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Full text of "Mariucha : comedia en cinco actos"

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43 7na 



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J, 




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MARILlGHA 



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- .^•■^** 



Ee propiedad. Queda hecho 
el depóiito que marca la ley. 
Serán fartÍToe loi ejempla- 
res que no lleyen el eello del 
aator. 






í - 



B. PÉREZ GALDÓS 



MARIUGHA 



COMEDIA ES CINCO ACTOS 



Estrenada en el Teatro Eldorado da Barcelona 
el 16 de Julio de 1903 




OBRAS DE PÉREZ GALDÓS 
10O6 



201555 

EST. TIP. DE LA VIUDA É HIJO» DE TELLO 

mPKKSOR DR CÁMARA DP. S. M. 
Carrara da San Francisco, 4^. 



» • 



f 

í 

J 



PERSONAJES 

Maria Sra. Guerrero. 

Filomena, Marquesa de Al- 
to-Rey. ..•••.••". Srta. Cancio. 

Vicenta Pulido, alcaldesa.. Srta. Villar. 

Teodolinda, viada america- 
na, millonaria «...••••..• Sra. M jrlí oez. 

Cirila, criada Sra. Bueno. 

Menga, jovenzuela, vende- 
dora en la phza Srta. Blanco. 

fleftora de González Sra. Segura. 

Señorita. • • Srta. Torres. 

Ídem ,.. Srta. Villar (D.) 

IjOÓn Sr. Díaz de Mendoza 

(D. F.) 

ü. Pedro de Guzman, Mar- 
qués de Alto-Rey y de San 

Esteban de Gormaz Sr, Medrano. 

Cesáreo, su hijo Sr. Dí^z de Mendoza 

(D. M.) 

Don Rafael, cura párroco.. Sr. Cirera. 

Corral, plebeyo enrique- 
cido. Sr. Guerrero. 

m Alealde de Agramante. • Sr. Juste. 

BI Pocho, mayoral y alqui- 
lador de coches Sr. Urquijo. 

Bravo, juez municipal Sr. Soriano Viozca. 

Roldan, contratista Sr. Manrique Gil. 



Villa do Agramante 1903. 



it 

I 



Esta obra es propiedad de sa autor, y nadie sin sa 
permiso podrá traducirla, ni reimprimirla, en Espa- 
ña, ni en ninguno de los países con los cuales se haya 
celebrado ó se celebren tratados internacionales de 
propiedad literaria. 

Los Comisionados de la Sociedad de Autores Espa* 
ñoles son los encargados exclasivamente de conceder 
ó negar el permiso de representación, como tambiéa 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



í 



íl 



4 • . 






ACTO PRIMERO 

Sala CD el palacio de Alto-Rey. El soberbio arlesona- 
do es el único vestigio de la antigua magnificencia. 
Las paredes desnudas; el mueblaje moderno, poco 
elegante; algunas piezas, ordinarias. Puerta al fondo 
y á la derecha. A la izquierda, ventana ó balcón. 
Cerca de éste una mesa de escribir. A la derecha^ 
Billón de respeto, sillas. Es dedía. 

ESCENA PUIMERA 

CIRILA, arreglando y limpiando los maables; CORRAL. EL PO- 
CHO', que entran por el fondo. Corral viste con afectación y mal 
coato, ostentando brillantes gordos en la pechera, cadena de re- 
loj muy llámatiTa y sortijas con piedras de valor. 

POCHO 

¿Dan su permiso? 

CIRILA 

Adelante. 

CORRAL 

¿No han vuelto de misa los señores? 



J i i 



• • • 

• • • 



. • • * 

. . '' CIRILA 



» * 






« • 



No tardjirán. (Displicente.) I Vaya, otra ▼« 
aquí'ei^fDS moscones! 

.. ' POCHO 

»- < 

*•• Dtra vez, y cien más, hasta que... 

CORRAL 

Perdone la señora Cirila, yo no vengo á 
cobrar. 

CIRILA 

Viene á fisgonear, que es peor, y á meter 
sus narices en las interioridades de la casa... 

CORRAL 

Ea, no despotrique, señora. 

CIRILA 

(Apurte.) ¡Farsante! 

POCHO 

Yo no hago papeles. Vengo por el aquél 

de mi propio derecho. (Saca un papel y lo mues- 
tra.) El Sr. D. Pedro de Guzman, Marqués 
de Alto-Rey y de San Esteban de Gormaz, 
es en deber á Francisco Muela, apodado JEÍ 
Pocho, la cantidad de... 



^ CIRILA 

Basta. 

POCHO 

Por cuatro servicios de coche... 

CIRILA. 

¡Agobiar al señor por tal porquería!... 

CORRAL 

Ya cobrarás, Pocho. (Dando largas.) Ten pa- 
ciencia... 

POCHO 

¡Paciencia!... que es como decir hambre. 

CIRILA 
. (I acomodada, señala udoles la puerta.) Hagan el 

fjivor... Tengo que hacer... 

POCHO 

Yo espero al señor. 

CORRAL 

Dos preguntas no más, señora Cirila, y 
perdone. Aún no hace un mes que estos se- 
ñores Marqueses vinieron acá de Madrid 



40 

huyendo de la quema. ¿Es cierto que se en- 
cuentran ya en situación tan precaria que...? 



CIRILA 

Para nadie es un secreto que los que ayer 
fueron poderosos hoy no lo son. 

GORR.Ui 

Sí: ya saben hasta los perros de la calle 
que la casa de Alto-Rey es casa concluida. 
Hace más de veinte años que viene cayendo, 
cayendo, y por fln... (Con afectada pena.) ¡Las 
volteretas que da este mundo loco!... En la 
villa se dice que los señores Marqueses han 
llegado á carecer hasta de lo más preciso 
para la manutención. 

POCHO 

Y que se ven y se desean para poner ua 
puchero. 

CIRILA 

¡Eh... habladurías! 

CORRAL 
(Qaeríeodo ¡nteroarse por la derecha.) Déjeme, 

déjeme ir á la cocina á ver qué es lo que 
guisan. 



;..*• 



«i 

CIRILA 

(DetenióDdole.) Alto ahí... ¡Qué desver- 
güenza! 

POCHO 

¡Si ni tan siquiera tendrán lumbre! 

CORRAL 

Hay que ver... 

POCHO 

(Por Cirila.) ¡Cómo les tapa la miseria! Esta 
no les abandona en la desgracia. 

CORRAL 

Eso es nobleza. 

CIÍ^ILA 

Gratitud. Les quiero... 

OORRAL 

Particularmente á la señorita María. 

CIRILA 

¡Mi niña del alma! Yo la crié; la he servi- 
do desde que vino al mundo. Más que cari- 
ño, por ella tengo adoración. 



48 



POCHO 



Y qué re- bonita, y qué re-maja, y qué re- 
salerosa es la niña, ¡Cristo con ella! No le 
faltará un ricacho que la saque de pobre. 
Anímese, don Faustino... Usted rico, usted 
el más elegante caballero de nuestra villa... 
jQué mejor proporción...! 

CORRAL 

(Pavoneándose.) Verdaderamente, no es uno 
saco de paja... De menos nos hizo Dios. 

POCHO 

Pues si yo fuera don Faustino del Corral, 
cualquiera me quitaba á mí esa niña, ¡Cris- 
to con todos! Si tuviera yo esos diamantes 
en la pechera, esa cadena de reloj y esos 
anillos refulgentes, y lo que hay en casa, 
¡Cristo conmigo! los dinerales que diz que 
tenemos en el Banco, ¿eh?... aguardando co- 
locación... 

CORRAL 

No es tanto, Pocho. Algo se ha trabajado 
y no falta para unas sopas, (a Cirila.) Ahora, 
la última pregunta si usted no se incomoda. 



43 

CIRILA. 

Diga. 

CORRAL 

¿Es cierto que el propietario de este pala- 
elote de Alto-Rey lo cede gratuitamente ¿l 
los señores Marqueses? 

CIRILA 

Así lo entiendo. 

POCHO 

¡Y lu^o dicen...! ¡Vaya, que estos noble» 
tronados siempre caen de pie! Vendió el 
Marqués este caserón hace diez años por uu 
pedazo de pan... 

CORRAL 

¿Hase visto mayor locura? Si hubiera es*- 
tado yo en Agramante, no se me escapa esa 
ganguita... Compró la casa el sastre Diego Ló- 
pez, que ha sacado ya triple del eoste con el 
producto de las estancias bajas y altas que 
tiene alquiladas. Y ahora, el hombre puede 
permití]^ un rasgo: cede al Marqués las 
habitaciones mejores... 



u 

CIRILA 
(Qae ha mirado por el foado.) LoS seftores 

Tienen. 

-CORRAL 

(Aparte al Pocho.) Ten comedimiento, Pocho. 
Hazte cargo de la pobreza. . . 

POCHO 

¿Pues y la mía? ¡Cristo con...! (Corral le 

maada callar. Se apartan á la izquierda.) 

ESCRNA II . 

Los miamos; DON PEDRO, cabizbajo: detiénoEe en U puett» 
eomo esperando á alguien. Conserva en sa miseria la nobleza de 
la figura. El traje, aunque revelando bastante uso, es de corte j 
telas elegantes. Aende Cirila á recogerle el abrigo y sombrero. 

CIRILA 

¿Y la señora Marquesa? 

DON PEDRO 

Detrás viene con María y el señor Cura. \ 

(Entra despacio, abstraído.) ¿Qué... hay visitas? 

. CORRAL 

(Oficioso.) Señor Marqués, ¿cómo va ese- 
valor? 



15 



DON PEDRO 
Tirando, amigó, tirando... (Sobresaltado, ai 

ver al Pocho.) ¡Otra vez este maldito Pocho! 

CIRILA 

¡Desdichado señor!... ¡A lo que h \ liba- 
do! (Vase por la derecha.) 

POCHO 

Vuecencia me dijo que hoy... 

DON PEDRO 
(CoQ arrebato de cólera, bastón en mano.) Dije á 

usted que le avisaría. . . 

POCHO 

Perdone vuecencia... pero... 

DON PEDRO 

Es mucho molestar... ¡Es grande imper- 
tinencia...! ' 

• PO"iHO 

Necesidad, seílpr. Soy un pobre. 

JORRAL 

Paciencia, Pocho. Puedes volver... 



16 



DON PEDRO 

Cuando se le avise... Espere... (se sienta ea 

el sUlóD.) 

POCHO 

(Con entereza.) Podré alimentarme de tron- 
chos de berza, de cortezas de chopo; pero no 
de las buenas palabras de vuecencia. Pa- 
gúeme, 6 de aquí me voy al Juzgado muni- 
cipal ... 

CORRAL 

¡Pocho...! 

DON PEDRO 

(Variando de tono ante la amenaza.) ¡Qué injus- 
ta desconfianza!... Pocho, venga usted aquí. 

(Llamándole, cariñoso^ Mi buen amigo... (Le 

toma la mano.) ¿Cómo puede dudar...? 

POCHO 

No es duda, es pobreza. 

DON PEDRO 
(Dolorido, con afectada mansedumbre.) Vaya, 

vaya, sosiégúese el buen Pocho. (Dándole pair 



i7 

maditas en la maiio.) Y no dude qüeiCon el pago, 
tendrá una buena gratificación... Es muy 

justo. (Bnirau por el fon lo Filtfnieiia y don hjítieX.) 

POCHO 

Yo cedo á vuecencia la propina di hoy 
mismo... 

DON RAFAEL 

¡Pocho*..! (Goo UQ castañeteo de lengua como el 
que se asa para echar á los perros, le despide seña* 
lindóle la puerta.) 

POCHO 

Ya, ya... (Por d. Pedro.) ¡Cristo con él, con 
su madre y con toda su casta! (Vase r¿pida- 

meote.) 

ESCBNA ill 

J>0^ PEDIlO. corral, FttOMENA. DON RAPAFL. L» Mat- 
qoMa da Alto Rey revelA menos qne el Marques', en &a traía y 
▼est'menta, la decadencia social. Viste traje negro elegante; 
aantilia. 

DON PEDRO 

(Inquieto.) ¿Y María? 

DON RAFAEL 

En la plaza quedó con las de Gonzales. 



48 



FILOMENA 

Entretenidita ; viendo esos tipos de los 
pueblos, los pintorescos trajes, la animación 
del mercado... 

CORRAL 

^Saludándola.) Señora Marquesa, tengo el 
honor. . . 

FILOMENA 

Señor de Corral, mucho gusto... (Se qaita 

la mantilla.) 

DON PEDRO 

(Afectuoso, cogiéndole la mano.) Qucñdo Co* 

rral, sea usted indulgente con mi desgra- 
cia, la cual no sólo me añige á mí, sino á los 
amigos que vicinen á verme, pues poco grato 
ha de serles oir mis lamentos, y ver espec- 
táculos como estas embestidas del Pocho... 

CORRAL 

No se hable más de eso. 

DON RAFAEL 

f sobre todo, no se exaspere, Marqués... j 
Tómelo con calma... Ya vendrán días me* 
lores... 



49 

DON PEDRO 

Yo confío en que el Gobierno... 

FILOMENA 

Por la Virgen, no me hables de Gobier- 
nos... 

DON PEDRO 

s 

En la Providencia, sí: á eso voy. Quiero 
decir que Dios inspirará al Gobierno para 
que... 

DON RAFAEL 
(Aprobando.) ¡Mucho! 

DON PEDRO 

También espero auxilio de las personas 
de nuestra clase. Imposible que permanez- 
can indiferentes... 



FILOMENA 

Bien podrán ser nuestros iguales ó el Go- 
bierno instrumentos de que Dios se valga 
para salvarnos. Pero en Dios está toda mí 
esperanza. 

DON RAFAEL 

Sí, sí: Dios... 



90 



DON PEDRO 



(May. nervioso se levauta y se pasea por la f>tw>M,) 

¿Pero á qué espera? 



FILOMENA 



Paciencia, Pedro. Para mirar por nosotros, 
allá quedó nuestro hijo Cesáreo... 



DON PEDRO 



(Exasperado.) ¿Pero qué hace en Madrid Ce* 
sáreo, pregunto yo, si no revuelve el mundo 
por sacarnos de este pantano? 

CORRAL 

(Pccordando.) Tengo el gusto de anunciar i 
los señores Marqueses que su hijo D. Cesá- 
reo llegará hoy. 

DON PEDRO 

(Gozoso.) (Mi hijo... aquí I 

FILOMENA 

(Gozosa.) ¡Cesáreo! ¿Cómo lo sabe usted? 

CORRAL 

Por un telegrama que recibió esta mañana 
el Alcalde. 



I>ON PEDRO 

Me sorprende mucho. 

FILOMENA 

A mí no, sabiendo que está aquí Teodo- 
linda. 

DON PEDRO 

La ricachona americana, la super-mujer, 
poseedora, según dicen, de un capital de 
diez millones de pesos... No creo en cuen- 
tos de hadas; no creo que existan diez mi- 
llones de duros, ni que una viuda los posea. 

DON RAFAEL 

¿Ni creerá usted que le ha dado la vento- 
lera de adquirir las propiedades más valió* 
sas de la provincia? 

DON PEDRO 

(Escéptico.) Tampoco... Ni creo que con esa 
sefiora, con ese mito, tenga relación el vii^e 
de Cesáreo. 

CSORRAL 

Qae en Madrid fueron novios ó cosa tal» 
•s ha dicho en Agramante. 



n 

FILOMENA 

Es cierto: en Madrid, el Invierno último. 

DON PEDRO 

Pero aquello pasó. . . pura flirtation, galán» 
tw fugaz. .. 

FILOMENA 

|Ahl... no sabemos... 

DON PEDRO 

(Malhvmorado.) Digo que terminó. 

FILOMENA 

Muy pronto lo afirmas. 

DON RAFAEL 

(Con cierto misterio ) Yo puedo as^uwtr que 
ayer, hablando con Teodolinda... 

DON láDRO 
(CoQ súbito interés.) ¿Qué . . .? 

/ILOMENA 
(Lo mismo] ¿Qué...? 



23 



DON RAFAEL 

Pues hablando ayer con ese Potosí eñ figu- 
ra humana... fué á entregarme una canti- 
dad, y no floja, para los pobres... 

PON PEDRO 

¿Y qué dijo? 

DON RAFAEL 

No sé cómo ni por qué nombramos á los 
señores Marqueses de Alto Rey... Se habló 
de... 

CORRAL 

Estaba yo presente. Se habló del desastre 
de esta noble familia... 

DON RAFAEL 

Hizo grandes elogios de Cesáreo, de sa 
inteligencia, de su gallardía... 

CORRAL 

Y al fin dijo que no pensaba volver, á ca- 



DON RAFAEL 

(Coa fiTvia y enojo.) No: no d\jo eso, CorraL 



24 

con RAL. 

Don Rafael, mire que estoy bien seguro •• 

DON RAFAEL 

(Cou energía.) No dijo eso, sino todo lo Con- 
trarío. Y yo me permití aconsejarle... va- 
mos, le indiqué... cuan conveniente le será 
un sostén... un compañero de la vida que le 
ayude á llevar la carga de tan desmedidas 
riquezas. 

DON PEDRO 

(Excitadísimo.) Mi querido Corral, usted, 
que es la gaceta de Agramante, hágame el 
favor de enterarse del telegrama recibido 
por el Alcalde... si es verdad que viene Ce- 
sáreo... 

FILOMENA 

Yá qué hora... 

CORRAL 

Voy al punto. 

DON PE PIRO 

infórmese también de si esa s^ora^. 



25 



CORRAL 

Ya saben que alquiló la finca de Lngones, 
€on magnífico parque ... 

DON RAFAEL 

f esta noche da una fiesta... al aire Ubre. 

CORRAL 

Lo que llamamos garden party ^ 6 garden 
BO sé qué, con baile, buffet, farolitos... 

FILOMENA 

Qnerido Corral, no se entretenga... 

CORRAL 
VuelTO. (Ta§e presaroso.) 

ESCENA IV 

MV PBDRO. FILOM£NA. DON RAFAIBL; daipn^i CIBILÁ. 

FILOMENA 

iQn^ paso lleva el oficioso seftort 

DON PEDRO 

Muestrario de pedrería lálsa... 



Vw 



2« 



DON RAFAEL 

Falsa, no: todo lo que lleva al exterior es 
de ley. El corazón sí que es falso, y la vo- 
luntad puro vidrio. 

DON PEDRO 

¿Tiene dinero este hombre? 

DON RAFAEL 

Don Faustino del Corral, 6 de los CQrra- 
les, no se dejará ahorcar por un milloncejo 
de pesetas. 

FILOMENA 

¡Jesús me valga! 

DON PEDRO 

Hará préstamos en condiciones venta- 
josas. 

DON RAFAEL 

Suele dar dinero al tres por ciento men- 
sual, con garantía hipotecaria. 

DON PEDRO 

Y á retro quizás. El hombre no quiere 
arriesgarse. 



27 
FILOMENA 

¿T á los pobres no da? 

DON RAPABti 

¡Oh! sí: en la suscripción para la Casa de 
Misericordia figura con una suma men- 
sual. 

FILOMENA 

Sera considerable. 

DON RAFAEL 

Noventa céntimos. 

CIRILA 

(Entrando por el fondo con cartas y periódicos.) El 
correo. (Dirígese á la mesa de la izquierda, á la que 
▼a también don Pedro.) 

FILOMENA 

(A la derecha, con don Rafael.) La sordidez, ave 

rastrera, hace casi siempre sus nidos en las 
arcas más llenas de caudales. 

DON RAFAEL 

Así como ia caridad, ave del Cielo, suele 
acomodarse en las arcas vacías. ¡Triste hu* 
manldad! . 



FILOMELA 

Por eso yo, en mis angustias actuales, me 
acuerdo de los que aún son más pobres que 
yo... 

DON RAFAEL 

(Elogiando.) ¡Mucho, mucho! 

DON PEDRO 

(A Cirila.) Aguárdate, que algo hay que He-, 

Yar al correo. (En voz alt;), mirando el sobre de ana 

carta.) Filomena, carta de tu madre. (La da á 

Cirila, que la lleva á se señora.) 

FILOMENA 

¿Han escrito losniños? 

DON PEDRO 

No; pero me escribe el Rector que están 
buenos y contentísimos... Perico muy apli- 
cado, Ricardillo un poco travieso... 

FILOMENA 

Pero buenos y sanos, que es lo que im- 
porta. (Abre la carta de sa madre.) 



f9 



DON PEDRO 
^A Cirila, quitándole uoa de lasr cartas qae le ht 

dado.) ¡Qué cabezal Esta, para Cesáreo, no 
va... Aguarda, voy á concluir ésta. 

FILOMENA. 

(Aparte á doa Rafael, gozosa, despaés de l^er la car- 
ta.) Para que se vea si tengo razón en poner 
toda mi confianza en el auxilio celestial. Mi 
pobre madre, que hoy sufre también penu- 
ria, aunque no tanta como yo, me manda 
por s^unda vez una corta cantidad. 

DON RAFAEL 

¿También por conducto mío? 

FILOMENA 

Sí: usted recibirá el libramiento. 

DON RAFAEL 

Pues mafiana mismo... 

FILOMENA 

No: no me lo traiga usted. Eso que Dios 
me envía, en su culto y en obras de piedad 
quiero emplearlo. 



30 



DON RAPABl* 



Fíjese usted, amiga mía, en sos neceslda* 

des. (Siguen hablando en voz baja.) 



DON PEDRO 
(Cerrada la carta que Ua escrito^ la da á Cirila.) 

Oye: si viene esa señora á invitarnos. • 

CIRILA 

¿Qué señora? 

DON PEDRO 

La raper-mujer. ¿Podremos obsequiarla " 
con un té? Dime, ¿queda algo de aquel Porto 
riquísimo que trajimos de Madrid? 

CIRILA 

Señor, lo poco que queda resérvelo... (si- 
gue diciéndole que la despensa está poco menos que 

▼acia.) 

FILOMENA / 

^Aparte á don Rafael.) Dios CUida de nOSOtrOS. I 

¿Por qué conducto? Por éste, por otros que \ 
no podemos presumir. Entre tanto, reúna V 
usted lo que ahora manda Dios con lo que 
antes vino, y el total divídalo en tres par* 



3f 

tes: la una sea para sufragios por el alma 
de mi padre, por la de los hermanos míos y 
de mi esposo. La otra, la distribuye usted 
entre los pobres. Con la última parte quiero 
ofrecer á la Santísima Virgen del Rosario 

un manto nuevo. (Coaciaye doa Pedro de hablar 
coo Cirila y ésta se va.) 

DON RAFAEÍ. 

Ya podrá pasarse por este afio con el vie- 
jo. Nuestra Señora es modesta; no se paga 

de ostentaciones... 

* 

FltiOMENA 

Don Rafael, es mi gusto; es un anhelo 
ferviente. 

DON RAPAECi 

Bueno, bueno. No hablemos más. (Don Pe- 
dro, ea píe junto á In mesa, reconoce papeles con fe- 
bril inquietud, Irascil^e.) 

DON PEDRO 

Filomena, ¿dónde diablos me habéis 
puesto...? 

PI LOMEN A 
(Acadiendo á sa lado.) ¿Qué, h\J0? 



as 



DON PEORi> 



Es Miaría la que sabe... (üaoMado.) iliaríat 
Mariucha! 

FILOMENA 
(Mirando por el balcón.) ¡Esa h^a...! En Ift 

plaza no la veo. 

DON PEDRO 

Pues que la busques, que la traigan. 

DON RAFAEL 
(Asomándose por el foDdo.) ¡Si está aqUÍ, 611 el 

paüo! Habla con las vecinas que llenan sos 
cántaros en la fuente... Hace fiestas á loa 

chiquillos. (La llama por señas.) £s la bondad 

misma. 

FILOMENA 
(Con profunda tristeza.) {Pobie ángel caído OH 

• este pozol 



8S 



ESCENA V 

InM znif siof; MARÍA por él fondo. Visto oon ••B«llla tlftanotm 
fin qat tn la aUtío le oonoiea la pobreía do U familia. 

MARÍA 

(Serena, rlsaeña.) Aquí estoy. 

DON PEDRO 

Pero, h^a de mi alma, ¿qué hacías? 

MARÍA 

Me entretuve viendo y examinando nues- 
tra vecindad. En el segundo patio he visto 
unas familias pobres muy simpáticas, unos 
chiquillos saladísimos. He hablado con cuan- 
tas mujeres vi, preguntándoles de qué vi- 
ven, cómo viven, qué comen... Y sus nom- 
bres, edad, familia, todito les pregunté... 
Tengo ese defecto; soy una fií^ona insu- 
frible... 

FILOMENA 

• Eres una chiquilla. 

» 

MARÍA 

Pues en este patio primero tenemos ve- 
cinos de mucha importancia. A esta parte, 

3 



al extremo de la galería de crlataleí 
dondtí salimos al patio, tenemos de veclDol 
On carbonero. 



DON RAFAEL 

Almacén de carbones, si. El doefto e 
hombre excelente, muy trabajador... Le e 
nozco... 

HARÍA 

[Por cierto qne pasé on sasto-.l Como me~ 
da por verlo todo, me planté en la puerta 
mirando aqnella caverna tenebrosa. De pron- 
to, salió de lo más hondo un hombre h 
ble, )a cara negra, tiznada; los ojos, ooni 
ascuas, relucían sobre la tez manchada ( 
carbón... Después me eché á reir. El I 
bre rae dijo: "Señorita, ¿en qué puedo i 
Tlrle?„ Y JO... 

riLOMBNA ' 

(iaterraiii|i¡¿n<)oiB.) {Vaya que ponerte áh 
' blarcon un bruto semejanleí 



|R ee nn hombre flnfalino; ai me ^u< 
•sombrada de oúiel 




35 



DON RAFAECi 



¡Mucho, mucho! Ya les contaré algo de 
ese y otros vecinos. 

MARÍA 

Todos me han parecido la mejor gente del 
inundo, incluso el negro. ¿Y qué me dices, 
papá, del espectáculo de esa plaza, hoy día 
de mercado? Tú no lo has visto; tú, mamá, 
tampoco, 

FILOMENA 

Ya nos fijamos al pasar:.. 

MARÍA 

Os aseguro que nunca vi cosa que más 
rae divirtiera. ¡Esos pobres campesinos que 
Tienen de tan lejos con el fruto de su traba- 
jo!... Venden lo que les sobra, compran lo 
que necesitan. Abrumados llegan, abruma- 
dos parten, con el peso de la vida que va y 
viene, sube y baja... Unos traen grano, 
otros panes, otros hortalizas, cochinitos chi- 
cos tan monos... Aquéllos una carguita de 
leña: son los más pobres; éstos cargas de la- 
na: son los más ricos... En todos los puestos, 
en todos los grupos me metía yo con Teresa 



36 

y Ramona, y á todos preguntaba: ¿De dónde 
sois? ¿Caánto os valen las hogazas?... Por 
esa carga de leña, ¿qué os dan?... Con esos 
cinco reales, ¿qué compráis ahora? ¿A cómo 
dais la ristra de cebollas?... Y esas enjal- 
mas rojas para los borricos, ¿cuánto valen?. . . 
¿Habéis hecho buen negocio?... ¿Este trigo 
es toda vuestra cosecha?... ¿Compraréis co* 
chinito?... ¿Lo engordaréis hasta que le 
arrastre la barriga?... ¿Y vosotros nunca co- 
méis estos pollos, estos patos?... ¿Qué co- 
méis?... ¿Y vuestros nenes se han quedado 
allá solitos?... Cuando volvéis allá, ¿qué os 
dicen las pobres criaturas? 

FILOMENA 

¡Vaya, que eres de verdad reparona y en- 
torne tida!... un ángel á quien interesan las 
cosas de la tierra más que las del Cielo. 

DON RAFAEL 

(Con calor.) Más, no, señora; lo mismo. 

MARÍA 

Es que gozo lo indecible, me lo pueden 
creer, viendo este hormigueo de la vida de 
los pequeños: cómo viven, cómo luchan^ 



87 

cómo se defienden... Y no sé si reírme 6 llo- 
rar cuando pienso que no son ellos más po- 
bres que yo. 

DON PEDRO 

(Melancólico.) Más ricos... No hay riqueza 
como la ignorancia. 

FILOMENA 

Riqueza y pobreza, por nuestros deseos se 
miden. 

MARÍA 

Ello es que los veo contentos, al menos 
tranquilos,^ y su contento y su tranquilidad 
se me comunican... Vedme alegre, confiada, 
con muchas ganas de infundiros á todos con- 
fianza y alegría. 

