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Full text of "Los valencianos, pintados por si mismos: Obra de interes y lujo, escrita por varios distinguidos ..."

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LOS 



fáiilii 







PUNTADOS POR SI MISMOS. 



Li 



^ 



i 



VULENCIANOS 



PINTADOS POR SI MISMOS. 



(D^^ál ^2 ^ÍSTÍ^iaS^ '^ 2tt^4/(£) 



ESCRITA 



POR TARio: Disinrc-viDOs escritores. 







(O 




VALENCIA.- 1859. 

Imprenta de La Reg>eneracion Tipográfica. 

DE D. IGNACIO BOIX, 

callo (lol Sagrario de Sta. Cruz, núm. 4. 



Sp<vrj :2>3oU.5" 



Hftrvar-' C í - a^-í *- e ]. i •-. j a r> 




s 



EGUN la prisa que se da á destruir é inutilizar este 
siglo de vias ferradas y de cables eléctricos , es de pre- 
sumir que la tarea de los futuros arqueólogos , cuando 
traten de exhumar y reconstruir la sociedad actual, 
será algo mas ruda que la de los arqueólogos presentes, 
cuando se ponen á. exhumar y reconstruir las socieda- 
des pasadas. Una destrucción inteligente y presumida 
como la nuestra , es mas mortífera y absoluta que una 
ciega y brutal, como la de los bárbaros. Las generacio- 
nes guerreras que brotó el mundo joven aun y lozano, 
al pasar unas sobre otras, aplastándolas, no las pulve- 
rizaron del todo. Palmira , Elora, Menfis y Nínive, nos 
guardan sus libros , caracteres , y cuadros de mármol y 



granito: el Vesubio nos ha conservado por espacio de 
diez y ocho siglos dentro de un escaparate de lava á 
Herculano y Pompeya ; es decir á una Roma de ayer, á 
Roma material y sensual con sus magnificencias y tri- 
vialidades , á Roma religiosa y filósofa con sus templos 
y palimpsestos. ¿Qué guardaremos nosotros á la socie- 
dad del siglo cuarenta? Nada. Habremos apagado la 
ciencia de la arqueología /quitándole la base y el obje- 
to.... A no ser que ese turbio é impetuoso rio que lla- 
man tiempo , alarrastrar al océano de la eternidad al 
hombre y á sus cosas , escupa á la orilla con la violen- 
cia de la corriente algún fragmento informe, que recoja 
un curioso , y le sirva de piedra para reedificar lo 
que ya no existirá. Y si la piedra fuese casualmente el 
libro que sigue á estas reflexiones , seria un hallazgo 
no despreciable , porque hallarla en él condensados y 
concretos , elementos que por el sistema ordinario de 
estudio é investigación , fuera arduo , cuando no impo- 
sible obtener. 

Tal vez parezca á alguno sobrado grave y didáctica 
la entrada de un libro, en el cual la sociedad se ve casi 
en su totalidad contornada por caricaturas. Pero ade- 
más de que esas caricaturas son una verdad , asi como 
los llamados altos intereses de la humanidad no son 
sino farsa , cuando se desciende á analizarlos sin pa- 
sión ; esta publicación representa un fin eminentemente 
moral y de doctrina , y demasiado enlazado con el estu- 
dio del hombre , para demostrar su interés por otra via 
que por la que hemos escogido. Al lector tocará deci- 
dir si hemos alcanzado á llenar el importante objeto 
que nos inspiró la idea de recoger á toda prisa , y fijar 
de una manera permanente , tipos que quizá no tarden 
en desaparecer. 



En este género de trabajos literarios , según la ge- 
neral creencia, los franceses fueron los primeros en to- 
mar la iniciativa , cuando dieron á luz los franceses 
pintados por sí mismos ; siguiéndoles los españoles con 
otra galería de tipos nacionales publicada en Madrid 
en 1844. Y sin embargo es indudable que antes de 
aquellos y éstos , un Valenciano se dedicó á fines 
del siglo pasado , á estereotipar en verso , y con una 
sencillez y verdad admirable muchos de los origi- 
nales que ahora se presentan en escena. El Valenciano 
fué Carlos Ros , bien conocido de los amantes de la 
literatura lemosina ; de quien El Cid , periódico que se 
publicaba en esta Ciudad en 1848^ trasladó á sus folle- 
tines algunos tipos. Carlos Ros escribió á fines del siglo 
pasado ; lo cual basta para dejar consignada la prioridad 
del pensamiento á favor de nuestra nación , y de nues- 
tra provincia. Bien que, aun sin ello , ¿qué otra cosa 
son , sino los Valencianos pintados por sí mismos , mu- 
chos de esos coloquis , que andan de inmemorial en 
boca del vulgo , y sirven de distracción á la gente del 
pueblo , pronunciados por una especie de improvisatori , 
con gracia inimitable , y sabor local sin cotejo? ¿ Qué 
otra cosa son sino tipos trazados por pincel mas ó me- 
nos diestro , mas ó menos delicado ; pero siempre ver- 
daderos, siempre vivos, siempre originales? 

Continuamos pues bajo otra forma , bajo un sistema 
mas filosófico é intencionado , el pensamiento de Carlos 
Ros. Escribimos para la posteridad, y también para 
nuestros contemporáneos. Pagamos un tributo á las 
bellezas que nos legaron los árabes ; fijamos una ima- 
gen fugitiva , antes que la borre la pesada mano del 
tiempo ; y disecamos , por decirlo asi , para conservar- 
las, varias plantas indígenas, que de otra suerte ame- 



nazan agostarse, y confundirse con el polvo que las 
produjo. Hasta qué punto el pintor y el disector hayan 
salido airosos en su propósito, no son ellos los llamados 
á fallar. Lo son los españoles que lean la obra , y con 
cuyas simpatías á favor de ella contamos anticipada- 
mente , no menos que con una benevolencia , cuya jus- 
tificación reside en la índole, tendencias, y fin del libro 
que se les somete. Por eso acometimos confiadamente 
la empresa , por eso le damos cima ; y por eso los Va- 
leúdanos comparecen como son , ante el gran jurado 
nacional , del que á su vez no tarden quizá en formar 
parte , para juzgar y aprender de los demás, asi como 
los demás pueden ahora estudiarlos á ellos , y sacar del 
estudio enseñanza provechosa. 



''Ia^st¿P's3¿---- 



EL VALENCIANO. 




) iNGUNO de los naturales de ias provincias 
de que se compone ia Monarquía espa- 
ñola , se presla á ud estudio lan profun- 
do y fílosófico , á nuestro modo de ver, 
como el de la provincia de Valencia. 
Ora se quiora mirar como causa de esla 
originalidad el clima de que goza esto 
privilegiado pais , ora se atribuya á los 
resabios que existen todavía en esta 
provincia como legado de la dominación 
morisca, es lo cierto que el valenciano. 
en sus costumbres , en sus usos , cd su carácter , en sus modos de 
ser , y hasta en su idioma habitual , difiere do un modo asaz sensi- 
ble de los demás naturales de las otras provincias. 

En efecto, el valenciano es preocupado y aun supersticioso en 
materias religiosas, basta donde puede serlo cualquier otro provin- 



10 LOS VALENCIANOS 

ciano y algo mas ; su jovialidad y placentero carácter ni participan 
de la severidad del navarro y del aragonés , ni llegan al eslremo del 
andaluz y murciano ; su Irage , por mas que tenga algunos pun- 
tos de contacto con el murciano y alicantino , son tan pocos que 
casi nada tienen de común ; su idioma habitual en nada se parece al 
castellano, ni al vascuense , ni al andaluz , si bien existe cierta se- 
mejanza entre el catalán y él ; su claro ingenio le hace apto para 
cualquier empresa , por arriesgada que parezca ; su sobriedad 
es proverbial, sin escluirle de los goces de la gastronomía siempre 
que la oportunidad le brinda ; su piedad no tiene rival en el globo, 
y su sufrimiento no tiene limites ni le acobarda, porque hierve en 
sus venas la sangre de loi eonquistadores que hicieron morder la 
tierra á los proscritos hijos de Agar. 

No hay duda que la dominación morisca imprimió de tal modo 
en el valenciano sus usos , costumbres , carácter y modo de existir, 
que el trascurso de seis siglos no ha sido bastante á estinguirlos , y 
probablemente permanecerán sus huellas cuando hayan pasado 
otros seis mas por la faz de la tierra. 

El valenciano vive ordinariamente en cabanas (barraques) for- 
madas en su parte superior de un sencillo armazón de madera, 
cubierto de una capa de enea , junco ó paja, y la inferior de lodo ó 
barro , semejantes á las que constituyen los aduares de los árabes 
en el desierto , si bien mas sólidas que aquellas , y en las que se 
nota una propiedad de la que está muy lejos el africano. La cabana 
del valenciano , llamada también casa de venganza por la facilidad 
con que puede incendiarse , aunque ocupa por lo regular un redu- 
cido perímetro , á causa de la necesidad qae tiene de aprovechar 
el mayor terreno posible para el cultivo , goza de todo lo necesario 
para las necesidades de sus moradores. Los principales departamen- 
tos de una barraca , son : el estudi , la andana y el estable. El es- 
tudi , ó cuarto destinado para dormir el padre y la madre , ociipa 
regularmente una tercera parte del perímetro, y en el están la cama, 
el arca de la ropa y los demás muebles de importancia. 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 1 1 

Contiguo al estudi está el estable ó cuadra , y en uno de los 
ángulos hay una escalera de madera , mas ó menos segura, que da 
subida á la andana ó segundo piso, lugar destinado para guardar 
las cosechas , y en donde suelen colocarse los cañizos para la cria 
de los gusanos de seda. 

Fuera de la puerta , y á uno de los lados de la barraca , suele 
haber otra de reducidas formas , casi en miniatura , que es la que 
sirve de cocina , y no lejos de esta se ve una tercera mas inferior 
todavía , en la que muchas veces habita la esperanza de la familia, 
ó sea el cerdo. En algunos puntos suele haber una muy reducida 
y en forma de medio huevo que sirve do horno. 

El vestido del valenciano todavía reúne mas reminiscencias del 
li*age árabe , que sus cabanas de las tiendas del aduar. Compó- 
nese el trage de verano de unos zaragüelles ó calzoncillos {camalets) 
de lienzo crudo , atados por la cintura, cuyos camales, eslremada- 
mente anchos , no pasan d<e las rodillas ; una camisa del mismo 
lienzo, un gorro encarnado (barrel) idéntico al barrete tunecino, 
puesto á la cabeza , ó en su defecto un pañuek> ; unas albergas (es- 
parames), y un pañuelo en la cintura sosteniendo una navaja mayor 
de edad , á la que parece quiere desalojar la cruz del rosario que 
pende de los hombros, sosteniendo un escapulario con los santos 
Evangelios y algunas medallitas milagrosas , á las que profesa una 
fe á prueba de bomba, sin dejar por eso de tener su poquito de 
confianza en la consabida navaja que juguetea con ellas. £1 trage 
de invierno es diferente , pero guardando siempre la misma analo- 
gía con el del árabe. Un pantalón de una tela barata y sufrida, casi 
tan ancho coino los camalets , un chaleco sin solapas y de escotada 
espalda , ó mas bien , con la espalda de la misma tela que el resto 
del chaleco , el gorro ó pañuelo,, las albergas ó alpargatas y la man- 
ta y son las piezas de que so cooBÉf^one generalmente. 

Por consiguiente no pu6de>ser mas marcada la analogía que 
existe entre el trage del valenciano y el del árabe : el gorro es el 
que ex:actamente uaafl^ los naturales de la regencia do Túnez; el pa- 



12 LOS VALENCIANOS 

ñuelo corresponde al turbante , la manta al alquicel , y la navaja en 
la cintura representa al yatagán. Si á esto so añade un culis tostado 
y á prueba de sol y frió , lluvia y viento , todavía resalta mas aque- 
lla analogía. 

Pero no paran aquí todos los puntos de aGnidad que tiene el 
indígena de osla^ provincia con el de los desiertos del África. El va- 
lenciano de la huerta , que es el que pintamos , montado sobre una 
cabalgadura ^ es un reflejo del africano , con su aire guerrero , su 
frente elevada , su manta en forma de desplegado alquicel , y final- 
mente con todas las cualidades que distinguen al ginete agareno de 
lodos los demás menos del que hablamos. El caballo de nuestro 
héroe, que en el dialecto del pais se llama rosi, no tiene mas bri- 
das , bocado ni serreton que un sencillo ramal dependiente de un 
cabezón no mas lujoso , pues ordinariamente se compono de una 
cuerda de esparto , y pocas veces de correa ; un aparejo redondo 
sobre el que descansa un serón , es la silla de montar , y no tiene 
mas estribos para facilitar el ascenso que la cola del caballo rodea- 
da al pie del intrépido ginete. Pero afortunadamente no necesita de 
estos ausilios para montar , pues su proverbial ligereza le pono á 
cubierto de los inconvenientes que lleva consigo la enojosa obesi- 
dad. El famoso Arriaza en su Profecía del Pirineo , asegura ' 

<rQue con puñal en mano 
Salta á la grupa el levo valenciano.» 

En efecto , algunos ejemplos que la tradición ha conservado de 
la ligereza del valenciano pudiéramos aducir , pero baste saber, que 
durante la guerra de la independencia española se repitió con algu- 
na frecuencia el hecho de ir un hijo de San Luis á galope sobre un 
caballo , echar detras al mismo paso un valenciano con navaja en 
mano , plantarse de un salto á la grupa , desalojar al ginete y que- 
darse dueño absoluto do la cabalgadura , sin mas preámbulos ni 
discusiones. A esto es , pues , á lo que se refiere Arriaza en el dís- 
tico que hemos copiado de su escelente oda. 

La piedad dol valenciano es verdaderamente ejemplar: como ya 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 13 

hemos dicho ^ el rosario con sus medallilas , escapulario y demás 
signos religiosos nunca se separan de su cuello ; las puertas del es- 
ludi , de la ventana , de la andana , y la parle interior de la lapa 
del arca^ están lionas de estampítas pegadas con almidón^ obleas, 
ó á veces con pan ; y no existe partido ó comarca de la huerla can 
ermita que no tenga su especial patrono , al que se obsequia en su 
dia con una función religiosa y que siempre va acompañada de mú- 
sicas, fuegos artiticiales compuestos de cuerda y masclels (morte- 
retes) y de otras demostraciones piadosas , y ordinariamente estos 
obsequios suelen durar tres dias , y terminar con una procesión. Si 
un individuo de la familia está enfermo y si una cosecha corre algún 
peligro, el santo patrono es el bálsamo consolador ; al momento 
acude á él la familia desconsolada con una sencillez digna del mayor 
creyente , con una pureza de corazón y con una fe salvadora , y 
consigue la salud que se desea. Después de esto es muy justo dar 
gracias al santo patrono con una misa lí otra demostración religio- 
sa , y colgar en su capilla las primicias de la cosecha que se creyó 
perdida. Rasgo digno de ser imitado , y muy propio por cierto de 
los que tienen la fe del inocente y justo Abel ! 

Es un dogma entre ciertas gentes el carácter adusto é incivil 
del valenciano , y aun no falta quien fundado en un hecho aislado 
llegue hasta asegurar que un frac ó levita es recibido en la huerta 
á palos y á pedradas , como lo seria una pantera en medio de la 
plaza del Mercado. Semejante aserción tiene mucho de gratuita y 
bien poco de fundada. El valenciano es jovial , caritativo , hospita- 
lario , servicial y afectuoso. Es cierto que sus maneras rudas y 
bruscas le hacen aparecer las mas veces como no es en si realmen- 
te ; pero su género de vida , el aislamiento en que ordinariamento 
vivo , y mas que todo , la total falta de instrucción en la generali- 
dad, le hacen aparecer muy diferente de como él es, y son el origen 
de ese carácter ficticio con que se presenta á los ojos de la genera- 
lidad. Además , ¿qué civilidad ó afección se pide á un ser, que á 
pesar de su penoso vivir y de los grandes servicios que presta á la 



14 LOS VALENCIANOS 

sociedad , suele verse escarnecido y aun insultado en su propia mo- 
rada? ¿ Cómo quiere encontrar afable y dulce al valenciano el que 
sale á la huerta y al ver á un labrador dedicado á su penosa faena 
le apellida páparo , kabila , abencerraje, y otras cosas por el estilo? 
Semejante conducta no es maravilla reciba en recompensa de un 
ser privado de instrucción , una pedrada , un palo ó una cualquier 
insinuación de este jaez. 

Nosotros hemos recorrido la huerta por todos sus cuatro costa- 

■ 

dos ; hemos llegado á la humilde barraca del valenciano ; le hemos 
encontrado jovial y dispuesto á satisfacer hasta nuestra caprichosa 
curiosidad ; nos ha franqueado las puertas de so albergue ; nos ha 
ofrecido cuanto tenia en él y podia sernos de algunai utilidad , y se 
ha prestado muy complaciente á servimos de cicerone , resistiéndo- 
se luego á recibir la espresion de nuestra gratitud por los servicios 
que nos habla prestado. 

Otra de las causas que influyen mucho, á nuestro entender, en 
la irascibilidad que algunos observan en el valenciano , es el trato 
que , aunque parcialmente , se les suelo dar intramuros. El valen^ 
ciano , como vendedor de sus verduras en el Mercado , ha de sos- 
tener luchas enojosas con los compradores amigos de regatear, 
después de haber .«sufrido en las puertas de la ciudad el pellizco de 
los consumos ; arbitrios municipales y otros pájaros que no cantan 
muy á su sabor ; como femaler , ha de sufrir las sangrientas pu- 
llas de algunos transeúntes que suelen hacer un paralelo entre el 
rosi y el propietario, y siempre ha de andar coa ojo avizor y pies 
de plomo , temiendo alguna cogida de parte de los alguaciles; como 
carretero , se oye apostrofar frecuentemente por esas calles y pla- 
zas con adjetivos tan sabrosos como los de animal , bruto y compa- 
ñía , y finalmente bajo cualquier forma que se ofrezca á los ojos del 
ciudadano , siempre se ve deprimido en su amor propio por entes 
que solo miran al pobre labriego desprovisto de oropeles y de ins- 
trucción , y no divisan en él al que les proporciona las ricas verdu- 
ras , las nutritivas legumbres /las sabrosas frutas y otros innúmera- 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 15 

bles artículos quo son ci alma de la gastroDomia, el alimento diario, 
el origen del placer del glotón , y el objeto que tantas golas de su- 
dor hace derramar al que las cultiva para recreo del consumidor. 

Sin embargo , asi como la rosa mas bella no deja de tener es- 
pinas, asi también el valenciano, en medio de sus buenas cualida- 
des , tiene sus lunares ó defectos , como todo ser que camina hacia 
la perfectibilidad. Apesar de su piedad sin limites , de su caridad 
nunca desmentida , y de otras prendas que le hacen recomendable 
y digno de estimación , nuestro héroe es rencoroso como un indio, 
y nunca perdona la ofensa que una vez recibió. Si en el acto de 
inferírsele un agravio no tiene á mano el medio á propósito para 
vengarse á su sabor , calla y espera , devora en silencio su pesa- 
dumbre , amasa y revuelve en su calenturienta imaginación los mo- 
dos de conseguir la reparación que ansia , y sin aparentar enojo, 
antes al contrario , simulando un olvido que jamás existió , llegada 
la ocasión oportuna , y que á veces esperó meses y aun años , se 
lanza sobre su presa y se cobra con creces y hasta con lujoso in- 
terés. 

Pero cuando el valenciano recibe un servicio , por insignifi- 
cante que sea , tampoco lo olvida jamás : pueden pasar años sin 
recompensarlo , si su posición se lo impide , mas llegado el caso de 
la recompensa , sabe mostrarse generoso en la gratitud , y tanto 
como cruel estuvo en la venganza , porque es estremado en amar y 
en aborrecer, á fuer de buen heredero délas costumbres agarenas. 

El valenciano , como ya hemos dicho , es jovial como pocos 
otros provincianos. Si en medio de las escenas mas serias de la 
vida , como en una lucha ó cualquier otra , oye el rechinante gemi- 
do de ía dulzaina , y el alborotador sonido del tabalet , instrumen- 
tos que pretenden traer su origen de la dominación morisca , y que 
se conocen con el distintivo peculiar de música del pais , inmedia- 
lamentó depone su enojo , disipa su furor , arroja la$« armas que 
el deseo de la venganza tal vez puso en su mano , y solo respira 
júbilo y alegría. Sin embargo , pasado el primer impclu se acuerda 






16 LOS VALENCIANOS 

(le sus rencores , á fuer de débil humano , y no descansa hasla mi- 
rarse satisfecho. 

A pesar de esto el valenciano es estimado en cualquier parto 
por los grandes servicios que presta , ora como labriego , ora como 
inJuslrial , ora bajo cualquier forma que se ofrezca á la considera- 
ción del observador. Sus verduras y ensaladas gozan de una reputa- 
ción envidiable , tanto en la península como fuera de ella ; sus fru- 
tas tienen una fama europea, como la naranja , los melones , el al- 
tramuz y otras , y Gnalmente el arroz valenciano , la famosa hor- 
chata de chufas , y las apreciadas anguilas y pájaros de la Albufera 
en todas parles son recibidos con satisfacción. El sistema de riegos 
de esta huerta también es digno de honorííica mención , siquiera 
haya merecido el privilegio de sor admirado por las naciones euro- 
peas I y no ha muchos años vino un alto personaje eslrangero á 
esta ciudad con la esclusiva misión de estudiarlo , para servir de 
norma en una de las naciones mas adelantadas en asuntos agrícolas 
é industriales. 

Reasumiendo; el valenciano es, como acabamos de ver, uno 
de los provincianos que mas resaltan y sobresalen por cutre los de- 
más de la península , tanto por sus costumbres y género de vida, 
como por las tradiciones á que está ligado , y por las reminiscen- 
cias que lleva consigo , como heredero mas inmediato de la indó- 
mita raza que por largo tiempo dominó el pais , y que no lo aban- 
donó sin dejar señales , tal vez eternas , de su paso por este pedazo 
del paraíso , como vemos en su trage , en su carácter impresiona- 
ble , en su religiosidad , en su modo de hablar /muy parecido á la 
algarabía de la morisma , en sus habitaciones, y hasta en los nom- 
bres que llevan las poblaciones de la huerta, como Beni-Haclet, 
Beni-Parrell , y otros , que son absolutamente moriscos. 

Tal ^s el t^o/^nc/ano, aunque pintado á grandes rasgos, que 
existe todavía y forma la dilatada población de las ricas orillas del 
Júcar V del Túria. 



PmTAiDOS FOa sí MISMOS. 1 7 







/ • i 



EL ESTERCOLERO, 



(FEHATER.) 




(jÁTOo el e^trangero tiende una ojeada por la rica , mag- 
nífica , lujuriante y poderosa vegetación , que despliega 
ía naturaleza al pie de las niurattas del Cid , cuando 
contempla la vida que bulíe dentro de la bella zona' de 
verdor que la circunda , cuando recorriendo las encantadas 
orillas del Guadalavíar, la admiración le obliga á repetir 
con Glaudiano el pomposo distico , aplicable y aplicado con mas 
justic'ía á nuestro rio que al Duero: 

f^loribus et roséis formosus Turia rlpis, 
Fructibus et plantis , semper pulcherrimus undis; (1) 
ignora sin duda que uno de los mas eficaces ausiliares de esta ve- 

(í) Este dístioo eiiste al estremo del malecón del Tária , dando frente á la Giuz de 
Mislata, entre el jardín del Barón de Santa Bárbara y el rio , grabado en una lápida de 
mármol negro. £s tomado de Glaudiano , poeta latino del siglo IV (que floreció en tiempo 
de Arcadio y Honorio), y de su panegírico de Serena, esposa de Stilícon. £n lugar do Tu- 
ria , dice el poeta , Duria, Duero ; pero se ba aplicado oportuna y felizmento á nuestro 
rio , sustituyendo una T á la D. 

3 



«« 



1 8 LOS VALENCIANOS 

getacion , uno de los primeros coloristas de lan hechicero paisage 
resido eu el recinto de sus muros. En efecto, este eficaz ausiliar, este 
hábil colorista, es (si no lo has , ó lector, por pesadumbre) el estiér- 
col de tus casas , y el polvo calcáreo de tus calles , cuyos géneros 
esportados á los basureros , y distribuidos luego con mano inteli- 
gente y laboriosa , completan el curso de bonificación de la prime- 
ra provincia agricultora de España. Falta saber que para beneficio 
de esta mina envia la huerta diariamente dos ó tres centenares de 
esplotadpres , los que salen de la Ciudad cargados de material en 
bruto , y nos le devuelven trasfoimado en rica fruta , sabrosa ver- 
dura,© suculenta legumbre. 

No concuerdan los autores en la feoha que se deba asignar al 
derecho de los citados esplotadores al beneficio y beneficios áe esta 
mina inagotable , por la sencilla razón de que ni aun concuerdan en 
la existencia de tal derecho : por lo mismo nos limitaremos á con- 
signar el hecho , y adelante ; que hartos hechos pasan entre nos- 
otros , cuyo derecho es harto deslindable y controvertible , y pasan 
y pasarán > Dios ó el diablo mediante. Pero lo que siempre i^os ha 
causado , no sabenios si llamarle estrañeza ó risa, es la singularidad 
que ofrece el ejercicio de este hecho ó derecho. La calidad de los 

* ' * » 

frutos de la mina citada es tal , que adquieren un desarrollo conü- 
nuo y diario , en términos que hinchen los filones, rompen las vetas, 
llenan las galerías, y acabarían por rebentar , con grave daño , por 
lo menos de uno de los cinco sentidos ,. sí no estuviese la esplota- 
cion en razón directa é inmediata del desarrollo. Díceseles á los es- 
plotadores : Paga por sacar, lo que si no saco , has de sacar tú; 
ó bien : paga por libertarme de una molestia , de que sí no me li- 
bras , me he de librar yo forzosamente : y responde el esplotador: 
pago por sacar lo que sí no saco , has de sacar tú ; porque sin \o 
que saco , no tendría que meter para mí , ni sacarle á ti. Pero 
dejémonos de alegorías , adivioallas y juegos de voces ; que nos 
hemos separado de la cuestión punto menos que se separan de ella 
los que en política se echan á biógrafos. 






PINTADOS POB SÍ MISMOS. 19 

El /(^matór ocupa en SU carrera lo que se llama ascenso, cuyo 
priiaer escalón ó enlrada debió ser terrero ; y su término labrador 
ó inipiatro. Mas no lodos los /e/na/^rf inauguran su profesión por la 
e^cala^chav Lo coman es bacer su aprendizage' en los caminos 
reales, con ua 'capacito de esparto, recogiendo, según y cuando 
la ocasión 8^ les presenta , lo que valió al emperador Constantino 
Coprónimo (2)jsu signiflcalivo apellido. Dicho aprendizage tiene sus 
principios, reglas , observaciones, etc. El aprendiz de femater dehe 
estar implai^blamenle renido con la limpieza y curiosidad ; los es- 
crupulosos á naus,eafaiundos deben renunciar para siempre á la pro- 
fesión, Pedimos perdón al lector , si el asunto resbaladizo, que nos 
hemos impuesto tratar, no se presta al manejo tan limpiamente 
como quisiéramos. Desde luego el aprendiz de femater ha de estar 
dotado de mucha perspicacia y ojo certero , para distinguir de co- 
lores entre el polvo de la carretera , y reconocer la mercancía que 
le conviene , y no está averiada. Ha de saber distinguir por ejem- 
plo la palomina del estiércol de caballo , para en consecuencia dar 
la preferencia á uno de ellos. Y como nunca falla concurrencia en el 
qiercado ,, necesita ojo avizor para anticiparse á los rivales , en tér- 
minos que si el caso lo requiere , recoja el abono precioso de que 
acabamos dp bfiblar, en el capazo destinado á contenerlo , aun antes 
que llegue á tocar el suelo , y contaminarse con el polvo. Tampoco 
ha de carecer de cierta dosis de ligereza y flexibilidad , que le son 
por cierto bien necesarias en muchos casos ; cuando verbigracia , se 
agacha á llenar, el capazo, después de haber pagado una galera^ 
coche Q carruage cualquiera, y al mismo tiempo se le echa en- 
cima una diligencia tirada por diez caballos á galope, ó un escua- 
drón de caballería. 



(2) Picho emperador griego , al tiempo de bautizarle reciennacido, se ensució en la pila 
bautismal. Los castellanos que no saben griego , ignoran la significación del apellido , y la 
aplicación que hacemos , por no ofender la delicadeza de nuestros lectores. No así los va- 
lencianos , pues su dialecto tiene la palabra co^jró , tomada del griego sin alteración, y 
un valeociano. sabe lo que signiGca. 



> I 

k. 




20 LOS VALÍWCIAIfOS 

Si es novel el femater , huye el cuerpo y deja pawr el chu- 
basco , retirándose , cuando el enemig^o se halla aun á razoflabte 
distancia. Si cuenta algunos meses de práctica , no abandona su 
puesto, basta que le salpica el polvo de las delanteras; y los bay que 
se hacen una gala de ladearse con indiferencia , sin dignarse honrar 
con una mirada á la imponente máquina que hace brotar cbispas, 
y álos brutos que la arrastran. También ha de ostrátar sus puntas 
y collar de intrépido y valentuelo , por las escaramuzas que le es 
forzoso sostener de vez en cuando con sus comprofesores , ^ por 
fa adquisición , ya por la defensa de su mercanda ; escarannizas 
que generahnente se resuelven en arcas (3), y en las cmles no lle- 
van siempre la peor suerte las partes beligeraíites , sino el uMyfen- 
sivo y descuidado transeúnte , á quien una pela(fi!ta desmandada 
obliga á dejar el campo Bbre á los combatientes , y á hacer re- 
flexiones algo duras acerca de la urgencia de las reformas en «n 
cuerpo , en quien si la utilidad no va á la par con la limpieza ,- sino 
es en el buen olor. ... de sus virtudes , el distintivo que mas le ca- 
racterice , debe ser cuando menos la disciplina.... y las disciplinas. 

Tras el aprendizage viene la práctica , y el femattr de peón se 
convierte en ^ete , á fin de comparecer con mayor decoro en el 
nuevo teatro de sus empresas. Cada mañana se abren magestuosa* 
mente las puertas de Valencia , y dan paso á un lucido cuerpo de 
cabañería , cuya montura no es en verdad inglesa « ni des8nada á 
lucir en el hipódromo ; pero adaptada maravillosamente á su objeto, 
ün serón doblado sobre el rocin , y que ha de encerrar los tesoros 
de vegetación, de que hablábamos en el principio del articulo.... 
he aquí todo el aparato mercantil del femater. Pero es in(fispensa- 
ble seguirle paso á paso en su marcha y evoluciones , que no dejan 
de ofrecer rasgos curiosos y caracterisücos. Desde luego nadie vaya 



(2} Así se Uama en naestro idioma bd combate á pedradas. Sin dnda consenramos los 
raleocianos este monumento arqueológico de nuestros aiticvos vecinos los Baloares. 



PINTA1»0S POR lí Mf SnOS. SI 

á creer que ala profesian, por fácil y sencilla que apat^zea, te 
fallan sus per<;ances. Existe un ser , natural y os^ieialttiente aatt*^ 
pático al /maíer , y respecto del cual son amores te antipatía <t^ 
ratón al gato , y la del contribuyente al comisionado de dpredíiio. 
Este ser , el ángel malo del femaler , su pesadilla , sü fatalidad ^ es 
elministro encargado de vigilar la observancia estricta y literal de 
los baiKlos de policía urbana tocante á la saludable Ümpieía de nues- 
tras moriscas cattes. 

Ló pdmero que estudia el femater es el plano topográfico d6 las 
mismas, el cual posee mas de coro que el padre tosca, y cuyo 
sistema laberíntico constituye el punto fuerte de su plan de defensa 
contra los ataques del enemigo. Los vecinos , y aai> mas las veci- 
nas , oyen con gusto los sonoros monosílabos que resuenan por las 
encrucijadas , invitándolas á aligerar los corrales y basureros de 
las casas de lo^ molestos depósitos de estiércol (/em). Si el femater 
enfiende un poco la cúbica del arte , bace maravillosa parroquia, 
pues utilizando ios recursos del dialecto, y los inocentes equivo- 
quiltos á que se presta el doble significado de la voz fem , se lleva 
de calle ,■ ó mas bien de ventana ó balcón , á las risuefias y lindas 
descendientes de las odaliscas de 1238 , y sale de la ciudad tan 
orgulloso con su serón hencbido hasta el tope , como lo está un 
ministro de primera vez, que estrena en un besamanos. el uniforme. 
¿Quién lo dina? ¿Ou lavertu va-t-elle se nicher? ¿A dónde va á 
alojarse la vanidad? En un serón de estiércol. Porque la del /imo- 
ter consiste en construir con éste un cono elevado , un verdadero 
pan dé azúcar (perdónesenos la comparación) cuyo vértice corona á 
modo de matacandelas el capazo de esparto que le sirve para recoger, 
y el todo asegurado con cuerdas , cuyas estrcmidades van atadas á 
las asas del serón , forma una masa elegante , que lleva el rocin 
orgulloso , y contoneándose con coquetería , como diciendo á los 
qne le miran : )!» Contemplad y elogiad la habilidad de mi duefio.)) 
Digamos de paso que de regreso á su barraca el femater abando- 
na mas de una vez la linea recta , y traza una curva , ó mixta , si 



:^ 



^ LOS VALENCIANOS 

es necesario , á fio de recibir plácemes y estímulos de algunos ojos, 
traviesos salidos de una barraca vecina, y cuyos flechazos son lauto 
más agudos, cüauto mas lo son los efluvios aniibí^téilcos que exha- 
la el contenido del serón. 

^ Mientras el femáler se dedica á esplotar las galerías interiores, 
DO descuida el beneñcio de las Yetas descubiertas, y el polvo cat- 
cáreo <le Jas csdles y plazas le suministra mas fácil recurso eu la 
pobreza y agotamiento de los Clones , aunque no eseuto de peli- 
grps, y chascos. Porque unas veces la mina se le, ^tz/ra maguas, 
es decir , que al tener recogido un montón, de malenal , y en dispo- 
sición de trasegarlo al serón , uu malhadado lebrillo 4e agua , las 
mas veces no limpia , cae sobre el polvo fecundante aUegado 'coa 
tanto afán, y destruye de un golpe ¡oh dolor! las coles, berzas^ 
calabazas y berengenas encerradas en aquel breve espacio de tei>- 
reno. Otras veces, y con harta frecuencia, olvida que solo tiene li- 
cencia para sacudir el polvQ á su madre patria ^ mas no para de- 
jarla, en cueros; y á fuer de hijo ingrato y desconocido , lu; rasca 
hasta dejarla en puros huesos. Mas no queda impune el desacato; 
Ojos de argos velan en torno suyo , y la ley ^^non smt nudaníh 
verenda malris ha de tener literal cumplimiento. El descuidado /i^- 
ma/er ve caer sobre sí una figura terrible, y que causa en él el 
efecto de uu fantasma ; ve alargarse un brazo , que le coge del cue^ 
Uo de la camisa, y una voz semejante á la trompeta del juicio, 
1q grita : la multa. Aquí empieza )a lu<^a. Si las fuerza^ estáa equi- 
libradas , lo comuu es dar lugar á que se recoja gente ^ la cual na- 
turalmente loma interés por el pobre diablo cogido, in fraganíi, y 
espresa sus simpatías mas ó menos esplicitamente , hasta que logra 
desarmar el justo celo del centinela de la ley , quien por aquella 
vez la interpreta en su sentido lato , y con su competente apercibi- 
miento deja libre al contraventor. . 

Si éste se halla dolado de mayor fuerza ó agilidad , la pugna es 
mas corta , pues se desase fácilmente de las garras del contrario, 
salta sobre el rocín , y se pierde en pocos segundos por el intrinca- 



PCNTADOS POR SI MISMOS. 

do d^dalo^ de calles y callejuelas de la ciudad. Peor parte lleva cuan- 
do el alguacil confia poco en los recursos físicos de su persona j'-y 
echa mano de la astucia ; pues en vez ' de lanzarse sobre el delin- 
<5uenle , asegura la cabalgadura sin cuidarse de aí^uel, cierto (J^e 
no se le escapará j y tíraia la via del temido tribunal , después de 
haber pronunciado la formidable frase sacramental : A replegarlo á 
laLloncheta. ak recogerlo al Repeso.» La inspección fiscal sobre 
el /ema/ar no se limita á impedir sus desmanes sobre el mayot ó 
nsenor despojóle las (^lies, sino igualmente sobr^ el eumpKmiento 
de la ordenanza , que previene á todos los fenmt&rsW^sm consiga 
la liceaoiav que leí? autoriza á desca4*garnos del peso de nuestras 
inmundicias. iGijiayidet cuitado/ á quien la «airada suspicaz ^el 
vigía aterre , á qqien su acento ronco espante al pedirle con tono 
imperioso : la /íc^m^ial Es que la ha olvidado en casa ;^ es que ha 
usurpado un .derecho qué no le compete ; es que ha entrado en ta 
profesión por puerta vedada. ¡ Guay do éll Que la multa -es do ir- 
remisiblo exacéion:, quedando en rehenes de su 'Cumplimiento'^ 
triste y mansojcompártidor de sus glorias y fatigas. 

El femater hade ser discreto á toda prueba , pues acarno hay 
persona tan admitida á los secretos interiores de las familiar. De tal 
privilegio es deudor en primer lugar á los arquitectos, que dan 
paso á las cocinas por ias piezas principales; en segundo al terreno, 
que por buena < voluntad que en aquellos se suponga, no se presta 
<^on la docilidad que de desear fuera , al lucimiento, del profesor y á 
las exigencias de la distribución interior de la casa. También moja 
aquí Ja hora , oficial de la visita del femater , que rara vez sube 
mas allá de las diez de la mañana; hasta cuya hora os eosa sabida 
que ni sonoras ni. caballeros están, visibles por razones muy obvias», 
y al alcance de lodo el inundo. E\ femater , pues /ve cosas que no 
son pai^a escritas , y tai vez se le confian^ involuntaria ó inadvepti^ 
damente misterios , que no se confian á la amistad mas intima y 
acendrada. Encambio, si el /"emaíer es comunicativo y alegre, sirve 
á la familia , y especiaünente á las traviesas y despiertas ciiadas 



^ LOS VALEIiCIAIYOS 

de gacetilla diaria , y de corre-ve-y-dile , como no adolezca dema- 
siado de escrúpulos de monja. 

Y el femater aunque estigmatizado con el sello de la indiferen- 
cia y aun del desprecio público, no deja á veces de desmentir la anti^- 
patia, manifestando cierta gratitud á su modo, pues en muchas casas 
es él quien surte de paja para los gergones, y no raras veces el serón 
vacio contiene algún melón , ó mas comunmente calabazas de res- 
petables dimensionos , destinadas al parroquiano ; regalo simbólioo^ 
y que quizá represente las activas y pasivas que figuran eñ la i»s- 
toria de las inquilinas. 

No siempre tienen desenlace satisfactorio estas familiai*es cónit» 
dencias , tan lisoi^eras para el amor propio del femater. Mientras 
fiado en la bondad y carácter pacifico do su compañero , le deja en 
la calle entregado seriamente á sus meditaéiones , cubriéndote con 
la manta la cabeza, á fin de que no sufra distracciones; y de preser- 
varle contra los peligros y tenladones de la vista; alguna mano nos 
maliciosa que caritativa restituye al pobre paciente la luz y la facul- 
tad de ir á donde bien visto le fuere ; facultad que aprovecha opor-»- 
t^naiftesAe^ emprendiefido su retirada á la ventura, y dando á su 
éneSo uft cj.eiXácío do indagación bastante parecido al de los viages 
de Telémaco en busca de Ulises. 

Muchas veces el forastero se ve interrumpido en su tránsito por 
una nunpierosa cabalgata de fematers , que desfilando de dos ó tres 
en fondo , é en pelotón, se dirigen á un sitio , á doiide les llama un 
áobev de su profesión , y de ia mas alta importancia. Si el curioso 
cede á su instinto de curiosidad y les sigue la pista , á poco r^ 
ciertas emanaciones , en nada parecidas á la esencia de rosa ^ le 
anuncian desde lejos la índole y calidad del género que se man^. 
Crecidos montones de paja menuda, artísticamente revueltos y 
combinados con ciertos ingredientes de color oscuro, revelan una 
de esas grandes operaciones , á que debe Valencia su salubridad, 
como la debe y debió Roma , desde sus tiempos mas remotos ^ á 
igual causa y operación. No hay acaso monumento mas interesante 



PINTADOS POR si MISMOS. S5 

bajo el aspecto de salud pública , como tampoco le hubo en la Roma 
antigua , que la C/oaca Máxima, pm medio de Isi cual, y en 
cuya construcción se invirtieron caudales inmensos , se purgaba 
de sus superfluidades la reina del mundo. En efecto , dicha opera- 
ción consiste en la monda del Valladar, ó acequia madre , ó Cloaca 
Máxima y y de las subalternas, cuyos productos constituyen una de 
las rentas mas limpias y saneadas del femater. Y sin duda la grati- 
tud provincial de nuestros paisanos quiso perpetuar de un modo 
estable la memoria del gran Tarquino , séptimo rey de Roma , pri- 
mer autor del benéfico pensamiento, y fundador de \^ Cloaca Máxi^ 
ma, dando el nombre de tarquim al lodo negro, es decir, á la subs- 
tancia , que encerrada en los albañales de la ciudad , causaria su 
muerte y destrucción , y desahogada de las Cloacas por el minis- 
terio de los fematers , da vida , hermosura y lozanía á la magnifica 
vegetación de las orillas del Turia. En otras ocasiones la razzia se 
verifica al pie de las murallas, y al que contemple de lejos el espec- 
táculo , ignorando lo que sea , le parecerá un ataque parcial de la 
ciudad , ó una escaramuza dada en el foso, y en la cual los defenso- 
res combaten con proyectiles de nueva especie , lanzados por medio 
de palas contra los invasores. Pero la batalla no envuelve carácter 
hostil : es simplemente la monda del Valladar, que rodea en su casi 
totalidad los muros de Valencia por la parte esterior , sirviendo de 
foso á los mismos. 

El oficio de femater es tal vez el único en que no se roba , por- 
que no se puede robar , y en el que no obstante , ninguno de los 
que lo ejercen , anda con manos limpias. 

Pascual Pérez y Rodrli^ez. 




27 










EL DULZAINERO. 




E aqai un articulo, que debiera ^cribirse en Talencia- 
DO puro, y con la pluma de Glérigues, de Aogles, de 
Bonilla, de Baldovi ó do Liern , y con una dulzaina 
como la de Pastrana, de Poca-sangre ó del Pelotero; 
pero los estremeuoSy los burgaleses y asturianos, que 
viven en Madrid, rechazarían indignados nuestro pobre 
escrito, que les parecería semi-bárbaro; y no habria un suelto para 
esta obra en los periódicos del Manzanares. Por otra parte, no soy 
yo el mas á propósito para delinear, como se debe, este personage 
tipleo de nuestro pais; y tengo tanto chiste para describirlo , como 
habilidad para tocar la dulzaina. Mi amigo Yañez se reiría de mi^ 
si tuviera tal atrevimiento. Pero me han impuesto este trabajo y 
voy á emprenderlo , con la misma desconfianza con que se oye en 
nuestros dias hablar de moralidad. 



38 LOS VALENCIANOS 

A pesar de mi formalidad { no os ocurran los burros , que son 
acaso ios seres mas formales de todos los seres, orgullosos con 
sus orejas); á pesar de la gravedad de mi carrera, que no es tan rá- 
pida como la de cualquier ministro; y á pesar de que no he dicha 
jamás una frase que hiciera sonreir, y eso que no he pecado nunca 
de hipocresía, os lo conGeso, el toque súbito de la dulzaina me re- 
gocija, me alegra y me tienta á dar volteretas delante del impor- 
tante dulxainero, como los dichosos arrapiezos, sucesores degene- 
rados de nuestro paisano Nélo el Tripero. 

£1 dulxainero es un hombro delgado , nervioso , de mediana es- 
tatura, de mirada espresiva; habla con rapidez, con soltura, y es 
libre , franco y alegre en su conversación ; no abandona nunca su 
chaqueta ; no se afeita todos los dias , pero se cree tan importante, 
como el primer violin, ó el primer oboe del gran teatro de la Scala. 
Su procedencia es de un taller; fué antes tamborilero, y con el 
tiempo empuñó el instrumento con que se honra. El duhainero 
lleva consigo una parle suelta de su cuerpo, que no puede despren- 
derse de él; y por consiguiente tiene dos cabezas, una que discurre 
y otra que discurre poco; dos bocas, una que sopla y otra que per- 
manece cerrada; cuatro manos, dos cuyos dedos trabajan infinito y 
dos que se agitan incansables ; y cuatro piernas que marchan casi 
siempre á la par. La cabeza, la boca, las manos y las piernas exu- 
berantes son las piernas y las manos y la boca y la cabeza del 
muchacho que toca el tamboril; son el cuerpo y la sombra, el car- 
retero y el látigo, el portero y su petulancia/ la España y 
el desorden: son inseparables, inolvidables, indisolubles: el uno 
arrastra al otro como el imán al acero , como la coqueta á un 
tonto, como el poder á los débiles. El muchacho es un aprendiz de 
oficio , travieso, díscolo , picaresco, y, salvos algún puntapié, algún 
codazo ú otro aviso de este género, se aviene perfectamente con su 
cuerpo mayor. 

Guando el duhainero ^ hinchados y encendidos los carrillos 
arranca del instrumento esos sonidos que son menos ingratos y chi- 



pijüTADOs POR SÍ misiaos. 29 

llones , á fuerza de habilidad y de pulmón , el muchacho le acom- 
paña con toques de diana, redoblado, de ataque, de marcha regular, 
de fagina y todos los demás que caben en la armonía de un tambor 
mayor; y asi corren las calles de la capital y de los pueblos, seguidos 
siempre de una nube de chiquillos, desarrapados, grasicntos, espe- 
luznados , que se pegan á los músicos como las moscas á las uvas 
en el mercado. 

La primera fiesta en que brilla cada año el dulzainero suele ser 
en alguna casa de carpintero la víspera de san José. ¡Las fallas! es- 
pectáculo que alrae la multitud, que convierte en fiesta la víspera 
del Santo Patriarca, y que va á contemplar, entre infinitos haces de 
paja cubiertos de calzones, y de sombreros resinosos, algunos grupos 
colorados de escenas de idem , con versos idem. El dulzainero allí 
toca alegres, andantes, pasos dobles, himnos, trozos de zarzuela, y 
el fandango , y el ole y cuanto recuerda el músico , acabando por 
fastidiar á los vecinos. Parece imposible, pero es verdad : su. prin- 
cipio conmueve , agita , pone en movimiento : después de algunas 
horas se huye de él. £1 dulzainero permanece impávido en su silla 
á la puerta del clavario , y á su lado el cuerpo menor. De tal á tal 
hora tocará V., se le dice; y el músico paciente, firme y resuelto, 
ni fuma, ni se levanta; no imita á los profesores de orquesta; es 
verdad que el dulzainero ni tiene entreactos, ni sermón: de tal á tal 
hora, allí está él. 

Desde San José hasta la víspera de San Vicente Ferrer no suena 
la música del pais\ pero el dulzainero es un objeto indispensable de 
los milacres. Los necios siguen creyendo que el fundador de la Uni- 
versidad, del colegio de huérfanos, el célebre diputado del congreso 
de Caspe era un hombre alegre. [Bendito santo! Penitente , ocupa- 
do, humilde y sabio no sabia tener la risa en los labios, como al- 
gunas mugeres laa lágrimas. Pero el dulzainero allí ; allí y durante 
toda la octava del Corpus: las danzas de moros llevan dulzainero; la 
de la moma ó de los pecados capitales lleva dtjUzainero; la de los ca- 
ballitos lleva dutxainero] la huida de la Virgen á Egipto y otros mis- 



50 LOS VAiraCIANOS 

teños, llevan su dulzainero. Los enanos y ios gigantones , lo llevan 
también; lo llevan las danzas encima de las Rocas, y ^l. dulzainero 
es un adorno de las fiestas, como el mirto y arrayan con que cubren 
las calles. 

Durante el verano y hasta muy entrado Octubre es el período 
duhainero: cada calle de la capital Uene su santo tutelar ; faltará la 
música, faltarán adornos, pero el dulzainero , no. Es la época de 
brillar; á las tres de la mañana se halla el dulzainero en su puesto, 
junto con su inseparable que, medio dormido y bostezando, le sigue 
pacientemente , para atronar no solo la calle de la fie^ , si laa con- 
tiguas también y á veces las mas apartadas , según el capricho de 
los directores. Esto se llama altada ó alborada: dichoso dulzainero 
si alterna sus toques con la música militar. 

Acompaña la estatua del Santo á la iglesia para la función reli- 
giosa ; le acompaña , concluida la misa ; toca algunas veces por la 
tarde y vuelva por la noche á su tarea. Si no fuera por que se les 
dá buen trato y entra en los gaudeamos de los directores, habia para 
reventar de música. Por la misma época principian las fiestas en los 
pueblos: por supuesto el dulzainero alli. Su llegada sola en el carro 
del ordinario , ú ocupando una cabalgadura, atrae á todos los chi- 
quillos de la población, que salen á su encuentro saltando, bailando, 
silbando y rugiendo. Pero el dulzainero es hombre impávido : no 
hace caso ; se apea y cruza aquellas masas de zaragüelles y de ju- 
bones con marcialidad pasmosa y se dirige 4 su alojamiento. La' 
turba de chiquillos se instala á la puerta; y ni por mas látigos, ni por 
mas agua , no ceden su porción. Guando sale el dtUzainero y dá 
principio á sus toques en la puerta de casa del clavario , el pueblo 
siente una chispa eléctrica ; produce un sacudimiento que hace 
apresurar sus faenas á las mugeres y dejar sus labores á los mozos\. 
Todos los muchachos del pueblo forman la conütivá, y no hay vieja 
ni joven que no salga ásu puerta para ver al dichoso músico. — ¡Cha! 
¡ Visénta! ya está ahi. — Vamos, vamos, tia Cortesana, ahora es tiem- 
po de bailar. «^¿ Te han traído el pañuelo de Valencia ?-— ¿Quico 



PINTADOS POR Sí MISMOS. 51 

Tendrá á la fiesta? — Mira , que no te olvides del pan quemado. 
—¡Animo! [ánimol la fiesta será brillante.— Yo no podré estrenar el 
eorpiño. — Y estos diálogos que se cruzan en todas direcciones de 
puerta á puerta, de ventana á ventana se unen á los silbidos, ahulli- 
dos ó relinchos , carcajadas y vuelo de campanas. Una porción de 
mozos, envueltos en sus mantas , van siguiendo también , lanzando 
algún relincho, dando un empujón de purísima ternura á la reina de 
sm pensamientos , que responde con un agudo chillido, que quiere 
ser una carcajada, y mostrando todo el valor , que ellos tratan de 
manifestar en su talante y ademanes. 

En los pueblos es donde el dulzaimro es mejor tratado : por 
que es mas simpático á aquellos oídos. Pero se le hace trabajar 
desesperadamente en las alboradas (albaes), en los pasa-calles , en 
la plaza pojr la noche y en los entreactos deis colóquis y canlades. 
A veces acampana los bailes; yo lo be visto; ya veis> si podéis 
creerme, Os lo voy á contar. 

Hace pocos años me hallaba yo en un pueblo, da cuyo nombre 
me acuerdo siempre coa ternura, por que es bueno, laborioso y leal 
y tiene hombres tan probos, como mugeres lindas ; y las hay, lec- 
tores mios> en nuestra huerta y en todos los pueblos de la provincia. 
Hallóme . pues, en unas fiestas: m^icho vuelo de campanas, muchas 
músicas de guitarra, muchos disparos de escopeta, de fusil y de tra- 
buco en las alboradas, buena misa , buen sermón, una procesión 
arreglada y devota, mucho paa quemado, ricos bizcochos y sobra de 
gallinas. Era una noche: delante de la puerta de la iglesia, levantada 
tres gradas sobre el piso de la plaza , se colocó en semicírculo una 
línea de chicos sentados en el su^lo,. con las piernas cruzadas y 
detrás muchos hombres y mugeres, unos sentados y otros de- 
rechos. En un pmio una colección de instrumentos que figuraban 
una bandsk militar y en otro el indispenaabU dtdzainero. En el 
centro de aquel circulo una hoguera que procuraba alimentar el 
pregonero, el alguacil, el cartero, el portero del ayuntamiento, ad- 
virtiesdo que estos cuatro empleos pertenecen á un solo indivi- 



52 LOS VALENCIANOS 

dúo. ¡Y se quejan que haya otros que teogan solo dos destinos! 

¡Se va á bailar la cháquera vella! Aquí de mis gustos por las 
antigüedades, gusto que no alcanza hasta gustarme la antigüedad 
de una muger, me dije para mi; y abrí tanto ojo, y apliqué todo mi 
oido por no perder cosa del baile. 

T aparecieron las parejas /Caramba qué chicasl diria Peri- 
co Garcia: yo no lo dije, pero me sorprendieron. Serian diez ó 
doce parejas. En íila esterior y de espaldas al público se colocaron 
las muchachas; y en fila interior los mozos , mostrando al público 
sus rostros tostados del sol y robustos por el trabajo y la sobriedad. 
Buenos muchachos; pero hubiera preferido una colocación inversa. 
Cabeza de la danza era una joven, que de rigor, debe ser casada, las 
demás pueden ser solteras ó casadas; trages airosos, brillantes ro- 
detes, talles esbeltos, á pesar de la ausencia de los miriñaques, 
buen zapato blanco escotado , y un lindo rollo ó caragol de pelo á 
cada lado de las sienes, y unas miradas tan modestas, como seduc- 
toras. Los forasteros creerán que esta es uqa pintura bucólica; que 
lo pregunten á Bonilla y al Sueco y á todos nuestros paisanos. Yo 
no digo mas, por respeto al editor. 

Principia el baile: las parejas ni se acercan, ni se tocan, ni ellas 
dejan caer sus cabezas sobre el hombro del caballero , ni se apro- 
ximan sus senos, ni se cojen las manos, ni la cintura Esto es de 

culta sociedad: aquellos pobres hombres no han estado jamás en un 
baile de sociedad. El baile es tan sencillo , tan monótono, que pude 
aprenderlo , yo , que no conozco un solo compás. Un paso hacia 
adelante y otro hacia atrás, con otro lateral á la derecha, levantaiH 
do los brazos hasta la altura del pecho ; he aqui su estructut>¿ : solo 
para los hombres era un poco mas complicado: al llegar á la última 
vuelta giraban sobre si mismos, se quitaban el sombrero y hacian un 
saludo difícil para nuestro sistema de cortesías. Es inútil advertir 
que el duhainero y su conjunto tamboril era el alma del baile, su 
bastonero y su todo. Concluyó; y ahora entra mi sorpresa: cada 
mozo llevando de la mano á su pareja debia pasar por delante del 




PINTADOS POE SÍ MISMOS. 53 

dulzainero, que tenia su propio sombrero eolre las rodillas, y habia 
de dejar en él una moneda. El músico conoce pronlamenle el va- 
lor de la moneda y lo anuncia al público, haciendo conocer la 
esplendidez de cada bailarin. Por cada real de vellón dá una 
pilada aguda, chillona, vibrante, destemplada : y según las pitadas 
forma el público el debido concepto del galante labrador. Esto pro- 
duce algazara, ruido, silbidos, carcajadas y galanterías de nombres 
propios, alentando ó afrentado ó enorgulleciendo á las lindas parejas, 
que vuelven á sus casas acompañadas de sus caballeros. El dul- 
xainero no sale maUn la jácara vieja. 

En fln, el dulzainero es para nosotros y para mi el primero , una 
necesidad en las fieslas, es una campana para las iglesias, una cam- 
panilla para un oficinista, una capa para un retirado^ un cambio mi- 
nisterial para un cesante y un editor para este articulo. 

Tícente Bolm. 















L4 CmBliSEBi 

(YUmOOR^ DE CALABAZA ASADA.) 



SA frttta>faiit0fDida porros que Be dedican á una car- 
fiera literaria ó desean .adquinr el tilAlo de novios; 
ese ff oduelo agcicola itan destituido de partículas 
alimen Licias y desabrido para ciertos paladares, 
como pomposo y visible en medio de los campos, 
también causa las delicias de una buena parte de 
nuestra población, tiene sus altares en las calles de 
la morisca Valencia, es preconizado en brazos femeninos por auai»- 
4ras plazas , y constituye la ocupación mercantil de algunos senas 
privilegiados, que ni figuran en las listas de matricula de comercio^ 
ni están obligados á llevar libros en forma como dispone el código^ 
ni son perseguidos por los investigadores de la hacienda pública, ni 
están clasificados, ni necesitan patente para egercer su industria, ni 




36 LOS VALENCIANOS 

finalmente, les causan pena alguna las oscilaciones de la bolsa, ni se 
cuidan de las alzas y bajas del cambio , por que sus operaciones 
nada de común tienen con aquellas miserias. 

Muchos creen que para conocer el valor de la calabaza , basta y 
sobra con ser estudiante en dias de exámenes, ó solicitar un si cuan- 
do la luna está en menguante ; pero es*e es un error lamentable en 
demasía , porque para conocer el valor de aquel fruto se necesita 
verle en brazos de la mujer que se hace lenguas por lodos los án- 
gulos de la ciudad , publicando sus escelencias y remontando hasta 
las nubes la bondad del esquisito género que enagena. 

Figúrese el lector una muger de mas ó menos edad, porque en 
esto no hay regla fija, vestida con superlativa sencillez, los zapatos 
en chancla ó con el talón horizontal , cuando no está ausente , las 
piernas al aire libre, el vestido de un color problemático y con al- 
guno que otro rasguño de poca importancia; los brazos al tenor de 
las piernas , al cuello un pañuelo de formas ecoiiómicas y que no 
puede desdeñarse de estar en sociedad con el vestido , y el cabello 
en tan estudiado desorden, que ni el famoso Tiffon ni los entendidos 
Lita Melendez, y cuantos co^ffeurs se conocen en la patria que tanto 
debe á Jaime I, podrían entenderse si se introdujesen en aquel dé- 
dalo. Tal es el vestido de nuestra heroína, ó sea la carabasera. 

Sobre so brazo izquierdo lleva una tabla de una media vara de 
longitud y como un palmo de latitud ; sobre esta tabla descansa un 
trozo de latón délas mismas dimensiones, v este á su vez sostiene 
medía calabaza cortada horízontalmenle, que acaba de salir del 
horno. Inútil es mencionar la buena cantidad de moho que contie- 
nen tanto la tablita como la hoja de lat i que la cubre , á causa del 
sudor que se desprende de la mercancía, por que harto conocida 
debe ser del piadoso lector, si ha tenido la fortuna de recorrer nues- 
tras calles y de encontrarse frente á frente con la industriosa muger 
que nos ocupa. 

Armada de este Diodo sale la carabasera á la calle cuando co- 
mienza á declinar la tarde , ó sea á la hora próximamente en que 




PINTADOS POR SÍ MISMOS. 57 

ios chiquillos se dejan las escuelas. Nuestra heroína marcha regular- 
mente á paso de Luchana, como si quisiera impedir que el género 
se enfríase y como si su actividad escltara á la de los aficionados y 
consumidores. A si discurra nuestra comerclanta por las calles lla- 
mando la atención hacia su género con los gritos de: ¡chiquea , la 
mel portel — ¡ara acaba ixir del forn\-—\Calenteta y com un sucrel 
— Asó es canelal — ¡chiques, asó es casca, asdl — \y qué recanelal-- 
¡quí me la acabal y prodigándole olraa frases y haciendo uso de 
otras símiles, que si para algunos no prueban la bondad del género 
por aquello del ccbuen paño en la fábrica se vende, :í) tienen la ven- 
taja de dar una idea de la facundia del dialecto del pais y de la faci- 
lidad con que es manejado por los indigenas. 

Después de pregonar largo rato la mercancía y de agobiada con 
los epítetos de miel, azúcar, canela^ casca y otros por el estilo, se 
presenta un comprador, que ordinariamente suele ser algún chi- 
quillo, doméstica , revendedora ú otro á este tenor. La carabasera 
suele clavar una rodilla en tierra , sobre la otra sostiene la tablita, 
loma con la mano derecha una hoja de cuchillo ó de navaja , cuyo 
mango desapareció anos há , con los dedos de la izquierda ase el 
borde de la calabaza , y en esta posición levanta los ojos hacia el 
comprador y comienza el diálogo siguiente: 

—¿Cuanta n' vols? 

— Tallem un diner. 

— ¿Vols péndremela tota? ¡mira qu*es molt dolsa! 

— ^No vullc mes qu'un diner; donem vosté un bon tros. 
Y nuestra heroína corta un pedazo con arreglo á la moneda, re- 
cíbelo el comprador en la palma de la mano y se lo acerca á la boca 
sin reparar en el mugre que ya ha formado costra entre los dedos 
de la comercianta, á causa del jugo que despide la mercancía. 

Concluida la venta prosigue la carabasera Su marcha como ya 
hemos dicho, repitiendo los elogios del esquisito género y prodigan- 
do á boca llena la frase sacramental de: chiques ^ bollinl, bollint la 
porle, asó es canela, etc. 



dBLca{útal que nuestra her orna tiene en ciroulacaon rara vez pasa 
de «ina dooena de reales, y paca eso no ha de pertenecer á la oíase 
mas infenior del gremio, pues esta industria, asi oomo todas, tiene 
iambien 4sus diferentes grados de prosperidad. Si la carahasepa 
fuede algO; es decir; si su fortuna es tan desahogada que le permite 
dospremlense de la cantidad que hemos mencionado mas arriba, lle- 
gado ehtiempo de la recolección del «fruto con que comercia, compra 
m junto una pactida de seis ú ocho calabazas , las coloca en el bal- 
dean, ventanas ó > terrado de su casa, y bé aquí el repuesto ipara una 
•temporada. 

(Guando A eapítal de la canAaaera no ^es tan mosquino cpe se 
cuenta por cuartos , entonces sus negociaciones mercantiles no se 
'reducen al estrecho circulo lOn que las hemos visto. girar hasta ahora, 
sino que ensancha el horizonte de sus relaciqnes y hasta 'llega ¿ 
constituirse en comercianta'de puesto lijo , que cuenta con una par- 
ix)quia estcAsa , se mira acreditada entre sus favorecedores y Tja 
p»«de - decir tque' tiene un pe^d^to con pretensiones de ¿o^¿^ (tienda), 
per mas qu» se ihaile espu^sta al aire libre, ó por mejor decir, á los 
:cuatro 'Vifenlos. 

iLa qire se eaoueRtra on osle -caso examina el punto que icree 
mas á propósito para constituir la j^ara^to , ó puesto, que «regular'^ 
mente suele ser una esquina frecuentada por las 'personas cpie mas 
consumen el género; pide la venia del vecino ó vecinos mas inme- 
diatos al punto elegido , y con el fln de gozar sin ningún recelo de 
todas las inmunidades posibles y que mas garanticen su libertad, 
habla también al celador del barrio y se pone bajo la inmediata pro- 
tección de los agentes de aquel funcionario. Obtenida la venia, para 
lo que no siempre son de absoluta necesidad aquellas gestiones, 
porque á veces suele autorizarse sponte sua , procede á la coloca^- 
cion de la paraeta en la forma siguiente: 

Compónese regularmente de un banquillo ó silla sin respaldo 
tumbada de lado; encima una tabla como de una vara de larga y 
media de ancha, y sobre ella la hoja de lata con la calabaza asada, 



unas cuaiitas naraiya& dff la clase mas mferioiiy um puñado de^ ca- 
eahueíy olro de michasi,^ á sea ganbanaos tostados vedttCKdaS' á fi^ac^ 
eiones muy menudas que* pop lot eomuii>9UJel6( ser la esoeriai del tott^ 
rat, y algunas pequeñas cantidades^ d^ fruta de iofimía^ dlaise eúmí 
tiempo. Tales son los^articu}o8^de<queise'aomp(^esu tienden ^ espurios 
ásol y: agua , firio y viento , porque no liieneD mas^ cKieaparato ofm 
ú délo y y lost que espende en^ cantid^ades de á cuarto y á ocbafvoc 

En nii>guna de esas' fiesta» populareis que tatito abvH^da»^ ei^ 
nuestro pais, y que soncoRocidas ooo' el'di^iulivo á&f^astes de Mr- 
T^Vr hace falta b» c(M^okü¡s^Y\% coi sU'/^aro^fo muy bien provista, no^ 
solo de los arlioulos< que de}dmo9 metioiot^ados y d^ los* que^ hace 
un graa despacho, si4io de algunos^ otros géneroe de airf^nn^taoisias^, 
cetto las ak^isas, vulgos klirons, y cünutitas para disparar tos hileras 
y de los que nuestra heroína saca un buen partido , merced al ea-^ 
ráoter especia) de mucho® individuo» de los qye minea hace^ falta 
00 aquella» TmieMnes. 

Efectivamente, en cuanto anochece, que es cuando hféilu de 
carrer entra en su lleno , á causa de estar to^ el dte 0cupafdos en 
el trabajo la mayor parte disldE^inditiduos qu^' dan vida y aimna- 
cioD á aquellos espectáculos , concurren una porción de jóvenei^ 
oficiales de diversos oficios , comienzan á recorren lá caHe en donde 
se celebra< lá^ttMtd, observan con miimciosa atención á' todas las 
chicas que adornan los balcones y las puertas de les casas, y^ forman 
su plan de art&cpve. Lo^ primero que hacen es presentarse ew el |yu0s- 
to de nuestra carabasera , que de ordinario se sitúa en una de Idi^ 
esquinal» dé Ift callé úé la fiesta; compran todos los ttironsqne tiene; 
eada mo20>3e attma desu canuto^ Uamado téenicamentis estufaer, y 
vuelven á recoi^^ér lais caites disparánde hueso» y dando sustos á 
cuantas jóvenes se p^im á tiro. Pero^ een él ft» de dlstemláf la bro- 
ma, también se proveen nuestros jóvenes de alga»" püQddo de caca- 
huety de otras chucherías que van mascanfdo al propio tiempo para 
alejar la idea de que su esclusiva misión es la de dispararemos de 



40 LOS VALENCIANOS 

No es necesario decir que la carabasera sabe sacar todo el par- 
tido posible de las circuostancias, escatimando cuanto puede las por- 
ciones que vende en vista del consumo que bay y de la buena vo- 
luntad de los alegres consumidores. 

Sucede muchas veces que al anochecer y cuando ya es' hora de 
retirar la paraeta, le queda sobre el latón un trozo de calabaza, que 
no ha podido espender todavía. Si se resuelve á guardarlo para el 
día siguiente, corre el peligro^ no solamente de no venderlo por la 
mala presencia que debe ofrecer el género , sino de desacreditar á 
la otra media calabaza que ha de salir del horno para el consumo 
del dia. En esta dura alternativa se decide á dar salida al trozo que 
le queda> aunque tenga que darlo por algo menos de su valor. Con- 
sentida ya en ello, espera la ocasión propicia; y no tarda. á presen- 
társele. 

Una muger de humilde aspecto se acerca seguida de dos ó tres 
chiquillos ; al estar frente á la paraela nuestra heroína la detiene al 
grito de: 

— ¡Chitl ¡ascolte, donal 

-^La muger se detiene con los chiquillos , mira á la carabasera^ 
se acerca al puesto, y 

— ¿Qué vol? responde. 

—Quedes este trosel; que men vach y lil donaré baratet. 

— ¿Cuant vol dell? 

— Repare vosté be; asó es un sucre; anem, donem setse inés d'e&- 
te tros. 

— ¡Setse inésl — esclama la pobre muger que mira en ellos el pre- 
cio de dos libras de pan del dia anterior, y con los que puede saciar 
el hambre de sus pequeñuelos: — ¿vosté en vol cuatro? 

— ¡Com cuatro, dona de Deu! ¿está vosté loca? 

— Si no vól no me la done. 

—Si vól, un sóu li costará 

—¿Me la dona en sinc? 
Y viendo la carabasera que por este medio no puede deshacerse 






PIISTADOS POR SÍ MISMOS. 41 

del trozo de mercancia, pierde los estribos y arremete contra la po- 
bre muger con los piropos de:— ¡vaya , vaya V. á comer paja y za- 
nahorias; y le regala otras flores por el estilo. La interpelada se eno- 
ja también, deja que el gato se le suba á la parra, devuelve los dic- 
terios duplicados á nuestra heroína, la zambra sube de punto, y por 
fin ambas contendientes vienen á las manos , se agarran de los mo- 
ños^ menudean los arañazos y rasguños, la paraeta viene al suelo y 
mientras la propietaria vindica su honor ultrajado, los chiquillos que 
han acudido á los gritos se aprovechan de la ocasión , tragándose 
cuantas frutas pueden recoger, hasta que se presenta un vigilante y 
como Dios le dá á entender pone en paz á las lidiadoras y cesan los 
silbidos y la algazara de los espectadores que han gozado de un gro- 
tesco espectáculo sin costarles un cuarto. Terminada la lucha los 
chiquillos se encargan de recoger los mechones de cabello y trozos 
de vestido que han quedado sobre el campo. 

Entonces la comercianta recojo sus mal parados géneros , y al 
tiempo de marcharse recibe la orden de presentarse aquella misma 
noche ó á la mañana siguiente en casa del comisario del cuartel , ei 
que le da una reprimenda por su carácter discolo y pendenciero. 
Mas este percance no impide que la escena se reproduzca siempre 
que la oportunidad se presenta. 

La carabasera no siempre comercia con el mismo género. En la 
época oportuna pone su puesto de castañas calientes en el mercado 
ó en cualquier esquina á propósito; otras veces hs panochas asadas 
constituyen su modo de vivir^ y finalmente, los membrillos asados 
y las favetes cálenteles forman también su ocupación vespertina. En 
resumen, la carabasera es un ser vividor, activo, emprendedor, in- 
dustrioso y digno de ocupar un lugar en esta colección de cuadros 
pintados con brocha gorda. 

José Zapat«i* y IJJecla* 



6 



E nmm. 



^^^rs^ I grato estado del dole« far nienfe peculiar á los hi- 
^ Eilfjt' J^^*)^ '^^ pueblos meridioDales , parece que debería 
coidpreoder de lleoD, á l(» que vieron su pnmera luz 
dad del Cid, que con sü ploloresca posición lo- 
pográQdb eD'úna inmensa llanura esmallada de jardines, 
que con el aroma de sus flores embalsamüo el ambienta,' 
ooD na cercado de feralísima y poblada huerla que os- 
tenta drgullosa su robusta y Ao ifllerrumpida vejetacion, en un di- 
dlado botlioille qut! se pierde eh las playas del mediterráneo , ea- 




44 LOS YALEKGIAKOS 

peclador tranquilo que parece contemplarla eslasiado á una respe- 
tuosa distancia; con la riqueza y abundancia de sus aguas potables 
y de riego; con su tan productivo conno magnífico lago de la Albufe- 
ra; con su risueño y límpido celaje, que sublima el espíritu y nutre 
al poeta de divina inspiración, y por último, con su voluptuoso y 
embriagador cañamelar en los dias calurosos del estio , templados 
por la suave brisa del mar , bien se puede decir que Valencia , ha 
sido enriquecida con todos los dones de la naturaleza , mas propios 
para que sus naturales fuesen muelles y afeminados. 

Sin embargo , el observador imparcial notará con gusto que, á 
pesar de la blandura y lijereza de su carácter, se encuentran en no 
escaso número laboriosos y entendidos agricultores; artesanos enér- 
gicos y fuertes para el trabajo; fabricantes aventajados en toda clase 
de industrias ; reclutas de fácil instrucción, y soldados valientes. T 
si bien en lo general no tienen al trabajo la afición que debieran, 
tampoco son tan indolentes como parecen y se les ha querido supo- 
ner; desplegando cuando la necesidad les acosa , una actividad de 
ingenio sorprendente én un pueblo qül^; sobrado confiado en la Pro* 
videncia, suele comunmente decir cuando ha gastado en un dia todo 
su haber monetario* Mañana Dios proveerá. 

El' tipo que presentamos puramente indígena de este pais, es 
una prueba del aserto anterior. 

Un hombre vulgar, sin oficio ni instrucción para ganarse la sub- 
sistencia, llega un dia en que se encuentra frente á frente con el es- 
cuálido y repugnante rostro de la miseria^ y asustado retrocede^ $u 
orgullo le retrae de humillarse á mendigar e} sustento; la n«^sidad 
le apremia; se recojo sobre sí mismo; dá tormento ásu imaginación, 
y á poco sale de este estado, convertido en un inísrentor de^Aomt- 
llos, para cuya fabricación no se necesita emplear e^l menor ca- 
pital. 

Y nuestro hombre, en mangas de camisa en el verano, chaljueta 
elástica de lana en invierno, .pantalpn de algpdon de color ifadefinif 
ble por su mucho usq, faja de estambra , pañuelo á la cabeza, y al- 



PINTADOS POR si MISMOS. : 45 

pargatas, cruza la capital en todas direccioqes, llevando colado á 
las espaldas un capazo que , encierra los materiales de su invento, 
consistentes en tierra hecha barro y escremenlo tierno de caballe- 
ría , gritando en su rico y armonioso dialecto : Fogueeereeeer. Al 
cirio las cuidadosas amas de casa que, tienen repuesto de ollas 
desculadas ó rotas en su parte inferior, y por lo tanto, inútiles é 
inservibles para el uso ordinario; le hacen llamar por sus criadas 
que las bajan á la puerta de la calle, donde precedido el consi- 
guiente regateo las ajustan según sus dimensiones (1). 

Entretenido es por demás , el ver á nuestro industrial ocuparse 
en la elaboración de sus hornillos, á la que dá principio por acabar 
de rebajar los pucheros hasla la mitad de su barriga , siendo de 
notar que verifican la rotura sin valerse de otros instrumentos que 
una piedra , con tal destreza é igualdad , que los oficiales de albañil 
cuando reprenden algún aprendiz porque rompen cauchos ladrillaos 
al cortarlos con la paleta, dicen (rmal aprovecharías para foguerer, y> 
que sin otro útil que una piedra corta los pucheros sin quebrarlos, 
colocarlos enseguida boca abajo; amasar el barro con los escrementos 
que le han de dar trabazón y consistencia; formar sus paredes sobpe 
las del puchero, de una pulgada de espesor, y elevarlas desde su 
base, rematando en tres puntas-semejantes á las de un bonete, cinco, 
seis y ocho pulgadas; colocar con simétrica igualdad ^n forma de 
hierrecillos, tres cascos del que fué puchero en su.parte interior donde 
este principia á estrecharse;^ abrir una ventanita de desahogo para 
la ceniza , promediada entre sus dos asas á igual distancia de los 
hierros y el zócalo ;, y como complemento de su artefacto, con Jas 
manos mojadas pulirlo basta dejarlo enteramente liso y hermoso: 
Las criadas suelen encargarse de enjalbegarlos, y la metamorfosis 
es tan completa que, al que no baya presenciado su elavoracion, le 
es diñcil creer que, el bien acabado Aorm7/o que se. le presenta ala 



Am^ 



t ' 



(1) El precia mas eomuQ en sus diferenteseláses es él de el^ce , diee j seis y Vehíte y 
cuatro manvedif. - • _ •• v^^vlf. ^ -^ ;:; . - . :v -.; :/ - .. :-,. 



46 lOfs tAlKMtíriMDs 

yíñtz (eüga por baso Ym restos despreciables de un inútil pucbéi^o y 
que sm hiyettdoii sea debida á ün hombre común del poebto Ta- 



lencl^o. 

Stt uGIMad G$ generalmente reconocida por todos los que ban 
tetíldof lugar de usarlos, ya por qne sñ bier^ ideada eoMtrucei^fñ fa- 
cilita el buen cocimiento de los manjares , como por lo etiotiómléo 
de su coste , y el comprobante iiTectrsable de ^ta verdad qué re- 
fluye en bofUra y prez de nuestro iudusfrial es que» aquel que v'mos 
en un principio recorrer las callea y plafza^ con el capazo al hombh), 
no tardó tiductao en presentarse seguido de un pollino cargadóf con 
los iñatetiafe^ , y acompañado de un muchacho qué con argentina 
toz repite de cuando en cuando , la sabida cantinela de: Fogueét- 
reeeer al fogueéereeeer. 

T tanto ha progresado esta clase de industria , conservando la 
elegancia de stf forma que , én nuestros dias vemos ya en iMehas 
tiendas de esta hermosa capital , hornillos elaborados y ostentando 
su blancura, al parecer como emblema de puro contentamiento, 
por haberse librado de la suspicaz penetración del séfior coñdé de 
Toreno. Y efectivamente sí esté célebre estadista al querer inocular 
en nuestro pais el sistema francés de la matrícula, dejó de incluir en 
ella al fabrícaiite del homilío mlencimo , porque i^ófaáé sti etis^- 
(encia, ó por que S\x obscura! y humilde procedéOciá no Ití diesen tí- 
tulos bastantes para poder figurar al lado de otras industrias ; ó á 
causa de que su esólaffecido talento reconociese que, seria escartt'e- 
cer la miseria, el ¿^avar cóU un impuesto el artefado qne pódiiat re- 
putatse como hijo natural de aqüefla , ó bien por querer pagar tíü 
tiíbuto de admiración át genio creador de este inVeOtO; lo ciedlo és 
que el foguerer se vio libre de figurar en el esten.^o y minOdoso paí- 
droti de la matricula , y marchar slñ trabad por ól camitfO de( ^ró- 
g;reso á stt complete) desarrollo. 

Ignoramos si el sefior don Alejandro Mou, continuador de aquel 
sistema, al establecer el suyo tributario, con la fírmeza de voluntad 
que se le reconoce, dispensó al foguerer el justo privilegid qtüí ve^ 



rmTiDos poB si msKos. 47 

disfrutando, ó si su inflexible rectitud lo sujeiaría á la ley común 
de los demás iadnslrlates. Mas sea de ello lo que qaiera , lo posiü- 
To es qae, ni se le ha podido pñTar de su originalidad que no reco- 
noce segundo ni ds su maravUloso engrandecimiento. 




I 



■■'I 



,,,t^ ¿^„^^"UÉf-;ilá 



EL TARTANERO. 




^ DE ES ESO? Allá á lo lejos por eolre ana oabe de pol- 
' vo veo UD desvencijado Tehícoto tirado p«r un e»- 
^ cnalido rocío y guiado por un.... no sé lo que es; 
. dislingo un objeto que se muere, bracea, ¿ñUt 
pero DO la figura que tiene; parec« alma qae lle- 
va el diablo, si he de juzgar por el paso que fiera. 
i^'' Tk^'-^^ E) largo y espacioso camino del Grao es reeorrído 
'^^ en minulospor el jamelgo, gracias álosesfuenuM 

del qae lo rige. 
Por esta oda partt; veo una especie de carromato con boDores de 
ttftua, qae cruza b qae con mucba prosopopeya llamamos caminoi 
rMl«f-,¡magBific4weamioo»! El paso lento y pesailodel mulo, el lia- 
queteo ínfanial de esa qoiiócosa, que se aumenta con el oÚBero de 
bacbes, beyes y (Medras de que esta llena la ña, aos dan b idea de 
hs áaixmx qse se deben e^tenmeatar eo no ráje hecfao por este 
meen de lecoaoóon. 

P«r fi, Bo ■■y lejos, ea todas las c^s de ValeBcia. tmetm- 
trarw r verás na cata parecida á H ai>Mi ■ÓBtínw, á n cafre 4e 



50 LOS VALENCIANOS 

colosales dimensiones tirado por nn caballo, pues á este ya le pode- 
mos dar ese nombre, el cual lo mismo vá al paso que á escape, según 
es la voluntad de su dueño. Ahora bien, si me preguntáis quiénes 
son estas tres dist'mtas personas, os diré que el tipo verdadero que 
á grandes rasgos voy á pintarragear; el tartanero. 

¡El tartaoerol Verdaderamente para hablar de este personaje, ca- 
A se nos hace preciso hablar de la tartana haciendo para ello una es- 
cursion á la historia para saber el origen, glorias y vicisitudes que 
ba tenido ese antiguo vebiculo , el cual, á despecho de la moda, ha 
echado profundas raices en este bienaventurado suelo: pero nos- 
otros que no somos aficionados traer á colación lo que no conduce á 
nada, dejamos que la historia de la tartana duerma en paz, y vamos 
á ver si podemos dar con la historia del tartanero. 

Tres son las distinciones que hemos hecho de este tipo, tres, 
pues, son las clases en que le dividimos; tartanero del GraOy de 
lós pueblas y de la capital. Vamos á hablar con separación de 
eada uno de ellos, comenzando por el último. 

La tartana de alquiler es, como hemos dicho antes, m ci^, un 
oo£re, un cualquier cosa, pero graciosa, bien pintada, con $us aiien^ 
tos de muelles, su caballo de buen aspecto, sus arreos muf4iQ^ios^ 
y sobre todo su movimiento mas suave; es una locomotora cfáe o^- 
ee algunas mas comodidades que las demás. El que dirige este ^- 
voy, ya sea dueño, ya sea criado de él, es lo mas Uno y urbano que 
se encuentra en la clase de tartaneros. Viste como la gente del pue- 
blo; chaqueta, gorra, pantalón y faja; destroza el castellano <Hi|ndo 
le habla, de lo cual tiene precisión á toda hora; comprendió todos his 
idiomas del mundo, pues reduce sus voces á dinero y su sign'^^o 
á poner á disposición de todo el mundo su carruaje; su lengua, y es- 
to parece inútil decirlo, es la valenciana de la cual hace uso fre- 
cuente, ya sea francés ó chino con quien bable. Sus sitios de espera 
son los que el nuevo reglamento, innovación importante que se ba 
liecho en esta matefia, les señala y que por lo regular son adminis- 
fraciones de diligencias, fondas, ferros-carril, etc,6n los oualesfermati 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. M 

SUS reuniones, y en algunos puntos/ como supongamos, lá plaza do 
la Aduana improvisan ciertos juegos inocentes ^ue les enlretíenen 
agradablemente y les hacen pasar el tiempo con gusto é interés. Es^ 
te personagees el cicerone de todos ios forasteros yestrangeros quQ 
se sirven de él, por lo cual todos están relacionados coa los fondista»^ 
patronas de casas de huéspedes, dueños de cafés, etc. etc.; es tam^ 
bien el almanaque ambulante de las fiestas que marca tanto la iglesia 
como la moda; por eso sabe mejor que nadie cuáles son los dm de 
paseo, los porrats^ los dias en que se acostumbran hacer las giras, 
vulgo ;7ae//a^, las lioras en que se celebran las paradas, y en fin, to- 
dos los acontecimientos para los cuales es necesario servirse de ellos; 
podemos decir que es el Valencia en la mano por ser el hombre que 
conoce mejor la población. Todos estos oficios que desempeña le po* 
nen en contacto con todas las familias de mediana fortuna de la ciu-» 
dad y le proporcionan el placer ó desgracia de saber mil secretos taa-* 
to de amores como de honra, azares de la suerte, gloria , esperan*^ 
zas, sue&os, influencias y mentiras; que podríamos calificar de iíú* 
lerios de la tartana, y todo esto lo sabe sin querer, por casualidad» 
pronunciando alguno una palabra inprudente ó escapándosele á otro 
alguna espresion inoportuna. A veces algunos acostumbran tomar 
uno de esos carruajes para hablar sin que nadie les estorbe y lo 
hacen de tal modo que, aunque el tartanero no pecase de curioso 
tendría que oir á la fuerza y enterarse del asunto que trataban. Los 
mas conceptúan á este personage como un poste , un adheronte 
de la tartana, que no tiene sentido, ni vida, ni movimiento mas que 
para obedecer y cobrar; creen que es una cosa cualquiera ante la 
cual se puede decir todo sin temor de que guarde memoria mañana 
de lo que hoy se haya hablado; creen que es una masa de carne, 
iocrustrada en su asiento á la cual Dios no ha concedido otra fa- 
cultad quo la de dirigir ese desdichado vehículo: y verdaderamente, 
, [cuánto se engañan! El tarlancro es un hombre como cualquier otro 
que vive, piensa, siente, ama, aborrece; que aspira el mismo aire 
que nosotros bebemos, que le alumbra el miamo sol que oos bafia á 



52 LOS VALENCIANOS 

nosotros de luz, que le cobija el mismo lecho azul que como cortina 
inmensa nos cubre las puertas de la inmensidad, que forma parle 
de esa grande y estensa familia que se llama humanidad; el tartaño* 
ro es un ser humilde considerado en la escala social; pero á pesar 
de que el hombre le ha dado unacategoria ínfima, el siente los mis- 
mos deseos, tiene las mismas aspiraciones, goza con los mismos es- 
pecláculos, siente los mismos afectos y tiene los mismos vicios que 
los demás: creer otra cosa seria una estupidez, una estupidez que 
cometen á todas horas del diala mayor parte de los que se sirven de 
él. Y á la verdad, no se le puede tachar de curioso cuando sin pre- 
guntar le cuentan lo que él no tiene deseo de saber; ni mucho menos 
podremos decir que es un escucha cuando no se esconde para saber 
secretos de nadie ; asi que cúlpense á sí mismos los que impruden- 
temente se confian lo que no se puede decir sino tomando las pre^ 
cauciones necesarias. El tartanero podrá hacer buen ó mal uso; de 
lo que oiga, por lo que siempre esos datos que ha recogido al azar 
y que ha ido escribiendo en su memoria como en las pajinas de un 
Ubro, serán un arma terrible de la que podrá servirse cuando quie- 
ra: con la particularidad de que el dia en que la use su dicho mere- 
cerá fé y nadie recusará su autoridad por mas que figure en una 
de las últimas líneas de la esfera social y la persona aludida perte- 
nezca á un alta gerarquia , pues hay palabras cuyo efecto no se 
borra aunque se puede hundir al que las ha dicho , como podemos 
aplastar la vibora cuya mordedura nos dá la muerte. 

Este es el tartanero de la capital, es decir, ese que vá desem^- 
pedrando las calles tanto de dia, como de noche; el que vemos á ca-^ 
da momento crugiendo el látigo y preguntando <í¡falta carruage^y 
el ser indispensable en todas las diversiones, el conductor de todas 
lascase de la sociedad, y por fin; el hombre necesario para encar^ 
garse de ciertos oficios ó negocios, en los cuales las mas veces ig- 
nora el papel que desempeñad Pasemos á decir algo del taríanero 
de los pueblos. 

Este personage por lo general es natural de la huerta, que es la 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 55 

que mas se comunica con la capital; Torrente, Liria, Masamagrell, 
Chirivella y otros cien pueblos que no gozan de las ventajas del fer* 
ro-carril le poseen, y sus estaciones Ajas las tienen en las posadas 
ó en las afueras de las puertas de Serranos y de San José. Este larla- 
nero viste poco mas ó menos como los labradores; y sus costumbres, 
usos y hábitos están muy en arnpionia con las de aquellos. Su rostro 
tostado por el sol, rasurado constantemente y sin llevar nunca la me- 
nor señal de bigote, patilla ó barba presenta el tipo perfecto y carac- 
terístico del hombre de nuestros campos; una variación en esta parte 
y en sentido reformista produciría sensación y harta alarma entre 
ellos. El tartanero, pues, vive con su pueblo y sigue sus costumbres 
fueran como quieran, como buen hijo ytiel imitador de laspráclicas 
que unas generaciones legan á otras y que tanto se respetan en los pe- 
quenos lugares. Además del oñcio que como á tal tiene, lleva unidos 
6 anejos á él otros, como son el de cartero, repartidor y comisio- 
nista, efecto esto délos pocos medios de comunicación que hay con 
la capital. Cuando sale de esta ó del sitio de su residencia^ si 
lleva la tartana vacia se acomoda en ella y á su blando movimienlo 
y arrullado por el ruido que produce el collar de campanillas del mu- 
lo se duerme como un lirón; pero cuando el carruage vá lleno enton- 
ces lo único que hace es alguna estación, ó bien en alguna casa ami- 
ga donde se le obsequia con un vaso de lo tinto, ó bien en alguno de 
esos parages cuyo pacifico ramo de oliva llama y convida á sorber 
un vaso de lo blanco. Por lo d^más, participa de las mismas cuali- 
dades que todos ellos y es sin disputa el que tiene mas obvencio- 
nes, el que santifica mas las fiestas y el que está mas bien conside- 
rado. 

Sobre el tartanero del Grao ¿qué le diré, amigo lector, que ya 
no sepas? ¿Quién no conoce ese hombre ó muchacho, por que los 
hay de todas edades, que vemos á cada momento, aunque ya en cor- 
to número, y que nos asedia, nos agobia, nos fastidia con su eterno 
fLuno, dos, tres faltan,j> según es el número de personas que vé? Na- 
die, pues lodos cuál mas, cuál menos, hemos hecho uso de su estru- 



54 LOS YALBNGtANOS 

So carretón, que visto á bueqa laz no se sabe de qué está formado, 
ni cómo se mneve, ni cómo se puede ir en él; á pesar de que hay 
algunos sumamente graciosos, con sus cortinas de colores, sus ca-^ 
bailes llenos de cintas y <ie collares y sus asientos forrados de mejor 
tela. Sin embargo, la generalidad de estos carritos no tienen ningu- 
na condición que los haga admisibles para que uno se atreva á viajar 
en ellos; por fuera el aspecto que presentan no puede ser mas po- 
bre; las ruedas de puro viejas han perdido el barniz que un tiempo 
tenian y solo las queda el color de la madera; las paredes de la tartana 
están formadas por dos pedazos de estera vieja; el asiento del que 
la guia es una pelada tabla de pino ó de cualquier cosa, y el reciñan* 
te es un esqueleto de caballo cubierto con una piel sin crines y llena de 
mataduras , llagas y otras cosas por el estilo. Por dentro la vista que 
ofrece no es menos interesante: tiene por toldo unas cuantas canas 
que al moverse el carruage producen un concierto armonioso y an- 
gelical; por asientos unos que en su tiempo fiíeron almohadones, for- 
rados de una tela raida, y por suelo ó bien una estera ó bien una 
pieza de cuerda tefida del mismo modo que está hecho todo en este 
original vehículo. Cuando se mueve esta máquina, debemos confesar 
que se sostiene por máqmna y admiramos lo bien que conserva c»- 
si siempre la ley del equilibrio. Cuando completados los incB^pensa- 
Iries odio asientos, y á veces ocho y medio ó nueve, sin los ovales 
DO puede comenzar el vmge, entra en ese precioso camino del Grao y 
escapa al galope aquella armazón de hierro, piel y cafia y con ella otras 
cien; nos parecen fantasmas que cruzan el espacio empuj«)das por u 
genio diabólico y que la tierra parece que traga perdiéndose iras esa 
bóveda de árboles qua forma el techo de tan encantadora via. f^l mar 
es el término de e^e molestoal par que agradable viage. pues en so 
trayecto suceden escenas dignan de c<w!ar$e, en tas q^ie el protago- 
nista es el lartanero, y que yo no putnlo detenerme m re erir por no 
alargar mas este ailiculo. Al principio y al fin ilel camine suredra 
otras no meno>; divertidas y graciosas con el regateo del precio; ac- 
toalmenle han desaparecido cas» del todo, pues algunas veces daba» 



PINTADOS P<^ si qiISMOS. 5§ 

logar á serios altercados y acaloradas disputas. El reglamento que 
el ano pasado se publicó fijando las tarifas y el máiimun de los pre- 
cios ba cortado sino de raíz al menos en parle la arbitrariedad de los 
tarlaneros, cuya voluntad en este punto era la suprema y única ley. 
De los tres tartaneros que hemos tratado de bosqn^r, este es sin du- 
da el que j)resenta un carácter mas general, y al que verdaderamen- 
te podemos dar tal nombre, pues su oficio no consiste ^solamente en 
cruzar el camino del Grao sino que so estiende á mas. Su car- 
ruage lo mismo sirve para correr por la capital, que para ir á los 
pueblos, que para pasear por los aristocráticos salones de la Alame- 
da confundido con los lujosos coches y no menos lujosas tartanas 
de nuestras principales familias. A este personage se le distingue de 
entre los demáspor su vesüdo mezcla de marinero y labrador y tam- 
bíea por ser el mas M'uhan, malicioso, hablador y solapado de (odos 
ellos. Su trabajo dura mientras duran los baños; concluidos estos, 
concluye su obra, oo obstante de que quedan algunos siempre, aun- 
que muy pocos, los cuales se reparten los escasos viages que se bar 
een en el Invierno. 

Hé aqui al tartanero. 

Para concluir voy á añadir dos palabras; este tipo está próximo 
á desaparecer, aunque creemos vivirá algún tiempo, menguando con- 
siderablemente cada año su importancia y su nombre. Si me pre- 
guntáis la razón de esto, xio sabré deciros mas que porque asi lo 
exige una señora á quien hoy comenzamos á ver de frente y que se 
llama Civilización, esa civilización que está imponiendo su voluntad 
al muQiio y que viene rodeada de cuantos atributos y cuaUdades pue* 
den embellecer la triste prosa de la vida* Comodidad, economia, 
gusto, ornato, todo lo lleva consigo; ¿quiéa se atreverá á no hacer- 
le paso? Nadie; adelante, pues, la compañera del siglo XIX. Pero ¿no 
oís? allá á lo lejos, muy lejos ha sonado un grito agudo, estridente, sal- 
vage, una especie de silbido fuerte, continuado, penetrante, que lle- 
ga á los confines del horizonte y se pierde entre los pliegues de las 
nubes ¿que es eso? Poco á poco se vá acercando una mole que lie- 



56 LOS VALBNCIAÍÍOS 

va por cimera una densa columna de humo y que se abre paso por 
entre ios campos, las villas y las ciudades ¿donde vá? ¿quién la guia? 
¿quién es? Es el siglo XIX, que vá en pos de la verdad guiado por 
el genio del hombre. No le detengáis; pensarlo solamente seria una 
locura. No hace mucho entró en España y al poco tiempo su voz so- 
nó en el Grao, llegó á Valencia y se estendió basta.... ¿quién sabe 
adonde irá? Ahora que hemos entrado, ó por mejor decir, hemos na- 
cido para la vida universal, necesitamos de otros medios para exis- 
tir; la tartana en el ano 1859 es un anacronismo que no comprende- 
mos, mucho mas cuándo el mundo desea volar como el pensamiento; 
el tartanero es un ser quo no puede vivir teniendo por sombra el humo 
de la locomotora. Aqui podíamos decir muy bien la elocuentey profun- 
da frase de Victor Hugo, esto matará a aquello, aunque el aquello ei 
muy pequeño comparado con esa magnifica invención á la que se \é 
dá el nombre de vapor. 

