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Full text of "Memorial histórico espãnol"

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COLECCIÓN 



DE DOCUMENTOS, OPÚSCULOS í ANTiGÜEDADES 



QUE PUBLICA 



LA REAL ACADEMIA DEíLA HISTORIA 



TOMO XXIV 




MADRID 

IMPRENTA Y FUNDICIÓN DE MANUEL TELLO 

IHPBESOB DE CÁMARA DE 8. U. 
Don Evaristo, 8 

1893 






L 



LIBRARY 

721489 

UK'.VERSITY OF TORONTO 



lE LOS MUCHOS SUCESOS .DIGNOS DE MEMORIA 



QVJt HAN OCUREIDO BN 



BiECELOM í OÍEOS LÜGiEES DI ClfiLüM 

CRÓNICA ESCRITA POR 

ENTRE LOS AÑOS DE 1626 A 1660 



TOlS/LO "y 

Coeprende desde NoTieibre de 1641 hasta Jonio de 1652. 



NOTA PRELIMINAR. 



Con la inesperada muerte de D. Celestino Pujol y 
Gamps, perdió la Real Academia de la Historia uno de 
sus más laboriosos individuos, y el Memorial Históri- 
co un inteligente y constante colaborador. Desde 1888 
venía publicando, comentando é ilustrando un curio- 
so manuscrito que posee nuestro compañero D. Pas- 
cual Gayangos, conocido por la Crónica del Espade- 
ro, y que ha resultado ser la Crónica de los muchos 
sucesos dignos de memoria que ocurrieron en Barce- 
lona y otros lugares de Cataluña, escrita por Miguel 
Parets desde el año 1626 á 1660, y en la que prefe- 
rentemente se ocupa de la revolución y guerra de Ca- 
taluña, que acaso fuese uno de los más grave» suce- 
sos que amargaron el reinado de Felipe IV. 

Era el Académico Pujol avaro y codicioso en la in- 
vestigación, entusiasta por las glorias de su país; pero 
estas condiciones ni amenguaban ni desvanecían su 
amor á la verdad histórica, tan olvidada como obscu- 
recida por los antiguos cronistas é historiadores, y 
mucho más si éstos eran regnícolas y relataban su- 
cesos de su país. Comenzó el tomo I señalando y des- 
cubriendo el verdadero autor de la Crónica, y ofre- 
ciendo á la crítica una preciosa serie de documentos 



VI 



inexplorados que iban á esclarecer puntos dudosos y 
á derramar clarísima luz acerca de acontecimientos 
importantísimos de la historia nacional. 

Objeto de diversos y aun contradictorios juicios ha- 
bía sido el origen y naturaleza de aquellos movimien- 
tos, separación y guerra de Cataluña, que desde Meló 
á Balaguer han preocupado á tantos ingenios; pero 
hasta que Pujol .lo dijo y probó en el tomo II de su 
importante trabajo, no se ha conocido la poco sabida 
trama que fué el fomento de la revolución. Guando 
el 7 de Junio de 1640 los segadores armados penetra- 
ron en la capital del Principado, y á sus manos mo- 
rían asesinados los representantes del Poder Real, ya 
los Diputados de Cataluña habían iniciado las secre- 
tas inteligencias con la Francia, que terminaron con 
el tratado suscripto por ambas partes el 15 de Agosto 
del referido año. Acerca de este punto, la prueba es 
acabada y concluyente, y á evidenciarla se aportó la 
nutrida documentación de los tomos II, III y IV. 

Después, y hasta el año 1660, continuó la guerra 
con su forzoso séquito de horrores y desventuras, y 
en 22 de Mayo de 1659 convinieron España y Francia 
en una suspensión de armas para escuchar la conso- 
ladora idea de la paz. Con efecto, en la isla de los Fai- 
sanes se concertó el tratado llamado de los Pirineos, 
consignándose que éstos formarían en adelante la va- 
lla que separase á la España de la Francia. Si hubiera 
de documentarse según comenzó la serie de aconteci- 
mientos y vicisitudes de una guerra que duró veinte 



VII 



años, el trabajo no revestiría la importancia que, por 
circunstancias excepcionales, adquirieron los cuatro 
primeros tomos de la Crónica de. Parets, prueba de la 
laboriosa actividad del malogrado Pujol, y el Memo- 
rial Histórico perdería el carácter y principal fin de 
su creación. 

La Real Academia de la Historia confió al que sus- 
cribe esta Nota la continuación de la Crónica de Pa- 
réis; pero no habiendo encontrado entre los papeles 
reunidos, y que entregó la familia del finado, apunte 
alguno que revelara el plan que el Sr. Pujol se pro- 
ponía seguir, acudió á la Corporación que le había 
honrado con tan delicado encargo, indicando varios 
sistemas para continuar la publicación, y en sesión de 
6 de Abril de 1892 se acordó dedicar á la Crónica pre- 
ferente atención, y por notas y extractos, y literal- 
mente en lo importante, dar á conocer la documen- 
tación reunida y ofrecida por el mismo Sr. Pujol al 
finalizar su Nota preliminar al tomo IV. 

Cumpliendo este acuerdo, el tomo XXIV del Meivio- 
RIA.L Histórico, V de la Crónica de Parets, comprende 
el texto de ésta desde el capítulo i 12 del tomo I, hasta 
el fin de la primera parte del tomo II; y el tomo XXV 
del Memorial, VI de la Crónica, comprenderá el resto 
de la misma, publicando por Apéndices, al final de di- 
cho tomo, lo más interesante de la documentación 

reunida y coleccionada. 

Manuel Dan vil a. 

Madrid 28 de Febrero de 1893. 



CRÓNICA CATALANA 



MIGUEL PARETS 



CAPÍTULO 112. 

ENTRA EN EOSELLON EL MAEISCAL DE VERSE CON PRIVILEGIO DE 
VIRREY—JURA COMO TAL EN LA JUNQUERA Y QUEDA EN EOSE- 
LLON CON EL EXÉRCITO. 

Reconociendo el Rey de Francia los cordiales afec- 
tos de este Principado de que informó Mosiur de Ar- 
genten, y concordados los pactos y capitulaciones de 
conservar los privilegios antiguos, condescendió á las 
súplicas de embiar Virrey que administrase justicia, 
de que se necesitava mucho en aquella ocasión, y asi 
nombró al Mariscal de Verse, mui válido, hombre jus- 
ticiero, gran soldado y mui afable y humilde. 

Llegó al Rosellón con mucha gente y resolución de 
pasar luego á Barcelona á jurar primero como Procu- 
rador del Rey todas las Constituciones de Cataluña, y 
después como á Virrey y Presidente; pero apenas en- 
tró en Rosellón quando supo que la Armada de mar 
española desembarcava en Colblliure el socorro para 
Perpiñán y demás plazas, y así resolbió quedarse allá 
hasta ver en qué pararían los subcesos: había en aquel 
Condado mucha Cavallería ó Infantería francesa y ca- 
talana governada por el Príncipe de Conde, y Lugar- 
teniente suyo Marqués de Asperjen. Juntóse la gente 

Tomo xxiv \ 



2 

que entrava francesa, que ya estava para guarnecer 
los puertos ó impedir los socorros que intentaron los 
castellanos varias veces. 

Estávase Verse en Argeles; y viendo por una parte 
que la función de los socorros se diferia, y que por otra 
las materias políticas y de justicia pedían remedio, se 
concordó con Consistorios para acudir á todo, que en 
el lugar de la Junquera, dos horas distante donde él 
se hallava, fuesen á tomarle el juramento. Ajustóse 
así para el día 30 de Diciembre de 1642, y saviendo 
ya que los puestos havían llegado á la Junquera, un 
día al amanecer hizo tocar arma en el exórcito, y aun- 
que los Gavos principales savían el motivo, hizo estar 
á las milicias con las armas en la mano todo el tiem- 
po que hubo menester para hir en posta á la Junque- 
ra, prestar el juramento y bolberse al Campo. Execu- 
tólo así, y después de jurado se bolbió, dando órdenes 
para diferentes castigos que se empezaron á executar. 

Buelto al Rosellón el S.°'^' Virrey, resolvió pasar á 
Elna para acercarse más á Perpiñán, dejando en Ar- 
geles guarnición francesa y catalana y guarnecidos 
los puertos lo mejor que pudo. Y haviendo tenido in- 
teligencias que el Castellano intentava primera vez el 
socorro de Perpiñán desde Oblliure para fiestas de Na- 
vidad, despachó orden á Barcelona para que se hicie- 
ran especiales rogativas á Dios Nro. Señor, y para el 
feliz suceso executóse promptamente por todas las 
iglesias, teniendo patente el Santísimo y haciendo va- 
rias procesiones. El que havía emprendido el socorro 
con quinientos caballos y mil infantes era el Marqués 
de Torrecusa: embistió á Argeles; y aunque estava 
bien guarnecido, no pudiendo resistir la pujanza cas- 
tellana, se huvieron de rendir á vida salva, y encon- 
trando algunos catalanes en el fortín, mataron unos 



3 

y hecharon oíros en galeras, y el Castellano puso allí 
guarnición. Intentó pasar Torrecusa delante; pero el 
Virrey cerró tan bien los pasos, que no pudo lograrlo, 
y llegando á las manos huvo un fiero choque, en que 
perdió mucha gente de una y otra parte, y particular- 
mente de la nuestra, á ocasión de ser los soldados cas- 
tellanos gente veterana de calidad, que viendo el 
3 or Virrey la pérdida, huvo de llegar en persona á 
pelear. Y asi los castellanos huvieron de retirarse á 
Argeles con todas las provisiones y esperar ocasión 
más favorable. 

CAPÍTULO 113. 

SOCOEEBN LOS CASTELLANOS Á PERPIÑÁN DESDE AEGELÉS— 
LANCES Y SUCESOS DE ESTE SOCORRO. 

Lunes 27 de Enero de 1642, al romper el día, los va- 
tidores de la Marina dieron aviso al 8.°"^ Virrey cómo 
los castellanos marchavan desde Argeles con todo el 
grueso hacia Perpiñán, que serían hasta seis mil in- 
fantes y seiscientos cavallos, pero toda gente vetera- 
na y los más reformados; que la cavallería llevava 
sacos en las ancas de los cavallos y la infantería tam- 
bién á las espaldas, que era el socorro para Perpiñán. 
Recivido el aviso, mandó S. Ex.^ juntar la gente que 
estava por los quar teles, que serían cinco mil infan- 
tes y mil cavallos entre la gente del país y franceses. 
Oyó Misa S. Ex.-*^, aunque los repetidos abisos de la 
marcha del enemigo no dio lugar á que acavara de 
oyrla del todo. Montó á cavallo y enderezó sus pasos 
á la Marina para reconocer la postura y designios da 
los españoles; y viendo que eran de marchar por la 
Marina al abrigo de ocho galeras y otras tantas bar- 
cas que navega van al compás que las tropas camina- 



4 

van por tierra, se volvió á Cornelia, media legua dis- 
tante de Elna, en donde las Milicias que no le havían 
podido seguir le aguardavan; y juzgando que el ene- 
migo pasaria entre el estaño de Ganet y el Mar, ya 
fuese para tomar el socorro que las galeras trahían y 
de allí pasarlo á Perpiñán, que sólo dista dos leguas, 
ó ya para suprender Ganet con el amparo de las ga- 
leras y desde allí por la vecindad lograr mejor la en- 
trada á Perpiñán, procuró estor varíes el intento ade- 
lantándose á una eminencia que está en los llanos del 
estaño y Marina hacia Perpiñán: poco después llegó 
el enemigo á esta otra parte del estaño ó punta donde 
empieza, y viendo nuestras tropas tan adelantadas y 
en la eminencia, hizo alto y muestras de retirarse y 
torcer el camino por entre Elna y Sulellas. Gonocía- 
sele el designio y salióle S. Ex.* al encuentro, y alió 
á los españoles arrojados en el bosque que hay entre 
Elna y el Mar, y disponiendo sus tropas para la ba- 
talla esperó á los españoles, pero no se movieron, 
sino que cogiéndoles la noche en esta postura, hicie- 
ron muchos fuego, y recelándose el S.^'^ Virrey que 
aquello no fuese darle con la entretenida y pasar el 
socorro por la parte del mar ó por la del río Tec, es- 
parció muchas centinelas por diversas partes y juntó 
Gonsejo de guerra, en donde se discurrió si sería me- 
jor acercarse á Perpiñán y allí esperar al Castellano 
y darle la batalla, ó hirle siguiendo y cansarle con 
picarle siempre: prevaleció este dictamen, porque en 
distancia de dos leguas se travajaría al enemigo mui 
á su salvo, haciéndole malograr la función con varios 
encuentros, lo que no sería sino uno y contigente, 
aguardándole al paso: así sucedió, pues, dando órde- 
nes para que no se perdiese de vista al Castellano. 
Llegó el día, y hallando al enemigo en forma de ba- 



5 

talla, puso S. Ex.* su gente en orden para ella, y á 
cosa de las siete de la mañana fuese acercando al ene- 
migo y haciendo jugar la artillería que iba á mano 
derecha. Los castellanos también hacían lo mismo de 
la suia, y estando cerca embistió la cavallería en dos 
alas, una francesa y otra catalana, y al mismo tiempo 
el cuerpo de exército iba marchando. La cavallería 
no pudo llegar á la espada por haver fabricado aque- 
lla noche el Castellano un foso tan ondo que no se 
atrevieron los castellanos á salvarlo, y se davan las 
cargas de una y otra parte, ocasionando la artillería 
no poco estrago, pues se averiguó havían muerto más 
de ducientos hombres de los castellanos y ciento y 
veinte caballos. Cesó aquí el convate, y retirándose 
nuestras tropas á refrescar, advirtieron que el Gaste- 
llano, bien esquadronada su gente, iba abanzando su 
marcha; bolbió S. Ex.*' á infestarlo, ya por la reta- 
guardia y ya por los lados, de modo que se vio la in- 
fantería española aligerar el peso de los sacos que lle- 
vava, dejándolos por las viñas y derramando el trigo 
que en ellos iva, y llegando á una sierrezuela, mal su- 
frido, S. Ex.^ embistió con su batallón á otro de los 
castellanos, y bien que lo abrió, le mataron el cavallo 
ó se lo hirieron de muerte, y ad virtiéndolo su cava- 
llerizo lo tomó de la rienda diciendo: — Señor, salga- 
mos de aquí, que las tropas nuestras están algo apar- 
tadas. — El cavallerizo quedó erido de un mosquetazo 
en las espaldas. 

El valor con que el señor Mariscal Virrey se portó es 
imponderable, así por los peligros á que se expuso 
como por los travajos, cosa que robó los corazones á 
los catalanes ya en esta primera función: el enemigo, 
no obstante que en tres varios lances se vio totalmen- 
te desecho y perdido, prosiguió su marcha con resolu- 



6 

ción casi desesperada; entraron en Perpiñán los que 
pudieron, dejando por el camino más de mil y quinien- 
tos muertos sin los heridos, pasadas de quatrocientas 
cargas de trigo y otras provisiones y algunos mil mos- 
quetes y arcabuces. D. Lorenzo Sinisterra y el tenien- 
te Borrell tomaron al Marqués de Mortara mucha 
parte de plata y ropa de su servicio. Oyóse de un ter- 
cio de castellanos que pedia hon quartel y á voces 
misericordia. De los nuestros perecieron algunos du- 
cientos hombres sin los heridos, y entre ellos quatro 
Capitanes franceses, y erido el Capitán Forell de Plaza. 
Entró el socorro en Perpiñán, aunque respecto de la 
gente era cosa para algunos quince días; pero se mur- 
muró después que el de Conde y Mosiur de Aspernan 
habían dejado pasar mucha porción que no se savia y 
que podían haver estorvado. S. Ex.'' quedó mui gozo- 
so del valor de los catalanes y dio las gracias á Don 
Felipe Sorrivas y otros Cavos con grande expresión 
de su cariño. Vendíase en Elna públicamente y con 
gran gusto y comodidad el pillaje que se havía echo 
al enemigo en esta refriega. 

CAPÍTULO 114. 



TÓMALA ARMADA DE FRANCIA UNA GALFRA GENO VESA Á ESPAÑA 
CON EL GENERAL JUANETÍN DORIA. 



Havía unas seis galeras genovesas que governava 
Juanetín Doria que servían de conducir provisiones de 
Rosas á CoplUbre y demás plazas del Rosellón, y ha- 
llándose en Collibre y precisadas á venir á Rosas, que- 
riéndose desbiar de Cadaqués, donde havían dado fon- 
do seis galeras francesas y algunos navios, partió el 
día 6 de Febrero de 1642 al anochecer de Copllibre, 



7 
entrándose al mar para no ser descubierto de france- 
sas, y estando alta mar le embistió una tan desecha 
borrasca y desusados levantes, que en breve rato di- 
bidió las galeras unas de otras sin saver qué derrota 
tomaron: la Capitana, á fuerza de los vientos y las 
olas, vino á parar al amanecer enfrente de Blanas; y 
reconociendo Jonatín Doria el paraje, publicando que 
más queria perderse en alta mar que dar en manos 
de catalanes y franceses, peleava contra el viento para 
entrarse al mar; pero la borrasca bolbía la proa luego 
á tierra, batallando en esto fatigada la chusma, des- 
pavoridos los marineros y rota la xarcia y remos, de- 
seavan todos tomar tierra y salvar las vidas, sino Do- 
ria. Mirávanse los de Blanas el suceso; y conociendo 
que la ocasión les venía á la mano para aquella pilla, 
acoreraron muchos barcos, y armados dieron buelta á 
la galera, desde donde la gente les ceñava embistie- 
ran: hiciéronlo, y en breve rato se apoderaron de la 
galera; apresaron á Jonatín Doria y los Gavos, y ama- 
rrando la galera á tierra la saquearon. Dióse luego 
aviso á Barcelona que era 7 de Febrero, y D. Francis- 
co Tamarit y el Sr. Argenton que tenía la Vicerre- 
gencia, embiaron unas compañías de cavallos y un 
coche en que trujeron á Tin Doria y Gavos, mientras 
llegavan. Pelegro, Berardo y Jacovo de Negro, geno- 
veses ricos que estavan aquí, fueron á ver los de la 
Vicerregia para pedirles diesen una casa por cárcel á 
Jonatín Doria, prometiendo grandiosas cantidades en 
resguardo de la persona; pero se les respondió que la 
misma casa que el de S.*'^ Goloma dio al Diputado se 
le daría á Doria, que era la torre de la cárcel: consi- 
guiéronlo el entapizarla y alajarla; llegó Tin Doria, y 
después de haver cenado con Argenten le llevaron á 
la Torre, y entró después el Gapitán y demás Oficiales 



8 

de la primera Plana de la galera, en donde estubo 
unos diez días, hasta que llegó orden del Xpmo. para 
pasarlos á Francia, que fué dentro unos quince días; la 
chusma y marineros llegaron algunos días después, y 
cerráronla á la Taracana para armar una nueva ga- 
lera que havía y darla á nuestro Rey Xpmo. en satis- 
fación de una que perdió su armada viniendo á Cata- 
luña; a los más de los marineros se les dio livertad 
por haver consentido en la presa; la Galera no pudo 
servir porque la tormenta y los de Blanas la echaron 
á perder. 

CAPÍTULO 115. 

ÚÑENSE LOS EXÉRCITOS ESPAÑOLES DE ARAGÓN Y CAMPO DE 

TARRAGONA SIN ENCUENTRO ALGUNO. 

Hallávase el enemigo castellano con dos mil cava- 
llos y siete mil infantes, toda gente veterana y de mu- 
cho valor. Capitaneava este exército con vices de Ge- 
neral, D. Pedro de Aragón, Marqués de Povar, hijo 
segundo del Duque de Cardona, y estando á la parte 
de Fraga marcharon la buelta de Torres de Segur, 
IJevando consigo una puente fabricada de barcas; lle- 
gados al lugar derecho, plantaron su puente y pasa- 
ron las Milicias á esta parte de Cataluña y quemaron 
luego el puente: haviendo entendido Mosiur de la Mota 
que se hallava en el campo de Tarragona el pasaje de 
D. Pedro de Aragón, dejando guarnecidos los pasos, 
marchó á impedir el tránsito de esta gente; hizo lo mis- 
mo el Marqués del Río, que se hallava en Lérida; pre- 
sentáronse delante el enemigo, y viendo que no se mo- 
vía reusaron darle la batalla por hallarse inferior en 
fuerzas y por creer que intentaría el tránsito por algún 
collado de los más usados; pero burlóles la esperanza, 



9 

y aunque no le perdieron de vista, temiendo no per- 
diera la cosecha de Urgel, que siendo á primeros de 
Marzo esta va ya adelantada, una noche mui de secre- 
to tomó la marcha por el bosque de Poblec, que tiene 
dos leguas de largo, y por lo fragoso ó inusitado es- 
tava bien olbidado de los nuestros, que quando advir- 
tieron la marcha ya el enemigo se hallava en el cam- 
po mezclado con los tarraconenses sin haver perdido 
ni un cavo de cuerda, suceso que nos dio harto que 
sentir. 

CAPÍTULO 116. 

ENTRA EN BAECELONA EL MAEISCAL DE VEESE, PEIMER VIRREY 
POR FRANCIA.-HÁCENLE FIESTAS. 

Haviendo socorrido los españoles á Perpiñán mu- 
cho más de lo que se dixo ni pensó, bien que á costa 
de tantas vidas y tanta sangre de una y otra parte, y 
que conservando ellos algún puerto de mar en aquel 
país, era infructuosa la asistencia de las Milicias é 
inútil el travajo y bloqueo de la plaza, y así se resol- 
vió nuestro Rey Xpmo. de venir en persona á Nar- 
bona y tomar á Gaplliure, como abajo se dirá, y que 
antes se viniese el Mariscal de Verse á Barcelona: en 
esta conformidad se señaló para la entrada del nuevo 
Virrey el día 23 de Febrero de 1642, haviendo prime- 
ro llegado al Rosellón con un numeroso exórcito el 
Mariscal la Milliere, llamado Charles de la Porta, de 
que adelante hablaremos. 

Prevenido ya el Palacio para el S.^*"^ Virrey, que fué 
en casa el de Santa Coloma al llano de San Francisco, 
diligencia que corría al cuidado de Aspernan; llega- 
da la familia y cámara de S. Ex.^, vino el día seña- 
lado en que mandó la ciudad formar un tercio de las 



10 

cofradías, que constava de mil infantes, governado 
por Galcerán Dusall, Mestre de campo; D. Gerónimo 
Miguel, Sargento maior, y cinco cavalleros por Capi- 
tanes; además otras compañías sueltas que ocupavan 
varios puestos. Partió el tercio de la Plaza de Santa 
Ana para la Cruz de San Francisco, camino de Per- 
piñán, en donde formó un lucido esquadrón y en don- 
de los Tribunales y Consistorios avían de recivir á 
S. Ex.^; y ajustada la hora, que se procuró fuese tem- 
prano, y precedidas las sólitas ceremonias que en 
tiempo de España se observa van, salieron los Conse- 
jos, Diputación y Ciudad con sus trompetas y mazas 
y acompañamiento de nobleza y ciudadanos, que es 
estilo en tal función, aunque en ésta se esmeraron por 
ser la primera y suceder con tanto aplauso. 

Llegó el S.^"" Virrey, y entre la Cruz nombrada y 
Molino de Garbonell se hicieron las ceremonias y 
cumplimientos que se acostumbra, y partiendo para 
la ciudad con la misma orden que es estilo, el tercio 
hizo salva y procuró hallarse en la Rambla para quan- 
do pasara S. Ex.'' El S.'^'" Mariscal era hombre grue- 
so, de edad de sesenta pocos menos años y entrecano; 
venía con algunos camaradas, y su guardia, llamada 
de la Caravina, que serían unos sesenta hombres; la 
librea lucida carmesí y verde; su vestido era también 
colorado y oro; venía en cuerpo sobre un hermoso ca- 
vallo ricamente enjaezado y con gran plumage; entró 
en la ciudad, y sin cubrirse jamás, sino haciendo mu- 
chas cortesías á un lado y otro, llegó al Aseo donde 
se le tomó el juramento: al entrar en la ciudad la ar- 
tillería le hizo salva, y por todas las calles que pasó 
estaban llenas de Milicias disparando de continuo. 

Hecha la ceremonia y con la misma orden, partió 
de la iglesia, y por la plaza y puerta férrica salió á la 



41 

Rambla, hallándola con la misma compostura de Mili- 
cia que en las demás calles; y añadido el tercio y mu- 
chos calderones y cantidad de hachas que para suplir 
la luz 'del día se havía prevenido, y en verdad que era 
en tanta cantidad y en tan buen orden, que no se 
echa va menos el día, por la Rambla y Taracana llegó 
S. Ex.^ á su palacio, hallando la plaza con gran con- 
curso de Milicia y gente, y al entrar en su casa la ar- 
tillería de la Marina le hizo segunda salva; y después 
de los cumplimientos y cortesanías de vidas, los pues- 
tos se volvieron á sus casas dejando al sosiego y des- 
canso al nuevo Presidente á quien ^^isitaron todos en 
los siguientes días. 

CAPÍTULO 117. 

LLEGA Á NAEBONA EL REY DE FRANCIA.-ENTRAN TROPAS EN EL 
ROSELLÓN.— APRIÉTANSE AQUELLAS PLAZAS. 

Antes de dejar el señor Marqués de Verse el Rose- 
llón; antes de venirse á Barcelona, como queda referi- 
do de su gran valor, armas é industria, dejó al ene- 
migo deteriorado de fuerzas, reduciéndole de once mil 
infantes y mil cavallos á cinco mil infantes y quatro- 
cientos cavallos en el espacio de mes y medio: esta 
gente repartió el enemigo entre Salses, Perpiñán y 
Cobllibre, dejando aquí la maior fuerza por ser plaza 
marítima y que importaba para el desembarco de los 
socorros; y aunque el de Perpiñán le lograron los ene- 
migos, respecto del que havían menester, fué pe- 
queño. 

Estando en estas operaciones tubo aviso S. Ex.'* que 
S. M .Xpma., que Dios guarde, con el Cardenal venían 
personalmente á Narbona, para dar calor á las ope- 
raciones y acavar de sacudir enteramente el yugo de 



42 

los españoles que llegaron á 10 de Marzo de 1642 en 
Narbona, y anteriormente havía entrado el Mariscal 
de la Mallera en el Rosellón con sus tropas, que era 
un buen pedazo de exército: visto esto S. Ex.-'*, dados 
los órdenes necesarios al condado de Rosellón, reco- 
conocido personalmente el terreno de Rosas y guarne- 
cidos los collados, embió las tropas que le quedaron al 
Mariscal de la Mota, que estava en Momblac con poca 
gente. 

El día 20 de dicho mes el Mariscal de la Mulera 
puso cerco á Gobllibre, y en una tarde sola ganó las 
eminencias, apresando quinientos españoles, siguiendo 
los demás hasta el foso de Gollibre, en donde plantan- 
do sus baterías y abriendo trincheras empezó á caño- 
near el fuerte de S.'' Juan con horrible furia; y vien- 
do que no logra va su intento, dando un asalto gene- 
ral se apoderó de la plaza, degollando y aprisionando 
la guarnición, que se componía de tres mil infantes 
y quatrocientos cavallos, governada por el Marqués 
de Mortara; tomado el fuerte fué fácil ganar la villa; 
engañóle al Marqués de Mortara su valor, pues havía 
escrito á Madrid que defendería las eminencias un 
mes, y en pocos días le ganaron eminencias y plaza, 
y con esto se aseguró el ganar en breve el resto del 
Rosellón. A este tiempo amaneció delante de Barcelo- 
na una esquadra de navios españoles á socorrer las 
plazas del Rosellón, que permitió Dios que una dese- 
cha y temporal bolbió á echar á Poniente los navios, 
con que se imposibilitó el socorro, y en el intermedio 
se formaron bastiones en la Marina para imposibili- 
tar qualquier desembarco de los españoles. 



43 



CAPÍTULO 118. 

INTENTAN LOS ESPAÑOLES SOCORRER POR TIERRA LOS PRESIDIOS 
DEL ROSE LLÓN. -PIERDEN TODA LA GENTE HASTA EL GENERAL» 
Y SUCESOS CON EXTENSIÓN DE ESTA EMPRESA. 

Viendo los castellanos el aprieto en que decía el de 
Mortara estava Gobllibre, y que perdida esta plaza se 
perderían las demás; que Perpiñán estava falto de 
gente, particularmente de cavallería, para correr la 
campaña y con ella acudir á impedir las entradas de 
las tropas francesas por el Lenguadoc, y que esta ca- 
vallería podría pasar por mar, se tomó la resolución 
más ardua que se ha visto en historias ni en opera- 
ciones militares, que fué socorrer de cavallería ó in- 
fantería el Rosellón, pasándola por tierra desde Ta- 
rragona hasta Perpiñán, que teniendo todo el país 
enemigo y sobre eso la asistencia de su Rey de Fran- 
cia, podrá considerar qualquiera quán desesperada 
determinación era: nombróse Cabo de este socorro á 
D. Pedro de Aragón, Marqués de Povar, que poco há 
le vimos salir de Barcelona con su madre en trueque 
de los Embajadores que esta van en Madrid; nombrá- 
ronle á éste, tanto por lo soldado, como porque ha- 
viéndose criado en Cataluña le juzgaron más afecto 
de los catalanes, y que con esto le molestarían menos^ 
en sus tránsitos; al mismo tiempo se resolbió pasaran 
los navios que por la inclemencia del tiempo no pu- 
dieron adelantar su viage. Puesto en Tarragona como 
se ha referido en otro capítulo el S.*'"' D. Pedro, se le 
dispuso un trozo de la gente más lucida y veterana 
que havía en el de España, esto es, dos mü y qui- 
nientos cavallos entre carrozas y cavallos ligeros, mil 



u 

dragones y mil infantes, casi todos Oficiales vibos y 
reformados, que no podía ser sino sobrado valor el 
intentar pasar treinta leguas de país enemigo tan ás- 
pero, montuoso y poblado como se save: dispuesto 
esto por el Marqués de la Inojosa, Governador de 
Perpiñán, y D. Pedro, llegó la orden de Madrid de 
que perderse ó pasar al Rosellón, y para executar las 
jornadas con brevedad tubo orden el S.^'^ D. Pedro de 
no entretenerse á tomar plaza alguna y de que se die- 
ran muías á la infantería y á cada uno víveres y mu- 
niciones para doce días. 

Después de la entrada del Mariscal de Millera, como 
está dicho, llegaron cada día rejimientos de infantería 
y cavallería que embiava el S.<»^ Virrey al Alariscal 
de la Mota en Momblac: con estas entradas se engañó 
el de la Mota bastante tiempo. Llegó aviso á S. Ex.'' de 
la villa de Tremp de que por aquella partida entrava 
D. Vicente de Aragón con un trozo de cavallería y 
infantería, bien que poca, pero que se recelava no 
pusiesen sitio á Tremp. Recivió este aviso; le partici- 
pó S. Ex.'' al de la Mota, con orden que reconociese 
al enemigo y socorriese aquel partido, Executóse jun- 
tando gran número de somatén. Llegó el enemigo á 
vista de Tremp y embió un trompeta diciendo se rin- 
dieran á su Rey que venía á librarlos de la opresión 
francesa, á que respondieron los naturales que no se 
juzgava opresión, sino mui gustosos en el dominio del 
Rey de Francia, y de calidad que, no haviendo en la 
villa francés alguno, ellos los llamarían para que los 
defendieran de los españoles; trata vase de alguna re- 
friega á tiempo que llegó el socorro que emibiava 
Mosiur de la Mota: con él y los sometenes obligaron 
á D. Vicente á retirarse á Aragón más que de paso. 
Publicóse que esta entrada era para divertir á los 



15 

nuestros y facilitar el paso á D. Pedro, que bien per- 
trechado, y con las tropas que queda referido, partió 
del campo de Tarragona á 24 de Marzo de ^642, en- 
derezando su viage hacia el Rosellón, como hemos di- 
cho; y así como sacó el pie del campo, los pueblos cir- 
cunvecinos repitieron los avisos, unos al S.^"^ Virrey 
y otros al Mariscal de la Mota. 

Havida noticia del movimiento y marcha del ene- 
migo, despachó S. Ex.^- correos á la Corte y á los Ma- 
riscales de la Millera y la Mota, para que puesto te- 
nían bastante cavallería, bajase por la parte de Igua- 
lada para dar sobre la retaguardia del enemigo, juz- 
gando era forzoso toparle al pasar el río Llobregat ó 
entre Martorell y Esparraguera; así mismo se despa- 
chó orden á todos los pueblos para que levantando so- 
matenes diesen sobre el enemigo, y éstos se portaron 
con tal fervor y fineza, que mostraron bien el odio que 
tenían los castellanos y la ovediencia puntual á Su 
Excelencia. 

Al mismo tiempo que D. Pedro de Aragón empezó 
su marcha, el Marqués de la Inojosa, con las tropas 
que le quedavan, hizo frente por todos los collados al 
S.^*" de la Mota, á cuio cargo estavan militando vajo 
las órdenes de D. Jph. Margarit; pero reconociendo la 
Mota que era estratagema del de la Inojosa para que, 
no se siguiese á D. Pedro de Aragón, dio orden á los 
rejimientos de los Mosiures Aubaye, Aubusi, Maunsi 
y de Ales, y á las compañías catalanas de D. Jph. 
Amat y del comendador Enrrique Juan para que, en- 
caminándose á Piera, se fuesen juntando y dando so- 
bre la retaguardia del enemigo. La Mota continuó en 
hacer frente en los collados y dejándolos á custodia de 
Mosiur de Ferrail, se partió á Piera dando aviso de 
todo á S. Ex.* 



i6 

Llegó D. Pedro de Aragón á los Arbos, y de tránsi- 
to embió un trompeta diciéndole se rindiese dándole 
pactos mui honrrosos, alegando ser él también patri- 
cio; respondieron que no fiavan en promesas castella- 
nas, como se havía experimentado en Gambrils, que 
haviéndose rendido á vida salva colgaron los Gavos 
principales que eran cavalleros y pasaron á cuchillo 
los demás, y que así pasase adelante ó tratase de pe- 
lear, que ésta era la resolución en que estavan. Por no 
perder la jornada marchó delante dejando á Villafran- 
ca á un lado; pero como esta villa estava prevenida 
para qualquiera sitio, empezóles á disparar á la larga 
y á publicar voces á desafiar el exército, y las dos 
compañías cathalanas que dejamos arriva dichas, ove- 
deciendo las órdenes del de la Mota, fueron siguiendo 
la retaguardia. 

Llegó la Mota á Piera, y apenas lo supo S. Ex.* le 
embió 65 soldados de los de su Guardia de la Garavina, 
y además un trozo de cavallería que esperando ser 
montada se hallava á la vista de Barcelona alojada, 
hallándose la Mota con pasados de mil cavallos y el 
enemigo en San Sadurní, éste á una legua del río 
Llobregat y el otro á dos, bien que era forzoso toparse 
al pasar el agua, aunque dividían los exércitos la as- 
pereza y montaña que hay entre Piera y San Sadurní 
por venir el uno camino real de Tarragona y el otro 
camino real de Lérida. Á esta ocasión el Gobernador 
de Gataluña D. Jph. Margarit entró en Barcelona, y 
tomando las órdenes de S. Ex.'' pasó á San Saloni y le- 
vantó los somatenes de todos aquellos lugares, juntan- 
do en aquel distrito hasta tres mil catalanes con áni- 
mo de perder primero la vida que permitir el tránsito 
de los castellanos. Al mismo tiempo dio orden que las 
tropas que venían de Francia para pasar á Momblac 



17 

se detuMesen en San Saloni, y á Mosiur de Argenten, 
que venía de París, se le dio orden parase en Gerona; 
y teniendo esta noticia de los designios del enemigo, 
pidió á la ciudad de G-erona hiciese alguna leva, que lo 
executó con puntualidad, formando una de 200 mos- 
queteros, y formando de cavallería é infantería dos 
mangas, se dispuso que la una ocupara la parte de tie- 
rra, que con los somatenes que se havían convocado 
en aquel distrito era un número mui crecido. Dio avi- 
so de esto al Governador Margarit y juntamente or- 
denó que el rejimiento de Terraín se adelantase á Hos- 
tarlic para unirse á las tropas de San Saloni, que en nú- 
mero pasavan de 6.000 infantes y 400 cavallos, núme- 
ro que, havido respecto al terreno, era bastante para 
detener qualquier exército. El Mariscal de la Millera, 
apenas tubo aviso, hizo pasar del Rosellón al Empur- 
dán el rejimiento de cavallería de Lorán, uniéndosele 
el de Magaloví con los Ayudantes de Campo Mosiur 
Guitaud y Mosiur Fontvillia, para juntarse con la ca- 
vallería catalana ó infantería del batallón que estava 
de guarnición en Castellón de Empurias. El Maestre 
de Campo D. Jph. Sacosta convocó todos los pueblos del 
Empurdán hasta Aulot, que son muchos, y con ellos, 
las tropas catalanas y francesas quedó el Empurdán 
echo un cuerpo de guardia para concluir con quales- 
quiera tropas castellanas que, escapando de los pasos 
arriva referidos, llegasen á aquel parage. La Ciudad de 
Manrresa, puntual siempre en sus servicios, convocó 
de su veguería quatro compañías que, haciéndolas pa- 
sar por asperezas y montañas inaccesibles, las puso á 
la orden del S.«'' de la Mota. 

Ija ciudad de Barcelona, tan fina como atenta siem- 
pre al servicio de su Rey, luego que supo el movi- 
miento de D. Pedro de Aragón, convocó Consejo de 

Tomo xxiv 2 



18 
Ciento y resolvió hacer una leva de quinientos mos- 
queteros que, bien municionados y socorridos con qua- 
tro rs. todos los días, estuvieron á la orden de S. Ex.* 
el S.**^ Virrey. Executóse esta leva en menos de seis 
horas, y pusieron á la orden de S. Ex.'' la gente ar- 
mada y socorrida que lo estimó infinito, y mando mar- 
chasen luego á topar al S.'^'^ de la Mota, á quien escri- 
bió la fineza y gran servicio de la ciudad. Últimamen- 
te, todos los pueblos de la provincia grandes y chi- 
cos que estavan á seis leguas del camino real á una y 
otra parte, se pusieron en arma continua para no dejar 
pasar castellano alguno: éste era el aparato y ésta la 
disposición y vigilancia que contra D. Pedro de Ara- 
gón y sus tropas se tenía. Veamos ahora los sucesos. 
El día 25 de Marzo partió el S.^"" de la Mota de Fie- 
ra, dos oras antes de día, con sus tropas para topar al 
enemigo en el puesto por donde havía de esguazar el 
río Llobregat; á las seis de la mañana llegaron á su 
campo los dos Mariscales de Campo de Oquinqurt y el 
Marqués de la Lucerna. Á las ocho de la mañana avi- 
saron los batidores de la estrada de la marcha del 
enemigo. Puso sus tropas en batalla en terreno ven- 
tajoso, y reconocido el enemigo, dejó descansar y re- 
frescar la cavallería, y entre tanto ordenó que la 
mosquetería catalana en orden de escaramuza, entre- 
tubiese al enemigo para obligarlo á que dejase infan- 
tería á la retaguardia: sucedió así, porque pasando el 
enemigo el río dieron los nuestros sobre su retaguar- 
dia con la gente de las Caravinas del Marqués Ville y 
de Maty, sustentado de otra gente en escaramuza, y 
cargando sobre ellos con tal derecho, que perdió allí 
el enemigo pasados de ducientos hombres, entre he- 
ridos, muertos y presos, todos de suposición, y con 
esto vino á dormir el de la Mota á Martorell: el ene- 



\9 

migo encaminóse por Terrasa, desviándose del cami- 
no real. El día 21 hizo el S.*"" de la Mota marchar sus 
tropas á San Andrés de Palomar, siendo la jornada de 
cinco leguas; y ese mismo día pasó por Barcelona á 
recibir las órdenes de S. Ex.*, y sin más detención que 
la de tomar un refresco, marchó á San Andrés; si- 
guiéronle muchos ca valleros catalanes y gente de Bar- 
celona, con resolución de perder las vidas por su Rey 
Xpmo. y por su pa'ria. Á este tiempo se descubrieron 
en alta mar trece navios grandes de España que pasa- 
van á Levante, y se supo Uevavan mantenimientos so- 
lamente á Rosas. Llegado el S.»"" de la Mota -á San An- 
drés, tubo aviso que el enemigo marchava á Mollet, 
dos leguas distanLes de San Andrés. Partió luego á 
encontrarle, y topó en el camino los quinientos mos- 
queteros de Barcelona, con otras reservas y una com- 
pañía de su rejimiento: hicieron alto aquella noche 
en un bosque pegado al camino real, medio quarto de 
legua del enemigo, á quien tubo toda la noche en 
arma y sin sosegar un instante por las repetidas que 
le da va. 

El día 28, savido que los exércitos estavan á la vis- 
ta como se acava de decir, el Consejo de Ciento resol- 
vió segunda leva de 500 mosqueteros con el mismo 
socorro y que marcharan luego, y para que fuera de 
soldados veteranos suplicó á S. Ex.^ los sacara de las 
galeras; pero hallando reparo en desarmarlas de gen- 
te, marcharon los naturales aquella misma noche á 
incorporarse con las demás tropas. Ese mismo día 28 
al amanecer se despobló Barcelona de hombres, por- 
que apenas se encontravan por las calles qué fuesen 
aviles para las armas: sacóse por quenta que los vo- 
luntarios que salieron ese día con armas en aiuda del 
S,°' de la Mota pasaron de seis mil hombres, tanto 



20 

que para guarnecer los puestos fué menester que los 
QQ^coa y frayles tomasen las armas en seguimiento de 
aquéllos, y con socorros de víveres, paños, ungüen- 
tos y variedad de regalos fueron un sinnúmero de mu- 
jeres, acción que pasmó á S. Ex.^ y pasmara á qual- 
quier nación; el S.»"" de la Mota, mientras que su gen- 
te y tropas se iba ordenando en batalla, reconoció al 
enemigo, que sin ánimo de pelear proseguía su mar- 
cha, y comenzándose á empeñar en el estrecho del 
camino real que entra al mesón que llaman de la 
Grúa, vio el S.°^ de la Mota ser la ocasión y el terre- 
no apr opósito para embestir y dar sobre el enemigo: 
conociólo el enemigo, y dando orden que los batallo- 
nes de cavallería más lucidos hicieran cara, y que la 
demás gente pasara adelante, y no obstante que en 
número y calidad de cavallería era ventajoso el ene- 
migo, con todo, el S.^'^ de la Mota le embistió con tal 
denuedo, que dividiendo en trozos su retaguardia, le 
hizo cruel destrozo; la cavallería catalana, y particu- 
larmente la que salió de Barcelona y la gente gover- 
nada toda por D. Jph. Dardena, como le tocó la man- 
guardia y estavan abanzados, pelearon con estremado 
valor. Embistió la compañía de las guardias de Su 
Excelencia, que aquel día obró maravillas, con tal 
ímpetu, que no pudo resistirla el enemigo: las com- 
pañías de Gasio, de Saboya, de Subini, de Busi, de Ales 
y de Ati, una espada en mano, y otras con achas, 
executaron tal rigor, que regaron aquella campiña de 
sangre castellana. Quedaron prisioneros en esta oca- 
sión del exórcito castellano D. Vicente de la Marra, 
Teniente general de cavallería, y un sobrino suyo Ca- 
pitán de cavallos; el Comisario general de caballería, 
doce Capitanes de cavallos, cruzados de Santiago, y 
más de cinquenta Oficiales vibos, sin algunos cavalle- 



21 

ros y gente de quenta. Perdió el 'Castellano en esta 
ocasión más de mil hombres entre los presos, eridos, 
muertos y fugitihos. 

De parte de nuestro exército murieron D. Ramón 
de Villalva, y á pocos días de las cridas D. Gaspar de 
Llupia, Capitán de cavallos, de edad de 16 años, mozo 
de gran valor y prudencia; D. Juan Copons, Comen- 
dador de San Juan, y D. Juan Tamarite: franceses, el 
Capitán de las guardias de S. Ex.^, y un corneta, Mo- 
siur de Otil; eridos catalanes fueron: D. Antonio Ca- 
zador, D. Salvador Bayle de Flasas, Capitán de cava- 
llos; D. Gerónimo Tamarit, hermano de D. Juan; 
T. Callar, D. Gerónimo Torres y el Teniente refor- 
mado -Ximónez, y de los franceses Mosiur Catani, Mo- 
siur Castolet, Capitán de cavallos, y alganos otros que 
por no tenerlos en nómina se dejan de indibiduar. 

Los prisioneros de nuestra parte fueron Mosiur de 
la Ro vinera, Mosiur de Montaña, Teniente de cava- 
Hería y de la guarda de S. Ex.^; catalanes sólo quedó 
uno, que fué el Capitán de cavallos D. Man-uel Daux. 

De los cavalleros catalanes que capitaneaba el Maes- 
tre de campo D. Jph. Dardena, los que más se seña- 
laron fueron dos que quedaron ocupando las primeras 
ileras del trozo; embistieron al enemigo con gran de- 
nuedo y nunca visto valor, ocasionándole mucho te- 
rror y detrimento; los franceses pelearon mucho y 
con gran constancia, y quien entre todos se señaló 
más aquel día fué Mosiur de Onquincurt y de la Lu- 
cerna, á quien después de muerto el cavallo, con es- 
pada en mano y á pie peleó cerca de media ora con 
valor mucho, hasta que socorrido de los suios pudo 
tomar un cavallo. Los Mosiures de Catane, de la Ro- 
vinera, de Cabot y de la Vallée obraron muy á satis- 
facción del S.**"^ de la Mota; pero no es de admirar 



quando S. Ex.^ se portó con tanto esfuerzo y valen- 
tía que bastava para infundir valor en el ánimo más 
acobardado y femenino: sucedióle á S. Ex.^ á los pri- 
meros encuentros entrarse en el balallón de D. Vicen- 
te la Marra, que, ansioso de rendirle, experimentó 
contraria suerte, quedando él prisionero de S. Ex.^ 

Derrotado, como se aoava'üe leer, el enemigo, con 
fuga bien apresurada se retiró á un valle largo que 
está entre el camino real de la Grúa á Granolles y de 
la Rúa á la Roca; la infantería ocupava la eminencia, 
y la cavallería en el valle se reacia del pasado encuen- 
tro llorando todos su poca suerte. El S.»'' de la Mota, 
reconociendo fatigadas sus tropas, las hizo marchar á 
Granolles, una legua distante del campo en donde se 
avía peleado, para que con más comodidad descansa- 
sen y refrescasen. 

El día siguiente 29, á las tres de la mañana, tubo 
aviso el S.°^ de la Mota de que el Campo castellano 
estava ya para marchar; puso su gente en batalla 
fuera de la villa, y encaminó su marcha hacia Garde- 
deu con ánimo de cortar el paso al Gaslellano y co~ 
gerlo en lo más angosto del terreno; pero á breve rato 
tubo nuevo aviso de que el Castellano, quizá noticioso 
de las prevenciones y lances que adelante havía y te- 
mía sucederle, pegado fuego al bagaxe y desgarrota- 
das las muías y cavallos que por fatigados reconoció 
ser inútiles, bolbía atrás camino de Tarrasa, de don- 
de havía salido el día antes arrepentido de su loco 
arrojo, y procurando si pudo salbar algo de lo que 
llevaba. 

Viendo el S.^*" de la Mota que el enemigo bolbía la 
cara, bolbióla también con sus tropas en su alcance, 
y dentro dos horas llegó á descubrir al Castellano al 
pasar de un valle, y los batidores le encontraron á la 



23 

otra parte puestos ya en esquadrones. Dio aviso la 
Mota á S. Ex.^ de la contramarcha y rumbo que to- 
maba el Castellano, y que mandara á Mosiur de Ta- 
rril que á toda diligencia vajara á Villafranca de Pa- 
nados á atajar el paso al enemigo; mandó también 
que por la sierra pasaran á la otra parte del valle qui- 
nientos mosqueteros para escaramucear al enemigo, y 
mientras tanto refrescó su cavallería. El S.'''' -Virrey 
despachó correo á Tarrail para que vajara á ganar la 
manguardia al enemigo, que ovedeció promptamente. 
Los mosqueteros, así de sueldo como somatenes y vo- 
luntarios, que componían hasta quince mil hombres, 
fueron por diversas partes siguiendo y dando armas 
al Castellano por todas partes, sin dejarlo sosegar de 
día ni de noche, ni darle tiempo para refrescar ni rea- 
cerse: entre tanto el S.*^^' de la Mota con sus milicias 
se abanzó y pasó Martorell, ganándole mucho abance 
al Castellano. Partió de Martorell el día siguiente tres 
horas antes de amanecer, y llegó á Villafranca á las 
nueve de la mañana; refrescó allí su gente, y á las 
tres de la tarde avisó por los vatidores que el Caste- 
llano estava una hora ya de la villa. A este tiempo, 
D. Joseph Margarit, que se hallava en San Saloni, 
supo la contramarcha del enemigo y con su gente 
partió á toda diligencia, de modo que el día mismo 29 
que la Mota dormía en Martorell llegó Margarit á re- 
frescar en Capuchate del Valles, y marchando aquella 
misma noche y saviendo que el de la Mota estava ya 
á vista del enemigo, encaminó sus tropas á guarnecer 
aquellos pasos de entre las bebidas y la villa de Piera, 
para estorvar el tránsito del enemigo á Igualada, en 
caso que quisiese huir del S.°^" de la Mota y dar por la 
parte de Urgel, que huviera dado arto que temer y 
arto en que entender. 



24 

A vista de Villafranca se puso el enemigo en bata- 
lla, formando su campo lo mejor que pudo en la on- 
dura de un valle; íuóle á reconocer en persona el S.**'^ 
de la Mota, y hallóle que su frente mui larga esta va 
en batalla, y coligiendo que con las sombras y quie- 
tud de la noche marcharía, y que podía elegir de dos 
caminos que hay para Tarragona el que le pareciere, 
embió á ocupar por el rejimiento de S.*^ Eulalia, go- 
vernado por el Sargento maior D. Fran.<=° Sorribas, al 
qual se agregaron 200 mosqueteros de Villafranca, 
todas las eminencias de entrambos caminos con orden 
de que en repetidos puestos de ella se hiciese fuego 
toda la noche; al S.'»' de Terrail le embió con su trozo 
á que en la parte de la marina estuviese á la izquierda 
mano del enemigo, y S. Ex.^ se puso con su cavalle- 
ría en medio de los dos caminos, refrescando unos y 
otros en el mismo campo de batalla, aguardando en 
esta forma hasta las cinco de la mañana del siguien- 
te día. 

No se descuidava en esta ocasión el Governador 
D. Jph. Margarit, que saviendo la postura del enemi- 
go y la nuestra, se arrimó hacia aquella parte, sem- 
brando todas las eminencias de alambores y trompe- 
tas, persuadiendo con esto al enemigo que aquellos 
pasos de Igualada estavan bien guarnecidos, ardid que 
importava mucho para el suceso que se tubo. 

Por algunos prisioneros ó fujitibos que del enemigo 
llevavan al S.«^ de la Mota, se supo que el Castellano 
marchava á mano derecha ó izquierda de S. Ex.^, y al 
instante caminó hacia aquella parte para cortarle el 
paso, é imbió á llamar á Tarrail y al amanecer se 
halló en Villafranca. Llegado Tarrail puso en orden 
de batalla sus tropas: en la manguardia al Marqués 
de la Lucerna con el rejimiento de Montí, y á D. Jph. 



2o 

Dardena con la cavallería catalana; en la retaguardia 
á Mosiur de Oquincurt y de Tarrail con los rejimientos 
de Rosí y de Miranvile y con los infantes sueltos del 
rejimiento de S. Ex.% y á D. Fran/° Sorrivas que con 
su rejimiento y las levas que á él se havían agregado 
hiciese frente á la infantería enemiga: dispuesto así el 
campo, vino según la orden y el terreno á atacar al 
enemigo por los lados, y por la frente empezó Sorri- 
vas con sus rejimientos de mosqueteros á dar las car- 
gas con la infantería castellana; sufriólas subiendo 
una eminencia, sin dar la suia hasta estar arriva, y 
apenas la huvo dado quando empezó á desquadernar- 
se la infantería castellana. Embistió el S.®'" de la Mota 
á este tiempo con su cavallería con tal valor y viza- 
rría, que dadas las primeras cargas y cubriendo de 
horror al enemigo, le obligaron á pedir quartel, ape- 
llidando viba Francia y embaynando espadas y vajan- 
do las pistolas; aclamaron nuestra la victoria, y lue- 
go el S.^"' D. Pedro de Aragón con los principales Ga- 
vos del exército y los prisioneros nuestros, se fué á 
rendir con y en nombre de su gente al S.°^ de la 
Mota, y en éste á las siempre vitoriosas armas de 
nuestro Xpmo. Monarca, dándole por prisionero todo 
aquel exército, cesó el combate. Y previniendo el 8.°"^ 
de la Mota con su gran experiencia y expíritu que no 
le sucediese lo que á algunos Generales, que embele- 
sados ó desvanecidos con la vitoria dejan la rienda á 
la Milicia para que haga el pillage, y de vitoriosos se 
han visto vencidos por el interés y el robo, echó van- 
do, pena de la vida, que todo el exército se pusiera en 
batalla, y con las armas en la mano, porque el enemi- 
go, aunque rendido, le teuía y estava junto aún, apro- 
vechó algo la diligencia, pero no para que la codicia 
de algunos dejase de saciarse en la pilla, que fué de 



26 

treinta mil doblones que se llevavan á Rosas, y de tres 
mil cavalgaduras entre cavallos y muías, sin lo demás 
que puede juzgar el lector, que no se dice ni se supo, 
pero se puede presumir de exórcito que se componía 
de gente de quenta y tan lucida. 

Despachó el S.^'' de la Mota un correo de sus guar- 
dias al S.^»" Virrey con el aviso de este suceso: el co- 
rreo llegó á Barcelona en ocasión que se havía salido á 
pasearse por la ciudad, y así como pasando por las ca- 
lles publicava el soldado la vitoria. Al llegar á la ca- 
rroza de S. Ex.* ya fué con un concurso de gente que, 
aclamando á voces la vitoria, la supo por ellos prime- 
ro que por la carta. Viba el Rey y viba Francia era 
el continuo grito por las calles. Llegó S. Ex.* á Pala- 
cio con tanto séquito de hombres, mujeres y niños, que 
dudo se haya visto igual; leyó la carta, y leyda la em- 
bió á Jos Consistorios de Diputación y Ciudad, y des- 
pachó por las postas al Capitán de su guardia á París 
con la noticia de tan glorioso ó importante suceso. 

Juntáronse los Consistorios y en ellos se resolvió 
que, en acción de gracias de tan señalada vitoria, se 
celebrasen los tres días siguientes oficios solemnes en 
la iglesia del Aseo y demás iglesias, y que el último 
día se hiciese una procesión general. Executóse así, y 
á todas estas funciones asistió S. Ex.^ y los Consisto- 
rios con los comunes; también se hicieron tres noches 
de luminarias y salvas reales de artillería, todo con la 
pompa, grandeza y bullicio que save Barcelona hacer 
estas fiestas y que pedía tan singular suceso como era 
éste y de tanta importancia para el Rey y para Cata- 
luña. 

El día siguiente acudieron los Consistorios por su 
orden á dar la enorabuena al S.°'' Virrey y convidarlo 
para las fiestas; condescendió al convite y asistió con 



gala diferente y riquísima cada día. Dio orden Su Ex- 
celencia para que se fueran á buscar los Generales 
prisioneros y cavos de suposición del Rey Católico y 
despachó su Gavallerizo con tres carrozas, una de seis 
cavallos para D. Pedro de Aragón y D. Francisco To- 
rralto, y queriendo onrrar á la nación catalana orde- 
nó que rindieran las espadas estos dos. El Maestre de 
Campo General D. Jph. Dardena sintieron esto tanto 
por ser catalán, que al Mr á darlas las rompieron ellos 
mismos diciendo que pues liavían aprovechado poco 
que mejor estavan quebradas. 

El tercero día de las fiestas y regocijos, que fué 3 de 
Abril de 1642, por la tarde entraron los prisioneros 
rendidos; salió mucha gente fuera la puerta de San 
Antonio á verlos entrar: venían en la carroza de seis 
cavallos D. Pedro de Aragón, D. Francisco Torralto, 
D. Vicente la Marra y D, Diego Sanz; en las otras ve- 
nían los que cupieron y los demás á cavallo de los de 
quenta. O fuese sentimiento del suceso pasado, ó. el 
que les mira va toda Barcelona, despojo de franceses, 
no pudieron reprimir el dolor sin que pasase á mos- 
trarse por los ojos. Comboyábanlos algunas compa- 
ñías de la Caravina; á estos quatro con sus criados les 
dio quarto el S.^'^ Virrey en su palacio; á otros en las 
casas de los Duques de Cardona; á otros en la Atara- 
cana, y á otros en las cárceles reales graduando los 
sujetos y los oficios; los demás rendidos del exército 
quedaron en el lugar del Hospitalete y desde allí se 
fueron aviando á Francia en comboyes de ducientos 
á trescientos. Á los quatro primeros, casi cada día los 
tenía en su mesa el S.*''' Virrey vanqueteándolos y 
agasajándolos, de modo que confesaron que sus viza- 
rrías tenían más rendidas sus voluntades que su va- 
lor las espadas. Llegó el S.«^ de la Mota, á quien 



S. Ex.'' recivió con muchos abrazos, y el pueblo con 
grandes aclamaciones y alborozo; los Consistorios, 
Comunes y nobleza acudieron á rendirle norabuena y 
gracias por dever á su valor digno de todo premio 
aquel buen suceso; confirió con S. Ex.^ los puntos que 
importa van, y á pocos días partió á la Virgen de 
Monserrate á dar gracias de la vitoria, pues á vista 
de su santuario la havía conseguido y tenía por fee 
viba deverla á su auxilio por avórselo rogado y pedi- 
do así anteriormente y que fuese su dichoso día á la 
vista de sus montes como lo logró: el mismo día que 
partió la Mota llegó de París Mosiur de Mont, Capitán 
de la guardia del S.^"^ Virrey, que havía partido de 
aquí á la posta con el aviso á S. M. del rendimiento 
de D. Pedro de Aragón, y entre otros despachos que le 
llegaron al S.*''" Virrey fué una orden para que en 
nombre de S. M. diese el bastón é imbestidura de Ma- 
riscal de Francia al S.»"" de la Mota Dundecurt, pre- 
rrogativa ó acción que no la dispensan los Reyes 
Xpmos. a nadie, así como los cathólicos el hacer 
grandes; quedó S. Ex.^ tan gustoso de esta orden, no 
tanto por el poder que se le dava, quanto por ser pre- 
miado el valor del S.^"" de la Mota por su mano, que 
aseguró no havía tenido día más alegre en su vida. 
Despachóle un gentil-hombre al S.''^ de la Mota con la 
noticia que le encontró ya en casa de la Virgen, que 
sólo en ella podía esperar tales favores humanos; re- 
civió éste con el gozo que se puede pensar, y dando las 
gracias á la SS.*"-' Virgen se partió para Barcelona en 
donde le recivió la nobleza francesa y catalana con 
gran regocijo, y aquella misma noche le entregó el 
S or Virrey el bastón, en cuia función dio muestras el 
g^or Virrey de su so verano ingenio y gran sutileza en 
una plática que le hizo mui remontada de las obliga- 



29 
ciones que tenían los Mariscales de Francia, diciéndo- 
le muchísimo en breves y misteriosas palabras, á que 
con gran rendimiento y conceptuosas razones respon- 
dió el S.^'^ Mariscal la Mota Oudencurt, que así se lla- 
mó en adelante. Cenó con el 8.°'* Virrey, y después le 
acompañó hasta la carroza con repetidos abrazos, 
muestras de su grande amor, y el día siguiente partió 
el nuebo Mariscal de Barcelona. 

Mandó el S.*''' Virrey pocos días después prevenir las 
carrozas y vagajes para despachar á Francia los pri- 
sioneros españoles cuios nombres, por no ser prolijo, 
pasaré en silencio, y sólo nombraré los de primera su- 
posición. Por tierra, en carrozas y muías, fueron: 
D. Pedro Aragón; D. Francisco Torralto, Teniente ge- 
neral; el Marqués de Rivas, General de la artillería; 
D. Vicencio la Marra, General de cavallería; D. Die- 
go Sanz, Comisario general; el Varón de Letosa, Co- 
misario general; D. Marn. Múxica y D. Pedro Pardo, 
Maestres de Campo; Francisco Martini; dos criados 
de D. Pedro y cinco de los demás cavalleros: condu- 
cía éstos á Mompeller Mosiur de Mont, Capitán de las 
guardias del S.*'"' Virrey. Por mar, en seis galeras, em- 
barcaron los siguientes: en la galera llamada la Car- 
dinala, trece Capitanes de cavallos con cinco otros 
Cavos, como son Lugares tenientes y Ayudantes de 
Maestros de Campo, con quatro criados; en la galera 
Ducal, trece Capitanes de cavallos y siete Oficiales 
maiores con quatro criados; en la Monrreal, veinte 
cavalleros Cavos de cavallería, y quatro criados; en 
la Vigilante, diez Capitanes de infantería y otros Ofi- 
ciales de ella con quatro criados; en la Seguerana, 
veinte Tenientes de cavallería, quince cornetas y qua- 
tro criados. Por tierra, condujo Mosiur de Aubini tres 
Capitanes de cavallos, diez Tenientes, veinte y nueve 



30 

cornetas, tres Ayudantes, cinco Capitanes de infante- 
ría, cinco Alféreces vivos y 24 reformados y un Comi- 
sario: éste es el número de Oficiales, sin los quales se 
despacharon dos mil ciento y cinquenta soldados, de 
quinientos en quinientos, pues como desde el General 
al soldadillo menor se rindieron, no se deve estrañar 
el número, que pronostica felicísimos sucesos á nuestra 
provincia en lo venidero. 

CAPÍTULO 119. 

RENDIMIENTO Y CAPITULACIÓN DE LA PLAZA DE COPLLTBEE. 

En capítulos atrás se dixo el aprieto en que se ha- 
llava la plaza de Gapllibre que governava el Marqués 
de Mortara; el valor é incansable fatiga con que la 
expugnava el S.^*" de la Millera: digamos aora su ren- 
dimiento. Granada ya la villa, reducidos los castella- 
nos á la cindadela, en ella convatidos y acosados de 
fuertes y repetidas baterías, fortificada la marina para 
impedir el socorro, y cerrado por todas partes el ali- 
vio, se hallavan los asediados quando les llegó la no- 
ticia del triste suceso que havía tenido el Marqués de 
Povar, en cuio arribo y socorro fiavan únicamente 
su consuelo; destituidos de él, procuraron rendir la 
plaza con los pactos más honoríficos que pudieron. 
Executáronlo así el día 15 de Abril de 1642, saliendo 
la guarnición con dos piezas de artillería, cuerda en- 
cendida, municiones, vagaje, ropa, y que los enfer- 
mos huviesen de llevar á Rosas y de allí á Tarrago- 
na: así capituló Mortara, y observándolo así, ocupó 
Francia la plaza en donde pocos días después halló 
dos piezas de batir enterradas. 



31 



CAPÍTULO 120. 

PONE SITIO EL RP]Y DE FRANCIA Á PEEPIÑÁN EN PERSONA. Y 
ÓTEOS SUCESOS DE GUEKEA. 

Rendido Gapllibre, dispuso el Rey Xpmo., Señor 
nuestro, sitiar ó tomar la inexpunable fortaleza que 
no describo, pues save el mundo ser una de las me- 
jores que tenía la Corona de España, aunque tan di- 
latada; en Narvona esperava el Xpmo. el suceso de 
Capllibre, y viéndole ya en su Corona, marchó con 
su Campo á la vista de Perpiñán, y ordenó que las 
tropas del Rosellón se juntasen con las suias, así se 
hizo, juntando un número de treinta y un mil comba- 
tientes, 25 ® infantes j 6 (¡i) cavallos; ni este grueso 
bastó para que informado el Rey de lo que era Perpi- 
ñán se atreviese á ponerle batería, por ser inútil en 
la muralla de que se guarnece, y así resolbió blo- 
quearla y que la necesidad y la hambre venciese lo 
que no podía el valor: consiguiólo, pues no hay fuer- 
zas, corazón ni valentía que no se rinda, no se venza 
y no se humille á la falla del sustento. Alojóse S. M. en 
la villa que llaman de Santistevan, y disponiendo el 
cordón, sitió la plaza, cometiendo el govierno de las 
armas al S.^"" de la Millera, y divirtiéndose S. M., ya 
en la caza, ya en el juego, dava calor á sus milicias, 
que importa mucho la presencia del Rey aunque sea 
jugando. 

Luego que se supo la entrada del Rey en el Rose- 
llón, embió la Diputación quatro ca valleros para dar- 
le la bien venida y rendirle de nuevo la provincia á 
sus pies. Reciviólos S. M. con muestras de sumo gozo 
y cariño y benignidad; despachólos dando á cada uno 



32 

en muestras de su amor una cadena de oro; pendiente 
de ella una medalla con su efigie, que baldría unas 
cien doblas. Poco después la ciudad de Barcelona em- 
bió otros quatro sujetos, y queriéndolos igualar en la 
dádiva, así como en lo cariñoso á los de la Diputa- 
ción, no hallándose con iguales prendas, las mandó 
hacer, y muchos días después de estar los embajado- 
res en sus casas las embió desde el campo, acción bien 
singular de un Rey para con sus vasallos, aprisionán- 
dolos á todos con estas cadenas. 

Por constitución de Cataluña está dispuesto que pi- 
sando el Rey la provincia espira el oficio de Virrey y 
queda la Vicerregia á la Governación, y así luego que 
se supo que estava S. M. en el Rosellón, el Mariscal 
de Verse hizo dejación, y recojiendo su ropa, así por 
esto, como porque gozava aquí poca salud, partió á 
Rosellón á primeros de Mayo de 1642. 

Proseguía S. M. en el sitio, quando á mediado de 
Julio se partió á algunas de sus provincias de su co- 
rona, que mal aliadas con su ausencia intentavan al- 
gunos levantamientos, y también para tomar nues- 
tros baños, que acostumbrava todos los años. Murmu- 
róse estando en el campo que un Privado suyo le ha- 
vía urdido darle muerte y achacar la alevosía á los 
catalanes; pero descubrióse á tiempo, y prendiendo al 
Privado después en Tolosa, le cortaron la caveza, se- 
gún dijo, y que se llamava Mosiur el Grande: antes 
de partirse, se despidió por cartas de los Consistorios, 
diciendo les dejava en su lugar al S.°^ de la Millera, 
y encargando á su industria, valor y lealtad aquella 
función, de quien tenía largas experiencias. 

El Mariscal de la Mota se hallava á esta sazón con 
un buen pedazo de cavallería, y no saviendo estar 
ocioso su valor, hizo algunas surtidas por la parte de 



33 

Tortosa, entrando en el reyno de Valencia, saqueando 
algunos lugares y malográndole al enemigo las cose- 
chas de aquel año; y á no a ver se descubierto una in- 
terpresa que tenía dispuesta en Tortosa,, huviera ocu- 
pádola con poca costa; hiciéronla de sus vidas algunos 
que se havían entrado jen la ciudad por haverse des- 
cuidado, y savídose su ánimo, visto esto, y que los 
mantenimientos le falta van, se huvo de retirar y ha- 
cer sus operaciones por .la parte de Tamarit y Mon- 
zón, en el reyno de Aragón. 

CAPÍTULO 121. 

EííTfíAN LOS CASTELLANOS EL LÜGAE DEL VENDEELL 
Y EXECÜTAN EXTORSIONES EN ÉL. 

Viendo la guarnición castellana de Tarragona que 
el S.o'" de la Mota se entretenía en la parte de Aragón, 
y que á petición de los de Villafranca de Panados avía 
sacado de aquel partido mil cavallos franceses, que 
para dar forrage sega van los panes jsl en,primeros de 
Mayo, resolbió el Mariscal de Aguilar que governava 
entonces Tarragona hacer con parte de la guarnición 
una surtida al Panados. Executóla, llegando hasta el 
Vendrell, en donde por estar murado el lugar y guar- 
necerle quatro compañías de infantería catalana y 
una de micaletes, alió alguna resistencia; pero des- 
pués de algunas horas de combate lo rindieron, sacan- 
do pactos de que por Tortosa y Aragón avían de pa- 
sar prisioneros, entraron el lugar, saqueáronle, y ta- 
lando la cosecha de todo aquel llano, se bolbieron á 
Tarragona: eran ellos unos quatro mil infantes y 
ochocientos cavallos; murieron algunos, y entre otros 
el Capitán de la artillería, buen soldado, y que sintió 

Tomo xxiv 3 



34 

mucho el de Aguilar. De los nuestros murió un Sar- 
gento maior del tercio de la ciudad, cuio nombre no 
digo por no sa verlo, y el Capitán de miicaletes Paulo 
Godai, hombre de mucho valor. 



> 



CAPÍTULO 122. 

ARRIVA SEGUNDA ARMADA FRANCR3A, PASA Á PONIENTE 
Y SUCESOS DE ELLA. 

Después de rendido Gapllibre pocos días llegaron de 
Levante 23 vageles gruesos de guerra franceses con 
algunos brulotes; dieron fondo delante Barcelona, y 
tomando algunos bastimentos se hicieron á la vela á 
la parte de Poniente, llevándose las galeras que aquí 
havía. Navegavan á incorporarse con otro pedazo de 
armada que se savia havía pasado el estrecho por te- 
mor que la castellana no diese con ella, y también por 
si podía hacer alguna pilla, que se tenía noticia que se 
hiva juntando la castellana en los Alfaques y Tarra- 
gona. Quiso la desgracia que una mañana antes de 
amanecer se toparon en las costas de Valencia la ar- 
mada que venía y la que hiva: juzgándose enemigas, 
traváronse entre sí un recio combate en que murieron 
algunos; retirándose una de otra á aguardar el día, re- 
conocieron ser de un rey ambas; diéronse el pésame y 
norabuena, y juntándose bolbieron juntos, llegando á 
Barcelona en 5 de Junio de 1642, que eran 30 navios 
todos bellos y bien guarnecidos de todo. Governáva- 
los un hijo de Brase, Virrey pasado, y saviendo que su 
padre se havía ido y que el Rey estava en el Rosellón, 
hizo vela y partió á ver al uno y tomar las órdenes 
del otro. 



35 



CAPITULO 123. 

PASA EL DE LA MOTA CON LAS TROPAS Á ARAGÓN.- SAQUEAN 
LA VILLA DE TAMAPJTE. 

Executadas algunas correrías y entradas por la 
parte de Torfosa en la raya de Valencia, como se á di- 
cho, tomó el Mariscal de la Mota con sus tropas buel- 
ta á Lérida para entrar en Tamarit y tomar el casti- 
llo de Monzón, primera fortaleza que los aragoneses 
tienen por esta parte. Llegó á la vista de Tamarit, vi- 
lla populosa y por la maña de sus moradores y fértil 
terreno de las ricas que tiene aquel reyno de Ara- 
gón. Embióles la Mota trompeta para que se rindie- 
ran y prestaran la ovediencia, amedrantados los áni- 
mos del poder, francés, más que de su voluntad dieron 
puerta franca y exterior agasajo: entró el Mariscal 
tratándolos con benignidad porque necesitava de 
aquel pueblo para los progresos que esperava en Mon- 
zón y lugares de aquella frontera; y no reconociendo 
en los naturales toda la seguridad que deseava, al 
partirse dejó algunas compañías de guarnición y to- 
mó su viage para Monzón; apenas la Mota perdió de 
vista la villa, quando los naturales trataron de dego- 
llar á los franceses porque llevavan mal el ageno do- 
minio y reconocían era menos el número; pusieron 
mano á la obra; pero á poco rato de la sublevación 
tuvieron al Mariscal encima, que receloso de lo mismo 
no quiso adelantarse; llegó furioso, y dando á saco y 
degüello la villa, executaron los suios el más orrible 
estrago que puede referirse: mujeres, niños y eclesiás- 
ticos le merecieron la venignidad de sus vidas, y sa- 
cándolos á unos para Lérida y á otros para Aragón, 
dejó aquel lugar casi totalmente despoblado y sus sol- 



36 
dados enrriquecidos, pues no es ponderable lo que en 
dinero y mercaderías encerrava aquel pueblo: los lu- 
gares comarcanos compraron bien varato quanto qui- 
sieron, y se hicieron dueños de muchas haciendas y 
moradores de Tamarit. 

CAPÍTULO 124. 

SITIO, REN PIMIENTO, CAPITULACIÓN DEL CASTILLO Y VILLA DE MONZÓN 
Y OTROS PROGRESOS DE LAS ARMAS EN ARAGÓN. 

Á veinte y dos de Mayo 1648 (1) partió el Mariscal de 
la Mota con su exército de Tamarite derecho á Mon- 
zón; dexó al de la Lucerna con dos reximientos para 
aguardar la artillería, y al S.<^^ de Dorea, Intendente 
del dinero ó Proveedor, para que las provisiones y bas- 
timientos no faltasen y fuese á acampar su gente al 
lugar de Sant Esteban, legua y media Je Monzón. Á 
23 fué embiado el de Tarraill con quinientos cavallos 
á reconocer el sitio, fortaleza y campo de Monzón: 
halló una villa populosa murada, aunque de muralla 
débil y mala, sita al pie de un montezuelo, y entre él 
y el lugar un castillo fuerte de naturaleza por estar 
fabricado sobre una peña viva dominando el pueblo y 
las avenidas sobre otra eminencia, y entre las dos hay 
naturalmente una playa ó llano en el qual está fabri- 
cado un capaz combento de religiosos, y por parte de 
la plaza hay una ravina escarpada dentro la misma 
peña. Parecióle al de la Mota famoso el sitio y de 
combeniencia la plaza; y aunque supo estaba bien 
abastecida y guarnecida, no desistió de atacarla. 

Los días 24 y 25 se detuvo en San Estovan aguar- 
dando la artillería, que por las lluvias excesibas se 

{\) Es equivocación, pues se rindió en 15 de Junio de i 642. —(Nota 
do D. Pascual de Gayangos.j 



37 
tardaba, y llegándole el día 26 dos piezas gruesas y 
noticia de que habían ya pasado de Lérida el resto de 
lo necesario para su intento, hizo partir al Conde de 
Roxes con trescientos cavallos, y siguiendo luego con 
su exército se puso á tiro de artillería de Monzón y 
personalmente le reconoció el S.°^' Mariscal. Á las 4 de 
la tarde mandó formar dos alas, una á mano izquier- 
da para embestir por la hermita de Santa Quiteria, y 
otra á mano derecha para embestir por un convento 
de los arrabales, en distancia una de otra de 200 pasos: 
aquélla compuesta del S.°'' de Ouquincurt, con los regi- 
mientos de Tonens, Priñari y Miralpex, sustentada con 
parte de cavallería, y ésta por el S.**'' de Tarraill, con 
los regimientos de la Mota y compañías reales; em- 
bistieron á un tiempo con tal valor, que hechos due- 
ños de el convento retiraron la gente á la villa, y de 
la otra parte, siguiendo la cavallería gobernada por el 
Capitán Cambaut, llegó hasta las fortificaciones de 
Santa Quiteria, matando en ellas algunos treinta hom- 
bres de los que las guardaban. Á 27 el S.^'^ de la Lu- 
cerna cuio era el día hizo trabajar una batería para 
arrasar un reducto que estaba á la hermita de Santa 
Quiteria; á las cuatro de la tarde empezó á jugar la ba- 
tería, y á las siete se atacó el reducto y se tomó á fuer- 
za para cubrirse del castillo y de Santa Quiteria. Esta 
misma noche acometió Tarraill la villa con los regi- 
mientos de Leonís y Xautange, ganando parte de ella 
y la iglesia parroquial, en donde se rindieron 30 hom- 
bres á m.* de señor. 

Á 28 el 8.°'" de Ouquincurt hizo trabajar una batería 
contra las defensas de Santa Quiteria, y á 29 el de la 
Lucerna una trinchera para ir á la contra escarpa de 
Santa Quiteria. Entretanto el de Tarraill acabó de ga- 
nar la villa, y apoderándose de un combento de reli- 



38 
giosas rindió en él cinquenta soldados que, hauiendo 
peleado hasta el último extremo, se le rindieron á vida 
salva. 

Á treinta á las ocho de la mañana empezó á jugar 
la batería, y continuando todo el día, y á la noche los 
nuestros se aloxaron á la contrascarpa de Santa Qui- 
teña, y el S.*^^ de Ouquincurt, de quien era el día, hizo 
brecha en la muralla y arruinó parte de la iglesia de 
Santa Quiteria. 

Á primero de Junio tocó al de Ouquincurt, y conti- 
nuando la batería el Governador ó Comandante del 
fuerte de Santa Quiteria reconoció el aprieto en que 
se hallaba y pidió capitular por sí solo sin comprehen- 
der al Governador principal del castillo y sacar 500 
hombres del fuerte: no quiso oír el Mariscal la pro- 
puesta de este Governador; replicóle pidiendo treguas 
de 24 horas para tratar con el principal Governador 
del castillo. Otorgóselas el Mariscal, pues no malogra- 
ba en esto sus trabajos y le daba lugar para recono- 
cer la brecha y postura del fuerte. Cumplidas las ho- 
ras, hizo entender el Mariscal que pues no se le bolbía 
respuesta, cesaba la suspensión de armas. Salió á esto 
un Capitán con la lista de los pactos, y no agradándo- 
le al Mariscal, embió su primer Capitán con los que 
él tenía intención rendir el castillo; entre datas y res- 
puestas se advirtió que el Governador del castillo ex- 
poliaba la gente inútil; cogiéronle unos quarenta, y 
bolbiéndoselos á embiar le desengañaron estar acaba- 
da la tregua. Continuóse aquel día la mina y la bre- 
cha y el arrasar una pequeña fortificación que se des- 
cubría á mano derecha. 