DON PEDRO, 

(Dirígese á la mesa.) Ven aquí, ven aquí... 
Dime, ante todo, dónde metiste las esquelas 

de... (Se sienta.) 

MARÍA 

(Aparte, saspirando.) Corazón mío, poco te 

duró el contento. (Abriendo an cajón de la mesa.) 

iSi están aquíl 



3S 
DON PRDEO 

[Ahl dame... 

DON RAPABL 

Señor Marqués, con su permiso... ¿Tiene 
algo que mandarme? 

DON PEDRO 
(Disponiéndose á escribir una carta.) QueridoCU- 

ra: que no nos olvide en sus oraciones. 

DON R\PABL 

I Aht por mí no ha de quedar. (Viendo escri- 
bir á su padre, y sabiendo lo qoe escribe, María ma- 
nifiesta gran aflicción.) 

FILOMENA 
(Aparte á don Rnfael al despedirle.) ¿Se hadado 

bien, don Rafael, en lo que le d^e de la dis- 
tribución...? 

DON RAFAEL 

I Mucho, mucho! Descuide: lo haré á toda 
conciencia, eoB plena coneieiiGia de mi de- 
ber. (Vaae por el fondo.) 



•9 



DOX PSD^O 



(Sin dejar dt omibir.) FilomeiUL^ q» M6pr6« 

paren el baño. 

FILOMENA 

Iré yo misma. No hay que agobiar á la 

pobre Cirila. (Vase por ía derecha.) 

ESCENA VI 

MARÍA, DON PEDRO 

DON PEDRO 
(Mostrando á su hij.i las cartas que ésta sacó.) 

Cuidarás de que lioy mismo lleguen á su 
destino. 

M\RÍ\ 

(Angustiada.) I Ay, papá mío! déjame que te 
diga... ¿No te sientes humillado, degrada- 
do, CtíJü pedir limosna de esta manera? 

DON PEDRO 

(Irascible.) ¿Y qué he de hacer? ¿Estoy en 
ai caso de solicitar un jornal del Ayunta- 
■liento, y ponerme á picar piedra en un ca- 
BÜDOi ó á recoger las basuras de las calles? 



40 
JáARÍA 

Pues mira tú: yo preferiría eso. 

DON PEDRO 

¿Preferirías verme . . . ? 

MARÍA 

Lo haría yo si pudiera... romper piedras, 
barrer las calles de Agramante. 

DON PEDRO 

Toma las cartas y mándalas esta tarde. 
He agregado una. . . para ese Corral ... 

MARÍA 

(Resistiéndose á tomar las cartas.) ¡Ay, DÍ08 
mío, Dios mío! (Uorosa, permanece en resistea- 
cia pasiva.) 

DON PEDRO 

(Con severidad.) Obedéceme... No me Irrl- 
xeSa . . 

MARÍA 

Bueno, papá: haré todo lo quo me man- 
des. (Toma las cartas y las guarda en el bolsillo.) Bs 

mi deber... Pero di, ¿no hay otro medio? 



44 



(Recordando.) i Ah! me dijeron que viene Ce- 
sáreo. ¿Lo sabías? 



DON PEDRO 

Sí, 

MARÍA 

¿Y no esperas que Cesáreo te traiga...? 
Aguardemos á que llegue... 

DON PEDRO 

Lo que traiga tu hermano, que no será 
mucho, lo necesitará para sí. Está obligado 
á conservar aquí cierto brillo y... No puedo 
explicártelo. 

MARÍA. 

Sin tus explicaciones lo comprendo. ¿Crees 
que se me escapan las ideas tuyas, las ideas 
de toda la familia? Mi hermano hizo la corte 
á esa viuda millonaria. . . Tal vez ahora... 

DON PEDRO 

No sé... Podría ser... 

MARÍA 

(Con agudeza.) ¿Y no se te ha ocurrido que 
de estos petitorios podría la dama ricachón a 



4a 



^ 



enterarse? {Qué diría» qué pensaria de 
otrosí 

DON PKDRO 

(Confaso.) Sí; pero... Se haría cai^o... No 
obstante, la idea de que la viuda se entere, 
me inquieta un poco. 

MARÍA. 

Esta mañana, cuando salía yo de la igle- 
sia con Vicenta Pulido, vi á la millonaría. 
¡Ay, qué facha, qué cargazón de sedas, de 
plumas, de encajes, de joyas! Cuentan por 
ahí que lleva las ligas recamadas de perlas, 
y que en su casa de Madrid hay más plata 
que en una catedral. 

DON PEDRO 

Lo creo... 

MARÍA 

Y que las mesas de noche son de marfil, 
y otras cosas... de lápiz-lázuli... Su aspecto 
es de una rastaquouért tremenda y de una 
cursi estrepitosa. 

DON PEDRO 

Nunca la he yisto. Dicen que es hermosa. 



43 



MABÍA 

Lo fué el afio de la Revolucife ée Sep» 
tiembre, cuando tú todavía no te habías ca- 
sado« 

ESCENA Vil 

Los mifmos; FILOMENA. CIRILA* 
FILOMENA 

(Por la derecha.) Ya tienes el baño pronto^ 

DON PEDRO 

Voy... (K\ silir dcticaese preocupado.) Si vuel- 
ve ese maldito Pocho... le decís... que ma- 
ñana. (Entra Cirila por el foDdo y habla con Maria.) 

FILOMENA 

No prometas nunca para mañana... Tó- 
mate más tiempo. 

DON PEDRO 

Tienes razón... Mejor será el lunes... se* 

gUrOy el lunes. (Vase por la derecha.) 

CIRirA 

La he visto entrar en el patio. 



44 

WLOMENA 

CIRILA 

La señora Alcaldesa. Creo que viene acá. 

(Eotra Vicenta por el fondo.) 

MARÍA 
Ya está aquí. (Vase Cirila.) 

liSCENA VIH 

MARÍA, FILOMENA, VICENTA; d«ipti«i CIRILA. 

VICENTA 

Amigas muy queridas: un aviso, una pe- 
tición, y me vey al instante. 

FILOMENA 

Ante todo, ¿sabe usted si viene Cesáreo? 
Su marido de usted ha recibido un telegra- 
ma... 

VICENTA 

No sé nada. En casa estuve después de 
misa. Nicolás había salido. 



45 

MARÍA 
¿No se sienta? (Se sientan Us irei.) 

VICENTA 

ün momento... Lo primero, advertir & 
ustedes que Teodolinda viene en persona 
á invitarlas. 

FILOMENA 

¿Esta tarde? 

VICENTA 

No: antes de mediodía. ¿Irán ustedes á la 
fiesta veneciana? 

FILOMENA 

La verdad... no quisiéramos... 

VICENTA 

[Por Dios, Marquesa! Esta pobre niña de- 
be distraerse, lucir su belleza... 

FILOMENA 

Sí» sí... María irá con usted... 

VICENTA 

Para mí no hay mayor iionra... (a María.) 



^ 



11 

Y me enorgullece llevarla á usted oon]ii}g% 
aunque á su lado resultaré una facha. 

MARÍA 

¡Por Dios, Vicenta!... 

VICKNTA 

Usted ha traído todo su guardi^ropa, de 
última moda, elegantísimo, y yo... 

MARÍA 

¿No me dijo usted que esperaba hoy el 
vestido de garden party que encargó á 
Madrid? 

VICENTA 

(Desconsolada.) Pero no vendrá, ¡qué penal 
(Saca uaa carta.) Vean la carta de la modista, 
que ha sido como un rayo... (Lee.) "Imposible 
remitir hoy...» Este contratiempo me ano- 
iutd&. 

FILOMENA 

Lo comprendo. ¡Contar con una co8ay.«J 
Las modistas son tremendas. 

VICENTA 

Pues ahora viene la súplica. En este oon* 
flicto no veo más que una aolución: arralar 



47 

un vestido que estrené el año pasado, cuan- 
do vino el Ministro de Fomento y se alojó en 
mi casa. Pero desconfío de que mi hermana 
y yo poetamos arreglarlo con toda la elegan- 
cia que deseo. Ustedes me indicarán.. . Perdo- 
nen mi impertinencia. El puesto que ocupa 
Nicolás me obliga á ser la más elegante del 
pueblo. No quiero hacer mal papel. Nicolás 
se disgustaría con esto más que si perdiera 
las elecciones. 

FÍLOM'ÍX.V 

* Enseñaré á ustedes un modelo que traje. 

(Las iaterrumpe Cirila eatrdado presurosa por el 
fonJo.) 

CIRILA 

Señora... ahí sube. 

FItiOMRNA. 

¿Quién? 

CIRILA 

Esaseñora tan... 

VICENTA 

jTeodolindal 

MARÍA 

¡L9kra8taguouh'e...l 



48 



VICENTA. 

(A Filomena.) ¡Verá usted qué lujo tan des* 

fachatado! (Entra Teodolioda. Su figura y vestido 
80 a CO u formes á las descripciones que de eUa se ha a 
hecho. Vase Cirila.) 

ESCENA IX 

fXLOMBNA, MARÍA. VICENTA, TEODOUNDA 
TEODOLINDA. 

Señora Marquesa, me perdonará usted que 
haya sido muy inconveniente en la eleccióa 
de hora para mi vijsita. 

FILOMENA. 

¡Oh! el honor que recibimos no sabe hacer 

distinción de horas. (Se sientan: María al extre- 
mo izquierda.) 

TEODOLINDA 

Y hemos de convenir en que la vida de 
campo forzosamente ha de relajar un poco 
la etiqueta social. 

FILOMENA 

Seguramente. 



«9 



TBODOIJÍTDA 

Perdóneme la señora Alcaldesa si llamo 
<»mpo á esta preciosa villa, tan cultSt mo- 
delo de policía y urbanización. 

VIOEPÍTA 

Campo es... con casas... ciudad... al aire 
libre. 

TEODOLINDA 

Y la más hospitalaria que cabe imaginar. 
Estoy contentísima. La casa que he tomado 
es una preciosidad... aunque algo pequeña... 

MARÍA 

(Aparte.) fJesús! Pequeña dice. ¡Y la edifi- 
caron para convento! Pues que le traigaa el 
Escorial. 

TEODOLINDA 

El parque muy frondoso. Sería inoompa^ 
rabie si tuviera lago... 

MARÍA 

* ' (Aparte.) ¡Y mucha agua! 

TEODOUNDÁ . . 

Yuna extensión de quinientas hect¿reip* 



50 



FILOMENA 



A propósito de extensiones de tierra, se 
dice que usted adquiere pertenencias mine- 
ras y bienes raíces en la provincia. 

VICENTA 

Y un monte grandísimo, y tres dehesas... 

TEODOTJNDA 

Que me gustaría poder juntar en una 
sola, para formar una propiedad verdadera- 
mente regia. 

MARÍA 

(Aparte.) ¡Cuatro dehesas juntas! para que 
esta fiera tenga donde pasearse á sus an- 
chas. 

FILOMENA 

Hará usted todo lo que se le antoje, y no 
habrá ilusión ni capricho que no pueda sa- 
tisfacer. 

TKODOLINDA 

(Con refinada amabilidad.) Por lo pronto, se- 
ñora Marquesa, aquí me trae la ilusión de 
que usted y su linda hija honren esta noche 
mi casa. 



54 



Fir^MBNA 

Mi esposo y yo agradecemos á usted en el 
alma su invitación, (saspírando.) Nos halla- 
mos bajo el peso de tristezas y desazones 
que excluyen todo regocijo. Pero no priva- 
remos á nuestra hija de esa magnífica fies- 
ta. Cuente usted con María, que irá con la 
señora Alcaldesa. 

TEODOLTNDA. 

Amiga mía, del mal el menos... Su pre- 
ciosa hija será la flor más lucida de mi jar- 
dín, y la estrella más brillante de mi no- 
che... quiero decir... de la noche de... (Em- 

baraUáodose^ no poeüe acabar el concepto.) 

FILOMBr^A 
{Comprendiendo.) Sí, SÍ... ya... 

UhRÍA 

(Aparte.) ¡Ay, Dios mío, se le acabó la 
cuerdal 

FILOMENA 

María agradece tanta bondad... y tendrá 
mucho gusto... 



U*U>fc> 



4 



( 



53 

MARÍA 

Grandísimo placer... Será una fiesta es- 
pléndida, nunca vista en Agramante. 

TEODOLINDA 

Las señoras de esta culta villa le darán 
todo su encanto. 

VICENTA 

Y encanto mayor usted... 

MARÍA 

Usted y la amable dueña de la casa, la 
opulenta anfltrionisa. . . 

ESCENA X 



Cti KlfiBOt; CORRAL, presuroso, por el fondo* j 



CORRAL 

Señor Marqués, señoras... 

FILOMEXA 

(Alarmada, se levaota.) ¿Qué noticias, Corral? 

MARIA 

¿Viene mi hermano? 



53 



C50URAL 



Ya está en Agramante... Le vi en la es- 
tación. Salieron á recibirle el Alcalde, el 
Coronel de la zona, el Juez municipal y el 
Contratista de la traída de aguas... Al ins- 
tante vendrá. ¿Y el señor Marqués? (Hace re- 

▼erenela á TeodoUada.) 

Fir.OMENA 

(A María.) Ve^ hija: dale prisa... (Vase M.irla 

por la derecha.) 
^^ 

ORHATi 

(A Fiíomeoa.) Debo anticipar á usted que 
Cesáreo sólo estará en Agramante algunas 
horas. Esta tarde tomará el tren mixto para 
llegar á Santamar, la capital de la provin- 
cia» antes que salga de allí el Ministro de 
la Qob'imación, que ha ido á inaugurar el 
nuevo Presidio. 






54 



ESCENA X( 

ho§ miamos; DON PBDRO; trai él, MARll. 
DON PEDRO 

Ya sé... ya me ha enterado María... (\ leo- 
dolinda may cortés.) Señora mía, Crea usted 
que me confunde el houQr que hace á esta 
humilde casa... 

TEODOLINDA 

La casa y familia, dignas son de todos los 
honores. La casa es un soberbio palacio. Al 
venir aquí, he admirado por tercera vez la 
hermosa fachada plateresca. ¡Qué maravilla^ 
señor Marqués! 

FILOMENA 

(Con tristeza.) Esa maravilla y otras ¡ayf 
fueron nuestras. 

DON PEDRO 

Cuando Dios quería. . . 

TEODOLINDA 

¡Y quién sabe si volverán, cuando menos 
se piense, á su primitivo, á su ilustre duefiol 



55 



DON PEDRO 

¡Qaíén sabe...! Cesáreo tal vez» si adquie- 
re, como yo espero y él merece, una eleva- 
da posición en la política... 

TEODOLINDA 

Ya sabe usted que está aquí. 

DON PEDRO 

Le esperamos por instantes. 

CORRAL 

Pronto vendrá. Han querido enterarle del 
esunto de las aguas... 

FILOMENA 

(Impaciente.) Mucho tardan. 

VICENTA 

lia culpa es de mi marido. 

CORRAL 

(Qae ha mirado por el fondo.) Ya vienen, ya 
suben, ya están aquí. (Corren Filomena y María 
•1 encuentro de Cesáreo. Le abrazan y besan carifio- 
samente. Tras de Cesáreo entran el Alcalde, Roldan y 
Bra?o. Don Pedro ha permanecido janto á Teodolinda.) 



ESCENA XII 

Lof mlfmoa; CBSARBO, el ALOALDB, ROLDAN. BRAVa 
R >1 lán es ordinario, de mediana edad; Bravo, perrona f na, abé- 
cade joren. 

CESÁREO 

V ... 

(GoQ emoción.) Mamá, te encuentro bien. 
Tú, Mariucha, te has repuesto... Estos ai- 
res... (Avanza. Ve á don Pedro y se abrazan tierna- 
mente.) 

ALCALDE 

Nos hemos permitido secuestrarle por 
unos minutos. 

ROLDAN (Contratista). 

Perdonen los señores Marqueses.., 

BRAVO {Juez municipal). 

Los intereses del pueblo nos han, hecho 
olvidar la felicidad de la familia. 

DON PEDRO 

iQué sorpresa, hijo; qué alaría! (fodícafe* 

do la presencia de Teodolinda.) Y no eS Una flOF* 

presa sola. 



67 



CESÁREO 

(Dirigiéndose á Teodoiioda.) Ya me dijo el Al- 
calde... (Corral habla con María; Roldan y Bravo con 
Filomena.) 

TEODOLINDA 
¿Que estaba yo aquí? (Alargándole su mano.) 

Pues ha sido de lo más casual... Yo no sos- 
pechaba. . . 

DON PEDRO 

Con piedra blanca marco esta coinciden- 
cia felicísima. La alegría de verte y el ho- 
nor de esta visita. 

TEODOLINDA 

Ya ve usted, Cesáreo, cómo no se pueden 
hacer profecías. 

CESÁREO 
Ya, ya... (Don redro habla con el Contratista.) 

TEODOLINDA 

La Última vez qué estuvo usted en mi 
€asa salió diciendo que ya no nos veríamos 
más. * 

CESÁREO 

' Antes profetizó usted otra otm, TeodoUü* 
4a» que no fué confirmada. 



58 
TEODOLINDA 

Tal vez.,. Lo que prueba que todos somos 
muy malos profetas. Aleccionada por la pí* 
cara realidad, que así nos desmiente, ya no 

profetizo, Cesáreo. (Se levanta.) 

DON PEDRO 

(Desconsolado.) ¿Tan pronto? 

TfiODOLINDA 

¡Oh! no desconozco lo que son estos mo* 
men tos para una familia carifiosa... 

FILOMENA 

(Acadiendo á despedirla.) Señora, amigamía... 

coaiwL 

(Aparte á María, con galanteo meloso.) Si USled 

va, ¿cómo he de faltar yo? Iré tras el lucero 
buscando en su brillo un rayito de espe- 
ranza. 

MARIA 

¡Ay, qué empalagoso! 

TGODOLINDA 
(Despidiéndose de María.) Que nO me falte, por 

Dios. No tendría yo consuelo. 



50 
MARIA 

Mil J mil gracias. 

TEODOUND.V 

(A Cesáreo.) Y usted ¿no querrá áar un vis- 
tazo á mi fiesta? 

CESÁREO 

Imposible, Teodolinda. 

DON PEDRO 

Quédate, hijo... 

CESÁREO 

Imposible. 

TEODOLINDA 

Ya no le ru^go más. ¡Cuando se obstina 
en hacerse el interesante. . . ! 

CESÁREO 

Es absolutamente preciso que yo salga en 
el tren de las cinco. 

TEODOLINDA 

Ya: tiene que conferenciar con el Minis- 
tro. De ello dependerá la salvación de la 
patria. 



60 

CBSAREO 



No salvaré á la patria... Quizás salve á 
una parte de ella. 



TEODOLINDA 



En fin, adiós y buen viaje. Si quiere co- 
mer conmigo... A la una en punto... ¡Fer t 
qué tonta! El corto tiempo de que dispone 
pertenece á la familia. 

DON PEDRO 

Antes que nosotros está la cortesía. Irá, 
Teodolinda; aceptará su amable invitación . 

CESÁREO 

No, no... 

TEODOLINDA 

I 

Verá usted, Marqués, cómo nos deja mal 

á todos. Adiós, adiós. (Las señoras la acompañau 
hasta la puerta. Corral, coa oficiosa galantería, va 
tras ella ofreciéndole el brazo para condacirla basta 
la calle.) 

VICENTA 

(Al Alcalde.) Nicolás, vámonos. 

ALCALDE 

(Despidiéndose.) Señor Marqués, muy suyo 



v. 



61 



siempre. Luego le explicaremos esttasnnto 
de las aguas... 

ROLDAN 

El giro que quieren dar al expediente es 
de lo más desatinado... ] 

BRAVO 

A todos nos preocupa hondamente... 

DON PEDRO 

A mí también... á mí también... No se 
aparta de mi pensamiento la traída de los 
diez millones... digo, de las aguas, la traída 
de aguas... 

VICENTA 

(A Filomena.) Volveré esta tarde... Veré ese 
modelo... 

MARIA 

(Despidiendo á >^centa.) Adiós... hasta lue-^ 
go... 

ROLDAN 
(DespidiéudoM del Marqaés.) Siempre á SUS 

Órdenes... 

BRAVO 
(^eal.) Repito... 



ea 



* ALGALDB 

(Idem.) Felicidades. (Salen ViceDUrel Alcalde, 
Roldan y Bravo.) 

FILOMENA 
(Cogiendo á Cesáreo del brazo.) Ven y verás 

cómo nos hemos instalado. 

DON PEDBO 

(Reteniéndole.) Luego irá . Dejadle un rato 

conmigo. (Les hace seña de qae se alejen.) 

MAaiA 

Pero que sea cortito. También nosotros 
tenemos que charlar. . . 

FILOMENA 

Déjale ahora. Tienen que hablar á solas. 

^Se va, llevándose á María.) 

ESCENA XIII 

DON PBDSO; CESÁREO, qii« m iímIí, v^amláf^ I 

apcyada U frente en I» mano. 

DON PEDRO 

(En pie.) Acepta, hijo, acepta la invitación 
4e esa señora. 



63 

í 

CeSAREO 

Convéncete, papá, de que Teodolinda es 
una esperanza inmensamente remota, un 
sueño... 

DON PEDRO 

Pero... en Madrid, el invierno último, di- 
jiste á tu madre... ♦ 

CESÁREO 

Sí, lo dije... yo soñaba... creí poder traer 
^ casa la lámpara de Aladino. 

DON PEDRO 

Tú le hacías la corte. 

CESÁREO 

Sí. 

DON PEDRO 

¿Hubo rompimiento? 

LESAREO 

Absoluto. 

DON PEDRO 

¿Iniciado por tí? 

CESÁREO 

Por ella. 



■ 


^V .. V 


^H 


DON PIÜDRO ^1 


H 


Al invitarte abora, quizás desea reaii»^| 


^^M 


cesARi':o ^1 


f 


No la conoces. Teodoünda no es teda w^ 
nidad: tiene inteligencia, sentido prácUco, 
qne aprendió de los yankees. Conoce bien 

en que hemos caído... Teme el ridículo... < 
Coquetea con sus millones, como otras OO- 
quetean con sus gracias... 


1 


DOS TEDRO 


1 


(Saípirando, coa gran deBülieatO.) Bien... 11 

digo nada. 


^K 


CESÁREO 


w 


Pero con todo... (Dudundo.) ¿Iré ácomei 
(Con resolución aiibíla.) Iré. ¿Qué pierdo en ellfl 
(Se levanta.) 


^^ 


DON PEDRO 


^H 


Nada pierdes... ¡Y quién sabe ai...l 


^^H 


. CESÁREO 


1 


1 No, papá; hoy, pensar en eso es un dell* 
1 rio. Podría no serlo... {Mcdiiabnndj,) 



65 

DON PEDRO 

¿Cuándo? ¿En qué caso? 

GBSAREO 

En el caso de que yo adquiriese la posi- 
ción política que busco, que creo tener ya.,, 
casi casi en la mano. 

DON PEDRO 

Entendido, (impacieate.) Vete, hijo, vete. 
Toma el tren. Por Dios, habla con el Minis- 
tro esta noche, mañana... 

CESÁREO 

Esta noche sin falta. 

DON PEDRO 

Yo espero, tragando amargura, sufriendo 
humillaciones, devorando sonrojos. ¿Pero 
qué importa?. . . 

CESÁREO 
(Echando mano al bolsillo para sacar sa cartera.) 

Y á propósito, papá... Tengo muy poco di- 
nero, poquísimo... 

5 



6» 



DON PEDRO 



Pues déjalo para tí, que lo necedtarái 

masque nosotros... 



GBSAREO 

Tengo lo preciso para llegar á Santamar 
y volverme á Madrid.,. Pero en Santamar 
está Jacinto Mondéjar, que me ha ofrecido 
prestarme una cantidad... 

DON PEDRO 

Pues & la vuelta me la darás. 

CESÁREO 

¿De veras podréis pasar...? (Mosiraiido la 

cartera, en ademáo de abrirla.) 

DON PEDRO 

Pasaremos... Más pasó Jesucristo. Ade» 
lante, hijo... Por delante siempre tú, elúnl» 
í 00 redentor posible de la familia. 



67 



ESCENA XIV 

DON PEDRO, CB URBO. MARÍA; despaés FILOMBNA. 

MARÍA 
(Por la derecha, entreabre la puerta y se asoma 

cautelosa.) Papá y hermano, ¿no me permiti- 
réis curiosear un poquito? 

D0\ PEDRO 

Entra ya, hijita. 

CESÁREO 

(Llamándola cariñoso.) Ven, que aún no he 
podido abrazarte á mi gusto. (Se abraznn.) 
¡Pobre Mariucha! ¡Recluida en este medio 
social tan impropio de tí, entre tanta vul- 
garidad! 

MARÍA 

No creas. •. Me acomodo perfectamente á 
esta vida provinciana. 

CESÁREO 

Papá, á todos recomiendo un exquisito 
cuidado de esta joya, (con entusiasmo.) Joya, 



68 

digo: cuerpo y alma de lo más selecto que 
da de sí la humanidad. Velad por ella sin 

descanso. ¡Mariucha! (Acariciándola.) ¡Mi Ma- 

riucha! Merece que nos desvivamos por lle- 
varla á su esfera natural, donde luzca, don- 
de brille... 

MARÍA 

Pero, tontín, ¿quieres llevarme á donde 
hay tanta luz? Si alguna tengo en mí, me- 
jor brillaré en la obscuridad. 

DON PEDRO 

¡Ah! Veremos quién está en lo cierto» 

FILOMENA 

Ven, Cesáreo, para que veas cómo nos 
hemos instalado en este medio palacio. No 
nos falta comodidad. 

CESÁREO 

Enseñadme vuestra habitación, la de Ma» 

ría... (Vase coa Filomena por la derecha.) 



60 



ESCENA XV 

VARf A; BON PFDRO, q«« mvy excitado y hablando solo la 

pataa por la woana. 

MARI A 

Papafto, ¿estás contento? 

DON PEDRO 

(Sin hacerle caso.) El Ministro, SÍ es hombre 
agradecido, le acogerá bien. Recordará que 
le di la mano en sus primeros pasos. 

MARIA 

Dime, papaíto... (Tras él sin lograr que la es- 
coche.) 

DON PEDRO 

El Gobierno, la situación en masa, la Co- 
rona, el país... no permitirán que la casa de 
Alto-Rey acabe do » -^^^^irse... 

MARTA 

Papá... 

DON Pty; > 

Hija mía, no puedo decirte que estoy con- 
tento ni que estoy triste. Me encuentro en 
una expectación solemne... 



70 



MARIA 



¿Ves algún horizonte? ¿Y por fln, Cesi* 
reo...? Cuéntaselo todo á tu hijita.,. ¿Te ha 
traído...? 

DON PEDRO 

No he querido tomar lo poco que trae, pues 
sería loca imprudencia dejar inerme al gue- 
rrero que se apresta al combate. 

MARIA 

¡Jesús, pues no estás hoy poco imagina- 
tivo! 

DON PEDRO 

Digo que nosotros... 

MARI4 
(Severa.) Nosotros... 

DON PEDRO 

Nos arreglaremos. 

MARIA 

r 

¿Cómo?. . . Papá, por la Virgen Santísima, 

tú olvidas el ahogo continuo de esta existen- 
cia; el afán de ayer, de hoy, de mañana; la 
cadena de compromisos, de pequeñas deu- 
das, que oprime, que envilece... 



71 

DON PEDRO 

A toáo se atenderá. ¿Recogiste las cartas? 

MARIA 

Las recogí... pensaba quemarlas. 

DON PEDRO 
(Vivamente.) No, por Díos. 

KSCENA XVI 

DON PEDRO, MARIA, LEON. Hállanse el Marqués y su hija 
junto á la rntsa. Entra L.ón y die* las primeras palabras en la 
pnerta. Trae la cara tiznada; vista traje de pina. 

LEON 

El señor Marqués... 

DON PEDRO 

(Aterrado, sin atreverse á mirar á la puerto, cre- 
yendo que el que entra es el Pocho.) ¡Otra vez ese 

hombre! 

MARU 
(Mirando á la puerta.) ¿Quién es? 

DON PEDRO 

isSfl mirar.) ¡Que vuelva... que se vaya!... 
Mañana... el lunes... 



7a 

MARIA 

(Reconocieado á León.) ¡Papá, SÍ no 68 el P(H 

cho!... Es nuestro vecino, el carbonero... 
digo, el duefio del almacén de carbones. 

LEON 
(Avaazaodo respetuoso, pero sia timidez.) Moles* 

taré muy poco al sefior Marqués... 

