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Full text of "Los viajes de Diego García de Moguer al Rio de la Plata; estudio histórico"

:^^^ 



¡|i; 



LOS VIAJES 



DIEGO múk DE 



RIO DE LA PLATA 



ESTUDIO HISTÓRlCí 



J. T./MEDINA 

Miembro ciei instituto Geográfico Arg-entino. 



UC-NRLF 





^B 2ñ2 42M 




SANTIAGO OK < Hll.f. 

IMPRENTA ELZEVIR! ANA 



[ 



GÍFT OF 
JANE Kc^ATHER 




DIEGO garcía DE MOGUER 



Timada de 200 ejempi.aues. 



LOS VIAJES 



ifiO fiARCÍA DE lOGIIR 



RIO DE LA PLATA 



ESTUDIO HISTÓRICO 



J. T. MEDINA 

Miembro del Instituto Geofirráfico Arsf^ntino- 




SANTIAGO DE CHILE 

IM PR liNTA ELZEVIRIAN A 



1908 



Qrznf 






SATHER 



A ^D. Estanislao S, Zeballos, por 
las atenciones que me dispensó^ siendo 
Ministro de 'Relaciones Exteriores de 
su patria^ cuando hube de abandonar la 
mía como imo de los vencidos de la cau- 
sa del T^residente ^almaceda en i8gi; 
X por las repetidas muestras de bene- 
volencia que siempre le han merecido y 
jungándolas por la prensa,, algunas de 
mis producciones históricas y biblio- 
gráficas, dedica la presente, — que in- 
teresa especialmente á la Argentina — 

J. T, MEDINA, 



841412 



HOMONIMIA 

Dificultades que ocasiona la homonimia, tan frecuente 
en la historia de América del siglo XVI, —Diego 
García de Villanueva.— Diego García de Celis.— 
Diego García de Alfaro,— Diego García, un piloto 
portugués.— Diego García, maestre de nao. — Diego 
García de Trigueros. 




ARA cualquiera medianamente versa- 
do en la historia de América no es 
un secreto que en la primera mitad del si- 
glo XVI, — y especialmente tratándose de 
marinos — la identidad de nombres y ape- 
llidos es corriente, de tal modo que al in- 
vestigador le es, en ocasiones, sumamen- 
te difícil discernir cuales son los datos 
biográficos aplicables á esos distintos indi- 
viduos. 



DIEGO garcía 



En Chile, por ejemplo, es típico el caso 
del piloto Juan Fernández, el célebre descu- 
bridor del as islas que llevan su nombre, el 

^; ciíái- tuvieron quizás no menos de seis con- 

^,^ temporáneos. 

' ' ' ' Observación análoga es la que puede ha- 
cerse respecto de Diego García, el que a- 
eompañó á Juan Díaz de Solís en su viaje 
de descubrimiento al Rio de la Plata y el 
que allá fué más tarde como capitán gene- 
ral, que es el personaje de quien nos pro- 
ponemos tratar en el presente estudio. Y 
para eso necesitamos, ante todo, descartar- 
nos de otros marinos como él, contempo- 
ráneos suyos, y que se llamaron también 
Diego García. 

Sea el primero, por lo mismo que el e- 
xamen de los hechos que le tocan son fá- 
ciles de establecer y no pueden confundirse 
con los del que^nos proponemos estudiar, 
Diego García, hijo del alcaide de Villanue- 
va de Barcarrota, que salió de Sanlúcar el 
6 de Abril de 1538 con Hernando de Soto 
para ir á la expedición de la Florida como 
capitán de «un navio grueso» llamado San 



HOMONIMIA 



Juan. I «Era, dice Garcilaso de la Vega, un 
soldado valiente y en todo Iiecho de armas 
muy determinado, por lo cual todos sus 
compañeros le llamaban Diego García de 
Paredes, no porque le hubiese parentesco, 
aunque era hombre noble, sino porque le 
asemejaba en el ánimo, esfuerzo y valen- 
tía)).^ 

Por lo que se verá luego, estos antece- 
dentes no pueden aplicarse al Diego Gar- 
cía explorador del Plata.'' 

Llamábase, asimismo, Diego García con 
el segundo apellido de Celis, un gentilhom- 
bre que figuró en la expedición de Sebas- 
tián Caboto al Rio de la Plata, de quien nos 
ocupamos en el libro que sobre aquel per- 
sonaje tenemos eu prensa y que no es dable 
confundir con el marino materia de estas 
páginae. 



1. Garcilaso de la Ve<za, Historia de la Florida, p. 
9, col. 1. 

2. Id., p. i65. 

3. Con razón expresa nuestro ilustre ainip-o Mr. Hen- 
ry Harrisse que este Dieg-o García «does not seem the 
same as the above.» (Discovery of North America, p. 
718): si bien al hablar del Dlef^o García, el del Rio de 
la Plata, trae á colación el epíteto de «marinero insig:- 



lO nilX.O {^Al-ClA 



Piloto y conlenipoi'áneo de nuestro ma- 
rino, y vecino, como él. de la villa de Mo- 
giier, y acaso de sn misma familia, fué 
Diego García de Al faro. Ilabia pasado á las 
Indias en 1529, se halló en la fundación de 
Lima y por onlen de Pizarro y Almagro fué 
desde el pueilo de aquell ciudad, como ca- 
pitán y pilólo de una nao grande, á descu- 
cubrir la costa hasta Chile, lo que en efecto 
ejecutó. Dcs()ucs de desompcnar varias o- 
tras comisiones, volvió á España y de alli 
al Perú en 1559.4 

Era designado simplemente como Diego 
García, sin otro apellido, un piloto portu- 
gués de quien habla García de Cés[)edes. 
Copia éste en su obra un derrotero desde 
Lisboa á la India de cierto viaje que aquél 
hizo en 1538, escrito por un hidalgo portu- 
gués, quien dice: «A segunda vez que tour- 
neyá India, quefoyoannol545, estando tan- 
to avante con o Cabo, mandey preguntará 

ne» que á aquél aplica González de Barcia, (Florida, 
folio lo). 

4. Véase la biografia de este Diegfo García en las pp. 
328-3-29 de nuestro 'Diccionario biográfico colonial de 
CAiVe, Santiago, 1906, ful. 



11<>.\Í0NI.M!.\ II 



Diego García, piloto da Burgalesa, etc.. ó 
qual Diego García he aora miiyto antiguo 
piloto é experiiiicnlado nesta carrera.»^ 

La calidad de portugués, el ser piloto y 
haber vivido ó figurado por los mismos 
años, aunque algo después del nuestro, y el 
hecho de que, como veremos, Antonio de 
Herrera diga que el capitán de la expedi- 
ción al Rio de la Plata en 1526 era de Por- 
tugal, son motivos para hacer entrar el 
«ánimo en vacilaciones sobre la identidad 
de ambos personajes. Como lo hemos tam- 
bién de ver más tarde, en 1535 Cai^los V 
ordenaba h su End)n¡ador ante la corte de 
Lisboa que averiguase si era ido en una 
armada de Portugal que á. fines del año 
precedente había pasado por la isla de la 
Gomera con rumbo desconocido, ó si habia 
asentado vivienda en aquel reino, un piloto 
llamado Diego García de Moguer. Más aún: 
en las cuentas de Sancho de Matienzo, te- 
sorero de la Casa de la Contratación, ha- 
llamos la siguiente anotación: «En 4 de 



5. liegiinicnto de navegación, Madrid, 1606. fol., 
hoja 1 33 vita. 



DEIGO garcía 



Abril de 1520 añosa Diego García, maestre 
de nao, once mil cualrocientos maravedís 
que hobo de haber por el flete ó pasaje de 
aquí á la isla Fernandina del capitán Juan 
de Coria é su mujer é tres hijos suyos é 
un mozo, el cual dicho flete é pasaje Su 
Alteza mandó pagar por su cédula.»^ 

Diez años más larde, esto es, en 1530, se 
vuelve á ver figurar cohío propietario de 
una nao, maestre que digamos, en la isla 
Fernandina, á un Diego García, que pare- 
ce ser el mismo á que se alude en las cuen- 
tas de Matienzo. En efecto, en una carta 
del Cabildo de Santiago de Cuba dirigida 
á S. M., con fecha 22 de Septiembre del 
año que indicamos, se lee: «En 16 de Jullio 
de este año de quinientos é treinta años lle- 
gó á este puerto una nao de Diego Gar- 
cía. ))7 

En una Relación enviada también al Rey 
desde aquella isla á mediados de Agosto 
de aquel año, se dice que ella iba «en esta 
nao de Diego García.wS 

6. Archivo de Indias. Documento inédito. 
7- Colección de documentos inéditos del Archivo de 
Indias. Sesrunda serie, t. IV, p. i5o. 
8. Id., p. 107. 



HOMONLVUA l3 



El Diego García á que se alude debe ha- 
ber salido de allí con dirección á España 
poco después del 22 de Septiembre del año 
referido, porque en otra cariado aquel Ca- 
bildo, fechada el 23 de Noviembre, se dice: 
«En 22 de Septiembre pasado escribimos 
á V. M. largo en la nao de Diego García.» 

Los hechos apuntados en los párrafos 
precedentes abarcan asi el espacio de tiem- 
po mediado, digamos, desde los últimos 
meses do 1519 á los fines de 1530, — supo- 
niendo, bien entendido, que el Diego Gar- 
cía de las cuentas de Matienzo y el á que se 
refieren las cartas dirigidas desdo Cubase 
anuna misma persona, — y como el Diego 
García cuyos hechos tratamos de historiar 
se halló en igual lapso en laarmadade Ma- 
gallanes y en la que él propio encabezó pa- 
ra el Rio de la Plata, tenemos que llegar 
forzosamente á la conclusión de que este 
último no es el aludido ni por Matienzo ni 
por el Cabildo de Santiago de Cuba. 

Es, sí, motivo de dudas y cavilaciones 
para nosotros si el Diego García de Tri- 
gueros es el propio que desde este momen- 
to hemos de llamar Diego García de Mo- 



14 



niIiOO GAKCIA 



GUEii. Sería prematuro formular aquí esas 
dudas, que iremos presentando á la consi- 
deración del lectora medida que avance- 
mos en nuestra relación. Anticiparemos, 
con todo, que la da ve que nos ha servido pa- 
ra establecer los hechos aplicables á Diego 
García de Moguer es un brevísimo memo- 
rial presentado por él á Caitos V y que va- 
mos ya <á mencionar. . ■ 

Veamos modo, sin embargo, ante todo, 
de establecer la patria de Diego García de 
Moguer. 




I! 



LA PATRIA 

Opiniones de Ilerrei'a, Harrisse y otros acerca de la pa- 
liia de Diego García de Mog-uer. — Silencio que so- 
bie el paiticular guai'dan los documentos.— Falta 
de fLiei'za del argumento aducido por Madero res- 
pecto al («ligen pcM-tugué^; dt García. — Indicios que 
puedendei'ivarse de su nacionalidad considerados 
los lugares en que vivi(').— Memorial de García al 
Consejo de Indias.— Examen de esta pieza. 




í. cronista Aiiloiiio do Herreni afirma 
que Diego García era portugués,: se- 
guí tio en esto por Harrisse^ y otros escri- 
tores de menor importancia que no vale la 
pena de recordar aqui después de mencio- 
nar dos autoridades de tanto peso como 
aquéllas. 



1. Historia general, etc., década I\^ pág. i, col. i. 
'2. 'The Discovery of Norlh Afnenca, loe. cii., y 
John and Sebastian Cabot, pág. 147. 



I 6 DIEGO GARCÍA 



Constancio le hace natural de Moguer^ y 
ala misma opinión se inclina Madero,4 fun- 
dándose en que en la capitulación celebra- 
da con García en 1526 para el viaje al Rio 
de la Piala existe la cláusula de que no 
podrían acompañai'le franceses, ingleses, 
ni portugueses.^ 

El examen de los documentos que tocan 
á García no permiten al respecto del punto 
de que se trata deducir consecuencia algu- 
na de su nacimiento. El primero en que se 
ve aparecer su nombre es en la (í Relación 
del sueldo que se pagó á los marineros, et- 
cétera, de la nao Santiago^:) de la armada 
de Magallanes, en la cual se le llama «Die- 
go García de Trigueros, vecino de Huel- 
va».^ En la única declaración suya que po- 
seemos no aparece ni su edad, ni el lugar 
de su nacimiento; y, íinal mente, el mismo 
silencio sobre ambos particulares se obser- 
va en su testamento, en el cual se limita á 
expresar su vecindad de Trigueros. Queda 

3. Historia do Brasil, París, iSSg, 8.°, t. I, p. 79. 

4. Historia del puerto de Buenos Ai}-es, p. i'¿7. 

5. Obra citada, nota i3 á la pág. 55. 

6. Archivo de Indias, 4i-G-a/'^5. 



LA I>ATRIA 17 



por saber si no se presta á dudas el que 
éste sea el mismo marinero que acompañó 
á Magallanes, y que entonces se leve figu- 
rar con el apellido de Trigueros y como 
vecino de Huelva. 

Los documentos, pues, que conocemos, 
según se ve, no aportan luz alguna respec- 
to al sitio del nacimiento ni á la fecha en 
que éste tuviera lugar respecto de Üiego 
García de Mogucr. 

El antecedente que invoca Madero en 
oposición al dalo de Herrera sobre el ori- 
gen portugués de García, i-eviste, en reali- 
dad, poca fuerza, porque no prueba que el 
mismo jefe de la expedición no constituye- 
ra una excepción respecto de la disposición 
real que proliibia se embarcasen extranje- 
ros en sus naves, cuando quizás fué dic- 
tada precisamente en vista de que el capi- 
tán general de la armada revestía esa 
nacionalidad. 

En el hecho, por lo demás, se ve com- 
probado á. cada paso que órdenes i'cales de 
esa índole no se cumplían, liaste recordar 
la prohibición general respecto á que ex- 



DltiGO garcía 



tranjeros no pasasen á las Indias y cómo 
en la pmctica se violaba todos los dias. 

Más indicios de su nacionalidad españo- 
la pueden, en nuestro concepto, deducirse 
de su larga vecindad, ya sea enHuelva pri- 
mero ó en Trigueros después, del Diego 
García á que acabamos de referirnos, ante- 
rior en aquella ciudad á 1519, fecha inicial 
del viaje de Magallanes, y conlinuada hasta 
1535 en el último de aquellos pueblos. Pero, 
como se ve, en ningnnode esos casos sue- 
na para nada la de Mogner, que es preci- 
samente la que debe aplicarse, al menos 
como segundo apellido, al Diego García 
cuyos hechos tratamos de determinar. 

Existe, sin embargo, un documento que 
ha de servirnos de luz y guia para esclare- 
cer los hechos aplicables á Diego García 
de Moguer en su carrera de mai'ino y que, 
conocido y estudiado, pueda quizás llevar- 
nos al convencimiento de que sea el mis- 
mo avecindado primero en Huelva y luego 
en Trigueros. Es el siguiente pedimento 
que presentó al Consejo de Indias: 

Muy poderosos señores: — Diego (jarcia, ca- 
pitán é piloto de Vuestra Alteza, besa vues- 



LA PATRIA 19 



tras reales manoe. y dice que ya Vuestra Alte- 
za sabe cómo ha muchos años que sirve, asi en 
el tiempo del Rey Católico, que es en gloria, 
como en el vuestro, asi en las conquistas é 
descubrimiento de las Indias del Mar Océano, 
como en el Río de la Plata y costa y estrecho 
que va á la Mar del Sur, comoquiera que 
muchas veces ha suplicado que Vuestra Alte- 
za le haga merced no se ha proveído ni sena- 
lado acostamiento, v porque él es venido á esta 
Corte á entender en cosas de vuestro real 
servicio, suplica á Vuestra Alteza le haga 
merced de le mandar librar é proveer ayuda 
de costa. 

Otrosí dice: que él tiene su mujer, hijos é 
casa en la cibdad de Sevilla ...{roto)... cabsa 
de habeise ocupado en vuestro servicio, é tie- 
ne nescesidad é no ha ganado (...) se puedan 
sustentar, ni Vuestra Alteza le ha señalado 
acostamiento, diciendo se proveerá: suplica 
á Vuestra Alteza le haga merced á su mujer 
de mandarle señalar en la C>asa de la Contra- 
tación de Sevilla quitación é acostamiento 
para su sustentación é de sus hijos, en todo lo 
cual Vuestra Alteza le hará gran merced. 7 

Ese memorial carece de fecha, pero por 
su contexto se deduce fácilmente que es 
posterior á la vuelta de la nave Victoria de 

7. Archivo de Indias, 144-1-10. 



DIEGO GARCÍA 



la expedición de Magallanes á España y 
anterior á la capilulación celebrada por 
García con el Rey para volver al Rio de la 
Plata en 1526. 

Analicemos ahora ese documento, que 
ha de servirnos de clave, como decíamos, 
para seguir la cai'rera de García. 

Hallábase entonces, según expresa en el 
otrosí, con su mujer, hijos y casa en Se- 
villa, circunstancia esta última que parece 
estar en contradicción con la que hemos 
visto debe aplicarse al Diego García veci- 
no primero de Iluelva y luego de Trigue- 
ros, si bien en realidad no es decisiva ni 
prueba gran cosa desde que la vecindad es 
circunstancia accidental que puede cam- 
biarse y de hecho se nuida con frecuencia. 
En todo caso, si son a})licables las dos pri- 
meras indicadas á Diego García de Mo- 
guer, habría éste tenido por lo menos tres 
en España: Iluelva, 'lorigueros y Sevilla, y 
acaso cuatro, si su segundo apellido de 
Moguei' no la supone desde luego, al me- 
nos como lugar de origen. 

Nuestras dudas, pues, lejos de aclararse 



LA PATRIA 21 



sobre el particulcUMle que tratamos, vienen 
por esta parte á coirjpücai'se más todavía. 

Continuemos con el memorial. Comien- 
za Garcia en él i)or expresar que en aquel 
entonces, fecha que desconocemos, pero 
en todo caso anterior á. Noviembre de 1525, 
era «capitán y piloto» de Su Alteza. Y he- 
nos aquí de nuevo con otra laguna en 
nuestras investigaciones, [)ues en los do- 
cumentos no aparece la fecha en que Die- 
go Garcia fué recibido en tales oficios, 
siendo si de advertir que el hecho ha de- 
bido tener lugar entre los anos en que he- 
mos dicho iluctúa la del memorial de que 
tratamos. 

Desde las lineas que en él siguen á la 
expresada en que habhi de ser «capitán y 
piloto de Su Alteza», ya podemos marchar 
en terreno más filóme, la luz comienza á 
producirse en medio de tanta incertidum- 
bre y la carrera de nuestro marino á salir 
de las sombi*as en que hasta ahoi\a la ve- 
mos envuelta. 

Es verdad si, que no podemos precisar 
la fecha inicial de los muchos años que 
entonces decía que servia, ya á contar des- 



DIEGO garcía 



de los tiempos de Fernando el Católico, si 
bien por la frase que signe en el memorial 
á la expresada de qne sns servicios los ve- 
rificó «en las conquistas é descubrimiento 
de las Indias del Mar Océano», anteriores, 
evidentemente, á la expedición de Diaz de 
Solis (1515-1516) al Rio de la Plata, como 
que hiego y en orden sucesivo menciona 
en su memorial á aquella región de Amé- 
rica, 

No hemos podido encontrar en los ar- 
chivos españoles huella alguna de los ser- 
vicios que García expresa haber prestado 
en las Indias con anterioridad á 1515, y 
ello se explica fácilmente si se considera 
que la posición que ocupara debió ser 
tan modesta que no pasara quizás de ma- 
rinero, 

^.Acompanó acaso en su viaje anterior de 
1508 á Diaz de Solis? Es probable, cuando 
luego más tarde se le ve figurar á su lado. 

Es tiempo ya de que refiramos la actua- 
ción que á Diego García cupo en ese viaje 
memorable. 



CON DÍAZ DE SOLÍS 

Objetivo del viaje de Diaz de Solis.— Parte éste de San- 
lúcar y García le acompaña en calidad de maestre 
de una de sus naves.— García pretende atribuirse 
el honor de haber sido descubridor de las regfiones 
del Plata. — Discútese esta afirmación suya. — Anti^ 
cípase la posibilidad deque hubiera efectuado un 
viaje posterior al de Diaz de Solís y anterior al de 
1 527 (nota).— Regreso de García á España después 
de la muerte de Díaz de Solís.— Noticias sumarias 
de ese viaje.— Su arribo i\ Sevilla. 




ERÍA, por supuesto, exlralimitar el al- 
cance de estas páginas si hubiéra- 
mos de entrar á referir una por una las 
incidencias de aquel viaje, que, por otra 
parte, ya hemos contado en un estudio an- 
terior.» Y asi hemos de limitarnos á cola- 



I. Juan Diaz de Solis, Santiag-o de Chile, 1897, 2 vo- 
lúmenes en 8.' menor. 



24 DIEGO garcía 



cionarlo sus rasgos generales, especial- 
mente en cuanto toca á la actuación que en 
él cupo á Diego García. 

En virlud de la capitulación que Fernan- 
do de Aragón celebró con Diaz de Solís en 
Mansilla, en 24 de Noviembre de 1514, para 
ir cá descubrir «á las espaldas de Castilla 
del Oro y de allí adelante», después de 
transcurrido casi un año cabal, el 8 de Oc- 
tubre de 1515, aquel marino, piloto mayor 
de España entonces, salía de la barra de 
Sanlúcar de Barra meda con tres barqui- 
chuelos, uno de sesenta toneles y los dos 
restantes de treinta cada uno, tripulados 
en todo por sesenta personas. Como maes- 
tre de uno de ellos, no sabemos de cuál, 
pero probablemente de alguno de los pe- 
queños, iba Diego García. ^ 

2. Más tarde, en la infirmación que García levantó 
en Sevilla en Agosto de i53o para acrvíditar lo que 
le ocurrió con Caboto en su segundo viaje al Río de la 
Plata, que insertamos bajo el número XXX délos do- 
cumentos de este opúsculo, según puede verse de la 
pregunta segunda, pretendió atribuirse los honores de 
haber sido descubridor de la región del Plata, «é allí 
dejó en ella gente cristianos», agregaba como para re- 
forzar su afirmación, pretendiendo asi ocultar el ver- 
dadero carácter con que había figurado en la expedi- 



CON DÍAZ DE SOLÍS 25 



Desjjués que Díaz do Solis hubo fondea- 
do en 34 gi'ados y un tercio en el Hio que de- 
nominó de los Palos, que parece ser el que 
Domingo de Irala llamó más tarde de San- 
ta Lucia, {)asóse á. una de las cai'abelas 
pequeñas y siguiendo la orilla uoi'le fué á 
detenerse junio á la isla designada desde 
aquel entonces con el nombre de Martin 
García, y lomando la barca bajó en tierra 
en Marlín Chico, ó sus inmediaciones, y 
alli [)ci'cció en uiui emboscada que le ten- 
dieron los indios, en uno de los [U'imeros 
días de Mai*zo de 1516. 



ción de Dia/ de Solis. Los testigos que al tenor de ella 
declararon pusiei-on, sin embaif^o. las cosas en su lu- 
gar. El piimero de ellos, tanto poi- su inipoi tancia. co- 
mo por el orden en que dio su deposición, expresa 
que García, según lo habia oído decir i\ dos de los 
expedicionaiios, «había ido en compañía de Juan Díaz 
á descubiii- aquella tierra.» 

Juan de Jluico, otro de los tesiig(»s, es más explí- 
cito al respecto, cuando declaió que Gaicia «había ido 
en compañía de Juan de Solis por maestie de una nao 
en aquellas paites. t> 

Casimiro Nuremberger afirma el heclio casi en los 
mismos términos. 

Alonso Bueno, cuarto y último testigo, se limita á 
recordar que García, según lo había oído decir, íué« 
simplemente con Solis, sin expresar en qué caríicter. 

El texto de la pregunta, en la forma que aparece re- 



20 DIEGO garcía 



Con la muerte de Diaz de Solis, que era 
el jefe y el alma de la ai'mada, y con la del 
factor Marqnina y del contador Alarcón,los 
delegados reales, la expedición quedó de 
hecho descompaginada, y la vuelta á Es- 
paña se imponía como inevitable. Fué, en 
efecto, lo que pasó. Francisco de Torres, 
deudo de Diaz de Solis, tomó el mando 
en jefe y Diego García el de una de las 

dactado, viene, en realidad, á reproducir lo que García 
habia asevei'ado en la i-elación de su se.i^undo viaje: 
«la otra vez que descubrí este rio (de la Plata) habrá 
quince años » 

Fernández de Navarrete {Biblioteca Marítima, t. T, 
p. 3;-!i), al hablar de esa Relación expresa que del con 
texto de ese párrafo se deduce que e! primer viaje lo 
haría en i5i3.)) Es lo mismo que Trelles en su opúscu- 
lo Diego Garda primer descubridor del '7\io de la 
Plata, Buenos Aires, 1879, 8", sostuvo más tarde. Pero 
como la fecha del Interrogatorio á que hemos aludido 
y la de la Relación corresponden al aiio de i53o, es 
claro que el del descubrimiento es el de i5i5. 

Esto nos parece tan obvio, que no vale la pena de 
insistir más sobre el particular. La conducta de García 
al respecto aparece, pues, como vituperable y sóU. se 
explica que pudiera hacer semejante afirmación des- 
pués de transcurridos tantos años y cuando Diaz de 
Solis, el verdadero descubrido!", era fallecido. 

Sin embargo, por lo que se verá más adelante, es 
posible que hubieía querido leferirse á un viaje pos- 
terior al que hizo en unión de Dia? de Solis y anterior 
al de 1 5-26. 



CON' DÍAZ DE SOLÍS 27 

carabelas. No sabemos quién se hiciese 
cargo de la otra, ni hay certidumbre de 
cUíándo se verificó la partida, si bien es de 
presumir que no debió ser en mucho tiem. 
po posterior á la catástrofe de la isla de 
Martin Garda. Digamios, por consiguiente, 
en los últimos dias del mes de Marzo. 

Reunidas las tres carabelas, levaron an- 
clas y siguieron aguas abajo hasta dete- 
nerse en la proximidad de las islas de 
Lobos, que dejaban ya descubiertas á la 
ida, donde lograron cazar 66 de estos anfi- 
bios, cuyas pioles embarcaron pai'a llevar- 
las á España, y cuya carne, hecha tasajo, 
debía servirles de provisiones para el viaje. 

De alli salieron en una fecha que desco- 
nocernos, pero sin duda después de algu- 
nos días, ya que la operación de pi^eparar 
el tasajo asi lo exigía, y siguiendo la mis- 
ma derrota que habían traído, fueron á 
detenerse al puerto de los Patos, frente á 
la isla de Santa Catalina, donde perdieron 
una de las carabelas, que probablemente 
habría quedado atrás de las otras. El he- 
cho fué que once de los tripulantes, que 
eran quizás todos los que iban en la nave, 



28 DIEGO garcía 



se vieron obligados á quedarse alli, donde 
trece años más tarde encontró todavía á 
cuatro de ellos la nave San Gabriel, que 
coinandaÍ3a don Rodrigo de Acuña y que 
volvía «derrotada» del Esti'echo de Maga- 
llanes, establecidos entre los indios é in- 
corporados á una de las tribus guaraníes 
de la costa, que se hallaba entonces en 
guerra con alguna otra del interioi'. La 
historia sólo ha conservado el nombre de 
dos de esos once náufragos, Elnrique Mon- 
tes y Melchor Ramírez. 

Las otras dos carabelas l'uei^on á recalar 
á la costa del Brasil, en el Cabo de San 
Agustín, y allí sus tripulantes bajaron á 
tierra para cortar el palo de tinte, que dio 
más tarde su nombre á todo el país y del 
cual cargaron quinientos quintales; y, por 
fin, enderezaban la proa á la tierra natal, 
donde llegaban en los primeros dias del 
mes de Septiembre de 1516. Habían, por 
lo tanto, tardado en el viaje de regreso 
próximamente cinco meses, demora (pie se 
explica considerando, sin otras circuns- 
tanciaS; el tiempo que debieron gastar en 



CON DÍAZ DE SOLIS 



la corta del palo de brasil con que cargaron 
las naves. 

Llegaljan, pues, los expedicionarios á 
Sevilla al cabo de catorce meses ele ausen- 
cia; hablan perdido su jefe y una de las 
carabelas, dejando, además, en el camino, 
entre muertos y náufragos, cerca de la ter- 
cera parte de los compañeros; en lugar de 
la riquezas con que soñaron al desatracar 
de la Torre del Oi'o, sólo traían unos cuan- 
tos quintales de madei'a de tinte, unas po- 
cas pieles de lobos marinos, unas cuantas 
piezas de plata y una indiecilla; pero deja- 
ban reconocida una larga extensión de 
costadel ignorado continente, un gran río, 
y, más que todo, abierto el camino [)ai'aque 
otros mejor afortunados fuesen á descu- 
brir el anhelado Estrecho que debia con- 
ducir á Magallanes á las tierras de las es- 
pecias y á probar que era posible dar la 
vuelta al mundo. 



^^m^^ 



IV 



CON MAGALLANES 

-García se enrola como marinero en la aiinada de Ma- 
grallanes. ---Parece en efecto ser el mismo que en el 
rol de aquélla íi¿,^in"a con el nombre de I)iei,'-o Gar- 
cía de Ti ii^Lieros. — Dudas que se nfiecen al respec- 
to. - Posibilidad de que Garda haya efecluado un 
sei^undu viaje al Rio de la Plata en ir_>i. — Citase 
un parecer de los Consejeros de Indias.- Carla 
-del lünbajadíir de España en Porlu^-al. — Hechos 
que de ella se despienden. — Imposibilidad de con- 
cdiarlos si es verdad que Gaicia se embarcó con 
iMayallanes. — Incidencias del viaje de e<a aimada 
que atañen ;\ García. — Su reyíeso á Sevilla después 
de dar la vuelta al mundo. 



ü 



EoÍAMos que Galicia habia llegado á 
Sevilla cu los prinierosdias del mes 
de Septiembre de 151G, y desde e^a fecha 
hasta sil pai-lida en la expedición de Iler- 
.nando de Magallanes no sabíamos (piú fue- 
ra de su vkla, cpie pi'obablemente [)asú en 
sdescanso en su vecindad de Moguei'. Paj'a 



32 DIEGO GARCÍA 



hacer esta aíirniación necesitamos volver 
á tomar el hilo del memorial que presentó 
en solicidul de algún auxilio pecuniario, 
donde dice que sirvió «en la costa y estre- 
cho que va á la Mar del Sur.» Esta frase 
no deja, al parecer, duda alguna de que 
figuró en la armada de Magallanes. Regis- 
trando la nómina de los que en ella se enro- 
laron, encontramos, en efecto, la anotación 
ya recordada y que ahora es oportunoque 
transciábamos integra. Dice "asi: 

«Diego García de Trigueros, vecino do 
Huelva, marido de Inés González de Gi- 
braleón, marinero, que fué en la nao «San- 
tiago», que se perdió: vino en la nao «Vic- 
toria»; venció de sueldo hasta que la dicha 
nao se perdió, que son nueve meses y doce 
dias.»' 

I. En la Relación del sueldo que se pag:ó d los ma- 
rinei'os, etc., de la «Sanliag"o», que se halla también 
en el Archivo de Indias (41-6-2/25) aparece que Garcia 
ganaba por me.s mil doscientos maravedís y que reci 
bió adelantados 4.800. 

Fernández de Navarrete en su Colección de viajes, 
t. IV, p. 22, se limita á dar el nombre y patria de los 
tripulantes de la armada, tomando e.sí; último antece- 
dente de los extractos que había formado D. Juan Bau- 
tista ^\uñoz. Según la anotación correspondiente á 
Diego Garcia, se le hace allí natural de Trigueros. 



CON MAGALLANES 33 



Que osle García de Trigueros, como se 
le llama allí, sea el mismo Diego García 
que acompafió á Dia/ de Solís y en cuya 
armada tuvo el cai'go de uiaeslre, parece 
que es indudaljle, ya que en las anolacio- 
nes de la de Magallanes no se ve aparecer 
ningún otro Diego Gnrcia.^ 

Algo exlrano resulta, sin embargo, que 
el Diego García que había íigurado como 
maestre en la armada de Diaz de Solís, se 
conformase con el puesto de marinero en 
la más pequeña de las naves de la de Ma- 
gallanes. Además, el segundoapellido que 
en la ñola de la tripulación se le asigna y 
que no es el con que se le conoció después, 
y con el cual, según lo vei'emos, le desig- 
naba el propio Carlos V, pueden inclinar 
aún más en la sospecha de que se trata 
en realidad de dos personas diversas. 

Coordinando varios antecedentes que se 
encuentran esparcidos en los documentos 
queconocemos, séanos licito expi'esar aquí 

2. E'íta aseveración no es absolutamente exacta, pues 
en calidad de paje fué en la «Concepción» un Dieg-o, 
hijo de Cristóbal García y Juana González. Falta por 
saber si llevaba el apellido de su padre. 



34 DIEGO GAI^CÍA 



la á\\ái\ que nos asalta resi)ec(o á si Diego 
García efecluó un segundo viaje al Rio de- 
la Piala en el año de 1521. El hecho, por 
sei' total I nenie desconocido, puede [carecer 
extraño, pero no es ini[)robable, corno va- 
mos á ve lio. 

Hemos traído ya á colación el pasaje de^ 
la relación de García en que cuenta su via- 
je al Rio de la Plata en tiempo de Caboto,^ 
en la que habla de un «hombre de los su- 
yos que dejó la otra vez que descubiió esta 
río, habrá quince años en una carabela que- 
se nos jierdió», palabras de queTix^lles to- 
mó pié para sostener que García había es- 
tado en el Río de la Plata en 1512, si bien, 
por la referencia á los quince años pasados, 
por la lecha en que esa Relación fué escri^^ 
la (1530) y cuando tand)ién sabemos que 
acompañó i\ Díaz de Solis, hemos debido- 
referii' ese viaje al mismo que hizo á las- 
órdenes del piloto niayor de España. Ha- 
bla tandjién de una carabela que se le per- 
dió, lo (pie indica, como lo observaba Tre- 
lles, que las que llevaba debían ser dos, 
por lo menos. Es cierto, asimismo, que re- 
suharía muy jactancioso de su parte, cuan- 



CON MAGALLANES 35 

cío habla do la «olía voz quo cícscubrí» 
que, á no habor ido él al mando do esas 
carabelas., no mencionase para nada al jefe 
de la expedición. El óbice serio que áestos 
datos puede oponerse es -el de la fecha á 
que refiere el viaje de descubrimiento, la 
cual, como resulla de sus mismas pala- 
bras, no pudo ser otra que la de 1515. En 
esta parte, podríamos, pues, prescindir en 
absoluto de su afirmación de atribuirse el 
mando en jefe de esa expedición, si no 
mediaran otros dos antecedentes que justi" 
ficarían el aserto de García, siempre que 
se suponga que hubo olvido de su parte ó 
que su relación adolece de error, en la for- 
ma en que ha llegado hasta nosotros, en 
cuanto á la feclia que se deduce de los 
quince años <á que i'ofiere ese viaje, lo que 
no tiene nada de extraño, cuando sabemos 
que efectivamente los hay, según lo proba- 
remos, en una parte tan capital como son 
los anos en se dice verificó sn viaje en 
tiempo de Caboto. 

Esos antecedentes, quoTrelles no cono- 
ció, indicarían, en realidad, que Diego Gar- 
cía había ido al Rio de la Plata como jefe de 



36 DIEGO GARCÍA 



una armacln de dos carabelas, pero no en 
1512 sino en 1521. 

^ En efeclo, en nn parecer dado poi' el 
Consejo de Indias al Emperador en 15 de 
Noviendjre de 1530 acei'CJi de lo rpie con- 
'^'enia se hiciese pai*a eslorhar cpie el Rey 
de Porlngal enviase al Rio de la l^lnta la 
expedición qne se preparaba alli y cnyo 
mando se había de coníiar á Maiiin Affon- 
so de Sonsa, de qne en España se habia 
tenido nolicia por las comnnicaciones del 
embajador Lope de Hnrlado. se lee: «Y co- 
mo aquel Rio de Solis y el de la Plata, 
qnes una cosa, fuese descnbierlo innchos 
anos ha en vida del licy Católico por capi- 
lán snyo Alonso fszcj de Solis, y despnés 
por el ca pilan Diego Garcia, y despiu'^s [)or 
el capilán Sebastián Caboto, y poi' el nn's- 
mo Diego Garcia con armadas de V. M.»'^ 
Como se ve, las palabras de los Conse- 
jeros de Indias se refieren manifiestnmente 
á dos viajes de Diego (Jarcia independien- 
tes del de Díaz de Solis. ^/'nándo Invo lu- 
gar ese primer viaje de Diego Garcia des- 



5. A.rchivo de Indias, 146-7 3i. 



CON MAGALLANES 3/ 



pues del (le Diaz de Solis? Los Consejeros 
no lo dicen. Y aqni debemos presentar el 
segundo anlecedcnle á que hacianios refe- 
rencia, (pie, si bien no es decisivo en cnan- 
to alude á García, deja en el ánimo la sos- 
pecha de que toca en realidad á. él. Es una 
carta del embajador español en Portugal, 
don Juan de Zúñiga, que dice asi: 

«S. C. C. M.— Yo escrebi .i Y. Miad, este 
invierno desde Monte Mayor que había 
llegado allí un liombre que venia de des- 
cubrir tieiM^a por la cosía del l^rasil, y que 
traía señales de habei* hallado inucho co- 
bre y alguna plata, y otras cosas; y que 
andaba con el Rey en demandas y res[)ues- 
tas pai'a que le pagase su trabajo, ayudán- 
dole pai'a que pudiese volver allá, h vista 
de lo que había descubierto; y escrebi. asi- 
mismo, que sabia que letraian en palabi'as, 
sin darle ninguna cosa; y que tenia sospe- 
cha que lo que éste había descubierto era 
cosa que peí tenecía á V. Mtad., pues, te- 
niendo éstos tanta necesidad de cobre y de 
otras cosas, no salían á, perseguirlo, que 
aquel los traía ya comenzado el... (roto) ú 
insistir en su demanda, para saber lo que 



38 DIEGO GARCÍA 



le podia nprovocliar, y siciiipi-e lin hallado 
palabras sin niiigiiii rruto. Parecióme que 
seria sei^vicio de V. Miad. sabeiTpie nave- 
gacióii liaoia hecho y qué hal)ia hallado 
alli; y asi para que mejor [nidiese yo infor- 
mar á V. j\Ilad. del caso, y él-, confiándose 
de mi palabra, aunque con grandes mie- 
dos, vino á mi posada, y asegui'ado de todo 
]o que le con venia, me infoi'mó de las co- 
sas siguienles, habrá xv dias. 

«Dice que agora li'es años, el Rey don 
Manuel le dio licencia que fuese á descu- 
brir por aquella costa, [)rometiéndole gran- 
des mercedes si hallase cobre y olidas cosas 
que él deseaba, y dice que se i\\6 derecho 
al Brasil con dos caral)elas, y que siguió 
la costa del dicho Brasil por el sud ueste 
setecientas leguas de donde ellos tonuui e^ 
brasil, y que halló á las ccc leguas, poco 
más ó menos, uueve hombres de los que 
fueron cou un Juan de Solis á descul)rir, y 
habló con ellos, y están casados alli, y qui- 
sieran que él se los iruxera, pero que él no 
osó por ser castellano, y porque él sabia 
que al Rey le liaUa pesado de lo que il)a á 
descubrir el dicho Juan de Solis, porque 



les pi'oinoíió que si Dios allí le loniasc, 
que los IraericK Dice que en la liei'ra que 
aquéllos eslan no hay cosa de provecho, y 
que siguió su costa oirás cccl leguas, que 
son las Dcc dichas, y que halló un lio de 
agua dulce, niai-avilloso, de anchura de 
calorce leguas, y que subió por el rio doce 
leguas y vio uHiy hermosos campos á to- 
das parios, y que surgió allí y tomó len- 
gua de la tierra, y fpie le dijeron que aquel 
rio no sabían de donde venia sino que era 
de muy lejos, y que más arriba hallarla 
otra gente, que eran sus enemigos, que te- 
nían de aquellas cosas que él les mostra- 
ba, que eran oro y plata y cobre, y se fue- 
ron con él, y subió por el rio en los bateles 
armados veinte y tres leguas, y que siem- 
pre lo halló todo iriejor y la fondura igual; 
dice que allí vinieron a él ciei'tos viejos y 
estuvo con ellos en grandes pláticas que 
se asegurasen... (ro/c) los otros, y que les 
rescató algunas cosas y le dieix^n pedazos 
de plata y de cobre y algunas venas de oro 
entre piodi'as, y que le dijei'on que toda 
aquella monlaña tenia nnicho de aquello, 
y que duraba, á lo que ellos señalaban, ccc 



40 



DItíGO garcía 



leguas; y que le dijeron que la piala no la 
tenían cu tanto como al cobre, habiendo 
mucíio cobre, porque no relucía tanto, y 
C[ue lo que señalaban del oi*o era lejos, que 
el agua lo debe ti'aer por un rio que viene 
á dar al través de aquel gi'ande y para en 
las piedi'as; trujo de todo eslo sus mues- 
tras. Dice que vio ovejas montcsas y mu- 
chos ciervos, y de aves ledas las que acá 
vemos en el cam[)o y iníinitos avestruces, 
las pet'dices muy grandes; dice que estan- 
te el pescado del i'io, que en echando la 
cuerda ó \va\ salía llena, y que comió y 
pescó muchos sollos mayores y mejoi'es 
que los de acá, y salmonetes y otros pes- 
cados en abundancia, y que salieron á 
vueltas dos lampreas; que estuvo allí dos ó 
Iresdías informándose detodocon el amis- 
tad que tomó con aquellos |)ri meros, y que 
después se juntaron n nichos con arcos y 
buenas flechas y que se embi-avecieron de 
sabei'que ti-aia allí aquellos que dije, y que 
le dijeron que se fuese, que él venia por 
hacelles algún engaño, y que tiró dos ó 
tres escoi)etas, y todos se pusieron por el 
suelo; y que otro día vio venir gran núme- 



CON MAGALLANES 



ro de canoas, y no osó esperar, porque no 
tenia consigo sino XV liombres, y que asi 
se volvió á sus carabelas. Dice que si esto 
que lia descubierto es de V. M. ó haceásii 
servicio, que él holgara de volver alli con 
la manera que V. M. fuere servido, y que 
cree que será cosa i^^^Y provechosa. 

«El querría, si V. M. se quisiese servir 
del, estar seguro de lo que acá podría per 
dei', que dice que son cincuenta mil mara- 
vedises cada año, que tiene en no sé que 
cosas, que ellos llaman regucngos, que te- 
me que se lo quiten, con olidas cosillas: á, 
mi parecióme que esto es cosa que tiene su 
tiempo y asi lo pj-omeli que lo escribirla á 
V; M., y que las res [)u es tas yo se las en-, 
viaria á su casa con ciertas señales que 
entre él y mi quedaron. Aviso dello á V. M. 
para que mande ver á los que saben aque- 
lla costa qué costa es, y vean si es servicio 
de V. M. tornar allá, y si no parece cosa 
provechosa, él haber perdido sus dos años 
y yo haber hecho lo que debo en avisar á 
V. M. de cualquiera cosa que se descubra, 
pues deseo que todo el mundo fuese suje- 
to á V. M. Nuestro Señor guarde y acre- 



4'J DtBGO GAKCIA 



ciento la vida y nniy poderoso eslado de 
V. ^í. [)oi' muchos años, como deseo. En 
Evora, xxvii de Julio de 1524.— D. V. C. M. 
húmil sei^vidor y criado que sus reales 
manos y pies besa. — Juan de Cúñiga.» -4 

!)€ los téi'rninos de la comunicación del 
Embajador español en Portugal se des- 
prende, pues, que «el hombre que venia 
de descubi'ir lierra por la costa del Bra- 
sil», habiii efectuado su viaje hacía ti-es 
anos, esto es, en 1521: que fué á esos pa- 
rajes con dos carabelas, y que á las tres- 
cientas leguas del lugar en que los |)ortu- 
gueses cpgian el brasil (Pcrnambuco) ha- 
lló á inieve hombres de los de la armada 
de Díaz de Solis, que estaban casados allí; 
y, por l]\\, que mía vez llegado al río, su- 
bió por él díX'e leguas aguas ai-iiba, y lue- 
go otras veintitrés en los bateles, acompa- 
ñado de quince marineros y de algunos de 
los indígenas j'ibereños. 

Zúñiga no expresa el nombre de ese ex- 
plorador, si bien dice que ei'a castellano, y 



4. Archivo de Simancas, legajo .X67 de Estado, y pu- 
blicada por nosotros en Juan 'Dijz d¿ Solis. 



COX MAGAI.I.AXl-S 



43 



no le iionibra, lalvcz porque aquél no dijera 
como se llamaba ó poiqne quería qne su 
empresa quedara ignorada en Es[)aria, á la 
cual en realidad traicionaba con ella; pei'o 
su calidad de casíellano, el que hubiese 
ido al mando de dos carabelas y el que 
traia «señales de liabei- hallado mucho co- 
bre y alguna plata)) parecen avenirse per- 
fectamente con las palabi'as de García que 
hemos ya dado á conocLM-; «y esta señal de 
plata que yo he traído». Así so e\[)lícaria 
también que los consejeros de Indias dije- 
sen que García había ido al Kio de la Pla- 
ta «después» que Díaz de Solís, y «des- 
pués» con Caboto. 

l^or todo esto se verá que, como lo ob- 
servábamos, no tiene nada de improbable 
ese segmido viaje de Diego García al Rio 
de la Plata en 1521; pero, en oposición á es- 
ta duda, ahí está el memorial de nuesti'a 
referencia, que no es [)0sible poi- las señas 
que contiene atribuir á otro Diego Gai'cía 
que no sea el de que venimos tratando; to- 
do ocasionado, como se ve, de la ii'rcsoiu- 
ble dilicultad que ofrece la sinomimia!... 

Hemos. [)ues, asi de tomar las cosas co- 



44 DIEGO GARCÍA 



iTjo se nos presenlaii y decir que Diego 
Garcia, si es realmente el de Moguer, se 
embarcó como marinero en la nao «Santia- 
go» de la armada de Magallanes. 

No es, por cierto, del caso referir en es- 
te lugar las incidencias del famoso viaje 
del inmortal portugués. Bástenos con de- 
cir que la «Santiago» era de setenta y cin- 
co toneles y que. tripulada portreinta hom- 
bres de capitán á paje y al mando dé Juan 
Serrano, salió con las demás de la arma- 
da desde Sevilla en la mañana del 10 de 
Agosto de 1519 y después de haberse dete- 
nido en Sanlúcar más de un mes, partía 
al fin en demanda de su viaje rumbo á las 
Canarias, siguiendo de allí para pasar en- 
tre Cabo Verde y sus islas, en dirección á 
la costa del Brasil, que marchando al sur 
se tuvo casi constantemente á la vista, 
hasta divisar el 10 de Enero de 1520 el ca- 
bo de Santa Maria y entrar en seguida al 
rio de Solis, que en parte se reconoció pa- 
ra cerciorarse de que por allí no estaba el 
Estrecho que se buscaba. El 31 de Marzo 
penetraba la armada al puerto que se llamó 
desde entonces do San Julián, v de don- 



CON MAGALLANES 45 

do (lospnclió Magallanes á la «Santiago» 
para que fnesc descnbriendo en dirección 
al sur. Alcanzó, en efecto, hasta el i'io San- 
ta Cruz, veinte leguas hacia el polo, y ai 
enfrentar el cabo de ese nombre, refiere 
Pigafetta, naufragó entre las rocas, aun- 
que la tripulación se «salvó como j)or mi- 
lagro. Dos marineros vinieron poi' tierra 
hasta el puerto en que nos hallábamos á 
darnos noticia del desastre, habiendo el 
comandante en jefe enviado en el acto al- 
gunos hombres con sacos de bizcocho. La 
tripulación se quedó durante dos meses 
en el sitio del naufragio pai'a recogerlos 
restos de la embarcación y las mercade- 
rias que el mar arrojaba sucesivamente á 
la playa; y durante este tiempo se les lle- 
vaban víveres, aunque la distancia era de 
cien millas y el camino muy incómodo y 
fatigoso á causa de las espinas y malezas, 
en medio de las cuales se pasaba la noche, 
sin poseer otra bebida que el hielo, que ha- 
bía que romper, y esto mismo no se hacia 
sin trabajo». 
No sabemos á cual de las otras naves 

4 



46 DIEGO garcía 



pasó García después de haber naufragado 
en Ja «Santiago», ni nos parece tampoco 
del caso seguir con el relato de las inci- 
dencias del viaje de Magallanes. Baste á 
nuestro propósito decir que Diego García 
fué uno de los sesenta tripulantes que sa- 
lieron de Ti do re el 21 de Diciembre de 
1521 en la «Victoria» y en la cual fué uno 
de los treinta 4 que llegaron en ella á San- 
lúcar de Barrameda el 6 de Septiembre 
de 1522, á los ires años menos catorce días 
de su salida del mismo puerto,-^ ade más 
eterna memoria dignos que aquellos que 
con Jasón navegaron á la isla de Coicos 
en demanda del vellocino de oro »^ «Sa- 
lieron en Sevilla, dice Herrera, en pi^oce- 
sión, descalzos y en camisa, con sendas 
velas en las manos, á dar gracias á Dios 
que los había vuelto á salvamento de tan 
largo viaje.» 

4. Herrera. 'Désad-J III, libro IV, cap. IV, pag-. ii6, 
col. 2. Con el testimonio de este cronista se comprue- 
ba, pues, lo mismo que consta del documento que in- 
sertamos más atrás. 

5. Fernández de Navarrete, obra citada, pág. LXIX. 

6. Fernández de Oviedo, Historia de las Iftdias, par- 
te II, libro II, cap. I. 



sus SOCIOS 

Garcii se translaJa ¿i la Corte.— Sus peticiones son de- 
satendidas.— Nuevo memorial que presenta. al Con- 
sejo de Indias, que también queda sin providen» 
cia. — Husca socios y armadores para la empresa 
que proyecta al Rio de la Plata. — El conde don 
Hernando de Andrade.— Cristóbal de Haro.— Algu- 
nas noticias suyas,— Disquisición acerca de sus 
negocios en Flandes, y examen del alcance y sig- 
nificado de un célebre folleto alemán que á él ata- 
ñe, según se cree (nota). 




í. transcribir el memorial á que alu- 
dimos más atrás' decíamos que su fe- 
cha debía ser posterior á 1522 y aiiteiior á 
1525. En uno de esos años intei*medios fué, 
pues, cuando García se presentó en perso- 
na en la corte, quizás esperanzado en con- 
seguir de ese modo el auxilio que, co- 

I. Vide supra, págindi \8. 



48 dil:go garcía 



mo ex[)i'es<abn, muchas veces liabia supli- 
cado sin éxito. 

Agregaba, según se recordará, que en- 
tonces habla ido, además, «á entender en 
cosas del real servicio. w 

La suerte, ó la voluntad de los conseje- 
ros do Indias, tampoco le fué favorable esa 
vez, tanto, que ni siquiera logró que á sus 
peticiones se pusiese providencia algu na. ^ 

¿Cuáles eran ésas? García no las decla- 
ba, pero hay antecedentes bastantes para 
establecerlas, y es oti^o memorial suyo, 
sin fecha también, pero que debe corres- 
ponder á los mismos días de ese que de- 
jamos recordado. 