Aquella noche, teniendo abierto el foso de orden 
del Mariscal, fué el de Lucerna á reconocer la dispo- 
sición que hauia de embestir, sin aguardar el efecto 



39 

de la mina, y que hallándola de forzar al enemigo lo 
hiciese, y para executarlo emhió al S.*'^ Solanas, Alú- 
dante de Campo, para sustentar un Sargento que iba 
delante con veinte hombres, y el S.°^ de la Lucerna con 
los regimientos de Tonens y Grinava; y viendo que el 
enemigo titubeaba, acometió al instante por la bre- 
cha; dexaron el fuerte los enemigos y fueron segui- 
dos hasta cerca del castillo; retiráronse los nuestros á 
hacer su alojamiento en Santa Quiteria, porque que- 
daba al descubierto por la parte que miraba al casti- 
llo. El S.^^ Solanas quedó mal herido de esta función 
con un mosquetazo. 

El día 3 el S.*"" de la Lucerna hizo llenar el foso 
para pasar la artillería y empezar una batería á San- 
ta Quiteria; el día 4 el de Tarraill, que hauía ocupádo- 
se en la villa haciendo los alojamientos muy cerca del 
enemigo, comenzó á tocarle su día y hizo acabar la 
batería en la plaza de S.** Quiteria y los alojamientos. 
El día 5 á romper el alba estubo la batería á punto, 
y á las seis empezó á disparar sobre las del enemigo, 
obligándole á retirarlas; el resto del día se ocupó en 
batir las defensas del castillo, y nuestra infantería se 
alojó en una pequeñuela capilla, entre el castillo y 
Santa Quiteria, en donde se hallaron 400 corazas, can- 
tidad de instrumentos para fabricar balas y otras mu- 
niciones de guerra; al anochecer el de Lucerna hizo 
tomar los puestos, abanzándose para que los minado- 
res y gastadores pudieran acercarse á la muralla del 
castillo; pero á media noche, con una surtida que el 
enemigo hizo, obligó á retirar 80 hombres que guar- 
daban los puestos y la capilla, recuperándolos los 
nuestros poco antes de amanecer. El día 6 tocó al de 
Ouquincurt: los regimientos de la Mota y Miralpex se 
alojaron y mantubieron tan cerca del castillo, que no 



40 
obstante los rebatos de los sitiados, pudieron los mi- 
nadores acercarse y empezar á obrar al pie de una to- 
rre de las del castillo. 

El día 7 los minadores obraron baxo cubierto; pero 
allí mismo se advirtió una abertura por donde los si- 
tiados arroxaban aceite hirviendo contra los gastado- 
res, y que con bombas y cadenas les rompieron los 
tablones y mantaletes, con que hubieron de retirarse 
y desistir de la obra. A la noche el de Tarraill dispuso 
las guardias y postas de modo que no pudiera el ene- 
migo lograr surtida alguna, con que los minadores 
pudieron acercarse á una peña que era cimiento de la 
muralla, trabajando primero en cubrirse, y lo consi- 
guieron ya á las quatro de la tarde, de modo que los 
sitiados no podían embarazar la operación, aunque 
antes murió de un mosquetazo uno de los minadores; 
á la noche del día 8 hicieron los del castillo surtida 
para degollar los gastadores, pero fueron rechazados. 
Los días 9 y 10 se prosiguió la mina, y aunque en 
ellos procuraron estorbarlo los sitiados, fué sin fruto 
alguno; en los días 11 y 12 hicieron surtida por mano 
derecha é izquierda con 120 hombres, pero los regi- 
mientos de la Mota y Monpeiro los rechazaron vale- 
rosamente hasta acorralarlos en el res tillo, con pérdi- 
da de algunos. 

El' día 14 estubo la mina á punto de volar, y si- 
guiendo los estilos militares, el S.'^'' Mariscal hizo se 
le notificara al Governador del castillo, que era Don 
Martín de Azlor: éste pidió permiso para que algún 
cabo de los suyos reconociera la mina si era conforme 
se decía, y hallándola, y viendo el peligro y que no 
hauía podido ser socorrido, se hizo llamada á capitu- 
lar, cuios pactos fueron los siguientes, que después de 
varias dadas y respuestas se ajustaron y conclaieron: 



41 



CAPITULACIÓN. 



F.^ que si el día 16 del presente mes no le hauían 
socorrido las armas de su Rey, rendiría el castillo, 
saliendo él, toda su guarnición y toda la demás gen- 
te, assí de Monzón como de lugares circunvecinos que 
allí se hauían retirado, monjas y religiosos con van- 
deras desplegadas, caxas tocando, cuerda encendida, 
bala en boca y las municiones que cada uno pudiera 
sobre sí llevar. 

I.'" que se les haya de dar veinte carros para car- 
gar la ropa, que será de la milicia y paisanos, y que 
en ellos se carguen los enfermos, llevándolos con la 
ropa hasta el río Ginca, en donde por el Rey Gathóli- 
co se tendrán barcas para el pasaje. 

I."' que á los naturales se les dexe en su libertad el 
quedarse en sus casas, prestando el juramento al Rey 
que eligieren, y que con su ropa puedan ó irse ó que- 
darse, según la propia voluntad. 

I.'" que assí mismo á las religiosas y religiosos se 
les dexe á su arbitrio el irse ó quedarse, y que si que- 
daren presten juramento de fidelidad al Cristianísi- 
mo, y si se fueren á dominios del Rey Gathólico, se 
les trate con veneración. 

I." que para seguridad de la capitulación se entre- 
guen recíprocamente dos renes por cada parte, y que 
á los franceses que entraran en el castillo se les per- 
mita ver desde luego las municiones y pertrechos de 
guerra, para que no haya después desorden al salir la 
guarnición, y que de una y otra parte se cese en ha- 
cer hostilidades y nuebas defensas. 

I.*" que el S.°^ Mariscal se ofrece á dar saibó con- 



42 

ducto ,y escolta á todos los que salieren del castilla 
hasta la orilla del agua del río Ginca, y que desde allí 
corra por quenta del Rey Gathólico darles carruaxe, 
y que para que lo puedan embiar á buscar se les con- 
cederá pasaporte á los que el Governador quisiere 
embiar. 

1.°^ que de nuebo se les permitirá á los assediados 
que por dos Sargentos mayores se reconozca la mina 
y demás ruinas, y que hallándose como se les ha 
dicho, estén unos y otros obUgados á guardar y man- 
tener la presente capitulación: reconociéronla D. Se- 
bastián de Pueyo y D. Fernando de Ribera; y viendo 
el peligro en que se hallaban y que no hauía otro 
medio, se firmó lo capitulado, el día 15 de Junio de 
1642, en el castillo de Monzón. 

Mientras la capitulación se disponía, apareció de la 
otra parte de Ginca el jurado en Gap de Zaragoza, ca- 
pitaneando unos tres mil hombres y quatrocientos 
cavallos, toda gente visoña y advenediza, y que al 
ver nuestro campo, que entre cavallería é infantería 
se componía de diez y seis mil combatientes, empeza- 
ron á decir á los de Monzón oprobios y desvergüen- 
zas, de que por qué no se rendían viendo aquella pu- 
janza, y que para qué les sacaban de sus casas á cosa 
que no podían obrar ni ser de provecho; por último, el 
castillo se entregó el día 16, saliendo la guarnición y 
demás gente según lo capitulado. Entraron las armas 
de nuestro Rey Gtu'islianísimo, y se hallaron en el cas- 
tillo pasados de seis mil mosquetes, sin otra infinidad 
de armas, municiones y pertrechos de guerra, que 
como era fortaleza fronteriza, y de consequencia esta- 
ba bien abastecida, y porque jamás se creyó España 
que se entrase tan allá, salieron del castillo 1.500 
hombres de pelea, sin religiosos, religiosas, mugeres 



43 

y niños que se hauían guarecido á él . Causó á España 
no poco dolor, y á los aragoneses mucho temor, que 
ya en Zaragoza no se daban por seguros, temiendo 
ser asaltados. Quedaron á la obediencia de Su Mages- 
tad Glirístianísima, dentro de Aragón, y de esta parte 
de Ginca, Monzón, Saidi, Osso, Albalate, Rafols, Be- 
lluer, Alfanticha, Vinaset, Fons, La Almunia, San 
Esteban, Vinafa, Algayo, Oriols, Sanui, Alcampes, 
Baells, Naya, Gastillón Roy, Valdelou, Albelda, Vini- 
porquet, Tamarite, pueblos de no pocos vecinos. Obró 
valerosamente en esta expugnación Monsieur Con- 
dreau, Goinandante de la artillería, y cada uno de por 
sí procuró señalarse valerosamente. 

GAPÍTULO 125. 

BATALLA NAVAL ENTRE LAS ARMADAS FRANCESA Y ESPAÑOLA 
Á VISTA DE BARCELONA. 

Díxose pocos capítulos acras que el General Bresse 
que governaba la Armada de mar havía pasado á to- 
mar los órdenes del Rey y ver su padre en Rosellón; 
bolbió lueo'o, v entrando en Barcelona fué visitado 
de las dos Gasas y nobleza; bolbió las visitas, y siem- 
pre con gran concurso, porque le seguía la gente por 
las calles con públicas aclamaciones, entreteníase 
aguardando la armada castellana (que se tenía aviso 
y se dixo se iba juntando en los Alfaques) que pasaba 
con socorro al Rosellón: entretanto llegaron á este 
puerto las galeras, juntándose hasta diez y siete. 

Víspera de S.^ Juan tubo aviso el S.^^^ Marqués de 
Bresse que la armada enemiga estaba jsl en la playa 
de Tarragona, que se componía de diez galeras, vein- 
te naves grandes de Dunquerqae, diez galeones de ca- 
rrera de Indias, quatro navios de fuego y otras em- 



44 
Larcaciones, llegando todas á número de 52 velas, 
governadas por el Duque de Ciudad Real. 

Sabida esta noticia, salió luego del puerto el S.®'' 
Marqués con su armada en busca de la enemiga, tan 
valeroso como deseoso de toparla: n,o lo logró por ha- 
ver zarpado (según se supo) á una misma hora, ésta 
de Tarragona y aquélla de Barcelona. Llegó la nues- 
tra al amanecer á la playa de Tarragona; y no dando 
con el enemigo, pasó, reconociendo aquellas costas, 
hasta Vinaroz, en donde topando dos galeones y un 
barco longo les pegaron fuego, y supieron de algunos 
soldados que el de Ciudad Real havía dado vela desde 
Tarragona el día que se ha dicho, y con mucho deseo 
de llegar á la pelea con la armada francesa. No pu- 
diendo adquirir más noticias ni sabiendo qué hacerse, 
só bolbió el Marqués á Barcelona y dio fondo el día 
29 de Junio: essa misma tarde llegaron de Levante 
ocho naves para engrosar más nuestra armada, y pa- 
rece que el cielo las conduxo. 

El día 30 por la mañana señaló Monjuique armada 
nabal de Poniente; súpose luego ser la castellana que 
navegaba viento en popa: juntó Consejo de guerra el 
Marqués, y mandó disparar cañón de leva para que 
los que hauían saltado á tierra se embarcasen, que no 
fué muy fácil por ser sobrafuerte el viento y estar los 
navios alta mar; diéronse al viento las velas á punto 
de mediodía para esperar al enemigo sobre el Zerro, 
cosa bien dañosa para nosotros, a] paso que favorable 
al enemigo; el viento era fuerte y contrario; la tarde 
borrascosa y con lluvia; pero haciendo todo el esfuer- 
zo posible, se tiró á ganar la punta de Monjuique para 
poder con favorable biento embestir al enemigo; y 
como no todas las nabes son igualmente ligeras ni ve- 
leras, fué imposible que todas á un tiempo pudiesen 



45 

ganar la punía y ponerse en orden de batalla. Nues- 
tra Almirante, con lo más de su esquadra y el cavalle- 
ro Cange, Contra almirante y parte de su escuadra, 
barlobenteando se adelantaron ganando el viento: se- 
guía el resto con la Vice almirante navegando á diez 
millas de tierra y la enemiga á trece; la nuestra pro- 
curó cautelosa entrarse al mar, para coxerle al ene- 
migo el varlobento. 

La gente de Barcelona, poblando el muelle, mura- 
lla, texados, cuteas y todas las eminencias, salía an- 
siosa á ver el sucesso; y para que lo lográramos feliz, 
se puso patente en todas las iglesias el Santísimo Sa- 
cramento, peleando aquí con oraciones para que allá 
con las armas se venciese. 

Á las quatro de la tarde la Almirante enemiga dis- 
puso su vela para embestir, y hechando al mar las 
naves de Dunquerque, se puso á atacar los quince na- 
vios que se hauían adelantado con nuestra Almiran- 
ta, y llegando á tiro de mosquete, dieron los enemi- 
gos fiera carga contra nuestro Marqués: resistiéronla 
él y el de Gange con gran valor, no obstante la des- 
igualdad y estar baxo viento; advirtió el enemigo la 
resistencia, y que nuestra Vice almiranta se hallaba 
tan desíaborecida del viento dexando una buena es- 
quadra para entretener al Marqués, dio sobre la Vice 
almirante creyendo sacar buen barato de nuestra ar- 
mada, el Comendador Montigni, Vice almirante, á 
exemplo de su general, resistió con igual valor hasta 
que advertido por el Marqués, que con sus quince na- 
vios podía ganarles el viento, lo executó pasando por 
medio del enemigo, y embistiendo con gran furia se 
empezó con fiereza el combate, pareciendo un conti- 
nuado trueno el tirar, y un infierno el fuego; discurría 
el S."^^ Marqués por su navio de popa á proa, animan- 



46 

do y dando órdenes, 3^ al mismo tiempo mostrando su 
gran valor y heredada vizarría. 

Advirtió la enemiga esquadra el herror cometido en 
dexarse ganar el viento por embestir nuestra Vice al- 
mirante, y queriéndolo recuperar antes que nuestro 
Marqués travesase por su grueso de armada, no le fué 
fácil porque ya se vio en medio de la furiosa batalla: 
en esta confusión quisieron los tres brulotes enemigos 
pegar fuego á nuesta Almiranta: abordáronse á ella, 
pero con felicidad y valor los desviaron, y en pago de 
su atrevimiento llebaron el quedar abrasados, á cuio 
horror despaboridos los enemigos temían ser despojos 
de nuestra armada, ocasionándoles no poca desorden, 
y tanta, que á durar más el día no sé cómo hubieran 
quedado, y más si nuestras Almirante y Vice almiran- 
te hubieran podido unirse, que jamás pudieron conse- 
guirlo en el discurso de la pelea; advirtióse que la 
Vice almirante enemiga (aunque ya era noche) se 
abordó á uno de sus galeones mui mallraiada y casi 
arruinadas las jarcias: apretaban al galeón nuestra 
Vice almiranta y otras naves, y al mJsmo abordó un 
brulote nuestro para pegarle fuego; y viéndose ó per- 
dido ó quemado, pidió quartel, y rendido para guar- 
nición de nuestra Vice almirante: este galeón era lla- 
mado Santo Thomds de AquÍ7io, de ochocientas to- 
neladas, de los mejores de carrera de Indias: sólo ha- 
cía tres años que pisaba el mar, llebaba treinta y seis 
cañones de bronce, sin otros tantos de yerro, y su 
Capitán era un Gavallero del háuito de Santiago. 

Muchos de nuestros navios quedaban vaxo viento 
en quienes intentaba el enemigo hacer su fuego, pero 
el S.o^' Marqués que estaba sobre viento se lo impedía; 
<;erró la noche, y el enemigo, entrándose al mar, se 
alexó tres millas á sentir su desgracia. 



47 

El S.^''" Bailli de SorLon, General de las 17 galeras, 
no pudo cargar al tiempo que la armada por falta de 
provisiones y aver de espalmar algunas; dióse toda 
dilixencia, y el día siguiente pudo, remolcando los na- 
vios, ponerlos unidos y en orden. Mandó el Marqués 
al S.""* de Ternes que con tres galeras conduxera el 
galeón á Barcelona, advirtiéndoles que los prisioneros 
intentaban sublevarse y -que cuidara de ellos. Llega- 
dos al puerto, se entraron luego en Barcelona con ale- 
gría de toda ella, pues á sus ojos pasó todo lo referido. 

Unida nuestra armada y puesta en buen orden, se- 
guía á la enemiga, aunque le llevaba la ventaja de- 
recha y la de mejor viento, reusando bolber á las ma- 
nos. Por los prisioneros se supo que el Duque de Ciu- 
dad Real estaba atemorizado del combate pasado, y 
tanto, que quería retirarse á puerto; pero que el Co- 
mandante de los Dunquerque le dixo que ó pelear ó que 
si no él se volvía. Y assi mismo que la Almirante ene- 
miga, por no dar la gloria á los de Dunquerque (aun- 
que siempre embestían), deseaba ser la que chocase 
con nuestra Almirante: con estas inteligencias se na- 
vegaba sobre aviso, y á las tres de la tarde bolbió á 
embestir el enemigo, embistiendo la esquadra de Dun- 
querque con otros navios, y la Almirante á la nues- 
tra, y los demás cada uno según su puesto al contra- 
rio, en ilera puestos unos y otros se peleaba, guar- 
dando todos su orden sin descaecer de ánimo, dándo- 
se el combate de poder á poder, y pensando cada qual 
salir victorioso porque andubo Marte neutral. 

El S.°^ de Gange resistió valeroso las cargas y pri- 
meros ataques, tanto, que quando quiso juntarse con 
su Almirante, según la orden que tenía, ya no pudo 
hacerlo por tener el velamen y jarcias hechadas á pi- 
que, en medio de esta confusión, el mayor de los ga- 



48 
leones enemigos, llamado la Madalena, de 6Q cañones 
y 800 hombres de pelea á bordo con la Vice Almiran- 
te del S.^''^ de Cange: aquí hubo braba refriega hasta 
poner al galeón en esiado de pedir quartel, y se hu- 
biera apresado á no acudir dos galeones á socorrer su 
compañero; viendo los nuestros que era preciso con 
el nuevo socorro rendirse el S.^'' de Cange, resolbie- 
ron pegar fuego con dos brulotes al galeón y Vice Al- 
mirante nuestra, para que no fuera despojo de los 
enemigos. ¿Qué sería ver abrasarse quatro vaxeles á 
un mismo tiempo los dos brulotes y Vice Almirante 
nuestra con el galeón? Discúrralo cada uno según su 
imaginación, que yo no me atrebo á pintar tan ho- 
rroroso expectáculo. 

Viendo que allí perecía gente de ambas partes, de 
la una y la otra embiaron barcos para salbar las vi- 
das sin distinción alguna, y assí recojíanse assí espa- 
ñoles como franceses á donde primero podían, pero 
con diferencia, porque los nuestros daban buen trata- 
miento á el enemigo, y él á quantos cogía nuestros 
cor (aba las manos y bolbía á arroxar al agua, inuma- 
nidad que no executara el más cruel pirata. 

Mientras esto pasaba, las dos Almirantes con sus 
esquadras se cañoneaban furiosamente, pero sin lle- 
gar á bordarse nunca, que en esto andubo el enemigo 
poco valeroso, pues teniendo el mar y viento más en 
su abono no se atrebía, lo que no hubiera reusado el 
Marqués á trocarse los puestos, porque los nuestros, 
todos con igual valor y deseo de vencer, combatían sin 
diferencia alguna. Monsieur de Bailli tenía orden de 
ganar el viento con su esquadra y las galeras y com- 
batir al enemigo por la retaguardia: executólo feliz- 
mente á no hallar famosa resistencia en los galeones; 
pero uno de ellos quedó bien maltratado, cerró la no- 



49 
che y cesó el combate, que 3^a era ardid del enemigo 
no permitir las peleas sino á la tarde para que la no- 
che diese treguas á ellas. 

Sintióse mucho la pérdida delS.^'' de Gange, porque 
era famoso navio y que hauía seruido de Almirante 
quando el Arzobispo de Bordeus vino; pero esto se re- 
sarcía con el galeón de Santo Tkomds, que sólo había 
tres años estaba fabricado, aquél trenta, éste de más 
cañones, aquél sólo de 52, y lo doloroso era sólo la 
vida del de Gange, que no se recuperaba con baxel 
alguno, ni á su valor y experiencia se hallaba igual. 

Recogió el Marqués sus velas y púsose en segui- 
miento del enemigo, siempre á tres millas de distan- 
cia; amaneció el día siguiente y calmó el viento para 
el enemigo, quedando algún poco en nuestro fabor, y 
con él quiso el Marqués que nuestras galeras con los 
navios de fuego atacasen al enemigo: no pudo lograr- 
se porque cesó totalmente el viento. Dentro dos horas 
bolbió á moberse tan recio y faborable al enemigo 
como lo hubiera logrado en toda su navegación y aun 
más, y á nosotros no, que el favorecernos menos era 
causa de llebar siempre una legua de ventaja; á la 
tarde, viendo nuestra Almiranta que se le atrasaban 
las demás velas, hubo de recoxer todas las suias para 
aguardar los otros navios: ni esto bastó para que el 
enemigo la embistiera, ni aun haciéndose al mar; es- 
tando en esto cerró la noche, y siguiente día ya no se 
descubrió la armada enemiga por parte alguna y se 
juzgó habría retirado á alguna isla á reparar sus 
daños. 

Juntó Gonsejo el Marqués, y resolbieron venirse á 
Barcelona, assí para refrescar y rehacerse como para 
la provisión de víveres; entraron en la playa y dieron 
fondo el día 4 de Julio; púsose luego mano á todo, 

Tomo xxiv 4 



oO 

cargando bastimentos, municiones y todo lo necesa- 
rio y curar los heridos para bolber presto en busca del 
enemigo. Súpose por la gente que había escapado del 
nauío del S.°^ de Gange que el enemigo había perdido 
unos cinquenta hombres del galeón, y que el Capitán 
estaba herido de un mosquetazo en un brazo, y no 
podían asegurar si se havía anegado ó muerto. 

Sábado á 5, estando aprestándose nuestra armada, 
señaló Monjuique la enemiga que navegaba hacia Le- 
vante; en la postura que se hallaba el Marqués dispa- 
ró á leva, y fué en busca del enemigo con ánimo de 
darle la batalla: seis días navegó en su seguimiento, 
procurándole ocasiones para llegar á las manos, pero 
siempre huyó el cuerpo á la pelea, y lo más que se 
consiguió faé que torciese su navegación á medio día 
y obligarle á cerrarse en el puerto de Mahó, que á no 
ser tan fuerte de naturaleza por su estrecha boca y 
guardarla un castillo en el mismo puerto, hubiera pe- 
recido á manos de la nuestra, que se restituyó á Bar- 
celona el día 1 1 de Julio muy victoriosa, pues queda- 
ba dueña del mar y el enemigo se retiraba huyendo 
la ocasión de llegar á batalla: súpose que á el enemigo 
se le hauían disminuido 16 velas, ora sea retirándose 
á repararse en los puertos ú hechadas á fondo, porque 
la vimos con 50 velas al venir, y al entrar en Mahó 
sólo eran treinta y quatro. 

CAPÍTULO 126. 

OCUPAN LOS ESPAÑOLES LOS COLLADOS DE LILLA Y CABRA 
y SAQUEAN PARTE DEL PAÍS. 

Impacientes los castellanos que estaban en Tarra- 
gona por los aprietos en que se hallaba Perpiñán sin 
esperanzas de poderlo socorrer , intentaron hacer un 



51 

estrago en nuestro país y tomar los collados de Lilla 
y Cabra, que sólo se guarnecían de pay sanos que mal 
asistidos iban desamparando los puestos, y para lo- 
grarlo amenazaron por una parte, y dieron en otro 
ardid ordinario en la guerra. Hauía en Tarragona 
hasta ocho mil infantes y ochocientos cavallos; sabían 
que el S.^^' de la Mota atendía á la custodia del Pana- 
dos, recelándose siempre de alguna embestida por essa 
parte, y assí, haciendo por ella surtida con número 
bien crecido, intentaron embestir á Villafranca, no 
obstante lo bien guarnecido que se hallaba; llegaron 
algunos hasta los restillos y quemaron algunas mieses 
que estaban en las eras, pero no pudiendo más por 
estar el de la Mota á la vista, se retiraron y dieron 
sobre los collados de Lilla y Cabra, que á poca costa 
ganaron, y puesta guarnición en ellos se entraron por 
las Cencas de Barbera quemando, saqueando y talan- 
do todos los pueblos, hasta mui cerca del llano de Ur- 
gel, y dexándose la guarnición en los collados se bol- 
bieron ricos de despojos, pero poco vengados, pues 
valía más la joya que se perdía en Perpiñán. 

CAPÍTULO 127. 

PACTOS Y RENDIMIENTO DE LA PLAZA DE PEEPIÑÁN, CON NOTICIA 
DE LO SUCEDIDO. 

Mucho dolor pide este capítulo (perdóname, autor), 
y tú lo refieres con mucho alborozo; pero creo se tro- 
<íará la suerte y que algún día llorará sin esperanza 
de consuelo lo que aora ríe esta confusa ó infausta 
provincia, que hasta las Monarquías padecen los re- 
veses de una adversa fortuna. Dexo ponderaciones de 
sentimiento, porque jamás hubo pena que pudiesen 
explicarla retóricas frases, gime, suspire, llore y pa- 



52 

dezca el corazón del buen catalán, español ó francés, 
no sólo aora que el tiempo representa esta comedia, 
sino para el venidero en que se trocará la farsa; que 
yo paso á contar sin ponderación ni adorno alguno el 
motibo de la pena. 

Hallábase el castillo de Perpiñán en el último extre- 
mo de necesidad, pues ya la hambre tenía poslrados 
los más valerosos ánimos, enflaquecida la mayor ro- 
bustez, y rendida la fuerza más valiente; esperanza 
de socorro no la hauía, si no que fuera del Cielo, como 
el que en desecha borrasca, sumergida la nave, queda 
al beneficio de las olas, que cada una es un poderoso 
enemigo y aguarda en cada una el sepulcro de su 
cuerpo, y el quedar sus alientos á ser moradores del 
golfo: assí se hallaban los que defendían la fortaleza; 
y viendo ya frustradas todas las diligencias del soco- 
rro, resolvieron rendirse, y dia 29 de Agosto, en que 
la Iglesia celebra el martirio de San Juan en su ini- 
qua degollación (¡a! casos hay y cosas suceden en días 
que parecen misteriosísimos: ¡hay España! que en este 
día degüellan, si no á toda tú, por lo menos el más 
precioso miembro de tu cuerpo), llamaron á capitular 
el modo de rendirse, y convinieron las partes en la 
forma siguiente: 

1.° Que si para el día 9 de Septiembre 1642 el Rey 
Gathólico no hauía socorrido la plaza con dos mil infan- 
tes, mil cauallos y ducientas cargas de mantenimien- 
to, esse mismo día, á las ocho horas de la mañana, el 
S.*'^ Marqués de Flores y su Consejo de guerra ofrecían 
entregar al que gobernaba el exército del Rey Chris- 
tianísimo ó á quien sus veces tubiera; y á sus armas, 
la villa y castillo de Perpiñán con toda la artillería y 
demás pertrechos de guerra que se hallaban en él y 
ella, y que desde luego hubiese suspensión de armas. 



53 

2.° Es pactado y concordado que toda la guarni- 
ción, assi de infantería como de cavalleria, con todos 
los naturales que quisieren seguirla, criados, tanto de 
soldados como de cualquiera personage, mugeres, ni- 
ños y demás gente de diversos estados, no puedan ser 
detenidos; que la milicia saldrá con vanderas desple- 
gadas, caxas y trompetas sonando, dos cabos de cuer- 
da encendidos, bala en boca, seis piezas de cañón, y 
munición para veinte tiros por pieza, y toda la demás 
que hubiere menester la milicia para sus armas res- 
pectibe. Que el General francés tenga y baga de po- 
ner en batalla su exérciio, y echar vando pena de la 
vida que ninguno se aíreba ni de palabra ni de obra 
á tratar mai á ninguno de los rendidos ni á los que 
con ellos fueren, ni á reconocer las cargas ni ropa que 
se llebaren, y que cada uno pueda libremenóe Uebar- 
se consigo quanto fuere suyo de cosas movibles. 

3.^ Que todos los naturales, assi de Perpiñán como 
del Rosellón, que querrían seguir las armas y partido 
del Rey Galhólico, pudiesen sin emba.^azo alguno y 
baxo las mismas condiciones que la milicia; y que 
aquéllos que para ajustar sus negocios, vender sus ha- 
ciendas ó cosas semejantes se les ofrecería hauer me- 
nester tiempo, se les concedía ocho meses, dentro de 
los quales hauían de despacharse, y con pasaporte y 
saibó conducto se podrían pasar. 

4.° Que á los rendidos se les diesen 200 carros y 
cien vagajes de silla para conducir sus bienes, y sol- 
dados hasta GopUiure y Rosas, y quatro sugetos en 
rehenes, que los acompañasen los dos por mar desde 
GopUiure, y los dos hasta Rosas por tierra, y que no 
pudiesen detenerse en estos puestos más tiempo que 
el preciso para la embarcación, y encaminarse dere- 
chos á Tarragona. 



54 

5.^ Que se les diese á costa del Ghristianísimo des- 
de Goplliure á Tarragona para los enfermos y demás 
gente que necesitara de ella, ofreciendo libre pasapor- 
te el Marqués de Flores para la buelta á las embarcacio- 
nes, como al carruaje y vagaxe que se le entregaría. 

6.° Que pudiese el Marqués llebarse consigo todos 
los papeles pertenecientes al Rey Gathólico, menos los 
concernientes al Condado del Rosellón. 

7° Que Antonio de Riu y Raphael Pasaral y 
Fran.*'*^ Jaén, que administraban los cargos ó hacienda 
real, estubiesen obligados á dar quentas, y que dexa- 
rían rehenes para la seguridad de los que no irían de 
buena gana al viage; y que assí mismo para la segu- 
ridad de las cosas presentes se entregarían recíproca- 
mente quatro personas en rehenes, y que se pudiesen 
detener hasta haverse cumplido todo enteramente por 
cada parte, y que las marchas fuesen saliendo de Per- 
piñán el día 9 á loxarse en Elna, el día 10 á Goplliu- 
re, el día 11 á Bañólas, el de 12 á la Seiba y el de 13 
á Rosas. 

8.° Que pudiese libremente el S.*^'" Marqués despa- 
char á la posta correo á los Generales del Rey Gathó- 
lico, advirtiéndoles el estado en que se hallaba y de la 
presente capitulación, y que al bolber el correo no 
hubiese ni debiese hablar á ningún naíural, sino á 
oficial de la guarnición delante algún oíro del exérci-' 
to del Ghristianísimo, y que dado caso no holbiese se 
entregaría assí mismo la plaza el día señalado. Y que 
cumplido todo se entregarían las rehenes, el Español 
las francesas en Gastellón de Ampurias, y el Francés- 
las españolas en Rosas. Dado en el campo de Perpi- 
ñán, día 29 de Agosto 1642. 

Firmaron por Francia: El Mariscal Descomberch, 
El Mariscal de Mesleraya. 



55 

Firmaron por España: El Marqués de Flores Dávi- 
la, D. Diego Gauallero, D. Diego Faxardo, D. Juan de 
Arce. 

Llegó el día nueve de Sep/" 1642, y el más fatal 
que España tendrá en esta centuria ni en muchas, sin 
que huuiese sido socorrido Perpiñán, y rindióse .en 
manos de los dichos dos Mariscales. 

Dispúsose el exórcito francés en forma de batalla á 
dos alas, que constaba entonces de diez mil infantes y 
tres mil cauallos énlre franceses y catalanes; hauía 
800 cauallos que montaba la nobleza con ricas galas 
y jaeces; asistió también Ramón Vas, Governador de 
los Condados de Rosellón y Gerdaña, constante y va- 
leroso varón. Puesto assí el exército á las nuebe de la 
mañana, empezó á salir la guarnición, precediendo 
ciento y sesenta carros cargados, que según todos 
aseguraban llebaban mucha riqueza; las seis piezas de 
artillería medianas, y sólo quinientos hombres salie- 
ron que pudieran sustentarse sobre sus pies, j aun era 
milagro, según lo pálido y flaco y descaído se mira- 
ban. Salieron también más de ducientas mugeres cas- 
tellanas (vergüenza es decirlo, pero más lo fuera no 
decir la verdad): considere el pío lector con qué sen- 
timiento y tristeza saldrían, dexando para siempre la 
piedra más preciosa que tenía la Corona de España. 
Acompañaban hasta los Arcos de El va al Marqués los 
Duques de Lui (de real estirpe), padre é hijo; el gran 
Maestre de las Armas, el Mariscal de Mesleraya y otra 
mucha nobleza, y allí se dispidieron. 

Entretanto entró el Governador de los Condados á 
tomar la posesión de la villa y castillo de Perpiñán en 
nombre del Rey Christianísimo, poner la guarnición, 
reconocer el presidio y demás cosas que en tales casos 
se acostumbra hacer. Halláronse 160 cañones de bron- 



56 

ce, bellas piezas; armas para armar cien mil hombres, 
municioDes para pelear sin escasez diez años conti- 
nuos; pero nada es de admirar siendo la plaza lo que 
es, y haver recoxido todo el reslo de las campañas de 
Salsas y la Ocata, y á no ser la falta de mantenimien- 
to era imposible ganarla. 

Ocupada la plaza y distribuida la guarnición por 
sus puestos, se acudió á dar las gracias al Dios de los 
exércitos en la Igl.'' de S." Juan. Dixose el Tedeum 
laudamus, y el Arzobispo de Narbona celebró el ofi- 
cio, y el Obispo de Vimas predicó, y después en pro- 
cesión llebaron el Sanctissimo por las calles, y el Ma- 
gistrado con sus gramallas llebaba el palio: concluida 
se retiró todo hombre á su casa y los Generales á des- 
pachar correos á todos los Príncipes sus aliados para 
que aiudasen á celebrar tan memorable victoria. 

CAPÍTULO 128. 

FIESTAS Y PÚBLICOS APLAUSOS CON QUE BARCELONA CELEBRA 
EL RENDIMIENTO DE PERPIÑAN. 

El juebes día 11 de Septiembre 1642 llegó á Bar- 
celona la nueba del rendimiento: no me detengo en 
escribir los júbilos y alborozos con que toda esta ciu- 
dad celebró esíe sucesso, porque fuera qualquier exa- 
geración corto bosquexo, y dexando al juicio del lec- 
tor lo más, diré las demostraciones públicas. Assí como 
llegó la nueba se mandó disparar la artillería, tocar 
las campanas en todas las iglesias, y que en cada una 
de ellas se cantase el Te Deum, que todo se executó; 
ordenáronse unas luminarias para el día 13 á la no- 
che, pero prolongólas el arribo de la armada caste- 
llana hasta el día 20, que hauiéndose hecho á la vela 
dexó libres los ánimos para entregarse á los regocijos; 



o7 

continuáronse los tres días con la grandeza que sabe 
gastar Barcelona en semejantes fiestas, subiendo de 
punto cada noche, assí en el número de las luces, di- 
versas invenciones de fuego, como en lo rico y visto- 
so de las galas de los de la encamisada, pues cada no- 
che hubo la suya en que la nobleza mostró su gene- 
roso pecho en varias quadrillas, presidiendo en la 
principal Monsieur de Argenten, D. Joseph Marga- 
rit y un embiado del Nuncio de Francia á la averi- 
guación de algunos siniestros informes que hauían 
dado en París los mal intencionados en materias de la 
religión, y se hallaron ser falsos, porque se conserba- 
ba con la limpieza que siempre. 

Mientras en lo profano se hacían demostraciones de 
gozo, se rendían cultos, veneraciones y gracias á Dios 
en el templo del Asseo; los tres días en esta iglesia 
hubo solemnes oficios: en el primero predicó el Padre 
Salas de San 'Agustín, electo Abad de San Gucuphate; 
en el segundo el Padre Prelado Prediches, mercenario, 
y en el tercero el Padre Puitg, de la Compañía de Je- 
sús, y acabóse essa tarde con una procesión general 
como la del Corpus, asisLida de los Consistorios, Con- 
sejos y nobleza. El juebes siguiente, en la iglesia de 
Santiago, se hizo la misma fiesta y fué orador panegí- 
rico el Padre Fray Joseph Pons, carmelita descalzo; en 
las demás iglesias respectibamente se hicieron fiestas. 

Señaláronse en los festejos públicos por buenos va- 
sallos del Rey Christianísimo el Deán Paulo del Roso, 
que hizo una fuente de vino que todo el día manó con 
gran abundancia y consuelo de muchos y arrojando 
en varias ocasiones cantidad de moneda al pueblo, y 
D. Grau Reguer, que en abundancia de luces, varie- 
dad de imbenciones de fuego y cuetes se aventajó á 
todos; en el llano de San Francisco hubo una grande 



58 

imbención de fuego la primer noche; la segunda en la 
plaza de Santa Ana delante casa Reguer, y la tercera 
en la plaza nueba, dispuesta á forma de un cadahalso, 
y en medio de él un león por despojo de las garras y 
pusilanimidad de un gallo, que al paso que la inven- 
ción iba quemando era maior el aprieto del león has- 
ta quedar derecho. Si acaso algunas casas mal halla- 
das de este sucesso se negaban al regocijo, la plebe en 
tumulto las obligaba á hacerlo contra su voluntad, 
molexándoles de leoncicos domados. 

CAPÍTULO 129. 

PARTE lÁ armada DE FRANCIA DE LA PLAYA DE BARCELONA 
Y LLEGA LA DE ESPAÑA Y DA FONDO. 

El mismo día que llegó la nueba del rendimiento de 
Perpiñán, el S.°^ de Erase se partió con nuestra arma- 
da marítima á imbernar como acostumbra en los 
puertos más seguros de Francia; y aún no la hauía- 
mos perdido de vista, quando Monjuique señaló la de 
España por Poniente con gran pujanza. Bien podía la 
nuestra bolber á combatirla, pues se llegaron á ver 
una de otra, y de Barcelona ambas á un tiempo; pero 
ó sea que el gozo de tener ya la joya deseada le obli- 
gase á dexarla de lástima, ó que temiendo una deses- 
peración española quisiese guardar sus navios, prosi- 
guió su viaxe disimulando el hauerla visto. La caste- 
llana se puso en ala frente de Barcelona fuera del ca- 
ñón, y dando fondo tan de propósito como si viniera 
á sitiarnos, dexando dos galeras, una á cada lado, en 
continuo mouimiento para que no pudiese entrar ni 
un barco: estúbose en esta forma desde la noche de 
once hasta la tarde del día 13, que se hizo á la vela 
acia Levante; pescó en estas horas algunas barcas de 



59 

provisiones qme venían de la costa, y á nosotros el 
susto de estar en continuo recelo y con las armas en 
la mano fortificando de nuebo toda la marina y te- 
miendo de alguna embestida, pero partióse sin decir 
ni hacer nada á llorar su desventura. 

CAPÍTULO 130. 

RENDIMIENTO Y CAPITULACIÓN DEL CASTILLO DE SALSAS. 

Viendo el Governador del castillo de Salsas el des- 
graciado fin de Perpiñán, y que sin darle parte se ha- 
bía rendido su Governador y que con más razón po- 
día él á aquellas horas desesperar de consuelo y soco- 
rro, sin esperar hostilidad alguna (aunque por forma 
se arrimó allí parte del exército francés), capituló 
D. Benito Enríquez de Quiroga, Maestre de campo 
general y Governador de la plaza, en esta forma: 

I."" Que el día 29 de Septiembre 1642, á las ocho 
de la mañana, saldrá de la plaza con sus milicias y 
toda la gente que en ella se hallare á vida salba con 
sus armas, municiones, dos cabos encendidos, bande- 
ras tendidas, caxas tocando, y que con escolta serán 
conducidos por la Francia á Navarra, sin que de obra 
ni palabra puedan ser injuriados en los dominios de 
Su Mag.*^ Ghristianíssima, y que se entregará la pla- 
za á los señores Mariscales ó á quien su orden tubie- 
re, con todas las municiones, armas y bastimentos 
que el día de la capitulación se hallaren en ella. 

2.° Que se les haya de dar doce carros para llebar 
su ropa y trastes, y doce bagajes para los Oficiales que 
no podrán ir á pie, y que á costa de Su Mag.'i Ghris- 
tianíssima hayan de ser alimentados y conducidos 
hasta Pamplona, sin que las marchas sean más de á 
tres leguas cada día. 



60 

3.° Que para seguridad y cumplimieiito de lo ca- 
pitulado se entregarán dos Capitanes de cada parte en 
rehenes, y que no se hará hostilidad ninguna contra 
la plaza, ni en ella se podrá entrar bastimento ni 
arma ninguna sin consentimiento de los señores Ge- 
nerales de Francia. 

4."^ Que, últimamente, se le dé pasaporte á un co- 
rreo que despachará el Governador á Tarragona con 
noticia y un tanto de su resolución y capitulación á 
los Generales de España, y que los naturales que que- 
rrán seguir el partido del Rey Gathólico, puedan; los 
que no, que retirados á sus casas presten el juramen- 
to de fidelidad á Su Magostad Ghristianissima. Fecho 
en Perpiñán á 15 de Sep/^ 1642. 

Escomherch, La Milleraye. 

D. Benito Enriq.^ de Quiroga, Joseph Lorenzo Ló- 
pez y Marcello de Marras. 

Llegó el día 29, y cumpliendo cada parte lo que le 
tocaba, se rindió la plaza á los señores Mariscales 
arriba firmados, y la ocuparon las armas de nuestro 
feliz Monarca Luis decimotercio. — Nota: Lector mío, 
si has visto los capítulos atrás de esta Historia, que 
en los años 1639 y 1640 costó tanta sangre, tanta no- 
bleza y vidas esta plaza, y que aora sin costar una on- 
za de pólbora se ha rendido y entregado á baibenes de 
fortuna, ¡ah cosas de esta vida, y quán inconstantes os 
miramos! Dexemos á Dios estas causas que las go- 
uierna su inapeable juicio; tan en silencio pasó Cata- 
luña este sucesso para en materia de fiestas, como si 
tal no hubiera en el mundo, quando al recuperarla 
otra vez de los franceses fueron indecibles los rego- 
cijos. 



61 



CAPITULO 131. 

EELACIÓN EXTENSA DE LO QUE SUCEDIÓ EN EL SITIO DE PERPIÑÁN, Y 
UNA ADICCIÜN DE PARTICULAPJDADES OMITIDAS EN LOS CAPÍTULOS 
PASADOS. 



Ya parece (oh lector mío) que oigo cómo me dices: 
— Es posible que nada pasó en el sitio de Perpiñán dig- 
no de mención en esta Historia; — á que te respondo que 
sí, y que el no hauerlo referido antes es por hauerme 
parecido preciso noticiarte primero de esos dos capí- 
tulos que acabo de escribir, y también porque, á de- 
cirte verdad, como en materia de armas nada sucedió 
que pueda escriuirse, quería callar las crueldades y 
exacrables acciones que executaron los Cabos caste- 
llanos con los naturales mientras duró el sitio, pues 
más son para llorarlas en el silencio que para escri— 
uirlas ni acordarlas en papel: pero pues hubo dureza 
para executarlas, tinta ha de hauer para decirlas. 
Procuraron los perpiñaneses con su acostumbrado 
cathólico celo que no se faltase al culto divino y ve- 
neración de los sagrados templos, y ya que no pudie- 
se ser con aquella pompa y grandeza que en la quie- 
tud y la paz se hacía, por lo menos que fuese según 
permitirían los tiempos, y para no faltar á esto se ex- 
pusieron á perder haciendas y vidas á manos de mu- 
chas crueldades, y para que no quedase también des- 
poblada aquella villa, pues no parece tiraron á otro 
los Cabos castellanos. 

El primer rigor que experimentaron íué que dan- 
do los cabos libertad de conciencia á las milicias se 
apoderasen de todos los bastimentos y biveres que los 
naturales hauían recogido para su sustento, sin per- 
donar combentos, iglesias ni clausuras, de forma que 



62 

no eran dueños de poder tener ni un pedazo de pan ni 
grano de trigo que no lo arrebatase el soldado, aun- 
que fuese del altar. Á vista de esta necesidad fué ins- 
tado el Marqués de Flores Dáuila, por los tres comben- 
tos de religiosas, que S. E. les diese lo preciso para 
conserbar la vida ó permiso para salir de la clausura 
y villa; respondióles que si no tenían pan que comie- 
sen piedras, pues importaba poco que vibieran ó mu- 
rieran; repetíanse los clamores, y en segunda instan- 
cia sólo sacaron á onza de pan por cada una en cada 
semana. Últimamente, viendo esta inhumanidad las 
de Santa Clara, se resolbieron un día á salir del com- 
bento y en procesión juntas irse á casa del Marqués á 
pedir misericordia: executáronlo, y llegadas á la 
puerta, de rodillas y á voces y suspiros gritaban mi- 
sericordia, ó lo que en tal lance el dolor y la necesi- 
dad les permitiría; alcanzaron con esto algún socorro 
de trigo, aunque no debió de ser mui sobrado: suce- 
dió este lance en ocasión que hauía en la villa un 
trompeta del enemigo, y zuzurróse que las monjas 
hauían obrado esto con inducción del Magistrado, y 
sintiéronlo los Cabos quanto es imaginable, pues era 
decir al enemigo el mismo estado en que se hallaban. 
Fuese D. Diego Cauallero á la Casa de la Villa y dixo 
mil pesares á los Jurados, amenazándoles que estaba 
para tocar á degüello en todos los naturales: era tan 
soberbio D. Diego, que dixo un día á unos Capitanes 
que allí ni Dios, el Rey ni el Marqués de Flores go- 
uernaban, sino él; pero permisión divina, que en me- ■ 
dio de tanta sinrazón y calamidad no muriese ni de 
desgracia ni enfermedad persona alguna de quenta en 
todo el sitio. ¡Parece milagro! 

Llegó la hambre y la necesidad á tal extremo, que 
no hallándose ahmentos casi á precio alguno, se ali- 



63 
mentaban algunos de los excrementos de los cavallos, 
Y otros de entre ellos escogían los granos de la ceba- 
da para bacer pan; otros comían las cascas de los ca- 
racoles; los soldados enfermos las pajas de los jergo- 
nes: de éstos murieron más de mil y ochocientos de 
pura hambre; otros se alimentaban de los excremen- 
tos de persona después de secos, y hubo soldado que 
de esto sólo vibió más de ocho días. Era quebranto de 
corazones ver los tiernos infantes rendir las vidas á 
los pechos de las madres por falta de alimento; es muy 
de este lugar este caso: pasaba un religioso dominico 
por una^ calle; acércesele una muger pidiéndole por 
caridad un poco de pan; hecho mano el reHg-ioso á 
darle alguna moneda; replicó ella con gran angustia: 
— No se socorre, padre, mi necesidad con dinero, pues 
sólo busco un pedacito de pan con que redimir mi 
vida. — Díxola el religioso Je siguiese, que partiría con 
ella su pitanza; á pocos pasos oió el religioso un ge- 
mido y caída; bolbió los ojos y halló tan difunta aque- 
lla pobre hambrienta, que ni capaz de absolución la 
miró ya. Los Presidentes de Santo Domingo, S.'^ Fran- 
cisco y Capuchinos, socorrieron mucho aquel aprieto 
mientras tubieron con qué: hasta la hortaliza y yer- 
bas de la huerta agotaron, haciendo ollas para ali- 
mentar á quantos pudieron. Intentaron los Cabos, in- 
ducidos solos de D. Diego Cauallero, apoderarse de la 
plata de las iglesias y de quanto en ellas hauían reti- 
rado los particulares; resistieron los eclesiásticos 
quanto pudieron, defendiendo ya con papeles como 
con representaciones fervorosas la inmunidad ecle- 
siástica, y lo consiguieron mediante Dios. 

Á tanto obligó la codicia ó la necesidad de los sol- 
dados, que desenterrando los cadáveres recientemente 
enterrados, y hechos quartos, los vendían en la plaza 



64 
en vez de carne de cauallo, que no creo haya ni lle- 
gue á verse en historias mayor inhumanidad; y esto 
es tan verdadero, que por confesión de los mismos 
reos quedó probado en proceso á tres que los ajusti- 
ciaron por ello, y refirióme el religioso mínimo que 
los acompañó al suplicio hauerlo oído él mismo de 
ellos. Una muger castellana vibía amancebada, y la 
encontraron en una esquina dando muerte con una 
des I ral á una niña de unos nuebe años, y llevándola 
al suplicio, confesó haver muerto un niño y comído- 
selo ella y su mancebo. 

En medio de estas calamidades no cesaba la codicia 
de los "castellanos de discurrir y maquinar nuebas ex- 
torsiones contra los afligidos perpiñaneses, y en com- 
beniencia suya D. Diego Cauallero (que parece le ha- 
uía Dios tomado por instrumento y azote de su jus Li- 
cia) aconsejó al de Flores que multara ó compusiera 
los particulares; executóse luego, pecuniando á unos 
en 200, á oti"os en 500 y en. 800 reales de á ocho, se- 
gún se les antojaba estar acomodado cada uno, sin 
que de este pecho riguroso se eximiere el noble, el 
eclesiástico, el plebeyo ni la desconsolada viuda, y no 
contribuyendo luego, los prendían, y en los calabozos 
del castillo los hacían pasar lastimosa vida, sin que el 
asilo de las iglesias valiera para librarse de su saña, 
y murieron algunos al rigor de esta tiranía, y otros 
tolerábanla con la esperanza de que no podría durar. 

Dióse soplo que en el combento de San Francisco 
hauía cantidad de suela y baquetas y otro género de 
pieles que, bien remojadas y aderezadas, era sabroso 
manjar en aquella sazón. Acudió Gavallero con tropa 
de milicia á reconocer el combento; quiso resistirse el 
Presidente; pero alzando la mengala amenazóle que le 
daría de palos (acción mui ordinaria en este sugeto 



6o 

sin distinción de personas); franqueó entonces la puer- 
ta el religioso, y permitió Dios que no hallaran cosa 
alguna: de este sucesso y otros semejantes acordaron 
los superiores de lo eclesiástico que, acabados los divi- 
nos oficios, se cerrasen las iglesias, combentos y casas; 
pero con toda esta vigilancia sucedió que un soldado, 
intentando robar la prodigiosa reliquia y brazo de 
San Juan Bautista que tienen los dominicos, se cerró ó 
escondió en la iglesia, y al querer executar su robo, 
rotas ya las dos puertas, al romper la tercera se halló 
cortado é inmóbil; mudó de resolución viendo lo que 
por sí pasaba, y rabioso en vez de contrito se fué al 
altar de Santo Domingo en Soriano, y robó las preseas 
y dones que por diversos milagros hauían dado al- 
gunos. Este soldado estaba antes preso en un cuerpo 
de guardia por semejantes hechos, y ó fuese maña 
suya ó permiso del Cabo salió á esta acción; divulgóse 
luego, y dando quexas el sacristán al Sargento mayor 
del tercio, hombre virtuoso, hizo su reseña, y topando 
al tal soldado con parte del robo lo mandó justiciar por 
más medios que se interpusieron. 

Llegó el día 29 de Agosto 1642, que era el señalado 
para entregar la fortaleza, y combocando el clero y 
todo el pueblo en la iglesia del glorioso San Juan Bau- 
tista para celebrar su degollación, como era costum- 
bre, con gran piedad y pompa, al querer entonar el 
clero el himno Deus tuormn militum, equibocando 
las palabras y sin advertirlo entonaron el Te Deu7n 
laudamiis; pasmóse el pueblo de la equibocación y aun 
el mismo clero turbóse, mirándose unos á otros y pre- 
guntándose qué era aquello, porque solos muí pocos ó 
alguno sabía la capitulación; con que atribuyéndolo á 
milagro se empezó á mormurar entre los circunstan- 
tes, sin que entonces ni después se haya oído que fuese 

Tomo xxiv 5 



66 
advertida la equibocación, sino milagrosa quizás pues 
que en día que un mártir como el Baptista salía de las 
cárceles de esta vida á gozar de Dios, quería también 
anunciar á tanto innocente afligido que salía del pe- 
noso cautiverio de la soberbia castellana. 

Aunque la hambre, calamidades y trabajos que se 
padecieron en el discurso del sitio fueron impondera- 
bles, por más que quieran expresarse, se sintieron más 
algunos maltratamientos y sinrazones que se hacían 
desde el día que se capituló, juró y firmó el rendi- 
miento hasta que se efectuó, y entre otros es de ad- 
vertir que acudiendo la piedad de los deudos y amigos 
á socorrer con el alimento á los presos que estaban en 
el castillo, robando los soldados del restillo los hecha- 
ban de él con oprobios, ignominias y á palos, que ase- 
guran que ni en Argel no se trata peor á los esclabos 
de las mazmorras: esto les hería el alma á muchos y 
á algunos les costó la vida. 

Esto es, en suma, lo que puedo referir del sitio no 
apartándome de la verdad, y excusando la prolixidad 
de cosas más menudas: discurra el entendido y curio- 
so qué júbilo debió tener aquel pueblo al verse libre 
de esta opresión y baxo el dominio benigníssimo de 
nuestro invicto 3^ esclarecido Monarca Luis décimo- 
tercio; y fué tal la blandura y amor de sus Ministros, 
que atraxo para sí á muchas familias del campo de 
Tarragona que, aborreciendo los castellanos, se fueron 
á poblar y morar en el Rosellón, viendo que allí vivi- 
rían seguros de sus tiranías, pues quedaban expelidos 
para siempre. 

Aunque paso adelante esta historia, en el capítulo 
siguiente no quiero dexar de poner antes algunas no- 
tas de cosas particulares que en lo que hasta aquí ten- 
go escrito reconozco hauer omitido impensadamente 



67 
y llebado de las ocupaciones de mi casa, que hauiendo 
pasado de hijo de familias á dueño de ellas por la 
muerte de mi padre, me desbió algo de esta empresa. 
Repartirélas en sus años para que el curioso sepa con 
fundamento quándo sucedieron. 

El año 1626. 

Quando la Magestad de PheMpe quarto vino á Bar- 
celona, que se hallaba Virrey entonces el Obispo de 
Barcelona, sucedióle á éste el Obispo de Urgel en el 
cargo: era fraile benito; murió de viruelas: eran Gon- 
selleres Julián de Rabel, en Gap; Francisco G-aba, 2.°; 
J. Ximénez, 3."; Antonio Roure, é.'^, y Severo Pedral 
bes. Notario, 5.° 

El año 1627. 

Fueron Gonselleres de Barcelona Beltrán Des- 
valls; 2.°, Raphsel Llauder; 3.°, Dimas Polit; 4.*", Juan 
Paulo Rifos; 5."", Bernardo Serrat; fué también Virrey 
por ínterin el Obispo de Gelsona. 

El año 1628. 

Fueron Gonselleres Gualber de Gorbera, que murió 
á pocos meses, y en su lugar para el resto del año sor- 
teó Joseph de Bellafilla; 2.% Rafael Cervera; 3.°, Ber- 
nardo Berengueri; 4.*", Nicolás Ferrer; 5.*", Villarru- 
bia, boticario. 

Este año se padeció gran sequera, de calidad que los 
sembrados apenas nacieron, y los que nacieron no pu- 
dieron segarse, sino arrancarse, y no todos: sobre esta 
necesidad faltó el agua para los molinos en tanto ex- 



68 

tremo que para la panadería de la ciudad era menes- 
ter ir á hacer harina á Igualada y á Tarragona, y 
viendo se continuaba se hicieron los molinos de vien- 
to al baluarte de Levante y acomodaron los de la Cruz 
cubierta, y la gente de fuera, viendo esto, en vez de 
traer trigo traían harina, y se les daba á tres y quatro 
reales más por cuartera, con que la falta de pan no 
fué mui notable. Fué Mostazaf ese año patia amargos. 
Por recelos de peste se pusieron guardas de morbo 
desde Julio hasta Marzo; hauía solas tres puertas 
abiertas, y en cada una quatro hombres de guardia 
para ese efecto que nombraba la ciudad, sin permitir 
entrase ninguno sin boleta, y para atemorizar se pu- 
sieron en cada puerta unas horcas. 

El año 1629. 

Sortearon Gonselleres de Barcelona: Bartholomó 
Sala, en Gap; Buenaventura Gualbes, segundo; D.^'^ 
Francisco Ribas, 3.°; Pablo Magarola, 4.°, y Juan 
Hix, quinto. Este año sucedieron las questiones ó di- 
ferencias entre la ciudad de Barcelona y villa de Per- 
piñán, de calidad que aquí se hicieron represalias de 
las haciendas de algunos que vibían allá, y en Perpi- 
ñán obraron lo mismo con las haciendas de los que 
aquí vibían, pasando á mayores hostilidades y á tener 
resolución tomada los perpiñaneses de venir con ar- 
mada contra Barcelona. Partieron" de aquí el Juez 
Guiamet y D. Bernardo Cabrera para sosegarlos; pero 
hubiéronse de retirar al castillo, porque no los reci- 
bieron de buena gana. En el principio de este año 
hubo mucha carestía de trigo, á ocasión de la seque- 
dad del antecedente, y de que hauiéndose partido á 
Castellón de Ampurias el Duque de Cardona, dio per- 



69 

miso para sacar trigo al Rosellón y Francia; acción 
mui mal pensada, y también porque los roselloneses, 
por las diferencias de Perpiñán, embargaron el trigo 
que allí tenían comprado los arrendadores del Pastrín , 
de Barcelona, que todo se juntó para mayor descon- 
suelo; pero próuidos los Magistrados en hacer seruir 
los molinos de viento que á la sazón se acababan, y 
permitiendo la entrada de la harina á los de la provin- 
cia, y asistiendo un Gonseller á los puestos doude se 
vendía, para que según la familia de cada casa se les 
vendiese (que era á diez y once sueldos la arroba), se 
socorría con orden y alibio de todos la necesidad de 
cada uno. 

A últimos de Marzo hubo guardas de morbo, que se 
recelaba de la peste que en León, Tolosa y Narbona 
de Francia se hauía encendido; priuóse el comercio de 
estas ciudades, y en las puertas de Mar, San Antonio, 
Ángel y Nueva entraba uno de guardia de 24 en 24 
horas; pero en el resto de la provincia apenas se guar- 
daban. 

En 21 de Junio murió el Gonseller 4.'', Paulo Maga- 
rola: ya lo sorteó en su lugar para el resto del año 
M. Francisco Vila, Mercader, Gaxero de la Tabla. 

Á 6 de Junio partió de Barcelona el Obispo de Gel- 
sona, que era Virrey, y se fué á Gervera por entrar 
ya en la provincia el Duque de Feria que le sucedía 
en los puestos, y el día 1 1 del mismo mes entró en 
Barcelona y juró, como queda referido en el capítu- 
lo 15; tubo su palacio en la calle Ancha, en donde los 
demás Virreyes casados solían tenerle, porque los 
Obispos le elexían en donde les gustaba, menos el de 
Barcelona, que no dejaba el suyo; los demás, unos al 
palacio del Rey, otros en otras partes, assí como que- 
rían: quando entró el de Feria, ocupaba la casa el 



70 
Conde de Eril, que hubo de desocuparla y irse delan- 
te de Junqueras. ' 

Este año, que era Corpus, á 14 de Junio, no se pudo 
hacer la procesión el mismo día, porque llovió de me- 
dia tarde abaxo, y aunque las parroquias, religiones 
y cofradías hauían acudido, y la gente puestos varios 
altares por las calles, no pudo executarse, y á cinco y 
media de la tarde, viendo no cesaba la Ilubia, resolbie- 
ron dexarla para el domingo; y el sábado siguiente 
por la mañana se amonestó y combidó con pregones 
públicos que el día siguiente se haría la procesión, y 
essa tarde misma se hicieron las solemnidades acos- 
tumbradas en la víspera de Corpus, y el domingo a la 
tarde la procesión con la misma solemnidad que se 
acostumbra en el mismo día y con asistencia del S.^" 
Virrey. La parroquia de Santa María dilató la suya 
hasta el lunes, y los religiosos dominicos, aunque la 
hicieron, fué sin salir del pórtico del cómbente. 

El día 29 de Octubre resolbió el Consejo de Ciento 
se desiciesen todas las barracas de la marina, por in- 
famias que hacían los taberneros, assí en las compras 
de los vinos que llegaban á la playa, como en las mez- 
clas y las ventas después á los naturales; y aunque al- 
gunas veces se hauía hecho lo mismo por los Gonse- 
lleres á solas, y luego se bolbían, puso el Consejo pena 
dé privación de salario al Consejero que propondría 
el debolberlas. 

Sábado, á 15 de Diciembre, á la noche se movió tan 
recio aire de Levante, que ocasionó muchas ruinas en 
las casas, derribando tabiques y ventanas y una casa 
entera de un zurrador, muriendo entre la ruina la 
muger y una criatura muy pequeña: todo este año se 
guardó en Barcelona de la peste y con tal rigor, que 
cerrando los caminos que cruzan de uno á otro en todo 



71 

el término de la ciudad, se redujo á que todos entra- 
ran por las puertas de Mar, Nueva j San Antonio, y 
reconociéndose cada noche las casas de afuera para 
que no se acogiera ningún forastero, y hasta llegar á 
cerrar algunas. Este año se empezó á guardar la fies- 
ta del glorioso Patriarca San Joseph: mandóla el S.®'* 
Obispo D. Juan Santis, por orden de la Sede Apostó- 
lica y á petición del Rey nuestro Señor. 

El año 1630. 

Sortearon Gonselleres de esta ciudad de Barcelona: 
Gerónimo de Rabel, ciudadano en Gap; 2.^, Antich 
Saleta y Morgades, ciudadano; 3.°, Joseph Jover, mi- 
litar; 4.°, Honofre Palau, mercader; 5.°, Jerónimo 
Bosch, notario; obreros, D. Fran."*» de Oms, Señor de 
S.'' Jorge, y D. Palau Barias, mercader; Mostazaf Jo- 
seph Balart, mercader; Glavari Gerónimo de Rabel, 
el Gonseller en Gap. 

Este año pasó la Serenissima Infanta Doña María 
de Austria á casarse con el Rey de Ungría, hijo del 
Emperador de Alemania: entró en Barcelona y se le 
hicieron las fiestas que atrás se refieren, en donde se 
cuentan los sucesos de este año. 

A 4 de Septiembre, por orden del Virrey, pegaron 
fuego á una barca que venía de Alexandría de Egipto 
cargada de varias mercadurías, porque se decía hauía 
peste en aquellas partes, y según los despachos no ha- 
uía purgado en puerto alguno, sino que de Alexan- 
dría hauía venido aquí sin abrir la cubierta en todo el 
viaje; á los marineros les dexaron el laúd y dieron 
comida, y orden pena de la vida que no desembarca- 
sen en costas de Gataluña; la barca era catalana y ve- 
nía á cargo de J. Falguera, Gorredor de oreja: S. E. 



no permitió que éste ni los que la aseguraban recibie- 
sen daño alguno; la barca, al darle fuego, diéronle 
también vela para que se quemara bien afuera del 
puerfo. 

Domingo 24 de Octubre llegó una galera de Ponien- 
te de las de Sicilia, que se vio bien á pique de perder- 
se,- porque en el viaje los esclabos y buenas bovas se 
bauían lebantado contra el Capitán y guarnición y 
ganado casi la mitad de la galera, pero pagaron con 
las vidas el rebelión. 

Á 5 de Octubre vino orden del Rey para que se des- 
terrasen de Cataluña todos los franceses que hubiesen 
entrado en ella un mes antes, porque se sabía bauían 
partido de Ginebra tres franceses que llebaban unos 
polbos con ánimo de encender peste en Cataluña y 
España, como se hauía experimentado en el estado de 
Milán y otras ciudades de Italia; executóse luego, y 
se hicieron varias rogatibas, y permitió Dios que no 
sucediese aquel año cosa alguna que verificase las sos- 
pechas, ni por más diligencias que se hicieron para 
descubrir algo. 

Martes 29 de Octubre salió el Duque de Feria, Vi- 
rrey, para General y Governador de Milán, por oca- 
sión de las guerras, y el día 7 de Noviembre entró el 
Duque de Cardona y juró por Virrey de Cataluña. 

Miércoles 31 de Diciembre el S.<^^ Obispo D. Juan 
Sentís, después de hauer celebrado de Pontifical con 
asistencia de los Conselleres, puso la primera piedra 
del altar de S.** María de la Mar, con gran ruido y 
fiesta: la piedra era quadrada, esculpidas las armas de 
la Iglesia en ella, y en medio un agujero con el aucto 
del Altar: concedió S. 111.™* 40 días de perdón á todos 
los que visitarían aquella piedra. 



73 



El año 1631. 

Fueron Gonselleres de Barcelona: Jorje de Fluccia, 
militar en Gap; Mathías Vilar, 2.°; Joseph Estebanell, 
ciudadano, S.'^; Antonio Segura, mercader, 4."^, y Jo- 
seph Sayos, 5.°; obreros, Joseph Bals, militar, 3^ Juan 
Ferrer, confitero de la Plaza de Sancta Ana. 

Á 10 de Enero hizo la primera tintura de azul Jai- 
me Carreras, hijo de Juan de Carreras, zurrador que 
vino de Valencia y aprendió el tinte de Castillo. 

Á 31 de Enero por la noche se movió cruel tempes- 
tad de viento y borrasca en el mar, de calidad que se 
desamarraron los navios y corrieron la fortuna que 
Dios fue servido; los marineros desamparaban las na- 
ves y barcas, y la providencia de los Conselleres hizo 
encender tan copiosos fuegos de teas, que parecía el 
día; últimamente se llebó la reserua de Santa María 
de la Mar y la reliquia de San R.amón al baluarte de 
Levante, y estubieron allí gran parte de la noche, 
hasta que sosegó á la mañana algo la tormenta: en 
ella sólo perecieron dos marineros; pero muchas bar- 
cas quedaron maltratadas mucho, y tres ó quatro he- 
chas pedazos. 

Martes 9 de Abril llebaron el cuerpo de San Sever 
á Santa Clara con la solemnidad que se acostumbra 
en rogatiua por agua, y siruióse Dios socorrernos con 
ella y buena cosecha, y después se hizo una procesión 
general en acción de gracias, llenando los cuerpos del 
santo y de Santa Madrona, y ésta la bolbieron á su 
casa como se suele en tales ocasiones. 

Viernes 2 de Mayo llegaron nuebe galeras con el 
Duque de Alba y demás señores y gente que hauían 



74 

pasado acompañando la Reyna de Ungría, menos el 
Arzobispo de Sevilla, que murió en el camino, hombre 
ya de edad. 

El año 1632. 

Fueron Gonselleres D. Bernardo Sala, en Gap; Doc- 
tor J. Boquet, 2.°; Nicolás Bonet, 3.°; Francisco Ros, 
Mercader, 4.°, y Amador Vilar, 5.°; obreros, Fran- 
cisco Genovés Gavallero y J. Rubís, Mercader; Mosta- 
zaf, J. D.*"' Prats, que estaba á la Boquería. 

Lunes 3 de Mayo de este año bolbió á Barcelona el 
Rey nuestro Señor D. Phelipe IV con sus dos herma- 
nos, y el día 19 se bolbió dexando al Infante Garde- 
nal Presidente de las Gortes, con condición que se con- 
cluyesen; pero no sucedió assí, como ya se dice atrás 
en su lugar, por causa de la ciudad. 

FA año 1633. 

Fueron Gonselleres de Barcelona: el S.*"* Francisco 
Bru, en Gap; el S.»"- Xammar, 2.°; Honofre Vila, 3.°; 
D.*»"" Magriñas, 4."*, y Miguel Oliver, Platero, 5.°; obre- 
ros, Micer Montaner y M. Soler, Girujano; Mostazaf, 
el S.*'"' Boxados, el viejo militar. 

Jueves 19 de Mayo juró por Virrey en ínterin el 
Duque de Gardona, con asistencia de los Gonselleres, 
por haverse á 1 1 de Abril partido el Infante Gardenal 
con 18 galeras á Flandes, que de esto y lo sucedido 
mientras estubo en Barcelona se da razón en el cuer- 
po de esta historia atrás. El mismo día 19 á las dos 
de la noche se obserbó por toda Gataluña un espan- 
toso terremoto, sin que dexase de sentirse de todos, 



75 

y muchas casas padecieron grandes ruinas: juicios 
de Dios que no podemos apear qué quiere decirnos 
con eso. 

El año 1634. 

Fueron Gonselleres de Barcelona: D. Grau de Pa- 
guera, en Gap; D.""" J. Migedel, 2.°; Josef Mora, 3.°; 
Galcerán Nabo, 4.°, y Antonio Gasanobas, confite- 
ro, 5."; obreros, Francisco Play de Gadell y M. Mata- 
li; Mostazaf, D. Feliciano Gordellas. 

GAPÍTULO 132. 

MARCHAS DE LOS EXÉRCITOS FRANCÉS Y ESPAÑOL, Y COMBATE Á VISTA 

DE LÉRIDA. 

El día 17 de Septiembre de 1642 tuvo aviso cierto 
el Mariscal de la Mota de que los exércitos del Gaste- 
llano, governados por los Marqueses de Inojosa, To- 
rrecusa y Mor tara, marchavan del campo de Tarra- 
gona á juntarse con el Marqués de Leganés, que co- 
mandava otro trozo de gente, y todos juntos de acuer- 
do sitiar ó asaltar á Lérida, y que para el tránsito de 
los collados que dividen el campo de Tarragona del 
llano de Urgel, se havían, avanzado al luga$* del Pía, 
que es al Goll de Gabra, por donde el designio del Gas- 
tellano era pasar. 

Halla vase el Mariscal de la Mota en Santa Goloma, 
tres leguas distante del Gollado de Gabra, y luego or- 
denó se juntasen todas sus tropas; túbolas juntas á 
toda diligencia el día 22 por la mañana, y continuan- 
do los avisos de que el enemigo executava su pasaje. 



76 
marchó su gente la buelta de Rocaíbrt, reconociendo 
el terreno cómodo para la conservación del país é in- 
comodar al enemigo: llegó á las 10 de la mañana, y 
saviendo que el Castellano havía pegado fuego á la 
villa de Garreal, tomó un esquadrón del rejimiento de 
Tarrail para irlo á reconocer personalmente, y man- 
dó acometer á los batidores del enemigo, que toman- 
do quince de ellos supo qpe toda la vanguardia avía 
ya pasado y que estavan en batalla en terreno y pos- 
tura que, si no era á la desliada, no se le podía acome- 
ter. Mandó alojar su exército el Mariscal de Rocafort, 
y él se subió á una eminencia no muy lejos del ene- 
migo, desde donde pudo ver su campo, marcha y for- 
mación. 

El día 23 al amanecer salió el Mariscal con 500 ca- 
vallos y 500 mosqueteros la buelta de Garreal, y en- 
contrando algunos de los enemigos, los aprisionó; pasó 
adelante, y encontrando con un puente que los ene- 
migos hacían guardar, se apoderó de él, obligando á 
la guarnición á retirarse Ijasta el grueso de su exér- 
cito. Este día fué todo escaramucear: en él perdió el 
enemigo hasta 50 hombres entre presos y muertos, y 
nosotros unos quatro, entre los quales fué mal erido 
el S."'' de Mont en una mano de un caravinazo: era 
Ayudante de campo. 

El día 24, dos horas antes del amanecer, adbertido de 
las centinelas, espías y batidores que el enemigo mar- 
chava á Lérida, encaminó el Mariscal su marcha á 
Gervera, para irle al enemigo siempre á la vista. Des- 
pachó el Comendador Gambón, Capitán del rejimiento 
de Mirrambile, con 50 maestres, para que de cerca ob- 
servase los pasos del enemigo y le continuase los avi- 
sos, pero con orden de no empeñarse en batallar. Al 
castillo de Alborea embió otro Capitán de su rejimien- 



77 
to con 50 mosqueteros para que atendiesen las opera- 
ciones del enemigo en el llano de TJrgel. 

El día 25, siguiendo las marchas al enemigo, se par- 
tió á Belpuche el Mariscal, lugar del llano de Urgel, y 
por donde el Castellano havía de pasar, y desde donde 
podía dar calor á la guarnición de Lérida: havía en 
ella un rejimiento francés, cien mosqueteros catala- 
nes, sin otra soldadesca paisana, y bastante dinero 
para el socorro; llegó á mediodía á Belpuche, y supo 
por seis prisioneros que embió Gambón que el Castella- 
no marchava de continuo, que aquella noche havía de 
alojar en el lugar de Bímbodí; procuró S. Ex.^ más y 
mejores noticias por espías más ciertas que embió. 

El día 26 tuvo noticia que el Castellano se descu- 
bría con todo su campo cerca del lugar de las Bo- 
ras: al instante partió á Albeca con el regimiento 
de Ales, que dista media legua de las Boxas, y reco- 
nocido el enemigo se bolbió á su campo, dando órde- 
nes al Varón de Les que con su regimiento intentase 
alguna operación; executóla felizmente, pues embos- 
cándose dio sobre parte del enemigo, haciendo diez y 
ocho prisioneros, tomando parte del ganado del ene- 
migo y el carro del bagaje del de Torrecusá, y dando 
aviso de que el enemigo permanecía aloxado en las 
Boxas, hasta 27 le observa sus designios: ese mis- 
mo día el de Gambón desbarató un esquadrón de 40 
cavallos, y aprisionó 14; el enemigo guardava en las 
Borjas la artillería. 

Á 28, á las dos de la mañana, se supo que el Caste- 
llano marchava á Lérida: embió el Mariscal parte de 
la cavallería, pero nada pudo porque el Castellano 
marchava en famosa orden de batalla; y saviendo que 
estava aloxado el Castellano á tiro de cañón de Lérida, 
hizo abanzar un partido. 



El 29, al romper el alba, partió S. Ex.* á reconocer 
la postura del enemigo, y vista juzgó no poder soco- 
rrer la plaza, menos que pasando el río Segre, y así re- 
solvió con todo el grueso pasarlo por Balaguer por la 
comodidad del puente, y encaminándose á aquella 
ciudad avisó al Gobernador de Lérida de su designio 
por Monsiur Segueri, Ayudante de campo; el día 30, 
durmió en Balaguer con todas sus tropas, y el si- 
guiente se encaminó á Lérida y supo que el enemigo, 
noticioso de la marcha, se ha vía retirado á Torres de 
Segre, dos leguas de Lérida. 

Á 2, pasando por Lérida todo el exército nuestro, 
se fué á aloxar á Villanovela, puesto que el enemigo 
ha vía dejado; rindieron en este lugar ocho cavalleros 
del enemigo por quienes se supo que estava falto de 
víveres. A 3 embió el Marqués á hacer partidas con- 
tra el enemigo, y por algunos prisioneros, y otros vo- 
luntariamente rendidos se supo que el enemigo fabri- 
cava una puente, y que viniendo grueso el río le oca- 
sionava mucho travajo, y que los víveres le venían 
con barcas de Fraga: este mismo día embió el Maris- 
cal al Conde de Roxes con 400 mestres y de acer- 
carse tanto á Fraga por la parte de Aytona, que pu- 
diese apresar los combéis de víveres que venían al 
enemigo todas las noches, y averiguar las marchas, 
del de Leganés; y llegando entre Lérida y Aytona topó 
con una partida del enemigo, y combatiéndola apri- 
sionó al Capitán y quince cavallos, dejando muchos 
muertos, y juzgándose descubierto se retiró. 

El 5 al anochecer embió al Varón de Ales sobre el 
cuerno izquierdo del enemigo, y dando sobre 200 ca- 
vallos los desvárate, y aprisionó 50 con casi otros tan- 
tos muertos. Á 6 por la mañana, con una partida de 
cavallería, fué S. Ex.* á vista del enemigo y á recono- 



79 

cer los caminos por donde podía retirarse, en caso que 
el contrario quisiese atacarle, y á la noche tubo avi- 
so que Leganés partía á juntarse con los otros. 

Á 7 volvió- su Ex.^ en persona por la parte de Ayto- 
na á imbestigar las marchas de Leganés, y no encon- 
trando noticia alguna, se retiró luego á su exército, 
y no pasó un cuarto de hora quando los vatidores 
avisaron venía el enemigo en batalla contra nuestro 
campD; salió él mismo á verlo, dando orden se toma- 
ran las armas, y con tal orden estava todo, que en 
poco rato estubo la gente en orden de batalla; cada 
qual en su puesto señalado, y dada orden á las guar- 
dias abanzadas de lo que devían obrar, entró S. Ex.* 
al cuerpo de su exército, y mandó al Conde de Rose- 
Uón que en orden de pelea ocupase las eminencias 
que juzgó más necesarias: todo se obró con tal pres- 
teza, que antes de llegar el enemigo tenía hasta la 
artillería á punto de pelear; tomó uno de los batidores 
del contrario, por quien se supo que el de Leganés, 
junto con los demás, mandava el exército y venía mui 
pujante con ánimo de chocar. En vista de estas noti- 
cias, animó el Mariscal sus tropas; dio al de Tarrail 
la ala derecha; al Conde de Rosellón, Sargento de ba- 
talla, por ser su día, toda la infantería de la vanguar- 
dia; el enemigo marchava con tal orden, que hera de 
admirar lo bien dispuesto que venía: llegó á ocupar 
todas las eminencias que los nuestros no podían guar- 
dar, aunque sufriendo grandes incomodidades de nues- 
tra artillería. 

En nuestra ala derecha estavan los rejimientos de 
cavallería de Roisac y de Aubaie, governados por 
éste y sustentados por el de San Simón; en la izquier- 
da, los rejimientos de Tarrail y Regues, governados 
de éste y sustentados del de Ruisis: la infantería hera 



80 
los rejimientos del Mariscal de Tarins, de Rebe, de 
Badi, de Poeto, de Lionés y Lingmars. Puestos en esta 
orden, travóse la pelea á las diez de la mañana, em- 
bistiendo lo más lucido y noble del exército español, 
y la cavallería del tronco de las órdenes, sustentada 
por más de dos mil otros cavallos; y los tercios de in- 
fantería del Príncipe y Conde Duque con tal resolu- 
ción y valor tan superior, que por más que nuestra 
cavallería del cuerno derecho quiso resistir, fué des- 
varatada, y el S.^"" de Tarrail roto un brazo; ganaron 
los contrarios una eminencia en que teníamos tres ca- 
ñones de los cuales se hizo dueño: al mismo tiempo 
que con igual esfuerzo se vio atacado el cuerno iz- 
quierdo, y al primer choque mataron al S."^' de Ro- 
gues; pero vigilante el Mariscal, hizo abanzar el reji- 
miento de Ales, que rechazó al contrario furiosamen- 
te. Mientras esto pasava, nuestra infantería se vio ata- 
cada por el grueso de cavallería del contrario; pero 
se peleó con tal valor, que no obstante la pujanza cas- 
tellana, se conservaron nuestros escuadrones sin rotu- 
ra, y ocasionaron muchas más muertes en los enemi- 
gos que éstos en los nuestros: viendo el Mariscal roto 
el cuerno derecho, cargó allí dos esquadrones del de 
Magaloti, mientras hacía abanzar su rejimiento de in- 
fantería que formava seis bellos batallones; dieron 
éstos sobre el enemigo y le obligaron á retirarse, re- 
cuperando nuestra artillería y ganando una pieza suia, 
y á no ser lo favorable una eminencia, enteramente 
le descomponía. 

