manera do cruces. / 
Andnhn ^r^w jcroníio de indios y indi.LS, como uue los iban á ; 
ver rié!i.lo:^e, y ai parecer de paz. I)f3spnes vinieron muchos 
indios carirados de cíirrizos secos, que pusieron en un llano, lue- 
go dos escuadrones de flecheros, lanzas, rodelas y hondas, con 
unos como capotes colchados de algodón^ arma defensiva para t 



1 



HISTORIA DE YUCATÁN. 



las flechas, cada escuadrón su capitán delante, y puesi 
cierto se apartaron poca dislajicia de los españoles, 
te aparato en que saliemii de otro adnratorio diez 
ropas de niantos de algodón hir^ns y blancas; los c 
gos y revueltos, que sino era corlándolos no podiar*. 
y llenos de sait^. Llevaban éstos unos como bruspí-, 
una resina, que llaman copal, salminaron á la<í cnsii 
quien hicieron seAas que se iuesen antes, que se qiiei 
Ha leña, porque sino les harían guerra, y matáriim. 
te mandaron poner fuego á los carrizos, y se fiíeron 
quellos diez indios, que eran sacerdntes de los ¡dolos 
los escuitdrones comenzaron á dar grandes silvos, y 
trompetillas y tunkules, que son como atabalejos, y ha 
nes iHuy bravos. No estaban snnos aun los heridos 
de Cotóch, y liabian mncrto dos de ellos, que echaror 
y asi los españoles con recelo de tan ^rran gentío se 
tirando por la playa y algo lejos del pueblo se embaí 
sus pipas de agua, porque tuvieron por cierto los ha 
eomeler al embarcarse. 

Salieron los españoles del puerto de Cainpeclie, ó 
como llaman los indios, y prosiguiendo su viaje al 
después de seis dias, les difi un norte, que les duró 
^jTan riesgo de perderse. "O en que trabajo nos v 
Bernal Diaz) que si se (¡uebrára el cable, Íbamos 
perdidos.'' Cesó el temporal, y dieron vista á una ent 
parecía habría rio 6 arroyo, y adelante de ella, con 
gua, un pueblo llamado Potonchan. Fareciftles salir 
gtia, de que llevaban necesidad; pero advertidos con 
Ealieron todos y con sus armas. Hallaron unos pozf 
otros adoraloños y caserías de piedra, y habiendo lien; 
sijas, no pudieron meterlas en los bateles para llevü 
do, porque vinieron del pueblo muchos indios de gu( 
dos con sus sacos de algodón hasta la rodilla, arcos 
lanzas y rodelas, espadas á manera de montantes, qu 
á dos manos, hondas y piedras, las caras de blanco, i 
kirado pintadas, que llaman embijarse, y cieno parecen 
pintados, muy empenachados, y como que iban de pa 
toron lo mismo que los de Campeche, repitiendo la p 
tilan, Castilan, que entonces advirtieron, pero no enter 
pudiese ser. 

A prima noche, ó poco antes era yo, y asi les p 
darse aili aquella noche, aunque cuidadosas y velando 
tando de aquella suerte, oyeron gran ruido y estnien 
de mas indios de guerra, que se venían á juntar co 
Hubo diversos pareceres si se embarcarian ó no, pe 
ron agualdar en que paraba tanto ruido: algimos dec 
ña bueno nconjeterlos, que como dice el refrán: qu 
te, vezice; pero letardólos ver, que paiacsda español 



cientos indios. Encorné tidiitonse á Dios, y aguardar 
claro, vieron ir para ellos ^.tudes escuadrones coa t 
ras tendidas. Cercaron por todos portes á aquellos p< 
notes, y tai rociada les dieron, que de ella quedare 
óchenla. Juntáronse luego con los españoles, á quien 
mal andur, aunque tas lieridus, que recibiau los indio! 
desmedida do las que daban, pero la multitud les da 
jor pane en la pelea, Aptinábanse algo de los eepai 
desde allí como & terrero tos flechaban mas á su gui 
Uidaban contra el capitnu, repitiendo Halachvinic, H 
y asi calaron tantos indios sobre él, que le dieron d 
zos, y se llegaron vivos dos españoles, el uno llama 
Bote y otro un viejo portugués. Traian de comer á 
que peleaban desde el puelilo, y con mudarse de nui 
cuadrones, tratarou tan nuil á los españoles, que m 
mas de cincuenta, los restantes por salvar las vidas, 
dos un escutidron, rompieron por las de los indios, pac 
se & los bateles, que estaban en la costa. Alli la g 
y mayor persecución de los indios (que lodo parece 
*j contm el que huye) y no (tejaban de herir en los 

•^ Como acudieron de golpe á sus bateles, y entraban 

Enn les iban á lóndo, y asi imos asidos á ellos, y otros 

üc« dando, llegaron al menor navio, que ya se acercaba i 

»t& los, y al embarcarse fiifi donde hicieron ¡s;ravisiiiio di 

que "' dios & \os españoles, á quieat» librfi Dios de tan peli 

le- ce. Embarcados, hallaron menos fúncuentd y siete C( 

ro- coa los dos que llevaron vivos, y cinco que luego morif 

^9) heridas. Duró el combate poco mas de media hora,) 

í» al parage BoliEa de mala pelen, por el desgraciado su 

Ta- referida. S"lo un soldado llamado Berrio, se hallósia 

bot- gima: todos los demás coH dos, tres y cuatro, y et cap 

■n&- cisco Hernández de CV>rdova con los doce flechazos; las t 

ba^ conadae, y muy doloridas, como que se hablan mojado ce 

Uto salada; pero aunque tan mal parados, se curaron y dier 

oa- & Dios de no haber quedado con los demás en la p 

nioi Con esie gran desastre delerniiraron volverse á C 

IUBJ estar muclioa manneros heridos, que se hallaroa ea 

3i*« ga: acordaron quemar el navio menor, y en los doi 

ipiñ repartirse, para que hubiese bastantemente quien mare 

las. Dadas al viento, sobre sus desdichas, iban padec 
V^ sed, porque con la prisa del embarcarse no llevaron a| 

B»* garon á tanto estremo, que con la sequedad se les abrii 

^■B Us en las lenguas y bocas. Al cabo de tros dias ' 

<M. aoooQ ó estero, donde les f>areciú habria agi\a, y saJie. 

^ ra quince marineros, que por no haber salido de los 

»• tabón sanos, y rros soldadas de los menos peligrosos ] 

o*" ñdas, y con azadones hicieron pozos en tierra [wr no 

n> wata cuuadieíoQ, peía auuq^ue de n^l gustOj y salo 



HISTORIA ©E YUCATÁN. 



bicruii de llevar por no íiaber otra; dos qne snlamente pudie- 
diuron bebería, quedaron dañados los cuerpos y las bocas. Lla- 
máronle al estero de loa lagartos, por los que en €1 vieron.- 
Mientras se hacia lo dicho, les dio oiro viento nordeste, qim á 
no veiür los que estaban en tierra, y echar nuevas anclas y ca- 
bles, peligr&ran, pero con ellas se aseguraron dos dias, que alli 
estuvieron. 

Pareció á los pilotos, que para volver desde alli á Cuba, 
era mus acertada navegación atravesar á la Florida, que volver 
por doude hablan venido. Atravesaron este golfo, y á cuatro 
dias vieron tierra de la Florida, Salieron é, ella veinte solda- 
dos de los mas sanos, advertidos del piloto Alaminos, que es- 
tuviesen con recato, porque cuando estuvo alli con Juan Pon- 
ce de León, les habian muerto los indios muchos soldados- 
Puesta guarda en una playa muy ancha, cabaron unos pozos, 
donde fué Dios servido, hallaron buena agua, con q(»e suma- 
mente se alegraron, habiendo sido tan mala la que bebian. Es- 
tando con este gusto, vieron venir un soldado de la postii, dan- 
do grandes voces, y previniendo arma, porque venian muchos 
indios de guerra, asi por tierra, como por mar en canoas, y que 
casi juntamente llegaron con el soldado. Vinieron derechos pa- 
ra los españoles, flechándolos, y con la repentina hirieron á 
seis; pero respondiéronles tan presto con las escopetas, ballestas 
y espadas, que luego los dejaron, y fueron á ayudar á los de 
las canoas, que etnbistieron con el batel, y peleaban con los ma- 
rineros. Entraron al agua los nuestros á favorecer el lintel, y era 
el iigiin y tierra iiiataroii veinte y dos indios y prendieron tres 
heridos, que después murieron en ios navios. Acabada la refrie- 

fa pregimtaron al soldado que di6 el aviso por su compañero, y 
íjo, que se habia apartado con una acha á cortar un palmito, 
y qne le oyó dar voces, y por eso vino & dar aviso. Fueron 
en busca de él por las señales, y hallaron una palma comenza- 
da á cortar, y cerca de ella mucha huella de gente mas que en 
otras parles, y aunque le buscaron por mas de una hora, no le 
hallaron, con que tuvieron por cierto le llevaron vivo. Este sol- 
dado era Berrio, el que solamente salió sin heridas de Potonchan, 
Grande fué el alegría de los que estaban en ios navios con 
el hallazgo de la buena agua, y era tan grande la sed que pa- 
decian, que desde el un navio se arrojó tm soldado al baiel,y 
Ciñiendo una botija bebió tantJi, que se hinchó y nnirió. De 
alli ftieron con no menor trabajo y cuidado, por hacer mucha 
ttsun uno do los navios, hasia Puerto de Carenas, que hoy es la 
Ibbann, donde salidos á tierra, dieron á Dios muchas gracias por 
haberlos dejado volver á ella. Dieron por la posta aviso al Go- 
■ bemador Diego Velazquez de su llegada y sucesos, y el capi- 
tán Francisco Hernández no pudiendo por sus mnciías heridas 
paaar á Cuba, se fué á la villa de Sancti Spiritus, donde tenis 
su encomienda ia mdios, y & diez días murió. En la Habana 



I 



I 



I 



n 



¿ 



LIBRO PRIMERO. 



murieron otros tres soldados de las heridas, con que salieron de 
Potonchan, y los demás soldados se dosparcieron por la Isla: Asi 
solamente haber descubierto á Yucatán, sin mas que las des- 
gracias referidas, costó las vidas de sesenta y dos españoles. 

La novedad de los indios de Yucatán, haberse visto en él 
casas de piedra las fi^^uras de los ídolos, las joyueiíis que el clé- 
rigo Alonso González llevaba, decir los dos nidios Julián y Mel- 
chor, que habia en su tierra de aquello, cuando les mostraban ^ 
el oro en polvo, avivó la fama del descubrimiento de la nueva 
tierra, con' presunción de que se hallarian grandes riquezas, por 
no haberse visto hasta entonces otra semejante. Luego dio no- 
ticia de todo á los señores que gobernaban las cosas de las in- 
dias, el Gobernador Diego Velazquez, como diré, y ellos la die- 
ron al rey, que estaba en Flandes. Pidió la tierra nuevamen- 
te descubierta el almirante de aquellos Estados á su Magestad 
en feudo, y que la poblarla de gente flamenca á su costa, y 
que para que tuviese mejor efecto le diese el gobierno de la 
Isla de Cuba. Con facilidad se le concedió, sin advertir los in- 
convenientes que de ello se podian seguir á la real corona, y 
el agravio y perjuicio del almirante de las indias. Representá- 
ronlo los castellanos, y suspendióse la merced hecha; satisfacien- 
do al almirante de t'landes, con que su magestad no podia hacer se- 
mejante merced, sin concluir el pleito que el almirante de las 
Indias tenia con su fiscal sobre la observancia de sus privile- 
gios y otras justas causas. Con esto se quedó el almirante de 
Flandes sin este reino de Yucatán y cuatro ó cinco navios, que 
ya tenia en San laucar con gente flamenca, para que le pobla- 
sen, se volvieron á sus tierras de donde habian salido. Guar- 
daba la Divina Providencia á Yucatán, para principio del au- 
mento, que á la corona de Castilla se siguió con tantas pro- 
vincias y reinos, como en esta Nueva España se le juntaron, de 
que este fué primicia, pues por él se vino en conocimiento de 
esotros. 

CAPITULO III. 

Envía Diego Velazquez á Juan de Grijalva á proseguir el 

descubrimiento de Yucatán, 

Pasó el año de mil y quinientos y diez y siete, en que el Ij) 
Oobemador Diego Velazquez, atendiendo á la nueva manifestar 
cion de Yucatán, y las grandes esperanzas que del se habian con- 
cebido, solicitando con todiis las agencias posibles, que se vinie- 
se segimda vez á continuar este viaje. No pudo conseguirlo has- 
ta el año siguiente, por la prevención, que negocio de tanta ca- 
lidad requeria. Finalmente se juntaron cuatro navios, los dos 
con que vino Francisco Hernández de Córdova, comprados á cos- 
ta tle los soldados, y otros dos, que compró con sus dineros el 
Gobejnador Diego Velazquez. Hallábanse en Santiago de Cu- 



I 



ba Juan do tírijalvn, Pedm du Alvarado, Francisco de Monte- 
jo y Alonso Dávila, que lodos teniaii indios de eiicoinienda, y 
eran personas valerosos. Concertóse entro todos, que el Juan 
de Grijalva viniese por capitán ifeneral, sin dnda por ser deudo 
del Gobernador, qne asi lo lie leído en escritos auténticos, que 
los descendientes del adelantado Montejo tienen en esta tierra, 
donde se dice, que era -snlmno suyo, y también por sus buenos 
Brcndas y edad á prtipósito, que era ya de veinte y ocho años, _ 
Por capitanes fueron señalados el Eencrul Juan de Grijalva de 
tino, Pedro de Alvarado de otro, Francisco de Montejo de otro, 
y del otro Alonso Dávila. Cada uno de estos capitanes prove- 
yó su navio de bastimentos, á que también acudieron los sol- 
dados, segiiu dice Bernal Diaz (no es justo ocultar lo que ca- 
da uno dí6, por poco que fuese, pues siempre da muclio el que 
da todo lo que tiene) y el Gobernador dio ballestas, escopetas, 
algunos rescates y los navios. 

Con la fama de las riquezas presumidas en Yucatán, se jun- 
taron doscientos y cuarenta españoles en todos con el residuo del 
E'mer viaje. Por veedor de la armada se nombró uno, qne se 
maba Peñaloso, natural de la ciudad de Segovia, pilotos los 
anteceden teít, y otro que alli se lialló. Por capellán vino otro 
clérifrn llamado Juan Uiaz. Había pasado de Espíu'ia el capi- 
tán Francisco de Montejo el año antecedente de catorce con 
Pedrarias Dávila á Tierra ñrme ó Castilla del Oro, donde sir- 
vió al rey cori muchos y señalados servicios, y en los escritos 
que he djcho, se contiene, que en esta ocasión estaba en Cuba 
por visitador de aquella Isla, y tenia ya csperíencia de descu- 
brimientos y conquistas, y deseando servir en ellas, acetó e] o- 
ficio de capitán del un navio, que proveyó de luataloinje, co- 
mo se ha dicho. 

Dispuesto lo necesario para el viajo, fueron los navios por 
ia banda del Norte á un puerto, que se llamaba Matanzas, cer- 
ca de la Habana vieja, donde los vecinos tenían sus estaiicios 
de ganados, y alli acabalan de hacer provisión y juntarse los 
soldados. A cinco de Abril (como dice Benial Diaz testigo o- 
cular) año de mil y quimentos y diez y ocho, salió la arma- 
da de aquel puerto para Yucatán, y no del de Santiago de 
Cuba á ocho de Abril, como dice Herrera, por no ajnstarlo bien, 
quien hizo las relaciones que se le dieron. No llevaba orden 
el general Juan de Grijalva de hacer asiento, ni poblar en par- 
te algiuia, amiqiie hay diversos pareceres sobre esto, sino solo 
de acabar el descubrimiento y hacer algunos rescates. Asi lo 
I-Afirma Bernal Diaz tratando del descubrimiento que tuvieron 
I después los soldados en el puerto de San Juan de Uluac, y 
como se iiUenti> dar aviso á Diego Velazquez, con estas pala- 
htas: "Porque el JuaJí de Grijalva muy gran volmilad teniade 
Jloblar con aijuellos pocos sokfiídos, que con él estábamos, y 
""" ' mostró un graude &aimo de uu muy valeroso coiútaur 



LIBRO PRIMERO. II 

y no como lo escribe el coronista Gomara, <kc." Tenia la Pro- 
videncia Divina reservada aquella facción para gloria del me- 
ritísimo marqués del Valle 1). Fernando Cortés. 

Después do diez días que salieron del puerto, doblaron la , 
punta de Guaniguanico, á que Ihirnnn los pilotos Cabo de Siai \ 
Antón, y á otros ocho, que fué dia de la Santa <J"ruz de Ma- 
yo, por haber descaído algo los navios con las corrientes respec- 
to del primer viaje, vieron la Isla de Cozuinél (ruznmil la 
llaman los indios, y es lo misuo que Isla de golondrinas) y 
llegaron á ella por la banda del Sur, llamándola por el dia 
que la vieron. Isla de Sonta Cruz. Surgieron en buena parte 
limpia de arrecifes, y salieron á tierra, buena copiado soldados 
cowl el general Juan de Grijalva. Estaba cercano un pueblo de 
indios, que luego que vieron los navios se huyeron al n^onte, 
por no haber visto otra vez tal gente y bajeles, solamente ha- 
llaron dos viejos, que se quedaron por no poder andar. Llevá- 
ronlos al general, que los acaricio y dio algunas cuentezuelas 
verdes, y por medio de los dos indios Julián y Melchor, que ya en- 
tendían algo la lengua castellana, se les dijo, que fuesen á lla- 
mar al Jlalachvinic (asi llaman al Gobernador) de su pueblo; 
pero aunque los viejos fueron regalados, no volvieron con respuesta. 

Aguardándolos estaban, cuando pareció una india de buen 
rostro, y dijo en lengua de la Isla de Jamayca, como todos los 
indios de miedo se habian ido al monte. Entendieron algunos 
soldados la lengua, y estrañando el habla en aquella parte, le 
pregimtaron quien era. Respondió, que era de Jamayca, y que ha- 
bía dos años que salieron de aquella Isla diez indios en una ca- 
noa á pescar, y que las corrientes la echaron á aquella de Cu- 
zamil, cuyos indios mataron á su marido y demás compañeros^, 
sacrificándolos á sus ídolos, y á ella dejaron con la vida. Pa- 
reció al general seria bueno que aquella india llamase la gen- 
te del pueblo, asegurando no se les haria daño alguno, para 
que le dieron dos dias de plazo, aunque volvió al siguiente, 
diciendo no había podido persuadir á alguno que viniese. Aun- 
que Herrera dice, que mientras pasó lo referido, mandó el ge- \ 
neral, que se dijese misa; no hace mención de esto Bemal Díaz, 
refiriendo otras cosas muy menudas; solo dice, que viendo el 
general, que estar allí era perder tiempo, mandó embarcar to- 
dos los soldados, y juntamente se fué con ellos la india de Jamayca, 

Salieron de Cuzamil, y en ocho dias dieron vista á Poton- 
chan, hallándose en la bahía que llamaron de mala pelea, y de 
dónde salieron la primera vez tan mal parados. Una legua, de 
tierra echaron los bateles al agua, y en ellos de una vez sa- 
lieron la mitad de los soldados. Luego que los indios vieron 
los navios, vinieron armados y muy orgullosos por la pasada; 
pero el peligro en que se habian visto, hizo á los españoles 
mas advertidos que en ella, y asi llevaron unos falconetes coa 
qtte ojeiat & los indi^ Y P^^ defensa de las flechas ac|uelkNi 



HISTORIA DE YUCATÁN. 



I 



como ciipoics de aigDiloii colcliiidos, que Ins indios usaban y 
ilamaa Jxcjuiipiles. Ciirgaron con todo eso los indios a^bre ellos 
antes qtie saliesen á tierra y en ella, con tal corage, que hi- 
rieron á la mitad de los españoles peleando con ellos también 
tierra, mientras viuieron los bateles con el restó que quedó 
los navios. Juntos todos no pudieron los indios tolei-ar la 
üierza y armas de los españoles y so hubieron de retirar. Mu- 
cho daño hizo á los nuestros liaber langosta jtor aquellos pe- 
dregales, porque & veces entendían saltándoles con el vuelo, que 
era flecha, y la reparaban, otras que entcndian que era langos- 
ta, ios heria la flecha s¡u guardarse de ella. No costó de val- 
de la victoria, tres soldados murieron, mas de sesenta salieron 
heridos, y el general Juan de Grijalva con Ires flechazos, y que- 
brados dos dientes. Dejaron los indios el pueblo solo y enirm- 
do en él los españoles, curaron los heridos y dierou sepultura 
á los muertos, pero ni hallaron persona ni cosa de sus hacien- 
das, que todo lo habían puesto en cobro. Tenían tres indios 
prisioneros, y el tmo parecía principal, hicierónseles gnmdes al- 
hagos, y dieron algunas cuentas y les mandó el general fue- 
sen á llamar al cacique, para quien le dieron otras y algimas 
cosillas, asegurándolos de todo recelo; pero aunqtie estuvieron 
cuatro días en e! pueblo, nadie vino, y presumieron que los in- 
dios Julián y Melchor hablaron en contrario de los españoles, y 
asi no se íiarondeellospnraenviarlos á que hablasen á los huidos. 
Como la mslniccion era, que pasasen adelante, salieron del 
puerto de Potonchán {y advierto que es el que se llama Cliam- 
ppton, y asi le nombraré de aquí adelante) prosiffjiieiido al oc- 
cidente, llegaron á la Laguna, que se llama de Términos, cu- 
ya salida á la mar parece como boca de río, que por tal la 
juzgaron. Decia el piloto Alaminos, que aquella boca partía tér- 
minos con la tierra de Yucatán que era Isla, y por eso le pu- 
sieron aquel nombre que boy pennnnece en las curtas de ma- 
reage. Allí salió á tierra el general Juan de Grijalva con los 
otros capitanes y muchos soldados, y estuvieron tres días, y re- 
corriendo todo aquel pnrage, hallaron que Yucatán no emlsla, 
sino tierra firme con la que adelante se ve al occidente. Re- 
CMiocíeron también ser buen puerto (y ó no pocos hn dado la 
vida recogerse á él, navegando esta tnivesia de la Nueva Es- 
paña] y hallaron oíros adoratorios con ídolos de piilo y barro, 
casas de cal y canto, como las otras que habían visto. Creye- 
ron habría por allí cerca alguna población; pero no era así, 
pon|ue aquellos adoratorios eran de mercaderes y cazadores, que 
pasando sacrificaban en ellos. Lo que hallaron fué mucha ca- 
za de venados y conejos, y hatiiendo sondeado la Laguna, y 
llevando buena rezón de ella se embarcaron. Navegaban de día, 
y reparábanse de noche por no dar en algunos bajos, llevando 
la tierra 6 la vista, y pasados tres dias vieron una boca de rio 
•QUy BUcha, y llegáodose muy ¿ tierra, les pareció buen puer- 



LIBRO PRIMERO. 13 



má 



io; pero viendo rebentar los bajos antes de entrar en él saca- 
ron los bateles y sondeando en ellos conocieron que no podian 
entrar los dos navios mayores, y asi dieron fondo fuera en la 
mar, y acordaron, que con los dos menores y los bateles se en- 
trase el rio arriba. 

Fueron muy bien prevenidos de armas, porque vieron en 
las riberas muchas canoas con indios de guerra que tcnian sus 
arcos y flechas y demás armas, como los de Champoton, y por 
esto presumieron haber pueblo cercano. El nombre de este rio 
era Tabasco, por llamarse asi el cacique de aquel pueblo; y por 
haberse descubierto en esta ocasión, le llamaron el Rio de Gri- 
jaiva, y con este nombre quedó señalado en las cartas de ma- 
rear, y asi se llama. Llegando como media legua del pueblo o- 
yeron ruido de cortar madera, y era que estaban fortificándole, 
porque habiendo sabido lo que pasó en Champoton, tuvieron por. 
cierta la guerra con los estrangeros, y se estaban previniendo 
para ella. Llegando á una punta donde habia unos palmares, sa- 
lieron á tierra los españoles y vinieron á ellos como cincuenta 
canoas con gente de guerra, armados de todas las armas que 
usaban, y otras muchas quedaron entre los esteros. Pararon cer- 
ca de los españoles, y con apariencia de guerra estuvieron sin 
hacer otra demostración alguna. Quisieron los nuestros dispa- 
rarles los falconetes, pero tuvieron por mejor decirles por medio 
de los indios Melchor y Julián, como la pretensión de los cas- 
tellanos no era hacerles daño alguno, antes venian á comuni- 
carles tales cosas, que oidas tenarian mucho gusto de saberlas, 
enseñándoles junto con esto algunos sartales de cuentas de vi- 
drio, espejuelos y otras chucherias, de que ellos hacían mucha 
estimación y aprecio. 

Acercáronse con esto cuatro canoas, y mandó el general 
á los intérpretes dijesen á los indios, como los castellanos que 
alli iban eran vasallos de un grande Emperador que se llamaba 
D. Carlos, y tenia por vasallos muy grandes señores, y que ellos 
le debian tener por señor, porque siendo tan gran Rey, les es- 
taría bien ser sus vasallos, y que mientras les trataban aque- 
llo mas por estenso, les proveyesen de gallinas y bastimento á 
trueco de aquello que les mostraban. Dos de ellos, que el uno 
era principal y el otro sacerdote de ídolos, respondieron: Que 
traerían el bastimento que pedían y trocarían de sus cosas por 
las de los nuestros; pero que en lo demás señor tenían, que 
como acabando de aportar allí, sin haberlos comunicado, ni sa- 
ber quien eran, querían ya darles otro señor? Que contentos es- 
taban con el que tenían. Como habían tenido noticia de lo su- 
cedido en Champoton, dijeron á los españoles, que mirasen no 
hiciesen con ellos lo que con los otros, donde sabían dejaron 
muertos mas de doscientos, y que ellos se tenían por mas hom- 
bres que los de Potonchan, y para defenderse, tenían también 
^¿évenidoT^ós Xiqliípiles de guerreros (cada Xiquípil es oqho 






HISTORIA DE Yn\\TA.N. 

jiiil, y es cuenlii que usüii en el caciio, que iilli se co{^) quflí 

Suei'ían saber de cierto la voluntad que traiau para iisela 
ecir á muchos caciques que estaban juntos para tratar de p 
ó gi,ierra. El general los abrazó en señal de paz y les diÁ| 
algunos sartales de cuentas, porque fuesen á decir como reñía 
de paz, y les pidió, que con brevcdud trujesen la respuesta, pot-j 
que si no hubian de ir por fuerza á su pueblo aunque no ¡«a 
ra enojarlos. 

CAPITULO IV. 

Los de Tabasco tratan con paz ó Ion castellanos que jia: 
ron á Nueva Eg/xnla. 

Despediáos los indios délos espnñoles, ñieron al pueblo c 
su embajada, y la refirieron & los cncinnes y sacerdotes, qit 
congregados esperaban la resulta de novedad tan estriiñ:t. Oyen» 
do que los españoles no querían giieiTa como ellos no la mo^l 
viesen, convinieron en tratar de paz á aquella líente, de quieUj 
no recebian daño alguno, y asi luego despaeliaron treinta ir 
dios con bastimentos de la tierra, gallinas, pande niaií, diVf 
sidad de i'nitas, pescado asado, diversas echuras de pluma n' 
vistosas, una rnáscaraj3e^_niadeja-hjei:m£isa, aunque gnmde, y; 
respuesta, qne á otro día trian el cacique y los señores & vi 
á los castellanos. Llegados los mensageros pusieron en tierra'^ 
unas esteras de palma que se llaman petates, y fueron ponien-' 
do en ellos el presente ante el gerifnil, S quien dijeron la res- ' 
puesta que traiau. Recibióles el gencrnl con todo amor y cari- 
cia, y dióles en retomo para que llevaran al cacique un bo- 
nete de frisa colorado, unos alpargates, tijeras, cnchilloS y unas 
sartas de vidrio de diversas colores, con que volvieron muy a- 
It^res á la presencia de su señor, y los castellanos lo quedaron. 

A otro dia el señor de Tabasco en una canoa, llevando; 
en su compañía otras con muchos indios sin armas, fué al na-' 
vio de el general Grijalvaj que prevenido para recibir al caci- 
que, estaba adornado de los mejores vestidos que tenia. Entr6 
el cacique en el navio y recibióle Grijolva con toda humani- 
dad y cortesía; y después de abrazado se sentaron, y mas por 
señas que por palabras, platicaron sus intentos; porque aimquo 
los castellanos llevaban á Julián y Melchor, ni se fiaban de 
ellos, ni de el lodo se dice, que entendían ú los de Tabasco, 
aunque declaraban algimos vocablos. Resultó de esta plática, 
dar á entender el cacique, estaba alegre con la llegada délos, 
españoles, ft quien quena tener por amigos; y confirmóse porj 
un presente, que el cacique ofreció al general Juan de GrijalvaJ 
que se apreció después en nms de tres mil pesos. Traíate eil' 
litia petaca (que son de forma de cajas) y mandando sacarle, ri'. 
cacique por su mano tomaba algunas piezas de oro y otras di 
pttlo, cubiertas de hojas de oro. dispuestas para armar & un hoin>¿ 



1 



LIBRO PRIMERO. 15. 

• \ 

bre, y escogiendo las que mejor asentaban al general, le armó 

todo de piezas de oro ñno, unas á modo de patenas para ar- \ 
mar el pe3ho todas de oro, y otros de j^alo cubiertas de oro, \ 
Y algunas sembradas de muy buena pedrería. El yelmo era , 
uri casquete de madera cubierto de hoja "de oro, cuatro masca- i 
ras á trechos cubiertas de lo mismo, y en partes de madres / 
de esmeraldas á modo de obra Mosaica de muy hermoso arti- ■ 
ficio, y otras diversas joyas, como son ajorcas, pincetas y ore- 
jeras, cuentas cubiertas de oro, con una rodela cubierta de plu- 
ma de diversidad de colores, de lo mismo una ropa con pena- 
chos nmy vistosos, arniadur¿is de oro para as rodelas con otras 
cosas, que solamente su artificio era de mucho valor. Asi sin- 
gulariza Herrera este presente; pero Bernal Diaz de el Castillo . 
testigo ocular, no dice que vino este cacique á ver al general, 
sino solamente, que vinieron los indios que se ha dicho con los 
bastimentos, y que presentaron ciertas joyas de oro, añades, co- 
mo las de Castilla; otras como Jagartijas, y tres collares de cuen- 
tas vaciadas, y otras cosas de oro de poco valor, que no va- 
lia doscientos pesos, y unas mantas y camisetas de las que usa- 
ban; y dijeron, (^ue recibiesen aquello de buena voluntad, que 
no tenian mas oro que darles, que adelante donde el sol se po- 
ne habia mucho, y decian Culhua, C;jlhua, IVJéjico, Méjico, y 
que aunque aquel presente no valia mucho, lo tuvieron por bue- 
no, por saber tenian oro, y que luego acordaron de irse. 

Grande es la autoridad de el coronista general Herrera, y 
asi no me atrevo á refutar lo que escribió con tan autoriza- 
das diligencias, como para ello se hicieron; pero parece mucho 
oro y riqueza peu-a en Tabasco, donde sabemos, que nunca se 
ha cogido, aunque bien podian tenerlo de otras partes; y asi 
paso á decir lo que este autor refiere, que el general hizo con 
aquel cacique. Con grandes señas de agradecimiento, hizo traer 
una camisa de las mejores que tenia, y con sus manos se la 
vistió. Quitóse un sayón de terciopelo carmesí que tenia ves- 
tido, y su gorra de lo mismo, y pusóselo al cacique á quien 
hizo calzar unos zapatos nuevos de cuero colorado, adornando 
su persona lo mejor que pudo. Dióle de los mejores rescates 
que llevaba y también á los demás, que iban en su compañía, 
con que quedaron muy alegres, y los castellanos con tanto gus- 
to, que muchos querían se poblase en Tabasco. Los nidios ha- 
blan espresado que no gustaban de que parasen alli, y asi el 
general siguiendo la instrucción que llevaba y por Uis señas que 
hablan dímo de que adelante habla mas oro, como también por 
el riesgo en que estaban los dos navios mayores, si ventaba al- 
"gun norte, dló orden que luego se embarcasen para proseguir 
su viaje. 

Salieron del jrlo ^e_Tabasco, y á dos días descubrieron un , 
pueblo Junto á tierra, que se llama Ag^i^Y^^^^^^j y por la cos- 
ta muchos indios con rodelas de coucha'^é tortuga, que juzga- 



Í6. HISTORIA DE YUCATÁN. 

ion con la reflecsion del sol en ella, ser de oro bajo, y á es-» 
te pueblo llamaron los castellanos la Rambla. Pasaron adelanté 
á vista del rio, que llamaron^^mi Antonio, y luego se les apa^ 
recicron las graiidcs Sierras, qiíe siémprié están cubiertas de nie- 
ve, y nombraron de San Martin, por llamarse con aquel nom- 
bre el primero, que las vio naveGf-mdo la costa, se adelantó el 
Capitán Pedro de Alvanido con su i^i<\io, y entró en un rio, 
que desde ent<;nces se Hohk' rio de Alva;;ídOj y alli le dieron 
tinos indios pescadores algim pescado. Roonraron los tres na- 
vios ac^uardando hasta que salió, por haber entrado sin licencia 
del general, por cuya causa le reprehendió y mandó, que otra 
vez no se adelantase, porque no cayese en algún peligro, don- 
de los demás no pudiesen socorrerle. Juntos ya todos cuatro, 
llegaron á otro rio, que llamaron rio de Banderas, porque esta- 
ban en su ribera muchos indios con lanzas largas, y en cada 
Una una bandera de manta blanca, tremolándolas y llamando 
con ellas á los españoles. Habia ya sabido Moníezuma el gran 
Emperador de Méjico, como habia aportado aquella gente tan 
éstraña para ellos á Cotóch, Champoton, y esta última batalla, 
que ahora hubo, y como iban en demanda de oro, que todo se 
lo hablan enviado pintado sus indios, y asi habia mandado á 
los Gobernadores de sus costas, que si por alli llegasen, troca- 
Sen oro por lo que llevaban, y por eso aquellos indios Uama-^ 
ban á los nuestros. 

Viendo desde los navios tan no acostumbradas señales, se 
determinó, que el capitán Francisco de Mentojo fuese á ver, que 
querían los indios con aquellas señales, y diese aviso de ello 
al general. En los escritos de este capitán, que después fu ó 
Adelantado de Yucatán, se dice que el general rehusaba que fue- 
sen á tierra, pero que á persuacion suya, y ofreciéndose él pa- 
ra ir, se le dio licencia. Diez soldados se dice aMí, que se em- 
barcaron con él en el Esquife (aunque Bernal Diaz mas gente 
pone) y que viendo los indios ibíui para ellos, se juntaron co- 
mo para pelear, cosa que hizo á los luiestros repararse, y mas 
Cuando vieron que los indios entraban por el agua hacia donde 
el batel iba, pero no o])stí^nte prosicruieron hasta barar con él en 
tierra. Sacaron los indios al capitán Montejo en brazos, y des- 
pués á los demás que con él iban, y viéndolos apacibles, que 
no parecía querer hacerles daño alguno; correspondieron los in- 
dios de la misma forma, y dieron al capitán alfrun oro y piedras, 
y cinco banderas, y él á ellos alofii^os rescates que llevaba, que- 
dando muy amigos. Fué á dar cuenta el capitán Francisco de 
Montejo á su general de lo sucedido, y asi salió con la demás 
gente á tierra, donde rescataron muclio oro y joyas, cantidad 
, que dice Bernal Diaz, ftié mas de quince mil pesos, y alli pa - 
r^ j[gíi&.-4jiiejarsc._de lo que escribieron los coronistas Francisco Ló- 
pez de Gomara y Gonzalo Hernández de Oviedo, asi de esto, co- 
mo de lo de Tubasco. Alli tomaron posesión de aquella tierra por 




/ 



LIBRO PRIMERO, IT. 

el rey, y en su nombre el Gobernador de Cuba Diego Velazquez. 

De alli llevaron en los navios un indio, que después fué 
cristiano y se llamó Francisco, después de seis dias que estuvie- 
ron: y corriendo la costa adelante, vieron una isleta, que llama- 
ron Isla Blanca, por serlo su arena, y no lejos otra mayor, en- 
frente de la cual habia buen surgidero. Dieron fondo y echa- 
ron los bateles al agua, y saliendo á la isleta hallaron iios^ca- 

á unos como altares, 
_ cinco cuerpos 3e Irí- ' 

dios cortados brazos y piernas, 'abiertos por los pechos, que ha- \.. i 
bian sacrificado aquella noche, y por esto la llamaron Ésla de t 

Sacrificios. Pasaron adelante como media legua, y dieron fondo, .. 
desembarcando en unos arenales, donde hicieron algunas chozas 
para guarecerse, y luego fueron hasta treinta soldados con el ge- 
neral á una isleta, que tenian enfrente, y hallaron otros adoratp- / 
ríos, con un ídolo muy grande y feo, y era el deRakalku, que sig- ^ 
nifica el Dios de las muertes: cuatro indios en ellos con man- 
tas neOTas_ y^laigaís, que eran sacerdotes y hablan sacrificadbli- 
queí ma dos muchachos. Estaban sahumando al ídolo, cuando 
llegaron los nuestros, á quien quisieron sahumar también, pero 
no lo consintieron, antes sintieron gran dolor de ver los mucha- 
chos recien muertos. Era dia de S. Juan, y el general se Ha- ^ 
maba Juan, y por lo que oían á los indios decir Culhua 6 Ulúa, ^ ^ 
llamaron á aquella isla S. Juan de Ulúa, puerto^ que después ha 
sido su nombre tan célebre. 

Quedó el Gobernador Diego Velazquez con cuidado de la 
armada, y asi envió en busca de ella un navio con siete soldados, y 
Cristóbal de OH, persona de mucho valor, por su capitán, para 

Iue fuesen en demanda de ella; pero con un temporal que les 
ió, se hallaron necesitados de volver á Cuba, de donde hablan 
salido. Llegó poco después el capitán Pedro de Alvarado, á 
quien el general Grijalva envió á dar noticia de lo que les ha- 
bia sucecido, y con la que dio, y las joyas que llevó no so- 
lo so recompensó la tristeza del suceso de Cristóbal de Oli, pe- 
ro quedó muy alegre el Gobcrruidor Diego Velazquez, y toaos 
los vecinos admirados de las riquezas de la nueva tierra que ha- 
bían hallado. Miéntreis Pedro de Alvarado iba á Cuba, fueron 
descubriendo la costa adelante, y vieron las Sierras de Tusta, j 
y otras mas altas, que se llaman de Tuspa, ya en la provincia ^^'^^"''' 
ae Panuco, y en un rio que llamaron de canoas: en unas a- 
cometieron indios de guerra al navio de Alonso Dávila, que era 
el menor, y hirieron á dos soldados con flecha y cortaron la 
amarra; pero acudiendo ayuda de estotros navios, se huyeron 
los indios; y no pareciendo conveniente navegar adelante, por 
los inconvenientes, que ponia el piloto Alaminos, con acuerdo 
. de todos dieron la vuelta, breve por la ayuda de las corrientes, 
y volvieron rescatando oro y se fueron á Cuba. Todo el oro 
que llevatODi dice Bemal Diaz, que ^dria yemte mil pesos. 



3- 

di 




HLSTORIA BE YUCATÁN. 

aunque otros deciaíi m:\s, y otros menos; y dando á los ofi- 
ciales del rey lo que tocaba de su re;il quinto, se lialló que 
seiscieniíts huchas que habiaii rescatado eutendieudo eran de oro 
bajo, estaban muy mohosns, como de cobre que eran, con que 
liubo bien que reir de la hurla del rescate. Con eslo se echa 
de ver, tpie el encarecimiento con que el aumento de la des- 
cripción de PloleiTieo sube de punto este rescate, es mas pon- 
derado de lo que en la verdad sucedió, pues dice que en Ta- 
basco por cosas de pequeño valor, dieron aquellos indios rique- 
zas de incrcibie precio, y que fueron tantas las que Gríjalva 
llevó de este viaje, que escede al crédito de lo que se puede te- 
ner por verdadero. Lo cierto es, que con él, por linter descu- 
hierlo á Yucatán, quedaron nianiflestos los amplísimos reinos 
de la Nueva España hasta entonces no conocidos. 



1 



CAPITULO V. 

Primero obispo (¡ue hubo en la Nueva España, fué el de Yu- 
catán, y viene el capitán Hernando Cortés á Cozumél. 

Habiendo vuelto ol general Juan de Grijalva y demás ca- 
pitanes & Cuba, y dado cuenta de su viaje al Gobernador Die- 
go Veinzqnez, aunque eslaba muy alegre, no le recibió y trató 
tan hien como merecía; y dice Bernal Diaz, que no tenia razón, 
pero que era la causa haberle descompuesto algimos, no hablan- 
do bien dPl {ntmca faltan emulaciones á un varón grande, y 
mas con alguna dicha esiraordinaria) porque presuniiau no ha- 
ber poblado aquella tierra lan rica por poco valor, y corazón 
Eara tan grande empresa, auuque llevaba óiden para que po~ 
lase, pareciendo buena. Pudo ser que á loa soldados se les di- 
jese esto para añciouarlos mas al viaje y llevar el orden que 
se ha dicho; que no ha de hacer im capitán manifiestos sus 
designios al ejército, poniéndose á los rie^;os que la prudencia 
enseña si se saben. Con la grandeza de las nuevas, determinó 
el Gobernador Die^ Velazquez dar cuenta al rey del descubri- 
miento que se habla hecho, y dispuesto todo avio para que un 
BU capellán Benito Martin (Martínez le llama Bernal Diaz) lle- 
vase la nueva por ser persona muy inteligente de negocios. Hi- 
zo probanzas de todo y le dio cartas para D. Juan líudriguea 
de Fonseca, obispo de Burgos, y arzobispo de Rosíinoj y para 
otros que goternaban las cosas de las Indias, & quien liabia da- 
do indios en Cuba, y les sacaban oro, y envió bncuos presen- 
tes, que confirmasen las riquezas que decia habfrse hallado en 
aquella nueva tierra, pidiendo que pues con su industria se ha- 
bla descubierto, le diesen licencia para rescatar, conquistar y po- 
blarla con los demás que descubriese, diciendo haber gastado 
muchos millares de pesos de oro en ello, y que se le diese al- 
gUO titulo hoaoilÉco coo ^ue (juedase premiado. Con lazoD so 



« 



LIBRO PRIMERO. 19. 



queja Bemal Diaz de haberlo escrito asi, y dice: ''No hizo me- 
moria de ninguno de nosotros los soldados, que lo descubrimos 
á nuestra costa." 

Llegó el clérigo Benito Martínez á la corte, y dando sus 
despachos con lo que llevaba, fué admitido con buena acogida. 
Entre los demás escritos llevaba relación que toda la tierra des- 
cubierta era Isla, y no olvidando sus ascensos, pidió por mer- 
ced que le diesen el Abadia de aquella Isla de Cozumél. Ha- 
bía solicitado el obispo D. Juan BLodriguez de Fonseca por es- 
te tiempo, que el rey presentase por obispo de Cuba á un re- 
ligioso de la orden de nuestro padre Santo Domingo, y se lla- 
maba Fr. Juan Garces, confesor del obispo, y era gran predi- 
cador, maestro en teología y singularmente eminentísimo en la 
lengua latina; y viendo la petición del Benito Martínez, resol- 
vió el rey promover á Fr. Juan Garzes de obispo de Cubaá 
obispo de Cozumél, presumiendo entonces ser cosa muy gran- 
de, y al clérigo se hizo merced de Abad de Culhua, que salió 
tan diferente como se vio, pues fué la Nueva España sobre que 
después de pacificada hubo grandes disensiones. Vinieron las 
bulas del Pontífice, que hizo nueva erección de obispado de 
Yucatán con titulo de Santa María de los Remedios, nombran- 
do por obispo á Fr. Juan Garzes, que su Magestad había pre- 
sentado. 

En el tiempo que intervino para hacerse y llegar estos des- 
pachos, tuvo el rey noticia que los españoles que hablan des- 
cubierto este reino de Yucatán, no habían permanecido en él, 
sino pasado adelante, y que en la Nueva España poblaron, con 
que el nuevo obispo no vino á usar de su dignidad, duedó 
en esta suspensión, hasta que ya pacificada la ciudad de Méji- 
co, y su imperio sugeto á la corona de Castilla, el rey, que ya 
era Emperador de Alemania CARLOS duinto, de gloriosa me- 
moria, suplicó al Pontífice declarase que las bulas dadas para 
la erección del obispado de Yucatán, se entendiesen para la par- 
te de Nueva España, que el rey asignase por estar ya poblada 
de españoles, y aun no pacificado Yucatán. Vino la declaración 
del Pontífice el año de mil y quinientos y veinte y seis (estan- 
do ya D. Fray Juíin Garzes en Méjico) ordenando su santidad, 
conforme á lo pedido por el Emperador, el cual le remitió la 
bula declaratoria, y con su autoridad le señaló por territorio la 
provincia de Tlaxcala, San Juan de Uliía, Veracruz, todo lo de 
Tabasco, desde el rio de Grijalva hasta llegar á Chiapa: rete- 
niendo en su Magestad y sus sucesores, la facultad que en di- 
cha bula se le daba, para variar y revocar en esto lo que mas 
conviniese en aquel obispado, en todo y en parte, como después 
se ha hecho, pues Tabasco pertenece hoy á este obispado de 
Yucatán y según he oído, mas por permiso, que por territorio 
asentado de derecho. Con esto el obispo de Yucatán nombra- 
do fué el pxiiQiexo, que en posesión tuvo el obispado de Tlaxca- 



la, que coniumucíitc so nombra de ia ciudiid de la Puebla de 
loa Angeles, y al clérigo Benito Martínez se le recompensó en 
otra cosa el nombramiento que se habla hecho en sii persona 
de Abüd de Cuihua. 

No por remitir el Gobernador Diego Velazquez á Castilla 
los despachos referidos, aflojó en la prosecución del descubrimien- 
to hecho de la Nueva España. Con gran di'igencia previno 
una armada de diez navios, tos cuatro dcsl vii^^ pasado que hi- 
zo luego dar carena y adeiezar, y otros seis, qui; de toda la 
Isla juutú cu el puerto de Santiago de Cuba. Grandes altera- 
ciones liabia sobre quien liubia do venir por general, porque al- 
gunos querían fuese im calKilIero llamado Vasco Porcallo, pa- 
riente cercano del conde de Feria; ¡tero temia el Gobernador 
no se le alzase con la armitda. Los mas soldados pedían, que 
volviese por ^ncral Juan de Grijalva, pues era buen capilan, 
y no habia falta en su persona, y en saber mardar y oíros 
querían á unos parientes de el Gobernador. Andando en estas 
düéreacins, Andrés de Duero, secretaiio del Gobernador y A— 
mador de Laroz, contador del rey, concertaron con un hidalgo 
llamado Hernando Cortés, natural de Medellin y que tenia in- 
dios de encomienda en aquella Isla, que le harían dar el titu- 
lo de capitaTi general de la armada, con uil que repartieren en- 
tre los tres la g;uiancia del oro, plata y joyas de la parte que 
cupiese á Cortés, porque secretanieote se decia, que el Gober- 
nador solo enviidia la annada á rescatar, y no á poblar. Con- 
vino Hernando Cortés en el concierto, y los otros dos dijeron 
UÜes cosas al Gobernador, que lo inclinaron A nombrarle por 
general; y como el Andrés de Duero era secretario, los despa- 
chos se hicieron presto, y se los entregó firmados á Hernando 
Corles; dis]josicion divina sin duda para que con esta trazase 
■consiguiesen tan grundes cosas, como este insigne capitán, dig- 
no de inmortal memoria, intentó al parecer imposibles y teme- 
rarias, y acabó con la felicidad esperimentada. 

Luego que el general Hernando Cortés tuvo en su poder 
el titulo, puso gran diligencia en buscar todo género de armas 
y municiones, rescates y demás cosas pertenecientes al viage, y 
se empeñó mucho por estar en la ocasión adeudado, Era apa- 
cible en su persona, agradable en la conversación, habia sido 
vecino, dos veces alcalde, mandó hacer estandartes y ban- 
deras labradas de oro con las armas reales y una Cruz de ca- 
da parte de ellas, con una letra latina, que decia: Hermanos, j¡- 
ganioif la señal de la Sania Cruz con fe verdadera, que coa 
ella venceremos. Diéronse pregones, sonaron cajas, y comenza- 
ron á iilistarse soldados. Siempre se mostraba muy servidor daj 
Gobernador, y porqne sabia que con emulación solieilabaii des- 
componerle con él, estaba siempre en su compañía. Señaló día 
en que todos se embarcasen, y ninguno del viaje quedase en 
tienof y hcctto esto, &c despidió del Gobernador: y ítcompañr~ 



I 

I 
I 

I 



LIBRO PRIMERO. 2L 

dolé sus dos amigos y los mas nobles vecinos de la villa, ha- 
biendo oido misa y yendo con el mismo Gobernador, se hicie- 
ron á la vela, y con buen viento llegaron á la villa de la Tri- 
nidad, en cuyo puerto dieron fondo y salieron á tierra. 

Fueron en aquella villa muy bien recibidos, y allí se jun- 
taron otros muchos hidalgos, que fueron en esta jomada, y el 
general con su sagacidad atrajo muchos, y alli se les juntó el 
capitán Juan Sedeño con su navio cargado de provisión, que se 
lo compró el general. En este medio tiempo, mudado el Go- 
bernador Diego Velazquez de parecer, por miedo que le pusie- 
ron, que iba alzado el general, le revocó el título y escribió á 
la villa de la Trinidad detuviesen la armada, porque ya Her- 
nando Cortés no era general della, sino Vasco Porcallo, á quien 
habia dado título y nombramiento. Aunque mas diligencia pu- 
so el Gobernador, fué mayor la sagacidad, con que Hernando 
Cortés redujo á los mas y mas principales para que no se in- 
novase cosa alguna, y escribió al Gobernador solicitando sose- 
garle en sus sospechas. Viendo la materia en aquel estado, con 
prudencia juzgó, que no le convenia detenerse allí, y asi apres- 
tó todo lo necesario para el viaje con la brevedad posible. Dis- 
puesto ya dio orden que todos se embarcasen en los navios, 
que estaban en el puerto á la vanda del Sur, y los que qui- 
siesen ir por tierra hasta la Habana, fuesen con el capitán Pe- 
dro de Al varado recogiendo soldados que estaban en unas estan- 
cias de ganado; y llegados casi todos á la Habana en cinco días, 
no pareció el navio del general, ni hubo quien supiese dar ra- 
zón del, y temieron no se hubiese perdido en unos bajos, que lla- 
man jardines de la reina. Finalmente llegó, con que cesaron 
inquietudes, que ya habian principiado sobre el generalato, y alli 
se dispuso todo para poder hacer viaje. , . /, 

A diez dias del mes de Febrero año de mil y quinientos /^/ 
y diez y nueve, después de haber oido misa salió el general ' ; V 
por la vanda del Sur con nueve navios, y los otros dos salie- 
ron por la del Norte, con orden de juntarse en la Isla de Co- 
zumél, para donde reservó hacer reseña de soldados, armas y caba- 
llos, aunque Herrera dice, que doblado el Cabo de Sem Antón se hi- 
zo. Llegó antes á Cozum él el capitán Pedro de Alvarado, que el 
general, y saliendo á tierra fué á un pueblo que halló siíi.g«ente, y 
cogieron los soldados por su órdeiTfiasta cuarenta gallmas, y algu- 
nas cosillas de poco valor, y llegando el general que lo supo, repre- 
hendió severamente al capitán, diciendo: que no se habian de paci- 
ficar las tierras de aquella manera, ni tomando á los naturales su 
hacienda, y mandó volver lo que se habia traido, y pagar las 
gallinas con rescate, y á un piloto llamado Camacho mandó po- 
ner unos grillos, porque no guardó «en la mar el orden que le 
fué dado. Habian cogido los soldados de Pedro de Alvarado 
dos indios y una india, y con estos, por medio del indio Mel- 
chor (que ya w CQiiy^ero Julián era muoito) tiató pl ge^ 




v 



lal Hernando Cortús de enviar á llamar & ios caciques y in- 
dios de aquel .pueblo, asegurándolos de fcdt) fécélb "COíi^^IVü- 
íesHo que se les habia quitado, y algunas cuentas y cascabe- 
les, con mas una camisa de Castillu, que dio á cada indio pri- 
Eionero. Fueron á la presencia de su cacique, que sabiendo el 
buen tratamiento que el general les había hecho, vino á verleJ 
& otro dia con toda su gente, hijos y mugeres del pueblo, JfJ 
anduvieron entre los españoles, como si toda su vida los hubi&%J 
xan comunicado, y mandó el general que no se les diese dis-9 
g;usto en cosa alguna. "Aqui en esta Isla (dice Bemal Diuz) co>I 
menzó Cortés & mandar muy de hecho, y nuestro señor le óa^M 
ba gracia, que do quiera que ponía la mano se le hacia bien,! 
especial eu pacificar los pueblos y naturales de aquellas parles "I 

CAPITULO VI. 

Z.0 que hizo Hernando Cortés en Cozumíl, y como ^fpo /ict-M 
bia españoles cautivos en Yucatán. 

Con el buen tratamiento del general Hernando Cortés, yJ 
con no hacer los españoles daño algiuio á los indios, se aca-^ 
barón de asegurar tcdos los de la Isla, y traJan buena provisiori:' 
de bastimentos para el ejército. Con esto mandó el general sa- 
car los caballos á. tierra, cuya esUañeza de animales nunca por 
ellos vistos, puso gran admiración en los indios, que los tuvie- 
ron por ciervos de aquella grandeza, y los proveyeron abundan- 
tisimamente de yerba y maiz, por haber mucho en la Isla. Des- 
ta familiar comunicación con los indios, dice el coronista Her- 
rera, resultó que algunos dieron á entender que cerca de aque- 
lla Isla en Tierra firme de Yucatán, habia hombres semejan- 
tes á los españoles con barbas, y que no eran naturales d^te 
reino, con que tuvo ocasión líernaudo Conés de buscarlos. 
Bernal Diaz asigna otra causa, y dice: Que como hubiese oido 
el general & los soldados que vmieron con Francisco Hernán- 
dez de Córdova, que los indios les decian Castilan, Casiilan, se- 
ñalando al oriente, que llamó al mismo Benuil Dia: 
viscaino llamado Mnrtin Ramos, y les preguntó, c|ue 
mo so decin; y respondiéndole que si, dijo el gerieral, que pi . 
sumía halier españoles en Yucatán, y seria bueno hacir diligen- 
cia entro los indios. Mandó el general llamar & los cacique^. 
y por lengua del indio Melchor (que ya sabia algiui poco de 
la castellana, y la de Cozuinél es la misma que la do Yucatán) 
se les preguntó si tenian noticia de ellos. Todos en una con- 
formidad respondieron, que Imbiun conocido unos csp;iñoles en 
esto tierra, y daban señas dellos, diciendo que unos c:!cii|iics tos 
tenían por esclavos, y que los indios mercaderes de aquella Is- 
la los habían hablado pocos dins había, que estarían de distau- 
cia k liona adentro, aududuru y coimoo de dos soles. 



co-^_ 
en~^H 



LIBRO PRIMERO. 23 

Grande fué el alegría de los españoles con esta nueva, y 
asi les dijo el general á los caciques que con cartas, que les 
daría para ellos selos enviasen á buscar. A los que señalaron los ca- 
ciques para ir, halagó y di ó unas camisas y cuentas, prome- 
tiendo darles mas cuando volviesen. Los caciques dijeron al ge- 
neral, enviase con los mensageros rescate para dar á los amos, 
cuyos esclavos eran, para que los dejasen venir, y asi se les dio 
de todo género de cuentas y otras cosas, y se dispusieron los dos 
navios menores con veinte ballesteros y escopeteros, por su ca- 
pitán Diego de Ordaz. Di oles orden el general que estuviesen 
en la costa de Punta do Cotóch aguardando ocho dias con el 
navio mayor, y que con el menor se le viniese á dar cuenta 
de lo que hacían. Dispúsose todo, y la carta que el general Cor- 
tés dio á los indios, para que llevasen á los españoles, decia 
asi: "Señores y hermanos, aqui en Cozumél he sabido, que es- 
tais en poder de un cacique detenidos. Yo os pido por merced, 
que luego os vengáis aqui á Cozumél, que para ello envió un 
navio con soldados, si los hubieredes menester, y rescate para 
dar á esos indios con quien estáis, y lleva el navio de plazo 
ocho dias para os aguardar. Venios con toda brevedad: de mi 
seréis bien mirados, y aprovechados. Yo quedo aqui en esta is- 
la con quinientos soldados y once navios. En ellos voy me- 
diante Dios la via de un pueblo que se dice Tábasco ó Po- 
lonchan, &c." 

Dicen algunos, que los indios de Cozumél pusieron gran- 
des dificultades, rehusando llevar la carta y darla acá en Tier- 
ra firme por el peligro que corrian sus vidas, y que con las dá- 
divas se ofrecieron á llevarla y que porque no se la hallaseni 
la revolvieron en la cabellera que usaban traer del cabello tren- 
zado y revuelto á la cabeza. Esto no parece haber pasado asi, 
pues Bemal Diiiz da á entender no pusieron dificultad alguna, 
antes los caciques dijeron á Cortés llevasen los mensageros res- 
cates para los amos de los cautivos, como se ha dicho; ni estos 
indios eran tan bárbaros, aunque tenidos por tales, que no tu- 
viesen por cosa sagrada la observancia de la seguridad, que las 
mas naciones del mundo han practicado con los embajadores, 
aunque sean de enemigos declarados, como largamente refiere el 
padre Torquemada en su monarquía indiana. Pasaron á Tier- 
ra firme, atravesando el pequeño brazo de mar que hay entre 
ella y la Isla, aunque con muy grandes corrientes; dejémoslos 
allá mientras negocian y digamos lo que hizo el general Cor- 
tés en Cozumél en el Ínterin. 

Con la celeridad que necesitó salir de la jurisdicion del Go- 
bernador Diego Velazquez, no habia hecho reseña de armas y 
muestra de soldados, y con la oportunidad la hizo tres dias d^- 
pues que llegó á Cozumél. Halláronse quinientos y ocho solda- 
dos, sin maestres, pilotos y marineros, que serian ciento y nue- 
Te: diez y seis caballos y yeguas: once navios grandes y peque* 



HISTORU DE YUCATÁN. 



^^F ños con uiio que era como bergantín, y cantidad de pólvora y 

balas, Eslo tan solamente fué el aparato de guerra con que es-' 

le esforzado y venturoso capitán entró por los amplísimos reinos 

I / de la Nueva España, tají pobladosjJe,Jiiniiji!eiaMes.,..geiiles. Esta' 

/ el cjfrciio de españoles que dio principio k la consecución de 

(t&n gloriosos itnes, de que están llenas las historias y el mundo, 
de su fama y riquezas; digo ahora pues solamente lo que par- 
só en esta tierra. Los capitanes quedaron conñrmEidos en sus 
oficios, y no es justo omitir sus nombres, y mas Iiabiendo si-' 
do después uno dellos adelantado de Yucatán, y otro el primer' 
oficial del rey que tuvo. El general quedó por capilají de sií 
navio y gente, AJonso Hernández Portocarrero de otro, Pedro 
de Alvarado y F'rancisco de Monlejo (que lo >iabia sido, cuan- 
do Grijalva) cada uno del suyo, Francisco de Moría, Diego de 
Ordas, Francisco de Saucedo, Juan de Escalante, Juan Velaz- 
quez de León. Cristóbal de Oli y Alonso Dávila, cada uno del 
suyo. Por capitán de la artiUeria nombró á Francisco de Orozco, 
persona de mucho esfuerzo y que había sido buen soldado en 
Italia, piloto mayor el que se ha dicho Antón de Alaminos, La 

Í artilleria fué dii?z piezas de bronce y cuatro falconetes, con tre- 
jr^-'^ ce escopetas y treinta y dos ballesteros. 
Era Cozumél el mayor S antua rio para los indios que ha- 
bía en este 'remó dé Ttlí:"afan,*~y^^[3Hlle recurrian en romería do 
todo él por unas calzadas que le atravesaban todo, y hoy per- 
manecen en muchas partes vestigios dellas ('), que no sehau aca^ 
bado de deshacer, y asi había a!li grandes kiies, ajigrat orios ^ de 
Jdülps. A uno, el rey de ellos que tenia utf^^Pl^rpátio,~ oour* 
nerón una mañana muchos indios con diversidad de sahumerios^'' 
y como cosa nueva para los ospañoles, con singular atención lo' 

(repararon. En uno de aquellos adonitorios subió un indio vie^'' 
jo con mantas largas que era el sacenloié de ¿qiielios fiólos, -f^ 
predict^ un rato á los indios. Prégimlo el general Cortés al ín ' 
dio Melchor que era lo que les docia aquel indio, y respondió, 
que les predicaba cosas de su falsa religión y cieüencia, con 
que tuvo mas ocusiun de hacer llamar al cacique, y a! mismo 
predicador, y por lengua de Melchor, como pudo mas bien de- 
clarárselo, les hizo un razonamiento de la suhtancia siguiente: 
''Q,ue si habían de ser hermanos y ornigos de los españoles, era 
justo, que profesasen una misma relígiób, y creyesen lo que los 
españoles creían. Que era necesario dej,isen la adoración de a- 
qüellos ídolos, qne no eran Dioses como entendían, sino domo-' 
nios que los engallaban, y con los errores que les hacían corneal 
tcr, los llevaban á perdición eterna, que los quitasen de aii^uetla. 

I casa, como cosa abominable y mala. Que en su lugíir pusíeseit'^j 
uUa i-uágeti de Nuestra Señora, que les caseñí, y iini Cruz quo' 



(') Todavía se veeti algunos reslos BobeibJos cercA do*J 
U ciudad dü Izawftl,— £. _ ' ''■ 



LIBRO PRIMERO. 25. 

les liaría, y que coa esto tendrían buenas sementeras y serian 
ayudados p.-ira la salvación de sus almas, due cesasen d'3 los 
sacrificios de sangre y vidas de liombres que oír(ícia]i á sus ído- 
los, cosa de que tanto se ofendía el verdadero Dios, que no ¡grusta- 
ba do la miiórte de los hombres ofrecida cu uin Ciuenlos. sacrificios, 
y que si al Dios que él adoraba se convertían y recibían su fé, 
tuviesen por ciertos todos los bienes del cuerpo y del alma, y 
que serian libres de las penas eternas del infierno, que tenia 
prevenidas para los que no le adoraban, y guardaban su ley santa." 

Con atención oyeron los indios aquella tan nueva, y no 
presumida plática; y el indio sacerdote con los caciques respon- 
dieron: "Que sus mayores, de quien descendían, por muchas e- 
dades habían adorado aquellos Dioses, á quien ellos también re- 
verenciaban y tenían por buenos: de quien recibían los bienes, 
y salud que tenían, y que así no se atreverían á quitarlos de 
allí, ni dejar su adoración, porque perderían sus sementeras y lo de- 
mas, que de ellos recibían y que enojados se les huirían á la 
mar y los perderían. Que no se atreviesen los españoles á ha- 
cerles ultrage alguno, ni quitárselos de los adoratoríos, donde los 
veneraban porque verían cuanto mal les sucedía por ello, y que 
se irían á perder á la mar. Para que los indios viesen por es- 
periencia el error en que estaban y la falsedad de aquellas fi- 
guras que adoraban por Dioses; mandó el general á algunos sol- 
dados, que echándolas á rodar por las gradas abajo, las despe- 
dazasen y echasen por aquellos suelos, como lo hicieron; y vien- 
do no se les iban á la mar, como ellos decían, por allí cono- 
ciesen cuan vano era el temor con que estaban de sus ídolos. 
Habia mucha cal en el pueblo y indios albañiles, y asi mandó 
luego hacer un altar, donde se puso la imagen de Nuestra Se- 
ñora; y á dos españoles carpinteros mandó labrar una cruz de 
maderos nuevos que allí estaban, la cual se puso en uno co- 
mo humilladero cercano al altar. Dijo misa el P. clérigo Juan 
Diaz, á que estuvieron presentes los caciques y sacerdotes de 
los ídolos con grande atención y silencio, admirándose de las 
ceremonias con que se celebra, porque la novedad, y ser estos 
indios connaturalmente amigos de ella, y ceremoníaticos, los de- 
bió de atraer para que la tuviesen. 

Aunque el general Hernando Cortés aguardó al capitán Die- 
go de Ordaz en Cozumél, y este capitán la respuesta que ha- 
bían de llevar los que con la carta pasaron acá á Tierra firme, 
un día mas que llevó de término; volvió sin llevar razón al- 
guna, ni de los españoles que se esperaban, ni de los indios 
que fueron en su busca. Entonces, dice Bemal Díaz, que el 
general con palabras soberbias dijo al capitán Diego de Ordaz, 
que había creído que otro mejor recaudo trajera, que no venir- 
se asi sin españoles ni nueva dellos, porque ciertamente esta- 
ban en aquella tierra. Viendo, pues, que no habia rastro de es- 
peranza, que le asegurase poder lIev;u:los consigo, y que ya el 

4 



36, HISTORIA DE YUCATÁN. 

deteaerse mas en Cozuiiiél, era perder viaje: habiendo eiicomeii- I 
dado mucho á los indios la reverencia de aquella santa imá— 1 
gen de Nuestra Señora y la cniz, y que tuviesen el altar coa j 
mucha limpieza y aseo, diciéiidolcs, que habia de volver á ver- 
los; y habiéndose despedido de los indios, mundo embarcar to- I 
da la gente, con que aquel mes de Marzo de mil y quínieuios^ J 
y diez y nueve años, dando velas al viento, salieron de la Is- f 
la de Cozíimé!, para iirosegiiir su viaje. Aquel mismo dia, co-. I 
mo á las diez, oyeron qtie del navio del capitán Juan de Es-^ I 
calante, diapasón un tiro, daban grandes voces, y capeaban á los . I 
demás; y el general Cortés puesto á bordo de su capitana, vió^ j 
que iba arribando hacia Cozumél el navio. Preguntó, que se— t 
ría? Respondí 6 uu soldado, que !íe anegaba, y era el nnvio don- j 
do iba el cazabe, pan y sustento del ejército. Mandó hacer se-J 
üa á todos los navios para qne arribasen á Cozumél, y asi voí' i 
vienm al puerto aquel mismo dia. Hallaron la imagen cotí 
mucho oseo y sahumerios, de que se alegraron y prognntnren 
los indios, ¿á qué volviau? Respondió sel es, que á aderezar n- 
que! navio, que hacia agua; sacaron del el pan cazabe, y co- 
gieron el agua, en cuatro dias; disposición divina al parecer, pa- I 
ra que en ellos llegase uno de los españoles que estaban ticá.j 
en Yucatán, como se dice en el capitulo siguiente, de que tan- 1 
to üti! se siguió después para la comunicación con los iudios-J 
de la Nueva España. J 

CAPITULO VIL 1 

Llega Gerónimo de Agiiilar á Cozumél: refiérese coma apor-^ 
ló d Yucatán, y los trabajos que en él pasa. jk 

Los indios que llevaron la carta del general Heniaiidtf¿| 
Cortés, dentro de dos días la dieron á un español, que se Ilaj 
maba Gerónimo de Aguilar. Dicen algunos, que no se atrevie« 
ron S dársela á él, sino á su amo, y que receló mucho lequÍ^| 
siese dar licencia para irse, y que asi cou mucha humildad pa-S 
Bo' todo el negocio en la voluntad de su amo; medi'y con quefl 
hasta entonces se habia conservado, y que con esto no solo ieA 
dio licencia, pero que hizo !e acompañasen algunos indios, y leí*J 
rogó solicitase para él la amistad de los de su n:icion, porque 4 
deseaba tenerla con hombres tan valerosos. Pero Belual Diaí'^ 
afirma, que al Gerónimo de Aguilar se dio la carta y rescates, I 
y que habiéndola leido se holgó mucho (bien se deja enteti-'J 
der el grado eu que seria) y que fué á su amo con ella, y»! 
' los rescates para que le diese la licencia, la cual hiego dio pai'l 
, la (jue se fuese, donde tuviese gusto. Gerónimo de Aguilar habí- I 
da licencia de su amo, fué en busca de otro compañero suyo I 
llamado Gonzalo Guerrero, y le enseñó la carta, y dijo loque I 
pí^ábtt. Respondió el Guerrero; "Hermano Aguilar, yo soy ca- I 
satío y tengo tres hijos. Tienenme por cacique y capitán, cU'áíi-- 1 



LIBRO PRIMERO. 27, 



do hay guerras, la cara tengo labrada, y horadadas las orejas 
que dirán de mi esos españoles, si me ven ir de este modo? Idos 
vos con Dios, que ya veis que estos mis hijitos son bonitos, y 
dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes que traéis, pa- 
ra darles, y diré, que mis hermanos me las envian de mi tier- 
ra." La muger con quien el Guerrero estaba casado, que en- 
tendió la plática del Gerónimo de Aguilar, enojada con él di- 
jo: Mirad con lo que viene este esclavo á llamar á mi ma- 
rido, y que se fuese en mala hora, y no cuidase de mas. Hizo 
de nuevo instancia Aguilar con el Guerrero, para que se fue- 
se con él: diciéndole, que se acordado era cristiano y que por 
una india no perdiese el alma, que si por la muger y hijos lo 
hacian que los llevase consigo, si tanto sentía el dejarlos. No 
aprovechó tan santa amonestación, para que el Gonzalo Guerrero 
(que era marinero, y natural de Palos) fuese con Gerónimo de 
Aguilar, que viéndole resuelto en quedarse, se fué con los dos 
indios de Cozumél al parage, donde quedó el navio. Llegan- 
do á él, como ya se habia ido, quedó muy triste, y se volvió 
con su amo, diciendo lo que pasaba. 

Cuando volvieron á arribar á Cozumél los navios, súpolo 
luego Gerónimo de Aguilar, y trató con priesa de ir á alcan- 
zarlos. Pagó con las cuentas verdes del rescate que le envia- 
ron, y seis indios remeros que en breve tiempo (por no ser mas 
de cuatro leguas la travesia) pasaron de la banda de Tierra fir- 
me á la playa de la isla, aunque por la violencia de las cor- 
rientes descayeron algo del puerto á donde iban á parar. Ha- 
bían salido unos soldados á caza de puercos monteses, de los 
que tienen el ombligo arriba en el espinazo; dijeron al general 
como habian visto, que de la parte de Cabo de Cot'ch atrave- 
só una canoa grande á la Isla, y que la gente de ella junto 
al pueblo. Mandó el general al capitán Andrés de Tapia, que 
con otros dos soldados fuese á reconocer que novedad era a- 
quella. Viendo los indios remeros ir los españoles para ellos, 
quisiéronse tomar á embarcar, pero Aguilar los sosegó, dicién- 
dbles, que no tuviesen miedo, que eran sus hermanos. Confio 
el español venia de la misma forma que los indios, envió á 
decir el capitán Andrés de Tapia al general Cortés, que siete 
indios eran los que liabian llegado en la canoa; pero luego que 
salieron á tierra, el español dijo (mal mascado y peor pronun- 
ciado, como dice Bemal Diii^) Dios, é Santa María y Sevi- 
lla. El capitán Andrés de Tapia luego quo fué á abrazarle, y 
el otro soldado á gran priesa á pedir albricias al general por 
la buena nueva de la llegada de el español, que también lue- 
go se fué con el capitán Tapia para donde estaba Cortés. Los 
españoles que los encontraban, preguntaban al capitán Tapia por 
él español; ¿pero que tal venia él, para que le conociesen, aun- 
que estaba presente? De su natural color era moreno, venia 
iibsquilado Qovop na indio esclavo, traia un remo al hombro, una. 



23. 



HISTORIA DE VUCaTAN. 



niin moiiui, sus paites verendas cubíerlius con un paño Sínodo 
. de braguero, qne los indios usan y llainaiíj^mjj, y en la inanta 
un bulto, (jiie después se vio eran hortis muy viejas, y con es- 
te arreo Ue^ó ñ la presencia del general Cortés que tarabien 
preguuió al capitán Tapia por el español GerOniíno de Agiii- 
lar, (|ue se hnbia puesto en cuclillas, como los otros indios, en- 
leudiendo al ^cneml, dijo: Yo soy; y luego Cortés le inandd 
vestir camisa y jubón, y unos calzones, y calzar unos alpai^- 
les, y le dieron para cubrirle la cabeza una montera, que por 
entonces no se le pudo dar otros vestidos. 

Muy diferente de esto refiere Herrera la llegada de Asui-" 
lar, porque dice, que llegando al parage del navio, halló por 
allí muchas Cruces de caña, pero no á los españoles, y que con 
la tristeza se encajninó por ac]uel!a costa, donde halló una ca- 
noa enterrada media podrido, y qtie entrándose en e la con los - 
dos indios de Cozunifil, y sirviendo uu pedazo de pipa (que a- 
caso hallaron) de remo, navegnudo la costa abajo, atravesó por 
lo mas angosto á Cozumél, y que bajando en tierra los aco- 
metió el capitán Andrés de Tapia, y los dos soldados con las 
espadas desnudas, y que los indios intentaron volverse, pero, 
que los sosegó Aguilar, que habló á los españoles, diciendo. Se- 
ñores, cristiano soy, y puesto de rodillas en tierra dio gracias 
á Dios, y prcgimtó si era miércoles, porque deseaba saber, si ^ 
anda errado en el dia, y en el rezo del oficio de Nuestra Se- ' 
ñora, que siempre habia rezado en unas horas que tenia, y que 
llegado fi la presencia de Cortés se puso en cuclillas; pero que. 
cuando dijo quien era, se quitó una ropa larga amarilla que 
traia con guarnición carmesí, y él mismo le cubri<i con ella,'J 
rogándole que se levantase de el suelo, y que no solo acertfil 
el dia que era, sino aun la letra Dnmi»ic;i!. Mandó que le din- . 
sen de comer, y después le preguntó quien era y como había 
venido á aquel estado. Comió poco y dijo que lo hacia por no ' 
estragiu- el estómago, que estaba acostumbrado á poca vianda ' 
y á la comida de los indios. Como también lo estaba S poco, 
ropa, sentia enfado con el nuevo vestido. 

CAPITULO VI!I. 

Como D. Hernando Corles lle^ó á Tahasco, y lo demás ijitr 
se refiere. 

Reparado ya en Cozumél el novio de el capitán Jnan de 
Escalante, y teniendo ya los españoles á Gerónimo de Aguí- 
lar en su compañía, con gran gozo de tener lengua segura con 
qniea poder comunicar con los indios, se prometieron mejor su- 
ceso. Dio orden el general á los navios mas pequeños, que 
navegasen lo mas cerca de tierra que pudiesen, procurasen des- 



LIBRO PRIMERO. 20. 

cubrir un navio que faltaba, y no llegó con los demás á Co- 
zumél, aunque Bernal Diaz parece decir, que todos llegaron. A 
cuatro de Marzo de mil y quinientos y diez y nueve años, sa- 
lió segunda vez la armada de Gozumél, y yendo navegando, al 
amanecer les dio un viento recio, que los desbarató y apartó con 
gran rieso^o de varar en tierra. Duró hasta media noche y a- 
bonanzando el tiempo, luego que amaneció se juntaron, sino fué 
el de Juan Velazquez de León, que no pareció hasta medio dia, 
volviendo la armada á buscarle. Llegaron á la Lagunjudp Tér- 
minog^ donde se dice hallaron el otro navio. Hábia enviado' por 
delante un navio pequeño y buen velero, que reconeciese el puer- 
to, y si era tierra á proposito para poblar y habia mucha ca- 
sa como se decia, y pusiese señal de como habia llegado. No 
le hallaron en este puerto, carta sí en que decia, £^v[?^ *^rn kue- 
na Jíjwaca y ^-cte^-íiilLCha casa, y que habia hallado una lebrela 
que en el viaje pasaSó se quedó en tierra, la cual luego que 
vio el navio, hacia muchos halagos y señas, y estaba muy gor- 
da. Sentia el general no haber hallado el navio, que era el 
de Escobar el page, y queriendo buscarle, dijo el piloto Alami- 
nos que el viento Sur, le habia echado algo la mar á fuera, 
como habia sucedido, que presto le alcanzarían, y asi fué. Jun- 
tos ya, dieron vista al parage de Potonchan, donde quiso sur- 
gir el general, y se lo rogaron muchos de los soldados que ha- 
bian venido los dos viajes antecedentes, por dar una mano á 
aquellos indios, que tan mal los habian tratado. Replicaron los 
pilotos, que si alli entraban, no habian de poder salir en ocho 
dias, por el tiempo contrario, y que de presente llevaban buen 
viento, con que en dos dias llegarían á Tabasco. Pasaron con 
esto adelante, y á doce de Marzo llegó toda la armada junta 
al rio de Tabasco ó Grijalva. Como ya sabian que no podian 
entrar navios grandes, surgieron la mar á fuera los mayores na- 
vios, y con los menores y los bateles subieron por eí rio á 
desembarcar á la punta de los Palmares, donde estuvieron el 
viaje antecedente de Grijalva. Vieron en el rio entre los man- 
glares muchas canoas de indios de guerra, cosa que les causó 
admiración, por haberlos dejado al parecer de paz y amigos; pe- 
ro el motivo, que para esta novedad tuvieron los indios, se di- 
ce en el capítulo siguiente, 

CAPITULO IX. 

De la peligrosa guerra que en Tabasco tuvieron con los m- 

dios, Cortés y sus españoles. 

Habiendo pasado lo que se refirió en los capitules antece- 
dentes, entre el cacique de Tabasco y Juan de Grijalva: luego 
que lo supieron los de Potonchan y Campeche, les dieron en 
rostro las joyas y demás cosas que dieron á Grijalva, diciendo, 




HISTORIA T>E YUCATÁN. 

que de miedo no se nlrcvicroii á hacerle í^ierra, siendo como 
eran mas pueblos y de mayor geniio; y que ellos con ser me-' 
nos, les habían muerto cincuenta y seis hombres, con que los- 
traían afrentados. Irritados con esto los de Tahasco, estaban con' 
illtima resolución, que si otra vez volvían los españoles á su 
tierra, los hablan de recibir de guerra, y por esto tenían pre-'' 
venidos demás de los indios, que vian en las canoas, docemit-j 
jtuüog, con todos los géneros de armas, que usaban. Vlencío^' 
general CortGs, que los indios parecia no estar de paz y que 
I pasaban una canoa grande cerca de ellos, dijo á Gerónimo de^ 
L Aguüar les preguntase, que porque andaban tan alborotados, 
que no les venian íi hacer mal alguno, sino á trocar délas cosas' 
que traían, y tratar con ellos como herrnanos: que advirtiesen,' 
no diesen principio & la guerra, porque les había de pcsnr, y ' 
todo cuanto (para que estuviesen de paz) pareció ft projiosito. ' 
Habiéndoselo dicho Gen'mimo de Agiiilar, se mostraron mas fu-'- 
riosos, amenazando á los españoles, que si intentaban lle^r ft' 
BU pueblo, los habían de matar á tibios, porque le tenían muy' 
fortiJicado á la redonda con gruesas palizadas, albarrndas y fuer- ' 
tes cercas. Segunda vez requirió Aguílar S. los indios con la 
paz, y que les dejíisen hacer aguada y comprar de comer por 
BU8 rescates, y decirles cosas que importaban 6 sus almas; pe- 
lo obstinados los indios, porfiaban que no habían do pasar de 
aquellos Palmares 6 que los habían de matar. 

Vista la resistencia de los indios, mandó el general Cortes 
disponer los bateles y navios de menor porte; en cada batrf 
tres tiros, y reparlidoa los ballesteros y escopeteros. Ordenó á 
tres soldados, que aquella noche mirasen si un camino angos- 
to, que desde los Palmares se acordaban iba al pueblo, salía á 
dar en las casas, y qne volviesen presto con la respuesta, co- 
mo lo hicieron, diciendo que sí. Todo el día siguiente paseen 
resolver como habia de hacer aquella guerra, y á otro, habien- 
do todos oído misa, ordenó Cortés al capitán Alonso Dávila, 
que con cien soldados, y entre ellos diez ballesteros, fuese por 
' el camínillo que salía al pueblo, y cuando oyese los tiros, él 
púr aquella parle y el resto qué con el general quedaba por 
otra, darían en el pueblo. Salió rio arriba Cortés con ios ba- 
teles, y cuando los indios que estaban en los manglares lo vie- 
ron, fueron al puerto donde habían de desembarcar, para defen- 
I der que no saliesen á tierra. Mandó Cortés detener un poco A sus 

I soldados y que no dispara-icu ha'le'?tani e^copeía, porque qupTÍn pro- 
ceder, cuanto juslificad:untínte pudiese. HÍ7o tercero re^u'rimipn- 
lo" á loB indios pnr Ipusm de ^Vguilar, v por ante im Dífíi (Is 
Oodoy, escribano de! rey, para que le dejasen paciflctnicnic sa- 
lir & tierra, tomar agua y decirles cosas de el ser\'ici'> de Dios 
y del rey, y que si dándole guerra, por defenderse «ncrdíesen 
algunas muertes y danos, fuesen ft su culpa y cnrgo. A todo 
esfo estaban los indios haciendo ñeros, como hasta catúnces, y 



LIBRO PRIMERO. 31. 

ahora haciendo seña con sus instrumentos de guerra, comenza- 
ron á flechar á los españoles. Cercaron las canoas los bateles, 
y dieron una gran rociada de flechas sobre ellos, y los hicie- 
ron detener, hiriendo algunos españoles. 

Ya parece que necesitaba la reputación de los castellanos, 
de dar á entender á los indios, que el sosiego con que hasta 
entt'nces estaban, se originaba de la humanidad con que querían 
tratarlos: y que el valor y ánimo se estendia, siendo necesario, 
á lo que hiego conocieron. Procuró salir á tierra^ no sin pe-» 
ligro por la mucha lama, y cieno del parage, y darles el agua 
á la cinta, con que no pudieron salir tan presto como enten- 
dieron, y peleando el general, se le quedó un alpargate en el 
cieno; y asi descalzo en un pié salió á tierra, y aqui dice Ber^ 
nal Diaz, que se hallaron en grande aprieto. Fuera ya de él, 
y en tierra, se hizo la seña que se habia dado al capitán Alón-» 
so Dávila, disparóse la artilleria y escopetas, juzgando al prin- 
cipio, que el cielo llovia fuego sobre ellos, por ser la primera 
vez que los vieron disparar. Atemorizáronse, pero se recobra- 
ron presto para la pelea. Cerraron con ellos los españoles, in- f\ 
vocando el nombre de nuestro patrón el apóstol Santiago, y los .1 
hicieron retraer, aunque no muy lejos, con recelo de las gran- ¡ 
des albarradas y cercas de gruesas maderas, con que se ampa- 
raban. Espugnarónselas, y ganadas por unos portillos, entraron 
al pueblo peleando con los indios y llevándolos poruña calle, 
dieron" en otras trincheras ó albarradas, donde hicieron cara los ■ 
indios. Estando todos revueltos, llegó el capitán Alonso Dávila 
con su gente, que tardó algo, por ser el camino cenagoso; y asi 
por un lado y otro, echaron de aquellas fuerzas á los indios, y 
los llevaron retrayéndose. El valor en quien quiera, siempre es 
digno de alabanza, y asi tratando del que estos indios tuvieron 
en esta ocasión, dice Bernal Diaz estas palabras: "Ciertamente, 
que como buenos guerreros iban tirando grandes rociadas de fle- 
chas y varas tostadas, y nunca volvieron de hecho las espaldas, 
hasta un ^ran patio, donde estaban unos aposentos y salas gran- y y 
des, y Jtepian tres j¡;as aq 4^ ídolos, é ya habian llevado todo cuan- /C 
to hatohabia^en ,siflUieL.£átiOj_(S¿c." No pudiendo del todo re- 
sistir la cólera con que los españolos los apretaban, huyendo 
los que podian al monte; presos algunos, y muchos muertos, 
desampíiraron el pueblo, aunque á costa de hallarse heridos cua- 
renta españoles, que mandó el general se fuesen á curar á 
los navios. 

duedando los demás señores del pueblo, mandó el general 
que se reparasen en aquel gran patio, y adoratorios, y que na 
siguiesen el alcance. Alli tomó posesión de aquella tierra por el ^ 
rey, y en su real nombre con esta acción. Junto á un árbol \. 
grande que alli habia, de los que se llaman Zeiba^ desembainó / 
su espada, y dio tres cuchilladas en el' árbol," diciendo: que .31 / 
había alguna persona,, que se lo contradijese, que él se lo de^- 



fenderia con su espada, y una rodela que tenia embrazada. Di- 
jeron todos los soldiidns, quct serian en su ayuda & delciidello, 
si nlmiicn otra cosa dijese, y por ame escribano del rey quedo 
autorizado aquel auto, aunque dice Bemal Díaz, que los de la 
parte de Diego Velazquez tuvieron que inut'murar de !a acción. 
También dice, que los üspuñoles heridos fnerou catorce, y que 
los indios muertos al salir del agua, y ea tierra fueron no mas 
que diez y ocho, y que alli reposaron aquella iioclie. 

Otro dia mandó Conés al capitán Pedro de Alvarado, que 
con cien soldados, y entre ellos quince ballesteros y escopete- 
ros, fuese la tierra adentro, hasta dos leguas, á reconocerla, y 
el capitán Francisco de Lugo por otra parte con otros cien sol- 
dados, y doce ballesteros y escopeteros por otra, otras dos le^as," 
y que volviesen & dormir ni real. Habia de ir el indio Mel- 
chor con el capitán Alvarado, y buscándole no pareció, halla- 
ron sus vestidos colgados en el Palmar por donde conocieron se 
habia pasado á los indios, que lo sintió e! general, porque no 
fiíese ocasión de mas inquielarlos. Salieron ambos capitanes, y 
como á una legua del real, se encontró el capitán Lugo cou 
grandes escuadrones de indios flecheros y lanzas con rodelas, em- 
penachados, que asi como vieron á los españoles, se fueron de- 
rechos para ellos. Cercáronlos, como eran tantos, por lodaspar- 
t63, y nicron tantas las flechas, varas tostadas y piedra arroja- 
da con hondas, que sobre ellos cayeron, que parecía & la nnil- 
titud del granizo cuando cae. Acercáronse después, y con las 
espadas de navajas de & dos manos, daban tanto qtic hacer á los nues- 
tros, que por bien que peleaban, apenas podían de si apartarlos. 
Vista tanta multitud de enemigos, cou todo concierto comenzó "' 
capitán Lugo á retraerse, y im indio de fiiha viendo el 
gro en que quedaba, fuá corriendo á dar aviso al general, 
ra que le socorriese, Por la parte que fué el capitán Alvaí 
do, no encontró indios; pero habiendo andado mas dé una 
guo, dio con un estero tan malo de pasar, que hubo de 
ger otro camino, y acaso fué hacia donde el cnpiían Lugo 
BUS soldados peleaban con los indios. Oyeron con esto el e: 
trueiido de las escopetas, ^milQJlcs, que les sirven á los indios^ 
de tambores, sus trompetilfas y grande grito, ysilvosquc daban,' 
y al sonido acudieron á la parle de la pelea. Jimtos los dos co— ' 
piíuuAs, lo mas que pudieron hacer, fué resistir, y que posasen 
los indios; poro cuando se fueron retirando hacia el real, no de- 
jaron de seguir á los españoles. 

iVliéntras esto pasaba con los dos capitones, fueron otros es- 
cuadronea de indios á donde el general Cortés estaba; pero co- 
mo teninn la artillería y era mas gente, presto hicieron retirar-.' 
los. Llegó el indio de Cuba y dijo como quediiba el capitán" 
Lugo en aquel aprieto; y saliendo el mismo general á socor- 
rerle, vieron como venian ya para el real los ílos capitanes, míe 
UegMon cou su3 soldado»; ocho de los de Francisco de Lugo ut 



i 




LIBRO PRIMERO. 33. 



ridos, y dos murieron, y tres heridos de los de Pedro de Al varado. 
En el real sepultaron los difuntos, curaron los vivos y descan- 
saron todos aquella noche, aunque con buenas centilas, y cuida- 
do como era necesario en guerra ya declarada. Supieron ha- 
bian muerto quince indios y prendiéronse tres, que el uno de 
ellos parecia principal. Determinado estaba el general á tentar 
todos los medios posibles para traer á los indios á la paz; y asi aun- 
que habia sucedido lo referido, dio cuentas verdes á uno de los 
prisioneros, para que fuese á decir á los caciques viniesen de 
paz, y que les aseguraba no habria cosa alguna por lo sucedi- 
do, que lo pasado se olvidaria como se quietasen. El indio fué, 
pero nunca volvió, si bien dejó dicho, como el indio Melchor 
de Cabo de Catóch se fué á ellos la noche antes, y dijo, co- 
mo les habia aconsejado diesen guerra á los españoles de día, 
y noche, que sin duda los acabarían porque eran pocos, y que 
por eso estaban de aquella forma. De los otros dos supo Ge- 
rónimo de Aguilar aquella noche con certidumbre, que para o- 
tro dia estaban confederados todos los caciques comarcanos de 
aquella provincia, con su gente de guerra apercebida para ve- 
nir á cercar el real de los españoles, y que también habia si- 
do consejo del indio Melchor, con que no salió vano el rece- 
lo que tuvo Cortés, cuando supo su fuga. 

Con esta noticia mandó el general, que se sacasen los ca- 
ballos de los navios, que recien salidos se hallaron algo torpes, 
aunque al otro dia ya estaban sueltos: previniéronse todos los 
escopeteros y ballesteros, y aun á los heridos se les ordenó es- 
tar á punto. Dispuso, que los mejores ginetes peleasen en los 
caballos, que llevasen pretales de cascabeles, y que no se pa- 
rasen á alanzear, sino que pasándoles las lanzas por los rostros, 
fuesen adelante, hasta haberlos desbaratado. Algunos dicen, que 
al principio no fué tan grande la resistencia de los indios, y 
que pidiéndoles bastimentos trajeron algunas canoas con maiz, 
gallinas y fruta, aunque poco para tanta j^ente, diciendo, que 
por sor tarde no traian mas, que á otro día vendrian con mu- 
cha provisión de bastimentos. Al dia siguiente vinieron con o- 
tra poca de comida, y dijeron, que la tomasen si querían, que 
no tenian mas, y que se fuesen; porque temiendo nlgima vio- 
lencia los indios, se habian ido al monte, y que sobre no que- 
rer salir del puerto, descargaron sobre los españoles una gran 
rociada de flechas, que ocasionó la batalla, con que se entró el 
pueblo, como se ha dicho. Sabido por el señor de Tabasco, in- 
tentó engañar á Cortés, mientras juntaba todiis sus gentes, y 
con veinte y dos hombres, que parecian principales, le envió á 
rogar no quemase el pueblo, y que á otro dia trajeron alguna 
comida, y recaudo del señor del pueblo, que si querían mas, 
con seguridad podian entrar la tierra adentro á rescatarla, y que 
debajo de aquel seguro salieron los capitanes Francisco de Lu-. 
go y Pedro de Alvarado, á quien sucedió lo que se ha dicho. 

5 



I 



34. HISTORIA DE YUCATÁN. 

Lo mas cierto os, que niiiica en esta ocnsion hiciernn señal tle ] 
paz, ni verdaclern ni fingidií, porque esloban ul'reiitados c 
baldoDes de ios de Chaiiipofon y Campeche. 

CAPITULO X. 

fíd gran peligro en que se vieron los españoles ai Tabtix- 
co; y como dieron los indios la obediencia. 

Bien entendiera el general Hernando CortPs, que la rota 
pasada seria ocnsion para que Ifis amedrentados no tuviesen yÁ 
la guerra por tan fi pjoposito, como les había parecido, y quQ- 
vendrian de paz con las ofertas f|i!e de ella les hacia, y bue%, 
tratamiento que se hizo á los prisioneros, como podría decir ci( 
que despachó al cacique. Con menos temor se hallaban los in—' 
dios, que nunca se persuadían, & que tan pocos estrangerc») hi 
hian de ser poderosos para sujetarlos: ellos si, siendo tanti).'5, 
no se salían de su tierra para consumirlos; y asi habían junta* 
do todo su poder para ejecutarlo. Súpolo el general Coiléa de 
los prisioneros, y prevenido, como se dijo al fin del capítulo an- 
tecedente; á otro dia (que fufi el de la Encamucion del Terl 
Eterno & veinte y cinco de Marzo) se dijo misa, que oyen»|i 
todos, y queriendo ser mas agresores, que acometidos, salieroa>i 
A buscar & los enemigos. El general Cortés por capitán de loaCí 
de caballo y demás infantes, con sus capitanes, iban por una&i 
zabanas 6 campo raso sin arboleda, y á una lea:ua como salicroi|: 
de donde est-iban alojados, se hubo de apartar el general con 
los demás de caballo por un mal paso de nnas ciénegas, que 
no podían atraveearlas. Por cabo de toda la infanleriá iba el 
capitán Die^o de Ordaz, y ca.ninando algo apartados los cabar* 
líos de los infantes, como se ha dicho, descubrieron gran mul- 
titud de indios, que ya venían en busca de los españoles á 
real, porque no se i>er£»ad¡eron, á que tan pocos habían de i_ 
lir á buscarlos. Venían repartidos los indios en cinco escuadro- 
nes, cada uno, según su roodo de contar de ellos, traía unji- 
quípíl de guerreros, que son oclio mil, con que por todos eraii 
cuarenta mil indios. Asi dice Bernal Diaz que venían. "Trnian 
todos grandes penachos y alambores, y trompetillas, y las caras 
enalmagradas y blancas, y prietas, y con grandes arcos y fle- 
chas, y lanzas y rodelas y espadas, como montantes de A doa 
manos y mucha honda y piedra, y cada uno sns armas colcha- 
das de algodón." Los indios se hallaron en mejor sitio, y lue- 
go que se acercaron, despidieron de si tal multitud de flechas^ 
varas tostadas y piedra, que hirieron mas de sesenta españoles, 
y uno murió luego de un flechazo, que le entró por im oído. 
Disparó el capitán Mesa la artillería contra ellos, que aunque 
fué grande la matanza, por no perderse munición algima, sien- 
do tantos y tan apiñados, no por eso se apartaroD, toas de 1» 



bar- 
lul-.H 



LIBRO PRIMERO. 35. 



que necesitaban, para flechar mejor á los nuestros. Resistían 
los españoles con valor á aquella multitud, que ya se juntaba 
pié con pié (como suele decirse) y aun con ser tales las he- 
ridas que recibian, y muchos con ellas la muerte; no eran po- 
derosos para apartarlos de sí, aunque viéndose en tanto peligro, 
apretaron de suerte á los cercanos, que los hicieron pasar de 
la otra parte de una ciénega, porque ya los españoles se habían 
visto como cerrados en una hoya de forma de herradura. Di- 
ce Bemal Diaz: "Acuerdóme, que cuando soltábamos los tiros, 
que <laban los indios grandes silvos y gritos, y echaban tierra 
y pajas en alto, porque no viésemos el daño que les hacíamos, 
y tañian entonces trompetas y trompetillas, y silvos y voces y 
decian: Ala, AlaJ^ Pero aunque le pareció que decían Ala^ no 
dicen, sino la la, que repetido parece aquello. 

Dudosa estaba la victoria, porque los indios con la multi- 
tud que tenian, suplian con brevedad la falta que les hacían 
los muertos y heridos, acudiendo de nuevo muchos mas de los 
que caian. Peleaban como gente, que tenia la atención á ven- 
cer, y asi al parecer no sentían el daño con la esperanza, que 
perseverando, siendo tantos, habian de acabar con aquellos pocos 
estrangeros. Los españoles peleaban como quien solamente te- 
nia la vida segura en su valor y esfuerzo. Hallábanse cansa- 
dos y que casi no podian aprovecharse de su artillería, y hay 
quien escribe, se vieron en tal pelis^ro, que para no ser desba- 
ratados de los indios, hubieron de juntarse espaldas con espal- 
das, para hacer rostro á todas partes, porque por todas eran com- 
batidos; pero aunque Bemal confiesa, que se vieron en gran riesgo, 
no declara llegaron á la acción referida. No había podido lle- 
gar Cortés con los demás hasta entonces, quedando por las es- 
paldas á los indios ocupados con los que tenian delante, le die- 
ron lugar para llegar á ellos. Era el campo llano, los caba- 
lleros buenos ginetes, los caballos venían con pretales de cas- 
cabeles; y al estruendo, cuando volvieron los hidios quedaron 
asombrados; porque como nunca habían visto hombres á caba- 
llo, juzgaron, que caballo y caballero era todo un cuerpo, teni- 
do de ellos por horrible monstruosidad, demás, que el daño 
que con las lanzas les hacían era muy grande, por ser 
en parte que podian jugar y correr ios caballos como querian. 
Entonces los de á pié cargaron con mayor ánimo sobre los in- 
dios, que atemorizados con aquella repentina novedad, volvie- 
ron las espaldas á valerse de los montes, tanta multitud, que 
cubria las zabánas, y por ser tarde no les dieron alcance, y por 
estar tan fatigados. "Estuvimos (dice Bernal Díaz) en esta ba- 
talla sobre una hora, que no les pudimos hacer perder punto 
de buenos guerreros, hasta que vinieron ios de á caballo." 

Habiendo quedado el campo por los españoles, dieron gra- 
cias á Dios y á su bendita madre, por haberles dado tan gran 
victoria; y en memoria de ella, poblándose después aUi una vi- 



lia, se le dio nombre di; Santa María de la Victoria por ella; 
y el dia en que se alcanzó. Después so curaron los lietidos 
con unto de los indios muertos, que abrieron para sucerseie, poEs 
qae recorriendo el campo, hallaron mas de ochocientos ya diJ 
i'untos, y muchos medio muertos, y mas quejándose de otraft 
heridos no tiui graves, y con cinco indios prisioneros se volvie- 
ron al real á comer y descansar. La tardanza del general Cor- 
tía la ocasionaron dos cosas; la una, ciénegas y pantanos, que 
liallaron en el comino, y haber encontrado con otros escuadro- 
nes de indios, con qiiieu forzosamente pelearon, y así ile^ron, 
cuando se juntaron en la batalla ocho caballos heridos y cinco 
de los que en ellos iban. Lo que dice Gomara de haberse vis- 
to en esta batalla al glorioso apóstol Santiago ó San Pedro, par- 
ticular devoto del general Cortés, no debió de ser asi, pues di- 
ce Bemal Díaz, que nunca tal cosa oyó pliilicar en ol ejérci- 
to y que hubieran sido muy ingratos & Dios y á sus santos^ 
ocultando tan especial favor de su misericordia, y no dejando 
testimonio 6dedití;no de ello. 

De los cinco' indios prisioneros eran los dos capitanes, y 
pareció al general enviarlos para tratar de paz con los caciques^ 
y que les dijesen, que si querían ser amigos, cesaría la guerrsbi 
comenzada, y que bien podrian coleefir de lo sucedido, en qu» 
tan pocos habían vencido á tantos; qué seria, sí se pros^iiaS 
que de lo pasado ellos tenían la culpa; y se les dieron cuen- 
tas verdes y otras cosas, para que les diesen juntamente con la 
embajfida. Fueron los dos cnpitaaes en busca de sus caciques, 
& quien dieron lo qiie llevaban, y dijeron la paz que los espa- 
poñoles les ofrecían. Hallábanse destrozados con el encuentro 
pasado, y cobrado temor á las grandes heridas de las armas 
contnirias; y asi todos convinieron en que era nia.s acertado a- 
sentar paz y amistad con acjuellos hombres, á quien ya repu- 
taban invencibles, y se la ofreciiui: que continuarla guerra, de 
que les resultaba el daño qne habían esperi mentado. Resolvie- 
ron a.sentar la nueva amistad; pero no Candóse del todo déla 
oferta de los españoles, enviaron primero quince indios escla- 
vos con ruin traza, y trajeron gallinas, pescado asado y pan 
de maíz, diciendo que los caciques pedían paz y amistad. Re- 
cibí los el general con caricia, pero medio enojado les dijo, que 
no era señal de querer paz, pues no la acostumbran á asentar 
los esclavos: que viniesen algunos señores para tmtar de ello, 
que con eso conocerían ser verdad, que la solicitaban con ve- 
las; y con todo eso dieron á aquetlosesclavos cuentas azules ea 
seña! de paz, y se les hicieron halagos, para que fuesen á de- 
6ir, cuan bien tratados habían sido. 

A otro día fueron treinta principales con buenas ropas y 
lUgunos de ellos -ancianos, y llevaron mas gallinas, pescado, Iru- 
t& y pan, y pidieron licencia para hablar al general y tratar 
coD éi de U enejada que titúao de bus caciques. Dióseta, y 



I 



IJBRO PRIMERO. 37. 

recibiólos con toda benis^iiidad, diciéndoles, que se alegraba mu- 
cho se hubiesen persuadido, á que no era suficiente su multi- 
tud contra el valor de los castellanos, que siempre habia ofre- 
cido la paz, y lo hacia de nuevo, y mando soltar delante de 
ellos los otros prision^-^ros. Pidieron licencia para enterrar sus 
muertos, y diósela, con que acudió gran gentio para ello, y di- i 
jeron, que no se podían detener mas, por([ue otro dia habiaii de / 
venir los señares de aquellos pueblos á efectuar las paces, coní 
que los despidieron. Con lo que estos dijeron, dieron entero eré-/ 
dito á los españoles, y á otro dia á medio diavinieron cuaren-j 
ta indios todos caciques, ricamente vestidos á su usanza, y conV 
grande acompañamiento, usando de sus sahumerios, llegaron á / 
saludar al general, y despunes á los demás capitanes y solda- 
dos. Estaba prevenido para recibirlos con ipas autoridad, aguar- 
dáindolos, sentado en una silla; y al llegar el principal señor^ 
se levantó y le abrazó, y después á los demás caciques que 
con él venían. Tenian por costumbre, cuando hablaban por in- 
térprete, poner un criado que hablase con otro de la otra par- 
le, y estos hablaban cada uno con sus señores lo que se trata- 
ba, porque «ntre ellos no hablaban derechamente el uno al otro, 
sino á los criados intérpretes. En esta conformidad dijo el ca- 
cique al suyo lo que habia de decir, y él á Aguilar, que fué. 
en sustancia. Qmq á todos aquellos señores pesaba mucho del 
disgusto que habian diido á los españoles; pero que arrepenti- 
dos venian á ofrecerse por sus servidores y criados, y que toda 
la tierra de alli adelante estaria sujeta á su obediencia. Enton- 
ces Cortés con un enojo mezclado en mansedumbre, respondió: 
due ya habian visto cuantas veces les ofrecieron paz y no la 
quisieron, que ahora no merecian, que se les concediese, por- 
que eran vasallos de un gran rey y señor, que se llamaba el 
Emperador Carlos que los envió á estas tierras, pero que por- 
qué los mandó, que á los que estuviesen en su real servicio, los 
favoreciesen y ayudíisen, los perdonaban, porque ya se ofrecían 
á su servicio, y que siempre los ampa ?iriau siendo buenos. 

A»nedrent) Cortés á todos etstos indios, coa un-i notable ad- 
vertencia, nacida de su viveza de ingenio, y ftié: Ilabia una ye- 
gua de un Juan Sedeño, ya nombrado en otro c:ij)iíulo, y es- 
taba recien parida, y hizola tener atada junto adonde él estaba, 
hasta que el lugar cogió el olor de ella y luego la quitaron. 
También tuvo una pieza de artillería cargada con bahí, (lue hi- 
70 seña dispanisen al tiempo que manifestíiba el enojo. El es- 
tallido fué grande, el ruido de la bala no menor, por estar el 
tiempo en calma, y espantáronse los caciques. Soscg los con 
decirles que la habia mandado no hicirs<^. daño en ellos, y asi 
habia pasado por alto. Luego, que trajr.sen i\]\\ el caballo, 
que en dándole el olor de la yegua, comenzó á relinchar y ma- 
notear; miraba al aposento donde estaban los indios, y era, que 
de alli le daba el olor. Creyeron con esto, era por ellos, y Cor- 




HISTORIA PE YUCATÁN. 

i se fué para el caballo, y cogiéudole del freno, di- 1 
ir hiciese que entendiesen le quietaba, y mandó l& i 
^_^„^Jalli. Todo esto se ordenó, á que los indios tTivís- I 
sen por cierto, que los caballos peleaban por si, y también la I 
artilleria hacia el daño, que habian visto, y que estaban enojados'! 
con ellos por la guerra pasada, y que ya estaban aplacados. En I 
este intervalo llegaron mas de treinta indios careiidos con ^— -J 
Hiñas, pescado y frutas; y habiendo tenido grandes pláticas coit I 
los caciques, todas en orden & traerlos, se despidieron, diciendtf I 
que vendrían otro dia. Asi lo cumplieron, trayendo un pequeño^ I 
presente de oro, porque como la tierra no lo tiene, y hobian da- 
do lo que so dijo á Grijalva, no pudo al presente ser mucho;- 
1y asi dice Bemal Diaz, que presentaron & Conés cuatro diado- I 
mas, unas lagartijas y orejeras, dos como perrillos, cinco añades,"! 
dos íiguras de caros de indios, dos suelas como de sandalias den 
oro, y otras cosillas de poco valor, con algunas mantas bastas, I 
y unas indias, entre las cuales fué una, la que mediante Dios,' ] 
dio la vida á todos los españoles después en la Nueva Elspaña. 

CAPITULO XI. 

Dan en Tabasco & Marina la interprete, y como FranciscoÁ 
de Moiitejufaé la primera justicia real de la Nueva España. 

Después de recibido el presente que se ha dicho, habló el i 
' general Cortés con los caciques á parte, y agradecido el pre-"! 
senté les pidió, mandasen & los indios, víiiiesen al pueblo cou'j 
sus hijos y mugercs, que seria la señal mas cierta de que ej 
taban pacíficos verdaderamente. Preguntóles, que fué la c&nst 
porque tres veces rogados con la paz, no la admitieron. Y res^ 
pondieron, que por los baldones del cacique de Champoton 
su consejo, porque no los tuviesen por cobardes, y que tan 
bien se lo aconsejó el indio Melchor que se huyó á ellos. Muí 
dóles Cortés, que en todo caso se le trajesen, y respondieton^ 
que como vio, que les habia sucedido & los indios tan mal Ut' 
guerra, que les aconsejó contra los españoles, que se les huyó 
y no sabían del, aunque le habiun buscado; pero Bernal Diaz 
dice, que supieron, que le hablan sacrificado, por haberles cos- 
tado tan caro seguir su consejo. No olvidó el general CortéaJ 
lo mas importante, y asi les trató algunas cosas de nuestra.^ 
Santa Fé y adoración de un solo Dios verdadero. Enseñóles.» 
una imagen de Nuestra Señora muy devota, con su hijo Saii-fl 
tlsimo en los brazos, y declarfiscles quien era. Aunque respon-^ 
dieron qué les habia parecido aquella gran Señora, y dijeron^il 
que se la diesen para tenerla en su pueblo y reverenciarla; con * 
lodo eso la nueva creencia de aquel Dios, que les decia, uni-'l 
danza de la religión que profesaban, y dejar la adonieion de'i 
BUS Dioses, que tantos tiempos habían venerado, necesiluban de i] 
consultarse mas de espacio, 



LIBRO PRIMERO. 39. 

Con esto se acabó la plática aquel (lia, en que luego man- 
dó el general Cortés hacer un altar muy bien labrado y una 
Cruz bien alta, que se fijó delante. El dia siguiente se colocó 
la Santa imagen en el altar, en presencia de todos los caciques 
y principales, y los españoles la adoraron juntamente con la San- 
ta Cruz. Iba en compañía de los españoles un religioso de la 
Orden de Nuestra Señora de la Merced, llamado Fr. Bartolomé 
de Olmedo, buen teólogo y predicador, y que fué de mucha 
importancia después en la conquista como repite Bernal Diaz 
en diversos capítulos, y este dijo misa aquel dia. Hablan da- 
do (como toqué en el fin del capítulo antecedente) unas in- 
dias á los españoles, y estas fiíeron veinte en número, y pare- 
ce eran esclavas que tenían de otras partes. Después de la mi- 
sa las predicó el P. Fr. Bartolomé por lengua de Gerónimo de 
Aguilar, y ellas pidieron el Santo bautismo, que después de 
catequizadas se les dio, y el general las repartió entre los ca- 
pitanes, para que los sirviesen. 

Entre estas, una que se le dio por nombre doña Marina, 
era hija de grandes caciques y señora de vasallos, y dice Ber- 
nal Diaz, que se le parecía bien en su persona. De ordinario 
la nobleza de la sangre, en cualquiera estado que se halle quien 
la tiene, hace proceder de suerte, que manifieste á su dueño- 
Como vino á esclavitud esta Señora, fué de esta suerte. Sus 
padres eran caciques, y Señores de un pueblo, que se llamaba 
Painala (como ocho leguas distante de la Villa de Guaza cual- 
copy era cabeza de otros, que le estaban sujetos. MunóeTpa- 
dre, quedando ella muy niña, y la madre se casó con otro ca- 
cique mancebo. Tuvieron un hijo, á quien quisieron mucho, 
y porque heredase el cacicazgo, y la niña no fuese estorbo, el 
padrastro y la madre una noche á escondidas, la dieron á unos 
indios de Xicalango, y muriendo en aquella ocasión una hija 
de una india esclava, publicaron que era la heredera, con que 
no se supo el embuste y maldad, con que su propia madre, á 
la hija que nació señora de tantos pueblos, la puso en la mi- 
serable servidumbre de esclavitud penosa; pero se puede enten- 
der, fué dispensación y permisión de la Divina Providencia, pa- 
ra tanto bien como de ello resultó. Los indios de Xicalango la 
dieron á los de Tabasco, y los de Tabasco con las otras á D. 
Hernando Cortés como se ha dicho. Esta entendía la lengua 
mejicana por hablarse en su tierra, y con la esclavitud de Ta- 
basco sabia la de Yucatán. Después por este medio Aguilar 
decia á doña Marina en la conquista de la Nueva España lo 
que era necesario para comunicarse los españoles con aquellos 
indios, ella se lo decia en su l engfua mejican a. Daba la res- 
puesta á Águila en lengu a vucatec a,,v éste á Cortés en la nues- 
tra española, con que se aseguraron de gravísimos peligros, y 
se entendían en su comunicación con seguridad cierta. 

Por ser víspera del domingo de Ramos, quiso Cortés se ce- 



i 

i 



iebrnse alli esta festividad, para que los indios viesen el culto 
y reverencia divina, y la procesión de los ilíimos, rine ordenó 
se hiciese con b mayor solemnidad posible, y mandó á los ca- 
ciques asistiesen á eila. Cantóse la niísa y pasión con 
nidiid. habiendo, como suele, precedido la procesión de los R¡h 
mos, y después adorado y besado la Cruz, estando á todo los 
indios muy atentos. Acabnda la solemnidad, se despidió el ge- 
neral y todos los demás de los indios; encargándoles mucho la 
Santa imáseu de Nuestra Señora, y Cruces que habian puesto, 
qiifi tuviesen sus lugares muy limpios y enramados, y las r&* 
Terenciasen y tendrían salud y buenas sementeras, que estuvie- 
son firmes eu sn buen proposito, y les enviaría quien les de—* 
clarase nuestra Santa Pé, y que la obediencia que hablan pro- 
metido al rey de Castilla, no la violasen, porque la espcríencia 
les mostraría como conservaba en paz y justicia á sns vasallos, 
defendiéndolos de sus enemigos, Aqui se curaron unos seis ó 
siete snldiidos, & quien sin saber, que lo ocasionase, les dio re- 
cien salidos á tierra tan grande dolor en los ríñones que no 
podían estar en pié, y cargados los hubieron de llevar á em- 
barcar á los navios. 

Lunes Samo por la mañana, ayudando todas las canoas de 
ios indios, se embarcaron todos los españoles, y dando velas al 
viento con próspero viaje, llegaron Jueves Santo después de me- 
dio día íi San Jitan de Ulúa, surgiendo en la parte que el pi- 
loto Antón de Alaminos tuvo por mas segura para los navios, 
si ventaban Nortesr no teniendo por bueno aquel puerio, dio 
orden el general Cortés que dos navios [MLsasen !a costa adelan-' 
te, á ver si le habia mejor. Por capitán de ellos envió íi Fran- 
cisco do Montejo (como quien habia ido, cuando vino GríjtdTa) 
con orden, que diez dias navegasen costa á costa, cuanto pu- 
/diesen, y habiéndolo hecho asi, llegaron al Rio grande cerca " 
' Panuco, y de alli adelante no pudieron posar por las grandes 
íientes. Determinaron con esto volverse, y les dio tan t 
temporal, que tuvieron poca esperanza de salir vivos A tierr^ 
porque la fuerza coa que la mar rebienta, no da lugar ñello 
anegando los bateles, y de dos que se espusieron á salir, el uno 
se ahogó. Obligóles á echar á la mar cuanto llevaban, que 
aun de los bastimentos solo el pan reservaron. Faltábales el &. 
gua, y viéndose perecer con la sed, ordenó el capitán Francis- 
co de Montejo, que atando todas los armas á la Utblazon del 
un navio, ftiesen con él á varar á tierra para librar las vids 
porque parece hnbia principios de nueva tormenta. Socorrió Dii 
€6ta necesidad del a^ua con un aguacero de Norte, de que i 
cogieron en algunas sábanas y vaoljas, y aun algunos bel-ian 
qiiu corría por las velas de los navios: tanta era la necesidí 
<ton que estaban, que en los escritos y probanzas de este caoiti 
se dice, que murieron algunos de sed; porque para cada dos ho( 
bies so los duba un todo un dia medio cuarüilo de agua, y qu» ' 



I 
I 



' pu- 
cadK^I 



LIBRO PRIMERO. 41. 



cuando llovió, ya totalmente les había faltado y qne tardaron en 
este viaje veinte y dos dias, aunque en algunas historias se di- 
ce que doce. Con esto pudieron llegar áSan Juan de Ulúa, y sali- 
dos todos á tierra, fueron descalzos en procesión, y descubietas las 
cabezas hasta donde ya estaba hecho un altar, y alli dieron gra- 
cias á Dios, por hallarse libres de los peligros en que se habian 
visto. 

Las nuevas que trajeron deste viaje, fué solo decir, que á 
diez ó doce, Jeguas de alli habian visto un pueblo á su pave- 
ci^ioSíficaido, ceYCaT Je 'el cual habia iiU püi5ffó7'en que los 
pilotos decian podrían estar los navios reparados de los Nortes. 
Aunque en este intermedio habian acudido muchos indios á Cor- 
tés, y pasado lo que en las Historias Generales se refiere, diré 
solo lo que hace á proposito de la nuestra, para dar razón de 
como llegó el capitán Francisco de Montejo á capitular la pa- 
cificación desta tierra de Yucatán, y ser Adelantado del la. Ce- 
saron los indios de la Nueva España de comunicar con Cortés 
y los españoles, y por esto y la incomodidad del sitio en que 
había muchos mosquitos, mandó el general Cortés, que se pa- 
sasen al lugar que habia visto el capitán Francisco de Mon- 
tejo. Hubo contradicción de los parientes, criados y aficionados 
del Gobernador Diego Velazquez; pero la sagacidad y pruden- 
cia del general Cortés, no solo la sosegó, pero negoció con al- 
gunos capitanes y soldados sus amigos, que se poblase en aquel 
sitio una villa en nombre de el rey. Vencidas grandes dificul- 
tades, que sobre esto hubo, se resolvió fundiu* una villa, que 
le dieron por nombre la Villa Rica de la Vera-Cruz.. Rica por 
la mucha riqueza que descubrían en "aquella tierra, y de la Vera- 
Cruz, por haber salido á ella en Viernes Santo. Fueron nom- 
brados por primeros alcaldes Alonso Hernández Portocarrero, 
que como se ha dicho, era deudo muy cercano del conde de 
Medellin, y Francisco de Montejo; y asimismo se nombraron 
regidores, y los demás oficios necesarios para el gobierno de una 
República. Dicese, que luego ante la nueva justicia real renun- 
ció los poderes que de Diego Velazquez traía el general Cor- 
tés para gobernar, y que el nuevo regimiento en nombre del 
rey, y hasta que su Magestad ordenase otra cosa, le dif. títu- 
lo de capitán general y Justicia Mayor de la Nueva España; pero por 
veto de todos los soldados sus aficionados, parece haber sido 
hecho este nombramiento, que prevaleció, aun replicándolo la 
parte contraría, y asi se fué dando principio á la pacificación 
de la Nueva Esr)aña. 

Fundada la Villa Rica de la Vera-Cruz en cuanto á su 
gobierno político, y dada traza en los edificios materiales; des- 
pués de confederado el general y Justicia Mayor Hernando Cor- 
tés con el señor de Zempoala: queriendo socorrerle contra los 
de Zimpanzin^ ó Zingapacinga, apaciguado aquello por haber 
sali4o los indios de paz & recibir á l^ españoles, se comeólo 

6 



I 



á tratar de grangear para Dios algunas almas. ¡Jerrivoron lo» * 
españoles muchos Kues, adoratorios y templos de sus ídolos, di- ■' 
ciéndoles, que pues ya eran hermanos y vasallos de un rey, 
no los habían de adorar mas. Hiz6se altar en que se puso la 
imagen de Nuestra Señora, labróse una Cniz, y bautizáronse . 
ocho indias principales que habían dado primicias de aquel gen- ■ 
tijismo. Pareció acertado, por haber ya mas de tres meses, que 
estaban alli, entrar la tierra adentro, y probar (como suele de- 
cirse) ventura, yendo á ver aquel rey tan poderoso, ton temido, - 
y de quien tantas grandezas les contaban sus vasallos. Para es- 
to se determinó primero dar noticia al rey de lo sucedido, des- ,H 
de que salieron de Cuba, y como estaban edificando aquella Vi- 
lla en su real nombre. Tratóse de enviar al rey no solo su • 
real quinto, sino todo el oro que se había recogido, asi de pre- 
sentes de Montezuma, como lo rescatado; pero con recelo de 
que algunos soldados querrían para si sos partes, ordenó á los 
capitanes Diego de Ordaz y Francisco de Montejo, alcalde, que - 
hiJslasen á todos ai]uellos de quien se podia entender, y les per- , 
suadiesen lus conveniencias íp'andes que había, para que se hi- ' 
ciese al rey im presente considerable. Con esta diligencia renun-J 
ciaron todos sus partes, y se nombraron procuradores para EspaüUw 1 

CAPITULO XII. 

JF'ranciaco de Montejo lleva al rey el primero presente, y e* 
el primero procurador de la Nueva España. 

Pareció al general Conés, que las personas mas á propo- 
sito para llevar el oro que se había juntado, y dar noticias del 
intento con que quedaban, eran los capitanes Alonso Hernández 
Portocarrero, y Francisco de Montejo, y para que hiciesen el.i 
viaje, mandó prevenir el mejor navio, y por piloto Antón áiem 
Alaminos, como mas práctico que todos los restantes. Escribio-J 
ron el general Hernando Cortés, el nuevo regimiento, y algu-i^ 
nos capitanes y soldados, como salieron de Cuba, diciendo, que i 
venian 6 poblar, y que hallando después que el intento del Go-- 
bernador Diego Velazquez, era rescatar y no poblar, y que te- 
niendo cieno oro rescatado, decía Cortés, que se quena volver 
S Cuba; le hicieron que poblase y le nombraron por su capi- 
tán general y Justicia Mayor, hasta que su Magestad se sirvie- 
se de mandar otra cosa. Hicieron relacicm de sus trabajos de la 
guerra de Tabasco, y como aquellos indios le habían dado la 
obediencia, y ya eran sus vasallos; los principios tan grandes, 
que en la Nueva España tenian para sujetarle aquellos amplí- 
simos reinos, á lo cual estaban determinados medíanle el favor 
divino, en que confiaban con lodo lo demás sucedido. Suplí— 
earoit, que para llevarlo á ejecución, diese á Hernando Cortés 
pI grfñcmo de todo lo ijuc se sujetase ñ su real corona, y que 



LIBRO PRIMERO. 43. 






mandase despachar con brevedad sus procuradores, para saber 
su real voluntad, y ejecutarla en todo como leales vasallos. 

Firmadas las cartas y dadas á los procuradores, estaba ya 
prevenido el navio, y habiendo dicho misa el padre Fr. Bar- [/ ^ 
tolomé de Olmedo, y encomendando á Dios les diese buen via- ^^! 
je; salieron de el puerto de San Juan de Ulúa, á veinte y seis 2d / 
de Julio de aquel año de mil y quinientos y diez y nueve. ií¡ 
Llavaban orden, que de ningún modo entrasen en la Habana, 
ni llegasen á una estancia, que alli tenia el capitán Francisco 
de Montejo; porque pudiendo saber asi su viaje el Gobernador 
Diego Velazquez, no los detuviese y se le evitase. Aunque lle- 
vaban este orden, instó tanto el capitán Montejo al piloto Ala- 
minos, que le hizo dar fondo en un puerto junto á su estan- 
cia llamada Manen, diciendo era para rehacerse de bastimen- 
tos; iba el otro procurador muy enfermo, y asi hacia todo lo 
que quería. Dice Bemal Diaz, que con un marinero que echó 
en tierra, hizo publicar su viaje en Cuba, y que se dijo habia 
asento de secreto al Gobernador lo que pasaba. Mal se com- 
prende esto con lo que después hizo el capitán Montejo, des- 
mintiendo con las obras estos rumores. Lo cierto es, que el 
Gobernador supo como estaba alli, y con toda brevedad armó 
dos navios pequeños con artillería, y soldados: por capitanes 
Gabríel de Rojas y Gonzalo de Guzman, pcura que le llevasen 
presa la Nao. Mayor fué la presteza del capitán Montejo en 
salir de aquel puerto, y esta fuga filé ocasión de descubrir el 
derrotero de la Canal de Bahama, para la vuelta de España, 
hasta entonces no navwada, y desde aquella ocasión siempie 
seguida. Llegaron los dos capitanes al parage donde habían de 
bSost la pMa, y como no la hallasen, preguntando á unos bar* 
<oB me alli andíabaii, por ella: supieron, como habrían desem- 
l)ocado de la Oanal^ por haberles hecho buen tiempo. Con esto 
▼olvienm & Cuba sm maa recado. . / 

Con próspero viaje llegaron por el mee de Octubre de n- ^ <^^*' 
quel aík> d puerto de San Lucar, y aunque babian acabado ^ O "Á í 
con las tonoentas de mar, hallaron nuevos cuidados y impedi- 
mentos en tierra. Fué la ocasión de estar en Sevilla el clérí- 
K> Benito Martin, que ñié á la corte á los negocios del Go- 
mador Diego Velazquez, como se dijo; y teniendo noticiado 
la lleeada de estos procuradores y lo que pasaba; informó á los 
oficiatos de la Casa de la Contratación, como iban en deservi- 
cio dbl rey, y que era gente alzada contra los órdenes de su 
capitán general Die^ Velaftquez, Gobernador de Cuba. Con es- 
ta información se dice en algunas historias que alli les embar« 
^ron todo cuanto llevaban, y escribieron contra ellos á D. Joan 
Rodríguez de Fonseca, obi^ de Burgos y arzobispo de Rota* 
no. muy aficionado del Gobernador Di^o Velazquez, diciendo- 
le, no debía el rey dar audiencia á estos procuradores, sino 
castigaiios como á desleales, y inob^entes; Bemal Diazaiguíen* 



44. HISTORIA DE YUCATÁN. 

xlo su • historia, con las cartas que los procuradores escribieron 
á la Nueva España, dando razón de sus sucesos, dice: Q.ue 
llegados á Sevilla, luego fueron en posta á la corte, que esta- 
ba en A^alladolid, á besar las manos al presidente de Indias, que 
era el referido D. Juan llodriguez de Fonseca, por estar el rey 
elcííto Emperador ausente en Flandes. Presentaron las ctu-tas, re- 
laciones, joyas y oro que llevaban, suplicándole se diese noti- 
cia luego de ello á su Magestad, y que ellos mismos irian á. 
llevarlo. Cuando entendieron hallar favor y agradecimiento, la 
respuesta fué con palabras secas y ásperas. Suplicáronle mira- 
se los grandes servicios que Cortés y sus compañeros hacían al 
rey, y (|ue se le enviasen todas aquellas joyas y cartas, para 
que supiese lo sucedido, y que ellos irian con ello. Ent('nces 
respondió con mas aspereza mandándoles, que lo dejasen y di- 
ciendo, que él escribirla al rey lo que era, y no lo que le do- 
cian, porque iban alzados contra Diego Velazquez, con otras mu- 
chas sequedades. En aquesta ocasión llegó á la corte el cléri- 
go Benito Martin, y dando quejas contra Cortés y sus secua- 
zes, se indignó mas el obispo. Alonso Hernández Portocarrero, 
pretendiendo templar al obispo, le rogó mirase la materia sin 
pasión, y que á quien tan bien servia al rey, no tratase con 
palabras afrentosas. Indignóse mas con esto el obispo, y man- 
dólos prender, con que hubieron de callar hasta su tiempo. 

El obispo escribió á Flandes al rey, favoreciendo á su a- 
migo Diego Velazquez, y contra Cortés y sus compañeros, di- 
ciendo que era gente alzada, sin enviar las cartas y relaciones» 
que los procuradores para el rey traian. Viendo ellos lo que 
pasalia, Acordaron despachar correo á Flandes para el r0y, re- 
anitiéndole el duplicado de las cartas, que dieron al obispo, f 
memoria de todas las joyjis y pi-esente^ (^ue le habían entregar 
do, descubriendo juntamente, los tratos que cou Diego Velazquet 
tenia, y muchos caballeros escribieron al rey^ favoreciendo á loa 
procuradores. Recibidas estas relaciones, se mejoró mucho el cré- 
dito de Cortés y sus compañeros, y por el contrario no le te» 
nía como de antes el obispo, especialmente por no haber en— 
viado todas las piezas de oro que se le entregaron, que se que* 
dó con gran parte de ellas, según refiere Bernal Diaz. Cíon el 
ptesente, y relaciones, todo era engrandecer las riquezas de la 
nueva tierra, y el servicio grande que Cortés y sus compañe- 
ros estaban haciendo á la real corona. Daba el emperador núes* 
tro rey gracias á Dios, porque en su tiempo se hubiesen hallado 
tan dilatadas provincias, donde fuese su santo nombre glorificado* 
• Aunque como se ha dicho mejoraron de crédito los pro* 
euradores, no fué bastante, para que luego fuesen despachados, 
porque la parte de Diego Velazquez estaba muy acreditada, y 
valida, y hacia grandes instancias contra ellos. Fué electo Su- 
mo . Pontífice nuestro Santo Padre Adriano Sesto, año de mil y 
quinientos y veinte y uno, estando gobernando á Castilla, poc 



LIBRO PRIMERO. 45. 



no haber aun venido el Emperador nuestro rey de Flandes, y 
determinaron ir los procuradores á besar sus pies á la Ciudai 
de Vitoria, en compañia do un Gran Señor Alemán, que en- 
viaba el Emperador á dar el parabién por sí al Pontifice. Es- 
te caballero tenia gran noticia de lo sucedido en Nueva Espa- 
ña, y ayudó muclio á los procuradores con el Pontifice, para 
que los favoreciese como lo hizo, ("on este arrimo tuvieron áni- 
mo para recusar al obispo presidente de Indias, favoreciéndoles 
muchos caballeros, y especialmente el Duque de Bejar. Las cau- 
sas refiere Bernal Diaz en su historia, que no son necesarias en 
esta. Basta decir, que propuesta la recusación en Zaragoza, don- 
de la presentaron ante el Pontifice, como Gobernador de Espa- 
ña, la aprobó por buena, y declaró á Cortés y sus compañeros, 
por leales servidores del rey, dando por Gobernador de la Nueva 
España á Hernando Cortés; y habiendo llegado en aquella sa- 
zón á Elspaña el rey, fueron lu^o los procuradores á verle con 
cartas del Pontifice, y bien informado de todo, confirmó loque 
su Santidad como Gobernador de España, habia determinado. No. 
solo negociaron esto, pero el Pontifice como tal, les concedió 
muchas indulgencias para las iglesias y hospitales de la Nueva 
España, y escribió una carta, encomendando mucho al Gober- 
nador Cortés y demás conquistadores de ella, tratasen mucho de 
hu conversión de los indios á nuestra Santa Fé, y les evitasen 
sus sacrificios y torpezas, y ellos las muertes y robos, atrayén- 
dolos con los medios mas pacíficos que fuese posible; y dándo- 
les bulas, para que absolviéndolos por ella los confesores, com- 
pusiesen y asegunisen sus conciencias. 

Pidieron líushieo por merced al wey) qUe meibida' débaja de 
su real proteocioa lodo, lo que.se Je svueta^e ea la Nueva Es- 
paña, no pudiese enagenarse de la corona real de "^ Castilla, en to- 
dOy ¡úi .én -parte; pueo la fiüdehdad'con qne mis vtoallbs la hablan 
ya conquistado lo merecía. Otorgó la súplica, dando su fee y 
palabra, por sí, y sus sucesores, de que se baria asi, y para . ello 
se dio real provisión en Pamplona, á veinte y dos de Octu-^ 
bre do niil y quinientos y veinte y tres, dándole fuerza de 
Jey, como si fuera promulgada en cortes generales de Iqs rei- 
nos sujetos á la corona, con otras muchas mercedes que alcan- 
zó para aquel reino de la Nueva España y los demás que se 
poblasen. Entre otras mercedes particulares, fué dar la Tenencia 
de la Fuerza de la Vera-Cruz, y un regimiento al capitán Fran- 
cisco de Montejo, que habia solicitado las demás para sus com* 
pafieros. Encargóle mucho el rey dijese al Gobernador Cortél 
la gran necesidad^ en que se hallaba, causada.de las xnuchail 
guerras, y que asi le enviase todo el oro que fuese posible! 
Salió Francisco de Montejo lu^o con tan buenos despachos, y 
tocando en la Habana, halló dos criados del Gobernador Cor- 
tés, que hablan ido por bastimentos, armas y. caballos, y em* 
barcándolo todo ea 9U uavio^fué con ello á }» NuevwfGqpwa, 



46. HISTORIA DE YUCATÁN. 

Llegado, hizo manifestación de los despachos que llevaba, asi 
para el común como para los particulares, que fueron recibí- 
dos con el contento que se puede considerar. 

Aunque Cortés habia recibido & los oficiales de su Magestod con 
toda honra y buen tratamiento, escribieron al rey, desdorando sus co- 
sas y servicios, el tesorero Alonso de Estrada, el contador Rodrigo de 
Albornoz, el fator Gonzalo de Salazar y el veedor Peralmendez Chi> 
rinos, de donde resultaron tan grandes disgustos, como las Histo- 
rias Generales de las indias refieren. Para reparo de esto hubo de 
ir persona confidente, y de autoridad, que mereciese crédito por 
parte del Gobernador Cortés. En la ejecutoria del Adelantado 
Montejo se dice, que todos los cabildos que ya habia en la Nue- 
va España en esta ocasión, le nombraron segunda vez por pro- 
curador de aquel reino, y él debia de tener deseo de ir á His- 
pana, para capitular con el señor Emperador Carlos duinto 
nuestro rey, la pacificación de estas provincias, como después 
lo hizo, y se dirá en el segundo libro. Escribieron también en 
descrédito suyo, luego que supieron iba á España, ho cierto 
es, que con esta discordia estuvo en contingencia de perderse 
lo ganado, y especialmente por la ausencia que de Méjico hi- 
zo el Gobernador Cortés con el viaje para tierra de Hybueras 
ó Honduras, que por pertenecer gran parte de él á este reiik> 
V gobierno de Yucatán, referiré, mientras el capitán Momejo 
hace su viaje á España. 

CAPITULO xin. 

Sale Don Bemanio Cartea de Mineo para Hdnduras^ y la 

que le sucedió en Acolan Tabaeeo. 



Cuando el capitán Francisco de Momqo tocó enla Hahft- 
ha, como se ha dicho, halló alli al capitán Cristóbal de Olid, 
á quien con una armada habia despachado D. Hernando Cor- 
tés, dándole cinco navios bioi bastecidos con muchos scridadoe^ 
armas y caballos, para que fuese á poblar la tierra de Hon- 
duras, y en sus conversaciones de este capitán, conoció que iba 
alzado. Dio noticia de ello á Cortés, que envió en su sqpii- 
miento al capitán Francisco de las Casas, con cinco navios bien 
artillados, y cien soldados, con algunos de los conquistadores da 
Méjico, y poderes con mandamientos bastantes para prender al 
Cristóbal de Olid, y gobernar el Casas aquella tierra en nom* 
bie de Cortés. Llegó el capitán Francisco de las Casas & la 
bahfa y paerto, llaimdo el Triunfo de la Cms (donde Cristó- 
bal de Olid tenia su armada) y aunque dando fondo, puso bon* 
deras de pae; no dio crédito, y armando dos carabelas con mu- 
dios soldadosi resistió á los que venían la salida á tierra. El 
capitán Gasas, que era hombre valerosoí resuelto á salir echó 
wm bátales al agua, y hubo de abrir camino con las ainwi¿ 



LIBRO PRIMERO. 47. 