La capital también perderá esos antiguos carruages sustituyén- 
dolos por otros mas cómodos y de mejor gusto, como sucede ya ^ 
otras capitales de provincia, siendo la moda la que introducirá édft 
variedad de faetones, carretelas, tres por cientos, etc. 

Yo que tengo en mucha estima y aprecio en lo que valen esas 
gloriosas antiguallas Aq nuestros padres, en ciertas cuestiones ks 
respeto pero las lego al olvido para marchar con el espíritu innova- 
dor de mi siglo, que por mas que se diga no quiere dormir ni en 1(k8 
caminos, ni en los mares, ni en sus leyes, ni en sus costumbres; jsi^ 
no que quiere correr con la celeridad del rayo, quiere volar como 
la imaginación fogosa del poeta. Tartanero, después de haberte pin*^ 
tado del mejor modo que me ha sido posibie te dejo, te abandono 
como uno de esos recuerdos que alegraron la vida de nuestros padres; 
la locomotora acaba de silbar; el embarcadero del ferro-carril está 
lleno, tu tartana está vacia. Adiós. El mundo y con él Valencia quie- 
ren saludar el sol que anuncia la nueva era. 

Cm Cal^a j Rodrigues* 




:¿£><&ií£D^C53t:^v^=c-x 



EL CLAVARI DE LES FESTES »E CARftER. 




uEs señor, ello es preciso dar comienzo á Ira- 
zar del mejor modo posible csle personaje , eT 
cu'iil si mi predicción se cumple , tarde des- 
aparecerá de la escena : esle lipo se repro- 
duce con tanta facilidad y profusión como el 
bacalao, de manera que es el antitesis de 
los demás ; mientras aquellos á impulso de 
la moda caprícüosa y eníusiasla por innovar, 
ó por efecto del tiempo que todo lo arrastra, 
ced«D su condición particular ¿ olro de suyo mas encarnado con 
las ideas y costumbres del siglo que atravesamos, ó cuando me- 
nos se metamorfosean hasta el punto de bo baber término de 



58 LOS YALENGIAI^OS 

comparación, enlre el viejo tipo que se hunde cansado de tan larga 
existencia, y el nuevo que lo sustituye con no escaso caudal de ilu- 
siones y esperanzas ; nuestro héroe cada día se engrandece en nú- 
mero, se multiplica , y Valencia que da su contingente para la em- 
pleomanía, como hace cada provincia, surte también el no escaso 
personal de clavarimania ; pues unos y otros saben de antemano 
que para sentar plaza ya sea en la nómina del Estado , ya sea en la 
callejera , no se necesita otra cualidad que la de poseer ciertas tra- 
gaderas de elasticidad indecible. ¿Y cómo no ser asi cuando para 
condecorarse con el rimbombante título de clavario de fiestas^ no se 
exije ser letrado , hacer voto de castidad, ni ninguna de esas condi- 
ciones quepudieran ser un obstáculo para revestirse con él, y en 
cambio goza de mil ventajas, reportando honra y provecho. 

Ser empleado y clavario de fiestas son bocados sin hueso ; sip 
embargo ,■ aquel necesita pretender su empleo , mientras que este 
lo agarra; y como por desgracia, entre esta ciase de chupópteros de 
nuevo cuno, ya hemos dicho que no es condición precisa ser letra- 
dos se desconoce la lógica, y detestan todo razonamiento ó discusión 
que tienda á desviarles de su propósito , y asi como la raza cani- 
na no reconoce mejor ley que la del colmillo , asi estos presupues- 
tívoros enarbolan su bandera y á voz en grito proclaman como ley 
mas obvia la de la fuerza bruta; y líbreme Dios de encontrarme en 
medio de un combate entre gente de tan buen puño., y robusta Ifi- 
tencion de no cederla clavarimania al gran turco que se la c&ijj^u- 
tára, aunque tuviese que armar un pujJato con él mismo. r. ,. 

Basta de preámbulo, y puesto que el tipo que nos ocupa í$ "tin 
efecto , sepamos su causa. . 

Piérdese (1) en la oscuridad de los tiempos el origen ó instifaeion 



(1) No podemofl resistir al deseo de estampar algunas de las consideraciones qu« acer- 
ca de la procedencia de las fiestas de calle ha escrito nuestro amigo D. Francisco, Puig- 
y Pascual , todo con el deseo de ser mas exactos y por que reconocemos que no llega- 
ri&moB á la altura de este modeítto literato al recopilar la Índole de aquejas, i Ojala kih- 
hiera escrito también acerca del tipol 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 59 

de ciertas festividades que trasmitiesen á las generaciones futuras 
aquellos dias de gloriosa recordación en honor de los cuales fueron 
creadas. De muy distinta manera nos ha consignado la historia su 

• • * * • 

celebración en las diferentes épocas que han atravesado las nacio- 
nes, ya en el apogeo de su prosperidad , ya en el periodo de su de- 
cadenDia. A medida que los pueblos han adelantado en su civiliza- 
ción, hemos visto que han sufrido moditicaciones mas ó menos 
trascendentales ; pero que no han alterado en nada su esencia , de-< 
jándonos por consiguiente en descubierto el objeto que sus fundado- 
res se propusieron. Asi vemos , por ejemplo , que al paso que los 
primitivos pueblos del globo sancionaban como precepto el sacri- 
ficio de millares de victimas humanas á sus falsos Ídolos ; en épo- 
cas posteriores , y cuando conocieron la barbarie de estos espec- 
táculos tan gratos para sus antepasados ^ y tan repugnantes para 
ellos, no solo los condenaron d\ olvido, sino que se avergonzaron al 
solo recuerdo de tan atroz costumbre, sustituyéndolos empero con 
otros mas gratos y en mas perfecta consonancia con la índole de sus 
moradores. 

El nacimiento del cristianismo fue la antorcha que disipó las ti- 
nieblas de tan borrascosos tiempos , relegando con las sabias máxi- 
mas del EvangeUo tan cruentas escenas. Desde esta época en que 
la civilización tomó nn giro distinto , han sufrido una metamorfosis 
completa esos actos espontáneos con que los pueblos recuerdan an- 
tiguas tradiciones. Y mientras los romanos en su estúpida embria- 
guez se entregaban á asquerosas y repugnantes bacanales, los cris- 
tianos celebraban con religioso compungimiento las festividades de 
los Santos. ¡Singular contraste que hace mas latente las tendencias 
del espíritu humano hacia su mejoramiento moral! 

En ninguna nación quizás se presenta tan á las claras ese pru- 
rito de festejar, como en nuestra España. Doininada primero por 
un fervor religioso , á cuyo influjo se debieron tantas conquistas , y 
subyugados después por el fanatismo inquisitorial de los Torque- 
madas, origen de su decadencia y envilecimiento, desde los últimos 



60 LOS VALEI9GIAN0S 

años del reinado de Felipe II hasta la muerte del imbécil Garlos el 
hechizado, acudió en cuantas ocasiones veia malograrse sus inten- 
tos á la celebración do actos religiosojs, pública y ostensiblemente 
manifestados. En mas do una página leemos en la historia , esa fiel 
consultora tan benévola como rica y erudita, que los monarcas man- 
daban hacer públicas rogativas antes ó después de emprender una 
guerra , para que el cielo les concediese el triunfo de sus armas; y 
cada pueblo, cada provincia , se encomendaba á sus Santos patronos 
para implorarla justicia de su causa. Esto por una parte, y las gran- 
des calamidades públicas, que en todos tiempos han afligido á la hu- 
manidad por otro, multiplicaron estraordinariamente las festividades. 
Valencia es quizás entre todas las provincias que comprende 
España , la que cuenta mas Santos de su devoción , como vulgar- 
mente se dice , y la que consagra mas dias del aio á tributarles un 
culto esterior , al paso que religioso, de contentamiento y bienan- 
danza para sus moradores. Y un forastero se hubiera asombrado al 
recorrer treinta años atrás las calles de esta capital viendo [oh pro- 
digio maravilloso I empotrados en las paredes de casi todas ellas 
uno ó mas retablos , cubiertos de madera unos , otros de lienzo con 
la imagen de un Santo , deteriorada por la incuria de los tiempos, 
y alumbrados algunos durante la noche por un grasicnto farolillo, 
que la piedad de algún devoto , ó una promesa empeñada , tenian 
cuidado de alimentar. Si al forastero se le preguntara , creyéndose 
trasportado al claustro de algún monasterio (pues tal debiera pare- 
cerle tanta multitud de postizas capillitas como se ofrecían á su vis- 
ta) si cada una de ellas reconocía una fiesta, y le hubieran contesta- 
do afirmativamente , ¿seria estraño , esclamase , que Valencia era 
el pais de las fiestas? Los valencianos tienen fama de ser los mas 

« 

festejadores del mundo : y cuenta que por grandes y dolorosos re- 
cuerdos que abrigase el pueblo valenciano , se han disipado como 
el humo , tan pronto como han oido el tamboril y la dulzaina. Esta 
fama proverbial la tenemos muy bien sentada , y donde mas resalta 
es en las tan celebradas festes de carrer. 



PINTADOS ícm SÍ nnsMos. 61 

Hé aqui, pues , él momento oportuno para poner de manifiesto 
al héroe que motiva este escrito. 

Generalmente el físico de nuestro hombre es aunque bien ages- 
tado de semblante enjuto : en consecuencia es amante de lo enjuto; 

m 

bastante tomado del sol , pues es amigo de las meriendas á campó 
raso : hercúleo , pero sin ostentación , solo hace alarde de sus fuer- 
zas cuando le disputan su empleo , y ya sabemos de qUe modo las 

utiliza ; nervioso de temperamento , aunque solo le atacan estos 

* 

cuando rinde cuentas de los fondos recaudados para el Santo y re- 
sulta alguna diferencia en su contra , que es lo mas frecuente , a 
causa de no ser su Tuerte eso de andar con números , á no ser que 
sean de lotería, pues en este caso nuestro clavario os gran caba- 
lista , y si no digánlo las rifas que todos los domingos tienen lugar 
en pro de la fiesta, siendo tal su destreza ó cálicuto, que sin ser 
un Macallister , ni siquiera aprendiz de prestidijitador, sabe que nú- 
mero hade ser el agraciado , y claro está que obla por él; (para el 
mejor éxito de esta operación el bolso donde se colocan los núme- 
ros suele estar en estado interesaute). Sin embargo, tiene la precau- 
ción de anunciar al público que ha cabido la suerte á un sugelo de 
la calle inmediata. 

Que alargue el paso el que haya de seguirle la pista. 

Viste decentemente en su clase; chaqueta corta y pahtalón de 
campana y ajustado á ta rodilla; y como su ocupación ordinaña es el 
oficio de bellutero , y por desgracia , no presta lo suficiente para 
las francachelas y frecuentes giras donde se saborea la esquisita 
paella , guisada comunmente por el mismo , que es muy inteligen- 
te en materia de gastronomía , procura á fuer de buen ministro de 
Hacienda , aguzar su imaginación que es fecunda , y como resul- 
tado de estas cabilaciones aritméticas poder destinar algún sobrante 
para atender álos suculentos y nutritivos pasatiempos de que es en- 
lusiasta , y esto está en completa armenia como en compensación 
de los sinsabores y aturdimientos de cabeza que le ocasiona su 
elavaria^ ccEn conciencia, dice , (téngase presente que es elástica) 



62 LOS TALSNGIAI70S 

yo debo resarcirme de tanto trabajo; trasnochado y sin descanso, 
acometido á todas horas por unos y por otros ¿ cómo era posible lo 
resistiese sin estos enjutos lragos1s> 

Moralmente con pequeñas escepcioncs , es intachable , amante 
dé la familia, religioso , buen amigo , en términos que sino fuera 
tan furibundo en polilica (que generalmente la hecha de patriota 
de los mas exaltados) seria un hombre aprueba de bomba , pero 
quiere la fatalidad que desde que Espartero ó no recordamos quien 
fue , mandó quitar un retablo que tenia al lado del balcón de su 
casa , no pueda transigir ni aun con los mismos liberales ; él según 
dice á todas horas, tiene deseos de conocer á Prudhon , pues le 
han contado que una de las máximas de este filósofo es <(que la 
propiedad es un robo» máxima que está muy conforme con sus ideas 
puesto que á la muerte de sus padres tan solo heredó dos sillas ro- 
tas y aun no ha podido mejorar su ajuar. En fin baste ya de físico 
y moral y entremos de lleno en el ejercicio de sus funciones. 

El clavario de las fiestas de calle goza de consideraciones no. 
solo en la suya si no que hasta en el barrio : llega el dia de la fun- 
ción y ha de iniciar la inversión de los fondos , de antemano ha de 
tener formado el programa de las fiestas , siendo el comisionado di- 
plomático para con el dulzaynero y músico mayor (deis Oliers); es 
además delegado especial cerca del orador y vicario de la parroquia 
ó convento donio se ha de celebrar la función de iglesia, si es que 
el rumbo de la fiesta y cantidad que se recaudó sufraga para ello. 
Ha de arreglar la cantada de ciegos y es preciso hablar á Santa- 
pola o \iñes.S\\i^'jhú\eiáQ torrente tiene que ajuslar á A^óí el 
choguero y el Sort el Tinlorer y Botifarra, célebres en mas de, 
una pantomima : ha de tener dispuesto á fuerza de repetidas liba- 
ciones de lo enjuto á Grancha , famoso coloquiero que les hace 
caer de risa , ó por que no se pueden tener ; lo cierto es que mu- 
chos de los que le oyen se caen. Tien^ que buscar un florero que 
tenga los colgajos nuevos y sea barato. Esta clase de pabellones ó 
trofeos de banderas de mil colores hacinados en medio de la calle, 



i¿i- 



PINTADOS POR SÍ Místeos. 65^ 

ha sustituido á les boles y gallardets con que antiguamente se en- 
galauaba. Calcula á que confitería encargará los bizcochos , pues 
este es negocio que debe pensarse ya que de ello pende el que le to- 
que un buen bizcocho-tortada , y además otro en rama para ayu- 
dar á la paella ó almuerzo del dia de la función. Si no prestan los 
fondos para la corrida de toros de carne , es preciso ir á la gana- 
dería de Coquí que por ocho reales presta un toro de cartón : en 
fio si hay fuegos artificiales ó cuando menos iraca y petardos es con- 
siguiente personarse con Ponet , acreditado pirotécnico para que ar- 
regle una cosa que estiga he pera lots. 

Es llegado el dia de la función ; á las dos de la mafiana ya te- 
nemos en pie á nuestro clavario que no durmió, en todo el rato que 
para ello destinó , y está dispuesto á no dejar que alma viviente 
repose en toda la noche. Después de tomar el aguardiente, da or- 
den y principia el dnizainero , á éste sigue la música , después 
las esclamaciones de júbilo , vulgo relinchaes y con esto se da prin- 
cipio á las célebres albaes, taii maldecidas por los contrarios á 
las tales fiestas, como encomiadas por sus entusiastas. Hecho el pa- 
sa calle de ordenanza, se dirigen á las cases foranes que contribu- 
yeron con álgun donativo para ayuda de la fiesta, y después de en- 
ramarle la puerta y de hacer frecuentes visitas á otras casas, donde 
en cambio de monedas les dan con que refrescar la garganta, llega 
la hora del almuerzo, y nuestro clavario descansa del largo paseo 
para emprender otro no mas corto que se titula la replega pa l^ar-- 
mozar: después de este viene la fiesta de la iglesia, si la hay , y 
después de conducir al santo procesionalmente cuando la fiesta es 
de rumbo, la misa es acompañada de música con el correspondien- 
te sermón , ó bien carga con el santo en brazos, sin mas ostenta- 
ción, y se canta una misa de corregüda; concluida ésta, viene el 
reparto de los bizcochos , donde el clavario quisiera pasar treinta 
veces por la puerta de su casa y otras tantas repartirse bizcocho. 

Uno de los actos en que prueba evidentemente su ingenio y fa- 
cilidad para hallar arbitrios , es cuando llegada la tarde vé con asom- 



64 LOS TALBNGUNOS 

bro que do baslan los ingresos para satisfacer los gastos: ealonces 
SQ dirige al mercado , y conaprando alguna fruía ó legumbre, que 
dice ha sido un regalo hecho . al santo, eutra en la calle y principia 
á gritar con voz pulmonal y fuerte ^Els codoñ^ de la Saníísima 
Triniíat regaláis per un devóh ó bien, La col flor que han dozíflt 
pera Senta Bárbara. Y muy pronto tras una otra subasta de esta 
naturaleza^ le facilita una cantidad que no tenia. 

En fin. son tales las ocupaciones del clavario, pues, que en todo as 
de precisa asistencia^ que solo una naturaleza de hierro pueda re- 
sistirlo, y cuando llega la última hora de la noche y cualquiera de 
mis lectores necesitaría el reposo por tanta fatiga , renunciando de 
buen grado el empleo que tales sinsabores ocasiona , nuQstro héroQ 
se dispone á sostener la clavaria para el año inmediato, y si observa 
que tiene contrincantesque se disponen á cojer las rosas que, puestas 
sobre el altar, esperan á los que las han de coger, significando asi que 
quedan en posesión de la c/avana para el viniente año; alli es devQi( 
cómo coavoca á &u cuadrilla, que adelantándose á subir la escalera qí^ 
hoCf tiene abajo además de retaguardia quien le guarda las espaldaí^; 
los otros se valen de iguales medios, y no hace muchos años ha tenido 
que mediar la autoridad ó la policía para evitar una conclusión de- 
sastrosa, ó cuando menos, un final parecido al ball de Torrente y 
como prueba evidente del aserto que en un principio sen tamos j» de- 
bemos decir quo en cierta calle de esta ciudad hay 29 clavarios^ 
para la fiesta del presente año, y nótese que apenas tendrá otros, 
tantos vecinos. ¡Oh turrón, turrón! cuan acechado te vés, por' 
corta que sea la dosis con que te ofrezcan! 

Hasta aquí el clavari en general, dejándonos muchas particula-' 
ridades anexas á este tipo por no fastidiar mas al lector. 

Sin embargo, Valencia tiene sus fiestas de calle suntuosas, y 
en consecuencia , clavarios qne son el reverso de ios que hemos 
bosquejado , elejidos por sorteo. En estas fiestas que pudieran llá* 
marse de priner orden , tales como las tan celebradas de los mila- 
eres, donde las bellezas valencianas se disputan la dicha de ser las^ 



Jr • 



PI5TAD0S POR SÍ MISMOS. 65 

mas ataviadas, nada hay de ridiculo á nuestro modo de ver , si bien 
es verdad que no somos amigos de los cultos esteriores; esta fun- 
ción procede de la iglesia á la que se le dá la iniciativa de un modo 
digno y que llega á una altura tan merecida que el resto de la 
fiesta , ó sea el culto esterior , casi parece una consecuencia de 
aquel. 

Al trazar algunos de los rasgos peculiares á los clavarios de fies- 
tas cdlejeras , nuestro móvil arranca del deseo que abrigamos á 
fuer de valencianos de que desaparezcan , sino de raiz, almenes 
gran parte de esos actos que se perpetran en presencia de los 
santos , y que no parece sino que estos los autorizan, y que tan poco 
dicen en favor de nuestra cultura y costumbres : nadie como nos- 
otros comprende que cierta clase del pueblo , dedicada asiduamen- 
te á sus faenas, necesita un dia ó dos al cabo del año para dar 
treguas á tanta fatiga y entregarse al placer y alegría á que son 
acreedores, como el resto de la sociedad; pero repetimos, que 
hijos de este suelo privilejiado, entusiastas como el primero, llenos 
de fé suficiente para respetar las tradiciones y cuanto fue iniciado 
por nuestros padres , desearíamos se corrijiese esa clase de des- 
ahogos y contentamientos espresados de un modo tan indigno y que 
dá lugar á los estrangeros a insultarnos, cuando comentan nuestras 
costumbres. 

José Tícente ÜTebot. 



r. 



EL TOmtENTÍ. 



»—^ 



uiEN es, preguntará el lector, ese individuo de la 
gran familia yaleneian'a , ese habitante de una 
de las fértiles comarcas regadas por el Túria, 
que no está comprendido en el tipo general y 
merece el privilejio de un retrato aparte?. . Ohl 
es que el torrentino tiene su fisonomía especial 
cuyos rasgos se apartan completamente de los 
que constituyen la manera de ser , no diré de sus compatricios, 
sino basta de los vecinos de quienes los separan algunos jornales 
de fierra. El torrentino es un tipo originallsimo , digno de estudio. 
Si lo examináis esteriormente aun bailareis en él los rasgos mate- 
riales de la raza morisca ; pero si lo sujetáis á un examen de su 
carácter é instintos, pronto habréis de convenir en que es una varie- 
dad y variedad muy preciosa del tipo nacional, y lo que es mas 




68 LOS TALENGUNOS 

estraño , de los individuos de su propia fomilia , con quienes está 
ligado por la identidad de origen, de costumbres y de territorio. 

El torrentino! ¿queréis las señas de este curioso miembro de la 
comunidad valenciana? ¿queréis una fórmula para componer un 
escelente egemplar de esa entidad original? Echadme en un cuer- 
po ágil, enjuto, nervudo y curtido por los rayos del sol meridional, 
iguales partes del espíritu ingenioso y civilizador de la raza árabe 
y del carácter cosmopolita y calculador de las frias razas del Norte, 
y obtendréis un torrentino puro , auténtico y tal como lo ha produ- 
cido la sabia naturaleza. 

El torrentino está en todas partes y lleva su industria á todos 
los rincones del globo. Su carácter altivo repugna la dependencia 
en el trabajo , y este rasgo de su carácter le obliga á ser osado y 
emprendedor. Dadle á' iii ta|*f|ii|i|9 i|^ cappi^ de doscientos reales 
y le habéis hecho coníef ciaAtéV Récofred la ¿spafia entera, pasad 
la Europa, cruzad el Atlántica^ y, fin todas partes hallareis el tor- 
rentino, y en todas partes quedareis sorprendidos al ver al hombre 
de los campos hollar con paso firme y resuelto los grandes centros 
de la industria y del comercio. 

No temáis que encape á voeslra qiirqda; m> temaiflí que los^ras* 
gosde su fisonomía sean los rasgos vulgares v indecisos y unifor-^ 
mes de la gran familia aritmética que se argitá en las cioco partes 
del mundo : 6 cbejor dicb«y m temáis que S6/ os escape por falt» 
áé fisonomiaf. El torrentino es el tipo^ único y ejemplar del comér-r 
mrtle poéHco , y «in mé atr^erapé á deeAr rom^atico » por mas 
que esta idea pareaca hpm y antagonista' de todo lo que sq roza 
ceñios goarismos. El torretttino no ha renegado jamág deáus Itíi^ 
diciones, y craza los grandeis focos de la civltizáchóü sin d^ar ^ 
ellos un átomo del pasado. Donde qoiera le vei^els óM' su pinto^es-^ 
00 pero modesto traje campestab ; y si h ietfrt0siáa(l^ é tíii 1^^^ 
investigador y fifbsdfico bs induce á eítiidlaple de éércaV le hftIhH 
reis siempre sobrio y eirounspeoto , aita'élr medio' d61els prodlgH--' 
lidades de la fortuna.- ^ ; ' > '14 » 



PIRfFlDOS FOl si visillos. 69 

Porqué ene fiio^srto labHego que recorre el nlniído jin qoiIo^ 
eer maflidiom» que el dialecto del pait Jlega cob frecuenté 
reunir an gran capital. 

Aofl»d Imaginará el leétor qoe mm organización tan liñpaGiente 
y tin espirito tan aventurero y cosmopolita condo el 4el torrentinoi 
ha de i^renlrge fna) con el amor á la localidad^ y q«e ese tale&eiaí^ 
no indnsttíoso, mía vez lanzado en el camino de 1« espemilacloii, 
tarde ó tíonca solverá á pisar el patrio hogar. |0h ^ que mal do«^ 
nocete ál torrentind! Ya Os he dicho i(ne es^ m comeretante^tii 
generíi. Ni la próspera fortmia, ni los refinamüentos de la citili^ 
zaciofty ni el ejemplo de la sociedad generalmeínte positivista y 
descreída con quien duelen estar en contacto en sos dilatada» es^ 
oursioües, son bastantes á borrar de su corazón el amor patfioí f 
el apego al modesto campanario de su pintoresco y risoefio te- 
garejo . 

Tampoco imaginéis que este espíritu industrial^ ó mejor diremos, 
este inntliító itanato en él torrentino que le obliga á t>uscar el movi- 
miento, la actividad y los centros de la industria y la civilizadon, en- 
vuelve algún mdVil de avaricia ó swdidez. Na(Hi mas opuesto al carác- 
ter del torrentino. Por el contrario: a(|ui volvemos á encontrar mo 
de los rasgos ma^ salientes del tipo provindal. El torrenflno es fran^ 
co, generoso, desprendido y hospitalario. Bajo este píunto de tisla 
debo rectificar un dicho vulgar que se aplica á fos naturales de ese 
pueblo industrioso y que es, mas bien que un rasgo de critMÉ prcM* 
fottda, unía pincelada muy propia del humor ejpilgiramático de los 
vsdencianos. .Dicese comunmente qáe cuando nace un torTentiiy^, 
su padre le estrella contra la pared: si se ase á ella , el autor de sus 
dias le augura un próspero porvenir y le dedara torrentino debu(«a 
raza : si no hace presa es seBal evidente de una organización de^ 
nerada. AT través dé stf exageración y de su carácter epigramátDóo, 
se halla, siñ embargo , mincho de derto en el fondo de este dicho 
vulgar. Aplicada ál carácter distintivo áe\ torTentlUo y esa fmágen 
phitoresóa y material pinta con bastante energiaí la fíférza dé vohhL 



70 £08 VAIiBNGUNOS 

tad que le impele á busear la independencia y la libertad en la ma- 
nera de subsistir , y el valor con que snele librar su porvenir á sus 
propias fuerzas. 

Si quisiera entrar en detalles sobre las diversas industrias que 
son del dominio del torrentino^ estos renglones lomariatí el rumbo 
de un articulo estadístico. En té^is general, se puede afirmar que 
el torrentino conoce instintivamente todas las industrias peculiares 
del país , y que su ojo certero y perspicaz se equivoca raras veces. 
Si le buscáis en la corte le hallareis bajo la forma del clásico horcha- 
tero; si vais en ciertos momentos á Italia ^ á Francia, á Alejandría, 
es probable que le veáis contratando alguna partida de simiente de 
seda. En España es cosa sabida que le hallareis en todas partes, 
llevando á donde qniera los mas estimados productos de su pais, y 
esplotando de camino toda industria que surge en la tierra que 
pisa. En una palabra ; se le ha visto en las esposiciones de Lon- 
dres y París, y ha arrojado una chispa de su genio osado y empren- 
dedor en esas inmensas hogueras de la civilización , donde han ido 
á calentarse todas las industrias del mundo. 

Es posible que llevados < de la simpatía que me inspiran mis 
vecinos > exagere un tanto los rasgos de su fisonomía. Sin em- 
bargo, no se pierda de vista que es quizá la primera vez que se 
hace pública justicia á esa población de hombrea tan honrados como 
laboriosos , y que les debemos intereses atrasados de estimación y 
alabanza. 

Hemos bosquejado á grandes pinceladas el tipo del torrentino, 
que como se vé por los rasgos mas notables de i^u carácter, di- 
fiere bastante del tipo general de los naturales del antiguo reino de 
Valencia. Creemos muy imperfecta é insuficiente nuestra breve ta- 
rea , y muy digno el asunto de ser tratado con mas detenimiento. 
Forse altro cantera con miglior pletro ; y si no hay nías aventaja- 
do ingenio que cante las glorias del torrentino, quizá nosotros nos 
decidamos algún dia á ampliar este breve trabajo y á dar una idea 
mas lata de. las costumbres y de los hábitos mercantiles del torren^ 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 71 

tino , con datos mas curiosos é importantes acerca de su industria 
y &u comercio. 

Entretanto , el viagero que al visitar este país de las flores y de 
las mugeres, pase por las inmediaciones de esa población llena 
de vida , en la estación en que las lluvias ponen los caminos intran- 
sitables é incomunican á los torrentinos del resto del mundo; el via- 
gero curioso , repetimos , que quiera ver un pequeño centro de ci- 
vilizazion y un pueblo de campesinos que alanzan sin dejar de mirar 
atrás ni sacudir su corteza labriega , penetre en cualquier hogar 
modesto de Torrente , arrellánese en un sillón de baqueta á la lum- 
bre de la hospitalidad y deje hablar por espacio de dos horas á 
uno de esos descendientes de la raza mora , que viste el traje tradi- 
cional , que se muestran fieles á sus antiguos hábitos, y que hablan 
de la Basilica de S. Pedro y de la catarata del Niágara. 



Perei^riii García Cadena* 



O 



. . • • / 




. i 



LA PEIXaOBA. 



^^ 




,^^. UNQUÉ la significación mas natural y genuina de la pa- 
labia que sirve de epígrafe á eslc artículo, pudiera 
hacer creer á los eslrangeros poco conocedoras de 
nuestras costumbres, que el Upo de que nos vamos 
á ocupar es en algún modo parecido al de las ima- 
ginarias amazonas soñadas por su imaglnacipn ca- 
lenturienta, no por eso podrá atacarse con juslici-í 
de pobreza á nuestra lengua, ni de falta de lógica á nuestra mane- 
ra de espresarnos. Cierto es que al nombrar á nuestra beroina la 
peixcaora se concibe fácilmente la idea de una muger bella, fuerte 
y arrogante que compartiendo las fatigas del compañero , que Dios 

hizo su gefe natural , se lanza sobre una frágil barquilla, sin tempr 

40 



74 LOS VALENCIANOS 

á las olas ni tempestades , y persigue hasta lo mas profundo de sus 
nacaradas mansiones á los habitantes del cóncavo cerúleo. Cierto es 
también , que al lado de tan bello cuadro se manifiesta mas negro, 
mas miserable y hasta repugnante el que nos descubre á la peix- 
caora tal como nosotros la conocemos ; con su desaseo , con sus 
maneras toscas y con sus trajes raidos , y ocupada únicamente en 
vender los productos de la honrada industria del pescador. Pero á 
pesar de todo, y como hemos dicho antes , no se puede atacar de 
pobreza á nuestro idioma que adopta tales palabras , porque al fin 
y al cabo la peixcaora también pesca en sentido traslaticio (y no 
como se quiera , sino con un tino y habilidad admirables) el dinero 
del bolsillo de los pacíficos ciudadanos , á quienes sirve de cebo el 
pescado contenido en sus cestas. 

Pero justifiqúese ó no hasta cierto punto la palabra en cuestión, 
lo cierto es que el tipo que representa , original por sus cuatro 
caras, es uno de los mas dignos de estudio en todo el antiguo reino 
de Valencia. En lodos los paises y en todos los tiempos se ha no- 
tado una gran diferencia de costumbres y caracteres entre los ti- 
pos que podemos llamar terrestres y entre los que por consecuen- 
cia denominaremos man7mo^. Ese bellísimo espacio liquido llama- 
do mar , quei ya se lanza con furia sobre las embarcaciones que el 
hombre arma para dominarle , ó ya besa mansamente y como en 
señal de paz las orillas de esa tierra que le sujeta y contra la cual 
murmuran sin cesar sus olas en las playas , imprime un sello espe- 
cial y que no se borra jamás á todos los que la suerte ó la desgra- 
cia condena á vivir con él en perpetua lucha, ó alimentándose con 
los productos que arranca de su seno. No sé de qué modo su gran- 
deza se infunde en el ánimo de la gente de mar, ni de qué manera 
esa dulce melancolía que lleva consigo se apodera de su alma , lo 
cierto es que pescadores , marineros, granujas y mugeres, todos en 
fin, los que directa ó indirectamente andan mezclados con este ele- 
mento , tienen un aire triste y meditabundo * sus conversaciones 
siempre graves , splo dejan entrever el dolor y la alegría , sin es- 



PINTADOS POR si MISMOS. 75 

presarlos claramente jamás: sus rostros bronceados se inmutan rara 
vez y sus ojos escudriñadores penetran hasta el fondo del alma de 
los demás hombres. Estas cualidades tan distintas en general de 
las que sobresalen en los tipos terrestres , han profundizado esa 
distinción qu« se advierte entre las dos clases de tipos menciona- 
dos y han dado ese bello colorido especial que tanto agrada á todas 
las novelas marítimas, á todos los cuentos de á bordo y á las bellí- 
simas melodías de Bellini y Arrieta. 

Pero si esta sola circunstancia Ijiace de la peixcaora un tipo 
digno de estudio, lo es mas aun por la especialidad de sus costum- 
bres que las separan de sus compañeros de profesión en los demás 
puertos de España y del estrangero. El colorido local que á lodos 
los tipos valencianos presta el árabe grabado sobre sus rostros y 
costumbres; el que añade á esta singularidad, ese lenguaje breve 
sentencioso que es(á señalando su origen lemosin, y la no desprecia- 
ble circunstancia de formar el pueblo de los marinos aparte del de 
Valencia, lo suñcientemente separado para que sus costumbres se 
conserven integras, y bastante próximo , sin embargo, para consti- 
tuir un todo con el carácter general valenciano, hacen que, como 
dijimos ya, sea nuestra peia;caora uno de los tipos sui generis y 
mas originales de todo el antiguo reino de Valencia. 

La peixcaora, hablando en general , suele ser una mnger de 
edad madura ó incierta, á juzgar por su fisonomía bronceada y cu- 
bierta de arrugas, de mediana estatura, ó mas bien alta que baja, 
delgada como un atún y seca en sus movimientos y palabras: si á 
esto añadimos un genio, no muy placentero, mucha acción, gran 
actividad , músculos bastantes desarrollados y un par de retoños 
de mas ó menos tiempo, habremos formado el retrato general 
del tipo. En cuanto á su traje, fuera del indispensable mantón 4 la 
cabeza , que es de rigor y manifiesta al tipo en cualesquiera cir- 
cunstancias^ las demás prendas del traje varian notablemente según 
la mayor ó menor fortuna de la dueña, de su natural aseo y de otra 
multitud de circunstancias. 



76 LOS VALBNCIAWS 

Sin embargo , no es muy aventurado señalar por regla general 
que sus pies , casi siempre desnudos, solo hacen uso tal cual vez 
de algunos zapatos en chancla ó de zapatillas con suela de madera, 
y que el vestido, zurcido por mit partes, presenta un color Inde- 
finible. 

Por supuesto que esta regla general , está sujeta á muchas es- 
cepciones , puesto que entre esas pelxcaoras feas y de una edad 
regular , suelen encontrarse pimpoUilos capaces de hacer pecar á 
un santo , y viejas mas viejas que la madre que las dio el ser. 

Pero estas hermosas niñas son (ijómo diria un romántico) deli- 
ciosos oasis en medio del desierto á^ la vida, ó una isleta de hadas 
en níedio de un estanqúese gusano». Y esas otras viejas (siguiendo 
el mismo lenguaje) son los nnasmas pútrido» que-exhala ese mismo 
estanque cenagoso , y que no afectan en nada su naturaleza. 

Volviendo, pues, á nuestro tipo ysinsaHf de él, hemos do 
advertir á nuestros lectores que está repartido en una infinidad do 
variaciones, ó mas bien que su pequeña sociedad tiene una es- 
cala gerárqaica , que en nada cede á las de las otras sociedades. 

Desde la peixcaora aristocrática que después de fletar por.su 
cuenta una tartana para cargarla con los cestos de su pescado, los 
vende por mayor á otras industriales que se encargan de su des- 
pacho , hasta la desgraciada y miserable^ que no solo carga y des- 
pacha por si misma su mercancía , sino que ayuda ais chics en la 
bolichada ; hay una escala que formada de medias tintas concluyo 
en el color blanco y negro que hemos trazado. 

Hé ahí el por qué de esa confusión y diferencia en los detalles 
del traje y en las habitaciones que separan á las peiwcaoras , y 
cuyais diferencias se reconocen hasta en el lenguaje que usan en la 
venta. ABádesie á esto la diferencia de las estaciones, que produce 
como consecuencia necesaria una gran variación en las costumbres 
y áspeclo de nuestro tipo, y se comprenderá que no son de ostra- 
ñar tales mutaciones. 

Ha sido siempre idea común ó axioma, y la historia de los pri- 



PINTADOS POR SÍ MISÍklOS. 77 

meros discípulos de Jesucristo nos lo confirma , que la; gente que 
subsiste de la pesca , no es la que mas abunda de medios materia- 
les de subsistencia , ni la que mas fácilmente logra cambiar las 
relucientes escamas de sus peces por relucientes pesetas ó napo- 
leones. 

Por esta razón no ha' de creerse que la aristocrática petírí^aora 
de que antes hemos hablado es ningún Creso-hembra ni cosa que 
se le parezca. Todas sus riquezas se reducen á unas cuantas arro- 
bas de pescado, y una mala barraca, y toda su ostentación á llevar 
un buen vestido el dia de la Virgen de Agosto , que es su función 
principal , y á repanchigarse en una tartana que la reconoce como 
dueña , mientras dura el trayecto del Grao á Valencia. 

Según la costumbre marina /general y saludable , la peixcaora 
se levanta en todo tiempo al amanecer , y si es verano arregla 
prontamente los quehaceres de la casa , dá do almorzar y envía á 
la escuela ais moñicóts, almuerza frugaltíienle, y como si dijéramos 
una cebolla cruda, un tomate idem ó algún pez del dia anterior; 
con su correspondiente paía5^í¿e/a (pan moreno en forma de media 
luna) y sin mas preámbulos se lanza hacia í^óra mar (orilla del mar) 
con su indispensable fuente bajo el brazo y un peso de deshe<;ho 
que iffipondria sin duda terror al encargado del repeso. Allí fija la 
mirada, y el corazón impaciente espera la llegada del barco de su 
marido , (si lo tiene) puesto el pañuelo de percal sobre la cabeza y 
sostenido entre los dientes, á guisa de bandera. 

De paso, y como quien no hace la cosa echa una mirada inteli- 
gente al fondo de los barcos que van saliendo , y se alegra ó en- 
tristece oportunamente con su fortuna ó desgracia. 

Si el barco que espera es de volanti ó palangi^e, (pesca de an- 
zuelos que dá generalmente poca pesca pero gruesa) apenas le vé 
próximo nuestra peixcaora se adelanta á la orilla, si quiera se 
moje algo por las olas, y con la vista interroga al marido , leyendo 
en su inmutable fisonomía la sentencia que ha de hacer aquel dia 
feUz ó desgraciada para ella. En tanto el baiK)a avanza «sin cesar 



78 LOS VALENCIANOS 

hacia la playa, y al cabo de algunas minutos ya está encallado en 
la arena , la vela hace tripa de vieja y los hombres, levantados los 
pantalones hasta la rodilla , saltan al agua y empujan con fuerza á 
la barca , que bamboleándose y como de mala gana , se desliza 
por cima de los travesanos enjabonados que ponen bajo su quilla. 

Ya en tierra la barca, y siempre con su imperturbable sangre 
fría , sacan los marineros de su escotilla ó fondo, los cestos de junco 
en que yacen los cadáveres de los peces y se los entregan á nues- 
tra peixcaora , en tanto que arreglan los aparejos , componen los 
rotos , reúnen los cables y ponen la barca en disposición de una 
nueva campana. 

Hé aqui llegado el momento en que nuestro tipo entra de lleno 
en sus mas importantes funciones , dando muestras nada equívo- 
cas de su actividad y energía. Unida ya á las compañeras que tienen 
derecho á parle de la pesquera , y puestas todas en cuclillas ó á 
horcajadas al derredor de la que tiene el peso , que es el punto 
culminante de la cuestión , se dá principio por la salida pausada y 
magestuosa del susodicho peso que, colocado en el suelo espera 
con aquello el momento de su triunfo. /Cuadro digno del pincel de 
Goya ó de David Teniers! vierais allí, lectores mios las miradas 
ávidas de toda aquella cohorte depeicocaoras^ clavadas alternativa- 
mente en las cestas del pescado, en las manos de la pescadora, en 
los movimientos del peso. Vierais á su alrededor y traídas como por 
brujería , un coro de viejas en pió , mas con niños en los brazos y 
otras con cestas destrozadas, pero todas abismadas en la famosa 
operación. Y entre aquel grupo desarrapado y silencioso , la heroí- 
na , es decir , la pesadora , preparándose á resistir las reclamacio- 
nes de sus compañeras y calculando mentalmente los recursos que 
la han de servir para no perjudicarse en el reparto. 

Como el peso no se equilibra por sí solo en ningún caso, es 
preciso como operación preliminar, equilibrarlo con arena, cosa 
sumamente difícil y que dá lugar á reyertas y riñas sin fin , que 
pintan por sí solas el tipo, pero que no nos atrevemos á transcri- 



PINTADOS POB SÍ MISMOS. 79 

bir por respeto á la decencia y sobre todo al espacio de que pode- 
mos disponer. Sin embargo de todo, y contestando de paso á las 
alusiones que se la dirigen , la peixca-pesadora continua impávida 
su operación que suele terminar por una confusión general en que 
todas hablan y ninguna se entiende. Verificado el equilibrio del 
malhadado peso , se acercan los cestos y se procede á la repartición 
del pescado , según las partes ya de antemano señaladas. La pesa- 
dora pone en el platillo unas piedras sin forma ni color definible y 
cuyo único contraste es su voluntad y con ellas procede á verificar 
las pesadas. Inútil es decir que á cada instante sobrevienen nuevas 
riñas y disputas que harían interminable la operación si la pesadora 
no continuase impávida en el ejercicio de sus funciones. Pero llega 
un momento fatal en que se pasa de las palabras á los hechos y las 
peixcaoras apoyan sus respectivas reclamaciones haciéndose dueñas 
como pueden del pescado , objeto de sus deseos. En tal momento, 
su gritería es insoportable y causa estrañeza y risa ver en confu- 
sión inesplicable sus negras manos y las plateadas superficies de 
los peces , desaparecer ambas cosas como por encanto y prodigar 
insultos sin descansar. 

Otras veces, y cuando algunas ó alguna de las que tienen parte 
en la pesquera es de la aristocracia pesqueril, compra, después de 
nn largo regateo , su parte á las demás , y se pone en campaña con 
todo el género, ya para el mercado de Valencia, ó para el del mismo 
Cañamelar. 

Cnando la pesquera no es de volantí , ni palangre , sino una 
mera bolichada , no acuden á ella mas que las pescadoras pobres 
y de menos recursos. El boliche es la única esperanza de los des- 
graciados marineros que no han podido alquilar su barraca a alguna 
familia de Valencia, en aquellos largos dias de verano en que el calor 
y el hambre se conjuran para hacerlos sus victimas. Inútil seria es- 
plicar á los valencianos lo que se entiende por una bolichada ; pero 
por si acaso este libro cae en manos de un forastero estraño á las 
costumbres de Valencia , diremos únicamente que es una de. las 



80 LOS VALENCIANOS 

muchas pescas de red con plomos que se conocen, y que se dife- 
encia de las demás en que , lanzada por las lanchas á bástanle dis- 
tancia de la orilla^ es sacada con cuerdas desde ésta por la gente 
allí dispuesta, con lo cual la red recoge todo el pescado que se en- 
cuentra á su paso. Los que toman parle en esta pesquera (á mas 
de los hombres que montan la lancha y que son los principales^ so 
reducen á elementos de deshecho en todos los puertos de mar. 
Viejos que no se hallan en estado de manejar un remo, muchachos 
que aborrecen el trabajo y mugeres que no tienen otro recurso ó 
que son do la familia de los otros trabajadores; esos son los únicos 
que descienden hasta tan desvealurada ocupación . 

Allí unos y otros desnudos de rodilla abajo , mugrientos y desh- 
arrapados , chorreando sudor por lodos sus poros , y haciendo una 
fuer^^a desesperada que dibuja vigorosamente sus músculos en todo 
el cuerpo , empiezan su casi improductivo trabajo , á los primeros 
albores del nuevo dia y en medio de un silencio sepulcral, propio 
délos ingleses, y que debe hacerla estos, á nuestro parecer y 
entre paréntesis ^ tan buenos marinos. 

Después , marchando desde la orilla, hasta el sitio donde se van 
arrollando las- cuerdas , y desde aquí otra vez á la orilla , y trans- 
curridas dos ó tres horas mortales , la proximidad de la lancha que 
echó la red , y los corchos flotantes de ésta que se divisan á poca 
distancia , les anuncian que se aceixa el momento decisivo. 

Ya se han junlado las cuerdas : ya sacan los hombres en peso la 
red y ya se abren estraordinariamente los ojos de todos los pesca- 
dores; pero á pesar del desengaño general, á pesar de qne en el 
fondo de aquella red solo suelen verse unas cuantas libras de cAa- 
droc (pescado ó sardineta) ni una palabra sale de sus labios^ ni un 
rasgo de desesperación se advierte en sus fisonomías y á maravilla 
se oye murmurar á algún anciano una furiosa imprecación. Uno de 
los pescadores entonces examina con cuidado la pesca para arrojar 
al agua las muchas arañas de mar que suele haber entre ella y para 
colocar lo redante en los barreños , ó puentes de loza que se tienen 



PINTADOS fím si HSSittOS. SI 

preparados » y que una de aquellas pdúncaoras que sudosas y aba- 
tidas acaban de soltar las falidicas cuerdas y se encarga de Uevar á 
«u Tenta. 

Paño ooalesquiera que sea el modo con q«e la peixeaora se haya 
proporcionado su mercancía, lo cierto es que se lanza con ella á lo 
largo de las abrasadas calles del Cañamelar y Cabañal, can un de- 
icidido paso de ataque , y s^ ísíq babor autes arreglado su toilette 
que se reduce á sxk pañii$|lo ide cabeza , coji4o entre los dientes , y 
que la defiende de los andiieQtes rayos del sol, la indispensable fuente 
bajo el bi^zo , cubierta «on ua paño mojado para que el peiw se 
mantenga íresco, y el consabido peso bajo el otro brazo. 

Ya instalada en aquellas calles, llama á todas las alquerías, abre 
las puertas de todas las barracas y preg^ma isu géiuero , gritando á 
cada instante coo su ohiU^a y destemplada yozpachell vál^ mólls 
gr^as^ aladrdc^ y siempre pronta á aprovecharse de la mas leve 
indicación para entrar en vuestra alquería ó barraca , enseñaros por 
lo:ias stts fases lo^ pescadps que lleva , haceros notar sv frescura 
en los ojos, en las agallas, )a cola y demás parles de su cuerpo, 
ponderar su baratura y buen peso , y obligaros por -tpdos los me- 
dios posibles á comprar el género, demostrándonos de paso su bd- 
bilidad en manejar el peso, y hacer uso de la arena, piedras y demás 
adminículos que consigo lleva. 

A veces, cuando todas sus estratagemas han resultado sin efec- 
to , cuando su actividad se lia malgastado inútilmente, la veréis di~ 
^girse con tardo paso al mercadillo del mismo Cabañal, y allí, re- 
gateando, amenazando y burlándose alternativamente de los com- 
pradores, obligarles á cargar hasta con su último pez. 

En esta fiemporada de verano , la peixcaora tiene otro gran 
recurso para su subsistencia , que la resarce en algún modo de sus 
trabajos como vendedora. Nos referimos á la probabilidad de alqui- 
lar su modesta barraca á alguna familia no muy rica de Valencia, 
que aspira á seguir la moda de la estación, y hacerse la ilusión de 

que viaja Irasporlduduse a la orilla del mar. Este nuevo recurso la 

11 



85 LOS VALENCIANOS 

impone nuevas obligaciones , que si bien la mayor parte de las 
veces no pasan de actos de cortesia y buena urbanidad, llegan no 
pocas á constituir á nuestro tipo en una ama de gobierno ó pairo- 
na de huéspedes , con gran desdoro de su libre y primitiva profe- 
sión. 

Si es invierno, y la pesca abundante , ó si es de la llamada del 
bou ó parejas del bou (que se verifica con dos barcas grandes que 
marchan á vela, llevando en su medio la red, nuestra peixcaora, 
por sí sola , ó en unión con otras, según los casos , fleta una tar- 
tana por su cñenta , ata á la trasera de la misma los cestos de la 
pesca, cubiertos con su indispensable paño mojado, .y con aire con- 
quistador y el pañolón caido sobre el cuello , emprende al escape el 
camino de ValeMa; de Valencia que es su mas risueña esperanza, 
el centro de sus ilusiones y el terreno mas á propósito para des- 
arrollar isu carácter y costumbres; y por consecuencia, ;5U astucia, 
vicios y virtudes. 

Verdad es que en este camino tan deseado, hay un tropiezo de 
gran monta que hace pasar malos ratos á nuestras pobres indus-- 
iridies : verdad es que existe una fatídica Puerta del Mar que ataca 
sin compasión al bolsillo y á los nervios de nuestro tipo, y conmue- 
ve todo su cuerpo como una descarga eléctrica. Pero cómo ha de 
ser, es preciso refrenar la lengua y aflojar el bolsillo, poniendo en 
las manos siempre abiertas de la Hacienda , la desesperadora can- 
tidad áe cuatro reales por arroba de pescado, so pena de pasar por 
el terrible dilema de dedicarse al contrabando (coistumbre indigna de 
nuestro tipo) ó dejar de tentar fortuna en la plaza pública, renun* 
ciando desde luego á las glorias de la profesión. 

Aun quedan, sin embargo, que pasar otros sustos á nuestra 
pobre peixóaora , y no debe contarse como el menor entre ellos el 
de los dénau dinés que la municipalidad la obliga á satisfacer para 
entrar en el goce de un puesto y un peso en la pescadería, y de todos 
las demás adherencias que constituyen el oficio. 

Mucho podríamos estendernos en este lugar, enumerando las 



PmXADOS POE si MÍSMOS. 83 

trasformaciones que ha sufrido la pescadería desde su nacimiento 
en la Plaza Redonda hasta su instalación en el cómodo y elegante 
lugar que hoy ocupa ; pero como esto seria separarnos demasiado 
de nuestro tipo, haremos gracia á nuestros lectores de esta supre- 
sión, que estamos seguros nos agradecerán. 

Ahora bien , cuando hpeixcaora, después de haber cerrado 
todas k)s manos que se abrían para pedirla su dinero , se encuentra 
sentada tras de su elevado puesto , tranquila la conciencia^ caido el 
cabello y el mantón , y en desorden los vestidos , es cuando empie- 
za á hacer uso de esa gerigonza particular propia de su clase, y que 
tan célebre la ha hecho en Valencia. 

Activa como siempre , apenas asoma un comprador ó compra- 
dora por la puerta, cuando le llama á grandes voces y en medio de 
insultos embozados, de alusiones picarescas y gritos penetrantes, 
le muestra su pescado como el mejor que se vende y regana de 
paso, con aquellas de sus compañeras que quieren aparroquianar 
al vendedor y separarle del puesto de la que primero le llamó. Estas 
riñas frecuentes en las que nuestro tipo demuestra la agudeza de su 
ingenio con esas comparaciones y rasgos ingeniosos que le son pe- 
culiares , van acompañadas generalmente de un movimiento de ase- 
veración particular que consiste en golpear una de sus manos abier- 
tas con la otra cerrada , inclinando todo el cuerpo hacia adelante. 
Además sucede generalmente, que á las primeras, de cambio, y sin 
que exista para ello el menor fundamento , lloran como unas Jía^- 
dalenas apenas han comenzado sus riñas, mezclando los insultos con 
las lágrimas y dando confirmación al dicho vulgar valenciano plora 
lo maleix qu^ una pexcocaora. 

Antiguamente, y cuando el tipo estaba en toda su originalidad 
y vigor, soliaa terminar estas riñas por acciones no muy pulcras y 
decentes, y aun por sendas palizas, pero en el dia en que ha de- 
generado hasta el punto /oh vergüenzal de que se peine y com- 
ponga como las demás mugeres, y use ¡pañuelo de seda á la ca- 
beza! hoy dia, repetimos, estas escenas han desaparecido de 



(14 M» VALimCf AKM 

U pMr^Aft^flM) y hfm lormtna(to la diversión de los afieiendet;. 
K\m\\\^ no líin gonerallxiida eomo aeles , todaria queda entre 
t^thlii itH^ (^^jiliimbre qite la pone en práctica ios días en que. la 
Vi^Alil hA íitdo dlHiudAnto y lian .lacado de ella el partido que espe-* 
H\m\^ y (HM^lüld f^n lamer poi^ grnpoe en las borchalertas nn vaata 
iln hf^mddle ) Mdi A mentía grande , y un clK>€otaite con bollo é pa- 
ni^lMIIiM ^ a^in Ina entoa , empleando de este mode sus prímeraa 
Küt^AiW^M^ M% aiiliKlable ooslumbre ha producido otro semi- 
T«^n Vülf^lim), el fm» é^ k pmeoora, fosfí/ío y Mtet 
I fr>l «^ «I ^wií/^y per (o Man no iMBmes querido dej«' de menh 

m ^Ha mAm y 4<i9fMK<JMidn yt fn meraMlt f cnopiid» so 
^\^^> %«^aiiyi 1^ T^i^ á lomar m aMeiier üre liisoe y 
^^^^^t^^f^y ^ aMe MIAU |v^i^ «n ú mweaéa in VaieMii, 

!l^fM^lt^> A m qiW»»» fSaiawi^ ^ 4 4 ga fMaiHe Caiiiaíl, waa 

'-1lá<«4^ .'INAi ^11» ^fJNWii 'WildWIIMfji'*- :«lH(»tCnlili^ W^tlmttn ^Wtt 

■tmitifm^ H tm m ^ ^ t^vm^ ' ^w m ft^ ^^ mmm fn iii minn ,fit»w 



PinTADOS POR si MISMOS. 85 

penar ud papel secundario en su pueblo, ecbe con júbilo sobre los 
hombros de sus hijas la pesada carga de su oficio. 

Entonces descansa de sus Taligas de toda la vida, y acurrucada 
ea un rincón de la barraca se mauliene con lo que la quieren dar, y 
lleva con paciencia las penas y dolores que como herencia y parte 
te tocan en esta vida de lágrimas , hasta que un día, el menos pen- 
sado vá á buscar á una mansión de igualdad y de paz , un descanso 
eterno, y tal vez la bienaventuranza y la felicidad, que en vano pre- 
tendió en ia .tierra. 




n 




1 ; 1 ^ 



EL CACAHUERO. 

VENDEDOR DE CACAHUATE. 



. ! (,!.■' 



1 ■ , 



[alengu es aeasa la ciudad de España donde figu- 
ran en guarismo superior ios tipos originales / y 
creo poderme tsplicar ia razón. La necesidad de 
procurarse la subsistencia produce , desarrolla, 
y hasta, si es permitido hablar asi, subdivide los 
instintos dirigidos á satisfacer aquella , y como 
los tipos describibles no salen del circulo de los 
empleos , profesiones , oficios ó industrias , que 
sirven para ganar la vida , alli donde estos medios é industrias se 
presentan en mayor número, alli deben abundar forzosamente los ori- 
ginales para las galerías biográficas. Valencia es región privilegiada 
en este particular. Su rico y feraz suelo brinda con mil recursos a' 




k.. 



88 LOS VALENGUNOS 

esploiador « qoteB á amf poca OMfai Im beMflcía, y precisamente 
de ono de ellos me propongo trazar en breves palabras €l boeeto. 
Tal Yez parezca á primera vista árido el asunto al qae lea el titulo 
qoe lo encabeza ; pero he creido que esprimiéndolo , aun podria dar 
jago á un articulo no de los menos interesantes del presente álbum. 

A principios de este siglo se importó de América , con objeto de 
aclimatarla en nuestro suelo , la planta cuyo nombre indígena es 
ffiofii ó caeahuate , y á la cual los valencianos con una ligera altera- 
ción han asociado el diminutivo de cacan (cac-ao) llamándola cacch- 
kuet. En su primera época parecía no deber adquirir el desarrollo 
que después ha adquirido , ni llegar á ser un ramo de industria tan 
conáderable como es hoy dia. Pero la facilidad de su cultivo en un 
terreno análogo al pais de donde es originaria , y las aplicaciones 
que ofrece á algunos ramos , Án contar la estraccion del aceite , y 
la mezcla con otros productos de general consumo, han popularizado 
el caeakuet , ganaiii|^|^ipc|i|ié ¿|i|aN|pi¡a |q nuestro reino hos- 
pitalario y genero^. ASvlrttó^ desde luego tfue la almendra del 
caeakuet tostiflé áaka Jm itoenüi si dep «|it|iUo estimulante, 
agradable y barato , coyas circuastaDcias bastaron para que cun- 
diese prodigiosamente su oso» espedalmente entre las clases menos 
acomodadas de la poblaciOQ , y para infiltrarlo mas en las entrañas 
4Ée6a«iciedaifpniNiadep300, imolá naUmimole^ efieioile 
ytndtedsr de giirtiiite, Tnlgo emeakmn. 

ElcMfllMro^ can figerhisas «soepáeMs » ejerce sn profesioii 
ét ka aria á ioa daoe aiaa. FartmeM 4 «a cttefoik , qpe se Jia 
4ada M Ilaaur de gnmqas » f^ca que hi anbuto m escalón oas; 
aa édcn qa» á» mndigar por hft caies > da jugar y reñir por hs 
fbas» da cKsnr par laa pMTte da loa kodagonaa^ y ¡NMsiea de 
iqadedara» da cemacttlifaii » ¿ de praeutar» g^ces por otros medios 
fae la carecen da aMMwniettlea y peKgroa > st ba al^rad» al can* 
fi^ da coaaarriaata> Sn eofítat aaeiat sa pasan anlta Im eonlin y sais 
laales ; ba ans«m de an tienda aaabniaale las; CM^ltiyannn «sn- 
paa» ¿ castn ^ nMa bM ai piMMa » 4fi«)Liia «jí^ 



...-* 



pmxáDos p<m si mmos. 89 

ó tres medidas de madera, fri^doAes del eeleoiíii , y nn farolito 
een mechero de aceite. Forqoe es de advertir que el mpahuero es 
ave noctarna por puntó geaeral , sin que por ^eso dejen de obser-t 
tarae vesperlloas f aun matuliiaas , Lo oiial deÍ3e atrihmrse al au* 
floento de la afieton y del toMhuetu 

Siendo ave noetufúa ^ su aparici((M| es de triste egSero para los 
fue vivimos con el sol ., y con el cielo asul , y con el dia largo. A 
atediados de Octubre , cbando y^ ^1 equinoccio se alejó Iq bastante, 
paiqi que perdiese el equilibrio y el plieito el dia contra la noche, 
«na yes htgabre, par mas que el timbi^e pueril y á yecels argentino 
disminuya el efecto, vibra de una ttlafiera desagradable sobre ^ 
tímpano de los que ya se retiran al abrigo de cernadas habitacio- 
nes , y raro es el ^m lao es^^ifia ; ya tenemos el invierao encimak 
T ,m Vi^dad qne ias pebres criaturas no tieneii la culpa de que el 
dia acorte , y la noche alargue., y el Crio se entre de rondón ; pero 
como á estas ideas melancólioas se asoda ¡periódioMente la del cái- 
oahuet^ no puede uno defenderse de un sentimiento de pena, al echar 
una ojeada retrospectiva al mes de Jía|^o que ya pasó ^ lá las fiestas 
del Corpus que lucieron, al Cabañal que yaoe sectario , y á Gode^^ 
|la , fiurjasot , Chiva ^ Buñol , Navajas , y otros puntos de deporte 
autumnal, que van despidiendo á sus huéspedes. 

A bien que nuestro carácter nos preserva de impresiones dura* 
deras, sobre iodo de cierta índole antipática y fastidiosa. La imagi- 
nación se traslada luego , ó bifen á San Martin y á Santa Catalina, 
con la Albufera y sus tiradas , ó bien á la plaza de San Francisco 
eon su feria y sus turnones , y ya solo queda del cacahuet y de su 
proclamadorio agradable y atractivo, que es el buen rato que se 
pasa á la lumbre royendo su almendra, y humedeciéndola con un 
baño, que cierto no es de agua fria , aunque lo sea de agua chirle, 
gracias á la cristiandad de los taberneros, y á su odio á cosa no 
bautizada. Desde aquel punto cesa ya la prevención , y el cacahué^ 
ro se halla en pleno ^ercicio de sus derechos. £1 silencio de la 
noche es interrumpido por la monótona cantinela del muchacho , y 



90 LOS VALENCIANOS 

de cuando en cuando por una voz lejana , ó descendida de lo alto, 
que grita: cacahuero ! El viandante para: trata de penetrar en las 
tinieblas , y si éstas no le dejan vislumbrar de dónde partió la. voz, 
despide á su ve2í la frase sacramental :'¿0«^'imda? (¿Quién llama?) 
Entonces se reitera el llamamiento , y de eco en eco Uegá al punto 
donde es esperado.' Baja á la puerta de la calle, ó sale del interior, 
si es casa baja; el comprador ó' compradora^ llénales la medida 
bien colmada formando cono , y afiadiendo dos ó tres granos de 
supererogación ,' ó bien sosteniendo el cono.con la otra mano par^ 
que DO se derrumbe elcastillejo j'y el ^aco&uero continua su pero* 
grlnacion por las desiertas calles, n 

A veces, y no son escasos los ejemplares, el cacahuero es invita- 
do á entrar en la casa, donde se le llama, y donijle encuentra gente 
maleante y juguetona, segua.nuestro Cervantes; la cual eú un abrir 
y cerrar de ojos se apodera del capazo , lo vuelve de arriba abajo, 
vierte el contenido, y todos ios concurrentes, que Jlevan dentro de sí 
lo bastante para no necesitar nuevo avisillo dO' beber , recogen los 
despojos esparddos, aman de üueVo, y réspondenjal Oie^fío. Si el ca-^ 
cahuera es nóvense aflige y Uora al verse entre cubas semovientes^ 
dando por perdida su mek*cancia.:Per0 el que tiene mas esperiencía del 
vino en general, y de: vino uacaAM^ro én particular, ve con ti^nquili>- 
dad desaparecer en los bolsillos y estómagos las tres ó quatro libras 
de cacahuate que encierra el capazo; cuida solo de salvar ésto y el 
farol , y aguarda el desenlace que no torda en presentarse. Pregún- 
tanle el Valor total de la partida , y oida la respuesta, entra el re- 
gateo , concluyendo casi siempre por satisfacer generosamente al 
cacahuero con un ciento por ciento de ganancia , figurando á veces 
en el contrato por añadidura el capazo y el farol , y sin faltar quien 
pretenda seriamente incluir en la venta al misiuio cacahuero. En 
suma, éste despacha en media bora lo que, por los trámites ordina- 
rios le costaría tres dias de escursiooes y de ejercicio dé gaznate; y 
va risueño á ca^a á recontar el beaeficio y utilidades de aquella es- 
peculación imprevista. : . .* 



piKTiJKifii vmL si HUSMOS. 98 

A»nqti6 dlcdüHybt^o (famina Id situación DadbrBav f^ esdiití 
BQcacoa fiñi luciévMiga ambufásté , ne. nelna: empetro si» fwtía SI 
QitjSMd^ro le disputa ,np b pfimaóía, porqi«»e esimpogibieraíRo l9 
^fitocvBcia del despacho, y el oastefisito , ay« tiambie» nodunia, 
Ittdba i brafijOf |)artódjO»y ó inej^í' ^ á gaiaiate tcfidido c« ^ eaoalúu^ 
rciv crdadon jóireti f tosan», I lanciada i destronar co» üÁeim^újé 
lo oMDofrto cserlas regiones , el iÉiperio> qu4 do looiomorital ejer^ 
oiaft las castañas ^ y qobm (oído ai»t«s d^ la af^rlcdon dé4 oacáhu(¡t¿ 
sotfTB nuestro bari%M(e. Y en efecto , éí caí^oéi^c^ maolíeDe' siem- 
pre á raxoiiaUe y raspetootsa distancia al ochavejo ó> diiíartéjo Hiiív, 
ahogado €Ofti$éis Iludes en la putí^a de irí) mugr¥ént'ó pMoet6,'6 
apretado déotmde^maoecltas liedlas de tttoces, los etfáfes ocbd\*€^ 
y doarteje sin escrúp<ilo 01 empaíofeo^ sé desearan Stíteef capazo ca-^ 
cahaeril, y smí acogidos atn^tosa y fáinilial*meote éo^stráitlfídsttes 
siD que desdisfien-^u poctedad los domáis Cótnpafiefos , éüfa repre- 
sentación monetaria pút inilagi% íilconzd á los 6eho tnat^vcdis. iQué 
Goiltrasle el de esta' democrática frbn^tieza , tm el ófgtrllbso tohty 
deUastaCéro , «frten sobré tH> t^bajar su tue^aueSa pút \&^s dé 
ufirealidisfeettatttdélifbra, con difi<¿bKad se aliené áfraéblona^ 
mientes^ qué ropl*esetítetí ttenos dS la nütad de aqAéila I fistosleái^ 
prt^es «n coMttelo (^a e( cúúáhuer & i qu\m Vé sd jüHisdicc!on es- 
tenáanse IIÍtMtlid!áíai6Dté , benitas }a del* cástafiei^ va diariamente 
pst<dien^o tttírenD y jwrrWquia. Porqué é\Uóühí^rb Venrfe ; y ven- 
dan tos p«f<»stoS éé viej&s f^sqahreras, -f venden los hnrnói y venden 
liu pMúU^f^as i^mA^óov^ dO'mazoicds de ínalz tóstódas),' y vetídé 
tttdo éimdnéhy, y 'elcHimkm^iñux^, y aóapara^la Müencia de 
las müSáS, y MÍátá ScHa bapát de ^rot4ticlr náa revohicíoh. 

H^ éicfaé que son nifios por Ib comüil tos qno se tléácSn a la 
especulscidír twwoftttcrtí tooctnma jr dinroa; éuyá regfa sufre uña 
qué otra éséépóiron. En(f& ¿slas dbbó óitár y cbnsignar para meino"; 
riá dé h ^osteridiad , ntt tipo tal vez único; que durante siglbs re- 
gistrarán los analéfs de( catahuBtimo. Élliste un anciabó llamado 
Constantino; vejete aleare , retozón, travieso , y dotado de cierto 
gracejo natural; cligno en sumado figurar en una de nuestras an- 



94 LOS YAUSNGIAKOS 

tiguas comedias de capa y espada en el papel obligado de vqeíe. 
Sa Tísico no rifie con la doble profesión que ejerce. Ojillos tíyos 
y penetrantes , nariz cor?a y afilada como pico de ave de rapiña/ 
Comando la punía continuación de arco con la barbilla, y entre 
ambas retirada la boca fisgona y de labios sutiles : la persona di- 
minuta y ligera , los mofimiéntos entre nuco y ardilla , y todo con- 
dimentado con una inalterable joTialidad y nunca desmentido buen 
humor. He (ficho que desempeñaba una doble profesión. En serano 
es Tendedor de agua de cebada (vulgo cebadero), y en invienlo 
coeak^t^n. Su juvenlud , si no miente la crónica, fue mecBanamenle 
borrascosa , cnyas borrascas (y no del corazón) le crearon mas de 
una Tez pensionista de establecimientos costeados por d ministerHi 
de Gracia y JosÜeia. En su edad actual, que frisará en los setenta^ 
hace tiempo se retiro á buen TiTir. y tanto en la venia de la cebada 
como del cMokíut , sns canciones y mímica , que haoemdesieraillar 
de risa al espBn personificado , le han proewrado h nombre y fbr- 
mailo nna cfienlela poderosa, Sn qnerenm se hdh, no ü ic n n scii ia, 
smo designada comunmente en los arvabales aUemie dTMa^ a» 
qne por eso d^ de recorrer las cales do kcindad» hs fiestas j 
toda con crn t entia „ donde se le re a lo mejor soltar él capazo^ y 
ponerse á bailar el mhmé » jota » bmSsmg» y zarabanda» aeompa- 
iándosft CM la Toz , y safrieado sin altoacioa , y «a perdor la 
risa » b rechila j hasta ks p«s«oioae$ y troafihaaas ^ qpw 
tes „ X gente rapaz y descntda tal caal Tes le dfepana por via de 
dístraccioa» aaagae sahUa ya s« hetóiea tatoraam^ afeaas hay 
(fmrn se tome tan Imriial hbertad^ cnaleatíaifcyei raa o«k> leksa y 
variarle el capazo en cambio ¿e ahanrtMTe cosaAa Ai eaMwlbL 

I>e to4o to dfch(> sacaoMis ea coaseciMMia cyi». la «duaateiM 
(M <raca&«ate ea mestro pais^ ha ^ w at ^ iah waii i m te di^ bnfta^ 
y de aotahle liiiiMm $at$4rt^^ \ pviOk- 

tica ; y (yte tt QitaoAíiárQ^ é. ^ aaaiiaa cuoi fcodwittot ]f AdMiáM^ 
e»impocfer» ana pataw» 4f^ aft. t^»n tetrn w Ifii^ ^^^ ta 
provincia. 



PIín'ÁDOS pon sí MISMOS. 



95 



EL BAMAOUERO. 



I lipo que tratamos de bosquejar moñrá pronto* 
:/^N ^l silvido de la locomotora que se lanza á través 
de un hinfetisó jardín para llegar hasta el Grao 
annndáí stf dgonia: las barracas que se levan^ 
tan durante el ealuroso estío, sirviendo a los 
bañistas de puntb de partida para ejecutar sus es- 
curslones, desaparecerán poco á poco para ser 
reemplazadas por habitaciones menos primiti- 
vas, y su constructor y dueño, el hombre que 
agota los recursos de suimíaginacion, para proporcionar á las per- 
sonas que necesitan refrescar el cuerpo un barreño de agua del mar 
y una sábana ; el barraquero , en fin / dejará de existir, ó se trans- 
formará en otro ser dé cuyo bosquejo se encargarán las futuras ge- 
neraciones: 




B6 un VALBHCIAH06 

La civilización io invade todo, y nuestro siglo no se contenta 
con tomar baños á la manera que lo hacia cincuenta años atrás ; á 
nuestros abuelos, poco duchos en materia de refinamientos, les 
bastaba un toldo de estera que les interceptara los besos ardientes 
de Febo ; nosotros , generación raquítica y enclenque , remilgada 
y melindrosa , nos quejamos ya de las barracas que se levantan en 
la playa , y deseamos mejoras y citamos los adelantos de otros pue- 
blos y pedimos colocarnos á su altura , y abogamos , en fin , por la 
muerte del barraquero y de sus hospitalarios albergues. 

Y la prensa periódica , ese monstruo de la época , que invade 
y lo censura todo , ha dado también en la mania de solicitar para 
los bañistas algo mas que barracas , se ha hecho eco , según dice, 
de la opinión pública , y pone todos los años el grito en el cielo 
pidiendo reformas , y se burla ¡qué escándalo! del aspecto ridiculo 
de los bañistas de itolvt» sektís.^ 

¡Oh tiemposl * ¡í/lf fedsttrtnfen&stjO^tt^^^iaíT abuelos de 

este proceder indigno si levantaran la cabeza? ¿Qué diñan de noi3- 
otros al ver que rechazábamos sus recuerdos y despreciábamos sus 
tradiciones? ¿No nos llamarían, con justicia, hijos ingratos y desna- 
turaUzados H lrastorn!ad(H*as «te Ja <f^ y enemigos declarados ' 
áe todo lo apliguo? -, 

Y en verdad que no pu0(}^ <encoBtir9r«re m ipaisaje ifiías poéttcp 

* 

que el que s^ desarrolla aoto. iiueslfos o¿^ /si ^ntwp!anH)8 des^ 
el mar, la playa de Valencia) aI caor de la tarde m uno de los^ 
ardientes dias del eslió* A la izquierda 3e pro^gan los bosques de 
naranjos y limoneros , limUados allá ¿ U^ lejo« por elevadas cadenas 
de mootaña^; delante deiofdsotTOis se ieslienden las blancas casas del 
Grao, las alquerías y las barracas del Cabañal y el Cañamelar, á 
la derecha, k arenosa playa desaparece eonfundida . con el azul del 
cielo y la verdoEía tinta de las aguas i el muelle se adelanta en fiíe- 
dio de todo , ofFecieiMo á los buques un refugio seguro, á lo lejos 
aparece Valencia , la oriental y poética ciudad , tan preciada de ^ 
nuestros abuelos los árabes como la misma Granada, enmiediade 



PINTADOS POH SÍ mSMOS. 97 

UD bosque de plantas de todas las calidades, porfamada por el aro- 
ma de las flores que crecen espontáneamente en este privilegiado 
suelo , y el sol que se esconde á nuestra espalda arroja sus últi- 
mos rayos sobre esté sorprendente panorama y le ilumina con colo- 
res fantásticos y tintas mágicas , cuyé secreto no han podido en- 
contrar los pintores. Y ahí, junto al mar, en el último límite de 
las arenas » besadas por tas olas se eleva una multitud de barracase 
de formas caprichosas y grotescas: son les barraquetes de nadar, 
las barracas de los bañistas, la propiedad del barraquero : ahi está 
nnestro tipo ; vamos, lector, á hacerle una visita. 

n. 

El abuelo Pusa (pulga) ya no sirve para los trabajos que re- 
quieren vigor y energía ; nació antes qu^ el siglo y los anos han 
debilitado su poderosa organización. Marinero en su juventud, nunca 
abandonó los buques que hacen el comercio de cabotaje y conoce 
la costa palmo á palmo. Trabajador y amigo de especulaciones in^ 
tentó algunas empresas comerciales qué no le produjeron los resul- 
tados que esperaba ; introduciendo unas veces tabaco y otras telas 
estrangerás , á despecho de aduanas y carabineros , se comprome- 
tió sin fruto y no pudo nunca llegar á ser dueño de un laúd , que 
era su sueno dorado. 

Desesperado de su suerte y no encontrando otro medio de po- 
ner fin á sus males que el suicidio , se casó ; desde entonces Pusa, 
abandonó sus arriesgadas especulaciones , dejó de ser camorrista y 
pendenciero, y se limitó á llevar á cabo tos viajes de conveniencia 
y á esplotar la industria de la pesca. 

Los anos pasaron poco á poco, y á la vuelta de veinte se en- 
contró con hijos que podían reemplazarte en las faenas mas rudas, 
con muy pocas fuerzas para trabajar, y con una muger vieja y 
murmuradora: Desde entonces adoptó uha vida mas metódica. 

Durante el invierno se dedicó á llevar en una lancha pasageros y 

13 



98 LOS VALBNCIAKOS 

cariosos á los buques, á componer redes, á pescar; á la llegada 
del verano se hizo barraquero. 

Alli le teoeis todos los años en la playa; en el espacio destinado 
á las barracas de las mugeres , la costilla del abuelo Pusa propor- 
ciona comodidades al bello sexo , él por su parte se encarga de la 
porción masculina del género, en el distrito que ocupan las barracas 
de los hombres. Alli están las barracas del Pelul , (el peludo) e^ 
Nano, (el enano) el Frechií, (el frito) el Bort, (el espósito) el Ca- 
ragól (el caracol), alli la de la sabata , (el zapato) la crehuela , (la 
crucecita) la gabia , (la jaula) el litót , (el pavo), allí está también la 
del abuelo Pusa que tiene por emblema una máscara , por cuya 
razón se la conoce con el nombre de barraca de la caraseta. 

Cada individuo paga dos cuartos por el disfrute de la habitación 
y esta cantidad aumenta progresivamente á medida que va satisfa- 
ciendo exigencias tales como la de pedir calzoncillos , señalar hora 
determinada y otras semejantes; lo mismo relativamente sucede 
en las barracas de las mugeres. El barraquero, colocado á la puer- 
ta de su establecimiento, vigila á dos ó tres chicos que sirven á íos 
bañistas y al mismo tiempo les proporciona grata conversación 
contándoles algunas aventuras de su juventud y sobre todo los ma' 
ravillosos efectos que producen los baños de mar en toda clase de 
enfermedades, en especial si los pacientes utilizan su barraca. Tam- 
bién suele vender algunos cigarros que siempre tiene joor casuali- 
dad y por complacer á los amigos: esto es también un recuerdo 
de su juventud. 

Lo que, sobre todo, hace recomendable al barraquero, es su 
honradez y sn integridad; para evitar robos fáciles en aquellos sitios 
va colocando en sus bolsillos los relojes de los bañistas y las sor- 
tijas en sus dedos , y no hay ejemplo de que haya faltado una de 
estas prendas de valor encomendada á su cuidado ; su reputación 
es antes que nada y la conserva sin mancha. 

Su vestido es tan sencillo, que no podría suprímir uua sola 
prenda , por mas que lo deseara ; un barreí (gorro) negro por lo 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 99 

regular , libra su cabeza del sol y de la humedad , una camisa do 
color y un ancho pantalón constituyen el resto del traje, el calzado 
DO lo usa por inútil. Pasa el dia sirviendo á los bañistas y por la 
noche duerme en la misma barraca , de la que no se separa duran- 
te toda la estación del verano. Su muger, ya hemos dicho que hace 
otro tanto en la barraca destinada al bello sexo. 

Contento con su suerte , el barraquero vuelve , sin embargo, 
muchas veces los ojos á su vida anterior y no puede menos de 
exhalar un suspiro al comparar aquella energía y aquel entusiasmo 
con su inercia actual; recuerda á veces los hijos que tiene en el mar 
arrostrando los peligros de una vida azarosa , y él que no tembló 
jamás ante las embravecidas olas , tiembla por la suerte de sus 
hijos , y una lágrima ardiente se desliza silenciosa por su tostada 

mejilla. 

III. 

El azul puro del cielo desaparece detrás de densos nubarrones, 
el viento fresco de la tarde conmueve la superficie de las aguas, 
y las olas azotan la playa con sordo rumor, la naturaleza va toman- 
do un aspecto melancólico , la gaviota atraviesa rápidamente el es- 
pasio anunciando la tempestad, el invierno se acerca. 

Ha pasado la estación de los baños ; el barraquero destruyo la 
choza , recoge los escasos muebles que componen su ajuar : arroja 
sobre el mar una mirada de gratitud y se dirije al Cabañal á ocupar 
su antigua habitación, ([ue ha tenido alquilada entre tanto á una fa- 
milia de Madrid. Alli pasará el invierno tejiendo redes ; contando 
historias y esperando la vuella de la primavera para volver á edifi- 
car en la playa la barraca de costumbre. 

En cuanto los rayos del sol empiecen á hacer notar la necesidad 
de los baños , la barraca del abuelo Pusa será la primera que se 
alzará altiva sobre la arena de la playa y ala puerta, honrado y 
reflexivo, se presentará de pie su amable dueño, que nos ha ser- 
vido para bosquejar el tipo del barraquero. 

Rafael Blasco. 



EL SLVDICO OfiL TRIBUNAL DE LAS AGUAS. 



UPONGO, aprecisblefi lectores mios, qve os baheis dete- 
nido alguD jueves delante de la puerta de los ApóstoU^ 
de la Catedral: supongo qne a! paisar por allí, ^ran 
las doco del dis , y RRpoQgo , eo úd , que «abéis el 
objeto que reúne en aquel punto á úele honrados la- 
brador(;s, que eseuclian, t^cuten y folian eo presencia 
de Uileresados y de cuñosoft. SabeU que aquel grupo 
se llama el Tribunal de las Aguas. Esa institución , ves- 
tida hoy de chaqueta , pantalón estrecho y sombrero 
redondo, naclá por los aQos 911 al 976, bajo el gobíeimo de Ab- 
derrhman-Aoaár-Ledia^a y de su l^o Albalí«D Almostansir $¿t^. 
Estos nopibfes os d^fán á entender que la institución qu««ft Uaota 
la atwcion, vació con turjianl^ y alquicel. No ciaais pole es» , que 




IOS L0« VALENCIANOS 

voy ^ raMro^ iu hinloria: y eislo e» muy grave, muy serio, muy 
itilMiiml; y mmo al adilor do c^la obra mo ha señalado otro asun- 
to, iJMho (U)m|ilneorlo, apoi^ar do mi decidida afición á las antigQe- 
diMhi4> MioiUo no podor liublar do lag leyes , de las costumbres , de 
U lm|)»rtVudidad y do lo prontitud de este célebre tribunal ; porque 
^1 MUDodltího adllor lo llova á mal y mo indica con sus gestos, que 
\\ú)\^ da un Individuo quo lo parece notable entre los que se sientan 
h^i) loü nrcoü de lo^i Apóstoles. Veréis lo que quiere el editor. 

1^1 rafaiidu Individuo es uno do los siete síndicos de las siete ace- 
qnlAjí iH>ni><>ida« por lo^ rogantes, los molineros y pescadores de cana 
^\\\\ h^ iHunhh>« da Tiwmús, Mfslalla, Itascaña, Cuart, JUislata, 
f^mmy thMfú^ Uda Múntaé^ ocupa una categoría roas elevada; 
^ )V> \\w^U d(^dr dhon^ por qu¿. Ahora bien, el indiTiduo á quien Ha- 
}m\'<'^\ «♦WiiV^^<^Uh> |>or l<(k^ ff^pnles de su acequia respectiva, es 
1^ i\^ \(m ^\\Vi^^ sr^ndc^ , bbinqucsMk , fimpia , risueña , donde 
Kft«^ l^^^te ^nii ^^^jK^iMll^mt^ (im4/t é O^^po db h espidéMi de los 
¥í^hMiS^^v ANi^<(Uim^ Kk ¡g^WmÁ ^ ^ tinüMld ocupido por n^stos 

^ t^ÜWW tft^ líftíWíM ^'ífi^^ í|««^ 11»»*^ **wífein. íii^iiflfc^ 5«> loa» 

i^i^iitHití ^^QO^wímiM^ ^iwiHi^ td^ l6^^mt> <i^ miHfo^ lü th8^ 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 105 

contar en las Escuelas Pias. Su buésped esclauslrado le ensenó á 
ayudar la misa, y los modales que le distinguían de los hijos de to- 
das las barracas inmediatas. 

Guando el camino estaba malo, el futuro sindico venia á Valen- 
cia en el carro de su casa; los jornaleros le permitían que monta- 
se los caballos y las muías que se dirigían á la labranza ; acompa- 
naba á su madre el día de Santo Tomás, cuando iba á pagar al amo 
el arriendo de las tierras de su labor: y egercia sobre los muchachos 
de la vecindad todo el despotismo de los caprichos pueriles. 

Acabada su carrera literaria en las Escuelas Pias, después de 
repetidas consultas acerca de su futuro estado, queriendo unos que 
fuera médico , otros abogado y muchos , en íin , que opinaban por 
el sacerdocio, pues era de rigor que hubiese un religioso en la fa- 
milia , optóse últimamente por la vida labradora , fundándose en 
proyectados enlaces de familia, en combinaciones de intereses y en 
planes de ventajosa posición. 

El joven llevó desde aquel dia las cuentas , apesar de que olvi* 
daba la forma de letra que habia aprendido y no leia el Año Cris-- 
tiano tan de corrido como antes ; pero en cambio supo dirigir á los 
jornaleros, los distribuía convenientemente, cuidaba délas caballe- 
rías, reprendía á los holgazanes, y manejaba con soltura la jaca fa- 
vorita. Donde quiera qne entraba recibía las mayores considera- 
ciones de \o9 padres , los nombres mas cariñosos de las madres, las 
sonrisas mas gratas de las hijas: la elección de esposa preocupaba 
toda la huerta. Por último, hizo lo que casi todos, una vulgaridad: 
se casó. Una carretela del amo llevó á la novia , á su madre y á la 
madrina: un faetón al novio, al padre y al padrino: cuatro tartanas 
á los amigos. Pasearon la ciudad entre multitud de chicos , haraga- 
nes y mugeres; cruzaron el mercado entré festiva y atronadora al- 
gazara; arrojaron algunas arrobas de peladillas y confites; socorrie- 
ron á la puerta de la alquería á multitud de mendigos; y la novia, 
hermosa y llena de pudor , oyó mil cosas que aumentaron el color 
de sus mejillas. 



104 LOS VAIENCUNOS 

Desdé entonces nnestro personage fue mas activo, mas laborioso, 
mas grave : solo por complacer al Ayuntamiento , llevó á su linda 
esposa á grupa en una gran festividad. Fue el dia en que le en- 
vidiaron fot ólegantéá de la capital .' édto lo ha referido él coq orgu- 
llo á cuantos ló bañ qureildo oi^ , f ella cófl r ub(H* k las que le pre- 
gufitsíbati lo qué \i dijerotf en la carrera. 

$u padre, viejo' yá , disponía algo en str akjttefia ; p^o el bijo 
efa et alma dé todo: era ya importafnfe dentro y fuera dé la huerta: 
era elector para diputádoá á' Corles. Al éfÉlrar en el ¿oce de este 
úQfedb6 , ftíe buscado , consultado , visitado , obsequiado ; y fue 
iiídividiró del Ayuntamiento dé la capital : no presidia los teatros; 
no ^aiídonó &i trage, pero no faltó' jamás á uña sesión. Su alquería 
fué desde aquella época él punto de reunión de los labra<kres no- 
tables de ioifá ía huerta : era el alma dé sus deliberaciones; y res-^ 
petábanle porque trataba con frecuencia al señor conde de M. al 
señor marqués de H., al señor canónigo N. y á otros tóuchos caba- 
lleros y persótias notables qoe le estrechaban la mano, le admitían 
en sus casas, le llamaban símigo; y estas distinciones eran muchos 
m^s notables en vistperas de una elección. Era nm especié de adbe- 
réñícia á la afristocrat^ia dé h sangre y del dinero , á la que estaba 
ligado, sin darse raíoñ dé ello. Primero influyó en las elecciones de 
sindico sü acequia, y después fue elegido para este cargo, téi^mino de 
las ambiciones de bs notables dé la huerta. Es un hombre apacible 
en sü trato: de mirada tranquila, de fisonomía bondadosa; escucba 
á todos sonriendo; pero susoúrisa no es la del cortesano, ni del 
hipócrita, ni de los pedigüeños : habla poco, porqué no tiene el don 
de la palabra, como los diputados de la nación, y siempre fniédi- 
tando ; es consultado el último en una cuestión , porqué se desea 
saber su opinión particular: tiene sus máximas peculiares y de cuatt. 
do en cuando la echa de doctor , achaque general en los lieiñípos 
bienaventurados que corréanos. Sú trage és una mezcla de ciudaf^ 
dañé y labrador ; pero no abantloúa el pañuelo de pita qué cubre sil' 
cabeza por debajo del sombrero , y no ciñe jamás sti^ oadla Cíotí 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 105 

ninguna de las ligaduras de seda ó lana, con que los hombres pen- 
sadores apretamos la garganta. Yedle en el tribunal : con los ojos 
medio cerrados escucha á los contrincantes, sin abandonar la vara 
nudosa de que se sirve , como los ricos nos servimos de las cañas 
de Indias. Oidas las partes , aprieta los labios, cierra los ojos, baja 
la cabeza y escucha el parecer de sus colegas. — Y bien , ¿qué le 
parece á V.?— le pregunta por fin uno de estos. El interpelado 
vuelve á apretar los labios, coje la vara con las dos manos y 
después de algunos segundos, principia á esponer su dictamen con 
un Psiül..., que viene acompañado de un meneo de cabeza á de- 
recha é izquierda. Yo... continúa , diré, que... pues... El acusado 
no tenia razón.... porque esas cosas... ya se Vé... otra vez hizo lo 
mismo; y como nunca se enmiendan... ya lo ven Vds., esto es claro. 
— ¿Y qué hacemos? — pregunta otro de los colegas. — Hombre, eso 
está visto, que pague. — Corriente, añade un tercero.... — Y el ne- 
gocio se ha fallado: nuestro sindicó está tranquilo, porque ha hecho 
justicia ; y si queréis probarlo, debíais haber oido á las partes: no 
se equivoca , no , ha llenado su deber. 

Guando abandona el tribunal se confunde con los acusados y 
acusadores y allí habla con mas soltura, mas naturalidad: las formas 
le dejaban mudo, aunque estuviera muy clara su razón. 

£1 síndico no es un empleo sujeto á traslaciones , ascensos , ni 
cesantías; no sigue las oscilaciones de la política , ni el movimiento 
de la rueda ministerial; no tiene derecho á jubilación , ni está es- 
puesto á la alza y baja de un sueldo. Pero á falta de tantos contra- 
tiempos, sacudidas y percances , goza de un prestigio no conocido 
bastante de los que estiman la posición social por el brillo que des- 
pide el puño de oro de un bastón, ó el número de porteros, de 
ordenanzas y cordones de campana , que se cuentan á disposición 
del funcionario. El prestigio de nuestro mandatario , durante su 
cargo y después de cumplido éste , tiene algo de patriarcal ; im- 
pone sin terror , manda sin inspirar recelo , ni odio ; es estimado 

por lo que representa, porque lleva impreso una especie de sacer- 

14 



1Q6 fQS v4L5i^(:i^Nps 

dopio, vencrfible por |a antigüedad y la santidad d? si^s ^n,qon^s. 
En su eleya(^a gerarquía no es (ratadq ^in emb^ngP; p(v;\ ^^qJ^p^pUf 
ruiaflafi dfj p^p\rHfl , ni cobarda dQferencia; lo,s que acudeo ^ cpn- 
sij|^f¡rle, sobre la prppiedad ^e ur^a s^i^fla , §pbrp Ip;^ R^o^. ^ug 
d^b^e distar pp la huerts) upa barraca de pira , spbv? 1? prtprjtlad 
d9 qi^e goza ep ^ I arriendo de una tierra la.1 p pRal fSWli?^ Y ^í^brp 
otr3$ cu^^l\ones semejante? , uno^ y plrps, je, d?iP siÁPÍPí^? ?l ílftlpí" 
simo Icajlaqjiijfnlp, de lio , qup sigpifica paréj pilos e^ psja? clrcjups-: 
tapcias tc|n|p co^jio p,adre. Ojcá^pulp, de multitud dp familias, aislsid.ajs 
en ese ^c^pani;^ de ye^div-^ que eftv^p\ye á I3 ^ap^fal , ap^n?pj>, 
ipjan,4^, Gopcilia, jf (jalla Qp si^s. Ppntipíid^s, domp^^lcg^ y pc^ |p% negó, 
pips q,i^ ^an flp salir d.e la esfer^ de foijiili^, ^.os viejos íe. yig^ta^íj 
diaj^iapieptp ; \o^ ^íonabros fornaailp^ fprman §us reijnipnps en \o^ 
gáneos que i?p leyapts^n debajo dpi emps^rr^dp; qu^p sombrp^ la p)i,er- 
ta (¡le^ la alquería (J,pl ^indico, y los jóyei^esi le saludan con resp^etp 
cqapdp lo ypn pasar. ^A¡i\mjeatap las. pontrib.ucigne^? ¿sp estiende el 
ra^^io? ¿peligra la p^z de la hijierta.?. Nuei^tío personase recibe , ps-: 
cucha, va, viene; y millares de brazos robustos se levantarán á su 
voz , si él lo indica solamente. Se halla en su manp la res|stencia y 
'?. ^í^nsacpioii^ dispope de la ^az p de la guerra, ^Qu^^rp luchar? En 
este caso , oiréis en seguida, el formidable rumor de que ha reso- 
nado ^^ la huerta el tprri^le caracol , instrumento bélico , que 
ya ha desaparecido, p^pi;o qup aun espresa en e] dia el levantajnien- 
to en masa de una inmensa población, que acude á las armas de 
una manera e^pa^nto^a, conap se h^a visto dps ó tfes y^es en b que 
contamos de este ^iglo. El alma , el espíritu de esta gran sedición 
es el sindico: estp índjica su poder: poder humilde á lo$ pios d^ 
ot^os podpre^ , mepos robustos , aqoq)i>e mas espjenjdorosos , pe^ro 
que cueptíi^ co^^ millffre^ de §übditos pbedipntes , sumisos, y a^dl^e- 

ridosáéJr 

Así se le copiprende en nuestra capital. En circunstancias cri- 
ticas , las autoridades superiores le llaman , le consultan ,* la ínter- 
rogan , Ip oyen ; y no son por cierto despreciados sus avisos. Sin 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 107 

frases estudiadas , sin tono parlamentario , ni forense , pero con esa 
franqueza ruda , pero autorizada , que adquiere el síndico en sus 
funciones , sabe decir la verdad y esponer su opinión , que pocas 
Teces suele ser despreciada. De aquí resulta la especie de intimidad 
que liga á estos funcionarios de la huerta con las autoridades y 
magnates de la capital : el síndico , á pesar de su trage humilde, 
es una influencia en todas partes , porque es una potencia y una 
necesidad. El dia que desaparecieran estos patriarcas de nuestra 
huerta , ese pais , tan hermoso , seria temible : los síndicos son sus 
tutelares , sus guias , sus moderadores , sus consejeros , sus sacer- 
dotes en fin. 

La vejez de estos personages es un objeto de veneración : es 
preciso verlo , para comprender el grado de cariño y de respeto 
que se les profesa. Si algo queda entre nosotros de los tiempos pri- 
mitivos ; si algo resta de los antiguos caudillos de los pueblos , se 
encuentra en esta clase de ancianos de nuestra huerta. Representan 
siempre la institución: los siglos han progresado , las revoluciones 
lo han destruido todo ; y esta institución ha permanecido de pié. 

El síndico es un monumento : el pueblo labrador le venera : él 
le sirve de pedestal; para matarle, es preciso ahogar la agricultura. 

Se concluyó el juicio , señor editor : he dibujado al síndico como 
he podido y he sabido ; pero es un personaje tan histórico y tan 
formal , que no quisiera haberle ofendido , ni este es mi ánimo , y 
desde luego retiro cualquiera frase que pudiera desvirtuar á estos 
representaLtes de una venerable institución. Me ha puesto Y. en 
un compromiso ; si he salido bien, mejor para los lectores. 

Tícente Boix» 




•; 



E CAFETERO. 