Duró el combate mientras dio luz el día para la pe- 
lea, y á la noche el enemigo se retiró muy silencioso, 
dejándonos señores del campo de batalla y de sus 
muertos, que pasaron de 400, todos de condición; entre 
ellos, D. Francisco Sanz, veedor general del trozo de 



órdenes; D. Rodrigo de Herrera, Comisario general 
del mismo trozo; D: Alonso de Lemos, Lugarteniente 
general de la artillería. Los prisioneros de calidad pa- 
saron de 50, y otros muchos cavalleros j soldados; y 
es constante que perdió el enemigo en esta batalla 
más de 400 Oficiales, 300 cavallos y mil infantes; sus 
carros los ocupó el enemigo en retirar los eridos, y 
dejó las municiones, acción que calificó, que eran per- 
sonajes de quenta, y lo amargo que se retira van. 

Tomáronsele seis estandartes y quatro banderas; de 
aquéllos se embiaron dos á París, bordados en el uno 
la imagen del Apóstol Santiago en medio, y en los 
quatro lados los escudos de las Órdenes de Santiago, 
Galatrava, Alcántara y Montesa; en el otro, la Cruz de 
Santiago y una bandera: lo demás repartió el Mariscal 
entre los pueblos vecinos, que así lo pedían para me- 
moria del combate. 

De los nuestros murieron el Conde de Roches; el 
S.'"' de Bolatieras, Ayudante de campo; el S.^^ de 
Poan, Capitán del rejimiento de Tarrail; el S.^"" de Ben- 
fort. Lugarteniente de Maestre de campo del rejimien- 
to de la Mota; el S.^'' de Ebatut, Capitán del rejimiento 
de Torrens;el Comandante del rejimiento del Rosellón; 
quatro Tenientes de cavallería, otros tantos Maríscales 
de alojamientos, y otros diez Oficiales de infantería. 

Los eridos fueron: Tarrail, un brazo roto; el S.®'' de 
Solanes, Ayudante de campo, la pierna rota; Travail, 
voluntario, de una pierna rota; el S.^^ de Quilló, Ayo 
de Aubaye, y unos veinte Oficiales, ciento y cinquenta 
Cavalleros ó soldados muertos, y algunos 300 de eri- 
dos. Presos: el Varón de Pujol, Capitán de cavallos, y 
el S.*''' de Nerón, Capitán de infantería del rejimiento 
de la Mota. 

De quienes se deve hacer memoria por lo valeroso, 

Tomo xxiv 6 



82 

vigilante y diestramente que obraron y se portaron en 
este día, cada uno en la que le tocó: Tarrail, Conde 
de Rosellón, Sargento maior de batalla, que era el día 
suyo; el S.°^" de Aubaye; los de Vignoles, Daviarge, 
Revila, Capitán de su rejimiento; el Varón de Ales 
obró maravillas; imitóle el S.^"" Balthasar y todos los 
de su rejimiento; el S.""" de Marín governando el reji- 
miento de San Simón, y todos los suios obraron quan- 
to devían; así mismo el rejimiento de Terrail, coman- 
dado por el S."'' de Gombult; el S.»'* de San Germán, 
Comandante del rejimiento de cavallería del S.*''' Ma- 
riscal, y los Capitanes Beaufort, Autoriva, La Roque- 
ta, Gauyach, Risi, Montauban y Rabat y de Gabillet, 
obraron prodigiosamente. Los S/^^ de Rius, Lugarte- 
niente, y Fouquet, Corneta de Maestre de campo, con 
los demás Oficiales de aquel cuerpo; el Comendador 
Simeneux, Comandante del rejimiento de Magaloti, y 
sus Capitanes, Varones de Espers, de Riusi y de Mon- 
devergue, se portaron valerosamente; no menos el 
S.""" de Cantellbrian governando el rejimiento de Busi 
de Veres, y los Capitanes Brunard y de Coudre, y ge- 
neralmente todos los Oficiales obraron valerosamente. 
Los S."^ de Catoliers, de Travail, de Perigrinau, de Fu- 
mel y de Ruquets, voluntarios, asistieron al lado del 
Mariscal y no se portaron mal; los Ayudantes de cam- 
po Solanes, Aubigni y Seguer hicieron prodigios. 

Devido es que se haga mención de lo bien que se 
portó la infantería en este lance, pues hasta aora nin- 
guno se le á ofrecido en que pudiese obrar: aquí se 
conoció su valor, principalmente el de los rejimientos 
de la Mota, governado por el Maestre de campo Man- 
tolacher; el de Siones, governado por el S.^*^ de Bais; el 
el de Rebe, governado por el S.^^'^ de Camperou; el de 
Tonins, governado por el S.*'^ Pedelmas: el S.*'^ de 



83 
Rome, Alférez de campaña de infantería y hermano 
del Capitán de las guardias de S. Ex.*^, governando la 
infantería suelta hizo bellezas; quedó erido de un mos- 
quetazo el 8.°'^ de Venvete, Capitán del rejimiento de 
San Simón y Mariscal de alojamiento de cavallería li- 
gera; el S.o"" de Couderau, Lugarteniente de artillería, 
y los rejimientos de Vaudí, Poeto, Lionés y Sincmars, 
y cada Cavo, Oficial y soldado procuraron señalarse á 
competencia en esta ocasión. 

El S^*" Gerónimo de Miguel, Teniente Coronel del 
tercio de Barcelona, fué ordenado con cien hombres 
del tercio á escaramucear al enemigo, y lo hizo muí á 
V satisfacción del General, y también el Comisario gene- 
ral de cavallería, D. Jph. de Ardena, que de el campo 
de reserva se destacó con algunos caballos catalanes en 
medio de la pelea. La demás cavallería é infantería ca- 
talana no pudo obrar por tocarle la retaguardia este 
día con la cavallería de los Gasiones; pero con bravo 
corage aguardavan les llegase su lance y no lo logra- 
ron, porque cansados los campos se retiró cada qual á 
curar sus eridos, quedando la vitoria nuestra y con 
afrenta del Castellano, pues eran á cinco ó más por 
uno que no los nuestros: Dios asistió y quiso mirar 
por nuestra causa, que de otro modo era imposible sa- 
Ijr vitoriosos: asístanos, pues, siempre. 

Retiróse el enemigo á Torres de Segre, y pasó la 
otra parte del río; y alojándose entre Segre y Cinca, 
le sobrevinieron tales Ilubias y crecidas de ambos 
ríos, que durando más de ocho días, sin poder ser so- 
corridos de víveres ni mejorar de terreno, perdió mu- 
cha gente, así por enfermedades, como porque la am- 
bre les hacía provar el vado y perecían en el agua: 
pasada esta inclemencia se fueron á Camps y otros lu- 
gares á la desliada, dejando aquel sitio mui poblado 



84 
de armas y de cavallos, que después recogieron los 
nuestros; con esto se alojaron los exércitos, cada uno' 
á su partido, como mejor pudo, dejando guarnición en 
donde le pareció combenir. 

CAPÍTULO 133. 

JUBA EL MARISCAL DE LA MOTA EN VIRREY DE CATALUÑA. 

Havía muchos meses que el S.^"" Mariscal dé la Mo- 
ta tenía del Rey Xpmo. la gracia y privilegios de Vi- 
rrey de Cataluña; pero por las ocupaciones de las 
campañas no havía podido entrar en posesión ni exer- 
cicio de los cargos, y así retirado que huvo al Gaste- 
llano de las líneas de Cataluña y puestas las fronteras 
en defensa y la plaza de Lérida bien guarnecida de 
Cabos y milicia, se encaminó á Barcelona á dar cum- 
plimiento á las Reales órdenes y prestar el juramento: 
aplazóse para éste el día 4 de Diciembre de 1642, previ- 
niéndose la ciudad. Diputación y nobleza para una lu- 
cida entrada; comió S. Ex."" ese día en San Feliú tan de 
buen hora, que recividos los cumplimientos de los pues- 
tos, idas y venidas de correos, visitas de particulares, 
que las tuvo muchas, se hallava á las tres de la tarde 
en la puerta de San Antonio para lograr el veneficia 
del día, que no es largo en aquel mes: observóse con 
S. Ex.* lo que se hace con todos los Virreyes, menos- 
que desde la Cruz Cubierta hasta su palacio fué siem- 
pre por medio de soldadesca que le repetían salvas, y 
á diversos puestos esquadrones formados de ella, por- 
que havía dispuesto la ciudad para este día dos nume- 
rosos tercios y sembrado la muralla de artillería:' re- 
cividas las sólitas cortesanías de los Consistorios, Ca- 
vildo, Universidades y de mucha nobleza, aunque no 



85 

todos obravan de gana, sino por. no poder menos, en- 
tró al lado del Gonseller en Gap sobre un hermoso ca— 
vallo, vestido bordado de oro y plata sobre campo 
pardo, el sombrero en la mano y con rostro afable 
agasajando á todos; hízole salba la artillería y acla- 
móle el pueblo en repetidos vítores con tal alborozo y 
aplauso que parecía Barcelona otra Jerusalén en la 
entrada del Salvador, pero no se deve admirar guan- 
do le devía tanto Cataluña. Llegó al Aseo; prestó su 
juramento, y procediendo por las calles de la Horia, 
Moneada, Cambios y Ancha, llegó al llano de San 
Francisco, en donde tenía su casa en las que eran del 
de Santa Coloma; aquí havía un tercio formado que 
repitió salbas, y la artillería de la marina; en el Torn 
sucedió otro tanto con otro, y de continuo el séquito 
y concurso de la gente, que era cosa de pasmo y que 
ni se vio ni verá en entrada ni aun de Rey. Despidié- 
ronse los Consistorios y quedóse S. Ex.»' á descansar. 

CAPÍTULO 134. 

MUERTE Y E2CEQUIAS DEL CARDENAL ROCHELL 

Llegó al S.*''" Virrey la nueva triste del fallecimien- 
to del S.*»^ Cardenal Rocheli, Privado de nuestro 
Xpmo. Rey y el más célebre sujeto que ha conocido 
el orve, el maior Ministro que ha tenido Monarca y el 
político más famoso que reconoce el mundo, como lo 
aclaman sus resoluciones y como se verá en los siglos 
venideros, pues á su gran comprehensión únicamente 
deve la augusta Corona de Francia la altura en que 
se mira, pues él solo supo curar la cancerada llaga de 
tanta guerra civil como amenazava muerte segura á 
aquella Monarchía, y á él solo deve Cataluña verse 



86 
libre del yugo y opresión castellana: agradecida esta 
provincia á tanto beneficio, ya que en sus últimos 
acentos la recomendó con ternura á su Rey, procuró 
prevenir lágrimas que mostrasen su dolor, y así se re- 
solbió hacerle las exequias el día 22 de Diciembre de 
1642. 

Dispúsose el capilardente como se hace para los 
Obispos; dentro del coro, y sobre el túmulo que re- 
presenta el cadáver, havía un capelo de Cardenal y á 
los pies una corona real; quemavan alrededor ciento 
y cinquenta achas, éstas amarillas y aquéllas blan- 
cas, todas con escudos de las armas de Su Em.*^: sobre 
el capilardente ardían 500 velas de á media libra, y 
en cada esquina una acha. Asistió el S.^'^ Virrey y los 
Consistorios vestidos de luto; dijo el oficio el Deán 
Paulo del Roso, y la fúnebre oración el P.^ F. Gaspar 
Sala, Abad y Predicador de S. M. Xpma., con la doc- 
trina y sutileza que de su gran capacidad se deve 
creer: todo se vio tan célebre como funesto; pero no 
tanto como lo eternizarán sus obras al buen Cardenal 
en los anales de la fama. 

CAPÍTULO 135. 

LLÁMASE A CORTES EL PEINCIPADO PARA JURAR SACRAMENTOS 
Y OMENAJE AL XPxMO. 

Pasados algunos días del juramento, despachó 
S. Ex.* cartillas á todas la ciudades, villas y univer- 
sidades, obispos, abades, títulos, cavalleros y demás, 
para que en el día que se les señalava compareciesen 
por sí ó por legítimo procurador á su palacio y pre- 
sencia á prestar el juramento de fidelidad y omenaje 
al Rey Xpmo. (que Dios guarde), so pena de inove- 
dientes y traidores á la Real Corona. Pasadas fiestas 



de Navidad era el plazo, y llegado, tubo solio tres días 
S. Ex.'' en su casa, esto es, que en un salón grande 
asistía vajo dosel el Mariscal, y á sus pies, en un bu- 
fetillo y sobre unas almuadas, estava una veracruz, 
sobre la qual, y arrodillado, decía el que jurava: — 
Yo N. juro sacramento de fidelidad y omenaje al Rey 
nuestro S.*^'' Xpmo., y de no tomar las armas ni de 
obrar cosa contra su Real Corona; antes bien obrar en 
su servicio asta perder la vida. — Esto hecho, los asen- 
tavan en un libro, y duró esta ceremonia tres días: 
vien se dijo que no havían venido todos los llamados, 
excusándose unos por indisposición y otros por no 
querer, y que se ha vi a de bolber á llamar. 

Ello fué cierto que ningún Obispo quiso prestarle, 
dando por motivo que le havían prestado ya al Rey 
Cathólico, y que menos que con decreto suio y orden 
del Papa no le prestarían; intimóseles que jurar ó sa- 
lir de la provincia; abrazaron lo último, y el de Ge- 
rona y Barcelona se embarcaron para Valencia; el de 
Solsona se pasó por tierra; el de Vique, que era D. Ra- 
món Semmenat, Canónigo que havía sido de Barcelo- 
na, ni le prestó ni se fué, no sé por qué atenciones; 
en Elna ni Lérida no los havía, ni los de Tarragona y 
Tortosa entravan en esto, por estar aquello ocupado 
de los castellanos; quiso nuestro Rey proveer los 
Obispados, pero el Papa no lo admitió, con que sólo el 
de Vique vino á quedar en Cataluña, y no mucho 
tiempo; bien es berdad que mientras los dichos Obis- 
pos vivieron con el nombre de estos Obispados se dijo 
no los proveería S. M. Xpma. 



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CAPÍTULO 136. 

SURTIDA DE LOS ESPAÑOLES POR LA RIVERA DE EBRO, Y PILLAXE. 

Viendo los castellanos nuestro exército aquartelado 
para ymbernar, procuraron aprovechar la ocasión, y 
así, juntando su gente, empezaron á saquear y tomar 
las villas que están á la otra parte del río en las líneas 
de Cataluña, porque la guarnición sólo era en los cas- 
tillos y pueblos grandes, y así tomaron á Mora, á Orta 
(aunque les costaron no poca gente) y Gandeza, con 
otros lugares, saqueando y executando en todos ex- 
torsiones y crueldades indecibles, particularmente en 
Mora, que hasta las mugeres y niños se dijo degoUa- 
van; en Bateya no dejaron alma nacida, que hasta los 
niños pasavan á cuchillo: quisieron pasará Flix; pero 
como es lugar fuerte y está bien guarnecido y con fa- 
moso Cavo, que por ser jurisdicción de Barcelona tubo 
particular mira el S.^'^ Virrey, los rechazaron siempre, 
y de desengañados que era pelear en valde, lo dejaron 
estar. 

CAPÍTULO 137. 

SITIAN LOS ESPAÑOLES Á MIRAVETE Y SOCÓRRENLO FRANCESES. 

A vista de que en Flix no havían logrado su inten- 
to, lo encaminaron á poner sitio en el castillo de Mi- 
ravet, que también está á la orilla del río Ebro: avían 
precedido prevenciones nuestras, porque el S.^'" Ma- 
riscal, aunque en el sosiego de Barcelona se desvela- 
va mucho en todo lo que conducía á la guerra, y lue- 
go que supo que los castellanos salían de Tarragona 



89 
para saquear aquellos lugares, mandó al S.*^^ de la 
Roca, S/ Gamarán, governan te del rejimiento de San 
Simón, que con la cavallería y 50 Mestres del trozo 
de Miran vila, comandados por Rocatallada, se pusie- 
ran á vista de Tarragona con ostentación de ser más 
para divertir al enemigo y obligarle á alguna surti- 
da; consiguióla, y en la primera que hizo el Castella- 
no, con 200 cavallos perdió 115, 70 muertos y 46 pri- 
sioneros; publicó al mismo tiempo que S. Ex.^ salía á 
socorrer á Flix, con que todo esto motivó poner á ML- 
ravet en maior defensa que se persuadía el Castella- 
no. Llegó á Barcelona la noticia del asedio el día 23 
de Febrero de 1643, y resolvió salir á socorrer el cas- 
tillo; mandó marchar luego su rejimiento y los de An- 
guien y Santange, y alguna porción de cavallería es- 
cogida de la demás para juntarse con las tropas que 
estavan en Flix, y S. Ex.^ salió el día 25 de Febrero 
de 1643 á la madrugada, executando en dos días na- 
turales sus marchas con la compañía de las guardias. 
Las tropas ó rejimientos llegaron el día 28 á la tarde; 
dio luego aviso á los cercados del ánimo de socorrer- 
los y que le tenían á la vista. 

El primero de Marzo, á las dos de la tarde, mandó 
S. Ex.'' á las tropas esguacasen el río, y encaminán- 
dose ó haciendo la muestra de marchar á Gandesa, 
donde se hallava el de la Inojosa, General de aquellas 
tropas, que se componían de 1 .600 hombres de infan- 
tería y 200 cavallos que bloquea van el castillo, va- 
tiéndolo con dos piezas, y el S.^'^ General con el resto 
del exórcito se hallava en Gandesa, supo los designios 
de nuestro Virrey, y corriendo la voz de que iba á ata- 
carle se pasó á Batea; de allí á Camps, y se dijo que 
huiendo avía quien no se dava por seguro en Tarra- 
gona. Llegando el arma hasta Madrid; savida la retí- 



90 

rada del de la Inojosa, encaminóse S. Ex.^ al castillo 
de Miravet, y llegando á la vista, supo que se hallava 
apretadísima, que el enemigo estava alojado á la pla- 
za baja del castillo y tenía minado el oraenaje y la 
mina á punto de bolar: á vista de estos aprietos, va- 
liéndose de varios ardides se puso dentro la plaza por 
una ventanilla, y por la misma introdujo 600 hombres 
de los de sus tropas, governados por el Teniente coronel 
del reji miento de Rebe y Ayudante de campo, Mon- 
siur.de Raume, y dejando Gobernadores de campo de 
batalla á los S/^^ Berracieras y Gabot, para detener 
qualquier socorro que pudiese llegar á los cercadores; 
y reconocidos desde adentro los hizo acometer con tal 
fuerza, que poco rato quedaron dueños de las trinche- 
ras y artillería, y con más de mil prisioneros y algu- 
nos 400 muertos, toda gente de condición, y solamente 
en los prisioneros se hallaron más de 200 Oficiales, y 
todo el bagaxe quedó por nuestro. De nuestra parte, 
entre soldados y Oficiales murieron algunos- 20; el S.*" 
de Beaume se portó con gran valentía en este lance, 
y los demás Oficiales obraron con gran esfuerzo: que- 
dó erido de una mano el S.^'^ Julate. 

El sitió duró 18 días; governava el castillo el S.*^"" de 
la Val con el de Bompas, Gapitán del rejimiento de 
Anduca, que se defendieron famosamente; concurrie- 
ron circunstancias bien particulares en esta jornada 
de S. Ex.^, y para que no se atribúlese á milagro, fué 
menester que muriesen algunos en ella. El Gapitán 
Gulcón quiso á la orilla provar la fuerza de los suios 
en el modo de bever agua; pero el S.*»'' Virrey, dán- 
dolos á todos por varones fuertes, trató sólo de que la 
esguacasen. El Marqués de la Inojosa publicava daría 
mil escudos á quien le diese la nueva del arrivo del 
S.""^ Mariscal para poder bolber huir, y éste los hu- 



91 

viera dado á quien se lo hu viera hecho detener. Últi- 
mamente corriendo fué S. Ex.^; corriendo venció; co- 
rriendo vino, que salió á 25 de Febrero, y á 7 de Mar- 
zo entra va en Barcelona tan vitorioso, que apenas se 
le escapó ninguno de los que sitiaron el castillo, por- 
que consigo ó á su retaguardia trajo 1.200 prisione- 
ros comboyados por compañías de micaletes y cava- 
Hería francesa; y siendo más ellos que la escolta, in- 
tentaron levantarse dos ó tres veces: salióles mal y 
pagaron con las vidas los que eran Gavos de re vellón; 
entráronlos en Barcelona el día 14 atados en cuerdas 
largas, y los Gavos principales á caballo; paseáronlos 
por Barcelona antes de cerrarlos en la Tara9ana, para 
pública demostración de la vitoria, que dudo aya su- 
cedido otra con tanta diligencia, felicidad y aplau- 
so: túbolo S. Ex.^, y con ostentoso lucimiento en- 
tró y bolbió á continuar en recivir el juramento de 
fidelidad que prestavan ya más gustosos ó más preci- 
sados. 

Los prisioneros quedaron para hacer trueques, y en 
breves días se llevaron 250 de ellos á Rosas para 
cambiar con otros tantos que havían apresado dos 
bergantines con una varea que venía de Francia á 
Barcelona; acompañólos el Negre de San Andreu, Ga- 
pitán de micaletes, que también hizo proezas en esta 
jornada. 

Á últimos de Marzo llegó mucha parte de infante- 
ría en barcas, desde Narbona á Barcelona, viniendo 
por tierra los Oficiales y la cavallería, y así mismo las 
municiones, éstas por mar y tierra, y en llegando la 
gente marchava luego á Lérida sin detención ni mo- 
lestia del país, en que se reconocía lo mucho que se 
havía mejorado de dominio, y lo que S. M. Xpma. 
amava esta provincia asistiéndola de tropas, pertre- 



92 

chos y bastimientos, sin que al paisano le costase el 
dar un vagaje, bien diferente de lo que se vio con los 
castellanos en los sucesos de Salsas y la Eucata. 

CAPÍTULO 138. 

SUCESOS DE LA VALLE DE ARAN Elf Sü PÉRDIDA Y RECUPERACIÓN. 

Es el castillo de León, último lugar de la valle de 
Aran, confinante por una parte con Francia y por 
otra con el rey no de Aragón, de su naturaleza algo 
fuerte, así por la eminencia como por cercarle dos 
ríos. La valle consta de unas 20 poblaciones, y por su 
terreno áspera, fría y poco tratable; es lo espiritual 
de aquel distrito del Obispo de Gomenge, francés. 
Manteníase esta valle á devoción de la provincia, y 
con guarnición de gente de ella misma. Governava el 
castillo y valle D. Jacinto de Torralla, también natu- 
ral de ella. Éste, con algunos otros cavalleros, ma- 
quinaron el reducir aquella gente á la ovediencia de 
Castilla, y lo consiguieron con facilidad; y poniendo 
hasta unos 300 castellanos y balones de guarnición en 
el castillo, y fortificando lo que pudieron las villas 
maiores, juraron con todo secreto la ovediencia al Rey 
de Castilla. Llegó la noticia de esto al S.*'^" Mariscal el 
Jueves Santo 2 de Abril de 1643, y mandó, luego que 
marchara el Governador D. Joseph Margarit, que le- 
vantara los somatenes que le parecía convenir; partió 
el viernes de Lérida: también se mandó subiera algún 
tercio de catalanes, porque la cavallería no podía ha- 
cer oposición por lo áspero é inacesible del país; llegó 
el Governador, y viendo pasava lo que se ha referido 
y que los castellanos se iban juntando y disponiendo 
el acometerle, resolvió con el S.*''' Mariscal y otros 



93 

Cavos que llevaba consigo de embestirles antes de de- 
jarles poner en orden, y bien que no tenía la jente 
toda junta por no haver llegado aún, con la que se 
halló los embistió una tarde; y como los catalanes, ya 
por belicosos, y ya por más echos al país, los obligaron 
á encerrarse en Viella, villa de algunos 400 vecinos 
y caveza de aquella valle, viendo los tenían acorra- 
lados, que la noche les venía, y recelándose que el 
día siguiente no les llegase socorro, resolvió el Go- 
vernador cercar la villa y pegarle fuego por quatro 
partes; executólo, y con tal felicidad, que en breve 
rato, ayudado de un vientecillo y ser las casas de ma- 
dera, se vio en pocas oras otra Troya abrasándose en 
voraces llamas, que consumieron lo más de la pobla- 
ción y muchas vidas, así de naturales como de milita- 
res, y sólo pudieron escapar los que con sobrado va- 
lor treparon por el incendio y por el rigor de los cer- 
cadores, entre los quales fueron D. Pedro Amorot, 
D. Jacinto Torralla y D. Martín de Azlor, que esca- 
paron al monte; el día siguiente se redujo la valle á 
vista de lo pasado en Viella, confesando su engaño; el 
castillo capituló, que si dentro de ocho días no le ve- 
nía socorro se rendiría, y así fué, que no viniéndole, 
le ocuparon nuestras armas. 

Quando llegó el Governador Margarit no tenía aún 
toda la gente de Lérida, y apenas huvo posado pasa- 
ron el puerto, quando los castellanos tocaron arma 
con algunos 200, y no obstante lo fatigado que llega- 
van los nuestros, y haver de pelear sobre la nieve, 
salieron tan gloriosos que los hicieron retirar con no 
poca pérdida de gente; al retirarse los nuestros llegó 
la retaguardia, y al mismo tiempo tocó al arma el 
enemigo cerca el lugar de Garos, y no obstante que 
nos embistió y ocupó unas eminencias, las huvo de 



94 
desamparar y retirarse desordenado por la furia con 
que le acometieron los nuestros, que sin perder su lu- 
gar y ordenanza obraron con extremado valor, como 
lo acredita la brevedad con que redujeron aquel país, 
pues en dos días naturales lo hicieron, y ganándole 
al enemigo una pieza de artillería y sin perder sino 
algunos 15 hombres entre muertos y heridos, aprisio- 
naron los nuestros al Maestre de campo D. Martín de 
Azlor al pasar el portillo: éste era el que governava 
el castillo de Monzón por los castellanos. 

CAPÍTULO 139. 

SITIO Y RENDIMIENTO DE ALMENAR POR LOS FRANCESES. 

Mandó el S."*" Mariscal de la Mota, Duque ya de Car- 
dona, por gracia de S. M. Xpma., al S.'^'' de la Ferri- 
xera, Mariscal de campo, que con diez batallones de 
cavallería ó infantería fuese á recuperar el castillo 
de Almenar; el día 4 de Mayo de 1643 pasó por Lé- 
rida el de la Ferrixera con sus tropas y tres piezas de 
vatir, y fuese á dormir á Villanueva de Picaset; el 
día 5 á la madrugada á Monsiur Chambaule, gover- 
nante del rejimiento de Terraill, con 200 cavallos le 
mandó abanzar la plaza, y entrando con 40 cavallos 
del Castellano los hizo cerrar la plaza. Llegó la Ferri- 
chera con el resto de gente á las diez de la mañana, y 
á las tres de la tarde se aprovecharon vajo de las emi- 
nencias del mismo castillo los rejimientos de Canty y 
Kebe, alojándose á cien pasos de la muralla. Comen- 
dóse luego á Monsiur de Senesi pasar dos cañones vajo 
las eminencias, y asistido de los demás Oficiales de ar- 
tillería, lo logró felizmente; al anochecer abanzó el 
rejimiento de Tonens, y echo dueño de ella, se alojó 



9o 

en las casas más vecinas del castillo; á las tres de la 
mañana empezaron á jugar las dos piezas, y á las nue- 
ve horas de la misma llamaron á capitular los sitia- 
dos, oprimidos del valor con que los apretavan los de 
afuera; no concordaron por querer pactos ventajosos, 
y. continuando en batirlos se hu vieron de rendir des- 
pués á vida salba y prisioneros de guerra: eran los 
Gavos D. Juan Mola, Sargento maior y Governador; 
el Capitán D. Miguel Gariñot Balador, Lugarteniente 
de cavallería del Capitán Lanuza; Christóval de Car- 
ser, Alférez de Cariños y Ayudante del castillo; dos 
Alféreces, dos Sargentos, cuatro Cavos de esquadra, 
25 balones, 70 castellanos y 40 cavallos: halláronse 
en el castillo dos piezas de bronce, mucha munición 
y pertrecho y más de 600 mosquetes; le tomaron los 
castellanos, pero con todo el poder de un exército que 
se ocupó algunos días, y aora sólo en 24 horas lo re- 
cobraron los nuestros con dos vidas y quatro eridos; 
de los castellanos entre muertos y heridos unos 200: 
al de la Ferrichera le mataron el cavallo corriendo la 
batería. 

CAPÍTULO 140. 

DESTIERROS Y CASTIGOS DE ALGUNOS POR ORDEN DEL VIRREY 
MARISCAL DE LA MOTA. 

Empezó el S.^'^ Virrey á experimentar muchas ale- 
vosías y infidelidades, y que de cada día se aumenta- 
van, dando aviso á los castellanos de quanto aquí se 
resolbía y obra va y aun de lo más secreto, porque los 
mismos que entravan en las juntas eran los mal afec- 
tos y los que más conservavan el león interiormente. 
A vista de esto, empezó á hacer escrutinio secreto y 
procesos para expelir tan malos humores de que ado- 



96 
lecía, no sólo la provincia, pero Barcelona, y no poco» 
y dando destierro á unos de la provincia y á oü^os de 
los dominios de España con cominación de confisca- 
ción de hacienda sacó á muchos, emhiándolos á Ge- 
nova, y otros voluntariamente se salieron temiendo 
maior daño, y pedían pasaportes, que se concedían de 
huena gana según quienes heran. 

Esto lo empezaron ya á executar en el principio de 
las turbulencias algunos de los cavalleros que tenían 
manejo en la Diputación y ciudad, temiendo que á 
ocasión de motín los matarían, tomando entonces los 
pasaportes de la misma provincia por no haverse aún 
entregado al Xpmo., y se les concedía ó para Genova 
ó Mallorca; entre otros salieron entonces éstos: Don 
Bernardino de Marimón con su hijo el maior. Capitán 
que era de la Tara9ana; D. Ghristóval Jeart, Cruzado 
de Alcántara; D. Jph. Cardona, Conde de Montagut, y 
otros, y en breves días estubieron en Castilla, dejando 
aquí sus hijos y casas para que no se les confiscasen las 
haciendas, y fiando mucho en el Rey de España, con 
la esperanza de que presto bolberían á mandarnos y 
ellos serían los dueños; pero veremos qué será, y en- 
tre tanto van á servir en tierras estrangeras los que 
en su patria podrían ser servidos. 

Hasta aora no se lee que se huviera echo sentencia 
de alguno de los mal afectos á S. M. Xpma.; pero en 
primeros de Enero de 1643 se dio garrote á un ca va- 
llero, T. Arles, Sargento maior que hera quando los 
castellanos entraron en el Vendrell, por haver cojido 
unas cartas suias que de su orden llevava un hombre 
á Tarragona con la noticia de quanto aquí pasava, á 
vista de lo qual mandó el S.*"' Mariscal de la Mota lo 
ajusticiasen. Prendieron también á un clérigo herma- 
no de este Arles que le servía de secretario en las ta- 



97 

les cartas, y entregándolo el S.^''* Virrey á D. Galce- 
rán de Semmenat, Vicario general, para que lo casti- 
gase, por no ser de su jurisdicción y no querer mez- 
clarse en lo eclesiástico. D. Galcerán le dio por fugi- 
tivo, aviándole de secreto, con que escapó el clérigo, 
pero presto veremos lo que le costó á Semmenat. 

En las deposiciones que se le tomaron á este cava- 
llero Arles, y en el último trance de su vida, descu- 
brió muchos que eran mal afectos á la patria y finos 
españoles, cuias declaraciones fueron causa que algu- 
nos se pasasen al partido de España, y á otros fueron 
presos, entre ellos un tal D.^ Marán, el negro: éste 
murió en la cárcel, quién dice que de pesar, quién 
porque los suyos le dieron veneno, porque su causa 
tenía mal rostro; también prendieron un T. D/ Car- 
mona, abogado que havía sido en la ciudad y que en 
tiempo del motín le havían hecho Prevoste general 
para perseguir los tumultadores, y con 25 hombres á 
quienes dava la ciudad seis reales de socorro, y con el 
verdugo detrás, discurría las calles prehendiendo y 
haciendo sentencia luego de los perturbadores de la 
quietud pública, y un día yendo á prender ciertos su- 
jetos en la Rivera, le mataron el verdugo y él huvo 
de escapar corriendo: éste, pues, con todos estos ho- 
nores, era el más alevoso á la patria, y no obstante 
eso, se contentó el S.^"" Mariscal con desterrarlo á Ge- 
nova, dándole por compañeros á F. Lloverás y F. So- 
lano, que fueron notarios del criminal: mayor castigo 
merecían por lo más que havían obrado con su pa- 
tria; desterraron también un F. Pedro de la Leona, 
que era el que tenía el juego de los ca valleros por 
haver ablado mal ó blasfemado del Rey Xpmo.; por 
lo mismo á un labrador del llano de Vique le hicieron 
pasear las calles en un borrico con el verdugo detrás 

Tomo xxiv 7 



98 

y una mordaza en la voca, y después lo pusieron á la 
vergüenza de ese modo seis horas en la Plaza de la 
Lonja, y por lo propio dentro pocos días padeció otro 
la misma pena: estas demostraciones obligaron á que 
algunos se pasasen voluntarios á España, aunque des- 
pués los pregonavan por tray dores; con esto se limpió 
algo Barcelona de tales sugetos, y no menos la pro- 
vincia, que de verdad havía muchos alevosos. 

Al Canónigo y Vicario general de Barcelona D. Gal- 
cerán Semmenat, le formó el S.«^ Mariscal un proceso 
secreto, así del avío del clérigo Arles que arriva diji- 
mos, como de otras cosillas de mal afecto; y substan- 
ciada la causa aguardó ocasión para prenderle, y te- 
niéndola el día 16 de. Mayo de 1643, que D. Galcerán 
se partía á Vique á ver á su hermano el Obispo, des- 
pachó guardas para que delante de San Andreu lo es- 
perasen y prendiesen: hiciéronlo así, y preso, embian- 
do la cavalgadura á Barcelona, lo llevaron al castillo 
de Mongat; al anochecer despacharon del muelle una 
barca, poniendo en ella á un capellán ó criado de Don 
Galcerán, M. Benito, Beneficiado de Santa María, que 
havía días estava preso por mal afecto; echaron en 
ella también al Chantre de Lérida, Prexeus, y al Rec- 
tor del Pino, T. García: á éstos los prendieron aquella 
tarde, y sin darles lugar aun para tomar una camisa, 
los embarcaron y pasaron á tomar á Semmenat y jun- 
tos los aviaron de calidad que de muchos días no se 
supo dónde. 

Viendo estas operaciones la ciudad y cavildo, se 
unieron ambos Comunes; hicieron embajada al S.°^ 
Mariscal de la Mota, Virrey, representando el uno ser 
contra Constitución, y el otro pidiendo á los eclesiás- 
ticos, pues no podía S. Ex.*' detenerlos presos sino 24 
horas: á todo respondió el S.<»^ Mariscal que no desea- 



99 

Ya no era su ánimo faltar á Constitución alguna, ni 
el castigar los eclesiásticos, que ya savia que no podía; 
pero que pues no havía en Barcelona superior que 
pudiese remediar aquellos excesos, él formava los pro- 
cesos del delito y remitía á los reos con los procesos á 
S. S., para que como lexítimo superior los castigase 
según merecía cada qual; que esto era lo que él obra- 
va sin creer faltar á Constitución, y que todas las te- 
nía y ponía sobre su caveza: callavan todos á vista de 
esta respuesta, y también porque tenía de su parte al 
Nuncio de S. S., que á la sazón se hallava en Barce- 
lona. 

Halláronse presos también en esta ocurrencia Don 
Joseph de Sorrivas, Coronel que fué de la Diputación 
en la guerra de Salsas, y un tal Codina, ciudadano 
honrrado, uno de los Embajadores que estubieron pre- 
sos en Madrid, ambos bien mal afectos, y todos sus hi- 
jos, que entre unos j otros urdían bellas cosas á favor 
de España, como si fuera fácil bolber la provincia á 
su dominio: apretávanseles las causas, y el día que 
menos se pensaron los hecharon en una galera y los 
llevaron á Gopllibre y de allí á Perpiñán presos; tam- 
bién pregonaron por enemigos de la patria á D. Luis 
de Paguera y á D. Jph. de Pinos, que después de ha- 
verlos honrrado ella con los puestos de Capitán al uno 
y al otro de Sargento maior, se les averiguó tratavan 
algunas cosas contra la provincia y en favor del Cas- 
tellano. No obstante estas demostraciones siempre ha- 
vía alevosos y de quien temerse, porque eran -muchos 
los que pensavan que no havía de durar el dominio 
francés. 



CAPÍTULO 141. 

PASA EL EXÉRCITO FRANCÉS Á ARAGÓN POR FLIX. 

Aliándose nuestro exórcito á la parte de Lérida arta 
numeroso, se resolbió salir á recuperar los lugares que 
el Castellano nos havía tomado en el imbierno, y así 
pasaron nuestras tropas el río Ebro por Flix, y empe- 
zaron á pillar todos aquellos lugarcillos y poblaciones 
abiertas que están á la otra parte del Ebro: llegaron á 
la villa de Mora, que á poco rato de batirla se rindió á 
buena guerra; pusieron guarnición y pasaron á Orta, 
que con poca resistencia se entregó á vida salva, y 
que pudiese la guarnición pasar á su campo: vino en 
esta capitulación nuestro General; pero saviendo que 
el Castellano disponía emboscada para pillar el com- 
boy, le hizo entender que, pues por su parte se falta- 
va al estilo de la guerra, que él tampoco daría liber- 
tad á los prisioneros, y así los embió á Barcelona y 
prosiguió su pillaxe, entrándose por Aragón hasta 
Maella la infantería, y dicen que la cavallería llegó á 
Fuentes, una jornada de Zaragoza, y que tubo arto 
que temer aquella ciudad porque no encontraron los 
nuestros sino un esquadrón que se les opusiese. Sa- 
quearon aquel país y se enrriquecieron los soldados, 
porque estavan acomodados aquellos lugares y la villa 
de Maella rica: retiráronse mui á su salvo á Lérida sin 
perder un soldado. 



lOi 



CAPÍTULO 142. 

MUERTE Y EXEQUIAS DE LUIS 13, REY DE FRANCIA, QUE HACB 
BARCELONA. 

Teníase noticias de la grave enfermedad que afligía 
y amenazava la muerte al Rey Xpmo. Luis 13; im- 
plorávase el divino favor por medios de continuas, re- 
petidas y fervorosas rogativas y oraciones, así en lo 
público y común de todas las iglesias y combentos de 
esta ciudad, como en lo particular y secreto de mu- 
chas personas virtuosas y por el resto de la provincia: 
pero como son tan altos los juicios de Dios, y tan inex- 
crutables sus disposiciones, estubo sordo el cielo á 
tanto ruego, quizás porque así cómbenla, pues el día 
29 de MsLjo llegó la dolorosa nueva de su fallecimien- 
to y tránsito á maior reyno; cubrióse todo de tristeza, 
y salió á los rostros el sentimiento de perder en tan 
gran Monarca el amparo y desconsuelo que esperimen- 
tava esta desvalida provincia: cesaron los exercicios 
de milicia y política, hasta que llegase el S.^*" de Ar- 
genson que venía de París con orden de todo lo que 
devía hacerse. Empezaron las campanas en lamenta- 
bles ecos á sembrar de dolor el viento; pasaron á en- 
lutarse los comunes y particulares, y en fúnebres de- 
mostraciones concurrieron todos según su orden á dar 
el pósame al S.^"" Virrey, y es cierto que movía á llan- 
to ver estas funciones tan lúgubres. Llegó pocos días 
después el S.^'" de Argenson, y á 6 de Junio de 1643 
se juró de nuevo al S.*''" Mariscal de la Mota en los car- 
gos de Virrey y Capitán general, sin ostentación por- 
que no la permitía el luto, y luego se cantó un Tedeum 
laudamus y se tocaron las campanas en acción de gra- 



102 
cias por haver socorrido el S.^'' Duque de Anguien la 
plaza de Recroy, que tenían cercada y con aprieto los- 
castellanos, aviendo éstos perdido seis ó siete mil hom- 
bres entre muertos y presos, la artillería, el vagaje y 
haver dejado libre la plaza: sucedió esto cinco días des- 
pués de difunto el Rey, feliz vaticinio para las armas 
del nuevo sucesor. 

Convínose en que las exequias de S. M. se hiciesen 
sávado día 20 de Junio de 1643: entre tanto se dis- 
pusieron los lutos para los consistoriales de ambas 
Gasas y para los oficiales de ellas, y el día 7 por la 
mañana, mediodía y tarde, se empezaron ha hacer 
tres toques en cada ora de éstas, durando los trece 
días sin parar, hasta el de las exequias; dispúsose el 
capilardente sobre las gradas ó escalera de S.*'' Eula- 
lia, en el Aseo, tan ostentoso y alto como funesto y 
triste. Los días 17, 18 y 19, los Gonselleres tubieron 
el luto en el salón del Consejo de Ciento, todo él cu- 
bierto de bayetas y con luz muí escasa, asistiendo allí 
los tres días mañana y tarde para recibir los pésames; 
el día 20 á las diez de la mañana se empezaron los 
oficios; estava la iglesia en esta forma: el altar, pres- 
viterio y asientos, todo de bayeta, hasta el mismo pa- 
vimento; el capilardente en el puesto que queda refe- 
rido, con 300 achas y más de mil velas; avía en el tú- 
mulo un dosel con las armas reales y los cavos negro 
y oro; en el túmulo estavan la corona, cetro y una 
palma con las armas reales de la provincia; acudieron 
los Conselleres con todos los oficiales de la casa, arras- 
trando todos mucha bayeta y mucho capuz, y se sen- 
taron á la parte de la Epístola; vino el 8.°'^ Mariscal 
con su capuz y mui cubierto, acompañado del Nuncio 
de S. S., Audiencia y Monsiures, todos con sus capu- 
zas y mucho luto, y tomaron sus asientos en la parte 



103 

del Evangelio. Asistieron así mismo enlutados los Di- 
putados, teniendo lugar entre el Virrey y Conselleres, 
contra las rexas del altar maior; asistieron también 
los Tribunales de Bailía racional, Cónsules de Lloxe 
y Alcaldes de la Seca, que le tenían á la circunferen- 
cia del capilardente ó túmulo. Avía una tribuna dis- 
puesta en un tablado algo elevado de tierra, entre la 
coluna y presviterio, de parte del órgano, toda ella 
cerrada, menos la parte del altar, para las damas del 
luto: eran las principales las mugeres del Governador 
y Gonseller en Gap, con la asistencia de las demás se- 
ñoras de Barcelona. 

Empezóse el oficio con la solemnidad, pompa y ma- 
gestad que se puede imaginar en tal función: el Pres- 
te era un Pre vendado cuio nombre no me acuerdo. Al 
ofertorio dieron al S.^"" Virrey una antorcha, y una 
moneda de oro á los demás del presviterio y seiseno. 
Levantáronse tres para ofrecer, el S.°^ Virrey, Nuncio 
y otro, y para los demás discurrieron los Diáconos y 
Subdiáconos por el presviterio, para aorrar tiempo y 
embarazo; al Virrey dieron á besar la Paz; á los otros 
la estola; el orador de estas dolorosas lágrimas y ora- 
ción íiié el Padre Puig, de la Compañía de Jesús, Pre- 
dicador de S. M. El piilpito estava arriva en el pres- 
viterio, cerca los Conselleres; fué tan celebrado el ser- 
món como pedía la ocasión, aunque entendido de po- 
cos y oído de menos, respeto del indecible concurso, 
porque estava la iglesia atestada de gente hasta los 
corredores de arriva de las naves, y entre el ardor de 
las luces, el calor del tiempo y la multitud, no se po- 
día evitar.' Concluyese la función con un responso ge- 
neral, y retíranse á sus casas á sentir tan gran pena 
y pérdida. 



104 



CAPÍTULO 143. 

HONRRAS QUE HACE LA DIPUTACIÓN POR EL REY DIFUNTO. 

El día 22 de Junio de 1643 celebró sus exequias la 
Diputación en el salón de S.^ Jorge, con toda la gran- 
deza y' luto que permitía la capacidad de la pieza, con 
dosel y demás ornamentos negros, tan costosos y ri- 
cos como se save los tiene aquella Gasa, que suelen 
celebrarse los aniversarios de la Gasa: el capilardente 
ó túmulo se dispuso fuera del salón, á la puerta, por- 
que el tiempo ni el sitio dava lugar á otro; cubrióse 
el túmulo con un paño de terciopelo negro liso con 
las armas de la Diputación y franxa de oro; encima 
se pusieron corona y cetro, y alrededor mucho gero- 
glífico: avía unas 80 achas; asistió S. E. con mucha 
nobleza y los Gonselleres y Diputados. Predicó un re- 
ligioso trinitario, y toda la mañana se celebraron mi- 
sas rezadas por todas las salas de la Gasa, dando la 
Diputación la caridad á quantos acudieron: el concur- 
so fué grande también, así como la tristeza de ha ver 
perdido tan gran Monarca, cuia alma permita .Dios 
reyne en Monarquía perpetua y dé á la Reyna mu- 
chos aciertos y á Luis 14 los felices progresos que ne- 
cesita y esta provincia desea. 

CAPÍTULO 144. 

DISPOSICIÓN TESTAMENTARIA DEL REY XPMO! SOBRE EL GOVIERNO 
DE SU CORONA EN LA MENOR EDAD DEL PRÍNCIPE. 

Luis, por la gracia de Dios Rey de Francia, de Na- 
varra, etc. Á todos los presentes y venideros, salud y 
paz en nuestro S.^'' Jesuchristo. 



405 

Después que comenzamos á reynar nos ha echo ver 
y conocer Dios mui claramente su gran proteción de 
tal manera, que podemos sin grande admiración con- 
siderar, quanto y más decir, todas las aciones, su- 
cesos y procedimiento que han pasado y hemos te- 
nido en el discurso de nuestro rey nado, que son tan 
claras y evidentes señales de la divina misericordia 
que no es posible decirlos ni explicarlos, y no pudién- 
dolos referir con caval declaración y encarecimiento, 
los dejamos á la consideración del universo y con par- 
ticularidad á los de nuestros caros y amados vasallos: 
entramos á rejir y governar de tan poca edad, que no 
obstante que pudo ser motivo para que algunos mal 
afectos, sembrando discordias, motivasen con ellas 
como causa principal la turbación ó inquietud de todo 
un reyno, la Divina Omnipotencia, con su protección 
y amparo, se dignó tomar por suya la causa de nues- 
tra justicia y librar nuestra inocencia de las manos y 
tiranía de nuestros enemigos caseros en la ocasión 
que más creídos en sus alevosas operaciones juzgaron 
protervos destruirnos y poner por tierra nuestras ar- 
mas, autoridad y persona, y devimos tanto á la Mise- 
ricordia Divina que asistidos de sus auxilios por va- 
rios medios, salimos del peligro y elevamos nuestra 
autoridad al poder, pujanza y grandeza en que oy se 
ve con admiración de toda la Eilropa. 

Después que los ereges en tan crecido número y po- 
der se solevaron en nuestro reyno, queriendo nuestras 
principales cavezas privarnos de la autoridad real y 
de nuestras haciendas, quiso la clemencia soberana 
tomarnos por intrumento (no por nuestros méritos) de 
su gloria, concediendo y dándonos valor y esfuerzo 
para reintegrar el culto divino y la religión christia- 
na á su principio y destruir y poner por tierra lo que 



106 

la eregía havía levantado; y desde el instante en que 
empezamos benignos abrir los brazos para recivir en 
ellos á los que pedían nuestro favor y proteción, y 
apiadados de sus travajos ó injusticias procuramos su 
consuelo, parece que la Magestad Divina á querido 
premiarnos dando á nuestras armas tan conocidas Vi- 
torias y á nosotros tan felices sucesos, que han sido 
bien impensados á nuestros émulos y contrarios que 
juzgarían tenernos ya en lo sumo de la desdicha y 
procura van conseguirlo con todo esfuerzo; pero con- 
tra todos hemos prevalecido y restituido á todos en 
sus posesiones y primeros estados, sirviendo esto mis- 
mo de confusión á la ambición y designios malos de 
nuestros opuestos. Y por coronar últimamente Dios 
nuestra buena fortuna y obstentar más su gran mi- 
sericordia, nos ha querido consolar después de tantos 
años de esperanza con la subcesión y fruto deseado de 
dos hijos, y en ocasión que ya juzgava el mundo que- 
daba esta corona destituida de sucesor nuestro. 

Pero si por una parte nos ha puesto en el estado 
más grande y poderoso que á Príncipe de la Europa, 
no menos nos ha hecho conocer que los Monarcas, 
Reyes y Príncipes no se eximen de la condición y 
común ley de todos los hombres, como es el morir: él 
á permitido que en lo mejor y más alto de nuestra pu- 
janza y felicidad tocásemos con nuestras manos los 
efectos y baxeza de nuestra naturaleza humana; y 
aunque las enfermedades padecidas y la que hoy pa- 
decemos son grandes, no perdemos la esperanza de co- 
brar una perfecta salud, pues no hemos llegado á tér- 
minos que para ella dexe de haver remedio, antes bien 
nos dan ciertas apariencias y esperanzas de recobrar 
la salud perdida. Pero como los acidentes y sucesos de 
las enfermedades son tan variables é inciertos que los 



407 
más experimentados en ellas muchas veces se enga- 
ñan, juzgamos por más acertado y estimamos más en- 
trar á pensar todo aquello que será necesario para 
conservar la quietud y tranquilidad de nuestro reyno 
y estado en caso que viniésemos á faltar, teniendo por 
cierto que así como nuestro S.^^ ha sido servido por su 
misericordia conceder tantas gracias á nos y á toda 
esta nuestra Monarchía. 

Confiando aún que por su Divina Misericordia que- 
rrá y será de su agrado asistirnos con su gracia para 
que acertemos en ésta nuestra última acción de pru- 
dencia para que ella califique las demás, y será dis- 
poner y dejar un buen orden y concierto en el modo 
que ha de go vernarse y regirse ésta nuestra Corona, 
por si Dios se sirve llamarnos á otra vida: ninguna 
cosa puede minorar nuestra grandeza (maiormente en 
la menor edad de nuestro sucesor) que la necesidad 
que tiene de conservar y prevalecer el govierno con 
la fuerza y valor que se necesita para mantener en su 
punto la autoridad real; creyendo nos que ésta es la 
más precisa para hacer decaer todas las fuerzas y es- 
peranzas que aora tienen y tendrán todos nuestros 
enemigos por causa de nuestra muerte,, nos parece 
que éste es el único medio que puede obligar á pedir 
y tratar paces, establecer mientras bivimos una bue- 
na disposición y firme oixienanza para mantener nues- 
tra Corona en el estado en que oy se halla. 

La Francia ha echo ver claramente que siendo un 
cuerpo toda ella, es invencible, y que en su unión es- 
triva su fuerza y grandeza, como también que de su 
desunión pende la ruina y perdición ^ie toda ella, y 
que manteniéndose así la fuerza, los malos franceses 
se reportarán, los malos afectos refrenarán sus desig- 
nios sin pasar á operaciones, temiendo que les ha de 



108 
salir mui contra su combpniencia; principalmente si 
ven ellos que la autoridad real se funda sobre finos y 
buenos cimientos, conocerán que no pueden con faci- 
lidad contractarse ni destruirse. Y finalmente, quan- 
do ellos verán que se govierna del mismo modo que 
basta aquí, con igual cuidado y vigilancia, sustentan- 
do, con la misma grandeza, el mismo rigor j valor 
nuestra Monarquía, considerarán que deven conser- 
var la unión con nuestros aliados, que es una de las 
principales fuerzas de la Francia. 

Nuestras acciones y procedimientos pasados son tes- 
tigos que advertirán y claramente dan á conocer el 
amor grande que tenemos á nuestros pueblos, y el de- 
seo de que se conserven y de que á costado nuestros 
travajos adquieran y gocen de una perfecta quietud, 
y la resolución que aora últimamente tomamos no es 
á otro fin que al de manifestar nuestra grande afición 
y voluntad hacia nuestros pueblos, queriendo clara- 
mente mostrarla en ocasión de la muerte para que la 
execución de nuestras últimas voluntades produzga 
sus efectos en un tiempo que nos no tendremos ni ve- 
remos, y aparte la felicidad de éste nuestro reyno, aun- 
que al presente nos es de gran contento y alegría la 
esperanza y consideración del buen estado y sucesos 
que ha de tener nuestra Monarquía. 

Ahora, pues, para poner en execución nuestro in- 
tento, havemos pensado que no podíamos tomar ni 
hallar camino más seguro que aquél que en tales oca- 
siones tomaron los Reyes nuestros predecesores. Aque- 
llos grandes Príncipes juzgaron, y con mucha razón, 
que el rejimiento y govierno de un reyno consistía en 
la instrucción y crianza de los Reyes en las menores 
edades, y que no podía disponerse ni darse mejor que 
á las mismas madres de los Reyes y sucesores, que 



109 

sin duda son las más interesadas en la conservación 
de las personas de sus propios hijos y de su propia co- 
rona: ningunos otros, por cierto, podrian ser elegidos 
para tal ministerio con más justicia y razón que ellas. 
Por estas causas y razones de nuestra cierta cien- 
cia, entera potestad y real autoridad, ordenamos, que- 
remos, es de nuestro gusto y avernos ordenado antes 
de nuestra muerte que todo el tiempo que nuestro 
hijo primogénito el Delfín, hasta tanto que tenga la 
edad de diez y nueve años cumplidos, ó en caso que 
nuestro dicho hijo sucediese morir, de nuestro segun- 
do hijo el Duque de Anjou, nuestra cara y amada es- 
posa y dulce compañía la Reina Madre de nuestros 
hijos sea rejente j governadora en Francia, y que 
ella tenga y á ella toque la crianza y educación de 
dichos nuestros hijos, juntamente con la administra- 
ción y govierno de todo nuestro rey no, hasta tanto 
que aquél que havrá de reynar llegue á la edad seña- 
lada, con consentimiento empero de todo el Consejo y 
de la manera que más abajo ordenaremos. Y en caso 
que dicha Rey na, seguida nuestra muerte, sucediese 
en el tiempo de su govierno alguna indisposición, y 
acavase sus días antes que dichos nuestros hijos lle- 
guen á la edad de poder governar, disponemos, que- 
remos y ordenamos que ella, con parecer del Consejo 
que abajo formaremos, pueda elegir alguna persona á 
la qual toque el govierno y crianza de nuestros hijos 
y del reyno hasta tanto que qualquier de los dos lle- 
gue á la edad señalada; declaramos desde aora que 
confirmamos y hacemos buena la disposición que será 
por ella echa, y queremos que aquélla tenga seguro y 
verdadero efecto, como si nos la huviéramos ordena- 
do y dispuesto de aquella manera, y por testigo de 
aquesta verdad lo será nuestro amado hermano el Du- 



no 

que de Orleans, que ninguna de las cosas sucedidas es 
bastante motivo para minorar la grande afición y vo- 
luntad que tenemos á su persona. Ordenamos y que- 
remos que después de nuestra muerte él sea Lugarte- 
niente del Rey menor en todas las provincias de Fran- 
cia, exercitando este cargo todo el tiempo que tarda- 
re á reynar mi dicho hijo el Delfín, ó por caso de su 
muerte mi segundo hijo el Duque de Anjou, devajo 
empero de la autoridad de dicha Reyna Regenta j 
Governadora y del Consejo que por nos será ahajo or- 
denado, y no obstante la declaración hecha, leyda y 
rexistrada en nuestra Corte del Parlamento de París, 
la qual privava de toda administración dentro nues- 
tro reyno, nos la anulamos y derogamos como ya la 
avemos anulado y derogado por las presentes, y por 
esta causa y efecto confiamos de su buen natural y 
prometemos honrrará y estimará nuestra voluntad con 
una ovediencia leal y entera, y que él servirá al reyno 
y á nuestros hijos con la fidelidad, voluntad y afición 
que su sangre, su nacimiento y las gracias de nos le 
obligan. Declaramos empero que si él llegase á desen- 
tir ó con algo contradecir á nuestros órdenes, en tal 
caso ordenamos, queremos y con la presente declara- 
ción mandamos que sea del todo privado del dicho 
cargo y oficio de Lugarteniente general, previniendo 
desde aora para en tal caso á nuestros vasallos que no 
le ovedezcan ni reconozcan como á tal, antes lo ayan y 
reputen como á depuesto de tal cargo; pero nos tenemos 
.una segura esperanza déla virtud, piedad y prudencia 
de nuestra cara y amada esposa la Reyna Madre de 
nuestros hijos, que há de tener con esto maior vigilan- 
ola de engrandecer y ensalzar nuestra Corona. 

Pero como el cargo de governar es de tan grave 
peso que en él consiste la salud y entera conservación 



111 

de nuestro reino, y que casi es imposible, y que ella 
pueda tener total y perfecta conigción, y tan caval 
como se necesita, y para la resolución de tan graves 
y difíciles negocios, que sólo se alcanza con larga ex- 
periencia. Por tanto, havemos juzgado ser de mucha 
consideración, y por consiguiente preciso, establecer, 
formar y ordenar un Consejo, que asista siempre cer- 
ca de ella para el rejimiento y govierno, dándose no- 
ticia de todo, poniéndolo empero vajo de su autoridad; 
los grandes ó importantes negocios se resolverán con 
voto, y para disponer mejor el cuerpo de este consejo 
hemos juzgado que no podíamos hacer cosa más acer- 
tada y más puesta en su punto que hacer Ministros y 
Consejeros de Estado á nuestros amados parientes el 
Príncipe de Conde y Cardenal Mazerino, nuestros 
amados y leales vasallos: el S.**^ Seguier, Consejero de 
Francia, guardia de los sellos y Comendador de nues- 
tras órdenes; el S.^"" Botillier, sobre intendente de 
nuestras finanzas y tesorero de nuestras órdenes, y el 
S.°'' Caviny, Secretario de Estado y de nuestras órde- 
nes y mandamientos. Queremos y ordenamos que 
nuestro caro y amado hermano el Duque de Orleans, 
y en su falta nuestros caros y amados parientes Prín- 
cipe de Conde y Cardenal Mazerino, sean cavezas ó 
Presidentes del Consejo, según la orden para esto dada, 
bajo empero la autoridad de la dicha Reina Rejente y 
Governadora de todo nuestro rey no. Y por quanto nos 
creemos que no podríamos hacer cosa mejor que ésta, 
por tanto ordenamos, queremos y expresamente pri- 
vamos que en manera alguna pueda mudarse dicho 
Consejo, tanto queriendo disminuir como aumentar, 
entendido empero que sacando una ó más de las plazas 
de dicho Consejo por muerte ú otra causa, entren en 
ellas y sean proveídas las personas que la dicha Reyna 



H2 

juzgará dignas, pero con parecer y votos por maior 
parte del Consejo. Queremos y declaramos que todos los 
negocios, tanto de paz como de guerra, como también 
todos aquellos negocios de importancia para nuestro 
Estado y Reyno, atendiendo siempre á la disposición 
de nuestras últimas voluntades, sean deliverados y re- 
sueltos por el susodiclio Consejo por más número de 
votos, así mismo para ver aquéllos que han de ser pro- 
movidos quando faltan los que oy se hallan y entran 
en los oficios de nuestra Corona, como son sobre inten- 
dentes de las finanzas, primero Presidente., Pror. gene- 
ral en nuestra Corte y Parlamento de París, S/'<^^ de Es- 
tado y Guerra, Governadores de plazas francesas, etc., 
que también serán provistos por dicha Reyna Regen- 
te con parecer del Consejo, sin el qual no podrá dispo- 
ner ni hacer negocio alguno de los referidos; y quan- 
to á estos negocios, podrá ella disponer sólo con la par- 
ticipación del Consejo, y para los Arzovispados, Obis- 
pados y Abadías que tocan nombrar como nos hemos 
hecho hasta de presente, tendrá cuidado particular de 
que sean provistos en las dichas dignidades sujetos de 
méritos y virtudes y que haya tres años que estén cons- 
tituidos en orden sacerdotal. Creemos y tenemos por 
cierto haver recivido tantas gracias de la divina mano, 
que están obligados á obrar de manera que la reyna 
madre de nuestros hijos sea cuidadosa y siga en la pro- 
visión de las dignidades eclesiásticas el orden que le 
havemos dado, que lo consultará y tomará parecer del 
amado Cardenal Mazerino, al qual havemos echo ver 
y conocer la afición y voluntad que nos deve, que nues- 
tro señor sea en todo glorificado, y como él, por su 
dignidad grande que ocupa en la Iglesia, está más obli- 
gado á procurar que la quede bien asistida y venera- 
da, y á mirar que sean promovidos en dichas digni- 



dades las personas más pías y ejemplares en orden, 
santidad y literatura, tenemos por cierto que él acon- 
sejará rectamente y que se conformará con nuestras 
intenciones; él nos ha dado con varias experiencias 
y pruevas de su fidelidad y grande inteligencia en 
ocasión de graves ó importantísimos negocios, así en 
los tocantes al reyno, como también en los pertene- 
cientes á fuera de él; que havemos creído y tenido por 
cierto que no podíamos confiar después de nos para 
la execución de esta orden, de otra persona más apro- 
pósito y que con más seguridad lo pueda hacer que 
nuestro amado pariente el Cardenal Mazerino, y por 
convenir mucho por graves razones, y por el bien de 
nuestro reyno, hemos sido obligados á privar al S.""^ de 
Gastelnuevo oficio y cargo de guardar el sello de Fran- 
cia y de hacerlo llevar con guarda al castillo de Ango- 
lesma, en donde oy se halla con orden nuestro, quere- 
mos y mandamos que el dicho S.*^'" de Gastellnou prosi- 
ga en el mismo estado en que se halla en el castillo de 
Angolesma, hasta que las paces sean tratadas y ajus- 
tadas, y no podrá ninguno mirar por sus negocios ni 
darle livertad sino por orden de la Rey na Regente con 
parecer del Consejo, señalándole un lugar para reti- 
rarse dentro ó fuera del reyno, según á ellos les será 
bien visto; y como nuestros deseos é intenciones no 
sean otro que ver de qué modo podrían quitarse todas 
las ocasiones de inquietud y discordias para mantener 
la paz, conservar la quietud y tranquilidad de nuestro 
reyno, y por el conocimiento y experiencia que tene- 
mos de la mala condición de la S/* Duquesa de Che- 
reuse, de las trazas con que á procurado hasta oy sem- 
brar discordias dentro nuestro reyno, las facciones, 
comercio y las inteligencias que tiene con nuestros 
particulares enemigos de afuera, juzgamos y creemos 

Tomo xxiv 8 



114 
ser niui proveclioso privarla como la privarnos de la 
entrada en nuestro reino durante la guerra: querien- 
do así mismo que después que sean tratadas y conclui- 
das las paces no pueda bolber la Duquesa dentro nues- 
tro reyno, sino con licencia y orden de la Rey na y de 
parecer de nuestro Consejo, con pacto y condición que 
no pueda estar ni avitar aun en ese caso en lugar cer- 
cano á la Corte, ni cerca la Reyna; y quando alguno ó 
algunos de nuestros vasallos de qualquier grado, cali- 
dad y condición que sean, hayan sido compelidos por 
sentencia, condenación ú otro modo á salir de nuestro 
reyno, queremos que la dicha Reina Regente no pue- 
da tomar ni hacer resolución para que buelban sin pa- 
recer del Consejo: queremos y ordenamos que nuestra 
amada y cara esposa la Reyna, madre de nuestros hi- 
jos, y nuestro caro y amado hermano el Duque de Or- 
leans, hagan juramento ante nos y en presencia de los* 
Príncipes de la sangre, otros Príncipes, Duques, Pa- 
res, Mariscales de Francia y Oficiales de nuestra Co- 
rona, de observar y guardar todo lo contenido en esta 
nuestra declaración, sin que en manera alguna pue- 
dan contradecir á ella: y así mismo ordenamos á nues- 
tros amados y fieles Oficiales del Parlamento y Corte 
de París, que esta presente declaración la hagan leer, 
publicar y rexistrar, para mui puntualmente sea ob- 
servada y guardada, sin que haya ni se haga contra- 
dicción alguna por modo, camino ó vía alguna, por- 
que éste es mi gusto y voluntad; y para que esta de- 
claración tenga más fuerza y sea de maior valor, para 
siempre la firmamos de nuestra mano y queremos y 
hacemos firmar bajo la nuestra amada esposa y nues- 
tro caro hermano el Duque de Orleans, y de los tres 
S."°« de Estado y de nuestras órdenes, estando todos 
presentes ante nos, y avernos mandado poner nuestro 



115 
sello maior. Hecho en San Germán en el mes de Abril 
de 1643 de nuestro reynado 33 años. 

Todo lo sobre diclio es mi expresada y última volun- 
tad y queremos y mandamos sea executada. — Luis. — 
Anna. — Visa. — Philipeaux. — Buitiller. — De Gaune. — 
Gastón. — Gava. 

CAPÍTULO 145. 

ENTIERRO Y TRANSPORTACIÓN DEL CUERPO DEL REY DESDE 

SAN GERMÁN A SAN DIONÍS. 

Experiméntase bien amenudo la misericordia divi- 
na, pues aunque permite el desconsuelo y travajo, 
save luego con liveral y franca mano embiar y dar el 
consuelo, y así nunca deve un pueblo, por afligido que 
se halle de angustias y persecuciones, desconfiar del 
aUvio y remedio. La Sagrada Escritura nos lo acuerda 
á cada paso: léala el curioso, que por no dilatarme 
aquí le remito á ella sin cotarle los lugares. Llorava 
toda la Francia en fúnebres exequias y tristes lágrimas 
la muerte de su Rey Luis treceno, y no bien el humo 
de tanta lúgubre antorcha se avía perdido de vista, 
quando quiso el cielo consolarla con la fehz y memo- 
rable Vitoria que consiguieron las armas francesas, go- 
vernadas por el de Anguien en el sitio de Rocroy, con 
muerte de más de ocho mil enemigos, según reza la 
Gaceta: vaticinó este suceso S. M. antes de morir, di-r- 
ciendo al Príncipe de Conde que estubiese alegre, que 
su hijo el Duque de Anguien, caro y amado pariente 
suio, ha de ser mui dichoso, y dentro de poco tiempo 
ha de conseguir una señalada victoria, que sin duda 
era ésta que sucedió ocho días después de su falleci- 
miento, y no falta quien asegura que en medio de la 
refriega se vio visiblemente al mismo Rey difunto so- 



i16 

bre un cavallo blanco peleando contra los enemigos 
de su corona: así lo persuaden con mucha aseveración 
personas de conocida virtud, y si es así, dichoso Rey 
que eterno reyno goza corona perpetua y dichosa mo- 
narquía, pues tiene en el Impíreo quien henee batallas 
á poca costa y quien la asegura gloriosos progresos. 
Pasemos al asunto, y prevenga el corazón más duro 
ternezas, que aunque sea diamante ha de parecer de 
cera. 

El día 19 de Mayo de 1643, á las tres de la tarde, 
vestido de pontifical el Obispo de Meaux, asistido de 
los Capellanes limosneros de S. M. con sobrepelhces, 
levantó el cuerpo del Rey difunto en esta forma: toma- 
ron las quatro esquinas del paño los quatro Capellanes 
más antiguos de S. M. Xpma., honor que sólo pudo 
pertenecerle á ellos, negándolo á los Pares y Grandes 
de Francia por resolución y parecer del S.*'^ deSaintot, 
que conformando con la voluntad de S. M., dispuso la 
función sin pompa ni ruido, para evitar con esto los 
disturbios que ocasiona entre los Grandes la pretensión 
de precedencias. 

La música de la Capilla real cantó el salmo De pro- 
fundis, y acavado dijo el Obispo las sólitas oraciones, 
y el S.»"" de Cetón, Capitán de la Guardia escocesa, con 
doce soldados, tomó el cuerpo y lo llevaron desde el 
aposento ó cámara hasta el carro que estava preveni- 
do en la plaza del Castillo á la puerta de las guardias, 
en el cual estava toda la guardia puesta en ala. La no- 
bleza y principales Oficiales del Real Palacio, llevan- 
do por Cavo al S.*''" de Sonuray, siguieron el Real ca- 
dáver, conducido por las guardas; venía el Conde de 
Xarroti, Capitán de la guardia del cuerpo, que según 
se observó guardava el cuerpo con la misma vigilan- 
cia que si viviese; el Duque de San Simón, el Mariscal 



i17 

Escomberch, el S.'"' de Lincourt, el Marqués de Mon- 
temar, los S/^^ Montespan de la Xastre, Capitán de 
la guardia, y cantidad de otros Grandes del reyno, 
acompañados de mucha nobleza y gente de condición, 
que acompañaron el cadáver hasta el carro, en el cual 
se depuso la guarda escocesa y cubrió con un paño de 
terciopelo negro cruzado con raso blanco y rodados de 
escudos de las armas reales, y á cada esquina llevava 
diez y seis; arrastrava el paño por tierra; tiravan el 
carro seis cavallos negros engarzados de terciopelo 
negro y con gualdrapas cruzadas de raso blanco. El 
Gura de San Germán, asistido de su clero y feligreses, 
con sus velas aguardó el féretro ó carro á la puerta 
del castillo y le acompañó hasta la villa de Pet: allí le 
recivió el Gura de Pet y le acompañó hasta el lugar 
más vecino, y sucesivamente los demás cleros y curas 
por donde pasava, hasta llegar á San Dionís lo hicie- 
ron así. 

La cavallería y las compañías de las Órdenes de la 
guarda del Rey que fueron nombradas para esta fun- 
ción; los archeros del gran Praboste, del Gapitán déla 
Posta y otros de infantería que acompañavan el cuer- 
po, fueron ordenados de adelantarse á un quarto de 
legua de San Dionís, y que tomando sus puestos cada 
uno según le tenía al salir de San Germán, aguarda- 
sen el acompañamiento: governava esto el S.'^'^ de 
Saintot. 

La compañía de mosqueteros del Rey marchava ade- 
lante sin que la caja tocase; el S.»"* de Serville, capi- 
tán á la manguardia; venía consecutiva la compañía 
de 200 cavallos ligeros de la guardia, y el Mariscal 
Scombert, sin que sonase el clarín ni la trompeta; se- 
guíanlos los ordinarios, Gentiles hombres y criados del 
Rey, Mayordomos y demás Oficiales del Real Palacio; 



H8 

en una carroza del Rey que seguían venían los Limos- 
neros de S. M. vestidos con roquete y bonetes, dando 
limosna por donde pasa van; marchavan después los 
Camareros, Gentiles hombres de Cámara, aludas de 
Cámara, reposteros y guarda ropas, componiendo este 
género de Oficiales hasta 300 hombres á cavallo y 
vestidos de luto de dos en dos; sucedía otra carroza de 
Limosneros y Capellanes del Rey. 

Venía después el carro ó carroza del Rey, y en ella 
el S.*»" de Souvray, Cavo del acompañamiento; el Obis- 
po de Meaux; los primeros Gentiles hombres de la Cá- 
mara, y el Confesor del Rey; el S.'*'" Bretón, rey de ar- 
mas, y seis archeros, que es lo mismo que flerauti, con 
las armas y caravinas en las manos delante el carro 
en que iba el cuerpo, á cavallo, y más de quarenta 
pages á pie con achas encendidas en la circunferencia 
del carro; seguíanlo el Conde de Jaroti, Capitán de las 
guardias; el Duque de San Simón, primero cavallerizo 
de las guardas del cuerpo y de los cavallerizos de la 
primera cavalleriza; marchava después la compañía 
de ducientos de armas de la guardia del Rey, el Conde 
de Saligni, y el S.*"* de Beuspis á la retaguardia con 
un gran número de otros cavalleros que seguían el 
acompañamiento . 

Llegóse á media legua de San Dionís á ocasión que 
faltó la luz del día; supliéronla la de las achas, conti- 
nuando el viaje hasta medio quarto de San Dionís; el 
S.o'' de Sainet hizo tomar puesto á los archeros del 
Paborte de Palacio; después los cavallos ligeros y 
cien suizos marchando más presto delante del cuerpo 
con una acha cada uno encendida y las puntas de las 
alavardas hacia tierra; seguían las trompetas y ata- 
bores sin ruido alguno. 

Después de esto tomaron puesto los Oficiales de la 



119 

Gasa Real á 200 pasos de San Dionís en filera, con 
achas encendidas cada uno; seguían después los Oficia- 
les generales y otras personas de nobleza, y todos se 
apearon, y lo misrao los que venían en las carrozas, 
llegando este acompañamiento asta la puerta del lu- 
gar de San Dionís que llaman de París; el S.^"^ Obispo 
de Meaux, asistido de los Limosneros y Capellanes y 
vestido de capa plubial y mitra, encontraron todos los 
religiosos de la Abadía acompañados de las órdenes 
eclesiásticas, rectores, curas y canónigos de quarenta 
partes, religiosos de San Francisco y de otras religio- 
nes, y todos con achas encendidas. Los religiosos can- 
taron sus responsorios, y rodeando la carroza en que es- 
tava el cuerpo, incensando dijeron sus oraciones }• se 
bolbieron á esperar con el clero el cuerpo. Y llegan- 
do el Obispo de Meaux, primero Limosnero de S. M., 
se le entregó en propia mano el cuerpo del Rey, y 
prosiguiendo se entró dentro del lugar de San Dionís; 
el rejimiento de suizos formava en ilera una calle des- 
de la puerta del lugar hasta la de la iglesia: estavan 
las ventanas llenas de linternas con luces, y en cada 
puerta de las casas una acha encendida porque eran 
las diez de la noche para la gente de guerra y demás 
acompañamiento; delante de la iglesia, en la orden ya 
referida y llegando el superior de los monges de San 
Dionís, preguntó (según antigua costumbre) al Obispo 
si era aquél el verdadero cuerpo del Rey difunto; y 
respondiendo que sí, dijo el superior su oración, y to- 
mando la guarda escocesa el cadáver del carro ó ca- 
rroza le llevó dentro la iglesia y lo colocó en lo emi- 
nente del capilardente que esta va dispuesto en medio 
de la iglesia: ésta, así coro, presviterio como puertas 
y las de la villa, estaban cubiertas de paño negro; diez 
annas en alto, que es algo más que diez varas, con pa- 



420 
samanes de terciopelo negro y escudos de las armas 
reales; todo el contorno de la iglesia, travesías del 
coro y ruedo del altar maior estava lleno de velas 
blancas á tres ileras, entrando todos dentro el coro: en 
él se tomaron lugar los eclesiásticos sin atender á pre- 
heminencias, y se cantaron las vísperas y oficios de 
difuntos con gran solemnidad y otras rogativas y ora- 
ciones con suma devoción, como suelen aquellos san- 
tos monges y lo pedía la ocasión, y concluidas se res- 
tituieron todos hasta el día siguiente, que en concurso 
de muchos Arzobispos, Obispos, clero y religiosos y 
grandes de Francia, con los Oficiales de la Real Gasa, 
sin atención de puestos ni lugar destinado se celebró 
por aquellos religiosos las solemnes exequias que re- 
quería tal personage: acavadas éstas se repartió una 
general y crecida limosna á diez mil pobres; al mismo 
tiempo y con no menos devoción, solemnidad y ter- 
nura, en el convento de los recoletos de San Francisco 
se celebraron oficios por el difunto Rey y por su al- 
ma; no sólo en San Dionís, pero en lo más de la Fran- 
cia, se ofrecían millares de sacrificios y Misas; acava- 
dos los oficios, quedó el cuerpo en el mismo lugar y 
con guardia escocesa hasta que á la noche del día 20 
se le dio sepoltura entre los demás Reyes en el pan- 
teón de la casa deBorbón. O cathólicos catalanes, apli- 
cad la consideración á lo que havóis perdido en la 
muerte de este Xpmo. Monarca; bolved los ojos atrás 
y mirad la opresión, vejaciones, desonrras, infortu- 
nios y cautiverio en que os tenían los castellanos; 
atended á que por su mano y medio os halláis libres 
de todo, pues no contento con socorrernos con tropas, 
cabos, municiones, víberes y dinero, vino personal- 
mente como se ha visto á la jornada de Perpiñán, que 
es la última que hizo; acordaos de aciones tan de pa- 



121 

dre y rogad por su alma, y temed que no se muden las 
cosas, pues en las mudanzas del govierno suelen dar al 
través las Monarquías; y aunque nos queda una Reyna 
tan prudente y savia, devenios recelar, pues no tenien- 
do aún no tenemos del todo fuera de casa al enemigo, 
y pudiera serlo estaría presto á no haverse apagado 
el aliento de nuestro Monarca; pero fiemos de que en 
más seguro imperio lo tenemos por nuestro patrón: 
así suceda, y que con los tutelares que esta provincia 
venera nos consigan de Dios entera quietud: reynó 33 
años, edad de Ghristo; y si se deve dar crédito á lo que 
se refiere que de 20 en 20 Reyes de Francia ay uno 
santo, éste cumple los 20, con que podemos con más 
esperanza prometernos muchas felicidades de quien 
tanto nos amó en vida. 

CAPÍTULO 146. 

PARTE Á LÉRIDA EL MARISCAL, ENTRA POR ARAGÓN Y PROGRESOS 
DE LAS ARMAS EN RIVAGORZA. 