García, queenéi seguía titulándose «ca- 
pitán é piloto de Sus Majestades, » decía que 
se obligaba á buscar quien le armase las 
carabelas que fuesen menester para ir á 
descubrir el Mar del Sur, pasando por el 
Estrecho de Magallanes y siguiendo la 
costa del continente hacia el Norte, esto es, 
á lo menos el actual litoral de Chile, en 

2. «E no se le ha i-espondido á su petición», decía en 
su seg-undo memorial, que insertamos bajo el núme- 
ro II de los Documentos. 



sus soGius 49 



una extensión dü cuatrocientas leguas y de 
cincuenta de ancho, este oeste. Para inte- 
resar á los consejeros en su proyecto, re- 
cordaba en su escrito que bien sabían có- 
mo habla traído de su viaje anterior al Rio 
de Solis muestras de plata, que debían 
proceder de la región que se prolongaba ha- 
cia el sur, según se lo había indicado el 
indio de quien las obtuvo. «Yo sé bien de 
Ja parte que lo hubo, declaraba, y estoy 
bien informado para en su tiempo é lu- 
gar.» Reforzaba aún su petición declaran- 
do, no sin cierta jactancia, que conocía 
ios secretos de aquella navegación, y que 
creía que no había hombi'C en España que 
osase acometer semejante empi'csa. 

Como compensación soliciíaba que la tie- 
rra que descubriese la pudiese «tener é na- 
vegar é gozar por tiempo de ocho años,» 
á contar' desde el día en que su [iroyectada 
expedición partiese de España, con exclu- 
sión de cualquiera otra persona. A|)enas 
necesitamos decir que García debía ir en 
persona «como cai)itán é piloto» con [)i'0- 
visión del Em[)erador para efectuar su 
descubi'i miento. 



5o DIEGO garcía 



Otros particulares contenía su propues- 
ta relativos á concesión de permisos para 
ir á la tierra que se hallase, caso que re- 
sultase «muy buena», y al régimen de 
los realesd erechos, que para nosotros re- 
visten muy [)Oca importancia. 

García terminaba |)or declarar que toma- 
ría incontinente la empresa á su cargo si 
se aceptaban sus pro[)Osiciones. Xo existe 
en los documentos antecedente alguno que 
nos permita determinar la providencia que 
al Consejo mereciera la proposición de 
García. Probablemente, como había acon- 
tecido con sus memoriales, no se prestó la 
menor atención á aquel intento de descu- 
brir una región, que sólo vino á explorarse, 
muy superficialmente, por cierto, largos 
años después. Es posible asimismo que 
los consejeros se sintiesen poco dispues- 
tos á confiar tamaña empresa á un hom- 
bre sin recursos y sin prestigio, al menos 
por la posisión que ocupaba. Quizás era 
buen marinero, pero su falta de relaciones 
con gente que pudiera concurrir con sus 
dineros á la empresa, hicieron mirar su 



sus SOCIOS 5 1 



propuesta como meramente ilusoria. Algo 
de esto deja sospechar lo que vamos á ver. 

No parece, sin embargo, que García se 
desanimase por el poco éxito de su tenta- 
tiva ante el Consejo. Dirigiendo sus miras 
á una región que ya conocía y de donde 
había llevado á España las muestras de mí3- 
tales de que do tiempo atrás venia hacien- 
do tanto caudal, consideró factible encon- 
trar los socios capitalistas que necesitaba 
■y sin cuyo apoyo no podía ser atendido 
por el Consejo, intentando preparar una 
expedición, no ya para las regiones incóg- 
nitas qne preterid ia. descubi'ir y colonizar, 
sino para otras donde el éxito fnese menos 
dndoso. 

Cambiando, pues, de objetivo dirigió 
sus miras á las mái'genes del Plata; y co- 
mo acababa de sucederle qne con sólo sus 
palabras y [)ersona no podían encontrar 
resultado ante el Consejo sns propuestas, 
preocupóse desde luego de buscar los so- 
cios y armadores que necesitaba parar ser 
escuchado en la coi*te. 

Hallólos al íin en Alonso de Salamanca 
y Rny Basante, que probablemente eran 



52 DIEGO GARCIA 



mercaderes sevillanos fie segundo orden, y 
en dos personajes de gi-an suposición en 
su tiempo y uno de ellos muy conocido en 
la corte por su actuación espectable en la 
armada de Magallanes: eran, el primero, 
el conde don Hernando de Andrade, y el 
segundo, Cristóbal de Haro. 

Fué el primero asisteníe de Sevilla al- 
gunos años y á titulo de tai lo i'ecuerda 
Ortiz de Zúfnga, llamándole «personaje de 
los más esliniados de aquel siglo.» •"' 

Cristóbal de Haro era, al parecer, origi- 
nario de Burgos, y junto con otros dos de 
su mismo apellido, sin duda sus lierma- 

3. Anales de Sevilla, página 492 de la primei-a edi- 
ción. El pasaje integro es como sigue; «i53o. Padeció 
Sevilla este año mucha molestia de temporales y vien- 
tos recios que maltrataron muchos edificios, siendo 
su asistente don Fernando de Andrade, conde de 
Villalba, personaje de los mcis estimados de su siglo». 

Mi amigo don Manuel Chaves, que tan á fondo conoce 
la historia de Sevilla, me comunica que no ha podido 
cncontrai- m¿is datos del Conde que ios siguientes: 

«14. Don Fernando de Andrada, conde de \'illalba. 
Catálogo de l^s Asistentes, desde 1478 á 1704, etc. 
Colección del Conde del Águila, tomo IV, leti-a A. 
T que tenia tambiéii. el mismo cargo en i^X^. Id., 
tomo V, letra A». 



sus SOCIOS - 53 



nos, 4 se .ijabian eslablociclo como comer- 
ciantes en Amberes en fines del siglo XV 
ó principios del XVI, y despnós de mu- 
chos años de residencia alli, Cristóbal 
(y no sabemos si los demás) se trasladó á 
Lisboa para emprender el comercio con la 
India, despachando á su costa, entreoirás, 
según parece, una gruesa ai'mada en 1517, 
que á pesar de haberlo sido con autoriza- 
ción i'eal, los jii^rtugucses de aquellas i'e- 
giones le echaron á fondo siete navios, 
estimados en IG mil ducados. - 

4. En un e-aracto di carta di la CiuJad de x\m- 
beres al Rey de Poitugal, hecho por don Juan Bautista 
Muñoz, que cita Navairete t. IV, pp, i.xxiv y i55, se 
lee: ((Cristóbal de Ilaro, con otros dos Ilaios, quiz¿i her- 
manos...» La afirmativa se corrobora cuando sabemos 
que uno de los hijos de Cristóbal se llamaba Dieg-o, el 
mismo nombrequeíenia un hermano de Cristóbal. Otro 
Juan de Ilaro parejo que eia hijo suyo también, y 
Lesmes de Haro, su sobriiKK Véanse las declaraciones 
que éstos prestaron en i5_i3 en el pleito seg-uido por 
los Fúcaies con Carlos V y que publicamos en las pp. 
35o y sig-uientes del i(»mo II de nuestros Documentos 
inéditos. 

5. Esto último hecho cons'a del citado extracto de 
Muñoz. 

Lo demás de este pán-afo nuestio necesita de justifi- 
cativos. 

La latitud que damos á la fecha del establecimiento 
de Haru en Flandes procede deque en la pregunta 



54 DIEGO garcía 



Sea por esta circunstancia ó [)orqne cre- 
yera que en España se le ofrecía un campo 

quinta del interrog-atorio que aquél presentó en el plei- 
to que hubo de seüuir-en iS.'Sy con Garlos V con moti- 
vo de las cantidades con que habia contribuido para 
las armadas de Magallanes y Loaisa y que puede ver- 
se en las pp. -jiv-'-xj-j del tc^no II de nuestra citada Co- 
lección de -I) ¡cumentoís, decia que era mercader «de 
treinta ó cuarenta años ¿i esta parte en negocios muy 
g-ruesos, en España, Flandes y Portugal.» Id., p. 22.3. 
Si tomamos conn) fecha inicial de sus operaciones mer- 
cantiles la de 3o años atiás >esto decía en i537) seria la 
de i5o7; y si la de 40, la de 1407- 

Como piueba de sus operaciones mercantiles en Am- 
beres, podem(.s recordar el i;ech'.> de que en unión con 
oti'os armadores, fué ¿1 quien despach(S de alli las na- 
ves que recorrieion la esta del lírasil, en una fecha 
anterior sin duda á i5i5, y que entonces descubrieron, 
según se dice, el Esti-echo de Magallanes. Véase á Ha- 
rrisse, Discovery of Xorlh Americj, p. 485. 

Vale la pena de que al liablar de este interesantí- 
simo punto de los descubiimientos maiiiimos en la 
América del Sur, demos á conocer en su texto integi^o la 
disquisici()n que le dedica Harrisse. la primei'a autori- 
dad en estas matei'ias, porque algo nuevo tenemos no- 
sotros que agregar al respecto. 

Habla el insigne americanista de los trabajos carto- 
gráficos de Schoner, tomando por base su Globo te- 
rrestre de i52o, en el que aparece dibujado un estrecho 
al sur del continente, respecto al cual, dice, es necesa- 
rio llamar la atención hacia la Copia der newefi Zei- 
tung auss Pi-esillg Landl, (cuya primera edición se 
hizo en Augsburg, sin año de impresión,) que contiene 
este curioso dictado: 
.«Sabed también que en el día doce del mes de C^ctu- 



sus sccios 55 



más adecuado para sus empresas mercan- 



bre, una nave del Brasil ha lleg-adf) aqui, por falta de 
pi-ovisiones.» 

Y coinentando este párrafo, añade HaiTisse que des- 
f^raciadamente se ha omitido la expresión del año, sin 
que sea posible indicar alguno que permita suplirlo, y 
el nombre del puerto i\ que arribó esa nave, que Hum- 
boldt, (l'Jxamen critique, t. V, p. 240.) creía que debia 
ser Lisboa. 

«La nave, continúa la Copia, había sido armada por 
Nono (Nuñ(~)) y Cristóbal de Ilaro, asociados cun otros 
comei-ciantes.» 

Esta referencia á Cristóbal de Haro, expi^esa todavía 
Harrisse, habría podido servirnc^s para deteiminar ese 
año si supiésemos cuando inició sus ne;Líócios mercan- 
cantiles en Lisboa, peio todo lo que al respecto se sabe 
es que después de haber residido en aquella ciudad se 
ti^ansladó á España en i5i9, suponiéndose que debió ha- 
ber obtenido permiso paia enviar buques al Brasil an- 
es de establecerse en Lisboa, y si. como opinaba Hum- 
boldt, esie fué el pueito á que esa nave recaló, su des- 
tino debió haber sido Amberes, donde los liaros esta- 
ban i-adicados. 

«Dos de esas naves, si^'-ue en la Cojfía, — expresión que 
indica que es sólo extracto de un documento más exten- 
so no descubieito hasta ahora, obseiva Haiiisse— esta- 
ban de.slinadas á explorar y descubiir la lierra del 
Brasil, con pei-miso del Rey de Portugal. En realidad 
han dadt) una descripción de una extensión de costas 
de seiscientas á setecientas leguas, respecto á las cua- 
les nada se sabía anteriormente. 

«Alcanzaron hasia el cabo de Buena Esperanza, que 
es un punto que se avanza sobre el Océano, muy pa- 
recido á Nort Assril (^la punta de África:-) y aún un 
grado más allá. 



56 DIEGO garcía 



tiles, se transladó poco después á Burgos, 

aCu.indo lleg-aron a la altura de catorce grados, ha- 
llaron el Brasil, que tenía una punta que se avanzaba 
hacia el Océano. 

«Hicieron vela alrededor de este punto y llegaron á 
persuadirse que el país se extendía, con el sur de Euro- 
pa, enteramente de éste á oeste. 

«Después de haber navegado más de sesenta leguas 
alrededor del cabo, volvieron á ver de nuevo el Conti- 
nente del otr(j lado, y enderezaron su rumbo hacia el 
noroeste. Pero el tiempo tormentoso les impidió de 
avanzar en ese sentido. Llevados por la tramontana ó 
viento noite, volvieron sobie sus pasos y regresaron á 
la tierra del Brasil.» 

«Hemos transcrito los párrafos anteriores, concluye 
Harrisse. principalmente ¿i causa de que constituyen 
la base de la opinión sustentada poralgunos autores 
de que el gran pasaje austral era conocido y había sido 
cruzado antes que Magallanes descubriese el Estrecho 
que lleva su nombre. Esa descripción debe haber su- 
g-erido á Schóner el que adoptase, ya en una fecha tan 
remota como i5ir, la figura piramidal que atribuyó al 
■extrep.TO de la América del Sur. 

«El Doctor Wieser (\Magallanes Strasse. p. loo, no- 
ta 2) en su valitisísima disquisición acerca de este im- 
portante punto de la historia de los descubrimientos 
marítimos, ha mostrado por numerosos extractos de la 
Loculentissima descriptio y de la Copia der Newen 
Zeitiing que Schóner leyó y fué influenciado por el 
folleto alemán. Pero había sin duda otras razones para 
dibujar el estreche^ como, por ejemplo, la que i priori 
se deducía de la creencia de que el Nuevo Mundo esta- 
ba separado del Antiguo por el üceanus Orientaiis y la 
consecuencia cartogrática que de ahí se derivaba... Lo 
qtie es indudable, sin embargo, es que Schóner, guiando- 



sus SOCIOS 3 



donde se le halla «conio vecino ó mercader» 



se por la Copia, llamó al erróneamente Continente Aus- 
tral Brasile Reí,^io: que repitieron, echiíndolos á perder, 
tantos mapas del siglo XVI. w 

Hemos querido transcribir á la letra los anteriores 
pái'i-afos para que se vea loque hasta ahoi'a la erudi- 
ción y la crítica han logrado penetral" acerca del viaje 
de esa expedici('>n despachada por Cristóbal de Haro á 
la costa del Brasil. 

He aquí ahora una real cédula que nosotros hemos 
logrado descubrir en los Archivos españoles, que ser- 
virá para aclarai- muchos de los particulares respecto 
de esa expedición. 

El Rey.— Licenciado Rodrigo de Figueroa, nuestro 
juez de residencia de la Isla Española. Por parle de 
Cristóbal de Haro, vecino de la cibdad de Burgos, me 
ha sido fecha relación que puede haber seis años, poco 
m¿is ó menos, questando él en Lisboa, armó una cara- 
bela de mercaderías de i'escate para la tierra del Biasil, 
que diz que es en la demarcación del Sereníssimo Rey 
de Poi'togal, la cual dicha cai'abela diz que con vientos 
conti'arios arrib(') a la Isla Española é por necesidad 
surgió alli, á donde diz que fueron presos la gente 
que en ella venia, é los nuestros Oficiales les tomaron 
la carabela é esclav(~>s é mercaderías que traía é los 
tienen en sí, é que á las personas que en la dicha 
carabela tomaron, diz que los enviaron presos á los 
Oficiales de la Contratación de las Indias, que residen 
en la cibdad de Sevilla, para que ellos determinasen 
sus culpas é hiciesen justicia, l(\s cuales, vista su 
información, diz que los soltaron é dieron por libres, 
é la dicha carabela é mercaderías é esclavos, se está 
todavía en poder de los dichos Oficiales, é me fué 
suplicado é pedido por mei'ced que pues las personas 
de los que iban en la dicha carabela habían seido 



58 DIEGO garcía 



en principios de Abril de 1519. Luego fué 

dados por libres, les mandase tornar é restituir todo 
lo que así se les tomó, ó el valor dello, ó como la mi 
merced fuese: lo cual visto por los del mi Consejo 
que entienden en las cosas de his Indias, fué acoida- 
do que debía mandar dar esta mi cédula para vos en 
la dicha razón, é yo tóvelo por bien; por ende, yo vos 
mando que lueg-o veades lo susodicho é vos informéis 
qué mercaderias é esclavos é cosas fueron tomadas á 
los dichos portug-ueses, é en cuyo poder están, é lla- 
madas é oídas las partes, hag-ades é administredes 
entero cumplimiento de justicia, por manera quel 
dicho Ciistóbal de Haro no reciba agravien de que 
tenga razón de se quejar; é non fag-ades ende al, 
siendo tomada la razón desta mi cédula en la Gasa 
de la Contratación de las Indias de la cibJad de Se- 
villa por los nuestros Oficiales que en ella residen. 
Fecha en Barcelona, á xkIx de Marzo de í5i9 años.- - 
Yo Er, Rky. — Refrendada del secretario Cobos. Seña- 
lada del Chanciller é Obispe cié líui'gos é Don García 
Zapata.— 'Archivo de Indias, 139-1-6, libro VIII, fol. 47). 

Como se ve, se trata desde luegro de una sola cara- 
bela, armada y despachada por Cristóbal de HarQ, 
«podía haber seis años, poco más ó menos», en Marzo 
de iri9, esto es, por consiguiente, hacia el mismo 
mes de i5i6. Esa carabela llevaba per objetivo resca- 
tar ó contratar en la tierra del Brasil, y por tiempos 
contrarios hubo de arribar á la Isla Española, donde 
sus tripulantes fueron presos y enviados con la nave 
á Sevilla. Este puerto ha debido ser, pues, aquél á 
que, según la Copia, llegó la carabela. 

Por oti-a real cédula de 17 de Julio de i5i6, se man- 
dó á los Oficiales de la Gasa de la Contratación que 
á los poitug-ueses que tenían presos y que habían 
sido enviadc.íS de la Isla Española, «porque diz que 



sus SOCIOS 59 



distinguido en su ciudad natal con el cargo 



entraron en los limites de Castilla,» que les diesen lo 
que hubiesen menester para su mantenimiento, y que 
porque su causa no estaba terminada «que los tengáis 
presos y les deis de comer». 

Si la fecha de i5i6, indicada por Haro relativa á la 
partida de su carabela, es exacta, tendi-emos asi que 
ya en 17 de Julio de ese año no sólc) habia terminado 
su via]e de exploración, sino también arribado á la 
Española y enviada de allí á Sevilla. r|Qué tiempo, 
pudo, pues, así gastar en su exploración? — A lo que 
se añade que de los téiminos de la real cédula de 29 
de Marzo de i5i9 se despiende que la Cdrabela ni 
siquiera alcanzó á llegar á su destino; pero, dand') aún 
por sentado que asi fuase, no ha tenido tiempo, ma- 
terialmente, desde Marzo á Julio de iri6, para i'ealizar 
el viaje á que alude la Copia. 

Quedan, sobi'e este particular, por esclaiecer aún 
otros puntos, cuyos antecedentes es necesario conocer- 
De las tres reales cédulas que hemos publicado en 
las pp. cccvii y siguientes de />/a;^ de Solis, aparece 
que en la isla de San Juan habían sido apresados en 
i5i4 once portugueses que allí aportaron en una cai'a- 
bela, los cuales fueron mandados llevar á Sevilla por 
real (->i-den en Febreix) del año siguiente. Ahora bien: 
<es()S portugueses a que se referia la real cédula de 17 
de Julio de i5i6 eran los mismos apresados en i5i4> 
Si eran, es claro que no pertenecían á la carabela de 
Cristóbal de Haro, la cual según él, habia sido despa- 
chada desde Lisboa en i5[6; salvo que Haro hubiese 
indicado mal la fecha de la paitida de la nave armada 
por él; y si no eran, indudablemente pertenecían á 
otra expedición diversa de la equipada por Haro. 

Es difícil suponer siquiera que en tan breve espacio 
de tiempo, es decir de i5i4 á i'^iG, dos carabelas. 



6o DIEGO garcía 



do refí:i<lor, «siendo eslimado v leiiido, i)or 



poftug-Liesa?; ambas, hubiesen ido á parar al mismo 
punto por tiempos contrarios y que los tripulantes de 
los dos hubiesen sido apresados en San Juan, proce- 
sados en la Isla Española y remitidos en seguida á 
Sevilla. Por esto nos inclinamos á creer, ó que Haro 
dio una relación equivocada— voluntaria ó involunta- 
riamente—de la fecha de la partida de Lisboa de su 
carabela ai'mada al Brasil, ó que en la real cédula de 
que consta, en el hecho se le hubiese comprendido 
mal ó extractado equivocadamente su memor'al. 

Hasta aquí hemos visto que sólo se hace mención 
en los documentos españoles de una sola carabela de 
Hai'o, ya sea que la sup(tng-amos partida en 1^14 ó en 
i5if). ^Gómo es, entonces, nos preguntamos que en !a 
Copia se habla de dos carabelas? ^Habrían sido, se- 
g-ún eso, dos las expediciones armadas por Haro? <¿0 
habiendo despachado dos carabelas, una de ellas fué 
la que aportó ¿i la Isla Española? Los términos de la 
real cédula de 29 de Maiv.o de 1519 nos permiten de- 
sechar en absoluto esta última hipótesis, pues Hato 
habla, según ella, de que armó sólo una carabela; y 
menos de dos expediciones. 

^A cuáles carabelas, pues, se referia la Copia? A 
nuestro entender, á las dos que llegaron á Sevilla en 
los primeros d las de Septiembre de i5i 5, conducidas por 
los compañei'os de Diaz de Solís. Todo contribuye, en 
efecto, á presentar eso como lo más probable: el viaje 
que habían hecho, su estada, al regresai-, en la costa 
del Brasil, una multitud de circunstancias, en fin, que 
se deducen del cotejo de la relación que del viaie da 
la Copia con lo que sabemr)S que sucedió á las dos 
carabelas de Díaz de Solis. Ls cierto que esta hipóte- 
sis no se aviene con la aserción de que las carabelas 
fueron armadas por Cristóbal de Haro, pero tampoco 



sus SOCIOS 



persona muy honrada é de negocios é de 
mucha calidad.» «Ha conocido, afirma o- 

)o es menos que, como lo hemos visto, el propio ase- 
gura que sólo armó una, la cual, por lo demás, no 
llegó siquiera á hacer su viaje al punto á que iba 
destinada. Entre que la Copia se refiera ¿i la carabela 
de Haro ó á las de Diaz de Solis, ya que ambas hipó- 
tesis ofrecen puntos diííles de conciliar con la verdad 
de los hechos, son menos los que se presentan al 
atribuir la relación de la Copia á la expedición de 
Diaz de Solis. 

Podemos formular todavía una tercera hipótesis que 
viene ¿i salvar todas las dificultades, si no estamos 
pai-alojizados, y es la de que la Cop¿a comprende tanto 
lo relativo ala carabela de Haro como á las de Díaz 
de S0IÍS. Y pues en ella se ha creído notar un vacio,' 
suponiéndola, por eso, extracto de un documento más 
vasto, resultaría, seg-ún nuestra hipótesis, que en la 
primera parte de la Copia se trata de la carabela de 
Har».) y en la segunda, cucindo entra á hablar de dos, 
de las de Díaz de Solis. Así. todo se conciliaria: el 
año, desde luego, en que todas esas carabelas llega- 
ron á Sevilla, que fué, en efecto, el de i5i6; la recala- 
da de la de Haro; y las exploraciones hechas por las 
de Díaz de Solis. Resultaría también así que en la 
Copia no hay vacío alguno, sino que en ella, después 
de una materia, se trata de otra similar, formando el 
todo un conjunto perfectamente conciliable con su 
objeto, cual era el de dar en Alemania noticia de las 
últimas expediciones marítimas realizadas por los 
españoles. 

Para concluir con esto de los portugueses presos en 
la Isla Española, añadiremos todavía que el hecho se 
'5 



DIEGO garcía 



tro testigo, al dicho Cristóbal de Haro des- 
de el tiempo [de veinte años) que tiene de- 



repitió años más tarde. A titulo de ilustración ¿\ este 
tema de las relaciones hispano-portuguesas en Amé- 
rica daremos á conocer aqui la sig-uiente real cédula: 

La Reina.— Nuestros Oficiales que residís en la cib- 
dad de Sevilla, en la Casa de la Contratación de las 
Indias. Bien sabéis como en una carta que os mandé 
escrebir en once de Mayo desie presente año, hay un 
capitulo del tenor sigruiente: en lo que toca á los portu- 
gueses, que decis que os enviaron presos el nuestro 
presidente é oidores de la Isla Española, que diz que 
iban en compañía de cierta armada que s51ió de Por- 
tugal para el río de Marañón, hazme desplacido que 
el presidente é oidores los hayan tratado así, porque 
no parece que ellos hayan delinquido; por ende, luego 
que ésta recibáis, les haced soltar y les dejad libres, 
con todos los bienes é hacienda que tuvieren, para 
que se vayan donde quisiesen, y les tratad bien; por 
ende, yo vos mando que, si cuando ésta recibiéredes, 
no hobierdes hecho y cumplido lo en el dicho capitulo 
suso encorporado contenido, lo hagáis é cumpláis 
luego, sin poner en ello dilación alguna; é no fagades 
ende al. Fecha en la villa de Valladolid, á diez y ocho 
días del mes de Junio de mili é quinientos é treinta é 
seis años. — Yo la Reina.— Refrendada de Samano y 
señalada del Cardenal.— (Archivo de Indias, 143-2-3, 
libro IV, folio 56). 

En cuanto á que estando en Portugal, despachara 
armadas para las Indias, fuera del dato recordado por 
Muñoz y Navarrete, tenemos su propia afirmación en 
el pleito á que hemos hecho referencia. .Medina, Docu- 
mentos, I II, p. 246. 



sus SOCIOS 63 



clarado, por persona suficiente é hábil en 
el trato de la mar.» ^ 

' Fué Cristóbal de Haro en realidad uno 
de los verdaderos promotores del viaje de 
Magallanes. «Estos, decía en su tiempo 
Maximiliano Transilvano, Fernando de 
Magallanes, capitán, y Cristóbal de Haro, 
mercader, se vinieron á la corte de nues- 
tro Emperador y Rey de España, determi- 
nados para demostrar á S. M. segund lo 
que ellos alcanzaban, y para le decir y 
hacer saber y dar aviso que Malaca se 
creía estar en los términos de la partición 



6. La fecha de la lleg-ada de Haro á Burgíjs se esta- 
blece por la real cédula de 6 de ese mes y ano, publi- 
cada por nosotros, Docximenlus, t. 11, p. 2ig. 

Utilizando un pasaje de carta escrita desde Sevilla 
por Sebastián Alvarezal Rey de Portugal en i8 de Ju- 
lio de i5i9, en que dice: «Acaban de llegar juntos á 
ésta Cristóbal de Haro y Juan de Cartagena» (Navarre- 
te, t. IV, p. i53) Harrisse lia deducido que esa fecha 
debe referirse á la pasada de Haro desde Portugal á 
España. En realidad, ¿itañe á la que Haro hizo des- 
de Burgos á aquella ciudad. La real cédula de iq do 
Abril recíMdada por nosotros no deja lugar á suponer 
otra cosa. 

El concepto que merecía la persona de Haro aparece 
de las declaraciones de Nicokis Bezain y Andrea Vellu- 
ti en el pleito citado. Medina, DocumenLos, II, p. 'ni.. 



64 DIEGO GARCI4 



de Castilla». 7 Y tanto tenia Haro por cosa 
muy averiguada y cierta lo que decía, para 
valemos de las expresiones de Transilva- 
no, que contribuyó con dos mil ducados 
para los gastos de la armada cuyo despa- 
cho aconsejaba al Emperador.^ 

Sin duda en vista de la calidad de su 
persona, de su fortuna, y de la participa- 
ción moral y material que le había cabido 
en la armada de Magallanes, luego de 
haber regresado la nave Victoria á Espa- 
ña, Carlos V creó la Casa de la Contrata- 
ción de la Especería en xJa Corufia, en 
1522, y le nombró como factor de ella. 9 

Cuando en 1525 se despachó la armada 
de Loaisa, Haro contribuyó para ella con 
casi otra tanta cantidad como la que puso 



7. Navarrete, t. IV, p. 254. 

8. Alvarez en su carta habla de cuatro mil ducados, 
ó sea la quinta parte del costo de la armada. Lug-. cit., 
p. i53. 

La sentencia recaída en el pleito de Haro con el 
Fiscal limita esa suma á la que dejamos consignada 
en el texto. h\Qá\na., Dociimetitos, II, p. 292. 

q. Herrera, Historia general, década III, libro IV, 
cap. XIV. 



sus SOCIOS 65 



en la de Magallanes. '^^ Y aún tenia licen- 
cia, según expresaba, opara poner en 
otras cuatro armadas queansimesnio pro- 
metió de hacer, otras tantas quentias de 
maravedís en cada una de ellas». '• Una 
de ellas fué la de Diego García, de que 
estamos ocupándonos. '^ 

lo. La suma exacta fué de 1. 190. 184 maravedís. Inte- 
rrog-atorio del pleito citado. Medina, Documentos, II, 
p. 222. 

I I. Id., id., p. 223. 

12. La armada de L<"aisa partió de la Gí)ruña «\ispe- 
ra de Saniiaí^o del aiío de 1525». Relación de Arei^a- 
ga, en Medina, Documentos, III, p. 36. Como va á 
verse, apenas transcurridos cuatro meses, Haro se con- 
certaba con García y sus asociados para la expedición 
al Río de la Plata. 

Para terminar con lo relativo á tan curioso personaje, 
debemos decir que su actividad era tanta, que en i538, 
se le ve ya en Valladolid, ya en lUirg-os. Debe haber 
muerto antes del 11 de Octubre de i543, pues por 
esos días, su hijo Diego le llama «dilunto» en la deela- 
ción que prestó en el pleito de los Fúcares con el Fis- 
co. Medina, Documentos, t. II, p. 35(). Lesmes de Haro 
en el mismo proceso dice qw. «oyó decir lo contenido 
á Cristóbal de Haro, su tío, quesea en gloria». Id., 
p. 352. 



VI 

LA CAPITULACIÓN 



Licencia para el viaje proyectado.— Cálculo del costo 
de la armada.— Naves que la compondrían.— Cláu- 
sulas del contrato que atañen á Garcia.— Garlos V 
préstale su aprobación.— Doble carácter en que 
figura Cristóbal de Haro. — La capitulación real.— 
Examen de alg-unas de sus estipulaciones.— Curio- 
so anomalía que reviste.— Contradicción en que 
aparentemente se halla con la Relación de; Garcia. 
— Instrucciones que á éste se le dieron. " 

A que conocemos los socios' del ma- 
rino de Aíoguer. veamos las condi- 
ciones en que establecieron su participa- 
ción en la empresa. 

Fué la priiuera obtener de la corte la 
licencia que necesitaba García, base de la 
expedición y que hasta entonces había 

I. Parece que entre éstos debiéramos también con- 
tar á Pendro de Morales, cuyo nombre no aparece en 
el encabezamiento del contrato, pero que al fin de él 
figura obligándose como los demás. 




68 ' / ' ' "diego garcía 



sido el escollo que aquél no había podido 
vencer, permiso que obtendrían «con las 
condiciones más aventajadas que se pu- 
diesen haber en beneficio de la dicha ar- 
mazón». 

Estimaban el costo de ésta en 1800 duca- 
dos, más. ó menos, los cuales debían apor- 
tar los socios «á los tiempos que fuese 
menester», y en la cuantía establecida en 
la escritura que sobre el particular estaba 
extendida, pero que no conocemos. Consta 
si, que García por su parte y Rodrigo 
Arias, que había de ir por piloto, |)or la 
suya, debían contribuir con cien ducados 
cada uno. 

En el hecho, sin embargo, y á estarnos 
á lo que más tarde García aseveraba al 
Emperador, él había sido el que más con- 
tribuyera para los costos de la expedición, 
«poniendo él solo, según decía, más costa 
y gasto en la dicha armada que los dichos 
conde don Fernando é Cristóbal de Fíaro, 
principales armadores», pues había apor- 
tado 450 ducados en bastimentos, 600 en 
dar de comer á la gente y 450 en el pago 



LA CAPITULACIÓN 69 

de los sueldos de ésta, ósea, 1200 ducados 
en todo. 2 

Las naves que compondrían la expedi- 
ción serian una carabela de hasta cincuen- 
ta ó cien toneles, un pataje de veinticinco 
ó treinta, y las piezas labradas para una 
fusta ó bergantín de remos, que se armaría 
donde tuviera García por conveniente. 
Todas las naves irían aderezadas y arma- 
das y bastecidas para cuarenta personas. 

Por supuesto que se declaraba que Gar- 
cía debía tener el mando en jefe. Sacado 
el costo de la armada y los derechos que 
correspondían á S. M., se le daría el déci- 
mo de todo, á la vuelta, después de la des- 
carga, sin otra ventaja alguna. 

García y Rodrigo Arias se comprometie- 
ron á reclutar la gente de mar que forma- 
ría la tripulación, «al partido que estaba 
asentado». Nadie, incluso el capitán Gar- 
cía, podría llevar cosa alguna de res- 
cate sin consentimiento de los armadores, 
y si lo obtuviesen, en tal caso no podrían 
proceder á rescatar sino después de reali- 

2. Véase el documento íntegro bajo el número XII. 



yo Df¿GO garcía 



zarlas las me rea derlas de los asociados. 

Se les prohibía á todos que pudiesen 
llevar esclavos, excepto ios que tenían 
facultad para ello de pai'te de los armado- 
ros, pero siempre seria en beneficio de 
éstos. 

Como García para eiUender en los apres- 
tos debía abandonar su casa de Moguer y 
permanecer en la Corufia, lugar donde se 
celebraba el conciei'to y desde donde debía 
partir la armada, se le socorrería á titulo 
de viático con i-eal y medio al día hasta 
que se hiciese á la vela. 

Comprometíase también García á em- 
prender segundo viaje, si fuese menester, 
á los lugares á que iba y á enseñar el 
camino á los pilotos que llevara; y si lle- 
gase á tierra donde hallase rastros de 
Juan de Cartagena y del clérigo que Ma- 
gallanes había abandonado «á las espal- 
das de la tierra del Brasil», á informarse 
de su paradero y á traerlos á toda costa. 

Los contratantes se multaban recíproca- 
mente en mil ducados de oro, caso de faltar 
á los compromisos pactados, que firma- 



LA CAPITLM. ACIÓN Jl 



ron lodos, menos Garcia, en la Coriiña, 
en 14 de Agosto de 1525. ^ 

Los socios capitalislas manifestaban 
haber escrito ya á S. M. en demanda de 
la licencia para el viaje; y, en efecto, como 
era de esperaiio, dadas las influencias 
con que contaban y qne al tesoro real no 
le iba en el negocio ni un sólo maravedí 
de gasto, Carlos V aprobó la escritura de 
los asociados y hubo por bien que, confor- 
me á ella, se hiciese la armada y descu- 
brimiento proyectado, por real cédula dada 
en Toledo á 24 de Noviembre de aquel 
año 1525. 4 



3. No se expresa en ese documento la ra/ón por la 
cual no firmó Gaicia; pero sin duda fué porque no 
sabia escribir. Este hecho que puede parecer extraño 
cuando, como veremos á su tiempo, la relación de su 
viaje aparece suscrita por «Diego García capií¿in ^ene- 
rain, tiene su explicación. García en realidad no sabía 
escribir: hacía la rúbrica de la firma y su nombre lo 
escribía otra persona: así lo declara expresamente en 
el auto que pronunció en el puerto de San Vicente el 
22 de Marzo de i53o: «mando á Cristobón Pineyra que 
ponga mi nombre entre mis dos marcas acostumbra- 
das». Véase Medina, Sebastián Caboto, t. II, p. 484. 

4. Véase la escritura y la real cédula aprobatoria 
bajo los Documentos II y III. Ambos fueron publica- 
dos primeíamente en las pp. i3o-i36del tomo XXII de 
la Colección de Torres de Mendoza, y nosotros los 



72 DIEGO GARCÍA 



En esa real cédula Üama la atención que 
el Emperador dijese que Cristóbal de 
Haro era para el caso su representante. 
¿Tuvo autorización especial para ello — 
que no ha llegado hasta nosotros — ó pro- 
cedía como agente oficial nato por su 
cargo de factor de la Casa de la Contrata- 
ción de la Especería'^ Quizás es más pro- 
bable esto último. En todo caso, Cristóbal 
de Haro asumió una doble representación 
en el negocio, la de Carlos V y la suya 
propia. 

La forma de esta capitulación, que 
asi debemos llamarla, constituye una ver 
dadera excepción respecto á las demás de 
su especie extendidas antes y después de 
ella, ya que fué aprobada por una cédula 
real con referencia á una simple escritura 
pública entre particulares. Pero esto no 
es, todavía, lo más curioso, pues en rea- 
lidad de verdad la capitulación misma, 
la de uso corriente, sólo vino á extenderse 



reprodujimos después en las pp. 439-442 del tomo III 
de la nuestra. En ambas Colecciones est¿i equivocado 
el apellido del Conde, que siguiendo á Torres pusimos 
Andiada, por Andrade ó Andrada, 



LA CAPITULACIÓN yS 



en 10 do Febrero de 152G, es decir, cuando 
ya Diego García llevaba 26 dias de viaje! 

En esa última capitulación se eliminan 
los nombres de Basante y de Salamanca 
como copartícipes y su ingerencia en la 
armada se la limitacá. entender en los gastos 
de ella; y respecto de García se establece 
que se le daría provisión de capilcán de la 
armada, «porque somos informados, decía 
el Soberano, ques persona hábil y sufi- 
ciente para ello, y porque asi me lo habéis 
suplicado». -^ 

Como so ve, el piloto do Moguer venia 
asi do hecho á quedar en segundo término 
respecto do líaro y del Conde, que oran los 
únicos que aparecían contratando con el 
Soberano. Entro los tres no quedaba, 
pues, pendiente otro lazo de unión y com- 
promiso que el que resultaba de la escri- 
tura pública do 14 de Agosto do 1525. 

Otras do las cláusulas dignas de notarse, 
ya que las referentes á la descarga y pago 
de derechos son meramente secundarias á 



5. Ese título debe, por consigruiqnie, existir, pero no 
lo conocemos. 



74 DIEGO garcía 



nuestro propósito, eran que el Rey «for- 
necia», esto es, contribuía «en esta primera 
armada», (de lo cual se deduce que, como 
lo indicaban ya los asociados en su com- 
promiso, esperaban des[)achar otra), con 
cuatrocientos ducados de oro, que luego 
se mandarían dar, ó con más cantidad si 
quisiese, en ésa ó en las futuras. 

El Rey había de nombrar un contador 
para cada nao y los armadores por su 
parte otros tantos tesoi'eros, ninguno de 
cuyos funcionarios ganaría sueldo en di- 
nero sino que debían simplemente conten- 
tares con las partes que les cupiesen en las 
ganancias. En iguales condiciones habían 
de ir el capitán, el piloto y todos los tri- 
pulantes. 

Respecto a la armada misma, ésta cons- 
taría de las naves que ya sabemos; su 
esfera de acción, como era costumbre in- 
dicarlo en los documentos de su índole, 
seria dentro de los limites y tierra de la 
demarcación de España, y «su viaje é 
descubrimiento» se vei'ificai'ia á las partes 
dónde no hubiesen dcs_^inbarcado otros 



LA CAPITULACIÓN j5 



exploradores «y tuviesen asentado trato». 

El plazo de la concesión se extendería á 
ocho años, con prohibición de que apor- 
tasen á los lugares en que García descu- 
briese, ningunas otras personas, «con 
tanto que la armada se comenzase á hacer 
y entender en el despacho del la dentro de 
los ochenta dias pi'imei'os siguientes» á 
la fecha de la capitulación y debiendo estar 
acabada en todo el mes de Septiembre del 
año de 1520. ^ r- •. ■ 

Como hemos observado ya, cuando Car- 
los V firmaba esta capitulación en Toledo, 
á 10 de Febrero de aquel año, Garcia se 
había hecho á la vela hacia más de un 
mes, anomalía curiosa y sin precedentes 
en la historia de los viajes de descubri- 
miento al Nuevo Mundo, y que sólo se 
explica teniendo en vista qne el concierto 



6, La capitulación inte<?ra la encontrará el lectof 
bajo el número IV de los Documentos. Fué publicada 
primeramente en las pp. i37 144 del tomo XXII de la 
Colección de Torres de Mendoza y reproducida por 
nosotros en las pp. 44!^-447 del tomo III de la Colección 
de documentos para la historia de Chile, y en 1892 
por Madero en las pp. 32':y-32') de su Historia del 
Puerto de Buenos Aires. 



76 DIEGO GARCÍA 



primero entre los interesados era bastante 
anterior y que, debiéndose en todo y por 
todo á la iniciativa particular, los funcio- 
narios reales nada tuvieron que entender 
en ella, á no ser la firma puesta por el Em- 
perador á los nombramientos del capitán 
de la expedición, de otros empleados y de 
las instrucciones á que debían ajustarse y 
de las cuales vamos á ocuparnos ahora. 

Tenemos que argumentar asi en vista 
de la fecha que se asigna á la Relación 
que García escribió de su viaje, y á las 
otras á que se alude en ella, que han sido 
seguidas [)or los historiadores. / Creemos, 
sin embargo, que en todo eso hay un 
error. 

Existe, en efecto, un pasaje en esa Re- 
lación que parece echar por tieri-a la argu- 



7. Madero. //íí/or¿a del Puerto de Buenos Aires, 
pág-. 55; Harrisse, The discovery of North America, 
p.718. 

El fundamento de su aserción la derivan esos auto- 
res de lo que se ve en la misma Relación de García'. 
Notaremos, sin embargo, que Herrera, quien evidente- 
mente la tuvo á la vista, dice que García partió del 
Cabo de Finisterre en 1 5 de Agosto de i526. Década III, 
libro X, cap. I, p. 278. 



LA CAPITULACIÓN 77 



menlación nuestra. Dice Garciaeu ellaqiio 
sus socios «no íicieron ni me dieron la ar- 
mada que S.M. mandó que me diesen lo 
que con ellos yo tenia capitulado, concer- 
tado ó asentado é firmado de S. M.» Hasta 
aquí, — prescindiendo del hecho á que se 
alude, — es evidente que García hace refe- 
rencia á la escritura pública de 14 de 
Agosto de 1525, aprobada por la real cédu- 
la de 24 de Noviembre de ese mismo año. 

Continúa García: «é no me la dieron [la 
nao grande] en tiempo que les fué man- 
dado por S. M. que me ¡a diesen, entrando 
Septiembre, é ellos me la dieron mediado 
Enero». 

Aquí está la contradicción que indica- 
mos. Ni en la escritura pública de que se 
trata, ni en la real cédula que fué su con- 
secuencia se habla de plazo alguno, ni 
tampoco podiia en esos documentos alu- 
dirse al mes de Septiembre, siendo que la 
escritura es de Agosto y la real cédula de 
fines de Noviembre. 

Mientras tanto, en la verdadera capitu- 
lación, la celebrada por el conde de An- 



78 DIEGO garcía 



drade y Maro con el Rey, se habla, en 
efecto, expresamente de que aquéllos de- 
bían tener lista la armada para hacerse á 
la vela «por todo el mes de Septiembre 
deste presente año de 1526»: términos que 
corresponden exactamente alo expresado 
por García en su Relación. Luego éste la 
conoció, y si asi í'ué, mal pudo darse á la 
vela en Enero de 1526. 

Pudimos creer en un principio que en 
vista de esta dificultad hubiera un ei-ror 
de pluma por parto de García en el comien- 
zo de su Relación, debiendo leerse en ella 
1527 por 1526; poro sucede que más ade- 
lante, continuando el relato de su viaje, se 
refiere en orden correlativo al año de 1527. 

¿Cómo explicar esta grave contradic- 
ción'^ El error no está, evidentemente, en 
la fecha de la real cédula aprobatoria del 
convenio de García y sus socios, ni en la 
que se lee al pie de la capitulación con An- 
drade y Haro. Y mientras tanto, ¿cómo 
creer que García incurriese en tan grave 
trastrueque de las fechas anotadas en su 
Eelaciónf ¿Y cómo conciliar lo que él mis- 
mo dice sobre el plazo en que le debían 



LA CAPITULACIÓN 79 

ser entregadas las naves por sus socios, 
demostrando en ello que se referia á la 
capitulación de 10 de Febrero de 1526, con 
los años que estampa en el relato de su 
viaje'^ 

Al historiar el curso de éste, quizás nos 
sea dado establecer que era él efectiva- 
mente el equivocado en las fechas que 
consigna en su Relación y que, en realidad, 
estaba atrasado en un año en su cuenta. 

Las instrucciones á que aludíamos, in- 
sertas bajo el número V de los Documen- 
tes, se referían al cargo de capitán confiado 
á Diego Garcia y á los oficios del conta- 
dor y tesorero. En realidad, parece que en 
definitiva no fueron firmadas, quizás á 
causa de haber partido la expedición, como 
hemos indicado, antes de extendida la 
respectiva capitulación. Esta circinistan- 
cia, si bien pudo afectar al desempeño de 
los cargos á que se referían, no les quita 
del todo su interés, como que ellas nos 
permiten ver los propósitos con que el 
Monarca las dictaba. 

Prescindiremos en su examen de la 
multitud de menudencias que contemplan, 



8o DIEGO G\RCIA 



al igual de todas las de su especie, que ma- 
nifiestan el extremo cuidado con que eran 
redactadas, hasta considerar en sus me- 
nores detalles los incidentes Ínfimos que 
pudieran presentarse á los encargados de 
cumplirlas. Limitémonos, pues, á. aquellos 
puntos que afecten un interés general ó 
que toquen á la historia. 

Como siempre, Carlos V insistía muy 
especialmente, como que era la primera 
cosa que encargaha á los capitanes de esas 
expediciones, que en ninguna manera 
«se toque ni descubra tierra en los limites 
asignados al Rey de Portugal en la bula 
de demarcación de las Indias». Recomen- 
daba en seguida que todos los de la arma- 
da, de capitán á paje, se confesasen é hi- 
ciesen sus testamentos, bien entendido 
que el que no se confesase no seria admi- 
tido en la armada. Prohibía también, en 
absoluto, que en las naves fuesen muje- 
res, «por los danos é inconvenientes que 
se siguen é cada dia acaecen en ir mu- 
jeres en semejantes armadas». Defen- 
día, asimismo, que persona alguna bajase 
á tierra en las Canarias sin licencia del 



LA CAPITULACIÓN Si 

capitán, salvo las que hubiesen de nego- 
ciar las cosas que se necesitasen para la 
armada. 

En ese documento se da por sentado 
que (jarcia liabia de llegar á las islas 
de Maluco; se le encargaba y maiulaba 
que, si ocurriese el caso, se detuviese allí 
con su armada pai-a socorreí' ó auxiliar la 
de íVey Garcia de Loaisa, pai'lida tam- 
bién de la Coruña en Julio del año ante- 
rior; y, i)or fin, que [)rocurasc averiguar 
el paradero de Juan Serrano, piloto de 
la de Magallanes, que liabia quedado [)re- 
so en la isla de Tidore. Res[)ecto á Se- 
basliáu Caboto, cuya exi)edicióu se alis- 
taba de meses atrás en Sevilla, no se le 
advertía cosa alguna. 

Esas pai'ticularcs i'ecomendaciones eran 
en realidad de extrañar cuando en la 
corte se sabia que el objetivo de Garcia, 
expresado en la capitulación en térmi- 
nos muy generales, es cierto, — como que 
rezaban que su viaje y descubrimie ilo 
sei'ia á las Indias del Mar Océano, — cá 
ciertas islas é tierras que dicen de la Plata 
en el nuestro Mar Océano», rezaba lileral- 



DIEGO garcía 



mente el comienzo de las instrucciones ex- 
tendidas al contador de la armada. 

Las recomendaciones dadas en esa par- 
te á García carecían, pues, de base; y sólo 
se explican por un descuido del encargado 
de redactarlas. En cambio, el silencio que 
se guarda respecto á Caboto aparece per- 
fectamente natural, como que jamás se 
creyó en la corte que fuese á aportar al 
Rio de Solis. 

Las instrucciones para el contador y 
el tesorero son de un orden meramente 
interno y económico, que no tenemos, por 
consiguiente, para qué analizar. A nuestro 
intento lo que de ellas nos interesa son; sim- 
plemente, los nombres dolos que fueron 
designados para aquellos oficios, que pron- 
to vamos á indicar, porque es ya el mo- 
mento de que hablamos de los tripulantes 
de las naves de García. 



•¿^ 



vil 



LA PARTIDA 

Porte de las naves.— Número de tripulantes.— Nombres 
de algunos de éstos.— Fecha de la partida de Gar« 
cia.— Error manifiestoque á este respecto enciérrala 
'Relación de García.— Aún la del año está equivo- 
cada.— Antecedentes que comprueban este aserto. 




ABEMOS vacílales eran éstas, ó, mejor 
dicho, el porte de todas ellas: una 
carabela de 50 hasta 100 toneles y un 
palax de 25 á 30, y en piezas un ber- 
gatin de remos. García se quejaba más 
tarde » de que sus asociados le habían 
dado la nao grande, esto es, mayor de la 
que él creía conveniente para explorar el 
río á donde iba enderezado su viaje. - 



1. /'¿elación suya citada, documento VI. 

2. «E no conforme á lo que Su .Wajestad mandaba», 
son las palabras de García, prueba que éste conocía 
la capitulación de lo de Febrero de i526. Y en efecto, 



84 DIEGO GAÍU:iA 



En cuaiilo al núinero de sus tripulantes 
110 hay antecedente alguno positivo que 
permita determinarlo. En la capitulación 
no se dice una palabra á ese respecto, 
silencio que se explica en vista de que 
ninguno, desde García, hasta los grumetes, 
debían ganar sueldo del Imsco. Por esta 
misma razón no se encuentra tampoco 
nómina de esos tripulantes en ios libros de 
la Casa de la Contratación. Sabemos si, 
por lo que se estipuló entre los asociados, 
que \os mantenimientos debían calcularse 
para cuarenta personas, que era el nú- 
mero «que quedamos de acuerdo, decían, 
vayan en la dicha armada». 

Las referencias cá esos tripulantes que se 
hallan en los documentos son tan escasas 
que en realidad no es posible determinar- 
los, ni mucho menos sus nombres. Los 



en ésta se hablaba de que la nao mayor seria del 
porte que indicamos, si bien en la escritura de com_ 
pañia se declara que había de ser «de hasta 5o ó 
cien toneles». Las expresiones de García inducen á 
creer que en realidad se le entiegó una mayor de 
sesenta U)nsles, sin duda la de irnj deque se había tra- 
tado primero. Herrera, p^r Id dem¿is, asi lo afirma. 
Décadas, lu^ar citado, p. 278, y añade ¿i la lista un 
berganiin, .sin el que iba desarmado en piezas. Ni en 



LA PARTIDA 85 



que hemos logrado recoger son los signien - 
tes, por cierto también de los principales 
de la armada: 

Diego García de Mogiier, capitán ge- 
neral. 

Juan de Sandoval, contador de la nao 
capitana.^ ^ : \ ^ 

Gonzalo Flernández Platero, contador 
de la segunda nao. 4 

Alonso Gómez Varcln, escribano de la 
armada. 5 , 

Francisco de Lemos, clérigo. 

Vasco Núñez, alguacil de la armada. 