Bchó ft fondo una de las dos carabelas de Olid, de cuyos sol" 
dados murieron cuatiO) y otros quedaron heridos. Con esto es- 
te capitán, por esperar sus soldados que no los tenia allí todos, 
movió tratos de paz con Francisco de las Casas. Este capitán 
con recato se estuvo aquella noche en sus navios, y porque tU" 
vo cartas secretas de amigos de Cortés^ que desembarcase en 
tierra en otra parte, y viniendo con su gente le ajrudarian, pa- 
ra que prendiese al capitán Olid. 

La providencia humana, como tan corta su esfera para pre- 
venir lo futuro, esperimentd en esta ocasión la mayor desgra- 
cia del capitán Casas. Aquella misma noche se levantó xm Té- 
do viento Norte, que hizo varar sus navios en tierra: perdióse 
cuanto en ellos iba, ahogáronse treinta soldadosi los demás fue- 
ron presos, y con ellos su capitán Francisco de las Casas. El 
cq>itan Cristóbal de Olid, hizo á sus soldados jurar^ que siem- 
pre serian en su &vor y contra Cortés, con que presto los sol- 
tó; reteniendo al capitán Francisco de las Casas, hasta que lle- 
garon los otros capitanes que estaban ausentes. Lo que este ca- 
pitán preso, no pudo de otra suerte, venció con industria y con 
ella hecha información de el alsamiento contra Cortés, por sen- 
tencia fué degollado el capitán Cristóbal de Olid en la plaza 
pública de Naco, y dejando orden en aquellas provincias, co- 
mo estuviesen por Cortés, determinó ir & Méjico á darle no- 
ticia, y con él el capitán Gil González Dávila, que le ayu- 
dó y fué compañero en dar la sentencia contra el degollado. 

Ignoraba Cortés lo que al capitán Francisco de las Casas 
hubiese sucedido, y con este recelo y por haberle dicho era tier- 
ra rica de minas de oro, y principalmente entendiendo descu- 
brir estrecho para la mar del Sur, y la Isla de la Especería, 
que mucho se deseaba: dejando el mejor orden, que le pareció 
convenir para la conservación de la Nueva España (aunque lo 
salió tan mal como se lee en las Historias Generales) resolvió 
ir personalmente en seguimiento de el capitán Francisco de las 
Casas, y visitar tan dilatadas provincias, nunca penetradas de 
nación alguna. Contradicciones tuvo, oponiéndole muchos los 
daños que podia ocasionar su ausencia: pero ninguna bastó á 
impedirle la jomada, aunque los recelos no salieron vanos como 
manifestó después la esperiencia. Resuelto con última determi- 
nación, salió de Méjico llevando consigo (porque quedase la 
Nueva España y sus naturales sin ocasión de algún levanta- 
miento) ft Guatemuz rey de Méjico, á quien por armas se la 
ganaron ti señor de Tacuba y otros muy principales, y aun aU 
{pinos de Mechoacan, y con ellos mas de tres mil indios me- 
jicanot con «us armas de guerra, sin otros muchos del servicio 
de aquellos caciques, y juntamente llevó á Doña Marina la in- 
dia iotéipiete, que ya Gerónimo de Águila era difunto. Acom- 
pifiaiQü á Goi£to en este viaje muchos caballeros españoles, cu- 
70a iMiidbies YQÍ|sxe Bctniú Diaz, y yo solamenie el de D» Fran- 



43. HISTORIA DE YUCATÁN. 

cisco de Montejo, hijo de el capitán Francisco de Montejo (qne 
dije en el capitulo antecedente, fué segunda vez á España) 
nombiándole aquí por ser de nuestra Historia, y como después 
Sfif dice, el capitán general que en nombre y con poderes de su 
padre pacificó y pobló este reino de Yucatán. 

. Caminando D. Hernando Cortés para Guazacualco, se le 
juntaron mas de otros cincuenta españoles, y era cosa de admi- 
ración, por donde quiera que pasaba, las grandes fiestas y re- 
gocijos con que le recibian. Los mas de los conquistadores que 
vivian en aquella Villa, treinta y tres leguas antes de llegar á 
ella, salieron á recibirle En un pueblo que Ihunan Orizava 
(antes que se me olvide) casó Doña Marina la intérprete con Juan 
Xaxamillo, y no con Gerónimo de Aguilar, como dice el Doc- 
tor Yllescas en su pontifical. En la Villa de Guazacualco fué 
D. Hernando Cortés recibido y regalado de todos aquellos con- 
quistadores, con las mayores muestras que pudieron las volunta- 
des manifestar á su capitán general, amigo y compañero en tan- 
tos trabajos. Desde alli escriibió á la Villa Rica de la Vera- 
Cruz, á Simón de Cuenca su mayordomo, cargase dos navios pe- 
queños de bastimentos, herraje y otras provisiones necesarias, 
que bajasen costa á costa por mar de el Norte, y que les escri- 
biria, donde habian de aportar, y que el mismo Simón de Cuen- 
ca viniese por capitán de ellos. Mientras D. Hernando Cortés 
estaba en Guazacualco, dice Bernal Diaz: "Ya estábamos todos 
apercibidos con nuestras armas y caballos, que no le osábamos 
decir de no, é ya que alguno se lo decia, por fuerza le hacia 
ir." Reparados alli para proseguir el viaje, salió con ciento y trein- 
ta soldados de á caballo; otros ciento y veinte escopeteros y ba- 
llesteros, sin muchos soldados nuevamente venidos de (^astilla. 
Llevaba en su com >añia al padre Fr. Bartolomé de Olmedo, 
que le acompañó en la conquista, y otros dos religiosos de la 
Orden de N. P. S. Francisco. 
^ Llegaron á 5]ona!á, pasaron el Aj/agnadvlco, y siete le- 

guas de alli dieron en un estero que va á la mar, donde para 
pasar el ejército, fué n- cesario hacer una puente, que tenia de 
largo cerca de medio cuarto de legua, cosa espantosa. De alli 
atmvezaron el gran Rio llamado de los Indios Mazapa, el que 
los marineros llaman de dos bocas, y es el que nace en las 
cumbres de las grandes y altísimas Sierras, nombradas Cuchu- 
málanes^ y pasa por Chiapa de Indios, tan caudaloso ya, como 
, alli se vé; y pasando por los pueblos intermedios, llegaron á 
1 la provincia que llaman la Chontalpa, que vieron muy poblada 
y llena de huertas de cacao. Acercándose á Tabasco, se perdie- 
ron cuatro arrobas de herraje (falta sensible por no poderse ha- 
llar con dineros ni rescates) y llegando ár un pueblo que se di- 
Ce llamarse Zagutan^ hallamn á ios indios pacíficos, pero é la 
ikxdle se ausentaron todos, pasándose entre imas grandes níicno- 
gHJk. Enviólos D. Hernando Cortés & buscaij. y con gian-íiB^" 



LIBRO PRIMERO. 49. 



bajo prendieron siete indios principales y alguna gente menuda 
que se volvieron á huir y alli quedó el ejército sin guias, que 
no fué lo menos sensible. Proveyó nuestro señor á esta nece^ 
sidad; porque habiendo tenido noticia los caciques de Tabasco 
de que venia háx^ia su tierra D. Hernando Cortés, fueron áa- 
quel parage los caciques con cincuenta canoas cargadas de maíz 
y bastimentos; y aqui debió de ser donde dice Herrera, que pa- 
ró el ejército veinte dias, por falta de quien los guiase. Para 
haber de pasar á los pueblos de Tepetitan y Izíápa, hay un 
rio muy caudaloso, llamado Chilapa^ y por consejo de Bemal 
Diaz, D. Hernando Cortés envió un Soldado español con cinco 
indios el rio arriba, á un pueblo llamado Chilapa, como el 
rio, para que trajesen canoas en que pasar el ejército. Estos 
encontraron dos caciques que venian por el rio con seis gran- 
des canoas, en que traian bastimentos al ejército, que con ellas 
pasó, aunque en ello tardaron cuatro dias. Pasado el rio, ha- 
llaron caminos muy pantanosos, y aqui dice Herrera que por 
causa de ima ciénega de trecientos pasos, se hizo una puente 
de madera que la cogió toda, donde se pusieron vigas de trein- 
ta y cuarenta pies de largo, con que pudieron llegar al pueblo 
de Chilapán^ donde halló dos hombres solos, que le pasaron á 
Thmaztepéc, y que en seis leguas que habia, tardó el ejército 
dos dias, por dar el cieno y agua á veces á los caballos has- 
ta las barrigas, y que de alli pasaron á Iztápa, La puente fué 
la que que<m dicha; porque pasado el rio, no se hizo puente, 
sino que aunque con malos caminos y cenagosos, fueron al pue- 
blo de Tepetitan^ que hallaron despoblado y quemado, por ha- 
berles hecno guerra otros vecmos á ellos, y de alli pasaron al 
pueblo de Iztápa. Los indios de este pueblo, temerosos se ha* 
bian pasado de la otra parte de un rio que habia muy caudalo- 
so, y enviados á buscar, trajeron á los caciques con muchos in- 
dios, que traian sus mugeres y hijos. 

Hablólos D. Hernando Cortés con mucha mansedumbre, y 
mandóles restituir cuatro indias y tres indios, que en el monte 
1«8 habian cocido, con que as^urados los caciques, le presen- 
taron algunas joyuelas de oro de poco valor, y por haber bue- 
na yerto para los caballos, se detuvieron alli tres dias, y aun 
(juiso poblar una Villa, por ser comarca de muchos i)uebloSy pa- 
ra servirla y bastecerla. Informóse Cortés de su viaje, y aun 
mostró uno como mapa, donde se le dieron pintado en Guaza- 
oualco; pero los indios de Iztápa le engañaron, proponiendo, que 
para ir á Acalán como queria, habia muchos rios y esteros, y 
logándoles que acompañasen el ejército para ayudar á hacer puen- 
tes con que los pasasen no lo lucieron. Salieron de Iztápa con 
Sx)VÍ8Íon de maiz tostado, y algunas l^fumbres para los ties 
a^, que entendían caminar á Tamaztepéc^ y hubieron de an- 
dar siete jomadas, hasta hallar reparo, y los rios estaban sin 
puentes, ni canoaa. Aquí si bubipzoa cíe hacer una de g(ue- 

7 



50. HISTORIA DE YUCATÁN. 

sfts maderas en un caudaloso rio, para poder pasar los caba- 
llos y el ejército, y donde todos trabajaron, capitanes y solda- 
dos, tardando en hacerla tres dias, y comiendo raizes y yer- 
bas que no conocían, y después no hallaron camino alguno. 
Comenzáronle á abrir, creyendo irian á dar al pueblo de Ta- 
maztepéc, y una mañana volvieron al mismo camino, que á 
las espaldas hablan dejado abierto. Alli mostró gran pesar Cor- 
tés, y aun oyó las murmuraciones que contra él habia por el 
viaje, pero disirnuKaba como prudente. Hallábanse entre unas 
montaña<9 de arboledas altlsi^nas, que apenas descubrían el cie- 
lo, y ocupaban con su mucha espesura, que desde algunos ár- 
boles atalayasen algún parage; de tres indios guias que traian, 
los dos se hablan huido y el otro no sabia dar razón del ca- 
mino que llevaban. En este aprieto se valió Cortés de su vi- 
veza en el discurso, y con una aguja de marear que traia un 
piloto, y con el mapa de Guazacualco, mandó abrir camino al 
Este y quiso Dios vieron unos árboles antiguamente cortados, 
y viniendo con estas nuevas, hubo gran contento, porque ya 
habia dicho Cortés que á no hallar camino al dia silente 
no sabia que hacer. 

Con harto trabajo pasaron un rio que iba á un pueblo, el 
cual hallaron despoblado, pero con bastimentos de maiz, frijo- 
les y otras legumbres, con que saciaron la grande hambre que 
llevaban. Con ella y los trabajos de semejante camino, hablan 
muerto tres españoles y muchos de los indios mejicanos, sin 
otros que enfermaban y algunos que como desesperados se que* 
daban á morir por aquellos montes, como gente de flaco cora- 
ron para empresa tan grande. 

CAPITULO XIV. 

Desgraciado fin de los que navegaban^ y grandes trabajos' 

del viaje por tierra. 

} El pueblo referido, que hallaron despoblado, era el de Ta- 

xnaztepéc, que tanto desearon, y viéndole asi, mandó Cortés á 

> dos capitanes y soldados, que fuesen á buscarlos y trajeron mas 
de treinta indios, todos caciques y sacerdotes de ídolos, á quien 
habló con machas caricias, con que trajeron mucho maiz y 
gallinas. Supo en este pueblo D. Hernando Cortés, como los 
señores mejicanos hablan cogido dos ó tres indios de los pue- 
blos por donde hablan pasado, y matándolos, se los hablan co« 
raido como usaban en su gentilidad, y lo mismo hablan hecha 
con las dos guias que tuvieron por huidas. Con esto llamó 6 
aquellos caciques, y los riñó muy enojado, amenazándolos coa 
giave castigo, si otra vez lo hacían, y dando á entender que 
solamente averiguó haber cometido un indio aquel delito; ñor 
via jurídica le hiw quemar para escarmentar & los otros. iW, 



LIBRO PRIMERO. ti. 



de nuestros religiosos predicó en aquella ocasión; y dice Bef 
^ nal Diaz cosas muy santas y buenas, y acabado el sermón se 
hizo la justicia. Para ir desde alli al pueblo de Izguatepéc ó 
Ziguatepéc, distante como diez y seis leguas, les dieron mas 
de veinte indios que en barcas, y canoas les ayudaron á pasar 
"dos ríos. De estos enviaron por delante, para que dijesen á 
los indios no tuviesen recelo, porque no les harían daño algu- 
no, y aprovechó porque preveni ios con esto, aguardaron en el 
pueblo. Dióles D. Hernando 'Cortés cosas de Méjico, de las 
que mucho estiman ellos; y p/eguntándoles adonde salia un río \ 
muy grande que pasaba junto al pueblo, dijeron que iba al de \ 
Guey^ásta, cercano de Xicalango. 

Desde alli pareció á proposito enviar á saber, si Simón 
de Cuenca estaba por la costa con los dos navios, y asi le es- 
críbió con Francisco de Medina, á quien hizo capitán juntamen- 
te con el otro. Bajó por el río abajo y halló al Simón de 
Cuenca, que con los dos navios estaba en lo de Xicalango a- 
guardando nuevas de Cortés. Presentadas las provisiones que 
traia Medina, sobre el mandar tuvieron palabras: de ellas pasa- 
ron á las armas, con que de unos y otros no quedaron mas 
que seis ó siete españoles vivos. A estos mataron los indios y 
luego quemaron los navios, con que hasta mas de dos años 
después no se supo que hubiese sucedido por ellos. Desde Zi- 
guatepéc envió á ver el camino para Acalán y se halló, que 
con hacer algunas puentes, aunqqe habia pantanos, se podia pa- 
sar, y asi envió por delante á Bemal Diaz y á un Mejía, pa- 
ra que previniesen á aquellos caciques y llevaron unos indios 
inrincipales para que los guiasen. Estos la prímera noche se 
tiuyeron temerosos de los de Acalán, porque eran enemiiBfos y 
traian guerra entre sf . Hubieron de ir sin las guias, y llegan- 
do al primero pueblo de aquella jurísdiccion, hallaron á los in- 
dios que parecía estar de guerra. Sosegáronlos con buenas pa- 
labras y algunas cuentas, y dijerónles que fuesen á Ziguatepéc 
6 ver al capitán Malinche y llevarle de comer. A Cortés lla- 
maban los indios el capitán Malinche, por andar siempre á su 
lado Marina la intérprete, y por aquel nombre era conocido en- 
tre los indios. Como su nombre era tan temido con la voz de 
haber sujetado á Méjico; certiñcados los indios de aquel pueblo 
^ otro día de unos mercaderes, que era verdad estaba alli Ma- 
linche con el ejército, respondieron con mejor voluntad y mas 
humildes, que llegando á sus pueblos le servirían en cuanto 
pudiesen, pero que no irían á Ziguatepéc, porque aquellos in- 
dios eran sus enemigos. 

Salió Cortés para Acalán, y habiendo caminado dos dias, 
Uegaion al Rio grande, donde se detuvieron cuatro en hacer 
(paia que pasase el ejército) una puente de maderas tan grue- 
sas y grandes, que después causó admiración á los de Aodán 
manando la vieroiL Con la detención estaban ya muy fiütos de 



62. HISTORIA DE YUCATÁN. 



rtiM 



bastimentos, pasaban gran hambre, y dábales cuidado no sabe^, 
8i hallarían de paz los indios adonde iban para proverse. A 
este tiempo llegó Bemal Diaz y sus compañeros con bastimen- 
tos, por haberle enviado á decir Cortés lo que pasaba. Era de 
noche, supiéronlo los soldados, y como tal hambre es mala de 
eufiir, salieron, y antes de 'llegar ásu presencia lo cogieron to- 
do, sin reservarle para él, ni para los capitanes cosa alguna, 
por mas que á voces decian, que era para Cortés y su mar- 
yordomo clamaba, que siquiera le dejasen una carga de maiz. 
Por mas que se enojó, no le valió esta vez, pero Bemal Diaz 
le socorrió y 6 su amigo el capitán Sandoval, con ir después 
al cuarto de la modorra por mas maiz y gallinas, que dejaba 
guardadas, que le hablan dado los indios para él. Tal era la 
necesidad que le obligó al capitán Sandoval á ir por ello per- 
scmalmente con Bemd Diaz, teniendo muchos soldados que pu- 
do enviar. Salidos de allf, como una legua adelante, dieron en 
nnas ciénegas tan peligrosas, que no entendieron salir de ellas; 
pero vencioa tan gran dificultad, pasaron á tierra enjuta, y des- 
de alli para poder pasar, fué necesario enviar á Acalán por bas- 
timentos. Hubo de ir Bsmal Diaz, como ya práctico; y ¿ la 
noche del dia que llegó, volvió con mas de cien indios car- 
gados de bastimentos, pero con mas cuidado que la otra vez. 
Sirque salió al camino el mismo Cortés con Sandoval y Luis 
Gurín, avisado de que libaba y lo recibió, con que ordenada- 
ittoite se repartió entre toaps, y el dia siguiente como á medio 
día, llegaron á Acalán. 

Por lo referido se vé, no haber ido bien ajustadas las re- 
laciones que se le dieron al coronista e^eneral de las Indias Hw- 
ra, pues dice, que por un rio llamado duitzalapán, que sale 
al de Tabasco, llamado de Grijalva, envió Cortés á saber de 
los navios que habian de estar por la costa, y que por alli se 
{xtóveyó el ejército de los bastimentos que en ellos iban, y que 
con la affuja de marear salió al pueblo de Huacttecpán, ha- 
Inendo ádo al de Zamatepéc. Lo del peligro que tuvieron yen- 
do para Acalán, es asi, y el estero que alli dicede quinientos 
pasos de ancho, es el Rio grande, que queda referido, y en la 
-fuente que para pasarié se hizo, singulariza que se gastaron 
ocho mil vigas de ocho brazas de largo y cinco y seis pal- 
mos de ancho, sin otra infinidad de menores maderas, que fué 
la oeatton de admirarse tanto los indios de Acalán, con que 
-aKtabdron de persuadirse no intentarían cosa los españoles, qUe 
Ao saliesen con ella. 

Estando ya estos en el pueblo de Queyacála (s^un dide 
iBemal Diaz del Castillo se llamaba) vinieron de paz los cad- 
uques de él; y trajeron maiz y bastimento, coa que C9rté8 (Mr 
iMgua de Doña Marina) dándoles algunas coBtu^At Caatüta) Its 
^jo llamasen todos los caciques, que venidos á su presencia, 
mo «Mo le mSmmKOr 4e ú viage Reiteraba» áoo qatmBtm 



LIBRO PRIMERO. 63, 

hd trajeron pintados en unas mantas hasta los ríos, ciénegas y atolla- 
deros que habia en el camino. Pidi''les Cortés, que pues ha-* 
bia entre ellos grandes poblaciones, les pusiesen puentes y Ue*\ 
«Vasen canoas para pasar los rios. Respondieron los caciques, que 
aunque aquellos pueblos eran sus vasallos, no los querían obe* 
decer, y que asi, si no enviaban algunos de sus Teules (asi lía* 
ban á los españoles) ni aun mas maiz, ni bastimentos traerían. 
Por esta causa salid Diego de Mazariegos con hasta ochenta 
españoles por aquellos pueblos y en canoas, que les dieron los 
caciques que estaban en Gueyacála y otras que por allá cogie- 
ron, trajeron mas de cien canoas de maiz, gallinas, miel, sal y ; 
otras provisiones y diez Indias, que tenian por esclavas, dando j 
todo al parecer con voluntad, y juntamente con ello vinieron^* 
los caciques á ver á Cortés. Gran provisión tuvo en estaoca^ 
«ion el ejército; pero cuando al parecer estaban los indios ei¿ 
amistad; pasados cuatro dias, se huyeron todos los caciques y 
demás gente; quedando solamente tres guias á los españoles, cdoi 
quien pudiesen proseguir su viaje. Asi reñere Bemal Diaz la 
entrada y pasaje de los españoles por Acalán, aunque la Coro- 
nica General de Herrera dice, que luego que llegaron á aque- 
lla provincia, vino al pueblo de Tizatpétla un mancebo de bue- 
na traza, con mucho acompañamiento, que era liijo de Apox»- 
palón, señor de toda aquella tierra, y le trujo un presente, di- 
ciendo que su padre era muerto; pero que él ofrecía su perso- 
na y tierra al servicio de los españoles, para quien tenia pre- 
venido mucho bastimento. Recibi le Cortés con mucho agradp, 
no dándose por entendido de saber que era vivo Apoxpalón, 
padre de aquel mancebo, y dióle algunas cosas, entre las cua- 
les ñié para él de mucha estimación un collar de cuentas de 
Flandes. Habiendo descansado alli seis dias, fueron al pueldo 
de Titacát, donde los recibieron como en el pasado, y nospe- 
daron la siente en dos templos tan grandes y de buena fábri- 
ca, que dieron lugar á ello. En uno de ellos acostumbraban 
á sacríñcar doncellas virgines, que criaban las mas hermosa 
para ello, porque el demonio se enojaba si no lo eran. 

El cacique de aquel pueblo se aficionó tanto á los caste- 
Uanosy que le dijo á Cortés (aunque en secreto) como Apox- 
palón era vivo; pero que porque no viese su tierra y riquezas, 
habia dicho su hijo que era muerto, y que para que no le vie- 
se, tenian determinado guiarle por un rodeo, jacfhque de buen 
camino. Con este aviso hizo tales preguntas X^ortés at hijo de 
Apoxpalón, que hubo de declarar la verdgdj y persuadido que 
llamase al padre, le trajo á otro ^¿^.'^Escusóse con humildad, 
diciendo que por temor de gexite para ellos tan estraña, y de 
aquellos ciervos grandes que traian (decíalo por los caballos) se 
habia escondido, temiendo su perdición; pero que ya la esperien- 
cia le desengañaba, de que era vano su recelo, y que asi roga- 
ba íueaen Qcm ¿1 6 su ciudad, para que esperimentasen la bue- 



54. HI STORIA DE YUCATÁN. 

na voluntad que les habia cobrado. Aceptó D. Hernando Cor- 
tés el convite, y asi en compaíua de Apoxpalón y su gente, 
salió á otro dia el ejército de los españoles y mejicanos para 
la ciudad de Yzancanác, cabeza donde Apoxpalón residia. A 
éste dio D. Hernando Cortés un caballo en que fuese; pero 
aunque lo agradeció significando mucho placer, le recibió con 
algún temor, como no sabia que era andar en caballo, y por 
poco cayera al principio pero después cobró ánimo, y mirando 
como los españoles guiaban los suyos, prosiguió en el viaje. 

Tenian prevenido gran recibimiento en la ciudad de Yzan- 
canác para la entrada de los castellanos, por orden de Apox- 
palón, con quien entraron en ella, hallando á los indios muy 
regocijados, por ver tan apacible la presencia de gentes, en cu- 
ya vista tenian con repetidos temores por la cosa mas cierta su 
perdición y muerte. Eran tan grandes las casas de Apoxpalón, 
que sin sdir él de ellas, hospedó á D. Hernando Cortés con 
todos sus españoles. A los indios mejicanos repartieron por las 
casas de la ciudad, para que tuviesen mas comodidad, y á to- 
dos regaló mucho. En esta ciudad dice Herrera, que D. Her- 
nando Cortés hizo justicia de los señores mejicanos, que se di- 
rán en el capitulo siguiente, y que Apoxpalón le dio un pre- 
sente de oro, aunque no mucho por no haberlo en la tierra, 
y las diez indias de servicio, una canoa, y indios, para que lle- 
Tasen carta á los navios, y que alli le despidió, dándole ffuias 
para el camino; pero como queda dicho, Bemal Diaz nada de 
esto dice, sino que se huyeron todos los caciques y quedaron 
solas tres guias, con que salieron de Gueyacála, y pasaron un 
rio en puentes, que se quebraron al pasar, y el otro en barcas, 

Í llegaron á otro pueblo de los sujetos á Acalán, cuyo nom- 
re no dice alli. Estaba ya despoblado, y retirando los basti- 
mentos por los montes; pero la diligencia de los españoles los 
halló, con que se proveyeron. Aquí fiíé donde dice, que se 
descubrió la conjuración, que los señores mejicanos ordenaban 
contra los españoles, que ó ya fuese solamente conversación de 
lo que podrian hacer, según el estado en que les parecia se ha- 
llaban los españoles, ó ya ánimo deliberado de matarlos; se des- 
cubrió y resultó lo que se dice en el capítulo siguiente. 

CAPITULO XV. 

Descúbrese una conjuración de los señores mejicanos^ y la jus^ 

ttcia en ellos Reculada, 

Considerando los señores mejicanos, que D. Hernando Cor- 
tes llevaba consigo los grandes trabajos que iban padedendo 
Er el camino, y sin duda la sujeción en que se hallaban, que 
( seria muy plenosa, habiéndose visto Rayes y Señores tan o- 
bedecidos y poderosos; pusieron en convenacion^ que seiia 



LIBRO PRIMERO. 66. 

bueno y fácil matar á los españoles con quien iban, y volvién- 
dose á Méjico, convocar sus vasallos, con quien dando guerra 
& los que allá quedaban, los acabarían y serian señores de su 
imperio, ó estaban ya con resolución de ejecutarlo en ocasión 
oportuna. La dilación en materias semejantes, donde intervie- 
mn tantas voluntades, que no todas están firmes en la traición 
Ó por el horror que ella misma ocasiona, ó por otros particu- 
lares intereses y atenciones, suele manifestarlas, no sin providen- 
cia divina para que ios reyes y superiores sean venerados de 
sos subditos como deben. Herrera dice en su Historia, que es- 
taba tan adelante este tratado, que hubo ocasión en que por 
orden de Quauhtemoc, Rey que habia sido de Méjico; Uegaroa 
los indios á tener ya tomados los frenos y lanzas de la gente 
de caballos, para ejecutar su intento, y que lo dejaron para o - 
tra mas á proposito. Uno, pues, de los señores mejicanos, que 
dice se llamaba Mexicaltzin, y después de bautizado Cnstóval, 
descubrió á D. Hernando Cortés lo que se trataba, y dio pin- 
tadas en un papel las figuras y nombres de los señores conju- 
rados, aunque Bemal Diaz dice, que la noticia la dieron dos 
caciques mejicanos, el uno llainádo Tapia y el otro Juan Ve- 
lazquez, que fué capitán general de Quauíitemoc, cuando la 
guerra de Méjico. 

Con esta noticia hizo D. Hernando Cortés información coa 
otros caciques, participantes de la conspiración, y confesaron que 
como vian ir á los españoles por el camino descuidados y des- 
contentos, que enfermaban muchos y otros se hablan vuelto ca- 
mino de Méjico, desesperados por las hambres que solian pa- 
sar, de que hablan muerto cuatro chirimias y el bolteador; que 
queriendo mas morir que proseguir la jomada, habían tratado 
que seria bien al pasar algún rio ó ciénega, pues eran tantos 
los indios, dar en los españoles y acabarlos. Quauhtemoc con- 
fesó ser asi, como los demás lo hablan dicho; pero que no fué 
él principio de aquella consulta, ni sabia si todos fueron en 
ella ó se efectuarla, porque éi nunc& tuvo intención de salir 
con ello, que solo habia pasado la conversación referida. Sin 
mas probanzas, dice Bemal Dfáz, que D. Hernando Cortés man- 
dó ahorcar á duauhtemoc, y al señor de Tacuba, que era su 
primo; pero la Historta General de Herrera dice, que fué da- 
da sentencia mediante proceso jurídico, y sentenciados á ahorcar 
Cluauhtemoc, Couanoctzin y Tetepanquetzál. Ejecutóse la sen- 
tencia en los tres, por carnestolendas del año de 1525, quedan- 
do atónitos de verla; asi los demás indios mejicanos viendo a- 
cabar con semejante muerte al que habia sido su rey y señor 
tan poderoso, y á los otros dos; como los naturales de Aca- 
lán, que entendieron todos era su fin llegado. Murieron como 
cristianos, pidiendo á nuestros religiosos y al de la Merced, que 
los fueron esforzando y ayudando, que los encomendasen á Dios; 
ppique dice Bemal Diaz, que para indios^ eran buenos cristia-^ 



56. HISTORIA DE YUCATÁN. 

nos y creían bien y verdaderamente nuestra Santa Fé, y que 
estando para ahorcar al Quauhtemoc, dijo estas palabras: "O 
capitán Malinche, días ha que yo tenia entendido, é habia co- 
nocido tus falsas palabras: que esta muerte me habias de dar, 
pues yo no me la di, cuando te entregaste en mi ciudad de 
Méjico; porque me matas sin justicial" Dios te lo demande. Y 
el señor de Tacuba dijo, que daba por bien empleada su muejr- 
te, por morir junto con su señor Q,uauhtemoc. Remata este 
suceso diciendo: "Y fué esta muerte que les dieron muy injus- 
tamente dada, y pareció mal á todos los que íbamos á aquella 
jomada." Y aun otros escritores dicen, que debía D. nenian- 
do Cortés guardar á Quauhtemoc vivo, que era el mayor triun- 
fó y gloria de sus victorias, mas no quiso tener que guardar 
en tierra y tiempo tag trabajoso. Fué Quauhtemoc hombre va- 
leroso, como se maniató en la ^erra del cerco de su Ciudad 
de Méjico, y en todas sus adversidades tuvo ánimo y corazón 
real, y murió según se coli^ de lo dicho. 

Aunque los Semas historiadores convienen en que el caso 
referido sucedió en la ciudad de Yzancanan de la provincia de 
Acalán en presencia de Apoxpalón, señor de aquella tierra, pa- 
rece no haber sido asi, pues dic« Bemal Diaz, que se halló pre- 
sente, que habiendo desamparado todos los caciques en Gueyacá- 
la á los españoles y estos salido de alli con solas las tres guias 
á otro pueblo, que como dije en el capftulo antecedente, no le 
nombra; en él se ejecutó la sentencia de muerte referida en los 
tres señores mejicanos; con que aunque como se dice, puso te- 
mor y freno á los demás; pero confiesa que de alli salieron pro- 
siguiendo con gran concierto los españoles por el camino, por 
temor (asi dice) que los mejicanos viendo ahorcar á su señor, 
no se alzasen, mas traian tanta mala ventura de hambre y do- 
lencia, que no se les acordaba deÍlo> Habiendo pasado un rio 
profundo en barcas, llegaron á ün pufeblezuelo que aegun pare- 
ce, era Mazatlan, y halláronle sir^^ gente; pero buscando de co- 
mer por las instancias, dieron con ocho indios, que eran sacer- 
dotes de ídolos, y se vinieron con los españoles al pueblo. D. 
Hernando Cortés los acarició y pidió llamasen á los demás in- 
dios y trajesen comida.* Respondieron que lo harian, con tal que 
no les tocasen á unos ídolos que tenian alli cercanos. Aunque 
D. Hernando Cortés por medio de Doña Marina les aseguró, 
que no recibirian enojo alguno, les dio á entender la vanidad de 
los ídolos y el error que cometian en adorarlos, á que los indios 
respondieron que los dejarian y con esto en un árbol grande, 
que se llama Zeiba, se les labró una Cruz junto á las casas, don- 
de estaban los ídolos. Trajeron veinte califas de maiz y unas 
Sallinas, y dieron guias para el pueblo siguiente. Aqui fué don- 
e D. Hernando Cortés, considerando los trabajos de el camino, que 
los españoles enfermaban, y de los indios mejicanos morian mu- 

cho6) no pudiendo reposar de noche, paseándose por la sala de 



LIBRO PRIMERO. 67. 

sil hospicio, inadvertidamente dio una caida de dos estados de 
alto, y se descalabró. 

Salieron á otro dia, y fueron á dormir junta á un estero ó 
laguna (sin haber precediao el encuentro y escaramuza, que un 
autor escribe en el pueblo precedente) y al siguiente llegaron á 
otro pueblo nuevo, cuyos moradores con la noticia de los espa- 
ñoles, le habian dejado aquel dia, y escondidose en unas ciéne- 
gas. Era esta población muy fortificada con albarradas de grue- 
sos maderos, cercada con otros muy recios de dos cercas, la una 
como barbacana, con cubos y troneras para flechar, y cabás hon- 
das antecedentes, esto por la parte de la llanura. Por otra le 
servia de cerca unas peñas muy altas, llenas de piedras labradas 
á mano, con grandes reparos, y por otra una gran ciénega, de 
suerte, que para las armas que los indios usaban, era fortaleza 
muy grande; y si los moradores la hubieran defendido, hubieran 
dado que hacer á nuestros españoles. Entraron estos libremen- 
te en el pueblo, donde hallaron gran cantidad de gallos y galli- 
nas de la tierra, guisados y pan de maiz, con otros bastimentos 
fie que se alegraron grandemente; pero les causó novedad ha- 
llar la comida aderezada. En esta suspensión estaban, cuando 
siiliendo de la ciénega quince indios principales, y llegando ala 
presencia de D. Hernando, poniendo las manos en el suelo y be^ 
sando la tierra con profunda humildad, llorando le pidieron, no 
les quemase el pueblo. Acariciólos D. Hernando Cortés, y ase- 
gurados les preguntó la causa de tener tanta comida guisada. 
Respondieron, que por horas aguardaban á unos indios, llama- 
dos Lacandones enemigos suyos, que habian de venir de guer* 
ra, y por si quedaban vencidos, se querian comer antes todo 
cuanto tenian, porque no lo gozasen sus enemi^; y que si 
quedaban vencedores yendo á sus pueblos, les quitarian sus ha- 
ciendas, con que no les haría falta lo que se habian comido. 
Que en dos parages donde habian tenido el pueblo en tierra 
llana, los habian rol)ado y abrasado las casas, como lo verían 
ctiando pasasen, y que por eso se habia recogido ú aquel si- 
tio. Respondióles, que les pesaba de sus guerras y que por no 
poder detenerse, no los ayudaba contra sus enemigos, con que 
se consolaron los indios, viendo que no se les hacia daño al- 
guno. 

' Ya que los españoles van saliendo de la tierra de Acalán, 
digo que esta provincia la sujetó algunos años después, duran- 
do la conquista de este reino de Yucatán, el capitán Francis- 
co Tamayo Pacheco, saliendo para ella de la ciudad de Heri- 
da, con otros conquistadores, como leí en sus probanzas; pero 
aunque procuraron sujetar á los Lacandones sus vecinos, asi por 
esta parte, como por la de el reino de Guatemala, no se con- 
siguió, y se están hoy año de seiscientos y cincuenta y seis 
en su antiraa infidelidad como se dice adelante. Dieron los de 
aquel pueUo goim & los españoles que pasaron por los pue- 

8 



» 



tios quemados que les habían dicho, cnniiuando por campos ri- 
sos futigados de los calores. Vian en ellos gran multitud de 
venados, y que corrían tan poco que los alcanzaban los caba- 
llos y DO se espantaban de ellos. Pr^imtaron á loa giiias la 
catisa de aijueila novedad, y respondieron: que su ídolo les ha- 
bía mandado que no los niutasen ni espautasen, y que como 
le ejecutaban asi, no se espantaban cuando los vian; que loJ 
tauian por sus Dioses, porque se les había aparecido en su fi- 
gura. Con este refresco de caza, por aquellos campos atrave- 
saño hasta la tierra de los Ytzacx, pasando (como dicen las 
Historias) nn mal puerto, á quien llamaron de AJabastro, por- 
que lo parecía toda la piedra. Yo ju^, st^n la demarca- 
ción, que es junto á lo que hoy llaman en esta tierra lo de 
Iti Pimiento, que dista como setenta leguas de los pueblos de 
la Sierra, porque muchos indios de ellos que suelen llegar 
hasta aquellas montañas, traen una piedra blanca á modo de 
espejuelo, de que se hace yeso blanqutsimo, y cae casi al me- 
diodía de la Sierra de Yucatán, entre él y Guatemala. 

El pueblo principal de los Ytzaex está en una isleto, que 
hace una lagima de agita dulce, y asi no se puede ir á él, si 
no es en canoas, con que durmiendo cerca de unos montes al- 
tos, síilieron por las veredas cuatro capitanes y hallaron dos ca- 
noas con diez indios y dos indias, que traían maiz y sal. Lle- 
váronlos á la presencia de D. Hernando Cortés, que los trató 
amorosamente, y dejando consigo la mayor canoa, despachó la 
otra al pueblo con seis indios y dos españoles, con algiuias cuen- 
tas de Castilla, que diesen al cacique, pidiéndole envíase ca- 
noas para pasar á su ptieblo. Cuando los españoles ll^^aron á 
la ribera de la Laguna, ya estaba el cacique (á quien comun- 
mente llaman Canek) con otros principales y cinco canoas, a- 
guardando al pasage, y después de muchas cortesías que con 
el tuvieron, á qwe correspondió D. H^nondo Cortés con mucha 
afabilidad y agrado, determinó ir con ellos á su pueblo. Em- 
barcóse en las canoas con treinta ballesteros, quedando los de- 
IBBS en tierra con cuidado, por si acaso aquella afabilidad do 
los indios era cautela, pam ejecutar alguna traición, y aun Ik 
ida de Cortés se tuvo por osadía, y demasiada confianza. Re- 
cibiéronle en el pueblo con regocijo, regalándole según su po- 
sible, y allí le dio el Canek mi presente de oro bajo de poco 
valor, por no haberlo en la tierra, y uiaas mantos, y noticia 
da donde había dos pueblos de españoles, que fué su mayor 
■ilegiia por el deseo que todos llevaban de hallarlos. En la 
Tierra firme de la Laguna, dicen Herrera y Gomara, que antes 
qtm D. Hernando Cortés pasase al pueblo, hizo que se dijese 
tntsa en presencia de Canek y sus principales, á que asistie- 
tnt al parecer muy gozosos con el contó de la música, y aten- 
ta & la* sagradas ceremonias, y que luego los religiosos les pre- 
" A esto respoBdieton, que sabiendo como Uabiao de 



I 



LIBRO trímero. 59. 



adomr al Dios que les decian, desharían sus !dolos; á que les 
dijo Cortés, que presto les enviarían religiosos, que les enseña- 
sen la ley de Cristo, pero que les dejaron una Cruz que pi- 
idionm. De nada de esto hace mención Bemal Díaz en su His- 
toria; pero es cierto dol celo de D. Hernando Cortés, que ha- 
na todo lo referido, por aficionarlos á nuestra Santa Fé catoti- 
ea, como tamlnen es cierto, que habiendo dkbo ft los in* 
dios mndias grandezas de nuestro rey el emperador Carlos duin* 
lo, se le dieron por sus vasallos, como ya lo eran los mejica- 
nos; pero no me parece cierto haber quemado los ídolos en prs^ 
49encia de Cortés, como dice Oomara. 

CAHTÜLO XVI. 

Salen las españoles de ia tierra de los Ytzaex; pasan una 
Sierra asperísima con gran peligro^ y ¡legan ú Bhnduras. 

HalHondo de proseguir loe españoles su jomada, hubo de 
mandar D. Hernando Cortés, que un caballo morzillo, que con 
los calores fatigado en la caza de los venados que se dijo, se 
le había derretido el unto, y no se podía tener en pié (otros 
dicen, que se había estacado una mano) le dejasen en aquel pa* 
Tage, encomendado á los indios, diciéndoles que después envia- 
ría por él, como cosa tan estimada en aquellos tiempos, y á 
que tanto temor tenían los indios, ¿duién dijera, que de esto 
había de resultar deq>ues la mayor idolatría, que hoy tienen 
jqiidloB indios Ytzaex? Pues la dejada del caballo, tomó el 
.demonio por medio (quien alcanza la permisión divina) pom 
nuevo engaño de idolatría. Despedidos los españoles de aque- 
llos indios, quedó el caballo enfermo en su poder, y aunque 
icon toda solicitud cuidaron de él, no fué siuSciente para que 
«no muneae. Gran sentimránto causó la fiílta de el caballo, y 
<camo el temor que tenían á D. Hernando Cortés, era creeulO| 
pomue sabían hedbóa sido el capitán, que sujetó la gian Ciudad 
de Méjico; llamó Canek ft junta sus principales para determt* 
•liar que tespoesta darían cuando se les pidiese el caballo, co- 
tilo tmian por cierto lo haría, habiendo llegado ft Hondurssy 
cristo 8U8 castellanos que buscaba. Resolvieron, que se hiciese 
«ma flBiatiia v firara de madera representativa del caballo, y 
iqne -cuando Íes fuese pedido, req)ondíesen no haber bastado aa 
'•BÜcitud, para que no muriese, y que en memoria del suceso 
SuMm fidmcado aquella estatua para satisfacer con ella, pues no 
tmbíaii ^sido culpados en habérseles muerto, sin poder vexae^ 
«diarlo. 

FÉbrioaion el caballo de madera, s^^ se resolvió «n la 
jcoita; pao es tan vigilante el demonio en no perder ocasión, 
^0n que pueda ¡hacer daño á la naturaleza humana, que ape»- 

iw lo^pmo, nff»_ tío Ik logs^i y QW cmodo Je ia ddM9«< 



60. fflSTORIA DE YUCATÁN. 

sulfar algún honor y adoración, que no le es debida. Valió- 
se de esta para hacer de nuevo idolatrar á aquellos miserables 
indios, que persuadidos, que teniendo aquella estatua en vene- 
ración entre sus Dioses; cuando volviesen los españoles (como 
D. Hernando Cortés les dijo enviaría) viendo la reverencia con 
que la tenian, diesen mayor crédito á su respuesta. Fué po- 
co á poco aumentándose la adoración de aquella figura, y lle- 
gó á tanto grado, que cuando el padre Pr. Juan de Órbita y 
padre Pr. Bartolomé de Puensalida, religiosos de esta provin- 
cia, fueron el año de mil y seiscientos y diez y ocho, á pre- 
dicarles el Santo Evangelio, era ya el principal ídolo que los 
Ytzaex reverenciaban, y como á tal le hallaron en la parte mas 
preheminente del templo principal y superior á las demás abo- 
minables figuras de ídolos que adoraban como mas latamente 
se dice adelante, tratando de la entrada, que estos dos religio- 
sos hicieron en aquella tierra como apostólicos varones, deseo- 
sos de la salvación de aquellos infieles, cuyos {entendimientos 
alumbre Dios por su bondad infinita, que aun se están ido- 
latras gentiles. 

Vuelto D. Hernando Cortés de el pueblo de la Laguna á 
Tierra firme, donde los suyos se alojaban: salieron, y aunque 
con mal temporal, por llover tres dias y noches continuadas, 
caminaban temerosos de la falta de bastimentos que tenian. A 
esta adversidad se juntó dar á los dos dias de camino con una 
sierra tan áspera, que se detuvieron ocho dias en pasarla. Te- 
nia unas piedras que cortaban como navajas, y asi perecieron 
en ella mas de sesenta caballos, despeñados y desjarretados de 
los pedernales: los que pudieron salir vivos, quedaron tales, 
que en tres meses no cobraron su antiguo vigor. A un sobri- 
no de Cortés, llamado Palacios Rubios, se le quebró una pier- 
na por tres ó cuatro partes de una caida. Dieron luego con 
un rio tan caudaloso por las continuas lluvias de aquellos dias, 
que se ^ detuvieron tres en hacer una puente para pasage, que 
no le pasaron por vado, como un escritor dice. Estaba lu^o 
un pueblo cercano, y donde entendieron tener alivio, hallaron 
la mayor ocasión de desconsuelo. No llevaban ya maiz; los in- 
dios se habian huido y levantadolo todo; pero -buscando por los 
campos Bemal Diaz y otros cuatro soldados, haHaron cuatro ca- 
sas llenas de maiz, frijoles y otras legumbres, con que pasaron 
la pascua de Resurrección, y descansaron alli cinco dias del 
trabajo de los antecedentes. Tardaron dos en llegar á otro pue- 
blo cercado de arroyos, rios y pantanos, donde se les huyeron 
las guias que llevaban; y aunque tres capitanes se ocupaion 
tres dias, no hallaron camino ó alguna gente para que les die- 
se razón de él; y se volvieron sin hallar uno ni otro, con que 
se vieron en grande aprieto, hasta que saliendo Bemal lAnz 
con Hernando de Aguilar, y un Hinojoea, por señales que vio- 
lón al ponerse el sol^ sintieron gente en unas labransas^ y en- 



LIBRO PRIMERO. 61. 



trada bien la noche h lüaron en la casa de ellas tres indios y 
dos indias que trajeron al real. 

Informase de ellos D. Hernando Cortés, y conformaron en 
que por un rio abajo se iba á un pueblo que estaba dos dias 
de camino, y se llamaba Oculitzi, recien despoblado. Llegaron 
á él, y hallaron mucho maíz y legumbres, y en uil adoratorio 
de ídolos, un bonete coiorado y un alpargate ofrecido á ellos. 
Unos soldados dieron en unas barrancas, y en unos maizales 
cogieron dos indios viejos y cuatro indias, que preguntados por 
los españoles que buscaban, respondieron, que los hallarían á 
dos dias de camino, que iiasta allá estaba despoblado, y que te- 
nían sus casas junto á la costa de la mar. Por óKÍen de D. 
Hernando Cortés se adelantó el capitán Sandoval, y teniendo 
dicha de coger una canoa de unos indios mercaderes, pasó el 
rio del Golfo Dulce y halló unos españoles que le dieron no- 
ticia do los demás, de la muerte de Cristoval de Olid, y todo lo 
sucedido en la tierra. Vino con presteza á dar la nueva un 
soldado llamado Alonso Ortiz, de que recibió todo el ejército 
increíble gozo, entendiendo se hablan acabado sus trabajos; pe- 
ro engañóles su deseo, que se les continuaron como en las His- 
torias Generales se dice, y yo no refiero asi por eso, como por 
no pertenecer ya á la de esta tierra, pues quedan fuera de ella. 
Viaje fué este en que puede la Nación Española gloriarse de 
perseverante y sufridora de trabajos, y que puede hacer compe- 
tencias á todas luces, á cuantos cualesquiera otras Naciones han 
hecho en el mundo, pues atravesaron mas de seiscientas leguas 
de tierras y Naciones de gentes nunca vistas ni comunicadas, 
hallándose innumerables veces entre asperísimas montañas, sin 
caminos ni guias, obliorados á gobernarse por el Norte, padecien- 
do desmedidas hambres, porque no solo llegaron á comer cule- 
bras y otras semejantes inmundicias; pero certificó después 
un soldado llamado Medrano, que habia comido de los sesos 
de otro que se llamaba Medina, natural de Sevilla, y de la a- 
sadura y sesos de Bernardo Caldera sobrino suyo, que habia 
muerto de hambre. 

Por la ausencia que de la Nueva España hizo D. Hernan- 
do Cortés con esta jornada, sucedieron las alteraciones y dis- 
cordias, que pusieron en término de perderse la tierra, y á ries- 
go la buena fortuna y crédito de tan valeroso capitán, que te- 
niendo noticia de lo que en ella pasaba, determinó después el 
año de veinte y seis siguiente, volver allá, y como esperimen- 
tado ya en las dificultades de la jornada por tierra, resolvió ir 
por la mar. Embárcese en el puerto de Trujillo, á veinte y cin- 
co de Abril, y con él el padre Fr. Diego Altamirano, de mi 
seráfica religión, y primo suyo. Tuvieron buen tiempo casi 
hasta doblar la punta, que hace la costa de este reino de Yu- 
catán; y pasados los Alacranes, les sobrevino un temporal tan 
xécio. ' que. • no pudiendo resistirle, porque con la violencia se 



P 

I 



, hubieron de ir á 
allí pasaron á la Nueva España, donde con su llegada, asi co- 
mo íiifi indecible el contenió de los indios y españoles sus a- 
ficionados, con la presencia de lan gran capiíají, á quien tuvie- 
Ton por difunto, y como á tal se le habían hecho exequias y 
dicho misas; filé grave el sentimiento de sus émulosj desvane- 
cidos ya totalmente sus artificios. No por eso cesaban por lo- 
dos caminos de desacreditar en España, las acciones grandes que 
en estos reinos había hecho en servicio dt; la monarquía. Pe- 
rro como eran tan notorias, y ]a grandeza de las nuevas tierras 
sujetas á la corona de Castilla lan manifiestas, no ftieron sufi- 
cientes las relaciones que contra su persona, y las de los mas 
de sus valerosos capitanes y soldados se escribían, para que con 
el Emperador y el real consejo de las Indias, se minorase la 
Teputacion y crédito con que eran estimadas, aunque fluctwa- 
Ton algim tanto, hasta que D, Hernando Cortés pareció perso- 
nalmente en España, y dando razón de sS y de sus compoñe- 
Tos, le hizo el rey marques del Valle, y los demás crccídoa 
favores, con que tan aumentado de honor y reputación, volvió 
■ft la Nueva España. 

Mientras lo referido sucedía, se hallaba en la corte de Es- 
paña D. Francisco de Montejo, que como se dijo habia ido por 
procurador general de todas las ciudades y repúblicas de estos 
Teinos, y tenia en buen estado la licencia para poblar y paci- 
ficar este de Yucatán. Movióse á pedir esta conquista, porque 
le habia dicho Gerónimo de Aguilar, el que estuvo ocho años 
cautivo en esta tierra (como se lÜjo) que era fértil y abundan- 
te de los frutos que en ella se daba. No solo se le dio la li- 
cencia, como se dice en el libro siguiente; pero dándose por 
bien servido de D. Francisco, la Magestud de el sefinr Empe- 
rador Carlos Quinto, y con atención á sus muchos servicios y 
trabajos, para que quedase perpetua memoria de ellos y mayor 
Tiobleza de su casa, aunque tenia escudo de armas propias, que 
como dice Herrera en su Historia General, eran trece estrellas 
doradas en campo colorado, se las aumentó en esta forma. Que 
fuese un escudo, y que en el medio de la parte de arrit)a, á la 
-mano derecha, hubiese ima isleta cercada de mar y encima un 
león dorado en campo rosado, con unos granos de oro, en se- 
iial de la Isla de Sacrificios, adonde salió cuando llegó ¿ella 
la armada de Juan de Grijalva. En la otra mitad del escudo, 
ft la mano izquierda, á la parte de abajo siete panes de oro redon- 
dos en campo azul, en memoria de el oro que le dieron los 
indios, cuando en el mismo descubrimiento de Grijalva fué por 
capitán, segun se ha dicho. En la otra mitad de la parte su- 
perior de el escudo á la mano izquierda, un castillo dorado pues- 
to en la Tierra firme á la costa de la mar, con tres vanderas 
-coloradas sobre el castillo, en señal de la fuerza de los indios 
7 Tandera que tenian- Éa la. otra mitad inferior de la mano 



I 



LIBRO PRIMERO. 



dAeeha, cinco Tanderas azules en campo doraclo, eo señal dÉ 
los Tándems que Iq dieron los indias y que este escndo tUTÍ»>- 
ae por orla las trece estrellas doradas, que eran sus armas an- 
tiguas, y que le coiDuase un yelmo abioto con su timbre. Con 
«Blas tan honrosas insignias, ennobleció el año de quinientos 7 
Teinte y seis, el Empeíador & IX Francisco de Montejo, y la 
concedió la pacificación y población de Yucatán, haciéndola 
oMs nmdus nKwcedes, y ca[Mtuiando la forma, que en ellos* 
había de übserrar por eechttnat públicos,, cotno se T«r& eo d li- 
bro siguiente. 






DE LA fflSTORIA DE YUCATÁN. 

CAPITULO PRIMERO. 

Capitula D. Francisco de Montejo la pacificación de Yu- 
. . catan, y porque se llamó asi esta tierra. 




OMO el nombre de D. Hernando Cortés se había hecho 
tan célebre en el mundo con la conquista de la gran Ciudad 
Imperial Mejicana Tenuchtitlan, los compañeros y capitanes a- 
migos que se la hablan ayudado á ganar, con gloriosa emula- 
ción aspiraban á la pacificación de las restantes provincias co- 
marcanas. Pretendían hacerlo en servicio de la iglesia católi- 
ca y de su rey y señor, cuyos vasallos eran á costa de lo que 
habi£ui interesado en estas jomadas, sin que la corona gastase 
en ello de sus reales intereses. Acción de corazones nobles y 
valerosos, pues pudiendo gozar de las riquezas que ya tenian se- 
guras, las aventuraban por el aumento de la cristiandad, gas- 
tándolas en lo que cuanto á lo temporal no tenian cierta lae- 
quivalencia. Seguros eran nuevos trabajos en las nuevas con- 
quistas; ya tenian la esperiencia, y no todas las veces suceden 
las cosas con felicidades iguales. El mayor interés en los no- 
bles, es la gloria que les resulta, y por el mayor préinio tie- 
nen la inmortalidad de su fama. Aumentan los princip*^s el á- 
nimo de sus subditos, para que los sirvan cuando con n:ano li- 
beral (propiedad real) se don por bien servidos, honrándolos por 
lo pasado y dando esperanza del premio en lo futuro. Ya se 
ha dicho las mercedes que nuestro rey y señor el Emperador 
Carlos V. de gloriosa memoria, halúa hecho por este tu'mpo á 
D. Francisco de Montejo, capita'i que h; hia sid*» en los via- 
jes de Grijíilva, y Cortés á la Nuí.»va Espina, y n^r-ítiecido á 
a Magestad Imperial por ellaí?, y por el nuevo escudo de ar- 
mas con que ennobleció su persoiía, denias de las que co»no Hi- 
jodalgo teniíi, trató con su Magestad la conquista y pacificación 
de este reino de Yucatán y Isla de Cozuniél ó Cuzamil, que 
parece, que con la grandeza de los de la Nueva España, ha- 
bia quedado como olvidiidíu Ofreció á hacerla á costa de sus 
propios bienes, aunque impetrando nuevas mercedes en remune- 
ración de servicio tanto. 

Hallábase D. Francisco de Montejo en los reinos de Espa- 
ña, procurador general de las ciudades y villas fundadas en la 
Nueva España, y por haber muerto Alonso Hemandoz Portocarrero 
en la cárcel, donde le puso preso el obispo; solicitaban la par- 
te de Cortés de los que acá residían, D. Francisco de Monte- 






LIBRO SEGUNDO. 65. 

jo, y el capitán Diego de Ordaz, que ayuddban á Martín Cor* 
téS) padre de D. Ifemando, contra las querellas de Panfilo de 
Narvaez y Diego Velazquez con sus secuases, porque Alonso 
Dávila, que habia llevado toda la recamara de Montezuma, es- 
taba preso en Francia, como después se dice. Con tan efica- 
ces raaxmes y instrumentos tan fidedignos, satisfacieron los pro- 
curadores á los señores de la junt£^ que el rey señaló para es- 
te pleito que Cortés y todos los suyos quedaron absueltos de 
los cargos y honrados con nuevos favores, y que solamente 
Diego velazquez demandase los gastos que habia hecho, y de 
todo se dio provisión real en Yaliadolid, donde residía la cor- 
te, á diez y siete de Mayo, de mil y quinientos y veinte y 
seis años. 

Esta provincia ó reino de Yucatán, se dice que en el tiem- 
po de la infidelidad de sus naturales, no tenia toda ella nom- 
bre común, con que se conociesen sus términos y distrito; por- 
que como estaba sujeta á diversos señores, que como reyezue- 
los dominaban diversos territorios: á cada parte donde residían, 
le ponían su nombre diferente, como la provincia de Chacan, 
la de Cepech, la de Choáca, y de esta suerte á las otras. Lo 
cierto es, que asi la hallaron los españoles cuando la descu- 
brieron; pero antes habia sido toda sujeta á un señor y rey 
supremo, y asi gobernada con gobierno monárquico, hasta que 
la deslealtad de algunos vasallos ocasionó la división en qua 
fué hallada, y entonces toda esta tierra se llamaba Mayapan^ 
de- el nombre de la ciudad principal, donde el rey tenia su 
corte, como se dice adelante. De llamarla Yucatán se dan di- 
versas razones. Unos dicen, que cuando vino el capitán Fran- 
ciaeo Hernández, de Córdova, costeando esta tierra, descubrid 
cerca de la mar un gran pueblo, y preguntando á los indios, 
con^o se llamaba, respondieron Tecietoft, que quería decir: no 
entiendo esas palabras, y que los españoles, 6 por no entender 
bien él vocablo, ó corrompiéndole en la pronunciación, habían 
entendido Yucatán^ y que asi dijeron: Yt¿ca/an dicen, y pu« 
sieron este nombre á esta tierra. Otros que se originó de pre- 
guntar los esf)añoles á los indios, sí habia en esta tierra unas 
raicea, que nosotros llamamos Yuca, de que se hacen unas 
tortas, que en algunas partes se comen en lugar de pan, nom* 
bradas cazabey y los indios respondieron Ylatli, por la tierra 
en que se plantan. Que de la palabra Yuca y la respuesta 
YiciUy hablan compuesto los españoles la voz Yucatla y de 
alli Yucatán. Otros, que andando los españoles por la costai 
cuando preguntaban algo, respondían los indios, Tólocitan, se- 
ñalando hacia un pueblo grande, que se llamaba de este nombre. 

Lo mas . cierto es, que cuando los españoles llegaron á esta 
tierra, de necesidad, como cosa hasta entonces no sabida, ha- 
bían de progimtar. á. los indios que tierra era, como se llamar 
ba, qua 9»atea eran y & qui^ea estaban sujetos? Cualquiera de 

9 



«. HISTORIA DE YUCATÁN. 

estas cosas, ó otra que á los indios hablasen, como era en leu-' 
guaje castellano, tan estraño á sus oídos, no la entendieron, y 
naturalmente la primera respuesta parece seria decir, que no los 
entendían. Esto dicen los indios con estas palabras: Matan cu- 
bi athán^ ó con estas: Matan cauyi athán, que es no entien- 
do tus palabras. Como los españoles oirían ó atenderían mas á 
lo último, Cubi athán ó Cauyi athan^ entendieron YuccUan^ 
pues al sonido diferencia tan poco, y mas la primera vez que 
oyeron hablar á los indios. No fué mucho se dejasen llevar 
los españolos de aquella inteligencia de voz, y que les sonase 
asi á su oido, pues aun entre los que de presente saben muy 
bien su idioma, se traen por gracejo algimas versiones por asi- 
milar á nuestro oido. Los indios dicen Dios tacuiUicech^ para 
decir á imo: Dios te guarde: y algunos lo interpretan dicien- 
do: Dios está en Campeche, Mavoheli, dicen que es: mal hue- 
le, significando: no sé eso, y otras muchas á este modo. Co- 
mo también Berna! Diaz, que se halló en los tres viajes refe^ 
rídos en el primer libro, dice en su Historía, que en esta tierra 
llaman los indios al Gobernador Calachionij y no le llaman 
sino Halach m?iic, y entendió aquel vocablo, cuando los in- 
dios de Champoton pelearon con ellos, que como grítaban, que 
tirasen al que gobernaba á los españoles, repitiendo: Halach 
vinic, Halach vinic como acaba en C, y la juntaban, para re- 
petirlo con la A, que suena el principio de la voz, parecería 
que decian: CcUach vinij y no atendiendo bien como andaban 
peleando, entendieron, que decian los indios: Caliochonij Calió- 
choni. Finalmente, los españoles dieron á esta tierra el nom- 
bre de Yucatán que no tenia, y hoy es mas conocida por el 
de Campeche, ocasionado de que dieron este nombre al palo de 
tintes, que de ella se saca, y de que tanta cantidad se lleva á 
España, y de alli á otras partes, cogida en el terrítorío y ju- 
risdicción de la Villa de Campeche. 

Ya que en su lugar á proposito se me olvidó de decir, lo 
advierto ahora. La provincia y tierra de Tabasco, es diferen- 
te de Yucatán, donde cae Champoton ó Potonchón, y era de 
diversos señores en tiempo de su infidelidad, y la guerra que 
Cortés tuvo con los de Tabasco, y todo aquel suceso confun- 
de el Doctor YUescas, diciendo, que alli ganó Cortés el pue- 
blo de Potonchán, y que fué el primero que tuvieron los es^ 
pañoles en Tierra nrme de las Indias. Que en el templo ma- 
yor de Potonchán les puso una Cruz, la cual holgaron dea-^ 
dorar los indios, á quienes mandó, que de alli á dos dias vi- 
niesen á ver la fiesta y ^>rocesion de el domingo de Ramos. 
Ya se dijo en el libro primero, como Cortés no salió á tier- 
ra, aunque lo deseó en Champoton, y que pasó á Tabasco, que 
dista la Villa de la Vitoria^ donde dio Cortés la batalla, tiein*- 
ta y dos leguas por mar y treinta por tierra. La misma coa- 
fiísíon de Potonch&n con Tabascoi pone ú aumento de la Des^ 



LIBRO SEGUNDÓ. 67. 

•cripcion de Ptolemeo, y noticia del Occidente de^Cornelio Wyts- 
liet Lovaniense, diciendo, que la Ciudad de Potonchán fué & 
la que llaman la Vitoria los españoles. 

Esta tierra de Yucatán, pues, es la que capituló pacificar 
D. Francisco de Montejo, natural de la Ciudad de Salamanca, 
en Castilla la Vieja; y asi por la satisfacción que habia de su 
persona, como por via de contrato, acabó de determinarse y 
firmarse é. ocho de Diciembre de mil y quinientos y veinte y seis 
años, dia de la Purísima Concepción de la Madre de Dios. No 
me admiro, que Herrera en su cuarta Decada diga, que esta ca- 
pitulación se hizo el año de veinte y siete, siendo tan á los 
fines del de veinte y seis; y habiendo salido el adelantado Mon- 
tejo de España para este reino, el de veinte y siete. La for- 
ma que en la capitulación se asentó, sacada de un traslado autén- 
tico, que tengo en mi poder de la ejecutoria que á sus suce- 
sores se les dio en el real Consejo de las Indias, habiendo li- 
tigado con el fiscal el cumplimiento della por D. Francisco de 
Montejo, para que se les observase lo prometido por la Mages- 
tad Imperial, se refiere á la letra en el capitulo siguiente, y dice asi: 

CAPITULO II. 

Refiérese la capitulación que se hizo para la pacificación de 

Yucatán, 

"El rey. Por cuanto vos Francisco de Montejo, vecino de 
la Ciudad de Méjico, que es en la Nueva España, me hicis- 
tes relación, que vos por la mucha voluntad que teniais al ser- 
vicio de la católica reina y mió, y bien, acrecentamiento de 
nuestra real corona; queriades descubrir, conquistar y poblar las 
Islas de Yucatán y Cozumél, á vuestra costa y misión, sin que 
en ningún tiempo seamos obligados á vos pagar, ni satisfacer 
los gastos que en ello hicieredes, mas de lo que en estaca-* 

Íntulacion vos será otorgado, y haréis en ella dos fortalezas, cua- 
es convengan. Y me suplicastes por merced, vos hiciese mer- 
ced de la conquista de las dichas tierras, y vos hioiese y otor- 
gase las mercedes, y con las condiciones que de yuso serán 
contenidas: sobre lo cual yo mandé tomar con vos el asiento, 
•y capitulación siguiente." 

"Primeramente vos doy licencia y facultad, para que podáis 
conquistar y poblar las dichas Islas de Yucatán y Cozumél, 
con tanto, que seáis obligado de llevar y llevéis de estos nues- 
tros reinos, é de fuera de ellos, las personas que no están pro- 
hibidas para ir á aquellas partes á hacer la dicha población en 
los lugares que vieiedes, que convienen. E que para cada una 
de las dichas poblaciones, llevéis á lo menos cien hombres, y 
hagáis dos fortalezas y todo á vuestra costa y misión. Y seaid 
obligado á partir de España, á lo menos el primero viaje, den- 



68^^ HISTORIA DE YUCATÁN. 

^ro de un año de la fecha de esta capitulación, que para ello 
deis la seguridad bastante que vos será señalada por los del 
mi consejo de las Indias. Y acatando vuestra persona y lo$ 
servicios que nos habéis fecho, y esperamos que nos haréis; es 
mi merced y voluntad, como por Ja presente vos la hago, pa- 
ra que todos los dias de vuestra vida seáis nuestro (Gobernador 
y capitán general de las dichas Islas, que asi conquistaredes y 
poblaredes, con salario en cada un año por nuestro Goberna- 
dor de ciento y cincuenta mil maravedís, é por capitán gencr 
neral cien mil maravedís, que son por todos doscientos y cin- 
cuenta mil maravedís. E de ello vos mandaré dar nuestras 
provisiones." 

"Otrosi, vos haré merced, como por la presente vos la ha- 
go del oñcio de nuestro Alguacil Mayor de las dichas tierras, 
para vos, y para vuestros herederos para siempre jamas." 

"Otrosi, con tanto, que seáis obligado de hacer y hagáis 
en las dichas Islas dos fortalezas á vuestra costa y misión, en 
los lugares y partes que mas convenga y sea necesario si pa- 
reciere á vos, y á los dichos nuestros oficiales, que hay necer 
sidad dellas, y que sean tales, cuales convengan á vista de los 
dichos oficiales. Y que vos haré merced, como por la presen- 
te vos la h£igo de la tenencia de ellas por los dias de vues- 
tra vida y de dos herederos y sucesores vuestros, cuales vos 
señalaredes, é quisieredes, con sesenta mil maravedís de salario 
en cada un año, con cada una de ellas. Y de ello vos man- 
daré dar provisión patente." 

"Otrosi, acatando vuestia persona y servicios, qu6 me ha-^ 
beis hecho, y espero que me haréis y lo que en la dicha po^ 
blacion habéis de gastar; es mi merced, y voluntad de os na¿ 
cer merced, y por la presente os la hago del oficio de nues- 
tro adelantado de las dichas tierras, que asi poblaredes^ para 
vos, y para vuestros herederos, y sucesores para sienopre jamas^ 
y de ello vos mandaré dar titulo y provisión en forma." 

"Otrosí, os hago merced de diez leguas en cuadra de las 
q[iie ansí díescubrieredes, para que tengáis tierra en qcn gran- 
gear y labiar, no siendo en lo mejor ni peor. Esto á vista de 
T00 y de los dichos nuestros oficiales, que de la dicha tiwra 
inuiaaBenios proveer,, para que sea vuestra propia, y de vties^ 
tros herederos y sucesores para siempre jamas, sin jurisdicción 
dril, ni criminal, ni otra cosa, que nos pertenezca, como reyes, 
é señores." 

"Y ansimisHDo, acatando la voluntad con que os habéis m»* 
vidcr á nos' servir en lo susodicho, y el gasto que se os ofire^ 
ce en ello: quiero, y es mi voluntad^ que en todas las tieitiB^ 
fos ansí descubríeredes y poblaredes á vuestra costa, cono dn 
«o es, según, y de la forma y manera, que de suso ee oos^ 
Üene: ayais y llevéis cuatro por ciento de todo d proveeh(v9>^ 

«a cualquiec nmem ae ws ^igainef para vos, yi paia; vvm^ 



LIBRO SEGUNDO* ^ 80; 



tros herederos y sucesores para siempre jamas: sacadas todas 
las costas y gastos, que por nuestra parte fueren £9chos y ae 
iüciefen en conservación y población de la dicha tierra en cual- 
quier manera, y los salarios que mandaremos pagar, asi á ¥09 
como á otras cualesquier personas y oficiales nuestros que pa- 
ra la dicha tierra, en cualquiera manera se proveyeren.'* 

"Iten, por vos hacer merced^ nú merced y voluntad, es que 
toda la ropa, mantenimientos, armas y caballos, y otras cosaa, 
que destos reinos llevaredes á las dichas tierras, no paguéis de- 
rechos de Almojarifazgo, ni otros derechos algunos por todos los 
dias de vuestra vida, no siendo para las vender, ni contratar, 
ni mercadear con ellas." 

"Asimismo que vos daré licencia, como por la presente vos 
la doy, para que de las nuestras Islas española, San Juan de 
Cuba y Santiago, y de cualquier de ellas podáis llevar á las 
dichas tierras los caballos, yeguas y otros ganados, que quisiere* 
des, y por bien tuvieredes, sin que en ello vos sea puesto em- 
bargo ni impedimento alguno." 

"Y porque nuestro principal deseo, é intenciones es, que lá 
dicha tierra se pueble de cristianos, porque en ella se siémbri^ 
y acreciente nuestra Fé católica, y las gentes de aquellas par- 
tes sean traídas á ella; digo, que porque esto haya mas breve^ 
y cumplido efecto: á los vecinos, que con vos en este prime- 
ro viaje, é después fueren á las dichas tierras é. las poblar, es 
mi voluntad hacer las mercedes siguientes. Que los tres pri)- 
meros años de la dicha población no tse pague en la dicha tier- 
ra á nos del oro de minas, mas solamente el diezmo, y el cualv 
tú año el noveno, y de ai venga bajando por esta orden, has^ 
ta quedar en él quinto. Y de lo restante, que se oviere así 
de rescates, como en otra cualquier manera se nos pague el dii- 
cho nuestro quinto enteramente. Pero enti6ndose que de los 
rescates, y servicios, y otros provechos de la dicha tierra, des- 
de luego h^nos de llevar nuestro quinto, como en las otras 
partes." 

"Otrosi, que á los nuestros pobladores é conquistadores se 
den sus vecindades, y dos caballerías de tierras y dos solares, 
Y que cumplan la dicha vecindad en cuatro años que estéfl^ 
y vivan en la dicha tierra, y aquellos cum^idos lo puedan venr 
der, y hacer dello, como de cosa suya.^' 

Otrosi, que los dichos vecinos, que fueren en la dichjBi tÍGl> 
ra el dicho primero viaje, é después cinco años luego sigu^enr 
tes, no paguen derechos de Almojarifazgo de ninguna cosa de 
lo que llevaren á las dichas tierras para sus casas, no siendo co- 
sas para vender, tratar, ni mercadear." 

"Y porque me suplicastes, y pedistes por merced, que les 
r^mientos que se ovieren de proveer en la dijcha tierra lojs 
proveamos á. los dichos ppbladores é conquistadores: digo; qiie 
cuanto á estO; si los tales regimientos, se . proveyeren^ . IxIbreHiof 



70. HISTORIA DE YUCATÁN. 

respeto en ello á lo que vos nos suplicáis y los dichos pobla- 
res ovieren servido y trabajado." 

''Otrosi, que para que las dichas tierras, mejor é mas breve- 
mente ennoblezcan, digo que haré merced y por la presente la 
hago por término de cinco años, que se cuenten desde que se 
comenzaren á poblar, de la mitad de las penas que en ellas se 
aplicare á. nuestra cámara é fisco, para que se gasten en hospi- 
tales y obras públicas." 

"Y porque suplicastes y pedistes por merced, hiciese mer- 
ced á la dicha tierra, y Islas de los diezmos, que en ellas nos 
pertenecen, entre tanto que se proveyese de prelado de ellas, 
para hacer las iglesias y ornamentos, y cosas del servicio del 
Culto Divino. Por la presente es nuestra merced, y mandamos, 
que para las dichas iglesias y ornamentos, y cosas del servi- 
cio, y honra del Culto Divino: se den y paguen de los di- 
chos diezmos lo que fuere necesario á vista de los dichos nues- 
tros oficiales, de los cuales dichos diezmos mandamos, que se 
paguen los clérigos, que fueren menester para el servicio de 
las dichas iglesias y ornamentos dellas, á vista y parecer de 
los dichos oficiales." 

"Otrosi, os doy licencia y facultad á vos y á los dichos 
pobladores, para que á los indios que fueren rebeldes, siendo a- 
monestados y requeridos, los podáis tomar por esclavos, guardan- 
do cerca de esto lo que de yuso en esta capitulación, é asiento 
será, contenido y las otras instrucciones y provisiones nuestras, 
que cerca de esto mandaremos dar. Y desta manera, é guar- 
dando la dicha orden los indios, que tuvieren los caciques y 
otras personas de la tierra por esclavos, pagándoselos á su vo- 
luntad á vista de la justicia y veedores, y de los religiosos, 
que con vos irán: los podáis tomar y comprar, siendo verda- 
deramente esclavos." 

"Otrosi, por hacer merced á vos, y á la gente, que á las 
dichas tierras fueren, mando que por tiempo de los dichos cin- 
co años no sean obligados á nos pagar cosa alguna de la sal 
que comieren y gastaren de la que en las dichas tierras huviere/' 

"Otrosi digo, que porque la dicha tierra, mejor y mas breve- 
mente se pueble, mandaré hacer en las dichas tierras las mer- 
cedes que tienen, y habernos hecho á las dichas tierras é Is- 
las, que ahora están pobladas, siendo convenientes á la dicha 
tierra, y no contrarias, las cuales luego seáis obligado á decla- 
rar, para proveer en ellas lo que fuéremos servido y mas con- 
venga." 

"Asimismo mandaremos, y por la presente mandamos y de- 
fendemos, que de estos nuestros reinos no vayan ni pasen á 
la dicha tierra ningunas personas de las prohibidas, que no pue- 
den pasar en aquellas partes, so las penas contenidas en las le- 
yes y ordenanzas, é cartas nuestras, que cerca desto por nos 
y por los reyes católicos están dadas." 



LIBRO SEGUNDO. 71. 

"Asimismo mandamos, que por el tiempo, que nuestra mer^* 
ced y voluntad fuere, no vayan, ni pasen á. la dicha tiena de 
estos nuestros reinos, ni de otras partes letrados, ni proctntdo* 
res algunos por los pleitos y diferencias, que de ellos se si- 
guen." 

''Y porque nos siendo informados de los males y des6ide<« 
nes, que en descubrimientos y poblaciones nuevas se han fe- 
cho y hacen; é para que nos con buena conciencia podamos 
dar licencia para lo hacer: para remedio de lo cual, coa acuer^ 
do de los del nuestro consejo y consulta, está ordenada y de»* 
pachada una provisión general de capítulos sobre lo ^ue vos 
habéis de guardar en la dicha población y descubrimiento, la 
cual aqui mandamos incorporar, su tenor de la cual es coma 
se sieue:" 



S^o prosigo adelante, sin decir primero, que no dá lugav 
las mas veces la confusión de la guerra, á que las leyes ten- 
gan la precisa ejecución, obviando los daños, que por ellas se 
pretende. La nueva fundación de repúblicas, suele admitir 6 to* 
lerar desórdenes, que una vez asentada no las permite. Habían- 
se cometido algunos contra la intención de nuestros católicos 
monarcas, no observándose las instrucciones que daban, confor* 
me á su santo celo, con que principalmente pretendía la exal- 
tación de nuestra santa Fé católica, bien y aumento de los 
naturales de estos reinos en los descubrimientos y nuevas po- 
blaciones que se hacian. Sintiólo nuestro rey y señor, como 
católico, y dispuso el remedio, como piísimo padre de estos na- 
turales: celeso principe de la observancia de la justicia. Asi 
dando licencia á D. Francisco de Montejo para la pacificación 
de este reino de Yucatán, insertó en la capitulación que con 
él hizo la real provisión que dice, donde le dispone la forma 
que ha de tener en la conquista y población; para que mas 
^en se conozca, cuan ajustados á conciencia han procedido nues- 
tros reyes en la adquisición de estos reinos, y cuan conforme 
á todo derecho han solicitado el mayor bien de estos na* 
turales; la pongo á la letra, como lo demás de la capitula» 
cion. 

CAPITULO in. 



Prosigue la capitulación con prevenidos remedios, cautelando 

esperimentados desórdenes* 



"Don Carlos por la Divina Clemencia, emperador semper 
aagusto, y Doña Juana su madre, por la misma gracia reyes 
de Castilla, de León, de Aragón &c. Por cuanto somos certi- 
ficados, y es notorio, que la desordenada codicia de algimosde 



72.. fflSTORIA DE YUCATÁN. 

^y— ^1— »»— i— — ^— — — ■ 

liu?stro$ subditos, que pasaron á las nuestras Islas, é Tierra fír- 
ttft? ctel Mar OcceanO; por el mal tratamiento que hicieron á los 
indios DfiLtutales de las dichas Islas y Tierra firme, asi en los 
grandes y esoesivos trabajos que les daban, teniéndolos en las 
jninas para sacar oro, y en las pesquerías de las perlas y en 
ot&a labores, y grangerias, haciéndoles trabajasen escesiva^ é in- 
moderadamente, no les dando el vestir, ni el mantenimiento ne- 
cesario para su sustentación de sus vidas, tratándolos con cruel- 
dad y desamor mucho, peor que si fueran esclavos. Lo cual 
todo ha sido, é fué causa de la muerte de gran número de los 
dichos indios, en tanta cantidad que muchas de las Islas, y parte de 
Tierra firme quedaron yermas y sin población alguna de los 
dichos indios naturales de ellas, y que otros viniesen, y se fue- 
sen, y se ausentasen de sus propias tierras y naturaleza, é se fue- 
sen á los montes y otros lugares para salvar sus vidas y salir 
d^ la dicha sujeción y mal tratamiento. Lo cual fué tan gran 
Qstorvo á la conversión de los dichos indios á nuestra Santa 
Fé católica, y de no haber venido todos ellos entera y general- 
mente en verdadero conocimiento de ella, de que Dios nuestra 
Señor es muy deservido.'^ 

„Y asimismo somos informados, que los capitanes y otras 
gentes, que por nuestro mandado y con nuestra licencia fueron 
á descubrir alguna de las dichas Islas, é Tierra firme: siendo 
como fué, y es nuestro principal intento, y deseo de traer á los 
dichos indios en conocimiento verdadero de Dios nuestro Señor, 
é de su Santa. Fé, con predicación de ella y ejemplo de per- 
sonas doctas y buenos cristianos y religiosos, con les hacer buenas 
obras y tratamientos de prójimos, sin que en sus personas é bie- 
i^ no. recibiesen fuerza, ni premia, daño, ni desatusada alguno, 
B habiendo sido todo esto asi por nos ordenado y mandado: 
nevándolo los dichos nuestros capitanes y otros nuestros oficia- 
les y gente de las tales armadas, por mandamiento, é instruc- 
ción particular; movidos con la dicha codicia, olvidando el ser- 
vicio de Dios nuestro Señor y nuestro, hirieron y mataron á mu- 
cho9 de los dichos indios en los descubrimientos y conquistas, y 
leís tomaron sus bienes, sin que los dichos indios les ovíesen da- 
do causa para ello, ni hubiesen precedido ni hecho las amones- 
taciones que eran tenidos de les hacer, ni hecho á los cristianos 
resistencia, ni daño alguno para la predicación de nuestra Santa 
Fé. Lo cual demás de haber sido en gran ofensa de Dios núes- 
tro Sehor, dio ocasión y fué causa, que no solamente los dichos 
indios, que recibieron las dichas fuerzas, daño é as^ravios; pero 
otros muchos comarcanos que tuvieron de ello noticia é sabidu- 
ría^ se levantaron é juntaron con mano armacja contra los cris- 
tianos nuestros subditos, é mataron muchos de ellos, aun á los 
í^digiosos é personas eclesiásticas, que ninguna culpa tuvieron, 
y como mártires padecieron predicando la Fé cristiana/' 



LIBRO SEGUNDO. 73. 

''Por todo lo cual suspendimos y sobteseimos en el dar de 
kd licencias para las dichas conquistas y descubrimientos, que^ 
riendo proveer y practicar, asi sobre el castigo de lo paBMÍo, 
como en el remedio de lo venidero, y escusar los dichos da- 
ños é' 'inconvenientes y dar orden, que los descubrimientos y 
pobléfeiones que de aquí adelante se ovieren de hacer, se ha- 
gan sin ofensa de Dios, y sin muerte, ni robo de los dichos 
Indios, y sin cautivarlos por esclavos indebidamente. De mane- 
ra, que el deseo que habemos tenido y tenemos de ampliar nues^ 
tía Santa Fé, é que los dichos ludios é infieles, vengan en 
conocimiento de ella, é se haga sin cargo de nuestras con- 
ciencias, y se prosiga nuestro proposito, y la intención y obra 
de los católicos reyes nuestros señores y abuelos, en todas »-* 
quellas partes de las Islas y Tierrafirme del Mar Occeano, que 
son de nuestra conquista, é quedan por descubrir é poblar. Lo 
cual visto con gran deliberación por los del nuestro Conseja 
de las Indias, y con nos consultado; fué acordado quedebia- 
IDOS mandar dar esta nuestra carta en la dicha razón. Por lo 
cual ordenamos y mandamos, que agora y de aquí adelante, 
asi para remedio de lo pasado, como en los descubrimí«itos y 

E oblaciones, que por nuestro mandado y en nuestro nombre se 
icieren en las dichas Islas y Tierrafirme del Mar Occeano, 
cbscubiertas y por descubrir en nuestros límites y demarcación, 
se guarde y cumpla lo que de yuso serft contenido en esta 
guisa." 

"Primeramente ordenamos y mandamos, que Inego que sean 
dadas nuestras cartas y provisiones para los Oidores de la nues- 
tra Audiencia, que residen en la ciudad de Santo Domingo de 
la Isla Española, y para los Gobernadores y otras justicias, que 
i^ra son y fíieron de la dicha Isla, y de las otras blas de 
San Juan de Cuba y Jamcúca y para los Gobernadores y al- 
caldes mayores, asi de Tierrafirme como de la Nueva EspaSa, 
y de las otras provincias del Panuco y de las Hibueras, y de 
la Florida é Tierra Nueva, y para las otras personas, que núes» 
tra voluntad fuere de lo cometer, y encomendar, para que ca» 
dn uno con gran cuidado y diligencia, cada uno en so lugar 

Íf jurisdicción, se informe cuales de nuestros subditos y riatura- 
esi asi capitanes como oficiales, y otras cualesquier peiBonas hi» 
ciaron las dichas muertes y robos, y escesos, y desaguisado^ 

Serraron Indios contra raason é justicia. E ae los que se ha* 
aren culpados en su jurisdicción, e^en ante nos en el nues- 
tro Consejo de las Indias relación de la culpa, con su parecer, del 
castigo que se debe sobre ello hacer. Lo que sea perjuicio de DÍ08' 
nuestro Señor y nuestro, y convenga A la ejecución de nues^ 
Ira justicia." 

"Otrosi, ordenamos y mandameB, que si las dichas nuestras 
justicias por la dicha infoTtnacioki é informaciones, hallaren (jue 
algunos m tMomm sdbditosy de euriqcnw calidad 7 oradÍKncvr 



Í4. HISTORIA DE YüCATAjS. 

que sean, ó otros cualesquier que tuvieren algunos Indios por 
esclavos, sacados y traídos de sus tierras y naturaleza, injusta 
ó indebidamente los saquen de su poder. E queriendo los ta-* 
les Indios los hagan volver á sus tierras y naturaleza, si bue- 
namente y sin incomodidad se pudiere hacer. Y no se pu- 
diendo esto hacer conmoda y buenamente, los pongan en aque- 
lla libertad y encomienda, que de razón y justicia, según la ca- 
lidad, capacidad ó habilidad de sus personas oviere lugar: te- 
niendo siempre respecto é consideración al bien y provecho de 
los dichos Indios, para que sean tratados como libres, é no co- 
mo esclavos. Y que sean mantenidos y gobernados, y que no 
se les dé trabajo demasiado, y que no los traigan en las mi- 
nas contra su voluntad. Lo cual han de hacer con parecer del 
prelado é de su oficial, habiéndolo en el lugar y en su ausen- 
cia, con acuerdo é parecer del cura ó su teniente de la Igle- 
sia, que ende estuviere, sobre lo cual encargamos á todos las 
conciencias. Y si los dichos Indios fueren cristianos, no se han 
de volver á sus tierras, aunque ellos lo quieran, sino estuvie- 
ren convertidas á nuestra Santa Fé católica, por el peligro que 
6 sus animas se les puede seguir." 

''Otrosi, ordenamos y mandamos, que ahora y de aqui ade- 
lante, cualesquier capitanes y oficiales, y otros cualesquier nues- 
tros subditos y naturales, de fuera de nuestros reinos, que con 
nuestra licencia, y mandado ovieren de ir y fueren á descu- 
brir, é poblar, é rescatar en alguna de las Islas é Tierrfinne 
del Mar Occeano en nuestros límites, é marcaciones, sean te- 
nidos, é obligados antes que salgan de estos nuestros reinos,- 
cuando se embarcaren á hacer su viaje, á llevar á lo menos 
dos religiosos ó clérigos de misa en su compañía, los cuales 
nombren ante los del nuestro Consejo de las Indias. E por ellos 
habida información de su vida, doctrina y ejemplo, sean apro- 
bados por tales, cuales conviene al servicio de Dios nuestro Se- 
ñor, para institución y enseñamiento de los dichos Indios, y pre* 
dicacion y conversión de ellos, conforme á la bula de la con- 
cesión de las dichas Indias, á la corona real de estos reinos.'' 

''Otrosi, ordenamos y mandamos, que los dichos religiosos, 
é clérigos tengan muy gran cuidado é diligencia en procurar, 
que los Indios sean bien tratados, como prójimos, mirados é fa- 
vorecidos, é que no consientan que les sean fechas fuerzas, ni 
robos, daiíos, ni desaguisados, ni mal tratamiento alguno. Y si 
lo contrario se hiciere, por cualquier persona de cualquier ca- 
lidad y condición que sea, tengan muy gran cuidado, y solici* 
tud de nos avisar luego dello en pudiendo particularmente, pa- 
ra que nos é los del nuestra Consejo lo mandemos castigar con 
todo rigor.'* 

^'Otrosi, ordenamos y mandamos que los dichos capitanes 
y otras personas, que con nuestra licencia fueren á hacer des- 
eabrímientos é poblaciones) 6 lescates, cuando bubiejen de 0a^ 



LIBRO SEGUNDO. T*. 



«^M 



lir en alguna Isla y Tierrafirmc, que hallaren durante la na- 
vegación é viaje en nuestra demarcación, é en los límites de 
los cuales fueren particularmente señalado en la dicha licencia, 
lo hayan de hacer, é hagan con acuerdo é parecer de nuestro^ 
oficiales, que para ello fueren por nos nombrados, é de los re- 
ligiosos é clérigos que fueren con ellos, y no de otra manera, 
80 pena de perdimiento de la mitad de todos sus bienes ai que 
hiciere lo contrario para nuestra cámara é fisco." 

"Otrosi, mandamos, que la primera y principal cosa, que 
después de salidos en tierra los dichos capitanes é nuestros ofi- 
ciales y otras cualesquier gentes que ovieren de hacer, sea pro- 
curar, que por lengua de intérpretes, que entiendan los ludios 
y moradores de la tal tierra é Isla, les digan é declaren, co- 
mo nos los enviamos para les enseñar buenas costumbres é apar • 
tallos de vicios é de comer carne humana é á instruirlos en 
nuestra Santa Fé, y predicársela para que se salven, y atraellas 
á. nuestro señorio, para que sean tratados muy mejor que lo son, 
é favorecidos é mirados como los otros nuestros subditos cris- 
tianos. Y les digan todo lo demás que fué ordenado por los 
dichos reyes católicos que les habia de ser dicho, manifestado 
é requerido. Y mandamos, que lleven el dicho requirimiento 
firmado de Francisco de los Cobos nuestro secretario, y de 
nuestro Consejo. Y que se les notifique é hagan entender par- 
ticularmente por los dichos intérpretes, una, dos y mas veces, 
cuantas pareciere á los dichos religiosos y clérigos, que con- 
vinieren y fuere necesario para que lo entiendan. Por mane» 
ra, que nuestras conciencias queden descargadas; sobre lo cual 
encargamos á los dichos religiosos é clérigos, é descubridores 
é pobladores sus conciencias." 

"Otrosí, mandamos, que después de hecha, é dada á enten- 
der la dicha amonestación é requirimiento á los dichos Indios, 
según y como se contiene en el capítulo suprá prójimo: si vie- 
redes que conviene y es necesario para servicio de Dios y nues- 
tro, y seguridad vuestra, y de los que adelante ovieren de vi- 
vir é morar en las dichas Islas é tierra; de hacer algunas for- 
talezas ó casas fuertes, é llanas para vuestras moradas, procu- 
rarán con mucha diligencia y cuidado de las hacer en las par- 
tes y lugares donde esté mejor, y se pueda conservar é per- 
petuar. Porcurando, que se hagan con el menos daño y per- 
juicio que ser pueda, sin les herir, ni matar, por causa de las 
hacer y sin les tomar por fuerza sus bienes y hacienda. An- 
tes mandamos, que les hagan buen tratamiento y buenas obras, 
y les animen y halaguen y traten como á prójimos, de numera, 
"que por ello y por ejemplo de su vida de los dichois reli|[to- 
sos é clérigos, y por su doctrina, predicación é instrucción, 
vengan en conocimiento de nuestra^ Fé y en amor é gana de 
ser nuestros vasallos y de estar y perseverar en nuestro serví- 
*€^ censo las etres nuestra vasallos subditos y naturales." • 



J6. HISTORIA DE YUCATÁN. 

.{ ■ .1 

CAPITULO IV. 

Dase fin ú la capitidaciauy y dicese el requirimienio que se 

mandaba hacer d los Indias. 

''Otrosí, mandamos, que la misma forma y arden, guarden 
y cumplan en los rescates y en todas las otras contrataciones 
que ovieren de hacer é hicieren con los dichos Indios, sin los 
tomar por fuerza ni contra su voluntad, ni les hacer mal xu 
daño en sus personas, dando ¿ los dichos Indios por lo que 
tuirtoren, y los dichos españoles quisieren haber satisfacción; e- 
quivalencia de manera, que ellos queden contentos.^ 

''Otrosi, mandamos, que ninguno pueda tomar, ni tome por 
esclavo á ninguno de los dichos Indios, so pena de perdimieu^ 
to de todos sus bienes y oficios y merced, é las personas á lo 
que nuestra merced fuere. Salvo en caso que los dichos In- 
dios no consintiesen, que los dichos religiosos é clérigos estén 
entre ellos y los instruyan buenos usos y costumbres, y que 
los prediquen nuestra Santa Fé católica, é no quisieren damos 
la obediencia, é no consintieren, resistiendo y defendiendo coa 
mano armada, que no se busquen minas ni saquen de ellos 
oro, é los otros metales que se hallai'en. Ca en estos casos per- 
mitimos, que por ello, y eu defensión de sus vidas y bienes, los 
dichos pobladores puedan con acuerdo é parecer de los dichos 
religiosos é clérigos, siendo conformes é firmándolo de sus nom- 
Sbires, hacer guerra é hacer en ella aquello que los derechos eii 
nuestra Santa Fé, é religión cristiana permite. Y mandamos» 
que se haga é pueda hacer, é no en otra manera ni en otio 
caso alguno, so la dicha pena/' 

^Otrosi mandamos, que los dichos capitanes ni otras gen- 
ie^y no puedan apremiar, ni compeler á los dichos Indios que va- 
yan á las dichas minas de oro, ni otros metales, ni á pesquería de 
perlas, ni ¿ otras ^angerías suyas propias, so pena de perdimiento 
Jde sus oficios y bienes para nuestra cámara. Pero si los dichos lu- 
4U08 quisieren ir á trabajar de su voluntad, bien permitimos» que se 
fHiedan servir de ellos, como de personas libres, tratándolos conreo 
4ales, no les dando trabajos demasiados, teniendo especial cuidado de 
Job ensoñar en buenos usos y costumbres, y apartarlos de los 
^WhBf y del comer carne humana y adorar los Ídolos, y del 
pecado y delito contra natura, y de los atraer á que se coa- 
.vieitaa en smestra Fé, vivan en ella, y j^ocuraxMlo la vida y 
Mliid de los dichos Indios, como de las aayas propias, dáB« 
-doleB é pagándoles por su trabajo é servicio, ]o <fae nierecie- 
fm% 6 fuere razonable, considerando & la calidiad de sus per- 
Mnas é condición de la tierra y á su trabajo, siguiendo cerca 
4e lodo esto el parecer de los dichos religiosos é clérigos. I>e 
ia taüifiAo y ea especial del h^m tcatomioMo de li» dioh^ 



LIBRO SEGUNDO. 77. 

'Indios, les niandamos, que tengan particular cuidado, de mane- 
ja que ninguna cosa se haga con cargo y peligro de nuei^ 
fLras conciencias, y sobre ello les «ncaigamos las suy^n. 'Üp 
manera, que contra el Toto é parecer de los dichos leligiosos 
é clérigos, no puedan hacer, ni hagan cosa alguna ^o las sa- 
.sodichas contenidas en este capítulo y en los otros, que dis-» 
:ponen la manera y orden con que han de ser tratados los di- 
chos Indios.^' 

^'Otrosi mandamos, que si vista la calidad 6 condición, ^ 
Jiabilidad de los dichos Indios, pareciere á los dichos xeligip^ 
sos é clérigos, que es servicio de Dios y bien de los dichos 
Indios, que para que se aparten de sus vicios y especial deil 
delito nefando, y de comer carne humana, y para ser instrui- 
dos y enseñados en buenos usos y costumbres, y en nuestra 
Fé y doctrina cristiana; y para que vivan en policía convie- 
ne, y es necesario, que se encomienden á los cristianos, para 
<{\xe se sirvan de ellos como de personas libres: que los dichqs 
irreligiosos é clérigos los puedan encomendar, siendo ambos con- 
formes, según y de la manera que ellos ordenaren, teniendo siem- 
jire respeto al servicio de Dios, bien, utilidad é buen tratamien- 
to de los dichos Indios, y á que en ninguna cosa nuestras 
ccNQciencias puedan ser encargadas de lo que hicieredes y orde- 
naredes, sobre lo cual les encargamos las suyas. Y mandamos, 

aue ninguna persona no vaya ni pase contra lo que fuere or- 
enado por los dichos religiosos é clérigos, en razón de ladi< 
cha encomienda, so la dicha pena. E que con el primer na- 
vio que viniere á estos nuestros reinos, nos envien los dichos 
xeligiosos la dicha información verdadera, de la calidad, é hí^- 
bilidad de los dichos Indios y relación de lo que cerca de ello 
oviere ordenado, para que nos la mandemos ver en nuestro 
Consejo de las Indias, para que se apruebe y corfirme lo que jus- 
to fuere y en servicio de Dios y bien de los dichos Indios, 
é sin per)uicio, ni cargo de nuestras conciencias. E lo que 
•no fuere tal se enmiende, é se provea, y como convenga á 
servicio de Dios y nuestro, sin daño de los dichos Indios, y 
.de su libertad y vidas, y se escusen los daños é inconvenieú- 
.tes pasados." 

"Iten ordenamos y mandamos, que los pobladores conquis- 

. tadores, que con nuestra licencia, ahora y de aqui adelante fue- 

fien á rescatar, é poblar, é descubrir dentro de los límites de 

nuestra demarcación, sean tenidos é obligados de llevar la gen- 

,te que con ellos oviere de ir á cualquiera de las dichas coíias, 

. de estos reinos de Castilla, é de las otras partes, que no fuje- 

-XQQ espresame^te prohibidas. Sin que puedan llevar, ni lleven 

de los vecinos y moradores, y estantes en las Islas, é Tierra- 

^me del dicho Mar Occeano, ni de alguna de ellas, sino fue- 

,re una dos personas en cada descubrimiento para lenguas, y 

jBíkras cosas necesarias á los tales viajes, so pena de perdimiei»- 



Ti fflSTORIA DE YUCATÁN. 

tQ de la mitad de todos sus bienes para la nuestra cámara, al 
bpblador ó conquistador é maestre, que los llevare sin nuestra 
Ucencia espiesa 6 guardando, é cumpliendo los dichos capita- 
les y oñciales, y otras gentes que aiiora é de aqui adelante 
«vieren de ir é fueren con nuestras licencias á las dichas po- 
blaciones, rescates y descubrimientos, hayan de llevar, é gozar 
6 gozen é lleven los salarios, é quitaciones, provechos é gra- 
cias y mercedes, que por nos y en nuestro nombre fuere con 
^os asentado y capitulado. Lo cual todo por esta nuestra car- 
ta prometemos de les guardar y cumplir, si ellos guardaren y 
cumplieren, lo que por nos en esta nuestra carta les es man- 
dado. E no lo guardando, é cumpliendo 6 viniendo ó pasan- 
-do contra ello, 6 contra alguna parte de ello: demás de incur- 
rir en las penas de suso contenidas, declaramos é mandamos, 
que hayan perdido é pierdan todos los oficios y mercedes de 
que por el dicho asiento é capitulaciones hablan de ^zar. Da- 
da en Granada, á diez y siete dias del mes de Noviembre, de 
Uiil y quinientos y veinte y seis años. YO EL REY. Yo 
Fjíancisco de los Cobos, secretario de sus cesáreas y católicas Ma- 
gestades la fice escribir por su mandado. Y está signada de 
los señores del Consejo con sus firmas." 

"Por ende por la presente, haciendo vos lo susodicho á 
vuestra costa, según y ac la manera, que de suso se contiene, 
y guardando y cumpliendo lo contenido en la dicha provisión, 
qne de suso va incorporada, y todas las otras instrucciones que 
adelante vos mandaremos guardar é hacer para la dicha tier- 
rsi 6 para el buen tratamiento é conversión de los naturales de 
üUol: Digo é prometo, que vos será p^uardada esta capitulación, 
y todo lo en ella contenido, y por todo, según que ae suso se 
contiene. Y no lo haciendo y cumpliendo asi, por nos no sea- 
mos obligados á vos mandar guardar y cumplir lo susodicho. 
Antes vos mandaremos castigar y proceder contra vos, conoo 
contm persona, que no guarda é cumple é traspasa los man- 
damientos de su rey y señor natural. Y de ello vos mandé dar 
la presente firmada de mi nombre, y refrendada de mi infraes- 
crito secretario. Fecha en Granada, á ocho dias del mes de Di- 
ciembre de mil y quinientos y veinte y seis años. YO EL. 
REY. Por mandado de su Magestad. Francisco de los Cobos.'' 

El requirimiento que los reyes católicos habian mandada 
hiciesen sus capitanes á los Indios, donde quiera que llegasen 
ca saliendo á tierra, y que en esta real provisión se refiere y de 
nuevo manda, se haga á los Indios ante todas cosas, aunque an- 
da estampado en otras Historias, por si á caso, quien esto le- 
yBre, no fas tiene, me pareció ponerle aqui, según le refiere Her- 
rera, y es del tenor siguiente. 

"Yo N. criado de los muy altos y muy poderosos reyes de 
Oistilla y León, Domadores de las gentes bárbaras, su mensaje- 
ría y cí!pitar>j vos notifico y hago saber. Que Dios nuestro Se- 



LlfiRO SEGÜKDO. 1^. 

IkoT Uno y Eterno, crió el cíelo y la tíerra, y un hombre y 
una muger de quien vosotros y nosotros, y todos los hombro^ 
del mundo, fueron y son descendientes y procreados, y todos 
los que después de nosotros vinieren. Mas por la muchedumy 
bie de generación, que de estos ha procedido, desde cinco mu 
y mas años, que ha que el mundo fué criado; fué necesario 
que los unos hombres fuesen por una parte y los otros por otra, 
y se dividiesen por muchos reinos y provincias, porque en una 
fsola no se podian sustentar y conservar. De todas estas gentes Dios 
nuestro Señor dio cargo á uno, que fué llamado San Pedro, 
para que de todos los hombres del mundo fuese Señor y supe* 
lior, á quien todos obedeciesen, y fuese cabeza de todo el lina^ 
ge humano, do quier que los hombres estuviesen y viviesen, y 
en cualquier ley, secta ó creencia, y dióle á todo el mundo por 
su servicio y jurisdicción. Y como quiera que le mandó que 
pusiese su silla en Roma, como en lugar mas aparejado para rtr 
gir el mundo; también le prometió, que podia estar y poner su 
silla en cualquier otra parte del mundo, y juzgar y gobernar te- 
das las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles y de cualquiem 
otra secta y creencia que fuesen. A este llamaron Papa, que 
quiere decir: Admirable, Mayor, Padre y Guardador, porque es , 
Padre y Gobernador de todos los hombres. A este Santo Padm 
obedecieron y tomaron por Señor, Rey y superior del Univeí^ 
so, los que en aquel tiempo vivian; y ansimismo han tenido & 
todos los otros, que después del fueron al pontificado elegidos y 
ansí se ha continuado hasta ahora, y se continuará hasta que el 
mundo se acabe." 

"Uno de los Pontífices pasados (*), que he dicho, como Señor 
del mundo, hizo donación de estas Islas y Tierrafirme del Ma» 
Occeano, á los católicos reyes de Castilla que entonces eran D. 
Femando y Doña Isabel, de gloriosa memoria, y á sus suceso- 
res nuestros Señores, con todo lo que en ellos hay. según se con- 
tiene en ciertas escrituras, que sobre ello pasaron, según dicho 
es (que podéis ver si quisieredes) asi que su Magestad es Rey 
y Señor de estas Islas y Tierrafirme, por virtud de la dicha do- 
nación, y como ák tal Rey y Señor algunas Islas, y casi todas 
á quien esto ha sido notificado, han recibido á su Magestad, y 
le han obedecido y servido, y sirven como subditos, lo deben ha*- 
cer con y buena voluntad, y sin ninguna resistencia, luego sin 
ninguna dilación, como fueron informados de lo susodicho, obe- 
decieron á los varones religiosos, que les enviaba para que les 
predicasen y enseñasen nuestra Santa Fé. Y toaos de su li- 
bre y agradable voluntad, sin premio, ni condición alguna se 
tomaron cristianos y lo son, y su Magestad los recibió alegre y 
benignamente, y ansi los mandó tratar^ como á los ot|os srus súb- 

(*) Alejandro VI en la bula ínter Cintera. Veáse el apén- 
dice A de mate Ubio« 



80; HISTORIA DE YUCATÁN. 

ditos y vasallos, y vosotros sois tenidos y obligados ft haeer lo^ 
Áístmo." 

''Por endcy como mejor puedo, vos ruego y requiero, que 
entendáis bien esto, que os he dicho, y toméis para entendello, 
y deliberar sobre ello en tiempo que fuere justo, y reconozcáis 
á la iglesia por Señora y Superiora del Universo mundo, y al 
Suma Pontifice, llamado Papa en su nombre y á su Magestad 
en su lugar, coma superior y Señor rey de las Islas y Tierra- 
firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis que estos Pa- 
dres religiosos os declaren y prediquen la susodicho. V 
si ansí lo hicíeredes, haréis bien, y aquella que sois teni- 
dos, y obligados, y su Magestad, y yo en su nombre, vos 
recibirán con todo amor y caridad, y vos dejarán vuestras mu- 
geres y hijos libres y sin servidumbre, para que de ellaa y 
dé vosotros hagáis libremente toda lo que quisiérecfes y por 
bien tuvíeredes, coma lo han hecha casi todos los veeinos de 
las otras Islas, Y allende desto su Magestad vos dará muchos 
privilegios y exempciones, y vos hará muchas mercedes. Si no 
lo hícieredes 6 en ello dilación maliciosamente pHsiéredes, cer- 
tincóos que con el a3ruda de Dios ya entraré podeíosamente 
contra vosotros, y vos haré guerra por todas las partes y ma- 
nera que yo pudiere, y vos sujetaré al yugo y obediencia de 
la iglesia y de su Magestad, y tomaré vuestras mu^jeres y hijos 
y los haré esclavos y como tales los venderé, y dispondré de 
ellos como su Mi^stad mandare, y vos tomaré vuestros bienes 
y vos haré todos los males y daños que pudiere, coma á va- 
sallos que no obedecen ni quieren recibir á su señor y le resisten y 
contradicen. Y protesta que las muertes y daños que de ella 
sé recrecieren, sea de á vuestra culpa y na de su Magestad, ni 
nuestra, ni de estos caballeros que conmiga vinieron, Y de co- 
mo os lo diga y requiero, pido al presente escribano que me lo 
dé por testimonia signado." 

CAPITULO V, 

Smle el adelantado MorUcjo de España, llega d Yueatanf 
y resisten los Indios la venida de los esptnMes á poblar. 

En la forma relferida se hizo la capitulación para la con- 

5[uista deste reino de Yucatán y Isla de CoEumél, con el ade- 
ántada D. Francisco de Montejo, conformándose el católico celo 
dé nuestro monarca, con la voluntad de la silla apostólica para 
que sus capitanes y demás vasallos la ejecutasen con toda reo* 
titud, y seguridad de las conciencias^ bien y aumento de los 
Aftturales ¿festos reinos, cuyo buen tratamiento en sus personas 
y bienes, tantas veces se repite, requiere y encomienda en cst» 
cíEpitalacion, áthenaésüido con los severos castigos, que t¿a ell/b 
y en la provisioa general tse ponen contra les tamsemói^r * 



LIBRO SEGUNDO. 81. 

Bastante satisfacción, para que el mundo conozca la justa po- 
sesión que nuestros reyes adquirieton en la dominación destos 
leinoSj y confusión de la envidia, con que finiendo tiranías, 
quieren obscurecer la gloria con que se han dado tantas almas 
á Dios y hijos á I9 Santa iglesia católica romana, y vasallos 
á la corona. 

Recibidos todos los despachos necesarios para hacer su via*» 
je D. Francisco de Montejo (á quien en lo de adelante nom- 
braré el Adelantado) y hecho merced de mas de las que dice 
la capitulación, de que no se le quitase el repartimiento de In- 
dios, que en la Nueva España tenia, ni el oficio de la tenencia 
de la villa rica de la Veracruz, aunque la población se pasase á 
otro sitio (como sucedió después) fueron asignados por oficíales 
reales de su Magestad el capitán Alonso Dávila para contador, 
Pedro de Lima por tesorero, y Fernando Moreno de duito por 
Veedor de las fundiciones, aunque este último oficio no fué ne^ 
cosario por fiílta de minas en este reino. Habiendo sido este ca« 
pitan Alonso Dávila uno de los que ayudaron á D. Hernando 
Cortés en la conquista de la Nueva I^paña, ya que ahora es 
especial de nuestra Historia, parece justo decir como llegó á 
disponerse venir ahora á Yucatán por contador del rey y capi- 
tán desta conquista en compañía del Adelantado desde España, 
que sucedió desta suerte. Habiendo conquistado D. Hernando 
Cortés la gran ciudad de Méjico, fueron por procuradores de 
los conquistadores el capitán Alonso Dávila y el capitán Anto- 
nio de Quiñones, á quienes dieron ochenta y ocho mil caste- 
llanos de oro, la recámara del gran Montezuma, y lo que de su 
tesoro se halló en poder de Guatemuz, que era de grand^ima 
valor. Murió en la Isla de la Tercera Antonio de Quiñones 
y quedó solo Alonso Dávila, que saliendo de allí para España, 
dio con él un Juan Florín, cosario francés, que rindió los dos 
navios en que lo llevaba, robó aquel tan rico presente y á Alonar 
80 Dávila llevó preso á Francia, donde le tuvieron con mucha 
guarda, esperando por su persona un muy crecido rescate. D^h 
pues fué preso el Juan Florín francés, y en Elspaña en el puerto 
del Pico lo ahorcaron. Refiere Bemal Díaz, que cuando estaba 
preso Alonso Dávila, se hicieron por la parte de Diego Yelaz^ 
quez y Panfilo de Narvaez, los cargos contra Cortés y sus ca- 
pitanes, y que habiendo oído los Sres. jueces de la junta los 
que contra Alonso Dávila hacían, dijeron que se lo fiíesen & 

Sdír á Francia y que le citasen pareciese en la corte de sa 
agestad, para ver lo que sobre ello respondía. Aunque estaba 
bien guardado, negoció con el caballero francés en cuyo poder 
estaba dar noticia, para que se supiese en España su prisión y 
suceso, con que se dio orden en su libertad y se hallaba ya en 
España á tiempo de la capitulación. Como eran amibos el Ade«: 
lantado y él, trataron de venirse jumos, y no solodió el rey al 
Alonso Dávila la tesorería, sino que atendiendo á *sus mucbo» 

3 



82. HISTORIA DE YUCATÁN. 



10- 



servicios, mandó que la encomienda de Indios que tenia en Nueva 
España, no se le quitase, y si estaba encomendada áotro se le res^ 
tituyese y no se hiciese novedad en cosa alguna de lo que allá te- 
nia al tiempo de esta partida para tesorero del reino de Yucatán. 

Publicóse la capitulación, y corrió por España la nueva de 
este viaje, y como la pieza de artillería de plata, que D. Her- 
nando Cortés había enviado al emperador, dio tanto que decir, 
como cosa no vista otra vez; fueron muchos los que se movie- 
ron á venir en compañía del Adelantado: que aunque los ánimos 
de suyo sean generosos y gandes, tiene mucha fuerza la espe- 
ranza de las riquezas que juzgaban seguras. Muy grande fué 
el gasto que hizo el Adelantado, comprando armas, municiones^ 
caballos y bastimentos, tanto que le obligó á vender un mayo- 
razgo que en su tierra tenia, que valia mil ducados de renta, co- 
mo parece por su ejecutoria litigada en el consejo. Aparejó cua- 
tro navios á su costa, y en ellos se embarcaron cerca de cua* 
trocientos españoles, sin la gente de mar. Esta traia pagada; lo» 
otros venían sin sueldo alguno, conñados de que se les había 
de encomendar la tierra, dando á unos la segunda y á otros 
la tercera encomienda hasta la octava, sin otra ayuda de cos- 
ta: hizóse asimismo oontrato entre el Adelantado, y los que con 
él venían sobre esto, y salieron de España año de 1527, no he 
podido certificarme en que mes, aunque si, haber llegado este 
año, pasando con próspero viaje por las Islas donde se prove- 
yeron de refresco y algunas cosas necesarias. Herrera dice, que- 
se le dio licencia al Adelantado, para que pudiese traer á Yu- 
catán algunos vecinos de las Islas, y consta lo contrarío de la 
capitulación, pnes solo en ella se permite sacar una ó dos perso- 
nas para intérpretes, prohibiendo lo demás con tan graves pe- 
nas. No vinieron con el adelantado religiosos como eü la ca- 
pitulación se contiene, ni he podido hallar mas que el nombre 
de un solo clérigo, llamado Francisco Hernández, que vino por 
capellán de la armada, y esto dio después mucho cuidado al 
Consejo, atribuyendo el mal suceso á esta falta, como se dice 
adelante en el capítulo doce. 

Salieron á tierra en la Isla de Cozumél algunos soldados 
eon el Adelantado, á quien los Indios recibieron con apacible 
semblante, no estrañando verlos, como gente que ya había co- 
nmnicado españoles en los tres viajes que se dijeron en el prí- 
mer libro. No tenían intérprete, que hablase á los Indios, co- 
sa que sentiaíl mucho, porque ni se podían dar á entender & 
los Indios, ni estos á los españoles, para quien no era poco sen- 
sible esta &lta, si bien por señas daban á entender no preten^ 
dian hacerles daño y que estaban de paz. Los indios andaban 
muy domésticos entre los españoles, y sucedió una cosa impen- 
sada, que fué principio de entendeiios. Estando á caso orínan- 
do el Adelantado, quiso un indio saber, con que palabra se de- 
cía aquella espuísion ea la lengua casteHaua^ y Iueg0 se Ueg6^ 



LIBRO SEGUNDO. 93, 

9I adelantado y le dijo: Balx v Kabaló (y no como le escri- 
bieron á Herrera en las relaciones que se le enviaron: Basur- 
raba) que quiere decir: como se llama eso; dando á ent^üder 
con las acciones lo que preguntaba. Conocido por el Adelanta- 
do, que con aquellas palabras se preguntaba por el nombre de 
las cosas; las escribió y con ellas él, y los demás, preguntan* 
do á los Indios, y ellos respondiendo, se comenzaron á enten- 
der, aunque con dificultad. Es la Isla de Cozumél muy pe- 
queña, y pareciendo al Adelantado que pacificada la Tierrafir- 
me de Yucatán, con facilidad sujetaria aquellos pocos Indios; 
se embarcó para ella, habiéndole dado los isleños una guia pa* 
ra que los llevase y metiese la tierra adentro. 

De Cozumél vinieron costeando al occidente, y desembar* 
carón en la costa, que hoy es término de la Villa de Valla- 
dolid. Salieron á tierra todos los españoles; la gente de mar se 
quedó para guarda de los navios y sacaron los caballos, armas, 
znaniciones y bastimentos que parecieron necesarios. Lo prime- 
ro tomaron /posesión de la tierra en nombre del Rey, con to^ 
das las solemnidades que en las nuevas conquistas se hacían, 
y arboló vandera real el alférez Cronzalo Nieto, diciendo á vo- 
ces: España, España, España viva, que asi lo he leido en las 
probanzas que después hizo de sus méritos y servicios. Mucha 
falta hacia no haber intérprete; descansaron alli unos pocos dias, 
y con los escesivos calores (para loque estaban acostumbrados) 
enfermaron algunos y comenzó el Adelantado ¿ dar principio á la 
pacificación con suavidad, porque era de natural cuerdo, y re- 
portado, á que se juntaba el orden tan i^retado que traía pa- 
ra proceder con los Indios benignamente. Antes que proceda 
adelante, quiero satisfacer á diversas pláticas, que se dicen en 
esta tierra, acerca deste prinpicio de la pacificación. Unos dicen, 
que los españoles entraron por lo de Bakhalál; {Bacalar^ otros que 
se principió por Campeche, y otras diversas cosas. La ocasión de 
todo esto, fué la tardanza de esta conquista, la diversidad de 
sucesos que en ella hubo, las diferentes veces, que unos y otros 
vinieron, hasta que se pobló, como permanece: unos escritos ha- 
cen probanzas de unas partes y otros de otras, conforme los su* 
cesos; los que por. último la poblaron, vinieron los mas de Nue» 
va España, Chiapa y otras partes, y comenzaron por Campeche, 
como de todo se dá razón adelante, y como de estos primeros 
conquistadores fueron pocos los que hasta el fin duraron con 
el Adelantado, hay confusión en esto. Lo cierto es, que se dio 
principio por donde se ha dicho, y después sucedió lo demás 
que se dice. Conviene con esto ^1 Bachiller Valencia en su 
xelacion que hizo el año de mil y seiscientos y treinta y nueve^ pa* 
xa remitir al coronista de su Magestad, y este autor era natu* 
xal de la Villa de Valladolid en este reino, y descendiente de 
conquistadores de él. 

Como ya en esta tierra sabían los lodios, que los españo^ 



84. HISTORIA DE YUCATÁN. 

les estaban poblados en Nueva España, y ahora vieron venir á 
la suya tantos juntos; luego los de Cozumél presumiendo á los 
de acá de los nuevos huespedes, á quien determinaron resistir 
la entrada con todas sus fuerzas, para que se coligaron gran 
multitud de la provincia de Chavachaa ó Choáca, como se es- 
perímentó presto. Aunque el Adelantado habia venido con Gri- 
jaiva y Cortés, como solamente habia sido pasar mirando la 
costa desde los navios; nada sabia de lo interior de ella, y asi 
venian guiados del indio que en Cozumél les dieron. Cami- 
naron la costa abajo hacia el occidente, que se dice estaba muy 
poblada, sin hacer daño á los Indios, porque no se irritasen, 
preguntando con lo arriba referido algunas cosas á los Indios; 
y de esta suerte dice Herrera que fueron de pueblo en pue- 
blo, hasta llegar él uno llamado Conil. No se llamaba este pue> 
Ho sino Cóni, porque Conil es otro puerto de mar antes de 
U^ar á Cóni, y alli habia solamente un rancho donde estaba 
un viejo, llamado Nacóm Balan, que después se llamó Pedro, 
por ser este el nombre del padrino español. No se determina- 
ron los Indios á mover luego las armas contra los españoles; 
pero preveníanse aguardando que les sucedería con ellos. Los 
aeñores de la provincia de Choáca, enviaron algunos Indios prin- 
cipales á visitar al Adelantado, que los recibió amorosamente; pe- 
ro presto se vio la traición de sus corazones. 

Como los españoles vian á los Indios andar amigables, re- 
catábanse menos de ellos, de lo que era justo entre gente aun 
no conocida; y viendo los Indios que no se recelaban de ellos, 
uno de los que vinieron á hacer la visita, se lleg hAcia un 
negrillo esclavo del Adeiar.tJo !t.;i[uitó un alfango qu(í tenia^ 
con que quiso herir al Adelantado que estaba alli cercano. Vio- 
lo el Adelantíido y sacó otro que traía colgado en la cinta, y 
se defendió. Poco necesito de ello, porque al punto acudieron 
soldados que en breve mataron al indio, con que pagó su osada 
resolución. No se vio el Adelantado en solo este riesgo, que 
otros mas apretados le sucedieron; pero este sirvió á todos de 
aviso, para hacer adelante mas caso de los Indios, y recatarse 
mas de ellos, que hasta ent( nces. Determinó el Adelantado sa** 
lir de Cóni para la provincia de Choáca y ll^ó al pueblo de 
Coba, que alK>ra está despoblado, y alli ñié donde á los es- 
pañoles los llamaron en su lengua Ahmakopob, que quiere 
decir los comedores de anonas, que es una ínita de esta tier* 
ra: admirados los Indios de vérselas comer, sin reparar en si* 
eran nocivas ó no. De alli pasardn á Choáca, de donde fué 
enviada aquella visita tan maliciosa, y desde aqui comenzaron' 
A esperímentar los grandes trabajos que les esperaban en esta 
pacincacion, porque no hallaron caminos abiertos para pasar d 
ejército con comodidad alguna, que los Indios usaban de solo 
veredas para sus viajes, y la tierra es de espesísima monUKte 
y pedfi^osá como boy se vee. 



LIBRO SEGUNDO. Sa 



CAPITULO VI. 

De la primera batalla que tuvieron los Indios con los Es^ 
pañoles, que después poblaron en Chichen Ytzá, 

Fatigaba á los españoles, no solo los malos caminos, sino 
los calores, y mas la falta de agua con ellos, como no hay 
iuentes ni rios en esta tierra. Llegaron con estas incomodida- 
des al sitio que ahora llaman Choáca y entonces era pueblo, 
y halláronle desamparado de sus moradores, por haberse ido á jun-^ 
tar con los demás que estaban confederados, desde que tuvie- 
ron las nuevas de Cozíimél, para recibir á los españoles coír 
las armas en las manos. Reparáronse estos en aquel sitio y* 
descansaron del viaje, aunque presumieron habían menester bien 
las manos para sujetar á los Indios. No pareciendo algunos pa'^ 
ra darles & entender, no 'era el intento de los españoles matar- 
los ni hacerles el daño que temían, con la noticia de la muet-* 
te de el indio, que acometió al Adelantado en Cóni, de que á-^ 
visaron los compañeros, que se huyeron luego á Choáca; saliór 
el ejército guiado por el indio que los llevaba para un pue- 
blo llamado Aké. Estaban gran multitud de Indios embosca- 
dos en el camino, y haciendo alto el ejército de los nuestros 
para descansar, aparecieron con todas las armas que en las guer- 
ras usaban, carcages de flechas, varas tostadas, lanzones con a- 
gudos pedernales por puntas, espadas de á dos manos de made- 
ras fortísimas, rallos, pitos, y tocando en carapachos de tortu-' 
res grandes con astas de venado, vecinas de caracoles gran- 
de la mar, desnudos en carnes, solo cubieitas las partes ve- 
lendas con un pañete, embarrados todo el cuerpo con tierras 
de diversos colores, que parecen demonios fiérísimos: . agujera- 
das narizeSy y orejas con sus narígeras, y orejeras de cuzcas y 
otras piedras de diversos colores» 

"En. esta forma se presentaron á nuestros castellanos, á quienes 
causó admiración ver figuras tan desusadas, y el estruendo que 
con lo^ tottugones y vocinas hacían, acompañándolas con una 
gritería de voces, que parecía hundirse los montes. No se ad- 
iHÍraron tanto el Adelantado y capitán Alonso Dávila, que ya 
ae hiübáán visto muchas veces con semejantes aparatos en otras 
ccmqaistas; aunque viendo era forzoso pelear con los Indios; a^ 
ninió el Adelantado á sus españoles con ejemplos de su espe- 
riencia para dar la batalla á los Indios. Llegó la hora en que 
no pudo escusarse, porque ellos la buscaban, y acometiéndose 
unos á otros, se trabó una reñidísima batalla. Los españoles 
animosos para dar á entender á los Indios su mucho valor, 
aenque el número de ellos era escesivo, y porque les cobra- 
sen temor para lo de adelante, como era la primera vez, que 
les loaai^tabací sus fuerzas. Los Indios, como quien aspira- 



^. HISTORIA DE YUCATÁN. 

ba á acabar con aquellos pocos españoles, ó echarlos de su tier- 
;ra, peleaban con obstinada porfía. Los españoles no se podiaa 
aprovechar de los caballos como quisieran, porque lo pedrego^ 
SD del sitio no les daba lugar á ello, y sentíanlo, porque los 
Indios les tenian notable temor, y los de á caballo hacian en 
^Uos mucho daño, hiriéndoles con las lanzas los rostros, y pa- 
sando con presteza adelante; pero ayudábanse los unos á los o- 
tro6 lo mejor que podian. Por todo aquel dia no cesó la pe- 
lea, y aunque de los Indios morían muchos, venian otros tan- 
tos mas de nuevo, con que reforzaban la batalla, sin desistir 
un punto de la pelea, con que fatigaron mucho á los castella- 
nos, muriendo algunos, y saliendo otros con peligrosas heridas, 
quedando también muertos algunos caballos y perros de ayuda 
que traian. 

Hubo de poner treguas la noche en la contienda, como 
los Indios no acostumbraban á pelear sino de dia, con que los 
nuestros tuvieron lugar de descarsar, curar los heridos y co- 
brar aliento para el dia siguiente, velándose toda aquella no- 
che; porque aunque luego que comenzó á obscurecer, no pelea- 
ron los Indios y se recogieron; no desampararon el sitio. Pa- 
recióles que al simiente dia acabarían con los nuestros, comp 
de los Indios habían tantos descansados para renovar lanelea. 
Amaneció, y todos se previnieron para la continuación ae la 
batalla que duró muy reñida hasta cerca del medio dia, que 
los Indios comenzaron á aflojar, y conocida por los españoles, 
los apretaron con mayor corage. Dieron las espaldas huyen- 
do por aquellos montes, escondiéndose en sus espesuras, y si- 
guiéndolos los nuestros, no mas que hasta hacerse señores de 
todo el campo y sitio por ignorar la tierra y hallarse tan can- 
sados. Murieron en esta batalla mas de mil y doscientos In- 
dios, según hallaron después los españoles, los .cuales se estu- 
vieron en aquel parage descansando y curando los heridos. Es- 
ta fué la primera batalla en que á los Indios vencieron, y me 
holgara haber hallado, que dia se dio para escribirlo; lo cierto 
eSf que fué á ñnes del año de mil y quinientos y veinte y 
siete. Tengo por cierto, que las relaciones por donae Antonio 
de Herrera escribió la Historia General de las Indias, no fue- 
ron tan puntuales como debieran, y esto ocasionó que no re* 
fiera esta sangrienta batalla, y que diga en su cuarta Década, 
que intentando el Adelantado sujetar la mayor población deste 
reino, para que se redujese lo restante con mas &cilidad, como 
sucedió en Méjico; supo, como estaba fundada en el sitio de 
Tihoó (*), (y no Tircoh, como le escribieron) y que caminó para 
ella la costa abajo, aunque con algunos rencuentros con losln* 
dios y que llegado á Tihoó halló ser asi, como se le había 
dicho la mayor población, due allí con su industria atngoá 

{*) Los Indios dicen Thoó, prommciaodo la h como foia. 



LIBRO StíGÜNDO. 8r. 

un linage de unos señores, llamados los Cheles^ los cuales Ic 
mostraron el asiento de Chichen Ytzá, que distaba de Tihoó 
siete leguas, y que allí paró y pobló, recibiéndole de paz Tu- 
tutxíu, señor de la comarca de Maní, con cuya ayuda pobló^ 
como entonces daba lugar el tiempo. 

Aunque la fundación en el asiento de Chichen Ytzá fu^ 
en este tiempo: dista sobre veinte luguas del sitio de Tihoó, 
donde muchos años después se pobló la ciudad de Mérida, qua 
hoy permanece, y ni por aquel tiempo pudo ver á los Cheles 
el Adelantado, ni le vio Tutulxiu para asentar paces. Cuando, 
y como fué cada cosa de estas, se verá adelante, y las rela- 
ciones confundieron los sucesos y los tiempos en que acaecieronj 
que fué lo peor. 

Habiéndose acabado el año de veinte y siete, en que loa 
españoles entraron en este reino de Yucatán, comenzando el de 
veinte y ocho, determinó el Adelantado ir reconociendo la tier- 
ra poco á poco, con el menor escándalo délos Indios, que fue* 
se posible, y por no ocasionar perdida de su gente en los en^ 
cuentros con ellos, esperimentados ya de belicoso natural y en 
número tan crecido. Procuraba con medios de suavidad y pru- 
dencia, atraer sus feroces naturales á la obediencia del rey á la 
amistad de los españoles. Con esta resolución salieron de Aké^ 
guiando su viaje á Cinchen Ytzá, donde determinó parar y po- 
blar, pareciéndole lugar á proposito por la fortaleza de los gran- 
des ecUfícios que alli habia (de que se dá razón en otra parte) 
para defenderse en ellos de las invasiones y acometimientos de 
los Indios, que presumían ciertos, viendo la mala voluntad con 
que los hablan recibido. 

Desde alli solicitó pacificar los naturales, introduciéndose 
con ellos con señales de amor y amistad cuantas podia, y coii 
ellas agregó algunos Indios, con que dio principio á edificar y 
hacer población en forma, aunque con intento de poblar de a* 
siento en lo que después pacificada la tierra, pareciese mas á 
proposito para la vivienda y comercio de los españoles. Las e^ 
sas eran al modo de las de los indios, de maderas y palos, las 
cubiertas de hoja de guano, que es muy semejante á la déla 
Palma, y otras de una paja larga á modo de centeno. Ave- 
dnd¿ron36 en la nueva población ciento y sesenta vecinos espa- 
ñoles, que asi se dice en la ejecutoria ael Adelantado, núm^^ 
70 muy cuantioso para lo que se acostumbraba en aquellos tieni- 
pos, y los demás quedaron para hacer las otras poblaciones oue 
traian determinadas, según se fílese reconociendo la tierra. *Ko 
he hallado para asegurarlo con certitumbre, que nombre pusie- 
ron á esta primera población; pero por lo que he leido en un 
escrito muy antirao, me persuado la llamaron Salamanca, y no 
seria mucho darle el Adelantado el nombre de su patria. Desde 
alli repartida la gente en escuadras, hadan salidas á reconoiét' 
la tierra. Í103 Indios con disimulación, precia servir tsin pc^a- 



$3. HISTORIA DE YUCATÁN. 

dumbre á los nuevos huespedes; y viendo esto el Adelantado, 
Itiformado de las mai^ poblaciones de Indios y caciques que las 
dominaban, determinó repartir los Indios, encomendándolos á los 
españoles, en conformidad de \a licencia que la capitulación daba. 

Para ejecución de esto, dio á conocer el Adelantado á los 
Indios á algunos de los españoles, á quienes hablan sido enco- 
alendados, y el orden, que con ellos hablan de tener. Dice 
Herrera que fué tan grande el número dé los Indios^ que á los 
encomenderos cupo, que el que menos alcanzó^ fué tres, y dos 
^lil; pero sin duda engañaron los Indios al Adelantado en el 
mapa y número de ellos que le dieron, como se halló después 
cuando pudieron poseerlos, que á muchos no les alcanzó las ren-^ 
tas para sustentarse, de que he visto y leido bastante número 
de probanzas que de ello hicieron los conquistadores acabada 
de pacificar la tierra. No pareció recibir los Indios encomen- 
dados á sus encomenderos con gusto, y conociaseles en la tris-» 
íeza del semblante y poco agasajo con que los recibían; pero 
callaron por entonces, y pusieron In esperanza de verse libres 
de ellos en manos del tiempo, aguardando ocasión, que les fue- 
se oportuna para sacudir el nuevo yugo que se les imponia^ y 
conseguir desahogo del aprieto en que se hallaban, con la su^ 
jtecion que se les iba entablando de los castellanos. No hubo 
el cuidado que debiera, en prevenir la salida desde tierra á la 
xaar, para socorrerse de los navios de las cosas que necesita- 
len, y que iba consumiendo el tiempo. Todo erapros^^rla 
nueva población, sin recelarse como debieran, del mal semblante 
que mostraban los Indios. 

Por las noticias y mapa, que de la tierra tenia el adelan-* 
tado, entendieron loís españoles que en ia provincia de Bakha- 
lal, que llamaban los Indios de Vaymil y Chetemal, habría mi^ 
ñas de oro; porque en lo que hablan visto, ni aun señales de 
ello habia^ cosa que desanimó mucho á los conquistadores. Pa- 
lia verlo y buscarlo, y traer los Indios á la amistad de los es- 
pañoles; determinó el Adelantado fuese con algunos el capitán 
Alonso Dávila, contador real, y poblase una Villa de españoles 
en un parage llamado Tulma, y con nombre común á to<ia 
aquella provincia, nombraban Cochvá. Salió para allá el capi- 
tán Alonso Dávila con cincueuta infantes y diez y seis caba- 
llos, y en su compañía un Francisco Vázquez, que tenia gtan 
conocimiento de minas, y á quien prometió el Adelantado tre-r 
cientos ducados, si descubría muestras de oro en aquella píx)- 
vincia. Habiendo llegado á Tulma, con alfi^nos encuentros de 
los Indios, que no se detenían mas de lo torzoso^ por no per- 
der tiempo, hallaron el sitio de mala disposición para fimdar en 
1*1, muy montuoso, y cerrado todo de pedregales, donde si los 
Indios se alteraban, no podían valerse bien de los caballos á 
que ya tenian mas atención, considerando los que les habían 
XMeno en la batalla de Aké. Por esta causa resolvieron posar 



LIBRO SEGUNDO. 99. 

á un pueblo^ llamado Chable (que es ahora despoblado) y era 
uno de los que entendían tener oro. 

Recibió el cazique de Chablé de paz á los castellanos, y por 
muchas diligencias que se hicieron y diversas catas en la tier- 
ra, no se halló oro alguno^ Entendióse lo hubiera en el pue- 
blo de Chetemal, y el contador Alonso Dávila envío á llamar 
al cacique de aquel pueblo con el de Chablé, para informarse 
del, y que diese algún bastimento para los españoles, 6 saber 
si habia oro en algún pueblo de su señorío, porque entendieron 
lo habia eii uno llamado Bakhalál que era de su distrito. La 
respuesta que trajo el cacique de Chablé, fué decir, que el de 
Chetemal no habia hecho caso de lo que habia enviado á decir, 
y que habia rospoiidid) claramente, que no quería venir, due 
las gallinas que le pedia, las daría en las lanzas, y maíz en las 
íiecíias, que aguardando estaba de guerra, y con ánimo de pelear: 
Porque n > fuese ocasión la respuesta de este cacique de Chete* 
mal, para que los indios que estaban amigos, cobrasen alguu 
alionto coíitra los españoles y se alborotasen; les pareció ir á 
castigar aqualla osadía. Fué el capitán Alonso Dávila personal- 
monte con veinte y cinco infantes, y ocho caballos, y algunos 
caciques qu3 se le habían dado por amigos. El camino era muy 
trabajoso, por los pantanos, y lagunas que habia, y asi dijeron 
los caciques, era m3Jor ir en canoas la gente, pues se podia. Lle- 
garon á otro pueblo de la costíi, donde se volvieron á embar- 
car, y finalmente salieron al pueblo de Chetemal, que hallaron 
descamparado de los Indios, aunque su cacique habia dado tan 
resoluta respuesta. 