DON PEDRO 

Adelante... Dígame lo que guste. Es us- 
ted tímido. 

LEON 

Tímido no soy... Tengo otros defectos, 
pero ese no. Sé hablar con personas distin- 
guidas. 

MARU 

¿Oyes, papá? 

DON PEDKO 

(Observándole.) En efecto: su lenguaje, sus 
modales no se avienen con su modesta ocu- 
pación... ¿Y en qué puedo servirle? 

LEÓN 

Soy inquilino del almacén y vivienda de 
este primer patio á la izquierda. Mi negó- 



-^'H 



73 

cío me pide ya ensanche de local. Quisiera 
que el señor Marqués me arrendase toda la 
crujía, hasta la medianería del Juzgado 
municipal, desalojando el cafetín, que no 
paga alquiler. 

DON PEDRO 

Amigo mío, yo no soy el propietario: lo 
fui. 

MARÍA 

Somos simples inquilinos, como usted... 
Ese señor sastre nos ha cedido esta parte no 
más... 

LEON 

¡Ah! Perdone usted: yo entendí que había 
entregado el ediñcio á los señores Marque- 
ses para que dispusiesen de todo... arriba 
y abajo... 

DON PEDRO 

No, hijo mío. 

LEON 

Así lo entendí. Yo, la verdad, en el caso 
del Sr. López, así lo habría hecho. 

DON PEDRO 

' Gracias, amigo. 



74 
MARCA 

(Aparte á sa fiadre.) ¿Ves qué generoso, qué 
atento? 

LEON 

Dispénseme el señor Marqués. Mi peti- 
ción resulta una impertinencia. (Hace reve- 

reacia para retirarse.) 

DON PEDRO 

Un momento, vecino... (Coa iaterés.) ¿Y 
qué tal, qué tal ese n^ocio?... 

LEON 

Pues no voy mal, señor. El desarrollo que 
han tomado en Agramante las pequeñas in- 
dustrias, me ha favorecido mucho. 

MARIA 

¡Vaya, vaya! 

DON PEDRO 

(Risueño.) ¿Con que vamos bien, vamos 
bien? ¿El tráfico marcha? 

LEON 

Sí, señor: marcha á fuerza de atención, de 
diligencia, de trabajo rudo... 



75 



DON PEDRO 

fSamamente amable.) Tendrá nsted SU capi- 
tal! to... 

LEON 

Empiezo á formarlo. 

DON PEDRO 

Bien, joven, muy bien. Y sus ahorres los 
irá usted colocando para obtener nuevas ga- 
nancias... Bien, amigo mío. La vecindad dd 
usted es para mí muy grata. 

MARCA 

(Con interés.) ¿Y todo ese carbón lo trae us- 
ted de las minas, de los montes? 

LEOS 

El mundo está lleno de tesoros, unos es- 
condidos, otros bien á la vista... Para co- 
gerlos, hace falta mucha paciencia, mucha, 
porque. 



>••• 



76 



ESCENA XVIÍ 

'W¡m PBDKO. MABÍ A, LEÓN, FILOMENA. CB8ARB0. 

FILOMENA 
(Qae viene disputando con sa hijo.) No, IlO: OH 

la Providencia, sólo en la Providencia debe- 
mos poner nuestra esperanza. 

CESÁREO 

Conforme, mamá. Pero de algún media- 
dor se ha de valer la Providencia. (Van acer- 
cándose al centro. Repara en León.) 

MARÍA 

(Presentándole.) Nuestro vecino, el comer- 
ciante en carbones ... 

LEON 

(Despidiéndose.) Con la venia de los seño- 
res... 

CESÁREO 

(Que al verle se ha ñjado en ól creyendo descubrir, 
bajo el tizne, nn rostro conocido.) Aguarde UU 
momento, buen amigo. (León se detlene,«rígido» 
parado en íirme. Cesáreo le contempla fíjamente. León, 
impávido, afronta su mirada.) 



77 ^ 
MARIA 

¿Qué... le conoces? 

DON PEDRO 

m 

Es un trabajador bien acomodado; un ex* 
célente vecino. 

CESÁREO 

Paréceme. (sospechando) Juraría... (Aban- 
donando su sospecha.) No, no... Perdone US 
ted... Creí... No es, no. 

LEON 

(Aparte al retirarse.) Dice que no soy. Tienc 

razón: no soy. (Hace reverencia y sale.) 

ESCENA XVIII 

MARÍA. DON PEDRO. CESÁREO. FILOMENA; deipuét 

CIRILA. 

FILOMENA 

¿Pero qué...? ¿Has visto en él...? 

MARIA 

(ViTameate.) ¿Alguna persona conocida? 



78 



CESÁREO 

Creí ver, al través de lo negro... ¿Os acor- 
dáis de aquel Antonio Sanfelices, sobrino 
deL Marqués de Tarfe?... 

FILOMENA 

¡Jesús! El mayor calavera de Madrid, 

DON PEDRO 

¿No fué procesado? 

MARIA 

Sí, sí: Sanfelices. Pero éste no es aquél» 
Cesáreo: es otro. 

CIRILA 

(Por el fondo.) Recado de esa señora doña 
Teodolinda... Que esperan al señor don Ce- 
sáreo para comer. 

MARÍA 

(Desconsolada.) ¿Y no come cou uosotros? 
¿Nuestra compañía no vale más que el 
menú de esa feróstica? 

CESÁREO 

Ha llegado el momento de sacriñcar hasta 
los más dulces afectos... 



\ 



7» 



DOV PEDRO 



fSépsriodote de sa hermana.) Vete pronto, hi» 

jo; no te hagai^ esperar. 

CESÁREO 
Voy, sí. (A Filomena y María.) Y nO partiré 

sin volver acá. Seguro, seguro. (Dirígese al fon- 

do. Filomena y María van con él, prodigándole cari- 
ftos. Permanecen en la puerta despidiéndole.) 

DON PEDRO 

(Janto á la mesa, á la izquierda.) Cirila. 

ClhlLk 

Señor. 

DON PEDRO ^ 

No te descuides en traer un buen trozo de 
caniie para rosbif... 

CIRILA 
(Con expresión lastimera, indicando la escasez de 

newrsttt.) Señor, considere... 

DON PEDRO 

Considero, considero... que no puedo pa- 
sarme sin una alimentación muy sólidit. 



/ 



< 



80 
GTHILA 

Yo cuidaré, señor; pero tenga en cuenta... 

DON PEDRO 

(Propendiendo á la irascibilidad.) No ha de fal- 
tar crédito... Y suceda lo que quiera, ¿he de 
consentir que la anemia me devore? 

CIRILA 

(Aparte.) Dios nos tenga de su mano. (Dirí- 
gese á FilooGieoa: ésta y María vuelven de despedir á 
Cesnreo.) 

MARÍA 

(Llorosa.) Es una ingratitud... 

FILOMENA 

H\ja, si así conviene... (a Cirila.) Comere- 
mos. (Van hacia la derecha.) 

CIRILA 

Señora, ¿no sabe...? (Le cuenta qoe don Pedro 
pide rosbif, etc. Vanse por la derecha.) 



84 



ESCENA XIX 

HAKIA, DON PEDRO; dupá«s FILOMENA. 
DON PEDBO 

María, jrás esta noche á la fiesta de Teo- 
dolinda. 

MVRIA 

(Resignada.) ¡Si vieras, papá, qué sacrificio 
es para mí...! 

DON PEDRO 

Ne me repliques, (vivameote.) ¡Ah! lo prin- 
cipal se me olvidaba. No mandes por ahora 
esas cartas. 

MARIA 
¡jOh, cuánto me alegro! (Las saca del bolsillo.) 

DON PEDRO 

Es que... he pensado... Se mandará sólo 

una. (Toma las cartas y escoge una entre ellas.) 

Esta: la reproduces, variando el nombre... 

MARIA 

(SaivMMDaa.) ¿Y Qué nombre se pone? 

6 



83 



DON PEDRO 

El de nuestro amable y simpático veci- 
no... 

MARIA 

(Con gran asombro.) ¡El de la cara negral 

DON PEDRO 

Verás cómo ese no me desaira. 

MARIA 

(Con ansiedad.) ¿Pero qué piensas?... ¿Cuál ea 
tu plan? ¿Cómo te atreves á solicitar...? ¡Y 
si luego...! ¡Explícame, papá, por Dios...! 

DON PEDRO 

(Con gran coofnsión en su mente.) ¡Nopuodo ex- 
plicártelo!... Siento en mi cabeza un desva- 
necimiento, una debilidad... Principio de 
anemia, por causa de la alimentación in- 
suficiente. 

MARIA 

¡Oh! 

DON PEDRO 

¿Mandarás la carta? (Maria permaoece ma4% 
en profunda meditación. Pansa.) ContéstaiM. 






83 



lUfi 



MARIA 

<Gon resolación animosa, alzando la cabeza.) Sí« 

FILOMENA 
(En la paerta de k derecha.) ¿Pero no veníS á 

comer? 

ÜON PEDRO 

Sí... ¡tengo un apetito...! (Dirígese á la puer- 
ta. María permanec^ inmóvil, meditabunda.) 

FILOMENA 

(A María.) ¿Y tú, Mariucha?... ¿qué haces, 
qué piensas? 

MARIA 
Nada, (impetuosa, después que les ve alejarse.) 

¡La muerte, Señor, dame la muerte, 6 en- 
séñame cómo hemos de vivir! 



1 



rm DEL ACTO PBIMERO 



^í«-. 



• / 



f 
\'-- 



• .*'■■ 1 ■ 



ACTO SEOUNDO 

Grojia baja del patio olaustrado eu el palacio de Alto- 
Bey. Todos» los huecos de la galería están cubiertos 
de cristalería antigua emplomada, á excepción del 
más próximo á la derecha, que es entrada de una 
glorieta cerrada, en su parte interior, por enrejado 
cvbierto de enredaderas. Dicha glorieta se supone 
hecha para ocultar aquel lado del claustro que está 
en ruinas. Al extremo derecho de la galería está- el 
arranque de la escalera que conduce á las habitacio- 
nes altas de los Marqueses; al izquierdo puerta prac- 
ticable por la cual se sale al centro del patio y á la 
calle. 

En la caja de la izquierda, puertí» y reja del: almacén 
de carbón. 

Bancos de piedra arrimados á los cristales. Es prime* 
ra hora de la noche. Claridad viva de luna llena ilu- 
mina la glorieta y arranque de la escalera, y la par- 
te derecha del escenario. 

BSCBNA PRIMERA 

UMiVi CIBILAt 4a« Ml«n por la isquierdA. León omi U e»c« 

Ufmdft. 

LEÓN 

¿Está usted segura de lo que dice? Bepf« 
tamelo. 



86 
CIRILA 

¿Otra vez? 

LEÓN 

Es tan extraordinario, tan fuera de lo co- 
mún, el mensaje traído por usted, que... Oí- 
4o ya tres veces, no me determino & creerlo. 

CIRILA 

Pues á la cuarta va la vencida. Mi seño- 
rita, la señorita María, hija de los señoras 
Marqueses de Alto-Rey... ¿Duda usted de 
que exista mi señorita? 

LEÓN 

No puedo dudar de lo que he visto. Lo que 
audoes que... 

CIRILA 

¿No se llama usted León, don León 6 el 
señor León? ¿No tiene la cara negra? 



. ■* 



LEÓN , 

Ya me he lavado... Míreme bien.' 

CIRILA 

Bueno: es usted el sujeto con quien ha- 
blar desea. 



87 
1.EÓN 

¿Aquí? 

CIRILA 

La señorita irá esta noche á esa gran fies* 
ta en casa de... 

LEÓN 

Ya... 

CIRILA 

Mis amos,, para que Ja señora Alcaldesa 
no se moleste en venir á buscarla, han de- 
terminado que yo la lleve á casa de la seño- 
ra Alcaldesa. . . ahí enfrente... La señorita 
baja conmigo... la espera usted... Por aquí, 
seprún veo, no pasa á estas horas un alma... 

LEÓN 

Nadie. El Justado municipal está cerrado 
de noche. 

CIRILA \ 

Hablan la señorita y usted... delante de 
mí... 

LEÓN 

HablamoB... hablará ella, y me dirá... 
Perdone usted: esta confusión y estas dudaf 



mías provienen de la obscuridad y del acen- 
to turbado con que usted se expresa. Usted 
entró en mi casa diciendo que traía una car- 
ta para mí... Después... 

ClRfLA 

(iQterrumpiéndoie.) Porque la señorita me 
dio la carta para el señor León, y apenas la 
puso en mis manos, me la arrebató dicién- 
dome: "No, no: nada de carta. Aunque es 
muy penosa esta declaración hablada, pre- 
fiero... „ (Siütieado rumor ea la escalera.) ¡Ah! ya 
viene. (María descieuile cautelosa, aplicando el oído, 
mirando á todos lados. Detiónese á cada peldaño, con 
temor y ansiedad. Viene vestida para la fiesta noctur- 
na, con traje de extraordinaria elegancia y riqueza. 
Sombrero; abrigo de verano. La luna llena ilumina la 
hermosa figura.) 

ESCENA II 

LEÓN, CIBILA. MARLL 
MARIA 
Aquí está... Me espera. (Parada en el primer 

peldaño, temerosa.) ¡Oh! no me atrevo... le diré 
que se vaya, que me equivoqué... Es nece- 
dad, locura •.. 



99 



CIRILA 
(Se acerca á ella, secreteando.) Te aguarda..* 

¿Qué... temes? 

MARIA 

(.Rehációadose.) [Ay^ SÍ!... Pero más que mi 
miedo podrá el tesón del alma mía. Lo que 
resolví después de mucho meditar, debe ha- 
cerse, se hará... Inspíreme Dios y fortaléz- 
came. Cirila, tú te sientas aquí para avisar- 
me si alguien de casa... 

CIRILA 

SU sí: yo estaré al cuidado... (Se sienta en el 

primer peldaño.) 

MARÍA 

(Aparte, avanzando.) Es bueno, es generoso... 
Nos atenderá.. . Con esta esperanza me aven- 
turo... 

LEON 

(Respetuoso. ) Señorita... estoy á sus órde- 
nes* 

MARIA 

Gracias... Si me he permitido molestar- 
le... (Aparte.) No sé cómo empezar. Estudió 




un principio muyoporluno.,. yjase me hal 
ido de la memoria. . . 

Para mí es grande honor.., 

j^ M.VillA 

(Aparte recordando.) ¡Ah! ya.., 
padre... (Aparte.) No era esto.. 
mano... 

LEOS 

Su hermano de usted liizo esta mañana ' 
un reconocimiento minucioso de mi f 
mía. Le.^!^rbaba un poco la máscara, de 
carbón que llevaba jo entonces... ■ 

*^ MARIA I 

Signo, emblema de un trabajo honrado. 
(Aparte.) Me parece que voy bien. Debo ga- 
narme^u voluntad- (*iio.) Mi hermano cre- 
yó ver fen su cara de usted cierto parecido 
con un muchacho de Madrid... un mala ca- 
beza, que dio mil escándalos y cometió... no 
sé qué diabluras... Realmente no existe se- J 
mejanza. 

LEON— 

¿Que no existe semejanza? ¿Y usted lo | 
añrma? 



91 



MARIA 



(Príacipiandoá sospechar, mirándole atenta.) Sí... 

yo... conocí al tal. Verdad que no recuerdo 
bien su fisonomía. Por eso dije luesro: **No 
es aquél , Cesáreo ; es otro „ 



LEON 



Su hermano de usted, creyendo ver en 
esta cara facciones conocidas, estaba en lo 
cierto. Soy Antonio Sanfelices. 



MARIA 

(Retrocediendo asustada ) ¡Oh, DioS mío! Us- 
ted... Perdóneme si he dicho... (Aparte.) ¡Ayf 
ahora la he hecho buena. 

LEON 

No tengo por qué perdonarla. Sosiégúese 
usted. 

MARLY 

No haga usted caso. . . Juzgando por lo que 
oí» dije... 

LEON 

¡Si ha estado usted excesivamente benigna 
en la calificación de mis actos! Diabluras ha 
dicho. Fué algo más... Si quiere usted ate- 



Buar mis faltas, diga: complicidad irreflexi- 
va en delitos graves. 



MARIA 

(Asustada.) ¡ Ay, Dios míó! Yo no digo nada, 
ni sé nada de eso... Y no tema que yo le de- 
late, ni que descubra su verdadero nombre. 

LEON 

En realidad, no tengo ya por qué ocultar- 
lo. León es mi segundo nombre de pila. Lo 
adopté como primero en los días más ho- 
rrendos de mi vida, cuando, abandonado por 
unos, de otros perseguido, me vi solo, enca- 
denado á mi conciencia, frente al mundo 
inmenso, que me pareció el conjunto de to- 
das las iras contra mí. Hoy conservo este 
nombre porque en él veo la forma bautismal 
ét mi regeneración. Usted, con divina pers- 
picacia, acertaba cuando dijo: "No es aquél, 
Cesáreo; es otro.„ 

MAniA 

(Rcñexiva.) Es usted otro. 

LEON 

El hombre lleva en sí todos los elementos 
del bien y del mal. Excelentes personas hai^ 



caído en la peraicion; santas hay qne faeron 
perversos. 

MARIA 

Si es usted de estos últimos, déjeme qud 

le admire. ] 

LEON 

Merezco quizás el respeto de usted; admi- 
ración, no. 

MARIA 

La desgracia, tal vez la miseria, le han 
obligado á luchar; la lucha le ha redimido: 
¿no es eso? 

LBON 

Criado fui en la holganza... Puedo decir 
que no tuve pladres, porque murieron deján- 
dome muy niño. Hombre ya, heredé una 
fortuna, que vino á mis manos cuando la 
compañía de amigos, peores que yo, me ha- 
bía educado ya en los vicios de la disipación 
y el juego, en el menosprecio de toda recti- 
tud... Corrí desvanecido por el mundo, cie- 
go y desmandado. Este vértigo, este correr 
loco, forzosamente habían de precipitarme al 
abismo. Mis amigos iban delante, más cie- 
gos qae yo. 'Si el dinero nos faltaba, ¡qué 
arbitrioB-, qué combinaciones depravadas 



/ 



94 
para procurárnoslo! Por fin, la escasez noe 

arrastres á la desesperación, la desesperaciiSn 
á la ignomi lia, ésta al escándalo, y el es- 
cándalo nos estrelló contra la justicia, y 
nuestros nombres fueron oprobio de fami- 
lias respetables. 



(Con estupor candoroso.) ¡Jesús! ¿Y por qué, 
dígame, por qué fué usted tan mato? 

LEON 

Óigame, señorita, y vea toda mi maldad. 
Un compañero mío de. aquellas locuras dis- 
currió... poner en un documento de crédito 
una firma que no era la suya. (Movimiento de 
reprobación en Müria; protestu viva de Leon coa mi 

rodil y gcBto.) Yo no lo hice... me repugnaba. 
Jli complicidad consistió en que pude evitar 
el fraude, y no lo evité.,, por et provecho 
momentáneo que de él tuve. Miaturdimien- 
to fué causa de que el menos culpable, yO, 
18 recargado de 



dad, y.. 



¡Vivamente.) De todo eso tengo yo una idea 
vaga... En Madrid, por unos días, no se ha 



95 

bló de otra cosa. Su tío de usted, el Marqués 
de Tarfe... 

LEON 

Mi tío, que hasta entonces no se había 
cuidado de mí, se mostró grande, generoso 
j justiciero ante la deshonra que yo arrojé 
«obre la familia. Con su dinero fué cancela- 
do el infamante documento; por gestión 
suya fué sobreseída la causa que se nos for- 
mó; y tratándome con severidad cruel, no 
tan cruel como yo merecía, me dio lo preci- 
so para irme á Cádiz, donde un amigo suyo 
tenía el encargo de embarcarme para Amé- 
rica. 

MARIA 

Eso entendí... que se había ido usted á 
Montevideo, al Brasil, no sé... Siga. 

LEON 

Pera estoy importunando á usted con mi 
triste historia, impidiéndole... 

. MARL\ 

(Vivamente.) No: si eso me interesa más que 
nada. Cuente... Se embarcó usted... 



96 

LEON 

X Ai Awxioxaie iba; pero en el camino caí 
fc. -»,- .. .n :ni enfermedad y en mante- 
t^. *r ;^:«!<t' el dinero que llevaba. Solo, 
.Ni.r,'^ -.*•.. sin más amparo que el Cielo 
. ■ .... -...C'.ia tierra por delante, entré en re- 
4v ' ..-.^ o,^ü :ui conciencia, y empecé á creer 
,jií5i .i-.; wubre nuevo alentaba en mí. 

MARIA 

. V. .u.'.ís:! ruriosiiíad.) ¿Pero cómo vivía, 
^s --v. .^vioo Arreglarse? Cuénteme esa parte 

LEOM 

^; ^ ;i^rmda á usted? 

MARIA 

yV nui^v bonita... digo, es la más intere- 

LEON 

\ '.,^ más íorrible. No podrá usted, con to- 
V, > '.A^ ;\in^vimientos de su imaginación, re- 
,-.->;niiv huí torturas mías, la fatiga inmen- 
5^; ^ *. ^iUjrustioso vía crucis tras la caridad 
v;\. ■.iO;^ la miseria, los ultrajes... Pero todo 



97 

esto era necesario para que naciese al horn* 
bre nuevo, y allí nació, en aquel vivir dolo* 
roso... 

MARU 

Reflérame todo, sin omitir nada. (Se sienta 

en el banco de piedra, y escucha poniendo toda sa 
alma en el relato.) 

LEON 

Pues mire usted, ni aun en los trances de 
mayor desesperación me decidí á quitarme 
la vida. 

MARÍA 

¿No pensó usted en suicidarse? 

LEON 

Sí pensé alguna vez; pero en el momento 
de consumarlo, me detenía... Me daba lásti- 
ma de matar al hombre nuevo... Me parecía 
que mataba á un niño. 

MAUIA 
(Identiticándose con la idea.) Sí, SÍ: lo COm« 

prendo, lo siento yo... Siga.. 

LEON 

Sin norte ni rumbo, yo atravesaba sierras, 
valles, estepas... Caridad encontré en al- 

7 



9S 

gunos lugares; en otros desprecio, palos» 
burlas... 

MARÍA 

(Compadecida.) ¡Ay, qué hambres pasaría, 
pobrecito! 

LEON 

He recogido sobras de las cocinas más mi- 
serables; los pastores me han dado á reba- 
ñar sus sartenes. 

MARIA 

Y andando, andando siempre, con su cruz 
á cuestas. 

» EON 

Con mi cruz... y con mi conciencia, que 
ya no me ponía cara muy adusta. 

MARÍA 

Ya le sonreía, le alentaba... Y usted siem- 
pre adelante. 

LEON 

Hasta que llegué á las minas de Somon- 
te. Allí pedí trabajo. Meló prometií^ron... 
Entre tanto, ayudaba á los carreteros á car- 
gar carbón. 



99 
MARIA 

Y así Yivía— 

LEON 

Allí tuve el primer dinero ganado por mí; 
ipero con qué trabajos!... Un día se murió 
de viejo un pobre borrico que trabajaba con 
un carro pequeño. Yo lo sustituí. 

MAIUA 

¡Jesús! 

LEON 

Y tirando de mi cargamento, aquí lo traje. 
Fué la primera vez que entré en Agraman- 
te,,. Volví á la mina. Un secreto instinto, 
algo como una naciente vocación del hom- 
bre nuevo, movía mi voluntad, movía mis 
manos á una ocupación que era mi mayor 
gusto... Cuando los carros se ponían en ca- 
mino, yo recogía los pedacitos de carbón que 
caían al suelo. Recogiendo y acopiando toda 
aquella miseria esparcida, llenaba yo una 
cesta de carbón, que vendía luego en los 
pueblos próximos. •• 

MARÍA 

(Maravillada.) ]0h, qné paciencia. Dios mío! 



100 
LEÓN 

En mi afán de llenar la cesta, yo no me 
contentaba con recoger los pedacitos: quería 
recoger hasta los átomos.., 

MARÍ\ 
(IdeotifícáDdose COD la idea.) ¡Los átomOS! Es 

lo que yo digo: cuando pasa un átomo, co- 
gerlo... 

LEÓN 

En esto, yo había escrito á mi tío expli- 
cándole mi deplorable situación: yo estaba 
descalzo, harapiento. Por toda, respuesta, 
me mandó á esta villa tres cajas en peque* 
ña velocidad, porte pagado. En ellas venía 
toda mi ropa. 

MARÍA 

¡Oh, qué bien! Por lo menos, se remedió 
usted de su mayor falta. ¿Y qué hizo enton» 
ees? ¿Se puso usted su repita y...? 

LEÓN 

No, señorita. ¿De qué me servía todo 
aquel matalotaje tan impropio de mi estada 
mísero? Salvo algunas prendas y el calzada 
más cómodo, vendí toda mi ropa. 



• .s 






m 

MARÍA 

]0h, qué feliz idea! ... La ropa elegaiVtéf^.. 






LEÓN 






La vendí por lo que quisieron darme. ¿Y .^'V-, 
qné hice? Me fui á la mina y compré cuatro *-;.:'- 
toneladas de carbón. 

MARÍA 

(Aaioiáadosc, se levanta.) ¡Bravísimo, señor 
hombre nuevo! 

LEÓN 

Pagué mi carbón á toca-teja: lo traje acá, 
parte en carro, parte en un borrico, y algo 
también á hombros, en una cesta... 

MARÍA 

Y lo vendió y ganó dinero. 

LEÓN 

Antes de veinte días pude comprar un 
carro. 

MARÍA 

(Gozosa.) Ya veo, ya veo... Se le revelaba á 
nfted un mundo. 



• » • 



t • 






• • 



,» • 



••'•V 



402 



LEÓN 






;'M^Sentía poseedor de cualidades nuevas, 
dé* ideas nuevas, de nuevas aptitudes... 
!Buscaba en mí, por curiosidad, al hombre 
antiguo, y no lo encontraba. Aquí de la ex- 
presión de usted, que me llega al alma: "No 
es aquél, Cesáreo; es otro. „ 

MA Rf A 

Su historia, señor mío, me conmueve, 
me anonada. La veo no menos maravillosa 
que las vidas de santos y que las empresas 
de los conquistadores más atrevidos. Lo 
demás... 

LEON 

Lo demás apenas necesita explicaciones: 
honradez intachable; trabajo continuo no- 
che y día; diligencia, prontitud, buena fe; 
cumplimiento exacto, infalible, de todo com- 
promiso comercial... conciencia tranquila, 
robustez, salud... 

MARIA 

(Su<(pira hondamente.) ¡CuántOS bienes des- 
pués de tanta adversidad! 



403 



LEON 

Y ahora, señorita, desenmascarado abso- 
lutamente el vecino negro, dígame usted en 
qué puedo servirla. 

MARIA 

(Aparte.) Después de oirle, siento más ver- 
güenza que antes. (Alto.) No soy digna de 
acercarme á usted con la pretensión de... 
No, no puedo decirlo... Usied ha turbado 
mis ideas... Yo le creía un hombre infe- 
rior... y ahora es usted tan grande que casi 

no me atrevo á mirarle. (Iu(|uiet;i, recorre la es- 
cena.) ¡Oh! no, imposible. Debo retirarme. 

(Llamando en voz baja.) Cirila. (Acude esta á su 

lado.) jNo me atrevo; siento una vergüen- 
sa...! 

CIRILA 

.En casa no duermen. Tu papá se pasea de 
•ala en sala. Debemos irnos. 

MARIA 

(Dudando.) No, no: aguarda... ¡Dios mío, 
qué ansiedadl 

LEON 

Estamos solos, señorita. Puede explicar- 
■le... 



HARU 



. Soy tin» ' 



No, no, Le6n: me falta valor. Soy tini 
pobre señorita mal educada, incapaz de re- 
solver cosa alguna... Lo que yo pretendía, , 
lo que me impulsó á llamarle, es algo que á 
BUS ojos me rebajaría, y yo no quiero reba- 
jarme Á los ojos de usted, de quien ha sabi- 
do ser creador de sí mismo. Hágase usted 
cuenta de que no le llamé, de que no nos he- 
mos visto, y retírese... Le suplico que si 
retire. 



í 



(Can caltnu, qaa eocahre una calculada ex|)ecU- 
cióa y deseos de penetrar en laa ideas de Maria.) 
Bien, señorita, en ese caso... (Coa gran leniu 
lud.) Si ee deseo de usted que me retire... 
poniéndome siempre á sus órdenes... (Se va 

retirando muy despacio, parándose y volviendo bl J 

cab3za)me retiraré. 



