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Full text of "Mañana de sol : paso de comedia"

Cbe iLíbrarp 
anítier^ítp of J13ottl) Carolina 




(En^"^*** ***• ^^^ sníñkctíc 



.TH4 



THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT CHAPEL HILL 




ENDOWED BY THE 
DIALECTIC AND PHILANTHROPIC 
_^ SOCIETIES 

BUILDING USE OH^f 

PQ6217 

vol. 18 
no. 1-17 



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1978 



197^ 







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SERAFÍN í JOAQUÍN ALVAREZ QUINTERO 



Mañana de sol 



PASO DE COMEDIA 






'SOCIEDAD DE AUTORES ESPA.NOLES 
Núñez de Balboa, 12 

ieo5 



MAÑANA DE SOL 



Esta obra os propiedad de sus autores, y nadie po- 
drá, sin su permiso, reimprimirla ui representarla 
en España ni en los paises con los cuales se hayan 
celebrado ó se celebren en adelante tratados interna- 
ciunalas de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho do traducción. 

Los comisionados y representantes de la Sociedad 
de Autores Españoles son los encargados exclusivamente 
de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



MAÑANA DE SOL 



PASO DE COMEDIA 



serafín y JOAQUÍN ALVAREZ QUINTERO 



Estrenado en el TEATEO LARA el 23 de Febrero de 1906 



■*■ 



MADRID 

R VELASCO, mr. UARQUIÍ8 I)E SANTA ANA, 11 DOP. 

TcleíoDo número btl 
■ 9 05 



a Doña í^albina "OaberHe 

insigne acíriz 
eu ieúiimouio de adm^t^Laetou u Simjiaitci, 

\.oJ ^ Guióles. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

DOÑA LAURA Sea. Valverde. 

PETRA Seta. Maetí. 

DON GONZALO , . Se. Rubio. 

JUANITO Cantalapiedb. 



"-fVv 


_^ÍSHM^^¿^!^^A 




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MAÑANA DE SOE 



Lugar apartado de un paseo público, en Madrid. Un banco á la iz- 
quierda del actor. Es una mañana de otoño templada y alegre. 



ESCENA PRIMERA 



DONA LAURA y PETRA 

(Salen por la derecha. Doña Laura es una viejecita setentona, muy 
pulcra, de cabellos muy blancos y manos muy finas y bien cuidadas. 
Aunque está en la edad de chochear, no chochea. Se apoj^a de una 
mano en una sombrilla, y de la otra en el brazo de Petra, su criada.) 



D.a Lau 



Petra 
D.a Lau, 



Petra 

D.a Lau. 

Petra 
D.a L^u 

Petra 
Da Lau 
Petra 



Ya llegamos... Gracias á Dios. Temí que me 
hubieran quitado el sitio. Hace una maña- 
nita tan templada... 
Pica el sol. 

A tí, c[ue tienes veinte años, (siéntase en ei 
banco.) ¡Ay!... Hoy me he cansado más que 

otros días. (Pausa. Observando á Petra, que parece 

impaciente.) Vete, si c[uieres, á charlar con tu 

guarda. 

Señora, el guarda no es mío; es del jardín. 

Es más tuyo que del jardín. Anda en su 

busca, pero no te alejes. 

Está allí esperándome. 

Diez minutos de conversación, y aquí en 

seguida. 

Bueno, señora. 

(Deteniéndola.) PerO CSCUcha. 

¿Qué quiere usted? 



D.a Lau. ¡Que te llevas las miguitas de pan! 
Petra Es verdad; ni sé dónde tengo la cabeza. 

D.a Lau. En la escarapela del guarda. 

Petra Tome usted. (Le da un cartucho de papel pequeñi- 

to, y se va por la izquierda.) 
D.* Lau. Anda con Dios. (Mirando hacia los árboles de la 

derecha.) Ya cstán llegando los tunantes. 
¡Cómo me han cogido la hora!... (se levanta, 

va hacia la derecha y arroja adentro, en tres puñaditos, 

las migas de pan.) Estas, para los más atrevi- 
dos... Estas, para los mas glotones.. Y éstas^ 
para los más granujas, que son los más chi- 
cos... Je... (vuelve á su banco y desde él observa 
complacida el festín de los pájaros.) PerO, hombre, 

que siempre has de bajar tú el primero... Por- 
que eres el mismo: te conozco. Cabeza gor- 
da, boqueras grandes... Igual á mi adminis- 
trador. Ya baja otro. Y otro. Ahora dos jun- 
tos. Ahora tres. Ese chico va á llegar hasta 
aquí. Bien; muy bien: aquél coge su miga 
y se va á una rama á comérsela. Es un filó- 
sofo. Pero ¡qué nube! ¿De dónde salen tan- 
tos? Se conoce que ha corrido la voz... Je, 
je... Gorrión habrá que venga desde la Guin- 
dalera, Je, je... Vaya, no pelearse, que hay 
para todos. Mañana traigo más. 