EGiDiDAMÉNTE quiere y., amigo editor, que hable 
yo del cafetero? Pero , señor, ¿qué he de decir 
de un tipo que todos conocen? — Doy por sen- 
tado que V. me dice: ^nosotros no escribimos 
este libro para tos que al presente ven á cada 
momento á nuestro tipo ir de calle en plaza 
todos los dias que Dios amanece, sino para los 
que en lo sucesivo, allá pasados, algunos años, 
quieran saber lo que es en nuestros dias el cafetero de Valencia. 
Es decir, que escribimos para la posteridad.^ ¡Gran palabra! ¡mag- 
nifico ! Esto me satisface , y voy á principiar. 

Guando yo vine á Valencia, viajero oriundo de un mundo des- 




lio LOS TALBNGIMOS 

coDocid^— (del limbo ial téis ^ puesto que nd recuerdo de ¿1 ^a tii 
gloria.)— ¡ahí Y ¡qué descansada vidáí se me viene ahora á ía méñte 
decir con aquel sapientísimo y virtuoso varón á quien no gus- 
taba el mundanal ruido.... — cuando yo vine á ver la luz pública 
en esta mi queridísima ciudad del Cid , que Dios prospere , ya el 
Nuevo Mundo descubierto por Colon, se habla hecho viejo entre 
nosotros y entre los ricos tributos que desde muchos años atrás 
viene rindiendo á nuestra madre patria, hacia ya tiempo que era 
conocida y esplotada en Valencia la semilla de la cofea arábicay 
llamada café en toda tierra de cristianos. Ya entonces habia en nues- 
tra capital dos ó tres cafés . y si no los habia serian cafetines ; que 
en esto no estoy muy seguro, ni el corto plazo que el editor me 
concede para escribir este articulo me permite recoger mas datos 
sobre la materia ; sean cafetines y no insistamos mas: ya entonces 
habia dos ó tres de estos establecimientos , repito, y paréceme á 
mi que desde aquí estoy viendo como, nuestros sencillos y morige- 
rados padres, algunas Idieá^ f ái ai$\ii de ju |)aseo, entraban en 
una pieza oscura , alumbrada únicamente por un quinqué melancó- 
lico, y se sentaban ante una modesta mesa de pino, á departir un 
rato y á tomar su exigua ración de lo que hoy llamamos caldo de 
higos y entonces llamarían con toda formalidad café. 

I>edde éUtcfá^e» mk híditst^léí \Si tM^tfóf cfí^ces. ÁMS tdá6^ hi 
habido qtíé d€féi¿far ütíii lujo lofs lElstdbtééimieáftos datados át mt^ ■ 
suttoo del mí3tíioíoMd^ áf tlcnttfor. EA At^tté] üeltí^o S{f6Éas cwcMirtá 
át^ft desdctípado á t^^ar á?^ó. M^ elíoi^ ; bo^ títia p^ácilb ñoíMé 
hMé de l6s ifiñísUá^ m f éi^ifdiencia hátxilil^, t ú^tnáó fm su ^a mSá 
«fléiu bontflbuéSM^n t)€feMi2(ñit, Ü^udatí mte tédos á )á é^eéidá i|tó 
efl eátddo )éi impcm^ hiáM se éét^'ñ xíúk túSi múf^Bái déla, ^ 
nada mas? y 6 po^ tna* qtW^ esW;*!:^ úé átié *afé puro , y además 
licores , Viffes , ^miétz , sdrbetéfs, pasteles , cigiBlfr'^ ,• f ttaSIS |itt« 
HUea y KtersrtüraféDf enótlÉes iáimofais é^óritdfá", MmiáM peñWÍtóii\ 
y en fin, es probable qUé ém adelante se An^íÉ', cíMid m él «ütS 
Europea d6 Madrid , ftlttítwríos y cetíttÉf. 



PINTEO? ^í)fi, ^\ íllSÍIOS. i I i 

P^ I9 diclífl ge í^eflupe , (jy?^ Ips ^?.l^b>qinoiJentí|^ OW^Jp sp «fys^ 
€#,, q^9.pq je|}p?D l^spirci|,t}4^flpiasíplpdielíf\5 y fto estóp jw c<^D8V 
pipqte ^. ta\ ?iUui;í\^ ffiejrepeiTp <4rfi Bo.m^r^ ; efecüv?imí!ftí$^ ti^qen 
qlfSi c?lpgprí?i y sp IJamai} (|e filfa maupra.-r-^jiQrí. Wí arrepipfitp 
dp h£^líi8r ?.\qHief ?i spg^^sto , qnp lo^ anlipos, isaíé? dp Valpgpia^ ppr 
mQ4est,9S qvt fi^SW í P^flJer^. üan^W^e cgfptif),p?i, Lp|iC?,fp.tíi)paí^cm 
flns^ pspecip dp panüfia en do»de ^. ^in^, ^eif^mm dp ^fiei:pntes 
pplore? pfti^ otrps (.afllps, itp#rp,9 ,, bupiíeipa y <?«/?., A'n|(|fi ff?|i8, 
lüj?i y deppi^dieDtp de est?^ existp |^i.p4«s,^ri^cflyp rppj:psei).l^tp 
es el &m))k señpr que po?, hace p), pbspftiiiq 4p s.p<-Yíí 4e tipo, jj^íj 
egte artículp , el (ío/eí.erp a^bjalsínlp. 

í;a! y^. IjpfliQS Ileg^dp á nupstrp s^mlo. 

El pafeterp ?imbu)aii|te e? wphag vppes^ Di. mas w. iftpnos, 
que el prpj^jptario <Jp i}p c^fefifl , el cu^J , píjra, \m^ (IftW^- 
mente eu, (JeleifBii)n,ada.s. lepras, lo QPDpíli,a, tpdp ^eiapío eijcgisa 
-un?i cafetpía y l|,py?W(jlose pjra , es (Jeipir, (lp)find.p al. írpflte dpU^V 
jf/op d^ cfisí| á sil costillíi , ein t.qiptA qup ^\ rppprre k^ cuijes, con 
U99, cafetera de ^oja de I^.t^ ; oti-^ yepps ps dep9flí|i,p,i)íp de la p.í^sa,^ 
y !?s m.Hsvele ser pp. ^divi<íft9 gp.arte, qff^ np^opi? ppr su pupat^ 
y riesgo , tomando g^ner?(lnüi,9Jttte ñ^^<>, el p.%f^ q^n^e. vpflclp por la 
pijlidad^- 

Un amigo iftip. ipuy d?|dA i Ay.^Mm ^9.qWMs », I <lf>P p^r 8ns¡ 
Pepüí!»? h3,ten|d9,!))g^na ve;^ qup ij; i P^p^r^r l^i ¡fjf^füfsjw 4pí ílift 
ei?,un,?i b,uñolpria..^ p^fpíin, ílf iQ?, qwe hagp,ij»pnci|on, n^p l)f>, iw,cii»(lp 
en e?tos secrplps del rapoft^.y njp hg refpódft. pop, fjrppuenpf a| ?ilguíwi?i 
de lag escenas preliminares qup prppe^pn á la, apripioi) d^l pafp,^ 
'erp,, ppf esas calles de Dios. Si quereos, lectorp^, t,enpr uflis^ i,dei| 
d?; alppa de esas descripcionjes que. á mi aipi^p he. e9C^ch^(lp,, 
oidme. Imaginaos uno de esos cu^^r9.s de tifí.tag spi^bríais ^ dp psps 
CQstombrps flamencas, que stdpr^an, en prppiosa, multitud el, Ijlnseo 
N^ciopaldeMadrií). ^ (uz dp un mísero ppdjl ##i;a apena?, fe 
estancia en que se ven tres, ó, cuf^tro, maesas ()et.eñqf;adi§)|p.aj; : sei^- 
»a4f>. ne^li^fift^emente sea^o^ya enma, (l^ ell^ á }§s vpífps. HB jnu- 



112 LOS VALENCIANOS 

chacho harapiento, de esos que no tiene hogar ni familia, y tenien- 
do delante de si una copa de aguardiente, entona con el monótono 
compás de nuestros cantos populares un cantarcillo que pica como 
pimienta: otro muchacho , que por los rotos de su chaqueta enseña 
su camisa y por los de esta sus carnes, acompaña el cantar gol- 
peando con las palmas en otra mesa que ocupan él y una copa 
medio vacía. Una moza despeinada, después de haber limpiado el 
mostrador y sus adherentes, se entretiene en meter masa en una 
caldera llena de aceite hirviendo y sacar buñuelos con una ligereza 
notable. La dueña del establecimiento preside estas operaciones, y 
el cafetero, si no es de casa , preocupado entretanto con los prepa- 
rativos de su venta, va y viene, trae fuego para su hornilla, llena 
la' cafetera, ó busca, en fin, algo qne le falta para su avio. Al 
mismo tiempo y de paso , ora dice una chanza á la buñolera , ora 
impensadamente la toma un buñuelo ó dos : por fin , arregla con 
la dueña sus cuentas pendientes , se cala el barret, se atiza un la- 
tigazo de aguardiente, enciende un cigarrillo , echa un requiebro 
al ama , si lo permite, y después de frotarse las manos con satis- 
facción, se echa afuera sin temor al frió, y ofreciendo á voz jOU grito 
á los madrugadores su cuotidiano «café caliente. :d 

Ya tenemos al cafetero en pleno ejercicio de sus funciones. Con 
la dudosa luz del crepúsculo vuelve al mundo el confuso rumor de 
la víspera: suenan alternativamente el toque de alba en los templos, 
el de diana eii los cuarteles-, el agudo silbido de la locomotora que 
parte, en la estación del ferro-carril : ladran los perros , se abren 
las tiendas, y pasan corriendo los carros que acarrean frutas y 
verduras al mercado : entonces , entre tantos rumores diferentes, 
suena la voz grave de nuestro hombre , que sale al encnentro á las 
criadas y á los asistentes, gritando: ((café.2) 

Yan las pobres fámulas soplándose los puños de puro frío, y é!, 
abrigado con su grueso chaquetón , calado hasta las orejas su tradi- 
cional barrel, añade entonces <r¡cáliénte!)> 

Yiéráisle á está sazón con qué rapidez recorre multitud de calles 



PINTAI^QS POR SÍ MISMOS. 113 

y plazuelas , repartiendo aquí y allá lazas de su humeante líquido^ 
^nin^apdpá lo^ mas fríos á tomar una ración con la seguridad de 
qpe está «calen tito, caliente. 3) Viéraisle llegar á las adminislracip- 
pes donde parte ó llega algijina diligencia , ó cuando no , 9 la esta- 
ción del ferro- carril, y por úllioio, dirigirse á la pls^zadel mercado, 
donde le esperan las vendedoras, á la^ CMale$ reparte él su respec- 
tiva taza entre s^ludo^ y buenas palabra.s , que qada quita lo cortés 
á lo comerciante. Allí la lleluguera , la panaera , la taronchera y 
otras son servjdas sucesivamente , y nunca dejan de relamerse de 
gusto , aunque a^I devolverle el platillo, no popas vecp^ |p recon- 
vienen , or^ perqué no estápróu carregaet , ora perqué té póc su- 
cre, etc., á todo lo cual satisface él como puede, colara el contli^ 
gente y pasa adi^l^ntp. 

Después de esto ^ la conc urrencia que va afluyendo á lia plaza 
la llena completamente, y entre ese maremagnum mydi animapiou 
creemos que pocos mercados ofrecerán, el cafetero sigue haciencjio 
su agostQ. 

Guando ya el relente de la ^lafiaqa no se deja sentir, la gQDte 
apetece poQp la mercancía de su vehículo, y nuestro hombre por 
lo tanto, desaparece. Con todo, aun si le quisiéramos hallar no nos 
8erla ixiuy difícil verle á las puertas de las posadas ; pero en e^as 
horas no hape gran negpcip , up aspira i uias <}ue á pasaf el rafo 
hasta la hora en que acostui^bra retirarle á ca$a : llegada la cual, 
DO vuelve á dar cuenta de si hasta que anochece , semejapte en esto 
á los murciélagos. En esa hora vuelve á aparecer en público y se 
oye su voz á la puerta de las posadas, bodegones, etc., en las 
plazuelas, cerca de los cuerpos de guardia , y en una palabra , en 
todos los grandes centros áond^ á tales horas hay animación y mo- 
vimiento de gentes, en especial de ciertas gentes. 

El todo lo recorre, todo lo husmea, en todas partes está: detalle 
indispensable en todos los animados cuadros que por doqueir ofre- 
cen las calles de la capit^, su figura impasible aparece en último 

término siempre que hay riña , atropello ú escándalo. SI eres ar- 

15 



114 LOS YALENa ANOS 

dista , lector, y le gustan las costumbres , ya te doy que hacer con 
él : ¿quieres reproducir un altercado entre dos mozos rasgaoá te 
puedes olvidar, sí quieres , de poner un agente que medie entre 
ellos, pero no te olvides de poner entre los mirones uno mitad 
hombre, mitad cafetera, ese es nuestro protagonista: se trata de una 
riña de mugeres de plazuela , de un accidente cualquiera? no omi- 
táis el cafetero: sin este accesorio el cuadro sería incompleto. 

El cafetero se retira tarde : cuando las gentes salen de los tea- 
tros aun oyen su canto que á lo lejos se confunde con el del sere- 
no: del mismo modo que al amanecer asedia á los madrugadores, 
por la noche aun á última hora persigue á los rezagados. En esto 
disiente notablemente el ejercicio de su industria del de otras mu- 
chas ó del de todas: en efecto , los demás vendedores de fruslerías 
y comestibles tienen horas mas cómodas destinadas para la venta: 
él únicamente es quien tiene precisión de arrostrar el gris de las 
mañanas de Enero y las corrientes frias de las noches de Marzo : él 
es, como si dijéramos, la avanzada de esos innumerables hijos de la 
pobre plebe que salen á buscarse un pedazo de pan con ese comercio 
de mentirigillas. El cafetero es el último que abandona el campo 
y el primero que rompe el fuego ; pero campechano siempre, ale- 
gro á pesar de lo molesto de la hora , observador maligno de los 
mil accidentes con que amanece el mundo, gacetillero que, si lie 
vase á un periódico los mil chismes que recoge á su paso , daría 
material para una crónica larga, ó cuando menos para una letrilla 
V. gr. , como la siguiente: 



EL CAFETERO. 

— <H^ — 

Estas noches y estos dias 
Hace un frió que traspasa; 
Por miedo á las pulmonías 




PINTADOS POR SÍ MISMOS. 115 

No hay quien salga de su casa 
Sin su taza de café. 

¿Me entiende usté? 
Hoy toma toda la gente 
Una tacita. ¡Caliente! 

jCafé, café! 



[Alza! ¿habré visto yo alguna 
Que se sepa tratar bien? 
— Diga usté que no ¡fortuna! 
Que no lo toma. . . ninguna 
Tan caliente como usté. 
¿No me esplique? 
Que lo diga el so Visiente 
Que lo sabe bien. ¡Caliente! 
¡Café, café! 



Cuando salgo se retira 
De la timba Don José, 

Y de estar tira que tira. . . 
Lteva una cara... que inspira 
Lástima; pues ya se vé, 

Un mal entres 
Le arrancó el último diente, 

Y el pobre vuelve ¡ caliente! 
. ¡Café , café!. 



¡Hola! Damián y Damiana 
A la misma hora qíTe ayer 
Han abierto la ventana. 




116 LOS VALfeNClATíOS 

— |Parroquiaño! ¡parroquiafaal 
No bajan. ¿Qué les tliré? 

¿Itfe entiende usté? 
Cómo ée aéoma la geiile 
A tomar fresco. ¡Caliente! - 

¡Café, café! 



Deja él la vetttana abierta 
Y eliá hácé qiíe rió le vé. 
¿Si bajarán á la jiuerla?... 
No ¿e sabe coéá cierta, 
Mas yo éstiero a^tó.— ¿Qué haré? 

¿Me eütiende tóté? 
Có'iio éstáh tós dos de frente 
tó tóülári jütffos. ¡CállentW 

lCafé,feáfél 



ftó la pTazíá Villárfásít 
Hoy sale coche, y tendré 
Que íievattós (((we Se pksá) 
Üha tayi dé caté. 

¿Cuándo 'podi-é 
Libre del frío Vdfebté 
t^áíWaé4ni...-[CíáiíÍehte! 



¡Cáfé,care! 

La anterior canción, digna de la memoria del célebre Tino.,.. 
— Y á propósito de Tino , ¿No saben Vds. quién es Tino^í Tino es 
el proto-tipo de cuántos cáfe(feros1layad ¿Üslido y existirán en ade- 
lante en Valencia: fino , al áejaf l^br 'ótfá tao menos honrosa la 
antigua industria en que se 'íia hecho íáéni'óVáble, ha dejado á sus 



PINTADOS POR si MISMOS. 1 1 7 

sucesores dignos ejemplos que imitar, y trazado para los que ven- 
gan sobre su huella, un honroso camino que recorrer con gloria. 
El café le debe en gran parte la propagación de su consumo , y los 
vendedores de café molido, los propietarios de las lonjas de ultra- 
marinos , els boliguers del Mercal , le deben un monumento sino 
quieren que la posteridad les señale con el dedo y arroje sobre 
su memoria la vergonzante calificación de ingratos. Hé dicho. 

— Pero, señor editor, ¿aun quiere Vd. que diga mas? ¿Qué 
quiere Vd. que diga? que el cafetero, en verano se convierte en 
horchatero? que.... ¿no basta aun? Considere Vd. que no es floja 
obra, charlar tanto con tan poca sustancia.— Dispénseme Vd. por 
hoy. El liempo orge y.... Hé dicho. 




LA TOSTONERA, 

vendedora de Tostones. 
(Vulgo) TORRATERA. 



®|^^**^^^gL que lome el agua desde muy arriba , quizá no 

¡|S encontrará sobra de novedad ni originalidad en 
un tipo , que cuenta modelos en siglos remotos. 
En efecto, babia entre los romanos y en la épo- 
ca de Horacio, compradores de tostones (torrat), 

Fricti ciceris , et nucis emptor, 
como dice el mismo en su célebre epístola á los 
Pisones ; lo cual no podia veriflcarse , sin que hubiese vendedores 

ó vendedoras. Aunque sin devanarse mucho los sesos , y sin apelar 
á la autoridad de Horacio , á cualquiera se le ocurre , que siendo 
aquella tierra de garbanzos , crudos no los comerían , y de allí á 





120 LOS VALENCIANOS 

cocidos ; y de cocidos á tostados no bay sino un paso; y tampoco 
es de presumir que todos los aficionados á esta comida , tuviesen 
habilidad , ó humor , ó tiempo de tostarlos ; por donde , de ilación 
en ilación se saca, que los buscarían , y los comprarían, y se los 
venderían. Hacemos esta generosa concesión á los que hilan delga- 
do. Fáltanos ahora demostrar que , á pesar de todo , la vendedora 
de tostones valencianos , que nos proponemos colocar en beríina; 
es un modelo sui generis , y que semejante á ella no se halla en 
toda tierra de garbanzos. Vender tostones! Eso está dicho muy 
pronto. Vender I Cualquiera vende , si le compran.... Pero saber 
vender tostones, rodearlos de una aureola de atractivo y seducción, 
que haga de su comercio y de su venta una especialidad.... esto 
solo es concedido á la torralera valenciana ; y hé aquí lo que la 
constituye un tipo único, y con derecho á un asiento en la galería 
de los ValencHifmpHÍado.por ,i ii»t«»^/jEn eísclo,.la torratera 
se pinta sola. Y de paso advierto que el bello sexo egerce el mo- 
nopolio esclusivo de la T/Wtetie tdstjunos^ imn que el feo tenga en 
ello intervención j^.á|Q^)l^psj()^|Q9^i|:4^ ^^^QP^ la duración de 
su imperio en la tíiüdad és por *de un dia , él íbcó de su triunfo 
dura todo el ano, y forma un sonido continuo, encadenando la de- 
liciosa impresión de lo pasado con la seductora del porvenir. Es- 
pliquémonos. 

^as rpmpríi^s sop )[;n2fide;las pec^sida^des^m^^ apremiantes de los 
p)ie^l;)lps. P ^^ptlquien^p rpligip$o se hermapaen ellas al ndtural ins- 
tipfprtelplaQer,,^qP9J}^,^p^pc?iéste^ yperiS^ipa que escrupulizaría 
a^^tir á ppa corri^pi de torpi^ , ,ó a ^tr^» íiíqc'u>n puramente profa^pa, 
Cfi^ew .cputraíOr pp naérííp p<^f;?i con píos , visitando en romería tal 
templo , ó tf^l ermita , y procurando al paladar ciertas síitisfjieoiones 
Q onsideif^íjfis popio .p?irtp4o l?i peremoxiia. ,I^2i proverbial piedad de 
los M?ilopQwnosMpas;?^(ÍP,au trj^bptp^ esta -pe^e^íjidacl , y cpjp^,agí;fi 
ppa e^pocie de pripiiplias fjel app á las rpiperf^s fíp los mpspSídp Bífero 
y Plebrero^ cop la visiíji (Je fíW\^ ^aptuarips, dedinja^ps á .ciertos 
Sanios. <£sto9 «oa San Antonio abad ^ San Vkéntp Mártir v San Var- 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 131 

lei^ó 4 la Purifieaciotí de lá Virgen, San Blas% y la Virgen de Cam- 
pafüi^f . Lád ixuerlas y cercat>ias de las iglesias bá}o las dichas adr^- 
éacioñes i de las cuates unas están sitírdda>s intramiiros , y otras en 
k» cuarteles y arrabaftes , se veo ampliamenle surtidas de conaeslK- 
Més y golosicras saladas y dulces i eotre laá^ euales loa tostmés 
(talgo lerratj figurí» eú prltñera ttíeít. 

Comienza la (yríg'mal'rdad de la fi>est2l en el l^lul<6 nülsmo con ^u6se 
la distingue , que es* el de porr4^ , fifoaibré , cayo ortgen no és del 
casü averiguar , por^e bailamos su esf)licacik)n en la simóte y 
meta coí<f«|)0¡<yn de iúrtat , y sustihicióü de ana j) á (iria t. Ello éi, 
(Jiie la palabra ba r^ibklo U' sol^e^aná sanción del use', óap vo- 
luntad , segtín el citado elogiadof de los cotíipradores de ti^ston^s 
roma&oiS, es sáprewia ley. Ello es tamtóéo que el poH'át dé San 
Aátonio, potrút de San Vafterc, púrrat de San Blas, porréi de 
Gampauar , designan sin lugar á eífolvocaeion la feria de to!st6ifés 
éa tos {)tink)s diados , y es palabra que stie&a agradafolemenf e al 
oído de un valenciano devoto y accionado á las golosinas. Y bé a(}ai 
porque tal ve¿ üo se les apellida : romería de San Blái , de Stín 
Talero , etc., sino que se éspeciíM lo que es objeto , ó capital , ó 
muy priacipal de la devota visita^ , b compra del túfrat, Verdatfe^ 
ramenle que para unos ojos^ y 6orazon genuinamente valeiíciafnos tio 
deja de ser es|)ectáculo tentador aquella larga fila de itoesas; verda- 
dero mosaico de golosinas , que llamao y atraen poderosa é irre- 
sistiblemente el contenido de los bolsillos. El á|)iíii*a(o de cada íor- 
ratera se compone de los siguietttes adminículos, üná tijei^a senie- 
jante á la de un catre , áuúque de ^lernas mucho iñas elevadas, 
sostiene un anchuroso y desahogí^tlo tablero movedito ; de suerte 
que en ma abrir y cerrar de ojos se deisarma el apáralo, quitando el 
tablero , y doblando la tijera. Fije aquel sobre está por rt^dio de 
dos listones , los cuales la impiden abrirse mas allá de los limites 
que le prescriben , sé tieiade sobre él un lieníro bIan((uisimo > y por 
toda su superficie se van distribuyendo en tiiontones , prudentió y 

sabiamente calculados para la mejor visualidad y contentaiúiento ée 

15 



122 LOS VALENCIANOS 

los ojos espertes, almendras y avellanas tostadas , castañas pilon- 
gas, ciraelas-pasas , orejones , y una especie de roscas garapiñadas, 
en cuya conreccion entran el huevo y la harina, y el azúcar cristali- 
zado. Parecerá estraño que en la precedente esposicion no figure 
el producto principal , el rey de la romería , el torrat. Pero es por- 
que ocupa ün lugar único y privilegiado en sendas sillas, flanquean- 
do el cuerpo de la torralera á ambos lados , y colocado en cuatro 
ó seis sacos de lona según la calidad del garbanzo. Y lo» sacos no 
se dejan ver asi como quiera , sino que el contenido llena hasta la 
mitad de ellos , y el resto del saco hasta el borde superior se arrolla 
curiosamente, formando ^n bordón en torno del torrat, logrando 
con ello el doble objeto de hermosear coquetamente la mercancía, 
y recogerla sin trabajo , terminada la feria , con solo desarrollar la 
mitad superior, y atarla con un cordel por donde toca al contenido. 
No faltan mesas donde los sacos de tostones se ponen mas en evi- 
dencia , colocados sobre el tablero ; pero lo común es no abandonar 
su puesto privilegiado. Entre ambas pilas de sacos , y detrás de la 
enunciada balería de golosinas, descuella y domina la torralera, 
por regla general , fresca ^ lozana , rolliza , de ojos árabes provoca- 
dores y risueños, sentada sobre una elevada silla, qu« la deja dueña 
de sus movimientos , y resguardada por los flancos con los torreo- 
nes de que hemos hecho mención. El trage, que participa del pinto- 
resco de la huerta y del de la ciudad , es siempre rico y elegante, 
y las joyas que adornan la cabeza, cuello y orejas de las torr ataras, 
son algunas veces de no escaso valor por las perlas y pedrería que 
las enriquecen. Y esta limpieza característica de las valencianas , y 
que forma ley inviolable en las torrateras , es observada aun de 
aquellas, que ven ya muy lejos los umbrales de la juventud , y que 
sin embargo no desdoran el puesto, á pesar de las arrugas de sus 
rostros. 

Pero los sitios escogidos para desplegar una torratera su mer- 
cancía , y no pocas veces sus gracias y atractivos , no son tampoco 
fiados al acaso. Porque si bien la generalidad se condensan en las 



PINTADOS POR si MISMOS. 125 

iDmediaciones de la iglesia ó ermita térmíDO de la romería , las hay 
que prefieren sentar el campo á larga distancia , en una de las prin- 
cipales avenidas que conducen al punto ; como sucede por ejemplo 
en el porrat de San Antonio , en el cual se ven puestos de tórrale- 
ras en la bajada del puente de Serranos ; observando, y no desacer- 
tadamente, que hay aficionados ; que al primer envite ceden, en 
especial , si hay niños y novias á quienes contentar y obsequiar ; y 
que los hay que no gustan de ir cargados largo trecho con el pa- 
ñuelo del torrat ; y á éstos les acomodará proveerse al regreso , ga- 
nando de descanso todo lo largo de la calle de Murviedro, emblema 
de la longitud , y aun mas de la suciedad por sus proverbiales ba- 
ches é histórico lodo. De aqui se infiere que la elección de puesto 
no es asunto indiferente para las lorrateras , y es en tanto grado 
verdad; que no faltan quienes toman posesión desde eldia anterior, 
tendiendo en el suelo la tijera doblada , y sobre ella el tablero , á 
fin de que otra no se les adelante á ocupar el espacio, que conside- 
ran como mas ventajoso á su despacho. 

Ello no obsta para que el diablo que todo lo añasca , haga de 
modo que el sitio que sobra , no contente á las que llegan tarde. De 
aqui resultan polémicas científico-geométricas acerca de la osten- 
sión del área , que á cada una concede la ley para construir ; un 
palmo, un dedo es objeto de acalorada discusión ; no es raro que 
intervenga la fuerza bruta , y que el hermoso y tentador edificio 
vaya rodando por esos suelos , y que la ofendida se dispare contra 
la ofensora , y que jueguen las uñas, al acompañamiento de allegro 
aguato y vivace , y.... Pero entonces.... perdona lector.... enton* 
ees. . . . desaparece la torr alera , y se funde en el tipo general de la 
muger pendenciera , para el cual es ocioso gastar tinta y papel, 
porque es planta indígena de todos los climas , y de todos los paises 
del mundo. 

En cuanto á la calidad de los artículos que vende, por punto 
general es buena y admisible , aunque entre ellos los haya de dife- 
rentes clases y precios. Porque no es el mismo el del torrat de 



i^ LOS VALBNGfANOS 

garbanzos del Saáco , que el do garbanzos ordioaríos ; ni éste el de 
los carcomidos y rolos. Tampoco lo es el de las almendras del vale, 
comparado con el de otras calidades inferiores , y asi de lo demás. 
Respecto á las castañas pilongas . sufren alguna modificación, por- 
que como la provisión que do todo se hace , es abundaolísima , su- 
cede que hay sobras de un año para otro , y este sobrante no se ha 
de echar á perros. Conténtaase pues las torrateras con mezclarlas 
con otras mas jÓTenes, y allá pasa. Pero de todos modos fuera de 
desear que las pilongas hablasen , para oir de algunas de ellas como 
testigos presenciales , episodios del pronunciamiento del 13; y lo 
que es al tiempo de ser Tendidas , podrían asimismo reemplazar sin 
iaconveniente á ia arcina refractaría para hornos de alta presión. A 
pesar de ello se venden ; ¿ y quién sería capaz de resistir á la , no 
digo retórica ^sioo poesia destilada por labios rubicundos , y re- 
suelta en frases, ya suplicantes , ya estimulantes , ya festivas , ya 
provocadoras , y siempre poderosas , usadas con femenil agudeza 
según y como conviene > y según y cual es el seio y condición de 
los devotos, blanco de sus tentaciones ? Porque hay personas , en 
especial jévenes que galantean , para quienes es un deber impres- 
cindible kacer el pañuelo (fer el mocador) á su prometida ; es decir 
gastar en el puesto del torrat cuatro ó seis reales ; y á éstos es á 
qtilenes se dedican aquellas 4 envolver con preferencia en sus dnl^ 
ees redes. Dicho se está, que una vei mordido el amuelo , tienen 
hecho su negocio; porque no hay enamorado mezquino^ y se creería 
deshonrado á los ojos de sn qoerhla , á pensase ni ann remotamenr 
le en regatear. La traviesa tornUerñ le pide el pañuelo , lo estiende 
curiosamente por encima de los montones de almendras, ciruelas, 
avdtánas , etc. , le pregunta si qnicre dos ó tres libras de tonW , 
con la esperiencia que tiene, de qm algunas se raboríaan de pedir 
una ; coge en su blanca mano un puñado de tostones , los enseia y 
ofrece á prueba , pond^erando sb bottilad esf^tisíla , é iimediala- 
mente introdnce <A plato de la b^Ninia en el saco repinto , y pesa^ 
haciendo alarde de biiarrfo y generesid|KÍ > el 6biiga<)o /errctf, piin- 




pmTjU)o$ poa sí mismos. \%^ 

cipe de la fieata. No deja mímv lai$ buenas disposiciones de) coim-* 
prador : idjale m seguida á probar de lod^os lo6 dei^^ás jartiei^los , 'm-r 
clusas las püoaga^ , elogiando /su blandura , aunque al qí^ascar)^ 
salte uo diepie ep dos pedazos, y por fin, después de haber estirado 
y hecho prestar la tooganimidad dei pobre novio , aU jOurios^meiilQ 
las puntaos del paSuelo , lo entrega á éste y á veces á aquella á 
quien va destinado , y presienta verhalfiiente^la cuenta en globo> 
haciendo creer , ó á lo menos tratando de persuadir al bondadoso 
parroquiano , que solo por su buena cara le hace un barato ruinoso 
á sus intereses. Si es muger la que compra , ó alguno de aquellos 
que miran el torrat como parte integrante de la romería, y lo com- 
pran por devoción , ofrece el de los sacos superiores , almendras 
ordinarias , y pilongas ancianas , sin resabio alguno de juventud, 
haciendo también con ellas su negocio , y completando el sistema 
de colocación de su género de la manera mas ventajosa posible. - 
Los cuidados y práctica que requiere la preparación del torrat, 
Y demás artículos que figuran en la mesa de la lorratera valencia- 
na , serian sobrado dispendiosos , si su objeto único fuese lucir en 
los seis ó siete dias que indicábamos al principio ; y las utilidades 
que reportasen, no estañan en consonancia con los gastos que re- 
presentan. Pero la torratera no brilla solo en la capital : doquiera 
que hay fiestas que celebrar , y (cada pueblo de su provincia tiene 
la suya) , doquiera que hay reunión de gente , sea cual fuere su ob- 
jeto , ''alegre ó triste , allí se presenta , alli despliega sus recursos, 
alli cautiva, alli vende. Por eso se la vé hasta en las puertas del 
cementerio el dia de difuntos , como en las procesiones , y demos- 
traciones de júbilo popular. Su traslación de la ciudad á los pueblos 
no se hace sin estrépito ni aparato : muchas tienen carruage propio, 
otras lo alquilan ; y llama la atención de vecinos y transeúntes el 
momento de la partida , viéndoselas encaramadas en los vehículos, 
Menos hasta el tope de mesas , palitroques , sacos , cestas , y otras 
baratijas propias de la profesión. Terminaremos diciendo que los 
barrios de predilección donde se albergan las torrateras , son las 



126 ■LOS VALEKCIAHOS 

caites de la Muela , Gubelts , y adyaceoles , bien que do las deja de 
babor esparcidas por otros puntos de la ciudad. Hay tambieu íor- 
rateras perenes , que lieDeo , por decirlo así , arrendado un silio 
eu el Mercado por las inmediacioues de la fuente, para contentar 
á los que , sin ser devotos de romería , no son menos apasionados 
á los tostones, y roen con placer almendras ytsastañas, aun cuando 
éstas cuenten algo atrasada la fecha de su nacimiento. 

Pascual P«rex j HodrlcaeK. 




PINTADOS POR si MISMOS. i 27 



EL PESCADOR DE CANA. 












O es este ud tipo que caracteriza las costumbres 
del pueblo valeDciano , de ese pueblo jovial, 
activo , emprendedor maravilloso , y sin em- 
bargo tomamos el pincel y la paleta para ofre- 
cer al público un boceto en el que se vean de- 
lineados los rasgos que marquen la fisonomía 
del personage que vamos á retratar. 
£n todos los paises existen pescadores de cana. Y se dirá tal 
vez por ello , que vamos á describir un tipo general : grave y nota- 
ble equivocación ; el pescador valenciano y prototipo de esta indus- 
tria negativa , puede servir de modelo á cuantos se dediquen á 
ella en toda la redondez de la tierra. Aqui se pesca al anzuelo , en 







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1. / w Uhu^ oSU . /I/J Ír//|/Arf ñfifí^Mic,o , y robando á su esposa las 

II ii . . , I JMf iii '|if'> />'(ffi|f(Wi/t?nrf i<l Irtfinnular de la familia. T no rálo 

I . iijti i|iih lln/tti |nii ttii iIlvnMitn nnlUocTal hasta ¿f ébtreuko 

I iih ili I l\i\li« lli* l'i'i iMM\lr«r. {\w Mo ncoütumbran á no coAUr 

^ . \\\\ \\\\ \ \ ^\\\\ M\\ \\y^ M^^^^ *^^^ v^^hmUrt;itmonle $e aisla: B 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 129 

jugador que pierde y el pescador de cana son los individuos que 
mas se abstraen del mundo en que viven ; el una fija toda su aten- 
ción y su esperanza en el naipe que cree su felicidad, el otro fija su 
vista en las aguas , con la esperanza lisonjera también de quo un 
pez le dé un placer inesplicable. Ambos fanáticos, é inconegibles 
en sus tendencias, y abrigando ambos la convicción de que su 
fortuna pende del azar y del enigma que ban de llegar á ver resuel- 
to. Una circunstancia los presenta no obstante como tipos antitéti- 
cos , la de que el jugador puede mejorar de condición si le da el 
viento del favor , mientras que el pescador al anzuelo ha de empeo- 
rarla, como capital en constante baja , y continuamente consumible. 

Se dirá tal vez que el personage que nos ocupa es tratado con 
demasiada severidad , y que tan solo se toman en cuenta sus defec- 
tos. Somos justos y queremos reproducirle con la mayor exactitud, 
no pudiendo prescindir por ello del detalle indispensable que venga 
á formar el raro conjunto de cualidades que son propias de nuestro 
recomendado. Y ocurre otra cosa singular ; siempre la generalidad 
de los hombres aplica y dirige frases benévolas hacia el que se ocu- 
pa en diversiones inofensivas y pacificas , y faltando á este principio 
se guardan para nuestro pescador los mas calumniosos dicterios , y 
las mas torpes y burlescas murmuraciones, ¿cómo hemos de pin^ 
tarle pues? del mismo modo que le vé la sociedad , para que no se 
le ocurra la pesada chanza de que nuestro retrato no tiene semejan- 
za al original. Si es inocente y le condenan , la culpa no es nuestra; 
si es pacifico y le injurian , paciencia, asi encontramos las cosas, 
asi debemos dejarlas. 

Los pescadores de caña tienen en Valencia y sus alrededores 
frecuentes tertulias en las que se conciertan para sus espediciones, 
y se habla estensamente de lances que diariamente les ocurren. Es- 
cusado es añadir que siempre se las prometen felices para el dia si- 
guiente , y que con aire de triunfo producen algunas frases enigmá- 
ticas, como significando que poseen el secreto que les ha de con- 
ducir á una gran pesca. 

16 



1 50 '- LOS VALENGIAKOS 

Elloá saben como el acequiero mas hábil y entendido , el landeo 
coifto la limpia de las acequias , y cuantos accidentes sufre el riego 
d6^ nuestras hermosas campiñas, porque fuera indisculpable no estar 
ea^los'pbriííenDres que conduzcan á una feliz operación , que mere- 
ciétó' la crítica punzante entre los del oficio. 

Porlo regular los pescadores salen acompañados de un camara- 
da^ cóü ánimo de separarse en el sitio que les convenga; andan 
prébipitadam^etíte, y no se er.itretienen en su marcha aunque se les 
llamé ; eYi tal momento van afilados por una ilusión brillante. Qué 
dicha si encuentran turbias las aguas , porque sea dicho de paso, 
las aígtí^ cristáünas no hacen maldita la gracia á nuestro héroe. 

Llegáti pues al término de su espedicion , y con actividad in- 
compténsiblé ; arman la caña , dejan io^ aprestos en el suelo (vulgo 
orÉ^eig)', se persignan , dirigen una mirada escudriñadora por los 
cáiioípos inmediatos , y teniendo que lamentar siempre algún pequeño 
conlrali^mpo , arreglan el cebo , lo colocan , y manejando con cierta 
maestría él instrumento de sus lides , lo dejan caer sobre las aguas, 
animándole por las mas halagüeñas esperanzas. 

Aqüi debiera ponerse una línea c¡e puntos suspensivos , porque 
á escenas tan activas siguen el silencio^ la calma, la postración, 
en que naturalmetíte deben caer hombres que lijan todas sus ideas 
en el albur en que juegan la mayor parte del tiempo de que pueden 
disponer; Su pensamiento cruza en todas direcciones por el fondo 
dé las aguas , y casi seres anfibios se pegan como la ostra cerca de 
colorientes y ios lagos , con una inmovilidad que asombra. 

Hay dias fatales para el pescador de caña ; cuando reina cierto 
Tientecillo que les impacienta ; cosa admirable , atendida su imper- 
turbabilidad : entóneos el pescado come á su sabor sin caer en el 
engaño , y el hilo se vé flotar por el espacio cien veces sin que una 
sola presa venga apremiar el suspirado anhelo de quien de buena 
gana se echaria en aquellos momentos de desgracia á lidiar en sk 
desesperación á braz(* partido hasta con un cetáceo. No es estrano 
verle en tales horas variar de sitio, saltar, moverse con agilidad, 



PINTADOS POH SÍ MISMOS. i^^^l 

para dar de frente con la fortuna que le volvió la ejspaWa; pprpe 
perdió la larde , y no lleva muestra siquiera que le acrediíe en .$u 
fatiga, y teme la rechifla. En este caso se relira aburrido , npiaj- 
dicienle y de malísima espina, como si por el bromazo que le aflige, 
se hubiere dejado á trozos el honor de su timbre en Jas .gicéqi^^as, 
teatro de ana calamidad , que en vez de producirle, un ^esengapp, 
le aviva el deseo do volver por su reputación al dia siguiente. 

Varios son los cebos de que se vale el pescador ,yalenpiaixo , en- 
tre los que liguran la pasta , moliná , gamba , cuc ^etc, ^tc: usán- 
dose para las ranas la caña corla y un vivillo de gr^^na., coipo el 
medio mas general entre los que se dedican á e$l9. QcupaqiQn de 
tercero ó cuarto orden ^n razón á su poco mérito, entre los aficio- 
nados. 

La célebre cabana ó barraca del tio Plaza , es el almacén de 
que se sirven para depositar los útiles necesarios al píicip. Alli go- 
zan un refrigerio, se entonan, y toman punto de partida ^p. ;sus espe- 
diciones , que suelen ser mas ordinarias al Pechinar , al s^quiól de 
D. Salvador , escorrentia de la dehesa , Per ello , ac^qifip del Bey, 
el Toll de la Clósa , el Póu de Aparici , orillas del Turia , y otros 
puntos que fuera prolijo enumerar. 

Cuando el pescador tiene la cana en la mano , es arriesgado di- 
rigirle la palabra, porque cree que se ahuyentan los peces al menor 
ruido. Nada le subleva tanto coniío la idea de que puedan haberse 
echado redes en los charcos, porque para ^1 aficionado al anzuelo 
nojiay otra pesca licita que laque constituye su Irauquilp recreo. 

Nada es comparable al enUisiasmo de nuestro pescadpr, cuando 
por rara casualidad tiene un momento feliz qn sus operaciones , la 
jovialidad se pinta en su semblante , su orgullo adqulere^un nuevo 
titulo que no cambia por otros lauros, y su familia tiene derecho á 
esperar un grato afecto y una alegria sin limites. 

Nunca el pescador al exagerar la magnitud de una presa , se 
vale del número par; así se Iq oye de qontinuo decir que sacó en 
cierta ocasión casi rompiemlQ Ja cáfila,, uqa anguila de , fue;} j siete 



132 LOS VALENCIANOS 

onzas , ó un barbo do trece onzas y media; esto se esplica fácilmen- 
te , y lo mismo hacen ios cazadores y cuantos desean ser creídos 
en sus relatos de tal género. 

La investigación fiscal ha llevado su vista de lince á todos los 
ramos en que se desarrolla la actividad humana , para que rinda un 
tributo que ayude á los gastos de ese ente moral , impalpable , que 
se llama Estado. Solo el pescador de c^ña pasó desapercibido, y no 
contribuye con un maravedí. Indudablemente debe haber conside- 
rado el Asco que no debe pagar contribución el que ejerce una in- 
dustria que destruye el capital , y una diversión que diariamente se 
convierte en martirio , porque fuera injusto gravar con impuestos 
la calma , esa inocente calma que tanto tributo presta á la malicia 
de las gentes. 

Entretanto Ajémonos en esta triste liquidación. 

Un peón de albañil gana 6 rs. vn. de jornal. 

Un pescador áe caña puede por término medio sacar cinco peces 
por dia. 

Que valuados á dos cuartos importan 10 cuartos. 

Total 10 cuartos. 

Baja del producto. 

Dos cuartos por gasto de calzado i 

Uqq por la pasta 1 

Dos por deterioro de sus útiles..., 2 

Dos por gastos de ropa 2 

Cuatro por merienda , 4 

Y cuatro por improvistos 4 

Total 15 cuartos. 

Baja sobre el producto , . 5 cuartos. 

Sin que se cuenten la pérdida del tiempo , las incomodidades, 



PlKTiSOS POB si MISMOS. 155 

¡Dsolaciones , tercianas, disgustos de famitia, y otros accidentes, 
que no nos atrevemos á referir por no recargar el cuadro con tintas 
demasiado sombrías. 

Dejémosle; no se mueve, Gja su mirada en la pluma que se 
mece á flor de agua , si saca la piedra y eslabón es para malar las 
horas , si fuma os para tomar aliento ; no le despertemos de esa 
horrible tranquilldud , tal vez sería desventurado ; que haya de todo 
en el mundo , desde el que tenga una actividad peligrosa, hasta e| 
que se rija por una pesadez inalterable. 

Por lo demás , dcjí'mos consignado que generalmente los pes- 
cadores do caña son buenos ciudadanos , como les llama el vulgo, y 
no tengamos necesidad de repetir aquello de: «Señores, quo á 
nadie aludo , que no me dirijo á persona determiDada , etc., etc.:» 
porque el vicio está en la cosa , y no en el hombre. 

Frauclsco de P. Grt»8> 





EL CAPELLÁN DE LAS ROCAS. 



^N todos vuestros viages, lectores que hayáis via- 
jado, DO habréis visto eo la procesión v^uerand^ 
del Corpus , uo objeto mas histérico , mas tra- 
dicional, mas. conocido, ni [m^s remedado que 
nuestro Capellán de, las Bocas. Es un tipo de 
Valencia , sin confusión , ni mezcla alguna ; y 
apesar de las Rocas tan grandes , tan grandes 
los gigantones , tan grandes los famosos ciriales 
y tan grandes las águilas , la figura del capellán ^e destaca de la 
procesión, se destaca de los mohatras que le liguen; y cien mil ojos 
se lijan en él casi á un mismo tiempo. Mezcla d^ ri^ligioso y de civil, 
es m objeto solo , aislado , indepeqcjy^enle, y al que no puede darse 




156 LOS VALENCIANOS 

una verdadera aplicación. Se le comprendería asociado á una co- 
misión de fracs , ó de charreteras ; se le comprenderia entre bone- 
tes , ó coronas; pero donde está, donde brilla, donde tiene su 
lugar, es cosa que no se puede determinar, ni analizar. Antiguamente 
eran los síndicos del venerando, célebre y virtuoso consejo de la 
ciudad los que anunciaban la solemnidad , mandando disponer las 
colgaduras y ejerciendo una especie de autoridad, á cuyo paso se 
inclinaban los espectadores. Pero acabó el consejo , y al acabar la 
España grande , se introdujeron nuevas costumbres : a los síndicos 
sucedió el capellán , así como á los fueros sucedió la brutal centra- 
licacion. ¡Cómo se han invertido los tiempos! Perdone Vd. señor 
editor; me olvidaba de que escribia un artículo recreativo ; pero me_ 
enmiendo y vuelvo á buscar mi Capellán de las Bocas. Estoy per- 
suadido de que el público recibiría con una silba espantosa al pai- 
sano, siquier fuese persona digna, que viniera hoy á sustituir al 
capellán: su earáclor, su, dignidad y el tiempo, le han hecho Iri- 
plómente réspétaWe. \* 

Pero al hablar del Capellán de las Bocas no hay un valenciano 
que no recuerde con cariño al que durante tantos y tantos años ha 
desempeñado este cargo honroso , que confiere la municipalidad. 
E^ preciso buscároste inolvidable modelo, para describir este tipo, 
que ha de ser domo el original ; ó el público no lo encontrará com^ 
pleto. No puede ser: mas como él ha dejado tan impresas en Ja 
memoria de dos generatíiones sus maneras , su talante, su gallar- 
día, sus modales y su apacible sonrisa, todo parece pequeño, 
hasta que el tiempo haga olvidar al que por espacio de casi medio 
siglo -se ha atraido las miradas y las simpatías de los valencianos. 

No creáis por eso que el Capellán de las Bocas hace destacar 
su importante figura en un ctiadro militar 6 religioso. No es un 
Guillermo de Tyro al frente de un ejército de cruzados , liiuu sa- 
cerdote á la cabeza de numerosos neófitos , que van en devota ro- 
mería : por el contrarío , abre el caníino á una porción de figuras 
y de figurones qno participan algo de las bacantes y dé los locof, 



"IPH^TADOS fñn sí Misaios. i 37 

eoiifirodidos onlre algazara y builiGio eoa la Vífgea y Sfto José y 091 
tfes autóeratts oriea tales , coq trajas del Asia « dol África y 4e En*^ 
ref». El) pos de eslafi mudas, impasibles y plásticas magostadas 
viene, á faer de vaiallos rebekles» uoa turba inqiUieldf estrepUesa 
eslraña, pareeida á un delirio, golpeando, corrieodoy roceando y 
agitando sus estraSas vestiduras, qqe se descu^n como pululos 
raros sobre la masa de espectadoras , qmo s« eMteode como mñ 
ancha alfombra' por las calles y placas de la oarreí^. 61 capelUo 
precede, puos, á esta cabalgata fantástica eu qu^ i^iogMP traj^ 
tiene propiedad , y qoe ofrece por eso mism<o u^ ^onriiision t 99^ 
recida á los sueños de la calentura ; y se aoorea y pasa m d^sr 
impresioq , como uoa visión esiraóa , é ifideliaiMe. 

¿Sabéis el lugar que ocupa el capellfia «n ^ste cnadrof P«f# 
▼adío aquí : abren la marimba 4i9S guardias ojivales d0 i^baller^ ¡ T 
después de ellos dos banderas , puyos li^unos üeo^p m $olor (}0 
tierra particular , ostentando en su campo • pintadOí9 4o WSXQr ^hf^ 
jetos qu« se parecen á diablos ó animales labulo^? l €|)49 UPS^ de 
sus astas está coronada con una monsilcvQAa ú\^^$m ^ )lir9J9r#s(^- 
Lo(S heraldos q^iie la^ lierao van cubier (os eOQ U03S dalff^áiiOM é 9<h 
broT^stas del miimo color que las banderas* Detrás (te ^^^tas visito*? 
oes cabaifa el capellán : su brillanta sotana d^ Sieda ^sl^cm4^ ^^^9 
dia con un ancho dnturon , dejiando caer á uu háff Y ^\T^ ^ti qa^n'f 
teo. Cubre el bonete su cabeza « y ks giaaut^s d^ sed» §W ^fi rigor^ 
Un caballo , escogido eotre los n^íonssf do |a Mpíto) t mmfi^l^^ en- 
jaezado eoo gualdrapas antiguas y oculta k erguid? üfA^» w p^jf 
inradacioB de lazos de todos ocdores , va suMq j^r ÚM p^ftfr^^ 
ñeros que obKgan al Mjo del aire á morehar «1 pfiSQ, siu p#riniyrÍ4 
piafar^ ni oaraeolear. 

Ta vieiiB el capellán 4 muroMira la tmnHitud : y todos Jo^ 9J04 
se dirigen á él; periodos los bafa}ones, vendas» ^f^tum Y ^\^^ 
dores asoman rostros de tonias cstodura4 (itürs yetr 19} persop,aJ9 jp^n 
Mlable de la cabalgata. AuQ Jos mismos m^^U^s qwo sn ¡nf^ 
iBoiiMito esomlm 9^\tí>m úfkUm^É mpv»iw a (^iMca^to iwr 



1 58 LO» VALBW Cí Alf os 

l§í|Ulo pAi*A inlHdür &I per^onago de todos los años y que todos ios 
ndoü parece ntiovo on la esoona. ¡Dien! ¡bien! se repite por todas 
pni1(^fi; y hombr^i y mugor6.s y niños, le contemplan con «straña 
tñf^ttk ik roupDlo, do admiración, de cariño y de curiosidad. £1 
cnp^ll^n (^VMm la carrera, con el aire de un cónsul romano en 
^\ dta do iu triunfo^ como un prelado en los tiempos de la edad 
miM \ y m n^imblante di^bo estar risucSiO , tranquilo, grave y co- 
m^dldOv Su i^alydo, que o^ fn^uente y c^asi sin descanso, consiste 
idn ^Qvantif m braio dorecho con magostad y sin afectación , y ten- 
dl^dolo t^m\^ «^ p^^lble ^ $e quita el bonete trazando con él un 
iiMli(<^4i>t^lo y $<^ io T\i(6ke A poner, sin abandonar la sonrisa y el 
fufado que debe brillar en su ñsonemia. Donde quiera que vé á 
W^ MVertánd > á Am «mlg<^, á una persona de categoría i^ite sus 
Mt^kl^^ y <^o$ ^W(i^ «rail MmU^bles per $a gradi , m laarcia- 
tt^ y ^ ti^^lfia^ <^liaiié^ l<^ itáifiiritonKis m el ^apático y qnt- 
i4^l^4«fté Ov á««^w(é )la^e^ 

lltvirtM^la i^M i^kei^ inir 4^«le 4e ima i^eM pmwjfáA. 
^t^m^l^^ ^ "m^ 4e te <!iiMi|iMa ^née áe » torre? £s fie si 

«l^^^l^^ ^^(1^ y»e9if«e ^^|^lm)t^4^ii«íftc^ide4e^^ ciWm. 
l^tN'^^V^i^ ^ x4^piM ^ ^ 4iii 4el Ckofw^ 

l«lliWllMtMi^4l^ ^^«^^1^411^ %A(^.4miáe^tieM^4iriiiQipio, 
^O^iét) pmii^ ^isiiUiir 4^ 4^1^ hisuirico iitiq^iilM^ «Cimstioi w 



.JLíKí.: 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 159 

populares. Suprimid el Capellán de las Rocas^ y la muchedumbre 
se retiraría silenciosa y maldecirá en sus adentros al imprudente que 
le privara de aquel objeto principal deis caballets. Lo mismo ha su- 
cedido cuando se ha tratado de suprimir la dególla y arrancar los 
pergaminos de manos de los golpeadores. El pueblo ha creido bur- 
ladas sus esperanzas y sus derechos : exige todo eso porque asi lo 
encontró en su niñez, y no es tan fácil cambiar las costumbres, como 
las formas politicas de un estado. 

No creáis por todo esto , lectores no valencianos , que el Cape-- 
lian de las ñocas es un clérigo de misa y olla ; es una persona que 
se titula capellán de honor del Escmo. Ayuntamiento, que es esco- 
gido entre los eclesiásticos mas respetables, y que en las funcio- 
nes que descritas quedan , egerce un acto solemne en nombre del 
municipio. Cnando Valencia sabia y guardaba y hacia guardar sus 
derechos, daba á este personage la verdadera importfincia que se 
merece : pero ahora solo una venerable tradición conduce al pueblo 
á contemplarle bajo el doble carácter que riepresenta. Una fria son- 
risa do los centralizadores, un desden de los que han viajado mu- 
cho, porque han ido hasta Madrid, ó que han viajado por imita- 
clon, y un mohin disimulado de los que se llaman ilustrados, por- 
que concurren á lodos los bailes de sociedad, no privarán al Cape- 
lian de las Rocas del prestigio que le rodea. 

He concluido mi cjmision, señor editor. Haga V. el uso que 
quiera de este articulo, pero ni afuer de propietario diga Y. que es 
bueno, porque no le creerán. 

Tícente Boix. 



ágJ^)@©©@(3)®@©(g)@@©(o)@@©(3)C^^ 



E m(m DE SEN YlilNT. 



i la tarea que hoy emprendemos se nos hubiese 
impuesto hace doce años , no aventuramos nada 
con decir que bastaría al lector echarse á la cara 
el retrato del tipo que vamos á bosquejar, para 
en su vista sonreír y prometerse durante la lec- 
tura del mismo, un ralo de solaz y recreo. 

¿Y el trascurso de doce afios ha podido 'm^ 
fluir hasta el punto de que boy ya no nos haga 
gmtíA lo qie antes de ese tiempo nos k haría? He aquí uno de ios 
racíocimos que soijen de la tesis que hemos coosi^ado, y sin iemt 
bargo no es esa precisasneott la deducción que nos propommod 
resulte 4e nuestro aecrto. 




142 LOS VALENCIANOS 

Decimos que hace doce años bastaría contemplar un momento 
el retrato del niño de S. Vicente para sonreir y prometerse un rato 
ameno y divertido , porque en aquella época el tipo que nos ocupa 
no podria menos de recordar á todo valenciano los rasgos caracte- 
rísticos de esta especialidad que fué; todavía bullirían en la mente 
del lector los episodios perpetrados por aquel , y ((ue todos los días, 
y á todas horas se gozaba el vulgo en comentarlos. Hoy sí algún tipo 
necesita del ausilio de Daguerre y de la pluma de Mesonero Roma- 
nos, lo es sin duda el niño de S. Vicente. 

Cada siglo tiene su faz. 

Siempre derrumbando , empero siempre reconstruyendo ; esta 
es la misión del tiempo , vampiro incansable , fuerte, inflexible 
y pertinaz que todo lo arrastra en pos del ciego frenesí que le in- 
duce á no dejar huella de lo que fué : que borra, sepulta y pulve- 
riza pueblos enteros y hasta la fauna actual la modifica haciendo 
desaparecer tipos que nunca han de volverse á ver, sucediép^oles 
otros con distinto^ caracteres, vida y tendencias;. JBéáhi QS^Ilfcado 
el que nuestro huérfano haya cambiado completamente sus costum- 
bres y no sea ni sombra de lo que (ué. 

Para entrar de lleno , pues, en la descripción de lo que ha sido 
y es el chiquet de Sen Vicent, bueno será que la historia nos diga 
algo acerca de la procedencia de este pánvitloí. > « 

Existe en Valencia un Colegio Imperial de niños de S. Vicente 
Ferrer, que según los dalos que me he procurado (debidos la ma- 
yor parte á la galantería y amabilidad del actual clavario dei^mísmo^' 
D. Sábas Trapiella) su fuiídacion se remonta al siglo XIY. i Efecti- 
vamente por esta época, el digno obispo de está ciudad ,D. Hugiqi 
Bajes, en ocasión en que las discordias civiles devoraban á toí 
hijos de la bella capital del Cid, que divididos en diferentes partidos 
y fracciones, aspiraban á todo trance á ceñirse la envidiad» 'coron* 
de Aragón, mandó llamar al ilustre y preclaro varón, gloria y pr^i 
de Valenm S. Vicente Ferrer, que al contemplar el abandono i en qiwi 
los disturbios políticos dejaban á los niños- pobres , se. dedicó' o wii 



PINTADOS POR si MISMOS. 145 

el afaD que caracterizaba todos sus actos, á rccojer á los desgra- 
ciados huérfanos y depositarlos.en la casa que ocupaban los Beg- 
Dines. 

Eslinguida por falta de individuos aquella corporación encar- 
gada de la educación y dirección de los inocentes niños , varios 
personages de la capital , llevados de su filantropía, pensaron re- 
emplazar á los Begnines en su benemérita misión cerca de los huér. 
fanos; y al efecto, por loa años 1540 formaron nuevas institu- 
ciones que merecieron la aprobación del virey D. Fernando de 
Aragón , duque de Calabria y la protección de la ciudad , las que 
rigieron al colegio basta que , habiendo ocurrido entre los cofrades 
varios disturbios que llegaron á noticia del Monarca D. Felipe II, 
éste en 1592 dispuso que el Beato Patriarca Juan de Ribera diese 
al establecimiento unas nuevas instituciones , bajo su real patronato, 
las que le gobernaron hasta que eji 1624 se incorporaron al colegio 
de S. Vicente la casa y privilegios que disfrutaba el establecimiento 
fundado por D. Carlos I en 4550 , para la educación de los hijos 
de los moriscos convertidos. 

Desde aquella época , y á través de las vicisitudes del tiempo, 
se ha conservado tan útil establecimiento , sin embargo de sufrir 
tantas innovaciones como las circunstancias han exijido. Hoy dia, 
el gobierno interior de este colegio está encomendado á una Junta 
que representa los tres brazos , eclesiástico , noble y seglar. 

De cuantas alteraciones han tenido lugar en esta casa de bene- 
ficencia especial f ninguna ha producido un cambio tan radical 
como la última que tuvo lugar hará como doce años. 

Antes , como ahora , para ser colegial es requisito indispensable 
ser huérfano de padre , puesto que estas veces , según la tradición, 
las suple el santo , del cual llevan.su nombre. Han de abonar el im- 
porte de 320 rs. (ahora 400), cantida<^ única para los siete ó seis 
años que fija el reglamento, como término bastante para salir á los 
catorce años con alguna instrucción , suficiente para dedicarse al 
arte ú oficio que mas vocación tengan. 



144 tos valekgiauóis 

Remontémonos, pues, al año 1820 ti 30 y veamos al neófito 
que acaba de etitrar colegial. 

Son las tres do la tarde , y el niño de siete años ha sido pre^ 
sentado por su madre ó pariente al clavarlo , que ya recibió los 
3S0 del pied , y tomó los informes necesarios para la admisión del 
huérfano : éste sin dejar á su madre á quien tiene asida del vestido, 
recibe nnoíí confites que le dft eí director para que no le tenga 
miedo y sea buen chico y aplicado , lo €ual promete el párvulo 
significándolo con una cabezada. Inmediatamente es conducido por 
su madre á las enfermeras (encargadas de la ropa, limpieza, a^eo, 
y asistentas para cuando hay enfermos) y despojándole de -su ropa 
ordinaria, en un momento le desfiguran y le convierten en uo 
chiquel de Sen ^Yicént con su cotila parda, almilla, cálzond- 
llos y medias todo de hilo , zapatos como los de fraile , con punta 
redonda , y por complemento de esta singular trasformacion , le 
ponen un casquete de la misma ropa que la cota , y la eorrea que 
sujeta á ésta por la cintura : su madre que le vé y no le conoce 
ya casi, su primera esclamacion , es: ^fill meu déla mehuavida y 
de les mehues entrañes, ya tens pare aira vólta;j> (1) y arro- 
jándose al cuello de su hijo le colmado besos y abrazos coofun- 
didos con las lágrimas d^ ambos , que no parece ano que ya no 
se han dé ver mas , ó que el niño ha hecho vota de castidad , ó 
cosa equivalente ; y en sus sueños de madre ya le contempla hecho 
un aprendiz de arzobispo. 

Vn tanto tranquilizados de ésta primer impresión , todos á 
porfía procuran alentar al nmatt^ y le presentan «n sti nuevo trají» 
al maestro de escuela , que después de echarle un pequeño ¿sermón 
concluye por darle también algún dulce, y el niño, mirando de 
reojo á todos no se aparta de su madre, única con quien cambia 
alguna palabra. Por fin, ha llegado el momento supremo de sepa^ 
rarse madre é hijo: aquí te qui^o ver ; la madre llora de goaui 

^^^^■^^— -^-^^— — ■ - - - II - - — ' 

(1) Hijo de mi vida y de mis entraüas, ya tienes padre otra Tes. 



PIKTABÓS POR si MISKOS. 145 

y senümiento á la vez, mionlras quo el hijo, imitando á un 
bccerrilo, brama que es un contenió á la puerta del colegio por 
donde salió sil muirte: ofeclivamonle^bien pronto principia el no- 
vicio á esperimjnlar los cr«*ctos de la sop.iracion de la que le dio 
el ser: generalmente cuando se llora no es cuando se pone mrjor 
semblante , asi es que los colegiales que todos acudieron al llanto 
cjccutadn en do mayor , quieren ver á sn nuevo compañero y s^ 
pnr desgracia, este no tiene qie agradecer á la naturaleza un fí- 
sico agradiible, empiezan \'á< indirectas directis de crese tendrá gran 
entrada en el cabildo (si es que tiene la cabeza grande );3> screo 
(\w es vecino de Bocairente (si la boca es desahogada):!) si licno 
traza de enano , ó es patojo , se acerca uno y le dice : <i:amiguilo, 
ya eres feliz; ayer cayó un ángel dQ la cornisa de S. Nicolás y es 
seguro que eres acreedor á reemplazarle; d me parece, añade un 
tercero que este se ha de hacer amigo del cocinero y nos va á cerce- 
nar la ración: <í¿por qué?}» contesta otio; cpoique no cesa de Ilutar y 
mientras el lloro se ha zampado un pan lleno do carne: y aqui 
principian á darse unos á otros empujones , y presto vienen encima 
del novato una docena , que si no lo aplastaron fue por que, aper* 
cibido el maestro, se personó entre los actores y les hizo desapa* 
recer á latigazos, dejando libre por aquellos momentos al huérfano 
que á todo trance quiere irse en busca de su madre; pero el 
director le tranquiliza como puede, llevándoselo á su lado. 

El primer mes lo pasa en 'una continua pesadilla, sin separarse 
jamás de la portería esperando á su madre que se llena de amar- 
gura al saber el mal trato que dan á su hijo los demás colegiales; al 
efecto, procura llamará algunos y dándoles algún regalito, les in- 
cita á que so interesen.por el huerfanito: asi lo prometen y cumplen 
basta un cuarto de hora después que se marchó la buena muger; 
mas luego son los primeros en imaginar toda clase de engañosas 
redes para que el incauto vuelva á imitar al becerro , protestando 
de la mentida amistad de 3us compañeros. Aquel le envia á la re- 

posleria para que le den do merendar designándole la morada del 

19 



146 LOS TáLBRCtáKOS 

zapatero de la casa» que lo recibe con el tirapié, pues es hombre 
de poca pAcieneia; este le dice qu« si tiene ganas 4k hac^ aguas 
menores puede ir donde le indica, que es la cocina, y el marniUon 
le regala un cachete por vía 'de réspuesla. 

Pero ha pasado el fn-ioier mes y LikIossvs ám ban sido sellados 
de un verdadero marlirekgio. Nue'slro nóvalo ya eabe ayudar á misa 
y por consiguiente le destinan á una i^esixi fiara que^ junto con 
cuatro^ seis n ocho de sus campaneras, según la eapaeidad de la 
iglesia, seegercile en ayudar misas. Les fKrímqros étas sufro otro 
pcrrgatorio con ios nuevos engaños que los colegiales le onisionaíD: 
quién le dice q^e el eacrislan es el cara 7 debe ir á besarle la 
mano, que cocm esto es i las primeres boms de la n)aJiaoa y el sa- 
erístan está de mal faumor , porque acaba de IcTiantarse , al ver la 
insistenoitt del neónto buscándole la cHano, le dá eonesta ^ les ho- 
cicos y el pobre bnérfano nii'cluikse JIordndo por la caricia recíbicbi; 
y s» que (a suerte le sea. mas proficin en el si^gund/^ mes que en el 
primero , pasa un no<fieiado capaz de luacer ver la l«z á un ciego. 
A fuerza , pues , <le iec^ciones tan senikla^ y que menudean \0s Te- 
sultaidos «obre el euerpo «de imestre oelcgial^ Itegn n baeerse su ca- 
bera i pineba de cadieleí^ y tromfa^os. 

fimpeiH)eria triste espenriencia qne enselia el- noviciado, Te- 
dunda «en pr4 <lel colegial, que obligado á tener en una actividad 
asombrosa sus cinoo séntklos , acaba por salir un refinado y dee- 
plerte centinela que lo roism^ tiende .«u mirada ya sagaz sobi^ el 
vas^ campo ique -se le presenta, como fresla un oído g<iluno i tos 
rnmoret), por lejanos que se annncien. Su imaginación tampoco yace 
eMnmecida. 

Para evilar asechanzas «qoie ton sentidos resoilados ofrecen, 
ayudado de su ojo avizor, fino oido, ^hVo canino, tacto adieítimdo 
y tragaderas semi-antro>pó{agas,ilega con d tiempo, á fuer de buen 
eálculistay i convertirse en^ un forniida'ble torreón que ímpoi$iU&to 
todo 4isallo que quiíera hacérsele. En fin, la incombastilidad, mas>qiio 
ott la &aiaaiaftli*a ^ esté jteritoiiificdda en nuestro colegial; tanto 494 



un (lia erasinÓDimoüeck uhiguet de Sen Vícént»nw nestudiante 
de la tunaif ó tniño desmamado .y> 

¡Cuántas lagrimas! cuántos sinsabores costó al pobre novato 
pdra llegar á ser un linee , ua esperto rapaz, peladilla eterna de las 
beatas que no dan lirao^oa y de Ws vit'jos gruoidores v unas y oíros 
serán el blanco de los nobles ataques del adíe Irado mozo que jura 
resarcirse dd Iüs pe^cozeties que en su i^oviciado recibió, tóuDando 
la rcbancha á costa de estos pilares de iglesia por antonomasia que en 
vez de sor su sosten , solo sirven para mormurar y criticar cuanto 
Ten y dejan de ver bu el templo del Señor. 

Cuando ya se considera apio para el egercicio de sus funciones 
semi-eclesiásUcas, punto mas que monacales, se le destina para que 
¥aya solo á un convesto da monjas, capilla ó ermita, pa^a que á 
la vez que ayude misa , haga las veces de sacristán, si como ocurre 
en estas últimas se carece de este personaje» 

Aquí es de ver las Ínfulas de que se revisto aquel limido novato 
i|DO un dia no tenia valor para alzar los ojos del suelo. 

— ¿Hay misa? ftregunta una muger> olvidándose de ücompanar la 
pregunta con una moneda cobriza. 

— ¿Y le parece a Vd. que en la católica Valencia dejará do ha- 
borla? ¡Somos judíos acaso !t y sin concretar mas la respuesta, se 
alejo el niñü-saci'istan, dejando con la boca abierta á la devota, 
que metiéndole la mano ea el b»lsillo y sacando una pieza de dos 
cuartos, vuelve á llamarle, y esta yez^ como ya sabe nuestro lector 
que este Imórrano es todo oido, oyó elsonide y no tardó uo segundo 
en deshacer <il camino ^ diciendo: . 

— ¿Qué se le ofrecía á Vd.? ^ ím 

•^Quisiera saber á punto fijo» jcoülesta la mu^or , metiónidoie la 
limosna en el cepillo que lleta siempre nuestro diminuto «acrist^n, 
i qué hura se dirá ta misa, si as^ qae la hay. . . 

•«t^Mire Vd., señora, la misa tendrá l4jgar dentro. d(e un euarlo 
^ hora» voy á sacar los ornamentas y al momento á^ dar los 
toques en la cani(^dna ^ la dioe et cepeiian (te ia cap'^U^i, si ciiaie->- 



148 IOS YALEIirCIAICCS 

re Yd. le traeré una sillita y estará sentada cómodamente y 

— No , gracias , gracias , me basta con saber lo que me lias 
dicho. 

Y por este estilo se podrá sacar la consecuencia de lo obligada 
que deja á aquella scuora para qu9 otra vez principie su pregunta 
como lo bizo en su segunda interrogación. 

Ha principiado la misa y nuestro chiquet de Sen Yicénl espera 
con ansiedad que llegue el sanctus, porque en este estado abandona 
al sacerdote y altar, desata la cajita ó cepillo que lleva sujeto á la 
correa de la cintura , y principia á rodar la iglesia y cruzarla en 
todas direcciones , repitiendo cada segundo: 

— ¡Pare S3a Yicénll ¡Limosna pera el Pare Sen Yicéntl. Y aquí 
es de ver como sienta el pié y descarga el peso de todo su cuerpo 
sobre la pierna de un devoto que nunca le dá limosna y que se vuelve 
como un energúmeno contra nuestro huérfano que le contesta con 
la mayor sangre fria: 

— Tómelo Vd. en paciencia , hermano , mas sufrió el señor por 
nosotros^ y diciendo esto , le dá con el cepillo en los hocicos á una 
pobre beata que también tiene apuntada en su gran libro verde y que 
al sentirse tan fuerte golpe esclama desesperada ¡imprudente! 

— Bres entre todas las mugeres , contesta á sotto voce y siguiendo 
su camino el rapaz que no puedo contener la risa ; y formando un 
dúo lastimoso el devoto y la beata, bochan pestes de su boca contra 
el que tan mal parados les dejó. 
En esto objeta un tercen»: 

—Vamos: callad ya y poned atención á la misa, que Dios castiga al 
que murmura. 

— \men , contesta el pequeño sacristán con voz argentina al^^ 
omnia smcula que pronuncia el sacerdote desde el altar. 

Concluida la misa, es costumbre que el huérfano vaya á la 
aguaderia mas inmediata por un chocolate para el clérigo : y como 
á cierta edad el apetito es insaciable, al chiquet de Sen Vicént sa 
le pasan unas ganas de probar el contenido do aquélla jicara , que 



PmTABOS l^OB si MI^OS. i49 

no podiendo resistir á tan dulciflcantes deseos ^ principia por meter 
el dedo miñique basta el zócalo y después que se lo ba cbupado y 
relamido contempla con gran dolor que el liquido espeso ba bajado 
otro dedo desde el borde y sus ganas se ban aumentado ; resuelto 
por fín á apurar de una vez el contenido de la jicara , se mete en el 
portal de una escalerilla y alli concluye con el panecillo y cbocolate, 
que aunque para un mismo fln, se destinaba para diferente estómago. 
Y ahora: ¿cómo me presento al P. A.mbrosio? Ya lo he pensado; 
y diciendo y haciendo, deja el plato y la jicara en nn rincón, y 
asemojauza de los pollinos cuando usan de la espansion placentera 
de revolcarse por la yerba , asi nuestro héroe se revuelca por el 
suelo , logrando ponerse como un yesero ; con una poca saliva hu- 
medece sus párpados, se apodera del plato y jicara , y al entrar en 
la capilla se acuerda que en un tiempo imitaba perfectamente al 
becerro cuando lloraba , y lo pone en ejecución de un modo tan 
sobresaliente, que el capellán sale á su encuentro, diciéndole: 

—¿Qué le ha pasado? ¿Cómo vienes tan puerco , sin chocolate y 
llorando tan lastimosamente? 

—Es que al volver una esquina, unos porrazos que iban corriendo, 
me han tirado en tierra y nno de ellos so ha zampado el panecillo 
y el otro ha lamido la jicara, y á no ser por el Padre S. Vi- 
cente , á quien imploré intercediese por mi en tan apurado trance, 
es seguro que me matan; ji, ji, ji 

— Vamos , hombre, no hagas caso ya , toma esos dos cuartos y 
cómprate una cosa. ¡Malditos perros I Ya me presumía yo algún 
cataclismo cuando tanto tardabas. Y el buen padre se marcha en- 
tonces á tomar su chocolate no sea que otro incidente le deje $in él, 
si manda otra vez al huérfano. 

El niño de S. Vicente es el terror de los pobres vagabundos 

que situados á la puerta de la capilla recib¿?n á veces la limosna, 

que á no estar estos, fuera sin duda para él : decir que no ima^ 

gina todos los medios de deshacerse de estos seria una necedad. 

Guando hay algún maulon que se lleva la limosna de los fieles 



180 lOñTAvacMAms 

qtle entran en la tg1e.<4a, por los lamentos con qoo implora la cari» 
dad i y su cojera es fo'sa ("qoe lo sabe muy bien nuestro mozo con 
SQ ojo perspicaz), se marcha á la sacristía, pula un barreño Heno de 
agua, y sio decir cagua váD se la ecba encima al pordiosero, y 
aunque sea en el mes de Enero le da un baño que mqor no le to^ 
mára en JuHo: el cojo reniega del rapaz, éste so apodera de su 
muleta , y logra ectaarit^ en tierra (si es qw no <)ulere ponerse de 
reliero; haciendo ver que esr fiojida sq c-aoüisformidad). En una 
palabra , el chaquet d» Sen Yicüti os el prototipo de los antiguos 
escolares. 

Es un ciego qae busca la puerta de sadida á la caVIo?... pues alli 
está el rafKizuelo que le conduce á la sacristía y le abandona en 
medio de no silencie sepulcral, basta. quo después de verle perder 
la paciencia at pobre ciego , ^let^de una respetable distancia fpues 
conoce bien de qué modo se desabogaria aquél) príobipia á decirle: 
<rdos pairos á la derecha; tres á la izquierda]^ y de este kBodo le 
conduce fliera sin haberse acervado al cieg)o, que nei pudiendo 
resistir su furia, da garrotazos sobre el Siualo que kacen salir 
chispas* . : ^ 

Es un hoiübrote brusco qué cotí palabras y acciones profñas 4e 
su carácter quiere per fuerza que el huérfano le: diga qué eapcllan 
dice la misa mas ligero c bé aquí á nuestro ohiqueí da Sen Yieml 
que le encamina liácia una capilla dí»nde ba de ©«lebrar un soqú^ 
paralitico qué invierte de cualre á cinco cuartos de hura^ 

Llora un chico de S. Vicente cno tenia Vd. por élf es que» prao^ 
tica los animes reclamos sobrio 4a faltitquera de algún imlividuo 
tenaz en rtur darle algana limosna. - < 

El niño de S. Vicente es basta iirteligente ea pintura! úsic se 
le destina á la Catedral ú ol^ra iglcáa «loiKie hay hueDM obras 
de Murtll*; RafaeU etc., asi qtie re entrur uv francés, eeleí aoercaí 
y respetuítsam^ote, le dice; 

^Monsii^s i(fltefer ^ue yo cnsmor pinluiias de Rafael? ' ií i*. 

^Trés bien y te eeu testa' di fraacés; áílli ts de^ter abmbi^ tose- 



piKMDos Me si Humos. Í#J 

fiarte un eiuidno é$ Güja^ ém qqe es de ioanet, ;» es da éate* 
asegura muy formal que es libra idel XláBúa^ y asi dispar^U 
basla qiie poiiiéQütf)!0 eo ks. hocicos 0I cepitU) aJ foramen» h bace 
c^(iip)r0O(ldr qae lo kmpMrbmte^ra ál es ^00. la afloja ana iHiew 
propina < ytfomo^ *1ps asirao^ros esle isaD^ieío lo pagao bíM, le 
pofM^a eo la cajUa uaa, 4ois .é iras laoneJas do plata ^ y aa aari si 
primar ^mplar ile baborlas dado tiasta ars.; aoio^cea icdm á 
carf or camo ue gamo , y p^ mas i{\ie M •eslraogcna sa de^pite 
Uad^éndala; «éh, polit gat^on;.p dada, jiu^stno rapas ya está 
en la sacrislia praclicando ciertos meneos en el cepillo , que jiuif 
pn^rUp l^iHkdwe» el efocla i^pffiaoiík)^; eú9 ^í¿ iqua^Jas ttiafledti de 
pldia so Ir^s^iKjk» de hg%v, y salienda idel oep^io, -gmmú^Á^u á^an 
Uesa m es^ia ipauio^ y^m á sor cambadas 00 la ooB&leiría¿ pasteff 
lada, piíbtos qoc soa sn deücta y aneanla. 

Hay dias latidicas m quia no ipei^iji^e linMb9Da« ano^iie Uare^ pih 
tea y acuda ¿iredaalaa i^et>iirfiasimagiQdbl^s; eoleoces as praaisa qM 
los pedazos da tekio quaJiet^a al saai!isida.>gUjirikdM aa íuo cajaü 
que iauaslmib.«é;rt]í)ao.caaaoa «»uy bica , k pra^ai^aíanaa as aaoibía 
de ellos algunos .caai^lotf paj^a l^s.|;ialaisiaasi qua astlá te» acaatum^ 
brada, quasia eiliN^ 00 füueda pasar; do diay padazoa? paescoje 
un cilio , (a aslneila en e\ müOp y muy piianto k) iradueei fraccioft 
Das. En íia« Brria ^éz prolija si mt propiuéfra dar tados les 
detallca qua son poü^ujiar^e^ úicala táfK) , latí cari)e)larifiiiea del genio 
yalenciano^ qua tadas ]a^ días dijH:unre nuetos aiedias para hacer 
so agoslo. Y sobne toda pasaiMS'por alto ciarlos oik&as á que sa 
presta por au íalrapkléz y que micaüas los dukineos que sa Talen 
da ál paraJogfar enlrc<visi8« con aus dakiaaps idescaasaD ea los 
baenxtfi pQcias <del huéi^faaa, ¿«la sola^ ynira I9 eucslboa malcimálir- 
manle, eslo es , ipaja alaspeclo. da; ^cuánto la ^odacirá.» 

£1 chiq^ de Sm Yioéni ^ pneciaa aa iadas parles; da él sa 
acha floaao ea Jas igr.a5das fesU^Tidadas., do él aala ia Virgan pana 
tíí «Dislerio dal di^áal iGarj)us,;á éi sa atude paca represan lar las 
laa aalabmdos müa0'^.;^^§^>ü(Mf»^iim^hgdf^tei&í£iúe aaJas 



159 LOS YALBKCIATCOS 

procosioDos : en ana palabra , la persoua del chiqtiet de Sen Vicént 
DO podría reemplazarse en Valencia. 

Asi llegaba á loi catorce años , y despojándose de sns hábitos 
senii-'lalares , se dedicaba á las artos, oficios, ó á la vagancia; pues 
á pesar de que en el colegio se le daba una educación elemental 
de cuantos esludios son conocidos, á muchos les pasaba aquello que 
acontece á los esludianles, cque muchos entran en la Universidad 
y ¿ muy pocos les entra esta.» Asi , con dolor , se encontraban an- 
dando el tiempo , unos eu la primer grada social y otros en la úl- 
tima. 

Hoy dia ha desaparecido esta heterogeneidad, haciendo mas hu- 
milde su porvenir, empero mas seguro y cierto. Mientras, el huér- 
fano pasaba de los siete á los catorce años , según el annguo ré- 
gimen entre la escuela y la iglesia; y después era incierta su 
profesión ; los estatutos de hoy dia , han prevenido este mal , de- 
dicándoles desde los doce años á cualquier oficio mecánico , aquel 
que mas les agrada, y hasta los catorce años el colegio les man- 
tiene mientras son aprendices , y de este modo , cuando saleo de la 
casa ya pueden ganarse el sustento por si mismos. 

Este colegio es el mimado de lodos los valencianos ; nadie ve 
un colegial sin mirarle con ojos de piedad por la convicción do que 
es un huérfano » que la tradición nos enseña que fué planteado por 
el famoso diputado en las Cortes de Aragón , por el gran Apóstol 
valenciano , cuyo solo recuerdo regocija y alegra el ánimo de todos 
los afortunados que vieron la luz eu este suelo privilegiado de ia 
naturaleza, y que fue la cuna de lan eminente y esclarecido palrício, 
de ese gran Santo que es^ á no dudar, la providencia en todos 
nuestros conflictos y el orgullo del verdadero valenciano. ¿Hay uno 
solo do los hijos de la bolla dudad del Cid que no mire como ob- 
jeto especial do su veneradon al que se encargó de ser padre de 
aquel de nosotros que la fatalidad le privase del suyo respecUvof 
Niego que asi sea% Y si OYisle algún desnaturalizado que mire 
eiaica ludlferouciAiM ootogto do li&oi d<a Su Vieeato F^fter^ 



pmTADns POR si MtSMns. 155 

constante de la Imlcclblü diclia de ser patricio do (an inmorlal y 
preclaro varón , quo lo calle , que no lo diga , porque el anatema 
ponoml de los valencianos caerá subro su cxbi'za. 

Luchas intcslinas , ajilaciones pupuLircs , desastres y calamida- 
des aflijirán un dia y ulru dia á la lilJiítropa Valencia , pero el ca- 
legi» imperial provaleccrj á pesar de ti'dii , pu(>sto qiio llegada la 
hora Tilat, el buen valcncíau» j<im \s dejará desamparado al tiuérrano 
de padre que fue el prcdiluclo del ilustre varón S. Vicente Fcrrer. 

Joué Tícente IVebot. 





E GRAMRER C). 




fS^'^^^i^ canlo ílcl amor las gcnni»»za» 
Vr^l^'^^Ni do Marle y Mercurio los cuidados, 
ijf Ni dü iranias heroicos las proezas 
Perdidas en islolcs ignorados; 
No mi musa con rá< Ücs lindezas 
Su voz ha do elevar á altos eslrados, 
Anles rasando el suelo de corrida 
Al aulor de la escoba li<i de dar vida. 

El granerer, oscuro y viejo Upo 
Cuyo origen se pierde en las edades 



(t) Fabricaoto y vcodador de escobas. 



156 LOS YALEKCIAKOS 

/amas so presento al xlaguerreotípo 
Del pintor de las grandes sociedades, 

Y es que el pobre á mi ver no suriió el hipo 
De brillar como aríislu en las ciudades, 
Antes bumilde, listo v d<*Rsecuente 
Limpia á todo español dtsde Torrente. 

Que su alcurnia es antigua asi lo infiero 
Sin revolver mohosos pergaminos. 
Pues si el polvo no fuera lo primero 
No existieran el bombre v sus destinos^ 

Y como Adán fue polvo , barto ligero, 

Y el polvo y el barrer son tan vecinos, 
Concluyen can gran lógica mis trovas 

Que en ios tiempos de Adán ya babria escobas. 

Mas no canto yo al arte informe y rudo 
Que en manojo^ ^ fl^^^^ f iWPf s, 



Sino á la escob|ÍLtÍlf;Ílb «»ii|» 
Nació después de industrias mas preclaras, 
Porque es obvio que el bombre apenas pudo 
Llegar á polamangos , sin qu& avaras 
Sus manos arrancasen á la tierra 
El hierro que en s«ii lídllínod éüciOlfa. 

Después atzó á füihé , iMd é desMDé^^ * 
Pronunciánd(»se cm tonlfa del pnogiwo 
Al bombre le instroyó que an KU danAno 
Jamás podrá a vanear si pl^do «el soso, 
Y en castigo *éma^ M de^sati Ad 
Que por grande «ayo del ph(»{iió )ye»d, 
D.spersó por sonéMro^ ignorattofii 
A los hijos de AdMi estrav)a^9. 

Desde enrot»e'M la raza qno «ti E.«ftftt 
Hizo pié tras los altos Pirineos, 
Usa vez con la fuerza , otras cíhi. inaga, 



PmTAtlM TCm tí ITMHOS. VSf' 

Llenó la tradición de mU trofeos, 
Mas mezclada su fé con la Té eslrafiá 
De paganos y moroB devaneóte, 
De aquel Upo y carácter prkaHivos . 
Los rasgos se guardaron íhüos vivos. 

Pero Iberia Iríutifó I... y «Monee Ectota 
Su& bijós acercando al fa^rté muro 
Dióles su vega , encanto del poeta, 

Y en ella un porvenir siempre seguro; 
Sobrios y aelivos ^ su mrrada inqirteta 
Tendieron ñas allá . y uii deio puro 
Divisando entre el Sur y el Occidente, 
Al borde se sentaron de un Torrente. 

Gran villa por demás! aa fértil vega 
Dilatándose en cintas de esmeralda 
A nuestra buerla su matiz allega 
Ciiiéndole á su ocaso doble falda; 

Y cual esmaltes que el <;apricbo agrega 
Aqui la roja flor, y allí la guada 

Sus aromas espareefi ondulantes 
Bajo un cielo de hermosos canvbianVea. 

Sus lilaof^s casas , de la paz et^pejo 
Templos son- donde el cuho es la limpieza 
Brillante sobre el nilido azulejo 
Que ni al misero esquiva su belleza; 
Allí el nifto y el joven como el viejo 
Al trabajo pidiendo su i iquoaa 
Descansan por mommlos presurosoa 
Tornando á sus afanos <;odiciu8os. 

No hay que deelr si enmedio el paraíso 
Huríes faltarán de tal frescura 
Que desde el niveo rostro al pie conciso 
Sean sal del placer por su bermosura; 



1K8 LOS TAtBNGIAKOS 

Baste afiadir , que para ser preciso 
El poeta que cante á una cintura 
Ha de ceñir el compendioso talle 
De la h ja de Torrente y de su valle. 

¿Qué mucho si al pisar este terreno 
Sembrado de {icligros y de abrojos 
Todavía no he dicho nada bueno 
Del tipo que iniciarQu mis antojos? 
Mas ya que al invadir cercado ageno 
Halle en vez de una escusa mil enojos, 
Dejo cual fiel pintor trazado el marco, 

Y vuelvo á mi figura. Seré parco. 

El granerer por rancias Iradiciones 
A sus padres y abuelos fiel en todo, 
No ba caldo por dicha en tentaciones 
De buscarse la vida de otro modo, 

Y aunque nunca les vio contar doblones, 
En sus trece cerrado á pie ra y lodo 

Si nació granerer , granerer muere, 

Y á sus hijos su oricio tes transfiere. 
En su rostro tostado y algo enjuto 

No hay un p4o ... de tonto, por supuesto, 
Antes revelan su pergi'fio en bruto 
Su alegre ojo y malicioso gesto, 

Y ágil cual corzo , como el galo astuto 
Siempre á moverse con placer dispuesto, 
Vivo libre, feliz é independíenle 

Por no pensar en serlo realmente. 
Su casita le brinda en miniatura 
Cocina «entrada , cuarto v deslunado, 

Y una higuera ó moral , cuya espesura 
Trepa á veces sombría hasla el tejado; 
Mas allá caprichosa airquiicctura 



PlIO'iBOS POR si MISMOS. Itt9 

Dio renombre de Lomillos á un tinglado 
Donde en estío con gentil donaire 
Se guisa \it paella al sol y al aire. 

Pero ¿dó está el taller , dónde la tienda 
Que atesora los muebles del barrido? 
Inútil es que hallarlos so pretenda 
Porque faera un afán nunca cumplido: 
El granerer es falHÍca y trastienda 
Es moá!rador, acémila y surtido 
Es pregón , comerciante y tragihcro 
Es todo dundo está y en casa es cero. 

Yedlo al partir!... apenas do Morfeo 
Sacude con el dia lo importuno 
El tálamo abandona de Himeneo 
Por la mesa frugal del desayuno; 
De un conato de almuerzo se baco reo, 
Mas en seco dejándolo oportuno 
Carga el serón con palmas y lierramientas, 

Y á Valencia se lanza echando cuentas. 
Con su negro sombrero do anchas alas 

O lal vez uu chambergo muy raido, 
El pantalón de chin , pobre de galas, 
Alpargalas y elástico ceñido, 
Cual magnate que pisa regias salas 
Emprendo su carrera de corrido 
Tocando en Alacuás y Cbirivella, 
O cruzando Patraii y Vistabella. 

Mas cual suele gentil el veterano 
Marchar con el fusil muy mas airoso, 
£1 granerer no suelta de la maco 
La soguilla quo teje laborioso, 

Y sea en su camino ; ó cuando en vano 
TurbasQ grito el cívico reposo» : 



ido LOS TALBNCIAK08 

Protesta contra el ocio es sa soguilla 
Por la fe en el trabajo í|üc en él brilla. 

« 

No es difiqil creer que á cada instante 
Ha (lo enconírar amigos , y aun amores 
Este tipo (le alegre viandante 
Que huella sin cesar ia^ rnismis floret, 
Pero firme en 011 obj<^to cuiminaiiio 
Que es la ciudad ib premia» sus sudoresy 
Suelta un cbistd , requiera , jora ó (alla< 
Sin que el píe ic dilengdo v»2 oir^alkic 

Cada punto rkis ágil j acutwüHi 
Por vencer á ius colegas mas Iktas 
A paso redoblado ifl^rcba ansiosa 
Tras de lucros escasos y provigtosv 
Mas el diablo que odia su r^poio 
Le tienta con mil goces impuevUlos 

Y ante el templo bumeanlo del dios fitco 
No puede rc&islir y se eckt w tacov 

Recuerda á su &^or que en la alborada 
Fue su almuerzo m&s bien ^piimera partO' 
Que comedia dé eíbelaf y acabada 
Con aquel buen sabor ^que exige el arte; 

Y fiando á su faja obra Joi*nadat 

Y sorbiéndose un vaso á <eada aparte^ 
Llega al final , y digno de mil bravee 
Rescata de ciea nudos cuatro otliavos. 

Terminado su almuerzo per enlVegae 
Torna á coger su trole á lo perruno, 

Y con voces^que e& Francia fueran griegM 
Empieza 'á proclamafse inopevtuM: 

Si entonces bácia ü por tu mal Hegae, 
Verásie cual ti*aduee el desayuno, 
Lanzando el €grmMr00en.^.m toaToi aooiW 



PINTADOS POR S( MISMOS. Í6f 

Clon veces nada mas on media hora. 
Vor Cuaile ó San Viccnle cnlró la plaza 

Y va las mozas c4án en movimicnlo, 
Pues atin(|uc el paso afloje , e\ dar!e caza 
Es negocio i|uc pende del momenlo; 

Si el callizo dobló, buscan la traza 
De Irasmilirsu Upe al dc5»alenlo, 

Y si no lo consiguen , (\wq es frccucnlo, 
A otro cóle^'a aguardan ims prudente. 

Llega el crílicn punto en (|uc encarados 
Fregona y escobero , es ya preciso 
Ajustar del convenio los tratados 
Del piso de la calle á un '^uarto piso; 
Alli Cb oir de ;icentos desgarrados 
Salir casi arreglado un cnnipromiso 
Que al pie de la escalera se termina 
En dimes v diretes de cocina. 

Poniuo eso si , la dignidad humana 
No permite al Marqués de la Escobilla 
Moleslcirse en subir una mañana 
Ni escala , ni escalón , ni oscalcrilla, 
Antes si advierte fcsislencia vana 
En la que osad^ su soberbia humilla, 
O le planta en su cara un buen desairo 
O le pide la escoba por el airo. 

Ya que bajó por una ú otra via, 
Abre el serón relleno de palmito, 

Y el cordel que el manojo al mango lia 
Deja á sus pies con gesto ma<^ contrito, 
Busca afiínoso lo quo ai caso guia. 
Saca el podón , h agu;a , un podoncito 

Y cmpuuando la escoba vergonzaole * 

Lo destoca sus bárbui al in^dftto» v- '^ ' 

21 



Escoge de la paina iia§ MMüaoa 
Olro xumtq aderdo ile á tres c o'^rtoi, 
T ajustándifte dk naago cual campana^ 
D&^arroUa los ásperos euparlog; 
De un garrote lee lia , da coa ganan 
T ciñendo el Banojo oa giren barloa. 
Pasa el cabo , \o anuda , pule su obra» 
Carga con so serón , escupe y col)ra. 

Oirás veces luciendo sus quilalea 
En roueslfHS primorosas ó sencillas 
Óslenla sin gnslar escaparates 
Escobas , escobenes ó escobillas, 
T encomiando con gracia sus remalea 
A doncellas que fueron.... criadillas, 
Les ofrece p r diei 4 veinte odia vos 
La palma. . . del bamdo en sendos rabee. 