(Con súbito arranque.] León. (Aparte i Cirttt j^ 
S(, SÍ: lo diré... es preciso. Me volvería loon 
si no lo dijese. Ello es ridículo, humillante 
¿pero qué importa? (Alio.) Usted comprendej 
rá que no es por mí... que obligada me ^ ' 



105 

por... Hay doras necesidades... que abru* 
man... 

CIRILA 

(Aparte á María.) Ángel, dilo pronto, en dos 
palabras, para que acabe tu agonía. 

MAR[\ 

(Con gran esfuerzo.) Mi padre, mi familia... 

LEON 

Yo haré menos violenta esa manifestación, 
anticipándome... 

MARIA 

Sí... hable usted por mí... 

LEON 

El Marqués se halla en situación preca- 
ria... Lo sé: he visto alguna carta dirigida 
por el señor Marqués á personas de la villa... 

MARIA 
¡Oh, qué vergüenza! (Premiosa, trémula.) Mi 

padre me ordenó que escribiese á usted una 
de esas cartas... la escribí... Luego me pa- 
reció, viéndole á usted tan humilde, que de 
palabra... sería mejor... Perdone usted mi 
atrevimiento. Mi padre es bueno; sólo que 



toe 
el pobi'i^cito sue&a con engrandecimientesy I 

' regeneraciones que no vienen, que no ven- 
drán... Es bueno, y mi madre una escelen- 
te señora, y mis hernianitos... (^oiiozumio) 
son muy buenos también... están... en e! 

p colegio... Tenga corapasión dé nosotros... 

r En mi casa se ha llegado á una situación 

I tan... no sé cómo decirlo... tal vez usted no 
lo crea. ¡Más üiiogado ei stiiiozn.) Yo procuro 
ocultar á mi padre la terrible verdad de 
nuestra miseria. Yo sola la sé, yo y Cirila, 
que más que mi criada, es mi amiga. Los 
demás viven en un mundo de ilusiones, de 
menüras... Mi hermano los mantiene en el 
engaño... Nos hundimos; rodamos al preci- 
picio, á la abyección... Esto lo veo yo... lo 
veo... pero no puedo remediarlo, no sé re- 
mediarlo... no sé, no sé... (Itompo eu llanlo. Ci- 
tÜH lloia tjuibica en sileaclo.) 

LEOM 

Es en usted mérito grande ver la situa- 
ción en su realidad terrible, mirarla cara i 



MARTI 

ja.} Sí, señor... la miro... cara á 



t07 



LEON 



Heroína es usted, y está llamada á entrar 
en batalla con las mayores desdichas... Pero 
usted tiene un corazón grande, un corazón 
valiente, ¿verdad? 

MARIV 

Quiero tenerlo. 

LEON 

Usted no se acobarda ante ningún obs* 
táculo. 

MARIA 
No. (Secáodose las lágrimas, animosa.) 

LEON 

Y posee entereza bastante para permane- 
cer serena ante un contratiempo, ante un 
golpe de adversidad... como el que yo voy á 
darle en este momento. 

MARIA 

iAterrada.) ¡Usted... un golpe! 

LEON 

Diciéndole, como le digo, que no puedo 

socorrer á su familia. (María permanece en mud» 



«spectaeiúD.) No podré eeta noche, ni mafia> 
na... ni en algunos días podré. 



(Aparte eonstemada 

I 8a ridiculezl (Uévui 



) ¡Huniillaciín, espanto- 

i ks muDosiiL rostro.) 



¡Cuánto me aflige mi negativa, sólo Dios 

lo Babe! (Dacidióadose á presentar el aauntg en eo 

reniidjd dest-arnadn.) Pero á Una persona tan 
inteligente debo yo completa sinceridad... 
Suprimo las explicaciones sentimentales de 
mi conducta, y daré á usted tan s61o las que 
- deben hablar á 6U razón. (M,ir¡a continua eipre- 

lando el Irastomo de su desengaño.) Hace Un meS, 

viendo claro un desarrollo grande de mi 
tráfico, hice á la mina un pedido de consi 
deracióu. El nuevo ferrocarril me trajo seis 
vagones, luego ocho, luego más. He coloca- 
do ya la mayor parte Mañana, 10, es el 

día fatal, el vencimiento de las obligaciones 
que contraje. Gracias á mi puntualidad, 
tengo crédito en la Compañía Minera. La 
falta de pago me hundiría, me haría perder 
en un instante la reputación mercantil ad- 
quirida con ímprobo trabajo y privaciones 
de que usted no puede tener idea. 



40» 



MARIA 



(Atónita, pero ideatifícáadose ood lai ideas de 

León.) Sí, SÍ: ya entiendo. 

LEON 

Allí (Señalando á su cas;i) tengo apilada, bi- 
llete sobre billete, duro sobre duro, la can- 
tidad que he de pagar mañana. No me ha 
sobrado nada. ¿Quiere usted que le traiga la 
suma que allí espera... para el pago de una 
deuda sagrada y para la sanción de mi cré- 
dito? (Pansa.) 

MARIA 

(Después de una vacilación momentánea, dice con 
TOE ñrme:) No. 

LEON 

Es usted fuerte, animosa. (Gozoso.) Veo ^ 
que si yo soy de hierro, usted también. 

MARIA 
¿Yo? (Con grave acento y convicción.) Si Dios 

me concede lo que le pido, el bronce será 
menos fuerte que yo, y el acero menos tem* 
piado. 

LEON 

¡Mujer grandel 



no 



MAUIA 



Mujer... del tamaño de los acontecimien- 
tos, considero muy bien las razones que us- 
ted me da para... En fin, que no desmerez- 
ca yo á sus ojos; que no me crea... no sé qué 
iba á decir... y procure usted olvidar esta 
entrevista... 

LEON 

Eso nunca. Espero que, en un día próxi- 
mo, podré ser menos cruel que he sido esta 
noche. 

MARIA 

(Tarbaiia.) Gracias, infinitas gracias. Retí- 
rese usted... Tiene ocupaciones... Yo tam- 
bién. 

LEON 

Sí... debo retirarme, (Le hace revcreada. Aló- 
jase lentamente; la contempla á distancia. Aparte.) 

|Dura lección eB ésta!... ¡Terrible lección? 

Aprovéchala. (Continúa observándola. Acércase 
Cirila de naevb á María, coa ánimo de consolarla.) 

Desdichada víctima social, lucha, padece y 

Tencerás. (Entra en su casa.) 



411 



ESCENA III 

liA&IA. CIRILA; después VJCE^'Xi 
CIRILA 

Niña del alma, no te acobardes. Poco ama- 
ble y nada generoso ha estado el vecino. 
Probaremos con otros. (Saca la carta.) Con va- 
riar el nombre... 

MARÍA 

(Vivamente, mirando á la parte obscura de la es- 
cena por donde ha desaparecido León, arrebata á Ci- 
rila la carta y la estruja.) Acábese csta ignomi- 

nia, (Rompe la carta y arroj:i los pedazos. Apareen 
Vicenta por la puerta del patio. Viste traje para a 

fiesta.) Su proceder duro, casi bárbaro, es 
para mí un aviso del Ci( lo. Ad miro en eí e 
hombre la severidad de un maestro infJe- 
xible. 

VICENTA 

(Aparte.) |Aquí María!... ¡y qnéeltgiinti !... 

CIRILA 

La sefiora Alcaldesa. 



4H 



MARIA 

(Aparte á Cirila.) Apártate... Vigila en la es- 
calera. (Cirila se aleja por la derecha, cautelosa, y 
aguarda sentada en el primer peldaño.) 

ESCENA IV 

MARIA, VICENTA. 
VICENTA 

¡María... querida! Ustedj impaciente por 
mi tardanza, ha bajado á esperarme. 

MARIA 

Sí: esperaba á usted... 

VICENTA 

Vengo retrasada. Cosiendo hasta muy tar- 
de hemos estado mi hermana y yo con el 
dichoso arreglo. (Mostrando su vestido.) Yo que- 
ría que lo viese su mamá. 

MARIA 

Mamá se acuesta muy temprano. 

VICENTA 
(Girando sobre sí.) ¿Qué tal estoy?... 



MARÍA 

(Rieado.) iHorriblel No podia usted discu- 
rrir un arreglo más desatíDado. 

VICENTA 

¡Oh, qué pena me da usted!... Pero ya no 
tiene remedio... Vamonos. 

MARIA 

No: yo no voy. Después de vestida, deci- 
do no ir. 

VICENTA 

Entonces, ¿qué hacía usted aquí? 

MARIA 
Salíamos... (Sin saber qué decir.) Ibai.lOS á 

casa de usted para que me viese... 

VICENTA 
(Deslambrada por la elegancia y riqueza del .it.ivío 

de María.) ¡Oh, suprema elegancia! Está us- 
ted divina, ideal. 

MARÍA 

Vea usted, Vicenta: con un traje como 
éste debiera usted presentarse esta noche en 
1m jardines de Teodolinda, iluminados a 

8 



giorno. Una toih tte i&i es lo que á nsted le 
corresponde, por su posición, por su natural 
elegancia y belleza... y no ese adefesio ba- 
rato, que va pregonando las hechuras de 
casa y el aprovechamiento de trapitos, (nai 
lamióse.) ¡Pobre amiga mía! No puede usté 
imaginar qué lástima le tengo. 
VICENTA 

(Consicmatb.) No me lo diga usted mal 
porque hago lo que usted; no ir. 



[Viv;.mciite.) No, no, Vicenta. Usted 
puede faltar. ¡Qué ee diría! No, no... De Din 
guna manera... 



¡Vaya que es desdicha! No tan bueno o 
mo ese, pero el^aniísimo también y > 
gran novedad, es el vestido que yo encar- 
gué, (i'uriosí..) ¡Ay, qué bribona de modista; 
era cosa de arrastrarla!... 



^(imiíamlo eq ruri.i.) De sacarle los ojos, 
porque con su informalidad la pone iusle 
en un ridiculo espantoso. Yo io siento tantQ 
como usted, y estoy pensando que.., 



lis 



VICENTA 



•'dUUt 



(Con gran ansiedad, reparando eo todas las partea 
iel hermoso vestido.) ¿Qué, hija mía? 



MARIA 



¡Y qué golpe daría usted si con él se pre- 
sentara en el baile! Usted imagínese la gran* 
diosa decoración del parque y jardines-, los 
focos eléctricos, que darán á las mujeres bien 
vestidas un aspecto ideal, fantástico... y por 
fondo el follaje verde, salpicado de luceci* 
tas... 

VICENTA 

(Entasiasmada.) ¡Oh, incomparable! Cree* 
rían que es el vestido que encargué á Ma- 
drid... María, amiga del alma, ¿es cierto 
lo que sospecho? Me dice el corazón que us- 
ted, con su generosidad sin ejemplo, se dig- 
na prestarme... (María hace sígaos nfírmativos, 

ientamonte.) ¡Oh, qué alegría! ¿Con que...? 



I 



» 



(Gozando coo la ansiedad de Vicenta.) Pienso... 

que con este traje estaría usted encantado- ]f 

ra, Vicenta. 

VICENTA 

¡Oh, sí...! 

MARIA 



t 

t 

I 



J' 
ft 



/ 






416 



MARIA 



[l£in{)ezaa()o á ponene gra^e.) Hay algtlll iw 

conveniente. 



¿Cuál? 



VICENTA 



MARIA 



Yo le prestaría á usted con mucho gusta 
mi irnje... pero,., si luego me lo ven á mí» 
|ij\u^ iliránl 

VICENTA 

^ivaoonsolada.) ¡Ah, SÍ... I no había caído... 

MARIA 

No dobo prestar á usted mi vestido, no.,. 
iVíN^.- por otro medio podría lucirlo. (PauM» 

^VN>^(A^'i^^*^ de Vicenta.) 

VICENTA 

MARIA 

v,V<H]^ndolo. 

VICENTA 
•razando las mnDos.) ¡Maríat 



H7 
MARIA 

Vendo esta ropa, que es absurda, irriso- 
ria, en la humilde situación á que ha llega- 
do mi familia. Mi padre es pobre, tan pobre 
que no lo son más los que mendigan en las 
calles. Ya no hay forma de disimular ni en- 
cubrir nuestra descarnada miseria... 

VICENTA 

(Compadecida.) ¡Pobre amiga de mi alma! 
iQué pena!... Sí: compro el vestido... com- 
pro todo: traje, sombrero, abrigo-.. Pero ello 
ha de ser para ponérmelo y lucirlo esta 
noche. 

MARIA 

* 

Tiene usted tiempo 

VICENTA 

(Con gran impaciencia.) Peró no podemos des- 
cuidamos. 

MARIA 

Espérese un poco. Aún tenemos que esti- 
pular. •• 

VICENTA 

Katuralmente, el precio. 



IIS 



Qoe no pnede kt corto. Ua»!. Kfipsrm 
rica y de bnen grosto, puede tpreccur... Fí- 
\f^. bien: este traje 66 de Redfen, eL pcira»^ 
m^Kliiito de París... 

VICENTA 

Ya 86 conoce. 

MARIA 

£ii« d0 Bivoli, 242. Viste á la Empentib 
de Rusia y á la Reina de Inglaterra. 

VICENTA 

Y será carísimo. 

MARIA 

C$(^ figúrese... Mis padres encargaron 
>k- ^4^«n>n estos lujosos trapos dos meses há» 
QMi¿¡i^i> ya eran pobres, casi miserables. Lo 
it^tu ^K?is dieron entonces á la vanidad, jus» 
'A^ ví^ «<w la vanidad se lo devuelva. 

VICENTA 

ViHt^ mía* me hago cargo de las circuns* 
'^uw'ii^ > ^ <iue me obligan á ser generosa» 
• itv i^^HÍ uu valor razonable, teniendo en 
^ »VAUA vjvw ^ prenda usada, y no regatea» 



i^moa. (Impaciente por<]oe UuHa se quite el vestido.) 

Y ahora... Porque los instantes vuelan, Ma- 
ria. El precio y pago lo arreglaremos ma- 
ñana. 

MAltlA 

Perdone nsted, Vicenta. Los malditos 
mañanas, causa de tantos desórdenes, estáa 
abolidos... 

VICENTA 

¿Por quién? 

MARÍA 

Por mf. Me propongo cambiar radical* ■ 
mente mi modo de ser. Ya no soy aquélla, 
soy otra. La gravedad, la ui^encia del caso 
exigen que esta noche quede todo resuelto y 
concluido: la entrega de la ropa, el pago, 
etc... No he de ser exigente. De lo que cos- 
taron á níii padre este rico traje y sus acce- 
sorios... ya usted ve; todo nuevecito... sólo 
una vez me lo puse en Madrid,... rebino la 
mitad. 

VICENTA 

Bien. 

M\aiA 

Si usted qalere lucirlo esta noche hacMn- 
dolo pasar por el que encargó i Madrid, tie- 
ne que darme... 



120 

VICENTA 

¿Cnanto? 

MARIA 

(Cod energía.) No mañana» mañana no, esta 
noche misma, ahora, corra usted á én casa, 
que está bien cerca, dos pasos, y tráigame... 
cuatrocientos duros. 

VICENTA 
(Ccmfttsa, sin saber qué hacer.) PerO... Verá US- 

ted... el caso es que esta noche... Natural- 
mente, no voy á decirle á Nicolás... Quisas 
se opondría. 

MARIA 

Pues entonces, no hay trato. 

VICENTA 

Mañana, amiga mía... ma... 

MARÍA 

(Cortándole el cpneepto.) No hay amlgllftaSy 

ni carantoñas, ni mañanas, ni nada de eso. 
¿No sabe usted que soy de bronce? 

VICENTA 

f a lo veo, ya... Pero... No sé cómo arre» 

glarlo... (Con ana idea lalvadora.) |Ahl Si usted 



se aviene á recibir esta noche la mitad, uh 
poquito menos... Sin enterar á Nicolás ni á 
nadie, puedo disponer ahora mismo de unas 
novecientas pesetas. 

MARIA 

. Acepto, siempre que usted me dé formal 
promesa de entregarme el resto antes de las 
veinticuatro horas... mil cien pesetas. 

VICENTA 

Justas y cabales. Pero no perdamos tiem- 
po... Corro á casa... Nicolás, á quien dije 
que iríamos juntas, ya está allá. Lu^o le 
diré: "¿no sabes? llegó el vestido...,, Y ma- 
ñana le cuento... En fin, yo lo arreglaré... 
tardaré tres minutos... Que cuando yo ven- 
ga, esté usted despojada... ¿Subiré á su 
casa? 

MARIA 

No: espéreme aquí. (Se qaita el abrigo y som- 
brero.) 

VICENTA 

A prisita, á prísita, para que yo tenga 

tiempo... (Vase corneado por el patio.) 



haría. CIRILt: <l«ai>u4í DOX FKDBO, dratm. 

CIRILA 

(Deteaieado á Muria que »e dirige á la encalen, tie- 
vando co la m^Do sornUrero y abrigo.) No SUbas: 

tu papá, inquieto y desvelado, con el torbe- 
llino de sus ilusiones, no hace más que pa- 
sear por toda la casa, y á ratos sale á la ga- 
lería alta. 

MARÍA 
(IndiciiDdo la glorieta, juato á la pacalera,] PUBS 
f aquí mismo. [Eotrean á Cirila el abrigo, el sombre- 
ro.) Sube corriendo y traeme un peignoir. S¡ 
te preguntan... di... cualquier cosa, que lo 
piden la Alcaldesa y su hermana para mo* 
délo. 

CIRILA 
Voy. (Presurosa sube á la casa.) 



[Sola desahrociiindose.) ¡Qué agradecida es- 

I toy á ese hombre! Su negativa me ha puesto 

en el verdadero camino, ¡oyese la »oi de dob 

I redro, que en la galería alta llama.) 



423 
DON PEDM 

{Cirila, Cirila! 

MARIA 
(Con Yoz may queda, gozosa.) Seftor Marqués^ 

señor papaíto, ya tenemos dinero. 

DON PEDRO 

¿Pero dónde se mete esa...? 

MARIA 

Y sin pedir nada á nadie. 

CIRILA 

(Baja rápidamente con la prenda pedida.) Aquí 
está. (Señalando la galería alta hacia el fondo.) Ya 

8e lia cansado de llamar; ya se va. 

MARIA 

(Cogiendo el peignoir.) Dame. (A Cirila que fija la 
Yista en la reja y puerta de la casa de León.) ¿Qué 

miras? 

CIRILA 

Parecióme ver los ojos del hombre negro 
acechando tras de la reja. 



134 



ARIA 



Ilusión tuya. (Kntra ea la glorieta. Cirila le des- 
abrocha el vestido.) Nadie más que tú verá el 
nacimiento de la mujer nueva. (Gozosa.) Ci- 
rila, abrázame. 

CmiLA 

¿Estás contenta? 

M VRIA 

¿No lo ves?... ¿No notas tú que el mnñdo 
todo se ha transformado? No, tú no lo no- 
tarás. 

CIRILA 

Es tu alegría. 

MARIA 

No: es el mundo que me sonríe y me di- 
■ce: "Soy muy grande. Estoy lleno de teso- 
ros... Ven, toma para tí lo que encuentres, 
que no sea de los demás. Recoge todo, reco- 
ge los átomos... „ 

CIRILA 

Vaya, no delires tú ahora. (Ayudándola á 

«amblar de ropa.) 



125 



MARIA 



(Eq la glorieta babrá an troio de follaje, tras al 
cnal se oculta María al desprenderse de la falda y 

cuerpo.) Es la sociedad que me dice: "Míra- 
me: no soy toda ^oísmo, no soy toda vani* - 
dad y mentiras. Estoy llena de virtudes: 
búscalas, y en ellas encontrarás la vida.,». 

CIRILA 

Es tu ilusión de sustentar á la familia. 

MARIA 

Es Dios "que me dice: "Soy la voluntad 
que hizo el mundo. A tí te di la existen- 
cia, y por redimirte sufrí martirio. Adóra- 
me Redentor y mártir... Adórame también 

Creador.» (Vuelve Vicenta presurosa por el fondo. 
Basca á María en el sitio donde la dejó. De la glorieta 
sale María coinpletu mente transformada.) 

ESCKNA VI 

MARU. VICENTA . CIRILA. 
CIRILA 

Aquí, seftora. 

VICENTA 
(Llega janto á María y le entrega los billete!)*) 

Aquí está. Cuéntelo. •• 



191 



'jMM Us hilkta M anriM.) Giicias, ami* 
^mia. 

TICESTTA 

¿Y cómo no ha sabido usted?... 

masía 

No conTÍene que se enteren. No pferda ns- 
ted tiempo, Vicenta. 

VICKNTA 

^ (May impaciente.) Sí: me Yestiré al instante. 

(Recoge U ropa.) 

masía 

(Coge la mano de Vicenta y la retiene entre las sa« 

yas.) Ahora, júreme por la salud de sus hi* 
jos que me dará lo restante... 

VICENTA 

Antes de las veinticuatro horas. f 

MARIA ^ 

Júreme también que me guardará el so» 
creto. 



u' 



427 
VICENTA 

Mi marido y mi hermana tienen que sa 
berlo. 

MARIA 

Pero nadie más... Júremelo, 

VICENTA 

Nadie más. Por la salud de mis hijos. 

MARIA 

Bueno: adiós. ¿Lleva usted todo? 

CIRILA 
Cuerpo, falda... (Le va entregando tedo.) 

MARIA 

Sombrero, abrigo... 

' VICENTA 
/R cogiendo todo caidadosamebte.) Está bÍCÜ« 

MARÍA 

l'^stará usted... 

VICENTA 

(Con eotasíasmo.) ¡Oh, elegantísima! Adi^. 

Hasta mañana. (Vase corriendo.) 



428 



CIRILA 



(Después de mirar por la escalera.) PodaiMSSQ» 

bir. Tu papá se ha retirado. Nob meteraoMis 

en mi cuarto. 

MARÍA 
Sí. (Contemplando los billetes.) DlnOPO éb flü 

pobreza, ya estamos aquí frente á frente td 
y yo... ¿Qué quieres decirme al venir á mí? 
Que desde que te inventaron los homlnret 
oivái nuiy malo, y que por malo te han pnea» 
lo iimumenibles motes injuriosos... que re- 
vuelves lodo el mundo y originas infinitos 
desastres... ;Ah! ya veremos eso... Conmigo 
no juegas. ¡Xo sabes tú en qué manos has 
venido á parar!... ¿Serás bueno, eh?... Se» 

remos amigos. (Los besa y los guarda en el seno.) 

CIRILA 

Vamonos ya. 

MARIA 

Un momento» (En el centro de la esoena, Tvelti 
hacia la casa de León.) ¡Maestro...! 

CIRILA 

No responde... No hay nadie. 



4S» 
MARIA 



Hablo con su espíritu, mujer. (Alzando mái 

. la ?oz y miráado liempre á la izquierda») Ya nO SOJ 

'^y^ aquélla. . . soy otra. 

CIRILA 

(Asaltada.) Cállate, nlfia mía... 

MARIA 

No puedo. Déjame expresar mi alegría, 
mi gratitud... Maestro, buenas noches. (Diri« 

geae á la eioálera coa paso ligero.) 



FIN DBL AOro SBOUlinO 



ACTO TERCERO 

Sala baja en el palacio de Alto Rey. Ei el fondo dos 
grandes rejas por las cuales se ve un patio con ár- 
boles sc^parado de la calle por un inoro bajo ó em- 
palizadu. A la izqaierda, puerta por donde entran 
ios que vienen de la calle. A la derecha, puerta gran* 
de que comuDÍca con e'l interior.— Mesa grande á la 
derecha, con cajón practicable; á fa izquierda otra 
mesa sobre lacnaHiuy piezas de pnntilla y cajris de 
flores artificiales, pasamanería. Parte de estos obje- 
tos están á la vista, fuera de las cajas. Debajo de la 
mesa, más cajas. En el fondo grandes armarios an- 
tftgoes, «oa pweitas de nogal. En el ángulo de la de- 
ceolia «o perokiero <í%n ropa d« María* Esta, jauto á 
la Biesa úe la 'dereclta, úe perñi al f»üblteD, loma 
Bota de exiatenciaa. Viste «con -elcgajite «sencillez; se 
cubre con un largo delantal Ctrila está mirando á la 
caKIe por la reja. Óyese lejano rumor de panderetas 
y cantos populares. 

ESCENA PRIMERA 

HABÍA. CIRIIíA 
MARIA 

¿Pero qué bulla es «sa? 

ClRllA 

Primier d&t de ferias. El pueblo quiere 

divertirse. (Dirígese á la mes* de la izquierda.) 



132 



MARIA 

Sigamos. De puntillas quedan... dos 

Cdjas... 

CIRILA 
(CoDtaado piezas de paatilla.) DoS, y estas CUa* 

tro piezas. 

MARIA 

Lástima no haber traído más. 

CIRILA 

Inspirada fué tu invención de esta gran- 
jeria. Los tenderos de aquí traían un géne- 
ro anticuado, carísimo, y más falso que Ju- 
das... y tú, pidiéndolo directamente á la fá- 
brica y contentándote con una ganancia 
corta... 

MARIA 

(Ateataá sas notas.) Doscientas doce. (Háoem 

apuatación en pie.) 

CIRILA 
(Saspendiendo el trabajo.) ¿Sabes, mí ángel, 

que es una maravilla lo que has hecho? En 
poco más de dos meses... 



133 



MARIA 



Dos meses y algunos días desde aquella 
noche... Parece que fué ayer... 



CIRILA 



Cuando le vendiste á doña Vicenta tu 
ropa... ¡Ay, de rodillas debiera adorarte la 
familia! Mira que... Imposible parece... 



MARIA 

Vamos, Cirila, no te entretengas. Si no 
me ayudas, tendré que volver á ponerte en 

la cocina. (Pasa á la mesa de la derecha ) 

CIRILA 

|Ay! no, no: déjame aquí. (Vuelve á su tra- 
bajo.) Por cierto que con la nueva cocinera 
están muy contentos los señores. Tu papá 
la llama el jefe. Esta mañana, á más del 
rosbif j ha traído Bernarda unas aves riquí- 
simas, pavipollos que parecen bolas de man- 
teca... un jamón de York... pasas de Corin- 
to para hdi,ceT plum pudding... té superior... 
foie-gras... y vino blanco, de ese que lla- 
man CJiáblis... (Pasa a la derech.i.) ¿Pero no sa- 
bes, bobita? (Con misterio.) Quieren convidar 
¿ comer al señor de Corral. 



.^Aam 



131 
MABIA 

(>iTi.roeoteO |A ese gaznápiro insufrible! 
¡Vaya que es gana de contrariarme! Sabi^v 
do mi antipatía, mi repugnancia. 

EáCmX II 

hu miuMf; llENOA. MoMri* cM {mmUq^. TtaMUn en la pl^ 
ML Viste pobremente; trme el bnso va gmi eesto oon sus varia- 
dM mwcancÍM; «n U mano un palo-taija. So hablar es áspero y 
dasearado. 

MBN6A 

(Por la izquierda.) ¿Há lugar, mnesamu? 

MARIA 

. Adelante, Menga. 

MENGA 

Si quié que ajustemos la cuenta*.. (Saea w 

bolsón mugrieuto.) 

MARIA 

Vamos allá. (Se sienta. Saca del cajea de te iiie>- 
sa una ceslilla coa dinero y un papeL) 

MENGA 

Léame la apuntación, á ver si hay eonióc- 
mida. 



135 

MARIA 

Tienes que darmer pesetas... 

MBNQA 

(TiTamente.) i Noramala cSh las peeatMt 
tCuénteme por benditos rialesi 

MARIA 

Pues cuatrocientos ochenta reales. Bien 
cÍMitoestá«. 

MENGA 

No, muesama. 

MARÍA 

¡Qfie no? Pues haz tú la cuenta. 

MENGA 

Cuenta clara. (Mirando el palo ea que tiene he- 
eba la cuenta por cortaduras á navaja.) Sesenta 

piezas. 

MaRIA 

Sesenta pi?zas. 

MCNOA 

A siete y medio. Pus son: cuarenta die- 
, más cuatro cincos, que hacen veinte, 



136 

menos sesenta medios ríales. Esto sí que 
claro. 

MARIA 
A ver. (Mirando la tarja.) Ya... es qilO tÚ t» 

descuentas tu corretaje... 

MEMGA 

¡Pus nol 

MARIA 

¡Pero si del corretaje te llevo yo cuente 
aparte! (saca otro papel.) Toma: treinta reales. 