Cristóbal Pinero, llamado también Cris- 
tóbón Pineyra,^ el que ponia el nombre 
en la firma de Garcia. 

la escritura de la Goruña, ni en la capitulación de 
Toledo se habla de dos berg-antines. Es cierto que 
Garcia dispuso de dos de esas embarcaciones, pero 
una de ellas la adquirió en el Brasil, habiendo armado 
después el que llevó en piezas. Garcia, conforme al 
compromiso suscrito por él, no tenía razón de quejar- 
se del tamaño de la carabela. 

3. Consta de su título. 

4. Id., id. 

5. Información de Francisco de Rojas levantada en 
San Vicente. Medina, Sebasli.in Caboío, II, p. 4^4- 

6. Id., id., p. 484. Jumo con éste aparece como tes- 
tigo en las actuaciones á que aludimos (págfina 479^ 



86 DIEGO garcía 



Fernán Páez, alférez./ Sabia también 
firmar. 

Gregorio del Carril. ^ 

Juan Rodríguez. 9 

Gaspar de Silva, 'o 

Rodrigo Arias. Es el mismo cuyo nom- 
bre se registra en la escritura de los aso- 
ciados extendida en la Coruña. Herrera, 
que por errata quizás le llamó Rodrigo de 
Arca, asegura que és{e iba por piloto. '^ 

Es posible que fuesen también Alonso 
de Salamanca y Pedro de Morales, que 
a'pa recen, junto con Arias, como asocia- 
dos de Gai'cia. 

Pocos son, como se ve, los nombres que 
hemos podido catalogar de los que acom- 
pañaron á García, — y aún de éstos algu- 

Juan Quinteros, que no pertenecía á la armada de Ca- 
boto, siendo, por lo tanto, muy probable, que fuera de 
^a de García. 

7. 8, 9. Id., id., «estando presentes por testigos... 
del armada del señor capitán general Diego García». 

10. «Que fué en el armada del capit¿\n Diego García 
de Moguer, el cual vino en la dicha nao de «Santa 
María del Espinar», trujo una esclava»... Declaración 
de Antonio Ponce, en ¿Medina, Caboto, t. II, p. 174. 

10. Década III, p. 278. 



LA PARTIDA 8/ 



nos se regresaron á España" — en la nave 
grande, según lo veremos á su tiempo; — 
pero si podemos eslar seguros de que eran 
también los principales de la armada, por 
los cargos que tenían. Los restantes no 
pasaban, sin duda, de ser marinei-os, pa- 
jes ó grumetes, cuyos nombi'es no importa 
conservar. 

l*or fin: ^^cuándo partió García de la 
Coruña, ó del Cabo Finisterre, para ate- 
nernos al lenguaje empleado por los his- 
toriadores su expedición? ¿Fné en un 15 
de Agosto, como aseveraba Herrera, ó en 
un 15 de Enero, según la propia Relación 
de Garcia? Y esta duda podria parecer 
ociosa si nos halláramos en situación de 
dar crédito á esta última en todas sus 
partes, pero como ese no es el caso, no sólo 
en punto de detalles de poca valia, sino en 
uno más trascendental, cual es el año do 
la partida, debemos aquilatar el dato. 

Pero, ¿por qué no seguir en esa parte la 
Relación de García? Desde luego, la hace 

II. Entre ellos debemos contar á Juan de Sandoval, 
y á Guerra, el contador, y probablemente á Rodrigo 
Arias, que hacia de pUoto, á Salamanca y Morales. 



88 DIEGO garcía 



él, que dobia, saberlo mejor que nadie y 
que no tenia interés en ocultar la verdad. 
Pero des[)uós de señalar ese dia 15 de 
Enero, entra al respecto de su viaje en 
detalles cuya incongruencia viene á echar 
por tierra lo dicho, como lo vamos á ver. 
Refiere, pues, que habiendo llegado á 
las Canai^ias, se abasteció alli de lo que le 
hacia falta y que partió de la de la Palma, 
una de ellas, á l."de Septiembre; de modo 
que si aceptamos la fecha del 15 de Enero 
como la inicial de su [laríida, contando la 
navegación de pocos dias á aquella isla 
y los que demoró en hacer sus provisio- 
nes, habria tardado ¡en sólo éso! siete me- 
ses y medio. ¡Cálculo absur<lo y, por con- 
siguiente, inaceptable! A todas luces hay, 
asi, un error en la designación del 15 de 
Enero, '2 debiendo leerse 15 de Agosto, tal 
como lo afirma Herrera y como es lo con- 
gruente tratándose del tiempo que de or- 
dinario se gastaba en esa navegación. I/O 
natural, poi^ tanto, es suponer que desde su 

i'¿. Adviértase que el encabe/.amienio de la ReLición 
de García en que se lee tam oi¿ i i? d^ E.iiio, es obra 
de otra mano que la SLiya. 



LA PARTIDA 89 



salida del Cabo Finisterre iiasja qne se 
hizo á la vela de la Palma gastó 16 dias.»^ 
Pero esta cuestión del dia de la salida 
i'esLilta baladi, si se quiere, al lado de la 
del ano mismo en que aquélla se verificó. 
Apenas necesitamos repetir en este mo- 
mento que conociendo Gai'cia, como cono- 
cía, según lo liabia manifestado, la capi- 
tulación real, '4 que es de Febrero de 1526, 
— y que la conoció a prior i y no a poste- 
riori, es decir, á poco de firmada y no á 
su regreso del Rio de Solis, se comprueba 
por cuanto las alusiones que á ella dirige 
las hizo en su Relación, luego de llegado 
á España de vuelta de su viaje — resul- 
ta asi evidente que no pudo decii* que ha- 
bla salido en el 15 de Enero de ese mismo 
año. 



i3. Mag-allanes empleó hasta Tenerife, saliendo de 
Sanlúcar, í-eis dias: 20 de Setiembre á 25 del mismo 
mes. 

No se sabe i\ punto fijo cuántos tardó Diaz de Solis, 
pero fueron tambicMi muy pocos. Véase nuestro estu- 
dio relativo á aquel naveg-ante, t. I, p. ccl. 

i_l. García, en un memorial sin fecha, pero posterior 
á su reírreso del Rio de Solis, que diri^nó á Carlos V, 
acompañó «la escriptura del dicho asiento que con 
Vuestra Alteza se tomó», son sus palabras. 



90 DIEGO garcía 



Otro antecedente que contribuye (i ro- 
bustecer nuestra sospecha de que la indi- J 
cación del año está equivocada en esa 
Relación es la historia misma del viaje, 
que resultarla de insólita duración, de todo 
punto inavenible con los hechos, si le da- j 
mos un año más de la que creemos le 
corresponde. Sin anticipar otros datos, 
bástenos, por ahora, el relativo al tiempo 
que habla empleado entre su salida de la 
Coruña y su partida de las Canarias, que 
es bien sugestivo. 

Un antecedente que seria en este caso 
de gran importancia conocer, son los 
nombramientos del mismo García y de sus 
oficiales por el Rey, que existen, pero que 
no hemos logrado ver.'^ 

Pero á falta de estos nombramientos, 
poseemos otras piezas instrumentales que 
no carecen de importancia para determi- 
nar el punto que discutimos. Sea la pri- 

i5. Madero asevera que poseía copia de los nombra- 
mientos. Historia del Puerto de Buenos Aires, p. 55, 
nota i5. Desg-raciadamente no se cuiJó de expresar las 
fechas. Creemos no estar muy lejos de la veidad su* 
poniéndolas posteriores á la de la capitulación, como 
que á ella debían su origen. 



LA PARTIDA 



mera, una real cédula de 19 de Agosto de 
1530, que pronto hemos de mencionar más 
por exíenso, en la cual el Monarca, refi- 
riéndose á la armada de García, dice que 
pasó con ella cerca de la isla de la Gomera, 
«puede haber tres años, poco más ó me- 
nos»: dato que nos lleva á esíablecer que 
el hecho tuvo lugar en Agosto de 1527. 

Finalmente, en un memorial de García 
sin fecha á que hemos hecho alusión, 
después de mencionar la capitulación de 
1526, de Haro y el Conde con el Empera- 
dor, declara que dio de comer durante dos 
años á toda la gente de la armada. Y como 
su compromiso con aquéllos comenzó, en 
realidad, el año precedente, es decir, en 
1525, tenemos asi que la cuenta de los 
gastos hechos antes de su partida nos lle- 
va á señalar, para ella, el año de 1527. 



Vili 

EL VIAJE 

Verdadera fecha de la partida.— Llegada á las Cana- 
rias.— Encuentro con una nave francesa. — Hábil 
conducta de Garda en su paso por los trópicos. — 
Navegación hasta el puerto de San Vicente.— De- 
talles acerca de ella (nota).— Encuentra' allí á un 
bachiller portugués con sus yernos.— Uno de éstos 
era Gonzalo de Acosta.— Real cédula deque resul- 
ta el hecho (noia).— Celebra García con los portu- 
gueses establecidos en San Vicente un contrato de 
fletamento de esclavos.— Parte de allí llevando á 
bordo á Gonzalo de Acosta.— Llega al puerto y rio 
de los Patos.— Nota acerca de su situación geográ- 
fica. —Surge García en la isla de las Piedras en el 
Río de la Plata. 



1 



íspuÉs de estas disquisiciones, que 
han resultado más largas de lo que 
esperábamos, pero indispensables para 
establecer sobre base algo sólida la rela- 
ción del viaje que nos proponemos histo- 
riar, tenemos, pues, que García tendió 

7 



94 /\ .^ DIEGO GARCÍA 



SUS velas desde la Coruña, digamos del 
Cabo Fiíiisíerre, el 15 de Agosto de 1527. 

Como era costumbre en semejantes via- 
jes, enderezó, desde luego, su rumbo á 
las Canarias, pasando á la vista de la isla 
de Madera, para dar fondo en la de la 
Palma, una de aquéllas, no sabemos en 
cuantos días. Llegaba alli después de un 
incidente que no ha referido en su Rela- 
ción, pero que consta de otra fuente. En 
efecto, cerca de !a isla de la Gomera, topó 
con una nave francesa, á la cual rindió, 
sacando de botín algo más de 168 quinta- 
les de alumbre, que dejó depositados en 
poder de un vecino de aquella isla. De 
aqui se deduce, por lo tanto, que hizo re- 
calada alli. I 

En la Palma, como era asimismo de 

I. Estos incidentes constan de la real cédula de 19 
de Agosto de i53o que insertamos bajo el número IX 
de los Documentos. 

Los encuentros de naves francesas eran frecuentes 
por aquellos años en esa parte del Océano, como que 
iban á las costas del Brasil. A Caboto le ocurrió poco 
antes topar también con una de ellas frente al río de 
San Alexos, cerca del cabo San Agustín. Véase la pá- 
gina i36 del t. I de nuestra obra sobre aquel perso- 
naje. 



EL VIAJE 93 



USO en semejantes navegaciones, se pro- 
veyó de lo que habia menester para su 
viaje, porque «dacá de la Coruña Íbamos 
desproveídos», dice: elementos que pudo 
proporcionarse en virtud de un poder que 
llevaba del Conde de Andrade. 

Salió de la Palma el 10 de Septiembre 
y tomando la derrota de las islas de Cabo 
Verde, fué á detenerse en la de Buenavis- 
ta, donde compró á un factor portugués, 
«por susdineros, mucho refresco de carne, 
pescado é sebo y todas las cosas que liobi- 
mos menester». 

(Carecemos de noticias del tiempo que 
García empleó hasta allí, y sólo sabemos 
que desde esa isla puso |)roa al cabo de 
San Agustín, gobernando unas veces al 
sur y otras cuarta del sudeste, para evi- 
tar las corrientes que «salen de los ríos de 
Guinea, que abaten los navios á la banda 
del noreste, los vientos contrarios, las cal- 
mas y las gurupadas», ^ y después de do- 



2. García manifestaba en esta exposición ser un 
verdadero marino, habiendo podido, con razón, re- 
prochar á Gaboto que no siguiese el derrotero 
que indica para doblar el Cabo; pero si ignoraba 



gÓ DIEGO GARCÍA 



blarlo, no sin cierta dificultad, «tomó su 
navegación la vuelta de Cabo Frío, questá 
en 23° y medio de la banda del sur», si- 
guiendo de ordmario á la vista de la costa 
y pasando por la bahía de Todos los San- 
tos, en 17°, y por Cabo Hermoso, que está 
en 22°. En esta última parte, hubo de an- 
dar alejado á más de 25 leguas de tierra 
por causa de los bajos, que se extienden 
en un espacio de noventa leguas y que se 
llamaban, quizá por las precauciones que 
exigía la navegación en aquellos parajes, 
de Abre el Ojo. García avanzó aún un 
grado más y fué á detenerse en San Vi- 
cente. 3 



la causa de las corrientes (que éstas no eran otras 
que un brazo de la ecuatorial que se separa hacia los 
25° de longitud O. y se dirige al noreste), pero conocía 
sus efectos y se explicaba cómo era que se producían 
en aquella región las calmas y lluvias tan frecuentes. 

Véase sobre el particular la disertación de Harrisse, 
Sébastien Cabot consideré cojume navigateur, París, 
1897, pp. 16-17. 

3. Herrera, Década IV, libro I, cap. I, dice que Gar- 
cía llegó allí el i5 de Enero de 1527. Dejando aparte lo 
del año, que creemos haber probado ya que debe ser 
iSaS, se equivoca en cuanto al día mismo de la llega- 
da. En realidad, García, como lo dice— y Herrera no 
dispuso de más fuente que de la /^e/aao« de aquél, 



EL VIAJE 97 



No sabemos cuantos días tardara García 
en llegará San Vicente, pues él se limita 



que es la que nosotros vamos también siguiendo,— fué 
ese día cuando salió de allí. 

Los nombres geográficos de la costa de América 
empleados hasta este punto de su Relación por Gar- 
cía, con las latitudes que les asigna, son: 

Cabo de San Agustín, en ocho grados y un sesmo 
de grado de la banda de sur de la línea equinocial. 

Bahía de Todos Santos, en 17°. 

Bajos de Abre el Ojo, entre los 17 y los 20°. 

Cabo Hermoso, en 22°. 

Cabo Frío, en 23° y medio. 

Cúmplenos dar algunos antecedentes respecto á la 
historia geográfica y situación de estos lugares men- 
cionados en el derrotero de García. 

El cabo de San Agustín es famoso en la historia de 
la geografía del Nuevo Mundo, habiendo sido materia 
de los pareceres de varios pilotos reunidos en i3 de 
Noviembre de i5i5 sobre su verdadera situación. Na- 
varrete, III, 594. 

Las Casas dice que Vicente Yáñez lo descubrió por 
Castilla en 1499. 

Fernández de Enciso, Suma de Geografía, folio 6 
vuelto, le pone en 8 grados. 

Oviedo, que tuvo á la vista el mapa de Chávez con 
las correcciones del Padrón Real, y las relaciones de 
\.lonso de Santa Cruz, lo sitúa «en ocho grados y 
medio de la otra parte de la línea». Libro XXI, capí- 
tulo II, p. 114 del tomo II de la Historia gejieral. 

Puede decirse que figura en todos los mapas anti- 
guos, habiendo conservado su nombre hasta ahora. 
Su verdadera situación geográfica es en 28*^ 20' 4r'5. 

La Bahía de Todos Santos, que derivaba su nombre 
á causa de haber sido descubierta en un i.' de No- 



98 DIEGO GARCÍA 



á decir en su Relación que allí fué «á 
tomar refresco». 

viembre(i 5oi) la menciona ya Ferníindez de Enciso, colo- 
cándola en i3 grados, y la sitúan en sus mapas Ribero, 
Santa Cruz y demás cartógrafos españoles, italianos y 
portugueses. Aparece también en el de Cabero con la 
ortografía desfigrurada: «baya de todos flons». Los 
antiguos geógrrafos alemanes Ruisch, Schoner, Wald- 
seemüller, cambiaron el nombre de bahia en «abatia». 

Fernández de Oviedo, (libro XXI, cap. II, p. 1 15, t. II), 
dice que «está la bahia de Todos Santos en trece gra 
dos y medio, la cual dista de Fernambuco noventa 
leguas; y esto sábese porqués camino muy andado de 
los portugueses de Fernambuco, que van allí á la 
dicha bahia á rescatai- cuentas é otras cosas con los 
indios, puesto que en la carta moderna (alude á la de 
Chávez) más de cient leguas se ponen». 

El dato apuntado por el cronista de Indias rectifi- 
cando el mapa de Chávez, digamos el Padrón Real 
Español, respecto á la situación geográfica de esa 
bahía, se aparta bastante, como se ve, de la que le 
asigna García. Oviedo invocaba en apoyo de su recti- 
ficación el haberlo sabido de Alonso de Santa Cruz, 
«hombi'e docto y experimentado en el viaje é que lo 
ha navegado». Y en eso parece concordar con Caboto, 
que en su planisferio sitúa también dicha bahía por 
los 14 grados. 

La discrepancia entre Oviedo y García es tanto más 
digna de notarse cuanto que aquél, según hemos de 
verlo, radica á Diego Alvarez en aquel sitio. 

Respecto de los bajos de Abre el Ojo, decimos que 
Las Casas los menciona en su Historia de las Indias, 
t. II, p. 243, y que Oviedo (II, p. 116), los cita refirién- 
dose á la carta marina que tuvo á la vista, pero dán- 
doles menos extensión y situándolos en menor latitud 



EL VIAJE 99 



Encontró viviendo en ese paraje, desde 

también. Caboto los llama de «Abrelioyo». 

En cuanto al Cabo Hermoso sólo lo encontramos en 
los mapas de Ruisch (G. Formoso) y en el llamado de 
Kuntsman (C. Frenoso). Caboto, ni Santa Cruz, ni 
Ribero, ni el anónimo de Weimar, lo mencionan, y co- 
mo Oviedo también lo omite, debemos suponer que no 
estaba tampoco colocado en el Padrón Real. En su 
lug-ar parece referirse al cabo de San Pedro en 20 
g-rados y medio, añadiendo que desde ese Cabo hasta 
el río Hermoso, donde se acaban los bajos de Pargos 
(al parecer los mismos de Ahve el Ojo) ponen 10 leguas. 

Respecto de Cabo Frío estas omisiones y discrepan- 
cias desaparecen, pues le citan los cartógrafos y Ovie- 
do lo sitúa, asimismo, sig^uiendo á Santa Cruz, en 23 
grados y medio «escasos». 

El puerto de San Vicente aparece en el mapa de 
Maggioli» (iSig) con el nombre de S. Vicenty, en el de 
Gaspar Viegas (i5:-í4\ (cilado por Harrisse, Discovery 
ofNvrlh America, p. 601), en los deCaneiro, Ruisch, 
Schoner, Waldseemüller, y en los españoles de Santa 
Ciuz, anónimo de Weimar, Caboto, etc. Varnhagen 
afirma que el nombre de San Vicente le fué dado por 
Vespucio, el 22 de Enero de i5o2. Historia ger al do 
Brazil, t. I, p. 83. 

Oviedo, utilizando las noticias de Santa Cruz, asien- 
ta que desde Cabo Frió hasta la bahía de San Vicente 
hay ochenta leguas, y que la carta de ChcWez ponía 
más de i3o. 

«Estas diferencias de cosmógrafos é pilotos, expre- 
saba ese cronista, me ha parescido de relatar..., porque, 
en fin, no puedo dejar de seguir el parescer ajeno en 
lo que yo no he visto». Así diremos también nosotros, 
que si bien en la relación de García se encuentran 
contradicciones, ellas afectan á los nombres mismos de 
las localidades, pero no al camino recorrido por él. 



100 DIEGO garcía 



«hacia bien treinta años, á un bachiller 
portugués é unos yernos suyos». 4 



4. Oviedo dice que Santa Cruz le contó «que habla 
en este puerto ó pueblo pequeño de portugueses, 
hasta doce ó quince personas, que allí se quedaron 
de los españoles que llevaba Sebastián Caboto, casi 
otros tantos cansados de la navegación». 

La frase en cuanto al número resulta un poco ambi- 
gua, pues parece que en realidad hubieran sido 24 
ó 3o los pobladores de San Vicente en ese entonces. 

Oviedo agrega que «después se ha dicho que aque- 
llos mismos capitanes se han pasado á vivir á la 
bahía que llaman de la Gananea». Libro XXI, cap. II, 
p. 119. 

Estas afirm.aciones del cronista de Indias necesitan 
algún esclarecimiento. Caboto en su viaje de ida no 
se detuvo en San Vicente, de modo que entonces no 
pudieron desertarse dichos españoles. Sólo pasó por 
allí á su regreso del Río de Solís, donde encontró 
efectivamente á Francisco de Rojas, que á la ida había 
dejado en Santa Catalina junto con Rodas y Méndez., 
y que tratando de regresarse á España había alcan- 
zado hasta San Vicente, donde se hallaba hospedado 
en casa de Gonzalo de Acosta. 

De modo, pues, que Oviedo entendió mal la relación 
que le hizo Santa Cruz. En realidad, en aquellos para- 
jes de la costa del Brasil y en esos años no hubo 
otros españí)les que los nueve de la armada de Solís 
que, según el embajador don Juan de Zúñiga, fueron 
encontrados por un marino que no nombra, (el mismo 
García) en i52i, trescientas leguas al sur de Pernam- 
buco; {'Diaz de Solis, p. ( ccvi del tomo I, y supra, 
pág. 38) y que en realidad habían sido once en un 
principio. A ese número hay que agregar los 17 deser- 
tores de la nao oSan Gabriel» en el puerto de los 



EL VIAJE lOI 



Respecto á quién fuera ese bachii},er:, 
sábese que estaba degradado, ignoramos 
si desde antes de embarcarse, en-'cijyij 
caso quizás iría á bordo para ser dejado 
en el Brasil, ó si por hechos, que también 
desconocemos, que ejecutara durante la 
navegación, y dejado alli de la armada de 
don Ñuño Manuel, en Enero de 1502. 
Según un escritor del siglo XVIII, llamá- 
base Duarte Pérez. ^ 



Patos, en los últimos dias de Abril de i526, que en 
Septiembre del año siguiente encontró Caboto por esas 
vecindades. De la araada de éste sólo se quedaron 
alli un clérigo (que se volvió á España con García) y un 
marinero, que se hallaban temerosos deque los matase. 

Sumados todos, resulta, pues, que en realidad fueron 
3o, como calculaba Santa Cruz los españi>les queda- 
dos en la costa del Brasil, sin los tres que en tierra 
hizo echar Caboto; pero ni eran más de éstos, como 
decimos, los de su armada, ni se hallaban en San Vi- 
cente cuando García pasó ¿i la ida por allí. 

Oviedo, que debía tener la noticia de Alonso de 
Santa Cruz, añade que los portugueses vivían en la 
isla de más al sur de las dos que hay en la bahía. 
Tomo II, p. ii8. Varnhagen, Historia geral do Brasil, 
t. I, p. 83, estaba equivocado al decir que el bachiller 
vivia en el puerto de la Cananea, 

5. La noticia la da Varnhagen, sin nombrar ese 
autor y sin aceptarla tampoco, por no haberla podido 
comprobar, según dice. El escritor brasilero inclinábase 
á creer que sería más bien Gonzalo de Acosta, en lo que 



102 DIEGO garcía 



• Refiere García que allí tomó mucho re- 
fresco de carne, pescado y avilualias de 
h} tierra», agua y Í€ña y todo lo que liubo 
inenesler. Con el propósito de penetiar en 
el rio á do iba enderezada su derrota, com- 
pró lainbién un bergaiHin á un yerno del 
bachiller, llamado Gonzalo de Acosía,^ 



estaba dc)blemente equivocado, pues ni Acosta tenía 
ese grado, ni era el aludido por García. 

Si se conociera la lista de los tripulantes de las 
naves de don Ñuño, seria fácil descubrir por ella el 
nombre de ese bachiller. En una de las informaciones 
rendidas por Gonzalo de Acosta después de haber 
entrado al servicio de España, hay una pregunta rela- 
tiva á su familia. Habla en ella de su mujer é hijos, 
pei'o sin nombrar á nadie. 

Véase en nuestro Comíalo de Acosta lo que deci- 
mos tocante á ese bachiller portugués. 

6. Ge cía no lo nombra en su Relación, pero del 
documento que vamos á insertar aquí consta que así 
se llamaba. 

La Reina.— Nuestros Oficiales que residís en la cib- 
dad de Sevilla en la Ca a de la Contratación de las 
Indias. Gonzalo de Aco..;a, vecino desa dicha cibdad, 
me hi"0 : elaci()n que viviendo él en la costa del Brasil, 
en el puerto de San Vicente, arribó allí una nuestra 
armada que iba al Río de la Plata, y él dio y socorrió 
con muchas vituallas y un bergantín y otros aderezos 
de que la dicha armada 'enia mucha necesidad, y él 
fué en la dicha armada por lengua y sirvió en ella 
con mucha fidelidad, y á la vuelta que volvía dicha 
armada y la del capitán Sebastián Caboto, por el dicho 



EL VIAJE I03 



con quien se concerló que le acompañase 
como intérprete; y finalmente, «de acuerdo 
con todos sus oficiales é contadores é te- 
soreros», celebró con el bachiller y sus 
yernos una carta de flctamento, compro- 
metiéndose á llevarles á la Península 



puerto, y él les proveyó de muchos puercos y harina y 
otras muchas vituallas, y vendió ciertos esclavos á 
personas paiticulares, lo cual todo hi/o con celo de 
nuestro servicio y porque las dichas armadas viniesen 
en salvamiento á estos nue^tr^s reines, porque de 
otia manera corrieran mucho pelig-ro por la mucha 
necesidad que tenían de vituallas; y que agora algunas 
personas de las dichas armadas, que él así había 
vendido los dichos puercos y esclavos y otras cosas, 
á pagar en estos nuestros reinos, no ge 1()S quieren 
pagar, ni puede alcanzar justicia, especialmente el 
tesorero que venía en el armada de Diego García le 
tomó un esclavo y no ha podido al-^anzar del justicia, 
y me suplicó é pidió por merced vos mandase que co- 
nosciésedes de la dicha causa y le hiciésedes entero 
cumplimiento de justicia, é Nos lovímoslo por bien; 
por ende, yo vos mando que veades lo susodicho y 
llamadas y oídas las partes ¿i quien tocase y suma- 
riamente, sin dar lugar á largas ni dilacicuies de ma" 
licia, hagades y administredes en ella entei'o cumpli- 
miento de justicia, por manera que el dicho Gonzalo 
de Acosta le haga é alcance y por defeto della no tenga 
causa, ni razón de se quejar. Fecha en Ocaña, á cuatro 
días del mes de Abril de mili é quinientos é treinta y un 
ai'ios.— Yo i,A Reina.— Refrendada de Samano. Seña- 
lada del Conde y Doctor Beltrán, Licenciado Xu¿irez y 
Doctor Bernal y Licenciado Yssun^a. 



104 DIEGO garcía 

ochocientos esclavos, á cuyo intento, tan 
pronto como llegase al Rio de Solis, des- 
pacharia desde allí la nave grande, que 
aseguraba no podría utilizarla en aquella 
navegación, y correspondiendo asi tam- 
bién á los deseos de los armadores «<que 
no quisieron, aseguraba, sino hacérmela 
llevar cargada con esclavos». 7 
Después de haberse provisto de basti- 

De ese documento, que ahora se publica por prime" 
ra vez y se encuentra en el Archivo de Indias (148-2-2, 
libro II. folio 56 vito.) resulta, pues, que el yerno del 
bachiller á que alude García era Gonzalo de Acosta. 
Ya veremos que además de haber proveído también 
á García y Caboto cuando reg-resaban á España de lo 
que necesitaban, la actuación que le cupo desempe- 
ñar en las gestiones que alli pasaron entre el último 
y Francisco de Rojas. 

En un trabajo que acabamos de dar á luz pública 
tratamos por extenso de la persona de Gonzalo de 
Acosia. Aqui sólo advertiremos que se hallaba en San 
Vicente, al tiempo que llego alli García, desde hacía 
dos años, poco más ó menos. 

7. Loque García afirmaba respecto á las instruccio 
nes que del conde don Fernando de Andrade y de 
Cristóbal de Haro, sus armadores, había recibido, se 
comprueba con el tenor de la escritura pública sus- 
crita por ellos en la Coruña, origen y base de la expe- 
dición, donde se contempla especialmente la llevada 
de esclavos, cuya facultad se reservaban para sí, si 
bien el producido de los que se vendiesen sería para 
él armazón. Léase la cláusula novena. 



EL VIAJE I05 



mentos y hecho el contrato que queda 
indicado, García se hizo á la vela desde 
San Vicente, llevando á bordo á Gonzalo 
de Acosta, el 15 de Enero de 1528, y detúvose 
en el Rio de los Patos, que está, dice, á 27 
grados. 8 
I García pondera la «buena obra» que 
los indios que habitaban aquel paraje, y á 
quienes llama carrioces, hacían á los cris- 
tianos en general y muy especialmente á 
él, que le dieron «muchas vituallas, que se 
llama millo, é harina de mandioca, é mu- 
chas calabazas é muchos patos é otros 
muchos bastimentos». 

García no cuidó de expresar tampoco 
cuánto tiempo se detuvo en aquel puerto ó 
río de los Patos, como él le llama, y sólo 



8. Ese nombre era más conocido aplicado al puerto 
de los Patos. 

Según hemos procurado demostrarlo en nuestro 
T>iaz de Solis, había dos puertos en aquella parte del 
Continente que se designaban con ese nombre. 

Fernández de Oviedo, que disfrutó de los datos del 
cosmóg-rafo Santa Cruz, peritísimo en esa navegación, 
como que la habia hecho con Caboto, y que tenia á 
la vista la carta de Alonso de Chávez, lo pone en 27 
grados y medio, es decir, en medio grado menos que 
García. Caboto en su mapa le señala aproximada- 



!06 DIEGO garcía 



advierte que continuando su viaje llegó 
al cabo de Santa Maria, en 34 grados y 



mente la misma latitud. López de Velasco añade que 
el puerto de Patos es el mismo de Santa Catalina, «ó 
junto dé!, á la parte del sur, y asi lo tienen muchos por 
uno lodo», Pág-ina iSq de su 'Descfipcióft de las In- 
dias. Esto se confirma con lo que expresa el mismo 
García cuando dice: uaqui lleyó Sebastián Caboto 
muerto de hambre», etc. 

Herrera cambia en isla la designación de rio que 
Gaicía daba en su Relación al sitio de su llegada á 
aquel paraje. Década IV, libro I, p. 2. Quedaría por 
saber si en realidad el rio de los Patos corresponde 
al puerto del mismo nombre, como es lo probable. 

Don Rodrigo de Acui'ia ubica la bahía de Kjs Patos 
en ü8 g-rados. Medina, Documentos, t. III. p. 60. 

Don Félix F. Cutes en su estudio titulado /L7 ¡'uerto 
de los Patos, pág. 14, después de preguniai"se «si 
puede identificarse la bahía de los Patos á que arri- 
bara Acuña con el puerto del mismo nombre en que 
fondearon meses después Sebastián C¿iboto y Diego 
García», se pronuncia por la negativa. 

Cualquiera que sea la verdad al lespecto, basta á 
nuestro intento establecer que el puerto de los Patos á 
que llegó García es el mismo donde estuvo Caboto, 
es decir, en el de Santa Catalina. 

Ese ptierto (que Mitre y después Cutes consideran 
idéntico al Rio de los Patos de que habla García), 
gestaba en la isla de Santa Catalina ó á su frente, en 
el Continente? El punto, que ha sido controvertido 
por los autores que acabamos de mencionar, en opo- 
sición á la última afirmativa que nosotros habíamos 
indicado en Día^ de Solis, es motivo de la disquisición 
que le dedicamos en nuestro Sebastián Caboto, ac- 
tualmente en prensa y que el lector podrá ver allí. 



EL VIAJE 107 



medio, y que en la isla de los Pargos,9 
que está fuera del Cabo y es «gran pes- 
quería», se detuvo ocho dias, esperando 
el bergantín, que venía atrás, y luego de 
llegado, pasando á la vista de la isla de 

9. í¿Guál es esta isla de los Parg-os? Con ese nombre 
no la encontramos citada en carta algfuna, antigua 
(Inclusa la de Caboto) ni moderna. Madero, que fué 
anotando )a 1^elac¿ó/i _ de García, al llegrar íx este 
punto g-uarda completo silencio. Los detalles que Gar- 
cía da de ella son, simplemente, que está fuera del 
Cabo Santa Maria y que es de g-rande pesqueiia. 

Santa Cruz y Chávez, según el texto de Oviedo, ha- 
blan de la isla de las Palmas. Veamos sus palabras: 
ajunto i\ la punta ya dicha (Cabo de Santa Maria) está 
una isla que se dice de las Palmas, porque hay mu- 
chas (y aquestos españoles la nombran asi) y entrella 
y la tierra firme pueden estar muchas naos y muy 
seguras... Este Cabo de Santa María y la isla que 
Alonso de Santa Cruz llama de las Palmas, la llama 
Chávez isla de Lobos, y pone otra isla al lessueste 
veinte leguas del dicho Cabo, llamada isla Chripstóbal 
Jaques y otras isletas delante deslas en el mismo rio é 
del Este al Hueste, que las nombra Islas de Rodrigo 
Alvarez. Estas son cuatro islestas»... //z.y/or¿a general, 
t. II, p. 120. 

Estas liltimas aparecen también en el mapa de Ri- 
beiro(de la Propaganda) y en el de Caboto, y debieron 
su nombre á uno de los pilotos de éste que así se 
apellidaba. La de Cristóbal Jacques se denominaba 
así del nombre de un marino portugués que la descu- 
brió en 1526. 

Si aceptamos, pues, que la isla de las Palmas es la 
misma de los Lobos, tendremos que llegar á la con- 



I08 DIEGO garcía 



las Palmas, que está «iras de dentro del 
Cabo hacia el rio», y «la toma una legua 
á la mar», siguió por el estuario aden- 
tro, notando que á 35 leguas del Cabo se 
veía una isla que «hace señal de tres mo- 
gotes», 'o y estaba poblada de lobos mari- 
nos, hasta surgir 35 leguas más adelante 
de las islas de las Piedras." García tam- 
poco ha cuidado de decirnos cuándo tuvo 
lugar su llegada allí. 

clusión, para explicarnos el relato de García, que la 
isla en que estuvo esperando la llegada de su berg-an 
liq y que llamó, el primero, de los Pargos, son las 
isíetas de Rodrigo Alvarez. 

Debemos confesar que en los mapas modernos de 
que disponemos no hallamos semejantes isletas. Con- 
servaban, sin embargo, esas denominaciones hasta el 
siglo XVIÍ, aunque muy alteradas. Asi, en el mapa 
que lleva por titulo «Plata, Americae provincia,» se les 
llama de Pier Alvarez y de Aque, respectivamente. 

10. Esta isla de los tres mogotes que García no 
nombra y se hallaba á mitad de camino del Cabo del 
Santa María á la isla de Piedras, como se deja com- 
prender fácilmente, es la de Flores. 

11. Herrera, á nuestro juicio, no leyó con cuidado 
la Relación de García, pues dice que éste «tomó su 
derrota á las islas de las Piedras, que están 6o leguas 
(por 70 que expresa García) del Cabo de Santa María, 
y después aportaron á una isla que hace señal de tres 
mogotes», etc. Si no hemos entendido mal, lo que ex- 
presaba García era que la isla de los tres mogotes 
estaba á mitad de camino entre la de las Palmas y las 



EL VIAJE 109 



de las Piedras. En cuanto á cuáles fuesen éstas, creemos 
que la de San Gabriel, frente á la Colonia. Madero 
opinaba por alas del archipiélag-o frente ala Colonia», 
incluyendo asi en la designación de- Piedras las de 
Hornos y aquélla; pero, como observaba con razón el 
historiador argentino, la en que se detuvo García no 
pudo ser otra que la que indicamos, «única que se 
prestaba á servir de astillero, tanto por presentar al 
norte una playa adecuada, como porque las restantes, 
ó se inundan en las altas mareas ó son muy escar- 
padas». 




IX 



EN EL RÍO DE SOLÍS 

Lleg-a Diego García de Mogruer al Río de la Plata. — Se 
avista con Antón de Grajeda.— Comunícale éste 
las noticias que tenía de Caboto.— Regresa á donde 
estaban fondeadas sus naves y acuerda despachar 
á San Vicente la «Santa María del Rosario».— Con 
las dos restantes remonta el río hasta el puerto 
de San Salvador.— Su llegada á Sancti Spíritus.— 
Requerimiento que hace á Gregorio Caro.— Conti- 
núa su marcha aguas arriba del Paraná. — Encuén- 
trase con Caboto.— Incidencias que median entre 
ambos.— Resuelven bajar juntos á Sancti Spiritus. 




POCO ' de haber comenzado la tarea 
de armar el bergantín que llevaba 
en piezas, Diego García se embarcó en el 
que traíadesde España y empezó á remon- 



I. «E empezárnoslo á hacer, é de allí luego me partí 
en el bergantín armado». Tales son los términos em- 
pleados por García hablando de este punto en su 
Relación, bastante ambiguos, como se ve, defecto de 



DIEGO garcía 



tar el Río, deseoso de encontrarse con los 
cristianos que suponía andaban por allí, en 
vista de las huellas que de ellos habla 
notado. García no sospechaba quiénes 
podrían ser ellos, y lo menos que se imagi- 
nó fué que lo fueran Caboto y sus compa- 
ñeros, cuya destinación al salir de España 
se sabia que había sido á las Molucas. Iba 
ya unas 25 leguas rio arriba, según dice, 
cuando se encontró con algunas canoas 
de indios y un batel armado, en el que pudo 
reconocer venia Antón de Grajeda, á quien 
Sebastián Caboto había dejado á cargo de 
sus naves. No fué menor la sorpresa de 
Grajeda al saber que era García el que 
venía en el bergantín, pues en un principio 
creyó que serían Rojas, Rodas y Méndez, — 
á quienes Caboto había dejado abandona- 
dos en las isla de Santa Catalina, á su 



que adolece todo ese documento, pésimamente redac- 
tado desde la cruz i\ la firma. Es muy difícil adivinar 
lo que haya querido decir con la palabra luego, que 
acaso podremos pronto precisar. En cuanto á la ex- 
presión «con el bergantín armado», y así lo ha enten- 
dido Madero (p. 69), por lo que vamos á expresar en 
el texto se deduce que quería referirse al que llevaba 
armado desde España. 



EN EL RÍO DE SOLÍS I I 3 

paso por ella, ^ — los que se presentaban en 
el bergaiitiii, sin duda con el propósito de 
vengar la sinrazón que con ellos se come- 
tiera. 

Una vez que ambos jefes se reconocie- 
ron, Grajeda invitó á su nave á García, 
donde le hizo umucha honra», contóle lo 
que le habla ocui'rido hasta entonces á la 
armada de Caboto, y concluyó por i'efe- 
rirle que ese mismo dia acababa de recibir 
caria suya en ía que le avisaba cómo re- 
montando el Paraná, en un combate con 
los indios, habla muerto á más de cuatro- 
cientos y que iba «con gran vitoria». De 
este hecho se deduce que la entrevista de 
ambos jetes debió tenei* lugar probable- 
mente á fines de Febrero de 1528.'-^ 



•1. Respecto al año no puede caber duda, pues basta 
leer la carta de Luis Ramirez y cualquiera de las in- 
formaciones relativas á 1(js hechos de Caboto en el Pa- 
raná para persuadii-se de ello. El mes y el dia del en- 
cuentro de García y Grajeda es más problemático; y 
para asignarle la fecha que seilalamos hay que tener 
presente que la matanza de indios efectuada por la 
gente de Caboto parece que tuvo lugar más arriba 
de la isla que llamó de Año Nuevo, por haber arriba 
do á ella el dia primero de Enero de i528, y antes de 
salir del puerto que denominó de Santa Ana, al cual 



114 DIEGO garcía 



Después de aquel encuentro inesperado, 
y sin duda muy poco más tarde, García 
resolvió regresar al lugar en que estaba 
armando su bergantín, donde se hallaba 
también al ancla su nao grande, la «Santa 
María del Rosario»; y una vez allí, reunió 
á sus oficiales, que suponemos serian el 
contador, tesorero y piloto, y consideran- 
do el peligro que en ese paraje corría la 
nave por causa de las gurupadas tan fre- 
cuentes en él, acordaron despacharla á 
San Vicente para que fuese á cargar los 
esclavos de Gonzalo de Acosta, cuyo flete 

alcanzó el 27 de Febrero del mismo año, y de donde 
partió el 28 de Marzo. Alli supo también Gaboto la 
llegada de García, esto es, en dicho mes de Marzo. 

Goncordando, pues, estas fechas y computando en 
diez ó quince días el viaje de una canoa de indios 
desde la isla de Año Nuevo hasta el punto en que 
tuvo lugar el encuentro de am.bos capitanes, y en 
seguida el viaje de regreso desde alil hasta el puerto 
de Santa Ana en 20 días á un mes, creemos no andar 
muy distantes de la verdad al señalarlos últimos días 
de Febrero para aquel hecho. 

Esta cronología, además, se aviene bien con el 
tiempo que debió mediar entre la llegada de García 
á la Isla de San Gabriel y su encuentro con Grajeda. 
Viénese así en cuenta y creemos que se demuestra 
la tesis que sostenemos respecto á que en la Relación 
de García debe leerse i528 donde dice 1527. 



EN EL RÍO DE SOLÍS I l5 

había dejado concertado, con orden de que 
le aguardase en ese puerto. Es lo más 
probable que en ella partiese el piloto Die- 
go de Arias y el mismo Gonzalo de Acosta 
y no pocos de los tripulantes de la armada, 
como qao aquella nave era la mayor de 
las que la componían. LJevaban, además, 
la misión de dar cuenla, si se ofreciese la 
oportunidad de que por San Vicente apor- 
tase alguna embarcación, y de avisar en 
España cómo Sebastián Caboto, lejos de 
seguir su viaje á las Molucas, se hallaba 
en el interior del Plata. 

En esa conformidad, hizose luego á la 
vela la «Santa Maria del Rosario», y luego 
también despachó rio arriba las otras dos 
naves de la armada para qne se fuesen á 
reunir con las de Caboto en el puerto de 
San Salvador, que consideró la «única 
eslancia donde pudiesen estar en salvo», 
y continuando con empeño la tarea de 
armar el otro bergantín, al cabo de quince 
días 3 gastados por todo en aquellas faenas, 

3. Si la fecha que apuntamos más atrás tiene algfu- 
nos visos de probabilidad, la partida de García del 
puerto de la isla de San Gabriel debe haberse, por 



Il6 DI¿GO garcía 



empezó á remontar de nuevo el rio para 
tomar esla vez el curso del Paraná, llevan- 
do como tripulantes sesenta hombres, los 
mejores que tenía. 4 

Siguiendo su viaje, y al cabo de haber 
andado desde el punto de su partida, ochen- 
ta leguas, según su cálculo, sin haber 
encontrado indio alguno, «porque no íba- 
mos por donde ellos estaban», dice, fué á 
dar con el fuerte de Sancli Spiritus que 
Caboto habia hecho construir en la con- 
fluencia del Carcarañá con el Paraná, y 
allí halló al mando de él, por teniente de 
Caboto, á Gregorio Caro, quien tenia ya 
noticia de la llegada de Garda por carta 
que le habia enviado Grajeda.^ 

Púsose luego al habla con éste, requi- 



lo tanto, verificado en la última decena de Marzo de 
1 528. 

4. Este es el número que señala el mismo García, y 
si á él agregamos los que partieron en la «Santa 
María del Rosario» la nave grande, resultarla, por 
consiguiente, que de España habría salido por lo 
menos con 75 ú 80 hombres. 

5. Así lo asevera el mismo Caro en su confesión 
prestada en la información que Caboto levantó acerca 
de la pérdida de Sancti Spiritus. Véase Medina, Cabo- 
to, II, pág. 145. 



EN EL RÍO DE SOLÍS I I7 

riéndole que «se fuese de aquella conquis- 
ta, que no era la suya». Caro puso buen 
Semblante ante semejante requerimiento, 
alegando que se hallaba k cargo de ese 
fuerte por Su Majestad y por Sebastián 
Caboto, manifestándose dispuesto á acatar 
la intimación que se le hacía. 

Y en verdad que su conducta en esas 
circunstancias se explica perfectamente. 
La guarnición de que disponía no pasaba, 
en efecto, de Ireinla y dos hombres, infe- 
rior, por consiguiente, casi justamente en 
la mitad, á la que llevaba García, con la 
cual no habría podido i^esistirle si éste se 
hubiese empeñado en desalojarle del fuerte 
que mandaba; y, por otra parte, las noti- 
cias que tenía de su jefe eran muy diversas 
á las-que le había dado Grajeda en San 
Salvador. Se sabia allí ya, en efecto, que 
Caboto, lejos de seguir «con gran vitoria», 
se hallaba desbaratado y con pérdida de 
mucha de su gente á manos de los indios. 
Caro entonces, en vez de oponerse á la 
intimación de García, concluyó por rogar- 
le que si más adelante encontrase preso á 



Il8 DIEGO garcía 



SU jefe procurase rescatarlo, que él pagaría 
el rescate, rogándole muy especialmente 
que si Caboto hubiese perecido, no le de- 
jase á él y sus compañeros alli, sino que 
les llevase á España, en lo que baria ser- 
vicio á Dios y al Rey. 

Las noticias que Caro dio de Caboto á 
García eran, desgraciadamente, exactas. 

Caboto, siguiendo su viaje aguas arriba 
del Paraná, había salido del puerto de 
Santa Ana el 28 de Marzo y tres dias más 
tarde llegaba á la embocadura del rio Pa- 
raguay. Luego de penetrar en él, despa- 
chó en un bergantín á su teniente Miguel 
Rifos al mando de 30 hombres, con encar- 
go de hallar, si pudiese, la boca del rio He- 
petin y subir por él hasta dar con los 
agaes ó agaces, que se decía poseían oro 
y plata en abundancia, que procurase 
hacer paces con ellos y le esperase allí 
hasta que arribase en la galera en que él 
iba la sirga. , , •. 

Las cosas, no pasaron, sin embargo, 
así, pues cuando Caboto remontaba aquel 
río, vio venir al bergantín trayendo la 



EN EL RÍO DESOLÍS I I9 



noticia de que Rifos y 16 ó 18 de sus hom- 
bre habían perecido en una celada que les 
hablan tendido aquellos indios, escapando 
los restantes en su mayoría mal heridos. 
Esta era Ja noticia que ya Caro sabía en 
Sancti Spíritus cuando allí aportó García. 

No le quedó, pues, más remedio á Cabo- 
to que volver proas y comenzar á descen- 
der por el rio. 

Garcia, mientras tanto, había partido de 
Sancti Spíritus aguas arriba en la mañana 
del viernes santo de aquel año, esto es, 
el 10 de Abril de 1528, y al cabo de 27 días 
de viaje había alcanzado hasta 30 leguas 
antes de llegar á la embocadura del Para- 
guay, donde divisó, fondeadas al abrigo 
de una isla, las dos embarcaciones de Ca- 
boto.^ 

6. Respecto de este punto seguimos lo que dice 
Ramirez en su carta citada. La relación de García da 
á entender que remontó el Paraguay hasta nueve le- 
guas de su desembocadura en el Paraná: uque fasta 
aquí (Santa Ana) descubrimos é descubrió Sebastián 
Caboto, é fasta nueve leguas por el Paraguay arriba». 
De la misma Relación de García se desprende que el 
hecho es inexacto, como que dice á reglón seguido 
que la matanza que los indios hicieron en la gente 
de Caboto fué aantes que allegásemos á ellos ni los 



120 DIEGO garcía 



Tan pronto como divisó las velas de los 
dos bergantines de García despachó una 
canoa á encontrarlos, 7 y García, á su vez, 
envió á su teniente y al contador que pa- 
sasen á bordo de la barca de Caboto. Al 
dia siguiente, más ó menos, el 7 de Mayo 
de 1528, García y sus oíicialcs iban á 
comer con aquél. 

Las pi'imeras palabras de esa entre- 
vista entre ambos no fueron muycordiales, 
según parece, y en veixlad que á ello debió 
de contribuir la escasisima mesa de Cabo- 



viésemos». García, sin duda, pretendía con eso mani- 
festar que su rival no había descubierto m¿\s que él: 
y á esta afirmación suya, á todas luces intei-esada, 
tenemos que oponer el tesiimonio imparcial de Rami- 
re?:, que aseg-ura que el encuentro de ambos capitanes 
tuvo lugar en el punto que indicamos, esto es, 3o. 
leguas más abajo de la desembocadura del Pai^ag-uay. 
7. La fecha del encuentro no consta d¿ una nianera 
precisa. Madero creía que la muerte de Rifos y sus 
compañeros debió ocurrir en Abril de i528 (pág^ina 72) 
en lo que sin duda tiene razón; si bien poco más ade- 
lante afirma que Caboto llegó de vuelta á Sancti Spí- 
ritus en fines de ese mismo mes (página 73). Ahora 
bien: García dice en su relación que salió de aquel 
puerto el 10 de ese mes y que en 27 días anduvo hasta 
el punto que alcan/.ó en su exploración, punto que ya 
sabemos que fué donde encontró á Cabjto; luego, am- 
bos se avistaron el 6 de Mayo. 



EN EL RIO DE SOLIS 121 

to pudo presentar á sii comensal, hallán- 
dose tan corto de mantenimientos como el 
mismo Garcia. Hay antecedentes para 
creer que éste [)retendió en un pi'incipio 
seguir adelante su exploración y que aún 
requirió á Caboto en forma análoga á la que 
habia empleado en Saiicíi Spií'itus con 
Gregorio Caro, exigiéndole que se fuese 
del rio porque era suya aquella conquista. 
Caboto en respuesta alegaba que él tenia 
la primacía en el descubrimiento del rio, 
y que, asi, aquella conquista era suya, or- 
denando á Garcia que saliese de alli.s 



8. Véase la pres-unta cuarta de la información de 
Garcia, documento número VIL Alonso de Sania Cruz 
declarando al tenor de ella dice que «vido quel dicho 
capitán Sebastián Caboto requirió al dicho Dieg-Q 
García que se fuese del dicho rio», etc.; pero con ello 
sin duda alude á hechos posteriores, como que no se 
encontraba en aquel día en las naves de Caboto. 

Seí,'-ún Alonso Bueno, el requerimiento de Caboto á 
Garcia para que no continua.*^e su camino río arriba 
se lo envió á notificar á sus bergantines; y si fué por 
escrito, como parece, así debió de suceder. De esa 
declaración se desprende también con claridad el 
contexto del requerimiento de Caboto: le envió á re- 
querir que no pasase adelante por el dicho río con 
sus bergantines é su gente «por cuanto él tenia des- 
cubierto el dicho rio, é también que los indios les 



122 DIEGO garcía 



García ea apoyo de sus pretensiones 
mostróle entonces la provisión que llevaba 
del Rey 9 y que le daba completa razón en 
sus pretensiones. Caboto, sin embargo, se 
mantuvo firme. 

Al cabo de ciertos «debates é requeri- 
niientos» y tomando en consideración que 
después de lo ocurrido á la gente del ber- 
gantín de Caboto. juntos no parecían bas- 
tantes para sojuzgar á los indios, que 
sabían hallarse ensoberbecidos con su 
victoria; que ambos se encontraban esca- 
sos de provisiones; que la fortaleza de 
Sancti Spíritus, base obligada de sus ope- 

habian muerto ciertos cristianos en un bergantín, é 
que los matarían á todos, si adelante pasaban». 