Son las doce del dia...« en pasee 
En alia lormM , maa ceenta en b^ 
Sil csl<imag^ taaside de bareo 

Y los pies de correr ae lany ea Oija; 
Se)8 realos lleaaraa aa fle$<^ 

T ojala no $ef<ieraa mis rebí^» 
Pero es el caté t)ae al eler lo ei^ 

Sogond;;! v<'aá ti^ce dá irihaKk 

AUonindo ia) voi «I :l»ner«rkK 
Si el !9<^rvi( io reqaieiK^ iMia e^^nlrata^ 
De $n r\íl\ r<>vee)vi^ ramhe verte 
A Ciiarte> Cbifivella 4i4 Hisfolr»; 
TniKy^a en fieles en ae^sre ii«aier;Mte^ 
to$ ajn^la al ^soma %m le <aa(4rnla^ 

Y arraNiraade ana amt de 4es arnibaa 
Llega i ensi^aiii Waari y aia esceb^ia. 



vmrKWS voiei sf msiros. ^fíñ 

Do su sed impoKiinla á4 &tt\ct inisUtíto, 
Con sus cólogas y otros congregado, 
Huyendo de Ib blanco dá eñ tu (iúlo: 
Alii es de oir s« ciaste ^(»scarn;»d0 
Junio al dintel del báquico redntn, 
O erobro4(and() le cÉenta de un eaeote 
Que so saküi á favor de algñft ¿¿irrote« 

Cuan iil llfgá el oluño •qiie en K^^pafla 
Da hI palmito lozano cteeiiultnto^ - 
Asaltan per cuádriHas la rUo^ntalSa 
Por la palma obtenei".... del Mifrlmicnifti 
Pues no es raro que un chuso» de noasmiCa» 
Sin licencia de Rcr ni A vuníamít'nto, 
Recoja con sus palmas las agenas, 
Reduciendo á una sola tres faenas» 

Acaso el egoisnio de la Hartura 
Su bastió al t^^pai'cir por terdet^ pHaidoi 
Ignora la inminento desventura ' 
Del oGcio e^obil y sus aliadoa, 
Porque á fuerza de tanta peladura 
Son ya tantos los montes repelados 
Que solo por pelar queda algún punté 
En Tous ó Guadasuar , Chiva ó Sagunto. 

Has previendo su iin el e^cobero^ 
Por un genio bcnérico influido, 
Se apresta á S(»correr al cmripailiero 
Bajo base? q^ne aUa nadie ba infrin^fido^ 
T después do cumplir con gravé •aom'd 
Del social estatuto fo oH'ecido» 
A su hermano aconApafian eb la diuerte 
Los q.ie en vida partieron su vil suerte. 

Tal es del granerer el tipo andante, 
Sano, alegre , soeiable v satisfecho 
Con ver á su fumiHa harto abundante, 



;1fi4 LOS VALENCIANOS 

Creciendo en derreilor so el blunco lecbo; 
Conductor, cosechero y fabricanle 
El dá forma al palmilo sin provecbOi 

Y sosten del decoro en su llaneza 

Es hofnbre necesario.... á la limpieza. 

A sus toscos trabajos mal premiados 
Debe el sucio Madrid cieij mil escobas»- 
Que en carros por Torrente sustentados 
El aseo trasladan por arrobas: 
¿Qué fuera do Castilla y sus estrados 
Si el liéroe ignorado do estas trovas 
Abjurando sus limpias tradiciones 
Al polvo abandonase. los salones? 

Pero no haya temor!... antes los ríos 
Torcerán hacia el monto sus corrientes, 
Antes del pollo cesarán los pios 
Al ver un miripaque de tres puentes, 
Antes con dotes se hallarán desvíos, 
T han do faltar maridos complacientes 
Que falten á este artista en sus apuros 
Su fe y un capital de quince duros. 

Recibid , pues , mis plácemes sinceros 
Alberics y Verdets , Moras , Marsillas, 

Y otros niochos que el gremio do escoberos 
Ordenasteis con reglas tan sencillas: 

En trabajo y virtud sed los primeros, 
Invada vuestra escoba ambas Castillas, 

Y al sol do panderetas y guitarras-. 
Alegre vuestra voz las Albujarras (1). 

CristólMil Pascual j C^enís^ 



(1) Nombre del punto ó barrio od qye terminao las s^is callns de Torréete, donde babitaft 
\o* 47 escoberos que actualmente existen ^n aquella yilla. En 6 de Enero de 1S5I crea'oa 
ana Socie.lad de socorros mutuos , para el caso de enfermedad ; jr Us curioMs y bien mt^ 
dttadas ba.4es de sin Estatutos, acreJitan á un tieajpd la pieyísioo y Olantropia de Ua 
honrados menestrales. ; 




El. CÜYARIO DE GREfflO. 



^WWl nombre de claTarío qne ba sido dado á diferentes 

■ '^— (¿I 

destinos de la sociedad entre los cuales figuran 
la persona que tiene en su poder la llave ó llaves 
de algún lugar de confianza; en algunas órdenes 
militares el caballentque tiene cierta dignidad, á 
cuyo cargo está la euslodia y d fen>a de su prin- 
cipal castillo, fortaleza o convento, lambiculo 
ha obtenido el gefe de cualquier congregación induslrial. 

Reunidos de inmemorial (1) en corporación todos los individuos 




fl) No 86 puede fijar la ¿poca en que ^e formaron los gremios , por lo cfiie se lee ea 
lo9 fueron del auliguo reino de Valencii. cuando trata de \a» atribuciones de los jurados que 
dictaban , ó coQnrmaban, ó aprobab.in hñ ordenan74i< gremiales , entendiendo en las c;ia~ 
tk* promovidas en el seno de \on g-emios ; de los oficios que tenian el derecho de elección 
para individuos del consejo, según indicación de Pedro I : y sabido que los moros no tenian 
gremio*, e^^ de suponer : Que de pues de iacon'fuista de Valencia por D. Jaime I de Arügon 
86 fueron a89c ando todoOos individuo^ que ejercían un mismo oficio, sugelándose á memos 
reglamentarios que aprobaban dichos jurados. 



166 LOS VALENCIANOS 

que profesabaa m 9i$md oSoio babia uoa jante p^ra rq)resentar1e, 
la cual era presidida por dicbo clavario, llanrado también bermaDo 
mayor, un compañero ó segundo , dos mayorales , dos celadores, 
seis ó mas prohombres y un secretarlo. Cada vez que el gremio, 
por circunstancias particulares , suñia una modificación notable en 
sus ordenanzas, la elección de estos era por pnmera vez por vota« 
cion general de lodos los titulados maestros de aquel oficio; pero en 
las demás elecciones sucesivas se vcrüicaba á propuesta de los 
mismos empleados en junta p'irticular proponiendo tres sugetos para 
cada empleo, dando cuenta á la junta general para que entre ellos 
elijieran los que creyeran c^mvenientcs. 

El clavario, como presidente de la corporación, tenia á su cargo 
bacer observar las ordonauzas que de orden del rey so espedían 

pa:*a cada (>!j^ir^^<^^'^ f l'^c^iJi^ «^If ^JP^J*9fV^ ^^ |^^ maestros 
del mismo |}%4# ^ j|if(Hina tfel aytotami¿nfü Ío fci Jpobbilon y au-- 

ditncia territorial. 

Interesado el clavario en llevar con todo rigor que los aprendices 
DO pasaran á la clase de oüciales sin baber pasado el número de 
anos que se marcaban en las ordenanzas, ni que e^tos últimos as* 
cendieran á maestros sin el riguroso exámcQ y otros requisitos^ud 
selesexijia, nadie se trasUmitaba del circulo de sus funciones y 
marchaban con regularidad en lodo lo concerniente á cada atirió* 

Como á espiritu de corporación procuraba con sus compaQefOl 
sostener sus fueros y privilegios en lo pulitico é industrial , aun 
cuandj fuera necesario con las armas en la mano , acogiendo á éoI 
hermanos bajo su bandera (1^. Recurria al rey sieD^proque lo^fjijia 



(1) No se sabe con certeza el origen de las banderas* Con motiTO de ona« fiestas que se 
ceteoraron en Valensia e.i 1373, «e leea ej un maiua) del cansejo lo:* colores que aceptaroQ 
los gremio^ para sus banderas: Los cortantes, azul claro; los pelaires, verde coo manga 
blanca; los eorregeros y silleros, carmesí con manga derecha azUt tilartíi 'io/ burtícfores, 
azul oscuro ; los espadero^ , carmesí , sembrado de amapolas , oro y mattga verde ; lós'Üydr^ 
neros, encamado j inania blanca; ios esparteros, vét^del los tejedores, te< dé it^o 
con manga negra; íosmajaeros, blanco y mmga encarnada con rayá^; los CórreSlk^i'e^^ffl 
cueMo. morada y manga encarnada; los carpinteros , encamado de colea cODÍ ád<)/'^i|o<^té 
lerij^aas de miisra, 33 ñJ aile* á fre«i1 Ira; os roji/eleros , azul claro ; tos 6orredflíríla;"4^ 
oreja, encarnado y manga morada; lo Troperos, tafetán verde; los labra lores, cláví^'í 
caperoaes eacarnaJoi; ios saitres, mj^'adj; los plaieros,' tafetán eá'ca^ualó. tú b&hdléféi 



diitdo, y¿s«éeonlo^h)re]i^tfiesqttQ!sé l/a0lfidit$adc^f dtí' ntú^óá 
su real etirm^o cliclabaí tóyi'9 sóíulDs potMas duales ^isdbb^fprd^ 
modo el trabaje y bien ser ^ido^ ck d mm: 

d0k»gUucMMi imlosIruiL al QmVsi se \e aftadierai la émtiMtító é\ttí^ 
tifiea qAiB boy dia< da el gobiJerDií en and 0S($yé<h)^, sD'obléddria'dQ' 
resttltsíck) aiáombr^s» en* Id rrpúbtiíia de Ia9 aptés: 

Gen los adKskntasde» lia cmlkac¡on< ^ ol> áes^rMú^ geúeMáéUs 
ideas sao mayores ios> ^oices^ do lá vida , y di» coDsi'gtri^eiUe la neóé^ 
^idail>e&; y el roaDiiracluirero debe «gmcrarsd' m^ab eú^ ^s obr^si (jiié 
seiáoméHlaD qd niiíD<^ila^< Ibrma y objeto. Po^ ésla né^Ua (^aer 
sea mayov su ¡D&teuccíoii y par íú misw» a¡m oi^re la lej^sl^ioií 
dftso ramo;. 

Lá utilidaíd de los gre»fiio8«09 indVspufa^le, poféfde nósóM argi^ 
idza la$t olajes* , 9lm i^e^ engranJece á h» Brlesúim. ■ -■ 

La vdom bümiana, sopk) de la diivmiklad , es basfaíiild sabia piaíra 
conocer apriori eli bien y o\ mal; p0ro>el eorá^en del bünfibré,' sez 
por la deb.lidiil de sm materia, ó) fior otra^cati^sís que no* eoitoeé^* 
moa, sdIo' se muevas jf)or el ihtei*é9 de ^^ria^ 6 inle^és) fníal^rial ; do 
encuntrándolo en scuairti) lo busca en eualqiiier otra co^ ; y a^^i cíd-^ 
cedeL Guanda los gvemiosi exijan coó sus roeros y privilegios, tí 
aprendiz que se malriculaba en ciiali|ioiera de^ ellos»^ sil art»i>i€ion^ ^^ 
limitaba, á lograit su inrñodiaAo grailo do dticial quei con suficiente 
tirmp<i y aplicación alcaoiaba ; kiego , cdrr e) fnayof empoQo, a^ 
piraba á ser maasLi'Ot^ y coin lo> e:ita lograba s>e croia mi bémbre* 






manual. 

cía en I788, se lee* Que en 11)19 cuaorlo t^e formaron jas a^uciaciones llamadas germanaT ' 
dft^k C9dA oflcio Kcuniíó' baj^una^Dandéfa '•F'qéiBfi (Vpwieiec'lku, \ qué éstas áon lá^ ^ud 
llevan boy en las procesiones. Estas banderas son de color encarnado, verde ó carmesí; el 
^^kqise cada una •«i4' sujeta es «oniO iiiia> pu'fad>i' y itKKfar (fediümeiro y de otiós ieinfé 
palmos de altura , el esiremo superior de csle remata por un santo de' masonería de, un 
pfilni» y inedia de alloi. Debaj^de ti» ptamM robi« que esta colocado el yairto se despreirded 
ooa^ tintas de varios coluros , y como. de unos tres ta mos de largo, del mismo punto, t^fijaa 
llK^.«l jualo inti cordoneB que terminan «11 Bnñ9 norial, en los irérlrce> e tIg'antM de cada 
batidera v& asida otra borla igual á la^da ios cordoaes , todo del mismo color que la btJir 



/■ ! - 



168 LOS TALEKC1AK0S 

do gran posición, porque vcia que á nadie so lo permUia trabnjar 
por su cuoiita sin haber pasado por igual Iramilacion. Revcslido do 
su siber y privilegios, procuraba oslahleccrse en su licnda para 
soivir al común con la .!oble morali<lad do alcanzarla mano de algu- 
na joven honrada, que á manera de los e^ludianles , siompre solia 
ser l'i qiK) le ha!)ia oslado esperando llegara al íin de su carrera. 
Abierto ¡lu establecimicnlo, su interés mUcrial se limilaba á traba- 
jar con afán, para proporcionar una decente mannloncion á su fa- 
milia, y su interés de gloria eslendia .su amhicicm al honroso as- 
piranlisimo dj ser de los que componían la pruhomania del gremio 
y el em|)lco de clavario. Entonces so creia hahcr llegado al colmo 
del poiier, y ora respetado por todos sus inferiores. Lleno, de or^ 
gul o y satisfacción , mandaba reunir y pri'sidia las juntas de su 
gremio, leia y volvia á loor los (»íici/)S que la autoridad lo dirijia 
por asuntos de contribución y otros informes; siendo su mayor gocO 
cuando acompañaba á la imagen del santo patrón de la corporación, 
llev.iud > d *lanle el estandarte que fue primero enseña de guerra y 
luego guia de !a pmcesion que aconipañuba á la imagen. 

Los aprendices y oficiales cuyo bq!lo era llegar con el tiempo 
á aquel empleo, al ver al clavario con tanta pompa, se decian unos 
á otros, señalándolo con el dedo: ^Mira al clavarí. ¿Cuánt aplega- 
rem nosaíros á ser lo que és e//?» 

Es una verdad inJisputable quo aunque la razón nos dá á co<- 
nocer que es mala la envidia, nuestro corazón nos inclina á ella, 
por manera , que no hay hombro quo no se sienta molestado por^ 
esta pa>ion quo es á veces el móvil de las mejores acciones » J 
otras la causa do l(»s mavores trastornos soc ales. Sucede lo primero 
cuando la alicion se fija en el deseo de una cosa que puede venir 
'por pasos sucesivos sin interrupción do la marcha normal de los 
acontecimientos, y lo segundo siempre que se intenta salir do la es- 
fera que cala uno debe recorrer. Sentado , pues, que to>los se en- 
cuentran solicitados por esta pasión , debe conducirso por el m<'jor 
sendero dando reprosentacioD ¿ importunóla á todas las clases do ia 



riKTABOS POB si Bn$MOS. \^9 

aocicüad ; asi se dcslruye el exagoraii^ aspít'anlismo porque rctegr 
Udo el hombro de ciertos derecbo» , piensa que muchos lo envidian 
y siempre la envidia es menor en aquel que se cree envidiada. 

Disminuida boy la importancia que nuestros mayores daban á 
las clases ubreras, y abolidos sus fueros, el artesano que naco pe&r 
^ador y con gran imaginación, busca medios pai-a salir de mx da^ 
le despre^ligiada y pretende adquirir posición en la represcnlaf* 
ei«»n nacional , unas veces dando su voló en elecciones para ú^ 
cantar un destino á quien no es digno dé representarlo , olr^s que^ 
riemio ser él el reprcsentanlo entorpece en cuanto alcanzan sus 
fuerzas la marcha progresiva de la civilización , perturba pl 4irdcn 
y de eonsiguienle aumenta la inmoralidad. Si no se encuentra en 
edad de dedicarse á seguir una carrera facultativa, ni i la pi'ártica 
do una oficina administrativa , sigue en su empeño para sacar al 
menos á sus hijos del taller donde los creo humillados. Los dedica 
á carreras para las cuales no son muchas veces aptos , y les incui^ 
ca la empleomanía , origen do los disturbios do nneslra época. 
Después ó antes de su muerte lega á la sociedad con un hijo la caso^ 
por ejemplo de un abog<ido pobre y poco capaz , en vez de la do 
uu herrero rico y hábil , cuyo taller encuentra acred lado por su 
padre , y que puede engrandecer con los adelantos del arte. 

Do los d.fero lies puntos do vi!^ta quo so miran las cosas nacen 
las difi^reiilcs i leas y de óuas las diversas opiniones, y mirando los 
gremios como un obstáculo para ganar tiempo aquellos cuyo talento 
DO necesita laníos años para aprender un olicio, consideran per- 
judicial que se obligue á ser aprendiz tanto tiempo para ascender á 
olicial y después á maestro : pero aunque la pérdida de tiempo es 
cuasi irreparable, harto estaba compensada por cuanto un obrero 
que concluía los años de aprendizaje pasaba á trabajar de oficial, 
ganando un jornal proporcionado á su capaciilad y destreza. Ade- 
fliás, f)or mudm mayor que sea la capacidad de un sugeío res- 
poeto de otro, para aprender un oficio , no siendo ésle enteramente 

inepto f no pasará de una mitad d esceso de tiempo quo uno na^ 

22 



170 LOS VALEKCTAKOS 

cesitc mas quo el otro. Respecto al ascenso de oficial á maestro» 
sino rcuaia suGcicnles conucimicntos para ascender, no so le apro- 
baba. 

Cuando cualquier sugeto llegaba á una población y quería man- 
dar construir cualquier manuractura, no tenia que preguntar quien 
seria hábil para su ejecución , porque sabia que sin mas que ir á 
cualquier taller públicamen!e establecido, se encontraba con na 
sugeto que habia probado legalmentc su capacidad para ejecutarlo. 
Caso que el maestro no desempeu íira bien el cometido , se podia 
recurrir al gremio donde el obrero era pericialmente juzgado. 

El gobierno de nuestros dias , que no deja de protejer en cierto 
fflod:) á las artes mecánicas crean J» eiiSeuanzas públicas para el 
efecto , no ha previsto en el modo de establecerlas los inconve- 
nientes que se presentan para que un artesano pueda asistir á ellas, 
tanto por la complicación de materias' que se esplican en un mismo 
curso t como por las horas en que se entra y sale de las clases. 
Las muchas materias q'ie so cursan en eslas clases exijen que el 
alumno esté continuamente orupado en el estudio de las ciencias 
y que abandone la práctica del trabajo . quo es lo mas esencial para 
llegar á vencer los obstáculos que se oponen al verificar las cons- 
trucciones del obrero , si bien es bueno conocer la naturaleza de 
los m ileriaics y el equilibrio y movimiento de los cuerpos. Además 
el artesano necesita un número considerable de horas para poder 
ganar un jornal que sea suricienle para atender á los gastos de su 
manutención y no puede disponer do ciertas horas , especialmente 
de las del dia , para acudir á la escuela, únicamente puede hacerlo 
por las noches y esta es la razón por la cual las escuelas induslria- 
les no se ven concurridas por artesanos, que son los que pódian 
sacar una utilidad mas inmediata ; únicamente suelen concurrir á 
éstas personas, acomodadas que por sus costumbres, y á veces va- 
nidad , no les es permitido descender al terreno de la práctica, lo 
que ocasiona el poco adelaatamienlo en la manufacturas do nucMro 
pais. 



pim'ADOs POR si nnssios. 171 

La mayor parlo do los invenios mas útiles en las arles, son 
debidos á la casualidad ó á cicrlo instinto mecánico, y no á la fl- 
losof.a ; osla casualidad acontece en la manipulación ó inmediata 
inspección do la cosa ; la lüosofía nace de la observancia y medi- 
tación , pero el discurso crea ideas y forma juicios sin tener en 
cuenta renomenos que no concibo la razón y so!o los aperciben los 
sentidos cuando los encuentran en la práctica. lié aquí el motivo 
porquo se concibe un proyecto que aparece claro al entendimiento 
del inventor y al de los demás á quienes se esplica; mas al llevarlo 
á la práctica quedan destruidas todas las ilusiones al ver que no 
produce el erecto que se proponían. 

Sin en vez do habar instituido las enseñanzas industriales de 
la manera que se han dispuesto , so hubieran dejado los gremios 
como de antiguo, obligando á saber tales ó cuales materias á los 
que tuvieran que tomar el titulo de oficial ó maestro , precisándoles 
á acudir poi las noches ¡i sus escuelas , se obtendrían grandes ade- 
lantos en las artes mecánicas. Si los adelantos de la época reclaman 
modificaciones, háganse enhorabuena, mas no se destruya lo bueno, 
DO se quiten las ilusiones á quien pueda gozarso en ellas , y bus* 
quenso las verdaderas utilidades. 

En los tiempos del rey Fernando el VI, conociendo esle qno 
aunque los tejidos do seda de esta ciudad de Valencia forman uno 
de los pincipales objetos de la industria de sus naturales, y no se 
recojian las utilidades que pud.eran por hallarse estos destituidos 
de los esluíhos y conocimientos radicales de que depende la inven* 
cion , variedad y buen gusto de los dibujos que facilitan los grandes 
consumos de telas, por medio do una real cédula de 29 de Setiem- 
bre de 1736, se mandó que la ciudad do Valencia conlríbuyeso de 
sus propios á la sistencia do seis jóvenes destinados al estudio del 
dibujo y flores para los tejidos bajo la dirección do unos maestros 
que pasaron á ella do Lion do Francia , con motivo del estableci- 
miento de lo fábrica de cuenta de los cinco gremios mayores de 
Madrid. Por manera que unieron la escuela con el taller; cou esta 



171 U8 VALVKCTidfM 

dispo8íci(vn dada por el rof y otra quo su sucesor D. Carlos ITI dio 
en 30 Jo Setiembre de ITSi so d«be tal vez, el estado de üu^s^ 
tros adelantos en la rubricación do tejidos do seda. 

Tules disposiciones podian liabcr servido de ejemplo para e| 
presente. Bu la aetualidai se distinguen con los pomposos nombren 
do bachiller, maestro en arles ó ingeniero aquellos que han hecho 
eiortoi estudios teóricos » sin que los mas se hayan detticado á la 
páfte prácUca y material do las manufaetoras Jóvenes muchas ve** 
Cus de preclaros entendimientos ban empleado el tiempo en apren«* 
dor las matemáticas y tisisa , y romo no conocen la práctica , ni 
por sus hábitos les es fácil acostumbrarse al penoso trabajo do la 
ejecución , tropiezan Mi diiicu Hades quo m tropezara un mediano 
aprendiz de un taller. 

En los tiempos en que los ^mios goíuban de sus fueros y 
(>riTilegios se sabia ci4*r!amenle que el t lutado maestro de uh oOeltf 
sabia llevar á cabo lo que so le mandaba , y ahora se debe pregun- 
tar si el titulad j mitestru en artes ha visto ejecutar ond vez siquiera 
lo que so trata de encargar. El niaeslro en artes ó ingeniero tnecá"^ 
nico, cuando lo titulan tal , podrá $aber matemáticas, lógica abs^ 
tracta del número y la forma, también conocerá la ilsicd y quimlm, 
éiencia^ indas útilísimas para é\ adelatilo de la industria , pero ig- 
íiórará completamente el rtiejof modo de hacer realizable \\t\ pro- 
yecto , y suponiendo que al ponerlo en práctiea consiga eoncluirlo, 
vendrá eti conocimieuio de que pudiera haber ahorrado tiempo y 
dinero con haberlo hecho do tal ó cual ufanera. Una de las gt*aode^ 
Ventajas que puede llevar tin fabricante , respecto de otro del tíñs^ 
íAó ramo , es , que pueda vender sus fabricaciones á menor preció. 
Gomo la baratura consiste en la ttienot* cantidad de tiempo, ttiate-^ 
rial yhibiüdad quo se occesita para construirla cosa, y solo tul 
ejeeutdr muchas veces esta mism^ii, da conocimiento para dismitmir 
dichas canlidavles , resulta que la práctica es Isr que debemos ábra^ 
tax con preferencia. 

Para las nobles y bellas artes C6tú6 la pintura , e^uUut-a y ^- 



rnctAAM volt tí luimos. ÍT5 

bado , nnnca ba babido gremios en la formd qiie en las mecánkas, 
porque eslas dependen únicamente de la imaginación ylá prúenc& 
do ver pintar, esculpir ó grabar tantos ó cuantos años , muy poco 
puede influir para que salgan buenos artistas; una buena eduracion 
dada en las academias ilustraba su entendimiento por medio del 
dibujo y otras materias sin sujeción á tiempo , porque pretender 
que los artistas do este género caminasen por pasos sucesivos en las 
producciones do su arlo, seria querer Tormar una carrera de poetas. 

La arquitectura , aunque está incluida en las bellas arles , por 
las ciencias ausiliares qne so hace indispensable el poseef para la 
ejecución de sus obras , siemiire se ha considerado como una car- 
rera cientilica; asi es que nunca so les lia obligado á poseer el 
dibujo natural con tanta latitud como la necesidad obliga á los pin- 
tores, escultores y grabadores, al paso que so les ha exigido con 
todo rigor el estudio do las matemáticas , física y construcciones. 

Volviendo á nuestro héroe el clavario del gremio, pues queda 
demostrada !a importancia que han tenido, y utilidad que han re- 
portado y podian reportar á la sociedad las asociaciones gremiales, 
mo concretaré á describir el e4ado en que hoy dia s& encuentran. 

Los artesanos que tienen titulo de maestro , todos los años en 
el mismo dia que marcan sus ordenanzas continúa eligiendo cla- 
varios, compañero ó segundo, y demás empleados. El clavario, 
cuando recuerda y compara su poder con el de sus antecesores, 
queda como estático por algunos momentos, y luego csclama «¡si 
estuviéramos eh tiempos pasados!...)» Sin embargo insisto aun en 
querer darse preponderancia , procura se celebre la misa anual arl 
Santo patrón do su gremio , manda sacar en andas la iibágen para 
acompañar al Señor Sacramentado ^n la procesión del Corpus y éti 
h que se celebra en las tiestas do S. Vicente Ferrer , patrón de Va- 
lencia ; además do la imagen saca la bandera , y a modo de atitigtía 
usanza , marcha con los demás maestros á formar parte elí ésta otra 
procesión. El clavario, compañero y otros empleados van delante 
de éstos llevando lod cordones quÍ9 bajan del alto do la bandera ó 



f 71 LM TALBKCUKM 

lai borlas on qno rematan los yérticos colgantes de ésta. El encar- 
gado de sostener y llevar la bandera por su asta , suele sor un oñ- 
cial del mismo oficio que tenga mucha fuerza , y al son de la dul- 
zaina y tambor él va haciendo varias evoluciones cun el palo ó asta 
bandera, colocándola verlicalmcnle sobre el hombro izquierdo, 
luego la pasa al derecho , ya la hace descansar sobre la barba, ya 
sobre los dientes de la mandíbula inrerior, ya sobre la frente. La 
víspera del Santo patrón del gremio suele pasar el clavario , acom- 
pañado del síndico , secretario y otros prohombres , por casa de los 
demás maestros con objeto de invitarles á que concurran á la 
flesta y den alguna limosna para los pobres maestros 6 viudas de 
aquellos que por su vejez ó achaques no pueden trabajar. 

A estos actos está hoy dia reducida la representación del cía- 
vario do un gremio, gefe en otro tiempo del ramo que profesaba, 
y que ahora va á desaparecer hasta el nombre de tal empleo. Ca- 
sualmente se me ha invitado para que escribiera este arliculo cuando 
ya se ha comenzado á vender hasta las casas en donde han e^ado 
y está:i las congregaciones de qtie hablamos. Los clavarios y demás 
maestros antiguos, desde el fondo de su corazón lanzan un suspiro 
al ver desaparecer hasta los edificios que fueron tribuna de so re- 
presentación social. En ellos se dieron á conocer sus antepasados 
como patricios, como artesanos y como religiosos. ¡Grande es 
vuestro dolor ! Pero no os quejéis de lo que os pasa , sino goiais 
de los privilegios que de inmemorial , sino os dejan sitio siquieía 
para verificar vuestras reuniones , en cambio tenéis un gobierno 
que no os quiere mendigos sino propietarios. Un ministro lo ha 
dicho; creo que saldrá con su intento, de lo contrario no lo hubiera 
manifestado. c¡ Podéis creer que un ministro diga una barbaridadli 
Los que actualmente sois clavarios , diga cada uno para si de su 
destino: c¡ En mi se acaba el clavario !i» O á manera de como se 
leía en aquella lápida que encontraron en Portugal: 

ocUllimo rey de los godos 
Aqui Rodrigo repesa.» 



PISTADOS POB SÍ MISMOS. 



175 




EL ARENERO. 

(Vulgo) TERRERO (I). 



,N rorastero que penetre desde las seis basta las 
once de la mañana por las calles tortuosas de la 
ciudad de D. Jaime de Aragón , podrá notar 
entre la multitud de objetos que berirán su vis- 
la é imaginación , ciertos ginctes , cuya edad 
no baja de seis ni pasa de once por lo común, 
cabalgando sobro individuos de la familia del 
compañero de Sancho Panza, y recorriendo los 
barrios á paso grave y mesurado , y al compás de una cancloOi 




(1) Este articQ^o , asi como el del Eitereolero (femater). $e pobUcaroa ya coo algunu 
Tariaftte« y alteraciones, el .^esundo en el periódico titulado El Lid , ) fW Dimeíos cíe 18, 
|4 y 15 de Setiemlre de 1848 . v el presente eo el periódico heMomadarit titttktée et 
leece fft loe admeroi del 7 y li deíileviembre de 1847. 



176 I.6S yiuiscuKos 

coya Iclra es un acertijo mas indescifrable que la cucsHon del día, 
7 cuya inQciioo musical desafia á los roas intrépidos filarmónicos. 
Esla canción anuncia la venia de una mercancía del reino mimbral, 
de cuya mina son ios ginoles susodichos los esclusivos esplolado- 
ros. Por abreviar , el forastero topará con muchachos que venden 
arena ó tierra de fregar. 

Existe en las inmediaciones de Valencia y junio al pueblo de 
Burjasot una mina , cuyos productos después de fregar los cachar- 
ros f que sirvieron al alcuzcuz y pilan del rey Zaen , y las marmitas 
do la cocina do D. Pedro el Ceremonioso , centicúan después de 
siete siglos, prestando tan útil servicio á las cazuelas , peroles y 
paellas de los vasallos constitucionales y dos veces leales de Isa- 
bel U. Inútil es nos detengamos en su descripción y clasiücacion 
geológica, ni en si es terreno de aluvión, ó pcrlenece ala serie nep- 
tuniana, ó si tiene parlícoli|^e9|uiibpsas «ele.; lo que nos importa 
saber, es que es mina , y mina inagotable de tierra de fregar. Las 
cuevas, que el continuo descar^pf y cavar de laotps años ha prac- 
ticado en las laderas del montó/ Son lü escuela practica de los niños 
de Burjasot , desde que saben lemrso en dos pies. Es , dig.^moslo 
asi , un empleo de entrada , cuyo ascenso es el de femaler (ester- 
colero) y el termino, arriero ó labrador. 

El /errero es esencialmenle viajador, pues desde niño empren- 
de viages por su cuenta. Otros « hasta que son mancebos, no saleí 
del cascaron , ni abandonan las faldas de su madre : el terrero po- 
see ya su cabalgadura, (que tanío lo es un jumi^nlo como en caha^ 
lio árabe pura sangre) su mercancía y su capital. Al amanecer lena 
el serón de tas riquezas de la mina , monta en el asno , sirvicndolp 
en general de estribo la cola arrollada al pie , y pica hkia la tio^ 
dad. Apenas entra en ella , su voz aguda y argentina p me en movi- 
miento las cr adas del barrio que atraviesa. Lo ordinario es a^uaiv 
darle á la puerta , cuando no se le llama desde ba*con ó ventana, 
diciéndolo (|uo aguarde. Alguna vez aquel aguardar se parece al 
aguardar de un buen gobierno > que nunca nos llega ; y e$ dcjiúiji 



PISTADOS POB si MISMOS. 177 

semej?nt0 burla á los que el vulgo apellida conills depdrehe (cope- 
jos de desvaa) designando con esta calificación á los velluteros, é 
d^l ^rlQ íl« la seda, los cuales solazan su trabajo y entretienen el 
fastidio dal talar con tal cual pulla lanzada desde lo alto á los 
transeúntes, y mejor á las iraní ^n/o^. 

)La qriada que aguarda al terrero^ va armada del indispensable 
peral. Pqc«as veces sucede que ^1 vendedor lampiño descienda de su 
(jabalgsi^ura para distíibuir el eontenidp del serop. Lo común es 
alapgar j^J byaao, y llenar el vado qu^ le presenta la sirviente. Pero 
sabeüor ant^s da estudiar ftsioa , de las leyes de las densidades y 
vplumenea , á \q» p^i^ps puñados el perol aparece colmado , y con 
su.copppor añadidura. El caso as que tiene por contrincante á 
qxáf^n posi^a igualmente la ciepda de las densidades , y aprieta la 
tiejrra á nt^(íic|a que al terrero la vierte , de donde se origina una 
pplémica acalorada ^ que ieününa muchas veces por vaciar otra>ez 
la (ierra pp el i^prop ^ y restindirie el contrato de venta ^ no sin 
sendas jácpl9tPrÍ#^ qu^ mutuamente se lanzan los pnemigos. Lo gor 
neral es adoplt^iruP justo medio, gracias al cual el terrero^ que 
conoce qpp ypla püás perder » que mas perder , tapa la boca de la 
mpzuela y la d/el perol con uno ó dos puñados suplementarios , y 
quedap sentabas las pa^es entre las potencias beligerantes. 
^ ;§e cpnpce que la educación de estos niños tiene muchos puntos 
de contacto por )p que toca á la sobriedad , con la que los esparta- 
pp^ y lacpdpmpnío^ da.baa á sus hijos, obligándoles á sufrir el ham- 
])reylased ha^ta un estremo, del que se quejaba la naturaleza 
ipisma y Ijasla Ja ^conopaia. Ei terrero divierte al parecer su ham- 
tnre Qanlpníjo , 4p r^^igoarse por eso á soportarla espartanamente. 
ÍJuando dispuía y aU^ca con las criadas sobre la tierra de fregar, 
{W4e ftpn frepifejQcia pp pago de los puñados que agrega á la masa 
pripütiva , m pedazo de p«B ♦ y no es raro que éste figure también 
#p.el CiOptra,V) y arreglo , exigiéndolo con insistencia y sin apelación. 
^ 1,ÍS PWl'flW IpgrpB una ganancia, puyo beneficio disfrutan en el 

ju^, Y re^lt^raQlasj^erías, que bjyen necesarias les son pura vocear, 

23 



178 LOS YAUSNGUI^OS 

y para aumentar el despacho , esforzando los medios de publi- 
cidad. 

AI ver á unos niños de tan corta edad desplegar una energía 
económica tan tenaz y pendenciera, cualquiera la admirará, como 
impropia de aquella edad , por mas ensayos y lecciones que la pre- 
cedan. Preceden lecciones, si; pero van condimentadas y ribetea- 
das de amenazas de parte de los padres , las cuales saben ellos 
muy bien por esperiencia que no son bocanadas de aire poniente, y 
sus costillas y región inferior guardan á veces recuerdos mas inde- 
lebles de lo que ellos quisieran. Los padres al fiarles la hacienda, 
se la dan medida ó calculada , en términos que . conocen matemá- 
ticamente los kilogramos de arena que contiene el serón , y en con* 
secuencia el valor exacto de ellos al precio corriente. Ha de volver 
pues el serón á someterse á la inspección fiscal , á ver si suma 
igual el producto y residuo al total primitivo. El terrero que esto 
sabe , apela pues al recurso de ahuecar la arena para que abulte, 
y ganar por ejemplo una onza en libra , lo cual siempre le propor- 
cionará un repelón de tres'ó cuatro ochavos por serón. 

Todo esto revela en el terrero una agudeza y despejo, que hablan 
alto en favor de su mérito y aptitud mercantil. Pero no es de ahora 
de cuando data esta prenda recomendable , pues de otras hizo alar- 
de en tiempos antiguos , que el descuido y la injusticia de los hom- 
bres han consentido eclipsarse y caer en la sima del olvido. 

Y no sé yo , por qué razón no ha de hacer valer el terrero sus 
derechos á la nobleza : derechos acaso mas averiguados que otros 
que suenan y se frotan por los hocicos de todo bicho , con mas em- 
peño y frecuencia que conviniera. Ello es que al infeliz terrero solo 
le queda de caballero la caballería , sea cual fuere la especie á que 
pertenece. En cuanto á los servicios eminentes y arriesgados que 
sus ascendientes prestaron al pais, esos se han echado en ^eron 
roto , que tanto monta como en saco roto , y el pobre terrero , con 
todos sus méritos á la cola, pasa su infancia apeandoy subiendo por 
ella. Cuáles sean esos méritos ^ que á otros valieron títulos , y Uer^ 



PINTADOS POR si MISMOS. 179 

ras , y casas , y todo lo al , una simple indicación lo dará á co- 
nocer. 

Cuando el Rey D. Jaime estrechó el bloqueo de Valencia , poco 
antes de su definitiva conquista, entretenía relaciones con los cris- 
tianos que en ella vivian ; pero la vigilancia de los sarracenos im- 
pedia que aquellas fuesen muy frecuentes y estrechas. Por eso su- 
cedía á veces la mas completa incomunicación á las noticias mas 
consoladoras , y á fin de sostener el espíritu , no público , sino pri- 
vado de los pobres cristianos , se hacia indispensable escogitar un 
medio , ya que no directo , á lo menos indirecto y solapado , de 
manifestarles que no se desistia de la empresa, y que se acercaba 
el dia de su redención. Cuando con mas empeño corrían los ciegos 
moros , ó moros ciegos de entonces con las Gacetas y papelitos de 
entonces (porque Gacetas debia haber , aunque no existiese impren- 
ta , y sino , ¿ de qué modo se habia de mentir do oficio?) cuanto 
con mas empeño , repito , andaban colgándose reliquias al Rey Don 
Jaime, y suponiéndole en retirada lo menos hasta Mallorca, con 
solos cuatro descamisados ; en una palabra , cuando forjaban los 
politices guerreros de antaño los moldes , sobre que con el tiempo 
se habia de vaciar los parrtes de ogaño, etc., etc., etc., penetraban 
por la ciudad una nube de rapaces con sus turbantitos , y caflanitos, 
y babuchitas (eso me lo figuro yo , porque no iria el generoso 
Rey de Aragón á enviar descalzas á las pobres criaturas), montados 
en su serón de tierra de fregar , y gritando por las calles en su en- 
diablada gerga idéntica á la de ahora : la ierra , la guerra , guer^ 
rialaguela , la guerra , la térra , siendo acaso la vez primera que 
la misma sirvió de medio estratégico contra una ciudad sitiada , y 
para dar aliento y vida á un partido moribundo. Ello es que los 
ciistianos , por lo poco que husmeaban , y por los antecedentes que 
tenian de los nuevos apóstoles con mocos , inferían lógicamente que 
las Gacetas de Zaen mentian , y que el Rey D. Jaime en vez de ir á 
solazarse con Doña Teresa , pensaba repetir la célebre é histórica 
palada , y echar á patadas á los descreídos , de la tierra que no 



180 IMTAUüajMM 

pudieron iM>stef)er los hijos primofénitos del Cd. T tea ¥. eoibo el 
terrero ha figurado en primera línea en nuestras guerras, ya qne do 
ffgara en naestras crónicas por vn olTídfi (qnién sabe á entidia) del 
cual se debía pedir estrecha residencia á Benter , Escolano y demás 
torbamalta de ensucia-papel , á qnienes baria sombra nn borro con 
an serón , y un muñeco por remate. Pero como de esas las traga- 
mos ; tenga paciencia el noble , benemérito y patriota terrero , y 
arree como pueda so gentil cabalgadura. 

Esta no siempre olvida el sentimiento de so valor y de sos re- 
cuerdos ; asi es que mas de una vet , mientras su ginete se distrae 
inocentemente delante del anaquel de un qoincallero , ó del mostfsh- 
dor de una confíteria, se cruza detrás de él , ocupando en Sü longi- 
tud lolal los dos tercios de la anchura de nuestras espaciosas calleS; 
y como en tiempo de lluvia su pavimento no es de aquellos qoe 
puedan servir de modelo y estudio á los que se dedican á la carrera 
de ingenieros do caminas y cabales , loi transeúntes haki de déscri-^ 
bir un semicírculo , poniéndose en incómodo contacto con el es- 
tribo del animal (ya hé dicho mas arriba qué cosa sea este es- 
tribo) y dando unto dtt balsa á los zapatos ó alpargatas , para que 
aquel no ensucie los cuatro sustentáculos de su elegante masa. 
De aquí resultan dltencadoi y dispulas con el terrero , qne comodta 
Juro, siempre ceden en daBó y mengua del angelito ■, sino pasa lá 
cosa adelante , y un envión aplicado por toano robusta y villana no 
hace perder el equilibrio al Jumento , y no le envia á desciaínsar so-- 
bro el terreno que conquistó por concomitancia , y alfombrar con 
el contenido del sóron el teatro de sus antiguas glorias. 

Esto que eb otros individuos de diversa édád y sexo darla pie á 
reyertas y escenas divertidas , no causa mella por lo cototm éh 
aquella edad de indiferencia y abandono ; el terrero sljgue su rota, 
y sin cuidarse de qUe su cótó^afiéro haga alaíxlé de ligei-eza f sol- 
tura , lo deja duefi'6 de feüs inslinlos patsádos y tranquilos , y i 
Veces emplea oii fcuatto de bora en medir de un estremo á otM'tiaia 
calle do doce metros de Idngifüd , iulrandó feuiretátíto bon dí^ttm- 



purrJüXVI l^'áf sítMos. ^í 

citía y déátftayo las flétldfts y objetos, ^tetó^tácéntéíiái^áae VefeéS- 
Atiítoálé ftlgütt latttó él ©ncutemro con un cofrade ; ' en cuyo caso ié 
éWabla uñ tliáló^ acfetcá dé la buena ó tóalát VcntSj A de étrók 
asunfós puertlés, y lüiég^ íe sepát-an énviándoséf sAltídos filatoónicds 
por via de despedida , y déffócliando todb^ el tepértortíy ítusibáí 
qué éfuardán pBra' ciertas ocasiones ♦ en cuya gí*ólátá^eá lea "áúsilia 
latnbten á Vefces el coúipáíléro , dando el tono con algunas üotas dé 
bajo profundó , Cuyé efecto ttó deja de áer ttotaMé. 

Pero fentt*ejóis percances del terrero niriguno hay tan ani¿í*gb f 
trascendental, como el que sufre de cutindo en cuando, y éasi siem- 
pre pét su culpa. Térmltíadá su escurcón y despachado él género, 
nádale queda que hac^, sino tocar én retirada' Mcia sit hbgar? 
donde le aguarda el padre lan severo como un comfcsionado'tíé apré-- 
mlo,á pedirte' éuenta de los puñados dé! tierra, y éiáitótíár^i el 
cargo y data suman igual , y f guay del cuitado , sí hay lrSíba*ueWa 
ó níqüil! Peto el genity perseguidor de I6s muchachea^ !e háéoen-^ 
centrar al paso , 6 bien en el muro , ó blefl^éh' las ftftiélraS , algún 
corrillo dé gente non sandia, trabajsmdo 'én áüéflcina/eS decir; 
dedicados á la chapa, sin tener c^bapeo. La tentación es iri*esistifolm 
la ocasión se pinta calva : montone)^ dé ochavos limaos y esmeira^ 
dos como si saliesen del troqnel , pueden agregarle at producto de 
la mina: én un momento se hace comerciaite y especulador: "Oal^ 
cula el capita) , \m intereses , pero do calcula la bancarrota , ó ¿af^ 
m rota : avéninra atgun ochaVillo; gana y él itofelb cae en el gaHí^ 
lo : pone, pierde \ pone , pierde , y pierde, y pierde v y gana^ -j 
pierde , y pierde , y lo pierde todo. 

ce A bioá leche , dineros. 

Huevos , pollos , lechon , vaca y terneros, d 

; . ... , t * '•i ^ . ; ... I i f 

» 

Héttor és la fetalidad> cuando el diablo sofó se coMenta con po-^ 
nerle por contrincante álgun <conso(iio', en cü^o^aso la partida w 
faaHa equilibrada , y entonces la mierle, mas que ta preslidigitaciétl 
déeidé la inéli^átíctti dé la balanea. Pero do todoi» modde ^é^'{>er4i¿¿ 



4014 1)9 |)4p4í4a i y Al ¡m% «av^ra qtte le aguarda , es inexorable. 
R^FO M t)il4 Id mft4r9 i# Interponga entre la espada justiciera em- 
Í)H(Í944 \m \m mm^ ^uyo pulió bace latir la sangre árabe.... Lo 
mM^ (|Hií li^b^ lomeír an.,.. una aplicación demasiado práctica y 
Itl^r-Ml 4t^l Mmii ii^ ciduc^a^lon onpartana.... 

NrA ItAy li^'^fM quQ lambían ban recibido sa dosis de sangre 
%H\^ f^ra «nfrir (P^I jUli^O y ^v^ oonsooueacias ; y con magnánima 
T^Alnm« ^l«mM ^' A y q\i<& \<^ baco ooslUla mas ó menos? T se 
fkWW*^» ^\ Mw^ y l« ^mk mmi^ PoUon i OroFesc 

^ «^ «^ ^ «lk(iiMi^ «^Ml t^ «flAi(iii( <t«i^^ 

I, * 



PINTADOS POB 8l UISM08. 185 

lar manchas. Ello es que de la tal tierra tienen un despacho na 
despreciable , sieado su valar naturalmente superior al de la de 
fregar; y los que poseen en su serón el adilamento enunciado, tienen 
buen cuidado de anunciarlo con repetición , para no ser confundi- 
dos con el vulgo de los terreros , que se mueven dentro del cir- 
culo inmemorial de su antigua y noble profesión. 

P«sea«l Perca j HoArlsaeB. 




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p^.(fíftí<íi» c^i4aHfift#™ ""* periodística 

M<?>»'n9»e A#mft ^Jm' consignado!... 

, if »'ípn'.1^v,..|^o„Je;fí|flfp?,,inueho la voz, al 

pronuncJi^rt,ap.,^p()j!jfj^jí^.|r^ , querido lector, 

riünfjs, el ftfltp..á,^||^^rt}l)^(| , gf ¡^ffff^^M KpMO^,^ ,^ Mff 
¡El turrón!... ¡Magnifica |{^^a^|f^p..^§,?J^^,,«í|j•^^^^^^^^^ 




t8€ LOS VALENGUNOS 

los ejércitos befigerantes , típost nubüaFhehus áú los vencidos, 
eljam Icetus moriar de los vencedores!... ¿Dóode se encuentra 
otro vocablo de tan risueña perspectiva , de tan odorífera fragan- 
cia , de mas esquisito paladar? ,. 

Muy bueno dicen que es , y muy bueno será él sin duda , cuan- 
do se le desea , se le busca y se le persigue en todas direcciones 
con tanta tenacidad y encarnizamiento.... ¡Oh I ni el Vellocino de 
oro inspiró en otros tiempos mas arrojo , mayor audacia , para lo- 
grar su difícil posesión. 

Torpeza, y grande, fuera, pues, el disputar á este sabroso 
ímómmo A^Xdi Dulc^^B^mr^f^^ aparentes, ni su 

mérito positivo, niA¡nk¿í^^h||!fi|0ÍQ^Í^^ 

nancia en todas y en cada una de las virtudes del niño mimado^ del 
plato délas Nintás , del liéotw de los 'Dioses. Nada más ñaíiiral 

Pero.... cc¿qué tiene que yer (dy*á alguno de mis lectores] toda 
esa música celestial con los Valencianos pintados por sí mismo^j> 

«El Torronéir (contestaré yo entonces) es un tipo como cualquier 

.'••■'•••■ ' 

otro y tan valenciano como el mismísimo Micalet ; y cuando el edi- 
tor de esta oíf a (ny'ja.,^^^^^ á mi libre alvedrio 
la originalidad de la materia , me ha dicho únicamente: «escriba 
usted un tipo de gusto, i> be creido de buena fe, hablando con toda 
formalidad , que 
'' '' ' ' ' ' "'^ ' '¿tóitre íod ttp6s\ yá éh plaza, 



- i^i"-. *"*.■ or. •■■^N ;.: 



I • • ■* .. ^ f f -.1' 

' '^' " Qtió ofrece eátacblección^- ' ¡ [¿ 

' ' ' ' 'Vfendietídoliastsí...^ ^ J 

' *' Nó¿áriaun]^ape^..*J d'eestraza' , J? 
■ ' ' ' = íí vetiidédor dWtw^ '. jv^ 

ó'él qué ío compra , qué'taií íúrronero puede ser consideractó^^l 
iibo^jomo el ólrol!... Ypor'iiiáS señáis que 'eátií paridad de drcmi»- 
tancíias cáiiacteWsñcás , iesta akiogí tiíiitós apelativos, hubiera 
ptiéMo en un serio 'compi*otói¿¿ lá eleóciicm dieí miódélb'para mi 're- 
trato , á no habef me ocurrido áftírtúnadáúieüle un medió muy 'íéúr 
Cilio de zanjar' la iííficuÍtad:HéÍo{í(íui^ ' 



« ' ■, 



vmxjüfos pjqh si. MISMOS. i87 

< <rCom6rnas las. aceitunas 
(De. pasta, dulce. ,96 entiende), 
. Y demrnos en ayupaa . ; . 

. ^ A quie^ las compra y las vende. ^. 

Que al fin y a} cabo> no es ^n mal tipo e^e almíbar adq ciuda- 
dano de Alicante y de Gijonc^., que no ^^^ez^ca los honores de una 
breve jp.w^/ada , mayoi:menjle s bpna car- 

iadura. / 

^ Por otra.partQ ¿qué pfldióramos^iieqir nosotros ta.ropocp pi. del 
espendedor dp. ese género esitanoadQ >, m;de las varias ^especm d^ 
histriones sin ^^/anc^r q|i^,pMli^an,por qualquier, sitiQ proclan^ndo 
á voz en grito la esoeliencla de.jlan sabrosa pasta?... Nada ., gue no 
salte á la vista de quien la fije por un solo momento en la adjunta 
lámioa...M I j&'cceAomo !..:*.. Ahilos tenejia:, al uno con sus verdes 
antiparras y su levitón castaño oscuiiP , , r.ejpartíendo á manos llenas 
el codiciado fruto de su d^^ce industria ; y á Ips otros con un palmo 
de boca abierta , repitiendo sin pes^ aquella, aria coreada de la 
Gazzc^ladra, <r¡cuán rico esjlj.^,, ¡^sjíjUenp»^ gusta!...» ¡Yaya una 
salida !... „ . 

Pero entremos nosotros en ma/^'a ,i qu,e el asunto es bastante 
delicado , y merece la pepa.de ma$^cars^ bien |, , prescindiendo de 
/ormaí , cuanto de> él 1^ d)g¡^^^ ■•,, . . , ,..-.,.■. / . 

Solo conocemos dos maneras de.^pjpjTi^ef ítfrff^ : comprán- 
dolo ó procurando gansir. la .vpjiinta^. djB„fi^, ¡fajbj^antes para que 
nos le regalen y para obtenerlo gratif ; j¡.cojp/esa;nos,in^énqamente 
nuestra inaptitud en ambo^ sisjlyen^as.. Para. Ip priíjoiero nos faltan 
medios y oportunidad* Parfi lo^egundp» . . . habilids^l, gracia » vocar 
cion. Quod, natura non dat ^ inlfllectt^ nanpr^stat. 

j?/ /e^rron , el fQ9PJar ^pecial de jos predestinados; no lo han 
criado tampoco Dios ó lpal^ipbr^s,p^a el plomero que llegue: se 
necesita genio, carácter, poca apren^lppjinci^os casos, y basta 
una marcada tendencia en oJli^o/^ há^cjia^pl : <íime ifliporta un bledol y 
¿qué se me da á mil..,.:» parajAS^ar. á 499^9^^'^®* y ^ Id puerta 



18¿ tos viiüÉWciiíííóS 

misma de la calle, lo que ta\ v^z , éii ipdtOád de circunstancias, 
no se atrevieran otrosí tbcsíif siijbiera bon 1^ púbt^ de la lengua en 
el mas oscuro rincón de su dbtíiicllfó...; VérSiM es que cada uno, 
en este picaro mundo ,' sáéleslér Újó dé 6u inadre, y que sobre 
gustos nada hay escrito ; *^érb á fó méñóá' 16^ tjfu'e de^bietadeÁ por 
íihéa recta de la áüthjfái'sítíi'a y'bafrigúÜá fáiniha db ínah Pálbnió; 
dejeú éstáir étt pa¿ át mfeétó Wórtáí; cíofe íinfé^ 
(ítaníum peUis et ossa fuit.n 

" Sth étMvto , fi'^'M mwmtÚMiis 'ii«(3^mc>kí %e1é''ge- 
WéraYmenté la 'ádqüidibtob'il¿ ' esfé 'üiáüá téitésl^é , 'iKÍdá< IHífUátis 

U^^dóaé'tód m^i'i láMW; fi \e\ehgt} ebtré 'Mútíisr úb lé ¿a^ 

tararí;..:- " ■ ■• ■• ;■ " ^ '■; ''■ ■ ••-¡■■'■-^ ■'■ ■■ 

cto Qúa V(j¿ tó üé probado; ' ' '• ' ' 

'■ '■ • " ;-" ■ ■ti%>mtpa%á6 ' ■ ■ ■■'■ ' ""' ■'■ ■- ■ 

'"■'''' ' '%¿éái¿-rWdáWé¿otiÍÍfd'- ■ '■ ■ 

' ÍSnÁ]Ímk8Íímo':- '■'■ ■■■'■> 

Lo mismo al medio-dia 

' feto 'iplílitaáia ;' Otór#6;' cíí'nliMií'dííttl'rttife!.;:' '• ' 

Antes , en tiempo de nuestros abuétdy V^<b <io''¿<^iHi''lilvf t^ttóliá 
esjieói^ 'dé éstá'ÍÍ-\iti'dé''Hb(^aá. £b^1iÍffivlVñi(íé<á!l^yi](i^ Men- 
1Kb'aií-8^ ¿oA'lií¿' #%atiíán'^siÜ^^«Ú^r(^'ll6t"NaVÍdÜd 'éh^úm 



1 • ■ 



i. ' 



.1. 

1 1 » ■ . 




fruta seca , y...:'']^SíféVdí"dé (iotítát. Péfo'ébVilii'Sé ^iá Wblití 
•fckiiñté'íínMWíí'yíí!'at'áIbgb^flé'ÍéuS^y6stítttó¿ • 

'• ■••■• '••'■ •■'nttáftü'rfbna^-iiWftdí, •■•'* ■• :-:^.^' •■■■• • 



■■>. -s. 



■■-■■■ ^"^'■- -^■- ^--^mmih^ikmK^^'^'-'' ^^^^'^ ''^^' 

Que es difícil sin dudá'^ ' j. ; ; ; .j 
Poder coútartiií:' ^ ^ ' ' 
T.t:. íyaáfeTb!8i¿iJo%l%^b<fedMoi«^e!^fl^^^^ fSes- 
casd^ létnpcíi^ Itte rÉéffi^ d^ poééi* titteréúrié á ilis >éá]^é«itivfti|| féh' 
bricas.... •■• -^^ '^''^ ■-' ^••'"•''^ 

N^'fe^eStiWio tóttít)*e* ;' ' ;, 
Que quien de él gttstá"'' -• 

Tire al agutt«fií ímzttfehv- ¡i-'í) . 
Del pez en buseífl">'' ' ' ' 

Que, si^tá#«o*,< í -'• 
Bien sabeB<wadi<ffd»cíuatiñúi 
Lo que se pescaím'* • > í / 
T 6i egtá o^li«Ote > iói^blfliplér to iiMloi', pdüki^gci pieriM Mipro- 
báí* fortunar. lio q^ bofivitóe lió que 4fiQíport» y lo qne iMeresa M 
Aé^ soltar nuacá la cáfia déf la bami que él |^^t^(M*f^ ^as i^tabto^ 
oapríiehoso^ oiMúo una >óm]«Ma ;«s^ efiaéétii fá0lliK6nte'iii8fiQiba de to 
que tal vez hoy deispt^i«rY'ttHiflñ[>«é6 f'f ? k^Mé^ «ppGfécbaif uaa 
favorable contingefadld, • !' ' ' - ''''■; c ^^ 

El pescador , qw «alie • 
Lo qiMi^ei^ su oftcb), \' 
Apenas se permite ^ '^^ 
Mudar de siliot >íí' - •' ! 

Porqua^ifidifigüMtí' i / 
Que en el dia«ei3xieátüi ^ ' 
•• iV«i»teif «látro^oiiM. ^ • ^ > ■ ' • .'- !• ,v •• »\i 
HotbM-es Goéoeenosnosotí^oé dé tan ^iém ^attiüdad i^^» (wfiné 
tacto, de tan céPtena fumteria M asítfí'dilcisiiba pé;sei^<que/coiDQ 
^los se propongan atrafariévy idigdii:iQíveiito<cí(gimlg6> m 
misinio diablo (ea ^er^oni ««ríai^pMuAe impe^iileá el saUrse , oeá 
la suya. Verdad as qa^ se ntoesita para íéliq «da iCOMtfiaeia aiirlí-^ 
nHt«s , uaa pacííeáéiá á teda pro^ viF q^^^^^^^^^'^ veces qob 
raya en heroismo ; pero a:now}b6gá9^^trabtaafeáJbrpgaai6iljiitasjriail 



i90 IiO$:yJj.«NGIANOS 

se come turrón con la boca cerrada. Es preciso decir algo mientras 
se mastica , annqae solo sea . 

I Beaíi possidenlesl 
, Otras clases hay también de este alicantino fruto » designadas 
por los inteligente con los nombres de turrón de esperanzas, y 
turrón de caridad. ... 

¡ Est9^4 que es bien dulce^ 
Rico y sabroso !..é 
Se deshaceen JU boca . 
Gomo el bizcocho. 

Guando lo pruebes» 
¡ Ya verás , lector mk>i 
Que sabor tiene ! 
. Del tttrron positivo de éandad al turrón á^ esperania ^ de oí- 
falo , como le llaman algunos , hay tanta distancia lún embar- 
go , como de lo. blanco á lo negro, Je lo vivo á lo pintado V del 
cielo á la tierra ; en una palabra, la misma diferencia que de hincar 
en él ú diente á quedarse mateñalmente en ayunas. ... 

ocHuye , pues , de quien vende 
Turrón de ^^ra, 
Que hay e^perama á veces 

r 

Que nunca llega. , * 

El otro , al menos. 

Aunque huela ¿ limosna, ; 

Lo zampas luego. 1» 
Por lo demás, el turrón de carne ha sido sIeAipre, entre los va- 
lencianos, el bocado predilecto de toda mesa decentej de toda fiesta 
popular: y bajo de este concepto nadie negará sin duda, que «i 
hasta ahora tuvo grande importanda (y bastante consumo) en nués* 
tra provincia , de hoy mas ocupará uq punto disUnguido én las fe^ 
rias de sus principales poblaciones» y muy especialmente i^ el techo 
de ciertas salotúcheria^ de pasta dulce ; como el Ztfu^arron de Mar 
homa en la mes^quita dondo se le adora. : ' '. ¡^ /.'. 



PINTABOS ¥ÓÍL kt MISbÍOS. M^ 

Está especie dé ttirrón se hace unas veces á ¿áib , y otráír á 
máquina ;' porque eií^ tiempo de Paácnas principaTménte suele serlas 
enorme el consumo , que no bastan tos ' recui*sbs úattirrálés 'de los 
operarios, y es pt^edsro acudir "paral' su f^ñcacion á los adelantos 
científicos de lá época. 

Se gubdivide dicho turrón de óame en Cuatro diferentes clases. 
1.* superior de émftwcAado ; 2!.' 'de cAtw^tkó propiamente dicho; 
3.* de longaniza , y 4.* Intfondesálehithai 

Al de ^inftwcAado le cbrrespoñtlé de lié'óho,'- si no de derecho, 
la primacía entre todos los demáis' turrones ; es, digámoslo asi, lo 
que én la milicia el general efii gefiá^j es' la cabeza , la veleta de la 
tdrre ; es el vuelo del águila con^párado coa él de las otí'as aves. El 
turrón de embuchado j en una palabra, contiéhe' lo mías delicioso 
de los almacenes de la 'JDtíí(íeaWaw¿a.^ -^^ " ^ 

Sigue ^1 de embuchado -él turrón cfé' ¿l^of iza, 'que es el que da 

vulgarmente eínbínbre'á los 'detüási de su^eápfecióV y felcüáU 

rio está mezclado eon'almendrá ^de- ínálá Wdole,' es tin poislré dé 

muy buena caladura eú una inesa ^eg^V. Tcótaio (Jtié'dctipa un 

escalón mas bajo qtié él priiíiérd ,^ ^tá'titeb^ al'álciance d^ 

lageneralidad-i..-^' " ' -^-^ -^^ .x.:-. ,i, ...^ ^.; '^i-. .n..:.'.;:. 

^^ ilfetíé iíítlchsrsiátida, -^ -^ -" ' ' 
' ' ''BeápachóVande, ^ •' ' 
■ • ' • ^ ■'■•••Lo-rasíiirféfllás-ardeéá,"^*^"-^ ■'' -- -^'^•^""^^■ 

Oüe^nlÜ^^dad eé: ' ^' .i> í . 

Pobres y ricos " ''' 

Todos^'probá^déstfáú '^ ^ 
Turrón-chorizo. ' ' ' ^ 
Viene después el ttrrron delúí¿ifá)ti¿á\ que no es otra cosa que 
una especie de cañuto de pasta ondulante y flexible , compuesta de 
las mismas sustancias que se usati para ías anteriores , con la dife- 
rencia de que tanto en calidad ediüá iéi¿' pr^pbtcion , son algo infe- 
rieres , lo mismo que en é6\út\ blóí^'y'síabbí^' 

Pero el último, el turron-salchiehá i sérá^siempre,'pbir i6ucho 






■ 4 



que (le é| se^fiiga , la |;r9da inasbaya de la «$pala .^rroiiera ^ y la 
mas fápU , pn cpn&ecueocia» de poder ser ociqp^da p9r l^s fii^piraa-r 
teisi a (omfir a/^^tQ en taf^ dnleisima base. 

: ^oif.aef siendo el m^ 

De los turrones, ^ 

.^ al ñco |o despr^ci^, , . 

LolMWcaeipobre. , 

,, ., Por.;to(|a8.p^rJt?Ss*e»Pfe 

Eq ^B , vipto yisi genfiraljuenlf) Ip q/ifi viene á. s^ n^Jurron f^ 
fHfme ,.y p^rjicjilarizwlí^ , á a^m »l>«fiMÍíimieiííQ , W* ^iyersau? ^ 
pejpl^ ^ Concluiremos por ahor^ tjaciepdo un^ jievi^a, iml|cac|^p 
acerca de las cualidades digest\y^ de caffa jiqa á^ $xf§ cQ.t^gprifls^: 
. .^ada mas ^pil y bpjpjii;ici]^jíe q\i|^]a ^€^|i((n;(|iel de la gifíinera 
9l2fse..Cqn ^IQcúlud^ppdiera ^p9oritrajr§fl Qtra jt^njar nm^Jf^SPí^ 
Pre9»líÁf?eBKB®rf^f^íflfRei¡(^^.^n el mfis (í^lipíMjlo Qstóma^. ,^ .,,, 
..., l,Q^}\irxQm^Mfie^^ )torcerg^,P9,pfrpoeA tefnp^ 
gían..cí)n\ra á \^,{^ijf<if.r^^(^^:A^^^ ^^tq ,fi^}¡^\i^i^ 

alguna taza de té de paciencia , ó caldo de resignación^^ par^ Albt^ 
ner, en ocasiones dadas, .^^j^e^^q^ffp rfj^ji^^do. 

Pero él íurron-salchicha qf . 6]Q. e^pfifp .^temible para los que 
tienen una organización I)^f^;j||i<^l^^(¡h^if' «uele, por lo regular, 
irritaciones y cólicos, y ba^^ <4fj9^oj[fipf|$^Cfif a. pútrida de los bu- 
mores.... , ' '; 

La musa mi^, .„,,:, ;^ 



: Sueca.lO 4q Abril.4e 18S9.;,.. > , ; . . 

JTosé Bernat Baldomí. 



piRTánattiiu.'^ HtsHos. 495 

..,ü.:'!ii'íilt, 11' oli'JiJi! -liid'iíjT 



APÉMCl 



011 i'.'^u'i 



.Al,5f!íñL!«.''?-!tSÍS. í» ..1. ' r,o 

De nuesb'opoíru puchero.» ., 



Lo qne pescó no se sabe, 
Pero , si biea se repara, 
A nadie dada le cabe 
De qne no lia sida agua clara; 
Porque , aunque el lal no lo alabe... 
<cMirad mal pone la éara.3> 



SeguD su afilada muela, 
Y segnn bu diente fiero, 
Si no es de la paréatela 
De Juan Palomo , yo ¡uñero 
Que pertenece á su escuela.... 
fEie vorat turronero.» 



394 .^!.':rLOR)ViAnaUII0I':r: 

A devorar sin rebozo 
Contemplad bual se prepara, 

Y como llora de gozo, 

Sin ver que la suerte avara 
Turbar puede su alborozo.... 
aM retirar la duchara» 

Pues DO falta algmi heraldo, 
Que coD rostro placentero 

Y hoy mueArá ante Jél ÍQiinaó'entero 
Que no es siempre igual el caldo.... 
«De nuestro ^aíno'^&»'0.'> 



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...h.q-, 



PINTADOS pon Si 'MtffllOS. 



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^/Oégtor, sinofbres aieiopajia á citzarv ijasa por <^ta 
: ^^/?. las Inginas querjigw ya las he: efl^to> J)ajo 

I O la impresión de mis recaerdos campeatrea;, )! 
vvj cuso qóe én el jcaibpo haf .algo mas poético 
y mas agitdabb i^to .los arbolea y. las flocés; 
esté' algo» son para mi] las^perdíeeá y IsIs KebrfíL 
-Entre lop muchofii sitios aleghes y pintorefi^ 
cosipie no dqa nunda^^derviaítalir el váagero que 
arriba á la bulliciosa Ciudad regada por el Turiá , ocupa lugar 
preferente el famoso lago de la Albufera v' lugan de recreo dé los 
valeucianoá eo general » y de los aqMtes da la cazil ek particular. 




. I" I 



199 . MS TALBHCIAKOS 

Este magnifico depóáto de agaa dulce , sitoado á dos leguas 
escasas de la población , separado del mar por una frondosa lengua 
de tierra que se llama la Dehesa , y que líza sus olas en una super- 
ficie de ochenta mil pies de longitud , y mas de veinte mil de an- 
chura , es á no dudar , uno de los mejores cazaderos del mundo 
para toda clase de aves acuáticas , de las cuales se encuentran en 
número infinito y con portentosa variedad. Las que mas abundan^ 
entre ellas son principalmente las fochas , cuyos inmensos bandos 
semejan sobre las aguas una alfombra negra y flotante ; los ánades 
neguetas , los ferinos , los silvadores y los de pico ancho. En las 
orillas del lago se encuentran también con abundancia las becaci- 
nas , picardonas , pollas de agua , y caballeros de todas clases. 

Los pájaras mas notables por su hermosura son , después del 
cisne , rey de los lagos , el calamón ó gallo , de color azul muy su- 
bido j[ |i¡^'^o|<fa4^^ elAolérHqílaigJInti^^ ¡^ las |i;i y^ 
picó de ctilof Íé'tf^9i'/\éh\é¿me ^rmá ÍMbkY^Q seHJ^sa 
pluma , el avetoro y el suaya , bellos por ^us vivos colores. 

Pocos espectáculos conocemos mas animados y curiosos , que 
el que ofrece la Albufera los dias de tirada , que solo son una vez á 
la semana. Reúnense la víspera todos los cazadores en las pintores- 
cas barracas del Saler , á donde acuden también los barqueros, 
después de haber recorrido la laguna para observar en qup puntos 
lláitei^'tiias (fuerowia tos [pájaras > y haoer luego Ja eleecioadel 
pÍmlo'ip»9ititÍT'\/'km^Tr^^ sqs respec- 

tivos' attKWi-'' '^ -íí/i'í:' !'¡ >:í. [/n (iJí'"í(í'í" i I 




' Por oonsecttencla'V^un:barqdero intefigente y trabajal^r es lo; 
primero f lo mas iioKiispirtisaMe párá todo cazador que quiera^ dis- 
frntaf 4íe4ds{)taoébes que proporcaona la. ¡albufera. El bar^u^o es 
UD tipio ;etspeoiai43iiyo'i4tratokiíerjerátmp(íiible bosquejar siquiera, 
aun apiiMáiidh)al^es4eii)iresg«isq«e «1» le caracterizan y lo 
haQ'6ect)0')oélelDireu'' I'^ -i^ü' r\ -, ■ ,1-.;^ --^ i nrrn^ 

< BI)barqueTo tiene í:93d mopada'én ios* arcábales d0 íGatarrojái) ó¡ 
Silla v'Gércaí de las ribérds del toge f. y m oasaw itti: medMta 



tacioü de broza y cañai^V t&ti útil y conocida enttlie^tm hüeHá con 
el nombre úb barraca, hos dLÚbtnói do sil vivienda qtre ootistittiy'eil 
toda sáfoilicina, son t6s aparejos' de su barca , las redes dé pe^ar, 
la fitora , y una escopeta viejas ^eneraltaénte dé chispan 

El personag^ deljtie nos odáfiítmps jauáis» e6 ^nbcido j)Or istt 

* V 

notnbtó projAo: desde tiempo inmernoriaff Sta ufta'sola éscepcion,^ 
él barquero se Hama Gatichét , Maniibát , Rodero , Piulo ^ Fiátiueí', 
Parra, Sebetes, Cota, Tendré-, Rorra ^ etc. • r ^j 

Es generalmente flemático y cachazudo ; nunca , ití ^uu ^en los 
momentos de mas prisa , sale de su paso gr^Ve y lÉesurad^^ ; y en 
\oi preparativos y Aianiobras de ¿borda gasta la misDda caimán pel- 
ma? que la ímpac^cis^ devore á su amo el cazador; Es séutencioso 
y tardo en su con versación , y jen io jtocante á stts aUribueiones ^ eiB 
si hay poca ó mucha caza , y en qué sitio se encuentra ^ su pálabrd 
tiene siempre cierto aire misterioso de qtie no «e avergonzaría una 
Sibila, y cierta enfática cirouhspeccioo que luHriaihohor ál mas 
hábil diplomático portugués.' . '*) 

Guando ^1 cazador de 'Valencüa'llegá;alSaldirr, bptrimcro que 
hace es preguntar á>su barquero : ¿quér tal ?.bay pájaros? dónde 
tiramos mañana ? El barquero oye la pi*egonta , saluda á suamo^ 
y alarga ia mano para tomar el iaigdrro queésle lo offece?; pendiie 
contesta jamás. To soy de los que mas han eonségiúdd en este 
punto , y solo hago memoria de algún monosílabo acompañado de 
una mueca , horrible aunque verdadera espresion del silencio. 

Mas tarde , cuando le he hecho paladear dos ó tres veces el 
vino de mi bota , cuando ié be: presentado ante sás ojos im cesto 
repleto de provisiones; mi hombre^ después de asegurarse que 
estamos solos , me ha llevada' di rincón mas escoi^ido^de tabarra-^ 
ca, ha tomado una postura imponientaf , que es para él cruzar los 
brazos sobre la parte superior del pecho , ha echado la állima mV^ 
rada de recelo á cuaintele rodea 9?y bajando tdde ié posible su voz, 
gutural y i»perú dé sufo , mé ha tiidio i Si dentátenim vmt á mi*- 
clmvélaj y mos diixeniaEnQhurnofr^é la maleta éek eséafiébrs... 



Í9S LOS VALBIYGIANOS 

mo9 divertirém : encara que es chent volandera y y Paiguaestá 
creixcuda ; poro els animáis están ben posats y ó fan bé. 

Pero .(he contestado yo) y si el número primero, ws pide esos 
puestos, ¿dónde vamos con el cuatro? ^toncos tomando el baiS 
quero un tono mas solemne y respetuoso , y ahu$fcando la voz con- 
testa: L\amQ vajkl puestót. (El amo es el arrendador de^ la Albufe^ 
ra, que elige y tira siempre el primer puesto , y es á los c^os del 
barquero el primer personage de la jnatíion.) . V : : » ; 

En élipuestót hamo. la esgarrará demá ^ niádéu mil galeraes á 
la. soca delpuesío , y Ms grósqs. ; i < 

■ 

A todo esto el barquero' habla generalmente á bulto , no bá 
reeórmdolaiagunaVsegu&esiSUidebenyy lo que afirma con tal 
aplomo y misteno lo sabe por algtan compañero'', que probablemen^ 
le le ha contado una /i//a. ^ ?: ¡ >'■■. 

No hace aun muchos años ningún barquero decia á $u amo' tú 
una sola palabra acerca de sn pensamiento isóbr^ la elección de 
puesto ; creia su dignidad altameáte rebajada ^ si en Testa' pdrle no 
se le Goacedia el mas completo v^to de confianza; perd en esta 
época espansiva y parlamentaria de suyo < ya sufre el mejor bar- 
quero las interpelaciones del cazador, y aun se digna descender 
hasta discutir con él sobre si se ha de elegir él puBslO' del Petuque^ 
ro , ó q\ de la Inglesa. V r -, 



í • ' • ■ ' '. ' ■■ ' . i ' 



n. 



f 
I 

I 



/I \ . 



A las dos de la madrugada del diai dé lirada , üéne lugar eb 
casa del arrendatario , (ó empresario, como, le Rema un amigo 
mió) la gran reunión de cazadores y barqueros, que han de hacer 
la elección de puesltos para aqud dia , ¿caya operación* se llama 
tirar bólleles. . í '. •:•.'■ 

El amo |)residé esté interesante acto , sentado detrás^ de uimi 
mesa de pino, sobre la cual un candelero. de hoja de lata con una 
vola de sebo, alúmbrate escena , infestada por'^M^ olor del aguar-^ 



PINTADOS POR 'Sf MISMOS. 1'^ 

dieilte con' qfcietoiosl^; barqueros i hatt.tom^^ y con el 

bnmo de) dcAestablf tabaco qüe'fdoiaii kiS' cincneAta ó sesenta má"^ 
riñereis de agua dulce , aWí presentes; ' '^- • ^ '^ . . o .; 

La Diésa ó ¡pretídéncia ^ "Componte á^maá del'aiiii)-,^' de un se^' 
crétario quoíiaiiotálk -pbeisto^. qué raú engriéndose , y det barqúe^' 
ro del amo, gefe respetado por todos los demás^, por^isér lá-masf 
elevada poáisiori srtcialá qtie puede llegar un barquero. Este abre 
la sesión y« teniendo derecha átísiair de la palabra atttés que nádió; 
Sube sobre ttnti -silla , y dice '^tt aíla y ^iSifíDe voz-^caéaUér^: 
je.^tó^yi''iótó? itftí^'píasa^ list#^, y eligérel primer^ ^puesttf' pata, su 
amo en medio del mas resj^tuctoo siléccioi-^^í'jjKAíéf t;ít^¿^^ 
tót. En seguida pido el barquero dá^' segundo y dice^ por egeinplo 
-— €/ se§on vá a la punía deipuchÜí^úvM eligiendo por su orden 
ha^la que alguno pide tiü puéáftó^ ¿ empábesada que perjudica' á 
los puestos vecrnes p^F estair demasiado aproximado á ellos: alli áú 
acabó él órdenf^ipribftípiatí latf disputáis salpicadas dé lais mais duráis 
y gráficas palabris-,*qüe^íproducen la más eápatótosa 'gritería , 'y 
algunos aFgüniebtos dd hómtííéík i ^Oi* fin ^ suele ré^áblecéi'sÍ3 la 
calma cuándo sé <5ansáb de g^iláí^y elSÍmo ósú ^ barquertidééi^ 
den la contlendáV cuya sentencia: no ^tífre jamás -^réplit^ ni apela- 
ción. Acabada esta escena que dora deíñpre largo rato, se mar- 

9 

cfaan los barqueros á la tiendia ,/ y con repetidas libaciones dé 
aguardiente templan 'éUrdoHe la pagada batalla, y tomad fú'érak 
para ellrabajó del^.-^^Y** bórtlo ,• la' primer idea y háBilidíd 
del baí'qüeriy*es' i^'á la' vela al ptíéálb , íea'él viento de dondé^ quie- 
ra; él trabajo dé réknáfWpésádó' y* aunque éíWiéntó^^éa'^]|)bb(i ó 
málb ', él caso es llegki^ aunque ^séa tarde' , y criiziir él'^ bonancible 
lagofumatido poros qtte pide a"^ aido/ poi'qub él batanero sé oT- 
vida siempre el tabaco , y contando maravillas de la tirada /(íara 
distraer la impaciencü^^ ¿él^sadbrpioAr'lílegarál puesto. Los 'pri- 
meros rayos dé la a:nrOra abriéndose ofíníinó por entre loa fronáb-^ 
sos p)náré!9'de'1S'déhesá''álü[übraA'ta^ blanda^ de'patbs ^é llégSi'n 
ya de sus guaridas nocturnas , y pHÜ^Ipifá lá tíirada^." ' ' '"^ ^ ''' ^ 



900 L08 VALBNGLUI09 f 

La priqíer adverteacia que hace el barquero á su amo e^-^tirer 
los al edil : no eUfasanafráfi (heridos), y 69 que cuando cae ud 
pato herido se aleja del puesto á capuzones y los barqueros üeneQ 
que perseguirlo á fiierza de remos hasta rematarlo de un tijro y co- 
brarlo ^ cuyo trabsúQ muy repetido eu uu dia de tirada, es ferda- 
deramente pesado, ; 

La barca se coloca á dosoieuta^ varas del puerto , y desde /^li 
avisa el barquero con hu.eca y campaQuda foj , el sitio por donde 
entran (os pájaros ,al puesto— r<^/ Palmar..,.. <iel 5a/áf.r;,. pandOi 

ie Sollana...^, tkxa,^ mar y cuando ya entra el liatido á tirq 

avisa con la ala^npnte voz de. . . . • ^^ ^<« 

Si algún pájaro recil^ un tiro pere sigue volando y va ^ caer 
á tres ó cuatrocientas varas del puesto , el barquero debe ir á co- 
blarlo ; pero como su fuerte es la nayegacion á la vela , el y4fqab9 
le hace tomar un romb^ que jno es^ ciü del is^tio donde el pato payó; 
no lo encuéntrala y. de vuelta 4e su cómp(H):ó íAutU paseo,. cpando #j[ 

•I 

cazador le preguqi^ ^i lol^Jt 9PConUra4o> responde muy sérip... vM, 

Todo barquero e^.pescadpp y. ir{ia(»mi^^.eQ Ja 41^^^ ^^\(# 
dias que no son (\e tirada ^ á pes^r de lo^ cinop guardas : . pe^^sita 

muuiciQU pero jamás la x^ompra, ; porquf^ el cüía de tirada pide á s^i 
. amo— i^n grapát de munüiápera remafqr , lo cual da con gusto el 
cazador y siempre liberal en aquél momento, y el barquero la guar- 
dia toda rematando los pájaros heridos con la íUora , que es una 
larjg;a c^Sa armada como un tridente, fingiendo que su escopeta no 
sale, por teper la llave descompuesta , ó el o)do tapado : el caciQ 
es consefvsir 1^ mumclpii , aunque: ife pierdan pájaros. No hsty yi^ 
decir, que la>Qoqü||a , el ving^ , y Iqs cigarros bau de estar a^iifh* 
dantes y bueqos eq, la, . barc;^ , . si. el barquero ha 4^ ^ trabiaj^^ , con 
gusto. . , ... 

, Gonoluida la tirada y de vuelta y^ en. e^ l^aler , i^ de iey qi|e el 
barquero, quede natural Qf:9piet^rio de )os restos del almuerzp y ta- 
bacQ 9 y despjie^ ^e 9g|)f^s9 crecido jornal, tiene taflpitú^g ^df Jk 
gor una fochetaper^ f¡ Qd^erfi, . ,., _ .,^. , , , 



PmTÁBOS POR si MISMOS. 201 

Tal es , dibujado á grandes rasgos , la fisonomía del barquero 
de Catarroja ó Silla , pero ía del barquero del Saler es todavía mas 
especial y característica. Este último no sirve nunca á un cazador 
inteligente , y que le obligue á desempeñar su oficio con la actividad 
necesaria; su barca solo está al servicio de los cazadores novatos, 
de los forasteros , y sobre todo de los ingleses. Esta es la caza que 
mas los distrae. 

Vosotros, los que leáis eslos renglones, y no estéis iniciados en 
los secretos de la Albufera ; huid de los barqueros del Salér ! Por- 
que ellos se burlarán de vuestra lengua y vuestro trago , harán 
suyas vuestras municiones y comida , os depositarán en el puesto 
que encuentren mas próximx) , aunque en él sea mas fácil cazar 
aves del paraíso que patos ; os verán achicharrados por el sol 
mientras ellos duermen i la sombra en el fondo de su barqa, y por 
último , os dejarán en tierra tan llenos de cansancio como de fas- 
tidio , para ir á referir el lance á sus cotripafieros , y réirse jun- 
tos de los que llevan á los cazadores viejos, y que cobran muchí- 
simo menos , trabajando en cambio mucho mas. 

Este es el barquero , tal como le hemos conocido siempre ; tal 
como está sin duda destinado á ser durante muchos siglos. 

Y es que todo hombre reflejaen su corazón , como en su inteli- 
gencia algo déla misiona que secoBsagra, y si el marinero del Oc- 
céano es á pesar de las tormentas, taiksej^iUa y tan rudo hoy como 
en los primeros tiem|:M)s , ¿ qué no sucederá al pobre barquero de 
la Albufera, que no conoce masv tempestades que las de su vida, 
tranquila y sosegada como el lago , teatro un dia de las hazaüas de 
sus padres , y que espera seguirá sirádólo de las de sus hijos? 

Una palabra y concluimos : por mas que la verdad nos haya 
obligado á parecer duros alguna vez con la clase que hemos queri- 
do dar á conocer , debemos dedr que hay w ella honrosas escep- 
cienes , y que entre los barqueros de la AHMifera hemos encontrado 
no solo trabajadores honrados y eompafieros leales » si no lo que es 
mas aun ; amigos fieles y desiiitere8ados««94lMP«n de Cmwtmm» 

Madrid á 11 de Marzo de 1889. ' 26 






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BVBíí 80fl bfib'IOV lil Oiíf) r.,-íf! ■ rn : . .: •;:.•. ■ : :?:!:'; f.'^r' 

-n9üp Rornoíl oup o^üLs ^i í:o) •■-' :.'•.. . • ;. ü'i" ■ ■•; . ; <: >.■ • k)ii :■ 'o 
-qo089 8G80'iíioíI fiüo 09 vfíii • !;;• •¡..'j'm'; ..«.ííííodob , : • .i. *. j. 'í; ' ;.' 
übr/i)no9a9 soniofi /iielíjdíA < i i>\j H'.'iMip..,t; ?.(..í ';'i;:ií.) ' •;». v , ;',{?•. í> 
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.i:)Í!mtií fllriiníí ülíítiipfí oi» 

(iBOíRq 'ibÍvIg¡»i;í:l) ioi) yod nup 

-CÜncí íiti;')! -.BitiG? fil 

üíiniflno' [11 oup ií soJaíi 

'(■')i,'ll(f^:i!liv ii-iii c! uh 
(ivfíijiBa líi'lsilííiimjiL Hí?. 

oiíiiiM'' ni/; b! í; 7 ,»idr:rM'!-ui; 



oazbmÍBy etEv lo ebnob 

iihiüSifE t>^llJY Is {19Írip ti 

ftlnelü fi§fii¡,aoi,,ow«ifoi(i'J 

y la e;nwef4álfW^i: , i&asinss 
slD dar repo«9i<M>ftr(tÍflf»Mdinri 
ae andíttneMatl» Tidfi^ní'iq eb 
tras ol'|iMi9,^B«ty449lil no eih-¡á 
de atgf)^|M(lftl90«b4^d ?bH 
Una loÜK^WSSdAe 05 ófoosv 
sazoMda,$|f(fl)|Mtt)M oMJsqniíg 
de l%M)wbNl).d^MvCj>Miijq lA 
doradMftilMm!f)KltoMbs9Í3 »b 



S04 LOS VALEHGIAKOS 

No asi los ilustres émalos 
de aqaella errante familia, 
que hoy del Guadalviar pasean 
la sacra, fértil orilla. 
Estos si que en venturosa 
edad pulsaron las fibras 
de la lira vagabunda 
sin jamás hallar esquiva 
•á la fortuna voluble. 
Estos si que inmortalizan 
su nombre , y á la alta cumbre 
llegan por senda florida 
pisando escudos por zarzas, 

ymmM m 

fiesta ó zambra^campesina 

donde el vate valenciano 

á quien el vulgo apellida 

Coloquiero , no haga alarde 

de su mu8«^lfejfrtií»JBq ofiB u J^^^í g^ 

Hay 4i»iaflffl*<fri«^ '^fií^v 

del l#ÍJÍW8t3¿ <ri«VtJII«éíanoo \^;¡?^"^^ 



I 



ií-fí 




^íUJ 



centenar , fl<«wspáll48»»9 g' Y "'^^ '-^^' 

parWWil(|í,'IiMly¿i«o'|9i "«fib nía 

de príncl)i«^ Ol (fiiUá)IR#l>"B :»>• 

hecha en fáf^'<te^á>«mMi^» «^inl 

Hay bo(íá«Í9»4i^Hl>á^c«!§iiaÍB 9b 

venció en eKJbeiWr i^iÉPoi «flU 

simpático íMÉMilR>!>V.'it>saosfi8 

Al purf6o^A^<diÍfi^«dsP^ »b 
de ciegá/«to8Íb«^áHe«b6 <oi) 

con gimimiipmkámiiif, así^fi'l 



y no faire<^(Pé^t»8^dl«aififfoi» ^ 
de tan ü«fc»««b«pBlaÍ!» '^ ^^nob 
el popaIaiv(l«'to4bilfc4ii>bfi8(i3q^>t) 
Sin él no^Ulf^fiMUfllStaáSpid as 

ni la MbiiíJut'aí mí nm»^ ¿i^d 

retozona y>h({W(lll^<i "«'dua «'^s^ 
suple bMU«««téétÍ||ttfrl6(i ><: ^ 
en talltt(tiWb^¥ft%ll!IP''obB oup 

labor al stftllMMÉ8#> eup o? 
pirotécni#a»bÍifrfiÍam8n y s[oi 

del gMIÍ#»íl»ilte>)^W|ltiM»<i<>9 

trovado^lÜMH» le'ttillli, <íl ^^tiu' 

n» bien Mega Í<Áái1M&Hlis|<ii'9 
el alcal(IÍ^)iaftt(^(ie8cil|03ilaH »h 

su apeUto tnilMiUitt^fii liáoo s 
con la exhÍ»MStf%HilftÍ8íiMBl eb 
del rico /rMüifiílffAídéi" ?oi «<! 
en pan«É«l«lltiJlHiii><l a» oiou^ig 
En tanto qaeí^H'iiíKMldMI evall 7 
dispon^ WMBPte nmaao'' < »b(r;o(8 
con sábana0ivl<<i&fi «fttlsMvtPo Y 
Penélop» ^I W f fl flBft et> sp,63 noa 
hiló en ttoméltiliMilWwMHiK!^ s J 

de placer , 8ab«Nfkil#l> oíoio^s 
de«iil«lbMbl#(|tHíáÍt«oq en»"» 
parla mUimpíSlfmégmVá noo 
Ya esli l»|^laÍBiifiir«ildlf}i097 is 

todos M^HíiMOtfeiaMilMlMoni oi 
y lieBflÍNiJÍHBi«tltelittílllár8<'63 
y los bombreMttifi éi»0oh (9 
cnizalBtttH>» t'i l l((H W á : ocil'uleiq 
las pBfc iw nf I» éMOiadifdaiioee 



6 «l>kgK»ftilft^9ta|a!fy»-.t.'.'> en v 
donde el e^fütm'hv^, atA o ' 
dispeDsadQr4ff;iftii|i«f:p'r ■.■■r ■-, 
en breiH):de¡|HiC9i6Wti>ofl i > < ;< 
bari eniiprilw «MttfiMM^ c; ui 
Vedle subir «^|«bltdo. s.iox<.i9i 
¿ al balceiKíliilailtItridiAd > !.;ip. 
qneadorq|pMdtttvl9tipiV| no 
en que hli^riwt d ta i m;- 'g xkíüI 
roja y naraiija4»idfftd|aíir;)<M.> liq 
eoDé|||Ai8lll>)Ml9fli«IMm§ !>h 
sobe la,Mg9{||t9í «iMÍ»i!V>bRvoii 
eaaj;4l|f)ipÁra.4.l« fidM ítji<í <tn 
de Helicoffií Mün^IpSAiolG (o 
á cdSr la^MMlMinht oiibqG iü^ 
de lai«i|}(||r}99WRtll(ll4Í7 : r.l ik.-i 
De los or|aM4W!^-f\ o-wi ít>l. 
sigoeie en pQilii)i«imMftfl6q a» 
y lleva p«FM0flll(Í9noHp oJoct n3 
alcalde , roB^|^(riam^floq?í[) 
y nQMIíMKl»l»ff|U^r(!iidi;8 noü 
con capa deifMRfMfnHMoqol'Jaol 
La miillM»A|fqiilte».'í!cI> nb olirf 

agorero d«lÉ«Mir{i;í'. , looiilq uh 
suena po|¡f||^Í9l!t dORiMd» »b 
con br«ieA;fcMI8aipjfti8.9imi nl-iüq 
al TeciiMMli^QlNtoMilQii ólr.o ni 
le inciyMBJMfílasafliWtWafb gofío) 
GallMíllÁllM^ii^glllUMMlBod ( 
el ^ol^dite tílMa^oKiinof! «ol ; 
preludian: bMliblM#Mlllllssui3 
e86aeb«|6fi||flDlb.«i4ei|NMliq asi 



i>im'8ilM>»0IW'nliíilos. 'HSIt 

una tos9fl^il1l^«»l,tfN)uu(n dg in 
voz que étiÍ}fiM>Jc«^níi^'»i(l «3 
á un tiempo fititeí)%il«i»£< l«ivoi 
y boca sin polkífe«'«*«i"""l»'>'Jfi 'fi 
y al ÉmikábQmiikéi'^ Gmii!o»( 
de las TlMAiís't, I^RMb'* «^c! loq 
en alli^Mtli^ds kiStím ''b '^liV. 
de la sangHétatÜ'M#rOBÍi^q«>ii > i'J^ 
Sebastian3(i'd«l'(9áffiílfó>)»>'i> >) <»<J 
ó cualquier el^^Ht&Mf'i}* 'íiíi^íí 
historiaré ^tV^étÉñiléft'^iln') Y 
espeluzna f lídBHpMi^^o -Hiíoqüq 

Tan aia^MifliAWWWlubfliMJp '^í^ 

de la 8opiHiiiW\5títe«rio»^'"J o"l- Y 

el mmioHmiéríélím», . cnu)ei<l "^ 

y en ella gloH»l<8liÉíi^Ü«(I ">< » >» 

ha alcanzad» üNüHflü^^^ K^("n » 

Malibran (^ll! 0«rWf.U"r^«^ Y 
Calla la-To^iKael'ífttaírfceJiouvii 

la po8lrer#'líbtt-Mlhi; aoboi miiíl 
moribuii(li^^n(lél#%«#Í»tfék^JpÍ^o 
la mttcheá8Í(Í)A^#«;^tJÍ, >>>"»"'» 
tose , éééil^, ^ ábJhMIÍtno» >» 
en él su(*í'¿'8fisfe«íilW, «If»^ «" Y 
y otra vtó^fcyi' éWffliítféWr^í'S'^- 
el ColoqfflételifliícpríVp"^^':'''' ' 
¿Qué élHI9M»«iWA'pÍ'''"''" '^ 
el cuello , ítf'dftülHlUfflW^'^ "^'^^ 

eirtorri#<(^^a(l<ní>9fté<>' ""'>'^<'> 
que está d9^¡ka0 f^m^''''" 
halle di8p«RJÍM^IIUdÍ!^da»i" «el v 

y pendientes «ÜÉl4^l^i»i' <:' ¿ 



- id se muewili,lii«|^i^9«o! cnu 
En brevtijiRSM'jriMtito^ oup su/ 
jovial la«M««{f<D}Á«|iu(iinoi: íw ¿ 
al auditorio salii||Mioq ui» c)od ? 
reclama el «il»9^ odbUñMíit le v 
por las fo|M<lf fmmUt Mil 'Ai 
Mas de riftftpM filoblMt^Ü^ifi iiti 
del ampeimifUi^tfm^fus, b\ ob 
^ Del iTOY9iáesiim^mf9si\KiUtAh¿ 
sátira fljaMfflNlWj loiupicuo 6 
y entres»|gUi^|ilMf % Si^hoJaiit 
popular onr.iiD(fmistfc|» eusuioqü» 
de qqÍ«ftdDiinif|)N!M]ffiÍll'>Mii (lüT 
y qne e8Cttcb«iiiUMy^qoa si ob 
su historia, >R#IÉIi(Íl9tloi<'.uíu io 
ora an bÜBtll^^lipioig ^V.o uo / 
ó moza de«»flAgl<^ «besanole bA 
y casqaiviqihám ^^fb m/iúúti\L 

Rieo todos ;ii4ihc|i}NMÍ«ioil8()(| bI 
objetai4AiMfMK8(%$Wiudiiom 

circula ,4f|j^^(tH)M9djuoi si 
el nom]ffift j¡,^ ^ (¡9,^ , eaol 
y no folta,M^^9i|l«t9„g ji, ¿9 

Argos:SrjHl)HV>Alfti1#^/ fiU.) Y 
recatáDdo8|.j9p^9^polo9 lo 

ó reyolv{^|i|i^,g||i|igA, ¿«Qi 
Alto claiBefiífp^pQiBf) , „i!3„3 (9 

al bardo ¡¡jge Ij^n^mgi49%ir,cd 

ladran lo%Mrfp«g^<^iUH«i loin» 

^ocea^j^Hteg ^lÜla^Ab ¿J80 oüp 
y las muger|Dbiipu|(Af^¿,|^ slUii 

á la sonilH^yiBgiib eainsibooq v 



raiTÁDOs poi si HUSOS. 309 

con aguda carcajada 
que á un tiempo ea cbilUdo y risa; 
mientras grave y reposado 
suspende el vale la mimicaí 
los labios cierra , y aguarda . 
que cese la grlleria. 