Deseando el S.^»*" Mariscal de la Mota proseguir sus 
operaciones de la guerra por la parte de Aragón y 
apoderarse del Condado de Rivagorza, país muí im- 
portante á sus designios, después de prevenido lo ne- 
cesario en Lérida, partió S. Ex.^ para. aquella ciudad 
mui á la ligera y sin ruido el día 23 de Junio de 1643; 
llegó á Lérida, y á primeros de Julio pasó S. Ex.* á 
Monzón con dos cañones de batir y seis piezas de cam- 
paña; estubo allí dos días, en los quales se le tomaron 
al enemigo diez batidores, y por ellos se supo que las 
tropas castellanas constavan sólo de mil cavallos y 
poca infantería y mui visoña, que parecía lo que á nos- 
otros nos sucedía en los principios de nuestra restau- 
ración. Mandó S. Ex.^ al S.«^ de Terrail, Mariscal de 



122 

campo más antiguo en el exórcito, que con gente bas- 
tante para la empresa se adelante á tomar la villa de 
Estadilla; llegó á ella, y no se le queriendo rendir, dio 
quenta á S. Ex.^, el qual á las quatro de la mañana 
estubo sobre ella, y á poco rato la rindió á merced de 
Rey, pacto concertado entre los naturales y el S."'' de 
Tarrail; el castillo se resistió, pero fué batido con tal 
pujanza, que al mediodía intentaron darle asalto por 
una torre que á la fuerza de la batería caió en tierra; 
temieron los sitiados, y á costa de muchos ruegos y lá- 
grimas alcanzaron de S. Ex.^ el rendirse á merced de 
señor. Mandó S. Ex.^ comboyar las mugeres, viejos y 
niños, que pasavan de 800, hasta tierra del enemigo, 
y retirar los prisioneros aptos para las armas á Mon- 
zón, que pasavan de 500. El pillaje que luego se des- 
cubrió importava más de mil ducados, y aseguravan 
havía mucha riqueza oculta: este suceso se devió á 
Madona de Monserrate y á la visita que la hizo 
S. Ex."* al pasar á Lérida, pues el día 4 de Julio esta- 
va ya concluido. 

Mandó S. Ex.^ á los que comboyaron las mugeres 
que no fuesen ofendidas en cosa alguna, y particular- 
mente en cosa de honor; á la que bolbían del comboy 
vio S. Ex.^ que havía dos mugeres desviadas del cami- 
no y de edad da 70 años cada una, y que un soldado es- 
tava deshonestamente tratando con una: no pudo su- 
frirlo su celo, porque disparando una pistola al soldado, 
le tiró; y no contento con esto, mandó que luego allí 
mismo le arcabuceasen: echo, mandó que qualquier 
soldado ú oficial que tubiese muger en amancebamien- 
to fuese indigno de pretender merced alguna de S. M., 
y no sólo esto, pero que estubiese reputado por infame: 
tanto era lo que celava la honestidad; con poco menos 
rigor procedía contra los que maltratavan al paisano. 



\23 

Lunes siguiente 6 de Julio de 1643 partió el S.^"^ de 
la Ferrixera, Mariscal de campo, con 600 cavallos y 
2.000 infantes para la villa de Venavarre, pobla- 
ción mui populosa, acomodada y caveza del Condado 
de Rivagorza, que consta de 300 pueblos, y por todo 
esto de mucha importancia para nuestros intentos y 
para poder recobrar la Corona de Francia el Reyno de 
Navarra, que injustamente tiene usurpado el Rey de 
España: viendo los de Venavarre la pujanza de nues- 
tras armas, capitularon luego que se tendrían por 
Francia: así como el Principado de Cataluña, y con la 
esperanza de que en breve se reduciría el resto del 
Condado. 

Tenía el 8.°'^ Virrey dispuesto el fabricar un puente 
de barcas y madera para pasar el río Cinta, y la ar- 
tillería también á punto; pero mandóla retirar á Lé- 
rida, y así mismo las barcas al río Segre, porque el 
señor no las maltratase: frustróse esta idea el averse 
savido que todo lo que ofrecieron fué sólo por hacer 
tiempo hasta que llegase el socorro del Castellano; y 
como el país de Rivagorza por su aspereza sea inac- 
cesible ó incapaz de la artillería, retiró S. Ex.^ la suia 
y paró en el designio pasar Cinca, porque no asegu- 
rando la Rivagorza, era exponerse á evidente riesgo; 
saqueáronse las villas de Calasaz, Peralta de la Sal y 
otras, destruiendo aquella frontera; los pueblos que 
sin resistencia se rendían se libra van del saco; los que 
hacían armas se davan á pillaje; algunos castillos que 
se hallavan se hechavan á tierra, para que el enemi- 
go no se pudiese hacer fuerte en ellos. 

El miércoles partió el S.^"* Virrey á Benavarre en 
persona para ver si podía obligarles con su presencia 
á tener lo ofrecido como caveza de la Rivagorza, ó 
que si no lo pasaría á fuego y sangre: en los lugares 



134 

que se saquearon se alió mucho de tocino, vino, acei- 
te de que abunda aquel país, lana, ganado, ropa blan- 
ca, arambre y cobre de calidad, que los vivanderos 
hubieran de perder lo que llevavan y cargar de lo que 
vendían los soldados; á Lérida llegó mucho ganado y 
aceyte, que después de bastecido y mantenido el exór- 
cito sobraba; avía famosa cosecha, con que la cavalle- 
ría tubo lindos forrajes, y quando no se huviera con- 
seguido otro que enriquecer y mantener el exército en 
tierra del enemigo, era hacer mucho; y las memorias 
que de esto quedó á la Ribagorza duraron muchos 
años; escapóse Fraga no sé cómo, que arto mal nos es- 
tubo; publicóse que á 20 ha vía de estar el exército 
junto en Tamarite para ir sobre Tarragona, porque la 
armada del Castellano havía ido á Oran porque el 
Moro imbadía por aquella parte. 

El Marqués de Mortara estava á la otra parte de 
Ginca sin poder dar socorro á la Ribagorza por venir 
mui crecido el río; otros dicen que por tener poca gen- 
te, bien que se murmura que para el Octubre ha de 
venir con gran poder á sitiar á Lérida, pero defende- 
ráse como lo demás; S. Ex.* retiró el exército á Ta- 
marite, y él se entró en Lérida con las dos personas 
que los de Benabarre havían dado en renes, de las 
quales se divulgava harían justicia. Quemaron las más 
de las casas de Benabarre, dejando indene la iglesia, 
y á mediado Jubo se vino S. Ex.* á Barcelona, em- 
biando parte de cavallería al campo de Tarragona 
para que al llegar la armada de mar se pudiesen efec- 
tuar los intentos de sitiarla. 



125 



CAPÍTULO 147. 

LLEGA A BARCELONA LA ARMADA DE MAR FRANCESA, Y LO QUE OBRA 
CONTRA LA ENEMIGA. 

Por la muerte de S. M. Xpma. se entró en gran des- 
confianza creiendo que se mudarían mucho las cosas: 
en parte sucedió así, y que no veríamos más la arma- 
da de mar; pero Dios asiste á los suyos en las maiores 
aflicciones: sucedió así con nosotros, pues viernes á 7 
de Agosto, por la mañana, empezó Monjuique á seña- 
lar armada de mar de Levante; empezóse á descubrir 
alta mar en derechura del muelle y las proas derecho 
á Barcelona; y como no se tenía noticia de que nave- 
gase por estos mares la ai;mada de Francia, temieron 
todos con el S.*'"' Virrey no fuese la Castellana que por 
las islas viniese á darnos algún recelo; mandó apres- 
tar las nueve galeras que estavan en el muelle y re- 
forzar una quanto pudo para que saliese á descubrir 
qué armada era aquélla, dándole dos señas, una de paz 
y otra de guerra, para que en conocerla diese aviso; 
partió la galera, y después de bien reconocida la ar- 
mada hizo señal de paz, con que todo el cuidado se 
convirtió en gozo y alegría; llegó á dar fondo á la tar- 
de: constaba de 36 navios entre brulotes y de pelea; 
governávala el S.*'"' Duque de Verso, y venía con la 
misma capitana que el año pasado, que era un hermo- 
so y fuerte vagel; el día siguiente entraron á ver al 
General el S.^^^ Virrey y el de Argenson, y tubieron en 
la cámara de popa largo rato de tratar sobre materias 
de la guerra: quando llegó la armada hizo salva á la 
tierra; respondió ésta, y Jas galeras, saliendo del mue- 
lle, hicieron también vella salba, así de artillería como 
de mosquetería. 



126 

Son incomprensibles los juicios de Dios y los modos 
por donde suele umillar soberbios y castigar en esta 
yida las culpas y pecados, y aun á veces no bastan sus 
avisos para desviarnos de nuestras depravadas inten- 
ciones: sucedióles así á los castellanos, pues algunos, 
tres o quatro días antes de llegar nuestra armada para 
custodia de estas costas, intentaron pasar un socorro 
á Rosas con tres navios de Dunquerque: uno de mer- 
caderes, una polaca y una barca; pero el viento con- 
trario los hizo retirar hacia Poniente, y lo que á ellos 
era contrario, á nosotros era favorable, pues navega- 
va á estos mares la armada con el viento que á ellos 
les hacía retirar. 

Domingo 9 de Agosto 1643 por la mañana, hecho 
Monjuique lo treu y Pomo á Poniente señalando ar- 
mada de vageles, descubriéronse las velas referidas 
españolas, y dudando en Barcelona si sería algún com- 
boy que vendría á unirse con nuestra armada, avía 
variedad de pareceres; pero redujéronse á uno viendo 
se hacían muí al mar las tales velas y que en reti- 
rarse adentro se hacían sospechosas, j así mandaron 
el S.**"" Virrey y General Verse que las 9 galeras con 8 
navios saliesen á darles caza; púsose por obra á toda 
diligencia, y faltando el viento á los navios, dieron 
cavo á las galeras para que los remolcasen; dióronse 
los nuestros tan buena priesa, que aunque los enemi- 
gos huían, antes de cerrarse la noche los alcanzaron 
y llegaron á la pelea; procuraron las galeras ponerse 
bajo la artillería, y empezaron á cañonearse unos y 
otros con tan desusado valor, que sin duda ha sido la 
batalla más reñida que se ha visto de nuestros tiem- 
pos: parecía un ynfierno por el fuego, humo y es- 
truendo que causavan; por último, aprisionaron los 
nuestros todo el comboy ó socorro sin escapar ni una 



127 
barca. Bien que la barca que venía, aun después de 
presa, intentó escaparse con el veneficio de la noche, 
y no haviéndolo podido conseguir al desvío de la ga- 
lera que la traya de custodia, procuraron los cavos de 
la barca trasladarse á la xalupa con lo mejor que pu- 
dieron, y dando barreno á la barca poco antes de ama- 
necer escaparon á las islas y la barca vino á fondo, 
sin que se aprovechase de toda ella ni un palmo de 
cuerda; el Gobernador ó General de este socorro tam- 
bién se escapó en dos xalupas con dos señoras, algu- 
nos marineros, el oro y plata y dinero que trayan, 
quando vio era forzoso el averse de rendir, con que 
nada de dinero, ni de oro ni plata se halló en las jus- 
tas que quedaron: dixeron \oh rendidos que en la bar- 
ca havía mucha cosa y que por eso la echaron á fon- 
do. Murieron sobre los navios 42 hombres y huvo 7 
heridos. Los prisioneros fueron de 6 á 700 hombres, y 
entre ellos muchos cavos. 

Esta presa fué aún de maiores consecuencias que se 
puede imaginar, porque sobre que los navios iban car- 
gados de trigo, vino, cevada, avas y algunos molinos 
de sangre, con otras provisiones de guerra que queda- 
ron en nuestro favor, al enemigo se le disminuieron 
y los de Rosas quedaron con menos esperanzas de po- 
derse conservar, y nosotros con las de conseguir su- 
cesos de mucha importancia con tan buenos Gene- 
rales. 

Aviendo el S.*'^ Duque de Brese dispuesto de la pre- 
sa, ordenó que las galeras que estaban en el puerto 
navegasen á las costas de Francia: partieron el día 19 
de Agosto de 1643, y S. Ex.^ partió el día 22 con el 
resto de la armada para las costas de Poniente; com- 
poníase la armada de 34 velas, 20 navios de guerra, 
12 de fuego y dos fragatas; su designio era hacer al- 



128 

guna operación de importancia en las costas y puer- 
tos de Castilla hasta pasar el estrecho. Navegó hasta 
el cavo de San Martin, en donde quatro navios de los 
suios apresaron una nave inglesa que conducía 200 
españoles á Tarragona: por éstos supo el S.*^"" Duque 
de Brese que dentro del puerto de Gibraltar avía 39 
naves de guerra del Rey de España, sin saver para qué 
estavan destinadas; confirmóse el Duque en su desig- 
nio con esta noticia y con la esperanza de que no se- 
ría su viaje en vano. "Continuó su derrota hasta de- 
lante de Cartagena, á donde llegó el día 30 de Agosto 
de 1643, á las cinco de la tarde, y reconociendo el puer- 
to aquella noche vio en él quatro navios de guerra, 
seis galeras, algunas saetías y vageles de mercancía; 
resolbió hacer alguna acción memorable, y tomando 
parecer del Comandante Gutus y otros Capitanes, re- 
solvió dar fondo á la boca del puerto el día siguiente: 
todo fué admiración y temor en los cartagineses; ob- 
servavan los nuestros todas las acciones de los contra- 
rios: éstos formaron al entrar del puerto una estaca- 
da de vareos y árboles, y detrás de esto algunas var- 
eas de mercancía encadenadas con sus áncoras, á fin 
de que no pudiesen los vageles de fuego entrar; dis- 
pusieron mucha mosquetería tras de unas valsas que 
están atrás del puerto: viendo esto el S.*'"' Duque, re- 
solbió atacar el puerto con parecer de su Consejo de 
Guerra; y así, dividiendo en tres partes su armada y 
quedando él en el cuerpo de batalla para ir dando ca- 
lor al lado que sería menester, llevando la mira á que 
unos embistiesen al castillo, otros á la villa y otros á 
las plataformas, y todos juntos mantener los navios 
de fuego para que hiciesen la suya entrando en el 
puerto: dispuesto así, pocas oras antes de la señalada 
para embestir sobrevino un viento de tierra tan recio 



129 

y contrario, que obligó á levantar la áncora y hacer- 
se á la vela por temor de maior ruina: fué para los 
cartagineses de gran gozo, al paso que ha vía sido de 
temor y fué de dolor para los nuestros; viendo malo- 
grado su intento, prosiguió su viaje hasta llegar al cavo 
de Gata, en donde, topando viento contrario, dio fondo 
para no descaminar lo caminado. 

El día siguiente se descubrió un navio que al pare- 
cer se creyó ser de turcos: despacháronse las fragatas 
á darle caza y le obligaron á que llegasen al cañón; 
vióse ser olandés, y que confirmava el Capitán la no- 
ticia de Gibraltar. La armada estubo allí dos días en 
la playa por no dar lugar el viento á proseguir su 
viaje. 

Al otro día, que era el de 3 de Septiembre de 1643, 
las centinelas que estavan en las gavias de los navios 
descubrieron hasta 25 navios de alta mar, y según lo 
que se dejava alcanzar eran de guerra, conviniendo 
todos en ser la armada enemiga que venía de la par- 
te del estrecho. No fué menester dar nuebas órdenes, 
porque ya cada uno las tenía de lo que devía obrar 
y disponer en tal encuentro, y así, tomando sus pues- 
tos los navios se fueron uniendo cada uno donde le to- 
cava: navegaron de esta suerte hacia el enemigo, re- 
pitiendo el embiar xalupas en el discurso de la noche 
para por ellas y por los fuegos saver la navegación que 
llevava; poco más de amanecido el día quatro se ha- 
llaron á una legua de la armada castellana, y descu- 
brieron ser 5 galeones, 6 grandes navios flamencos y 
14 de Dunquerque, llevando el que menos de 30 á 40 
cañones y la mejor gente del mar que tenía España, 
y en su navegación dieron á conocer buscar ellos á 
los nuestros, así como nosotros á ellos. 

Á cosa de las 7 oras de la mañana mando el S.^"" Du- 

TOMO XXIT 9 



i 30 

que de Brese disparar una pieza sin vala por su Viceal- 
mirante en seña de embestir; siguióle toda la armada, 
quién más lexos, quién más cerca, según el velero de 
cada navio; al mismo tiempo el Almirante castellano 
hizo vela por toda su armada á fin de unirla, y viendo 
que un navio su matalote estava lejos del cuerpo de 
la armada y que corría fortuna por estar destacado y 
preso de los nuestros, llegó sobre ellos con un vagel 
de Dunquerque para hacer maior resistencia. 

Aviendo el S.^"" de Brese reconocido la navegación 
del enemigo, embió por una xalupa orden al 8.°'' de 
la Ferte para que con quatro navios que capitanea- 
va Gavarres, Larotxe, Brasdefer y Guitón de Ferli 
para que embistiesen algunos navios de fuego: hicie- 
ron éstos sus esfuerzos para hacerlos juntar; pero re- 
celoso el Almirante castellano, y temeroso de estos 
vaxeles, bolvió las velas y puso su armada dentro su 
cinta antes que nuestros navios llegasen á tiro de ca- 
ñón: no obstante eso, nuestro General, asistido de los 
S/®" de Montada, de Bayrrte, Masant, de Recorlart y 
del Gavallero de Salando con sus navios, siguió la rota 
del Almirante castellano, sufriendo siempre la carga 
del enemigo sin disparar los nuestros ni un tiro: el 
Duque de Brese llegó primero al Almirante castellano 
y al mismo tiempo los vageles de Dunquerque se re- 
volvieron con su Almirante para poder guardarle, y 
uno de. ellos se destacó para embestir nuestro Almi- 
rante y darle una ruciada de cañones: entendió el S.^^ 
Duque el designio, y mandando que con buena pun- 
tería se le disparase, logró el que á pocos tiros se pe- 
gase fuego á las municiones y diese á fondo, que fué 
el primero que perdieron: era este navio de 30 caño- 
nes y 300 hombres de guarnición, sin que se salvase 
alguno; en llegando nuestro Almirante á medio tiro 



13i 

de cañón del de Castilla, el S.^**" de Moneada, adelan- 
tándose á tomar su puesto, se puso dentro la zinca de 
los navios de Dunquerque que guardavan el Almiran- 
te castellano, y estuvo alli solo más de tres oras re- 
sistiendo la mosquetería y cañonazos de los de Dun- 
querque y su Almirante. Juntáronsele los S/«* de Ba- 
yart, Marcach y cavallero de la Landa, uniéndose casi 
con los enemigos; y siguieron á éstos Rualar, Du- 
querna, San Martín y Maran, combatiendo juntos con 
nuestro Almirante largo tiempo y resistiendo con bra- 
va porfía la carga del enemigo; mientras éstos obra- 
ban esto contra el Almirante castellano y su custodia, 
los ca valleros de la Sescaseria y Lucera}^, seguidos de 
dos brulotes, davan caza al Vicealmirante castellano; 
pero viendo que er?» más velero que no ellos, y que el 
Almirante de Ñapóles se desviava del cuerpo de su ar- 
mada, dio el S.^»* de la Sescaseria en seguirlo y fué con 
tanta felicidad y presteza, que al primer cañonazo le 
bolo parte de la proa; y preso el S.'^'' de la Monta- 
da, dejando atrás al S.^"* de la Sescaseria combatiólo 
dos oras cara á cara y teniéndole ya casi á punto de 
rendirse, el S.»^' de la Sescaseria le hizo abordar uno 
de sus brulotes que le dio fuego; hecho perder este na- 
vio, dio la Sescaseria por medio de la armada enemi- 
ga, combatiendo largo rato con famoso valor hasta 
que salió trepado de valas; poco antes el de Luceray, 
haciendo lo mismo, salió desarbolado y mui mal pues- 
to; el Almirante de Ñapóles, que se quemó, era navio 
de 50 piezas de bronce y cerca de 500 hombres de 
guarnición, de los quales se salvaron algunos que 
se arrojaron al agua, y los Oficiales en número de 60. 
Los SJ^^ de la Roche, Bras de Fert, Gavarret y cavalle- 
ro de la Fertó, que desde el principio del combate si- 
guieron al Vicealmirante castellano, y viendo éste que 



132 
el matalote que le seguía, si no era mui velero, lo aban- 
donó, los nuestros lo atacaron poco después, y al fin 
de un gran combate fué abordado por los dichos Ro- 
che, Gavarret y de la Ferté, rindiéndole á fuerza de 
pica y espada: llevaba este vagel 46 cañones y 350 
hombres, y entre ellos muchos Oficiales; el S."'' de la 
Roche, peleando, fué erido de un mosquetazo y murió 
del al cavo de quatro días; Gavarret recivió en la cara 
un pistoletazo, pero no fué de peligro la herida; el 
cavallero de cinco marcos se hizo conducir sobre un 
navio enemigo, y teniéndole ya casi rendido á fuerza 
de batalla, se lo estorvó un brulote nuestro rompién- 
dole impensadamente con sus garfios la vela maestra; 
reparóse el daño, y uniéndose con nuestro Almirante, 
que enfervorizado en la pelea qbligó al Almirante 
castellano á hechar su velamen fuera y ponerse en 
huida con su armada á la buelta de Cartagena, aban- 
donando xalupas y todo quanto no podía seguir: tal 
era el horror y temor que le hacían los nuestros. Los 
nuestros dieron en su seguimiento con todo esfuerzo, 
y dando con un vagel enemigo, estuvieron más de 
media ora en batalla; viéndose este galeón casi per- 
dido por el fuego que le dava nuestro Almirante, esti- 
mó más el abordar á su baxel menor, y teniendo opor- 
tunidad de hacerlo por más cercano el 8.°'' de Rayarte 
Masarch, lo embistió creyendo lograr la presa; pero al 
arrojarle el garfio recivió en el árbol maestro un ca- 
ñonazo con que el galeón tubo tiempo de destacarse y 
apartarse del nuestro, pero dio con el S.**'' de Montada 
que lo abordó y rindió. Llevaba este galeón 30 caño- 
nes y 300 hombres, y entre ellos 22 Oficiales; el in- 
tento del S.**'' Duque de Rrase no era aprisionar este 
vagel, sino echarlo á fondo y seguir la armada enemi- 
ga; pero por más esfuerzo que se puso no se pudo lo- 



<33 

grar, porque llegando la noche se perdieron de vista, 
y el Castellano, que huía como quien teme, apresuró 
su navegación quanto permitió el viento para tomar 
el puerto; y á no moverse un vientecillo de tierra, no 
ganara la embocadura del puerto de Cartagena antes 
del amanecer nuestro Duque de Brase: en acavándose 
el día, juntó su armada y puso en cobro los prisione- 
ros, con ánimo el día siguiente de bolber á la pelea; 
pero no lo consiguió, porque ya el enemigo, guarecido 
de 15 galeras que salieron á recivirle de Cartagena 
que governava el de Fernandina, se entró en el puer- 
to á sentir su poca fortuna; viendo esto el S.^"" Duque 
de Brase, se retiró á las islas de Ibiza y la Tormentera 
á repararse de sus daños y dar cuenta á S. M. Xpma. 
de esta victoria, que fué maior de lo que se ha dicho; 
pues se supo después de quatro vageles de Dunquer- 
que, no pudiendo con las bombas vaciar el agua que 
hacían, se undieron casi al entrar al puerto de Carta- 
gena. 

Reparada la armada del S:»"* Duque de Brase y bas- 
tecida, prosiguió su viaje al estrecho y costas de Ber- 
vería, en donde obró prodigios que serían largos de 
contar. 

CAPÍTULO 148. 

ALGUNOS DESTIERROS DE AFICIONADOS A ESPAÑA ROBAN LA RESERVA 
DE LA TRINIDAD Y LO QUE SOBRE ESTO SE OBRA. 

Prosiguiendo en Cataluña las guerras, y ocupando 
los castellanos á Tarragona y Rosas, permanecían acá 
dentro siempre personas mal intencionadas y mal 
afectas á la patria y mui de parte de las cosas de Es- 
paña, y particularmente estrangeros, como son arago- 
neses, valencianos y mallorquines, que davan noticia 



134 
de quanto pasava aquí dentro á los de Tarragona y 
Rosas por espías secretas; señalávanse más en esto los 
religiosos que con más simulación hacían sus opera- 
ciones yendo y viniendo de Tarragona, en tanto de 
que, recelándose de que el convento de Jerusalén de 
Mayas franciscanas havía una religiosa que era como 
á depósito ó correo maior en donde paravan cartas de 
Tarragona para muchos de aquí, y éstos davan la res- 
puesta á la misma que cuidava de emhiarlas, creció la 
sospecha y resolbió el S.*^" Virrey que el Guardián y 
Provincial de San Francisco, acompañados de algunos 
Jueces y Ministros reales, entrasen á reconocer la cel- 
da de la monja de quien se tenía sospecha: entraron 
y toparon varias cartas y papeles con diversos carac- 
teres y cifras escritos sin que se pudiese conocer su 
contenido; creció con esto los recelos contra los fray- 
Íes por aver poco que havía venido uno trinitario de 
Tarragona con quien la tal religiosa tenía algún co- 
mercio. 

Sentido el S.°^ Virrey á vista de esto, despachó car- 
tillas de destierro de Cataluña á todos los frayles es- 
trangeros y naturales de los dominios de España, que 
á la sazón avía muchos, como son mallorquines, va- 
lencianos, andaluces y aragon-eses, y que dentro 24 
oras saliesen de Barcelona: sintiéronlo mucho algu- 
nos, ya por su edad, ya por aver muchos años que es- 
ta van conventuales; en fin, todos volaron. 

En el convento de Trinitarios Calzados avía algu- 
nos religiosos graves que sintieron infinito el ausen- 
tarse: entre ellos avía uno que á su costa havía echo 
fabricar la custodia ó vaso en donde se reservavan las 
formas para dar la comunión en la capilla de la Vir- 
gen del Remedio, y ó fuese que el fray le, viendo que 
le sacavan de aquí, quisiese tomar tan infame despi- 



135 

que, ó que fuese otra cosa, el día 12 de Agosto 1643 
se halló menos la tal custodia, y con ella cerca de 200 
formas consagradas que havían quedado el día antes: 
dibulgóse el caso con título de robo á tiempo que ya 
los frayles avían salido del puerto. Pasóse á la demos- 
tración que pedía ésta, prendiendo á unos y otros, 
pero jamás se podía provar cosa alguna. La Inquisi- 
ción pasó á fulminar censuras, y viendo que éstas y 
el estar cerrada la capilla sin decir en ella misa, no 
dava noticia del actor del delito, pasó el Santo Tribu- 
nal á ir un día de fiesta en la iglesia del Pino: y allí, en 
forma de Tribunal, cubierto de luto el altar maior y un 
Santo Ghristo en medio, empezó uno desde el pulpito á 
proferir las excomuniones y maldiciones que suele la 
Iglesia en los más atroces casos pronunciar contra el 
que havía cometido tal delito y contra los que le ocul- 
tarían y tendrían noticia del que hera orror oirlo; 
procedió mandato antes para que todas las cavezas de 
casa ó familia de la parroquia acudiesen aquel día á la 
iglesia: estava el convento sito dentro esta parroquia: 
era lástima ver los rostros de la gente quan amedren- 
tados y despavoridos se mostravan; aumentava el do- 
lor de este suceso la voz que corría y lo que en los 
pulpitos se decía en Aragón, Castilla y Valencia, de 
que en Cataluña se predicava la Preixa, y que la mi- 
tad de los catalanes se bolbían luteranos. Hacíanse 
muchas rogativas para saber quién havía robado la 
custodia, hasta que por orden de la ciudad fueron á la 
Virgen de Monserrate doce doncellas bestidas de blan- 
co, á pie descalzo, en modo de procesión, con un Santo 
Ghristo por guía, y quatro religiosos capuchinos con 
otros tantos hombres y mugeres, ancianos y veneran- 
dos para comboy y custodia de las muchachas. Costeó 
la ciudad todo el viaje, y dio á cada doncella 25 libras 



136 

para aiuda de su dote; fueron cantando las letanías, y 
allá se hicieron diversas rogativas; pero nada aprove- 
chó: pasaron á poner cesado adivinis en todas las igle- 
sias, hasta en las de San Juan, Santiago y la capilla de 
la Piedad, que por especial privilegio son exemptas de 
ello; pero por esta vez dieron lugar y no se celebrava 
sino una misa rezada en cada iglesia: duró este luto y 
terror ocho días, y en ellos se hicieron varias diligen- 
cias; pero todas fueron inútiles, pues jamás se descu- 
brió cosa alguna, con que se hizo juicio que los fray- 
Íes mallorquines sumieron las formas y llevaron la 
custodia. 

CAPÍTULO 149. 

PARTE Á PARÍS POR LA PROVINCIA EL REJENTE FONTANELLA 
PARA EL CONGRESO DE MUNSTER. 

Allávanse las guerras tan sangrientas entre Francia 
y España, que no sólo se veían las campañas aquí, 
pero en Italia, Flandes y otras partes avía crueles 
vatallas, estando todos los Príncipes, potentados, re- 
públicas, y hasta el Pontífice, con las armas en la 
mano, siendo toda Europa una palestra de Marte. El 
Emperador, viendo que se aniquilavan los reynos y 
despoblaban las Coronas, trató de ajustar, si era po- 
sible, unas paces generales, y á este fin escrivió á los 
Reyes, Príncipes y repúblicas, mediando por la paz 
común y pidiendo á cada uno embiase su Plenipoten- 
ciario, señalando para el Congreso la ciudad de Muns- 
ter, en donde se tratasen los intereses de cada uno y 
se conociese el derecho y justicia que le asistía. 

Con este motivo, y aver de embiar la Xpma. Reyna 
su Plenipotenciario, se dignó por sus reales Cartas á 
los Consistorios de ciudad y diputación de pedir em- 



137 
biasen una persona de inteligencia y noticia para que 
pudiese ynformar de lleno al Plenipotenciario de su 
Corona de los motibos y título que allegaba esta pro- 
vincia para unirse á la Corona de Francia y separarse 
de la de España, para que en el Congreso de Munster 
tubiese razones que alegar y con que resistir á las que 
daría el Plenipotenciario español; juntáronse los Con- 
sejos y Brazos, y de conformidad con aprovación del 
S or Virrey, eligieron todos juntos al Doctor Joseph 
Fontanella, hombre tan noticioso, letrado y célebre 
como publican sus escritos y obras, que se allava Re- 
gente de Cataluña: despachóla con mucha ostentación 
y con todos los poderes y cartas de creencia necesa- 
rias, señalándole para su plato 400 escudos cada mes, 
200 cada casa; partió para París á 18 de Agosto 1643, 
y el día antes avía partido Monsiur de Argenson, por 
ha verle nombrado la Reyna del Consejo de Estado, 
y en sus cargos le sucedió Monsiur de la Bretxera, 
hombre muí capaz en todo género de materias. 

CAPÍTULO 150. 

AVÍO DE LOS INQUISIDORES POR ESPAÑA Y POSESIÓN 
DE LOS NOMBRADOS POR FRANCIA. 

Aliáronse en Barcelona, quando sucedieron las re- 
voluciones el año pasado, de 40, dos Inquisidores nom- 
brados por España, el uno llamado Doctor Cotoner, 
mallorquín, y el otro un Abad: aquél, por librarse de 
algún siniestro suceso, se embarcó y pasó á Mallorca, 
que se hallava mal recivido de los catalanes; el Abad 
permaneció atendiendo á sólo las cosas de la fee, pero 
desviándose á otras del estado y conservación él y to- 
dos los Ministros del Tribunal, mucho afecto á Es- 
paña; y reconociendo muí malas consequencias de esta 



138 

afección, se resolvió S. M. Xpma. en nombrar por In- 
quisidores de Cataluña al Doctor Paulo Ferrán, oydor 
que era el año 41 , quando la pelea de Monjuique, y al 
Doctor Joseph Pía, Canónigo de Gerona, y pidió á 
S. S. les concediese todos los despachos, bujlas y de- 
más poderes que es estilo: hízolo S. S. con gran be- 
nignidad, y llegando los despachos en 26 de Septiem- 
bre 1643, se les dio posesión, bien que se resistió el 
Inquisidor Abad; pero viendo las bulas bien despacha- 
das, y que no le podía salir bien, cedió, y desocupando 
la casa, entraron los nuevos Inquisidores, y á él, con 
quantos quisieron seguirle, se les dio pasaporte y em- 
barcación para Valencia: siguiéronle uno que se 11a- 
mava Pastor y otro Rivera, Notarios ambos del Tri- 
bunal, y poco después se mudaron todos los Ministros 
del, menos M.° Jph. Vila, Ayudante de Secretario. Y 
si el mallorquín Cotoner no se va, temo que no le ha- 
vría valido el sagrado de Inquisidor, porque havría 
tramado mucha máquina contra los catalanes y en fa- 
vor de España. 

CAPÍTULO 151. 

SALE EL MARISCAL A LÉRIDA PARA OPONERSE AL CASTELLANO; 
SITIA A MONZÓN, Y LO QUE SUCEDE. 

El día 18 de Octubre 1643 tubo noticia el S.^'* Ma- 
riscal de la Mota, Duque de Cardona, que los castella- 
nos juntavan grueso de exército á la partida de Fra- 
ga con designio de imbadir Lérida ó Balaguer y aque- 
llas fronteras, y luego sin detención despachó órde- 
nes á sus tropas para que se juntasen en Lérida, para 
donde partió S. Ex.^ ese mismo día á toda diligencia á 
Lérida; y reconocido sus fronteras, dando los órdenes 
que juzgó convenían según los avisos que le venían 



139 

del enemigo, y siendo de que venian hacia Lérida, 
queriéndose fiar de otro (como solía), salió en perso- 
na con 200 cavallos, los de su maior confianza, á re- 
conocer la marcha, postura y numerosidad del exér- 
cito castellano; salió de Lérida, y no mui lexos de 
ella subió á una eminencia de donde con mucha distin- 
ción y sobrada cercanía vio las marchas y disposición 
del Castellano, tanto que, advirtiendo éste tal vez 
quién le mirava, destacó una tropa de cavallería de 
su grueso y obligó á la nuestra á pelea algún rato. 
Viendo el Castellano que se resistían los nuestros, em- 
bió maior pedazo de cavallería, y obligó á que S. Ex/ 
mismo xocase de calidad, que hallándole menos por 
averse mezclado gran rato con los castellanos. Le tu- 
bieron los suios por preso, y aumentando el esfuerzo 
y concurriendo al ruido de la pelea gente de Lérida, 
obligaron á que se retirase el enemigo; bolbieron los 
nuestros con S. Ex.^ á Lérida: en este recuentro mu- 
rió de nuestra parte el Capitán de la guardia ó 5 ó 6 
soldados eridos, aunque no de consideración, Monsiur 
de la Ferrasiera y Monsiur de San G-ermán. Del ene- 
migo murieron más, pero no de la suposición que los 
nuestros, y no fué poco salir tan bien librados siendo 
el contrario tan poderoso: sucedió este choque el día 
24 de Octubre 1643. 

Después de retirado el enemigo, supo el S.*^^ Maris- 
cal que llevava designio de sitiar á Monzón con famo- 
sas trincheras para que los nuestros no le obligasen 
á levantar el sitio: viendo esto el S.*''' Mariscal, re- 
solbió darle vatalla campal, para cuio efecto dio avi- 
so á la ciudad de Barcelona y á la Diputación y de- 
más Universidades, á fin de que, haciendo un esfuer- 
zo, se formasen las levas más numerosas que se pu- 
dieran, asegurando que dentro un mes se bolberían 



uo 
todos á sus casas y que sólo las deseava para esa jor- 
nada. 

Llegó la noticia á Barcelona día de Todos Santos 
por la mañana, y ese mismo día, juntando Consejo de 
Ciento, resolvió servir la ciudad con mil infantes en 
cinco compañías con un Sargento maior, dando de so- 
corro á cada soldado tres reales al día; fuéronlos des- 
pachando de dos en trescientos hombres, y fué presto 
concluida la leva, aunque no llegó á la campaña toda 
ella, pero era famosa gente y lindos mosqueteros; las 
demás ciudades, veguerías y pueblos sirvieron según 
cada uno tenía el poder, de modo que á 14 de Noviem- 
bre tubo ya S. Ex.^ entre su milicia y la leva junto 
un exórcito de 20 ® infantes ya® cavallos: con esta 
gente llegó á presentar la batalla al Castellano, que 
atrincherado en el cerco de Monzón hizo del desenten- 
dido, procurando sólo de guardar sus trincheras; re- 
plica el S.*''' Mariscal por tres veces; pero respondióle 
D. Juan de Meneses, G-eneral del exórcito castellano, 
que la orden que tenía de su Rey era sólo de mante- 
nerse en las trincheras y defenderlas; que si en ellas 
le buscava, le respondería. 

A vista de esta respuesta y que para romper las 
trincheras havía de arriesgar la maior parte de la gen- 
te por lo grande y fuerte de ellas, y con la considera- 
ción de que el castillo esta va bien guarnecido, bien 
abastecido y fuerte, y que el tiempo era rigurosísimo 
de ielos, lluvias y horas, todo bastante para que el 
exórcito castellano se aniquilase sin provecho alguno, 
resolvió S. Ex.^ el S.'»'" Mariscal retirar sus tropas, des- 
pachar los somatenes á sus casas y mandar que cesa- 
sen las levas, y que las compañías que estavan de via- 
je se bolbiesen á su casa: todo se executó; así que aún 
avía algunas que estavan en camino, y aloxó sus mi- 



141 

licias al contorno de Monzón. Aquí en Barcelona se 
tubo patente el Santísimo y se hicieron muchas y va- 
rias rogativas el tiempo que estuvo en campaña el 
S.°^ Mariscal, y sin duda que á ellas y al favor de Dios 
se deve la resolución del Consejo de Guerra en no em- 
bestir las trincheras, pues en ellas huviera perecido 
mucha gente sin provecho ni gloria alguna. 

Después de aloxado y retirado nuestro exórcito, 
porque se veya el enemigo combatido de niebes, llu- 
vias, yelos, lodos y sequío, que eran enemigos que le 
hacían no pequeña y cruda guerra, dio el S.'^*' Mariscal 
en correr personalmente la Estrada, como solía, con 
incansable valor para solicitar á sus inferiores el ali- 
vio y consuelo que á costa de sí propio save procurar 
el que es General con las superiores prendas que lo es 
S. Ex/; prosiguiendo este exercicio, un día topó en 
el llano de Almenara una partida del enemigo que 
llegava á cerca de cien cavallos de famosa calidad, y 
llegó á verse en la precisión de acometerla, como lo 
hizo, y ceniéndola con famosa industria la apretó de 
calidad que huvo de rendirse á merced del Señor, ac- 
ción que causó al Castellano no poco error, así como á 
S. Ex." mucha gloria: los cavallos eran bellos y los 
soldados de suposición; condugóronlos á Lérida. 

CAPÍTULO 152. 

RINDEN LOS ESPAÑOLES Á MONZÓN. -PACTOS DE LOS FRANCESES 
Y LO QUE COSTÓ. 

Viendo el Castellano que las inclemencias del cielo 
le ocasionavan mucha ruina en su exército; que el 
castillo, sobre fuerte y pertrechado, estava muí bien 
bastecido, y que nuestras tropas estavan á la vista. 



142 

trató de apretar las minas, así como á él los rigores 
del imbierno le afligían, abrió con gran diligencia tres 
minas reales, y aunque los de adentro travajavan en 
contraminar, no pudieron evitar el que una de las 
tres dejase de obrar, tanto que voló un gran pedazo 
de cortina de muralla: vióronse los de dentro sin es- 
peranzas de socorro y descubiertos, y así, trataron de 
rendirse, pactando el sacar una pieza de cañón, que 
todos saliesen á vida salva, armas en mano, cuerda 
encendida, bala en voca y banderas desplegadas, y 
finalmente, con todo el honor que se puede permitir 
en un rendimiento, y que todos se llevasen lo que era 
suio, por causa de haver retirado los de la villa lo 
bueno y mejor que tenían, y la plata y oro de la igle- 
sia, aunque por esto tubieron algunos devates, por- 
que los castellanos no querían que los nuestros se lle- 
vasen cosa que fuese de la iglesia. Entregóse el casti- 
llo á últimos de Noviembre, y se dijo avía dentro 1.200 
hombres entre franceses y paisanos, porque al poner 
el sitio se retiró al castillo mucha gente catalana y de 
la villa, que governavan el castillo de Limos, y su te- 
niente Monsiur de Aubini: rendido el castillo, pasaron 
muestra los castellanos y vieron que entre muertos, 
así en las embestidas como por los yelos, y entre fu- 
gitivos, al pie de 1 ÍD hombres entre infantería y ca- 
vallería: todo esto les costó un castillo que tenían en 
su casa (si decir se puede) que á nosotros no nos servía 
sino para poder entrar en Aragón quando se ofrecía. 



143 



CAPÍTULO 153. 

SURTIDA DE LA GUARNICIÓN DE ROSAS CONTRA EL LUGAR Y CASTILLO 

DE CADAQUÉS. 

Teniendo la guarnición castellana que estava en 
Rosas alguna conspiración en Gadaqués, por aver al- 
gún alevoso de la tierra, ó puede ser también por ha- 
cer alguna interpresa si allavan descuidada la guar- 
nición de Rosas, resolbió ir á ver si podía executar 
lance tomando la villa y puerto de Gadaquós, que nos 
hu viera sido arto dañoso: el día ó noche de 29 de No- 
viembre de 1643 salió la guarnición de Rosas, y para 
poder dar razón de lo sucedido pondré aquí la carta 
que los de Gadaquós escrivieron al S.®"" Mariscal, que 
dice así: «Excmo. Señor: esta noche á las dos á llegado 
aquí el enemigo de Rosas, que según entendemos es 
el mismo Governador D. Diego Gavallero: con mil in- 
fantes han nos atacado por dos puestos, por el uno con 
escalas y por el otro avriendo brecha; pero los hemos 
rechazado con ánimo valeroso, tanto los señores fran- 
ceses como nosotros, que hasta las mugeres se han 
portado valerosísimamente, trayendo piedras, muni- 
ciones y refrescos que era velleza verlas. Al fin, señor, 
no tenemos persona á quien culpar que no se haya 
portado bien: la pelea ha durado tres oras largas. Los 
muertos de nuestra parte es un Gapitán solo, y dos 
franceses y tres paisanos eridos, pero no de peligro; 
del enemigo han quedado muertos más de 200. Lo pri- 
mero que atacaron fué el fuerte: rindiéronlo por ser 
ora descuidada, y antes de rendirlo pegaron fuego y lo 
destruieron, y saquearon el arraval, quemando en él 
dos casas; hanse retirado al amanecer, y no entende- 



i 44 
mos se atrevan á bolber, porque no les á salido bien. 
Con todo, para qualquier lance estamos siempre pron- 
tos y de mui buen ánimo para servir á S. M. y á V. E., 
que guarde Dios, á 29 de Noviembre de 1643.— Los 
Cónsules de Gadaqués.» 

CAPÍTULO 154. 

LO QUte SE PADECIÓ EN BARCELONA EL AÑO DE 1644 POR FALTA DE PAN. 

En el año de 1643 la cosecha de trigo fué mui poca 
en Cataluña, maiormente sustentándose en el Princi- 
pado tanta gente de guerra; falta va también el abasto 
que suele dar el campo de Tarragona, el Ampurdán y 
llano de Urgel: el primero eslava casi inculto por ser 
palestra de guerra, á ocasión de ser Tarragona del 
Castellano; el segundo, por las plazas que allá ocupa- 
va también, era de poco servicio, y el último, á causa 
de los tránsitos de la cavallería, se desfrutava antes 
de tiempo las cosechas: por éstos y otros motivos que 
podrian fácilmente decirse, se experimentó la carestía 
con todo; llegava á la plaza bastantemente trigo, así 
de la tierra como de fuera por mar, que hacían traer 
algunos mercaderes: fiados en esto, juzgaron los Con- 
selleres proseguirían, y aunque hicieron alguna provi- 
sión, no toda la que era menester para abasto de una 
ciudad, y más en una guerra; y no mirando á lo que 
podía suceder, aunque el trigo se vendía en la plaza á 
28 rs. la quartera, no privaron la saca, y sucedía que 
á comboyes carga van el trigo para los lugares comar- 
canos. Pero á últimos de Septiembre paró la abundan- 
cia de la plaza, ora sea por acavarse el trigo de los 
forasteros, ora sea por interés de la moneda ó por 
otras razones, llegó á estado que ninguno sacava tri- 



U5 
go á vender, aunque éstos que de lexos sienten ó pu- 
blican el mal año tonían mucho trigo retirado; viendo 
esto los Gonselleres, huvieron de sacar á la plaza y 
poner el precio á 29 rs. La ciudad avía echo arren- 
damiento á los panaderos, pero sólo para masar, dán- 
doles la ciudad el trigo que huviesen menester á 27 rs., 
y ellos havían de dar cierta cantidad de pan, así de 
blanco como de moreno: esta escasez y el haver de re- 
civir sólo en la Aduana y Pallot la gente el trigo para 
sus casas, ocasionava disensiones cada día, aunque 
estavan presentes dos alguaciles y precedía escrivir- 
los á los que se havía de dar trigo; pero era con tal 
confusión, que acia uno arto en dos días de sacar tri- 
go: en dos días subió 6 rs. la quartera. Los panaderos 
compraron en la Sagarra tres mil quarteras. Los Gon- 
selleres, como acavavan á San Andrés, y en este tiem- 
po todos cuidan más de su provecho que del bien pú- 
blico, descuidábanse en esto, dexando á los venideros 
el hueso que roer. • 

Entraron los nuevos, y viendo el miserable estado 
que siguen, aseguran los que lo veían por adentro 
vino á poco de perderse ó levantarse un motín: jun- 
taron luego Consejo, y resolbió embiar personages á 
varias partes con letras, dinero y crédito para com- 
prar é imbiar trigo á Liorna. Partió á Loi Planes con 
la nave de Patro Ferret, á Marsella Hipólito Mestres; 
pero éste bolbió luego porque ni en Marsella ni otras 
partes encontró sino carestía. A Loi Planes, luego que 
llegó, cargó la nave y seis barcas. La nave llegó; pero 
las barcas, tocando en Marsella, que también padecía, 
se quedaron con el trigo, pagándole en virtud de privi- 
legio que dice tener aquella ciudad para poder obrar 
así en caso de estar falta de trigo: viendo estola ciudad, 
el peligro que la amenazava y la insolencia de algunos 

Tomo xxiv 10 



146 

alevosos que escrivían á Liorna no fiasen de Planes, y 
otras cosas á este tenor, porque en breve se vería Bar- 
celona sitiada de los castellanos y perderían quanto 
huviesen aventurado, despachó tres naves francesas 
que estavan en el puerto con dinero y letras para Pla- 
nes, y permitió la Divina Misericordia, para alivio de 
muchos y confusión de otros, que en doce días natu- 
rales fueron y vinieron cargadas con seis mil quarte- 
ras de trigo, llegando aquí día de Santo Thomás, á 21 
de Diciembre de 1643: continuaron en hir y venir na- 
ves, con que en poco tiempo trageron pasadas de cien 
mil quarteras de trigo, aunque venía á estar caro, así 
por el interés de la moneda como por la diferencia del 
país y transportación, porque allá les costava á 40 y á 
46 rs. la quartera; algunos mercaderes que lo hacían 
traer los vendían á 52 rs. quartera en la plaza, de for- 
ma que fué peor año éste que el de la hambre, pues 
en aquél sólo faltaría el trigo, pero en éste nada de 
mantenimiento havía con comodidad: la carne se ven- 
día á 2 rs. y seis la libra, y aun asegurava la ciudad 
que ni á tres avría ganado apenas; el aceite iba á 142, 
la quarta en las tiendas y con limitación; y bolbien- 
do á lo del trigo, como toda Cataluña padecía lo más 
del pan y trigo que aquí dentro se comprava, salía 
fuera de calidad que entre lo que se dava á los pana- 
deros para amasar y lo que se despachava en la pla- 
za, no le bastaron á la ciudad 20 ® quarteras de tri- 
go cada mes: viendo la ciudad este desorden, puso 
guardias en las puertas y murallas para no dexar de 
sacar trigo ni pan á fuera, reconociendo á todos y qui- 
tando quanto encontravan. Padecían mucho los lu- 
gares, y así venían los magistrados, y la ciudad pia- 
dosamente los socorría, á quién con cien ó más quar- 
teras, según la población; pagávanlo al mismo precio 



147 

que á la ciudad le costava; abía solas tres puertas 
abiertas: la del mar, la nueva y la de San Antonio, 
y en ellas se vendía pan para los -de fuera, dándoles 
media libra menos que á los de adentro por cada real, 
y se despachava mucho. Descri víanse las casas y quán- 
tos eran en cada una, para saver qué trigo havían me- 
nester: dividíase esto por quartos, siendo los que cui- 
davan de ello los mismos Gonselleres, y siempre que 
havían de menester trigo iban los dueños de la casa 
á pedir al Gonseller á cuio cargo tocava aquel distri- 
to la orden, y con se les dava lo que avían menester 
con su dinero, que no de otro modo, y para salir á mo- 
lerlo era menester dar prenda á la puerta, y no la co- 
bravan si no bolbían á entrar; la arina pagávase á 
46 rs. la quartera. Por todo esto y aun mucho más se 
pasó hasta que vino la cosecha, y aunque la huvo 
abundante no huvo esperanzas de abaratarse el trigo 
por ocasión de la guerra, que fué gran providencia de 
Dios no sucediese un motín. Líbrenos Dios de tal ca- 
restía. 

CAPÍTULO 155. 

AUTO GENERAL QUE CELEBRARON LOS INQUISIDORES ELECTOS 
Y PUESTOS POR FRANCIA. 

Empezóse á divulgar que los nuevos Inquisidores 
por S. M. Xpma. no tenían aquel pleno poder que los 
otros en tiempo de España, y para desvanecer este 
concepto, tanto ó más quepor administrar la justicia, 
se resolvió celebrar auto con nombre y forma de ge- 
neral el día 2^ de Febrero de 1644, en la plaza que 
llaman del Rey, y con menos pompa y aparato que 
el del año de 1625; eslava la plaza dispuesta así: 
contra la pared y puesto de Santa Ágata estava el ta- 



blado para los señores Inquisidores, con sus sillas y 
paño de terciopelo negro' con las armas de la Inquisi- 
ción; á la parte del- Racional estava el tablado de los 
Jueces, Alguaciles y demás del Brazo real; al frente 
de la plaza estava el tablado para los penitentes fami- 
liares y demás Ministros del Santo Tribunal; á la par- 
te de la fuente havía muchos tablados de particulares 
que pagando dejavan subir la gente. El S.^"" Mariscal 
Virrey estava en la ventana que da sobre la puerta 
del palacio del Rey; los Diputados y Gonselleres por 
las demás ventanas: así dispuesto, á las dos de la tarde, 
que ya no cavia gente en la plaza, ventanas y texados, 
llegaron los señores Inquisidores, precediendo su van- 
dera y acompañados de los calificadores de varias re- 
ligiones, y tomaron su asiento en su tablado; siguie- 
ron poco después los familiares, llevando por guía un 
Santo Ghristo, y tras de ellos tres penitentes con sus 
corozas, en ellas pintado su delito, manteta verde, 
cuerda de esparto al cuello y vela verde en la mano: 
uno de los tres estava tullido y Uevávanlo en hom- 
bros; subieron á su tablado, colocando en él al Santo 
Ghristo, y luego en un púJpito que estava enfrente de 
los Inquisidores subió el P. Fr. Joseph Pons, descalzo 
de San Joseph, que predicó en elogios del Santo Tri- 
bunal y de quán necesario era para la conservación 
de la fe: hubiérase alargado más á no haverlo emba- 
razado el tumulto de la gente; subió después el Secre- 
tario Villa, y empezó á leer los procesos de los reos 
como se estila: el uno era por haver casado dos veces 
viviendo la primera mujer; el segundo por pecados 
de bestialidad y averie cogido en delito fragante; el 
tercero, que hera el tullido, por blasfemo y casi erexe, 
pues decía que él era verdadero Dios, y que no estan- 
do él en la Iglesia, ni en ella ni en la ostia estava Dios, 



U9 
y cosas á este igual que hacía orror el oirías: éste fué 
condenado á dar un garrote y después quemar su cuer- 
po. Leída la sentencia, se entregó luego á la justicia 
secular, y desde allí mismo lo llevaron al Gañ ot á exe- 
cutarla, y con esto se disolbió el auto. 

CAPÍTULO 156. 

ENTRA MOSIUR DE MARCA !PARA TENIENTE DE VIRREY EN AUSENCIA 

DE LA MOTA. 

Gomo los cuidados y aplicaciones de la guerra piden 
por sí solos todo un hombre, aviendo de salir á cam- 
paña la primavera viniente el señor Mariscal de la 
Mota, quiso S. M- Xpma. aliviarle de los cuidados po- 
líticos y darle sostituto ó lugarteniente el señor de 
Marca, sujeto eclesiástico de grandes prendas, y así 
embiólo con sus despachos y cartas para los comunes 
para que le asistieran, veneraran y cumplieran sus 
órdenes, pues venía, á fin de suplir las ausencias del 
señor Mariscal, á dar cobro á todo lo que importase del 
real servicio y á visitar la provincia, premiando á los 
leales y castigando á los que no lo heran. Llegó el día 
25 de Abril de 1644; salióle á recivir mucha nobleza, 
así catalana como francesa; ospedósele en. el Palacio 
Episcopal, que estava vacío á la sazón; el Gt)vernador 
Margarit le entró en su coche, dándole la mano dere- 
cha. Portóse en sus cargos con grande desinterés y 
rectitud, averiguando papeles de servicio y premian- 
do á cada uno según se merecía, que por no hacerlo 
se havían pasado algunos cavalleros al partido de Es- 
paña en los principios, viendo que no se estimavan los 
veneficios echos en favor de la patria: este señor de 
Marca era electo Arzobispo de Francia. 



loO 



CAPÍTULO 157. 

BNTEAN TROPAS DE FRANCIA; DERROTAN LOS CASTELLANOS 
AL MARISCAL LA MOTA. 

Á 5 de Mayo de 1644 llegaron 9 vajeles y 9 galeras 
de Francia; pocos días después llegaron una galera y 
dos navios más para juntarse con la demás armada: 
ésta conboyaba unas quarenta barcas cargadas de 
pertrechos de guerra y cinco mil infantes que desem- 
barcaron el día siguiente, y poco á poco los fueron 
despachando á Lérida, para donde encaminava el ene- 
migo exército mui considerable, con ánimo de sitiar 
á Lérida. Pocos días antes havía partido también á 
Lérida el regimiento de la Mota y el de Esportella^ 
reclutados en la costa con famosa gente. Sávado á 7 
de Mayo partió el señor Mariscal; pasó por la Virgen 
de Monserrate y Gervera, y dio orden le fuese siguien- 
do toda la cavallería y las tropas que le iban llegando 
de Francia. Desde Gervera empezó á ir observando los 
designios del enemigo, que se anticipó mucho esta 
primavera porque savia que no podía tener nuestro 
General tan temprano juntas sus tropas. Dio el ene- 
migo por esta parte por estorvar á la Mota el intento 
que llevava de ir sobre Tarragona aquel verano, á 
cuio fin se avía travajado mucho en la Atarazana de- 
lineando varias cosas que delineava el Ingeniero maior 
del Rey; pero con tanto secreto y recelo, que no lo 
dexavan ver á nadie, ni á los carpinteros, porque tra- 
vajadas las piezas ó tablas que el ingeniero les seña- 
lava, las entravan dentro y otros las asentavan, sin 
que jamás se rastrease la menor cosa; hicieron llevar 
á la Ataragana muchos centenares de votas vacías de 



151 

éstas que ponen á rengada muchos cestones grandes y 
espuertas de mimbres de diferentes hechuras. Todo 
éste aparejo y mucho otro que no savia, era para to- 
mar Tarragona; y aunque el exórcito marchava á Lé- 
rida, la armada navegó á Tarragona á ver si podía 
obrar algo, haviendo embarcado todo el aparejo la 
misma noche que llegó, según se dijo. 

Bolbiendo nuestro Mariscal, que estava entre Ta- 
rragona, Belpuche y Gervera, juntando y recogiendo 
su jente para acudir á donde el enemigo daría, éste 
estava á la otra parte del Segre, y tomó la buelta ha- 
cia Ba laguer y rindió á Castellón deFarfana. Juzgando 
el Virrey que el Castellano dava sobre Balaguer y que 
la plaza estava desmantelada de gente, sacó mil in- 
fantes de Lérida y los puso en Balaguer; el enemigo 
estubo allá algunos días, y una noche, quando menos 
se creió, dijo sobre Lérida, dividiendo su exército en 
dos partes, y pasando el río con puentes y barcas que 
traía dispuestas, pasó el grueso de esta parte de acá. 
Gonstava su exórcito de 1 4® infantes y 4.000 cavallos. 
Governávanle Don Phelipe de Silva y el Marqués de 
Mortara, y al instante empezaron á levantar trinche- 
ras y fortificarse para el sitio; vio esto el señor Ma- 
riscal y discurrió: si esta gente se fortifica, ha de cos- 
tar mucho sacarla después, y así resolbió con 7 ® in- 
fantes y 1.500 cavallos que tenía no más de embestir- 
los, y desde Belpuche escrivió á Barcelona su resolu- 
ción, y que le encomendasen á Dios porque él partía 
á embestir. Recibido el aviso, que era á 15 de Mayo, 
que era día de Pentecostés: se empezó á tener descu- 
bierto el Santísimo en el Aseo. Ese mismo día, y á las 
9 oras de la mañana, embistió el señor Mariscal al 
enemigo en sus trincheras, ó como algunos quieren 
decir, el enemigo le embistió. Los nuestros embistie- 



152 
ron con tal esfuerzo, que desaloxaron al Castellano de 
las trincheras y le obligaron á retirarse de primera 
embestida; reízose el enemigo, y quiso ceñir los nues- 
tros usando de una estratagema y ardid bien dañoso 
para nosotros; empezó al embestir á clamar «vitoria, 
Vitoria, que la Mota es muerto:» el regimiento de 
Aubaye que abrigaba el tercio de Gapostella, catalán, 
y otro de suizos, que serian unos 700, todos vestidos 
de colorado, que oyó estas voces y vio el valor con que 
embestía el español, bolbió grupa, y encaminándose 
á la tienda del Virrey con la voz de que hera muerto, 
pensó aprovecharse délo que en ella havía, y dejó á los 
dos tercios sufriendo todo el rigor del enemigo; y vién- 
dose casi perdidos, dispusieron disparar la artillería 
con vala de mosquete que la llevavan ellos y todo el 
bagaje consigo, que causó gran matanza en la cava- 
11er ía castellana; pero no pudieron excusar el verse 
ceñidos y el que no se executase cruel matanza: los 
suizos pelearon mientras tubieron aliento de vida, y 
casi el tercio de Garpotalla hizo lo mismo, ocasionan- 
do gran daño al enemigo: cuando el Virrey vio esto y 
la ruindad de Aubaye y que ya no podía hacer otro 
que retirarse, se apuró de calidad que la retirada fué 
hasta Gervera. 

Perdióse todo el vagaje y algunas ocho piezas de ar- 
tillería, y él, desde Gervera, fué recogiendo su gente, 
y al llegar la del tercio de Aubaye dicen que S. E. 
mismo mató á pistoletazos dos Gapitanes; al GalDO lo 
embió preso á París con su proceso, por ser persona 
de suposición, para que la Reina lo castigase, y los sol- 
dados los fué agregando á otros regimientos para es- 
cusar que no le usasen otra calagarda como la pasada, 
que ya no hera la primera que de ellos havía experi- 
mentado: estando en Gervera le avisaron de Lérida 



153 

que havían entrado suios en el discurso de la refriega 
2.500 infantes, y con ellos principales Cabos de la ar- 
tillería; con que haviéndose logrado el socorrer la 
plaza de gente, que era el principal intento para lo 
que se havía sacado de Balaguer, fué menos sensible 
el mal suceso del golpe , pues quedando en la plaza 
4.000 franceses, con la gente del país havía bastante 
para inquietar al enemigo en surtidas. 

El enemigo nos hizo prisioneros más de 2 ® infan- 
tes, sin los muertos y eridos; el Conde de Cevalla mu- 
rió. También quedó prisionero el Varón de Caportella, 
Maestre de Campo de nuestro batallón, y algunos Ca- 
pitanes; la cavallería catalana no se halló, que aún no 
había llegado; la francesa no padeció nada, pero la 
del enemigo mucho; bolbió el enemigo á sus trinche- 
ras, fortificándose como quiso, pues quedava señor 
del campo, y con la livertad de mover sus tropas sin 
embarazo alguno, pues con ocasión de sus puentes las 
paraba acá y allá, á donde mejor le estavan; el S.^'' 
Mariscal dio quenta á París del suceso, pidiendo soco- 
rro y asistencia, y esperándolas muí crecidas, para 
bolber á chocar con el Castellano, y qon ánimo de 
mejor suceso, porque le venía gente de muchas partes. 

CAPÍTULO 158. 

SITIAN LOS CASTELLANOS Á LÉRIDA Y FORTIFÍCANSE 
EN LAS TRINCHERAS. 

Mientras el S.^"" de la Mota dio quenta á París de 
esta derrota, pidió socorro; mientras allá se dio la 
orden, se juntó la gente y llegó acá, pasó mes y me- 
dio, en cuio tiempo, noticioso el enemigo de que no 
teníamos fuerzas con que estorvarle sus operaciones y 
verse dueño de la campaña, hizo lo que quiso, y se for- 



154 
tificó terriblemente, elevando trincheras contra trin- 
cheras, fortines y fosos con agua que era pasmo; las 
trincheras eran altísimas: estúbose en ellas apretando 
la plaza y bien socorrido de YÍveres por la parte de 
Fraga, esperando ver qué obraríamos nosotros. Avisó 
el Virrey á todas las ciudades, villas y lugares el su- 
ceso que había tenido, y que se hiciese todo el esfuer- 
zo en levantar gente para socorrer á Lérida. Ávida la 
noticia en Barcelona, se juntó luego el Consejo y se 
resolbió que con una leva de 1 (0) 500 infantes, soco- 
rridos con dos reales y un pan de á real todos los días 
cada infante, partiese por Coronel el Conseller en Cap, 
que era Micer Montaner; y para acavar de formar 
este número, se valió la ciudad de las cofradías, como 
lo suele, que lo hicieron muí bien, dando crecidas en- 
tradas, con que en breve estuvo formado el tercio y 
cumphdo el número. El Común de Lloxe también sir- 
vió con una compañía de 70 hombres; la Inquisición 
con otra; los Jueces con otra; de suerte que salieron 
de Barcelona 2 (í) hombres: las demás Universidades y 
Comunes respectivamente obraron lo que pudieron; 
acudiendo todos á la plaza de armas en la villa de Cer- 
vera, en donde el S."'' de la Mota esta va recogiendo la 
gente y socorros que ya llegavan de Francia; formó un 
exército arto competente, así de cavallería como de 
infantería, y se encaminó á Balaguer, y pasando por 
aquel puente, el exército hizo alto en la villa de Me- 
nasgues, poco distante de las trincheras del enemigo; 
y puesto en forma de batalla su campo, despachó un 
trompeta á D. Felipe de Silva, General del Castellano, 
desafiándole á batalla campal; respondióle éste que la 
orden que tenía de su Rey era guardar las trincheras; 
que si él se sentía en ánimo de romperlas, que allí le 
esperaba sin pensar moverse: estaban las trincheras 



155 

mui altas, mui bien dispuestas, fuertes, grandes fosos, 
los fortines buenos y bien guarnecidos de artillería, y 
por todo esto imposibilitado nuestro Mariscal de rom- 
perlas, aunque aventurase el exórcito que llevava. 
Viendo esta imposibilidad, y que no era tratable ope- 
ración provechosa, pasóse á un estrecho entre Lérida 
y Fraga para impedir los socorros que le entravan al 
enemigo; y aunque á los primeros pasos topó la cava- 
Hería con algún conboy, no vieron venir más porque 
osaron de embiar viendo allí nuestro exército, y por- 
que no necesitaba el Castellano, por estar abastecido 
para muchos meses dentro sus trincheras. Los nues- 
tros pudieron permanecer poco en aquel paraje, por 
falta de víveres y aguas, siendo calurosísimo el tiem- 
po; tubieron Consejo de guerra para ver si se embes- 
tirían las trincheras, pero todos dijeron que no, y así 
se volvieron á pasar el río, fiados en el valor de los si- 
tiados y de estar bien bastecida la plaza. 

CAPÍTULO 159. 

RINDEN LOS CASTELLANOS Á LÉRIDA Y LO QL"E SUCEDE DURANTE EL SITIO. 

Tenía el S.^^ Mariscal inteligencia de que dentro de 
Lérida havía muchos afectos á España, y que quando 
se murmuraba del sitio se urdía una conspiración en- 
tre los alevosos á la Corona para entregar la ciudad 
al Castellano: para la averiguación de esto y castigar 
á los que lo mereciesen, embió S. E. al Doctor Anglesi, 
Juez del Real Consejo, antes que llegase el lance de si- 
tiar el Castellano la ciudad; con que el Doctor Anglesi 
quedó también sitiado: proseguían los conspiradores 
durante el sitio en su designio de disponer un motín 
dentro de la ciudad, y mientras los Gavos estarían so- 



156 
segándolo, hacer seña al Castellano, darle entrada por 
puesto ya determinado. Consentían en esto algunos de 
los Paheres y parte del Consejo; el suceso fue así: tenían 
las juntas de la ciudad arriva en el Aseo; asistía á ellas 
el dicho Anglesi: dispusieron un día juntarse en Conse- 
jo, y estando ya congregados sobre otras materias mo- 
vióse entre ellos alguna controversia: quiso irse Angle- 
si; pero el Paher en Cap, coxiéndole del brazo, le dijo 
no se fuera; no bien esta va en esto, guando un Notario 
se levantó de su asiento; embistiendo por atrás al Doc- 
tor Anglesi le dio de puñaladas, de las quales murió allí 
luego, y pusiéronse mucho á vocear viva España; salie- 
ron las voces y extendiéronse presto, y llegando *á oy- 
dos del Governador, vajava á dar cobro á las puertas, 
quando vio que le aguardava uno de los magnates con 
resolución de matarle: embistió con él á estocadas, y 
antes que pudiese disparar la pistola le dejó en tierra y 
murió allí; presumióse el Governador la calagarda y 
fué pronto á reforzar las puertas y muralla: bailóle la 
diligencia, porque dando la seña al Castellano desde 
lo alf.0 con una llamarada, acudió á una puerta y lien- 
zo de muralla; pero hallando otro de lo que pensava, 
sólo le sirvió de perder no poca gente al rigor del plo- 
mo y vala, con que se retiró harto corrido. El Gover- 
nador, sosegado el ruido, prendió el Notario que avía 
muerto á Anglesi, y hecho quartos los sembró por las 
partes públicas de la ciudad, y después hizo inquisi- 
ción de los demás que intervenían en la conspiración, 
y murieron algunos; otros los embió presos con un 
trompeta al enemigo, y se dixo no havía querido re- 
ci virios; el Virrey dio quenta á la Reyna de este su- 
ceso, y S. M. embió á buscar dos niños que tenía el 
Doctor Anglesi ya creciditos, para criarlos allá y aco- 
modarlos, y á la madre de éstos y muger del difunto 



157 

se le consignaron 500 escudos sobre la Hacienda real 
mientras viviese, todos los años, en premio de los ser- 
vicios de su marido. 

Bolbamos á los del sitio, que se resistían bellamente: 
esta va bien fortificado el castillo de Garden y desde la 
torre ocasionavan al Castellano mucho daño, tanto, 
que por tres veces intentó tomarla con mucho esfuer- 
zo; pero no pudo conseguirlo hasta la última, en que 
apurado y enfadado echó pundonor: se salió con ella, y 
de cólera de lo que le havía costado no quiso dar quar- 
tel á algunos Gavos, sino que los sentenció; en tenien- 
do la torre empezó á batir la ciudad y destruirla con 
bombas, por ser igual ó algo más eminente el terre- 
no. Los sitiados, á vista del estrago que ocasionava 
la vatería y bombas de la cumbre, que se padecía y 
de que no avía esperanza de socorro por haverse re- 
tirado nuestro exército, trataron de rendirse, capitu- 
lando de este modo: que rendirían la plaza el día 3 de 
Agosto de 1644, dejándoles sacar dos piezas de arti- 
llería y llevarlas á Balaguer; que la soldadesca, así 
catalana como francesa, con sus armas, bala en voca, 
cuerda encendida, banderas desplegadas, cajas tem- 
pladas y con todos los honores que se permiten en es- 
tilo militar, y que á costas del Rey de Castilla los ha- 
vían de entrar en Francia por Fuenterravía; que todos 
los Oficiales catalanes tubiesen el mismo pasaporte, 
y que los naturales que no quisiesen quedar estubie- 
sen á su livertad: así capitularon y obraron, entre- 
gando la plaza al Castellano el día 3 de Agosto como 
está dicho. 



158 
CAPÍTULO 160. 

PONE SITIO A TARRAGONA EL MARISCAL Y LO QUE SE TRAVAJA EN ÉL. 

Después de reconocidas las trincheras y haver visto 
el S.*^^ de la Mota que no podía sobre ellas obrar cosa 
alguna para no malograr el exército que tenía junto, 
con la mejor y maior parte resolvió ir sobre Tarra- 
gona segunda vez, y para este efecto escrivió al Du- 
que de Brese, que estava en Tolón con la armada de 
mar presta para hacerse á la vela, que él se encami- 
nava por tierra sobre Tarragona, y que así él con la 
armada por mar hiciese lo mismo luego, y no tarda- 
ron unos ni otros en llegar; con brevedad comenzaron 
á poner su sitio y acercarse quanto pudieron con mu- 
cha celeridad por la parte del mar, y con ataques y 
bravo valor ganaron algunos fortines en poco tiempo; 
el enemigo estava fuertemente fortificado por la par- 
te del mar, porque desde la ciudad hasta bajo el puer- 
to era todo trincheras, fortines y varios reductos, mui 
guarnecido todo de gente, y menos que empezando por 
esta parte era imposible la expugnación de la ciudad, 
para lo que se dispuso luego la batería y ataques. 

La mañana del día 22 de Agosto de 1644 hizo sur- 
tida el enemigo gozando la ocasión de una lluvia que, 
haviendo durado toda la noche, puso á los nuestros 
casi inútiles; salió con quatro batallones de caballería 
por el baluarte nuevo que mira á Gonstantí, y con 30 
caballos y parte de infantería; por la surtida que mira 
al Puerto y la brecha que nuestra batería avía avier- 
to dieron los 30 cavallos ó infantería sobre la van- 
guardia de nuestros ataques, cerrando sobre la misma 



159 
batería los cavallos, y encontraron tan despavoridos 
á los que guardavan la vatería, que totalmente esta- 
van inútiles para las armas. Enclavaron quatro caño- 
nes de los seis que havía, y los dos hu viera sido lo 
mismo á no defenderlos los catalanes; pero aprovechó 
poco la enclavadura, pues antes de media ora estuvie- 
ron desenclavados con admiración de todos y terror 
del Castellano. Los ataques iban á mucha desorden; 
pero el Marqués de la Trusa, Mariscal de campo que 
los governava, sobrevino con tal ímpetu, y luego el se- 
ñor Mariscal con el rejimiento de Champaña, siguien- 
do los regimientos franceses en aquella abrigada con 
los dos tercios catalanes; Don Joseph Sacosta del Ba- 
tallo y Don Alexo Semmanat, de Barcelona, rechazaron 
al enemigo con gran valor, y la cavallería nuestra de 
gente de armas acuchillando á la enemiga la acom- 
pañó hasta la puerta de la surtida, y la infantería cas- 
tellana se retiró entre tanto por la brecha, haviendo 
retirado algo antes los quatro batallones por la misma 
surtida del baluarte nuevo; quedaron eridos de suposi- 
ción en nuestro exército el Maestre de campo de Cham- 
paña en un brazo y un Capitán, suio el Teniente Co- 
ronel del tercio de S. E. murió, y entre otros Oficiales 
ordinarios y algunos soldados hasta el número de 30. 

El día 23 resolbió el señor Mariscal dar un abance 
á la brecha que nuestra batería avía hecho sobre el 
molino del puente, con intención de ganar el puerto, 
y para este efecto se escogieron de los tercios france- 
ses y catalanes los soldados catalanes mexores. Suplicó 
á S. E. Don Joseph Sacosta le hiciese merced, y fué 
electo su Sargento maior Joseph Tord y Paguera para 
governar y mandar los 300 catalanes que se havían 
nombrado de los tercios del país. 

Á 24 á las quatro de la tarde se empezó el asalto: 



160 

fué nombrado para embestir la brecha el Conde de Be- 
liar, Maestre de campo de infantería, con los soldados 
de su regimiento y del de Vervi; al Capitán Joseph de 
Basedos del tercio de Sacosta, con 40 soldados, Alfé- 
rez y dos Sargentos, se le ordenó siguiese, como lo 
hizo el Conde de Bellac; los regimientos de España y 
la Marina fueron nombrados para la mampostería y 
mantener los que embestían la brecha. Dava calor en 
persona S. E. á este asalto acompañado del Marqués 
de la Trusa, del de Farrisiera, del de Bauduy y mu- 
chos otros Oficiales franceses, particularmente de Mo- 
siur Gostella, que vino en lugar del Marqués de Vi- 
llarue, y quedó erido de un mosquetazo. 

Embistió por la parte del Puerto el señor de Terrall 
con cien cavallos, y el Sargento maior Tord con 300 
catalanes de diferentes tercios; á éste se le mandó lue- 
go ir á la torre de los Capuchinos para impedir la sur- 
tida de la cavallería castellana que, aunque salió tres 
veces con gran pujanza y furor, otras tantas fué re- 
chazada de los catalanes con su acostumbrado valor. 
Aliáronse en esta función el Capitán Jayme Portiales, 
el Capitán Joseph Basedas y sus Alféreces, el Ayudan- 
te Joseph Oseras, Pons de Fox y seis Sargentos: éstos 
eran del tercio de Sacosta, llamado el batallón del ter- 
cio de Semmenat, el Capitán Isidro Gorchs y su Alfé- 
rez. Del tercio de D. Jaime de Eril, el Capitán Modo- 
lell, su Alférez y quatro Sargentos. De Barcelona el Ca- 
pitán Portell, Gorchs, sus Alféreces y quatro Sargen- 
tos, los quales, con los 300 catalanes que iban á cargo 
del Sargento maior Torel, pelearon con tal valor, que 
dejaron eterna su memoria en los anales de la fama, 
imitando á sus pasados, que supieron ganar reynos: á 
boca llena lo publican franceses; con arto sentimiento 
lo experimentan los castellanos. Murieron en esta fun- 



i61 

ción un Sargento del tercio de Sacosta , seis infantes, 
y quedaron eridos tres de los franceses: algunos bien 
que pudieron causar embidia por su intrépido valor, 
que no puede tener ponderación. 

La armada de mar obró tan prodigiosamente, que á 
ella se le puede dar el lauro de este suceso, porque 
puesta en orden, empezó á disparar con tal furia y 
continuación, que parecía un continuo trueno y un 
granizo de valas que llovía sobre aquel puerto; de mo- 
do que, viendo el enemigo tanto orror y inopinado va- 
lor y estruendo, y verse por las milicias embestido y 
roto, desesperado de poderse conservar, se retiró á la 
plaza arto corrido, dejando el puerto y sus fortifica- 
ciones. Gastaron los navios y galeras en este comba- 
te de pocas oras 80 (E) libras de pólvora y 5® 814 ba- 
las de artillería: el asalto se dio entre seis y siete de la 
tarde, y en menos de media ora tubimos por nuestras 
las fortificaciones, menos la torre del puerto, que la 
guarnecían quince soldados con tres piezas de artille- 
ría; pero antes de amanecer estuvo rendida. 

Tenían los nuestros los ataques algo más allá de los 
Capuchinos, cerca el baluarte de San Francisco, con 
esperanza de que presto estaría junto á la muralla. 
S. E., con incansable valor y infatigable cansancio y 
cuidado, asistió de día y de noche al travajo de los 
abances y obras para acercarse á la muralla, dando á 
cada soldado que travajava un doblón por día y otro 
por la noche, y animando personalmente á los gastas- 
dores y soldados, y llegó á poner con esto cuidado á 
la batería, á los baluartes de San Francisco y Santa 
Clara, sin permitir avitase en ellos persona alguna. 



Tovo vxiv 11 



Í62 



CAPITULO 161. 

LEVÁNTASE EL SITIO DE TARRAGONA: DÍCESB LA CAUSA. 

Estando las cosas del sitio de Tarragona en el esta- 
do que se acava de leer el día 14 de Septiembre de 
1644, repentinamente, y sin consejo alguno, mandó el 
señor Mariscal retirar y embarcar la artillería de la 
batería y todos los pertrechos que pudo, dejando una 
inmensa cantidad de artificios de guerra que había 
sacado de la Atarazana de Barcelona con muchas bar- 
cas, que era pasmo ver tanto maderaje, como son trin- 
cheras, galerías para fabricar ornillos, parapetos, una 
máquina de sesteros para la artillería, espuertas para 
formar trincheras, palas de yerro, azadones, picos, 
capazos y otros instrumentos que quien no lo vio no 
puede encarecerlo; y aunque quemaron lo que pudie- 
ron, lo más quedó allí, sin aver aprovechado; ni aun 
los vivanderos pudieron recojer las vituallas, unos por 
no tener el vagaje, y otros por no tener las barcas; 
que por salvar la vida todos siguieron el exército, y 
aunque muchos rompieron las cubas, con todo queda- 
ron en las trincheras muchísimas vituallas; el exérci- 
to marchó á Urgel y la armada á Marsella y Tolón, 
dejando al enemigo libre y bien acomodado de per- 
trechos y víveres. Publicóse por cosa cierta que el se- 
ñor Mariscal ha vía sitiado á Tarragona sin orden, y 
que desesperado del suceso de Lérida y no saver qué 
hacerse de la gente, emprendió esa facción sin tener 
bastante exército, porque no pasava de 6 á 7 ® hom- 
bres, y que le vino orden de París para que levantase 
el sitio y fuese al llano de Urgel para detener al ene- 



163 

migo, que como señor de la campaña hacía quanto 
quería. Y ésta fué, dicen, la causa de tan inopina- 
da resolución, y parece lo permitió Dios porque se 
movieron unas lluvias tan crecidas que duraron ocho 
días continuos, y es cierto se huvieran perdido todos 
en las trincheras, porque en la Sagarra hicieron gran- 
dísimo daño y se anegaron muchísimos franceses, que 
los hallaron muertos por los caminos, y en Tarraga el 
agua derrivó la iglesia maior y el convento de San 
Agustín, en donde perecieron más de 300 franceses, y 
en otras partes también. De otra parte, la Mota era 
poco ovedecido y menos temido de los militares, por- 
que havía muchos de suposición maior que no él, y 
havía llegado al extremo que, por no darle á él la glo- 
ria de las azañas, no sólo no se aconsejavan y ovede- 
cían lo que convenía, sino que obravan todo al con- 
trario, y la lástima era que lo padecía el país sin te- 
ner culpa. Aquarteláronse las tropas por el Urgel pa- 
ra custodia del país y de la cosecha. 