Ga''cía habla de que los requerimieníos que le hizo 
Caboto fueron muchos (alude también á oti'os poste- 
riores) «para que no se moviese para arriba ni para 
abajo del dicho lio, jurando por vida del Emperador 
que lo haría ahorcar si otra cosa hacía». Pregunta 7 
del citado interrogatorio. 

9. Respuesta de Juan de Junco á la pregunta indi- 
cada en la información ii que aludimos. Sus palabras 
textuales al respecto son que «cuando lleg(') en el 
dicho río el dicho capitán Diego García se vido con 
él dicho capitán Caboto, que ya estaba allá, é le 
mostró la provisión que traía de Su Majestad para la 
dicha armada: é hobo entre ellos ciertos debates é 
requerimientos». 



EN EL RÍO DE vSOLÍS 123 

raciones en aquellas circunstancias, no se 
encontraba lejos; 'o acordaron por el mo- 
mento bajar hasta ella, construir alli una 
media docena de bergantines y subir en 
seguida unidos, para continuar la explora- 
ción del rio.ií 

En estos debates y requerimientos han 
debido mediar algunos días, muy pocos 
sin duda, pero el hecho fué que García 
desistió de seguir adelante y que ambos 
se volvieron á Sancti Spiritus. 

Ninguna incidencia que sepamos se pro- 
dujo en el viaje de regreso. Hay quien 
afirma que, en llegando ahí, Caboto «pro- 
curó de tomar parecer con sus oficiales» 

[O. Caboto en la confesión que prestó en Sevilla el 
27 de Julio de i53o afirma que sólo se hallaban á 5o 
leg-uas de Sancti Spiritus. iVledina, Caboto, t. II, pá- 
gina 160. 

II. Carta de Ramírez. 

«Se concertaron dichos capitanes, declara Casimiro 
Nuremberg.en la información aludida, de ir entrambos 
á una fortaleza que dicho capitán Caboto había hecho 
en el dicho río, para haber entrellos concierto». Otro 
tanto afirma Junco, sin adelantar los detalles que 
consigna Ramírez: «se concenaí on los dos capitanes 
é la gente de volver á la o ,e que tenia el dicho capi- 
tán Caboío... é que a til se concertarían en lo que 
convenía al servicio de Sus Majestades». 



124 



DIEGO garcía 



acerca del concierto que debia efectuarse 
con García; '2 pero lo cierto fué que éste, 
después de haber permanecido allí «cier- 
tos dias» í^^ una mañana al amanecer largó 
las anclas de sus bergantines y se fué sin 
decir palabra. . .: 

Esta condncta, al [)arecer atropellada, 
tiene, sin embargo, su explicación. 



12. Carta de Luis Ramírez. 

i3. Declaración dt Alonso Bueno, en el documento 
de nuestra referencia. 

Caboto en su confesión prestada en Sevilla (^Medina, 
Caboto, II, p. i6o) dice á este respeto: «Entrambos [él 
y García] se volvieron á la dicha casa, y el dicho Die- 
go García otro día de mañana se partió sin decir nada 
á este declarante». 

Preferimos la noticia de Caro, porque es lo natural 
que ocurriese y por lo que se verá en el texto. 




CON CABOTO 

Píirtida repentina de Diego García.— Celada que le tien- 
de Caboto. — Ordenes que éste comunica á Grajeda. 
— Sale en scg-uimicnto de Gai cía. -Concierto ce- 
lebrado entre ambos.— Despacho de emisarios á 
España. — Estancia en San Salvador. — Partida á 
Sancti Spiritus.— Cabóto y García vuelven [é. re- 
montar el Paraná. — Por las noticias que tienen de 
un levantamiento de los indios regresan al fuerte. 
—Nuevas que Francisco César trae acerca de las 
riquezas que había tierra adentro.— Origen proba- 
ble del nombre del Río de la Plata.— Acuerdan en 
vista de esas noticias emprender una jornada al 
interior.— Con motivo de la pérdida de Sancti Spi- 
ritus, García resuelve regresar á España, 



DO García persuadirse, desde que se 
Livistó con Caboto, que éste no esta- 
ba dispuesto á reconocerle los derechos 
que le con feria su capitulación real en las 
regiones del Plata: concepto en que á to- 

9 



Í26 DIEGO GARCÍA 



das luces se i'obiisteció durcinte el ti^a- 
yecto hasta el í'uerte. 

Cuando se conoce el carácleí* de Cabolo, 
se ve que lo que éste quiso al halagarlo 
con hacer un concierto, fué simplemente 
ganar tiempo, hasta tenerlo en su poder, 
en el centro de su base de oi)eraciones y 
cerca de sus naves, que ei'an mucho más 
fuertes que las de Garcia. Es muy pro- 
bable que una vez que le vio en Sancli 
Spíritus pi'osiguiese en sus requerimien- 
tos para que no entendiese en las cosas de 
justicia Cíen la tierra, excepto en su nao»; 
para que no se moviese del dicho rio para 
arriba ni para abajo, como á una lo afir- 
man los testigos tan abonados que Garcia 
presentó en Es[)aria al tenor de su infor- 
mación contra él, que si bien no precisan 
el momento en que tuvieron lugar, la con- 
ducta de Garcia manifiesta que fué desde 
ese mismo punto. 

Mas aún: luego de llegar allí, Caboto 
despachó un «bergantinejo» para prevenir 
á su teniente Grajeda que «estuviese sobre 



CON C A BOTO 127 



■' aviso»;' pero, eu realidad, la carta tenia 
por objeto ordenar á Grajeda que hiciese 
quitar las velas al galeón que Gai'cia habla 
dejado en el puerto de San Salvador, como 
en efecto se hizo. 2 

Garcia, que debia estar ya receloso de 
Caboto, no ha podido menos de sobre- 
saltarse al ver la partida del berganlinejo 
y comprender que cuanto antes le conve- 
nía escapar á las arterias de su rival, que 
podian parar quizás en su prisión. 

Asi se explica naturalmente su partida 
precipitada y casi clandestina de Sancti 
Spií'ilus. Su i'esolución estaba tomada 
desde entonces, y era la única que cabla 
en semejante emei-gencia, ya que los cor- 
tos elementos de que disponía no le per- 
mitían hacerse respetar poi* la Fuerza, si 
llegase el caso: cual era, la de avisar al 
Emperador lo que le ocurría con Caboto. 

1. Esta es la expresión de que se vale Gieg-orio 
Caro en su confesión citada. Medina, Caboto, II, pá- 
gina 145. 

2. Alonso Bneno, quú fué el portador de la carta 
eíi que iba esa orden, asi lo confiesa caleg-óricamente. 
Léase su declaración al tenor de la quinta pregunta 
del interrogatorio de García (documento número VII). 



128 DIEGO garcía 



Pero éste, que comprendía la situación 
falsa en que se veía, no podía consentir 
que su rival le tomase la delantera; y, al 
efecto, «luego se partió tras él con el ga- 
león é con la carabela é un bergantín». ^ 

Permanecen en la penumbra del silencio 
que los documentos guardan al respecto 
los hechos que se refieren á aquella inci- 
dencia, que ha debido ocurrir á fines de. 
Mayo de 1528. No puede dudarse, desde 
luego, de que Grajeda cumplió la orden 
de Caboto; sábese, además, que, según lo 
afirmaba García al Consejo de Indias, Ca- 
boto le puso tiros de artillería para que no 
se moviese del río, teniéndole siempre cer- 
cado, como decía él y lo corroboran testi- 
gos de aquellos sucesos, en tanta manera, 
que no le dejaba á él ni á su gente ir si- 
quiera á coger yerbas donde las había para 
alimentarse, á cuya causa los marineros 
de García se iban por ahí desesperados, «é 
los mataban, así indios como onzas»; ni 
tampoco les permitía pescar para que co- 
miesen, hasta el extremo de que un día 

3. Confesión citada de Caro. 



CON CABOTO 



que salieron, Caboto hizo armar una barca 
y les tomaron el batel en que andaban. 4 

Caboto en apoyo de su conducta daba al- 
gunas razones especiosas, — recurso abun- 
dante en él y de que sabia hacer un uso 
admirable, — aceptables en apariencia pero 
falaces en el fondo. Si había hecho colo- 
car esa artillería no era para impedir á 
García que se moviese, sino porque le lle- 
garon nuevas de que venía una armada de 
Portugal por el río; y si les impedía á los 
marineros de García que saliesen á pescar 
y á recoger yerbas de que alimentarse, era 
porque en realidad se iban á rescatar con 
los indios, cosa que él no podía consen- 
tir.? 

El caso fué que, mediado todo esto, Ca- 
boto y García llegaron á un concierto, por 

4. Todos estos hechos constan de las declaraciones 
de los testigos de García, que habían sido siibordinados 
de Caboto y de los piincipales de su aimada: Alonso 
de Santa Cruz, Juan de Junco, Alonso Bueno, y lo que 
es más, el mismo Nuremberg, uno de los hombres de 
confianza de Caboto. 

5. Léase la declaración de Nuremberg, decidida- 
mente en disculpa de Caboto, pero que deja traslu 
cir, confrontándola con las de los demás testigos, la 
verdad de lo que ocurría. 



3o DIEGO garcía 



el cual se convino que ambos despacharían 
sus emisarios á España, que tornarían á 
la fortaleza después de construir los ber- 
gantines que les hacían falla, para hacer 
juntos su entrada, «por agua é por la tierra, 
como á ellos mejor les pareciese», partien- 
do lo que adquiriesen, llevando García la 
tercera parte, «conforme á la gente que 
cada uno metía é tenia» /^ Desde luego, 
además, cada uno de ellos despacharía 
sus emisarios á España, como en efecto lo 
hicieron, enviando ambos á Carlos V no- 
ticias de lo que les ocurría, con más «cier- 
to metal de oro é plata». 

Dados los antecedentes que quedan ex- 
presados, tenemos [)or indudable que Gar- 
cía, que fué el primero en despachar su 
nave, no lo hizo sino en virtud del con- 
cierto que queda indicado. 7 La carabela 

6. El texto de] concierto no se conoce, y los parti- 
culares que acerca de él damos constan de la declara- 
ción de Alonso Bueno, que á todas luces la tuvo en 
vista. Este habla de que la parte de García debía ser 
la terceía ó cuarta, pero Alvaro Núñez en su deposi- 
ción acerca de la pérdida de Sancti Spíritus afirma 
categ-óricamente que fué el tercio «de lo que se alcan- 
zase». Medina, Caboto, II, p. i35. 

7. Las comunicaciones que ambos enviaron á Es- 



CON GABOTO l3l 



de Caboto partió de San Salvador hacia 
mediados de Julio de ese afio 1528.8 

Mientras tanto, Caboto conservó en su 
poder las velas de las embarcaciones de 
García, que sólo le fueron entregadas al 
tesorero Juan López de Pi'avia, teniente de 
aquél, cuando tornaron <á subir por el rio 
arriba. 9 

Mny cerca de cuatro niesos se cuedaron 
Cabülo y García en el puerto de San Sal- 
vador, después de haber despachado sus 
emisarios, eslo es, hasta unes de Julio 
ó pi-incipios de Agosto de 1528.'^^ Consta 

pana se han perdido, siendo lo cierto que la nave des- 
pachada por García no ileg-6 á la Península. 

En la real cédula de ii de Marzo de i53o, que hemos 
publicado en las pá<^nnas 77-78 del tomo U de Sebas- 
lián Caboto, dirij^-ida por la Reina á los armadoi-es 
de ambos capitanes, se habla de la^ nuevas que de 
ellos se tenían en España y del propósito de socorrer- 
los; pero es evidente que en lo lelativc^ á García la no- 
ticia procedía de los emisarios de Gabolo. 

En los g-esiiones que se hicieron para el, socorro pro- 
yectado no tomaron, sin embaig-o, paiie alguna los 
armadores de García. 

8. Luis Ramírez envió en ella su caila, que está 
detada allí el 10 de ese mes. 

9. Respuesta de Bueno á la pregunta quinta del 
interrogatorio de García. 

10. En la pregunta XI de su interrogatorio en el 



l32 DIEGO garcía 



que Caboto partió adelante con cuatro 
bergantines y llegó con ellos á la fortaleza, 
donde pocos dias después arribó Garcia 
con los tres que le pertenecían.' • 

Después de permnnecer en Sancti Spi- 
ritus más de un ines,'^ ambos capitanes 
partieron aguas arriba con los siete ber- 
gantines con el propósito de descubrir las 
minas comarcanas al rio del Paraguay. '^ 
Habían avanzado, en efecto, hasla veinte 
leguas adelante de la embocadura de aquel 
rio '4 V se hallaban en casa de unos indios 



pleito con Catalina Vá/.qaez, Caboto expresa que «pa- 
só obra de cuatro meses en hacer los bergantines.» 

11. Juan de Junco, que llevaba íi su carg^o uno de 
los bergantines de Caboto, asi lo afirma. Respuesta á 
la pregunta undécima del interrogatorio citado de 
Caboto. 

Antonio de Montoya asevera lo mismo, añadiendo 
que García partió de San Salvador «pocos dias des- 
pués» cor. los tres bergantines. 

Gregorio C¿iro expiesa que tLivo noticia del concier- 
to por carta que le escribió Caboto. y que después de 
éste, «á pocos días» llegó á Sancti Spiíitus, donde él 
estaba, Diego Garcia. 

12. Pregunta XII del citado interrogatorio. 

i3. Pregunta "8 de la información de Caboto contra 
Catalina Vázquez. 

14. Oviedo, t. II, p. '176, afirma esto mismo, pero 
incurre en el error de suponer que al lugar de donde 



CON CABOTO I 33 



chandiiles, que se decían sus amigos, bus- 
cando mantenimientos, cuando Caboto 
supo por un indígena esclavo suyo que le 
acompañaba, que era de la nación de 
aquéllos, que entre los comarcanos á la 
fortaleza y los chandules en cuyas regio- 
nes estaban tenían ordenado de matar á 
un tiempo á los expedicionarios y á los 
españoles que habían quedado en guarda 
de la fortaleza y de las naves. 

Pocas horas después de saber esta noti- 
cia, á la noche siguiente, emprendieron 
de nuevo su retirada aguas abajo y al 
cabo de sesenta días gastados entre ida y 
vuelta, Caboto y García venían á dar fon- 
do en las aguas del Carcarañá, frente al 
fuerte. 

Allí hallaron los indios alzados y á poco 
supieron que los guaraníes, que tenían por 
amigos, habían muerto á tres españoles 
que iban del puerto de San Salvador á la 



regresaron, que era una bahía, puso Caboto el nombre 
de Santa Ana: en una palabra, coloca á Santa Ana en 
el Paraguay y no en el Paraná donde, por lo que 
queda expresado más atrás, era su verdadera situación. 
Vide siipra, página 119. 



I 



i34 DIEGO garcía 



fortaleza, dos de Caboto y uno de García. 
En cambio, á los ocho días de estar allí, 
.llegaban el capitán Francisco César con 
siete compañeros, á quienes había dado 
licencia Cabolo meses antes para que fue- 
sen á descubrirlas minas y otras riquezas 
en la tierra adentro, ponderando las mu- 
chas de oro y plata y piedras preciosas 
que habían visto. 

Estas noticias vinieron á conllrinar las 
que García tnvo en un viaje anterior acer- 
ca de tales riquezas. Se recordará, acaso, 
que entre los objeto que los expedicionarios 
de la armada de Solís llevaron á España 
decíamos que se contaban unas cuantas 
piezas de plata y que el afortunado poseedor 
de esas muestras de la riqueza de la parte 
del continente cuya exploración acababa de 
iniciarse era Diego García. Y ellas fueron 
precisamente las que por un verdadero 
sarcasmo del destino arrebataron á Diaz 
de Solís el nombre de descubridor del Río 
á que tenía derecho y produjeron, entre 
otras causas, en el ánimo del mismo Gar- 
cía' y de ios armadores de su segundo via- 



I 



CON CABOTO l35 



je á aquellas regiones, y luego en Sebastián 
Caboto, el espejismo que llegó á deslum- 
brar á éste á tal punto, que diez años más 
tarde le indujo á dejar su proyectado viaje 
á las Molucas para ir á gastar miserable- 
mente su gente, su tiempo y su fama en 
busca de riquezas que no existían. 

Gai'cia, en efecto, en el memorial que 
presentó al Consejo de Indias y que inser- 
tamos bajo el número I délos documentos, 
decía literalmente: «Sabe Su Alteza que en 
esta corte truje plata y señal de oro é co- 
bre, una pieza de metal con dos obispos y 
Padre Santo, aseñaladas las figuras en la 
dicha pieza.» '5 Y tal fué, en nuestro con- 

i5. Como puede parecer muy extraño que del Rio de 
Solis pudiera llevar García una pieza con semejantes 
fígu!-as, apenas necesitamos decir que tal creencia se 
produjo en su ánimo por la semejanza que algunos de 
los artefactos peruanos del tiempo de los Incas revisten 
con los personajes i\ que alude. Véase sobre el particu- 
lar la lámina y descripción de una pieza análog-a 
publicadas por don T. Al. Pérez en El Correo del Perú, 
3i de Diciembre de 1879. 

García no dice dónde obtuvo las tales piezas, pero 
resulta con claridad que debe haber sido an'.es de lle- 
gar á la isla de iMartin García, como que probable- 
mente él no iba en la carabela de la que desembarcó 
Díaz de Solis, y en todo caso no más al interior del 



i36 DIEGO garcía 



ceplo,, el punto inicial que sirvió para cam- 
biar, produciendo una gran impostura his- 
tórica — que desgraciadamente no fué única 

Río. Salvo que se acepte la existencia de un segundo 
viaje suyo á aquellos parajes anterior al de i527, en 
cuyo caso las llevaría en esa ocasión. 

Herrera, refiriendo el viaje de Díaz de Solís, cuenta 
que éste ó sus compañeros llamaron de la Plata ¿i una 
isla que descubriei'on entre los 25 y 27 grados. 

^Gu¿il era esa isla que llamaron de la Plata? Madero 
se limita á afirmar que fué la de Santa Catalina, fun- 
dado quizás, aunque no lo dice, en que los expedicio- 
narios surgieron en 27°, cuya latitud corresponde pró- 
ximamente á la de la isla de Santa Catalina (la punta 
norte ó de Rapa está en 27°, 22', 3 i"). Del contexto de 
la relación de Herrera parece deducirse otra cosa 
pues expresa que después de haber salido de aquella 
isla, haciendo el camino del sud-este, «suigieron en 
una tierra que está en los 27"», y, por consiguiente, en 
un punto del continente. Es probable, por lo tanto, 
que la isla de la Plata fuese la de San Fi^ancisco. 

A afirmar esta congetura concurre el hecho de que 
la punta sur de la desembocadura del río de San Fran- 
cisco, situada en 26°, 6', 33", se denomina hasta ahora 
de Juan Diaz. 

^La llamaiían acaso asi por haber encontrado en ella 
las muestras del metal que llevó Gaicia? Podría el he- 
cho revestir algima probabilidad si el cronista dijera 
que habían desembarcado en ella, cosa que no expre- 
sa. El nombre que le dieron, con todo, es sugestivo, y 
vendría á probar, siendo cierta la sospecha, que los 
productos incáslc s se hablan esparcido entonces de 
mano en mano entre los indios hasta aquella inmensa 
distancia de sus centros de producción. 



CON C A BOTO I 37 



en los fastos de América — el nombre de 
Rio de Solís en Rio de la Plata. '^ 

Con las noticias que dio César, Cabolo, 
Garcia y los otros capitanes y oficiales 
acordaron de hacer nna entrada á las di- 
chas minas hacia el interior, poniendo las 
naves y fortaleza á buen recaudo. 

A este intento, ambos jefes volvieron á 
tomar el camino del puerto de San Salva- 
dor en cuatro de los bergantines, dejando 
los tres restantes anclados en el Carca raña, 
y se hallaban en aquella tarea cuando 
vieron llegar alli como fugitivos en uno 
de los bergantines, á Gregorio Caro y 
Alonso de Santa Cruz con obra de cincuen- 
ta personas, todos desnudos y sin armas, 
contando que los indios habian asaltado 



I- 



16. «...Aquel grand rio de la Plata, dice Oviedo, im- 
propiamente así llamado, pues que nunca en él se ha 
hallado, ni la vieron, ni se sabe que la haya hasta 
agora...» T. 11, pág. 181. 

Acerca del origen del nombre de la Plata dado al 
rio, véase lo que decimos eji las pp. cclxv-cclxxvi de 
nuestro Juan Diaz de Solis. Cúmplenos ag-regar que 
hoy se conocen algunos antecedentes que acaso mani- 
fiestan, que fueron los portugueses los primeros que 
llamaron de la Plata al rio descubierto por Diaz de 
Solís. 



i38 DIEGO garcía 



el fiierle y muerto á treinta de sus defen- 
sores. ^ 7 

Con esta noticia, Caboto se vio en el 
caso de dejar los aprestos en que se halla- 
ba empeñado, y acompañado de Garcia 
tomó luego el camino del fuerte, donde 
halló toda la gente muerta en el rio y los 
bergantines debajo del agua, pei'didos. La 
presencia de ambos capitanes en el sitio 
de la catástrofe sólo sirvió [)ara recoger 
los pasamuros y versos que los indios no 
hablan podido ó querido llevarse, y hecho 
esto, regresaron á San Salvador. Una vez 
alli, Garcia abandonó deíjiiitivamenle la 
idea de la excursión en busca de las mi- 
nas, que tanto les había halagado á él y á 

17. Las incidencias de la pérdida del fuerte de 
Sancti Spiritus y de las circunstancias qne la prepa- 
raron, derivadas especialmente de las mata.izas á 
destajo que ordenó Caboto después de su regreso al 
fuerte, y en las auales cupo también alguna parte á 
Diego Garcia y á su gente, como que concurrieron á 
ella, las contamos en nuestro Caboto. Don Samuel A. 
Lafone y Quevedo, en las columnas de La Capital de 
Santa Fe (número de 9 de Julio de 1907) publico un 
interesante articulo al respecto. 

De los compañeros de García había qijince en su ber- 
gantín (Caboto, t. II, p. 114) de los cuales saltaron 
seis á tierra para oponerse á los indios (pregunta 29 



CON C A BOTO 139 



Caboto, y con toda dilig-encia emprendió 
la vuelta á España. is 

del documento á que aludimos). El que en ese hecho 
estaba llamado á desempeñar algún papel era el con- 
tador Sandoval. Asi, sabemos por Grcí^orio Caro, el 
comandante del l'uerte, que tenia conceitado con él 
que en caso de alyún ataque de los indios, se situase 
con el bergrantin que tenia ¿i caii^o fíente al fuerte para 
coadyuvar á la defensa, á cuyo intento Alonso de San- 
ta Cruz debia unírsele ct):i una barca tripulada por 
quince hombres. Preyunta i'j del intei-rogatorio de 
Caro, páginas 265 del tomo II de Caboto Llegado el 
momento del asalto, no hubo sin embargo, riada eso. 
18. En esta iiltima parte de nuestro relato hemos 
seguido casi al pie de la letra el interrogatorio pre- 
sentado por Caboto en su pleito con C^atalina Váz- 
quez, que podrá verse integro entre Ic^s documentos 
del tomo I de nuesti-o Caboto. 



XI 



REGRESO Á ESPAÑA 

García se hace á la vela desde el puerto de San Sal- 
vador.— Parte con sólo el graleón que le quedaba. 
— Detiénese en la isla de las Piedras para hacer 
provisión de carne de lobos.— Alcánzale Caboto 
en el puerto de los Patos. — Arriba á San Vicente. 
—Embarca alli cierto número de esclavos -Llega" 
da ¿i Sevilla. 




uÁNDO partió Diego (3a reía del puerto 
de San Salvador? Probablemente 
en los últimos dias de Septiembre y 
duda antes del 6 de Octubre de 1529.' 



sin 



I. Para afirmar esto nos fundamos en que allí re- 
unió Caboto á sus oficiales dicho día 6 de Octubre de 
i529, á fin de consultarles lo que debía hacerse en esas 
circunstancias, siendo todos de parecer que se espe- 
rase hasta el mes de Diciembre próximo, y que 
si para entonces no les hubiesen llegado socorros de 

10 



14!?- • - -■'- DIEGO garcía 



Como se recordará, luego de haber lle- 
gado al Rio de Solis, tan pronto como se 
avistó con Grajeda, envió la «Santa María 
del Rosario» á San Vicente; y más tarde, 
cuando entre él y Caboto surgieron las 
divergencias que conocemos, despachó 
uno de sus bergantines á España con no- 
ticias de lo que ocurría; de modo que de 
las naves con que había partido de la Co- 
rulla, sólo le quedaban el galeón, que 
siempre estuvo anclado en el puerto de 
San Salvador, y un bei'gantín, pues el 
que habia construido alli cuando se con- 
certó con Caboto, estaba ya medio anega- 
do al tiempo que los indios asallaron á 
Sancti Spiritus y de hecho acabó de per- 
derse con la catástrofe del fuerte. 

España, emprendiesen el viaje de rejjfreso. En esa 
reunión no estuvo presente Diego García, lo que sin 
duda no habría deiado de acontecer caso de hallai-se 
alli. Concurren á manifestar eso mismo las palabras 
del interrogatorio citado de Caboio, en las que declara 
que García, una vez en San Salvador, «con toda dili- 
g-encia» emprendió su viaje de reg-i-eso. 

Nicolás de Ñapóles, uno de los testigos de Caboto, 
respondiendo á esa pregunta (47) dice que «vido que 
el dicho capitán Diego García, llegado á las naos 
puerto de San Salvador) se partió»... 



REGRESO Á ESPAÑA 143- 

Todo induce á creer que su partida á 
laPeninsula tuvo lugar en sólo el galeón 2 
y que el bergantín que le quedaba lo deja- 
ra abandonado en San Salvador.^^ 

Para su partida inmediata después del 
desastre de Sancti Spiritus tenia sobrada 
razón. No le era dado ya hacer nada en el 
Plata con los pobrisimos elementos que le 
quedaban, tanto más, cuanto de sobra sabia 
el estado de revuelta en que se hallaban 
los indios; no debía esperar socorro alguno 
de la Península; y, por fin, hacia ya más 
de año y medio á que la «Santa María del 



2. Del hecho no puede dudarse, mejor dicho, como 
que asi lo afirma en su Relación: «porque traíamos 
un navio sólo». 

López de Pravia en la declaración que prestó en 
Sevilla en el proceso sobre averig-uación de los escla- 
vos que García llevó á España, dice que él se fué en 
la «Sarita María del Rosario», «en que vino el dicho 
Capitán Dieg-o García». Y éste, por el contrario, aseve- 
ra que «en el g-aleón en que este tesiig-o vino ag-ora 
del Rio de Solís». 

Parece que esta contradicción puede explicarse su- 
poniendo que García llegara á Sanlúcar en el graleón 
y que allí tomara la «Rosario» para seguir á Sevilla. 

3. M¿is adelante veremos que se habla de un ber- 
gantín de la armada de García, pero ese fué el que 
despachó para enviar noticias á la corte. 



144 DIEGO GARCÍA 



Rosario», su nave principal, le aguardaba 
en San Vicente. Podría volver allí en otra 
ocasión en mejores condiciones, y con ese 
pensamiento, llevóse tres indios «atam- 
bures», uno de los cuales destinaba á que 
le sirviese de intérprete cuando volviese. 4 

La dificultad grave que se le ofrecía en 
aquellos momentos era que no contaba 
con ningunos mantenimientos para el via- 
je. A intento de procurárselos, detúvose, 
pues, en la isla de las Piedras para hacer 
tasajo de la carne de lobos, que en tanta 
abundancia existían entonces allí. Con 
razón pudo, asi, decir más tarde que ellos 
les «dieron la vidaw.^ 

Merced á ese recurso pudo alcanzar 
hasta el Río de los Patos, donde los ca- 
rrioces, que en ese lugar vivían, le sumi- 
nistraron «muchas vituallas, que se llama 
millo é harina de mandioca, é muchas 
calabazas é muchos patos é otros muchos 
bastimentos, porque eran buenos indios». ^ 

4. Así lo declaró en la información levantada en 
Sevilla sobre los esclavos que llevó de su viaje. 

5. Relación suya citada. 

6. Id., id. 



REGRESO Á ESPAÑA 145 

Su navegación debe haber sido muy 
lenta, pues estaba allí cuando le alcanzó 
Caboto, que habla partido de San Salva- 
dor tres meses, más ó menos, después 
que él, salvo que su permanencia en ese 
lugar se prolongara por mucho tiempo. 

Supo en Santa Catalina que en el ber- 
gantín que despachó desde San Salva- 
dor se había embarcado Francisco de Ro- 
jas, de la armada de Caboto, abandonado 
por éste, con dirección á San Vicente; y 
sin aguardar á aquél, 7 continuó su de- 
rrota para ese puerto, adonde le hallamos 
en Marzo de lo3ü. 

Allí le alcanzó también Caboto, que ase- 
guraba se había propuesto recoger en ese 
lugar á Rojas, habiéndole tocado á Gar- 
cía íigurar en las actuaciones que ante él 
se instauraron entre ambos para que 
Rojas volviese al lado de su antiguo jefe, 



7. Todos los testigos presentados por Caboto, res- 
pondiendo á la pregunta 61 de su interrogatorio en su 
pleito con Catalina Vázquez están de acuerdo en afirmar 
que García no lo quiso esperar. 



146 DIEGO GARCÍA 



á lo que aquól tenazmente y con sobradas 
razones se negó.s 

En San Vicente encontró García á la 
«Santa María del Rosario» y á Gonzalo de 
Acosta, con quien procedió, él y sn gente, 
por cuenta propia y de la armada, á tratar 
los esclavos que había de conducir á Es- 
paña, que al fin fueron setenta por todos. 9 
En la «Santa María del Rosario» se lleva- 
ron más de otros cuarenta.'*^ 

8. Véanse esas dilig-encias en las pp. 481 y sig-uien- 
tes del tomo II de nuestro Caboto. 

9. Este númeiu se descompone de la manera si- 
guiente: 

El tesorero Juan López compró tres; 

García adquirió ocho para si; 

Vasco Núñez, tres. 

La tripulación «obra de otros veinte esclavos». 

Por cuenta de la armada, embarcó García 16 de 
Gonzalo de Acosta, que los dio por flete de su pasaje 
y délos que llevó para sí, que fueron i5; 

Várela, el escribano, por fin, compró dos: todos los 
cuales forman un total de 70. 

Respecto de los esclavos adquiridos por la tripula- 
ción, da García un dato que permite determinar 
aproximadamente el número de hombres que la com- 
ponían, pues dice que aquellos veinte esclavos, los 
llevaban «entre dos marineros un esclavo, é otros 
cada uno, uno»: lo que parece indicar que los tripu- 
lantes eran quince. 

10. Según la declaración de López de Pravía, estos 



REGRESO Á ESPAÑA I47 

Carecemos de antecedentes para deter- 
minar la fecha en que García partió de 
San Vicente, ni sabemos tampoco si lo 
hizo antes ó después de Caboto, ó en su 
compañía." Pnrece si que de ese puerto 
salió con sólo la « Sania Maria del Rosario» 
y el galeón, habiendo dejado seguramente 
allí, por inúlil. ó poi* olrns cnusas, quizás 
la falla de tripulantes ^"^ de bastimentos; 
el bergantín. 

cuaienta esclavos pertenecían á las siguientes per- 
sonas: 

16 de cuenta del Rey, incluyendo tres que iban es- 
condidos; 

4 del dicho López; 
10 ó 12 de García; 
i5 de Acosta; 
4 de Pacheco; 

2 del clérigo Francisco de Lemos; 

3 de Vasco Núñez; 

2 del escribano Vai-ela; 

10 ó 12 de los marineros, á quienes se los dio García 
en pago de su trabajo, es decii-, de sus sueldos. 

1!. Madero, obra citada, p. 82, dice que partieron 
juntos; pero no encontrarnos en los documentos apoyo 
para esta aserción. 

12. No es dable precisar tampoco el número de éstos. 
En una nota anterior hemos dicho que los del galeón, 
serian talvez quince. En todo caso es evidente que 
eran algunos menos de los que salieron de España. 
Sabemos, en efecto, que á uno mataron los indios 
yendo desde el puerto de San Salvador á Sancti Spíri- 



148 DIEGO garcía 



Respecto á las incidencias de su viaje, 
sólo sabemos que á la altura de 17 grados, 



tus, donde es muy probable que perecieran también 
alg-unos, fuera de los que se decía que habían muerto 
de hambre en el rio. 

Puede aseg-urarse que con García se embarcó Fran- 
cisco de Rojas, si bien, en cambio, respecto de Gon- 
zalo de Act)sta podr¿i dudarse si síííuíó á España con 
él ó con Caboto. En un extracto de carta, fecha de 
i53i, del Consejo de Indias al Rey, se afirma que par- 
tió con Caboto, pero uno de los compañeros de éste, 
Casimiro Nuremberg, en su deposición prestada 
ante los Oficiales de Sevilla en i8 de Febrero de i53o, 
luego de llegar allí, contradice esa afirmación. Medi- 
na, Caboto, II, p. 154. Lo natural era que se embar- 
case con García, como efectivamente sucedió. 

Todos los declarantes en las informaciones ren- 
didas en España luego de la llegada de García hablan 
de la «Sania María del Rosario» y del galeón, pei"o 
guardan completo silencio respecto del bergantín, lo 
que indica que lo dejó en San Vicente. 

Se dirá acaso que si el bergantín no figura entre las 
naves que condujo García á su regreso fué por haber 
llegado á España antes que él, como que lo despachó 
después de sus primeras desavenencias con Caboto. 

En los documentos no se halla rastro de que llegara 
á la corte carta alguna de García, cosa que no suce- 
dió con la que Caboto escribió en aquellos mismos 
días en que García despachó sus emisarios. 

Sabemos sí respecto de ese bergantín que en él se 
embarcó Francisco de Rojas en Santa Catalina y que 
continuó viaje hasta San Vicente. Si hubiera pasado 
más adelante, no es creíble que Rojas perdiese la 
oportunidad de continuar en él su vuelta á España, 
que tanto le interesaba. Fué en efecto lo que ocurrió 



REGRESO A ESPAÑA I 49 



según su cálculo, «é sobre la bahia de 
Todos Santos», descubrió una isla á trein- 
ta leguas de la costa, que por entonces no 
pudo reconocer por ir con un navio sólo,'^ 
pero que consideraba que podía ser de 
gran recurso para los navegantes en lo 
futuro porque había en ella agua y lefia y 
ningún peligro, por ser buena su costa y 
no estar habitada de gente salvaje. '4 

Por causas que ignoramos ])arece que 
García llegó á Sanlúcar de Barrameda, 

según lo refiere el mismo Rojas, a saber, que no pudo 
continuar su viaje á España á causa de haber nau- 
fragado esa embarcación. Véase nuestro Sebastián 
Caboto, lomo I, página 294. 

i3. Debemos, pue>;, suponer que en ese momento no 
iba en conserva con la «Rosarios. 

14. García afirmaba que en ninguna carta había 
encontrado dicha isla, que por las señas que da de 
ella parece que hubiera querido referirse á la de Santa 
Bárbara, si bien ésta no se halla situada en la misma 
latitud que daba á la que decia haber descubierto. 
Oviedo la menciona en los términos siguientes: «la 
cual isla (Sancta Bárbara) está al oriente desviada de 
la tierra firme las dichas 25 leguas, y está en los 
mesmos 19 grados y un tercio de la otra parte de la 
linea del equinocio, y todas aquellas 25 leguas de 
mar hasta la isla, son baxos». Tomo II, p. 116. 

Caboto no la pone en su mapa, pero figura en el de 
Ribero y en el anónimo de Weimar (Chávez) con el 
nombre de Barbóla y Barbora. 



1 5o DiííGO garcía 

donde fondearon sus naves, algunos días 
después que Caboto,i5 circunstancia que 
acaso pudiera indicar que salió de San 
Vicente con posterioridad á aquél. El he- 
cho es que se le encuentra en Sevilla el 16 
de Agosto de 1530. 

Habla demorado en su viaje dos años y 
siete meses, contados casi día por dia,'^ y 
sin más resultados para la ciencia geográ- 
fica que haber compartido con su rival 
en el Plata los descubrimientos en que 
le había precedido, y en los cuales, 
merced á su astucia y á la mayor fuerza 
de que disponía, le supeditó completamen- 
te, reduciéndolo á vma condición inferior 
aún á la de subordinado suyo; y en cuanto 
al provecho pecuniario, sólo produjo la 

i5. El único antecedente que encontramos para esta 
afirmación es lo que dice Nuremberg- en su declara- 
ción prestada ante los Oficiales de la Casa de la Con- 
tratación de Sevilla el 28 de Julio de i53o, seis días 
después de haber arribado con Caboto, en la que, ha- 
blando de Gonzalo de Acosta, decía «que viene con 
Dieg-o García», expresión que supone, si no entende- 
mos mal sus palabras, que aún García no había 
lleg-ado. 

16. Adviértase lo dicho anteriormente respecto á jq 
fecha de su partida: 1627 por i526. 



REGRESO A ESPAÑA l5l 

adquisición de unos cuantos esclavos, in- 
felices indios brasileños que estaban des- 
tinados á perecer en dias más ó menos 
inmediatos, cuando no en el viaje mismo, 
apenas llegados á la Península. 



Xil 

LOS ÚLTIMOS AÑOS 

García procura vi'ndicarss acerca del ningún resulta- 
do de su viaje.— Información que se manda levan- 
tar locante á los indios que llevó á España.— 
Gestiones que instaura contra los armadores de 
su expedición.— Solicita volver al Rio de la Plata. 
—Antecedente que demuestra que Carlos V pen- 
saba ocuparle.— Alarma que se suscita en la Corte 
respecto al paradero de García.— Enrólase en la 
expedición de don Pedro de Mendoza.— Fallece en 
la isla de la Gomera.— Su testamento.— Triste si- 
tuación en que queda su familia.— Dos últimas 
dudas respecto á la persona de García. 




¡NOS cuantos días apenas iban trans- 
curridos desde que Garcia había 
fondeado en Sanlúcar de Barrameda, 
cuando con el intento de vindicarse del 
fracaso que implicaba en el hecho su viaje, 
se presentaba ante el Consejo de Indias 
manifestavido las causas á qi.ie se debia 
ese fracaso, originadas todas de la con- 
ducta usada por Caboto á su respecto. Y 



i54 ^ DIEGO garcía 



si bien pudo acreditarlas en la informa- 
ción que al intento rindió, de nada hubie- 
ron de servirle. Más aún: en los numerosos 
cargos que el Fiscal dedujo contra Caboto, 
no logró siquiera que se considerasen los 
que él presentaba en su contra. 

Esto por lo que toca á la parte moral 
que podríamos llamar del resultado de su 
expedición. 

En cuanto al provecho material anduvo 
aún menos afortunado. Sabedora la Reina, 
en efecto, de que Caboto y García hablan 
traído algunos esclavos, por real cédula 
fecha 27 de Octubre de 1530 dispuso que 
los Oficiales Reales de Sevilla levantasen 
una información al respecto, como en 
efecto se hizo, y en virtud de la cual le 
fueron embargados los seis que aún le 
quedaban vivos.' 

I. En virtud de otra real cédula fecha 4 de Abril 
de i53i (Documento número X) García obtuvo que le 
fuese alzado el embarg:o, dando fianzas, i\ condición 
de probar que los esclavos de que se trataba eran de 
origen portugués. García acreditó, en efecto, este hecho, 
pero como no pudiese lograr obtener quien lo afianza- 
se, solicitó luc¿;'o y alcanzó de la Reina por otra cédula 
de iL. de Junio del mismo año (Documento número XI) 
que se le entregasen llanamente. 






LOS ÚLTIMOS AÑOS I 55 

Juiito con éstas tuvo que instaurar otra 
gestión á íin de conseguir que de esos 
esclavos y de «otros bienes» que había 
traído en su armada, se le adjudicasen con 
preí'erencia á los armadores, asegurando 
que, había gastado cuatrocientos cincuenta 
ducados en pagar su gente en la Corufia, 
á quienes después había., dado de comer ^ 
durante más de dos años, y en los basti- 
mentos, provisiones y armazón, setecien- 
tos cincuenta. ^^ Suponiendo que todo esto 
fuera exacto y que se le hubiera declarado 
derecho preferente en el i:>ago, — cosa que 
no consla — en todo caso su expedición al 
Rio de Solís, había significado siempre 
para él un fracaso. 

Pero García no se daba por vencido con 
semejante resultado. Lejos de eso. En el 
mismo memorial en que hablaba de los 
cuantiosos gastos que había tenido que 



2. García no habla de sueldos, porque, como se re- 
cordará, nadie lo llevaba. A título de tal ó como paga 
dio veinte esclavos á los marineros en San Vicente, 
seg-ún queda dicho. 

3. Véase el memorial suyo que insertamos bajo el 
número XII de los Documentos. 



i56 DIEGO garcía 



hacer para equipar aquella expedición soli- 
citaba que se le autorizase para tornar á 
armar una nueva á las mismas regiones, 
en virtud de haber sido él quien más 
dinero puso en la primera y de que en la 
capitulación real se establecía el término 
de ocho anos, que estaban aún distantes de 
vencerse, para hacerlo las veces que qui- 
siesen los que habían obtenido aquélla. 

Todo eso, sin embargo, parece que no 
pasaba de ser una aspiración del marino 
andaluz, pues, como le ocurriera en oca- 
sión anterior, en la corte no se consideró 
que se hallaba en situación de realizarla. 

Algún propósito respecto á cierta expe- 
dición lejana se abrigaba sin duda res- 
pecto de García en el ánimo del Monarca, 
cuando vemos que éste, con fecha 6 de 
Febrero de 1532 ordenaba á los Oficiales 
de la Casa de la Contratación que le diesen 
seis mil maravedís de ayuda de costa de 
que se le hacía merced, «entretanto que 
Nos, decía el Emperador, le ocupamos en 
cierta cosa de nuestro servicio». 4 

4. Véase integra esa real cédula bajo el número XIII 
de los Documentos. 



LOS ÚLTIMOS AÑOS \bj 

^^Ciiál era esa? Es dificil adivinarlo, ni 
en los documentos encontramos otra alu- 
sión al respecto. 

Después de transcurridos tres años de 
esta prueba do la real muniricencia hacia 
García, comenzaron en la corlo á susci- 
tarse alarmas respecto del paradero de 
nuestro marino, qnenopodia descubrirse, 
y hasta llego a sospecliarse que, ausen- 
tándose del reino, se hubiese marchado á 
Portugal. 

La siguiente real cédula es buen com- 
probante de lo que decimos: 

La Reina. — Luis Sarmiento, Embajador del 
iCmperador Key, mi señor, é mío en Portugal. 
Yo he sido informada que por la isla de la Go- 
mera, que es en Canaria, casi al íin del año 
pasado pasó una armada del Serenísimo Rey 
de I\)rtuiíal, nuestro hermano, en que iban 
dos carabelas y dos naos gruesas y en ellas 
seiscientos hombres y mucha parte dellos con 
sus mujeres y por capitán un Pedro del Cam- 
po, vecino de Viana, y algunos dicen que van 
á poblar al Brasil é otros que al Río de la 
Plata; é porque á nuestro servicio conviene 
saber la verdad dello, yo vos mando que lue- 
1 1 



58 DIEGO garcía 



go que ésta veáis, con toda diligencia sepáis 
si se hizo esta armada y para dónde y cuán- 
do partió é qué nueva hay della é qué navios 
é gente era, é con ei primer correo enviaréis 
ante Nos al nuestro Consejo de las Indias la 
relación que cerca dello supierdes; é ansimes- 
mo vos informad é sabed si está ahí un Diego 
García Moguer, piloto, ó si fué en esta ar- 
mada, ó si ha asentado vivienda en ese reino, 
é siempre tened muy particuhir cuidado de 
saber de todas las armadas que en ese reino 
se hicieren para las Indias y de todas las nue- 
vas que tovierdes, así del Maluco como del 
Brasil, y de enviar la relación é aviso dello 
al nuestro Consejo de las Indias, lo cual ha- 
ced con^todo secreto, como el caso lo requiere, 
porque así conviene á nueslro servicio. De 
Madrid, á tres días del mes de Mayo de mili 
é quinientos é treinta é cinco años. — \'o la 
Reina. — Refrendada de joán Vázquez y seña- 
lada del Conde y Beltrán y Juárez y Bernal y 
Velázquez. 5 

No había nada de eso, sin embargo, 
pues García, siempre deseoso de volver á 
orillas del Plata, cuyas ponderadas rique- 
zas le deslumhraban, y dando expansión 
á sus anhelos de marino, que habían sido 



5, Archivo de Indias, 109-1-8, libro 16, ful. 197 vto. 



LOS ÚLTIMOS AÑOS \5g 

el norle y única ocupación de su vida, so 
habia enrolado en la célebre expedición de 
don Pedro de Mendoza, de quien no [)odia 
ignorar tenia celebrada una capitulación 
con Carlos V, en 21 de Mayo de 1534, para 
eoncpiistar y poblar aquellas regiones. 

Los pre[)aralivos pai-a esa expedición 
duraron tanto, sin endjargo, que la arma- 
da sólo pudo hacerse á la vela desde San- 
lúcar de Bari-anieda el 24 de Agosto de 
1535. García liguró en ella como capitán 
y [)iloto mayor y dueño de la carabela 
((Concepción)), eii la cual alcanzó hasta la 
Gomera, donde en la villa de San Gabriel 
de aíjuella isla extendió su testamento á 
27 de Sei)tiembre de aquel año 1535. Cons- 
ta que falleció el 5 de Oclubre, d(\spués de 
un uros de enlermedad.*^ 

6. Paia íijai- esia fecha raciocinamos asi: Lsabel 
Mariinez, la iinijer de Gaicia, es la que dice que su 
marido falleció al cabo de un mes de habei- estacio 
enfermo en la Gomera; y García en sli testamento 
declara que el -27 de Septiembre hacia 22 dias á que 
se hallaba allí en ca,■^a de Alonso de Jerez; lueg-o 
falleció ocho dias después. 

En ese testamento aparecen ciertas circunstancias 
que conviene hacer notai\ Desde luego, que García 
no se diga vecino ni natural de Moguer, sino avecin- 



l6o DIEGO garcía 



Respecto á su familia expresa que en 
su primera niujer, que no nombra, pero 
que sabemos se llamaba Inés González y 
con la cual estaba ya casado en 1519 cuan- 
do se embarcó en la armada de Magalla- 
nes, — tuvo por hijo á Francisco; y de Isa- 
bel Martínez, su segunda mujer, «á Alonso 
y Leonor Gutiérrez é á Juan». 

Sobre este punto de su familia consigna 
algunos datos más precisos la Isabel Mar- 
tínez en el expediente que siguió sobre 
declararse pobre en 1537 y que existe en 
elArchivodeIndias.7 Asi, Francisco el hi- 
jo mayor, se apellidaba García y era de 
oficio zapatero. La Leonor González estaba 
entonces casada con un Germán Ruiz, se- 
guramente en segundas nupcias, ya que 
cuando García otorgó su testamento dice 
que tenía por yerno á Bartolomé de Men- 
doza. 

Respecto á la carabela de que era dueño y 
que García no se acordaba á quién la había 

dado en Trigueros, lo que podría hacer dudar, según 
hemos indicado ya en otro lugar, si es el mismo Diego 
García que hizo el viaje del Rio de Solís en i527-i53o. 
7. Bajo la signatura 5o-i-35/ii. 



LOS ÚLTIMOS AÑOS 1 6t 

comprado, la Martínez expresa que el 
vendedor de las tres cuartas partes había 
sido Juan Díaz Rodríguez, y de la otra 
cuarta parte Duarte Hernández, portu- 
gués, por el precio total de 212 ducados y 
medio de oro. García á este respecto decla- 

í raba que le había costado 150 ducados y que 
gastó en repararki y pro^'eerla otro tanto. 
García al tiempo de otorgar su testamento 
dice que como capitán de su nave y en 
virtud de poder suyo iba su yerno Men- 
doza, y que llevaba «iietadas)) algunas 
personas, entre ellas nueve de Moguer: 
circunstancia esta última que concurre á 
desmostrar que era el mismo Diego García 
de Moguer de quien nos hemos venido 
ocupando. 

Por la cláusula undécima, García or- 
denó que su jefe don Pedro de Mendoza 
dispusiese de la carabela y la tuviese en 
su i^oder todo el tiempo que quisiese, y 
que después de haberse servido de ella, 
la entregase á sus herederos «ó lo que por 
ella justamente quisiese les mandase dar». 

I Conforme á lo dispuesto por García, don 
Pedro de Mendoza llevó efectivamente la 



l62 DIEGO garcía 



carabela hasta el Rio de la Plata y allí la 
deshizo. Muerto Mendoza, los herederos 
de García iniciaron juicio en Septiembre 
de 1537 al curador de sus bienes para que 
les pagase quinientos ducados en que esti- 
maban el valor de la carabela, habiéndose 
declai'ado por sentencia de los jueces de 
la Casa de la Contratación, en 27 de Fe- 
brero de 15by, que les pagase 300 ducados. 

La segunda pregunta del interrogatorio 
presentado por la viuda de (larcía para 
seguir el juicio en calidad de pobre, dice 
textualmente como sigue: «ítem, si saben 
que la dicha Isabel Martínez, mujer del 
dicho Diego García, é sus hijos son muy 
pobres é no tienen bienes algunos de qué 
se mantener, antes saben los testigos que 
ciertas personas devotas les piden por 
Dios para darles lo necesario de la comi- 
da». ¡Tanta era la indigencia en que se 
hallaban! 

En este cúmulo de problemas que se 
nos presentan respecto á la identificación 
déla persona de Diego García deMoguery 
á los hechos que le tocan, nos quedan toda- 
vía tres que indicar, y son los siguientes; 



LOS ÚLTIMOS AÑOS 1 63 

En el Archivo de Indias encontramos la 
noticia, de qne «la nave en qne vino (á 
Sevilla) Diego Garcia», se vendió en 1537 
en 36,368 maravedís. 

¿Qné Diego García era ese? La expresión 
«en qne vino.» parece indicar qne en dicho 
año 1537 estaba vivo y qne, por consi- 
guiente, tal anotación no puede referirse 
al que hacia dos añcs halua fallecido en 
San Sebastián de la Gomera. 

Por más que parezca extraño, esa nave, 
á nuestro entender, era efectivamente la 
que García de Moguer había llevado en 
su- viaje al Río de la Plata. 