CAPITULO VIL 

Pachlan los españoles la Villa real: alzátise los Indios, 
y lo que sucedía con los de duchen Ytzd. 

El asiento del pueblo de Chetemal pareció mas á propó- 
sito para p>blar en él asi por las buenas semsnteras, y fruta- 
les, como por mas seguro para cualquier suceso, que con los Indios 
se ofreciese, de todos cuantos hablan visto en aquella provincia, 
y asi determinaron hacer la población en él. Avisaron desde 
í^Uí á los compañeros, que hablan quedado en Chablé, y á lo» 
Indios amigos, y de servicio que allí habían dejado, y venidos 
fundaron una Villa, á quien dieron nombre de Villa Real. Ha- 
bía desamparado su pueblo el cacique de Chetemal, con ánimo de 
juntarse con otro coínarcano, á quien persuadió, que ellos, y o- 
tros amigos suyos fuesen de guerra contra los españoles, que 
aunque tenían consigo Indios amigos, todos eran pocos, respecto 
del crecido número que ellos coníederados juntarían. No se lo 
ocultó al capitán Alonso Dávila la trama que trataban los caci- 
ques, porque con gran solicitud inquirió, donde hubiese ido el ca- 



90. HISTORIA DE YUCATÁN. 

cique de Chetemal, para darle una buena mana en pago de sfu atre-- 
vimiento. Tardó con todo esto mas de dos meses en saber con 
certidumbre donde estaba; pero teniendo noticia del parage, de- 
termina ir contra él, sin aguardar á que fuese el agresor el ca- 
cique y con esto cobrase orgullo, y los Indios alientos. Aun 
no se habian juntado, cuando salid á buscarle con cinco caba- 
llos, y veinte y cinco espafaoles, y á cuatro leguas dio con él, 
que estaba alojado, y hecho para su defensa un fuerte de muy 
grandes palizadas. Acometióle Alonso Dávilacon los Indios ami- 
gos, que llevaba, y sus españoles; y aunque resistieron los que 
allí habia de Chetemal algún tanto no pudieron sufrir mucho 
tiempo las heridas de las armas españolas, y desbaratándose, se 
pusieron en fuga, si bien los nuestros cogieron algunos prisione- 
ros, con quien dieron la vuelta á la nueva Villa Real. 

No habia dado cuenta Alonso Dávila al Adelantado de lo que le 
pasaba, y ahora determinó darla de lo sucedido hasta este pun- 
to. Parecióle, que la tierra donde habia pasado, no estaba muy 
alborotada, y que serian su^cientes tres hombres de á caballo, y 
tres buenos ballesteros, para que llevasen la nueva, y asi los des- 
pachó con término de sesenta dias para traer la respitestar Es- 
tos salieron pero á trece leguas de allí los mataron los Indios, 
que ya estaban revelados, como después les dijo un indio de Cha- 
ble á los castellanos. Estaban al mismo tiempo los que con el 
Adelantado habian quedado en Chichen Ytzá, con deseo grande 
de saber, que les hubiese sucedido, como desde que salieron no 
habia tenido nueva de ellos, y rezelaban por esto algún grave da- 
ño. Aumentóles este cuidado ver á los Indios de su comarcft 
que iban manifestando á las claras la mala voluntad que les te- 
nían, y lo mucho que sentían la sujeción de los españoles. En 
muchas partes negaron los bastimentos á sus encomenderos, y se 
pusieron en arma para defenderse si con ellas iban á pedirlo. El 
Adelantado procuraba con industria apaciguarlos, y componerlos, y 
descubrir los mas secretos de la tierra que podia, por medio de los 
Indios amigos, informándose donde hubiese minas, aunque ningu- 
na fué hallada. Cada dia iban sintiendo mas la falta de socorro 
de las cosas que habian traído de Castilla y el poco acuerdo que 
habian tenido, como se habian de proveer dellas de los navios, 
porque estaban algo la tierra adentro, y no era muy fácil por las 
poblaciones que habia hasta la costa de la mar, y advertíanlo los 
Indios, que en cuanto miraba á su libertad, que pretendían, no 
descuidaban punto. 

Conocida la necesidad de los españoles, 3ra no se contentaban 
los Indios con negar el tributo, y provisión de bastimentos; pero 
se atrevían á darles alanos rebatos, ocasionando cada día encuen- 
tros, y escaramuzas bien pesadas para ambas partes. Sucedió en 
una, que uno de los soldados ballesteros, muy diestro, molestaba 
en gran manera á los Indios. Uno de estos, que también era 

diestro en disparar el arco, al disúoolo buscaba ocasión para fle^ 



LIBRO SEGUNDO. 9i. 

charle, y todos le solicitaban la muerte, como á quien tanto da- 
ño les hacia; pero conociéndolo él se guardaba. Fingió el in- 
dio estar descuidado, para asegurar el ballestero y este entendien- 
do era el descuido verdadero, le disparó una jara de la ballesta. 
Como en el indio la disimulación no era falta de cuidado, al 
punto que le encaró la ballesta, armó el arco, y disparó un fle- 
chaso, que aunque hirió al ballestero en un brazo habiendo sali- 
do antes la jara del castellano, se halló el indio herido en los pe- 
chos, y atravesada la mano del encarar. Era tanta la soberbia 
do este indio, que viéndose herido tan mal, porque no se di- 
jese que moría á manos de aquel español, se apartó de alli, y 
á vista de los suyos se ahorcó con un bejuco. Diversos lan- 
ces sucedían, y ya los españoles se hallaban necesitados de a- 
temorizar á los Indios en todas las ocasiones, que la suerte les 
ofreciese comodidad para ello, pues por otra via no aprovecha- 
ba para atraerlos á sujeción y obediencia. Habíanse apartado á 
una ranchería escondida en los montes algunas Indias con sus 
hijuelos y dos tidios padre y hijo, que debian de ser princi- 
pales, y alli les pareció estarla segura aquella gente de los en- 
cuentros que cada dia acaecían. No les valió este retiro, por- 
que teniendo noticia de ellos los españoles, salieron algunos en 
busca de la ranchería, pero hallaron una tropa de Indios pre- 
venidos con sus armas, que antes de llegarse á ella le servia 
de guarda. Luego que smtieron á los españoles, hicieron seña 
para que las mugeres y muchachos pusiesen en salvo sus per- 
sonas, escondiéndose por el monte, y ellos aguardaron á los 
españoles con sus lanzas y rodelas, para dar á los suyoe tiem* 
po de hacer la ñiga. Pelearon valerosamente, hasta que les pa- 
reció ya estarían seguros, y como su intento no habia sido mas 
que esto; luego comenzaron á huir, escondiéndose por el mon- 
te y dejaron solos á los españoles, que no los quisieron seguir, 
por el poco fruto que de ello hablan de tener y ríesgo gran- 
de á que se ponian de perderse, por las espesuras de los mon- 
tes, y aun por si era engaño, para cogerlos en alguna celada; 
y asi volvieron á Chichen Ytzá cansacfos y sin presa. 

No lo pasaba mejor el capitán Alonso Dávila y su genta 
en Chetemal, y habiendo despachado los seis españoles que se 
dijo, para dar cuenta al Adelantado de como hfd>ia poblado alli 
y no en Tulma, y la causa que para ello habia teoiido; quin* 
ce dias después acordó de ir á un pueblo que se llamaba Ma- 
zanahó, por donde hablan de haber pasado, y ver si aquellos 
Indios intentaban alguna novedad. Para esto escogió veinte sol- 
dados que fuesen en su compañía, dejando los otros para guar* 
da de la Villa ileal. Salió de ella para Mazanahó, y esperímen- 
tó no haber sido vano su recelo, porque halló las veredas que 
servían de caminos, cerradas, señal cierta de estar alzados lotfi 
Indios. Dióle cuidado es^ novedad; pero talando d monte pa- 
ta 0alir á camino gor donde ir al padblo« baUann ua miofi 



92. HISTORIA DE YUCATÁN. 

(que lo tuvieron á dicha) de quien se informaron de lo que 
pasaba. Pudiera ser peligraran, siendo tan pocos, á no dar con 
él, porque les dijo la mucha prevención, reparos, y Indios d« 
fierra, con que los del pueblo estaban por la parte que iban. 
Habíanse juntado otros comarcanos para ayudarlos, y hecho gran- 
des albarradas, y paliZiídas muy fuertes para asegurar la entra- 
íla del pueblo, y que estaban esperando de guerra á los espa- 
ñoles, decian para matarlos, pues eran tan pocos y ellos tantos. 
A esta resuelta determinación, pareció vencer con industria, pues 
la fuerza en aquella ocasión notoriamente era peligrosa; y asi 
guiados del Lidio por el monte, con mucho trabajo, y aun re- 
celo de ser sentidos de los que guardaban el camino, rodearon, 
y cogieron por la parte contraria la entrada del pueblo. Como 
por alli no recelaban los Indios daño alguno, ninguno la guar- 
daba, y asi sin riesgo entraron los nuestros el pueblo. Como 
cogieron á los Indios inopinadamente, y los vieron ya dentro 
del, no hicieron movimiento alguno, antes procuraron dar á en- 
tender á Alonso Dávila le recibian de paz. Como va sabia la 
fortificación, que á la otra entrada tenian hecha, se fiié con di- 
simulo hacia ella, y preguntó á los Indios, para que la habían 
hecho. Dieron sus escusas, aunque frivolas, y Alonso Dávila 
les dio ¿ entender que las creia; pero dijoles, que la deshicie- 
fien, pues no había para que fuese, si estaban de paz como de- 
cian y que sino lo estaban, advirtiesen les haría guerra hasta 
consumirlos. Con esto entendió atemorizarlos, y no hizo cas- 
tigo al^no por el rebelión intentado, aunque le constaba, y 
por dejarlos mas aficionados con la clemencia, y asegurar el pa- 
so para la vuelta de los que habia enviado al Adelantado, que 
aun no sabia eran muertos. 

Dejando h los Indios con esta advertencia, salieron para 
ühoblé distante de alli siete leguas, y pasaron por un pueblo, 
que hallaron pacifico, y los recibió bien, ofreciendo provisión 
de basamentos, para la nueva Villa que habían fundado. An- 
tes de lle^ á Chablé, descubrieron unas fuertes trincheras y 
á los ludios de guerra que las guardaban. La entrada estaba 
rodeada de monte muy cerrado y ciénega, que casi les impo- 
sibilitaba llegar al pueblo; pero socorriólos Dios antes de llegar 
cerca da la fuerza, con encontrar un indio, que los guió de suer- 
te, que cogiendo por el monte la vuelta al pueblo, entraron en 
él á tiempo, que ya los Lidios le habían desamparado sin que- 
dar en él persona viviente. Detuviéronse alli cuatro dias, en que 
enviaron á decir á los Indios del pueblo, volviesen ¿ sus ca- 
sas, que no veoian á hacerles daño alguno; pero ellos ó ya por * 
el temor, 6 por estar resueltos ¿ no vivir en compañia de espa- 
fióles, se estuvieron sin venir por enténces. Asurados mas 
de sus recelos, y á persuaciones de el contador /üonso Dávila, 
vinieron dtespues, y él solamente los r^rehendió de palabra y 
iBoenazA como á loo de el otro pueblo, si no se sosegaban, prcv 



LIBRO SEGUNDO. 93. 



curando atraerlos con medios suaves. Aqui fué, donde hablaíi- 
do un indio del pueblo, con otro de los que llevaban los es>- 
pañoles en su compañia, le dijo, como los castellanos que ha- 
bían ido en busca del Adelantado, eran muertos, y el indio so 
lo dijo á Alonso Dávila. Con el sentimiento que se deja enten- 
der, quedó cuando lo oyó y juzgó ser tcrdad, por haber Ua- 
llndo tan alterados á los Indios; pero con todo eso esperó i^i 
término de los sesenta dias que les asignó para la vuelta. 

Volvióse á la Villa Real á aguardiirlos, y viendo que pa- 
sado el término no venian, determinó ir por el camino, que ha- 
bian de haber ido con veinte y dos hombres, tres caballos, pa- 
ra tener mas cierta noticia de si eran muertos, y siéndolo ó 
no sabiendo de ellos llegar donde estaba el Adelantado. Con es- 
til determinación, habiendo llegado á Bakhalál, algimos princi- 
pales le dijeron, que si queria escusar el camino, y escribir al 
Adelantiido; ellos le despacharian las cartas, y dentro de un 
mes le traerian respuesta. Creyólos y dióselas, pero nunca las 
trajeron, que apenas le trataban palabra de verdad, sino todo si- 
mulaciones, y engaños (maña que hoy les dura.) Estas cartas 
dice Herrera, que se ofrecieron de llevar los Indios al Adelan- 
tado á Campeche. ¿Como pudo ser, que le escribiese á Cam- 
peche, tan distante de donde le dejó, sin haber sabido del Ade- 
lantado, desde que salió de Chichón Ytzá, donde se estaban cuan- 
do esto sucedía? Mucho confundió las relaciones, quien las es* 
cribió: gran daño para una Historia, y que no pudo evitar el 
autor de ella. Viendo Alonso Dávila los Indios tan cabilosos; 
resolvió dar guerra á los de Cochvá, por ser los mas inquie-* 
tos, y aun me parece, por haber sido ocasión de las muertes 
de los españoles mensageros, y los caciques de la provincia de 
Vaymil, se ofrecieron de ayudarle en ella. Para hacer via- 
je pasaron por el pueblo do Chablé, y para que los Indios do 
él les ayudasen en aquella guerra; pero ellos entonces se de- 
clararon, y no quisieron, aunque antes lo habían prometido. 
Dudosos estuvieron, si castigarían primero aquel engaño, y bur- 
la que parecía hadan los de Chablé de los españoles; pero co- 
mo su principal intento se ordenaba á saber del Adelantado, 
para cuyo fm era todo aquel movimiento; resolvieron seguir su 
camino, y disimular hasta tener ocasión mas oportuna. Para* 
haber de entrar en el primero pueblo de la provincia de Coch- 
vá, descubrieron los coriedores, que iban por delante un foso 
fertifícado con trinchera, y prevenida la gente de la tierra con • 
tra ellos, y en este parage desampararon á los españoles los 
caciques y Indios, que se habían fingido amigos. No fué tan 
á su salvo la fuga, que los soldados españoles conocida la trai- 
ción, no prendiesen á dos de los caciques, y con el enojo ma- 
taron al uno. El otro viendo á su compañero muerto, y tan» 
cierto el peligro de su vida, se abrazó con el contador Alón- 
00 Dftyila, por cayo respeto no se la quitason. Hallftronse lOs^ 



(tspafioles imposibilitados de entriir el punblo, ¡jor la "ran lór- 
liücacion cuii qiii; estaba, y la mucha <);ciiie que la drluiidia, 
y asi lomaron otra resolución, que se dice en el capitulo siguiente. 

CAPITULO VIH. 

Jie lo que sucedía á Alonso Dávila e» Bakhaldl, y una griin 
batalla que íuvieron los de. L'h'tcken Ytzá. 

Valiéronse los españoles de lo que en las otras ocasione» 
les Iiabia aprovechado, y hallaron por el nionie iiu buen paso, 
por donde cogieron la otra parte contraria de el pueblo. Ya 
los Indios coa las pasadas estaban con mas cuidado, y asi re- 
currieron á ia defensa por aquella itartr; pero como no tenia 
tanto impedimento, cerraron los españoies con ellos valerosamen- 
te. Necesitaban bien de sus fuerzas y destreza, aunque fueran 
muchos mas en número por el grande de Indios, que se ha- 
bía juntado. Pelearon con todo esfuerzo los castellanos, y aun- 
que fueron heridos tres, de los cuales murió el uno; fué Dios 
servido ahuyentasen aquella multitud de idólatras infieles, que 
|>arece cosa milagrosa haber prevalecido contra tantos, y hecho 
incomparable daño en ella, porque se dice haberse jimtado con 
los que desampararon á los españoles inas de tres mil Indios. 
Habida esta victoria, llegaron dos soldados, que se hablan que- 
dado atrás, llamado Treviño y Villoría, con uno de los caci-" 
ques huidos, á quien traían prisionero. Este viendo ú los nues- 
tros resueltos de proseguir el camino comenzado, los certificó 
iban por él en manifiesto riesgo de su perdición, y por su 
consejo llevándole por guia y á buen recaudo, escogieron otro 
camino. Llegaron á un pueblo que hallaron sin gente, y la 
necesidad de los dos heridos, los obligó ú estar allí dos dias, pura 
que se reparasen. Pasaron á otro pueblo grande que hallaron 
fortalecido, como el antecedente, y aunque pelearon mucho con 
los Indios, no pudieron entrarle; antes bien heridos once cas- 
tellanos, se hubieron de retirar al pueblo de donde hablan s;t- 
lido. Los Indios los siguieron mucho trecho, haciéndoles cuan- 
ta molestia podian, aunque viendo el camino que seguían los 
dejaron, presumiendo, que los otros Indios de por aUi, como to- 
dos estaban alzados, los consutnirian, siendo tan pocos, cansa- 
dos de tantos trabajos y faltos de bastimentos. 

Conociendo Alonso Dávila el peligro tan urgente en que 
se hallaba, y la dificultad grande que hahia para seguir su in- 
tento; mudó de parecer, determinando dar la vuelta á Villa 
Beal, que aunque en esto habia díñcullad, no era tanta como 
ir á ver al Adelantado. Valióse para volver del cacique, á 
quien por abrazarse con él, no mataron los otros soldados, y 
con halagos y amenazas que le hizo: aunque por malos camt- 
B09 los guió sin tocar en el pueblo, de donde se habían reti~ 



Mimo sKíirNiio. 



tado. En algunos pasus e!iC4jnir;tbnii ludios de guerra, pero no 
beleaban cx)n los espolióles, y asi dieron vuelta hastñ el piie— 
dIo de Chttblé. Estalmn aiis moradores bien descuidados do 
que tal pudiera sticederles, y asi viendo á los nuestros se hu- 
yeron. Allí se hallaron alonas canoas, con que poder posar 
unus la{B;unas, que lo tuvieron á ponicuiar merced de Dios, y 
llegaron á su nueva poblocion de Villa Reol, dándole muchas 
gracias cuando se vieron juntos con los otros compañeros, y de 
que los hubiese librado de tantos peligros. 

No hallando como sober del Adelantado, ni orden parador- 
le noticia de los trabajos sucedidos, les pareció que preso alpi- 
no de los caciques 6 señores de por allí; dispondrio como se 
llevasen carias en que darle noticia de todo. Dice Herrera, que 
andando en esto un Mailin de Villarubia, cogió unas canoas 
que estaban en el rio con mercaderías, para pasar á Ulúa, y 
en ellas cocieron algunos principales, y con ellos un hijo del 
señor de Tepaín, con quien pasó lo- que luego se dirá. Pero 
antes reparo, en que jCónio ¡xidian ser estas canoas, para pasar 
4 Ulna, donde ya estaba la Vera-Cruz, y era necesario dar 
vuelta por la mar & todo este reino para ello, ni que contrata- 
ción pedían tener allá estos infieles? iwr donde juzgo, que no 
serian, sino para ir hacia lo de Honduras, y aquelpedazo que 
cae hacia acá, que no estaba aun sujetado por los españoles. 
Cogido aquel mancebo entre los oíros Indios, pareció llamar íi 
sil padre, y ofreciéndole, si enviaba las cartas y traian respues- 
ta, que no solamente darian libertad al hijo, pero que volverían 
todo lo que se holló eu las canoas; aceptó el partido, con tér- 
mino de treinta dios, que para ello le dieron. Cumplióse, y no 
viniendo la respuesta, fué llamado el padre del preso y pregiui- 
tándole la cansa, respondió, que los Indios de guerra habiaii 
muerto los mensageros. Pareció mentira á Alonso Dávila la 
respuesta, y puso en el tormento al indio y sus compañeros, qua 
confesaron, como las cartas no hablan ido, y que las teniaii 
guardadas, presumiendo, que cansados de esperar soltarian los 
presos. Por ver como les salia, trocaron de suerte, que quedase el pa- 
dre preso, y el hijo llevase las cartas con el mismo término; pero no 
solo no lo cumplió, mas viendo que ya era pasado, supo Alon- 
so Dávila que los Indios procuraban hurtar las canoas, que las 
cartas no habian ido y que se juntaban Indios de guerra para 
venir sobre Vdla Real. Para esperarlos se previno de basti- 
mentos y envió á Francisco Vázquez con siete canoas por maiz, 
y Villarubia salió con otras diez, que después llegaron. Jun- 
tóse con las otras, y fueron en seguimiento de unas diez y nue- 
ve canoas en que habían visto muchos Indios, y adelantándose 
una de las nuestras, la dieron tal carga de flechas, que mata- 
ron dos castellanos, y á no llegar loa compañeros murieran to- 
dos. Salidos de aquella, buscaron algún bastimento, con qua 
volvieron á la Tilla, donde cada día espetaban el acoiBeüuien- 



9(3.. IIISTOIIIA IIK YUCATÁN. 

to de los ludios, aunque con alguna confianza de valéis con- 
tra ellos, por ser el sitia á proposito, para aprovecharse de lo» 
caballos. No estaban con menores cuidados el Adelant&do y su 
gente en la población áe Chichen Ytzá, que Alonso Dáviía y 
los suyos en la de Villa Real; porque si á estos los hallamos 
recogidos en ella, aguardando cada dia -el asalto de los Lidios 
convocados: esotros por instantes andaban con las armas en las 
manos por las continuas alteraciones con que los de Chicheit 
Ytzá, y sus comarcas los molestaban. Hacia mucha falta al A- 
delantado Alonso Dávila y s^ gente, que na parece acertó en 
fundar aquella población con tanta presteza, parque tan separa- 
dos no podian favorecerse unos á otros. Necesitaban grande - 
mente de socorro, porque los soldados poco á poco iban faltan- 
do con las continuas escaramuzas, que con los Indios teniau, y 
de ninguna parte les venia socorro de gente, caballos, muni- 
ciones, ropa y otros pertrechos. 

Gomo los Indios reparaban mas cada dia la falta que de 
todo esto tcnian los españoles, con deseo de echarlos de esta 
tierra ó acabarlos: totalmente les negaron los bastimentos, sin 
acudirles con cosa alguna para su sustento, que no fué la me- 
nor guerra, no pudiéndolo haber de fuera. Viéronse necesita- 
dos los españoles de Chichen Ytzá, de buscar la comida con las 
armas, porque de otra suerte ya no la tenian. Los Lidios no 
iíerdian ocasión: por una parte tocaban arma contra los que 
ijueduban en lo poblado; per otra daban sobre los que sallan (b 
buscar bastimentos, con tanto cornge, que á los unos y á lo» 
oíros ponían en cuidado. Los que traiun el bastimento temiai> 
I>erderlo, si queiian socorrer (i los que estaban en poblado y 
estos que los Indios les ganasen la población si salkm á de- 
fender ti los compañeros: siendo ya todos tan pocos, que para 
coda cosa de las dos eran bien necesarios los que había, sien- 
do los Indios tantos. Llegaron a este aprieto de haberles de 
costar su sangre, si hablan de comer, y lo que mas gusto du- 
ba á los Indios, era que saliesen á diversas partes por cuadri- 
llas á buscarto; que aunque era con el mayor secreto' que po- 
dian, no para ocultárseles, que luego iban sobre ellos, y les da- 
ban bien en que entender. Entre los demás que hacian estas salidas^ 
leí en sus probanzas, ser uno Juan de Cárdenas, y otro Blas Gonzales. 
Necesario fué en tan estremado peligro^ que el Adelantado fuese per- 
sona de gran corazón y ánimo, y se gobernase con singular prudencia, 
cual tuvo en tan miserable estado, para que no pereciesen desespera— 
dos de todo favor Immano. Animaba á los suyos con dádiva» 
de lo que tenia, y promesas para lo futuro^ siendo Dios servida da^ 
mejorar el estado presente, porque todos estaban disgustados, no es-' 
perando hallar oro, plata, ni otras riquezas, con que descansar, cnando 
hubiesen sujetado la tierra, y de presente vian desdichas, trabados y 
muertes de sus compañeros; la multitud de los Indios y ja ferocidad 
de sus toiaáos, m) esperimontada tan grande en otros hasta caiónccs. 



LIBRO SEGUNDO. 97. 



Por esta ocasión dice Herrera, que viéndose el Adelando 
Montejo tan desvalido y apretado, sin noticia en muchos me- 
ses del contador Alonso Dávila y su gente, pidió socorro á \o^ 
castellanos de Tabasco, que estaban en nuestra Señora de la Vi- 
toria, y le enviaron veinte soldados. Esto no pudo suceder en 
este tiempo; porque después de la batalla que se oirá luego, y ha- 
ber ido el Adelantado á Nueva España á buscar socorro de gen- 
te y otras cosas, y dejado á su hijo, que conservase el puerto 
de Campeche; . sujetó á los Indios de Tabasco, que estaban al- 
eados, y pobló la Villa de la Vitoria, como consta de la ejecu- 
toría del Adelantado, y convienen ea esto muchas probanzas de 
conquistadores que he visto y leido. Cuando vinieron estos vein- 
te hombres, ((ue fué mucho después, se dice adelante. 

Con última resolución determinaron los Indios, ó acabar con loé 
espajioles de Chichón Ytzá, ó hacerles dejar la tierra. Para es- 
to convocaron lo mas de toda ella, con que el gentío que se jun- 
tó fué grandísimo: los Indios que los capitaneabcm briosos, y de 
natural orgulloso, y asi fiados en la multitud, cercaron á los es- 
pañoles, que por ninguna parte podían valerse, ni ser ayudados. 
Fué casi sumo el aprieto en oue se hallaron con este cerco, pe- 
ndiendo de hambre; y obligados de esta necesidad, habiendo de 
íDorír á manos de este lento enemigo; escogieron acabar, como 
valerosos, peleando en la campaña. Dispuestos para ello, y en 
la ocasión que juzgaron mas á propósito, salieron á dar batalla 
á los Indios. Como estos lo deseaban tanto, tuvieron á dicha la 
salida de los nuestros, porque aun no se atrevían á acometerlos 
en su fortificación. Trabóse una de las peligroma batallas, que 
los españoles han tenido en estos reinos; poique aunque ¿ su 
esfuerzo se aumentó pelear por las vidas, que ya vían en la úl- 
tima desesperación de conservarlas de otra suerte; los Indios tam- 
bién peleaban, por quedar señores de su tierra, y en la libertad 
que pretendían, con ganar la victoria. Gran dafk> recudan de 
las armas españolas; pero aunque morían muchos en la batalla, 
como el ^ntío era tan grande, muchos mas escuadrones del 
nuevo ponían en su lugar por instantes, con que por todas par- 
tes fatigaban á los yá cansados españoles. La mulmod per^út^ 
thna hito grande estrago en los nuestreS| y coaoeid^^ portel A- 
delantado, díó señal de retirarse cenlHien ótdén, par» cmMemíí 
he «spafioles que le quechiban. ReeogiddS'á' flO-foftiftiBacwn) ha* 
Itefon haber muerto aquel día- á nuoMS dé tos.Itidios cie»la>if 
cincuenta dé aquellos primevos conquiídtadeNres; casi los restaste^ 
ledos hwdo») y algunos caballos muertos;^ gran filltai siendolofi 
demás tan pocos, y para todos miserable mina, solo tuvieron da 
felicidad, no acometerlos los Indios en su letiiosigiiimdé la via-^ 
loria, poírquesin'dtida entonces acabaioncon ellos; pero fiíé^Has 
servido se eonteiitasen con lo sueedids poixpie iist pc i se ii ts trtfl?» 
d#s miserablemeale. 

4 



9S HISTURIA DE YtCATAy. 

]a voluntad que tenían á los españoles, y deseo de no estarles su- 
jetos, para tan gran confederación y li^ra, como en esta ocasión 
ce hizo contra ellos; pero en una relación antigua, que por ma- 
yor dá razón de las cosas de la conquista; hallo, que fué haber 
muerto los españoles á un cacique por una traición, que suce- 
dió en esta forma. Ant^ que de todo punto se declarasen los 
Indios con los españoles, andaba entre ellos un cacique, llama- 
do Cupul, de quien no se recelaban^ teniéndole por amigo. Era 
ñccion en el indio la voluntad que manifestaba; y asi en una 
ocasión, habiéndose vuelto de rostro el Adelantado para una ne- 
cesidad ordinaria; su espada estaba arrimada á un rincón, y este ca- 
cique con toda presteza la sacó de la vaina, y iba á matar con 
ella al Adelantado, que mal se defendería, estando vueltas las es- 
paldas. Fué Dios servido, que en la ocasión salió un conquis- 
tador, que en la relación se dice era Blas Gonzales, y sacando 
su espada, llegó al indio á tan buen tiempo, que antes que eje- 
cutase el golpe, le cortó el brazo en que tenia la del Adelatado, 
antes que él volviese el rostro. Acudieron otros soldados al rui- 
do^ y en breve dieron la muerte al indio, con que los demás 
se alteraron, y hubo entonces una razonable refriega; pero aun- 
que ella se sosegó, no las voluntades, porque desde entonces di- 
ce, que comezaron á negar los bastimentos y á desapatecerscv 
hasta suceder lo referido. 

CiiPITULO IX. 

Desamparan los españoles las dos poblaciones, que ha- 
bían fundado en Yucatán. 

Era imposible conservar mas la población de Chichen Ytzáu 
con el mal suceso de aquel día, y aun casi reputaban por tal, sa- 
lir della con vida hada la costa á. buscar sus navios paraem* 
barcaxse. El discurso se aviva con la necesidad al ojo, y oca- 
siona remedios para los mayores aprietos, como se vio en este, 
que se hallaban los españoles. Habiendo ui>a noche descuidado 
á los Indios, ataron un perro hambriento á la lengua de una 
campana, y le pusieron en distancia, que el olor le llegase, y no- 
alcanzase donde el pan estaba. Aquella tarde, cuya noche tenían 
resuelto salirse, para desvelar á los Indios, y que los cogiese con 
algún cansancio, salieron á escaramuzar con ellos, y & buena ho^ 
ra se recogieron á sus estancias. Estaba ya todo prevenido, y 
con gran silencio desampararon el real, y población, guiando al 
norte para salir á la mar. El perro como vía que se iban, por 
irse con ello» tiraba el cordel, y tocaba la campana, después por al- 
canzar el pan, hacia lo mismo, con que engañados los Indios,* 
prtsamiendo que los castellanos tocahin rebato, se estuvieron que- 
dos, previniéndose para el suceso de aquella seña. Caminabaa 
Icpt^uestros á bu^ poso en efl Ínterin,- pora salir & 1» ceita^ ^ 



LlfiRO SÍ3Í4ÜNDO. ' 99; 



> * 



ya poco antes de amanecer, rícr sintiendo los Indios rumor algu- 
no, y oyendo, qne Ja campana no cesaba, lo tuvieron por nove- 
dad, y como cosa no acostumbrada, obligó á los capitanes de lo$ 
Indios á acercarse á la población de los españoles, la cual re- 
conocieron despoblada. 

Grande enojo recibieron los indios con esta burla, potque te- 
nían por cierto, no podian. salir de allí los españoles con vida; 
pero la industria prevaleció á la fuerza, y ellos quedaron ale- 
ares, teniéndose ya por victoriosos contra ellos, y ñieron siguién- 
dolos por diversas partes. Las tropas que acertaron á cqjer el 
camino que los españoles llevaban, alcanzaron la retroguarda, á 
quien decian palabms injuriosas con mil afrentas (cosa que aun 
lioy hacen, en viéndose como se dice, en la suya) con pala- 
bras bien sucias (de que no tienen pequeña copia en su idio- 
ma, con que motejar, asi á varones como á mugeres.) Enfa- 
dados los españoles, quisieran hacerles rostros, y algún daño por 
despedida; pero D. Francisco el hijodel Adelantado, que iba con ellos: 
capitán, aunque mancebo, prudente, y considerado, los detuvo 
diciendo, que aquella era ocasión en que solo convenia conser- 
var las vidas sin atender á la insolencia con qué aquellos bár- 
baros los ultrajaban con las lenguas. Fué tal la perseveran- 
cia con que iban contra los nuestros, que hubo de mandar D. 
l^ncisco, que seis hombres de á caballo, se ocultasen en parto, 
donde dejando pasar alguna tropa de Indios, saliesen á ellos, y 
los alcanzasen, que era lo que mas temian. Hallóse lugar á pro- 
pósito, para poderse valer de los caballos, y cuando les pare- 
ció tiempo, dieron en los Indios, alanzeando muchos. Perturbó 
su orgullo esta salida, como los temian tanto; pero muchos In- 
dios huboj que con vídor resistieron este encuentro, y tal, que 
andando corriendo uno de los castellanos á media rienda, le co- 
gió el cabajlo por una pierna, y le detuvo, como si fuera un 
camero; acción que la refiere Herrera en su Historia general, 
con lo demds de este capítulo. Quedaron tan amedrentados los 
Indios con el estrago que los de acaballo hacían en ellos, que 
cesaron de seguir á los nuestros, y pudieron proseguir, sin aquel 
enfado su viaje. 

Grandísima diversidad hallo en todos los escritos, que refíe-*' 
ren los sucesos del Adelantado y sus españoles, desde este día. 
El bachiller Valencia dice en su relación: "Que habiendo ido 
siguiendo el norte para salir á la mar, fué Dios servido de sacar- 
los á unas llanadas y lagunas, que llaman de Tabuzoz, (Buctzotz) y 
de allí pasaron al puerto de Qilám, en donde viéndose destro- 
zados y fatigados con las refriegas pasadas, y con la falta doí 
bastimentos, y sobrade otras muchas necesidades, habiendo du-^ 
rado esta entrada casi dos años; por el fin del año de mil» 
y quinientos y veinte y nueve, se embaicaroü, llevando la der^ 
iota para la Isla de Sacrificios y puerto de S. Juan de Ul6;u^ 
La salida de los espaflolesr de esta tierra, la pone* muy diferéb^ 



^fiSí .-ip---^,^*HISTOBU Mí YITCATAX 



mÁ 



lo8j les hizo presumir que el Adelantado y los que con él que-. 
^luron, eran muertos; y asi trataron de desamparar la Villa, 
endose sin socorro de parte alguna, y (^ue permacecer en ella, 
6ia. esponerse manifiestamente á perecer sm remedio. Determi- 
xuaron buscar otro sitio en esta gobernación, desde donde por 
restar cerca la de Honduras, por aquella parte pudiesen proveer- 
fiQ de socorro, con que mantenerse contra los Lidios rcbeIde^', 
iniéntras tenian nueva de el Adelantado, y orden suyo de lo* 
qjlie hiibieseu de hacer. 

El \á£ge era muy peligroso, pero venciendo dificultades sa- 
lieron á la costa, donde buscaban sitio (\ proposito para su in- 
tento, pero no le hallaban, por ser la tierra bnja y anegadiza. 
Esto, y habérseles consumido ya las mas de los armas, los hi- 
:2o mudar intención, y se hubieron de ir al puerto y Villa de 
Trujillo en Honduras, con notable miseria y desdicha, porque 
lio tenian que comer y la necesidad les obligaba á salir de 
Sis canoas en que iban á tierra, y sustentarse en aquel viajo 
con frutas silvestres, palmitos y algunos cangrejos. Entendien- 
<io hallar en aquella Villa algún reparo á sus necesidades y 
stncorro para lo de adelante; fué bien al contrario, porque los 
de Trujillo estaban muy necesitados y descontentos, habiendo 
mas de tres años que no habia llegado navio alguno á aquel 
puerto, y con la falta de contratación, la tenian de armas, ro- 
pa y demás cosas de Castilla. Pidieron favor á Andrés de Ze- 
rjezeda, que gfobemaba á Trujillo, para volver á buscar al Ade- 
lantado en Yucatán, y aunque todos sintieron verlos tan mal- 
tratados, y temian la perdida del Adelantado; estando tan fal- 
tos como estaban, no pudieron ofrecerles mas socofro que de 
•algunos caballos y yeguas, si querían comprárselas, porque tam- 
bién ellos estaban fabricando un bagel para enviar á las otras 
!|alas por algunas cosas. Túvose como por cosa de milagro, 
que en este tiempo, cuando el nuevo descubrimiento de las ri- 
quezas del Pirú, se llevaba tras si á todos; llegasen á Truji- 
llo dos barcos de la Isla de Cuba, en uno de los cuales dice- 
][lerrera, que se embarcó Alonso Dávila con la gente de Yu- 
catán y llegó con ella á salvamento á Salamanca dos años des-' 
pues, que se apartó del Adelantado, porque habia tenido noti- 
cío, que por entonces estaba alli, donde habiendo llegado supo, comor 
el Adelantado habia perdido la provincia por la terrible guerra de los; 
jyOurales, como se ha dicho. Si no es que á la población de Chin- 
chen Ytzá la nombraron Salamanca, como antes ae ahora he dicho, 
j¡p puede concordar esto, porque la que hoy hay, está en la 
tifxia de Bakhalal, donde habia andado el misnK) Alonso Dft-' 
Via^ y se fundó el año de cuarenta y cuatro, y sin duda to^' 
vo esta nombre, porque después de esto se juntó con el Ade- 
lantado, y llegaiido á la ccKsta, sabría en ella el suceso con que; 
fosó hacia Campeche & buscarle^ - 



UBÜO SEGUNDO. 1A2» 

CAPITULO X. 

Lo que sucedió á ios españoles en Yucatán^ hcista que tdtgl^ 
mcfite ta despoblaron; yéndose á Tahasco. 

Halló el contador Alonso Dávila de vuelta da l^nijiUoal 
Adelantado D. Frmicisco de Montejo en Campeche, y no cú 
otra parte^ segim lo que se dice en algunas ptobanzas de loü 
4)ocos conquistadores que de aquellos primeros, permaneciezof^ 
donde se pobló y conservó al^n tiempo, y con la venida del 
contador y su gente, le pareció seria bueno entrar por aquella 

fiarte algo en la tierra, y que la catasen, y trcgesen noticia do 
o que en ella viesen. Envió para esto al contador con cin- 
cuenta hombres, y viendo los Indios, que los españoles que que« 
(¡aban en Campeche, no eran mas de cuarenta de A pié y 
diez (lo á caballo, se juntó gran multitud de ellos (que en las 
probai]zas de Blas González se dice, eran mas de veinte mil) 
y dieron en el real de los nuestros, que se vieron en gravf^ 
s;imo peligro. Oyendo el Adelantado el tunmlto, salió á caba- 
llo por ver si podia apaciguarlos, que estaban divididos en 
muchos escuadrones, y yendo hacia uno de ellos, que estaba 
on una cerrezuela, los llamaba á voces, diciéndoles que no fu^ 
sen locos, y que era su perdición lo quo hacían, que viniesen 
de paz, pues no les habian hecho daüo alguno, con que tu^ 
viesen ocasión para aquel alboroto. Los Indios, que entendían 
de aquella vez acabar con los nuestros; volvieron adonde oían 
las voces, y como conocieron que era el Adelantado, sin hacer ca- 
so de lo que les decia, se fué á él una gran tropa de ellos^ 
que le cercó. Unos querían quitarle la lanza y otros echaban 
mano á las riendas del caballo para sujetarle; pero viendo el 
Adelantado el peli^o en que estaba, le apretó las piernas, y 
con la violencia despidió de jimto á sí á los que le echd)an 
mano. Asegundaron tantos Indios, que sujetaron al caballo por 
los pies, otros le tuvieron las riendas y otros le quitaron la 
lanza. Q.uerian ya sacarle del caballo para llevarle á sacrificar 
á sus ídolos (como después dijeron, y que entendían que muér^ 
to él se irían los españoles.) De estos se halló el mas cerca- 
no Blas González, soldado de á caballo, y viendo el peligro 
en que su general estaba, y el que todos corrían con su muer- 
te; ^cometió ¿ los Indios alanzeándolos, con tal valor, que a- 
brío camino entre ellos, y pudo Uecfar & socorrerle, y acudie« 
ron otros, con que se pudo librar del todo. Salió el Adelan- 
tado con algunas herídas que ya tenia; pero muchas maá el 
Blas González y muy peligrosas: su cabalo de tal data, queft 
poco rato muríó, y le nabia costado trescientos pesosl de oío ds 
minas, y se dice, que nunca le dieron otro en recompeala. LóB 
dem&s conquistadopQ^, y entre cUos Francisco de Montejo^ ca^ 



104; HISTORIA DE YUCATÁN. 

«MAM. 

pitan que era, y sobrino d^l Adelantado, ponderal^ la acción 
por una de las grandes de la conquista, y dicen, que totalmen- 
te SQ perdiera, muriendo en aquella ocasión el Adelantado. 
Viéndole los Indios recobrado y salvo, en poder de sus espa- 
ñoles, comenzaron á iise unos por una parte y otros por otras, 
CQi^ . cgjtí^. faé^ Dios servido, se sosegase aquel tumaltk>r 

Frocurando el Adelantado rehacerse de gente para poder so- 
to^, su conquista» porque con la fama de las nuevas ric^uezns 
G^ Pirula y con- la oportunidad del puerto, muchos le dejaban, 
ae d^nninó ¿. ir & ía Niieva España, y en su eomp^u'iia fu^ 
donado Nieto, el alferez, que cuando salieron á tierra, con su 
trander;^ tomó posesión de ella en nbmbre dd Rey, y por su¿ 
bu^no^ seryipios era. ya capitán para las entradas qne se haciaii 
en la tierra. Habia procurado tuviese noticia el Rey del mal 
suceso de esta conquista, pidiéndole le ocupase en. otra de stt 
servicio, ppr acá, porque esta no tenia esperanza de conseguir- 
la, y que mrádase juntar la gobernación de Honduras con la 
de Vucataní porque con la gente de una provincia se podía 
conservar la otra. Aunque el Rey, según dice Herrera, daba 
oídos á esta unión, por darse por bien servido del Adelantado; 
no tuvo efecto, porque pertenecía aquello al Adelantado de 
Guárnala D.. Pedro de Alvarado; pero despachóse una cédn- 
I{L. real & la audiencia de Méjico, para que le favoreciesen y 
ayudasen, la, cugl decia asi: "LA kEYNA. Presidente y oi - 
Cfi^es de la Mueva España. Yo soy informada de los traba- 
jóp y pérdidas que le han sucedido al Adelantado Francisco de 
Mpntejo en la población, que por nuestro servicio fué á hacer 
á la pcpvincia de Yucatau y Cozumél, de que me he despla- 
cido: asi por ^torbo que ha habido, para que los natnnjes dé 
ella vinieáen. en conocimiento de nuestra Santa Fé católica, co- 
mo por el daQo que el Adelantado ha recibido, por ser tan buen 
servidor nuestro, y que las cosas de aquella pobladon estaban 

Een buenos términos. Y por lo mucho que el dlicho Ade- 
itado nos ha servido, y gastos que en ello ha h^ho; tengo 
voluntad de le mandar íavoiecer, para que mejor pueda prose- 
guir lo comeqz^o. Por ende yo vos mapdo y encargo mucho, 
que en todó^ lo que se le ofreciere paca aquella , conquista, , le a- 
vudeis y/áivorezcais^ como á senador UQestro, poia.óne ípejor 
lo pueda hacer, y servirlos en, día, qpe parios dicnos lespe^ 
tos rnñ haréis eQ ello muchaplAcery servicio. !)• Ocaña cua- 
tro días del mes d^ Abril, de nñl'quiníemos y treinta y uii 
^Qs. YO LA REYNA. Por mudlído de su Magestad. Juan 
de Samaho.^ 

Con es^ favor, y con la renta que el Adelantado tenia en !# 
fftleva España, juntó algunps soldados^ y compró navios )mm 
yieipr á proseguir la conquista de Yucatán, previno armas, nnt* 
mdones y lo demás necesario para la raerra. A esta sazoD pa» 

t^ luát;6xsde encomendado ál AdehmtMa la p ac i fi oaciop de m 



" LIBRO SEGUNDO. KÍ6; 

Indios de la provincia de Tabasco que estaban cdterados, y ha-^ 
biéndose venido á ella luego; diespues su hijo D. Francisco sa- 
Uó de la Vera Cruz con Tos navios, y pasando jpor Tabasco, 
quedó alguna gente con que el Adelantado pacincase aquella^ 
oerra, y desde entonces quedó unida al gobierno de Yucatán, 
como lo ha estado siempre (*). El capitán Gonzalo Nieto pasó con* 
dos navios á Campeche, con cartas del Adelantado, para llevar 
á Tabasco toda la gente castellana de Yucatán, porque aque- 
lla pacificación se halló mas dificil que parecia. Ya se vio, 
cuan belicosos eran los Indios, y en el fq>rieto que pusieron á 
D. Hernando Cortés y sus españoles, cuando pasaba á la Nue- 
va España. La poca ^nte que habia para acudir & ambas, y 
lo poco que en esta tierra se adelantaba, ocasionó tratase pri- 
mero el Adelantado de paciñcar aquello antes, que proseguir en - 
Yucatán, pues ya todo pertenecía á su gobierno. 

Mientras esto se acabó de efectuar, los españoles que esta* 
ban en Campeche, padecian muchos trabajos y ÍUtade susten- 
to, con que casi todos enfermaron, y su capitán G(nizalo Nie- 
to no tenia con que sustentarlos, y los caballos era menesler 
Soltarlos apacer, aunque con peligro de que los matasen loa In- 
dios, porque no teman con que mantenerios. Llegaron á que- - 
dar solos cinco soldados y el capitán, que pudiesen velar y guar« 
dar á los demás, y estos buscaban el sustento para todos co- 
mo podian. En una de estas salidas hirieron al capitán Gon-' 
zalo Nieto con una herida, que se tuvo por mortal; pero ftié 
Dios servido sanase de ella, para que fuese tan fiel amigo ddl 
Adelantado, que perseveró con él en tan mala fi)rtuna hasta 
que (como después se dirá) se consiguió la pacificación de es- 
ta tierra. Hubieron los españoles de desampararla lotdlmentet 
aunque con ánimo de volver mas de proposito á su conquis- 
ta, siendo á la sazón alcalde de Campeche el capitán Nieto, año 
de mil y quinientos y treinta y cinco (ten^ por cierto, que at 
principio del) y que fiíese este año, lo testifican los testigos do 
las probanzas Ge este capitán, respondiendo á la séptima prs-** 
guñta, en que uno de los testigos llamado Pedro de h&Aeeaia^ ^ 
especifica, que al tiempo que salieron los españoles de Yucatán, 
era Gonzalo Nieto, alcalde, y como tal hechos sus requirimien- 
tos é apercibimientos, é amonestaciones, fué el postrer hombre 
e se habia embarcado. Estos requirimientos parece haber sim- 
para que aquella población hecha en nombre del Rey,nQK 
se desamparase; pero satisfecho á todo juridicamente, se emíwr-' 
có para Tabasco con los demás compañeros. 

Diferente de esto (que por las probanzas de aquellois ppK 
meros conquistadores he podido ajustar) refiere lo sucedido Va»' 
lencia en sa relación; porque dice, ^ue acabados de salir da 
Chichen Ytzá, dmda el puerto de QiUm, se ñié el Adelantado ' 

• (n Téaio el tttedice £^ de este tibio. 

6 



oo, 



loe. HIST ORIA DE YUCATAK 

con sus españoles á San Juan de Ulúa el año de veinte y míe" 
ve, y el siguiente volvió guarnecido de valientes soldados^ y 
hizo asiento en Champoton, de donde no pasó en mas de cua- 
tro por la resistencia de los Indios, y de alli envió cien hom- 
bres á Tabasco, con que se pacificó aquello, aunque después se 
levelaron de modo, que obli^wlos con ello se retiraron á Chan- 
poton con el Adelantado, que hallándose por el año de treinta 
y tres con este aprieto, vino su hijo con nuevos soldados, y 
^mbos á dos entraron hacia Kimpéch (que por este nombre ó á la 
menos por su sonido, le pusieron después Campe'*^e) hallando 
la misma resistencia en los Indios. Alli en una r ^friega suce» 
dio coger los Indios al Adelantado, y que en m vnoria de esto, 
y por temer guardado aquel puerto para los nivios, fundaron 
alli una Villa, que intitularon la Villa y puerto de San Fran- 
cisco de Campeche. Alli dice gastaron tres años, hasta el de 
treinta y seis, en cuya sazón al Adelantado se le ofreció ir á 
Nueva España á cosas de el servicio de su Magestad, y tratar 
de la nueva conquista de Honduras, y para hacer este viage, 
sostituyó la capitulación en su hijo D. Francisco, con título de 
capitán general, y teniente suyo para la prosecución de la con- 
quista, y el Adelantado hecho esto, partió para su viage aíio 
de mil y quinientos y treinta y siete. 

Por la información referida con que concuerdan las Histo-- 
rias, consta que ningún español quedó en Yucatán el año de 
treinta y cinco. Haber sostituido el Adelantado la capitulación en 
su hijo, consta por ella misma, que fué el año de cuarenta, su 
íecha en la Ciudad Real de Chiapa de españoles, que enton- 
ces gobernaba el Adelantado. La fundación de la Villa de Cam- 
peche, con titulo de San Francisco, consta (del auto de funda- 
ción de la ciudad de Mérida) que la hizo el hijo del Adelan- 
tado, después de recibido el poder de su padre en Chiapa, con 
que se echa de ver no vio estos escritos auténticos, y confíe- 
so tuve ventura yo en hallarlos, porque aun con ellos me ha cos- 
tado alfi^n trabajo desenmarañar, aunque no del todo estos su- 
cesos, dándoles su año señalado á cada cosa. No he podido- 
mas, porque no he hallado mas claridad para afirmarlo, ni fue- 
ra bien asegurar por cierto lo dudoso. 

También me ha hecho reparar cual seria la causa, pere- 
que habiendo dicho Herrera en sti Historia, que el año de mil 
y Quinientos y treinta y uno, habiendo el Adelantado despo- 
plaao & Chichen Ytzá, idose á Campeche, y estando alli po- 
cos meses, dando orden de su partida, se fueron él y sus es- 
pañoles á Nueva España, donde estuvo algunos años el Ade- 
lantado, solicitando la vuelta de su conquista. Y en otro tomo^ 
que salió después á luz, dice, que por el año de treinta y' do3 
eirtaba poblado en Salamanca, donde le halló el contador Alón* 
fio D&vila cuando volvió de Trujillo. Y en esta misma ^c% 
que por el <le treinta y cinco ee esuibaa el Aideloittadd ycon- 



LIBEO SEGUNDO. tGf. 

tidor con su gente én Salamanca, y que entonces desampatti 
]a gobernación y se fué á Méjico, para solicitar con el Virey, 
y volver nuevamente á la conquista. No parece concordar bien 
«stos escritos entre si mismos, en muchas de estas cosas de los 
sucesos que escribió de esta tierra. Mas me admira, que ha- 
biendo dicho en muchas partes, cuan belicosos fueron los Indios de 
esta tierra, las muchas guerras que con los españoles tuvieron 
en el discurso de estos años, pues refiere las mas que aquí se 
dicen; tratando de ellos dice, que eran gente mentirosa y trai- 
dora, y que jamas mató á hombre castellano, sino debajo de pa% 
Ser gente mentirosa, aun hoy les dura en grado crecido, yes 
mucho menester, para certificarse si el indio trata verdad; pe^ 
ro lo último de no haber muerto á castellano, sino debajo de 
fiaZy ni concuerda con lo que antes había escrito dé ellos, ni 
con la verdad de lo sucedido, que antes el mayor mal de los 
españoles, fué hallarlos tan guerreros, con que se tardó tantos 
años la conquista como es notorio. Pero pues ya les dejaron por 
ahora su tierra, y se fueron todos á Tabasco; mientras vuel- 
ven á la conquista, digamos como se les vino á predicar él los Indios 
el Santo Evangelio en el Ínterin, lo que de ello resultó, y como 

Sor sus mismos sacerdotes ^ntiles les estaba años antes profetiza- 
a la Venida de los españoles á esta tierra, y la predicación de 
la Ley Evangélica, con que hablan de tener conocimiento de 
Dios verdadero. 

CAPITULO XL 

La predictjudon de la Ley Evangélica estaba profetizada 4 
estos Indios por stis sacerdotes gentües. 

Previene muchas veces la disposición divina indicaciones y 
señales á ejecuciones humanas, que siendo lo principal de ellas 
dimanado de la eficacia soberana: quiere antecedan tales noticias, 
para que el hombre no atribuya á sola su actividad y diligen- 
cia, lo que en el decreto de la infinita providencia, tiene de- 
ferminado la seguridad de su existencia. Tanto mas se decla- 
ra su clemencia, cuanto el objeto es capaz de su verdadera no- 
ticia. Flropiedad es del bien comunicarse cuanto puede. Retar- 
dase á veces por incapacidad de quien ha de recibirlo. Crió 
Dios al hombre capaz de gozarle con su visión y amor en la 
bienaventuranza. Puso el hombre óbice siendo transgresor del 
precepto divino para no conseguirla. Determinó el Divino Se- 
ñor reparo á tanta quiebra luego; que no sufre dilaciones amor 
tan noble, cuando se conoce poderoso para restaurar lo perdi« 
do. Quedó el remedio cierto con la unión hipostatica del Ver- 
bo Divino á la naturaleza humana en carne pasible, y la eje-' 
cucion en tiempo,~ por cuenta de la eterna sabiduría para la 
exhibición de t^eficio tanto. No careció de misterio la dila- 
ción que intervino^ pues conoció con ella el hombre la enfer- 
aiedad; que conm^ por su culpa, y esperimentó no poder re-' 



teSi HISTORIA DE YUCATÁN. ' ^ 

0obiar salud sin superior ayuda Previnieron el nacimiento dA^ 
el Sol de Justicia las aclamaciones proféticas, y las promesas 
Ue la verdad infalible, para que anunciado de tantos paranin^ 
fos, DO hubiese ignorancia en los hombres, y la novedad de 
maravilla tan grande tuviese el crédito que le era debido. Lie- 
^ el tiempo, que corre^ndiendo la ejecución con lo prome- 
tido, vi6 el mundo al Uni^nito de el Eterno Padre hecho, 
hombre, y al Médico Celestial, solicitando la salud del enfer- 
mo terreno. Dióse á conocer con sus maravillas y doctnna, y 
consiguió la salud de los hombres con su pasión y muerte.. 
{Prosiguieron con la predicación Evangélica los apostóles, ma- 
nifestando su nombre, y salió el sonido de sus voces, como din 
jo el Profeta Rey, á los fines de la redondez de la tierra. 

Aunque no consta con certidumbre, que en estos reinos de 
la América haya sido anunciada la predicación Evangélica por 
los mismos apostóles personalmente; se halló en este reino de. 
Yucatán fundamento para poder presumirlo, y que no dio po- 
co que considerar á los escritores antiguos, pues nuestros es- 
pañoles, cuando en él entraron, hallaron Cruces, y en especial 
una de piedra, relevada en que estaba la imagen de Cristo Re- 
dentor nuestro crucificado, la cual está en nuestro convento de 
Mérida, y á quien veneraban los Indios, como se dice libro 
cuarto, capitulo nono, por donde se pudo entender habian te- 
nido noticia de nuestra Santa Fé católica ya perdida, ó por 
demerito de sus pecados, y en castigo de haberse dado & tan- 
tas idolatrías como tenian ó por otras causas que no alcanza- 
tnos. Ya que no hayan tenido el verdadero conocimiento, bas- 
ta que lloraron nuestros españoles, y que se dilatase la venida 
espiritual de Dios en sus almas hasta aquel tiempo: por lo me- 
nos muchos antes se la tuvo prevenida y anunciada, para que 
la creyesen cuando llegase. Porque como la Divina clemen- 
cia no quiere cpxe perezca la criatura racional, que formó & su 
imá^[en y semejanza, antes bien solicita la salvación de todas^ 
previene los tiempos y dispone los medios con eficacia y sua^ 
vidad para coger el fruto de sus determinaciones. Cuando la 
Fé Qo nos enseñara, que la Provindencia Divina gobierna todas 
las oosas, y que la conversión de las alnoas, dando crédito á ella, 
depende ae su eficacia con singular ausílio; desengañara á nues- 
tros españoles la admirable disposición, con que la Magestad 
de Dios nuestro Señor tenia prevenidos los ánimos de estos 
naturales, para que la recibiesen, cuando les fuese manifestada 
por los predicadores evangélicos, y con la pacificación de los 
españoles en lo temporal los si\]etasen á nuestros Católicos Mo-¡ 
Oaspcas. Cosa parecerá á algunos dificil de crédito; pero la ver^ 
4ad del hecho asegura el común sentir de los naturales en su 
certidumbre: estar escrito en su idioma emre otras cosas de sus 
oaliguedades, desde que se convirtieron y ao ser imposible comu- 
MÚfM Oíos áoof» ien^tes .4 ios boiQbies> msí cuMdo. jpor 



LIBRO SEGUNDO. Wa 



culpas se hacen incapaces de recibir las mercedes, que di* 
manan de su spracia justificante. En el tiempo^ pues, que es. 
iaban estos Inmos mas sujetos al demonio con el culto ídolá- 
trico que le ofrecían, y mas apartados del verdadero conocimieu* 
to de su Criador y Señor; dio espíritu profetice á álj^nos de 
los sacerdotes gentiles, con que anunciaron la predicación evan- 
gélica, para que cuando llegase el tiempo de coger su fruto, 
ni la novedad les admirase, ni tuviesen escusa con la ignoran* 
cia de lo que se les decia. Pondré á la letra sus profecías pa- 
ira mas calificación de este intento, y no en su idioma, por 
escusar enfado á quien no le entendiere, y porque ni aun ^ 
leerlo ha de acertar, sino en el castellano solamante. 

Profecía de Patzin Yaxun Chan^ sacerdote gentil de Yucata7i: 

Este Indio llamado Patzin Yaxun Chan, siendo idolatra 
gentil, habló á los suyos de esta suerte. ^'Hecha fué la pala- 
bra de Dios sobre la tierra, la cual esperad, que ella vendrá,, 
Sue sus sacerdotes os la traerán. Aprended sus palabras y pre- 
icacion divina. Bienaventurados los que las recibieren. O Yt- 
zatános, aborreced á vuestros Dioses. Olvidadlos, que ya son 
finibles. Adorad todos al Dios de la verdad, que está podero- 
so en toda parte, que es Criador de todas las cosas.^' Estas son 
las palabras á la letra, con que parece (permitaseme alguna vez 
la digresión, que pasada «sta yo la escusaré lo posible) pudie- 
ron decir con Jeremías. Pronunció el Señor nuestras justifica-. 
ciones; venid, y digamos en Sion la obra marivillosa de el Se-», 
¿or. Obligación tuvieron de asentir á este nuncio, y dar cré- 
dito á esta revelación desde luego, pues conviene tanto con la 
razón natural no haber mas que un solo Dios verdadero, Cria- 
dor de todas las cosas, siguiéndose de lo contrario un proceder 
en infinito, á buscar un primer principio sin principio, que tan- 
to disuena al buen filosofar humano. No parece pudo decirles 
con mayor claridad la mudanza espiritual deste reino y de su 
sacerdocio, amonestándoles, que la esperen y reciban, detestan-. 
do la adoración contraría, concluyéndoles, con que sus Dioses 
Qon perecederos y finibles, tan repugnante al ser de Dios verdade- 
ro. Pero vamos á otro que habló con tiempo mas determinado. 

. Profecía de Nahau Pec/i, gran sacerdote en Yucatán. 

Antes que refiera las palabras de este idolatra, di^^o, que pa- 
rece que la Providencia Divina no solo guia la safvacion de 
las almas á que tenga efecto; pero parece observa imiformidad 
en el darse á conocer á los hombreí^. Reveló la venida del 
Terbo en carne humana, sin detennínar tiempo, y también ase- 
gurando la edad en que había de alumbrar con su luz sobe- 
lana^ como lo uno;. y otio se vee .en ia Secada Escritura. 



IIJD. HISTORIA DE YUCATÁN, 

Manifestóse á estos naturales en la profecía antecedente, sin de- 
terminación de tiempo, ahora por la boca de este gentil se le 
señala que dijo asi: ''En el día que mas alumbrare el sol por 
la misericordia del Omnipotente, vendrán de aquí á cuatro eda- 
des los que han de traer la nueva de Dios. Con gran afecto 
os encomiendo esperéis (ó Ytzalanos) \Tjestros huespedes, que 
$?on los padres de la tierra cuando vengan." Esto profetizó Na- 
hau Pech en los dias de la cuarta edad, acerca de su princi- 
pio. Estas son sus palabras, en que anuncia mas resplandores 
ael sol en el cumplimiento de su vaticinio. No se esperímen- 
faron en el celeste luminar, que alegra el Orbe; manifestáron- 
se en la luz que recibieron sus almas, alumbradas del sol de 
justicia Cristo por la bondad del Padre de las misericordias, co- 
mo le llamó San Pablo. Es de notar el grato hospicio que 
previene á los nuevos huespedes, y los llama Padres, como 

3uíen dice. No hay sospecha para admitir al que hace oficio 
e Padre: Padres son de la tierra vuestros huespedes, con to- 
do afecto os encomiendo el admitirlos. Con diverso sentir pa- 
rece miró otro sacerdote gentil, llamado Ah Kukil Chel las co- 
sas de esta conversión, como se puede ver por la profecía si- 
guiente. 

Profecía de (*) Ak Kiikil Chcl, sacerdote antiguo de Yucatán. 

Amor y temor son las dos alas, éon que el corazón levan- 
ta el pensamiento á nuevos propósitos. El amor se origina de 
al conocimiento de la perfección del objeto, que representada á 
voluntad, le elige como conveniente. El temor se cansa déla 
desconveniencia que halla en lo propuesto, por la cual lo re- 
husa, y no pudiendo evitarlo, se entristece. Lo uno, y otro pa- 
rece verse en estos sacerdotes gentiles, pues los referidos en- 
cargaron á su posteridad, recibiesen la predicación de el Evan- 
gelio. Conociéronla sin duda por buena. Amó la voluntad lo 
^^onocido, y asi con el afecto que se vio, dejaron encomenda- 
lio se recibiese. No obró el mismo efecto en este sacerdote Ah 
Kukil Chel, que parece lloró la llegada de nuestros españoles." 
Males propone á los suyos, venideros y no remotos. Informa- 
ba el entendimiento con el error de sus idolatrías á su afee— ■ 
to, con que tuvo por desconveniente lo bueno, como sí hubie- 
ra escusa para tener tanto bueno por malo, diciendo asi: ''En 
tá fin de la edad presente los que ignoráis las cosas futuras, 

Suo pensáis que sucederá? Sabed, que vendrán de toda parte 
e el Norte y de el Oriente tales cosas por nuestros males, 
que los podéis tener por presentes. Yo os digo, que en la edad 
novena, ningún saceraote ni profeta os declarará la Escritura, 
que generalmente ignoráis." Estas son sus palabras, que pare- 



(•) Véase el apéndice C de este libro. 



LIBRO SEGUNDO. UL 



cen amenaza de castigo ó tener por tal, y por mala la mudan-" 
auiy que pronosticaba. Si por mal, órnales tenia la perdición de 
el señorío temporal que gozaban; no es nuevo en la Divina Jus-* 
ticia quitársele á idolatras para que los fieles le posean. Mu-^ 
che tiempo precedió la promesa que Dios hizo á Moisés de la 
tierra de los Cananeos idolatras gentiles para su pueblo; pen> 
^nque diferida no frustrada. Asi el señorío, que de estos rei- 
nos tiene nuestro católico Rey, edades antes que los poseyese 
su corona; estaba prevenido, no solo en la determinación divi- 
na; pero ya manifiesto á las atenciones humanas. Mereciólo el 
piisimo celo de sus gloriosos progenitores; gózelo con felicisi- 
tnos aumentos de reinos en todas las edades futuras, mediante 
su real descendencia. No pudo con rectitud juzgar por males 
]a creencia y vivienda diferente, pues hallan en la una la ver- 
dadera salud del alma, y en la otra con lo político la mejoría 
de vida y trato humano, que esperimentan. Conoció la dife-* 
rencia de culto que habian de tener sus feligreses, y hallan^ 
dolé repugnante al que enseñaba; la desconveniencia hacia á lu 
voluntad le contradijese, de donde se siguió anunciar por ma- 
les las dichas mayores. El glorioso Padre San Agustin rie de 
el Sapientísimo Mercurio Trismegisto, por decir cosas contra- 
rias entre sí; pues probando la vanidad de los muchos Dioses que 
se adoraban, y como profetizando su ruina, dá á entender, que 
le pesa, hubiese de tener fin la idolatría y la llora. Yo ahora 
noto aqui, que la destos dice, cesará en la edad novena, que 
parece misterio; pues el número de nueve siempre le tuvieron 
por cosa sagrada y santa, y tal f\ié para ellos en la que tuvie- 
ron el conocimiento de Dios vivo y verdadero, por medio dfe 
sus sacerdotes evangélicos. 

Profecía de otro sacerdote gentil^ llamado Ah Na Puc Tuiu 

No se cansaba la misericordia Divina de manifestar á es- 
tos naturales la sujeción á la Ley de Gracia, en que liabiah 
de verse. Notoria la hizo por la boca de otro gentil sacerdo- 
te, llamado Ah Na Puc Tun, que dijo. "En la última edad, 
se^n está determinado, habrá fin el culto de Dioses vanos, y el 
mundo será purificado con fuego. El que esta viere será lla- 
mado bienaventurado, si con dolor llorare sus pecados." La an- 
tigüedad de este sacerdote no he podido averiguar, pero parece 
vSher sido con alguna precedencia de tiempo á la venida de 
nuestros españoles, pues dice. En la última edad, y por edad 
entendían el espacio de tiempo de veinte años. Solo píarece tie^ 
i>e duda, si es última respecto de el Universo, 6 respeto del es- 
tado en que se hallaba. Si por la primera consta de la escri- 
tura su verdad. Si por la segunda, entendiendo que no habia 
xpas mundo que estos reinos, con la introducción de nuestra 
Santa Fé católica, cíwó por lo menos en lo público el cult(>^e 



Ifk HISTORIA DE YUCATÁN. 

los ídolos sus vanos Dioses, y este nuevo mundo (que llama- 
tnos) fué purificado con el fuego del Espíritu Santo, y noticia^ 
de Cristo vida nuestra, que según San Lúteas, vino á encender 
el fuego de su amor en la tierra, con que desde entonces se 
pudieron llamar bienaventurados, según lo que el mismo Señor 
habia dicho á sus sagrados apóstoles oyendo lo que les decía. 
Ya temo, soy notado de enfadoso, y asi referiré otra que falta 
solamente á la letra. 

Profecía de Chilan Balcmi, gran sacerdote de Tixcacayom 

Cauich en Maní. 

Este sacerdote procede mas dilatadamente, que los preceden- 
tes, diciendo asi: "En el fin de la décima tercia edad, estan- 
do en su pujanza Ytzá, y la ciudad nombrada Tancah (que 
está entre Yacman y Tíchaquillo, que hoy se llama Ychpaa, 
que es fortaleza y castillo) vendrá la señal de un Dios, que 
está en las alturas, y la Cruz se manifestará ya al mando, con 
la cual fué alambrado el Orbe. Habrá división entre las volun- 
tades, cuando esta señal sea traida en tiempo venidero. Los 
hombres sacerdotes antes de llegar una legua y á un cuarto de 
legua no mas, veréis la Cruz, que se os aparecerá y os ama- 
ílecerá de Polo á Polo. Cesará el culto de vanos Dioses^ Ya 
vuestro Padre viene, ó Ytzalános. Ya viene vuestro hermano, 
ó Tantunites. Recibid á vuestros huespedes bárbaros del Orien- 
te, que vienen á traer la señal de Dios. Dios es, que nos vie- 
ne manso y piadoso. Ya viene e^l tiempo de nuestra vida. No 
tenéis que temer del mundo. Tu eres Dios Único, que nos crias- 
te piadoso. Buenas son las palabras de Dios. Éa ensálcenos 
su señal en alto: ensalcemos para adorarla y verla. La Cruz 
liemos de ensalzar. En oposición de la mentira, se aparece hoYt 
en contra del árbol primero del mundo. Hoy es hecha al mun- 
do demostración. Señal es esta de un Dios de las altaras. Es- 
ta adorad, ó gente Ytzalána, adorémosla con voluntad recta^ a- 
dorémos al que es Dios nuestro y verdadero IMos. Recibidla 
palabra del Dios verdadero, que del cielo viene el que os ha- 
bla. Cobrad juicio, y ser los de Ytzá. Los que creyeren, seráu 
alumbrados en la edad que está por venir. Mirad, si os impor- 
ta lo que yo os digo, advierto y encargo, yo vuestro intérpre- 
te y maestro de crédito. Balam por nombre. Y con esto he 
acabado de decir lo que Dios veidadero me mandó, para que lo 
oiga el mundo." Este es el sacerdote de quien hacen mención 
Herrera, Remesal, Torquemada y otros Autores aunque le lla- 
man Chilara Cambal; y dice Herrera, dando razón, como los 
segundos españoles, que con Juan de Grijalva aportaron á Yu- 
catán; hallaron asi acá en Tierrofirme, ccnno en Cozumél (de 
que se trata adelante en estos escritos) algunas Cnices, que la 
ocdsion desto fué.. Que habiendo el Adelantado Montejo co- 



LIBRO SEGUNOe. 191. 

manzado la conquista de esta tierra, y recibidde pacificamente 
algunas provincias, en especial la de Tutul Xiu^caya cabeza 
era el pueblo de Maní, catorce leguas de donde ahora está la 
ciudad de Mérida; se entendió, que pocos años antes que lie- 
grasen los castellanos, un indio principal sacerdote, llamado Chi- 
«lám Cambal, tenido entre ellos por gran profeta^ dyo: Que den- 
tro de breve vendría de hacia oonde nace el sol gente barba- 
da y blanca, que Uevaria levantada la s^aI de la Cruz, que 
les mostró, á la cual no podrían llegar sus Dioses y huirían de 
ella. Y que esta gente habia de señorear latsena, no hacien- 
do mal á los que con ellos quisiesen paz, y que dejarían sus 
Ídolos y adorarían á un solo Dios, á quien aquellos hombres 
adoraban. Hizo tejer una manta de tríbuto, y diio, que de a- 
quella manera habia de ser el tríbuto, que se baoia de pagar 
á aquellas gentes. Mandó al señor de Man!, que se llam^aa 
Mochan Xiu, que se ofreciese aquella manta & los ídolos, pa- 
ra que . estuviese guardada, y la señal de la Cruz hizo hacer 
de piedra; y la puso en los patios de los templos, adonde fue^ 
se vista, diciendo, que aquel em el árbol verdadero de el mun- 
do, y que por cosa nueva la iban á ver muchas gentes, y la 
veneraban desde entonces. Y esta ñié la causa, porque pregun- 
taban á Francisco Hernández de Cordóva y . á los suyos, si 
iban de donde nacia el sol. Y cuando el Adelantado Montejo 
entró en Yucatán, y los Indios vieron, que se hacia tanta reve- 
rencia á la Cruz, tuvieron por cierto lo que su profeta les ha- 
bia dicho. 

Por las palabras con que este indio predqo la venida de 
nuestros españoles, parece no seria tan poco el tiempo antes 
que llegasen, como se dice adelante. Ni fu6 solo este el que la 
anunció, como se ha visto en este capítulo, aunque parece cau- 
sa mas admiración, dar fin diciendo. Que Dios verdadero se 
lo mandó publicar, para que lo oiga el mundo. Y quiso la Di« 
vina Magestad fuesen los sacerdotes de estos IndioSi á quien 
daban entero crédito (especial cuanto á las cosas de religión, co- 
mo maestros delta) quien se la anunciase y encargase la reci* 
biesen, siendo ellos, quien mas lo habia de lepunar; pora ^ue 
después no tuviesen escusa en admitir nuestra Sfmta Fé católica. 

He repetido, que los dichos destos Indios gentiles ñieron 
profecías, y no me parece hay repugnancia, para que ha]^an si« 
do verdaderamente profetas; aunque algunos oyendtoielo decifi 
se les ha hecho duro de creer, que la Divina . misericordia co- 
municase don de profecía á estos pecadores; poro para satisf»- 
cer á los que no tienen oblicacicm de sabedo, es ae advertir. 
Que el don de la profecía (*) es gracia gratis dada, que se or* 
dena principalmente á la utilidad de otros, y no para justifi^ 
cacion de quien la recibe, como loda á entender San Mateo 

• i* i II 

(') VéasD el apéndice D de eeta Iibxp« 



m HISTOWA DB YUCATÁN. 

■ t ' ' 

'm su eFttigelio. Alojado estaba el pueblo de Dios por la canv 

paña de M^b, y el Rey Balac temeroso^ que los Hebreos le 
•destruyesen^ hÍ2o grandes promesas á Balam para que maldi- 
jese al pueí)lo de Dios: entendiendo que con sus maldiciones 
]r encantos serían impedidos los Hebreos. Quiso ejecutarlo B»- 
am, pero nunca pudo« Ech6les mil bendiciones y profetizó la 
Tenida de Cri^o, como parece por el libro de los Números. 
Que fué veidodero profóta lo añnna San Buenaventura^ San- 
to Tomás y San Gregorio Papa y que entendió los Miste- 
rios de Cridto y de sil Iglesia, que profetizaba y de que habla- 
Vi, pues esclamó suspirando por ellos. Y aunque el mismo S. 
Buenaventura, San Gerónimo y Albino dijeron, que fué Santo 
Profeta, mas que después con las grandes promesas de Balac, 
fué desobediente á Dios, como lo dice San Pedro: con todo 
«so la escritura le llama Ariolo, que es lo que nosotros deci« 
iños Adivino. San Ambrosio, Santo Tomás y otros muchos 
le condenaran por Mágico hechicero, que tenia pacto con el d(N 
monio. Y Beda afirma que fué Nigromántico. 

De üx\i\í se colije no ser repugnante, que por ser estos sa- 
<*.erdotes gentiles y hombres pecadores, les comunicase Dios don 
de verdadera profecia, pues lo que dijeron no se ordenaba á 
quedar ellos por esto, ó estar en gracia justificante, sino á la 
Utilidad de estos indios, que se les habia de seguir con el co- 
nocimiento de Cristo y sus Misterios. Y que estos le tuvie- 
i96n de lo que anunciaban, echase de ver, pues les encargaban 
tanto^ recibiesen con voluntad á los que se los habian de de- 
^(Abrar y les dieren crédito. Baste lo dicho para una Historia, 
que me parece no faltará quien diga, que sobra, y asi no ha- 
«o ponderación de llamarse este indio Balam, como el otro pro- 
fóta, que no fiílta por acá quien quiera hacer misterio de ello, 
pero si de cuantas veces en esta tierra y en otras de estos rei- 
nos anunció Dios su señorío para nuestros Reyes y Señores, 
que con su zelo grande de la conversión de estos indios y exal- 
tación de nuestra Santa P6 católica, han gastado de sus rea- 
les bd)eres en los gastos de Ministros, Iglesias, Hospitales y 
otras obtas pias de esta calidad, hasta el año de mil y seiscien- 
tos y cuarenta y siete, mas de diez millones de oro y plata, 
que asi nos lo testificó el muy reverendo Padre Fr. Buenaven^ 
iura de Salinas, comisario general, en una su patente, dada en 
iMéjico dicho año, á treinta de Octubre. Y ahora después, le- 
y^ido este escrito su sucesor el muy reverendo Padre Fr. Juan 
de la Torie, que está haciendo mas exactas diligencias, para 
lyustar en lo que pudiere la grandeza de las limosnas, que nues^ 
tros Reyes han hecho y hacen en estos reinos á los ministros 
evangélicos y Iglesias; me di}0 habia andado su antecesor muy 
coffio, como se verá algún dia, siendo Dios servido, se logre su 
trabajo. En el Ínterin ya que se ha dicho, como estuvo anun- 
ciada la ley evangélica A ártis «tahurales; digamos qr^enes 



LIBRO SEGUNDO. ' 1» 



foeron su9 primeros predicadores* en el capUulo siguieiiit&' 

CAPITULO XIL 

Cwno vinieron los primeros religiosos de San Francisco á 
Yucatán y predicaron el Sanio Evangelio. 

El Padre Tor? lemada tratando de la veniáa de; los reli- 
giosos de la óidt de nuestro Padre San Franeiaca & Yuca- 
tán, dice que ll'^^aron el año de mil y quinientos' y treinta* 
y cuatro con ^neplácito, y orden dsl primor Yiney de la* 
Kueva España D. Antonio oe Mei^za, y eon autoridad su- 
ya; y que si necesario fuese, pora que los Indios admitiesen su. 
predicación, asentasen con ellos, que no entrarían españoles' 
en su tierra, con que se vee, ya no los hahiai, y se habian 
ido todos, como se ha dicho, á Tabasco, con que esta venida, 
de los reli^osos ñié el año siguiente de treinta y cinco, pues 
en 61 se meron los españoles y dejaron solos á los Indioi. 
Aunque no se asigna causa e^dal que moviese al Virrey 
& enviar religiosos á Yucatán, tengo por cierto fué arden que 
del consejo vino para ello. Ya se dijo como el Rey teüia no- 
ticia del nud suceso que los españoles tenian en la conquista 
de esta tierra y como escribid á la real audiencia de Méjico 
la reina, que &voreciesen al Addantado, y para que por todas 
vias se lograse mejor su zelo de la conversión de esto Indios; 
habia dado otra su c6dula el año ¿ncss para la misma aodien- 
ciai que decia asi: "La Reina. Presidente 6 oícbres de la nues- 
tra Audiencia, y chancillería real de la Nueva R>qpaña. Yo 
soy informada, que Francisco de Moatejo iméstm Gobernador 
de la Provincia de Yucatán, é Cozumeí, no ha cumplido lo 
que por nos le fué mandado, é no llevó los religiosos que ha- 
bía de llevar á la dicha tierra y no los hay alMt Lo éuales: 
grande estorvo para los naturales de la dicha tierra^ que es mie»¿ 
tro principal intento. Por ende yo vos mando^ q«eh«jisin. 
formación) y sepáis, como y de que manera lo susodicoi fm-.i 
sa. Y si el dicho Frandsoo de Mentejo Uev6 Iqs leltgpkMKs ft.» 
la dicha tierra, ó si los dej6 da llevar^ 6 no ios hav en'éllajf 
y quien administra los Santos Sacramentos^ y entíenae en ¡m 
conversión de los Indios. E la dicha infimhadon habida y fivi" 
mada de vuestros nombres, y signada de esoíbeíno, ante q^kn^ 
pesare: cerrada y sellada en manera, qae haga feé la esvfeis • 
al nuestro Ccmsejo de las Indiai^ para que yo~ la inaiide ver|i^ 
y proveer lo que convenga. Y entre tanlo vase^x)s, proveed le i 
oue os pareeÍMe) que conviene. Fecha en Madííd & vmrta f^^ 
eos de Septiemitte de mil y qainiealos.y inhita año8.--^Yo 1«[ 
Reina. — ^Por mandado de su Magostad. Juan^ de Samaiio.'^-— Go^ - 
rm> en esta oédaka se oideiiabDr <P^ !& Audimcia» miémiaB'Vfl^ 

xtur iMiltiei«n/de Ijsfffuij ^ynymfma AíH%ml jgatfmm mirntámúM 



134. HiSTORU DE VUCATAN. 

^] hallando no haber venido religiosos algunos á Yucatán coa 
el Adelantado, para que tratasen de la conversión de estos In« 
dios; resolvió el Virrey viniesen religiosos nuestros. El vene- 
rable Padre Fr. Jacobo de Testera, de Nación Francés, con el 
ferviente celo de la salvación de las almas, que dice el Pa- 
dre Torquemada que tenia, aunque era custodio actual de la 
I^vincia Santa oel Santo Evangelio de Méjico, que no esta- 
ba erigida en Provincia, y &si superior y prelado de ella; so 
ofreció á venir & esta espiritual conquista, con aprobación y 
glande fecultad para todo del Virrey, que determinó viniese con 
otros cuatro religiosos compañeros. El Padre Lizana no hace 
relación mas que del Padre Fr. Jacobo, comisario, y el Padre 
Fr. Florencio de Bienvenida y que vinieron el año de trein- 
ta y uno. No miró bien lo que hubo de escribir, como en 
muchas partes he esperimentado para juntar estos escritos, y 
juzgo en algunas cosas se dejó llevar de lo que oia, pudien- 
do inquirirlo con mas certidumbre, y baste esta advertencia, pa- 
ra en las que con él no conformare. — ^Era el Padre Fr. Ja- 
cobo, varón celosísimo de la salvación de las almas y de sin- 
gular espíritu para su conversión, con que quisiera reducir to- 
to el Oribe al conocimiento del verdadero Dios. Con él ha- 
bia solicitado la del reino de Méjico, Michoacan y otras par- 
tes donde hubo copiosos frutos de su trabajo. Dispuso su via- 
ge para el nuevo certamen que se le ofrecia en la conver- 
sión de estos Indios, donde espemba trabajos muchos, y dudo- 
sos logros por saberse cuanto habian resistido á los españoles^ 
hasta que ninguno quedó, como se ha dicho. Por esto traia 
autoridad del Virrey para reducirlos por cualquier camino, aun- 
que fuese asentado no entrañan en ella. Dierónsele algunos 
Indios mejicanos oue viniesen en su compañía, y con ellos fer- 
voroso en la caridad, se ofreció al riesgo, y admitió el peli- 
Sro. A diez y ocho de Marzo, víspera del glorioso San José 
^aron & Chanqwton, y para mejor di^ner los ánimos de 
estos naturales, envió totes que él los viese algunos Indios 
mejicanos de los que llevaba, á darles noticia de su venida, 
como era de pa^ pues lo podrian conocer en cuan pocos eran, 
y sin armas algunas, cu3ra violencia pudiesen temer: que solo 
venian á darles á conocer el verdadero Dios, que debían ado- 
rar, como habian hecho en Méjico, sin mas atención, que á la 
salud de sus almas, cuyo peligro conocerian teniendo noticia 
de los errores, en que en lo tocante á la religión y creencia 
de sus ídolos vivian, y que los visitarian, dándoles licencia pa« . 
n entrar en su tierra. Llegados los mejicanos á la presencia 
de los señores de Champoton, fueron recibidos paciñcamente, y 
propusieron su embajada. Oida la petición de los religiosos, y 
consultando mucho sobre ello: ciertos de que no eran personas 
de quien pudiesen recibir algún agravio ú opresión; antes bien 
li 01109 io htciww to laprSütt copo aiMálicoa |»fieadoie»; 



LIBRO SEGUNDO. 135. 



<ie la verdad y justicia, cuya esperiencia los mejicanos habian 
visto en su tierra, como vieron ariesgar poco en dejarlos en- 
trar, les dieron licencia. — ^Llevaron los mejicanos la respuesta 
á los religiosos, que con la licencia dada fueron á Champo*- 
ton, cuyos Indios los recibieion bien, como añrms^ Torquema- 
da y Remesal, que parece ambos seguir los escritos del obispo 
de Chiapa D. Fr. Bartolomé de las Casas, y hallaron en ellos' 
disposición para predicarles la ley Evangélica; á que luego die;, 
ion principio. Es el ejemplo de vida en el predicador evan- 
sélico gran motivo porque los oyentes pongan en ejecución la 
doctrina que les predica; y estos religiosos como verdaderos hijos 
de la religión ser&fica sin atención alguna á los bienes de esle 
mundo, le dieron tal & estos naturales, que viendo su vida ir-, 
reprehensible no solo asistieran á su predicación, pero en bre- 
ves dias se ^z6 el fruto de este trabajo. No fué tan copioso co- 
mo si hubieran tenido intérprete, que supiese su idioma co- 
mo el caso requeria; pero obraba la divina gracia y solicitud 
de estos ministros, que no admitían descuido alguno, con que pa- 
sados cuarenta días que comunicaban con los Indios; los seño-. 
res de la tierra voluntariamente les trajeron todos sus ídolos, y 
los entregaron á los religiosos para que los quemasen, significan- 
do hacerlo con gusto (y bien lo daba á entender la misma ac-. 
cion de traerlos) y que les agradaba la doctrina que les habian 
predicado. La mayor señal que pudieron ofrecer para conocer 
esta verdad, fué que después de haber dado los ídolos, traje- 
ron sus hijos y se los entregaron á los religiosos, para que los, 
doctrinasen y enseñasen cuando (como dice el obispo I). Fr. 
Bartolomé de las Casas) los querian mas que á la lumbre de 
sus ojos. Como el trato y comunicación suele aumentar el a- 
mor de las voluntades, sucedió en esta ocasión que aficionando- , 
se mas cada dia los Indios á los Padres les hicieron casas en 
que vivir y templo donde celebrar los Divinos oficios. Con tan 
buena oportunidad comenzaron á juntar y enseñar á los hijos de 
los señores y principales, guardando el orden que en Méjico ha- 
bian tenido, y los padres con los niños que enseñaban se ocu- 
paban en el servicio de la iglesia con que se iba dando mara- 
villoso principio á la fábrica espiritual que se pretendia obrar 
en las almas. Una cosa ponderan estos autores con singular 
atención por única suceda hasta entonces, y fué. Que doce . 
t quince señores de muchos vasallos y tierras, cada uno por 
si persuadidos de los reli^osos, juntaron sus pueblos, y toman- 
do sus votos y consentimiento se sujetaron de su propia volun^* 
tad al señorío de los Reyes de Castilla, recibiendo al Empera- . 
dor como Rey de España por S. supremo y universal, confir- . 
mando este concierto con unas señales como firmas, las cuales ■ 
después afirmó el obispo D. Fr. Bartolomé de las Casas tenia 
en su poder con testimonio de nuestros religiosos que eran ellas. ' 
PtocQcmn con gosa de ^ espirito^ ^e^do tan gra^def ^vi^^ 



1^: HISTORIA DE YUCATÁN. 



tmmt 



Ipios, teniendo por cierto que de ellos había de resultar la con- 
Tersion de todo este reino de Yucatán: á tiempo que permitién- 
^lo la Magestad DivÍQa, sucedió el mayor inconveniente, que 
el demonio pudo solicitar, envidioso de las almas que los reli- 
giosos le sacaban de su esclayitud para que tan santa obra se 
^rturbase. 

EJntraron por cierta parte (dice el obispo de Chiapa) diez y 
ocho españoles de ái caballo y doce de & pié, y trayendo mü- 
cha? cargas de fdolos que habían quitado á los Indios de otras 
Frovincias: el capitán de estos treinta españoles, llamó á un se- 
ñor de la tierra por donde entraron y le dijo que tomase aqne- 
Has cargas de ídolos y los repartiese por toda su tierra, vendien- 
do cada ídolo por un indio ó india para hacello esclavo, ame- 
zándolo que si no lo hacia le había de dar guerra. El señor 
forzado con este temor que le puso el capitán, repartió los ído- 
los pior toda su tierra y mandó á todos sus vasallos, que los 
tomasen para adorallos, y le diesen Indios y Indias para dar á 
los españoles. Los Indios con el miedo y mandato de su señor, 
quien tenia dos hijos daba uno y quien tres, daba dos, y por 
esta manera el señor cacique contentaba á aquellos españoles. Uno 
de ellos estando á la muerte, tenia debajo de su camana dos 
caigas de ídolos; y mandaba á una India que le servia que mí- 
rase bien que aquellos ídolos que allí estaban no los diese á 
trueque de gallinas, porque eran buenos, sino cada uno por un 
esclavo, y con este testamento murió. Visto por los Indios que 
no habia salido verdad lo que los religiosos les habían prometido, que 
no habían de entrar españoles en su tierra y quellos les traían 
ídolos de otras á vender, habiendo ellos entregado todos su^ 
Dioses á los firailes, para que los quemasen^ se alborotó 6 in- 
dignó toda la tierra contra los religiosos. Ibánse á ellos dicien- 
do: ¿Por qué nos habéis mentido engañándonos, que no habiau 
de entrar en nuestra tierra cristianos? ¿Por qué nos habéis que- 
juado nuestros Dioses, pues nos traen á vender otros de otras 
provincias buenos cristianos? ¿Por ventura no eran mejores nues- 
tros Dioses? Los reli^osos no teniendo que decir á tan exe- 
crable maldad, los aplacaron lo mejor que pudieron, y buscan- 
i!o los treinta españoles, les dijeron el mal tan grave que hacían, 
y les requirieron, que se saliesen de la tierra. Ellos no qui- 
nterón, antes hicieron entender á los Indios, qué los mismos 
frailes los habían hecho venir dlí, que fué malicia consumada. 
Con este tan pernicioso inconveniente se suspendió el fruto que 
loB relifiíosos loon cogiendo de su evangélica enseñanza; por- 
que el aenxmio, como enemigo del Hnaffe humano, siempre bus- 
ca impedimentos para la salvación del hombre, permitiéndolo 
oA Dios con su oculta providencia, que solo su Divina Ma- 
sabe el por qué. No pudieron con persuasiones los re- 
ío60a reducir á aquellos perdidos hombres, ft que ceseseil del 



. £.tBBO SEGUNDO. tST. 

ai Dios le deja de su mano; que horrible vicio la avaricia, 
¡mes á cristianos y españoles^ los llegó á tan miserable estado, 

aue no solo vendiesen los ¡dolos á los Indios, para que los a- 
orasen, sino que hiciesen creer, que los religiosos eran parti- 
cipantes de maldad tan grave* Desdichado el corazón humano 
de que se apodera la codicia, que fué acción de peligrar laa 
vidas de aquellos inocentes religiosos, y ya que no, que la coa** 
veision de estos Indios cesase, como se dice en el capitulo siguiente. 

CAPITULO Xffl. 

Qui&ieron las Indios matar á los religiosos por unos espa^ 

ñoleSf y como se volvieron d Méjico. 

Indignados los Indios contra los religiosos, quisieron ma^ 
{arlos; pero sabiendo la determinación que tenian, porque algu- 
nos se la manifestaron; huyeron el peligro, guardándolos Dios 
para mejor empleo, pues en este no nu>rian por aborrecimien- 
to, que los Indios tuviesen á la Fé, sino por la malicia de a- 
quellos á quien no pudieron reducir al camino de la verdad* 
Saliéronse una noche los religiosos dejando á los Indios^ que 
conociendo después que los hallaron menos la inocencia de vi- 
da, con que con ellos habian conversado y tratado; enviaron 
mensageros cincuenta leguas tras ellos, rogando, que los perdo- 
nasen por la alteración que les causaron. Los religiosos, como 
siervos de Dios y celosos de aquellas ánimas, creyéndoles; tor- 
narcmse á su tierra, y fueron recibidos de los Indios como án- 
geles: haciéndoles mil servicios, y estuvieron cuatro 6 cinco me- 
ses después, y porque nunca aquellos españoles quisieron ir- 
se de la tierra, ni pudo el Visorey con cuanto hizo sacaUos, 
porque está Ic^os de la Nueva España, aunque los hizo pre^ 
goaax por traidores, y porque no cesaban de hacer agravios á los 
Medios; pareciendo á los religiosos, que tarde 6 temprano, los 
Indios con tan malas obras se desabrirían, especialmente, que 
no podian pre4ioarles con quietud y sin contmuos sobr^toi?, 
acordaron de desamparar esta tierra y se volvieron á Méjico. 
Quedó asi sin lumbre y socorro de doctrina, y estos miserables 
Indios en la obsciuridad de la ignorancia en que estaban, qui- 
tándoles al mejor tiempo el remedio para la salud desusalnias^ 
cuando con ánsips iban adquiriendo noticia de Dios y de sus 
tnisteríos sacrosantos. 

Este c^sp de la venta de los ídolos, he referido casi á la 
letra^ como lo trae el Padre Remesal en su Historia, y pare- 
cen ser formales palabras del obispo D. Fr. Baxtol<Hné de la« 
Casas, en la platica que hizo en la mar avista del puerto dtf 
Campeche, afto de mil y quinientos y cuarenta y cinco, cimi^ 
do pasó á su obispado con los religiosos de nuestro t^adbre Saar 
U) Domingo, <4ae consigo llevaba, de . que s$ ttata adelfizite,;;^ 




HISTOMA DB YUCATÁN. 



hro tercero capitulo último. Por esto consta el desgraciado ñity 
í{UQ tuvo en esta tierra la predicación del Venerable Padre Fr. 
Jacobo de Testera y sus compañeros, habiendo tenido tan fe- 
lices principios. No podemos alcanzar las disposiciones divinas^ 
en cuanto á conversiones de infieles, que las reserva para cuan- 
do mas debe de convenir. La parte por donde estos españo^ 
les entraron, que no la señala el obispo de Chiapa, dice et 
Padre Lizana (aunque yerra el año) y concuerda con el ba* 
chiller Valencia en su relación, que fué por los Agualulcos, ba- 
jando á la Chontalpa y Tichel, de donde llegaron á Champo- 
ton. Que habian salido de la Nueva España, como hombres 
facinerosos, huyendo del Virey D. Antonio de Mendoza y del 
castigo que habia ejecutado en algunos semejantes á ellos por 
robos y otras crueldades hechas en la Nueva España. Por lo 
(Jue dice el obispo de Chiapa, parece haber podido los religio- 
sos darle noticia, como habian parado en esta tierra, pero por 
la distancia no pudo evitar los daños que en ella hacian. 
a;:"^ No puedo dejar de admirarme, leyendo, que cuando Uega- 
jron estos treinta españoles á Champoton, hayan estado los In- 
dios tan cobardes y temerosos, como se dice en el suceso, y 
que treinta españoles fuesen bastantes á que los señores de la 
tierra, quitasen los hijos y hijas á sus padres, para dárse- 
los á que los hiciesen esclavos, habiendo sucedido con Fran- 
cisco Hernández de Cordóva y con Grijalva, lo que se dijo en 
el libro primero; pues al Adelantado Montejo no pocas veces 
le hicieron frente, y á los de Tabasco motejaron de cobardes, 
por haber recibido de paz á Grijalva, que nié la ocasión de 
la guerra, que D. Hernando Cortés tuvo con ellos. Cüatído 
después segunda vez vinieron los españoles, y efectuaron la con- 
quista de esta tierra, los resistieron los de Champoton, y los 
recibieron con las armas en las manos, como se dice en el li- 
bro tercero, y en aquella ocasión no habei^ tenido manos, ni áni- 
mo contra treinta españoles solos. Secretos son de la Divina 
Justicia, que quizá por sus muchos pecados no merecieron, que 
entonces se les continuase la predicación de nuestra Santa Pé 
católica; pero hallo que la abrazaban, y habian entregado sus 
ídolos, y Dios no desecha al pecador arrepentido, cuando en- 
mendado le busca. Su Divina Magratad sabe la causa, que yo 
no la alcanzo; ni tampoco importa gastar mas el tiempo en 
esto. Lo que de esto queda cierto es, que ft nin^no de los 
conquistadores, que con el Adelantado vinieron, ni á los que 
después sujetaron y poblaron esta tierra^ alcanza la macula de 
estos delitos, y su infamia de aquellos tiranos, que este nom* 
bre merecen, pues el mismo obispo deChiamilos dá por libres 
de ella: afirmando, que antes que esto sucediera, habian desam- 
parado este reino los que de España vinieron á pacificarle, y 
cuando no lo dijera, la condición con que los Indios recibid 
xon & nuestros religiosos^ do Qtie no hablan de éntxar eqptiúo- 



LIBRO SEGUNDO. 139. 



Tes en su tierra, supone, que no los habia. Los segundos lle- 
garon entrado el año de treinta y siete, después de haberse ido 
el padre Fr. Jacobo y sus compañeros á Nueva España, con 

aae de necesidad sucedió lo dicho en el tiempo, que medió des- 
e cuando se fueron los primeros á Tabasco, hasta que vinie- 
ron los segundos. 

Ni he de pasar sin referir lo que de los primeros conquis- 
tadores, y del Adelantado se escribió, ya que yo lo hago en 
esta tierra, por lo cual juzgo tener mas obli^cion á singula- 
rizar los sucesos de ella, y porque se me hizo duro pasar por 
el peligro del crédito de la Nación Española, pudiendo dar con 
fundamento razón de lo que escribo, pues no faltan émulos de 
esta monarquia tan envidiada, que procuren obscurecer tan glo- 
riosas acciones, como ejecutaron en estos dilatados reinos en ser- 
vicio de Dios y aumento de la Santa iglesia Román u, impu- 
tándoles otras de desdoro y tirania que no hicieron. Dice, pues» 
el obispo D. Fr. Bartolomé de lajs Casas, en aquella plática que 
hizo á sus religiosos, y la reñere el Padre Remesal, á quien pa- 
rece seguir el Padre Torquemada, que los españoles, que ha- 
bian estado los dichos años poblados en Yucatán, no hablan da- 
do noticia á los Indios, de que tuviesen Principe Supremo y 
señor, cuyos vasallos eran. Y que por esto, cuando los reli- 

fiosos habían comenzado á predicarles y dénsela; los convida- 
an de las provincias comarcanas, para que les fuesen á dar- 
noticia de Dios y de aquel que decian, que era gran rey de 
Castilla. Torquemada dice, que quedaron muy admirados de 
que habia rey en Castilla, porque nunca tal se les habia tra- 
tado en k)s siete años pasados, que hablan tenido de guerra. 

Digo, que cuando el Adelantado y sus españoles hubiesen 
querido ocultar á los indios, que eran vasallos del rey de 
Castilla, de donde venian, no era posible, supuesto lo que to- 
das las Historias de estos reinos reñeren. Porque como en es- 
ta también queda dicho, y estos mismos autores dicen; cuan- 
do pasó el general Juan de Grijalva, hizo notorio á los indios 
como eran vasallos de un rey muy poderoso del Oriente, que 
era el rey de Castilla. Lo mismo habia hecho D. Hernando Cor- 
tas en Cozumél, cuando allí estuvo, y aun como dice Bemal 
Diaz, aquellos indios le pidieron una carta de favor, para que 
si viniesen á aquel puerto otros españoles; fuesen de ellos bien 
tratados, y no les hiciesen agravio, la cual carta les dejó. Mas 
por estenso se lo declaró . á los indios de Tabasco, después de 
haber peleado con ellos, cuando dieron la obediencia, . nombrán- 
dose espresamente vasallos del rey de Castilla el Emperador. 
Como pues, era posible, que á los indios se lo hubiera ocul- 
tado el Adelantado, aunque quisiera, habiendo estado tres veces 
españoles con ellos antes, que viniese á la conquista, y las dos 
con las demás el Adelantado, que habiendo sido en ambas ca- 
tatan, y no partictúit aoldado^ pateco forzoso Ip conociesen los 

7 



/ 



140. HÜSTORIA DE YUCATÁN. 

itidios. Demás, que una de las razones con que procuraban 
persuadir á los indios, ^n endose tan pocos contra tan despro- 
porcionada multitud, era decirles. Que advirtiesen, que aun- 
que ellos siendo tan pocos por alguna mala fortuna pereciesen; 
eran enviados de un rejr tan poderoso, que en sabiéndolo, en- 
viarla otros muchos mas, que con todo rigor los sujetasen ix)r- 
que tenia muchas naciones y señoríos debajo de su imperio, y 
<]ue asi no se fiasen en verlos pocos, sino que diesen la obe- 
diencia á un rey tan poderoso y á quien tantos obedecían. 

Ni aun parece haber razón prudencial, que persuada ha- 
ber querido ocultar, que eran vasallos de los reyes de Casti- 
tilla, porque esto se pudiera presumir, si ellos hubieran tenido inten- 
to de tiranizar esta tierra, alzándose con ella; porque si este no 
era su intento, á que proposito hablan de encubrir, que tenian 
rey y señor natural, cuando el saberlo los indios, y que era 
tan poderoso, era el mayor freno para que se quietasen. No 
solo no tenian tal intento, pues daban noticia á todas las par- 
tes que podian de lo mal que les iba en la conquista, pidien- 
do fovor y socorro para proseguirla; pero aun una de las gran- 
dezas que con razón alegan en probanzas auténticas, que he 
leido, hechas en-contradiotorío juicio con ñscál real, es: que en 
tantos años, como duró sujetar á estos naturales, no hubo mo- 
tín en ocasión alguna ni alboroto, que al Adelantado ó capi- 
tanes, diese cuidado. No niego tampoco, que los. indios dirian 
á los religiosos, que el Adelantado y su gente no les habían 
dicho, oue habia rey de Castilla, y que eran sus vasallos y 
que se hiciesen de nuevas en presencia de los religiosos, dicien- 
do, que entonces llegaba á su noticia, lo creo; pero esperimen- 
fando estamos la poca verdad que tratan y la facilidad conque 
se perjuran, jurando falsamente á cada paso, y asi se echa de 
ver, que fué ccmiposicion que fingieron los indios, pues cuan- 
do no hubiera mas, que haber estado los españoles las tres ve- 
oes que se ha. dicho en esta tierra y comunicádolos, no pare- 
ce posible ocultárseles, quienes eran los conquistadores. El obis- 
poí lo escriinó, conformándose con lo que aquellos rcli^osos di< 
jeron, que habían dicho los indios, pero estos, parece cierto ha- 
hfeaios engañado, ni el obispo estuvo en esta tierra basta el 
aña de cuarenta^ y cinco, cuando pasó por ella tan de paso^ 
como se dibe adelante en su tiempo/ y no podria hacer la in- 
quisición de esta vetúad con la asistencia que querria, co- 
mo ni: los escritores que le siguieron, no habiendo estado en' 
e6t».tieanBa. 

CAPITULO XIV- 

Be otras ansas que se dicen del tiempo de la guerra con tos 
Indias f y oúma vinierotiotroB religiosos nuestros d Yucatán^ 



Na'inenOB 4KX»delvuel).ob^»^DJ Báttotomie de lasCaí* 



LIBRO SEGUNDO. Ul 



sas, asi en aquella plática, como en el tratado de la destruí- 
<¡ion de las Indias, las crueldades y tiranías, que el Adelanta- 
do y sus castellanos, dice haber hecho en estos años, que in- 
tervinieron de guerra con los indios, desde que llegó de Espa- 
jia á este reino de Yucatán, hasta que le desampararon, sin 
poder conseguir sujetar á estos naturales, como se lia visto en 
los capítulos antecedentes, y porque siguiéndole* los que después 
han escrito las cosas sucedidas en las conquistas de estos rei- 
nos, dicen casi trasladando unos de otros lo que escribió, di- 
je lo que refiere, y todos como digo casi con unas mismas pa- 
labras. '-Entró en Yucatán un conquistador él afio de mil y 
quinientos y veinte y seis, con trecientos hombres, que hicie^ 
ron tan crueles guerras, y tan grandes matanzas en los pobres 
indios, como en breve esperimentaron. Y porque no tenían oro, 
por hacerlo de sus propias personas y sacarlo de sus entrañas, 
ya que no lo hallaba en las de la tierra; hizo esclavos á to- 
dos los que dejó con vida, y cargando muchos navios, hizo de 
ellos tal barato, que daba á escoger entre cien doncellas una 
por una arroba de aceite, do vino ü de vinagre: y lo mismo 
un muchacho bien dispuesto por este precio, escogido entre cien- 
to. Y acaecía vender un mancebo, que parecía hijo de un 
príncipe por solo un queso y cien personas por un caballo. Y 
en estas obras tan crueles se detuvo con su gente siete años, 
asolando tantas tierras y matando sin piedad aquellas gentes, 
por quien Jesu-Cristo derramó su sangre. Y que los tristes 
indios que escaparon con vida, estaban tan hostigados, que so- 
lo oír el nombre de cristianos los asombraba, pensando eran 
todos como aquellos, que tanto mal les habían hecho. Es< 
to es en suma lo que escriben de este capitán y sus castalia*' 
nos, lo cual mirando los sucesos atentamente, no parece haber 
podido suceder con el esceso que se dice, aunque sucediese 
parte de ello. 

Estos siete años en que escriben haber lieoho tan escesívas 
crueldades con los indios, son (como en los mismos escritos se 
dice) los que estuvieron el Adelantado y sus casteUmos en es- 
te reino de Yucatán, desde tiue capitulada su pacificación, vi- 
nieron y no pudiendo conseguirla: perdido, cuanto pora este fin 
habían gastado, la desampararon, yéndose á Tabasco, Noelrm 
España y otras partes, como en este libro segando queda te-^ 
ferido. Claramente consta por sus capítulos, cuan betioosos'ba- 
Uaion los españoles á los indios de este reino de Yucatán, eoan 
obstinados en no querer dar ia obediencia ni sujetacse áello8| 

Ses salieron á recibirlos en Aké, jrecien llegados de glierra, 
nde tuvieron la batdla referida con perseverancia, bsaía, se-« 
gundo día, sin desamparar su asiento y los demás enenenlfosi 
y peliigrosos trances, en que con dios m memm. 'Como <cMi- 
][puN>n á los españoles ¿ que despoblasen la onidBcl^^^ prime» 

ip iwdma.en GUdina Ytaá» ^ua m: soafo^decír^ íObl .^ááa 



ignominia de la nación española, saliendo huidos de no- 
che, y como suele decirse í cencerros tapados, porque no aca- 
basen con ellos, pues en solo un día habían muerto ciento y 
cincuenta. Los (wligros ea que se vi6 el Adelantado en Co- 
ni y Chichen Ytzá, con el indio qne quitó el alfange á su 
rsclavo, y el otro cacique, que con su espada le iba S matar. 
Jilu Campeche ya se dijo, como le tuvieron en ku poder pa- 
ra llevarlo & sacrificar, si Blas González y otros tras el no 
lo iibratan. En la Provincia de Cochvá ya so refirió como 
trataron al capitán Alonso Dávila, y sus compañeros, pues la 
guerra tan continua que les hicieron, les obligó á despoblar la 
Villa Real, que hablan fundado, y pasar los trabajos que pa- 
decieron. La guerra que los indios tan porfiadamente hacian 
á los españoles, obligó al Adelantado á retirarse á Campeche, 
para poder embarcarse allí sin riesgo, si se viese de el todo 
perdido, como después se vió necesitado de dejar este reino to- 
talmente, como cosa por entonces perdida. Casi indas esta.* ba- 
tallas de los indios, refiere Herrera en el discurso de su His- 
toria General, con qne conforman las probanzas de méritos de 
los conquistadores que he leido. 

Véase por esto, quienes eran superiores a quien en estos 
siete años, que duró la guerra con los indios, si lo eran ellos, 
6 los españoles. ¿Quién se puede decir, (]ue eran los moles- 
tados y afligidos, pues los españoles no tuvieron lugar seguro 
donde permanecer con la continua molestia con que los fati- 
gaban, siu perder ocasión en que no se sujetasen los indios pa- 
ra ver si los podian acabar? Estos son los indios, con quien 
f>e dice usaron las crueldades referidas en estos años, que do 
parece haber sido posible, con la demasía que se dice. Porque 
si los indios fueron en ellos tan superiores á los españoles que 
con guerra los obligaron á que les dejasen su tierra libre, y 
ellos señores de ella como antes: como se compadece ser los 
españoles tan superiores, qne tuviesen poder para hacer tanta 
inmensidad de esclavos, como se dice, y que pudiesen dar & 
escoger entre ciento uno por una arroba de aceite A vino, y 
un indio, que se dice parecía hijo de im principe, por un que- 
co. ¿Cuñndo los españoles hubieran tenido á los indios ton su- 
jetos, qne estuviesen maniatados, y la impiedad so dilatase á 
tienda suelta, no pudieran hacer mas. Pero prevaleciendo en 
todos estos siete años los indios contra los españoles, que se 
vieron en tantos riesgos de perecer todos á sus manos; colija 
el discurso como puede convenir lo uno con lo otro? 

Ni por esto digo, que no hicieron esclavos algunos indios, 
que si hicieron; pero serian ios que en las batallas cogiesen, 
que según ellas pasaron, y queda dicho, sin comparación no 
pudo ser, ni con muchos millares, los que se dá á entender 
en los autores que han escrito. Y estando (an rebeldes, oomo 
estuvieron estos iadios, lícito les eia hacerlos esciaros segtia 




LIBRO SEGUNDO. 143. 



queda referido en la capitulación hecha para la paciñcion de 
este reino. Bien pudo ser habido en estas guerras el manee-» 
bo, que el obispo D. Fr. Bartolomé de las Casas dice habet 
visto por sus ojos, que habia sido vendido por esclavo, siendo 
hijo de uno de los mas principales caciques de esta tierra, 
que como tal saidria en alguna de ellas contra los españoles, 
y estos prenderle entre otros y venderle con ellos. Lo que yo 
he alcanzado de los papeles que he visto, asi de estos españoles, co- 
mo de los que segunda vez vinieron, y se referirán en el li- 
bro siguiente, que siempre les rogaron con la paz. Y sino, 
cual fué la causa, porque cogieron al Adelantado en Campe- 
die, sino por salir á decirles, que se sosegasen, pues no les 
hacian mal alguno los españoles. Véase adelante la instruc- 
ción, que el Adelantado dio á su hijo, cuando le sostitiiyó la 
capitulación, y dio su poder para hacer después esta conquis- 
ta, en que tanto le encarga, mire por el bien de los indios. 
El obispo de Chiapa escribió por relación lo que dijo de este 
reino de Yucatán, porque no estuvo en él, cuando ello suce- 
dió, y asi la que le dieron, pudo no tener la certidumbre que 
debia. Conñeso, que si persona de tanto crédito diga, afirma- 
ra, que lo habia visto, que no me persuadiera á lo contrario, 
sin evidentísimas razones; pero quien le informó pudo hablar 
6 escribir la relación apasionado, y su señoría con piadoso co- 
razón, y amor entrañable, que á los indios siempre tuvo, con- 
doliéndose de ello lo escribió. 

Los indios de Cholula, habiendo recibido á D. Hernando 
Cortés y á sus españoles con mucha fiesta y regocijo al pare- 
cer; con traición, que tenian concertada con Montezuma y con 
promesa de su ídolo principal, que les habia certificado acaba- 
rían con los españoles; tenian trazado de matarlos y llevar vi- 
vos los que pudiesen á Montezuma, para que él los sacrifica- 
se en Méjico. Alcanzólo á saber í)oña Marina la Intérprete, 
que dieron en Tabasco, y dio noticia de ello á D. Hernando 
Cortés. Convenciólos de aquella traición, y confesáronla, demás 
de esperimentar y verla, y aun dijeron, como tenian creído se 
habian de dar una muy buena hartazga con las carnes de los 
españoles, para que ya tenian aparejadas las ollas con sal, y 
asi. Entonces hizo un gran castigo en ellos, y dice Bernal 
Díaz estas palabras. "Y se les dio una mano, que se les a- 
cordaiá para siempre, porque matamos muchos, y otros se que- 
maron vivos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos 
Ídolos. Y cerca del fin del capítulo, en que refiere todo el 
suceso como acaeció dice. Aquestas fueron las grandes cruel- 
dades que escribe, y nunca acaba de decir el señor obispo de 
Chiapa D. Fr. Bartolomé de las Casas; porque afirma y dice, 
que sin causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo, y porque 
se nos antojó, se hizo aquel castigo, &c.'' y luego prosigue aca- 
lcando de ísatüi&Ger coo te causa que tuvieron parcí lu^rio. 



I 



Los seguiirtos religiosos, que vinieron íi Yücalan faeroii 
cinco, diyus nombres no escribe el Padre Toniueinada en su 
Tnonarquia, solo dice, que el Padre Fr. Antonio de Ciudud- 
Rodrigo, siendo provincial de la Sonta Provincin del Sanio 
Evangelio de Méjico, los envió el aiio de ini[ fiuinionios y trein- 
ta y siete en busca de nuevas gentes, ñ quien predicasen la ley 
de Dios, y reino de los cielos. Ellos vinieron predicando y 
enseñando por los pueblos de Guazacualco y Tabasco, donde 
ya estaba poblada la Villa de Santa Mabia de la Victoria, y 
llegaron A Xicalanco; de alii pasaron á Cliampoton y á Catn- 
peche. En este camino, y entre estas gentes, dice, que se de- 
tuvieron dos años, y que hallaban cu los indios habilidad y 
disposición para venir á nuestra fé y cnírncia, y que esto era. 
como la ausencia del Padre Fr. Jocobo los dejó con la leche 
en los labios, asi oian de grado, y depiebeiidian la doctrina 
chislicma. Acabados los dos años, parece haberse vuelto & Mé- 
jico, porque no Iraian instrucción para quedarse, sino de vol- 
verse á la presencia de su prelado. Si el bachiller Francisco 
de Cárdenas Valencia, para hacer la relación que ocobó el año 
de mil y seiscientos y treinta y nueve, para enviar al Cronis- 
ta Mayor de Indias D. Tomas Tamayo de Vatrus, leyera estas 
Historias, no dijera en ella, que los primeros religiosos que vinie- 
ron á predicar el Santo Evangelio á Yucatán, fué en el año 
de mil y quinientos y cuarenta y cinco. Sin duda se rjgi6 por 
un librillo escrito de mano, que hay en el idioma de los in- 
dios, que le escribieron los de muy dentro de la lierm, des- 
pués de su conversión, en que notaron algunas cosas de oque' 
líos tiempos, desde la segunda venida de, los españoles, y al- 
go de las guerras referidas. Y aun el Padre Torquemada, ha- 
biendo dicho en el libro diez y nueve, que el padre Fr. Ja- 
cobo vino á Y^ucatan el año do treinta y cuatro, dice después 
i;n el vigésimo, que vino el de treinta y uno, y que después 
de vuelto á Méjico le hicieron custodio, habiendo dicho, que 
lo era actual cuando vino, y no lo fué mas de una vez, sien- 
do custodio, como había dicho antes en el capitulo de los pro- 
tincialcs. 

rBieii 

AL LIBRO SEGÜJ^DO. 



Ksta bula que tl3 llegado á &^ t¡>ÍDii>Sh.ffSiiooma0.iífi^ 



LIBRO SEGUNDO. 145. 



ps un monumento célebre asi de las pretensiones de los su- 
mos pontífices, como do la mas estraña aplibucion del derecho 
de gentes, dio lugar á mil acaloradas disputas y á graves y 
ruidosas polémicas. Unos, como Las Casas, Soto, Victoria, Cor- 
dóva, Acosta, Belarmino,- Valencia, Molina, Salas &c., soste- 
nían que Alejandro VI, únicamente liabia concedido á los re- 
yes católicos el cuidado de la predicación y conversión de los 
indios; pero no el derecho de que se ocupasen sus pronvicias, 
haciendas ni señoríos; y otros, como Palacios Rubios, Sepúlve- 
da, Martha, Bovadilla, Cevallos, Bocio y Herrera, opinaron que 
el dominio y jurisdicción que dio aquel papa á los reyes de 
España fué general y absoluto. Se ve por lo mismo que to- 
dos aquellos escritores, dieron por supuesta la legitima auto- 
ridad del Romano Pontífice, para hacer esta clase de conce- 
siones. Mas en el día es punto decidido por los publicistas, 
sin mas recurso, que el papa Alejandro VI, asi como cuantos 
tuvieron idénticas pretensiones; carecía de toda facultad para* 
hacer donaciones tan estravagantes como la que se lee en la 
bula ínter cCBtera, que vamos á insertar traducida al español, 
porque la creemos digna de perpetuarse. Dice así. 

Alejandro obispo, siervo de los siervos de Dios: á los ilus- 
tres carísimo en Cristo, hijo rey Fernando y muy amada en 
Cristo, hija Isabel reina de Castilla, de León, de Aragón, de 
Sicilia y de Granada, salud y bendición apostólica. Lo que mas, 
entre todas las obras, agrada á la Divina Magestad, y nuestro 
corazón desea, es, que la fé católica y religión cristiana sea 
exaltada mayormente en nuestros tiempos, y que en toda par- 
te sea ampliada y dilatada, y se procure la salvación de las 
almas, y las bárbaras naciones sean deprimidas y reducidas á 
esa misma fé. Por lo cual, como quiera que á esta sacra si- 
lla de San Pedro, á que por favor de la Divina clemencia, aun- 
que indignois hayamos sido llamados, conociendo de vos, que 
sois reyes y príncipes católicos verdaderos, cuales sabemos que 
siempre habéis sido, y vuestros preclaros hechos, de que ya 
casi todo el muttdo tiene entera noticia, lo manifiestan, y que 
no solamente lo deseáis, mas con todo conato, esfuerzo, fervor 
y diligencia, no perdonando trabajos, gastos, ni peligros, y 
derramando vuestra propia sangre, lo hacéis, y que habéis de- 
dibado desde atrás á ello todo vuestro ánimo y todas vuestras 
fuerzas: como lo testifica la recuperación del reino de Grana- 
da, que ahora con tanta gloria del divino nombre hicisteis, li- 
brándole de la tiíailia sarracena. Dignamente somos movidos, 
no sin causa^ y debemos favorablemente y de nuestra voluntad, 
concederos aquello, mediante lo cuál, cada día con mas fervien- 
te ánimo, á hoüra del mismo Dios y ampliación del imperio 
cristiano, podáis proseguir este santo y loable proposito, de que 
nuestro inmortal Dios se agrada. Entendimos, quedeside atrád 
hábiades proiniesto w vuestfD ánimo buscar y descubrk algtt-^ 



I 



nos islas y tierras firmes remotas, C incógnitas, de otros has- 
ta ahora lio halladas, para reducir los moradores y naturales 
de eliíia al servicio de nuestro Redentor, y que profesen la f« 
católica: y que por haber estado muy ocupados en la recupe- 
ración del dicho reino de Granada, no pudisteis hasta ahora lle- 
var á deseado fin este vuestro santo y loable proposito: y que 
finalmente, habiendo por voluntad de Dios cobiado el dicho rei- 
no, queriendo poner en ejecución vuestro deseo, proveísteis al 
dilecto hijo Cristoval Colon, hombre apto y muy conveniente' 
& tan gran uegpcio, y di^o de ser tenido en mucho, con na- 
vios y gente para semejantes cosas bien apercibidos; no sin gran- 
dísimos trabajos, costas y peüigros, para que por la mar bus- 
case con diligencia las tales tierras firmes é islas remotas é in- 
cógnitas, á donde hasta ahora no se había navepdo, los cua- 
les, después de mucho trabajo con el favor divino, habiendo 
puesto toda diligencia, navegando por el mar Occeano, hallaron cier- 
tas islajs remotísimas y también tierras firmes, que hasta ahora 
no habían sido por otros halladas, en las cuales habitan mu-" 
chas gentes que viven en paz: y andan, según se afirma, des- 
nudas, y que no comen carne. Y á lo que los dichos vues- 
tros mensageros pueden colegir estas mismas gentes, que viven 
en las susodichas islas y tierras firmes, creen, que hay un Dios, 
Criador en los cielos, y que parecen asñz aptos para recibir la. 
fé católica y ser enseñados en buenas costimabres: y se tiene es- 
peranza que si fuesen doctrinados, se introduciria con facilidad 
en las dichas tierras é islas el nombre del Salvador, señor nues- 
tro Jesu-Cristo. Y que el dicho Cristoval Colon hizo edificar 
en una de las principales de las dichas islas ima torre fuerte, 

Ír en guarda de ella puso ciertos cristianos, de los que con él 
lí^Man ido, paru que desde allí buscasen otras islas y tierras fir- 
mes remotas é incógnitas: y que en las dichas islas y tierras 
ya descubiertas, se halla oro, y cosos aromáticas y otras muchas 
de gran precio, diversas en género y calidad. Por lo cual, te- 
niendo atención á todo lo susodicho con diligencia, principal- 
mrate á la exaltación y dilatación de la fé católica, como con- 
viene á reyes y príncipes católicos, y á imitación de los reyes 
vuestros antecesores declara memoria propusisteis con el favor 
de la Divina clemencia sugeiar las susodiclias islas y tierras, 
firmes, y los habitadores y naturales de ellas, reducirlos á la> 
fé católica. 

Asi, que nos alabando mucho en el señor este vuestro san-r 
10 y loable proposito, y deseando que sea llevado á debida eje- 
cución, y que el mismo nombre de nuestro Salvador se planta- 
en aquellas partes; os amonestamos muy mucho en el señor, y 
por el sagrado bautismo que recibisteis, medíante el cual eslais- 
obligados & los mandamientos apostólicos y por las cntroñaa ds 
misericordia de nuestro señor Jesu-Cristo ateutanienle os reque- 
rimos, que cuaiido iniPiilaredes emprender y nrosecuíi de!>todo 



LIBRO SEGUNDO. 147. 



semejante empresa, queráis y debáis con ánimo pronto y celo de 
verdadera fé, inducir los pueblos, que viven en las tales islas, y 
tierras, á que reciban la religión cristiana, y que en ningún tiem- 
po os espanten los peligros y trabajos, teniendo esperanza y con- 
fianza firme, que el Omnipotente Dios favorecerá felizmente vues- 
tras empresas y para que siéndoos concedida la liberali- 
dad de la gracia apostólica, con mas libertad y atrevimiento, to- 
méis el encargo de tan importante negocio: motu propio, y no 
á instancia de petición vuestra, ni de otro, que por vos nos 
lo haya pedido; mas de nuestra mera liberalidad, y de cierta cien- 
cia, y de plenitud del poderio apostólico, todas las islas y tier- 
ras firmes, halladas, y que se hallaren descubiertos, y que se des- 
cubrieren hacia el occidente y mediodía, fabricando, y componien- 
do una línea del polo ártico, que es el septentrión, al polo antar- 
tico, que es medioidia; orase hayan hallado islas y tierras, orase 
hayan de hallar hacia la india, ó hacia otra cualquiera parte, la 
cual linea diste de cada una de las islas, que vulgarmente dicen 
de los Azores, y Cabo Verde, cien leguas hacia el occidente, y 
mediodía. Asi que todas sus islas y tierras firmes halladas, y que 
se hallaren descubiertas y que se descubrieren desde la dicha lí- 
nea hacia el occidente, y mediodia, que por otro rey, ó príncipe 
cristiano no fueren actualmente poseídas hasta el dia del nacimien- 
to de nuestro Señor Jesucristo prócsimo pasado, del cual comien- 
za el año presente de mil y cuatrocientos y noventa y tres, cuan- 
do fueron por vuestros mensageros, y capitanes halladas algunas 
de las dichas islas; por la autoridad del Omnipotente Dios, á nos 
en San Pedro concedida, y del vicariato de Jesucristo, que ejerce- 
mos en las tierras con todos los jseñorios de ellas, ciudades, fuer- 
zas, lugares, villas, derechos, jurisdicciones, y todas sus pertenen- 
cias, por el tenor de las presentes, las damos, y asignamos perpe- 
tuamente á vos, y á los reyes de Castilla, y de León vuestros 
herederos y sucesores: y hacemos, constituimos, y deputamos á 
vos, y á los dichos vuestros herederos, y sucesores señores de ellas 
con libre, lleno, y absoluto poder, autoridad y jurisdicción: con 
declaración, que por esta nuestra donación, concesión y asigna^ 
cion no se entienda, ni se pueda entender que se quite, ni 
haya de quitar el derecho adquirido á ningún príncipe cris- 
tiano, que actualmente hubiere poseído las dichas islas y tier- 
ras firmes hasta el susodicho día de Natividad de nuestro Se- 
ñor Jesu-Cristo. Y allende de esto: Os mandamos en virtud 
de santa obediencia, que asi como también lo prometéis, y no 
dudamos por vuestra grandísima devoción y magnanimidad real, 
que lo dejareis de hacer, procuréis enviar á las dichas tierras 
firmes, é islas hombres buenos, temerosos de Dios, doctos, sa- 
bios y espertos para que instruyan á los susodichos naturales 
moradores en la fé católica, y les enseñen buenas costumbres, 
poniendo en ello toda la diligencia que convenga, Y del to- 
do inhibimos & cuatesquier p^isonets de cuojquier dignidad, aun^ 

o 



148. 



HISTORIA PR YUCATÁN. 



qae sea real ó imperial, estado, grado, orden ó condición, k" 
pena de excomunión lalte^^eníerUioi, en la cual por el misino 
caso incurran, si lo contrario hicieren: qne no pn:suinan ir, 
por hatet' mercoderias ó por otra cualquier causa sin especiul 
licencia vuestra y de los diclios vuestros herederos y suceso- 
res á las islas y tierras firmes halladas y que se hallaren des- 
rnbiertas, y que se descubrieron hacia al occidente y medio- 
día, fabricando y componiendo una linea desde el polo ani- 
ego al polo antartico, ora las tierras firmes, ó islas sean halla- 
das y se hayan de hallar hacia la india 6 hacia otra cual- 
quier parte, la cual linea diste de cualquiera de las islas, que 
vulMrmenie llaman de los Azores y Cabo Verde cien lefias 
hacia el occidente y mediodia, como queda dicho: No ol»taii- 
te constituciones y ordenanzas apostólicas y otras cualesquiera 
que en contrario sean: confiando en el señor de qaien proce- 
den todos los bienes, imperios y señoríos qur encamiüando vues- 
tras obras, si proseguís este santo y ioublc proposito, coiisesvi- 
fáii vuestros trabajos y empresiis eti breve tienjpo ton felici- 
dad y glon'a de todo el pueblo cristiano, prosperísima salida. 
I Y porque serin dificnltoso llevar las presentes letras ñ cada lu- 
■donde fuere necesario llevarse, queremos, y con los 
nismos motu y ciencia mandamos, que á sus trasuntos, firnia- 
( de mano de notario publico jiara ello requerido y corro- 
grados con sello de alguna persona constituida en dignidad 
elesiáslica 6 de algún cabildo eclesiástico, se les dé la mis- 
fé en juicio y fuera del, y en otra cualquier parte, que 
I daria á los presentes, si fuesen exhibidas y mostradas. Ast, 
pie á ningún hombre sea licito quebrantar, ó con atrevimien- 
temerario ir contra esta nuestra carta de encomienda, anx>- 
neslacion, requirimienlo, donación, concesión, asignación, cons- 
tucion, deputacion, decreto, mandado, inhibición y voluntad. Y 
alguno presumiere intentarlo, sepa que incurrirá en lain- 
Kgnacion del Omnipotente Dios, y de los bienaventurados apóe- 
"Wes Pedro y Pablo. Dada en Roma en Snn Pedro á cuatro 
Mayo, del año de la Encarnación del Señor mil ciiatrocien- 
: y noventa y tres, en el año primero de nuestro pontifica- 



1 



La antigua provincia de Tahasco que está situada en la 
garganta de esta península, se estiende sobre el ferlilísimo ter- 
reno que media entre el mar y la sierra de Túmbala y otras 
" mificaciones de la gran cordillera. Toda su estension se ha- 
i cruzada de mil rios, arrollos y vertientes que desaguan en el 
I de Grijalva y en algunos otros que desembocan en el gol- 
Antiguameni*; estuvo gobernada por alcaldes mayores que 



LIBRO SEGUNDO. U9. 

tenían su residencia ordinaria en la villa de Toco^o^a depen- 
diendo inmediatamente del gobernador de Yucatán. Su pnmer 
gobernador con real despacho fué un Sr. Amuzquivar viscai- 
no, célebre en los anales del pais, por la impetuosidad de 
su genio y estraordinario vigor de sus pulmones. Otro gober- 
nador, D. Miguel de Castío y Araos, que posterionnente fué 
capitán g^eral de Yucatán, trasladó á principios de este siglo 
la resid^cia del gobierno & ViUa hermosa^ que hoy es la cui- 
dad de San Juan Baviista^ seguramente una de u» mas piur 
torescas y vistosas de la república, sin embargo de su insalu- 
bridad, del mal gusto que idlli reina y de la ninguna comodi- 
dad que ofrecen las casas hechas de madera y t¿rro. Duran- 
te el gobierno español, aun ngiéndose por goberüadorefi, la pro- 
vincia de Tabaseo estuvo sujeta á la capitanía general de Vu*: 
catan, con ciertas limitaciones; y luego que omneiizé á regir 
la crdenaza de iniendeniea^ se le declaró pane integnuQle de 
esta intendencia, hasta que ea tiempo de su áltimo gwemadofi 
D. Ángel de Toro, en 1821, se proclamó la independencia ab- 
soluta de España, secundándose el plan de leuala, y cuyo mo- 
vimiento filé apoyado por un tal D. Juan Nepomuceno F»- 
nandez, que cometió mU tropelias contra ciudadanos pacíficos. 
Desde esa época, Tabaseo ha corrido la misma suerte que los 
demás Estados de la República, y gobernándose sin dependencia 
alguna de Yucatán. No estará por demás decir que el obispo 
de Yucatán, lo es igualmente de Tabaseo. 



C 



Creemos muy indispensable el hacer aqui una observación, 
que sirva en lo sucesivo de norma para la pronunciación y 
escritura de ciertos vocablos de la lengua maya, que emple^ 
á menudo el autor de esta historia. Los nombres maculuiot 
son marcados por estos indios con la letia A que suena como 
joia; y ios femeninos con una s que en esta lengua tiene un 
sonido particular, que solo podriamos companur con la M ¿6 
la inglesa. Los españoles, como el padre Gogoliudo, espefiiDeii<* 
taban una verdadera dificultad no solo en la plonnneiacíoitp flir 
no en la escritura de estos voqbMos, y añadían regolasMi^ 
una a á la A y una i á la or. DÍ9 aqiiS piovenia que poi 
decir Hkmkü Chel dedan ÁhkukaaM, por Bnyah, Áhoi^ 
y pof XéaÁajf^ Ixiékajf. A muchos aonbies tMBbisn agMa» 
baa algunsi lena pava íaeer tiios iua^ la. ftoumaciaofc» flk 
cü la ts^toMi . eoaoo ▼• g. & Tftat afiadia ana t & la «9 
decian Tiko^ á Tlcax otra letra y decía Tíkax 6 SUfauc» 
Go» esta.adfitMma i» MÉriB ffiamimesIrsalacMii^ ftqnie* 
nes lemitiinoe peía niayoMiajn HHi kW^mtíámMf.míim 



I 



160. HISTORIA DE YUCATÁN. 




Con relación á este punto curioso, eseribimoB en nuestro 

Sriódico el Museo Yueateco^ un artículo que no nos parece 
era del caso repetir aquf, para lo que pueda conTenir áfijv 
este hecho interesante. 

PROFETAS YUCATECOS. 

No hay vieja, ama de llaves, sacristán 6 maestro de ca- 
pilla que en los pueblos, y aun en las ciudades del Estado, no 
nablen de ciertas profecías funestas, de ciertas palabras mislerío- 
sas q ue anuncian sangre, catástrofes, terremotos é inundaciones. 
OhiIíAM BALAM en nuestra infancia fué un nombre terri- 
ble, un nombre que nos helaba la sangre en las venas. ¿Quién 
es CHILAM BALAM? ¿qué ser tan prodigóse es este, que á. 
los niños y aun á los ancianos ha infundido tal terror? ¡Oh! 
nos diria una decidora de consejas, Chilam Balam, fué un san> 
to profeta que el señor nos ha enviado en su cólera para lla- 
mamos & penitencia, porque se acerca el dia del luto y la desola- 
ción: la cindadela quedará arrazada: se hundirá la alameda: la 
plaza grande (a) será el teatro Me una escena sangrienta: lasan- 

ge que se vertirá ha de inundar aquel ancho ámbito, y..." — 
íes todavia hemos oído en los lugares del interior cosas mas 
gordas y pavorosas, y estos errores populares han sido sosteni- 
dos y perpetuados por algunos visionarios, que sin tomarse la 
molestia de averiguar lo cierto del caso, se han dejado arrastrar 
por el torrente de una tradición estravagante y ridicula. Por- 
que en efecto, si el Chilam Balam es tal cual lo suponen, 
preciso es que fuese de los tiempos posteriores á la conquista^ 
pues que se alude á ciertas cosas, que solo han podido veri- 
ficarse en épocas recientes. 