ESCENA II 

DOÑA LAURA, DON GONZALO y JUANITO 

(salen éstos por la izquierda del foro. Don Gonzalo es un viejo con- 
temporáneo de Doña Laura, un poco cascarrabias. Al andar arrastra 
los pies. Viene de mal temple, del brazo de Juanito, su criado.) 



D. GoN. Vagos, más que vagos... Más vaha que estu- 
vieran diciendo misa... 

JuA, Aquí se puede usted sentar: no hay más 

que una señora. 

(Doña Laura vuelve la cabeza y escucha el diálogo.) 

D. GoN. No me da la gana, Juanito. Yo quiero un 
banco solo. 



JuA ¡Si no lo hay I 

D. GoN. ;Es que aquél es mío! 

JuA. Pero si se han sentado tres curas... 

D. GoN. [Pues que se levanten!... ¿Se levantan, Jua- 
nito? 

JuA. ;Qué se han de levantar! Allí están de charla. 

D. GoN. Como si los hubieran pegado al banco. No; 
si cuando los curas cogen un sitio... ¡cual- 
quiera los echa! Ven por aquí, .Juanito, ven 

por aquí. (Se encamina hacia la derecha resuelta-- 
mente. Juanito lo sigue.) 

D.íi Lau. (indignada.) ¡Hombre de Dios! 

D. GoN (volviéndose.) ¿Es á mí? 

D.^ Lau. Sí, señor; ;i usted. 

D. GoN. ¿Qué pasa? 

D.a Lau. ¡Que me ha espantado usted los gorriones, 
que estaban comiendo miguitas de pan! 

D. GoN. ¿Y yo qué tengo que ver con los gorriones? 

D.a Lau . ¡Tengo yo! 

D. GoN. ¡El paseo es público! 

D.a Lau. Entonces no se queje usted de que le qui- 
ten el asiento lo^ curas. 

D. GoN. Señora, no estamos presentado?. Xo sé por 
qué se toma usted la libertad de dirigirme 
]a palabra. Sigúeme, Juanito. (se van ios dos 

por la derecha.) 

D.a Lau. ¡El demonio del viejo! Xo hay como llegar 
á cierta edad para ponerse impertinente, 
(pausa.) Me alegro; le han quitado aquel ban- 
co también. ¡Anda! para que me espante 
los pajaritos. Está furioso... Sí, sí; busca, 
busca. Como no te sientes en el sombrero... 
¡Pobrecillo! Se limpia el sudor... Ya viene, 
ya viene... Con los pies levanta más polvo 
que un coche. 

D. GoN. (saliendo por donde se fué y encaminándose á la iz- 
quierda.) ¿Se habrán ido los curas. Juanito? 
JüA. Xo sueñe ustsd con eso. señor. Allí siguen. 

i). GoN. ¡Por vida...! (Mirando á todas partes perplejo ) Este 

Ayuntamiento, que no pone más bancos 
para estas mañanas de sol... Xada, que me 
tengo que conformar con el de la vieja. (Re- 
funfuñando, siéntase al otro extremo que doña Laura > 
y la mira con indignación.) BuenOS díaS. 



— 10 — 

D.a Lau. ¡Hola! ¿Usted por aquí? 

D. GoN. insisto en que no estamos presentados. 

D.a Lau. Como me saluda usted, le contesto. 

D. GoN. A los buenos días se contesta con los buenos 

días, que es lo que ha debido usted hacer. 
D.a Lau. También usted ha debido pedirme permiso 

para sentarse en este banco, que es mío. 
D. GoN. Aquí no hay bancos de nadie. 
D.a Lau. Pues usted decía que el de los curas era 

suyo. 
D. GoN. Bueno, bueno, bueno... se concluyó. (Entre 

dientes.) Vieja chocha... Podía estar haciendo 

calceta... 