Ob de Quélo y Santa Pola, 

manos ilustres ; quó días 

de júbilo y de placer 

babois dado á los que habitan 

del Turia la fértil vegal 

Loá ecos de vuestra lira 

aun vibran en los oidos 

de la gente campesinai 

á quien vuestro solo nombre 

desternillaba de m?. 

Émulos de vuestras glorias 

aun hay^ aun el suelo pisan 

del Cid , vagabundos vates 

do gran Ingenio y valia 

que de pámpano y laureles 

tai vez ct>fiir¿n la altiva 

frente un dia , y lo^ umbrales 

pisarán de Nemosina. 

Pero en tanlo vuestros nombreo 

á trompetazos publica 

la fama y eterno aplauso 

os reserva la curtida 

gente qne del turbio Júcar 

y el Guadalviar , fertiliza 

con arado y con esteva 

la dilatada campifia. 

PerecvlM CiMPefo Cmémitu 17 






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fiiíiv/ Ji:-i)i •;' i' ni : ¡ >^ 

f;¡)íliu*) ui i>f\ i"/»^ «"' 
lisiííh.'! /inivií.l.u:: '. v 



«lí CilflJA'/ 80.1 




1 AITMÜ» 

(tülWi TRAIBBSÉlt.f " 

. -h ' "ujj^jjjiyui ir/) i"v ,i-.,' 



meDlii á la Irislo agailoia , designindo á (t^M; |Ia aint q«i)|Á«f«l, 




SI 9 L08 YALBKaAKOlB 

tende. D^^é el qu0 dijo: ¿/et^d^m^j^pr cascabelei eabn^ de va- 
léncianof-ih'díildíél qno-ea- ruincs-asonanoias quiso crear un prover- 
bio, sentando que: en Ycdencia^todo es apariencia;— la carne 
pescado, — el pescado agua; — los hombres mugereSy — las mugeres 
nada, no so han vertido mas que insulsezes, cuyo carácter mas bien 
se resiento de envidia y o.nulacion que do fundada antipatía. Se 
les critica porque comt'n, por ejemplo, cosas que en otras provincias 
sirven do alimenl» á ia^ bestias; como si no se pudiera con mayor 
ra¿()n rolorcor el argumento, esponiendo simp'emonte , que si lus 
val *nciatios comen, v. g. allrauíuces, que en otra^ provincias com*íU 
losbuoyes» lo hacen por un gusto particular, que nada tiene de re- 
pugnante , y además no constituye dicha legumbre su ord.nario 
alimcDlo ; al pa:iO que el pan de bellolas Torma el casi escIu«ivo do 

otros pueblos no ^jlP^^4^^i<|i^/<4f'i^^^>^v9^^^ cual los do- 
ficoilo iu miámapomlzl (B ro^l^HclDciáfy <]ueH0^'te)smos A^^ 
cits se regalan con M)f^^cf^9L ffif H^lJ?^?'^'^ esquisil» y muy 
bien pagada Pero veo qae ti.iq^9ij||¡$t,mas larganionle en ta apología 
de oueslro calumniado país, justificaré hasta cierto punto la preveu;. 
cion con que se le mira. Dejo, pues, en su lugar ventajoso y decentú 
el uso dol altramuz , y voy á ocuparme de so venta y circulacioo* 
>'^- mimbra ^éí'j^iatsié^^nm fese<tñ{n^,¡wím» 
éU-VaféhcVitktu^'á'y^i^Maf 9éf tullii^b'tso ba'es'endi^ 



ifl¥»(e"dd' S^^fll'finíiliM^'líltt^^iíi^íWViiliin^: ios de cjili(%|jí 

tíMÚÍm'mÁQéom%¿\>^km:'í^ aUHimuz se vende seco, 

y^U'<#ií<tlá^<<j^'«Ék^(r;M»^'8<ikl'kéy'tfa ihSonvenlk^;' ira 

dW'\^'fHtí«,d«<'lákaíílilíiiil<».'^°'-''"'c'*-'i ■¡^- '"-' ■'•''• '-^'"i fu 

• 'iSlbtiftfiríf' ífe ¥iípffiMP*4tt« bhttf'tóliá' lé¿üá d<f "VíAencÍav"y' 
dM4'él<;lH1l4 ireK^lte!/i'9B<4;m»cii'éoh'mas'e^DÍc'r6; p^^^ 



dales. Si se ha de creer á algunos, er«Uramtiz il$<)9íeé^eutfidadé8 
higiénicas y digesUvas recomendables, én lértoinos^tuíe haf ^uleii 
lo loma á postres de la comida , para ayudar á IW digeslioft.f > " >V 
El altramuz desílinádo á la ve^ta para el regalo deiíósí^aficlofti^ 
dos /se somete p^éviacñlente á nn remojo para quitadle íláaofíirgAi^i 
y á an largo báfio de agua salada , el cual pen^ttá^é hinclia él<-dU 
tramuz, convierte sit unta pálida primitiva en' uñ* tolor' de^ yémd 
de huevo , .y lo- hace blamlo y tratable ; de suerte que con' un poco 
de destreza en el manojo de la dentadura, ^alta la«ascarilla y el-al^ 
tramüz se comolímpio. La operación deí remojo la repite el áltratílú^ 
cero todos los dias, y á las primeras horas de la maOfañaSllencí ^K-li 
punto la dosis suficiente de altramuces para el calculado despachó Oél 
día. Di'posita luego su mercancia en un doble capazo de palma*, és'dé^ 
cir, un capazo dt^ntro de otro. En una de las dos asas del capazo esté-- 
rior hay cosida y aGanzada una gruesa correa doblada, debimos dos 
dedos de ancha y dos cuartas dé larga, contando el Uóbléz ;'y está 
correa introducida pjr la otra asa cierra él capazo; y pi^rmile lle^ 
varíe á la espalda, cayendo la correa sobVe el hómbrrf- ylíéigiainiiói 
la estremidad á la mano, que lo sostiene. El dó^blcz déiá correa está 
hecho pira introducir por él el brazo, y aliviar de ralo 8h lialó el 
trabajo de la mano. Examinemos ahora el contenido dét ca^á«<r in^ 
terior. Diez ó djce libras dj altramuces preparados, ségütí aVriba se 
ha dicho , ocupan el fond.) , cubiertos coh un lienzo bdriredo tJ^ mo- 
jado pira Impod^r sü U^iocacion , y conservarlos todo rf día en 
un esta.li) de frescura y humedad. Dentro del rñisnjó 'dapa^íó úéaj^li 
casi siempre un rincón un saquitó cou chufas , á las cuáles'se hál^Cí 
sufrir igual operación de remojo; poro comoquiera qub ó'átas sóiii! 
poTiHitli) conocidis fjera* de Valencia, no son acreedoras 'ámctt^- 
cion detenida y especial. Raro es el compra lar qie á los altralhiifcé^ 
no a^r(5ga su puaiJ.to de chufas ,^ues nj falta quien eíicuéhii^ad^ 
mira!)ie al paladir la mjzcla del sabor dulce délas cflilifils con & ' 
sacado de los altramuces. Algunos capazos contienen en su pared 
lalerior una boisita de citeró pergáJa ó coiidii ella, y ürHfirk 



40i^lMo de) f rwliM(# p^nplíarje í(M dia. G^m^etaQ di ajuar nq^ 
billapzafl y Pícaos .ee^cap^fidiealea de )í))ra, medía libra y onzas, laf 
que algww 4(niipteerA9 au^lUM.yen por ))crnjio$as pieifiascalCiáfoas, 
4Ü0 9i9gurw 3er eyjactaiQepto iguales en p^a^ á la^ de bierr^, y que 
hMfp49 r0yi99#9 por el Rep#o , i^ercAim 4ue maguipo se loma el 
trubtyo d» f nbalir ; 9fil com» tampoQo se la jloaa 4e (VHApuls^r la 
)»giiMQMdad d^ p^o ^ reopririf odo ai Trij^al. 

Afji «coqap m el <>||pio i^e terr^r^ , /^^^^^ , mahuero , y Qjlraf 
sflincy v^leí « loa ^iff /9e 4e(JicaQ á elloa &Qp por lo comup QiñQ$ ó j^rr 
70eflP f i^ I9 Píofeiiaa da trmmm iss oríjipañaweple egei-cida par 
geK4e f^fPA^., anpia^o^ y aua qtugi^rjeyjf de avanzada ^^ij. ]^ 
Op(iio^#'^4yéramoSf luna ^sp^ie di9 jubilación 4#1 labrador, ó iiq de/^r 
o{0sp a) «que se b^!)^ ^iDppsjyt)ilitade 4^ ^opof l^r los FUflps k^a|9f} 

P^MT mkvgro , ppps » se pye .#eaar profclao^iulo altraniuc^ u^a 
TfiZ fresQji y jiavenil : i# mayor p;airle son v^oiss aasca(|las que buc^a 
á /iptarpp 49 fnedi^i lagfia , «ii^ qu9 por e$o la inflexión musical 4e 
fUhagf^lWSVia^ iHW#,d(eje 4f A^ro^ar fiarle 4e la escq^la j^ tramufef^ 
par» jlilrapr poBPa;)n|d«res ; y 4iJln9i]^(icero conoz^^ , y p9r cierto bien 
pptn^P 99 4iíi^ I A ^UÁCW fnuot^s pftrroquiaoos dan el Q(wbre de 
<fffqmj«r (ffid (^r<)JW^n) 4iilce) ;á caiisa de la dúlz|ira y ^uayjidad 
4» »H ^Wlft» qpe jmrecQ 4i4ra4 QM^olps Ip esciieba^: ccompra^n^ 
i mí altr^mufv^, jjHu-qifá) Ip? c^Blo íyen.» 

:Pptrf difl; y AQop4e J9 ,mañ2|Aa.^ cojnieivKan á j\ene^rar ep J^ 
«iw4*í(P9r laa pHei*?» 4e I* Tripid?MJi.y Serranos compa^^^ (leaUr^ji^ 
ipilcpFfis, q«9 se 4esparrap\9# por ,t94^ .ella.t llegando ^la jiq^, 
IjjKTiQf 7 iC^ll^jope^ jifta^ rPfcéplrJiQas , ó quizst bqscáQdo)of 900 peer 
íV*»P»*iPWi?/wr allíi 4o^4e .cqpsiíoran ipas prol)able y.2|segura- 
4p HPdp/^paQ^o. AI^UQos, y ^00 I09 iqas, se limUsip á f\n,un^ia^^ 
iqefCiaDfíi^'.f 4ia íf^íir el precúp ; plro^ ya duqbos en el conocir 
niei^Q 4(H carácbír 4e los ca(ppr9doi;os ^ .iquqbos do Iqs Qu^e;$ pre-; 
^peo op Qompríur » preg^plf\r ,pl pi;e^o ry rcga^ci^^ ^^le 



nrsixmtsrm tí msmos. 81fi 

ffák á cmtn eU trmuíétsj (Abott^a si «pM v»ai if cualfif I09 3Hrf4i 

h pelada y fria palabra tramuser con repulgos y peleiflenjgvPM , 4^ 
baé«d^ -reirá 1^$ k^Mftfdsvf tdaá i1áí9 inugo^si^ 1 1^ p(oporei<iDan 
«¿ftsalida^al ¿éddpos qüe<(»iíiafradals nas^^térlas y roriiíaiss oastbéii^ 
Fda4Mr* Eklti'ainiK^eFOieBíai^delodkíBestadoB^s, ptiesto mistna 
cKfiíü (Sff» rútmo que eiüi^i^ienié^ lo msm$ vieóda en Iqí ciudad qaé^ 
QW \ñ buertá, en \ou^péfhrúl$ qm en las^f roccsiones ; al mcm de los 
allrnaiuces fégucQU d^e dia» ]ior lodos> losiámgiildside ta <pQfbi«ek«, 
do la vtígat y de lo» paebfes^oiHiTeeliiqsis Pdr ts» do ies)4»tiaÍ0ü 
qu6 4iay^ quíién se dedique eoo atáaréiiMaciéDí^ al eiilüiroda hd» 
planta^ i(ttd á eilgofios< prod«e# másquaunt miserable jorniíll ói^ctejér^ 
ei^ de eúaiquiera otra^ ]iPofesldiY dé iu qtid jpwáe desráipefiav iidí 
stt^geto de su cHisa. ¥ olaUranHio^co^^ ^ e^no geoerakiieiiteitodosí loá^ 
Téododones qoibulbates , tieab íGlU)i;2á4//a^ te deoir, sai iUnehaiío^ dq 
kisicalles ifpe debo reconii9r>:|t dtoda Ib) ésf^riéodia le demucitrÉ 
que su presencia y su capazo son acogidos con cariño. Y en reeofneÉ 
el iUnorürio y bd la\ Uera ^ iréemc|Ph) ts^taái eiíaüoteíeaflleaüierdnó- 
Hiélro; lo eiial profioroiona ái losqnéi careédn d^ nelq , nm ae^iro; 
poirque basta :oir Ib ^oE^dél tndmtíser. en uBácalla óf en olra,i^a 
qiie los^ veo'mos di^aa con eetteza ( «ahora e^lauDáí ymedia^, . é^ 
ahora s^tnlasdoa^^^^iion donsejc^jUAíMf iai arregb» taita i qdebai»m^ 
QQiipaoioQosvaabQdoiros yadiila]b<mMí:qiteib6láfD4 .^ 

£1 altrdmuctero Viea(i4iaa pr^ikiúttoa^p^^ 
ebos^ Las inoooblesf oriahira^c «Of4^QibiHilfri<(M Vvir^^Qiisitt^bolflHfÉ 
ó eosus mafM^ uo graapuAoditdefáitrai&acebíf cln^^ mlüjahid 
en el nd de Jatbalaftza i h^ mas qmuo parmiied ^yi eato/aml híói 
porcoi&tumbre que poripcnelfíaoioQ , es úmp\eiménih^f(tí9^gitn^ 
oh^; es decir <cquo peía jbienvP lí el allramaceroi^ ríonda socarro^ 
nameóte, les hace yerqud la. ij^alannda^ Ida altramuces^ cae: <dabla 
queia opuesta, y ^l^s jsa yaq cüMencidosj y «ooataotoa. Aliar ^aa 
iRfl3 .YClUa¡Q$a^8[^ e($pof4aeiWiiOuanda en lugar, dar aomprairla pik 
^si4iiWi«í«¿ia«ii)Ha8i ld)eldM uMfbawii 



91fi " , LO» TAICIf CIABI09 

mices ó ebafas; porque entoaces mate la mano en el capazo , y les 
satbfaoe eoa un puSaJj , que pesado en regla no valdría la mitad 
doflo que le dan. . 

\iiv\ siogularídaJ ofrece la venta do altramuces , que no sabemos 
slteiiJrí igualó sem3JaQle ea el catálogo de vendedores de esta 
galería. El altramicoro^ recibe no solo .dinero, sino también hierro 
viejo 6a;6lmbio de allramucesy chulas. El.biorrclo vendo después- 
d'lo cairbia á peso con la regular compensación^, por rejas, azadas, 
legues iyMQtnesin^trumdntiis de labranza. Esto que para él es uu 
ctílculo voitajoso^ no lo es para las casas^donJe hay muchachos tra» 
iHes)i>y aÜcioiiiJos al altra^nuz: los cuales^, sí no se atreven á sisar 
ochavas, tal vez porque no. los hay á. mano , no escrupulizan en S6« 
Questrary áaoer.perdid.za una llave, una cerraja, ó cualqui'^r pe* 
di¿o do hierro vieja ^ yendo presurosos^á ofrecerlo al altramucero, 
qtiién tolooániolo en fin plato de la balanza, iguala el peso con al- 
tramuces, con la legiilidad> acostumbrada , y los despacha cogh 

téntOS-' : í ■'■.■. . - ■■ ■<■■■•■■ .:• - ' .: r" • . ■ . : 

* 

Las fiestas de calle Itaman «speeialmente al /r&mti^er. Dos dia» 
pásalos en el ocio y continua diversión^ y. para los cuales, grandes 
y pequeños , ellos y ellas condensan los atierros do todo el año , de^ 
ben 4}er naturalmoate un venero de ganancias. Aqui , es verdad, 
oomparte el ^Itramucero la inOuencia y la parroquia con el cata^ 
huero, pero aun quedaá ambos un campo harto espacioso enque 
moverse, sin incomodarse: mútnamonle. Si se recorre la calle de 
fiesta, se la veré alfombrada de hojas de naranjo, espadaña, y 
toda dase.de énramaéa fragante y aromálica , que con tanta profu- 
sión brota nuestro hermoso clima * y entremezclada con ella otra 
segunda alfombra de cascaras de altramuz y cacahuate. Sise levantan 
lo» ojos (kl-isuelotpara fijarlos en los risueños vecinos, y risueñas 
y retozona!? vecinas, se los verá em,)leados en continuo ejorciciode 
HKisticÁ'jion j!pi<omovidj por \mtramfisers, quienes confunden sus 
' encordantes voces con las chillonas notas 'de la dulzaina.y* ataba- 
lUl»<(tabalét<f dolsaina}' y todo' redunda en mayoc solemnidad de la 



PISTADOS POR Sf MISMOS. S 1 7 

ficsla , en mayor aligeramienlo de los bolsillos, y en mayor peso 
dul butsillejo de cuero del capazo del tramuser. 

Por coacluir de una rez , y resumir en uno toda la epopeya del 
tramuser , añadiremos , que la música se ba asociado á la gloria de 
su canto, y existe un vals, Ululado dol tramaser, compuesto por 
D. Juan Lestang, profcsDr ele violin de esto toatro , por los aílos de 
1S30 á 33, cuyo tema obligado es el canto que' ordinanamente sirve 
de acompañamiento á aquel, para el anuncio de la mercancía. 

Murece.pues, este lipo pasará la posteridad , ó á lomeóos 
circular por las provincias cootümporáncamenlc, á fin deque ho sepa 
apreciar, y que los censores del uso dol altramuz, tratándose de 
personas, aprendan á comerlo á fuer de bombres de gusto, ó á 
lo monos so abstengan de manejar ol látigo , que muy bien podría, 
por la torpeza ütul que lo empuña , darlo en la cara , y estamparle 
el cardenal, que á otros necia é iojuslamente destinaba. 

PMMOsd Peres r Kedrlcaes. 




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EL HACENDADO YÜLEimNO. 



;;< MSDEBRE, el Jumorlal Qagqerre qit^ con sq invento ¿a 
^1I^!Í^ auQteatadQ fli.nújnero nftda ctscasofle los qu« c^ifinltt 
** ya 00 sus páguws el aigjfi IlX^a becbo un ¿ran 

I serviciná la ciencia y enparlicular álapintura, sacaotlQ 
^con su muquía» Qfl h9 niÍQtiU>,&ÍaitLesdere,tralos« poisages, 
grupos y cuadros. Esto so DMQCiirre en el mpoicnlD en qut 
eoju «4 {HOoel , áli» U pluiDji para piulari » iittjfmrreotipar 
al tipo qiw sLPved» «pigrafo á c!t(e:ariMiilQ , pucsieiuuiieQtro no bsb 
il^ícü /(Miíidod qu« «30 dcsfHbrvpícnlo lieoeifiara.riotxalarunobi' 
jeto, sino esatii&tiultad insuperable que uoa>tatelÍgeDCáa mediuDÍ- 
aima y una nano pqce dio&tpa l*encD para saear el original de un 
ser vario en sus raanifestacioDes ji las mas Tec«s ineumprenúble 
aun hasta parit los que mas. le eonuceo. ^ ^ e. , 

Sin embargo , dctjandq.á un lado Jos escrúfwlee voy á (razar i^ 
grandes rasgos el disefio de el hacendado vaíenciano', i pesar de 
quena lo Ju skio nunoa, ^i ^^f , ai el borifonle me* muestra 
que pued^ serlo ^Iguqi 4i4..]^ntrew#s: ep Q]alorúi,;:¿»ero per dúitde 
empiezo?^ latorroíar^os i nuoslro persooagOj.diáénJQlft .ida 



220 LOS YÁLBKCIAIVOS 

dónde viene, qué es, á dónde vá, cnáles son sus a^piracionesT qné 
es lo que Irala conseguir? En verdad que muchas preguntas de 
estas no tienen respuesta á menos.que no penetremos en el sagrado 
de la intención ó formemos un juicio temerario ú ofensivo. Con todo, 
yo voy á decir lo que sepa , bueno ó malo , agrio ó dulce , alegre 
ó serio , protestando antes do mi buena fé al emitir mi opinión , la 
cual no quisiera se interpretase en otro sentido que en el que 
realmente puede tener cuando se dirige al púbüco; el de la verdad. 

El hacendado valenciano , como lodos los hacendados del mun- 
do , repito que es un ser vario en sus manifestaciones , efecto de 
que cada uno tiene sii orige^ ; (iigi^l sotl |aeéftdad4s pojrqlie sus 
padres y sus abuelos y toda sh ascendencia' lo fueron^ néslos tienen 
el orgullo de la sangre y de los pergamino^s ; otros deben sus rentas 
á su trabajo y éstos tienen el orgullo de habérselas ganado con el ^ 
sudor de su frente ; otros poseen inmensos capitales * gracias á las 
revueltas políticas que han agitado por taDto> tietiipio 4 duestro des* 
dichado pais, y estos tienen ol orgotto de haber salivado á la ¡^m; 
y otros , en Gn deben su fortuna á un azar de la suerte ; llámese- 
bolsa , lotería , especulación mercantil , descubriniienlo de un te- 
soro, etc., etc., y estos solamente tienen el orgullo de ser ricoi. 
Todos ellos á primera vista parece quo se tllstitiguéii » y efectiva- 
mente , cada uno tiene sus rasgos propios y parficulareis ; no obs- 
tante, á la larga los van perdiendo y vienen á confundirse en la elaisex 
aristocrática , entre la cual no hay^ mas diferencia que aristócratW 
con dinero y arlstócraUís sin él. Nosotros, pues/dejando á un ladéi. 
aristocracia y nobleza , vamos á ocoparfios de la baoienda fpero no 
de esa que enredan y enreda á nuestros políticos , que se embrolla' 
mas cada dia y mata los deseos y la vida de tanto ministro y em«- 
picado, sino la de nuestro tipo que es la mas lucrativa, eóoibda 
y regalada. 

El hacendado que podemos llamar par derecho hereiilario\ eá 
regularmente de un pueblo en donde egerce una soberanía ilimiiadti,i 
OKMiimoda, absoluta , casi de derecho di^iM ; e^f oaí «f puéMo i\f 



pnrriDos pob sf ntsBios. ítSül 

á vocos en toda )a comarca ó partido, ün bajá , un mandarín , nii 
reyezuelo que tiene su camarilla, sp palacio , sus aduladores y haita 
su corle; tiene la influencia moraten toda clase de nombramientos 
y elecciones ; ordena y manda á su antojo , y hace cuanto le dá la 
gana, sin temor de que sp oponga nadie á su soberano gusto« 
¿Quién se le ha de oponer si todos van buscando los medios de sa- 
tisfacer sus deseos? ¿Quién se le ha de oponer si su desagrado puede 
hundirles y empobrecerles y su sonrisa puede elevarles y .engran- 
decerles? Temeridad seria y mas que temeridad, locura; qi^rer 
contrariarles y hacerlos la guerra ensü suelo, del que vienen siendo 
propietarios por generaciones y siglos. Después de haber dicho que 
es e\ señor del pueblo, tratamiento que se le concede y se le dá 
respetuosa y humildemente, inútil parece añadir que él es el dipu* 
tado nato por sii distrito, el elegido para representar sus ihterese& 
y los de su pueblo en el seno de la representación nacional y en la 
diputación provincial , y no se le nombra alcalde, y concejal , y 
síndico, y administrador , y recaudador, y con estos todos los car-^ 
gos que hubiese, porque tendría que reproducirse cien veces, tomar 
mil formas , y adquirir una actividad que de ordinario no poseio; 
empero si él no desompefia e^^os destinos por la imposibilidad mate- 
rial que hay en ello, en su lugar los egercen sus paniaguados ó fa- 
voritos. 

Por lo que llevamos dicho, ya se vé la inpuencia y poder qué 
tienen en sus pueblos ; en la capital tienen tamVien su antoriüad é 
importancia. Frecuentan los altos circuios , se rozan con lo roas 
notable que encierra la población , gastan sin medida , pasean en 
carruaje , asisten á toda clase de fiestas que tengan su tinte aristo- 

* 

crético, hablan de todo é intervienen en todo : y por último , sino 
son grandes talentos , son grandi^s personalidades. Este es el hm^' 
cendadií que hemos llamado por derecho hereditario : yeamos al 
que lo es por el derecho de su trabajo. 

Este personage también suele ser de pueblo ; las industrias y 
oficios hoy dia elevan á pocos de ia simple; condición de artesano 



^ ja (le señor: la tierra, o^as productiva qoo la mayor parte de las 
iDdustria3 y mucho mas en este pais, si que presenta ejemplos de 
Astas gloripsas y esliauas trasformacioDCs. £1 padre de Duostra hé* 
roe, por lo regular fue ua hombre trabajador, econón^loQ y prcca^ 
vido;, vistió con hónralos blpcos zaragüelles, y aunque qob lanvuir 
t^cion de fortuna varió la vida , él ounserva sus antiguos hábito» y 
si no vá como antes, viste á la usanza de los labradores ricoa. del 
dia. Su bija , es decir, el bacendado, el eocargadqi de gastar lo feus 
su padre con grandes trabajos economizó , el Upo que nos ocupt^ 
babiendo probado lavida agitada de la capital » cuando su padre 
le mandó para que cursase algunos anos en la universidad, bo 
puede acomodarse á vivir todo el ano en el pueblo y se decide á 
pasar I09 inviernos en el centro de la provincia , en la bermpsa 
Valencia. Su afán de figurar le atrae á ella , y no pierde medio de 
ipostrarse espléndido social, inteligente , y sobre todo rico ; .el que 
DO lo ha sido nunca necesita bacerlo saber á todos , asi como el qii6 
de rico pasa á pobre va procurando siempre ocultarlo. Parq manw 
festar y probar lo crecido de sus rentas, que ordinariamente! ^m 
bastante cortas « tiene palco en el Teatro principal, tartanes desti- 
nada á tomar parle como una de las mil cuentas de ese intermioA- 
ble rosario que se forma en el paseo de h AJamed9 y que taóto^ 
espanta y desanima á los apasionados de las beldades valenciaqa^; 
es miembro, socio ó cofrade de casi todas las corporaciones cien- 
tilícas, industriales y religiosas, y especialmente de kde S. Vicente 
de Paul. Mas, á pesar de todo esto 1 sus aspíraeienes tienen un ^ 
mas alto, un objeto mas elevado , uaa mir^ mas grande, mas di*^ 
latada, mas vasta, ya no se satisface su orgullo con ser rico ó cobí 
la apariencia de serlo , ya no se contenta su vanidad non que le 
den las consideraciones que se le prestan á un hombre deimpor-» 
tancia ó de significación política ; quiere algo mas , y este algo es 
salir diputado. Esta es la ilusión de su vida, la esf^eranza <k 
sas sueños , el termino de su carrera , la gloria de sus dias , su 
titulo de nobleza. Esto que no podremos llamar virtudes , ni vióot,^ 



pmTAftoS'Wft^^MiSliés. ííflr 

ciMiJálHufeta los príncipalo^ rasaos de sa villa; ahora sin di?s(;éiftléh & 
su trda ÍDiima , ique cada tttid tierto lia $uya, vamos á delinear li- 
geramente otros rasgos que te caracterizaD por completo. 

El hacendüdo valeÁciátioy como bijo de este pab que tifem 
siempre un aire libio para arrullarle, una atmósfera pérfbtbftda 
para adormecorle j un cielo azul para sonreirle, un campo iniáeifátt 
pora perderse^ 4ina naturaleza rica y fecunda paira vaitagloriiarsid dé 
baber visto por primera tez la luz én su seno , tibnde por iostfbto á 
la pereza, bija clásica de los sucios meridionales. No préitndéisí^ 
bdeer una virtud de lo que el catecismo califica cota' el nondyré dé 
pecado mortal > pero séanos Hcito ésctisar nuestra fáltá dé düi^ 
gencia por el clima y situación topográfica dé nuestra poblacibtt. 
No dejarán de tachar algunos de infundada esta razón, íübíÍ' 
los que tal crean, solo les rogaremos que visiten en la étífcántá^ 
dora primavera los mil pneblocillos qtíé desde lo alto del Mignelete 
se <Us tinguen €omo nidos do 'pájaros y que matizan esa sábana, verde 
qne so cstiende de^ un eslremo á't)tró del borizo&te , desde loa 
pies del elevado nmnto basta las* oÜHas del espumost) tnar. Y si ífo 
que en la estación del verano sé acerqueé á esas playas^ cúya^^brtf* 
sada arena qu^na tos >iesv cuyo fuerie sol tuesta la^ maños if 
cuyo viento cnoendido escalda las mogilla^, seca la lengua y aboga 
la respiración , y digan siál llegará la alquería, oasis de esa tierra, 
si tendrán fuerzas para trabajar con afán constante, con celo incaá- 
sable. Seguro que no; «1 sol del Mediodía tiene un filtro sin duda 
que lo envenena todo; tanto aroma, tanta luz /tanta flor y lantio 
taa be!lo adormecen el cucrpa, y el alma parece que se escapa ton 
tanta mirada , tanto beso, tanta sonrisa ; tanta lágrima, tanto sus- 
piro. La tierra que los bijois dcL desierto pisaron un dia jamás será 
otra cosa que lo que la naturaleza quiere que sea, jardín 4éEk-^ 
paña , paraíso popdido del moro > ti^asonto dd cielo/ Por eso sus 
bijos so resicQteo de esa indolencia cfm es el carácter distintivo dé 
nuestros antepasadas; pero to obstante i, boy día ba dismlDuidé 
mucho , gracias al movimienlQ regenerador del mundo. Como con* 



934 LÓ8 YALENCIAKOS 

socuoDcia de lo que llevamos es;iQesto , otra de lias cualidades que 
dislioguco al hacendado , es la de inleresarse eo todo lo couccr- 
Bieote á su patria. Si es tao bella ¿cómo no la ba de amar? ¿cómo 
ha dú ser posible que la olvide? ¿cómo no la ba de tener siempre 
presente eo su imaginación? Imposible es que la olvide como es im- 
posible quo se olvido el recuerdo del primer amor, las últimas pa- 
labras de un moribundo, los consejos de nuestro padre, las tiernas 
caricias de la que nos dio el ser. El bacendado valenciano podrá 
ausentarse por algún tiempo de su tierra, pero , por Gn vendrá á 
descansar al seno de su familia , vendrá á buscar la ¡mz en una de 
esas alegres casitas ocultas bajo las copas do los árboles , saturadas* 
de perfumes y perdidas entre bosques de rosales y naranjos y ven- 
ará á cerrar sus ojos al suelo que le vio nacer , que le recibirá en 
su .lecbo de flores. 

Este es el hacendado valenciano ; si, el original no se recono- 
ciese en esta copia bocha , no con máquina ni pincel , sino á pluma, 
le ruego que me dispense : y si acaso se creyese retratado, enton- 
ces no le pido nada ; me quedo satisfecho y me doy la enhorabuena. 
Sin efaibargo, creo imposible que se pueda pintar fielmente á esto 
tU)o , porque para ello seria preciso clasificarlo en mil órdenes; 
tantas como ellos son ; y boy dia con mucho mas motivo cuando la 
desaniortizacion , las sociedades de crédito , las acciones de núnas, 
ferro-carriles , etc. liacen variar el estado social de casi todos los 
individuos. No se crea por esto que nosotros sentimos que se opere 
este movimiento , no ; cuando se trasforman las cosas es porque 
cambian las ideas y éstas en su revolución constante y perpetua 
van esplicaodo la verdadera fórmula del progreso. Pero esto ya no 
hace referencia al valenciano en particular , sino al hacendado eo 
general. 

Concluyamos ; este mal retrato solo puede llevar una mala firma 
al pié ; el tipo hecho está : ahi arriba le tenéis ; ahora si quercii 
saber el nombre del que lo ba ejecutado mlá. 




PnrVAÍK>S:POSi JSf^ HflSUOS. 






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ODO pasa: el tiempo borra las huellas de lo 

aqUguo ,CQD la «pUmafacilidad que el mate- 

mjál^ unaroperacipu algebraica escrita eu 

la pizarra, jj d ^, .a. 

Del acontecimiento de ayer «pen^a qu^da 

, mempriaíboy-, .: , , 

, :Y^n embarga, entre el ayer y el boy bay 

algo invisible, misterioso, que los une y 

eiDcad^na. Es la lay de la atracción universal 

lo quevpriQduce es*e resultado, 6 es que todo 

dimana; dO; un pria^ipio eterno , fijo , invaría 

ble , origen de toda$ las aosas bumanas? ,, ^ 

Si llainárau)os á la filosofiaen nuestra ayuda» materia habría 

sobrada para séria^ y prorunda3 ¡rcfleslp^e^. Pero la indagación de 

la verdad filosófica lleyari» muy allá nu(!9tro corneüdo ^ «y. abora ep- 

29 




r<:<j»<; «4(1 



99S tíos T^ 

preciso caminar 'á la ligera , es decir, -An ^qu{pa|[e, como el sol- 
dado, como el comisionista, con el mostruario debajo del brazo. 

Esto , al menos, ahorra tiempo y espücaciones en la exhibición 
del personage que ofrecemos en el gran barato social de nuestras 
costumbres. 

Nos asalta una duda sin embargo. 

El personage que ramos á retratar ¿es un tipo de actualidad, 
idvo , perenne , existente , ó es una trasformacion , un derivado ile 
lo que rué? 

' ¿Invocaremos al artista para que nos preste su pincel, ó lo 
delinearemos de nuestra cuenta y riesgo, prescindiendo del parecido, 
considerándolo únicamente como otro de los individuos de la grao 
familia humana? 

Fuerza es ser ^IJ&lifftdb éh h toCsAlon p^iMIente , por mas que 
no hayamos podido comprender basta de ahora las escelencias de 
esta escuela. 

Ventajas de la teología , un distingo nos saca del apuro. 

El palleler de ayer ya no es el de hoy. No le busquéis porque 
lio existe. 

fiecorred las calMs'f plazas, iiacteduba escursion por los alre- 
dedores de está dudad'que 'tob poetas llaman de las flores, porque 
sin duda su inspiración es primaveral, y encontrareis deil un boiw 
ron nada mas. 

El tiempo ha hecho de este <sér social lo que un espositor dd 
cuadros fantasmagóriobs'; loíba desleído hasta conseguir una com- 
pleta trasfiguracion. 

Necesaríiimenie hemos de hacer una tevista retrospectiva , y 
aun cuando retroceder no sea de nuestro agrado, la circunstancia 
especial de este trabajo nosÜMpensa. 

£1 palliter del pasado era un 'tipo; los que hoy le han >reettr* 
plazado noílogan á ser ni un trasunto: son una mala copia. 

Aquel era la personificación gráfica j genuina , ene 1ü6a't;t)tti«^ 
pleta desu sor (isleo ^ moral é intelectual, consecueBcih lógloa 4í 



PrnTABOSi Ma St IIB8M0S. 9fi7 

sttiraza, di^ st exíatmieía; im dm hay<, im derivada iiieompleto, 
ioeuclo , abif^rvaiük). 

£1 [xritnero. tenia puresa dj8b raza ; sns sueesorefl son mestizos» 
El origíDal , el verdadero tipo , tipo de pura sang , egcrcio sa 
industria coa orgullo», con íadependenmai , hiasla coii altüvez , decia 
Qomo el filosofo, omnia mea,. mact0», pa$tío> TodO' me lo debo á nd 
misn^o. U\ iodusilria met perlenei^^ sojr el avaro qiue codicia el 
despiírarro deli. rico y los desperdicios' de) po^re, porque e» mis 
manos surrea, uoa trasformacíM «fempletíi. Egerzoi el comercia 
caiQO en los ti^po^ príimti^os : diesQonozeoí el papel moneda > re^ 
lizo mia existencias sin necesidad de ea^ agiente ÍAleirmedio que 
llaman dinerm» y adquiero por un pu9ada de aztilfo, desde el cris- 
tal de Venecia que refleja la hermiisiAra de «ma eaccipetacta se&ora, 
basta el vidrie de «na vasijsi, rota poír iaa freimntes Ubaciene& de 
wia orgia. 

Su oficio era un ofidio meiíAdo ,. era «n modo^ de vivin que na 
daba de vivir como decia larra» y que m emb^rge^ vivía , no con 
holgura, pero sí con esoasez «eqn resignación, eo«o fivdeft nues- 
tros dias el sor s^aU candeoadot pwr los. adelant^si ^.h industria 
á ocupar una gran parte de su existencia en un trabajo^ qi% por 1q 
insignificante y Quecánieo. w fmedie darle lo SiDQQÍQi4e para Qjybrir 
todas sus necesidades. 

Su vida m^ wmá»^ ludio nmnt^i^ I4 ii^n«(9«iAA pasada, 
oreeia y se ip^ltipbcabí eft callea y ptoias. sin olvidar «us visitas en 
ciertos dias del mes y en oiwUa M^WK M 9f^ W ^^^ alrededores 

de U ciudad y pfw los pueblw do w deüiQi^aft vega- 

Del serón que pésima » «w ea|)#b}M>i9iM(Mba los abanicos y pa* 
juelas que ofregia per algunos paf4« 4^ m^^ ^lfd^« que iban á 
poder de algún feoReudop para IfasCoíffinajrlos en iwmwt <i por pe- 
dazos de vidrio y cristal que se fiMilÍPA d9i AtM^Of 

Jlodest^ ea su» «spirael^ei ,, |(jí#, ¡lUeligepcig )imi|i^da, y poco 
seDwble al agH\jon4»l4A ps»|o|iy$9f «f^ "m^^^m 9^0M!#f^ra qy^ el 



S38 LOS VALERIANOS 

por poco precio refrescaba sus Tauces con el tinto del pais , corro- 
borante que le animaba á volver á emprender su correrla , prego- 
gonando el cambio de abanicos y pajuelas, por vidrios y zapatos 
viejos. 

' Oposicionista nato de criadas y mugeres de artesanos pobr^^ 
sostiene luchas heroicas en sus ajustes , y acaba las mas de las 
veces por dejarles como recuerdo , en compensación de stf 
buena fé , el romance de algún bandido ejecutado a&os há, ó al- 
gunas endechas de brocha gorda , que una musa hambrienta y cor^ 
rompida daba á la estampa con las licencias necesarias, en celebri- 
dad del arrepentimiento de una moza que por sus malas pasiones y 
torpe vida habia vendido, su alma al d.ablo, y enoomendáudosoJála 
Virgen del Rosario se habia ido al cielo ,en derechura. ' 

Fuera del presupuesto social , eiste personage ejercía su mnW- 
tiplicada industria sin percances, sin licencia, lo que es m^as', sin' 
matricula; ese fae dimite Ae cootribtfy ente, qué da basta repre- 
sentación y voto en nuestros dias. < : 

Pero los adelantos de la época han operado una tnisformacion 
radical en este tipo; La división del trabajo le ha robado parte de - 
su comercio. ' "^ * . . 

La invención de los fósforos casi ha venido^^ á suprimir su ^repre- 
sentación. • ' ' ^ < '-' •' 

Las traperías han monopolizado las éompras de alpargatáis de 
cáfiamo , papel viejo y trapos que antes solía cambiar por pajuelas 
si el negocio le pro))orcionaba utilidades. 

Y hoy por miserable que sea una familia , sieüipre tie!ie^próvi#i' 
ta la cocina de su correspondiente' caja de fósforo^. 

Ha trasmitido , pues , ^u herencia ; no ásus hijos V sinio á últi\ 
generación nueva , adolescente , que égeróe esta industria ; éonicí; 
primer paso de su educación futura. . , u , ;m.i:) 

Con efecto ,' no es ya él hotiibre que llegaba á In vejez ;' e(;er- 
ciendo siempre un mismo oficio; hoy es una niña/ joven , que mii^ 
chas veces cubre sus fonb^s' con harapos, ^ cuyokUstinlivoMtiáfio^ 



PmTAMfS ton 8f MISMOS. líSS 

terístico es él pañuelo do algodón :átni^dros:azul6dv'4^é'e«if i forma 
de locaocolla su cabera * muchas veces calvia. - » • »^ •'^' 

Hoy ha empezado ya la degeneración de este ser v-bb^ysesieñti^ti- 
yalos efectos de una metafmorfóMsv la trasrfguracion,'^pf<]i)jianienle 
dicha; do esta crisálida: viviente, que crece' y se desarrolla , dejando 
plaza á los quince anos ée edad>á ot^as níBas q^e la's^istituyeni > i 

Hoy al Hlánlropo debe preocuparle ^et estudio dé estas briatnrag» 
desgraciadas que, empezandO'su ¿iciktenéi^'dn medio det^barnd^ó 
y de la abyección suelen entraba un hospicio á llorar los<estravibs!' 
de la vida en la primavera ddsns dias^. -^ ■ • 'i ' 

Pulula por calles y plazas esa Tamilia errable pregnBMdd 6Qn> 
voz chillona el cambio de zápalóS^vi&jos po^((as<^(ÍkaMdai$^p9júelas 
qué apenas se conocen > hoy én la ii^ócitta dé tas casaid; ^^ ciiyt)^ ifso 
y aplicación nías frecueMe os hervir de combiislibleá. lá'idescüklada 
maritornes que, medio soñolienta y restregánd'ise<ilos'^ü}oís> taa 
equivocado la borü éíñ qué* tía 'dé' servir él elró^btato á'^'ama 
que la atormenta con süs gritos',' y á su éspoáóqué'tiíá'éDíi'peiÉtide^'á 
leer el diario sin tener delante el ^bróso^sok^uiusco'ccyii^él cói^res^ 
pendiente vaso de agiia. • • . íími. i. > 

¡Cuánta infelicidad no reúne la vida de esad crlsiluraá' ab^^bctás- 
arrojadas al mundo €omó 'gótás de ftgoá corrompida en el^riátklino 
mar de la esperanza! - * - .i i ■ / ? i 

Solas y sin amparo, fluctúan Mn^ cesar etttre^éí'^áti^áfUvo^dé 
una ganaíncia mayor, i^frecida por un bnboD,ió (ag^tílósiná'Wtí qup 
suele brindarle él vendedor ide cacahuate , \9í carábüserwi'é^h^tí'^ 
noUera\ nmcos resíauratÉls que conoce, y cuyas pr<^visiúifies^ 
de su agrado. • ' * '« ;• {; i ;';í ; . . <; ,| 

Aquí, ó en los áilioádéride sé c6l(icati éstos vendedores, se 
para á entablar conversaciétí, 'dando ciieeta^de las gariiídéias obteni- 
das durante su correriaf «jpie suelen- pasar dé bus manos é tá' del 
vendedor, terminando su viage en la puertffdei cuartel , é^erintfe 
que un tambor 1^ diga cualcoj^oj^os y l^ofrezca, de buena volun- 
tad, el pan que le ha sobrado, y algunos cuartos por afiadidura. 



Cdrt^ead tr«6ba quedblM recorrer ya¡; dMiCMartel á<l«ita«* 
bernas y bodegones sttnado& oq la« af rabale» de: U ciadad , U di»** 
taaoia es c^ta. 

Ha llegado ^ pues , al tórmina de sa viago. 

Esfyera que al loque de ofaoion aouQoie q»e se vai á cerrar lan 
puerlaa. La distaoe'ka, la pláliea sabrosa oso süw. Iwmon amigo» y^ 
el requerir de amores del tambor ó del ^etopano» qiue ecbáedollBi de 
rumbón ,» sa la ba s^plaotado , la baeen oomprander fA Uumpo |üiv 
dida , y !as canUdadea negalivaa qud lleva ci^sig^. 

Se desespera, pero una m^o generosa lasaba d* apiuros en 
aquel trance de prueba. 

Calcula, medita , .abarca con una mirada todo cuanto, la r^de», 
y ochando cuentos se decide por aceptar los afectos del cbAvail (\w 
la aligera del peso y la ayuda á soportar cía détól carga qm «abre 
sus hombros pesa.» 

Desde esto momento se observa una reaeciao. ^ ella , ae l« k» 
qon maa Crecuoicia en sitios solitarioa , descansa las horas de sol;^^ 
sobre el banca de algún paseo , se {amiliari^ mas con tan buenos 
companeros, y acaba pior devolver con un brlndia el cordial saludft 
de un nuevo huésped. 

Decunos, acaba : no; baoe alto para do^i^iaraa dft sx» ^ispñÑK 
y renunciar á las incomodidades y privaciones do^ nna vida V^le^ifi 
acarreada disgustos y sinsabores. 

Algún tiempo después suele aparecer d4 ouairo en el Uia(rt d4 
gran mundo , Raro ocupando nn lugar quo ana oompaAovaa k f^ 
vidian porque sin duda ignoran que ciertas galas que oataota son 4 
producto de una vida licenciosa y corrompida. 

Tal ea en esqueleto el sor social %\jí^ aun existe entre nqaotros, 
y que asi como el primoro ba desapareado en m copiunlio^ .d»b^ 
esperarse qno de sus sucofioraa »a. quede luee que U wenPl^ 
dentro do algutto^ ailoa. 

VrMictoeo r «l|S y FMiewa* 

\ 



vmfíOfM Mh «í liíMíios. 



■riái 



m 



j .- f . 



M BEVEMIEDOM. 



j[>aDlir ^ iy me ^poneii h plania ^en la mano , j 
asB pírte» no artiovAo j eMv «&> ll 'dot^ia^o 
oinoide U» iM itipog que de «enM efsa vai^la 
multiUid^e ^9l«ca(D. La idea^ifd InaportuM si 
iaa háVv q Y;Ihí de aer en eslíe tnotneMo preéi- 
aaQii9(itrxiüdndo beide-bosqtveJariBilifyal Aoih 
'.qu«i.,isí é\m ae milrai, «a ea el fN^M*, qcre 
digamoa. HidUl 4i^ y yb iUüttca "^fanl^iéBemoa 
deperdetnosde Hrisla ^ naAdíto«el «bnleiqueitendria bai^er una e(»>- 
pU)6uaflUo!babium8rd)B estaría iloüasiibraafazilBz d «prighial y 
yo* iP<ef o habiendo de 'salkr de ^Valenuia y 'podiendo aer mi pmpgA^ 
oadoD iooria ó ouay larga ^ iel aaonto'varia 4la asiteofo, «ytÜolAgii 








2^ LOS ¥AUINCIAiV08 : 

mirado, no me disgusta ya lanío el pensamiento de tomar unos 
•puntes de cualquier viviente de los que hormiguean á mi vista en 
la populosa Valencia. En nuestra naturaleza abundan tales caprichos 
y tales peripecias ; un sitio , una muger , un objeto cualquiera, ja- 
más nos parecen tan bellos como cuando les damos un <rá Dios». 
No sé qué encantos nos guardan todas las cosas para esos momen- 
tos solemnes de la separación : ¡ qué variedad de rasgos basta en- 
toncos desconocidos descubrimos en ellas 1 Toda mi vida babia 
permanecido en Valencia , y únicamente al tiempo de emprender 
un viaje senti una vez deseos de conocer el célebre tribunal del 
agua , porque hasta entonces no me hablan ponderado su origina- 
lidad y mérito , ó bien porque hasta entonces , si me lo hablan pon- 
derado no me habla fijado en ello. Algo de eso mismo me sucede 
ahora. Hace bien el editor en proponerme que escriba : venga la 
pluma : hasta ahora no me habla ocurrido que la revendedora del 
mercado tiene rasgM c^raetef ktko9 1 jffc^iarqi» (jtel pais. Andando 
el tiempo ¿qu&< sbíí %^ qw W Válén^&Mos ien^ como ahora , y 
no pierda una gran parte de w xirigínalldad ? El Terro-carril y el 
puerto estendiendo nuestras relaciones , llevan trazas de borrar 
nuestro carácter provincial No hay otro pueblo como jol nuestro 
que con, taota faeilidsid abdique sus gustos y costunibres para to- 
mar los.dei primero que Uoga ,' y si bien nada e6-este mundo náfeé 
p;ira permanecer estacionario y. conservar por mucho tiempo nfiií 
ipi^ma manera de. ¡ser ^ la volubilidad de nue^trof paisaMs, lle^ 
auna exageración (que no trato de oensurar) esta cond^ion nálQr 
r^l de toido Jo que' subsiste de tt^jas abajo. 1.a náttílraleza^a dotade 
al val^ocianOíCon este .objeto ; do felices disposiciones , que le hpr 
con apreailercon suma facilidad lai lenguas eslraQaséidentifiqarsf 
con los uscls establecidos en todo pais que él visita: de lo enalte- 
nomos egemplos en las principales poblaciones de EspaBa y aun 
en algunas del estranjóro/ En Madrid hay barrios poblados 'comt 
pletaroo9teide>valbnoianqs: hay. indiisti ias^i^n cuya espldtacion'^fio 
interviene, nadie mñ €^d;i6ÍfoS';i:piiíes .bien:, <4>id sus diálogosMJii 



PmTADOS POR S( MISMOS. S35 

mismo dejo y entonacioo , los mismos modismos y cuanto coDlñ- 
boye á caracterizar y dar colorido al leoguage del pueblo indígena 
de Madrid , adverlireis en el lenguage del valenciano aclimatado; 
id á Barcelona , otro tanto respecUvaniente podremos decir ; id 
á A.ndalucia, igual. En Marsella , en Argel, donde hay mucbisí* 
mos, los Talencianos se conrunden con. los naturales de la iocalU 
dad donde se han establecido. Consecuente en esto la naturaleza, 
los ha dotado de una organización á propósito para aprenderlo todo 
con rapidez , si bien les ha negado la obstinación que hace profun- 
dos á los pensadores en una eschisiva materia. Lasarles de imi« 
tadon ^ las bellas artes, son sus estudios favoritos, en cuyo cultivo ' 
han honrado mucho á su patria y en el cual saben apoderarse del 
efecto de la naturaleza con una exactitud asombrosa. 

Ved, pues, comb no ofendo á mis paisanos diciendo qué cons- 
tituimos el pueblo Toliíble por escelencia. Si Gjamos para corrobo- 
rar lo dicho , nuestra consideración en ' el dialecto del pais , adver- 
tiremos que nuestra lengua , rica en su origen , ^in dejo ninguno 
que haga intransigente el hábito de su pronunciación con cualquie- 
ra otra lengua, ha ido tomando tantas palabras del castellano^, que 
teniendo un mismo punto de partida que el catalán , apenas se pue- 
de creer hoy al ver su'notable diferencia ;" tanto se altei^na su 
uso con el de un castellano medianamente castizo: No tema el cas- 
tellano viejo que no se le comprenda en nuestra ciudad como ha- 
brá sucedido tal vez en otro tiempo : aqui se entiende y se habla 
bien la lengua nacional aun por las clases mas intimas y desprovis- 
tas de instrucción. Viniendo después á nuestros bailes tradicionales, 
á los cantares provinciales , como son en sus respectivas Incalida-^ 
áes las habas verdes , las manchegas \ el m to , la jola y y como 
era aqui no hace muchos aíiós la cháquera vella y otros , ya no 
los busque el curioso en los alegres alboroques déla gente del pue- 
blo , por(|ue si alguna vez salo á ver els verenars que se celebran 
orilla del río y en nuestra camplfia , oirá después de terminada la 

paella , cantar á uno desús cóhsudildóres una^ playeras acampa** 

30 



236 LOS TALCIf CTAIV08 ^ ' 

un interés tal , que al aik) el capital viene á dar un cuatrocientos 
ó quinientos por ciento , pues ese es nuestro tipo , la revendedora 
en gordo, la comerciante al por mayor , que sacrilica^á su berma^ 
na la revendedora pobre. Muger incansable , va al porlal á esperar 
á los labradores, con quienes ajusta la carga que traen , antes que 
lleguen al mercado y la traslada á su casa, sita en alguna de las 
calles contiguas á éste , desde donde va aquella á surtir en pequer 
fias porciones los innumerables puestos de las vendedoras al detall. 
Concluida la venta del dia , nuestra protagonista acude á los diferen-* 
tes puestos que la deben, á cobrar de sus deudoras , lo cual con- 
sigue , gracias mucbas veces á su buen método , en gue entran 
por mucbo insinuaciones manuales é intt^rpelaciones de cierto gé- 
nero : cuando no , ella compra , vende , ajusta, fia , cobra ; en fin, 
ella hace todo cuanto se ofrece m el negocio que lleva entre ma- 
nos , dejando cosas do otra importancia al dominio del mando:,:Y 
probando una vez mas que eu estaüerra las miígeres son mas.ao-: 
uvas que los hombrea. 

La otra revendedora, de que llevamos bocha mención , la pobre 
victima sacrificada al monopolio y á la ambición de su colega ^es 
la que, contando con mucho menos capital, tiene que vivir á la somt- 
bra de la anterior y en quien la falta de numerario determina una ' 
diferencia notable de costumbres. Eg^ta, apegada como un hongo á: 
su puesto , nunca se menea del mismo ; todos los dias permaneoijo 
en su sitio desde el amanecer hasta la hora ten que realiza todoiell 
género, ó hasta la noche muchas veces: as! es que eístamuger^iá. 
semejanza de los perros que viven encadenados» tieoO:UniCaráctQr{« 
sumamente irascible , y: apenas hay parroquiano que no lamerei^ca 
una espresion afable si hace indicación de comprar y no comprai ó- 
por cualquier otro motivo, . •. . . . 

Esta pobre mugersó preservado los rayos del sol con unajgruer^ 
sa lona ; sostiene animadísimos diálogos de parada á parada con ísqs/ 
companeras en sus ratDs de buen humor y abandona rarísimas «ve* ! 
ees su puesto, para alguna diligencia muy precisa tan solo» y - de<f-. - 



PimáB0S-^P6A d Milcos. fgSf 

j^n4o en sq< lugar uQa persona lan inUm^ como alguni,|Hja%]yye 6m 

Esta que es 1^ ¡revendedora á quien con.n^as frecuencia se . oyó 
vocear en, las acaloradas 4i3putas de la plaza,, queaeidisiinguepor 
su traje deterioradisimo , ésia cuya imagen espeluznaclatV bapapien*^ 
ta se po9 representa siempre que olmos mentarla \LEk repmdjtdQta^ 
es la que* pos provee direclamenle de lechugas, cebollar, ^jo3t pe- 
regil y otras menudencias , para cuyo C4)meroio:no.se^^ . necesita .la 
fortuna de un //o^/cAi/d. Especie de fiera sin domesticará quien ^er 
mos todos Irs días como enjaulada entre canastos^ idei bernias. y cebor 
lias , ^ele ver exasperados sus instintos feroces pojp e^ oeibople dfr 
sucios y malignos arrapiezos, conocidos en otr^ tiempo ^oQ' el slg* 
nificalivo ík6m\iVQÚ% canbnehes delmercaL, los cpales, CDeoiendo 
sin educación ninguna, empiezan por robar yerdurasi.y llegauíi ocf 
el tiempo á terminar honrosas carreras. »• ? íi í .- i¡ h ; rnc» 

iPero no vayáis á creer por lo que Hoyo dlic^o q.ue(it0dO)lo>qiB6 
hay en nuestro mercado son harpías y desiDéleDadasrfuríaai^.BO 
creáis que entre las vendedoras no se encuentra también género 
muy apetecible; hay por el contrario jnuchachas de ojos espresivos 
capaces de hacer olvidar la compra á un santo, si un santo fuese á 
comprar; hay una figuerá cuya gracia ba merecido los honores do 
ser aludida por plumas distinguidas en ;)ape/e«;7¿6/tco«. Venid, con- 
migo, sinó^ le^tores^ ]l pasar emosrevlsta á tanta jovenclta qu 
muy bien pud. eramos calificar de bocaío di cardinale , si ios cardo- 
nales pudieran en realidad gustar bocados tan esquisitos. (.legué- 
monos hacia el mercado nuevo y asi como quien Inspecciona las 
naranjas levantemos la visual hasta las labradoras que las venden, 
tan frescas como sus frutas, trasplantadas aun con el rocío de la 
maQana desde nuestra vega á nuestro mercado ; y viendo esto, no 
sabremos qué alabar mas , si la fertilidad de nuestros campos ó la 
buena suerte de nuestros campesinos. 

Empero , creo , lector, que se me hace tarde y el tren me es- 
pera : me voy : el boceto queda trazado. Si cuando vuelva algún 



iia á VMMida> 4» Meuontre á mi \\p6 Inli^gt» ^ t\ «oft lel ti^^fNi 
vcitkos un (lia su4Uiiidis las oscuras y m:i! vonliladas casas db II 
(^allo c)e IteMtriiila r San GH y la Muela, iliindo hoy ^e alfnt»htbiiar 
tos, palatai, nabos y otnis arliculos coine^Uliles que smlcti el üicr* 
eadü , ¡m \\tú\A^ y espae'rosos almacenes; y los libros de etiitradaí 
y 'dafl\}k>on ilcmúo boy bace constar hi revendedoria laü (> «rtífla^ que 
negocia €00 riayas y olr^^s islgnos convencionales , iMciigibliBfii para 
étlas^ta , ^por «legamos libios rayados; cuondti el l«ng<i^je de la 
reActiüiedora itíz mas im\M y rraje nnis asoMú, y tengaolos' 
meh;ad:)s a^n>tech^:^ de cristal como SQf^Jo en otf^s parle^í; cuan«* 
do , 'én 4in , Mein H los porros Cim looj^nitas ; 'entóneos ediaróU 
idáia ábreoslas r^yas, y dichoso yo si por ellas puedo venir en , 
récudrxtoxlo lo qu3 es b.)y la revendedoM Jel mercado. ¥ isi ot 
foo ho wdo lan torpe que por lo que lle^>o trazado no alomo á ro'^ 
cjnocer á nuestra heroina , roo haré la cuenta del pintar qiíe 4etísii 
€« solo con barbáis, San Antón» ó la de aquel chico qiit decfia á 
compaQoro el acólito 

canda, repica ¿ sontos, 

fcerán máncbogas, 

7 « no lo repkas 
boleras^» 



'P«4ro 'ilTái^ 



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EL MIEBO. 

( Vcii4jQcl.oir dci iqQ)c5ts.) 



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I. 







Y llegar i stt mnÍHti!Oi j /. 

Oiecbb gonie da^-pem. ' 

Quo asi necesaite luQon . j 
DccisuHi'eti tacabiOfa u . * 
T* «D cA pdcbo Oiiielia fá« 

Poro rnta &, y di^itiioft. / 
Ha J0 alesaraii aíE>iiM^ .o) ' 
Quo grita flor luüa^ftrteiíf 
CocAí4 y mi^ coM^^ (í)- 

•I. • » ' {.ií 

(1) Cocots y tído . cabaPeroi: ^,^f (^ j^fUo.cgn V(A el cocotero pregona su mer- 
caocia. Se llama rocdf'áunaespecede empanada de pe>cado que Ik'oe la forma de una 
Dodia luna: en las iUUi dalaa pabteleria» ie V«|eueiiila bavIiUa con el profáuo üomb.e de 
poétil di peuad». 



V 



340 tos vALmrcuif M ' 

Dicen que lucha el ministro 
Con díHcullades cien 
Para lleyar adelante 
Las empresas dé interés; 

Pero el pobre cocotero 
¿Tiene poco que correr 
Para llenar el estómago, 
Que es una empresa también? 

Y aquel puede ,hacer contratas; 

«itelm!? Tí' 

Mf WPl M WQírtlesLl J 
Cocéis y vi , caballers^ 
^J^ftres>^él cóéoíVrt»>í»- ^ 
Derrama doquiera el bien; 
Dá de comer al hambriento, 
T al sediento (}e beber. 

Tranquila está su conciencia 
Con s« honrado proceder, < ^ . 

Y eo sus snéüLOS ^deeicaasados ^^ *: 
AparicTiones DO vé. : ' ( 

ffijo del pueblo 'Seilcfttié, 
Donde «está» el >puebk) ostft' él; ^^ 
GrilaTido' congos sonora:'}^' 
Cocótsft%;oabaÜert: o^"^- 

Dejadle paso ; ieetores/^ 
Que el' hombre tiene quÜ hacer 

Y con la cesta y la bota ¿ '! 
Embarazado ise vé. 

í^ejadle paso ; én la fti^sta 
Hay muchos con hambre y sed, 

Y calcula el cocotero 
Los coc¿/^ que vá á vender. < .* * ib^sa 

Ya se aleja presuroso, 



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\3\^x\ 



VKtlifóA^ TO* SÍ ütHikos. vñ 

Ya tfplériaS* isé aléaríia á vé?; 

Oácdls y "»<';' mbáfíM: ' ' 



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Cuand^iet sol desciende á plomo 

Y iriysefifUdos alupátí' ' • 

Y dálMíias'dÚbié) barce «émbolo; 
G^m^á la» dos dé'ilalíU'dB 

En cpktfiesrviaYOfe^á'brieh^Hio, 

Y Vateh(Jifirferri^íH««Wnl«, ' 

Cruza '>^Wtés»>y jrtat»»'^ 
Con eiííhs«íMd'y ábdfbtrf • ' 
Una'multf^odalégt'é' ^ 
Qoétdd'iibiiiblá'dfite QU'sofoco« 

Coitétt umttia's f (6bt!h»8^, 
ltlái^ád'«g«fé0 loÉ^ mMdiC* ^ 
LaflMfr4«»nffiál$'<*)ii^»il > - 
'>M atatíof asf, *e 'áfná ój*!^ ' ^ > 

FleGftMt<'sfl# ién¡f^to»>pMM)i 

Y se inodMbdátt'>ISI9 ttUJUHHÍ/ 
Q^e<'sé^!b(<i)iMéM)'>FlMi)poco. 

ÜOíf fi*fite««fetépMíe''- 

Y aiHh*iBB<4a>t)6ccl'd« loáoK, 

Y va||>(^ 1^ aire réeiibiMi: " *^ 

31 



ílí' 



^ JLOS YALSKCUlKOS 

lA los (oros, áloalorosl - 

I^ varias JoOfiUdadcs . 
De la pla^ , poco á poco 
Se van llenando do gente 
Que habla y gríla por los codos. 

Allí aparece el romántico 
Tratando de rcmplos góticos, 
Con un imberbe politizo, 
De t5erebf(f paco -sóllllb;'- 

ahí la saotona mistcia 
Que i^e diviértele íocógnito 
Coa ua capitán .dei húsaro;» r 
Muy pedante y muy estólido; 

, AIU está la niña, pálida 
,Quequiere qazar ua.'próginio; . 
4>lIÍ!ol , altivo, ajristócraia ,.;, 

Y eA.p^^Pítes atónito;, i 
. Ai^ ^ en í^i;, ^plcQcoíerfi ; 

J^^rcp; so sacerdocio . 

Y sendos, trago?» 4^; tQQStp. . 
,;:¿Doa muger MdQsmayA? 
Coqqtero , víqq. proQl,Q. 
¿Sjici^ler 119 inglés., qn yabij^? 
ün íftfií*, por, S,., AbIqíW^: ; 

¿Su&« ,uo. at^ou.e 4e iner.Ttos 
la^esposado CapriQomio? 
Puej|,uB ^Qc^y un i)upa 4rago, 
Cop esfi se ciirft lodPv r 

-r¿Q^ó t^i sp: porta, eL.Qspada? 
—Muy bien; p está muerto el toro 
-rrjVlepga un trago ^ cocoterQ, 
A la íSAlttd dQ espjtnoLp. ^ 



•»<• 
*» 



rasTÁbos'^óá si 'húéíos. étS 

' ■ ^¿CoB iité, pérfida i 'fflé oMdatf 
— Déjariidv'^iii» éiiés'^iijr tóDlo. 
¿Y ftts 'p^ótía^k , lúgtitia ' 
¡Yálgamé'IHos qoé Vólóniol 

No, nó(,'i¿tf'V6lm^-Íobt): ' 
Cacolori)-; cÁcAtél^i'i" '=• '' 
Dame vino tjae me ahogo. 

Y el cocotero solicito 
Satisfccbos dc^ft^ á todos 

Y si arreglji^dos di^pntai 
Promíiv^é^ tí^o^ éh)al¡fotM. 

Porque el vino en el verano 
S(PÍ«be i ibs'oÉÉéoís'^HAto 

Y olcócdr i(H«é& W gtsiatés' 
'QMi ei^'llébiátívo del láoiilo' 

Nii^Mro tiéróé lodo' Id tUra 
Coíi r« '(»ildiÉi dtí'te te¿o, 
¥ áMHfíe jáWlU «bH4>ttili|ibro 
Tienefánéa Wflid«ófor ' - 

N&dfi*iftipóKÉ 111 eoMter» 
Qoo ÚM ifiütí» ítíÁt-mi toro. 
oXJóo áUd»'^ eadi)»ié¡l'«lii)íflttleo, 
Qné^éii d6' ptip% nñ 'ptli|||lmo. 

QoS'sHVbil'iál pl^sldéitte; 

'^l<>:(ré ál'bái^i» Üfi' «ÓDeo, 
Qdo é^dáñelB'ttiiiiyiiái" ' 
'BÍtfpMldá^dvbiNñr'íódil.'^^ f 

1^68^611^. 'bééMb Üiidtif (ódo; 
Para lái'déliUlift'ieiimiiét "^ 

- Está éi^f ml'ié^:' ' > 



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S^ m^U) ^^lieyi^ ^ su luido, 
X teroüuada 1^ ^esla .. 

;plQOCol.ero ,y^^ ;. 

1^0X9 la c^la ea eí^l^^^mbro, 

Yá3if.,lad9 vi( labp^, ^ 

Desocupada jdp^ ^ostp. ^ ^^ 



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\.^ «onpiM de iifi muraúi|t|o 
<>4<^a el ma^riao ^ c^tp-/ 

r., \^ Jíu/iMes ^e .^a^eesyK : > 
r.-,0pn-Hq,movu»'»^pto b)9q<lo/ 

O lig(?p«s eoiwo A^^^ ,,T 

$if jaezan pqrel.fWpaciHK 
.v.(;rpiar,4í,*ela.JaUi»;. .0 
^„JPff»|,pQscatlpr.* coioiq tt» p^^o 

C4^,.WP#|sp ^etpfin?nQ,: 

¥ eQlf^,|4s,AgMa9 y «IrucíWo 
L^,|^rf5M5af,(te lí|í5,^vs. 

En^(;<«Of,:<>»^,í}#!f»«W.< (■»;<! 

La gWM'?<yH!'} ¥>H«»íí^ o'H •! 
Bmjpa»f>%{Uttvíftfo5íí|o^fato. 



N f 



^m. 



.i 



GasijuBtos ym JÜ hoiM^ <i I 
Pue8^ aunque (d^jiéAditMlMoy 
No -aé 6i ie&t¿6> reparados/ 

Siempf9]i^bs0r,iW;al69peftó(ralo, 
'Quti á |q4^. toa gusi^f 'trar A 
Flaquezas de sus hermanos. 
Y hay pullas y chauzonetas 

Y equívocos .eiíligmáticos 

Y hay misteriosas historias 

yj hayr l»jist> oteiifQai fan^ístiAi^ 
Un hombre lo escucha todo, 

,;I^tfídQif6i meátefftiíA)^ 
Callad<^<}o«io udttBtúpldoi'i^'. 
Imp«(»bli como :MtSibi«;<; 

Qu^yi á veaddrr^íilQfl btifios 
Coa U oenUi «a» ^ajcabezai » 
rYíOPQ tft hola mh maM.r 

^ (C«m4 w kw teroa.; *t •» 
La pravíd^ncía de. cuaoffs 
Para vítm! iiec6f»itaii*,H ^.^^ : ) 
Uo inQ^piíilfo wbef9iif^fi; .^ ^ 
AsUgrlífloa 68)éíin«8O0¿r ;.' 
En tutus e«r0bpo8.1;tegidd«8, 

. lia., berzas ¿JMfiiqiittofir; 

Y bw& aufAoi i. Jf«{ |íoip¿«iI|d1o8. 

.^0 |ajt|^ pQftjHoJÍAaUírdílbl/í 
Porqnejie pi«6(j»idei«1»<yo, 

Y )pif)9lQas,Ji9kyik.iii)| faN#Í4t« 

.i>C#fl<f9 «I lGw««sidtr4p Moho 



SI6 LOS VALBlfCIáKOS 

El otofio Tá afmnciapdo 
Las barracas w destroym 
T q«da el mar sdilario. 

T Mloncies rt eocotero ' 
Queda pMsalivo un nto 
' T «e «eamlMi después 
A etrt pMe eoD sis bártriñ. 



i • 



IV, 



^ ú ittú M |MiiimR»« 



i^\^Mw üv TMiec% ^ ^ sHOe 

«a wS aHMws^ UHNSiP^ voree? 

^ te fM^K ttn IllM^ 
^\7a% ilMilMe lif$ iffviiteiSsis 
^ MIS <ÍNt$i9hfi te «A^tee? 

Cl i»itií»riie te ^¿tai)%, 

Hk^ uní WNifis^lMéKi^. 

í^winipuB te "ifwipwwtiiiiia 



*J 



PESIADOS POR si MISMOS. 247 

Esto , sino es económico, 
Una gran ventaja tiene; 
Que UD bumbre so acueste sano 

Y un cólico le dispicrte. ^ 
Pero eslas son quisicosas 

Que el cocotero no entiende; 
Despacha su mercancía 
¥ ¿n nada mas se entromete. 
Él vá vendiendo salud, 

Y si veneno se vuelve. 

La culpa está en el estómago 
Que dijerirlo no puede. 

Callen , pues, los detractores 
Que en su contra se revuelven, 
Callen, porque el cocotero 
Limpia la conciencia tiene. 



V. 

No hay broma , lance ridiculo, 
Porral ó Gesta de calle, 
En que al punto no so halle 
El héroe de nuestro articulo. 

Trabajador sin igual, 

Con la bota y con la cesta. 

Desempeña en toda Gesta 

Un papel muy principal. 

Pero mas de él no reGero, 
Que fuera no conclgir 

Empeñarse en escribir 

Las glorias del cocotero. 

Rafael Bl 



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|S^^^<^^^ ; . «rÍT¿ft«: «(if scfior w Miolrodiiddo 0B ni 

si do cilu longo gana. 
. ., .| Jp,vo ^^ DO pu^ qnoil^c f»i ; yo voy á 
mWls(r]f)í|e.Dp m, áepattiH^r o* RUñ^ ?» Pooer.i 
. j99fr4Y>r(^;e^{ts«$awlo Jop ípciiiv^s K vere- 
mos «i cfto Uíij, (¡aAi^i Ji,l>o^íia|lfM v.Ift bftni m«fl# »i *9¥r edir-. 
iw.y en ü^ «ous^i^pi^ gf» |jif y^á ¿, mú#if^ « o{ia pailp. ^» pasa 
do castaño oscuro ; pues con molormo \^^■.^ íMlih !■}>> fl^l'kf^W. 

m 

en mi casa , es forzarme á que lo tuque, y ya ha PM«*lai(l4 1>»~ 

3S 




250 LOS VALENGIAIVOS 

DiQeslo mi rotuoSa; negativa, ■ mi fprmal protesta , mi.*, vamos; 
ya lo he dicho ^^no quiero locar el violón á sabiendas .que bastante 
lo tocaré ignorándolo : y abi es un grano de anís; hoy dia que tan. 
en boga está el hacer sentir los desacordes sonidos de este desco- 
munal instrumento , iré yo á jugar col fuego ; yo, que bo necesito 
mas que cojer la pluma, cuando se mé'convierte en arco y como 
consecuencia precisa creo estar trazando renglones y resultan ras- 
gados y altisonantes berridos ¿qué no será , pues, si me propongo 
escribir al porta violons ? Claro está que el tipo traerá su volumi- 
noso apéndice para que yo toque el láolon. 

Además ¿qué he de decir yo ? Que hay en Valencia uno ó dos 
hombres que llevan este pequeBuelo inslrumentito allá donde se !es 
manda y punto final. 

— Pues amigo mió , está ya anunciado en los periódicos que us- 
ted és el encargado de escribir el tipo que nos ocupa y no hay mas 
remedio que cumplir la palabra. ^ 

He ahi él argiamn|l|p PllViyd^^ ^l'ff #||t^'* V^ ^^^^ ^^^ V^^ 

le miro á la carvCmiilo JÍJI%|W mimuiiyim ri4blrda al majis- 

ter de primeras letras en ocafiiaajdA jepasarme una lección que no 

sabia. 

— Pues corriente , le contesto yo , escribiré lo que sepa y pueda 

tdC'ttiriilttcrrii p&í-Wi^im^grmi 6\6"mésém , eti^(mig9raáf^. 
éi^céám phrtá'^'Mm^ne--'mii9it\ dttgkr'bdn su jestupeo^ cHls^ 

medida de su deseo. •«'"'■n "^"a! ""'J "'» *« ? V^ ' éé^ 

hWbú^\dé-mHibk^i»i''iiti^mmom tUb'-dlIdl'tp^onsideraba liprés- 
peéláf ci p8mmé)^9 ^tb'^tte'^^Vai«a6fe se hace de ello Jio 

'-Á^tlPétú cáll^ll U\P KottttitW'^tae 'Mciji! M 'mW^iW^Hé '^ iiW 
dt)liv>»cÍd,«¿liWtejf aildíl' '>"i''*'J'''íi ""•' «'""i •• "•'"■'^" 'Mt:\>M> ob 

~''''Md'á(/éilrétt'ft é)l ^y. i i^"!'"^ ^' ^^^9 ^ oani;r;ul n') , híwj ini no 

SE 



— Oiga Vd. buenlioinbfiOi; ¿es,yí*jeí §vfts^ ocupa eniHevar s*- 
riba y abajo los violones? > ¡,. : / ..... 

—Yo no los llevo arrifcjKjyrjabíijft* ím loiíjiftvq ji Jji^ ¡gle^i^s ^ 
teatros. .íd; i? ♦-•. :•,> '¡"¡■■•.'r- - 

—Pues bie<i , e^ pr^ctss^Bjieptj^ «Srla'gueypi quería, pr^qt||r á 

usted.. :!MÍ!;!« ..{;, i--;: 7 •¡■■>'»i, -m; mm 'Kníífa.fi !': íl-lf^ '■ /, . t; / ~ 

—Y bien ¿qué se lp'Pfr^e.*,jY4j?. < <• hi ;, >/ (, l, m; . ; Y->- 

—Se me ofrece una duda acerca del mA^P^ftíTiyár (í<>f:Vdw m^:^ 
¡Nunca se lo hubiera dicho! Se quedó comv ||f;^J<saQ alma<;>n — 
ErecUvamenle , coniieso que anduve poco acerl#i(l%^(-!eljmodP-jde 
intorrogatl6>vf^íj »;) ^^í-íüi.. 'i-.'ífO; /'.Ifii.'^^i /; .1»'/ -.rCíj íy-- 

—Pues á mUiCQi^testiélí papaiigL 8V>Mcfeuwaci^ se.nnej)fce- 
ceniQgUika;. ;Y .echando á.aadar te, l^ve^qw/ílQ^ooeriao^dí^^ 

—Y si yo le gratificara á yíl,,3ifcííwbPÍp6]ai^e9tíapQr<Jte-w 
gunas Boliciaí qwí.te pedtíró i i^wm V4:«Mfam^^ o! ríf» <!~~ 

— Vamos diga Vd. pues lo que desea saber , porque tefi^^piñda^y 
para mi el tiempo es oro. ^níiJr/il o! oimv> ? «iwj Y;^— 

que cualquiera le creerá un mentecato , me ha d^dí^^li^ile^iKMkid^ 
la cuil ti^y*á apn0^eohariM4' i/pio oL o;^'» --> h i» -,.1)7 .yt.Hp;]— 
-r-Pues^ si el tieeipo <e» otOi]^jf!íf¡j^y^»ií^ Vd. 

tan inrmctuosamiioteriii j»o oíoup^ndc^ iiniui ^9í:tíík)}hy*^imlpf^m 
dondefilemaoddft?^.!! v. muí. Jj/ .>o¡|j oinó-j Y ^^ .oJnonjKj-v.'.!';*^- 

— Porque con ello gano mi subsistencia y no me creo en ^\i[)98a 
de exijin mas ánü-destinou v/o^aI oni ?*y)'\y ¿ ^ip-ioq riionl í.íi >" 

-^jCttánto: leipastn ál MkwpoB/ltoMí.y^ra^BiTOitíiÍQiQlii? in-í a; ü 
—Nueve cuartos, y si es viüloncheioj\iú«atoí^ ycBOee^. .r iof,; ^^i 
—¿Y cuántos violones llevará VVdtoativoi^^uiíÉimQnleidlfí^elf;— 
-^Q^é sé 7é;'ií|iB08 ffiumiiifm^i4tttádiÍ0o4nmliéiti^^^ 
tantas de la noche, mientras que he tenido &i2íáfkimeKkotím¿inb nú 
he hecho mas viaje que (fecrol lúMonchblbjrtniíi u ímdut.i ¡'/!-_ 
/í^f.diga \irii^to$^MiaíARSgubki$h Ih ,/¡ljfI. vf,i¡ o/!— 
— Guando descubren al Sefior por la mañana. .u ¿ liiúiid£3 



I V 



1 1 • í J • 






9B9 leu* tALUKCIMlM 

<- ¿ T YU. ^oHd feir^é^ i oto (yrdf¿íisür ¿ á muabtfá t 

—A lodos. 

—¿Y cuairtos cor.tftibaJ<ís baíf eá Váicncia t i . 

— Como unos (loco. 

— ¿ T les d()Kt>C6 Vd. por al^irsr Mfla fyán dUti Agtiii log f 

— Yo doy al yiolón el nombro dol profesor y asi mo entiendo. 

—Y los profesores ¿qué tal se píeí^lan ótfi^ Vd;t ''^ 

— Bien y mal; de [odd bay; • )..':.• 

— Pueis ¿ cómo ari t ^* ' = y 

—Los de \Vípaeílé..:r '♦ 

— No pase Vd. adelanto. ¿Quiénes son los de hpaelM 

--«Los déla paella bou la soecim áe mküeh^ ({Minea en lo ínas 
rumboso, eottió son leaiy49s, grandes tíá^drrok, an fin én todo tqaa^ 
l!a en qne olljtfai « to» maa (ri»A)^dMc i < • 

—De modo qüb I«9 padKmfos llaoiar la aiilaiba^aeia' del atla^ 

-*-Si8eñot. • -:=•= ^"^ . ■ ' '■.:x .• . 

— ^¿Y eslos cómo le tratan ? ' ^; íis ■ . :; 

'^Bieii'M óiíaMO'á c^e^aM ap#«i«ranie1lew Ul' arqucMi iMera 
ó-ra«dtaortflíeslhv- 'ii ■'<«• «-^ •«'■:■ w.- .-r ¡. v.t^-" .-,',: p ■•. :..m 

—Espere Vd., ¿qué es eso de orquesMyífflMMdís'erqucsIa? • ! 
--Si é90i^qua^taiiM>dáltovaM]tfáinya4rtt€is yisi <M«8ediá, dos; y ^o 
en el ptimét* tiáfio nue^ tiilírt«a'y (bq «k se^undd coaiwy asfcídíoü 
' — Perfectamente. ¿Y cómo dice Vd. que le tratatld aeoeioin üe<h 

—Si no fuera porque á veces me bacen ii^^dd iilngsna gralili^iKñodi 
á avisar á Im cadiautaa^f^airaieatá ófaqudllá fancóws^tpodm aervlr- 
les mejor (jét é lo$ gisíipríllera¿:> • i - j' > 

— ¿t qtiiSneá sdüikHi'ifaeprlMeiloá? i- -■ ) ^ 

— L<Mi gueirrlikr«M4o»4osi«isteos'qtt0ivatti íoa-pueMoa y qie-las 
be de servir á eseaflei i ••"?•'■. -r! '" .'-;'•' .■ .'.-^r.^r: '■; -sIj.-í .; 

— ¿Pero también ganará Vdü mutjha mztít »;? . t, • .;;»: « r ^•., 

—No hay duda, si elilta»Íoff én^él^fiEaoie^|a;iIf•^;ai;es^(al^ 

GabaQal S rs. .?.:«»/".• •■ j»^ -",,; jon^r f- i;- ,'i"i;"l' ni (I. ,:•";' 



^Ho modo q^e {aromos ctoeif' iftto pw fiittdi» lort decEsla&cia 
lo pagan áVit4ttt)a pÉtóeía. 

—Es sogiin : hay pueblos mas \éjfm§ f pü^n miíkói. 

— ¿Qué rufícioér0cii^daY^¿ habci^^anaild Wíisf ' 

-^¡Olil cuamla |«s funeraficis do D. Tornad Br¿<^«'ftfi á HiirViá^ 
dro, mo di^^foii SO i^^í En lo (({00 v^^slglol»' dldo «1 dift^ 
mejor 1)0 locado la quirra. > ; 

— ¿Etito quová desighf? • • ,- 

— ¡Qli! si el si^ t)aisado ya teiria ya C8l« oficio/ 

— ¿V Vd. quóosy casadd'vTwida^iíllorttít m ^ .' n 



•Nada dooso^ 



'ii;: 



■ t » 



— '¿ Pues quó oi Vd.t ' ? «•' ':''í 

— Porla-viülons. ' .I >;» 

—Do manora 'qtto lio téttiónda Vd. hijos , do podri legáHés su 

oficio. ' • '^'''' 

-¿Porqué? ■ ' ' ' i .w¡j 

—Porque así los llovar¿ y* f>4í* rtlaí. 
—¿Pero y á la muerte do Vd. entooccst '"^ ^ * ' 

— Cuando yo muera ya se ha finado el' Mtrtrdo. '^ 

^¿ Y dl^gü Vd:', cttMdd >á fuciti «áfgüdo ton cl fíoM Id f^rá 

mueho? ■' ■■■■ ' '^' ■ ' '^ ' •■■"■•* "^ '^'-¿.;''' 

—Vaya si pMá V caúMyqriAf haftim qn^tiéné dos iftbhMfíúták 
de pb^o , péf d yo mto pát^ en lihlas tas« ermitas <|ite iie& ráHH^i f 
hago estádon sorbtdfvd^itto de vil trago un careo (í}zaiMmo{t6t^ 
xas pafaYosistlr hiaiita ei térmim del via^. Haiy ,dias (fué' ffió ga^tn 
todo lo que gano eú cTóiift y roiquüléíei. 

—¿Y que es eso del dMfitf •' 

^Do^ chavos db tígOSirdlMito* y una tosqttHteU. • ^ 

¿Qué diaí son íos^[fe(H»esJ>ara Vd.t '- 

' ' ■ ' !■ .',7 M i; •.,, ■•• ••:, ;. :• II ■ -.i i I.. '■ ••(( J 

(1) QHrtiU». ' ,njü ,,>„■) i;nij 



cargado coo el violóo y si hace ponieole porque rain[Mí4a8 /ouerdasf 
y levaDla laa.tepw.ítel wotrabajo. j i « , : : . a<: : .: 

— ¿T cuando se b&iri9ínpeáydi.,q«iéB/reBpoiKleé^ ello? 

.'^Yi^mOil&og(him^/ií>h\ig^oií. diaad^ >86¿ron^etfaAguDo que ^ 
lk»if[aElq)á!XQ!QppiMiry< bflQieodp gratis cuantos vÜsúe^iaeM necesarf) 

riOS. ,1- -x'. :» • ni./, ;«»! -r '.< r'i 

— ¿T le ha sucedido áVd. rompérsele alguno I pol^po^aiSo9^ 
— Siseüor, unarirotiba'á Alg^Mosiy como^bal^^llovidd estaba 
resbaladizo el piso, y ¿uandei Diosí kx qutoo ine> Cin rodfndó, cbj^ el 
violón desde un margen bastante allí» hasta un foso) yi tuve^que 
recojer en un capazo lo que fue contrabajo ;> (ao) hepho afitlUas 
quedó. í>.íu;\. . , i>*i — 

nTrSftffie.|gnf7^,que,|a , pulpa <1q e$^|^^f(5ín<}ey^í(iftdfíaíi Iwiís- 
taciones repetidas que haría Yd. por adorará Baco. .•: :t) 

— No me descuidé, pero yo debía dar la culpa al piso p9rqja^,efecr- 
tivamente estaba resbaladizo. '-^n-w^^i., 

— ¿Y su oficio también tien%,»ooníjríjrio«?, r; rjM j,, , :.i «j^.. 

—Vaya si los tiene. o,.,.,. .. w. j, .|r.;.-.^ m •• -^ ' • S; — 

— ¡Hombre l¿será,ft«í})War.|,» ,..,.: ,././ i^nuifM). .Ihi.",:' • 
r^í;^ priDfljftr^.lpgaf filo» 3Bfiri$J?in^3,,p()jpqi|(} spQ taní egois^as^v que 

cuando voy á llevar el violón , he de formar un cuadro de b^pifCift 

4e la.igl^ia<P(ai^MíOrqui^ y'jWm^iy<>y^^^^ *HPdp j[ewlar 
4p6w^,|o*opesi%^s. bancos, y Jpilwgf>'.áir^fraj»,; .Q^mo^^l mo^^. 

m9^*i!^^fM^h^f9^^^ mí.como ^^^s,pac(rg|5uaacttM^^, y de.fiihí c¡}\fn 
si|siíppr^^stjíi|ios,0!PímOi,9) gatoy(^e! perfo. Adfim^A |ps saicf:lít^qi;s 
son malos para todo el quevW.PQ|>rí^y;yp^P.V'ü?sgrs(fÍLa IPjB9y.,,i^ 
—¿Con qué tan egoístas sontos sacrislfiao^^: .»,,,,;, í» { -• 
—Cómo que así q|iiQippuo|)iyft; Ijiíujjjclpn,,,!^ e^ Wr^me 9^(ígap 
á sacar atriles y violones pata qqe/l^» ]d^J9^f),.pp^{pa;¥;(.ipai(8dif(^^y 
de allí que me lo vaya llevando bajo mi responsabilidad , para evi- 
tarles la incomodidad de esperar "a que" me lo vaya "llevando tras 
una cosa, otra. **.Mmj kí\ 



piniuffloKtvBB'St ioinos. iWSü 

—Los chiquillos y los perros; que los primernQimtBtKieaff álpe^ 
dradas cuaDiloTioy car^d» yBO'puedo áefeadeTtoe ¡"fUaiM^ua^ 
,dospor<que»a'duda seíasuslahatyeriiie ooo'él «rmatosteá laci- 
beza, ma ladrea' y^^siguea haHfa<'faacerine'>a{Krs)glÉ«a"f«z i'^poC 
cruzárseme .por entré lak>ipierims euaDdo Iv^cbrmDdo:^ fffro'itt 
oias acéníoK^Gsiilrario fe e3i!aii'C(^p«fiepodei(£tioi.> ' ' ■- .v.i< . 

,i— ¿PuesyipOrjqUÓ?!:! líii.lN.iJ, . >■ ■ ■';) -^i-:-.'!;:.!''- <;:'---U\ 

'—Pm^u» éa>dos<podMH8 fiwel^vnií^otro: mt' qné a(te -janUfi- 
mo», sii|sab^él'p(H'íia¿')oS'do8 desfiamau Tenir'^'las maoOS'''^ 
darnos de cdebetei hasla^ncbaíriws las -nañoasl "Por fenuna eofoft 
vamos cofl las iDaao«'OCtt|)adas'para''8osÍeDe»i:el^j»iol()D v-evitamíM 

m^ CbnUatiempO?. í ;í-,L.ii.ÍiiIí- ■■.■■<.q . '.'i.rii;,!G fltlrLi.;- .1' !;í":i;.] 

— ¡Mala pesie de cbiqoillos y perros!! .•■h íÚ ■>■■. i-'--. 

—¿Con qW'ÍÍ»fl^feífVdí''níMP*' 

— S: hombre, le deseo á Vd. mejor estrella y un porvenir mas pa- 
cíGco y tranquilo. 

~No me fallará Dios mediante un-bospicio para concluir mis dias 
cuando ya no tenga fuerzas para cargar con los violones. 

—Sí, es verdad : algo es algo. Tume Vd, , toque hoy la] gutiro i 
mi salud y le quodo agradccilo por^ amabilulad. 

Y despidiéndome de mj ponla-violcm^ , mo diriji á mi casa don- 
de intranquilo y aflijiJu osoribl tuila la cüovGrsacioo que no pudo 
menos deafectarme Vista lu^'tsie oonsQCucncia que se desprende 
de un relato que prueba la'btleH^^niloIe de esle ser desgraciado, 
que Iras una vida de perro» y caminando eternamente cual otro ju- 
dio errante con el doble peso del violón , toda su esperanza la cifra 
en que para terminar tan azarosa existencia le den asilo en no hos- 
picio. Peos-ibamos escribir un tipo coronado de diai de tal , y la 
fatalidad ha querido que negras y manchadas nubes , viniesoo á 
empaOar tan bella ilusión. 

El porta vioiont es una pajina de gloria , un recuerdo perenne 
de lo amante que es el valenciano de condldon humilde de pro- 



^HS ' ■'■ 1M TALBH aun» 

porclonarse un modu» vicendi, Cuaque bicB podria BcepUrte por 
aBtíte«ii4sU propuuciini. 

Ponaigaemos, puei ((ue Hte ser euysánloa ventaja en ol moado, 
en quQ ipoaarda llerar siompra ^ violón, á Isdas parles, cobj 
pofln^nes aGrtaar quo muca lo loca , mionlras oíros que jamás lo 
Mffvant por sa dosdiclia lo UMan con muclia frccueMi» ,. es acrce^ 
dor . no solo á ouulpa oaaMiieraúen , si no á li de: que d go- 
bierno estableciese una casa ó departamento,, que montado sin 
j^^w -baalo , y ú eon mejores coadtutoMi iqu*tos hospfáos or- 
diOíHWM» sirviese: de morada á los seres floagraciailA que como 
me^w. pvía^olant tras ua3 viUi ajilad^i r ILcaaidc aaiarguras, 
j:flflia(iui fiua fati0asihaM« «kndOiiM ps dado esperas.^ pon|HoJoire- 
pugna la clausura absoluta, poca salubridad f pepdn abmimto ^w 
allí seles dá- ' i " - i ; .. 




PINTADOS POR 8{ MiaiOS. 



257 




t . 



EL TAMBi^KILERO. 

(Tabaler.) 



No hay hombre tin híimbre. 



. i- 



:•■>. r 




>^^^i L tahaler es un individuo como olro cual^iuiera. 



O por mejor decir es un individuo cofibo nin- 
guno. 

Se parece á los demás hijos de Adán en que 
es un ser dolado de ináluraleza física y naturaleza 
moral, de euérpo perecedero y do alma inmortal. 
No se parece á los demás individuos de su es- 
pecie, porque sus hábitos; su manera de existir, sus ocupaciones, 
su educación , difieren esencialmente de los hábitos , de la manera 
de existir, de las ocupaciones y de la educación de los hombres 
constituidos en sociedad. 

Por que el tabaler es un hombre ooostituido en sociedad : mas 
diremos; es un individuó uUliáimo á la república y cuya misión 

egerce una benéfica ínQuencia en el estado moral de la humanidad. 

33 



358 MS VMjmGiitiios . 

¿Quién ignora que el tamboril valenciano es uA taliíman que 
lleva la alegría al corazón de los hijos del Cid? T en esté concepto, 
¿Cuánto mas fecunda no es la influencia del tamborijero que la que 
egerció el famoso Garlos Broscbi en el ánimo del rey Fernando YI? 

Y sin eml)argo , la sociedad es injusta con el tamborilero. En la 
escala social se le designa un peldaño ínfimo y rastrero : en la es- 
fera del arte , se le considera como un apéndice , como una escre- 
cencia , como una especie de verruga del donsayner. 

Pe aquí se desprende naturalmente un corolario amarguísimo, 
por mas que parezca vulgar. La locuacidad y el poder de los pul- 
mones son medios seguros de hacer figurar en la sociedad. 

E!s nn absurdo considerar al tabaler como la sombra de un cuer- 

X 

po, como el apéndice áp\ donsagner.^(¡omo indiv^ij^uo de la especie 
humana , y como .lilffcbL 'á tahilé^Jellí^ (bk&iderado indivi- 
dualmente : tiene su manera de ser especialisima y es tan digno de 
la estimación publica como 0l.HtMÍ|^er. . 

Hay mas : el segundo no es nada sin el j)rimero : luego el pri- 
mero es tanto como eli segundo ; luego la pretendida preponderan- 
cia de la dulzaina es cuestión de pedantería y de orgullo mal fun- 
dado. - . . 

Iriarte lo ha dicho en una fábula «pe se llama El pedernal y eí 
eslabón. 

Oigamos i Marte: : . . ; 

Al eslabón de cruel 

trató el pederjaal mdia 

porque á menudo le herili 

para sacar cUsiKas de él.. 
Rífiendo éste oód aquel 

al ^efyarafi^e los doS) 

— Quedaos , dijo, con Píos; 

¿valéis vos algo «io Bní? ., 

Y el otro responde:— Sí;. 

Jo que »m mi valéis íyos* 



^m^m^llílmA'. 



pmTUDtf g ro& sí nnsMOS. ^59 

Hasta aqui el Lafontaine español : sa fábula coge de medio á 
medio á los dos músicos populares de cpie Teñimos hablando. El to- 
baler y el donsayner son el pedernal y el eslabón : entre los dos 
está la chispa. 

No tiay , pues, sopr^m^eía en la dulzaina, ni en la gerarquia 
del arte ocupa mas alta región el dnlzainero íqoe el tamborilero. 

GoQ esto queda suficientemente demoslrado el axioma con que 
comienza esi^e articulo ; es decir ,^qoevho haytkombre m hombrh. 

Pero hay mas : se puede probar que üitcJialer tiene sobre el 
donsayntr ventajas de importancia ariístíca !f de prioridad. 

Veamos cómo. 