Habia en Mérida ahora muy pocos años (y perdónese la 
digresión) un padre muy conocido por todos. — ^El padre Zuñi- 
ga. — Algunas estravagancias raras de su carácter, discursos y 
manera de vivir lo hacian pasar, si no por locó, á lo menos 

Kk) que los médicos llaman monomania^co. El buen hom- 
se creia descendiente de la real casa gótica de España, y no 
le petaban las usurpaciones de D. Sancho el Bravo, ni la muer* 
ü de D. Pedro el cruel por el de Trastamara, ni el adveni- 
miento del Archiduque de Austria, ni el de Felipe 6.^ ¡Oh! es- 
to ponia de muy mal humor al décimo octavo nieto de D. Per- 






nombre es generalmente conocida la hanno* 
pcíDcipil de VftMb» 



LIBRO SEGUNDO. 151. 

nando de la Cerda, y mas de una vez nos probó, (ó al menos 
intentó hacerlo) con testos de los Macábaos^ del Cántico de las 
Cánticos y del libro de Ruth que la permanencia de los Bor- 
bones en España era una violación sacrilega, una escandalosa 
usurpación de sus derechos al trono de aquella monarquia. Fue- 
ra de esta especie de enagenamiento, que á veces le robaba las 
cuatro quintas partes de su tiempo, el padre Zuñiga era mi hom- 
bre de bien, paciñco, caritativo, y aunque lanzaba muy fuer- 
tes filípicas contra los indígenas del pais, que los hacia descen- 
der de grado o por fuerza de los hebreos, fundado en algunos 
testos del Génesis^ no por eso dejaba de manifestarles mucho 
amor y mucha a&bilidad cuando era llamado á exorcisar sus 
endemoniados, ó á leer los evangelios sobre alguna criatura 
enferma. El padre Zuñiga pasaba también por hombre ilustra- 
do, y por gran conocedor del idioma, usos y costumbres de los 
naturales. En cuanto á lo primero, puede suceder que tuvie- 
se aquella ilustración esclusiva del colegio de Mérida durante 
la tercera veintena del siglo pasado, esto esy letras muy gar- 
das relevadas y adornadas de rasgos arabescos. En cuanto & 
lo segundo, que hace á nuestro objeto, no hay duda que nues- 
tro hombre era dedicado á aquel ramo, y ¡ojalá su dedicación hu- 
biera estado acompañada de buena crítica! tantas cosas curiosas 
no se hubieran perdido, ni anduviéramos tan á obscuras en la 
historia de Yucatán, á caza de noticias sobre nuestros abuelos. 
Una tarde del mes de setiembre de 1831, nos dirigimos á 
la choza del padre Zuñiga, sita en el suburbio de San Cristó- 
bal, (en Mérida) con la firme resolución de sacar algún par- 
tido de su erudición yticateca^ y averiguar en lo posible, cuan- 
to fílese concerniente al Chilam Balam^ que tanto no bullia 
acá en el magin. ¡Ya se ve! aunque hablamos leido las de- 
cadas de Herrera y al pudre Cogolludo, pésimo (*) pero único his- 
toriador del pais, todavía el consabido Balam, nos parecía dig- 
no de mejores comentarios, y mayores aclaraciones. Hicimos 
presente al padre Zuñiga (después de un espresivo saludo, en 
que fué preciso tocar algo es regia jyrogenie) el objeto do 
nuestra visita, y desde luego nos manifestó su deferencia en 
complacemos, sacando inm^iatamente de un escaparate viejo^ 
un enorme rollo de papeles tíámedos, y casi ilegibles. "He a* 
quí, cuanto puede saberse sobre el Chilam Bciam!^ nos dijo 
estendiendo el l^jo sobre una mesa coja, única que tenia en 
su pobre choza Sd huano. Con avidez nos arrojamos á hojewtf 
aquel manuscrito, en que esperábamos hallar una cosa proba- 
ble al menos, acerca de muchas circunstancias ignoradas, {gt 
que acaso se ignorarán siempre) de la vida y vaticinios del pío- 
ieta indio. Pero el manuscrito estaba en lengua maya^ y aun- 

(*) /Pésimo/ nos dejamos entonces guiar de una vetj^nzosa 

pxeocupocio». KoB auepentimos súicenmiBQte de nuestia ligeie» 



* 



1 



que poseemos algunos conocimiento en csie. idioma, ni t<- 
moe los suflcietites, ni era bástanle el tiempo de qne por en- 
tonces podíamos disponer, para empeñamos en su lectura. Des- 
pués de nmclias súplicas y promesas espresivas, pudimos lograr, 
que el padre Zuñiga nos prestase aquel precioso documento, en 
que creíamos hallar el objeto de nuestra diligencia. 

Como tiempo de vacaciones tuvimos lugar [lara emplearlo 
en la lectura del legajo, como debe suponerse que lo hiciimis. 
Al efecto nos asociamos con un inteligente en el idioma, y des- 
de luego entramos en aquel caos. El manuscrito que espre- 
aaba ser copia de oiro, estaba fechado en Maní lí 27 de fn- 
hrero de 1697, que indudablemente fué cuando se fraguó, pites 
las multiplicadas tostaduras, adiciones margínales, frases enterfi.i 
entrerenglonadas y enmendaturas frecuentes, prueban nos piire-. 
ce, no solo que no fué c'ipia, sino que seria el borrador ó ma- 
chote del primer escrito de su especie. Al fm se leía una no- 
ta en lengua castellana que decia "Eyo Fray Julián Mayen y 
Pantoja, vicario de esta de Maní, asi lo hice escribir, hoy que 
contamos 87 de febrero del Año del Señor de MDCICVII." 

La primera parte del manuscrito era una ei!¡)ecie de ser- 
món exortatívo á la penitencia, y en él se aludia á una epi-. 
demia de vómito prieto, [ekxeé] que si no nos equivocamos de- 
bió de haber ocurrido por uno de aquellos años. He aquí otra 
prueba de lo reciente de! escrito. Luego el santo profeta (AAfco- 
bat) empieza á hablar con un lenguage estravagantisimo, y lle- 
no de figuras no ya violentas, sino monstruosas, acerca del dia 
del juicio, y hace un pronóstico casi en los mismos términos 
que el de Jesucristo, si se esceptua la deformidad y mal estilo> 
del lenguage. El profeta [Ahbohat) dirije en seg^iida un apos-, 
trofe & los de su ra2a, exilándoloe á venerar A los frailes {ti 
Tioh pelzuzoob), á pagar los tributos al Rey (Noha/iau) y á o- 
bedecer los mandatos del cacique (Batab). Ofrece el reino de 
los cielos á los que asistan con sus personas h los blancos (ti 
suloob) y enseña á mirarlos con acatamiento. Pero lo que nos 
hizo mucha gracia y acabó de convencemos de lo apócrifo del 
escrito, filé una especie de treno ó lamentación final de la pro- 
íiecia, en que pinta con los mas odiosos coloridos á los indi- 
viduos de su raza, y los maldice en nombre de Dios vivo si 
ll^an & concebir la funesta idea de hacerse independientes, es- 
to es, si volviesen á la idolatría de sus mayores, se fuesen ;t 
)0B bráques abandonando sus poblaciones, y si se marchasen & vi- 
vir á las orillas del lago de Petenitzá. Para cuando üil caso 
ocurriese, el pmfeta vaticina una plaga de garrapatas {pech) que 
devorará á los prófugos: lluvias ae sangre, sequedad en los po- 
B06, langostas, pérdidas de las cementeras, hundimiento de los 
caminos y otras cosas de este jaez, que nos divertieron mu— 
cho, pero que nos dejaron el sentimiento de no haber podido 
adelsntn OD paso de ninguna importancia en nuestro examen, tanto 



J 



^ LIBRO SEGUNDO. 1^8. 

menos cuanto que hasta allí babiamos entendido que el tid CiUJaoi 
Balam en caso de baber existido, debió de ser ant^s de la conquistfu 
Asi lo hicimos presente al padre Zuñiga cuando le de^ 
volvimos el manuscrito, y el santo vaíon no pudo menos q^a 
admirarse de nuestra ignorancia acerca de un persooage tan 
importante como el Chüam Balcón de los ÍQdios yncatecoK 
''Pues como, nos dijo indignado, ¿30 ha podido dudar de la apUen- 
ticidad de este escrito, que de manos muy respetables ha Ue* 
gado hasta las mias? ¡qué poca critica! con mas conociniien* 
tos en el idioma, cualquiera, al leerlo se hubiera convencido de 
que solo un varón inspirado ha podido usar de un lenguage texí 
sublime y misterioso, y cuyos anuncios ademas, hemos visto 
desgraciaaamente realizados." Nos despedimos muy descasóla* 
dos, y con la esperanza casi perdida de poder adelantar oigo 
mas en nuestras investigaciones. — Al tíempo de cerrarse las csBr 
sas de los franciscanos en el año de 1820, los gobernantes d^ 
aquel tiempo no cuidaron con eficacia de asegurar los archí-* 
vos y bibliotecas de aquellos regulares, y sabemos que multi* 
tud de memorias y preciosos manuscritos sufrieron un lamen* 
table estravio. Asi nos lo aseguró D. Buenaventura Oarcia, 
ex-fraile bastante ilustrado, que en su orden habia obtenido em* 
pieos graves y honoríficos. 

D. Pablo Moreno, que era un verdadero sabio y tenia una 
versación prodigiosa en casi todas materias, hizo varias inves- 
tigaciones curiosas sobre la historia dé nuestro pais, y 11^66 
reunir datos muy preciosos para formarla, pui]g;ándola porsu- 
puesto, de la inmensa multitud de consejas tradicionales de que 
bulle. Pero ignoramos que mano fanática hizo desaparecer aquel 
tesoro, con otros muchos manuscritos del autor. Ocurrimos pues 
al Sr. Moreno, cuya noble filantropía y saber proñindo, no le 
permitían desdeñar la conversación de ''un muchacho" y pre- 
sentándole los apuntes que hablamos formado sobre el nianus« 
crito del padre Zuñiga, le suplicamos nos ilustrase en aque- 
lla materia. Con una somrisa irónica que caracterizaba dettoa 
manera marcada su fisonomía, y le daba aquel aire de pino* 
nismo que tan mal sentaba á algunas personas, y que no obs* 
tante le atraía el respeto y admiración de las demás, nos dijo 
que el manuscrito del padre Zuñiga, cu3ros pormenores cono* 
cía á fondo por haberlo tenido dos años en su poder, no era 
otra cosa que im tejido de patrañas adrede inventadas, para 
impedir la emigración de los indígenas, que atraído por la abun- 
danda y feracidad de las tierras del Peten y los Lacandonesi 
dejaban las poblaciones y rancherías de Yucatán con esgeaüor^ 
za de mejorar de condición en un pis (|ue no estaba aun so* 
juzgado por españoles; sobre lo cual habían ocurrido muy se- 
rias desavenencias entre el gobernador D. Roque Sobeíanis y 
Zenteno y el dbispo Pr. D. Juan Cano y Sandoval, famoso^ 
en los anales de la provincia por su celo y ardi^AtB GABdaA 



HISTORIA DE YUCATAX- 

fipostóUca. Q,ue con motivo de cierto sormoii íbrmado sobrs 
aquellas fingidas profecías y predicado el 8 de setiembre de 
1705 en la santa iglesia parroquial de Izanial. por un religio- 
eo franciscano, el crnde de I.ví.^iiíil'I! gobemiidor entonces de 
la pmvincia (*) había editado el celr del llnio. Sr. D. Fr. 
Pedro df :os Reyes Uns oi 'a Madrid, 6 efect" de impedir 
aquel il.iiso que podría returd;iL > conclusión de iii c^inquista 
de! Peten, como en efecto lo luzo ifue) prelado en un edic- | 
to fecb ido en S. Francisco de Caniftcbe & 22 do ociutit del 
año, y qne original nos manifesté el lelérido Sr. More- 
no; y que así el manuscrito en cuestión, como unos nialísimos 
versos populares en lengua maya, i:|ue se recitaban en los pue- 
blos y rancherias de los indios, y aun en las villas y ciuda- 
des, asi eran del C/iilam Balan, como del Califa de Bagdad; 
pues lodo había sido inventado con miras interesadas. 

En efecto: por todo lo que hemos podido averiguar, en 
cada peste, en cada hambre ó desolación que snfria la provin- 
cia, salia ñ. danzar Chilam Balam y adquirían sus profeeias 
nuevos ribetes. Cuando la insurrección de Jacinto Can Ek 
(serpiente negra) en el pueblo de (iuistei! (CLileil) del partido 
de Soluta, iniciada en el mes de noviembre de 1761, siendo 
capitán general el brigadier D, José Crespo y Honorato, las 
profecías de ChUam Balam se hicieron terribles y alarman- 
tes; pues desde aquella fecbii y no untes, comenzó & hablarse 
de esos formidables castigos del cielo qne han intimidado é. las 
gentes. Es muy fácil conocer el motivo y penetrar las razones 
porque no se contradijeron oportunamente estas chocantes especies, 
con que en otra época se pretendió alucinar á los necios y 
a los incautos; pero hoy que las hices se han difundido, y los 
yucatecos han dejado de creer en patrañas, nos cansa ciertamen- 
te pena y compasión el oir la grave plática de algimas gentes 
honradas sobre el contenido de las profecías do que tríiinnios. 

En conclusión, podemos asegurar, que cuanto si.' leüereen 
el dia acerca de CHILAM BALAM, es una conseja mal fra- 
guada y peor espiicada: que el profeta mal podía designar es- 
pecíficamente la alameda de Mérida como el teatro del cum- 
plimiento de sus vaticinios, supuesto que aquel paseo fué for- 
mado á fines del siglo pasado, siendo capitán general D. Lú- 
eas de Calvez; y que por líUimo, se necesita un candor S loda 
prueba para dar crédito á esos romancea y leyendas populares 

{*) En esto debió de equivocarse D. Pablo, porque en 
ese año, D. Martin de Urzua, aun no era conde de LízoT' 
raga, ni se hallaba en la provincia, sino en España, á don- 
de fué llamado por los asuntos de la conquista del Peten 
y el asesinato qiie cometieron los alcaldes de Valladolid; y 
quien gobernaba entonces la provincia, era el maestre de vam- 
po D. Abaro do Jiiva^uda. 



I 
I 



_ UBRO SEGUNDO. 155. 

que corren por el interior del Estado. Y para acabar de con- 
vencerse plenamente de lo que ILevamos sentado, permftaseDos 
insertar aquf la única profecía de Ckilam Baiam, ccoiforme la 
encontraron diz que por tradición, los españoles conquistadores 
de Yucatán. 

{Aquí la profecía de Ckilam Balam.) 

Cualquiera puede creer de toda esta relación lo que me- 
jor le parezca. Por lo que hace & nosotros, nos parece inven- 
tada en todas sus partes; pues que una profecia tan espresiva, 
solo podia hacerse á vista de la realidad; el Chüam Baiam 
está mas minucioso que loe verdaderos profetas del antiguo y 
nuevo testamento. Isaías no vaticinó en términos tan po- 
sitivos la pasión de Jesucristo, como el profeta gentil la veni- 
da de los españoles, por mas que se diga que aquel es un dc^i 
6 una gracia gratis data, que Dios otorga á quien quiere. So- 
bre el fin de la "dficima tercia edad" á que se alude en el 
vaticinio, nada podemos oliservar por la simple y sencillísima 
razón, de que no conocemos el cómputo de nuestros indios yu- 
catecos ó itzalanos. 

No es la del Chüam Balam la única profecia que se lee 
en C(^ollndo, y creyendo que nuestros lectores tendrían curio- 
sidad de conocer las restantes, las insertamos & continuación.. 
{Aquí las otras jtTofecias que hemos insertado.) 

Basta la simple lectura de estos vaticinios, paia conocer et 
espíritu de los pseudo-profetas que se mencionan, y no ne- 
cesita comentarios. Duerman pues trauí^'iilos los niños y las 
viejas, que no perturbarán su reposo ias palabras ominosas de 
Chüam Balam y demás profetas yucatecos. 







HISTORIA DE YUCATA^'. 



lililli 

K «b ÜU 1^ bM «M VI? e 



i 



DE LA HISTORIA DE YUCATÁN. 

CAPITULO PRIMERO. 

Vieneri segunda vez los españoles ü Yucaian, y Tesislenlos 
los indios como la pñmera. 

Ya que el no haber asignado los conquistadores e) tiem- 
po determinado, y año en que sucedió cada cosa de las que 
voy refiriendo, sino hecho las probanzas con indeterminación de 
poco mas ó menos; ha ocasionado no poder yo tampoco afir- 
marlo para la claridad y gusto, que diera saberse, y aun inte- 
gridad á estos escritos: por lo menos la verdad de el hecho mo 
consta de muchísimas que he leído auténticas y legales, áquc 
se debe todo crédito. Queda dicho al fin del lihro antecedente 
como la mucha guerra que los indios hacían á los españoles, 
la falta de bastimentos, armas y otras provisiones que ya sen- 
tían, y sobre todo irse los que hallaban ocasión con la fama 
de el descubrimiento de las riquezas del Pirfi, y poco prove- 
cho que en Yucatán esperaban de sus trabajos, donde (contó 
en una relación que ya he citado se dice) habia calamidades 
muchas; oro y plata poca, sobra de desventuras y hambres conti- 
nuadas: todo esto ocasionó despoblar esta tierra. No pudo con- 
servarla el Adelantado, aunque habia gastado toda su hacien- 
da. Fué á la Nueva España á rehacerse de lo necesario, de- 
jando acá algunos amigos, que no le desampararon, y habien- 
do comprado navios y prevención sin duda cuantiosos, pues los 
escritos que he leido le dan nombre de armada, queriendo vol- 
ver, se le encomendó la pacificación de Tabasco. Para con- 
cluirla hubo de venir Gonzalo Nieto, como se dije, á Yucatán 
por la gente que en él estaba. Habia quedado el capitán Alon- 
so Dávüa mientras volvia el Adelantado, y con la nueva oca- 
sión de Tabasco, hubo de ir allá & ayudar al Adelantado, 

Dio principio 3 ia pacificación de Tabatco, y no querien- 
do venir los indios en lo que era razón, ni poner en ejecu- 
ción la obediencia, que & nuestros reyes habían dado; fué ne- 
cesario sujetasen las armas los ánimos, que no podia pacificar 
la benevolencia. Con la llegada de los capitanes Alonso Dá.- 
vila y Gonzalo Nieto, y soldados, que estaban en Yucatán, so 
mejoró el partido del Adelantado, que viendo en su compa- 
iña aquellos amigos conocidos á fuerza de trabajos é infortu- 
nios, se alegró mucho. Fué mas dificultosa la pacificación de 

lo que presumieíop, por<i4e los indios coa la comuiúcAcioD de 



I 



I 



LIBRO TERCERO, 157, 



los españoles, les habían perdido en mucho el ntíedo. A los 
españoles daba cuidado la incomodidad de la tierra para ha- 
cer la guerra por el práctico dictamen, que su elección qui- 
siera. Muchos los pantanos y ciénegas (inconveniente grande 
para ayudar los de acaballo á los infantes) la numerosa mul- 
titud de indios, que la habitaba muy escesiva, con que se iba 
dilatando, y acabándose los bastimentos que habían traído, y 
por fuerza se los quitaban á los indios. También de aquí se 
le iban los soldados, porque tampoco es tierra de oro 6 plata, 
y andaban disgustados, porque con la demasiada humedad y ca- 
lor de la tierra, enfermaban muchos y morían algunos. 

Llegó esto á poner al Adelantado en mas necesidad de 
gente y bastimentos, de la que entendió á tiempo que quiso 
Dios llegase á la Villa de la Yítoría el capitán Diego de Con- 
treras con un navio suyo, en que llevaba muchos bastimentos 
y otras provisiones, de que en Tabasco se necesitaba, y en él 
también iban un hijo suyo, llamado Diego de Contreras, y otros 
veinte españoles. Rogóles el Adelantado, se quedasen en su 
compañía, pues no iban necesariamente á otra parte determinar 
da, porque estaba en condición de perderse lo trabajado, dicién- 
doles el servicio grande que harían al rey en ello, y prome- 
tiendo gratíñcárselo después en su nombre, con que se queda- 
ron en Tabasco, sirviendo con sus personas, navio y lo que él 
llevaban. Fué este socorro en aquella ocasión tal, aue se di- 
ce en sus probanzas, bastó á que el Adelantado pudiese per- 
manecer entonces en Tabasco, hasta que con mayor ayuda 
consiguió (aunque á costa de muchos glastos y trabajo) la pa- 
cificación de toda aquella tierra, que ouró según la cuenta mas 
cierta que hallo, hasta el año de treinta y siete. Por et tra- 
bajo y gastos, que en ella tuvo, se le adjudicó al Adelanta- 
do, juntamente con el gobierno de Yucatán, tftul(f que hasta 
hoy dura á los gobeme^ores. Por esta causa prueba el Ade- 
lantado haber poblado la Tilla de la Vitoria; porque aunque 
por la Historia General de Herrera parece estaba ya poblad^ 
cuando el Adelantado hizo esta pacincacion. ó se dei^bló con 
el rebelión de los indios, ó aquello estaba tal, que rué como 
conquistarlo de nuevo. No he hallado hasta ahora mas singu- 
laridades que escribir de la pacificación de Tabasco; algún dia 
(dejando Dios salir á luz estos escritos, como espero en él su- 
cederá) pesará á los interesados, sin poderlo imputar á omisioni 
pues bien notoriamente he andaído rogando á todos, mientras 
gasto el tiempo en ello, me den sus probanzas, méritos, para 
referir todas las acciones di^as de memoria, como si me im- 
portara á mi mas el escribirlas, que á los descendientes de sus 
dueños el que se hagan notorias, y salgan de mucha confu- 
sión, que hay en el conocimiento de esta materia. 

Pacificado Tabasco, dio orden el Adelantado D. Prancis- 
de Montejo de componer su armada, que si era la que vino 



inSTORIA DE YUCATÁN. 



N 

^ 
^ 



de la Vera-Cruz, ya necesitüria de ello, auni|Ue por algunos 
escritos fue; Otra, y prevenidos soldados, municiones y armus, 
que sabii bien etan necesarias para volver segunda vezáYu-, 
catan, como quien tenía tanta esperiencia y tan á su costa, de 
los naturales qne la habitaban. Solicitó también eu la Nueva 
España y ciudad de Chiapa, los ánimos de algunos, que vinie- 
ron á ayudarle & proseguir la conquista de esla tierra, Salie-. 
Ton de Tabasco y llegaron á ella. Algunos escritos dicen, que. 
vino personalmente e! Adelantado, y en otros parece darse &- 
eatendci vino su hijo: confusión que se debe de originar, de. 
tener un mismo nombre. Tengo por mas cierto vino el Ad&-. 
lantado mismo & traer la armada y dar principio, y luego se 
volvió al gobierno de Tabasco, quedando su Lijo D. Francis- 
co á gobernar los soldados, como podrá verse, por lo que des-' 
pues se dice. Solo digo aliora, que el navio en que los Cou-, 
treras llegaron á Tabasco, sirvió en esie viage y en ir y ve- 
nir de alli á Champoton, hasta que se consumió, sirviendo ea, 
la conquista. 

Eligieron á Champoton para desembarcar y asentar real,, 
por parecerles puerto á proposito, mas cercano á Tabasco, co-, 
inenzar desde alli lo mas poblado y tener á la visia ios bu- 
geles con que proveerse de lo necesario y recibir el -socorro 
de gente, que el Adelantado rcmiiia. Desembarcaron, pues, eu, 
Chnmpoton, segim la cuenta que me parece mas cierta el año- 
de mil y quinientos y treinta y siete. Los indios con mali- 
cia los dejaron salir á tierra pacificamente, sin alboroto algu- 
no, ni dar muestra de el pesar que recibian, viendo otra vez 
á los españoles en su tierra, cuando entendían ya los habían 
dejado; y viendo cuan pocos y de.strozados hablan salido lapri-, 
mera vez, tenian por cierto no vendrían segunda. Pero [adi- 
vina bondad tenia determinado el gran número de almas que 
hablan de venir al verdadero conocimiento de su Criador, pot 
medio de esta venida, y asi fortaleció el ánimo del Adelanta- 
do, para ejecntarla, y al de los que le siguieron para acoinpa-, 
ñarle, aunque no había esperanza de minas de oro, ni plata' 
para después de conseguida la victoria, y se s^ia la diñcultad, 
ae la empresa. 

Viendo los españoles el sosiego de los indios, les pnració es- 
taban ya mas afables y de diferente parecer, por haber sabido 
tenian ya sujetos á los de Tabasco sus vecinos; aunque no por 
eso dejaban de estar con toda vigilancia, recelosos por las trai- 
ciones pasadas, con que diversas veces los hablan asegurado pa- 
ra dar después mas á su salvo en ellos. Todo les fué nece- 
Bario, aunque no suficiente, para que á pocos dias, como allí 
habiui llegado, una noche no tuviesen bien conocido peligro. 
Agtiardaron los indios que fuese media noche, y junta la ma- 
yoj multitud que pudieron, con todo silencio (que no fué po- 
1 «ufiatural de ellos atreverse de noche y caIlando)«ie- 



LIBRO TERCERO. 159. 



ron, como quien sabia tan bien las veredas y pasos al real, 
donde estaban sitiados los españoles. Cocieron de improviso á 
una de las centinelas, á quien luego quitaron la vida, y á las 
voces de éste, y estruendo, que comenzaron á hacer, los in- 
dios, despertaron los demás españoles. Recurrieron á sus armas 
admirados, no tanto de! acometimiento, como de que hubiese 
sido de noche, cosa tan poco acostumbrada entre ellos, y tra- 
bóse una pe'iírro^d contienda para los espnño'es, que como los 
mas no sabían la tierra, y á eso se junutbct la obscuridad de 
la noche, todo para ellos era confusión. A las tres partes de 
tierra que tenian, Oriente, Occidente y Sur, oían voces y es- 
truendo de los indios. 

Pelearon los españoles con esfuerzOj pero no bastante, á 
que no muriesen alamos, aunque á costa de muchos de los 
indios, que rindieron las vidas á manos del valor y armas es- 
pañolas. Fué aflojando el furor, con que los indios habían a- 
cometido, sintiendo los que de ellos morían, y oyendo Jas vo- ' 
ees y gemidos que los heridos daban, pidiendo socorro y ajru-* 
da á los sanos, con que comenzaron & desaparecerse. Los es- 
rspañoles, sin noticia aun de la tierra, y como la oportunidad 
de la hora les era poco favorable, no los sionieron, con que 
murieron muchos menos de los que perecieran á ser en oca- 
sión diferente. Juntáronse en su real, y aguardaron el dia, con. 
que recogieron los cuerjKJS difuntos de los españoles, que fue- 
ron pocos, y diéronles sepultura, quedando los vivos mas ad- 
vertíaos de la atención, que necesitaban tener en lo restante. 
En muchos días no parecieron indios con señal de guerra, pe-, 
10 iban faltando á los españoles los bastimentos, porque se los o- 
cultaban, cuanto era posible. La suspensión con que en este 
tiempo estaban los indios, no era ocio: ocupábanse en hacer lla- 
mamiento general, convocar y atraer á si todas aquellas co- 
marcas y sus caciques contra los españoles, que ignoraban el 
intento, que los indios tenian. La falta de vitualla iban su- 
pliendo los españoles con el pescado que cogian, de que son 
muy abundantes aquellas playas. Sucedí , que en una ocasión 
dos españoles se alejaron del rea', y los indios, que no das:- 
cuídaban punto de hacerles el daño posible, los hubieron á las- 
manos. Lleváronlos á toda prisa, sin que lo viese español al- 
guno, con que no pudieron librarlos, y los sacrificaron á sus, 
ídolos, comiéndoselos después, como tenian de cogtumhre, y te- 
niendo (como dice una relación antigua) como por reliquia la 
pequeña parte, que á cada uno alcanzaba, y el demonio que no 
se descuida, debió con esta ocasión (según allí se dice) de in-, 
citarles el apetito, que saboreado con las carnes de los espa-* 
ñoles; no se sació, y mataron muchos de sus muchachos, sacríñ- 
cándolos . & sus ídolos que debió de ser, pidiéndoles victoria con- 
tra los españoles, y después se los comieron. Lo que resultó, 
de la convocadoa de los indios, se dice en el capítulo siguiente;. 



I 

■ 

i 



CAPITULO U. 

Juntan los ijidios grande ejírcito y Tense en nnicho peligro 
los españoles. Fundan en Champoton tina Villa, qtte lla- 
maron San Pedro. 

En el liempo, como iba diciendo, que pnrecia, que los in- 
dios de Champoton dejaban descansar á los españoles, estaban 
}iaciendo liga y confederación de todos los mas caciques de 
esta tierra que podían atraer á si, porque aunque son de una 
lengua, no toda ella estaba sujeta á un señor, que entre si 
íenian sus g^uerras, y enemistades heredadas de padres en hijos, 
como en otra parte ee dice; pero ahora se aunaban contra el 
gue juzgaban común enemigo. No fué asi como quiera esta 
junta, porque asentaron sus cosas debajo de sus juramentos y 
seguridades, según su costumbre, y mediante ellas fué grande 
la multiiud de indios, que de diversas partes se juntó en Cham- 
poton. Dio cuidado á los españoles ver tanto bullicio de in- 
dios mas que los acostumbrados, y conocieron cuan inal lo ha- 
bían de pasar, si tan escesivo número los acometía, pues no 
parecía poderse ordenar á otra cosa, y asi aguardaban el fin 
prevenidos. Juntos ya los indios confederados, acometieron 
con horrible estruendo al real de los espaüoles. Resistieron va- 
lerosamente á los indios, aunque se defendieron con todo esfuer- 
zo; no bastaba á comportar tanta multitud de enemigos, como 
les había sobrevenido. Peleaban casi con desesperación, y así 
era grande el numero de !os indios que raorian; pero el cora- 
ge con que ellos se habiaii determinado era tal, que daban por 
bien empleados mil que faltasen de los suyos, por quitar la vi- 
da á un español que tanto aborrecían. Faltaban ya algunos de 
los nuestros (que cualquiera falta en la ocasión era muy sen- 
sible) y conociendo, que permanecer era manifiestamente bus- 
car la muerte y perderse todo; hubo de ceder esta vez el va- 
lor á la multitud, y se fueron retirando con biien írden á la 
playa á valerse de las embarcaciones. Siguiéronlos los indios 
con grap Ímpetu (que parece, aumenta el valor al contrario ver 
las espaldas al enemigo) y decíanles mil injuriosas afrentas. 
Entraron el real donde habían estado alojados, y cargaron con 
las ropas y demás cosas que en él habían quedado, porque la 
repentina embarcación no cuidí'' de recogerlo. 

Los indios se vistieron las vestiduras de españoles, que ha- 
llaron, y con ellos desde la playa daban grita á los españoles, 
mofando de ellos, y enseñándoselos con escarnio. Muchas ve- 
ces perderse una victoria no es por falta de valor, que los ven- 
cidos tuviesen: ni el retirarse es todas veces cobardía. Atribuian 
íi ella la retirada de nuestros españoles, y viluperabánlos los 
indios, ¿djciéndoles, qué donde estaba su valentía, que con» 



I^r^i 



LIBRO TERCERO, ICl 

bía huido? Sintieron tanto los nuestros estos baldones, 
iponieiido las vidas á lu estimación y aprecio de la repula- 
lion y fama, prevenidos de todas sus armas, volvieron & salir 
tierra, que aunque resisiídos de los indios la cobraron. Gran 
Imiracion causó á los indios ver, que los que se habían reti- 
nado al parecer vencidos; tan presto volviesen con nuevos alien- 
tos á hacer rostro á sus vencedores. Mucho debió de hacer 
'desmayar á los indios la valerosa resolución de los nuestros, 
^rque aunque se trabó otra muy reñida contienda entre los dos 
campos, viendo los indios que acercándose á los españoles pe- 
fecian muchos de ellos, y que ios nuestros fallecían pocos y 
~ ; & los que de ellos se retiraban no los seguían, fueron po- 
á poco dejándolos en el sitio que habían recobrado. No era 
Jx)r entonces otra su pretensión de los españoles, pnes les bastaba 
tja aquella ocasión que los indios no quedasen con la gloria de 
Tiaberles hecho perder la tierra; y el cansancio con que se ha- 
llaban no les daba lugar á seguirlos, ni aun acertarían á ello, 
'orque aun había indios descansados, como eran tantos. Final- 
lente, aunque á pesar de los ijidios, se hubieron de quedar 
españoles en el sitio que les ganaron. 
Con esia vuelta de los nuestros & tierra, perdieron mucho 
íl ánimo los indios, y no determinándose otra vez á dar bata- 
la, como atiuella multitud era de gente allegadiza, aunque son 
te poco comer; les comenzó á faltar su manlenimiento de que 
labiaii hecho poca provisión, presumiendo acabar presto con los 
^españoles. Ocasionó esto, que los que no eran de la comarca 
íde Champoton, se volviesen á sus tierras, con que quedaron 
líos españoles mas desahogados y con algunas esperanzas de me- 
ijoría en la prosecución de su conquista. Muchos trabajos pa- 
decían con estas dilaciones, porque eran pocos para penetrar 
tierra tan poblada como ésta, hasta que quiso Dios, que vién- 
dolos los indios de Champoton tan perseverantes, que por nin- 
gún modo intentaban desamparar la tierra; y que no les ha- 
llan mal, sino era provocados; trabaron alguna amistad con los 
ñoles, y esta se fué aumentando con la comunicación que 
ellos tenían, hasta tratarse ya como amigos, aunque los nues- 
no dejaban de recelarse del natural de los indios. _ No da- 
paso adelante por vía de fundación; porque aunque desde 
i hacian algunas entradas en la tierra, eran tan mal recibidos de 
! indios, que les obligaba á volverse á reparar á su real en Cham- 
poton, único refugio de sus fatigas. Como estaban en puerto 
de mar, y ya había noticia de ello, solían llegar algunas fra- 
gatas, con que los pobres españoles socorrían algunas de su9 
necesidades. Tal vez les quedaban compañeros de nuevo, y ta! 
se les iban otros de los antiguos, viendo el poco fruto que so 
conseguía con la dilación que pasaba. Llegó á término, que 
60 vieron solamente diez y nueve españoles en Champoton, y lo 
oonservEiron íilguni lieispo, que no es poco ile poadeiar, lü la- 



?1 

que ^ 




m. 



HISTORIA DE YUCATÁN. 



zon que deje de escribir los nombres de los que lie hallado 
I que ñieron Gómez de Castrillo, Jnan de Magaña, Juan de Pa- 
rejas, Juan López de Recalde, Juan de Comrerus, Pedro Mu- 
ñoz, y si hallare los de los otros los escribirá. Kstos nlirman en 
sus declaraciones jurídicas, haber estado con ellos en ocasión 
tan peligrosa D. Francisco, el hijo del Adelantado, cuyti pru- 
F dencia y buen tratamiento, dicen que los conservó. 

Desde Tabasco procuraba el Adelantado enviar el socorro, 
que podía á su hijo; pero inclinábanse pocos avenir por láma- 
la voz que corría de la conquista, y asi se valió del Adelan- 
tado D. Pedro de Alvarado, Habia salido un capitán suyo, lla- 
mado Francisco Gil á la conquista de Tequepan Piichntla, y 
habiendo mala comodidad de poblar, bajaron al Yalle de Tuii 
y Rio de Tatiochil, que me parece es Tenozic, mal pronuncia- 
do y entendido entonces de los españoles. Halló este capitón 
la provincia de Puchulá con lo restante de íjuerra, sin querer- 
le dar la obediencia. No se dice en las informaciones que ho 
Jeido, hubiese guerra con los indios; pero liicieronsela mas ii 
su salvo, huyéndose los indios y alzándoles & los españoles lo- 
dos los bastimentos, con que perecían de hambre, y pasándolas 
terribles y muchas desdichas, por haberse escondido los indios, 
llegaron al Rio de TanochÜ ó Tenozic; donde poblaron una 
Villa, a quien llamaron San Pedro, con advertencia que decla- 
jaron: que si para su conservación y servicio de! rey conve- 
nia mudarla, se pudiese hacer, sin incurrir mala notn por des- 
poblar aquel sitio. Prosetjdia en !a nueva poMaciou l.i Laisiua 
necesidad de mmteni miemos, por no parecer lo' indios, y lle- 
gó á estremo, (,ue toa que tratan de servicio de otras partes, se 
Ves morían. Parece habia ido Juan López de Recalde por su 
muger, hijos y criados á Chjapa donde los tenia, y venia con 
los demás en esta ocasión, y alli se le murió de hambre un 
hijo pequeñuelo que traia, quedando con el dolor que se pnede en- 
tender de morir aquel angelito de aquella suerte. Testificí des- 
pués Francisco de Montejo, sobrino de el Adelantado, y como 
ya otra vez he dicho, capitán de la conquista de Yucatán, q^iic. 
él fué desde Champoton á esta Villa, donde vio los trabajos 
y miseria, que alli los españoles padecían, que son los referi- 
dos, y los que nec esa ríame ule á ellos se siguen. 

Certificado D. Francisco el hijo de el Adelantado de la po- 
blación, que Francisco Gil, capitán del Adelantado de Guate- 
mala, habia asentado en el Rio de Tenozic: jurisdicción delgo* 
, biemo de su padre, que lo era de Yucatán y gobernador dü 
[ Tabasco, avisado también, que Francisco Gil traia orden de D. 
' ^dro de Alvarado, para que pacificado, lo que tocaba á la su- 
ya; con la Emente qna pudiese, pasase á ayudar á los que estabaii 
en Chiuupoton; fu6 D. Francisco & la nueva población y Villa 
da S^ redroj coq veinte, soldaijpi y hizo notorio á, Fraücisr 



• • LIBRO SKGUríDü. XSfí. 

cTS) Cril, como aqii^l territorio pertenecia 4 la conquista de su padr^, 
y le requirió no procediese en nombre, y con autoridad cíe IJ. 
Pedro fíe Al varado. Francisco Gil y los suy^s viondo tan manifiesta 
la justificación de lo que pedia D. Francisco a* • /.íoiifjo, se le en- 
ire;^airon todos como á quien gobernaba en noml^re de su paditi 
y en él tomó la posesión de aquella Villa, sin contradicción alguna. 
Concluido aquello con la concordia referida, se volvió D. Francis- 
co de MoAtejo á hacer compañia á los suyos al puerto y lugaf 
de Champoton, dejando el gobierno de aquella Villa y españ^ 
les al capitán Francisco Gil. Conservóla algún tiempo, pasanr 
jdo alli los españoles muchas necesidades, hasta que viendo cuau 
mal lo pasaban, y pareciendo que aquella población no era á 
proposito para adelante, y que de presente era mas acertado 
juntarse con el hijo del Adelantado en Champoton, que asi s^ 
conservarían unos y otros mejor; resolvieron despoÚar aquel si- 
tio, pues se habia fundado la Villa con condición, que ^ 
para la conservación de los pobladores no era conveniente aquel 
sitio, se pudiese hacer sin incurrir mala nota. Tomado este a- 
cueido, dio orden el capitán Francisco Gil á Lorenzo de Cro- 
doy, que era su maestro de Campo, pam que recogidos todos 
y su bagage, con buena orden viniesen en demanda de Cham- 
poton. Su trabajo les costó la venida, porque la tierra es ce* 
nagosa y llena de pantanos, y los indios de por alli no esta- 
ban del todo paciñcos; pero en fin llq^aron á Champoton y 80 
juntaron con los que allá estaban, que se holgaron viénaose 
mas en número, y quedaron todos sujetos á la obediencia del 
mismo D. f^ncisco de Montejo, como teniente de gobernador 
y de capitán general por su padre. Con este nuevo aumen-^ 
to de compañeros, determinaron que su residencia en Champo* 
ton fuese por via de población y convin\eron en que la VilU 
.de San P^ro, que despoblaron en el Rio de Tanochil ó Te- 
nozic, se poblase en el sitio de Champoton, para que viéndor 
dolos los indios ya tan de asiento, se quietasen mas y los es- 
pañoles viviesen también en forma de república. En estacjon» 
formidad se elegieron alcaldes, nombraron regidores y demás ^ 
ficiaies, con la misnvi condición que poblaron en TaooehiU ^ 
he hallado razón destos nombramientos, ni quienes jfuesw lo$ 
nombrados, y debió de ser la ocasión, que como fué (uaásirT 
cion, como por via de depósito, y no permaneció, ni se hicie^r 
ron viviendas para perpetuarse, no se cuidó de ello, aunque 
en las . prd>anzas de los Contreras, Ricalde y otros, se haop SÍ? 
lacion oe lo que alli les sucedió, hasta que después pasatOQ^ef^ 
ta VUla y la poblaron en Campeche, con título de San FiMt 
cisco. Cada cosa de estas, que voy refiriendo, sin poder dMf 
el año en que sucedió, aunque el hecho está conteáuuk» ea^t 
versas probanzas, confieso que lo sirato; peio ya he dicho otxas 
veces, que no tengo la culpa, sino la poca curiosidad da Jof 
Q<H^[|ttÍ8t^ie& c]u^^ lo coiqprobaion» q{ae cw ja pMmgM 

10 



IM. HISTORIA DE YUCATÁN. 



del hecho se oonteotaion quedase la memom en eoÉam de 
lo Sucedido. 

CAPITULO ra. 

AUenian reheiarse lo» india» de ChampaUm^ remedimUo ímB 
españoUSj y quieren otra vez dejará Yucatán. 



ido D. Francisco de Montejo á ver á sn padie 
á Tabasco y darle noticia de como pasaban en ChampotOD, al- 
gunos indios mndaron de intento, queriendo rebelarse contra loa 
españoles; pero como ya muchos los habian cobrado vcdoimd, 
dieron aviso de ello sJ capitán Francisco de Montejo, sofarino 
de el Adelantado, á cuyo ca^o habia quedado aquello en 
sazón. Dióle gran cuidado praer as^;urar por rigor, para 
segarlo con las armas, si fuese necesario, poique eran pocos na- 
xa ello. Esto, y lo que luego diré, me hace juzgar sucedió 
algo antes de haber venido el capitán Francisco Gil y loa sa- 
yos, y hecho todos juntos la forma de poblaci<m que se dijo 
en el capitulo antecedente. Consultaron, que modo tendrían pa- 
ra atajar aquel mal, antes que fuese menester Ue^ á las ar- 
mas, y los indios tuviesen lu^ de mas prevenirse, y resol- 
vieron era mas acertado ir cogiendo con cautela los caciquea 
de el territorio, que se presumia movian los ánimos de loa in- 
dios y remitirselos al Adelantado, que á la ocasi(m estaba ea 
Tabasco^ para que apartadas las cabezas, los demás se qoiela- 
aen. Ejecutóse, como se habia resuelto, y aunque se coeieroil 
átomos cacicjues y principales, sin alteración de los mdio8,8S 
oneció otro inconveniente, que fué no haber quien se quisie- 
se encaigar de llevarlos á Tabasco; ya por la aspereza y dis- 
tancia del camino, ya por el peligro que corrían, habiaidode 
ir por tierra, poique no habia comodidad paia ir por la mar, 
aunque era viage mas & proposito y mas mcil. 

Ofrecióse á llevarlos Juan de Contreras, hijo de el capi- 
tán Die^ de Contreras (de quienes ya se ha hecho mención) 
y paieciéndole al capitán Francisco de Montejo, que era pet^ 
0ona de vdor y satisfacción, fió la acción de él, y le entregft 
los indios. Asuráronle la salida y algún tanto la distancia ^I 
camino, hasta salir de la jurisdicción efe Champoton, por sia- 
caso los indos saliesen á quitárselos, y con la mayor brevedad 
que pudo, llegó con ellos á la Villa de la Vitoria, donde e| 
Adelantado residia. Recibiólos con señal de enojo; pero consi* 
dorando prudentemente, que el rigor en aquella ocasión no po- 
día dar buen espediente & lo que se pietendia, y que seria po- 
sible que los indios con recelo del castigo se hanan mas dí- 
ficiles de reducir sin armas: que los españoles que habia en 
Champoton, eran muy pocos, si los indios se congregaban, co- 
mo la otra vez hicieron; tenq^ló el enojo con los presos. Re- 

pwbendiolos con ftlguoA aftbuMadi y ofeittw «I fgwmttínueiir 



LIBRO TERCERO. 165. 

to de la fidelidad y obediencia prometida al rey y á él 6Q su 
nombre. Dijoles como, aunque podia castigarlos con la pena 
de muerte que merecían por el delito cometido, no quería pa* 
xa que con la esperiencia viesen como los españoles no mis- 
caban su daño, sino vivir con ellos en paz y quietud, siéndoles bue* 
nos amigos. Después los regaló y aun dio aleunas cosillas de 
Castilla de las que tenia, diligencia que del todo sosegó los co- 
razones y ánimos de aquellos caciques. Hizo de ellos, como 
suele decirse, del ladrón fiel, y volviólos á enviar á Champo* 
ton, con que agradecidos (aunque al parecer bárbaros) ellos eran 
quienes quietaba á los indios, si algún desabrimiento se lesoíxe' 
cia con los españoles. 

Pasados algunos dias, habiendo hecho la nueva pobladoQ 
de Champoton, tuvieron noticia de que los indios que vivían 
el rio arriba algo dentro de tierra^ andaban alterados^ y temien* 
do no alborotasen á estotros, envió D. Francisco al Maestro de 
Campo de Francisco Gil, que 3ra se ha dicho, se llamaba Lo* 
lenzo de Godoy, con diez y ocho españoles para que lo reco- 
nociese, si era como se decía. Yendo rio arriba, dieron con 
mas de ochenta canoas de indios de guerra, con quien filé for- 
zoso pelear, porque no solo les impeman el paso, viéndolos tan 
pocos, pero aun los acometieron con grande ^teria. Pasaron 
nuestros españoles, aunque con peligro, y cogieron tierra cerca 
de unas albiurradas, que los indios prevenidos tenían hechas pa- 
ra su defensa. Eistaban de la parte de tierra muchos índUbs 
para resistir la entrada, que vistos por los nuestros, trataron de 
volver á dar cuenta de lo que pasaba. Los indios, que t la 
ida hallaron, que se habían juntado con otros en mas canoas, 
los agualdaron á una vuelta del rio, y dieron en ellos tal car- 

S% de fechas y varas, que los obligó á retirarse de entre aque- 
a multitud, y salieron, que no lo tuvieron á dicha pequeña. 
Vencido este peligro, Ufaron á Champoton ó Villa de San Pe- 
dro; mandó prevenir la mas gente de á pié y todos los caba-. 
líos que había, y quedando con algunos en guarda de la Vi- 
lla, envió á los otros el hijo del Adelantado, dándoles por ca- 
pitán á su primo Francisco de Montejo, para que reprimiesen 
el orgullo de aquellos indios. Fueron adonde los compañeros 
dedan haber sucedido lo referido, y hallaron á los indios puee* 
lD6 en resistencia con albarradas y otros fuertes que tenían he-, 
chos para defenderse, pero valióles poco su prevención toda. 
Rociáronles con la paz, y no valieron amonestaciones, ni reqiii* 
yinuentos, y asi se hubo de remitir ft las armas. Resistieron 
algún tanto los indios; pero matándoles los españoles algunoe 
las fiíerzas y albarradas; unos comenzaron á flamieír» 



y ganadas 
los mas fa 



mas faayeron y otros quedaron presos, con que aquel ler- 
lüorio se sttjet<^ y con los prisioneros volvieron á duonpolon 
los nuestros, con costa de algunas heridas que sacaiOD) aunque 
ninguno de eUoe peügió» á Dios las gracias. 



166. H ISTORIA DE YUCATÁN. 

No \\a¡y duda, sino que el Adelantado fué desgraciadteiino* 
étk éatÁ cotiquíMa, porque como para venir de E¡8pafia oon la 
gente que trajo & la primera entrada, gastó tanta suma de ha* 
cienda, que hasta su mayorazgo vendió como se ha dicho; con 
que ya. por estos tiempos estaba muy gastado, no podía acu- 
ák con tanto socorro como era necesario, & los que en esta . 
tierra estaban. La fiuna de las riquezas del Pirú voldba: la 
de la pobreza de esta tierra era ya notoria, sin minas ni otios 
provechos, de que en las demás gozaban los españoles después 
de los trabajos. Aficionaba poco esto & los que de fuera pu- 
disran venir á ayudarle; ft los que estaban en Champoton desagopan 
ba mucho, aue no lo pasaban bien y que no daban paso ade- 
Uóite ganaiiao tierra, con que procuraban ausentarse todos los 
^e praian, unos huyéndose en canoas, otros por tierra, como 
mas bien se les ofrecía la ocasión para ello. Hubo de ir el hi- 
jo del Adelantado á ver á su padre, para tmtar de mejorar el 
estado de las cosas, y dejó el cuidado de todo al capitán Fran- 
cisco de Montejo su primo. Este reconocía el peligro en que- 
e^taba, yendósele la gente, que era su perdición manifiesta, y- 
el que habia si se perdiese una vez aquel puerto, habiéadoee' 
esperimentado lo que les costó verse señores del, y asi seña- 
ló algunos los mas confidentes y aficionados á la perseveraa- 
cia pam que sosegasen y recogiesen á los que pareciese que- 
riañ irse, y hallasen que de hecho se iban. Uno de los que 
con singular asistencia cuidaron de esto, fué Juan de Gontre* 
iHs, que en no pareciendo algimo, le buscaba y taraia á la per- 
sencia de los compañeros, diligencia que ocasionó perasveían-^ 
cia en algunos, viendo que otros que habían intentado fbga; 
con el cuidado que habia, eran vueltos al real, y tenían enma- 
cho de verse entre sus compañeros, á quienes habían querido 
dejar en la necesidad mas apretada. 

No fueron diligencias bastantes, cuantas hacia el capitán' 
Francisco de Montejo, para que los que estaban en la YiUa» 
de San Pedro de Champoton, viendo cuan á lo largo iba .el 
mejorar partido, que la tardanza de el socorro iba muy prolooi** 
^^ada y que ya había casi tres años estaban allí sin peder pac; 
áflur Amlahte, deserrados ya, no tratasen de despoblar la Vi- 
Ha y {rse cada uno por donde su ventura le deparase, pues ya 
no podían conservar la tierra ni permanecer en tanta necesidad^ 
como se hallaban. Comunicáronlo con el capitán que losani-t 
md á la perseverancia cuanto pudo; pero su determinación ilei< 
e6 é tántd^ <|ue los mas tenían ya hecho su mataletaje ydi&r 
puesto su avio pura el camino. Los alcaldes lenundaion las 
márf» paira poder irse con mas libertad, y los regidores híde-' 
xM' taníbien tenuneíacion de sus oficies, y todos tenian pues*^ 
tb ka fiurdaje para embarcarse, y solóse trataba de de s amp a rar 
tMs Üerra y su conquista. 

Tomare»! mejor acueido^ cmímh «A^^lSes y jsgidixvBi faer 



' LIBRO TERCERO. 167; 

jimtofi .á consejo determinaron no ejecutar tan intempestiyamm-* 
le aquel intento, sino dar noticia del al Adelantado para justifi- 
carle mas, aunque sabia bien los trabajos que alli pagaban y 
quedar con menos peligro de la mala opinicm en que podiao 
tenerlos con tan grave resolución. Parece estaba á la sazón el 
Adelantado en Tabasco, aunque juzgo (por la instmccioni que 
poco tiempo después dio á su hijo y se pone en el capitulo 
siguiente) que ya gobernaba la Ciudad Real de CbÍApa dees- 
pañoles, y allá determinaron avisarle de lo que paoaba. Hubo 
de ir el capitán Juan de Contreras con los despachos, y esta nue- 
va, y dióla al Adelantado con lai^ relación de la última de- 
sesperación en que quedaban los de la Villa de San Pedro de 
Champoton. . No did pequeño cuidado al AdeIanta4o lá reso- 
lución de los suyos, por los grandes gastos, que en la prose- 
cución de la pacificación de este reino tenia hechos, y si los 
españoles que en él estaban, le volvían á desamparar, casi que- 
dara imposibilitado de poder conseguirla Con el cuidado de 
ella, tenia cuando llegó la nueva juntos algunos españoles, pa- 
ra que viniesen á Champoton á ayudar á los demás que alli. 
estaban, y con este peligro á la vista, con dádivas y promesas 
agregó á aquellos los mas que pudo. Mientras podrian llegar, 
despachó á Alonso Rosado, que era uno de los que estaban pa- 
ra venir á que diese noticia á los de Champoton de el nuevo 
y presto socorro que ya les iba, y que con toda seguridad po- 
dían esperar. Llegó Alonso Rosado y dio la nueva, con que 
se consolaron y detavieron (porque no hay duda sentirían per- 
der tanto como alli habian padecido) y con toda dilig^isncia que- 
dó el Adelantado previniendo el despacho, y concluido lo mas 
que pudo, envió á Juan de Contreras por delante á decir co- 
mo ya salía. 

Por algunos escritos parece poderse entender vino personal- 
ícente el Adelantado en «sta ocasión á CJiampoton con los es- 
r^'oles, que de allá vinieron. Haya venido ó no que no ha- 
suficiente claridad para afirn.ir'o) ellos llegaron, trayendo al- 
guna provisión de bastimento, ropa y armas con que . los que 
oUi estaban se reforzaron y concibieron nueva esperanza de po- 
d|^ pasar adelante con la pacificación de Yucatán, y no se des- 
poblaron como querían. Pareceme tambieii ayudó haber ido P. . 
Francisco el hijo del Adelantado á la Nueva España á juntar 
mas soldados, porque en las probanzas .del capitán Gaspar Pa- 
checo y Melchor Pacheco su hijo, testificó después el mismo 
D. Francisco, que habiendo ido él á la Nueva España á ha- 
cpr gente para pacificar estas provincias, cuando bajó ¿ días,* 
quedaba el capitán Gaspar Pacheco en la Villa de San llde- 
fonso,. <^Q . él ^mo. captta^ y cabo de los españoles que alli m . 
hallaron, había conquistado y poblado en. la Nueva España §^: 
la provincia de lo^ ^tipoteeas y indios Miges (de que también 
bs^:o -wm^km rBáiiffim :ea. su .Hi^ria -Qe^i^l) :y . fiowo #u|i»^ 



que D- Francisco bajaba á esta tierra; después lit; ya llegado 
"i ella, luego vino con veinte hombres de á caballo que trajo 
_, su costa, y le alcanzó en Campeche al comenzarse la conquis- 
ta, y de allí a tres meses vino su hijo Melchor Pacheco, que 
f también sirvió eu ella, con que parece haber estado el Iiijo de 
el Adelantado en la Nueva Espña juntando la gente pora Yu- 
catán, por fines del año de treinta y nueve, cuando sucedia en 
Champoton lo referido, según la cuenta que mas cierta he po- 
dido ajusfar. 

CAPITULO IV. 

iSoslittiye el Adelantado la conquista en su hijo, y reficrese 
la instrucción que le diú para hacerla. 

Ya parece se les abre la puerta á mejor fortuna á los espa- 
ñoles que estaban en Yucatán, que sin duda los que perseve- 
raron con el Adelantado de los que con é! vinieron de Espa- 
ña, merecen nombre de verdaderamente constantes, pues á tan- 
tos trabajos no cedieron. Dolíase el Adelantado de la pérdida 
común suya y de ellos; y asi dice una relación antigua, que 
viendo la mala fortuna con que proseguía lo que tanto le cos- 
laba, y satisfecho del valor de su hijo D, Francisco, determi- 
' Bó poner en sus manos la pacificación de Yucatán, y que to- 
I talmente corriese por su cuenta. Estaba gobernando el año de 
I mil y quinientos y cuarenta la Ciudad Real de Chiapa de espa- 
1 fióles, y desde atii le envió ñ llamar á Champoton, donde pa- 
rece habia llevado la gente que trajo de Nueva España, con 
que ya estaba engrosado el número de los españoles para po- 
der acometer alguna cosa de importancia. Fué D, J^ancisco 
S. Chiapa á verse con su padre, donde le sostituyó los póde- 
les que del rey tenia, para pacificar estos indios y poblar á 
Yucatán de españoles, y fué esto con tanta presteza, que en 
un mes ya estaba de vuelta en Champoton con todos los re- 
caudos necesarios, para disponer por su arbitrio la conquista. 
Con todo eso le dio su padre una instrucción de como habia 
de portarse, que me ha parecido justo referir á la letra, pora 

I crédito suyo y reputación de los demos, que como ya referí, 
notaron de tan crueles. La instrucción es como se sigue. 
bu 
1" 



INSTRUCCIÓN. 

'"Lo que vos D. Francisco de Montejo mi hijo habéis de 
I bacer para la conquista y pacificación de Yucatán y Cozumél, 
I que en nombre de su Magestad y en mí lugar por el poder 
f que tengo de su Magestad para ello, vos doy y vais á pací- 
, ficar y poblar: es lo siguiente." 

"Primeramente habéis de trabajar, que la gente, que con 
I Vis fuere, vivan y estén como verdadero? cristianos, í^artíto- 



I 



LIBRO TERCERO. 169. 



dolos de vicios y pecados públicos: y no les consistiendo mal* 
decir á Dios, ni á su bendita madre, ni á sus santos, ni otras 
blasfemias contra nuestro señor. Y sobre esto habéis de estar 
advertido de lo castigar y no disimular cosa de lo que acae* 
ciere en este caso." 

"Llegado que seáis á la Villa de San Pedro, que estáde« 
positada en el pueblo de Champoton, presentareis vuestra pro- 
Visión y recibido en cabildo; informaros eis, asi de españoleSi 
como de los naturales de el pueblo de Champoton, si se lea 
ha hecho algún agravio y se les ha tomado algunos indios es- 
clavos contra su voluntad y hacerlos eis volver con todo lo 
denas que se les ha tomado. Y hace) les eis entender, que por 
la buena obra que han hecho en tener dos años y medio á 
los cristianos y dadoles de comer, y lo que han habido menes- 
terj han de ser muy favorecidos y relevados de todo tra- 
bajo.'^ 

"Y juntando toda la gente os saldréis del dicho pueblo, de- 
jado los indios muy contentos y sosegados, y llevando con 
vos alanos principales hasta el pueblo de Campeche. Y alli 
hablareis á los principales de el pueblo y hacelles eis enten- 
der, como vais á poblar aquella tierra y en nombre de su Ma- 
gestad y mió, y administrallos en las cosas de nuestra santa 
f$. Y á los que no quisieren venir á conocimiento de Dios 
y obediencia de su Magestad habéis de casti^. Y á los que 
vinieren en ello, que han de ser muy favorecidos y amparados, 
y tenidos en justicia. Y hecho tomareis algunos principales del 
dicho pueblo: dos principales del pueblo de Champoton y los 
demás dejallos eis volver y entrar á la provincia de Acanul, 
llevando muy gran recado en la gente que Uevaredes no hagan 
daño ni mal tratamiento á los incuos de la dicha provincia, 
pues que todos aquellos están de paz, y siempre han deseado, 
que los españoles fuesen á poblar aquellas provincias." 

"Y en esta provincia procurareis por haber un señor, que 
se dice Uva Chancan, que ha sido siempre aiaim de los cris- 
tianos y el que mas ha ayudado en tiempos de la guerra. Y 
venido á do vos estuviereaes, sea muy bien recibido, agrade- 
ciéndole su voluntad y buenas obras que ha hecho, y trabajad 
de tenerle con vos y delante dé! hablad á todos los principa- 
les de la provincia á lo que vais, y ellos os avisarán, si su pro- 
vincia quisiere guerra. Y si la oviere, con maña enviarles eis 
á llamar, haciéndoles entender que si vinieren de paz, los re- 
cibiréis en nombre de su Magestad y mió, y que serán muy 
bien tratados y recibidos y favorecidos. E que sino vinieren, 
enviarles eis á hacer los requirimientos que su Majestad man« 
da, y no queriendo, dalles eis la guerra con mas sm perjuicio 
y daño de los espsúíioles y de los naturales que se pudiere: cón«' 
formándoos con lo que su Magestad manda.'' 

^ llegado? al pueblo tÍ9 Tihoó^ <pfí ^ h provincia de 



170. HISTORIA DE YUCATÁN. 



lünepéche, asentareis alU el cabildo é legimieato de la dicha 

^TiUa "é ciudad, y si os pareciere, que la comarca es taV, qQe 

:1o sufra. Y de alli trabajareis de traer toda la tierra d¿iNúE. 

•F« si alguaos no quisieren venir, darles eis fj^uerra confórmela 

lo que su Magestad manda." 

"Y después que ten^s pacificadas las provincias que han 

de servir á esta dicha ciudad, que son las sujetas ala provH}- 

.cia de Acanul, la provincia de Ghacan, la provincia de Q,ne^ 

tpéche, la provincia de Kin Ghel, la provincia de Cocolé^ la 

provinda de Tutul Xiu, y la provincia de los Kupüles, qub 

son las provincias mayores de toda la tierra. Y aunque algi>- 

lias provincias otras vengan de paz, no las repartiréis, maatde 

.que sirvan, hasta que haya lugar en el puerto de Conii de oxi- 

•comendarlos, v no por via de posesión de esta ciudad." 

"Habéis de hacer el repartimiento de ¿ cien vecinos y no 
menos; porque las provincias son grandes y los indios mtichoff: 
■es menester vésiiios, que los resistan y sojuzgeh, y ha" de ser 
esta la principal ciudad de todas. Y demás de los repartitíiieiij 
tos que hicieredes y del repartimiento que yo he tomado pesa 
mí, dejareis algunos pueblos sin repartillos, para personas que 
ccmvengan al servicio de su Magestad, porque asi se suele hacer 
en todos los repartimientos que se hacen en tierras nuevas." . 
"Y lo que conquistaiedes y pacificaredes de todas las fuco- 
vincias de suso declaradas; haréis hacer visitación general» y f<q(> 
.cha, y sabido la cantidad de pueblos y casas de ellos; perti^ 
cularmente de cada pueblo, haréis deposito en los españoles ve^ 
cinos, que os pareciere, conforme á la calidad y servicios déca- 
da uno. Y en nombre de su Magestad darles eis las cédulas 
de repartimiento y encomienda de los indios y pueblos que an- 
sí les encomendarades, conforme á lo que su Magestad manda^ 
sin tocar en los que yo he tomado para mi, y en los pueblos 
que os pareciere, que es bien que queden como dicho es.^ ,1 
"Y después de fecho todo lo susodicho, trabigareis, que to- 
dos hagan sus casas y grangerias y labranzas, y vos el prima- 
xo, para que todos tomen ejemplo de vos. Y trabajareis, que 
los indios sean muy bien tratados é doctrinados, y vengan ai 
conocimiento de nuestra santa fé católica y servidumbre de su 
Magestad, y con los buenos tratamientos que les hicieren, pier^ 
dan las malas costumbres y errónias que tienen y han teDÍao." 
"Asimismo habéis de trabajar de abrir todos los caminos, an- 
si para Campeche, como para la mar deredM> á la costa de el 
Norte, como á los pueblos principales, y en todo pondréis la di- 
ligencia y cuidado que fuere posible, poique yo vos confio. Y 
en todo porque sé, que sois persona que lo 8al>reis bien hacer, 
poniendo á Dios nuestro señor delante, y el servicio de su Ma- 
gostad é bien de la tierra y la ejecución de la justicia, dé k> 
cufld todo os mandé dar y di, est& firmada de mi nombre. FVcha£Q 
Ciudad Beal dá Obiapeí de ¿ü y qpinieiito^ y cuaxenta ofios." 



LIBRO TERCERO. ir|. 



"Otrosi, que los pueblos, que yo tengo encomendados en 
mi en nombre de su Magestad: vos de nuevo en el dicho r»- 
partimieuto que hicieredes, me los encomendéis y depositéis, y 
mi repartimiento cjue es en la provincia de Tutul Xiu, con 
todo lo á ella sujeto, y el pueblo de Techaque, con todo lo 
A él sujeto, y el pueblo de Campeche, con todo lo á él su- 
jeto, y el pueblo de Cbampoton, con todo lo á él sujeto. Fe- 
cho ut suprá. El Adelantado D. Francisco de Montejo. Por 
mandado de su señoría. Hernando de E^uivel, escribano de 
su Magesfad." 

Por esta instrucción bien claro consta, que si algunos desór- 
denes hubo en el tiempo, que los españoles tuvieron guerra con 
estos indios en los años antecedentes, y en los que se irán di- 
ciendo; no ñié por falta de atención en el Adelantado, pues 
tantas veces le repite á su hijo la tenga á las órdenes reales 
para el buen tratamiento de los indios. Haber en las guerras 
muertes, latrocinios, estrupos, raptos, y otras innumerables des- 
dichas, que de ellas se ocasionan; no vio la primem luz en 
la conquista de este nuevo mundo. Cosecha es, que de suyo 
traen las guerras. Con ellas nacieron y con ellas (como ac- 
cidente inseparable del sujeto) vemos, quepermanecen, y para 
tlesdicha del linage humano perseveran. Porque el ánimo mar- 
cial á vista de lo que reputa por agravio, con la cólera irritada, con 
los desabrimientos, que el nombre de enemigos engendra; parece que 
de suyo se trae, prorumpir en semejantes afectos. Haya para la eje- 
cución la ocasión en la mano, y asi las ejecuciones de los afec- 
tos salen, como originados de tales principios. No quiero des- 
viarme mas de la narración, solo digo, que aun no está aca- 
bada la obstinación de los indios en no querer sujetarse. Guer- 
ras faltan aun con ellos, si bien con mejor fortuna de los es- 
pañoles, que en las precedentes. 

Recibidos, pues, los poderes, esta instrucción, y todo lo 
demás necesario; volvió D. Francisco á Champoton, con la pres* 
tcza que se ha dicho, y voló la nueva de que la paciñcacion 
do Yucatán corría ya por su cuenta. Con ella se alentaron á 
venir unos de Nueva España, y otros de Chiapa, donde el Ade- 
jantado también con su autoridad, dádivas y promeaas atraia á 
muchas, y D. Francisco su hijo gastó para este fin lo que te- 
nia, no solo ahora, pero antecedentemente, y después, potqud 
aunque era persona de valor y mancebo^ era prudente y libe-» 
ral, repartiendo lo que tenia con los conquistadores, como elloa 
mismos después afirmaron, por una carta, que el cabildo de la 
ciudad de Mérida, recien fundada, escribió al rey, y asi cod 
voluntad le asistían, y en su compañia toleraban los trabajos. 
por un decreto, que en el libro de la fundación de la ciudad 
4e Mérida hay, parece habérsele dado en la Nueva España 
íi D. Francisco, socorro de indios mejicanos, para ayuda de la 
c(5QquiBta, porqiie a^ se les señaló parte, donde hubiesen de. vi> 

1 



vir, y aun en otro se trata del modo de tributo que habiai» 
de dar, que quedó muy moderado. 

CAPITULO V. 

Salc7t los españoles de Champnton, y lo qtin leu sttcc 
corno poblaron la Villa de Cafnpechc. 

Como ya estaba la pacificación de Yucatán por cuenta de 
la solicitud de D. Francisco, puso todo conato en dar princi- 
pio a ella, y como se dice en una relación antiguii, se deter- 
minó con resuella voluntad á entrar en !a conquista. Los in- 
dios, como conocieron las veras con que trataban ya el nM;o- 
cio, se acedaron, viendo tiraba aquello á la permanencia délo» 
españoles contra su voluntad. Muclms veces se disimulan co- 
sas por parecer poco durables, y que ellos se solicitan su lili, 
y pudo ser, que los indios que eran tenidos por amigos, lo fue- 
sen ángidos, entendiendo no permaneciesen por lo poco que eti 
tantos años habian grangeado, y asi no halló aun A los que 
su padre decia en la instrucción, tan afectos romo se JinaEri- 
naba. Parece haber esto sido asi, porque saliendo do Champo- 
Ion para Campeche, dio no muy lejos con un gran número de 
indios, que formaban un batallón. Procuraron resistir el pasa- 
ge, pero no pudieron, porque los desbarataron los es|»iñoles, y 
se acercaron alpo á Campeche. Alli asentaron real, por no vol- 
ver pié airas de lo comenzado; pero los indios sintiendo ha- 
ber sido desbaratados de ios nuestros, desde cnti'iiices se fortifi- 
caron mas, de suerte, que dice aquella relación, que nrj se diÓ 
paso adelante, sin hallar nuevas albarradas y defensas, que ert 
lo restante se ganaron con muertes do algunos conquistadores 
heridas de los mas de ellos, en que morían tantos indios, que 
& veces les servían de reparo, y impedimento á los españoles, 
que habian de pasar \K)r encima de los cuerpos muertos para 
pelear con los vivos, y hubo dia de tres batallas con ellos, con 
que los nuestros ú veces se iiallaban fatigad isímos. Asi se di- 
ce en aquella relación. 

Reconocida, pues, ya la resistencia que habían de hallareis 
los indios de alli adelante; se determinó, que antes que el ejfir- 
to marchase, fuesen cuatro soldados, personas de valor, que re- 
conociesen el estado en que los indios los aguardaban. Entre 
ellos he hallado en sus probanzas, que Alonso Rosado fufi uno 
de los asignados. Vué necesaria la prevención, porque llegan- 
do á descubrir el pueblo, que llaman Cihoo (que se dice es- 
tar en la provincia de Telchac) hallaron á los indios fortifi- 
cados y prevenidos, no solo para defenderse, sino también para 
ofender á los españoles. Volvieron los corredores de campo ai 
ical, y dieron noticia, como los indios estaban de guerra. Oati^ 
I tet6 ¿ato loa finimos de los españoles, poia ir con mejor d¡6- 



I 



LIBRO TERCERO. 173. 



posición á la entrada, y que la conñanza de su valor no ñie« 
se ocasión de algún desacierto, como suele suceder. Levanta- 
ron el real, y fueron para allá, y libando á vista del pueblo 
de Cihoo, conocieron estar sus moradores de guerra, porc^ue 
ellos y sus comarcanos con vigilancia le guardaban. Teman 
hecha una fuerte trinchera ((^ue los nuestros Uanuüban albana- 
da) de maderas fuertísimas, tierra y piedra, con que defender 
la entrada por donde venian, siendo lo restante monte cerradoi 
cuya aspereza le guardaba. Dispusieron su escuadrón los es- 
pañoles en la mejor forma que el sitio dio lugar, y acercán- 
doseles, filé forzoso con las armas abrir paso á la entrada, que 
con osadia y obstinación negaban los indios, con que se trabó 
una reñida contienda, matando lu^o en ella un español, que 
se acercó á la trinchera. Aventuró su vida entre aquella mul- 
titud, que la defendia Alonso Rosado, que fué el primero que 
la acometió, y entró: blanco á que la indignación de los indios 
hizo tiro común de sus flechas y armas arrojadizas que le ti- 
raban. Socorrióle el séquito de los compañeros, que se hallaion 
muy cercanos, que á su ejemplo la entraron, y con su ayuda 
redimieron la vida de Alonso Rosado, que ya peligraba, poique 
le habian pasado un muslo con una flecha, que le atormenta- 
ba, sin cesar de pelear. Con la entrada de los españoles en 
la trinchera, y daño que sus armas hacian á los indios, comen- 
zaron á aflojar, y conociéndolo, porque no peleaban con el co- 
rage que al principio, fueron apretándolos con mas veras y pres- 
teza, de suerte, que después de algún rato se desbarataron los 
indios, y ganada la fuerza, ñieron vencidos, desamparando el 
pueblo. Señoreáronse del los españoles, y alli hallaron basti- 
mento con que poder comer y descansar algunos dias. No mu- 
rió mas que el español referido, y quedaron heridos otros nue- 
ve ó diez, feliz principio para una empresa tan ardua como la 
que acometian. Curáronse los heridos, y con algunos indios prisio- 
neros, se trató de reducir á los huidos, que con promesa de 
perdón de lo pasado, y de buen tratamiento para adelante, to- ' 
marón mejor acuerdo; vinieron á pedir el perdón, que se les 
concedió, aunque afeándoles su obstinación y dureza, pero con 
templanza: para que conociesen no buscabqiTi su perdición, y se 
hiciesen mas familiares al trato de los españoles. Testifica Fran« 
cisco de Montejo, uno de los capitanes que se hallaron presen- 
tes, que se debió mucha parte del vencimiento de este dia al ' 
valor con que Alonso Ro^o acometió la fuerza que los in- ^ 
dios'tenian para defenderse, y la perseverancia con que peteó * 
herido, hasta que fueron desbaratados. Hoy es encomendera de ' 
este mismo pueblo una señora viznieta suya, que logra el pré« ' 
mió de ;aquel trabajo. 

'.^'Del paeHo 'de Cihoo, prosiguierpn su viage al de Campe* 
che, y no he :hallado tuviesen eqcuentio alguno con los indic^ 
nitnBBon*d6 9 %ir este pueblo los lecibiexon' de psz, d qiieMf ' 



ir4.' HISTORIA DÉ YUCATÁN. 

posó con ellos. Di^ otra vez, como en otra parte dije, que- 
sera posible algún dia pese & los interesados, rogando he estar 
do á todos me den los escritos de sus ascendientes, á mudios 
no se les. ha dado mas, que si no importara su gloría el que- 
dar aqui escritos, de que yo no tengo omisión voluntaria, co- 
mo ni en decir lo poco que diré de la fundación de esta Vi- 
lla. A toda ella pongo por testigo, como fiíí este año de mil 
y seiscientos y cincuenta y cinco personalmente, para haber de 
sacar esto en limpio del borrador, y poder escribir su funda- 
ción, como la de la ciudad de Mérida y la de la Tilla de Yar 
lladolid, porque aunque lo habia solicitado por muchas enco- 
miendas, no tenia razón de ella, y sin mas de la que ful, me 
hube de volver, porque ni aun los papeles antiguos de los ar- 
chivos para que yo los trabajase y mirase, no se me dieron. 
Y asi digo solamente, que por el auto de fundación de la ciu* 
dad de Mérida consta, que alli se fundó una Tilla con nom- 
bre de San Francisco de Campeche, y fué el año de quinien- 
tos y cuarenta, ó el de cuarenta y uno, y tengo por mas cier- 
to el de cuarenta, pues fué lo primero que poblaron en salien- 
do de Champoton, y alli se dice, como su i^esia se edificó con 
titular de nuestra Señora de la Concepción. Por este auto y por ' 
la instrucción del Adelantado dada á su hijo, consta claramen- 
te haber errado el bachiller Talencia en su relación, didoado, 
que el año de treinta y nueve estaba ya poblada esta Tilla. 

Asentadas las cosas de ella, como el tiempo dio lugar, si- 
guiendo D. Francisco de Montejo la instrucción que su padre * 
le habia dado, determinó bajar al sitio y población de la pío* * 
vincia de Quepéche y fundar en Tihoo la ciudad de Ménda, * 
como le era ordenado. No pudo salir personalmente luego, co* 
mo quisiera: pero conociendo, que cualquiera dilación era domo-. 
sa, despachó por delante al capitán Francisco de Montejo su * 
primo, con cincuenta y siete ó cincuenta y nueve españolee 
(que esta poca diferencia he hallado en las informaciones que : 
he l^ido) y él se quedó en Campeche á recoger los soldados, que - 
rada dia venian, ya remitidos de su padre, con la nueva de 
como se iba mejorando la conquista. Salieron estos pocos es- - 

{)añoles para Tihoo, y en gran número de probanzas que he. - 
eido para escribir esto, hallo uniforme correspondencia en la - 
relación que hacen de los muchos peligros de la vida, quetii- . 
vieron en el viage, por el corto número que eran, por la muí- - 
titud de indios entre quien se metieron, ya conocidos porbeli- - 
cosos: por las celadas que les armaban, albarradas muy fuertes • 
que á cada paso hallaban, y otros fuertes con que los inq)e- : 
dian. Cegaban los indios los pozos y aguadas, que no era el 
menor daño, porque como no hay rios, ni fuentes en todo lo : 
de .ac& dentro, con la sed pereciesen. Por donde haUan de pa- 
sar, «Izaban los bastimentos; ¿qué ma]ror guerra, que sed y hamr • 
bre^.euan(|o no hubiera otra? Llejpaon ft. echar por los o«ti->i 



IJBRO TERCERO. 17a. 

^ - - . 

nos (que los mas parecen callejones cerrados de monte espeso 
4 los lados) cuerpos de hombres, y animales muertos, y bastn 
ensuciarlos con cuantos escrementos de animales podían juntar, 
tanto suyos, cuanto de bestias, todo ¿ fin de fatigarlos y infes- 
tarlos con aires inficionados. Todos estos trabajos iban tolerau*^ 
do en su yiage: ponderación parece, pero no lo es cierto, que 
no me atreviera á escribirlo asi, á no haberlos visto en tantas 
pairtes repetidos, que juntos con los calores de la tierra serian ■ 
mas sensibles, que en otras regiones templadas. 

Aunque en la instrucción dice el Adelantado, que Na Chan- 
can, Señor de la provincia de Acanul, habia sido amigo de los 
españoles; en esta ocasión llegando á ella, ó no se atrevió por 
temor de los indios, ó ya habia mudado de voluntad, porque 
hallaron alzados los bastimentos, como en lo antecedente, aun- 
que no he leido hubiese guerra en el paraje con los indios, 
que sin hacerles otro daño, que en el referido, dejaban pasar 4 • 
los españoles. Llegaron á un pueblo, llamado Pokboc, en ju- 
risdicción de Acanul, habiendo asentado alli real, y fortificádole, 
algún tanto para descansar, una noche se p^d fuego al real. Co- 
mo los indios eran conocidamente belicosos, y esperímentaban 
los castellanos lo mal que llevaban su compañia: atribuyeron . 
aquel accidente 4 hostilidad originada de su pertinacia, y re- 
currieron todos á las armas, temiendo agresión de los indios tras 
el incendio, cuidando menos del que de esotro. Atendian á to- 
das partes con el silencio de la noche, para ver por donde eran 
acometidos, pero por ninguna oian rumor de inaios, que con« -. 
tra ellos viniese. Pasado algún rato y certificados, que no había - 
enemigos, cuando quisieron apagar el incendio, ya se habia a- 
brasado casi todo cuanto teman. Halláronse sin ropa que mu- 
dar, y sin bastimentos que comer, que fué mas bellaca bur*.-. 
la, y asi al siguiente los hubieron de buscar con violencia, y 
las armas, porque de otra suerte no se la daban los indios. • 
Dio noticia de este desmán el capitán 4 su primo, que queda- 
ba* en Campeche, y no he hallado quien llevó la nueva. Pro- 
siguieron su viage al oriente á la provincia de duepéch (aun* 
que viniendo de Campeche tuerce al nordeste) donde está el 
sitio de Tihoo, en que habían de poblar la ciudad de Mérida, ' 
y 4 él Ufaron el año de cuarenta, y no el de treinta y nue- 
ve, como dice Valencia en su relación, de que ya he dado ra^ 
zon, y fuera cajuér referirla en cada parte. Aunque en ella 
pondría el autor toda solicitud, como cosa en que se daba no- 
ticia 4. su Magestad de la tierra en que nació; la averiguación 
era dificil: el tiempo que gastó en ello (que me acuerdo muy 
bien, por estar yo leyendo entonces theologia en la ciudad de 
Mérida) fué corto, y sobre todo no poder haber tenido loo es- 
critos, que deipues . (por ventura) yo alcancé. Cuando llégate ' 
4 haber de eraribir la fundación de la ciudad, pedi por peti* 
cioBi ai oahildo de ella,, se me diese del azcbivo nasM qeiéí » 



176. HISTORIA DE YUCATÁN. 



de cuando fué, y otras particularidades que pedí. La respues* i 
ta fué agradecerme el cuidado, pero diciendo, que el archiva 
estaba muy disipado, y que no habia en el libro de la fundar 
cion. Sentilo tanto, que estuve resuelto á no proseguir la I&BdU>- 
lia, pues no podia dar razón de ella, siendo la cabeza de este ' 
Teino, y asi habia cesado. Tenia en su poder un caballero de 
la ciudad, un traslado auténtico de aquel libro sacado el año . 
de mil y quinientos y setenta y ocho, por mandado del cabil- 
do, que á la sazón era, y signado de su escribano y por vo* . 
Iunt£ud especial que me tenia, me lo fío; pero con palabra de 
que se le habia de volver. Confieso que me alegré, por poder 
proseguir con certidumbre, y singularidad sus cosas, y ocupar 
bien el tiempo, que ya iba en los últimos años de mi lección, 
y también después darle sin disgusto de quien me le dio al ca- 
bildo de la ciudad, que le puso en su archivo, como hoy le 
tiene, y al principio de él está copiada la instrucción del Ade- 
lantado, que queda referida, con que vuelvo á la narración de 
los sucesos. 

CAPITULO VL 

Asientan real los españoles en THhoo, vencen una bcUíUla, Vie* 
m de paz el Señor de Manfy y conio mataron los dé JZó* 
tula á sus Embajadores. 

Libados á Tihoo los españoles, asentaron su real paia mas • 
seguridad en un cerro de los muchos que habia allí hechos & 
inano, y era el mayor que estaba en la cuadra, que hoy haca 
frente á la Santa Catedral, y de que hoy hay señales dentro ea 
las casas. A pocos dias que allí estaban envió D. Francisoo 
de Montejo otros cuarenta españoles, y estando ya juntos; leí 
testificado, y comprobado en la probanza de Hernando Muñox 
Zapata, que llegaron algunos indios amigos, y les dijeron: ^Que ' 
hacéis españoles, como estáis asi, que vienen contra vosotros mas ' 
indios, que tiene pelos un cuero de venado." Muchos debiaa í 
de ser, pues usaron de este modo de hablar para significárselos. : 
Los españoles, como era la primera ocasión, quisieron dar á en* 
tender, que no temian su multitud, y resolvieron ser agresores^ . 
yéndolos á buscar. Dejó el capitán Francisco de Montejó guar* ; 
da en el real, y sabiendo que estaban al oriente los indios, fué r 
en busca suya, y en un sitio cinco leguas de Tihoo (porque 
juzgo era Tixpeual, ó Tixkokob, pueblos que están á la distancia di- -; 
cha, y al oriente) descubrieron á los indios bien fortificados. Ea.* 
viendo á los nuestros levantaron gran grita, haciendo ademanes^: * 
y visages; pero los españoles hicieron alto para repararse del / 
cansancio. Alineado ya acometieron á los iiulios, que al prin* ' 
cipio defendieron sus albarradas con osadia, pero ganáionselas • 
los españoles con muertes de no pocos indios^ y con lapéidiáa de ;. 
elbcr . perdieron el ánimo,- y se ¡msíeiDn en fuga, QíiedazóolM^ 



LIBRO TERCERO". 177. 



««i 



españoles señores del campo, y no quisieron seguir el alcance, 
pareciéndoles bastante lo sucedido para haber amedrentado á los 
indios; pero engañáronse como se vio después. Habida esta vic- 
toria, se volvieron al real muy contentos, dando gracias á Dicte 
por tan buen principio. 

Mientras esto sucedía, solicitó D. Francisco el capitán ge^ 
neral con toda presteza bajar de Campeche con todo el resto 
para poblar la ciudad de Mérida, como le era ordenado. Dej6 
á Beltran de Zetina por capitán, y justicia mayor de Campe- 
che, con que asi por esto, como por estar enfermo de asma, no 
bajó á lo restante de la conquista, como quería; pero dio un 
soldado de á caballo proveido de armas á su costa, para que 
en lugar suyo sirviese. Junto ya el ejército, padecia necesidad 
de bastimentos, porque les acudian mal los indios, poco gusto- 
sos con su venida. Un dia los españoles que andaban de pos- 
jta vinieron al general, diciendo habian descubierto gran gentio 
* V3e indios, al parecer de guerra, que traian su camino para don- 
, de ellos estaban. Desde el cerro descubrieron la multitud, y en- 

^'^^ tre ellos un indio, que traian en hombros sentado en unas an- 
das. Teniendo por cierta la guerra, la primera diligencia filé 
encomendarse á Dios, pidiéndole su ayuda, y adorando una San- 
ta Cruz, que el capellaai Francisco Hernández puso patente á 

• todos, prevenir las armas para la pelea. Llegando los indios cer- 
ca del cerro, se bajó al suelo el que venia en las andas, y acer- 
cándose ma$, arrojó el arco, y flechas, y levantando las manos 
juntas, hizo señal que venia de paz. Luego todos los indios pu- 
síeroH sus arcos y flechas en el suelo, y tocando los dedos con la 
tierra, los besaron después, dando á entender lo mismo. 

El indio que se bajó de las andas, comezó á subir la pe- 
queña falda del cerro, y viéndolo D. Francisco, salió algún tan- 
to á recibirle, le hizo el indio una gran humillación al jun- 
tarse, y fué recibido con amoroso aspecto, y cogiéndole el ge- 
neral por la mano, le llevó á su estancia, donde residia. Era 
este el mayor Señor de los que habia en esta tierra, llamado 
Tutul Xiu, descendiente de los que fueron reyes de toda ella, co- 
mo se dice en otro lugar, y dominaba las comarcas de Maní, 
y sus sugetos. Vino voluntariamente á dar la obediencia y á 
ofrecerse á si, y á los suyos, para pacificar á los restantes, y 
trajo un gran presente de pavos, y pavas (que son las gallinas 
de la tierra) frutas y bastimento, con que se recrearon los es- 
pañoles, pero mucho mas (ya se vee) con tener por amigo 
un Señor tan grande. Dijo Tutul Xiu, que movido del valor, 
y perseverancia de los españoles, habia venido á ser su amigo, 
y que tenia deseo de ser cristiano, y asi pidió al general se 
hiciesen algunas ceremonias cristianas para verlas. Hízose una 
solemnísima adoración á la Santa Cruz, y atento Tutul Xiu, 
iba imitando cuanto hacian los españoles, hasta llegar á besar- 
la anodülado con muchas muestras de alegría. Grande fué la 



ÍTS. HISTORIA DE YUCATÁN. 

I I I I— ——I I I I— —— — > 

que tuvieron los españoles, viendo lo que pasaba, y acabada Is^ 
adoración^ notaron, como aquel feliz dia para ellos era el del glo* 
ríoso Sen Ildefonso arzobispo de Toledo, á veinte y tres de ene- 
ro, del ano de mil y quinientos y cuarenta y uoo, y entonces 
lo eligieron por su patrón, aunque después se les olvidó, y su- 
cedió lo que adelante se dice. Acompañado vino Tutul Xxíx de 
otros caciques vasallos suyos, cuyos nombres hallé en una re- 
lación escrita de indio, que son los siguientes. 

Ah Ná Poot Xiu, hijo de Tutul Xíu, Ah Ziyah goberr 
nador sacerdote, Ah Kin Chi: estos se dice, que eran tenien- 
tes de Tutul Xiu en la cabecera de Maní. Yi Ría Can, gen 
bemador del pueblo de Tekit, Pacáb, gobernador del de Ox- 
cutzcab. Kan Caba del de Panabchen, que hoy está despobla- 
do, Kupul de Zacalum, Navat de Teab, Uluac, Chan Caoicht 
no se dice de donde, Zon Ceh de Pencuyut, Ahau Tuya de 
Múna, Xul Cumche de Tipilkál, Tucuch de Mama, Zit Couat 
de Chumayel. Estuvo Tutul Xiu con los españoles sesenta dias, 
y despidiéndose de ellos prometió enviar sus embajadores & so- 
licitar á los otros st'ñores, aunque no eran sus vasallos, para 
que diesen la obediencia, y dejándoles gran provisión de bas-^ 
timentos se fué á Maní, cabeza, como se dijo de su señorío. 
.Quedaron los españoles con increible gozo de ver lo sucedido, 
cuando menos lo esperaban, y que en le de su verdad les de* 
jaba también indios, que los sirviesen. No fué remiso Tutul 
Xiu en la ejecución de su promesa, poique en llegando é, Ma* 
ni la puso por obra. Convocó á todos sus indios, y dióles no- 
ticia de su intento, y la amistad y concierto, que con U» 
pañoles dejaba tratada. Asistieron todos á ello, que el 
pío de un rey es poderoso á llevarse tras si las voluntades de 
sus vasallos. 

Despuchó después por embajadores á los caciques, que fue- 
ron con él á dar la obediencia á los españoles, para que se* 
licitasen á los señores de Zotuta, llamados los Cocómes, y ft 
los demás orientales hacia donde está fundada la Villa de V»* 
lladolid (que comunmente el territorio de los Kupules, llaman) 
haciendo notoria su resolución y amistad, que habia asentado 
con los españoles, en que habían convenido todos sus vasallos. 
Amonestóles, que también lo hiciesen asi, pues vian, que estfr* 
bun con ánimo de perseverar en esta tierra; hacian ya pobl^^ 
oion en Campeche, y determinaban hacerla en Tihoo. Trujoh 
les á la memoria, como todas las veces, que babian tenídft ba* 
tallas con los españoles, les habia costado tantas vidas d» na- 
turales, como habian visto perecer & sus manos. Q,ue él ha« 
bia esperimeotado en ellos los dias, que los comunicó; buena 
voluntad, y que asi tenia por mejor su amistad, la cual les a* 
consejaba tratasen como él lo habia hecho, considerando los da* 
iíos, que de lo contrario se les seguirían. Salieron los emba? 
Í<u)ores para el señorío de Zotuta, y llegando & la cabeza^ &9Í.Uft: 



t 



LIBRO TERCERO. irí. 



tnada, donde residían los Cocómes, y á la presencia de NacHi 
Cocón, principal señor de aquel territorio; le manifestaron su em- 
bajada. Respondió Ñachi Cocóm, que aguardasen respuesta, que 
la daria dentro de cuatro ó cinco dias. En ellos mandó juntar 
todos los caciques á él sujetos, y consultado, que les parecía de 
lo que Tutul Xiu les enviaba á decir; resolvieron una perju- 
dicial determinación contra toda razón y justicia, y una alevo- 
sía notoriamente infame. 

Concertaron hacer una gran caza de montería, como para 
festejar á los embajadores, y regalarlos con ella, y sacándolos de 
poblado con este prctesto á una espesa montaña, los llevaron á 
un sitio llamado Otzmál, donde los festejaron tres dias. Pata 
remate de la fiesta, al cuarto se juntaron á comer debajo de un 
árbol grande y vistoso, que se llama en su lengua Yaa, en cas- 



»tfellano Zapote, y habiendo allí continuado los bailes y regoci- 
jos de los dias antecedentes: el postre de la comida fué dego- 
llar á los embajadores, violando el seguro sagrado, que como átales 
se les debía. Reservaron á Ah Kin Chí uno de ellos por perso- 
nage de mas razón, para que llevase la nueva á Tutul Xiu de 
4o que con los demás habían hecho, y que aquella había sido 
la aceptación de su embajada, vituperándole con gran mofa de 
cobarde. No perdonó la bárbara crueldad á este, aunque quedó 
vivo, porque le sacaron los ojos con una flecha, y cuatro capita- 
nes de Ñachi Cocóm, le trajeron al territorio de Tutul Xiu, 
donde le dejaron con todo recato, y dieron la vuelta al suyo. El 
miserable habiéndole dejado solo, clamaba, dando voces, por si 
alguien á ellas viniese á socorrerle. Quiso su suerte, que le o- 
yeion unos indios, y hallaron á Ah Kin Ctii con la des¥enfuta 
Teferida, el cual llevado á la ¡Presencia de Tutul Xiu, dio túh 
ticía de la lastimosa tragedia á sus embajadores sucedida. 

Este suceso fué el principio de la peIÍ2Tosa batalla, que el 
bachiller Valencia refiere en su relación (y diré presto) pero alli 
no refiere la ocasión de ella como fué, porque dice itolamentei 
que los de Zotuta y los demás orientales, á quien llaman Ka- 
pules, no quisieron condescender, con lo que Tutul Xiu les pro- 
^puso; antes llevaron mai su resolución, y de los que le habían 
^seguido, y que no se lo dieron á entender. Solo determiosíran 
no dar la obediencia á los españoles, contra quien desde enton- 
ces se confederaron de nuevo. Lo que puedo certificar es, y es- 
tá patente hoy en las casas reales de Maní, que tienen por sus 
armas, este suceso pintado de que blasonan, y se precian 
mucho los de aquel pueblo, y refieren el caso como queoa es- 
* crito,' y no conservaran esta memoria, á no haber sucedido asi. 
Deonas, que en una cédula real de 6 de Setiembre, de mil y 
•quinientos y noventa y nueve afios, dada en Monreal, en queso 
infiere otra del afio de noventa y tres, se hace mención de este 
^ceso: dando ^r ellas el rey cneientos pesos de ajnvda de eos- 
^itmspm Afitmia indio, asi por mt tmtttmte gmeial ádm- 



% 



#" 



180. HISTORIA DE YüCATAIT 

ta gobemacioni como por nieto da Tutul Xiu, y hijo de Ah 
Kin dü, á quien sacaron los ojos con la flecha, y esta aya-* 
da de costa con antelación á las que hubiese de emanóles, y 
que sucediese por haber muerto cuando se hubiese de cjeeatar^ 
una nieta suya, pero sin prelacion ¿ las otras. En unos pape- 
les antiguos se dice, que Tutul Xiu fué personalmente á ver & 
los Cocómes, y uno de los degollados* Éstos escritos aue digo 
están con sobrada confusión, y no parece merecer créoito, iSU 
viértolo, por si alguien los tiene, porque uu Tutul Xiu, á quien 
mataron los Cocómes, y desde cuando quedaron las enemistadeg 
entro estos linages herbadas, parece hedber sido en tiempos an- 
tecedentes, ni los de Maní callarán la muerte de su principal 
señor. Tienen el suceso pintado, si bien el indio que le pkit6r 
erró el número castellano, poniendo el año de treinta y seis, que 
no pudo ser, como se vee por lo roferido, sino el de cuaientay 
uno, que se va diciendo. 

CAPITULO VIL 

De tina gran bíitaUaj en que los indios ftíeron vendéUf p 
como los españoles fundaron la ciudad de Metida en 



Mientras sucedieron las muertes referidas de los emÍKijado] 
de Tutul Xiu en el señorío de Zotutaj algunos señores comar- 
canos de la gran población de Tihoo, vmieron á dar laobediea^ 
cia á los emanóles; ó á imitación de Tutul Xiu, qué como la& 
gran señor entro estos naturales^ pudo ser, que su ejemplo Vbb 
moviese, ó ya el ver, que con tantos años de guerra no podiair 
prevalecer contra ellos; antes bien tenian la nueva detemunaciOB 
de fundar la cmdad en aquel asiento, y que ya tenian por auar^ 
migo á Tutul Xiu y sus confederados, con cu3ro socorro seriair 
mas permanentes, hasta acabar de sujetar este reino. Teoieo*-* 
do también noticia Tutul Xiu del mal suceso de los suyos, la 
dio también á los españoles, para que se proviniesen por lo que- 
podia suceder, porque supo de Ah Kin Chi la conjuración que* 
quedaban tramando los Cocómes de Zotuta. Agñoaeles el con* 
tentó (como suele decirse) á los españoles y los principios de sa 
quietud con los nuevos amigos, que ya tenian, y recelaron desde luego- 
que no podia dejar de seguirse al necho de los Cocómes, ó la eje* 
Gucion del intento, que Tutul Xiu les avisaba, ó alguna otra nove- 
dad, que diese cuidado. Vinieron con él de»de entonces, y le tuvD 
Ñachi Cocóm de ejecutar su intento, atrayendo á si todos los ia* 
dios de la parte oriental de Tihoo, desoe Ytzamal para venir 4 
hacer guerra á los españoles. 

Tardaron en juntarse, y provenirse hasta el mes de junio, y 
acabando, fué tanto el gentio que se congrio, que he visto par- 
peles, que dicen fueron sesenta mil indios de guerra los que en 

€Í6ta odAoa tHówn conna ks.^qNtoles^ y enMi i|ae.aM|0§t» 



LIBRO TERCERO. 181. 



dice, son cuarenta mil, á quien alli llaman gandules, y este es 
el número, que el bachiller Valencia refiere en el escrito de 
su relación, y los unos, y los otros convienen, en que eran in- 
dios valientes y briosos. Fuese el un número, 6 el otro, era 
desproporcionadísimo, cuanto va de él al corto de pocos mas 
de doscientos españoles, que en Tihoó se hallaban. Llegaron 
los indios á Tihoo poco antes de San Bernabé apóstol, y se- 
gún colijo, filé la víspera, y descansando, al siguiente dia de 
la festividad de el santo, acometieron por todas partes al real, 
donde los españoles estaban asent-idos. Para ellos fué este dia 
peligrosísimo, porque los indios venian con resolución de aca- 
barlos, y á los españoles ñié forzoso pelear, como quien tenian 
las vidas libradas solamente en el ánimo de sus corazones, y 
en el valor de sus manos. Bien las hubieron menester para 
semejante aprieto; pero sin duda obró mas la potencia divina, 
que el valor humano, ¿dué eran tan pocos católicos contra 
tantos inñeles? Sin duda á solas puñadas pudieran acabarlos. 
Asi lo conñesan en sus informaciones, que después hicieron, 
dando gracias á Dios por la ventura de aquel dia. No aguar- 
daron los españoles en el cerro, bajaron al llano los ginetes con 
sus caballos, los infantes con arcabuces, escopetas, ballestas, es- 
padas y rodelas. Unidos, y guardándose unos á otros los de 
á caballo á los de á pié, se trabó una reñidísima batalla, co- 
mo entre dos enemigos, que lo hablan, unos por quedar de el 
todo señores de su tierra, y otros con ella y con la vida des- 
pués de tantos infortunios. Peleóse mucha parte de el dia, 
porque como los indios eran tantos, aunque morian muchos de 
ios cercanos á los españoles, muchos mas sobrevenían descan- 
sados, con que no les daban lugar á sosegar un punto. Pero 
al cabo fué nuestro Dios y señor servido que los venciesen. 
En unos escritos antiguos se dice, refiriendo esta batalla entre 
otras cosas, que se dio jueves á once de Junio de este año. 

Se voy refiriendo de mil y quinientos y cuarenta y uno, que 
( indios la dieron por toaas partes, teniendo retiradas, repa- 
jos y aibarradas con defensas, que se les ganaron paso á pa- 
so, por haber tantos indios, como hojas en los árboles, en que 
hizo grandísimo efecto el socorro de la pólvora y los arcabu- 
ces, que mataron gran multitud de indios, y los ballesteros no 
pequeña. Los de á caballo hicieron gran destrozo, porque atro- 
pellando á unos, impedían la fuga á otros, que desesperados se 
metian por las lanzas y espadas, y como en gente oesnudase 
hizo gran camiceria. Quedaron montones de indios muertos, 
que & veces servían de reparo á los españoles, y á veces im- 
pedían segiúr & los fugitivos, y los indios mataron algunos es- 
pañoles y seis caballos, que fué mucha falta, por el gran p(0- 
Techo que hacían. Al cabo (dice) los alborotaron, y siguieron 
muy grande alcwce, dejando los campos cubiertos de muertos. 

Akuyentaioii pai& (tapare á los que' vivos quedamii qué^un* 



182.- HISTORIA DE YUCATÁN. 

ca mas dieron batalla general en público, escepto cnando se. 
revelaron los Kupules, como se dice adelante, porque desde es- 
te día todos fueron asaltos y encubiertas, &c. Con sacarlos la 
divina clemencia del peligro grande de este dia, tuvieron mas 
^putacion los españoles entre los indios, viendo el destrozo que 
de ellos habian hecho, siendo tan pocos, cuando entendieion 
no quedara español vivo de los que en Tihoo se hallahan. 

' Desde este suceso por todo aquel año se ocuparon en atraer 
^ todos los caciques comarcanos, y cuando ya les pareció es-f 
tíiban mas sujetos y tratables; entrado el año de cuarenta y dos 
resolvieron dar principio & la ñindacion de la ciudad, por ha- 
llar el sitio con las calidades, que la instrucción traia. Hecha^ 
opnsulta, y concordando todos en esto: dia de la festividad de* 
]ps Santos Reyes, á seis de enero del dicho año de 1 642. D. 
j^rancisco de Montejo, como teniente de gobernador, justicia ma- 
yor, repartidor y cí^itan general, proveyó por ante Rodrigo Al- 
yarez escribano del juzgado, un auto por donde jurídicamente^ 
constase, como fundaba en nombre, y para servicio del rey, la* 
ciudad, y en el auto dijo asi. 

"(iue por cuanto el Ilustre Señor D. Francisco de Mon- 
tejo, Adelantado, gobernador y justicia mayor por su .Magestnd 
en estas provincias de Yucatán y Cozumél, con sus poderes le 
habia enviado á ella, asi á las conquistar y pacificar, como A 
poblarlas dé cristianos y fundar las ciudades, y Villas y Infe- 
res, que al servicio de Dios y de su Ma^tad viese, que con- 
yenia. Y porque después devenido, y efectuando lo que le fué 
mandado, conquistó y [)ac¡ñcó la provincia de Campeche y Aca« 
nul, en ella donde mejor le habia parecido convenir, pobló uoi 
Villa, que se llamaba la Villa de San Francisco, y edifica la 
iglesia de nuestra Señora de la Concepción, según mas largp 
se ^contiene en el libro del cabildo, que de la dicha Villa se hi- 
zo. Y que después, que estaba bien poblada, y aquellas pro- 
vincias pacificadas, porque era necesario venir áesta proviikiía 
de Quepéch; vino, y la habia conquistado y traído de paz ce% 
Otras muchas á ellas comarcanas: adonde esperaba en Dios núes» 
Señor, nacería nueva conversión en los naturales de ellas» ¥ 
povque en los términos junto á esta provincia de Quepéch ha- 
lúa otras de guerra inobedientes, que no querían dar la obe^ 
diencia A la iglesia, ni el dominio á su Magestad, y á él en 
su nombre y Tugar, para que se les predicase el santo evaii^» 
gelio. Acatando á. todo esto, y porque viéndole de asiento, loé 
naturales no se revelarían, y porque & los de guerra pondii| 
temor. Uswdo de los podeares que para ello tenia, y porqim 
Qsi se le habia mandado por el Duslre Señor Adelantado por 
una. instrucción suya, firmada de su nombre; poblaba y ecafi« 
QtbdL una ciudad de cien veciaos, ft la cual mudaba & honot 
y leveiencia de nuestra Señora de la ISncamacion, y la Schi 
tiudfii Je dabn aoiQhre fr uX. .ff^ ^Mad d^ ^^^ít^ JJÜ 



LIBRO TERCERO. 183. 

nuestro Señor guarde para su santo servicio por largos tiemr- 
pos. Con protestación que hacia, que si al senricio de Dios 
nuestro Señor y de su Magestad, ó al bien de los naturales 
fuese visto convenir mudarla con parecer del gobernador y señoses 
del cabildo, se pudiese hacer, sin caer en mal caso, ni pena 
alguna, porque su intención era buena y sana.^' 

Considerando cotno católico, que la veneración del Culto 
Divino es como una llave maestra, que abre los tesoros délas. 
misericordias divinas, para que corran las afluencias de lagra» 
cia al espirita, y los bienes temporales ¿ las necesidades de los 
cuerpos; lo primero que se ordenó, fué escoger sitio y lugar 
para fundar io^lesia, y asi prosigue en el auto diciendo: "Otrosí, 
para que la dicha ciudad de Mérida, no decaiga, y de con- 
tinuo permanezca; mando al reverendo padre euia, Fraa? 
cisco Hernández, que en lo mejor de la traza, que en la diolui' 
ciudad se hiciere, tome solar y sitio para hacer la iglesia nm-' 
yor, adonde los ñeles cristianos oigan doctrina, y les admÍBÍ8« 
tren los sacramentos, y le doy por apellido nuestra Señora de 
la Encamación, la cual tomaba por abogada: asi para que da 
continuo le diese gracia, y ensanchase la saota fé católica, oo-'' 
mo para que tenga debajo de su guarda, y amparo ia dicha 
ciudad de Mérida, y los cristianos que en ella moraren.^ An^ 
tes i\{\e pase adelante, no puedo dejar de advertir, que no ba 
nn ciño entero, que cuando vino de paz Tutul Xiu, señor de 
Maní, por haber sucedido en dia de San Ildefonso, le eligie- 
ron por patrón, y ahora con la devoción de la Virgen Sa||ti-' 
sima no lo ejecutan; pero la Magestad Divina zela sin duda el 
cumplimiento de las promesas hechas á los Santos, y dispuso 
aue se ejecutase por el modo admirable que se dice adelante, 
oándosele por titular á aquella iglesia. 

Dado como primicias de la tierra que poseían, el primero, 
y mejor lugar á Dios, procedió el capitán general al gobierno 
político. Nombró por primeros alcaldes al capitán Gbspa^ Pa- 
checo, y á Alonso de Reynoso, y luego doce regidores, qus fiae- 
ron Jorge de Villagomez, Francisco de Bracamente, Franeisc^ 
de Zieza, Gonzalo Méndez, Juan de Urrutia, Luis Diaz, Her* 
nando de Aguilar, Pedro Galiano, Francisco de Barrio, Pedro 
Diaz, Pedro Costilla, y Alonso de Arevalo. Dio el justicia nn^ 
yor las varas k los alcaldes, que hicieron el jumraento aoostumr! 
brado, y luego los regidores, con que fueron recibidos siu eoDtnui^e- 
cion alguna al uso, y ejercicio de sus oficios, y quedó firmada d& 
todos, y signado de Rodrigo Alvarez escribano del juagado. Fué 
aquel dia muy alegre para todos, y acabado lo referido aa A]&- 
lon & sus alojamientos. El siguiente dia siete de eneio^ iesbr 
bieron en cabildo á Juan López de Mena por escribano* pflUic9 
del consejo de la ciudad, dándole todo el poder necestno pú^ 
el ejercicio de su oficio. Por tenedores de los faienép (ie difua» 
tos, nomblairon alakaldeOa^ar Pacheco, f sltagidqr ftep^^w 



184. HISTORIA DE YUCATÁN. 



co de Zieza, y el nuevo escribano de cabildo. Por mayoido- 
mo de la ciudad á Alonso de Molina, y por procurador á Fran- 
cisco de Lubones, y todos hicieron su juramento. Tenia títu- 
lo, y provisión de alguacil mayor de la ciudad Cristóbal de 
San Martin, y presentándola este dia en cabildo, fué recibido 
al oficio. Luego determinaron, que de cuatro en cuatro meses 
íuesen cuatro regidores diputados de la ciudad, á quien enco- 
mendaron mucho la atención al bien común de ella, como el 
oficio lo trae consigo de la obligación. Tratóse luego de po- 
ner toda solicitud en dar principio á la traza de la fundación 
material de la ciudad, y que se edificasen viviendas en la me- 
jor forma que fuese posible, y escogióse el sitio en contorno 
del mismo cerro, donde habian estado de real, por ser llano, y 
porque la multitud de piedra movediza, que en él y otros cer- 
canos h2d)ia, era gran comodidad para obrar, y ahorro á los in- 
dios de trabajo. Entre aquel cerro, y otro como él hecho 4 
mano, que está á la parte oriental de la ciudad; se determinó 
fuese fundada, y eran tan grandes, que con la piedra que ha- 
bía en el que estaban, se obraron cuantos edificios hay en la 
ciudad, con que quedó todo el sitio llano, que es la plaza ma- 
yor hoy, y sus cuadras en contomo, y con la del de la parte orien- 
tal, se edificó nuestro convento por caerle cercano, después se 
han hecho muchas casas, y todo el convento y iglesia de la 
Mejorada, que también es nuestro, y tiene material para otros 
muy-mudios, que se quieran edificar. 

CAPITULO VIII. 

De lo que se fué ordenando para el gobierno de la ciudad^ 
y fundan una cofradía á nuestra Señora. 

Ya no parecía conveniente, que en república formada, y 
que comenzaba á gozar de la quietud, que tanto deseaban, se 
permitiese esceso alguno, si algo se habia tolerado con la po- 
ca que el tiempo de guerra ocasiona, y asi después viernes 
trece de enero, estando la justicia y regimiento juntos en cabil- 
do, Cristóbal de San Martin alguacil mayor, dijo: "Que porque 
los moradores, y habitantes vivan en paz, y no cometan deli- 
tos, pedia que con voz de pregonero, á altas voces se pronun- 
cie el árbol de justicia, y cuchillo para castigo de los malhe- 
diores y ejemplo de los vivientes, y que asi lo pedia de parte 
de su Magestad.'' Y habiéndolo oido el cabildo, mandó que a- 
quel mismo dia se pregonase, como el alguacil mayor lo pedia, 
y al escribano de cabildo hiciese mandamiento, y pregón de 
dio en la plaza pública, á donde hubiese el mayor concurso 
de {{ente, y para ejecución de lo que proveían, señalaron árbol 
ÚB ^orticia en un , cerro, que. esbSbti á la parte de Levante. 

IBMirtwn ea el mismo autO; qué ñ alguna penona estu^isM 



LIBRO TERCERO. mí 



tmámtt 



quejoso de alanos maravedís 6 pesos de oro, ó otro cualquMf 
agravio, pareciesen ante los alcaldes ordinarios, los cuales les 
harían justicia, guardando derecho á todas las partes. PuUicoM 
aquel día el decreto en la plaza que estaba señalada, con que 
se fué asentando el gobierno de la ciudad, pues es eiertfsiniQ^ 
que no hay mayor se^ro para la conservación de una lepO- 
blica, que la observancia de la justicia y las leyes, wbeoaaá» 
el castigo de las culpas, la osadía de cometerlas, asi ooino el 
premio de los servicios que se le hacen, esfuerza los ¿DÍinni 
de los que la habitan, para que acosta de sus vigilias y tttk* 
bajos, procuren sú mayor lucimiento* ¿Por qué que sentirtti 
los que mas la han servido, viendo son los mayores prémiot 
dados á quien no le ha sido de provecho alguno? 

No apresuraban fóbricas materiales á la ciudad, por no ens* 
perar luego á los indios amigos con el trabajo, ni enduieeér 
los ánimos de los que no lo eran, y asi por algunos diis 00 
parece hubo cosa digna de memoria, hasta que & catorce da 
abril renunció la vara el alcalde Alonso de Reinoso^ por as* 
cesitar de ir fuera de esta tierra. Luego se trató de liombnS 
otro y asi se dice en el libro de cabildo, "due convenia haber 
dos alcaldes, porque si el uno saliere, haya otro, que tenga los 
vecinos en justicia, y que todos de unánime conformidad nom- 
braban á Francisco de Bracamente regidor de la ciudad, por 
ser persona en quien concurrian las calidades que su BfagesUd 
mandaba para el oficio de alcalde, de que Alonso de Reínoso 
había hecho renunciación, y que tenga cargo de su justíCMb" 
A veinte y cinco del mismo mes se arrendaron los diezmos^ y 
porque se había ordenado que se pagasen de las gallinas^ nudas 
y cera, que en las casas de los vecinos se gastasen, se tntó en 
cabildo, que el procurador de la ciudad en nombre de ella hi- 
ciese (dicen) un requirimíento al señor D. Francisco de Mon- 
tejo, ó apelación, que se ha^a de lo que mandó que se diez- 
masen gallinas de las que dieren, para comer los indios, y ca^ 
cao que ellos rescataren, pues de cosecha no lo tienen, ni hiiy tal 
grangería de ello, y de las frutas que los indios trajemí pata 
sus amos, de la tierra." Respondió el procurador, que hatia el 
requirimíento, pero no hallé razón de qué se determinó ft esto¡ 
solo consta no haber firma en aquel cabildo de D. Francisco de 
Montejo, ni en los demás que se hicieron hasta diez y ochd 
de noviembre de este año. 

Fué la causa, que se trataba con toda solicitud ds fmK 
á la parte oriental de la ciudad de Mérida^ á pacificar li^ B^ 
provincias de Coni y Choáca (que los indios Ifaonan Chm0h 
naá) y sus comarcas, en las cuales, como queda dicho^lÉMil 
poblado primero una ciudad en Chichón TtsA, que dfiM'" ^ 
Estaban muy rebeldes los naturales de ^ellas, sm qMMS 
• obediencia, aunque el año antes, día de San ílnniÉp 

teiúdo tw gran denota ettr la brtaU^ane se dí6 stt^' 




• ■ , 



• -m. HISTORÍA DE YUCATÁN. 

'Tihed| por cuya caiisa no se atrevían á hacer guerra descu- 
'lȒiNfli^ ^^i^^^^^i P^^ ^^ necesario hacerla. No solo seo- 
'Épciefon {tacará aquella pacificación los que en la ciudad na 
^lubiaii iyiedado acomodados, sino también muchos de los ya 
t^oinos^ que. pudieran en eíta descansar, porque no lo hicie- 
dlNiy fafléta /que toda la tierra quedó sujeta. El primero de los 
fvecffios). que se ofreció á esta jomada, fué Juan López de Me- 
frih^ el esorjbaiio de cabildo, que para ir renunció el oficio el veinte y 
-nste^ de cibril, y fué dado á Juan de Porras, y este día pare- 
jBfie firma del alpfuacil mayor, que hasta entonces no la hay en 
4as ^^ildos precedentes. Parece también andar algo inquietos 
los inoios comarcanos, porque á veinte y dos de mayo en un 
edl>íldo -fuerop admitidos dos tenientes de el alguacil mayor, y 
ib eatisa se dice allí, por si sucediese (como podía) encargar 
colguiíá salida de la cíiidad al alcacil mayor, para visitar Tos 
•fmd)los de su comarca, y inquirir si los indios intentaban al- 
guna novedad, como se encargaba á otros. También el procu- 
tndor Francisco de Lubones, no solo pasó sino que se desave* 
•oüidó de Mérida, para poder ser vecino de la Villa, que ha- 
'Man de^|K)blar. Por esta causa nombraron procurador á MeU 
ehor Fomeeo, hijo legitimo de el capitán Gaspar Pacheco, al- 
tcaldá tfcttiali á cinco de setiembre de aquel primer año. de ki 
/émoadOn de k ciudad. Obligáronle á hacer mas apretado jü- 
oiameiílo^. que á su antecesor, porque se dice allí, promete de 
'^defónder y amparar la república de todas, y cualesquier perso- 
vn^ que la quisiesen perturbar, aunque sea rey ó príncipe es- 
óeptQ su Monarca y señor natural, ó su eobemador, y capitán 
rgeWKil: obligándose de ir y salir fuera de esta gobernación, ^i 
Ifibm este fin fuese necesario, con que para ello se le ¿ese 
«jfüla -de costa alguna, con que la ciudad le dio su poder para 
tedbs casos. 

: No se ofreció hasta diez y ocho de noviembre juntar ca^ 
linMoí^ Y: Me fué para ordenar una cofradía, con título de nues- 
rtnt Sfi6(ít9L ^e la Encamación, habiendo antes conferido, que 
i era i>íto se procurase aumentar el culto divino. Asi juntos; en 
, la iglesia, hallándose presente D. Francisco de Montejo, fué la 
tesolueipn en esta forma. '-Que porque esta ciudad es nueva- 
ciiiente ÍHtidada, y nuestro Señor la guarde y ampare, á su ho- 
nor y' reverencia se ordenó la cofradía de nuestra Señora de la 
i£ncaráadon, T piuca regirla y gobernarla se nombraron por di- 
•4|R|tad09 para la dicha cofiacua á los alcaldes Gaspar Pacheco 
^)& -Francpoo^jlé Bracamente: por mayordomos ú Juan de Sosa, 
/qr-^Radrigo r^eto; por escribaáo de ata & Juan de Porras*" . 
.«i?;, '«'-•p^r^.-firipeasa de eUO| y que mayormente sea nuestra 
tfSffl^m^ seryi^tf. y en cofradía no hayñ mita, se hicieron arde- 
éUÍMs .ttt^ 4atg¿g&m% segun en el libro de la cofradía secoñ- 

i%' la fenesacion 



tfagaioentp, segun en ei uoro ae la coiradia se con- 
icion de M a de UP angeles; el ñth^magninca 



LIBRO TERCERO. 187. 



señor teniente de gobernador y capitán general por patrón ge- 
ser^ de la cofradía, el cual siendo presente lo aceptó, según 
mas largamente se contiene en el libro de la dicha oofndía. 
Asi solicitaban los conquistadores con la veneración de la Rei- 
na de los Angeles su patrocinio. 

Asi se üSl dando asiento en lo repüblico de Mérida, yjpa- 
fa mejorarlo, porque los vecinos padecian macha inooinofluaad, 
viviendo en las casas de rancheria, que habian tenido de real, 
juntándose cabildo á veinte y nueve de Diciembre, pidieron & 
D. Francisco de Montejo, que por cuanto querían hacer caaaa, 
y moradas en que vivir, que su merced les mande dar traza de la 
cfaidad, donde ^fíquen sin perjuicio. A esto respondió, q^e le 
placia, y sacando un pergamino grande, donde traia dibujada la 
ckidaGl, firmado de su nombre, se le entregó al cabildo. Ye- 
lua en él señalado solar & cada uno, puesto su nombre en el 
espacio de blanco, que hacia cada solar, para que por él se h- 
-giesen, y que el padrón se fíjase en el libro de cabfldo para 
-coenta y razón de lo que á la república conviniese, haego 
'señaló quinientos pasos en contomo para ejido y arrabales, con 
protesta de que si fuese necesario aumentarle, se pudiese, y lue- 
gb se mandó nadie edificase en aquel espacio cosa alguna, pena 
Q8 perderla. También se decretó en este cabildo, que ninguno 
entrase en él con armas ofensivas, ni defensivas, pena de per- 
amiento de ellas, por evitar, que si alguna controversia se o- 
fiecia entre los de cabildo, con ocasión de tener sus annas, no 
|»8ase á suceder alguna cosa escandalosa á la república. 

Andaba ya la conquista de la provincia de Choáca muy 
viva por este tiempo, y sin duda la pobreza, ^ue en esta tiei^ 
Ri esperímentaban, por falta de las minas, movía á nmóhos á 
«querer salirse de ella, y algunos pedian licencia con pretes- 
4o de que sallan á buscar cosas pertenecientes para permane- 
to&r en ella. Cualquiera falta era dañosa, no solo 4 la nueva 
población de la ciudad, pero mas para la pacificación de ló 
'eriental, donde se necesitaba de gente. Nunca falta en una re- 
pública quien zele el bien común, y asi en esta ocasión elie^^ 
'gidor Gonzalo Méndez propuso en cabildo lo siguiente. ''Que 
Ma tierra se andaba pacificando, y era nuevamente poblada, y 
^4e- los naturales de ella uo se tenia entero concepto, y que d 
dicho señor teniente de gobernador babia hecho repartimiento 
general, y muchos vecinos están para irse fuera de esta gober- 
nación, aíciendo ir á cosas ¿ ella cumplideras, sin dejar su ca« 
sa poblada con una persona, armas y caballo, que sirva el mis- 
tad' cjjsreicio qu0 hasta allí ha servido, dé lo cual se iecibe no- 
torio agravio: requería al dicho señor teniente de gobernador, 
luui y dos, y tres veces, y mas las que de derecho debía, no 
lié lugar, ni lieeáéia, para que los conquistador» sa^[an*^fiiera 
idé la tieita) por el perjuicio que se ssgoia. Y si asi lo Udid- 
*i» iMiia Í9 <]Qe4okía: 4oBde no^ <|^ v^^^adañasofagpa^él^ 



■* ..?^.^ 



188. HISTORIA DE YUCATÁN. 



«e recreciese, sea á culpa del dicho teniente de gobernador, y n^ 
ft la suya.'* Pidió testimonio de este requirinuento, y oyéndo- 
lo Cristóbal de San Martin, alguacil mayor, le pidió tamlnen* 
Respondió D. Francisco, que ejecutaría lo que le era pedido, y 
que habiendo de dar alguna licencia, daría también parte al ca- 
bildo, para que examinase tas causas, que proponía quien la pi- 
diese, y que si aprobasen ser justificadas, concedería licencia, y 
no en otra forma. 

• Esta resolución se ejecutó con tanto rígor, por lo nmcho 
que convenia no saliese ningún vecino, que pidiendo Juan Ló- 
pez licencia para ir á Méjico por cierto herrage, y otras cosaa 
neóesarias, y diciendo, que iba por mandado del teniente de go- 
bernador; ni aprobaron la causa, ni convinieron en que se (fia- 
se la licencia, hasta que él mismo en cabildo certificó ser asi, 
y que él le despachaba, como en su petición decía, y al caba 
se la concedieron, con tal, que el teniente de gobemaaor le li* 
ñútase el tiempo, según viese que convenia. Tconbíen á Fran* 
cisco de Arzeo, que había sido de los primeros redores fionir 
dadores de la Puebla de los Angeles; había conceaidb el te* 
niente (antes que se hiciese este requirímiento, y acuerdo di- 
cho) licencia para salir fuera de esta gobernación, y babién— 
dose detenido para dejar á su muger, y familia la mejcr dis- 
posición que pudiese, mitotras volvía; y aunque ya ratradoel 
año de cuarenta y tres le habían hecho regidor de M&nda, y 
aunque al^ó, que los gastos de la conquista le tenían alcan- 
zado, y iba á buscar socorro, pant mejor proseguir en el ses- 
vicio de su Magestad, y de la ciudad misma, y que asi nc^ 
se debía entender con él, pues su muger y hijos le obligaiiaH 
¿ volver presto. Todo esto no bastó, para que se le diese li- 
cencia, sino dejaba un hond)re con sus armas y caballo, pana 
que resida (dicen) por cuanto habia de salir entonces mucha 
gente á la guerra, y no había quien quedase en la ciudad. 
T al mismo Francisco de Arzeo parece por el libro haberle 
hecho firmar esta denegación de lo que pedia con los demás 
del cabildo. Con este cuidado miraban por la conservación dé- 
la ciudad, ordenando para ella, y su sobiemo lo que se ha 
referido en la paz, y al mismo tiempo To necesario para la guet* 
ra, que se estaba manejando á la parte oriental, como se dice 
en el capitulo siguiente. 

CAPITULO IX. 

Salen de Mérida á la conquista de Choácc^ y eamo fueram 

vencidos los CooOmes de ZottUa. 

Luego que D. Frandsoo de Montejo hizo el nombramíen» 
€o de la ciudad de Méridaí y ordaió su justicia, regimiento^ 

y demás ofifiios ie i«páUp) 4ua» ie ba 4i<^¿ dio aMlciMb 



LIBRO TERCERO. 189. 

SU padre el Adelantado, que entonces residía en la Ciudad Real 
de Chiapa del estado en que las cosas de esta tierra iban, y 
la ocupación en que se hallaba con la nueva fundación de la 
ciudad. El Adelantado, porque no se perdiese tiempo en lo que 
tanto se habia gastado, y no se cortase la hebra (como suele 
dedrse) ¿ los buenos sucesos, con que la pacificación se iba 
mejorando: á trece dias del mes de marzo del año que se va 
refiriendo, de mil y quinientos y cuarenta y dos, did su po- 
der por ante Gaspar ae Santa Cruz al capitán Francisco de 
Montejo su sobrino, y de quien ya se ha hecho mención al- 
gunas veces, en que dice. "Que por cuanto para la conquista 
y pacificación de las provincias de Yucatán habia proveido por 
su lugar-teniente de gobernador y capitán eeneraí de ellas & 
D. Francisco de Montejo, el cual había poblado la Tilla de 
fihOl Francisco y 4a ciudad de Mérida, donde era necesario se 
ocúpese á hacer repartimiento general, conforme á la provisión 
de 8U Magestad, é instrucción que para ello tiene, y tiene otras cosas 
tocantes al servicio de su Magestad ¿ que acudir; á cu3ra cau- 
sa no puede ir, ni hallarse presente al poblar, conq[uistar y pa- 
cificar de los pueblos, y naturales, que han de servir á la Vi- 
lia, que está por poblar en Conil ó mas adelante, donde se hu- 
biere de poblar. Y porque para la dicha conquista y pacifica- 
ción y población de la cucha Tilla soy informado, que vos Fran- 



cisco de Montejo sois hábil, y suficiente, y que bien y fiel- 

lo que por mi en nombre de 
fuere mandado. Por ende por la presente en nombre de su 



mente haréis lo que por mi en nombre de su Magestad vos 



Hbmataá vos elijo y nombro por mi lugar-teniente de eober- 
namr y capitán de la dicha Tilla, que asi se ha de poUar en 
la provincia de Conil, 6 donde mas adelante se poblare. A la 
cual dicha conquista vos mando, que vais con la gente de es- 
pañoles y amigos, ^ue para lo susodicho con vos se juntare. 
En las cuales provincias en la parte donde la Tilla se hubie- 
re de poblar en los pueblos de ella comarcanos, y en los de- 
más, que á ella hubieren de venir á servir, podáis hacer, y 
hagáis vuestros llamamiento^ j requirimientos á los naturales 
de los tales pueblos y provincia, para que vengan á dar la 
obediencia y dominio á su Magestad. Y no queriendo venir 
después de ser requeridos las veces que su Magestad por su 
insttucion real. Provisión manda, les haréis guerra con la dicha 
gente de españoles y amigos, que con vos se hallaran, hasta 
tanto, que los dichos naturales den la dicha obediencia, y ven- 
gan de paz. Y ansi pacificados podáis entrar y poblar la di- 
cha Tilla en nombre de su Magestad, en la cual después de 
Doblada, y nombrada podáis hacer, y hagáis elección y nom- 
TOamiento de alcaldes y regidores, y escribano y de todos los 
demás oficiales, que os pareciera que convienen. Los cuales co- 
no dicho es, hadáis y nombrais y elijáis en nombra de su 
l^estad: y ansí elegidos, y nombrados, después que hayan he- 



190. HISTORIA DE YUCATÁN. 

cho el juramento y solemnidad, que en derecho se requiere; to- 
dos juntos en cabildo y ayuntamiento hagáis la traza de la 
dicha Villa, en la cual podáis poner todas aquellas armas, é 
insigias, que en nombre de su Magostad, y para la ejecución 
de su real justicia se suelen poner, que para todo lo susodi- 
cho vos doy poder cumplido en nombre de su Magostad, &c." 

He referido á la letra este poder que fué dado para lapa-, 
cificacion de lo oriental de estas provincias, para que conste, co- 
mo las guerras, que los españoles tuvieron en ellas con los in- 
dios, estos las ocasionaron, no queriendo dar la obediencia, y que 
siempre fueron requeridos con la paz, que les ofrecían los espa- 
fióles, como cristianos, y obedientes á los mandatos de su rey, 
que asi lo disponían, para seguridad de la real conciencia, á que 
tanto se ha atendido, desde que se descubrieron estos reinos. 

Como en las nuevas fundaciones suelen haber algunas cc»i* 
tradicciones y disgustos sobre quien ha de gobernar, ya por los 
oñciales de república, ya por los de guerra, para obviar todo in- . 
convenienre (como de cosa contingente) previno remedio el Ade- 
lantado, declarando en el poder mas adelante, "due le daba por 
recibido, y admitido desde luego á los dichos oficios por si á ca- 
so hubiere para ello alguna contradicción, y dándole toda su 
autoridad para todo lo tocante á justicia civil, y criminal, como 
lugar-teniente de gobernador suyo en la Villa, que habia de po- 
blar con todos los requisitos, que según derecho se necesitaba.'^ 
Aunque como se ha visto venia esta pacificación cometida al pri- 
mo de D. Francisco, este caballero, á quien no ocupaban tan- 
to las necesidades de la atención al gobierno de la ciudad, y la 
concordia de los ciudadanos ayudaba á ello, para facilitar la ma- 
teria; determinó salir con una parte de los sol4ados por una van- 
da, y que su primo Francisco de Montejo fuese por otra, para 
que viéndose opresos por diversas, no se juntasen en uno, y die- 
sen la obediencia, que tanto rehusaban. Por el mes de mayo, 
año de cuarenta y dos, salieron de la ciudad de Mérida D. Fran- 
cisco el hijo del Adelantado con su gente para la provincia de 
Zotuta, cuyos señores, como se ha visto, eran los Cocómes: y 
por la otra parte, que está mas conjunta á la mar su primo coa 
la demás gente. Los indios de Conil, Choáca, y todos los co- 
marcanos, que comunmente llaman con nombre de Kupules, eran los 
mas belicosos de todo este reino, y bien se les echó de ver, pues aun- 
que casi todo lo restante de él habia dado la obediencia, ellos 
permanecian indómitos, en su porfió, y estaban dispuesto á resis- 
tir la llegada de los españoles, que ya esperaban cierta, aun« 
que no sabian el tiempo determinado de ella. 

El intento de D. Francisco era llegar adonde estuviesen los Co- 
cómes, que como mas poderosos tenian con sus persuaciones, yf 
abrigo á los demás rebeldes, para que sujetos éstos con las armas, 
si no querían la paz, y buen tratamiento; los restantes con mas 
íaciUd¿d se sujetasen. Conoció por el camíao, q}ie necesitaba 



Al' 



LIBRO TERCERO. 191.. 

újb las armas por hallar alguna oposición de indios de guerra, 
y con quien no se detenia mas de lo que era necesario para 
pasar aaelante, hasta que lleg6 á la comarca de Zotuta. Ha- 
U6 á los indios con las armas en las manos, y no valiendo 
I¿8 requirimientos, correspondieron los españoles con las suyas, 
y hubieron de proceder á batalla, por estar ya los indios en 
campo para ella. Si bien al principio resistieron, fué poca su 
perseverancia para tolerar el rigor de las manos españolas, que 
presto los desbarataron. Comenzaron á retirarse & los montes, 
cuya espesura era su refugio en viéndose perdidos. Siguieron 
la victoria los nuestros^ y yendo una tropa de soldados en d^ 
canee de otra de fugitivos, con el calor de la guerra, Alonso 
Rosado menos atento á lo que pudo sucederle, se apartó de sus 
compañeros, tanto, que se halló perdido en la espesura de Iqs 
montes, sin mas recurso, que á sus manos y dilig^encia, sin cá- 
inino ni vereda que le filiase, jpara volver al ejército, ni quien 
le pudiese defender de Ta multitud de indios, que el vencimien- 
to tenia desparramados por aquellos montes. Juntóse después 
el ejército, y aunque se hallaron pocos heridos, y esos sin ries- 
go: Mió Alonso Rosado, que por entonces entendieron algunos 
habria sido muerto. Sabiendo D. Francisco del alcance en que 
se habia empeñado, por si en él se habia perdido, ó era tiem- 
po en que le pudiesen socorrer, envió dos escuadras de infan- 
tes con algunos caballos, que le buscasen. Por diferentes par- 
tés salieron, pero aunque con toda solicitud le buscaron, .no le 
hallaron, con que volvieron al ejército sin él, y todos le tu- 
vieron ó por muerto ó por preso en poder de los indios para 
ser indigiui víctima de sus abominables sacrificios, y sentían, 
que entre todos hubiese sido desgraciado. Detuviéronse alli, y 
pasados dos dias, cuando ya no Te esperaban, llegó al real, ha- 
DÍéndole valido su cautela, con que ocultándose con la espe- 
Búm de el monte á algunas tropas de indios que descubrió eu 
estos dos dias, se libró de tan manifiesto peligro, aunque ad- 
miró verle sin heridas, si bien traspasado con la fatiga de la 
hambre y sed que habia padecido. 

Por la otra parte el capitán Francisco de Montejo, y los 
que . con él iban, no hallaron mejor resistencia en los indios, 
que siempre estaban inquietos; nunca parece daban la obedien- 
cia de voluntad, forzados con las armas se sujetaban, que fue- 
ra nunca acabar referir los encuentros todos que tuvieron. Jun- 
táronse los dos capitanes, habiendo D. Francisco sosegado la 
parte del señorío de los Cocómes, y procedían pacificando lo 
restante para poder con segundad fundar la nueva Villa en Co- 
nil, en que gastó D. Francisco algunos meses por la resisten- 
cia que hallaban, y por cuya causa, como se ha visto el ca- 
bildo de la ciudad de Mérida, con tan singular cuidado zela- 
ba» que no se diese licencia para salir de esta tierra á espa- 
fiQl. alguno. .Dejipdo ya aquello en bueu estado, aunque na- 



192. fflSTORIA DE YUCATÁN. 

de todo punto pacifico, volvió á la ciudad de Mérida, donde 
iba sucediendo lo que en el capítulo antecedente queda refe- 
ridOf con que cumplid aquel año. 

Primero dia del de mil y quinientos y cuarenta y tres, 
se juntó el cabildo de la ciudad de Mérida, para elegir nue- 
vos alcaldes y reidores, en cuya propuesta que hicieron, hu- 
bo alguna variedad, y convinieron de hacer remisión de la e- 
lección, como la hicieron en el teniente de gobernador y jus- 
ticia mayor D. Francisco, "para que escoja y nombre (dicen) lo^ 
qué viese eran mas convenientes para ejercer el bien de la 
repQblica, conforme á lo que su Magestad manda, á lo cual 
encargaban su conciencia, y todos juntos á una voz le requi- 
rieron hiciese aquel dia el nombramiento, sin poner dilación al- 
guna. Asi luego inmediatamente dijo el justicia mayor. Que 
en cumplimiento de ello, y como era uso y costumbre, y su 
IMagestad mandaba, señalaba y nombraba de entre los propues- 
tos para alcaldes á Pedro Alvarez y á Gonzalo Méndez, y por 
rep^dores á Gaspar Pacheco y Francisco de Bracamonte, que a- 
cababan de ser alcaldes, á Francisco de Arzeo, Francisco Ta- 
mayo, Melchor Pacheco, Juan de Sosa, Rodrigo Alvarez, Juan 
Bote, Hernán Muñoz Baquiano, Estevan Yñiguez Castañeda, Ju- 
lián Donzel, y Juan de Salinas;" y confirmándolos, se les en- 
tregaron las varas á los alcaldes, y todos hicieron el juramen- 
to acostumbrado, y los demás quedaron gustosos con la nueva 
justicia y regimiento. A tres del mismo mes nombraron por 
procurador á Pedro de Chavarria, con autoridad de sostituir su 
oficio en cuantos fiíese necesario, y después á catorce, toman- 
do cuentas á su antecesor halló en su poder solos doce pesos 
de oro de minas pertenecientes al consejo, y estos de tres sen- 
tencias, y con ser tan corta cantidad aun la tenia en conocí* 
mientos, que otros habian hecho, obligándose á pagarlo por ellos, 
y eran para las obras públicas de la ciudad. Tan corta ha que- 
dado en tener algunos propios, que para las fiestas y necesi- 
dades públicas que se ofrecen, es forzoso, que el gasto le ha- 
gan los del cabildo de sus haciendas, y recurrir á personas per- 
ticulares que ayuden. No hay qua admirar, siendo esta tier- 
ra tan poco á , proposito, y no habiendo haciendas en que per- 
petuar rentas para esto, que los conquistadores no lo asentasen. 
No pueden los fundadores de una república dejar todas sus co- 
sas en la perfección que pide. 