(Se los da.) 

MENGV 

(Coge su dinero. Saca del bolsón billetes y plata.) 

Cuentas claras; cuarenta y cinco dieces, 
más seis cincos... Ahí tiene.. Ahora, déme 

(tacando cuenta mental, ayudada de los dedos) 

veinte piezas, y otras veinte, y cinco más. 

CIRILA 

Cuarenta y cinco. Toma, (se las va contando.) 

MENGA 

Las aldeanas no quién otra cosa. Yo les 
digo que to 1' señorío de Madril lo gasta, la 
Reina mesmamente en sus camisolines... y 



437 

que lo train de unas fráicas nuevas de las 
Alemanas, ó del quinto infierno. 

MAau 

No te quejarás, Menga: bien te doy á 
ganar. 

MENGA 

No hay queja, mueeama. Pero vea: siete 
bocas tengo que tapar: mi madre, mi gtlela 
de padre, mi güelo de madre, y cuatro so- 
brinos mocosos, tamaños así. 

MAaiA 

Pero tú ganas mucho. Eres gran comer- 
cianta. 

CIRILA 

Pues no llevas aquí poco material. (Miraa- 

4o el contenido del cesto.) 

MARIA 

¿Qué vendes, á más de la puntilla? 

MBNGA 
(Mostrando sus mercancías.) Poca COSa: Vendo 

cangrejos, peines, cuerdas de guitarra, ale- 
luyas para los chicos, y velas para los di- 
funtos. 



•f 



ciaiuL 
{Ay, qué allegad ral 

MiiRU 

Üloe la protegerá. (Botn Viceota por b if. 
fvierdm.) 

ESCCNA III 

Lm BffflUMi; VICENTA 
VICENT 

tQuerldísIma...! 

MARIA 
lOhy A^centa...! (Se levanta. Alegre va á so eii!» 

eMoiro.) ¿Qué hay, qué noticias me trae? 

VIGENTA 

(Con entusiasmo.) Hija, las flores y pájaros 
para adorno de sombreros han tenido una 
aceptación colosal. ¡Qué feliz ideal No^ Uo- 
gabán acá más que porquerí<as anticuadaou* 
Me ha dicho Joseflta que se queda con todo^ 
y que le mande usted la factura. 



t39 



MArrtA 



Bien^ (Itefltofa cajny y \e nruesfra más (Tores y 

otros ohjeios.) Tengo más, mucho más... Mire^ 
mire: aquí más flores... pájaros lindísimos... 
Aquí cascos de paja... ¡Vea usted qué cosa 
más elegante! 

VICE.NTA 
(Con grande admiración.) ¡Oh, qué maravillar 

MARIA 

(Sigue mostrando.) Vea la encajería panra 
adorno de vestidos. 

MENGV 

(Acercándose con Cirila y admirando aquellos pri- 
mores.) Miá, miá, lo que trujo pa las señoras 
de acá... ¡Hale con ellas, muesama, y engá- 
ñelas y sáqueles la enjundia, que son bien 
ríeachonasf 

VICENTA 

Ha tenido el talento de adivinar los ade- 
lantos de esta villa... 

MENGA 

iQué no discurrirá ésta, si tié los dimo- 
nios en el cuerpo I 



CIRILA 

Los ángeles tiene, que no demonios, bruta 

MENGA 

Lo mesmo da... que hay dimonios del 
Cielo. 

CIRILA 

jJesúSy qué blasfemia! 

MENGA 

o angélicos de los infiernos... Dígolo por- 
que ésta paiz un dimonio, y es, como quien 
dice» santa... Ea, dame lo mío. 

CIRILA 
vLa va cargando de piezas.) Santa es: no lo M* 

b^ tú bien. 

MENGA 
Ac^iOilaDdo su carga co el cesto y en la cabeía.) 

Sthíi^ más... ¡Arre ahora! 

MARÍA 

.V<&^$ Menga, ricachón a! , 

I 

MENGA f 

coa 8u carga.) Adiós, Santa Ma« 

Kw por la izquierda.) 



441 



MARU 



(A Cirila.) No te necesito por ahora. Aoom» 
paña un ratito á mamá. (Vase Cirila por la de- 
recha.) 

ESCENA IV 

MARIA, VICENTA. 
VICENTA 

Josefita colocará desde luego parte de es- 
tos primores. Ha estado usted felicísima. 
Agramante será dentro de poco un pequeño 
Madrid. Como dice Nicolás, la ola del lujo 
avanza, avanza... 

MARIA 

Tendrá Joseñta muchos encargos. 

VICENTA 

Como que se verá muy mal para poder 
cumplir. Ya sabe usted que para la inaugu- 
ración del nuevo teatro tendremos aquí la 
compañía del Español. Nos abonaremos... 
todo el señorío. 



fi3 



UAAIA 



y venga \u¿% veogan floresy-encaJeB... y 
sombreros gr:andíShiinos4 que son lo más pío* 
pió para teatro. 

VICENTA 

Lo más elegante, 

MARIA 

Así da gusto ver las butacas, hechas un 
feosque de plumas. 

VICENTA 

En nuestro lindo coliseo, desplegará la 
aristocracia agramantina un lujo..^ (^n re- 
cordar el adjetivo.) ¿Cómo sc llama al lujo?... 
jAh! inusitado. 

I Bien por Agramante! 

VW2ENTA 
Y 'ahora, otra cosa. (Se giemta fronte ¿ elU.) Y 

esto qu« voy á decirle, querida mía„ es un 
< íntico desagradable... 



(Aiamniia.) ¿Qué, ^centa? 

No» María, no es para asustarse... Soy su 
mejor amiga; me intereso mucho por usted, 
y quiero prevenirla de ciertos rumores... 

MABIA 

(Sereoa.) ¿A Ver, á ver?... ¿Qué dicen de mí? 

VICTBNTA 

Naturíil mente, todo el mundo encuentra 
muy extraordinario, encuentra inverosímil 
que una mujer sola pueda . 

M.VIU4 

¿Lenaatar del suelo á una familia, soste» 
serla en ana ipobrendi decorosa?... ¡Vaya con 
el mfiagro! ¿Y de ^to se asombran? 

VICENTA 

8e asustan, se escandalizan. Este compra 
y vende de una señorita noble, hija de Mar- 
queses, no'está en nuestras costumbres. 



U4 



1IARI4 



Ni ello les cabe en la cabeza á estas mu- 
jercitas encogidas y para poco... Como si lo 
estuviera oyendo, Vicenta... dirán que una 
mujer no puede ganar dinero... 

VICENTA 

Honradamente. Se lo digo á usted con to- 
da esa crudeza para que se indigne^ 

MARIA 

No, amiga mía: si no me indigno. 

VÍCENTA 

¡Y ge queda tan fresca! 

MARIA 

Cuando me determiné á sacar á mis pa- 
dres de la miseria, por los medios que usted 
conoce, ya conté con que me habían de to- 
mar por loca, ó por otra cosa peor... y forti- 
fiqué mi alma contra esos ataques... que no 
podían faltar. 

VICENTA 

¿De modo que usted no teme...? 



445 
MARIA 

¿A lo que llaman la opinión, á la falsa 
crítica, á la mentira maliciosa? No la temo. 
Todo es pura espuma, y yo soy roca, 

VICENTA 

Dios la conserve á usted en esa fortaleza 
y serenidad. 

MARIA 

Con ellas me va muy bien: nadie viene á 
turbarme... 

VICENTA 

¿Nadie? (Picaresca.) Eso no es verdad; que 
por ser usted mujer de tanto mérito, no le 
falta el asedio de pretendientes, alguno tan 
enfadoso como el pobre Corral... 

MARIV 

{Mentecato como ese! 

VICENTA 

Loco está por usted, y á los desdenes res- 
ponde eon mayor exaltación... La verdad: 
yo, ^en él case y en las circunstancias de 
usted... 

10 



Jm^t* 



MAhU 



'icenS^^^ 



{luipgaicadaLe silencio.) No siga, VícenU 

lo suplico... y hablemos de otra cosa. {Tran- 
siciiiD rápida á las idciis oleares.) Hablemos de 
esto, de mi lindo comercio. ¿Sabe usted quel 
tengo que ver á Josefita y acordar con elld 
plazos, precios...? 



Iremos juntas. Yo también tengo que va 
la. ¿Vamonos ahora? 

MADIA 

Dentro de un rato, si le parece bien. 



(Bd actitud de despedirse.) Viene usted á mi 
casa, ó llama desde el balcón... (Recordíndo.) 
¡Ah!... Otra cosa: ya decía yo que se me ol- 
vidaba lo más importante... Esta tarde em- 
piezan las fiestas de la Virgen délas Miesee... 
Es la locura «le Agramante. Mañana y par 
sado, gran baile popular en el campo que 
rodea el Santuario, al pie del monte. Es cos- 
tumbre de laí: señoras principales, en díai 
tan alegres, sacar de las arcas los mantonei 
de Manila... 



447 

MARIA 

¿Y bailan? 

VICENTA 

Baila 8ólo el pueblo. Nosotras organiza- 
mos meriendas, paseamos en el bosque, nos 
reunimos las amigas, formamos corros... 

MARIA 

¡Oh^ sí!... Un rato de expansión, al aire li- 
bre, entre personas amables, me agradará 
ipucho... 

VICENTA 

Pues allá nos vamos. Yo tengo man- 
tonesi... 

ESCENA V 

MABIA, VICBNTA; LEÓN, por U iiqaierdft. 

LEON 
(En la puerta, gozoso, gallardo, detcabriéadose.) 

Saludo á María, estrella de la mañana, to- 
rro dfi marfil, asiento de la sabiduría. 

MARIA 

Ora pro nobis. (Rfeodo.) ¡Cómo viene hoy! 

(Ocopa an aillo en la meaa.) 



148 

VICENTA 

(Aparte.) ¡Jesús, qué saludos tan poéticos 
usa este hombre carbonífero! 

LEOX 

V 

Señora Alcaldesa, Dios la guarde. (A Ma- 
ría.) Hoy, más que ningún día, anhelaba ya 
venir á tomar sus órdenes. 

VICENTA 

(Aparte.) ¡Y entra aquí como en su casa! 
Pues yo no me voy sin enterarme... (Retiráa- 

dose á la izquierda.) 

MARIA 

No se aparte usted, Vicenta. Todo lo que 
hablemos León y yo puede usted oirl«. 

LEON 

Tratamos de negocios. (Saca una voluminosa 
cartera y la poue eu la mesa.) Señora Alcaldesa» 

acerqúese usted. Aquí no hay secreto, por- 
que los arrebatos de mi admiración jpor esta 
señorita sin par, de nadie los recato... quie- 
ro que sean públicos. 

VICENTA 

Y lo serán... Ya empiezan á serio. 



vajd. vaya, tenga jaicio. 



(Malicio».) Creo haber oído... que María 
debeá listed sus conocí mientosmarcanüles. 



No merezco el honor de llamarme su 
maestro. Si esto se dice, será porque algún 
ejemplo de mi azarosa vida le sirvió de lec- 
ción saludable. De aquellos ejemplos ha sa- 
cado su ciencia; de su ciencia, sus triunfos 
y la reparación de bu casa y familia. 

VICENTA 

¿Eb cierto, amiga mía? 

MARU 

jQIerto será cuando él lo dice, Vloeoiu. 

VICENTA 

ten. (X Le4D coa picarain.) Sabe macho su 

o si sabel (Observiindo ii Muría, quennrie.) 

I usted esos ojos, que penetran en toda 
lidad humana. 




¡Los ojos!... Esa es la ciencia que & uiitei] 
I le ü^cina, señor mío. 

MAHU 

No le haga usted caso, Vicenta. Hoy le 
desconozco: el hombre más aplomado y más 
sereno del mando, se nos presenta como uo 
cadete sin juicio... ¿Qué le pasa á usted hoy? 

tLEON 
Me pasa... Pues verá usted: hoy he des- 
irtado con una idea luminosa, que repen- 
Qamente brotó en mí como una inspiía- 
ón. Pensé... 
1 



(Con gran interés, levaotéodose y pasando al ct 

lilro.) ¿A ver, qué ha pensado el hombre? 



Muy sencillo... Pienso, 
murmurara en mi alma... 
pues de tanto penar, 
Mclo de soledad y í 
yija, va merezco el descanso, la 
' ADibráe mi Purgatorio y denme el Cielo, 
I WDgo bien ganado. 



. como si Dios 
pienso que dea- 
ls del lai^o es- 
en mi trabajosa 



151 

VICENTA 



¿Y quién es usted para decü? y tórmar 
que lo merece ya? 



MARIA 

Eso sólo Dios lo decide. 

LEON 

Pues... á eso voy. Creo que Dios ha decL 
dido mi indulto. 

MAKIA 

¿En qué se funda para creerlo así? 

LEON 

En que... hoy, hoy ha dispuesto Dios... 
algo que estimula mis esperanzas. Y al ha- 
berlo así, me ha dicho... 

VICENTA 

¿Dios?... ¿Pero habla Dios con los comer* 
ciantes? 

LEON 

Alguna vez... Pues me ha dicho... **Pobre 
alma, acábese tu suplicio... ven... llama á 
la puerta de mi Cielo... No faltará un ángel 
que te abra...» 



452 
VICENTA 

¿Y ha llamado usted? 

LEON 

Voy á llamar. 

VICENTA 

(Aparte.) Sin duda estorbo para el llama* 
miento... Pero aquí me planto. 

MARIA 
(Queriendo variar de coDveriacido.) En fin, lo- 

quinario, ¿viene usted ó no á que pongamos 
en orden nuestras cuentas? 

LEÓN 

No... Digo, sí... vengo á eso... y á otra 
cosa. Empecemos por las cuentas. 

VICENTA 

(Apartándose.) ¡Ay, ay, ay! Estas cuentee!- 
tas... me parece á mí que es el diablo quien 
las.arregla. 

LEON 
(Saca de su cartera un papel.) Liquidaciáir de 

azulejos. 



153 



VICENTA 



¿Qué, también vende alfarería? En el nom- 
bre del Padre... 

LEON 

Alfarería y cerámica superior. ¿A qué ese 
asombro? Mi discípula pidió á Sevilla dos 
partidas de azulejos: la una superior, con 
reflejos metálicos... la otra ordinaria. A mí 
me dio el encargo de colocarlas... ¿Pero no 
ha visto usted el zócalo del nuevo salón del 
Ayuntamiento? 

VICENTA 

Y -los portales de las casas nuevas... sí. 

LEON 

(A María.) La clase superior se ha. vendido 
ya totalmente. La otra va irá saliendo. Li- 
quidaremos las dos... 

MARIA 

No: liquidemos sólo la. partida* realizada. 

XICENTA 

(Aparte.) Bstas partiditas y estas liquida- 

dbncitas.., ¡ay! (Suspira.) 



454 

LEON 
(Saca billetes de sa cartera.) Son Ochocientas 

treinta y dos... Rebajadas las letras de Agui 
16 Hermanos, Pasamanería, que pagué, re- 
sultan... 

MAIUA 
(IVjipuéa de hacer rápida cuenta.) No tiene US 

toil quo darme más que cuatrocientas cator 
00. 0()n diez céntimos. 

LEÓN 

Hija, no: seiscientas veintiocho. 

MARÍA 

¿Y su comisión, no la descuenta? 

LEÓN 

Deje usted. Otra vez será. 

MARIA 

No, no. ¡Lucido está el maestro! ¡Vajauñ 
ejemplo que me da!... No hacemos más tra- 
tos si no descuenta ahora mismo.. 

LEÓN 

-giMio, bueno: no riña, (contando ) Cuatro- 
fli4't}ts& catorce... No discuto con usted nin* 



gtua de las fornialidadesmercantiles,; tomó- 
lo que, s^iin convenio, me corresponde. Es- 
to DO quita para que esté dispuesto ahora y 
siempre & dar á usted mi liacienda todn mí 
TÍda, y mil vidas si mil tuviera 



(Aparte.) ¡Ay, DioB mío, esto está perdidoí 

MAfllA 

Pttes con esto, unido á Jo que me trajo us- 
ted ayer por las vajillas de porcelana supe- 
rior y la cristalería de Bohemia (Contando ea 
lacMED del dinero) .-.y otras cosillas, tengo en 
mi caja más de dosniilpesetas... Verdad que 
hay aquí un ingreso... (Pic-ireaca.) 



LEON 



¿De qué? 



iCuriosón!... Estoesunapartídasecreta... 
un dinerito que me ha caído del Cielo. No 
puedo decir más. 



(Aparta rauíidoaa.) |Qué clelo será esc, Señor» 
de donde caen estos dineritosl 



156 



MARIA 



Bueno, bueno. Pues lo que debo á usted 
sigo pagándolo en partiditas... Abóneme 
otras trescientas pesetas. (Se Us pone delante.) 

¿De veras no las necesita? Antes que los 
principios, está la conveniencia de usted. 

MARIA 

(lasistiendo.) No, hijo: cuando digo que... 

VICENTA 

(Aparte.) ¡También le presta dinero! 

LEOX 

(A Vicenta.) Estos SOU uegocios, esto es ley 
y mutuo auxilio comercial, sefiora Alcal- 
desa. 

MAKIA 



Llevamos nuestras cuentas con todo rigor. 



LEON 

Aquí no hay engaño ni misterio. Señora 
mía, está usted en la casa de la sinoaridad, 
de la honradez más pura« 



^57 



VICEIVTA 

Sí, SÍ... Pero estos tratos y combinacio- 
nes... 

LEON 

(Con brío.) A grítos los dígo yo en medio de 
la calle. Y puesto á descubrir mi alma, gri* 
taré también que quiero á María, que la 
quiero con amistad, con respeto, con amor: 
la trinidad del querer... 

MARIA 

(Riendo.) ¡Qué sutil y qué iiiperbólico, Dios 
mío! 

VICENTA 

¿Pasión tenemos?... Ya dije yo... 

LEON 

Culto fervoroso que no quiere ni deb^ 
ocultarse. 

MARÍA 

Basta ya... Cállese la boca. Sea usted dis- 
creto. 

LEOÑ 

No puedo callar. La realidad presente ma 
ordena la indiscreción. 



458 



MARIA 



(CoDfasa, turbada.) ¿Qué realidad es esa que 
ayer no existía y hoy sí? 

l.EON 

Ha llegado la ocasión de que todos los 
l)uenos afrontemos la rerdad de la vida, y 
despreciemos todo artificio por imponente 
que sea. 

MARIA 

(Con gran confusrón.) ¿Qué dice?... ¿qué pasa? 

LEON 

Cualquier suceso inesperado abre á la vo- 
luntad humana caminos nuevos. 

VICENTA 
Ya, ya. (Con pretensiones de agudeza.) Crisls 

comercial... ¿no es eso? 

LEON 

Sí, señora... crisis. ' 

MARIA ^ 

¿Crisis en el comercio de usted ó en €l 

mío? 



159 



LEON 



En los dos... No, no: en el de usted. 

Subida inesperada en el precio de los ai* 
tículos. 

LEON 

Sí... Artículo hay que ha estado por los 
suelos, y ahora sube, sube... 

MARIA 

No entiendo... 

VICENTA 

Y vendrá la quiebra. 

LEON 

Para impedir la ruina de mi amiga, le 
propongo mi apoyo comercial. 

MARÍA 

¿Cómo? 

VICENTA 

Es muy sencillo... asociándose... 



Í6d 



LEON 

Propongo un negocio comanditario... 
bre nuevas bases... Formulado lo 

aquí. (Saca de su cartera un pliego sellado.) 

MARIA 

(Con gran curiosidad, tomándolo.) A YOr, áTW..* 
(Trata de abrirlo.) 

LEON 

No, no: la índole delicada de este nuevo 
negocio exige que usted no se entere de él 
hasta que pueda consagrarle toda su aten* 
ción... en la soledad. 

VICENTA 

Ya... estorbo. 

MARIA 
No. (Persistiendo en «u confusión.) ¡Si no 

amor, Vicenta: es...! 

VICENTA 

¿Que no? Abra usted y lea. 

LEON 

Ahora no. 



VICENTA 

(Si bien claro lo dijo antes! Huido del 
Purgatorio, Be atreve á llamar á las puertas 
del Cielo. 

l.tON 

He llamado, sí... ¡y con almal I 

VICENTA 

Me parece que no le abrirán, señor mío. 

(Mir» Hltemulivameote a Leca y ¡i Marín. I'aiisu, Ham 
mira ill suelo, á l.eóo; mira lu caria. Coa loa ojos ex< 
pTosá lodo: alegría, expectacióo, miedo de dará cono- 
cer aus sentimieDloa ante su amiga.) 
LEON 
(Que lia recogido rápidamente su oarloru y som< 

brero) Si no me abren, si soy despedido, 
volveré al lugar de suplicio y expiación. Sé 
padecer; conozco el dolor; viviré recogido y 
encerrado en el desconsuelo infinito... sin 
que por eso ¡laquee mi fe cristiana. Siem- 
pre diré; Dios en las alturas, María en la 
tierra. María es la paz; María es la esperan- . 
za, la flor y el fruto de todo bien... (so reiíra 
Iviuia U «quierd».) He llamado y espero. [Hace 

ligen rcvereDcia y se va- Muña k signe con la mira- 
A: Pernuoeco aluorin.) 



i63 
ESCENA VI 

BfARIA, VIGKNTA; (iifiniáa CHULA* 

VíGENTA 
^Mirándola con severidad.) Lea OSted... let 

para sí. Hágase cuenta de que está sola. 

MARIA 

(Vencida de In cariasldad, rasga el sobre; desdeblt 
con febril mamo el papel, y leo rápida menle.) '^En 

previsión de una crisis próxima... „ ¿Ve us« 
ted? no es nada. Cosa de política, de comer- 
cio... 

VICENTA 

Amiga querida» estoy asustada. Preveo 
cosas muy graves. 

IHARIA 

¿Por qué? 

VICENTA 

Ya sabe usted cuánto la quiero. Lo que 
he visto y oído aquí paréceme un p^rincipio 
de grandes desastres. 

j (AbiXKSMka de csríosidad, vuelve á desdoblarla car- 
ta.) Permítame un instante. (Lee pataiMii.} '^S^rí- 



163 

sis de familia...» (Se iaterrumpe al oír la voz áa 
Cir'ih; vaelve á replegar la carta.) 

CIRILA 

(Botrairdo por la derecha.) Los Serfiores Mar* 

qoeses bajan ahora. 

VICENTA 

Yo me voy. (iHitroccde.) Hemos quedado en 
ir juntas á la romería. Vendrán conmigo 
las de González. Por Dios, María, que no se 
arrime á usted ese hombre, que no caiga en 
la estúpida presuiíción de acompañarla... 

MARÍA 

(Sin oír lo qae dice.) Bien... SÍ... Hasta lúe*. 

go, amiga mía. 

iVici2jrrA 
Adiós. 

AIARIA 
(Eq caanto la ve salir, lee rápidamente saUando óc' 

nna carilla á otra.) ''Este inmenso amor mío, 
hijo de la adversidad, tiene de su madre la 
firmeza y la esperanssa...,, 

CIRILA 
(Mirando por la derecha.) Ya vieMA..* 



464 



MARIA 



(Lee saltando.) "Soy incandescente. Ardo: 
no me consumo. Siempre espero. (Saltando.) 
...alma superior, fuerte... La vida armóni- 
ca... eficaz. (Repliega» la carta y la esconde al sentir 
la voz de sn padre.) 

ESCKNA VII 

MARIA, CIRILA, DON PEDRO, FILOMENA, DON RAFAEL, 

DON PEDRO 

Hijita del alma, los ratos que nos roban 
tus quehaceres nos parecen siglos. 

FILOMENA 

Y siglos de tristeza, porque debemos de* 
cirte... 

DON RAFAEL 

¿Qué?... ¿Ya empiezan á reñirla? 

DON PEDRO 

¿Quién habla de reñir? Adorada María- 
cha, tus ideas de mujer entendida y labo* 
riosa han sido el remedio de nuestra desdi- 
cha. Pero... 



465 



FILOMENA 



Te agradecemos en el alma lo primero 
que hiciste por nosotros... 



DON PEDRO 

La venta de tu ropa de lujo nos pareció 
an rasgo de cariño filial. Lo demás... 

MARÍA 

¿Lo demás qué...? 

DON RAFAEL 

Lo diré yo. Es que no pueden habituar- 
se... cuestión de sangre, de nacimiento... 
no se acomodan á estos menesteres mercan- 
tiles. 

MARIA 

Bah, bah. (Acariciáadoies.) Por Dios, queri- 
dos papas, reflexionad en lo que consumi- 
mos; y si habéis pensado mejor arbitrio para 
vivir decorosamente, decídmelo... Pero aho- 
ra no. ([mpaciente.) Estoy de prisa. 

FILOMENA 

¿Tienes aue salir? 



1611 
MÁRI\ 

Voy oon Vicenta á casa de Joseflta. 

DON PEDRO 

Ya... Pues vete, vete. 

FILOMENA 

¿Volverás pronto? 

MARTA 
(Kn el ángulo de la derecha, quitandoBe el á^ aü- 

i;ii.) En seguida... Dime, papaíto: de las re- 
mesas de esperanzas que te hace mi hei ma- 
no, ¿ha resultado algo positivo? 

DON PEDRO 

(GoQ tristeza.) Nada, hija mía. 

MARIA 

Ya ves que ni le han hecho diputado, ni 
lü ha salido aquel negocio, ni nada^. 

FILOMENA 

IVro en su última carta nos dice, con 
c>^río misterio, que no tardarán en despe- 
V -s^^ 1\V5 horizontes. 



467 
MAJUA 

(Arreglándose ] No OS fléis de horizontes, ni 
de las nubes esperéis nada bueno. Miradme 
á mí, que quiero ser vuestro cielo,. y más 
aún vuestra tierra. Dejadme que os gobier- 
ne, que-os-ciiride, que os alimente... Sed mo- 
destos, sencillos, y no soñéis con grandezas 
alcanzadas por arte dse mBgiñ. (Vaeive al ceo- 

Iro ya vestida, el somlirero en la mano.) Mil veces 

os lo he dicho y hoy os lo repito. El noble 
arruinado uq debe obstinarse en aparentar 
la posición perdida. Hágase cuenta de que se 
ha caído de la altura social, y al caer... na- 
turalmente... cae el pueblo.-.* en. dL pueblo 
de donde todo sale y á donde todo vuelva. 

DON PBDBO 

¿Pueblo nosotros?.,. Shocking. 

MAREA 
(Expresión de incredulidad y burla en el Marqués 

y Fiiomaftav) ¿No k creéis, dudáL^... Pues no 
dudéis nunca del amor ni de la abnegación 
de vuestra hija. 

FlLOUESk 
(Poniéndole el sombrero.) Sí, SÍ... No duda» 

itios... Pero no te detengas, hija. 



468 

DON PEDRO 
(Deseando qae galga.) Lo primero tosasuntos. 

MARI4 

No tardaré, (indica á Cirila las eajas qoe ha de 
I levar.) 

DON RAFAKL 

(Aparte á María, janto á la paerta.) ¿Volvorá us- 
ted pronto? 

UARU 

(Aparte á don Rafael, con vivo afán.) Sí: espére- 
me usted aquí, don Rafael. Tengo que ha- 
blarle. 

DON RAFAEL 

¿Cosa de importancia? 

MARIA 

De inmensa importancia y gravedad» 

DON RAFAEL 

Aquí estaré. (Sale Maria, segaida de Cirila cM 

cajas.) 



169 



ESCENA VIII 

MR FRDBO, FILOMENA, DON RAFABb 

I 

DON PEDRO 

(Esperando qae se aleje.) Ahora, aprovechan» 
do su ausencia... (a Filomena, que se asoma á la 

puerta.) ¿Está lejos? 

FILOMENA 

Ya están en la calle... Registremos todo. 

(Dirígense los dos á la mesa de escribir.) 

DON RAFAEL 

¿Pero qué hacen? 

DON PEDRO 
(Probando á abrir el cajón de la mesa.) VeamOS 

8i 86 encuentra aquí la clave de este mis- 
terio. 

FILOMENA 

(Dándole nn manojito de llaves.) Prueba COU es- 
tas llaves. 

DON RAFAEL 

Pero, sefior Marqués. •• 



Alguna habrá que sirva. (Probando llaves.) 
Esta no ya... probemos otra. 

[)0>f RAFAEL 

Permítanme que les diga... 

DON l'EDRO 

3(: que es cosa fea esta violación de cem> 
duras... 