Ya sea que fuera por gestiones suya 
dirigidas contra los armadores para pa- 
garse de los gastos que decía haber hecho 
en la expedición, ó á solicitud de otros 
acreedores del conde don Hernando de 
Andrade, esa nave había sido embargada; 
pero como con ello se le irrogase grave 
perjuicio, según expresaba aquél, obtuvo 
de la Reina que esa nave se vendiese en 
pública almoneda. Asi consta de la siguien- 
te real cédula: 



164 DIEGO GARCÍA 



La Reina. — Nuestros Oficiales que residís 
en lacibdad de Sevilla, en la Gasa de la Con- 
tratación de las Indias. El Conde de Villalva, 
(sicj nuestro Asistente de Sevilla, me hizo 
relación que á su noticia era venido que ha- 
bíamos mandado embarc^ar en el puerto del 
Río desa cibdad uno de los navio quél y 
otros armaron y enviaron al l^ío de la IMata, 
y quel dicho embargo cabsa mucha costa á 
él y á las otras personas que tienen parte 
en la dicha armada, é nos suplicó é pidió por 
merced mandásemos desembargar y vender 
el dicho navio, con toda su jareta y aparejo, 
y quel precio dello se depositase para acudir 
con ello á quien con derecho lo hobiere de 
haber, ó como la mi merced fuese; por ende, 
yo vos mando que vendáis el dicho navio con 
toda la jarcia y aparejo del en almoneda pú- 
blica á quien más por ello diere, y el precio 
dello lo depositad en el arca de las tres llaves 
para acudir con ello á quien con derecho lo 
hobiere de haber; é no fagades ende al. Fecha 
en Ocaña, á trece días del mes de Enero de 
mili é quinientos é treinta é un años. — Yo 
LA Reina. — Refrendada de Samano. — Señala- 
da de Beltrán y Xuárez.8 

En vista de esto, parece que no puede 
caber duda de que esa nava era la misma 

8. Archivo de Indias 148-2-5, t. II, fol 19. 



^ 



LOS ÚLTIMOS AÑOS 1 65 

que había mandado Garcia, la cual, por 
causas que desconocemos pero que debie- 
ron proceder ó de la tardanza en fallarse 
el pleito que habia. motivado el embargo, 
ó de falla de interesados, sólo habia veni- 
do á. venderse á la fecha que indicamos. 
Se explica asi también el precio irrisorio 
que por ella se obtuvo. 

El tercero de los hechos á que aludíamos 
se desprende del tenor de la siguiente real 
cédula: 

El 1\ey. — Nuestros Oficiales que residís en 
la ciudad de Sevilla en la Casa de la Contra- 
tación de las Indias. — Nos somos informados 
c]ue Sebastián Gaboto é Diego García, pilotos, 
tienen formas que ninguno de los oíros pilo- 
tos que están examinados vendan ningunas 
cartas de navegar ni otros instrumentos sino 
ellos, é porque esto es en daño y perjuicio de 
nuestros subditos, visto por los del nuestro 
Consejo de las Indias, queriendo proveer so- 
brello, fué acordado que debía mandar dar 
esta mi cédula para vos, é yo tóvelo por bien; 
porque vos mando que veáis lo susodicho é 
proveáis que todas é cualesquier personas que 
quisieren comprar cartas de marear é otros 
instrumensos, las puedan comprar y compren 



i66 DIEGO garcía 



de cualesquiera de los pilotos y cosmógrafos 
que en esa ciudad residen, que estcán exami- 
nados y tienen licencia para poderlas hacer, 
sin que en ello se les ponga embargo ni im. 
pedimiento algunr). Fecha en la villa de Ma- 
drid, á diez y siete de [lebrero de mili é qui- 
nientos cuarenta años. — Firmada y refrenda- 
da y señalada de los dichos. 9 

Según 6sto:^,vivia todavía entonces Diego 
García? ^,Es jjosible que un marino como 
él fuese capaz de hacer cartas de navegar? 
^Jís creíble siquiera que después de las 
disensiones gravísimas que liabían media- 
dos entre él y Caboto se les viese por en- 
tonces aunados para semejante negocio? 

El examen atento de todas las circuns- 
tancias que conocemos respecto á esa in- 
cidencia y que hemos tenido ocasión de 
manifestar en nuesti^o Sebastián Caboto, 
indican que hay en esa real cédula un 
error respecto al nombre del que estaba 
aunado con el piloto mayor de España 
para el negocio de la venta de las cartas 
de navegar, habiéndose puesto, sin duda 
por efecto de alguna abreviatura mal in- 

9. Archivo de Indias, 148-2-4, libro Vil, folio 84. 



LOS ÚLTIMOS AÑOS 1 67 

lerpretada del despacho origina!, «Diego 
Garcia» en lugar de «Diego Gntiérrez», 
que era, efectivamente, el cosmógrafo de 
toda la confianza de Caboto y de quien éste 
se valiera en más de una ocasión para lo 
relativo á algunos particulares del desem- 
peño de su cargo de piloto mayor. 

Por último, — y este dato también toca á 
nuestro Diego Garcia de Moguer — en la 
real cédula que insertamos bajo el número 
ñnal de los Documentos, que lleva fecha? 
de Julio de 1536, se dice que cuando fué 
en 1527 al Rio de la Plata, dejó en las Ca- 
narias ciertos alumbres, hecho de que 
hemos dado noticia; y á continuación se 
recuerda á los Oficiales Reales de Sevilla 
que en esa ciudad «se vendió una nao y 
el artillería della con todos sus aparejos y 
«ciertos esclavos». La real cédula no expre- 
sa cuándo tuvo lugar la venta, pero la 
circunstancia de haberse incluido en ella 
«ciertos esclavos» creemos que indica su- 
ficientemente que la nave á que se alude 
debió ser la «Santa María del Rosario» ó 
el galeón en que Garcia regresó del Rio 
de la Plata. 



1 68 DIEGO garcía 



Esa real cédula fué expedida á solicitud 
de los aruiadores de García, que preten- 
dían tener derecho á la parte que les cabía 
como tales en el producido de la venta de 
la nave y de los esclavos; pero ¿cómo es, 
nos preguntamos, que ese reclamo lo hi- 
cieran seis años después del regreso de 
García, época en que sin duda debió tam- 
bién tener lugar la venta? ^^Había el hecho 
llegado á noticia de los armadores sólo en 
esos diasf Seguramente que no. En nues- 
tro concepto, la explicación de semejante 
anomalía está en que los armadores hasta 
entonces habían guardado silencio porque 
reconocían implícitamente que el princi- 
pal acreedor, como lo hemos visto expre- 
sar á García, había sido en realidad éste, 
y que cuando supieron su muerte, acaeci- 
da en 1535, según sabemos, quisieron 
aprovecharse de esa circunstancia para 
iniciar la reclamación. 

No hay antecedente alguno que permita 
determinar el fin que tuvieron esas gestio- 
nes de los armadores, pero seguramente 
no dieron resultado cuando en el Archivo 



LOS ÚLTIMOS AÑOS 169 

de Indias no se encuentra otro documento 
que la real cédula que indicamos. '^^ 



Al lector benévolo que haya querido se- 
guirnos hasta este punto de nuestro relato, 
cúmplenos ahora hacerle una [iropuesta, 
cual seria la de atribuir hi paternidad del 
memorial que hemos datlo como procedente 
de Diego Garcia de Moguer, á Diego Gar- 
cía de Trigueros. Resultarla entonces que 
aquél no figuró en la expedición de Maga- 
llanes, pero que, en cambio, efectuó el viaje 
al Rio de la Plata de que hablaba el emba- 
jador Zúñiga — lo que vendría explicar per- 
fectamente sus noticias acerca de aquel río y 
la adquisición de las piezas de plata de que 
hablaba, que no se aviene, en verdad, con 

10. Es extraño que en la Historia general de Fer- 
nández de Oviedo no se hable de Diego García. Tuvo 
sin duda noticias suyas, y aún ofreció consignarlas 
en su obra cuando al hablar de los descubrimientos 
de Juan de Ayolas (tomo II, página 194) dice que 
«halló un esclavo indio que dixo que era de García: 
el cual García fué un cripstiano que fué á aquellas 
tierras en tiempo pasado, del cual la historia hará 
adelante más memoria». Es sensible que el cronista se 
olvidase de esta su promesa. 



lyo DIEGO garcía 



lo que sabemos acerca de su expedición 
al Rio de Solis; — que, asi laiiibiéii, seria 
el Diego García que se ve navegar hacia 
Cuba y el mismo, acaso, que después se 
ausenta á Portugal, jusliíicándose de ese 
modo los sospechas que acerca de su para- 
dero se lenian eu la Corte; y, [)or íin, que 
no fué el que acompañó á 1). Pedro de 
Mendoza y el que murió en las Canarias, 
sino quizás el que enlrando de nuevo al 
servicio de Portugal, de donde sei'ia origi- 
nai'io, se le ve por última vez ligui-ar en 
viaje á la India en naves de aquella nación. 
Por más incierto que todo esto resulte, 
creeremos no habei' perdido nuestro tra- 
bajo si en las páginas precedentes algunos 
datos nuevos se encuentran respecto á los 
hechos que atañen á Diego García, cual- 
quiera que este sea. 




DOCUMENTOS 



— H'->K3c>'íC-<E 



MEMORIAL dp: DiKGO García k.\ que se ofre- 
ce A IR A desc:übrir ee Mar d!-:l Sur pa- 
sando POR E[. l'^STlíECIIO DE MaGALEANES. 

Dii^o yo, Die,L;o (Kii-cía, capitán é piloto de 
Sus Majestades, que me oblii>-o de buscar 
quien me ai^me ..froto}... carabelas que serán 
menester para ir á descubrir el Mar del Sur, 
pasando el ... cho de Mac^allanes é los ta- 
les armadores sean Avasallóse moradores ... 
turales de b]spana, dándome Su Majestad li- 
cencia para ... lo á descubrir y firmándome 
Su Majestad las capitulaciones que ... re 
por mí y por los armadores que yo nombra- 
re para ir conmigo. Yo ... clarar é la tierra 
que yo demandare para la conquista, é la tie- 



172 DIEGO garcía 



rra que vo tengo de nombrar ha de ser pa- 
sando el Estrecho, corriendo por el norte, que 
es ... de luengo de costa, que se extiende 
por todo lo .. luengo de costa cuatrocien- 
tas leguas, porque hasta allí ... cientas le- 
guas de tierra y por el oest oriente y cincuen- 
ta leguas, que es á la vuelta de la ... y estas 
navegaciones se entremeten norte é sur y 
leste oeste. 

ítem, sabe Vuestra Alteza que en esta Cor- 
te truje plata y señal de oro é cobre, una pie- 
za de metal con dos obispos y padre santo, 
aseñaladas las figuras en la dicha pieza, é yo 
fui muy bien informado del indio que dio la 
dicha pieza que de donde lo había habido é me 
dijo que lo había habido de la parte del sur y 
yo sé bien de la parte que lo hubo é estoy 
bien informado para en su tiempo é lugar; é 
más me obligo que descubriré todo lo susodi- 
cho é creo que no habrá hombre en España 
que ose tomar tal cargo como este, porque sé 
los secretos altos y bajos que en esta nave" 
gación hay. 

Lo que yo pido á Su Majestad es lo siguien- 
te: que la tierra que yo descubriere, que la 
pueda yo y los armadores tener é navegar é 
gozar por tiempo é espacio de ocho años, y 
se ha dentender y se han de contar los dichos 
ocho años desde el día que la armada saliere 
del puerto. 



DOCUMENTOS lyS 



ítem, que Su Majestad no pueda dar licen- 
cia, ni los señores del su muy Alto (vonsejo 
á persona ninguna en esta conquista é tierra 
que yo descubriere hasta cumplidos los dichos 
ocho años, salvo si supieren que la dicha 
tierra es muy l-^uena, que entonces Su Majes- 
tad pueda armar hasta un tercio de la armada 
con la compañía de los armadores: esto se 
entienda fue ... cada uno como metiere. 

ítem, que los primeros cuatro años de lo 
que Dios nos di ¿re, daremos á Su Majestad 
diez por ciento, y los oti'os cuatro años que 
restan, su quinto, y se vei-ná á registrar todo 
lo que Dios nos diere á la C>asa de la Contra- 
taci()n de Sevilla, y mandará Su Majestad que 
vaya un contador en la armada y para que 
haya cuenta y razón de todolo'que se hobiere 
en la dicha armada, para que el dicho conta- 
dor y el tesorero que metieren los armadores 
den cuenta y razón á Su Majestad juntamen- 
te con los armadores, y que Sus Majestades 
no puedan meter más oficiales de los suso- 
dichos nombrados, porque toda la gente que 
allí fuere ha de ser gente de la mar, porque 
no se puede sufrir otra gente; y yo, Diego Gar- 
cía, tengo de ir por capitán y piloto, para 
descubrir lo susodicho con una provisión de 
Su Majestad é de los señores del su muy Alto 
Consejo. 



174 DIEGO GAFU:iA 



Yo, Diego (jarcia, capitán y piloto de Su 
Majestad, digo que si Vuestra Majestad acor- 
dare de me ñrmar estos capítulos de suso, que 
yo incontinenti tomaré esta negociación á mi 
cargo é me disporné á entender en ello como 
de suso tengo dicho. 

Archivo de Indias, 144-1-10. 



Diego García solicita una ayuda de costa. 

jMuy poderosos señores: — Diego García, ca- 
pitán é piloto de Vuestra Alteza, dice que es 
él venido á esta Gorte á cosas que convienen 
á vuestro servicio y ha suplicado por otra su 
petición, que así por esto como por lo mucho 
que ha servido á Vuestra Alteza, le hiciese 
merced de ayuda de costa é no se le ha res- 
pondido á su petición: suplica á Vuestra Al- 
teza le haga merced de le mandar proveer 
de ayuda de costa en esta Gorte hasta que 
Vuestra Alteza venga en estos reinos, y en 
ello rescibirá gran merced. 

Archivo de Indi¿is, i44-i-i'>. , 



DOCUMExNTOS 170 



ill 

Asiento que el Conde de Andrada y Cris- 
tóbal DE PÍARO tomaron EN NOMBRE DE 

Su Majestad con Diego García. — 24 de 
Noviembre de i525. 

El Rey. — Con las condiciones que nos el 
•Conde don Hernando de Andrada y Cristóbal 
<le Haro, Ruy Basante, y Alonso de Salaman- 
ca, nos concertamos con vos Diego García, 
vecino de la villa de Moguer, para en esta 
íirmada é viaje que, placiendo á Dios, se ha de 
liacer á la parte del Mar Océano Meridional, 
son las siguientes: 

Que nos los sobredichos habremos licencia 
•de Su Majestad para su seguimiento del dicho 
-descubrimiento, con las condiciones más 
-aventajadas que se pudieren haber en bene- 
ficio de la dicha armazón, la cual se hace 
fundamento costará mil ochocientos duca- 
dos, ciento ó doscientos más ó menos; los 
cuales fornecerá cada uno á los tiempos que 
íuese menester, conforme á lo que cada uno 
tiene declarado poner en armazón, como pa- 
recerá por la escriptura que para ello está 
hecha. 

ítem, se os dará para este primero viaje una 
carabela de porte de hasta cincuenta ó cien 
toneles y un pataje de veinticinco ó treinta 



176 DIEGO garcía 



toneles y la madera labrada para una fusta ó 
bergantín que se pueda remar, el cual irá en 
piezas para lo poder armar donde quiera que 
llegardes. 

ítem, de las cuales dichas carabelas se os 
dará la capitanía dellas, por la cual, junta- 
mente con la licencia, se ha escrito á Su Ma- 
jestad. 

Las cuales dichas carabelas se darán adere- 
zadas V armadas, como conviene para semes- 
jantes viajes, y bastecidas de mantenimiento 
para cuarenta personas, ques el número que 
quedamos de acuerdo vayan en la dicha ar- 
mada. 

Ítem, con condición que de todo lo que 
Dios Nuestro Señor en este viaje diere, ansí 
de rescate como de cabalgadas, como de otra 
cualquier manera, que sean sacados los dere- 
chos de Su Majestad y todo el coste de la di- 
cha armada sacado, ellos y los derechos, co- 
mo dicho es, de todo el rescate se dará á vos 
el dicho Diego García, de vuestra capitanía y 
pilotaje y por la experiencia que del dicho 
descubrimiento teméis, la décima parte de 
todo, y no otro partido ni cosa alguna, lo cual 
se vos dará acabado de descargar y pagar los 
derechos de Su Majestad. 

Con condición que vos el dicho Diego Gar- 
cía y Rodrigo Darías, que ha de ir por nuestro 
piloto, seades obligados de dar la gente de 



DOCUMENTOS 1 77 



mar que hobiese de ir en la dicha armada, al 
partido que con vos el dicho Dieijo García 
está asentado, que, pagados los derechos que 
á Su Majestad se hobiesen de pagar de todo 
el rescate, se saque todo el coste de la arma- 
da, el cual sacado, se harán tres partes, las 
dos tercias partes quedarán de los armado- 
res y la tercera parle á la compañía, la cual 
entre sí repartirán por partes como entre ellos 
fuese concertado, con que antes que la dicha 
partición se hayan sacado los derechos de Su 
Majestad, como dicho es, se sacara la décima 
parte que á vos el dicho Diego García se os 
da de vuestra capitanía y pilotaje. 

ítem, con condiciíjn que vos el dicho Diego 
García seáis obligado de tornar otro viaje á 
cualquiera cosa que se descubriese y de ense- 
ñar el dicho camino á los dichos pilotos que 
con vos fuesen para que éstos sean prácticos 
en la dicha navegación. 

Ítem, con condición que vos ni otra per- 
sona que fuese en la dicha armada no pueda 
llevar ninguna cosa de rescate, y si por ca- 
so lo llevasen, sea con consentimiento de los 
armadores y registrado y declarado la parte 
que ha de dar á la armazón de lo que dello 
rescatasen, lo cual será caso que no perjudi- 
que la carga del armazón, lo cual ansí lleva- 
rán registrado y con consentimiento de los 
armadores, no se podrá rescatar hasta ser 



178 DIEGO garcía 



resentada toda el armazón, y fecho el rescate, 
de aquello podrá rescatar la persona que la 
llevase con licencia de poder rescatar, de la 
cual, pagados los derechos de Su Majestad 
y el costo de lo que hobiese costado, lo que 
diesen por el rescate pagarán la mitad. 

ítem, con condición que ninguna persona 
no pueda traer ningún esclavo, excepto las- 
personas que llevasen facultad de los arma^ 
dores para los poder traer, y los esclavos que 
trajesen será para el armazón. 

ítem, con condición que pueda traer el 
capitán y personas que fuesen en la dicha 
armada papagallos y cativos sin pagar otra 
ninguna cosa, salvo los derechos de Su Ma- 
jestad, con que de algunos gastos y papaga- 
llos que sean de ventajas, dellos dejen hacer 
primero rescate del armazón, para que ellos 
puedan dar á personas é partes antes quellos 
rescaten. 

ítem, con condición que vos el dicho Diega 
García y Rodrigo Darlas seáis obligados y 
desde ahora os obliguéis de poner en la di- 
cha armada doscientos ducados, que es cada 
uno cien ducados, los cuales daréis á Ios- 
tiempos que fuesen menester, sueldo á libra, 
como los otros armadores, y heredaréis erí 
la dicha armazón como los otros armadores. 

ítem, por cuanto el dicho Diego García ha 
de estar en esta ciudad entendiendo en las 



DOCUMENTOS 1 79 



cosas necesarias del armada, hasta que, pla- 
ciendo á Nuestro Señor, se ponga á la vela y 
haya de partir, á costa del armada se dé para 
su mantenimiento á razón de real y medio 
por día. 

Ítem, porcLiantoen el armada en que fué 
Hernando Jic .Magallanes á las espaldas de la 
tierra del Drasil dejaron á Juan de Cartagena 
y á un clérigo en sli compañía, por todas 
vías en cualquiera de aquellas partes que 
tocardes trabajéis por vos informar y saber 
del, y si hallardes rastro, trabajéis de lo 
traer de cualquier manera que sea. 

E luego los dichos Diego García é Rodrigo 
Darías é el dicho Cristóbal de Ilaro, por Su 
Majestad é por el dicho señor conde don 
Hernando, el dicho Cristóbal de Ilaro por sí, 
y Rodrigo Darías, é Alonso de Salamanca, é 
Pedro de Morales se obligaron con sus per- 
sonas y bienes, muebles y raíces, con pena 
de mili ducados de oro de cumplir y guardar 
las condiciones y capitulaciones susodichas, 
so la dicha pena, y para ello dieron poder 
cumplido á las justicias de Su Majestad para 
que ejecuten en él é por quien faltare de lo 
así cumplir, por la dicha pena y por las cos- 
tas y daños que por su falta se recrecieren é 
fagan pago á las partes que por ello estuvie- 
ren, bien ansí é á tan cumplidamente como 
si fuese dada por sentencia definitiva y pasa- 



1 8o DIEGO garcía 



da en cosa juzgada: cerca de lo cual renun- 
ciaron todas y cyalesquier leyes, fueros y de- 
rechos y privilegios en contrario, y la ley y 
derecho en que diz que general renunciación 
no vala; y por mayor firmeza lo firmaron de 
sus noml")res y testigos presentes, l^edro de 
iMorales y Juan de Burgos, Francisco Cala- 
fate, vecinos déla dicha ciudad, á catorce 
días del mes de Agosto año del Señor de mil 
é quinientos y veinte y cinco años. — Cristó- 
bal de 11 aro. — Alonso de Salamanca. — Her- 
nando DE Añorada. — I^edro Morales. — Ro- 
drigo Darlas. 

E yo (Cristóbal de Paulo, escribano de Su 
Majestad y del número de la dicha ciudad de 
la Coruña, en uno con los dichos testigos 
presente fui á todo lo que suso dicho es, y 
doy fe que conozco á los dichos otorgantes, 
é queda otro tanto en mi poder, firmado de 
los suso dichos, y por ende lo fice escribir y 
fice aqueste mi nombre y signo, ques á tal en 
testimonio de verdad. — Cristóbal de Paulo, 
notario. 

El Rey. — Por la presente, vistos estos ca- 
pítulos é asiento que los dichos Cristóbal de 
Haro en nuestro nombre y el conde don Fer- 
nando de Andrada y el dicho Cristóbal de 
Haro por sí y Ruy Basante y Alonso de Sa- 
lamanca tomaron con Diego García, vecino 



DOCUMENTOS l8l 



de Mog-Lier, sobre el descubrimiento en ellos 
contenido, en el mi Consejo de las Indias los 
conlii'mo y apruebo y he por bien que con- 
forme á ellos se haga la armada é descubri.- 
miento; y de ello íiimé la presente de mi 
nombre, que va asimismo refrendada de mi 
infrascripto seci'etario. — Trecha en Toledo á 
veinte y cuatro días de Noviembre de mil é 
quinientos y veinte y cinco años. — "l'o el Rey. 
— Refrendada del secretario Cobos. — Señala- 
da del Obispo de Osma y Doctor Beltrán y 
Doctor Maldonado. 

(Pul-, por Torres de Mendoza, t XXII, piígs, i3o-i36, 
y en las pp. 4.39-42 del tomo III de la C')lccción de 
Medina). 



I 82 DIEGO garcía 



IV 

Capitulación que se tomó con e:. conde don 
Hernando de Andrade y Cristóbal de 
Haro para hacer varios descubrimientos. 
— 10 de Febrero de i52(5. 

El Rey. — F^or cuanto vos el conde Don 
Hernando de Andrade y Cristóbal de Haro, 
nuestro factor de la Casa de (contratación de 
la Especería, me hicisteis relación que por 
Nos servir queréis hacer cierto viaje y descu- 
brimiento en las nuestras Indias del Alar 
Océano, dentro de los límites y tierras de 
nuestra demarcación, y que para ello arma- 
ríades, con las condiciones que de suso serán 
contenidas, una carabela de porte de cincuen- 
ta hasta sesenta toneles y un patax de veinte 
y cinco á treinta toneles, fornecidos de las 
cosas necesarias, así de aparejos como de 
mantenimientos y otras cosas que se requie- 
ren para semejante viaje y descubrimiento; 
y que, demás de la dicha carabela y patax, 
enviaréis en piezas un bergantín de remos 
para descubrir cualquier ribera por las partes 
do navegareis, y me suplicastes y pedistes por 
merced vos mandásemos dar licencia y facul- 
tad para ello, é yo, por vos hacer merced, 
tóvelo por bien y sobre ello mandé tomar con 
vosotros el asiento y capitulación siguiente. 



DOCUME\TOS l83 



f Primeraaiente, por cuanto, como dicho es, 
vosotros os obligáis é ofrecéis de hacer el 
dicho viaje y descubrimiento en las nuestras 
Indias de) Mar Océano, dentro de los límites 
y tierras de nuestra demarcación, y que para 
ello armaréis con las condiciones en esta ca- 
pitulación contenidas la dicha carabela y pa- 
tax del dicho porte, fornecidas de las cosas 
necesarias, así de aparejos como de manteni- 
mientos é otras cosas que se requieren para 
semejante viaje y descubrimiento; y que, de- 
más de la dicha carabela y patax, enviaréis en 
piezas el dicho bergantín de remos para des- 
cubrir cualquier ribera por las partes do na- 
vegase, é que no haréis el dicho viaje é des- 
cubrimiento en las parles donde hobiesen 
descubierto otros descubridores y tuviesen 
asentado trato; por ende, por la presente vos 
doy licencia v facultad para que, haciendo 
y cumpliendo vosotros lo susodicho en este 
capítulo contenido, podáis hacer y hagáis la 
dicha armada y viaje según y como y de la 
manera que dicha es, y es la siguiente. 

Otrosí, es nuestra merced y voluntad, é por 
vos hacer merced, que por tiempo de ocho años 
cumplidos primeros siguientes, que secuenten 
desde el día que la dicha armada hiciere vela 
en el puerto de la Coruña en adelante, voso- 
tros podáis armar y arméis y hagáis la dichas 
armadas por las dichas tierras y partes que 



184 DIEGO GARCÍA 



descubriéredes con la dicha armada y que 
niniíunas otras personas ni armada puedan 
ir ni vayan á las dichas tierras y partes sin 
nuestra licencia y mandado, que Nos no da- 
remos licencias ¿\ ningunas pei"sonas para 
ello, con tanto que si Nos durante el dicho 
tiempo quisiéremos armar á nuestra costa 
para las dichas tierras é parte, lo podamos 
hacer é hagamos, tomando á vosotros por 
armadores en la mitad de toda la dicha ar- 
mazón. 

Asimismo, vos damos licencia y facultad 
para que durante el dicho tiempo de los di- 
chos ocho anos podáis enviar y enviéis ¿\ las 
dichas tierras y partes todas las armadas que 
quisiéredes y por bien tuviéredes, é acrecen- 
tar el numero de naos como os pareciere que 
conviene á la dicha navegación, podáis tomar 
compañía con otros armadores é hacer con 
ellos cualquier asiento é concierto á vuestra 
ventaja, así naturales dest<js nuestros reinos 
como fuera del los, con tanto que no sean 
franceses, ni portugueses, ni ingleses. 

Otrosí, con tant(j que las dichas armadas 
que se hubiesen de hacer é hicieren para las 
dichas tierras é partes se hagan é parlan de 
la dicha ciudad de la (Poruña, y de la primera 
y segunda y tercera armadas pagarán de lo 
que en ellas se hobiese sacado el co.^to del 
monto que quedase á los nuestros Oíiciales 



DOCUMENTOS I 85 



de la Casa de la Contratación de la Especería 
que residiesen en la dicha ciudad de la Coru- 
ña, la veintena parte para redención de cauti- 
vos, y la décima para Nos; y de lo de las otras 
armadas siguientes, el quinto é la dicha vein- 
tena de todo ello. 

En cuanto á lo que pedís que mande que, 
pagada la dicha veintena y diezmos de las di- 
chas tres armadas y de las otras adelante 
venideras la dicha veintena y quinto, no pa- 
guéis otro ningún derecho de ninguna cosa 
que sea, de entrada, ni salida, ni de venta, ni 
de reventa que se haga de todo lo que viniese 
é se trajere en la dicha armada, de cualquier 
calidad y género que sea, caso que se venda 
una ó muchas veces, así en la dicha ciudad de 
la Coruna como fuera de ella, é lo podáis 
cargar por mar é por tierra sin pagar otros de- 
rechos algunos mas de sola la dicha veintena; 
é por cuanto, como dicho es, por la presente 
por hacer bien y merced á vos y á los otros 
armadores y otras cualesquier personas y tra- 
tantes que viniesen á la dicha ciudad de la 
Goruña de cualquier nación que sean, con 
tanto que sean cristianos, á contratar y com- 
prar á la dicha Casa de lo que viniese en las 
dichas armadas, les concedamos que de nin- 
guna cosa, así especería como droguería é jo- 
yas de oro y plata é perlas é otras cualesquier 
cosas, de cualquier calidad y condición que 



l86 DIEGO GARCÍA 



scíin que vengan de las dichas Indias é tierras 
que con las dichas armadas se descubriesen 
y hobiese en ellas que comprar en la dicha 
Casa, no paguen otro derecho alguno mas de 
la dicha décima y quinto, puesto caso que 
después de una ó muchas veces lo tornen á 
vender, dentro de la dicha ciudad, y es nues- 
tra merced que sean libres y fiancos con la 
paga de los sobredichos derechos; y ansimis- 
mos les concedemos que lo que de la dicha 
Casa sacaren ó en ella ó en la dicha ciudad 
comprasen, siendo, como dicho es, cosa veni- 
da de las Indias, la puedan sacar por mar é 
gor tierra libremente, sin pagar á la salida 
otro derecho alguno: esto así comprándolo 
los dichos armadores como otra persona algu- 
na que sea cristiano, en la dicha Casa ó sien- 
do de la dicha ciudad. 

Otrosí, que las cosas que se coinpraren 
para la dicha armazón ó mantenimientos ó 
vituallas necesarias para las dichas armadas 
ó cualquiera parte que comprasen en estos 
nuestros reinos ó fuera dellos, agora vengan 
por mar, agora por tierra, sean libres y fran- 
cos en la dicha ciudad de la Coruna; é que 
asimismo las naos que viniesen á la dicha 
ciudad para ir en las dichas armadas ó para 
ello se hicieren en ella é trajeren mercadurías, 
é las que viniesen del dicho descubrimiento 
que hicieren, cargadas, sean francas é libres 



DOCUMENTOS 187 



de anclajes é otros cualesquier derechos que 
á Nos y á la dicha ciudad y á otra cualesquier 
persona pertenecientes en la dicha ciudad é 
su puerto de entrada y salida. 

ítem, porque en la dicha ciudad de la Coru- 
ña ha de ser el trato é Casa de la Contrata- 
ción de la Especería, queremos y mandamos 
y es nuestra voluntad que, venida la dicha 
armada y nao que agora van y las que ade- 
lante fuesen á la dicha Contratación, vengan 
á se descargar y descarguen en la dicha Casa 
de la Contratación de la Esj-ecería, y estén á 
la descarga dellas los nuestros Oficiales de la 
dicha Casa juntamente con vosotros ó con la 
persona que para ello pusierdes al tiempo de 
descargar. 

Otrosí, que acabado de descargar lo que 
así trajesen las dichas armadas y pagados los 
dichos derechos á los dichos nuestros Oficia- 
les, é así de esta armada como de las que se 
hiciesen durante el dicho tiempo, como dicho 
es, vos lo entreguen luego para lo poder ven- 
der ó cargar ó hacer del lo lo que quisierdes y 
por bien tuvierdes sin os poner en ello em- 
bargo ni impedimiento alguno, ñique paguéis 
más derechos ni otras cosas de como se con- 
tiene y está concedido en los capítulos antes 
deste. 

Otrosí, con condición que hayamos de for- 
necer é fornezcamos en esta dicha primera 



DIEGO garcía 



armada en cantidad de cuatrocientos ducados 
de oro, los cuales luego mandaremos dar, por 
los cuales heredaremos en esta armada y las 
venideras, en las cuales asimismo al tiempo 
forneceremos por la parte que nos cupiere á 
los tiempos que fuese menester, y proveerán 
dello los dichos nuestros Oficiales en nuestro 
nombre, y que, no lo dando, no heredaremos 
por más de lo que hubiéremos por nuestro 
fornecido, y lo pondrán los otros armadores y 
heredarán por tanto más en las armadas que 
lo pusiesen, sueldo á libra; y si más cantidad 
quisiéramos armar en la dicha armada, lo po- 
damos hacer. 

ítem, que daremos provisión de nuestro 
capitán de la dicha armada á Diego (jarcia, 
piloto, porque somos informados ques perso- 
na hábil y suficiente para ello y porque así 
me lo habéis suplicado; é que Nos habemos 
de nombrar y nombraremos un nuestro con- 
tador para cada una de las dichas naos, y que 
por vuestra parte y de los dichos armadores, 
se ponga y nombre en cada una de ellas un 
tesorero, y que los dichos tesoreros ni conta- 
deres no han de llevar ni se les ha de pagar 
salario alguno en dinero, salvo sus partes, las 
cuales serán ventajadas de las otras personas. 

Otrosí, con tanto que comencéis á hacer la 
dicha armada y entender en el despacho della 
dentro de ochenta días primeros siguientes 



DOCUMENTOS 1 89 



I de la fecha de la capitulación y la tengáis 
acabada para se poder dar á la vela por todo 
el mes de Septiembre deste presente año de 
mil é quinientos y veinte y seis años. 

I Otrosí, por la presente decimos que habe- 
rnos por bueno el asiento que vosotros tomar- 
des con el capitán é pilotos y las personas 
que hubiesen de ir en la dicha armada, los 
cuales han de ir á partes y no á sueldo de 
dinero; y porque decís que para entender en 
los gastos de la dicha armada están nom- 
brados Ruy Basante é Alonso de Salamanca, 
porque son personas de confianza, yo lo hé 
por bien, con tanto que lo que hubiéredes de 
hacer y gastar lo hagan y gasten juntamente 
con el nuestro Oficial ó persona que por nues- 
tro mandado residiere en la dicha ciudad de 
la Coruña y no de otia manera. — Fecha en 
Toledo á diez días del mes de Febrero de mil 
é quinientos y veinte y seis años. — Yo el Rey. 
— Por mandado de Su Magestad. — Francisco 
de los Cobos. — Señalada del Chanciller y del 
Obispo de Osma y del Doctor Beltrán y del 
Obispo de Ciudad-Rodrigo. 



i3 



ígo DIEGO garcía 



Copia de las instrucciones dadas á Diego 
García, Juan de Sandoval y Gonzalo 
Hernández Platero para el viaje que 
han de hacer al Río de la Pl/"*ta. 

El Rey. — Loque vos Diego García, piloto, 
habéis de hacer en el cargo que lleváis de 
nuestro capitán de la carabela é patax que 
mandamos ir desde la cibdad de la Coruna 
á cierto viaje é descubrimiento en las nues- 
tras indias del Mar Océano, es lo siguiente: 

La principal cosa que vos mandamos y 
encargamos es que en ninguna manera no 
consintáis que se toque ni descubra tierra ni 
otra ninguna cosa dentro en los límites del 
Serenísimo Rey de Portogal, mi muy caro é 
muy amado hermano é primo, ni en su per- 
juicio, porque mi voluntad es que lo capitula- 
do y asentado entre la (borona Real de Casti- 
lla y la de Portogal se guarde é cumpla 
muy enteramente ansí como está capitulado. 

Cuando, placiendo á Dios, partiéredes de la 
Coruña para seguir vuestro descubrimiento 
habéis mucho de mirar que los navios en 
que fueren cargados los mantenimientos y 
las otras cosas para el armazón no vayan 
sobrecargados, como muchas veces acontece, 



DOCUMENTOS I9I 



y porque de lo semejante se recrece mucho 
peligro é. lo que Dios no quiera, acontesciendo 
alguna cosa, seria gran daño para la dicha 
armada, é á la causa habéis de mirar que no 
lleve más carga de la que seguramente pue- 
da llevar é que lleven la manguera descu- 
bierta sobre el agua, é de la misma manera 
teméis sobrella, do quiera que, placiendo á 
Dios, hiciéredes vuestra carga de torna viaje. 

Y cuando, placiendo á Nuestro Señor, estu- 
viéredes para os hacer á la vela en la dicha 
cibdad de la Coruña, encomendaréis á todas 
las personas, de cualquiera calidad ó condi- 
ción que sean, que han de ir en la dicha 
armada, que antes que se embarquen se con- 
fiesen é comulguen é hagan sus testamentos 
é ordenen sus ánimas, como buenos cristianos 
lo deben hacer, porque Dios Nuestro Señor 
los lleve é traiga en salvamento, apercibién- 
dolos que al que no se confesare no será 
recibido en el armada, é ansí lo haréis. 

Otrosí, por evitar los daños é inctjn ve- 
nientes que se siguen é cada día acaecen de 
ir mujeres en semejantes armadas, manda- 
mos é defendemos firmemente que en la di- 
cha armada no vaya ninguna mujer, de cual- 
quier calidad que sea, é que vos tengáis 
mucho cuidado de visitar las dichas naos 
antes de la partida para que esto se cumpla, 
porcjue de lo contrarío recebiremos mucho 



192 DIEGO garcía 



deservicio. E si después de partidas las di- 
chas naos halláredes en ellas alguna mujery 
sea castigado el que la metió como vos pares- 
ciere y á ella echaréis en la primera tierra 
que tomáredes que esté poblada de cristia- 
nos. 

Y si antes de tener atravesado hasta las 
Canarias vos ventare algún vendabal tan 
recio que no podáis parar é viéredes que 
convenga tornar á esa costa, lo que Nuestra 
Señor no mande, haréis vela con toda la arma- 
da cuanto fuere posible á algún puerto de 
España cual mejor os paresciere que convie- 
ne para la seguridad y el tiempo os diere 
lugar, y si algún navio no pudiere tomar el 
puerto que vos tomáredes, trabajará por tomar 
el más cercano é seguro puerto, que de allí 
ó de cualquier puerto en que se hallare vos 
lo haga luego saber para que le mandéis lo 
que haga. 

Y como en buena hora llegáredes á las Ca- 
narias defenderéis y estaréis sobre aviso y 
no consintiréis que ninguna persona de la 
dicha armada salga en tierra, los que ho- 
bieren de salir salgan con vuestra licencia é 
no de otra manera, salvo las personas que 
hobieren de negociar, ansí de mantenimientos 
como las cosas que fueren menester para la 
dicha armada; é trabajaréis cuanto fuere posi- 
ble para no os detener é partiros lo más bre- 



DOCUMENTOS IqS 



vemente que ser pueda, p.orque en ello va el 
bien de todo el viaje. 

Ansimismo notificaréis á los pilotos é 
maestres é contramaestres que en cualquier 
puerto donde llegardes ansi en vuestra conser- 
va é compañía como sin ella, ansí en este 
viaje hasta llegar á las dichas tierras, como 
allá, que no surgirán ni echarán ancla sin 
tomar é tener mirado la sonda y saber que es 
la tierra limpia y segura para ello, lo cual 
farán siendo en compañía vuestra ó donde- 
quier questovieren. 

ítem, por la manera susodicha haréis todos 
juntamente vuestra navegación á las dichas 
tierras do hacéis fundamento de vuestro viaje, 
derechamente, por aquellas escalas é derrota 
-que viéredes ser nescesarias para mejor é 
más breve y segura navegación, sin devertiros 
ni apartaros á otras islas ni tierras sino 
aquellas que en el dicho viaje é derrota dere- 
chamente se os ofreciere. 

ítem, si por caso durante la dicha navega- 
ción, teniendo, como siempre habéis de tener, 
fin principal de ir á las dichas islas é tierras 
■de suso contenidas, aportáredes á algunas 
nuevas islas ó tierras, dentro de los dichos 
nuestros límites y demarcación, habéis luego 
de escrebir y poner luego la tal tierra ó isla 
en la carta de navegar que lleváredes, seña- 
lando en ella é poniendo por escrito en otro 



194 DIEGO GARCÍA 



libro aparte en cuántos grados de longitud 
y latitud está la tal tierra ó isla, é seyendo la 
tal tierra poblada, procuraréis de haber len- 
gua della é informaros de la calidad y condi- 
ción de la tierra y moradores, della y qué 
trato ó comercio hay ó podría haber con ellos 
ó con sus comarcanos, y pornéis en la tal tierra 
ó isla un padrón ó señal ó escudo de nues- 
tras armas reales para que se sepa é c]uede 
memoria que aquello fué descubierto y hallado 
por nuestro mandado; é si en la tal tierra 
viéredes dispusición de oro ó perlas ó piedras 
preciosas ó especería ó otras cosas ricas y 
que sin mucho deteneros ni estorbaros en 
cosa alguna vuestro principal viaje, que es de 
las islas de Maluco, permitimos é os damos 
licencia, con la limitación susodicha y no de 
otra manera, para que podáis contratar é res- 
catar en provecho nuestro é de toda la dicha 
armada é armadores della; é si os paresciere 
que al servicio de Dios Nuestro Señor é 
nuestro, conviene dejar allá alguna persona 
religiosa ólega, lopodáishacer sin apremiallos 
para ello, y quedará á cargo la tal persona ó 
personas de se informar por entero de todas 
las cosas de la dicha tierra é su comarca, 
porque Nos tememos cuidado de enviar allá 
para saber dellos y proveer las otras cosas 
que convengan, é vos el dicho nuestro capitán 
teméis cuidado de facer que la dicha armada 



DOCUMENTOS IqS 



torne por la tal tierra ó isla, si buenamente é 
sin perjuicio de vuestra dei-echa navegación 
lo pudiéredes hacer, y recogerse ha en la dicha 
armada las tales personas si no quisieren 
más estar ni permanecer en la dicha tierra; y 
estaréis siempre sobre aviso cuando hobiére- 
des de salir con alguna gente á tierra que 
tengáis tal seguridad que vuestras personas 
la tengan, sin' ponerse en peligro é sin que 
la gente de la tal tierra i-eciban de vos agravio 
ninguno. 

Teméis tal manera que de las cosas que 
lleváis, daréis al rey ó señor de la tierra algo 
en señal de amistad, para que quede con bue- 
na voluntad, para que cualquiera nao que allí 
llegare é toviere necesidad de agua ó de los 
mantenimientos de la tierra, ge hjs ócn con 
buena voluntad; é puestoque dellos por algu- 
na manera alguna persona de las vuestras 
reciba algún desaguisado, no sean de vosotros 
maltratados, aunque lo podáis hacer, y esto se 
entenderá en los lugares que viéredes ser 
provechosos, como dicho es, ó que sean nece- 
sarios para reparo de las nuestras armadas. 

Y cuando con la ayuda de Nuestro Señor 
Uegáredes á las dichas islas de' Maluco, tra- 
bajaréis por tomar tierra á la banda del norte, 
por respeto de no encontrar con el armada 
é gente del Rey de Portugal, porque su estan- 
cia y andada, si hobiere de ser, será á la entra- 



196 DIEGO GARCÍA 



da de las dichas islas de la banda del sur, 
por les pareceré tener por ciertoquepor ahí lo 
es vuestro derecho camino; é si fuere caso que 
primero que llegáredes á la dicha tierra ten- 
gáis nueva que hay gente armada en las dichas 
islas é tierras del Rey de Portogal, entonces 
seguiréis el camino é tomaréis tierra en las 
dichas islas la mejor é más segura que vos 
pareciere para lo que cumple á nuestro ser- 
vicio. (Este párrafo está cruzado por una 
raya en el original). 

Y cuando hobiéredes llegado á las dichas 
islas é tierras, ó en otras cualesquier islas ó 
tierras donde fuéredes, haréis saber al rey ó 
señordellas cómo sois allí llegados por nuestro 
mandado por tener con ellos toda paz é amis- 
tad que buenos vasallos é amigos han de 
tener é queréis contratar con ellos por nues- 
tra parte todas las mercaderías é cosas de 
rescate que vosotros llevéis con las que en 
su tierra hobiere; é después de ser por ellos 
respondidos vos aseguréis por rehenes que 
sean bien conocidos para veros con ellos pri- 
meramente con algunas personas de vuestra 
compañía que sean suficientes para ello, é 
después de ser bien seguro, trabajaréis de os 
ver vos con ellos é llevar con vos la gente 
que para ello os paresciere necesaria, dejan- 
do las naos proveídas, ansí de gente como de 
armas y artillería y todas las otras cosas ne- 



DOCUMENTOS I97 



cesarías para la seguridad é suarda della; é 
después de ansí tener asentada la dicha paz 
é amistad para el dicho trato les diréis que 
para señal della é memoria nuestra é suya é 
porque ansí lo tenemos por costumbre, hay 
necesidad de se poner é pongáis un padrón 
de nuestras armas en la dicha tierra, é en tanto 
que por él é por los suyos fuere guardado Nos 
seremos obligados á guardar todo lo que por 
vosotros fuere asentado, é haciendo el con- 
trario, quedará á Nos mandar lo que fuere 
nuestro servicio. 

Después de ansí haber habido habla con el 
rey ó señor de la tierra á donde ansí fuéredes 
é después de estar concertados é amigos, tra- 
bajaréis por ser el primero que haya de en- 
tender en recoger la carga que las dichas 
naos han de traer para estos nuestros reinos, 
é pediréis al rey ó señor de la tierra quede 
una casa en ella que sea la más cercana de 
la ribera de la mar, en que estén é residan los 
nuestros oficiales que lo han de tratar, para 
que reciban todos los géneros de especería y 
cosas que nos pertenezxan para les entregar 
el trueque dellas, el cual no mandaréis que se 
lleve á tierra más cantidad de mercaderías de 
las que se pudieren entregar en un día é re- 
coger de las suyas, por respeto que no se siga, 
habiendo en tierra mucha hacienda, algún 
desastre. 



I9S DIEGO garcía 



En este mismo tiempo teméis aviso de que 
se limpien las naos é sus panoles é lugares á 
donde las dichas especerías hobieren de ser 
metidas, é sean bien arrimadas, con ser apre- 
tada á los pies é regada con su agua, para que 
quepa más cantidad, y esto cuanto al clavo: y 
las otras especerías habrán su tratamiento 
según la necesidad de cada una, é porque en 
esto va mucho al bien é provecho del negocio 
y arma/.ón, vos encomendamos que hayáis 
del lo mucha memoria. 

\' acabada de hacer la dicha carga, manda- 
réis que cualquier persona que toviere licen- 
cia nuestra de cargar quintales de cualquier 
especería que sea, muestre la tal licencia en 
la casa de la dicha contratación á los nuestros 
oficiales della, para que, vista, conforme á ella 
les sean cargados los dichos quintales en la 
cargada de la dicha armada y nombradas las 
naos en que cada uno carga, dándoles sus 
certificaciones para que acá se dé á cada uno 
lo suyo. 

En este mismo tiempo teméis memoria que 
en tierra no saldrán ningunas personas á 
comprar ni vender cosa alguna, aunque sea 
de mantenimientos, por no se dañar el nego- 
cio é trato hasta que esté asentado y la carga 
ser acabada de recoger é lo que cumpliere 
para mantenimientos de la dicha gente é naos 
por el dicho fator que ansí estoviere en tierra 



DOCUMENTOS I99 



serán comprados é recogidos á las naos por 
vuestro mandado, de lo cual teméis muy gran 
recado, porque destos tales desmandes se 
recrecen muy grandes males. 

Haciendo ansí la dicha carga, en este mismo 
tiempo podéis tener necesidad de ser las di- 
chas naos corregidas, teméis tal manera que 
luego con mucha brevedad se entienda en el 
aderezo que hobiere menester, é si el tal co- 
rregimiento é aderezo toviere necesidad de ir 
las dichas naos á tierra á poner á monte ó á 
dar carena, no irá más que una sola, y aquélla 
aderezada, otra después della, de manera que 
no acontezca ningún desastre y os vean siem- 
pre fuertes en vuestras naos é armada. 

I Y también vos mandamos que cuando lle- 

^ gáredes á las dichas tierras é islas de Maluco, 
trabajaréis por haber mantenimientos, con- 
viene á saber: arroz y otras legumbres para 
toda la dicha gente, y entonces haréis cerrar 
los pañoles del bizcocho é vinos que en la 
dicha armada hobiere, y que se guarden muy 
bien todos los mantenimientos, porque á la 
vuelta no falte á la dicha armada el manteni- 
miento y les sea necesidad de tomar arroz, lo 
cual sería en gran daño y perjuicio de la 

I dicha armada que por lo traer cargarán 
menos especería, por el agua que para ello 
sería menester. 

I , Y cuando ansí hiciéredes asiento en tierra, 



200 DIEGO garcía 



teméis manera con el rey ó señor della que 
hagáis asiento del precio que ha de costar 
cada peso de clavo, é ansí cualquier otro gé- 
nero de especería á que ellos llaman bahar 
para quedar firme para adelante, con hacer 
los juramentos é penas y condiciones que 
entre ellos fueren más estimados, porque no se 
puedan dello apartar; y si á los herederos del 
reino ó más principales de la tierra con asen- 
tar la cantidad de todas las diversidades de 
las mercaderías que destos nuestros reinos 
habrán de ir, con se hacer primero el precio á 
los que fueren cabeza de la mercadería con 
tanto cobre é lencería é fierro é azogue y ber- 
mellón, porque destas tenemos noticia que en 
esas tierras é partes lo es, é con esto junta- 
mente se hará trueque é averiguación de los 
pesos que lleváis á vuestra usanza, que son 
quintales é libras, por peso de balanza, con los 
sus pesos de romana é que ellos llaman 
bahar, para que la dicha cargazón sea hecha 
por el dicho peso de balanza que ansí lleváis, 
con ser satisfechos, viendo ansí la verdad de 
los dichos pesos los mercaderes é personas 
con quien hobiéredes de contratar y para que- 
dar asentado para siempre que no se ha de re- 
cebir ni hacer entrega sino por el dicho peso 
de balanza, por respeto de la mucha falsedad 
que hay en lo de la romana y por las diferen- 
cias que en aquellas partes tienen en todas las 



DOCUMENTOS 201 



tierras con el mismo peso, y ansí teméis me- 
moria de que sean en todas las tierras vecinas 
sabidores de la tal costumbre é peso, y los 
dichos pesos estarán puestos en la casa de la 
contratación en lugar é de manera que sean 
vistos de los mercaderes é personas del trato 
para que vean que no se les mudan ni truecan 
sino que son los mismos en la verdad. 

Y si por ventura viéredes que en el modo 
del contratar acerca del asiento del clavo y 
especerías quel rey de la tierra ó señores 
es tanta parte que en su mano está hacer 
mucha baja en el prescio della con los mer- 
caderes y dar mucho recado á las cargazones 
que cada uno ha de hacer en esa tierra, teméis 
manera que si viéredes que redunda el dicho 
recado é provecho se le dé una cierta cosa 
por cada armada que en esas partes cargaren 
y para estos nuestros reinos vinieren, la cual 
será una joya del prescio que allá os pares- 
ciere, é si con esto no fuere contento, una 
cierta cosa por armada que será hasta por el 
tiempo que os paresciere, de cualquier calidad 
de especería que en su puerto é en su tierra 
fuere cargada; é siendo la dispusición de la 
tierra de la calidad que no haya desto nece- 
sidad, no hablaréis en ello é lo dejaréis, é 
siendo caso que el dicho rey ó señor vos 
quisiere obligar á le pagar en dineros por la 
costumbre de su tierra, veréis cual importa 



2t)2' DIEGO garcía 



más, é ansí lo asentaréis con trabajar por no 
parecer que son dineros sino un conoscuiiien- 
to de amistad é por quél ten^a gran cuidado 
en lo que cumple á nuestro servicio. 

Y por cuanto aquellas tierras, por respeto 
de las casas ser de paja, corren mucho riesgo 
de fuego, el cual muchas veces les face enojo, 
teméis memoria de así al principio de la car- 
ga tomar casa en lugar que no esté muy junto 
á las otras é haya personas que tengan cargo 
de velarla de noche á los cuartos para ase- 
gurar el desastre del fuego, é después que de 
el lodo de la dicha casa se asentare, teméis la 
misma manera, porque los moros por robar 
acostumbran hacer tales travesui-as. 