CAPITULO X. 

TVatase de vender indios esclavos para fuera de Yucatán, 

y no se dio licencia para ello. 

Aunque no he visto desde cuando haya entrado Alonso 
r^acheco en el oficio de contador del rey, ya lo era este se- 



LIBRO TERCERO. itó, 

gundo año de la fundación de la ciudad de Mérida, y como 
persona por cuya cuenta corría tenerla de los intereses realeSi 
á 19 de enero pidió en cabildo por petición presentada, que de 
los esclavos, que de alii adelante se hiciesen y herrasen en es- 
ta provincia y gobernación, ante todas cosas fielmente mandasen sa- 
car el quinto para su Magestad, según las ordenanzas y fue- 
ros, que sobre esto estaban hechos. Y asimismo quintasen, y 
mandasen quintar todas las otras cosas de que el rey debia ha- 
ber quinto, y que de todas se diese á los presentes oficiales rea- 
les, como se habia hecho en aquel consistorio (asi dice) junta* 
mente con el parecer del muy magnifico señor D. Francisco 
de Montejo, capitán general y teniente de gobernador, due de 
hacerlo asi, harían lo que debian, donde no les protestaba el 
requirímiento, y para que nunca le parase perjuicio, pedia del 
testimonio. Respondióle el cabildo, que lo que pedia era cosa 
tocante á gobernación, y consiguientemente al teniente de go- 
bernador y capitán general, que no estaba presente para res- 
ponder, que cuando estuviese en cabildo, sobre lo que prove- 
yese en orden á lo pedido, dirían su parecer, con que no se 
resolvió cosa alguna en esta materia aquel dia, aunque los pre- 
sentes, que eran los dos alcaldes y seis regidores, nrmarou su 
respuesta, porque los demás se ocupaban en algunas salidas pa- 
ra tener con sosiego las comarcas de la ciudad, y principalmen- 
te en la pacificación de lo oriental, donde como se ha dicho, 
se andaba trabajando, y habian comprometido en los presentes 
para determinar lo que de nuevo se ofireciese. 

Ya que se ha tocado esto de los esclavos, me pareció de- 
cir lo que acerca de ello pasó en el discurso de este año en 
Mérida. Porque de los habidos en guerra, según la capitula- 
ción licenciaba; pretendian los vecinos valerse, vendiéndolos fue- 
ra de esta tierra, para pagar sus deudas y socorrer otras nece- 
sidades. Estaban tan empeñados, que faltando dineros, como no hay 
minas, y no queriendo los acreedores recibir los géneros de la 
tierra, porque no se labraba ó tejia buena ropa (como ahora) 
después que los españoles han enseñado mejor á los indios, y 
asi decian, no tener salida de ella: á veinte y nueve de di- 
ciembre de el año pasado, hizo el cabildo un decreto, en que 
que dice: "Que por no haber oro, ni plata, y querer cobrar en 
esto los acreedores, los conquistadores y pobladores recibian a- 
gravio, é si se hubiese de llevar á ejecución vemian á dar lo 
que vale diez por uno. Lo cual por nos visto, queríéndolo 
proveer con justicia, mandamos, que pasen en los dichos paga* 
mientes, ropa de algodón, que en esta tierra se hace, porque aMi 
conviene . á la paz y conformidad de los dichos conquistadores 
y pobladores, y al bien y pro común de la dicha ciudad. Y 
mandaron á las dichas justicias, que ahora son, ó fueren de 
aqui adelante, lo manden pa^r en la manera susodicha, apfé* 

miando & cu(Ue$quiera acreedoxcs, que xecibaa aiisi lad dichue 



194. HISTORIA DE YUCATÁN. 



pagas, &c." T alli señalan la ropa y el precio con que se bu- 
Dieron de convenir unos y otros, poique aunque los acreedores 
quisieran, según el concierto, sus pagas en oro, no lo había, 
como con verdad decia e! cabildo en su provehimiento. 

Este les habia valido para componer lo pasado, pero por el 
mes de agosto siguiente,, llegó un navio al puerto de Cámpé^ 
che con ropa y provisiones de Castilla, de que necesitaban mu- 
cho los conquistadores, que se hallaban faltos, asi de dineros, 
como de grangerías 6 rescates de la tierra. Habiéndose tenido 
noticia de su llerada en Mérida, y deseando proveerse de lo 
que necesitaban: redro de Chavarria, como procurador general, 
¿ catorce de agosto, presentó en cabildo una petición, en que 
decia. "Que procurando el bien común de la ciudad, parecía 
ante sus mercedes, por cuanto á su noticia habia venioo, que 
en el puerto de Campeche estaba surto un navio, que venia á 
la contratación de esta tierra, asi para llevar esclavos de ella, 
como las muestras de las grangerías que tenia, y que habia traí- 
do cantidad de ganados y otros alimentos convenientes ft los 
vecinos pobladores de estas provincias, los cuales el madstre de 
el navio no habia vendido, ni quería vender, asi por no haber 
de presente ropa de la tierra que le dar, como ni oro, ni pla- 
ta, con que pagárselo á causa de la pobreza de esta tierra." Es- 
te inconveniente decia, que se podia evitar con que los escla- 
vos, 'que en esta gobernación estaban detenidos, de que no se 
seguia ningún provecho á los que los tenian, ni & las provin- 
cias comarcanas á la ciudad, porque algtínos se soltaban^ y hu- 
yéndose iban haciendo alborotos, y amotinando pueblos. Q,ae 
este inconveniente se evitaría, si el teniente de gobernador die- 
se lug^ á que los esclavos saliesen de estas provincias, y se 
seguiría otro mayor bien, que sería, que el navio llevase mue^ 
tra de ellos (se^n esta propuesta, no se habian enviado & bar- 
risco, como se dice) y la fama de que esta tierra estaba pobla- 
da, y que habia en ella con que poder pagar las mercaderías se 
dilatase, y estendiese. Pedia que esto se hiciese conforme ál 
óiden que el rey tenia dado, en que mandaba, que concurrietl- 
do el parecer de la justicia, oficiales y prelado eclesiástico, que 
lo juagasen poi* conveniente; se podian sacar esclavos libremente 
y sin pena al^na para las islas, y otras partes de la Tierra 
ñrme. Requinó al cabildo hiciese parecer al teniente de go- 
bernador, y que hecha junta, como en lá provisión real, que 
presentaba, se mandaba: se determinase lo que pedia, pues era 
tan en provecho dé esta tierra, y que de no venir en ello, le 
hiciesen todos los pedimientos, requirímientos y protestaciones á 
la ciudad convenientes. Y que protestaba de quejarse del 
cabildo, como de personas que no procuraban el bien comiih 
de esta tierra, y que para mas firmeza de su petición, há- 
"cia presentación de la real provisión que alegaba, la cual es- 
^taba en poder de Rodrigo Atrarez, escribano de gobemá- 



LIBRO TERCERO. 195. 

cion, que y todo lo que se proveyese, se le diese por tejstinionio. 
Recibió el cabildo la petición de su procurador, y á die;s y 
. ocho de Agosto mandaron á Rodrigo Alvarez, que exhibiese la 
provisión real, de que en ella sé hacia relación, y á Juan de 
Porras escribaiio del cabildo, que les diese un traslado del ca- 
pitulo tocante á los esclavos, que se alegaba. Era la provisión 
del Sr. emperador Carlos Quinto de gloriosa memoria, cuya de- 
terminación decia asi. "Otrosi, permitimos (nótese este término) 
que concurriendo el parecer de la justicia^ oficiales, prelado, ó re- 
ligioso, para que convenga sacar de la tierra algunos indios, que 
se cautivaren por esclavos, guardada la forma susodicha, los pue- 
dan sacar, é contratar á las islas, y las otras partes de Tierra fir* 
me, que para ellos fuere declarado, sin embargo de la prohibici<m 
de lo en estas ordenanzas contenido*" Este era el permiso, cj^ue 
el augustísimo emperador tenia dado, pero era del año de mil y 
quinientos y treinta y cuatro, en Toledo á veinte de Febrero. íba- 
se esta materia, como tan grave, estrechándose mas cada dia, sa- 
liendo siempre órdenes reales, dirigidas 6 la mayor libertad de 
los indios, y á sacarlos de toda forma de esclavitud, que no fue- 
se muy justificada y conforme á todo derecho. Huso notorio el 
cabildo el requirimiento referido al teniente de gobernador D. 
Francisco de Montejo, & tiempo que ya habia echado un bando, 
y pregón en la ciudad, que no se sacasen fuera de ella esclavos 
algunos sin su orden y licencia, porque con las necesidades 
que tenian, debian de prevenirlos, entendiendo se tomaría reso- 
lución conforme á lo pedido. 

Viendo que el bando pregonado no daba á entender, que 
se conseguiría la pretensión propuesta; requirió el cabildo ¿D. 
Francisco (aunque con mucha cortesia) diciendo. "Que el de- 
creto era alterado, y á esta tierra no cumplidero, siendo, como 
era en contra de lo que su Magestad tiene mandado, y que si 
no renovaba el decreto, la ciudra y pobladores padecerían trqi- 
bajo, porque el navio que se ha dicho, habia venido á ver ai 
ya hablan poblado, y que muestras de gfrangerías habia en es* 
ta tierra, para traer á ella las mercaderías necesarias, y que es- 
t9 cesaría, no habiendo licencia para sacaí esclavos, porque pot 
otra cosa desta tierra, no querían darlas, y que esta tierra que- 
daba perdida, si los ganados y demás cosas se volvía el navio 
,cpn ellas, y lo que peor era, que con la Qoticia que llevase <)e 
la pobreza que habia; nO vendría otro con las que tanto nece- 
. sitaban, y esta provincia quedaría perdida, y el tralNQO de bi^ 
berla conquistado sería en vano, pues parecía, que de neoesidad 
se despoblaría, estando tau fiíltoe de géneros de Castüla, sin 
•que no podían pasar los espuñoles." Ftotestáronle, que se qoit- 
.jarían a} rey, como de jaez que qo cumplía y obedecía las rea* 
•le? provisiones, y que todos los daños y pérdidas, que á esta 
tierra viniesen, por i^o dar la Ucencia que le pedían, lo cobra- 
ma. de sua biéxm del temente de gobmxadof y capitán gen«- 

4 



196. HISTORU DE YUCATÁN, 



ral que la negaba, y pidieron al escribano ^ue presóte esTa^ 
ba, testimonio de el requirimiento y protestación que lehabian 
hecho. Habiéndolo oido D. Francisco, no dijo por entánces otra 
cosa mas de que les respondería, con qne se salieron de cabildo^ 
Pasaron tres dias, y D. Francisco no* daba respuesta, ni 
se resolvía á cosa de lo que se le habia pedida y asi juntan- 
do cabildo ¿ 21 del mismo mes, determinaron hacerle otro te* 
quirimiento, y hablando con el escribano le dijeion. ''Escriba- 
no, que presente estai?, dadnos por testimonio escrito en el li- 
bro de nuestro cabildo, signado de vuestro signo, firmado de^ 
vuestro nombre, como pedimos, é requerimos al señor teniente 
de gobernador, que presente está^ siendo llamado & nuestro rae* 
go, que responda al requirimiento, que el cabildo pasado hici- 
mos, con protesta, que de nuevo le hacemos, que si callada- 
mente se eximiere del cumplimiento de lo que le estaba pedi- 
do: el cabildo y cii^ad á sur costa enviará á los reinos de E!s- 
paña á quejarse de su merced, como de teniente de g^abema- 
dor, que no provee las cosas que tocan ¿ la población y biea 
de los vecinos, con lo demás que en el requirimienlo primero* 
le habían protestado." Respondió el teniente, como la primera 
vez, tan solamente, que lo oía, y viendo los del cabildo^ que 
no respondía abiertamente, y con claridad á lo que se le pe- 
dia; reclamaron diciendo. Que por si, y en nombre de la lé- 
püblica volvian á reqniririe con la provisión y iMx>test88| oae 
le tenian hechas. Con estos aprietos, que de parte del cabuda 
se hacían á D. Francisco; pidió c^ue le enseñasen el capitula 
dé la provisión, con que le requenan, y habiéndole visto, dijo: 
Que conforme á ella, baria llamamiento y jimta de la justicia, 
prelado y oficiales, para que se ejecutase lo que por ellos fue- 
se acordado, y que de todo haría sabidor al cabildo,^ pero que 
en las protestas no coi^entia en todo ni en parte, para que le* 
pudiesen parar perjuicio, y firmó esta respuesta. Con todos es- 
tos aprietos referidos no parece haber conseguido la licencia que- 
se pe^ia, para vender los indios esdavos fuera de la tierra, por- 

3ue en todo lo restante de aquel año no hay escrito alguno por 
onde conste, que la junta mandada en la real provisicm y pro- 
metida en aquel cabildo, se ha3ra hedió, ni tratadose mas de- 
el caso, como cosa que no se debió de determinar, dado que 
para ello hubiese junta, por donde se echa de ver habia ym 
en esta tierra gran modificadon en lo tocante á esto, y que- 
eomenssaban ya á ejecutar las nuevas leyes dadas en Barcelona 
^é veinte dias de el mes de Novionbre oe el año antecedente 
:de mil y quinientos y cuar^ta v dos, oue aun no podian es- 
tar publicadas, y que cuando lo fc^nm, llenaron de aflicdony 
tristeza estos remos todos, y entre días habia un cwftulo, quo^ 
idecia. 'Iten ordenamos y nnuidamos, que de aqui adelan^ por 
ninguna causa de guerra, ni otra algmia, aunque sea so tfftilo^' 
da :iébeUon^ ni por rescate^ ni de otra mlmeta, no sa puedaha^ 



LIBRO TERCERO. 197. 



cer esclavo indio alguno: y queremos que sean tratados como 
vasallos nuestros de la corona de Castilla, pues lo son. Y en 
otro siguiente se dice. De a¡|ui adelante por ninguna via se 
hagan los indios esclavoS| asi en los que hasta aqui se han 
femó contra razones y derecho, 6 contra las provisiones 6 ins- 
trucciones dadas." En este capitulo se mandó poner en liber* 
tad los que no mostrasen sus dueños título con que Intima- 
mente los poseían. Pero los de esta tierra parece podian mos- 
trarle, s^un lo capitulado y rebeldia de los indios para los es- 
clavos precedentes á este tiempo, aunque no ya para las |;uer- 
ras desde él. 

CAPITULO XL 

Mandanse desmontar los solares para medir la cüuUid: des^ 
podíase procurador á España^ y que instrucción le dieron. 

Deseaban los ciudadanos, que la traza dada para la funda- 
ción de la ciudad, se ejecutase, y asi á veinte y dos de Ene- 
ro el cabildo por público pr^n notificó á los ciudadanos, que 
todos los que tuviesen señalados solares en la traza de la ciu- 
dad, dentro de veinte dias los primeros siguientes, los tuviesen 
limpios y desmontados, para que pudiesen los diputados medir 
la ciudad y compasarla. No se íes puede n^ar tuvieron buen 
gusto en la disposición con que la ordenaron, porque queda- 
ron las ciüles capaces, iguales y derechas, como se dice en otra 
parte. Habia junto adonde est& ahora la plaza entre otros cer- 
ros, uno que llamaban el grande de los Kues, adoratorio que 
era de ídolos lleno de arboleda y boscaje, y porque Alon- 
so López le desmontase ¿ su costa, y dejase como querian, y 
era que se arrancase; le dieron el sitio por suyo con toda la 
cuadra de cuatro solares, porque siguiesen las calles derechas, 
y se quitase aauella fealdad. Salia una calle por sobre el cer* 
ro grande, que habia junto á las casas del teniente de gober* 
nador, que era causa de perderse solares y cerrarse las calles, 
sin la correspondencia que de princinio á fin se habia pro- 
puesto, y pot evitar esto á petición oel regidor Juan de Sosa, 
& quien estaba cometido meoir la ciudad, y ^justarla, se resol- 
vió á veinte y tres de Febrero, que aquella calle fiíese por de- 
bqo de el cerro, aunque los solares de aquellas cuadras queda- 
sen mayores, porque la calle saliese donde estaba trazada, y de- 
recha. 

Ll^ó el tiempo en que se celebró la festividad de la ins- ' 
titucion de el Santísimo Sacramento de la Eucaristia, y pa« 
ra que por dcmde habia de pasar la procesión, estuviese ador« 
Qado, y porque la &lta de sacerdotes para llevar las andas en 
oue habia de ir colocado, no ocasionase discordia, ó . ya por la 
oerocion, 6 por parecer aquello pertenecia ¿ la propia estima- 
cioo eo que cada ^upo se tenia; el dia ante:; deteimísuon es: 



198. r HISTORU DE YUCATÁN. 

c&bíldo lo tfigaiente. €iue en saliendo de la iglesia fúm» jpor > 
la calle de las casas de Gaspar Pacheco derecha^ y vofanese ^ 
por la de Gkueia de Vainas, á las casas de el gobernador, y * 
desdé alii ft la iglesia. Que llevasen las andas Gonzalo líeisk* t 
dez, y Fiandsco Bratamonte alcaldes^ y Francisco de Tama- : 
yo y Melchor Pacheco redores, y que loa restantes Hevaaeitj 
las varas de el. palio, rigiendo U. piooesion Pedro üvaiesk yt 
Cristóbal de San Martin. A diea de los eonquistadpres inaa-'- - 
daron fuesen en sus caballos con sus armas, para guarda de la r 
pYtMse^oii, y n|as autoridad del acompañamiento^ y por si \aá 
indios intentaban alguna novedad. Los de á caballo .fueron (pe&t 
mitáseme esta dilación en grádia de los ciudadanos) Juan de 
tJrrutia, Arrióla, Campo, Brizeño, Chavarria, Antonio de Yel- 
ves, otro UánuuSo Castilla y HvBgb de Medina, délos doéqiiV. 
faltan no hallé los nombres. Asi lo ejecutaron al siguiente oia^ 
celebrando la festividad con mucho regocijo de los ciudadanos, 
y sin sobresalto alguno de los indios, queriéndolo Dios mái pa- 
ra que lograsen en esta primera celebración (que parece hah»^ > 
lo sido, pues no hay memoria de ella en el aña páitedo) ^i 
fruto de s^ devoción y consuelo que á los fieles causa la pie- * 
senda de este augustísimo sacramento. 

No olvidaban los conquistadores los beneficios, que de la« 
mano miseridordiosa de Dios nuestro Señor hablan rec&idoparl 
ra darte gracias, y asi en memoria de la victona que tes 016^4 
el día de San Bernabé, y queda referida; á seis de Junio de* 
este año, hizo el cabildo de la ciudad un decreto en que éiri 
cen. "Que para que quedase perpetua memoria, y siempie .aet 
diesen á Dios las debidas gracias, que pues el dia de San 'Ber» > 
nabé se habia habido muy gran victoria contra los enemigos; 
naturdes de esta tierra, que en memoria de ello se jurase do 
guardac su dia, y de moer una procesión, y que en ella ae^ 
sacase la bandera la Tíqpera á vísperas^ y el dia ák misa." Mu* ' 
cho» años he vivido en la ciudad de Mérida siendo lectcnr, j: ; 
no ttie acuerdo de haber visto, que se haga la memoria alli páoK : 
metida en la festividad del Saqto. Este fué el primer yoIh; 
públiiso, que la ciudad hi2o á maestro S^or, y se debiera mi^i 
rar mas por la observancia de éi; por cuya cuenta corra, Ia¿. 
tendr6 de la que ha de dar á su Divina Mage^ad de una omit>/ 
sion tan gtave. . J 

Ofiréciteele al alcalde Pedio Alv^urez salir de eila gdbeiw ; 
nación á negocios graves, que no se dice alli, si eran profíios:! 
6 del coinüii, y por ésto & veinte j craso de Junio depositó 
la vara en el cabildo hasta que vimese, y admitida la oió St 1 
Francisco oon gusto de todos 6 Francisco de Bracamonte t^^t 
dor, que el mismo dia presentó en eibildo un titulo de capi-* 
tan, que el* tenioBle de gobernador y espíleti general k bafaia: 
dodbt para ipie saliese con gente, n - los^ indios movían alguna^* 
iaip£ietud de tek que haUaa a^oBtaiobndo» y el eidbiUlOi le adt» > 



•LIBRO TERCERO. 199. 4 

nútió por tal capitán, y halló, que hÍ2so juramento de ejerci- 
tar fielmente aquel oficio. 

Parecía ya tiempo de que se diese particular relación . al 
rey del buen estado de la pacificación y p()Madon de esta tier* 
ra, y de enviar procurador á los reinos de España,, que soli- 
citase las cosas pertenecientes á ella, y para esto tenían ya nom- 
brado á Alonso López, que habia de ir á costa de. los mismoa 
del cabildo, y el dia que se ha dicho se le dio poder para ello, : 
y una instrucción que tenian hecha, y firmada de lo que ha- 
bia de solicitar para lustre y aumento de esta tierra, concón- . 
dicion, que si todo lo en ella contenido, 6 lo mas de ella no 
lo cons^uia, no le habian de dar mas de la mitad ofrecida 
para este viage. El poder contenia, que por el cabildo, y eti 
voz suya pudiese parecer en los reinos.de Castilla, 6 en otras . 
cualesquiera partes ante la S. C. C. Ifa^eatad del emperador 
rey nuestro Señor, é ante los señores presidente, é oidores, y 
ante cualesquiera otras justicias, y presentar una relacicfn é ins- 
trucción firmada de sus nombres, que va á su Magestad din* • 
gida, relatando asi la diversidad de la tierra de estas provin- 
cias, como lo acaecido en ellas: con todos los requisitos que se - 
acostumbra en tales ocasiones, y poder de sostituirto en todas 
las personas, que para conseguirlo fuese necesario. La instruc- 
ción que al procurador dieron decia asi. 

"Instrucción de lo que vos Alonso López habéis d^ pedir, 
allegado que seáis en corte real." ; 

"Primeramente pediréis á su Magestad en recompensa de 
nuestros servicios, gastos y trabajos: atento que esta tierra es : 
pobre, y sin provecho, que nos den perpetuos para lios^ 6 pa- 
ra nuestros hijos, los indios, que nos dieren en repartimiento^ * 
porque con esta merced permaneceremos en ella." 

"Otrosí, pediréis á su Magestad, que porque á esta tierra 
no vienen navios con mercaderías, armas, ni caballos para núes** 
tro menester; haya por bien de franquear á los que dentro de 
diez años vinieren, que no paguen almojarifazgo ni derecho; por- 
que la codicia de la ganancia traiga contratación á'eáta tierm, • 
que á causa de ser tan pobre, é sin provecho, ningún navio 
quiere venir." 

"Otrosi, pediréis á su Mi^estad, que después de los dkui 
de nuestro gobernador; su Magestad sea servido de nos dar pot 
gobernador á a\x hijo D. Francisco de Montejo nuesítro cápi^ 
tan general en pego de los gastos y servicios^ que á su Ma- 
gestad ha hecho, y en pago de las dádivas y buenos tiata^ ' 
mientes, que del habernos recibido quince años." 

"Pediréis á su Magestad, que porque en esta tierra tíeneíA^ 
por coatumbie k» indios naturales de ella, de que se ven ü^ 
tigados dar la paz^ y después de que se ven, que han sembrar* 
do, y que sos aementeras no corren peli^, se vuelven á revé* 
¡MI] qüie én tal caso á los que esto hicieren, ¿e l^ |aedailtr' 



«KL HISTORIA DE YUCATÁN. 

g«€m, y hacerios esclavos los tomados de ella^ poique mochas 
veces por mandar su Majestad, que primero que sean hedioB 
6Bdavo6 informemos de ello; se causan alborotos y desaeosie- 
gfm entre k» natunüesi viendo que quedan sin punicioiry cas- 
Ufo. Y por ser como es el audiencia de Méjico trecientas le- 
coas de aquí, y haber en el camino grandes bra20a.de mar 7 
figunas, y iios que pasar, ycon lata^lanza muchi^ veces co¿ 
te pdi¿ro." 

''Pediréis á su Magestad, que sea servido de nos dar co- 
misión para hacer esclavas mugeres y niños, porque se evitan 
muchas crueldades, que en ello los eqxmoles hacen, viendo que 
de su cautiverio no se sigue provecho: y lo otro su Magestad 
iiar& bien á sus ánimas de los naturales, porque los e^Miñoles 
los vuelven cristianos, y crian, y doctrinan en fé de Cristo.'' 

"Otrosi, pediréis á su Magestad nos haga merced de las 
penas de c&mara para propios de este cabildo, y fabricar un 
ooqpital, porque el cabildo es pobre, y el hospital es muy ne* 
cesario." 

"Otrosí, pediréis á su Magestad, porque el padre Francia» 
cisco Hernández le somos todos muy en cargo, por entrar co- 
mo entró en esta tierra, é no habia en ella Sacerdote nin- 
£unO| ni queria entrar & causa de ser la tierra tan pobie; su 
Magestad fe confirme unos indios, que se le dieron en repar- 
timimto, en pago del trabajo y pobreza, que en esta tierra ha ^ 
{Kisado, y de la doctrina y ejemplo, que en esta tierra ha puesto." . 

''Otran. pediréis & su Magestad dé título de ciudad, con- 
firmación del nombre, que nosotros le dimos, que es á tal.- 
Ciudad de Mérida. Y nos dé por Armas de Ciudad cuatro . 
tcffresy y en medio una de homenage. En cada torre una ban* . 
dera verde, y en la del homenage un estandarte colorado en ; 
canqx) amarillo, armadas las torres sobre cuatro leones las ca- * 
bezas á fuera; en memoria de la conquista, é población de es* 
Ca tierra." 

"Otrosi, pediréis á su Magestad confirme por título, y mer- 
ced las estancias, huertas y caballerias, que el cabildo nos diere." 

"Otrosi, pediréis á su Magestad, que los que trajeren plei- 
tos civiles puedan apelar para nuestro cabildo, y la sentencia 
que nos dieremos de trecientos pesos abajo, no puedan apelar 
de ella para Méjico, porque es dar ocasión, para que entre los 
vecinos haya pleitos, gastos y divisiones." 

"Otrosí, pediréis á su Magestad, que porque somos infor- 
mados, que en la ciudad de Santiago de Guatemala, su Ma- 
jestad ha proveido, 6 quiera proveer audiencia real; sea servi- 
do, que porque es aqui muy cerca y onnarcana, y la contrata- 
ción de ella por Tierra Finne, y grandes gastos oue se ha- 
c^n en el camino: nos haga merced de nos la oar por su- 
|>erior, é que nosotros podamos libremente ante ella pedir jus^ 
ttcia, 6 interponer nuestras apelaciones," . » -* 



LIBRO TERCERO. «DI. 



"Otrosí, pediréis á su Majestad en pi^o de nuestros ser- 
iricios no conceda oficio real de la república á ninguna perso* 
na, sino fuere á los conquistadores de esta tierra.'^ 

"Otrosi, pediréis á su Magestad, que si algún conquistador 
quisiere salir de esta tierra á negociar sus negocioSi así á loa 
reinos de Castilla, como á otras partes, puedan sacar libremen'^ 
te seis piezas para su servicie^ sin que en la saca le pongan 
intervalo.'' 

"Otrosí, pediréis á su Maeestad todas las demás firanque» 
zas y libertaaes, que á estecwildo é gobernación vier^les ofte 
son necesarias, porque para todo os dcmoos &cultad 6 pooeri 
aunque aquí no vayan especificadas, porque lo qjue en núes* 
tro nombre pidieredes, nos á su Mag^tad lo pedimoa y suplí* 
camos. Paia crédito de lo cual os dimos esta íbdia en núes* 
tro cabildo, é firmado de nuestros nombres ácatoiee días dsel 
mes de Junio de mít y quinientos y cuarenta y fie» aSoa.'' 

No he podido hallar escritos del suceso de esta piceura- 
cion y mercedes que pedían, ni tampoco paiece pudioMi alean* 
zar lo mas de ello, porque las nuevas leyes, que & los ftltimos 
del año antecedente habían salido; eran en 6iden á dar por to-^ 
dos caminos cuanta líbettad fuese posible álos; indios, quitan* 
doles toda ocasión de esclavitud. Las encomiendaa se había 

Srohibido de nuevo se diesen ¿ eclesiásticos, y el tftnlo de du*. 
ad y armas, no se le concedió^ hasta cuondío se diee en su 
tiempo, y asi paso á referir la carta^ que para el rey se le díA 
d procurador con la instrucción, 

CAPITULO xn. 

Refiérese %ma carta de el cabildo^ en me diee al rey el ee^ 

todo de la pMa,cum de xtícatan. 

Páreeíome referir esta carta en este lugar, por ser la l^n^ 
mera, que después de fundada la ciudad escribieron los conquís* 
tadores á su rey y señor: por ser escrita al mayor monarca de 
la cristiandad, á quien era fi>rzo8a se diese verdadera notieia de 
lo que les había pasado, y estaba sucediendo: y poique en Stt* 
ma dicen los muchos trabajos, que hadbian padecido, las neeesi* 
dades toleradas en servicio de su corona, y el ánimo con ^ue 
estaban paara tolezarlaa hasta consumad la conquista de este tei-* 
B0| y decía asi* 







^Grande es el deseo, que en esta tierra de continuo |pte^ 
«MB tenido^ asi de informar ft Y. Magestad laque ea elIanéMia 



%^ 



902. HISTOBIA DE YUCATÁN. 



fAsado, como "en ños disculpar d$l descuido, (jue en oof infor-- 
mdff bdbeinoA tenido. Pero como miestm necesidad sea por «Uá 
notoria, y uuQscia pobreza sea por acatan continua; ni T..M&- 
- wstíd D09 echfir& culpa de lo ps^sado, ni menos con clemmicia 
«dejará de. w Ip presente. Ya Y. Stagestad habrá sido iofonna- 
do^ dende que nuestro gobemadcNr entró en esta tíen» con mu- 
i^ pujanza de gente, nxtrms y caballos, que desembarcamos #n 
una playa junto á un pueblo de indios, que dicen CampechiQi don- 
de fi0e dieron mochas batallasi y se pusieron en nos impedir la 
tíóna» por ser como son indios indómitos, gente belicosa^ cha- 
-dn desde 80 jsiaciraiento en la guerra, donde contm voluntad de 
eUois con mi^ertes y feridas, asi de nuestra parte, como de la 
-$iqr9; domamos tierrct, y asentamos real, y lue^ con íntéxpie- 
'te' que ' llevábamos, nuestro gobernador los envió á hacer enten- 
: dei^ .qtie no veníamos á los matar, ferir, ni robar, . sino á ba- 
cetlQS entmder^ como hay Dios en el cielo, á quien todoe los 
cnatíaiios acatan, y ccNno Y. Magestad estaba en la tierra, & quien 
> toda la cristiandad obedecia, venera, é honra, y procurasen dar- 
nos lugar« para que Ips sacerdotes les predicasen el santo Evan- 
. ^io, E que & nuestro gobernador en nombre de Y. Magestad 
. tecoQOci^en . dominiOy é que los perdonaríamos todas las muer- 
rU^ é dañosy que. en. nosotros babian hecho, é que addaitfa en 
. -.vuestro real ncpab^^ los defenderiamos, si los quisiesen teou^- 
iiian' lá);cuiri algunas veces hicieron debajo de traición y 'caá- 
i4^ay viei^ qlie i^ las batallas que nos daban, de continuo per- 
dían, é que les habiamos rompido todas sus fuerssaSi 6 alb¿m- 
das, que para defenderse, y ofender tenían. Y de esta mane- 
ra muchas, v diversas Vi^í^es uos. armaron traiciones, y cautelas, 
haciéndose de concierto con todas estas provincias, que en un 
•día' é hor^ díeseu sobre nosotros, y nos matasen, sino qw» lupa 
milagrosamente nos ha librado, 9SÍ por ei^ias, que nuestro go- 
'bemador de continuo les ha echado, como por la buena vela, é 
guard% que ea< nu^^ real se ha tenido. Porque toda esta tier- 
ra es una leagua, una amistad y confederación, que es lana- 
t yor fuenea de ella. G si algunos días á esta oonquista no ae 
ba acabadoi no ha sido ialta de esfaecso de. cristianos, sino la 
-coofederacioii de la tierra, que nunca heni^ podido hallar en 
ella amigos, como en las demás conquistas de tas indias se han 
hallado, é por tener los españoles poca voluntad á permanecer 
.en esta ijena* 6 causa de no haber en ^.Jiro, ni plata, ni otia 
cosa de que se^ saque provecho. Y en las demás tierras de ea- 
te mar occeano en todas hay oro é plata: la cual codicia desa- 
sosiega los coraaones de loa cristianosi que m ?sta tierra en- 
tran, due si algunas personas en esta tierra al presente esta- 
mos, es maS'poír las mercedes que da V. Hagaatad esperamos, 
que no de la riqueza, que en esta tierra se espera. Porq^neea 
^rt9^:gpbernaoi(Xi^ oom^ tenenMs informado^ no hay oio»4Si pía- 
iftk .0) menos. 1)08 ^.qúe epgfoAa: «ntao es ia t»ena .««Sw^éi 



^í 



<M 



LIBRO TERCERO. SXñ. 



i^uas, asi para alimentos de nuestras personas, como para criar 
ganados en ella." 

^La calidad de la tierra, ni es fria que nos dé pesadnm- 
lóe, ni tan calurosa que nos ahogue. Es bien templada, tierra 
raontui^a, llena toda de piedra viva, que si no hay posos hechos 
de antigua edad, que los naturales hayan hecho; hacer nosotros 
OCIOS, esnos muy dificultoso, por ser como es peña viva, y el 
agua hondable y de poca cantidad, lo cual tenemos por gran di- 
ficultad para la población de esta ciudad é Villas, que se han 
poblado, é quieren ir h poblar. A cuya causa, é por la gran 
nueva, que del Perú & esta tierm vino ha doce años: y por sus- 
pender Y. Majestad el yerro de los esclavos de rescate, que en 
esta tierra se hacian, se despobló, sin ser parte nuestro goberna- 
dor, . ni su hijo nuestro capitán general, que con dádivas, ni pro- 
mesas, ni castigos, que en la gente hizo, nunca la pudo detener." 

"Visto por nuestro gobernador lo sucedido, y el pedimen- 
to que en esta tierra quedaba, con dádivas, que á muchos de 
nosotros di6, y con mercedes, que de parte de Y. Magestad oñe- 
cia: quedamos d|gnnos en un pueblo de indios, que se dice Cham- 
poton, con D. Francisco de Montejo su hijo, que nos dejó en 
8u lugar teniente, el cual nos sostuvo tres años, asi con su ha- 
cienda propia, como con la del gobernador su padre, que era 
ido á la audiencia real de Méjico á informar á Y. Mt^^astad de 
lo sucedido, y á nos enviar socorro, asi de amu», como de ca- 
ImUos, y otras municiones á esta tierra necesarias, el cual so- 
<am se tardó algunos dias, á causa de estar tan estendida la 
nueva por toda la Nueva Espeña, que esta tierra es pobre, 6 
«in provecho, é los indios naturales de ella valientes, belicosos, 
é ejercitados en la guerra hasta agora." 

"Fué Dios servido doliéndose & nuestra perdición, con gran 
gasto que se hizo, é ayuda de costa, que ¿cristianos dieron; ha 
entrado gente á gran costa de moneda, quedando, como quedan 
tmestro gobernador y su hijo empeñados, é pobres en grandes can- 
4idades ck oro y en diversas personas. Asi por servir á Y. M a- 

rtad, como por acabar de efectuar su pnq)osito, D. Francisco 
Mont^ con poderes del gobernador su padre, de teniente de 
^gobernador y capitán general entró con la gente adereza, é lo 
tieeesario, y en la costa de la mar en la provincia de Acanúl jun* 
91» á un pueblo de indios, míe dicen Campeche, asentó red 6 
;gobl6 una Yilla, que hoy oia vive, y permanece, que dicen S. 
'FVancisco, é dejó en ella la guarda que era necesaria, asi pora 
la defimaa de los cristianos, como para la buena guarda, é con- 
servación de elku E pasó á otras provincias, que cucen de C3ia- 
cán, y duepéche: cada un dia c(m grandes batallas, que & fuer- 
¿toa de armas rorapia la tierra y caminos, que nos teniaa cerrados 
^éfítí albarra&afl pobladas de gente de guerra^ donde éoa la ayu- 
«da de Dios, é &vor de Y. Magestad, que tenemos poi< am^Oo, 

tpisooBOi^ E uoi laiadG.adeiitar led) 6le aaeutattm en etnAon 

5 



204^ HISTORIA DE YUCATÁN. 

de la tierra, y adonde está la mayor fuerza de los indios, é co- 
pia de 34 le^as de la Villa de San Francisco, é poblamos en 
ella la ciudad de Mérida, donde al presente quedamos pobres, é 
gastados, cada un dia con alborotos, rebatos é armas, que los in- 
dios nos dan, poniendo como pusieron por obra de morir, ó echar- 
nos de la tierra. Porque en un dia y en una hora juntaron to- 
das estas provincias, cubiertos los campos de gente de guerra se 
alzaron, y nos cercaron la ciudad en redonda.'* 

''Si no fuera por Dios primeramente, y nuestro capitán ge- 
neral, que tuvo toda vigilancia y aviso, y tomó la una parte de 
la provincia de Chacán, é salió contra ella, é se mostró tan ca- 
balleroso, que á fuerza de armas les rompió las fuerzas. E otros 
sus capitanes salieron por otras bandas, hiriendo y matando, y 
en el alcance de la victoria corriéndolos hasta sus pueblos: los 
cristianos fatigados, é cansados de las batallas referidas. Miaron 
los pueblos quemadas las casas, los bastimentos escondidos, los 
pozos cerrados, que no poco detrimento padecieron nuestras vi- 
das, asi de las heridas de las batallas, como de la sed, hambre, 
é cansancio: que hubo muchos hombres, que dieran por bien 
perdida la vida, porque les hartaran al presente de agua. Por- 
que como á y. Magestad tenemos informado en esta tierra, no 
hay otra agua, si no es los pozos, y estaban al presente tan cer- 
rados, que en tres, ni cuatro dias no se pudieron destapar. To- 
mamos por remedio los que mas libres nos hallamos de este pe- 
ligro, entrar sin orden por los montes, en condición de peroer 
las vidas, y buscar agua para nuestros compañeros. Porque los 
indios desf)ues de haber quemado sus casas, escondieron sus mu- 
geres é hijos en montes inusitados de toda habitación, é con 
ellos llevaron algunas vasijas, que les tomamos, con que mi- 
serablemente bebimos; hasta que los naturales dieron la obe- 
diencia á D. Francisco de Montejo nuestro capitán general, y 
á V. Magestad reconocieron dominio." 

"De esta manera pasamos, hasta que volvimos á esta ciu- 
dad, donde no faltó voluntades, unos de despoblar la tierra) 
otros con razones esquisitas, pedir licencia viéndose en tantos 
trabajos y necesidades, é tan poco fruto, é provecho de ellos: 
que prometemos á V. Magestad, y ansi es, que para los hom- 
bres en esta tierra comer, hay necesidad en condición de la 
vida salir á lo buscar. Porque luego la mayor parte de los 
naturales, que quemaron sus casas, tomaron sus mugeres é Iii- 
jos, é se fueron dejando sus pueblos, é naturalezas, y se re« 
sistieron en tres partes. Los unos en una provincia, que di- 
cen Chikinchel, y los otros en la provincia de Calamud, que^ 
será cuarenta leguas de esta ciudad.'' 

"Luego nuestro capitán general con dádivas y promesas^ 
que dio á los soldados, despachó un capitán á la provincia 
de Chikinchel, y otro á la provincia de Calamud, donde hu- 

vieron muchas batallas» Iw^ <Wto <][ue ¿fuensa de armas j^ 



LIBRO TERCERO. 205. 



ganaron la victoria. Y informado nuestro capitán general de 
lo hecho, y la cantidad de indios, é disposición de la tierrai 
mandó que poblasen allí una Villa, que hoy dia permanece, 
que dicen Valladolid. . Y aderezado de todo lo necesario nues- 
tro capitán general, sali « & los que se rehicieron en la otra 
parte, que es en la provincia de Cochua, gente mas belicosa, 
é mas cercana de nosotros, donde hubo muchos reencuentros, 
€ batallas, y le hirieron y mataron mucha gente y caballos, 
y duró la guerra cuatro meses: tomándose como se tomó muy 
gran presa de mugeres y muchachos, los cuales luego se sol- 
taron, porque de ellos no hay otro provecho, sino tenerlos en 
prisión y darles de comer. Otros muchos se mataron, y de 
cada dia se matan, por no ser Y. Magestad servido de nos los 
dar por esclavos, que si Y. Magestad lo fíciera, daría causa á 
que los españoles de alguna cosa se remediasen, y los pobres 
inocentes no muriesen, porque siendo esclavos, sus amos los 
fardarían é criarían, é doctrínarian en fé cristiana. Y vien- 
ao que Y. Magestad no es servido, que asi sea, sin poder po- 
ner en ello remedio, los matan." 

"Nuestro capitán general después de haber hecho la guer- 
ra, se informó como junto á la provincia de Cochua, pasadas 
unas grandes lagunas hay gran cantidad de indios, é pueblos, 

aue son de esta mesma tierra y lengua. Al presente queda a- 
ierezando para ir, ó enviar & poblar allf una Yilla, que serft 
ri segundad de esta tierra, poique viéndonos los naturales 
asiento en tantas partes, no pueden dejar de servir, y ol- 
vidar la guerra, y volverse & sus asientos y naturalezas. Por- 
que toda su intención, es como & los primeros cristianos echa- 
ion de esta tierra con guerra; asi harán agora & nosotros." 

"De cada dia entre los soldados hay clamores, y noveda- 
des. Unos se quejaDi que pierden el tiempo: otros que quie- 
ten ir á trabajar donde de su trabajo saquen provecho; otros 
leclaman, que han gastado lo aue en otras tierras ganaron. 
Sino que nuestro capitán general & unos con dádivas, á otros 
con promesas pone ánimo, que Y. Magestad nos hará por núes* 
tíos trabajos y necesidades, mercedes, porque no tienen por 
orave la hambre, sed y trabajo, sino el poco provecho, que de 
día se espera." 

Tomamos por consejo todos ayuntados dar la voz á nues- 
tro cabildo, para que escríbiésemos, é informásemos é Y. Ma- 
gestad para ver el fin de las mercedes, que de parte de Y. 
Magestad se nos ofrecen. Humildemente suplicamos, y pedimos 
en remuneración de los servicios, é trabajos, se vean ciertos 
capítulos, que Alonso López, vecino de esta ciudad,' en una 
instrucción firmada de nuestros nombres lleva. É vistos pues 
son justos, y á esta tierra necesarios, Y. Magestad nos los con- 
ceda, con lo demás, que nuestro procurador se ^iiiáiae alar* 
gar, ^ pam todd^ lleva poder. Que haicie&doio asi- Y. Má^ 



206. HISTORIA DE YUCATÁN. 

gestad, Dios nuestro Señor será muy servido en la población 
de esta tierra, y la corona real de Y. Mi^[estad será aumenta- 
da. Donde no V. Magestad sea servido de dar orden, como 
Yucatán se pueble, porqué acá no podremos, ni otro remedio 
tenemos, sino es que este alcancemos. Cuya S. C. C. Mages- 
tad nuestro Señor guarde su imperio, y real corona acreciente, 
como Y. Magestad desea. De nuestro cabildo de la ciudad de 
Mérida, á catorce dias del mes de Junio de mil y quinientos 
y cuarenta y tres. Pedro Alvarez, alcalde. Gonzalo Méndez, 
alcalde, Cristoval de San Martin, Francisco de Bracamente, 
Melchor Pacheco, Juan de Sosa, Rodrigo Alvarez, Julián Don- 
zel, Hernán Muñoz, Juan de Salinas." No hay mas regidores 
firmados. 

CAPITULO XIII. 

Púnese un testimonio del obispo Landc^ que confirma lo re- 
feridoj y otras cosas^ que en la ciudad se ordenaron. 

Por lo que casi al ñn desta carta dice el cabildo en ella, 
se echa de ver, que no hacen relación al rey mas que de los 
sucesos, que en la segunda entrada acaecieron, pues dicen allí. 
"Porque toda su intención es, como á los primeros cristianos 
echaron de esta tierra con guerra, asi harán ahora á uioisxAxo^ 
Y esto pareció advertirlo, por lo que se dice al principio, que 
entró el gobernador en esta tierra desembarcando en una playa 
junto á Gampeche, y por allí se prosiguió la conquista. Ni 
aun aquí parece refieren los sucesos con la claridad de tiempos 
para una historia necesaria, pues se puede entender de lo que 
dicen, que cuando sucedió la gran victoria del dia de San 
Bernabé, estaba ya fundada la ciudad de Mérida, y fué el año 
antes de su fundación. Con la verdad de los sucesos, no de^ 
bian de reparar en la circunstancia de los tiempos. Lo refe- 
rido para no cansar mas, fué lo que escribieron, y referiré un 
testinmiio, que aunque no se dio en este tiempo, confirma lo 
escrito, y por eso me pareció ponerle en este lugar, pues es 
digno de todo crédito por la dignidad de la persona, por la 
santidad de su vida, y por haber sido libre censor de lo que 
lio parecía, conforme á toda cristiandad en aquellos primeros 
tiempos, y fué el segundo obispo, que hubo en esta tierra D. 
Fr. Diego de Landa, de quien después se hace memoria muy 
por extenso. 

La ocasión de darle fué. que por el año de 1574, nece- 
sitó esta tierra de informar al rey, como apenas se podia vivir 
en ella, sin que las rentas de las encomiendas de los indios, 
86 diesen á los l^jos y nietos de los oonauistadores, conforme 
6 lo que por cédulas reales estaba ordenado. Los alcaldes de 

la ciuaad bjciaoa íofonuiaioa. jufdica pam xenaítir al consejp 



LIBRO TERCERO. 207. 



por el mes de Febrero de aquel año, y para que tuviese mas 
autoridad, pidieron al obispo, y personas mas calificadas testi- 
ficasen lo que sentian en lo articulado del interrogatorio. Eá 
la tercera pregunta de él se proponen los trabajos dé los con- 
quistadores, y belicoso natural de los indios, á que responde el 
obispo debajo de la asertiva de su santa consagración estas pa- 
labras: '*Q.ue lo que sabe es, que fueron tan belicosos los in- 
dios desta provincia, y tan hombres de hecho, que hicieron 
despoblar al Adelantado Montejo una población, é ciudad, que 
tenia poblada en Chichen Ytzá, de mas de cuatrocientos veci- 
nos á lo que ha oido, y le echaron de toda la tierra con mu- 
cho daño suyo, y de su gente, y los matarán á todos, si no se 
fueran retirando, é ansi estuvo la tierra ocho años, sin tomar 
á entrar español en ella. Y después que tomó D. Francisco 
de Montejo, hijo, y teniente del dicho Adelantado con ejército 
formado, le detuvieron dos años de cha en dia en Champotdn, 
pueblo de la entrada de esta provincia, defendiéndoles la en- 
trada de ella con pura guerra. Y si no fuera por el ayuda, 
que deste pueblo, y de otros sus amigos, y de una provincia 
entera, llamada Tutul Xiu, tuvieron; no fuera posible conquis- 
tar por entonces la tierra. La cual tuvo toda la aspereza, y 
faltas de agua, que la pregunta dice, y allende desto mucha 
resistencia en los naturales, y entre ellos muchos hombres dd 
hecho, que sino fuera por su desnudez, fuera cosa muy difi*- 
cultosa acabarlos de sujetar, y asi lo fué. Y después de ya su- 
jetos son tan hombres, que se tomaron al alzar (de esto se dá 
razón después) y mataron diez y siete españoles, é cuatrocientos 
criados suyos, y los mataran á todos, .si no fuera por particular 
auxilio divino. E esto sabe por haber sido muy póblico en es- 
ta provincia, y haber estado en ella recien acaecido lo susodicho, 
y esto dice de esta pre^nta. Lo mismo testifica el provincial, 
que era de esta provincia el R. P. Pr. Thomé de Arenas, y el li- 
cenciado Don Cnstdval de Miranda, primer Dean de este obis- 
pado, con otras personas eclesiásticas, y desinteresadas." 

No hallo, que por estos meses sucediese cosa particular en 
la ciudad de Mérida, mas que señalar vecindades, tratar de solares, y 
tierras, pero parece haber salido D. Francisco fuera de ella, y ha- 
biendo de volver hizo el cabildo un decreto, que dice. "Orde- 
naron, y mandaron, que se salga á recibir el muy magnifico se^ 
fior D. Francisco de Montejo nuestro capitán general, que vie- 
ne á est£Í ciudad, y que sea en la forma siguiente, due salgan 
delante los Sres. de cabildo, Justicia, y regimiento, é que ningu- 
no se adelante, so pena de diez pesos de pro. Otrosi, ordenaron 
escribir una carta al Sr. capitán general, para que les hagaisar 
ber de su entrada, cuando será en esta ciudad, la cual se le es- 
cribió. Otrosi, ordenaron, y mandaron, que entre los vecinos da 
esta ciudad se limpie el camino de Zivical, desde la ciudad haiS? 
th la CmZ| 6 que <;ada uno Utnpie, según la posibilidad ^úeto? 



208. HISTORIA DE YUCATÁN. 

viere de indios, so pena de dos pesos para las obras públicas.'' 
Por este decreto dan bien á entender los conquistadores, no ha- 
ber sido cosa de cumplimiento lo que de su capitán general es- 
cribieron al rey, sino verdadera estimación, y aprecio, que de su 
persona hacian, reconocidos á los beneficios, que del hablan re- 
cibido, como en la carta confiesan; pues voluntariamente con es- 
ta solicitud previenen la ciudad para que le reciba. 

Después experimentados algunos inconvenientes en razón de 
compras, y ventas, para evitarlos, ordenó el cabildo de la ciudad 
& 19 de Noviembre lo siguiente. "Primeramente, que nin^na per- 
pona, vecinos, estantes, y habitantes de la dicha ciudad, mese osa- 
do á mercar ninguna mercaduría de las que tragesen á ella los 
Inerca4eres, que viniesen dentro de nueve dias, para tomarlo á 
revender, pena de cincuenta pesos de oro: la tercia parte para la 
cámara de su Majestad, y la otra tercia parte para obras públi- 
cas, y la otra tercia parte para el acusador. Y si después de 
los nueve dias alguna de las dichas personas lo comprare, sea 
oblig^o á manifestarlo ante los diputados de la ciudad, para 
que se pregone públicamente, para que los vecinos puedan to- 
ma? por el tanto lo que huvieren menester, y esto en otros 
nueve dias.^ Bien necesario parece era de presente renovar este 
decreto (no puedo dejar de decirlo, porque toca al bien común) 
pues cuanto viene de fuera lo compran algunos, y no muchos, 
que tienen caudal, y estos lo revenden después como les d& 
gusto, y por los precios que quieren, encareciéndose por haberlo 
guardado, y costando ocho lo que pudiera comprarse por cinco. 
Saste esto para aquí, que á quien tocare el gobierno mirará la 
Cibligacion que tieae. 

'lOlXDS^ «ordenaron, y mandaron que las mercadurías de 
CUálqui^ suerte, y condición que sean, que entraren en esta 
dicha ciudad, no salgan, ni pasen de ella dentro de nueve dias, 
poique si la ciudad tuviere necesidad de algunas cosas se pro- 
vean: con la misma pena de arriba, salvo si no fuere con 
licencia del Sr. Gobernador, y cabildo de esta ciudad." 

"Otrosi, ordenaron y mandaron, que de aquí adelante lle- 
ven los diputados por su salario, como es uso y costumbre 
en otras cmdades, é Villas de todo lo que pusieren, con tan- 
to, que del vino no lleven mas de media arroba de cada vein- 
te y cinco arrobas: una cuartilla para los diputados, y la otra 
cuartilla para el almotacén." 

''Otrosi, ordenaron y mandaron, que ningún mercader, ni 
^tra persona sea osado de hoy mas ae no medir cosa ningu- 
to, asi vino, aceite y vinagre, seda, paño, ropa, ni otras cosas, 
$in vara y medida, que no sea dada por los señores diputa- 
dos: con la pena de arriba, y mas todo lo que hayan medido, 
V mandaron se pregonase, como se hizo, para que á todos fue- 
¡B0 notorio lo nuevamente ordenado, y que nadie pretendiese 
Bl^ps ignorancia, y semlaxon un pedo de cedro para vara de 



LIBRO TERCERO. 209: 



medir, con cinco sellos á manera de O, y una botija contied 
O O Ó asidas unas en otras." Hame llevado la pluma & aet^. 
bar las cosas de la ciudad en este año, pomo interrumpirtoi 

Íasí volverá á dar razón de la resulta de ht guerra, qué etí 
acia en lo oriental de esta tierra. 

CAPITULO XIV- 

Fúnd(ise la Villa de Valladolid en la provincia de QmiL , 

Díjose en los capítulos antecedentes, como el A/&Iantad<t 
D. Francisco de Montejo dio poder á su sobrino el capitán Fian^ 
cisco de Montejo, para pacificar lo oriental de esta tierra de Yxy 
catan, y poblar una Villa. Dejárnosle batallando con los indio% 
que se llaman en esta tierm los Kupules, que mientras pudieión. 
procuraron conservar su libertad, á veces con las annaSi y a 
veces con traiciones. La perseverancia de los españoles ven«* 
ció todas estas dificultades, discurriendo por acuellas comarcas 
por el año de 42 y entrado el sígruíente, teniendo yia aquello 
en buen estado; pareció bien fundar la Villa, para sujetar del 
todo á los indios^ que en ella los verian avecindadoSir Vam 
esto juntó el capitán Francisco de Montejo todos sus e^Nifioled 
en el sitio de Choáca (ó Chauachaá, coma dicen losr indios) jr 
hfzoles de nuevo notorio el poder, que del Adelantado traisi 7 
habiéndole oido y obedecido; dijo á Juan López de Mena, ea- 
cribano del juzg^o de esta gobernación^ que aquel sitio habiH 
parecido á propósito para la fundación de la Villa, que sO 
tifataba de poblar en nombre de su Magostad, y que habiade 
ser nombrada, y puesta debajo del jrngo, y servidun¿»re de 8U 
Magestad, y para que en ella se predique, y cante el Swta 
£vang[elio, y de como as! lo decia^ q|ue lo quería hacer y na* 
cía, pidió al dicho escribano se lo diese por testimonio. Na 
habiendo contradicción de alguno de los presentes, procediendo 
á la ejecución; inmediatamente á 28 dias del mes de Bfa3ro de 
1643, dijo: "due en el nombre de Dios todo poderoso, y de 
la gloriosa Virgen María su madre, nombraba, y nombró ft 
la ojcha Villa, que se ha de poblar. La ViHa de VaUadoliiP 
Y asimismo dio por título, y advocación de la iglesia, que en 
la dicha Villa se hubiese de hacer, en dcHxde los oficios Di« 
vinos se hablan de celebran el de nuestra Señora de Tos Re- 
medios. Y por ser la fundación de la dicha Tula* y iglesia^ 
en dia y fiesta de S. Jerbas, te tomasen por abogado. 

No puedo pasar adelante^ sin notar la gran ¿bvocion» qoo 
los conquistadores tuvieron con la Reina aú cielo, y Hwro 
de Dios Señora nuestra, pues todas las iglesias de la cristian- 
dad de este reino las consagran á su Santo nombre, y las po^ 
iien debajo de su protección y amparo, esperando del, 7 do 

su clemencia la ooi^rvacioit de estas ¡Eepúblicas; m rfifn''yh 



210. HISTORIA DE YUCATÁN. 



dolas á la vana se^ñdad de constelaciones astrold^cas, ni 
puntos fatales, pues la conservación de ellas, de los remos, y de 
todo depende de la Providencia divina, para con quien es tan 
valedcnra esta Gran Señora. Ya se vio, que la de Campeche 
fué con título de la Concepción de la Virgen María: la 
de la ciudad de Mérida, con título de la Anunciación, y En- 
camación del Verbo Eterno en su virginal vientre purísimo, 
aunque parece hablan determinado dedicarla al glorioso S. Il- 
defonso, como se dijo ya, y ahora la de Valladolid la dedican 
á esta misma Señora, con título de los Remedios, que también 
parece misterio, porque no quedase defraudado el que se dio, 
cuando se hizo erección de obispado de esta tierra con él al 

Írincipio de su descubrimiento, y se nombró por obispo al Sr. 
). Pr. Julián Garces, que filé el primero de la Puebla, como 
también se dijo en el primero libro. 

Determinado el sitio donde se habia de fundar la iglesia 
(cuyo cura ó ministro elesiástico , no he hallado su nombre 
hasta ahora, ni está en el auto de esta fundación escrito, como 
el de Mérida, ni allí se hace mención por donde se entienda 
)e habia) se procedió al gobierno secular, nombrando por alcal- 
des á fiemardino de Villagomez, y á Francisco de Zieza. 
Mandiólos parecer ante sí el capitán, y justicia mayor, habien- 
do jurado cada uno de por sí el juramento acostumbrado les 
entregó las varas de la real justicia, y fueron admitidos los 
nuevos alcaldes. Luego nombró por regidores á Luis Diaz, 
Alonso de Arévalo, ^-ancisco Lugones, Pedro Diaz de Monxi* 
bar, Juan de la Torre, Blas González, Alonso de Villanueva, 
y Gonzalo Guerrero, que también hicieron su juramento. Nom- 
Dtó para ejecución de la real justicia lugar, donde se pusiese 
hoiea y picota: un cerro altosano, que está (dice) á la mitra- 
da de la Villa entre el camii^o que viene de Aké (donde tu- 
vieron la primera batalla, cuando desembarcaron de España, 
como queda dicho) y el camino, que va al pueblo de Choáca. 
Por procurador fué asilado Pedro de Molina, y por escribano 
publico y de cabildo Juan de Cuenca, y mayordomo de la Villa 
JBaltazar de Gallegos. Habiendo firmado todos los nombrados en 
los oficios, según se iban haciendo los autos de sus nombra- 
mientos, dio fé y testimonio el nuevo escribano de todo lo re- 
ferido. El libro de cabildo, que hoy tiene la Villa de Valla» 
dolid, y la curiosidad del capitán Tomas Gutiérrez Paramo, 
juntó y encuadernó siendo su escribano; no tiene los autos de 
esta fundación, que no los debió de baHar, y comienza desde 
ta primera petición, para mudaria donde ahora está, como se 
dirá en el capitulo siguiente. Dióme nn traslado auténtico, 
que tiene un vecino de ella, entre sns probanzas, por donde 
lo escribí, como se ha visto. Los nombres de los que en ella 
se avecindaron, están los mas de ellos en una relación, que 

^ bachiller SÚcb» de ágojüi^ isiendo su vicario y beneficidck), 



UBRO 'ra^lCEKO. 811. 



mmm 



lazo por mandado del obispo D. Fr. Juan Izquierda para le- 
mitirla á la Magestad de el rey D^ Fiiipo tercero nuestro se- 
ñor, que está en gloria; péndrelos todos» y algunos mas» quo 
«Uí no se nombraron, y no se entienda, que ponerlos prunero, 
ó postreros, es j^eeminencia particular fuera de los señalados 
«n los oficios, sino que los escribf como ocurrieron á la pluma. 
El capitán Francisco deMontejo fundador y justicia mayor, 
fiemardiuo de Yillagomez, y Francisco de Zieza, alcaldes. 
Luis Dias^ Alonso de Arevalo, Francisco Lugones, Pedro Diaz 
de Monxibar, Juan de la Torre, Blas jQon^ez, Alonso da 
Yillanueva, y Gonzalo Guerrero, regidores. Pedro de Molina, 
procurador. Juan de Cuenca, escribano. Baltazar de Gallegos^ 
mayordomo. 

Andrés González de Benavides, 

Juan de Azamar. 

Juan López de Mena. 

Blas González. Otro. 

Marcos de Salazar. 

Alonso Baez. 

Francisco Hernández Calvillo. 

Juan Nuñez. 
.:* Alvaro Osorio. 

Juan .Enamorada ^ 

Toribio Sánchez. 

Juan Gutiérrez Picón. 

Marcos de Ayala. 

Martin Ruiz Darce. 

Di^;o de Ayala. 

Juan de Cárdenas. 

Juan de Contieras. 

Juan López de Recaído. 

Rodrigo de Cisneros. 

Alonso González. 

Francisco Martin. 

Francisco Hernández. 

Estevan Xinobes. 

Juan Bote. 

Juan de la Cruz. 

Juan de Morales. 

Martin Garrucho. 

Francisco de P&lma. 

Gaspar González. 

Pedio Zurujana 

Francisco Hurtado* 

Pablos de Arrióla. ^ 

Pedro de Lugones. 

Mizer Estovan. 



*'r^ 



212. mSTORlA DE YUCATÁN. 

Pedro Costilla. 

Santistevan. 

Antón Rniz. 

Pedro Duran. 

Damián Dovalle. 

Martín Recio. 

Miguel de Tablada. 

.Tuan de Palacios. 

Pedro de Valencia. 

Giraldo Diaz. 

Alonso Parrado. 

Belez de Mendoza. 

Martin de Velasco. 

Joan Rodríguez. 
El licenciado Juan Cano Gaitan por mandado del cabilda 
sedevacante, el año de mil y ' seiscientos y treinta y siete, hi- 
zo una relación de las cosas de esta Villa, para remitir al ba- 
chiller Valencia, que la pusiese en la que se envió al coronis- 
ta de su Majestad, como por cédula real estaba ordenado; di* 
ce, que esta fundación, seria (palabras son suyas) por fin del 
año de mil y quinientos y cuarenta y dos, y en este lugar 
(dice) el sacerdote clérigo, que les administraba, erigió, y tuvo 
i|(lesia, y les administró los sacramentos, &c. Después escri- 
biendo los nombres de los pobladores, principia diciendo: licen- 
ciado Hernando de Andrada^ licenciado Acosta clérigo, y lue- 
go prosigue los demás seculares. Bien ise echa de ver esto fué 
hablar á tiento, pues dice. Esta fundación seria portal año, y 
con esta seguridad propone dos clérigos. Mucho antes hizo el 
bachiller Aguilar la otra relación que he citado, y era tambieD 
natural de la misma Villa, y alli no se atrevió á decir, que 
en el primer sitio y población, que voy refiriendo, hubiese clé- 
rigo, aunque luego tratando de el segundo sido, donde ahora 
está, dice estas formales palabras, "x teniéndola poblada en 
paz y concordia, y prosiguiendo en la conversión de los natu- 
rales cada conquistador en sus pueblos, acudiendo á doctrinar- 
los y enseñarles la verdadera religión cristiana y preparando— 
los para el santo bautismo los que en aquella sazón no esta- 
bm bautizados por falta de sacerdotes y religiosos, porque tan 
solamente vino á esta conquista con los dichos soldados un clé- 
rigo, llamado Fulano de Mendoza.'' Aunque el bachiller Va- 
lencia tuvo la relación del licenciado Geoio su paisano; tratan- 
do en la suya de esta prioiem fundación de su patria, no trae 
nombre de clérigo alguno^ auíique en otra parte refiriendo la 
segunda fundación, como se verá en el capitulo siguiente, di- 
ce asi: ''Está á la banda del filur la santa iglesia parroquiali 
cuya erección hizo el padre Francisco Hernández clérigo mi* 
nistio de la conquista, d^" Aserró con toda verdad, que co- 
mo d 4» enei deJQ escáto ch duMentoi partes, ú bubiemb»^ 



I.IBRO TERCERO. 213, 



Hado otro nombre en escritos auténticos, ó siquiera de aquelloi 
tiempos le hubiera puesto, porque lo contrario fuera faltar á U 
verdad, por favorecer la parte de mi religión, que fuera injus» 
ticia, y no dar á cada uno lo que es suyo. Para no incur* 
rir esta omisión, digo, que solamente hay en el libro de ca- 
bildo de la fundación de Mérida, fuera del nombre del padre 
Francisco Hernández, otro, que se dice Gerónimo Gutiérrez, pa^ 
ra el cual pidió el alcalde Pedro Alvarez vecindad en un ca- 
bildo, que se tuvo á diez y nueve de Setiembre de aquel mis- 
mo año de cuarenta y tres, y le fué respondido, que pareció* 
se presente, y le recibirían, y la fundación de la Villa ya SQ 
ha visto, como fué á veinte y ocho del Mayo antecedente. Pe- 
ro también hay en el mismo libro, que á diez y nueve de 
Enero del mismo año, presentó el portero de cabildo en él 
una petición, en que se dice, "due Fr. Juan pedia á sus mer- 
cedes le hagan merced de un solar en la traza de esta ciu- 
dad, en la cual está al presente una casa, de la cual el muy 
magniñco señor le hizo merced." Y esta se la concedieron. No 
pu^o añrmar, que Fr. Juan fuese este, porque ni allí se po- 
ne su apellido, ni de que religión fuese. Notorio es, que en 
Yucatán no hubo otra religión en muchos años, y asi parece 
se puede conjeturar, seria Fr. Juan de Herrera el lego, de quien 
se hará relación en el libro quinto, y que este es el sitio don- 
de tenemos el convento principal, porque es cierto le dió el ge- 
neral, y que era suyo, y en él debia de tener alguna casa pa- 
ra señal, de que alli había de edificar una de las fortalezas 
capituladas; porque adonde había de fabricarla, es cierto que es- 
tá fundado el convento. Y aun esto parece dar á entender, 
vinieron los religiosos este año, pero consta de otras partes ha«- 
ber venido el de cuarenta y seis. Pudo ser viniese el dicho 
religioso antes á prevenir donde morasen. Esto no importa mu- 
cho, y asi baste esta advertencia. 

CAPITULO XV. 

Mudan la Villa al sitio en que está, y fundan la de S^* 

lamanca en Bakhalál. - • 

El asiento, ó sitio de Choáca, donde fundaron la Villa de 
Valladolid, dista seis le^as de la mar, poco mas ó menos, y 
se sale á ella camino oerecho para el puerto, que llaman los 
españoles el Cvyoy escogido por cercano, para proveerse de las 
cosas necesarias de Castilla, y otras partes por la mar. Aun- 
que esperimentaban esta comodidad, hallaron otros inconveÉien- 
tes, asi para los españoles, como para los indios contnt los ór- 
denes reales, que mandaban mirar por su buen tratamiento y. €on-. 
servacíon, siéndoles lo menos penosos, que pudiesen. Fasaioa 
Ík^ testante úb\ w> d^ cuarenta y tros. con fi^nm 4e jftkimáfv^p 



214. HI STORU DE YUCATÁN. . 

trazada plaza y calles con casas pajizas, como las de los indios-, 
mientras se podian edificar de piecka. Entrado el año de cua- 
renta y cuatro, no pareciendo á proposito el sitio, trataron de 
mudarse al asiento de Zaqui, donde está ahora. Para esto S 
catorce de Marzo, Pedro de Molina procurador de la Villa, con* 
tinuado en su oficio, en nombre de ella presentó una petición 
al capitán Francisco de Montejo justicia mayor, pidiendo se mu- 
dase la Villa y las razones que para ello aió, fueron. "Q^ue 
se habia fundado en aquel sitio, no conociendo la calidad de 
la tierra, ni salud de ella, que era luchar enfermo el asiento de 
la Villa, con lo que se alcanza de la costa, que es tierra ba- 
ja, húmeda y doliente. Los españoles que en ella residimos (di- 
ce) hemos estado dolientes y lo estamos, y algunos conquista- 
dores de la dicha enfermedad se han muerto, y otros muchos 
Tiven enfermos, á cuya causa no osando residir en esta dicha 
Villa, se están en sus pueblos. Aliende, que de el servicio y 
esclavos que teníamos, se nos han muerto la mayor parte, asi 
hombres como mugeres y de cada día enferman y mueren. Y 
los naturales que en esta costa residen, dicen ser doliente, y ri- 
ven hinchados y barrigudos, y dolientes, y mueren muchos de 
ellos, por donde han venido en grande diminución los pueblos. 
Y si esta dicha Villa no se muda á otra parte mas dentro de 
la tierra, percceriamos de enfermedad, ó ya que esto no fuese, 
podria ser, que viéndonos los naturales enfermos, y que por fal- 
ta de salud nos velamos, y estamos divididos en los pueblos, 
darían sobre nosotros, y nos mataran (no era en vano este re- 
celo como se verá) y se perderá el servicio de Dios y la obe- 
diencia, que á su Magestad tienen dada. Porque pido á v. md. 
por mi solo: y en voz de república de parte de su Magestad 
requiero una, dos y tres veces, y las que de derecho soy obli- 
gado mude esta dicha Villa á otro asiento, que no sea en la 
costa, no embargante, que el señor gobernador manda se pase 
á Conil, que es en la dicha costa, y es mas bajo, húmedo y 
Cenagoso y doliente, y mas fuera de comarca, que este asiento; al 
sitio de Zaqui pueblo de indios, que es sano, llano, abundoso 
de leña y aguas, y pastos, y la tierra adentro: mas en comar- 
ca para nuestro servicio, y menos vejación de los naturales, que 
donde ahora estamos; visto, y esperimentado por españoles mu- 
chos años ha. Y si asi v. md. lo hace, hará lo que es obli- 
gado: donde no, protesto contra v. md. todos los daños, que d 
los conquistadores y pobladores se les recreciere, y el perjuicio 
y muertes que se recrecieren en nuestras personas y nuestro 
servicio, y en los naturales de los pueblos, que tenemos enco- 
mendados, que por venir á servir de lejos á tierra enferma mué* 
len y vuelven dolientes. Demás, que roe quejaré á mi rey y 
eeñot, como de persona, que no procura el bien, utilidad y pa- 
cificación de los naturales. Y de como lo pido y requiero, pido 

«1 pieseote eBáribono y á los señores del cabildo me sean testigos.**^ 



LIBRO TERCERO. ^15. 

Parece, que los conquistadores viendo que el sitio de la 
Tilla uo era á proposito para permanecer, lo hablan escrito al 
Adelantado, y habia remitido orden, para que se pasase al asien- 
to de Conil, que hallaban por tan malo como el presente. El 
capitán Francisco de Montejo solamente respondió á la petición, 
que en ella pedian lo que eran obligados, y que lo oia; pero 
sdido de alli no se trataba de cosa. Por esto el procurador á 
diez y siete, dio otra petición con las mismas protestas, y no 
hubo mas respuesta, que la pasada; y asi á diez y nueve dio 
tercera, que no tuvo mejor despacho, que las*antecedentes. Eu^ 
tónces el cabildo pidió al escribano testimonio de lo que pasa- 
ba, para recurrir adonde debiesen á pedir justicia. Mediante es- 
to, mandó el capitán Francisco de Montejo se procediese á in- 
formación jurídica de lo contenido en las peticiones. Rizoso 
como se estaba experimentando, con que se despobló la Villa 
del sitio de Choáca, y se mudó donde hoy permanece. Por lo 
referido se vee no dijo bien el licenciado Cano en su relación, 
afirmando, que á catorce de Marzo se despobló la Villa. So- 
lamente lo titular de la iglesia se mudó en la Anunciación de 
nuestra Señora, quizá (dice aquella relación) porque llegaron su 
víspera, á veinte y cuatro de Marzo al nuevo sitio de Zaqui; 
pero de lo uno, ni lo otro no hay escrito auténtico que lo di- 
ga para certificarlo. 

No habia sido sola la atención de los conquistadores for** 
mar aquella población, que en el mismo tiempo solicitaban pa- 
cificar la provincia de Cochvá, donde al capitán Alonso Dári- 
la sucedió lo que se dijo. Habia dado el Adelantado poder pa- 
ra ello al capitán Gaspar Pacheco, con título de capitán gene- 
ral y teniente de gobernador suyo, y á su hijo Melchor Pache- 
co de maestro de campo de aquella conquista. A tres de Ene- 
ro del año pasado de mil y quinientos y cuarenta y tres, 
presentó Gaspar Pacheco su título ante el cabildo de la ciudad 
de Mérida, con petición en que decia, que para poner en eje- 
cución lo que le ordenaba el Adelantado, necesitaba de ir á la 
Nueva España á recoger gente, que poblase aquella provincia 
(que alli llama de Vaymil) y prevenir otras cosas necesarias 
para la pacificación, y que asi le diesen licencia á él, á su hi- 
jo Melchor Pacheco, y á Alonso López Zarco, para ir á pre- 
venirse de todo. La respuesta del cabildo fué, que remitían el 
provehimiento al general D. Francisco de Montejo, para que or- 
denase lo mas conveniente al servicio de Dios, de su Mages- 
tad y bien de la ciudad. Que fuese á la Nueva España 6 

{*untar la gente y demás cosas, que en la petición dice, no he 
lallado escritos con que afirmarla; pero juzgo que fué, poique 
no se hizo la entrada aquel año, que le debió de gastar en 
prevenirse, hasta el siguiente de cuarenta y cuatro, en que pa^ 
ciáeaion aquella tierra. Salieron, pues, de la ciudad de Méri- 

áa'lM áoB Pacheooi^ padre y hijo, ocoQipQ&findolos nmcbosre- 



'•f' 



filfe mSTORIA DE YUCATÁN. 

cihos de ella, que no dieron lugar al ocio, hasta tener tmjeta 
Mlajesta tierra al dominio de su Magestad. 

Andando en la conquista de aquella tierra, enfermó el ge- 
neral Gaspar Pacheco, por cuya causa se hubo de volver á la 
ciudad á curar. Tenia poder de el Adelantado pam . sostituir 
aquelfa pacificación, y asi dq'ó en su lugar á su hijo Melchor 
Pacheco, que la concluyó, venciendo las dificultades de albar- 
radas, palizadas y otras fortificaciones que los indios habian he< 
cho, en cu^os encuentros murieron algunos de los conquista- 
dores. Pacificado^ aquello en un asiento, que los indios llaman 
Bakhalál, cerca de ochenta leguas de la ciudad de Mérida, á 
K parte oriental, declinando al mediodio en el sueste; funda- 
ron en el nombre del rey una nueva Villa, á que llamaron Sa- 
lamanca, poniendo en ella un alcalde y algunos regidores, por 
^er pequeña población, que casi no ha tenido aumento, y aun 
^tos años pasados los que en ella habia, no pudiendo defen- 
derse de los cotidianos enemigos, como eran tan pocos, han es- 
tado retirados la tierra adentro. Tiene pueno de mar en la 
costa de Honduras, y confina con los indios de la Yerapaz, 
Ytzaes, Chinamitas y otros, de que adelante se trata, y se es- 
tán por conquistar. Fundada aquella población, los conquista- 
dores, que no quedaron por vecinos, dieron vuelta á la ciudad 
de Mérida, y noticia á su general de lo sucedido, con que se 
comenzó á gozar de mas quietud, y esto dice el bachiller Va- 
lencia, fué por fines del año de mil y quinientos y cuarenta 
y cinco. Ya tenemos todo el distrito de esta tierra al parecer 
pacífico, y para su mayor seguridad fundadas en ella tres Vi- 
llas, y una ciudad de españoles; pero cuan contra el gusto de 
los indios, haya sido, se verá, por lo que poco después succ* 
dio, y se refiere adelante en el libro quinto. 

CAPITULO XVI. 

Nombres de los conquistadores que se avecindaron en Méri- 

da, cuando se futido la ciudad. 

Por el libro de cabildo de la fundación de la ciudad de 
Mérida, constan los nombres de los conquistadores, que en ella 
tíe avecindaron, cuando de nuevo se pobló, y son los que en 
este capitulo se refieren. No todos se avecindaron luego, por- 
que fué en el discurso de los dos primeros años, y esto se 
ocasionó de andar en la pacificación de lo oriental de esta tier- 
ra, porque no fueron suficientes para ella, los que solamente 
quedaron por vecinos de las dos Villas de Salamanca y Bak- 
§a^ál. El primero que pidió ser recibido por vecino, lué D. 
f^ñncisco de Montejo, hijo del Adelantado, su teniente dego- 
qeróndor y capitán general de esta conquista, y luego el nus- 
RK^ dlii quedó admiüdo por el cabildo^ y tambíeD los ptímeiv*^ 



■« I-. 



IIBRO TERCERO. *" 



alcaldes y i^gidores quedaron avecindados. Pondré los n 
por el orden que siguen los letras, coa que saUstágo & alfa- 
líos reparos en la antelación, y asi ^i como ociiii6b>. 

A. 

Alonso de Reynoso. 
Alonso de Arevalo. 
Alonso de Molina. 
Alonso Padieco. 
Alonso López Zarco. 
Alonso de Ojeda. 
Alonso Rosado. 
Alonso de Medina. 
Alonso Bohorques. 
Alonso Oallardo. 
Alonso Correa. " 

Andrés Pacheco. 
Antonio de Yelves, 

B. 
Bartolomé Roxo. 
Blas Hernández. 
Beltran de Zetina. 
Baltazar González. 
Boltozar González, otio pomio de cabildo. 

C. 

Crístoval de San Uartin. 
D. 

Di^o Briceño. 

Diego de Medina. 

Diego de Villareal. 

Di^o (le Baldtvieso. 

Di^o Sánchez. ' 

E. 
Estevan Serrano. 
Estevan Martin. 
Estevan Yñ%uez de Castañeda, 

F. 
Francisco de Bracaraonte. 
Francisco de Zieza. 
Francisco de Lubones. 
Francisco de Arzeo. 
Francisco Tamayo. 
Francisco Sánchez. 
Francisco Manrique. 
Francisco Lñpez. 
Francisco de huiros. 
Fprtiandíi tie Bracamonte. 



HISTORU DE YUCATÁN. 



G. 
Gaspar Paclieco. 
Goiizalo Méndez. 
Gaspar González. 
García Agiiílar. 
García de Vargas. 
Gómez de Castrillo. 
Geiúiiimo de Campos. 

II. 
Hernando de Agnilar. 
Ilernon Muñoz Baquiano, 
llcrnaii Muñoz Zapata. 
Hernando de Castro. 
Hernán Sánchez de Castilla. 

J. 
Juan ürrutia. 
Juan de Agiiilar. 
Juan López Mena* 
Juan de Porras. 
Juan de Oliveros. 
Juan de Sosa. 
Juan Bote. 
Julián Doncel. 
Juan de Salina.". 
Juan Cano. 
Juan de Contreras. 
Juan de Magaña, 
Joanes Vizcaíno. 
Juan de Parajas. 
Juan Orles. 
Jorge Hernández. 
Juan Vela. 

Juan Gómez de Soiomayor- 
Juan Ortiz de Guzman. 
Juan de Escalona. 
Jnan del Rpy. 
Juan de Portillii. 
Juan Farfan. 
Jacome Gallego. 
Juan López. 
Juan de Prie^. 
Juan Caballero. 
Maese Juan. 

L. 
Luis Diaz. 
Lucas de ] ídes. 
Lo| 



LIBRO TERCERO. «R. 

' ■ ■ . ■ - v 

Mi- 
Melchor Pacheco. 
Licenciado Maldonado. 
Miguel Hernández. 
Martin de Yriza. 
Martin Sánchez. 
Miguel Rubio. 
Martin de Yñigoez. 
Melchor Pacheco el viejo. 

N. 
Nicolás de Gibialtar* 

P. 
Pedro Díaz. 
Pedro CkMtiUt. 
Pedro Galiano. 
Pedro Alvarez. 
Pedro de Caiavarria. 
Pedro Diaz Püveda. 
Pedro Muñoz. 
Pedro de Valencia. 
Pedro Franco. 
Pedro Fernandez. 
Pablo de Arrióla. 
Pedro Garda. 

Pedro Alvarez de Castañeda. 
Pedro Hernández. 

R. 
Rodrigo Alvarez. 
Rodrigo Nieta 
Rodrigo Alonso. 
Rodrigo Camina. 

S. 
Sebastian de Burgos. 

El traslado de una relación de los noníbres de todos loi 
wnquistadoresy que anda en esta tierra en mudias manoSi tie- 
ne los maS| que aqui están escritos; pero dicese en su titulo, 
que se halló en la pared de nuestro convento de Mérida, en 
una cigita de piorno^ rompiendo para el arco, donde estft d 
altar de Cristoval de Paredes, y aun algunos {jazgo que no 
con buena intención) han dicho que se hallaron otros papeles 
con ella, que eran en daño de diversas personas. Loquepu»» 
do as^;«irar, que cuando se abrió aquel arcovhria en el con* 
vento el R. P. Fr. Juan Coronel, padre de esta piovineiai y 
tan conocido en ella, y pre^ntando, si tal hahia sucedido, m 
dijo, que no, ni aquellos, ni otros alffunos papales se h^úan 
hallado en la tal pared, y que si hubiera sucedido^ era fuer* 

M lo supiese, coma lelígioao y giave, y q¡ae en el convemit^ 



820. HISTORIA DE YUCATÁN. 



o'jteTiia el primer lugar después del guardián. Nadie sabe de 
cierto, quien sembró este- rumor, y asi vuelvo á decir, que juz- 
go fué algún mal intencionado, asi por lo dicho, como porque 
remata diciendo, que algunos nombres se hallaron escritos, y 
que tienen algunas cifras al cabo, dando á entender, que son 
señales originadas de causas, que pueden ocasionar desdoro. Ad- 
viértolo, porque no merece crédito en lo uno, ni en lo otro. 

Lo cierto es, que en las guerras referidas de la conquis- 
ta de esta tierra, murieron mas de seiscientos españoles, y des- 
pués del último rebelión y alzamiento, que se dirá adelante, 
quedaron ciento y noventa caliñcados por conquistadores de Yu- 
catán, sin los hijos, y deudos de los primeros, que por haber 
muerto en la conquista no merecieron menos, como lo alegó 
D. Juan Grau y Monfalcon^ procurador general en la corte de 
su Magestad, en un memorial informatorio, que dio al rey nues- 
tro señor en su real y supremo consejo de las indias, por la 
ciudad de Mérida, cabeza de Yucatán, sobre las pretensiones 
de la ciudad y provincia, impreso en Madrid año de mil y 
seiscientos y cuarenta y cuatro. El centesimo antes de qui- 
nientos y cuarenta y cuatro, hallo solamente en orden á go- 
bierno cosa memorable; haberse tenido nuevo orden en io to- 
cante á bienes de difuntos, porque se publicó y mandó ejecu- 
tar la real provisión, que la cesárea Magestad del emperador 
Carlos Quinto, que está en gloria, habia dado en Granada (x 
nueve de Noviembre de mil y quinientos y veinte y seis años, 
para evitar los desórdenes y fraudes, que en ellos habia. 

A principio del año de mil y quinientos y cuarenta y cin- 
co, lunes cinco de Enero, después de una gran tormenta, que 
padeció el bagel, en que venia de España á su obispado el 
señor D. Fr. Bartolomé de las Casas, obispo de Chiajxi, con 
los religiosos de la orden de nuestro Padre Santo Domingo, 
que fueron los primeros fundadores, que con asiento formaron 
aquella su provincia de Chiapa y Guatemala; dieron vista al 
puerto de Campeche ó San T<ázaro, que liabian llamado pur lo 
^ué se dyo en el libro primero- No pudieron aquel dia coger 
puerto, y hubieron de quedar en tres brazas de agua, hacien- 
do farol en el bagel, y correspondiéndoles de tierra con otro, 
que les pusieron. Aqui fué donde atites de salir á tierra hi- 
20 el señor obispo á los religiosos aquella plática, que refie* 
16 el padre Hemesal en su Historia^ en que les refirió las crueU 
dades de lo9 españoles con los indios en los primeros años de 
la conquista, y de que se dio razón en el libro segundo. En- 
riaron el dia siguiente á la mañana el batel á tierra, que die- 
Ét nueva de la llegada del obispo, y como á las nueve del 
éia volvió á bordo, y en él el clérigo ó cura del lugar, y cua- 
tro 6 cinc» españoles con muchas canoas de indios, paraayu- 
dar 6 lo necesario. lia playa se llenó de gente para recibir 
«a- el daB^ábaitadejx» al ohispo^que saliendo á tierra áiárnt 



LIBRO TERCERO. ^U 

bendición á todos los presentes. Fueron á la io^lesia, y aun- 
que la festividad era tan grande como dia de los Santos Re- 
yes, no pudieron decir mas de una misa, por ser ya muy tarden 

Saliendo de la iglesia, para llevar al obispo á la casadp 
su hospicio, pidieron los vecinos á jos religiosos, (mra dársete 
en sus casas y regalarlos, como lo hicieron, con que todos por 
entonces quedaron bien acomodados. Sabida la llegada del obispo 
en la ciudad dé Mérida, envió el capitán general D.Francis- 
co do Montejo á un caballero cuñado suyo, que en su nom-^ 
brc le diese la bien venida, y dijese, que si. gustaba ir á li^ 
ciudad de Mérida; mandaba, se le diese todo avio y regalo. 
Agradeció mucho el señor obispo la cortesía del capitán gene^ 
ral, y respondió, que le era íbrzoso pasar sin detenerse á Chia- 
pa. Sobro decir el obispo á los vecinos, que debien peñeren 
libertad los indios esclavos que tenian, se disgustaron con él, 
y le dieron algunas pesadumbres, negSÍronle los diezmos, saín- 
rios reales y otras libranzas, que traia para pagar el flete de ia 
embarcación, si bien el cura Francisco Hernández le asistió con 
mucha fidelidad, y le prestó cien castellanos de oro, con que con^ 
tentó al piloto. Después los vecinos conociendo el desacierto 
que tiabian hecho; ai^tes que saliera el señor obispo, se recon- 
ciliaron con 61, y para el viage le dieron algunos regalos y 
ayuda de matalotaje, de que estaba falto. Aunque el padre Rtv 
mcsal dice, que la Villa de los españoles, no era mas quede 
trece vecinos; era mayor, porque aun su fundación parece ha- 
ber sido de treinta. Estarían algunos de ellos en los pueblos 
de su encomienda, como entonces acostumbraban, y asi halla- 
ron tan pocos en la Yilki. El viage de los religiosos á Ta-. 
basco fué desgraciado, porque habiéndose repartido en dos bar- 
cos, el primero con un recio Norte se derrotó, y se ahogaron 
nueve religiosos, y otras veinte y tres personas con ellos. Mar- 
tes veinte y uno de Enero. Después el señor obispo con los 
que quedaron en su barco tuvo feliz viage. 

La poca cristiandad, que habia en los indios por este año, 
antes que vinieran nuestros religiosos fundadores de esta pro- 
vincia, se ve claramente en lo que reñere el padre Remesal, 
que habiendo dicho, como quedaron hospedados sus religiosos 
el dia que salieron á tierra, dice luego estas formales palabras: 
"A la tarde se fueron al pueblo de los indios, porque desea- 
ban mucho ver su policía y modo de vivir. Eran casi todos 
inñeles, y asi los hallaron trabajando, y entendiendo en sus la- 
bores. El pueblo no tenia orden, ni concierto^ las casas en dis^ 
tancia apartadas la una de la otra, las paredes de caña, y el 
tejado de paja. Salió lodo el pueblo á ver á los padres, y el 
cacique muy regocijado Ibs llevó á su casa, dfcc." Y en el ca- 
pítulo siguiente dice, que la ocasión de saber aquellos religio- 
sos^ que los primeros españoles hallaron un modo de bautismo, 
que teman los indios en tiempo de su gentilidad (de que se 



22^. HISTORIA DE YUCATÁN. 



dá razón luego en el siguiente libro de esta Historia) fué. "Ha- 
llar en el pueblo de los indios mas mugeres bautizadas, que 
hombres: porque los soldados, como escrupulosos, y recelosos de 
llegarse á muger gentil, y que siendo ellos cristianos, no fue- 
sen ellas también del gremio de la iglesia, las hacian bautizar, 
j el cura tenia por bastante catecismo, que ella supiese, para 
que efecto era el bautismo." Y mas adelante en el mismo ca- 
pítulo tratando de la ocupación de los religiosos en aquellos 
dias, dice estas palabras." Los indios en este tiempo acudían 
desde su pueblo, y de otros de la comarca á ver los padres: 
sentábanse muchos á esperarlos para verlos, cuando sallan de 
casa, hincábanse de rodillas, bes2^)ánles los hábitos, y con un 
entrañable afecto levantaban las manos al cielo, diciendo, Jesús, 
Jesús, acción que entemecia mucho á los padres, conociendo 
por ella el gran deseo, que aquellos pobrecitos tenian de cono- 
cer á. Dios, y el misterio de su redempcion, cuando nombra* 
ban tanto el nombre del Salvador, y por cumplir con su de- 
seo, envió el vicario al pueblo algunas veces un religioso, que 
por intérprete les dijese algo de Dios. Pero no bautizaron á 
ningún infiel, porque como no hablan de quedarse alli, .no les 
pareció comenzar sementera, que no podian regar con doctri- 
na y ejemplo, para que diese fruto Los gentiles no teniaa 
templo de ídolo, ni Dios alguno, que los españoles se loa ha- 
blan derribado. Tenian los ídolos escondidos en el monte, y 
allá los iban á adorar y sacrificar, y asi cada dia se halla- 
ba sangre vertida por los campos, ¿ce." Este fruto, que ppr 
falta de asistencia temieron aquellos religiosos con prudencial 
dicttoien no poder coger; lograron los nuestros desde el año 
siguiente de cuarenta y seis, que vinieron de asiento á esta tier* 
ra, y comenzaron á predicar el Santo evangelio, y fundar esta 
provincia de San José de Yucatán. Y asi no parece buena la 
consecuencia, que la clerecía hace en el pleito que hay sobre 
unas doctrinas, diciendo: clérigo vino á la conquista con los es* 
pañoles. Luego á la clerecía se debe la conversión de este rei- 
no de Yucatán. Dése á cada uno lo que es suyo, pues no es 
justa otra cosa, y denos Dios á todos la gloria, que es el fin 

Írincipal á que deben mirar nuestras acciones. Su Magestad 
Uvina las reciba para gloría suya y salvación de nuestras al- 
mas. Amen. 




LIBRO CUARTO. 223, 



It CMlIt. 




DE LA HISTORU DE YUCATÁN. 

CAPITULO PRIMERO. 

Z)e la situación^ temperamento^ frutos y cosas singulares de 

la tierra de Yucatán. 

Ya que se ha dicho, como y cuando se descubrió Yuca- 
tan, quienes la pacificaron y sujetaron á la corona de Castilla, 
como poblaron la ciudad de Mérida, y Villas de españoles, que 
hoy hay: me pareció referir ahora las propiedades de esta tie- 
t^ y de los indios naturales de ella, no con la latitud, que 
algunos quisieran, refiriendo por menudo su primer origen, y 
de que partes pudieron venir, pues mal averiguaré yo ahora 16 
que tantos hombres doctos no pudieron as^^urar en los prin- 
cipios de la conquista, inquiriéndolo con solicitud, como afir- 
man: y m que hoy haya papeles, ni aun tradiciones ciertas 
entre los indios de los primeros pobladores de quien decienden, 
por haber los ministros evangélicos, que plantaron la fé con 
celo de extirpar de todo punto la idolatna, quemados cuantos 
caracteres y pinturas hallaron, en que tenian pintadas sus His- 
torias, porque no fuesen ocasión de recordarles sus antiguos ri- 
tos. Diré, pueSi todo lo que he hallado, que me conste de las 
Historias y de escritos antecedentes, á estos, que se me han 
dado. El demasiadeunente curioso podrá aumentar lo que le 
pareciere, con tal, que sea con la verdad que requiere una 
Historia, porque mi intento no es deleitar los ánimos con diSí- 
cursos varios, ni escribir libros de aventuras ó caballerias. 

Está Yucatán tan cercado de el occeano, y mar del No> 
te, por tres lados, que al principio de su descubrimiento estu- 
vo tenido por isla, llamándole la isla Carolina. Por la parte 
Círiental la ciñe el golfo de Guanajos, que llaman Honduras, 
hasta la isla de Cozumél, que va corriendo al Nordeste y al 
Norte á Cabo de Cotóch, en cuyo espacio estaba la bahia de 
la Ascensión, y en su playa se halla ámbar, teniendo esto de 
distancia ciento y treinta leguas. Por la parte de el Norte, ó Sep- 
tentrión, le baña el mar de barlovento, que pasa desde el gol- 
fo de Guanajos al seno, que llaman mejicano. Ya corriendo por 
el paralelo de veinte grados, y cuarenta minutos boreales, hasr 
ta veinte y un grados, poco mas ó menos, en que tiene de 
codta setenta y seis lemas. Tiene por la parte occidental el 
fseno mejicano, corrien(K) desde Punta delgada á Santa María 
de la Victoria: al Sur hasta Champoton, lo demás cd Sudues> 
te sesenta leguas/ El reino de Guatemala, con quien es Tier- 
tm finne hasta el l^r€; le pae e\J {oediodia, Median cfntre es-' 



^. HISTORIA DE YUCATÁN. 



VA 



te reino, y el de Guatemala las provincias de los Tai}zae«y 
Ceháches, Campiai, Chinamitas, liacandóncHB, Locénes y Airas, 
4 - que á todas juntas han dado titulo de rejíjnp.. déL SsñBKKP, y 
ií^ al presente aúo de mil y seiscientos y cmcuenta y cinco se 
4^ están aun de gfuerra, y infieles, sin haberse conseguido su re- 
duccion, aunque diversas veces se ha intentado, como se dice 
en sus tiempos (*). De donde consta tener esta tierra, que llaman 
Yucatán, doscientas y noventa leguas medidas por el aire; aun- 
que en la disposición, que las puntas, ensoñadas y puertos tie- 
nen, corriéndolos, como ellos están, y incluyendo lo que per- 
tenece á Tabasco, hasta el golfo de Guanajos, pasan de cua- 
trocientas leguas por tierra. Desde Tichúl corre la costa Les- 
te Oeste á Champoton, Campeche, puertos de la De8conocjd<\ 
Santa María de Zizal, Caucel, Telchac, Zinanché, oilan, Tht 
buzoz, Holcoben, por otro nombre Rio de Lagartos, playa del Cu- 
yo. Bocas de Conil, y isla de Contoy, todo playa baja, que sí 
Ao es en Campeche, es forzoso quedarse las naos muy afue- 
ra en la mar, aunque limpia de arrecifes con buenos surgide- 
ros. Cuantos navegan estos mares, van ó vienen de Eispaíía & 
Jas indias, á la entrada ó salida, navegan estas costas de Yu- 
catán, asi por lo dicho, como por tener enfrente á la parte de 
el Norte el puerto de la Habaxia (tan celebre, como ya sabe 
el mundo) distante el Cabo de San Antón, que está en aque« 
Ha isla ochenta leguas, algo mas, ó menos de Cabo de Co*- 
tóch, Nordeste Sudiieste. En esta demarcación no deja deha*> 
ber alguna variedad en los que la asi<rnan; remitome á las car* 
tas de marcar, y á los mapas. Enfrente de Rio de Lagaitpf 
tiene unos islas, que llaman los Alacranes, y otra saliendo de 
Campeche, para la Nueva España, que llaman las Arcas, am* 
bas bien peligrosas para los que navegan. 

Es toda la tierra de Yucatán igualmente de temperamen- 
to caliente, tanto que en ningim tiempo de el afio se llega á 
sentir frió, que lo parezca á la gente de España, y otras re- 
giones semejantes. Desde Octubre á Marzo, que corren los Nor- 
tes, la refrescan, aunque en la parte que no dan, se siente el 
calor, sin hacer ejercicio alguno. Es tierra humedar y muy 
fértil, aunque muy pedregosa, y no corren rios por la super- 
ñcie de ella; pero por señales que se han visto, es cierto cor- 
ren por lo interior muy copiosos. Descubre en muchas partea 
diversas bocas, unas grandes y otras pequeñas, abiertas natural- 
mente en peña viva, que se pueden contar entre otras cosas 
" prodigiosas, y suelen tener diez , doce estados , y mas de 
profundidad, hasta el agua, y otros tantos de ella. Hacen aba- 
jo, como capacidad de muy grandes estanques abobedados de pe- 
ña viva^ sin que se vea por donde les viene el agua, y eu; 
■ ' ' ' - - < 

(*) Oportunamente hablaremos minuciosamente y cireuns^ 
tanci^idamente de la conqaisti) del Peten. t : 



LIBRO CUARTO. 2aí, 

fallos hay algtiiia pesca, especialmente de vagres. Entiende son 
ríos subterráneos, y el agua es mas delgada, y mejor, que lá 
de los demás pozos abiertos á mano, y en algunos se ha des- 
cubierto ser agua corriente. Nuestro convento de la Villa de 
Yalladolid está lo mas del fundado sobre uno de ellos^ y es i 
grande el espacio que hace abajo el agua, que dicen es casi, 
como dos cuadras. No falta quien afirme, que tener esta tier- 
ra tantas bocas de esta forma, es causa de que haya en ella 
muy pocos temblores, como los hay en Gruatemala, Nueva Es- 
paña, y otros reinos de las indias, y Ilamanse comunmente qo- 
nót Cenote* 

En el pugtía-jdfiJIahi hay uno de estos, del cual el ba- V* 
chiller Valencia en su relación manuscrita, dice estas palabras. 
"Al mediodia, cuando los rayos del sol le hieren de lleno, se 
parece en la mitad del Zenóte una palma vistosísima, la cual 
"ne visto yo muchas veces en compañía de diversos españoles, 
vecinos de la ciudad de Mérida, que al proposito, han gusta- 
do de verla á la hora dicha/' Junto al pueblo de Tikóh, en- 
tre el Sur y el Poniente hay otro, á cuyo asiento llamdn loS 
indios Jká, que entrando á él alguna persona, si no retiene la ^',^^u\i 
respiración, dicen, que muere luego, y asi no se atreven á en- 
trar á éL En respirdudo, 6 haciendo otro algún ruido, dicen 
que es grandísima la comocion del agua, y el ruido que ha- 
ce, que parece yerve fuertísimamente, y que han muerto mu- 
chos indios forasteros, que no sabiendo lo que alli sucede, han 
llegado á saeaif agua del. Asi me lo afirmaron los indios de 
aquel puebIO| hallándome en el día de San Pedro Apóstol des- 
te año 1665, en presencia de su Gardian Doctrinero, que me 
dijo ser esto cosa muy asentada entre ellos por cierta. Lo 
mas es, que causa horror mirar estos Zonótes, ya sea de lo 
superior para abajo, ya al contrario por su gran profundidad. 

Desde Cabo de Cotóch, hasta Chamg^ton, no hay rio al- 

funo, y en este pueblo hay uno (que baja de la parte del me- 
iodia) en que hay muy buena pesca, y es tan caudaloso, que 
tí no fuera la barra muy baja, pudieran entrar á asegurarse etl 
él navios grandes, y tiene de los lagartos, que llaman Caima- 
nes. En todo este espacio de tierra, hay sola una fuente 6 ojo 
de agua, de que se forma un arroyo, que apoca distancia en- 
tm en d mar. Asi la mas agua, que en tocUi la tierra se be- 
be (donde no hay los 2S6nótas, que he dicho) es de pozos y. 
norias cabadas por mano, y de muchas sale buena agua y del- 
gada, que mejoran algimos curiosos colándola, y poniéndola al 
sol y al sereno, con que se purifica mas. En el pueblo de 
€%unhuhQ, camino de Bakhalál hay un pozo con cuya agtia 
títialquiera cosa se cueze, como con lí^s demás; pero no los frí- 
joles, que es una legumbre, como abas pequeñas, que aunque 
ks den cuanto fue^ puede imaginarse, siempre están .duros. 
Muchos esjpañcdea lo- toan esperimentado^ Cual pueda ser la can* 



22ÉÍ, HISTORIA DE YUOATAN. 



éa^ ño es lugar este de controvertirlo. A lo oriental destatier* 

ra (en contraposición de la otra fuente que se ha dicho, yes- 

/ já en Xampolól cuatro .i^fuas de Caiqp^í^bp) f^T un manan- 

^" tial de agua, cuya propiedad es estraña, que si llegan ¿ beber 
della con silencio, está clara y buena, y en hablando se pone 
salobre, amarga y turbia. Muchos lo han et^ierimentado, y asi 
xne lo han certificado personas de la Villa de Yailadolid, en 
cuyo distrito y jurisdicción cae, y llaman los indios al tñüo 
donde está I|ic¿i. A quien esto se le hizo estraño, lea ¿ B&j^ 
tista Pulgoso en sus colectaneas, y le hallará testigo de vista 
de otra mente, que se enturbia hablando cerca della, y^ tambiea 
si estándolo mira hacia atrás. Dice que hizo la esperienda de 
ir mirando la fuente con silencio, y hallarla muy claia, y re- 
posada, y otra vez hablar una palabra, y alterarse toda, como 
.fii la menearan, y enturbiaran con algurm cos&r Que diremos 
de la fuente, que Aristóteles llama Eleusina (y hacen .mención 
de ella Solino, y Enio poeta antiguo) de quien escribe. Qne 
tocando instrumentos de música en distancia, que pieda llegar 
el sonido á la ñiente, se altera el agua, y crece nasla -dnm* 
marse, como si sintiese la música verdaderamente. En miaaa* 
lina de aquel mismo territorio sale en medio de ella un ojo da 
agua dulce, y otro en lo de hacia Zizal en una salina, que Ue- 
man el puerto del Mariscal. Desta calidad ponen alanos au* 
tores otras en diversas partes, y una de ellas entre Sicilia y kt 
isla llamada Enaria en la costa de Ñapóles, donde se coge ^ 
gua dulce en la mar, que mana encima del agua salada. 

Hay en Yucatar. por los campos aduchísimas cue vas v ca ^ 
bcmas, y algunas, que es de admiración ver la divérsídaa db 
cosas, que en ellas ha formado la naturaleza, condensadas de a* 
gua, que la tierra distila á ellas por sus poros. Las de Ti^gs 

y^ y Óxcutzcáb son mas nombradas, y en la primera (que fieen- 

'^ tradó) se ven formas de campañas, órganos, pulpitos, capillas^ 
como de iglesia formadas, y otras diversidades, que admira&« 
Una hajr junto á Chichen Ytzá, que dicen nadie le ha halla- 
do término, y auiiloT* indios han inventado sobre ellaalgunaa 
fábulas. A poco trecho están muy escuras, y asi es necesario 
entrar con luces. 

Es toda la tierra de Yucatán, que se habita, llana, aun« 
4ue llena de arboleda muy espesa, que la hace montaña: to-^ 
do su sitio muy pedregoso, y áspero de andar, por ser lo maa 

/ piedra incorporada con la tierra, que lo llaman lg]{i; y asi si no 
es subiendo en alguna eminencia, se descubre poca distancia, 
pero por pequeña que sea la altura, se manifiesta la circunfe* 
rencia de el orizonte, sin que tenga impedimento alguno la vi»« 
ta. Al Sueste de Mérida, y como al Sur de todo lo demas^ 
que se habita, corre de Leste á Oeste la Sierra (que llaman) d^ 
altura tan corta, que solo siendo, como es lo demás tan üeino^ 

pudo dórsale tal nombre, porque no es mas que una lomes 6. 



LlfiaO CUARTO. ^^ 



ceja, que hace la tierra. Desde esto que llaman Sierra, coaxí- 
to luas va al Sur faunqne hace llanadas mudes) afempne «a 
<lc9cubxen mayores Sierrasi hasta Dq^ar & Guotemalai por doD^ 
de dye en d primer libro haber pasado el HMóqués 6. Fer«> 
nnndo Cortes á aquel neflaomble viage, que hizo A las GÁue- 
las ó ticnm de HmduraSy zecien conipiisfano M^jk^ Hay mu» 
cha abundanda d^.«iiK}9 por haber todo el año diversas noaes^ 
dicesc ser muy sana, asi de colmenaflL qne se beneficiaii eonio 
por los montes, en que la d& próbida la naturaleza; con que 
consiguientemente hay nmcha cera: si bien con la cootimiay 
«ande saca de estos dos géneros, y tala de los nonteSi queao 
nace para sacarlos, desde que se conquistó esta fierra, no «• 
ya tanta la abundíancia como solia. És grandísima la wweéha 
^3 ^^l£SJl6i^ ^ "^^ ^ hacen diversos lei)3os, y telas muy Ima» 
nas,^que corren por toda la Nuera España, y muchos hilados'^ 
que teñidos do diveraos colores, sirven para Labrados de iopa| 

3ue se hacen muy vistosos, y de gran pnmor. Cógese con me- 
lana diligencia & los indios, y poco trál^jo snj^ cantidad 
muy considerable de g^gub 4^^ tiene buena salida ¡mra Espa»' 
fin. Hócese mucha jarom de navioa. si luen no es tan fuerte, 
ni durable, como la 'de cáñamo. Én los puertos de Chanq;x>- 
ton y Caiqpeche se fabrican aíranos navios, estimados por la 
fortaleza de sus maderas. Muchas de ellas se van al fimdo ea 
€l agua, y una que llaman J3a})¡¡9 es tan dura, que necesita 
barrenar todo lo que ha de entrarla clavazón, porque hacien* 
do violencia para que entre por gruesa que sea, antes doUap. 
que pase de donde llfegó el barreno: pero lo que queda den- 
tro lo conserva de tal ñieite, que cuando echan los navios al 
trabes, y los deshacen, está el hierro como el dia que lo cla« 
varón. Hay ^^r«idlsima abundancia del polode tiqj^ queUa* 
man Campeche, de que hay continua saca. "Comenzóse á be* 
neficiar el ^jl, y cogióse muy fino, y en cantidad: pero mand6 
d ley, que cesase, por parecer su trafago dañoso fr la salud da 
los indios, como se dirá libro séptimo, capitulo tercero, y asi 
no se coge mas, que el necesario para el gasto de la tierra. 

CAPITULO II. 

Dé la abundtzncia de mantenimientos aue hay en Yucalang 
y admirables ed^/ictos que en él se hallaron» 

Por los montes de Tuestan hay sran multitud de vena* 
dos, y puercos monteses, que tienen el ¿g^ligo al espinazo, y 
si muertos no se les corta luego, se corrompe su carne coa 
mucha brevedad. Hay muchos pavos y pavas monteses, quo 
tienen la nluma mas fina, que los domésticos, de que ha|r tam- 
bién granaisima abundancia, y estos comuiunenle se Uanmn ga* 
Uos y gallinas de U tierra, y s\\ o{(Iinario valor oa doo xee^^ 

6 



V 



^s/. 



gígP HláTORIA DE YUCATÁN. 



feffj la gallina 6 pava, y cuatro el gallo. Hay muchas torto-. 
!ás, códomices, palomillas torcaces, algunas perdices, como las 
do Espina,, aunque no cri mucha cantidad, y otías diveYsida- 
des de aves y pájaros, que «son 'domestibles. Tantos conejos," 
(me ' atin hasta en tos solares poblados, jütít&ndose; algunos mu- 
CMchbSf, los matári.á palos, pero no son de tátf bueíi gusip 
como los.de 'España. Hdy por lo inculto de los montes, ti- 
gres y leones, si bieri de estos, no se han hallado d¿ la gran-; 
oéKi, ^^ué en otros reinos. Doi especien, ó. hiodós de zorros/^ 
tinos, que lá hembra tiene una bolsa* hbiertfji J)of la parte es^' 
fpriór ael vientre, ctl que. recoge los hijuelos, cuando son. pe- 
dupños y huye, siendo sentida, y que la bascan, y ñsi lleva 
ocho y diez, (píe suele parir, . Otros son de cuei*po mas pc-^ 
(}úeño, muy hermosos á ]a vista con tnanchas dé diversos co- 
loresj pero si se ven seguidos, evacuando lá orina, nó hay quien 
j«cda paraí cpn el mal olor en dos y tres cuadras, y sí acier- 
í^ 6, caer en alguna ropa, casi no* es posible quitarlo, por lo 
Ibénds, sin que. haya mucho tiempo de por medió. 

I^ay otros animal^ de diversas especies, y -éntfc ellos mu- 
chas viveras 6 culebras, asi de las" que Ilamoh bobas, que no 
son ponzoñosas, y de estas algunas tan grandes, que ciñéado^ 
aele & un venado al cuerpo, lo matan y después se lo comen; 
como de las venenosas, que matan con la ponzoña de su pi- 
cadura. De estas hay diversas espedes^ unas que crían casca- 
beles, y dicen,, que cada año uno: otras tan nocivas/ qué en 
E 'cando ft cualquiem animal, le hacen brotar sangre pbr todos 
s poros del cuerpo, y en veinte y cuatro horas el que mas 
dura, muere, sin que se haya hallado remedio eficaí para este 
Teneno; como se esperimenta para el de otrzis especies, cuyas pi- 
caduras son mortíferas, si no se remedia * con brevedad el da- 
llo recibido, para que es la medicina mas activa un poco de 
ambir desecho en zumo de limón, si le hay,- y sino en agua 
tibia. Hay muchas formas de arañas venenosas, v entre ellas 
una, que el indio llama Ham, que al que pica le nace estar su 
veneno, repitiendo en el quejido, que le ocasiona el dolor, Ham^ 
Ham^ hasta que muero, y es poqueñita de cuerpo. Pocas, 6 
ninguna desgracia suceden por estos animales á los españoles!, 
aunque si muchas á los indios, como andan conflnuamcnte por 
los montes. 

Por^ser tan crecido el nútnero de los indios (respecto de 
los esSailoles, que viven en esta tierra) crian todos gallinas de 
Castiira;hay tantas, qué ordinariamente valen A real eñ los pue- 
Wos de los' indios, auhque llevada? d la ciudad de Mérida, su* 
"Mút es iteal y medio. Hay tantas, -poi-que aunque las crian 
tes indios, es' raro el .qué las come, ni aunque se esté murien- 
do y las . tenga; no las matará, para regalo y alivio de sxk en* 
fójmedad; tan mezquinos son como esto. Cnase mucho ffana-í 
do <te cerda, qne cevado «on maíz, es su carne muy sabrosa 



LIBKO CUARTO. 



-„M. 



y saña. TU gaiíado bocuJiió ño liii tcplilD' cl aum¿iito,^(Jcjue ói 
ÓLras tierras, poi la pocA comodidad de pastos y o^uás; pe^ 
hay lo suCcienlo para cl gasto de ios pspañoles, si. l)j«ñ coa 
las hambrea y pestes, de estos añoe onterádectes han quedado 
muy disipados las pocas haciendas, qne de este ganado .tiatña, 
con que se ha encarecido. Todo es desdichas pera los pobie& 
por ser el sustento .ordinario de sus cosas. Por la causa dir 
cha es muy ootta la crianza de cameros, ovejas y cabras,. pi^l- 
quc este dóiécto suple para con los españoles la abundancia d^ 
gallinas de I^ tierra, y de Castilla, como gastan tan pocas los 
jndios en ^ comer, y asi uu carnero &o come pori;i^da<Ís 
jcgolo y estraordinaria. . , 

Todas, ó los mas frutas de las ticiias calientes 4^, :estoa 
teinos se Iiallan en Yucatán congnmdfEÍma abundanciOf y.ñl^ 
sabrosas qus^ós -he comido en otras. De los de Castilla se^^q^ 
lian ubas buenos, grana^, higos y roelones escelcntes, y eqtoS 
los hubiera todo el año, si los sembraran. Las demás no ffdf 
ducen', y ha sucedido sembrar pepitas de manzanos traidají 4? 
Nueva España, y salir guayabas, que es otra especie de fm- 
lo, que. hay eunestas portest de queliaynnó ú. dos en )aj_l)ue» 
ta de nuestro ' convento, .de Ylzamal, .'.y algunos ea . la cufdaq 
de Marida,' .'iy- bien los guayaba^ que estos dan, son dé jfias 
suave gusto, que la^ .de los de porec&. Bñ las huertas se cria^ 
piuy buenos repollos, verzas, lechugas, cebollas, espinacas, azelgOL 
^íps, y otras legnqibres. No se logran caídos, esd^tilae, y ots|s^ 
guuas. Hay muchos narajojos,, cidros, tonnijaS] limas calces y 
ugriaSt limones de la-üeira, que son pequeños, y algiliiQs 4pj.kta 
grandes de Cotilla.- Kl año de mít y seiscientos y/treinf^'v 
cuatro, que y» vine de allá áesta tierra, tr^o a^nos piós'da 
ellos el capitán ^Alonso- Carrip de.Valdé^ y habiéndose cogi- 
do de ellos lintones dulces, 'canino eran en Espáfio: ¿a^a^/f^jjff 
han sembrado después las pepitas, y crecieii4o los &i£(» pl|B* 
ducsD los limones agrísimos, aunque de la misma grandeta^f 
pai8c«F á la visifi, lacual raudiiuza no ha habido en ías " 



Para, que.se vea la fortaleza de algunas maderas- <^ 4ftti 
üerra, diré una cosa, que causa admiración. Eb el pn^bló'qp 
Zotuta me dijeron (el año de mil y seiscientos y cufuaa^ « 
ilete, piincipiaudp eat^, escritos) que hay una nona, ea_ ^e &» 
bia entonces mas de cincuenta .años, se ^uso para quicio ÓBf 
siento del jae^ de la ñieda áe una noria^ un trozo de pak^ 
pa wp. «e abnó el agujero, donde asienta el macho de ella; y 
siendo asi,' que |e han hecho muchos de acero en el discur- 
so de tafúos «ños, se^ han gastado con el .movimiento conti- 
nuo, y u> que ae abrió para el asiento, está de 1a misma ma£; 
ñitud, que cuando se abíió, sin que cargando alli todo cipe- 
so y ayudándole el movimiento haya gastado cosa iilguna. Eá 
los f¡¿^Sm^_ántiguo^ (de .que lue^,.ae da|A razón] ^' j^áá. eñj 
tiadas deles '^Kw^Dt)»' bay u|^ ifKH^ 4s Daden uJ, que 



,f 



ito; HISTOMA PE WCATAN. 

lllilileiido ttttBLJS^^s. qm jdji.se^ ügriei;^ y patentes ft to* 
das las mclemeiiaas de íes tiempos, parece qne ahora iie pie- 
«títe estftn acabados de hacer. 

Todos los sembrados de Yucatán son roana de arboledas. 
Ho se le hace á la tierra mas beneficio, ni labranza, qne que- 
mar lo rozado, y con un palo hacer un i^iqero, donde sepul* 
tan todas las semillas, que se siembran en los campos^ poiquo 
es inqiosible arar, lü cabar lo mas de ella, siendo tan feáie- 
cosa, como se ha dicho. Cbn todo esto es tan fiSrtil, que ha 
Ealndo cariosos, que hecho d computo de la gente qoo hay, 
y lo qpe necesita para su sustento, dieeoí que sembrando ca» 
da indbo una cantioad tan pequeña, que causa adtoincion: aim^ 
qne la cosecha fuera muy corta, no era {¿sible hubiese hambre sen* 
cible en esta tferra. rao son los indios tan holgazanes^ que 
mm lo que necesitan para títít, si á los mas no leseompe^ 
len los caciques de sus pueblos á sembrarlo^ andan después 
h am bre a ndo, y haciendo veinte trapazas para sustentarse^ que 
n cosa veigonzosa verios. 

Hallase en ocasiones cantidad de ajggljpjreil la playa déla 
bahía de la Ascensión, y gobernando el maraes de & Floio^ 
se halló una cantidad, que parece increíble. Ehtre loa muchos^ 
que con grandes hambres y trabigos la andan boscaado y tal 
vez pasan sobro ella, habiéndola cubierto la resaca del mar y 
Otras no conociéndola: un español anciano, llamado Feniaiido 
jLanderas, tenia por criado nn indio de ¿can conocnmeoto de 
éUa. HUI6 este indio un día un pedazo tan grande^ que lo 
OÍII86 eqianto, y escondiéndola, porqoe otro no miue eom Al^ 
tino y avís6 al amo, que al instante fué con 61 al lugar don* 
de quedó s^uardada. Admiróse el buen viejo, atónito por lajpan- 
desa, que fué de mas de siete arrobas de peso, como & la 
dnlidid^ por ser do la mqor que se h^ hallado en esta titt^ 
ta. Al que ha de ser pobre, poco importan las ocasionfiS' de 
aer rico, como pudo este buen viejo, que pródigo desperdigó 
esta dicha, dando pedazos, vendiendo otroa á menosprecio, y 
raesemunite graciosamente el rerto^ á quien pudo remediarle (sisr 
«Me cosa suya) y no lo hizo: con que & poco tiempo volvió A 
passr lo que vivió con la pobreza antigua. 

Era en los tiempos pandos tan sana esta tierra de Yuca-* 
Can, qne tratando de ello, dice el padre ^gnueroada estas t¿. 
nnes: "Los hombres mueren de pura vejéz^ porqn^no hay las 
enfermedades, que en otras tierras, y sí hay matos humores, el 
calor los consume, y asi dicen, que no son menester alh mé- 
diáos.'' Esto pudo oecir por aquellos tiempos, pero en los pre^ 
•enles. que la vivimos, se esperimentan en eOa muchísimas en* 
fermedaoM^ y muy peligrosas, que necesitan de médicos den- 
Clfioos, poique aunque nay d calor que de antes, no consume 
loe malos humores oe queae <KÍpBanf ann^oe mas con él sudamos: 

hoB edificitfSL que condo m detenteió y conquistó «sta tier- 



LIBRO CUARTO. «31. 



ra se hallaron, fueron materia de admiración ponderosa á los 
escritoresi que delloa tuvieron noticia, y lo son pm los que 
hoy Ten lo permanente de ellos. Hay gran numero por los 
campos y montes: aíranos de ellos son grandísimas &bricaS| 
en espeeial los de Uxmál, Chichen Ytzá, y iígos qu^dicejí / 
tiay..al Qrmite del camino de^ Ranchen de TScuT, y^^iíj^'' 
db el pueblo de yoftcgj jgK ' T erT^éHOT lo que 

Servia aé ISSIfolos^ cuya mrma se dice adelante. Junto al edi- 
ficío del templo en algunas piurtes hay otro, donde vivían una» }¿ 
doneellasi que eran como monjas, al modo de las vfreenes ves- 
tales de los romanos. Tenían su superior, como Abadesa^ 4 
quien llamaban Imacan Katupi. La que est& subida en guer- 
ra: por la guarda de su viíginidad, y de las que estaban asa 
carga Si alguna violaba la castidad mientras allí estaba, mo- 
ña flechada, aunque podían salir para casarse, con licencia de 
el gian sacerdote. Tenían portem para guarda de su recogi- 
miento, y cuidaban del fuego que había continuo en los tem- 
plos, y si se anegaba, tenia pena de la vida, á quien le ca- * 
DÍa tener cuidaao de ello. Em . UxBiál hay un gran patio con 
nmchoa ^losentos separados en fermade claustro, donae viviati 
tftoi doncellas. Es f&brica digna de admiración, porque loes- 
terior de las paredes es todo de piedra labrada, donde est&n ^' 
sacadas de medio relieve figuras ae hombres armados, diversi- ^ 
dad de animales, pájaros y otras cosas, qjm jio sq^ha ppdjde> ;• 
sabifc. qiricn fuesen .los arttSce^ ni como se piído labrar en \ 
estiL.UáñC 'Todos los cuatro lienzos de ' aquél girah patio (que '. 
eé ioede llamar plaza) los ciñe una culebra labrada en la mis- 1 
ma pfedra de las paredes, que termma 1% tola |)or debajo de 
la cabeza y tiene toda ella en cíx!euito cu8%pocíentos piés.'^* ' 

A la pane del mediodía le cae & ate edificio otro, ^ue 
se dice eran casas .d& . mosada del señor de la tierra: no es <fo 
forma de cláii^ro, pero es la piedra labrada con Tas figuras re- 
iaridaí en el otro, y hay nmcfaM menores por allí ccrcanosi quo 
00 dice eran casas de los capitanes y señores principales. En 
d del mediodía hay un lienzo en lo interior de la fabrica, que 
(aunque es muy dilatado) á poco mas de medio estado de u^ 
lionbre, corre por todo él una comisa de piedra muy tersa^ 

rhaoe una esquina delicadísima, igual y muy perfecta, don- 
fjBft yriHirte) había sacado de la misma piedra, yquedatt- 
^ en éUa nn anillo tan delgado y vistoso, cómo puede s^ 
tino de oro obrado con todo primen manifiestas señales de que 
faüDa obras de perfectos artfnces. Q^uienes fuesen se ignorSp 
u los indios tienen tradición de elIor^JE^nos han dicho, qué 
iOD obras dd cartaginenses, 6 Phenícios: pero esto comunmen- 
te se refiíca ooñ las razones generales ae no constar por his- 
toiiai algunas haber pasado tues naciones & estos reinos. El 
doctor i^ilac dice en su informe, que los hicieron im^ me- ^^t 
jicfiDos; pexo no billo, que otro Alguno diga talcosi^y «j^ .. 



232. IIISTOBIA DE YUCATÁN. 




t» 



rece sblomeiite ser conjetura suya. La verdad se lia ignora4o 
aun en él principio de la conquista, y ya no hay óxjliea de 
bácer inquisición de ella; pero la certidumbre de su magnifi- 
cencia se ve manifiesta, y la pondera el obispo D. Fr. Barto- 
/ ^SSBSé ^^J^ C^sos en su historia apologética, con' S^jiS'^pfila- 
*-X bras: Ciertamente la tierra de Yucatán dá á entender cíosa^ 
j znuy especiales, y de mayor antiraqÚAd, por las grandes, admi- 
rables y escesivas maneras de edificios, y letreros de ciertos ca- 
racteres, que en otra ninguna parte ^e hallan, ¿¿c.-'f y. si 
/ hubieran hecho nKÚipWOSi cpaiaj^cs^.el^dqct@r Aguj^aft^BOu.; 
.y 5;oí j2¿ojt 'seniallar.q^^ . 

CAPITULO III. V 

De los primeros pobladores de Yuco/an, que tuvo .semr fiu* 
premOf y como se dividió el señorío, goberfiaban y troUAan. 

De las gentes que poblaron este reino de Yucatán, m<d(S 
sus historias antiguas, no he podido hallar mas razón de lO 
que aqui diré. En algunos escritos, que dejaron los aue pri- 
mero supieron escribir, y están en su idioma (demás dejpno- 
ticarse asi entre los indüios) se dice, que vinieron unas «nCes 
de la partq^.occidental. y otras^.de la Q;:jiental. Con lasoeloo- 
. cidcnte vino uno7 que era como sacerdote suyo, llamado Zumu^* 
ná, que dicen fué el que puso nombres, con que hoy fd^U^r 
man en su lengua todos los puertos de mar, puntas de Hier- 
ra» esteros, costas, y todos los paroges,. sitios, montes y J^gVlr 
res de toda .esta tierra, que cierto es cosa de admirsu^ion, si aai 
fué, tal división como hizo de todo, para que fuese conqcidp 
^^\ por su nombre, porque apenas hay palmo detie^sai que.* no le 
tenga en su lengua. En haber venido pobladores del occidcaDir 
te ú esta tierra (aunque ya no saben quienes, ni como vioio- 
ron) convienen con lo que dice el padre T.orcp^J[^íubi mk- :W 
monarquía indiana. Que después que 'los Tebcíiichimecas ttivier 
ron aí^uella tan espantable batalla para los Uuexotzincas, y que*- 
daron señores do el territQrio de Tlaxcalan, habiendo hecho .pft- 
ees con los Tepchichimecas las otras naciones por. la £unad0 
aquella victoria; tuvieron lugar de hacer sus poblacioDeiBi y i^r 
partir sus tierras, y que de tal suerte fueron aumentáikdose y 
ocupando la tierra, q|i^ €i\ poco^ lOas de treci^lfifiL wos M Vr 
tendieron por lá iijf'ypr ^ p^út^. de la Nu&va España, desd^ .laguna 
cmta del Norté/'Tasta la otra del Sür, ,carriflndfl tofW '*w.,tt-Pr 
ras medias, que hay al oriente, en quo sejftfilay® ^ta de^Yuj. 
catan, hasta la de Hibueras 6 Honduras; y asi por esta p«|rt9 
la gente yucateca parece ser descendieQ^ íte ^^ familias Glii- 
cheiiiecás y Aculhuas, que viniendo del poniente por las niMv 
. * •.•■*. 

¿•'i Veáse el apéudioe ^ de este libro. .,.♦• . 



LIBRO CUARTO. . 233: 



* «■«■•«I. • • ' 'W»^, 



Riories, que el padre Torquemadá refiere en los primeros libros.' . , 
poblaron la Nueva Espaiia. ' • .^^^^ 

Si de la parte oriental vinieron otras gentes, qhe poblaron' ^^ 
>*sta tierra, ni entre ellos hay ya por tnidicton, ni escrito, certi- 
dumbre de que parte viniesen, ni que gentes"^ fueroij, aun(][uésd' 
dice, ¿[t e ^de la isla 4q J?"bá. £DmculTaJocésióina¿comp vinien- 
do de tan iffveSis'' partes "unos y otros, habían u¿j^ leijgna^ táá * 
.xmt^a, que no hay noticias haya habido "otra en esta tierraí*!^ • 
ro pudo ocasionarlo) que habiendo éido'los unos mas que< lofi*' 
otros: ó por guerra, ó trato y comunicación, emparentando unos, 
con otros, prevaleciese el idioma, usos y costumbres de los que ^/ 
oran mas, que se lleyaron tras si á los menos, for^ ta diversi- /• 
^^•Jjox %x¿xiÁ<^ <lU6'JjáY entre él^ Mioma yucatecoj^^^ 
rece que debieron de sef*lS?''*fH&''po51a(ioiS'' "He' ésta tíel?^ Ipsi. 
q^e muievoiv de la parte oriental, y aun los mas antiguos, pues' 
el indio .Zamná^ "que vino cdii ellos, fué' el que páisa^ pamb»<ff 
d tbs jgt^n^to. f tienasy. como ^ dijo {MftqblT^i esotros ' fueran, » 
ífTóéí'Bé los pusieran. LcLContr^^rio jüce el padreLixan», por- "f • 
que dando razón de como llamaban estos indioV aloriente, . O- 
nia?, y al poniente, Nohnialy y «I primero significa la peqiíe- 
fia bajada, y el segundo la grande, ' dice. "Y es el caso, ^ue 
dicen> que por la parte del oriente bajó ^ esta tierra poca gen- 
C^, y por la parte del poniente mucha, y con aquella silaba en- 
teñmn poco, d mucho al oriente y poniente, y la • poca gente 
de una parte, y mucha de la otra." El lector ju^[ará lo que 
mejor le pareciere. 

Está tierra de Yucatán, á quien los naturales de ella llaman 
Máúa fué gobernada muchos. . tiempos por un señor supremo, j 
y el flltimo descendiente de ellos fué !^utul i^n, el que era ^y^\ 
séSor de Man!, y sus comarcas, ajando. voTwifsSiame á 

dar la obediencia, haciéndole' amigo ae los españoles, dia de 8. ifi 
Ildefonso, año de mil y quinientos Vjcuarenta^j u^ como que- \ /^'' 
ñjSL dicho. Asi 5íiarece haber tcnído'^gobiérho' monárquico, que 
según el mas valido sentir de los escritores, es el mejor para la * 
conservación de los reinos. Tenia este rey por cabecera de su 
itonaiquia una ciudad muy populosa, llamada Mayapán (de quien 
d^ia de derivarse llamar á esta tierra Maya) que por guerras," 
y discordias entre élj y sus tasallos, siendo solo justicia el ma- 
yor poder de oada^tino (infelices tiempos, en que no tiene el 
señor aipremo igual e> poder con Injusticia) acabó este gobier*- 
n0| revelándosele tnueh6s' señoree y oaciquesj dominando cadfin^ 
uno la parte que podia conservar, y estando siempre en conti-t- 
nua9 guerras',' éomo los hallaron -los españoles (en división de 
estados, como de duques y condes,* aunque sin reconocer su¿ei 
rior)' cuando descubrieron estos reinos. Quedar Yucatán sin su-- 
premo señor totalmente, cuttndo la ambición de los particulares^^ 
uniendo sus'fueraea, y coli&fíndose para conseguir su intento; !o> 
0Td*?naron á la destruicion ae la ciudad de Mayapún corte del! 



LIBRO CUARTO. 63*. 



prados por algún respeto de mejoría. Tanibieii eran comunes 
las salinas, que están en las costas de la mar, y los morado- 
res mas cercanos á ellas solían pagar su tributo á los señores 
de Mayai^ con alguna sal de la que cogían. 

Los indios (dice aquella relación) que eran muy partidca 
unos con otros, tanto^ que caminando cualquiera, no solo ha- 
llaba hospedaje de casa donde recogerse, pero de comer y b^ 
ber, sin mteres alguno de paga, aunque si los mereadeies: cos« 
tuxnbre, que nmchos caciques observaban con pobres españoles 
caminantes. Muy poco se ve hoy de esto, ni entre sS, ni para 
con los españoles. No comían mas que una vez al día, el tiem- 
po una hora poco mas 6 menos, antes de ponerse el sol, y &b\ 
fes servia de comida y cena. Solamente en los convites y fies- 
tas comían carne, y dice la relación, que nunca la horoana, y 
lo afirma también el aumento de la descripción de Ptolomeo, 
si bien dice, que con crueldad sacrificaban ¿ los que prendan 
en las guerras, y por fUta de ellos, 6 malhechores, candaban 
de los comarcanos niños y m'ñas para los sacrificios, y porlae 
historias graerales patece ^ue la comían. Yeáse lo que dijo 
geránimo de Aguifar, ^hiendo e stado (como consta en esta) 
ocho ^Sqs eáj^ antes que los es- 

£" Tióles ^i^umesen á ^uc^ Dice traibien,'que lió eran 
S^'^aT {¡eciiiK^n^^^ pero lo contrario se puede ccrierir de 
las fiaras 3e 'í&Tos, que Bemal Díaz en el principio de m 

historia dice que vieron. "" 

Los señores eran absolutos en mandar, y hacían ejecuto 
lo que ordenaban con seguridad. Tenían puestos caciques en 
los pueMos, 6 una persona principal pam oír los pleitos, y pfl* 
blicas demandas. Este recibía á los litigantes 6 negociantes^ y 
entendida la causa de su venida, si era grave la materia, la 
trataba con el señor. Para hab¿ de resolveria, estalnm seña- 
lados otros ministros, que eran como abogados y alguaciles, y 
asistían siempre en presencia de los jueces. Estos y los sto- 
res podían recibir presentes de ambas partes, los cuales servían 
dt^ memorial, y escritura (no parece que estábala justicia muy 
segura, donde era obligatoria esta costumbre) observándose de 
tal suerte, que para cualquiera cosa que se ofirecíese, parecien* 
do ante el señor, había de llevársele algún presente, y hoy dia 
lo acostumbran (aunque es cosa de fruta, ó semejante) cuando 
van á hablar á quien reconocen superioridad alguna, y sino so 
les recibe, lo sienten macho, y se tibien por afrentados. No 
acosmmbraban escribir los pleitos, aúneme tenían caracteres con 
que se entendían (de que se ven mucnos en las ruinas de lo9 
edificios) resolvíanse de palabra, medíante los ministros re&ri-^ 
do9i y lo que ^1! se determinaba, quedaba rato, y permanen- 
te, sin que se atreviesen las partes á obrar contra ello. Pero 
si el negocio que se había ae tratur era con muchos ha^ 
dtele» un conTite & todos» juntos, y después comunicaban 

a 



Í3t}* HISTORIA DE TfüCATAN. 

el intento, á que se seguía deteuninar la resolución del n^ocio. 

En las ventas y contratos, no habia escritos que obligasen^ 
ni cartas de pago, (iuc satisfaciesen; pero quedaba el contratot 
valido, con que bebiesen públicamente delante de testigos. Es- 
V> era particularmente en ventos de esclavos, ó hoyad de ca- 
cao, y aun hoy (dice) lo usan algunos entre si en las de ca- 
ballos y ganados. Nmica el deudor negaba la deudaí aunque 
no la pudiese pagar tan presto; pero quedaba asegurada parc^ 
los acreedores ceníes;) ndo, porque la muger, hijos y parientes del 
deudor la pagaban después de su muerte. Iloy algunos espa- 
ñoles, se dice, que con violencia las cobran de los parientes 
del deudor indio muerto ó huido, aunque no haya dejado una 
mazorca de maiz suya, y aun quiera Dios no se haga á veces 
la cobranza de los vecinos, no mas de porque lo sofii y esto 
por agentes de quien tiene obligación de administrarles justU 
cia. Los confesores les ajustarán sus conciencias, y en el di- 
vino tribunal conocerán la gravedad de esta materia. Si el deu- 
dor era pobre, 6 incurria en pena pecuniaria asignada á alguu 
delito; todos ios del liuage se juntaban, y pagaban por él: priU'* 
cipaLinente, si el delito se habia cometido sin malicia, y tam-* 
Dien el señor, cuyo vasallo era, soiia pa^r esta pena pecuniaria. 