E\tabaler^9í siempre delaifo áA donsayner^ pero no á Ja ma- 
nera del heraldo que preside á su^eiidr , siíio^á título de sabio re- 
gulador sin el cual eldulzaineroífteriftel0al¥jagoiinclilto y bravio de 
«la música. , ' , 

Mltabaler Ms\ ^qw mñvm^ 9(»SfiOB^.e\^^^ y de- 

fiendo los fueros del compás , sin los cuales no habria .música po- 
sible. . .»; ■- >.'•'' 1 • • < ;. ■ ;•: • ■■'.., 

Y finalmente;, al (hablar de la Combinación jdeídSQS dos instrvt- 
mentes taUieiosQSy siempre babreis oido<d^ir:<^a&a/ y donsayna^ 
y jamás donsayna y tabal , ni mucho menos don^a^na.;á, secas. 

Luego bajo este punto de vista el t$k(^er íYs^\(Í^M son mas 
escelente que el donsayner y la donsaymp, < <vv, 

¿Por qué, pues, 6e ha d«da siemprvOrtan poqa.tniportancia al 
tabaler y lafila al cíon^iOynari? ^T ^por c(ué ron el eur^o de esta pu- 
blicacion sale á luz y lifortna en li^ páginas ; de jos tipas valm-- 
tianos mucho después .f detrás dol ^of^^Jjnl^, en V(ez . de ir delante 
como le corresponde por. esencia , presencia ty potencia? 

Esto sucede porque estamos <ii.£spafia yxOn Valfencia; porqae 
vifimos en el(>pais dd^iptic^per^jútf ; porqi^ la modestia no es el 
medio mas á proytósitA para hacer fortuua ; porniue. baste de piel y 
comeránle moscas jtporqup allá v$n leyes do xquierea r^yes, y fi- 
lialmente ,4 porque el peia^ gf}^. §e^w(sn$hfk el menut. 



260 LOS YALENGUIIOS 

El tabaler no es nn hombre; poro es un oblco y con el tiempo 
crece, se desarrolla y se madura. Pero euloDces pierde ya su fiso- 
noínia. 

Es hijo de un donsayner ó no lo es. Lo primero es lo mas fre-- 
caenle. El agrado fuego del tabal y la :donsayna pasa de padres á 
hijos hasta que se estingue , como la llama de la pira anligua » en 
un miembro indigno y degenerado de la familia. 

Su padre, además de donsayner ^s tejedor ó zapatero, y el 
chico aprendiz délo mismo. 

Nace , crece y se desarrolla á los melodiosos acentos de la dul- 
zaina. 

Su instinto músico es precoz. Se destota chupando las baquetas 
(palillos) del tamboril y entre -sus ilusiones de niño acaricia en su 
monte la idea de manejar algún dia un bombo. 

El autor do sus dias lo contempla con orgullo y dice para sü 
sayo:— Sino so' desgracia llegará á oscurecerlas glorias de Magaña 
y del Mellat. 

El chico estudia con ardor, redobla como un energúmeno, hace 
crugir el pergamino del tamboril y llega á dominar el instrumento 
en el mismo punto y sazón en que los vecinos han ensordecido por 
unanimidad. 

Qué triunfo para el arte! 

Qué gozo para la familia! 

Qué orgullo para ol que le ha dado el ser! 

El chico tiene ocho aBos y ya es un artista solicitado. Cuando 
el padre y el hijo funcionan juntos en alguüa Gesta de calle ó pro- 
cesión , el primero , al atacar un pasage de entusiasmo , baja los 
ojos y la dulzaina para mirar con ternura á su hijo que camina de«* 
lante haciendo hablar al tamboril. 

Qué momento de espansion artistico-paternall Aquella inclina- 
ción de la dulza yna es todo un poema y señala una generación de 
artista. Aquella dulzaina ha producido aquel tamboril. "< ' 

El muchacho es ya tau artista como su padre: jío agilidad v n 



V 



pmxADos POR si Busjaos. 261 

limpieza de ejecución no han podido menos de^ llamarla alencloB de 
algunos clavarios, y su Torluna está hecha. Su padre 16; consulta ya 
algunas dudas sobre el compás y lo inviisile asi coa el carácter de 
autoridad musical. . \. ;, 

Por lo común, el tamborilero eslá^ dotado daf na notable fuerza 
digestiva y de un sistema mandibular muy á propósito para tritu- 
rar el mármol de C ar rara. Asi os que en los /a»«c^ efe Aonor llena 
su misión con ardor asombroso. Su misión entóneosles el estómagos 
Su padre lo mira también con orgullo. bajo ^^le punto de vista; 
considera la solidez y el escolente m^ecapi^nio de sucreacion y mur 
mura por via do corolario; — ¡Qué diente! \ ux 

¡Qué dien^ I quiote docir : ¡qiió. bien coioiei ¿qué Moa toca el 
tamboril ! ¡qué talenlQ Uene ! qué ilusiLracion para su; palrial 

Los mejores <a6a/er5 suelen ser zurdos. 

No necesitamos» enplio^r estlo fenómeno .^Cualquiera «pie los haya 
visto locar habrá observado la asombrosa ¡agilidad do sii mano iz«- 
quierda , educada con siqgular esinero. Esta ag^ad es un per^l 

de- escuela. - ■,-•■• \^'^\^\\'\-a.^>^\ -•• 

Cuando q) 7afra/«r toca coa entusiasmo > oapecialmente si es de 
noche, se duermo tocando y las bi)quelas> movidais por los nervicís 
y el cerebro en estado de somnambulismo, , liguen repicando con 
fantáslica rapidez, ' . \, 5 . 

En este estado el iahoíét salva las cimbres ipas elevadas dol 
arte y se convierte en un semi*dios. Cuasimodo.^ estos momentos 
era una campana : el íabaler es un tamboril. 

El tabaler habla poco: el genio no es vocinglero; pero, como 
ya hemos dicho, mastica como un gastrónomo romano. 

Aposar de esta circunstancia no tiene pelo de tonto. 

Sus funciones que mas odia son las nocturnas y matutinales. Las 
alboradas (albaes) le apastan. Eslose concibe* las verdaderas almas 
de artista gustan mas de ver la puesta del sol que' su salida ; porque 
la puesta del sol tiene un fondo de melancolía que está muy en con- 
sonancia con las vagas inquietudes del alma superior. 



629 I LOS YALENGtANOS ^ 

Porque el lábaler tiene inquietudes vagas lo mismo que cual- 
quiera bijo de Tecino. 

Las novilladas y las procesiones son su elemento, y allí es^éoQde 
se muestra artista inspirado y escelenle. En las fiestas de calle soele 
estar apático é tadiferente y bosteza con frecuencia. ^ 

Si la naturaleza le favorece con dotes musicales , antes de los 
diez y ocho afios llega á dulzainero. En caso contrario es tabaler 
toda sa Yida ó cultiva el oficie en cuyos >secretes han iniciado su 
riñez. De suerte que de un tamborilero á un tejedor de seda ó á 
uüzapaleronobay mas distancia que la longitud de una malaba* 
queta. 

'Esranro ver un tabaler mayor de Veinticinoo ailbs. Si K> hay 
suele ser el descrédito del arte y el escarnio de los verdaderos 
artistas. ' ^ 

Los tamborileros nacen y mueren lo mismo que todas las cosas; 
y 'como ¡también los arlicuios fisiológicos 'nacen y mueren , resulla 
que terminando aqui este articulo, todavía estamos/ dentro del tipo 
que describimos. Pero antes de poner el signo ortográfico con que 
'terminan todos los arücutos del mundo , indicaremos algunas cele- 
bridades valencianas que ilustran los anales íQbakrísíicos y recor^ 
4aremés ceo profunda veneración aMfelIat^ Bartolillo, el Rata et, Ma 
gaña, Súbies, el Clavell, Garnistditcs , el Andalús, Micolau y él 
Tórt de la Sénia , sin cratar muchos artblas contemporáneos que 
iionran la profesión yol pais que ios vio nacer. 

Perefrln García Caüeiia. 



■■•■ •■ .■ í -.' 



PINTADOS POa SI flUSKOS. 



fiS3 




. I 



EL mm^iL 

(FLORERO.) 







'mMm 




probar la popularidad y estimación de que. 
goza entre los valencianos el tipo que nos piHH 
ponemos retratar, basta saber que, al en-n 
centrarse dos individuos del pais y querer uno! 
de ellos ensalzar el tra^e que Viste el otro» suele 
dirigirle esta esdamacion : (nQhéjpareix que 
vaches apamU de florero ¡i^ 

En efecto , lel adornista es uq hombre que 
se atrae la estimación y el aprecio público 

• 

como pocos otros i pues no hay fiesta grande 
ni pequeña en la que no desempefte también un papel de suma im*? 
portancia como sucede al donsainery al cuheter. .Por esta razón Qo 
debemos negarle un lugar , aunque humilde , entre lo^ va^ianps 



364 tos TALVNGIANOS 

á qaienes se han dedicado ya algunas páginas én este libro , pues 
seria hasta punible olvidarse de un runcionario tan importante tra- 
tándose de pintar á la provincia que mas se distingue entre todas' 
en achaque de fiestas. Por otra parte , temeridad muy grande seria 
disputar al adornista ese derecho para el que cuenta con titules 
inapreciables , porque si es una verdad que las costumbres han na- 
cido del hombre , ya que las nuestras son tan originales justo es 
que ná releguemos al olvido á aquellos que son sus buenas mante- 
nedores. Si nosotros presentásemos á nuestros lectores ,al adornista 
simplemente comees, tal vez no podrían formarse nnaidea de su 
verdadera importancia : por eso creemos necesario agregar algunas 
otras consideraciones que puedan conducirnos á nuestro objeto , y 
que nos servirán como punto de partida. 

Valencia es un pais privilegiado por la naturaleza, y esto que 
por lo sabido bien pudiera p^arsje pin* alto ^^^^debe , sin embargo, 
recordarse para poda* deducir que, ' si á' ello «e une el caráater fes- 
tivo de sus habitantes , nuestro pais sei, convierte en el encanto de 
los encantos. Conste esto por si acaso donde menos se piensa salta 
la liebre, porque por muy humildes que sean nuestras pretensiones, 
elstas lineas podrían ir á dar un rato de solaz ó mal humor al mismo 
gran tui'^o ó cuándo menos á un pobre manchcgo, gracias al in- 
mortal Gntémberg, qiie prestó á la publicidad las alas de su ge- 
nio convirtiéndola de raquítica y débif eñ robusta y poderosa. Gai* 
balmerite por si tal sucediese nos imponemos espontáneaonente la 
obligación de manifestar , que los valencianos son gente dada á ia 
broma y al jaleo , por supuesto como Dios manda y sin fallar á los 
deberes que cada cual en su respectivo est'<rdo tiene que cumplir^ 
y que por esta razón no desperdician la menor circunstancia en que 
puedan improvisar ó crear una fiesta , mientras que los hombres 
de estado, sin duda 'alguna no muy aficionados al lahaUl y donsai^ 
ntt, se esfuerzan por reducir los dias de precepto , cuyo pensamien- 
to nos parece de difícil realización en nuestro pftis, á menos que no áé 

■ 

supriman próviamente aquellos ioslrumontos declarando la profé^ 



PmrAM» POB sí BUIDOS. ^^ 

sion como g^ero de ilícito comercia. Aun.asi ^ qp no^ atr^iVeri^iBgfi 
¿responder diel buen efecto de nueMro golpe de estado.: . v i ^,.3,:. 
. Pero dejemos ya tan pesada digresioq , porque naskostá d^f^d^ 
un elocuente egemplo de que solemos apartarnos ipas.de^un ,ol|jQtfl^ 
cuando mayor es el deseo cofi que pretendemos llegar ¿élt,, r.„i 
Tres son , como bemps dicho , las persona^ , ¡ró digaiRps /tfnci¡%- 
narios públicos ,. porque intervienen en las funciones populares, s\íiP 
figuran enrollas de un modo «nvidiablo: el; dotminer,, euhf^ff.Y-fífí^ 
rero. Probar cual deks treaes la mas hoportante 'Seri^- t^iriaa iCígíj^ 
sa é imposible de aclarar ,Jpor cuya r^M^u teoemoí^ que (^Ji^fl^p 
on igual altura en el- aprecio público; Esto $aqtadp; pds?reinos: á ha- 
cer la disección del adornista como Dios nos ()é áeoitend^r. J^Oj^ 
del caso decir si el adornista es alto ó bajo, gordo ó ¡^dco^ , 'boi^^ 
ó feo , porque en esto cada cual es lo que ep y lo que ^puedOv ^HB^ 
quo deje de ser mejor por falta de deseos^vPprquei sea. aUo ó b^ 
gordo ó delgado , ó bonito ó feo, al cabo y alfin el ./lorerp, pq /pg 
mas que florero ; si bien nó sienipre « pues.nofsiltan individuos en 
ct gremio que suelea ayudarse con el producto de otra .ocupaciop. 
como por egemplo la de carpintero , porque aunque esta no sea^c^ 
él habitual , se dedica también á ella por lo hermanada que está .coo 
s,i industria. En efecto 1, dedicándose jauestro béroe^á la . carpintera 
puede labrar por M mismo muchos enseres que en 9u dja qe^}^ 
•para el mejor resultado de; los trah^Úos que ge le encargan^ (|Si ,p€(- 
iicli*amos en su taller , veremoi» colgadas d/^l tfcho: algunas acsti^ 
do cristal cubiertas cuidadosamente cop f^ndap de percalin^jcpjp pre^ 
tensiones do gasa, -á las paredes algunos itrageq da: I<^ mist^r^.^ 
quo suelen representante en las procesiones ; yest(vqDjeen ^Ij^ 
tiene nada do particular, presenta ,. ^in^.^mbargo un ek^pectáculp .oi;it 
ginal para el curio&o observador* Sabido.es qve e),^Qr6ro lo mismo 
se dedica iá ^uiMrir de colgaduras , un templo quo un; tea^tro ; ^ ntftr 
mo llena una calle de. banderas , tro^^, boles y gallanie^s que-^)*- 
/]uila tragos para.n^Áscaias , j á.^nto, alcanza su poder^quja fl^x^y 
minamos detepi(}amQnte.j|uUgoda podr^cp^as .p^HMtry^.qu^^^ AWW 



966 ' £08 VAtBNGlAmS - 

iHix genio , andab por alli revueltos d ciek^ y el infiéroa confud^ 
diéodose en nna misma cosa , y que por consiguiente se ayienoo 
teuy bien San Mignel y Satanás que i^e hallan el uno junto al otro 
sin dirigil^sé 1á mas itii6íma reconvencioa. Por ef te medio á^flúrero 
logra hallarle al niismo' tiempo condetadtf y en estado de gracia , y 
ély sus hijos y su Augcir bordan ó trabajan* iraiM|cilaniimte rodea- 
das de los espíritus '<i6Iéstes éinfemateS'^ Bien es verdad quq eo este 
pfóaró iktindolá ibáñi&^db* metdizar'toÚ9iS las cosas^no baoe repár- 
rtrtfn pililos ; y éstÓV bastar cierto^ puntó ; bos dispensa ^dd duigír 
lámetK^rreconvéndoDfá^iitiestro'pobre 'florero. > y • . ^ 

' (Pobre fldrei'ói ¡Obi' ¿ol sin duda algitna hemoa perdido inn 
tercio y quitato' de niieistro - capital - ^ discurriüor: '■ \ Llamar . ipobce á 
ttté de H)s jpocos afofliñíados mortales que imerced ai carácter de 
"iidestVós paisanos tiene varias épocas en el afio-que Uqgarian á eiH 
vkliar los-inais encopetados y... nosotros misfnios I Yáno^ ácom^ 
pañemosfó en ese liaje qt^ va á emprebdw. 
' ' I9é le ha ajustado para apañar de fiQr4tio la igle^ de cierto 
pueblo. Asique penetra eü él con su carro atestado do diferentes 
objetos; se le aloja' en una de las mejores casas dondo^sele: guar«- 
dán todas las consideracionfes gastronómicas a^tecibles. :Micntras 
^ue' el. donsainer bácé su Jpai^o^o//^ ' destroaando cm universal 
ai^tafuso cualquietr aire popular ó alguna que otra melodía arregladaf, 
Ó mdS pix>piámente dicho; 'desarreglada por él;" nuestro. hombre se 
halla recorriendo impávido tas comisas de la iglesia con el fin t de 
colocar las arañas , ' ó bteo atiornando el^altar del Santo ea cuyo 
honor se celebra la fiesta , i ocupado en otr^ trabajo que tósgá 
t)or conveniente practicar en tiso de sus celebérrimas alribuoiones; 
Lo cierto es , que en ün ottoménto planta en dertos puntos da la po- 
blación la Señal de la fiesta , y que esta señal acompañada dé' los 
anllnlados ecos 'dé lá dulzaina y' del> repicado acom^ñami^to del 
tabalet cambian como por encanto el aspecto dé todo el^pueblo. La 
cónversaclonf general , particularmente de^ las mdgéres , puoá hasta 
enedto es' afortunado el /forero /versa bbbre' el adornen ^dé^'lsi'4^tP 



f » 



pmTAnos POR: si MISHOS. 96iZ 

sia, y la clavar iesa ó la obrera que p^or ua Qspírita. de eooi^ífú^i, 
tan iáreterado como mal entendida muchas vcfces entrad )>eMQ sfi%^^ 
habían detenninado ad^Mrnafi: la mesa «donde ha de descansar els^nt^ 
al pasar la prodesion por la puerta de lá mijsma con «na blanca sá^ 
baña y con el cobertor. de la cama, desisten de^u empefio y Uamaq 
al florero para que se encargu^e :de e$le trabajo: Acude nuestro hp^^ 
bre con su bolta colgada sobr^ el ladp .flerrecbf) en hj^ne lleysf im» 
buena provibion de. pttntas de Pms yi^D^^aUt; almohadilla ¡tibien 
colgada en el litdo izquierdo donde cojiserya JQs alfileres/que d^^ 
sita para arreglar los pliegues di^^as cf^lgadwra^.y prmqipiapdo la 
operación , que practica con uo i^mtismoáigm de m^jor ^uertei, 
retirándoise da cuando. en cuando algunos' pasos ;atcáis á ün d^-pb* 
servar la buena sioiielría del adorno, Jogra. dejar ^atisfecb^^ Jos 
deseos de la clavariesaó de la obreja v» las cuales pagan religiosa^ 
mente el trabajo habido y por faa})er ,; además del vaso d^aguar- 
dieide con que lo obsequian y.s^e npei^vmaBíque .el. conductor 
fiel de alguno qtüe otro .pfinrK^ pá - socarrat ^ coca fina ópá be^ 

Sin embargo, de tanta bonray .proyeofto^ np.es^ en.lo9;pu^blo9 

• 

donde nosotros debemos 'buscaq 9Í i)dQroi8t9 cop w aur0pla Iprnorr^ 
tal: dentro de los viejos muros.de la ciudad 4^1 Pd. fó.yeremos qq9 
todo su esplendor, unios pueblos , si: jHen^^rfiíi cidcjbo; que las «fiesita^ 
meten mucho ruido esflias pronto, ocasíoDAdQ fox ^ imk^l^\$ j^ 
els tronaors qOio-por el sopdo grujido denlos jcddmaSQiW* Y; J'pp^g^g 
del florero. ^. .. . . • ;-: ; ; 

£n Valencia 09 otra^Husa. . ' < 

Las tiestas <le calla son relativamente mas yístas^s. que a^ona-i 
doras , y por lo tanto hay que apelar á todos Los ^epl^;sQs d^ ^i*!^-* 
El adornista desplega aquí todos sq$ c<»iu)c|afiQntosiy: buen. gujstOi: 
y de nua calle sobre 0U)h> estado deilimpieza ban tenido . que. e/^tar 
llamando continuamente los periódioQs la.atenciQD de la ; autoridad 
local , hace él en pocas horas un hermoso salon.en 4onde milites 
de personas disfrutan del bueq efecto del adorno p^a^ »pH>^iUe« 



»i I ; . r 



I-, • *j: 



^fft LOS VALBKCIAÍNOS : 

riftéttto por torrentes de luz. Ales estremos de la calle el florero 
adorna dos improvisados y elegantes arcos con i telas coloradas ó 
Vendes y galoneadas de una cinta que á lo mas puede pasar por uu 
conato de galón de oro-, pero que producen el mejor efecto: dó 
ftiácho eñ trecho de la calle y á guisa de telarañas suspendidas .de> 
nba' ¿úécda atada á los pisos de ambas paredes de. la misma unai» 
pt^closas t^lás , qué podrían ser , pero que en realidad no son otra 
éosa sino zarazas ó percalinas teñidas de colorado ó del colorí <qu(y 
i]Sá[áf'1e' ||ilace ó conviene^ y en la parle superior: del ángulo qiio 
fórdáb éstos pabelloAes una corona cuyo color de ocre del pais és 
ui! testimonio fiel dé que no es oro : entrelazados con estos adornos 
pHmoro^os cotocaba el florero en otros tiempos mil ^ mil bolas do 
jfyapel do color fyallardets en cuyo cenlro '; como propagador de 
las /ü€6^ en medio del o^ct^ran/tmo , ponia un cabo de velado 
sebo 6 alguna que otra tisica cerilla.' ' m --- ^ >'' ^^'^ 

• ' Lá civilización hiai sido inexorable con este sistema de aluiabra^ 
do feslero cállegit , f hoy casi " han desapai^cido^^ por completo 
aquellas verdaderas parodias de melones alumbrantes sustituidaé 
pfOF las hachas , que si bien arrojan mas luz también snelen poner á 
losi transeúntes en *n' estado lastimoso convirtiéndolos á veces oii 
Vérdadek*os panes de eerá. El aliar del santo , el balcón de la casa 
del éiavafio y algún otro edificio se trasforman igüahsiente por' el 
genio del florero t tanto estos como el altar del santo qué suele bo'- 
I(>éai^e^n una vetusta' ventana ó en algün misero balcón ó cuando 
mas en el centro de la csílle en forma de templete presentan el a^ 
pecto de una verdadera decoración de teatro. No faltan por supues- 
to , las banderas colocadas en varios puntos de la calle , invención 
dd espíritu moderno, y en las que se ven escritos los nombres do 
la mayor parle de los pueblos de la vega y aun de la provincia^ 
y'^o esto, si bien carece de lujo , como no puede menos de bu^ 
éeder , atendido el capital que en ello ha empleado el florero, quo 
* auiiqíié tío es tan escaso como el de la carabasera no ascenderá so*^ 
gurainénte á mochos millones , produce un efecto 'miagnifioo^ po^ 



rirrrA£^os pon si niiswos. S69^ 

cuya razón ^siamos tentados á c^e^^ qjüo ^uioa t^xp^ri^flj^^osobrai 
y vive paelticamente, como hemos dU^o al > principio :,en|re espirp 
ritus buenojs y .inalosí, debe.pQseer , K^i^andp n^^iMM^n^l ifiQ»^i:u4^1<ih 
secreloá^- la .magia.. . •■ ,• • ;• . ; .;|, >,,.j.,! .-.•, :..,|. ,;■:,:; ,. ...:.j,i7 

j Sino eB;ei$to será. otra. OQ^a^^qijkQsOP^pUiQftl^Q.WQiicp^ 
guar , [lorque ni nos inleresainí, mwí fCre0ing^ qnf)(ii|(^S9Pá(,,4 
nuestros leclores aunque ^eaoichinoSki O] i^rsa^^ ,.)m^piqeta9fi8|.4'j 
r^os.,^ íígua-babitenter-del .v»lle de. A9^prfa;í]h^WMft,(íc/^ Qrt^: 

.i ' Pero <tende^ e^jadoniMla saca toda su JiaWlid8(iiar ffl e8(}PPPÍW« 
se escede asi mi30)Q,,:es:«:la3 fí0Staj|dQÍg|^a4w^te(l;^;:>^ 
ú < octava del Gi(wp\is. Tio4(^ $1 mundo, sabe :CQn , i^wnta ML^mw^^d y 
lujp se^elebran aquellas lunomios. religip^a^ en V)^)QitSÍ^!y la (mi 
que gosa da este panUcularla Giuda4 de. JaaüoViei^.Su^ bi^a ; ipl) 
adornista e^'Mfm.:^^ loaique mas contribuyen a esNtiInjPfi^siest^fl^^ 
ma , áe^ta solemnidad que i ae ioip^m^ ^ los aotpSf r^lglps^fl. (qpeí 
ti^en lugar durante aqu^ perico, i > y , . ,: : .>up ^in 

El adornista i'^e ajuMa coii^rlos :i^a?aiios!y c<pípQQe.pl ^prP| 
triunfal qué vaen la^prooemoftv!^^''^^^^ fachacidA de las^casap de 
los olavarioi^>y i^bceroa y eltaJiladodooct^'topa'VQa biaivtaid^rpií^M 
durante alganai: boraa de la nocbe que. prepone. á 4a (i|9Q¡(piiiM^mi(^; 
por lo regular part'^ipa desdoble caráotíer de ropera ,9) a4prniat^iVÍH^ 
damsetea,, Y aunque alguno de ellos.no^tíen^fjQfAentoa suftciept$m 
para proport^ionar. tragos^ todo el .apostolado,! ^jM>dicÍa. q^^pbatautfil 
aspirar á vestir, decentemente al báu y á. hmulA á; ,al mist^rto ^ ]||^ 
dé^¿//a de tan contundentes recuerdos entre los valeqoiaiios.,,]^ 
cuanto al adorno ¡de la iglesia , nuestro héro^.pracüea!fngiwd& es- ^ 
cala lostrabajos que en miniatura bace em la»,funcion,9a d^r^ve yji 
hemos hablado. , pero sin loanbetei, 4e rídieul^^;. que [podrán i^^ 
prend^rse.del relato quede las miápoias ;b^qlp9^b^c]|!iO• J^n las. fuio^ 
oinnes. del Corpus el adornista secunda admirablemapte ^w d^ppa 
délos clayarios ostentando en el adorno de lpS;temp|os,jtqf)aJa.pQq7. 
pa y magnifieencjiafque.rpqHieren los APM)iS.,religí%s9ai, pfn, ¡^j^ 



máí^r btililAtatdz ié^ valencianos no escatiman nkedió álguncí ; pút^ 
qriesi blétl pofM carácter especial on la fan^H^nes popolarea^^ 
déÜptiekM Ú "íu ^t&, óaamk) sid t^ata d^^ar entto i íñií^alo ol- 
vidan nunca que son hijos de Vicente Ferrer y lÁi» BeUrah. 

¿Pero tftfttdid itíáttdb á parát si litibierátaicis tíe Hdferir una por 
dtaa Us tíKÜftoííM éú qnie de bü^ca el aitsiUo del-adohi'dM? Diremo» 
útaidÉftléfité'tj^ el GfiFj^M tiene »vA mñ^SiS de l^e^ t su9<t)t^6- 
si'ótíBá; 'iSatt VreétíteFHhre^s^^ alMifes^ stts¥tMádreé';S»íí¡06éim 
carpinterías y sus falles y que unos y otros acontecimientos ai^^is-^ 
fAtim pdft de «i d'áldM6s(^v ^tq^ esté^ <méi iidc^bfrild ^pkh las 
ümm CGfmóf'éA aire^^á la leiiftt^efDféia M hómhífé. 

• FlMHMMe / tf«)titrb de una 00 'ttá í|ránde'«oaio 
Mh éi él {i&líiMí^e bnáMtk^ , isl^aMlwnliítá wéarne m^éspacio que 
dfib^e "áS viMíJsas 'eo%adtarafa éfti^eoas dbu^mlvadaa y:frMittdntidfi(, 
cáÉi» 9i la'nfiítiífiart'dA %aifi)^6dlga y ta» 'Snaable para «e^ svéló vh^ 
MHMaño fllérá io^dMedftd pofr ¡^ «ola ^am ndrediter las cáUfiisactou 
nes que de este pais se han hecho^'iii'hys pasados f pitasentiis üeni- 
1^ f que {^félMftyleúi^e )Sé^ii*á 01%^ en ios falwos. 
;' Tal 'Ss él adortiiíffk y la ^üipwtancla cpie tiene eaitre la ^n fá- 
Mtel <f«tMh<9«i«t. BIHi^lom^^d^áift^ifar^dnaulbuella iántínbré 
Sé 'tiaíu(ftA^ <dé l^lDá^ldtf6fs'qtte'#>haIláffa ésc^to^ d«iKto tniÉíe>DiiH 
rtéS'M'él pb' tft^» 'de íitté^Uá^^eoiittaihlh'bs v pbí^qu»'ta «iTiiiief* 
éAtfá /^dc^brow iqiíé>MhV^^^^^ deisirUir eon frecuenotefui^' 
f^fiá6Éo]tttt*. tX'^ornl^ta istíldrá inodlutMdCM(B]ita<revólircñon(y tejos 
4¿ '^ddti^ahíMr *d6 1^ ie»céba>le vá^áfóis^oaüu^^'dla^n tnayar 001^ 
6épvt}^mói'^ '■■ -í^- -¡-' ■'■■''•. ^'- /^.i^ .i -^^-..v- 

Es Vdt4i[fl'^(ie^'(lébtt^dé<p^is^^i^^ pbr los csimiilos^íá 

éKfe btttnl^és'^é , ébM^ »>\\»min ^ttú^mmMh; tiraÉípórtan>deiiiD 
pAÜto iá bt^b lasí^na^tfír Idte eKsldi '^lye <^ii^n de arduzadlila >pifrá 
dttj^brtái* bIeat^i&Sai6<bfii|atMítb'dél (yáreblo dóáde be celeMra le 
tm^: fin catfíbib I6d fbtVü^ctt^tilé!» y^lds tramwayprotx^rbimardn 
al 'üdbrtlistb bn Hiéldlb^db tpa^pftríe mM ' 9ég»b ^ ^cútíénsAbo -, kvh 
ñVtño''m2iiM\iñ Mdal^'Masi'por te ititernüttablé'69eÁfe'x)¿aa:c^ 



PIHTAIWS POB Sf HlSUOS. 371 

TilizacioQ irá obteoieDdo todas las ventajas qae los adelantos de nnes. 
tro siglo vayan conquistando ; porquí caaoto mas delicado sea el 
gusto de nuestros descendientes en las fiestas populares y religiosas 
mayores serán las utilidades que alcanzará nuestro héroe. 




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71.. 



Soy cortéis yle satiiáo aiAéS' dé hablar de la 
rifera. 

Además aspifo á éonqaistar to benevolen- 
cia y proeura , j^aludaóüclté . atraerme tus sim^ 
palias. 

De manera ^ ^e mi sa(tida , es interesado 
en parte. 
Esta' observación te probará qtte, afdemáá de cortés; s^y franco, 
Pero vamos al asonlo. 

Para tratar de lá rifera eomenzaré' tfabiando d<e \^ lotería, por- 
que y como sabes muy bien , conociendo las causas se apreciad m^-^ 

36 ' 




274 LOS VALENCIANOS 

jor los efectos , y es indudable que do eúsiiria la rifera si antes no 
hubiera existido la lotería. 

Hinquemos ^ pues , el diente en la lotería. 

Si pretendiese pasar por reformista de costumbres te espetaría 
ahora una peroración filosófico-moral , poniendo de vuelta y media 
á todos los juegos en general y al de la lotería en particular; pero 
ni quiero abusar de tu paciencia , ni pretendo moralizarte , porque 
te supongo hombre de costumbres morigeradas. 

Si fuera diputado de la nación te pronunciaría un discurso de 
oposición , tronando contra el gobierno y anatematizando á la lote- 
ría. Diría que este juego es una contribución desigualmente repar- 
tida y por consiguiente injusta , contribución que pesa con especia- 
lidad sobre los pobres , cuando , según la constitución de la mo- 
narquia , todos los españoles están obligados , cada uno según sus 
fuerzas , á sostener las cargas del estado. Diria también que con- 
sentir el juego de lagotería ^ e^tetar Ja credulidad pública, fo- 
mentar la holganza , causar la ruina de muchas familias, y de todo 
esto tomaria pié para esplicar mis opiniones políticas y para arre- 
glar á mi modo la nación. Poro esto , lector, seria meter la hoz en 
mies agena , quitando uno de sus entretenimientos á los padres de 
la patria. Además de que al ministro del ramo siempre le quedaría 
el derecho de no hacerme caso , ó el de contestarme que , injusta ó 
no , moral ó inmoral , e$ta contribución produce cuarenta millones 
anuales y cuarenta millones no son un grano de anis. 

Esto, pues, DO ños conduciría. á nada. El resultado es que, 
buena ó mala , la lotería existe encarnada en el presupuesto de in- 
gresos de nuestra nación, como un árbol profundamente arraigado 
á la tierra y es casi una necesidad para ciertas gentes , que invier- 
ten su tiempo , su buena fé, y su dinero soñando números y arre- 
glando combinaciones desde una eslraccion á otra. ¿Qué importa 
que á ia llegada del correo se encuentren con un desengaño mas 
y algunos reales menos , si dqrante quince dias han vivido de espe- 
ranzas? . . 




PINTADOS POR SÍ MISMOS. ^75 

II. 

Ya que hé resuelto hablar de la loiería te diré , lector , cuatro 
palabras acerca de su historia. 

Comenzaré por su etimología. 

Creen algunos que el nombre de lotería viene del alemán lol, 
que significa suerte^ Otros aseguran que se deriva de la voz italia- 
na /oíto, lucha, poi-que cada jugador parece como que lucha con 
la fortuna y con los restantes jugadoreíi. 

La negra noche de los tiempos envuelva con sas sombras el ori- 
gen de la lotería. Hay quien la cree un pasatiempo antidiluviano, 
pero los autores sensatos tienen por muy aventurada esta opinión. 
Caminando á través de ios siglos y rasgando las nieblas de la his- 
toria encontramos á la lotería representando un brillante papel en 
una fiesta pagana , instituida en honor de un dios antropófago de 
quien la fábula cuenta que devoraba á sas propios hijos. Con efecto, 
se sabe á ciencia cierta que los romanos amenizaban las satur- 
nales {!) áislñbuY^ndo gv^lmi^meúle billetes entre los convidados 
y verificado el sorteo , parece que gozaban de ciertas considera- 
cienes los individuos á quienes favorecia la suerte. Al principio, las 
estracciones consistían en objetos cayo valor material era insigni* 
ficante. Es preciso llegar á los reinados de Nerón y de Heliogábalo 
para encontrar el juego de la lotería provisto de su principal aii- 
ciente y la esperanza de ^fortuna. Estos estravagantes emperadores 
reformaron los lotes, ordenándolos de manera, que los sugetosque 
resultaban premiados tenían, en muchas ocasiones, asegurado 
desde aquel momento su bienestar. 

Esíe juego cayó después en el olvidó basta que en el siglo XVIII 
le resucitó en Ñápeles un monje llamado Celestino Galiani. 



(1) Fiestas que se celebraban en Roma eu houor de Saturno y que fufiroii instituida^ 
bajo el consulado de Sempronio Arratino y de Minucio , según unos autores , y que , según 
otros , fueron creadas por Tarquino el Soberbio , durante el consulado de T. Largio. Tito 
Livio asegura que Tulio Hostilio l^abia ya antes hecbo voto de instituirlas. 



. ^-mL! 



276 L08 VALENGIÁKOS 

En España, la primera eslraccion de la lotería primitiva ó anti- 
gua , única (le que me ocupo, porque á ella y solo á ^Ua se debe la 
aparición del tipo que me Ué propuesto delinear; la primera estrac- 
ccion, repito, so celebró en Madrid el (lia 10 de Diciembre de 
1793, bajo el reinado de D. Carlos III y siendo minislro el prin- 
cipe de Esquiladle. Sus (rroductoií 86 deslioaron al sostén de varios 
establecimientos piadosos y en el dia coalinuan casi dedicados al 
mismo objeto; porque, ¿qué ous establdoimi^ato piadoso quojel Es- 
tado que ha de sostener á esa larga falange de empleados qne se 
sientan á la mesa del presupuesto? . 

Desde entonces hasta nuestros dias , las esti^cciones de la lote- 
i-ta ban venido sucediéndose unas & otras , siendo causa de alegría 
para algunos ^ los menos; de pesar y disgusto para otros, los mas. 



m. 



En algunas ciudades, la afición á la lotería está tan profunda- 
mente grabada en el corazoó de las clases menos instruida^ dei>la 
sociedad, que raya sá entusiasmo en monoipanía. 

Ciertas coincidencias, oiertas ' casualidades vienen eu algunos 
casos á dar tal celebridad á determinados números, en determinadas 
estracciones , que los júgadoreb acuden en tropeV é dejar su dinero 
en las administraciones -de loterías á cambio de papeles, que en úl- 
timo resultado , no son mas que papeles mojados^ Y como el entu-^ 
siasmo es contagioso, bay ocasión en que, aun a(|uel que no ha }iir> 
gado nunca, se siente, digámoslo así, arrastrado por ima tentación 
irresistible á probar fortuna por la vez primera. 

Si eres valenciano, tú recordarás , lector , que no hace mucho 
tiempo llegó la idolatría de los jugadores hp.sla el punto de producir 
casi un alboroto en e§ta capital. Tú recordarás que , despides de 
haber corrido de boca en boca , y de haber sido el obgefo obKgado 
de las conversaciones durante muchos dias. una fnanana apareció 
en tocias las calles, en todas las piaras , en las paredes, en (as puer- 



PINTADOS POll SÍ MISMOS. 277 

tas y en las baldosas, escrito el número 57 y no hab'nád olvidado que 
á la llegada del correo hubieron de colocarse centinelas éü las ad^ 
minislracíones de lotería, de orden de la Auloridad , para contener 
á las gentes que acudían en busca del número con tanta fé es- 
perado. 

Y esto, lector, habla muy alto en pro de la ilustración d^ que 
blasonamos. " ^ 

En cada estraccion del juego de ia lotería hdy cuatro periodos 
marcados : el primero e% aquel d(R*dttte ql cunl <e( jugsdor se acerca 
á una administración y juega tos números que quiere y el interés 
que se le antoja ; cuando concluye este fmrioüo se dice que se ha 
cerrado el juego de pooo precio , En ol segundo ya tiene que suje- 
tarse el jugador á ciertas reglas , con respecto á la cantidad que 
deposita , que siempre ^ mayor que en el primer período : el ter- 
cero es un intervalo destinado al cambio de las jugadas por tos p^ 
garés, y el cuarto, en fin , «s el momento supremo, deeisivot 
corresponde á la publicación de los números premiados. 

Durante el primer periodo es muy precioso el papel de la riferd: 
se reduce á preparar sus listas (sedas), á comprar los objetos qtíd 
se propone rifar y á esperar á sus parroquianas. Durante los tres 
últimos periodos , va , viene, corre, se afana, tlisputa , eobra , y 
entra, como quien dice , en el pleno egercioio de sus funciones. 

IV. 

Y hé aquí , lector , que ya comiemo á hablar de la rifera. 

Esta muger no tiene fisonomía, ni figura propia: puede ser jo- 
ven ó vieja , fea ó bonita , alta ó baja ; pero pertenece casi Siempre 
á la clase ínfima de la sociedad. Es ofdiúariamente pobre , sobre 
todo si cuenta poco tiempo en el ejercicio de sú industria , aunque 
algunas merced á los caprichos de la picara fortune y á su talento 
particular , consigue crearse una posición desabogada que le per- 
mite emprender otras especulaciones , la de prestamista , por ejem- 



278 LOS VALBNGIANOS 

pío , coQ lo cual consígoen darse lo que se llama buena vida y aun 
ahorrar algún dinerillo para la vejez. 

Generalmente , la rifera es viuda ; algunas veces casada ; pero 
en este caso al marido no interviene para nada en los negocios do 
su muger que sabe manejarse sola lo suflcúente para no salir nunca 
engañada. 

La rt/era establece en torno suyo una reunión de jugadores, 
que casi en su totalidad pertenece al sexo femenino , y representa 
el papel de im banquero que cobra y paga, ni mas ni menos que 
el gi^ierno con respecto á los restantes jugadores de la nación. 

¿Cómo es, pues, preguntará alguno, que encuentre clientela, 
cuando seña mas cómodo y mas seguro jugar en las administracio- 
nes del gobierno que entregarse ^n manos de una muger sin res- 
ponsabilidad? Porque la rifera admite posturas mas cortas ; porque 
cobra intereses mas reducidos , porque adeimás de dinero , rifa pa-r 
fiuelos, pendientes, sortijas, vestidos , mantillas , abanicos y otras 
mil zarandajas ; porque fia algunas veces á sus parroquianas ; y 
sobre todo, porque la costumbre egerce tal influencia sobre nuestros 
actos , que hay mugeres que no * depositarán un cuarto siquiera á 
la lotería y fiarán , sin embargo , todo el jornal de una semana de 
sus mandos en manos de una rifera. 

Hay que tener también en cuenta qne los buenos jugadores de 
lotería, las jugadoras pur sang aguardan siempre á ultima l^ora 
para elegir el número en que han de depositar su confianza , después 
de haber consultado sus libros cabalísticos , de haber formado sus 
combinaciones ó de haber pescado al flaret una palabra , una seña, 
cualquier cosa que pueda traducirse á números. Y como cuando 
creen tener resuelto el problema, cuando imaginan que han despe* 
jado la incógnita, ya no pueden jugar á la lotería, corren desaladas 
en pos de las riferas. 

Y son de oir entonces los diálogos que se entablan entre l^s ri- 
feras y sus parroquianas , es de ver el afán con que éstas acuden 
á casa de aquellas y el ahinco coa que les suplican que admitan 



PIKTABOS POR SÍ MISMOS. 279 

cuatro ó cinco cuartos al número dos para los pañuelos de pitai ó 
un real al primer estracto de los tres duros , etc. 



V. 



¿Yes aquellas dos mugeres que acaban de encontrarse á la 
puerta de una casa , euyo esterior no indica por cierto la opulen- 
cia? Pues son dos entusiastas jugadoras , dos aficionadas de la mas 
pura raza : la casa ante la cual se han detenido es la de un^ rifera. 

— ¡Ay señora Tomasa! dice la una, enjugándose el sudor con el 
embés de la mano , ¡válgame Dios y qué carrera acabo de dar! 
pero al fin me he salido con la mia. 

— ¿Si? pues del mal el menos ... cuénteme Yd,, sefiora Pepa, 
cuénteme Yd. , esclama laotra. 

— Para el primer estrado una pgura de dos. Yo pienso jugar el 
11 que no ha venido desde el año pasado por Navidad. 

— El 11... I bueno I ¿ y qiié mas? 

— Para el estracto simple una figura oíta; una figura de siete. Yo 
creo que el 16 no faltará. 

— 11 y 16.:.. corriente son números muy bonitos, señora Pepa. 

— Muy bonitos y seguros. Se los he podido sonsacar á Juan , el 
cuñado de la tia Antonia. - 

— ¡Calle! ¿Juan el tuerto?.... 

— Justo... 

—Uno gordo.... picado de viruelas... 

— Ajajá.... el mismo. Acierta dos ó tres todas las estracciones 

es lo mas gabulista.... 

— ¿Sí.... eh? 

— ! Ya se vé , tiene un libro que vale mas que el Potosí! 

—¡Oiga! 

—Pero no es esto todo , señora Tomasa. 

—¡Cómo! ¿hay mas? 

—Toma, toma.... ¿No le h¿ dicho á Vd. que yo sin números no 



380 LOS yALBNGIANOS 

me quedaba?.... YqiMi sott fijos.... apostaria^ ias dos orejas á^ue 
vienen clavaditos. 

— A ver, á ver. 

— Pues señor , asi que ha amaneaido me hé puesto la mantilla, hé 
tomado una peseta y anda que andarás , á ver al flaret. ¡T cuánta 
gente que kabia esperándole , Virgen santal Pero todos se baa que- 
dado ¿ la luna: de^ Valencia > porque no le hiu entendido los muy 
tocpes. Ya ae vé , m saben donde tíenefli la mano derecha. Apenas 
le hé vistasalir )e hé áiáon la pesíeta y le hé d&eho: hermamto , có*^ 
brese Yd. media libra da aceito para la lámpara de la Vurgea. Ha 
eojido la p^la Mn decir palabra $f me ha devuelto trece cuadenas 
en cuartos. 

■T-Bso e«;Bl 26. V 

— Si señora , el 86. T al darme el cambio maha dicho^ La virgen 
H oonoeda. la «najiiDr fetididad. 

— -¿Xa waj^of? El 90. . . 

—Justamente ; he formado la pi»a y ha salido el 90 ; pero aup 
&Ita lo me^.i.. I)6spues> se ha r^regado los ojos y se ba rascado 
el cogote. 

— Los ojod*..w el 2u¿» y el cogote*., calle V..- el cogote... es6 nu- 
ipero si que oe lo* entiende^ 

— Yo tampoco, pero cMo es número. ;} 

— Yo lo creo:... el cogote.... el cogote;-.. Y diga Yd. ¿se lo ha 
rascado con toda la mano? 
— Con las dos. / 

— ¡Ohl pues entonces es q1 10. 

—Y es verdad. Después de todo esto , ha sacado una naranja y u% 
pedazo de pan y se ha puesto á almorzar. 
— El25yel50: 
— Sí.... esos son claros. 

—Con que tenemos el 26^ e) »0, el Sí, el 10, el 25 y el 50/ 
=Sin contar el 11 y el 16 de Juan el tuerto. ' . 

«¿Y.qu^juewajdi.^ue.hiígamoaiy señora) Tomasa, i • . * 



PiNTAPOS Pan si noswos. ' S8t 

?=¡Yoi jugarlos.... ¡piis^ op fait^bft m^l íHoq^fl m quedo 4íp 

camisa ... Como que no tenia mas dm^ro y hé cimpenado por seis 
pesetas el pañuelo de crespón. Hé corrido ya dos ó tres riferas y 
las muy picaronas no han querido admitírmelos. Sin duda han olido 
el negocio , y como $aben que son del /íaf^f.,. Al^pra vpp^p á ver 
si me los admitjQ Quica. 

=Si, $í..\ vamos pronto. 
Y las do^ jugadoras penetr^ en c^a de la ríferq. 
Esta las recibe con bepSVo.lja sonri^ja y de$ipues de ¡Q$cttc|)ar fuj^ 

pretensión, esclama :=Diantre, han V|p^\do Vd?. ¡tan tar(|e yp 

ya había cerrado el juego. . . . 

=Por Pios, tia Quica.,.. que ya s^^bq Yd. quj^ la? ppbreís no 
ppdemos hacer las cosas cuando querem^g. M mar|do e? qn n^jo^ 
que nunca quiere que le habite de |pteria ; 49 ii^odo qi|ie ^i$ ¡^ ]r 
escondiéndoipe. 

«=¡Jesus . qné barbaridad! 

=Calle Yd. tia Quica... si es lo m^ borrico.... Dicp (jue todo 

son embustes. 

• . ■ ■ ■ 

Pues muy mal dicho porque ^^en mirado, esta es f na co$^ 
á la que tonto el que juega y tonto ^l que f¡fl fuega. 

=Eso le digo yp. Cpi> qi|e quedajm9.s.ei>,gyp.... 

=Yamos, bueno.... I^o? admitiré p^.rqup^fo^ Y^^..-l^p.... 

=Dios se lo pagup tia Quica. Y Jiqs mj^o^^os j^on ))()|Qjyios , ¡j^ 
verdad? 

=Bonitos son. Aunque al fin y al cabo todos 3on bongos ^^pff. 

Y como todos están en bolsa. 

Y diciendo f haciendo la rifera saca , al fin , con gran prp^o- 

popeya la seda y, como no sabe escribir, sefiala los números por 

medio de figuras estrambóticas , que consten, ya en una cruz, ya 

en uno ó dos circuios mal trazados , ya en cualquier otro garabato 

de aspecto raro , que huele ^ cabala desde una legua. JE|ntrega 

después á las parroquianas una contrasefia con idénticas figuras y 

cobra luego el importe de los números, despidiendo á las juiga4fli:W 

86 



282 LOS VALENCIANOS 

que se retiran tan contentas como si tuvieran ya entre sus manos 
el dinero ó los objetos que ambicionan. 

VI. 

I 

Y llega al fin el correo : los números cacareados , los que las 
cabalas daban por seguros, los que el flaret (1) habla pronosticado 
no aparecen en el cuadro y la rifera se solaza con el dinero de las 
ilusas, que en vez de escarmentar para siempre, se maravillan á 
voz en grito de su torpeza por no bal^er llegado á descifrar un nú- 
mero que con tanta claridad se les habia anunciado y juran y per- 
juran que han de desquitarse en la estraccion siguiente. 

Por el contrario; una casualidad hace que lleguen premiados los 
números que se esperaban y entonces la rifera , si estabrn muy 
cargados dichos números , recoge su atillo , se declara en quiebra 
y desaparece basta que pase el chubasco , para volver á las an- 
dadas , después de mas ó menos tiempo. 

Por lo dicho , lector , comprenderás que la rifera es una defrau- 
dadora de los intereses del Estado, que su industria es una industria 
de contrabando , una industria privada por las leyes. Y si la mayor 
parte de las veces produce á nuestra heroína una ganancia segura y 
un jornal mas crecido que el que obtendría dedicándose á cualquiera 
otra ocupación, le ocasiona también , en muchos casos, serios con- 
flictos , graves disgustos y formidables persecuciones. Pero no hay 
atajo sin trabajo y algo es preciso sufrir en este mundo para ganar 
honradamente el sustento. 



(1) Frailecico. £s un pobre lego á quien las mugeres de Valencia sacan de quicio dos- 
cientas veces al día, porque han dado en suponer que posee el don de adivinar los números 
que han de salir premiados cada estraccion. No puede ir por la calle , ni estar quieto eu su 
casa , sin que sus apasionadas le interpelen ^ le cojan , le suelten y le zarandeen por todos 
lados. Una palabra suya, un gesto, un estornudo, lamas mínima acción el mas pequeño 
movimiento es para las jugadoras de lotería un número que ha de venir irremisiblemente 
premiado en el próximo sorteo. Pero como cada muger lo interpreta á sU modo , resulta 
que una misma palabra recibe noventa interpretaciones distintas y hé aquí que una de ellas 
ha de ser precisamente algún número premiado. Verdaderamente aunque las mugeres le re- 
galan para tenerle contento , yo creo que este pobre hombre es digno de compasión por 
haberle caído encima una plaga de mugeres ,,y de mugeres fanáticas. 



PlIfTU)OS POB si MISMOS. 385 

Esta es la rifera que , como hé dicho mas arriba , se convierte 
á veces eo prestamista, por el módico interés de .dos reales por 
duro cada mes , y quu egerce con frecuencia ambas iodostrias á 
la par. 

vn. 

Voy á concluir ; pero me ocurre un escrúpulo, lector. 

El de que esta obra lleva por litólo Lot vtdenctmiot pintado» 
por si mismos y si hemos de hablar con franqueza la rifera no [es 
na tipo enteramente valenciano. 

Tú dirás qne este escrúpulo me ocurre un poco larde. 

Verdad es; pero mas vale larde qne nunca. 

Además, en descargo de mi conciencia debo decirte , y tú no 
podrás menos de convenir conmigo, que si es cierto que debe haber 
rifffcas donde quiera qne se juegue á la lotería, también lo es qne 
la ñfera valenciana presenta ciertas particnlandades qne la disUn- 
guen de las demás riferai y qne la hacen digna de flgurar en la pre- 
sente obra. 

Adiós, lector. B. T. H. 





ECOWER. 



'••«•■ 



L hombre que ama el aire puro y libré de 
los campos, y goza ood la contemplacim de 
su inmenso boriíonte limitado á lo lejos peír 
las empinadas cresAas de las moatafia^ 6 la 
movible superficie del mar, y anhela respi- 
rar la perfumada brisa que brota del cre- 
púsculo de las tardes de primavera iM>mo 
brota del amor la esperanza, y Cdnítenoarpla la 
nad^rada luz de la luna , que se mece en «I 
espacio como lámpara solitaria /colocada por la mano de Dios para 
alumbrar una inmensa tumba, y ^e una ?ída mejor escuchando 
las armenias de la naturaleza y los ecos solemnes que se desprM- 
den de la creación como un tributo magestuoso dedicado al que 4a 




286 LOS VALENCIAKOS 

sacó de la nada ; este hombre , repetimos , ha de sufrir una pena 
amarga, un desaliento cruel, si se vé obligado á olvidar ese mundo 
á que le llama su corazón , esa existencia que sonaba tan agradable 
y tiene en cambio que ocuparse de las pequeneces del hombre y 
pintar sus debilidades , quizá sus vicios , y estudiarle , no como se 
estudian las maravillas de que Dios ha sembrado la creación, tenien- 
do á nuestros pies, un abismo, ó colocados en medio de un valle 
fértil y perfumado , ó sobre la cima de una montaña, con el cielo 
estendiéndose sobre nuestra cabeza , escuchando los prolongados 
bramidos de la tempestad , ó el estruendo del torrente ó el rujido 
de las olas , abrumados siempre por tanta grandeza, sino en medio 
de la sociedad, rodeado de miserias, victima de la inconstancia, lu- 
chando siempre con el destino , descontento siempre y siempre ilu- 
minado en la carrera por la bendita luz de la esperanza. 

El escritor que se dedica á estudiar las costumbres , á describir 
tipos sociales ha de sentir muchas veces ese desaliento , esa pena 
de que acabamos de hacer mención; tiene en ciertas ocasiones que 
abatir el vuelo de sus ideas, tiene que descender de la región de la 
poesía para caminar lisa y llanamente entre la prosa, y esta brusca 
transición no puede menos de causar en su alma un estremecimiento 
de disgusto. 

El botánico que desea encontrar una flor la pide á la naturaleza, 
el naturalista sale por la mañana armado de una red á cojer insec- 
tos, el físico roba á las nubes el rayo destructor y le hace esclavo 
de su voluntad ; descendiendo mas, encontramos al pescador de 
caña que se coloca á la orilla del arroyo y espera con paciencia la 
llegada de un pez, el cazador que camina dias enteros en buscado un 
un volátil; pero el escritor que hade describiral coqiiiller, desgracia- 
do como nadie en el mundo, tiene que sentarse descansadamente en 
un horno y esperar alli á que se presente su presa y examinarla aten- 
tamente y averiguar su estado de domesticidad y adivinar su por- 
venir, si es que tiene alguno , y retratarle , por último^ que es lo 
mas difícil del caso. 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. . 287 

El coquiller , lectores mios , no sé que tenga nombre propio 
en castellano , es el dependiente del horno que se ocupa en llevar 
de las casas el pan no cocido y volverlo en disposición de ser mas- 
ticado. Su nombre se deriva, sin duda alguna, de coca (torta), 
porque el coquiller seria en otro tiempo el encargado de hacerlas, 
y corrobora esta presunción nuestra la costumbre que tienen to- 
davía muchas dueñas de casa de entregarle un puDado de pasta, 
dicíéndole : chas : fesme una coca (toma : hazme una torta.) . 

El grado de coquiller es el primero que se recibe en la car- 
rera de los que se dedican á los trabajos del homo: por eso casi 
siempre es un chico el que se honra con tal titulo. Cargado desde 
las primeras horas de la mañana hasta el medio día , ya con la pe- 
sada tabla del pan , ya con enormes canastos , obligado durante la 
noche á tomar parte en las faenas del establecimiento , sus piernas 
de niño se doblegan bajo el peso de tan continuos esfuerzos y todos 
presentan de frente el aspecto de un arco gótico sobre el que des- 
cansa su cuerpo. Duerme por la tarde y mal , de manera que 
anda siempre abandonándose á Morfeo, y en muchas ocasiones 
camina con los ojos cerrados de puro sueño , á riesgo de romperse 
las narices contra una esquina. 

El interior de una casa-horno ofrece siempre un cuadro muy 
animado ; en unas ocasiones se confecciona la pasta alimenticia 
que después han de dijerir todos los que no estén reñidos con su 
cuerpo , en otras se procede á su cocción ; ya entra el coquiller 
con las tablas de las casas particulares , ya vuelve á salir llevando 
pan para las tiendas, ora es preciso calentar el horno , para lo cual 
se necesita mucho tino y mucha práctica , ora se hace necesario 
atender á los consumidores al pormenor que acuden á entregar el 
óbolo ganado con el sudor de su frente, en cambio del sustento 
necesario : alli no se reposa , alli todos se agitan y procuran des- 
empeñar escrupulosamente su cargo. 

A la entrada se encuentra el depósito de pan consagrado á la 
venta ; alli regularmente se halla el dueño de la casa ú otra per- 



288 LOS VALENGIANOSl 

sona en qmea él (l^posito toda su conñanza para vigilar con escru- 
p^ilosidad (OuaDtas perdonas se introducea en el eslablecimienlp; m 
el interior 3e bailan colocados los trabajadores que fabrican la pasta, 
el que la pesa y corta, que llieva el nombre de serreta ó tallaor^ y 
alia en el fondo aparece un agujero enrojecido como debe ser la 
entrada dal ipSerno, guardado por un hombre njiuy ligero de ropa 
que con una pala en la mano se asemeja á Neptuno apoyado sobre 
el tridente ; el agujero 08 la boca del horno y íbI hombre el paler; 
esto es , el que cuida de la cocción del pan. £11 coquiller no tiene 
puesto detiermioiado ; gira de un lado á otro como utia ardilla; sirve 
4 todos á uo tiempQ y entra y sale continuamente de la casa : en 
sus vueltas y revueltas suele cruzarse muchas veces con un perro 
propiedad del amo , que pasa sin diticnltad por entre sus piernas 
torcidas , jaicostuipí^bradas por otra parte á este ejercicio canino. 

Durante la nocha amenizan el trabajo los operarios por jmedio 
del canto. £s de notar que el hombre tiene una inclinación innata 
¿ cantar ; (Oanta como susurra el viento entre los árboles, como 
murmura la fuente , como exhalan perfumes las flores; ,el hombre 
cania sin duda desido el primer dia de la creación . desde el momen- 
to en que se apercibió que sus órganos vocales pronunciaban soni- 
dos ; los niños cantap antes de hablar imitando el arrullo de la ma* 
dre que le .adormece en su seno , el hombre canta siempre que se 
encuentra solo en medio de la naturaleza ; asi vemos á los labrar 
dores s\e\^v su canción melancólica al trazar sobre la üerra el surco 
que Ja hace fecunda, canta también cuando es largo el trabajo para 
hacer breves las horas; por eso se canta en los talleres donde se 
ven precisados muchos individuos á residir por largo tiempo; el 
canto foilalece y consuela el aUna , sin duda , y hace olvidar las 
fatigas del .cuerpo. 

iEl coquiller es el ihéroe obligado de estas fiestas ; recuerda in- 
finidad de cantos populares y destroza al mismo tiempo la música 
de las .zarzuelas, haciendo de este modo una combinación horrenda 
que solo puede resistirse á la boca de un horno > que es como si 



pmxiDOS POR sí MIS5I0S. *5Í89 

dijéramas junto al cráter de un volcan. £n una ocasioQ laa^ j^já yqi 
.atiplada, al viento y dice: 

Carabasa m' han donal 
T no m' han donal meló; 
Mes me estime carabasa 
Que casarme en un furo. 
En otras pretende demostrar sus profundos conocimientos en, U 
lengua castellana , y esclama: 

Los árboles d' Arancués, 
Omdo8 de dos en dos, 
No tienen tanta finura 
Gamo yo li tengo á vos. 
Por último , el auditorio queda asombrado cuando abulia: 

Siñor Don Simón, 
La vida es fugal, 
^ Y naide privó * 
Su trag^ fatsJ. 
Esta suelf yeo^ d' Aragón, 
No perilonkHi '1 sexo i la edad; 
Y pues dise que fué 1' anguilon, 
Buenas o(N^bes, sinor don Simón. 
Hemos dicho que el titulo de coquiller es ol primero que se re- 
cibe en la carrera, y en efecto , después se halla e! de serreta ó la- 
llaor y el de paler; son como si dijéramos los grados de bachiller, 
licenciado y doctor en la facultad horneril. Si el coquiller ej muy 
corto de entendimiento se queda en este estado toda su vida y no 
pasa de tal aunque se muera de viejo ; si , por el contrario, dá 
muestras de inteligencia y aplicación asciende á ^ erreí(i y hasta 
puede llegar á paler, que es el úUimd limité de la carrera. 

El coquiller , bueno ó malo, haragán ó trabajador, reposado ó 
pendenciero , guarda siempre en su corazón intacto el sentimiento 
religioso ; venera como palrona especial á Nuestra Señora de las 

Mercedes , y» lleva constantemente su escapulario en el pecho para 

37 



I 



990 . IOS VALEHCIAHOS 

que te ^rra <Se consaelo en sns afliccioaes , de amparo cd sos ad- 
versidades , de refugio en sas pecas. Con este ausílio eicoqmller lo 
safra todo y vive contento en medio de la escasez , amparado bajo 
el manto de la religión que todo lo abarca y todo lo embellece. Se 
cuida poco del porvenir y apenas se ocupa del presente ; vé pasar 
los dias sin reOexionar qtie pasan sobre él y sólo de cuando en cuan- 
do vnelve la vista atrás para recordar nn momento de felicidad que 
quizá no le vuelva á sonreír durante su peregrinación en la tierra. 

OtoAMl víase*. 





PINTADOS POB SÍ mlSMOS. 



391 





EL millTMO. 



-t§§>- 



//^ 



<2AS> 



'2l C iSl 




EGUN el. diccionario de la lengua castellana es el 

jque teje en seda. Esta deflnicion ¡es mezquina 

para dar á conocer al vellulero yaleociano que, 

además de tejedor en seda , es un docto sui ge- 

neris colegial del Arte Mayor do la seda. El 

vellutero valenciano es planta indígena de los 

barrios llamados cLas Torres» y técnicamente 

el clót. Frecuenta pocos afios las Escuelas Pías 

para remontarse hasta la botiga, (1) y su entrada en el arte mayor, 

es para avicur (2) ó fer canilles. En este periodo no tiene voz m 

voto ; pero en cambio tiei^ la facultad de probar antes que nadie y 




(1) La azotea donde se tienen los telares. 
(I) Desmotar la tela y llenar las canUlai. 



2d$ tos YALfiNGlürOS 

síd medirlo en la jicara el zumo de uvas que vá á bascar de vei en 
cuaiulcLá la laborna. De este estado pasa á ser el verdadero vellu-» 
tero y entra en participac on con sus compañeros de los placeres y 
fatigas diarios , que son poco mas ó menos asi. Se levanta ya bien 
entrado el dia; (el vellutero tiene sus humos de señor y no quiere 
principiar su trabajo á la hora que el albañil) toma la capa, que es 
su uniforme tan querido , que hay quien no la suelta ni aun cuando 
Febo nos visita quince horas diarias , poniéndonos á 34 sobre cero, 
v no saldrá nuestro hombre nunca de casa de su maestro sin dar 

m 

una prueba de su tidelidád, llevándola plegada bajo del brazo hasta 
la puerta de la calle. Su primer visita matinal es á una de las ermi- 
tas que pueblan sus barrios , donde no de lo tinto , sino de lo ani- 
sado , se loma uno ó dos cuartos para matar el euc. (3) De allí, 
en conversación con sus compañeros , á la boliga. Ya te crees, 
lector, que el vellut(iro'f4lc^i|0Í2Íéo se #clpsa loéo el dia encorbado 
sobre su telar sin pehsár-lhás que' eií hacer fc!*ééer su tela ; pero te 
equivocas : eso cualquier trabajador sabe hacerlo y él tiene mas 
imaginación de la que se necesita para esa vulgaridad. Habituado 
desde su niñez á elevadas regiones , y filósofo por raza , mientras 
tfaKaja para granar el pan deTsu fómlüa , se distrae en continua con- 
véi^acibn ó canto y versa' írquella siempre fibbre temas vulgares, 
p^§ éf conoce el arte de gobernar, y tos males que a(Ugen á la 
ñ^roD los tiene él cdrregidos ^on solo doá'dias que fuera; ^ñiinrstro; 
sabe ál maravedí cómo se reparte en MadHd ct producto délas con- 
tilbiidotiés ; es enemigo ñato de los derechos de puertas; sus cone- 
t^tnítéblós en cKplomaüiSi eclipsan á' Meterñlcb y Valesky ; cuenta con 
ÍSt gravedad que le es pecáliar lo que costaron los muebles de la 
t^asa ttel presidente del oónsejo de Ministros; Üos (¡íláto^'fávoKtoi 
íá ittésá' delembajaííof IVírticés; las' cónversactoims toast séeWtM 
de Sf M. la Reina úbri su alta í^étVlduíÉbre; lotf galártíétó y^sa- 



(3) Matar el gusano ; frase equivalente á tomar la nafiana. 






PUSTADOS POR si MISBIOS. 995 

orificios de ciertos elevados personajes por esta ó la otra bai-* 
larina ; coDoce, con todos sas pormenores, el régimen ioteiior 
del palacio del Sultán; los trajes del emperador de la china, y 
su clase de tejido ; la grandeza del puerto de Gronstadt : describo 
todas las batallas habidas y por haber y lo horrible de las fieras de 
África y América, con pormenores que sus cazadores desconocen; 
pero donde mas fuerte se muestra el vellutero valenciano es en ad- 
ministración municipal : conoce á cuantas personas ejercen autori-* 
dad en Valencia empezando por los alguaciles del Ayaotamieito, y 
como estas cosas las ré de cerca , dice verdades como puños y 

acaba . siempre diciendo: csi yo fuera Alcalde — Después de 

comer le es indispensable su ratito de siesta, aun enaade sea sen-- 
tado en la misma banqueta del telar. También canta el vellutero al 
compás de les cárcüles , y recita versos de comedias, porque tam- 
bién asiste los lunes á las funciones* de teatro , á beneficio del pú-* 
blico, y mezclado con versos de ZorriHa y Olona, canta en Cua- 
resma cánticos sagrados ; desde Pascua florida á la grasada reci« 
ta eU milacrtsdó Sen Vicént , y desde esta focha eU mistiris de 
la ftsla del Corpus , porqae has de saber , lector , que supengo m 
serás valenciano si lo ignoras , que los personagea de esoe avlofl 
sacram'entales son casi todos velluteros, y como el qne va een «n 
cojo.... así es que todos ellos los saben todos y may particular- 
mente el bando del rey Heredes, q»e principia: 

laráu saver 

de part del rey de gran poder 

sifior qae tot ó mana, 

qn' et dichdus d' esta semana 

vinguen totes les dones 

aii tes males com les bónes, ete.^ etc. 

Desde la primera Pascua deja el trabajo antes de anochecer, 

para irse eslramuros, y ahora , merced al gran adelanto del siglo, 

tiene que andar algo mas y colocarse extra-racjio » donde sentado 

sobre la yerba , al airo libro y sin dársele un bledo de los transeun- 



294 LOS VALBNGIAt^OS 

tes 9 cena ó merienda con su familia y amigos con una libertad y 
sosiego envidiables. Repite á menudo los bandos (4) y la conver« 
sacien se ya poniendo tan animada que es un gusto oirle y. no es 
dincil verle regresar á la ciudad como , si siendo turco , llevara en 
brazos á su muger. Es de indispensable polilica antes de separarse 
de sus compañeros fer dos ó tresdoséts,:(^) duraute cuya operación 
si la conversación gira sobre los hombres de gobierno dice nuestro 
vellutero cosas tan grandes como verdaderas ; . mientras los niños, 
cogidos con las cestas se van durmiendo , y las mugeres , cargadas 
con el pequefiito , que se ha dormido, tratan en vano de adelantar 
el regreso á casa. — Su odio á los derechos de puertas y su enemis- 
tad con los dependientes del ramo es tan natural como el del niño 
ál gato que se le come la morienda. Con frecuencia, al regresar^el 
vellulero de esta espedicion le exigen en la puerta cinco ó seis 
cuartos por ún poco de vino que queda en la bota y que nunca paga 
sin tenor antes una larga polémica con los dependientes , y veces 
hay que pior evitar que estos salgan con su empeño, se sale, y tras* 
eólando.el vinade la bota á su estómago, entra ufano sin que le 
pUlen los cuartos y zumbando á loi^ dependientes A estas meriendas 
pone iinlavispera.de S. 6U , en que el maestro , poniendo, según 
antigua costumbre, sobre la banqueta del telar un puñado de azofai^ 
fas y un candil .le indica que principia la vela. Esta es la vida regu- 
lar del vellutero; pero hay épocas especiales que no debe ignorar 
el lector. Los sábados al marchar de casa del maestro toma la dita 
(6) con tan esquiáito cálculo , que siempre tiene la cuenta en par- 
tida de cargo , asi es que al dejar un maestro tiene con frecuencia 
la satisfacción de que quede en su libro una partida á su nombre: 
acto continuo de tomarla dita^ la fuente del mercado le sirve de 
punto de reunión para orientarse del estado del arte¡ En tiempos de 

. • . ; . • ■ I ■ ■ • j . : 1 • ■ • I * > ' .' ' 
"-■- •- ._■ 1 ...... ■ w ^ — 

(4) Echar traaos. 

CS) Llaman asi al escole de uno 6 dos cuartos para echar un trago. 
(6) El tanto que adelanta el maestro semanalmente á los oficiales, basta qué a) cortar 
1^ tela se arregla la cuenta. 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. ' 295 

liermaDdades y concdrieí^ (7) el vellutero ñgura ea todas y asiste á 
sus actos con tanta formalidad y tal acopio de razones, como acuda 
ásu compañía en tiempos de milicia nacional. ¡Como es posible que 
no suspire todo antiguo vellutero valenciano al recordar el rosari 
de la pastora (8) y aquellos versos: 

No es penseu que soc pastora, 
perqué porte borreguets, 
que soc la Yerge Maria 
de la concdria deis Porcbets. 

Dejara de ser valenciano nuestro vellutero sino tuviera el ta- 
lento de suspender sus ocupaciones siempre que puede procurarse 
un buen ralo en este valle de lágrimas; asi es que, no Hy fiesta 
que no le haga dejar por mas ó menos tiempo el telar. : 

Su afición á les paelles es tanta, que no permitiéndole sua me^ 
dios hacerla^ con la frecuencia que desea ^ se entretiene fentles de 
boca (9) con sus compañeros de boliga , y sin moverse del telar ni 
interrumpir su trabajo, se conviene á cómposém, (10) se designa 
el sitio en que se cree ya estar y |qué gusto es oirle cSino se co- 
me uno una pierna del pato , al otro pedir vino para acabar de tra- 
gar un pedazo de pechuga I En fin , como la frase valenciana esplica 
muy bien , la paella se hace y se come solo.... de habla, pero con 
una gracia que solo el vellutero posee, porque es chistoso en su 
modo de decir. 

Si hay calma en la demanda de géneros de su arte él te la dará 
á conocer pronto , lector mió , porque cuando salgas de casa le en- 
contrarás á parejas por las esquinas implorando la caridad pública y 
sabe Dios cuánto me duele ver distinguirse de los demá» gremios 
en costumbre tan fea, al que mas gloria ha dado á mi pais. 

Hé 'dicho algo acerca del vellutero jornalero ; pero censido* 
rado como maestro, aun cuando tiene mucho delque acabo de 



(7) Hermandades asi llamadas. 



Jj La mas célebre de las dichas. . (. 

>9) Hacerlas de conyersacioo. 
MO) £1 escote. 



296 LOS VALENCIANOS 

b(^quejar , tiene /sin embargo, su cualickdos especiales, patcfiie 
éflto gasta levUa ó tulüna ^ en ?erano, y gabán y gaaotes en invier- 
no , los días de fiesta , se entiende. Está sascrito á dos ó tres se- 
manarios de lilerttura , y haee comedias caseras , siendo joven , si 
viejo, ó es pescador de cana, si no tiene familia, ó si la tiene le es 
indispensable lartasa y barraca en el Cabafial. Le conocerás siem- 
pre que le encuentres por la profusión de terciopelo y telas de 
seda que verás en los trajes suyos y de su familia , hasta el niño de 
pechos lleva falda de seda y gorrita de terciopelo. El tiempo que le 
dejan libre sus ocupaciones lo emplea prestando muy bvenos ser- 
vicios, como individuo de sociedades religiosa ó de beneficeDctt. 
TamlAen diré algo del vellutero que cnelga bs hábitos , ó sea 
del que , habiendo nacido hijo de vellutero y pasado su niñez a'oimt 
ti ftnl caniUes M 4eja el arte de la seda por dedicarse á otra car- 
teftt ; á éste ie coiioce todo valenciano 4 tiro de bdiesta : si quiere 
ser goason , es un necio cargante > y ñ te dá por 4o grave es tan 
insufrible como las campanas dd convento de Sta. Tecla. Si présa- 
me de elegante ¡ay Dios mió! aquello es lo qae llamamos un 

vellutef fí. 

Pero esta es um variedad de ia especie qué no tiene cobrido 
determinado , ni ^licacion postMe en nuestro articulo. 

Es tm veflntero degenerado , es nna negdcioíB de si mismo y 
pasa á constituir el embrión de un ente indescifrable qne por cual- 
quier punto^de vista que se le mire solo ofrece rasgos ridiculos y 
pretensiones explicas. 

El tipo verdadero , ei industriad que nos propusimos bosquejar 
queda trazado según le comprendemos, en las lineas que anteceden. 
Cuando deja de hacer (o qué nosotros hemos consignado, es, ¿ por* 
que no ha entrado en su esfera, ó porque ha salido de ella saltando 
torpemente la valla que le separa 4e las que ooupan otros. 

En cualquiera de estos casos le debemos abandonar, porque en 
ninguno de ellos le comprenden nuestras observaciones. 



pmTAi>os POA si SnSMOS. 



m 








El MAPWO, 



^ÍIIIIIIIÍ# ^^ '^^^^''^ * ve^do \^n i la Ujera, como su 



y 



mf>y 



^HnT 



y 



E 






ocupaqpn ei^jd > Y ^M^ ^ ciartas épocas del 
a&o ve^ aparecer ^ las orillas de ios rips, 
aoQducieDdA maderas do coostruccioQ, e& ef 
maderero , ^ cjya mdKKluali^ad , l)ieQ cq- 
nppida 6D f^ r«s^ ido España , jarnos á ocq- 
paróos. 

Sus 4ffcM zarqgfietU^ v&^jám en t0|da9 
parles su origen v;^encL»po. £i gancSo , ir^umenlo único á» €^ 
se vale para M>4as las oparacic^ d^ su (^j|cj^, se aseipejari^ HW^ho 
á las picas que usao ios cosacos , si ademas de su parle punzante 
no tuviera esa e^íipecie de acerado espolón, con el que atraen lige- 
ramente los maderos que se apartan dt la corriente. Para $et Wfr. 

88 






29¿ tos TALENdiVOS 

dererp se kiecesita haber nacido en Ademúz , Gofrentes é CheWa. 
Eo.este úlUmo pueblo encontrareis la figura qoe nos hemos t^omfMyíh, 
metido á bosquejar, es decir, el tipo perfecto de la clase , él ma^ 
derero puro , el cual no se ocupa en otra industria ni conoce otro' 
género de vida que el trabajo ó merodeo á orillas de los ríos , ora 
se llamen éstos el Duero , el Guadalquivir , el Tajo , el Júcar ó el 
Túria. En los otros dos pueblos indicados , el maderero es á la vez 
un jornalero del campo, y maneja mas tiempo el arado que el yan^ 
cho. Solo cuando Ghelva ha enviado á los rios todo su contingente, 
es cuando se acudo á Gorrentes ó Ademúz en busca de madereros. 
Además en Ghelva resido la plana mayor do este ejército acuático^ 
compuesto de empresarios , mayorales y cuadrilleros , y de cuyas 
respoclivas posiciones vamos á ocuparnos sin dejar de dar pince- 
ladas al tipo que se contorna en el cuadro. 

El maderero , jcneralmenle es hijo do un maderero también. 
Guando tenia seis au(Ss>(jl)V|q[|pí|^ lltf^íl consigo y hacién- 

dole servir de rancliéro lif Kízo' el^trat en Ir\;lase , pasando por 
esta escuela de aprendizaje, en Ta que, además de la instruc- 
ción , se les proporciona la comida y doce cuartos diarios. El Túria, 
es casi siempre el rio donde hacen sus primeros ensayos estos tier- 
Bfos rtíclirtas. cuatro 6 elfico coudncciófté'S' hatt bastado jHifa ^ff^ 
éPüifia sfe^ femillarice con el toanejo del «^aifrchay japrcnda á oadiiir 
cotoó nnpiftz. ^\ yanther^ püédfe' Siega!* á ^ser cuadrillero, especié 
de dtübúk ^ teinéh bájcf^ sus ordénes siete yanderos ^ y>puyo jíñr^ 
nal^Sdos reaíes fna;^oi^*^quo él dé éstos^ue ordinariailiájle estáte 
treár^ reales; El cuadrilleío lieceslta^'yai^ tener q^ta iustruccipitT 
condiciones de mando, amen do las^dí-talori^y. prácUc^ éi^-^él 
ofieío, y siestas son nüiy^^obresalfciHfe^s puede aspirar á ser un 
dia mayoral, ^n cuya ultime rango sé cóbráti diez 5^ r^is é i^ÚtfXií 
ís; diarios y Iso puede tóéndai* yadfliiniiítfar 'ala éspañoliti '^^ '^ 

ti) Nd'os admiré la edad. CifaifttfóVitóslés tódWétos én las dnlfes'^Tó'iokíioi^ 



r 



PmXABOS , POB sí MISMOS. 299 

El maderero puedo decirse que es el representante mas puro 
de la raza ibérica, de esa raza que forma las mejores legiones ro- 
manas qne luchó siete siglos con los árabes y que dio celebridad 
á la infanteria española en Italia y Flandes. El maderero es sobrio, 
ágil , valiente y gran nadador. Respecto á su moral , con solo hacer 
presente que el género de industria que ejerce es el que mas se 
presta á actos de insubordinación y que ésta jamás ha levantado su 
cabeza en las Qlas del ejército acuático , queda hecba su apología. 
El m/iderero es considerado en todas partes como ave de paso; 
conoce la geografía do su nación por el curso do los rios: 
sabe que siguiendo el Túria llegará á Valencia : que si so contrata 
para el Guadalquivir verá la gran ciudad de Sevilla , mientras que 
si ha ido al Tajo podrá admirar los jardines de Aranjuez, pa^ar á 
Madrid y ver la leona del Retiro. En las grandes poblaciones nunca 
veréis discurrir á un maderero solo por sus callos , y es que en 
esta industria la individualidad^ se cree débil y torpe hasta para 
cruzar do un puesta á otro. En esto se parecen á los marinos que 
siempre visitan !as poblaciones en grupos. El maderero, como 
tipo primitivo , y do honradez, heredada conserva un miedo tra- 
dicional á las malas artes que se suelen ejercer en las grandes ciu-< 
dadcsy y prefiere el ruido armonioso de los rios., aunque cambie 
de tono en los días de tempestad, al bullicio de los grandes focos de 
población, y aquí resalta de nuevo su semejanza con los marinos, 
los cuales , cuando desembarcan lo hacen por pocas horas y solo 
por dar un vistazo á la población que se les ha presentado delante; 
pero quo por la noche no dormirían tranquilos , sino fuesen me- 
cidos por las olas del mar. Del mismo modo nuestro héroe solo 
duerme tranquilo y sin recelo oyendo el murmullo de los rios. El 
maderero vuelve á su pueblo tan puro como salió de él: ni en sa 
habla, ni en sa trajo ni menos en sus costumbres so ha mezclado 
nada de otras provincias : sus largas ausencias no han entibiado sus 
afectos do familia. En sus largos viajes lo vé todo , lo observa, 
lo admira ; pero no se adhiere á nada. No hay menioria ea la cl^se 



500 LOS VALÉWcTÁkbS 

de ese individuo qae baya ecbado raices én ninguna de las pobla- 
ciones que visita. Su presente está en los rios; su porvenir én Chel- 

s 

va. Cuando es viejo, sus bijos , á quicned él ba educado en éA ma* 
nejo del gancho , Té guardan el lugar preferente , junto á la diime- 
nea , y el jubilado oiarino de agua dulce se complace en oir bablar 
de las vicisitudes de la íillima conducción. El maderero es amante 
de su pais sobre todas las cosas del mundo. SI le asaltan las ter- 
cianas , enfermedad del oflcio , su primer eiijéncla es para que se 
te conduzca á Chelva. 'Bl aire de sus montaDas y la brisa db sus 
vergeles cree que pronto le devolverán la salud. Si el mal arrecia 
en el camino pide á la Virgen del Remedio (2) que le permita ver 
el campanario de su pueblo , aunque á su sombra haya ¿e encon- 
trar la muerte. 

El maderero , sin embargo de las vicisitudes de su industria, ise 
cree feliz. Preguntadle si está contento y os contestará, echándose' 
el gancho al hombro , que pretiere su manera de vivir, con tocios 
sus riesgos, al trabajo monótono del labrador abriendo surcos en 
la tierra ó del industrial pegado siempre á la máquina que mueve. 
Para comprender que no se halla mal avenido con su diricil y arries- 
gada industria ^ seria preciso que le vieseis con sus compaSeros, 
en las calles de Chelva, en un día de partida. Nunca para una 
conducción salen menos de ciento , y á veces doble y triple nú- 
mero. El pueblo todo se pone en movimiento. Las mugeres van^ 
y vienen á llevar los equipajes de sn maridos al ropero que vá á 
partir. Los chicuelos destinados á servir de rancheros se agitan y 
se multiplican. Es muy frecuente én esos dias ver á la puerta de 
una casa cinco ó seis individuos de una familia, despidiénddse á la 
vez , el marido, de la muger , el padre, de las hijas , los hijos deía 
madre. Guando asi sucede, las. pobres mugeres se consuelan ¿el 
abandono en que se van á quedar , pensando en tos abórrós que' 



(2) Imagen que se Teñera en Chelya en un ermitorio situado á la laida del elerado 

ii¡ — 



ttonb Hanlátto ifj /feo. 



pmTABés POR s( msmios. 301 

iwicdén Iraer sos hombres. Ellas , generalftíetifíe se apodieran ^ 
las ruecas y los esperan hilatodo. (3) Cualquiera que huMfera tenido 
ociafeion de preséDcTiar estas ó pareífcidas escenas habría cteido asis- 
tir á los preparativos 4e una campaña /sobre todo si tepara^en «1 
gancho que nunca abandona nuestro héroe y 4|tte le 'da un «olor 

guerrero. 

Si é tipo que iraiiftos bosquejando ha llamado 4u atenek)D , que- 
rido kctor, no podrá iKíenos de Hamarla también la ddm de te^ 
duslria que le presta nombre y que difiere eti mas de Ma cosa de 
1odas las que ocupan á la gran- familia humana. El maderero ne 
liene tiecesidad de tl-aibajar todos los dias ni «es el trafb^o igual 
ni lo Terifican siempre eu'tín mismo punto. Si en d fio lia sobre-^ 
venido una fuerte crecida , el maderero se aparta de sus oriUasy 
espera en el pueblo mm^diato que elagua dmniinttya para vohrer á 
él. Guando ^l tiempo les fafvoFece eou Ikrvias^^continuas y aüode^ 
radías, el rio auknetila su «audal de agro , y esto contribuye á dar 
impulso á la conducciion; ]>ero llegan á yecos ocasiones terribles ea 
que tras un largo 'portado de seqvia él estampido del trueno anim* 
cia la proximidad de 'la temipestad. Brilla* el tnelámpaigo, el eielo 
^bre «US cataratas y los amonios y los -valles se ten de repeole 
inundados de agua. El rio , por cuyos puros cristales se deslizaba 
e\ maderero media hora aiiltes /ha Peeibido el tPibuto-^de eientirro- 
yos. El manso cordero acaba ^de icoilvepürse «n teon irritado. «£1 
maderero rompe las antiguas ivnistadesKMMiisu viejo comliaíBéra^ y 
olvidándose de ta tormenta que riqe á mi alrededor y menospre^ 
ciando la muerte que le amenata airada desde el fondo de las tar^ 
búlenlas corrientes, trabaja desesperadamente parafaollilarel cunso 
de la madera , ó so lattza en so «seno para «salvar la existencia de un 
compañero , cuyo gancho agitado de cierto modo anuncia el peligro 
eminente en que «e eicueolra. En-eitos tnraces de muerte , ningún 



(3) Generalmente la muger del maderero hila cáfiamo, cuyas madejas se conrierteo en 



502 LOS YáLENGUJNOS . 

maderero f s\ es chelraDo , deja do invocar la protección de la Viri- 
gen del RemediOf Hé aqui los dias de prueba que se ofrecen á mis 
marinos de agua dulce , y que ninguna industria conocida I03 pro- 
porcie^a tan amargos. En cambio tiene también los suyos de bo- 
Ddnza y de ventura. 

La madera está ya en Aranjucz. 

Las lluvias que, haciendo crecer el ya caudaloso Tajo han ame- 
nazado su existencia , han racilitado la conducción. . : 

Los empresarios han llenado de oro sus bolsillos. y ellos han re- 
cibido laknbicn alguna gratiGcacion ao convenida. Yedlos como dis- 
curren por las frondosas alamedas del Real silio. Parecen soldados 
que merodean la victoria con que ha sido coronada una penosa caoh 
pafia. 

Nuestra joven Reina, siguiendo la costumbre de aus antepasados, 
se digna alguna vez acercarse á los industriosos valencianoa para 
admirar sus trabajos. Los madereros^ jentonces, óofnprendiendo toda 
la importancia de la regia visita , ejecutan las principales maniobras 
del oQcio con presteza ó inteligencia á la voz de sus cuadrilleros, 
y[ pronto la corte, admirada , les ve inaugurar un puente movedizo» 
pero seguro , por el cual S. M., seguida de sus aristocráticas damas, 
cruza el Tajo. 

Estos inesperados sucesos son el bello ideal del pobre maderera 
Sus padres le han hablado de las visitas que solia hacerles F^^ 
nando Vil cuando arribaban á Aranjuez en época que se bollaba la 
corle , y ellos podrán recordar á los suyos la munificencia do su hya 
Isabel II, que en mas de una ocasión ha mandado distribuirles alr 
gunas cantidades. 

¿Qué hombres son esos? esclamará un estranjeroal ver im:grQr 
po de madereros en la plaza mayor de Madrid , con los gancb(]^ al 
hombro y mostrando sus piernas desnudas , debajo de sus anchos y 
sucios zaragüelles , sin embargo de que se siente un frió de tres^ 
grados bajo 0. 
—Esos son españoles, se les podría contestar, esos son hombres 



PINTADOS POR SÍ MISMOS. 305 

de hierro que resisten el frió de hay como el calor de los frópicos, 
y qne desafian la muerte en las corrientes de los ríos cotnodesaflaroD^ 
la que vomitaban vuestras balerías asestadas contra la inmortal Za^ 

ragoza. (4) '' ■. •♦' - ' 

Bosquejado el tipo áe\ madrero nos resta solo , para dar por 
concluido nu^tro articulo y decit cuairo palabras sobre el> sistefiia> 
económico administrativo con que se gobierna la milUiia acuática; de 
que él forma parle. - i.:. : ! 

Cerca de los mader^rof, aunque siguiendo ruta diferente, cai¿' 
mina lo que ellos llaman la tienda, especie de brigada compuesta' 
dé soberbiosmulosquelieiran sobre sus lomos^ las- provisiones 'dé- 
harina, vino y aceita; únicos arlteulíjs ile su consunio v á fos quetí^ 
tropa agrega las frutas y verduras que encuentran en las oriltes de 
losrios. Con las provisiones va también él equipaje* ácl maiétéroí 
que consiste en un par de camisas, igual número de írai^agr«^WéSf^ 
alguna chaqueta de pauo pardo. Esta sección se llama la ropería f 
el mozo 6 mozos que cuida» de ella roperas. lA tienda stíminrsfrt 
las provisiones kX^^rmchert^ qué caminan siempre una béra'^e-^ 
lante, á orilla del rio, para <lisponer y confeccionar los déíá*ran¿*fó9^ 
diarios, que forman su alimento. Preciso será advertir 'aquí cfM 
desde inmemorial ha consistido ésto en migas, que iso ofreééíi slV i^íi-^ 
derero en el almuerzo le^ mismo qué en la comida, ^inqueMéiistti 
memoria de que se baya tambifado nunca de viitnda. Há^de un^ítn^ 
chero ha crcida Ver éff eslo^^ una cosa providencial ^ -y aiciofnsiidérát 
que también á los pjces se 1($ aljmenla ,Cfn migas de pan , han 
convenido en que este es el alimento de todo ser acuático , en cuya 
familia se cuenta ya él. Aparte de esta creencia, digna de atención, 
aiiadircmos nosotros , que la dificultad de surtir la tienda de otros 
articules que los indicados , han obligado á los mayorales y empre^ 
sarios á suministrar á la dasfé el pan pura; ti convertido en migas, 



(4) En la guerra de la lodependencia un batallón formado en CbeWay compuesto eo ra 
mayor parte de madereros tuvo la gloria de defeoderse eo Zaragoza cootra las agiúlas fran- 
cesas. 



504 LOS YALBNCIAIfOS 

amén del vino qoe no se les escasea , y del aguardieple., que eOr 
wenlmo también en la tienda , si bien con la reslriQciooi de Mberlo 
de pagar para poderlo trascolar al estómago. El maderero ^ sin em- 
bargo , á fuer de español y de bien criado no protesta nuqca contn 
su obligado rancho de migas y , como hemos di<;ho, «e halla con- 
teato con su suerte y eu buena armonía con I03 mayorales ó empfOn 
sarioa que se Iq suminlalrait 

El movimiento progresivo del siglo del vapor » deli t<dégrafo 
eléctr\po y del dóflcit ha ejercida también su influencia en la vida 
del pobre maderero. Aptiguamenbe los dueños de las maderas ha?* 
cinadas en los puntos de embarque , se entendían con los masraror 
tes, los cuajes reclutaban la gente y con ella acudían á encargarse dfl 
su conducción , b9\¡o un l4po do jornal que nunca variaba. En ^iet 
sist^o^a w habia: interés en qne la conducción fuese mas ó juencis 
prouta. El trabayo se dejaba siempre para mañana y podría decirse 
que el rio solo hacia la coqducqion bajo la vigilancia del maderorci- 
Eu el dia todo ha cambiado. El genio especulador del^iglo %XÍ ha 
hecho nacer la persona del empresario , digna de figurar en uu 
Quadro aparte, el cual por una cqqlidad alzada, pero bien calcur 
lada , 1$^ obliga á hacer la conducción : de ahi el interés en que ást^ 
se verifique en el ícenos tiempo posible , y como consecuencia ish 
mediata, que el trabajo sea mas duro: en cambio el empresarir 
haciendo trabajar mas al individuo , ha descubierto auchp pprvftn^^ 
para la elase , llevándola á todos los ríos de España. 

^oaqLiiiit Pardo ác ln ^mmim. 



i^irjiíBHttia^^oeigpi 



PINTADOS POR SI MISMOS. 




ÉL OBRERO DEL CORPUS. 



ADiB que coDOKca ud poco el tipo cuyo nombre va al 
•I Sí ü^ frióle de estas lineas le cünfundírá cieitamente con 
g^^^T^^C^ el Clavario , ya de fiestas de calle, ya mucho menos 
de Gremio. No negaremos que existe ciei la analogía en- 
tre el Clavario y el obrero del Corpus ; lanío mas, cuün- 
Ji^ lo que generalnienle^se suele denominar a éste como aquel. 
Poro muy otras son las obligaciones , las incumbencias, 
los caracteres , en fia , del Clavario y el Obrero del Corpus. 
Aquel es un cargo mas popular (y permítasenos la frase); el Obrero 
pertenece á una corporación mas elevada : en una palabra; el C'/a* 
vano , con raras escepciones, es de la clase proletaria ; el Obrero, 
de ta clase media, y aun muchas veces de la arUlocracia. 
39 



306 LOS VALENCIANOS 

Hechas estas breves iadicaciones, vamos á nuesiro abanto. 

Uü domingo cualquiera, regularmente del mes de Mayo, se reú- 
ne la corporación , llamada Obrería del Corpus de la parroquia A. 
ó B. y celebra junta general. Si hubiésemos de juzgar por el nú- 
mero de individuos que á ella asisten , creeríamos que era reduci- 
dísima la congregación , y no nos podríamos Ggurar que pasase de 
doscientos el número de los asociados. Por lo regular, componen 
la junta el cura propio de la parroquia que preside, el Fabriquero; 
los obreros de aquel ano , y seis ú ocho asociados mas. Abierta la 
sesión, danse cuentas, y aprobadas, regularmente sin discusión, pá- 
sase á la elección de obreros (que ordinariamente son tres), ó lo que 
sucede con mas frecuencia, se invita á los concurrentes qu,e no han 
obtenido nunca aquel cargo , á que lo desempeñen en el año 
entrante. 

Hasta ahora hemos hablado en general ; pero supongamos que 
Don Ambrosio , hombre muy honrado , de buenos sentimientos y 
muy religióÉo, iñdllriiüQ dfi k Abferiá <dl éA pfalr^ia , é4 presenta 
por primera vez en la junta general. Asi qué le ven entrar los obre- 
ros, hablan entre si, y convienen en dirigir sus tiros bácia el buen 
.Don Ambrosio. 

Efectivamente , uno de ellos toma la palabra , y con razones 
mas ó menos fundaduá le convence de que debe sef obtéto^f 
queda asi convenido^ Terminada la junte, todod se acercan i S^ 
Ambrosio , dándole mil enhorabuenas por su hebroso cai^ ; U 
dice que en verdad le asusta la empresa , t)orq!ie Uevá muchaU Itt« 
comodidades y disgustos ; pero los obreros le traiiquilíKfein cofi éífiHh 
lio de que no es tan fiero ti león como le pintan^ y qut sobre lodÍ| 
Dios recompensará esa nueva prueba de sn religiosidad. D^ Ambi:o- 
sio va á su casa , cuenta á su mugcr y á sus hijcKs lo que acaba dé 
pasar, y en aquel mismo día el sacristán y los maeipes de laipa^- 
roquia van á felicitar al nuevo obrero. 

Dejemos á un lado las visitas del cerero > adorniflta^ jrofe- 
ro, etc, , etc. , etc. , que recibe nuestro bombre en aquellos ^diartf 



PmTApOS POB sí BfI3M0S. 30f 

y pasemos también por alio Ips oonfereuci^s que tieoQ D. Ambrosio 
con sus (lo$ compaüero3 do obrería» formando planes para el ano 
próximo. 