Siendo caso que no se asiente él principio 
del dicho clavo é otras especerías é quede 
para cada año se hacer de nuevo, tenerse ha 
aviso é manera que cuando fuere el recoger 
"del año venidero se haga concierto con los 
mercaderes é labradores de las dichas espe- 
cerías para en el dicho tiempo hacer dellas 
entrega y le serán dadas las dichas mercade- 
rías que por ello han de haber, porque en 
'este tiempo terna menos precio y estará la 
liáciénda junta é cierta, para no se detener las 
armadas que de acá han de ir para ello, y ter- 
iléis memoria que sea bien tratada en la casa 
'donde estoviere y regado con su agua, segund 
su costumbre, para que no reciba daño. 



DOCUMENTOS 203 



En la dicha casa qae ansí se hiciere, se 
har¿\n las piezas de aposento para las merca- 
rías que t"uei-en, conviene á saber, para las 
mercaderías quedestos nuestros reinos fueren, 
las cuales serán puestas cada cosa en su lugar 
y de manera que no sean mal ti'atadas, ni se 
pierdan, é ansí para las especerías é otras 
cualesquier mercaderías con ello mismo estar 
en los lugares que para ello le conviniere é 
con ser visitadas é resguai-dadas, según la cos- 
tumbre que allá se tiene, é ansí también habrá 
en el dicho aposento parte para el fator é 
hombres de su servicio é cargo con haber ahí 
una pieza en la dicha casa é fatoría en que 
se haga por vuestra pei'sona é fator é oficia- 
les cada día de contino ayuntamiento para 
que de ahí comuniquéis é despachéis la dicha 
carga y las naos é gente de loque hobierén 
menester con haber en ella arcas ó cosa cerra- 
da en que estén de contino los libros de las 
dichas cargazones y pagamientos de sueldos, 
entradas é salidas de mercaderías, y después 
que sea acabada la dicha cargazón, cada se- 
mana vos ayuntaréis tres veces en la dicha 
fatoría para que se dé despacho á lo que fuere 
menester. 

V por cuanto las mercaderías que van en 
esta armada son de muchas suertes y diver- 
sos prescios é de la tierra no tenemos tanta 
noticia para que se pueda saber cuales son 



204 DIEGO GARCÍA 



mejores y en que más provecho se hace, seréis 
avisado que por el presente no sean desbara- 
tadas, sino con mucho recado y con saberse 
para qué partes y en qué tierras, ansi cerca 
como lejos, tienen más valía, é segund la in- 
formación dellas toviéredes, así será el fator 
avisado que se rescaten é hagan dellas ferias. 

Seréis avisado que después que en tierra 
estoviéredesde asiento, hagáis vuestras rondas 
y sobrerrondas é velas y sea repartida la no- 
che en cuartos, para que no os pueda aconte- 
cer desastre que del no seáis sabidor, y con 
esto teméis vuestros avisos en la dicha tierra 
con dar alguna cosa á personas más llegadas 
al rey ó señor, é así mercaderías, para que 
siempre seáis avisados de lo que cumpliere. 

Por cuanto la principal guarda é seguridad 
que hay en esas tierras de Maluco, donde 
ansí habéis de asentar el tracto de la espece- 
ría, son los navios que vos han de quedar, 
seréis avisado que sean de contino guardados 
por los capitanes é gente que les fuere nece- 
saria con hacer sus velas de noche, repartidas 
por cuartos, como es la costumbre, y en tanto 
que la dicha casa é asiento que ansí íiciére- 
des no sea tan fuerte que podáis estar seguros, 
no apartaréis de vos los dichos navios, porque 
ellos vos harán seguros si hobiere alguna 
duda de flaqueza en tierra. (Esle pdn'afo csíá 
cruzado por una raya). 



DOCUMENTOS 205 



E si tomáredes algunos mozos é mozas que 
no fueren de las tierras que nos pertenecen 
que habemos por tomadas de buena guerra, 
sabréis lo mejor que pudiéredes los que son 
de rescate, é habiendo personas que puedan 
valer cuatrocientos serafines, estatal se toma- 
rá para Nos por su avaliación y los otros 
haceldos avaliar é poner en almoneda, é lo 
mejor será si lf)S de la tierra los quisieren 
comprar, vcndéi'gdos por lo que fuere bueno, 
por excusar de gastar los mantenimientos. 

E seyendo caso que los toméis en la mar 
en paraje que no vos estoviere bien ir á con- 
tratar á la tierra, en tal caso nos parece que 
tomándoles las mercaderías é algunos dellos 
de los que en sus personas é aspetos vos pares- 
ciere que más cc^nviene y que buenamente se 
puedan traer en las naos por las personas 
que nos van á servir, las otras con la nao ó 
fusta en que vinieren, dejaréis ir é no haréis 
ninguna crueldad contra ellos, avisándoles 
que no vuelvan más á aquellas tierras sino 
seyendo de parte que nos puedan traer mer- 
caderías que nos cumplan, é les dai-éis vues- 
tras cédulas para que puedan venir con las 
dichas mercaderías, haciéndoles saber que 
cuando en la mar vinieren naos nuestras, 
seyendo ellos á barlovento de nuestras, las 
vengan á demandar y echar el batel fuera é 



206 DIEGO (;arcia 



vendrán á nuestras naos ofreciéndoles lo que 
dellas hobieren menester é á dalles cuenta de 
donde vienen é lo que traen. 

E seyendo á sotavento, amainarán las velas 
y echarán un batel fuera, habiendo tiempo 
para ello, é harán lo susodicho, é los que el 
contrario íicieren serán tomados de buena 
guerra, é seyendo alguna nao de tierra á donde 
ya llegásedes de las que están en nuestras 
demarcaciones que con vos no quisieren to- 
mar asiento de paz, serán tomadas de buena 
guerra, como si fuesen de las tierras de nues- 
tra conquista, é si necesario fuere usar con 
ellos de algún rigor, lo podáis facer modera- 
damente, por dar enjemplo é castigo á otros, 
enviándolos en la nao para que vayan á la 
tierra á mostrar el daño que se les hizo é la 
razOn por qué; é tomando alguna nao del lugar 
donde ya estoviésedes é recibiésedes buena 
compañía, sean de vos muy bien tratados para 
que sepan que los que quieren nuestra paz 
é amistad é están en nuestro servicio é obi- 
diencia han de serfavorescidos é bien tratados, 
é los quel contrario ficieren, castigados. 

La manera que teinéis en las presas que 
tomáredes, será que vos tomaréis de cada 
presa una joya que en estos nuestros reinos 
pueda valer hasta quinientos ducados, no 
seyendo moros de rescate, ni piedra preciosa 
que valga la dicha cuantía, porque en tal caso 



DOCUMENTOS 20/ 



estose hade guardar para Nos, é de las otras- 
mercaderías é cosas tornaréis lo mejor, que 
valga hasta cuantía del dicho prescio, seyendo 
la dicha presa de valor de diez mili ducados; é 
no trayendo la nao joya que podáis tomar, 
habréis tres por ciento de todo lo que trajeren, 
de lo cual pagaréis la veintena, como está 
oi'denado en todo lo demás. 

E tomada la dicha joya é prescio susodicho, 
se sacará la veintena parte para redimir cati- 
vos, la cual sacada, se tomará el quinto de 
toda la otra suma para Nos, de lo cual voso- 
tros habréis el requinto, é del resto se harán 
tres partes é las dos serán para Nos é para el 
armazón é la una para la compañía, é lo que 
montare nuestra parte se entregue al nuestro 
teso]"ero de la dicha armada, haciéndole el 
nuestro contador cargo de todo; y el tercio 
c]ue quedare para la compaíiía, se repartirá 
en esta manera: 

Quel capitán general habrá veinte partes, é 
los otros capitanes de las naos habrán ocho 
partes, é los cuadrilleros que haréis para re- 
partir, habrán seis partes del oficio, é más- 
una é media de sus personas, é los escribanos 
del repartimiento habrán cuatro partes é una 
é media de sus personas. 

E los maestres é pilotos habrán cuatro par- 
tes, é los marineros dos, é los grumetes una é 
media, é los pajes una, é los despenseros de 



208 DIEGO GARCÍA 



las dichas naos, carpinteros é calafates y to- 
neleros como marineros: é físico é cirujano é 
capellán tres partes, é los lombarderos dos é 
media, y el condestable tres, é los hombres 
sobresalientes, vuestros criados, habrán parte 
é media, y el alguacil del armada habrá tres; é 
todos los hombres así marineros, grumetes e 
sobresalientes que tiran con ballesta habrán 
más media parte por ello, é los que tiraren 
con espingardas, parte é media: é porque Nos 
tomamos los dos tercios de toda la hacienda 
para la dicha armada, después de sacado 
el quinto, daremos las armas para la dicha 
gente, porque de otra manera no podríamos 
llevar con razón sino la mitad; é los oficiales 
de las naos habrán las partes arriba declara- 
das de las dos partes que nos cupieren. 

Ítem, vos encomendamos é mandamos por- 
que tengáis aviso que no enviéis ningún 
navio vuestro ni con poder vuestro en nues- 
tro nombre, aunque sea de moros, á las tierras 
é límites del l^ey de Portogal, porque ansí 
cumple á nuestro servicio, que los que no 
fueren de nuestras tierras é límites no vengan 
á tratar ni contratar ni comunicar á las dichas 
nuestras tierras, é así lo notificaréis á todos 
los mercaderes é personas de todas las tierras 
comarcanas á las dichas islas, porque si fue- 
ren maltratados no tengan razón de decir 
que no fueron dello primero avisados y sabi- 



DOCUMENTOS 2O9 



dores que pasasen de las tierras é límites 
que nos pertenezcan. 

ítem, porque somos informados que las di- 
chas islas é tierras á ella comarcanas hay 
muchas islas é tierras en que hay mucho oro 
é perlas é piedras de todas las suertes, teméis 
aviso cjue cuandoquier que enviáredes á cual- 
quiera parte, habéis de encargar á las perso- 
nasque enviáredes, saliiendo que son personas 
de espiriencia é recado é que hayan hecho 
semejantes viajes, porque con ser de calidad 
para ello que se pueda conhar tal cargo é con 
llevar luego declarado quel rescate que se 
ficiere, sea con poner en mucha estima las 
mercaderías que llevaren y con no mostrar 
que hay dellas mucha cantidad, ni menos las 
lleve, porque en el rescate del dicho oro é 
cosas que ansí rescatare no levanten el prescio 
dcihj, ni le encare/xan los mercadeies é perso- 
nas de la tierra; é ansi mismo tengan cuidado 
é aviso de no mostrar que aquello es lo quél 
quiere y procure é demande por otras cosas 
de otra calidad; y las dichas mercaderías que 
ansi llevare, serán las que allá toviéredes 
sabido que allá son más necesarias é de más 
estima é valor, é cuando no toviéredes la tal 
noticia é información, de todas las que en 
vuestro poder hobiere llevará la cantidad que 
pareciere ser bien; y si por ventura fuere nece- 
sario que se lleven de las mismas de la tierra 



210 DIEGO GARCÍA 



donde toviéredes asiento, hacerse ha conser- 
var por los precios que tuviéredes asentado ó 
hecho precio ó al presente le ficiéredes con- 
forme á la necesidad que de las tales merca- 
derías habéis de tener para enviar á hacer los 
tractos con las dichas tierras; y con esto junta- 
mente llevará la tal nao ó naos que enviáre- 
des á las dichas tierras para los reyes é seño- 
res deltas en señal de amor é amistad, algunas 
cosas que entre ellos más estimadas fueren 
para dárgelas de nuestra parte é carta vuestra 
en que le hagáis saber el de^seo que tenemos 
de su amistad é voluntad de contractar en la 
dicha tierra. 

Y cuando se ofrecieren é ficieren los tales 
viajes á las dichas tierras que ansí toviéredes 
rescate del dicho oro é perlas é pedrería, que 
es cosa en que tanto va y tan peligroso para 
se poder dañar el trato, m.andamos que el 
capitán é todas las otras personas que allá 
fueren, que la hacienda que llevaren, así 
nuestra como cualquiera otra que llevaren, sea 
toda entregada á la persona que llevare cargo 
del dicho rescate por ante vos é los nuestros 
oficiales, é quede hecho asiento para que á la 
vuelta que volvieren se sepa cómo se rescató, 
é cada uno recogerá la parte que le cupiere 
dello; é mandaréis al dicho capitán que el tal 
viaje hiciere que estando en la dicha tierra 
donde el tal rescate se ficiere, no consienta 



DOCUMENTOS 21 



que del navio ó navios en que fuere salga en 
tierra persona ninguna más de la que fuere 
menester para servicio del dicho capitán é con 
vuestra licencia. 

Otrosí: mandamos que cuandoquier quel 
tal rescate se hiciere no sea ninguna persona 
osada á rescatar ni poner precio en ninguna 
mercadeiia sino por mano de la persona que 
llevare cargo de ello, so pena que la hacienda 
que tovicre c le fjere hallada la haya perdido 
para la nuestra cámara é fisco, demás de las 
ctras penas que por vos le fueren puestas, 
le mandaréis á la tal persona que ansí á ello 
fuere, que después que hobiere rescatado lo 
que ansí llevare de nuestra hacienda, resca- 
tará después de la misma iinanera para las 
partes. 

Otrosí: teméis memoria que en tanto que 
ansí hobiéredes comunicación con la tierra ó 
tierras de aquellas partes, informaros héis de 
todas las mercaderías é otras cosas que ansí 
allí como en otras partes son necesarias 
é tienen valor, que con ver las que agora en 
este viaje van, para ver si faltan algunas; é 
traeréis relación muy larga é particularmente 
de todo, declarando cada cosa como es y 
pasa para que Nos seamos avisados dello y 
mandemos proveer lo que convenga á nuestro 
servicio é al bien é trato de nuestra ha- 
cienda. 



212 DIEGO garcía 



Otrosí: vos mandamos que cada é cuando 
que vacare por muerte ó en otra cualquier 
manera cualquier carcho é oHcio de los que 
van en la dicha armada que sea fuera de lo 
que vos podéis proveer de vuestro cargo, mi- 
réis mucho que sea proveído á persona que 
sea nuestro criado, é cuando éste no hobiere, 
proveeréis el tal cargo é oficio á persona de 
confianza que sepáis que es para ello. 

Ansi mismo, vos encargamos v mandamos 
que con toda diligencia sea de vos tratada 
toda la gente, bien é amorosamente, y aque- 
llos que adolecieren é por causa de guerra 
fueren heridos, sean muy bien curados é por 
vuestra persona visitados, haciéndoles todo el 
beneficio c|ue cumple á personas que van en 
nuestro servicio, no consintiendo á fiscos ni 
cirujanos que lleven dineros por la cura que 
en ellos hicieren; é ante todas cosas trabajad 
que se confiesen é hagan sus testamentos 
por mano de los escribanos que hobiere en 
las dichas naos é tierras donde estovieren, en 
que declaren de donde son vecinos é natura- 
les, é que si son casados ó por casar, é de 
aquellos que Nuestro Señor se toviere por 
servido de llevar, se haga inventario de todo 
lo que tovieren é del sueldo que se les debe, 
declarando el día é mes é año en que falles- 
ciere para que se sepa acá en la Casa de la 
Contratación á donde é á quien se le ha de 



DOCUMENTOS 2l3 



pagar el sueldo qu,e le fuere por debido de 
lo que sirvió é se le debe, é lo demás que le 
quedare se entregue á sus herederos, si los 
toviere, é no los teniendo, sea para redención 
de cativos, según que por iNos está aplicado. 
En lo que descubriéredes habéis de mirar 
de tratar la gente de manera que huelguen 
de contratar con vosotros, dando dádivas á 
los principales que gobiernan la tierra, é la 

I principal cosa de que Nos lernemos por des- 
servidos é mandaremos castigar á los que 
hicieren delito é acometmiiento contra las 

I mujeres de la tierra é sobre todo en ninguna 
manera habéis de consentir que ninguna 
persona toque á mujer, porque esta es la prin- 

1 cipal cosa que se ha de mii'ar, á causa que 

^ en todas aquellas partes son gentes que por 
esto, antes que por otra cosa, harán cual- 
quier daño é rebellón, é menos consentirán 
tener paz ni haber trato en la tierra, ni se les 
ha de tomar cosa ninguna, de cualquier cali- 
dad que sea, contra su voluntad. 

De todas las tierras que descubriéredes, 
trabajad por haber lengua para tener prática 
en las otras partes donde fuéredes, las cuales 
serán muy bien tratadas de vos y de los que 
con vos van. y bien vestidos, é si en alguna 
de aquellas partes donde las tomáredes con- 
viniere soltar alguno dellos para poder 
i haber más prática con los de la tierra, sol- 



214 DIEGO garcía 



tarle heis v enviaréis vestido, con algunas 
dádivas, para que lo vean los otros de la 
tierra, á los cuales mostraréis las mercaderías 
que lleváis para que lo publiquen é conozcan 
que sois gentes que vais á contratar é no á 
tomarles por fuerza nada de lo suvo; y esta 
manera teméis en todas las partes que des- 
cubriéredes é ficiéredes fundamento de con- 
tratar, é de Sevilla se trabajará de llevar al- 
gunas lenguas. 

En los puertos que se hobiere de tomar agua, 
por no ser tierras conocidas, habéis mucho 
de mirar de la manera que se toma, y los ba- 
teles cuando la fueren á tomar vayan de con- 
tino á recado, quedando gente en las naos 
por si algo aconteciese, é en tierra donde haya 
gente, tratarlos heis con amor, dándoles con- 
tino algo de lo que lleváis, é trabajaréis por 
saber lo que hay en la tierra, é si vos pareciere 
dejar en ella algunos de los desterrados para 
que entretanto que vais á hacer vuestro des- 
cubrimiento tenga prática de lo que en la 
tierra hay para la tornada saber lo que tiene 
descubierto é allá en la tierra dejarlos héis, 
prometiéndoles albricias é perdón de su delito, 
descubriendo algo de quel armazón reciba 
beneficio, é para el perdón del tal llevaréis 
nuestro poder, el cual dicho poder desde 
agora vos damos. 

Habéis de mirar que todos los que agora 



DOCUMENTOS 2l5 



en esta armada van é adelante fueren han de 
tener toda libertad para escrel:)ir acá todo lo 
que quisieren, sin que por vos ni por otra 
persona alguna le sea tomada carta ni defen- 
dido que no escriba, poi'que nuestra voluntad 
es que cada uno tenga voluntad de escrebir 
lo que quisiere, é si alguna persona tomare 
alguna carta, mandamos que ejecutéis en él 
las penas c]ue de derecho se deban ejecutar é 
á vos parezca, é si por vucstiT) mandado se 
íiciere os certificamos, demás de lo que de 
derecho se deba hacer, mandaremos que se 
provea como en cosa que Nos tenemos por 
deservidos de vos y que dello recibiremos 
mucho enojo. 

Si por caso en alguna de las tierras que 
descubriéredes el rey ó señor dellas quisiere 
enviar alguna persona en embajada, ó alguna 
otra persona principal de la tierra quisiere 
venir, vos encomendamos que sean muy bien 
tratados de vos é de toda la otra compañía, 
dándoles todo lo que hobieren menester y 
cámara en que vengan; é ansimismo sean 
bien tratadas cualesquier personas que con 
él vinieren. 

Mucho vos encomendamos que contino 

hagáis tener mucha vigilancia é guarda en el 

fuego, porque ya sabéis cuand peligroso es 

en la mar y por mal recado muchas veces 

I vienen muchos desastres, é por esta causa, 



2l6 DIEGO garcía 



allende del cargo que llevan los otros oficiales 
de las naos, será cada noche mirado por vos 
y el que toviere la guarda de la vela y á la 
contina lo encomendaréis á él é á los otros; 
y allende desto, en cada nao habrá persona 
diputada para ello, y que no anden con can- 
delas por las naos sino al tiempo de la nece- 
sidad, y aquéllas las traigan en sus linternas. 

Lo que Dios no quiera, si alguna gente fa- 
lleciese de la que va en el armada, trabajaréis 
por rescate haber algunos esclavos en las 
partes do fuéredes que sean de edad para 
poder trabajar é ayudará la navegación, de 
manera que por falta de gente no se pierda 
el viaje, los cuales esclavos sean rescatados 
para el armazón é ninguna otra persona los 
podrá traer si no fueren aquellos que tovieren 
merced nuestra para los poder traer. 

A n si mismo, serán visitados por vos é todos 
los otros oñciales de la dicha armada, todos 
los mantenimientos é vino é agua que lleváis 
para el viaje, porque á causa de no ser visi- 
tados no se pierdan, é desta manera habéis 
de tener é hacer que se detenga, asi a la ida 
como á la venida, porque no sabéis los tiem- 
pos que Diosos dará, é han de ser reglados 
los dichos mantenimientos de manera que 
por falta dellos no perezca la gente ni el 
armada se pierda, é para esto conviene que 
sean muy á menudo visitados en todas las naos, 



DOCUMEN']'OS 217 



y todos los mantenimientos que se gastaren 
se han de poner por escrito é asentar lo que 
se gastare, para que conforme al tiempo ha- 
gáis vuestra cuenta en lo que lleváis, é á la 
gente se ha de dar su ración é no han de 
comer juntos como ^n los otros viajes de 
poniente á levante se acostumbra, sino que 
coman en cuadrillas, como las naos que van 
de Portogal á la India acostumbran facer, 
dando ración de dos á dos días. 

Han de dar ración de dos á dos días como 
se acostumbra, dando á cada uno su ración 
honesta por peso, el bizcocho y el vino por 
medida, desde el principio del viaje, que cuan- 
do sucediere ser más largo el viaje de lo que 
se hace fundamento, haréis la cuenta en el 
mantenimiento que se ha gastado, é lo que 
queda contando desde el día que partistes 
hasta entonces é segund la necesidad, ansí 
reglaréis lo que os queda, é siendo necesario 
de acortar la ración, se acortará, esto á dis- 
creción de todos los oficiales que tienen cargo 
de armazón; y á esta causa se pondrá á la 
contina por escrito lo que se gasta. 

Habéis de mirar en las tierras que nueva- 
mente tomáredes mantenimiento é agua que 
los dos días primeros los que de acá van co- 
man é beban de los mantenimientos que 
llevan, porque muchas veces acontece estar 
emponzoñada el agua é los mantenimientos 



210 DIEGO garcía 



que dan, é para saber esto es bien que los 
mantenimientos que nuevamente se tomaren 
los den primero á comer é beber á los de la 
misma tierra, ó de otra manera sin peligro de 
la gente del armada. 

'J odos los mantenimientos que fueren re- 
partidos por las naos irán en cada nao asen- 
tado el regimiento de lo que llevan todas 
juntas é cada nao por sí, para que conforme 
á lo que llevan, hagan cuenta de lo que se 
gastare, é pongan ordenen lo que queda é 
conforme al tiempo provean en ello .de ma- 
nera que á la contina tengan abastanza para 
tornaviaje; é si íiciéredes fundamento de dejar 
alguna persona en la tierra que descubriére- 
des la dejaréis el mantenimiento que vos 
parezca ser necesario, para lo cual van man- 
tenimientos más de los que son menester. 

Habéis de notificar á toda la gente que va 
en el armada, que ninguno venda ninguna 
arma en tierra, de ninguna manera ni calidad 
que sea, so pena de perder todos sus bienes, 
é allende desto terna la pena que á los nues- 
tros oíiciales paresciere merescer. Ansimismo 
defended que no se venda ninguna hacha ni 
cosa de fierro con que los cristianos puedan 
recibir daño, ni los indios pelear. 

Otrosí: vos encargo que defendáis á todas 
las personas que en el armada fueren, que no 
jueguen á naipes ni dados, porque de lo se- 



DOCUMENTOS 2 I9 



mejante se puede recrecer daño y escándalo 
y enojo é no es servicio de Dios que lo seme- 
jante consintáis, ni es provecho del armazón. 

Ítem, vos damos poder para que cualquier 
persona que en la dicha armada i\iere que 
no obedezcan á lo que de nuestra parte les 
requiriéredes é mandares que sea nuestro 
servicio é provecho del armazón, haciendo el 
contrario, lo podréis casti,ij;"ar conforme á su 
culpa con las penas que vos paresciere é á 
los que mandáredes que lo ejecuten que no 
lo íicieren ni obedecieren, caigan los sobre- 
dichos en las penas que vos les pusiéredes, 
allende de lo cual será castigado el delin- 
cuente. 

Ítem, vos damos poder para que podáis 
poner, ansí en la mar como en la tierra, vues- 
tros lugares- tenientes á las personas que 
más hábiles é suficientes para el semejante 
caso os paresciere. é á los que ansí pusiéredes 
tomaréis juramento que bien é fielmente 
usarán sus oficios é guardarán nuestro ser- 
vicio. 

Al tiempo que se tomare la gente para en 
servicio de la dicha armada, le será tomado 
juramento por vos ante escribano que durante 
el tiempo de la dicha armada é viaje, viniendo 
á su noticia cosa que sea nuestro servicio é 
beneficio de la dicha armada, no lo encubri- 
rán sino que vos avisarán dello, y quedes- 



220 DIEGO garcía 



pues que fueren recebidos hasta ser acabada 
la arma/ón,no sedespedirán ni ausentarán sin 
vuestra licencia, l^aresciendovos que en algu- 
na parte de las islas é tierras que descubrié- 
redes, es bien salir en tierra para saber qué 
hay en ellas, á tomar lengua de los indios é 
por tomar agua é otras cosas nescesarias á la 
dicha armada é los de la tierra se pusiesen 
en no lo consentir haciéndoles alguna seña 
de paz.é con todo esto todavía vos defendiesen 
no salir á tierra, saldréis contra su voluntad, 
puesto C|ue sea con daño de los dichos indios, 
con que mandéis á toda la gente que sea con 
el menos escándalo que ser pueda, porque 
por todas las maneras que pudiéredes venir 
con ellos á concordia de paz, lo hagáis, é 
caso que la necesidad vos lo hiciese hacer, 
tomalda lo más sin escándalo que ser pueda, 
é no se pudiendo tomar sino con mucho daño, 
antes lo dejad de tomar por aquella vez que 
tomarlo con mucho escándalo é daño dellos é 
del armada, para que vos mandamos que se 
haga con mucho consejo é se tenga la mejor 
forma que ser pueda para los atraer á vuestra 
amistad, dándoles dádivas de lo que lleváis 
en la dicha armada, como en este regimiento 
mandamos. 

Otrosí: vos encargamos que tengáis mucho 
cuidado al tiempo que, placiendo á Dios, par- 
tiéredes para seguir vuestro viaje, de mirarque 



DOCUMENTOS 22 1 



no llevéis en vuestra companí¿i ninguna per- 
sona que conoscidamente tenga costumbre 
de renegar, porque los tales no es mi volun- 
tad que anden en cosa de nuestro servicio, ni 
es bien que vayan en el armada, y esto vos 
encargamos más que otra ninguna cosa que 
sea nuestro servicio, porque ansí cumplir 
se haga por lo que toca á la honra é servicio 
de Dios; é si por caso llevásedes alguno que 
lo haga é renegase é diese pesar á Dios, cas- 
tigalde conforme á las leyes destos reinos, 
según las palabras que dijere. 

Si por caso á la ida tomásedes alguna presa 
de alguna nao que topásedes, tomaréis aque- 
llas cosas que mejor os paresciere para acá 
ó de otras calidades de mercaderías que po- 
drán traer, trabajaréis por saber de qué parte 
las llevaban para tomar más prática de algu- 
nas tierras é tratos de la gente de las seme- 
jantes naos, serán de vos é de todos muy bien 
tratados, é si con ellos pensáis tener alguna 
prática de tierra donde se pueda haber algún 
provecho, ó por les tornar algo de lo toma- 
do, lo dirán si se lo dan, haceldoansí, é aún 
daldes de lo que vos lleváis, porque vos 
amuestren donde lo llevaban. 

En lo de la tierra que descubriéredes al 
salir della se puede hacer alguna presa ó en 
los puertos tomar alguna nao de mercadurías 

i5 



222 DIEGO garcía 



é pareciéndovos que por bien del trato y del 
armazón es necesario tornar lo que tomáredes 
ó parte dt^llo, ó por lo tornar harían paces é á 
la causa dejarían hacer casa fuerte y el rey 
ó señor de aquella tierra darían lugar á ello 
é para adelante algunas parias, pues es más 
beneficio del armazón, mandamos que se torne 
parte ó todo lo tomado, como vos paresciere 
que míis conviene, sin venir en partición 
cosa de lo que ansí tomáredes, é lo que hobié- 
redes de tomar, haced que se tome con el 
menos escándalo que ser pueda. 

Ansimismo, vos encai-gamos é mandamos 
que siempre sean bien é amorosamente é sin 
rigor de vos tratados los capitanes é oficiales 
é todas las otras personas que con vos van 
en la dicha arm¿\da, de manera que tengan 
de vos mucho agrado é contentamiento, porque 
con esto trabajarán y procurarán con más 
voluntad las cosas que tocaren á nuestro ser- 
vicio. 

Y porque, como veréis, á la ida del viaje 
los pañoles de las naos van ocupados con el 
pan é otras provisiones de la dicha armada 
é cuando allá llegaren serán gastados la ma- 
yor parte dellos é á la vuelta estarán más 
libres é desembarazados, vos mandamos que 
después de puesto en ellos el pan que hobie- 
re de venir, todo lo demás que quedare vacío 
de los dichos pañoles lo hagáis cargar é 



DOCUMENTOS 223 



-hinchir de especería, habiéndola de traerán 
la dicha armada. 

Olrosí: vos encargamos é mandamos que 
«con toda industria é diligencia procuréis á la 
«ida ó venida del dicho vuestro viaje principal, 
^omo más ó por tanto provecho se ha de lle- 
gar á las nuestras islas de los Malucos, é si 
halláredes que la nuestra armada que partió 
■de la Coruna, de que va por nuestro capitán 
Ijeneral frey (jarcia de Loaísa, comendador 
-de la Orden de San Juan, es llegada á los 
.dichos Malucos, requeriréis al dicho comen- 
dador Loaisa ó á los otros nuestros oficiales 
en su ausencia, si conviene para el l^ien de 
Ja negociación de la especería ó para oti'a 
•cosa de nuestro servicio, que vos con la dicha 
nuestra arniada de que vais por nuestro capi- 
lán, (js detengáis algunos días en los dichos 
Malucos ó les socorráis con alguna gente é 
-bastimentos é otras cosas, é todo aquello que 
^nsi vos fuere pedido lo haced é cumplid 
-como si por Nos fuese encomendado c man- 
dado, porque no menos me terne de vos por 
.servido en esto que del buen fin de la dicha 
armada de que vos vais por nuestro capitán; 
é si os pidieren é requirieren que en las di- 
*chas naos carguéis alguna especería, recibi- 
réis la tal carga é seguiréis en ello y en el 
tratamiento de la dicha especería la forma é 
orden quel dicho comendador Loaisa é los 



224 DIEGO garcía 



dichos nuestros oficiales en su ausencia os 
dieren. 

Ansi mismo, porque Juan Serrano, nuestro 
piloto, que fué por nuestro mandado en el 
armada de que fué por capitán general Fer- 
nando de Magallanes, quedó preso en la isla 
de Tidore, teméis mucho cuidado de saber, é 
si fuere vivo, trabajaréis de rescatarle por lo 
menos que pudiéredes, é traello héis con vos 
en la dicha armada. 

El Rey. — Lo que vos Ihoán de Sandoval 
habéis de hacer en el cargo que lleváis de 
nuestro contador de la nao capitana del arma- 
da que al presente mandamos despachar en 
la cibdad de la Coruña para ciertas islas é 
tierras que dicen de la Plata en el nuestro 
Mar Océano, deque vapor capitán general 
Diego García, piloto, es lo siguiente: 

Primeramente, en la dicha cibdad de la 
Coruña mostraréis á los nuestros oficiales de la 
Casa de la Contratación de la Especería ó al 
que dellos allí reside, el título que lleváis del 
dicho vuestro oficio, é informaros héis dellos' 
muy larga é particularmente de la orden que 
les parece que debéis tener para la buena 
guarda y recabdo de nueátra hacienda y del 
dicho viaje demás de lo contenido en esta 
instrución, y haréis cargo al nuestro tesorero 
de la dicha nao de todas las mercaderías é 



DOCUMENTOS 



rn.anten i m lentos é aparejos y otras cosas que 
en la dicha nao fueren y tomaréis conosci- 
miento de cómo lo recibe para vuestro des- 
cargo. 

Y fecho esto, tomaréis asimismo relación 
de lo que va en la segunda nao de la dicha 
armada, así de mantenimientos como de mer- 
caderías é rescates, artillería y armas y todos 
los otros aparejos y cosas que en cada una 
dellas fuere, poniéndolo muy claro y espacifi- 
cado, y dello habéis de tener un libro aparte, 
donde asentéis todo lo que en el armazón 
fuere, cada género de cosa sobre sí, y otro en 
que hagáis cargo al nuestro tesorero de la 
dicha nao capitana de todo lo que se le en- 
tregare, así de lo que en la dicha armada 
fuere como del quinto y otros derechos á Nos 
pertenescientes, cada género de cosa sobre sí. 

Asimismo, porque podrá ser que conforme 
á nuestras instruciones á la ida ó vuelta que 
la dicha armada hiciera en buena hora se 
ofrezca que convenga rescatar ó contrataren 
algunas de las tierras ó partes que tocáredes, 
habéis de tener mucho cuidado que los res- 
cates é contratación que con la dicha nao se 
hobieren de hacer, se hagan lo más á prove- 
cho de nuestra hacienda que ser pueda, y lo 
que dello se hobiere entregallo héis vos todo, 
presente el nuestro capitán de la dicha nao, 
al nuestro tesorero della v le haréis cargo 



220 DIEGO garcía 



dello en su libro y en el vuestro, haciéndole 
cargo de todo lo c]ue le entreg¿\redes y se 
hobiere de los'iicbos rescates, estando todos^ 
presentes al asentar de las cosas en los di- 
chos libros, porque las partidas de los tales- 
asientos vayan conformes no más en un^ 
libro que en otro, lo cual vaya señalado de 
vos y del dicho tesorero, segund dicho es^ 
porque en todo haya mucha claridad y nues- 
tra hacienda y cosas de la dicha armada 
estén al recabdo que conviene. 

ítem, porque podi^'a acaescer que en eí' 
tiempo que el dicho tesorero se le pidiesen 
las cuentas de su carg-o no respondiese e\ 
libro de su cargo con el que vos le tuviésedes- 
hecho y podría haber dubda si se le había 
cargado algo de más ó de menos, por excusar 
este inconveniente y porque en todo haya la 
claridad y cuenta que á nuestro servicia 
convenga, hecho cargo en vuestro libro al 
dicho tesorero de todas las dichas cosas 
particularmente, así de lo que hobiere reci- 
bido en dineros, como debdas y copias que 
le deis para que cobre, habéisgelo de notifi- 
car al dicho tesorero v darle la copia dello^ 
íirmada de vuestro nombre para que la éf 
tenga, y quel dicho tesorero firme en vuestra 
libro el dicho cargo de todo lo que le entre- 
gáredes espacificadamente conosciendo que 
lo ha recibido y está en su poder, y lo que 



DOCUMENTOS 227 



ha de cobrar de las diclias debdas á otra 
parte, porque haciéndose desta manera, el 
dicho tesorero será avisado de todo y sabrá 
Jo que de cada uno ha de cobrar y porná 
diligencia en ello y al tiempo de dar sus 
cuentas parecerá claro el cargo que le está 
hecho de cada cosa, firmado de su nombre, y 
estará conforme con su libro y no habrá 
lugar de decir lo que, no se haciendo desta 
forma, podría decir; y escríbase particularmen- 
te el día y mes y año en que le enti eg'áredes 
las dichas copias de lo que hobiere de co- 
brar, porque no tenga excusa diciendo que no 
ge las entregastes. 

Otrosí, teméis libio aparte en el cual asen- 
taréis todos los libramientos que se dieren 
al pie de la letra, á qu:- personas se dan é de 
qué cuantía sefli y en qué tiempo se les libró 
é cada género de libramiento por su parte 
del descargo del dicho tesorei-o por sí y cada 
y cuando que convenga se puedan por allí 
ver y averiguar los dichos libramientos que 
el dicho tesorero toviere, de manera que 
no pueda haber fraude, y cada y cuando que 
convenga por ellos se pueda averiguar y 
saber qué resta en poder del dicho tesorero 
sin que haya necesidad de requerir ni tra- 
bajar en ver muchos libros, lo cual haréis 
con aquella brevedad é diligencia é fidelidad 
que de vos se confía. 



228 DIEGO garcía 



Guando, con la bendición deNuestro Señor, 
el armada hiciere vela, vos, juntamente con 
nuestro capitán y oficiales de la dicha nao, 
me escribiréis cómo partís y el recabdo que 
lleváis y de las cosas que viéredes que con- 
viene ser avisado tocantes á nuestro servicio. 



El Rey. — Lo que vos Gonzalo Hernández 
Platero habéis de hacer en el cargo que 
lleváis de nuestro contador de la sesunda 
nao del armada que al presente mandamos 
despachar en la cibdad de la Goruña para 
ciertas islas é tierras que dicen de la Plata 
en ei nuestro Mar Océano, de que va por 
capitán general Diego García, piloto, es lo 
siguiente: 

Primeramente, en la dicha cibdad de la 
Corona mostraréis á los nuestros oficiales de 
la Gasa de la Contratación de la Especería, ó 
al que dellos allí reside, el título que lleváis 
del dicho vuestro oficio, é informaros héis 
dellos muy larga é particularmente de la 
orden que les paresce que debéis tener para 
la buena guarda y recabdo de nuestra ha- 
cienda y del dicho viaje demás de lo conte- 
nido en esta instrución, y haréis cargo al 
nuestro tesorero de la dicha nao de todas 
las mercaderías é mantenimientos é aparejos 
y otras cosas que en la dicha nao fueren, y 



DOCUMENTOS 229 



I 



tomaréis conoscimiento de cómo lo recibe 
para vuestro descargo. 

Y fecho esto, tomaréis ansimismo relación 
de lo que va en la nao capitana de la dicha 
armada, asi de mantenimientos como de mer- 
caderías é rescates, artillería y armas y 
todos los otros aparejos y cosas que en cada 
una dellas fuere, poniéndolo muy claro y 
espacificado, v dello habéis de tener un libro 
aparte donde asentéis todo lo que en el 
armazón fuere, cada género de cosa sobre sí, 
y otro en que hagáis cargo al nuestro teso- 
rero de la dicha segunda nao de todo lo que 
se le entregare, así de lo que en la dicha 
armada fuere como del quinto y otros dere- 
chos á Nos pertenecientes, cada género de 
cosa sobre sí. 

Asimismo, porque podrá ser que conforme 
á nuestras instruciones á la ida O vuelta que 
la dicha armada hiciere en buena hora se 
ofrezca que convenga rescatar ó contratar en 
algunas de las tierras ó partes que tocardes, 
habéis de tener mucho cuidado que los res- 
cates é contratación que con la dicha nao 
se hobieren de hacer, se hagan lo más á 
provecho de nuestra hacienda que ser pueda, 
y lo que dello se hobiere entregallo héis vos 
todo, presente el nuestro capitán de la dicha 
nao, al nuestro tesorero della y le haréis cargo 
dello en su libro y en el vuestro, haciéndole 



23o DIEGO GAPÍGIA 



cargo de todo lo que le entregardes y se 
hobiere de los dichos rescates, estando todos 
presentes al asentar de las cosas en los dichos 
libros, porque las partidas de los tales asien- 
tos vayan conformes no más en un libro 
que en oti'O, lo cual vaya señalado de vos 
y del dicho tesorero, segund dicho es, porque 
en todo haya mucha claridad v nuestra ha- 
cienda y cosas de la dicha armada estén al 
recabdo que conviene. 

ítem, porque podría acaescer que en el 
tiempo quel dicho tesorero se le pidiesen las 
cuentas de su cargo no respondiese el libro 
de su carg(^ con el que vos le tuviésedes 
fecho y podi-ia haber dubda si se le había 
cargado algo de más ó de menos; por excusar, 
este inconveniente y porque en todo haya 
la claridad y cuenta que á nuestro servicio 
convenga, hecho cargo en vuestro libro al 
dicho tesorero de todas las dichas cosas, parti- 
cularmente, así de lo que hobiere recibido en 
dineros como debdas y copias que le deis 
para que cobre, habéiselo de notificar al 
dicho tesorero y darle la copia dello firmada 
de vuestro nombre para que la él tenga, y 
quel dicho tesorero firme en vuestro libro el 
dicho cargo de todo lo que le entregardes 
espacificadamente, conosciendo que lo ha re- 
cebido y está en su poder, y lo que ha de 
cobrar de las dichas debdas á otra parte, por- 



DOCUMENTOS 23 I 



que haciéndose desta manera, el dicho tesore- 
ro será avisado de todo y sabrá lo que de 
cada uno ha de cobrar y porná diligencia en 
ello y al tiempo de dar sus cuentas parescerá 
claro el cargo que le está hecho de cada cosa 
firmado de su nombre y estará conforme con 
su libro y no habrá lugar de decir lo que, no 
se haciendo desta forma, podría decir, y escrí- 
base particularmente el día y mes y año en 
que le entregardes las dichas copias de lo 
que hobiere de cobrar, porque no tenga excusa 
diciendo que no se las entregastes. 

Otrosí: teméis libro aparte en el cual asen- 
taréis todos los libramientos que se dieren 
al pie de la letra, á qué personas se dan é de 
cuantía son y en qué tiempo se les libró, é 
cada género de libramiento por su parte del 
descargo del dicho tesorero por sí, para que 
cada y cuando que convenga se puedan por 
allí ver y averiguar los dichos libramientos 
quel dicho tesorero tuviere, de manera que no 
pueda haber fraude y cada y cuando que con- 
venga por ellos se pueda averiguar y saber 
qué resta en poder del dicho tesorero, sin que 
haya necesidad de requerir ni trabajar en ver 
muchos libros, lo cual haréis con aquella 
brevedad é diligencia é fidilidad que de vos 
se confía. 

Cuando, con la bendición de Nuestro Señor, 
el armada hiciere vela, vos juntamente con 



232 DIEGO garcía 



nuestro c¿i pitan y oficiales de la dicha nao 
me escribiréis cómo partís y el recabdo que 
lleváis y de las cosas que vierdes que convie- 
ne ser avisado tocantes á nuestro servicio. 



Archivo de Indias, Patronato, 1-2-1/11, 



VI 



Relación y derrotero de Diego García, que 

SALIÓ de la (>0RUÑA EN l5 DE EnERO DE 

1526, en el Mar Occéano, é llegó en 27 
(sic) al Río Paraná, donde navegó muchas 
leguas tierra adentro y encontró la ar- 
mada DE Sebastián Caboto. Describe las 
generaciones que habitaxN en las orillas 
deste río é su riqueza. Añade que quince 
años antes había estado allí, é había des- 
cubierto aquellas tierras, de donde traxo 
gran porción de plata. 

Memoria de la navegación que hice este 
viaje en la parte del Mar Occéano, dende que 
salí de la Curuña, que allí me fué entregada 
la Armada por los oficiales de Su Majestad, 
que fué en el ano de mili é quinientos é vein- 
te é seis. 



DOCUMIÍXTOS 233 



A quince de Enero del dicho año, partí del 
Cabo de Finisterre, yendo mi navegación, y en 
el dicho cabo, están cuarenta é tres grados, 

ó de allí tomé ta para las islas de C>anaria 

y corre por elSusudueste,que deste cabo á las 
Canarias corre en esta derrota, é hay del Cabo 

de Finisterre fasta las Islas de Canarias 

leguas: é en este camino pasamos por la Isla 
de la Madera, ques del Rey de Portogal; está 
en treinta é dos grados y medio, é de la otra 
parte de la banda del Este está F*uerto San- 
to, propio en el altura de la isla é diez leguas 
de la Isla de la Madera: é á la banda del Su- 
este de la Isla de la Madera, está una isla 
que se llaman Las Desiertas, questá seis leguas 
en la mar de la isla: é andando por mi de- 
rrota allegué á La Palma, ques isla de 
las islas de Canarias; está la isla de la 
Palma con la isla de Tenerife é la isla 
de Fuerte Ventura é el Cabo de Quylo 
está en veinte é nueve grados. E la isla de 
Crant Canaria con la isla de la Gome- 
ra están veinte é ocho grados é medio, é la 
Isla del Hierro en veinte é siete; todas estas 
se llaman las Islas de la Grant Canaria, é en 
estas islas facen azúcares para cargar para acá 
en España, é son xpianos; é de aquí tomamos 
loque habíamos menester para nuestro viaje 
porque de acá de la Coruña íbamos desproveí- 
dos, é por un poder que llevamos del Conde 



234 DIEGO garcía 



Don Fernando. Nos partimos en primero de 
Septiembre del dicho ano, porque entonces 
está el sol en la linea á trece de Septiembre, 
porque va á hacer verano en la parte que nos 
íbamos á descubrir; por cualquier navegante 
é piloto que ha de navegar en aquellas par- 
tes ha de conoscer de navegar en el tiempo 
que el sol haga verano en aquella parle; é á 
trece de Diciembre está el sol en el tnjpico 
del Sur, questá sobre el Cabo de h'rio, questá 
en veinte é tres grados é medio, que aquí 

hace el mayor día daquelia parte la banda 

del Suré del rio donde venimos: y esta nave- 
gación no supo tomar Sebastián (jaboto con 
toda su estrulugía; tomó la contraria, como 
hombre que no sabe nada. E tomamos la 
derrota de las islas del (>abo Verde, que 
son al sur su...; é déstas islas de Canaria á 
estas islas del (>abo Verde hay doscientas cin- 
cuenta leguas, é córrese por esla vía que ten- 
go dicho; é llegamos á una isla llamada líue- 
navistaé allí tomamos mucho refresco de car- 
ne é pescado... é sebo é de todas las cosas que 
hobimos menester, que nos lo dio un factor 
portogués questaba allí, por nuestros dineros; 
y estas islas de Cabo X'erde é la isla de San An- 
tonio, questá más al Norte, está en diez é ocho 
grados, é la isla de Santa Lucía é la de Sant 
Niculás é la isla de la Sal estañen gra- 
dos. Buenavista en diez é seis grados; Santia- 



DOCUMENTOS 



¡35 



go con la is con el río Desenaga quince 

grados; la isla del 1^'uego con el ca cator- 
ce grados; estas se llaman las islas del Cabo 

Verde; en todas salvo Santiago é la isla 

del Fuego, questas dos tienen el trático los 
porlogueses que viven en ellas, que cargan 
ciertos algodones para la isla de las Palmas 
é el río de Santo Domingo; é allí viven unos 
negros rros, que son herreros, é de allí sa- 
can pi'opio el hierro é estos porlogueses con 
los negros, aquel algodón c(jn el hiei-roé car- 
gan aquel hierro é lo llevan á la Sierra Leo- 
na é al Río (irande é á otros ríos que hay 

en la costa en (juinea. questá en doce 

grados, é la Sierra Leona en seis grados: toda 
I la costa se corre fasta La Mina, é estotras 
' islas son salvajes, que noviven en ellas nadie, 

é crían se ganados. 
I Desta isla de lUienavista hecimos vela en 
^ la vuelta y demanda del cabo de San Agostín, 
q ueste cabo está en ocho grados é un sesmo 
degrado de la banda del Sur de la línea qui- 
rencial; y este camino se ha de navegar con 
grande resguardo y saber de marinería, por- 
que hay grandes corrientes que salen de los 
ríos de Guinea, que abaten los navios á la 
r banda del Norueste, que van estas corrientes 
á las indias de Castilla: estas corrientes no 
supo tomar Sebastián Caboto, porque no era 
marinero ni sabía naveo-ar. Estas islas con 



236 DitíGO garcía 



este cabo se corre al Su-Sudueste; mas, para 
doblar el cabo navegamos por el Sur é á las 
veces tomamos la cuarta del Sueste, porque 
aún con todos estos resguardos, tenemos que 
hacer en doblar el Cabo por las grandes co- 
rrientes que hay en él; y en este golfo hay 
dende las yslas ( ..) Gsbo Verde hasta el Cabo 
de Sant Augustín quinientas leguas de tra (... 
...,) todas las más dellas se navegan con mu- 
chos grandes padecimientos é agua que 

esto cabsa la grant calura que da la línea qui- 

rencial, por ser del sol prencipal; la tiene 

el sol muy caliente de contino y la causa 

porque de contino hay grandes padecimientos 
en ella. 

De aquí fuemos adelante é allegamos al Cabo 
de Sant Agostín é tomé mi na (...) gación la 
vuelta del Cabo Frío, que está en veinte é tres 
gj-ados é medio de la (...)dadel Sur, donde 
el sol hace el mayor día á treze de Diciembre, 

é de allí torna ( ) elta de la línea quirencial, 

y esta costa dende el Cabo de San Agostín 
hasta el Cabo Frío se corre en el Su-Sudueste, 
y hay deste Cabo de San Agostín fasta el Cabo 
Frío trezientas é cincuenta leguas, hasta los 
diez é siete grados, questá una bahía que se 
llama de Todos Santos; en ella hay en toda esta 
costa hasta el Cabo Frío muy mala gente per- 
versa, é comen carne humana é andan desnu- 
dos; y esta bahía está en diez é siete grados, é 



DOCUMENTOS 23/ 



dende estos diez é siete grados hasta veinte 
é dos grados, que está un cabo que se llama 
Cabo Hermoso, están muy muchos arracifes 
é muchos placeles é arena, é salen en la 
mar veinte é cinco leguas é durarán estos ba- 
xos de luengo de costa noventa luegas é llá- 
manse los Baxos de Abre el Ojo, y en este mi 
descubrimiento á la venida sobre esta bahía de 
Todos Santos, estante un grado, hallé una isla 
en la mar, bien treinta é cinco leguas en la 
mar, que había muchos baxos é peñas é arraci- 
fes al derredor della, tres ó cuatro leguas de la 
banda del Norte, porque ningund cristiano la 
ha hallado hasta hoy, porque no está puesta en 
ninguna carta hasta hoy, é porque no miramos 
ni probamos por la banca del Sur á entrar en 
ella, porque traíamos un navio solo é no que- 
ríamos ponernos en riesgo hasta otro viaje, 
que tornando allí se sabrá el secreto della: por- 
que me paresce que es una isla muy verde é 
terna tres leguas de derredor é una de larga- 
dura, porque habrá en ella agua é leña é mucha 
pesquería é no ternán los navios tanto peligro, 
por temer la gente salvaje é la costa mala. 

1527. — E de aquí fuimos á tomar refresco en 
San Vicente, questá en 24 grados, é allí vive un 
Bachiller é unos yernos suyos mucho tiempo 
ha, que ha bien treinta años; é allí estuvimos 
hasta quince de Enero del año siguiente de 
16 



238 DIEGO garcía 



Veinte é siete, y aquí tomamos mucho re- 
fresco de carne é pescado é délas vituallas 
de la tierra para provisión de nuestra nave, é 
agua é lena é todo lo que hobimos menester; 
é compré de un yerno deste bachiller un ber- 
gantín, que mucho servicio nos hizo, é más 
él propio se acordó con nosotros de ir por len- 
gua al Río, y este bachiller con sus yer- 
nos hicieron conmigo una carta de fletamiento 
para que les truxese en España con la nao 
grande, ochocientos esclavos;' é yo la hice con 
acuerdo de todos mis oficiales é contador 
é tesorero, que allegando en el Río mandá- 
semos la nao, porque no podía entrar en el 
Río, porque muchas veces les dixe al Conde 
Don Fernando é á los factores qué hicieron 
el armada que aquella nao no podía entrar 
en el Río, quera muy grande; y ellos no qui- 
cieron sino hacérmela llevar cargada con es- 
clavos, é así lo hice, que así la mandé cargada 
desclavos, porquellosno hicieron ni me dieron 
lá armada que Su Majestad mandó que me 
diesen lo que con ellos yo tenía capitulado? 
concertado é asentado é firmado de Su Ma- 
jestad; mas antes, hicieron lo contrario, que 
rhe dieron la nao grande é no conforme á lo 
que Su Majestad mandaba; é no me la dieron 
en tiempo que les fué mandado por Su Ma- 
jestad, que me la diese entrando Septiembre, 
y ellos me la dieron mediado Enero, que no 



DOCUMENTOS 289 



me podía yo aprovechar della, porque aquí 
Vuesrra Majestad lo verá por esta navegación; 
y está una gente allí con el Bachiller que co- 
men carne humana, y es muy truena gente, 
é amigas mucho de los cristianos, que se lla- 
man topíes. 