En las guerras, que por su ambición hacian unos á otros, 
se cautivaban, quedando hechos esclavos los vencidos que co- 
gían. En esto eran rigurosísimos, y los trataban con aspereza, 
sirviéndose de ellos en todos los trabajos corporales. 

En los bastiniíMitos no habia posturas, porque siempre va- 
lían un precio, solo el del maiz solia subir, cuando faltaba la 
cosecha, y nunca piísaba la carga (que es media ianega de Cas- 
tilla) de lo que ahora vale un real poco mus. 

La moneda de que usaban, era campanillas y cascabeles de 
cobre, que tenian el valor, según la grandeza, y unas conchas 
floradas, que se traian de fuera de esta tierra, de que hacian 
sartas al modo de rosarios. También servian de moneda ios 
granos del cacao, y de estos usaban mas en sus contratación 
ues, V de algunas picdnis de valor, y achuelas de cobre traí- 
dos de Nueva España, que trocal)au por otnis cosos, como en 
todas partes sucede. 

CAPITULO IV. 

De los delitos y penas con que eran castigados los indios^ 

y de 7Jiuchas su2>ersticiones suyas. 

; Los indios naturales de Yucatán no prendían á alguno por 
deuda. Sí por el adulterio, hurto y otros, que se dirá, pero 
babia de ser (como suele decírsele) cogiéndolos con el delito, 
^n la mano. La prisión era atar utrus las manos al delincuen* 
te,^ y ponerle á la garganta ima collera hecha do. palos, y cor- 
delesj y aun hoy día lo usiin, esQeciaUnente con los que jWr 



LIBRO CUARTO. ¿37. 



mn (le los montes, habiendo estado fugitivos. De aquesta for- 
ma eran llevados á unas jaulas de madera, que servían de cár- 
cel, y en elias eran puestos los condenados á muerte, esclavos 
fugitivos, y los presos en la guerra. Estos si eran pobres quer 
daban hechos esclavos: y si eran principales, eran sacrificados 
á los ídolos, aunque algunos de ellos se rescataban. Una de 
estas jaulas era pintada de diversidad de colores, y en ella gual^ 
daban los niños, que habian de ser sacrificados, y los de mas 
edad, quedando condenados á muerte de sacrificio. 

Castigaban los vicios con riguridad, de tal suerte, que de 
las sentencias no había apelación: terrible caso negar loqueiel 
derecho natural concede, si ya no es, que por notorio el de^ 
lito, la n^aban. El hombre 6 mugcr, que cometia adulterio, 
tenia pena de muerte, que se ejecutaba flechándolos, y aun el 
doctor Aguilar dice, que estacándolos. Asi se dice aborrecían 
mucho este pecado, contra quien hubo castigos señalados en 
personas muy principales, porqué no habia perdón, para qaieit 
hallaban culpado, con que habia mucha honestidad en los idu* 
saidos. Hoy que habian de ser mejores, siendo cristianos, es co- 
sa lastimosa la liviandad que hay, y debe de ser, como no se 
castiga con el rigor que entonces. El que corrompía algiuia 
doncella, ó forzaba cualquiera mugar, tenia pena de muerte, co- 
mo el que acometía á muger casada, 6 hija de alguno, durati- 
te el dominio de sus padres, 6 lo quebrantaba la casa. Dice- 
se, qae un señor de la ciudad de Mayapán^ cabeza de el rei- 
no, hizo matar afrentosamente á un hermano suyo, porque cor- 
rompió una doncella. La misma pena tenia el que mataba á 
otro, aunque no moria flechado, y si era menor de edad el ma* 
todor, quedaba hecho* esclavo; pero si la muerte habia sido ca^ 
8ual, y no maliciosamente, pagaba un esclavo por el muerto. 

El traidor & su señor tema pena de muerte, y también el 
incendiario. El ladrón quedaba hecho esclavo, hasta quesere- 
demia, y si no tenia posibilidad, quedaba en esclavitud perpetua. 

Los hijos de los esclavos eran esclavos hasta que se re- 
demian, 6 se hacían tributarios. El que se casaba con alguna 
esclaya, ó engendraba en ella, quedaba hecho esclavo del duer 
ño de la esclava, y la misma razón corria en la muger, que se 
casaba con esclavo. Si sucedía morirse el esclavo 6 esclava, 
jasado poco tiempo después de la venta, el dueño era obligado 
á volver alguna parte del precio al comprador, y lo mismo si 
tie huia, y no le hallaban. 

Algunas veces al que no se lo probaba el adulterio, ó le 
íialtabán á deshora en parte sospechosa, le prendían, y tenían 
atadas las manos atrás por algún día, ó horas, 6 le desnnda* 
han, 6 le ebtiaban los cabellos (que era grave afrenta) aegim 
la gravedad de los indicios. 

Pata compurgarse ó afirmar alguna coso, no usaban de ju* 
Mlmnto, pMo en sn lugar echaban maldiciones al que presw 



esa. nisTORLV de yu catan. 

mían mentiroso, y se creía no mentían por el tenx>r dellas. 
Hoy se perjuran con &cilidad, yo entiendo (dice el que escri- 
bid k relación) que es, porque no entienden la gravedad del 
jusamento. Ya lo entienden muy bien, y cadadiaes cosa mas 
uatimoaa, porque de presente con Jacilioad pequran. 

Ño tenian costumbre de azotar á los delincuentes, ni co- 
nocieíOD estos indios tal géneio de castuo en su innddidad. 
Esta% y oCias muchas costumbres (que cuce la relación no re- 
ñete) usaron estos indios de Yucatan: tengóla en mi poder es- 
crita arigínal por Qmpn Antopioi despendiente de los señoies y 
fSfÍM de la cmdad de Mayapán, llamado Xiu en sn gentilidad 
tattiado adulto por los religiosos Aindadores de esta piovin-* 
cia^ one le en^efiaron, no solo á leer y escribir, i»ero aun la 
lafmwad, que la supo muy bien, y cuando la escribió afio de 
mit y quinimtos y ochenta y dos, á los veinte de mar20,era 
Uitfiípme por b1 rey de el ju^rado mayor de esta gobernación^ 
y dicOi que se la mandó recopilar D. Gruillen de las Casas, go- 
banador y capitán general en estas provincias. 

ES rigor con que en aquellos tiempos eran castigados los de* 
lit0B| se conocerá por lo que refiere el padre Torquemada en 
8U monarquía, donde citando á Pedio mártir, dice estas palabias: 
"Dn señor de un pueblo de tres mil casas, llamado Campech* 
BOStiA & los primeros descubridores un lugar, donde eran pue^ 
Cos^ y castigados los malhechores de cualquier delim que come- 
tiesen, el cual tenia esta forma y hechura. Em como un pie 
da cruz cuadrado de una vara en alto, al cual subíaii por cua- 
tro gradas: estaba en lo alto de este asiento otro á manera de 
pulpito, todo maciso, en cuya superficie estaba esculpida una 
figum de hombre, y á sus dos lados otras dos figiurasde ani- 
males de cuatro pies, aunque no de los ordinarios y conocidos, 
los cuales parecia arremeter al vientre de el hombre para hacer- 
le pedazos. Estaba allí junto una serpiente hecha de cal y can- 
to, del tamaño, y grueso de un toro, pero tenia de laigo cua- 
renta y siete pies, en cujra boca estaba un león de mármol, que 
pereda tragárselo. Estaban allí tres vigas hincadas en el suelo, 
y otras tres, las atravesaban, y muchas flechas y saetas rociadas, y 
teñidas con sangre, echadas en el suelo. Todo esto tenia su sig- 
n^Kcado, y ello en si era muy de ver, y admirable, porque en 
todo ello figuraban -el rigor de la justicia para poner temor, f 
üeno, para que los malos no se desmandasen en hacer mal." 

Demos de las costumbres referidas, pone otras muchas el Dr. 
D. Pedro Sánchez de Aguilar tan gran ministro, y de tantos años 
de enrienda de estos indios en el informe, que contra los ídó- 
Ifltítras de esta tierra escribió, por estas palabras. Las abusiones y su- 
perstidones que usan, y heredaron de sus padres estos indios de Yu- 
ásatan, son muchas y varias. Las que yo pude alcanzar, pondré en 
este informe, para que los curas las reprueben, y reprehendan en sus 
«nnones y pláticas, y yo ahora las pongo aqui con el mismo 



LUÍRO CUARTO. itó9. 



fin. Creen en sueños, y los interpretan^ y acomodan, según los 
cosas que tienen entre manos. En oyendo el graznido de un pa- 
jaro, que llaman kipchchj sacan y coligen nm suceso de lo que 
estto haciendo, y lo tienen por agueroi como los españoles con. 
la zorra y el cuclillo. 

Si el que va caminando topa una piedra grande de mucha^ 

aue 86 levantaron para abrir los caminos, la reverenda poníén- 
ole encima una rama, y sacudiendo con otra las lodiUas pl^ 
ra no cansarse, tradición de sus antepasados. Coando v& ca- 
minando alguQo á puesta de sol, y le parece que ha de llegar tar- 
de, y noche id puetno^ encaja una piedra en d primer árbol quo 
halla, para que el sol no se ponga tan presto, 6 se arranca las 
pestaflaa, y las sopla al sol, embuste de sus antepasados. 

En los eclipses de sol y luna, usan por tradición de sus 
l^asados, hacer que sus perros ahuUen, ó lloren, pdlizcándolos el 
cuerpo, 6 las orejas, y dan golpes en las tablas y bancos, y puer» 
tas. Dicen que la luna se muere, 6 la pican un género de hor- 
migas, que llaman Xulab. Ya están mas desengañados de eat» 
error en el tiempo presente. 

Hasta hoy año de cincuenta y seis, les dura otra supera 
lición, y mala credencia, y esto es ^^eneral en toda la tiertt^ 
y constante á todos, que mientras tienen sembrado el algodoOt 
no comen carne alguna, porque dicen que si la comiesen, no tenr 
drian buena cosecha de algodón. Usábanlo en tiempo de su gen- 
tilidad, y no ha sido posible reducirlos á entender lo con* 
erario. 

También usan llamar á ciertos indios viejos hechiceros, qtie en- 
salmen con palabras de su gentilidad á las mugeres de paito, á lae 
cuides confiesan, y á algunos enfermos. E^ no he podido ar 
veriguar (dice) de que estoy muy arrepentido. También hay 
indios hechiceros, que con ensalmos curan á los mordidos 6 pi- 
cados de vivoras y culebras, que hay infinitas de cascabel, 
los cusJes rabian y se les pudren las carnes, y mueren. En or- 
den á esto, me pareció referir aqui un caso, que dice antes a- 
verle sucedo. Yo tuve preso (refiere) á uno del pueblo de 
Tezóc, gran idólatra encantador, que encantaba, y cogia ea.la 
mano una vivora, ó culebra de cascabel, con ciertas palabras 
de la gentilidad, que escribí por curiosidad, que no son dignas 
de papel, y tinta (ne forte) basta decir, que en ellas se in- 
voca al demonio, y principe de las tinieblas. 

Cuando hacen casas nuevas, que es de diez á doce añ03, no 
entran en ellas, ni las habitan, hasta que venea el viejo hechir 
cero de una l^;ua, y dos, y tres, á bendecirla con sus torped 
ensalmos, lo cual (dice) oí decin pésame de no haherlo averi* 
guado. 

Son sortílegos, y echan suertes con un gran puño de maiz, con* 
Uaado de dos en dos, y si salen pares, vuelve á contar una, y do^ 
y Mb veceS) hasta qoe salga nones, y en su mente Ue^ m 



«40. HISTORIA T)K YUCATÁN. 



concepto sobre que vá la suerte, verbi gratia. Huyóse una vez 
lina niña de una casa, y .la madre como india, llamó Á 
\\n sortilego de estos , y hecho suerte sobre los caminos, 

?'r cupo lá suerte á tal camino, y enviando á buscar la niña Já 
lallaron en el pueblo de aquel camino. Casti<nié á este sorti- 
iego, que era ae un pueblo una legua de Valladolid, y exami- 
nándole despacio hallé, que las palabras que decia, mientras con- 
toba el maiz, no eran mas de decir nones, 6 pares, y no supo 
decir, sí invocaba al demonio con ellas, porque el sortilego era 
simpíislsimof, y casi tonto. 

En esta ciudad de Mérida (prosigfue) es público, que hay 
algunas indias hechiceras, que con palabnts abren una rosa an- 
tes de sazonar, y la dan al que quieren traer á su torpe voluiv 
tad, y se la dan & oler, 6 se la ponen debajo de la almohada, 
y que si la huele la persona gue la dá, pierde el juicio por gran 
tiempo, llamando al que la había de oler, y p»ra quien se abrió 
lá rosa. Digna cosa de remedio, y castigo si es verdad, y mas 
fii esta mancha cae en blanco. También ha habido fama, que las 
indias de esta ciudad echan en el chocolate ciertos hechizos, cotí 

aiie atarantan á sus maridos: la voz oí (dice) pero no sabré doii- 
e cantó el gallo. 

También advierto, lo que en mi niñez vi, que ahogan en 
ixh hoyo los perritos, que crian para su regalo, y comida, qne 
sou unos de poco, ó ningún pelo, que llaman Tzomes: abusión 
judaica, que veda el apóstol. 

De los indios de Cozumél dice, que aun en su tiempo émñ 
ffrandes' idólatras, y usaban un baile do su gentihdad, en el cual 
flechaban un peíro, que habian de sacrificar, y cunndo habían de 
|»sar al pueblo de Ppolé, que es acá en la Tierra Finne, usan 
muchas supersticiones antes de embarcarse, y pasar aquella canal, 
que corre con mas velocidad, que un rio caudaloso. Hacién- 
dole relación de estas supersticiones cierto cura de ellos, le re- 
prehendió, porque no las desterraba, y indiscretamente le res- 
Kndió, que deseaba vivir, y temía no le ahogasen al pasar, 
mtro de pocos años sucedió la desgracia de otro cura, que 
fliceUi que los castigaba, y lo ahogaron, dejando trastornar las 
canoas, que son sus baPfiuillos, lo cual se prueba, pues to- 
dos los indios remeros se escaparon, y solo el pobre curase ahogó. 

También dice de los indios de la provincia de Titzimin. que 
en su tiempo, cuando iban á pescar en toda la costa de Choá- 
cá, antes de hacer sus pesquerias, hacian primero sus sacrificios, 
y ofrendas & sus falsos dioses, ofreciendo candelas, reales de pia- 
fa, y cuzcar, que son sus esmeraldas, y piedras preciosas en lu- 
Rwes particulares, Kúes, y sacrificaderos, que se vén en los bra- 
zos de mar, y lagunas saladas, que hay en la dicha costa hécíá 
él no de Lagartos (*). 

* f^ tos Cttyos: de que hay tantos en nuestras cbsflis. 



LItíRO CÜ.\RTO. í^ij^, 



CAPITULO V. 

Como conservaban la memoria de sus sucesos^ dividiim él qñOj^ 

y contaban los suyois^ y las edades. 

En tiempos de su infidelidad tenían los indios de Yucatán 
libros de cortezas de árboles^ con un betún blanco, y perpetuo 
de diez y doce varas de largo, que se cogían doblándolos como 
un palmo. En estos pintaban con colores la cuenta de sus añod, 
las guerras, inundaciones, huracanes^ hambres, y otros sucesos* 
Por uno de ellos, que quitó el Dr. Aguilar á unos idólatras, su- 
po, qiie á una peste antigua llamaron Mayacimil, y á otra Oc* 
fia Kudiili que quiere decir muertes repentinas, y tiempos én que 
los cuervos se entraron á comer los cadáveres en las casas. A 
la inundación, ó huracán llamaron Hunyecil^ anegación de ár- 
boles. 

Contaban los años con trecientos sesenta y cinco dias, divi* 
didos por meses de á veinte dias, correspondiendo á los núes- 
tros por este orden. A doce de enero llamaban YaoJ^; desde pri* 
mero de febrero j£ab^ desde veinte y uno Celí; desde trece de 
^narzo, A/ac, desde dos de abril Kan Kín; desde veinte y dos 
de abril Muan: desde doce de Mayo Paax; desde prim&to de 
junio Kayab. El mes Cían Ku comenzaba á veinte y uno de 
junio; el de Vayeab á once de julio, y por otro nombre le lla- 
maban Utnz KíHy y también Ulobol Kin, que qiiiere decir tiem- 
po mentiroso, tiempo malo, porque caían en él los cinco días, 
que faltan para la cuenta, los cuales tenian por tan malos, co- 
ipo diré luego. A diez y siete de julio comenzaba el ines lía- 
^nado Poop. A seis de agosto el de Voo> A veinte y seis de a£[ostp el 
de Cijp, A quince de setiembre el de Zeec, En octubre el de JTi/A 
¥éXí noviembre el de Yaj: Khi. En diciembre el de Jíbo?, y 
el de Cheen terminaba en once de enero. Por esta cuenta re- 
partían el año en diez y ocho meses, pero comenzabaí su año 
nuevo en nuestro julio, á diez y siete. Los cinco dias que ial-* 
taban para cumplir los trecicntoK y sesenta y cinco, llamaban-* 
los los dias sin nombre. Teníanlos por aciagos, y decían, que 
en ellos sucedían muertes desastradas y súbitas: picaduras y 
mordeduras de vivoras y animales fieros, y ponzoñonsos, riñas, 
y disensiones, y en especial tenian por peor al primero. En 
ellos procuraban no salir de sus casas, y asi se proveían dé 
lo necesario para no tener que ir en ellos al campo, ni á úíis^ 
parte. Frecuentaban mas en estos dias sus ritos gentílicos, ro-» 
gando á sus ídolos los librasen de mal en aquellos días peli* 
grosos, y les diesen buen año siguiente, fértil y abundante; y 
estos días tan temidos eran el doce, trece, catorce, quince y. 
diez y sois de hi^estro julio. Todos los dias de el mes teniaf| 
su nombre propio, que dejo sin decir, por parecerme piolijidaá. 



94¡B¡ HISTORU DE YUCATÁN. 

^abM^M— i— ■ I 1 I 11 III ■ I mt 

* Por esta cuenta sabían los tiempos en que habían de ro> 
zar los nu)ntes y quemar las rozas^ esperar las aguas, sembrar 
su maíz, y otras legumbres, teniendo para esto sus proverbios. 
Los primeros religiosos (dice Aguilar) santoe^ y veidadeiüs viñado- 
res oc Jesucristo, procuraron desterrar esta cuenta, ent^idiendo era 
supersticiosa, y no aprovechó, porque los mas la saben. Que co- 
mmiicó esto con un gran religioso varón apostólico, llamado el 
padre Solana, y con otro no menosu llamado Fr. Gaspar de Na* 
xara, grandes ministros, y predicadores, que sentían no serper* 
judicifd para la cristíancfad de los indios; pero el padre Fuen* 
salida dice en su relación tratando destas cuentas antiguas. Ta* 
liera mas, y fuera mejor, que no las entendieran, y supieran de 
los antiguos, porque se han hallado en sus idolatrías, que ha- 
cen los que apostatan de nuestra santa fé católica, adorando al 
demonio en millares de ídolos, que se han hallado en esta pro* 
vincia, d^c." Peto usar mal de días no parece que convence se? 
intrinsecámente malas. 

Contaban sus^ eras y edades, que ponian en sus libros de 
veinte en veinte años, y pojr lustros de cuatro en cuatro. El 
primer año fijaban en el oriente, llamándole Cuchhaaby d se- 
gundo en d poniente llamado Hijar. el tercero en el Stít, C»* 
vae: y el cuarto 3íuhte en el Norte, y esto les servia de letfa 
dominical. Llegando estos lustros & cinco, que ajustan veinte 
años, llamaban ITa/tm, y ponian una piedra labrada sobre otra 
labnda, fijada con cal y arena en las paredes de sus templos y 
casas de los sacerdotes, como se ve hoy en los edificios que se 
ha dicho, y en algunas paredes antiguas de nuestro coveftto de 
Mérida, sobre que hay unas celdas. En un pueblo llamado Ti- 
xualahtim, que quiere decir lugtir, donde se pone una ¡Medra la- 
brada sobre otra, dicen, que estaba el archivo, recurso de todo9 
ecaecixttientos, como en España lo es el de Simancas. 

El común lenguage de ellos para contar sus años, era por 
estas edades, ó Katunes, como para decir tengo sesenta años; era 
Oxppdhabüj tengo tres eras de años, esto es tres piedras; para 
setenta tres y media, ó cuatro menos inedia, ror donde se 
conoce no eran demasiadamente bárbaros, pues vivían con toda 
esta cuenta, que se dice era ciertisima, tanto, que con ella no 
solo tenían certidumbre de] suceso, pero del tnes, y dia en q|ue pasó. 
^ Por autoridad y por gala, se fajaban con ciertas lanzetas, 
que usaban de piedra, los pechos y brazos, y muslos, hasta sa- 
carse sanCTe, y en las heridas echaban una tierra negra, ó car- 
bón molido. Cuando sanaban dellas, qnedabü las cicatrices con 



IjDtipales, que son los dol tcrrotorio do la villa de Talladolid, lo 
"tisoioxi jnucho. 



LIBRO CUARTO. «43. 



En su gentilidad, y ahora bailan^ y cantan al uso de los me* 
jicanos, y tenían, y tienen su cantor principal, que entona, y en* 
^ña lo que se ha de cantar, y le veneran y reverencian, dan- 
do asiento en la iglesia, en sus juntas y bodas. Uámanle Hol 
pop, á cuyo cargo están los atabales, 6 tunküles, y instrumen- 
tos de música como son flautas, trompetillas, conchas de tortuga, 
y otros de que usan. El tunkúl es de madera hueco, hay algu- 
nos tan grandes, que se oyen á distancia.de dos leguas en la par- 
te á que corre el viento. Cantan en ellos fábulas, y antiguallas 
suyas, que se podrian reformar, si bien los religiosos lo han hecho 
en muchas partes, dándoles historias de santos,' y de algunos mis- 
terios de la fé, para que canten por lo menos en los bailes públicos 
de pascuas, y festividades, con que olviden lo antwio. 

Tenian, y tienen farsantes, que representan Sbalas, y histA- 
rías antiguas, que tengo por cierto seria bim quitárselos, por la 
menos las vestiduras con que representan, poique según pare- 
ce son como las de sus sacerdotes gentilee, que cuando no ha- 
ya otro mal mas que conservarse en ellos aquella memoria, pa- 
rece muy perniciosa, y mas siendo inclinados á idolatría, y que 
en ella los usan, siempre me han parecido mal, cada uno ten- 
drá su dictamen, conforme mas 6 menos haya hecho el reparo. 
Son graciosos en los motes y chistes, que dicen á sus mayores 

Ír jueces: si son rigurosos, ambiciosos, avarientos, representando 
os sucesos que con ellos les pasan, y aun lo que ven á su 
ministro doctrinero, lo dicen delante del, y á veces con una so- 
la palabra. Pero quien los hubiere de ent^ider, necesita ser gran 
len^a, y estar muy atento. Son mas peligrosas estas represen* 
taciones, cuando se hacen de noche en sus casas, porque sabe 
Dios lo quealli pasa, y por lo menos muchas paran en Dorrache- 
ras. Llaman á estos farsantes Balzaniy y por metáfora con es* 
te nombre al que es decidor y chocarrero, y remedan en sus re- 
presentaciones á los pájaros. 

Hacian, y hacen sus bodas y banquetes en los desposorio^ 
sastando muchos pavos, y pavas, que crian todo un año para un 
uia. Los que salen de alcaldes hacen también convite á los que 
entran, pena de infames, y en la noche de la elección hay 
grandes borracheras. 

Los indios de esta tierra eran, y son muy diestros con ar- 
co y flecha, y asi son grandes cazadores, y crian perros, con 
que cogen venados, javalies, tejones, tigres, algunos leones pe* 
tpieños, conejos, armados, iguanas, y otros animales: flechan 
pavos reales, unas aves que llaman faisanes, y otras muchas. 

Son al presente grandes imitadores de todas las obras de ma* 
nos que ven hechas, y asi aprenden todos oficios con ficilt- 
dad, y hay muchos en sus pueblos demás de los que asulen 
en la ciudad y villas, grandes oficiales de herreros, cerrageros, 
freneros, zapateros, carpinteros, entalladores, escultores, sdlleTOS^ 
xificiales que hacej^ muy curiosas obras de coucha, albauUa^ 



2Ui HISTORIA DE YUOATAX. 

x*anteros, sastres, pintores, zapateros, y asi de los demás. La 
t)ue causa admiración es, que hay muchos indios, que trahajuu 
en cuatro y seis, y mas oñcíos de esio^ (como los españoles 
suelen en uno solo) con que se sustentan, y á veces con erra- 
mientas, é instnimentos, que da risa verlos: pero con la flemn^ 
<l\xe casi connatural tienen en el trabajar, suplen su falta^ y sa- 
can buenas las obras, que las don mas baratas, que los espa- 
fióles, con que los qne llegan oficiales ft Yucatán, pasan mal 
con sus oficios, y asi hay pocos de ellos, y buscan otro modo 
de vivir. 

Visten ropos de algodón blanquísimo, de que hacen camisas, 
y calzones, y unas mantas como dé vara y medía en cuadro, 
que llaman tilmos, ó hayotes. Sirvénics de capas cogiendo las dos 
esquinas sobre el hombro, con un ñudo, ó cinta: si bien mu- 
chísimos las usan de lana tejida algo basto, y aun muchos de 
telas, que se Ciaen de Castilla, y aun de damascos, y otros se- 
das. Usan algtmOB jubones, y muchos traen zapatos, y alpar- 
^tes: lo ordinario es andar descalzos, especialmente en sus ca- 
cías, y campos, sino es algunos caciques, y principales, y lo 
mismo es las mugercs. I^os mas de los varones traen sombre- 
ros de paja, 6 palma, y muchos los compran ya de fieltro. 
Los mugeres usan Vipiles, que es una vestidura, que coge des- 
de la gaiganta hasta la media pierna, con una abertura en lo 
superior por donde entra la cabeza, y otras dos por lo superior 
de los lados por donde salen los brazos, que queda cubiertos 
mas de hasta la mitad, porque no se ciñe al cuerpo esta ro]iay 
que también les sirve de camisa. Desde la cintum hasta el pie 
traen otra ropíi, que llaman Pic^ y es como naguas, ó fustanes, 
que caen delego de la vestidura superior los mas de estas son 
íáhvados, y tejidos con hilo azul, y colorado que las hacen vis- 
■fosas. Si una española se viste de este trage, es en ella muy 
lasívo. Las indias pequeñas, que se crían con las esfjañolns, sit- 
ien grandes íabanderos, costureras, y punteras, y asi hacen obras 
de mucho precio, v estimación 

Pam los domingos, y fiestas, cuando van á misa, y cuan- 
do se han de confesar, tienen asi varones, como mugeres, sus 
vestidos mas limpios y aseados, que guardan para esto. Otras 
costumbres, y cosas sayos se conocerán por los leyes que se 
les han dado pan remediarlas, que se refieren en el libro quin- 
to siguiemc. 

Su comida ordinana es de poco sustento al parecer, porque 

comen pocas veces carne: lo ordinario es sustentarse con sus Ic- 
frumbres, frutas, y diversas bebidas, que hocen del maiz. Son 
de mucíias fuerzas, para sustentarse con mantenimientos tan dé- 
biles; de buena corpulencia, aunque muy enemigos del trabajo, 
Ír dados & la ociosidad: bien agestados de color trigueño, como 
es demás indios. Son muy amigos de comer pescados. 
¿ lliibo indios eu tiempos pasados, de mayores cuez}>os que l^ 



LIBRO CUARIX». al5i 



ordinarios, y que se iiallarou en scpuiorús de esta tierra, de e¿i« 
tatura como rrigautea. El año do mil y seiscientos y cuarenta 
y siete, junto al pueblo de Vecái en el camino real de Cam* 
peche, mandando el padre Fr. Juan de Carrion (Iioy comisorio 
provincial para el capítulo general próximo) hacer una rama- 
da para un recibimiento, cabando para poner los palos con que 
se hace, dieron con la barreta en una sepultura muy grande, 
hecha de lajas una sobre otra, sin curiosidad alguna. Los in- 
dios huyeron de ella, y fueron á llamar al padre, que llegan- 
do los mandó sacasen lo que en ella habia. Los indios no 
quisieron, diciendo les era vedado tocar á cosa alguna de aque- 
llas, con que el reii^oso, ayudándole un mucbachuelo, sacp 
unos huesos de hombre de estatura formidable. Habia en la 
sepultura tres cajetes grandes de barro finísimo, con tres bo^ 
las huecas, cada uno en lugar de pies, y un bote de piedra 
negra, que parecia jaspe. Quebró los huesos, y los arrojó ha- 
ciendo macizar el vacio, reprehendió á los indios la supersti- 
ción de no querer tocar aquello, diciendo les era vedado. Su- 
cedió esto el mes de septiembre de aquel año. 

CAPITULO V. 

De la credencia de religión de estos indios^ que parece ha- 
ber tenido noticia de nuestra santa fé católica. 

Cuando los españoles descubrieron á Yucatán, hallaron á su^ 
habitadores gente mas política, que los restantes haüsta aquel tienv- 

-po descubiertos, y asi' este hallazgo fué tan ruidoso, y movió 
el ánimo de Diego Yelazquez, gobernador de Cuba, dando no- 
ticia al rey con las esperanzas tan grandes, que las historian 
generales refieren, y se ha dicho al principio: ocasionado esto 
de no haberse aun manifestado, ni sabido la grandeza de I^ 
Nueva Espafia. Aunque en lo político era gente de mas razcHi; 
convenían en la profesión de religión, en cuanto á ser idóla- 
tras, adorando diversos ídolos, reverenciando diíerentes dei^ar 
des fingidas, y no conociendo un solo Dios OiqqipcHeate (ei|- 
fermedad espiritual de todas estas naciones itidianas) el cual las 
dio á conocer la verdad, cuando mediante su divino favor Iq^ 
Tedujo á la obediencia de la iglesia romana, únicA madre de 
la verdadera credencia, y á la sujeción de nuestrQS católicqs 
teyes. Parece que todos los indios de estos reinos tenían pues- 
ta su mayor felicidad en la muchedumbre de Dioses, que ado- 
raban con idolátrico culto, en míese asemejaron á los mas na- 
ciones gentiles, y en especial á la romqna, cuando lo exa, de 

- quien (fice San León papa, que dominando casi sobre todas k^s 

■ naciones, se sujetaban á los errores de todos los gentiles, y l§s 
parecia exaltación de su religión no menospreciar falsedad a(- 

-guna de las. que en ellos hallabaUt Asi. e¿>j.o^ üulios do Yy- 



0i6. HISTORIA DE YUCATÁN. 

catan, para casi cada cosa tenían su Dios, como los de la Nue- 
va España: solo se diferenciaban en los nombres, y asi paso 
sin singularizarlos todos; pues lo que tan dilatadamente escri- 
bid el padre Torquemada en su monarquía indiana, puede el 
discurso individuar en lo presente. 

No se olvidó de esta advertencia el capitán Bemal Diaz en 
su historia, refiriendo lo que les sucedió en Cabo de Catoch, 
pues dice. "Un poco mas adelante donde nos dieron aquella re- 
Iriega, que tengo dicho, estaba una placeta y tres casas de cal y 
canto que eran adoratorios, donde tenian muchos ídolos de barro, 
unos con caras de demonios, y otros como de mugeres, altos de 
cuerpo, y otros de otras malas figuras, de manera, que al parecer 
estaban haciendo sodomías unos con otros, y dentro en las casas 
ceñían unas arquillas hechas de madera, y en ellas otros ídolos 
de gestos diabólicos. 

Los religiosos de esta provincia, por cuya atención corrió la 
conversión de estos indios ¿ nuestra santa fé católica, con el ze- 
lo que tenian de que aprovechasen en ella; no solo demolie- 
ron y quemaron todos los simulacros c^ue adoraban, pero aun 
todos los escritos (que á su modo teman) con que pudieran 
recordar sus memorias, y todo lo que presumieron tendría mo- 
tivo de alguna superstición ó ritos gentílicos. Ocasionó esto, 
3ue no se puedan hallar las singularidades que deseé indivi- 
uar en estos escritos; pero aun la noticia de sus historias que- 
dó á la posteridad negada, porque á las vueltas fueron todas 
las que se pudieron descubrir, entregadas al fuego sin hacer re- 

Saro en la diversidad de las materias. Ni me conformo con el 
ictámen, ni le repruebo, pero parece pudieron conservarse las 
historias temporales, como se conservaron las de la Nueva Es- 
paña, y otras provincias reducidas: sin que se haya tenido p>or 
impedimento para el aumento de su cristiandad, con que solo 
podré decir poco mas de lo que hay en otras historias escri- 
to de la observancia de religión en su tiempo de su gentilidad. 
No se sabe con certidumbre, que la predicación evangéli- 
ca hubiese pasado á dar luz á las gentes de esta América, an- 
tes que & nuestros españolos fuese manifiesta. Si alguna cosa 
pudo, V causó admiración, fué la creencia particular, que en- 
tre todas las demás naciones de estos dilatados reinos teníanlos 
indios de Yucatán, que por lo menos hace difícil entender, co- 
mo pudo ser, sin habérseles predicado los misterios de la ley e- 
vangélica, y para prueba de esto diré lo que refiere el padre 
Remesal en su historia. Dice, pues, que cuando el obisfio D. 
Fr. Bartolomé de las Casas pasó & su obispado, que como se 
dijo en el libro tercero, fué el año de mil y quinientos y cua- 
renta y cinco, encomendó á un clérigo, que halló en Campe- 
che, llamado Francisco Hernández íy es de quien queda hecha 
memoria en la fundación de la cíuaad de Mérida, y otros capí- 
Culos} que fifl^ia la lengua do l09 indios; que los visitase coa 



LIBRO CUARTO. 217. 



cierta instrucción de lo que les habia de predicar, y á poco me- 
nos de un año le escribió el clérigo. Que habia hallado un 
señor principal, q^ue preguntándole de su 'religión antigua que 
observaban, le dijo: Que ellos conocian y creían en Dios, que 
estaba en el cielo, y que aqueste Dios era padre, hijo y Espí* 
ritu Santo, y que el padre se llamaba Yzóna, que habia cria- 
do los hombres, y el hijo tenia por nombre Bacáb, el cual na- 
ció de una doncella virgen, llamada Chiribirias, que está en el 
cielo con Dios, y que la madre de Chiribirias se llamaba Yx- 
chel, y al Elspintu Santo llamaban EchVab. De Bacáh, que es 
el hijo, dicen que le mató é hizo azotar, y puso una corona do 
espinas, y que lo puso tendido los brazos en un palo, y no 
entendian, ífie estaba clavado si no atado, y allí murió, y es- 
tuvo tres días muerto, y al tercero día torn á vivir, y se su- 
bió al cielo, y que está allá con su padve. Y después de es- 
to luego vino Echvab, que es él Espíritu Santo, y hartó la 
tierra de todo lo que habia menester. .Preguntado, que queria 
fiignificar aq^uellos tres nombres de las Tres Personas, dijo que 
Yzóna quena decir el gran padre, y Bacáh, hijo del gran padre, 
y EchvtJi Mercader, Chiribirias suena madre del hijo del gran 
padre. Anadia mas, que por tiempo se habian de morir todos 
los hombres, pero de la resurrección de la carne no sabían na- 
da. Pr^^ntado también como tenían noticia de estas cosas. 
KespcMidió, que los señores lo enseñaban á sus hijos, y asi des- 
cenoia de mano en mano esta doctrina. Añrmaban, que en él 
tiempo antifi;ao vinieron á esta tierra veinte hombres, y el prin- 
cipal de ellos se llamaba Cozás, y que estos mandaban, que 
se confesasen las gentes, y que ayunasen. 

Por esto algunos ayimaban el dia, que corresponde al vier- 
nes,, diciendo lu£ia muerto en el Bacáb. Con noticia de cosas 
tan particulares, en otras partes de esta América no vistas, ni 
oidas, dice el obispo en su historia apologética, asi. "Si estas 
cosas son verdad, parece haber sido en aquella tierra nuestra 
santa fá sabida. Pero como en ninguna parte de las indias ha- 
bernos tal nueva hallado (puesto que en la tierra del Brasil se 
imagina hallarse rastro de Santo Tomas apóstoH y asi como a- 
queUa nueva no voló adelante: ciertamente aquella tierra de Yu- 
catán dá & entender cosas muy especiales y de mayor anti- 
güedad, por las grandes, admirables y escesivas maneras de e- 
difícíos y letreros de ciertos caracteres, que en otra ninguna par- 
te se hallan. Finalmente, secretos son estos, que solo Dios los 
sabe, d^." Donde es de advertir, que este reparo le hizo per- 
sona tan ffrave, docta, y la mas noticiosa de todas las singu- 
laridades de estos reinos, que tuvieron aquellos tiempos. 

No solo lo referido parece de notar haber tenido noticia 
de nuestra fé los indios de Yucatán, sino lo que supieron de 
^os los reliflñosos de nuestro padre Santo Domingo, cuando es- 
tuvioxott €sa Campeche; pasando con el obispo á^ Cbiapa^ coqp 



24». HISTORIA DE YI'CATAN. 

se dijo, porque les dijeron, como los primeros españoles ballu- 
ron entre estos indios bautismo con vocablo en su lengua, que 
en la nuestra significa, nacer otra vez; y hoy dia el santo bnu* 
tisnio se les dá á entender con aquel nombre. Creían, que re^ 
tibian en él una entera disposición para ser buenos, no reci- 
bir daño de los demonios, y conseguir la gloria que espera- 
ban. Dabáseles de edad de tres años, hasta doce, y ninguno 
se casaba sin él, porque segim añrma el padre Lizana, decinii, 
que el que no habia recibídole estaba endemoniado, y que no 
podía hacer cosa buena, ni ser hombre ó muger de buena vi- 
da. Elegíanle para darle dia, que no fuese aciago y ios pa- 
dres ayunaban tres días antes, y se abstenían de las mugares. 
La pnmera ceremonia era, que los sacerdotes purificaban la po- 
sada echando fuera al demonio con ciertas ceremonias, porque 
decían se apoderaba de la criatura desde que nacía, y aun an- 
tes. Luego iban los niños uno á uno, y el sacerdote los echa- 
ba en la mano un i)oco de maíz y de su incienso nnolido, y 
loB niños lo ponían en un brasero, que servia de incensario. 
Después daban á un indio un vaso del vino que acostumbra- 
ban beber, y enviábanle fuera del pueblo con él, mandándole, 
que ni lo bebiese, ni mirase atrás, con que creían quedaba to- 
talmente espulso el demonio. 

Acabadía ésta como disposición y exorcismos, salía el sacer- 
dote con sus vestiduras largas, y un hisopo en la mano: pre- 
guntaban á los grandecillos, si habian cometido algim pecado, 
y en confesando los ponian á una parte, y bendecían con ora- 
ciones, amagándoles con el hisopo, y á todos ponian unos pa- 
ños blancos en las cabezas Después con una agua que tenían 
en un hueso, les mojaban la frente, facciones del rostro, y en- 
tre los dedos de los pies y de las manos. Levantábase el sa- 
cerdote, quitaba los paños á los niños, y hechos ciertos presen- 
tes, quedaban bautizados, acabando la fiesta en banquetes, y en 
los nueve días siguientes no habian de llegar ¿ sus mugcros 
los padres de los niños. El padre Lizana añade á esto, que di- 
cen Reraesal y Torqueinada, que este modo de bautismo se Ini- 
cia de tres en tres años, y que ponian cuarenta hombres, que 
como compadres apadrinasen á los niños. El padre Fr. Luis 
de Urreta en su historia de Etiopia, tratando, como ios Abisi- 
nos, y aquellas naciones, aunciue eran católicos cristianos, se 
circuncidaban, y defendiéndoles, que no era acto pecaminoso 
en ellos por el fin con que lo hacían: y como el demonio se 
lia liecho venerar de muchas naciones gentiles con costumbres 
y ceremonias dadas por Dios á su pueblo, dice estas palabras: 
''Una de estas fué la circuncisión, queriendo el demonio reme- 
dar á Dios en esta costumbre, como lo habemos visto en las 
indias, donde los de Yucatán, los Totones de Nueva España, 
los de la isla de Acuzamil se circuncidaban." De los de Yu- 
catw lo refiere también Pineda en su monarquía eclesiástica, y el 



LIBRO CUARTO. 249. 



4octor YUescas en la poutifical. Que esto no sea asi por Id 
que toca á los de Yucatán y Ouzamil, ó Cozumél, parece per- 
¿iUadifse) de que ni aquellos religiosos dominicos, ni el obispo 
de Chiapa, haciendo tari particular inquisición, hacen memoria 
de haber íiallado tal cosa, ni nuestros religiosos, primeros pre- 
dicadores evangélicos de estos indios se ha dicho, que tal su- 
piesen. A todos los antiguos que viven lo he preguntado, y 
me han respondido, que no han alcanzado hubiese tal entre los 
indioS) ni estos tienen tradición de que usasen tal costumbre 
t»us ascendientes. 

Creian los indios de Yucatán, que liabia un Dios único, 
vivo y verdadero, que decian ser el mayor de los Dioses, y 
que no tenia ñgura, ni se podia figurar por ser incorpóreo. A 
este llamaban Hunab Ku^ como se halla en su vocabulario 
grande, que comienza con nuestro castellano. De este decian^ 
que procedian todas las cosas, y como á incorpóreo, no le ado- 
iraban con imagen alguna, ni del la tenian (como se dice ea 
otfa parte) que tenia un hijo á quien llamaban Hvn Ytzarñr 
na^ 6 Yaxcocahmiit Este parece ser el que aquel señor di^ 
jo ¡A clérigo llamado Francisco Hernández. 

CAPITULO VI* 

De otrós ritos de religwíi^ que ienian estos indios en tiem- 
po de su injidelidadi 

No solo supieron aquellos relisfiosos (referidos en el capí- 
tulo antecedente) lo que se ha dicho; pero que también teniah 
y usaban Ids indios oe Yucatán confesión bocal de pecados, se- 
fnejante en algo al Sto. sacramento de la penitencia^ y al|[unas otras 
ceremonias de la iglesia católica. De lo que se confesaban, era 
de algunos pecados graves, y á c^niexí los dtecitn era sacerdo- 
te ó médico^ y la muger al mando, y éste á la miiger. I2I 
que habia servido de ministro de la confesión, publicaba los pe- 
cados, que se le habian dicho^ entre los parientes, y esto pan^ 
que todos pidiesen á Dios le fuesen peroonados^ para lo cual 
httciaB oración particular. En un papel antiguo, dice el padre 
Lizana, que halló, que para este fin no buscaban Dios alguno 
de Jos que adoraban, mas que solo llamaban á Dios con mu- 
chos suspiros, diciendo JCwe, qne es lo mismo que Dios, y hoy 
Temofi^ que el decir á Dios Ku está de la misma manera in-r 
tiodiM¿do en este tiempo, porque en su lengua K71 es lo mis- 
mo, que Dios en nuestra castellana, y no señala Dios alguno, 
de los que vanamente adoraban los gentiles, sino el solo Dios, 
.que lo es verdadero. Aunque este modo de oración con esta 
.circunstancia parece especial de los indios yucatecos, pero no lo 
de la confesión bocal, que otras naciones ae la Nueva España 
4* h^MJian, como refiere Torquemada en diversas paites, y Re^ 




.23a HISTORIA DE YUCATÁN. 

zujssal dice de los indios de Chiapa; pero unos, ni otros ob] 
Qon tan buen fin, como los Yucatecos. 

Hubia entre estos indios noticia alguna del infierno y pa« 
xaíso, ó á lo menos, que en el otro mundo después de esta 
presente vida eran castigados los malos con muchas penas en 
lugar obscuro, y los buenos eran premiados en deleitosos y a- 
gradables sitios, y en esta ra^bn tenían cosas por ciertas, que 
les obligaban á no pecar, y saber pedir perdón, si pecaban, y 
también tenian tradición de que el mundo se habia de acar- 
bar. Hablaban con el demonio, á quien llamaban X¿6i¿6a, que 
quiere decir el que se desaparece, ó desvanece. 

Tenian fábulas muy perjudiciales déla creación de] mun- 
do, y algunos (después que supieron) las hicieron escribifi y 
guardaban, aun ya cristianos bautizados, y las leian en sus juntas. 
El doctor Aguilar refiere en su informe, que tuvo un carta- 
pacio de estos, que quitó á un «maestro de capilla, llamado 
por sobrenombre Ciiytun, del pueblo de Zucóp, el cual so 
le huyó, y nunca lo pudo haber, pam saber el origen de es* 
te su génesis. Recien venido yo de España, ol decir & uu 
religioso, llamado Fr. Juan Gutiérrez, y era gran lét^a d^ 
estos indios, que habia visto otro escrito semejante al di- 
cho, y que en él tratando de la formación del primer hombre, 
se decia, que habia sido formado de tierra, y zacate, ó pajas del- 
gadas, y que la carne, y huesos se habian hecho de la tierrat 
y el cabello, barba, y bello, que hay en el cuerpo, era de las 
pajas, ó zacate, con que se habia mezclado la tierra. No me a* 
cuerdo de mas singularidad, que si entonces yo presumiera haber 
de escribir esto en algún tiempo, fuera posible hubiese tenido 
noticia de otros muchos desaciertos como el referido. 

Dice el padre Lizana, que habia asimismo matrimonio mtiy 
natural entre estos indios, porque jamás se les consintió tener 
dos mugeres & ellos, ni á ellas dos maridos: mas podia el ma- 
rido por algunas causas repudiar la muger, y casarse con otra 
y la repudiada con otro, y asi siempre era una sola la muger, 
y uno solo el marido. Contradice Aguilar en su informe lo de 
una muger sola, diciendo, que tenian muchas, y aunaue con 
dificultad en su conversión á la fé, las dejaron, quedándose cotí 
sola la primera. 

Consérvase hoy la memoria, de más de lo escrito en las 
historias, de que la isla de Cozumél era el supremo santuario, 
y como romano de esta tierra, donde no solo los moradores de 
ella, pero de otras tierras concurrian & la adoración dé los ído- 
los, que en ella veneraban, y se vén vestigios de calzadas 
quo atraviesan todo este reino,- y dicen rematan & lo oriental 
del en la playa del mar, desde donde se atraviesa un brazo dél, 
de distancia oe cuatro leguas, con que se divide esta Tierra 
Firme de aquella isla. Estas calzadas eran, como caminos re*- 
le?, q^ie guiabau sin recelo de perderse en ellos, para que lie* 



LIBRO CUARTO. t¿5l. 



pasen (\ Cozumél al cumplimicnio de sus promesas, á las üíVea- 
díis de sus sacrificios, á pedir el remedio de sus necesidades, 
y á la errada adoración de sus Dioses fingidos. 

Sin esto tenian diversidad de templos muy sumptuoso:^ on 
muchas partes do esta Tierra Firme, de que hoy permanecen par- 
tes de sus edificios, como son los que están en Vxmái, ó Vxu- 
mual, en Chichón Yizá, en el puehlo de Ytzamál, entre Cha- 
pab, y Telchaquillo, y otros que dicen, son muy grandes, situa- 
dos (i la parte oriental del camino, que vá desde el pueblo de 
Nohcacab al de Bolonchen de Ticul, sin otros muellísimos, quo 
en diferentes partes por Ins mr.níos ae hallan: menores en sfran* 
doza que los reí u idos, íiuni{uo Unl »s de urn forma. Son al mo- 
do de los que de la Nueva España rcílore ci padre Torquema- 
da en su monarquía indiana; levantado del suelo un terrapleno 
fundamento del edificio, y sobre él van ascendiendo gradas en 
figura piramidal, aunque no remata en ella, porque en lo supe- 
rior hace una placeta, en cuyo suelo están separadas (aunque 
distantes poco) dos capillas pequeñas en que estaban los ídolos 
(esto es en lo de Vxumual) y allí se hacian los sacrificios, asi 
de hombres, mugeres y niños, como de las demás cosas. Tic- 
nen algunos de ellos altura de mas de cien gradas de poco 
mas de medio pié de ancho cada uno. Yo subí una vez al 
de Vxumual, y cuando hube de bajar me arrepentí; porque co- 
mo los escalones son tan angostos, y tantos en número sube el 
odiñcío muy derecho, y siendo la altura no pequeña al bajar, 
desvanece la vista, y tiene algún peligro. (') Hallé en una de las 
dos capillas cacao ofrecido, y señal, de copal (que es su incien- 
so) de poco tiempo alli quemado, y que lo era de alguna supers- 
tición, ó idolatría recien cometida, si bien no pudimos averiguar 
cosa alguna los que alli estábamos. Dios conforte la fragilidad 
de estos indios, porque los cngíiña el demonio á muy poca costa. 

Los sacerdotes de estos templos traían vestidas unas ropas 
de manta de algodón largas y blancas, mas que los otros, que 
no lo eran, los cabellos cuanto podian crecidos, y revueltos, quo 
nunca los peinaban, ni podian, sino los cortaban, porque los un- 
taban con la sangre de los sacrificados; y asi andaban tan su- 
cios, como se deja entender. Vierónlos asi los primeros espa- 
ñoles, cuando llegaron á Campeche, como lo dice Bernal Díaz. 
Traer asi los caoíil'.os, parece haber sido uso común de todos los 
sacerdotes de esta Nueva España. Sacrificaban hombres, muge- 
res y niños, con la impiedad que en ella, aimque no en tanto 
numero, por ser menos la gente. Tenian demás de estos mu- 
chos modos de sacrificios de animales, aves y otras cosas. Solian 
ayunar dos y tres dias, sin comer cosa alguna, sajábanse todas 
las partes de su cuerpo sacando su sangre, que ofrecían al de- 
monio. Este los hablaba muchas veces eu una columna muy gran- 

^*^ Véase el apéndiso B de este libro. 



2.V2. HISTORIA DH YUCyVTAN'. 

de, y les mandaba lo lleva.seii cargado por toda la tierra, y á ca- 
da o>sa que hacían se ofrecían muchos al sacriñcio, á los cua- 
les flechaban, permitiendo la magestod divina con su oculta pro- 
videncia estos ensfaños del demonio, por lo que su divina ma- 
(▼estad sabe. Taml)ion habia recogimientos como de mongos, 
al modo que se dijo del de las doncellas vírgenes. 

Eran muy observantes de su religión gentílica, y al quo 
quebrantaba sus ritos, castigaban los sacerdotes, que cu esto te- 
nían mas autoridcid, (jue sus reyezuelos. No lo son tanto por 
nuostr.'i desdicha de nuestra religión católica «aunque hay el cui- 
dado que se dice después en este libro. Porque lo general (aun- 
que muchos parecen buenos cristianos) es, que son indevotos del 
culto divino, poco amigos de acudir á misa, y á la doctrina/ 
que si los doctrineros no los hubieran de contar, fucnm muy po- 
cos los que asistieran, y asi suelen deCir, cuando vienen tardo: 
Toy á que me cuenten, que esto solo parece es con lo que tie- 
iu?n cuenta. Para la observancia del pn»cepto de la confesión 
anual, fi que están obligados todos los fieles, vienen como vio- 
lentos, que si los dejaran, poco se les diera de buscar renwdio 
tan saludable para sus almas, y sabe nuestro señor lo que sus 
confesores padecen espiritual mente en el tiempo, que se les ad- 
ministra. Eh esta guardiania de Cacalchen, donde -estoy dando 
la última mano á estos escritos este año de cincuenta y cinco, 
no hubo indio, ni india de toda ella, quo son dos pueblos, 
qtie tienen por lo menos mas de setecientos casados, que qui- 
siese recibir el santísimo sacramento de la Eucaristía el jueves 
santo, ni le había recibido f^n la cuaresma Presento se halló 
en la iglesia la madre del Eucomcudcro (que es muchacho) con 
til, y toda su familia, que lo vieron, y »5 quedaron con sola- 
mente reprehendérselo después en el sermón del mandato A la tard»\ 

Acontece estarse diciendo misa, y hal)or indios arrimados al 
compás, 6 palio de la iglesia, y aun á las paredes j)or lo cxf' - 
rior, sin querer entrar (\ oírla, y al salir el pueblo jimtarse en- 
tre los otros, para que los cuenten con ellos, cuínu'iando asi ú 
sus curas doctrineros, que como han estrid'> ihcicndo la misa, no 
pueden saber la verdad: pero muchas veces vmíendo de decirla 
de otros pueblos, los hallamos por las esqumas, aguardando la 
hora de contarlos, con no poco dolor nuestro. Para escusarse, 
menos recelosos, se están cuanto los dejan en sus labranzas cu 
los montes, ponjuc alegando esto hallan mejor salida para no ser 
castigados. Ya V^ ^® ^^^^^ tiempo desde que vine de España, 
que nuestro superior mandó por sus letras píitcntes á todos la^ 
relio-iosos doctrineros, que en sus distritos tocasen las campanas 
hacFendo señal para la doctrina y misa, y que aunque no vi- 
niese indio algimf>, no los castigasen de ningima suerte, sino 
solo reprehendérselo bocíilmente. Ocasionóse esta omisión (quo 
si seria dañosa, juzgúelo el verdadero cristiano) por diversas ca- 
líitnnias d»í algmios^^'á que st^gui-ui dÍ5favores manilk'Stos de quien 



. I JURO CUARTO. as'j. 



■HriOTAMkl 



gobernaba: porque en cualquiera cosa suelen decir, que usurpa- 
mos los eclesiásticos la jurisdicción i*eal, y por esto á veces se 
disimulan cosas, de que puede resultar muclio daño k la cris- 
iiandad de los indios. A Dios dará la cuenta, quien fuere cul- 
pado, como quienes muchas veces son causa de que pierdan los 
indios el resi)eto á sus doctrineros, dándoles á entender, que po- 
demos, y valemos nada, y juzgando los tienen á ellos en mas 
por esto. Conocido tuvo el daño, que puede ocasionar esto nues- 
tro prudentísimo rey Filipo S<^L:undo, y solicitó el remedio, co- 
mo se verá por las cédulas referidas en estos escritos. Pero 
cuando la pasión es de cuerpo presente, no basta todas veces 
a moderarla la recomendación, aunque tan superior y digfna de 
toda veneración por la disüincia del dueño, buscándose pretes- 
tos, con que no parezca contravenir á la real voluntad de tan 
gran monarca, y aun la modestia religiosa, con que debo es- 
cribir, no permite referirlo con otros términos, que dijeran la 
verdad con propiedad de palabras. 

Confieso la digresión que he hecho, pero he visto en oca- 
siones ultrajado el estado eclesiástico, menospreciados los sacer- 
dotes, tratarse sin la reverencia debida lo dedicado al culto di- 
vino; y asi no es mucho, que en aljsruna parte de estos escri- 
tos se diga, ni aunque se presuma, qíie es parte, para que Dios 
permita las calamidades que estos reinos están padeciendo, por- 
que es Dios muy celoso de la honra de sus ministros. Como 
ncudirian en aquel tiempo los indios á las cosas de la cristian- 
dad, con solo oir las campanas, cuando no basta, que desde el 
alba por todos los barrios les griten á voces, que es dia de 
misa (aunque lo sepan) para que ven^ á la iglesia. 

Son tan poco caritativos, que si los gobernadores y obis- 
pos precedentes (conociéndolos) no hubieran dado forma, como 
sustentaran á sus doctrineros; por sola su voluntad y caridad, 
raro fuera el que nos diese un huevo, aunque es verdad, que 
como está dispuesto nos sustentan bien. Dios se lo pague. Ra- 
ro es el indio, que viviendo, dá limosna, para que se diga una 
misa por su alma, ó por las de sus padres y cuando mueren, 
aunque tengan hacienda, solo mandan que se les diga una mi- 
sa. Mediado el año de cincuenta y cuatro, se intentó quitar- 
les aun ésta, con color de que morian muchos de las virue- 
las, que eran los indios pobres, y que en toda la tierra mon- 
tana mucha cantidad la que se habia de dar por ellas. Para 
los tributos y demás cargas, nunca los hallan pobres, y lo eran 
para que hiciesen tan corto beneficio (digo en el número) por 
las almas de sus padres y parientes. Desdichados indios, que 
habiendo sustentado á tantos con vuestro sudor y trabajo, vi- 
viendo en la muerte se os quena quitar este único sufragio, 
eo n título de piedad para con vuestros hijos y parientes vivos(*). 

"T*) Dejamos sin combatir lo dicho por el podre CogoUudo, 
por uo aglomerar digresiones. 



lThI. historia de YUCATÁN. 



CAPITULO VIII. 

Lh alifuiíos ídolos especialmente venerados^ y motivos que pa- 
ra ello tuvieron. 

Antes qiic dé principio á la vanidad de almmos ídolos, 
que estos indios adoraban; refcrié un caso, (jue denota lo po- 
co qun saben de la virtud, como se dijo al fin del capitulo 
antecedente, y por no alargarle, me pareció principiar este con 
61 por la singularidad de sus circunstancias, que pasó asi. Em- 
briasfóse un indio de la ciudad de jMérida, y estando de aquel 
modo le hirieron do una herida peliírrosa. Viole un ciudada- 
no de lo noble do la ciudad, que con ánimo caritativo y cris- 
tiano, le mandó llevar A su casa, buscar cirujano y curar ú 
su costa, regalándnie hasta que sanó. El agradecimiento que 
tuvo el- indio, fué ir al gobernador, y decirle, que mandase al 
español le pagase lo que debía. Admiróse el gobeniador, por 
ser persona tan conocida el cindadíuio, y envióle á decir, que 
pagase á aquel indio. Vino á la presencia del gobernador, quo 
le preguntó, que habia en el Cíiso. Respondió, que no le dc- 
bia cosa alguna, que antes le habia hecho curar en su casa. 
A esto replico, que pues habia hecho con él aquello, algo le 
debia sin duda, porque sino, ¿por qué lo habia de hacer? Vien- 
do esto el gobernador, mandó dar al indio unos cuantos azo- 
tes, y le echó de su presencia con confusión^ y asi apenas re- 
conocen el bien que se les hace, teniendo aquella mácsima, con 
que solamente ha de mirar á Dios el que tuviere caridad con 
ellos. Ni por esto los incluyo en ella á todos, que algunos 
hay que reconocen el beneücio que se les hace; pero venga- 
mos á la materia del capítulo presente. 

Aunque la diversidad de ídolos, que adoraban los indios 
de Yucatán, era excesiva, pondré los que referiré cu esto cíi- 



casado, y que la mu<Ter do este fué inventora del tejer las te- 
las de algodón, con que se vestían, y así la adoraron por Dio- 
sa, llamándola Ix «^«' ^'^^' ^' '^^J^ ^® ^^ ^^^^ único, que 
como dejo dicho, sentían haber, y le llamaban Itzamnúy tengo 
por cierto fué el hombre, que entre ellos primero inventó los 
caracteres, q"^ servían de leí ras á los indios, porque á este le 
llamaban también Itzamnú, y le adoraban por Dios, como tam- 
bién á ^^^ ídolo de una Diosa, que decían ern madre de los 
otros Dioses, y la llamaban Ix KanleoXj y otros diveisos nombres. 
Otro ídolo era figura de una muger inventora de pintura, 
y entretejer figuras en las ropas que vestían, por lo cual la 
adoraban y la llamaban Ixvhebclyax^ como también á otro de. 
Otra grande hechicera, que deciau inventó ó holló entre ellos 



UBRO OUARTO. 9ÍS. 

^ _ ^ _ * . 

la medicina, y la llamaban Lcckelj aunque tenían Dios de la 
medicina, nombrado Citbolantun. 

Aunque tenian Dios del canto, á quien llamaban Xoctntum^ 
adoraban el ídolo estatua de un indio, que decían fué gran 
cantor y músico, llamado Áh Kin Xooc^ y á este adoraban 
por Dios de la poesía, y le llamaban también PizlinUec 

Veneraban un ídolo de uno, que había sido gran capitán 
entre ellos, llamábanle Kukulcan: y uno de otro que fín^e* 
ion traía en las batallas una rodela de fuego, con que se abro* 

aaelaba, llamado Kakupacat, vista de fuego. En las guerras 
eraban 'cuatro capitanes un ídolo, cuyo nombre era Ah chuy 
Kakj que era el Dios de su^t batallas. Tuvieron por Dios & 
Quetzalcohuat el de Cholula, llamándole Kukulcan, según di* 
ce el padre Torquemada. 

Fingían otros Dioses, que sustentaban el cielo, qu,e estri- 
baba en ellos: sus nombres eran Zacál Bacal j Can(U Bacáb^ 
Chacal Bacáh y Ek el Bacáb. Y estos decian, que eran tam* 
Üen Dioses de los vientos. 

Otro decian que fué gigante, llamado Chacy inventor de 
la agricultura, y por eso le adoraban. Teníanle por Dios de 
los panes, truenos y relámpagos. Otro llamado Muí Tul Tzec 
decian, que reinaba en los malos tiempos, y sus días de éste 
eran aciagos y de mala fortuna en opinión de los indios. 

A tiempos, y ocasiones no mas adoraban un ídolo: tenian 
un madero, que vestían á modo de Dominguillo, y puesto en 
un banquillo sobre un petate, le ofrecían cosas de comer, y otros 
dones en una fiesta, que llaman Vayéyáb^ y acabada la fiesta, 
le desnudaban, y arrojaban el palo por el suelo, sin cuidar mas 
de reverenciarle, y á éste llamaban Mam; agüelo, mientras du* 
niba la ofrenda y fiesta. 

Reverenciaban otro ídolo de uno que decian había tenido 
las espinillas, como una golondrina: su nombre era, Teel cuzám. 
Otro tenia los dientes muy disforme, llamado Lahunchctam^ 
Otro que fingian escupía piedras preciosas, cuyo nombre era 
Htuhiun, ídolos también de los que labraban los cuerpos á 
los indios, que decían se convertían en flores, Herniados Acal. 
ídolos de los mercaderes, y estos tenian uno de piedra en par- 
ticular muv venerado. Habíalos de los caminantes, pescadores, 
cazadores, de las milpas, y otros, que invocaban en los tiem- 
pos tempestuosos. Dios y Diosa del vino, y uno antiquísimo 
de un gran hechicero. Diosa de los que se ahorcaban, que de- 
cian se les aparecía. ídolo del amor, de las fiírsas, de los bai- 
larínes, y otra infinidad de idolillos, que ponían á las entradas 
de los pueblos, en los caminos, en las escaleras de los templos, 
y otras partes. 

En el pueblo de Ytzmal, junto á un cerro de los muchos 
que se ha dicho hay labrados á mano, que era morada de sa- 
eeisdotes gentiles, y on él se ñuidó después el convento que hoy 



2B6. HISTORIA DE YUCATÁN. 



permanece; había un templo edificado á un ídolo, que tenían 
muy celebrado, que se llamaba Ytzamat ulj que quiere decir 
el que recibe y posee la gracia, ó rocío del cielo. Decían los 
indios, que este fué un ^ran rey, señor de esta tierra, que era 
obedecido por hijo de Dioses, y cuando le preguntaban, como 
se llamaba, ó quien era; no respondía mas de estas palabras, 
Ytzencaan Ytzen muyala que era decir: Yo soy el roció, ó 
sustancia del cielo y nubes. Murió este rey y levantáronle al- 
tares, y era oráculo, que les daba respuesta, y allí le edifica- 
ron templo. Cuando vivía le consultaban los pueblos las cosas 
que sucedían en las partes remotas, y les solía decir- las futu- 
ras. Decían, que le llevaban los muertos, que los resucitaba y 
sanaba los entermos, y así le tenían gran veneración. Estos 
indios tenían este crédito, y asi no conocían otro Dios autor 
de la vida, sino á este ídolo; que decían los resucitaba y sanaba. 
Este no es posible, sino que fué algún gran hechicero, que me- 
diante el demonio con prestigios engañaba á los indios. £1 re- 
sucitar muertos, sabemos ser reservado solamente á la potencia 
divina, pues nin^ma criatura tiene poder para ello, y asi ft los 
que decían resucitados, debía de amortiguar el demonio (per- 
mitiéndolo Dios) para que después cobrados los sentidos per- 
severasen en aquel crédito, y adorasen aquella ñgurei, (*) 

Otro templo tenían en otro cerro, que cae al ix)nicnte, de- 
dicado también á este mismo ídolo, donde tenían la ñsfurn de 
la mano, que les servia de memoria, y á este templo i levaban 
los muertos y enfermos donde decían que resucitaban y sana- 
ban. Llamávanle Kah tilj que significa: mano obradora, donde 
ofrecían grandes presentes, y limosnas. A este hacían romerías 
de todas partes, y para ello estaban hechas cuatro calzadas ¿ 
oriente, poniente norte y medio día, que corrian por toda esta 
tierra, y pasaban á Tabasco, Chiopa y Guatemala, que hoy liay 
señales de ellas en algunas partes. Tanto era el concurso de 
gente, que acudía á estos oráculos de Ytzamat ?//, y K^ab vi 

Tenían otro templo en otro cerro, que cae á la parte del 
norte, y & este llamaban Kinich Kakmó, por llamarse así un 
Ídolo, que en él adoraban, que significa sol con rostro. Decían 
que sus rayos eran de fuego, y bajaba á quemar el sucrififio 
á medio día, como baja vomndo la Vacamaya (es esta lui ave 
á modo de papagayo, mayor de cuerpo, y muy finas colores 
de plumas.) A este ídolo recurrían en tiempo do mortnndc-id, pes- 
tes, ó enfermedades generales, asi hombres como mugeres, y 
llevaban muchos presentes que ofrecían. Decían que á medio 
dia, á vista de todos bajaba un fwego, que quemaba el sacríñcío. 
Después de esto les decía el sacerdote lo que habia de suceder, 
de lo que querían saber acerca de la enfermedad, hambre, 6 



(*) El lector calificará como guste, semejante esplicacion* 



Libro óüarihj. á^f. 

mortandad, quedando sabidores de su bieit, ó mal: aunque 
muchas veces csperimentaban lo contrario de lo que se les decíow 

Los de Campeche, teniau un ídolo particular, á quien lia* 
maban Dios de las crueldades, y le sacriücaban san^ humor 
na: su nombre era Kinchachaiíhában, Los de Tihoó, dondo 
está la ciudad de Mérida otro llamado Ahchun c** *. Y así 
se llama el cerro, que está al oriente de nuestro c .nvinto, que 
debia de estar en él Para olvidar esta memoria se fundó ei| 
él una hcrmita dedicada á San Antonio de Padua, y asi todÁ 
le llaman ya el cerro de San Antonio, aunque la hermita no 
permanece* Los muy antiguos de Tihoó tuvieron otro llamar 
do Vaclomchaam, En Cozumél uno singular, que pintaban cónf 
una flecha: su nombre Ahhulané ó Ah/iKlncb. 

A las que perseveraban en el recogimiento que se ha dichOj 
que era como monasterio de monjas, porque algunas nimca qúe- 
riaii salir á casarse, y permanecian virgines, teniéndolo á gran 
virtud; cuando estas tales morian, las adoraron en sus estatuas por 
Diosas. Una de estas fué hija do un rey, fí la cual llamaron 
Zuhuy Kak: esto es fuego virgen. Era Diosa de las niñas, 
á la cual las ofrecían y encomendaban* Adoraban por Dioses 
á sus reyes ya difuntos, y lo mas fuera de razón á peces, cu- 
lebras, tigres, con otros animales inmundos, y aun ^\ misma 
demonio, que les aparecia en figuras horribles; pero esta ado* 
ración mas parece originada do temor servil, pareciéndolcs, qu0 
con ella escusarian el dafio que estas cosas les podrían hacer; 
y baste lo dicho para tan despreciada materia, y pasemos ^ 
otra de mas admiración, 

CAPITULO IX. 

Ilállansc cruces en Yucatán^ que adoraban^ siendo idolaírcÁ 
gentiles, y lo qxie de esto se ha dicho. 

Los mas escritores de las historias de estos reinos^ reierQi 
haber hallado los primeros españoles, que descubrieron á Yi>- 
catan en est^ tierra cruces, acerca de lo cual han sido tambie|L 
diversos los pareceres. Los padres Remesal, y Torqüemada di- 
cen, que el sacerdote llamado Chilam Cambal, ó Chilan Cal- 
catl (y no se llamó sino Chilan Balam) poco antes que vinie- 
ran los españoles, profetizó su venida, que es la profecia, qu6 
dejo referida en el libro segundo, y que entonces les mostró 
la señal de la cruz, y que la hizo hacer de piedra y puso en 
los patios de los templos, á donde fuese vista, que la iban á 
ver muchas gentes por cosa tan nueva, y la veneraban dc^de 
entonces. Esta fué la causa, dicen porque cuando llegó Fran- 
cisco Hernández de Córdova preguntaron los indios á los espa- 
ñoles, si venian de donde nace el sol. Esta fué la causa (di-» 
cen también) porque cuando entró el Adelantado I>. francisco 



238. HISTORIA DE yUCATAN. 

de Monlojo, y vieron los indios, que los rspafiolts .;a».lnn ^:\n- 
ta reverencia á la cmz, tuvieron por cierto lo que lu gran 
profeta los hohi»T dicho. 

El do('tt)r 1). Pedro Sanclioz de Aáfui ar en su informe con- 
tra los indios id.'»!atrí».s de esta tierní, dice, que el ori'^en dedí.-- 
cirse, que se !i;i!laron cruces en Yucatán, se ocas:on , de que 
cuando D. Her?iaudo Cortés holló á Gerónir.H d- Ajrui.ar en 
la isla de Cozuüiél, como se dijo en el priiiiLi 1. lO; puso alli 
una cruz, qué mandó adorar, la cual después o- año de mil 
y seiscientos y cuatro, gobernando esta tierra Don Dicpo Fer- 
nandez de Velasco, envió al marques del Valle, nieto de D, 
Hernando Cortés. "De esta cruz, dice, tomó, motivo un sacer- 
dote de ídolos, llamado Chitan Caníbal, de hacer una poesia 
en su len^a, que he leido muchas veces, en que dijo, que la 

(jente nuev a, (jue habia de conquistarlos, veneraba la cmz, con 
os cuales habían de emparentar. Esto mismo (dice, reíiere An- 
tonio de Heriera) y como el Adelantado Montejo, á cuyo car- 
go filé la conquista de esla provincia, tardó mas de diez años 
en volver á ella; pensaron los nuestros, íiue estos indios pusie- 
ron esta cruz, y tuvieron por profecía a ptxjsia de Chilan Caní- 
bal, y esta es ía verdad, la cua* averigüé por saber la lensfini 
de ello, y por la comunicación délos indios viejos primeros Neó- 
fitos que alcancé, los cuales ibaí á su romería al templo de 
Cozumél/' Estas son las palabras formales del doctor Aguilar. 

Que D. TIernando Cortés les dejó una cruz á los de Co- 
zumél, es cierto, y como testigo de vista lo refiere Bemal Díaz 
del Castillo en su historia, y aunque no dice allí viesen cruz 
alguna en Cozumél; tratando antes de la primera vez, cuando 
con F'rancisco Hernández de Córdova llegaron á Campeche, di- 
ce, due en unos grandes adóratenos de ídolos al rededor do 
tino como altar estaba lleno de gotas de sangre muy fresca, y 
& otra ixirte de los ídolos tenian unas señales, como á mano • 
ra de cruces. El obispo de Chiapa D. Fr. Bartolomé d« las 
Casífe, cuando como se dijo, pasó á su obispado con los reli- 
giosos dominicos quo llevaba, Ilegi'> á Campeche á seis de en.- 



padrc Torqueníada conviene en esto, y dice también, que cuan- 
do se descubrió Yucatán, no solo se Iialló una cruz, sino al- 
minas y entro ellas una de cal y canto, de altura de diez pal- 
mos en un muy solemne, y visitado templo de la isla de Co- 
zumél. La que puso D. Hernando Cortés fué de maderos, (\\\o 
nuevamente se labraron, como dice Bernal Diaz, que la vio labrar. 
Afirma también Torquemada, quo el año de mil y quinien- 
fos y veinte y siete, que fué cuando llegó el Adelantado con 
ios conquistadores de Yucatán, se averiguó haber tenido origen 
la señal do la cruz, del indio referido Chilam Balam. Pero di- 



LIBRO CUARTO. 269. 



^■^ 



^o (\ esto lo uaO; que el Adelantado presente estaba con D. Her* 
naiido Cortes, como uno de sus capitanes, cuando les dejó la 
cniz, que se ha dicho, en Cozumél, y sino so vieran otras an- 
tes, que so les hiciese aquella, fácilmente quitaría la duda á los 
que con él vinieron después á esta conquista, con decir, que 
por aquella habrían hecho otras, que se hallaron. Ni D. Iier- 
nando C/ortés fué el primero que descubrió á Yucatán, pues otra» 
. dos veces habían estado aquí españoles, como es notorio y cons* 
tanto, sin que en esto haya controversia, y pues los primeros cscri» 
toros ponderaron, que los primeros españoles hallaron cruces en 
Yucatán, bien se deja entender, que no fue la ocasión la que 
puso Cortés en Cozumél, pues Gomara habiendo escrito, como 
llegó á aquella isla, después tratando de la religión de aquellos 
inoios, dice: "Une junto á un templo, como torre cuadrada, don» 
de tenían un ídolo muy celebrado, al pié de ella habia un cer* 
cado de piedra y cal nuiy bien lucido y almenado, en medio del 
cual habia una cruz de cal ton alta, como diez palmos, á la cual 
tenían y adoraban por Dios de la lluvia, porque cuando no llo- 
vía y había falta de agua, ibím u ella en procesión, y muy de* 
votos. Ofrecíanle codornices sacrificadas por aplacarle la ira y 
enojo, que con ellos tenía, ó mostraba tener, con la sangre de 
aquella simple avecica. Quemaban también cierta resina á ma- 
nera de incienso, y rociábanla con agua. Tras esto tenían pot 
cierto, que luego llovía. Tal era la religión de estos Acuzami- 
lanos. Y no se pudo saber, donde ni como tomaron devoción con 
aquel Dios de cruz, porque no hay rastro ni señal en aquella is« 
la, ni aun en otra ninguna parte de indias, que se iiaya en ella 
predicado el Evangelio, como mas largamente se dirá en otro lu- 
gar, hasta nuestros tiempos, y nuestros españoles. Estos de Acu- 
zamil acataron mucho de allí adelante la cruz, como quien cst& 
hecho ú tal señal.'' 

Lo segundo digo, que aunque los conqtiistadores, que vinie* 
ron con el Adelantado, entendiesen entonces haber sido Chilan 
Balam pocos años antes de su llegada, seria poi-que con la poca 
iiiteligoncia de la lengua, no accrtíirian á ajustar los años, que 
no es íacil, aun á los que Iasal)en bien hacer el cómputo desús 
edades. No ser tan poco el tiempo, como ocho años que pasa- 
ron de lu venida de Cortés al principio de esta conquista^ pare* 
ce que claramente lo denotan las palabras de la profecía, pues la 
empieza, diciendo: En el fin de la décima tercia edad, y po¿ 
edad contaban el número de veinte años, como el mismo Agüi^ 
lar dice. Asi, si fuera en aquella en oue vivía, dijera en la^ad 
presente, como dijo Ah Kukíl Chel (otro de los referidos) coi 
su profecía. Ni tampoco parece la edaid siguiente inmediata, pues 
no la pronunciara con términos, que d£i & entender protón* 
gacion de tiempo, y era mas fácil decir: on la edad que SB 
si)|ue á é.sta. For lo menos la venida de nuestros españoleé 
:chenta años antes la predijo ol otro sacerdote gentil» Uaxn&do 



960, HISTORIA DE YUCATÁN. 

Nahau Pech, diciendo, que vcndiian de allí á cuatro edades. 
Y aun el padre Fucnsalida en su relación, diciendo, cuando 
los indios Ytzaes dejando esta tierra, poblaron la que hoy vi- 
ren, afirma, quo fue mas de cien años antes, y que se fueron 
allí huyendo de la venida de los españoles, de que tuvieron 
noticia, mediante las profecías de aquellos indios, que tenían por 
sacerdotes, que so la prenunciaron. Ni tampoco había sido ne- 
cesario se hubiese predicado antes la ley evangélica, para quo 
hubiese cruces, pues tuvo el origen, que se ha dicho antes. NI 
en el corto tiempo referido parece haberse podido radicar tanto 
entre los indios la veneración de la cruz, adorándola por Dios, 
iat)ricrmdole templo, y ofreciéndole sacrificios tan diversos. 

En medio del patio, que hace el claustro de nuestro co* 
vento de la ciudad de Mérida, hay una cniz de piedra, que se« 
r& del grueso de una sesma por cada parte de los cuatro la- 
dos, y como una vara de largo, y se echa de ver estar su lon- 
gitud (quebrada, y faltarle algún pedazo. Tiene sacado de m^- 
dio relieve en la misma piedra una figura de un Santo Cru- 
cifijo, como do mcdia^ vara de largo. Entiéndese haber sido una 
de las que en el tiempo de la infidelidad de los indios se ha- 
llaron en la isla do Cozumél. (labia muchos años, que esta- 
ba en lo superior de la iglesia, y se decia, que desde que la pu« 
sieron allí, no daba casi rayo alguno, y que de antes solían caer 
muchos en el convento. Cayóse con al^un temporal, y la baja- 
ion á la iglesia, donde algún tiempo la vimos arrimada al pié dol 
altar de la capilla dol capitán Alonso Carrio de ValdOs, con po- 
ca decencia. Habiendo sido electo provincial el rcverci]4o padr^^ 
Fr. Antonio Ramírez, por decirse lo que se decia de esta Santa 
cruz, y colocarla mas decentemente; hizo labrar un asiento de pie* 
dra de sillería, y sobre él unas gradas, en medio una coluna de 
altura competente, en cuyo remate hizo fijar el de la cmz, que- 
dando derecha, y la efigie del Santo Crucifijo á la parte orien- 
tal: dorados los rematos de la cruz, qile son labrados de vistosas 
molduras. Por la voz común, asi de religiosos, como seculares, 
y por no afirmar cosa de qtie no hay total certidumbre, se puso 
6 las espaldas de ella un rótulo, que dice: J3¿fta Cruz se halló 
en Cozumel sin tradición. Habiendo sabido D. Lugenio de Al- 
cántara (que murió beneficiado del partid.> de Hoctiin, y fué do 
los ministros doctrineros, que mas lengua han sabido de estos in- 
dios: curiosísimo en averiguar antiguallas suyas, grande eclesiás^ 
tico, y zclosisimo de que fuesen verdaderamente cristianos) que 
andaba yo ocupado en estos escritos, me dijo no una vez sola, 
que podia escribir con seguridad, que esta Santa Cruz la tenían 
los indios en Cozumél en tiempo de su infidelidad, y que había 
años, quo se llevó á Mérida porque habiendo oído á muchos lo 

3uc so decía de ella, habla hecho particular inquisición con in- 
ios muy viejos de por allfi, y se lo habían afinnado asi. 

podia hacer dificultad la efigie del KSanto crucifijo quo tiene; 



LIBRO CUARTO. figl. 



pero considerado lo que se ha dicho en este libro, que creian estos in- 
dios, que el hijo del Dios á quien llamaban Bacab habia muer- 
to puesto en una cruz tendidos los brazos, no narece tan difícil de 
entender le tuviesen figurado, según el crédito oe religión que tenían* 
El padre Torquemada dice, que después que el indio Chi- 
lan Balam les manifestó la señal de la cruz, la tenian por el 
Dios de la lluvia; estando muy certificados, que no les íaltaria 
cuando devotamente se la pidiesen. El doctor Yllescas dice 
también en su pontifical, ouc tenian un Dios & manera de crua^ 
que llamaban el Dios de la lluvia. Confírmalo el aumento de 
la descripción latina de Ptolomeo, con estas palabras. "En ló 
interior, y escondido de esta isla habia un templo cuadrado la- 
brado de piedra, muy celebrado en su antigua religión de los 
indios, en medio del cual se veia una cruz de altitud de diez 

Salmos, á la cual adoraban." Y prosiguiendo dice, que creian 
e ella lo que después dijeron el doctor Yllescas y padre Tor- 
auemada. Pero tmtando aquel autor, de donde haya procedió 
o, que los indios adorasen la cruz, dice que es incierto, co 
mo también lo habia dicho Gomara, si bien nota, que refiere 
Pedro Mártir Milanés. "Que los habitadores de aquella isla por 
tradición de sus mayores decian, que por estas tierras habia an- 
tiguamente pasado un varón mas resplandeciente, que el sol, el 
cual habia padecido en una cruz, y que por esta causa sienh 
pre les fué venerable su memoria, y imagen de la cruz." 
La singularidad de un ídolo, que había en aquel templo, 
por cuya causa era tan visitada de peregrinos aquella isla^ 
e reservado para terminar las cosas del tiempo de la infideli- 
dad de los indios. Estaba este ídolo en el templo cuadrado, 
que se ha dicho, era muy diverso y estraño de los demás, su 
materia era barro cocido, la figura ^ande y hueca, pegada & 
la pared con cal. Habia á las espaldas una como sacristia, y 
en ella tenian los sacerdotes una puerta pequeña oculta abier- 
ta á las espaldas del ídolo, por donde uno de los sacerdotes SD 
entraba, y de allí respondía á las demandas, que le eran he- 
chas. Creian los miserables engañados, que su ídolo los ha*- 
biaba, y creian lo que se les decia, y asi le venerabsoí mas 
que á los otros con diversas ofrendas, sacrificios de sangr^,^- 
ves, perros, y aun á veces de hombres. Como este siempre ft 
su parecer les hablaba, era tan grande el concurso de todas 
partes á consultarle y solicitar remedio á sus cuidados; con 
que ya que he dicho lo posible del estado antiguo de esta tier- 
V», paso al que tiene después de su conversión en el cristianismo. 



i 



CAPITULO X. 

Del estado y gobierno político déla ciudad de MéridOf ca» 

beza de Yucatán. 

Habiéndose sujetado Yucatán & la corona reíd de Castilla^ 



íilii. IlfSTOBlA DK YL'( ATA-\. 

y pobladolA los ospañoles del modo que se lia dicho, mientras 
sucedia; estaba gobernando el Adelantado la ciudad Real de 
Chiapa de españoles, y provincias de Honduras por orden de 
el rey. Pnsose allí audiencia, que llamaron de los Confines, 
con que cesó su gobierno, y como por la capitulación hoclia 
para la conquistci de esta tierra, era gobernador perpetuo de Yu- 
catán, que ya estaba pacifico; vino á gobernarla. Poco des- 
pués se le tomó residencia, y con ella, para dar sus descargos 
y otras pretensiones, se fué á la corte. Después aquel tiem- 
po gobernaron á Yucatán alcaldes mayores, enviados ya de la 
real audiencia de los Confines, ya de la de Méjico, hasta que 
vino el doctor Quijada proveido de España, con titulo de al- 
calde mayor, y en su tiempo desde el año de mil y quiniou- 
tos y sesenta y uno, ha permanecido este gobierno subordina- 
do ¿ la de Méjico. Desde este caballero los restantes la han 
gobernado con título de gobernador, y aunque á todos llama- 
ban capitanes generales; el primero que con título real vino, 
fué el capitán Francisco Ramírez Briccño, y dospues a todos 
los sucesores se les ha dado distinto de la merced del gobierno. 
También han tenido la preemidencia tan honorífica (como pro- 
vechosa á sus intereses) de encomendar indios en nombre de el 
rey, sin dependencia do la real audiencia, ni señores viri'eycs 
de la Nueva España; antes les está prohibido intrometersc en estas 
Encomiendas, sino es que por via de apelación se recurre (\ ella. 

Las que han dado algunos gobernadores interinos y alcal- 
des ordinarios por nmertc de gobernadores propietarios, se dila- 
tó confirmarlas algún tiempo; pero el supremo consejo de las 
indias por auto dado en Madrid á diez y nueve de Abril de 
mil y seiscientos y cincuenta y dos años, tuvo por bien do 
declarar: no obstar á las Encomiendas de Yucatán d(*dncidas 
en la causa, y detenidas en ella por el defecto referido, para 
conseguir la confirmación que pedian los interesados en cHasr. 
Lo cual dicen, sea sin perjuicio de otros defectos, que ^^'^^^ 
ello opusiese, ó tuviese opuestos el fiscal de su mngrcísiad Pa- 
ta lo de adelante ordenaron se dcspaclícn cédulas generales, 



ffa 



lo de adelante ordenaron se dcspaclícn cédulas generales, pa- 

que los gobernadores en ínterin, que fueriMi nombrados por 

virreyes y presidentes, que tienen autoridad para ello, las 



ron QUe las auaicucit»» tru y^v^v, pi«.-c«iua viiiiuy u ^outTiuiuur, 

QUe' tenga la dicha facultad, sucediendo el caso de qued?ir ])or 
vacante el gobierno en ellas, puedan usar de la dicha facultad, 
y proveer las Encomiendas vacas de sus distritos. En cuan- 
10 á lo de Filipinas determinart)n otras cosas, d(?spues de las 
cuales declararon. Que de alli adelante los alcaides ordinarios 
de Yucatán y Venezuela, y otros cualesquiera de las indias, 
aunque tengan el gobierno político de cualquier modo, no pue- 
dan iisari oi usen de aquella facultad, ui encomienden indios 



LIBRO CUARTO. ^^[}. 

algunos, porque las vacantes que se ofrecieren en su tiempo, han 
de quedar reservadas á los gobernadores propietarios ó interi- 
nos: sin embarífo do las reales cédulas despachadas para Yu- 
catán, Venezuela, y otras que se hayan dado, y que esto se 
guarde, mientras el consejo no determinare otra cosa. 

Reside el gobernador do Yucatán en la ciudad de Heri- 
da, donde provee lo tocante á gobierno y justicia, y tiene da 
salario un mil pesos de oro de minas cada año, pero los in- 
terinos la mitad. Hay un teniente general letrado, que ha de 
ser por lo menos abogado de al^na de las reales audiencias, 
para determinar lo tocante á justicia, asi civil, como criminal, 
y tiene de salario cada un año quinientos pesos, y el que no 
es nombrado por gobernador propietario la mitad, y se pa^aii 
estos salarios de las rentas reales. El teniente tiene obligación 
por cédula real especial de residir en la ciudad de Mérida, y 
por su propia persona decidir las causas ocurrentes. 

El gobernador en nombre de el rey,, según el derecho do 
su real patronato, presenta todos los beneficiados y doctrineros, 
asi clérigos seculares, como regukires, haciendo nominación, se- 
gún ordena el derecho canónico, para que se dé la colación, 
no solo en todo lo que se llama Yucatán y Cozumel, sino tam- 
bién para la provincia de Tabasco; cuyas encomiendas de indios 
«isimismo provee, aunque en lo temporal la gobierna un alcal- 
de mayor nombrado por el rey. Las apelaciones de las sen- 
tencias del gobernador y su teniente general, se hacen para la 
real audiencia de Méjico. 

El cabildo secular de esta ciudad consta de dos alcaldes 
ordinarios, que los elige el mismo cabildo cada año; alguacil 
mayor, que es el primer voto inmediato á los alcaldes, alférez 
mayor, en cuyo poder está el estandarte real, á quien siguen 
todas las compañías de milicia, tesorero de cruzada, oficio qua 
hoy goza de particulares favores, y prerogaiivas, que hasta aho- 
ra no lia teniao, y con cédula es|)ecial se concedieron al capi- 
tán Antonio Maldouado de Aldana, y doce regidores, que aun- 
que á los principios se nombraban cada año, después se com- 
praron quedando perpetuos, y uno de ellos es dc|:)ositario ge-, 
neral. Soliánse elegir dos alcaldes de la santa hermandíid ca- 
da año, y de algunos á esta parte lo son los dos ordinarios, 
porque pareció conveniente no multiplicar persona^ en estos ofi- 
cios. Porque en las juntas de cabildo se procediese conforme 
á derecho; se mandó \k)t cédula rea! dada en Badajoz, «'i vein- 
te y uno de Octubre de mil y quinientüís y orlienta años, que 
cuando los regidores se hubiesen de juntará cal i ido, diesen no- 
ticia al gobernador para que presidiese las juntas. 

Reside en la ciudad la real caja de su ni.iírestad adminis- 
trada ella, y sus rentas y regalías por dos oficiales tescírcro y 
contador, nombrados por el rey. Hubo antiguamente entre los 
oficiales reales y cabildo secular, competencia sobre la preceden- 



Mi. mSTORlA DE YUCATÁN. 



cía de los asientos en los actos públicos, y por eédula leal do* 
da en Madrid, se declaró que la justicia, gobernador, su tenien- 
te y alcaldes ordinarios, que por tiempo fuesen de la ciudad 
de Mérida, preñriesen á los oficiales reales en todos los acto3 
públicos donde concurriesen. 

Hay pública albóndiga, que la fundó de sus bienes Her- 
nando de San Martin, para el común y socorro de los pobres 
en la necesidad. Nómbrase cada año con los demás ofídos do 
república un mayordomo, que cuide de ella, y quedó el cabil- 
do secular por su patrón, que dispone su espedicion. Este es 
el gobierno para lo de la paz. 

Para lo de la guerra es capitán general, nombrado por el 
rey, el gobernador de esta tierra, y como tal dá títulos y pa- 
tentes de capitanes y nombra los demás oficiales de milicia. Tie- 
ne la ciudad de Mérida cuatro compañias de infantes arcabu- 
ceros españoles, y una de caballos lanzsus ginetas, que se com- 
pone de ios encomenderos de indios de los pueblos, jurisdic* 
cioii de la ciudad, otra de arcabuceros mulatos, y cuatro com* 
pañias de indios de los barrios, que son piqueros y flecheros: 
unos y otros muy diestros en el ejercicio de sus armas, por 
la continua disciplina militar en que los ocupan los goberna- 
dores, ocasionados de la necesidad que hay todos los años de 
defender la tierra de las cotidianas invasiones, que enemigos co- 
sarios hacen en los puertos menos guardados, y muchas veces 
saliendo á la mar en bables á resistirlos, porque alli es mas 
continuo el dañó con los robos de las haciendas de estos rei- 
nos, que se traginan de unas provincias á otras, llevando las em- 
barcaciones sin armas con que defenderse y ofender. Mucho 
ha que oigo decir, se trata de poner remedio en esto, pero no 
se ve la ejecución. Los dueños de las haciendas lo esperimen- 
ían con notable daño, pero al cabo las fian, no solo á los con- 
trastes del mar, sino á la violencia de los piratas. Tienen las 
compañías referidas maestro de campo, sargento mayor, y ú ve- 
ces suele nombrar el gobernador (por ocupaciones ae gobierno) 
teniente de capitán general. Hay capitán de la artillería grue^ 
sa, con sueldo de trescientos pesos de mina, y á su cargo es- 
tán diez y seis piezas, que la ciudad tiene para su defensa. 

Hácese todos los años reseña general de las armas, á que 
acuden todas las compañia^s, manifestando las suyas: asi enco- 
menderos las que tienen por obligación (que llaman cargo de 
encomienda) como los demás vecinos libres de ella, y son mu- 
chísimos los que á su costa pueden armar otros dos, y tres 
soldados forasteros, que no las tengan, ofreciéndose necesidad 
de ello. Todos los vecinos están alistados en sus compañías^ 
asi los que residen en la ciudad, como los que viven en los 
pueblos de su jurisdicción, como si fueran soldados pagados: 
siendo notable la presteza con que se juntan, para socorrer cual- 
quier puerto, distante doce, diez y seis, y mas leguas y aun 



LtBRO CUARTO. 265. 



lá villa de Campeche; con alargarse & treinta y seis. Otro dia 
inalado después de la muestra de armas, suelen formar en I^a 
plaza mayor (que lo es de ellas) escuadrón guarnecido de la 
caballería^ que en tales ocasiones los he visto llevar carabinas 
en lugar de lanzas, y allí escaramuzan haciendo otros egerci- 
cios militares. Cierto ed de ver este día, porque procuran salir 
oficiales, y soldadoá lo mas lucido y flanes, que les es posible. 

Para el gobierno general de los mdios hay nombrados letra- 
do, procurador, defensor, int(;rprcte, á quien recurren los indios 
con todos sus negocios, y están obligaoos á solicitarles su des^ 
pacho, porque tienen estos oñcios renta, que se paga de una 
pequeña contribución, que cada indio dá, la cual llaman Hol- 
patán, y aunque como he dicho es corta en cada singular, como 
6ón tantos, llega á cantidad crecida. Recógela como mayordo- 
mo una persona abonada; que la distribuye, y tiene por este 
cuidado quinientos pesos do renta. De ella se dan ai escribano 
mayor, 6 secretario de gobernación, que llaman, dos mil pesos 
cacui un año, porque hace todos los despachos pertenecientes al 
de los indios, como son nombfainientos de gobernadores, con- 
firmaciones de alcaldes y regimientos de todos los pueblos, y 
otras cosas pertenecientes á ellos. Tiene este oficio en propie- 
dad el capitán D. Pedro Diaz del Valle, cuyo padre se le com- 
pró al rey para si, y para sus descendientes perpetuamente, y 
es uno uo los cargos mas honoríficos, que tiene este reino. 
Deben mucho estos escritos á esto caballero, en especial para 
haber dado razón de la conquista, por la mucha confusión con 
que se menciona (y aun anda aada á la estampa en otras 
historias) porque con benevolencia me franqueó su archivo, don^ 
de están las probanzas de los conquistadores, de que me vali 
solamente, no fiando la certidumbre menos, que de instrumen- 
tos tales, me aun muchos interesados, pidiéndoselas, no cui- 
daron de dármelas. 

Lo material de la ciudad de Mérida está fabricado con to- 
do cuidado, las calles muy capaces, tiradas por cordel derechas 
de oriente á occidente, divididas en cuadras por igual, que ha- 
cen calles, asimismo derechas de norte á sur. En medio de 
ella está la plaza mayor, que tiene de oriente á occidente cien^ 
to y noventa y tres pies geométricos, y de norte á sur otros 
tantos. Entrase & ella ñor ocho calles derechas, dos al oriente, 
dos al occidente, dos al norte, y dos al sur, igualmente pro* 
porcionadas. La santa iglesia catedral le hace ¿rente al oriente^ 
las casas reales, que llaman, donde viven los gobernadores, ^s^ 
tan 6 la parte del norte, y les hace frente á la vanda del sor, 
las que fabricó para s! el Adelantado D. Francisco de Montejo 
con una portada labrada de piedra muy vistosa, que sola la fúr 
brica de ella costó catorce mil pesos. A una cuadra de la pla-^ 
za mayor corresponden por ambas partes de norte y sur otras 
dos plazas mex;or^ que ella, l^as casa$ do la ciu4w spn to* 



2tíÜ. HISTORIA DE YUCATÁN. 

c1a3 de cal y cauto, obra de mamposter í a: • bailas muy vistosas, 

Íde gran vivienda. Todas están cubiertas de azotea: solo una 
abia con tejado, que se cayó el año pasado de cincuenta y 
cuatro, con el gran temporal de Octubre. El asiento de la ciu- 
dad es tan llano, que apenas tienen corrientes las calles: hay 
en algunas pozos donde se sume el agua de las lluvias pero 
no es suficiente desagüe para muchas. Como la ciudad no tie- 
ne propios, no se trata de remediar el daño, que de la deten- 
ción de líis aguas puedo, y debe de seguirse á los vecinos 
junto á cuyas casas se rebalsan. Tendrá la ciudad cuatrocien- 
tos vecinos españoles: quedó muy falta de gente con la peste 
de los años de cuarenta y ocho, y el siguiente. Es muy cre- 
cido el número de mestizos, mulatos y negros, que en ella re- 
siden, asi nacidos en esta tierra, como venidos de fuera de ella^ 

CAPITULO XI. 

JJd gobierno eclesiástico^ y de la &anta Catedral de la c*tt«- 

dad de Mérida. 

Aunque luego que se halló este reino de Yucatán, se trató 
de hacer erección de nu(;vo obispado con tantas veras, que el 
sumo pontífice hizo la gracia (x D. Fray Julián Garcés, quo 
después fué primero de Tiascala, ó ciudad de la Puebla de los 
Angeles, como se dijo en el libro primero: cesó por entonces 
la ejecución, porque también cesó la pacificación de estos indios. 
Y aunque también se dio principio á ella, no se hizo erección 
de obispado de Yucatán, hasta que pasaron algunos años deso- 
íos pre- 
jurisdic- 
snperio- 

res de las órdenes mendicantes, que residían en estos reino5!, 
ocupadas cñ la conversión de los indios. Estando ya en dis- 
posición de hacerse erección de obispado, á petición de nuestro 
rey Filipo Segundo, que está en gloria, la santidad de Pió cuar- 
to, por su bula dada en Roma en S. Pedro, á diez y seis de 
Diciembre do mil y quinientos y sesenta y un años, el segun- 
do de su pontificado eriíri''» la igclsia de la ciudad de Mcrida 
en catedral, para que desde ent nces tuviese obispo que se nom- 
brase de Yucatán y ^'^zuMiel, dando por titular á la Santa ca- 
tedral el glorioso S. Ildefonso, arzobispo y patrón de Toledo. 

En el libro tercero queda dicho como los ciudadanos de 
Mérida dieron por titular á su iglesia, nuestra señora de la Eh- 
carnacion, olvidando la promesa, que á este glorioso santo hi- 
cieron el año antes; y sin haberse hecho memoria de él desde 
entonces, ni haber dado noticia de lo prometido al rey, ni su 
magostad ai pontífice: su santidad por propio motivo, haciendo 
'•reccion de obispado, dio (i aquella ?anta iglesia por titular este 



LIBRO CUARTO. &ü:. 



glorioso santo, cumpliendo la promesa que le estaba iiechíi, 
que es cosa digna de ponderación. 

El primero obispo presentado para ella fué D. Fr. Juan 
de la Puerta, religioso de la orden seráfica (y aun juzgo, que 
do esta provincia, porque entre todos los religiosos, que en es- 
tos reinos habia en aquellos tiempos, no se nombra otro con 
este nombre, sino uno que hubo en ella) que no gozó el obis- 
¡)odo, porque murió recien electo, como dice el padre Torque- 
niada en su monarquía indiana. Por su mtierte fué presenta- 
do D. Fr. Francisco Toral, religioso de la misma orden, que 
habia sido provincial de la Sanuí provincia fiel Santo Evan- 
gelio de Méjico, y fué el primero consagrado, que tomó po- 
sesión de esta iglesia, auntiue tercero en la presentación para el 
obispado, lis sufragánea de la Metropolitana de Méjico, y su erec- 
ción la misma, y asi goza de todas las cláusulas de ella, espe- 
cialmente en razón de las cuartas que se adjudican al prelado y me- 
sa capitular, los dos novenos al rey, y los escusados á la Catedral. 

Tiene esta Santa Catedral cuatro dignidades, Dean, Arce- 
diano, (Jliantrc y Maestreescuela. Los años pasados ordenán- 
dolo asi el rey con autoridad de la Sede Apostólica, se supri- 
mió la tesorería, aplicando la renta de esta di^idad para los 
señores inquisidores del Santo Tribunal de Méjico, á quien so 
los remite. Hay dos canon^ias y dos raciones, que juntas con 
las dignidades forman cabildo. Tiene seis capellanes de coro, 
y otros cantores asalariados para la celebración de los oficios 
divinos, que según la continua asistencia á olios reverencia y 
solemnidad, con que Dios nuestro señor es venerado y alaba- 
do en este santo templo; puede competir con otras de muy grue- 
sas rentas y de muchos ministros, que satisfagan á tantos pia- 
dosos empeños, como tiene una catedral. La solicitud, y devo- 
ción de las dignidades, y demás eclesiásticos de ella, suple, quo 
la tenuidad de las rentas, y ministros no haga falta á su vene- 
ración. Para los españoles hay en ella dos curas, y otro para 
los negros y mulatos; proveídos por oposición en concurso pú- 
buco, con presentación del gobernador en nombre del rey. Otro 
cura proveído en la misma forma, administra los santos sacra- 
mentos á los indios criados de los españoles de la ciudad, y (í 
los mestizos y juntamente es cura propietario de cinco pueblos 
de indios, que son como arrabales de la ciudad: sus nombres 
Santiiiffo, Santa Ana, Santa Catalina, Santa Lucía y S. Sebas- 
tian. También se provee por oposición en la misma fornia, que 
los beneficios el oficio de sacristán mayor de esta santa idesía. 
Es hoy comisario, subdelegado de la Santa cruzada el aoctor 
D. Juan Muñoz de Molina, calificador del santo oficio y Chan- 
tre, persona de quien en la vacante presente se hace memoria, 
y será siempre corta para la que sus muchas letras se merecen. 
Mas son de cuarenta las capellanías, que personas devo- 
tas han fundado en ella, y tres cofradías muy piadosas y de- 



\¿05. lIL^rORIA DE YUCATÁN. 

\*otas. La una del Santísimo Sacramento, cuyas misos se di- 
cen en su sagrario; y también en honor de este sacrosanto mis- 
terio, todos los terceros domingos de cada mes se canta una mi- 
sa con mucha solenmidad y devoción, estando patente el Divi< 
no Señor Sacramentado, y después por fuera en gradas se lle- 
va en procesión. Otra cofradía es fundada en reverencia de la 
siempre virgen MARÍA señora nuestra, y sus misas se dicen 
en altar propio, que está á la espalda de el coro con una ima- 
gen de talla entera muy hermosa: su titulo úe la Natividad. 
De esta imagen se dice, que habiéndola llevado á Méjico pa- 
ra renovarla, y vucltola el año de núl y quinientos y noventa y 
dos, cuando la sacaron del cajón en que venia, la halló el mia- 
yordomo Gerónimo de Castro con mucho sudor en el rostro, 
y comunicado el caso al doctor D. Pedro Sánchez de Aguilar, 
dice en su informe, que por entonces le pareció atribuirlo al nue- 
vo barniz, y no á milagro, aunque después lo tuvo por cosa 
milagrosa. Otra cofradia es de las ánimas de purgatorio, y di- 
cense sus misas en el altar de San Gregorio. Tiene jubileo y 
indulírencia plenaria para los cofrades, que habiendo confesada 
y comulgado, entraren en ella por hermanos, y para los que con 
la misma preparación visitaren este altar los dias de la festivi- 
dad del Santo, de la Natividad del Señor, el segundo de la Re- 
surrección, el primero de Pentecostés, y el de todos los San- 
tos. Concedi<>le la santidad de Paulo duinto en Roma en Santa Ma- 
ría la Mayor, á diez y seis de Marzo de 1617 años. Nuestro Santo 
Íadre Urbano Octavo concedió por su breve dado en Roma en S. 
*edro, á primero de Abril de 1628 años, el quinto de su pontiíi- 
cado, que en el mismo a1t¿ir se sacase ánima. ael purgatorio el dia 
de la Conmemoración de todos los difuntos y ios de su oct- va, 
y todos los lunes y viernes del año. Sustentanse éstas cofradías 
con las limosnas que dan los vecinos de la ciudad. 

Lo material de esta Santa Catedral es una de las mas lu- 
cidas fábriciis, que hay en todos estos reinos do la Nueva Es- 
paña. Está situada, y hace frente en la parte oriental de la 
plaza mayor de la ciudad, y tiene su suelo de hueco de orien- 
te á occidente doscientos y treinta y «?n pies s[eométricos, que 
hacen la longitud: y de norte á sur ciento y diez, que hacen 
su latitud. En este espacio están fabricadas doce colunas 6 
pilares de '>rden dórico, 4"® forman tres r^aves de norte á sur, 

? siete de orieiue á occidente. Corresp^ Hen á las colunas del 
ueco, incorporadas en el muro del edificio, volando de unas ft 
otras hermosos arcos de prima cantería, cerrados con bóvedas 
de muy vistosa laceria, hacen artesones cuadrados el crucero 
nave del medio y sus dos colaterales, las restantes son llanas. 
La cúpula es media naranja, aue se levanta sobre una comí* 
8a de labor correspondiente á los pilares, y hace un vistoso re- 
lieve, cubierta de artesones, y variedad de molduras, sobre cu* 

l^a cúpula üeae uoa Untcraai obrada coa colunas y Gonisa cer« 



IJBRO CUARTO. 26[i. 



rada de bóveda. Entre las medias colanas de el muro, embe- 
bidas en él hay por cada parte cinco capillas, y en lo supe< 
ríor de cada una otra ventana ^^rande, con que el hueco del 
edificio queda muy claro y alegre. A lo occidental de él, y 
fin de estas capillas terminan otras dos cubiertas de bóveda, 
edificadas fuera del muro, aunque coQitínuadas con él, y por su 
interior de la iglesia la entrada de ambas. En la del sur es- 
tá el sagrario y depósito del Santísimo Sacramento, de donde 
los curas le acuninistran á sus parroquianos y sirve de parro- 
quia: en la del norte está el bautisterio. La nave del evan- 
gelio tiene á lo oriental una capilla, que sale fuera de el mu- 
ro, capaz y bastantemente curiosa, aedicada á i a gloriosa Santa Ana. 
Por altar mayor tiene un retablo de tres cuerpos de igual 
proporción á la vista, y por remate otro de diversa. Contiene 
en si cada cuerpo ocho colunas, cada dos forman un nicho, 
que hacen entre ellas catorce (con otros tantos cuerpos de San- 
tos de talla entera) y hace cada uno una figura redonda de 
primorosa ^^^ultura, quedando entre uno y otro un tablero do 
pincel. La calle de el medio tiene ea el primer cuerpo el sa- 
l^rario de arquitectura chorintia: es de dos cuerpos con su cú- 

Íula, y remate. En el segundo está el titular y patrón San 
Idefonso de medio relieve; el tercero tiene una tabla de la A- 
suncion de nuestra Señora de la misma escultura; el cuarto y 
ftltimo es un devoto Crucifijo, á cuyos lados corresponden una 
imagen de la virgen de talla entera, y otra de el evangelista 
San Juan. Cierra toda esta fábrica con un arco redondo, cuyo 
medio ocupa una imagen del Eterno Padre de medio relieve, 
correspondiente á las tablas de la calle del medio, y á los es- 
tremos las dos virtudes de fé y esperanza, terminando ambos 
lados dos escudos de las armas de nuestros católicos reyes. 
Ocupa toda la testera de la nave, y por lo alto hasta el prin« 
cipio de la bóveda. Su costa fué de mas de veinte y un mil 
pesos, que por tercias partes dieron el rey, los encomenderos y 
todos los indios de esta tierra. Su sacristía tiene muy ricos 
ornamentos, y mucha plata para el servicio del Culto Divino, en 
especial dos custodias una grande, y otra pequeña. Su adorno 
7 grandeza mas se debe á la piedad y devoción de los prelados 

L prebendados, juntamente con las limosnas, que nue^h)s reyes 
1 hecho, que á las rentas que tiene, porque son cortas para tan- 
la ffrandeza, como es con la que se administra en ella, pues hasta 
d ano de mil y seiscientos y cuarenta, el mas ventajoso en los diez- 
nos de este obispado, fué el de seiscientos y treinta y seis, y en 
éste llegó la gruesa, pagados los salarios de los que los administran; 
no mas de ft once mil novecientos y setenta y seis pesos. 

No es menos vistoso lo exterior de este santo templo, cu- 
ya entrada es .por cinco puertas, una al sur, otra al norte de 
(igual proporción, y tres ai occidente, que corresponden á la9 

Cxes calles de la loogitud. La del medio tiene labiada de caxi^ 



v;i.. HISTORIA IjK VtiJAfA.N. 



teria (obra chorintia) una portada de perfecta aniiiitectura, que 
cierra con un arco volado correspondiente á la altura de la bó- 
veda, y sobre él un escudo grande de las armas reales: obra 
tan perfecta, gue cuantos le ven, tienen que ponderar la des- 
treza del artífice (*). Remata esta obra en lo alto con unos cor- 
redores labrados de cantería, y en Jas esquinas con dos torres 
de tres cuerpos, aunque la que cae al sur no estaba acabada. IW 
zimborio está adornado de remates, cornisas y colunas, que a- 
compañan á la linterna, que le cierra, sirviendo de estrivo ¿i 
este adorno cuatro arbotantes, que todo junto ofrece agradable 
perspectiva. Costó esta fábrica mas de docientos mil pesos, que 
dieron por tercias partes nuestros reyes, los encomenderos por 
su mandato de las rentas que les dio, y la otra contribuyeron 
todos los indios para ella. En esta conformidad se han dado 
para esta santa iglesia, y su adorno desde su fundación, hasta el 
año de mil y seiscientos y cuarenta y tres, trecientos y seten- 
ta y tres mil pesos, que se han gastado en ella, conjo consta de 
la instrucción, que la ciudad remitió aquel año á sus procuradores 
en corte, y sin esto hay cédula real para que en la misma forma 
se den vemte y cuatro mil pesos para sus obras y aumentos. 

El monumento, que esta santa iglesia tiene, para depositar 
el Santísimo Sacramento el jueves santo, es fábrica de órdea 
dórica, que casi llena el hueco de la nave del medio, aunque 
su altura no llega á lo superior. La disposición, y proporción 
es agradable y campea mucho con la multitud de luces, que ar- 
den en la presencia de aquel divino Señor. 

No se sabe ya el día cierto de la dedicación deste santo 
templo, aunque quedó memoria del año en que se acabó, gra- 
vada en la cornisa del zimborio por la parte interior, que aic :; 
asi: "Reinando en las Españas é Indias orientales y occidcntal«>s 
la magestad del rey Felipe Segundo, y siendo gobernador y ca- 
pitán general en su lugar teniente de estas provincias D. Die- 
go Fernandez de Velasco, se acabó esta obra. Fué maestro ma- 
yor de ella Juan Miguel de Agüero. Año de 1598." 

Para dar buen fin á este capitulo, digo^ q"^ el santo tri- 
bunal de la fé, tiene en este reino de Yucatán cuatro comisa- 
ños. Uno en la jurisdicción de Mérida, otro en la de Cam- 
peche, otro en la de Valladolid y otro en Champoton. El uno 
es clérigo secular, y los tres son religiosos de esta provincia. 

CAPITLXO XII. 

De nuestro caw^^^ principal^ y iglesia de la ciudad de 

Marida. 

El convento priiicipal, y como cabeza de esta provincia, es 
el que comunmeníe se llama el de S. Francisco de Mérida, aun- 

(•) El año de 1821, se echó abajo esta obra soberbia, cuya 
oito Qun 60 vé junto & las armas nacionales. 



LIBRO CUARTO. :¿7l. 



que su titular es la Asunción de nuestra Señora. Tiene el 
primer lugar entre los demás, si bien la fundación del de Cam* 
peche le precedió en tiempo, porque la de este fué el año do 
mil y quinientos y cuarenta y siete, y asi en antigüedad sigue 
á la santa catedral, y precede á las demás iglesias y conventos 
de la ciudad. Su iglesia es obra de mamposteria, gruesas mu- 
rallas y cubierta de bóveda. No tiene la capacidad en grandeza, 
que parece era necesaria para el concurso de los ciudadanos 
en las festividades, que ordinariamente es lo mais de la ciudad, 
pero es la suficiente. Fundóse en la infancia de la población 
de esta tierra, y entonces debió de parecer bastante para cual- 
quiera ocurrencia. Está situado en un cerro pequeño de los 
muchos que habia hechos & mano en esta tierra, donde estaban 
unos edificios antiguos, cuyos vestigios hoy permanecen debajo 
del dormitorio principal. Aimque el Adelantado D. Francisco 
de Montejo tenia asignado aquel sitio para una de las dos for- 
talezas, que había de edificar en esta tierra, según lo capitu- 
lado; pidiéndosele el bendito padre Fr. Luis de Yillalpando para 
edificar el convento, le conceaió sin repugnancia alguna. Es 
casa capitular, donde se han celebrado todos los capítulos pro- 
vinciales de esta provincia, y los prelados de ella han aumen- 
tado mucho lo material del edificio, porque no era capaz la 
vivienda para la comunidad, que de algunos años á esta parte 
reside en él, que es de ordinario de mas de cincuenta religio- 
sos por causa de los estudios de filosofia y- teología. Para esta 
hay tres lectores, y para aquella uno, y á estos estudios acu- 
den algunos seculares, ' de quien han salido sujetos lucidos que 
ocupan hoy beneficios curatos de este obispado. 

El R. padre Fr. Fernando de Nava alargó el principal 
dormitorio en la grandeza que hoy tiene. Era el refectorio 
muy estrecho, y asimismo el de profundis, que le correspon- 
día, y en sitio cercano labró otras dos piezas para que sirvie- 
sen de ello bastantemente capaces, el R padre Fr. Luis de Vi- 
var siendo provincial, y dejó sacada de cimientos, y pié dere- 
cho una enfenneria nueva. Sucedióle en el oficio el R. pudre 
Fr. Bernabé Pobre, y también en el cuidado de la obra, que 
prosiguió sobre aquellas dos piezas, fabricando celdas para pro- 
vincial, secretario de provincia y otras. Era la enfermeria an- 
tigua estrecha, y melancólica para los enfermos, por(|ue se curan 
en ella los mas doctrineros, que en los pueblos enferman, y asi 
sobre el principio que habia, hizo el R. padre Fr. Antonio Ra- 
mírez una nueva mas ale^ y cai)az. Sobre ella edificó celdas (que 
son de las mejores que tiene el convento) su sucesor el R. padre 
Fr. Diego de Zervantes, con que se ha ilustrado, y engrandecí- 
do de forma, que parece otro, respeto de la primern fundación. 

La iglesia ya que no se pudo agrandar, la adornó mucho 
el R. padre Fr. Antonio Ramírez, siendo provincial. Tiene en 
lo que sirvo de capilla mayor su woáo de crucero, que haceo 




HISTORIA DE YUCATÁN. 



dos arcos abiertos en la muralla con dos altares, que sirven do 
colaterales al mayor, al cual se sube por algunas gradas. El re- 
tablo es obra chorintia, las colunas, basas, capiteles y nichos, 
con diversos cuerpos, como el de la catedral, pero se diferen- 
cia en los tableros, que hacen Jado á los nichos, donde están 
las imágenes de talla entera; porque estos no son de pincel, si- 
no de media talla. Es obra muy primorosa y perfecta, quedes- 
Kes de haber sido provincial, hizo la solicitud del R. padre 
. Femando de Nava. Ganase indulgencia plenaria el día de 
fian José en este altar. Concedióla Urbano Octavo á seis de 
Ifoviemvre de mil y seiscientos y treinta años. En el cuerpo 
de la iglesia á la parte del sur hasta el coro, tiene tres capillas, 
cuyo espacio está fuera del muro principal de ella. Es la mas 
Célebre la del Santo Nombre de JesuSí y á Osta llaman la capi- 
lla de San Martin, por ^mbcrla dotado dos ciudadanos marido y 
nnger, llamados Femando y Catalina, y ambos por sobre nom- 




cnatro mil pesos. Sírvela un capellán clérigo, que juntamente 
dejó obligado á enseñar gramática á la juventud, y por este 
ttabajo y estipendio de las misas señaladas, dejaron al capellán 
fisiscíentos pesos de renta cada un año: con cláusula de que 

Kr cualquiera causa que hubiese vacante de capellán, dijesen 
I misas los relii^osos del convento, moderando la limosna, y 
de lo restante aplicado al trabajo de la lición, se casasen huér* 
lanas pobres hasta que se proveyese. Al convento dejó limos- 
na para el adorno del altar: cera y vino para las misas. Es 
patrón de esta capellanía el cabildo secular de la ciudad. El 
Altar es privilegiado de suerte, que todos los sacerdotes, que en 
Cl dijeren misa, aplicándola por cualquier difunto, sea libre de 
las penas del purgpEitorio su alma. Concedió esta gracia la san- 
tidad de Gregorio Decimotercio, por su bula dada ft los cmco 
de Julio de mil y quinientos y setenta y nuevo años. Conñr- 
in6Ia Clemente Octavo & los veinte de Marzo de mil y 
quinientos y noventa y fres. Asimismo se gana jubileo pie- 
Msimo en esta capilla las festividades de la Circuncisión 
del Sefior y la Purísima Concepción de la vírsrcn MA- 
BIA: conceaido por c' mismo Gregorio Decimotercio^ Por la 
banda del norte corresponden otros tres altares abiertos los arcos 
en el muro. El primero es un Santo Cruciñjo de pincel. El 
cegando ma3^r| y mas adornado d(^ San Diego el d»-» Alcalá, do 
escultural que se hizo con limosnas de todos ios vocinos, que le 
Clonen muy grande devoción. El dia de su festividad hay en 
Qi^uel altar especial jubileo plenísimo, concedido por la santidad 
4e Urbano Octavo, á trece de setiembre de mil y seiscientos y 
treinta y un afios. El tercero es de San Antonio de Padua« 
flefsciilttin; ft quien también reverencian todos con singular afecto. 



LIBRO CUARTO. ^dr 



A los dos lados de los colaterales corresponden otras áÁ 
capillas, la del norte hace antesacrístia, y salina á la capilla msf 
yor, dotóla el sargento mayor Alonso Garrió de Yaidés. En su 
altar hay un Santo Crucifijo muy devoto, y se saca alma d» 
el purgatorio, aplicando el santo sacrificio de la misa por ello 
el dia de la conmemoración de los difimtos, y los do aquello 
octava; todos los lunes, miércoles y viernes del año, gracia quo 
concedió Urbano Octavo, á tres de setiembre de mil y seisciea^ 
tos y treinta y un años. También concedió al mismo altar ju« 
bileo plenísimo los dias de San Ildefonso, fiestas de la inven» 
cion y evitación de la Santa Cruz, de nuestro Padre S. Fran» 
cisco y San Diego, como consta de bula de dicho dia. La ca* 
pilla ael lado del sur está dedicada á San Luis rey de FraQp 
cia, á quien tienen por patrón los hermanos de la tercera órdea 
de penitencia, cuya es la capilla muy capaz, pues es suficiento 
para celebrar en ella su festividad, que se hace con mucha S0« 
lemnidad. En ella tienen todas sus juntas, y se entierran lQ9 
hermanos terceros en cuatro bóvedas, que están dos en el cuer* 
po de la capilla, y dos en su sacristía. 

Tienen los hermanos de la tercera orden anexa asi lae& 
clavitud del Santísimo Sacramento, venerado de ellos con síqí» 
milar piedad y celo católico. Todos los primeros domingos do 
K>s meses está patente, desde que se acaba la prima, con mu* 
chas luces de cera, cántase la misa de este misteriO| y desjpuesi 
se hace procesión por el claustro, concurriendo lo mas oe lo 
ciudad á este acto. Queda patente hasta la tarde, que se cantan SU3 
vísperas, y después se guarda en el sagrario. Muchas personas da» 
votas se quedan asistentes mientras está patente, y dan los esclavoi 
limosna especial al convento por la misa y vísperas, que se cantan 
por ellos. Cada cuatro meses se solia predicar sermón de este santo 
misterio, ya parece se ha dejado esto, y juzgo será no alcanzar laS 
limosnas para tanto gasto, que cierto es considerable al fin del año* 

El coro alto de esta iglesia está muy adornado; no tenia 
mas que una orden de sillas, hízole otra superior ft ella coa 
coronación de escultura, matizada de oro, y diversos colores el 
R. padre Fr. Antonio Ramírez siendo provincial. Toda la bfl# 
veda que le cubre, hizo también pintar de iluminación al frescO| 
una semejanza de la bienaventuranza con todas las gerarquias de 
santos, obra primorosa, con que se asemeja mucho al ae San AgUS* 
tin de Córdova. Hace hermosa correspondencia á esta pintura la qud 
iluminó en los lazos, que cubren la capilla mayor, pintando entro 
ellos santos, y varones insignes, como sumos pontífices y cardenales 
de nuestra relimen, y en las paredes de los lados sus gloriosos mát* 
tires. Igualó las entradas de las capillas, iluminanao los hueco3 
de los arcos, correspondiendo á la mayor y coro: hizoles xeja9 
nuevas, con que todo junto hace agradable perspectiva. 

La sacristía tiene toda la plata necesaria para el servicio 

del Culto Divino, Una custodia de plata graade y moy C(B; 



ári. MlISTcailA 1)K YUCATÁN. 



lo?a, de las obras insignes que tiene la Nueva España, hizola 
el R. padre Fr. Femando de Nava, habiendo sido provincial, 
con un ornamento muy rico. Hay otro sol grande de plata do- 
rada para el mismo fin, que le liizo siendo provincial el R. 
j)iidrc Fr. Gerónimo de Prat. Tiene muchos y muy lucidos orna- 
mentos, de que cuidan los superiores de esta provincia, norque líis 
limosnas del convento ciun no alcanzan para el sustento uc los reli- 
giosos, que es necesario contribuyan & 61 todos los de la pro- 
vincia. 

El claustro aunque pequeño, está muy adoniado con cua- 
dros grandes de pincel, en que está retratada la vida de nues- 
tro padre San Francisco. Mandólos pintar el R. padre Fr. R^r- 
iiardo de Sosa siendo provincial. Murió antes que se colocasen, 
y el R. padre Fr. Sebastian de duiñones siendo vicario pro- 
vincial hizo acabar la iluminación, que en todo lo restante de 
las paredes, y huecos de los arcos se hizo coníbrnic á la d'* 
la iglesia, y de mano del mismo artífice. Entre muchos San - 
tos, que en esta obra se pintaron, puso las efigies de alguiuK 
religiosos antiguos de esta santa provincia, y se festejó mucho 
la colocación de los cuadros. 

En el patio anterior ^^á la iglesia hay ima capilla de nues- 
tra Señora de la Soledad, con una imagen muy devota y bien 
adornada. Tiene una cofradía del mismo titulo, en que son hermanos 
toda la nobleza de la ciudad, y patrón el gobernador de estas pro- 
vincias. Sale de ella el viernes santo en la tarde la procesión del 
entierro de Cristo Redentor nuestro en un sepulcro muy rico, 
y es la mas grave y de mayor concurso de aquel santo 
tiempo. 

Por la parte del medio dia tiene la iglesia de nuestro con- 
vento conjunta á si la de San Cristoval, parroquial de los in- 
dios del pueblo llamado San Oistoval, y es barrio el mayor, 
que la ciudad tiene de estos naturales, cuya administración per- 
t.necc á los rcli<yiostwi. Es iglesia de tres naves muy capaZ; cu- 
Merta de bovedillas, y corre su longitud de norte á sur, don- 
óle cae la puerta principal, y otras dos á oriente y occidente, 
-aliendo ésta al patio, que hace la iglesia de nuestro convento. 
1.a de los indios ti^ne tres coíradias. una de el Santísimo Sa- 
rraniento á imiticion de la esclavitud, que tienen fundada los 
cspiiñ »ics, otra es ile nuestra Señora y otra de las ánimas del 
puríjatorio. Ilací'n sus |)r .cesiones la semana santa muy devo- 
tasj^siendo grandísimo el concurso á ellas, no solo de indios, 
mestizos, negros y mulatos, sino de españoles y españolas, que 
las acompañan (*). 

(•) Las ruinas del vasto convento é iglesia.-? de S. Francis- 
co, están hoy dentro de la cindadela. Oportunamente hablare- 
mos d».* todo í:-to. pup.^ por ahora no proíendeni'^s lut-.-rar r. 



LIBRO CUARTO. íi7B. 

CAPITULO XIII. 

Del coivoenío de religiosasy y colegio de la conipañia de Je- 
sús con su wúversidad. 

ILabicndo venido Antonio de Vozmedianó á gobernar á Yu- 
catán, solicitó con muchas veras, que en la ciudad de Mérida 
se fundase un convento de reli^osas. pues demás de ser mate- 
ria tan agradable á los ojos de Dios, tendria en ellas un coro 
de vírgenes, que dedicadas al servicio de su Divina Magestad, 
con continuas oraciones rocrasen por su conservación y aumen- 
to, siendo también remedio de muchas doncellas descendientes de 
conquistadores, que no podian acomodarse con encomiendas de 
indios. Por lo imo y otro pareció bien á los ciudadanos, que 
ofrecieron ayudar con lo que pudiesen, y el gobernador escribir 
al rey se sirviese de señalar alguna renta para ayuda al susten- 
to de las religiosas. Ctuien mas dio para esta santa obra, fue 
Femando de San Martin (de quien queda hecha memoria) asig- 
nando gran parte de sus bienes, que se pusieron á censo para 
ella. Escribió el gobernador á las dos villas de Campeche y 
ValladoUd, y esta última hallé, que habiéndose juntado en ca- 
bildo abierto, & que asistió toda la villa, ofreciendo cada uno 
según su posible, y firmándolo en el libro, que sirvió de escri- 
tura púb\íca, para quedar obligados á darlo, se juntó cantidad 
de dos mil y ciento y un pesos por entonces para ayuda de 
la fábrica. Hizose este donativo á veinte y dos de Mayo de mil 
y quinientos y ochenta y nueve años. Gie la villa de Campe- 
che no he hallado razón de c^ue contribución hiciese. 

Con esto se compraron sitios donde hacer la fundación dis- 
tante de la plaza mayor una cuadra al occidente, y se fabricó 
vivienda para las religiosas, aunque como era con limosnas par- 
ticulares tardo hasta veinte y dos de Junio de mil y quinientos 
j noventa y seis años, en que tomaron posesión del convento. 
!ias fundadoras vinieron del muy ilustre de la Concepción de 
la ciudad de Méjico, que fueron cinco: las madres Marina Bau* 
lista, nombrada abadesa, Maria del Espíritu Santo, portera, y 
tornera mayor Ana de San Pablo, maestra de novicias, María 
de Santo Domingo, vicaria del convento, Francisca de la Nati- 
vidad, vicaria de coro y organista, cuyas virtudes y ejempla- 
res vidas se refieren en el libro undécimo. Llegó esta familia 
de sagradas vii^enos y esposas de Cristo á número de cuarenta 
religiosas profesas, nietas y decendientes las mas de conauístn* 
dores y antiguos pobladores de esta tierra, que no menos la han 
ilustrado con sus virtudes, que ellos con sus hazañas y victorias, 
lia iglesia que hoy tiene este convento, se comenzó á vein- 
te y nueve de Marzo de mil y seiscientos y diez años. Puso 
«*l mariscal I). Carlos de Luna y Arellano, gobernador, por su 



{ 



gr6. HISTORIA DB YDCATAIV. 

piopia mano la primera piedra de el cimiento en la parte deL 
coro, con monedas corrientes, un Agnus Dei^ y una imfigen de 
la Pura Concepción de la virgen, asistiendo á ello toda ¡a no- 
bleza de la ciudad, con mucho regocijo, de lo cual quedó tes- 
timonio en el libro de esta gobernación. Colocóse el Santfsi' 
mo Sacramento á nueve de Junio de mil y seiscientos y treinta 
y tres años: su titular nuestra Señora de Consolación. Es la 
&bríca obra de mampostería, cubierta de bóveda de una nave 
alegre y capaz. Tiene demás del altar mayor otros tres en el 
cuerpo de la iglesia, el uno á la banda ael sur, y dos á la 
del norte, siendo el mas celebrado uno de Santo CÍomingo So- 
riano, porque por intercesión de este glorioso santo confiesan los 
fieles muchos beneficios de la Magestad Divina, que reciben 
encomendándose á él. Para consumar esta fábrica, fué necesa* 
rio gastar mas de catorce mil pesos de dotes de las religiosas, 
que se privaron de aquella renta con mucho gusto (aunque ne*- 
cesitadas y pobres) porque la Magestad Divina fuese con mas 
decencia venerada en este santo templo. Hay en él conosdidos 
tres jubileos particulares, • uno el dia de San Pudro Mártir, otro 
el de los principes de la iglesia San Pedro y San Pablo, otro 
el dia y octava de la Purísima Concepción ae nuestra Señora. 
Constan de bulas de nuestro santo padre Urbano Octavo, de sei^ 
de Noviembre de «mil y seiscientos y treinta años, de veinte do 
Octubre, y nueve de Noviembre de mil y seiscientos y treinta 
y tres. Observan la regla de Santa Clara, confirmada por Julio 
Sc^ndo, año de mil y quinientos y once, sujetas al ordinario. 
P&san conocida necesidad y pobreza, por las ruinas de las ca- 
sas acensuatadas para las rentas, de que se dice no les han 
quedado roas de dos mil y quinientos pesos cada año, que Qi 
no haberles dado el rey ochocientos ducados de renta perpetuo?, 
situados de pensión en una encomienda de indios, pasaran casi 
estrema necesidad. La vivienda interior se dice, que es estrecha 
para tierra calurosa, y con decir que desde la fundación hasta 
hoy no ha tenido el convento para dar vestuario á las reli- 
giosas, se manifiesta bien, cuan pobremente lo pasan. Han go- 
Dcmado este religioso convento veinte madres abadesas, inclu* 
yendo la presente electa víspera de pascua del Espíritu Santo, 
dia en que han sido todas las demás elecciones de trienio en 

trienio. , .. , - 

El colegio de la compañía de Jesús está situado una cua- 

dra de la catedral á la banda del norte. Muchos años desed 

la ciudad gozar del frutOj que esta sagrada religión hace en 

la iglesia católica; pero la cortedad de la tierra no daba lugar 

ft ver logrado este afecto. El año de mil y seiscientos ycúa* 

tro se trató con mas veras de verle ejecutado, y para consc- 

guirlo escribió el cabildo secular al muy R padre provincial 

residente en Méjico, pidiendo con todo encarecimiento por car- 

fa do doce do Octubre', bien ofectiiosa y devota, cnviu3a eu< 



LlUaO CUAETÜ. 4e\ 



mm 



getos para dar orden en la fundación del colegio. Vinieron cK 
año siguiente de mil y seiscientos y cinco los padres Pedro 
Díaz y Pedro Calderón, v recibidos en la ciudad con muestras 
de alegria; se tuvo cabilao & cinco de Agosto, en que se de* 
terminó, que para ayuda del congruo sustento de los sugetosi 
que en él habian de residir, se depositasen en cabeza del rey 
dos mil pesos de oro común, que perpetuamente se diesen cada 
un año de las primeras encomiendas de indios, que vacasen, 
aunque hiciesen jfalta á pobres beneméritos, descendientes de 
conquistadores, pues la fundación era ordenada al bien común 
de toda esta tierra, y ofrecieron escribir al rey, y supremo con« 
sejo de las indias, pam que lo tuviesen por bien, y confirma- 
sen esta merced. 

No tuvo efecto la fundación en aquella ocasión, hasta des- 
pués el año de mil y seiscientos y diez ocho, que habiendo 
algunos antes dejado el capitán Martin do Palomar, natural de 
la villa de Medina del Campo unas casas y sitio, pam fundar 
el colegio, se dio principio á la obra. Dejó también mas de 
veinte mil pesos, que se pusiesen á censo, para que de los ré- 
ditos anuales se sustentasen los sacerdotes necesarios para pre- 
dicar, leer spramática y teología moml, y con' lo que sobrase, 
6C fuese fabricando la vivienda. Cuatro fueron los primeros 
fundadores, los padres Tomas Domínguez rector, Francisco de 
Contreras predicador, Melchor Maldonado maestro, y el hermano 
Pedro Menan para los oficios domésticos interiores. Así ellos 
como muchos, que los haii seguido, han dejado loable memo- 
ria de su buen ejemplo, virtudes y letras, con que han edifi- 
cado á los moradores de esta tierra. Dioles la posesión dicho 
año el obispo D. Fr. Gronzalo de Salazar, juntamente con el 
gobernador Francisco Ramírez Brizeño. 

Nuestro piísimo y santo rey Filipo Tercero, impetró de ta 
silla apostólica breve, para que en los colegios de la compa* 
nía de Jesús de estos reinos, distantes de las universidades j^e« 
nerales doscientas millas (que son setenta leguas castellanas) ha<* 
hiendo los que en ellos estudiaren hecho primero todos los ac- 
tos literarios, c¡ae en las universidades se acostumbran para los 
grados, y teniendo aprobación del rector y maestro, que han 
oido, y del tiempo que en los dichos colegios han estudiado; 
se les puedan dar grados de bachilleres, licenciados, maestros y 
doctores, los cuales han de dar los arzobispos, obispos y sede- 
vacantes. Recibido, por cédula real dada en BÁadrid, secretario 
Pedro de Ledesma, ordenó que se observase en estos reinos. 
Después el año de mil y seiscientos y veinte y cuatro, siendo rec* 
tor el padre Diego de Acevedo, á veinte y dos de Noviembre 
presentó el breve apostólico con la cédula real al obispo D. Fr. 
Gonzalo de Salazar, y al dia siguiente se decretó la mndacion 
de universidad en el colegio. Sacaron el obispo y gobernador 
^Xí mucba solemnidad, y asistencia de ambos cabildos, y di^ * 



•¿;s. HISTORIA DE YUCATÁN. 