FILOMBNA 

Pero se trota de un ser adorado... 

DON r>EDHO 

Qae no queremos que se dob extniTfe.. 

FILO ME :í A 

Nos encontramos frente á nn tnraeiido. 
enigma... 

DOS PEDRO 
(Probando otra llave.) A ver ^sta... SeflOr doü' 

Rafoel, el enigma es éste: ¿c(tmo se pudtte 
Atender á las necesidades de esta familia,';^ 
pagar el colegio de los niños, vendiendo flo- 
tes de trapo y jugando á las tiendas? 




471 

DON RAFACl 

PoedS'fimr^ cttando ella lo hace. 

DON PEDtRO 

vPero de veras, don Rafael, ¿usted no duda? 

FILOMENA 

¿No sospecha...? 

DON RAFAEL 

(Con energia.l.Ni sospecho nl dudo. Yo creo 
en Maria. 

DON PEDRO 

(Lanzando una exclamacióo de alegría al sentir qae 
■e abre la cerradara.) ¡Ah! (Tira del cajón.) 

FILOMCNA 

I Abierto! (Se aproxima con viva cnriosidad.) 

DON PEDRO 

Venga usted, señor Cura, y examine... 

DON RAFAEL 

(Alejándose.) Yo no: soy confesor; pero no 
abro las conciencias con llave falsa. 



472 



FIL0MBN4 
(Dando prisa á don Pedro.) Registra pronto, pOF 

si vuelve. 

DON PEDRO 
(Sacando con gran respeto la ccstllla del dinero.) 

jSanta Bárbara, cuánto dinero! (Se asombra de 

sn contenido.) 

FILOMENA 

(Mirando el dinero sin contarlo.) Pasa de qui« 

nientas pesetas... 

DON PEDRO 

(Contando á la ligera.) Doscientas... cuatro... 

seis... Y también mil... (Más asombrado.) ¡Y 

también dos mil!... Y aquí un sobre que 
contiene billetes. ¿A ver, qué dice aquí? 
<Lee el sobre.) ** Dinero del Cielo. „ 

DON RAFAEL 

(Aparte.) ¡Ahora es ella! 

DON PEDRO 

I 

Tanto dinero me pone en gran confusión. ' 

FILOMENA 

Yámí. 



ITS 



DON RAFABL 

A mi no. Dios ha favorecido á la ñifla en 
sus negocios. 

DON PEDRO 

La legítima ganancia no puede ser tan 
grande. 

FILOMENA 

No nos hará creer doD Rafael que Dios 
multiplica los billetes de Banco. 

DON RAFAEL 

¿No multiplicó los panes y los peces? 

DON PEDRO 

Amigo mío, no estamos en los tiempos 
bíblicos. 

DON RAFAEL 

En los tiempos bíblicos y en todos los 
tiempos, Dios hace lo que le da la gana. 

FILOMENA 

Y este dinero bajado del Cielo, ¿qué sig- 
nifica? Yo no lo entiendo. 



ni 



DON PBOftO 



Queridíainu) Cura, ,¿uo comprencle ueted 
que hay misterio? 



DON RAFAEL 



Misterio habrá. Pero mi fe religiosa me 
ha enseñado á creer lo que tío entiendo. 
Creo en María. 



FÍLOMENi 

(A Don Pedro.) Sigue... A ver si los papeles 
nos aclaran el enigma. 

DOS PBDRO 
(f^ne la oMtUla «éoade eaterba. Sow pvpeles.) 

Cuentas... facturas... 

FILOMENA 

(Lee. 

DON PEDRO 

(Leyendo.) "Letras pagadas por León..* 
/fialáo con Lean... „ 

FILOMENA 

¿Y esto, don Rafael?... ¿Qué dice de esta 
Ingearencia dd carbonen) en los «snfitos de 
mi hija? 



^m 



VON RAPAVL 

f i fpc iriB r tu MB, paseiadooB.) Creo en Mariu- 

DON PBDRO 
(Bxamittaodo otro papel.) Una cuenta de SUS 

gastos... (Lee.) "Caja de puros Henry Clay 
para papá... la pensión de los niños... (Alzan- 
do la voz.) Pagado á León...^ 

FILOMENA 
(Que también ha examinado papeles.) Y aquí: 

••CcAradO'de León....^ Esto ya es demasiado. 

DON PEDRO 

(Repitiendo.) ¡Debido á León... entr^ado á 
León... recibido de León!... ¡Pero esto es 

una cueva de leones! (Se levanta indignado.) 

KILOMENA 

(Con dia^osto.) Déjalo ya... tapa... cierra. 

DON PEDao 

(A Don Rafael.) ¿Qué significa la repetición 
de este maldito nombre en todos los apun* 
tes, en todas las cuentas? 



476 



DON RAFAEL 

No sé... Con leones y sin leones, creo en 
Mariucha; creo en la que ha sido y es ima- 
gen de la Providencia, mensajera de los 
consuelos que Dios envía á una degradada 
familia... 

FILOMENA 

¡Oh, quién pudiera creer...: (Oycase las v<^ 

ees de Corral y Bravo dentro.) 

DON PEDRO 

¡Si esa fe se nos pudiera comunicar!.*. 



¡Ah! ¿Qué voces son esas? 



i 



ESCENA IX 

PON P£DR0. FILOMENA, DON RAFAEL, CORRAL, BRAVO^ 

CORRAL 
(En la puerta, ambos coa grandes aspavientos de 

alegría, descubriéndose.) ¡Vivan lossefiores Mar- 
queses de Alto-Rey! 

BRAVO 

¡Vivan...! 



<77 
CORRAL 

¡Viva el muy ilustre caballero, la nobi- 
lísima dama y la elegantísima señorita, el 

elegantísimo ángel..! (Notando la aaseacia da 

María.) ¿Pero uo está el ángel...? 

BRAVO 

¡Vivan todos, vivaaaan! 

DON PEDRO 

(Eq gran coofasióD.) ¿Pero qué es osto?.. . ¿Por 
qué tanto júbilo?... 

DON RAFAEL 

¿Os ha picado la tarántula? (Don Rafael Ue?a 

aparte á Bravo para interrogarle.) 

FILOMENA 

(May impaciente.) Explíquenos, Corral... 

DON RAFAEL 
(Aparte á BraTO, oída aa explicación.) ¿PcrO 

verdad? 

BRAVO 

He visto los telegramas... 

It 



178 
DON HA FA EL 

¡Dios nos asista! Esta gente se Va á volver 
leca. 

CORRAL 

(Á los Marqueges.) No les doy la noticia sino 
á cambio de una promesa. 

DON PBDRO 

(Vivamente.) Sí, SÍ... por prometido, por 
prometido. 

CORRAL 

Promesa, seguridad quiero de que han de 
influir en el ánimo del ángel de la casa... 
para que... 

DON PEDRO 

Bueno, bueno... se hará... Diga... 

ESCENA X 

Lof iiiiimof;«I ALCALDE, MARIA, CIRILA, «oetntnui |K>rhi 

iiqaierda. 

ALCALDE 

¿Qué...? ¿Se me han anticipado estos locofli? 

DON PEDRO 
(Abrasado de impaciencia.) Alcalde, ¿qué hayf 



479 
ALCALDE 

Qae me debe usted una merienda en el 
campo. He ganado la apuesta. ] 

DON PEoao ' 

¡Ahí (Qaédase con la palabra atrdvesada en la , 

garganta.) 

FILOMENA 

(A Maria.) ¿Hija. . . qué? | 

MARIA 1 

(Sin mostrar alegría, pero si a afectación de pena.) • 

Queridos padres, vuestras esperanzas son | 

realidad. Mí... (iba á decir «mi hermano:» se co- 
rrige.) Vuestro hijo será antes de una sema- 
na... el esposo de Teodolinda. 

DON PEDRO 

¡Jesús!... ¡Oh!... (Quiere bablar y no paede. 
Queda como paralizado.) 



ALCALDE 

La noticia es de las que al modo de cen- 
tella pueden herir. Por esto Cesáreo se sirve 
de mí como pararrayos. Vean los telegra- 
mas. Son de ayer: han venido con retraso. 

(Les alarga los telegramas. Filomena los arrebata.) 



f 



f 



DON 

¡Dios nos asista! Iv 



leca. 



"I i 



•.4» 



(Á los Marqueges.) N 

á cambio de una pr 



DO 



(Vivamente.) Sí, 

prometido. 



^. 



cr 



Promesa, segurii: 
influir en el ániíi. 
para que... 

Bueno, bueno... s** ■ 



. Es a??-»etion 



?Sd.i 



'.asaniir:. 



Millones i 
:\'» existen... 
t:ontira... 



!«• raiimof; «1 ALCALDF 



- • r/.io, mira... 



1»^ 



ALr*^ 



.jsK. í i «-Ai^;». Cae ea el 

"^ ^,., •'* '« . telegramas 
¿Qué...? ¿Se me ha'* ... .v^ .-iv^idad. (Com- 

DO. '.. •^>-^*^ C-uieren vol... 

(Abrasado de impacieL-t**^ 



181 
MA 1114 

Cree, papá, y alégrate. 

DON PEDRO 

(Abrazando á mu esposa con infantil temara.) {Fi- 
lomena! 

FILOMENA 

- Tanto padecer ha tenido al fin su término- 

DON PEDRO 

(Abrazando á su hija.) ¡Hija del alma, ángel 
del Cielo...! 

MARIA 

(En brazos de su padre.) Ya eres feliz, papaíto 
^[Uerido. (Entnn Cirila con un vaso de agua.) 

D^N PEDRO 

(Levántase y acude á ellos.) Don Rafael, Al- 
calde, Corral, Juez... ¿Pero es verdad? 

DON R\FAEL 

Sí: creo en María... (CkirrígiéadoM.) Creo en 

Ce0áf6O.«. (Se aparta con Bravo.) 

ALCALDE 

Dim no abandona á los buenos* 



UARIA 
fOfreci^Ddoie el vaso de agua.) Bebe un poqUJ 

to de agua, y serénate. (Condoüsn Mnria y i 

madre aaiináDiloIpcoD ciinñoiaa expresiones. Form 
grupo juDlO fi uDa de lus rejas del (nodo.) 

DON RAFAEL 

(Coa Bravo A la izijaierdH.) Con estO Inaudittf* 

casorio, que no sé si es obra de Dios 6 del 
mismo diablo, tendremos al don Cesáreo da 
perpetuo cacicón, ñ feudal amo de todo est^g 

territorio. {Se sgregan ei AlcaUle y Corral.) 



Sátrapa y mandíJn de Agramante pai 
(Etemum. 

CORRAL 

Ayer fueron inscritas en el R^istro 1 
Albercas. 

ALCALDE 

Y las pertenencias más ricas de Somonj 
son suyas. 

DON BAFAKL 

Y el aire, y el sol, y la luna... y nuei 
respiración, y hasta las pulgas que nos i 
can. (iDcomodndo se aleju del gropo.) 



483 

DON PEDRO ^ 
(Qae ha leído coa infantil risa los telegramas.) 

Bien claro está. (Lee.) Saldré... recoger fa- 
milia... 

SIARU 

Pero no dice cuándo. 

FÍLOMBNA 

Será hoy, mañana... 

DON PBDRO 

Naturalmente, iremos á la boda... Ya 

creo, ya creo. (Sa crisis nerviosa seresaelve súbi- 
tamente en unainqaietad ó desvario mecánico. Reco* 
rre la escena con paso insegaro; después en actitud 
gallarda y altanera.) 

MARIA 

(Siguiéndole.) Papá, ten calma... 

DON PBDRO 

(A Filomena, que también le sigue.) Inmediata- 
mente, dispon los equipajes... 

FILOMENA 

Recogeremos todo. Puede ll^ar Cesárw 
de un momento á otro... 



484 



, DONPBDRO 



¡Adite, maldito Agramante; adlAi, triste 
destierro...! 



MARIA 

Papá» no maldigas esta tierra de nnetteo 
descanso. 

ALCALDE 

Lo que es alegría para ustedes es pesar 
para nosotros. Sevan. (Don Pedfo, María, Coml, 

Bravo forman grapo á la izquierda hablando de si te 
van ó DO pronto. Filomena pasa á la derecha, donde 
está don Rafael meditabundo.) 

FILOMENA 

Ahora, mi venerable amigo, me toca ¿ mí 
estar alegre, en premio de la alegría que di 
á los pobrecitos enfermos, á quienes usted 
socorrió con mis ahorrillos ... 

DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho!... Pues se pusieron con- 
tentísimos, y se arreglaron, vivieron... 

FILOMENA 

¿Y eran enfermos graves...? 



185 



DON RAFAEL 

GravísimoB, amiga mía... Socorrí á una 
familia en la cual estaban todos... ó casi to- 
dos, locos perdidos. 

FILOMENA 

¿Furiosos? 

DON RAFAEL 

Así, así... Eran más bien pacíficos. 

FILOMENA 

Pues ahora, en acción de gracias, el prl- 
mer dinero que caiga en mis manos será 
para... 

DON RAFAEL 

(Con gracejo irónico.) Otro man tito para la 
Virgen... 

FILOMENA 

Y que será espléndido. 

DON RAFAEL 

'¡Oh, sí: mucho, mucho! Manto bordado 
de perlas y esmeraldas, con una orla en que 
se repita esta dulce leyenda: Creo en Ma- 



fia. (VWaaxífa croza las manos coa emocldn 
CM. Siguen liabbnilo. Don redro coatinúa 
todos CO el otro grupo, rúbo.inodo latUrscclin.) 



Ahora, señor Marqués, como si 
me le hacen á usted Embajador. 



rodeado iH^^I 

'"I 



(Vanidoso, sin perder su .lignidail.) No diré que 
no. Quizás lo aceptaría por complacer al 
Gobierno, y porque me conviene tomar las 
aguas de Carlsbad, ¡v u.riu.) Y á ti te proba- 
rán muy bien las de Charlo LtenbrtlnD, en^ 
Silesia. 



¿A mí? ¡Si estoy reventando de saludl 

(Apartada de todoa loij grupos, se sienta junio á naad 
las rejas. ?u aclilud es de ioq lietud y mebacolia.) ] 

DON PEDUO 

Y para tí, Filomena, están indicadas la( 
de Teplitz, en Bohemia. 



No hagas proyectos, hijo, que ya ( 
de sentar la cabeza. 




487 

DON RAFAEL 

|Y foé falta le hacen á usted embajadas^ 
AmPedrot 

DON PBDRO 

En todo caso, alguna de las que no dan 
quebraderos de cabeza y son puestos de 
pura etiqueta: por ejemplo, la de San Pe- 
tersburgo. 

CORRAL 

Vale más que le hagan á usted embajador 
en Agramante. 

ALCALDE 

En este territorio, sí, donde ha de tener 
Cesáreo tanta propiedad... 

DON PEDRO 

Ya puede mi hijo ir pensando en mejorar 
los cultivos. Yo tengo pasión por la agri- 
cultura. (Jactaflcioso.) 

DON RAFAEL 

|Mucho, mucho! (Explicando don Pedro sut 
planes agrícolas van pasando al centro. María y Corral 
quedan á la izqaierda.) 



498 



CORRAL 

(Aparte ¿ María.) Por úlüma V6^» Mariqui- 
ta... 

MARÍA 

¡Por última vezí Ya respiro. 

CORRAL 

Allá va mi . . . ultimatum, . . 

MARIA 
(Con fingida benevolencia.) ¡ Ah! donFaustinO. 

Mis padres pican ahora muy alto. Y si va 
papá, como parece probable, á la embajada 
de San Petersburgo, de fijo querrán casarme 
con un príncipe ruso. 

CORRAL 

¿Es burla?... ¡Ah, ingrata, ingratal 

DON PEDRO 
María. (Acude María al grupo del centro.) 

CORRAL I 

(Aparte, despechado.) ¡Bromitas á mí! Yaye- 
ra mi ángel las que yo gasto... (Cavilfao, paaa 

á la derecha.) 



189 



DON PBDIO 

Ya podéis ir preparando la merleiida..» 

FíLOMüNA 'j 

De eso me encargo yo. ¿Cuántos.. .t (Do» 

Pedro, María, Filomena y el Alcalde quedan á la Is* 
qnierda o(5a pándese de la merienda. Pasan á la toa-- 
cha Corral, Bravo y don Rafael.) 

BKATO 

(A Corral.) Des6 osted por muerto» Faua» 
tino. 

DON RAFABL 

Tu papel ya no es cotizable. 

BRAVO 

(Zambón.) Han bajado horrorosamente los^ 
brillantes... Y yo pregunto: ¿continuará en 
alia el carbón? 

DON RAFAEL 

(Indignado.} ¿Qué decís ahí, farsantes, envi- 
diosos? (Indignado, se retira.) 



190 



BRAVO 



(Solo COD Corral.) Don Cesáreo se encargará 
de dar un corte á esta ignominia... Sólo 
que... me temo que llegue tarde. 



CORRAL 



Para que llegue á tiempo, estoy yo aquí, 
que madrugo... Ya estoy pensando el tele- 
grama que voy á poner. . . esta misma tarde. 

DON PEDRO 
(Contestando á Filomena.) No, no... nO me OOn* 

íormo con invitar á los presentes. 

MVRIA 

¿Pues á quién...? 

DON PEDRO 

Convido á todo el Ayuntamiento, á los 
Juzgados de primera instancia y municipal, 
á la oficialidad de la zona, á la Guardia ci- 
vil, á los maestros de las escuelas públicas, - 
al clero parroquial... ^ 

FILOMENA 

jHijo, por Dios... 1 



491 



DON RAFAEL 



Déjele usted. Dios á todo proveerá. (OyeM 

ramor lejano de alegría popular: voces, gaiUrrai, 

panderetas.) Ya Comienza el festejo. 

DON PEDRO 

Alegría del pueblo, eres mi alaría. 

ESCENA X( 

h^§ bíiidm; VICENTA. 8BÑ0RA y SEÑORITAS DE GONZÁ- 
LEZ Lm emtro con mantón d« líanila y elaveleí «i «I p«lo. 
Una d« lai lefioriUi tn« nn mnncjo d« eUT«lM, y Vieenta an 
mantón tn eaja ó pafinalo. 

VICENTA 

A dar á todos mi enhorabu^ia y á lle- 
varnos á María. 

SEÑORA DE GONZÁLEZ 

Señora Marquesa, reciba usted nuestros 
plácemes. 

SEÑORITA 1.* 

Señor Marqués, nos alegramos infinito. 

DON PEDRO 

Gracias, mil gracias, señora y señoritas... 



t9i 

VICENTA 
(MottniDdo el mantón á Maria.] Para USted tni* 

go éste, que será de su gusto. 

MARU 

{Oh, sí... está muy bien! (udeidobu.) 

seRorita í.» 
A ver á ver. (se lo pone.) ¡Oh, qué bimf 

FILOMENA 

[Admirable! (iodos aprueban. SoeiuiB aiátoar- 
M los cantos y músicas populares.) 

DON PEDRO 

¡Oh... todo es júbilo! 

SEÑORITA 4.* 

(Á María.) Ahora los claveles. (Con adeniáB d« 
ponérselos. María se sienta.) 

MARIA 

(Dejándose adornar.) Ponédmelos á vuestro 
gusto. 

BRWO 

(Aparte á Corral, señalándole á María.) ¡Vea US- 
ted qué preciosidad] 



493 



CORRAL 



(Torciendo el rostro.) No la miro; no quiero 
mirarla. Se me va la vista; me da el vértigo. 

(Pasan por el foro animados grupos de mozas del pue- 
blo, con mantón de Manila, tocando panderetas: mu- 
chachos con guitarras y bandurrias. Marchan al son 
de un pasacalle.) 

(Para ver la muchedumbre alegre, acuden á las re- 
jas todos menos María, que permanece á la derecha en 
actitud silenciosa y triste. Don Rafael á ella se apro- 
xima.) 

DON RAFAEL 

(A María.) Hija mía, veo que no está usted 
alegre, y aquí vengo yo. 

MAR(A 

(Consternada.) Lo que á mis buenos padres 
tanto regocija, á mí me anonada. 

DON RAFAEL 

' Pero usted es un corazón fuerte, y afron- 
tará valerosa las desventuras que la esperan. 

MARIA 

(May aQigida.) ¿Y Cree usted que podré...? 

43 



194 



DON RAFAEL 

Lo Teo muy difícil. A los fuertes se deba 
la verdad. Lo creo imposible. 

MARIV 

{Desdicha inmensa si usted me abandonal 

DON RAFAEL 

Yo no. ¡Creo en Mariuchal 

MVR[A 

Pues prométame hacer lo que yo le diga..» 
usted me ha dado la mayor prueba de esti- 
mación y confianza entregándome, para ayu- 
darme á sostener á la familia, el dinero del 
Cielo. 

DON RAFAEL 

Era lo más cristiano. 

MARÍA 

Dígame: ¿pasado mañana habrá también 
lesta? 

DON RAFAEL 

Ya lo creo: será el gran día. Tiene usted 
que venir con mis sobrinitas á ia alborada» 
y después... 



495 
MARIA 

Pues pasado mañana... 

DON RAFAEL 

¿Qué tengo que hacer? 

MARÍA 

Bien poca cosa: no separarse de mí, ir 

siempre á mi lado. (Permanece medilabuQda y 
llorosa.) 

DON RAFAEL 

¿Y no es más que eso? Iré con usted, á 
donde quiera. 

DON PEDRO 

(Que se aparta de la reja, con los demás, visto ya 
el paso de la multitad alegre.) Mariucha, ¿pero 
no has visto...? (La observa llorosa.) Hija mía, 

¿Horas? 

MARÍA 
(Secándose las lágrimas.) No, no, papaíto: es 

que... 

DON RAFAEL 

Lloraba de gozo. 



i 



496 



DON PEDRO 

Vamos, ven, y confundamos nuestro goza 
con la alegría popular. 

FILOMENA 

Alegre está todo: el Cielo, la villa, el 
pueblo. 

MARIA 

(Rehaciéndose, con potente esfaerzo, hace rápida 
traosición de la tristeza al contento: su pecho se en- 
sancha, sus ojos resplandecen.) Y yO, también.^ 
(Con efusión de su alma cogiendo el hrazo de don Ra- 
fael.) Yo también soy pueblo... porque soy 
pobre. 

DON PEDRO 
(Un poco sorprendido de la frase.) ¿Qué, qué? 

MARIA 

Llevadme á la fiesta, al campo, al soL.» 
al sol, que es la pompa de los humildes. 



FIN DEL ACTO TERCERO 



ACTO CUARTO 

Bifilanoda Je la Brmita del Cristo, i la subida del 
monte.— Al rondo, eaire follaje, la ermita. Juuto á 
«llu UDs eacalerílta tallada eu la roca, qae da pa» 
»\ monte, coya espesura se extiende en plano tisceo- 
dente por todo el foro.— A la izquierda, arboatos por 
entre loa caales se abre ua sendero que condnee á 
U Villa. Esta se sapooe qae está muy cerca, y ú un 
DÍvel mas lujo que la escena.— A la derecha, mnro 
ruinoso con porlataJa sia puerta. De aqoi pjrie un 
sendero, que se supone conduce al Foriiil, alSaulua- 
rio de las Mlcscs, á la Eatacióu del ruiTouarrU y ¿ 
puntos lejanos de la Villa. — Ed el centro, on oaita> 
no corpaleoto que cubre coa sus ramas toda la n- 
cena. Jiolo al tronco, no banco de mampoiteria, 
musgoso. Es de día. 

ESCENA PltlMIÍRA 

LEON. It» «utr* pot 1* iiqaiaiiU, 



LEOV 

Brmlta del Cristo: es ésta... Árbol corpu- 

I Unto- (Lo señala.) Y JO aqüf. (Dudando. Saca con 
fbbrU presteza aoii cartj.) Lo tie leído cien veces, 

raÚQ me tutalUin dudas. (Lee.) "En laenni- 




198 

ta... al pie del castafio.... Para mayor cía] 
dad añade: "entre el hospital de la Mlse^ 
cordía...„ allí está la Misericordia (s^ñ^ik ud 
puQio cerciino y bajo) "y San Pedro...„ aquél es 
San Podro, [lo seBüi^i ] Tampoco puede haber 
duda en la fecha. La carta dice: "mañana.„ 
La escribii5 anoche. Luego mañana es hoy... 
Bien claro está: aquí dará contestación á la 
carta que puse en su bendita mano... Aquí, 
antes de la procesión... Y vendrá con don 
Rafael , . . Un murmullo interior me dice que 
está próxima la ocasión culminante de mi 
existencia... María... No, no es loca jactan- 
cia creer que corresponde al amor mío. Esto 
se conoce, esto se ve, se siente, se respira... 
Y ahora... [Unu confusión) aquí... al dar á j " 
carta respuesta verbal, medirá... (Mayor» 
fusión.) Yo me vuelvo loco.., ¿qué es esd 
¿Qué universo nuevo, con nueva luz, se c 
cubre ante mí? [Oyense taquea do campana, iJ 
no3 ) Ya están en misa mayor, ¡corre á in d 
reciia ) Ya vienen. (Vueive :ii ceniro.) No me á 
ce si debo hacerme el encontradizo ó si... 
¿Lo dirá la carta?... Ya no hay tiempo- 
(MiniDdo.) Ya se acercan... Esperaré... y ella 

misma me indicará... ;Se oaullneolreloanrlms- 
to« lie la iziuienia. EiilraD Moría y iloa Rafael por Ift | 

aerei-lm.) 



199 

ESCENA n 

. MABIA, DON RAVAIL. 

MARIA 
(Bq la portalada dándole la mano.) Un pasitO 

más y ya estamos. ¡ Ay! no sé cómo pedirle 
que me perdone la molestia de esta camina^ 

ta. (Ve á León y con un signo le manda esperar.) 

DON RAFAEL 

Por ser usted quien es, Mariquita, y por 
la fe que en su soberana virtud tiene este 
Cura, voy con usted al fin del mundo... Ea, 
¿está contenta de mí? 

MARIA 

Contenta y agradecida lo que no puede 

Imaginarse. (Le conduce ai bunco.) 

DON RAFAEL 

Bueno... Pues recapitulemos. Usted, al 
manifestarme la grave resolución de no se- 
guir á sus padres á Madrid... 

MARÍA 

Interrumpiéndole.) Resolución fundada prin- 
cipalmente... 



200 



DON RAFAEL 

Déjeme concluir... Para fundamentar sn 
propósito de resistencia... alegaba usted, en« 
tre otras razones, un sentimiento que... 

María 

(Vivamente.) Sentimiento que usted cono« 
cía ya... 

LEON 

(Aparte.) ¡Oh, divina mujer! 

DON RAFAEL 

Lo conocía, y aconsejé á usted... En fin, 
admitamos el hecho con toda su fuerza- 
Ayer dije á usted que para dar su verdade- 
ro valor á ese sentimiento, es menester co- 
nocerlo de un modo indudable en su re... 

MRAIA 
(Impaciente, con gran viveza.) Claro, en uno y 

otro. 

DON RAFAEL 
iXa manda callar y sigue.) ...Ciprocidad, en SU 

reciprocidad. Total: que tengo que oirá los 
dos. 



201 
MARIA 

Justo. 

DON RAFAEL 



Pues ya estamos aquí. (Contando.) Usted, 
uno; yo, dos. ¿Y el tercero? • 

María 
jSi está aquí! 

LEON 
(Avanzando, por indicación de María. Se descubre.) 

Aquí, don Rafael, con toda la verdad que 
llevo en mi alma. 

DON RAFAEL 

Pues vea yo esas conciencias... la de us- 
ted, que la de Mariucha ya me la sé de me- 
moria. 

LEON 
(Señalando el árbol gigante] Y que nO es éste 

mal confesonario, ¿verdad, don Rafael? 

DON RAFAEL 

¡Mucho!... Árbol secular, ¡cuántas decla- 
raciones de enamorados, cuántos lamentos 
de tristes, cuántos planes de ilusos y soña- 
dores habrás oído! Oigamos ahora tú y yo, 



7 Dios con nosotros, la historia de estos po- 
bres corazones, que ciegos corren á una ba- 
talla imposible. 

MARI A 

Por Dios, no sea tan pesimista. 

X 

DON RAFAEL 

Ea... á nuestro asunto. Señor don León^ 

declare usted. (María se retira á una distancia ea 
que puede escachar.) 



1 LEOM 

i Declaro... 

DON RAFAEL 



Cómo tuvo principio ese... esa inclina* 
ción... 

LEON 

Una noche, dos meses há, fui llamado por 
María... 