De aquí partimos mediado el mes de Enero 
del dicho año, que en aquella parte es vera- 
no, que lo tienen allá este mes de linero como 
acá en España á Julio; fuimos en demanda 
del Cabo de Santa María, questá en xxxiv" gra- 
dos y medio, é allí es la salida' y entrada deste 
río donde descul'^rimos: é córrese la costa en 
el Sudueste é hay dende este río de San Vi- 
cente hasta allá el cabo de Santa María cclxiii 
leguas; é andando en el camino allegamos á 
un río que se llama el Rio de los Patos, questá 
á veinte é siete grados; que hay una buena 
generación que hacen muy buena obra á los 
cristianos él laman se los Carrioces,que allí nos 
dieron muchas vituallas, que se llaman millo 
é fariña de mandioca, é muchas calabazas é 
muchos patos é otros muchos mantenimien- 
tos, porque eran buenos indios; é aquí llegó 
Sabastián Caboto muerto de hambre en este 
tiempo que yo estaba allí, é los indios le die- 
ron de comer é todo lo que había menester á 

él é á su gente para su viaje, y cuando 

se quiso ir ó se iba tomó cuatro hijos de 
los principales de allí é los trujo en España, 



240 DIEGO GARCÍA 



é los tres dellos los tiene el Asistente de Sevi- 
lla; el cual danificó aquel puerto, que era el 
mejor é más buena gente que en aquellas par- 
tes había, por causa de tomar los hijos de los 
principales de la isla. 

Andando por nuestra navegación, allega- 
mos al cabo de Santa iMaría, queslá en los 
dichos treinta é cuatro grados é medio, é del 
fuera del cabo está una isla, que se llama la 
isla de los Pargos, ques grand pesquería en 
ella, é estovimos en esta isla ocho días espe- 
rando el bergantín que traíamos, que venía 
atrás; é tras dedentro del cabo, hacia el río, está 
una isla, que se llama la isla de las Palmas, 
é de fuera della está un arracife de fuera della, 
que la toma una legua á la mar; y esta isla de 
las Palmas es muy buen puerto para algunas 
naos que quieran parar que vayan en el P]s- 
trecho, ó vengan en el río de Laos? porque de 
allí adentro es la tierra baja é no hay lugar para 
que nao entre dentro sin mucho riesgo, y en 
toda esta costa no paresce indio ni alderredor 
del cabo; mas de luego ahí adelante hay una 
generación que se llaman los Chaurruaes, 
questos no comen carne humana; mantiénen- 
se de pescado é caza; de otra cosa no comen; 
é de aquí vino nuestro bergantín... é tomamos 
la derrota hasta las islas de las Piedras, que 
habrá de aquí del cabo á ellas lxx leguas, y 
están del este hueste la derrota, y en la mitad 



DOCUMENTOS 24 1 



del camino CvStá una isla que hace señal de 
tres mogotes y en ella hay muchos lobos 
marinos, en que á la salida que salimos nos 
dieron la vida, que con ellos fuimos á buscar 
de comer fasta el rio de los tratos. Llegando 
á estas islas de las Piedras surgimos nues- 
tras naos allí é hicimos un bergantín que 

llevábamos en piezas de acien allí en la 

isla, é empezámoslo á hacer; é de allí luego me 
partí con el bergantín armado por el río arriba, 
porque hallamos rastro de cristianos; é andan- 
do por el río arriba, en el cual río se corre en 
el Norte y en el Nordeste, é este río grande, 

se el Uruay, ques donde se juntan todos 

los ríos, que tiene este río, dende el cabo de 
Santa María hasta el Cabo blanco» treinta le- 
guas de boca; é andando con mi bergantín 
veinte é cinco leguas por este río arriba, ha- 
llé dos naos de Sebastián Gaboto, é estaba por 
teniente dellas Antón de Graxeda, é salió á 
nosotros con ciertas canoas de indios y él 
con batel armado diciendo que éramos Rojas, 
é iMiguel de Rodas é Martín Méndez que ve- 
nían contra él, que los había dejado en una 
isla desterrados entre los indios, é hobiéra- 
mos de pelear pensando que nos venían á ha- 
cer mal; mas, conoscí á Antón de Graxeda, é 
luego conoscimos que era la armada de Se- 
bastián Gaboto, é fuimos con él á su nao é 
nos hizo mucha honra é diónos nuevas de su 



242 DIEGO garcía 

Capitán general, é cómo aquel día había visto 
una carta suya en la cual le avisaba cómo ha- 
bía muerto más de cuatrocientos indios, é que 
iba con gran vitoria por el río arriba haciendo 
guerra á los indios, é tornamos á nuestro 
navio, á donde se quedaba haciendo el otro 
bergantín; é luego acordamos todos mis ofi- 
ciales de mandar fuera del río la nao, por- 
questaba en grant peligro de las gurupadas, 
que en aquel tiempo hay en aquel río, é más 
que fuese á cargar los esclavos del dicho Ba- 
chiller^ que tenía fletados para en España, é 
daría nuevas cómo Sabastián (jaboto estaba 
en el río; luego é... la nao fizo vela é fuese 
fuera del río á San Vicente á esperar mi res- 
puesta en aquel puerto de San Vicente, é 
luego otro navio que luego se fue- 
sen á donde estaban los navios de Sabastián 
Gaboto, porque no había por allí otra estancia 
para que estuviesen en salvo, é luego boté mi 
bergantín é ármelos ambos... todo hecho en 
término de quince días, é llevaba sesenta 
hombres, losmejores que tenía; é deallí tome 
el camino del río del Paraná, ques un brazo 
deste río del Uruay, é va la vuelta del Nor- 
este é del Norte hasta dentro á una casa, 
que está dende aquí donde hecimos el ber» 
gantín hasta ochenta leguas por el río arri- 
ba; é es esta casa una casa que tenía he- 
cha de paja Sabastián Gaboto, que la tenía 



DOCUMENTOS 248 



por fortaleza é llamábale la fortaleza de Santi 
Spintus,y en ella estaba un sobrino del Obispo 
de Canaria, que se decía Grigorio Caro, por 
alcaide desta .fortaleza; é hasta allí nunca no 
vimos ningund indio, porque no íbamos por 
donde ellos estaban, é allí en aquella casa ha- 
bitaban indios, que tenían cabe la fortaleza 
sus casas é al derredor en algunas islas, que 
se llamaba esta generación Guareníes, é éstos 
mantenían á los cristianos de la fortaleza, é ha- 
blamos allí con Grigorio Caro, é le requerimos 
que se fuese de aquella conquista, porque no 
era suva, é él nos respondió muy bien é dixo 
que todo lo obedescía, é questaba en aquella 
casa por Su Majestad é por Sabastián Gabo- 
to, é questaba á mi servicio, é diónos nuevas 
de su (>apitán, que le habían dicho los indios 
cómo el capitán Sabastián (jaboto era arriba 
desbaratado é muerto mucha gente, é quemé 
rogabaque si algunos hallase por aquella parte 
donde yo iba descubriendo que los rescatase, 
qué! me pagaría el resgate; é que se encomen^ 
bami merced, que si fuese su capitán muerto 
que no los dejase en el río, que los sacase, por- 
que haría servicio á Dios é á Vuestra Majestad, 
é yo dijeque placía, que no los dejaría. E de allí 
me partí Viernes Santo por la mañana, ejecu- 
tando mi descubrimiento por el río arriba, é 
en veinte é siete días anduve yo en mis ber- 
gantines por el río arriba, é descubrí tanto 



244 DIEGO GARCÍA 



•cuanto anduvo Sebastián Gaboto en cinco 
meses que él había partido desta casa suya que 
llamaba fortaleza; y este río lo navegábamos 
hasta dentro á Santa Ana é al Paraguay, que 
es otro río que entra en el Paraná é viene de 
las sierras; y en este río Paraguay hay muchas 
generaciones; é de ahí de la casa que se llama 
fortaleza hasta este ríohaycient leguas, é córre- 
se el rio al Nordeste é al Este hasta este Para- 
guay, y este río y este puerto está en veinte é 
ocho grados de Santa Ana, que hasta aquí des- 
cubrimos é descubrió Sebastián Gaboto, é has- 
ta nueve leguas por el Paraguay arriba; é de 
aquí en estos dos lugares le mataron la primera 
gente que traía en que le mataron por su cabsa 
veinte é cinco ó treinta hombres; y esto fué 
antes que allegásemos á ellos, ni les viésemos, 
ni hablásemos, y esta es la verdad, que llega- 
mos hasta aquí, él é nosotros, é lo que descu- 
brimos, é otra cosa no se descubrió por este 
río é no hay otra cosa en ello; y en todo este 
descubrimiento que descubrimos, vimos mu- 
chas islas é arboledas é muchas generaciones, 
las cuales generaciones son éstas: 

La primera generación á la entrada del 
río á la banda del Norte se llama los Cha- 
rruases; éstos com.en pescado é cosas de caza, é 
no tienen otro mantenimiento ninguno. Habi- 
tan en las islas otra generación que se llama 
los Guaraníes; estos comen carne humana. 



DOCUMENTOS 245 



como arriba digo; tienen é matan mucho pes- 
cado é abatíes, é siembran é cogen abatís é 
calabazas. Hay otra generaciónandando el río 
arriba que se llaman los chanaes é otros 
questan cabe ellos, que se llaman chanaes a- 
tembures; estos todos comen abatiese carne y 
pescado. IC de la otra parte del río está otra 
generación, que se llaman los Carca- 
raes, é más atrás dellos está otra genera- 
ción muy grande, que se llama los Caran- 
díes, é otros m.ás adelante hay otros que se 
llaman los atambúes; todas estas genera- 
ciones son amigos é están ¡untos é hácense 
buena compañía, é éstos comen abatí é carne 
é pescado. E luego más adentro de la banda 
del Norte hay otra generación que se llama 
JVlecontaes, que comen pescado é carne; é hay 
otra más adelante, que se llama Mepenes, que 
come carne é pescado é algund arroz é otras... 
E más adelante hay otra generación que se 
llama Goííame: comen carne é pescado; é otra 
genei-aciónque está cabeestos... ríos arriba del 
Paraguay, que se llama los Agaces, y estos 
comen pescado y carne; é luego más adelante 
está otra generación de Chandules, que comen 

abatí, carne é pescado é vituallas que 

tienen todas estas generaciones no comen 

carne humana, no hacen mal á los cristianos, 

(antes) son amigos suyos; y estas generacio- 

p nes dan nuevas deste río aguay, que en 



246 DIEGO garcía 

él hay mucho oro é plata é grandes rique- 
zas é piedras ciosas, y esto es lo que sabe- 
mos deste descubrimiento; é esta señal de 
plata que yo he traído, un hombre de los míos 
que dexé la otra vez que descubrí este río, 
habrá quince años, de una carabela que se nos 
perdió, fué por tierra á este río del Paraguay 
é truxo dos ó tres arrobas de plata é la dio á 
los indios é cristianos questaban en aquella 
tierra é dellos hobe esta plata Esta re- 
lación é descubrimiento é cuenta doy á Vues- 
tra Majestad é no hay otra cosa en contrario. 
— Diego García, capitán general. — (Está fir- 
mado). 

Archivode lnd\a.?,.— Patronato.— Esl. 1 ."— Caj. 2.°— 
Leg. i/ii. Pub. por Torres de Mendoza, t, XL, pp.354- 
367; en las pp. 6-14 del tomo XV de la Revista do I?is- 
titiilo histórico geographico do Drazil; en las pp* 
114-123 del tomo I, 1879, 4.°, de la Revista de la Bi- 
blioteca Pública de Buenos Aires . 



DOCUMENTOS 247 



Vil 



Informaígión hecha ek Sevilla ante e[. Al- 
. calde ordinario a petición del capitán 
Diego García, acerca de todo lo que le 
OCURRIÓ en el Río de la Plata con el 
CAPITÁN general Sebastián Caboto. — 16 de 
Agosto de i 53o. 

En la muy noble é muy leal cibdad de Se- 
villa, martes diez é seis días del mes de Agos- 
to, aílo del nascimiento de Nuestro Seííor 
Jesucristo de mili é quinientos é treinta años, 
antel honrado García de Talavera, alcalde or- 
dinario en esta dicha cibdad por Sus Majesta- 
des, y en presencia de mí, Gonzalo Matute, es- 
cribano de Sus Majestades é su notario públi- 
co en la su Corte y en todos los sus reinos é 
señoríos, paresció é presentó el capitán Diego 
García, estante al presente en esta dicha cib- 
dad, é presentó antel dicho señor Alcalde un 
escripto de pedimiento con ciertas preguntas, 
su tenor del cual es este que se sigue: 

Muy noble señor: Diego García, capitán del 
armada de Su Majestad é del ilustre señor 
conde don Hernando de Andrada é de Cristó- 
bal de II aro, la cual dicha armada salió de la 



548 DIEGO garcía 



Coruna é iba é fué al Río de la Plata, ques 
en las Indias del Mar Océano, parezco ante 
vuestra merced é digo: que á mí me conviene 
hacer cierta probanza para la presentar ante 
Su Majestad é ante los señores de su muy alto 
Consejo de las Indias sobre y en razón de 
cómo Sebastián Caboto, capitán que fué de 
otra armada que Su Majestad envió á Tarsis 
é al Gran Catayo é á Maluco, se fué á meter 
en el dicho Río de la Plata y en conquista que 
no era suya é que estaba descubierta mucho 
tiempo había, é de cómo, siendo yo llegado al 
dicho Río de la Plata, el dicho Sebastián Ca- 
boto, haciéndose seííor de todo, me tuvo á mí 
é á la gente que conmigo iba tiempo y espacio 
de un año cercado, diciendo que yo había de 
estar debajo de su mando é su bandera é de 
su justicia, é me defendió la salida, é me puso 
muchos tiros de artillería para no dejarme 
salir del dicho Río, é me quitó todos los man- 
tenimientos, é no me dejó comprar ni resga 
tar oro, ni plata, ni otra cosa, de cuya cabsa se 
perdió todo lo que lo que yo llevaba en la di- 
cha armada é dejé de venir muy próspero é 
en muy breve tiempo, é pido á Vuesa Merced 
que todo lo que los dichos testigos que yo en 
razón desto presentare dijeren é depusieren 
me lo mande dar en pública forma, sinado é 
abturizado é firmado de vuestro nombre, etc. 
Por estas preguntas sean preguntados los 



DOCUMENTOS 249 



testigos que fueren presentados por parte de 
Diego García, capitán, para la información é 
probanza que quiere hacer para la llevar á 
presentar a Su Majestad, etc. 

I. — Lo primero, si conoscen al dicho Diego 
García, capitán que ha seído y es del armada 
de Su Majestad é del señor conde don Fer- 
nando de Andrada, que fué al Río de la Plata, 
que es en las Indias, é si conocen á Sebastián 
Caboto, capitán que fué de otra armada que 
Su Majestad enviaba á Maluco, etc. 

2. — Ítem, si saben que el dicho Diego Gar- 
cía, capitán, puede hacer quince años que des- 
cubrió aquella tierra, que se dice del Río de 
la Plata, é aún dejó en ella gente cristia- 
nos, etc. 

3. — ítem, si saben aquel dicho capitán Die- 
go García tornó al dicho Río de la Plata con 
la dicha armada de Su Majestad é de los di- 
chos señor Gonde é Cristóbal de Maro, puede 
haber cuatro años, que iba á poblaré descu- 
brir é resgatar. etc. 

4. — ítem, si saben que cuando el dicho ca- 
pitán Diego García llegó al dicho Río de la 
Plata halló allá al dicho Sebastián Caboto, é 
luego el dicho capitán Diego García requirió 
al dicho Sebastián Caboto que se fuese del 
dicho Río, porque era suya aquella conquista, 
é dicho Sebastián Caboto no lo quiso ha- 
cer, etc. 



25o DIEGO garcía 



5. — llem, si silben que el dicho Sebastián 
Caboto, por tener, como tenía, más gruesa ar- 
mada é mucha gente, no consintió que el di- 
cho capitán Diego García subiese del dicho 
Río, antes le puso mucha artillería para que 
le tirasen si se quisiese salir. 

6. — ítem, si saben que el dicho Sebastián 
Caboto apremiaba al dicho capitán Diego Gar- 
cía que estuviese sujeto á la justicia del dicho 
Sebastián Caboto, é le hizo tomar las velas é 
los otros aparejos; digan todo lo que cerca 
desto saben, etc. 

7. — ítem, si saben quel dicho Sebastián Ca- 
boto hizo muchos requerimientos al dicho 
capitán Diego García que no se moviese del 
dicho río para arriba ni para abajo, jurando 
por vida del Emperador que lo haría ahorcar 
si otra cosa hacía, etc. 

8. — ítem, si saben quel dicho Sebastián 
Caboto tuvo siempre cercado al dicho capitán 
Diego García é en tanta manera que le hacía 
morir de hambre á la gente é no le dejaba ir 
á coger verbas al campo que comieran, ni los 
dejaba pescar para que comiesen, é á una vez 
que salieron con un batel á pescar hizo armar 
una barca é le tomaron el dicho batel; digan 
lo que saben , etc. 

9. — ítem, si saben que, á cabsa de lo suso- 
dicho, el dicho capitán Diego García dejó de 
descubrir la tierra é de resgatar, é si no fue- 



DOCUMENTOS 25 1 



ra por cabsa del dicho Sebastián Caboto, des- 
cubriera mucha tierra, según el aparejo que 
tenia, é resgatara mucho oro é plata, é dejara 
la tierra muy pacifica; digan cerca desto lo 
que saben, etc. 

10. — ítem, si saben que todo lo susodicho es 
pública voz é fama. — El Dotar Baenas. 

Este dicho escripto de pedi miento é pregun- 
tas así presentado y leído ante dicho señor 
Alcalde, segund dicho es, luego el dicho señor 
Alcalde dijo que lo oía é que mandaba é 
mandó al dicho Diego García, capitán, que 
traiga c presente los testigos de c]ue en este 
caso se entiende aprovechar é que está presto 
de los mandar tomar é rescebiryen todo está 
presto de facer lo que fuere justicia, é porque 
está ocupado en cosas cumplideras á servicio 
de Sus Majestades, dijo que cometía é cometió 
la recebción de los dichos testigos á mí el di- 
cho escribano é me daba é dio licencia para 
tomar los juramentos é dichos de los testigos 
que presentare el dicho capitán en la dicha 
razón, é que interponía é interpuso á todo ello 
su abturidad é decreto, etc. 

Y después desto. en este dicho día paresció 
el dicho capitán Diego García y presentó por 
testigo en la dicha razón á Alonso de Santa 
Cruz é á Juan de Junco, de los cuales é de 
cada uno dellos fué rescebido juramento en 
forma debida é de derecho por el nombre de 



»52 DIEGO GARCÍA 



Dios y <-1e Santa María é por los Santos Evan- 
gelios, é por la señal de la cruz, en que corpo- 
ralmente pusieron sus manos derechas, cor- 
poralmenle, so virtud del cual prometieron de 
decir verdad de lo que supieran é les fuese 
preguntado en razón de lo que son presenta- 
dos por testigos, etc. 

Y después desto, en la dicha cibdad de Se- 
villa, miércoles diez y siete días del dicho mes 
é año sobredicho, paresció el dicho capitán 
Diego García é presentó por testigos en la 
dicha razón á Gasimieres Alemán é á Alonso 
Bueno, de los cuales é de cada uno dellos en 
que fué rescebido juramento en forma debida 
é de derecho por el nombre de Dios é de Santa 
María, é por los Santos Evangelios, é por la 
señal- de la cruz en que cada uno dellos puso 
su mano derecha corporalmente, so virtud del 
cual prometieron decir verdad de lo que su- 
piesen é les fuese preguntado en razón de lo 
que son presentados por tales, é lo que los 
dichos testigos é cada uno dellos dijeron 
é depusieron por sus dichos é depusiciones 
cada uno sobre sí, seyendo preguntados por el 
dicho pedimento, es lo siguiente: 

Primer testigo. — El dicho Alonso de Santa 
Cruz, tesorero del armada de que fué capitán 
general Sebastián Caboto, vecino desta cib- 
dad de Sevilla, dentro en los alcázares reales 






DOCUMENTOS 253 



de Sü Majestad, testigo presentado, juró en. 
forma de derecho, etc., etc. 

I. — De la primera pregunta dijo que conoce 
al dicho Diego García, capitán, contenido en 
la pregunta, puede hacer tres años, poco más 
ó menos, é que conoce al dicho Sebastián 
Caboto contenido en la dicha pregunta, puede 
haber cinco años, poco más ó menos, etc. 

Fué preguntado por las preguntas genera- 
les, dijo que no le empece ninguna dellas é 
ques de edad de veinte é cinco años, poco más 
ó menos, etc. 

2. — De la segunda pregunta dijo que puede 
haber el tiempo que dice la pregunta que oyó 
decir alia en aquella tierra que se dice Río de 
Solís á dos cristianos que estaban allá, el uno 
nombrado Iilnrique Montes y el otro á un al-, 
férez que el dicho Diego (jarcia, capitán, lle- 
vaba consigo, que no se acuerda como se lla- 
maba, cómo el dicho Diego García, capitán^ 
había ido en compañía de Juan Díaz de Solis 
á descubi-ir aquella tierra; é questo es lo que 
sabe desta pregunta, etc. 

3. — De la tercera pregunta dijo que lo que 
sabe es que puede haber tres años, poco más 
ó menos, que estando este testigo allá en. 
aquella tierra con el dicho capitán general, 
vido que el dicho capitán Diego García fué 
allá al dicho río que se dice de Solís, que 



254 DIEGO GARCÍA 



nunca lo ha oído mentar de la Plata, sino 
cuando el dicho capitán Diego (jarcia fué con 
la dicha armada de Su Majestad: é lo vio este 
testigo allá al dicho Diego García é á su gente 
que llevaba consigo, é que iba á loque dice la 
pregunta, etc. 

4. — De la cuarta pregunta, dijo que lo que 
desta sabe es que cuando el dicho capitán 
Diego (García llegó al dicho río, contenido en 
la pregunta, halló allá al dicho capitán Sebas- 
tián Gaboto é á su gente, é este testigo esta- 
ba asimismo allá, que fué por tesorero de la 
dicha armada; é lo demás contenido en ia 
pregunta, que vido quel dicho Sebastián Ga- 
boto requirió al dicho Diego García que se 
fuese del dicho río, porque era suya la con- 
quista é lo había descubierto primero que no 
el dicho capitán Diego García, y el dicho Diego 
García dijo que aquella era su conquista é que 
Su Majestad lo enviaba á aquel rio é que el 
dicho Sebastián Gaboto no tenía que hacer en 
ello, é hubo en esto diferencias entre ambos 
á dos capitanes: é questo es lo que sabe desta 
pregunta, etc. 

5. — De la quinta pregunta dijo que vido que 
el dicho Sebastián Gaboto, por tener, como 
tenía, más gruesa armada é mucha gente, no 
consintió quel dicho capitán Diego (jarcia 
subiese del dicho río, antes le puso mucha 
artillería para que le tirasen si quisiese salir. 



DOCUMENTOS 355 



6, — De la sexta pregunta dijo que vido quel 
dicho Sebastián Caboto apremiaba al dicho 
capitán Diego García que estuviese seiuto á 
su justicia, é le hizo tomar las velas é los otros 
íaparejos; é questo es lo que sabe desta pre- 
^gunla, etc. 

7. — De la siete preguntas dijo que lo sabe 
como la pregunta lo dice; preguntado cómo 
lo sabe, dijo que porque lo vido y estuvo pre- 
sente á ello, etc. 

8. — De las ocho preguntas, dijo que lo que 
sabe es que vido que el dicho Sebastián Ca- 
boto tuvo siempre cercado al dicho capitán 
Diego García, é en tanta manera que le hacía 
mucho daño, é no le dejaba ii- á coger yerbas 
á donde las había, de las que traían para el 
mantenimiento de la capitanía del dicho Se- 
bastian Caboto, é por esto moría de hambre 
ia gente del dicho capitán Diego García, é que 
riK.irían tanto de hambre, que la gente se iba 
•del dicho capitán Diego (jarcia é se iban por 
^allí como desesperados, é los mataban, así in- 
dios como onzas, é que no le dejaban salir 
fuera del río al dicho capitán ni á su gente, 
donde habían de pescar para que comiesen, 
c una vez que salieron con un batel á pescar, 
hizo armar una b^irca el dicho Sebastián Ca- 
teto é le tomaron el dicho batel; é questo es 
io que sabe desta pregunta, etc. 

9. — De las nueve preguntas dijo que sabe 



256 DIEGO garcía 



este testigo v es verdad que, á cabsa de lo su- 
sodicho, el dicho capitán Diego García dejó 
de descubi-ir la tierra é de resgatar, é si no 
fuera por cabsa del dicho Sebastián Caboto, 
descubriei-a mucha tierra, segund el aparejo 
que tenía, é resgatara mucho oro é plata é 
dejara la tierra muy pacífica; é así lo tiene 
este testigo por muy cierto, é fué público é 
notorio allá en aquellas partes. 

10. — De las diez preguntas dijo que dice lo 
que dicho tiene, en que se afirma, é questa es 
la verdad para el juramento que fizo, é firmólo 
de su nombre en el registro, etc. 

Segundo testigo. — b]l dicho Juan de Junco, 
tesorero del armada de que fué capitán gene- 
ral Sebastián Caboto, testigo presentado, juró 
en forma de derecho, etc. 

I. — De la primera pregunta dijo que conos- 
ce al dicho Diego García, capitán, contenido 
en la pregunta, puede haber tres años, poco 
más ó menos, que é conosce al dicho capitán 
Sebastián Caboto, cinco aííos, poco más o me- 
nos, etc. 

P'ué preguntado por las preguntas genera- 
les; dijo que no le empece ninguna dellas, é 
ques de edad de veinte é seis ó veinte é siete 
años, etc. 

2. — De la segunda pregunta dijo que des- 
pués que este testigo vido al dicho Diego Gar- 
cía, capitán, que lo vido en el río de Paraná, 



d'ocumentos 257 



ques en ¿iquellas partes de donde vienen ago- 
ra, oyó decir que el dicho capitán Diego Gar- 
cía había ido en compañía de Juan de Solís, 
por maestre de una nao en aquellas partes 
donde dice la pregunta; é questo es lo que sa- 
be desta pregunta, etc. 

3. — De la tercera pregunta dijo que lo que 
sabe es que, puede habei" tres años, poco más 
ó menos, que estando este testigo é la otra 
gente en el río de Paraná, cabe la nación de 
indios que se dicen mepis, vido venir al dicho 
Diego García, capitán, allí con dos berganti- 
nes por el río arriba, en demanda del dicho Ca- 
pitán general é su gente, que mostró las pro- 
visiones que llevaba de Su iMajestad para aque- 
llas partes, diciendo que llevaba la conquista 
del dicho río, á cabsa que el señor conde don 
Hernando de Andrada é Cristóbal de Ilaro 
la habían pedido á Su Majestad; é questo es 
lo que sabe desta pregunta, etc. 

4. — A la cuarta pregunta dijo que lo que 
sabe es que cuando el dicho capitán Diego 
García llegó al dicho río, que se vieron él y 
el dicho Capitán general é la £:ente, se con- 
certaron los dos capitanes é la gente de vol- 
ver á la torre que tenía el dicho capitán Ca- 
boto, é gente hecha por fuerza, é que allí se 
concertarían en lo que convenía al servicio de 
Sus Majestades, y en llegando que llegaron á 
la, dicha fortaleza, vido este testigo que hobo 



258 DIEGO garcía 



discordia entre ellos é nunca vinieron á efeto 
de concierto ninguno, é el dicho capitán Die- 
go García despachó un bergantín para el puer- 
to de Sant Viceinte, que serán doscientas le- 
guas fuera del río, poco más ó menos, en 
busca de una nao que había enviado para 
facer saber á Su Majestad lo que le había 
acaecido é la nueva que tenía de la tierra, 6 
asimismo el dicho capitán Caboto despacha 
una carabela para avisar á Su Majestad de la 
mismo: é desta manera quedaron al presente; 
é questo es lo que sabe desta pregunta, etc. 

5.— A la quinta pregunta dijo que vido mu- 
chas veces con mucha pasión al dicho capitán 
general Caboto. é decía que si no quería venir 
el dicho capitán Diego García en lo que se le 
antojaba á él, que tomaría una nao é daría á la 
vela, é daría sobre el dicho capitán Diego Gar- 
cía é su gente; éque sabe que después, andan- 
do el tiempo, el dicho capitán Sebastián Cabo- 
to le hizo sacar las velas de su galeón al dicho 
capitán Diego Gareía, porque no se fuese del 
río contra la voluntad de la gente que tenía en 
guarda de su galeón; é quéstoes lo que sabe 
desta pregunta, etc. 

6. — A la sexta pregunta dijo que lo sabe 
como la pregunta lo dice, porque así lo vido; 
y en lo demás, que dice lo que dicho tiene en 
la pregunta antes desta, é asimismo decía el 
dicho capitán Caboto que no había de haber 



DOCUMENTOS 259 



otra justicia ni otra bandera en el campo, si 
l¿i suya no, etc. 

7. — A la séptima pregunta dijo que dice lo 
que dicho tiene en las preguntas antes desta; 
é lo demás no sabe, salvo que sabe este testi- 
go que, si pudiera el dicho capitán (>aboto 
entremeterse en castigar la gente del dicho 
capitán Diego García, lo ticiera, é muchas ve- 
ces los amenazaba á algunos dellos; é questo 
es lo que sabe desta pregunta, etc. 

8. — A las ocho preguntas dijo que lo con- 
tenido en la pregunta lo oyó decir al dicho 
capitán Diego García, fablando este testigo 
con él é le decía: «qué queréis que faga, que 
aún no me deja el capitán (>aboto resgatar 
con los indios, ni buscar de comer entre ellos, 
é perésceseme la gente de hambre, que aún 
les quita de coger cardos»; y esto sabe por 
quel dicho capitán Diego (jarcia é otras per- 
sonas de su armada se le quejaban á este tes- 
tigo é le decían lo mismo; é questo es lo que 
sabe de esta pregunta, etc. 

9. — A la nueve pregunta dijo que sabe que 
á cabsa de las diferencias que hobo entre el 
dicho capitán Caboto é capitán Diego García, 
dejaron de facer grand jornada, en que se 
descubriera mucho oko é plata, é á esta cabsa 
se perdieron todos; é questo es lo que sabe de 
esta pregunta, é porque los indios comenza- 
ron á tomar parcialidades desde que vieron 



•6o DIEGO garcía 



las diferencias que había entre los sobredi- 
chos, etc. 

lü. — A las diez preguntas dijo que dice lo 
que dicho tiene, en que se afirma; é qucsta es 
la verdad por el juramento que tizo, é firmólo 
de su nombre en el registro, etc. 

Tercer testigo. — iíl dicho Casmieres, ale- 
mán, estante al pi-esente en esta cibdad, tes- 
tigo presentado, jurado en forma de dei-echo, 
etcétera. 

I. — De la primei-a pregunta dijo que conos- 
ce al dicho Diego García, capitán, puede ha- 
ber tres años, poco más ó menos, é que co- 
nosce al dicho Sebastián Caboto contenido 
en la pregunta, puede haber ocho años, poco 
más o menos. 

P'ué preguntado por las preguntas genera- 
les, dijo que no le empece ninguna dellas, é 
dijo ques de edad de veinte é seis años, poco 
más ó menos, etc. 

2. — De la segunda pregunta dijo que estan- 
do este testigo en aquellas partes que se dice 
el río de Paraná, oyó decir allá quel dicho 
capitán Diego (^jarcia había ido á aquellas par- 
tes en compañía de Juan de Solís por maes- 
tre de una nao á descubrir aquella tierra, pue- 
de haber el tiempo que dice la pregunta; é 
questo es lo que sabe de esta pregunta. 

3. — De la tercera pregunta dijo que lo que 
sabe es que puede haber el tiempo que dice 



DOCUMENTOS 26 f 



la pregunta, poco más ó menos, que fué este 
. testigo en el armada del dicho Sel^astián (Ra- 
boto al dicho río de Paraná, que es en aque- 
llas partes de las Indias, é este testigo estando 
allá vido ir allá al dicho Diego (jarcia, capi- 
tán, con su armada é gente, el cual decía que 
el dicho Diego (jarcia iba por Su Majestad é 
por el dicho señor Conde don Fernando de 
And rada é (Cristóbal de Maro, á poblar é des- 
cubrir é resgatar. 

4. — De la cuarta pregunta dijo que lo que 
sabe es que cuando llegó en ,el dicho río el 
dicho capitán Diego (jarcia se vido con el di- 
cho capitán (>aboto, que ya estaba allá, é le 
mostró la provisión que traía de Su .Majestad 
para la dicha armada, é hobo entre ellos cier- 
tos debates é requerimientos, y en efecto se 
concertaron- los dichos capitanes de ir entram- 
bos á una fortaleza que el dicho capitán (va- 
boto había hecho en el dicho río, para haber 
entre ellos concierto, é no se concertaron, é 
fuese el dicho capitán Diego (jarcia á donde 
estaban las naos, é el dicho Sebastián (Raboto 
^ fué allá: é lo demás contenido en la pregunta 
que lo oyó decir á la gente de la dicha capi- 
tanía. 

5. — De la quinta pregunta dijo que sabe 
quel dicho capitán Caboto tenía más gruesa 
armada é más gente que noel dicho capitán 
Diego (jarcia, é segund este testigo entendió 



DIEGO garcía 



del dicho capitán Caboto, no le consintiera al 
dicho capitán Diego García que fuera el río 
abajo ni arriba donde estaba; é que vido este 
testigo que! dicho capitán (Raboto hizo poner 
alguna artillería donde tenia sus naves, por" 
que decía que había habido nu,eva que venía 
una armada de Portogal por el dicho río; é 
questo es lo que sabe desta pregunta. 

ó. — De la sexta pregunta dijo que lo que 
sabe es que los dichos capitanes anduvieron 
en sus conciertos primero, é decía Diego Gar- 
cía, el capitán, que no quería estar debajo de 
la justicia del dicho capitán Caboto, é sobre 
esto hobo diferencia entre ellos, é en ñn se 
concertaron por entonces é fueron el río arri- 
ba, é que supo este testigo que cuandp vinie- 
ron ambos dos capitanes el río abajo que Gra- 
jeda, que quedaba en guarda de las naos del 
dicho Sebastián Caboto, había mandado to- 
mar las velas del navio del dicho capitán Die- 
go García; é questo es lo que sabe é no más. 

7. — De la siete pregunta dijo que dice lo 
que dicho tiene en las preguntas antes desta. 

8. — De la ocho pregunta dijo que lo que 
sabe es que vido quel dicho Sebastián Caboto 
no consentía quel dicho capitán Diego García 
ni su gente fuesen á casa de los indios, por- 
que decía que iba el dicho capitán Diego Gar- 
cía é gente diciendo que iban á pescar, é iban 
á resgatar, lo cual defendía el dicho capitán 



DOCUMENTOS 203 



Caboto, y en lo del mantenimiento, que vido 
que pasaron mucha necesidad é trabajos, 
como lo tenía este testigo é la otra gente; é 
questo es lo que sabe desta pregunta. 

9. — A la nueve pregunta dijo que así lo 
tiene este testigo por cierto como la pregunta 
dice. f 

10. — A la diez pregunta dijo que dice é lo 
que dicho tiene, en que se afirma, é questa es 
la verdad é firmólo de su nombre en el re- 
gistro. 

Cuarto testigo. — El dicho Alonso Bueno, 
vecino de Sevilla, en la collación de San Vi- 
cente, testigo presentado, juró en forma de 
derecho. 

1. — De la primera pregunta dijo que conoce 
al dicho capitán Diego García puede haber 
tres años, poco más ó menos tiempo, é que 
conoce al dicho Sebastián Caboto puede haber 
diez é seis años, poco más ó menos. 

Fué preguntado por las preguntas genera- 
les, dijo que no le empece ninguna dellas, é 
dijo ques de edad de cuarenta é cuatro años, 
poco más ó menos. 

2. — De la -segunda pregunta dijo que allá 
en aquellas partes donde fué á descubrir el 
dicho capitán Sebastián Caboto oyó decir lo 
contenido en dicha pregunta á un Enrique 
Montes, que hallaron allá en el puerto de los 
Patos, que llevaron en la dicha capitanía, é 



264 DIEGO GARCÍA 



que había ido el dicho capitán Diego García 
con Soh's cuando se descubrió el río que se 
dicede Paraná, que también se llama de Solís. 
3. — De la tercera pregunta, dijo que lo que 
sabe es que. puede haber tres años, poco más 
ó menos, questando este testigo con el dicho 
capitán Sebastián Caboto allá en aquellas 
partes del dicho río, ano é medio había, vi-, 
niendo del dicho río arriba fuyendo de los ni- 
dios, que venían facia una fortaleza que tenía 
hecha el dicho capitán Sebastián Caboto, é la- 
gente con él, lo encontraron al dicho capitán 
Diego (jarcia en el dicho río, con dos ber- 
gantines con su gente, é dijo el dicho capitán 
Diego García que venía por mandado de Su 
Majestad é por los dichos seíiores Conde don 
Fernando de And rada é Cristóbal de Maro, 
á'descobrir el dicho río, é desque tuvo noticia 
del dicho capitán Caboto é de la dicha gen- 
te é de dicho río, el dicho capitán Diego Gar- 
cía quiso seguir su camino adelante por el 
dicho río, con sus bergantines é su gente, é 
el dicho Sebastián Caboto le envió á requerir 
que no pasase adelante, por cuanto él tenía 
descubierto el dicho río, é también que los 
indios les habían muerto ciertos cristianos en 
un bergantín, é que los matarían é todos, si 
adelante pasaban; é que de allí se acordaron 
los dos capitanes, é se tornaron juntamente 
fasta la fortaleza, é que ahí estuvieron ciertos 



DO CUM UNTOS 265 



días, é quel dicho capitán Dicíij-o García se 
vino al puerto donde estaban las naos para 
despachar á Su Majestad, con una nao é cier- 
to metal que le envió de oro é plata, é luego 
el dicho Sebastián Caboto vino luego tías del 
á las dichas naos,.é que también despachó 
una carabela con cierto metal de oro é plata 
para Su Majestad, é que estuvieron ahí cier- 
tos días, é que luego el dicho capitán Sebas- 
tián Caboto se acord() con el dicho capitán 
Diego García de tornar á la fortaleza, é que 
de ahí harían su entrada los dos juntamente^ 
por mar é por la tierra, é como ellos mejor les 
pareciese, é sobre, esto hobo por entonces 
.cierto concierto de partir lo que hobiesen, é 
de darle al capitán Diego García la tercia par- 
te ó la cuarta parte de todo lo que se hobiese, 
conforme á la gente que cada uno metía é 
tenía: é questo es lo que sabe desta pregunta. 

4. — De la cuarta pregunta dijo que lo sabe 
como la pregunta lo dice, porque lo vido, é 
quel dicho Sebastián Caboto no lo quiso facer, 
porque dijo que por cuanto había descubierto 
el dicho río, é había año y medio que tenía la 
posesión del dicho río, que no le quería dejar, 
antes le requirió al dicho capitán Diego Gar- 
cía que lo dejase é se saliese de dicho río, é 
sobre esto hobieron diferencias. 

5. — De la quinta pregunta dijo que lo sabe 
como en ella se contiene, porque así lo vido 



Ú66 DIEGO GARCIA 



é se halló presente á ello, y el dicho Sebas- 
tián Caboto le envió á este testigo con una 
carta á Antón de Grajeda, que estaba por ca- 
pitán en las dichas naos, para que sacase las 
velas del galeón del dicho capitán Diego Gar- 
cía, porque no se fuesen con el galeón de allí 
sin su licencia, é que asi fué fecho, é sacadas 
las velas, fasta tanto que los dichos capita- 
nes tornaron á volver el río arriba á la forta- 
leza, é que así estuvieron las dichas velas en 
la dicha nao del dicho Sebastian Gaboto fasta 
tanto que se las entregaron al tesorero Juan 
López, questaba por teniente ahí. 

6. — De la sexta pregunta dijo que lo sabe 
porque así lo vido, é le inandu el dicho capi- 
tán Gaboto al dicho capitán Diego (íarcía que 
en las cosas de justicia en la tierra no enten- 
diese, ecebto en su na(;; y en lu demás, que 
dice lo que dicho tiene en las preguntas antea 
desta. 

7. — De la siete preguntas dijo quevidoquel 
dicho Sebastián Gaboto hizo muchos reque- 
rimientos al dicho capitán Diego Gaicía que 
no se moviese del dicho río para arriba ni 
para abajo sin su licencia: é questo es lo que 
sabe desta pregunta. 

• 8. — De las ocho preguntas dijo que sabe 
que bien pudiera ir el dicho capitán Diego 
García con sus bergantines, mas que cree que 
lo mataran los indios, según estaban de quie- 



DOCUMENTOS 'Z^J 



bra los indios con la capitanía del dicho Se- 
bastián Caboto, é que viilo quel dicho capitán 
Caboto le requirió al dicho capitán Diego 
García que no fuese adelante é que se tornase 
atrás, é desla cabsa el dicho capitán Diego 
García se loi^nó, lo uno, por requerí iselo, é lo 
otro, porque iba poca gente, é no eran bas- 
tantes para resistirá los dichos indios, é desta 
cabsa se dejó de facer lo que dice la pregunta. 

9. — De las nueve preguntas dijo que dice 
lo que dicho tiene, en que se afirma, é que 
esta es la verdad, é lirmólo de au nombre en 
el registro, etc. 

E de todo esto en cómo pasó, el dicho ca- 
pitán Diego (jarcia di)o que lo pedía é pidió 
por fe é testimonio para guarda é conserva- 
ción de su derecho, é vo, el dicho escribano, 
por mandado del dicho señor Alcalde, le di 
ende este testimonio de probanza, segund que 
ante mí pasó, firmado del nombre de dicho 
señor Alcalde é (irmado é signado de mí. el 
dicho escribano, é cerrado é sellado en públi- 
ca forma, ques fecho en la dicha cibdad de 
Sevilla, en los dichos días é mes é año sobre- 
dichos. — \í\ Alcalde ordinario.— (Hay una rú- 
brica). — l^] yo, Gonzalo íMaíiUe, escribano é 
notario público de Sus Majestades, lo fice es- 
crebir é Hce aquí mío signo en testimonio de 
verdad. — (ílay un signo). — (Hay una rúbrica). 
Archivo General de Indias, Sevilla, 144-i-iü. 



DIEGO garcía 



Vil! 



Fragmentos de la información levantada en 
Sevilla para averiguar los indios que 
Diego García y Sebastián Caboto habían 
llevado á España desde el Río de la Pla- 
ta. — 4 DE Diciembre de i 53o. 

A todos cuantos esta fe vieixies, que Dios 
Nuestro v^eñor honre é guarde de mal. Vo, 
Juan Gutiérrez Galderón, escribano de Sus 
Cesáreas é Católicas Majestades, é su notario 
púlilico en la su C^orte y en"todos los sus reinos 
é señoríos, é escribano que soy en el oticio 
é abdiencia de los señores jueces oficiales de 
Sus Majestades de la Casa de Contratación 
de las Indias del Mar Océano, que residen en 
esta muy noble é muy leal'cibdad de Sevilla, 
é de la dicha (^asa en cevil é criminal, por 
Sus Majestades, vos fago saber é doy fe que 
los señores jueces, el factor Juan de Aranda 
y el tesorero Francisco Tello, por virtud de 
una cédula de Su Majestad de la Emperatriz 
é Reina, nuestra señora, escripta en papel é 



DOCUMENTOS 269 



firmada de su real nombre é refrendada de 
Juan X'ázquez, su secretario, y en las espaldas 
del la cuatro firmas sin nombres, según por 
ella páresela, recibieron ciertos testigos de in- 
formación en ra/ón de lo contenido en la di- 
cha cédula real, los cuales juraron en forma 
debida de derecho, é dijeron sus dichos cada 
uno dellos por sí, secreta é apai'tadamente, su 
tenor de la cual cédula real é información es 
este que se sigue: 

La i^eina. — Nuestros Oficiales que residís 
en la cibdad de Sevilla, en la (Jasa de la Con- 
tratación de las Indias. \o soy informada que 
algunos de los indios que trajeron Sebastián 
Gaboto é Diego García por esclavos son li- 
bres é no tratados como convernía, é porque 
yo quiero ser inf(;rmada de la verdad de todo 
ello, yo vos mando que luego hagáis informa- 
ción é sepáis qué indios son los que los dichos 
Sebastián (>aboto é Diego García trajeron, é 
de dónde, é cuáles dellos trajeron por escla- 
vos é porqué cabsa v qué se ha hecho dellos 
y de todo lo demás de que cerca desto vierdes 
que debemos ser informada para mejor saber 
la verdad dello, y la dicha información habi- 
da, firmada de vuestros nombres é signada 
del escribano ante quien pasare, la enviad al 
nuestro Consejo de las Indias para que yo la 
18 



270 DIEGO garcía 



mande ver ¿proveer lo que convenga é man- 
dare. Nos por la presente mandamos á cua- 
lesquier personas en cuyo poder estovieren los 
dichos indios que no los encubran ni trans- 
porten, so pena de la nuestra merced é de 
cien mili maravedís para la nuestra cámara 
á cada uno que lo contrario ficiere. — Fecha 
en Ocaña, á veinte é siete días del mes de 
Otubre año de mili é quinientos é treinta 
años. — ^'o LA Reina. — Por mandado de Su 
Majestad . — Juan Vá^quai. 

Antonio Ronce, alguacil que fué del arma- 
da de que fué por capitán general Sebastián 
Caboto, estante en esta cibdad de Sevilla, 
testigo recebido, habiendo jurado en forma 
de derecho é seyendo preguntado por el te- 
nor de la dicha cédula real de Su Majestad, 
dijo que lo que sabe es que este testigo vino 
en la nao nombrada «Santa iWaría del Espi- 
nar», de que era capitán general Sebastián 
Caboto. é vido... que... Gaspar de Silva, que 
fué en el armada del capitán Diego García de 
Moguer, el cual vino en la dicha nao de 
«Santa María de Espinar», trujo una esclava; 
Nicolao de Ñapóles, patrón que fué de la nao 
nombrada «Santa María del Espinar», que fué 
en el armada de que fué por capitán general 
Sebastián Caboto.. dijo., que Gaspar de Silva, 
que fué en el armada de Diego García de Mo- 



DOCUMENTOS 27 1 



guer, el cual vino en la dicha nao «Santa Ma- 
ría del P^spinar», trujo un esclavo. 

Testigo.^ uan López de Fravia, tesorero 
del armada de que fué por capitán general 
Diego García de Moguér, estante en esta cib- 
dad, testigo rescebido, habiendo jurado en 
forma de derecho é seyendo preguntado por 
el tenor de la dicha cédula real, dijo que lo 
que sabe es queste testigo vino en la nao nom- 
brada «Nuestra Señora del Rosario», en que 
vino el dicho capitán Diego García, que vi- 
nieron del Río de la Plata, donde vino el dicho 
Sebastián Caboto, en la cual dicha nao tra- 
jeron más de cuarenta piezas de esclavos y 
esclavas indios, de los cuales eran de Su Ma- 
jestad trece piezas, hombres é mujeres, é más 
otras tres piezas que venían escondidas en el 
dicho navio, y este testigo los tomó para Su 
Majestad, y deste testigo eran cuatro piezas, 
dos esclavos y dos esclavas; y el capitán Die- 
go García traía diez ó doce piezas, que no 
se acuerda bien cuantas eran; y un Gonzalo 
de Acosta, pasajero que venía en la dicha nao 
desde el puerto de San Vicente, traía quince 
piezas de esclavos y esclavas; y un Pacheco 
traía otras cuatro piezas, las tres esclavas y 
la otra era su mujer; y Francisco de Lemos, 
clérigo, traía otras dos piezas; y Vasco Nú- 
ñez traía otras tres piezas; y Várela, escriba- 
no de la dicha nao, dos esclavos, un hombre 



72 DIEGO GARCÍA 



é una mujer, y que entre los marineros de 
la dicha nao trajeron otras diez ó doce piezas, 
que les dio el capitán Diego García por su 
trabajo, y que en llegando á'Sanlúcar de Ba- 
rrameda, cada uno sacó sus esclavos que traía, 
y el capitán asimismo sacó los suyos, que no 
quedó ninguno, salvo las trece piezas que 
entregó el dicho capitán á este testigo, y las 
tres que híJló en la nao, que fueron diez y 
seis, é las cuati'o deste testigo, y que de las 
de Su Majestad se murieron luego cuatro, y 
otras tres que vendió este testigo para man- 
tener la gente que guardaba la nao, é después 
que vino á esta cibdad vendió otra pieza de 
las del Rey, por manera que no han quedado 
más que ocho, questán en el navio en el puer- 
to desta cibdad, é que una de las cuatro deste 
testigo se le ha muerto en esta cibdad, é que 
otra tiene para moiúrse, muy mala, é que las 
otras dos tiene en la dicha nao. 

Preguntado si los dichos indios é indias 
son esclavos é por qué cabsa lo son, é de 
dónde loshobieron, dijo que los dichos indios 
é indias que dicho tiene son esclavos é escla- 
vas, é los compraron en el puerto de San Vi- 
cente é de la Cananea, del dicho Gonzalo y 
del bachiller su suegro é de otras personas 
-cristianos que viven en aquella tierra, que los 
tenían por esclavos é por tales esclavos se los 
vendieron á este testigo é á los otros. 



DOCUMENTOS 2']2> 



Preguntado que dónde están los otros in- 
dios quel dicho capitán y las otras personas 
hobieron que traían en la dicha nao, dijo que 
no lo sabe, porque luego como llegaron al 
puerto de Sanlücar de Barrameda, los sacaron 
cada uno los suyos, ecebto los que le dejó el 
dicho capitán para Su Majestad, y los deste 
testigo, que dicho tiene, é no sabe á dónde • 
los llevaron, salvo que oyó decir que habían 
vendido muchos dellos en Sanlúcar; é quesla 
es la verdad é lo que sabe deste fecho para el 
juramento que hizo, é firmólo de su nombre. 
— Juan López. 