<ladanos el breve c'ifx>stóiico, y real cédula por las calles, y aM 
fiieron al colegio de la compañía, donde el obispo tomó la po- 
sesión de la universidad, y metió por su mano en ella al pa- 
dre rertor Diego de Acevedo, con general alegría de todos. 

Eligióse por patrona de la universidad á Santa Catalina 
virgen y mártir, declarando el obispo su dia por festivo en 
Mérida, y por voz de pregonero público se iiizo notorio, como 
obligaba la observancia de aquella festividad. Dio la magestad 
de Filipo Tercero, que está en gloria, para esta fundación qui- 
nientos pesos cada un año, que situasen en indios vacos. Pro- 
siguiéronse los estudios por espacio de diez años, dándose gra- 
dos; y dice el bachiller Valencia graduado en ellos, que cesa- 
ron por haber cesado el privilegio de Gregorio Décmioi^uinto, 
no le debió de ver cuando hizo la relación, porque no turne 
asignación de tiempo; tengo por cierto, fué por cesar la ajrud.1 
de costa del rey, con que por algunos años quedaron solas dos 
cátedras de moral y gramática, que el fundador instituyó, por 
no tener el colegio con que sustentar las otras, porque después 
sin nuevo privilegio se ha leído, y lee filosoíia y teología es- 
colástica, dándose grados conforme al privilegio, con aprovecha- 
miento de la juventud educada en buenas letras, aunque no 
tian alcanzado prorogacion de la ayuda de costa, bien mereci- 
da pues con el continuo trabajo de la enseñanza se ilustran los 
hijos de esta tierra. La vivienda de casa que han tenido hasta 
estos tiempos, ha sido algo desacomodada: hace labrado un cuar- 
to donde hay ya mejores aposentos. La iglesia es pequeña, y 
como de prestado, ha causado lo uno y otro la cortedad de 
las rentas. Titular de ella es su ínclito fundador el Santo pa- 
dre Ignacio de Loyula. Tiene jubileos especiales al año, con 
que en lo espiritual han acudido siempre á las necesidades de 
los fieles con religioso zelo, causa de estar estimados en esta 
tierra. 

CAPITULO XIV. 

Del hospital de San Juan de Dios: de nuestro convento de 

la Mejorada, y otras hermUas. 

Viendo los conquistadores, y antiguos pobladores las con- 
tinuas enfermedades, que en las repilblicas padecen los pobres, 
así forasteros, como originarios, trató su piedad tuviesen refugio 
en ellas, fundando un hospital, que ya tiene antigüedad de o- 
chenta años, y mas, cuando esto se escribe. Como le fundaron, y es 
patrón el rey, como su administración corrió por cuenta de la 
ciudad, y se dio á los religiosos de San Juan de Dios; está es- 
crito en el libro. El- templo que tiene es una nave de mam- 
posterfa, y su titular nuestra Señora del Rosario. Gózase en 
él jubileo Gou indulgencia plenaria todas las festividades de la 



LIBRO CUARTO. u:íí. 



virgen MARÍA Señora nuestra, las tres pásquas, de Epifaiiia, Resu- 
reccion y Espíritu Santo, las festividades de Cristo Redentor nuestro 
y de su Santísima Cruz, las de S. Juan Bautista y Evangelista: eti 
las festividades de los apóstoles, en la de todos los Santos y octavas 
de dichas festividades, como consta de la bula de erección, ()uc la 
santidad de Pió Cuarto dio á instancia de los vecinos de la 
misma ciudad de Mérida. Diciendo misa en el altar de nues- 
tra señora de el Rosario se saca ánima de el pur&fatorio, si se 
aplica por ella, y se s^ana jubileo en los dias arriba referidos, 
y en los de santa Isabel, San José y San Sebastian Mártir: 
dura miéntrs^ permaneciere dicha imagen. Por breves apostó- 
licos, que concedió Clemente Octavo, para que el padre Pedro 
de Morales de la compañía de Jesús asignase los altares quo 
le pareciese, para ganar estas gracias, señal <) este altar, y ima- 
gen, y se goza de ellas desde veinte y siete do Setiembre de 
mil y quientos y noventa y ocho años. Están fundadas en es- 
te hospital las cofradias de la santa Veracruz, y de Jesús Na- 
zareno. La primera sale con su procesión el jueves santo por 
la tarde, y la segimda después á media noche con singular de- 
voción, y los hermanos de esta han hecho ahora una capilht 
nueva en una esquina conjunta á la catedral, para tener sus 
juntas y ejercicios. Es juntamente convento desde el año do 
mil y seiscientos y veinte y cinco. 

Hay en la ciudad de Mérida otro convento nuestro, quo 
so llama la Mejorada. Fundóse con intención, que fuese reco- 
lección, y dio el sitio para su futjdacion D. Diego García de 
Monta! vo. Tuvo gran contradicción de los padres antiguos, que 
prevenían con su consideración los inconvenientes que hoy se 
csperímentan para conservarle en una ciudad corta habiendo 
otro, y porque debiendo atender principalmente á la adminis- 
tración de los indios, en provincia también de pocos religiosos, 
habia de dar cuidado á los superiores proveerle de moradores, 
como vemos se le dá. Fueron los primeros fundadores el pa- 
dre Fr. Pedro Navarro, primero presidente, el R. padre I*'r. 
Jfian de Acevcdo, que habia sido provincial, el venerable pa- 
dre Fr. Juan de Urbita, padre Fr. Juan García y Fr. Barto- 
lomé de Fuensalida, sacerdotes, de quienes adehmte se hace lar- 
ga memoria, y Fr. Jfuan Fernandez Lego. Aunque con la con- 
tradicción referida, con beneplácito de los prelados, prosiguió 
obrando el padre Fr. Pedro Navarro, hasta que acabó conven- 
to y iglesia, en que gastó gran suma de plata, causando ad- 
miración de donde pudiese salir, porque ni se pidió, ni vio li- 
mosna particular alguna asignada para tan gandes gastos. 

Es el templo á lo moderno de los mas vistosos, y bien ador- 
nados, que hay en estos reinos, hace crucero muy capaz en la 
capilla mayor, y & ésta cubre una media naranja con su linter- 
na, que hace clave. El cuerpo de la iglesia tiene por cada ban* 
da cuatro capillas cubiertas de bóveda en correspondencia, nv.iy 



¿8 U. HISTORIA DÉ YUCATÁN, 

hermosos altares, y rejas matizadas y doradas, «jue las cientn. 
£1 coro, y media naranja de la capilla mayor pintado al fresco 
de iluminación, obra del mismo maestrOi que la de el conven- 
to principal. El retablo del altar mayor es escultura de órdea 
dórica, llena todo el testero de la capilla maycnr. Los orñamen* 
tos de la sacrístia, y adorno de los altares es lo mas y me- 
jor, que hay en esta tierra, y puede lucir en otr»s mas opu- 
lentas. Todos cuantos io ven tienen que alabar, y mas que admirar, 
como y con que hizo el padre Fr. Pedro Navarro tan escesivos gas* 
tos. Visitando este templo D. Francisco de Bazan recienjrenido ft go- 
bernar esta tierra el año pasado de cincuenta y cincO| dijo, a»o«' 
réceme que veo lo de doña María de Aragón de Madnd. 

Colocóse en él el Santísimo Sacramento á veinte y dos 
de Enero de mil y seiscientos y cuarenta años, con mucha fies* 
ta, y asistencia de los ciudadanos, predicándose todo el octa-« 
Vario de su dedicación. Pam que no se olvidase, como de otras 
se ha dicho, quedó un rótulo gravado en máiliiol £^do en lo 
interior de la porteria por donde se entra al claustro, dice asi: 
-'Año de 1640, á veinte y dos de Enero, se dedicó esta igle- 
sia del tránsito de nuestra Señora, siendo pontífice Uitxino Oc- 
tavo, y reinando en las Españas Filipo Cuarto, gi^eral de to- 
da la orden Fr. Juan Merincro." 

Hay en este templo una capilla de nuestra Señora del Car- 
men, donde está fundada su cozradia, que todos los terceros do- 
xningos de los meses canta una misa y hace pioceúon, asis* 
tiendo á ella los cofrades, que son muchos y lo mas noble de 
la ciudad, acudiendo á la veneración desta Santísima Señora con 
singular devoción que la tienen, y para acrecentar ésta, de po* 
co acá está desde antes patente el Santísimo Sacramento, quo 
^ lleva juntamente en la procesión, y después se cierra en su 
sagrario. 

No se ha podido conservar la forma de recoleccioni como 
antevieron los religiosos antiguos por fitlta de limosnas para sus- 
tentar comunidad de los presentes; pero viven en él tres 6 
cuatro moradores, que es de gran consuelo espiritual para toda 
la gente de aquel barrio, y aun para el resto de la ciudad, que tiene 
particular devoción al convento; para ayuda de su sustento haa 
fundado algimas capellanias personas devotas. 

En lo occidental de la ciudad hay una hermita de San 
3lian Bautista, cuya erección tuvo origen de haber sobreveni- 
do recien conquistada la tierra tan gran multitud de langosta^ 
que cubría la luz del sol. Con esta aflicción se recurrió al o- 
bispo, y se echó suerte con los nombres de algunos santos: pa* 

S tener por patrón al que saliese, rogando intercediese en la. 
vina presencia, para impetrar reinedio contra tan grave daño. 
Salió eí del glorioso precursor San Juan Bautista, cantándose- 
ift aquel dia una misa con mucha solemnidad, y Dios nuestro 
Señor, que es adíxiírable en sus eantos, tuvo por biep. que ga* 



UBRO CUARTO. 1^1. 

lili I ■ 11^—— ü ■ ■ ■ t 

si como instantáneamente se vio esta tierra libro de aquellas sa- 
bandijas. Agradecidos al Santo por tan singular beneficio, le e- 
dificaron esta hermita con limosnas de todos los vecinos. Con 
el progreso de muchos años se resfrió la devoción con el 
glorioso Santo, y el año de 1618, víspera de su festividad pa- 
reció tan gran multitud de langostas, que cubrian los campos 
y caminost cosa que puso gran temor en toda esta tierra, y re- 
cordó la devoción del Santo. Viendo esta desdicha el obispo y 
gobernador con ambos cabildos, hicieron voto de ir todos los 
años con procesión desde la catedral 6 su hennita el dia del 
Santo, donde se le cantaría una misa con mucha solemnidad, 

?r se predicarian sos alaban2as. Fué cosa admirable, ^ue desdo 
uego comentó á cesar aquella plaga. Lo mismo casi sucedió 
gormando D. Diego de C&rdcnaSi 

Tiene el altar de esta hermita concesión de Pió Cuarto, 
para que cualquier sacerdote, que diga misa en cualauiera día 
en él por el alma de algún difunto, mediante aquel sufragio sal* 
ga de las penas de el purgatorio. No tiene esta hermita dota* 
cion alguna, ni mas renta, que las limosnas dadas por los vecí* 
nos, y es patrón el cabildo secular, que cuida de ella^ Devotos 
del santo lían dado preseas y pinturas, con que está muy bien 
adorna, y el Lie. D< Pedro Óoi^nes natural de esta tierra, y quo 
murió Chantre de la santa catedral de Mérida. dejó fundada en 
esta hermita una capellanía de trescientos pesos de* renta, con car- 
go de algunas misas, y se mandó sepultar en ella, como se hizo. 
El Lie. D. Manuel Nuñez de Matos, maestreescuela que fué 
de la misma catedral con licencia de los superiores fundó de sus 
bienes una hermita con titulo de nuestra Señora de la Candela- 
riai y la dotó en mil y quinientos pesos, fundó en ella una ca*- 
pellania de ciento y cmcuenta pesos de renta, que se dan al ca* 
pellan cada un año. Mandó sepultar su cuerpo en esta hermi- 
ta, y asi se cumplió, dejando libres dos esclavos, que tenia con 
obligación, de que necesitando de algún reparo, sirviesen en la 
obra sin paga del trabajo. 

La devoción de los vecinos de la ciudad fundó otra hermi- 
ta dedicada á la gloriosa Santa Lucía. No tiene dotación ma¿3 
que las limosnas que le hacen. Su festividad se celebra con 

Sran concurso de gente, y la administración pertenece al cura 
e la catedral. Acabóse por la gran solicitud que en ello pu- 
so el capitán Alonso Magaña Padilla, que también dio algu- 
nas cosas para su adorno, y otros vecinos también han dado, 
con que está muy bien aderezada. Han fundado en ella los 
circunvecinos una hermandad, que ejercita mucho la caridad, 
asistiendo ft servir en sus casas á los enfermos, especialmente» 
pobres y necesitados, ayudándoles con sustento y médico. 

A la salida del camino para Campeche hay otra hermita, ti- 
tulada nuestra Señora del Bucnviage. Fundóla Gaspar Gon- 
BÁIcz do Ledesma, y retiróse ó vivir en ella en hübito de her- 



:¿S¿. HISTORIA DE YCCATA^• 



milano algunos años, que se ocupó en su adorno y limpieza* 
Hay singular devoción á esta santa imagen, yacudfen machos 
á visitaría en cumplimiento de promesas que le han hecho. 

CAPITULO XV. 

De la villa y puerto de San Francisco de Campeche^ y mi- 
lagrosas Imágenes que tiene. 

La villa de Siin Francisco de Campeche, la mas antigua 
población de españoles, que fundaron la segunda vez, cuando 
con efecto pacificaron á Yucatán, es el puerto mas principal 
que tiene, y se llamó por alanos años el puerto de Sao Lá- 
zaro, como se dijo al principio de estos escritos. Estuvo esta 
población como en depósito d la ribera de un no^ yen elpue^ 
blo que ahora llaman Tenozic, hacia Tabasco, en el beneficio de Üzu- 
rnaziutla, y después otra temporada en el pueblo de Fótonchán, 
que después se ha llamado Champoton, de que también se Im 
dado larga noticia. Es muy conocido este puerto en las car- 
ras de mareage, y por ser como escala, donde tocan los mas 
navios de coiuratacion de todos estos reinos, ya para hacer agua, 
y proveerse de bastimentos, ya para descarga, según traen el 
registro, que ocasiona ser mas gniesa la contratación de aquc- 
lia villa, que fuera según la vecindad que tiene. Es muy acosado 
de enemigos piratas, que todos los años andan á la vista, con que 
tienen á los vecinos casi siempre con las armas en las manos, 
romo si fuera presidio de soldados pagados. Ya que por esta 
continua prevención no hacen daño en tierra, le hacen muy 
grave en la mar, cogiendo muchas fragatas de el comercio de estas 
provincias, cuando van ó vienen de la Nueva España, y otras 
partes, por la poca defensa con que navegan. Al común de la 
ciudad de Mérida y lo demás de la tierra he oido decir resul- 
ta grave daño de recurrir solo á aquel puerto todos los bage- 
Irs, porque, ó con no hacerles buena acogida (como se ha di- 
cho lia sucedido á muchos) ó con comprar tres Ó cuatro (y 
(\ veces uno solo por todos) las mercaderías que traen, y rete- 
nerlas en si algún tiempo; y otras por tenerlas, no dejando des- 
• nrgar, se venden después en la tierra adentro por los precios 
411c quieren i)onerIes. No afirmo, que esto sea asi, porque no 
lo he visto, d ícese: quien gobierna debe saber lo que en esto 
pasa i>ara remediarlo. 

El gobierno ordinario de esta villa se compone de dos al- 
crildcs ordinarios que se elijen cada año, y lo son también de 
la santa hermandad, un alguacil mayor, un alférez mayor, cinco 
regidores, y un procurador geneaal, que se elije con los alcaldes. 
Para la milicia hay tres compañias de infantería española: las 
dos se forman de los vecinos, y una de los forasteros, hay otra 
'!•.» nuilaios, y ocVio de indios piqueros y flecheros. Ti^^neñ f=u 



LIBRO CUARTO. ' ' 283. 



^Uerez mayor, y sargento mayor, cabo de las compañías, anti- 
guamente en lo tocante á milicia estaban todos sujetos al alcalde do 
primer voto, que era teniente de capitán general, cuya posesión 
inmemorial amparaba cédula real moderna del año de cuarenta 
y siete. Algimos años ba, que en diferentes ocasiones daban 
los gobernadores título de teniente de capitán general á perso- 
nas de su afecto, de que se ocasionaba disgusto, asi al que era 
alcalde actual, como á los otros vecinos, que podían suceder en 
el oñcio. Los gobernadores usaban del suyo siendo como son 
capitanes generales, porque yo les oí decir en diversas ocasio- 
nes, que tal cédula no se les habia hecho notoria. Escribiendo 
esto este año de cincuenta y cuatro, se ha ocasionado sobre la 
materia un pleito, que no se sabe en que parará: la paz del 
señor lo sosiegue todo por su misericordia. El alcalde de segundo 
voto hace el oficio de oñcial real con recurso á los que están 
en Mérida puestos por el rey. De las centencias de los alcal- 
des se apela al gobernador, como á superior en todo Yucatán. 
Tiene este puerto para defensa de artillería gruesa, veinte 
piezas en lo que llaman la fuerza catorce en San Román, cua- 
tro en otro parage junto á nuestro convento, y cuatro hacia la 
puentezuela de Campeche, que todas son cuarenta y dos. Des- 
playa en el mar mucho mas, que en todas las otras partes, tanto, que 
á veces se retrae una legua. 

De la iglesia parroquial desta Villa no he hallado escrito 
cierto el día de su fundación ó dedicación. El año consta, quo 
fué el de mil y quinientos y cuarenta, por un auto del capi- 
tán general D. Francisco de Montejo, fecho en Mérida el do 
cuarenta y dos siguiente, donde dice que hizo la erección do 
ella con titulo de la Concepción de la Virgen Santa MARÍA 
Señora nuestra. Su fábrica fué pequeña, como también corto el 
número de los conquistadores (aunque no tanto como dice el pa- 
dre Remesal) que en la villa se quedaron por vecinos, por pa- 
sar á lo restante de la pacificación de esta tierra. Tiene los or- 
namentos, y plata necesaria para celebrar los oficios divinos. Te- 
nia hasta pocos años ha dos curas beneficiados proveídos en 
concurso, y presentados según el real patronato, ya no hay mas 
de uno, que también tiene título de vicario dado por el obispo. 
Administra á españoles, mestizos, mulatos, negros, indios, uavo- 
rios y otros siete pueblos de indios, que están en comarca de la 
villa. En la forma del beneficio se provee el oficio de sacris- 
tán mayor. Hay en ella fundada una capellanía de ocho mil 
pesos de principal, que rentan cuatrocientos cada año: fundación 
del capitán Iñigo Doca, y Mariana Velasquez su muger. Otras 
seis capellanías hay, que la mas no pasa de cien pesos de renta. 
Tiene cinco cofradías fundadas en el tiempo de la vacante, por 
muerte del obispo D. Fr. Gonzalo de Sal azar, que visitando ejx 
ejla iiquel territorio el Lie. D. Pascual Mallen do Rueda cano» 
ni^o^ las fundó u pedicucnto de los vecinos do aquella villa. I - 

9 



i-1. HíSMHíKlA DK Yl'CA'rAN 



n:i os del »S;uití>;ino S.icnunento. otra de lii Síinta Veracru/., 
otm do la Soledad da iiuesora Señora, otra de su purísima 
í/oncepcion, y una de. las ánimas de! pui^atorio, de; que cuida el 
henetieiado, y diec sus misas. l*or ser la ii^Iesia tan corta, s<» 
eomeuzó íi labricür otra muy capaz, y aunque se hizo «fraii par- 
te de elln, lia mu. líos afios (|'ie cesó la obra, por no hafier r« -li- 
tas particulares pnra su t'áhrica, y cada dia ser mayoría pobre- 
za que hay ou todo Yucatán. 

íSorrundo hi<rar tÚMic el convento de nuestro padre San Fnui- 
risí!s, siendo su titular el mistno Santo, y la fundación el añ » 
<1»^ mil y (luiíiientos y cuarenta y seis, la primera que tuvimos 
It^s re-ií^iosos en esta provincia después de conquistada. Laigleí?ia 
tostel cii^i arruinada, por cuya causa los oficios divinos se ccli»- 
hran en la de los indios conjunta á ella. Por eí5to, y estar a- 
partado de la vilhi, que ocasiona no poderle frecuentar con co- 
modidad, se ha triitado en algunas ocasiones de fundarle dentrf» 
de la villa, lileírando el año pasado de cincuenta y cuatro «I 
muy R. padre Fr. Juan de la Torre, comisario gímeral, cuan- 
do vino á visitar estíi provincia, le comunicaron los vecinos «1 
desí^o que tcni.ui de que el convento estuviese en la villa, y 
¡•arcíMéndole onv.Miiente lo trató con el gobernador, con cuy) 
gusto y del ordinario se asipnó sitio para la nueva fimdacit>n, 
t.'ncomendando al II. padre Fr. Francisco Bueno, padre de bi 
jírovincia, electo guardián de aquel convento, la solicilud y cui- 
dado de la obra, por haber hecho otras muy lucidas. Lucíj^ 
que llegó dio principio á la presente, y se espera nniclio adi'- 
lantamiento en su tiemjio. 

IFay otro con v«.'nto de la hospitalidad de San Juan de Dies, 
su fmidacion desde el ano de mil y seiscicMitos y veinte y seis, 
y desde entonces tiene n^ligiosos. És titular de su iíjl-^sia nues- 
tra Si.'ñora do los Ruiuedio::, y er, do írraiide utilidad para !• > 
enfermos pobres, asi de • i vilía cono fortNteros, que en los ii:i 




UecitMi poblada la villa, vino gran multitud de laufirosta (de- 
bió de ser, cuando so (b>> i»'» hubo en Mérida) y buscando id 
divino ausilió contra aqu»»lla pinga: echaron fn^ertes para cele- 
brar tiesta al snnto, cuyo nombre saliese. Fué San Román Már- 
tir (i CAiyo honor edificaron fuera de la villa una pequeña igle- 
sia, su titular el glorioso santo, donde todos los años va pro- 
fN^sion desde la parroíjuial el dia de su festividad, y se canta 
misa con st'r;non de sus alabanzas. Encoinendósele á un mer- 
rader, llamado Juan C\ino do Coca Gaitan, que iba á la Nue- 
va Fspafn, trajr<-.' para adorno de esta iglesia una hechura de 
un Si'Tíío Crufijo. i 'omimila, y trayéndola'cl año de mil y quien- 
*•» '• -.íOTita V ciue»\ ¡?o tMvo p'.'r ^'osa milagrosa, «luo el bv 



^••^1 en ((ue fc>c tiiibarcó, llf<jó cL-sdo la Vunicruz ú (/ainpcclie en 
í<o!o espacien do veinte y cuatro lionis. Con esto, y otras co- 
sas, que sucedieron en aquel tan hrove, cuanto estraordinario 
viage, se comenzó la devoción de esta santa inui^^Mi, y con 
oíros muchos beneficios, que los fieles han rociliido encomen- 
dándose á ella, se ha aumentado con siiifrular piedad y ven«?- 
racion católica. Para memoria de ellos hay coligadas en su pro- 
Sí^icia muclias nuilctas, calK'zas, piernas y brazos de cera y o- 
tras señales, como también las hay de navegantes, (pie en gra- 
vísimos peligros se vieron libres, invocando su santo nombre. 

Ijlegsmdo u ser muciía la copia de cera de estas señales, 
las bajó el mayordomo para hacer de ella candelas, que alum- 
brasen el monumento el año de mil y s«íiscÍ4Mitos y treinta y 
ocho, y habiéndola fímdado para sacarla mas limpia, al dar mi 
golpe con una hacha para partir el torton, salió del medio del 
una palma muy bien formada de la misma cera, y del mismo 
íolor, como de un palmo de grandt». Con admiración la llcvi- 
ron á la iglesia parroquial, desde donde la volvi<4'on con Si> 
lemnc procesión ii la del Santo Cristo. Púsose en un relica - 
rio de plata con vidriera por donde se maniliestci, quedando 
testimonio auténtico del suceso, que si se hubiera recibido d*' 
los demás (como fuera justo) se pudiera dar á la estampa li- 
bro particular do ellos, por ser tantos los que se han visto. 

Enfermó el mcrcaíder que trajo esta santa imagen, y ha- 
biendo padecido muchos días, viéndose próximo t\ morir, se en- 
comendó k ella con mucha devoción. Murió (segunpaivció) y co- 
mo á difunto le amortajaron, y asi estuvo siete honis, pero mila- 
grosamente le resucitó nuestro Señor. La primera palabra que 
habló, como persona que volvia de un sueño, fué decir, ó Ssintü 
Cristo de San Román, y luego pidió de comer. Tenia cimndo 
esto sucedió ochenta años de edad, y vivió después otroscuatro. 

D. Pedro Machuca, vecino de aquella villa, llegó á ver 
á su muger tan enferma, que los médicos dijeron moriría ú 
su parecer sin duda. Afligido con tan triste nueva se fiíé una 
noche á la iglesia del St'mto Cristo, y de rodillas le hizo afec- 
tuosa oración pidiéndole diese salud á su muger, y que si era 
servido de llevar de esta vida Á uno de los dos, fuese á él, 
y no & ella, por la falta que haria á la crianza de sus hi- 
jos. Habiendo hecho la oración estando con entera salud, vol- 
vió á su casa con un accidente mortal, y al paso que se Ic 
agrababa el achaque, se aumentaba la salud de su muger, do 
suerte, que á los ocho dias que el D. Pedro Machuca pas<i de 
esta vida á la eterna, estaba la muger sana sin enfermedad al- 
guna. Cuida de aquella iglesia el cura de la parroquial. Hay 
en la villa otras dos herniitas pequeñas, una de nuestra Seño- 
ra de Guadalupe, y otra del Santo Nombre de Jesús, y en cs- 
fa so administran los Santos Sacramentos á los morenos. 

F*n nuestro convento está una imáíren dt; lüv^^tra í^nüori% 



2tí(3. HISTORIA DE \CCATAN. 

que se halló el año de mil y sciscienios y cuarenta y nueve, 
por quien nuestro Señor ha obrado muchas maravillas, que por- 
que de ellas, y de todo el suceso se dá entera noticia en el 
libro duodécimo, y último de estos escritos no refiero mas en éste. 

CAPITULO XVL 

De las villas de Valladolid y Sálamancck: y en Tahasco de 

la Vitoria y Villahermosan 

El gobierno de la villa de Valladolid es de dos alcaldes 
ordinarios, que lo son también de la Santa hernumdad, y el ca- 
bildo secular se compone de ellos, un alcacil mayor, alférez 
mayor, depositario general, tres regidores y un procurador ge- 
neral. Por costumbre antigua el alcalde de primer voto era ca- 
pitán á guerra, y de algunos años y esta parte le han dado 
los gobernadores titulo de teniente de capitán generali y algu- 
nas veces á otras personas, ocasionándose los mismos disgus- 
tos que se dijo había en Campeche. Hay para la milicia dos 
compañías, una de infantería de los vecinos, y otra de caba- 
llos, lanzas ginetes, que se forma de los encomenderos con sus 
oficiales, alférez mayor, y sargento, sujetos todos al teniente de 
capitán general, nombrado por el gobernador. Defienden los puertos 
de cabo de Cotóch, Cuyo, Choáca, Holcoben ó Rio de Lagartos, y mu- 
chas veces han venido al socorro de la ciudad de Mérida, y auu 
pasado al de la villa de Campeche, con distar mas de setenta le- 
guas, á costa suya y de las rentas que en su territorio poseen. 

En cuanto á lo eclesiástico, la gobiernan dos curas bene-- 
ficíados presentados por el real patronato, como los demás que 
se han dicho, y el uno hace oficio de vicario general, con. 
nombramiento del obispo. Administran los dos igualmente á es- 
pañoles, mestizos, mulatos, negros, indios navorios, y á los de 
siete pueblos, que pertenecen á este beneficio. El sacristán ma- 
yor es proveído como los beneficiados. La iglesia parroquial 
fundada en la plaza mayor á la parte del sur, es de tres na- 
ves, cubiertas de tejado (*), el retablo de su altar mayores obra an- 
tigua de no mucha costa, aunque el salario es de obra moderna, 
y mas primorosa. A los dos lados tiene dos altares colatera- 
les, uno con imagen de la Purísima Concepción de nuestra 
Señora de talla entera, que los conquistadores trajeron de Es- 
paña, y á quien rocuren sacándola en procesión en las comu- 
nes necesidades, de hambres, enfermedades, y faltas de agua. 
El capitán D. Alonso Sarmiento y Chaves dotó este altar con 
dos mil pesos, cuyos réditos se gastan en su adorno, y por 
esta obra pía el obispo D. Fr. Gonzalo de Salazar le asignó 
entierro en aquel altar. El otro colateral es del glorioso San 

(•) Es otra, y magnífica la que hoy existe; y acerca de la 

Cual; hablaremos con mas e^^t^DSXOu en otn\ porte. 






LIBRO CUARTO. '^7. 

Juan Bautista, de talla entera, iniágen muy devota, y 6 osto 
dotó el capitán Juan Luis de Arce con otros dos mil pesos dti 
principal, en la forma que el antecedente. Impetró mas dos «rra- 
cias de la silla apostólica, que concedió Gregorio Décimofiuin- 
to, la una á los cofrades de este santo, que habiendo confesa- 
do y comulgado visitaren aquel altar el dia de su festividad, 
las de la Presentación, Natividad, Anunciación y Asunción de la 
Virgen Purísima, concediéndoles indulgencia, y remisión de peca- 
dos. La otra por diez años, para que diciendo misa de réquiem los 
lAnes, aplicada por alma del purgatorio, fuese libre de sus penas. 

Hay en (iquella parroquial cofradías del Santísimo Sacra- 
mento, del Santo Nombre de Jesús, de nuestra Señora y de las 
Animas del purgatorio, y éstas son de españoles. Otra tienen 
los indios, negros y mulatos, con título del Santo Nombre de 
Jesús: adminlstranlas los curas, y no tienen mas renta, que las 
limosnas que se les hacen. 

Desde el tiempo de los conquistadores hay un hospital fun- 
dado con título del Santo Nombre de Jesús, y no tuvo renta 
alguna hasta el año de mil y seiscientos y treinta y cuatro, que 
pasando de esta presente vida el licenciado Francisco Ruiz, que 
habia sido cura y vicario, dejó cuatro mil pesos, para que con 
sus réditos se sustenten cuatro camas. Son patrones los vica- 
rios de la villa, aunque el cabildo secular usa del patronato. 
En este hospital tienen los españoles fundada la cofradía de la 
Santa Teracruz. 

El convento de nuestro padre San Francisco (que ha te- 
nido guardián electo en los capitules, desde el uño de mil y 
quinientos y cincuenta y trcs^ está fuera de la villa como seis 
cuadras á la parte occidental. Vase de ella al convento por una 
calzada de ocho varas de ancho, hecha de cal y canto con su 
petril, y por ambos lados tiene una alameda de árboles, que 
se llaman zeibas, que son muy grandes y coposos, que la ha- 
cen sombría, y aunque hay esta distancia, es muy frecuentado 
de los vecinos por ser devotos de nuestra sagrada religión. La 
iglesia es obra de n)amposteria, nave cubierta de bóveda, y su 
titular San Bcrnardino de Sena. El retablo del altar mayor es 
de pincel, aunque el sagrario de escultura obra moderna. Cor- 
respondele á los dos lados dos capillas, una de nuestra Señora 
de Guadalupe de talla entera de gran devoción, y hecha en 
Guatemala; la otra de San Diego de Alcalá imagen de pincel. 
En el cuerpo de la iglesia hay tres capillas, una de nuestro pa- 
dre San Francisco, otra de Santa Ana, y fuera del muro una 
de San Antonio de Padua, que hicieron los hermanos de la ter- 
cera orden de penitencia, cuyo comisario es ordinariamente el 
Sredicador conventual, que predica los sennones de la parroquial 
e la villa. Dentro del patio de la iglesia está la de los in- 
dios de el pueblo de Zaqui, donde está fundado el convento: su 

titular tombiegí §aa Ikxnsurdiuo de Scnai 



asa HISTORIA DE YUCATÁN. 

La viila de Salamanca fundada en la provincia de Bak- 
haXélj siempre fué de corta vecindad, y hoy lo es njas por ha- 
berse huido los indios de ella, que apenas quedó quien la habi- 
te, habiendo sido tan numerosa de ^ente y tan Ix^Iícosíí, como 
í>o ha dicho. El gobierno de aquella villa consiste en un alcal- 
de, que es capitán á guerra, y dos regidores, que sirven todos 
los oñcios necesarios á aquella corta república. Túvose en los 
principios por tan bueno, que alsunos conquistadores quisieron 
mas alli las Encomiendas de inaios, que en estos territorios. 
Fué necesaria aquella fundación para obviar las entradas do 
enemigos piratas, y estorvar la fuga de los indios de esta tior- 
ba para los gentiles Ytzaes, aunque para esto ha sido de poco 
ofecto, porque se pasan por los montes sin ser sentidos, y últi- 
mamente aquellos indios apostataron miserablemente de nuestra 
Santa Fé católica yéndose con los gentiles, como se dice en 
el libro undécimo, con que quedó aquello mas desdichado. Las 
continuas invasiones de enemigos hicieron retirar á los vecinos 
la tierra adentro en un pueblo de indios llamado Pacha. 
Z^a fundación está en la ribera de una. hermosa laguna de 
agua dulce, que tiene alguna pesca, y para salir (l la mar se 
diWde el agua en muchos brazos, que juntándose todos hacien- 
do un buen ñ0| desaguan el mar. Tiene la villa pocas casas 
de piedra, las mas son cubiertas de hoja de guano. 

Lo eclesiástico depende de un beneficiado proveido comc) 
Io9 demás, á quien el obispo dá titulo de vicario general de 
t^ella jurisdicción, y ha días que cuando escribo esto año do 
cmcueota y cinco, están sin sacerdote que les diga misa, y 
«dminislDD los santos sacramentos á españoles y indios no ha- 
biendo <^uien quiera ir al beneficio por su mucho trabajo, y 
corto estipendio, sino es siendo propietario, y aun do esta suor- 
to hay pocos que lo quieran. La iglesia parroquial tiene sola- 
mente la capilla mayor cubierta do piedra, lo restante de trua- 
no. Su erección fué el año de mil y quinientos y cuarenta 
y cuatro, con título de la Pura Concepción de nuost»-=, Síulora. 
l>Í3ta de la ciudad de Mérida cerca de ochenta leguíi.s, eaek: ;i 
lo oriental declinando al Mediodia, y se pasan grandes espa- 
cios despoblados para llegar á ella. 

Por haber costado tanto trabajo á los conquistadores de Yu- 
catán pacificar la provincia de Tabasco, daré con brevedad no- 
ticia de sus dos villas, y el gobierno que en ellas hay. Mu- 
chos años desde la conquista gobernó á Talmsco el goberna- 
dor de Yucatán, hasta que el rey dio título do alcalde mayor 
fi distinta persona, aunque la provisión de encomiendas, y pre- 
sentación de beneficios la hace el gobernador de Yucatán en 
nombre del rey. Está la provincia de Tabasco situada al oi* 
ridente de Campeche hacia el sudueste, en distancia ix)r mar. 
según se mide, de sesenta leguas, y también se va á ella por 
^i'^rra. Es abundante do ríos y muy caudaloso?, llena do pan- 



LIBRO CUARTO. 289. 



tauos, ceiiíififosa y enferma. Abundante de mosquitos, que daíi 
mucha pena de dia y de noche, y parece plaga particular. 
Cógese en ella cacao, y ha perdido el valor que solia tene^, 
por la abundancia que se trae de Uayat[uil y otras provincias. 
IJa a<iuella todos los frntos de la de Yucatán, y la exede mu« 
cho en la abundancia do ganado vacuno, que no llega & valet 
una vaca ó toro, mas de dos pesos, y una ternera cuatro realeo. 
Debe de haber sido la multiplicación tan grande por la poca 
gente que liay que lo coma. Es grandísima la cantidad, que 
por los campos se mata cada año, solo para aprovecharse del 
cebo y corambre, de que hay gran saca. 

Tiene dos villas, aunque de muy corta vecindad: una so 
llama Villahcrmosa, donde' asiste el alcalde mayor, por estar si*» 
tuada en el medio do la comarca, desde donde despacha los ne- 
gocios de su gobierno, y para los de justicia tiene un escri*' 
baño público, que sirve á toda la jurisdicción^ El alcalde ma* 
yor es suboixlinado al virey de la Nueva-España, y real au* 
diencia de Méjico, á quien se apela en las sentencias. Es te- 
niente de capitán general del gobernador de Yucatán, oue C9 
capitán general por el rey en ambas provincias, y aquella villa 
os la menor. Mayor vecindad tiene la villa de la Vitoria, 
donde hay dos alcaldes ordinarios, un alguacU mayor, un alfé- 
rc38 mayor, y procurador getiera) de quienes se compone el ca* 
bildo secular, y residen en ella. Para lo ocurrente de milicia 
Iiabiendo nueva de enemigos, despacha el alcalde mayor man* 
(lamientes por toda la comarca, y se juntan ordinariamente det 
los vecinos de la tierra y forasteros tratantes, como hasta cien 
infantes, los cuales bajan de Yillahermosa en lanchas y canoas, 
á la de la Vitoria por un rio. Para estas ocasiones tiay nom** 
bfado sargento mayor, ayudante y un alférez que forman com- 
pañía de la gente. En la Vitoria hay hecho un ftierte con 
cuatro piezas de artilleria, que aunque parece corta defensa, es 
de ^ande efecto para ofender, y defenderse por la comodidad 
y disposición, que ocasiona ei sitio para cualquiera resistencia. 
A la villa de la Vitoria se le puso este nombre por la insig- 
ne que D. Hernando Cortés alcanzó de los indios de aquella 
tierra, cuando pasaba ú, la conquista de la Nueva España, do 
que se dio entera razón en el primer libro de estas escritos. 

Lo eclesiástico se gobierna por un beneficiado presentado, 
sogun el real patronato. La iglesia es pobre, su titular Santa 
MARIA de la Vitoria, y hay en ella algunas capellanfas do 
muy corta renta, que sirve el beneficiado. Están fundadas cu 
ella dos cofradías antiguas, una de nuestra Señora, y otra do 
las ánimasí del purgatorio. La de Yillahermosa tiene por thu* 
lar á San Juan, y su beneficiado es vicario general de t<Mlo aquel 
distrito, nombrado por el obispo, por estar como se ha dicho en 
el medio de la comarca, y residir alli el alcalde mayor, aun- 
que no hay mas que veinte vecinos e^paaoíe?, €i bien haym*?- 



290.' HISTORIA DE YÜCATA^'. 

yor número de mestizos, mulatos y negros, cuyo cura es, y 

También de la gente que hay en las estancias de ganado de 
aquel territorio (*). 

CAPITULO XVII. 

Del gobierno espiritual y temporal de losHiidios de Yucatán 

después de su conversión. 

Habiendo antes dicho, como se gobernaban los indios en 
el tiempo de su infidelidad: como los españoles los sujetaron} 
con que fué forzoso se alterase el gobierno, y espirasen las le- 
yes con que se regian; lo político y espiritual se mudase: me 
pareció escribir lo que observan de presente en uno y otro, que 
aunque no he dado razón de su conversión, se refiere luego ea 
libro siguiente, y se estará dicho, pues acabando de decir el go* 
bierno, y estado presente de los españoles, se sigue el de los 
indios, como una de las dos partes, que componen este reino. 
Aunque en esta mutación perdieron los naturales el señorío 
temporal, quedando y dándose por vasallos de nuestros católicos 
reyes: el gobierno temporal inmediato de los pueblos quedó por 
entonces, y se conservó muchos años en los mismos caciques 
y señores, si bien con titulo, que en nombre del rey les daba 
quien gobernaba esta tierra. Ya de algunos años á esta parte 
lio hay tanta atención á esto, y nombran por caciques á los 
que deben de juzgar conviene mas para el gobierno de los pue- 
blos, aunque no cfeciendan de los que eran señores. 

Para que al cacique ayuden en la administración de lajus» 
ticia y gobierno, se nombran en los pueblos cada año el pri- 
mer dia dos alcaldes ordinarios, el número de regidores nece- 
sario, y procurador del lugar, los cuales confirma el gobernador 
en nombre del rey. El mismo dia se eligen alcaldes, que lla- 
man de los mesones y casas de comunidad, en que se hospe- 
dan los pasageros, para que se les probea de comida, y avío. 
También se elige fiscal para la iglesia, que cuida principalmente 
de la enseñanza de la doctrina cristiana á los muchachos, y se 
le nombran otros como alguaciles, para que los hagan venir, y 
llamen cuando faltan. Suelen elegirse otros ministros, que con 
vara de la real justicia cuidan de que los indios rozen sus tier- 
ras, siembren y beneficien sus milpas, ó sementeras, y en esto 
suele haber poca atención, siendo asi, que depende la conserva- 
ción de todos los que vivimos en esta tierra de este cuidado, 
y en habiendo falta de cosecha, quien mas desdichas padece son 
los miserables indios, y con experimentarlas son tan flojos, y 
poco amigos del trabajo, que aun lo mismo con que se han 
ae sustentar, es necesario hacérselo sembrar, porque los mas 
ninguna providencia tienen á lo que les ha de suceder, como 

(*^ VOasc el apéndice B do esto libro. 



LIBRO CUARTO. 291. 



teagan de presente alguna cosa, con que sustentarse por entonces. 

Para evitar confusión están los pueblos repartidos en bar- 
rios, que llaman parcialidades^ cada uno con nombre de im san- 
to, con que se diferencian entre sí. Tiene cada una un indio 
principal señalado, que solicita todo lo que á ella pertenece, 
asi de la administración temporal como para venir & la iglesia 
los indios y indias. Cuando el cacique del pueblo quiere or« 
denar se haga alguna cosa, manda llamar á estos príncipaleS| 
y con hacérsela notoria, se ejecuta luego con piuntualidad, co- 
mo si se lo hubiera intimado á cada indio en singular. Tam- 
bién se nombran aquel dia patrones, que llaman de los enfer« 
mos, dáseles uqa vara, que tiene una cniz, ó imagen en lo su- 
perior, y estos tienen obligación de saber los enfermos, que hay 
en su parcialidad ó bdrrio, y dar noticia de ellos al doctrinero 
cura, cuando necesitan de los sacramentos. No los ocupa el 
pueblo en otra cosa de comunidad, porque no hagan falta á sil 
ministerio, y son duplicados, para que se muden á semanas, y 
en las otras cuiden de sus milpas, y de los demás que necesi- 
tan. Tienen estos indios sus leyes particulares, jpox donde se go« 
bieman y están hechas con autoridad real, y connrmadas con real 
provisión deque seda razón tratando del tiempo en que se hicieron. 

Grande fué la disposición con que nuestros primeros padrea 
fundadores de esta provincia ordenaron el gobierno espiritual de 
estos indios, y no ha sido, ni es menor la ejecución de todo lo 
que Cv aduce á su mayor cristiandad, y bien de sus almas, y puo- 
áo afirmarlo «si, porque cuantos han estado en Yucatán, lo han 
visto, y ven esperimentalmcuiiite. ;Es singularísimo el cuidado de 
que todos los dias festivos' para ellos, que les obliga á oir mi* 
sa, se les diga en sus propios pueblos, predicándoles muy conti* 
nuo el santo evangelio del dia, que asi está mandado con gra- 
ves penas, exhortándolos al amor de las virtudes y aborrecimien« 
to de los vicios. Es á costa de no pequeño trabajo de los doc* 
trineros, por ser necesario, para que.iuera continua su presencia 
en todos los pueblos que hubiera cuatro veces tantos clérigos, re- 
ligiosos como somos; pero suple esta falta el amor que tienen á I09 
indios y el zelo del mayor servicio de las dos magestades divina ^ 
humana. La asistencia continua, asi de clérigos, como de relí- 
giosos, es en los lugares que se señalaron para cabezas y con- 
ventos, de donde se repaiten las vísperas de las fiestas á l09 
pueblos de su administración, y les es forzoso á los mas de- 
cir aquel dia misa en dos pueblos, y á veces en tres: trabajO| 
que solo quien le ha ejercitado puede conocerle, pues en cada 
pueblo de mas de esto administran los santos sacramentos del 
bautismo, matrimonio, penitencia, eucaristía y extremaunción fi 
los que los piden, llevando el Santísimo Viático á sus casas do 
los enfermos, con la decencia y reverencia posible. 

Después de haber dicho misa se cuentan por tablas, en que 
estáa escritos tpdos los vccújod de los pueblos; segim las par- 

d 



¿«♦2. llfSTORIA ÜE YUCATÁN. 



«iMi 



rialidades c^ue se han dicho, cotí que sabe el doctrinero los 
c|uc han asistido á oiría. Esto se hace en los patios de fuera 
de las iglesias, y ahora veinte años habia pueblos tan grandes, 
que era necesario para esta cuenta salirse á la plaza del pueblo, 
que todas están conjuntas á 'as iglesias: hoy faltan en ellos 
mas de la mitad de sus vecindades, que es lástima verlos. Ca- 
da principal (ó Chunthan, que ellos llaman) dá cuenta de su par- 
cialidad, cuya cuenta está á su cargo, y como ya se conocen en 
saliendo de la iglesia se aparta cada una á su sitio, donde con 
facilidad se sabe quien ha faltado de la misa. Inquiere el doc- 
trinero la causa, y cuando es legitima, dala el principal, porque 
sea por enfermedad, ó ausencia del pueblo, 6 haberse huido, sin 
saberse donde esté (que esto sucede muchas veces, y en estos 
tiempos es muy considerable el número de los que faltan de esta 
suerte) lo ordinario es, que el principal sepa donde está. Pero 
cuando sin causa justa falta, y el principal no responde por él, 
es buscado por algunos de los alguaciles de doctrina; y traido á 
la presencia de su doctrinero, sino dá causa suficiente para haber 
faltado, le castiga el gobernador del pueblo, que está allí asisten- 
te, mandándole dar algunos azotes, mas, ó menos, conforme acos- 
tumbra ser defectuoso. Guando no son hallados en esta ocasioni 
quedan señalados sus nombres, tirando una cuerdecita que cada 
uno tiene, v otiro dia de fiesta, sabiendo con esta señal, que fal- 
tó la precedente, es corregida su culpa, exhortándole el doctrinero 
con una plática espiritual á que no falte de la iglesia, y dé o- 
casion á otros, para que con su mal ejemplo hagan lo 
mismo. 

También hay puntualísimo cuidado, que los dias festivos 
para los indios, todo el pueblo junto diga toda la doctrina cris- 
tiana con las preguntas de el catecismo, que enseñan los miste- 
ríos de nuestra santa fé católica, y su esplicacion en su natural 
idioma, para que con toda certidumbre se enteren de ellos, y ^v- 
pan lo que deben creer para salvarse. Trabajo fué este de los 
religiosos antiguos, que con celo santo los tradujeron en su len- 
gua, y los modernos lo han perficionado, y dado á la estampa, pa- 
ra que los indios puedan leerlo. La forma que en esto se ob- 
serva es, que el día de fiesta en tocando á pnma se hace señal 
con la campana mayor, y desde aquella hora viene la gente á 
la iglesia asi hombres, como mugeres. Como van entrando se 
apartan los varones al lado del Evangelio, las mugeres al de la 
epístola, y habiendo hecho oración al Santísimo Sacramento, sq 
sientan en el suelo, y las justicias tienen sus bancos en que sen* 
tarwe. Reco^da la mayor parte salen dos sacristanes con sobre- 
pellices, debajo sus ropas coloradas, y puestos en pié en el fin 
de la capilla mayor, principio del cuerpo de la iglesia cantan 
las cuatro oraciones en sé]itimo tono, repitiendo el pueblo lo que 
los sacristanes dicen. Lo restante de la doctrina cristiana se can- 
ta en tguo ]lwo¡ coa q<ic cuwdo se acaba, es ya hora de can; 



íMiKO CUARTO. »S¿, 



íar tercia para decirles misa, porque por los grandes calores, y 
ponqué ios indios q leden desocupados para acudir á sus necesi- 
dades do nésticas, y hijos que quedaron á guardar sus casas, so 
celebra mas temprano que en' España, y en otras tierras frias. 
En habiéndose dado principio á cantar la doctrina, dos tupiles, 6 
alguaciles de ella se ponen á las puertas de la iglesia con una 
dicipiina en la mano, y al que llega tarde, con alguri azote 
que le alcanzan al entrar, hacen r|ue reconozca la pereza quo 
La tenido en venir á tan santo ejercicio. Del mismo modo se 
vuelve á repetir á la tarde, comenzando como á las dos ü to- 
car la campana, y asistiendo los gobernadores, alcaldes y de- 
ipas justicia, si bien á esta hora acuden mas las mugeres, que 
los varones, y no hay tan especial atención, ni estrecha cuen- 
ta, para (|ue ven^n todos, como por las mañanas. Prra quo 
entre semana no lalte quien asista á la misa mayor, hay loa- 
ble costumbre de que para cada dia vengan algimas indias de 
las parcialidades repartidas por sus dias, y raro es el que falta 
de asistir á ella el gobernador del pueblo, los alcaldes ordina- 
rios, los mas de los regidores y principales 6 chuntanes de las 
parcialidades. 

CAPITULO XVIII. 

Prosigue el precedente^ y como se celebra7i los oficios divinos. 

El modo de repetir las fiestas, la doctrina cristiana, y la 
hora es una misma siempre en las cabeceras, por la asisten- 
cia continua del doctrinero: pero en los pueblos de visita, 6 
anexos, no puede ser asi^ por las mañanas, porque sucede de- 
círseles misa al amanecer, y antes para pasar á otro pueblo de 
su administración, que hay algunos distantes, cuatro, seis y mas 
leguas, con que no se pudo &cir la doctrina antes de misa, 
ni el ministro estar presente á ella. Por esto muchos cuida- 
dosos, cuando dijeron en un pueblo la misa última en la fes- 
tividad antecedente; dicen la siguiente la primera, con que unas 
veces asiste á la doctrina de un pueblo, y otras á la de otro. 
•Está tan introducida esta santa costumbre de cantar la doctri^ 
na los dias de fiesta, (|ue aunque no ten&;an misa; no por eso 
deja do ir todo el pueblo á la iglesia á la hora que se acos- 
tumbra y se canta, después los cantores cantan la tercia, y 
acabada, los gobernadores y fiscales, cuentan por las tablas los 
•que han venido, como cuando está el doctrinero presente, con 
que saben quien ha faltado á cantar la doctrina, y á encomen- 
darse á Dios en su santo templo. 

lias plantas nuevas fácilmente se erigen con rectitud y her- 
mosura agradable á la vista, si la solicitud del que las plan- 
ta no desmaya en la asistencia para cultivarlas. Plantas nue- 
ras son de esta militante iglesia los niños hijos de estos indios, 
»que al paso qtie sus padres naturales no tienen la vigilancia debida 



iJ94, HISTORIA DE YLX'ATAN. 

en enseñarles la doctrina cristiana; corre mayor obligación ca 
los ministros doctrineros de atender á su espiritual educación, 
para que como crecen en el cuerpo, aumenten la hermosura de 
el espíritu, y ajrradables con ella á los ojos de Dios y de sus 
fieles, se coja el fruto pretendido de verdaderos cristianos. Pu- 
diera correr peligro dejado al cuidado de los padres naturales, 
porque con sus continuos trabajos, y con natural descuido, aun 
para lo temporal peligra lo político de su educación. Previno 
el celo de los predicadores y maestros espirituales, este incon- 
veniente con haber puesto en costumbre, que todos los niños 
y niñas de los pueblos vayan los días de entre semana á la 
iglesia, donde se les enseñan las oraciones y doctrina cristia- 
na, que para que con menos trabajo llegue á la ejecución del 
deseo, está dispuesto de esta forma. 

Ya se dijo, como todos los pueblos están divisos en par- 
cialidades. Cada una, 6 entre dos, si son cortas, tiene un tu- 
pil ó alguacil señalado, el cual por la mañana en saliendo el 
sol recoge todos los de su parcialidad de hasta catorce años 
ellos y ellas de doce (que es cuando luego se trata de casar- 
los) y jlintos á un lado todos los varones, y á otro las mu- 
chachas, hacen una procesión, precediendo el tupil con una cruz 
mediana algo levantada, y comenzado en voz alta con sép- 
timo tono las oraciones, van por las calles, que salen derechas 
á la iglesia, donde entran con el mismo óraen, y puestos de 
rodillas adoran al Santísimo Sacramento, y se quedan separa- 
dos hasta que todos han llegado. Después uno de aquellos tu- 
piles (que ya tiene cada uno su dia señalado) dá principio can- 
Cando las oraciones en el mismo sigptimo tpuOi y van repitien- 
do todos hasta que es hora de misa mayor." -.iJEn haciendo se- 
ñal para cantar la tercia, cesan, quedando presentes al santo sa- 
crificio de la misa, la cual acabada sale el sacerdote y despi- 
de á las justicias del pueblo y asistentes. Después cuenta ae 
ordinario los muchachos por las tablas que tienen diferentes de 
los casados, con que ve los que faltan, y sus tupiles dicen si 
están enfermos ó los tienen ocupados sus padres. Sino se en- 
vía por ellos, y cuando llegan les dan ^dos 6 tres azotes, para • 
que otra vez no falten, y los tupi les son reprehendidos por su 
negligencia, y cuando el religioso está ocupado, los cuenta el 
fiscal, pero si entonces no parecen, quedan señalados con su 
cuerdecita, que tiene el nombre. 

Por la tarde no vienen á la iglesia, para que puedan ayu- 
dar á sus padres, cuanto la tierna edad dá lugar en las nece- 
sidades domésticas, con que habiendo dado á Dios la mayor 
parte de la mañana, les (^ueda lo restante del diapara apren- 
oer lo ministerial de la vida humana, con que á un nüsmo 
tiempo se aumente en ellos el hombre interior y csterior por 
la solicitud de sus ministros evangélicos, que con esta vigilan- 
cía etienden 6 lo uno y é lo otro. liOs sábados no vienen^ 



LIBRO CUARTO^ 2«»ó. 

porque las madres le laven su ropa. Con esta continua(:i<ui 
desde la niñez se procura cultivar el ánimo de estos indios. i»a- 
ra la devoción de el culto divino, y noticia de lo que dcbíMi 
observar, como cristianos, pues en el claro esf)ejo de la coti- 
diana doctrina se les manifiestan las virtudes que delen srouir 
y los vicios con que so ofende la MitjQrestad divina, para que 
se aparten de ellos. Solicitud bíistirnte es ésta, para que no 
tse pu<.'da imputar á culpii de os padres espirituales, que no se- 
pan todis las oraciones y doctrina cristiana, pues tanta conti- 
nuación en la edad adulta, sobre el cuidado con que s<- les en- 
señó en la niñez, denota ó demasiada incapacidad on eiios (que 
no la .tienen para iiui icjas) ó maJ natural, con que distraidos 
no atienden á lo que tan: s vrces repiten. Porque demás do 
lo dich.i, «liando se casan, se íiace examen si la saben, y to- 
dos los años al tiempo de la coníísion, que por precepto obli- 
ga, se examinan también: y con haberse criado de esta forma, son 
tan poco aficionados á la iglesia, misa y santos sacramentos, co- 
mo en otra parte se dijo. Dios íes dé su gracia y ausilios pa- 
ra que le sirvan. 

Para la celebración de los oficios divinos hay en todos los 
pueblos numero asimado de sacristanes y cantores; aquellos pa- 
ra que cuiden de los omarqentos y limpieza de la iglesia, y sir- 
van al altar. Tiénenlos dé ordinario llenos de flores, porque ca- 
si todo el discurso de el año las hay diversas en esta tierra. Los o- 
tros para la solemnidad de los oficios divinos, que la iglesia or- 
dena se canten. Una cosa hay diseña de atención, y es, que lio 
hay pueblo en Yucatán por pequeño que sea, donde los oficios 
divinos no se solemnicen ^anto de órgano y capilla íbrinada, 
como la música la requíete, y en los conventos con bajonci- 
llos, chirimias, bajones, trompetas y órganos, con que se pro- 
voca mas el afecto & las alabanzas de la Magostad divina. 
Cstas son comunes y cuotidianas, porque demás de rezar el ofi- 
cio divino los sacerdotes; el maestro de capilla, y la mitad de 
los cantores á semanas, en los pueblos de nuestra administra- 
ción, aunque no resida ministro en ellos, en tocando á prima, 
rezan las cuatro horas menores de el oficio de nuestra señora, 
después cantan la tercia de la festividad de el dia, conforme 
fi su solemnidad, y á la tarde vísperas, sin que en esto se es- 
perímente falta. 

Todos los sábados por la tarde se canta la salve regina ft 
la madre de Dios con mucha solemnidad y concurso de pue- 
blo, especialmente asisten las mugeres á esta devoción, como por 
la mafuma á la misa solemne que se canta. Todas las cabeceras 
tienen cofradías de nuestra señora, y celebran sus festividades con 
solemnidad: cada mes dicen una misa cantada por los cofrades, j 
algunas todas las semanas, y no solo en las cabezas, pero en muchl* 
simos pueblos de visita hay cofradías que unas y otros con singulaf 
devoción festejan los días áe la purísima Concepción de la Virgeh 



290. HISTORIA DE YUCATÁN. 

/Santísima. En todos nuestros conventos hay órgano, que no ha cos- 
tado pequeña solicitud, porque los nías son traídos de los rei- 
nos de España, y esto de las limosnas que nos dan para nues- 
tro sustento y vestuario, aplicando de ello, cuanto es posible 
para el mayor ornato de el culto divino. En los pueblos de 
visita ó anexos, donde no alcanza la posibilidad á tener órga- 
no, hay un modo de ílautas con voces de bajos, contra altos, 
tenores y tiples, que suple la falta de los órganos, alternando 
como ellos los versos de los salmos y aun muchos tienen trom- 
petas y chirimías: cosa cierta digna de ponderación (siendo es- 
ta gente tenida por bárbara y reputada por rusticfsima) pues si 
volvemos la consideración ñ, los lugares de nuestra España, ha- 
llaremos, que solamente las iglesias de cuantiosas rentas tienen 
lo referido, y las de esta tierra, sin tener algunas, están servi- 
das con tanta decencia, y ornato por la vigilancia de los minis- 
tros. Para que esto no descaezca, hay conjuntas á las iglesias^ 
en los patios de ellas escuelas, donde los maestros de capilla 
enseñan á leer, escribir y cantar í algunos muchachos; cou 
que no solo se provee de quien sirva al culto divino, sino que 
de allí salen escribanos para los pueblos. 

Aunque es ordinario celebrar los indios las pascuas y fes- 
tividades clásicas con festejos de bailes y otros juegos; la de 
la institución de el Santísimo Sacramento es con muy mayo- 
res alegrías, y para ella concurren á las cabeceras todos los pue- 
blos sus anexos, como también para celebrar el lunes y vier- 
nes santo. Las fiestas de sus patrones celebran los pueblos con 
muchos festejos, y concurren á ellas tod().s los comarcanos, coa- 
vidándo.se unos á otros. Los caciques convidan á los de los 
otros pueblos, los resjidoresá los regidores, y asi los demás, hos- 
pedándolos y regalándolos á su modo, cuanto pueden, con que 
es grandísimo el concurso, que asiste á cualquiera de estas fies- 
tas, y si se dijera la multitud de pavos que aquel dia se co- 
men, con dificultad se creyera, porque los están criando todo el 
año para aquel dia. Para mas solemnizarlas convidan los doc- 
trineros á los ministros de la comarca, con que es para dar gra- 
cias á Dios ver celebrar una de estas festividades. Sea siempn; 
bendita su divina magestad, por haber traído estas gentes al co- 
nocimiento de su verdadero culto y adoración. Concluyo este 
capítulo con lo que dice el padre Torquemada tratando en su 
monarquía indiana de la administración de doctrina, que los re- 
lignosos de esta provincia han tenido, por estas palabras: ''esta muy 
concertada asi en lo que toca á la religión de los frailes, como 
en la doctrina y aprovechamiento de los indios: y debelo de cau- 
sar ser sola una lengua de ellos, y ser de una .so!a orden (que 
es la nuestra) los ministros y lo principal no morar españoles 
m los pueblos de los indios, &c." Algunos viven ya en ellos, 

STO son pocos, y asi los indios se están con el mismo coricierto 
í doctrina que antes. Veáso adelanto el inform*^; que acerca 



LIBRO CUARTO. 29?. 

de esto hizo al rey, el obispo D. Diego Vasquez de Mercado, qucí 
por no repetirlo dos veces, no se refiere en este lugar. 

CAPITULO XIX. 

t)e las doctrinas de ifidios^ que administra la Clerecía de 

este obispado de Yucatán. 

La administración de los santos Sacramentos y predicación e« 
Tangélica para los indios de este obispado y gobierno de Yu-> 
catan, está repartida entre la clcrecia y los religiosos de nuestro 
padre San Francisco, que estamos efí esta provincia de San Jo* 
sé, sin que en tiempo alguno hayan tenido administración religiosos 
de otra religión, y está la división en esta tbrma. La clerecia 
tiene veinte y dos doctrinas, que son beneficios curatos, que so 
proveen según el orden del real patronato en concurso público. 
ios religiosos tenemos treinta y cinco conventos, que tienen ad- 
ministración de indios, y en ellos hay guardianes electos en los 
capítulos provinciales, y los ministros doctrineros de ellos están 
^ignados y presentados, según la forma que la voluntad real 
tiene espfesada para la justa conservación de ^u real patronato, 
siendo unas veces los guardianes juntamente ministros, y algu- 
nas otros distintos religiosos, conforme mas ó menos lengua sa- 
ben. Hay también otras dos doctrinas, en cuyos conventos su 
superior no tiene título de guardián sino de vicario, aunque tam- 
bién electos en capítulo, y Tos padres dominicos administran una 
vicaría en Tabasco. Descendiendo á ellas, y á sus pueblos 
anexos ó visitas; ^ue tienen' pila bautismal, á sus titulares y 
potrones son las sigiiientes.- 

Bn la ciudad oe' Mérida ha^ un cura, que resido en la 
catedral, el cual administra los indios criados de españoles, ^ 
es beneficiado propietario de cuatro pueblos de indios estramur 
iros de la ciudad, barrios de ella, cuyos titulares de iglesias son 
Santiago, Santa Catalina, San Sebastian y Santa Ana, y los 
pueblos se nombran, y diferencian con los nombres de estos 
santos. 

El beneficio de Tixkokob tiene seis pueblos de administran 
cion con la cabecera, cuyo titular es nuestro padre San Ber- 
nardino de Sena. Fué convento nuestro hasta el año de mil y 
seiscientos y dos, y su último guardián el venerable padre Fr» 
Alonso de Solana. Sus visitas son los pueblos de Tixpéual, 
titular de su iglesia San Martin Obispo, el de Euan titular Saa 
Luis Obispo de nuestra religión: Nólo tiene á San Bartolomé, 
Ekmúl la Asunción de nuestra Señora, y Yaxkukúl la pum 
Concepción. 

Él Beneficio de Hocabá fué también convento nuestro has- 
ta el año de 1602, su último guardián el padre Fr. Francisco 

de^ ?m, h^ iglesia de Hocabá tíeno por titular á nuestro pa^ 



2te. HISTORIA DE YTCATAN. 

drc Saii Francisco: las de sus pueblos Tzanlahcat la Asunción 
de N. Señora, y en aquel asiento están otros dos pueblos Hují, 
y Tixcaniahil, del de Zahcaba es titular San Juan Evange- 
lista, del de IIují San Pedro Apóstol. 

El beneficio de Hoctún, que fué fundación nuestra, y por- 
tenocia á la administración del convento de Hocabá, tiene poí 
titular & San Mi^icl Arcángel: por visitas los pueblos de Xoc- 
chcl, San Juan Bautista, el de Tahmcc á San Lorenzo, y el 
de Zeyú & San Bartolomé Apóstol. 

El beneficio de Zotuta (Soluta) fué convento nuestro hasta rl 
año de 1581, su último guardián el padre Fr. Pedro de Magaña; 
titular San Pedro y San Pablo. Sus visitas son los pueblos 
de Tibolón, que tiene por titular á San Juan Bautista, el do 
Tábi los Santos Reyes, Ceyeuzih Santiago el Mayor, los de 
Yaxá y Cantainayec, que están en un asiento úl San Andrea 
Apóstol. 

El beneficiado de Yaxcabá, que también era administra- 
ción nuestra de el dicho convento de Zotuta, tiene su cabeza 
por titular á nuestro padre San Francisco. Sus pueblos son 
Mopila, titular San Mateo Apóstol, Tixcacal San Juan Bautista, 
y Tacchebilchen la Exaltación de la Santa Cruz. 

El beneficio de Petu (Peto) tiene por titular su cabeza la Asun- 
ción de nuestra Señora: los pueblos de visita, que son el de 
Tahjiu á nuestn) padre San Bemardino, el de Tixalatün d 
nuestro padre San Francisco, el de Tzucácab á Santa Maria 
Masfdalena, y el de Calotmul á San Pedro Apóstol. 

" El beneficio de Ychmúl fué convento nuestro hasta el año 
de 1602, en que fué último guardián electo dicho año el padre 
l'r. José Sluñoz, y es titular de la cabeza nuestro padre San 
Bemardino de Sena. Sus visitas son los pueblos de Tixholóp, 
con titular de San Juan Evangelista, Timñm de la limpia Gon^. 
cepcion de N. Señora, del de Celtil, nuestro padre San Bueim^ 
ventura, de Tibác San Luis Obispo, de Zaclac la Asunción dá 
nuestra Señora, de Zabán San Pedro Apóstol, de üaymax San 
Miguel, de Titñc San Lorenzo, de Chunhuhab San Juan Bautista. 

El beneficio de Tixhótzuc (Tihosuco) era de la admmistracion 
del dicho convento, es titular de la cabeza San Agustin, y las visi- 
tas son los pueblos de Chikmzonot, su titular la Asunción de 
nuestra Señora, del de Tila San Laurencio, de los de Ekpéo, 
V Tuci, que están en un asiento San Laurencio. 

El beneficio de Chemzonót fué convento nuestro, su últi^ 
mo guardián electo el año de 1531, el padre Fr. Juan de Torde- 
silla''. Diernnsele los relis^iosos voluntariamente al obispo D, 
Fr. GroíTorio de Montalvo, como se dice en su tiempo. Titu- 
lar de aquella cabeza es nuestro padre San Francisco, y sus 
visitas son San Miíjuel del pueblo de Emál, San Pedro de Tix- 
.holóp, Sania Ana de Cechac; San Antonio, de Human, San Cíe- 
monte, de PacUüxohon; que estú <?« cabo de Cotóch. 



LIBRO CUARTO. 29í>. 



La cabeza del beneficiado de Níibalóii, tiene por titular A 
San Agilstin, y por visitas los pueblos cíe Tixcáncal «^ San 
Martin obispo, el de Hunabkü á San Juan Bautista, el de Yal- 
cobá á San Andrés Apóstol, y el de Tehuh á la pura Con- 
cepción de nuestra Señora. 

El l)eneíIcio de Tichél, que hoy llaman Popóla, por ha- 
hMsc destruid.) ariucl pueblo, fue convento nuestro hasta el año 
de 1002, su último guardián el padre Fr. José del Bosque, y 
era titular de Tichél la pura Concepción de nuestra Señora. 
Tiene por visitas los pueblos de Ticintumpá, á (juien se jun- 
tó el de Mamantel, los de Cheuzih, Chiulia, Chekubul, y Úzii- 
laban, que no lie hallado quien me diga los titulares de sus igle- 
sias. 

En la isla de Cozumél fué nuestra la primera fundación 
de iglesia. Véanse las probanzas de méritos de los Villalobos 
do la villa de Valladolid, por donde consta. Mudóse no ha 
nmchos años la cabeza al pueblo de Boloná, y asi ahora e9 
bcneñcio de Cozumél, se llama el de Boloná. Su iglesia tieno 
\)ov titular la pura Concepción de nuestra Señora, y son dos sus 
visitas, el un pueblo se llama San Miguel, y es su titular; el 
otro Santa MARL\, su título la Asunción. 

Ya se dijo, que en la villa de Valladolid los dos bene- 
ficiados, que son curas de los españoles, lo son también de otros 
siete pueblos de indios, que están sujetos á su administración; 
el de Tekuch, su titular la visitación de nuestra Señora, el de 
Chemax San Antonio de Padua, el de Tekanxoc San Cosme 
y San Damián, el de Tixualahtun San Juan Bautista, el d« 
Yalcou San Lucas, el de Tizoc San Lorenzo, el de Tahmuy 
y Yalcóba San Estévan. Navorios son Santa Ana, San Juan 
y Santa Lucía. 

En la villa de Campeche también se dijo administra el 
beneficiado otros siete pueblos de indios, que son el de Teop, 
su titular la Concepción de la Madre de Dios; el de Kehté, 
San Miguel Arcángel: el de San Pedro con este Santo: el do 
( vhiná la pura Concepción de nuestra señora: los de Santa Ana 
y San Román con estos santos. 

Los beneficios y doctrinas de Tabasco son el de la Vitoria, 
que tiene un pueblo sujeto, y el de Villahermosa, de que ya 
se trató, y como residen allí españoles. En este último tam- 
bién hay administración de indios, aunque corta, y no la he 
podido saber con distinción. 

El beneficio de Uzumazintla tiene sujet^^s íi su administra- 
ción imeve pueblos. El de Xalpa tiene doce pueblo^. El de 
(íuaymango tiene siete pueblos. El de Nacaxuxuca trece pue- 
blos. El de Tepetitlan tres pueblos. La Vicaria de Ozolotlan, 
dice el bachiller Valencia en su relación, que por convención 
que hubo entre los religiosos de nuestro padre Santo Domin- 
go de Cliiapa, y los clérigos de este obispado, coa permisorde 



300. aiSTORIA DE YUCATÁN. 



8US prelados la administran cuatro religiosos suyos, que el uno 
tiene título de vicario, y los tres son sus coadjutores, y quo 
tiene esta vicaría nueve pueblos, de todos ellos nó he hallado 
quien me diga los nombres, ni los titulares de sus iglesias, y 
asi no es omisión voluntaria no escribirlo, pero referiré lo que 
se dice de ellos. La vicaría de Ozolotlan es la mas poblada 
de toda la jurisdicción de Tabasco, en la cual aunque los de- 
más pueblos son de muy cortas vecindades; los indios son muy 
crecidos en la piedad, que tienen con sus doctrineros, y afecto 
con que acuden á dar limosna de pié de altar, que como to< 
do su trato consiste en los buenos temporales, para la cosecha 
de sus huertas de cacao, acuden siempre á Dios á pedirle este 
remedio, ofreciendo en sus iglesias muy ordinarias limosnas, coa 
que sustentan á sus beneficiados. 

CAPITULO XX- 

De las doctrinas que administramos los religiosos de estxi 

provincia. 

Nuestro conn^ento principal de la ciudad de Mérida tiene 
administración de indios, como se dijo tratando del. La cabeza 
de la iglesia de San Cristoval fábrica de tres naves cubiertas 
de bovSillas muy capaz y alegre. Su administración tiene á 
cargo un religioso con título ae vicario, que se elige en los 
capítulos, aunque no es vocal en ellos. Sus visitas son la de 
los Santos Reyes del pueblo de Kanazin, !a pura Concepción do 
nuestra Señora del de Chubulná, San Miguel del de Caukel, 
San Luis obispo de Ucú, y San Miguel del de Itziminá. Ayu- 
dan al vicario para la administración los religiosos moradores 
del convento, donde ordinariamente hay muchos, que son len- 
guas y ministros aprobados por el ordinario. 

En la villa de Campeche hay iglesia de los indios fiiera 
do la del convento, y su titular es nuestro padre San Francisco. 
Bn ella se administran los pueblos de San Francisco de Kin- 
pech, Santa Lucia de Calkiní, y el de Kinlacaai con la misma 

Íatrona, y son barrios de la villa. Tiene por visitas la de San 
>icffo de los pueblos de ücumal y Yaxa, que están en un asien- 
to, la de Santiago de Chulul, la de San Juan Evangelista de 
Tixmucuy, la Degollación de San Juan Bautista de Boloncheu 
(que llaman de Cauich) la de la pura Concepción de nuestra Señó- 
la de Cauich, la Asumpcion de la madre de Dios Tixbulul (que 
los españoles llaman Lerma) la Natividad de la Virgen de Zamu- 
l&j y la de San Juan Bautista de Xampolol. 

Hay también en la villa de Valladolid iglesia de los indio3 
del pueblo de Zizal, su titular San Bernardino, y se administra 
on ella á los de otro pueblo pequeño conjunto, cuyo patrón es 
^(fn Marcos Evangelistat Tiene por visitas la Asuiiciou de nues: 



LIBRO CUARTO. SOL 



tra Señora del pueblo de Timozon, la de nuestro padre San Fran- 
cisco del de Popóla y la de Santa Ana del de Pixoy. Los demás 
conventos, que juntamente son doctrinas, estám en pueblos de 
indios, que referiré por sus territorios, como ellos están divisos. 



»»■ 



Doctrinas del territorio de la Sierra, 

De el convento de Tikoh, cuya iglesia tiene por titular la 
Asunción de nuestra Señora, s<» hizo erección titulándole con- 
vento el año de 1609. Tiene p"i visitas la iglesia de los San- 
tos Reyes del pueblo de Timiicuy, !a de San Gregorio Papa 
del do Telchaquillo, la Natividad de nuestra Señora de los de 
Acanceh, Xiol y Chaltun, que están en un asiento. 

A la fundación de la casa del pueblo de Homun, se le dio 
titulo de convento el año de mil y quinientos y sesenta y uno. 
Su iglesia tiene por titular á -nuestro padre San Buenaventurai 
y por visita la de Santiago del pueblo de Cuzamá. 

La del pueblo de Mama le tiene de convento desde el año 
de 1612, y es titular de su iglesia la Asunción de nuestra Se- 
ñora, y tiene por visita la de San Antonio de Padua del pueblo 
de Tekit. 

El convento de Maní tiene el tercero lugar de antigüedad 
entre los de esta provincia desde la primera tabla capitular cus- 
todial del año de 1549. Su iglesia es de nave de bóveda, y 
conjunta otra de los indios, titular de las dos San Miguel Arcán- 
gel. Sus visitas son Santiago de el pueblo de Zán, Santa Maria 
Magdalena del de Tipikal,Ta de San Pedro Apóstol del de Cha- 
pab. Fundaron los primeros padres en Mani un hospital, enten- 
diendo hubiese algún modo de renta, para curar á los indios 
pobres en él, y no la hubo. Permanece el ediñcio, y su capilla 
sirve á los cpfrades de la Virgen de aquella cabeza, y del pue- 
blo de Tipikal. Otros se fundaron, que por el mismo defecto 
se perdieron, y asi no haré relación de ellos. 

A la casa del pueblo de Tiub se le dio título de convento 
el año de 1609. Tiene en la cabeza dos pueblos, el uno Tiab, 
y el otro Tick, con justicias distintas el uno de la corona real, 
y el otro encomendado. Titular de su iglesia San Pedro A- 
póstol, y sus visitas San Bernabé del pueblo de Pencuyut, la 
pura Concepción de la Virgen del de Chumayel, y San Buena- 
ventura del de Xaya. 

La del pueblo de Tikax es convento desde el año de 
1576, y su titular San Juan Bautista. Sus visitas San Miguel 
del pueblo de Tixmeuac, San Antonio de Padua del de Ticun^ 
y la Asunción de nuestra Señora del de Tixcuytun. En un 
repecho de la sierra á la parte de el mediodía tiene una her- 
mita dedicada al glorioso San Diego de ^ Alcalá de Henares 
era untes cubierta de guano, y ediñcola de mamposteria, cubier- 
ta de bovedillas el R. padre Fr. Pedro de Artie^ga, siendo guar- 



SOü. KlSTí nUA DE YUCATÁN. 



(lian de aquol ron vento. IIízolc una herniosa calzada para su 
bir á ella con pertilcs almenados. Es la hechura do este sanio 
de escultura de talla entera, imagen milagrosa, como se dice 
en el libro duodécimo, y se celebra su fiesta con mucha so- 
Icmuitliid. 

El convento de Oxcutzcab tiene antigüedad de tal desde 
el año de mil y quinientos y ochenta y uno, y por titular de su 
i^rlesia á nuestro padre San Francisco. Administrase en ella á 
los indios del pueblo de Yaxá, que aunque tienen alcaldes á 
parte, están en el asiento de Oxcutzcab, y tienen por patrón 
ú S. Juan Bautista. lias visitas son Santa Inés del pueolo de Akil, 
y la de los apóstoles San Felipe y Santiago del de YotoUn. 

lia administración de Ticul tiene antigüedad de convento 
desde el año de 1591, y su iglesia por titular á San Antonio 
do Padua, y es obra moderna de tres naves capacísimas y muy 
alegres, que pudiera ser catedral. Sus visitas son San Mateo 
del pueblo de Nohcacab, y se administra en ella á otro que 
está conjunto, aunque en diversas justicias, y tiene por patrona 
á Santa Bárbara. Otra visita es la Asunción de la madre d«) 
Dios del pueblo de Puztunich. Tiene Ticul en el repecho dt! 
la sierra dedicada hermita á San Antonio de Padua, con quic'n 
tienen particular devoción los indios, y está cubierta do 
guano. 

La de Muña es convento desde el ano de 1609, y titular 
de su iglesia San Juan Evangelista: sus visitas la de San An< 
tonio de Padua del pueblo de Zaclum, y la de San Juan Bau- 
tista de los de Abala y Becyá, que están en un asiento. 

La de Bolonchcn (que llaman de Ticul) es vicaría desde 
el año de mil y seiscientos y treinta y tres, titular de su iglo- 
sia la Asunción do nuestra Síniora, y en ella se administra á 
los do Bolonchcn, TiouK Maní, y otros pueblos de la sierra, 
que están en aquel asiento avecindados y otros huidos de sus 
casas, y están sujetos ú una justicia. Por visitas Ja do Sun 
Amonio de Padua del pueblo de Ilopclclien, y Ja pura Con- 
cepción del de Numkiní. 

Doctrinas del territorio de la costa. 

La administración del convento de Hunucmá tiene anli- 
ÍTUcdad de convento th^^dc el año de 1581. Es titular de su 
iírlesia nuestro padro San Francisco, y en ella se administra 



un asier!to. 

El convento de CuUika! íione cuarto luítar en la taWa del 
primero capítulo custodial del año de 1.549. Es titular de su igl»»- 
EÍa nuestro padr** San Franci^s^o: sus visitas son Santiago del pue- 



MBRO CUARTO. '¿{fí. 



blo de Chicxulub, Santa Úrsula del de Chablé, San Pedro Ap^)S- 
lol del de Clnilul, y San Juan Bautista del Zicipach. 

La adniinistracion de Mocochá es convento desde el año do 
1609 y titular de su iglesia la Asunción de nuestra Señora: ^:us 
visitas San Bernabé del pueblo de Ixil, la pura Concepción del 
de Baca, y Snn Miguel del de Tixcunchel. 

Es convento la de Mutul desde el año de 1567, y tieno 
iglesia moderna de nave de bóveda, capilla mayor cubierta de 
inedia naranja: su titular es San Juan Bautista, sus visitas San 
Antonio de Padua del pueblo de Uci, San Mateo del de Kinl, 
y Santiago del Muxppip. 

La de Tichác es convento desde el año de 1693, y s^ 
iglesia tiene por titular á nuestro padre San Francisco: sus vi* 
sitas son Santa Ana del pueblo de Zemúl y San Buenaven^ 
tura de el de Zinanché. 

La de Canzahcab lo es desde el año de 1609, y nuestro 
padre S. Francisco su patrón. Tiene por visita la de San Bar- 
tolomé del pueblo de Zuma. 

La de Zizamtun se erigió en convento el año de 1567, 
y su iglesia (que es una nave de las grandes, que hay en 
estos reinos) tiene por titular Ti Santa Clara: sus visitas son 
San Lorenzo del pueblo de Yobain, y la de nuestro padre S. 
Francisco del de Zilam. 

lia de Timax que tiene título de convento desde el año 
de 1591, su titular San Miguel: sus visitas la pura Concep- 
ción de nuestra Señora de el pueblo de Buctzotz, la de San 
Juan Bautista de ^umcauich, y la de San Pedro ¿ipóstol del 
de TikaL 

Kl do Tiya es convento desde el año de 1612, y patrón 
do su iglesia San Bernabé apóstol: su visita San Juan Evan- 
gelista del pueblo de Tipakam. 

El convento de Titaintó lo es desde el año de 1576, 
y titular de su iglesia San Agustín. Tiene por visitas la de 
San Pedro del pueblo de Citilcum, Santa Clara del de Cini- 
milá. Los de Tixkochocli por patrón á San Juan Bautista, y el de 
Tixculum á San Pedro, ambos en una iglesia, porque estañen 
un asiento 

Doctrinas del camino de Valladolid, y su jurisdicción. 

El convento de Cacalchen tiene erección de tal, desde el año 
de 1609, y por titulares de su iglesia á los apóstoles San Pe- 
dro y San Pablo, y por visita la Asumpcion de nuestra Seño* 
ra del pueblo de Bokobá. 

El convento (y en esta tierra tan celebrado Santuario) de 
el pueblo de Ytzamal, tiene en la primera tabla ca¡)itular, que 
se ha dicho, del año de 1549, el quinto (y ultimo entonces) lu- 
gar de antigüedad en esta provincia. Su i^esia es abovedada. 



304. HISTORIA DE YUCATÁN. 

y en ella está la milagrosa imagen de nuestra Señora, que lla- 
man de Ytzamal, el titulo es de su purísima Concepción, de que 
adelante se trata latamente. Tiene iglesia afuera en el patio pa- 
ra los indios, su titular San Antoniov de Padua. Celebránse en 
esta iglesia las festividades de San Ildefonso, patrón de el puebla 
de Pomolche, y de otro llamado Santa Maria, porque estos dos 
y el de Ytzamal están en un asiento. Tiene por visitas la de 
San Gerónimo del pueblo de Citilpech, la de San Buenaven- 
tura de Pixilá, la Asunción de nuestra señora de Zuzal, San 
picolas de Xanabá, nuestro padre San Francisco de Kantunil, 
San Miguel de Chalamté, y en un asiento los pueblos de Yít- 
zi y Tocbaz con una iglesia dedicada á la Natividad de la 
virgen Santísima. 

La administración de Zonót es convento desde el año de 
1619. Está en el mismo asiento otro pueblo llamado Muxppip, 
y una iglesia para ambos, cuyo título es santa Clara: sus vi- 
sitas son santo Thomé de los pueblos de Tunkaz y Zahcabá, 
que están en un asiento, santa Inés del de Zitaz y San Juan 
Bautista de Cichcn Ytzá. 

Del convento que hoy está en el pueblo de Uayma (y se 
trasladó del pueblo de Tínum, donde fué su primera erección 
año de 1581,) tiene la iglesia por titular á nuestro padre san- 
to Domingo, y por visitas la pura Concepción de nuestra se- 
iíora del pueblo de Tinum, la asunción del de Kauva, y San Juan 
Bautista de Cuncunul. 

La vicaría de Tixcacal, de que se hizo erección el año 
de 1645, tiene por titular ü Santiago apóstol, y por visita la 
de San Pedro de el pueblo de Ticóm. 

El pueblo de Chechemlá tiene otro en su asiento, llama- 
do Ychibxul, y á esta administración se le dio título de con- 
vento el año de 1609. Tiene en él una iglesia, cuyo titular 
es nuestro padre San Francisco: sus visitas son la Natividad de 
la virgen del pueblo de Xocén, San Andrés del de Zitnup y 
San Bartolomé apóstol de Hebtún. 

El año de 1612, se hizo erección de convento de la de 
Calotmul, de cuya iglesia es titular la invención de San Este- 
x'an: sus visitas San Bartolomé del pueblo de Tahcab: los pue- 
blos de Tixppitah, que tiene por patrón á san José, y el de 
Ytzabcanul la pura Concepción de la virgen, están ambos en 
vn asiento, y con una iglesia. 

Hizose erección de convento de la de Titzimin el año de 
1563, y están en aquel asiento los pueblos de Titzimin, Zonot- 
chuil Cacauchi y Tikay, que todos tienen por iglesia la del con- 
vento, y ella por titular á los Santos Reyes. Esta tiene por 
visitas la de Santiago de los pueblos de Zucilá, y Yok- 
chec en un asiento, la de San Pedro de Panabá, y Tetzitz y Mex- 
citam en otro, san Agustín de Loche, nuestro padre San 
Francisco de Kikil, y de Chochóla en un asiento, san Ildefonso 



LIBRO CUARTO; 30^. 

de Tixcomilchen, san Juan Bautista de Zozil, san Martin obispo 
de Tzucop, y la de nuestro padre santo Domingo de los pue* 
blos de ,Zonotaké y Qokpe^ en un asiento. 

Doctrinas del camino de Campeche y su jurisdicción. 

En la admisnistracion del pueblo de Human se hizo erec- 
ción de convento el año de 1585, y están en su asiento los 
pueblos de Zibikal, y de Zibkak con la iglesia del conventOi 
cuyo titular es nuestro padre san Francisco, y sus visitas la 

fura Concepción de la virgen del pueblo de Bolompoxche, san 
^edro de Zamahil, y Santiago de Chochóla. 

De la del convento de Maxcanul se hizo erección el año 
de 1603, y es titular de su iglesia san Miguel: sus visitas la 
Asunción de nuestra Señora del pueblo de Kopomá, san Bar- 
tolomé de líopilchen, y Santiago de ILilalchó. 

En el asiento del pueblo de Caüdni (donde se hizo erec- 
ción de convento el año de 1561), están los puob'os dn Oncabí 
Kinlacam, Zihó y Hiilalchó agregados á él, y se administran 
en la iglesia del conventr>, cuyo tiiular es Sin Luis Obispo. 
Tiene por visitas la Asunción de nuestra Señora del pueblo de 
Zitbalché, San Bartolomé de Mopilá y Tipakan, que están cu 
un asiento, la Natividad de nuestra Señora de Bécal y Noh- 
cacab en otro, y San Diego de Alcalá en Nunkiní. 

Dé la de Xecchakán se hizo erección el año de 15'?'9, y 
es titular de aquella iglesia nuestro padre San Francisco, y sus 
visitas los Santos Reyes de el pueblo de Pocboc, la Circunci- 
sión del Señor del de Tixpokmuch, la Asunción de nuestra 
Señora de el de Tahnab, y San Miguel de Timum. 

De la de Champotón, en cuyo asiento está el pueblo de 
Yulmal, se hizo ereccioh de convento el año de 1607, y es 
titular de su iglesia la pura Concepción de nuestra Señora. 
Sus visitas la de San Miguel del pueblo de Haltunchen, la do 
nuestro padre San Francisco de Zihochac, y la de San Juan 
Bautista del de Zaptun, que los españoles llaman la Zeiba. 

De la de Zahcabchen (que comunmente llaman las Mon- 
tañas) se hizo erección de convento el año de 1612, es titular 
de su iglesia San Antonio do Padua, y su visita la de Saa 
Gerónimo de Holail. 

Convento/i que se perdieron, y juntamenle algunas póhlacio" 

nes de sus indios. 

Demás de las erecciones de conventos, y iglesias referidas^, 
hechas por los religiosos, y que hoy permanecen, constará ea 
el progreso de estos escritos, de los que aqui referiré, y hubo 
fundados con guardianes electos por la provincia, que son lo)? 
eignientes, 



»CKx HISTORIA DE YUCATÁN. 



Los conventos de San Juan de Chunhaaz, de los Santos 
Reyes de Ychbalche, y el de San Gerónimo de Tzuctok, para 
quienes se eligieron guardianes hasta el año de 1614, como 
consta de las tablas capitulares. La conversión de los indios 
de que se poblaron, con)enzó el año de 1604 el padre Fr. Juan 
de Santa Maria, como se dice en el libro octavo. Xg he podi- 
do ajustar, que pueblos de administración tuvieron cada uno, 
porque ni he hallado escrito que lo diga, ni hoy es vivo reli- 
gioso alguno de aquellos tiempos á quien preguntfir'o. 

Fundaron los padres Pr. Juan de Órbita, y f'r. Bartolomé 
de Fuensalida iglesia en los Ytzaes indios infieles ol año de 
1618, dedicada á los apóstoles San Pedro y San Pablo, donde 
dijeron misa algún tiempo, hasta' que aquellos indios los he- 
charon, como se dice en el libro nono. 

Fundí) el padre Fr. Diego Delgado el año de 1621, en el 
pueblo de Zaclum (ijue llaman lo de la Pimienta) de indios, 
que redujo á nuestra Santa Fé Católica; convento y iglesia de- 
dicada íi los apóstoles San Felipe y Santia£^o, que duró hasta 
que los indios mataron alli al padre Fr Juan HenriqueZj como 
se dice en el libro décimo. " ^ 

También fundaron los religiosos de esta* provincia convento 
en la de Tabasco. Los fundudores fueron el R. padre Fr. Fran- 
cisco Silvestro de Magallon, hijo de la santa provincia de Ara- 
gón, y natural de acfuel reino, el padre Fr. líernabé de Pas- 
trana criollo de Méjico, y que recibió el hábito de nuestra re- 
ligión en el convento de Mérida de esta provincia, y Fr. Juan 
Fajardo hijo también de ella. Su iglesia se dedicó al glorioso 
San José, y no he hallado guardián nombrado mas de en I» 
tabla capitular del año de 1632, porque las dos antecedentes 




los demás hallarse sin esperanza de conseguir salud. 

El R. padre Fr. Hermenegildo Infante, y padre Fr. Snnon 
do Villasis, de quien se trata en el libro duodécnno, tui daron 
el año de 1646. Convento en el pueblo de Nohhaa de el rei- 
no de Próspero, con iglesia dedicada al príncipe de los apostó- 
los san Pedro. ' Duró cerca de tres años, hasta que se despo- 
bló, como alli se dice. (*) or.n • , • 

Así parece haber en este obispado de Yucatán 299 iglesias 
dedicadas para gloria de Dios nuestro Señor, y en honor do 
sus santos, y de ellas tiene la clerecía en posesión 1 tS, las 95 
en lo que se llama Yucatán, y las 53 en la provincia de Ta- 
basco, y las que administran los religiosos cu la vicaría de 

C) Omitimos hacer alteración alguna en la nomenclatura do 
los pueblos, porque está en el plan de la obra publicar opor- 
tubamente una descripción topográfica, y comparativa. 



lABRO CUARTO. 



3or. 



Ozolotlan. Los religiosos nuestros de esta provincia han hecho 
en ella nueva erección de doscientas y doce iglesias, sin las vi- 
sitas de estos últimos conventos, que no he podido ajustar. De 
ellas tenemos en posesión 151, y las 145, son parroquiales con 
pila bautismal. Entre ellas se ha hecho erección de 25 conven- 
tos, y tenemos en posesión 38. No he tenido suerte, de que ha- 
ya llegado á mis m^nos el teatro eclesiástico del maestro Gil 
González Dávila, para que la singular atención de este escritor 
& todas las curiosidades dignas de la estampa, hubiera sido el ñor» 
te que guiase mi pluma en las que debiera yo escribir de esto 
obispado en esta historia. 




AL LlBRa IV. 







Sin que se crea que seguimos ciegamente la nueva teoría 
del Baro]^ Frídrjcjjgghal, publicaremos aquf la carta que nos es« 
cribió""''sobnrTos que* construyeron los edificios de Yucatán/* 
líela aquí. 

Sr. Lie. D. J. S.— Somos á 21 de Abril de 1841.— Sf, 
y amigo de mi particular estimación. — ^V. ha mirado con el de- 
bido ínteres la colección de planchas y dibujos, que llevo á lo9 
sabios de Europa, para que asombre su imaginación la multi- 
md y grandeza de las ruinas del Uxmal y del Chichen. Esa 
bella y elegante arquitectura, esos soberbios é imponentes ador* 
nos, superiores á todo lo que hasta hoy ha podido verse y con* 
ccbirse, no hay duda, que provocarán un nuevo examen sobro 
los primeros pobladores del nuevo mundo, cuestión que es ma3 
importante de lo que parece, para la mejora de las ciencias!. 

En efecto: los actuales adelantos de la historia humana, 
nos convencen de dia en dia de esta importante verdad, ás»* 
bcr; que cada uno de los continentes de nuestro planeta, tíe* 
m su lú^tOxia pciQí^isiri gu bistOlia ab^olutwventQ separada. £»» 



308. HISTORIA DE YUCATÁN. 

tas mismas historias, aunque semejantes en las circunstancias 
generales de elevación y decadencia de sus naciones, manifies- 
tan sin embargo particularidades ti»ii distintas, tan características, 
que parece casi indispensable el admitir una formación inde- 
pendiente y primitiva de sus pueblos indígenas. 

En ninguna parte nos vemos mas reducidos á admitir esta 
conclusión, hipotéticti si se quiere, como en la consideración 
del continente occidental, en el que, según los conocimientos 
que hem'^s llegado á adcpiirir, no se halla absolutamente seme- 
janza alguna con la vida nacional de las regiones trasatlánti- 
cas. — Asi es que, encontramos hoy la raza de ¿iborigenes de Amú« 
rica, desde el polo boreal hasta el austral, casi del mismo co- 
lor rojo ó bronceado, sin que pueda iiallarse ninguna escepcion 
de esta regla; cuando se ven tantv y tan variadas en la mis- 
ma estension del emisferio orienta La teogonia y los gobier- 
nos, las costumbres y los idioma , todo en fin, tiene un aspec- 
to tan diverso en ambos conti-^: utes, que hemos de atribuir al 
nuevo una subsistencia separada é intacta desde su origen, has- 
ta la invasión del europeo. 

Admitiendo esta opinión, queda la grave dificultad de llenar 
las páginas de su historia, estendiendo los pocos hechos que nos 
dejaron las naciones americanas, que han desaparecido de la es- 
cena. Pues aquí es precisamente en donde topamos' con prue- 
bas indabitables, de que entre sus habitadores primitiYios se pre- 
sentó una casta de hombres superiores, de la raza caucácica en 
la apariencia. — Estas pruebas se hallaron entre las esculturas del 
Palenque, que son bastante consideradas y demostradas por el mun- 
do sabio de Europa; y ahora últimamente, entre las soberbias rui- 
nas, hasta hoy desconocidas de Chichenitzá y UxmaL Esta 
circunstancia contribuye mucho, sin duda, á ofuzcar y obscu- 
recer mas y mas la historia americana; porque concediendo la 
invasión de una nación caucácica, adelantada en las bellas ar- 
les y ciencias; la diversidad visible é incontestable de su ar- 
quitectura, hace inad'nisible cualquiera interpretación. 

El resultado de cuinto conocemos, perteneciente á la his- 
toria antigua de las Américas, consiste en la certeza de que 
en estos paises hubo .envíKíir*5P5? y revoluciones, asi como en 
cualquiera otra parte del antiguo mundo; pero que aquí fue- 
ron no obstante mas rápidas y precipitadas, como nos conven- 
ceríamos, si observásemos el número inmenso de pueblos dife- 
rentes que habitan estas regiones, cuya variedad de idiomas es 
tan multiplicada, que segrun el cómputo del Bpron de Huinboldt, 
aara cada uno de los que se hablap en el Asia, hay veinte 
americanos. 

No es este el tiempo ni la ocasión de desplegar mas unas 
opiniones inmaturas, y que tenderían nada menos que á levan- 
tar el velo oscuro que nos oculta una era denuisiado descono- 
cida aun; supuesto %ue tal teatattva seiia arrogoato y teancr»- 






LIBRO CUARTO. im. 



ria. Solamente quisiera dirigir la atension de los hiibítantes de ? 
Yucatán, hacia los vestigios memorables, que se hallan tan fre- p- 
cuentemente sobre la ostensión del Estado ¡Kninas soberbias 
que agovian la imaginación, y oprimen el entendimiento! 

Nada se ha hecho liasta ahora, para resucitar el espíritu 
de la nación que desapareció, y de cuya ecsistcncia, únicamen- 
te han quedado esos hermosos monumentos, mudos epitafios co- 
locados sobre el sepulcro de QiQí, P}^^9^H&^/uí Estos testi- 
gos son sin embargo, bastante váli3os y hábiles para probar, 
que Yucatán estuvo una vez en manos de hombres muy ade- 
lantados en todo respecto. Que se conocia entre ellos la agri- 
cultura, lo muestran suficientemente sus inmensas ciudades, cu- 
yos habitantes no hubieran podido subsistir, sino por el culti- 
vo de los granos. No eran menos ádeftmtadaS" la arquitectura 
y escultura, cuyas obras suntuosas nos convencen, de haberse 
empleado en su erección un número ecsorbitante de brazos; 
brazos de esclavos sin duda, pues que las proporciones enor- 
mes de estas construcciones, su ejecución tan ingeniosa como 
costosa, nos manifiestan que, sin admitir esta hipótesis, el im- 
porte de sus gastos hubiera consumido todo un reino florecien- 
te. Asi crió el poder lais pagodas do Yagomaut en la India; 
las pirámides y los templas suntuosos de Garnac y Memphis 
en Egipto; las obras magnificas de Athenas y Olimpia, en la 
Grecia; en fin, el Poro y el Coliseo romanos. 

Terraplenes hay entre las ruinas de Yucatán, de quinientos ^ / 
y mas pies en cuaaro, de veinte hasta cuarenta de alto: masas 
inmensas de piedras sueltas, que apenas se concibe como por 
fuerzas humanas, han podido acumularse. No son menos ad- 
mirables los iTuje^, ^cerros artificiales) que sobre una base de v' 
doscientos a tresciéiütos pies, se levantan con muy hermosas 
proporciones matemáticas, hasta una altura estraordinaria, como 
se puede observar en el Chichen y en IzamaL Y si de todo esto 
pasamos á los templos y palacios construidos de sólidas piedras 
labradas, con sus estensas paredes cubiertas de figuras y gero- 
glfficos, que no menos manifiestan el gusto por lo bello, que el 
establecimiento de reglas fijas en la aplicación de las artes; 
producido lo cual, por medio de instrumentos imperfectos de 
pedenial y metales suaves, pues que el uso del hierro no se 
conoció antes de la invacion europea, ¿dejaríamos de admirar- j 
nos, de una nación que creó tan hermosos prodigios? ¿podria-' f 
mos de otro lado desconocer, que solo una ahogante y opri- \ 
mida esclavitud, ha obrado tan robustas y soberbias construc- \ 
ciones? 

De la misma manera, debemos inferir por lo dicho, que 
se cultivaron entonces la astronomía, la escritura simbólica^ la 
pintura y muchas artes útiles: como que siempre el progreso • 
en una parte, trae el mismo adelanto en los demás ramos de ^ 
la vida social. 



3iu. UISTOKIA DK VtC'ATAN. 

Natura'inontc es arrastrada la aloncion á otros puntos, (\ o- 
fras cuost iones no menos importantes. En efecto: ¿á qué au- 
' toros atribuir,^ en qné época colocar la erec.cion de unas obras 

suntuosas, denlas cuales en el tiempo actual, ya no eucontra- 
"mos ningún vestigio comparable con ellas? He aquí una de 
las dificultades mencionadas antes, en que ni tradiciones, ni ana- 
.. logia algima, nos alumbra el camino de la indagación. — Los 

f*^'^ historiadores hablan de los Tultecas, como de los primeros po- 
' Madores de la Nueva -España; y los pintan inclinados al tra- 
bajo, hábiles para todas las operaciones del cultivo de la tier- 
ra. Consta, que tenian diestros arquitectos, curiosos lapidarios, 
ingeniosos artífices que trabajaban en oro y plata, y fabrican- 
fes de tejidos de todas clases. Hubo entre ellos una rclig'ion 
/ Y gobierno establecidos. ^ refiere también, que la ciudaa de 
Tula^ (12 leguas al S. O. de Méjico) fiií la residencia de sus 
reyes; que exornaron las poblaciones de Cholollam^ Tcotihua- 
cariy Toliica y Qvanhnahuac con templos y palacios magnífi- 
cos, de los cuales los últimos contenian en la superficie de sus 
paredes, la historia antigua del reino, las emigraciones y guer- 
ras, los buenos y malos sucesos de la nación. — Tlopiltzin oc- 
tavo y último, rey ,de Thila^ fué vencido y desterrado con la 
mayor parte de los suyos por el virey Iliichuitzin en el año 
de 1116 de la era cristiana. La nación se diseminó después 
por los paises meridionales de Guauhtemalan, Tecoantepec, Guaut- 
zacoalcos y Campeche. La mención de este último punto, lla- 
ma particularmente nuestra atención en la materia. 

Convienen los historiadores, en que solo los Tultecas y 
Aztecas hacian fábricas de piedra, y que por esta razón se de- 
Uen atribuir todas las construcciones ecsistentes á la una 6 á la 
otra de estas dos naciones. Los Aztecas sin embargo, no in- 
; ^ Tadieron la Nueva-España antes del siglo XIII y tampoco te- 
nemos vestigio alguno de su emigración meridional. LSf^j"^* 
tectura azteca ademas tiene un carácter muy .disUQto de f^:^^- 
tecoy como lo prueba la comparación de las jiQp&trixccibnes me- 
jicanas con las del Palenmie, que todos los sabios atribuyen 
unánimemente á los Tultecas. La analogía mcontestoble que 
ecsiste entre los edificios del Palenque y las rumas de Yuca- 
tan coloca á estas últimas bajo el mismo origen, aunque el 
pxooteso visible del arte que se advierte, asigna á los unos y á 
hs*otras, épocas diferentes. — El problema de fijar estas épocas 
con alguna verosimilitud, parece según las indicaciones antece- 
dentes, muy dificultoso, sino indisoluble. — Solo la esploracion 
solicita, un examen detenido, profundo y circunstanciado de los 
restos existentes, junto con la observancion constante de las cau- 
sas y circunstancias que han podido producir y contribuir al 
estado de destrucción en que se hallan actualmente; solo esto 
repito, podria alumbramos de algún modo en la obscuridad quo 
l«s ha ocultado durante el lapso do los siglos. 



LIBRO CUARTO. ÜIJ 



La estructura de estas fábricas no iguala en su solidez u 
la de las otras naciones antiguas, cuyas construcciones consis- 
ten en piedras mas ó menos grandes, que llenan las paredes 
en todo su espesor y trabadas solamente por una capa muy delga- 
da de argn. liaza. Los edificios de Yucatán únicamente están reves- 
tidos ésteriormente de estas piedras labradas, componiéndose y lle- 
nándose sus espacios i- 'termedios, de una mezcla muy gruesa de 
piedras pe'|ueñas irregii .ircs, y de una pasta u.üy mebradizn de ¿ai- 
^S^: ^^ heterogeneidad d<' si^niejante composición ba debido protni- 
cir por consiguiente la ruptura ó solución de la veta esterior, 
desde el momento en que ha influido sobre ella, la hu?nedad 
atmosférica infiltrándose con rapidez por e! tejado ó techumbre. 
La {>iedra ^nargoaa de que están formados tales edificios, es 
ademáis generalmente considerada como un material muy infe- 
rior para la construcción; y en efecto, repara el ojo del obser- 
vador la descomposición progresiva en muchas partes de ellos, 
Írincipajmente en las espuestas á la directa influencia dej. N. 
..i. región en que las lluvias predominantes operan con una ac- 
ción mas violenta y notable. 

Merece también mencionarse una de las mas poderosas cir- 
cunstancias, que la naturaleza emplea para cumplir y cerrar su 
eterno circulo de criar y destruir; esto es, lí^influencia de una 
T^jeuiGioa tan vigorosa y tan rica, como la que cñéotitramtts 
en los países tropicales. La semillifiracion facilitada, tanto pof 
los continuos y violentos meteoros aéreos de estas regiones, co- 
mo por la precipitación atmosférica en la mayor parte del año, 
vivinca y reviste importunamente cualquier superficie, y por 
medio de su fuerza irresistible destruye el cuerpo mas dura- 
ble, un cuerpo capaz de desafiar á los mismos elementos. 

Hay todavía un hecho muy importante para la crítica cro- 
nológica. — ^La madera empleada en casi todos estos edificios.^- 
En los paises septentrionales hay ejemplos de maderas, resi- 
nosas particularmente, sembradas en la tierra, ó simiergidas en 
el agua, que en un estado medio petrificado, resisten á la des^ 
tniccion por mas de mil años. Pero el maderage de las rui- 
nas vucatecas, se haya, al contrario, espuesto al aire libre, sir- 
Tiendo, ó para los comizamentos de las puertas, ó para pun- 
tales y horcones. Es de la clase del zapote ó chimtok^ ma- 
deras muy fuertes, si se quiere; pero ni resinosas, ni resisten- 
tes á la carcoma y polilla, como el cedro. Por lo mismo no 



/^ 




ficios, al periodo antes desigiiado; esto es,^ al do Ifi dispersión 
de los Tultecas. \**- f .,. / í "^ m. ^ / - >i • ^ 



Si esta suposición puede llamarse puramente hipotética, el 
pensador escojerá por lo menos lo que le parezca digno y ateo- 
dible para establecer su opinión, asi como yo he espuesto la mia 



4i2L HISTORIA DE YUCATÁN. 



sin reclamar por tanto un privilegio de infalibilidad. — La verdad 
no se alcanza, dice un proverbio alemán, sin haber antes tro* 
pezado muchas veces en las piedras dei error. 

Mis ocupaciones y el estado de mi salud, no me permiten 
estenderme, como quisiera, al tratar de tan importante materia. 
Algún dia podré hacerlo con detenimiento. Entre tanto reciba 
V. esta contestación, como una muestra de «ni particular aprecio, 
sirviéndose dispensar las dificultades del lenguage, pues escribo 
en un idioma, que no he tenido tiempo ni oportunidad de es- 
tudiar á fondo. 

Tengo el honor de repetirme de V. Sr. Lie, su afecto a- 
fnigo y obediente servidor Q. S. M. B. — M. PridrichsshaL 




Como probablemente tendremos que hablar muchas veces 
fiobre la antigua provincia de Tabasco, nuestros lectores no lle- 
varán á mal, antes bien creemos que será de su gusto, el que 
reimprimamos aqui un escelente articulo que nuestro aprecia- 
ble compatriota D. Manuel Zapata Zavala, publicó este año en 
un acreditado periódico de Méjico. 

Apuntes estadísticos sobre Tabanco. 

LÍMITES. — El Departamento de Tabasco tiene por límites 
al Este el de Yucatán, al Sur el de Chiapas, al Oeste el de 
Veracruz, y al Norte el Golfo mejicano: por el Sudeste colin- 
da igualmente con la república de Goatemala. 

SITUACIÓN, — Se halla colocado entre los 16. ^ 50' y los 18. ^ 
42' latitud Norte; y su longitud occidental del meridiano de Ma- 
drid es de 87. ^ 13' y 90. ® 28', ó lo que es lo mismo, á ios 
5.<=> 55' y los 8.<=> IV longitud Este de Méjico; y como por 
el Sudeste se interna formando un cono prolongado en sus 
límites con la república de Goatemala, casi hasta el grado 15, 
resulta que tiene la anchura media de 50 leguas, y como 70 
de londtud 6 lo que es lo mismoj como 3500 leguas cuadradas. 

CLIMA.— El clima de Tabasco es cálido húmedo; pero no 
^ notan esas súbitas variaciones de temperatura que en otras 
partes son tan peligrosas, y esta circunstancia hace que no esté 
sujeto á las enfermedades agudas que son consiguientes al re- 
pentino cambio del calor al frió, 6 viceversa. El calor nunca 
pasa de los 28. ^ del termómetro centígrado, ni baja de los 12. 
Solos los meses de Abril y Mayo son los mas molestos, y aun 
¿ mediados de este último, en que caen las aguas con abun- 
dancia, empieza & refrescar la atmósfera: en los meses de Julio 
f Agosto se siente también algún esceso de calor: pero es por 



LIBRO tíUARTÓ. 3l3, 



pocas horas, pues las lluvias por las tardes hacen moderarlo. 
Jauías en Tabasco caen las hojas de los árboles, ni por la fuer- 
za del sol, ni por el rigor del invierno. Una temperatura se- 
mejante no puede ser mas deliciosa ni mas benigna general- 
mente considerada. 

DIVISIÓN TERRITORIAL. — El pais en el dia de hoy seha« 
Ha dividido en tres Departamentos ó distritos, cada uno de loa 
cuales se compone de tres partidos, y estos de mas ó menos 
pueblos: no hay sino una ciudad y cuatro villas, de las cua- 
les las de Teapa y Cunduacan son las principales, y ecsisten 
ademas 47 pueblos de di verseas tamaños. 

Ríos. — Se halla reglado por una infinidad de ríos, éntrelos 
que son rnas notables el üsiimasinta y el Mescalapa, conoci- 
do en lus cartas por el rio Tabasco, y ambos desaguan en el 
Golfo de Méjico: el primero por tres ramales, de los cuales el 
uno desemboca en la lagun.t de Términos, el otro eii la bar- 
ra de San Pedro y San Pablo, y el último en el mismo rio 
de Tabascoj en el parage llamado Tres bocas, pues de esto 
modo descarga sus aguas en aquel á la distancia de seis leguas 
de la barra principal: ademas pagan su tributo al mencionado 
Golfo, los riosde Chiltepecy el de Dos bocas^ el de Ciipilco y 
el de Santa Ana: hay otros muchos rios que se unen coa 
aquellos á con otros en diversas direcciones, y son el Griialbú¡ 
el de Teapeac, el de Blanquillo^ el de Macuspana 6 Pasca* 
tan^ el rio Blanco 6 Baliegi, el de ^ Tulijáj el de Amatan^ el 
Puf/acaienffo, el San Pedro, el Poaná, el del Azufre; fuera 
de otros mas pequeños, y una inmensidad de arroyos que se 
cnizan caprichosamente y fertilizan las siempre verdes campi- 
ñas de Tabasco. En todos estos ríos hay abundancia de pes- 
cados, tortugas é hicoteas, y también algunos lagartos. 

LAGOS. — Hay pocos lagos considerables en este pais: no obs- 
tante ñguran de algún modo el de Aniatitan, que tiene de ocho 
á diez leguas de circunferencia, y el de Santa Ana que ape* 
ñas tendrá cuatro ó cinco: ecsisten otros muchos pequeños, co- 
nocidos por lagunaSf y que tienen desde una hasta tres le- 
guas de circuito. 

MONTA' AS. — Estas fonuan un semicírculo abierto hacia el Sur 
del Departamento, entre las que sobre salen el Estapangajoya 
en las i 'imedi aciones de la villa de Teapa, y el Madrigal en 
las de Tacotalpa: esta pequeñu cordillera se halla unida por al- 
gunos puntos á la Sierra Madre que atraviesa el continente m^ 
ridional: la mayor altura del ramal que so introduce por TV 
basco, apenas será de 1500 varas sobre el nivel del mar. 

VOLCANES. — No hay ninguno en toda la estension de Ta- 
basco; mas la forma del Madrigal, que es casi piramidal y ais- 
lado, y los rugidos que en algunos veranos salen de su senoii 
como los minerales de azufre que abundan en él, hacen temet 

que con el tiempo b^rá una erupción volcánica; los Cemlblorw 



ai'l. HISTORIA DE YUCATÁN. 

que se sienten en este pcds son poco temibles; vienen del Su- 
cleste y son de oscilación: pocas veces se sienten venir del 
Sur, y mas raras del Oeste, y duran muy pocos segundos: el 
mayor que se ha sentido fué en Marzo de 828, y apenas se 
cuartearon algunas paredes, y cayeron las tejas de algunas casas 
en la villa de Tacotalpa, sin que pueblos que distan de ella 
cuatro leguas, hubiesen sufrido en sus edificios ninguna señal 
destructora de su paso. 

POBLACIÓN. — Aunque no está esactamente fijada, debe cal- 
cularse en 100.000 habitantes por las siguientes razones. El úl- 
timo padrón que se formó el año de 817, dio un censo de po- 
co mas de 60.000 almas; y aunque en el de 824 por otro que 
se hizo solo apareció el de 54.000, puede asegurarse que fu 6 
este muy inesacto, pues no sobrevino causa alguna ostensible 
para esta notable diminución; y sin duda fué tan defectuoso^ 
por los mil motivos conocidos que embarazan siempre un em- 
padronamiento formal, como son el temor de la contribución» 
el alistamiento para soldados, el cobro de ovenciones que per- 
cibian los curas &c., fuera del abandono con que se verifican 
estas comisiones, por personas que ni son compensadas por sus 
servicios, ni concurren en ellas las circunstancias de patrioti^ 
mo y pundonor; pues los ayuntamientos á quienes se han en- 
comendado estos trabajos, se valen de sus últimos miembros, 
generalmente desidiosos, ó de agentes forzados que escogen de 
la clase pobre, pues ningún individuo notable quiere encargar- 
so de un servicio tan improbo y penoso; supuesto que la ma- 
yor parte de las gentes de Tabasco ecsisten diseminadas en los cam- 
pos, en sus haciendas y rancherías y principalmente sobre las ori- 
llas de los rios, lo que hace dificil y molesto un esticto empadrona- 
miento. Pero considerando que el censo de 824 no hubiese debido 
dar sino un número igual de almas al de 1817, lo que es casi 
imposible, pues aun el barón dé Humboldt, le calculó 71^-000 ea 
825; resultarla no obstante que ahora 18 años había los mismos 
Í50.000 habitantes; y como según la opinión del mismo ilustre 
barón y de otros sabios estadistas, confirmadas por una constan- 
te espcrlencia, observada aun con ventaja en el mismo Depar- 
tamento, como después probaré, cada 19 anos se duplica la po- 
blación en un pais poco numeroso, en que es fácil la subsis- 
tencia, y en donde no liay ningún obstáculo para la propaga- 
ción de la especie: resulta pues que el censo de Tabasco de- 
heúd ser actualmente de 116.160 almas. Ahora bien: el cólera 
do 833 que ha sido la mayor plaga que ha afligido al pais con 
posterioridad, seguramente no se llevó sino 6.300 personas á lo 
fiumo, pues acaso en ninguna parte de la república se presen- 
tó mas benigna que allí. En el partido de la capital, que cons- 
taba como de 8.000 habitantes, apenas murieron como 600 per- 
sonas, que es decir, algo mas de un 7 por 100 sobre toda s\\ 
I^blacion: con (juq $njpottiendo (jue cu el rcfeiid-? ¡süq do 33 



IJBRO CUARTO. 315. 



^ttmmmh^^^ 



'cV censo general hubiese sido de 90.000, que es la proporción 
respectiva, segrtn el empadronamiento anterior, resulta que mu- 
rieron 6.500 individuos á lo mas: y todavia es abultado esto 
cálculo; pues en la villa de Tea|3a que tenia 6.000 almas, y 
debían corresponderle 420 muertos, no llegaron á 300 los que 
perecieron de tan asoladora plaga: la misma diminución respec- 
tiva se notó en XTsumasinta, en Jalapa y en otros pueblos do 
aquel Departamento. La viruela que so presentó en los años 
de 827 y de 836, tampoco hizo un estrairo nuiy considerable, prin- 
cipalmente en la última vez; pero suponiendo que en ambas 
épocas se hubiese llevado 10.000 personas, lo que no es de 
creerse, supuesto que fué de poca duración esta epidemia, y que en 
ambas épocas preservó á muchos individuos la vacuna que el go- 
bierno cuidó se propagase, aparece siempre que apenas habrá de 
menos las 16 000 almas de las 116.000, que según el último esacto 
empadronamiento y los cálculos mas bien fundados debieran ccsis- 
tír. Y si á lo espuesto se agregase que de Tabasco nunca hay 
emigración para parte alguna, y que mas bien se observa allí 
Una conocida concurrencia de los departamentos vecinos, y de 
algunos estrangeros que fijan en aquel su residencia, se con- 
vendrá en que el cálculo de los 100.000 habitantes no es nada 
eCsagerado. Pero aun hay mas: un estado de nacidos y muer- 
tos que presentó al gobierno el cura de la ciudad de San Juan 
Bautista (la capital), del primer semestre del año próximo pa- 
sado, da un aumento de 252 personas en dichos seis meses, que 
tjs decir 504 por año: con que si en uno de estos hubn este 
aumento de población sobre 9.000. que hoy tendrá dicha capi- 
tal y su partido, resultarla que cada 18 años se duplica aque- 
lla solo Iwijo el aspecto de la proporción de muertos y nacidos, 
sin apreciar el progreso respectivo anual, y prescindiendo de los 
de fuera del país que frecuentemente se avecindan en él; pero 
atm es preciso hacer otra observación: la ciudad de Sim Juan 
Bautista, de donde se ha tomado este dato, es la menos salu- 
dable del Departamento, probablemente la menos moral, y por 
consecuencia la mas sujeta á las enfermedíides de un puerto y 
capital, y necesariamente su mortalidad dele ser mas conside- 
raole. En la villa de Teapa, que es hoy de 6.500 á 7.000 ha- 
bitantes, he visto pasarse ocho dias sin morir una persona. En 
üsumasinta, pueblo de 600 habitantes, he visto transcurrir tres 
meses sin mciir sino á una anciana y á un niño de dos años. 
Ésto da lugar á dos consider«ciones: la primera, la injusticia 
cbn que se ha asegurado que Tabasco es mal símo, por per- 
sonas que no han pasado de su capital, y lo segundo, que la po- 
blación se aumente ac¿iso con mas rapidez que en parte alguna del 
inundo. Agreguemos como muy digna de atenderse la gran fa« 
cuidad de subsistir en un pais corno aquel, en que la tierra vuel- 
ve 500 por 1; en que se puede sembrar y cosechar provecho- 
samente en los doce meses del año toda clase de semillas nece*^ 

' - - 9 



316. HISTORIA DE YUCATÁN. 

sarias, como el inaiz, frijol, arroz (fcc, y en donde los bosques 
y los ríos, por medio del fusil ó del anzuelo, suministran abun- 
dante caza y pesca; y estas razones, demasisido conocidas, apo- 
yan sobradamente el cálcalo de la población que fundadamen- 
te suponemos. 

RAZAS. — Se hallan estas distribuidas aproximadamente en 
una sola cuarta parte de toda la población ae clase blanca; y 
de las tres cuartas restantes, una mitad e-s de gente de color 7 
la otra de indígenas: acaso no hay ni cien negros de ambos 
secsos en toda esta población. Los estrangeros diseminados en 
todo el pais no pasarán de 600, y todos generalmente se hallan 
ocupados honrosamente, y ninguno perseguido. 

La población de Tabasco no se halla limitada como en otra^ 
partes á solo los pueblos del departamento^ pues casi un tercio 
reside en los campos, en sus haciendas y cortijos: casi todas las 
malones de los ríos se hallan embellecidas con sencillas casas 
cobijadas de palmas, sembradas con diversidad de frutales ó ca- 
ña vera! es, 6 variadas con verdes pastos de ganados, y en cada 
una de estas casas vive felizmente una ó dos familias laborio- 
sas y de costumbres puras^ 

SALUBRIDAD. — Sc ha crcldo generalmente que el Departa- 
rñcnto de Tabasco es uno de los lugares mas mal sanos del li- 
toral de la repCíblica, y es una infundada equivocación: la únics» 
enfermedad propia de aquel pais, son algunas calenturas inter- 
mitentes que solo eran temibles cuando no era conocida la qui- 
nina, pues actualmente apenas mueren dos 6 tres por cada mil 
atacados, y en las mas veces por descuidos y escesos. Allí no 
hay ninguna otra que pueda llamarse endémica del pais: aun 
el vómito, que es tan común en todas las costas de la repú* 
blica, y entre trópicos, en las tierras bajas, allf casi no es co« 
nocido sino en algún caso esporádico; las tropas mejicanas que 
ch distintas épocas y estaciones hemos tenido allí: íos trafican- 
tes de Chiapas, pais muy frío por su elevación y localidad, del 
qpe contimiamentc bajan & los pueblos de Tabasco con una tran- 
sición de cuatro ó cmco dias, y los estrangeros que frecuente- 
mente se presentan sin previa aclimatación, jamas ó muy rara 
x^éz han sufrido la plaga de Vcracruz. El tremendo cólera, co- 
mo he manifestado, apenas señaló con su inmunda huella la sen- 
da que lentamente recorrió. El mismo estado de nacidos y' 
muertos que presentó el cura de San Juan Bautista, del primer 
semestre de 841, solo dio de muertos 78 personas de ambos 
secsos y de todas edades, que es decir, 160 por año, de que 
resulta que solo hay de fallecimientos menos diel 2 por 100 so» 
bro una población cíe 9.000 almas. No es posible menos mofw 
tálidad, cuando es sabido que en Méjico mueren aprozimacta^i 



LIKRO CUARTO. Íil7, 

¿larca y Noruega de un 2¿ por 100, y que solo en Inglaterra 
y en Irlanda, que son los paises en donde hay menos mortali- 
dad respecto de toda la Europa, mueren siempre del 2 al 2i 
por 100; de manera, que lejos de ser cierto que el clima de 
Tabasco sea eminentemente mortífero como se na supuesto, aca- 
so no hay lugar conocido en que muera proporcionalmente me- 
nos gente. 

REINO ANIMAL. — Hay eu Tabasco mucho ganado vacuno 
y caballar; pero desgraciadamente no progresa con rapidez est:^ 
clase de cria, por las muchas aguas, que unas veces aniegan los 
pastos, y otras que producen la enfermedad conocida en el país 
por la purga, que es una especie de diarrea que dimana, se- 
gún generalmente se cree, de la grama tierna que repunta des- 
pués que pasan las avenidas de los rios. El lobado es otra pla- 
ga que suele diezmar los ganados, y aparece cuando los cani-» 
culares han sido muy calorosos, á la vez que las lluvias que 
caen de Mayo ¿ Agosto muy copiosas: el lobado es una espe- 
cie de fiebre que da al animal atacado, la que termina por una 
inflamación aguda en todo el canal intestinal, y de la que mue- 
re en muy pocos días, sin que hasta hoy se haya podido en- 
contrar un método seguro de curación; pues la sangría, que 
es el mas eficaz reconocido, apenas preserva á una cuarta par- 
te de los animales á quienes se aplica. El ganado lanar tañí- 
poco se aumenta notablemente, sin duda por las muchas aguas, 
que le causan con frecuencia enfennedaaes de la piel, de que 
regularmente perecen al mas leve descuido por la facilidad con 
que se engusanan; mas el cabrio se logra muy bien y se re- 
produce asombrosamente, no obstante hallarse espuesto igualmen- 
te & la enfermedad del lobado; pero este no seria obstáculo 
para el aumento de la cria, si no fuese por los males que cau- 
sa en los frutales y hortaliza," lo que hace que no so le ten- 
ga afición, ni se mire con interés. La crianza del cerdo se 
multiplica allí maravillosamente, y puede engordársele muchas 
veces con solo las frutas de que están cubiertos los campos de 
^uel Departamento. 

REINO MINERAL. — Naturalmente debe ser [K)co sobresalien- 
te esXii ramo en un pais tan de nueva formación como Tabas* 
co, pues no hay dudui de que es uno de los mas recientes que 
han aparecido en el nuevo mundo: cualquiera que observe la 
^perficie del terreno de aquel Departamento, se sorprenderá de 
Up ver sino tierras formadas de capas visibles de alubion; cru-^ 
sádas por una infinidad de rios y arroyos apenas navegables 
por canoas pequeñas, si no son el Tahasco v el Usumasinta: 
las orillas dp estos rios y arroyos son mas altas que todos los 
terrenos inmediatos, los que van descendiendo gradualmente des- 
tín la distancia de un tercio de milla de las márgenes de ar 
queUo3| hasta perderse en lagunas ó pantanos, si no son alga- 
zos poco9 terreaQ3. que conservan una altura media igual, quetr 



3Ú. HISTORIA DE YUCATÁN- 

son los destinados para las haciendas de ganado ; y da 
estas son muy raras las que no son inundadas en las 
crecientes de los rios, que se verifican todos los años dos 
veces por lo menos, y son conmunmente por Junio y Octubre; 
no siendo estraordinario verse desde tres hasta siete derrames 
de los rios sobre la superficie de todas sus orillas; y al salir 
de madre, por muy poco reposo que se siga, dejan precisamen- 
te capas ó sedimentos de arcilla y arena, que alzan por conse- 
cuencia los terren >s ^ue inundan: con que si á la simple vis- 
ta y con tanta fn cu ncia sp verifican estos rellenos, que están 
calculados desde media hasta tres pulgadas en cada creciente 
considerable, ¿quién no convendrá en que algunos siglos atrás, 
casi todo aquel pais existia cubierto por las aguas? Lo bajo 
de sus costas, y lo pantanoso del interior de ellas en toda su 
longitud, casi hasta cinco leguas para adentro, si no son las 
poco elevadas orillas de los rios que desaguan en el Golfo, es 
otra prueba en mi concepto de la nueva formación de casi to- 
das aquellas tierras: mas esta circunstancia constituye precisa- 
mente el dia de hoy su admirable fertilidad. No obstante, en 
sus confines con Chiapas y Yucatán , que es la parte mas 
antigua, hay algunos minerales conocidos, y tal vez se halla- 
rían otros muchos si fuesen esplorados con interés por perso- 
nas inteligentes: abunda por ejemplo él azufre, se ha reconoci- 
do algún piorno y una especie de salitre: hay mucha abundan- 
cia de asfalto, co'iicido en el pais por chapapote, y de que 
se hacen varios usos. En el distrito de la Sierra ecsisten mu- 
chas fuentes sulfurosas cuyos baños son muy acreditados para 
las enfermedades cutáneas; y hay ademas uno ú otro manan- 
tial que produce por evaooracion la sal común (especie de mu- 
riato de sosa), y que se ha beneficiado en las grandes esca- 
seces de la de Campeche que ha surtido á aquellos habitan- 
tes. Al pié de las montañas se han hallado algunas piedras 
que manifiestan pertenecer al pórfido y al granito; he visto tam- 
bién, y ecsisten en poder de un amigo mió, algunos peque- 
ños mosaicos naturales, de diferentes colores y de figuras ca- 
prichosas. Desfírraciadamentc no ha habido hasta hoy un me- 
jicano amigo de las ciencias que Iiaga investigaciones en aque- 
llos montañiis, en donde probablemente sq hallarían algunos fó- 
siles dignos de la atención del geólogo y del mineralogista. 

RKiNo vEísETAL. — Aquí cs CU dondc" la naturaleza ostenta 
todo su poder .y revela sus grandes niistcrios: bosques vírge- 
nes en donde acaso la huella del hombre no se ha estampado 
todavía: árboles preciosos y arbustos numerosos y variados cu- 
bren con magnificencia casi toda la superficie de aquellos fér- 
tiles terrenos; y cuando los desmontes son necesarios, una in- 
mensa variedad de gramíneas alfonbran el suelo vistosa y es- 
pontáneamente, pues allí la naturaleza ejerce una actividad es- 
fraoidinaria. Üaa llanura de tres mil leguas cuadrados en que 



LIBRO CUARTO- 3111. 

no hay una sohi piedra, y rogada unas veces por copiosos a* 
guaceros, y otras por inundaciones periódicas, debe convenirse 
en que es el teatro clcíjido por la Providencia para hacer bri- 
llar su poder iniíionso en este í^enero. El palo de tinte se re- 
produce allí con una especie de furor, pues centenares de lé» 
guas cuadradas se ven empavezadas con el hermoso verde os^ 
curo de sus copas: la preciosa caoba, el jobillo de hermosos ja^ 
pes, el incorrnptihlfi jabí, el útilísimo cedro, el sólido y me^ 
dicinal huayaco, el copal y i'resno tan usados en la farmacia^ 
el odorífero nava, el so ido moral, mil clases de hermosas pal- 
mas, y una infinidad de árboles de madera compacta que fié 
destinan para dili'rentes usos, todo abunda en casi todas las 
sufxrfícies de a-iuella tierra privilegiada. El árbol que da la 
pimienta ecsiste allí Utitu ral mente; y en muchas leguas de coár 
ta se hallan plantados hace muchos siglos millares de ellos^ 
produciendo ricas pero inútiles cosechas, pues se dejan perder 
por no costearse los que se dedican á cogerlas, porque apenas 
vale 4 reales la arroba vendida en la capital; y no es posi- 
ble que un hombre ijue en cualquiera otra cosa que se ejer- 
cite, busca con facilidad esta suma, emprenda el trabajo de cor- 
tarla, secarla y conducirla á veinte leguas por tan miserable 
precio. Las cosechas de los cereales comunes, como el maíz, frijol y 
arroz, m» dan con la mayor abundancia. De los dos primeros gra- 
nos se hacen siempre dos cosechas en cada un año (Mayo y 
Noviembre), y del últiniu, aunque upa sola vez se siembra, pe» 
ro se le hacen dos, tres y hasta cuatro cortes, y no es muy 
estrailo cosechar dos y trescientas arrobas por una sola de seiu- 
bradura. El cfile se dá muy bien en cualquiera parte del Des- 
parta mentó que .se siembre, y aunque su calidad no es de los 
mas apreciables en el comercio, lo que ha desanimado algo fl 
los cultivadores; pero esto no dimana sino del descuidado bc¿ 
neíicio t|uc se le dá, pues en su clase misma en nada es in- 
ferior al mejor de la isla de Cuba. 

La caña de azúcar se cultiva allí igualmente con las mas 
admirables ventajas, y todavía es suceptiblc de un progreso mu- 
cho mas rápidí), supuesto que es muy jugosa y de tallos enor- 
mes, con la circunstancia de que al año de sembrada puede es» 
primirse para hacer la azúcar: y que sembrada una sola ve^ 
en muchos años no es necesario sino limpiar los surcos, porque 
á los seis ú ocho meses de cortada, se reproduce por sí misQSl 
de una manera asombrosa. 

La vainilla se halla en su estado natural en muchos bos^- 
ques; pero hasti hoy nadie se ha dedicado á sn cultivo, no 
obstante la facilidad con que se podrían formar grandes plan- 
tíos, snpuesto <|ue es tan poco delicada, que casi tirada por el 
suelo prende inmediatamente y crece con admirable violencia. * 

El tabaco es otro de los ramos do riqueza territorial, y que 

ftbunda allí tantO; quo frecuentemente se le ve en los CfXjajpdi 




HISTORIA DE YUCATÁN. 



]^^aun en los patíos brotar espontáneameate; mas su formal cuU 
&yo no se halla tan adelantado como conviniera á aquel país, 
jot las leyes prohibitivas de la república, ^ue en cambio oe la 
miserable renta ^ue recibe por su monopolio, destruye una de 
las ñientes mas magotables de la riqueza pública; y siendo el 
dé Tahasco de la mejor calidad conocida, y superior sin dis- 
puta el llamado de Corral al mas ponderado de la isla de Cu- 
(a, debería ser por esta circunstancia susceptible de un consu- 
IDO i)rodigioso; sobrepujaría con el tiempo en los mercados de 
j^ misma Europa al mas recomendable de la Virginia, y ú. 
'ipas QÍamado de la Habana; pero por una fatalidad de las mu- 
chas que han reportado sobre aquel desgraciado Departamento^ 
¡fus puros de Corral apenas son conocidos en Yeracruz, y aun 
jpxLy poco en Méjico» por la persecución que sufre por protc- 
yr el de las villas, que se nos fuerza á fumar por inferior 
%te sea, como conoce cualquiera que sepa comparar. 

La yuca 6 musa se cultiva también en aquel Dcpartaraen* 
tP, aunque generalnxmte no se le dá otro destino que el de 
£acer un almidón de escelente calidad, del cual suelen man- 
jarse ¿ Veracruz algunos quintales y venderse con aprecio, en 

r niños de que se ha pagado algunas veces el tres tanto mas 
precio que el que se trae de Yucatán; pero á pesar dees- 
ventaja, y de que se dá con abundancia, muy pocos son 
ios que se dedican & este sencillo ramo de industria: ital es 
jfl, pereza! 