Xo gruña usted, porque no me voy. 

(sacudiéndose las botas con el pañuelo.) SÍ regaran 

un poco más, tampoco perderíamos nada. 
Ocurrencia es: limpiarse hs botas con el pa- 
ñuelo de la nariz. 
¿Eh? 

¿Se sonará usted con un cepillo? 
¿Eh? Pero señora, ¿con qué derecho...? 
Con el de vecindad. 

(cortando por lo sano.) Mira, Juanito, dame el 
libro; que no tengo ganas de oír más ton- 
teras. 

Es usted muy amable. 
Si no fuera usted tan entrometida... 
Tengo el defecto de decir todo lo que pienso. 
Y el de hablar más de lo que conviene. 
Dame el libro, Juanito. 

JUA. Vaya, señor, (saca del bolsillo un libro y se lo en- 

trega. Paseando luego por el foro^ se aleja hacia la 
derecha y desaparece.) 

ESCENA III 

DOÑA LaUKA y DON GONZALO 

(Este último, mirando á doña Laura siempre con rabia, se pone unas 

gafas prehistóricas, saca una gran lente, y con el auxilio de toda esa 

cristalería se dispone á leer) 

D.íi Lau. Creí que iba usted á sacar ahora un teles- 
copio. 



D. 


a Lau. 


D. 


GoN. 


D. 


a Lau. 


D. 


GON. 


D. 


a Lau. 


D. 


GoN. 


D. 


a Lau. 


D. 


GON. 


D. 


a Lau. 


D. 


GON. 


D. 


a L\U. 


D. 


GoN. 



11 " 



D. GoN. 
D.a La.l 
D. GoN. 
D.a Lau, 
D. GoN. 

D.íi Lau 
D. GoN. 
D.H Lau 
D. GoN. 



¡Oiga usted! 

Debe usted de tener muy buena vista. 

Como cuatro veces mejor que usted. 

Ya, ya se conoce. 

Algunas liebres y algunas perdices lo pudie 



ran atestiguar. 

¿Es usted cazador? 

Lo he sido... Y aún... aún... 

¿Ah, sí? 

Sí, señora. Todos los domingos, ¿^abe usted'? 

cojo mi escopeta y mi perro, ¿sabe usted? y 

me voy á una finca de mi propiedad, cerca 

de Aravaca. . A matar el tiempo, ¿sabe 

usted? 
D.a Lau. ISÍ; como no mat-e usted el tiempo. . ¡lo que 

es otra cosa! 
D. GoN. ¿Conque no? Ya le enseñaría yo á usted una 

cabeza de jabalí que tengo en mi despacho. 
D a Lau . ¡Toma! y yo á usted una piel de tigre que 

tengo en mi sala. ¡Vaya un argumento! 
D. GoN. Bien está, señora. Déjeme usted leer. No 

estoy por darle á usted más palique. 
D.^ Lau. Pues con callar, hace usted su gusto. 

D. GoN. Antes voy á tomar un polvitO. (¡^aca una caja 

de rapé ) De csto SÍ le doy. ¿Quiere usted? 

D.a Lau. Según. ¿Es fino? 

D. GoN. No lo hay mejor. Le agradará. 

D.a Lau . A mí me descarga mucho la cabeza. 

D. GoN. Y á mí. 

D.a Lau . ¿Usted estornuda? 

D. GoN. Sí, señora: tres veces. 

D.^Lau. Hombre, y yo otras tres: ¡qué casuaUdad! 

(Después de tomar cada uno su polvito, aguardan los 
estornudos haciendo visajes, y estornudan alternati- 
vamente.) 

D.a Lau. ¡Ah... chisi 

D. Gon. ¡Ah .. chis! 

D.a Lau. ¡Ah. . chis! 

D. GoN. ¡Ah... chis! 

D.a Lau. ¡Ah.. chis! 

D. GoN. ¡Ah... chis! 

D.a Lau. ¡Jesús! 

D. Gon. Gracias. Buen provechito. 

D.a Lau . Igualmente. (Nos ha reconciliado el rapé.) 



— 12 - 

D. GoN. xA.hora me va usted á dispensar que lea en 

voz alta. 
D.a Lau. Lea usted como guste: no me incomoda. 