DON RAFAEL 

Eso ya lo sé... cuando le pidió á usted un 
socorro para su familia, y usted no pudo 
dárselo. (Riendo.) iOraciosísimoI Ya me lo ha 
contado ella. 



203 
LEON 

Aquella noche fué... 

DON RAFAEL 

Cuando le vendió el vestido á esa fanta* 
siosa... ¡Buen golpe, de maestro!... Ade- 
lante. 

LEON 

Desde aquel punto y ocasión, señor Cura^ 
se encendió en mí un fuego de amor tan 
vivo... 

DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho! 

LEON 

Maria emprendió para el sostenimiento de 
su familia una serie de trabajos que hacen 
de ella una grande heroína. 

DON RAFAEL 

¡Mucho! ¡Si no ha nacido otra que se le 

iguale! (Risaeño, con iogeoaa admiración.) 

LEON 

Yo la ayudaba en sus empresas mercan- 
ttles. 



SOi 
DON EAPAEL 

TmUén lo sé... Adelante. 

LEON 

Como la ayudó usted dándole el dinerito 
del Cielo... 

DON RAFAEL 

Le habría dado el de la tierra si lo hubie- 
ra tenido. Le di el del Cielo porque no tenía 
otro... Bueno: con que la amó usted... 

LEON 

La amé por su abnegación, por su piedad 
filial, por la valentía que despicaba en 
aquella lucha... la amé también por su be- 
lleza... todo hay que decirlo... 

DON RAFAEL 

Naturalmente... Si fuera un coco de fea, 
todo eso de la abnegación y de la valentía 
habría sido música.. . 

LEÓN 

La amé por su talento incomparable, por 
esa dignidad, unida á la gracia. .. 



erando e) eotuaiasmo descriptivo de Lcóo.) 

^no, bueno. Bien á la vista está su mé- 



Yo bien sé que no la merezco: ella es 
grande; yo, aun que' también de padres ¡lus- 
tres, soy un infeliz hombre, atado á un bajo 
comercio. A la presente condicii^n humilde 
he venido por mis errores de otros días, de 
días muy lejanos, don Rafael, ¡cou «veza y 
calor.) Aberraciones do las que ya estoy co- 
rroído, radicalmente corregido, bien lo sa- 
be usted. Abierta está mi alma á los ojos de 
Dios. Los de usted también han entrado ea 
ella... 

MARIA 

(áiu acercarse.) Créalo, don Rafael, si cr«a 
en mi. 

DON HAfAEL 

Creo... Su enmienda y reforma no son 
nuevas para mí. 

LEON 

María conoce mí amor. Yo adivino el so- 
I. Si ella y Dios me deparan la diefta íne- 



206 



fable de llamarla mi esposa, creeré que efete 
no es la Tierra, sino el Cielo. 



DON RAFAEL 



Tierra es, y bien dura y triste... valle de 
lágrimas. (Saspiraudo.) Bien. Ya puede usted 
acercarse, María, y decirme... (Moría se acerca, 
los ojos bajos) aunque caei no es preciso... 

MARCA 

(Coa modestia.) Le quiero por su inteligen- 
cia, por sus desgracias, por el inmenso es- 
fuerzo moral que significa su regeneración, 
consumada por él mismo, solo con su con- 
ciencia. Por esto, y por gratitud, le quiero, 

y decidida estoy... á... (Vergonzosa, eomadece.) 

DON RAFAEL 

Acabe, hija... Ya, para lo que falta.,, 

LEON' 

¡Oh, júbilo inmenso! (Coa vivo eatasiasno, 
abrazando á don a ifael.) Déjeme USted qU^ le 

abrace... 

DON RAFAEL 

Apriete^ apriete. Ya puede estar orgullo- 

€0. (Goap0Minit.no.) Pero... 



Wf 



MARIA 



¿Pero qué...? (vivamente, atacándole por ua 

lado.) Usted no nos abandona; usted hace 
suya nuestra causa. 

LEON 

(Atacándole por el otro lado.) Usted sabe dar á 
Dios lo divino, lo humano á los hombres. 

DON RAFAEL 

<Apartándoíe8 ) Sí, SÍ; sé todo OSO... pero sé 
también que contra ese afecto... todo lo san- 
to y noble que se quiera... se alza un poder 
tiránico, incontrastable. 

MARIA 

¿Pero nada significa nuestra voluntad? 

LEON 

¿Manifestada ante la religión, ante usted? 

DON RAFAEL 

¡Dios Uno y Trino, que no pueda yo...! 
Si por la religión se resolviera... pronto os 
arreglaría yo... (con ademán de bendecir.) Pero 
á mundo ha venido á parar á un enre- 
do, á una confusión tal de todas las cosas, 
pw el sin ñn de leyes, preocupaciones, prác- 



208 

ticas y corruptelas, que vuestra noble aspi- 
ración no podrá escapar, no, de la inmensa 
red... Sucumbiréis, sucumbiremos, hijos 
míos... Debo deciros todo lo que sé... que es 

Uiuy grave. (Ambos se aproximan, ansiosos.) 

MARIA 

Sé que viene mi hermano en la dispose 
ción más hostil... 

LEON 

Los Marqueses sin duda se opondrán,,. 

DON RAFAEL 

No creo imposible reducir á los Marque- 
ses... ¡Pero á don Cesáreo, que viene con la 
cabeza llena de viento y la voluntad infla- 
mada de insolentes resoluciones...! Oidme» 
Debéis saber toda la verdad, por triste que 
sea. 

LOS DOS 
(Con gran ansiedad.) Sí, SÍ... 

DON RAFAEL 

¿Sabéis por qué precipita su viaje don Ce- 
sáreo?... 

MARIA 

Libará hoy. 



20» 

DON RAPABL 

Viene hoy, porque debió de recibir un 
largo tel^rama en que pérfidamente se lo 
llama para que impida el oprobio de la fa- 
milia... 

MARÍA 

¡Estúpida maldad! 

DON RAFAKL 

Se le habla de María enloquecida, fasci- 
nada por un... 

Imagino los horrores que dirán de mí. 

MARIA 

¿Quién puso ese telegrama? 

LEON 

¿Bl Marqués? 

MARIA 

¿La Alcaldesa?, 

DON RAFAEL 

Bs cosa del tontaina de Corral, ayudado 
por Bravito, el juececillo. 

u 



jinfames! 

DON ft A PA EI, 

Pues con esa requisitoria indecente, 
algo que días atrás escribieron otras perso- 
nas, don Cesáreo, el iioy omnipotente don 
Cesáreo, viene dispuesto á que su hermanfc 
se someta; y para esto no ha de empleJ^ 
contra ella medios violentos. No la cogerí 
¿ usted ni ia, maniatarán para llevársela! 
viva fuerza. No harán nada de esto, porqoT 
no es preciso. 

(Cdd grau nosicdad.) ¿Pues qué harán? 

DOS RAFAEL 

El feudalismo de nuestra edad reva^ 
no necesita apelar áesos medios. 



Ya sé. Cesáreo está á punto de ser feuál 
Urano de este país. 



Hoy traen los periódicos, con la noticia I 
la boda, otra que viene á ser la conflrn| 
ción de ese feudalismo. 



LOS DOS 

¿Qué? 

DON RAFAEL 

El Gobierno, deseando recompensar... no 
sé qué es lo que recompensa, ni el mismo 
Gobierno lo sabe. . . concederá á Teodolinda 
y á Cesáreo el título de (Coa éarasís] Duques 
de Agramante. 

LEÓN 

Muy lógico: en sus manos está toda la 
gran propiedad rústica y minera. 

DON RAFAEL 

Y con la propiedad, la influencia; y con la 
Influencia, los resortes de toda autoridad. 

MARÍA 

De autoridades corrompidas... 

DON RAFAEL 

Putrefactas, sí; pero que echan la barre- 
dora, ¡y ay del que cogenl 

MARIA 

¿Pero todos...? 






S12 
DON RAFAEL 

Todos serán instrumentos de Cesáreo— 
lo son ya, porque la adulación madruga, 
hya mía; no espera que venga el poder: co- 
rre á su encuentro. 

MARIA 

¿Y todos esos enemigos, jueces, alcaldes, 
vendrán contra nosotros? 

LEON 

(ComprendieDdo.) No: contra jní solo. Ya veo 
claro el ardid de guerra. Es en verdad dia- 
bólico y terrible... 

MARL\ 

Ya entiendo. León... 

LEON 

p Yo seré el perseguido. 

DON RAFAEL 

El vilipendiado, el encarcelado tal ves... 

(óyese repkxae de campanas, lejano, al coal aa ooflA 
pronto otros sonidos de campanas máa prósimai, áa 
timbre diferente.) 

MARIA 

¿Por qué delito? 



313 



LEON 



Por el viejo: por mis locuras de hace afios 
en Madrid. 



DON RVFABL 



Ayer estuvo Bravito en el Ju^^gado bus- 
cando un exhorto que, según él, debió venir 
hace dos años, y quedó sin cumplimiento. 



LEÓN 

No encontrarán exhorto. ¿Mas para qué lo 
necesitan? Harán lo que quieran. 

DON RAFAEL 

Asegura Bravo que el Duque de Agra- 
mante traerá de Madrid todo el artificio le- 
gal bien preparado. 

MARIA 

Que tráigalo que quiera. (Animosa.) Contra 
tales armas, levantaremos la verdad inex- 
pugnable* 

LEÓN 

Y nuestras voluntades firmísimas: somos 
de hierra. 



«I 



MARIA 

Somos de bronce. (Con grave acento I 

otro, danilo It sus iledaracioDes gran sotemoíd.-iil 

Aquí, ante nuestro pastor de almas, h&t 
mos juramento solemne de ser el uno f 
el otro, por encima de toda tiranía, de t 
poder, sea el que fuere, (se dan 

sou de campauas aumeDtH ta ¡DleoBÍdad por agregar* 
se QotuB máa cercanas, agudas y graves, que arinoal 
laa con lasprinienis,] 

LEON 

Nos Juramos eterno amor, fidelidad con) 

tan te... 

María 

Mutuo auxilio en las tribulaciones. Jura^ 
mos hacer de nuestras existencias una sola. 

(Conlioiia el crescendo de laa campaDUa. Se agregatt 
las DOlus gravea de lu iglesia de la Misericordia y 4< 
Sao Pedro, próiioias, y la del Crifto, que está »o s 



a.) 



LKON 



Juramos morir antes que renunciar i 
nuestra unión santa. 

MARI A 

Juramos, y así lo declaramos ante Diosj 



215 

ante su ministro. (Uega ai méxlmam de ioteosl- 
dad el concierlo de campanas. Paasa de recogiiñieoio 
religioso y solemne. Las voces de Maria y León espi* 
ran entre las vlbradones del metal... El campaneo se 
va extinguiendo gradualmente por el silencio de las 
más próximas^ sonando las más lejanas, basta qoe 
sólo se oigan las lejanísimas.) 

DOS RAFAEL . 
(Qoedándose como en éxtasis, orando.) HIJOS 

míos» dijérase que sobre vosotros ha deseen* 
dido una suprema bendición.., 

LEON 

Ya estamos unidos. 

DON RAFAEL 

(Asustado.) No, no: todavía no. 

LEON 
(Con gran entusiasmo y efusión.) En el Cielo ha 

sonado ese himno... 

BIARIA 

Trae á nuestras almas toda la alegría del 
Universo. 

DON RAFAEL 

(Asustadizo.) No» no Creáis eso: no os alud* 
neis. Es la procesión de la Virgen, que pa* 



216 

•a por la calsada del Refugio... No 68táii 
imidos, ni 8é 8i llegaréis á estarlo en forma. 
(Con viva emocióo.) Hijos míos, el Ciolo está 
con vosotros, la tierra no. 

(Aparecen por la derecha Corral y BraTtt» 
vando barionea; prorrampea ea rísaa^ 

ESCENA III 

Lm mlMMMS OOBEAL, «UTOu 



LEÜK 

¿Quién va? 

DON RAFAEL 

¿De qué se ríen? ¿Qué buMBii aqull 

CORRAL 

(Borlóo.) Sigan, sigan. 

BRAVO 

Don Rafael, creímos que estaba usted 

la procesión . 

CORRAL 

^taba aguí, repicando en el Cristo» 



tif . 

DON RAFAIL 

Mis procesiones andan por dentro» y 
aeoesitan repiques. 

CORRAL 

iJátjal... 

BRAVO 

I Ja, )al ¿P^o estaba diciénddes mlsaT 

DON RAFAEL 

Misa no: les decía... que sois anos gran- 
des mentecatos. 

CORRAL 

Gracias... Y este señor nos ha dado el 
qnién vive como un centinela... ¿Es esto 
castillo, reducto, fortaleza? 

BRAVO 

Quizás lugar sagrado donde no podemos 
«ntrar sin permiso... del señor acólito. 

LEON 
(Aparte, eoDtenléndose.) {Canallal 

MARIA 

(ipirie.) {Ralea vill 



sil 



CORRAL 

Pues entramos para tener el g^to de en 
centrar á esta señorita*. . 

BRAVO 

Y el disgusto de decirle que sus padres^ 
creyéndola perdida en el monte... (Corre hacia 

la derecha y Uama, agitando el panaelo.) 

CORRÁI 

Andan locos buscándola... 

DON RAFAEL 

Los perdidos sois vosotros. Ni esta sefto* 
rita ni nadie se pierde viniendo conmigo. 

BRAVO 
(Llamando.) ¡Eh! 

DON RAFAEL 
(Acercándose á Bravo.) ¿Pero á quién Usmas» 

condenado? 

BRAVO 

Aquí están, aquí. 



219 

DON RAFAEL 
(Mirando á lot qne Tieneo.) Estos nO podíaü 

faltar: la entiomeüdísima Vicenta y el Al-* 
caldillo. 

iiAniA 

Ya no me importa. «. Que vengan. 

ESCENA IV 

IiOf MiiBMM; VICENTA: defpttei el ALOALDA 

VICENTA 

|Ah! queridísima... ¡Qué susto noshemoi» 

llevado! (ai rer á Leóa se santigaa.) 

MARIA 

¿Pero no venía con usted su marido? 

VICENTA 

Ha retrocedido para mandar aviso á los 
señores Marquer s. .« 

LEÓN 

Por lo visto es, además de Alcalde, prego-* 
nero* 



no 

M ARIA 

Dejémosle... Pregone todo lo qae quiera. 

VICENTA 

■ 

Yo... acelerando el paso, he llegado á 
tiempo... 

MARÍA 

De salvarme, (irónica.) Extraviada en el 
monte, á punto estaba ya de que me comie- 
ran los lobos. 

VnENTA 

Gracias que se extravió usted con el pas* 
tor# 

DON RAFAEL 

Dime, Vicentita: ¿al salir de tn casa, de- 
Jaste todo bien arreglado? 

VICENTA 

Sí, señor. 

DON RAFAEL 

¿Los nenes bien apafiadicos... la ropa do 
Nicolás corriente de zurcidos y arreglob? 

VICENTA 

¿Por qué me lo dice? 



• ••■ 



ISI 

DON RAFAEL 

Porque si tienes quehaceres en tu 
aquél es tu puesto... Aquí no nos haces nin- 
guna falta. 

\ 

VICENTA I 

(Picada.) Dou Rafael, yo sé mi obligacióa 
en mi casa... y en las ajenas. 

ALCALDE 

(Por la derecha, presuroso.) Avisados ya los se» 
ñores, que estaban afligidísimos buscando á. 

su querida hija. (Saluda a María friaineote.) Se- 

fiorita, la compañía de don Rafael pone á sal- 
vo el decoro de usted. 

LEON 

El decoro de esta señorita no há menester 
de acompañamiento para resplandecer como 
el sol. 

DON RAFAEL 

¡Mucho, mucho! 

ALCALDE 

Nadie le ha dado á usted la palabra. 

LEON 

Yo la tomo. 



ALCALDg 

¿Con qué derecho? 

LEOM 

No es derecho: es deber, deber mío... 

ALCALDE 

¡Qué atrevimiento! (a Mari».) Por conside- 
ración á usted, no le contesto con la dureza 
^ue me impone mi autdridad. 

BRAVO 

(A León, coa grosería.) Amigo, ¿se le ha que« 
mado á usted el establecimiento? Porque si 
no, no entiendo de dónde pueden salir tan- 
tos humos. 

CORRAL 

Pues no es poco orgulloso... 

LEON 

Sí que lo soy. Alguna razón habrá para 
«lio. / 

ATiCALDE f 

■ 

(Mirando por la derecha.) Ya subcn, ya... ^ 

I 
xMARIA 

(A8astada.) Mis padres..; 



1 



t83 



ALC4LDB 

(Á Vicenta, afMirte.) Ve á SU encuentro; di 
les... 

VICENTA 

Ya... 

ALGAliDR 

Y para desentendernos de este desagra^» 
dable asunto, retírate á casa. 

VIC8NTA 
Bien. (Vasa pcur la derecha.) 

DON RAFAEL 

(Al Alcalde.) Quédate tú. Como autoridad, 
convendría que estuvieras presente. Sabrás 
que ante mí se han dado promesa recíproca 
de matrimonio... 

ATX^ALDB 

{Dios nos asista!... Huracán tenemos... 
No puedo quedarme, don Rafael. Tengo que 
bajar á la estación. 

DON RAFAEL 

Verdad que llega el amo. 



ALCALM 

Hacia la estación van ya tote loBamtgOii 

CORRAL 

Nosotros también. 

BRAVO 

En marcha. (Salen ios treí bablaate stnptBf 
damento.) 

MARIA 

(Viéndoles partir.] ¡Catenra infomol Serrido* 
res de la injusticia, de la mentira social. 
Dios os confunda. 

ESCENA V 

MARIA. LBON. DON RAFABIi. 
DON RAFAEL ' 

(Minado por la dereciia.) Cerca vienen ya. El 
Wnible choque se aproxima. 

LEON 

\v> io* diré... 



9S5 



DON RAFAEL 

No, hijo. (A Maria.) Mi Opinión es que nos 
deje solos. 

LEON 

¿Debo retirarme? 

MARIA 

Sí. 

LEON 

¿Debo esconderme? 

MARIA 

No, no... afrontemos la lucha con honra- 
da entereza. 

LEON 

Sift huir el cuerpo, sin volver la cara. Te- 
nemos razón... y basta. (Retirase presuroso por 

la izquierda.) 



4» 



«26 



ESCENA VI 

MARIA. DON RAFAEL. DON PEDRO. FILOMENA. 

DON PEDRO 

(Consternado, trémulo.) María, Mariucha... 
nuestro buen amigo el Alcalde nos ha dado 
conocimiento... 

MARIA 

¿Os ha dicho...? 

FILOMENA 

¡Que amas á ese hombre...! 

MARIA 

¿Pero no os ha dicho mi juramento, el 
suyo...? 

DON PEDRO 

Juramentos que nada significan si reco- 
noces tu error... 

MARIA 

Yo no falto á lo que prometo y juro. Lo 
que sabéis es resolución tomada y sostenida 



227 

por la misma alma que en días aciagos lu- 
dió con la miseria.. « 

DON PEDRO 

Ya vimos el tesón tuyo de entonces... 

MARIA 

Pues imaginadlo duplicado, y veréis el de 
ahora. 

DON PEDRO 

(Severo.) ¿De modo que te obstinas...? 

FILOMENA 

Hija, no me hagas olvidar el inmenso ca- 
riño que pusimos en tí... 

MARIA 

Ese cariño siempre lo merezco. El amor 
que 08 tengo, ahora también se duplica. 

. FILOMENA 
(Coo maternal cariño.) ¡Oh, qué dolor!... ¡Tú, 

María, separar tu existencia de la nuestra. ..! 

MARIA 

Yo sacrificaría mis afectos, mi juventud, 
mi existencia, cuanto soy y lo poco que val- 



!228 



1 



go, si viera que con ese sacrificio logral* 
▼uestro bien; pero no es así. 



DON RAFAEL 

María vivirá siempre para sus padres» 
Únanse á ella y serán felices. 

DON PEDRO 

Ella es la que tiene que unirse á nos* 
otros... Hemos determinado partir hoy mis- 
mo... 

FILOMENA 
{Oh, Dios mío! (Afligidísima.) 

MARIA 
(Con viva emocióD acude á Filomena.) Madrd 

querida, ¿por qué te atormentas? Papaíto, 
si creíste en mí, ¿por qué no crees ahora? 

DON PEDRO 

(Besándola.) María, Mariucha, mi encanto^ 
mi alegría... ven... 

FILOMENA 
(Los tres están un momento abrazados.) Mi cioIOf 

mi gloria... ven... siempre juntos... Serái 
feliz al lado nuestro... Piensa en tus herma- 
nitos... en Cesáreo. 



S29 



MARIA 

(Con movimiento de horror.) ¡Oh, no! (Se separa 
de ellos. Recobra súbitamente su entereza.) 

DON PEDBO 

Ven... Partiremos. 

MARÍA 

(Con acento grave, retirándose más.) Yo... dolo- 
rida de esta separación, destrozada el al- 
ma... me quedo aquí. Partid vosotros. 

DON RAFAEL 

No ablandarán este bronce. 

MARIA 

Queridos padreis, habréis de decidiros 
pronto, porque el caso no admite dilación. 
Escoged entre estos dos caminos: ó vais con 
Cesáreo, ó venís conmigo. 

DON PEDRO 

No podemos someternos á tan horrible 
dilema. 



1 



830 

FILOMBITA 

Tú con nosotros... 

MARIA 
([utentaudo de nuevo moverles por la temara.) 

¿Pero no estáis contentos de mí? En estos 
días de Agramante, que empezaron angus- 
tiosos y luego se volvieron risueños, apaci- 
bles, ¿qué os ha faltado? ¿No teníais cuanto 
necesitabais, y sobre lo necesario, algo de lo 
superfino, más grato por ser muy bien me- 
dido?. .. Pues si esto teníais y esto os ofrezco, 
¿por qué preferís ahora correr hacia un mun- 
do de vanidades, donde no seréis más que 
un reflejo desconsolado de grandezas ajenas? 

DON PEDRO 

A la sombra de la posición de nuestro 
hijo, podremos restablecer nuestra posición. 

MARIA 

A la sombra del poderoso, los nobles em- 
pobrecidos se llaman parásitos, y yo do 
quiero para tí este nombre. 

DON PEDRO 

(Irritado.) ¡María! 



231 



FILOMENA 

(serora y orgaiiosa.) ¡Oh! No pensarías así 8Í 
no estuvieras trastornada por una pasión 
absurda... Por la Virgen, señor Cura: ayú- 
denos á domarla. 

DON RAPABf. 

En ella veo la razón, en ella la verdad. 

PILOMEXA 

Ese amor es loco, insano, y lo combatire- 
mos como el mayor de los oprobios. 

DON PEDRO 

(Arrogante.) No lo consentiremos. 

PILOMENA 

Tú misma, mirando á tu linaje, á noso- 
tros, debes rechazarlo. 

MARÍA 

No, no. 

FIFiOMENA 

¿No merecemos que sacrifique su inclina- 
ción? 



DON RAFABL 



(Coa eoergiB.) Más merecedora es ella de qa« 
nstedea sacriñquen su org^ullo. 



No es orgullo, es dignidad, y ésta no pa». 
de sacrificarse. 



(Cortando la iiispuia.) Padre y madre mu 
queridos, no nos entendemos. Partid si í 
lo habéis determinado. No iré con vosotr 

DOX PBDRO 

{Iracundo,} Esto ya es intolerable. 



(Con graa soveriddd.) Hemos invocado tu C 
rifio filial; ahora reclamamos tu obediendaj 



En esto no puedo obedeceros. (Coo entou 

dio viKorosii y grnndu entereza.) Marqués de Altd 

Rey, tu hya, tu Martucha, no comerá j« 
rnds el pan do Teodolinda. 




DON PSDBO 



¿Qné dice? 



(Coo ftradoai energiii.] ¿Habéis olvidado el ori- 
gen de ese pan, del amasijo de riquezas que 
lleva sobre sí la que será esposa de vuestro 
hijo? Yo os lo recordaré. Fué su fundamen- 
to la odiosa, la iníame esclavitud. El padre 
de Teodolinda vendía negros, y su primer - 
esposo los compraba... ¿Este comercio os 
parece más honroso que el mío?... Ved ese 
caudal aumentado rápidamente con la usu- 
ra de sangre humana, más inicua que la del 
dinero... vedlo crecer, crecer luego en mon- 
tones de oro, y hacerse fabuloso, negociando 
en medio de las corrupciones coloniales... 
Ese pan es el que vais á comer. Yo antes 
moriré que probarlo; me envenenaría el al- 
ma. Prefiero el pan amasado en el suelo po- 
bre de mí patria, santificado con mi trabajo 

¡Con filtra energía, ut>relNDilú loa puños), extraído ¡á 

pnlso! con inmensas fatigas de la tierra du- 
^6 la tierra madre en que todos nacimos. 



234 



DON PEDRO 

fOesconccrtado.) No puedo rendar del apo* 
yo que nos trae Cesáreo. 

FILOMENA 

Mi pobre hija delira. 

DON RAFAEL 

Tolerancia, Marqués, en nombre de Dios. 

DON PEDRO 

Obediencia en nombre de mi autoridad. 

FILOMENA 

Que renuncie á ese amor afrentoso. (Asien- 

te doa Pedro.) 

MARIA 

(Kebeiándose.) Afrentoso habéis dicho, y 
contra eso tengo que protestar con toda la 
fuerza de mi alma honrada y de mi con- 
cia ^ncia pura. 

FILOMENA 

Si es inútil, María, que pretendas extra- 
viarte. No lo consentiremos. 



1 



215 
DON PEDRO 

Medios le sobran á Cesáreo para... 

MARIA 

(Disparándose.) Los medios que empleará 
mi hermano, vosotros no podréis autorizar- 
les: son un delito... En otros tiempos, cuan- 
do estorbaba una persona, se le daba muer- 
te; en éstos, no más humanos, pero sí más 
hipócritas, á esa persona que estorba se la i 
n^.ata legalmente, civilmente... y esto, vos- 
otros, nobles de raza, no podéis consentirlo. 
Si lo consentís... 

FILOMENA 

No es cosa nuestra. Cesáreo, que vela por 
la familia, sabe lo que tiene que hacer. 

MARIA 

Pues si Cesáreo sabe lo que tiene hacer^ 
sabed vosotros. . . 

DON PFDRO Y PIL0MI':NA 

(Slmultáncu mente, con gmn ansiedad.) ¿Qué? 



236 
MA.RIA 

Que habéis perdido á vuestra hija, que se 
06 ha muerto vuestra hija. (Apártase íml«u el 

fondo.) 

DON PEDRO 

¡María! 

FILOMENA 

¡Hija! 

MARIA 

Dejadme. Soy libre. (Apártase más.) 

DON RAFAEL 

La ley le concede ya libertad... 

MARIA 

Y yo la tomo. 

FILOMENA 

¡Qué sería de tí, pobre criatura, si... I 

MARIA 

Antes de aprender á libertarme aprendí 
A vivir por mí misma. 



237 



DON PBDRO 



(Exaltado.) Pero yo te traigo i la obedlen* 
cia. Eres mi hija. 

MARIA 

Ya no soy vuestra. Soy mía, mía. (sabe 

por la escalerilla del fondo.) 

FILOMENA 

(Aterrada.) ¡Huye de nosotrosl 

DON RAFAEL 
Y yo con ella. (Sabe tras de María.) 

ESCENA VII 



Lof mlimoi; CESÁREO, el ALCALDE. ROLDAN. CORRAL 7 
alffODOi SEÑORES de Aframante. 



CESÁREO 

(Por la derecha, presuroso, alarmado por lo qae 
le liaa referido y por lo qae ve al llegar.) ¿Qué...7 

¿Qué ocurre...? 

DON PEDRO 

(AtribQiado.) ¡Cesáreo! 



S38 

FILOMENA 
(Idem.) lHi]0 mío! 

DON PEDRO 

¡María... huye de nosotros! 

FILOMENA 

(Señala la figara de María, qae en sa andar in- 
cierto se oculta y reaparece entre el follaje.) Hija 

Adorada... hija loca... ven. 

CESÁREO 
(RisaeñOy presuntuoso, cooíiadoen sí mismo.) Es« 

tad tranquilos. Yo la someteré. 

MARTA 

(Desde lo alto.) Soy libre. 

CESÁREO 

(Imperioso.) ¡María! 