DISTRIBUCIÓN PE l1 PROPIEDAD. — AcaSO CU uiUgUU pais 

civilizado se halla esta tan proporcionalmente repartida como en 
Tabasco; las tierras en su mayor estension se hallan valdias, 

Sno hay ninguna de estas grandes posesiones que se oponen 
„ desarrollo dS la agricultura. A escepcion de muy pocas ha- 
ciendas, cuyos terrenos fueron titulados en tiempo del gobierno 
español, y que no obstante están reducidas de 8 á 10 leguas 
ciíadradas, las adquisiciones posteriores no han podido hacerse 
«Ino de 15 caballerías para una sola persona: y siendo esta 
una medida de la estension de 1104 varas largo y la mitad 
4o ancho, resulta que nadie tpuede obtener sino una suerte do 
Doco mas de dos leguas cuamradas. Y como por las leyes par- 
ticulares ha sido permitido vender fracciones hasta de la déci- 
ipá parte de una caballería, por el moderado precio de cuatro 

ros, de aqu! es que es muy común ver infinitos propietarios 
mas 6 menos fracciones de tierra, al tercio de la población, 
que viven en los campos, dedicados & la honrosa profesión de 
jos Cincinatos y Washingtona. Por leyes posteriores se ha 
«educido la adquisición de los terrenos valdíos á solo 10 caba- 
Uerias por persona, y se ha duplicado el precio según las locali* 
qades, pues so ha conocido el error de venderse por 40 pesos^ 
como se verificaba, una caballería de tierra de buena caíidad, 
Hue en itmíü)3 de los mismos hacendados 6 cultivadozts» Im 



I.tBRO CUARTO. _ tei. 

traspasan en ventas particulares por 3 ó 400 presos] mas se ha 
permitido obtenerlas con titulo legal sin exhibir su valor, re* 
conociéndolo únicamente al censo redimible de utí 6 por lOV 
anual, sin limitación de tiempo. Las tierras de inferior cali* 
dad y que no se emplean sino para pastaderos de ganados, A 
venden en un tercio meno^ que las otras, y en los propios 
términos. Los valdíos generalmente se hallan también ocupa* 
dos por personas intrusas que los cultivan, y les sirve como 
de derecho de posesión, que según las circunstancias es maS 
6 menos respetado, y constituye de mejor condición al ^ue los 
tiene en la venta que se hace de ellos. Las leyes agrarias qiio 
se ha dado el pais, arreglan equitativamente estas condicionen^ 

?r han hecho progresar la agricultura y escitado el interés pot 
a propiedad territorial. 

INSTRUCCIÓN PUBLICA. — Esta SO halla allí muy abandonad^ 
merced á las continuas revoluciones y sacudimientos que ha 
sufrido el pais por diversas causas: con todo^ en el mayor nfl- 
tñero de pueblos hay escuelas de primeras letras, en las que sé 
enseñan los primeros rudimentos; y si no ecsisten todas las qUé 
convinieran, no ha dependido de las le3res particulares, que haoí 
asignado á los profesores suficientes dotaciones, sino de la falta' 
de aquellos^ ó del descuido de las municipalidades^ En la ci^ 
pitál debe estat ya planteado un liceo en auo se enseñarápi 
i^emas de los rudimentos primarios, ^ograno, d uso de lo^ 
globos, historia antigua y modemai y los idiomas latino^ ixi^éi 
y^ francés. 

"Él placer por los. libros se va estendiendo con rapidez has- 
ta en los pueblos mas remotos: los periódicos se solicitan |f 
leen con avidez por todas las clases dé la sociedad; y todo* 
presaffia que entre algunos años, si la Providcfncia cOncedieao 
á Twasco el reposo necesario, y el régimen de una adminis« 
tracion escogida libremente por sus pü3>los, ser& sin duda uv 
estado rico, floreciente^ ilustrado y liberal, supuestas las grandes* 
capacidades naturales que se observan en el pais, sus elemexx* 
tos de prosperidad inagotables^ su instinto por todas las refor* 
mas que las luces del si^o han preconizado, el ningún estor* 
bo que tiene que vencer un pueblo que jamas ha sido esd^ 
vo del clero; un pueblo, en fin, amante del progreso y enemi* 
go de toda clase de opresión, desde Cortés hasta el último Pro»' 
cónsul de la difiínta oligarquía. 

Es preciso confesar que en aquel Departamento no htm. 
hasta hoy un establecimiento literario dotado por el eobiemc^' 
gue sirviese de plantel para la ilustración de aquella brillanl 
juventud, que se cria en la inorancia y en la ociosidad, 
tiene que salir fuera de su pais á mendigar entre los estrangat»]* 
ros los conocimientos que necesita: y es sabido que esto no pw^[ 
de hacerse sino por muy pocas familias acomodadas, y que aun! 

estas no siempre (¡uieiea sepaiaise de sus bijo6 y espooexloif 



332.. HISTORIA DE YUCATAK. 

áf las contingencias de un vinge de mar, ó privarse de su vís- 
tá en una ausencia de muchos años. De desear seria que a- 
quel gobierno se dedicase, cuando le fuese posible, á proveer 
esta imperiosa necesidad, con la que se imita encadenada la 
futura felicidad y engradeci miento de ese hernioso y rico pais. 
IjBL ocupación, con manejo puro, de algunos bienes de uiunos 
muertas, seria bastante para atender á esta grave ecsigencia, que 
por una fatalidad inconcebible nunca lia sido considerada con 
el empeño que demandan los intereses mismos df Tabasco. 

ILUSTRACIÓN PUBLICA. — Es íududüble que desde iu indepen- 
dencia hasta hoy, y mucho mas en los doce años que ha regido 
el. sistema federal, es notable la diferencia que se observa en a- 
quel pais, comparando esta época con la tenebrosa del íjobier- 
&o español: los empleos de ayuntamientos, de diputados á los con- 
gi;e60S particulares y al general, los de gobernador y vice, de 
Magistrados en los tribunales y otros, han obligado á los que 
los lian desempeñado á estudiar las leyes, á discutir sus ven- 
tfgas 6 inconvenientes, á revisar los diarios y memorias publi- 
cits, y en fin, á iniciarse por consecuencia en los misterios de 
tk politica: estas nuevas iaeas han despertado por precisión otras 
fijlDsecuentes, y han producido necesariamente la curiosidad y 
él deseo de instruirse, aunque no fuese mas que por no apa- 
recer tan ridículos en las asambleas y reuniones publicas en 
que han debido presentarse. Por otra parte, muchos jóvenes 
que han ido á educarse y á instmirse fuera del pais, han vuel- 
ta dotados de los conocimientos necesarios para poder brillar en- 
Uo sus conciudadanos. La afluencia de cstrangeros que el co- 
iQiprcio libre ha producido éh veinte años, es otra razón que ha 
contribuido para formar el buen gusto y la inclinación por las 
ciencias y las bellas artes á que privadamente se han entregado 
Iftuchos ilustrados tabasqueños; superando de este modo la fuer- 
Z|i de inercia que han encontrado en los gobernantes por las tris- 
fes causas referidas: así gradualmente se han difundido las lu- 
ces en un tugar abandonado á sus propios esfuerzos. 

. El año de 20 no habia en Tabasco sino un médico de 
los llamados romancistas^ ignorante por supuesto, y mas bien 
curandero que otra cosa: no qxísür una sola botica, lo que in- 
trodujo la costumbre de que en las tiendas se vendiesen las 
drogas mas usuales. Tampoco habia sino un abogado, y á éste 



dsten cinco ó seis doctores en medicina 6 cimjía, tres ó cua- 
tro profesores del derecho, dos boticas surtidas de todo lo nece- 
sario, un alumbrado regular en todas las calles principales, y 
lín periódico que se publica dos veces en la semana. IjOS edi- 
ficios desde aquella fecha se han duplicado por lo menos, y 
^ %o ccsísto un poseo pablico, ni las calles han adquirido uncf 



LIBRO CUARTO. 323, 

tncjora conveniente; sobre lo primero empezó á ocuparse la mu- 
nicipalidad del año pasado, y sobre los segundas, la calidad del 
terreno y las continuas lluvias inutilizan en gran parte los tra- 
bajos diarios en que se emplean con este fin los presidarios; y 
como los fondos de propíos son tan escasos relativamente, y se 
hallan sobrecargados de grandes atenciones, es por ahora impo- 
sible hacerse mas; no obstante, están mucho menos malas que 
anteriormente. 

MEDICINALES. — Sin duda hay muchos en un pais en que 
la vegetación es tan adinirable, y en donde se dan todas las 
especies intertropicales; pero por desgracia son muy poco cono- 
ciaas, pues aunque algunos naturalistas estrangeros han visita- 
do el Departamento y han hecho grandes coleccione.^-, su in- 
gratitud y egoismo no les han permitido enseñar á los habi- 
tantes sus diversas cualidades, ni esplicarles sus mas interesan* 
tes propiedades, no obstante que se han vuelto á su pais á cn« 
riquecer su botánica y claboratorios de farmacia: con todo, son 
conocidos y usados en el Departamento la zarzaparrilla, el guch 
coj la cascarilla (una especie de quma superior), la yaba (ver- 
mífugo de primer orden), la jabilla (purgante drástico), el cara- 
huala, el zalzafras, la higuerilla, el malvavisco, la consuelda, la 
sanguinaria, la mayorga (se emplea para cerrar las fístulas) el 
culantrillo, el cancerillo (para curar el cáncer), el eneldo, y otros 
muchos do que usa el vulgo muchas veces con suceso como 
febrífugos, diaforéticos, emenagogos, vermífugos^ antiespasmódi- 
eos, tónicos, antiflogísticos, ice. &c. 

ESPORTACioN. — Los mos pingües frutos de esportacion 
son el cacao, el palo de tinte, el café, el tabaco en rama y al- 
guno labrado, la pimienta, panela, aguardiente de caña, zarza* 
parrilla, pita, muy poca vainilla, cebadilla y cueros de res. El 
importe ae esta esportacion asciende como á 1.200,000 pesos» 
pues solamente el cacao no baja de 750.000; pues la cosecha 
media anual es de 50,000 cargas de á 60 libras y á 15 ps., tér- 
mino medio de su precio, que importa aquella cantidad. Es dig« 
na de observarse la diferencia que ecsiste entre las cosechas de 
estos años y las de treinta años atrás: el año de 803, todo el 
cacao que se remitió de Tabasco á Veracmz, no importó sino 
470.226 pesos; y es sabido que allí se enviaban las siete octavas 
partes de todo el que producía. Del palo de tinte también se ha- 
ce hoy una esportacion cuatriplicada de la que antes de la in- 
depenaencia se verificaba, y la mejora que ha adquirido la bar- 
ra principal de Tabasco, hace esperar que se aumentará conside- 
rablemente dentro de muy poco tiempo. 

La poca población que hay en aquel Departamento, la abun- 
dancia de las cosechas de semillas do primera necesidad, las fa- 
cilidades de subsistir, la desidia de los liabitantes, su cstremada 
frugalidad, el ningún estímulo que los agita, el clima abrasador, 

la.rutioa de sus costunabres, y lo quo es peor, las continuas re< 

10 



821. HISTORIA DE YUCATÁN. 

voluciones en que desgraciadamente lia estado casi siempre en- 
vuelto, las mas veces provocadas por I05 comandantes generales, 
que se han convertido en sultanes, en un país en que si bien es 
sencillo, de costumbres puras, y morigerado y sufrido, mientras 
no se abuse de su paciencia, es celoso por otra parte de su li- 
bertad é independencia, como que nunca ha sido dominado y 
menos envilecido por la aristocracia ni el clero; éstas son las 
causas de que no se hayan aumentado 6 fomentado tintos otros 
productos de esportacion, que han debido promoverse con venta- 
jas conocidas: el algodón, por ejemplo, podria ser uno de los mas 
ricos objetos de cultivo, el cual, despepitado en el propio pais, po- 
día destinarse no solamente para abastecer á los telares de la re- 
pública, sino para surtir hasta los mercados de Europa; lo que 
ademas traería la ventaja de no vincular la ventado la mayor 
parte de nuestros productos á solo los puertos de la república. 

IMPORTACIÓN. — ^La suma de los valores de efectos naciona- 
les y estrangeros que se importan en Tabasco, puede calcular- 
se de 850,000 pesos á un millón, de los cuales 150.000 pesos son 
aprocsimativamente de los primeros, y consisten en sal y algu- 
nos productos bastos de Yucatán, en jabón y harina de Puebla, 
y en alguna azúcar, ropas ordinarias, anis, y algunas conservas 
de las Chiapas: y los segundos en géneros de hilo ordinarios la 
mayor parte, blancos, crudos y listados; en tejidos de algodón fi- 
nos y ordinarios, blancos y pintados; en pocos objetos de lujo y 
en algunos abarrotes; de manera que puede asegurarse que la ba- 
lanza mercantil está regularmente en favor de Tabasco en mas 
de una' quinta parte sóbrelos valores que se esportan; mas toda- 
vía hay un sobrante en circulación, por el numerario que, aun- 
que poco, se introduce anualmente de las Chiapas, cuyos trancan- 
tes, por un cálculo general, traen siempre una tercera parteen 
plata y las dos restantes en frutos de aquel Departamento, pa- 
ra surtirse de abarrotes estrangeros, de que siempre se han pro- 
veído en Tabasco. 

RENTAS. — Todas las que ingresan á aquella tesorería, ascen- 
derán hoy dia á 200.000 pesos anuales poco mas 6 menos, y 
son el resultado de los derechos de importación estrangera que 
percibe la aduana marítima y remite á aquella oficina, y de las 
rentas llamadas propiamente deJ estado: éstas tienen origen de 
la contribución ó capitación de doce reales que paga anualmen- 
te cada varón desde 18 hasta 50 años: del 12 por 100 impues- 
to sobre todos los frutos y efectos nacionales que entran en el 
Departamento; del 8 por 100 sobre las ventas de las fincas rús- 
ticas y urbanas: del ecrrendamiento y venta de terrenos valdíos: 
del producto de papel sellado y de correos: de la alcabala sobre 
carnes y aguardientes: del derecho que se exige sobre cortes de 
palo de tinte, y del 5 por 100 que paga de réditos un capital 
propio del pais, llamado del cstinguido nuevo impuesto, y que 
se halla distribuido e^tre algunos líibradores. Este capital pro- 



LIBRO CUARTO. ' 323. 



vino de oblaciones voluntarias y forzosas que se hicieron ha- 
ce mas de medio siglo, con objeto de atender á la defensa del 
pais contra las incursiones de los ingleses; y hecha la paz con 
la España, los contribuyentes acordaron destinar el sobrante da 
estos subsidios, que pasaba de cincuenta mil pesos, para el fo- 
mento de la agricultura, y desde entonces ha corrido bajo la 
inspección de una comisión nombrada por los pueblos; mas des- 
pués se puso á disposición del gobierno particular, sujeto á va- 
rios reglamentos. 

INVERSIÓN DE LAS RENTAS. — Estas sou apenas suficientes, 
y no siempre alcanzan para las erogaciones mas precisas: una 
guarnición veterana de 3 á 400 hombres en tiempo de paz, que 
casi siempre ecsiste entre la capital y la barra principal: los 
gastos ordinarios de fortificación y defensa; los estraordinarios de 
guerra que por diferentes causas casi siempre ha sido necesa- 
rio hacerse; los bagaores que son muy caros; los gastos civiles 
de los empleados del Departamento; el pago de escuelas que 
reporta el erario en aquellos pueblos, y son los mas, cuyos pro- 
pios no son suficientes para sufragarlos; los de correos interio- 
res, cuyo cargo es siempre mayor que la data, &c. &c. Así 
es que los funcionarios civiles siempre se hallan atrasados des- 
de cuatro hasta seis meses, y por consiguiente jamas hay un 
pequeño sobrante que pueda destinarse para objetos, no solo 
de interés general, sino aun de suma necesidad. Un estable- 
cimiento científico en la capital de un Departamento litoral, 
jfio es cosa de absoluta necesidad? ¿Un hospital general en una 
capital y puerto, no es de una ecsigencia reconocida? ¿La cons- 
trucción y reparación de cárceles son de poca importancia? Pues 
para nada de esto alcanzan las rentas de aquel Departamento; 
y prescindo aquí del establecimiento de una casa de benefi- 
cencia pública, de la construcción de puentes en un pais en 
que son tan necesarios, de la mejora de los caminos, y de otros 
objetos de público interés, que están olvidados por la imposi- 
bilidad de promoverlos. 

PUERTOS. — Tabasco no tiene sino uno solo para el comer- 
cio estrangero, y es la barra principal; aunque la descarga de 
los buques no se verifica sino en San Juan Bautista, que so 
halla á 25 leguas de aquel punto. No obstante, en la villa de 
la Frontera^ que está á legua y media de la barra, se sellan 
las embarcaciones y son vigiladas por un dependiente del res- 
guardo, que pasa á su boiSo y sube hasta la capital. 

La barra se ha mejorado visiblemente en estos últimos tiem- 
pos, pues dividida anteriormente en tres canales de mas ó menos 
profundidad, en el dia no existe sino uno que es el del me-* 
dio, conocido por el del Norte, pues se han enselvado los la- 
terales y apenas pasan por ellos los botes ó embarcaciones muy 
pequeñas: el espresado canal principal tiene desde 8 hasta 13 
pies, según los estaciones, los equinocios. los novilunios ó pie* 



320. HISTORIA DE YUCATAJ?. 



:« 



nilunios; y en proporción al flujo y reflujo diario: este se ve- 
rifica en dos periodos fijos, en la media noche y en el medio 
dia, y baja orainariamente desde uno y medio piés, hasta tres 
2i lo mas. 

La villa de la Frontera está destinada sin duda & ser un 
dia el puerto de aquel Departamento, pues su localidad y de- 
mas ventajosas circunstancias no pueden ser mas á propósito: 
poco mas de una le^ua de la barra, muy amplio y exelente 
fondeadero, sumamente saludable, con un piso seco y firme, 
refrescada por las brisas diarias, y libre de las avenidas perió- 
dicas que sufren casi todos los pueblos de Tabasco. Desgra- 
ciadamente no tiene hasta hoy buenos edificios, pues todas las 
casas están cubiertas con palmas, si no es una ú otra de ma- 
dera ó teja; á pesar de esto, y de su corta población, que no 
pasará de mil almas, se observa allí una disposición por el 
buen gusto y por la civilización, y algunos destellos de espí- 
ritu público; cualidades que presagian un dichoso porvenir á 
este pequeño pueblo, que rivalizará algún dia con la actual 
capital de aquel Departamento, y acaso lle^rá á nivelarse con 
las mas florecientes del litoral dfe la república. 

CAMINOS. — ^Estos apenas se hallan en un estado regular, á 
pesar de que están construidos los mas de ellos sobre las már- 

Senes de los rios, que como se ha dicho es lo mas elevado 
el terreno: regularmente se hallan con cercas en cada uno de 
fius lados para precaver las sementeras de que siempre están 
cubiertas las inmediaciones: todo el beneficio que se dá á es- 
tos caminos, que son de 8 á 10 varas de ancho, se reduce & 
limpiarlos de la yerba que crece en ellos: apenas hay puentes 
de madera en algunos arroyos de los caminos principales; y 
los rios se cruzan por medio de canoas, á cuyo e^to hay siem- 
pre apostados pasageros^ como llaman en el país á las per- 
sonas encargadas de conducir de un punto á otro de dichos 
rios á los transeúntes. Este es uno de los ramos muy descui- 
dados en aquel pais, pues la limpieza de los caminos está en- 
cargada á los mismos dueños de las tierras por donde pasan, 
cuya operación deben verificar cada cuatro meses; y como su 
inspección está cometida á los ayuntamientos ó juntas de po- 
licía, cuerpos muertos verdíideranente, no es estraño ver obs- 
truidos dichos caminos, ya por la yerba .]\xe. ha crecido mucho, 6 
por grandes árboles que han caído subre aquellos en las grandes 
tempestades, ó en la tala de árboles que se verifica anual* 
mente para las sementeras de maiz: también es frecuente y 
de aspecto muy variado para un caminante íjue va fastidiado, 
observar la diferencia del estado de los caminos, en una mar- 
cha de doce á quince leguas; pues como propiamente hablando, 
depende su composición y limpieza de la espontánea voluntad 
de los propietarios de aquellas tierras, se ven frecuentemente 
trozos muy barridos, grandes pedazos con la yerba de una vara 



LIBRO CUARTO, 02?. 



en seguimiento, otros igualmente bien limpios; mas allá otros 
con el zacate á la altura de media vara, después otro en (|ue 
á lo largo del camino la mitad está enmontada y la otra biea- 
barrida; 6 bien un trecho muy angosto y otro muy ancho &c. 
Estas faltas no podrán remediarse, mientras la inspección de los 
caminos corra al cargo de las municipalidades: compuestas cs^ 
tas en su mayoría de personas forzadas, tal vez sin patriotis^ 
mo, ocupadas de sus intereses ó de los medios de subsistir, y 
distantes del centro de los caminos, de cuya composición deben 
vigilar, no es estraño que jamas pase personalmente una co^ 
misión á ver el estado en que se hallan. Tal vez un dircc* 
tor general de los caminos que residiese en la capital, y UD 
agente en cada cabecera de partido, con facultades coactivas, 
estimulados unos y otros con pequeña compensaciones, 6 cou 
libertarlos de las cargas concejiles y sujetos inmediatamente al 
gobernador, seria el medio mas á propósito para espeditar 1» 
composición de dichos caminos, y la reparación de los pueu-» 
tes y calzadas. , 

NAVEGACIÓN INTERIOR. — ^Un pais cHizado en todas direc* 
ciones por tantos ríos y arroyos, naturalmente debe facilitar ios 
trasportes y las vias de comunicación: asi os que casi pam to- 
dos los pueblos del Departamento puede conducirse por agua 
en piraguas 6 en canoas de mas 6 menos porte. El Ustima- 
sinta es navegable por buques de cuarenta á cincuenta tone- 
ladas hasta una distancia de cien leguas; y el Mescalapa ó Ta* 
basco por otros de mayo porte hasta veinticinco leguas, quo 
es en donde está situada la capital; pues de allí para arriba 
hasta poco mas de setenta en dirección á Chiapas, solo lo es 
para canoas pequeñas. Casi todos estos rios forman mil circun« 
valaciones, aunque en algunas partes la naturaleza ó el arte las 
ha disminuido por medio de cortaduras ó canales. 

NAQUiNARiA. — Casl uiuguua máquina de las que son tan 
útiles en otros países, se ha introducido en este: aun carros no 
ecsisten sino apenas dos ó tres, á pesar de las grandes venta- 
jas que en todas partes se obtienen por medio de este apara- 
to tan sencillo, y que seria fácil generalizar en un pais tan 
plano, en donde no hay piedra alguna, y aunque fangoso en 
un tercio del :mo, se presta cómodamente en los dos restan- 
tes para v/- uso de todu (asede carniages. Hay haciendas en 
que se conducen á las espiadas del hombre los frutos del ca- 
cao y otros de primera necesidad, en una distancia de tres y 
cinco leguas: aun no se ha querido conocer el ahorro de gen» 
te que prí>porciona un carro conducido por un muchacho y 
cargado con lo que apenas seis ú ocho hombres podrían tras- 
portar, principalmente en las haciendas de cacao, en donde nun- 
ca hay la dotación de sirvientes necesaria, no solamente para 
fomentarlas con rapidez, sino en muchas de ellas ni aun par» 
flu servicio ordinario. 



agg- HISTORIA. PE YUCATÁN. ' 

Hay algunos trapiches de fierro que ee han hecho veiÜF 
lucientemente, y es probable que se inttoducirán otros muchos. 

Las sierras de aguas 6 de vapor, 6 por lo menos movi- 
das con muías, serian muy útiles en un país en que abunda 
tonta y t^n diversa madera útil y preciosa, principalmente en 
una ^ran parte de la costo, en que los bosques no se compo- 
nen sino ae caobas y de cedros. 

Alguna máquina de tejidos ordinarios seria útilísima en 
un país en que el algodón es tan fácil de cultivarse, en don- 
de hay un consumo de mas de doscientos mil pesos de ropas 
onlinaños blancas y pintadas, y en donde los trasportes pres- 
tan tantas facilidades. 

Para limpiar el arroz no ecsiste sino un molino formal, 
que unido & los morteros comunes, por medio de los cuates se 
descascara en todo lo restante del Departamento & fuerza de 
brazos, no dan abasto para el consumo general; y es triste y 
vergonzoso ver venir arroz de Yucatán á un país que podria 
surtir de este grano á casi toda la república, supuesto que una 
sola arroba de sembradura que se verifica en un pequeño es- 
pacio de terreno, produce ordinariamente desde doscientas, has- 
ta quinientas arrobas muclias veces. 

No hay ninguna para hacer almidón, pues con raspadores 
de mano se pulveriza la yuca, lo que hace que se empleen 
muchos brazos en este mecanismo, y resulte caro relativamen- 
te: ¡cuánta dircrcncia de tas ventajas que se consiguen por me- 
dio de la máquina sencilla que se empica en otros partes pa- 
ra desmenuzar en un instante la yuca ú otras raices feculo- 
«as que producen el almidón! 




LIBRO QUINTO. 329. 





DE LA HISTORIA DE YUCATÁN. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

Viene el adelaníado á Yucatán^ y los religiosos que funda- 
ron esta provincia. 

Materia se me ofrece ya de no pequeño cuidado, y que 
solicita temores á la pluma, que se ha de ocupar en escribir 
la fundación de esta santa provincia de San José de Yucatán, 
y de sus primeros varones apostólicos, porque la voz común de 
Codos los estados de esta tierra, es llamarlos santos á boca lie- 
na^ como suele decirse y sus ejercicios lo manifestaron. Pero 
como tales dejaron unos tan poco escrito de otros, que será o- 
casion de muchas omisiones en este, sin defecto de mi aten- 
ción, que solo mira á dejar memoria de cosas, que con toda 
verdad pueden asegurarse en esta materia, de donde se podrá 
colegir lo mucho que trabajaron en la predicación de el santo 
Evanjgelio, y enseñanza de estos naturales, y con la perfección 
de vida, y observancia regular que vivieron: confirmando con 
ella la verdad de lo que predicaban y enseñaban. 

Habiendo ya pues (como antecedentemente se ha Visto) su- 
jetado con las armas los rebeldes ánimos de estos naturales D. 
Francisco de Montejo, hijo del Adelantado, con los demás con- 
quistadores, y fundado la villa de Campeche, ciudad de Mérida, 
y villas de Valladolid, y Salamanca de Bakhalál, de quienes 
se ha dado razón en el libro antecedente, en aquel tiempo in- 
termedio, que se fundaron había gobernado el Adelantado la 
ciudad real de Chiapa de españrsles, y la provincia de Hondu- 
ras por orden del rey, donde también los conquistadores de 
Yucatán le ayudaron á paciñcar parte de aquella tierra y po- 
blarla, como se dice en la ejecutoria de el Adelantado, y he 
leido en muchas probanzas de sus capitanes y soldados. Or- 
denó el rey la real audiencia de los Confines, con que allí cesó 
el gobierno del Adelantado, y para venirse á este de Yucatán, 

aue por la capitulación tenia por toda su vida; llegó á la ciu- 
ad de Chiapa de españoles año de mil y quinientos y cua- 
renta y seis. 

Fué esto á tiempo, que ya hablan llegado á la Nueva-Es- 
paña los ciento y cincuenta religiosos, que el emperador Car- 
los Quinto nuestro rey y señor habia dado al venerable pa- 
dre Fr. Jacobo de Testera, primer predicador apostólico de csfa 

tierra para la predicación (Id soiuo evangelio cu estos reiiio^p 



asa HISTORIA DE YUCATÁN. 

X)c aquellos religiosos destinó doce á Guatemala (lo cual es mas 
cierto, (fVLQ veinte y cuatro, como dice el padre Lizana) y por su 
comisario el venerable padre Fr. Toribio de Motolinia, uno de 
los doce compañeros del santo padre Fr. Martin de Valencia, con ór- 
den, que enviase algunos de ellos á Yucatán. Llegados á Gua- 
tsmala, y dado principio á su apostólico ejercicio, escribió el ve- 
nerable padre comisario al Adelantado (que supo se estaba aun 
en Chiapa) el orden que tenía de su comisario general Fr. Ja- 
cobo de Testera para enviar religiosos á Yucatán y que asi le 
daba noticia, para que constándole, cuando llegasen los recibie- 
re debajo de su i)roteccion, ayudándoles con el favor, que tan 
santa obra requería. 

Recibió el Adelantado esta carta, y respondió á ella sig- 
niücando el gozo que con tan buena nueva había tenido, con 
^0 aseguraba del todo la quietud de Yucatán, y que viniesen 
Diuy en buena hora, que él estaba ya de partida, con que si 
llegaban á tiempo los traería con todo cuidado^ y regalo posi- 
ble. El Adelantado se vino á Yucatán, para donde fueron asig- 
nados los padres Fr. Luis de Villalpando, con título de comi- 
sario, Fr. Juan de Albalate, Fr. Ángel Maldonado, Fr. Loren* 

* 2t> de Bienvenida y Fr. Melchor de Ifenavente, sacerdotes, y Fr. 

' luán de Herrera, lego. Determinóse, que el padre Fr. Lorenzo 
de Bienvenida entrase en esta tierra por la parte oriental de c- 
lla, y asi fué de Guatemala al golfo dulce, por donde se sale 
ft la mar, para venir á Bakhalál, y como quien salía solo, se des- 
pacho con toda brevedad. Los otros compañeros tardaron algo 
mas en saJir de Guatemala, y asi cuando llegaron á Chiapa, ya 
había un mes, que el Adelantado había salido para esta tierra. Co- 
mo no le hallaron alli, partieron con brevedad en prosecución de 
su viage, padeciendo grandes trabajos, y cansancios por ser aque- 
Ha tierra asperísima, grandes cuestas, y pantanosas, que aun an- 
dadas en buenas muías, es penosísimo viiigOi y lo restante en ba- 

' jando á Tabasco, á los rios por el pueblo, que llaman el Pafcn- 
quc, lo que mas es cenagoso con atolladeros á cada paso, (ierra 
caliente, mosquitos sin número de día y de noche: incomodida- 
des, que dan bien á entender lo que padecerían viniendo á pié 
y descalzos tan largo viage, como trecientas leguas de estas ca- 
lidades, que hay desde Guatemala á estas provincias. 

Fué Dios nuestro Señor servido, que llegasen con salud 
al puerto, y villa de San Francisco de Campeche, donde ya 
estaba el Adelantado, su hijo y la nobleza cío los conquista- 
dores, que habían ido á recibirle, como á su gobernador pro- 
pietario. liOS religiosos fueron recibidos con mucha alegría de 
lodos, y en especial del Adelantado, que era muy devoto de 
nuestro santo nábito, y los hospedó en la misma casa, donde 

estaba aposentado, para poderlos comunicar con mas comodidad, 
y de terminar el modo que se había de tener en la conver- 

' 5Íon d^ estos wcl¡03, El padre Uzom en su Devocionario de 



/^ 



LIBRO aUlÑTO. S3i. 



lu Madre de Dios de Izamal, tratando de la llegada de estos 
religiosos, dice: "Q,uc el Adelantado quiso, que aquella villa 
se intitulase San Francisco de Campeche, por ser devotísimo del 
santo, y decir, que pues úl Iiabia llegado á salvamento de su 
conquista, y puesto principios á ellü, que con el ayuda de Dios 
y su Santísima Madre y glorioso San Francisco, esperaba ten- 
dría buen suceso toda la conquista, y mas con tan buenos sa- 
cerdotes, hijos de el glorioso padre San Francisco." No debid 
de tener este escritor los instrumentos de papeles necesarios para 
la verificación de el tiempo de la conquista, y fundación de 
las poblaciones de españoles, que en esta tierra se hicieron, pues 
como queda dicho y comprobado con los testimonios ¿luténticos 
referidos; la conquista, en cuanto á la sttjecion corporal de los 
indios, cuando volvió el Adelantado, y vinieron estos religiosos 
este año de cuarenta y seis, ya estaba conclusa, y la cmdad 
y villas pobladas, pues la Qltima, que fué la de Salamanca, 
se fundó el año de cuarenta y cuatro. 

Como el Adelantado era tan devoto do la religión, y tenia 
por ejemplar la acción di^a de eterna memoria de D. Fer- 
nando CJortés, (cuando recibió á nuestros religiosos en Méjico, 
hincando la rodilla en tierra delante de aquella innumerable 
multitud de indios, á quien habia sujeuido y de quien estaba 
tan reverenciado y temido, como se sabe) llamó á los señores 
y principales de el territorio de Campeche. Presentes yü, les 
dijo, como aquellos padres sacerdotes, que alli estaban, eran los 
que les Iiabian de enseñar los misterios de la santa Fe que 
profesamos, y que hablan de ser los padres de sus almas, cuya 
doctrina debian asentar en sus corazones con toda firmeza. Que 
para este fin eran enviados desde Castilla por el emperador 
nuestro rey y señor, y que en su nombre se los daba por 
tales, que les tuviesen todo respeto, y obedeciesen en lo que les 
mandasen, como si él mismo se lo ordenase. Que les edifica* 
sen iglesia y convento, donde hablan de acudir para ser ins* 
truidos de lo que debian saber. Ocasión fué esta plática, y 
veneración pública, que el Adelantado mostró tener d los reli- 
giosos, para que los indios concibiesen el respeto, que les de- 
bian tener, viéndolos tan estimados de su Adelantado, y do 
mucha importancia para el ministerio á que se ofrecían. Ya 
por nuestros pecados les dan algunos tantos motivos para qua 
no tengan el respeto debido á sus ministros, que me parece, 
puedo decir sin nota de temeridad, que parte del desaprovecha- 
miento, que en los indios vemos (pues ü las obligaciones de 
cristianos vienen los mas como forzados) se ocasiona por ellos. 
A Dios dará la cuenta quien tuviere la culpa, y alli se verá 
la justificación de algunos protestos con que se colorean las in- 
tenciones, y la retribución ac ambas ejecuciones. 

Considerando el padre Fr. Luis de Villalpando el numero 
tan crecidü de almos inüelcs, y cuao pocos erau los ministro» 



^2. HISTORU DE YUCATÁN. 

para su conversión, trató con el Adelantado, como era necesa- 
rio escribir á España, dando noticia al emperador, para que 
manifestada la necesidad, se socorriese, como convenia* Pareció 
bien al Adelantado, y asi el padre comisario nombró por pro- 
curador al padre Fr. Juan de Albalate (y no Fr. Nicolás, co- 
mo dice el padre Lizana) y entregados todos los despachos, 
asi del padre comisario, como del Adelantado, este antes de sa- 
lir de Campeche le avió con toda diligencia. Poco después hu- 
bo de salir de allí el Adelantado para la ciudad de Mérida, 
cabecera de esta gobernación, por la alteración y levantamien- 
to de los indios orientales de esta tierra (cuyo suceso se dice 
en el capítulo siguiente) y el padre comisario Fr. Luis de Vi- 
llalpando se quedó en Campeche para fundar el convento en 
el sitio, que con gusto del Adelantado quedó asignado, que es 
donde ha estado hasta ahora, y le fabricó, dándole titulo de 
San Francisco. Alli dice el padre Lizana, que manifestó el 
padre Villalpando; como venia nombrado por el muy R. padre 
comisario general Fr. Jacobo de Testera, custodio de Yucatán, 
y que esta provincia quedaba asignada custodia de la de Mé- 
jico. No parece haber esto sucedido entonces, porque luego al 
primero capitulo custodial, le eligieron custodio, y también por- 
que el padre Torquemada sumando los viages del padre Fr. 
Lorenzo de Bienvenida, y fundación de esta provincia, dice: 
''No teniendo roas de dos monasterios, uno en la ciudad do 
Mérida, y otro en Campeche, cerca de los años de mil y qui- 
nientos y cincuenta, alcanzó del padre Fr. Francisco de Bu&- 
tamantc, que á la sazón era comisario general de todas las in- 
dias, que aquellas dos casas por estar tan remotas, se hiciesen 
custodia por sí, y fuese sujeta á esta provincia de Méjico, &.c." 
Por esto juzgo vmo solamente con título de comisario. 

Luego comenzaron él y sus compañeros á tratar de la con- 
versión de los indios, valiéndose mientras sabian su idioma, de 
intérprete para enseñarlos y catequizarlos, en que parece obró 
la Magestad Divina una cosa milagrosa. El padre comisario 
puso sumo cuidado en aprender de memoria muchas voces, y 
sus significados, considerr') las variaciones de ios nombres y ver- 
bos; halló á estos su forma de conjugncion al modo de la que 
tenemos en la latinidad, y á aquellos sus declinaciones, con que 
en brevísimo tiempo redujo el idioma de estos indios á reglas 
ciertísimas, y ordenó arte para aprenderle, hablando con gran 
propiedad, y facilitando su inteligencia con éi 6 los otros com^ 
pañeros, á quien se le enseñó, y se halló apto para predicar 
el mismo á los indios, traduciéndoles en su idioma las ora- 
cienes cristianas. Fué gran motivo esto para su conversión, 
porque se persuadieron ser cosa mas que humana, que en tan 
corto tiempo hablase lengua tan estraña con tanta perfección, 
(jue podia ya ser maestro süyo, declarándoles' sus frases mas di- 

iicilc^, y consumó su g^d^^acioP? cuaudo Ic vieron por escriio 



LIBRO aUINTO. 83p: 

declarar tan fácilmente, cuanto era necesario, porque esto solo 
lo sabian sus sacerdotes y reyezuelos. Con esto se dispusieron 
ú recibir la santa doctrina que les enseñaba, y el primero que 
recibió el bautismo fué el señor del territorio de Campecne. 
A este catequizó el padre comisario, y bautizó el padre Bien- 
venida (habiendo lleg;ado como se dice después) llamóse D. Die- 
go Ná, supo muy bien la lengua castellana, y fué intérprete, 
.ayudando en la conversión de los indios mucho á los religio- 
sos, que le hallaron tan hábil, que le enseñaron la latinidad. 
Envidioso sin duda el enemigo del linage humano de verse 
yá despojar del principado, que en estas almas tantos sifflos ha- 
bia poseído; incitó los ánimos de los KupCiles y de los de Bale- 
hala! contra los españoles, de suerte, que se puso en contin- 
gencia de perderse todo lo trabajado, y costó reducirlos & su- 
jecíon lo que se dice en los capítulos siguientes. 

CAPITULO 11. 

Reveíanse los indios orientales á ¿res años pacificados^ y las 

crueldades usadas con los españoles. 

Ya parecia á los conquistadores de Yucatán, que pacifica- 
da la tierra, y domados los naturales de ella, gozaban el fru- 
to de sus trabajos, y aunque no había minas, ni las riquezas 
que en otras; estaban alegres con el repartimiento que de los 
indios se les había hecho, encomendándoselos, según la licen- 
cia de la capitulación hecha para la conquista. Como los in- 
dios no habían dado la obediencia al rey con gusto volunta- 
rio, sino obligados con violencia de las armas españolas, con- 
tinua guerra que les hacían, y verlas ya avecindadas en su 
tierra con ánimo de perseverar en ella; maquinaron sacudir el 
yugo tan pesado á su parecer, que sobre si tenían de los es- 
pañoles, sin ponérseles por delante, que estaba ya poblada la ' 
ciudad V tres villas, que hoy permanecen. Como habían espe- 
rimentado tan á costa suya el valor de los castellanos^ y fie- 
reza de sus armas, valiéronse de los mejores medios que les 
pareció, convocándose en secreto, y haciendo liga para unir las 
mayores fuerzas, que pudiesen juntar, previniéndose de todas 
armas ofensivas y defensivas. Movieron esta conjuración los in- 
dios, que viven en estas provincias hacia el oriente, & quien 
llaman Ahkupúles, y son los que tan valerosos se mostraron 
al príncipip de la conquista, como queda escrito en el según* 
do libro, A estos siguieron los de Zotuta, Yaxcabá, y todas 
aquellas comarcas, que fueron los que degollaron á los emba* 
iadores de Tutul Xiu, cuando los envió á decir, diesen lao- 
bediencia á los españoles, como él lo había hecho. No sea- 
treviéron & acometer á los que estaban juntos en la villa de' 
Talladolidj en cuya jurisdicción estaban, teniendo por meaortt^'*' 



:í34. historia de yucatan. 



guardar jqiie saliesen á ver los pueblos de sus encomiendas, pa- 
ra matarlos asi separados, y después á los restantes, que estu- 
viesen en la villa. Era tal el aborrecimiento, que los indios 
fenian á los españoles, y tal la resolución con que intentaron 
cístc alzamiento, que presumiendo los acabarían, para que no 
les quedase cosa, que fuese recuerdo de Castilla, mataron cuan- 
tos animales tenian de ella, como perros y gatos, y hasta las 
gallinas que ya criaban. 

Tuvieron oculta su mala intención, hasta que á nueve de 
Noviembre de mil y quinientos y cuarenta y seis anos, des- 
cargó en aquel mismo dia la tempestad en diversas partes, se- 
gún lo tenian determinado, para mejor salir con su intento. 
Los primeros á quien cogió aquella avenida de males, fueron 
dos hermanos españoles, llamados Juan Cansino y Diego Cansino, 
hijos legítimos de Diego Cansino, que habia sido conquistador 
de la Nueva España y de Magdalena de Cabrera. Estaban los 
dos en el pueblo de Chemáx, bien descuidados de que maqui- 
nasen novedad semejante los indios, y de estos los acometió 
gran número, que como los cogió repentinamente sin armas coi\ 
que defenderse, facilitó su presto rendimiento. El odio que á 
los españoles tenian, se conocerá por la lenta muerte, que á estos 
dos mancebo? (primicias de su venganza) dieron, porque no ios mata- 
ron luego, que pareciera efecto de cólera, sino que con terribles dolo- 
res les dilataron todo aquel dia la muerte, que fué argumento eviden- 
te de su malicia. Teniánles prevenidas dos cruces, y poniendo á 
cada uno en la suya, retirados los indios á tiro de arco, y fle- 
cha, disparando poco á poco en los dos cruciñcados mancebos, 
siendo blanco de su indignación, los cubrieron de flechas. Co- 
nocían los pacientes, que el principal aborrecimiento de los in- 
dios, se originaba de la mudanza de religión y costumbres, que 
les introducían, habiéndoles negado el culto público de sus ído- 
los, y les predicaban desde las cruces, permaneciesen ca la o- 
bedíencía que habían dado al rey, y prometido tener á la igle- 
sia. El fruto que cogían, era oir blasfemias en detestación de 
lo uno y menosprecios, con vituperio de lo otro. Dice Séne- 
ca, que la muerte en sí considerada, no es digna de gloria 
5 alabanza. Tolerarla con fortaleza de corazón, espucsto á la 
atrocidad de la malicia por defensa de la ley y honor de la 
patria, merece perpetuas memorias. Con valeroso esfuerzo to- 
leraron la indigna venganza con que eran atormentados, has- 
ta que el sol aeclinaba al occidente, que ya con la falta de 
la sangre y intención de dolores, conocieron, que les faltaban 
los vitales alientos. En aquella última hora encomendándose 
con todo afecto & la Reina de los Angeles, y Madre de Dios: 
cantándole la oración Salve Regina, dieron sus espíritus al Cria- 
dor, que piadosamente se puede creer, remuneró con muchos 
grados de gloria, afectos tan católicos, como los que aquel dia 
inwifestaron entre tan crueles dolores. Luego que vieron los 



f.lBKO aUlNTO. Xi^K 



indios habían espirado, los quitaron de las cruces, y cortándo- 
les las cabezas, clavadas en estacas, que tenían prevenidas, lo.s 
capítaues los pusieron al hombro en señal de victoria; hacien- 
do con ellas ostentación de vencjanza, y desmembrados los cuer- 
pos, los enviaron á diyersos lugares, para que viesen el princio da 
sus ejecuciones. 

Como tenían señalado el dia en que le habían de dar, el 
mismo en diversos pueblos, acometieron á sus Encomenderos. 
Hernando de Aguilar (que como se dijo fué uno de los pri- 
meros regidores de la mndacion de Mcrída) estaba en el do 
su Encomienda, llamado Cehaké, distante doce leguas de la 
villa de Valladolid, y la noche de aquel dia le dieron allí la 
muerte, y cortándole la cabeza, piernas y brazos, las enviaron 
los indios ú. los de otros pueblos confederados, para que so a- 
nimasen á ejecutar lo resuelto en los suyos. Juan López de 
IVIena en el pueblo de Piztemax, ó Hcmax encomienda suya, 
tuvo mejor suerte. Aquella noche entendiendo los indios, que 
estaba en su casa, la pegaron fue^o por todas partes, y ellos es- 
taban prevenidos para matarle, si salía. Quemóse todo lo que 
en ella había, y le mataron dos muchachos españoles, y la de- 
mas gentes de servicio, que alli tenia. Guarda la divina cle- 
mencia á quien por bien tiene con medios no prevenidos do 
la providencia humana, que como tan limitada, no conoce los 
riesgos futuros, por cercanos que estén antes que lleguen. Es- 
pcrimentólo Juan López de Mena, pues aquel dia á caso ha- 
bía salido á una estancia, que tenía cerca del pueblo, con que 
no le cogió en su casa el incendio, y se pudo librar, aunque 
con mucho trabajo y peligro do la saña de los indios, que vien- 
do no estaba allí, le buscaron ji toda diligencia. Púsola el ma- 
yor, echando de ver por el rumor lo que pasaba, y llegó d 
la villa, donde lo$ demás conquistadores estabar^^ y en cuya 
compañía se as^paro de el riesgo en que so había visto. 

Al mismo tiempo los del pueblo de Calotmul (ocho leguas 
de la villa) quisieron matar á Diego González de Ayala su 
Encomendero. Habíase ido á él aunque no sin recelo de la 
poca fidelidad de los indios, pues había llevado consigo su lan- 
za y adarga, prevención de que necesitó bien para el suceso. 
Al ruido con que los indjos llegaron á su casa, salió él y un 
negro esclavo suyo, que había llevado, y conociendo á lo quo . 
venían, mandó al negro, que mientras* él defendia la entrada 
de la casa, ensíllase el caballo. Hizolo el negro con toda prcí^ 
teza, y trayéndole con la lanza y adarga, subió en él Diego, 
González, y amparándose el neffro con él, ronjpíeron por entre 
la multitud de indios, que los había cercado. Defendiéronse 
de ella con valor, aunque con el riesgo que se deja entender, 
y retirándose, ganaron el camino que va á la villa. Fueron 
en su seguimiento muchos indios, quedando otros á saquearle 
\a casa, y el esclavo como pudo (que la necesidad parece dft 



3SS. HISTÜHIA DE YUCATÁN. 

'- - 

Sabido en Múrida lo que pasaba, dio gran cuidado, cono- 
ciendo cuan belicosos eran aquellos indios, y lo que se habla 
trabajado para conquistarlos. Tüo se hallaban en Mérida los ca- 
pitanes, que lo habian sido de la conquista, por estar en Campeche 
á ver al Adelantado, y asi el cabildo determinó^ que uno de los 
dos alcaldes, llamado Francisco Tamayo Pacheco, saliese luego 
con cuarenta soldados, y que en su seguimiento irian con breve- 
dad otros capitanes. Tanta puso en despacharse el alcalde, que 
habiéndose recibido la nueva el sábado, salió domingo para la villa. 
Estaban ya los mas indios de la provincia alterados con el su- 
ceso, y desde adelante de Izamal mas declarados, y asi hallaron 
algunos caminos cerrados, y aun indios que les retardaban el 
viage. No se detenían con ellos mas de lo necesario para pro- 
seguirle, y asi llegaron á la Villa prestamente. Halláronla cer- 
cada de los indios y los españoles fortificados, aunque con re- 
celo de su perdición, si el socorro faltaba ó tardaba, porque 
cada dia se juntaban mas indios en favor de los i-cbeldes. Aun- 
que supieron estos la llegada del socorra, no desistieron del in- 
tento, ni dejaron el sitio, antes amenazaban con los arcos dis- 
parando flechas hacia la Villa. 

duedó en la ciudad de Mérida el otro alcalde llamado Ro- 
drigo Alvarez, juntando mas soldados, que fuesen en seguimien- 
to de los primeros, y dieron noticia al Adelantado, como casi toda la 
tierra estaba revelada, con que necesitó bien de manos y consejo, 
para determinar, que haria. El peligro parecía mayor, que al prin- 
cipio de la conquista, por estar ya los indios en todo mas astutos y 
<:autelados; y el ánimo obstinado de los indios en no querer estar sn- 
getos á los españoles, de todo punto era patente, y asi comenzó luego 
¿disponer remedio á tan grave daño, como amenazaba. Revalidó la 
autoridad, con que habia ido el alcalde Francisco Tamayo Pa- 
checo, nombró por capitanes á Juan de Aguilar, y á los dos her- 
manos, Hernando y Francisco de Bracamente, para que fuesen 
con la gente de Mérida. Los capitanes que habian sido déla 
conquista, y estaban en algunos pueblos del territorio de Mé- 
rida, se recogieron á la ciudad, donde habiendo venido el Ade- 
lantado, de común acuerdo, se resolvió escusar cuanto fuese po- 
sible la guerra con los indios, solicitar todos los medios parn 
pacificarlos sin ella, y así que no se llegase á las armas, sino 
obligados de su i>erti'iacia. Al capitán Francisco de Montejo, 
el que como se dijo fundó la villa, dio patente de general, á 
quien estuviesen sujetos todos los que para aquella paciñcacioii 
se juntasen en el territorio. Con este óiden salieron los capi- . 
tañes con su gente para la villa, no he podido ajustar el nu- 
mero, si bien en unas probanzas de los que fueron, hallé, que 
el capitán Francisco de Montejo llevó consigor cuarenta solda- 
dos. Tuvieron algunos encuentros con los indios en el cami- 
íio; pero como su atención principal ora librar la villa del 
a^L'Jio preseutCj y después tratar do lo rcstaate, que no pedia 



UüRí) dUINTÜ. 33y. 



tuti urgente remedio, solo trataban de pasar adelante abriendo camino. 

Junta toda la gente española que fue posible en Vallado- 
lid, estuvieron algunos dias sin hacer demostración de hostili- 
dad con los rebeldes, pero ellos ni mudaban de intento, ni se 
alejaban de sus alojamientos, aunque se les propusieron medios 
de su conveniencia. Viendo que estos no valían, y pareciendo 
yá que la reputación peligraba, pues & la presencia de tantos 
españoles no aflojaban en su obstinación; determinaron, que o- 
brasen las armas lo que la razón no convencia. Salieron de la 
villa en forma de batalla, y acercándose á los indios, fu6 mas 
peligrosa, que las de la conquista, porque pelearon con deses- 
peración sin aprecio de las vidas, como enemigos que habiendo 
estado sujetos, querian á costa de ellas alcanzar la libertad de- 
seada. Pero aunque el valor de los nuestros fué mucho, no 
Suficiente á que no estuviese la campaña por los rebeldes, co- 
mo era el numero tan sin proporción exesivo. Habiéndoles 
hecho grave daño, se retiraron los españoles concertadamente 
& la villa de donde saliendo, se dieron diversas batallas, en que 
murieron veinte conquistadores, y mas de quinientos indios cria- 
dos de los españoles, que con fidelidad ayudaban á esta guerrai 
aunque á costa de muchos mas de los rebeldes, que no pudicn- 
do ya sufrirla tan continua, dejaron libre la villa, y se fue« 
ron á sus pueblos con intento de defenderlos, cuanto pudiesen. 

Desembarazados los españoles de aquel tumulto, se repar* 
íieron los capitanes & los ^ pueblos mas culpados para sujetarlos 
y componerlos por el mejor camino q[uc se pudiese. Cupole 
al capitán Juan de Aguilar la reducción del pueblo de Pizte- 
max, donde quisieron quemar á su Encomendero Juan López 
de Mena. Fué necesano sujetarle con las armas, porque halla- 
ron á los indios del prevenidos para la defensa, y que habiau 
hecho una fortaleza considerable (todas las probanzas que he 
leido le dan nombre de grande, cosa que en las demás no sin- 
gularizan) y habia muchos indios para su defensa. Acometió- 
la el capitán Juan de Aguilar con su gente, y defendiéronla 
los indios gran rato con tesón y corage. El primero que rom* 
pió entrada á la fuerza, fué Sebastian Vázquez, que viéndole 
solo, cargaron á la parte que estaba mas de ciento y cincuen- 
ta indios. Apretáronle tanto, que se halló en manifiesto peli« 
f(ro de morir, sino le alcanzara á ver su capitán, que dejando 
la parte que espugnaba con algunos soldados, le socorrió, y apre- 
tando por aquella á los indios, los auyentaron, con que cogidos al- 
Gaos, y huidos los demás, los españoles se señorearon de oí pueblo, 
causa principal de esta facción, testifica el mismo capitán 
en un dicho suyo, que fué el valor con que Sebastian Vaz- 
qiiez dio principio ¿ la expugnación de la fuerza. Luego que 
se sujetaban los pueblos, se tmtaba de atraer á los indios, quo 
discurrían fugitivos por los montes, y agregados de allí los 

msiS quo 60 gudieíoi], y asegurándolos de los recelos que (e- 

9p 



310. HISTORIA DE YUCATÁN. 



nian, se fue donde andaba, el capitán Francisco de Montejoj 
Discurría este capitán cercano al pueblo de Chemax (don- 
de crucificaron á los dos hermanos españoles) y mandó á al- 
¿runos soldados, que fuesen á descubrir las rancherías y gua- 
ridas, donde se habian huido los indios. Hubieron de ir algu- 
nos de los que vinieron con el capitán Juan de "Aguilar, y 
entre ellos cupo á Sebastian Vázquez seguir un camino, que iba á 
dar á una montuna alta. Halló al pié de ella un escuadrón da 
mas de cien indios de guerra, todos con sus arcos y ñechas, qu« 
andaban recogiendo gente para volver al pueblo de Piztemaxá 
recuperarle, por ser donde tenia su asiento uik) de los grandes 
sacerdotes de su gentilidad idolátrica. No se turbó hallándose 
solo con tantos indios, diólc Dios esfuerzos para acometerlos, y 
le cobraron tal temor, que le huyeron, pero prendióles una in- 
dia y una muchacha, que llevaba al capitán Francisco de Montejo. 
Habia salido por otra vereda Francisco Briceilo el viejo, y ha- 
biendo descubierto algunas ranchcrias oyó un ruido, y siguien- 
do á la parte que sonaba, llegó al pie de la montaña, donde 
lo habia sucedido á Sebastian Vázquez lo que se ha dicho. 
Uabia al lado de ella un valle, donde estaba cantidad de indios 
de guerra, y estándolos mirando, llegó Sebastian Vázquez, que 
venia con las dos indias prisioneras^ y refirió á Diego Briceño 
lo que le habia pasado. Briceño le dijo, que pues ya eran dos, 
seria bueno volver sobre aquellos indios. Replicó el otro, que 
era temeridad siendo tantos, y que el tenia á diclia lo que le habia 
sucedido: que era mejor dar noticia al capitán, para que con alguna 
gente, se acudiese á cogerlos, luciéronlo asi, y por medio de las dos 
indias se supo el intento, que aquellos indios tenian de ir á Piztemax 
para recuperarle. Despachó luego el capitán Francisco de Monte- 
jo sesenta hombres infantes, con los dos que habian traido la nuevo, 
porqtiepor la espesura de las montañas no podion ir caballos^ Con 
la diligencia hallaron á los indios, á quien en breve desbarre- 
taron y prendieron pocos menos de cuarenta, salvándose los de- 
mas con la fuga por aquellos montes, sin poderles dar alcance. 
Trajeron los prisioneros al capitán, el cual los trató con: mas 
benignidad de la que ellos por su delito merecían. Como era 
iú blanco de esta guerra, principalmente la venganza del atrevi- 
miento con que se habian alzado, y hecho con tanta atrocidad 
las muertes que se han dicho, los iban apaciguando con tem- 
planza, para después en la quietud de la paz con moderado 
castigo escarmentarlos para lo futuro. 

CAPITULO IV. 

Hcvelase en el miaiíio tiempo el pueblo de Cfianlacao en Balchor 

lalj y como se apaciguó. 

■ 

Estabüü pucilicaudo to españoles (í los iadivs d^ I» pxo- 



lAliliO QUINTO. ili. 

viucia (le Valladolid, romo se ha dicho en los capítulos ante- 
cedentes, y entendiendo qne con quietar los íínimos de aquellos 
naturales, estaba todo soseprado, vino nueva de la villa de Sa- 
lamanca de Bakhalál al capitán Francisco de Montejo, que co- 
mo se ha dicho era general de la gente de guerra, de que el 
pueblo de Chanlacao en la provincia de Chetemal, jurisdicción 
de Salamanca, se habia alzado, y sus moradores muerto á Mar- 
tin Rodríguez su Encomendero, vecino de Salamanca, y que lo 
restante de la provincia quedaba muy alterado: los españoles 
recelosos, que los demás pueblos á imitación de aquel, manifes- 
tasen algmia novedad, que de ellois sospechaban por algunas se- 
ñales, que el recelo ó la apariencia les persuadía, veían en ellos- 
?so dio poco cuidado esta noticia al capitán y á su gente, pues 
sobre tantos trabajos como se habían padecido en la conquista, 
y los que tres meses había, les ocasionaba el rebelión de aquel 
territorio, se ofrecía aquella novedad en parte tan distante, con 
que se dificultaba mas el socorro. La presteza en remitirle pa- 
recía muy necesaria, por la instancia grande con que los de 
Salamanca le pedían, y la gente con que se hallaba no era 
tanta, que no necesitase de ella para dar ñn d la pacificación 
de los comarcas. Ocurrió á lo mas urgente, aunque esta se 
retardase algo, porque aquel daño, que estaba en el principio, 
no cobrase fuerzas con el disimulo, y dio comisión al capitán 
Juan de Amiilar, para que con veinte y cinco españoles solda- 
dos de & caballo, fuese á pacificar aquel tumulto. En el nom- 
t)ramiento que filé dado á seis de Febrero de 1547 años, os- 
tondo de real en el sitio de Texio, hablando con el capitán Juan 
de Aguilar se le dice: "En que si caso fuere (lo que Dios no 
' quiera) que las dichas provincias estén alzadas y los naturales 
de ellos os salieren de paz, que los recibáis y amparéis, y guar- 
déis la paz, conforme á lo que su magcstad manaa." 

Partid el socorro con toda presteza para la villa de Salaman- 
ca, venciendo las dificultades que ofrecía la distancia, y al^^unos 
encuentros que tuvo con indios, que le procuraban impedir, el- 
paso, y asi le fué forzoso pelear con ellos para abrir camino, y 
aun padecer necesidad de bastimentos y agua por los despoblados, 
que hay en el intermedio. En este viage sucedió al capitán un 
caso, que al principio ocasionó terror á sus soldados. Iban ca- 
minando con sus lanzas y adargras, y en una travesía, caballo y 
caballero se sumieron, desapareciéndose, como si la tierra la hu- 
biese tragado. Con el susto de tan repentino accidente se acer- 
caron los soldados al lugar donde despareció su capitán y halla- 
ron, que como esta tierra está tan cubierta de matorrales y ma- 
lezas de monte, se habia cubierto la boca de uno como pozo 
algo capaz, aunque no de mucho fondo, donde estaba. Fué 
Dios servido, que no se lastímase, y con la ayuda salió, sa- 
cando después no sin dificultad al caballo. Visitando este o- 
Wspado d obispo D.' Fr, Gonzalo de Salazar, por curiosidad 



J-lá. HISTORIA DE YUCATÁN. 

mandó, que le llevasen á ver el pozo donde fué la calda. Pí« 
nalmente llegaron á la villa de Salamanca, donde con su vis- 
ta recibieron increíble alegría, que como tan pocos temían no 
los acometiesen los indios, y luego el cabildo requirió al ca- 
pitán, que con toda brevedad se dispusiese para ir al pueblo 
de Chunlacao, porque en él consistía la fuerza de los indios 
de aquella provincia; y asi pacificado él, los demos con bre- 
vedad se sosegarían. Las causas que tuvieron para tan ace- 
lerado requirimiento sc^m consta de un anto de doce de Fc« 
brero, fueron decir: "Clue habían muerto á su encomendero 
Martin Rodríguez, y no bastante esto^ nos alborota (dicen) y 
alza nuestros repartimientos: amenazándonos los indios, que nos 
Firven y diciendo, que quieren venir á dar sobre nosotros. De 
la cual causa nuestros repartimientos no nos sirven también, co« 
mo solían y puede ser, que nos los alzen: por do nos podrán 
venir grandes daños, y es en desprecio de Dios nuestro Se- 
fior, y en menosprecio de la justicia real. Y por las causas 
fobredichas (prosiguen) de parte de su magcstad mandamos, y 
de la nuestra rogamos al dicho Juan de Aguílar vaya al di- 
cho pueblo de Chanlacao, y prenda y pacifique los que halla- 
re culpados, y los demás líame de paz y reciba. Y para es- 
to nosotros le ayudaremos con la gente de españoles y canoa.*), 
y indios, que fuere menester. Y habiéndolo asi hecho, har& 
lo que es obligado, y á lo que viene; y donde no, todos los 
alborotos y daños, aue sobre esto vinieren, le protestamos dé 
demandar, como á hombro causador de ellos, y para esto le 
damos todo el poder, que de su magcstad tenemí^ y en tal 
caso se requiere." 

Bien se deja entender por las protestas de este auto el 
aprieto en que & su parecer se hallaban los pocos vecinos do 
aquella corta villa, pues requerían con tal instancia & quie9 
con tanta presteza había atropellado los inconvenientes que se 
han dicho del camino por socorrerlos, andando en menos de 
pcis días mas de cien leguas. Notificáronle el auto^ y obede- 
cido, á otro día trece de Febrero le dio el regimiento todo su 
poder, para que en nombre del rey hiciese la entrada, y en 
todo lo tocante á ella le obedeciesen, asi españoles como in- 
dios, pero con orden, que si los alzados saliesen de paz, los 
recibiese con ella, y defendiese de todos malos tratamientos, que 
fia les pudiesen intentar hacer y tuviese en justicia á los es* 
pañoles que con él iban, para que no resultase algún nuevo 
inconveniente. Con estos poderes salid el capitán Juan de Agui- 
lar con los españoles que llevó, con los que en la villa le 
dieron, y con indios de ayuda para el pueblo de Chanlacao 
en cantidad de canoas por la laguna, á quien hace ribera la 
misma villa, y caminando por rios y lagunas llegaron á dar 
vista al pueblo. Estaba fundado en una isleta todo rodeado de 
ogua, muv fortificado y por esta causa peligrosa su entrada, ha- 



LIBRO aUINTO- 341 



tiendo de ser á fuerza de armas. El cacique y la demás gen- 
te se alborotaron con la vista de los españoles, pero no die- 
ron] muestras de temerlos mucho. Considerada la dificultad de 
la entrada, y el orden con aue iban, de que si se pjodian lo- 
diicir sin llegar á manejar fas armas, no se les hiciese guer- 
ra, siendo como es mas gloriosa la consecución de la paz, sin 
esponer las vidas á la incertidumbre de una batalla, y sin der- 
ramamiento de sangre de estos pobres indios, para con quien 
siempre encomendaron tanto la piedad nuestros católicos reyes^ 
se trató de atraerlos con medios pacíficos, escusando rigores, 
que una vez empezados, suele ser dificil impedir su curso. 

Pareció el medio mas á propósito, que acaso en otra en- 
trada habian cogido los españoles de Salamanca á la muger 
de aquel cacique, y teniéndola prisionera la llevaban en su 
compañía. El capitán envió & decir al cacique, que se la traia 
para entregársela, sin que se le hubiese hecho mal tratamien* 
to alfifuno, como ella diria, y que conociese por esto no ser su 
veni(& á hacerles daño alguno, como ellos se quietasen. Cer* 
tificado el cacique de la verdad de la embajada se sosegó, y 
habiendo apaciguado á los indios, vino á la presencia del ca- 
pitán Juan de Aguilar y españoles, con muestras de humildad 
y rendimiento. Fué recibido con agrado, y el capitán le dio 
algunos regalos de lo que llevaba, pero lo que mas estimó fué 
la entrega de su mu£;er, cuya &lta scntia mucho. Con el buen 
trato que el cacique y Tos indios vieron en los españoles, se ac^ 
barón de humillar, y confesando habian errado, los entraron en 
su pueblo con mucha alegría. Verificóse en la ocasión, que 
¿ la fiereza mas indómita ablandan los beneficios, y mas he- 
chos con corazón sencillo y ánimo verdadero. Reconoció a- 
quel cacique el buen pasage, que á su muger se le habia hc^ 
che, y se trocaron tanto los ánimos de aquellos indios, que la 
guerra presumida por cierta, se convirtió en paz eficacisimí^ 
que duró hasta cuando ahora en nuestros tiempos, no solo a- 
quel pueblo, pero casi todos los restantes de aquella provincia» 
apostatando miserablemente de nuestra santa fé, se huyeron ave- 
cmdáudose con los gentiles Itzaes, de que se dará razón en su 
tiempo. En aquel las muertes y llantos, que se les ocasiona- 
ran de la guerra, se convirtieron en alegrías comunes de am- 
bas partes; la de los españoles contenta por no haber ensan- 
gr^tado sus manos en los indios: y la de estos viéndose re»- 
cibidos de paz, y así lo festejaron mucho, regalando á los es- 
pañoles cuanto les fué posible, y de nuevo volvieron á pro- 
meter perpetua obediencia. Como los demás pueblos tenían 4 
la mira el suceso de este, con ñicilidad se quietaron, y aun 
del buen suceso resultó la seguridad de toda esta tierra, qn» 
prudencialmente recelaba de aquel levantamiento, y de no ver 
concluida la pacificación del territorio de YaJladolid, no hu- 
Wese algunas semillan ocultas sembradas en los. Ánimos de «ifi- 



. 34 4. H ISTORIA DE YUCATÁN. 

tos indios. Con bastantes manifestaciones de seguridad en aque- 
llos, se volvieron los españoles á la villa de Salamanca, don- 
de festejaron la nueva paz de los indios, y dieron gracias á 
Dios por ella. Habiéndola conseguido con tan buen fin, se 
volvieron el capitán Juan de Aguilar, y su gente á la provin- 
cia de Yalladolid, y dando cuenta déi al capitán Francisco de 
Montejo, quedaron todos muy gustosos. En todo aquel mes de 
Febrero, se concluyó la pacificación de todo lo oriental de es- 
ta tierra, habiendo costado cuatro meses de andar los españo- 
les con las armas en las manos de pueblo en pueblo, sujetán- 
dolos, que filé como otra nueva conquista y desde entonces sea 
Dios bendito, no ha habido necesidad de semejante trabajo, por- 
que se han intentado algimas sediciones de nue se dá razón 
en el progreso de estos escritos, se han manifestado á tiempo, 
que con castigar jurídicamente las cabezas que las movian, se 
han evitado. Solo para lo que dije poco ha do Bakhalái cu 
nuestros tiempos no ha habido castigo, porque ni tampoco ha 
liabido manos para sujetarlos: vasallos son del rey y cristianos 
bautizados, y no hay quien mire su perdición, quizá como se 
debiera. Escusas se dan con que legitiman la ocasión de omi- 
tirlo: no es de estos escritos mas obligación que referir los su- 
cesos. 

CAPITULO Y. 

El padre Fi\ Ltiis de Villalpando convierte los Í7idios del 
territorio de Campeche^ y baja á Mérida. 

Por el alzamiento de los indios hubo de ir á Mérida el 
Adelantado, y quedarse los religiosos en Campeche dando prin« 
cipio á su conquista espiritual, á que sin duda favoreció mu- 
cho el auxilio aivino, pues no fué impedimento para coger gran 
íruto en breve tiempo. Oian bien los indios la predicación 
evangélica, admitiénaola y disponiéndose para recibir el snntp 
bautismo, catequizándolos con toda solicitud y cuidado, y ha- 
biendo ya bautizado al señor de Campeche, que como se dijo, 
se llamó D. Diego Ná, y ¿ otros muchos que con su ejem- 
plo se redujeron mas brevemente de lo que se podia entender: 
teniendo aquello en tan buen estado, quiso el padre comisario 
VilUlpando salir por aquellas serranías á reducir y congregar 
las indios, que por ellas estaban desparramados en rancherías?. 
Parecióle dar antes noticia de los buenos principios y grandes 
esperanzas, que desta conversión tenían al R. P- SJ*"^^^^"^^^^^' 
ncral de Méjico, y á la real audiencia, y al V. 1 . l^r. To- 
yibio de Motolinia su comisario de Guatemala, y también co- 
mo agradecido de la buena acogida que habían hallado en el Ade- 
lanta?o, lo mucho que les habia favorecido en Campeche, y 
ofrecídose íi continuarlo en el resto de la provincia. 

^'on estas nuevas tuvieron en Méjico todos mucno gusto. 



LIBRO aÚINTO* 345. 



y dieron gracias á la Magestad Divina, que se dignaba redu- 
cir los ánimos do estos naturales al yugo de su santa ley: 
cosa que tanto se deseaba, por haber sido esta. tierra la prime- 
ra, y por la cual se descubrió la Nueva España, donctó con 
tan grandes aumentos ya estaba recibida. Hecho el. despacho, 
el padre Viüalpando dejrj á sus compañeros en Campeche, y 
lleno del espíritu de el Señor, entro por aquellas serranías á 
pié y descalzo como varón apostólico, talando los montes y re- 
corriendo todos los lugares donde habian indios congregados, 
que eran muchos, porque aunque habian pueblos como Iioy los 
hay; son naturalmente inclinados á estarse en los montes y 
en sus sementeras ó milpas. Lo primero qtíe hizo, fué redu- 
cirlos á que se bajasen á los llanos á sitios acomodados, don* 
de se luciesen poblaciones para poderlos predicar, catequizar y 
enseñar conforme á su deseo, teniéndolos mas á mano, pues 
los ministros eran tan pocos. Con esta diligencia pobló muchos 
de los lugares, que hoy permanecen en el distrito de Campe- 
che y en el camino hacia la ciudad de Mérida. Fundó iglc- 
sias y ordenó las demás cosas necesarias ú una república, paru 
lo eclesiástico y político secular de ella, á que le ayudaroa 
mucho sus compañeros. Predicábales con tanto amor, y se aco- 
modaba de tal suerte por aquellos montes, que les quitó todo 
el recelo y temor, que podian tener de vivir juntos con ICB 
españoles. No era mucho le tuviesen los indios, pues el tiem- 
po precedente, como de gueiTa habian padecido muchas inco 
modidades que de ella se originan, y no advertían que ya eu 
el de la paz seria diferente, pues porque se sujetasen á ella, 
se habia procedido algunas veces con rigor, porque se redujesen. 
Con este seguro le seguían con voluntad rendida á todo 
lo que les ordenaba, y como esperímentaban en su padre es- 
piritual y pastor, singular caridad y compasión á los enfermos 
y necesitados, le amaban mas de corazón. Si alguno enferma- 
ba, hacia que otros sanos le cargasen, y aun se dice, que ¿ 
veces él mismo le cargaba, para dar mayor ejemplo á los in- 
dios. No les era molesto de ningún modo en su comida, por- 
que se sustentaba de cualquiera cosa, que los indios le daban 
de lo que acostumbraban á comer, y lo ordinario ora solo maiz 
y las frutas, que en los mismos montes se hallaban. Entre 
otras cosas espirituales, que en algunas pláticas les habia di- 
cho, fué el amor grande, que Dios nuestro Señor tiene á los 
hombres, por lo cual su Magestad Divina se comparó á la ga- 
llina, que solicita de la protección de sus polluclos, los reci- 
be debajo de sus alas, defendiéndolos de el gavilán, que dili- 
gente procura quitárselos para presa con que sustentarse. Que 
esto pasaba espiritualmente á sus sacerdotes con los hombres, 
que les eran refugio y amparo contra sus eneaiií^os los demo- 
nios, que ppr todos caminos solicitan su muerte; y que asi los 

sacerdotes eru4 á quicu iiabiua'de {ecurii^eu sus adversidades 



34G. HISTORIA DE YUCATÁN. 

y trabajos, para hallar el verdadero descanso y alivio de que 
necesitaban. Ck)n la corta capacidad, y por entonces también 
poco conocimiento de los misterios divinos, entendieron tan & 
lo literal esto del recogerse debajo del amparo de el ministro 
en sus trabajos, que en queriendo algún principal castigar A 
algún indio, se iba donde el padre l^llalpando estaba, y reco- 
giéndose debajo de sus mangas, se estaba allí sin hablar pa- 
labra. El no entcndia el fin de aquella acción, pero dejábale, 
porque no le fuese ocasión de desconsuelo, si le apartaba, juz- 
gando, que algún motivo tenia para elia< Sucedió diversas ve- 
ces, y ya deseoso de saber, aue quena ser aquello, vino á una 
ocasión un niño, que poniéndose detras de él, se cubría con 
el hábito. Preguntóle, porque hacia aquello, y respondió el uu 
ño: Quierenme azotar, v vengóme á valer de tí, que eres pa- 
dre piadoso, que yo te lo oí decir habrá ocho dias^ Reparó 
en lo que les habia predicado, y dio gracias á la Divina Ma- 
gestad, por ver que asi recibían su doctrina, y cuan- mansos 
y domésticos estaban. Con esto de allí adelante, cuando su« 
cedia algún caso de estos, les decia quedase libre el que se 
▼enia á valer de él, pues era justo, que el padre de sü alma 
y sacerdote de Cristo fuese refugio de pecadores, y de los que 
erraban, con que se aumentaba mas el emor de los indios f 
crecia la reverencia á su padre espiritual, de suerte, que cuan- 
to les ordenaba, ejecutaban sin repugnancia alguna. 

Mientras el padre comisario se ocupaba por los montes cñ 
este apostólico ejercicio, no se descuidaban en Campeche los 
padres Fr. Melchor de Benavente y Pr. Ángel Maldonado^ ejer- 
citándose en estudiar la lengua, predicar y enseñar á los in» 
dios mediante la que ya sabían, y valiéndose de intérprete, pa- 
ra lo que por si mismos no podían declararles, aunaue median- 
te el favor divino no tardaron mucho en ser graneles lenguas. 
Fray Juan de Herrera, aunque lego, era muy hábil, sabm es- 
cribir bien, cantar canto llano y ór^no, y aprendiendo /«ípn- 
giia, se ocupaba en enseñar la doctrma ciistiana á los indios, 
y en especial á los niños. Para poder mejor íograrsu deseo 
en estos ejercicios, puso forma de escuela, donde acudían to- 
dos los muchachos, dándolos sus padres con mucho gusto y 
voluntad, aprehendían las oraciones^ y á muchos enseñó á leer, 
escribir y cantar: habilidades, que tanto mas estimaban los in- 
dios, ver medrados á sus hijos con ellas; cuanto antes las ig*- 
noraban, pues solos los de los señores sabían áe aus caracte- 
res, que servían de escritura. Bien se lució el trabajo de es- 
tos primeros predicadores evangélicos, paos mediante el favor 
divino creció tanto el ediñcio espiritual de la conversión do 
estas gentes, que en menos de ocha meses bautizaron todas las 
que tocaban á la provincia de Campeche llamadas de los na- 
turalcs los Chikin Cheles, cuyo número de adultos lué mas dfe 
veinte «úl¿ sin loa piños y »l»í^^ V^^ eran mucho «a». 



LIBRO aUEíTO. 34r. 



Pareció al padre comisario, que estándose ski proceder ade- 
lante era volver atrás, y asi determinó venir á la ciudad de 
Mérida, en cu^as comarcas era el mayor gentío, para emplear 
en él su espíritu. Antes de ejecutarlo fué á Campeche, donde 
dio á sus compañeros el orden, que habían de observar en la 
administración de los indios y lo demás, que le pareció con- 
veniente, y trayendo consigo al bendito le¿o Fr. Juan de Her* 
rera, se vino para la ciudad de Mérida. El Adelantado le re- 
cibió con mas muestras de amor, que en Campeche, veneran- 
do al santo varón muy de corazón: efecto sin duda dimanado 
de ver el santo celo de la conversión de los indios, y el cre- 
cido fruto, que en tan corto tiempo habia hecho en ellos en 
el territorio de Campeche. Por no haber donde hospedarle, qtie 
testuviese solo, como él quisiera, le llevó consigo á su casa, y 
en ella le tuvo, hasta que se determinó, donde habia de fun- 
darse el convento. Tal fué el concepto, que de este apostó- 
lico varón formó, que desde que llegó á Mérida, cuanto ha- 
bia de obrar, asi en orden á sus cosas, como del gobierno de 
la tierra lo consultaba con el padre Yillalpando, y según sa 
consejo lo ejecutaba. No se engañaba el Aaelantado, porque de^ 
mas de la mucha virtud, que en él esperimentaba, era persona 
de muchas letras, asi divinas, como humanas: tan advertido en 
las materias del estado político, ajustándole al proced^ cristia- 
no, que & todos causaba admiración. Por esto decían del, que 
8U ciencia parecia mas infusa, y dictada del Espíritu Santo, 
que adquirida con arte y trabajo humano. 

Por aprovechar el talento de la divina sabiduría, que le 
babía sido comunicado, y no estar ^ocioso mientras se disponía 
la ^enseñanza de los indios, se ocupaba en predicar^ á los es- 
pañoles. Como este no era el fin de su venida á esta tierra, 
no sosegaba su espíritu, aunque ocupado en tan santo ejerci- 
cio, y asi pidió al Adelantado, que en el asiento de la ciudad 
le señalase sitío para la fundación de el convento y tener don- 
de tratar luego dovlj^ conversión de los indios. Tuvieron por 
costumbre los desta tierra en el tiempo de su gentilidad, edi- 
ficar los templos de sus ídolos en eminencias, como se dijo en 
el libro cuarto, y parece, que como el demonio incitaba al pue- 
blo de Israel, para que idolatrasen mas en lugares eminentes, que 
en las llanada^ asi á estos indios los tenia engañados, aseme- 
jándolos en este rito y ceremonia. Como lo mas desta tierra es 
tan llano, tenia ocasión el demonio de que les costase mas tra- 
bajo el servirle, porque á fuerza de manos hacían las eminen- 
cias juntando tierra y piedra, con que formaban un cerro don- 
de fabricar el templo. Habia algunas destas en el sitio, que 
está ñindada la ciudad de Mérida, y la mejor, que domina cer- 
ca la ciudad, habia elegido el Adelantado para edificar un cas- 
tillo y casa fuerte de los dos que capituló, cuando vino á paci- 
ficar esu tierra; perg tcai^«i la divina providencia determinad»^ 

3 



34d. HISTORIA DE YUCATÁN. 

para castillo espiritual de los fíeles, donde se habia de ediñcar 
templo á la ma^tad divina, donde desde entonces se le hallan es- 
tado dando divinas alabanzas. Pidiósele el padre comisario para fun* 
dar en él el convento, y el Adelantado lo concedió sin repugnancia 
alguna: considerando su devoción, que el mas fuerte presidio 
eran las oraciones de tan apostólticos varones, como le habian 
de habitar» Por no haberse señalado otro sitio para el castillo,^ 
ni haberlos edificado, como se capituló, se perdióla merced y reii« 
ta señalada perpetua á sus sucesores. (*) 

CAPITULO VI. 

Convocánse en Mérida todos los caciques^ para que enííen' 
dan á que han venido los religiosos. 

Mientras el padre Villalpando, y sus compaiíeros se ocu« 
paban en lo que queda referido, venia el venerable padre Fr. 
liOrenzo de Bienvenida por el camiqo del golfo á salir á Bak- 
halál, atravesando por muchas tierras de infieles, que aun hoy 
están por reducir, como después se dice: por lo cual le lla- 
maron los conquistadores el explorador. Aunque de paso venia 
aficionándolos á la cristiandad, y poniendo cruces, enseñándo- 
los á adorarlas. Los trabajos que en tan dilatado y áspero ca- 
mino, sin compañía y entre infieles padecería, bien se dejan en- 
tender. Holgárame de tener relación de tan singular viage, y 
lo que en él le pasó, pues fuera bien saliera á Inz para glo- 
ria de Dios nuestro Señor, con cuya virtud principalmente se 
obran cosas tan grandes: pero no la tengo, y asi no puedo 
decir mas, de que su divma magestad le sacó de tantas pena- 
lidades y peligros con salud, y le trajo con ella á la presencia 
de su comisario, á quien dio la obediencia como á su prelado. 

El padre Lizana tratando de la llegada de este relúposoí, 
dice estas palabras: "Todavía no habia cesado la cruelda(^ que 
algunos conquistadores usaban con los indios, y según parece 
estaban ya aquí algunos de los que habiaa quedado de la pri- 
mera entrada, que el Adelantado hizo pdfS^so de Bakhalál, co- 
mo por Campim, que fué apretado demanera, que le obligó á 
retirarse y aguardar la ocasión ya dicha (que fué esta que va 
ahora diciendo) y según eso los conquistadores de antes de su 
venida mas fueron crueles que humanos, pues el santo Bien- 
venida los reprehendía y requería de parte del rey, que cesa- 
sen de sus crueldades, y todavía aprovechaba algo, y después 
de ya asentada la tierra era gran defensor de los indios. Ce- 
só la crueldad con la venida del Adelantado totalmente, por- 
que era noble y de natural muy coropasívoi y castigaba á los 
crueles, que fué freno que sigetó la fiereza de los soldados, 6lcP 
Ya he dicho en otra ocasión, que en materia de lo tocante 

( • ) Víase el apéndice ^ ^ «ste libro. 



MURO QüDíTO. 34«. 



al estado secular no debió de tener los escritos necesarios pa- 
ra certificar la verdad de los sucesos, y me persuado, que ha« 
bió se^n las relaciones, que diversos afectos hacen variar en 
estos tiempos, y que yo he oído, que no concuerdan con lo 
que consta por instrumentos auténticos. Por los que he refe- 
rido de la fundación de la ciudad de Méridaí se vé, que ni 
un palmo de tierra se daba á español menos que con protes- 
ta, que habia de ser sin perjuicio de los indios. Ya había 
mucno; que no se permitia vender esclavos, observando las nue- 
vas leyes, que so habian publicado. No habia ya guerra, por- 
que los indios estaban siijetos, y las poblaciones de los espa« 
ñoles fundadas; y asi confieso, que no puedo alcanzar, que fie« 
reza de soldados cesase con la venida del Adelantado. Si algo 
pudo haber en este tiempo, fué durante el rebelión de los m- 
dios, en que se procedió como se dijo. En Bakhalál, por don- 
de pasó el padre Bienvenida, sucedió lo que queda visto, con 
que se apaciguó del todo sin guerra. Concuerde Cf9to el dis« 
curso, que el corto mió halla contradicion entre lo uno y lo otro. 
Habiendo estado el pndre Bienvenida algunos dias en Méridaí 
le mandó el padre comisario fuese á la villa de Campeche ¿ 
cuidar de la administración, y doctrina de aquellos naturales, 

!r que el padre Benavente viniese & Mérida, para ayudarle & 
a que deseaba ejercitar con los de ella, y sus comarcas porque 
8U espíritu no halló quietud al deseo, hasta que lo puso por 
obra. Venido ya el padre Benavente, y tratado con el Adelan« 
tado, era tiempo de dar principio á la conversión de los indios; 
pareció conveniente llamar á todos los cacioues y señores prin* 
cipales, pues la tierra estaba ya pacífica, donae en común se les 
tratase de su reducción á la fé católica, y- para que conociesen 
á los maestros y padres espirituales, que habian de predicarla 
y enseñársela. É^iecutólo el Adelantado despachando sus man- 
damientos por toda la tierra, para que viniesen &su presencia 
todos los caciques y principales, porque asi convenia. Recibi- 
dos los mandamientos, todos obedecieron, viniendo á la ciudad, 
y como iban llegatído los remitia & los religiosos, para que los 
viesen y hablasen. Los que hasta entonces no los habian vis- 
to, quedaron admirados considerando el trage, y vestuario tan di- 
ferente del de los otros españoles, la corona, y falta de barba. 
Como comunicando al paare comisario, espenmentaba aquel a* 
mor y ferviente caridad, que con ellos tenia: recorriendo la me- 
moria de sus profesías antiguas, coligieron, que aquellos eran 
los que les habían profetizado sus sacerdotes, que habian de ve- 
nir á enseñaries la credencia del Dios verdadero y su fé, des- 
engañándolos de la que tenian, en los que venerabcji por Dioses. 
Asignóles estando ya juntos todos un dia en que les pre- 
dicó, dándoles á entender, como la intención del papa, y del 
emperador nuestro rey, que los enviaba, para que los hiciesen 
cristianos; y les epsefiasen la f@ católica, sin la cual ninguno 



350. HISTORIA DE YUCATÁN. 

puede salvarse, como ni sin observancia de ley Divina, que ea^ 
seña haber un solo Dios verdadero, criador de todas las cosas, 
premiador con vida eterna en la gloria de las virtudes, castigador, 
con eternos tormentos de los idólatras, que adoran falsos Dioses, 
y fingidos, como también de los pecadores obstinados, que sin 
hacer penitencia pasan de esta vida: con lo demás, que por prin- 
cipio le pareció conveniente para atraer los ánimos de estos na- 
turales. Como el padre Yillalpando les habló en su idioma na* 
tivo con tanta propiedad de palabras, fué mayor el afecto que 
le cobraron, á que se juntó encargarles el Adelatitado, como lo 
habia hecho en Campeche, el respeto, y la veneración, que le 
debian tener, y el crédito necesario á lo que les predicase y en- 
señase nara remedio de sus almas, que era el nn principal de 
su venida, como él mismo les habia dicho en su plática. Los mas 
de los indios quedaron aficionados á los religiosos, y á lo que 
se les habia propuesto; pero habia entre ellos algunos sacerdo- 
tes gentiles, que llevaron mal haber de mudar religión, aunque 
mas lo debián de hacer los desventurados por la pérdida de sus 
comodidades, que por celo de ella, ni razón contraria, que tu- 
viesen para la permanencia en la que profesaban. 

Pidió después el bendito padre comisario á todos los caci- 
ques y principales, que le enviasen sus hijos á la ciudad (pues 
no podia asistir en todos los pueblos) para enseñarles la doctri- 
na cristiuia, á leer y escribir, como usaban los españoles, que ya 
tendrían noticia lo habian hecho asi los de Campeche, y el prove- 
dio que de ello se les seguia. Respondieron, que lo harían asi, 
con que los despidió el Adelantado, y se fueron á sus pueblos. 
Aunque dieron esta palabra, muchos no la cumplieron, porque 
el demonio incitó á los sacerdotes gentiles persuadiesen & los pa- 
dres de los muchachos, que no era para enseñarlos, como de- 
cian los religiosos, sino para sacrificarlos y comérselos, ó ha- 
cerlos esclavos. Como sabian ya que los religiosos euterraban 
6 los que morian en la iglesia de el convento, ^)ersuadieron á 
muchos que eran brujos, que de dia parecían en la forma que 
los habian visto, y de noche se convertláh en zorras, buhos 
y otros animales, que desenterraban los huesos de los difuntos. 
Siendo tanto el crédito que los indios daban á sus sacerdotes,. 
6e entristecieron con estas falsas relaciones, y perdieron algún 
crédito los religiosos. Muchos de los caciques enviaron sushi* 
jos, sin esperanza de verlos mas, y otros escondiéndolos, envía* 
ron á los de sus esclavos. Después les pesó, porque habien- 
do salido buenos escribanos, lectores y cantores los que vinie- 
ron: siendo personas de mas razón, que los que quedaron, fue- 
ron ocupados en los gobiernos de sus pueblos, y los ocultados 
lo perdieron, permitiéndolo la magestad divina en retribución de 
la malicia de sus padres. No se le ocultó al santo padre Vi* 

Ualpando este error, que los sacerdotes gentiles sembraron m 



LIBRO QUINTO. 351. 



loar ánimos de los indios, y con santas y continuadas plática» 

3U0 les hacia, solicitaba remedio á tan grave daño, procuran- 
o disuadirlos de estas mentiras que tenian creidas. Con tan 
amorosas y eficaces palabras les hablaba, que al fin juntó en 
la ciudad mas de mil muchachos, mucho^ de los cuales ayu- 
daron después á los religiosos en la enseñanza de sus conna- 
turales, siendo sus predicadores y maestros. lia de estos niños 
corrió por cuenta del bendito lego Fr. Juan de Herrera, tenién* 
dolos con comodidad, y acariciándolos para que tuviesen amor 
á los religiosos, sintiesen menos verse entre gente estraña de 
su natura], y ausentes de sus padres. 

En el mterin trabajaban con gran espíritu los padres Vi- 
Ilalpando y Benavente en catequizar no solamente á los indios, 
que estaban en el sitio de la ciudad, sino también á los pue- 
blo distantes hasta siete lefias, no atreviéndose á alejar mas 
por ser los dos solos. Salían á los lugares circunvecinos, pre- 
dicaban y exhortaban á los indios recibiesen el santo bautismo, 
y volvían á la ciudad á confirmar de nuevo en su buen pro- 
posito á los que en ella enseñaban. lias primicias de este tra- 
bajo se lograron en dos señores caciques, uno de el pueblo do 
Zicilpach y otro del de Caucel, ambos distantes á dos leguas 
de la ciudad. Este último junto con haber sido señor en lo 
temporal, era sacerdote de Ídolos, y gran maestro de la idola- 
tria. Celebróse el bautismo con gran solemnidad, y fué su pa* 
drino el Adelantado, que por llamarse Francisco, se les dio es- 
te nombre en él á los nuevos cristianos. El cacique de Cau- 
cel ya llamado D. Francisco Euan, era de mas de cincuenta 
años de edad, de muy buen entendimiento y capacidad, con que 
aprendió á leer y escribir. De tal suerte obró en él la gracia 
del santo bautismo, que habiendo hasta entonces sido maestro 
de la idolatria, desde que le recibió fué fidelísimo coadjutor de 
los religiosos en la conversión de los restantes. Fué de gran- 
de ejemplo la de este indio, para que los demás se dispusiesen 
á recibir el santo bautismo, porque demás de tener buena per- 
suasiva, ayudaba niucho la opinión grande, que entre ellos te*^ 
nia de sabio, y ver que habiendo sido sacerdote de sus Ído- 
los, ya los detestaba con tanta eficacia, y les decia no ser Dio- 
ses los ^ue adoraban por tales, con que creian mas bien lo que de 
la fé cristiana se les predicaba, y por este medio con buena vo- 
luntad se convertían y acudían á la doctrina aun sin ser llama- 
dos. Vivió este buen indio hasta el año de mil y quinientos y 
sesenta, que le sacó Dios de esta vida mortal para le eterna, 
donde tendrá el premio de su buen celo y trabajo, con que ayu- 
dó á los religiosos. Está enterrado en lo que faé la iglesia an- 
ti^a del convento de Mérida, que cae debajo del principal dor- 
mitorio que hoy tiene; y aunque los religiosos sintieron su muer- 
te, se consolaron viendo mona tan buen cristiano, el que había 
«ido tan gran idólatra. 



352! HISTORIA DE YUCATÁN. 



CAPITULO VIL 

Van los religiosos á los pueblos de la Sierra^ donde san bien 
recibidos^ y después quieren quemarlos. 

Como el Adelantado espcrimentaba el gran fruto, que la 
predicación de los benditos padres Villalpando y» Benavente co- 
gía, deseoso, que los indios de su encomienda gozasen de tan- 
to bien, y pareciendo que era el mas cierto medio, para que 
del todo se sosegasen, trató con ellos el gusto que tendria de 
que fuesen á ella. Díjoles, que juzgaba seria de mucha im- 
portancia, porque la gente del pueblo de Maní, y los comar- 
canos de toda aquella tierra (que comunmente se llq^ma la Sier- 
ra) era mas lucida y poderosa de estas provincias, sujeta á 
Tutul Xiu, el que dio la obediencia sin guerra á los españo- 
les, recien llegados al sitio de Mérida, cuando la funcfaron. 
Pareció bien á los religiosos hacer esta entrada, presumiendo 
aquella gente mas dispuesta, pues sin la pertinacia que los de- 
más habian dádose de paz á los españoles, y que asi obraria mas 
presto en ellos la divina palabra. Ejecutaron sin dilación el in- 
tento, y asi salieron de la ciudad por ñn del año de 547 á pió 
y descalzos con sus báculos en las manos. No estaban por a- 
quel tiempo abiertos caminos como ahora, porque los indios so- 
lamente usaban unas veredas muy angostas, por donde camina- 
ban: los montes eran muy cerrados, y en muchas partes espino- 
sos, con que ya era necesario cortar ramas, ya pasar inclinados 
A la tierra por no lastimarse con las espinas, y á no haberlos 
prevenido que llevasen unos como capotes de pieles sobre los 
}iábitos, llegaran sin ellos al fin de su viaje. El camino 
inuy pedregoso, los calores mas crecidos por no bañarlos los 
vientos con la espesura de la arboleda, puede dar á enten- 
der el trabajo con que le pasarían estos : religiosos. El ce- 
lo santo de la conversión de las almas, y el fervor de cari- 
dad con que á ella se ofrecian, era el alivio de su cansancio, 
alegria espiritual de su trabajo, y escudo ñrme contra el temor 
de ir solos entre tanto número de infieles, espuestos á todo 
trance por amor de Jesucristo redentor nuestro. 

Llegados al pueblo de Maní (cabecera de todos los de la 
Sierra) fueron bien recibidos de los indios, y requiriendo el ter- 
ritorio, dice el padre Lizana, que dieron orden se juntasen los 
caciques y principales de toda la Sierra en el pueblo de Ox- 
cutzcab, dos leguas distante de IVIaní, por ser sitio mas en me- 
dio de toda la comarca, para comunicarles allí el fin de su 
venida. Por las probanzas de Hernando Muñoz Zapata parece 
haberse fundado el pueblo en el asiento de Oxcutzcab, después 
de esto, visitando esta tierra el oidor Tomas López, con cuya 



aUBRO UINTO. fió?. 

licencia los indios, que estaban en el sitio llamado Tixúl (que 
cae detras de la Sierra) poblaron el de Oxcutzcab, para que 
con la cercania los administrasen del convento de Maní. Por 
esto juzgo, que la junta fué en el de Maní, y por residir alli 
, Tutul Xiu, y también por la ocasión del titular de aquella 
iglesia. Lo cierto es que los indios se juntaron, y les hizo 
una plática el padre Yillalpando, diciéndoles, que bien se acor- 
darían, que cuando el Adelantado los llamó á la ciudad de 
Mérida , habia sido para que los conociesen , y supiesen 
como eran los padres de sus almas, que les habian de enseñar 
la credencia de un Dios verdadero, y sus divinos misterios, 
due con el deseo que tenían de enseñárselos, habian venido fi 
visitarlos, y que habiendo de asistir á ello, era necesario les 
hiciesen morada donde vivir, y casa donde se recogiesen á oír 
la palabra de Dios, lugar á que los cristianos llamaban iglesia. 
Quedaron los indios al parecer muy contentos con la venida 
de los religiosos, y plática del padre Villalpando, y dijeron que 
luego les harian casa y iglesia, del modo que gustasen, con 
que se despidieron. 

A otro dia sin mas dilación se juntaron mas. de dos mil 
indios, repartieron entre si cortar y traer las maderas, otros los 
guanos, que es como hoja .de palma, con que se cubren las 
casas por tejado, otros lo que sirve de sogas, con que se atan 
las maderas, y en aauel mismo dia quedó acabada una iglesia 
muy capaz, y casa aonde viviesen los religiosos: no admirán- 
dolos poco ver la facilidad y presteza con aue se habia hecho 
sin gastar un clavo en ella, ni haber costaao á particular cosa 
alguna, porque todos los materiales se hallaron muy cercanosi 
y sin singular dueño de ellos. Viéndose con iglesia y casa 
aonde vivir, pidieron á los indios les enviasen sus hijos para 
doctrinarlos, á quienes con la sencillez de la infancia seria mas 
fácil enseñar los misterios de la fé y ley divina, con menos 
peligro de que bautizados idolatrasen 6 ejercitasen los hechizos, 
que los adultos acostumbraban. Enviabánselos al parecer con 
voluntad y gusto, con que dieron ^principio á la enseñanza de 
la doctrina cristiana, catequizando asi á los adultos como álos 
niños. De estos bautizó alguno especialmente de los que tenia 
en m compañía, los cuales cobraron tanto amor á sus padres 
espirituales, que no se querian apartar de ellos, olvidando á los 
que les dieron el ser natural. 

Entrado el año «guíente, aunque continuamente catequi- 
zaban y enseñaban á los adultos, para recibir el santo bautis- 
mo; á muchos no so les concedía, porque tenían indios por es- 
clavos, que los vendían cuando les daba gusto, y se servían 
de ellos como de gcntQ no libre. Informado el padre Villalpan»- 
do del modo con que habian venido á la esclavitud aquellas 
pobres; teníala por injusta, y sentía que ilícitamente se servían 
*j ellos los dueños, y asi á ostos decia, que bxista que los pti- 



áSi mSTORU DE YUCATÁN. 



siesea en libertad, no estaban dispuestos para recibir la grada 
del santo bautismo. Con deseo de quitar este inconveniente 
les predicaba muchas veces, dicié.ndoles que según derecho ña* 
tural y divino, tenian obligación de dar libertad á sus escla» 
vos, pues lo eran injusta y tiránicamente, y que si como da- 
ban á entender, deseaban tanto recibir' el santo bautismo, les 
diesen libertad, que asi lo hablan hecho los señores de Cam-> 
peche y Mérida, que habian sido bautizados, que por solo esta 
causa no se les concedía. Propúsoles, como por no ser cristia* 
nos, eran esclavos del demonio, y que para conseguir la liber- 
tad de hijos de Dios, que en el santo bautismo se comunicaí 
era necesario librasen á los suyos de la esclavitud en que los 
tenian. 

Sentían los dueños haber de libertarlos con grave extremo» 

erque los apreciaban por su principal hacienda y riqueza, y 
I parecía que los religiosos los desposeían de lo que mas es- 
timaban, y cuanto mayores señores, crecía en ellos mas el sen- 
timiento, cuanto era mas crecido el numero de esclavos, de 
quien se servían. Halló con esto el demonio entrada en sus 
¿nimos para conjurarse contra los religiosos, y habiendo confe- 
rido que harían, determinaron de quitarles las vidas con muer- 
te inhumana. Persuadidos, que á título de cristiandad los en- 
ganaban los religiosos, resolvieron quemarlos vivos con la casa 
y iglesia, que antes con tanto gusto les habiaü hecho*^ Esta 
resolución, dice el padre Lizana, que fué á veinte y siete de 
Setiembre del año de mil y quinientos y cuarenta y ocho, ha- 
biéndola de ejecutar la noche siguiente víspera de el glorioso 
Arcángel San Miguel. La divina providencia, que guia las co- 
sas por los medios mas convenientes, previno el renadío contra 
esta maldad, con un caso que parece milagroso. 

Rstaban los benditos religiosos ignorantes de la crueldad 
con que los indios querían matarlos, y el día en cujra noche 
había de suceder, uno de los niños ya bautizados de los que 
asistían en su compañía, llegándose al padfp VilialíMuido, ledi- 
jo estas razones, que parecen mas que de muchacho. Sacerdo- 
te dime, y responde á lo que te quiero prejfuutar. Díjole, di 
Jiiño, que yo te responderé, y el niñcr le dijo: ¿Cuál es mejor, 
vivir ó morir? Admiró esta pregunta al padre Villalpando, por 
ser de una criatura que apenas tenia cinco años, y recien bau- 
tizado, y parecíéndole que aquel niño qp hablaba por si, sino 
que el Espíritu Santo le había comunicado su sabiduría en el 
santo bautismo, aunque le pudo responder, conforme á lo es- 
piritual: que mejor era morir por Cristo redentor nuestro, según 
la doctrina de san Pablo: viendo que era niño, y por saber su 
intento, le respondió á lo humano diciendo: Mejor es vivir 
que morir, porque el vivir es cosa natural, y el morir lo od- 
quirirnos por herencia causada del pecado. A esto dijo aquel 
angelito: pues padre, si quieres vivir liüyete, poryío lo» pringa; 



LIBRO ClUINTO. '¿5b. 



pales nuestros os quieren matar, y esta noche os quemarán 
con vuestra casa y iglesia, si os estáis aqui. Oido por el pa- 
dre Villalpando tal razonamiento, le dijo al niño, que le agra- 
decía el aviso: pero que aunque era tan criatura, conocerla 
como la potencia del Dios que les predicaba, era sobre la ma< 
licia y fuerza de los hombres en el suceso que vena. Clue 
se fuese con sus padres aquella noche, y volviese á verle por 
la; mañana. Replicóle el niño, y si os matan y queman, cómo 
os lie de ver? Allá verás á la mañana, si vivimos ó morimo9| 
y si no vienes á vernos y te vas al monte, quizás te enga- 
fiarán. Respondióles el muchacho, mucho os quiero, yo vea* 
dré, aunque deje á mis padres en el monte, donde me llevan 
A esconder por lo que quieren hacer. Dio su bendición el ben- 
dito padre al niño, y acaricióle en sus brazos, con que le des- 
pidió, y se fué á la casa de sus padres. 

Aunque con esta nueva quedó el ánimo del padre comi- 
sario muy sosegado, conformándose con la voluntad de Dios en 
lo que fuese servido les sucediese; causó turbación al padre 
Benavente la terrible muerte de fuego, que les amenazaba. 
Confortóle el padre Villalpando, y principalmente el divino auxi- 
lio, que ya le era consuelo con la esperanza de la corona de 
el martirio, y deseaba llegase la hora en que la habia de to- 
lerar por Cristo vida nuestra. Fuéronse á la iglesia, y arro- 
dillados delante de una imagen que tenian, exclamaron ante 
una cruz, diciéndole lo que San Andrés, cuando vio en la 
que habia de ser cnicificado. Ofreciéronse con corazones hu- 
mildes á la Magestad Divina, para que según su santa volim- 
tad dbpusiese de ellos. Hicieron oración por aquellas almas 
engañadas del demonio, pidiendo ^ Dios les diese luz, para que 
le conociesen y que dispusiese lo que mas fuese de su santo 
servicio, y bien espiritual de aquellos inñeles, que con su pre- 
ciosa sangre y muerte de cruz habia solicitado. Acabada la 
oración, se confesaron generalmente los dos, y cumplida la pe- 
nitencia, pasaron lo restante de aquel dia en continua oración 
ton lágrimas, que presentaban ante la divina clemencia. Yien* 
do que ya venia la noche, se levantaron y entraron en su po- 
bre casa, aguardando lo que el Señor ordenase, conformándose 
con su santa voluntad. Por bien cierta tendrían la muerte, pues 
demás de lo que aquella criatura les habia dicho, no parecieron 
aquel dia los indios como solian, ni hablan usado de aquellas corte- 
sías, que acostumbraban. Todo les ocasionaba tñsteza en lo corpo- 
ral, sin ver estos mártires de deseo, señal que pudiese asegurarles la 
vida, que con tantos afectos tenian ofrecida á la Magestad Divina. 

CAPITULO vm. 

Libra Dios ú las religiosos: son presos hs agresores^ y conñ 

siguen que no mueran por el delito. 

Oscureció la noche; y perseverando los leligiosos en eaco- 

4 



350. HISTORIA DE YUCATÁN. 



mendarse á Dios como quien esperaba la muerte, á su parecer 
cercana; no oyendo rumor alguno, ni sintiendo pareciesen loá 
indios, de cuyas manos la esperaban; dijo el paare Benavente 
A su comisario y prelado. Temo no sea ilusión del demonio, 
lo que se nos ha dicho para inquietamos. Como siendo ya de 
noche, no vienen estos indios á matamos, (jue ya lo deseo, pues 
san Pablo apetecia tal ventura, cuando dijo que deseaba morir 
para estar con Cristo. Respondióle el padre Yillalpando,' pres- 
to se verá lo que es: mas nosotros acordémonos de lo que el 
redentor dijo á sus discípulos, que dormían cuando él oraba 
cercano á la muerte. Velad y orad, para que no caigáis en la 
tentación. Esto pues^ hermano y compañero, debemos hacer sin 
intermisión, pues el mismo Señor de la vida oraba en el Huerto, 
cuando se le acercaba la hora del morir, y sí bien sabia la 
muerte que habia de padecer, y la porción superior estaba coxv- 
forme con la voluntad de su Etemo padre; la inferior le hacia 
orar, diciendo que si era posible escusase su muerte, que el 
cspiritu pronto estaba á moriq mas la carne era enferma, y 
temia; pero por último dijo, hágase tu voluntad. Pues nos ve- 
mos como en huerto ya cercanos á la muerte, como nos dijo 
el Señor por boca de un niño; dispongámonos á morir, y sí 
la carne mnestra flaqueza,^ el espíritu muestre osadía. Quisie- 
ra el enemigo liallamos descuidados, y hacernos caer en ten- 
tación: velando y orando venceremos sus asechanzas, que es 
la medicina, que el redentor dio á sus discí}>ulos, y la orar 
cion es antidoto contra toda aflicción y trabajo. 

Ocupados con estas santas pláticas, disciplinas y oración, 
se llegó como las once de la noche, y entonces oj^ron gran- 
dísima gritería y ruido, que vcttía acercándose á donde esta- 
ban. Descubrieron por una ventana de la pobre casa gran muU 
titud de indios armados con tizones en las manos, íicchas, ar- 
cos y dardos, que la iban cercando. Viendo esto se pusieron 
de rodillas cada uno con una cruz en las manos» ofreciéndose 
de nuevo á la disposición divina, pidiendo y aguardando por 
instantes la rigurosa muerte que venían á darles, pues los ti- 
zones lo declaraban, y las armas qvte, los mdios traían lo de- 
cían. Habiendo cercado la casa, estuvieron mas de una hora 
amenazando á llegar, para ponerle fuego, y abrasar con ella ú 
los religposos, ó si salina fuera matarlos. Guardábalos la divi- 
na providencia para la conversión de aquellas almas, aunquo 
en aquel punto tan obstinadas, y asi no dio lugar á que al* 
guno de ellos diese paso adelante, ni arrojase tizón do la ma* 
no, con que se prenoiese fuego. Continuaban los indios las vo- 
ces y grita, diciendo á los religiosos mil oprobios, y que eran 
unos embusteros: pero ellos se estaban quedos en su casita, sin 
0alir de ella, ni hablar palabra 6 los indios. Como ya habia 
pasado buen espacio de tiempo, y vieron, que los indios no 

ejocutuban su iatQAto; sieada y^ u^^ ^^ media aocbe. se ¡j^x- 



LIBRO aUlNTO^ SSr. 



cíeron á rezar maitines del glorioso San Miguel, encomendán- 
dose en su patrocinio. Acabáronlos, y no oian rumor algimo. 
Miraron por los resquicios de la casa, y no descubrian indios, 
ni señal de lo que habia precedido, de que estaban admirados, 
fiin saber la causa. Presto los sacó Dios nuestro señor de esta 
duda, quitándoles juntamente la congoja con. que estaban, que 
parece un caso milagroso. 

Ilabian dado nueva al Adelantado en Mérida de que los iU'-- 
dios de Petu, {Peto) catorce leguas mas adelante al oriente de don* 
de esto sucedia, se habian revelado, y negaban la obediencia. 
Para certiñcorse de la verdad, y poner el remedio conveniente 
despachó algunos soldados con un cabo, que entonces le lla- 
maban caumllo, y para haber de pasar á Petu, aunque pudie- 
ron ir por otra parte, los guió Dios sin duda, para donde es- 
taban los religiosos, Ufando cuando rezaban los maitines cer- 
cados de los indios, los cuales como oyeron ruido de caballos 
y voces de españoles, desampararon el cerco, y se huyeron to- 
dos, dejando solos á los religiosos. Los españoles vinieron lue- 
go en busca de ellos, que como oyeron pisadas de caballos y 
voces castellanas, que los llamaban por sus nombres, salieron 
gozosos á darles el parabién de su venida. Preguntáronles que 
á donde iban, y respondieron que á Petu, al remedio del al- 
zamiento dicho. Dijéronles los religiosos, que sosegasen y des- 
cansasen sin pasar de allí, y aunque no les manifestaron en- 
tonces lo que les habia pasado con los indios, les advirtieron^ 
que tuviesen centinela y guarda hasta que ' amaneciese, y que 
después se tornarian & ver, porque importaba. Despidiéronse 
los españoles, y los dos benditos padres se ñieron á la iglesia, 
donde cantaron el Te Deum laudatmis con mucha devoción, 
dando gracias á nuestro Señor, por haberlos librado de un pe- 
ligro tan próximo á la muerte, con un medio que solo su di- 
vina Magestad parecía haberle dispuesto, y de alli se fueron & 
descansar hasta la mañana. 

Amaneció, y en saliendo el sol, hicieron seiíal con la cam- 
pana á misa, como acostumbraban, y para que se juntasen á 
la doctrina los indios. Vinieron los españoles para oir misa y 
saber lo que les habian insinuado los religiosos: pero indios rii 
muchachos no parecieron, porque con el temor se habian htii* 
do detrás de la sierra, llevando consigo sus hijuelos: solo vie- 
ron un niño que estaba como acechando. Reconoció el padre 
Villalpando, que era el que le habia dado la tarde antes no* 
ticia de la determinación, con que los indios estaban, y llamán- 
dole vino muy contento, y le dijo: '*padre qué vivo estás? 
Ahora dig;o. que tu Dios es muy grande y poderoso. Mis pa- 
dres son ioos al monte por guardarse de estos españoles, y por 
venirte á ver me huí, para cumplir mi palabra, que me ale- 

g'o mucho de hallarte vivo: aqui me quiero quedar contigo.** 
nternecióse el padre Villalpando oyendo tales razones de ua 



358. HISTORIA DE Yl'GATAN'. 

niño tan pequeño, y le recogió cu sus brazos, dándole s\ibcn- 
dicion, y de verdoa, que en tan corta edad, con la poca ca- 
pacidad que en ellos esperimentamos, que causa admiración las 
pláticas y razones, que con los relig^iosos tuvo, si ya no es que 
digamos que obraba la gracia de el Espíritu Santo recibida en 
el bautismo, lo que parece que la naturaleza aun no podía, ó 
para consuelo de estos religiosos, ó para confusión de los adul- 
tos, 6 para manifestación de su potencia. Reñríó entonces e} pa- 
dre Villalpando á los españoles todo el suceso, y como aquel 
niño les habia dado noticia del, de que dieron muchas gracias 
ft Dios, asi por la ñdelidad de aquella criatura, como porque 
los hubiese traido, para remedio de tan grave daño, sin tener 
noticia de él. 

Certificado el caudillo del caso, di6 luego aviso al Ade- 
lantado de lo que pasaba, y quedóse con los religiosos mien- 
tras le venia orden de lo que debia hacer, porque los indios 
no tuviesen algún descomedimiento. Sabido en la ciudad, que 
los indios de Pctu no habian tenido alteración alguna, que es- 
taban quietos y pacíficos, y el peligro grande en que los re- 
ligiosos habian estado á la hora, que allí llegaron los soldados 
despachados para Petu, causó al Adelantado, y á todos nota- 
ble admiración por no haberse podido averiguar, quien habia 
sembrado en Mérida el rumor de el alzamiento de Petu: con 
que todos entendieron haber sido disposición divina, para librar 
de aouel peligro á los religiosos, que no sq entendía necesita- 
ban ae algún favor humano. 

Dio mucho cuidado al Adelantado, y á todos el caso, por- 

2ue no fuese ocasión este ejemplar de tumultuar los demás in- 
ios, á cuya noticia llegase, y asi envió orden, para que se 
supiese quienes habian sido los principales agresores, y motiva- 
do tan inicua resolución, para que procurando cogerlos el cau- 
dillo, se los enviase presos á Mérida con colleras y guardas 
para castig;ar su sacrilego delito. No se habia hallado presente, 
ni consentido á él el señor de Maní (que dice el mdro Lízana 
se llamaba Ah Kukum Xiu, por donde parece había ya muer- 
to Tutul Xiu el que hizo paces con los españoles) y en sa- 
biendo lo que pasó, vino á ver á i<w padres. Manifestó bien 
su buena intención, y el pesar que del suceso tenia, pues cuan- 
do le dijo el caudillo la orden que habia dado el Adelantado, 
y que asi le buscase los delincuentes, porque de no hacerlo 
le habia de llevar á él preso, ya el buen cacique tenia cogi- 
dos veinte y siete indios los mas culpados, y so los entregó 
todos. El caudillo no fió de otra persona, que la suya el lle- 
varlos á la presencia del Adelantado, y por temor de que lle- 
vando aquellos principales presos no hubiese nueva alteración; 
nombró otro caudillo, que quedando allí con los mas soldados, 
cuidase de ello, y él con alganas partió con los presos para 
la ciudad de Mérida. 






Viendo el santo padre Villalpando, que aquellos miserables 
indios iban, donde por su delito recibirían el castigo mereci- 
do: como los amaba en Cristo, deseoso de el bien suyo, de- 
terminó ir en su complana, por si con su presencia podia mi- 
tigar el rigor de la justicia. Quedándose el padre Benavcnte 
fué con ellos á la ciudad de Mérida, donde luego que llega- 
ron, fueron puestos en la cárcel pública, y el Adelantado se hol- 
gó mucho viendo al bendito padre. Procedióse con via jurídi- 
ca contra los indios, que convencidos y confesando su delito, 
fueron sentenciados á quemar. Sentialo su padre espiritual en- 
trañablemente, y con fervorosa caridad le ocurrió otro medio 
mas suave, y á su parecer eficaz, para provocar á enmienda á 
los indios, y asegurar ló futuro. Trató con el Adelantado, que 
para conseguirlo, fuesen los reos puestos en el último terror á 
vista de el suplicio tan horrible; y que cuando ya entendiesen 
se queria ejecutar el castigo en ellos, á vista suya le pediría 
les perdonase, y que retardase concederlo, porque pareciese lo 
hacia obligado de sus ruegos, y que después diese el perdoDi 
con que entendia se grangearia mas, que con castigarlos. El 
Adelantado, que do su natural no era cruel, y tenia gran ve- 
neración al padre Villalpando, asintió á su consejo y dispuso . 
se ejecutase como lo ordenaba. 

Llegado el tiempo en que se habia de hacer el castigo, so 
hizo un gran fuego, y trajeron á los indios á la presencia de 
el Adelantado que alli asistia. Juntóse gran concurso de in- 
dios, para ver la ejecución de castigo tan poco esperimentado 
entre ellos, y mandó el Adelantado, que echasen vivos en el 
fuego á los delincuentes, pues ellos habian querido quemar vi- 
vos & ios religiosos. El venerable padre Villalpando se arrodi- 
lló entonces cklante del Adelantado, haciendo muchas súplicas 
por ellos. Mostraba el Adelantado enojo de que le estorbase el 
castigo, y con mayores instancias pedia les concediese la vida, 
alegando por ellos que estaban arrepentidos, y enmendarían lo 
pasado. Perseveró en esta piadpsa acción, hasta que el Ade- 
lantado se dio por obligado de ella, y mandó que cesase aquel 
castigo, pero que atados como estaban se los entregasen, para 

Sae hiciese con eiios según su voluntad. Dio muchas gracias' 
Adelantado por elr favor que le hacia á él en condescender 
á sus ruegos, j^á los delincuentes en perdonarlos. Recibiólos 
por suyos, y desatándolos los llevó consiga al convento, donde 
en lugar de algún grave castigo que esperaban, puestos en 
mano de aquel mismo á quien habian querido dar tan atroz 
muerte (ignorando á lo que se estiende la caridad cristiana) 
hallaron en su padre espiritual, caricias y regalo. 




360. HISTORIA DE YUCATÁN. 



CAPITULO IX. 

Tienen mas religiosos de Méjico y España, y celébrase el 
primero capítulo custodial de esta provincia. 

Grande efecto resultó del caritativo amor con que el pa- 
dre Villalpando us6 con -sus hijos, qne iba regenerando en el 
señor, porque volviendo á Maní con ellos, áúbon mucho cré- 
dito á lo que les decia. Salid luego de la ciudad de Mérida 
para los pueblos de la Sierra, pareciéndole, que el tiempo que 
en llegar tardaba, podía ser ocasión de que se entibiasen los 
indios en el nuevo espiritu de cristianos, que habían comen- 
zado á concebir. Como ya sabían todos lo que habia sucedi- 
do, cuando llegaron á Maní fueron recibidos con gandes ale- 
grías y regocijos, porque no esperaban ver mas alguno de ellos, 
considerando la gravedad de su delito. Publicaban los delin- 
cuentes, como el padre Villalpando en vez de pedir contra e- 
llos justicia, los habia librado de el castigo, impetrándoles coa 
misericordia las vidas. Como era tan poco usado aquel modo 
de retribución en su infidelidad, que el agraviado la pidiese 
para el delincuente; causó suma admiración en los indios, re- 
solviendo, que no era posible, no fuese bueno, quien tal ha- 
cia, ni dejase de quererlos muy mucho. Con esto formaron 
gran concepto de el venerable padre, dando crédito *6. lo que 
les decia. Tuviéronle singular respeto y obediencia en lo que 
les mandaba, que sin réplica, ni dilación alguna era luego e- 
jecutado. En cualquiera desconsuelo que se veian, recurrían á 
$1, como á remedio de sus males, y compiadoslsimas entrañas 
los recibia y consolaba. Tanto puede la virtud aun á vista 
de ánimos gentiles. 

Domesticados con la fuerza dulce de la caridad los ánimos 
de los indios, y persuadidos á que debían los que tenían es- 
clavos, darles libertad, lo iban ^ secutando, con 9"^? Y^^^ Pa- 
dre Villalpando hallaba mas disposición, ^^ ^°J-'f % santo 
Kn,itíc«,^ %,«^ ^o,^;« ^^o^oKor, í./,n vcrdadcro afecto. En po- 



blación del Adelantado, y toda aquella comarca estaba muy so- 
sesada acudiendo cofl gusto á la enseñanza de la doctrina cris- 
tiana. A esta sazón dice el padre Lizana, que pareció al Sr. 
de Maní D. Francisco Xiu, que el asiento de Maní era mas 
á proposito para fundar el convento, por ser mas en medio 
de la comarca y habier mas piedra, y materiales para el edi- 
ficio, que en el de Oxcutzcab; v que asi seria bien se pasasen 
los religiosos allá, como se hizo. Ya he dicho lo que siento 
en orden á esto. Lo cierto es, que en el pueblo de Maní se 
eeñsúió sitio para iglesia y convento, que es donde ahora e*tá 



LIBRO QUINTO. 361. 

fundada, aunque todo por entonces se liizo al modo de las ca- 
sas de los indios. 

La noticia que el padre Yillalpando habia dado por sus 
cartas (que queda dicho escribió desde Campeche, luego que 
llegó, diciendo el gran numero de almas, que en esta nueva 
conversión habia, y como em necesaria ayuda de ministros pa- 
ra ella) ocasionó, qtie el muy reverendo padre cíomisario gene- 
ral Fr. Francisco de Büstamente enviase otros seis religiosos & 
esta tierra, que llegaron á ella por fines de el año dé . cuaren- 
ta y ocho. Venia por su comisario y prelado el padre Fr. Juan 
de la Puerta, hijo de la santa provincia de Castilla: los nom- 
bres de los demás, ni el padre Lizana los refirió, ni he ha- 
llado escrito que los asigne. Ocupado halló la venida de estos 
religiosos al padre Yillalpando en la administración de Maní y 
sus comarcas. Causó gran consuelo á él y á su compañero 
el padre Bena vente, á quien dejó en Man!, y partió para Cam- 
pecne á pié y descalzo, como salia á recibirlos. Como no ve- 
nían á estar ociosos, ya habian salido de Campeche, y asilos 
halló en el camino. Alegráronse mucho viendo al apostólico 
varón, y juntos todos caminaron para la ciudad de Mérida & 
verse con el Adelantado, y desde alli repartirse, conforme la 
presente necesidad pedia. Antes que ellos llegasen, tenia ya la 
devoción de el Adelantado, prevetlido saber, que dia habian do 
entrar, y asi salió personalmente & recibirlos, al camino coa 
muy lucido acompañamíjsnto de los mas nobles conquistadores, 
en cuya compañia entraron los relijg;ioiM>s en Mérida, concur- 
riendo los mas de los españoles y muchos indios, que con su alegría 
y regocijo manifestaban el contento que tenían de verlos. 

Fueron los religiasos derechos á su convento, y entrando 
en la pobre y corta iglesia, que entonces tenían, hicieron ora- 
ción dando gracias á Dios por el cumplimiento de su viage. 
Por no haber capacidad para hospedarlos allí, los llevó consi- 
go el Adelantado, haciéndoles hospicio en su casa, donde los 
tuvo algunos días regalándolos. El bendito padre Villalpando 
$0 fué con toda presteza á Maní á ver sus nuevos hijos, cu- 
ya memoria siempre estaba en su alma impresa, donde quiera 
que asistía, y quedan los recien venidos en casa de el Ade- 
lantado. Considerando, que su hospicio había de ser por algún 
tiemno, aunque estaban en casa de seglar, escogieron pie- 
za, donde puesto un altar, les sirviese de' coro. Allí se reco- 
gían á sus religiosos ejercicios, y á rezar el oficio divino & 
sus horas, como pudieran en el mas recoleto convento: con 
uo satisfaciendo á sus obligaciones, resultaba grande edificación 
el estado secular, y aumento do la devoción, que el Adelan- 
tado y los demás conquistadores tenían á nuestro santo hábito. 
Aumentóse el consuelo de todos, que el año siguiente por el 
mes de Agosto llegó el padre Fr. Juan de Albalatc, que ha- 
bía ido á España con otro9 gics religiosos, que el real conse^ 



I 



M2. mSTORIA DE YUCATÁN. 



jo de indias le habia dado, para la administración de estos na- 
turales, y asi fué esta la primera misión, que de España vino 
directamente asignada á esta provincia. Los reli^osos que en 
olla vinieron, fueron los padres Fr. Alonso de Alvarado déla 
santa provincia de Santiago, Pr. Diego de Landa, Fr. Fran- 
cisco Navarro, Fr. Antonio de Valdemoro, Fr. Antonio de Fi- 
gueras y Fr. Pedro de Noriega, todoB cinco de la de Castilla, 
y de quienes so trata adelante, aunque no como se debe por 
falta de escritos, que nos singularicen sus apostólicas vidas y 
heroicos trabajos. Con este aumento de religiosos, se trató de 
celebrar capitulo custodia!, que por ser el primero singulariza- 
ré, como el padre Lizana le escribe y como él sucedió en rea- 
lidad de verdad. ''Dice el padre Lizana, que el padre Fr. 
Juan de la Puerta, comisario de los religiosos ^ue vinieron de 
Méjico, traia orden para celebrar capítulo custodia! con los frai- 
les que en la tierra liubiesc, y elegir custodio y difinidores, pa- 
ra que la elección que se habia hecho de custodia pasase ade- 
lante, Y que convocados los frailes de Campeche y Maní al 
principio de el año de 49 por la pascua de Espíritu Santo, 
celebraron su capítulo en la ciudad de Mérida, y salió electo 
en custodio el V. varón Fn Luis de Villalpando, que hasta en- 
tonces habia sido comisario no mas: difínidores el bendito pa- 
dre Pr. Lorenzo de Bienvenida, que entró por Bakhalál, y el 
Tpadre Fr. Miguel de Vera, á quien llamaron el reiqendado, y 
conñrmadas sus elecciones, fué electo por guardián del conven- 
to' de nuestro padre San Francisco de Mérida el padre Bien- 
venida, difinidor primero, y de Campeclie el padre Vera difini- 
dor segundo, y el padre Pesquera de los recien venidos con 
el padre F'r. Juan de Herrera, y padre Fr. Ángel Maldonado 
fueron nombrados para las doctrinas de Maní y su comarca, 
y á los demás frailes repartieron en Mérida y Campeche; to- 
do lo cual ya concluso, fué nombrado do consentimiento do 
rodos los frailes el padre Pr. Juan de la Puerta para procura- 
dor de la corte del emperador, y que trajese Frailes á esta pro- 
vincia." No sé como se dejó llevar de relaciones 6 pláticas, 
que oiría: pues como ahora para estos ^pontos se ha hecho, 
recurriendo al archivo de la provincia la tabla capitular que 
hoy permanece le dijera con certidumbre lo sucedido, que fué 

en esta forma. '■'--, - ^ 

El muy B- P^^dre comisario general vino personalmente a 
visitar los religiosos, y ver los progresos que en la nueva con- 
versión de los indios habia, y habiendo hecho lo primero, y 
csperimentado lo segundo, habiendo también llegado yá la nii- 
sion de Kspaña que se ha dicho, celebro el primero capítulo 
custodia! ft veinte y nueve de Setiembre de mil y quinientos 
y cuaronfn y nueve años, en que fué electo custodio el vene- 
rable pndrr Fr. Luis de Villalpando al año justo de como en 
3klanl l^' hiibiuu querido queaaar los üidios con su compaiion-. 



LIBRO aUINTO, 3G3. 

t'ueron difinidores el mismo padre custodio el primero, padre 
Fr. Lorenzo de Bienvenida segundo, padre Fr. Francisco Na- 
varro tercero, y padre Fr. Miguel de Vera cuarto. Por esta 
misma tabla pzurece tener ya nombre de conventos el de la ciu- 
dad de Mérida, su guardián electo el padre Fr. Juan de la 
Puerta referido: el de Campeche, su guardián el padre Fr. Die- 
go de Bejar: el de Maní, guardián el padre Fr. Juan de Al- 
balate; y el de Cunkal, guardián el venerable padre custodio 
y el de Ytzainal, guardián el padre diñnidor'Fr. Lorenzo de 
Bienvenida. No solamente en esta tabla capitular se hallan asig- 
nados los guardianes, pero aun también los compañeros, que 
habian de vivir con ellos en cada convento: costumbre que se 
observó en esta provincia, hasta el capitulo provincial celebra- 
do el año de 1603 desde cuando parece haber quedado al ar- 
bitrio de los reverendos padres provinciales, asignar los compa- 
ñeros y moradores de cada convento, según la necesidad que 
en él se ofrece. Presidió el capítulo el muy R. padre Fr. 
Francisco de Bustamante, como consta -de tabla fínnada de su 
nombre y sellada con el sello de su oñcio de comisario ge- 
neral. Este fué como nacimiento de esta santa provincia do 
San José de Yucatán, por lo cual con tanta singularidad le he 
escrito, en que con los cinco conventos que se han nombrado, quedó 
en forma ae custodia, sujeta mientras lo fué, á la de Méjico. 

Aunque el padre Fr. Juan de la Puerta quedó en el ca- 
pitulo el^o guardián del convento de' la ciudad de Mérida, 
como eran aun los relijjfiosos tan pocos, para tanto número de 

Sueblo, como en Yucatán había, pues para toda la provincia 
e Valiadolid tan populosa, y de tanto gentío no se habia po- 
dido hacer fundación de convento, se trató que fuese religio- 
so de la provincia por procurador á España, representando la 
necesidad que de ellos había, y ^receí^ue convinieron en quo 
era el mas á proposito para mateia de tanta importancia el 
padre Fr. Juan de' la Puerta. Fué et' Adelantado del mismo 
parecer que ios religiosos, y asi le dio cartas para el empera* 
dor y real consejo de las indias, en que signiñcaba el gran fru- 
to que se hacia en la conversión de €stos indios y la necesi- 
dad urgente que tenían de ayuda de ministros. Recibió el pa* 
drc Fr. Juan de Im^Puerta los despachos, que la provincia y 
el Adelantado le d^rón, y concediéndole por su compañero al 
padre Fr. Ángel Maldonado, fué á Méjico, donde el muy R. 
padre comisario general, que tenia gran satisfacion de su vir- 
tud y prudencia, le -confirmó el oficio de procurador, que la 
provuicia le habia dado, y encomendó otros negocios, para qua 
le dio recaudos, y papeles suficientes, con que fué á España 
en la Flota del año siguiente de '1550. No he hallado la re- 
sulta de este via^ solamente me parece, que este religioso fa& 
después electo obispo de este obispado, como se dijo en el li- 
bro cuarto. 



:^M msTimiA DE YUCATÁN. 

bro tercero. Pero como nunca falta quien se queje (6 es rara 
vez) de los que gobiernan, habia sucedido al presente, y jun- 
Candóse la retención de los indios, de que el Adelantado ^oza-. 
ba, como conquistador: habiéndosele de quitar por las leyes ge- 
nerales, y deseando el emperador certificarse de la verdad, se 
despachó esta real provisión, que i)or su contesto parece ser de 
residencia, y en ella inmediatamente á la relación referida, se dice» 
''Y visto por los del nuestro consejo de las indias, querien- 
do proveer en ello, confiando de vos, que sois tal persona, que 
guardareis nuestro servicio, y el derecho á cada uno de las par*' 
tes, y que con todo cuidado y diligrencia pretendereis entender 
en lo que por nos os fuere mandado y cometido: es nuestra 
merced y voluntad de vos lo encomendar y cometer, y por la 
presente vos lo encomendamos y cometemos. Porque vos man* 
damos, que luego que esta veáis, vais con vara de nuestra real 
justicia Ql las dichas provincias de Yucatán, Cozumél, y ante 
todas cosas, quitéis los indios, que tuviere el dicho Adelaní.'^do 
Montejo y á su mugcr é hijos, y á los nuestros oficiales de las- 
dichas provincias; salvo á los hijos varones á quien se enco- 
mendaron los tales indios, siendo ya casados los tales hijos, y vivien* 
do sobre si al tiempo que se los encomendaron. Lo cual asi haced y 
cumplid, aunque las encomiendas de las tales mugeres é hijos é hijas^ 
se hayan hecho, antes dé las nuevas leyes ó después. Y porqiie las 
dichas nuevas leyes de ordenanzas tenemos proveido para el de biea. 
de los conquistadores é hijos de ellos, para que puedan vivir y per- 
manecer en esas partes, que los indios que se quitaron por dis- 
posición de las dichas nuevas leyes y ordenanzas, se pongan 
en la real corona y de los tributos de ellos se dé para susten- 
tación y entretenimiento de los dichos conquistadores, y si ellos- 
son muertos de sus hijos, que no tienen repartimientos: provee- 
réis, que los tributos que rentaren Idfe pueblos de indios, que 
fisi quitaredes al dicho Adelantado é á su muger, hijos é hi- 
jas, y á los nuestros oficiales de las dichas provincias de Yuca- 
tan y Cozumél; entre tanto, que nos proveemos en la perpetuidufi 
de aquellas provincias lo que convenga: repartiréis entre los con- 
quistadores, que no tuvieren repartimiento, y en los hijos de 
ellos y en algunos buenos pobladores. Lo cual asi haced y cum- 
plid, sin embargo de cualesquiera suplicaciones, que de esta nues- 
tra carta se interpongan. Informaros eis, como y de que ma- 
nera han pasado las tales cosas de suso en esta nuestra carta 
contenidas, y que fraudes se hayan hecho en nuestra real ha- 
cienda, y que personas hicieron y cometieron lo susodicho, 6 
cualquier cosa 6 parte de ello, y de los otros delitos que se 
han hecho en la dicha provincia, y por cuyo mandado lo hi* 
cieron, y quien les dio para ello consejo, favor, y ayuda, & 
los que en ello hallaredes culpados, prendedles los cuerpos, y 
asi presos, llamadas y oidas las partes á quien tocare, haréis so* 

bio ello justicia por vuestra s^uteiücia 6 seateacios asi interior 



LIBRO aUINTO. 367. 



cutorias, como difinitivas, &c." Y después prosigue poniendé^' 
todas las cláusulas, que en semejantes comisiones acostumbraa 
ponerse. Solo singuiariza, que paira la ejecución, asi de lo conté* 
nido, como de otra cualquiera ccfsa que se le cometa, asista el 
tiempo que por el virey D. Antonio de Mendoza le fuese asignado* 

Mediante este orden, llegó al Adelantado el tiempo de haber dar 
residencia del que habia gobernado á Yucatán en f^uerra y paz. 
Aportó á. Campeche el cndor que le habia de residenciar, y 
dado aviso al Adelantado de su llegada, envió á su hijo D. 
Francisco con otros principales vecinos de la ciudad de Méri- 
da, para que en su nombre le diesen el bien venido y le re- 
cibiesen. Llegados á Campeche visitaron al oidor, que con mtt-* 
chas cortesias agradeció la que el Adelantado habia tenido, en- 
viando á su hijo, y la que los otros caballeros habian mani- 
festado yendo á visitarle. Vinieron juntos á la ciudad de Mé- 
rida, y manifestado el orden superior, que el oidor traia, fué 
recibido al ejercicio de su comisión. Publicó la residencia, y 
en el Ínterin que se habia de hacer advocó el oidor en sí el 
gobierno de esta tierra. Aunque había ()uejosos del Adelantado^ 
generalmente fué sentido e! suceso, así de los religiosos, como 
de seculares y indios, por(|ue era muy caballero en su proce- 
der y noble persona, amigo de pobres, benigno y dotado de 
muchas buenas prendas, que lé' hacían amable aunque tuviese 
algunos defectos como hombre: cuál hay perfecto en todo? Ya 
se vio en el libro tercero lo que de él, y de su hijo D. Fran* 
cisco escribieron los^ principales conquistadores juntos en cabil- 
do al emperador, recien fundada la ciudad de Mérida, cuando 
despacharon al primero procurador general á los reinos de EIs** 
paña. 

CAPITULO XL 

Quitánse los indios al Adelantado. Va con su residencia d 
JEspaña, y muere: y dicénse sus sucesores. 

Publicada la residencia del Adelantado, quedó la adminis- 
tración de justicia y gobierno de Yucatán en el oidor que la 
actuaba, en cuyo tieinpo sucedió que se huyeron algunos ne- 
gros esclavos de los 'españoles á los montes, y juntos de los 
que andaban alzados una tropa de hasta veinte ó mas; entraban 
ugunos pu