D. GON. (Leyendo.) 

lodo en amor es triste; 
mas, triste y todo, es lo mejor que existe. 
De Campoamor; es de Campoamor. 
D.aLAU. ¡Ah! 

D. GoN. (Leyendo.) 

Las niñas de las madres que amé tanto, 
me besan ya como se besa á un santo. 
Estas son humoradas. 

D.a Lau . Humoradas, fí. 

D. GoN. Prefiero las doloras. 

D.a Lau. Y yo. 

D. GoN. También hay algunas en este temo. (Busca 
las doloras y lee.) Escuche usted ésta: 
Pasan veinte años: vuelve él... 

D.a L^^u. No sé qué me da verlo á usted leer con tan- 
tos cristales... 

D. GoN. ^;Pero es que usted, por ventura, lee sin 
gafas? 

D.aLAU. ¡Claro! 

D. GoN. ¿A su edad? .. Me permito dudarlo. 

D,a Lau. Déme usted el libro, (lo toma de mano de don 
Gonzalo, y lee:) 

Pasan veinte años: vuelve él, 
y al verse, exclaman él y ella: 
(—¡Santo Dios! ¿y éste es aquél?...) 
(—¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla?..) 

(Le devuelve el libro.) 

D. GoN. En efecto: tiene usted una vista envidiable. 

D.a Lau (¡Como que me sé los versos de memoria!) 

D. GoN. Yo soy muy aficionado á los buenos ver- 
sos... iMucho. Y hasta los compuse en mi 
mocedad. 

D.a Lau . ¿Buenos? 

D. GoN. De te do había. Ful amigo de Espronceda, 
de Zorrilla, de Becquer... A Zorrilla lo cono- 
cí en América. 

D.a Lau. ¿Ha estado usted en América? 

D. GoN. Varias veces. La primera vez fui de seis 
años. 

D.a Lau. ¿Lo llevaría á usted Colón en una carabela? 



- 13 — 

D. GoN. ÍRiéndose.) No taiito, no tanto... Viejo soy, 
pero no conocí á los Reyes Católicos... 

D.íi Lau. Je, je... 

D. GoN. También fui gran amigo de éste: de Campo- 
amor. En Valencia nos conocimos... Yo soy 
valenciano. 

D.a Lau . ¿Sí? 

D. GoN. Allí me crié; allí pasé mi primera juven- 
tud... ¿Conoce usted aquéllo? 

D t^ Lau. Sí, señor ^Cercana cá Valencia, á dos ó tres 
leguas de camino, había una finca que si 
aún existe se acordará de mí. Pasé en ella 
algunas temporadas. De esto hace muchos 
años; muchos. Kstaba próxima al mar, ocul- 
ta entre naranjos y limoneros... Le decían... 
¿cómo le decían?... Maricela. 

D. GoN. ¿Mar i cela f 

D.a Lau . Maricela. ¿Le suena á usted el nomb^-e? 

D. GoN. ¡Ya lo creo! Como que si yo do estoy tras- 
cordado—con los años Stí va la cabeza, — allí 
vivió la mujer más preciosa que nunca he 
visto. ¡Y ya he visto algunas en mi vida!... 
Deje usted, deje usted... Su nombre era 
Laura. El apellido no lo recuerdo... (naciendo 
memoria) Laura... Laura... ¡Laura Llorenteí 

D.a Lau. Laura Llórente... 

D. GoN. ¿Qué? (Se miran con atracción misteriosa.) 

D.a Lau. Nada... Me está usted recordando á mi me- 
jor amiga. 

D. GoN. ¡Es casualidad! 

D.a Lau Sí que es peregrina casualidad. La Xiña de 
Flata. 

D. GoN. La Xiña ele Plata... Así le decían los huerta- 
nos y los pescadores. ¿Querrá usted creer 
que la veo ahora mismo, como si la tuviera 
presente, en aquella ventana de las campa- 
nillas azules?... ¿Se acuerda usted de aque- 
lla ventana?... 

D.a Lau . Me acuerdo. Era la de su cuarto. Me acuerdo^ 

D. GoN. En ella se pasaba horas enteras.. En mis 
tiempos, digo. 

D.a Lau. (suspirando.) Y en los míos también. 

D. GoN. Era ideal, ideal... Blanca como la nieve. . 
Los cabellos muy negros... Los ojos muy 



— u — 

negros y muy dulces. . De su frente parecía 
que brotaba luz... Su cuerpo era fino, esbel- 
to, de curvas muy suaves... 