CAPÍTULO 162. 

EMBIAN SINDICO Á PARÍS LOS CONSISTORIOS: ES FRANCISCO SALA. 

Viendo la Diputación y ciudad los desórdenes de la 
guerra, y que todo el año de 1644 avía sido perder y 
más perder por estar los cavos encontrados, resolvie- 
ron embiar síndico ó embajador á París para dar ra- 
zón de lo que pasava y solicitar algún consuelo con 
mejores Generales: nombraron para esta embajada á 
Don Francisco Sala, hombre de famosos respetos y 
muy ladino: hiciéronlo partir á toda diligencia, y con 
la misma llegó á París, y á boca, ynformó á la Reyna 
por menudo de quanto aquí pasava: de la poca esti- 



164 
mación que se hacía de la Mota; de cómo los españo- 
les iban victoriosos y los nuestros amedrentados; de 
que podía temerse algún movimiento aun en los más 
bien intencionados; de cómo havía muchos mal afec- 
tos á su real corona que iban impresionando en los 
naturales mucha desconfianza, persuadiendo que ya 
Francia declinava en su poder y que se retiraría de- 
jándonos desamparados y expuestos á mil desdichas y 
abatimientos, y que por todos estos motivos se supli- 
cava á S. M. tubiese á bien de embiar algún Príncipe 
de la sangre con maior poder para que fuese más ove- 
decido de los soldados, temido de los enemigos y ama- 
do de los catalanes: de estas razones y de otras de igual 
ponderación, compuso su embajada y representación; 
hízolo también á los primeros Ministros, y después de 
haberlo consultado y premeditado en los Consejos sie- 
te meses, que tanto estuvo en París el D." Francisco 
Sala, se resolbió embiar un numeroso exército á Ca- 
taluña, y que se pusiese todo esfuerzo en echar de la 
provincia al español y que viniese por general Enri- 
que de Lorena, Conde de Ancourt: tomada esta reso- 
lución, se dio toda prisa á la formación del exército y 
avío de las tropas, y el Embajador se despidió de la 
Reyna y Consejeros y de S. A. La Reyna le regaló con 
una preciosa cadena y una efigie con una medalla del 
Rey. Llegó á Barcelona D." Francisco Sala, y con la 
noticia de lo que se havía resuelto y la palabra de la 
Reyna de sacar de Cataluña al Castellano, se animó 
mucho la gente. 



165 



CAPÍTULO 163. 



MUERTE Y EXEQUIAS DE URBANO 8.«, Y ELECCIÓN 
DE INOCENCIO DÉCIMO. 



Murió en Roma la Santidad de Urbano octavo á 29 
de Junio de 1644, á las once oras del relox de Italia. 
Governó la tiaría 28 años con el maior acierto que 
Pontífice alguno: celebráronse las exequias por diez 
días continuos, como es estilo. Llegó la nueba á Bar- 
celona, y en la Seo se hizo un gran capilardente, y 
por todas las iglesias se celebraron exequias con gran 
solemnidad y concurso de gente, tocando muchos días 
antes las campanas como se acostumbra. Difunto Ur- 
bano y echas aquellas disposiciones que se acostum- 
bran y aver el Colegio cardenalicio hecho todo esfuer- 
zo y puesto todo cuidado en evitar los desórdenes que 
suelen suceder en las vacantes, prohiviendo, vajo gra- 
vísimas penas, el traer armas, y el encargarse de la 
observancia y vigilancia para la quietud de Roma el 
Excmo. Señor Príncipe Savelli, Governador, y distri- 
buida soldadesca en catorce puestos de la ciudad, se 
trató de entrar al cónclave: para la nueva elección es- 
tubieron juntos ya los Cardenales que se ha vían de 
juntar el día 9 de Agosto de 1644, y estuvieron cerra- 
dos en cónclave hasta el día 15 de Septiembre á me- 
dio día; en este intermedio se repetían las rogativas 
por la elección, y á ocasión de dilatarse más de lo que 
pensavan, sucedían algunas revoluciones en el pueblo; 
en fin, el día 15 de Septiembre, á medio día, se publi- 
có la elección en el señor Cardenal Pamphilio, que se 
llamó después Inocencio décimo. Abrieron el cóncla- 
ve; salieron los señores Cardenales con su Santidad, 



<66 

vestido ya de pontifical en su silla; lleváronlo á la 
iglesia de San Pedro, y antes de entrar le hicieron la 
segunda adoración; entraban en la iglesia, y puesto 
en el solio le hicieron tercera adoración, y luego el 
castillo de San Angelo disparó la artillería y las mili- 
cias hicieron la salva; no es menester decir quál estaría 
la iglesia y plaza de San Pedro de gente, que arto lo 
juzgará qualquier. La elección fué muy aplaudida y 
festejada de todos, así Principes y señores como el pue- 
blo, con luminarias y otras demostraciones públicas. 

CAPÍTULO 164. 

GANAN Á BALAGÜER, AGRAMUT Y AGER LOS CASTELLANOS. 

Viéndose el Castellano señor de la campaña, vic- 
torioso con el suceso de Lérida, y que nuestro exórci- 
to no le dava ni le podía dar embarazo por lo desmem- 
brado que se hallava, marchó sobre Balaguer, que mal 
fortificado con guarnición francesa y muchos de los 
ciudadanos que desea van bolber al dominio de Espa- 
ña, á poco sitio y batería, aunque la puso por ésta y 
por otra parte del río Segre, se rindió el Governador 
desesperado de socorro, sacando por pactos que con 
sus armas y vanderas dejasen bolber la guarnición al 
exército francés: así se le permitió, y entraron los 
castellanos. 

Tomado Balaguer, embiaron un trompeta á la villa 
de Agramurt, diciendo se rindiese á buena guerra. En 
esta población havía muchos mui afectos á España; y 
persuadidos todos de que no se les tocaría nada de sus 
haciendas, se rindieron luego temerosos de que en- 
trándolos á fuerza no les dejarían cosa alguna. Entra- 
ron los castellanos y fortificáronlo un poco; en Agrá- 



i 67. 
mut havían retirado los del llano de Urgel toda la co- 
secha y panes con que el Castellano proveyó su exór- 
cito, y Lérida quanto quiso porque havía muchísimo 
trigo: bien es verdad se publicó que lo pagaron con 
mui buenos reales de á ocho, y que á carretadas lle- 
vavan el trigo á Lérida; rindiéronse aquellos lugares 
circunvecinos por no tener resistencia alguna. 

Á todo esto se estava quieto el señor de la Mota con 
su exército en la villa de Gervera, fortificándola en 
gran manera, ya por ser plaza de armas, ya por estar 
aniquilada de gente y ya porque ni aun para defen- 
derse tenía bastantes tropas, y porque temían el Cas- 
tellano no diese sobre Cervera, porque vatiendo la en- 
trada por todo el Urgel llega va hasta la misma villa, 
estando en esta postura, el día que menos se pensaron 
dio el Castellano sobre la villa y castillo de Ager, en 
donde estava de guarnición D. Phelipe de Eril con lo 
mejor de su tercio y parte del de Sacosta, que era lo 
más y lucido del batallón. Governávalo D. Phelipe. 
Luego que lo supo el 8.°'^ Mariscal, que se hallava en 
Cervera, embió parte de su exército de cavallería é 
infantería para socorrerlos; pero halló al enemigo tan 
fortificado en sus trincheras, que no fué posible soco- 
rrerlos ni romper el cerco. Los de adendro padecían 
de ambre, porque los cogieron los sitiadores sin pre- 
vención alguna, con que se huvieron de rendir los 
nuestros á merced de señor que por catalanes no pu- 
dieron mejorar los pactos. Eran pasados de 300 y la 
mejor gente de la campaña. Entráronla por Castilla, 
sin querer admitir trueque, aunque los da van dos y tres 
de los suios por uno de los nuestros; fortificáronse los 
castellanos y pusieron guarnición, y nuestras tropas se 
retiraron á Cervera, que estávamos ya en Noviembre. 



CAPITULO 165. 

LLAMAN A PARÍS AL MARISCAL LA MOTA Y LO QUE SE MURMURÓ DEL. 

Á 25 de Noviembre 1644 vino de Gervera á Barce- 
lona el S.^'^ Mariscal de la Mota, Virre}^ de este Prin- 
cipado y Duque de Cardona, electo por la Magestad 
Xpma. de Luis treceno, que Dios haya. Entró con su 
acostumbrada guardia de las caravinas; saliéronle á 
recivir el Governador y algunos cavalleros que se alla- 
van en Barcelona, acompañándolo á su acostumbrado 
palacio; dentro pocos días, fué á la casa de Diputación 
y Ciudad á despedirse, porque con orden expreso le 
llama van á París; dexá vanos á todos con gran descon- 
suelo y pena su partida, porque le devía mucho esta 
provincia; en lo más arduo y recio de sus travajos dié- 
ronselo á conocer los Consistorios con demostraciones 
de mucho dolor; correspondió S. Ex.^ con iguales de su 
mucho cariño y rendidos ofrecimientos, asegurando lo 
hallarían siempre á su disposición; el día 7 de Diciem- 
bre 1644 oyó misa en la capilla de Santa Eulalia en el 
Aseo, y despedido de la Santa, partió desde allí en su 
carroza á Francia, acompañándole el Governador y al- 
gunos cavalleros hasta fuera de la ciudad. Llegó por 
sus jornadas hasta la ciudad de León de Francia, en 
donde por orden de la Reyna quedó preso; hacíanle 
(según se dijo) cargo de la pérdida de Lérida, de que 
saviendo que el enemigo juntava su exército á la par- 
te de Fraga, él se esta va en Barcelona divirtiéndose 
en festines y en saraos; de que no reconoció ni proveió 
de basümentos la plaza, pues á estarlo, no la hubieran 
rendido tan presto; y también del descuido y omisión 



169 
en hacer venir las tropas de Francia y hacer juntar el 
exórcito, porque á no haber ávido en esto tanto des- 
cuido, ni lo hubieran derrotado sobre el socorro de 
Lérida, ni arrinconado todo aquel año de 1644, que no 
hizo sino ir de caída: por éstos y otros cargos fué pre- 
so con guardas de vista en Lión. Despojáronle del du- 
cado de Cardona con pretexto de que quando el Rey le 
hizo ]a merced, no savia qué estado era éste, y que, á 
saberlo, no lo huviera empleado en sujeto de tan vaja 
esfera como era la Mota, aunque las armas le tuvieron 
elevado á tanta altura: resérveselo S. M. para em- 
plearlo en persona más digna. Poco se le debió dar al 
Mariscal esto, pues le cogía después de haver embia- 
do á su casa mucha riqueza que hera de los Duques de 
Cardona que la halló empañada, como es mucha can- 
tidad de oro y de plata labrada; mucha tapicería de oro 
y seda, que era lo mejor que tenían los Duques y de 
inestimable valor; muchísimo dinero y muchos y bue- 
nos cavallos que ha vía tomado al Castellano en varias 
ocasiones de refriega: con que llegando la caída en 
ocasión de estar tan rico, ni devió ser grande, ni pudo 
sentirla tanto. Y fué la común opinión que la emula- 
ción y embidia de los Cavos franceses, viendo lo que 
se avía aprovechado, no pararon hasta que le derri- 
varón del puesto y de la fortuna que goza va: no se 
supo en qué paró su causa. 

CAPÍTULO 166. 

INTENTAN LOS CASTELLANOS OCUPAR Á TREMP Y NO LO CONSIGUEN. 

Por dos ó tres veces quiso el Castellano hacerse due- 
ño de la Cerca de Tremp y aquel país; pero otras tan- 
tas fué rechazado y bien destrozado por los mismos 



470 
paisanos con mucha vizarría y como quien savia me- 
jor que el Castellano lo que era el terreno tan quebra- 
do y áspero de su naturaleza, que cuando menos se ca- 
tava se veía cortado por todas partes. La última vez 
que lo intentó fué por el mes de Diciembre 1644, em- 
peñándose tan adentro de las montañas, que quiso lle- 
gar hasta la villa de Tremp"; y súpolo el Governador 
de aquel país, que era D. Jph. Rocabruna, y preve- 
nido con la gente de los lugares y acompañado de su 
acostumbrado valor, dio sobre el enemigo destropeán- 
dole, con tanta pérdida de gente, que desunidos tiró á 
salvarse cada uno como pudo y perdieron la gana de 
bolber otra vez. 

CAPITULO 167. 

PROCURAN LOS FRANCESES RECUPERAR Á AGER: NO LO LOGRAN. 
LA GUARNICIÓN DE ROSAS HACE SURTIDA. 

Estándose nuestras tropas ó exército fortificado en 
la villa de Gervera y algunos lugares de la Sagarra y 
llano de Urgel, quisieron hacer una interpresa de la 
villa y castillo de Ager, ofreciéndoles la entrada unos 
clérigos de Ager por las espaldas- de la iglesia; y así, 
fué una noche parte de cavallería y infantería y alia- 
ron la guarnición de la villa, que eran 84 hombres 
con su Cavo, adormida por sus cuarteles, con que sin 
resistencia alguna los rindieron: sacáronlos de la villa 
por temor de socorro. Los del castillo sintieron el es- 
truendo, y sin permitir entrada á nadie se cerraron y 
fortificaron dentro, disparando fieramente. Estuvie- 
ron los nuestros ocho días en la villa aguardando so- 
corro, pero por temor del enemigo no osó el General 
socorrerlos; y sonando de que el enemigo venía á so- 
correr el castillo, desampararon los nuestros la villa. 



Llegaron los castellanos y hicieron estrado por aver 
dado ocasión los de Ager á aquella interpresa. Allá- 
vase en aquella función Hierónimo de Calders, cava- 
llero catalán, y vino á Barcelona comboyando los 84 
prisioneros. 

Allávase en Castellón de Ampurias y lugares cir- 
cunvecinos parte de la infantería del batallón con una 
poca de cavallería francesa para detener en algo ó 
evitar las surtidas que hacía la guarnición de Rosas 
y pillaxes y sacos que á menudo dava por aquel país. 
Tenía el Castellano gran cuidado y vigilancia en cómo 
podría destrozar esta gente, para con más desemba- 
razo poder executar las surtidas, y para esto tenían 
sus espías, que nunca faltaron traidores; y sa viendo 
un día que estavan los nuestros descuidados, salió mu- 
cha infantería y cavallería de Rosas y dieron sobre 
los nuestros con grande furia; y como eran todos sol- 
dados veteranos y los nuestros apenas sabían jugar las 
armas, porque de una leva nueva avía poco que los 
havían llevado allí, se atemorizaron, aiudando á ello 
el que la cavallería francesa, afiirdida del ímpetu de 
los castellanos, bolbió las espaldas , dejando la pobre 
infantería sin abrigo ni amparo alguno: entre muer- 
tos y presos, que se llevaron á Rosas, perdimos qua- 
trocientos iníantes en este encuentro. Y sucedió que se 
hallava ya en Perpiñán el Conde de Ancourt, que ve- 
nía por Virrey y Capitán general de Cataluña. 

CAPÍTULO 168. 

ENTRADA Y JURAMENTO DE VIRREY DEL CONDE DE ANCOURT 
Y ENTRADA QUE LE HACE BARCELONA. 

Ya queda referido cómo condescendió la Reina 
Xpma. á las súpUcas de esta provincia en darnos un 



Í72 

Capitán general de toda suposición, y que se nombró 
al S.*^"" Enrique de Lorena, Conde de Ancourt, Prínci- 
pe de la sangre, y de tan conocido valor como publi- 
can las Vitorias que dio á la Corona en los países de 
Flandes y en la Italia sobre el Casal, y tan respetado 
y ovedecido de los suios como temido de los enemi- 
gos; procuróse despachar S. A. y que las tropas vinie- 
sen delante, y para que acavasen de pasar algunas, se 
detubo algunos días en Perpiñán, y también para 
ajustar el día de su entrada, que fué el 22 de Marzo 
de 1645, y para ese día llamó la ciudad sus quatro 
tercios; y municionando la gente y señalando á cada 
uno sus puestos, se dispuso que desde la Cruz de San 
Francisco hasta su palacio, por todas las calles y pues- 
tos por donde S. A. pasaría, fuese una calle de milicia 
que le fuesen repitiendo salvas, empezando desde la 
Puerta Nueva, San Agustín, Capilla de Mereus, calle 
de Moneada, Born, y por donde suele pasar la proce- 
sión del Corpus, hasta la Seo: tocó al tercio de Galce- 
rán Durai el puesto desde la Puerta Nueva hasta la 
Cruz de San Francisco. 

Llegó el día señalado, y puestas las miUcias en for- 
ma, á las tres de la tarde salió el Governador D. Joseph 
Margarii con muchos cavalleros catalanes, todos com- 
pitiéndose en riquísimas galas y adrezos; salieron los 
Diputados con su acostumbrada comitiva, y tras de 
éstos los Conselleres con lucido acompañamiento: en- 
contraron á S. A. pasada la Cruz de San Francisco, 
cerca el Molino de Cardonell, en donde el Doctor Agi- 
la, Conseller en Cap, dio su embajada en nombre de 
la ciudad, y cumplidas las acostumbradas cortesanías 
se dispuso la entrada así: 

Venían quatro Gentiles hombres ó alabarderos á 
pie y en cuerpo con sus alavardas, con librea azul y 



173 

en trajes de suizos, con mucha guarnición de pasama- 
nes de seda todo el vestido; seguían 20 acémilas con 
ricos reposteros que traían la repostería ó cámara del 
Príncipe; tras de éstos venía el Capitán de la Guardia 
ricamente vestido, tres trompetas con librea de S. A., 
á quien seguían cien soldados de á cavallo, que era la 
guardia de la persona, con librea azul y capas del mis- 
mo color con pasamanes de plata. Luego entravan los 
cavalleros catalanes, precediendo el Governador Mar- 
garit; D. Joseph Dárdena, General de la cavallería 
catalana, y algunos Capitanes de la misma cavallería 
con famosas galas; sucedían los maceres de Diputa- 
ción, Consejos y Ciudad, y después los puertos por su 
orden, y por último S. A., dándole el Conseller en 
Cap la mano derecha; venía el Príncipe sobre un her- 
moso caballo ricamente enxaezado: la clin dava casi 
á tierra; el aderezo era nácar y oro, y la cola con tal 
artificio, y aderezada tan ricamente, que era de admi- 
rar; el vestido de S. A., ó la casaca, era color platea- 
do el calzón y capa colorado; pero tan quajado todo de 
oro que apenas se divisava otra cosa, y así la persona, 
como el adrezo del cavallo, iban tan ricos, que era de 
incomparable valor; era S. A. de media estatura, 
grueso de cuerpo, colorado de rostro y muy afable; el 
cavello rubio. Llevaba el sombrero en la mano siem- 
pre, y con rostro mui risueño manifestava el gozo y 
alegría interior: dióse orden que hasta aver pasado 
S. A. ninguno disparara. Llegó á la Puerta Nueva, y 
allí hizo salva la artillería de aquellos puertos: en la 
punta de diamante del fuerte de la Puerta ha vía una 
bandera de la ciudad con un pedazo de infantería, que 
también hizo su salva quando la artillería. Llegó al 
Aseo por los puestos ya referidos, estando todos sem- 
brados de soldadescas como se ha dicho; tómesele el 



174 
juramento como .se acostumbra; estava dada la orden 
que mientras el juramento se mudasen las milicias á 
las otras calles por donde se havía de pasar, que eran 
Plaza Nueva, Puerta Ferriza, y por la rambla hasta el 
Llano de San Francisco, en donde estava el palacio, 
en las casas que fueron del de Santa Coloma; salió 
S. A. del Aseo, y con el mismo orden que llegó á ella, 
fué discurriendo por donde acavo de decir hasta su 
palacio, hallando en los puestos que dava lugar el te- 
rreno esquadrones formados de infantería; llegado ál 
Llano de San Francisco, disparó la artillería del ba- 
luarte y toda la que guarnecía aquella muralla, con 
grande aclamación del pueblo, que le empezó á seguir 
ya desde la Cruz de San Francisco, pues esperava de 
su gran valor y largas esperiencias muchas Vitorias; 
entróse en su palacio, y los puestos y acompañamien- 
to se fueron á sus casas. 

Empezó luego S. A. á fabricar muchos quartos en 
la casa y hermosearla, porque llevava intento de ha- 
cer venir su muger; fabricó un puente sobre la calle 
Ancha, desde el palacio á las casas de los Duques de 
Cardona, y en quanto pudo creció y adornó la avita- 
ción del palacio. 

El tiempo que se detubo en Barcelona procuró reco- 
nocer las murallas, baluartes, fuertes, atarazana, sala 
de armas y mucha parte de la ciudad, paseando las 
calles y visitando iglesias, llevándose á los que iban 
á oir misa no sólo el estrado y sitial para los ad rezos 
del altar, hasta frontales; y como estava mui rico, 
dava muchas albricias ó gajes á donde quiera que iba: 
tratávase con mucho fausto y grandeza; convidava al- 
gunos cavalleros catalanes, aquéllos de quien él tenia 
satisfación, que eran bien afectos; mudava casi cada 
día de galas, todas bordadas; tenía muchas, y riquísi- 



175 

mas carrozas y tiros de caballos bellísimos; siempre 
que salía le acompañava una esquadra de soldados de 
la caravina y mucho número de pajes y lacayos, y en 
todo se portava como quien era. 

CAPÍTULO 169. 

SALE EL DE ANCOURT A CERVERA PARA DISPONER SU BXÉRCITO 
Y CAMPAÑA. 

Después de ha ver el S.^'" Príncipe paseado y recono- 
cido Barcelona y sus fortalezas, y ha verle llegado con 
barcas mucha infantería y pasado por tierra la cava- 
Hería hacia Gervera, cuio General era Musiur de San- 
tones, hijo de Mosiur Barrí, Governador que fué de la 
Aucata quando el de Cardona la sitió, y á quien el 
Xpmo. mandó prender por acomulársele- alguna trai- 
ción, y verificóla, el pasarse á España y servir al Rey 
de Castilla hasta que nuestro Luis tercero, y consegui- 
do el perdón en el govierno de la Reyna, se huyó de 
España y restituyó á Francia, y llegado allá consiguió 
para su hijo el Generalato de la cavallería, que serían 
hasta unos cinco mil cavallos los que governava; se 
puso S. A. en marcha, pues tenía jsl juntos 22 ® in- 
fantes y la cavallería que hemos referido, sin las tro- 
pas de la provincia; salió de Barcelona la segunda 
fiesta de Pasqua, á 17 de Abril de 1645, á cosa de las 
doce del día, haviendo oydo Misa y haviendo echo al- 
gunas devociones en su carroza, acompañado de su 
guardia, muchos Gavos franceses y algunos, aunque 
pocos, cavalleros catalanes: encaminóse á visitar la 
Virgen de Monserrate, que es la medianera con el Dios 
de los exércitos y Vitorias; desde allí pasó á Gervera, 
plaza de armas de todo nuestro exército, para dispo- 



176 

ner las cosas de la guerra y poder salir presto á cam- 
paña; pasó luego muestra general del exército en Mar- 
torell; á la orilla del río Nova se havían echo fabri- 
car veinte barcas y un barco longo, y así mismo vein- 
te carros, sobre los quales se havían de llevar las bar- 
cas, que los tiravan quatro muías para cada carro; en 
Barcelona se havía echo fabricar una gruesa y larga 
cadena de yerro, todas disposiciones para formar un 
puente y pasar el río Segre en donde convendría. Lue- 
go que salió S. A. de Barcelona, marcharon estas bar- 
cas y todos los demás pertrechos, y en tenerlos y estar 
toda la gente junta en Cervera fué disponiendo su cam- 
po y dando las órdenes á cada uno según su puesto. 

CAPÍTULO 170. 

RECUPERA A AGRAMUNT EL DE ANCOURT. 

Formado ya el campo, y tomando la marcha para 
Agramunt el 1.° de Mayo de 1645, el Castellano, que 
estava en Agramunt, saviendo el exército que los 
nuestros llevavan, sacó de la villa todos los pertrechos, 
granos y víveres que havía, y retirólo todo á Lérida 
y Balaguer, dejando solos unos quarenta hombres de 
guarnición, sólo por razón de estado; embió S. A. par- 
te de infantería y caballería para rendir á Agramunt, 
y apenas llegaron, quando luego dio la ovediencia; 
quiso S. A. derrivar toda la población, abrasado de la 
alevosía que havían usado á la Mota, llamándolo y 
después haciéndole perecer mucha gente; pero reco- 
nociendo que era pueblo muí numeroso, se contentó 
con echar á tierra las murallas, la casa de la Villa y 
algunas de los principales alevosos que se havían pa- 
sado á España, y que en adelante no se llamase sino 



177 
aldea; también executó algunos particulares castigos, 
como se dirá en adelante, todo en despique de Mosiur 
de la Mota. 

CAPÍTULO 171. 

8ITI0 Y HENDIMIENTO DEL CASTILLO Y PLAZA DE ROSAS. 

Habiendo pasado mucha cavallería é infantería para 
incorporarse con S. A. en el llano de Urgel, pocos días 
después pasava un gran personaje de Francia, que ve- 
nía á estar en compañía de S. A., que era, según se 
dijo, gran soldado, y venía por Lugarteniente del 
Príncipe; pasava á la ligera con algunos camaradas, 
y llegando al Ostalnou, que llaman en el Empurdán, 
que está enfrente de Rosas, en el mismo camino real 
salieron de Rosas algunas compañías de cavallería, 
que como solían quedar al país arto que sentir y á los 
pasageros que temer, dieron con este sujeto, y aprisio- 
nándolo con sus siete ú ocho camaradas, los entraron 
en Rosas: esto fué á últimos de Abril 1645, y pasados 
quatro ó seis días sin que del se huviese tenido noticia 
ni se huviese oydo cosa alguna, amaneció un nuebo 
exército de Francia sobre la plaza de Rosas, que re- 
pentinamente empezó á atacar la plaza y castillo con 
bravo rigor. Por mar también vinieron 18 ó 20 navios 
gruesos con algunas galeras del Rosellón y Empurdán; 
también acudió mucha gente, con que se formó un 
exército arto copioso: venía por General de este exér- 
cito Mosiur Platis Plasí; D. Diego Gavallero, aunque 
lo tubo á burlas por lo excesivamente que se hallava 
fortificado y proveído en la plaza, procuró no descui- 
darse: estava la plaza sumamente fortificada antes de 
llegar á la muralla; no obstante todo esto, y juzgar 

Tomo xxiv 12 



larga la empresa fiando en su valor el buen suceso, 
con muchedumbre de gente empezaron á batir y ex- 
pugnar las fortificaciones exteriores, y bien que á cos- 
ta de mucha gente, en pocos días ganaron los reduc- 
tos de la parte de tierra, y aunque mui á menudo re- 
petían surtidas los de adentro desbaratando los nues- 
tros, siempre se retiravan con pérdida, y poco á poco 
se vinieron á disminuir, de forma que tenían arto que 
hacer en guardar las fortificaciones de adentro. Llega- 
ron los nuestros á poner batería á la villa y atacarla 
de suerte que no osava salir alma nacida; embiaron á 
buscar doce cañones aquí á Barcelona con un Cavo 
llamado Bassons, hombre mui práctico y que havía 
servido dentro Lérida durante el sitio. Lleváronse los 
cañones y las baterías catalanas que hacían gran ven- 
taja á las francesas y el General las estimava mucho. 

S. A. tomó la posta desde su exército y pasó á ver- 
se con Plasis, con quien estuvo un día para dar las ór- 
denes necesarias para la expunación de la plaza, ver 
el estado en que se hallava, y bolbióse luego, porque 
esta va deteniendo al enemigo á la otra parte de Segre, 
y para embestirlo sólo aguardava tener á Rosas ren- 
dida. 

Los sitiadores llegaron á plantar las baterías casi á 
la orilla del foso ó mui cerca, de modo que hacían 
grandísimo daño á las murallas. Por la parte del mar, 
los vageles hacían su deber. Las galeras no pudieron 
permanecer allí mucho así, por ser mui malo aquel 
golfo para ellas en aquel tiempo, como por haverse 
perdido dos con una borrasca y con ellas mucha cosa. 
De armada enemiga no se ablaba, que bien savían los 
nuestros no la podían tener, con que con poca guardia 
por el mar huvo arto; algunas falúas entravan con la 
obscuridad de la noche, y de ellas tomaron alguna con 



179 
avisos: por presto se les quitó este consuelo, pues en- 
tenas y gúmenas favricaron un cero que quedava pre- 
sa qualquier embarcación que intentase entrar, con 
que estubo bien cerrado el paso. 

Los nuestros batian horriblemente, y los de adentro 
no menos animosos se defendían y tiravan; sucedió 
una desgracia en la plaza, y fué que como huviesen 
puesto dos culebrinas sobre la iglesia maior para des- 
cubrir más terreno y causar más daño á los nuestros, 
sacando de los amagacenes un soldado algún barril de 
pólvora que por su desdicha estava agujerado, fué 
sembrando pólvora y acertóse á pasar delante la igle- 
sia sin advertir lo que iba dejando; tiraron las cule- 
brinas, y un taco de ellas encendido dio sobre el ras- 
tro de la pólvora que pegándose fuego llegó al ama- 
gacón, en donde havía 200 barriles de pólvora, y en- 
cendiéndose, bolo algunas casas, y el maior daño fué 
que la cavallería tenía el quartel cerca, y la ruina de 
los edificios mató la maior parte de la cavallería: su- 
ceso que les cortó la pierna á los de adentro, y que nos 
dio á nosotros grande ánimo y valor. 

En lo que juzgaron los castellanos su maior defensa, 
aliaron su pérdida, que fué llenando el foso de agua, 
que por ser mui ancho y ondo, juzgaron que los nues- 
tros no podrían llegar á minarlos; pero usaron los 
nuestros de otra traza, que fué echar en el foso una 
barca cubierta de maderos y tablones mui gruesos fo- 
rrados de yerro, y con ella se acercaron á la muralla 
sin que bombas, ni otros ingenios de fuegos, ni pie- 
dras que arrojavan de arriba, les podía ser de daño; 
iban en la barca algunos y un ingeniero; hicieron en 
la muralla ornillos los que quisieron, llenaron la par- 
te del foso de faxina y tierra, y con la barca executa- 
ron quanto se les antojó; con los ornillos abrieron una 



180 
brecha que podían pasar dos ó tres carros juntos, y 
por la parte que havían terraplenado embistieron los- 
nuestros y se hicieron dueños de la muralla. Los cas- 
tellanos se retiraron á la villa, y viéndose ya perdidos 
llamaron á capitular; hicieron salir á Mosiur que te- 
nían preso, y á no ser los agasajos y buen tratamien- 
to que le hicieron á él el tiempo que estubo prisione- 
ro, es cierto que no conseguían tan onrrados pactos 
como se les permitieron, sino que todos havrían que- 
dado prisioneros y se abría entrado la villa á saco. Los 
pactos fueron éstos: 

Que á todos los soldados, así castellanos, naciones, 
como catalanes que quisiesen seguir el partido de Es- 
paña, los huviesen de comboyar con barcas hasta los 
Alfaes, y que los enfermos y eridos los huviesen de de- 
xar en Tarragona. Que havían de salir las milicias de 
la plaza con sus armas, cuerdas encendidas, bala en 
boca, banderas desplegadas, trompetas y atambores 
tocando; que todo lo que quisiesen llevar se pudiesen; 
tenían mucha riqueza del pillaxe que havían hecho en 
el país. Salieron con estos honrosos pactos el día 27 de 
Mayo de 1645, embarcándose en muchas barcas; el 
Governador D. Diego Gavallero, y al pasar por delan- 
te Barcelona, hizo saludar el país con quatro tiros. 
Llevaron á los Alfaques y no quisieron recivirlos, por- 
que eran pasados de 1.500 hombres. Lleváronlos á Va- 
lencia, en donde juzgavan esta va socorrida Rosas, y 
quando vieron allí Ja guarnición, quedaron pasmados; 
bolbiéronse las barcas, y los nuestros reedificaron las 
ruinas que se havían echo en Rosas. 



181 



CAPÍTULO 172. 

FIESTAS QUE HACE BARCELONA POR EL RENDIMIENTO DE ROSAS. 

Apenas se supo en Barcelona el rendimiento de Ro- 
sas, guando en públicos alborozos procuró la ciudad 
mostrar la alegría con que celebraba tan favorable 
suceso, que lo era maior de lo que se puede creer, pues 
siempre lo dañoso que era aquel padrasto á la pro- 
vincia. Barcelona lo experimentava más, porque nin- 
guna barca llegava de las costas de Francia que no 
fuese con riesgo, porque havía en Rosas una máqui- 
na de bergantines de Mallorca que salían á dar caza 
y tomaron muchísimas, con que se limpió la costa de 
esta ladronera. Llegada la nueva, mandó la ciudad se 
hicieran tres salvas de artillería, y se resolvió en Con- 
sejo de Ciento que se hicieran las mismas ó iguales 
fiestas que al rendimiento de Puirdán; señalóse un día 
para un sávado 10 de Junio 1645; hicióronse tres días 
de luminarias lucidísimas, esforzándose la gente quan- 
to pudo y aumentando de cada noche las luces en la 
Plaza de Santa Ana: enfrente de casa de Mosiur de 
Marca huvo cada noche invención de fuego, y en otros 
puestos de la ciudad dispara vase tres veces al día la 
artillería: por la mañana, al mediodía y al anochecer; 
el primer día se hizo una procesión general como la del 
Corpus, que no obstante era el domingo de la Trinidad 
y tan vecino á la fiesta, no se quiso pasar sin hacerla 
con la misma solemnidad, y el tercer día, para cum- 
plimiento de todo, se hicieron celebrar aniversarios 
en todas las iglesias, y en la del Aseo asistieron los 
Conselleres con gramallas de luto por las almas de los 



i82 

que havían muerto sobre el sitio y para que Dios nos 
continuase las Vitorias. 

CAPÍTULO 173. 

OCUPAN FRANCESES EL PUENTE Y VILLA DE CAMARASA. 

El Serenísimo Conde de Ancourt, havióndose puesto 
en campaña con el exórcito que él governava, mien- 
tras el de Plasis procurava ganar Rosas, fué detenien- 
do y estando á la mira al exército castellano para que 
no intentase socorrer á Rosas, ó que para divertir 
nuestras fuerzas no diese sobre alguna plaza de las que 
nosotros ocupávamos; y para más asegurarse de estos 
recelos, procuró sacarlo del llano de Urgel y ponerlo 
á la otra parte del río Segre. Ya queda referido que de 
Agramut escaparon con sola la amenaza. Pero de Ca- 
marasa no fué tan varato, porque como tiene un cas- 
tillo arto fuerte que defiende el paso de un puente que 
está sobre aquella rivera, y creyeron los castellanos 
poderse conservar y defenderse allí para tener seguro 
el paso al Urgel siempre que querían, y con eso hacer 
dar la ovediencia á algunos lugares circunvecinos, y 
para este fin Don Antonio Cantelmo, General del Rey 
de España, fué á reconocerlo en persona, y juzgándo- 
lo de la conveniencia que acavamos de decir, lo hizo 
reforzar y proveer de pertrechos, bastimentos y guar- 
nición. En vista de esto, aviéndose el señor Conde 
adelantado á la villa de Rinolla, una legua de Bala- 
guer y dos de Camarasa, resolvió que fuesésiempre la 
villa de Camarasa el General de la cavallería Santo- 
nes con 600 cavallos y mil infantes, y con orden de 
embestirla si allava oportunidad, ó si no reconocer 
cómo estava. Avía Don Joseph Sacosta, Maestre de 



483 

campo del batallón que guardava otro puesto en Alos, 
cerca de Garaarasa, hecho abanzar de orden de S. A. 
una partida á la misma villa. Llegó Santones cerca del 
puerto dos oras antes de amanecer el día 8 de Mayo 
de 1645, y se determinó de atacar la villa al salir el 
sol, aunque se hallava sin artillería, y antes de exe- 
cutarlo embió una trompeta á los castellanos, dicién- 
doles que si no se rendían y que si en su resistencia 
se moría algún soldado no se les permitiría quar- 
tel. Los castellanos despreciaron el aviso y desecharon 
la proposición y partido que por medio de un teniente 
suio que con salbaguardia salió á ablar con Santones, 
les hizo ofrecer. Viendo esta confianza, embistió San- 
tones la villa con tal fuerza por todos lados, que pres- 
to se vieron dentro los nuestros, unos por murallas y 
otros por agujeros; retiráronse los castellanos á unas 
trincheras que havían fabricado de faxina; pero des- 
pués de haver dado algunas cargas se huvieron de ce- 
rrar en el castillo con ánimo de defenderse mui bien, 
como podían, teniendo soldados y municiones, si no 
para hacer venir todo el exército, por lo menos maior 
número de tropa y artillería; el G-overnador del cas- 
tillo procuró conservarlo exortando y animando á los 
de su guarnición, y empezaron á tirar y arrojar fuego 
sobre los nuestros con gran yalor, pero no por eso de- 
xaron los nuestros de acercarse, y al mismo tiempo 
Mosiur de Santones hizo arrimar un ingeniero que 
supo tanvión apretarlos y disponer una mina, que ame- 
drentados los soldados y cavos, juzgaron vana qual- 
quiera resistencia, de tal modo que se rindieron á 
merced de Señor. Á este tiempo, Don Joseph Sacosta, 
que havía quedado en el puente para impedir el paso, 
hizo retirar un socorro de los castellanos que llegava 
casi al mismo tiempo que se rendía el castillo. La guar- 



184 

nición constava de una partida del tercio del Conde 
Gransfelt, de algunos catalanes y parte de michaletes, 
que en todos serian unos 250 hombres, que salieron 
luego y fueron llevados á Monsiur de Santones y que- 
dó guarnición nuestra; no creyó Santones ganarla tan 
presto, ni que el enemigo la perdiese tan á poca costa. 
Perdiéronse de los nuestros Mosiur de Ubernet, Al- 
férez del regimiento de Norestarig, de un mosquetazo 
en la caveza, y algunos 20 soldados. Quedaron eridos 
Mosiur de Vilars, Capitán del regimiento de la Marine, 
y Mosiur de Cruere, Capitán del de Ferrerón, y Ubi, 
Comisario de la artillería, perdió un dedo pulgar de un 
mosquetazo, tirando una granada. Á Mosiur de Santa 
Coloma Marín, Sargento de batalla, le mataron el ca- 
vallo en que iba. El Barón de Aler, Maestre de Campo 
de cavallería; el Barón de Sais, Capitán de cavallería 
del regimiento de S. A., y algunos otros cavalleros 
franceses, se portaron en esta ocasión con grande va- 
lor, á imitación de Santones, que dio con esta ocasión 
muestras de su grande valentía, cordura y destreza. 

CAPÍTULO 174. 

PROGKESOS DEL EKÉRCITO FRANCÉS EN LOS TRÁNSITOS DE LOS RÍOS 
SEGRE Y NOGUERA, CON RELACIÓN DE TODO LO SUCEDIDO. 

El rendimiento del castillo y villa de Rosas fué de 
las consecuencias que conocen todos, pues sin él no 
podía S. A. poner en execución designio alguno de 
quantos llevava para pasar el río con su armada, que 
sólo la tenía á esta parte del río Segre para detener é 
impedir al Castellano el poder socorrer á Rosas; y por 
esto el Conde Plasis Praslin, Lugarteniente de S. A., 
se dio tanta priesa en la expugnación de la plaza, y 
antes que el Castellano pensase en socorrerla, con la 



185 

suposición de que era plaza que podía resistirse meses 
enteros, se la vio rendida y en nuestro poder. El exór- 
cito castellano esta va á la otra parte del Segre, bella- 
mente atrincherados por todas las partes que juzgó 
podía intentarse el vado, que menos que aventurando 
la gente era imposible provar el pasage, porque las 
aguas venían mui crecidas á causa de que las nieves 
en las montañas se derretían, y de cada día se hacía 
más caudaloso el Segre, sin permitir por parte alguna 
el vadearse, y con esta ocasión la tubo el Castellano 
de fortificarse bien en los pasos menos seguros: impa- 
ciente S. A. de la dilación, hizo intentar algunos días 
antes áe\ rendimiento de Rosas el pasaje del río por 
un grueso de 2.200 infantes y 400 cavallos, vajo la 
orden del señor Conde Xavot, como tan afortunado 
en la empresa del puente de Camarasa, en donde con 
no menos felicidad y valor havía el señor de Santones 
ocupado asimismo la villa pocos días antes, como que- 
da referido, el Conde de Xavot, junto con el Conde de 
Austrain y señor de San Marín, Ayudantes de Maes- 
tre de campo que avían por orden de S. A. pasado el 
río á nado con diez ó doce cavallos ligeros y soldados; 
no aviendo podido seguirlos, se hicieron señores por 
buena fortuna del reducto del cavo del Puente, que 
ocupavan los enemigos. 

Ciento y veinte hombres que rindieron á discreción 
creiendo tan poco numeroso de gente, no los embes- 
tiría teniendo una crecida escolta que los amparase: 
este suceso fué sin provecho, porque los enemigos pe- 
garon fuego á uno de los arcos del puente que estava 
reparado de faxina y madera, encendiéndose con tal 
furia, que fué imposible apagarlo hasta que lo quemó 
del todo. Viendo que se nos havía malogrado el pasaje 
del puente en esta ocasión, y que el señor Conde de 



186 

Xavot no podía conseguir su designio de hacer pasar 
las tropas en las barcas que S. A. le avía embiado, por 
impedirlo lo sobervio y crecido de las aguas, desquitó 
su cólera con degollar pasados de 500 hombres del 
enemigo de unas tropas que havían pasado á esta par- 
te para estorvarnos el tránsito del río. 

Dispuestas así las cosas el señor de Santones, se 
hallaron en el mismo día á media ora del camino, y 
puestos por donde havían de pasar el río, y el señor 
de Aubin les dio aviso que el puente de cuerdas esta- 
va ya travajado y que havían pasado 100 hombres del 
regimiento de Santorge y 50 de los del batallón de 
Cataluña, comendados por un Capitán y Alférez, y 
guiados por dos curas ó rectores que singularmente 
se havían señalado en la fábrica y travajo del puente, 
y sirvieron mui bien en el pasaje de las montañas, y 
también 40 paisanos que las havían ocupado. 

Juebes á 15 de Julio el de Duplesi pasó el puente con 
la infantería, empleando desde las cinco de la maña- 
na hasta las de la tarde en esto solo, por causa de la 
estrechez del puente, porque esta va echo de solo qua- 
tro pequeñas gúmenas, que por no poderlas retirar lo 
bastante para ponerlo á nivel estava en forma de arco 
al revés, de calidad que uno tras otro podían pasar 
solamente, pero la aficción de los que asistían y la 
dicha disposición que se executara sin desgracia al- 
guna el tránsito; y como la diligencia es lo que más 
suele importar, pasó el Conde de Borigne á la testa de 
los dos batallones del regimiento de Campaña, y el de 
Duplesi en el segundo, valiéndose de una pequeña bar- 
ca que havía echo vajar de Tremp para pasar al mis- 
mo tiempo el batallón del regimiento de Aucourt; 
mientras que el resto de la infantería desilava sobre 
el puente, el S.*»"^ Duplesi ganó la eminencia de un 



187 

monte en quatro esquadrones del primer batallón, de 
donde sacó al S.^''' de Glaramont para que se adelanta- 
se hasta la vista del vado Masana, por donde nuestra 
cavallería ha vía de esguazar el río; seguíalo el de Du- 
plesi con la cercanía que juzgó necesaria para susten- 
tarlo, quando llegaría á sazón y distancia de poder 
embestir; y sucedió con tanta felicidad esto, que los 
enemigos que guardavan el vado dentro sus fortines, 
apenas se vieron reconocer se vieron en fuga por los 
montes, tan aceleradamente, que fueron mui pocos 
los que se pudieron hacer prisioneros. 

Al mismo tiempo el de Santones se abanzó con la 
cavallería y se hecho en el vado acompañado del Se- 
ñor de Fubreallot, Teniente de su compañía de cava- 
llos ligeros; del ca vallero Mangirón; del Conde de 
Bruilla Descombies, Ayudante de campo, y de algunos 
otros, pasando á nado, y á su imitación fué seguido 
con tal fortuna y afición de toda su cavallería, que sin 
acídente alguno pasó todo, y en execución de las ór- 
denes se juntó con los quatro batallones al anochecer, 
no obstante una lluvia arto molesta, que haviendo 
empezado á media tarde duró lo que bastó para hacer 
crecer el río más de media, y de calidad que el vaga- 
je que venía con las municiones y pertrechos de gue- 
rra no se atrevió á pasar, quedando con este inciden- 
te las cosas en bien raro conñicto; pero la diligencia 
que se hizo aquella noche, en que 50 cavallos del regi- 
miento de S. E. y del de Baltasar, con los soldados 
desnudos, bolbiesen á pasar y cargase cada uno al ar- 
zón de la silla todo lo que pudiese sufrir el cavallo, 
suplió la falta; y haviéndose minorado el río, pasaron 
antes de amanecer todos los vagajes con la provisión, 
y el señor de Santones, que havía tomado campo apar- 
te, se halló en el lugar que la noche antes se había 



188 

acordado con el de Duplesi; con que hallándose con to- 
das las tropas, y haviendo reconocido otras los pues- 
tos en donde podía el enemigo conservar su resisten- 
cia, dio orden para ocuparlos. 

La parte de infantería que governava el Conde Ore- 
ni tomó la derecha, y la que governava el Barón de 
Palios la izquierda, á fin de poder obrar á un tiem- 
po en diversos tiempos; el Conde Biorllo seguía la iz- 
quierda con una partida de cavallería, y el de Santo- 
nes la derecha con el resto, siendo el de Duplesi prin- 
cipal Cavo de la infantería. Con esta orden y frente 
bajavan nuestras tropas de la montaña, sacando y 
arrojando los enemigos de los puestos que guarnecían 
en las mismas montañas, bien que con alguna resis- 
tencia, porque eran de 4 á 500 infantes del regimien- 
to de Sabec y de Irlandeses, pero quedaron prisione- 
ros con los Cavos. Al mismo tiempo, los quatro bata- 
llones de las segundas tropas vajaron á lo más infe- 
rior de las montañas para atacar las trincheras y for- 
tines del Cavo del Puente de Camarasa, que guarne- 
cían los enemigos con 1 .200 hombres, y el de Santo- 
nes acudió con una partida de cavallería para lo 
mismo. 

Corriendo las materias en este estado, el exército 
enemigo, que el día antes havía savido el pasage de 
nuestras tropas, apareció marchando en orden para 
socorrer los puestos de Camarasa y guardar los pasos 
estrechos por donde nuestras tropas havían de entrar 
en el llano. Obligó esto al de Duplesi á aguardar los 
quatro batallones de las primeras tropas y los esqua- 
drones que aún no havían vajado, por guardar los 
puestos de donde los havían sacado, sin la conserva- 
ción de los quales se ponía en duda el suceso de esta 
empresa. 



<89 

Mientras esto se obrava á la otra parte del río, no 
descuidaba S. A. de esta otra de hacer lo que podía, y 
haviendo avanzado todo su exército cerca de Gamara- 
sa, según el acuerdo que avía, embiava por diversas 
partes á la otra parte del río á saver la marcha de sus 
tropas y también la del enemigo, que venía por el lado 
de Llorens; y para divertir la parte de exército que 
venía de Balaguer, hizo S. A. una contramarcha de 
un pedazo de cavallería y logró su intento, pues de- 
tubo parte del enemigo con esta demostración el se- 
ñor de Santones, que havía bajado para atacar los for- 
tines, aviendo ganado el primero á viba fuerza y obli- 
gado á los demás á rendirse, con pérdida entre presos 
y muertos de más de 140 oficiales y 900 soldados de 
las mexores tropas enemigas. Pero haviendo el ene- 
migo con parte de su exército abanzádose á los pues- 
tos que ocupava el batallón de Ancourt y el regimien- 
to de suizos de Raón, atacó nuestras tropas con tal ri- 
gor y número, que después de todas las resistencias 
imaginables de nuestra parte nos forzó el enemigo á 
subirnos más arriba, bien que con pérdida igual, me- 
nos algunos oficiales del regimiento de Ancourt y de 
un Lugarteniente suizo, que después de ha ver obrado 
maravillas y haver rechazado al enemigo de sus pues- 
tos y de los que nosotros ocupávamos, quedaron muer- 
tos, presos ó mal eridos. Para reparo de esta pequeña 
pérdida, dispuso el de Duplesi que diferentes mangas 
de infantería del regimiento de Campaña sustentasen 
aquéllos á quienes el enemigo avía rechazado, y que 
de tanto en tanto fuesen socorridos: con esto, y venir 
el de Santones con 30 mestres del regimiento de S. A., 
governados por el cavallero Mangirón, fueron recha- 
zados los enemigos con pérdida de más de 300 hom- 
bres, y los nuestros recuperaron el puesto. 



190 

Entre tanto hizo aloxar S. A. el exórcito que le que- 
da va consigo cerca de Gamarasa, y ha viendo puesto 
una barca y sirga para pasar con ella las municiones 
de boca y guerra de que los nuestros se hallavan ne- 
cesitados, y para pasar las provisiones que los nues- 
tros havían cojido al enemigo, pasó S. A. con la mis- 
ma barca á conferirse con Santones y Duplesi, con los 
quales resolvió alojar la cavallería cerca del río y de- 
jar sobre las vecinas eminencias á Gamarasa la infan- 
tería que podía bastar para favorecer el pasaje de 
nuestro exórcito á dentro el llano de Balaguer. 

Para hacer comprehender la generosa resolución de 
S. A. en la empresa de esta ardua execución é impor- 
tantísima, su celo y extraordinaria pasión á la maior 
gloria de las armas de S. M,, que están fiadas á su or- 
den y govierno y valor mostrado en tan grandes oca- 
siones, como también á la prudencia, actividad y pa- 
sión de los señores Mariscales y otros oficiales princi- 
pales que han obrado y ovedecido sus órdenes. Basta 
decir que para concluir con este designio se resolvió 
á separar un gran número de su exórcito en tres días 
de continua marcha á la otra parte del río y pasarlo 
por un puente de cuerda á la desliada, en ocasión que 
en un día de marcha podía el enemigo embestirnos y 
darnos combate con duplicadas fuerzas que las nues- 
tras; que las tropas separadas hicieron sus marchas sin 
más víberes que los que cada uno podía llevar sus es- 
paldas, y navegando por fragosos y dificultosísimos 
caminos antes de pasar el río, y después de pasado, 
por montañas asperísimas dentro las quales era pre- 
ciso á la cavallería averse de apear cada instante, y al 
mismo tiempo que avían de superar tanta aspereza, 
avían á cada paso de pelear con los enemigos para 
echarlos de los puestos que para seguridad de los pa- 



191 

sages ocupavan dentro las mismas montañas, acavan- 
do las marchas con execución, forzando parte de las 
tropas reductos y fuertes que ocupa va el enemigo con 
más de 1.600 hombres en lo alto y vajo de Gamarasa, 
donde es la montaña quebrada y por donde el río Se- 
gre tiene su incesable curso, y haver de sustentar nues- 
tras tropas el esfuerzo que los enemigos hacían para 
socorrer los que guardavan el pasaje de Gamarasa. 

Los señores Mariscales de campo han sido dichosos, 
pues en todos estos encuentros, fatigas y travajos, 
ninguno quedó erido ni imposivilitado de continuar 
más si fuere menester, y muchos cavos que también 
han dado muestras de su gran valor peleando famosa 
y valerosamente, salieron sin daño alguno. Algunos 
Capitanes, Ayudantes y Oficiales han quedado quáles 
muertos, quáles eridos, y algunos prisioneros. Pero no 
en tanto número con el del enemigo, que según en 
los nuestros se ha reconocido y de los enemigos se ha 
savido por algunos que se han pasado con los nues- 
tros, de 3 á 400 los que faltan: del enemigo, entre 
muertos y prisioneros, sin los eridos, pasan de 1.800, 
con más de 300 oficiales, que son de los tercios de Sa- 
bac y Gransfelt, Pedro Asteris, Irlandeses y otros 
cuerpos, y entre éstos el Teniente coronel y el Capi- 
tán maior del tercio de Sabac, que se llamavan Jorge 
Foesan y Sevastián Sanmán. 

El número de los prisioneros son del tercio de Feli- 
pe Seugmendía, doce capitanes, trece lugartenientes, 
nueve alféreces y 17 sargentos del tercio del Gonde de 
Gransfelt, el Sargento maior, cinco capitanes, un lu- 
garteniente, tres alféreces, 10 sargentos^ el Prevoste 
y su lugarteniente, y un teniente reformado. Del ter- 
cio de D. Diego Presten, irlandés, un Alférez y 3 sar- 
gentos. Del tercio de D. Pedro Esteris, de infantería 



\92 

española, un Maestre de campo, un Sargento maior, 
un Capellán maior, dos Aiudantes de campo, once ca- 
pitanes vibos y 7 reformados, diez Alféreces vivos y 7 
reformados, siete sargentos vibos y dos reformados: 
todos éstos fueron entregados al señor de Jali, Prevos- 
te general de nuestro exército, para convoyarlos á 
Barcelona y de allí á Francia; también se tomaron al- 
gunas vanderas que las trujeron á Barcelona, y quatro 
piezas de artillería que tenían los enemigos en sus 
fuertes las arrojaron al río quando supieron que los 
nuestros iban á embestirlos: en prosecución de esta 
empresa, se ocupó todo el día 17 de Junio 1645 en 
favricar el puente para que pasase el exército, que 
empezó á pasar ya el día 18, para después resolberse á 
algún hecho glorioso y memorable, y todo esto moti- 
vó á que los enemigos llamasen al Conde de Ancourt 
el prudente, ardidoso y afortunado Capitán. 

CAPÍTULO 175. 

BATALLA DEL LLANO DE LLORENT QUE DIO EL DE ARCOURT 
AL CASTELLANO Y RELACIÓN EXTENSA DE ELLA. 

Vencidas ya todas las dificultades que ocurrieron 
para que nuestro exército pasase el río Segre, fabrica- 
do el puente de las barcas y pasado parte del exército 
real, se dispuso S. A. para atacar el de los enemigos 
en el sitio y llano de Llorent, donde eslava con reso- 
lución de impedir la entrada á los nuestros en la lla- 
nura, teniendo en su favor la parte del río para que 
los nuestros no pudiesen hir á ellos sino por un estre- 
cho, que cieij hombres podían detener todo un exérci- 
to por razón del terreno, y por la misma y ser tan fra- 
goso el paso no sólo podíamos llevar la artillería, pero 
ni aun los cavallos se havían de guiar de las riendas, 



193 

y esto no podía ser sin una gran desorden, después de 
cansada y larga marcha por ásperos ó inusitados ca- 
minos que parecía imposible pasar exército, y aquél 
del río sin tener la entrada del llano ni dar siquiera la 
ventaja de poder forzar al enemigo que dentro de sus 
travajos procura va su defensa con valor, y después de 
haverle muerto y derrotado 2 ® hombres, como se ha 
dicho, resolvió S. A. vencer quantose oponía para pa- 
sar las tropas por las montañas y hacerse dueño del 
llano, para cuio fin dejó por guardia del castillo de Ga- 
marasa seguridad del puente de barcas de la artillería; 
y del vagaje que quedava en Gamarasa, el regimiento 
de cavallería de Ferrón con orden de batir la entrada 
sobre el camino de Balaguer, 100 hombres del regi- 
miento de Santange, una compañía franca de alema- 
nes de 120 hombres y dos regimientos del batallón de 
Gataluña, de los quales se sacaron cien mosqueteros 
para guarda del vado del río delante de Llorent por 
donde podían escapar muchos de los enemigos. Para 
el mismo fin dexó en el estrecho de Llorent á la orilla 
del río los regimientos de Santa Mesmes y de Ferrier 
con quatro piezas de campaña y cien cavallos escoji- 
dos de los mexores cuerpos para custodia y abrigo de 
la infantería. 

El grueso del exército avía pasado el río el día 21 
de Junio 1645, y esa misma noche hizo S. A. subir 
toda la infantería á la eminencia de la primer monta- 
ña y el regimiento de cavallería de Baltasar, que fué 
destinado para servir á la testa del exército según la 
ocasión se podría presentar. Desde el amanecer del 
día 22 todo el resto de la cavallería estubo montada y 
puesta en orden de batalla en el puesto señalado: el 
Gonde de Miran vile. Mariscal de campo que se halla va 
ya al despuntar el día, tomd el ala derecha del exér- 

ToMo xxir 13 



194 

cito, compuesta de los regimientos de cavallería de 
S. A., del de San Simón, de la Mota y de los catalanes 
y de los regimientos de infantería de S. A., Revé, Gar- 
visón, Pailler, Gueme y Batufort; el Conde Xavot tomó 
el ala izquierda con los regimientos de cavallería de 
S. E., Meambille, Gastenbriau y Santones y con los de 
infantería de la marina Vaillac, Montpouvillau, Ro- 
quellaure, Sanguedoc, Montpuerois, Miralpes y Andu- 
ce; el S.""" de Santones se encargó de hacer el cargo de 
Maestre de campo de la caballería, y el Marqués de San 
Maigrín con particularidad de encaminar la infante-, 
ría; el S.°^ de Duplesis Binsanson quedo cercado S. A. y 
marchava en medio de las dos líneas con sos dos com- 
pañías de guardias y gente de armas, y el regimiento 
de cavallería del Varón de Ales y el de suizos de infan- 
tería de Rom, que marchava á las espaldas de todo en 
reserva de un cuerpo para el refuerzo y ocurrencia á 
una batalla en caso que las primeras tropas á los pri- 
meros encuentros tubiesen algún desorden en tan im- 
portante ocasión. Las grandes su vidas y vajadas de 
las montañas tan continuadas nos rindieron, siendo 
tan penosos los caminos para las tropas; y aunque em- 
pezaron á caminar á las tres de la mañana hasta las 
nuebe de la misma, no pudiendo llegar al puesto por 
donde havían de vajar del monte á un quarto de le- 
gua de Llorent, aguardándolos el enemigo en medio del 
llano en muí buen orden de batalla: el día del comba- 
te se vieron las armadas como sitiadas y tan cercanas 
que cada qual que podía ver qué hacía el contrario en 
la suia: el enemigo se dispuso el día 21 para recivir- 
nos y darnos la batalla con menos riesgo, haciendo re- 
tirar al amanecer todos sus vagajes, cañón del lado de 
Balaguer y separar sus milicias en tres cuerpos: el pri- 
mero seguido más cerca por el cañón; el segundo to- 



195 

mó la falda de la montaña para aguardar una deslia- 
da, que era el puesto por donde los nuestros havían de 
embestir, y el tercero hizo alto en medio del llano, 
compuesto de las mexores tropas de su exército, que 
eran la cavallería de las órdenes, y de Ñapóles de las 
compañías de la guardia de D. Andrés Gantelmo 
(General del exército), del Marqués de Mor tara, Te- 
niente General, y de los tercios de infantería de Don 
Pedro Valenzuela, español; Tito Brancacho, Barón de 
Amato; napolitanos del tercio de Navarra, y de las 
compañías de D. Pedro Esteriz, español, y de los ir- 
landeses: con este lucido cuerpo de sus mejores tro- 
pas, en el qual esta va Gantelmo y sus primeros Ge- 
nerales, esperavan poner nuestras primeras tropas en 
desorden, que no podían bajar sino desechas y sin or- 
den; entre tanto otras tropas suias se adelantaron á 
nuestra retaguardia para combatirnos con las mismas 
ventajas. Nuestras tropas se descubrieron sobre lo alto 
de la montaña á las nueve de la mañana, y por el 
puesto que havían de vajar al llano. Los regimientos 
de cavallería de S. A., de San Simón Balthasar y al- 
gunos esquadrones del de la Mota, fueron los más di- 
ligentes en vajar. Las compañías de guardas y gente 
de armas de S. A. apresuraron la orden de su marcha 
por el deseo de chocar con el enemigo, y S. A. bajó 
con su tropa para desterrar temor y dar exemplo á 
los d'emás. 

Apenas se vieron los primeros pisar el llano quan- 
do diez grandes batallones de cavallería y quatro de 
infantería española acometieron á los nuestros; fuó- 
ronlos á resistir el de Miranville y el de Santones, 
cargándoseles el regimiento de S. A., governado por 
el cavallero Monguiron, el qual fué destacado con 
quarenta Maestres y go ver nados por el cavallero Gas- 



196 
tellard, sostenidos por el esquadrón del Maestre de 
campo que governava el Conde de Garni, seguido de 
cinco otros esquadrones del mismo regimiento, abri- 
gado del de San Simón y de Balthasar. S. A. dio asi- 
mismo con sus compañías de guardia y gente de ar- 
mas, governados por los señores de Ballee y Ghava- 
nieu y parte de aquél de la Mota: este lance se exe- 
cutó con tanta ventaja y gloria de nuestra parte, que 
quatro ó cinco esquadrones del enemigo, con el tercio 
de Navarra, quedaron desechos, y los demás, arrojan- 
do las armas, se pusieron á huir, y parte de los que 
quisieron pasar el río quedaron anegados; el Mar- 
qués de Mortara, Maestre de campo general, fué pre- 
so por el señor de Beliue, uno de los Brigadieres de 
la campaña de las Guardias de S. A., y siendo peque- 
ño este esquadrón, rechazó al de Mortara con 30 ó 40 
cavallos, que se escaparon con él ala orilla del río, en 
donde fué preso, y governava este esquadrón Mosiur 
Espergnaut, teniente de la Guardia. También queda- 
ron prisioneros D. Ñuño Pardo, Lugarteniente de la 
cavallería de las Órdenes; el Barón Amato, Maestre 
de campo; un capitán de cavallos del trozo de las Ór- 
denes, que havía sido paje del Guión del Rey de Es- 
paña, y otros Oficiales de consideración. 

Al mismo tiempo las demás tropas • de cavallería é 
infantería enemiga arriva mencionadas que estavan 
en la ala derecha, á quienes hacía frente el Conde 
Xavot con los regimientos de cavallería de Miranvile 
Casteubrian y aquél de la Marina, el señor de San 
Maigrin tomó la pica en la mano, y á la testa del 
regimiento de campaña marcharon derecho al enemi- 
go; entre tanto, el regimiento de Su Eminencia, go- 
vernado por el Conde Brollo, que havía vajado más 
hacia mano derecha para hallarse á los primeros en- 



197 
quentros con orden del señor Duplesi Bisanson para 
sostener campaña, y el regimiento de S. A. Mompo- 
villan y otros que vajaron á la desliada, acometieron 
juntos tan valerosamente al enemigo, que le obliga- 
ron á que, haciendo media vuelta, se desliase para 
ganar el vado del río; pero viéndolo S. A. y previ- 
niéndose de valor, hizo dar la carga á la derecha con 
dos esquadrones del regimiento de la Mota y la com- 
pañía de sus guardias, que hizo dividir en tres peque- 
ños trozos y los hizo dar en la testa; asimismo dio or- 
den el de Duplesi de hacer abanzar el regimiento de 
Santones y la cavallería catalana, con que acometie- 
ron por lo más débil, y del mismo modo el señor de 
San Maigrin con el regimiento de Gampagne; viéndose 
los enemigos cercados, se resolbieron á librarse del pe- 
ligro presente ú á morir, haciendo con esta resolución 
más sangriento el choque en este puesto que en los 
otros; pero, por último, cedió su desesperación al va- 
lor de los nuestros, quedando casi todos entre presos, 
muertos y anegados, y los que á nado pasaron el río 
aliaron mal recivimiento, así porque lo más del regi- 
miento de Baltasar pasaron en su seguimiento, como 
por los mosqueteros del batallón de Cataluña que S. A. 
havía dejado prevenidos como adivinando lo que suce- 
dió. Y no sólo aprovecharon para esto los mosquete- 
ros allí aloxados, sino también para molestar de con- 
tinuo á los castellanos en sus marchas cerca de Llo- 
rent, entre tanto que el señor de Santa Mesma y Fa- 
rrier que, con tres regimientos, guardavan el estrecho 
cerca del río Llorent, destacaron de sus mosqueteros 
un buen número, sostenido de otro igual de los mis- 
mos regimientos para acavar de sacar los españoles 
de Llorent, como de echo poco (después) antes del 
combate los acavar on de rendir. 



.198 

El resto del exórcito castellano que estava hacia la 
parte de Balaguer, viendo la rota de sus primeras y 
principales tropas, que havían combatido con las 
nuestras primeras y que á éstas seguían otras con 
mucho coraje, juzgó el combate por muy cruel, y que 
no podía favorecerlos, se retiró con los que llegaron 
huiendo del primer encuentro, entre los quales esca- 
pó D. Andrés Gantelmo, favoreciéndole el polvo, que 
no se vían los ca valles, para que un trompeta que le 
conocía mui bien y no pudiese advertirlo al señor de 
Mangiron, que lo tubo de cerca, por haverlo perdido 
de vista, con tal priesa, que no huvo forma de seguir- 
lo, así por la apresurada marcha, ventaja que noslle- 
vava, como por abrigarle su artillería y no poder nos- 
otros pasar sin gran riesgo. 

De esta suerte se concluió el combate en pocas oras, 
perdiendo en él los castellanos más de 1 (n) cavallos 
y de 2 á 3 (0) infantes; los muertos en la campaña ó 
anegados en el río fueron 1 .600, los prisioneros 2.000, 
y entre éstos casi todos los Oficiales generales y 200 
ó 300 otros Oficiales de primera suposición. Maes- 
tres de campo, Coroneles, Capitanes de infantería 
y de cavallería, Lugarestenientes, Alféreces y cor- 
netas, y todos llegaron á Barcelona á 9 de Julio 
1645. Los Generales y Maestres de campo, que serían 
unos 15 ú 16, llegaron algunos días antes y los apo- 
sentaron en casa de D. Juan Terrer, á la plaza de 
Santa Ana; y aunque los tratavan y regalavan mui 
bien, estuvieron siempre con guardias de vista. Los 
Capitanes y Tenientes, así de infantería como de ca- 
vallería, los cerraron en la cárcel. Los Alféreces, Sar- 
gentos y soldados en la Atarazana, con mui buena 
guardia. 

Los Oficiales castellanos que quedaron prisioneros 



199 

en esta ocasión son el Marqués de Mortara, Maestre 
de campo general y Teniente general de la Armada; 
D. Niño Pardo, Lugarteniente general de la cavalle- 
ría de las Órdenes; D. Juan de Oto, Comisario general 
de la misma cavallerla; ü. Miguel Pinateli, Governa- 
dor de la cavallerla de Ñapóles; D. Tiverio Garrafa, 
Comisario general de la misma cavallería; el Duque 
de Lauretana, Coronel general de la infantería de Ña- 
póles; D. Phelipe Salazar, A^^udante de Teniente ge- 
neral. Los Capitanes de la cavallería de las Ordenes 
son: D. Antonio Soviza; D. Tomás de Velasco, del 
ávito de San Juan y Sargento maior; D. Joseph de 
Fauxe, D. César Carrafa, D. Alonso de Alarcón, Don 
Ñuño Mote; D. Gerónimo Campero, Teniente refor- 
mado; D. Pedro Miguel y D. Benito Berto, cornetas; 
D. Francisco de Tapia, D. Pedro Ortiz de Velasco, 
D. Este van de Roques y D. Marcos Barelle, corne- 
tas reformados; Capitanes del trozo de Ñápeles y Ofi- 
ciales, D. Antonio Noche, D. Joseph de Pozelques, 
D. Donato Amorós, D. Lorenzo Gamador, Ayudante 
de cavallería; Capitanes reformados, D. Diego Manrri- 
que, D. Vito Chalpo, D. Octavio Manrrique y D. An- 
tonio París; Tenientes, D. Gerónimo Capase y D. 'Pa- 
blo Chansoul, cornetas; cornetas reformados, Pablo 
Cornet, Matheo Montaniegre y Pedro Vespesián, Juan 
Bautista Órlense y Onofre Saletre. Del regimiento de 
cavallería de Pinateli: D. Alfonso Oresón, Ayudante; 
cornetas, D. Pablo Petón, D. Thoniás Pierolo y Don 
Francisco Sombart. De la compañía de la guardia del 
General: el Capitán D. Manuel Carrafa y el corneta 
D. Andrés Palmier, y el Gentilhombre de la misma 
guardia D, Lorenzo de Jerque; Oficiales reformados, 
Domingo Perlón y Pedro Picatolt; otro Oficial de la 
caballería, Francisco Perora, corneta reformado de 



so o 
Matamoros; Oficiales de la artillería, Joseph Guisóse, 
Georg-e Maire, Jayme Vimasequi; infantería, tres com- 
pañías que quedaron enteras del regimiento de Don 
Pedro Estarris Castellano, Alférez Domingo López, 
Gavriol Álvarez, Juan Espinosa, Martín de Senos. Re- 
gimiento de Fray Juan Bautista Brancacho, de cava- 
Hería italiana: Capitanes, Marcos Batane, Juan Ro- 
que, Escavio Peroesa, Christóval Rincón, Thomás 
Conde, Matheo Luis, Andrés Pagnón; Capitanes apun- 
tados, Neriot Galisse, Juan Antonio Monso, Carlos Ri- 
cart, Paulo Mariol, Jacinto Campan, Francisco Mo- 
lón y Angelo Básele; Ayudantes, Antonio Matulo, Don 
Joseph Surgent y D. Juan de Marín; Alféreces vibos, 
Juan de Esteva, Francisco Pavil y Bernardino Folio; 
Alféreces reformados, Domingo Evangelista, Tho- 
más Gallu, Estéfano Mase, Sevastián Rouse, Joseph 
Profit, Gerónimo de Geronne, Carlos Rouse, Mario 
Save y Francisco Gartel; Sargentos vibos, Juan Cami- 
lo Nardo de Conato, Vicencio Leto, Donato Causi, Juan 
Evangeliste y Francisco Cérico; Sargentos reformados, 
Prosepo Soldano, lañóla la Prendera. Regimiento de 
Navarra: D. Blas Dongai, D. Donato de Navarra y 
D. Domingo de Boritón; Capitanes reformados Don 
Diego Macirieg, D. Agustín de Valencia, D. Luis Ba- 
rreta, D. Benito del Río y D. Martin Fernández Mon- 
talvo; Capitanes apuntados D. Carlos Juatoi; Alfére- 
ces vivos, D. Joseph Darnis, D. Pedro de Venayudo, 
D. Juan de Rase, D. Juan Basane, D. Diego Somoza, 
D. Domingo López y D. Matheo de Mourga; Alféreces 
reformados, Juan Tercoso de Vazques, Juan Apelicou- 
se, Emanuel de Ravan, Gerónimo Moneste, Valentín 
Cortés, Gabriel de Celis, Alonso Peñalosa, Carlos Co- 
mentrave, Manuel de Navarrete, Manuel Martín, Die- 
go Rodríguez, Juan de Marine, Phelipe de Vega y 



20 í 

Oruetite. Regimiento del Varón Amato Italiano: el 
Maestre de campo Lucas Parrese, Sargento maior; 
Juan María Gallar, Sargento maior reformado; Capi- 
tanes, Paulo de Rogera, D. Alexandro Garato, Don 
Amelo Tornatore, D. Domingo Mesare, D. Juan Mon- 
te de Franco y D. Francisco Bunada; Ayudante ma- 
ior, Joseplí Tansimia y Vicenció Surrentino; Capi- 
tanes reformados, D. Doracio Jatania, D. Francisco 
Torilla, D. Francisco Salerno, D. Escanio Lucano, 
D. Nicolás Trodoro y D. Francisco Nar dille; Alfére- 
ces, César Pasaro, Doracio MarLineli, Juan María La- 
guardia, Gerónimo Roncaldo y Lázaro Verola; Alfére- 
ces reformado^, Vicenció Cardenal, Joseph Escorcovi- 
lie, Juan Bata Trompeta, Antonio Vidama, Leonardo 
Maiora, Aníbal Palmer, Antonio Salvata y Cosme de 
Juan; Sargentos vibos, Angelo Dionisio, Diego Calvo, 
Diego Carlos, Vicenció Calenda y Nardo Portugués; 
Sargentos reformados, Joseph Veriens, Julio Jeangen- 
teli y Onofre Cavallero. Regimiento de Lauretana: el 
Maestre de campo; Capitanes, D. Francisco Blandino, 
D. Angelo Bancura, D. Fuctio de Benadis, D. Juaspa- 
ta Damiano y D. Lorenzo Jorge; Capitanes reformados, 
D. Juan Lamencelos, D. Carlos Catarina y D. Carlos 
de Azcont; Alféreces, Salvador Grimato, Juanto de 
Milio y Vicenció Fastore; Alféreces reformados, Fran- 
cisco Melia, Andrea Dagarina, Francisco Santomen- 
go, Joseph Santomano, Julio de Merino, Francisco 
Ornano, Nardo Antonino, Sealera Jeusepe, Pascal Ju- 
seph de Bandio, Miguel de Porrel, Carlos Monello, Pa- 
ledino Vierganio, Marcuro Garalufa, Onofre Marang- 
siüo, Antonio de Luca y Francisco Antonio Mance- 
11a; Sargentos, Antonio de la Victo, Donato Antonio 
de Lobeto, Sio María Peretino, Nótalo Salomeno, 
Thomás de Vico, Marco Antonio Gal tierra y Pedro 



Caima; Sargentos reformados, Francisco Alvanale, 
Hufrio Siuscario, Garlos Lataran, Francisco Capanio, 
Agustín de la Guilave, Domingo Primiguer, Pastólo 
Pasqual, Gerónimo Moro, Andrés Capel, Francisco de 
la Gomo, Ansipe Capile, Francisco Fidele, Andrés Zu- 
rro, Vicencio de Paulo y Francisco de Jusepe; del Re- 
gimiento Alemán de Valdestrada, Antonie Lachsfeliz, 
Alférez v otros oficiales; D. Pedro Valenzuela, Maes- 
tre de campo del tercio de infantería española; D.Juan 
Serviente, Maestre de campo reformado. La maior 
parte de las banderas y cornetas de las tropas de in- 
fantería y cavallería, quedaron en nuestro poder y se 
embiaron á París; tomáronse también 600 cavallos del 
trozo de las Órdenes, 400 del trozo de Ñápeles, 100 de 
Matamoros, 60 de Gransfelt. De la infantería, el ter- 
cio de Valenzuela español, el tercio viejo de Ñapóles 
de Laurel:ana, el de Tito Brancacho, el de Potique, el 
del Varón de Mata, también tercios napolitanos; el de 
Esteris, español ; tres compañías, y el restante al pa- 
sar el río también quedó prisionero. 

Esta fué la pérdida de los castellanos, como se aca- 
va de referir, y de nuestra parte se reconoció falta- 
van algunos 300 entre muertos y heridos ó prisione- 
ros; y entre los de la primera suposición, fueron: el 
Conde de Gharin, Capitán teniente de la compañía de 
cavallos ligeros de S. A.; el señor de Gathelart, Capi- 
tán teniente de la compañía del Conde de Armagnac, 
hijo maior de S. A., que murieron después de obrar 
proezas y eternizar su memoria con el valor: así mis- 
mo lo mostraron grande el señor de Anticaurt, Te- 
niente de un regimiento; los dos hermanos del señor 
de Pondeus, Tenientes de Maestre de campo del regi- 
miento de la Mota, que quedaron heridos; imitáronlos 
el señor de Santarbie, Ayudante de campo, y otros 



203 

tenientes y oficiales menores, así de cavallería ó in- 
fantería, que entre eridos y muertos formaron el nú- 
mero que refiero de 300. 

En esta prompta y gloriosa jornada, en que que- 
dando los nuestros señores de la campaña, quando los 
castellanos se hallavan en ella tan anticipadamente 
tan pertrechados señores del mejor terreno y tan ani- 
mosos, pareciéndoles era segura la vitoria, se recono- 
ció que solo de la mano de Dios viene, y que á Él se 
deve sólo atribuir, aunque concurran la buena direc- 
ción, valor, industria y exemplo de un Oeneral, á 
quien, con _valor ó incansable fatiga, contribuían y 
ovedezcan los cavos y tropas inferiores; y si bien alu- 
dan á los buenos sucesos quando las ventajas son tan- 
tas, la Divina Omnipotencia es sola la que los ase- 
gura. 

Los señores Mariscales de nuestro campo han dado 
seguras pruevas en esta ocasión de la velocidad en las 
acciones, de la firmeza y bondad de un grande cora- 
zón y de la vibeza del entendimiento que han menes- 
ter los que executan las órdenes de un General y el 
cuidado y vigilancia en los ataques, en donde han 
mostrado valor más que humano eternizando glorio- 
sas sus famas y Vitorias las armas de su Rey. 