Lo que $i baremos no^^r á nuestros lectores os el cuidado con 
que miri aquel ano toda$ la9 procesiones (Je la octava del Corpus, 
conlaoüo las ajidas, ciriales, iacepsarios, capellanes, danzas, mú- 
sicas , ele, que van en e\\if, y conñándolas á ^(^ memoria, ó si esta 
es Tragil , al papel. Inútil nos parecQ ^dvcrüi* quQ 1^ que mirará con 
todos su^ cinco sentido?, como suele decirse, es la de su parroquia; 
porque ^si saJt)e ya á que ateqer?;^ y ti^pe una bflse segura^ como ^l 
piismo dice, para el año próximo. 

Nada, que merezca llamar n,uestr£| atención acontece á nuestro 
obrero en todo lo rostíale del año ; pero á principios del venidero 
ya comien^^a la cosa de ^era^, como ^e dice vulgarmente. Se trata 
con el ropero de las figuras .qup ban da ir en la procesión ; con los 
clavarios do I03 gremio^, 4q |p^ raipos y c^rijale^^ que se Les ba de 
dar, porque sus andas Vjay^p ep la misp^as ; pon el sacristán , sobre 
e) aceite de las lámparas ; c(xn el cerero , do |^s ve^s qpe ha de su- 
ministrar ; con el fabriq^pta 4o ramilletQs, da las ysiria^ clases da 
estos ; en una palabra , i^a ^U3t9 todp lo necesario para el mayor 
lucimiento de la función. 

Esto 03 cosa de los obn^rios lep común ; por lo iqup toca á Don 
Ambrosio , ademá;^ de ,e$[), ^^np atrás muchas cpsas que arreglar. 
El ha de pintar lod^ la ca^a 1 interior y esterioro^ente, de arriba ^ 
abajo ; ha de poner colgaduras nuevas en las alcobas; él, su mugar 
y sus hijos, han da astr^nar ^qmel dia traJQs puevos ; as) es , que 
ha de ver al sastre, para que le b^ga el Crap negro, pantalón, id., 
y chaleco blanco ; ba/la encargju* sombrero nuevo y botas nuevas. 
La nina mayorcita cosa pn;st£9mis9 á pn padra^ .destinada para aquel 
dia; mientras que su.ipamá ^a ocupa, cuandp su maridp no se halla 
en casa , en hacer uno3 (iranjle^ ^e cañamazo , para darle púa agrá* 
dable sorpresa con los tirantas y con una corbata negra de moaré, 
hecha da un trozo que ha obrado ele su vertido. 



508 LOS VALENCIANOS 

Todo os , pues , animación y movimienlo en casa de D. Am- 
brosio. El pasa todas las noches tratando con sus compafieros do 
obrería, de todo lo que concierne á la función ; no se habla en so 
casa de otra cosa ; los niños no piensan mas que en sos trajes nue- 
vos ; la obrera , en la cortesía que harán los jigantes cuando pasen 
por enfrente del balcón ; D. Ambrosio , en lin , en su marcial as- 
pecto cuando enarbole el guión y vaya marchando al compás de la 
música con su peculiar prosopopeya. 

Llega por fin la víspera de la Tiesta. [Qué tragint ¡Qué impa- 
cientarse! ¡Qué arrepentirse do haberse metido en semejante labe- 
rinto! El sastre , que no ha concluido el frac ; el zapatero , que no 
ha cumplido su palabra; la modista, que devuelve el vestido y lo ha 
errado ; el fabricante de los ramos , que no los ha concluido ni los 

puede concluir ; la Todo, en fln, parece que se conjura 

contra D. Ambrosio. El no para en todo el dia « de casa del obrero 
á casa del sastre, de alli á la capitanía general para que asista á la 
procesión un piquete do tropa ; de la capitanía general á la casa de 
aguas heladas para que no se olviden de preparar el refresco ; de 
aquí á la parroquia , de la parroquia á casa del adornista; del ador- 
nista á ¿qué se yo? Lo que si sé es que por la noche el buen 

hombre está rendido y con mas deseos de tenderse en la cama, que 
de estar recibiendo visitas y oyendo la música , que ejecuta varias 
piezas en el tablado que hay a pocos pasos de su casa. Resignase, 
no obstante , y cede á esta exigencia , otras de las mil que lleva su 
espinoso cargo. 

Finalmente, á la una de la noche bajan los músicos del tablado, 
y se despiden las visitas de D. Ambrosio ; pero él tiene todavía que 
obsequiar á aquellos con uuas cuantas botellas, resultando por con- 
siguienle que no se acuesta hasta las dos y media de la madrugada. 
Esto no impide que á las cinco de la mafiana llamen ya á la puerta 
de su casa algunos individuos de la parroquia en demanda de ra- 
mos y ciriales para la procesión ; demandas que continúan todo él 
dia , que se reproducen sin cesar á cada momento, basta la hora de 



PINTADOS rOR si MISMOS. 509 

salir aquella, y fastidiando soberanamente al buen D. Ambrosio, 
sin dejarle vestir, toniar chocolate ni comer tranquilamente. Así es 
que pasa dos horas y media eor vestirse y acicalarse para ir á ocu- 
par en los oficios de la mañana el sitio preferente que le está re- 
servado. 

Llegada la hora de la procesión, nuestro hombre se dirige á la 
iglesia que se halla entonces convertida en otro campo de Agra- 
mante. 

—Que ha de ir delante Santa lucia. 

— No señor, San Ramón es primero. 

—Tiene Santa Lucía el sitio de preferencia, 

— No señor. 

— Si señor , le digo á Vd. que si. 

— Y yo digo que no. 

— Pues yo no salgo. 

— Pues yo tampoco. 

He aquí una de las muchas cuestiones que se suscitan y que ha* 
de cortar el obrero como su prudencia le dicte. 

En esto avisan que no han llegado todavía los apóstoles; que 
Noé está echando un trago , y quelalta un evangelista. D. Ambro- 
sio y sus compañeros se incomodan y* se arrepienten una y mi! ve* 
ees de haberse metido en tal fregado. Pero no es esto solo; los eá- 
cargados de llevar el anda del titular de la parroquia dicen que no 
quieren llevarla sino se les aumenta diez reales á cada uno sobro lo 
estipulado ; los obreros gritan y patean ; pero tienen que transigir. 
La procesión sale en fin , y D. Ambrosio, cogiendo maquinalmento 
el guión, olvida entonces todos los sinsabores y disgustos que tan 
desconcertado le traian. Al pasar por delante de su casa, dirige la 
vista hacia sus balcones , y ve á su esposa sonriendo de salisfaccioo, 
y á sus amigos saludándole afectuosamente, al paso que los niños 
gritan ael papá, el papájo y arrojan un puñado de flores deshojadas 
sobre su cabeza. 

Concluida la procesión, D. Ambrosio vuelve á su casa condece-^ 



510 LOS VALBNGIAKOS 

ra^ coD una docena de mancbas de cera q«e le regaló m porta- 
oirialelo y que le haa causado do poco disgusto ; pera el refresco, 
qu3 produce una alegria gooeral , le hace olvidar el percance. De9- 
pws la tnésica ejecuta varias piezas como la ooche anterior ; Don 
Ambrosio no puede tenerse de sueño, y tras de unas cuantas koras 
de sonsonete, y faudeamus á los músicos , se enti^ga r^ido en 
braaoe de Morfeo , no sin jurar uaa y mil Teces que no folverá ^ 
ser (Marero del Corpus, 

Al dia siguiente se levanta nuestro héroe i las diez de la maña- 
na, lodo molido y lleno de dolores, efecto del giAon y del continuo 
ir y venir de .os dias anteriores, y recibe nna porción de ráftas, 
pero de varias clases. 

— Amigo D. Ambrosio , muchos años qoe V.. .. 

—Gracias, Don Lucas , gracias : ¿ qué tal le paredé á Vd. la 
ftmcion? 

— Magnifica , oh.... ^ , magnifica , como no se ka fisto igaú en 
la parroquia, 

—Señor obrero , intemompe cierto prójimo qnitándoae la gorra, 
pan servir a V<1.; aq«í Ueoe V4. «I recibito de 

— iQmé tal? ¿Se ha descansada? Dice el veomo de enfrenle , qot 
dofuelFO tras ciriales que ilevarai m la proconon él y aoa doa 

bi|08. 

El buen D. Ambrosio tiene que mostrarse risoefio y atrille o« 
tados, y recibir los plácemes , y mii» tarymt , y oenlentarios cqb 
sendos pesos duros q[Qe no sea de c^remoua, y ete,, etc., ek. 

Pero al través do si rostro «maMe y de sos palabras afectoos»*- 
nwiio afectadas, se ve ol obrero triste , y fijo «olo en ona idea, la 
de qoe toda la fiesta y bnUiofeo pasó, y sis manedas pasaros tMm^ 
bien á manos de les qne ban coiatribaido i ose iMlIkáo y á 4M 
fiesta > mientras qoe solo no ban pasado para él el canaaiieio y 
aborrimlenlo , y el vacio qoe tras » ha dejado la ommad» \do 1m 
dias anteriores. Pudiera creció que D, Ambrosio , en aqnelbs «ao- 
mentos c^nnpadecc u los obr^i^os de la^ otras parmqaias á fsenes 



pmTABOs POB si Mismos. 51 1 

aun DO ha llegado el día de la prueba ^ es decir ^ el lui^no de <d 
fiesta , y á los que ^ andando el Uempo , han de i^ucederle en sq es^ 
pinoso cargo. 

La esposa de D. Ambrosio > por otra parte, tiáae que guardar 
toda la ropa de fiesta ó de etiqueta , como ella la llama ; lo9 trqed 
de los muchachos ; los suyos; la etaoteleria; el cobreni^tiiia ^ tas 

colgaduras ^ el en ño ^ es to cierto que todo el dia está oeup^ 

da ea semejantes faenas , á pesar del dolor de cabeza que la pro* 
dujo la bataola de h fiesta^ 

Cualquiera que baya leido este articulo, y i^eguido con la imá^ 
ginacion cuanto llevanH)s espuesto > comprenderá fócDtfiente que 
hablábamos en la hipótesis de ((ue la procesión haya pedkto wrifi^ 
carse. Pero supongamos por un momenlo qM al tiempt» le díala 
ocurrencia de hacer el oso el dia de la procesión. Si lloverá; sino 
lloverá Son las cinco de la tarde y principian á caer gotas. 

—¿Qué hacemos? 

— Hombre , veremos si esto para 

—En el suelo , contesta un chusco..... 



— Ya parece que no llueve.... 
Pero una lluvia regular interrumpe la frase. 
Los músicos están en la iglesia ; parte de la corporación ha acu- 
dido también ; los jigantes están esperando y mojándose. Algunos 
gremios han llegado ; todo , ea Su > está casi dispuesto. 
—Esto no será nada, dice uuo. 

Y D. Ambrosio se alegra. 

—Si que lloverá , contesta otro , el tiempo está muy cerrado. 

Y D. Ambrosio vuelve á desazonarse. 

Por fin, el tiempo se decide ó á continuar obsequiando al pá- 
blico con agua, ó á serenarse; ^n el primer caso, la procesión se 
suspende para otro dia , en el segundo cesan los sustos y todo pro- 
sigue como si tal cosa. 

Francamente , no sabemos como hay quien sea dos y tres veces 



312 IOS VALHNCUHOS 

Obrero del Corpus. Es una cosa qae á la primera vez fastidia, y el 
que prueba el bocado de la obrería queda saciada y bario para to- 
da su TÍda. Solo un celo decidido y una alicion á leda prueba pue- 
den bacer llevadora una carga mas pesada de lo que á primera vis- 
ta parece, como iiabráo podtdo comprender nuestros lectores por e\ 
breve bosquejo que hemos trazado. No es esto decir que no juzgue- 
mos digaos del mayor elojio á los que sabiendo los disgustos , sin- 
sabores y gastos que lleva consigo este cargo , quieran no obstante 
desempeñarlo. Mas aun ; creemos que en este pais clásico de reli- 
giosidad y celo por la fe que nos legaron nuestros padres , no ban- 
do faltar Dunca personas piadosas que consagren con decisión sus 
desvelos é intereses á tan laudable objeto, como no faltarán lampo^ 
«o para las. mil Oestas con que Valencia obsequia todos los años á 
sus patronos. 




PINTADOS POK SI MISUOS. 



315 




EL CORREDOR DE CHOYES. 




I^^^^^ÓNDE iréis que uo se celebren carreras de caba- 
í^%^8í^^ líos? Allá donde semqjanles espectáculos se 

dan . no tienen , por cierto , ni el objeto de las ^ 
de Valencia, ni el ¡aparato que las precede puo-, 
de asemejarse. Goneralmcule las carreras de 
caballos tienen por base el fomento de la cria, 
caballar, el estimulo de los criadores, y jsi es 
por diversión con ciertas formalidades que ponen á cubierto Ja ma- 
licia y las ventajas relativas. Por mas que las de Valencia tengaQ 
cierta fórmula original, no es nuestro propósito ¿aLIar de ellas» 
siuo del ginelo qu0 es el protagonista de la función. 

El corredor 4e choyos, que asi so llama en la huerta de Va!<^r 

cía , no es un ginote amaestrado en Los piücadcros , ni monta poqljan- 

40 



314 wsxÁíjascímúH 

do en práctica las reglas del arte , ni como los jokeys ingleses tie- 
nen por oficio la equitación. Su físico generalmente puede definirse 
de modo que ponga de relieve su originalidad , y ahi está la espe- 
cialidad del tipo. La edad de nuestro béroe frisa de 20 á 30 aios, 
estatura mediana como la del cazador español , membrudo sin ser 
grueso y moreno , de ojos vivaces y una agilidad á toda prueba. 
Sus ascendientes han sido honrados colonos ó jornaleros de campo. 
Bajo estos auspicios el corredor de chdyes no sabe que lo es basta 
que un dia practica el ofició ; pues de pequeño montaba un asno 
con el cual recogia estiércol; y de mayor saltaba ya de un 
golpe sobre las ancas de un mal rocín , con el cual traia y llevaba 
la ropa al lavadero. Por supuesto , que nunca usó de estribos , ya- 
liéodose para montar , casi siempre por el rabo , de las cerdas de 
éste metidas entre la planta del pie y la alpargata , cuando la llevó^ 
y cuando no , que eran las mas veces , formando sobre las falanges 
de los d^s ulÍá>lk|d% qiíe jlé deáft|Í^yi !liíiMÍ|iiV^ dari 4 salto. 
Cuando d jaco va fiorro de carga , y en níoménfbs' en que'^él corre- 
dor en ciernes se halla en parage que puede ser visto de algunos, 
menos do sus padres ó amos , aplica sus talones á la cabalgadura, 
y le hace dar un trote largo que mas tarde se convierte en escape. 
Cualquiera , filenos éi , quedarla molido después úevA ^^^ri^'^'^ 
esta clase, que proóút^ rejjrodneir diariamente. Uiíit íiafrera y %ft 
montado en roCiDfs de semejante ^pecie , sinmon^nra, §íq freno, 
y con ^o\o el sefreló ^6 barbada , que es todo el avio dó diestros 
labriegos , le da una práctica tal , y una ^eguriüad 9^r# el ^maíkf 
que solo puede apreciísir^ teniendo en cuenta 'él lastits^^l^^tado^^^^^ 
nuestros catíiino^ vecinales. 

Andando el tiempo , el mozo es criado de labrüni^á , ^ eá^l 6i 
tartanero ^ y á en la casa del amo se necesita desb^aívál* ^\gna pa^ 
tro no se llama ál picador; basta que el chico lelohie^e Mi 'Ciíeota 
para dejarle mas manso que una ovcju. Lülotrepidé^ y io^ conocí-^ 
mirtos que ba yqtlirido de los gitünoa coif ai^pó6 püai^ióS ^de los 
inteligentes del dicháus , feria die animales ^M'isetéMttbVtt h)6^Ue\^ 



PINTADOS POK SÍ W^lffOS. 315 

de cada semana , 1^ dao alguna fama relativa , con la cual asciende 
á la categoría del hombre; de conGanza en el ramo de la cuadra. A, 
esjta altura, las oaozas de su clase le quiereu, y si entre ellas hay 
alguna (|UQ \qh pet^, oo es por cierto para hacerla el amor, sino 
para tene^ um señora de sus pensamientos en los dias de la lid. 
Esta 9p se p^resenla siempre porque ni hay ganaderos que prueben 
sus razas , ni estos juegos se celebran sin tener por objeto una fie$U 
religiosa ó patriótica. 

Lleg^ upa de esasque á la vuelta del ano presenta la oportunidad, 
y aquí ^c deja ver al corredor de chayes en toda su deformidad , y 
también en toija su hermosura. El clavario ha sondeado de antema-^ 
no á los laf)r^dores , qoioUneros ó tratantes que poseen algún buen 
caballo; y merced á la intervención de los corredores y á los mur 
cbos afícia^^dos á las carreras , se enciende h emulación que viene 
á concluir por una gruesa apuesta. Aqui es nuestro héroe el objeto 
de todas las atei^iones por la parte que le elige su campeón. Algu-* 
nos di^ ^n(6s se pone 4 cuidar del caballo , le mima , le nianlieniQ 
con regalo , y su eijilrad^ en la casa ú^\ dueQo del animal no se le 
puede prohibir. Eslq mismo es uno de sus recreos , y tal vez la, 
m^jor de sus distracciones , porque al tránsjito procui^a pasar por I9 
puerta de su chica « sin detenerse mas que lo preciso para decirla 
un á Dios que no tienen interpretación. 

Ya han lle^^do los dias de la fiesta, tas cosas se preparan » y 
los momenlqg de la carrera se aproximan. SeJ^alado el punto éa que 
se ha de correr, el alcalde del di^itrito ó vara á que pertenece la 
función , con si^ sombrero peludo y ancha cinta , su chaqueta corta 
ó su levita treinlafial azul turquí , y siempre con unos piantalonep 
tan anchoa quezal caminar, no se vislumbra del interior mas que lo 
que divisa el espectador en la$ olas de teatro del armazón que jas 
promueve , ya se&alapdo las dimensiones de la carrer^,, Los Uauti^ 
nenls y los guardas Q3^án apostados en las embocaduras do los ca- 
minos para que no pase ningún imprudente en los apuradas lao- 
meplos , mientras el alcalde , seiialando siempre con uiia,v;itita i^ 



5 1 6 LOS VALENCIANOS 

gra con cabos de plata , que es el cetro de su jurisdicción , dispone 
y ordena con una precisión que heredo, y una regularidad que forma 
otro de los contrastes de la función. Mucho antes de la carrera, las 
mozos y las solieras de la vecindad discurren por los alrededores 
del campo, con ese aire tradicional que ni han mudado las revolu- 
ciones ni es fácil hacer desaparecer. Por supuesto que ha de ser 
muy pobre la joven y aun la vieja que ño se adorné con el collar de 
gruesas perlas , rica adjudicación del quinto de su madre , y con un 
par de barquillos de oro con esmeraldas , que si desaparecen es 
para dar paso á otros pendientes de la clase del collar. Si ha de ir 
á la orden del dia llevará pañolón de crespón amarillo , á otro color 
fuerte , y blanco si es hija de rico arrendatario ó propietario aco-^ 
modado , con falda de seda de tornasol á rayas diminutas, y un 
buen abanico d»^ nácar ó hueso. Las qué no reúnen lanías conve-^ 
niencias se ¿iprestan con el pañuelo de crespón ú otro pequeño do 
pita , hueca falda de percal francés , y boi^ceguies de cabra. Pínten- 
se como se quiera , mas lindas labradoras no las hay en el mundo. 
Mientras llegan los campeones y el señor alcalde , los encarga- 
dos de éste han hecho dos nietas , una de salida y otra de llegada,^ 
pero rigurosamente siempre formadas por una linea de níalúpüsá y 
espadaña , ó de yerbas recortadas en los márgenes de la acequia 
mas inmediata. Ya están ahi los ginetes con sus ca1>aIlos : la alga- 
zara comienza ; pero el dulzainero no loca. Es que no es hora , y 
además se halla ocupado refrescando. Durante el rato que se espe* 
ra la señal de apresto , el corredor de chayes tiene cogido á su ca- 
ballo de la brida, cuidando do que su impaciencia no le exaspere 
ni se calme. El animalito , que suele ser un buen jaco de la marca, 
cuidado como una joya , mimado espresamente , y aun , al parecer' 
de algunos , semi-embriagado con pan y vino para darle fiíegd y 
,.csistencia , está impaciente , relincha , bufa , patea, y no ve el mo- 
mento de que le suelten. Los curiosos y los interesados de una par- 
to forman un grupo al rededor del campeón , el cual Vi vestido lo^ 
mas ligeramente posible, que os otra de las originalidades del íipol 



PINTADOS POR Sí MISMOS. 5í7 

Una cártiisa gruesa pero limpia con pecheras , y unos anchos cal- 
:?oncilIos es todo lo que lleva • esa es la reminiscencia do los 'áral)e8 
fiel desierto. Ni pañuelo á la cabeza, ni faja, ni medias; piws si 
alguna vez añade algo á lo dicho, serán unos mitones . sobre las 
panlorrillas , que dan en decir que son culses de íraveía Va des- 
calzo , los brazos arremangados hasta mas arriba del €odo, desabro- 
chado y colgando de los ojales /i?^ mansanetes , que son dos geme«» 
los formados de reales de plata , los más nnevos que bailó sn novia, 
entre las monedas del reinado actual. El corredor^ aunque óyle* á Ion 
circunstantes , generalmente calla porque se trata de la apuesta y do 
la calidad del caballo y de las coniíparaciones consiguientes. Si ha* 
bla será para decir que slente^ el mal estado de la jaca , que ha pai- 
sado muy mala BOche , que hace cuatro diás no se pedia mov^^r d4 
una indigestión. Áunqlde estos sean todos sus conocimientos en V¿!> 
terinaria , si la conversación se alarga y toma interés, es precisó qüo 
se queje de que la carrera es larga y que los ialcaldes no ban piiesto 
las metas arregladas á los 12o pasos. Ademas hay una irregularidad 
eu el sitio que es preciso tener en cuenta. La distancra fern^ ciirva 
y es preciso considerarlo para apreciar el valordetvencidoí^el giuM© 
cede la linea interior á su contrario para demostrar su generosidad^ 
pero el dueño d^J caballo no quiere, y el alcalde Dama á júiáú á 
campo raso. Se ayienen^ por Gn echando suerte, no sin prometerán 
los ginetes ir con cuidado eh los latigazos , á.fin de no darse ¡pior 
equivocación ó por ardid en' las narices ó en la cara del otro aninniil. 
Suena por fin la hora , y el dützaincro que tocaba y repfoüíícla 
una de esas variaciones de su instrumento entrelazada deselos^de 
tamboril, emprende el tango americano ú otro co^o de una zarzuela 
que no ha visto , pero que tampoco ha escrito el autor; Loa corre- 
dores atan sobre sus muñecas dos látigos V los afianzan para teníerlds 
seguros en la carrera. Los animales al oido de la músicn que les ea 
tan grata , se revuelven y están impacientéis: los ginetes no montan 
hasta el último momento ; pero aun asi , cuando llega es preciso que 
dos mozos sostengan sobre la meta á- los caballos para que no se doa- 



518 LOS VALBNCTAKOS 

i)«quen« 60: Mqí, oop ia ropa, que se ha diobo y coo un litiga en 
cada maa0 « tooiada la dislancia paralela convenieDle , parteo como 
rayos ái U scflal del alcalde. Vedlos volar: pero do los veréis , porque 
ei caballo cuyos músculos han lomado toda la loojitud posible des- 
cribiendo una Uaea horizontal sobro vuestro frente , do os deja ver 
al gia«4e que pegado á la columna dorsal del beleroXonte suelto, y 
agiloQdo yiv4símameo(e los dos látigos sobre las ^no^^ ^el caballa, no 
QSi pareeo sino que el anit^al Uene alas. Es un^KiiSible describir la 
Yolocidad do ]a eanrera : uo puede creerse qi|ie esta ge Qjecvle en un 
pedregal , sobroi una superficie llena de bacl^e^ ; y lo laasi ^uiirable 
es que esos glaetes que parecen parte de sus cabalgadursi^ t ^^ 
precien su vida por esa aticion , dejándose llevar oopí^ i^l^s en uj\ 
terrena (|ue podrían quedar estrellados al menor tropiezo del^nif^^il, 
£1 enlusiafimo de los héroes de la fiesta super^ todas estas ¡nqqnyen 
oiencias y dificultades. La carrera concluyó. 

SI vcmcedor y el vencido arropan bien sus ^bal)ps despufif d^ 
b carrera» 

El p4rim«r0, llevado en tríuoío basta elp^ntoen que so. |i^|[lf9^e|i tf^ 
bunal, recibe de este en el acto la joya quf está (^^f|a f]^ 
un triangulo do flores puesto sobr!0 el balcou dol cl^vaf:iQ^,.]{( 
consiste casi $&empre en un pañuelo de pila de colore^ ipjuy^l? 
▼os. El segundo aunque baya sido por dedos ja direreucKi, ,ijt^ 
buana f¿ coufiesa que no ha ganado; perp se r^ipcfi j&u p) ití^| 
estado del caballo y se consuela con increpar al dueño pifr^jM^, ^ 
permitido la cf^mpotencia. Todo se apacigua ^uandp ^ b^^lf^ do la 
otra ; y los. ginetes , aparte Ips comentarios qne se les pemjjle j^. 
desahogo del9 alegría ó de la desgracia , se desquitai) pon r/^ifi^f^» 
á la salud de los javaríes durante la cantada de guitafr^ ep. I^jcu^)^ . 
#1 ladino eant^dor de oficio nunca deja de rpcre^rle^ el fi^o pü^ 

aquella célebrio y antigua canción. > 

Cualsevol home que té 
Rosi corredor de cnoyes 
Y la dona bailadora, 
yji pol dir que's pinta á soles. 

Manael Calwo 



PmTADOfi ME si MISMOS. 519 



Ali 



' •■ I 



• -K. ' 



Gl COHGimO. 



-r<^:#^ 



.<: 



LLÁ voy , y DO ¿ hacer cua^lquiar po.3a; naila. 

menos que ha describir á un pirotécnicq^. 

pero DO de aquellos que eq la (MrotécDÍca^ 

i 
se dedican á la aplicpcioD (orineDlaria y arte; 

de destruir , sino á la parte^ recreativa ; I03 

primeros necesitan de (nachos y sublimea 

estudios p^ra poder mereceír una charretera. 

en el cacrpo de artillería, á la par que lo^, 

segundos sin teoría de comt)pílion, ni cal- 

culo diferencial, ni integral, son los que sin causar ^spanto entrelnh* 

Den á las gentes coq el roqco son deU ma&delB {\\ ppn ^1 Iraque-j 

leo de les piuleíes (2), la rápida ascensión á^ tes ixides {^ y coj^, 




■»■.■«■ ■<■ 



I I 11 I ■■« un Á,, I I tiip— ^w*M I I I lili f' < ■■!< " \ \ |>; 



(\) iMorleretes. 

(2) Cohetes sin petardo. 

(8) CobeleK voladores. 



3StO LOS VALBNGÍANOS 

las vistosas ruedas que ya con direcciones recias , ya describiendo 
volutas ú otras curvas , despiden fuegos de diferentes colores pre- 
sentando beliisimos cuadros capaces de animar al inglés mas fle- 
mático. 

El pirotécnico que vamos á describir llamado vulgarmente el 
Cuheter (1), es un hombre que causa la mayor admiración á los la- 
briegos: generalmente es serio, previsor, sereno, arrojado y pronto 
en sus acciones ; suele no fumar y en caso de hacerlo lo veriñca 
pocas veces. Estas cualidades son debidas á el eminente peligro á 
que continuamente está espuesto por la fácil inflamación de la pól- 
vora y otros combustibles que forman el principal material de sus 

• 

obras. Los instrumentos de su arte se reducen á una artesa y una 
bala de á doce para desmenuzar la pólvora; un almirez para macha- 
car el azufre; una hoz para cpr.tar las .canas; núm tijeras para cortar 
papel; un embudito d5 ójááélata; unos cuantos pinchadores;. ataca- 
dores de hierro huecos y macizos ; una balanza pequeña ; mesas y 
sillas. Su trage siempre modesto y de poco valor , suele componer- 
se de un pantalón no muy ancho y bien cortado de tiro para po- 
(íer saltar con facilidad; iiúa chaqueta de manga ajustada, poirq^ue los 
faldones de uií ^abán '6 levita le incomodarían y la inaiiga ^ticha 
pbrnaitiria lá entrada á las chispas hasta tocar el cutis de los brazos.. 
Préñere la ropa' dcí láná'á la dé hilo y mais á la de algoj^on, parque 
en aquella el fue^oiio puede pi'endersó con facilidad, ^as no tiene 
ifóticia de las telas de asbesto que son incombustibles. Estos humil- 
des Pirabolistas andail siempre do fiesta en fiesta al jr^vés-^de los 
Áédicos que andan siempre de llanto en llanto. Trabajan con ligero- 
za y precaución, 'áón ciactos en sus ' presupuestos y sacan un re- 
gjÜdif producto de su trabajo. Sus mas utileá y altas relaciones soíi 
IbiáVcáldes dé lo^ pueblos y los clavarios de las fíésias; Cuanilo 
Áttbs ú otros sé presentan en su basa , en representácion^^de Ta junta 
de fábrica ó ayuntamiento , el cohelero los recibe con mucha se- 



(1) Cohetero. 



.■'>.;■ 



pusTAi^oSi poa st Blasmos. ^t- 

ríodad^ lesdicequeae sieot6Qiqu6dáftdos.e él ú^ pié. El alealderif' 
demás del comandíQ lo' obscrvaní aioottiaieole, se miraoií uqps i oliíio^ 
y lomando uno la míciaiiva* esplica al oohelero ol. objj^tode 1911 ven 
nida manifestando- si quiere máseles, , tr^ca de cojlietes:, oc^sUllo ó» 
cuerda. Siempre son tres de estas cosas¡las que Sie le encargao;,^ 
pero inraliblemcnte, si es para pueblio entran en ellas liSiS; dps pcirr 
meras; la determinación de si la tercera ha de ser cuerda o. casAilloi 
depende de una discusiooi que I09 priocipales del puoblu) baa tenídoi 
de antemano en la cual suele habev ims debate que en el coQgreso» 
de diputados cuando se» trata de presupuestos. 

Resuelta la cuestioa , ai paso, que encargan la traca y Iq$ nwf^ 
clets entrao: en ajuste del castillo ó cuerda, sin osplioacion de la clase 
de vistas de Tuegos que ha dfi tener y sin otro m^S; que decir ui 
castillo ó cuerda de tantas Hbraa de, v^r ()). E^ cohelero qiQ^ li^s 
ha estado escuchando con suma atención uno los estt eme» de losi 
dedos Índice y pulgar y llevándolos á los labios , se queda pensati- 
ve y como rc&ecslonando si podrá dcsompeáai: el cargo. Por poi^aa 
que sean sus ocupacioi.es eo aquel enloao^fi, cooilest^: 

—Mucho trabaja hay. Y sigue co>wq mddiUodo; bo qbstaor^ IfAjetr, 
mos lo que se pueda. 

—Es que no fasa falla. Contesta uao de les otros. ÍH di(k, ahaas 
per la vesprada l^espere en casa. 

—Bien , bien. Contesta el cohetero. 

— No se olvide de dur bon cabM* I>ánd<de á entender COQ 0^ 
que lleve un buen capazelleno de cohetes sueltos. 

--Bueno; no fallará nada de lo que ^a mepcsler. flnvien ustedes 
un carro uno ó dos dias anles, según lo distante que está el pueblo, 
que allá iré con mi gente. 

So despide la comisión y el cohetero pj'lncipia ^ proparar la eor 
comicnda por si solo ó auxiliado por aus ofiqiales , los oualea tr^n- 



(1) Libra, moneda iroagÍDaria quo equifale á qainco reales vellón y ddi maraT6- 

dises. 

11 



329 LOS YALEI^CTAKOS 

jan sentados con mucha separación unos de otros para evitar des- 
gracias. Con mucha facilidad ocurren esplosiones causándolas á ve- 
ces muy terribles. En la fabricación úq lesixides de luz queso 
componen de una mezcla do salitre, azufro y carbón; cuando ata- 
can estos ingredientes dentro tlel rollo de papel ó c<íñon do cana 
queda forma al cohete y por inadvertencia ó descuido choca el ata- 
cador con otro hierro que hay dentro dol cohelo mientras lo for- 
man, se produce la esplosion del que tienen entre las manos; y es 
cosa de admirar como no lo sueltan y lo sostienen con los dedos 
para que no comunique el fuego á la obra que suele haber en dcr^ 
redor. Los mas de ellos que ignoran las malcrías que conslituyen la 
pólvora suelen admirarse que unidas las materias indicadas se in- 
flamen con tanta facilidad, y mil veces se les oye decir: <rCosas hay 
en nuestro oficio á las que se prende fuego con mas facilidad que á 
la pólvora. 

Un poco antes ó después que el cohetero y sus oQciales han con- 
cluido el trabajo encomendado, como de improviso, se présenla á la 
plierla de su casa un hombre acompañando el carro convenido para 
la traslación del cohetero , oQciales y su obra al pueblo donde se ha 
de celebrar la función. 

— ^¿ Ya están hechos los fuogos? Progunla el conductrr del carro. 
¿Podremos divertirnos? No so olvido usled de los cohetes sueltos. 

— Ya tengo hecho buen acopio de ellos. Responde el cohetero. Y 
por cierto que los hay bien gordos. " ' . 

Con sumo cuidado cargan su obra sobre el carro, y el conduc- 
tor , cohetero y dos ó mns oficiales suben en el y se dirijcn hacia el 
lugar de la función. Durante el camino el cohetero le va ponderando 
al conductor el buen tralo que á él y á sus ayudantes les.dieron en 
tal ó cual pueblo , lo mucho que les guslq la cuerda ó castillo ; los 
oficiales que también meten su cuarto á espadas en la conversac.on» 
como en un entrcparcntesis preguntan si en el pueblo á donde van 
hay buen vino, citando algunos puntos donde dicen que les dieron 
á beber con abundancia uno muy bueno ; el conductor con inocente 



PTKTADOSPOE SÍ MISMOS. 525 

amabilidad les contesta que en su pueblo hay vinos de e^ceienle ca- 
lidad, porque aunque no sea asi creo que todo lo quo oxisle en ei 
lugar en que ha nacido es lo mejor quo so conoce en el mundo , y 
les promete que durante los dias que permanezcan en el pueblo les 
dará á beber cuanto quieran dok mejor vino quo se encuentra. Con 
esta y otras conversaciones van pasando el camino sin serles fasti- 
dioso y cuando menos piensan se encuentran en las inmediaciones 
del puoDÍo. El provisor cohelero manda á sus oGciales quo inmedia- 
tamente echen pié á tierra y se queda en el carro puesto de pié; 
el conductor baja y loma con su izquicr(!a la muía por la brida jun- 
to á la boca , con la derecha hace crujir el látigo y formando un 
curioso grupo entran en el pueblo. Todos los muchachos salen fre- 
néticos á recibirles, andan saltando y gritando al rededor del carro; 
los oficiales les soparan empujándoles ^ uno cae junto ala rueda, 
otro se plaño do un latigazo que ha recibido del conductor, las mu- 
gares salen á las puertas y miran aquel aparato basta que lo pier- 
den do vista. Como en triunro acompañan al cohelero y demás jentes 
hasta la casa donde debe pernoctar. Llegados ya los oficiales des- 
cargan todo el comboy y lo depositan con precaución en sitio rcli- 
rado y seguro. Mientras, acudeuel alcalde, el sccrolario, los regi- 
dores, el cui'a, el médico, el maestro do escuela y todos aquellos 
que figuran en primer linea en el pueblo; cada cual dirijo al cohe^ 
lero mil palabras que todas se reducen á preguntarle ¿Que tal, Un- 
drcm bones desparaesf Serii ho el caslell? ¿Porta cuhels solLfí 

El secretario suele recordar á media voz la orden dada por dife- 
rentes gobernadores civiles de que no so permita disparar carreti- 
llas sueltas en las poblaciones. Todo el mundo calla y oye al secreta- 
rio con desprecio; alguno mas osado contesta. ¡FAó, vhal EU de Ya- 
leticia vólen arreglaro lot. Mes valguéra que se arreglaren ells. Algún 
viejo de los presentes suelo concluir la locución del osado aDadiendo: 
Tola la vida han lirat cuhets els dies de les fesles, ¿Per qué no nam 
de tirar haraf Entre estas y otras razones el cohelero y m jeDle defr* 
cansan del viage y toman ^u buen vaso de agua con lltnon y MAoKt. 



3S4 LOS TALfit«CIAin>S 

Luego sale aoompafifidó de la comitiva que aili se ha retiñido ásu 
'llegada y s^ dirijen aVsIlio donde quieren que se dispare el castillo 
ó cuerda, aKaminu atenlarneute el terreno y como sabe la dirección 
de los fuegos y el efecto que pueden producir á la vista del espeota- 
"dor de mirarlos de uno ú olro.punto, si acaso no juzga el sitio á 
proposito lo tnanifiesta á Ioh que le acompañan, les indica la mejor 
difáposicion, y estos, pOt* ^aquello de Magisler dianV convienen sin re- 
T^lar con*l cohetero. 

Al día siguiente apenas principia el sol á )*ayar sobre el horizon^ 
te'dórattdo las isumbnesde las montañas, las azoteas de ios edificios, 
y Mis copas de los árboles mas elevados ; cuando^ las flores mues^- 
trán^u mejor lozúnia resaltando sobre $us corolas las brillantes golas 
•de rocloqae el relente depositó durante la noche; cuando acaricia- 
das pbr'iin suato céfiro embalsaman la atmósfera con sus aromati- 
cen olores, un tuoIo de campanas y clamoreo general anuncian el 
pritacrpio.de la fiesta y el cohelero comienza á demostrar sus habilida- 
des. Frenle'á la ptterla del te/mplo tiene colocada como una hilera 
Aeinüsclets que va disparando uno á uno al son do las campanas: 
Todo se pone en movimiento , los niños saltan de alegría, tcdos^van 
abriendo las puertas de su casa; únicamente sueld permanecer eer«- 
rada la de algún palacio, antiguo castillo donde mora alguna señoraide 
alta estirpe que por -haber gastado con demasía en la corte so ha 
refirado provisionalmente en aquel lugar, de donde toma el nombre 
su título; y el confaso rumor la despierta, tal vez, de un sueño que 
Que la hacia gozar de un fantástico baile que se daba en una etnbar 
jada én cuyos salones soñaba estar. La banda do música repite 
Tárías piezas alegres y todo apareccj bello y encantador. 

Él coheteo vuelve á su alojamiento, almuerza y prepara de^pae. 
TO^los mo^e/^/^. Los oficiales que no han olvidado las promesas vdel 
que les condujo al pueblo , cuando en el camino le preguntaron si 
'%abia buen vino en el logar á donde iban, recuerdan á su conduc- 
tor lo "prometido 7 togran visitar algunas bodegas tdiuAie dai» á Baco 
'ttiMMHo févereiite. 



rmTADOs POR si imsnios. 3SS 

A las diez de la muDana suele principiar la misa mayor cod or- 
questa y serruoD ; al llegaír al primer evangelio se disparan olra vez 
una hilera de mascleU , lo mismo al levantar i Dios y á la concia- 
sion de la misa. 

Por la larde del primer dia de la fiesta no «uele haber cosa par- 
ticular en el pueblo qaer ocupe \notablemenle al cohetero niá sus 
oficiales. Por la noche de&pues de haber tenido mi concierto de cie- 
gos, haberse recitado algún roniance ú otra\diversion por el estilo; 
cuando la noche ha mediado su carriera y .todo el pueblo se ha reti- 
rado á descansar deseando quie llegue el siguiente dia para con- 
tinuar la fiesta , aquellos mozos solteros .á quien el pérfido Cupido 
ha herido con sus invisibles flechas , preteiKten dar un desahogo á 
sus eróticas pasiones , manifestando el. amor que tienen á sus sil- 
fides con una serenata que llaman albaes. íEste es un episodio de 
la fiesta en que el cohelero toma parto auuque indirectamente. )En 
los pueblos de nuestra provincia las mozas solteras tienen va&lr- 
dad de que sus pretendientes les tiznen eon huBio producido por 
el fuego de los coheles las fachadas de sus casas que por razón úe 
las fiestas han blanqueado, pues en ello creen veivgrabadas las se- 
ñales del aprecio que se los llene entre los solteros. Xiosa singular 
son las tales serenatas: una dulzaina, un tamberil; dos Bardos, y oo 
de los que tuvo Salomón ni la Escocia ; un .gran número de mozos 
y el cohetero ó uno de sus oficiales coa un Qapa»> sobre las espal- 
das lleno de cohetes, se presentan frente la ventana de la jévcnque 
quieren obsequiar. Principian cx)n una monótona orquesta y euaado 
concluye la introducción , que dura unos tres minutos ,. el tamboril 
acompaña con unos golpes pausadas y pianos ;• uno de Jos Jardos 
se pone á cantar improvisando el primero y segundo versoiyioliOÁro 
concluye el cuarteto cantando también de improviso ^.leccero y 
cuarto. De tales inprovisaciones sueleo sjaHr unas vece$ pensamien- 
tos ingeniosos y sutiles ; otras, estravpgandas y .sandeoesodOiiá 
folio; el lenguaje es castellano, valenciano ó, «na/ nmzola/deuW^ 
trarabos , como por ejemplo; ,,. , 



526 LOS VALENCIANOS 

t, — Niña que eslás en la cama, 
despierta si eslás dormida. 
— No aumentes la ardiente llama 

que va acabar con mi vida* 
— Cuanta cosa en lo mon pasa, 

¡pues anem com le que ser! 
— Tens al redor dins de casa 
y al leu novio en lo carrer. 
— Prenda de amor adorada 
pomell de aroma y chesmil. 
Eres nina mas salada 
que les roses en abril. 
A la conclusión de cada cuarteto vuelvo la música igual á la 
introducción, disparan algunos cohetes , dan unos prolongados abu- 
llidos que alli llaman reílinchar, semejantes á los lelilies de los ára- 
bes y cantan otras canciones por el estilo. 

La hurí que ha estado escuchando desde el principio aquella ar- 
mónica manifestación del amor que inspira, dá mil y mil vueltas por 
8U mullido lecho y no satisfecha de estar oyendo desde la cama se 
levanta con ligereza , pone desnudos los pies sobro el suelo y con 
solo el grotesco camisón^ que cubre sus torneadas formas corro ¿ 
colocarse encojida debajo de la ventana para escuchar mas de cerca 
las coplas que entonan en su alabanza; se repile el disparo de co- 
hetes que tiznan la blanca fachada , siguen cantándola improvisadas 
canciones haciéndola aumentar el férvido deseo que tiene de que- 
llegue oí suspirado día en que el himeneo haga reales sus esperan- 
zas ; la comitiva se despide cantando, y se marcha con la música á 
otra parte. 

Cansados de darle culto á Giteres pasan á dárselo á Momo pa- 
rándose á la puerta de algún viejo regañón que por desgracia tiene 
dos ó mas hijas feas y presuntuosas y entre otras canciones también 
improvisadas y con igual filarmonia que las anteriores^ suelen, 
cantar. 



PINTADOS ron sí MISMOS. 527 

— Ya se que leus dos chiqueles 

Den fasa que siguen bónes. 
— Mes valgueraque tingueres 

dos pórcs de calorse arrobes 
— Cuando paso por tu pucrla 

me haces cara de Musolo (1) 
—y como soy Teulaino (2) 
solo paso, pico y voló (3) 
Con estas sátiras y aquellas trovas se termina la función y can-^ 
sados se rcliran á sus casas. 

Principia el dia á clarear , Morfeo deja su presidencia , vuelve 
Febo á ocuparla y las pintadas avecillas saludan ai padre de la luz 
con sus suaves y melodiosos trinos. El pobre cohetero, ó uno de sus 
oficiales sin embargo de no haber dormido en toda la noche coloca 
sus masclcis, como el dia anterior, frente la puerta del lemplo, los 
dispara acompañando al estampido el vuelo de campanas y comien- 
za el segundo dia de la fiesta. 

Este es el dia de mas trabajo y en el que el cohelero muestra 
todas sus habilidades. Mientras se celebra la misa conventual hace 
los disparos de costumbre y luego pasa con los oficiales á preparar 
el castillo. A manera de un arquitecto cuando plantea un palacio 
clava en el suelo los piquetes que juzga necesarios , los une por 
medio dcr cuerdas , marca los puntos donde han do ahincarse los 
pies derechos , y los oficiales principian á hincar dichos pies suje- 
tánrlose estriclamente á lo prescrito por su director; concluida esta 
operación el cohelero, para probar la solidez del trabajo , se abraza 
á cada madero le empuja hacia adelante y atrás y si vé que no Sq 
niueve dá por sólida la obra. Coloca las ruedas donde están ensar- 
tados los cohetes y queda montado lodo el aparato. 

Como muchas jentes de los pueblos circunvecinos suelen acudir 



(1) En vez de Mochuelo. 

(2) Por Gorrión. 

(3) Por vuelo. 



328 LOS VALBNGIANOSr 

á la fiesta siempre envidiosos del goce de los de aquel lugar, algu- 
nos mal intencionados intentan á veces prender ocultamente fuego 
al castillo; para que esto no suceda el alcalde pone dos ó roas vigi- 
lantes que no dejan acercar á nadie mas que hasta una distancia des- 
de donde no pueden hacer nai. 

Muchas veces en lugar de un castillo hay dos^ uno que paga ef 
ayuntamiento y otro los clavarios; otras, el ayuBtamiento paga una 
cuerda y los clavarios un castillo ó viceversa. En el mayor número 
de pueblos por razón de economia solo se dispara uaa de las dos 
cosas. 

El disparo de la coerda do ofrece tan buena vista al púbCco ni 
Incimiesto para el cohelero como el del castillo , sin embargo que. 
80D mayores las dificultades que hay que vencer para que un 
CMfda sea buena. 

A )# largo de una coerda tirante sajeta por sos eslrcmos hacen 
correr varias ruedas de cohetes, que van prendiéndose fuego per 
un orden sucesivo desprendiendo muchas veces otros cohetes háeoí 
bajo y otros rayos de luz de diferentes cok>res con ialérvaios de 
oscuridad, sin que por esto deje de estar prendido el fuego. Dichas 
modas caminan por solo ol impulso que reciben del fuego; única* 
mentó si por d rozamiento con la cuerda les impide la marcha, los 
oficiales les empujan con ana cafia. Presentan estas, vistas mas ó 
menos agradables. 

El castillo es la obra raas bella de las del cohelero. Después 
que se ha celebrado la procesión, cuando la imagen del santo pa- 
trón del pueblo que llevan en andas está entrando en el templo, una 
estrcpititsa traca de cohetes retumba en los oidos de los concorren- 
tes terminando con trueno de ronco estampido al que él pueblo con- 
testa victoreando. 

Según disposición de los señores que diríjen la fiesta, concluida, 
la procesión , ó una ó dos horas después , proceden al disparo del 
caslUlo; disponen lo primero cuando hay muchos forasteros y quie- 
ren dispensarles la gracia do dispararlo pronto para que no regre 



PIKTABQS POft $í MISMOS. Sfi9 

sen Iar4e á sus casas, vio .9isgMmlociiaDdO(!por antojo quieren 
guarda la; pay 01^ dii^ersiüD para de^pu 

.: Uegaida la hora convenida, grinqúmero de* g^ule se encujontra 
agrupada icn derredor del castillo, lo^i balcones y v0ntanas se hallan 
llenos de curiosos, y lodos aguardan con impaciencia i}U9 se dépriisk* 
clpio ála^ función. ^ i í . , , . .. 

.; Dada.Ia orden para proceder aldisparp, ol cohetero y sus oficia- 
les se di3(^)neú para el efecto atándose cqalro hilos Q cintas uno eq 
el eslremo M^ cada ¡(nanga dela^ebaqi^ielay los otro^ dos en los es- 
treñios disl pantalón, con objeto dei que no se les pueda introducir 
ninguna obispa. Llegado el momenio se ^r]nclpáa disparando de uno 
á uno varios cohetes voladores que suben con una velocidad adoü- 
rabie, estallando unos con m, {pequeño trueno cuando llegan á su 
mayor altura^ otros, mostrando ii^^i Inz ams^rillenta ó rojiza que ilu- 
mina IoaIo aquel espacio,. dejando ver con, ba.ilaple claridad el rostro^ 
de los espocladores ;/luego van preocti^ndo foego á las ruedas mas. 
avanzadas, las que jiran en tornp de s^ eje desprendiendo luces de: 
admirable yi&la, siguen, á esla^ los. It^egos de enmedio y luego las 
dol centro, que. son las iíllippta3i se desarrollap en figuras semicircu- 
lares, cónicas ó élices con profusión de luces de mil. calores que 
causan un maravilloso encanto ; suele concluir por una estrepitosa 
iraca de cohetes y por la aiscensióu á la vez de varios cohetes vola- 
dores. A({ui es ella: los mozos que han vaciado el capazo del co^ 
helero comprándole todos los cohetes sueltos que ha Iraido además 
de los gas'ados en les albaes, principian á prenderles fuego lanzán- 
doles a diestra y siniestra sobre los grupos de gente; todos se po- 
non en movimiento; corren, chillan, gritan, ríen, vocean; por todas 
partes se ven raudales de fuego ; parece que el Piroflejeton (1) se 
ha salido de madre , todo el mundo aunque contento se encuentra 
alarmado; únicamente el cohelero permanece impasible al fuego y 
se mueslia satisfecho por haber dado fin á su compromiso. 



(1) Uao de los ríos del ÍAÍKerne. 



ti 

■ i 



350' 1Í0AI YALSnOlANdi i i 

Bn In m\mt ftonhé^ y denpiics de haber dedsiotitafddr lag ^É#dá8 y 
(loMcInviulo Ion ptéAUD^r^olioü qif«^ai>maban el «rüilfi/fo'iM'pi^Míia'iMk^ 
(üMiiH^I nlcnl<l^ «JU6(o 8R cuonla; flrtna e)^ «urlíte el p^elbd ((b(í^^leQ 
(Iftrlto e.««tnmli(lo' ó Id hftee por nolno a^ena, (9obrd et tráloi^dé' hMtoe 
wM lr;)hnjoK, cena; te^iitf lattgfrtí^rftírs^'f^ ^ 

A las lioslas quo se colobran eo los pueblos sQéÍQiéhgá'wm^^ 
([wAwüfA tliis|iiie9'iíMfíi A IccM di(i9<íil ejo^sd* cbtrw nOfillM»,!04«vi- 
(lah ronm há re^u^ 9l^oA^/m>»ptyr«> (]iie 9si9ta!>S<'«lliAiii^ pero estay' 
ó »t^a py)^ ñt[mW<í «qn^ a rittUto; le^j^Usita-estaNr «a 4á>tleiÉla ilestmei^' 
({M<>0(>nolu\'«l fin haol^rtriai^'ri bt^^rt porqik^ coitnleiiiB tim «(|ttiel re^KM^ 
«ñjflo-: AH>rt<H)m« (io TVnii^s u "m^n^jf (1)fio aguaMi^tDais y ee ttttrebi' 
ei^ ((^(laA^iimaihoce*. • i... - .. 

Kstá^ ^on (iiSi'nhs(?f«#lK^r(in^<? qilé tengo h«rlHA*Q04rM éé h yMa' 
dr^l ef>y!er(^. Es ti»H> dv íH^n^llos iiHÍi\1(ltj^^ qflé m gustad d« n^^- 
luoiiv^os, no ykv^an'm»^tf(i<* tía ya fíe^iMs y s» M^vr g<#i4a«Msí6Ui 
o«^ Hw sMb oncav^<ie fa ibrafMtSofi de m íxüí^ é tnmrda^úé' 
haya d(» íti^ivatai^ rtt'pryíí^oiria dtiS. SI. 

c^^^rlMr óiro <i|^^ cfi qn^ it^sAaró Umle 4e cants'lciHms^ müo éé 
este he iraf^d^ 4e <(üo9li^ t^M."». 



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üENAstardeSbiWftorietjliítOr.'.níi ..> mIs: <; .; f.rm 
J<kHVípp^íi^^. J# p«i^iD»)ime(miig0nai'afi arcarle 

/^"ír^/i^^iii dMi 9ino.68jiina(VirUMÍ , «D étlüí menQtfUB stetfir 

ma complolo de filosofía ó.dift«pQ|iljcai.'fieM Me 
pliqu0tt)ai!Vü^ lul)CHa.ibíhKcai. r^;.'i'' >•> <m;j'í 
4^Mi ciUlbíMwQv(toMiici4af(aililebgu«^>(w^ 
'diablo' ;i 409 aU(M4toslih<k)leataft y árfle^lefifl^ ria^ 
ponen las tres cuartas partos de la repí^blica. .k' : 't 

-¿Por/qiié»loii(lite )Vd. ffaonía otas 'que dinoi. j «eOiY efttor} '— 







LOS VALBNaAlfM 

por el momento. Lo que ac^o de Octir es tma cAieioiTqfie por 
desgracia tengo aprendida desde que soy edílor. Q.Sredo hablaba 
muy mal de los sastres y zapateros y los tenia por monstruos de 
inexactitud; pero yo se que no tenia razón. En materia de inexacti- 
tud, la de muchos literatos dá qaínce y falta á todos los sastres y 
zapateros habidos y por haber. 

—Vamos , ya estoy en ello : Vd se lamenta de que el original de 
los Valencianos pintados por si mismos no venga a la imprenta con 
la urgencia que reclama la publicación ¿ No es oso? 

— Ciertamente. Ya vé Vd. que me sobra la razón por los cuatro 
costados. 

— No tanto como Vd. cree. 

¡Cómo! 

— La pereza do los literatos valencianos está en la Índole de la pu- 
blicación de Vd. MasilJré.: es de la e90ficia deljobra y debía usted 
pagarla á precio <|a oi^Qal^ ¿ // |^ ; . j 

— ¡Esta es otral A ver , espliqueme Vd. esa idea peregrina que de 
seguro no está impresa^ea ninguna psjrte ', ni de ella ha oido hablar 
ningún editor del mundo desde la invención de la imprenta. 

— Es muy sencillo. ¿Cómo so llama la obra que Vd. publica y que 
pone á prueba su paciencia de editor? ' 

•^Los Valencianos pintados por^si mismcis.- 

— Perfectamente: pues entre esos iitalandianos que sepintun é $i 
mismos hay un tipo bastante general que podremos llapár ¡el liÍBi- 
rato iod«)lente. Si el adj^^tivo fe parece á ^d. desagradable podre- 
mos llamarle el literato c-onlemplativo. Ev^n Upo. meridional ^qae 
iw carece de poesia. * • - < 

— Pues reniego de Apolo y del Mediodía^ 

-^No, amigo mió; reniegue Vd. mas bieni^e la iftiéxibte téf^e 
obliga al editor á ir en pos del literato, y ai lilevtto^ 4 ir en poédbl 
editor. i.i\':v^ —■ ... : ¡.i =,. {{ 

— Llámele Vd. ache. Cl resultado siempre será ifueí estpy «compro- 
metido á dar una entrega semanal de tipos valeociáoos y qaelengo 






■»■'. 



^e saoar los «rtkülos' «dnvpHMasi To á .csle leoHyíibriífiRBi^ñf, in» 
ddiencteié euelqaiera otra eosk'HM^ sigttiHqiielo: ioiaoie^^nr :' :,!f? 
— Indolencia, si; pom iodoleiiGia f 4éttoá-vHÍi5k»lttamt)i|iíenfi^ 
eoior locái'No hay que corrogk;á«la)Jáiai(frei:ciHmii^/tii6fiofV'éditer. 
Valendia'esíiiivpaí&atrioaiiü^'laiiatanileifltiiÉ tf|HÍi68pióik|itfty: pai- 
derosa y nos \ odea por todas parta^fliijárifliiltfff rMibelaaadora, te- 
: lagApdo iiuastros' InMioifs^deMidolMe: )Nt)ft'eal^ i^i^laé q«6 
. i4ven^e po€fria encíntatt^ leoi ésfe'itelléliyMffanAaovauis^aporit- 
eioQ para mcoér «f ^pbitaveiTHló tvagai:qob]i.'í8iig6táfeoál(|i*^ 
<mteotoá iá>fófflBiila<aotivaiF|^'i|jivcQbicr|UiJ^ otr^i oidiait*>hn; Ar*oiíjq 
r 4-:Lo vagdMo fago I & de<]irrv<^Ío qMte» al^MMi, soiBaliflB 
. castiga por la loy,:6n ei ¿rded wdM Yieoeá ÉbRínilíiifieloJicitftírf 
reconocido? Es derár qqe el péofammiitó puede-ivagfuriiBfnHiwMIe 
en menoscabo dé 'nnediloft^f''' ,»ííí!'^voIí í-írrin^l / .»fjíq o«»3-— 
—Ay^ amigo mte! «e» qu&ia intaUgeoda paanape, qaa] Mléefdestt- 
nada á vagar eternamente: anas veces pontUüfr'áékjMaori^tfotfla 
por correr en su boaca^ <¡iislMHilfCoioa AleemtUiíaliie . n|gft;1plo8^ 
mismos que le traUrtu de niqndlgoiif 4e:kaÉnaM0'i|Nir^ 
un editor para una ile las obras mas grande que han visidxliMMi- 
-glos, pudieroflapneariela ley dainigaiiqiat sífiHi. «piflla.^ota-la 
hubieran* tenido* á maoo'.í ror/.-.-r'^i .mu-a f-friiv* oo'j fin oi» iioi/mis 
—Todo eso es may santo y muy boeno, seBor.fiMtirw^nVilP 
me esplica por qué razou no haí'ide'oimr^.yaíieii fmi'fib4ir(Wi''tljio 
valenciano que se maofraeló.JHRnBhniiidhiritefli^ 
dcbia andar ya impreso por ese muDdo!'ir;í!:'rfri;/n t^im^ ntip.íi i f- 
— Y qoé tipo es ese? !: r» : 'Ií,.; 'wí (.n<5^í» i;! Ísoí '* — 

-^Ei ^eqnosMero•9 éMm9»fbnMikáriinU. ' .>ijm)(iMi:p.i ':í-- 
«n-AcabáraiideiiespItcarael Puetiya balgiiietf JaíontoideílaldiiH^ 
- r»^¥ euál.esf !* * ^ ;. f;.i*» i o^ y >•■■ ;u'íí*j hu< m^o) JI íír.oq 

<f-EI:reqaesQDero valenciape e8:^.aiilHesi»riel4H»lt(^^ 
—Pero hombre , ¿qoé t'ene qao.tMiUQ.ppMh c#ll)«f B(qiPeMMi|f 
-^AbsoldtaflDíeate nada; y ñmMpibtímnmtíti IferfUMi fM 4oé 
no es fácil que un poeta se ocupe dto M rQqiilN|lfti»b lüíluonq l¡ñ . 



334 hM TALBIfGIAIfpS 

•i»^Ahi:l!&br«a*rt|tie<dl9tk!guir<le oasm y oircunstomia»; peromo^aViB 
engolfomoBteB'Qsa materia y esplíqueme Vd. eomotblfe^ttésMtfo 
<)mlenoi8co!«sila«a»titesi^del|ioelanefíklí(){iali' r >•' ' 

.'fH4T!VD3r(a;o8iupboer)á Yd.EI TequeBonero es laadli^att :idaMñal 
4^1 mitilit>lioáoionf (\tá Mdmdinutmra ^1 (trabfií^^Ur^s(«Dlidid»»Éefi- 
-^ne^f lubíMloí hombro: rordadepoJ r«' >' : '•' •• ¡^1 (: ^jr r f:>. - '-u 
'i'i^Baídeqr i^ei«i''raqué6ooQr« tcabdja'^Urés^^oal 'paaci^liqv^ 
•peolfr iMjMmii^o^ c||ia'»Vdi^:i^^ 'ii»blaDo tnatejarmi aiquicra^poriuno. 
j..<*¿^y'está=4íd. iinplacable.^ «eDDn!«(!jlór: £1 |K)f4a'>ai ^¡^árcrá- 
períor é indefinible que no) puede 'Sújetareeá iaslloiifetcfal loaideÉdis 
«obtcdoB/^blMiciB ya machos siíglos^iqtié ¥í«üe)purgrin!da%eenr»dl-na| 
'«9ianr*üe)laíHiatDria'fos(faeros y7>tSierlade6 doIreFpifftfaciSeciiiasi'Oon 
4l:im9^fii|«!y'ifener9ie6y teblemlM1delTeq^e9eMk '\;>í*m r: -'.*' 
— Eso pido y burras derechas, comotkdib Sanctb^w'i *>^' o ri mí 
-iU4Deófei} puj^/ qoB^i réqueomimxe&iup taddalrial i^úlmo^ /taifa- 
-'ttgable y álilá l# rtpúbHoa. > • ■ • :í : r. í* r ín íI-. in.' ■/ ; : i • • 

í Í-*^1)iett)e!trM(0soíBeiiiias :'iÓe/mod6(qua el WDisttH» córref idoíqr<8B- 

í •-^'PocH)á'pi|f3D! !Vamos por^parrkeís : i vdr ^siíMtQf^vMiettnai en(|l§- 
sesion de mi Upo valenciano. Dociamos que^iei^ neqbbsoliero 'UciÉb 

<í'f*^©áb]ir': •»ffioq«eesTO67»tr¡iio. •''\ y r- p'jí<i>: ^ ••«i 

S'^i^jBraVoíliiesiiMíIM^W Vdj^la^primera feoTO '» p oni;íoí!'.lí;v 

—La fisonomía raatulinal?^' h.í ' > •» - . • --rul r./ míIíhi; i:(.h\\ 
— Pues! la fisonomía maliiUnal '' - -"- ík?! ví»p Y— 

—El rcquesonoro valenoiamm^ levanta : don la'Qi}roi»'(j^)etáiláona 
*m'Gasd)bijona>{Mrma.!drua>üabrOTO «'i^árvo'. iseái^^^ 
poSa. Recoge sus cabras y se echa á trillar las eall6a'KÍaila feapi- 
•tal, pfér¿i€ínaddo^)su ínereancía^fque eBprtme>con)iii8De^)il]|ábirvf -vi- 
'•garosa ^6; ia (MidMa del parroquiano; ¡vliflír' <;•■/: 

^^Alto airi:! E^ ^onomía la conozco yo bi^ee mueW liéDftfM/^yHio 
es peculiar del^pais^ídeílasiftares. : ^ íí •»! "-'^ '•'« 



PINTABOf» POH-SÍ MISMOS. . 355! 

-A-E^cf probará. qoe «fiíuná fisowíimía^ vt%lFi; fiero ydrmntovontoc» 
capio él k miíítíA\em / teiMii'd'focnináá- q«e derrdmá >lh» tosas üuíles»' 

poNT lOélas parles.'- •■^i ••- '■♦••/■ •■•': ^•'•«•í- :^ '». ^ < ■ ' • « nu- »;..; .;•., 

^Ese es un eWgiO 'qn^vi)i^dc^réf)«^)o$cül)rero9-do^ lodos k^^ 

países: pero pasemos áta^íígtltíUai'flsoiiomíiaú'í^ ^-.i / .'.íj 'mm;.í • •> 

•^Como V. giiBl^. La áeg(ni^rrse^'ñ<dmíaí^e^ al^j^tubs 4o(»A> A. 4as 

doce de la mañana , poco {t)d^ó'Mi)iiés'v'et'^()réu*oi «0i<mel^morfo*^ 

seft , déjala» liabrií^ o»: «I coh'^dl^í^enibrsaaii «íeií'e] dwedw^ una. gran 

banasta HeM <jl^ p^qiveñas >fio(i^'cirooieiá did-^ledle'i aiiajadaiv eonQciilaii 

pii)' acá (ioxíéV'Ámíáir^4^farmakk¿t8 ; m^üaoüB')lai^tffniQ9lraMiÍQai 

bolsa de mallas y torna ¿i^ü(>i^iwi!^>; «ali)df>' pfts^ocaiiiiiiJ'la iMsmai 

mercancía sujeta á dlsíliolí» foidia y <?on8is(efici»^ ^ »» . ■m\> - .irl— 

-^Y acfuí eñirfti€l/a/-»ítwW prof^ip»c»>le díclmíü » : .1 > < / - 

-^--En cuerpo y^ íítt ¿ftii¿i. Elí/or«iacA![:r v enle sirt{iátócgbáílqííj|o4* 

Io60s de a^tibos'SOlOsfy inuy id^fi|g\;ui1m(¿nté á lo» (fiU(:liatth9a:^vá''l«sl 

s^rvicnnftaá , ltova<<3nMSü' eaAa^U}'iiM>p0rc»Mi 4& iC(aitlastílito dqh (lí»V' 

motro de un napoleón , llenos de leche cuajada. El^uc|'iíOft>k8b fen^ 

machéis. La brisa de mallas no tiene mas obg6li(^' ^«e ^^>d#> f^e^ñiñr 

los cana'<ü»l<)'^ 'V**4ü^jjfir/(>rmf^ prdgto^tja'Sn ^fti^rcátttttó í tó'Ha- 

iñ'^ , acnJ«r«iolictM lá* )a puérfAüé (i v^as^ déívde ¡(éie^i^^'ütía'ba^ 

rtfornes con'tirt'íf)lüÍo^'eh la tfiátooV thislada tó-baúá^lU^del hm,9^'d&H 

réehio al átii^rro^ tmftd k^étif^ildldMeMf Ut) ^í)a^(4Hd^éOJh<€llfiilrtgarvi 

et indicéf y 6l^dmlil'dél.CdMtiM;Ílipt^iÜta M)aviein(MMiélf4éíik(e'<«Éoi^ 

de i álfm dé<'qiíe'H4M<(kir(iiyeú^a¥tín'de tet^heife d^íprcMdd ¿to^^esto»^ 

y a<^ePcando la mMó<ál ptMo'^ftré k preseíil^tá tfoltíéáliííMVittítirbftitt 

unK^éik) ^aciKÜrKrieiilo dé ab«}<^ bi-r4b« 64' miil^Vt f'()éjami^'i»t' plato 

y en el punto ex'áciO^éútíáe hú fmtÉlú4H'¡&j Miréqué&oiíf'iiiajf^ btont 

eo que'la biéVe y- én (^t'dQal liaiy qtyeda^t^'kfipi^^aB'^loa trenzados 

mimbren ddl t^aiiástrllo.'- "''^' • '*» •*» ' * ^^ " *^ «'^ • ' 

—Hombre , \o pinta Vd. de un nic^o que .casi me (Abierta* 41 

apetito deltís formachéti.íiébún der nfiliy «abroseií. '^ " * • ' ^ 

— Nó tanto como i ndñía sü "beHa apiaffenora, 8é8«r editóte. -Lob 

fonmehet^, oaitio olraa oosai» humanas iva sM lo ^a^^peeéd) fieni 



556 LOS VALBIfCIANOa 

eslo DO consiste en el arlilicio, si do en la materia. .La lechjs.va^ 
lenciana no es la lecbe de las Navas, ni punto monps; y aquí en- 
trarían como de moldo algunas renexiones sobre la calidad. de; Igis 
pastos valencianos; pero no quiero usurpar el asuAlo á plumas oías 
competentes y sigo hablando de\ formacher. . 

— Ló hemos dejado en el punto y sazón en que depositaba el prt- 
mer requesón en el plato de la sirvienta. 

•«-Pues visto UQO , vista una docena. El fonnacher loa va dejando 
en el plato con admirable simetría y á medida que los desaloja del. 
moldo deposita los canastillos en la bolsa de mallas. Esta, es la, .ma- 
nera de vender á domicilio los /b/*macAe/^. 

— Pues que , no siempre se venden á domicilio? . ; -wí 

—No , señor editor: Vd. sahe.j6|^debe saber ^ á co$ta. de algún car- 
denal en la. canilla ó do algún chichón en la cabeza , que 60 .Va- 
lencia hay una plaga decb.cos vagabundos, torcaces y bravios ^ue; 
son la pesadilla eterna de los ciudadauos y como si digéramos la. 
peste de la república.. 

—No fallan , no faltan. 

— Pues bien ; esos son parroquianos constantes del reqaeso^ero y 
reciben el codiciado manjar en la palma de la mano , cuya superfic'^ 
por el olor , color y sabor no equivale nunca á la de uq plato. Do; 
La mano lo trasladan á la boca sin perder migaja y vuelven á pre^ 
sentar la palma para recibir otro ejemplar, que trasiegan de: igual 
majiera al estómago. Hecho esto, unas veces. pagan y ¿otras apeba 
á Ja franquicia de la fu^ ; pero el requcsonero que epüende^l ofi- 
cio suele exigirles por garantía el ángulo enlranle da un edifieipr 
procurando evitar que se salgan por la tangente. .:: 

Este, como Vd. comprende , es un simple, contrato de compra 
y venta. Otro suele ocurrir entre el re(iuesonero y los chicos bal* 
dios y vagabundos , que no deja de tener su originalidad. Ocurre 
con frecuencia que ^n mitad de la calle un cursante de plazuela se 
para en seco. delante del requesonoro y á dos pasos de> distancia, 
abriendo dcsmes^radaiAonte la boca, £1 industrial , en vez de dars^ 



: j ■ • ■ 
•i. ^ ■ 



pmTADOS POE SÍ ntíSHOs. 88f 

por ofendido al ver la maoca» se detieac también y sepulta' al Ins- 
tante la mano en la canasta. Toma un farmachet , oprime el rástíeo 
molde de la manera que llevo referida, y lo despide con gracia, en- 
viándoselo al parroquiano á la altura de la cabeta^ M muchaohe lo 
recibe en la boca si es diestro en el ejercicio : de b cdAtrar b el, 
formavhet se le aplasta en un ojo ó en la nariz. Los que seentrsin- de 
rondón por la boca , cuelan libres dd derechos , y los pierde el ra^ 
quesonero: los que dan fuera de! blanco se pagan á áobte precios. 
Es ocioso añadir que después de este ejercicio la c»^ del mucha- 
cho ofrece todo el aspecto de^un enorme requesón. 

—So concibe perfectamente. De i^uerie que la segunda fisonómia 
del requcsonero está grandemente interesada en borrar todas las 
demás fisonomías, 

— Yd. lo ha dicho; y sorá tanto mas vigorosa y característica 
cuanto mas destreza tenga el requcsonero para borrar las agenas. 

— Enterado: pasemos ahora á la tercera lisonomia: 

— Ultima metamorfosis del requcsonero. Este benemérito indus- 
trial deja á las dos de la tarde la canasta de los formachets, toma 
una fuente fabricada en Manisés ó en la Alcora> la carga de otra 
sustancia láctea y compacta que se llama trullo , clava en el centro 
un cuchillo y mediada la tarde 8al# otra vez á la calle con este nuevo 
producto de su industria. ¿Sabe Vé. lo qué es brullo? 

—Como si no lo supiera : espliquemelo Vd. pai^a que yo traslade 
sus propias palabras á mis snscritores. 

-Conoce Vd. el sabroso requesón ^e Miraflores? 

— Sí señor. 

—Pues no se parece en nada di brullo, ó por mejor decir se pa- 
rece en la forma. 

— De suerte que entre el brullo valenciano y el requesón de Mira- 
flores existe la diferencia.... 

—De ser el uno un manjar muy delicado y el otro un lacticinio es- 
túpido y desabrido , cstraño á los paladares delicados. 

—Hay algo de singular en la manera de espender esa mercancía? 

43 



338 LOS VALBIfCIAROS ' 

—Nada que dé importaDcla oi caráclor al Upo de que hablamos. 
—Luego está agolado el asuoto? 

—Se ba quedado Vd- mudo? 

— Cuando un poeta ca!la es que no tieoe nada que decir. 

— Respetemos el sileacio de los poetas : 4o todas maocras tiania yo 
razón al decir que mo venia Vd. como llovido del cíalo. £1 articolo 
del formacher está becbo. 

—A gusto de Vd? 

— Muy á mi gusto. 

— No habrá quien desconozca el tipo? 

— Únicamente un topo. 




pnrrADos pob sí mismos. 539 



|f|$|f$$f$fffff|fff|ffffff$fffff$ff$|f|f||f$f 



EL FIEL DE FECHOS. 





iMo lector : suponiéndote enterado lo neee- 

S ^ÍL Wi s^^í^ P^i^ 4^^ ninguna duda le quepa acerca 
^^¡. ^ ^X3rj¿tí^ ^ del tipo cuyo título acabas de leer y que me 

propongo bosquejar , pasaré por alto la defi- 
nición del mismo y consiguiente clasificación, 
pues citoria hacerle un insulto con solo pensar 
que pudieras confundirle con el Secretario de 
)^ pueblo, ó de Villa entre los cuales hay sujetos 
muy entendidos, que si no están revestidos del 
caracterde licenciados en leyes, poseen á lo menos los estudios univer- 
sitarios bastantes para desempeñar con acierto inteligencia, desemba- 
razo y probidad, el pesado cargo de su cometido y la provineiade Valen- 
cia puede gloriarse en este sentido puesto que cuenta ocupando este 




540 L08 VALMGUW8 

destino á grande número de personas cuyo acertado juicio , y rele- 
vantes dotes , facilitan la tramilácion de los innumerables negocios 
que abraza una secretaria , desempeñando en muchos pueblos el - 
doble carácter honurifíco de Asesor del Ayuntamiento. 

El boceto que yo me propongo mostrarte es el trasunto de aquel, 
esto es , una parte alícuota , una fracción de inteligencia encerrada 
. en un encéfalo de grandes dimensiones y que el frenólogo Cubi y 
Soler defme diciendo que son (í cabezas aguadas j> y que sin temor 
de ser desmentidos podríamos añadir que son una amalgama dein- 
tropo y Assinus : En fuerza de su triple cometido de fiel de fechos^ 
sacristán y ñlajister de la capaz aldea ó lugar de veinte vecinos ( y 
aun me escedo) tiene que aguzar su entumecida imajinacion pues 
que su buena estrella lo elijió para ser la única persona letrada de la 
aldea , y en consecuencia consuUonato de cuantos conflictos , y 
malandanzas aquejen al vecindario. 

Según la tradicloq , la fejpailU (le Eoaquitl Bu^otero (que asi se 
llama nuestro fiet dé^ fechos) desciondo de gante de. pluma larga y 
letra menuda el primero de sus ascendientes que ejerció ó mejor 
dicho anduve entre tinta y papeles, fué mayordomo de la Casa Cas- 
tillo que cerca del término tenia el señor de la Aldea ; tanta era su 
sabiduría que en cierta ocasión , le íntelijeneiaron de que el diablo 
revestido de todo su poder, pretendía apoderarse del castillo. Los 
aldeanos acudieron en tropel á pedir amparo á la Virgen del Asalto; 
pero D. Aufo diz que consultó unos Ubrajps con tapas de pergamino 
muy roídas y después de encerrarse algunas horas todos los dias en 
un aposento para meditar , coosullar y eslu(|iar, salió resueltp á po- 
Berse en guardia contra todo atentado del diablo : efectivamente, se 
ideó un cepo tan original que cuando el ángel malo intentó en un^ 
Boche de truéaos introducirse clandeslinaiaente en el castillo, no 
pudo evitar de caer en el bien ideadp cepo : ya otro dia se lie oa* 
oontraron alli , si bien con la figura de ratón , pues coino ^1 esjpiiñlll 
del averno sabe tqnlo, se dijo para si: ^%, que me han pillado que 
se encuei^lren un ratee, d 




pmTADOS POA si nsHos. 541 

Esto 1q contaba los dias elásicc» el p^dre de Eoequíel sentado á 
la puerla de su casa y escuchado por la mayoría de los aldeanos quf 
todas se haciaq cruces del grao saber del Sr. Rofo y mipaban de 
soslayo al Eoequielito, afortunado ser que venia al mundo á heredar 
todü aquel producto de majines tan entendidos. El padie de Ecor . 
quiel era el sastre de aquella aldea y del lugar vecino, y sabia 
tantas letras que, cuando era llegado el dia del Santo titular, ú otra 
fle3la señalada > el sefior cura iba la víspera en casa de aquel para 
quedar conforme á fin de qae al dia siguiente owtára en la misa, 
diciendo lo que contenía el libri) descomuoal que habla en la iglesia. 

Ecequielito haoia de monacillo en co^pji&J3 del büo del sacrisrr 
lau y de^de uino ya mostraba el genio qqu que aabiraleui dotaba 
á todo su ^\^,. 

Con tan buenos ausip^cios proQto llegó (antes de los veíale afios) 
á leerse ca$i de eorrido libros de letra clüea y bastante juntita. Con 
el liempo, pvQ9> y sobrevenida que (oi la niuerie del saorislan, lo 
reemplazó nuestro Ecequiel. De^pueis acaeei<^ el óbito del maestre 
de escueU y Ut^^bi^n fue agraciado cw la yacente. B«9ta que, por 
fm sobrevino el fallocimi^nto d^l ^d, def^c^^, y np t^oi^iendo dfl 
quien ecbar manp , por votacioa unápime ^l AyMi|tamiei(to recayó 
la vacante en favor de Ecequlc^l Buentoro, 

La fatalidad quiso que inavgurcise au nuevo d«i|tu4o, dwdQ lu- 
gar á quQ el Sr. Gobernador ^q \^ provincia le impusiera 100 r«9r. 
les de mult9\ al alcalde, por po dar direeQiQQ ó QB ofiícia <|irigklo en 
esta forma: 

S. M. 

Bscma. Sr. Gap.» gral. 

de los Ejer.^« reunidos 

de 

just.^ en jast\ 

Y fue porqué; habiéodosi^lQ dado i le^ al. nnei^ fiel^ de /«c4w, 
no pudo d^ x¡^i\ de lo qu$ aq!)el|Q. §jgoiric«l|^ , pu^ ól Í^9fA; 



549 LOS YALEfCIASOS 

ue eme^ eatmo un-, cap. ¡rd. de los ejertas mmüdor ds jmim m 

justa. 

T es daro qoe do sabiendo nadie qné jerga era aqieia. ant* 
naroo el oficio en un rincón y no se cni'Jaron de ét ha^la qio cao 
mo&To de la aulla saposieron qne era para el capital ptneni de 
k» ejércitos reanidos t qoe debia llevarse de jostida en |as£ktaL 
Motivo por el cual, el alcalde decía qae Eceqniel era mioqnete, j 
el señor cora lo apellidaba el topo de resmillas de #tn eacseaada 
qnft también le habia hedió. A trueque, paes, de tan úpñ&añrm 
caiíficacioaes , naestro Boeitoro continoa en su trille coaieGd»^ 
haciéndose respetar de grado ó por foerza , paesto qoe si hércules 
naturaleza le ÜKilita medios pora TeniUar á pofio cualquiera cues- 
Üon en qoe terciara algaa mozo de los qae incomodámioies lo ne- 
gro bascan et blanco en el bolto del prógimo. 

A Eceqniel nada de esto^ le arredra ; ¡cuántas veces (fiera un ^ 
mon de tos dos que tiene colgados en sa casa por poder desqoítarse 
con el señor administrador de rentas ú otro crsalqoier superior qiK 
le asesta detrás de un oficio, otro, conminándole con multas ^ ó exi- 
giendo el paigo de ellas por la inercia ó ineptitud de aquel! ;Ofa! ett- 
toncos el flelde fechos quimera tenerlo á la mano para hacer com- 
prender al superior que si no es nn estuche en letras lo es en puño-. 

Pero ya es hora que nos traslademos á secretaria , que es el 
núsmo local en que fnnciona como maestro de primeras letras. 

Su despacho se compone do ana mesa de p'mo bastante capaz; 
que un dia fue blanca ; pero que al presente es indcGnible su color, 
un tintero de loza y dos plumas , y esparcidos aqui y allá una por- 
ción de papeles sucios en el mayor desorden : una caja do cartou 
qne contiene un eslabón , dos ó tres pedazos de piedra de chispa, 
yesca , un ovillo de hilo encamado y una ahuja. 

Veamos en que se ocupa: acaba de echar yesca , ha encencfido 
el cigarro , se ha puesto unas gafas y parece que medita el conte- 
nido de una comunicación que tiene entre manos. &n esto es inter- 
rumpido por al alcalde del lugar que se presenta un tanto azoradoi 




pmTADOS POR si BnsMos. 343 

— ¿Qué ocurre? pregunta con vivo interés el fiel de fechos. 

— Una desgracia : el chico del Curro se ha colgado de una cuerda 
V allí en su casa lo tienes muerto. 

— ¡Un suicidio!!! Voy á poner la comunicación inmediatamente al 
Sr. gobernador. 

— A eso precisamente vengo. 

El fiel de fechos queda un momento pensativo , ceje la pluma 
y ul cabo de media hora lee lo siguiente al alcalde para que juzgue 
de su talento y laconismo con que consigna el acontecimiento: 
dice asi: 

(rTengo la satisfacion de poner en su conocimiento como en el 
dia de hoy y en esta mismp hora ha sido encontrado ahogado del 
cuello , colgando de una cuerda del pescuezo N. N.2> 

— ¿Qué le parece á Vd? pregunta con gran énfasis nuestro Ece- 
quiel. 

—Hombre, me parece bien; sin embargo eso déla cuerda del pes- 
cuezo tras el ahogado del cuello.... pudiera.... 

—Nuestra misión „ Sr. alcalde, es la de esplicar las cosas breve 
y concienzudamente : eso si V. supiera letras lo comprenderla mejor 

-'Hien, bien ¿y dime? objeta el alcalde, ¿has dado conocimiento 
de los cachorrillos? 

—Ahora mismo ; contesta Ecequiel, y tomando otra vez la pluma 
escribe lo siguiente: 

Tiene U. S. el honor de saber como se le hanr detenido á N. N. 

dos cachorritos , etc. 

Este oficio ocasiona una sonrisa de satisfacción al fiel de fechos^ 

pues el mismo se aprueba su gran talento. 

Empero hoy es dia de correr y es preciso trabajar mucho para 

poner al corriente los muchos negocios : por lo mismo llama á el 

alguacil y le dice con mucha gravedad: 
—Todos los que estén bajo mi férula y la del sefior alcalde tienen 

la entrada prohibida en este recinto mientras me ocupo en despachar 

el correo. Solo pasará Vd. recado en caso de alterarse Irsalubri-, 



S44 L06 VAijRiirjAwas 

úmA púb&ca por medio da s^fgao alboroto íumib airadi mu pnaie- 
ditaciony aLiTosia. 

El alguacil (pe no entiende ana jota de cunto le ha dicbe Eee- 
^el Bttoaloro saluda y se marcha. 
— ^¿Oué otros oficios hay para la firma? pregunta el alcalde. 
— Ahí teLg^o dos mas que son estos que escribí ayer. 

El fiel lee: 

(RemiUi á ü. S. los maestros de esonela dnpBradoBt cayes re^ 
dbús pertenecen al mes qoe finó para los efectos de la ley. Mas, elc.# 

Otro, 

dSn el día de bey haiáio herido N. N. hije As m padre ^Bfimto. 

Tedo le cnal le enrío á l\ S. para km efectes conágwienlea, 
Kos, <Ac.> 

El bn»ko del alcalde firma , t como » tiene u&caa át les 
dios qM fie te relatas, no se fija, y ademas porque nopodria 
«■ipo&arío m^or, 

rma porción de necocáos de k mafor impnitaaBa, heoe 
la persona de Eoeqmel ea ia rjfúital. Teffie a la pnerta éá 
civil especande qne Ma la hocí de an^benm. Lk^nia «ta 
ainesiro boinbre en Secnetana y «a ledas las mesas ci^e tbt ad ¿n- 
SuerTiadnr fijar joi mirada ad t^. j desfianor darlf vvoIbwuis pmaiaae 
de le salK&cbd que esU por ia «antttufl i* míe^fffpoia omi -fae 
doMnnpifiha jui eoirjirro Xue^r fie! üe B:úrjii£ íd an^jiB' jUHiUei» f 
djcuáíoidoee a mm añosa pT^D^niaa ihnmitáemanif^ ^ a pasar de Ita 
imíüin'fir. qor ioma dr iulnTrnpir ce dr m^ynr. 
— Sifuinr . ^\¿. ^ Tisú pasa: por aqo. iina iuwuüa Jie ^Mmata, 
lúionaxui por m. {uanr juurxuarjii^ 

& xjurr que o. iunpHUuir. i quuo: itf di;:^ i^aia ípir^BisttB a» 
pniuir mnoo^ áx rni: k carn^|adi^. aimí iti mmm:'^ 4ie ihaanr Ja jne* 
^unu* 

fjHU Iv;u]Lqi)iOi if iiun::fi:'(Ua :stiU!;&uuii7ttimomr % r^mnÓD vmBÜB^ 
a^ ixign: ilwit qut ^ iu^ \\m\\t rniutu^ ¡m\^ ¿x tiute io^ ^'«(pW^fl^i 



PmTADOS POR SÍ MISMOS. 545 

Ed iin , carísimo lector , espuestos los anteriores renglones^ 
dejo á tu discrecioD los mil episodios de que está sembrada la vida 
del fiel de fechos, que su mayor fortuna consiste en que tiene gran 
dosis de aprobabllidad y en este concepto es feliz y termina sus dias 
con el convencirnlento de que es hombre entendido y que la aldea 
le es deudora de las luces que esparció con sus palabras testuales, 
(y cuidado que él no conoce los fósforos^. Dejemos, pues, al tiem- 
po que se encarga de ilustrar hasta los mas recónditos lugares, y 
él sacará del error craso en que yace nuestro Ecequiel Buentoro, 
fiel de fechos de la aldea. 

Para atenuar todo comentario desfavorable á nuestro tipo, con- 
cluiremos con la siguiente reflexión. 

Cuando se dota con 500 ó 600 rs. anuales una plaza de esta 
naturaleza ¿ qué otra persona que Ecequiel Buentoro podria ó se 
preslaria á desempeñarla? Claro está que nadie. 




14 






El PAELLERO. 

GUISADOR DE SARTENES, 
(vulgo paellas.) 



n Tordad que somas los TalencJanos ^nle desen- 
fadada y fresca! Estas ardientes imaginacionea 
incndíoDales que biervon dentro de nuestro crá- 
neo , y en Us cuales vive con mes ó menos in- 
tensidad una chispa del fuego qoe creó á Juanes 
y á Ribalta, como á Atisias Uarch y á Gil Polo» 
esta fibra tan electrizable y delicada , cuando 
ft) trata de apreciar bellezas y entusiasmarse con una inspiración ar^ 
tísiica 6 poética, se aOojao y laxan cuando se las obliga á descender 
i los intereses materiales , de loa cuales únicainenle la parle qiu 
proporciona una modesta subsistencia , ó crea algdtt goce sencillo y 
poco dispendioso , disfruta el privilegio de fijarnos y atraemos. Asi 
seespliea cómo nnostro pais cuenta pocos capitalisias, cómpralo 




348 IOS VALENCIANOS 

con otras provincias ? a^^^ esplica cómo, RÓr éJfmpTo^-IscroSSiéñ- 
tra en Cataluña á uñ bombro, á qoion se ve uno' tentado de alargar 
una limosna , y luego averigua que es un millonario ; y se tropieza 
en Valencia con un hombre con todas las apariencias de potentado, 
y es un simple artesano , y á veces un simple jornalero. En otras 
partes la riqueza no tt aspira al esterior, basta que el oro hace esta- 
llar las paredes y techos como un vapor dilatado. En Valencia» un 
capital insignifícanle juega y retoza en manos de su poseedor , y le 
hace con frecuencia olvidar el día de mañana. Sí á reflexiones hemos 

de ir , no sabemos de parte de quién está la verdadera filosoña; si 
de los que arrastran una existencia de privaciones y fatigas ince- 
santes para atesorar y aumentar , ó de los que utilizan , aun quizá 
con sobrada largueza» los bienes, de que el nacimiento , la fortuna» 
ó su l**abajo los han d^a^qr^demáp f|tforz|sq[ pagar al clima y al 
temperamento eItribBtor,4l(Kquettdj#'í)»trl coñeapto se hallan esentos 
los que tienen la 8oq^bi|r«^ al ifq^edpf,, ^^^^ ^^I'kV^^ habitantes de 
las latitudes boreales, ó zonas frias. Para un valenciano es condición 
indispensable de existencia él deporte al ^ihpo.. . la paella. . /Paellal 
nombre mágico y seductor , cuyo timbre suena armonioso y vivi- 
ficador en los oidos de un verdadero hijo del Túria. 
■*: lApáeUa valenciana (sartén), es upo de ^aquellos esfuejrzds'^iil 
ÍDgeoio meridional para inventar un goce peduliar á los hijos de\éA 
y de las flores ; goce no limitada pori .su: ^rareza ó subid^ precio t 
ciertos aLeances pecuniarios ^ :sino mas bien adaptado á la| posi6V^ 
lidados mas modestas, y populares; sin ^ que esta circi/taitancia.lp 
baga perder sil márito ; aites bien ella esHa que contribuye á^cer 
alzarlo. Ldi paella time &ma y repatacion^no solo durj[>p^.','sÍ9^ 
universal. Ooncto quiera que ea.el estraogero se habla¿4&..yalfiiiiOiaf 
su nombre es> inseparable del de \a paella.' ¡Sin duda.el(bóe&Q,'(to 
Al pj andró Dumas da ella quiso. hablar, cuando pnso oubotiaidailsii 
Conde de Monte^risto la revista. da los platos.S9j»ro&o6f qikfiít^dUa 
gustado en sus escurs}Qnes poi; Europa, cUaoife \díii^likpí^ti(h)á^ 
Valattc^B , la cual no «debió seii* aira (con paz s0a;dich<ii.de la.ttrttdir 



PIKTADOS ?0a sí MISMOS. *S49 

cion del citado autor) que \di paella valenciana. Para lofs qud ^aa 
vez la han probado, es un recuerdo agradable y hermoso ; para los 
que solo la conqcen de oidas , es un ensueño , una ilusión dorada. 
¥ una particularidari singulariza y aisla la paella de iodo el sistema 
culinario y gastronómico, y es, que solo un valeaaiano sa|)e guisarla^ 
solo él posee el secreto de su confección, el cual reside en él> eo- 
carnado é identificado, como en los reyes dq Fcanoia la virtud de 
curar los laiüparones. Y se ha visto ; porque á pesar de haberse 
empeñado muchos estrangeros y en varias ocasiones, en guisar una 
paella valenciana , aunque diestros por otra parte , y prefesores 
eméritos en la ciencia, han fracasado en sus ensayos ; y ua paladar 
esporto al momento ha reconocido la mano inespeptav, la mano que 
no era valenciana. V tampoco consiste esta esclusion en la natu- 
raleza y calidad de los elementos, que entran en la compoisieion de 
la paella. Un valenciano la condimentará eon igual acierto y ^usto 
ep las orillas del Sena y del Támesis, que en las del Tuna , y en- 
tro los hielos de ^usia ^ que entre los oalores de la Guyaaa y ai 
tiene á mano los articules tradicionales que la GonsUtuyen. 

Verdad es que no todos los valencianos saben guisarla ; pero 
también lo es que k)s únicos que la guisan, lo sob ; que los n^aes^ 
tros en el aite son muchos , y Analmente que entre éstos los hay 
especiales , que dignes del titulo de profesores, lo llevan con or- 
gullo, y desempeñan sus funciones de un modo inimitable:' 

La idea , pues , do paella envuelve un doble tipo, ambos erigid- 
nales, y tanto, que acaso lo sean mas que ningún otro de les que 
brillan en esta galería biográfica. Los tipos son , el paelleroylei 
pae/Ia ; es decir , el guisandero y lo guisado , comprendiendo en 
el s3gundo lo que acompaña á la comida de la paella, rasgos^cte 
costumbres populares, croquis ammadisim<)s de travesuras, y* cua- 
dros de goan relieve con tigara3 á lo Goya y RerabtiaiKll. Probaremos 
á manejar nuestra brocha gorda de la manera menos desairada po* 
sible., ' 

El oficio de paellena. salta á |>rimera v»ta que no ha de déi^ de 



550 LOS VALEKCTAKOS 

aquellos, qno dan al que lo proresa, un moi'o de vivir ¡estable, como 
el oQcío (le sastre, de carpintero , ele. Porque ni todos, ni sieoipre 
están comiendo paellas , ni tampoco lodos ni siempre recurren á la 
habilidad del paellero titulado , pues como bemos dicho, no son 
pocos los que dominan la ciencia de la paella. El oficio de paellero 
es un agregado ordinario al do villutero ó zapatero. En efecto, en 
el seno de estas dos profesiones es donde se ha do ir á buscar los 
hombres compctooles para la rosclucion de aquel problema, y rara 
vez se nombra á fulano el paellero^ sin que le^ iQCompafle la coki de 
^1 velluler ó sabaler. Como directores de una función que es esen- 
cialmente de bromo, y bureo , ellos son brómislas, y por punto ge- 
neral holgazanes y poco adictos á la lanzadera ó tírapié; Guando es^ 
cásea el trabajo do su profesión , señaladamente de la primera, 
son los que anlos que nadie son despedidos del obrador: hacen fiesla 
los lunes, y el resto do ia semana entretienen á los demás do la 
manera que podrá el lector observar en la biografía do esto tipo 
notable valenciano. Además son, en caso dado , pescadores de cana, 
tocadores de guitarra , y siempre fumadores y enemigos irreconci'- 
hables del oidium tukeri Coñ oslo cuentan con no escasos recur- 
sos para mantenerse en años de penuria, y con el último de la bolsa 
de los amigos , á quienes hicieron reir en la prosperidad ^ para que 
les impidan llorar en la adversidad. El paellero se halla dotado del 
competente mote ó apodo , por el cual es lisa y llanamente cono- 
cido, V. g. Belso, el granolero, el Ibrt de la polla y otros adlta- 
mentes de este jaez. 

Hase pretendido por algunos desnaturalizíEír la paella primitiva 
valenciana , socolor de mejorarla ; asi es que la han recargado d^ 
artículos, sabrosos y suculentos , si ; pero que la convierten en nn 
guisado ó comida cualquiera, destruyendo su originalidad. Lo que 
estereotipa ó mas bien fotografía la paella valenciuna, separándola 
del resto de las combinaciones culinarias , es lo siguiente: palos; 
pollos ó gallinas , mas bien los primeros ; lomo de cerdo, costillas, 
chorizos , anguilas , tomates y arroz. En algunas ocasiones nd falta 



PmTADOS POR SÍ MISMOS. 351 

quien aOadc cuatro ó cinco docenas de caracoles grandes , con lo 
cual (\neda cerrado el catálogo sacramental do la paW/a valenciana. 
Todo lo demás son corruptelas é iulrusiones de gente.. orguHosa^ ó 
mas bien envidiosa , la cual necesita de mucho para lucir, no pose- ^ 
yendo la combinación de lo poco y ordinario para obtener elsor- 
préndente erecto que en los demás se advierte. 