¡Qué formas de belleza soberana 
modela Dios en la escultura humana! 
Era un sueño, era un sueño... 
D.a Lau. (¡Si supieras que la tienes al lado, ya verías 
lo que los sueños valen!) Yo la quise de ve- 
ras, muy de veras. Fué muy desgraciada. 
Tuvo unos amores muy tristes. 

D. GON. Muy tristes. (Se miran de nuevo.) 

D.a Lau. .-Usted lo sabe? 

D. GoN. Sí. 

D.a Lau. (¡Qué cosas hace Dios! Este hombre es 
aquél.) 

D GoN. ÍTecisamente el enamorado galán, si es que 
nos referiinos los dos al Qiismo caso... 

D.a Lau . ¿Al del duelo? 

D. GoN. Justo: al del duelo. El enamorado galán 
era... era un pariente mío, un muchacho de 
toda mi predilección. 

D.a Lau. Ya, vamos, ya. Un pariente... A mí me con 
tó ella en una de sus últimas cartas, la his- 
toria de aquellos amores, verdaderamente 
románticos. 

D. GoN. Platónicos. No se hablaron nunca. 

D.'i Lau. El, su pariente de usted, pasaba todas las 
mañanas á caballo por la veredilla de los 
rosales, y arrojaba á la ventana un ramo de 
flores, que ella cogía 

D. GoN. Y luego, á la tarde, volvía á pasar el gallar- 
do jinete, y recogía un ramo de flores que 
ella le echaba. ¿No es esto? 

D.a Lau . Eso es. A ella querían casarla con un co- 
merciante... un cualquiera, sin más títulos 
que el de enamorado. 

D. GoN. Y una noche que mi pariente rondaba la 
finca para oiría cantar, se presentó de víj^- 
proviso aquel hombre. 

D a Lau. Y le provocó. 

D. GoN. Y se enzarzaron. 

D.a Lau . Y hubo desafío. 

D. GoN. ,Al amanecer: en la playa. Y allí se quedó 
malamente herido el provocador. Mi pa- 



— lo- 
ríente tuvo que esconderse prímero, y luego 
que huir. 

D.a Lau. Conoce usted al dedillo la historía. 

D. GoN. Y usted también. 

D.í^ Lau . Ya le he dicho á usted Cjue ella me la contó. 

D GoN. Y mi paríente á mí... (Esta mujer es Lau- 



ra... ¡Qué cosas hace Dios 

D.íi Lau. (No sospecha quién soy: ¿para qué decírse- 
lo? Que conserve aquella ilusión...) 

D. GoN. (No presume que habla con el galán... ¿Qué 
ha de presumirlo?... Callaré.) (pausa.) 

D.a Lau. ¿Y fué usted, acaso, quien le aconsejó á su 
pariente que no volviera á pensar en Laura? 
(i Anda con esa!) 

D. GoN. ¿Yo? ¡Pero si mi pariente no la olvidó un 
segundo! 

D.a Lau. Pues ¿cómo se explica su conducta? 

D. GoxN. ¿Usted sabe?.. Mire usted, señora: el mu- 
chacho se refugió primero en mi casa — te- 
meroso de las consecuencias del duelo con 
aquel hombre, muy querido allá; — luego se 
trasladó á Sevilla; después vino á Madrid... 
Le escribió á Laura ¡qué sé yo el número de 
cartas! — algunas en verso, me consta... — 
Pero sin duda las debieron de interceptar 
los padres de ella, porque Laura no contes- 
tó... Gonzalo, entonces, desesperado, des- 
engañado, se incorporó al ejército de África, 
y allí, en una trinchera, encontró la muerte, 
abrazado á la bandera española y repitien- 
do el nombre de su amor: Laura... Laura... 
Laura... 

D.a Lau. (¡Qué embustero!) 

D. GoN. (No me he podido matar de un modo más 
gallardo ) 

D.a Lau . ¿Sentiría usted á par del alma esa desgracia? 

D. GoN. Igual que si se tratase de mi persona. En 
cambio, la ingrata, quién sabe si estaría á 
los dos meses cazando mariposas en su jar- 
dín, indiferente á todo... 

D.a Lau. Ah, no, señor; no, señor... 