El señor de Santa Golumbe, Sargento de batalla, ha 
servido sólo en este cargo; el de Chambón se halla 
erido de un mosquetazo, yendo á reconocer las postas 
de la montaña los días pasados, sirviendo mucho en 
esta ocasión, como también á sus órdenes, el Conde 
de Origne, Maestre de campo del reginiiento de Gam- 
pagne, y todos sus Oficiales, en donde los señores de 
la Prune y de la Marche, Gapifanes, quedaron eri- 
dos, el uno de un golpe de cañón y el otro de un mos- 
quetazo; el Conde de Santa Mesne, de Vaillach, Rom- 



204 

pavillon, Paules, Momperains, de Andure y Ferrier, 
Maestres de campo; el cavallero de la Tause, Gover- 
nador del regimiento de la Marina; el señor de la Mo- 
te, Sargento maior, governando el de S. A.; el de la 
Baume, el de la Bost, el de Benafau, el de Rosel y el 
de Ghesmaye; Tenientes coroneles del regimiento de 
Rebe, de Lenguadoc, de Guiena, de Carnisou y de 
Miralpex, por enfermedad de sus Coroneles; los seño- 
res de Griste, de la Tur, Tenientes de los regimientos 
de Roquelaure y de Benfort, por estar eridos, de que 
han muerto, sus Coroneles; el Conde Broglio, el cava- 
llero Mongiron, el señor de la Roque Sant Camerat, 
de Beaufort Peallix, de la Rochelindon, de Bauchei y 
el cavallero de la Marcarause; governadores de los 
regimientos de S. E., de S. A., de San Simón, de la 
Mota, de Miranville, de Chattenbriau y de Santones, 
D. Joseph Cardona, General de la cavallería catala- 
na; sus Capitanes el señor Remi, governando el regi- 
miento de Balthasar, por aver éste quedado erido de 
un mosquetazo al pasar el río, y el señor de San Glas, 
Ayudante de campo, que murió de una crida: todos 
éstos, Cavos y Oficiales, y el señor Aubini de Luzan, 
Charmon, Corbet, San Barbie, Maraut, Castiaurey, 
Dupin y Descorbet, Ayudantes de campo, son digní- 
simos de qualquier elogio y premio, aunque algunos 
no hayan podido mostrar su valor y corazón por no 
poder asistir al combate, dentro del qual los señores 
de Belle, de Poinagut y el de Mey, Capitán, Teniente 
y Mariscal de Alojamientos de la compañía de las 
guardas de S. A.; los señores Condes de Chavanat, de 
Suli y el de Launay, Teniente del Guión y Mariscal 
de alojamientos de l§. A.; los señores Barones de Go- 
ligni, de Lambespin, de Says Tarabias y de Buil, Ca- 
pitanes de su regimiento de cavallería; el Vizconde 



205 

de Rabat, el Varón de Bisi, los señores de Goiai y Fo- 
canet, Capitanes del regimiento de la Mota; el señor 
de Boudeaus, Teniente de Maestre de campo, y otros 
Oficiales de dicho regimiento, se mostraron en este 
lance valerosos hombres; también el Marqués de la 
Barre, Teniente general de la artillería del exército, 
y el señor de Ghanfort, Lugarteniente de la artillería 
de la provincia, que después de haver dado sus órde- 
nes en el estrecho de la batería de Llorent, que tra- 
vajó de manera á los enemigos que estavan en el lla- 
no de batalla, que los obligó á rendir á vista de S. A.; 
obraron también proezas el Marqués de Vite, el Con- 
de de Valenci, el Varón de Maulan, hermanos del de 
la Barre; el Varón de Villari, de Fábregas y de Pom- 
pigna, el Vizconde de Alegre, los señores de Mon- 
tagne, el cavallero de Escaubes, los señores de Ray- 
mandi, de Avignon, de Aimin Guide y de Borns, 
Francisco y Joseph de Tamarit y otros cavalleros ca- 
talanes, han hecho comprehender en este lance su 
natural valor, y que son más dignos de memorables 
soldados, pues, voluntarios, gastan sus haciendas y 
exponen sus vidas para gloria de las armas de S. M. 
Xpma. que Dios guarde. 

CAPÍTULO 176. 

SITIO Y RENDIMIENTO DE BALAGUER Y FORTIFICACIÓN DE TERMENS 
CON LO DEMÁS QUE SE EXECUTÓ ESA CAMPAÑA. 

Después de esta tan gloriosa Vitoria que queda re- 
ferida, y hallándose nuestro exército señor de la cam- 
paña y ribera del Segre, teniendo encerrados en Ba- 
laguer 5 ó 6 mil infantes y dos ó tres mil cavallos y el 
General Cantelmo, resolbió el señor Conde de Ancourt 
sitiar y rendir la plaza por hambre, juzgando que á 



206 

fuerza de armas era imposible ó que le havía de costar 
por lo menos muchísima sangre, siendo la guarnición 
tan numerosa, lucida y de valor, juzgando también 
que los víberes les tendrían limitados, y que no dejan- 
do entrar era preciso que en breve se rindiesen, y así, 
remitiendo al tiempo la expugnación, trató del blo- 
queo, y para esto, teniendo bien asegurado el paso del 
puente, buscó parage en donde asegurar una buena y 
firme retirada para prevención de lo que podía suce- 
der y para tener seguro puente para el pasaje, por es- 
tar entre Lérida y Balaguer, plazas enemigas. Des- 
pués reconocidos los puestos, eligió el de Termens por 
más apto y apropósito para su intento. Aquí, pues, 
formó una plaza elevando un fuerte de faxina y tierra 
mui crecido y fortalecido, enterrando en medio del lu- 
gar de Termens á esta parte del río Segre y añadién- 
dole once baluartes ó fortines del mismo material con 
sus fosos y artillería. Á la otra parte del río, que mira 
á Menargos, fabricó mui ondos fosos con sus fortines, 
barracas y quarteles dentro, proveídos todos de mu- 
chos víberes y municiones, asegurándose de todo para 
tener allí su exército buen reparo en qualquier acon- 
tecimiento; y como se allava tan sin resistencia, po- 
día y executava á su espacio quanto quería, atendien- 
do en esto á dos ñnes: al de su conservación el prime- 
ro, y al de impedir el socorro y provisiones de los si- 
tiados el segundo, y lo dispuso con tal arte, que ni po- 
día salir ninguno de Balaguer ni entrar, ni menos 
arriesgarse su exército, porque cerrado en Termens 
avía de menester una numerosa armada para contras- 
tarle, tan fortificado se allava y en lugar eminente, ó 
bien era necesario alguna alevosía para destruirlo. 
Dispuesto el sitio en esta forma, no quiso se disparase 
ni un mosquetazo, suponiendo que la hambre les lia- 



207 

ría presto cruel guerra: no obstante todo esto, no fal- 
taron muchos vivanderos, así catalanes como france- 
ses, que les llevavan algunos víberes porque les paga- 
van en muí buenos doblones y reales de á ocho; cojió- 
ronse algunos y los ahorcaron á vista de los de Bala- 
guer, con que en adelante no se atrevieron. 

Los sitiados tenían mucha esperanza del socorro y 
de que^su Rey haría algún esfuerzo teniéndolos tan 
vecinos á su dominio y siendo la guarnición tan nu- 
merosa que podía facilitar mucho el ser socorrida ha- 
ciendo surtidas numerosas. Pero S. A. tenía, tomados 
los pasos por donde podían salir y ser socorridos por 
la Puente de Lérida, de Castellón de Farfana y de 
Ager, bien que aseguran que por la eminencia en que 
está la casa del Santo Ghristo y aquellas montañuelas 
tenía la cavallería de la plaza la entrada y salida mui 
libre, pero tanvién dicen que no quiso desamparar la 
plaza, teniendo por seguro el socorro. Intentáronlo 
por dos veces y salióles en vano, porque la vigilancia 
de los nuestros y su buena disposición les amenazava 
la imposibilidad, procuraron vencerla disponiendo un 
grueso de tropas considerable, sacando para este efec- 
to las guarniciones de soldados viejos de Tarragona y 
Tortosa y poniendo levas nuevas de Aragón y Valen- 
cia en estos presidios. Á mediados Septiembre inten- 
taron el socorro formando dos cuerpos, uno del com- 
boy y víberes y otro para divertir nuestras milicias 
embistiéndolas por distintos puestos, á fin de qife 
mientras se pelearía por una parte entrase por otra el 
socorro. Pero como en todas partes hay alevosos, no 
faltó quien dio á S. A. la noticia con toda individua- 
ción, y teniéndola, dividió su exército en dos puestos, 
el uno á donde havía de entrar el socorro y el otro por 
donde havían de embestir; logróse dichosamente, por- 



208 
que los que embistieron fueron rechazados con gran 
pérdida suia y crédito nuestro, y del socorro se toma- 
ron más de quatrocientos vagajes cargados de mante- 
nimientos y casi toda la gente del comboy, conserván- 
dose siempre los nuestros en su puesto. 

Desesperados los de adentro del socorro á vista de 
este suceso, trataron de aliviar el presidio de guarni- 
ción, y una noche el General Gantelmo con los demás 
oficiales maiores y maior parte de la cavallería, mu- 
cho secreto y diligencia, se salieron por la parte del 
Santo Ghristo, y quando á la mañana los nuestros lo 
advirtieron, se hallava ya Gantelmo á la buelta de 
Ager, que como se dijo no era fácil guardar los nues- 
tros esta salida. Quedó en la plaza por Governador 
D. Simón Mascareñas con buena guarnición y poca 
cavallería, teniendo por seguro que al último trance 
se sacaría siempre buen partido, y no huviera sido tan 
ventajoso ni se huviera dilatado tanto el rendimiento 
á no haver algunos naturales tan de la parte de Es- 
paña que con su industria y maña, aunque á costa de 
los demás, la sustentaron muchos días hasta el último 
extremo; pero pagáronlo después algunos perdiendo 
la vida afrentosamente. 

Biéndose los sitiados en Balaguer sin esperanzas de 
socorro, y que los víberes se acavaban, trataron de 
capitular y concordaron entre el Serenísimo Conde de 
Ancourt, Virrey y Capitán general en el Principado 
de Cataluña por la Magostad de Luis catorceno, por 
una parte, y D. Simón Mascareñas, General de las tro- 
pas del Rey de España y Governador de la plaza y 
ciudad de Balaguer, los pactos y capítulos siguientes: 

Primero, que el día 20 de Octubre 1645 el señor 
Conde D. Simón Mascareñas entregará la plaza de Ba- 
laguer á S. A. el señor Conde. 



209 

Segundo, que todas las tropas así de infantería como 
de cávallería que se hallarían dentro de Balaguer, sal- 
drían dicho día á las ocho de la mañana con vida sal- 
va, atambores tocando, vanderas desplegadas, vala 
en boca, cuerdas encendidas, armas, cavallos y vaga- 
jes, conduciéndolos hasta Fuenterravía con buena y 
entera escolta, pasando por medio Cataluña, Rosellón, 
Lenguadoc, Guienna, Bearn y camino más breve y 
acomodado, haciendo en Cataluña y Rosellón dos le- 
guas cada día y en Francia tres, dando ó permitiendo 
de cinco en cinco días uno de sosiego, haciendo las 
marchas en dos meses, ocho días más ó menos. 

Tercero, que se les diese 30 carros ó carretas y otros 
tantos cavallos ó muías hasta Fuenterravía por todo 
el camino, para llevar los vagajes y oficiales ó solda- 
dos enfermos. 

Quarto, que el Rey á su costa havía de dar el man- 
tenimiento necesario á las dichas tropas en especie ú 
en dinero durante 1^ marcha por dominios del Xpmo. 

Quinto, que á los soldados enfermos que no podrían 
seguir las marchas, serían recividos en los hospitales 
de las villas ó lugares donde quedarían hasta estar 
curados, y después se les daría pasaporte y dinero 
para su sustento hasta Fuenterravía por el mismo ca- 
mino y en la forma ya dicha. 

Sexto, que los soldados de las dichas tropas, así de 
infantería como de cávallería, de qualquier calidad ó 
nación que fuese, y que huviesen tomado sueldo de 
qualquier otro Príncipe sin el Rey Cathólico, avrían 
de seguir á libre pasaje el camino ya dicho, como tam- 
bién la demás gente de guerra que saldría de Bala- 
guer, exceptuando los que serían sujetos al Rey Xpmo. 
y que havían dejado su servicio. 

Séptimo, que los Oficiales generales de la artillería. 

Tomo xxiv 14 



210 

de víveres, de veeduría, de contaduría, y todos otros 
oficiales que sirviesen en las tropas que estavan den- 
tro de Balaguer, podrían con la misma seguridad y 
por el mismo camino salir con sus cavallos, ropas y 
vagaje. 

Octavo, que la ropa, servicio plata y vagajes que 
dejaron en Balaguer D. Andrés Gantelmo, cavo y 
oficiales que le seguían, sería todo conducido segura- 
mente á la ciudad de Lérida. 

Nono, que todas las piezas de artillería y municio- 
nes de guerra que estavan dentro Balaguer, se entre- 
garían fielmente en mano del Teniente general de la 
artillería del exército del Rey Xpmo. el día antes del 
rendimiento de dicha plaza. 

Décimo, que si el día antes de la entrega de la pla- 
za la armada del Rey Gathólico ó parte de tropas su- 
yas llegasen para socorrer Balaguer, no pudiese la 
guarnición de la plaza ayudarles ni darles socorro al- 
guno. • 

Onceno, que el señor Conde D. Simón dexaría en 
Balaguer en arinas, trigo, bizcocho y otros granos, 
víveres para quince días, á razón de tres mil raciones 
por cada día. 

Para la segura execución y cumplimiento de los 
sobredichos capítulos y pactos, se dieron recíproca- 
mente dos renes por cada una de las partes, es á sa- 
ber: un Sargento, un Lugarteniente Coronel de infan- 
tería y dos Ayudantes de campo, acordando que no 
saldría la guarnición de Balaguer que no estubiesen 
primero en Lérida los reenes de parte del Xpmo., y 
unas y otras se detendrían hasta la total execución 
de este tratado. Dado en campo de Termens y Menar- 
ques, á 19 de Octubre de 1645. 

Estos pactos llegaron á tener su efecto por no ser 



211 

socorrida la plaza, y saliendo la guarnición el día .20 
de Octubre de 1645, que eran más de tres mil hom- 
bres, entraron los nuestros y S. A. con ellos. Los na- 
turales de la ciudad que quisieron quedar echándose 
á pies de S. A. que, como Príncipe benigno, los per- 
donó, exceptuando algunos que huyan que fueron ar- 
to dañosos para su patria, los quales le buscaron y 
truxeron presos á Barcelona, particularmente á M.*' 
Parellas, que hizo los más malos oficios y fué causa 
de que se alargara mucho tiempo el rendimiento. La 
ciudad se volvió á poblar bellamente. 

Bolbiendo á la guarnición que salió de Balaguer y 
proseguía sus marchas por Cataluña, no se deve ca- 
llar que D. Simón Mascareñas enfermó á pocas jorna- 
das, y llegando á Martorell acavó sus días. Depositaron 
allí su cuerpo y la gente prosiguió su viaje, llegando 
delante Barcelona un domingo 29 de Octubre 1645: 
ese día havía salido de San Feliú y pasava á dormir á 
San Andrés; hicieron alto y se esquadronaron á la 
Cruz de Bargallo, camino de Sarria, esperando licen- 
cia para entrar, pero negándola el Governador, pa- 
saron adelante; salió á verlos la mitad de Barcelona; 
avía famosa gente y lucidos cavos, pero venían muy 
flacos, dóviles y estropeados: trayan mucho vagaje. 

Aquí doy fin á este libro, ofreciendo al curioso lec- 
tor el continuar en otro los sucesos de esta tráxica 
provincia. Dios los dé quales convenga á su maior 
gloria. 



LIBRO SEGUNDO. 

En que se continúaE los sucesos de Cataluña prosiguiendo su historia, y 
con particularidad lo que ha pasado en Barcelona desde 15 de Agosto 
de 1645, en donde acava el libro primero. 



ADVERTENCIA AL CURIOSO LECTOR. 

El libro que he concluido da fin á los sucesos de 
su historia con el rendimiento de la ciudad de Bala- 
guer, conquistada por el serenísimo Conde de An- 
court, Enrique de Lorena, Príncipe de la sangre, pri- 
mer Gavallerizo del Rey christianísimo y su Virrey y 
Capitán general en el Principado de Cataluña y Con- 
dados de Rosell^n y Cerdaña: sucedió á 15 de Octubre 
de 1645, como queda largamente allí referido; y para 
qne no falte al curioso lector la noticia de los demás 
sucesos que en tiempo tan travajoso vio esta provin- 
cia, siendo un vibo teatro de Marte, ofrezco conti- 
nuarlos en este segundo volumen, aunque con idioma 
poco elegante, pues ni es de mi profesión el sutilizar 
ni pulir narraciones, ni parece que se compete lo ele- 
vado de una retórica, quando lo principal del asump- 
to convida á la curiosidad y hace más suave la pena 
de leer. Y así, haciendo esta protesta, entro al dis- 
curso de mi intento, que es dar noticia, día por día, 
de quanto la puede alcanzar, y aunque en la posposi- 
ción ó anteposición de algunos puede haver reparo y 



214 

admiración, será culpable la omisión, porque será 
equivocación no voluntaria; por último, si con esta 
prevención no merecieren disimulación mis yerros, 
más culpable la calumnia que les diere qualquiera que 
no ellos, pues á mi costa y Iravajo doy el gusto de 
que otros vean y sepan lo que sin él ignoran. 

CAPÍTULO PRIMERO. 

LLEGA Á BARCELONA LA ARMADA CASTELLANA; SOSPÉCHASE TRAICIÓN 
Y NO SE LOGRA; VA SE LA ARMADA. 

Haviendo ganado el Conde de Ancourt aquella me- 
morable batalla del llano de Llorent, cerca de Bala- 
guer, el día 22 de Junio de 1645, y echo prisioneros 
al Marqués de Mor tara, otros Gavos y cerca de tres 
mil infantes, traídolos á Barcelona y repartidos en los 
puestos que ya en el primer libro he referido, sucedió 
sacar de Barcelona los Cavos principales, dejar en la 
Cárcel los de segunda clase y los infantes en la Ata- 
racana. Prosiguió S. A. en la campaña, y como su vi- 
gilancia era tan gí^ande, tubo algunas noticias; por 
aquí dentro se disponía no sé qué traición, y asimis- 
mo de que á Tarragona havía de llegar una armada 
de mar castellana, compuesta de 34 navios y 23 ga- 
leras, y que luego havía de pasar á ponerse delante 
de Barcelona: con estas noticias tubo motivo para que 
á toda diligencia viniese á Barcelona el Conde Xa- 
vot, sujeto de su primer confianza, con cartas y par- 
ticulares direcciones para los Conselleres; llegó Xa- 
vot, y apenas le savia Barcelona quando la maña- 
na de 15 de Agosto de 1645, día de la Virgen, llegó 
la armada castellana y dio fondo delante Barcelona, 
y así como empezó á señalarla Monjuique recelando 



2^5 
lo que podía ser, dividieron los prisioneros de la Ata- 
racana, llevando parte á la Universidad y parte al 
Gorralet, cerca de la Universidad, poniendo en cada 
uno cerca de una compañía numerosa de guardia, de 
noche y día, de los tercios que guarnecían el Presi- 
dio; hicieron lo mismo en Gasa de la Ciudad, Sala de 
Armas, puerta de Mar y otros puestos peligrosos: au- 
mentáronse en todos las guardias; no permitían acer- 
carse gente con capa á la muralla ni muchos juntos, 
aunque no la trajeran; rondahan el Governador, Xa- 
vot y Gonselleres, y últimamente en todo y por todos 
era un continuado desvelo y cuidado, temiendo algu- 
na traición de que ya S. A. en la campaña tenía secre- 
tas noticias. Estuvo la armada dos días dada fondo; las 
galeras corrían de una á otra parte, tomando algunas 
barcas; hizo vela hacia Levante, pero holhió luego, y 
entre remocalse por esta costa y playa estuvo ocho 
días sin que Monjuique la perdiera de vista; después 
marchó á Tarragona y no se vio más. 

Gausó á todos suma admiración y quedaron suspen- 
sos de la demostración de esta armada, pues no po- 
día ser sin determinado fin; todo era discurrir con va- 
rios pareceres, pero todos, tiraron á lo cierto, que se- 
ría haber aquí dentro alguna secreta conspiración y 
traidor trato; y fué así, según corrió la voz y se dejó 
ver después quando algunos de los que padecieron 
muerte por esto se les hizo cargo de que se nombra- 
ran en su lugar, pues en éste sólo toca decir la dis- 
posición que havían tomado los que havían de execu- 
tarla, que era de esta suerte: muchos cavos de parcia- 
lidad del Valles, Mataró y la Gosta, habían de introdu- 
cir en Barcelona todos los sequaces suyos con pretex- 
to de que la ciudad se hallava falta de gente y en pe- 
ligro grande, por causa de tener la armada marítima 



216 

delante, que como sólo entre los cavos corría la noti- 
cia, disimulavan con este pretexto la entrada en Bar- 
celona; ó introducida esta gente aquí, que llevavan 
quenta de ser hasta 3.000 hombres, ya también tenían 
aquí en la ciudad muchos ganados de su parte, unos 
con dádivas y otros con promesas, para que en la fun- 
ción les asistiesen. Estava también acordado el día y 
la seña que los de adentro havían de hacer á los de la 
armada, para que en viéndola embistiesen á la Ata- 
racana y fuertes marítimos en donde ya también te- 
nían de los de su parte para que, franqueando la en- 
trada á los de la alevosía, se pudiesen hacer dueños en 
breve de las fortalezas, y dando armas á los prisione- 
ros de la Atara9ana y los demás que estavan en la 
ciudad con la gente que echaría la armada, se hicie- 
se un copioso número. Corría también de acuerdo en- 
tre los de la conspiración, nombre y seña, para que 
llegando los que no cooperavan en ella pudiesen ser 
expelidos ó muertos, y para que entre los amigos y de 
un mismo vando no huviese confusión en medio de la 
que ocasionava la execución de tan alevoso y san- 
griento intento; pues era, á lo que se dijo, de quitar la 
vida á todos los que embarazasen el hacerse dueños de 
la ciudad, y á tanto inocente que siéndolo de tal trai- 
ción quería hallar asilo en los mismos que buscavan 
su ruyna. Pero Dios, que es sumamente misericordio- 
so, no permitió se derramase tanta sangre inocente, y 
previno el medio disponiendo que se descubriese al- 
guna cosa para que llegando el S.^'' Conde Xabot, di- 
vidiendo los primeros, aplicando mucho cuidado y 
desvelo, tomando las armas todos y no dejándolas no- 
che y día, y no entrando los cavos que de afuera ha- 
vían de entrar por no quererles seguir la gente de ar- 
mas,. no saviendo á dónde iban, se desvaneció todo, y 



217 
la armada, viendo que no se le hizo la seña como te- 
nía acordado y todo era sobre recelo, se desiló hacia 
Poniente y la ciudad se quietó. Descubrióse la máqui- 
na quando S. A. bolbió de la campaña, y en la Cuares- 
ma se executaron los castigos como se verá en su lu- 
gar cuando se ofrezca tratar de ello, para donde re- 
servo lo particular de los sugetos que supo intervenían 
en esta azaña. 

CAPÍTULO 2.^ 

TOMAN k FLIX LOS CASTELLANOS Y RECUPÉRANLO LUEGO 

LOS FRANCESES. 

Desvelávase el castellano quanto podía para cau- 
sarnos daño, imaginando por todas las vías que podía 
lo que reconocía ser en detrimento de esta provincia; 
y considerando quánto importava á sus designios re- 
cuperar la villa y castillo de Flix, pues con ella hacía 
tener á raya la maior parte del Principado, viendo 
que el S."'" Conde eslava con todas sus fuerzas y aten- 
ción sobre el sitio de Balaguer, y constándole que en 
Flix sólo havía una poca guarnición francesa, resol- 
vió que desde Lérida fuese el Coronel Luis Amel, que 
lo era de un tercio de alemanes con 1.500 infantes y 
200 cavallos, á tomar Flix: era este Coronel sobre mui 
valeroso, mui práctico en aquel país, por haver estado 
alojado en él algún tiempo. Partió animoso y deseoso 
de hacer á su Rey este servicio; pasó el río Ebro la in- 
fantería con barcas y la cavallería á vado, cosa bien 
singular, pues raras veces ó ninguna permite lo cau- 
daloso de su corriente el vadearse; pero á causa de la 
sequera de aquel año, dio lugar á este tránsito. Contá- 
vamos27 de Agosto 1645, quando apenas se vio el Co- 
ronel en la isla que forma aquel terreno, embistió la 



218 

villa^con tal furia de asaltos, que no pudiéndolos resis- 
tir la guarnición ni la gente, se retiraron al castillo 
dejando la villa; desde el castillo se defendieron dos ó 
tres días, pero también se huvieron de rendir, y todo 
fué con tal diligencia, que tan presto se supo en nro. 
campo la jornada del Coronel como el rendimiento de 
Flix, el Coronel, viéndose dueño de Flix con tanta fe- 
licidad, despachó órdenes á los lugares comarcanos 
para que le asistiesen con provisiones, pero no las 
obedecieron los naturales. No bien estava en esto el 
Coronel, quando S. A., haviendo savido la marcha so- 
bre Flix, que no se descuidava en lo que era gloria de 
sus armas, dio orden al Conde Xabot para que con 
1.500 infantes y 300 cavallos fuese á oponerse al Cas- 
tellano, y que si havía ocupado la plaza, la recupera- 
se ó muriese con los suyos en la dem^anda; pasó Xa- 
bot su gente por la barca de Carsiá, y llegando á vis- 
ta de Flix embió un trompeta mandando desocupar al 
Castellano la plaza, ó que de no hacerlo, executaría 
todo rigor militar con él; respondió el enemigo que lo 
haría, pero que havía de ser con pactos honrrosos. 
Parecióle á Xabot menoscavo el concederlos, sino que 
devía castigar el atrevimiento de haberla ocupado, y 
así embistió con furioso ímpetu, travando una san- 
grienta y cruel batalla; pero quedó nra. la victoria y la 
plaza, sin que escapase ninguno de los castellanos que 
no fuese muerto ó preso, con que perdió el enemigo 
los 1.500 infantes y 200 cavallos; de los nuestros fal- 
taron algunos 30 solamente, entre muertos y heridos. 
Consideró S. A. por de grandísima importancia esta 
función, y así con maior número de tropas fué des- 
pués personalmente para asistir en ella y socorrer al 
de Xabot; y llegando á Casteldurríus supo la recupe- 
ración y se holiió mui gozoso á Balaguer, dando vista 



219 

con sus tropas á Lérida y ocasionando con ellas al- 
gún susto á los de Lérida. Quando el de Xavot partió 
á esta recuperación se hallava por aquellos partidos el 
Gobernador D. Francisco Galanas, natural de Barce- 
lona y famoso patricio, el qual, sabiendo que los cas- 
tellanos liavían ocupado Flix, juntó de aquellos luga- 
res de su governación hasta 30 hombres, y ocupando 
los pasos y barcas del río asistió al de Xavot, logran- 
do mucha parte de tan glorioso suceso, que lo fué 
para todos por el valor que catalanes y franceses mos- 
traron en esta ocasión. 

Truxeron á Barcelona los prisioneros castellanos, y 
como aquí havía ya tantos, procuraron en tropas ha- 
cerlos pasar á Francia con sus cavos, para evitar que 
la multitud de ellos no ocasionase algún encuentro, y 
así los despacharon á todos. Luego que en Barcelona 
se supo la recuperación de Flix, hizo la ciudad por 
tres días en demostración de alegría, con otras fiestas, 
y también que se celebrasen muchos aniversarios por 
las almas para que fuesen medianeras con Dios, que 
nos continuase la felicidad en los sucesos. Vino el se- 
ñor Conde Xavot á Barcelona para dar quenta á los 
Gonselleres del suceso, que como Flix es de la ciudad 
de Barcelona, se olgó muchísimo Xavot que por su 
medio y valor se huviese recuperado, y los Gonselleres 
le dieroii muchas gracias y hicieron grandes ofreci- 
mientos; era el Gonde Xavot Mariscal de campo, de 
buen aspecto, alegre rostro, elegante, prudente, acti- 
vo y sumamente recto, de forma que jamás sufría que 
los soldados causasen desabrimiento alguno al paisa- 
no, y si lo hacían, los castigava y pagava el daño que 
ocasionavan: prendas todas que le ganaron comunes 
aplausos en todos, y ser de los más amados de quan- 
tos franceses avían llegado á Gataluña. 



220 



CAPÍTULO 3.'' 



VIENE S. A. Á BARCELONA, GANADO BALAQUER, Y SORTEAN 
CONSELLERES. 



Haviendo el S.*'^ Conde de Ancourt rendido Bala- 
guer, como queda referido en el primer libro, á 19 de 
Octubre de 1645, y retirádose los exórcitos de una y 
otra parte, dispuso las cosas de Balaguer y aguártelo 
sus tropas para imbernar á vista de que el Castellano 
hacía lo mismo, y dispuso su buelta á Barcelona para 
descansar de la fatiga de la campaña y dar disposición 
á la venidera: publicóse la entrada para el día 29 de 
Octubre 1645; saliéronle á recivir los Diputados, Gon- 
selleres, Consejo y puestos, como si fuera la primera 
vez que entrava en Barcelona, menos el formarle 
compañías ni jurar. Venían con S. A. Santones, Conde 
Xavot y otros cavos franceses vestidos de mucha gala, 
y S. A. con la misma que usava en campaña, que era 
un coleto guarnecido de oro, manchado todo de las 
armaduras: así entró al lado del Conseller en Cap por 
la puerta de San Antonio; hízosele ruidosa salva; pasó 
al Aseo á visitar Santa Eulalia, y desde allí por la pla- 
za del Rey, Boria y calle de Moneada, con mucha 
aclamación, llegó á su casa y al apearse repitió su sal- 
ba la artillería de la Marina. 

El día de San Andrés, como es costumbre, se hizo 
la extracción de Conselleres para el año 1646, y sor- 
tearon en Cap D. Felipe Sorrivas, menor; segundo, 
Francisco Villa, ciudadano; tercero, Mr. Monfa, ciu- 
dadano; quarto, Luis Claresvalls, mercader; quinto, 
Luis Bataller, Notario, y sexto, Pedro BufuruU, texe- 



221 

dor de lino, bien que no travajaba del oficio, sino que 
negociava con guantes. Éste murió pocos días pasado 
Pasqua, y en su lugar sorteó Narcis Costa, soguero. 

CAPÍTULO 4.^ 

ARRIVO DE LA CONDESA DE ANCOUET, VIRREINA. -RECIVIMIENTO, 
ENTRADA Y FIESTAS QUE LE HIZO BARCELONA. 

Antes de salir S. A. el señor Conde á la campaña de 
Balaguer, dispuso que la Condesa, su muger, viniese 
de París á Barcelona, y para su abitación le compuso 
y adornó la casa de los Duques de Cardona, y de ésta 
ala de ios Condes de Santa Coloma, en donde S. A. avi- 
tava, fabricó un puente sobre la calle Ancha mui es- 
pacioso y vistoso, para que se pudiesen comunicar por 
él anibas casas; compuso el jardín, que estava destro- 
zado, y hizo travajar una escalera para que desde el 
quarto de la Condesa se pudiese vajar al jardín. 

El salón en donde havía de recibir las visitas de su 
primera fábrica era quadrado y espacioso, rodeado de 
ventanage con sus rejas; añadióle S. A. unas bidrieras 
ricas á todo el ventanage; fabricó la bóveda á cielo 
raso; corrió una cornisa, y en prespectiva pintó varias 
columnas, y en los nichos diversas historias y á trechos 
sus armas. El cielo de la pieza le adornavan países 
óreos con variedad de aves. El pavimiento todo azule- 
jos, y para recreo tenía á pie llano un terrapleno con 
valagostado de yerro, matizando toda la circunferen- 
cia con abundancia de rosales y flores extravagantes. 
En la misma pieza havía una cama de damasco verde 
con franxas de oro para la Condesa, y cercávala un 
valagostado que dava á la cintura poco menos dorado, 
y distava de la cama unos tres pasos. También avía 
en la pieza una chiminea á la francesa que se cerrava 



222 

con sus puertas, y á otro lado un dosel rico de broca- 
to y silla de damasco carmesí sobre tarima, que era 
donde havía de estar la Condesa al recivir las visitas. 
En lo demás de la sala no havía silla alguna, sino ta- 
buretes de tixera de damasco verde encolchados en 
algodón,. alombras y almoadas, por lo demás, carme- 
síes de terciopelo, que como Princesa á nadie dava 
igual asiento. La pieza en donde comía también tenía 
un dosel mui bueno con su silla, porque estilava co- 
mer vajo dosel y colgadas las paredes dfe paño de ras 
ricos. Avía echóse de nuevo la galería que da al llano 
de San Francisco, y últimamente, toda la casa estava 
vellamente dispuesta y ricamente alaxada, y en casi 
las más piezas havía chimineas á la francesa. Dispues- 
to ya el palacio, aceleró la señora Condesa sus jorna- 
das, no sin mucha incomodidad y travajo, por ser tan- 
tas las de París á Barcelona para una señora, por los 
rigores del imbierno y por los puertos y nieves que 
havía de pasar; salieron de Barcelona muchas damas 
y ca valleros con costosas galas y mucho lucimiento 
para recivirla al entrar en la raya de Cataluña y cor- 
tejarla hasta Barcelona: llegó á Perpiñán, y asi en 
aquel lugar, como en todos los demás por donde pasó, 
la íestexaron con públicos festines y regocijos. S. A. 
la salió á visitar primera vez á Hostalric, y acompa- 
ñóla hasta Granollers, y dejándola allí se bolbió á Bar- 
celona. 

Publicóse el día de la entrada para el de 7 de Fe- 
brero 1646; el día antes salió el Conde segunda vez á 
visitarla á San Andrés, y después de haver estado un 
rato con ella se bolbió con sus camaradas. Avía la ciu- 
dad llamado sus quatro tercios para que con aplausos 
mihtares concurriesen á la entrada de la Condesa; 
dispúsose la formación de hileras y esquadrones como 



223 

quando entró el Conde, y menos la del juramento, se 
observó en el recivimiento de la Condesa todo el faus- 
to y grandeza que quando entró su marido; y así para 
la ora señalada salió Diputación, Consejos, Ciudad y 
deriiás puestos en toda forma á topar S. A. á la Cruz 
de Jesús, y la acompañaron hasta el palacio. 

El modo de su acompañamiento y entrada fué así: 
precedían las tres trompetas de S. A. con sus libreas, 
y quatro lacayos á pie con las mismas y sus armas; ve- 
nían inmediatas doce acémilas con la recámara de la 
señora Condesa, con mui buenos reposteros; seguían- 
se mucha nobleza catalana y francesa, que acavava de 
estar retirado el exórcito; concurrían todos los caves 
y cavalleros en Barcelona á aquella sazón, compitién- 
dose unos á otros en el rico y lucido de las galas; ve- 
nían los señores Conselleres con sus cavallos con el 
numeroso y acostumbrado acompañamiento, y tras de 
todos el Conseller en Cap, D. Francisco Sorrivas, al 
lado de las literas de la Condesa, que estava guarne- 
cida de terciopelo carmesí, galones y franxas de oro 
con clavazón dorada, estava descubierta de arriva, á 
modo de la que truxo la Reyna de Ungría, con que se 
dexava ver de todos la persona. Era S. A. joben, ros- 
tro alegre, onesto, y afable y hermosa, mostrando á 
todos particular agrado. Rodeavan la litera número 
de pajes con librea azul y calzón tirado, vistiendo el 
color y estímulo de la familia del Rey, que como á 
Príncipe de la sangre se le permitía ese favor; venía 
en conserva el Capitán de la guardia con algunos sol- 
dados, y tras de éstos la carroza de la Condesa con su 
aya y algunas damas: tirávanla seis bellos cavallos 
blancos. Era la carroza grande, de terciopelo carme- 
sí, con ricos pasamanes de oro y plata por dentro y 
fuera, y excedía en lo rico y hermoso á la que truje- 



224 
ron el Rey de Castilla y Reyna de Ungría; en otra 
carroza venían las damas de S. A., y últimamente 
venían en sus coches las damas catalanas que salieron 
á recivirla y no la dejaron hasta su misma casa; entró 
S. A. por la Puerta del Ángel, y encaminó el curso de 
las calles por la plaza de Santa Ana á casa del Mar- 
qués de Aytona, calle del Auvexo, plaza Nueva, pala- 
cio del Obispo, Lonja del Aseo, plaza del Rey, Boría, 
Moneada, Vidriería, Sala de las Armas, Encomies y 
calle Ancha, á apearse en su casa. Al entrar la puer- 
ta, se le disparó toda la artillería de la muralla y va- 
luartes de la ciudad; mirávalo el Conde (y el concur- 
so, que era innumerable) desde la Capilla del Ángel 
Custodio, y en haviendo pasado tomó su carroza, y 
por otra vereda fué á esperarla y recivirla en su pa- 
lacio, y al entrar en él bolbió á hacérsele segunda sal- 
va. Y. la infantería que estava en ylera por todas las 
calles al pasar hizo lo mismo, y muchos travucos, que 
parecía un trueno continuado por toda Barcelona, y 
universal en ella el aplauso con el arrivo de esta se- 
ñora. 

Es cosa notoria, no sólo á los catalanes, pero á las 
naciones más remotas, quán celebradas han sido siem- 
pre las Carnestolendas de Barcelona por su numeroso 
concurso de máscaras de buen gusto, bayles, saraos, 
festines y ricas j lucidas galas que se veían aquellos 
días, adquiriendo con esto y lo imbentivo y primoro- 
so de los bailes el nombre de célebres por el mundo 
y de calidad que concurrían á verlas de mui distantes 
países, porque ni en la narración ni con la pintura es 
posible encarecerlo bastantemente. En medio de esta 
grandeza y bullicios se cometían muchísimas malda- 
des y se hacían grandísimas ofensas á Dios, tanto 
que motivó á la Ciudad el año 1641, quando los cas- 



225 

tellanos vinieron sobre Barcelona, hacer voto de no 
continuarlas ni permitirlas, mas antes bien de com- 
bertir en obras pías y sufragios el dinero que se con- 
sumía en'pagar músicos, comprar tea y otras cosas, 
para ver si se desenoxaría Dios y daría más consuelo 
á esta aflixida provincia. Avíase observado en los 
años venideros sin permitir jama» máscaras ni bayles 
públicos, sino que los tres días de Carnestolendas se 
celebrasen sufragios por las almas para que fuesen 
medianeras con Dios. 

Llegó la Condesa de Ancourt víspera del Juebes de 
Carnestolendas, y noticiosa por la fama de lo que he- 
mos dicho, quiso que las hu viese aquel año; pero re- 
sistióse la Ciudad por más que lo procuró la Condesa, 
porque no se diese de nuebo motivo á la Divina Jus- 
ticia para castigarnos, y no queriéndola dejar sin al- 
gún regocijo y fiesta pública, se resolbió en Consejo 
de Ciento que se hiciesen tres días luminarias por la 
ciudad, y que' en los puestos acostumbrados huviese 
músicos y se permitiesen los bayles sin disfraz, ni cu- 
brirse alguno el rostro; executóse de esta suerte, las 
tres noches de 7, 8 y 9 de Febrero con gran lucimien- 
to, numerosos concursos, famosos bayles por las calles, 
y ardiéndose todo en alborozos. La segunda noche se 
hizo una encamisada de á cavallo, en que concurrie- 
ron la Diputación y Ciudad en forma, y el señor Con- 
de en medio del Diputado y Conseller en Cap, y toda la 
nobleza, así militar como togada, de franceses y cata- 
lanes, esmerándose cada uno en lo primoroso y costo- 
so de las galas, y se puede decir sin encarecimiento 
que no ha visto Barcelona fiesta más lucida y nume- 
rosa en sus días; precedían á todos S. A. con el Dipu- 
tado eclesiástico y Conseller en Cap, éste á mano de- 
recha de ambos; seguíanse después los otros Conselle- 

Tojio XXIV 15 



226 

res con el sobrino de S. A.; Conde Xavot, y demás no- 
bleza; cerraban la tropa el Marqués de la Trusa y el 
Governador Margarit, que como havía poco se le ha- 
YÍa muerto la muger, iba atrás en bien coinpuestas 
parejas; discurrieron por toda Barcelona, que con las 
luces de las ventanas y las achas que llevavan, no se 
echava menos el día. La calle de la Vedrería excedió 
á todas en lo artificioso y excesivo de las luces. 

El sávado á la noche, que era la última de las tres, 
que se dio fin con un grandioso sarao en la sala de los 
Reyes en la Diputación, asistiendo Sus Altezas, y fué 
tan grandioso, que ni lo rico de las galas, así de las 
damas como de los cavalleros, ni Jo numeroso ni ce- 
lebrado que fué, puede encarecerse; pues se esmeró la 
nobleza en que aventajase á quantos en límites de sa- 
rao se ha vían hecho. Á las nueve de la noche se dio 
principio á él, y se acavó al amanecer; y en haviendo 
entrado las señoras, fué menester se cerrasen las puer- 
tas: tal hera el tropel de la gente. 

MOMERÍA Y TORNEO. 

Gomo de antemano se savia la venida de la señora 
Condesa, quiso y tubo tiempo la nobleza para festejar- 
la una momería, torneo y sarao que se celebró en la 
sala que llaman de Loche, el día de Santa Eulaha 12 
de Febrero de 1646, que acertó á ser aquel año el lu- 
nes de Carnestolendas; cinco ó seis días antes de la 
fiesta se empezó á aderezar la sala: colgáronla toda 
de la mejor tapicería que havía en Barcelona, hasta 
las columnas, y dejando la nave de en medio desem- 
barazada para la fiesta, formaron en las otras dos gra- 
das hasta media pared, en donde sin estar muy apre- 
tadas, podían caver ocho mil personas; en el cavo de 



227 
la nave del medio, pusieron un tablado con dosel para 
Sus Altezas; y desde él abajo, se dispuso un estrado 
hasta tierra muí bien aderezado para las damas, que- 
dando tan desembarazado lo de arriva, que se seño- 
reava la parte más remota del salón; eslava todo sem- 
brado de salomones con tanta abundancia de luces, 
que ni á medio día podía estar más claro, y de colum- 
na á columna corrían hileras de achas y velas que 
era un pasmo. 

Llegó el día de Santa Eulalia, y después de haver 
echo la procesión que por voto de la ciudad se hace 
todos los años en obsequio de la Santa, vístola la se- 
ñora Condesa en casa D. Jayme Bru, thesorero, en la 
calle de Moneada, asistido S. A. en ella con una an- 
torcha, y haver cenado, acudieron SS. A A. á la fiesta, 
la Diputación, Ciudad, damas y cavalleros, y tal con- 
curso de gente, que ni Jueces ni Alabarderos podían 
ser dueños de las puertas. En estando Sus Altezas en 
el solio, llegaron con sus coches las damas de la mo- 
mería, que eran doce, en dos quadrillas: la una de se- 
ñoras casadas, y la otra de damas mozas; de ésta era 
cavo de quadrilla Doña Rafaela Margarit, hija del 
Governador Margarit, vestida de brillantes de azul j 
plata, con turbantes de plumas azules y blancas, mu- 
chas joyas y ricas, y el trage venía á ser á lo turques- 
co, mui escotadas, pero de hermoso parecer. De la 
quadrilla de las casadas, era cavo Doña Luisa Darde- 
na, muger de D. Joseph Dardena, y siendo el trage el 
mismo que el de las otras, sin diferencia que sólo en el 
color, porque el de éstas era nácar y blanco con tur- 
bantes matizados también de plumas coloradas y blan- 
cas, y todas juntas con ricos vestidos, joyas, gargan- 
tillas y aderezos, que era gusto y admiración el ver- 
las. Los doce cavalleros momos se dividían en dos 



228 

quadrillas, seis casados y seis mozos: de éstos, era cavo 
D. Hierónimo Tamarit; vestían el color nácar y blan- 
co y havían de ser momos de las casadas. De los ca- 
sados era cavo el Governador D. Joseph Margarit; 
vestían el color azul y blanco y eran momos de las 
señoras damas mozas: todos llevaban sus turbantes de 
plumas y brillantes del color que les tocaba y con 
muchas joyas en ellos, formando una vistosa y agra- 
dable primavera por la diversidad de colores y bri- 
llantes de la plata; llevavan, así momas como mo- 
mos, una antorcha en la mano, dorada y del color de 
su divisa; do la hermosura y riqueza de galas de las 
damas que asistían á la fiesta, no es posible con la 
pluma dar bastante noticia, y así quede al discurso de 
cada uno, que, por mucho que lo alargue, quedará 
corto. Sus Altezas havían entrado á ocupar sus pues- 
tos; el Conde por la puerta de los Naranjos y la Con- 
desa por la que mira al mar, y con escaleras que se 
havían dispuesto para el fin, salían á ocupar sus pues- 
tos sin pasar por el concurso. Formado así todo, se 
dio principio á la fiesta á cosa de las nueve de la no- 
che, danzando primero algunas señoras, y después se 
empezó la momería, saliendo los doce caballeros, seis 
por cada parte, de la que da al General, y las doce 
damas, seis de cada esquina, de las que dan al huerto 
de los Naranjos; todos, con sus antorchillas encendi- 
das y danzando, llegaron á encontrarse en medio del 
salón, y cruzándose se pusieron en dos hileras para 
saludar á Sus Altezas y para seguir su bayle, que, com- 
puesto de varias mudanzas y entretexidos de muchas 
damas y fiestas, que en la capacidad de un salón no 
hay que desear más: duró una ora larga, porque se 
hizo con mucha pausa y salió famosa y mui aplaudi- 
da de todos; acavada la memora se prosiguieron las 



229 

damas de otras señoras, y en ínterin los doce cava- 
lleros se fueron á armar para el torneo; volvieron lu- 
cidamente armados con mucho plumaxe y hicieron su 
función, y á lo último una folla, al son de trompetas 
y atamhores, como si fuese de los torneos que se solían 
hacer al Born algún tiempo. 

No se puede pasar en silencio la espléndida y cos- 
tosa colación que dio S. A. á los del festín, haviendo 
querido corriese á su costa y cuidado, para cuio efec- 
to mandó S. A. se previniesen pasadas quarenta arro- 
vas de exquisitas y variadas confituras, haciéndolas 
travajar por los mejores oficiales que se hallaron en 
Barcelona, y con no poco coste; á medio de la fiesta 
se dio la colación, saliendo los cavalleros en cuerpo, 
con las fuentes de la estancia del dro. nuevo, á servir 
á las damas, con los dulces y las aguas, y después á 
los demás de la sala, con tal abundancia, que se re- 
conoció bien ser grandeza de un Príncipe real. Duró 
la fiesta hasta las quatro de la mañana, con nunca 
visto lucimiento y aplauso, y sin que sucediese des- 
gracia alguna, que siendo el concurso tan sin núme- 
ro no es poco: sólo un soldado de la guardia de las ca- 
ravinas, estando reclinado sre. su misma caravina, se 
le disparó, y dándole la carga en el brazo, dijeron 
havía muerto de la herida. 

CAPÍTULO 5.° 

DESCUÉRENSE LOS ACTORES DE LA TRAICK^N QUEíHÜVO EN BARCELONA; 
SENTENCIASE ALGUNOS Y DESTIÉRRANSE Á OTROS. 

Una de las principales "políticas de S. A. hera no 
sufrir los que heran afectos á España en esta provin- 
cia y más en Barcelona; y aunque más los procuró sa- 
car, era imposible, porque unos á otros se pegavan 



230 
el achaque de España, por más sangre que viesen 
verter; y así, pues el capítulo es de sentencias, será 
bien que antes que entre yo á referir los que padecie- 
ron muerte por la alevosía de conspirar Barcelona, 
daré razón de otros que murieron antes por mal afec- 
tos á la patria y al Rey Xpmo. 

Antes que S. A. bolbiese de la campaña y á buelta ■ 
de Todos Santos, aorcaron en el suplicio de la Atara- 
cana á Agustín Laniiza, maestro zapatero que tenía 
su botiga, mujer y hijos, á los Escudilleros. Éste ha- 
vía sido Sargento del batallón, y por sus altivezes ó 
locuras (que las tenía mui famosas) se pasó de Bar- 
celona á Tarragona y de allí á Lérida, y sirvió en 
ella contra la provincia vajo la vandera del Castella- 
no, y fué preso en el socorro de Balaguer y traído á 
Barcelona, en donde por el Auditor real fué conde- 
nado á muerte. En el tormento hasta que murió es- 
tubo firme en que no conocía otro Rey que el de Es- 
paña, y que por vasallo suyo quería morir: así lo con- 
siguió á vista de inmenso concurso, que, como era 
tan conocido, le fueron á ver morir j^nfinitos. 

Poco después dieron garrote en la plaza de los Trai- 
dores, que es la que está entre el General y Lloxe, á 
un cardador, natural y avitante en Barcelona, porque 
traya cartas de Tarragona, Lérida y Balaguer á al- 
gunos de aquí dentro, y las llevava también á quien 
ellos le decían. Éste fué condenado á semejante muer- 
te por los prohombres de Consejo de la ciudad. 

Luego que S. A. llegó á Barcelona, hizo dar garro- 
te á Micer tal Parrellas, natural de Lérida, porque 
hallándose dentro Balaguer quando el sitio, fué causa 
que se dilató muchos días, y obró con demasiado fer- 
vor contra las armas de la provincia. . El día que se 
entregó Balaguer, este sujeto huyó hacia Barcelona, 



231 

y S. A., que le tenía sobre ojo, le mandó prender y 
traer á Barcelona para esto: concediósele sepultura á 
éste y algunos otros, pero no á todos. 

Después padecieron la misma suerte dos vizarros 
y hermosos cavalleros: el uno de Balaguer, llamado 
D. Joseph Torre; el otro de Puigcerdá ú del Empur- 
dán, llamado D. Ramón Guexas, porque siendo sol- 
dados del batallón se pasaron al Castellano, y vajo 
sus vanderas tomaron las armas contra la provincia. 

Por el mismo delito dieron garrote el día 22 de 
Enero de 1646 á D. Diego Acinis, que havía sido Sar- 
gento maior del batallón, y por cierta emulación se 
havía pasado al partido de España. Era un famoso y 
galán cavallero: suponga el lector que todas estas 
sentencias se executavan en la plaza de los Traidores, 
que es la que tengo referida, y á vista de todo el 
pueblo. 

Entremos aora á tratar de cómo se descubrió la en- 
trega que querían hacer de Barcelona el día 15 de 
Agosto de 1645 y de los que murieron por ella. Es 
cosa bien asentada que hazañas como ésta no la pue- 
den executar pocos, y que al paso que ha de ser con 
gran secreto, es casi imposible que, haviendo de inter- 
venir tantos, sean todos tan callados y sufridos que 
no llegue á "traslucirse, y más quando unos y otros 
vivían en desconfianza de sí propios, temiendo que el 
otro no le descubriese. Vacilava en estas dudas más 
que todos D. Jayme Magarola, y para asegurar su 
vida trató de perder muchas. Fuese á un Juez de la 
Real Audiencia y todos á S. A., y allí descubrió toda 
la maraña y los que en ella estavan comprehendidos 
en el trato; prendieron luego á Mr. Amigant, Mr. Jo- 
seph Ferrer, Honofre Quílez, mercader, y tal Forne- 
11a, Bayle de Mataré, que por otras cosas lo tenían 



232 

arrestado; también quisieron prender á Mig-uel Sie- 
rra, Notario, que también era de los principales en la 
conspiración; pero les huyó, sin que jamás pudieran 
haverlo á manos. Plonofre Quílez quiso hacer lo mis- 
mo; pero no le favoreció la fortuna como á Sierra, 
porque apenas vio S. A. que estos dos no se hallaban, 
quando mandó á los Gonselleres que doblaran guar- 
dias en las puertas y pusiesen gente que conociese á 
los sujetos de la conspiración, para que en traje dis- 
frazado lio pudiese salir alguno. Entrava de guardia en 
cada puerta Consejeros mismos de Ciento; echáronse 
vandos rigurosos pena de la vida y de traidores á to- 
dos los que les dieren favor y aiuda y que los ocultara, 
y dando cantidad de dinero y hombres y fuera de mal 
á quien los descubriera ó entregarla: con esto el que 
no lo savia procuraba descubrir, y el que lo sabía no 
lo calla va. Fué descubierto Honofre Quílez en el com- 
bento del Carmen. La espía era mui segura, y dando 
noticia á S. A., fué en persona con la misma espía un 
alguacil y parte de su guardia una mañana, á las nue- 
ve oras, y sin decir cosa alguna se puso dentro del Car- 
men y prendió á dho. Quílez, que estava detrás del al- 
tar maior en puesto que no siendo la espía tan buena 
era imposible toparle. Hízolo poner en un coche y lle- 
varlo á palacio. Este sujeto tenía gran cavimiento con 
S. A. y primeros Ministros y Cavos franceses, por 
cuio motivo no quiso S. A. encomendar la prisión á 
ningún otro ni llevarlo á la cárcel, sino tenerlo en su 
mismo palacio, en donde también estava el Bayle de 
Mataró y otros con guardias de vista y órdenes tan 
apretadas de no dejarles hablar con nadie, que por 
aver una de las guardias ministrado tinta y papel al 
Bayle de Mataró para escrivir un papel á su mujer, 
mandó luego S. A. aorcar sin remisión á la guardia 



233 

sólo por este delito. Estos eran los principales Cavos 
de la traición; otros muchos se prendieron que por 
inducción consentían en ella, de los quales huvo unos 
desterrados; otros á galeras, según su más ó menos 
culpa y graduación de personas, como se dirá. 

Presos éstos, se dio priesa S. A. en que se les hiciera 
la causa en justicia, j el primero fué el Bayle de Ma- 
taró, que sentenciaron á que en público cadaalso, en 
la plaza de los Traidores, se le diera, y después se le 
cortara la caveza, y en una jaula se colgara á media 
casa del General, en la esquina que mira á la puerta 
del Mar, y que su cuerpo fuera echo pedazos y espar- 
cidos por los caminos, y su hacienda confiscada, y 
arrasada su casa, sembrando en ella sal. Publicóse la 
sentencia en palacio mismo, y después llevaron al reo 
á las cárceles reales y le atormentaron in cargue so- 
tiorum. Descubrió á muchos en los tormentos, y al- 
gunos fueron presos. Sábado á 3 de Marzo 1646 se 
executó la sentencia en la persona del Bayle, como 
está dho., j el día siguiente en sus vienes y casas. 

La misma sentencia se fulminó contra Honofre Quí- 
lez; pero al pasar los tormentos, negoció que si se la 
minoravan descubriría á muchos: se le concedió como 
no pidiese la vida, y que en lo demás se le haría toda 
gracia; sacó de partido todo lo que pidió, que fué no se 
le cortase la caveza ni se le hiciese quartos, que se le 
diese sepultura, que su casa y hacienda quedase para 
su mujer sin lesión ni minoración alguna, que á un 
hijo bastardo que tenía se le diesen todos los años 200 
escudos: cumpliósele todo, y el día 17 de Marzo se le 
dio garrote en el mismo punto que al Bayle, y des- 
pués llevaron los suyos el cadáver á su casa con áni- 
mo de hacerle el día siguiente un ostentoso y onrroso 
entierro; pero saviéndolo S. A. les envió á decir que 



234 
quien moría tan infamemente no merecía tanta cele- 
bridad en su entierro, y que si tal executavan, lo 
mandaría desenterrar y hacer quartos: con que se 
contentaron con enterrarle de secreto una noche en 
el convento de Jesús. Este hombre estava mui rico; 
tenía famosa hacienda; su casa bellamente puesta y 
grande en la calle de Basca, cerca las Escalas de Ca- 
zador; mui emparentado; tenía muchos hermanos 
frailes- y monjas capuchinas y clérigos, que rogaron 
y aplicaron medios, pero ninguno aprovechó; por 
quanta era la confianza que el Virrey y franceses 
hacían de Quílez, tanto fué el enojo de verle traidor. 

El tercero que padeció del mismo modo que Quílez 
fué Mr. Joseph Ferrer, á 7 de Abril de 1646; enterrá- 
ronle en Santa Cathalina de secreto. Este hombre, de 
pobre estudiante, havía llegado á adquirir mucha ha- 
cienda y estimación igual en Barcelona; el trienio an- 
tecedente avía sido Oydor del Principado y se hallava 
entonces Asesor de la Diputación; perdióse por querer 
suvir más, el que quatro días havía no tenía que 
comer. 

Sábado á 14 de Abril 1646 padeció asimismo Micer 
Amigan t, usándole la misma gracia que al dho. Fe- 
rrer. Éste era joven de algunos veintiséis años; muí 
rico; tenía su- casa y hacienda en la ciudad de Man- 
resa, aunqua»avitava en la de Barcelona con grande 
estimación; su padre había sido Diputado el trienio an- 
tes. Con éste, que era cavo de la conspiración, se aca- 
varon las sentencias de muerte: por ella entremos ao- 
ra á los desterrados. 

Fueron presos el Abad de San Pedro de Galligans; 
D. Gisperto Amat, Diputado eclesiástico actualmente 
de Cataluña, y el Abad de San Pablo de Barcelona, 
que cavían en la traición, y por eclesiásticos y faltar 



235 

jurisdicción contra ellos fueron llevados en dos coches 
y con guardias al castillo de Perpiñán para hacerles 
la causa á su tiempo y sazón. 

La principal caveza que dio motivo á toda esta cons- 
piración fué Doña Hipólita de Aragón, cuñada ó her- 
mana de D. Joseph de Ardena: era aragonesa, y aun- 
que casada, no vivía con su marido; era muger mui 
hermosa, de linda retórica y discreción, y sobre todas 
estas prendas personales y gran nobleza se murmura- 
va por mui distraída y poco atenta á su honor, cul- 
pándola de algunas fragilidades: ésta fué la que in- 
duxo al Diputado, á Quílez y á los demás en la cons- 
piración y entrega de Barcelona para el día 15 de 
Agosto, y la que ocasionó tantas muertes, destierros 
y castigos; descubrióla Quílez en el tormento, y en él 
mismo le encomendó al hijo bastardo con tales expre- 
siones y eficacia, y con tales demostraciones de amor 
y eficacia lo admitió ella, que pudo dar que sospechar 
si era vínculo de sus divertimientos. Y más, havién- 
dose publicado que la tal Doña Hipólita Barona del 
Albi el tiempo que estuvo Quílez oculto procuró sa- 
carle de Barcelona y lo llevó toda una tarde en el pe- 
sebrón del coche cubierto con las basquinas, y que ja- 
más pudo el cochero hacer que las muías pasaran 
puerta alguna; otros dicen que al pasar por la calle 
del Carmen se rompió un usillo del coche, de calidad 
que no pudo hacer otro que entrarse Quílez en el Car- 
men, y parece lo más probable esto: muchas cosas 
permite Dios por sus justos juicios, sin que podamos 
atinar sus fines. Prendieron á Doña Hipólita, y estu- 
bo muchos días presa en Palacio, y sin duda que su 
sexo, nobleza, prendas y desembolturas debieron ayu- 
darle para que no pasase por el rigor que los prime- 
ros, sino que se le castigase con sólo el destierro, y 



236 

así, mandóla S. A. llevar á Tarragona acompañada 
de dos principales Cavalleros de Barcelona. Llevóse 
consigo el hijo de Quílez, que devía de ser de diez ú 
once años, cumpliendo con lo que devía, ya que por su 
causa ha vía muerto su padre. 

Otras muchas personas fueron desterradas á Fran- 
cia, unas con tiempo determinado, otras por el. que 
S. A. querría, y de éstas fueron D. Vicente Magarola; 
otro cavallero llamado Donis; Joseph Masana, ciuda- 
dano onrrado que hera Gonseller el año de 1640, quan- 
do las turbaciones; Rafael Robre, que era Gonseller 
la primera vez que vino Phelipe quarto á Barcelona; 
tal Font, espartero, y Roger, mercader, y otros mu- 
chos, unos porque saviendo la conspiración no la des- 
cubrieron, y otros porque se carteavan con los caste- 
llanos estándoles prohivido; fué condenado á siete 
años de galeras Gabriel Sancana, oficial de un baluar- 
te y grande camarada de Quílez, y el Bayle de Mataró, 
con quienes havía convenido obrar á favor de España 
en el lanze. Por cinco años fué condenado Joseph Tor- 
ner, espadero, por admitir y tener en su casa algunas 
juntas de los que conspiraban, y convidallos en ella. 
Por tres fué condenado un bidriero, T. Axut, por ha- 
blar mal de las cosas de Francia y bien de las de Es- 
paña: estos tres fueron en una barca á Marsella; otros 
muchos se castigaron y desterraron, que fuera nunca 
acavar si se avían de nombrar todos. Luego que salió 
de Cataluña el Diputado, sacaron otro en su lugar y 
sorteó la dignidad de la Iglesia de Urgel. 

Después de algún tiempo que havía S. A. buelto de 
la campaña y presa de Balaguer, hizo desterrar tres 
capitulares y algunos eclesiásticos porque se cartea- 
van y escrivían con los del partido y tierra de España, 
y porque se havía dado posesión de un Canonicato á 



237 

D. Fulano Rocaberti, hermano del Conde de Peralada, 
que havía venido del partido de España provisto por 
el Papa del Canonicato, contraviniendo en esto á la 
orden de la Reyna de no dar posesión á ninguno que 
fuese sospechoso, y á una embajada de S. A. por el 
mismo Canonicato; y viendo el señor Conde quán con- 
trariamente se obrava, mandó ir en forma todo el Ga- 
vildo con macero á palacio, con manteo y bonete, y 
S. A., leyéndoles algunas cartas y tratándoles de trai- 
dores, les dio fiera reprehensión, y allí mismo, antes 
de dividirse ni salirse el Gavildo, hizo poner en un co- 
che al Chantre Osona y Canónigo Taverner y Goll y 
llevarlos á la Tarazana, por donde ios embarcaron 
luego en un navio que estava ya haciendo vela á Le- 
vante, y al nuevo Canónigo mandó partir á Gerona, 
y con pena de no bolber aquí sin su licencia; despa- 
chó al Cavildo, después de executado esto, mui afren- 
tado y desabrido, como se puede creer; negociaron los 
medios para que aquella noche se les pudiese dar á los 
tres embarcados sombreros, ropas *y dinero para el 
viaje, y que desde el navio encomendaran y ajustaran 
lo de sus casas: fueron desterrados á Roma; al Chan- 
tre Osona ya era la segunda vez que esto le sucedía 
por ser español de corazón, y jamás pudo ser otro; 
también se desterraron algunos clérigos,^por lo mis- 
mo que eran muchos los que estavan tocados de esta 
enfermedad. 



238 



CAPÍTULO 6.^^ 

EMBÍ A Á PARÍS EMBAJADOR PARA EL TRATO DE PAZES -TOMAN LOS 
CASTELLANOS EL FORTÍN DE TERMENS.-BENDÍCESE LA TIERRA— DES- 
HERRASE AL OBISPO DE VIQUE Y QUEDA CATALUÑA SIN OBISPO. 

Avía ya buelto de la ciudad de Munster, que está 
en Alemania ó Países Vajos, donde era el Congreso 
de las paces, el rejente Fontanella después de muchos 
meses de residencia por ver que no se concluía cosa 
alguna y que el Tratado de paces iba mui ti vio; bol- 
vióse con los acidentes de las guerras á tratar, y la 
Reyna á pedir á Cataluña sujeto en lugar de Fontane- 
lla, porque no quería la Reyna faltase en aquel Con- 
greso quien por parte de Cataluña pudiese defender y 
exponer sus intereses; antes de concluirse las paces 
nombró el Consistorio á un hijo del Dr. Martí, Juez 
de la Real Audiencia, mozo de grande inteligencia, y 
que por lo bien que servía su padre merecía esta hon- 
rra. Partió para París á 16 de Abril de 1646, con ins- 
trucciones, así para el punto principal de su jornada, 
como para otros importantes á la provincia y que ha- 
vían de tratarse con la Reyna, y con órdenes de con- 
ferir en todo,y seguir los dictámenes del General de 
la cavallería catalana D. Joseph Dardena, que se ha- 
llava en París desde primeros de Noviembre, que ha- 
vía ido á besar la mano de la Reyna y darle repetidas 
gracias por muchas mercedes que se le hacían por 
S. M. Daráse adelante quenta de lo más que obraron 
y de lo que resultó de esta embajada contra la. pro- 
vincia. 

En los últimos capítulos del primer libro se hizo 
descripción y se dio quenta del fuerte que S. A. man- 



239 
dó levantar en el lugar de Termens guando sitió á 
Balaguer; quán capaz, fuerte y de conveniencia era, 
pues sobre de servir de plaza de armas podía ser re- 
fugio de todo el exórcito en cualquier contingencia. 
Después de tomado Balaguer y aloxado su exército, 
S. A. mandó sacar de allí la artillería y dejó guarni- 
ción, conservándolo así por razón de estado como por 
padrastro de Lérida, y por lo que convendría para la 
expugnación de ella, que disponía (jn la campaña vi- 
niente, aunque por Balaguer le quedava libre el paso 
del río. Esta plaza, aunque de faxina y tierra, com- 
prehendía los lugares de Termens y Menargues y los 
dos al río Segre en medio; el Castellano, saviendo que 
havía poca guarnición y que le servía de padrastro, 
trazó el Governador de Lérida la sorpresa, consintien- 
do en ella un Sargento de los de la guarnición, fran- 
cés, á quien dieron cantidad de dinero: éste convino 
en que á primero de Abril, que él entrava en la puerta 
principal de guardia, daría el nombre al enemigo para 
que con disimulo una noche se entrase en el fortín. 
Ajustado esto, una mañana de las primeras de Abril 
1646, antes de amanecer, con todo secreto se pusieron 
delante Termens 20 hombres de la guarnición de Lé- 
rida, y dando el Sargento á las postas el nombre y 
santo, entraron el fortín los castellanos, y dando so- 
bre la milicia con espada en mano, antes que se acor- 
dó quedó la maior parte muerta y prisionera; algunos 
se escalaron y huieron; el tercio del batallón que es- 
tava allí recivió gran daño; los castellanos sacaron 
luego las municiones y bituallas, y con los prisioneros 
las embiaron á Lérida y arrasaron todas las fortifica- 
ciones, de calidad que no aprovecharon más para de- 
fensa alguna, y se bolbieron á Lérida. 
Experimentando los labradores y hortelanos de Bar- 



240 
celona que la tierra no frutava como solía y que todo 
era malo lo que producía, pidieron á Su Santidad un 
Jubileo plenísimo y permiso para bendicir la tierra. 
Concediólo Su Santidad, y previniéndose con aiunos y 
oraciones desde el miércoles 11 de Abril 1646, visi- 
tando su parrochia cada uno, ganando indulgencia 
plenaria, rogando á Dios embiase su bendición sobre 
la tierra. La bendijo el domingo 15 el Deán Paulo del 
Roso, saliendo en ^procesión desde el Aseo con todas 
las Cofradías, ,y asistiendo S. A. y Gonselleres hasta 
la Puerta que llaman Deis Tellers, y acavada la ben- 
dición, se bolbió con la misma solemnidad á la iglesia. 
No havía en Cataluña prelado Obispo sino el de 
Vique, D. Ramón Semmanat, y éste tan fino español, 
que jamás havía querido prestar la ovediencia sino á 
España; y no contento con esto, ni agradecido á que 
se le toleraba estar. aquí en su iglesia, obrava tan con- 
tra las cosas dei Estado que fué preciso desterrarlo, y 
acompañado de un alguacil real, con todas las cargas 
y personas que le quisieron seguir, ' fué conducido 
hasta la raya de Aragón á primeros de Mayo. 1646: él 
se fué á Madrid, y Cataluña quedó sin Obispo alguno. 

CAPÍTULO 7." 

SALE Á CAMPAÑA S. A. PARA EL SITIO DE LÉKIDA.-MUERE EL CONDE 
XAVOT DE UN MOSQUETAZO.-ONllRAS Y ENTIERRO QUE LE HACE BAR- 
CELONA EN SAN FRANCISCO.-LLEGAN Á BARCELONA LOS DOS HIJOS DE 
S. A. EL SEÑOR CONDE. 

Haviendo S. A. con su gran vigilancia, prudencia y 
alta providencia, descubierto los achaques que pade- 
cía Barcelona en sus moradores mal afectos al domi- 
nio Xpmo., sangrádola y curádola como se ha visto 
con los castigos de muerte y destierros que hemos re- 



2i1 

ferido, para que en su ausencia no peligrase como la 
vez pasada; haviendo encaminado á Gervera y Bala- 
guer las tropas de infaníería y cavallería que venían 
de Francia para recluta del ejército; haviendo dispues- 
to las cosas para la campaña, y embiado muchos ca- 
rros de municiones, pertrechos de guerra y bastimen- 
tos para el exército, partió S, A. el S.°^' Conde de An- 
court, martes primero de Maj^o 1646, á las dos oras de 
la tarde, después de haverse despedido de su mujer; 
salió de Barcelona acompañado de los cavos franceses 
y alguno catalán, con su guardia de caravinas ende- 
rezando sus pasos á la Virgen de Monserrate, para que 
como verdadero norte y guía encaminase sus accio- 
nes á la maior gloria y dicha de este Principado, y 
fuese su protectora en todo. Pasó de allí á la villa de 
Gervera, para disponer y ordenar los negocios del 
exército y de la campaña. Mandó conducir muchas 
barcas en carros para fabricar dos puentes sobre el 
Segre ó Noguera, y que todas las tropas marchasen á 
Balaguer, en donde el día 6 de Mayo pasó muestra ge- 
neral en campaña de 5.500 cavallos y 12 ® infantes, 
toda gente efectiva y de pelea, sin que en ésta se in- 
cluiese la cavallería catalana ni muchas compañías 
del batallón que estavan esparcidas en rechitas que 
ciada día llega van de Francia. Al otro día de la mues- 
tra pasó el exército la otra parte de Balaguer, y el día 
8 acampó todo el grueso eutre Alguaire y Almenar, 
pasado ya el río Noguera. Prosiguiendo en sus desig- 
nios, juzgando que no podía emprender hazaña más 
gloriosa á las armas de su Rey, ni de maior conve- 
niencia para la provincia que la expugnación de Lé- 
rida y poner miedo y espanto con su exército en las 
tierras del enemigo, siendo la plaza de Lérida la pri- 
mera y la más bien pertrechada que tenía el Gastella- 

ToMO XXIV 16 



242 

no, guarneciéndola pasados de 5 ® hombres de batalla 
sin los naturales. Llegó el día 9: dentro de las huertas 
de Lérida, hacia la parte de Fraga pasado el río Segre, 
ya S. A. havía dividido las tropas necesarias y dejado 
á estotra parte del Segre para ocupar los puestos que 
importaría para formar el sitio. El Castellano juntava 
su exército en la villa de Fraga para aquella campaña, 
y llegó S. A. en tan buena sazón á ponerse en las 
huertas de Lérida, que dos días antes havían los cas- 
tellanos sacado los dos mejores tercios que tenían en 
la plaza, y puesto en su lugar gente visoña y recién 
hecha; también dejaron en la plaza sólo ciento y diez 
cavallos, sacando los qpe havían hasta ducientos, y de 
aquéllos se destrozó una partida dos días antes por Mo- 
siur de Balthasar, Coronel, que havía quedado á esta 
parte del Segre con orden de ocupar la eminencia y 
lugar de la Gollegeta, y recivir los rejimientos de Revé 
y Rom que salían de Flix y se havían de unir con los 
reclutas que iban llegando, y formar un famoso quar- 
tel en la Collegeta que servía para amparar y com- 
boyar los carros que llevavan las barcas para la for- 
mación del puente: todo sucedió con felicidad, de vién- 
dose al cuidado y vigilancia del S.«^ Conde Xavot, Ma- 
riscal de campo, á quien S. A. embió por Comandan- 
te de aquel quartel quando dividió las tropas y formó 
los quar teles el día 10 de Mayo 1646. 

Embió S. A. á la parte del castillo de Gardiny una 
partida de su exército vaj'o la orn. del señor Conde 
Govenge, Lugarteniente general, asistido del Marqués 
de Gusures, de los señores de Santa Columba y de Cla- 
banach, Mariscal de batalla, y del señor de Boysach, 
governando la cavallería, y los señores de Cambon y 
cavallero de Monguirón, Mariscales de batalla, para 
tomar su quartel con el resto de las tropas á tiro de 



243 

mosquete del río, á la parte que S. A. quería fabricar 
la puente. Á 11 S. A., juzgando ser de conveniencia 
formar un quartel entre el suyo y el de Govonge, dio 
el mando al señor de Comben, como á más antiguo 
Mariscal de batalla; y el señor de la Valdera, que ha- 
vía venido de Flix para servir este sitio, quedó cerca 
de S. A.; y el señor de Santa Columba, que havía de- 
jado al de Clavanach cerca del de Covonge; y el cava- 
11er o de Mongirón fué mandado servir al quartel de 
Xavot: el dlio. día 11, el de Covonge asaltó de orn. de 
S. A. el castillo de Alcarraz, que estava entre su 
quartel y Fraga, que era mui necesario al enemigo, 
en donde tenía algunos 50 hombres de guarnición; 
embistió el señor de Clavanat, y lo rindió el mismo 
día, aunque sufriendo algunos cañonazos, de los qua- 
les murió Chomel, primer Capitán y Comandante del 
regimiento de Santamesma: podíase defender el casti- 
llo más de quince días, y esto hizo feliz el suceso. Vi- 
nieron los rendidos á S. A., que les confirmó la capi- 
tulación, que fué pasar por Cataluña y Francia á 
Fuenterravía; el de Xavot, poco después, rindió los 
de Albatarre con la misma capitulación, y tomó su 
quartel en Villanueva á la vista del puente de Lérida. 

Ha viendo á 13 recivido el de Xavot las barcas que 
venían en los carros, mandó luego fabricar la puente, 
y dióse tal maña, aphcación y cuidado el de Xanfort, 
teniente de artillería, que el día siguiente estuvo aca~ 
vada, y con ella franca la comunicación de los quar- 
teles unos con otros. 

La noche del día 17 tuvo orden el Conde de Xavot 
de reconocer y atacar la media luna que estava al 
cavo del puente de Lérida, para cuio efecto destacó 
cien hombres del regimiento de Rebe, governados del 
de Beaume, Ayudante de campo y Lugarteniente de 



244 

Coronel del mismo regimiento, que obró con todo va- 
lor, y el Conde Xavot, que le seguía para sustentar- 
le, tomando á mano derecha, dio en unos travajos ó 
fuertes ignorados del enemigo, y perdió la vida de 
un mosquetazo en la caveza. Esta pérdida ocasionó 
confusión en nra. gente, haciéndoles perder el tiempo 
en conservación del de Beaume, que, por último, huvo 
de retirarse con pérdida de algunos soldados y dos 
sargentos; del enemigo murieron algunos veinte. 

La circunstancia de ser tan amado de los catalanes 
el Conde de Xavot y de tan apacibles prendas, me ha- 
ce ingerir en este capítulo las exequias que le celebró 
la ciudad de Barcelona, y que, rompiendo el ylo de la 
historia, dé quenta de ellas. 

Difunto el Conde, como queda referido, trajeron en 
una litera el cadáver á Barcelona para depositarlo en 
la iglesia de San Francisco, y el día 24 de Mayo 1646 
se le hicieron las honrras, elevando túmulo ó capilar- 
dente mui alto, cubierto de bayetas, con cinquenta ha- 
chas y duplicadas velas, y á trechos los escudos de sus 
armas, que eran tres peces que llamamos Gavot, con 
corona real que, por parte del de la madre, era de 
real estirpe. 

Correspondían sus procederes y prendas á la real 
sangre que le animava, y su bondad, justificación, 
benignidad, liberalidad y apacible trato, era imán de 
los corazones, junto con lo lucido que siempre iba y 
lo mucho que gastava, sin hacer ni permitir extorsión 
alguna; circunstancias que le hacían amable de to- 
dos'y que hicieron más sensible su muerte. 

Viendo S. A. que sus quarteles quedaban estableci- 
dos y comunicables, y haviendo dejado orn. para juntar 
en el campo toda la artillería de batir y municiones de 
guerra que havía echo adelantar á Cervera, y asimis- 



245 
mo para que de Barcelona fuera llegando maior can- 
tidad con las barcas que quedavan dispuestas para la 
fábrica del segundo puente, mandó disponer sus ama- 
gacenes para todo género de víveres j pertrechos de 
guerra para que el exército estuviera bien asistido; y 
asimismo puso todo cuidado en concluir la circumba- 
lación de la plaza, procurando que las milicias, á cuio 
cargo esta van los quarteles, cuidasen de la perfección 
de esta obra. 

Los sitiados hasta entonces no ha vían echo surtida 
de consideración, bien que se havían fortificado fa- 
mosamente, y que la que executaron al quartel de Vi- 
llanueva, aunque murió el de Xavot (sucediéndole en 
el mando el Marqués de Gesures), no fué tan gloriosa 
como podían esperar del número de gente y cavalle- 
ría que salió de la plaza y del descuido ó desgracia de 
los sitiados, porque obrando el de Xavot con su acos- 
tumbrado valor y mañosa disposición, con inferior 
número de tropas los rechazó varias veces, y, por úl- 
timo, los obligó á retirar con pérdida de más de 20 Ofi- 
ciales y soldados que quedaron sobre el fortín y 10 ú 
12 prisioneros, dos de los quales aseguravan haver 
visto retirar al Governador D. Gregorio Brito, atrave- 
sado el cuerpo de un mosquetazo; asimismo lo quedó 
el Marqués de Gesures y Vinebre, de que murió, ha- 
viendo mostrado su innato valor y esclarecida sangre, 
que sin duda excedía en ella al de Xavot, según las 
demostraciones que en sus funerarias se hicieron: era 
cavallero joven, mui rico; gastava gran lucimiento; 
su cadáver lo pasaron á Francia en una caja de plo- 
mo dentro de otra de madera. 

Los castellanos se hallavan entre Monzón y Fraga, 
á la rivera del río Ginca, juntando las fuerzas que sa- 
cavan de los presidios y levas que se hacían en Ara- 



246 

gón y Navarra, con ánimo de socorrer la plaza ú ha- 
cer alguna diversión. 

No se contentó el Sermo. Príncipe con traer á este 
Principado su esposa; ermosear el palacio, fijando en 
muchos puestos del sus armas, sino que para acavar 
de mostrar lo mucho que amava á los catalanes, hizo 
venir sus dos hijos. Entrai^on lunes 28 de Mayo 1646, 
acompañados de mucha nobleza catalana, que salió 
á recivirlos, y el tesorero con algunos cavalleros á 
Perpiñán, y francesa, que venía con ellos: eran de 
unos quatro años el uno, y el otro de tres; veuían con 
sus coticas de rico hrocato y sus espadinicos; entraron 
en un coche; eran donosos muchachos y mui seme- 
jantes á su padre en todo, á quien esperaron en com- 
pañía de su madre para, con su presencia, aiudarle á 
celebrar la vitoria que adelante se dirá, antes de con- 
cluir la campaña. 

CAPÍTULO 8." 

CONTINÚASE EL SITIO DE LÉJÍIDA; TOMA DE LA VILLA DE ALGUAIKE; 
EMBESTIDA DE TOTAVILA Á MOMBLANC; LOS SUCESOS DE UNAS Y 
OTRAS OPERACIONES. 