DON PEDRO 
(Dolorido y cariñoso.) jM^riuchal 



239 



MARIA 



(Subiendo más.) No me llaméis... Desde este 
Instante sólo á Dios tengo por padre. (Huye 

por el moQte. Don Rafael va tras ella. Goasteroación 
de los padres. Cesáreo arrogante, confiado en sí 
mismo.) 



fin peij actto cija: xo 



ACTO QUINTO 

Almacén de baila. Local grande, de sólidoi maros y 
techo abovedado. 

A la derecba, primor término, nn ventanal; á la iz- 
quierda un estante con herramientas y otros obje^ 
tos, pedazos de ílej^s, tablas, etc. El foro está divi- 
dido: á la izquierda, un cuerpo saliente, que es una 
de las habitaciones particulares de León, con una- 
puerta frente al público, y otra lateral que da al 
foro, y almacenes. Por la derecha de este foro se 
va á la calle. 

Utensilios propios del comercio de carbón. Banquetas 
y muebles toscos. Es de día. 

ESCENA PRIMERA 

El ALCALDE, que entra por el fundo; DON RAFAEL, qne sale 
por la puerta peqnefia del fondo. 

ALCALDE 

(Sorprendido.) ¿Pero estaba usted aquí? 

DON RAFAEL 

¿Pues dónde querías que estuviese? Mi 
papel es consolar á los oprimidos, como el 
tuyo adular á los poderosos. 

46 



242 



ALCALDE 

No estamos para sermones. Dígame, ¿han 
vuelto á su casa los señores Marqueses? 

DON RAPAKL 

Sí. 

ALCALDE 

¿Y la Marquesita? 

DON RAPA.EL 

En mi casa. 

ALG\T,DB 

Dijeron me que avanzó monte arriba largn 
trecho... 

DON RAFAEL 

Desolada, quería ser como fiera vagaban- 
da del bosque. Yo no podía seguirla. La re* 
duje al fin... Los padres, en cuanto se ente- 
raron de que estaba en mi casa» corrieron 
allá. Escena de lágrimas... desmayo de Fi- 
lomena, pucheros del papá... Pero Mariucha 
inflexible. Se ha encastillado en su potente 
voluntad, y cualquiera la rinde. 



SI3. 



ALCALDE 



¡Contentos están de usted los Marqueses 
y don Cesáreo! 



DON RAFAEL 



t 



Ya, ya... Si á todo trance querían some- 
ter á María por el terror, y martirizarla en \ 
su propia casa ó en un convento, valiéranse 
de otros de mi oficio, que los hay, vaya si 
los hay, dispuestos para eso y para mucho < 
más; pero este Cura no es de esa cuerda... ) 



) 



ALCALDE i 

¡Qué demonio! D. Cesáreo ha de mirar 
por el decoro de la familia, por el lustre de 
8U nombre. 

DON RAFAEL ] 

(Burlón.) ¡Mucho, mucho! Lustre nuevo á 
cosas viejas, y barnizar con oro y púrpura 
las grandezas podridas ... , 

ALCALDE 

Reconozcamos que la posición que tendrá 
don Cesáreo dentro de unos días le dará un 
poder formidable... 



1 



DON RAFAEL 

{Malditas posiciones, que son como los 
castillos roqueros de antaño, de donde sale 
toda asolación de pueblos, todo el atropello 
y vejámenes de personas! 

ALGALOlE 

Pero fíjese usted... Si Mariquita se Bale 
con la suya... Lo que yo digo... 

DON RAFAEL 
(Interrumpiéndole.) Cállate. Todo lo que tú 

puedas decirme me lo sé de memoria. Es él 
lenguaje del servilismo, que entre las pisa- 
das de los poderosos cultiva su interés. ¡El 
decoro de la familia, el nombre! Vale más 
un cabello de Mariucha que todos los nom- 
bres y remoquetes de los innumerables fan- 
tasmones que pueblan el mundo. 

AíiCALDE 
(Queríeodo explicarse.) Óigame... yO digO 

que... 

DON RAFAKr. 
(Sin > iM?erle caso, con calor.) ¡Las posiclonesl 

jQue n» ^ dé Dios vida para verlas arrasadas, 
hecha tibia rasa de todo este feudalismo ia- 
deoentei ^a: abur. 



X 



245 



ALCALDE 



Aguarde: no sea tan vivo. (Autoritario.) Ten- 
go que advertirle... 

DON RAFAEL 

¿Ordenes del bajá de tres colas. ♦. del Ex- 
celentísimo Sr. Duque...? 

ALCALDE 

Ordenes mías. Primero: no conviene que 
visite usted á este hombre... Segundo. Pues- 
to que tiene á la flerecilla en su casa, exhór- 
tela, aconséjela con todo el sermoneo que 
usted sabe emplear cuando quiere, y una 
vez dueño de ella... 

DON RAFAEL 

Le echo al cuello una soga, y la traigo al 
redil paterno. 

ALCALDE 

Sin soga ó con soga, entendiendo por ésta 
la autoridad reMgiosa^y moral. Antes de las 
tres ha de estar la señorita bien catequiza- 
da y bien amansada en casa de sus padres, 
para que puedan tomar todos el tren de las 
cuatro... 

DON RAFAEL 

Bien, Nicolás. ¿Lo manda el amo? 



■ '1 

é 

246 
ALGALDB 

Lo manda el sentido común; lo manda 
también el señor Obispo, ¡ojo! que es muy 
amigo de don Cesáreo y... 

DON RAFAEL 

(Hiendo.) Mucho, mucho... {ja... ja!... ¿Con 
que á las tres? 

AliGALDE 

Lo más tarde. 

DON RAFAEL 

Pues la traeré, h^jo; traeré á la flerecilla... 
No te incomodes. La verdad es que tengo 
yo un miedo fenomenal á mi sefior Duque, 
y al Obispo, y á tí... ¡Mucho, mucho...! (Vase 

riendo por el fondo.) 

ESCKNA U 

£1 ALCALDE, KOLDAN. CORRAL, por «1 fondo. 

ROLDAN 

Risueño va el curita... 

ALCALDE 

Déjale, que ya le cortarán la risa... ¿Y 
don Cesáreo? 



2\7 
CORRAL 

Ahora salía del Juzgado. 

ALGALDB 

¿Y el Juez:..? 

CORRAL 

Enteramente á su devoción. 

ROLDAN 

S^ún eso» á este hombre se le puede can- 
tar el responso. 

ALCALDE 

Yo entiendo que cederá en cuanto vea la 
que se le viene encima... El mismo será el 
que desencante á la encantada señorita. •• 
Para mí, á eso tira don Cesáreo... 

CORRAL 

Entiendo que no cede. Está enamoradí- 
simo del ángel. Lo que hará será suicidarse, 
y me alegro. 

ALCALDE 

íHombre...! 

CORRAL 

Digo que allá me espere muchos años. 



248 



ESCENA in 

¿Of Bisaos 0B8AREO, por el teJ». 
CESÁREO 

(Al Alcalde.) ¿Vió osted á ese maldito Cura; 

le dijo...? 

ALCALDE 

Que se arregle como pueda, ya por lo reli- 
gioso, ya por lo moral, para encadenar á la 
rebelde... 

CKSAREO 

Muy bien. 

ALCALDE 

Y traerla á casa de sus padres. 

GESlRKO 

O convencida ó resignada: no hay otro re- 
medio. Y ello ha de ser pronto... 

ALCALDE 

Sí: para que tengan tiempo de tomar el 
tren ,. 

CESÁREO 

Pues adelante... Ea: suélteme usted la 
fiera. Verán qué pronto la amanso, (a Roidáa 
7 Corral.) Señores, despéjenme la cueva. •• 



2» 

CORRAL 

Aguardaremos fuera. .. (Vanse corral y Rol- 
dan por el foro. El Alcalde entra ea las habitacioues 
ie León y sale en seguida.} 

ALCALDE 

¿Le dejo á usted solo? 

CESÁREO 

Sí... En cuanto hable usted con el Cura, 
hágame el favor de pasar á casa de mis pa- 
dres y advertirles que estén prevenidos... 
que vendrá María, que partiremos todos... 

ALCALDE 

Está bien... (Retirase el Alcalde por el foro; 
aparece León.) 

KSCENA IV 

LEÓN, CESÁREO. (Eite se qoiUt loi guantes oon préstela 7 los 
arroja sobre el banoo de cerrajería.) 

LEON 

(Con fría urbanidad.) Siento que venga usted 
á este almacén, lugar tan impropio para vi- 
sitas... Hubiera ido yo á donde se me de- 
signara. 



1.» 



Aquí estamos bien, señor... (Vucilando end 
iraia míenlo.) Creo íqúüI... y tonto... que i 
engafiemos dando yo á usted un nomid 
que no es el suyo. De antiguo nos conoí 
mos, Antonio Sanfelices. 

LEON 
(Coa gran tranquilidad, en pie.) Ese 68 mi HOlJ 

bre. A punto estuvo usted de conocern 
aquel día en la sala de Alto-Rey... El f 
vo de carbón me sirvió de máscara.. 

CRSAREO I 

Tras el velo negro creí ver el rostro m 
que tué mi amigo, del que dejó de Bttlo.ü 
no por culpa mía. 



Por mi culpa, es verdad. Muchos amigí 
dejaron de saludarme. Algunos, pocos, n 
favorecieron con un trato de pura fórmu 



Nuestro trato había sido hasta entonce» 
muy cordial. Nos tuteábamos. 



251 

t 

CE$AREO 

Cierto. 

LEON 

Y aun pareció que quería usied distin- 
guirme con una benevolencia de pura fór- 
mula. 

GBSAREO 

Benevolencia que tú... (vivamente, con tran. 
lición de la rigidez á la sinceridad.) Perdone US* 

ted: siento vivas ganas de tutearle ahora 
como antes... Me sale de dentro. 

LEON 

Y á mí. 

CESÁREO 

No porque el tuteo sea más familiar» más 
íntimo» sino porque es... 

LEON 

Más rencoroso... 

CESÁREO 

Más expresivo... 

LEON 

Puede uno desfogar su pecho. •• 



852 



GKSAREO 



Sí, SÍ... Pues decía yo que no merecías 

mi benevolencia. 

LEON 

Yo creo que sí la merecía. 

GKSA.REO 

Hoy, con el mismo sentimiento compasi- 
TO miraría yo tu mengua... Pero resulta 
que no te avienes á llevarla solo, y quieres 
compartirla con una familia ilustre... 

LEON 
(lüalterable en su tranquilidad.) No doy ni qui- 

to mengua, ni con nadie la comparto, por- 
que no existe. 

gesíreo 
¿Que no existe? ¿Quién la ha borrado? 

LEON 

(Con orguUo y convicción.) Yo la he borrado, 
yo. (Insistiendo.) Digo que yo la he borrado, y 
basta. Si la conciencia humana no pudiera 
ennegrecerse y limpiarse como esta cara" 
mía, que viste tiznada de carbón y ahora 
ves blanqueada por el agua, no seríamos 
hombres, seríamos animales. 



253 
CESÁREO 

Retóricas... Eso se dice. 

LEON 

Y se hace. Puedes creerlo, puedes dudar- 1 
lo. No tengo interés en convencerte. 

CESÁREO 

Si, en efecto, lavaste tu afrenta, ¿por qué 
no procuraste que así lo comprendiese tu 
tío el Marqués de Tarfe, el noble anciano 
que...? 

LEON 

Por escrito le dije lo mismo que de pala- 
bra te he dicho á tí. Pero no me creyó. Como 
tú, me dijo: "Retóricas. „ 

CESÁREO 

¿Sabes que murió tu tío? 

LEON 

Losé. 

CESÁREO 

¿Sabes que en su testamento no te dejó 
ni el más pequeño legado? 

LKON 

Lo sé. No esperaba herencia ni logado. Y 



3lit 

la verdad, no sentí la preterición de j 
nombre en el testamento. Me satisíace i 
vivir de lo que he adquirido con mi trab:^ 
Cada, uno tiene su manera de borrar lo qtu 
lüé, para dar mayor vida y realce... á I 
^ue es. 

¿Y de la causa que se te formó no tiend 
noticia reciente? 



Si no recuerdo mal, me dijo el Marqu 
al despedirme, que se había sobreseído I 
causa. Supe que mis compañeros de infortí 
nio fueron absueltos libremente. Por absu^ 
to rae tuve también. 

cssAJteo 
Pues no lo estás. 



¿Lo sabes tú? 



Antes de venir aquí, quise conocer 1 
antecedentes jurídicos de Antonio Sanfj 
Jices. En el Jujeado vi que el expediente t 
está sobreseído, y que fácilmente se le poá 
«n tramitación. 



255 



liEON 



¡Pues no te has dado poca tarea! ¡Tanto 
interés en contra mía! ¿Es por la justicia? 
(Con severidad.) No: es porque amo á tu her- 
mana. 

CESÁREO 

Por ambas cosas. Por la justicia en el 
concepto general, por la justicia en mi pro- 
pia casa. Con una acción sola impongo cas- 
tigo á quien lo merece, y corto el paso al 
hombre manchado que pretende entrar en 
mi familia. 

LEON 

¡Y con ese fin desentierras mi proceso,.. 
y le das impulso en Madrid, y aquí te ro- 
deas de autoridades serviles para consumar 
tu obra, que quiere ser justicia, escarmien- 
to, preservativo de la familia, y al fin ven- 
ganza, porque eso viene á ser en realidad! 

CESÁREO 

Justicia, venganza, preservativo, escar- 
miento, llámalo como quieras, y entrégate; 
ríndete ante un hecho contra el cual nada 
podrás. 






LEOIf 

¿Que no podré?... Bueno. (SeemadabfwM 

y le mira, expresando una calma eilóioi. Pftm« Oi- 

sáreo le mira.) 

GESAKBO 

(Coa expectación.) ¿Desístes?... ¿Te das por 
vencido? 

LEON 

No desisto. Persigúeme sin piedad. Cual- 
quiera que sea mi situación, amaré á ia 
hermana... 

GES VREO 

(siu quitar de él los ojos.) Cou amor de eu* 
sueño nada más. 

LEON 

Con el amor que siento ahora, el cual no 
se satisface sino haciéndola mía para siem- 
pre. 

CESÁREO 

(Airado.) Te prohibo nombrar á mi her^ 
mana. 

LEÓN 

jSi su nombre está siempre en mí, cuan- 
do no en mis labios, en mi pensamiento! 



iProhibirme que piense! Tú & probibir, yo á 
pensar, veremos quién gana. 

GESARFO 
(Etidril ocié adose ante la o^tma de León.) Esa es- 
tudiada calma, esa serenidad burlona noes 
mus que la expresión de un cinismo repug- 
nante que merece castigo, y me veré obli- 
gado á dártelo. 

LEON 

(tmi)enur!i;jbie.) Muy bíen. Pues ese castigo 
de mis maldades caiga sobre mí. Impónme- 
lo pronto, tú... con tu propia mano. No td 
importe estar en mi casa. 

CRSiREO 

(Oespreciativo.) Yo no: la ley. 

I,EO\ 

¡Ah! es verdad: ya no me acordaba. Tií, 
creyéndome deshonrado, no puedes medir 
conmigo tus armas de caballero... ¿Y para 
qué habías de exponer tu vida, si ahí tienes 
la ley, auxiliar cómodo y barato, y puedes 
aniquilarme con tu poder feudal sin ningún 
riesgo? Yo, que nada puedo, sucumbiré, y 
tú quedarás triunfante, con la satisfacción 
de haberte librado de un enemigo sin de- 



rramar ni ana gota de sangre, sin an ma- 
guño, sin la menor molestia... 



¿Qné quieres decir? ¿Que temo batiri 

contigo? 



En otras circunstancias no lo temeríj 
Hoy, ¿para qué habías de temer lo que 
necesitas?... Pues ni con el duelo, si el dui 
lo fuera posible, ni am echarme ü los lobos 
de la Curia, conseguirás que yo desista. No 
sabes, no podrás saber nunca, Cesáreo, á 
dónde llega mi resistencia. Kl día on que 
creíste reconocerme, tu hermana dijo: "No 
es aquél, Cesáreo; es otro.„ Gran verdad 
salió de aquel divino labio. No soy aquélí 
soy otro. 



u&^ 



aquélt J 
Si lal 



Palabrería, orgullo, afectación, {contl 

ir«; IraU de domiDar á León ea otra foriUB, 
riéudole ideas de amargara y desespeniüióa.) Si ]& 

ley te coge en su garra y no te suelta, que 
no te soltará, caerás en grande abatimioB' 
to... perderás tu negocio... no volverás á v< 
á mi hermana, ni oirás siquiera su noml 
Ninguna ilusión te consolará, y el 



259 

mo se te ha de convertir en un vacío angus^ 
tioso, que te inspirará el horror de la vida. 
Tus días serán solitarios, tus noches serán 
lúgubres. No te quedará más consuelo que el 
sueño, el eterno olvidar, el eterno dormir. 

LEON 

(Calmoso, risueño.) Ya veo tu idea. Y es in- 
geniosa, Cesáreo... Claro, no me queda más 
que una solución: el suicidio. 

CESÁREO 

No es solución: es fatalidad. 

LEON 

¡Ah, Cesáreo, qué mal me conoces! He 
padecido tanto, tanto; he llevado la carga de 
la vida en condiciones tales, que el vivir era 
para mí lo mismo que llevar á cuestas un 
cadáver... Pues aunque llegue á ser mi vida 
más abrumadora de lo que fué, aunque so- 
bre ella pongas los desconsuelos más negros 
y las tribulaciones más horribles, subiré con 
ella á todos los calvarios. No, Cesáreo: yo... 

no me mato. (Se sienta impávido.) 

CESÁREO 
(Aparte, coofaso, paseándose) jDuroCOmo una 

penal 



ft 



« 






v.» 

I 



860" 



LEON 

Si contabas con mi suicidio, desecha esa 
esperanza... Busca otra. 

. CES.iREO* 
(Fogoso, con arranqae de sinceridad.) ¿Cuál? 

¿Por qué camino desaparecerás y se perderá 
de vista tu existencia...? 

LEON 

Por ninguno. Todo lo soporto: deshonra^ 
miseria, cárcel. De todas esas muertes resu- 
citó. 

GBSARBO 

María te olvidará. 

LEON 

María no olvidará á su maestro. 

CESÁREO 

Se avergonzará de haber querido á lU 
criminal. 

LEON 

Nunca. María cree en mí. 

CESÁREO 

Dejarás de verla. 



261 
LEON 

Esperaré. 

CESÁREO 

A tí y á ella, por medios distintos, quita- 
remos toda esperanza. 

LEÓN 

^Abolir la esperanza! ¡Pues de Dios se dice 
que no quita la esperanza, yja vas á qui- 
tar tú! 

CESÁREO 

(Exasperado gradualmente, su ira va crccíeado 
hasta llegar al paroxismo.) Yo nO Consiento, nO 

puedo tolerar, no quiero, no quiero que en- 
tres en mi familia. 

LEON 

No tengo interés... Con tal que tu herma- 
na entre en lamía... 

CESÁREO 

(Cegándose más.) Infame, soy caballero y 
castigaré tu insolMucia. 

LEÓN 

Yo 8oy estoico, y no temo ningún cas- 
tigo. 



S63 



GKSAREO 

Cínico: pues no te rindes, expiarás los 
delitos que cometiste y quedaron impunes. 

LRON 

Está bien; es justo. Pero ni por ese me- 
dio, ni por el duelo, que como caballero no 
puedes aceptar, ni por el suicidio, que yo 
rechazo, te librarás de mí. No te queda más 
recurso que el asesinato... Asesíname, si te 

atreves. (Sin perder su serenidad, se levanta.) 

GKSARKO 

(Frenético, disparado ya y coa rabia impalsiva.) 

¡Pues sí: me atrevo... el asesinato... el cri- 
men! (Ciego, se precipita hacia el banco de cerraje- 
ría que está tras él, y palpando busca un aroaa.) ¡Te 

mato... villano!... ¡Muerte!.,. 

LRON 

(Acercándose.) ¿Buscas un arma? (Señalando 
al estante, en el cual, entre variedad de herramien- 

tiis, hay cuchillos, limas y hacha.) Ahí tienes. Es- 
coge lo que te parezca mejor. Yo estoy des- 
armado. 



!263 



GRSAREO 

(EiLtltado, bascando.) Elsto... (Coge ana lima y la 
ioelta oon repugnan ci<i.) No: esto no. (Coge un ha« 
eha.) Esto... tampoco. (Lo arroja coo desdén.) 

LEON 

¿Ves? No puedes. Tu naturaleza rechaza 
la brutalidad... Y hay en mí una fuerza 
ante la cual tu orgullo acaba por rendirse. 

CESaREO 

Sí... tu cinismo. 

LEON 

No: mi razón... la razón que me asiste. 

CESÁREO 

(Pasándose la mano por los ojos.) No sé qué es 
esto. (Cae desalentado en un banco, por la brusca se- 
dación que signe al desmedido esfuerzo.) No es co- 
bardía; no me creerás cobarde, (se lleva la ma- 
no al rostro. Aparecen por el fondo don Rafael, María, 
y tras ellos tres personas (que no hablan), Cirila, otra 
criada, el sacristán de la parroquia sin sotana, que 
Irae un saco de damasco rojo con ropas eclesiásticas 
y Yaríos objetos de culto envueltos en telas^ crucifi- 
jo, candeleros, libro de ritual. Entran sin ser vistos en 
las habitaciones particulares de León por la puerta 
lateral del foro. María permanece en escena.) 



(Acercindose i CeB^reo.) Sí lo eres. Valientsl 

Barias para matarme. Te falta valor para re* I 

conocer que eres injusto. (Acércase María leaU* . 
«.eme.) 

ESCENA V 



CESÁREO 
(Fija U viata eo el suelo, aligado.) Soy JIUU*I 

dero. 

haría 

No puede ser justiciero el que antea no ] 
sabe ser justo. 

CESAHEO 



[Aterrado por la 

¡María! 



voz y la preKDcia de Markjl 



(Serena y smve.) Hermano querido: ni lai 
acciones violentas ni las voces airadas va» 
ien conm^o. Con pocas palabras pondré yod 
fin á esta lucha, y haré que prevalezca sobn 
tu justicia egoísta y menguada, la verda 
ra justicia. ¿Decides matarle? Pues b 
ámi. 



S65 
CESÁREO 

(TaellaBte, turbado.) Matar... matar no. 

MAR[A 

¿Decides el tormento curial, legal, 6 como 
quieras llamarlo? Pues aquí estoy para com^ 

partirlo. (Aparece el cura por la puerta del foro.) 

ALCALDE 
(Entrando presuroso por el fondo.) Sefior don 

Cesáreo, el maldito Cura pretende ganar- 
nos la partida. 

CESÁREO 
(Alarmado.) ¿Qué hay? 

LEÓN 
(Qoe ha hablado con don Rafael.) Nada, que 

cuando la razón quiere vencer, emplea los 
medios más sencillos. Como es inquebran- 
table resolución de María compartir mi 
suerte... 

DON RAFAEL 
(Vivamente, adelantándose.) Y COmO nO OS de- 

coroso que, al partir hoy los señores Mar- 
queses, permanezca en Agramante su hija... 
soltera... 



»t 



266 



CESÁREO 

Yo he determinado que parta con nos- 
otros. 

DON RAFAEL 

Espérese un poco... yo he determinado 
casarla. 

CESÁREO 

¡Oh burla villana, desprecio de mi nom- 
bre, de mi familia! 

ALCALDE 

(Farioso.) Esto no puede ser. Yo mando 
que... 

DON RAFAEL 

Y yo desobedezco... No te canses en man- 
dar cosa alguna. Aquí, señor Duque, aquí 
mismo les caso. 

CESÁREO 

¡Pero se atreve...! 

DON .RAFAEL 

¡Que si me atrevo! Van á verlo. (Dirígese á 

la habitación del fondo; abre la puerta. Se ve qae es- 
tán improvisando una capilla. En la mesa del fondo 
lian pueito ya un paño de altar y el Santo Cristo. Con- 
tinúan preparando v adornando el altar.) 



267 
ALGALDB 

¿Qué hacen ahí? 

DON RAFAEL 

Todo está bien dispuesto, y no faltará 
ningún requisito. 

CESÁREO 

(Airado.) ¿Poro no saüe usted que incurre 
en responsabilidad? 

DON RAFAEL 

t 

Firme en mi conciencia, yo afronto esa 
responsabilidad. 

ALCALDE 

Se le formará proceso. . . 

CESÁREO 

Le sentaremos la mano. 

DON RAFAEL 

Yo siento el pie sobre la cabeza del feuda- 
lismo. . . Cierto que no podré aplastarla; pero^ 
por de pronto, hago rabiar al poderoso, y le 
trastorno sus planes inicuos. 

ALCALDE 

8e incoará el expediente. 



268 



DON RAFAEL 



Ello será inútil.., y tonto, porque yo caso 
á es tos jóvenes, y á ver, caballeros, quién 
es el guapo que los descasa. 



MARIA 

Hermano mío, si la crueldad y el odio pre- 
valecen en tí, aquí nos tienes: somos dob al- 
mas para el sufrimiento. 

CESÁREO 

El odio no existe. Otro sentimiento me 

mueve ya. (Volviéndose hacia el Alcalde.) Mi her- 
mana ha muerto... Muerta la lloraremos... 
Vamonos. 

DON RAFAEL 

En nombre de Cristo, yo le incito á usted 
á la concordia, á la mansedumbre, al amor. 

(Pausa.) 

CKSAREO 

(Vacilando, se pasa la mano por los ojos.) Qui- 
siera... (Después de breve lucha interior.) No..J 
imposible... imposible. (Para sí, consternado.)? 

¡Muerta Mariucha!... No puedo... no quiero 

verla... (Sale precipitadamente; tras él el Alcalde.} 



\ 



269 



ESCENA ULTIMA 

» MARIA. LEON. DON RAFAEL. 

DON RAFAEL 

(Suspirando.) ¡Cómo ha de ser! (Dirígese á b 
babítacíÓQ del fondo; se quita la esclavina.). ¿Está 
' todo pronto? (Se ve que han puesto los cande- 
leros. Encienden las velas. Cirila pone sobre el altar 
búcaros con flores. Don Rafael les da prisa; sacan las 
ropas, capa, estola, y las colocan sobre un sillón.) 

MARIA 

(Afligida.) ¡Me lloran muerta! 

LEON 
(Estrechándole las manos.) Los muertOS SOU 

ellos, vida mía. 

MARIA 

(Con efusión.) Yo vlvo, SÍ; yo estoy viva. 
Vivo en mi conciencia, vivo en mis deberes, 
en las obligaciones de mi casa, de nuestra 
casa. Yo estoy viva. En mí rebosa la salud, 
estalla la alegría, y enciende el alma todas 
sus luces: la fe, la esperanza, el amor. Yo 

estoy viva. (Fijándose en el ventanal, ve que pasan 



270 
nnn podres por el exterior.) ¡Ah, León... Hlfnh 

Ms... mis padres...! 

LEON 

Sí... Van hacia la estación. 

MARIA 

(Acercáüdose.) Véalos yo un instante. {Po- 
bres padres míos! Van tristes, agobiados... 

LEON 

Como si asistieran á su propio entierro, 

MARIA 

(Con viva compasión ) Ya se alejan... Cesáreo 
tse une á ellos... les habla... les dice que he 
muerto. Mira, mira... lloran... ¡Pobrecitos 
de mi alma! 

LEON 

Lloran; pero siguen... Se van... Por va- 
nas pompas abandonan los afectos más pu- 
ros, . . 

MARIA 

Aceleran el paso... Ya no les veo.., 

LEON 
(Enlazándola por la cintura, la refira del reolanal } 

Son la generación que fué, que ya vivió y 
pasa. 



t7t 



MARIA 

¡Qué tristeza despedir á los que se van 
para siemprel 

LEON 

Consolémonos pensando en la eficacia de 
nuestro destiño. Si una generación nos vuel- 
ve la espalda y desaparece, abramos nues- 
tros brazos esperando á la que ha de venir. 

MARIA 

Delante de nosotros hay mucha vida, afa- 
nes, alegrías... 

LEON 

El cuidado inmenso de las vidas presen- 
tes... de las vidas futuras... (Aparece don Ra- 
fael en la paerta del foro, dispuesto á revestirse; tras 
él, el sacristán le ofrece la capa pluvial; el monaguillo 
le alarga la estola.) 

DON RAFAEL 

(Les llama con cariñosa jovialidad.) ¡Juventud. •• 
Aquí! (Maria y León, lanzando una exclamación de 
júbilo, corren hacia él.) 

FIN DE LA COMEDIA 





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, , Manucha ALTBBTI 

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