Una paella (y abora no hablamos de las arialocráUcas, ni taoH- . 
poco de las que tienen por base media libra de bacalao) se orga- 
niza ordinariamente la antevíspera de fiesta, y el número. de los 
congregantes no baja de doce, y pocas veces escede de veinte. La 
idea brota en un cerebro , frecuentemente en<los ó tres a la vez, 
se comunica, y al punto es acogida con entusiasmo. ¥ como los 
actores del d;ama sod por lo común artesanos , el dia de fiesta in- 
mediato, do que pueden disponer, es el designado para la función. 
ElpaelUro^ á quien se invita, y que no es raro forme parte de la 
reunión, despliega en el momento su energia y magisterio, ofre- 
ciendo poner á disposición de 4os escolante^ tantas libras de esto, 
tantas de lo otro, etc., sin salirse <le los limites conslilutivos de la 
paella y y dejar satisfechos y contentos á diez y seis individuos por 
la friolera -de seis rs. cada uno. Aceptada en el acto la propuesta, 
se procede sin demora á la cotización, ó cuando mas, so difiere á la^ 
tardo ó á la mañana siguiente , á fin d.^;que el paellcro tenga espa- 
cio (le hacer las provisiones y ocuparse de los preparativos indis- 
pensables. Aunque hay paellas domésticas, lo ordinario es comerlas 
en ei campo , y la designación del punto donde se haya de verifi- 
car, es también objeto de seria y detenida discusión. Tanto mes lo 
es, cuanto que nuestra huerta abunda en sitios á propósito, que 
con su soledad por una parte , y por otra con la proximidad de al- 
guna fuente ó manantial > y do barracas hospüalarias de domle sur- 
tirse de lo que accidenlalmeoto pudiera fallar, y mas que todo de 
algunas tabernas ó cantinas sembradas, por U vega « cocvidAD i 
competencia y llaman á los aficionados. 

ElpaeUeraf bien y dabidaiaccle provisto, cmpiosa á vendar 



555 LOS yiLENClANOS 

los trebejos, y se dísono á salir airoso de h empresa, fintretarto* 
otra disensión mvy séiiá y graxe ocupa á los asociados. Si han de 
llevar ó n(>> mugeres f nifios. Los pareceres se dividee; loápreopí^' 
naates se engrescao ; ttoatméntéy vence h mayoría á ña^or de te 
admisión, con la enmienda de que también áe co|}zaráii á un 60 por 
100, es decir, que satlsfarái» á tres reales por cabeza.' S« :CcimQ'«<- 
nioí al paellero la modificación y enmiendas y la rCosá* marcha. 

Gomo es indi^pelnsafote oir misa , ba de. ser la del alba ^ y al. 
efecto uno se ha de eücargar de dispertar ádoibíciíltDi A bien que 
otrb de los socios es el sereno del barrio , y enf oonseCoencia el 
natural díspertador , con ló evat caie el telón sobre el drama dé la 
vkrperai «1 : 

•Ai las cinco (oda lar espedicion í^ balTa ya en pii^y.daitiino'de la^ 
iglesia mas Tecina , donde sé cumple el p'-^ecepto con la pbsible de^ 
vdbiftfñ; quid será blétt escasa y fria, á peeár da lás' buenas disppt-' 
sMonesde los cristianos paelteróg, los chales bien «ecésilan en- 
tonces de la aplicación de lóá méritos del Bedentotf , para siiplir lo 
que el deirioñio de la dtstraccic/a ha chupado pAr su parte. Pefo; 
eü Rn} tienen itíisa; qu)^ es lo eáen6iral, y uii pesb mehds enelm^; 
Si , por ejélnplo , la cita es para la* fueole de S. Luis , 6 'de Eñcorsy 
ciMigregadbs los é^cdidonarios al salir dé lar iglesia^ envían de-^ 
laote á lo que los latinos llamaban con maravillosa propiedad irn^ 
p^dtTTtenM (estorbos) es decir , los bagajesf; y por elh> entendemos;' 
MlrVa la comparación , la turba* femenina y los arrapiezos^, encIsirgáiH 
doles los aguarden fúefa'de la puerta dé Ruzafa. Entretanto^ capi^ 
táheadoá por el paellero, invaden el marcado y se disponen. á equi- 
parse y Recorriendo los poestoJd y exatniftáhdolos' minuciosamiente 
para enieontrar género barató ; {>ero son deleúldos en. sn escnrsion' 
püt é emhtúpto Ati tm de los camaradad 4 qai«n proplooe como 
prelidainar, y p^r via d<e' éálímulo á la tarea qué van á' emprender,, 
abrigar el estómago con una- copa de aguardlienle. Pero doto^o pariau 
ello sea indispensable proceder 6' nüievaf cotizaei^n% la mayorías 
OlüDia i' el /[^oi^Uaro grita y amenaza abanddnarlos^ y {Kir ttD*m6iien- 



# 1 



piNTAiKÁ poft si XISMOS; ' 5S5 ' 

to reinan la confusión y anarquía. Por fin aetransigt, adoptando un 
temperamento medio, vulgo paños catienles: eo lugar de trea 
libras de aceite , la paella aé contentará coojdos » y la maao .del 
paellercí bará el resto. 

Entretanto la vanguardia ha salido de la ciudad , y se detiene 
á aguardar ai centro y retaguardia con la impaciencia ()ue se deja 
discurrir. Sin cesar está destacando emisarios mocosos para anuiH 
ciar la llegada , y por Un aparecen los esperados Mesias, y juntos 
emprenden la rula para el punto de su destinó , no sin sendas re* 
convenciones conyugales; que terminan por aquietarse; Bien es 
verdad que el tiempo gastado en disputas, avenencia y feílo de 
la reconciliaciQU , ha hecho avanzar el reloj hora y mediad y el sol, 
calienta ya demasiado; bien es verdad que durante el viaje un mu* 
chacho, lia caído en una acequia y llenádose de cieno hasta el colch 
prillo, al querer atrapar una lagartija; bien es verdad que á mas- 
de milaü de camino se ^acuerdan que han olvidado el aéeite y el 
azafrán. Nueva baraúnda ; nueva pendencia ; nuevos reniegos; nuevo ^ 
alio. Uno se ofrece á ir eo volandas y volver con los obgetos olvi-« 
dados , antes que la comitiva ariibe á su destino. En eCécto , corre 
y vuelve; p^^ro vucio y desairado; porque al pedir, al tendero los es* 
presados articules, éste se ha hecho de iHievas, y dice que nada \ 
sabe. Entre los oyentes hay una cabeza ma:» inflamable que las 
d( más , y se dispone á ir a vaciar la$ Mpas pura y lisamente al 
ladrón del tendereta de cuya resolución, le disuaden los compa&eroSt 
sobre todo la noticia que les comunica el paelleró, quien doDiinadiff 
del plano topográfico do aquella sección de la vega y déla situación 
les anuncia la ei stencia dé un tenducho pr¿iimo, donde sip necer • 
sidad de acogotar tenüeros ; sejrá facU suplur y reemplazar le des* 
aparecido. Al través de estos y otros mil tropiezos y percances, 
tocan el término de su fatigas entre díea y once de la mafiana. 
Dijt; el término desús fatigas, retiriéadume á las del eaniino; cápt- 
eos ellas solas de dar al Inhtecoouoft resignación é indifereocit ' 
genial menos á prueba que la d^ los hMkívíduoa sb wiesUonu ; ^ ^V 



.» 






• . ■ 



354 LOS YALENCIAROS 

La paella (sartén) es qq instrumcolo muy conocido de la gene- 
ralidad de los Iccloros; pero entre ellas, en especial las que sirven 
par^ el abasto do una cuadrilla do treinta ó mas individuos, las bay 
que alcanzan dimensiones fabulosas , y alguna bien podría, supri- 
miéndolo las bordes, hacer las veces de plataforma giratoria en una 
estación do ferro-carríl. Pocos son los que poseen paellas propias, 
aun de los paelleros profesos. En cambio los labradores dueños de 
barracas inmediatas á los sitios de cita ordinaria , tienen una ó dos 
para alquilar, ó bien por un precio que se estipula, ó bien admi- 
ücodole á la participación del banquete. Este último partido pre- 
fieren casi siempre por las razones que luego so dirán. Aun em- * 
pero, no ba cantado vlcloría nuestra gente espedicionaria , cuyos 
trabajos pudieran celebrarse por un bardo desocupado al par de los 
trabajos do Hércules. Preguntan por la paella de alquiler, y saben 
con amarga sorpresa que otra cuadrilla se les ha anticipado, V ocu- 
pado el mueble en virtud del jus primi occupanlis. En muchos el 
término de la paciencia hubiera estallado , si so hallaran á las puer- 
tas de la ciudad; pero distantes de allí una legua , la prudeucia y 
el hambre de mancomún les aconsejan estirar la correa dci sufrí* 
miento, y dar un ejercicio activo ala gran ciencia del hombre 
zurrado y apaleado , que consiste en esperar. El labrador propie- 
.tarío de la paella eJíibargada , apunta quo á media hora de alli hay 
otra, y que su dueño es amigo, y que no tendrá diGcultad en al- 
quilarla. La adversidad amansa y amaestra , y la resignación es su 
fruto y consecuencia. Yase en demanda de la suspirada paella^ y 
por fin viene acomflañada do un nuevo comensal , quo es su propie- 
tario , dotado do las mas brillantes disposiciones gastronómicas. ' 
Paso por alto las escenas desempeñadas por los impedimenla con- 
sabidos do arriba , porque ellas solas capitulo de por si merecían^ 
y consliluirian un tipo lacrimoso al par que tremebundo. Paso lam- 
bien por alto el almuerzo, por la única y simple razón que no le 
hay ; pues los reiterados accidentes y contratiempos han llevado do 
cuarto en cuarto basta las doce y media á los paelleros , y procisa<* 




PINTADOS pon SÍ MISMOS. 355 

mente en aquel punió comienza la verdadera operación de la paella. 

Descargadas las provisiones, sobaco necesario buscar lena para 
guisar, y los hambricnlos espcdicionarios , imilando á los [royanos 
que pinta Virgilio á su desembarco en la playa de Cumas, 

Quíerit pars semina flammae 

Inclusa ¡n venis silicis 

se distribuyen en demanda de combustible. Pero es el caso quo en 
nuestra huerta no se deja á la naturaleza un palmo de terreno, para 
que se espacie y brote á su placer; en consecuencia no hay monte: 
el combustible , pues , se h*\ de adquirir de contrabando , y nuestra 
gente campesina vive muy despabilada , lo cual le es fácil , pues á 
veces todo el terreno de su cultivo lo puede tapar un pañuelo do 
veinte cuartas. Uno de los muchacbos, aguijado por el hambre, se 
lanza sobre una haz de caua^ , y cree haber hecho una hazaña que 
le valdrá eiogios y algo mas sólido* p.ero la solidez pertenece á un 
mojicón aplicado á su cogote por una mano poco parecida á la 
mano maternal , y es la del dueño de las cañas , quien además le 
conduce á su padre , para que éste le satisfaga el daño causado, ó 
por causar. El altercado termina por una transacción, cuyo articulo 
único se reduce á aumentar en un guarismo mas el de los consumi- 
dores de la paella. ' 

Hay leña por fiu; una zanja ó agujero abierto ce cl suelo, y 
flanqueado de dos enormes piedras, es el bogar improvisado, que 
ordinariamente se emplea. Lps aves están ya desplumadas, las le-' 
gumbres mondadas, lo carne despedazada , cl arroz limpio. Encién- 
dese el ruego ; mas no se enciende; la lona es verde, cl paellero 
sopla y sopla con carrillos de trompetero; los ojos lo lloran , el gaz- 
nate so le añusga y seca: para no ahogarse recurro á la enorme 
bota reservada para el banquete; los demás, que participan del 
añusgamicnto de garganta le imilan; la bola desfallece; y suena 
tercera cotización, la cual no ofrece oposición tan grave, porque 
los oposicionistas han disminuido , sino en número , en derechura 
do ideas, y en despejo mental Ardo la lefia, y h paella 






356 f LOS VALENCIANOS 

descansa ya sobre el voraz elemenlo. Primero se fríe la volatería, 
y demás artículos que de Treir son ; tras de lo cual enlra la delica- 
da y esencial operación del agtia parsi el caldo , operación que 
revela ^\paeUero legitimo , al paW/ero sublime. Porque del acierto 
en la cantidad que pooga, dt'pende el bueno ó mal éxito de la em- 
presa : añadir después seria bochornoso , y capaz de desacreditarle 
para siempre; quitar, imposble: y no obstante, la sabia y pru- 
dente combinación del agua y el fuego, han de colocar la paella 
en su punto, de suerte que la carne , verduras y legumbres estén 
cocidos sin dureza , ni aplastamiento ; el arroz blando y trataole, 
pero manejado.^do modo que cada grano vaya por su parte. Y para 
eWo e\ paellero conoce la diversa dureza y penetrabilid.id de los 
varios elementos de la paella , y asi los va añadiendo progresiva- 
mente según su grado de resistencia , para que todos lleguen al 
punto flóal en iguales condiciones de sazón y cocimiento. El fuego 
se alimenta con inteligencia y mesura, y cuando al finalizar la ope- 
ración los asistentes dicen : está muy buena y acertada , acompa- 
fiando la aprobación con adornos significativos , que el diceionarío 
pasa por a to> el paellero disfruta uno de aquellos momenlis pare- 
cidos á los que debieron disfrutar Torcuato Tasso y Cerina, al ser 
coronados en el Capitolio. A fin, que el hervor de la paella vaya 
remitiendo paulatinamente, sin separaría del hogar, le quita fuego, 
y cuando lo cree oportuno, asiéndola del mango colosal, la coloca en 
el suelo sobre nna hoja de col ó berza, sin duda para impedir que el 
enfriamiento superior reaccione sobre la capa inferior, todavía muy 
caliente , y tueste el fondo de la sartén , que en nuestro dialecto se 
llama : socarrarse el arrds. 

La paella no se come sin cierto ceremonial. Colocada en el cen* 
tro del circulo de asistentes, sentados comunmente en el suelo, ó 
sobre el asiento que su suerte ó industria les depara ; se clavan las 
cucharas en rueda al rededor de la sartén y dentro del arroz, for^ 
mando una especie de empalizada , ó caballos de frisa. Aunque ea 
ya regla ÍAviolable, se previene sin embargo por el paellero, 



' I 



t. 



• , 



./ 



que nadie avance s!nu en el terreno que tiene delante, y en niarclM> 
progresiva , pero no lateral, 8iñ usurpar los derecho^ ni l^s toh^z-- \ 
no) de) vecino , si la fortuna se los pi*oporciona>Porque el paellero 
previsor distribuye el empedrado de la paella, en términos que 
nadie tenga motivo de quejarse de parcialidad, ó predilecrion bácia < 
éste ó el otro ángulo de la misma. El ataque , nue9, se Teriiica si- 
multáneamente por toda la circunferencia ; las brechas se abren , 
con regularidad , ^ los asaltadores caminan al centro via n cta , coit 
mayor ó menor velocidad , según poseen mas ó menos desarnillada 
la facultad é instrumentos de masticación. Pero la salva debe altler-» 
nar con frecuencia, á Hn de refrescar á los que se hallan fatigados 
del combate. Dada la seilal, eslava el paellero en el punto céntrico i 
de la paella un mojón ó mendrugo de pan , como una especie de - . 
bandera parlamentaria, el cual anuncíala suspensión del egercicio 
mandibular, es decir qpe prohibe comer , basta qué todi)i el mundo 
haya bebido. Aunque el cálculo siempre se echa desahogado y )ato> . 
pocos i^lieves quedan para los herederos, y todo el mundo bate 
honor á Ibs conocimientos y habilidad del guisandero. Cierra tó^ ' 
munmcnte lajMie/fo; ó bien on frito de embutido f lomo , ó slmplih i^ 
mente un ensalada y postres. , *; i 

El labrador dueBo. de la paella , el que indicó la existencia de 
ésta , el propietario de las cafias y autor del mogicon de marras, 
son tres, convidados por fuerza, y desempofian su cometido como' 
quien sabe que no se encuentran paellas tras cada esquina. El se- 
gundo, en cuyo territorio sé celebra el banquete, mientras el poa- 
llero suda y brega con su buena ó mala ¡Roerte, indica á la cuadrilhi 
una higuera que hace sombra á la puerta de su barraba , y brinda 
á tod> s con terrones de azácar, que no higos/ poniéndokis ó\sn. 
disposición con rústica franqueza. No se lo haeeo repetir : de trepe] 
se encaraman los mas li¡oro8, y empiezan á sacudirlas ramas, part ^ 
que caigan las maduras brevas , que se reciben en goitas, delanlalas. 
y pañuelos. Pero es el caso que la sazoo se halla algo atrasadti y 
los higos son hermanos mellizos de los de ncámiol d- alabastro, que 



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3S8 tos TALEKCUKOS 

ge poDCD sobro los pápelos cd los cscriioríos y burcics de cnrialos y 
Hiéralos. Su guslo es ud ciiigina , y el Icrron de azúcar un acio do 
fé; pues la realidad os un sabor do esparlo agrio, con un dejo do 
almendra amarga. No obstnnto, los convidados se dan ua atracón, 
el cual , recayendo sobro IüS lientos proliminarcs dados alabóla, 
les quita olapelitü, y el maligno lai)ricgo, cuyo desiLtcrés y libe- 
ralidad chocan á primera vista, uUliza la ioapelcncia general para 
regalar á si y á los suyos ; porqoe la paella queda á mitad , el pae, 
. Uero desairado y renegando, y el mueble todavía deconlcmcnte 
provisto , toma el camino do la barraca para solúz y liuciga de la 
fiamllia üospUalaria , la cual hace la razón á su turno , á salud de 
los tan delicadamcnic engañados malandantes paelleros. 

El referido episodio no es sino una variante del tipo, el coa! en 
lo esencial queda ileso é íntegro, porque las reglas, y si asi se 
pucdcD llamar, los estatutos que lo organizan, son observados con 
exactitud y respeto tal , que es de esperar sobrevivan aun largos 
afios slD relajación ni alteración, á la ruina do los demás tipos va- 
leDcianos. 

. ' PMicDal Peres j )Reilrl(aeK. 







• t 



piiérABOs 701 s( Í0TSHO8. ' 559 



f 



• ' 



LA PAKOllEM. . .. ^ 

(llá20rq[ttcra.) 



\ • 




l^h-;^^ ella telina. : ■ . \. \ ^ 

(ch) w\. ^^ — iHombre, para hablar do la panollénil 

—Si, lector querido, quiaro darme imporlfiiH 
cia» quiero darla á ose ser humano que hoy cae 
bajo el dominio 'de mi pluma ; ardo en descoe 
^0^., de que conozcas mi vaslo talento (so ecliende 
^^^^^ vasto con v , ¡tío juguemos!) nü eaceai/a erudi- 
ción , mis estudios , mis buenas dotes y sobre todo mi modestia, 
que como puedes comprender, maldita la que tengo. T en esto oie 
aparto de las huellas do fray Vodesto que nunca fué prior , porque 
el que no se alaba, de cuin se muere , ni medra en suerte y brilló 
el moücslo y sencillo, ni se echa de ver á quien no se hace taler, 
ñvicnüo en un mundo tan miserable que.... ' . 
, Esta palabra miseralile , me reotterda que od tipo as mío de Iw 







360 * LOS VALBNGIANOS 

que^ cooperan con más eficacia á que el globo terráqueo se ador- 
ne con titulo semejante. Sin embargo , oo tanto , que senlemos 
esta idea como principio general. Hay sus escepciones y esto me 
obliga á entrar en el terreno de los distingos. 

La panollera, respecto á su condición social, fluctúa entre la 
última grada de la clase media basta muy cerca de ¡a otra donde 
varios dias se imita al camaleón en sus manjares. 

E4o supuesto , hé procurado investigar el origen de mis patro- 
cinadas desempolvando librajos , pasando escrupulosa revista á mi 
memoria y entregándome en brazos de la meditacicny.... nada. Ni 
recuerdo , ni hé podido topar con un autor que de ellas me tra- 
tara. Las panolleras, están , pues, sin historia, y yo voy á fijarla. 
Cábeme la satisfacción de ser el primero que de su profesión se 
ocupa , y que si al^un día renacen los antiguos gremios y ellas for- 
man el suyo,YbdiKlablemente iré pintado en sus banderas , como 
, su único patrón. (Hasta ahora do ^conozco que le tengan.) 

Siento en este momento una comezón por darlas la anligfiedad 
mas maravillosa. Siento no poder decir de Eva, que fue la primera 
j^ panollera del mundo , como de Adán se dice el primer agricultor, 
el primer mayorazgo. Mis l.bios enmudecen y... ¡vive Dios! que 
rabio y pateo de ira. ¡Pobres panolleras miasl Según mis cabalas 
la profesión panolleristica no sube de! si¿slo XVL En cambio debéis 
estar muy ufanan porque sois una <le las mas grandes conquistas 
famélicas del siglo de oro, (si bien este metal ha sido muy ingrato 
con vosotras.) 

Y no creo fundarme en una arbitrariedad cuando las doy su 
cuna en el m^'jor de los siglos de nuestra literiUura , no. Sé, no re- 
cuerdo por donde , que en el descubrimiento de la América se co- 
noció el maiz y trasladada su semilla á España echó en ella prodi- 
giosas raices , comunicándose por todo el mundo; pese al médico 
Fucilo que le creia salido de la Turquía y Valerio Codro de la Bac* 
triana, pues que lo que ellos refieren no os otro que una especie de 
trigo, cuyo grano era mas pequeño que el nuestro 



• . 



PmTADOS POA si. MISMOS. Hñt 

Quede , pues , sonlado que con las tBinas ds' Aonériea « se áeB* 
cubrioron lespamlles^ y que lomando- de ellas sil nombré laspa^ 
nolleras, esta profesión no puede ser .anterior al siglo XVI, habién- 
dose conocido el nuevo mundo á flnes úd siglo XV. 

— ¿Poro , qué vioaeo á ser las paaolleras? dirá el lector impacien*^ 
te, cargado de tanta darla. : i- /•« '/ 

— Voy á decírtelo.— La panollora es tin sórtomano , enyo tipo.no 
es fácil designar , porque so ven ¿e ¿istlnfeis formas y oon diversas 
caricaturas. Las hay feas, horñbbmoLtd feas*^ guapas, 'beliisimast 
lindas mozas; otras un si es ó no es V' V^o habladoras todas has^ 
ta por los codos, cbismosas como signos. distintivo de familia; y 
arcngadoras consumadas. Fijan sos restes v!C»'las plazas, en las 
esr{uinas de las callos, como medida prqven tita pxk si caen bomr^ 
bas ; on los paseos , en las afueras dolaleapital^Hondorboelasdiver: 
sienes, jácara, bullicio, en fia, donde les ;aeomoda(tá otras no les 
acomoda on-parte alguna, sin duda* porque tb puro .viejas i tienen 
malos asientos, y en el carraagedo S. Eranoisco^ contra . tiento 
y marea , transitan por las calles vocifertando t^Quién quien pmuh' 
jasfjt (í\CaleHtUas y buenash €Ácabadii(u de ealirh i' 

Por lo quo de relatar acabo, puede comprenderse que las hay 
estantes ó fijas , y movibles ó ambulantes. La /Htnoíiara ambulante 
pertenece algénoro de lo malo lo pdor, tiene cara<de pocos anigosi/ 
es vieja huraila , regatona, lascorUnas doius ojos apenas dejan ver 
el azul, negro ó pardo dr) su pupila poriimpedimeqtos nada corlo* 
sos; buyo de las sombras do la nocho; eouio Eneas dOiTro^-a;- y 
recorro las calles de dia, potquo os aiii|a¿4lel-sdl. So traga está 
en consonancia con sus maneras. Una lafttUla do^ide coloca las do« 
mitades de una calabaza (obgelo tambioii'do su comercio)' y bucen 
nasto doiide lleva mazorcas tostadas al homo y membrillos ideni,- 
complctan sus avíos. b . i :¡« . »i< -. i í i . - 

Al nombrar los membrillos se tie octtrro qné'iaipanoUera tran- 
seúnte debe ser antiquísima, porqué slUeaensu'oHgmno hubo 
de vender panochas, se dedicarla ii Inventa UdimeÉbrlUos^JCoao** 



569 1.08 YÁiMaciAños 

cidos per los romanos cou el oombre do Malum Sydonium, porque 
vinioroo do la ciudaJ de Sydonia, en la UVé do Cainlia-^ según ror 
fiero S. Isid()ro. Mosolnis les llaaianíio&.ep(ío^íSÍQ:duda por el vello 
blando y blanco qiiB<lo^^iibro ámanem. de algodón ó colon', como 
anUguamente se domiJ . • 

Moderno ó no el origen del Upo que doaeribo, lo^almo im-r 
porta dos comióos ^{Jbaslo. saber que m uoo de les ioGnilas medios 
que so bao inveidadopanaf ganar el raslenlo desde que el analoma 
de tiinswiorí ouUus tiú vesceriú ptrneíM cayó sobre la luimaaa es-r 
pecie. Erancamente io digo; al -ver qae la descovoltara tic U ¡on^ua 
de mis polroclnjdaB no : tiene pepita que Ja:sugc4c coondo ellas dir 
een— allá nroy — creoijque <vieees mil habnán jdehade.eo cara á ouesr 
tra madre Eva fo/cólobre pieardia que lüzocoflücodose la BianzpBa 

para baeemos trabajar á fodo^* 

Pero volvanos al -asueto f diríjáino jos batía la plaza del Mstf 

erxio dando, como si el cíelo reflejara en flaücnaiasobicee de las 
estrellas, too aquí ^y acullá diaominados farolillos, cad«uno de los 
cuales me indica elaénéoidespacko-de una garbosa fianolloi'a Adr 
mirad á la panoHera* tija/'>iia(o y flor ode las do su ofício , joven 4le 
gallardía , dp rostid risueño y <le picantes düthos. Observad la es- 
casez de su MSMiAeLeria , densos escaparates y demás ulensiUoe, re^ 
ducídes á iioa silla efitara y lolra <iue no lo es. iLa príbmere ^irv# 
do mostpuario cubierto eon iioa toballa liaipia y blanoa c^t^mo ^ 
ampo de la aieve^üesfíijsir porqjite las *^alet)c¡;2pas «son .curu)sas 
hasta la eiageraci;Qn.oLa>etra silla sirve para, el usi á que se le 
destina en sociedad: Eoifttoapazo ^¡qitte no diré >si os bueno ^ malo^ 
porque de todo liab^ is^ibele ; están las mercaneias en su estado nar 
Uiral. Un liornillo ó dos ^;»eguáel.<^apilat y crcdilo dcia "vem^cdoRa, 
ponen á las íhrelioes niASorcas en Ád¿nUco caet) .que á.S. Lorenzo m 
su marlirio. Una porción do chiquillos de los.'queeR: lodaspprles 
abundao, so e^lrelienenv: laibobaiiilos^ auranüo oootd el Au?g(^ vá en- 
negreciendo el hoi'moso lülorado do las espjgaa (del mai^z^ El moj 
aUrevido. do .eoAro lellossse dd^elanla é »Tméíym\^. .pana >qpo jla i»ocis« 



PUNTADOS' Fom^ si musios. WR 

dol (uego ¿tindi por todas tas'fades, cuya osatiia roeompon^dn fre-r 
cut'ulüincnte las piínolleraSf -que lionea laaifaiee las mauoís largas 
coH un cachete mayúsculov^acompaiado do alguna figura reluríca» 
que no os para diaha ni conladti. Oiro granujiUsí eo Dümalura pide 
un granilo: mionlras otro que no pide (eaupa' ios' que puede. Final- 
mcnlo, la luz^o un faroliiU) qjiie puet le sentir de íjuya arqucológiea 
60 encarga déla iluminacidé, aunque roruoAinitida!€od el aceite; 
Ilasía ar|u{ la parto escetiográfiea;,' Bn cuatto á layóte deelar 
maloria hé atribuido ¿ mi tipt». dolos onUoriüs ea groando escali' y 
Yoy á presentar en croquis uno de sas diii$cvrs(^. ' , 

Elloma, por s'jpueslo, es fiieraprQiol núaoio, ni poode sermas 
fllanlrópico. «((Aliviar de carga, el bobillo dpi iransei^vle,» 
-^;Galenritas! | y qiió bwQüas]' {Em)r4iO' d$ su lar^^a.) 
— Cómprelas ^ sefiof , €|i>e dop gu$(Q de veiFlas. {l^/epo^iciofi.} 
—¡Baratas y qué ricas! Son de las fU0¡f]irt»yi{(!¡QHfirjfiacioik.)i 
—Que las dv)y.' (previo pag:o por .gop^ieiilo/) — No se vaya sin com- 
prar. {Peroración animada.) . , . ,.,, ^,y 

Un in(nviduo de los(}aei^baD boxaojse.tjaeerca á ODcenderun 
un coracero en el fuego de los bormjIos^^Ta pasi encendido, cortes- 
mente la dice: <rcon per(P*$o.»*La panollera que le creia compra- 
dor, le contesta sonrojada:— ¡Slira el fecbuguióibr Sin' an' cuarto en 
el bolsillo! Y vublia otra Vez á síis discursos.^jCalebliiía's! ¿Quién 
las quiure? 

Un prójimo convertido. — A ver las' qtie fe cpieaánl ' 
— ToJas buenas, señor. No es monosIclÉt'qütf tas mTrél ''^^ están 
diciendo, comedm^I £\l ^cñbf Id'^MÉfrMlM Calientes? Esta es la 
mejor. La calentaré un ptR(till(r. Vendo láilbMd' membrillos. Ti 
fó que son poco buc^MKÍ'ün ti^lsloníle qtt¿ se ha oinpofiado en que 
soy guapa me coriipHR^iÍW<tiocéto todasHas nocKes. (Revolviendo 
la miizorca.) Me parece qqa'coMSCO j|l .ffQ0or. Es ^iQi^ir^/deeidas: 
por Roseta la criada do Vd* jáysoDai^^iiiHÓ c^acdprími ^oa cunndo 
entró en su casa! No pasaba pocbOi; ai ara^iH^ ^^Pfíip WPn ^^ ID6 
comprase iM2orcas» y .«i ^nviovUcoo^i casiii^^ PfOfgpt. yp ¡i^Nldo 






564 LOS YALElfGTAROS 

castaQas muy finas; y ¡no digo nada de las batatas!... El asistente 
que me hace corrococos se me jala todas las noches tres libras. ¡Si 
no fuera tan tragón!! ¡ Es tan buen chico! Pues, como decia al se- 
fior, su criada se ha vuelto tan bribona que ya no viene aquí y 
charla que te charla ahora con la mugar de enrronte , que asi ha- 
ciendo la mosquita muerta.... ya, ya...., pero eso es cuento muy 
largo. Desde que Roseta se junta con ella raya en m^nia lo que le 
gusta la gente de guocra. A buen seguro que no irá á la fuente sin 
dar una mirada á la guardia del Principal. La otra noche platicaba 
mi asistente con un paisano suyo , que estaba alli de servicio, y 
Roseta , pasa que te pasa : hasta que no la dijeron: ¡cuerpo bueno! 
¡resalaá! no paró. ¡Ah! la tengo una tirria desde entonces, q«ie 
cuando la veo con el cántaro al brazo, yo y mi compañera la vende- 
dora de la derecha (que es con la única que hago migas, porque es 
muy buena chica) lo canlamost 

Aunque voy á la fuente 
No voy por agua, 
Qne á ver voy á mi amante 
Que está de guardia. 

SeQor, [se ha vuelto tan bribona! Ea , está ya lista lapanolla. 
Miróme bien para que otra vez pueda reconocerme. ¡Que se acuerde 
de mí! Vaya, que se la coma con salud. 

— Buenas noches , chiquita. 

— Qasta otra vista , señor. 

. . . 1 oír 

^ Ittugfl ,fJipconlincnti (a) repente 
Mira á, lo lejos, y si llega gente, 
Anva el fuego : pócese, as^ia^da, 
Y repite su arenga ontuMi^qiada: 

—¿Quién las quiere? Que queman. ®'^' 
ün militar retirado ; parrotjuiano suyo. 
— Linda moza , las tres Je ordenanza. 
^^Aqui las tóhgo güArdadítas para Yd. Son de réchii{ylete. Como 



('V 



pnrriDos pob 8f msiios. 568 

que las bé escondido debajo de la toballa para qae-nb las viei^ii!^ 
¿Y la señora , lan guapu? 

—Tan guapa. (iModo frecuente de alabar los maridos en sociedad 
á sus mitades caras.) 

— Voy á calentarlas un poquito. Espérese un momento. Vamos 
qué bará. ¿Y los nenes , tan guapos? 

—Como siempre. Ay paloma mia, qne me estás hadondo mi 
fuego graneado con esos ojuelos 9 que si enviudase.... '^■. i 

— Cómo se burla e! señor, (poniéndose muy bueca.) , *■ 

— No digas eso. Siempre me ban gustado las caras como la tuya. 
Cuando mi regimiento guaroecia á Figueras teníamos una cantinera 
en el batallón, que era tu propio retrato. Yo entonces desempefiaba 
la plaza de ranchero , que fue el primer escalón d3 mi carrera , y 
tanto me absorvió un dia su conversación , qu^ desfuidé el rancho 
y dejó á mis camaradas tan guapos y tan frescos. Pero mi capitán 
que estas bromas no las tomaba frescas, encargó á dos individuos 
que me sacudieran el polvo de las espaldas; y tan lindamonto lo 
bicieron que pienso me dejaron memoria eterna de la canüiiera; sin 
embargo , no puedo quejarme de sus buenos sedlimienlos, porqoo 
logró de mié gofos que me sacudieran dos sargentos , y esto al fit 
yá la postre es siempre mucbo mas honoriQco.... Poco tiempo 
después casó con un trompeta.... Ah, cuan lontita fué; si me oa^ 
pera, abora seria capitana.... ¿Sabes , linda mozaj, que aun dejarla 
me dieran por ti los sendos palos de antaQo? Pero ¡voto á mil bom- 
bas ! Que me he entretenido demasiado guerrilleándote y tengo que 
batir reliradi á paso ligero , que ya eatyrinmis nenes deaesporadot» 
(Y mi cónyugue! [Ah, la arpia de mi cónyugue!... Con que basta la 
vista.... remonona. • ., r 

— Já , já , bas visto; eUca. (A la del lado , para que la oigan todas.) 
Loco rematado por mi. | Qué esto no valdrá nada! 

••...•«•••.• .4 

Hé presentado hasta abora á la panollera chismosa , irasdUe» 
presumida, mordaz , incttadort al oónynga naseolino y al Inbiiio 



8SB LQ9 táURCtAKQS^ 

(te las inafiidilnlaB, y fioalmcrild , coitio imán qild atrae el modesto 
capital do la ^'cnle menuda con sus chuchcríai y su diarb 

Si aquí (imcra punto cumplirla pésimarartile ieon mis patrorina- 
das,Do disculpand«)las de estes epiletos que. «n ellas no pocdcn 
ooKbttilr defoolus. iVesentadme si^u una pamdlfra que do gu(u*de 
los secretos de sus parroquiano.^^ ínespugnable á I» cdnversanuD, 
qoe QOitBbga laas sal que la del bautismo, poco dosonvudla y ^om- 
blaole taciturno ^ y pue¿e estar. «eguro de que sn «gainaDcta no ia 
tomaré eo ar<*icndo.. 

Pero, (fNtrdiozs qué me olvidaba do lo mejor! ¿CónM> erretois, 
botare»^ i|Qe Cupido dses^ta si» tiros mas certeros en ios despachos 
dé^ bsptmollaras^ ¡Ali! Si el maestro del amor, Ovidio, escribiera 
en aueslro siglo y eo ni patria , su libertino <rArlc do amar» no 
ciie«-qao HÍlvidára las iieodocilas ambulantes de mg patrocina* 
das. Si queréis <;oB<fmccPos de mi aserción, Ikgaos ó orillas dol 
lAedítorrineefeB sus frescas noches do eslió , cuandi* las brisas del 
nlarr convidan á mis paisanos á trasladarse al Cabafial ,. pintone^H^a y 
blanqnecíilOipoblacioB « recuerdo de los aduares moriscos, animadl 
en'aifiiellaf éfsma'del aao p«»r laisocicdad valonci«iba que huy» do la 
•f|:»iie5i(lB en que la tienení^us marailas y bosca su libcrlad oun la 
lii^rtald< de los. vientos. Bd aqnellas plácidas noches eu que el alom 
seostasiiat Iqa eonlówpiando 4a ondulación continua y la inmensidad 
dü^ita mor, al que, ceisodijo Lope de Vega^ «la blanda: antea pone 
Ironoi» «eréis' en la* (jláya rooniones juguetonas, daneando y coi^ 
fien do !é hincando diento á algún fr^soo taanjar. Pues, ^ien^ eniré 
asas ftgvfss veréis Ja (ib iaq»anollora, rodeada de grupes juveniles, 
atoitmehtoda po> la urgenda de la . demanda; . pero afable ^ alenta, 
cariñosa y con los ojos mas listos qi;e cazador tiasd<ave.. Hazlo #ii 
ygaifio^ y oojit)ncadorá al ansiante <qufe hay usa hcrmosftira« reiitade 
tu corazón, á quiobcdobexoaieslar: coisilá pagado.» EjUb* te ómíl 
también noticia exacta de la morada en. que viye. la sirena. que te 
josmlivó^ y del moneóte en que con algunas. amiguilas la nifia se 
sépard de lar sooiboatiis suímamá y üodessobradaioeaaioft p»nit^to«- 



ar~ ' 4. A 



pmTADOs POR si nnsMos. 567 

blarla , al poéUco/fulgor iIg la luna y do las estrellas y á la vista de 
un mar piálemelo que se pierde en lontananza. 

¿Puedo hacer mas la panollora que acomodarse á todas las cir- 
cunstancias de la vida, apareciendo en el Cabañal atenta , porque 
sus parroquianos lo son, pi esentándose en la plaza pública de la ciu- 
dad, chambona como la gente que la rodea, cooperando al séptimo 
Sacramento siquier le valga alguna propina , y Analmente, propor- 
cionando á nuestro hambriento estómago su decente manjar que á 
ser otro no comeríamos por las calles? Puede hacer mas.... 

— Oiga Vd. (el lector) ¿y el latín del principio y la vasta erudición 
y toda aquella modesta incensada con que por vía de preámbulo 
Vd. se engalanó? 

— ¡Es verdad! ¡Cáspital 

— Lo habrá Vd. dejado en el tintero? 

—Tiene Vd. razón ; allí estará, y á buscarlo me dirijo. 

pero.... ¡rara casualidad! 

Se me ha ocurrido una idoa 

Y voy á espresarla en verso. 
Un cnisGARABis. — \ fé que el de Vd. es per-verso. 

— Eslá muy bien , que lo sea. 

Para que Vd. no me lea 

No encuo'Atro cosa mejor. 

Allá va, pues, 

AL LECTOa. 

Que de I'nda panollera 
VA dictado ad(|uir¡r quiera 
De generoso se&or. 

Dile que adoras su hermosura, ciego, 
Que el corazón al verla se lo escalda, 
Por(|ue Je amor sus ojos brotan Tuego: 
Píllele tn's panochas úqmIq luego 
Y lo echas cuatro cuartos en la falda. 




'ifS'SfiWfmwisfsmfs 



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f m II um^^^mm ^é u ^ pi ■ ! ■■ 




EL niLET DEL HER(L\T. 



p1 ))ombro rígido , 4 cp9Qdo monos e| cur^osp 
lo^lor p ^0 cf)f iR'lino .ep ft^ue e3le Upo no reui)^ 
jias cüDiliciono;^ .indispjef)sablc3 pai? earacliRri- 
sarie , y por taolo aüliprlc eo la i^ojncnclalura 
do I03 lipos Yalcucí9no#« oosoré yo á fe mi(^ 
quien Ir^jtp diO llevaras la cpiUi^ jlosisUcndo eo 
qiio soa i;omo otros cscIu¿mí^o do c$U )$lifilo, 
áoni¡Q á )9 YKM^ j^uo p^orreccHünei , abui^laB 
lunares quo muy bien pue^jcn posar pla:^ dp raros : lo jquo ^ diré, 
lo (|Uc es una verdad iüí*oncu.<a os, qiio el Pillei del J^ffíricat /i|j§ 
célebre en tiempos pasados op eMa cMad del Cí^ ; i^quej SQf , qu^ 
gravii;^ Á Ja perspicacia ,4p ^^9^ \Í»Pfí^ pf^e»Ui$ W k$ iH)dW9 fIMvv 




570 LOS VALENCIANOS 

nos (lo ser clasiricado oscrupulosamcnto, dando por resultado un 
produclo de hombre sin olra ctialidad dislinliva. 

¿Y quó lieno do parlicular quo el prodüclo do esto ser diese 
por resallado un hombro "^ ¡Vaya si lo lienel 

Anliguamenle so creia quo el Pillel del Mercal era animal an- 
fibio , puesto quo si las circunstancias lo cpremiabau , so zambullía 
en el agua , y resistía mas quo un buzo , por lo quo so creia quo 
respiraba por medio de agallas. So le lomaba otras veces por ave 
de rapiua , porque á semejanza de estas se dejaba caer sobro su 
prosa dcsd3 lo alto, volviéndose á lo alio cargado con su presa. 

Se le atribula la cualidad de reptil al verlo arrastrándose por 
debajo de las mesas del Trench, (lealro de sus hazañas) y cual otro 
lagarto sus miembros do locomoción ejecutaban la reptacion á las 
mil maravillas. 

Era un simil del cuadrúpedo porque lo mismo que los gatos 
se asia á las paredes lisas , y so escapaba á visla del csliipido au-^ 
ditorio. 

Esla cualidad gatuna era proveí bial y de grande efecto para el 
Pillel del Mercal. 

De aqui probado , pues , que no dejaría de causar admiración 
á los que tales cualidades le atribuian á nuestro tipo el ver que 
después do analizadas la parlo' eslálica y dinánjica del mismo, dioso 
por rcsullado un produelo de libmbro y nada mas. 

Pero en conciencia debemos cónrc^ar qtiá'si reí roce diéramos a 

aquellos benditos tiempos, tal vez nosotros mismos no estaríamos 

libroi, de atribuirle cuando menos una siipár'ioridoíhsubre los demás 

I»..- 
sferes de su semejí^.nzd , por su asombrosíi movilidad, triplo acción 

é indecible sagacidad. 

Como valencianos nos complacemos en consignar quo este tipo 

ba desaparecido de la escala social valeliliníi', puoslé que el que lo' 

ba sustituido es lan igual en Madrid , Sevilla', y dornas capitales,' 

como lo es en nuestra Valencia, y decimos que nos place el que haya* 

désapáiecido esta planta indígena do utíestro suelo ^ {el Pillel del 



,. ^tfíükL 



PINTADOS POR si MISMOS. 571 

Mercal) porque sus bla<;oncs booran poco, (nos parece) y mugun 
brillo dan á nuestras glorias. 

Además la misión eo el mundo de este Upo particular es tan 
innecesaria á la sociedad como p/ecisa para él. 

¡ Ojala fueran á descansar en eterna paz los nuevos caballeros 
de industria , que son á no dudar los descendientes de aquellos des- 
camisados , en donde para poderles ver retratados exactamente, 
no hay mas que leer el tan célebre romaneo do Nélo el Tripero^ 
qi:e dice lo necesario para bacerse cargo do lo que era este ser, 
que insiguiendo la nomenclatura de los anímalos do distinta especie, 
con (juienes tenia afinidad , debemos añadir que so parecía al in- 
secto por la gran cosecha que de ellos había pai;ticularmente en el 
mercado. 

En otros tipos dejos que hemos descrito , hemos consignado lo 
poderosa que es la acción del tiempo para modificar é innovar las 
cosas. Al tratar, pues, del PUlet del Jfercat, debemos confessir 
ingenuamente que al tiempo solo es debido el que haya desapare* 
cido este «/o/au/ en^gr^do superlativo. La autoridad, la policía en 
nada han contribuido para 'esterminar á esto hombre-can^ (otra ali- 
nidad) pues su guarida la comparlian entre loi^ garrapas, y los per- 
ros , todos yacían juntos , dormian como buenos hermanos, se la- 
mían los hocicos respectivamente , y en ura palabra, hacían vi¿a 
común. 

Para la manutención do tan ; famélica prqlo todos contribuía- 

Dios, . . . . M . » 

Estos representaban \q$ consumóos; úx) la aclualidad. 

Sin embargo , si alguien lleno que felicitarlo en mayor escala 
son las reveo'ledoras del mercado , las labradoras , y hasta los mis- 
mos comerciantes ^c Jas cspeciorlail f\uo ocupan las. casas do la grap 
plaza del Mercado do Volencia» qup por sor la mas hermosa jr 
abundante era también la mas plagada, puesto que , además d«l 
sianúmero do oncniigos naturales, qyp conspiran ay^lniL los vende? 
dores , coqlab^a á los tresdoolos pillóles quo.fiü Impt 4 por^dfif- 



■ * 



S73 LOS YALCIcaAl^OÍS 

mcnliilos, rcprcscnlaban una plaga sui gcncns , pofqtió era de Ca- 
rácter distinto á las cunoculas. 

Doy (Jia , uno de los arbitrios mnmcipatcs es el de hacer pagar 
dos cuirtos á cada cspendedor <le legumbres ú otra mercancia que 
que tome puesto en el mercado. Pues bien , esta coulribucion no es 
Dueva en Valencia. Anliguamentc, y cuando la raza semi-cahina, 
semi-galuna, anlropo-ave, anlropo^replH , y anlropo-anfilió^ 
funcionaba en toda su pujanza , se pagaban tamuien los dos ciiártoá 
por puesto , no para la municipalidad , si no para mantener á la 
dicha cáGla ile lagartijas , qué |)ara mayor (icsgrácia lo nú(^str08 
pasados , los Tivicnles en aquel entonces , estaban disciplinado^. 

I Disciplinados los pillos ! 

Si señor , disciplinados. 

Yo convengo en que cualquiera crcerli ser ma^ IScit disclpfirar 
ú organizar una sección de lotos furi\)undos ; pero lo ciérlo , lo In^ 
dudable es que aqueíla semilta uogft.culada , estaba y lüuy bicb (&$- 
ciplinada. 

El Pillet del Síercal obedecía á isuk geíes , hástá sití n^¿es!chid 
do órJiO verbal ; ciiaí otros nautas , pracliCiiba'n suá maniobrad Ú 
sonido do un pito ó silvalo; pero con ta) exactitud , con tanto aplt^^ 
mo , que era preciso verlo para creerlo , y guay del qtié tattará i 
'su puesto , quedaba delegado y cscluVdl'ó dé h hórinandad dST gú^ 
faul , y hasta los perros le mordían si so acercaba. 

Ellos teniañ su cuartet general c6Vcá del ^os'piclb dó lá MSseri- 
cordia, las tiendas de campaOa las representaban las mesas etíii^ 
trad'is en la calle de^ trenca j illtok plútiloB. ^ehláá ^$ íiom de 
ejercicio é instrucción. 

El gefo manda1)a salir de 1a tioinogféheá fita áos 'falútnórb^ Á^ti 
^asos al frente 'y té 'entregaba un pañuelo á unb líe üilo.^ que se t6 
metía en la faldriqueta y prinóTj^laba á aVidar; 'al 'óWo ^e mántiblrá 
^ue se lo quitara sin que aquel sé áí[)^cibi(^ó: eU (al 'C^laAó 'el '¿fdte 
que iha armada dó unía 'berrja^dé *bóü\t prbgtítitidba afl f^fíthktt 
¿ácüs? No óoüieilaba aquel ¿ SefiSt vólvia á y*e|^ticaf ül '¿eíB; fÜ 



rmTAüos POE sf nnsinos. 3^5 

por casualidad contoslaba quo si, eslo es, que si que sentía como 
el segundo so lo quitaba , descargaba taí vergazo sobre este, que 
]e liacia tac sulil y refinado para en io sucesivo, que asi se csplica- 
ba el quo le quitasen al prógimo de la boca lo que querían. 

Cuéntase por personas que pueden saberlo, que cierto comisarlo 
do policía, sabedor de que existían mas de trescientos garrapas y que 
todos dormían en el mercado y que á pesar de su vijilancia esciupulosa 
y empeñada, no podia dar con ninguno de ellos, se personó con el 
gcro y le dijo cque si le prcsenlaba á aquella genle, no les baria 
nada, y aun le darla á él para beber, pues no trataba mas que de 
convencerse de que estaban allí, aposar de no poder encontrar á 
ninguno por mas que los babia buscado: empeñada dicha palabra el 
gcfe do la granujiria hizo sonar un sihato y de repente y como si 
fueran sombras se presentó aquel obediente ejército con gran astm- 
bro dol comisarío: éste dijo a! gefe que fueran con él á cierta tienda 
donde les daría de beber á todos. Principiaron á caminar y cuando 
el gofo conoció que por el camino que se les conduela, seiba^dere- 
cliito á la torre de Serranos , con voz sonora dijo €chiqueU cada ú 
se aveníe per aon puga y en un abñr y cerrar de ojo¿ se quedó el 
comisarío solo con sus guardias. 

A ser cicrlos los antecedentes que tenemos, la casa do c<impo 
que está situada en las afueras de esta capital, al fin ^cl puente del 
Real , en una posesión del Real patrimonio , conocida por la cmofi- 
íañeía de Elioi^ fué consti uida con los fondos recaudados para la 
manutenciou de los pillos. 

Termino pues mi tarea , bolgándome de que Valencia esté exen- 
ta do tal plaga , y de hoy mas podamos decir que el pillo ha dea- 
aparecido en la forma que le conocieron nuestros antepasados , si 
bien en el fondo pagamos la patente á esta granujería que llaman 
pillo ó caballero de industria que es el encargado de vivir á costa del 
que se descuida ; por lo demás tan pillo es el que se dedica en Va- 
lencia al yafaut como los del resto del globo. 

Smmé Vtecaie Seli^t. 



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EL ARISTÓCRATA VALENCIANO. 



Lví^HRA poder describir con acierto esle tipo parlicn- 
lar, cslcimü/iJuo ptivürgiado do la raza hu- 
mana , cuyo ayer es un ir.isleiio incomprcnsi* 
ble, y cuyo manana palenüza en bástanles 
ocasiones uno de los cuentos deslumbradores y 
po<nicos de las mil y uha noches , preciso es 
armarse de una decidida fuerza do voluntad , á 
la par que de otras cualidades no menos im- 
portantes, y bajo esto supuesto , sin cerccer de la primera y fiando' 
acaso por una especie de amor prop'o común en todo hombro ro^' 
pecio á sí mismo co la posesión do las sogtbdas , vamos á dar piin* 




576 LOS VALEIfCIAKOS 

cipio á la obra desdo luogo» y veremos si con las ideas que nuestra 
pobre imaginación nos sujiera , y los pensamientos que rclaliva- 
mcnle al objeto nuestra pluma traslade al papel , logramos trazar á 
nuestros amables lectores una pintura Qel y exacta del aristócrata 
valenciano. 

Hay una clase en la sociedad de todos los paises conocidos, que 
asi que ese ente fantástico , que llamamos fortuna , llega á otor- 
garles algunas dedadas de miel , consiguen á manera de magia en 
poco tiejipo una suerte disparatada , merced á cuya trasformacion 
logran igualmente colocarse á una altura notable en el mundo , y 
por consecuencia son considerados de él de una manera estraordi- 
naria , poi:iendo de relieve aquel refrán de que oros son triunfos. 
He aquí, pues, el origen de nuestro protagonista, porque éste 
debe su existencia á dos seres pertenecientes á la clase de que lia- 
blamos , ó lo que es igual , á Pedro Margarit (entonces) boy uno de 
los hombres mas populares de la Capital situada á las márgenes del 
Turia, y que ha de.^erapcñado por dos veces el cargo de represen- 
tante |K;|(;'pá^éMÍ)<K)q^^ de^1í¡|)iHaáesV;i(j^ fjiUivi- 
duo etíla actuáiíaaá'de'^tanfa inlpbAyncia para tá Capilai rcííriíía, y 
de tanto viso en ella como Marianeta , (antes) boy la señora Dona 
María Gutiérrez de Margarit (su mugcr) que especio de personifica- 
ción de todos los caprichos de la loca , cual suelen denominar á la 
mpda, y que nosotros fjcfinimo^ fiUfinjp. p)ína)U¡al,de la« polémicas 
y , trapisondas conyugales , que por (lip^l^o molivo ^ la piedra <te 
toque y base de todas las conversaciones de hs DQnilas y la^» feas, 
y la admjra^ion. do ese ^^ ñero feüz; clp honibres , cuyos Mbratfer- 
ros de -cabczji están reducidos á. saber sj. f^ rsojpbrero dcbe|levar«é 
hongo, si el chaleco deb.Q teoGr, este ano , éste ó el otro corte , si <á 
frac ó levita dcbe^ser á la írancc^fi ó á l?(Jín^!,q^.a , y olras^sas })«r 
el estilo , propiedad .esclu$iva jiJlie^ti\(Aag;e.nle ¡imbécil, y qro-'vivey 
iriunfa on el mundo noraue ei diablo lo quiere, asi, ^in duda cott- 



una iilcía ulterior. ... 



. y^ jrcz quíi e^lap^M^^ ^j:riej),le,,a^J^,j?5)f tpla^ílftfjí^ R^ 



1 



PUNTADOS POR Sí MISMOS. 377 

pales acerca del nacimicnlo de nucslro cnle , al que sus padres ja- 
más han querido revelar el sccrclo do la bumilde cuna en que vino 
al muLdo, ni del origen do su l)rillanle cambio social , que no fué 
olro, (nos rererimos al tiempo de su oscuridad) que una reducida 
tienda con algunos sacos do legumbres, y un mezquino acopio de 
otros articules , razón nías para no comprender un progreso tan 
asombroso, aun cuando boy dia tanto a]¡)undan esto género de mi- 
lagros en nuestra sufrida y resignada España. Una vez, repelimos, 
puestos al alcanbe de las circunstancias anexas á la entrada en el 
mundo do nuestro porsonage , rl cual recibo en la pila bautismal 

» 

el nombre do Federico, justo será que dejemos trascurrir quince 
anos , periodo suficiente para que el niño se crio robusto en una 
casa de campo que el padre de la criatura posee bace tiempo en la 
antigua Dianian, (boy Denia) y durante el cual consigue la familia 
su propósito y concibiendo respecto á su ídolo las mas doradas 7 
Lellas ilusiones , Y.vislumLrando en él un genio para el porvenir. 

Llega , pues , el vastago á la edad que hemos insinuado , y 
nuestro respetable D. Pedro Margaril tiene una especie do consejo 
con su esposa Doña Mariana. Se trata entre ambos de la convenien- 
cia de instruir á Federico en los primeros rudimentos , de darle 
cdiicacion: se reflexiona respecto del colegio que deberá elegirse 
para el heredero. El padre , de buena fe , y con la idea de dar mas 
importancia ¿ la familia , aconseja uno de los colegios establecidos 
en la corle, ó cualquiera de los do Francia. La m»jmá que, no obs- 
tanlo de pesar siete arrobas castellanas la echa de sensiblo y do pade- 
cer horribles ataques do nervios no se conforma con tener á su 
hijo á tanta distancia. El ex diputado no ve mas que por los ojos de 
su abultada compañera , y consiente á propuesta de ésta en que el 
nifio ingrese en el colegio mas acreditado do la digna Ciudad del Cid. 

Un raos después, Federico tiene entrada en el de los Escolapios 
de Valencia acompañado de su Papá y do su Mamá, la cual deja 
correr de sus ojos un rio do lágrimas , de una abuelita que á juzgar 
por los años que cuenia , debió presenciar la entrada del intrépido 



378 LOS VALENCIANOS 

D. Jaimo en la capital de los dos anliguos reiuos . dé una lia y otras 
personas , que según sus exageradas manifestaciones sentimentales, 
mas parece que van á dejar en la última »morada á Federico , que 
bajo el cuidado y dirección do esos sabios clérigos á quienes somos 
deudores de t:inlos oradores célebres, tantos famosos escritores , y 
tantos eminentes talentos y admirables notabilidades ; y Federico 
pierde de vista á su familia inmediatamente basta que las fiestas ó 
vacaciones de reglamento le permitan volver á veria. 

Aqui principia á ser mas interesante la descripción de nuestro 
individuo , y aqui empieza también el asunto á ser de mas fácil di- 
rección para nosotros. Federico , durante los primeros dias se en- 
cuentra en el colegio en idéntica situación que el infortunado. paja- 
tillo al verse prisionero en una jaula, después de baber tenido lodos 
los campos por suyos. El pájaro , reducido á semejante esclavitud, 
salta de una á otra caña atolondradamente , se arranca sus pintadas 
plumas lleno de desesperación con su agudo pico , en fin se biere 
repetidas veces la linda cabeza tropezando al dar tan violentísimos 
movimientos con el dorado cielo d^ su estrecha cárcel. 

Federico , al verse en la reducida celda ó aposento del colegio, 
sin otra compañía que sus libros , ni mas distracción que una oscu- 
ra sala que le ofrece á su vista la ventana que tiene su departamen- 
to , suspira y llora unos ratos , y se desespera otros , recordando 
el soto contiguo á la casa de campo de sus padres , y asi como el 
pajarillo , según anteriormente hemos referido , se arranca su pin- 
tada pluma al verse cautivo , Federico unas veces medita una esca- 
patoria del colegio , otras un brinco á la calle por la ventana , y 
reconociendo por último la dilicultad que se ofrece á la realización 
de sus pensamientos , lira su tintero de cristal al tejado inmediato, 
rasga sus papeles y rompe sus libros, tendiéndose seguidamente 
sobre su cama con la idea de dormirse , lo cual logra hasta que el 
encargado del colegio entra en la habitación , le despierta, se en- 
tera de lo sucedido , lo conduce al preceptor á quien corresponde^ 
y éste le castiga de la manera mas conveniente después de recen- 



'PIKTADOS POR SÍ MISMOS. 579 

venirle del modo mas oportuno. Federico sufre el castigo, porque no 
le queda otro recurso , pero se declara enemigo del estudio , y un 
día y otro , un mes y otro mes , un ano y otro ano trascurren idén- 
tica mente ; para él no sirven las reconvenciones ni castigos , dando 
á conocer estas cualidades á los Escolapios la índole del chico , y 
poniéndoles en la precisión muchas veces de manifestar á D. Pedro 
y Dona Mariana las circunstancias de'su retoño , hasta que no ha- 
biendo aprendido el colegial durante su dilatada estancia en el co- 
legio y á pesar de los afanes de sus maestros , mas que á escribir 
mal , contar peor y dibujar pésimamente , por decoro del estable- 
cimiento ruegan á sus padres la salida de este ya insolento pollo; 
la cual se veriGca en cuanto llega á noticia de Dona Mariana, que 
fuera de si esclama : eMejor, mi hijo es rico , y no necesita estu- 
diar ni que le molesten. Manda , pues , Pedro por él , y que me 
le traigan. ]í 

Al dia siguiente vuelve Federico á su casa, y en lugar de reci- 
birle ea ella de la manera que es acreedor un holgazán, un hombre 
que se propone vivir en el mundo sin ser útil en nada á la socie- 
dad, es celebrada su llegada como la do un héroe que torna al suyo 
desde un pais estrangero lleno de trofeos debidos al valor y á la 
victoria. A D. Pedro Margaril se le cae la baba de gusto, como 
vulgarmente se dice , al ver á su hijo que ya cuenta unos diez y 
ocho anos hecho un gallardo mozo, se entusiasma llevado de su ca- 
riño paternal mirando á su cara mitad y ambos movidos como por 
resorle dicen á su pimpollo. «Ya estás en tu casa. Ya no sufrirás 
mas, tu no necesitas aprender nada, hijo mió, nada absolutamente, 
porque eres riA , y no estaraos en época de encontrar otro Salo- 
món que deje el dinero por la sabiduría» Por resultado de tan singu- 
lar manifestación con la cual Federico está del todo conforme, el mi- 
mado joven a la vuelta de algunos meses veriücaun viage á la Cor- 
te en compañía de un amigo, mediante el consentimiento y aproba- 
ción (!e D. Pedro. 

Jamás el amigo le habla, ni aun por incideccia de ciencias pi d9 



• • f 



580 LOS YALENGIAKOS 

artes, nunca le ocupa la atoncion con cosas úrilcs\ de aquellas (||úo 
proporcionan iraportanles conocimicnlos, pero en cambio hace qué 
aprenda a montar á caballo , tirar la pistola y el florete , hablar dé 
todo sin conocer de nada, á ser atrevido sin bausa ni razón, y bil 
necedades y tícíos con los quo el hombro sé creé autorizado para 
realizar cuanto so lo antoja y cuanto so lo pone en su roagin. 

Los gastos que ocasiona á v. Podro ninguna reconvención ob- 
tienen, porque todo lo que su hi]ó cgecula lo cae en gracia, Udó 
le parece bien, haciéndolo formar la idea de qué Federico liefte fa- 
Ionio, y una admirable disposición a pesar del concepto que mere- 
ciera á los Escolapios. Federico á los ocho mesos de'permáhefícía 
en la coronada villa, so muestra cansado de repente dé su residen- 
cia en la misma. Kesuelve, pues, su vuelta á la ciiiddd en quénacío. 
Nada avisa á su familia porque no lo considera de buen tono, llegan- 
do á los dos días ásu casa á las dos do la madrugada. 

El papá y la mamá del angelito se enteran de la novedad, se 
precipitan al encuentro del recien llegado , el uno en calzoncillos y 
la otra en paños menores. Las escenas consiguientes a este aconte- 
cimiento las calculará cualquiera. Al otro dia el buen Margarit 'se 
ocupa con su mugor de la cuestión de señalamiento de fondos par'a 
gastos de Federico. — Es uccesario que gaste y luzca cómo el pri- 
mero de los títulos de Valencia, dice el papá— ¡No! responde la que 
llevó en su vientre aquel tesoro en cueslion.— Es preciso que gasté 
más por tu decoro y el mió, y por el de toda la familia.— fámbíén 
es verdad conlesti el capitalista, para quien cuanto su müger pro- 
nuncia es un oráculo. Por fin se asigna al mozo una cantidad ófé-- 
cida para sus despilfarres; en cambio aqu'3Ílos seres á los cuales 'él 
orgullo incita á obrar del modo quo estamos observando, se mues- 
tran sordos contiDuamente á las súplicas de los desvalidos, y no con- 
tribuyen con la cantidad mas in<ignificanle ni con ausitio de niii'gbn 
género á los establecimientos de beneficencia. 

Federico, enterado por sus padres de la determinación que tilah 
tomado, lo oye con suma indiferencia, porque para óiaquell'ó'és una 



piktAboís pott si Mtísiftos. S8( 

obligación. InmediálamBnlé calcula su plan,^ sé'diócido pdtób'ser- 
var en Valencia igual sisiema de vida que eñ lá CóVlc. 

Bajo este supuesto vamos á referir cslci\?aWi'éYile la mduerá W- 
mo deja correr las veinle y cuatro horas dfel dit éiü IrabdS dé nin- 
guna especie por parte de sü fnmi'ia. 

Guando el brillante astro del dia necc^ítisi \4^b(jiís instantes pa- 
ra llegar á la mitad do ísu carrera, el arislóínaiia abre los ojói á 
la luz, y tirando del cordón de seda que se deja ver cerca de ísu eke- 
gante y mullida cama liace que 'eti'lre en ^ü ^atíi^nele ^n criado 
que al momento le ayuda á vestirse en trague dé*ctis& y lemHfifda íé- 
tirar sin que en esto r'atoliaya pronunciado nncí^tró hombre palabra 
alguna. Esle\ acto continuo se sienta en liná Vtífiítti ^róxiirio^'&'Ubh 
mesa sobre la qué se dejan ver unos pierlódicóSi— No Icííígo'^áteí 
de leer tonterías, dice, d^aliendo contra los periodistas u</a anda- 
nada de necios insultos. Seguidamente coge la 'petaca, saca un ha- 
bano, lo enciende y comienza á ¿ciisürarátíf/b éóce ííl ¿líbréfhfc'te 
á los fabricantes de cigarros de nuesli^as 'bel'mósds Antillas ^r oí 
mal tábrco conque se perínitb elaborarlos. Altñuertá 'a bi^éve rato 
espléndidamente en unión y compatfra do los (|(íe \e dleroló el idt, 
sin contestar a las prejguntás do estos sino monoiiitabámehte, y á'eso 
de las dos ordena qUe le preparen uno do iJüs caballv^. Se viste, 
monta en él y pasando por Tas callos prlncipiílés so dirige áfa 'Ala- 
meda vieja á dar'im paseo'precisamente en h hora que nadie se de- 
ja ver por aquel sitio, páés nuestro héroe se Ka declarado enemigo 
de la gente en los días en que se despierta de'maltiiífaior, 'y üqdél 
en que nos ocupamos es uno de ellos. 

Vuelvo de su paseo, y entrega con la noíayór tndiferbricfa y fefni- 
dad.su alazán á un criado, entra en 'su casa, se pone una 'ric!a))ata, 
y al breVe rato le enlregfan él correo, eligíeñdoaíguníls cartas dslíH- 
!as en papel rosa ó azul y que son de !a misina ciudad, ó do! iñtértof; 
las lee sonríéndose maliciosamente, tira do la campáAilla y dióe al 
criado que so presenta.— Vo á casa do la Marquesa de T. 'y dUa tfke 
iré á la faoi*a que desea. 



S8S LOS VALEKCIAN08 

Nuoslras loctoros quorrán saber quien es este nuevd personage, 
y (tlMpucslos á cotuplacerlos'en cuanto sea dable con nuestro pensa- 
miento, oonslgnaromos únicamente que la Marquesa T.» es una de 
0M9i mugoros llenas de virtudes^ que ha conseguido apoderarse en- 
tordmonlo do nuestro pretendido duque , y que por lo tanto se di- 
vterle con ¿I como un niQo con un juguete. Ya es hora de comer y 
daranti) el acto entab!a algún diálogo que otro , con los papas quie- 
nes lo oyen con la boca abierta* Sale luego de casa y se encamina 
hacia la callo do Zaragoza, donde encuentra varios aaiigos, tomr¿ 
parte en la conversación, y siempre que pide la palabra es par^ 
h^iir á la |H>bre mugor de quien se hable en lo mas sagrado , ó par¿ 
rtdlcttliur á $tt$ ^emojante^. Disuella la reuioo cita para el Teatr» 
i na di^^no compañero y se dirige á casa de sa Marquesa. 

\a Marquesa le recibe c^hho acoslumbran hacerlo con im hambre 
rico livta^ e.<a$ alafas sin fortuna, y Je reputación dudosa. Empica 
olh por dedrl^ qM es precioso poner térmico a la ^taadon en que 
la tiene colocada el cari&o qne le priesa, promuncia la lenibie sea- 
MKia de tya es tiempo de q^e aeremos con las msrmnracaoDes ^ y 
4e ^ne me camplais vneslra palabra; FcJenco! porqne.... 

f^wiCA^ cr^ycniio simplem^^nle «) !é qae dice, la ofreoe safis- 
ito^ ^in$ dei^^os para mas a Jclanlx^ ^ porque piensa qoe m ccmcicncia 
a^ debe poruii^ el protolipo de la rabalicroskiaxi y ia ^Itfpmcia. 
JUjgo ma$ tarde la Murq^icsa y Fe^lcric^ se dir^^itn a m paire de! 
teatro T^incipal y «come cf: nalurai las ^eritcs ^ue los conocen se son- 
rten c/ui picardia al a^lvcrürios. 

Tímpiwa k reprcscumr.ior al misme lirTnnrqnnmtTamnélpalí» 
el ami^í> fev^riíA c-on quicü Uao si; via^r n Wadñd. Fe(lxricei5oc|ito 
lii^ ralos que lalklarqucsa k ^«ihla ^se <)iix>nne, r.nlicandf^ ki ajecsh 
ciiMi ík la iibrí , pitr^ se /lcsp?crui en cuantr se deja ¡sentir ¡ú nudo 
de las casianm^las., y f^ ta$ ^molo^i en una lir las prosóIUas de 
T^rpsfcore. eos» qiie noliiilr» ñor te lllarqiusr te causa mnv anA 
etocto , ^ p-oilacr U4va u^m'wsiaíi m»> Uirtir . 4cai*ada teTeprcsenm- 



» ji 



PmTADOS POR si MISMOS. 985 

con un caballero por un ligero pisotón que involuntariamento le han 
dado. Saca nuestro hombro su cartera coja una tarjeta y la pone en 
manos de aquel después de algunas contestaciones — Corriente, á 
las 11 estaró allí, caballero. — Ruego á V. no se haga esperar. 

Su amigo elogia la resolución: la Marquesa que há comprendido 
se trataba de un lance , prorrumpe en lloro», y le dice.— ^No irás, 
te lo prohibo.— Tú quieres mi muerte? El consigue calmarla , mas 
como todo esto pasa Ínterin la tartana conduce á lodos basta la 
casa de la Marquesa, esta al entrar en ella lo arranca una solemne 
promesa de no recibir al ofendido. Federico so dirige con su amigo 
a^ Casino en el quo poca ó ninguna gcnto oncaenlra , pero entabla la 
siguiente conversacicn con uno de los socios. 

¿Ha estado V. está noche en el teatro? Si acabo de salir de el, 
responde aquel. Todos insoportables en el drama no es asi caballero? 
— Hombre no mo ha parecido á mi como V. dice. — Vaya si no 
han podido estar peor en el drama, en la zarzuela ya es otra cosa.-* 
Precisamente yo .opino quo en cuanto al cantar lo han hecho atroz- 
inenle.=> Variando do conversación, ¿quo se dice de política? Amigo, 
la cuestión de los prosupuestos se está debatiendo reñidamente en 
el Congreso , el gobierno há aumentado los gastos y esto no puede 
sufrirse ya por los pueblos. — Eso es otra equivocación, contesta 
nuestro héroe , la España puede pagar mas de lo quo paga y el 
gobierno está en su lugar. Si V. se empeña.... Tratando de otra cosa: 
¿sabe V. que los franceses se han apoderado de Sebastopol? — No 
lo creo. La Rusia os la nación mas grande de Europa y en todi 
consentirá menos en verse humillada por una nación como la Francia. 
— Vaya con permiso do V. mo rbtiro , dice el otro por huir do 
nuestro ente, y se marcha sin merecer contestación. 

Los dos camaradas salen del casino y so encaminan á ana casa 
de juogo en la quo entran un cuarto de hora después. Un caballo 
deja á Federico sin blanca , un rey y una sota empeñado. Esta ope- 
ración tiene lugar muchas noches , y Federico cunlrae deudas que . 
paga en un principio , y luego quoda eo liescobierlo por ovilar qoe 



piirrADos POR si misbios. 585 

(Jo Valeivcia , acostumbra pasear diariamoDte del brazo de una se- 
ñora de cuarenta anos , vestida si do con elegancia con gusto , núes* 
tro béroe acude abora de tarde en tarde á los espectáculos públicos 
y en todas partes se le observa triste y cabizbajo. La señora es la 
marquesa T. á la cual rindió su mano guiado solo de la idea de no 

realizar un casamiento vulgar , dando asi el último paso que le res- 

» 

taba para colmo de sus desaciertos y locuras. 

Concluyamos aconsejando á los padres de familia no. descuiden 
la educación de sus bijos guiados de un mal entendido orgullo fun- 
dado en los bienes de fortuna ú otra causa cualesquiera. Sin edu- 
cación el bombre ó la niuger es una planta exótica , un estorbo 
en la sociedad. 

Hemos terminado nuestra tarea. Róstanos tan solo añadir , v 
con objeto do que nuestras frases no se juzguen apasionadas, qne 
el tipo que acabamos de describir no es esclusivamente valenciano. 

Se encuentra cu Valencia , es verdad , pero del mismo modo lo 
bailaremos en otro cualquier punto del globo. 

Los vicios que en ól bomos censurado no tienen su origen en la 
naciocalidad , se bailan en el organismo del individuo y reconocen 
por causa la falta de buenos instintos y mejor educación. 

Nuoslro tipo no pertenece a un solo y determinado país : está 
desparramado por la sociedad é infiltrado en sus arterias : por lo 
tanto diremos con Iriarte: 

A todos y á ninguno 
Mis advertencias locan 
Quien haga aplicaciones 
Con su pac se lo como. 



19 




LA VAIMCIMA. 



y^f*^t^* el ramoso novelista Alejandro Dmnas al hacer sano 
^ ^ t'^' °^^''^^^ famoso viaje por España hubiese tomado sd 
^^vS^C^O pasaje en uno de los vapores de la compafiiá Arnaud 
^^^ Tonacbo, que hacen escala en la ciudad de las flores , y 
^^^ aunque solo fuera de corrida hubiese dado un paseo por 
y] ''^ el pjrtido de Santo Tomás, por Pinedo ó por cualquier oln' 
puiilo do la buena de Valencia, seguramente el antÍ2:uo pendo- 
lista protegido de Foy, hubiese recibido impresiones mas gratas que 
las que consignó en el retato de su escurslon. í'ero]el para-rayos' 
de Maquet , á fuer de hombre escepdonal, no quiso' seguir las hue- 
llas de los que vienen á hacer un viaje de recreo, por lo que alganM - 



588 LOS YALENCtAlfOS 

compatriotas suyos han dado eií llamar con mas poesía que exacti- 
tud, antesala del África. 

Sin embargo, si las encantadoras márgenes del pintoresco Turia 
no tuvieron la dicha do recibir á tan alto y asendereado huésped, 
pueden consolarse recordando que otros , sino (an famosos al me- 
nos mas justos, las han recorrido dircrentes veces, y han sabido ha- 
cer justicia á las bellezas que encierra la tan celebrada huerta de 
Valencia. Aunque por otra parte es preferible que el autor de raza 
cruzada, como dice uno de sus biógrafos, no baya recorrido nuestra 
vega si habia de disparalar hablando de ella como lo hizo al hablar 
do Andalucía, lo que es fácil suponer en viagcros que solo han vis- 
to el pais de que so ocupan desde la cubierta del buque en que na- 
vegan ó desde la ventanilla del coche que los arrastra, como tal 
vez sucediera al escritor de Villiers-Coterets. Pero vengamos á 
nuestro asunto. 

Cuantos se han ocupado de la mnger que sirve do epígrafe á 
este articulo, reconocen á una voz , que la valenciana reúna en si 
la belleza, las buen^ formas 7 la fres^ui;!! do k>s tipos árabe, grie- 
go é italiano. T en efecto, para convencerse de esta verdad no hay 
mas que fijar la atención en nuestra heroina y se verá la prueba. 

La valenciana es regularmente de mediana estatura, aunque 
abundan no pocas de talla alta; las cabelleras rubias y castañas son 
las que se ven en mayor númeroi; ia frente ancha y espaciosa; el 
color de las megillas blanco y sonrosado, aunque uo tanto sombrea^ 
do por los rigores del sol; y el talle esbelto y gracioso como el de 
las odaliscas que seis siglos atrás acariciaban las suaves brisas á(¡^ 
Guadalaviar y llenaban de celos á las virgíneas flores que conviei^ 
ten en eterna primavera las frondosas orillas del Medit^ráceo ea 
donde jugueteaba la descreída ninfa que mas tarda inmorlslli»»; ^ 
Polo. Tal es, aunque en globo, el retrato de la hcnn^a wtad de 
los pobladores de la vega de Valencia, ó por mejor de(Hr> tales: sm. 
sus. rasaos mas generales, porque á entraír ca'miuuctoso& detalles 
haJJMriaoioSt de menpionaF algunas cabelleras negras como A asaban 



pmTADOs pot si insBios. 589: 

ehe y cuya longitud puede compelur vaqUiosaoienle cea la» renom- 
bradas do Jijona; tendríamos que bablv de algunos ojos qiie dai. 
envidia al sol, de cejas pobladas y arqueadas», de turgentes pecbos^ 
de cinturas dignas de las silQdes vaporosas, y de otras y otras b^ 
llezas que seria prolijo enumerar y que pQQ09 de nuestros lectores 
desconocerán. / 

El traje que actualmente usa nuMtra heroína, dUiere muy pooo] 
del que se vé en la ciudadana, pero el clásico, el que ba dado taolit 
celebridad á la valenciana y del que vau quedando raros^ etgempla^ 
res que solo se ven en las grandes solemnidades^ es. tan rice coino 
gracioso, tan pintoresco como el de las oapelilanas. Qompónese de 
un lagalejo de riquísima tela de seda, ordiuariameate: de brocado 
de fondo blanco sembrado de flores; jubón (chipó) de rjiso pegrei. 
pañuelo corlo y delantal de museliBa 6 tul bordado de. dro y tidtc^ 
juelas; media blanca y zapato escotado^coa lasop al labollo eclmiQ» 
hacia atrás y formando rodute sostemdoi por .uoa.ngujfr y ilos pUean 
dores (rascormam») precedidos de. una peineta aito' 4D' fernuí dj^ 
mitrado plata sobredorada, coi grabadosl y relieves;, . peodienteit 
largos de tres colgantes do perlas, llamadoa barqlliUos^ na collar do 
varias rastras de perlas fina» ó cadena de ora coíi una evnx 6 me^ 
dallon de lo mismo sembrado! do perlas ó jms bien de Mmecaldai 
pendientes del cuello , y un paBuelo bordada ea la mano. Tal os el» 
traje de calle. Para ir á la IgMa se «sa el mismo oou la d^fere^» 
do que se le a&ade uoa mantilla oogra de seda , bastante oorUi de 
modo que á causa de la altura de la peineta ne baja de Jüiiútad de 
la espalda. 

Comprenderé fácilmente el lector <|Be el traje que AcabanMi 
de describir es el do rigurosa gala ó 4e efiqueta, pues commumotei 
el ordinario está desprovisto de todee loa adornos de oro, plata^ prtteí 
y esmeraldas, y además de estar completamente abolida la peineM en: 
la actualidad, el traje de güa solo se usa en les dias de fiesta^ ev 
las solemnidades y en otras pocas ocasiones, cerno tendremos mo*^ 
tivo de sefialar mas adeluta en este articiib descripttvffv 



390 LOS tYALE^CIANOS ^ 

La valenciana^ basta que se encuentra en edad de llamar la 
atención de los jóvenes y por consiguiente de tomar estado, ofrece 
pocos rasgos estraordinarios; pues ordinariamente ayuda á su ma- 
dre en las faenas de la casa, sirve de niñera, toma parte en algunos 
trabajos agrícolas, como en la recolección de las legumbres, verdu- 
ras y demás, y al mismo tiempo va aprendiendo algunas labores 
propias de su sexo. Pero llegado «I caso de tomar una parte intere- 
sante y activa en la sociedad, comienza para ella una vida entera- 
mente nueva , ábrese á su vista un horizonte mas dilatado y la in- 
cauta fadrína (doncella) ya reclama cuidados mayores de la familia 
y necesita estar mas puesta sobre sí. Mientras su presencia ' pasa 
desapercibida para los jóvenes que babilan en las inmediaciones de 
su barraca, mientras ninguna mirada ardiente como la de los hijos 
de Ulid se tija en ella, la tierna planta de las villas del Turia ni se 
cuida de su desordenada cabellera, ni el deteriorado oslado de su 
traje la desvela, ni le importa mucho pasear los campos cercanos á 
su barraca desnuda de pie y pierna, ni hay cosa que pueda causar- 
le el mas ligero sobresalto. Mas ya se encuentra en estado de me- 
recer un chic robusto , tostado por el sol , que sabe por los dedo^ 
arar, sembrar, y practicar todas las faenas del campo ^ fija los ojos 
en ella» echa sus planes allá en sus adentros y resuelve tomar por 
esposa á la chiqueta que ha encendido un horno en su corazón, que 
ve en sus sueños y que no le deja vivo ni muerto. 

Al momento se decido á participar sus dulces proyectos á la que 
ama en silencio, y con el fm de conseguirlo no desperdicia ninguna 
ocasión de cuantas se le presentan de pasar por la puerta de la bar- 
raca en donde mora su amor, mirarla con marcada intención y de- 
jar escapar alguna palabrita para manifestar que la niña no le es 
indiferente. La madre de la joven, como mas esperta y ducha, no 
tarda en leer en el semblante del mozo las intenciones que abriga en 
su alma, y trata de poner á su hija á cubierto de cualquier contin- 
gencia. Desde aquel momento ya procura nuestra heroina alisarse 
y poner en orden su cabellera, vestir con toda la pulcritud posible, 



PINTADOS POR SÍ MISlUOS. 391 

asearse del mejor modo y no separarse muy lejos de ia barraca dí 
andar sola por los campos. 

Por fin nuestro mancebo es novio y se ie franquean las puertas 
de la barraca, á donde concurre un rato cada noche después do 
concluidas las faenas del dia, y cambia algunas palabras con su fu- 
tura hasta la hora de retirarse á la suya. Por supuesto , en estas en- 
trevistas nada de notable ocurre , pues los padres de la prometida 
están con ojos de Argos tomando acta de las palabras y gestos del 
presunto yerno, el cual tiene buen cuidado de medir sus pala- 
bras y acciones para no caer en desgracia di cometer el menor 
desliz. 

Los dias festivos por la noche y siempre que hay alguna fiesta 
en el Partido, la valenciana es obsequiada como puede serlo la mas 
alta princesa. El novio reúne dos ó tres de sus amigos mas adictos, 
cada uno de ellos se arma de su correspondiente trabuco , y pro- 
vistos de una escuálida y secular guitarra fie cinco órdenes y ade- 
más sin prima, y del inseparable ^utíarró, se dirigen á la barraca 
(le nuestra heroína á las altas horas de la noche. Un par de trabuca- 
zos disparados al aire anuncian á la joven la nocturna visita de su 
amado. No se estremece nuestra protagonista, porque sabe que 
aquella leve insinuación es el preludio de la serenata que ha de 
tener lugar aquella noche al pie de su palacio en honor de su codi- 
ciada belleza. 

Comienza por fin uno de ellos á rascar las mugrientas cuerdas 
de bs instrumentos entonando la ronde&a denominada entre los 
aficionados del uno y doce^ los demás cantan alternativamente cuar- 
tetas alusivas al obgeto, que improvisan aUi ensalzando las bellezas 
y encantos de la joven que encerrada en su reducido esíudi, junto 
al de los padres, siente latir su corazón de alegría al escuchar los 
dulces piropos ({ue so le prodigan á la parte de afuera, y entre tan- 
t(» el novio le envía algún disparo de trabuco por la microscópica 
ventana de su dormitorio, dejando clavadas las balas eo la madera 
y tiznando las blancas paredes de la barraca con los fogonazos ó 



593 LOS VALENCUNOS 

oon cohetes que dispara do vez en cuando con el fin de dar may^r 
animación y realze á la flesta. 

De este modo prosiguen obsequiando á la novia hasta las pri- 
meras horas de la madrugada, y á veces hasta los primeros pasos 
del alba les obligan á poner fln á su esparcimiento nocturno. Al 
dia nigmente sale nuestra heroína á la pncrla y contempla con vi- 
visible fruición las señales de los obsequios qae su futuro lolia pro* 
digado durante la noche anterior; señales que no dejan de escitsr 
los celos (le las demás jóvenes que contemplan el triunfo de la que 
tal vez miran como á su ñval. Entre tanto la madre do nuestra pro- 
metida salo con una cazuela llena de cal, y con ayuda de un pincel 
Con pretensiones de encoba se entretiene en borrar las huellas del 
Wtor de SQ futuro yerno, no sin espresar su descontento entre dien«- 
Íes por una costumbre que ella misma tuvo por buena cuando oeo*- 
paba el lugar de su hija. 

Llega el caso de que concluya la novela y comience la historia 
paraiiuestra joven. Eliiovio, con arreglo á la costumbre del país, 
ta de conlributr á las eargas do la unión conyugal aportando el te* 
tho nupcial, ó sean tablado, colchones, almohadas, y colcha, los 
muebles indis[>ei»aU«8 para adornar el esíudi, y ademas el t)r , ó 
$«an los adornos de oro de la novia; consistentes en aguja, p'einela, 
barquillos ó pendientes^ collar y otros obgetos con relación á la for^ 
tuna del novio. Y es tan esencial esto, que mas do un noviage st 
ha deshecho á punto de realizarse por no estar el prometido en dis- 
posición de comprar /*or á su prometida. En cambio esta tiene la 
obligación de regalar á su amante la muda del dia del casamiento, 
compuesta ordinariamente de camisa, calzoncillos, calcetas y pa«- 
Üuelo de pita para la cabeza. 

Al propio tiempo la futura esposa ense&a á todas^iis amigas la 
ropa que constituye su ajuar de novia, haciéndolas observar mina*' 
tiesamente los pares de enaguas con puntilla, las camisas de man- 
gas bordadas , los sálateos ó zagalejos y demás piezas de que se 
compone. 



PINTADOS POR SÍ Misinos. 593 

Dos ó tres (lius antes do celebrarse la udíod couyugal el prome- 
tido apareja su rosi y se dirige á Valencia. Llega á la plazuela deis 
Porchels, ajusta un tablado de cama do matrimonio, media docena 
de sillas de á seis reales , tres ó cuatro cuadros que quieren repre- 
sentar á Nuestro Sr. Jesucristo, á la Virgen María y á los Santos 
del nombre do los esposos, lo carga todo sobre el jaco y se dirige 
á la barraca destinada á recibir al nuevo matrimonio. Inútil es decir 
que ios cuadros ó estampas de que se trata manifiestan á la legua 
que no son copias de Rafael ni han nacido bajo la influencia del pin* 
cel del Ticiano; pues tanto el desden del dibujo como la rabia de 
los colores, dan á entender bien claramente que no pertenecen á 
determinada escuela , ó mas bien que la escuela á que pertenecen 
es una escuela sui gencris, de brocha gorda. 

Ya tenemos á la valenciana constituida en el estado de esposa: 
ya es ama y dueña de una barraca, de algunos pedacilos de tierra y 
tiene voz y voto en las asambleas de la familia. Aqui comienza una 
nueva vida para ella. Mientras .su marido se ocupa en las faenas de^ 
campo, ella limpia y arregla las verduras para traerlas al mercado 
y esponerlas á la venia pública, en donde sostiene diálagos anima- 
dos y muchas veces grotescos con los compr^ores. Puesta entre 
sus capazos de lechuzas , coles, alcachofas , cardos y demás géne- 
ros, parece una reina en el apogeo de su gloria y poderío. Al mismo 
tiempo que invita á los transeúntes recomendando las bondades 
de sus ricas mercancias, va 4uitando las hojas marchitas que afean 
el género, lo pone en buen órdeu, so sienta, se levanta, se revuel- 
ve á todos lados, se vuelve á sentar y nunca para, mientras está en 
al puesto. El deseo de vender la domina hasta el punto de mirar 
como compradores á todas cuantas personas pasan por cerca de ella 
sin importarle un bledo que el individuo á quien so dirige invitán- 
dole á comprar una docena do alcachofas, un manojo do cebollas 
mayúsculas ó un puñado de sabrosas berengenas, vaya lirado de 
flamuute frac negro, armado del severo bastón de magistrado ó 

del plebeyo capazo de comprar. 

50 



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394 LOS VALEKGIANOS 

Pero en donde la valenciana aparece con toda la belleza que le 
es propia, con toda la gallardía y encanto que le prestan su antiguo 
origen y la sangre oriental que circula por sus venas, eer en el acto 
de vender la famosa y aromálica pera y representando el papel de 
ramilletera ó vendedora de flores. Entonces se ofrece la talenciana 
al ojo del observador. 

«c Dulce v sabrosa 
Mas que la fruta del cercado ageno, « 
Mas linda y mas hermosa 
Que el prado en el Abril de flores lleno. i> 

En efecto , cuando la primavera comienza á dejar ver su encan- 
tador y risueño semblante sembrando galas por el ámbito de la tierra, 
cubriendo de flores nuestros campos, rejuveneciendo á la decrépita 
vejez, dando nueva vida á la tierna juventud y derramando bellezas 
y gallardía á manos llenas por el orbe entero, es llegada también la 
ocasión de que nuestra heroína salga á lucir sus encaatos y se pre- 
senten en competencia las bellezas naturales de la valenciana con las 
de la estación que simboliza los primeros albores de la vida humana. 

A las primeras horas de la mañana , cuando el crepúsculo de la 
aurora comienza abanar las dilatadas campiñas por donde la suave 
y juguetona brisa discurre saludando á las dormidas flores que prin- 
cipian á abrir sus virginales corolas y á derramar el purísimo aroma 
que embalsama el ambiente , sale la valenciana de su barraca pro- 
vista de una cesta y unas tigeras , dirígese al campo de las fresas, 
semejante á un manto de verde y grana , y recorre uno tras otro 
todos los $urcos echando en su cesta el delicado fruto bañado todavía 
con las perlas del rocío que el alba lloró sobre él al darle su último 
á Dios precisamente en el primer dia de su existencia. 

Terminada la recolección, vuelve la valenciana k su barraca, di- 
vide el fruto entre varias costillas blancas y limpias como 1^ espumas 
de las olas, y las cubre con delicadas hojas de verde y aromático 
hinojo (fenoU), En seguida se quita el traje de campo , atusa la ca- 
bellera , se viste de gala sin olvidar los barquillos, las agujas , el 



PIierABOS POR S( MISMOS. 595 

delantal y el pañuelo al «uello á la negligé , toma sus cestas y se dn 
rige á Valencia. En uno de los lados del Morcado nuevo, toma asiento, 
descubre el genero , y con el fin de escitar á los compradores trata 
de que las fresas mas gruesas y visibles aparezcan en primer término. 
Llegan los compradores , y ante todo pasan revista , mas bien con 
el íin de formar nota de las vendedoras , que con el objeto de escojer 
el mejor género. Mientras dura la inspección se oye el comprador á 
cada paso una invitación dislinta:-^;ascolleI asi ne té de bones. — 
[mire que no,n trovará de millors! — vinga, vinga voslé asi! — 
¿Guantes ne vol? ¡prengam esta sistelleta! — ¡acabem este grapaet! — 
y otras por el estilo que causan las delicias del observador. Pero 
el que va á comprar , si es amigo del género , se dirige á la vende- 
dora que mas lifida le parece, aunque la mercancía sea la mas in- 
ferior , y alli carga gustoso con tal do -cambiar algunas frases con 
ella y de contemplar todo lo mas cerca posible los negros ojos y la 
rubia cabellera de la valenciana. 

La valenciana, representando el papel de vendedora de flores, 
todavia puede decirse que está mas en su elemento. Si para vender 
la perfumada fresa se atusa el cabello, y so adorna en tot lo de la 
caeixela, para venir á vender las flores aun trata de dar mayor realce 
á su interesante persona y hasta de ofrecerse á la vista de los admira- 
dores á las galas do la primavera con todo el lujo y la coquetería 
que le son posibles. La Ramilletera llo^'a al Mercado á las primeras 
horas de la mañana rodeada de toda clase de flores, oras sueltas ora 
formando bouquets de todas formas y tamaños. Colócase en su sitio, 
pone á su lado la cesla llena de flores, y en el brazo de esta va co- 
locando los ramilletes dentro de pequeños floreros ó jarritos de la fa- 
mosa porcelana de las fábricas de Manises y Alacuás. 

Entre tanto van acudiendo los aficionados y las bellas ciudadanas, 
y forman del espacioso salón del centro del Mercado nuevo un pasco 
matinal en donde parece que so reúnen en competencia las graciosas 
moradoras de la ciudad del Cid y de la vega con las sin segundas 
flores de los jardines de la izquierda del Turia y de algunos otros de 



596 LOS VALERCUW os PIÜSTADOS POÍ Sf MISMOS. 

ínlra y extramuros. Los aficionados se proveen do ramos que siempre 
tienen á quien regalar cnlre las bellas del paseo , eslas á su vez 
compran también para adornar sus consolas y mesas , y con csle 
movimiento la jardinera no para de formar y espender bouquelSj 
sentada detrás do su cesta , teniendo en la mano izquierda las flores 
que coloca con la diestra y atándolas cnn singular maestría. Aai so 
agita : la mantilla que algunas llcviin sobre la cabeza viene con fre- 
cuencia á cubrir el pecho, nuestra beroina la retira hacíala espalda 
con cierto aire de desden, y c-^te movimienlo , al par que el contado 
do las flores , hacen cubrir sus mcgillas de grana y represéntase á 
nuestros ojos en el apogeo do su belleza, semejante á Flora en medio 
de sus Estados. 

Pero nuestra heroína no solamente se cuida de dar salida á los 
frutos del fórlil suelo que ayuda á cnllivar, sino que como coheredera 
de las costumbres y carácter moriscos , es álli mente impresi'¿>nable, 
caritativa en sumo grado y piadosa basta donde puedo serio el va- 
lenciano. Nuestra protagonista es aficionada ái)ailes, romerías, yá 
toda clase de fiestas , y muchas veces en el contrato nupcial hace 
que consto la cláusula de que su marido la ha de llevar á Liria á las 
fiestas del Ángel el 29 do Setiembre ; parle gustosa su alimento con 
el necesitado que llega á la puerta de su humilde barraca , y aun 
lo cobija bajo su techo si tiene necesidad de ello , y finalmente 
no aparece ostampita de santo ó santa en manos de un ciego, que no 
compre con toda la fé del mejor creyente para pegaría detras de 
la puerta de su barraca , en la del estudi , en la tapa del arca y hasta 
en los rovoltones del techo de su albergue , ni deja de llevar la si- 
miente de los gusanos de seda á la )glc«^ia para bendeciría. 

En lin la valenciana reúne en si las bellezas árabe , griega é 
italiana; es activa y laboriosa como pocas otras provincianas , y á la 
herencia de los dominadores de este país reúne los encantos quedé 
un clima dulce y benigno y un terreno tan fértil^ y pintoresco como 
el de los márgenes del amono Turia. 

«losé Kapatrr y Ufreda.