Á los 30 de dicho mes de Mayo le llegaron á S. A. 
las barcas que havía dispuesto para la fábrica del se- 
gundo puente, y luego se executó, siendo importantí- 
simo, porque sin él era imposible socorrerse el quar- 
tel de Villanueva con el de Monsiur de Convengo, ni 
se le podían impedir al Castellano sus movimientos y 
designios acia el socorro da la plaza menos que te- 
niendo este puente. Encargóse el cuidado y diligencia 
al de Couvenge, que en la presteza y apertura de la 
plaza por su parte mostró bien su celo y vigilancia y 
valor. Fabricóse el puente vajo el castillo de Gardeny, 



247 
en el Segre: el quartel de Villanueva le comendava 
Miranville, Mariscal de campo, recién llegado, y des- 
de la muerte de Gesures hasta que éste entró, le man- 
dava dignamente el cavallero de Monguirón. 

Último día de Mayo tubo noticia S. A. que el Gover- 
nador de Tarragona, Varón de Totavila, havía alista- 
do dos mil infantes y quatrocientos cavallos, con al- 
gunos recién venidos de Castilla: con esto, dos piezas 
de campaña y algunos mil seiscientos paisanos, mar- 
chava á sitiar la villa de Momblanc;S. A., con esta in- 
teligencia, desmembró de su exército quatrocientos 
cavallos, dando el mando de ellos al de Santa Golum- 
be*. Mariscal de batalla, asistido del de Aubini, Ayu- 
dante de Campo, y orden para que fueran levantando 
los somatenes de los lugares y chocaren con Totavila, 
si tenía gana de llegar á ello, y no contentarse con 
hacerle oposición; pero el intento de Totavila era sólo 
divertir nuestro exército, y antes que llegasen nues- 
tras tropas vengarse de los naturales de Momblanc y 
de la ignominia que á sus antecesores havían echo en 
las campañas antecedentes yéndoles á atacar el cam- 
po, y que al mismo tiempo lograse el exército caste- 
llano alguna fación. Todo le salió falaz á Totavila, 
porque hallando no poca resistencia en Momblanc, no 
logró cosa alguna y se huvo de retirar con descrédito 
antes que arrivase Santa Golumbe. Devióse esta resis- 
tencia al cuidado de Mosiur de Mingault governando 
las reclutas del rejimiento de Ferrer que S. A. havía 
embiado á Momblanc previniendo esta intentona, á la 
fineza de los naturales y á la buena disposición de Ri- 
cart Veguer, que era de aquel distrito, que se portó 
famosamente en este lanze. 

Viendo Totavila frustrado su principal designio, 
apeló á lo que pudo en ruina de los de Momblanc, sa- 



248 

queando todo el contorno de Momblanc con tan crueles 
ó inhumanos modos, que permitió en la Guardia, al- 
dea de Momblanc, no sólo el saco, sino que se executa- 
ron atroces muertes hasta en ios niños y mugeres, sin 
perdonar aun á los sacerdotes, pues dos que havía el 
uno murió de un alfanjanzo y al otro cortaron las 
orejas, robando la iglesia hasta los cálices y vasos sa- 
grados; pasó más allá su sacrilego obrar, pues no per- 
donaron imagen de santo alguno que no hechasen en 
una hoguera que havían echo, hasta la de un Santo 
Ghristo, que haviéndola arrojado su furor en la hogue- 
ra, se halló después íntegra y sólo arrugada la forma 
del cuerpo y denegrida, al modo de quando un cuerpo 
humano ha pasado por las llamas, que sólo se le arru- 
ga la cutis y humea, conservándose esta prodigiosa 
imagen ilesa para hacer más patente su barbaridad y 
mostrar su inmenso poder, y que con este patente mi- 
lagro se confirmaron las justas lamentaciones de la 
afligida provincia en los incendios, sacrilegios é inau- 
ditas operaciones que en su primer movimiento expe- 
rimentó de los castellanos. El fruto que consiguió To- 
tavila de todo esto fué perder pasados de trescientos' 
hombres y retirarse sin reputación para con Dios y con 
el mundo, y dejar aquellos pueblos tan amargos, que 
por sí solos y sin tropa miUtar obravan después en 
ofensa de los españoles quanto cavia en humano po- 
der; alentólos S. A., y asistiólos la provincia quanto 
pudo por su fineza y valor. 

S. A., desde que salió á campaña, llevó la idea de 
apretar cuanto pudiese á Lérida, y la de ocupar ellu- 
gar y eminencia del Guayre, puesto muy ventajoso 
para nuestra conveniencia, porque ultra de ser una 
eminencia cortada á los tres lados á vista de nuestro 
€ampo y vecino al río Noguera, era puesto que los 



249 

castellanos le tenían fortificado y que les servía de 
resguardo para el tránsito y socorro á Lérida, Fraga, 
Monzón y Balaguer, quatro puestos los más importan- 
tes para su conservación; y por todo esto, dava más 
deseo de ocuparlo. Y así, úllimo de Mayo, teniendo 
noticia S. A. que de Alguaire se mudava la guarni- 
ción y que para ello havía salido porción de la que es- 
tava, quedando sólo 60 hombres, dio ese mismo día 
orden al cavallero*de la Valiera y Mariscal de batalla 
en el exórcito para ir á reconocer el puesto; y el día 
siguiente, para atacarlo con 420 infantes, los 150 del 
rejimiento de- campaña, governados por el Capitán 
Danvila, del mismo rejimiento; 120 del rejimiento de 
Ancourt, governados por Mosieur de la Mate, Capitán 
y Sargento maior del mismo rejimiento; 100 del de 
Mompavillat, governados por el Capitán Moyot, y 50 
del rejimiento de Miralper, governados por el Capitán 
Páraselas; y toda esta infantería vajo la orden de 
Mompavillat, Maese de campo de este parado, y los 
Ayudantes Cajou y Monguert, á quienes ajustó veinte 
Maestres del rejimiento de Ancourt, governados por 
Berengat, corneta en la campaña del Marqués de Ar- 
maga, hijo de S. A. Y sabiendo que los españoles se 
havian fortificado sólo por las avenidas de Lérida y 
parte que mira á Fraga, ha viendo hecho tras de la 
muralla del lugar que mira al convento una empaliza- 
da que servía de reducto, con un parapeto de piedra y 
una estacada harto espesa, con foso de á seis pies de 
ondo y ocho varas de ancho, dejando hacia la parte de 
la torre un camino cuvierto y sin escarpa la tercer 
parte de la plaza, que parece no ser necesario por es- 
tar cubierta un camino de una estacada; estando en 
esta forma, mandó S. A. que el atacarla fuese por la 
cortadura del terreno, porque cuando pasó con el 



250 

exército le parecía no era inaccesible la su vida, y que 
el enemigo cuidaría menos de esta parte. Partió la 
Valiera del campo á las nueve de la noche en secreto, 
j llegó al puesto dos oras antes de amanecer el día 2 
de Junio, y dispuso el ataque en esta forma: dos Sar- 
gentos de campaña con 15 soldados cada uno, con un 
Lugarteniente con 20 soldados, y consecutivamente, 
un Capitán con 45 infantes; los otros cuerpos en la 
misma orden, componiendo un esquadrón para reacer 
la gente, embistieron la estacada sin haver sido descu- 
viertos de la guarnición, así por su flaqueza como por 
el descuido y confianza en lo cortado del terreno. Los 
del Tejimiento de campaña dieron á mano derecha; los 
del de Ancourt á la izquierda, y los de Mompavillat 
por medio, llevándose la estacada, y de carrera embis- 
tieron el convento y lugar; retiróse la gente á la to- 
rre, en donde se defendieron tres oras, y pasadas se 
rindieron á vida salva. Portáronse los cavos y solda- 
dos valerosamente, y sólo el de Mompavillat quedó 
erido en la cara de una granada. 

S. k. ese mismo día dio buelta en persona á reco- 
nocer el puesto, disponer lo que se havía de fortificar, 
señalar la guarnición y poner los pertrechos necesa- 
rios para todo, dejando por Governador de este fuerte 
al de Sillian, con 240 infantes de los rejimientos de 
Vallian y Rocalaura. 

Haviendo acavado de llegar las barcas, artillería y 
demás pertrechos para el puente el día 2 de dicho mes, 
el de Convengo, asistido del de Ganfort, Comandante 
de la artillería, se pusieron al travajo, no obstante lo 
que desde la plaza infestavan con la artillería hacia 
aquel puesto, se concluió la obra al día siguiente, per- 
diendo los sitiados la esperanza de poder ser socorri- 
dos por la parte del llano y puente de Lérida y logran- 



251 

do quietud en ]a plaza, cesando las surtidas, aunque 
constava la guarnición de quatro á cinco mil hombres 
sin los naturales, pero prometía la numerosidad más 
en breve la falta de víveres no les pudiendo entrar. 

Mientras esto se hacía, el Castellano iba juntando 
las tropas de que se havía de componer su exórcito á 
la rivera de Ginca y contorno de Fraga. Fabricó un 
puente á Mequinen9a, haciendo muestra de querer si- 
tiar á Flix; pero S. A. mandó guarecerla y abastecer- 
la, de calidad que sin otro socorro pudiese conservarse 
ocho meses. Y no le pesara intentase la interpresa para 
facilitar este suceso y poder acudir después á otros. 

Concluida ya la circumbalación de la plaza, dispu- 
so S. A. que las trincheras y cordón se fortificase todo 
lo posible para hacerlas inexpugnables. 

Así se executó, fabricando muchas barracas de ma- 
dera y tierra, cuidando cada Cavo del aumento de su 
quartel. Llegó á tal extremo que entre las tiendas y 
barracas se fabricó una ciudad en aquel campo de va- 
rias y hermosas calles, y haviendo riquísimas tiendas 
de quanto era imaginable y se podía desear, sin que 
faltase el regalo de nieve ni de lo que es apetecible en 
la población más deliciosa, y sin que se experimenta- 
se en los precios que aquello era campaña, pues ase- 
guraron los que lo vieron aver tiendas que pasavan 
sus mercaderías de quarenta mil ducados y que no se 
havía visto campaña y sitio ni más rico, abundante 
y de maior conveniencia. 

Repetían los asediados las surtidas, y el día de San 
Juan hicieron una, llegando hasta el quartel de S. A., 
que obligándole á montar á cavallo y xocar con no 
poca furia, asistióle á su lado D. Juan Calvo, cavalle- 
ro catalán, y por haverse empeñado tanto los castella- 
nos se perdieron muchos entre presos, eridos y muer- 



252 
tos; pero S. A., que tirava á rendir la plaza por ham- 
bre, restituyó en ésta y demás ocasiones los prisione- 
ros y eridos á la plaza para que fuera maior el número 
de los víveres. Pegóse fuego por dos ó tres ocasiones 
en las barracas del Rey, qne era el de S. A.; y presu- 
miendo era conspiración porque hacía surtida la plaza 
en esta coyuntura, mandó en una, pena de la vida, que 
ninguno dejase el puesto, temiendo que la numerosi- 
dad del enemigo daría que temer, como le obligó á 
tomar el cavallo y xocar hasta retirarlos á la plaza; 
quemáronse ducientas barcas y valor de más de cien 
mil ducados; pagaron algunos con la vida el indicio 
de tener parte y conspirar en los incendios, con que en 
adelante no sucedieron más. 

CAPÍTULO 9.^ 

BUELBE DE PARÍS DARDENA, IIACE SU EMBAJADA Y LO QUE DE ELLA 

RESULTA. 

Ya en capítulos antecedentes queda insinuada la 
partida de D. Joseph Dardena, General de la cavalle- 
ría catalana, á París, el día de San Andrés, 1645, pa- 
ra negocios particulares, y que además los Consisto- 
rios de Diputación y Ciudad le hicieron poderes y die- 
ron algunas instrucciones de puntos coDcernientes al 
bien público y materias de la paz para conferirlos 
con S. M. y sus Ministros; pero es de notar que quan- 
do este cavallero partió se hallava Diputado ecco. Don 
Gispert, Abad de San Pedro de Galligans, sujeto que, 
por cómplice en la interpresa de Barcelona y mui afec- 
to al Rey Cathólico, fué preso y llevado al castillo de 
Salsas, seis meses después de estar en París Dardena. 
Las instrucciones que los Comunes deliveraron se die- 
sen á Dardena y al Dr. Martín, embiado á París, fue- 



253 

ron para que se instase con todo esfuerzo con la Rei- 
na Xpma. y sus primeros Ministros que en el tratado 
de paces que se esta va disponiendo en el Congreso de 
Manster entré las dos Coronas no se permitiese que- 
dara Cathaluña al Rey Cathólico, y que se le hiciese 
constar de algunos dros. que, por la antigüedad, ha- 
llavan tenía el Xpmo. á la provincia de Cathaluña. 
El Diputado ecco., llevado de su afecto al Rey Cathó- 
lico, trocó las instrucciones y despachos que dio á 
Dardena en quejas contra Mosiur de Marca y de Don 
Joseph Margarit, abominando de su gobierno y repre- 
sentando convenía mudarlos (quizás para que en otros 
sujetos hallasen más cavida sus intentos), y esforzan- 
do esto con otras razones y ponderaciones de que era 
en detrimento de la provincia no hacerlo. 

Continu^ase en Munster la Dieta de las paces ge- 
nerales y controvertíase entre los nombrados por las 
dos Coronas fuertemente el punto de lo de Cathaluña. 
Ajustáronse España y Olanda, concluyendo paces por 
veinte años (ó treguas). Lo mismo proponía Francia, 
alegando derecho á Cathaluña, y que por Lérida, Ta- 
rragona y Tortosa, que ocupava España, daría Fran- 
cia, en Flandes, las tres plazas que quisiese, y que asi- 
mismo cedería todos los dros. que tenía al reyno de 
Navarra, y que hiciese lo mismo España de Cataluña: 
no coii vinieron, porque cada parte reconocía lo que le 
convenía Cathaluña; propúsose que durando la guerra 
hasta Navidad, cada uno quedase con lo que ocuparía, 
y que el comercio quedase en Cathaluña de ciertas mer- 
caderías con las naciones: este punto se dijo á Dar- 
dena y Dr. Martín en París, y que asintieron á él sin 
dar parte ásus principales; todo esto y la falsedad de 
las instrucciones se aclaró con la venida de Dardena, 
que, haviendo llegado á primeros de Junio, vistóse en 



254 
campaña con S. A.; hizo relación á los Consistorios en 
compañia de Marca el 16 de Junio: en vista de ella, 
resolvieron instantáneamente revocar al Dr. Martín 
los poderes y deponerlo de Asesor de la Baylia, sacan- 
do en su lugar á Micer Gisteller; que se despachasen 
correos á París dando noticias de todo, y esforzase de 
nuevo no quedar á la ovediencia de España: executó- 
se luego todo, y después se nombró, en lugar del Doc- 
tor Martín, á Francisco Puigener, ca vallero de mucha 
viveza, experiencia y actividad, y que se esperava sa- 
vría dar cobro á negocio tan importante. Partió en 
breve á París con todos los poderes ó instrucciones 
necesarias. 

CAPÍTULO 10. 

O 

COPIA DE REALES CARTAS A LOS CONSISTORIOS DE DIPUTACIÓN Y CIU- 
DAD; RESOLUCIONES DE ÉSTOS Y EMBAJADA A PARÍS; TOMA DE LA 
CIUDAD DE CONTRAY; LEVAS DE GENTE. 

Señor: Los españoles, para poner disensiones entre 
el Rey y los confederados, han hecho entender á los 
Príncipes medianeros de la paz, ó por mejor decir, á 
sus embajadores en Munster, que el Rey Gathólico 
ha vía remitido las condiciones de la paz al Rey nro. 
Señor; y al mismo tiempo han echo entender contra 
toda verdad á los olandeses que su Rey estava conve- 
nido con Francia, con condición que el Rey nro. Señor 
casaría con la Infanta de España, trayéndole en dote 
los Payses de Flandes, mediando la restitución de Ga- 
thaluña, de lo qual es cierto no se ha tratado cosa algu- 
na en todo ni en parte. Después la Reyna nra. Señora, 
haviendo dado la respuesta á los Príncipes medianeros 
de la paz que S. M. remitirá las condiciones á la Ma- 
gestad Gathólica, con tal que considerasen el estado 



255 

de las cosas, las ventajas que Francia tiene de todas 
partes y los progresos que sus armas pueden hacer 
durando la continuación de la guerra, el Rey Gathó- 
lico ha concedido para conseguir la paz que Francia 
retenga quatro villas de los Payses de Flandes, es á 
saber: Baupama, Hedim, Santer y otra, con condición 
que le ha de restituir las provincias enteras y un gran 
número de ciudades y plazas fuertes que la Francia le 
ha ganado; que las fortificaciones del Casal sean arra- 
sadas, y que Francia haga con él Liga ofensiva y de- 
fensiva. 

Á que esta proposición ha extrañado á Sus Mages- 
tades Xpmas., porque piensan que España pretende 
han de dejar á Gathaluña, á cuya protección y defen- 
sa no faltarán jamás; de manera que los de ese Prin- 
cipado no tienen^que temer que se haga en el tratado 
de la paz que sea en perjuicio alguno suyo, supuesto 
que, á más de la inclinación que Sus Magestades tie- 
nen de defenderle y ampararle sin interés alguno, no 
podrán abandonarle sin recivir notable daño y gran 
perjuicio en sus estados. — Mosieur de Tallier, del 
Consejo del Rey ntro. Señor y su Srio. de Estado. 

Copia de cartas de S. M. Xpma. al señor Conde de 
Áncourt^ Virrey y Capitán general de Cathaluña, 

Mi primo: Vos veréis por la Memoria que va inclu- 
sa lo que se ha propuesto y negociado hasta de pre- 
sente en Munster por el tratado de la paz general en 
lo que pertenece á esta Corona con lo de Cathaluña; y 
porque yo he creído daría á conocer á los Diputados 
del Principado y Consejeros de Barcelona las buenas 
intenciones de la Reina Regente, Madama mi madre y 



2o6 

los mismos. Las ventajas de Gathaluña en este parti- 
cular: D. Joseph Dardena, su Embajador, ha sido mui 
contento de hallarse en disposición de poder partir por 
la posta á Barcelona por este fin; y sin esto, yo le he 
echo bien informar particularmente de una viva voz 
de todo lo que ha pasado en dho. negocio, y que la 
dha. Memoria conviene todo lo que se ha negociado. 
Yo he querido haceros esta carta por- el aviso de la 
Reina Regente, mi dha. Dama y madre, para deciros 
que mi intención es (no obstante lo que me aseí^^ura 
dho. D. Joseph Dardena, hará bien y con fidelidad 
todo lo que se le ha ordenado sobre dhas. cosas) que 
hagáis en bien de dar bien á entender y persuadir á 
dhos. Consistorios y á todos los que conoceréis ser con- 
veniente la sinceridad de mis intenciones en este par- 
ticular, el proceder de mis plenipotenciarios para la 
paz y que los intereses de Gathaluña y de mi Corona 
es una misma cosa. No hay motivo alguno que pueda 
obligar á separarme de los justos derechos de esta Co- 
rona sobre dicha provincia y las ventajas que recibi- 
rá este Estado por su conservación. Vos daréis bien á 
entender dentro los espíritus de todos aquesta mi in- 
tención, y lo mismo haréis al pueblo, de modo que 
ninguno lo pueda dudar, dándoles á conocer que las 
treguas de largos años próximo pasadas por el mismo 
efecto por mantener á Cathaluña como si fuera un 
tratado de paz, de que descansaré sobre vra. pruden- 
cia y acostumbrada afición, y dando orden al de Mar- 
ca de ajustar sus cuidados con los vros. para el mis- 
mo fin, como si fuera negocio que no se supiera lle- 
var con arto zelo y calor. Y no tengo que deciros más 
sino rogar á Dios que os tenga, mi primo, en su santa 
guardia. Escrita en Compinge á 13 de Mayo 1646. — 
Lilis. 



237 



Copia de carta escrita por S. A., desde el campo de 
Lérida, d los Diputados del PrÍ7icipado. 

Á más de lo que Mosiur de Marca avrá ya referido 
V. S. conforme que ha tenido de las últimas proposi- 
ciones que sobre lo de Gathaluña los Plenipotenciarios 
la Paz, hago á V. S. la presente para combidarle á 
admitir las eróicas demostraciones que el Rey nuestro 
Señor ostenta del amor y pasión con que afecta de todo 
á que este Principado en su ovediencia, pues que á 
fin de cobrar las plazas de Tarragona, Lérida y Tor- 
tosa, á echo ofrecer por los dichos Plenipotenciarios 

seis de las mejores plazas ocupadas por sus dentro 

de Flandes, y aun de renunciar todos sus derechos so- 
bre el realme de Navarra, cediendo á su dicha Mages- 
tad, con el tratado de la paz, esta provincia de Gatha- 
luña sin alguna reserva, y con orden á los dichos Ple- 
nipotenciarios, de hacer quanto les sea posible para 
hacer subsistir dicha proposición. Para lo qual, el Rey 
no puede con maior evidencia mostrar la mucha vo- 
luntad que tiene de mantener á su Corona en la pose- 
sión íntegra y pacífica de este Principado y sus con- 
dados, atento los profiere á un realme que es el anti- 
guo patrimonio de sus abuelos y de la casa de Borbón; 
y queriendo demás restituir seis plazas de las que 
aumentan más y aseguran mejor la frontera de Fran- 
cia á la parte de Flandes, que es á S. M. lo más sen- 
sible por la proximidad de la villa capital de su mo- 
narquía y de su avitación ordinaria, por tener tres 
dentro Gathaluña ó solamente dos considerando el buen 
estado de este sitio, teniendo todas esperanzas de un 
buen suceso asistidos que estemos de la Omnipotencia 

Tomo XXIV n 



258 

Divina. Al fin S. M. (Dios le guarde) no puede dar 
mejores pruevas del amor con que estima á éstos sus 
buenos y fieles vasallos. 

Quanto á mí, no savría con palabras explicar á V. S. 
el regocijo, contento y alegría que tengo por la parte 
que tomo en los intereses de la provincia, y porque 
con pasión singular y afecto tengan todas sus cosas 
felicísimo suceso: y así he dado en particular repeti- 
das á S. M. las gracias, prometiendo con algún fun- 
damento la dicha que me deseo, que es de ver estable- 
cida en este país una buena paz y toda la felicidad que 
V. S. desea, á quien guarde Dios. 

En el campo de Lérida d 27 de Agosto de 1646. 

IIen7vHque de Lorena. 

Con las primeras carias después de haver visto al 
Príncipe en la campaña, entró en Barcelona Dardena, 
y echas relaciones á los Consistorios y enseñadas las 
cartas del Rey y la Memoria que cita, oró el de Marca á 
los Consistorios, persuadiéndoles con diversas y efica- 
ces razones lo que contenían y lo que devían al Rey: 
esto movió á que de nuevo se hicieron representacio- 
nes para que de ningún modo quedase la provincia á 
España, sino que antes bien pusiese S. M. toda hechu- 
ra en ocupar las tres plazas ya nombradas. 

La Reyna Regente escrivió á la Ciudad una carta 
mui dilatada persuadiendo lo que se obra va por Ga- 
thaluña en el Congreso de Munster, disculpando á Don 
Joseph Dardena y D. Martín, que vino en breves días, 
y mostrando los esfuerzos que se hacían para sacudir 
á España de esta provincia; que havía llegado Puig 
Gener, oydosele su embajada. Esta carta corrió im- 
presa para que llegara á noticia de todos; también 



259 

pidió en ella hiciera la Ciudad algún esfuerzo para la 
conquista de las tres plazas: se le ovedeció, formando 
en breve un tercio de mil infantes, y para la maior 
brevedad se valió la Ciudad de los colegios, cofradías 
y magistrados, con que presto estubo en efecto, y se 
nombró por Maese de Campo á D. G-rao Alemán, y 
Sargento maior á D. Joseph Galbo, y los Capitanes y 
Oficiales maiores eran los más oficiales de diferentes 
oficios y soldados que havían servido en muchas cam- 
pañas. Á imitación de la Ciudad, las demás del Prin- 
cipado y todas las universidades hicieron quanto pu- 
dieron para formar unas numerosas levas, porque ade- 
más de las órdenes reales el de Marca persuadía mucho 
que el tratado de paces se concluía, ó importaba no 
poco para el maior logro de la provincia expeler al 
Castellano de ella y tener en campaña este verano un 
numeroso exército, (fon que á 14 de Agosto partieron 
de un golpe 600 infantes, y fueron continuando hasta 
cumplimentar el número de los mil, y para que lle- 
gasen al campo de Lérida descansados iban en sus ca- 
rros. Estimólo muchísimo S. A. 

Lunes 30 de Julio llegó carta de la R.eyna á la Ciu- 
dad con aviso de una memorable vitoria que havían 
alcanzado las armas Xpmas. ganando la ciudad de 
Centre, y en celebración de ella se hizo aquella noche 
salva real, y el día siguiente, con asistencia de los 
puestos, se cantó Te Deicm laudamus en el Aseo, re- 
pitiendo las salvas con artillería. 



260 



CAPÍTULO 11. 

ROGATIVAS POR AGÜA.-DESGRACIAS QUE CAUSAN LOS RAYOS.-LLEGA 
UNA GALERA DE LA SEÑORÍA DE GENOVA Y PIDE BASTIMENTO— JUN- 
TA ESPAÑA EL EXÉRCITO PARA SOCORRER Á LÉRIDA.-CRÜELDADES 
QUE HACE EL GOVERNADOR BRITOS EN LA PLAZA. 

El verano del año 1646 fué tan seco y estéril de agua 
que ocasionó muchísimas enfermedades y muertes, 
pues pasaron más de quatro meses sin llover poco ni 
mucho: á vista de la necesidad y aver ya vajado de su 
convento á la gloriosa Sania Madrona con la devoción 
y pompa ordinaria, recurrió la piedad al santo mártir 
San Gever, para ver si por su intercesión se aplaca- 
ría la Divina Justicia y nos socorrería con agua. Re- 
solvióse, según el eslilo antiguo, llevar su cuerpo en 
procesión el lunes 14 de Agosto 1646 al convento de 
Santa Clara, vestidos los texedores de lino blanco, con 
sus achas, á pie descalzo, costumbre antiquísima por 
haver sido el Santo de ese oficio: salió la procesión, 
asistida del Gavildo, y por los puestos que hoy mismo 
quando sucede semejante función suele ir; se encami- 
nó á Santa Clara, y dicho allí un solemne oficio se 
bolbió al Aseo por el Born y Platería. 

Como el estío havía sido tan seco, apenas se dispo- 
nía el cielo para llover se armavan tan fieras y orri- 
bles borrascas y truenos, que causavan terror y es- 
panto á los vivientes, disparando muchísimos rayos 
que, por no perdonar lo sagrado de los templos, refe- 
riré de dos: fué el primero una noche pasado medio 
Agosto, que cayó sobre la iglesia del Aseo, y trepan- 
do la bóveda, irió en el órgano, abrasando en él todas 
las teclas de madera y descomponiendo las de metal; 
salió por el lado que mira al altar maior, rompiendo 



26< 

una piedra gruesa que servía de vasa al arco de ma- 
dera en donde fundava aquella parte de órgano, con 
que vino todo el quarto aquél á tierra; pasó el rayo 
al arco de la capilla de Santa Eulalia, y sin hacer daño 
alguno feneció allí; entendida esta ruyna por el Se- 
renísimo Príncipe de Ancourt, de su volsillo dio mil 
escudos para ayuda de la reparación del daño, con 
que se procuró luego bolber á su primer estado. 

El día 28 de Agosto 1646 á medio día, desprendido 
otro rayo de una recia tempestad, dio sobre la iglesia 
del convento de Religiosas Gerónimas de Barcelona, 
y rompiendo la bóveda de una capilla que está á mano 
izquierda de un Santo Ghristo, irió por la caveza de 
la imagen, hechándola en tierra, y un brazo, y conse- 
cutivamente desprendida de la cruz, cayó la santa 
imagen sobre el altar. Ay en la capilla una reja que 
sirve de locutorio para las monxas, y se hallava á la 
sazón un cavallero hablando con una, que ambos que- 
daron desmayados del suceso; bol vieron á unir las 
partes de la imagen, y oy se venera mucho con terror 
de todos por lo que se dexa dicho. 

Poco después otro rayo pegó en las astas de la ata- 
la^'a de Monjuique, y fué preciso mudar una ó dos de 
las de parte de Poniente. 

Á 4 de Septiembre 1646, á medio día, se descubrió 
una galera que venía de parte de Mallorca; fuese acer- 
cando hacia el muelle, y á cosa de dos tiros de pieza 
disparó una de las suyas como haciendo salva, y em- 
pezó con llamaradas y otras señas á pedir alguna cosa, 
acercándose á un tiempo al puerto. Á vista de esto, los 
Gonselleres tuvieron junta en Lloxe, interviniendo 
Mosiur de Marca y D. Joseph Margarit y otros cava- 
lleros del Consejo de Guerra, y resolvieron con algu- 
nos marineros, á vista de haverse parado la galera, 



262 
que con alguna faluca fuesen algunos cavalleros y el 
patrón Ferrer á ver lo que era, qué pedía y qué se ha» 
vía de hacer con ella. Llegados á ella, reconocieron 
ser de la Señoría de Genova, y de su capiláa enten- 
dieron que haviéndole dado caza toda la noche y día 
antecedente quatro galeras de moros, siendo su viaje 
de Cartagena á Genova, para aligerarse para la fuga 
huvo de echar al mar la agua que trahian, las áncoras 
y otras muchas cosas, y que hallándose sin bastimen- 
tos para la chusma y provisiones, no obstante la gue- 
rra, se veía precisado á pedir salvo conducto, y con 
su dinero las provisiones de que se hallava falta. Bol- 
bió la faluca, y con ella un Gentilhombre genovés pi- 
diendo á la ciudad y Governadores lo que necesitava; 
resolvieron que siendo de la Señoría país neutral, se 
le diese con su dinero todo lo que pidiera. Y así orde- 
naron al patrón Ferrer que con gente de la Rivera y 
los esquifes naturales proveyera la galera de todo lo 
que pidiese: executóse, y á la tarde se hizo á la vela la 
galei'a sin haver entrado en el muelle ni disparado al 
partirse, que no lo sintieron, bien pues por agradeci- 
miento devía hacer la salva. Díxose pasava en ella un 
Embajador de la Señoría que venía de Madrid, y que 
llevava la galera mucho dinero y riqueza; ella llegó á 
salvo en Genova. 

Viendo el Castellano que Lérida estava apretada y 
que havía cinco meses que el Conde de Ancourt la 
tenía sitiada, trató de aprestar un numeroso exército 
para socorrerla. Hallávase el Rey Cathólico en Zara- 
goza con su hijo el Príncipe D. Baltasar, y así compu- 
so de diversas ievas y soldados veteranos hasta 14000 
infantes y quatro mil cavallos. Fuese juntando este 
exército en la villa y contorno de Fraga: venía por su 
General el Marqués de Leganés, gran soldado, de mu- 



263 

cha experiencia y valor y ardides. Marchó hacia Me- 
quinenza, y con un puente de barcas que fraya sobre 
unos carros, pasó todo su exército el río Segre el día 
28 de Septiembre de 1646 á dos legüecitas del campo 
de Lérida, y acavado el tránsito, levantó el puente y 
se lo llevó consigo el exército para lo que podía ofre- 
cérsele. Puesto el exército á esta parte, marchó hacia 
las trincheras del sitio, y llegando hacía la eminencia 
y llano que llaman de las Oreas, hizo alto y frente de 
banderas contra nuestro campo, desde donde dispara- 
ron algunos cañonazos á los del sitio; pero como nin- 
guno se atreviera á desamparar los puestos, y el de 
Leganés tubiese noticias que la plaza se mantendría 
aún algún tiempo, pasados dos ó tres días levantó el 
campo, y dejando el socorro en Torres de Segre con 
4 (¡D hombres de guarnición, se va jó con el resto del 
exército á la villa de Arbeca, en donde havía guarni- 
ción francesa. Pero presto la rindieron, porque á los 
primeros cañonazos la entregó el que la governava, y 
según se oyó decir la rindió por interés, porque se 
fué con los castellanos: avía en esta villa muchísimo 
trigo, vino y aceyte, porque la gente y lugares del 
contorno, fiados en la guarnición, lo retiraron allí 
todo; saquearon la villa; enrriquecióse el exército. 
Los granos y frutos se los llevaron con carros á To- 
rres de Segre. La gente de la guarnición se fué á las 
trincheras, y sólo el Cavo tomó el partido de España. 
Acampóse el exército castellano por el Urgel raui á su 
salvo; hízose dueño de la villa de Gasteldases, lugar 
fuerto: es de los cartuxos de la de Agramunt, donde 
hallaron infinitos trigos y otros granos; todo lo ba- 
rrieron; pasaron á Tarraga, villa mui abastecida de 
todo, y la cavallería llegó hasta las murallas de Ger- 
vera, plaza de armas nuestra, y en donde estava todo 



264 
el abasto, así de víveres como de pertrechos de gue- 
rra para el campo y sitio de Lérida; cortóse con esto 
el paso de poder socorrerse el campo sino por Gama- 
rasa y Pons, y esto con numerosos comboyes y mu- 
cha dilación; pero temiéndose el Conde de Ancourt lo 
que le sucedía, abasteció de antemano el campo, con 
que no padeció: el Castellano consiguió el mantener y 
enrriquecer sus tropas en país enemigo más de mes y 
medio, saqueando los pueblos que quiso, y aunque se 
dixo que pagavan todo lo que tomavan y que davan 
letras para hir á cobrarlas á Zaragoza, lo cierto era 
que nadie iba, que ellos pagavan poco ó nada, y que 
executaba no pocas extorsiones y crueldades. 

No es para disimular la que usó D. Gregorio Brito 
con los naturales de Lérida, Governador de aquella 
plaza, que, aunque política ardidosa y de buen solda- 
do, no escapa de cruel ó hija de su natural. Conoció 
que los mantenimientos se le iban acabando, y para 
aorrar el consumo procuró expeler del presidio la 
gente que no podía ser útil para las armas; esparció 
voz que el de Ancourt havía embiado un trompeta di- 
ciendo procurase que la gente no pereciese de ambre, 
y que así, pues, él no tenía acudiesen á él con esta 
traza al parecer piadosa; hecho una mañana de la pla- 
za hasta trescientas personas entre mujeres, niños y 
viejos; entendieron los franceses era alguna surtida; 
diéronles algunas cargas, pero á los llantos y ningu- 
na resistencia conocieron lo que era; despachó S. A. 
un trompeta, diciendo recobrase aquella miserable 
gente ó que él obraría de otro modo; despidió al trom- 
peta con decirle que obrase como quisiese, que él se 
defendería, y encarando los cañones contra el mísero 
y frágil esquadrón, disparó algunos con vala de mos- 
quete, dejando por blanco de los rigores aquellas ino- 



265 

ceníes vidas que estubieron tres , sin que unos ni 

otros les diesen que comer, sino algunos que oculta- 
mente les davan algún pan de munición y esto pagán- 
dolo á real de á ocho. Movido de piedad el de Ancourt, 
mandó entrar aquella gente en las trincheras: avía 
muchas mujeres de buen rostro y parecer, y las más 
doncellas, con que los Gavos franceses, á título de 
ampararlas, las recogían en sus tiendas y, quisieran 
ó no, las gozavan; entendiólo S. A., y echó vando 
pena de la vida que ningún Cavo recogiese mujer al- 
guna de las que ha vían salido de Lérida, y á éstas y 
todos los que con ellas salieron que marchasen del 
campo y se entrasen por Gathaluña. En tal desam- 
paro marcharon todos, aviendo perecido entre uno y 
otro campo más de sesenta personas. Executó esta 
inumanidad Britos, día 4 de Octubre 1646 y fiesta del 
Patriarca San Francisco. 

CAPÍTULO 12. 

SUCESO DEL GINESTAR; DISPONE LA PROVINCIA NUEVOS SOCORROS DE 
GENTE PARA EL SITIO DE LÉRIDA; MUERTE DEL PRÍNCIPE D. BALTHA- 
SAR; SALVA POR EL SUCESO DE DUNQUERQUE. 

La guarnición de la ciudad de Tortosa, que hera de 
castellanos, tuvo noticia que en la villa de Ginestar, 
lugar de la rivera de Ebro, que estava por Francia, 
avía poca gente, y la maior parte enferma, con que 
•resolvieron darle saco, y el día 5 de Octubre de 1646, 
con 400 mosqueteros y 60 cavallos, partieron á exe- 
cutarlo, y por distar poco de la ciudad, apenas ama- 
neció, quando estuvieron ya sobre el lugar; pero la 
gente del, aunque enfermiza, sacando fuerzas de fla- 
queza, se resistieron lo bastante para que no fuera 
general el saco, y poder combocar gente á repique de 



266 

campanas de los lugares vecinos y por propios, que 
por más que fueron diligentes y la gente en venir en 
su aiuda, no evitaron el que lo más de lugar lo entra- 
sen y violasen; pero aprobechóles poco, porque al 
quererse retirar por huir la furia de la gente, les pi- 
caron la retaguardia, de modo que, con pérdida de 
muchos soldados, les hicieron dexar la pilla, y si- 
guiéndolos hasta las mismas puertas de Tortosa, los 
encerraron bien escalabrados y bien desminuído el 
número de los que salieron. 

En el capítulo antecedente queda referido cómo el 
exército del Castellano quedaba dueño del campo de 
Urgel, y que su cavallería ó batidores llegavan has- 
ta Gervera, plaza de armas de nro. exército; y es 
cierto que si la embisten se la llevan de carrera, y 
que hubiera sido bien desgraciado suceso para nros., 
así como para el Castellano de gran consequencia: te- 
nía éste su real en la villa de Tarraga, una legua de 
Gervera; viendo esto el Conde de Ancourt, embió á 
Gervera por Cavo al Conde Rius, fiando de su valor y 
vigilancia la conservación de aquel puesto, en donde 
tenía todos los pertrechos y vastimentos del exército; 
despachó al mismo tiempo S. A. cartas á la ciudad de 
Barcelona y Governador Margarit manifestando el 
aprieto en que se hallaba, y que se hiciese algún es- 
fuerzo para socorro de gente, y. al Governador que 
juntase comboy de víveres y gente que procurase en- 
trarlo en las trincheras. Despacháronse los Jueces por 
la Provincia á esforzar las levas y juntar víveres con 
disposición de que se combocase en la villa de Igualada 
á toda diligencia, para desde allí pasar á Gervera ó á las 
trincheras. La ciudad juntó Consejo de Ciento, que re- 
solvió nueva leva de mil mosqueteros; y para que se 
efectuase promptamente, se valió de las cofradías y co- 



267 

legios, dando crecido sueldo y grande entrada. Logró- 
se presto, pues el día 26 de Octubre 1646 partieron 
pasados de 600 soldados, famosos mozos, y se conti- 
nuó el avío asta los mil. Por la Provincia no cesavan 
las levas y recoger ganados y yíberes para remitir al 
campo: el día 21 de Octubre salió el Diputado militar 
D. Juan Argensola para Igualada, acompañado de al- 
gunos cavalleros, en donde incorporándose con la 
gente de la provincia, havía de capitanearla y tomar 
las órdenes de lo que havía de obrar. 

El Governador Margarit no quedava ocioso mien- 
tras esto se disponía, pues dando diligencia en nego- 
cio que tanto importava, juntó dos comboyes crecidos 
y con abundancia de bagajes: ya que por el llano de 
Urgel no podían entrar, los encaminó el uno por Pons, 
Gamarasa y Balaguer, y el otro por las sierras y mon- 
tes de Pradas, que aunque tan fragosos y bien que con 
sumo trabajo llegó como el otro con felicidad al cam- 
po de Lérida; con que socorrido con estas dos entra- 
das, se sentía menos la vecindad del Castellano. 

Resolvió el de Leganés, á vista de estos dos soco- 
rros, embiar cavallería ó infantería á ocupar el paso de 
Gamarasa; pero así por estar fortificado y resistirse 
bien, como porque no embarazava con él el paso de 
Pons, aunque con maior ronda y travajo embió á to- 
mar la villa de Pons, resistióse ésta hasta tercera em- 
bestida; pero enfadado el de Leganés de tanta defensa, 
embió un numeroso trozo de tropas, á cuia multitud y 
esfuerzo se aturdieron la guarnición y los naturales, y 
sin resistirse se salieron por la parte de arriva, pasan- 
do el Segre y dejando casi desierta la población, abri- 
gándose al presidio de Gamarasa y sepultando unos, y 
otros llevándose lo que tenían y pudieron: entraron 
los castellanos, desquitando con el saco, violencias, 



268 

muertes y sacrilegios lo que se les havía defendido en 
las embestidas pasadas; quedó con esto el Castellano 
dueño de todo aquel partido y del de Urgel^ teniendo 
su grueso en Tarraga y llegando á vista de Gervera, 
que se escapó de milagro en el principio; pero con la 
entrada del Conde Rius con porción de cavallería é 
infantería, con el arrivo de la gente y quatro piezas 
de artillería que llevaron de Barcelona, que no havían 
ni aun una al principio, se puso la plaza en famoso es- 
tado, pues pasa van de 6® hombres de armas los que 
havía sin los naturales; súpolo el de Leganés, y arre- 
pentido de su descuido, se contentó con destruir el 
país áS granos y paja, que no fué de poco daño para 
el Principado. 

Estando en esta confusión de cosas, llegó nueva á 
Barcelona como el día 9 de Octubre 1646 avía muer- 
to en Zaragoza el Príncipe D. Balthasar, hijo único del 
Rey Cathólico, de edad de diez y seis años, Príncipe 
de grandes esperanzas, aunque de ánimo cruel; murió 
de enfermedad natural, dejando á España para la su- 
cesión con sola una hija, que si bien eredan á la Co- 
rona, dejan mil confusiones; hallávase, según se dijo, 
viudo el Rey, ó poco después murió la Reyna, con que 
trató luego su casamiento con la hija del Emperador 
y sobrina suya. 

Domingo 14 de Noviembre 1646 recivió la ciudad 
de Barcelona carta de la Reyna Xpma., en que avi- 
sava cómo sus armas, governadas por el Serenísimo, 
Príncipe de Anguien, hijo del de Conde, havían ocupa- 
do la plaza, fortaleza y puerto de Dunquerque, después 
de un proUxo y sangriento sitio, suceso de grandísi- 
mas consequencias é importantísimo á la Corona por 
lo fuerte y casi inexpugnable de la plaza: celebróse 
esta nueva con universal regocijo; hízose repetidas 



269 

gracias, y el día siguiente en el Aseo se cantó el Te 
Deum laudamus con asistencia de los puestos, conti- 
nuándose las salvas y en la gente el gozo; tomáronse 
algunos vajeles también en el puerto con mucha ar- 
tillería. 

CAPÍTULO 13. 

SOCORREN Á LÉRIDA LOS CASTELLANOS; LEVÁNTASE EL SITIO; RETÍ- 
RASE VENCIDO EL EXÉRCITO; PERTRECHA S. A. LAS PLAZAS; ENTRA 
BN BAR; SORTEAN CONSELLERES PARA EL AÑO 1647. 

Havía mes y medio que el Castellano mantenía su 
exército en el campo de Urgel, siendo dueño de todo 
el llano y teniendo como sitiado dentro del cordón y 
trincheras del campo de Lérida al de Ancourt con to- 
do su exército, pues sin gran riesgo no podría ser so- 
corrido, padeciendo con la estación del tiempo no poca 
incomodidad; dispuso el de Leganés en este tiempo, 
á fuerza de dinero, que ya suele España valerse de 
este medio, el poder socorrer la plaza mediando algu- 
na alevosía en Cavos franceses, que ya es en ellos pro- 
pio vencerse del interés, según se presumió y se seña- 
la, aunque de paso. 

Movió el Castellano su exército el día 21 de Noviem- 
bre 1646, dividiéndolo en dos porciones: una, de qua- 
tro mil combatientes entre infantería y cavallería, 
hizo pasar el río con el puente que llevava consigo 
por el mismo puesto que havía entrado; con ésta in- 
corporó el socorro que havía de entrar en la plaza, 
y con el resto del exército, al anochecer, hizo frente 
en el llano y eminencia de las Oreas, y puso batería 
contra nras. trincheras. Los nros., que desde los for- 
tines y línea del cerro vieron echar el puente y que 
pasavan tropas, juzgaron se retiravan, y alegres de 



270 
este juicio, les asaltó la novedad de los tiros y vérse- 
los delante: era la noche mui clara, porque favorecía, 
sin sombras, la luna. Á cosa de las diez oras de la mis- 
ma noche embistieron los castellanos por el fortín de 
Mosiur de Revé (de quien se presume la traición), y 
sin que se oyese un tiro de pistola siquiera, ocuparon 
las armas castellanas el fortín, y sin que se les hiciera 
resistencia alguna. Aliaron la artillería de él cargada 
de vala de mosquete; dio por disculpa Revé al cargo 
que havía despachado la gente con el seguro de que 
el enemigo se retirava dejando mui pocos soldados. 
Los fortines vecinos, reconociendo la novedad y el rui- 
do, empezaron á disparar y á vocear la gente de ar- 
mas, arma. Mientras la noticia llegó al fuerte real de 
S. A., que distava una legua, ya los castellanos ha- 
vían ganado otros fortines, y fortificándose no poco, 
en ambos empezó á cargar gente en el cerco y á cre- 
cer la confusión en todos por lo impensado del suceso. 
Los primeros tercios que llegaron fué el regimiento 
de la Marina y el tercio del batallón que governava 
D. Jerónimo Tamarit, y que murió en defensa de los 
fortines con valor y ánimo mui digno de memoria; 
aumenta vase el desorden y orror, porque todo el exér- 
cito estaba en arma, y como los castellanos eran tan- 
tos, no savia la gente dónde acudir; disparavan los 
castellanos la artillería con vala de mosquete, con que 
del batallón quedaron poquísimos á vida; de los regi- 
mientos de la Marina y Revé perecieron los más. Lle- 
gó S. A. con la gente para socorrer el puesto, y vien- 
do que los castellanos eran tantos dentro las trinche- 
ras, encaminó sus designios á impedirles el que no en- 
trasen en la plaza; pero quedó burlado, porque la 
porción de los quatro mil que con el socorro havían 
pasado el río embistió el cordón, y hallándolo despre- 



271 
venido, porque todos acudían á los fortines casi sin 
hallar quien los embarazara el paso, se entraron sin 
parar hasta dentro la misma plaza. Los sitiados, vién- 
dose socorridos, empezaron con voces y fuego á cla- 
mar Vitoria y á mostrar con señales estar dentro el 
socorro. Al mismo tiempo la cavallería que había en- 
trado, con la que estava en la plaza, salió á favorecer 
á los que havían ganado los fortines, haciendo no po- 
co destrozo en los nuestros. 

Viendo el serenísimo Conde de Ancourt tanto golpe 
y furia de cavallería, conoció estava socorrida la pla- 
za, y que era imposible ganarla, con que resolvió ins- 
tantáneamente tocar á retirar, como se executó por 
la parte de Balaguer con todo el exército, bien contra 
su voluntad y bien estropeado, pobre y fatigado, pues 
desde las diez de la noche hasta las quatro de la ma- 
ñana se estuvo peleando; y aunque la noche era cla- 
ra, la confusión y desorden ocasionó muchísima pér- 
dida de gente en todos. D. Joseph Dardena, General 
de nuestra cavallería, quedó erido en una pierna, y 
aunque curó, anduvo en muletas mucho tiempo. 

Gomo la retirada fué tan impensada y repentina y 
arrevatada, sólo se retiró una pieza, quedando en el 
campo más de 20 con las municiones, pertrechos, ví- 
veres y abasto que, ganada la plaza, avían de ponerse 
en ella; sin todo esto quedaron las tiendas de merca- 
deres y vibanderos, que era de imponderable valor, y 
todo junto de indecible aprecio, porque como el ene- 
migo iba siguiendo casi hasta Balaguer mismo, todos 
tratavan de aligerar para salvar la vida sin atender 
ni aun los Gavos á lo más preciso: el despojo lo reco- 
gió el Castellano, quedando vitorioso á costa de nues- 
tro dolor y sentimiento, perdiéndose S. A. en este 
lance por demasiado confiado, por ser el cerco y cor- 



272 
don mui estendido y porque en mes y medio no entró 
gente de recluta, y á ocasión de las humedades, fríos 
y malsano del país, murió mucha gente y muchos ca- 
vallos. 

Retirado S. A. á Balaguer, se hizo fortificar todo 
lo que permite el terreno y planta del lugar; guarne- 
ciólo y basteciólo lo que era menester para que el Cas- 
tellano no le ocupase, porque haviendo ido á la villa 
de Alguaire con artillería, la recuperó en pocas horas 
y amenazava á Balaguer, pero no se atrevió á embes- 
tirle. De allí con la demás gente pasó á Gervera, y de- 
jando allí las tropas y bien abastecido el presidio se 
partió á Barcelona, llegando domingo 16 de Diciem- 
bre 1646 con solos algunos Gavos; quiso la Giudad ha- 
cerle pomposa entrada, pero no lo permitió, con que 
sólo salieron los Gonsistorios, y al entrar en la ciu- 
dad se le hizo salva y al llegar á su casa: no bolbió 
mui alegre como el año antecedente, que bolbía vi- 
torioso del suceso de Balaguer, y ahora entrava ven- 
cido; pero llegó con salud, que los sucesos son varios, 
como dijo el otro, y podrá ser que no sea así el año 
siguiente. 

Para él sortearon Gonselleres el día de San Andrés 
de 1646: en Gap, Honofre Vila; segundo, el Dr. Alva- 
ro Boser, médico; tercero, Dr. Batista Borrel, mé- 
dico; quarto, Miguel García, mercader; quinto, T. Ri- 
quer, zirujano, y sexto, Francisco Ferrer Capa, pe- 
layre, y governaron todo el año. Y á éste se da fin 
con esto. 



273 



J^lSfO DJE 16 4^ 



CAPÍTULO 14. 

MADAMA MARGARITA DE LORENA PARE ÜN HIJO SIENDO VIRREYNA: 
SÁCALE DE PILA LA CIUDAD.-FIESTAS QUE SE HACEN POR EL NACL 
MIENTO, Y PARTIDA DE SUS ALTEZAS Á PARÍS. 

Ya diximos antecedentemente cómo el Serenísimo 
Conde de Ancourt trujo á Barcelona su muger, que 
entró á 7 de Febrero del año pasado, v que su avita- 
ción en las casas de los Duques de Cardona al llano de 
San Francisco. Quedó esta señora preñada quando el 
Conde salió á campaña: prosiguió felizmente el acha- 
que, y el día 9 de Febrero de este año con próspero 
suceso sacó á luz un hermoso niño que causó en el 
Príncipe singular placer y en todos particular albo- 
rozo; acudieron los puestos á dar las enorabuenas y 
paravienes á Sus Altezas, y al darle la Ciudad, y por 
ella los Conselleres, la enorabuena al Conde, les dijo 
S. A. que la Ciudad había de sacar de pila al recién 
nacido, y que ella eligiese la padrina que gastase, pues 
corría por su quenta el Christianismo. Los Conselleres, 
viendo esto, dieron luego parte al Consejo de Ciento: 
resolvió éste que en Junta de teólogos se viese cómo 
podía la Ciudad, siendo cuerpo fantástico, dar gusto á 
S. A.; se acordó que el Conseller en Cap, con los demás 
como cavezas de aquel cuerpo imaginario, podrían ser 
los padrinos: suscitóse otra duda en Consejo de Ciento 
sobre quién havía de ser padrina, para evitar la cong- 
nación espiritual con tantos; convínose también con 
parecer de los teólogos lo fuese una dama moza de las 

Tomo xxiv 18 



274 
principales de Barcelona, pues por el estado y calidad 
no se devía de desdeñar S. A.: nombraron á Doña Ma- 
ría de Rocaberti, señora de unos *diez y seis años (hija 
de D. Miguel de Rocaberti, ya difanto), que estava con 
su madre. Gombenidos ya todos en esto, dio el Consejo 
de Ciento facultad á los Conselleres para que en el 
fausto del Xpmo., fiestas y galas se gastase sin limi- 
tación y se hiciese con la maior pompa y grandeza que 
fuese posible. 

Señalóse para el bautizo el domingo día 24 de Fe- 
brero 1647, y tomóse así mismo resolución en esa Jun- 
ta por los Conselleres de las fiestas que havían de ha- 
cerse, y después de las ordinarias se deliveró celebrar 
la fiesta de la entrada de la Reyna de Catay, así lla- 
mada, y que por lo antiguo, costoso y no visto de los 
de aquella era, fué lo más que se pudo hacer; nom- 
bráronse los Gavos para la fiesta, á quienes la Ciudad 
costeó todas las galas y gasto; mandáronse labrar 400 
achas para el día del bateo, que siendo tan pequeños 
los días, era preciso supliesen las luces del sol las ar- 
tificiales y repetidas de las achas: llegó el día de la 
función, que era en el Aseo. Gombidó la padrina á to- 
das las señoras y damas de Barcelona, que ninguna se 
excusó ni dejó de prevenir para ese día la más lucida 
y costosa gala, corriendo á competencia unas á otras; 
y siendo la emulación la que en mugeres picava para 
lucir, excusado queda el ponderar lo rico, primoroso 
y brillante de joyas, galas y aderezos que ese día se 
vieron: el de la Rocaverti era una saya de raso car- 
mesí ú nácar, todo él cuajado de ñores á relieve de 
oro; el aderezo de joya y demás aderentes no tiene 
ponderación: partieron de Palacio las damas con el 
Infante al anochecer en repetidos coches y multiplica- 
das luces; llegaron al Aseo, en donde S. A., con los 



275 

Gonselleres y toda la nobleza catalana y francesa, re- 
civieron á las damas con obsequiosos rendimientos y 
continuada música; las galas de éstos no bay para qué 
ponderarlas, pues donde asiste nobleza, pundonor y 
medios, dicho se está que podía ser: el que bautizó fué 
el Dean Paulo del Roso; hizose la ceremonia que pide 
y permite la Iglesia con los magnates, y encaminados 
al presbiterio en donde estava el dosel y estrado para 
S. A., se concluyó allí todo lo que pertenece al Xpmo., 
que devían ser entre ocho y nueve de la noche; bol- 
bieron las damas á sus carrozas yrestituieron al Infan- 
te á su casa, comboyadas de la nobleza: el concurso de 
gente no hay para qué exagerarlo, pues con decir que 
ni aun las damas se libraron de verse agoviadas y en 
sumo aprieto, y que era función que no se ha visto en 
muchísimos años, queda bastantemente ponderado. 

Dejaron las señoras al nuebo Ángel en su casa, y 
retiráronse todos á las suyas á cenar para bolber lue- 
go al sarao que estava prevenido en el salón de San 
Jorge en la Diputación, donde es costumbre celebrar- 
se los festines: estava la pieza riquísimamente adere- 
zada, quaxada de luces (y lo mismo las otras de la 
casa); avía repetidos tablados para los puestos y con- 
curso de gente; dosel para Sus Altezas, que llegaron 
después de estar las damas (tan vellas y con las mis- 
mas galas como queda insinuado), y los Comunes de 
Ciudad y Diputación. La Serenísima Madama Marga- 
rita de Lorena asistió ostentando su natural hermosura 
y excediendo en gala y velleza á todo el esquadrón mu- 
geriero empezó el sarao, que duró hasta el día siguien- 
te á las diez de la mañana; los dulces, agua y grandeza 
que en él huvo, no es necesario describir quando la 
Ciudad hera quien lo costeava, y se save quán extre- 
mados son los catalanes en este género de festines. 



S76 



FIESTA DEL CATAY. 



Para el martes siguiente 26 del mismo mes se dis- 
puso la fiesta del Gafay en la plaza del Born: adere- 
zóse y compúsose ésta cuanto es decible de hermosos 
y vistosos tablados, sin dejar ni un palmp de pared 
que no se procurase aprovechar y ermosear, corrien- 
do en las bocas-calles los tablados, menos en la que 
entra por los Cambios y llano de Lluy; todo lo demás 
corría como se deja ver. Para SS. AA. se avía dis- 
puesto un hermoso valcón que boleava fuera de la 
pared vara y media, jaspeado á colores y dorado todo 
él, en el puesto que acostumbran las personas reales 
ver las fiestas; y porque antes no havía sido ventana 
y no se podía señorear la plaza, se hizo entonces el bal- 
cón de maderaje. En la misma cera, aunque á lo in- 
ferior al balcón, se dispuso un tablado muí espacioso, 
con algo de pendiente, que ocupaba todo el frente de 
la Gasa de Meca, hacia la calle de la Mantería: éste 
era para las damas y señoras de primera graduación. 
El concurso de gente que acudió á ver esta fiesta, que 
havía más de treinta años no se havía hecho, fué in- 
numerable, y bastará decir que los asientos y puestos 
de los tablados se pagavan á quarenta y cinco reales 
por persona. Los balcones, ventanas, terrados, cuteas 
y tejados, de donde podía descubrirse la plaza, eslava 
de gente con los cavellos en la caveza. 

Entraron las damas á ocupar el tablado que se man- 
dava por una ventana de Gasa de Meca, y en ésta ha- 
vía dos cavalleros que las recivían y comboyavan á 
su puesto: no havía almuadas, sino unas silletas pe- 
queñas; pero llenóse de modo que parecían ñores en 



277 
un ameno jardín, sin darse lugar unas á otras las ga- 
las y joyas. Considéreselas quien esto leyere quáles se- 
rían: estavan también en este tablado algunas damas 
de la familia de S. A., y no haviendo bastante sitio 
huvieron algunas señoras de apelar á balcones; siguié- 
ronse SS. A A. con sus hijos y primeros criados en sus 
carrozas, y ocuparon su balcón. 

Puesta ya la plaüi en forma, procuróse despejar de 
la gente, pero era por demás intentarlo: tal hera la 
multitud, sin que pudiese con ella Oficiales reales, 
guardia ni poder alguno, tanto que huvo de hacerse 
venir tres compañías de cavallería del batallón, que 
eran las que havían entrado en Barcelona para la fun- 
ción y fiesta del Catay: entraron éstas á brida vatida, y 
formando muchos caracoles y una escaramuza que dio 
mucho gusto á todos, despejaron la plaza y se dispuso 
la entrada de dha. Reyna, que serían las diez de la ma- 
ñana, y fué así: 

Entraron por la calle de los Cambios tres esquadro- 
nes de cavallería en guardia de la Reyna; seguían 
atambores, timbales, clarines, trompetas y chirimías 
á cavallo; después la cámara con sesenta acémilas con 
muí buenos reposteros, y de dos en dos un arriero con 
su librea. Dos á cavallo con vestidos más ricos, pero 
del mismo color, que represen tavan ser criados del 
acemilero maior, que venía inmediato, sentado sobre 
una silla y guarnecida y asida sobre el baste de una 
acémila, bien que iban dos criados á los lados susten- 
tando la silla para que al movimiento no cayese: éste 
era un cavallero gallardamente vestido con calzón, 
capotillo y monterilla de raso de nácar bordado, en 
traje de arriero con su charpa, calabaza y curriaca, 
todo guarnecido de plata, pero remedando á un ver- 
dadero arriero; venían después muchos reyes de ar- 



278 
mas de diversas naciones, hasta moros ó indios, ves- 
tidos cada uno ricamente al traje de la nación que re- 
presentava, con sus criados todos de librea á la mis- 
ma usanza; sucedían á éstos ocho cavalleros vestidos 
á la española, con ongarinas de terciopelo negro hasta 
rodilla, forradas en ricos brocatos y bueltas las aldas 
hacia tras: iban á cavallo en parejas con gualdrapas, 
los cavallos entallados de oropel(,econ diversidad de 
colores; menos que de dos en dos, así en la gala y co- 
lor de las libreas, iban iguales, y en el número de 
criados, llevando las quatro parejas los colores azu- 
les, verde, nácar y amarillo; entraron con sus masca- 
rillas y lamas doradas, porque havían de correr un 
estafermo; entrava luego la guardia de la persona con 
su Capitán de milicias tudesca, suiza, alemana y otras 
naciones, vestidos todos según su nación y con sus 
alabardas. Llegó inmediata la Rey na de Catay: ésta 
la hacía un donoso muchacho que venía en la misma 
litera que entró madama de Ancourt, descubierta y 
toda echa un asqua de oro, ricamente vestida de ver- 
de, con corona imperial en la caveza y riquísimas jo- 
yas; rodeavan la litera mucho número de meninos y 
criados de la Reyna á pie; tras de la litera venían 
mucho número de criados á cavallo con lucidas galas, 
representando varios oficios y puestos que tiene una 
casa real. Goronava esta entrada quatro carros triun- 
fales guarnecidos de entretallados de papeles de colo- 
res y oropel, y en cada carro venían seis cavalleros 
armados de punta en blanco, con su cabo ó padrino en 
cada carro: todo este acompañamiento, así como fué 
entrando, iba haciendo sus cortesías á SS. AA. y to- 
mando sus puestos en la plaza, y los carros las quatro 
esquinas de la plaza; en medio de ella se havía dispues- 
to un bosque de pinos y otro género de árboles, y es- 



279 

tando todo esto como se ha dicho, fingieron una caza 
de conejos; aves de diversas especies, hasta las perdi- 
ces, y muchos cazadores con perros y arcabuces, ya ti- 
rando al huelo, ya por tierra: coxieron mucha caza, 
porque como se soltaba allí de repente, no sería mu- 
cho. Goncluióse este divertimiento soltando un javalí 
que se tenía prevenido, y dando los perroe y cazado- 
res tras él, dio algunas bueltas el sitio; pero la multi- 
tud de la gente no dio lugar á que se gozase de esta 
fiesta. Concluida ésta despejaron el sitio, y salieron 
los ocho cavalleros que diximos á la española y co- 
rrieron su estafermo, ha viendo uno en cada cavo de 
la plaza: eran diestros, y en las parejas y lucimien- 
to pareció muy bien; remataron su exercicio con una 
vistosa y bien tramada escaramuza ó folla. Retirados 
estos ocho, salieron de los carros los cavalleros arma- 
dos con sus celadas puestas y sus libreas; dieron una 
buelta á pie por la plaza; acavada se dividieron én 
dos quadrillas, y plantada una baila ó tela en medio, 
tornearon un gran rato, acavando también con una 
folla ó escaramuza que dio fin á toda la fiesta, y bol- 
biendo á hacer sus cortesías, se salió el acompaña- 
miento con la orden y por el mismo puesto que havía 
entrado, yendo hasta la sala de Loxe, en donde se des- 
nudaron. Al venir partieron del llano de Lluy, y reti- 
róse el concurso de la plaza porque ya se hacía tarde. 
Estava dispuesto para esa misma noche un ostentoso 
y lucido sarao en el salón de San Jorge, aderezado de 
sus tapicerías, multitud de luces y tablados como sue- 
le hacerse. Concurrieron todas las damas y noblezas 
con ricas galas y costosas joyas, y á las diez, después 
de haver cenado, llegaron SS. AA. á ocupar su dosel 
en la testera del salón, y las damas de la Condesa en 
la tarima, y todo el estrado de las damas delante del 



280 

dosel. Madama es cierto que ese día hizo ostentación 
de ermosura, gentileza, afavilidad y prendas grandes 
de señora, pues sin agravio de las catalanas, excedía 
en todo á todas: salió ese día toda en trajo francés con 
un vestido de terciopelo labrado negro con ricos fran- 
jones de oro, mucha joya y su rebozo de bolante, que 
uno y otro hacía brillar más su blancura, nácar y ru- 
bio del rostro y rizos del cavello. Dióse fin con este 
sarao á las fiestas el miércoles, ya el sol salido. 

Los franceses, embidiosos ó émulos de ver lo que 
los barceloneses hacían en festexo y obsequio de 
SS. AA., hicieron correr la voz que dos días después 
de la referida entrada querían ellos hacer una fiesta 
por su quenta: dieron intención para que no se deshi- 
ciese la planta de la plaza. Pero, ó que no se atrevie- 
ran por no gastar, ó porque havían de quedar cortos, 
ó por burlarse de la nación, hicieron echadizo un co- 
rreo el día 27 de Febrero, con aviso de que el Gaste- 
llano havía tomado Gamarasa. A cuia noticia todos 
marcharon, y se supo después havía sido estratagema 
suya solamente para excusarse de la fiesta. 

Haviendo tenido noticias el Serenísimo Conde de 
Ancourt que queda va nombrado por Virrey y Capi- 
tán general el Príncipe de Gondó y orden con que le 
llamavan á París, dispuso su partida con muestras de 
mucho sentimiento y cariño de dexar á Cataluña: bien 
podía, pues devía lo que ningún otro Príncipe. 

Despidióse de la Ciudad y Diputación en sus casas, y 
el día 28 de Marzo, jueves, se salió á cavallo por la 
calle Ancha, Born y puerta de San Daniel, acompaña- 
do del Governador y mucha nobleza catalana, y ca- 
vallería que llevava la mira de esperar en Perpiñán 
al Príncipe de Conde; tomó el viaje por la costa del 
mar y Rosas: el día 30 del mismo mfes salió con sus 



28i 
lujos la Condesa en sus carrozas, 3^así ella como sus 
damas y familia, mostraron muchísimo dolor de ha- 
verse de partir y ausentar, y no se de ve admirar por- 
que estavan mui bien aliados todos y con salud y aga- 
sajados, y muéstralo lo mucho que havían obrado en 
el Palacio y lo que lo havían ermoseado, dejando en 
muchos escudos de sus armas la memoria de sus cari- 
ños, y en los corazones de infinitos mui perpetuas sus 
prendas: salió la Condesa por el mismo sitio que el 
Conde; pero llevó el viaje por el camino real hasta 
Perpiñán, en donde havía de encontrar á su marido y 
proseguir hasta París juntos. 

CAPÍTULO 15. 

ENTRA Y JURA POR VIRREY EL PRÍNCIPE DE CONDÉ.-LLEGAN TROPAS 
PARA EL EXÉRCITO. -OSTENTA EL PRÍNCIPE SU GRANDEZA.-SALE A 
CAMPA ÑA.-ATACA Á LÉRIDA Y SE RETIRA SIN TOMARLA. 

Luego que el Príncipe de Conde tubo la merced de 
Virrey y Capitán general, dispuso su partida de París; 
y sin esperar el fausto de su casa y familia, con unos 
seis á siete camaradas partió á la lixera tomando las 
postas; á medio camino ó pocas jornadas ó la última, 
antes de entrar en Perpiñán, se vio con el de Ancourt 
y confirieron el estado de la provincia, de las armas, 
de los naturales y de quanto avía de que informarse: 
era este Príncipe el segundo de la línea de los de la 
sangre real, porque según las etiquetas y privilegios 
de aquella Corona, sólo la casa y título de Orleans es 
la inmediata á la Corona después de los hijos del Rey, 
y en segundo lugar entra la de Conde. Era este Prín- 
cipe de algunos veinte y dos años; avía poco que su 
padre avía muerto, y no obstante la poca eda'd, havía 



282 

sido General algunas campañas en Flandes, y en la 
presa de Dunquerque se halló él por General de la ar- 
mada; era de los señores más acomodados de la Fran- 
cia; trailla consigo y por su Teniente al Marqués de 
Agramont, sujeto de madura edad, mucho valor y ex- 
periencia en materias de guerra, y otros Gavos y Con- 
sejeros de importancia. 

Haviendo la provincia entendido su arrivo, embió 
á la frontera sus Embajadores, Ministros y puestos 
para recivirle y tomarle la jura como es estilo. La ciu- 
dad hizo lo mismo según le toca, y señalóse para su 
entrada en Barcelona el día 11 de Abril 1647. Previnié- 
ronse todos para recivirle como á persona real; alistá- 
ronse los quatro tercios de las compañías de la guarni- 
ción, y señaláronseles los puestos acostumbrados: entró 
S. A. á cosa de las tres de la tarde por la Puerta Nueva, 
asistido de los Gonselleres, Diputados y Ministros como 
es estilo, y de muchos cavalleros catalanes rozando 
muchas galas; pero S. A. entró mui á la ligera y muy 
sencillo, porque sólo trahía hasta seis entre camara- 
das y criados, y sin nada de comitiva; su vestido era 
de un paño negro mui liso, y todo cuvierto de polvo 
del camino. Quando le vio así la gente, aunque lleva- 
va luto que parecía un estudiantino, empezó á correr 
la voz de que era algún hombre ordinario, y que que- 
rían dar á entender ser el Príncipe de Conde; encami- 
nóse por el Born, Sala de las Armas y calle Ancha, 
por el Regomí al Aseo á su jura, que hecha, vajando 
por la Plaza Nueva á la Rambla, lo conduxeron al pa- 
lacio en que havía estado el de Ancourt; repitieron las 
salbas de artillería y petardos como al entrar la Puer- 
ta; pero á los mosqueteros no se les perjuitió disparar, 
por evitar con alguna desgracia si los cavallos inquie- 
tavan: el semblante era afable y mui cortés. Los días 



283 

siguientes todo fué admitir enorabuenas de los pues- 
tos y conocer los genios. 

Gomo el Príncipe se vino de Francia tan á priesa y 
tan á la Jixera, no trujo consigo las tropas que se pre- 
venían para la campaña siguiente, aguardándolas, 
pero no mucho, porque el segundo día de Pasqua de 
Resurreción llegaron al muelle al pie de cien barcas 
cargadas de municiones y pertrechos de guerra y qua- 
tro mil infantes, sin los que cada día entravan por 
tierra, y mucha y buena oavallería que pasa va de lar- 
go, todo hacia Gervera, y así mismo esta gente y per- 
trechos havía de marchar el día siguiente. Gon que 
aquella noche parecía una Babilonia aquel muelle y 
Atara9ana, y un infierno según el ruido y confusión 
de carros y bulla de descargar y carrear y disponer 
para la marcha, porque apenas amaneció el tercer día 
de Pasqua, quando se empezó á salir de la Atara9ana 
un lucido exército entre gente, carruage y vagaje, con 
algunos cañones de campaña (que también havían ve- 
nido con las barcas): eran innumerables los pertrechos 
de guerra que se hallavan, y muchísimas barcas sobre 
carros para puentes sobre los ríos; salieron ese día 
cerca de siete mil infantes, toda bella gente, y apenas 
estubieron fuera la Puerta de San Antonio, cada reji- 
miento formó su esquadrón; salió el Príncipe á cava- 
lio á verlo todo, que como mozo y ardiente de espíri- 
tu, en todo quería hallarse; sucedióle al pasar por un 
rejimiento (según se dijo) que un soldado le havía di- 
cho Mosiur Baylanos del Argant, y apenas lo oyó 
mandóle arcabucear, y para excusar el perdón, dar la 
orden y al cavallo la espuela fué todo uno; marchó 
hacia la Cruz Gubierta mientras se executava la orden, 
que no tardó, pues amarrado á un palo lo despacha- 
ron luego á dos mosquetazos; bolbió el Príncipe, y 



284 

acavada la muestra, despachó las tropas que se alo- 
xaron aquella noche en aquellos lugares vecinos del 
camino, y el Príncipe se bolbió á su palacio, asistido 
siempre del Mariscal Agramont, su Lugarteniente y 
algunos Gavos: no se havía visto pedazo de armada y 
exército más lucido en todos los años pasados. La ca- 
vallería que pasava por el Valles era también lucidí- 
sima y en mucho número, porque se prevenía una 
gran campaña. Llegaron también 16 galeras y 14 va- 
góles: éstos quedaron en la playa y las galeras en el 
muelle, porque se discurría en ir sobre Tarragona, 
porque las tropas que venían eran muchas y havía 
deseo de obrar. 

Llegó á noticias del Príncipe el vajo j pobre con- 
cepto que de él se havía formado y de sus cortos me- 
dios ó mucha tacería (que nunca faltan chismosos), 
con que antes de salir á campaña quiso desvanecerlo 
y satisfacer á los incrédulos: ha víale ya llegado el 
tren de su casa, criados y libreas, y así al otro día, 
Pasqua, salió en público á oír misa á la capilla de 
Santa Eulalia. Llevó cien soldados de su guardia de la 
Garavina, con librea colorada y franxones de plata; 
los pajes y lacayos pasa van de ciento y subían de pun- 
to en lo rico de las libreas, galas y variedad de plu- 
mas: llevaban el contrapunto. Los camaradas y cria- 
dos de primera graduación en lo rico de los vestidos, 
mengalas y plumajes. El Príncipe llevaba lo alio en- 
tre todos, pues ni del vestido ni de la capa se pudo 
discernir quál hera el campo: tan rebutido iba de 
oro, que es cierto parecería de martillo, en lo salido 
y yerto, si estubiera la capa derecha en el suelo. 
Las carrozas y coches seguían en lo ermoso y rico 
con la gala del dueño: oyó su misa baxa en Santa 
Eulalia, y salió á pasearse por las calles, dejando á 



285 

unos gozosos y á otros suspensos de tanta grandeza. 

No se contentó con esta demostración el Príncipe, 
sino que, pasando á otra maior, el día 5 de Mayo por 
la tarde salió á pasear la Marina. 

Concurrieron á palacio todos los Cabos de primera 
línea y de otras que, como estavan en vísperas de sa- 
lir á campaña, todos asistían cerca de la persona, y 
salieron con S. A., mudando nuevas galas, pasados 
de ducientos Oficiales, sin la inmensa comitiva de pa- 
jes y lacayos con nueva librea, muchas y varias plu- 
mas y no menor número de ermosos y bellos cavallos: 
era un delicioso campo á la vista tanto número de 
gente con tanta variedad de colores y ricos vestidos, 
que no es posible hacer descripción de ellos por ser 
muchos, y el número de Mariscales, Coroneles, Maes- 
tres de campo, Capitanes, Tenientes y otros Oficiales 
mui crecido, pasearon toda esa tarde, que era domin- 
go, hasta que al anochecer volbíeron al Príncipe á pa- 
lacio y los demás se retiraron á sus casas. 

Quiso el Príncipe dar tercer desengaño á los incré- 
dulos de su poder y grandeza, y fué que haviendo re- 
suelto partir para campaña el día 8 de Mayo, el de 7 
por la mañana mandó que antes de salir de Barcelo- 
na el tren de su cámara y tiendas pasease por Barce- 
lona, y así salió por la mañana, discurriendo por las 
calles con la guardia de la Caravina, que pasaban de 
ducientos soldados con librea de paño colorado y fran- 
jones de plata: iban comboyando acémilas de altos y 
esforzados mulos, cargados de diversas cosas, con sus 
plumajes y riquísimos reposteros, y de dos en dos acé- 
milas, un mozo con la misma librea. Seguían muchos 
carros de á seis cavallos, cargados de diversas provi- 
siones para la campaña y cuviertos con sus vaquetas 
para detener la Ilubia é inclemencia del tiempo. Ve- 



286 

nía la cámara del Mariscal de Agramont, con cien 
soldados de Garavina, de librea amarilla, que se com- 
ponía de muchas acémilas y carros de campaña. Se- 
guía la del Intendente y Pagadores y Oficiales maio- 
res del exórcito, j concluyan un sinnúmero de coches 
de camino: esta tropa, que duraba de pasar dos oras 
largas por qualquier punto, paseó Barcelona, salien- 
do porción aquella tarde para la campaña y lo demás 
quedó, que no podía salir todo junto. Con estas de- 
mostraciones de grandeza (no vista aún en los Monar- 
cas) quedó el bulgo, no sólo satisfecho, pero corrido y 
atónito. 

El día 8 de Mayo, haviendo oydo misa en San Fran- 
cisco, partió aquella mañana el Príncipe á Monserra- 
te con la comitiva de los Gavos de la guerra y algunos 
particulares; hizo en aquel santuario sus devociones 
á la Virgen santísima, y sin detenerse pasó á Gervera, 
en donde de su orden estaban ya las tropas á punto 
de marcha. Llegado, pasó su muestra y hizo marchar 
las milicias todas hacia Lérida: llegadas allá, formó su 
campo y sitio contra la plaza, pasando la metad de su 
exército con dos puentes de las barcas que lleva va á 
la otra parte del río. 

Llegó la noticia á Barcelona de que el cerco estava 
sobre Lérida; la armada de mar marchó luego á Fran- 
cia; la gente y cavallería que iba llegando, que era 
mucha, marchava luego al campo, que como al Prín- 
cipe le estimavan y flavan mucho, las asistencias y 
socorros eran grandes; acá tampoco havía pereza, y 
que para el havío de las municiones no se contenta- 
van los Jueces con salir por la provincia á embargar 
vagajes, sino que las galeras y muías de los coches de 
particulares de Barcelona se toma van también, tra va- 
jan do sin cesar en el correo de municiones hasta que 



287 

se transportaron al campo; que como eran tantas, y el 
vagaje tanto, desde el amanecer hasta la noche no 
paravan en la Ataracana. También el Governador 
Margarit hizo montar quatro compañías de cavallería 
catalana con dinero y á costa del Rey de Francia; re- 
coxióla por la provincia, y sería en número hasta 260 
cavallos bien armados y famosa gente: era el Gover- 
nador de ella D. Gaspar Margarit, hijo del Governa- 
dor; pasaron muestra, y mancharon á Lérida el día 29 
de Mayo. 

S. A., apenas tubo la gente á la otra parte del río, 
apretó la plaza con quatro baterías que incesantemen- 
te la tiravan, aunque al plantarlas perdió mucha 
gente y artilleros; aprovecháronse y empezaron á fa- 
bricar y trabajar muchas minas y acercarse tanto, que 
los de una parte estavan ya en el foso. Los de la pla- 
za no dormían ni cesavan y disparar contra los gas- 
tadores, baterías y esquadrones, y en hacer numero- 
sas y sangrientas surtidas, ocasionando en los france- 
ses una gran pérdida: en una pereció el Ingeniero 
maior de Francia; pero ni con eso cesavan de trava- 
jar y acercarse ala plaza: en unas partes encontravan 
peña, en otras agua, en unas llevavan fiera zurra, en 
otras la davan, corriendo sitiados y sitiadores varias 
fortunas, y no cesando de una y otra parte de ofen- 
derse y defenderse quanto en humanas corresponden- 
cias cavia. 