D. GoN. Pues es condición de mujeres... 

D.a Lau. Pues aunque sea condición de mujeres, la 
Niña de Plata no era así. Mi amiga esperó 



- 16 -- 

noticias un día, y otro, y otro... y nn mes. y 
un año... y la carta no llegaba nunca. Una 
tarde, á la puesta del sol, con el primer lu- 
cero de la noche, se la vio salir resuelta ca- 
mino de la playa... de aquella playa donde 
el predilecto de su corazón se jugó la vida. 
Escribió su nombre en la arena — el nombre 
de él, — ^y se sentó luego en una roca, fija la 
mirada en el horizonte... Las olas murmura- 
ban su monólogo eterno... é iban poco á poco 
cubriendo la roca en que estaba la niña. . 
;,Quiere usted saber más?... Acabó de subir 
la marea .. y la arrastró consigo... 

D. GoN. ¡.Jesúsl 

D.a Lau. Cuentan los pescadores de la playa, que en 
mucho tiempo no pudieron borrar las olas 
aquel nombre escrito en la arena. (¡A mi no 
me ganas tú á finales poéticos!) 

D. GoN. (¡Miente mí^s que yo!) (Pausa.) 

D.a Lau. ¡Pobre Laura' 

D. GoN. ¡Pobre Gonzalo! 

D.a Laü. (¡Yo no le digo que á los dos años me casé 
con un fabricante de cervezas!) 

D. GoN. (¡Yo no le digo que á los tres meses me lar- 
gué á París con una bailarina!) 

D.a Lau. Pero ^;ba visto usted cómo nos ha unido la 
casualidad, y cómo una aventura añeja ha 
hecho que hablemos Jo mismo que si fuéra- 
mos anjigos antiguos? 

D. GoN. Y eso que empezamos riñendo. 

D.a Lau. Porque usted me espantó los gorriones. 

D. GoN. Venía muy mal templado. 

D.a Lau Ya, ya lo vi. ¿Va nsted á volver mañana? 

D. GoN. Si hace sol, desde luego. Y no sólo no espan- 
taré los gorriones, sino que también les trae- 
ré miguitas... 

D.a Lau. Muchas gracias, señor... Son buena gente; ee 
lo merecen todo. Por cierto que no sé dónde 
anda mi chica... (se levanta.) ¿Qué hora será 
ya? 

D. GoN. (Levantándose.) Cerca de las doce. También ese 

bribón de JuanitO... (Va hacia la derecha.) 
D.a Lau. (Desde la izquierda del foro, mirando hacia dentro.) 
Allí la diviso con su guarda... (Hace señas con 
la mano para que se acerque.) 



D; 


a Lau 


D. 


GON. 


D. 


íi Lau. 



- 17 — 
D. GON. (Contemplando, mientras, á la señora.) (No... 110 me 

descubro... Estoy hecho un mamarracho tan 
grande... Que recuerde siempre al mozo que 
pasaba al galope y le echaba las flores a la 
ventana de las campanillas azules ..) 
¡Qué trabajo le ha costado despedirse! Ya 
viene. 

Juanito, en cambio... ^;Dónde estará Juanito? 
Se habrá engolfado con alguna niñera. (Mi- 
rando hacia la derecha primero, y haciendo señas como 

doña Laura después.) Diablo de muchacho... 

(contemplando al viejo.) (^No... nO me deSCUbrO... 

Estoy hecha una estantigua... Vale más que 
recuerde siempre á la niña de los ojos ne- 
gros, que le arrojaba las flores cuando él pa- 
saba por la veredilla de los rosales...) 



ESCENA ULTIMA 

DICHOS, PETRA y JUANITO 

(E1 uno sale por la derecha y la otra por la izquierda. Petra trae un 
manojo de violetas.) 

D.a Laü. Vamos, mujer; creí que no llegabas nunca. 
D. GoN . Pero, -Juanito, ¡por DiosI que son las tantas. . 
Petra Estas violetas me ha dado mi novio para 

usted. 
D.^ Lau. Mira qué fino. . Las agradezco mucho... (ai 

cogerlas se le caen dos ó tres al suelo.) Soil muy 

hermosas... 
D. GoN. (Despidiéndose.) Pucs, señora iTiía, yo he tenido 

im honor muy grande., un placer inmenso... 
D.a Lau . (lo mismo.) Y yo una verdadera satisfacción. . 
D. GoN . ¿Hasta mañana? 
D.^ Lau. Hasta maiiana. 
D. GoN. 8i hace sol... 