Testigo. — Alonso (jómez Várela, escribano 
de la nao «Santa María del Rosario», c]ue fué 
en el armada del capitán Diego Cjarcía de 
Moguer a! Río de la Plata, estante en esta 
cibdad, testig:o rescebido, habiendo jurado en 
forma de derecho é seyendo preguntado por 
el ten(jr de la dicha cédula real, dijo: que lo 
que sabe c^ que en la dicha nao «Santa Ma- 
ría del Uosario» trajo h'rancisco Pacheco ocho 
piezas de esclavos, la mitad para Su Majes- 
tad é la otra mitad para dicho Francisco Pa- 
checo; y el dicho capitán Diego (jarcia trajo 
v.einte é cinco piezas de indios, entre hombres 
é mujeres; é que las diez piezas destas eran 
para Su Majestad y las quince para Gonzalo 
de Acosta, que le dio en la costa del Brasil, 
en el puerto de San Viceinte, que los trújese 



274 DIEGO garcía 



á España por ciertos manteriimientos que le 
dio por que los trajese; é que asimismo le 
trujo el dicho capitán Diego García en la di- 
cha nao al dicho Gonzalo de A costa otras tres 
ó cuatro piezas de esclavos, entre hombres é 
mujeres, y quel dicho capitán Diego García 
trujo para sí ocho ó diez piezas de esclavos, 
entre hombres é mujeres, é que entre los ma- 
rineros de la dicha nao trajeron diez ó doce 
piezas de esclavos, poco masó menos, é ques- 
te testigo trujo dos piezas, un esclavo é una 
esclava; é que llegando á Sanlúcar de Barra- 
meda el dicho capitán Diego García entregó 
todas las piezas de esclavos al dicho Gonzalo 
de Acosta, que traía suyos, é que asimismo 
entregó á Pacheco los suyos, é a los marine- 
ros los otros, é á este testigo los suyos, y que 
este testigo vendió los suyosí en Sanlúcar á 
unos vecinos de allí, que no sabe cómo se lla- 
man; é que no sabe qué hicieron dellos las 
otras personas; y que el tesorero Juan López 
trajo cuatro piezas de esclavos, dos hombres 
é dos mujeres, é que se le murió la una escla- 
va dellas é que las otras tres tiene en esta 
cibdad. 

Preguntado que si los dichos indios si son. 
esclavos ó no, é que de dónde son ó cómo 
los hobieron, dijo que los compraron en el 
puerto de San Viceinte, de unos portogueses 
que allí estaban, por rescates, é que los ven- 



DOCUMENTOS 275 



dieron por esclavos, porque por tales los te- 
nían en el dicho puerto los portugueses, é así 
se los vendieron; é questo es lo que sabe é 
la verdad para el juramento que hizo, é fir- 
mólo de su nombre. — Alonso Gómez Várela. 
Testigo. — Rl capitán Diego García, capitán 
del armada que partió de la Coruña, testigo 
presentado en la dicha razón, é habiendo ju- 
rado é seyendo preguntado por el tenor de la 
dicha cédula de Su Majestad, dijo que loque 
sabe es que en el galeón en que este testigo 
vino agora del Río de Solis trujo tres indios, 
que son de los del Río de Solís, que son li- 
bi'es, que son de la generación de los Atam- 
bures, é por tales libr.es los tiene este testigo, 
y tiene uno dellos y otro tiene el tesorero 
Juan López y otro tiene un Vasco Núñez, 
alguacil de la dicha armada, é questos tres 
indios los compraron en el dicho Río de Solís 
por esclavos de otros indios enemigos suyos, 
que son los guaraníes, que los comen, é que 
este testigo, como capitán, los hizo libres á 
estos tres indios, y el que este testigo tiene, 
lo tiene para lengua para volver á la dicha 
tierra; y que el tesorero Juan López, sin este 
libre, trujo tres indios esclavos, que los com- 
pró en el puerto de San Viceinte de unos por- 
togueses que allí estaban, porque los portu- 
gueses los habían comprado de unos indios 
que los tenían por esclavos, que los habían 



276 DIEGO GAr<ClA 



tomado en la g-uerr¿i, é por tales esclavos los 
vendieron los dichos portogueses y el dicho 
Juan López los compró, é por tales los com- 
pran los dichos portogueses de los indios, é 
que deslos tres indios se le han muerto los dos 
dellos y el otro le queda; y que este testigo 
trujo ocho esclavos comprados en el puerto 
de San \'iceinte, que son de la misma calidad 
que esotros esclavos é trae albala^s de quien 
los compró, é que los seis dellos se le han 
muerto y el uno dellos tiene el asistente don 
Fernando de Andrada y el otro tiene este tes- 
tigo; y que! dicho Vasco Núfie/, trajo otros 
tres esclavos que compró en el dicho puerto 
de San X'iceinte, de la misma calidad de es- 
otros, de los cuales se le han muerto el uno 
y el otro está á la muerte, é que entre toda 
la gente del dicho su galeón trujeron obra de 
otros veinte esclavos comprados en el dicho 
puerto de San Viceinte por esclavos de la 
misma calidad que esotros, é que los traían 
entre dos marineros un esclavo, é otros cada 
uno uno, en que serían los dichos veinte es- 
clavos, que muchos dellos se han muerto é 
que otros han vendido por ahí no sabe á 
quien; que asimismo trujo en el dicho su ga- 
león diez é seis esclavos, que son pertenes- 
cientes á la dicha armada, los cuales hobo en 
San Viceinte, que se los compró este testigo 
á Gonzalo de Acosta, portogués que allí esta- 



DÜCUMFNTOS 277 



ba, que los dio poi" flete de su pasaje é de 
ciertos esclavos quél trujo, questos pertenes- 
cen á la dicha armada, é que los ocho dellos 
están en el -.licho galeón é de los otros ocho 
los cuatro son muertos é los otros cuatro los 
vendió el tesoi'ero de dicho galeón para dar 
de comer á los otros é á la gente que guarda el 
dicho galeón; é quel dicho Gonzalo de Acosta 
trujo en el dicho galeón deste testigo, quince 
esclavos machos é hembras, que eran suyos, 
que los tenia en la dicha tieri'a de San Viceinte 
veinte anos ha qucstá en aquella tierra, é que 
los más dellos se le han muerto, é quel escri- 
bano del dicho galeón, que se llama X'arela, 
trajo otros dos esclavos comprados en el di- 
cho puerto de San X'iceinte, de la misma cali- 
dad de esotros, é questos dos esclavos los ha 
vendido el dicho esciibano, no sabe á quien 
se vendieron ninguno de los dichos indios; é 
questa es la verdad é lo que sabe deste fecho 
para el juramento que (izo, é dijo que no sabe 
ñrmar, salvo hizo una señal que dijo que acos- 
tumbra hacer. 

En fee de lo cual, por mandado de los se- 
ñores jueces Oficiales de la dicha Casa de la 
Contratación, les di la presente fee firmada 
de sus nombres é Armada de mi nombre, é 
signada con mi signo para la enviar al Conse- 
jo Real de las Indias de Sus Majestades, como 
bu Majestad por la dicha cédula lo manda, 



278 DIEGO GARCÍA 



la cual va escrita en seis hojas sin esta en 
que va mi signo, ques fecha é sacada en Se- 
villa, á cuatro dias del mes de Diciembre, año 
del nascimiento de Nuestro Salvador Jesu- 
cristo de mili é quinientos é treinta años. — 
Juan de A?-anda. — Francisco Te I lo. — (Hay 
dos rubí' ¿cas). 

Archivo de Indias, 144-i-jo. 



IX 

Real cédula para que se envíe á España 

CIERTO depósito QUE DiEÜO GaRCÍA DEJÓ 

EN LA Isla de la Gomera. — 19 de Agosto 
de i53o. 

La Reina. — Fernán, vecino de la Isla de la 
Gomera. Yo soy informada que yendo Diego 
García, piloto, con cierta armada, por nues- 
tro mandado al Río de Solís, cerca desa isla 
la tomaron un navio de franceses, con ciertos 
alumbres, puede haber tres años, poco más 
ó menos, en que hobo ciento y sesenta é 
ocho qnintales y dos arrobas y quince libras 
de alumbre, los cuales depositó en vuestro 
poder el dicho Diego García, para los guar- 
dar é tener de manifiesto y acudir con ello á 
quien por Nos vos fuese mandado; por ende, 
yo vos mando á vos y á otra cualquier perso- 



DOCUMENTOS 279 



na en cuyo poder estovieren los dichos alum- 
bres, que luego que esta mi cédula vos fuere 
mostrada, los enviéis á los nuestros Oficiales 
que residen en Sevilla en la Casa de la Con- 
tratación de las Indias, para que allí se haga 
dellos lo que por Nos fuere mandado, y si 
ansí no lo hiciéredes é compliéredes manda- 
mos al nuestro gobernador y otras justicias 
de la dicha isla que por todo rigor de justi- 
cia vos constringan y apremien á ello, lo cual 
enviad á costa de los dichos alumbres, toman- 
do dello el precio que costare traer á Sevilla, 
que con fee é testimonio de la justicia, mando 
que vos sea rescebido é pasado en cuenta lo 
que en ello se montare, flecha en Madrid, á 
diez é nueve días del mes de Agosto de mili 
é quinientos é treinta años. — Yo la Reina. 
— Refrendada de Samano, señalada del Conde 
é del dolor Beltrán y del licenciado de la 
Corte y de Xuárez. 

Archivo de Indias, 139-1-8. 



28o DIEGO garcía 



Rp:al cédula á los Oficiales de la (>asa de 
LA Contratación ordenándoles que il\gan 
desembargar ciertos esclavos de propie- 
dad DE Diego García. — 4 de Abril de i53i. 

La Reina. — Nuestros Oficiales que residís 
en la cibdad de Sevilla, en la (^asa de la Con- 
tratación de las Indias. Diego García, nues- 
tro capitán, que fué al descubrimiento del 
Río de Solís, me hizo relación que á él se le 
debe mucha cuantía de maravedís que puso 
en el armada que llevó al dicho descubi-i- 
miento, como nos constaría por ciertas cuen- 
tas é testinionios que dello tenía, de que ante 
Nos hacía presentación, y como no se ha 
fenescido la cuenta de aquella jornada, está 
nescesitado, mayormente que diz que le em- 
bargastes seis esclavos que diz que le había 
dado un portugués porque le trujiese á estos 
reinos, en una nao, de la Isla del Brasil, donde 
estaba, como parescía, asimismo, por otro 
testimonio, en lo cual había rescibido notorio 
agravio, é me suplicó y pidió por merced vos 
mandase le desembargásedes los dichos es- 
clavos, recibiendo del fianzas que si pares- 
ciese que no se le debía mucha más cuantía 



DOCUMENTOS 201 



de lo que ellos montan, aunque fuese de 
nuestra hacienda, que tornaría los dichos 
esclavos ó su valor, pues no era justo que 
siendo los dichos esclavos del dicho Brasil, 
tierra del reino de Portugal, fuesen por voso- 
tros secrestados, ó como la mi merced fuese; 
por ende, yo vos mando que luego veáis lo 
susodicho é vos informéis y sepáis como 
pasa, y averiguando que los dichos esclavos 
que así emhai^gastes al dicho Diego García 
son de los límites del Serenísimo Rey de 
Portugal, nuestro hermano, rescil^iendo del 
fianzas legas, llanas y abonadas de estar á 
derecho y pagar lo que contra él fuere juz- 
gado, se los tornéis é restituyáis y hagades 
tornar y restituir, y si hallardesque son los 
dichos esclavos de los límites de nuestros 
reinos de Castilla, hagáis é cumpláis lo que 
por Nos vos está mandado; é no fagades en- 
de al. Fecha en Ocaña á cuatro días del mes 
de Abril de mili y quinientos y treinta y un 
años. — Yo LA r^EiNA. — Refrendada de Sama- 
no. — Señalada del Conde y dotor Beltrán y 
licenciado Xuárez y dotor Bernal. 

¿\rchivo de Indias, 148-2-2, tomo 2.°, folio 48 vuelto. 



202 DItíGO garcía 

Real cédula á lo? dichos Oficiales, com- 
plementaria DE LA precedente. 22 DE J U- 

NIO DE l53l. 

El l^EY. — Nuestros Oficiales que residís 
en la cibdad de Sevilla en la Casa de la 
Contratación de las Indias. Sabed que yo 
mandé dar é di una mi cédula para vosotros, 
fecha en esta guisa. (Es la que se inserta 
bajo el número precedente). E agora por 
parte de dicho Diego García me ha sido he- 
cha relación quél está muy pobre y alcanzado 
y no tiene fianzas que dar, suplicándome que 
pues nos constaba que los dichos esclavos 
son de la costa del Brasil, se los mandáse- 
mos volver libremente, ó como la mi merced 
fuese; por ende, yo vos mando que constán- 
doos que los dichos esclavos que así embar- 
gastes al dicho Diego (jarcia son de la costa 
del Brasil, de los límites del Serenísimo Rey 
de Portugal, nuestro hermano, y que son 
esclavos y del dicho Diego García, se los tor- 
néis y restituyáis é hagáis tornar é restituir 
libremente y sm que para ello dé fianzas 
algunas; é no fagades ende al. Fecha en 
Avila á veinte é dos días del mes de Junio 
de mili é quinientos é treinta é un años. — 
Yo LA Reina. — Refrendada de Samano. — Se- 
ñalada del Conde y Beltrán, Suárez y Bernal. 
Archivo de Indias, 148-2-2, tomo 2.*, folio 75. 



DOCUMENTOS 283 



XII 



Solicitud dk Diego García al Consejo de 
Indias para que se le manden pagar las 
sumas que iiap>ía gastado en una armada 
de que había sido capitán. 

Muy poderosos señores: — El capitán Diego 
García, vecino de la villa de Moguer, beso las 
reales manos de Vuestra Alteza y digo quel 
Conde don Fernando de Andrada é Cristóbal 
de Ilaro, con licencia é facultad de Vuestra 
Alteza, hicieron cierta armada para las Indias 
del iMar Océano Mediterráneo, de la cual yo 
fui capitán general, y para pagar la gente en 
el puerto de la Coruña. yo gasté cuatrocien- 
cientos é cincuenta ducados, y en los basti- 
mentos V provisiones y armazón de la dicha 
armada, gasté sietecientos é cincuenta duca- 
dos, é ansimismo di de comer á toda la gente 
de la dicha armada por el tiempo y espacio 
de dos años, en que gasté seiscientos duca- 
dos, lo cual todo pagué é gasté de mis pro- 
pios bienes é hacienda, poniendo más costa 
y gasto en la dicha armada yo solo que los 
dichos conde don Fernando é Cristóbal de 
Haro, principales armadores. Y porque en 



¡84 DIEGO garcía 



uno de los capítulos del asiento que con Vues- 
tra Alteza se tomó, está declarado que todas 
las personas que pusifiron desús propios bie- 
nes para hacer la dicha armada hereden é ha- 
yan de lo que del la se hobiere prorrata de lo 
que pusieron ¿í sueldo por libra, y de la dicha 
armada se trujeron ciertos esclavos y otros 
bienes, pido é suplico á X^uestra Alteza man- 
de que de los dichos esclavos é bienes yo 
sea pagado, ante todas cosas, de los dichos 
seiscientos ducados que gasté en dar de co- 
mer á la dicha gente los dichos dos años, y 
que de lo restante se me dé la parte que me 
pertenece, habido respeto conforme á los di- 
chos mili é doscientos ducados que yo puse en 
la dicha armada, conforme al capítulo de la 
dicha contratación é asiento que se tomó con 
Vuestra Majestad. 

Otrosí digo: que X^jestra yMteza mandó por 
otro capítulo del dicho asiento que los dichos 
Conde Don Fernando y Cristóbal de Ilaro y 
todos los que más fuesen principales arma- 
dores en la dicha armada pudiesen libremen- 
te tornar á armar todas las veces que quisiesen, 
por tiempo y espacio de ocho años, que comen- 
zaron á correr desde el año pasado de mili é 
quinientos é veinte é seis años, y porque yo 
fui la persona que más puso y gastó en la di- 
cha armada y que verdaderamente yo solo 
gasté tanto de mis. propios bienes como todos 



DOCUMENTOS 285 



los Otros armadores, puedo tornar á armar 
dentro del dicho tiempo de los ocho anos y 
conforme al dicho asiento; por ende, pido y 
suplico á Vuestra Alteza sea servido de man- 
dar que yo pueda tornar á hacer la armada 
que quisiera para tornar al dicho viaje, con 
tanto que Vuestra Alteza ó otras cualesquier 
personas, por su mandado, puedan poner la 
partequequisieren en el gastoqueha menester 
para hacerse la dicha armada y que hereden 
é hayan en lo que se hobiere é trujere pro- 
rrata de lo que hubieren puesto, á sueldo por, 
libra, en lo cual Vuestra Alteza me hará mu- 
cho bien é merced y S€rá dello servido, porque 
ninguna persona podría hacer el dicho viaje 
tan bien como yo, por razón de la mucha ex-, 
periencia que tengo de aquellas partes donde 
ha de ir la dicha armada. 

Y para que conste á Vuestra Alteza ser ver- 
dad de lo que tengo dicho, presento la escrip- 
tura del dicho asiento que con Vuestra Alte- 
za se tomó, y otra escriptura de la contrata- 
ción que yo hice con los dichos Conde don 
P'ernando é Cristóbal de ílaro. — (Hay una 
rúbrica). 

Archivo de Indias, 144-1-10. 



19 



i86 DIEGO garcía 



XIII 

Real cédula por la que se concede á Die- 
go García una ayuda de costa de seis 
MIL maravedís. — 6 de P'ebrero de i 532. 

La Reina. — Nuestros Oficiales que residís 
en la ciudad de Sevilla en la Casa de la Con- 
tratación de las Indias. Yo vos mando quede 
cualesquier maravedís de vuestro cargo deis 
é paguéis á Diego García de Moguer, piloto, 
seis mili maravedís de que yo le hago merced 
para ayuda á su costa, entretanto que Nos 
le ocupamos en cierta cosa de nuestro servi- 
cio y dágelos y pagádgelos en dineros con- 
tados, y tomad su carta de pago, ó de quien 
su poder hobiere, con la cual y con esta mi 
cédula, miandamos que vos sean recibidos y 
pasados en cuenta los dichos seis mili mara- 
vedís. P'echa en Medina del Campo, c\ seis 
días del mes de liebrero de mili y quinientos 
y treinta y dos años. — Yo la Reina. — Por 
mandado de Su Majestad. — Juan de Samano. 

Archivo de Indias 2-3-2/3- Contratación, Cuentas del 
tesorero Francisco Tello. 



DOCUMENTOS 287 



XIV 



Testamento de Diego García, é intereso- 
gatorio y sentencia del pleito seguido 
por parte de la mujer é hijos de aquel 
con el defensor de los bienes de don 
Pedro de Mendoza. 

In Dei nomine amen. Sepan cuantos esta 
carta de testamento vieren, cómo yu, Diego 
García, vecino ele Trigueros, capitán é pilo- 
to mayor en la armada del ilustrísimo señor 
don Pedro de Mendo::a, adelantado, goliei-na- 
dor y capitán general de la provincia, con- 
quista é población del Río de la Plata y Mar 
del Sui-, estando, como estoy, enfermo de mi 
cuerpo y en mi juicio y entendimiento natu- 
ral, tal cual Dios Nuestro Señor le plugo de 
me lo dar, é creyendo, como creo, bien é ver- 
daderamente en la Santísima Trenidad, Padre 
y Hijo y Espíritu Santo, que son tres perso- 
nas y una esencia divina que vive é reina 
por siempre sin fin, é temiéndome de la muer- 
te, quescosa natural, otorgo y conozco por esta 
presente carta que hago y ordeno, establezco 
mi testamento é postrimera voluntad á honra 
é servicio de Dios Nuestro Señor y de la glo- 
riosísima siempre Virgen Nuestra Señora 
Santa María, su Bendita Madre, á la cual 



288 DIEGO garcía 



tengo é tomo por señora y abogada en todos 
mis hechos á honra é servicio suyo é de todos 
los santos y santas de la Corte Celestial, á 
los cuales y á cada uno dellos pido é suplico 
sean mis abogados y entercesores ante el 

tamiento divino y me den gracia para 

que en esta presente hora y en el discurso 
de mi vida le alabe, sirva é cumpla sus man- 
damientos, el cual dicho testamento hago é 
ordeno en la forma siguiente: 

Primeramente mando y ofrezco y enco- 
miendo mi ánima á Dios Nuestro Señor que 
la crió é redimió por su preciosísima sangre 
en el árbol de la Santa Veracruz, al cual con 
toda mstancia le suplico por quien El es me 
perdone todos mis pecados, culpas, dolos, 
negligencias para que no se pierda lo que re- 
dimió por su crudelísima pasión y me lleve á 
su santo reino celestial, donde le alabe y le 
sirva é dé gracias, etc. 

2. — ítem, mando mi cuerpo á la tierra, de 
que fué formado, y que cuando la voluntad de 
Dios Nuestro Señor fuere de me llevar desta 
presente vida, que mi cuerpo sea enterrado 
en la iglesia mayor de Nuestra Señora de la As- 
censión desta villa de señor San Sebastián de 
la isla de la Gomera, si en ella falleciere, y qué 
el día de mi enterramiento me lleven honra- 
damente, corno les pareciere á mis albaceas. 

3. — Ítem, mando que de mis bienes aquellos 



DOCUMENTOS 289 



que verdaderamente parecieren ser míos, se 
paguen todas las deudas que verdaderamente 
se averiguare por información bastante que 
yo debo, así por vía de emprestidos, como 
en otra cualquier manera que yo sea obligado 
á restitución, sobre lo cual suplico á cual- 
quier juez ante quien esta carta pareciere, que 
no permita ni dé lugar á que sobre las dichas 
deudas haya pleito ni debate, salvo que so- 
lamente con la dicha información bastante, 
sumariamente las hagan pagar, que para ello 
y para . . . todos mis bienes, para la dicha paga, 
le doy todo mi poder complido, como mejor 
de derecho puedo, que al presente no declaro 
á quien debo las dichas deudas por la poca 
memoria que dellas tengo á causa de mi en- 
fermedad, que esto lo remito á los testigos 
fidedinos que se recibieren para la dicha in- 
formación y á las scripturas é conocimientos 
que yo haya dado y otorgado é á la determi- 
nación que sobre ello hiciere el juez, cuyo jui- 
cio mando que se consienta sin que en ello 
pre ... da ni pueda haber apelación alguna. 

4. — ítem, digo é declaro que hasta el día 
de hoy he estado é tenido por posada la casa 
de Alonsode Xerez, vecino desta villa, veinte é 
dos días, donde se me ha hecho buen trata- 
miento; mando que por ello se le pague todo 
lo que al dicho Alonso de Xerez le pertene- 
ciere que justo sea. 



290 DIEGO GARCÍA 



5. — Ítem, declaro que yo debo á Martín Sán- 
chez, vÍ7xaíno, marinero de la nao de Sant 
Antón, un ducado que me prestó: mando que 
le sea pagado de mis bienes. 

6. — Ítem, mando que el día de mi enterra- 
miento me diga su misa cantada con su vegilia 
é letanía, según la costumbre de la tierra, y se 
le ofrezca de mis bienes la cera, pan y vino 
que mis albaceas pareciere. 

7. — Ítem, mando que después de averigua- 
das y pagadas mis deudas, se digan por mi 
ánima treinta misas, diez á Nuestra Señora y 
otras diez al espíritu Santo y otras diez á las 
ánimas del purgatorio, las cuales dichas misas 
mando que se digan en la iglesia donde le 
pareciere á Isabel Martínez, mi legítima mu- 
jer, que al presente vive é mora en la villa de 
Trigueros, donde yo soy vecino. 

9. — Ítem, digo é declaro que he é tengo é 
poseo una carabela que compré de un portu- 
gués que al presente no se me acuerda de su 
nombre, mas de que está declarado su nom- 
bre en la carta de venta que della me otorgó 
que está en poder de Bartolomé de Mendoza, 
mi yerno, la cual me costó ciento é cincuenta 
ducados y en la reparar y en pipas de vino y 
de agua y aceite y bizcocho, vinagre y otros 
bastimentos que en ella se han metido he gas- 
tado otros ciento é cincuenta ducados, antes 
más que no menos: la cual dicha carabela 



DOCUMENTOS 29 I 



está al presente en la isla de la Palma y por 
capitán della el dicho Bartolomé de Mendoza, 
mi yerno, á quien yo di mi poder para la go- 
bernación della; y porque al presente por la 
enfermedad que ten^^o no me sé determinar 
en lo que debo disponer de la dicha carabela, 
mas de que al presente tengo por más cierto 
y seguro para mi ánima que la dicha carabe- 
la se dé y entregue al ilustre señor don Pedro 
de Mendoza, adelantado, gobernador y capi- 
tán general de la provincia, conquista é po- 
blación del Río de la Plata y Mar del Sur, ó á 
quien su poder hobicre, para que Su Señoría 
disponga é haga della lo que fuere su servi- 
cio, suplicándole, como le suplico, haya por 
encomendado al dicho Bartolomé de Mendoza, 
mi yerno, que va por capitán de la dicha cara- 
bela con mi poder, é ansimesmo haya por 
encomendadas todas las personas que van 
fletados en la dicha carabela, cuyos nombres 
están scriptos en el libro de los bastimentos 
é otras cosas de la dicha carabela, y por quitar 
duda declaro que nueve personas de Moguer, 
cuyos nombres no se me acuerda, que van en la 
dicha carabela, dieron por su flete é yo dellos 
recibí sesenta escudos solamente por los lle- 
var hasta el Río de la Plata, sin los cuales 
para su mantenimiento metieron sus basti- 
mentos, sobre lo cual no se les ponga impedi- 
miento alguno, y así lo suplico á Su Señoría. 



292 DIEGO garcía 



9. — ítem, declaro que asimismo están en 
•la dicha carabela otros pasajeros, cuyos nom- 
bres no se me acuerda, que van fletados hasta 
los poner en el dicho Río de la Plata: suplico 
asimismo á Su Señoría que manden que sean 
pasados en ella é hasta el dicho Río de la 
Plata, sm que les seapuesto impedimento, por- 
que dellos é de cada uno dellos tengo recibi- 
do su flete enteramente. 

• 10. — Ítem, digo é declaro que mi voluntad 
es que su señoría del dicho señor Adelantado 
-reciba y tenga en su poder la dicha carabela 
é se sirva della todo el tiempo que su servi- 
cio fuere, sin que por ello sea obligado á dar 
ni pagar cosa alguna, mas de cuanto le su- 
plico que después de haberse servido ds la 
dicha carabela cada é cuando que Su Señoría 
quisiere é mandare, siendo su voluntad y no 
de otra manera, dé y entregue la dicha cara- 
bela ó lo que por ella justamente quisiere, 
mandará dar á la dicha Isabel Martínez, mi 
legítima mujer, y á mis hijos herederos é á 
quien su poder para ello hobiere, y sobre todo 
lo contenido en este artículo lo remito á la 
voluntad de Su Señoría para que lo provea y 
mande como mejor fuere servido. 

II. — Ítem, declaro á Su Señoría que yo he 
recibido muy buenas obras de .Antón Martín 
é de Antón, vecino de la cibdad de Villena, é 
porque yo tenía voluntad de se lasrenumerar 



DOCUMENTOS 298 



le traía conmigo para le llevar al Río de la 
Plata, y porque en mi enfermedad me ha cu- 
rado y hecho como verdadero amigo, suplico 
á su llustrísima Señoría le haya por encomen- 
dado y le mande llevar en su armada sin le 
llevar flete alguno, lo cual por servicio de 
Dios, ansimismo suplico al señor don Pedro 
de Mendoza mire por el dicho Antón Martín 
é de Antón. 

12. — ítem, mando que si algunas personas 
vinieren jurando que yo les debo algunas deu- 
das que sean desde cien maravedís abajo, sean 
creídos por su juramento é se lo paguen de 
mis bienes. 

i3. — Ítem, mando á la Cruzada y á los mo- 
nesterios de la Merced y la Trenidad y á las 
casas de San Lázaro y San Antón y á San 
Sebastián á cada uno dellos cinco mil mara- 
vedís. 

14. — ítem, para cumplir é pagar lo susodi- 
cho, especialmente para aquello que toca á 
mi ánima, dejo, nombro, costetuyo por mis 
albaceas y testamentarios á la dicha Isabel 
Martínez, mi mujer.é Alonso de Xerez y á Jua- 
na Márquez, su mujer, mis huéspedes, veci- 
nos de la dicha villa del señor San Sebastián, 
á los cuales juntamente y á cada uno deilos 
insolidum, doy todo mi poder complido con 
libre general administración para que entren 
y tomen de su propia autoridad, sin licencia 



Í94 DIEGO garcía 



de juez, de mis bienes aquellos que sean ne- 
cesarios para el compl i miento de mi ánima y 
los destribuyan como bien visto les fuere, con- 
forme á lo que de suso está declarado y lo 
vendan é rematen en pública almoneda ó fue- 
ra della, como bien visto les fuere é por aque- 
lla vía y forma que mejor de derecho haya 
lugar; é compl ido é pagado todo lo susodicho, 
para el remanente de todos mis bienes dejo 
y nombro é constituyo por mis universales 
herederos á Francisco, mi hijo legítimo, que 
lo hobe en mi primera mujer, ya difunta, y 
Alonso y Leonor González, é á Juan, mis hi- 
jos legítimos, que los hobe en Isabel Martí- 
nez, mi legítima mujer, que agora es viva: y 
asimismo juntamente con los dichos mis hijos 
dejo por heredera á la dicha Isabel Martínez, 
mi mujer, para que los hayan é hereden los 
dichos mis bienes por iguales partes. 

i5. — Ítem, mando á los dichos mis hijos 
que honren é traten á la dicha mi mujer 
muy honradamente como á madre, á la cual, 
demás de lo que cupiere por la dicha heren- 
cia, mando que se le dé de mis bienes todo 
aquello que le pareciere y hobiere de haber 
dellos, conforme á las leyes é premáticasdeSus 
Majestades, y mando que ante todas cosas se 
cumpla é pague de mis bienes lo que toca al 
complimiento de mi ánima, que sea lo más 
breve que ser pueda; é revoco, ceso é anulo é 



DOCUMENTOS 295 



doy por ningunos é de ningún valor é efelo 
todos é cualesquier testamentos, codecilio ó 
codecilios que hasta el día de hoy por mí 
hayan sido fechos é otorgados, los cuales 
quiero que no valgan, puesto que parezcan, 
salvo éste que al presente hago é ordeno, el 
cual quiero que valga por mi testamento é por 
mi codecilio é por mi última é postrimera 
voluntad como mejor de derecho haya lugar; 
é porque esto sea cierto é firme y no venga 
en duda, otorgué esta carta de testamento é 
todo lo en ella contenido ante el escribano é 
testigos de yuso escritos, que fué fecha y otor- 
gada en la dicha villa de San Sebastián de la 
isla de la Gomera, lunes veinte é siete días del 
mes de Septiembre año del nascimiento de 
Nuestro Salvador Jesucristo de mili é qui- 
nientos é treinta é cinco años. Testigos que 
fueron presentes al otorgamiento de lo que 
dicho es: Pedro Rodríguez Cartujano, vecino 
de la cibdad de Sevilla, é Francisco Donaire, 
vecino de Trigueros, é de Aguilar, ve- 
cino é Francisco López de Sepúlveda, 

vecino de Sepúlveda, y Antón Martínez de 
Antón, vecino de la cibdad de Villena, é Bar- 
tolomé de Anaya, vecino de la cibdad de So- 
ria, é Pascual, criado del dicho Diego García; 
é por quel dicho Diego García, otorgante 
desta carta de testamento, dijo que no sabía 
escribir, rogó á los dichos Pedro Ruiz (sic) 



296 DIEGO garcía 



'Lobillo é Antón Martínez é á Bartolomé de 
'Anaya que lo ñrmasen por él, los cuales á 
su ruego lo ñrmaron de sus nombres. — Pedro 
'^f(iiiz Lobillo. — Anión Marlínez. — ^Barlolomé 
Anaya. 

E yo, i\mador deMontoya, escribano deSus 
Majestades en la su Corte y en todos los sus 
reinos é señoríos, con los dichos testigos 
presente fui á lo que dicho es é del otorga- 
miento del dicho Diego García, al cual doy lee 

que conozco escritura de testamento é fice 

escribir segund que ante mí pasó, é fice aquí 
este mío signo, ques á tal en testimonio de 
verdad. — Amador de Montoya. 

Por los artículos é preguntas siguientes 
sean preguntados los testigos que son ó fue- 
ren presentados por parte de la mujer é hijos 
de Diego García, piloto, difunto, en el pleito 
con el defensor de los bienes de don Pedro 
de Mendoza. 

Primeramente sean preguntados los testi- 
gos si conocían á la dicha mujer é hijos del 
dicho Diego García, piloto, difunto, é si cono- 
cieron al dicho Diego García, piloto, é si co- 
'nocieron al dicho don Pedro de Mendoza é á 
cada uno dellos é qué tanto tiempo, etc. 

2. — ítem, si saben, etc., quel dicho Diego 
<jarcía, piloto, fué casado é velado legíti- 
mamente, según orden de la Santa Madre 
Iglesia con Isabel Martínez, su mujer, é duran* 



DOCUMENTOS 297. 



te el matrimonio entrellos liobieron é pro-, 
crearon por sus hijos legítimos é naturales á, 
Francisco García é á Leonor González é Alon- 
so é á Juan, é por tales sus hijos son habidos 
é tenidos é conmunmente reputados, é así es- 
público é notorio; digan lo que saben, etc. 

3. — ítem, si saben, etc., é tovieron noticia 
é conocimiento de una carabela nombrada la, 
Concebición, que fué del dicho Diego García, 
piloto, etc. 

4. — Ítem, si saben, etc., que puede haber 
tres años, poco más ó menos, quel dicho Diego 
García, piloto, salió desta cibdad con la dicha 
carabela por suya é como suya en el armada 
del dicho don Pedro de Mendoza para ir á la 
conquista del Río de la Piala é los testigos lo 
vieron é fué público é notorio; digan lo que 
saben, etc. 

5. — Ítem, si saben, etc.. que yendo su de- 
recho viaje el dicho Diego García, piloto, para 
el Río de la Plata llegó á la Gomera, ques 
en las islas de Canaria, donde adoleció é á 
cabo de un (falla la palabra) falleció desta 
vida presente é los testigos lo vieron morir é 
enterrar é fué público é notorio; digan lo que 
saben, etc. 

6. — ítem, si saben, etc., que antes que el 
dicho Diego García falleciese hizo su testa- 
mento é postrimera voluntad, so cuya dispu-, 
sición murió, por el cual mandó que la dicha. 



298 DIEGO garcía 



carabela llevase el dicho don Pedro de Men- 
doza hasta llegar al Kío de la Plata é se sir- 
viese deila é después la diese á sus hijos é 
mujer, ella buena é ^ana, ó su valor, é los tes- 
tigos lo saben porque lo vieron é oyeron; di- 
gan lo que saben, etc. 

7. — Ítem, si saben, etc., quel dicho don Pe- 
dro de Mendoza después de muerto el dicho 
Diego García, piloto, tomó la dicha carabela 
é la llevó consigo é los pasajeros della é 
allá en el Río de la Plata la deshizo para su 
servicio, é los testigos lo vieron é oyeron é 
fué público é notorio; digan lo que saben, etc. 

8. — ítem, si saben, etc., que la dicha cara- 
bela llamada la «Concebición» era del dicho 
Diego García, piluto, con todo lo á ella anexo 
é perteneciente é por suya é como suya se la 
vieron tener é poseer hasta que murió, y ansí 
es público é notorio; digan lo que saben, etc. 

9- — ítem, si saben, etc.. que antes é al tiem- 
po que el dicho don Pedro de Mendoza toma- 
se la dicha carabela ella valia a justa é comund 
estimación quinientos ducados de oro, é antes 
más que menos; digan lo que saben é lo que 
podría valer la dicha carabela, etc. 

10. — Ítem, si saben, etc., que el dicho don 
Pedro de Mendoza puede haber un ano, poco 
más ó menos tiempo, que murió é falleció 
desta vida presente, é todos los bienes é hacien- 
da quél dejó están en esta cibdad, los cuales 



DOCUMENTOS 299 



valen é pueden valer ocho mili ducados de 
oro; digan lo que saben, etc. 

II. — Ítem, si saben, etc., que los dichos 
PVancisco (jarcia é Leonor González é Alonso 
é Juan, hijos del dicho Diego García, piloto, 
quedaron por sus herederos universales, los 
cuales han querido é quieren la sucesión y 
herencia del dicho su padre con beneficio de 
inventario, é ansí es público é notorio; digan 
lo que saben, etc. 

12. — Ítem, si saben, etc.. que de todo lo 
susodicho haya sido y es pública voz y fama 
y fáganse á los testigos las otras preguntas 
al caso pertenecientes. — El licenciado Vclal- 
cázar. 

Fallamos que la dicha mujer é hijos del 
dicho Diego García, piloto, difunto, proba- 
ron su demanda como probar les convenía, 
y el dicho Antonio del Castillo, curador de 
los dichos bienes del dicho don Pedro de 
Mendoza, no probó sus excepciones y defen- 
siones: en consecuencia de lo cual, que debe- 
mos de condenar é condenamos á los bienes 
del dicho don Pedro de Mendoza é á su cu- 
rador en su nombre á que dentro de nueve 
días primeros siguientes del día de la data é 
notificación desta nuestra sentencia, den é 
paguen á la dicha mujer é hijos del dicho 
Diego García trescientos ducados de oro de 
á trescientos é setenta é cinco maravedís cada 



300 DIEGO garcía 



uno para la carabela nombrada la «Concebi- 
ción» é jarcias '^ aparejos de ella sobre que 
es la cantidad deste pleito, recibiendo en 
cuenta dello é los maravedís que por nues- 
tro mandado se le han dado á la dicha mu- 
jer é hijos del dicho Diego (jarcia para sus 
alimentos; é por causas que nos mueven no 
hacemos condenación de costas á ninguna de 
las partes, é juzgando asi lo pronunciamos é 
mandamos en estos escriptos é por ellos. — 
Diego de Zarate. — El licenciado Castro Ver- 
de. — Garci Tello de Gu:{mán. — El licenciado 
Gonzalo Hernández. 

Dieron é pronunciaron esta sentencia los 
señores jueces, el contador Diego de Zarate 
y el licenciado Castro Verde, teniente de 
fator, y Garci Tello de Guzmán, teniente de 
tesorero, con acuerdo é parecer del señor 
licenciado Gonzalo Hernández de Vargas, 
letrado de la dicha Casa, en jueves veinte é 
siete días del mes de Hebrero año de mili 
é quinientos é treinta é nueve años, en haz 
de Alvaro de Baena, por sus partes, é luego 
fué notificado Antonio del Castillo, curador 
susodicho. Juan Gutiérrez^ escribano de S. M. 

Archivo de Indias, 5o-i-35/ii. 



DOCUMENTOS 3o I 



XV 



Real cédula para que se liquidasen cier- 
tas ESPECIES DE LA ARMADA DE Di ECO (jAR- 
CÍA QUE HABÍAN QUEDADO EN LA KSLA DE Ca- 

' NARIA. — 7 DE JULIO DE ¡536. 

La Reina. — Nuestros Oficiales que residís 
en la cibdad de Sevilla en la (2asa de la Con- 
tratación de las Indias. — Jácome Suárez, en 
nombre de los armadores de la aimada que se 
hizo en la Coruña para la provincia del l^ío 
de la Plata, de que fué por capitán Diego 
García, me hizo relación que de aquella ar- 
mada quedaron en la isla de Canaria ciertos 
al um bies en poder de un Alvaro de A costa, 
regidor della, é que en esa cibdad se vendió 
una nao y el artillería della con todos sus 
aparejos y ciertos esclavos, y que lo que por 
que se vendió se depositó en un Diego Díaz, 
vecino desa dicha cibdad, por vuestro mandado, 
y me suplicó mandase que toda la dicha ha- 
cienda se entregase á nuestro fator y a él 
en nombre de los dichos armadores para que, 
averiguado lo que cabe á Nos y á cada uno de 
las dichas sus partes por el libro que diz que 
se hizo de la dicha armazón, lo repartiesen 
entre sí, descontando dello lo que se nos debe, 
20 



5o 2 



DIEGO garcía 



Ó como la mi merced fuese. Lo cual visto 
por los del nuestro Consejo de las Indias 
fué acordado que debía mandar dar esta mi 
cédula, por la cual vos mando que luego: 
veáis los susodicho y averigüéis lo que de la 
dicha hacienda cabe, ansí á Nos como á los 
dichos armadores, y entreguéis y hagáis entre- 
gar á cada uno de los que la hobieren de 
haber lo que le cupiere por su rata; é no fa- 
gades ende al. 

Fecha en Valladolid á siete días del mes de 
Jullio de mili é quinientos é treinta é seis 
años. — Yo LA Reina.— Refrendada y señalada 
de los dichos. 

Archivo de Indias, 140*2 3, libro IV, folio 122. 




índice 



Pííg-S. 



Dedicatoria 5 

I,— HoMONMMiA.— Dificultades que ocasiona la ho- 
monimia,tan frecuente en la historia de Amé- 
rica del sig-lo XVI. — Diego García de Villa- 
nueva, — Diego García de Celis. -- Diego 
García de Al, faro. —Diego García, un piloto 
portugués. — Diego García, maestre de nao. 
— Diego García de Trigueros 7 

II.— La PATRIA. —Opiniones de Herrera, Harrisse y 
otros acerca de la patria de Diego García de 
Moguer.— Silencio que sobre el particular 
guardan los documentos.— Falta de fuerza 
del argumento aducido por Madero respec- 
to al origen portugués de García.— Indicios 
que pueden derivarse de su nacionalidad 
considerados los lugares en que vivió.— 
Memorial de García al Consejo de Indias.— 
Examen de esta peiza i5 

III. —Con Díaz de Solís.— Objetivo del viaje de 
Díaz de Solis.— Parte éste de Sanlúcar y Gar- 
cía le acompaña en calidad de maestre de 
una de sus naves.— García pretende atri- 
buirse el honor de haber sido descubridor de 



304 DIEGO GARCÍA 



Págs. 
las ref,nones del Plata.- Discútese esta afir- 
mación suya.— Anticipase la posibilidad de 
que hubiera efectuado un viaje posterior al 
de Díaz de Solis y anterior al de 1627 (nota). 
Regreso de Garcia á España después de la 
muerte de Diaz de Solis. --Noticias sumarias 
de ese viaje.— Su arribo ¿i Sevilla.. 23 

IV.— Con Magallanes. — García se alista como 
marinero en la armada de Ma gal lañes.— 
Parece en efecto ser el mismo que en el rol 
de aquélla figura con el nombre de Diego 
García de Trigueros. — Dudas que se ofrecen 
al respecto.- Posibilidad de que Garcia ha- 
ya efectuado un segundo viaje al Río de la 
Plata en i52i.— Cítase un parecer de los 
Consejeros de Indias. — Carta del Embajador 
de España en Portugal.— Hechos que de ella 
se desprenden.— Imposibilidad de conciliar- 
ios si es verdad que Garcia se embarcó con 
Magallanes. — Incidencias del viaje de esa 
armada que atañen á García.- Su regreso á 
Sevilla después de dar la vuelta al mundo. 3i 

V. — Sus socios.— Garcia se translada ci la Corte.— 
Sus peticiones son desatendidas. — Nuevo 
memorial que pre^^enta al Consejo de Indias, 
que también queda sin providencia.— Busca 
socios y armadores para la empresa que 
proyecta al Río de la Plata.— El conde don 
Hernando de Andrade.— Cristóbal de Haro. 
— Algunas noticias suyas. -• Disquisición 
acerca de sus negocios en Flandes,y examen 
del alcance y significado de un célebre folle- 
to alemán que á él atañe, según se cree 
(nota) 47 



ÍNDICE 3o5 



PágS. 
VI.— La capitulación. — Licencia para el viaje pro- 
yectado.— CálculC) del costo de la armada. — 
Naves que la compondrían.— Cláusulas del 
contrato que atañen á (jarcia.— Carlos V 
préstale su aprobación.— Uoble carácter en 
que figura Cristóbal de Haro.— La capitu- 
lación real.— Examen de algunas de sus esti- 
pulaciones. — Curiosa anomalía que reviste. 
—Contradicción en que aparentemente se 
halla con la Relación de García. —Instruc- 
ciones que á éste se le dieron 67 

VIL— La PAin ida. —Porte de las naves.— Número 
de tripulantes.- Nombres de algunos de és- 
tos.— Fecha de la partida de García.- Error 
manifiesten que á este respecto encierra la 
1^elació?i de García.— Aún la del año está 
equivocada. — Antecedentes que comprue- 
ban este aserto 83 

VIIL— El. VIAJE.— Verdadera fecha de la partida. 
—Llegada á IdS Canarias.— Encuentro con 
una nave francesa. — Hábil conducta de Gar- 
da en su paso por los trópicos.— Navegación 
hasta el puerto de San Vicente.— Detalles 
acerca de ella (nota).— Encuentra allí á un 
bachiller portugués con sus yerní)s. — Uno 
de éstos era Gonzalo de Acosta. — Real cé- 
dula de que resulta el hecho (nota). —Cele- 
bra García con los portugueses establecidos 
en San Vicente un contrato de fletamento de 
esclavos. — Parte de allí llevando á bordo á 
Gonzalo de Acosta. — Llega al puerto y río 
de los Patos.— Nota acerca de su situación 
geográfica. —Surge García en la isla de las 
Piedras en el Rio de la Plata 9^ 



3o6 DIEGO garcía 



Págs. 

IX.— En el rí ) DE Soi.ís.— Llega Diego (3arcía de 
Mog-ueral Rio de la Plata.— Se avista con 
Antón de Grajeda. — Gomunicale éste las 
noticias que tenía de Caboto.— Regresa á 
donde estaban fondeadas sus naves y acuer- 
da despachar á San Vicente la «Santa María 
del Rosario». — Con las dos restantes remon- 
ta el río hasta, el puerto de San Salvador. — 
Su llegadc. á Sancti Spiritus. — Requeri- 
miento que haceá Gregorio Caro. —Continúa 
su marcha aguas arriba del Paraná. — En- 
cuéntrase con Caboto. — Incidencias que 
median entre ambos.— Resuelven bajar jun- 
tos á Sancti Spíritus iii 

X.— Con Caboto.— Partida repentina de Diego Gar- 
cía.— Celada que le tiende Caboto.— Ordenes 
que éste comunica á Grajeda.— Sale en se- 
guimiento de García.— Concierto celebrado 
entre ambos. — Despacho de emisarios á Es- 
paña. —Estancia en San Salvador. — Partida 
á Sancti Spíritus.— Caboto y García vuel- 
ven á remontar el Paraná.— Por las noticias 
que tienen de un levantamiento de los indios 
regresan al fuerte.— Nuevas que Francisco 
César trae acerca de las riquezas que había 
tierra adentro.— Origen probable del nombre 
del Río de la Plata.— Acuerdan en vista de 
esas noticias emprender una jornada al 
interior. — Con motivo de la pérdida de Sanc- 
ti Spíritus, García resuelve regresar á Es- 
paña 125 

XI.— Regreso á EspaíÑa.— García se hace á la vela 
desde el puerto de San Salvador.— Parte 
con sólo el galeón que le quedaba.— Detié- 
nese en la isla de las Piedras para hacer 



ÍNDICE 307 



Pág-s. 
provisión de carne de lobos.— Alcánzale 
Caboto en el puerto de los Patos. — Arriba 
t\ San Vicente. — Embarca allí cierto número 

de esclavos -Llegada á Sevilla 141 

XII.— Los ú[/nMOS AÑOS.— García procura vindi- 
carse acerca del ningún resultado de su 
viaje. — Información que se manda levantar 
locante á los indios que llevó á España. — 
Gestiones que instaura contra los armado- 
res de su expedición.— Solicita volver al 
Rio de la Plata. — Antecedente que demues- 
tra que Carlos V pensaba ocuparle.— Alar- 
ma que se suscita en la Corte respecto al 
paradero de García.— Alistase en la expe- 
dición de don Pedro de Mendoza.— Fallece 
en la isla de la Gomera.— Su testamento.— 
Triste situación en que queda su familia.— 
Dos últimas dudas respecto á la persona de 
García i53 



DOCUMENTOS 

I. — Memorial de Diego García en que se ofrece 
á ir á descubrir el Mar del Sur pasando por 
el Estrecho de Magallanes 171 

II.— Diego García solicita una ayuda de costa 174 

III.— Asiento que el Conde Je Andrade y Cristó- 
bal de Haro tomaron en nombre de Su Ma- 
jestad con Diego García.— 24 de Noviennbre 
de i525 175 

IV.— Capitulación que se tomó con el conde don 
Hernando de Andrade y Cristóbal de Haro 
para hacer varios descubrimientos.- 10 de 
Febrero de i526 182 



3o8 DIEGO GARCÍA 



PágS. 

V.— Copia de las instrucciones dadas á Diego 
Garcia, Juan de Sandoval y Gonzalo Her- 
nández Platero para el viaje que han de ha- 
cer al Rio de la Plata 190 

VI.— Relación y derrotero de Diego Garcia, que 
salió de la Coruña en i5 de de Enero de 
ID26, en el Mar Océano, é llegó en 27 (sic) 
al Rio Paraná, donde navegó muchas le- 
guas tierra adentro y encontró la armada 
de Sebastián Caboto. Describe las genera- 
ciones que habitan en las orillas deste rio é 
su riqueza. Añade que quince años antes 
había estado allí, é había descubierto aque- 
llas tierras, de donde traxo gran porción de 
plata 282 

VII. — Información hecha en Sevilla ante el Alcal- 
de ordinario á petición del capitán Diego 
Garcia, acerca de todo lo que le ocurrió en 
el Río de la Plata con el capitán general 
Sebastián Caboto.— 16 de Agosto de I^3o.... 247 

VIII.— Fragmentos de la información levantada en 
Sevilla para averiguar los indios que Diego 
Garcia y Sebastián Caboto habían llevado 
á España desde el Rio de la Plata. — 4 de 
Diciembre de i53o 268 

IX.— Real cédula para que se envíe á España cier- 
to depósito que Diego Garcia dejó en la 
Isla de la Gomera.— 19 de Agosto de i53o... 278 

X. — Real cédula á los Oficiales de la Casa de la 
Contratación ordenándoles que hagan de- 
sembargar ciertos esclavos de propiedad de 
Diego García.— 4 de Abril de i53i 280 

XI.— Real cédula á los dichos Oficiales, comple- 
mentaria de la precedente.— 22 de Julio de 
i53i 282 



INDICE 



309 



Págs. 

XII.— Solicitud de Dieg-o García al Consejo de 
Indias para que se le manden dagar las su- 
mas que había gastado en una armada de 
que había sido capitán. 283 

XIII. —Real cédula por la que se concede á Diego 
García una ayuda de costa de seis mil ma- 
ravedís.— 6 de Febrero de i532 286 

XIV.— Testamento de Diego García, é interroga- 
torio y sentencia del pleito seguido por par- 
te de la mujer é hijos de aquél con el 
defensor de los bienes de don Pedro de 
Mendoza 287 

XV.— Real cédula para que se liquidasen ciertas 
especies de la armada de Diego García que 
habían quedado en la isla de Canaria.— 7 
de Julio de i5:^6 3oi 




Acabóse de imprimir en casa del autor 

EL DÍA seis de NOVIEMBRE 
DEL AÑO DE MIL NOVECIENTOS OCHO. 



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DAY AND TO $1.00 ON THE SEVENTH DAY 
OVERDUE. 



JAN 3 1945 



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