D.8 Lau. íái hace sol... ¿Irá usted á su banco? 
D. GoN . No, señora; que vendré á éste. 
D.a Lau. Este banco es muy de usted, (se ríen.) 
I). GoN . Y repito que traeré miga para los gorriones .. 

(vuelven á reirse.) 

D.íi Lau. Hasta mañana. 



— 18 — 
D. GoN. Hasta mañana. 

(Doña Laura se encamina eou Petra hacia la derecha. 
Don Gonzalo, antes de irse con Juanito hacia la izquier 
da, tembloroso y con gran esfuerzo se agacha á coger 
las violetas caldas. Doña Laura vuelve naturalmente el 
rostro y lo ve.) 

JuA. ^:Qué hace usted, señor? 

D. GoN. Espera, hombre, espera... 
D.*^ Lau. íNo me cabe duda: es él...) 

D. GoN . (Estoy en lo firme: es ella...) 

(Después de hacerse un nuevo saludo de despedida.) 

D.a Lau. (¡Santo Dios! ¿j éste es aquélV...) 

D. GoN. (¡Dios mío! ¿y ésta es aquélla?...) 

(Se van, apoyado cada uno en el brazo de su servidor 
y volviendo la cara sonrientes, como si él pasara por 
la veredilla de los rosales y ella estuviera en la venta- 
na de las campanillas azules.) 



FIN 



Madrid, Febrero. 1905 



Advertencia importante.— Las empresas que pongan 
en escena esta obra, pagarán por derechos de propiedad 
la mitad de los correspondientes á una pieza en un 
acto. 



OBRAS DE íiOS 1VIIS|«0S AUTORES 



Esgrima y amor, juguete cómico. ('2.a edición.) 

Belén, 12, j^rincipal, juguete cómico. 

Güito, juguete cómico-lírico. (2.a edición.) 

La media naranja, juguete cómico. (2.* edición.) 

El tí') de la flauta, juguete cómico. (2.^ edición.) 

El ojito derecho, entremés. (8.a edición.) 

La reja, comedia en un acto. (3.a edición.) 

La buena sombra, saínete en tres cuadros, con música. (5.a edi- 
ción.) 

El peregrino, zarzuela cómica en un acto. 

La vida íntima, comedia en dos actos. (3.a edición.) 

Los borrachos, saínete en cuatro cuadros, con música. (2.a edi- 
ción.) 

El chiquillo, entremés. (4.a edición.) 

Las casas de cartón, juguete cómico. 

El traje de luces, saínete en tres cuadros, con música. 

El patio, comedia en dos actos. (3.» edición ) 

El motete, entremés con música (2.a edición ) 

El estreno, zarzuela cómica en tres cuadros. 

Los Galeotes, comedia en cuatro aclos. (3.a edición.) 

La 2')em, drama en dos cuadros. 

La azotea, comedia en un acto. 

El género ínfimo, pasillo con música. 

El nido, comedia en dos actos. (2. edición.) 

Las flores, comedia en tres actos. 

Los piropos, entremés. 

El flechazo, entremés. 

El amor en el teatro, capricho literario en cinco cuadros, pró- 
logo y epílogo. 

Abanicos y panderetas ó ¡A Sevilla en el botijo! humorada sa- 
tírica en tres cuadros, con música. 

La dicha ajena, comedia en tres actos y un prólogo. 

Pejñta Reyes, cimedia en dos actos. 

Los meritorios, pasillo. 

/ a zahori, entremés. 

La reina mora, «jainete en tr-s cuadros, con música. 

Zaragatas, saínete en dos cuadros. 

La zagala, comedia en cuatro actos. 

La contraía, ajiropó^ito. 

El nmor que pasa, comedia en dos actos. 

Eí mal de amorís, ^ainete con mn.sica. 

El nuevo servidor, humorada. 

Mañana de sol, paso de comedia. 



I 



Precio: UNA peseta 



Todo ejemplar que no lleve el sello de la Sociedad de Autores Españoles, 
sera considerado como fraudulento. 



RARE BOOK 
COLLECTION 




THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 

AT 

CHAPEE HILE 



PQ6217 
.T44 
V.18 
1-17 



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