Gaminavan las operaciones con esta celeridad y 
orror, ofreciendo á todos y esperando alguna gran fac- 
ción, porque estavan ya para jugar una mina y dar 
asalto á la plaza, según se publicava; llegó nueva á 
Barcelona, día 20 de Junio por la mañana, que el Prín- 
cipe havía levantado el sitio y retirado todo el exér- 
cito á esta parte de Termens y Villanueva; y como 



288 

estas resoluciones en los Príncipes tienen mucho de 
divinas, se discurrió variamente. Davan por motivo 
que queriéndola entrar por asalto y aventurar la gen- 
te que tenía, pasó muestra el Príncipe y alió le havía 
disminuido el exército siete mil hombres entre muer- 
tos y fugitivos, y que no tenía arta gente para la fun- 
ción; otros dijeron que sentido de que no le emhiaban 
de París toda la asistencia que le havían ofrecido y 
que noticioso de que el Jastellano junta va en Fraga 
un copioso exército y temeroso de que si llegava y 
allava con tan poca gente no experimentase algún 
mal suceso, quiso retirarse; otros daban otra causa 
menos decorosa y que toca va en la entereza: sea lo 
que fuere, él se retiró y esperó en Villanueva que el 
exército se retirase con buen orden y encerrase en 
Gervera los pertrechos y puentes. El Castellano soco- 
rrió la plaza de todo mui á su saibó y como quiso. 

CAPÍTULO 16. 

FORTIFÍCASE Á CONSTANTÍ Y SALOU.-ENTRA EN BARCELONA EL PRÍN- 
CIPE Y BUELBE Á SALIR LUEGO.— OCUPA EL CASTILLO Y LUGAR DR 
AGER, Y LOS CASTELLANOS EMBISTEN Á CONSTANTÍ. 

Retirado el exército á esta parte del río y Villanue- 
va, marchó el Príncipe á los lugares de las Borjas y 
Alberca, atrincherándose y fortificándose en ellas, y 
desde allí mandó guarnecer y bastecer los presidios de 
Balaguer y Flix y otros comarcanos de todo género 
de víberes y pertrechos, pues los tenía sobrados. Man- 
dó en el ínterin combocar de las villas y lugares de la 
provincia hasta quinientos maestros albañiles, sin que 
se les trasluciera el fin, hasta que teniéndolos los des- 
pachó al campo de Tarragona con un grueso pedazo 
de cavallería y el Mariscal Agramot, para hacerles 



289 

travajar dos fuertes á un mismo tiempo, el uno en 
Gonstantí, y el otro al puerto de Salou, para tener se- 
guro el desembarco y con eso asistir al de Gonstantí. 
La cavallería servía de escolta para que la guarnición 
de Tarragona no embarazase la obra, como de echo no 
se atrevió á salir. S. A. estava de escolta para que el 
exército castellano no pasase al campo y se juntase 
con los tarraconenses; el de Agramot iba y venía á 
conferir con el Príncipe lo que hera de utilidad. 

Mientras esto se travajava, dejando encargadas las 
cosas al Mariscal, se entró de secreto en Barcelona el 
Príncipe el día quatro de Septiembre á la noche, y 
estubo hasta el de 10 del mismo que bolbió á salir; 
díxose aver venido á conferir algunos negocios con la 
Diputación y Giudad, y lo mostrava las repetidas con- 
ferencias que se tenían. Partióse á Villafranca, y ese 
mismo día aerearon á Joseph Piferrer, natural de 
Barcelona, a quien por mal afecto havía desterrado á 
Genova; y no obstante que por haver quebrantado la 
m alienta le hicieron pagar 500 libras, aviándose des- 
pués pasado á España, lo cogieron en la última cam- 
paña de Lérida con un comboy que pasava á Fraga, 
y con vara de Alguacil real hiciéronle su culpa y ese 
padeció muerte: era famoso mozo y causó mucha lásti- 
ma. Reconociendo S. A. que los castellanos, ocupando 
la villa y castillo de Ager, ocasionavan no poco daño 
en los lugares circunvecinos y sujetos á sus armas, y 
que aunque se havía intentado tomar varias ocasio- 
nes, no havía tenido efecto por lo áspero del sitio y 
fragosas montañas, por donde no podía conducirse ar- 
tillería, resolbió á primeros de Octubre ir en persona 
con 400 ca valles y dos mil infantes, y para facilitar la 
empresa con mañosa industria, llevar dos cañones á 
espaldas de hombres por puestos, y en acémilas por 

Tomo xxiv 19 



290 

donde podían pasar. Llegados allá, plantaron la bate- 
ría haciendo fiera brecha, aturdiéndose los de la guar- 
nición porque juzgaron imposible lo que veían; rin- 
diéronse á buena guerra, y S. A. reparó lo que se avía 
derrivado y dexó muí buena guarnición, dio parte del 
suceso á la Ciudad, cantóse Te Deum laudamus y se 
hizo salva. 

Estando S. A. ocupado en lo de Ager, quiso la guar- 
nición de Tarragona intentar alguna operación con- 
tra los dos nuebos fuertes que se labravan contra ella, 
por serles ambos de gran perjuicio, y más el de Salou; 
pero llegó ya tarde, porque estavan en buena defensa 
y con artillería montada. Los que la guarnecían, que 
eran muchos entre franceses y catalanes, defendiéron- 
se con mucho valor y los despacharon bien escalabra- 
dos. A los de Gonstantí embistieron primero poniendo 
cerco, y porque no estava aún en toda la defensa nece- 
saria, sabiendo que el Príncipe, noticioso de su salida, 
mandava marchar al de Agrámente con un grueso de 
exórcito, dieron escalada al lugar; entró algún núme- 
ro de milicia; pero rechazaron con mucho esfuerzo, y 
viendo que llegava el de Agramonte, se retiraron á Ta- 
rragona no mui bien librados, y es cierto que si Totavi- 
la se descuida algunas horas más que lo arriesga todo 
con la surtida, porque le iba Agramonte álos alcanzes. 

CAPÍTULO 17. 

REFIÉRESE LO SUCEDIDO EN LA ENTRADA DEL DE AYTONA EN CATALUÑA 
CON EXÉRCITO; SU RETIRADA Á LÉRIDA; EL SEGUNDO SITIO Ó EMBESTI- 
DA Á CONSTANTÍN Y LA RETIRADA, Y VUELTA DE S. A. A BARCELONA. 

Hallándose en Tarraga el Príncipe con el Mariscal 
de Agramont, después de haver buelto del campo de 
Tarragona, tuvieron noticia el día 10 de Octubre que 



291 

el exército del Castellano, governado por el Marqués 
de Aytona, havía pasado el río Segre, y aloxádose en 
el llano de Lérida. Con esta noticia mandó S. A. jun- 
tar todas sus tropas, con ánimo y resolución de que 
si el Castellano entrava en el llano no aguardar otro 
para embestirle sin dejarle poner en postura. Al ano- 
checer vino otro aviso que ya el Castellano pisava el 
llano de Urgel, y se halla va aloxado en el lugar de 
Juneda, y según las muestras, de embestir á Arbeca, 
y el día siguiente por la mañana marcharon á la villa 
de las Borjas y se abrigaron de las mismas trincheras 
que los nros. havían fabricado el verano antecedente. 
S. A. marchó el día siguiente á Belpuche, distante de 
las Borjas tres oras de camino, llevando la mira de 
ocupar al otro día el sitio y lugar á Juneda, cortán- 
doles con esto el paso y embarazárseles el socorro de 
los de Lérida, provisión de víveres y impedirles la 
retirada para obligarles á dexar las trincheras y no 
poder excusar una batalla campal. Esa misma noche 
los batidores del Príncipe tomaron un Oficial de la 
guardia del Castellano, y dio por noticia que su Gene- 
ral, con el exército, estavan en forma de batalla y re- 
sueltos para embestir, para cuio efecto se havían con- 
fesado ya los Cavos principales: en vista de esto, el 
Príncipe, asistido de Agramont y del Varón de Marcin,, 
Teniente general del exército, con los regimientos de 
Dardena y Balthasar, pasó en persona á reconocer la 
postura y designios del Castellano, dejando orn. á las 
tropas andasen en forma de batalla, y á los Marisca- 
les de campo que velasen y executasen lo que él man- 
daría desde donde se hallase. 

No bien llega van los dos exércitos á distar media 
legua el uno del otrp el día 14, quando al amanecer 
oyeron disparar tres tiros de la artillería de Arbeca, 



292 
señal de que el Castellano, con la misma marcha, se 
retira va derecho á Lérida; despachó orden al exército 
para que á toda diligencia torciese la marcha hacia 
Lérida, mientras S. A. le iha observando los pasos con 
los dos regimientos, y caminando á la vista les echa- 
va partidas de la retaguardia á fin de detenerle y dar 
tiempo á que sus tropas se adelantasen y juntasen. 
Gomo la distancia de las Borjas á- Lérida es dos leguas 
menos que el Belpuche, y el Castellano empezó su 
marcha á media noche, haviendo emhiado adelante el 
bagaxe y artillería, y el paso que llevava era acelera- 
do, de las tropas del Príncipe, las que más se adelan- 
taron pudieron llegar al ponerse el sol á vista del Cas- 
tellano, que ya ocupava unamontañuela media ora de 
Lérida, 

El Príncipe, no obstante el abanze, tomando la ca- 
valleríá que havía llegado (porque la infantería venía 
lexos), quería empeñar al Castellano á que empezara 
el combate, porque si entrava en la huerta de Léri- 
da no podía lograrse, así por cubrirlo la artillería de 
la plaza como por la caudalosa acequia que está de 
por medio y servía de embarazo, y un margen creci- 
do que naturalmente era un cordón y fuerte trinchera. 
Para lograr este designio echó el Príncipe á mano de- 
recha, para ocupar la eminencia en que el de Leganés 
y el de la Mota tubieron aquel choque cinco años hace; 
el de Agramont tomó la izquierda, encaminándose á 
una ondura ó valle en donde se descubrían unos esqua- 
drones del Castellano en forma de batalla: el de Ayto- 
na, que hasta entonces sólo havía tratado de retirarse, 
viéndose cercado bolbió cara y se dispuso en campo de 
batalla; entre tanto, la cavallería francesa marchava 
hacia él, y el Príncipe tiró á ganar la. eminencia que 
ellos dejavan. Pero apenas estubo en ella, vio que el 



293 

Castellano con toda su gente se encaminava para el de 
Agramonte, encubiertos por una estrechura, sin que el 
Mariscal lo advirtiese, y temiéndolo así el Príncipe, le 
despachó unos cavallos á todo correr con el aviso, y 
aprovechóle, porque se puso con sus quatro batallones 
en defensa, á tiempo que á distancia de trescientos pa- 
sos vio al Castellano que le venía encima con espada en 
mano; y aunque mostró valor' para despreciar el ade- 
mán, no le huviera salido mui felizmente á no embes- 
tir el Príncipe por el lado derecho y hecho parar al 
Castellano con su arribo. Cerró la noche á esta sazón, 
y quedaron los campos con esperanza de combatir en 
amaneciendo. Pero el Castellano, que no buscava eso, 
se fué entrando con gran silencio y diligencia á la 
Huerta. Los nuestros le fueron siguiendo hasta la emi- 
nencia de Villanueva, y allí se pusieron en forma de 
combatir, pues estava ya nuestro exórcito junto: dis- 
paróse la artillería contra el Castellano; respondió la 
suya, pero sin dejar sahr ni un hombre de las trin- 
cheras; estubieron los nuestros tres oras largas en for- 
ma de batalla, hasta que cansados y sedientos por ha- 
ver caminado treinta y seis oras sin topar agua, hu- 
vieron de tomar puesto donde la huviese. A^ste tiempo 
el de Aytona con su exórcito bolbió á pasar el Segre, 
retirándose á Aragón, y S. A. se pasó á Belpuche. 

Al Castellano se le han preso y muerto algunos sol- 
dados en los revatos que se le dava á la retaguardia 
y dos cavallos del Marqués, uno de los quales le havía 
dado el Rey de España de los de su cavalleriza. Pero 
el Príncipe quiso andar tan vizarro que se los bolbió, 
en guío retorno el Marqués le regaló con un rico re- 
lox guarnecido de diamantes y una cadena de oro de 
mucha curiosidad y aprecio, dando al que se los lle- 
vó muy buenos guantes; refirieron algunos prisione- 



294 
ros que la artillería les havía echo muchísimo daño. 
La retirada del Castellano fué tanto más vergonzosa 
y acobardada quanto havía sido su entrada intempes- 
tiva, arrogante y llena de retos, pues públicamente 
decía havía de destruir nuestro exército ó hacerle re- 
tirar hasta Barcelona; pero tomó mal las medidas, pues 
le faltó paño para tanto vestido, y sólo se detuvo un 
día en el llano de Urgel; también le falló el intento de 
lo de Gonstantí, porque según se vio por algunas car- 
tas que se tomaron, el de Aytona embió orden al de 
Totavila para que le tomase, asegurándole que él con 
su exército combatiría el nuestro y daría tiempo y oca- 
sión para concluir con el presidio, pues vergonzosa- 
mente nos haría retirar hasta Barcelona. Totavila con 
este seguro, su infantería, quatrocientos cavallos y 
siete piezas, fué sobre Gonstantí y empezó á batirlo fu- 
riosamente. S. A., ya por las cartas cojidas y ya por 
los avisos, supo lo que pasava: tubo tiempo al otro día, 
retirado el de Aytona, de embiar al Varón de Marcin, 
Teniente general del exército; el Gonde de Brollo, Ma- 
riscal de campo, los rejimientos de cavallería de la 
Mota, Alez, Marín, la Gompañía de las Guardias y 
cinquenta hombres de armas y de infantería. Los re- 
jimientos de Mompullan, Perigort, Miropux y dos 
compañías de esguíceros del rejimiento de Rom para 
que hiciesen la salva á Totavila. Mientras éstos mar- 
chavan y se disponían, Totavila apretó á Gonstantí, 
de forma que por el barrio vajo abrió tres brechas y 
dio tres asaltos, entrando el lugar; retiráronse los na- 
turales y la guarnición hasta el castillo, y proseguían 
los españoles en atacarlos durante estas refriegas des- 
de jueves 24 de Octubre hasta domingo por la maña- 
na, que teniendo noticias (como la otra vez) de que iba 
Marcin sobre ellos, tuvieron forma de retirar la arti- 



295 

Hería, y á tanta diligencia, que no pudiendo hacerlo 
de la pólvora la pegaron fuego, y dexaron cantidad 
de valas y un carro de los de la artillería, salvándose 
ellos como pudieron; entró Marcin y mandó recuperar 
lo derribado, y dexó un buen socorro de víberes que 
el Intendente havía conducido, y acrecentó la guar- 
nición y municiones. Dóvese alavar el valor y resis- 
tencia del señor de Beaume, pues con tal constan- 
cia y ánimo rechazó por dos veces al enemigo, siendo 
tal su denuedo en las embestidas; y no contentándo- 
se con defender la plaza, lo embió siempre escala- 
brado. 

De las cartas cojidas y del ainco en querer tomar á 
Gonstantí, entró el Príncipe en juicio de que el de Ay- 
tona no quiso obrar repentinamente alguna acción, 
pues se estava á vista de Lérida y savia se havía em- 
biado al socorro de Gonstantí porción de las tropas, y 
para evitarlo, se aloxó las que le quedavan al contor- 
no de Vimbodí, puesto por donde havía de pasar el 
Gastellano; pero como sólo tratava de entrar las mu- 
niciones que havía sacado de Lérida y aquartelarse 
para imbernar, ninguna execución intentó, sino que, 
introducidas las provisiones en Lérida, pasó el río 
Ginca. 

S. A., viendo eso, trató de aquartelar su exórcito y 
disponer las materias de aquellos presidios á la maior 
combeniencia y venirse á Barcelona, dejando en cam- 
paña al Mariscal Agrámente para el govierno de las 
armas, y S. A., con algunos camaradas, entró el día 2 
de Noviembre ya muí tarde y mui de secreto. 



296 
CAPÍTULO 18. 

AUTO GENERAL CELEBRADO POR LA SANTA INQUISICIÓN EN EL BORN. 

Haviendo llegado S. A. y saviendo estava de parti- 
da para Francia, para que viese el cathólico zelo de 
los catalanes, que se castigan las eregías, que no se 
sufrían y que se administrava en justicia, se dispuso 
para el día 7 de Noviembre 1647 un auto general por 
los señores Inquisidores en la plaza del Born, la qual 
se dispuso de tablados como se refirió ya en el primer 
libro en otra función que se celebró el año 1627; el día 
6 á la noche colocó el clero de Santa María en un ta- 
blado, vajo un dosel, una cruz grande verde con seis 
candeleros, trayéndola desde la Inquisición en proce- 
sión solemne; el día siguiente, á las 8 de la mañana, 
salieron los Inquisidores, precediendo el estandarte del 
Santo Tribunal, á quienes seguían los familiares cali- 
ficadores en mucho número; después venían los In- 
quisidores y detrás los penitentes, con muchos oficia- 
les y comitiva. Llegaron á la plaza, y tomando los 
puestos, ocupó su balcón S. A. con el Governador, y 
dio principio á la función un religioso dominico con 
un vello sermón; concluido éste, se leyó el cartel que 
es estilo, y luego, pasando uno de los reos á un pulpito 
elevado algo en el mismo tablado, se empezó á leer los 
procesos de los reos: éstos eran siete hombres, cinco 
mugeres y dos estatuas de dos que havían renegado y 
se hallavan en tierra de moros: padeció muerte uno 
por sodomita, que después de muerto lo quemaron 
junto con las estatuas al Ganet, como se suele; los de- 
más era por echicerías, y dos veces, vibiendo el pri- 
mer marido y primera muger: á éstos, acavado de leer 



297 
SU cansa, á unos condenaron á azotes, otros á destie- 
rros, y el de muerte con las estatuas se entregaron á 
la Audiencia. Avía también un apóstata del orden del 
Carmen descalzo: entregado que se huvo al rejente el 
que havía de ser quemado, y sacado de entre los otros 
para el suplicio, llevaron los demás reos al tablado en 
donde estavan los Inquisidores, y puestos de rodillas ó 
postrados, mientras la capilla cantava el Psahno del 
Miserere, les davan con unas varas sobre las espal- 
das, y acavado, les dieron la solución y los restituie- 
ron á la Inquisición, y se concluyó con el auto no mui 
tarde. ^ 

CAPÍTULO 19. 

PARTE Á PARÍS EL CONDE.-SORTEAN CONSELLERES PARA EL AÑO 1648.- 
ENTRA POR VIRREY Y JURA EL CARDENAL MACERINO Y DICE DE PON- 
TIFICAL. 

El mismo día 7, acavada la función que queda re- 
ferida, se retiró S. A. á comer y despachó recado á los 
Diputados y Conselleres que se llegasen á Palacio, que 
deseava hablarles antes de partirse y que sólo se de- 
tendría hasta acavar de comer; fueron á palacio y de 
pie se despidió de ellos, y les aseguró les asistiría á la 
provincia con las veras que experimentarían, y mon- 
tando á cavallo á las tres, se salió de Barcelona mui 
á la lixera con sólo algunos camaradas, como havía 
venido, y aquella noche durmió en Granollers, toman- 
do de allí las jornadas para París. Su casa y familia 
salió poco después. 

El día de San Andrés, según es costumbre, se hizo 
la extracción de Conselleres para el año siguiente de 
1648. Sorteó Conseller en Cap J. Sagui y de Capella; 
segando, D. Rafael Casamitjana y Mora, Médico; 



298 

quarto, Aloy Planas; quinto, Francisco Reverter, No- 
tario; y sexto, Jayme Mur, calcetero, que governaron 
juntos todo el año siguiente. 

Año 1648. 

Haviendo partido el Príncipe de Conde, entró la 
Vicerregia, que duró dos meses y medio: en este tiem- 
po se tubo aviso estava nombrado por Virrey el Car- 
denal Macerino, Arzobispo de Ays, religioso dominico 
y hermano del Cardenal Macerino, Privado que fué del 
Rey. Vino el Privilegjo, rexistróse y se señaló día 
para su entrada á 28 de Febrero 1648, y que se le hi- 
ciese el recivimiento que á los demás. 

Llegó el día señalado, y salieron los Ministros y Di- 
putados á recivir á Su Eminencia hasta la Cruz de San 
Francisco: diéronle allí su bienvenida y norabuena, 
acompañándole hasta encontrar con la Ciudad, y des- 
pués con ella como es costumbre. Al entrarla Puerta 
Nueva disparó la artillería y muchos petardos que es- 
ta van prevenidos, formando los soldados de los tercios 
calle á dos lleras por donde pasó, que fué Capilla de 
Merens, calle de Moneada, Born, calle Ancha, por los 
Encantes y Regomí al Aseo, de donde echó el jura- 
mento; salió por la Plaza Nueva á la Puerta Ferriza, 
Rambla y Dormitorio de San Francisco, á su palacio; 
al entrar en él se repitieron las salvas; en cada plaza 
ó puesto anchuroso avía esquadrón formado de los 
tercios, y por no sé qué encuentro que los Maeses de 
Campo tubieron con los Conselleres, no concurrieron 
con sus tercios, y solos los Ayudantes, aun sin Sar- 
gento maior, huvieron de esquadronar la gente: de 
esta suerte comboyaron al Cardenal hasta su casa. Era 
Su Eminencia joben, de buen aspecto y humano; no 



299 

traía mucha pompa por eclesiástico: venía por su ca- 
marada el Obispo de Orange, también dominico; en- 
tró á cavallo sobre un hermoso y andaluz cavallo con 
gualdrapa de terciopelo carmesí con franxa y guar- 
nición de oro; su vestido era de Cardenal, en que no 
pudo haver gala, y por razón de Arzovispo llevava 
cruz alta y maza de plata sobredorada, con el escudo 
de sus armas delante. Por ser el cavallo algo inquieto 
y no estar hecho á ir á cavallo, se dio orden á los mos- 
queteros que no disparasen. La carroza que trahia 
para la persona era donosa; el maderaxe negro. Los 
cavos seda morada y oro; muy grandes cristales guar- 
necidos en bronce dorado, que parecía una asqua de 
oro á trechos; la clavazón era de lo mismo, grande: 
tirávanla seis frisones castaños, que con guarniciones 
de vaqueta negra, franxas moradas y evillas de bron- 
ce, formavan á la vista una hermosa diversión. 

Venía en ia carroza la familia de escalera arriba: 
el traje era calzas atacadas. La librea de los lacayos 
era negra y cabos morados. La de la guardia de la 
caravina, que eran al pie de cien soldados, de paño 
colorado y cruces de Lama de plata: no eran los cria- 
dos muchos, pero lucidos, y los más italianos, que 
como su amo lo era, estava aficionado á la nación. 
Gomo el Cardenal era religioso dominico y entró cerca 
de las fiestas de Santo Thomás de Aquino, quisieron 
los religiosos les celebrase ese día. Saplicáronselo, y 
admitiólo. Llegó el día, y haviendo convidado á los 
Conselleres dexaron de concurrir porque Su Eminen- 
cia hizo poner dosel en el presviterio á la parte de la 
sacristía; corrieron recados de Su Eminencia á los 
Conselleres y de éstos á Su Eminencia, replicando que 
no sufría dosel la Ciudad si no era para el Rey; ale- 
gava ser Príncipe de la Iglesia y que devía ponerlo 



300 

en donde hacía función pública. Ello no concurrió la 
Ciudad con Su Eminencia en puesto público mientras 
estubo en Barcelona. 

Vistióse Su Eminencia vajo el dosel con las cere- 
monias que suelen los Arzobispos, y celebró su Ponti- 
fical asistido de dos Dignidades y dos Canónigos del 
Aseo; predicó el maestro Tapias, de San Benito. El 
concurso y la fiesta fué grande, ese día por muchas 
circunstancias que será ocioso el referirlas. Coronó el 
día la entrada del General de los Dominicos, que llegó 
esa noche al acavar la procesión. Venía de Castilla, y 
por llegar ya noche, la multitud de las achas de la 
procesión suplieron las luces del día. Reciviéroülo con 
cruz alta los religiosos, y conducido al altar maior, 
echa la oración, visitó la reserva, y después sobre la 
sepultura de la Comunidad cantaron un responso; pasó 
á la capilla de San Ramón y oró al Santo; buelto al 
altar maior, sentado en una silla, le besó la mano toda 
la Comunidad de religiosos y se retiraron á sus celdas, 
quedando la religión dominica mui gozosa, pues tenía 
á un tiempo su General, un Virrey y un Obispo de su 
Orden en Barcelona. 

CAPÍTULO 20. 

JUBILEO PLENÍSIMO POR CAUSA DE LAS GUERRAS QUE CONCEDE EL PON- 
TÍFICE.— CUÉNTASE EL ESFUERZO DE UN CAVALLO Y ROTURA DE LA 
BARRA DE LOXE Ú LOS ENCANTES, Y LO SUCEDIDO CON DOS GALERAS 
GENOVESAS QUE PASAVAN AL CONDESTABLE DE CASTILLA. 

El Pontífice Inocencio décimo alió la Iglesia mui 
apretada y la christiandad padeciendo crueles y san- 
grientas guerras. El Moro se havía apoderado de Can- 
día y aquella isla proseguía en hacerse dueño de los 
países venecianos, amenazando su ambición á maio- 



301 

res empresas. Los Príncipes christianos estavan todos 
con las armas y las batallas entre sí cada día; y para 
ver si por medio de las oraciones se servía Dios de 
aplacar su Divina Justicia y mejorar el estado de las 
cosas abriendo los tesoros de la Iglesia, concedió un 
Jubileo unibersal y plenísimo con reservación de solos 
tres casos, mandando en él que para ganarle se ayu- 
nase tres días, se confesase y comulgase y se asis- 
tiese á una procesión general que havía de hacer la 
iglesia maior de cada pueblo, y el que no pudiese asis- 
tir visitase una iglesia. Publicóse este Jubileo en Bar- 
celona el 21 de Abril, y el miércoles siguiente se hizo 
la procesión como la del Corpus y aun con maior con- 
curso: en lugar de la reserva llevavan una efigie de 
la Verónica, y las dos semanas consecutivas se visi- 
taron las iglesias, hicieron muchas devociones y pe- 
nitencias para que Dios nos consolara y diera perma- 
nente paz. 

Por cosa digna de admiración se deve referir el es- 
fuerzo de un cavallo, que á no haverlo visto yo pu- 
diera tenerlo por fabuloso. Vendía un hortelano un 
rocín ó cavallo que tenía de mui buena casta y mucha 
fuerza á un mosiur primer día de Mayo para llevár- 
selo á campaña, y después de visto y reconocido en el 
llano de San Francisco no se pudieron convenir en el 
precio: pedía el dueño 25 doblones; el francés sólo 
quería dar 20: no ajustándose, se lo llevaba su dueño 
á casa, que vibía á las Huertas de la Puerta Nueva, y 
al pasar por la fuente del Ángel, ó que el albardón le 
hiciese cosquillas ó que se espantase, tomó la carrera 
furiosa, y sacudido el peso del dueño, desenfrenado 
dio hacia las barras de- ierro de los Encantes, y dando 
de pechos en una, no obstante, su doblez, pues pasa de 
ser como la moñeca de qualquiera brazo, la tronchó 



302 

por medio qual pudiera si fuera una dévil caña, que 
siendo corto el ámbito hizo no sólo estremecer las de- 
más, sino que diera lugar una sortija del Pilarillo más 
vecino; pasó por medio de la rotura y á pocos pasos 
caió muerto y rebentado; el varrón de hierro, de su 
mismo esfuerzo, se vino á juntar pasado el cavallo, 
que sólo está de abierto alguna mano; él se deja ver 
de todo, porque está bien en público, y á no haver 
visto el lance se me hiciera dudoso. 

Día 5 de Mayo llegaron al puerto dos galeras de la 
señoría de Genova, que trahían al Condestable de Gas- 
tilla que pasava de Italia á España; venían con pasa- 
porte de la Reina christianísima, y con ese salvo con- 
ducto fué costeando toda esa provincia. Llegaron de- 
lante del muelle y saludaron la tierra; respondióles el 
baluarte, pero no parecían bien; entraron en el puer- 
to y dieron fondo; apenas la Ciudad supo el personage 
que trahían, sospechándose que la detención por las 
costas no sería conveniente, hicieron entender que 
criados del Condestable ni pasagero alguno se osara 
entrar ni desembarcar, que si necesitavan de mante- 
nimientos ó qualquier otra cosa la pidiesen, que se les 
daría, y para que se observase esta ley, puso la Ciudad 
sus guardias en la puerta del Mar y muelle. El Carde- 
nal Virrey, que por estar desabrido con los Conselle- 
res estava en una torre cerca de Sarria, apenas supo 
el arribo de las galeras entró en la ciudad, que, según 
lo que se bió, ó tenía orden ó deseava ospedar al Con- 
destable, porque embió recado á la Ciudad tubiese en 
bien de permitir desembarcase el Condestable. Juntó- 
se Consejo de Ciento, y resolvieron que no sólo el Con- 
destable, pero ni criado suyo ni otro pasajero alguno 
intentase desembarcar, que no estava tan lexos Ta- 
rragona. Viendo el .Cardenal esta resolución, no re- 



303 

plicó, sino que con su Secretario dio quenta al Con- 
destable de lo que pasava; sintiólo mucho, porque hiva 
algo desganado, y con el Secretario entró en la ca- 
rroza un Gentilhombre á hablar con S. E., que no se 
detubo media ora: el día siguiente á la noche carga- 
ron; pero al pasar la torre del rio se les movió viento 
contrario con algo de borrasca, que les obligó á bol- 
ber al puerto, en donde estubieron hasta el día 10. 
S. E. les hizo un abundantísimo presente de dulces y 
otras cosas esquisitas. El intento era desembarcar en 
Cartagena; pero por la poca salud, miedo de unas ga- 
leras de moros y no arriesgar la mucha riqueza que 
trahía, desembarcó en Tarragona, y con literas que 
embió á buscar á Barcelona executó su viaje por tie- 
rra á Madrid. 

CAPÍTULO 21. 

VASE EL CARDENAL MACERINO Y POR QüÉ. -ENTRA EN SU LUGAR EL 
DUQUE DE LOVIS, MARISCAL XANBERT.-SALE Á CAMPAÑA Y TOMA Á 
TORTOSA. 

Como el Cardenal Macerino vivía desabrido con los 
Comunes, Ciudad y Diputación, así por los puestos 
como porque era público vendía todas las provisiones 
y puestos, procurando solamente enrriquecerse y sin 
ser útil para la provincia y sus cosas; crecieron las 
quejas al Rey, y fueron tan repetidas y poderosas en 
el ánimo de S. M. tan piadoso, que luego vino, orden 
al Cardenal Macerino marchase á París, con que el día 
14 de Mayo partió á toda diligencia para la corte, y 
su ropa y familia la embarcaron en un navio para 
Marsella. 

Ya que se dice lo malo, no es razón que se calle lo 
bueno: poco más de dos meses fué Virrey, y en ellos 



304 

ana acción sola le acreditó de justiciero. Desde un bal- 
cón de su palacio vio un medio día que í'rancisco 
Guinart y Gerónimo Santa Gana arriva en la muralla 
tiraron al Bayle de Mataró, de que murió en breves 
oras; viéndolo, mandó á su guardia y á los que se ha- 
lla van. con él siguieran los agresores sin perderlos de 
vista; hiciéronlo, y sin que les valiera. el haverse aco- 
gido al sagrado de Santa Mónica, los llevaron á la 
cárcel, y aquella noche, para no dar lugar á la com- 
petencia, se les dio tormento y un garrote, amane- 
ciendo colgados en las oreas en donde havían cometi- 
do el delito: estos hombres, aunque eran acomodados 
y con mucha parentela en Barcelona, no hicieron mu- 
cho duelo, porque havían cometido algunas muertes 
y estavan cada día en pendencias é inquietando á to- 
dos, con que alavaron mucho la diligencia de quitar 
dos hombres tan dañosos á la república. 

Luego que el Cardenal salió, llegó avisos de estar 
nombrados para Virrey el Mariscal Xarles de Xam- 
bert. Duque de Lovis y Teniente de la Guardia suiza 
de S. M., que vino también mui de prisa á la lixera; 
rexistróse su privilegio, y se resolbió no se les hiciese 
en adelante las pomposas entradas que se hacían, pues 
se mu da van mui amenudo de Virrey y que se execu- 
tase como antiguamente con los Virreyes de Castilla. 
En esta forma se recivió, sembrando por las murallas 
algunas piezas y saliéndole á recivir los Ministros y 
Diputados hasta el molino de Carbonell, y después la 
Ciudad, aorrando tanto gasto superfluo; entró el Du- 
que á 5 de Junio arto temprano, y por venir á la li- 
xera se valió de los criados y libreas del Cardenal; 
entró por lá Puerta Nueba, y calles acostumbradas, á 
prestar su juramento en .el Aseo; de allí, por estar 
achacoso de la gota, sin rodeo se fué á descansar á su 



305 

palacio: era famoso cavallero; gozava poca salud; lle- 
gó después su familia arto lucida, y la librea color 
leonado con cavos de oro. 

Ya antes que el Duque entrase en Barcelona ha- 
vían llegado muchas tropas de infantería y cavalle- 
ría; y apenas llegavan, pasa van luego á Gervera y 
Santa Colonia, en donde esta va Mosiur de Marcin, 
buen soldado, que governava las armas, y haviendo 
hecho frente á Tarragona, marchó luego hacia Léri- 
da como si la quisiese sitiar. Estas variaciones tenían 
suspensa la gente; pero como el intento era otro quan- 
do vio la sazón, dividiendo el exército en dos partes, 
una para Flix y otra por esta parte del rio, dio sobre 
Tortosa. El Duque lo savia como quien obrava, pero 
callólo hasta el día 10 de Junio, víspera del Corpus, 
que sin esperar la celebridad del día, y pasándolo en 
Monserrate, partió por Santa Coloma á hallarse en la 
expugnación de la Plana, y dejando orden le siguie- 
sen las tropas, porque consigo sólo llevó su guardia y 
algo de cavallería. 

Nunca creieron los castellanos que las armas ene- 
migas intentasen tomar á Tortosa, así por lo extra- 
viado como por la dificultad que havía en conservarla 
estando tan distante y siendo frontera de Aragón y 
Valencia. Con esta confianza vibían descuidados, tan- 
to, que sirviendo de amagacén para las provisiones y 
pertrechos, tanto de Tarragona y Lérida como de los 
exércitos, sólo tenía de guarnición hasta seiscientos 
hombres; corrieron tan secreta la resolución y opera- 
cione&ípara este sitio, que cogió á los de Tortosa de 
improviso, pues nada recelaron hasta que se vieron 
delante la gente. El Duque de Lovis caminó con esta 
disimulación hasta que Marcin le avisó se hallava so- 
bre la plaza, y partió de Barcelona. Componíase su 

Tomo xxiv 20 



306 

exército de catorce mil infantes y quatro mil cavallos, 
toda buena gente: llegados á Tortosa, dispusieron á 
toda diligencia el cordón, líneas, trincheras, plata- 
formas y vaterías, y con la misma se procuró condu- 
cir por tierra y por mar á un tiempo los víveres, per- 
trechos y artillería. Último de Junio partió por mar 
un comhoy de quarenta barcas y dos baxeles que fué 
á parar á los Alfaques. El otro de tierra partió desde 
Santa Goloma de Querol y por Gambril; el de mar llegó 
primero, y entre uno y otro llevaron veinte cañones 
de batir y algunos de campaña. Mientras éstos mar- 
chavan y los sitiadores travajavan sus trincheras y 
lineavan el cerco, los sitiados, haciendo mofa y di- 
ciendo si havían empeñado la artillería para comprar 
vino, executavan algunas surtidas no poco dañosas á 
los franceses por cogerlos sobre las obras, y en otras 
llevavan arto que sentir. 

Llegó la artillería, y dióse priesa á plantar la bate- 
ría (que mucha gente y con gana travajan mucho); 
acudieron al campo muchos vibanderos con muchas 
provisioties. Día 10 de Julio empezó á jugar la bate- 
ría principal, que era de 14 piezas juntas, tirando in- 
cesantemente á toda ruina. Las bombas, granadas j 
valas atemorizaron á todos los sitiados, de forma que 
no sabían lo que obravan. La batería principal abrió 
una disforme brecha, y día 13 del mismo, que lo es de 
la traslación de Santa Eulalia, entre la una y las dos 
del día, que era domingo, mandó el Duque que el ter- 
cio de Mostaros, que era del batallón de los suizos, y 
el de Campaña, con compañías sueltas de otros reji- 
mientos, avanzasen á ocupar la media luna del Cavo 
del Puente. Executóse por tres partes á un tiempo, y 
con tal felicidad, que la guarnición atemorizada se 
puso en huida la ciudad adentro; siguieron los que 



307 
asaltavan clamando vitoria, y en un instante se hi- 
cieron dueños de la ciudad y sus murallas; la guarni- 
ción se retiró al castillo, y otros por las iglesias gri- 
tando misericordia; en esta entrada murió muchísima 
gente nuestra, porque después de haver entrado juga- 
ron dos minas que se llevaron dos calles enteras, y en 
ellas mucha gente nuestra. De suposición sólo murie- 
ron el Marqués de la Trusa y Mosiur Gorbí: el prime- 
ro era Governador de Rosas, mui rico, que havía 
años que estava en Cataluña; murió de un mosque- 
tazo en la caveza, Dárdena quedó erido en los pe- 
chos de una pedrada; debióse este buen suceso al ter- 
cio de Mostaro y al de los Balones, que fueron mui va- 
lerosos. 

Apenas se vieron dentro, quando empezaron á sa- 
quear las, casas y las iglesias, menos la cathedral, que 
pusieron salvaguardia; y aunque el Duque echó van- 
do, pena de la vida, que ninguna iglesia ni lugar sa- 
grado fuese saqueado ni violado, como los exércitos 
franceses se componen de todas sectas, no se vio exi- 
mida la religiosa en el retrete de su monasterio, la 
doncella en el de su casa ni la casada en el amparo de 
su marido, que no se viesen violentadas, sino todas las 
del primer estado peligró alguna, y quien ni por Dios 
ni por la justicia no dejó el sagrado de un cómbente 
libre, menos dejaría de saquear las iglesias; y aunque 
se arcabuceaban algunos, no fué posible detener tan- 
ta ambición de una gente sin fee y sin Dios. Ello duró 
el saco, según el que menos dice, siete oras continuas; 
otros dicen que veinte y quatro: ello es cierto que el 
saco fué general, que se vertió mucha sangre virgi- 
nal, que el exército se enrriqueció, que era orror oirlo 
referir á ellos mismos, y que, últimamente, quedaba 
desolada aquella mísera población, y así, crea el lee- 



308 
tor lo que quisiere alargar su discurso. Viendo S. E. 
que dexavan las casas yermas, y que por mar y tierra 
se llevavan las alaxas, hecho vando que quien se qui- 
siera quedar, quedase, y que las alaxas se vendiesen 
todas á los mismos naturales: muchas familias se pa- 
saron á Aragón y Valencia, y otras quedaron. 

Los castellanos que se havían retirado al castillo 
con su Cavo D. Diego Bruzuela, y el Ohispo, pedían 
unos pactos onrrosos; negóseles todo arvitrio por la 
cobardía con que havían huido, y así el lunes se rin- 
dieron á merced de señor, saliendo del castillo hasta 
quatrocientos hombres, todos de vizarro aspecto; al 
Cabo lo hicieron salir con una caña: de ese modo pasó 
con la gente por delante Barcelona camino de Fran- 
cia; el Obispo pasó á Valencia. 

No tienen ponderación las provisiones de granos,, 
municiones y pertrechos que se hallaron dentro, que 
como era el amagacén de los españoles para los exér- 
citos y plazas, se deja bien creer. Fortificaciones tenía 
muchas y buenas; pero como faltó valor y gente, y se 
le dio tanta priesa (porque para el día 25 decían ha- 
vía de ser socorrida), en tres días naturales y doce 
antes del señalado para el socorro se vio rendida. El 
Duque se detubo allí algunos días, haciendo reparar 
las fortificaciones y disponiendo lo necesario, y la 
dejó con tres mil infantes, algo de cavallería y un 
buen Governador, y aquartelando su resto de tropas 
entre el camino dé Tarragona, el de Urgel y la Saga- 
rra, se retiró á Barcelona, dejando á Marcin para que 
acavase de perficionar todas las materias, pues su va- 
lor é industria havía tenido tanta parte en este suce- 
so; entró S. E. el día 26 de Julio en Barcelona, por- 
que la gota lo tenía muí aquexado, y toda esa campa- 
ña lo havía maltratado mucho. Saliéronle á recivir 



309 

Diputados, Ministros, Gonselleres, Governador y mu- 
chos cavalleros y Oficiales de guerra, que, como ve- 
nía victorioso, todos le rendían obsequios; entró por 
la Puerta de San Antonio; disparó toda la artillería, y 
deseando que paseara las calles, se ha vían prevenido 
muchos calderones de tea por ellas y más de trescien- 
tas achas, por ser ya noche quando entrava; pero 
como S. E. venía aquexado del dolor de la gota, sólo 
llegó al Aseo á dar gracias, y de allí, por lo más bre- 
ve, se fué á descansar en su palacio, y no obstante 
eso, no se dejó de emplear la prevención de las luces, 
que parecían las calles como noche de luminarias. 

CAPÍTULO 22. 

FIESTAS POR EL SUCESO DE TURTOS A. —ENCUENTRO DE CANG Y CONSE- 
LLERES.-SACAN Á SANTA MADRONA k ESA SAZÓN. -SEGUNDAS FIES- 
TAS POR OTRA VITORIA. 

Para celebrar con fiesta la toma de Tortosa, esperó 
la Ciudad que llegase el Duque, y en haviendo llegado 
se deliberó en Consejo de Ciento se hicieran tres días 
de luminarias ó tres noches á costa de cada qual, y que 
así mismo se celebrasen tres solemnes Oficios en los 
tres días en la Aseo, por las almas el último, y los dos 
en acimiento de gracias, el primero al Santísimo Sa- 
cramento,' el segundo á Nuestra Señora y Santa Eula- 
lia, y el tercero, de difantos, empezó el primero de 
Agosto, que era domingo; y como siempre en este gé- 
nero de fiestas, y por esta causa Barcelona se ha es- 
merado, no fué menos en esta ocasión: era admira- 
ción discurrir por la Ciudad aquellas noches, y parti- 
cularmente la Vidrería. El Duque, no obstante su 
achaque de la gota, salió la segunda noche por la Ciu- 
dad en una litera descubierta, acompañado de todos 



310 
los Gavos de milicia que se hallavan, del Governador, 
de Dardena y toda la nobleza catalana y francesa, con 
ricas galas y muchas achas á cavallo. En los Oficios 
asistieron el Duque, Ciudad, Diputación y Consejos en 
público, conforme se acostumbra; el segundo día de las 
fiestas, como los Gonselleres aguardavan al Duque en 
el Aseo, al salir á recivirle Ciudad y Cavildo como es 
de costumbre, el Cavildo dio agua bendita á S. E., y el 
Arcediano y Sacristán lo cogieron en medio: ofendié- 
ronse de eso los Gonselleres, replicando allí mismo; 
respondió el Cavildo le tocava á él acompañarle hasta 
la puerta del coro y á la Ciudad el recivirle allí y 
acompañarlo hasta su estrado; suscitóse la disputa de 
eso y otras cosas, y S. E., enfadado de que no lo hu- 
viesen prevenido antes, se salió ante» de acavar la 
fiesta y se fué esa tarde á la torre del Arcediano de 
Santa María á Sarria, y aunque se interpuso para 
ajustarlo ,y también los Diputados, como adelante se 
dirá, no se consiguió por entonces, antes bien resultó 
que el tercer Oficio no quiso la Ciudad se celebrase en 
el Aseo, sino que en lugar de él repartió el día si- 
guiente por los conventos é iglesias trescientas libras 
para que se celebrasen misas rezadas. El Cavildo, sen- 
tido de esto, celebró el Oficio con toda pompa y so- 
lemnidad á costa suia. 

Corriendo así las cosas, era preciso por la seca ha- 
cer rogativas por agua, porque no sólo para el resto 
de la cosecha, sino para la salud, ymportaba que Uo- 
biese; y como el primer recurso es á Santa Madrona, 
concurriendo el Cavildo y Ciudad, estando el desabri- 
miento de por medio, para evitar la concurrencia de- 
liberó el Consejo de Ciento, hasta que las materias es- 
tubieran compuestas, que los Gonselleres y proómenes 
subieran á Santa Madrona, y descubriéndola ó sacan- 



311 

dola al altar maior con el Santísimo patente, hiciera 
celebrar un solemne Oficio, y que los días siguientes 
fueran por los conventos de religiosos á asistir y hacer 
celebrar una misa solemne, y que la tarde fuesen los 
frayles en procesión á la casa de la santa pidiendo 
agua. Executóse de esa suerte, empezando el día 7 de 
Octubre, y concluiéronse las rogativas el de 27, que 
subiendo los Gonselleres con la misma autoridad se ce- 
lebró otro Oficio y cantó Te Dewn laudamus y se re- 
servó el cuerpo de la santa. A estas funciones asistió la 
capilla de frayles franciscanos, que la tenían entonces. 
Tubo la Ciudad carta de la Reyna nuestra señora, 
con aviso de una célebre vitoria que el Príncipe de 
Conde havía tenido en Bohemia contra las armas del 
Emperador en una batalla campal, siendo entre am- 
bos exórcitos más de setenta mil combatientes, y que 
el Emperador havía quedado totalmente destrozado, 
perdiendo artillería, bagaxe y mucha riqueza, y la 
gente entre presa y muerta casi toda á esfuerzos é in- 
dustria de las armas y valor de los franceses. Llegado 
el aviso, se hicieron tres salvas reales, y por todas las 
iglesias Te Deicm laudamus; se publicaron tres días 
de luminarias, que se hicieron lucidísimas, aunque á 
costa de los particulares, y se dieron gracias á Dios, 
celebrando tres Oficios solemnes: el primero fué en el 
Aseo, asistiendo el Duque, pero no la Ciudad; ésta hizo 
el segundo en Santa María de la Mar, por razón de no 
correr bien con los. Canónigos, y el tercero la Diputa- 
ción en la capilla de palacio de la Condesa. El día 13 
de Septiembre 1648, que hera el último, á la noche 
coronó la fiesta S. E. con una ymbención de fuego en 
el llano de San Francisco: ésta era un castillo y en 
lo superior un cavallero á cavallo en un lucido bruto, 
con tres ó quatro soldados de á pie, que todo rebutido 



312 

de coetes de diferentes imbenciones vinieron con el 
castillo á parar en pabesas: pareció mui bien á todos 
y se celebró con victoria. 

CAPÍTULO 23. 

VASE 1 PARÍS EL DUQUE; RECONOCE PRIMERO LAS PLAZAS; SORTEAN 
CONSELLERES; AJUSTES DE ÉSTOS CON LOS CANÓNIGOS.— DISCORDIAS 
EN PARÍS Y LOS EFECTOS DE ELLAS. 

Por causa de su poca salud j de lo mucho que se le 
agravaba la gota ó podagre, trató el Duque de Lovis 
de retirarse á París: esta causa dio, no se oyó otra, y 
cumpliendo con las obligaciones de buen soldado y 
vasallo quiso reconocer las plazas y fronteras, para 
cuio fin partió de Barcelona día 31 de Octubre con al- 
gunos camaradas, cavalleros y su guardia, derecho á 
Monserrate; de allí á Gervera, Balaguer y Flix y Tor- 
tosa, y dando en todas las órdenes convenientes para 
su maior conservación, sé restituió por el campo de 
Tarragona á Barcelona, en donde entró á 28 de No- 
viembre: al pasar por el campo se supo que el Gover- 
nador de Tarragona, noticioso del tránsito y que venía 
con una porción de cavallería, quiso armarle una em- 
boscada; pero salióle mal, porque no sólo no logró el 
intento, sino que á más de paso se huvo de retirar.- 

El día de San Andrés sortearon por Gonselleres en 
Gap D. Hierónimo Gava; segundo, T. Gafont; tercero, 
Joachim Gampaña, ciudadanos ambos; quarto, Segis- 
mundo Damians, mercader; quinto, Francisco Fitor, 
Notario; sexto, Pedro Paulo Sivit, cerrajero, que ya lo 
havía sido quatro años havía. 

Luego que S. E. llegó á Barcelona, trató de su par- 
tida, porque sus achaques lo tenían los más de los días 
en cama, y quando no en muletas; fuese á despedir 



313 

de ambas casas de Ciudad y Diputación, mostrando 
mucho cariño y sentimiento de haverse de ausentar, 
y dejando por Governador de las armas á su Teniente 
Marcin, mui buen soldado, partióse vispera de año 
nuebo, dexándonos con mucha tristeza por lo bien que 
se havía portado. El mismo día que partió mandó jus- 
ticiar al Governador de Gastelldasas por las excesivas 
contribuciones que hacía pagar á los paisanos, extor- 
siones que usava con ellos y con los pasajeros porque 
los hacía prender, y en el castillo á fuerzas del tor- 
mento y rigor les hacía redimir la vida á peso de di- 
nero: pro várensele estos delitos, y así se le cortó la 
caveza en la plaza del Rey último día del año; díxose 
era luterano, y que quiso y acavó reconocido y como 
cathólico. 

Corriendo las disensiones entre Cavildo y Ciudad, 
desearon mucho se ajustaran por lo mal que parecía 
y estava al bien público no correr uniformes estos 
Cuerpos y no asistir los repúblicos en las festibidades, 
hasta estar sin aquéllos y ellos sin aquélla. Los Canó- 
nigos corrían firmes y consolados en su dictamen; 
avían aprendido algunos cantores á tañer las chiri- 
mías, y avíase el Cavildo hecho paho de lama, nácar y 
plata con las armas de la Iglesia, para las funciones, 
que es lo que suele dar la Ciudad. Avíanse interpues- 
to varios personages y tenido muchas juntas para con- 
venirlos en tiempo de los Conselleres pasados, y jamás 
havían podido recavar cosa alguna. Por último, luego 
que salieron los nuevos Conselleres, se interpusieron 
los Diputados y S. E. el Duque de Lovis, y los concor- 
daron con que siempre que concurriese persona real, 
Virrey ó otro personage á quien se deviese recivir en 
la iglesia, hubiese de salir el Cavildo á la puerta ma- 
ior y dar el agua bendita á la persona, reci viéndola y 



314 

acompañándola hasta puerta del coro ó muí cerca de 
ella, y que allí la huviesen de recivir los Gonselleres, 
retirándose los Canónigos y acompañarle hasta el si- 
tial ó silla en el Presviterio, y que en las procesiones 
que no fuesen á costa ó petición de la Ciudad huviese 
de llevarse el palio del Cavildo, y en las que fuesen por 
quenta de la 'Ciudad, el palio de la Ciudad: ajustados 
de esta suerte concurrieron, y S. E. el día de Nuestra 
Señora de la Concepción, á la fiesta del Aseo, con gozo 
unihersal y mucho placer del Duque de Lo vis, que sen- 
tía infinito la desunión. 

Año de 1649. 

Es costumbre antigua en la Francia juntar el Par- 
lamento Supremo ó Cortes generales (como llamamos 
en nuestra España) en el día de los Reyes, en el qual 
se tratan y confieren las materias del Estado, así po- 
líticas como militares, se nombran los Cavos y seña- 
lan las asistencias con juzgar convenir. Para esto se 
juntaron este año de 1649. Y en ocasión que la razón 
ó embidia avía levantado grande emulación contra el 
Cardenal Macerino, Privado de los Reyes y de nación 
italiano, y aunque gran Ministro y maior político, la 
razón de extrangero á la de ser tan hombre con título 
de que estava el reyno exausto. Los naturales, cansa- 
dos de tanta pecha j contribución, maquinó el Parla- 
mento apearlo de la privanza y mudar de govierno. 
Llevavan la vandera de este séquito el Príncipe de 
Contí, hermano del de Conde; el Príncipe de Bullón, 
que tenía ganado al pueblo mal contento de las con- 
tribuciones, y sin esto se dijo, y sería más que cierto, 
que entenderían en la facción muchos de los de pri- 
mera magnitud. 



315 
Para mover la ruina en el Parlamento, se le pidió 
al Cardenal diese quenta de en qué y cómo se havían 
expendido ciertos millones de dinero. Hicieron oposi- 
ción el Rey y Reyna, á quien y al Privado seguían el 
Duque de Orleans, el Príncipe de Conde, el Conde de 
Ancourt, el Gran Maestre de la artillería y otros mu- 
chos (que en tales turbulencias unos por lisonja, y 
otros por la conveniencia, aun contra razón se arri- 
man á éste y á aquel partido). Estos esforzavan que no 
havía ley que precisase al Rey, que ovedeciese lo que 
el Parlamento decretava, que éste representase y ove- 
deciese, que el Rey haría lo que le tocase. Esto llegó 
á controvertirse y disputarse en el Parlamento, de for- 
ma que pasando á términos violentos se conmovió en 
la corte una solevación ó motín general, que pública- 
mente por las calles y aun por Palacio mismo se gri- 
tava viva el Rey y viba el mal govierno, y otras voces 
más graves y de no poco recelo, acompañadas con irse 
armando la gente. Llegó esto á estado que los Reyes, 
el Privado y sus sequaces huvieron de salir ocultos y 
á sombra de la noche de París, y convocar las milicias 
y tropas del reyno, para entrar á fuerza y saquear la 
corte. Juntas las tropas, se formó un campo ó cerco á 
la corte: los de adentro, resueltos á todo, se defendie- 
ron haciendo surtidas y estragos en las campañas y 
gente, como pudieran con los enemigos más declara- 
dos, y fortificándose quanto podían. Los cabos de una 
y otra facción están ya nombrados arriba, sin que de 
los que favorecían el partido del Rey dexasen de asis- 
tir en secreto á los del vando contrario, teniendo com- 
placencia de que no lograse el Privado sus intentos; 
que no hay ninguno que deje de pensar que á no re- 
buelto y en mutaciones de gobierno, puede tener al- 
gún logro. Duraron estas ostilidades pasados de qua- 



316 

tro meses, y en ellos no sólo se destruieron y talaron 
todas aquellas campañas del contorno de París, sino 
que todas !as materias de la Corona y disposiciones de 
guerra se calmaron, á que se tubo por seguro asistía 
y fomenta va España. Viendo los Reyes tanta duración 
y que no se podía atender á lo más importante, trata- 
ron de entrar en pactos y se ajustaron, como abaxo y 
más adelante se dirá: á Mosiur de la Mota le havían 
quitado quanto en Cataluña le havían dado del duca- 
do de Cardona. 

CAPÍTULO 24. 

PROCESIÓN DE SEIS CUERPOS SANTOS. -ARRIBO DE QÜATRO GALERAS DE 
ESPAÑA; LO QUE PASA CON ELLAS.-LLEGA EL GENERAL DE CAPUCHI- 
NOS; AJUSTASE PACES CON EL EMPERADOR, Y LAS DIFERENCIAS ENTRE 
EL REY Y LOS DE PARÍS. 

Havía un particular que tenía en su casa seis cuer- 
pos de santos, ú por lo menos huesos que correspon- 
dían á reliquias insignes de seis santos; y como en ca- 
sas particulares jamás se pueden tener tales prendas 
con el culto y veneración que deve, llevado el dueño 
del escrúpulo ú la devoción, los dio á los religiosos del 
Carmen Calzados, para que allí estuvieran con toda 
decencia. El día 24 de Enero por la mañana los puso 
el dueño en la capilla de Nuestra Señora de Monserra- 
te en sus seis caxas, mui guarnecidas y adornadas de 
flores, sobre una peana; y á la tarde, á las quatro, con- 
currieron la comunidad de Santa María de la Mar y 
los religiosos Carmelitanos con las cofradías que tie- 
nen su imbocación ó fundación en el Carmen, que asis- 
tiero'n con sus banderas, y los colegios que hacen sus 
fiestas en el Carinen acudieron con achas, que no fue- 
ron pocas las que éstos y otros devotos aplicaron para 



317 
lucir esta procesión: asistieron á ella los Gonselleres á 
llevar el palio, y con mucha devoción y lucida asis- 
tencia los llevaron al Carmen, pasando la procesión 
por la Vidrería, calle de Moneada, Boria, Pórtico de 
Santiago, Plaza Nueva, Puerta Férrica y la calle del 
Carmen. Tuvieron los tres días patentes en el altar 
maior haciendo diferentes fiestas, y después los colo- 
caron en un nicho que hoy se conserva con su reja al 
lado del mismo altar maior. 

Martes 10 de Febrero, á la tarde, llegaron quatro 
galeras de España delante Barcelona, y paradas en- 
frente de San Bertrán, despacharon faluca al puerto. 
Por ésta se supo iba en ellas el Duque de Maqueda, 
que pasava de Valencia á Genova á recivir y hospe- 
dar, como Mayordomo suyo, á una hija del Empera- 
dor y sobrina del Rey Cathólico, que venía á casarse 
con éste y avía tiempo que la esperava por partido de 
Alemania. El Duque venía con pasaporte de la Reyna 
Christianísima y permiso para tocar en todos los puer- 
tos de Francia, y en fee de él pedía puerto y provisio- 
nes y refresco para la chusma; respondió la Ciudad se 
juntaría, y de lo que resolviese avisaría. Juntáronse, 
y lo primero fué echar vando, pena de la vida, que 
ninguna faluca ni esquife fuera osado acercarse á di- 
chas galeras ni comerciar con los que venían en 
ellas. En la junta huvo varios dictámenes: el de Mar- 
ca (que con el Governador concurrían) era que se le 
permitiese el desembarco; pero la Ciudad prevaleció 
en que no, como dueña absoluta en estas materias de 
comercios con los sospechosos del contagio, y el mo- 
tivo que dio fué que las galeras venían de Valencia, 
en cuios países j costas se ardían de peste los años 
pasados, y que no se savia estuviesen libres de ella, 
por cuio motivo no se havían dado pláticas á otras 



318 
embarcaciones de aquel reyno: con esta excusa (que 
sólo lo era para evitar el desembarcar y que no im- 
presionasen los castellanos algunas novedades en los 
ánimos barceloneses) se le embiaron dos personages 
al Duque negándole enteramente el comercio; sintiólo 
mucho, y tomando algunas provisiones, cargó el día 
siguiente á la tarde; pero el mal tiempo las retiró 
aquella noche algo dentro el muelle. Por la costa se 
entretubieron algunos dias, y más en Gadaqués, espe- 
rando bonanza para engolfarse. Dexaron los pueblos 
en donde tocavan ricos de reales de á ocho, cosa que 
á la gente les causava no poco cariño. 

Domingo 7 de Marzo llegó á Monte Calvario el Ge- 
neral de los capuchinos, que venía de Castilla y avía 
cinco años que iba visitando su religión. Era tenido en 
opinión de santo; obrava muchos prodigios en curas 
de diferentes enfermedades con sólo la señal de la 
cruz; referían que hallándose con Inocencio Décimo, 
que entonces governáva la Iglesia santa, á visitar á 
Doña IpóUta Panfilio, sobrina de Su Santidad, que es- 
tava gravemente enferma, con la señal de la cruz que 
le hizo en la caveza la dexó curada, y en vista de eso, 
le mandó el Pontífice en virtud de santa ovediencia 
discurriese por el orbe y que curase con esa señal á 
quantos enfermos ó impedidos le pidiesen salud. Corrió 
la voz de estos prodigios, y acudía la gente á buscar 
su remedio á exércitos enteros. Salía á las tardes á la 
puerta de la iglesia en su mismo convento y hacía sus 
cruces á los dolientes: muchos curava y algunos no, 
porque eran según la fee con que iban y pedían el re- 
medio; estuvo en este convento hasta el día 15 de Mar- 
zo: en éstos entró en Barcelona á visitar algunas igle- 
sias y santos y á bolber las visitas á la Diputación y 
Ciudad; la multitud de la gente que le seguía es im- 



319 

ponderable. Llamávase Fray Inocencio de Sicilia, 
hombre de edad, bello aspecto y gran barba; pasava 
visitando la Francia, y en la villa de Vinsa havía de 
celebrar Capitulo provincial, y de allí se bolbía á 
Francia, y los religiosos y conventos que no podía lle- 
gar á visitar, aunque iba á cavallo en una mulica par- 
da, los llamava al convento vecino. Havía muchos 
años que en Munster estavan los Plenipotenciarios en 
la Dieta para concordar y ajustar las paces entre los 
Príncipes christianos que tanta sangre vertían y vi- 
das se acavaban en adquirir sus derechos ó pretensio- 
nes. Entre España y Francia era intratable el ajuste, 
siendo la causa Gathaluña, porque ambas Coronas 
pretendían que no quedándoles el Principado para sí 
no havía que tratar en lo demás. Estando en estos 
altercados, se ajustaron los olandeses y España, fir- 
mando paces ó treguas por veinte años. Ajustáronse 
también paces entre Francia j el Imperio, sin que 
éste pudiese aiudar á España: así lo avisó la Reyna á 
la provincia y á la Ciudad en cartas que se escri- 
vieron á 5 de Abril, primero de Pasqua de Resurre- 
ción, y el siguiente se acudió á dar gracias á Dios 
en el Aseo con un solemne oficio y Te Dsum lauda- 
mus, y la artillería de los baluartes y muralla hizo su 
salva. 

En los capítulos penúltimos queda referida la su- 
blevación de los parisienses contra su Ptoy, Privado y 
primeros Ministros, y que les obligaron á formar exér- 
cito y ponerse en campaña: estos accidentes fueron 
bien dañosos á la Corona, porque ocupadas la atención 
y fuerzas al remedio de aquel mal interno, se descuidó 
del externo, y lo padeció este Principado; también 
como miembro de aquel Cuerpo, y se dijo por cosa muí 
cierta, que cooperó y fomentó España á esta subleva- 



3^20 

ción para divertir las fuerzas, y la duración lo mostró, 
pues desde 6 de Enero hasta 19 de Agosto estuvo el 
Rey sin poder entrar en París y con exército puesto, 
y por último huvo de venir á pactos con sus vasallos 
y parisienses: quáles fueron no se supo, y sí el que los 
Gavos del revelión contra el Rey quedaron en los pues- 
tos y honores que se tenían, con que se deja ver con 
quánto descrédito de la autoridad real huvieron de ser. 
El Rey entró el día 19; reciviéronle los puestos, seño- 
res, nobleza y pueblo de París con solemnes aclama- 
ciones, singulares demostraciones de regocijo, grande 
acompañamiento de milicias, guardias, repetidas sal- 
vas y continuados vanquetes y brindis, pues aseguran 
estavan las calles y caminos por donde el Rey havía de 
pasar con las mesas puestas y llenas de aves y comida 
con mui exquisitos y abundantes vinos, y todo era brin- 
dar á la salud del Rey y vitorearle. Los Jurados de Pa- 
rís, que llaman echevins, contoda la nobleza y prebos- 
tes délos mercaderes, salieron á recivir al Rey áquatro 
leguas de París; entraron los Reyes en una carroza: en 
un estribo iba el Rey y el de Anjou, en el otro el de 
Orleans y de Conde, y dentro la Reyna, Madamaysela 
y Cardenal Macerino. Al entrar en Palacio todo fué 
músicas, clarines y diversos entretenimientos, que 
con muchas luminarias duraron por tres días con- 
tinuos, sin que puedan descrivirse por menudo todas 
las circunstancias de fiesta y alegría con tjue los re- 
ci vieron, desquitándose con esto (si pudo haver des- 
quite) siete meses de reveldía: quiera Dios darles mu- 
cha quietud. 



321 



CAPITULO 25. 

TRÁNSITO DE LA REYNA DE ESPAÑA TOR DELANTE BARCELONA; LO QUE 
SUCEDE CON ELLA; EXPULSIÓN DE AFECTOS Á ESPAÑA EN BARCELONA. 

Sávado 28 de Agosto 1649 se descubrieron 19 ga- 
leras que venían de Mediodía hacia Barcelona; dieron 
artos recelos y motivaron el doblar las guarniciones 
y que los Gavos acudieran á sus puestos. Llegaron de- 
lante el muelle é hicieron alto ama^-nando las velas, 
y luego con una faluca enlró en el puerto un Gentil- 
hombre y trujo á la Ciudad el pasaporte, y por éstos 
se supo y por los estandartes ser las galeras de Espa- 
ña, que pasa va la hija de la de Ungría, Emperatriz que 
se hallava entonces y hermana del Rey cathólico, que 
pasava á casarse con éste, siendo á un tiempo sobrina 
y esposa. Á más de las galeras venían con ella mu- 
chos navios cargados de infantería; pero éstos no se 
llegaron á ver, que pasaron por Mallorca. Díxose que 
en dejando la Reyna bolbían sobre Barcelona con ar- 
mada de mar y tierra. El pasaporte era de la Reyna 
de Francia, en que concedía libremente, no sc)lo el co- 
merciar en los puertos de su ovediencia, sino también 
el desembarcar y entrar en tierra siempre y como la 
Reyna quisiese, tanto en borrasca como sin ella. Re- 
conocido el pasaporte, juntóse la Ciudad y Junta de 
Guerra en el baluarte de Mediodía: asistieron en ella 
el Governador Mosiur de Cuigui, General de la cava- 
Hería francesa á la sazón, y otros muchos Cavós fran- 
ceses y catalanes, y después de varias conferencias re- 
solvieron embiar quatro embajadores á la Reyna di- 
ciendo que en quanto á entrar en el muelle no era 
tratable con las galeras, que si S. M. y la armada gus- 

Toju) x.Mv 34 



322 

tavan ó necesitavan de provisiones y refresco, entra- 
se sólo una galera con los Mayordomos y Gavalleros 
que fuese servida y que tomarían lo que quisiese, que 
por causa de guardarse de peste de Mallorca y de don- 
de venía la armada no se podía hacer más. j 

Entró la galera con los Mayordomos ó dispenseros, 
y com boyados por los mercaderes que se hallavan de 
guardia aquel día por la ciudad, compraron lo que 
havían menester y quisieron, y mucha cantidad de 
nieve, Mosiur de Marca, electo Obispo y que se de- 
tenía aquí por jurisconsulto del Rey y eminente suje- 
to en todo, la hizo un famoso presente á la Reyna. La 
galera, luego que tuvieron echo su provisión, se fué ó 
incorporó con las demás, y todas sin detención carga- 
ron hacia Tarragona, porque tenían favorable el tiem- 
po: como al descubrirse las galeras todos los Gavos y 
milicias acudieron á sus puestos, comendava la torre 
del Cavo del Río T. Quintana el viejo, y no acudiendo 
él en persona embió un hijo suio de pocos años y me- 
nos experiencia en las etiquetas de la mihcia. Las ga- 
leras navegavan tierra á tierra, y la una casi pasó to- 
cando al pie de la torre; el Capitán, poco cuerdo, sin 
averiguación ninguna, encaró la artillería á las gale- 
ras y les disparó siete cañonazos; con que asustada la 
Reyna, huvieron de hacerse el mar adentro: sintiólo 
infinito la Ciudad, y disculpándose con el Capitán de la 
galera, que aún estava en el muelle ajustando algunas 
cosas, le dixeron asegurara á la Reyna havía sido mo- 
cedad del Cavo, y que no tenía orden para tal desaca- 
to; que los perdonase, pues era visoño y no havía 
cooperado malicia; respondió el Capitán á los Conse- 
lleres: <Ya yo pensó que era visoño. > El dio por discul- 
pa no saver que era persona real en la galera. La Ciu- 
dad, para sanearse con España y con Francia, mandó 



323 

prender á entrambos Quintanas á tiempo que estava 
para partir un correo para París, y dieron aviso que— 
dava preso el viejo; que el joven, como estava fuera, 
huyó, y que se castigaría según sus méritos; pero den- 
tro dos meses en Consejo de Ciento, dándole la ciudad 
por cárcel, se acomodó todo: sólo la torre experimen- 
tó el rigor, pues años después la derrivaron para que 
no quedara memoria. La Rey na devía de ser de quin- 
ce años de edad, y sintió infinito el suceso. 

Avía juntado el Rey Gathólico un pequeño exército 
en Aragón á la parte de Lérida, y murmurávase era 
con ánimo de llegar sobre Barcelona y sorprenderla. 
Dícese pequeño, aunque constava de ocho mil infantes 
y tres mil y quinientos cavallos, y aunque havía de 
pasar á juntarse con los de Tarragona y gente que ha- 
vían desembarcado los navios, que en todos compon- 
drían hasta diez y seis mil combatientes, que era poco 
para empresa tan grande como la de entrar tantas le- 
guas de país enemigo y después ganar fortaleza, de 
las consequencias y resistencia que Barcelona que en 
el año 41 que lo intentó el de los Vélez con 27 ® hom- 
bres sin tener que vencer tanto en el país ni Barcelo- 
na más que un poco de cavallería mal adestrada, y 
algún tercio francés, y la gente natural no lo consi- 
guió, con mucha más razón se podía tener á vano 
arrojo en ocasión de tener un pedazo de cavallería ve- 
terana, infantería disciplinada y buenos y valerosos 
Gavos, intentase el Castellano tal azaña; hallávanse 
por Governador de las armas Mosiur de Marcin, 
de nación alemán, y por General de la cavallería, 
Griqui. Ocasionó en los Ministros y Gavos grande ar- 
monía la intentona de los castellanos por las razones 
que dejamos insinuadas, y por otras de las quales y 
algunas noticias que llegaron de París, se entró en 



324 

recelo y cuidado de que en Barcelona se fraguava al- 
guna traición y conspiración. Las cartas de París lo 
decían claro, y pronosticavan y vendrían á sitiar á 
Barcelona, y que de adentro avía quien entregara al- 
gunos baluartes. Corría la mina y el fuego tan oculto, 
que ni aun el humo se havía transcendido. 

Entraron el Governador y Real Consejo en inquirir 
y hacer exactos informes: lo que de ellos se averiguó 
no se supo; lo que se vio fué que á primeros de Sep- 
tiembre prendieron al Oydor militar T. Negrell de 
Puigcerdá; á D. Gerónimo Miguel, Maese de Campo de 
uno de los quatro tercios de la ciudad; á D. Francisco 
Navel, también Maese de Campo de la ciudad, que ha- 
bía sido Capitán de cavallos del trozo de Dardena; á 
D. Joseph Amat, también Capitán del mismo trozo y 
ermano que era del Abad de San Pedro de Galligans, 
que siendo Diputado eclesiástico el trienio antecedente, 
por el mismo achaque fué llevado al castillo de Salsas, 
(le donde por dinero le dieron escape y se pasó á Espa- 
ña, y á D. Francisco Alemán: estos cinco se prendie- 
ron, y con una esquadra de cavallería y un alguacil en 
un coche fueron llevados á Perpiñán y entregados al 
Governador del castillo para que los tuviera en buena 
custodia. Otros muchos tuvieron larga cárcel en Bar- 
celona, y más de ducientos que por cartillas se deste- 
rraron de Barcelona, no dando más de seis oras á unos, 
á otros tres y á otros sólo dos, mandando en ellas com- 
parecieran delante el Governador de Perpiñán y estu- 
])ieran á sus órdenes. Estas órdenes las despachava el 
Consejo Real y las presentava un alguacil. El Gover- 
nador, viendo que el número crecía tanto, temiendo en 
I-crpíñán algún bazar, los mandó salir de la villa, se- 
íjíjlándolcs todo el Rosellón por cárcel, y quedándose 
con sjIo los cinco prisioneros que le entregaron prime- 



325 

ros. Á éstos de las cartillas no se les provó, según se 
dijo, sino que de palabra havían delinquido en algo» 
sin que pasase á acto positivo, y se llebó con tanto ri- 
gor en uno y otro que, dada la orden, no se admitía 
mediación alguna ni se atrevían, porque se les diera ea 
rostro tal sois con él: á dos Ayudantes de los tercios 
de la ciudad, llamados el uno Fornells, platero, y el 
otro Lanuza, zapatero, les comprehendió esta fortuna 
por haver hablado con demasiada livertad ó porque 
sospechasen algo más de ellos: esta expulsión fué muí 
provechosa, como después lo confesaron los enemigos, 
y contentó á muchos. 

CAPÍTULO 26. 

ENTRA EL EXÉRCITO CASTELLANO POR EL LLANO DE URGEL CON APA- 
RIENCIAS DE LLEGAR SOBRE BARCELONA; PREVENCIONES DE ÉSTA Y 
SOCORROS QUE LE LLEGAN DE LAS UNIBERSIDADES. 

El día 19 de Septiembre entró el exército castellano 
por Lérida y llano de Urgel adentro, capitaneado por 
su General D. Juan de Garay: constava de 6 © infan- 
tes, algo más y 3.500 cavallos; pasó por medio del Ur- 
gel, y llegando á Tarragona torció la marcha hacia 
Santa Goloma de Queralt, Cuello Cabra y Poblete; hizo 
alto en Vibodí y Poblete antes de pasar el Collado, 
porque nuestro exército, que constava de quatro mil 
cavallos y poca infantería, gobernado por el de Mar- 
cin, Criqui y Dardena, qne entonces no havía Virrey 
ni Capitán general, le iba siguiendo á tiro de cañón y 
observando sus designios: en este alto del enemigo lo 
hizo Marcin en Sarreal, estando á la mira, porque el 
Castellano se puso en forma y muestras de querer com- 
batir: detúbose en esta postura algunos días, en los 
quales pasó el bagaxe y carruage el Collado, y en Po- 



326 

Wete se travajava mucho pan de munición. Marcharon 
de improviso y entraron en el campo todos, la man- 
guardia castellana á Momblanc, en donde ejecutó al- 
gunas pillas y crueldades en desquite de lo que havían 
echo con la guarnición de Tarragona. De aquí se en- 
caminó todo el grueso á la villa de Valles, en donde se 
juntó, agregándosele las gentes que havían desembar- 
cado de la armada y la que pudo salir de la guarnición 
de Tarragona, que venía á ser en todo doce mil infan- 
tes y la cavallería ya nombrada. En Tarragona esta- 
va la armada de mar, compuesta de veinte vaxeles de 
alto bordo y las diez y nuebe galeras: con ésfa y el 
exército de tierra dieron sobre el fuerte de Salou, que 
después de haver causado no pocos daños al Castellano 
y verse combatido cruelmente y sin esperanza de so- 
corro, se rindió con onrrosos pactos. Pasaron á Gons- 
tantí, y por las mismas razones y con el mismo valor 
vino á capitular y entregarse. Este fuerte dixeron le 
demolieron los castellanos por lo dañoso que era á Ta- 
rragona. Publicaron los castellanos echas estas dos 
operaciones que venían sobre Barcelona, y que tenían 
orden para ello y muchos amigos dentro. Viendo Mar- 
cin que el Castellano se encaminava á Barcelona, re- 
tiró sus tropas á Igualada, Piera y lugares vecinos, y 
embió á Barcelona los tres tercios suizos, Xampaña y 
franceses, toda gente veterana y experta, para que, 
caso de llegar á sitiarla, tubiera ya dentro esta por- 
ción de infantería buena, quedando en disposición de 
enviar mil cavallos si el enemigo llegava á la execu- 
ción del cerco: repartiéronse estos tercios por los claus- 
tros de algunos combentos por no introducir el aloja- 
miento por las casas. 

Embió también Marcin á Barcelona el Ingeniero 
maior, para que reconociera las fortalezas y se hicie- 



327 

ran las necesarias para la defensa de la plaza en lance 
de sitiarla. Discurrieron los Conselleres y Consejeros 
de guerra con el Ingeniero por la plaza y muralla; 
muchas veces resolbieron, entre otras fortalezas, la- 
brar una tenaza á la Puerta Nueba, de tal capacidad, 
que encerrava dentro la iglesia de Santa Eulalia, el 
Molino de la Pólbora y otros, subiendo encima la ace- 
quia que llaman de los Gavallos: hiciéronla de tierra 
y faxina, y la gente, así soldados como del país, que 
travajavan, ganavan á quatro y cinco reales de jornal 
cada día. Á la Puerta de San Pablo travajavan una 
media luna también de tierra y faxina, y también se 
dio á estajo á un tercio de suizos, que era de quinien- 
tos hombres, y travajaron día y noche hasta haverla 
concluido; en la Puerta de la Ataracana travajaron 
también su fortín con estacada ó trinchera que coxía 
hasta la mar mui alta y de mucha defensa: ésta la tomó 
á precio echo el tercio de Xampaña de franceses, que 
constava de mil infantes; corrían por la superficie de 
estos fuertes una línea de estacas á modo de una es- 
trada encuvierta, que sobre estar bien era de no poca 
defensa, aunque costó á la Ciudad largos millares de 
ducados. El Ingeniero, después de esto, dixo se havía 
de fabricar una estrada encubierta desde el fuerte de 
San Antonio hasta la Puerta de la Ataracana, para de- 
fender aquel lienzo de muralla, y para que la cava- 
Hería ó infantería de las surtidas, en caso de birles mal 
y haverse de retirar promptamente, tubiesen dónde 
guarecerse, y que se havían de travajar á toda dili- 
gencia porque el enemigo amenazava con el sitio de 
la ciudad, que havía gastado sin límite ni pondera- 
ción, y vio que se aumentava el travajo y el »asto, 
tomó el arbitrio de señalar quartos en la ciudad para 
que sus avitantes acudiesen al travajo alternatim y 



328 

fuese de menos coste al Común. Señalóse en qualro 
partes la ciudad: señalóse la línea desde la Plaza de 
Santiago á la Puerta del Ángel al lado de San Anto- 
nio, á la Nueva y á la Marina, y de esta suerte acu- 
dían el día que les tocava el travajo en donde asistía 
el Ingeniero; tiradas las líneas con sus cordeles, y 
puesto la forma para correr el terrapleno, la Ciudad 
hacía correr la faxina y la gente acudía á cubrirla de 
tierra, y es de notar lo voluntario de los moradores, 
que hasta las mugeres, y en él havía días que concu- 
rrían pasadas de quatro mil personas. Llevóse esto con 
gran calor mientras el Castellano continuó en los 
amagos del sitio; pero en dar muestras de retirada se 
calmó en los fortines. Mientras estos fortines se tra- 
vajavan, clamaba la gente porque no se fortificaba 
Monjuique, que no era de menor consequencia: estas 
voces obligaron á la Ciudad á elegir una quatreta, 
dando pleno poder para gastar en las fortificaciones 
quanto fuese menester; aplicáronse luego al fuerte de 
Monjuique, y siguiendo las líneas y fundamentos de 
los fortines que se dispusieron el año 1641, añadien- 
do trinchera contra trinchera, estacada y estrada en- 
cubierta, lo pusieron en breves días en estado de de- 
fensa, y continuando el travajo algunos meses, con- 
curriendo á él cerca de 700 hombres cada día, pagán- 
doles á quatro y cinco reales de jornal y uno de los de 
la quatreta por sobrestante, lo pusieron en toda per- 
fección; resolbió después el Consejo de Ciento, y esta- 
bleció para siempre que para guarnición del fuerte su- 
biesen cada día de las compañías de la Ciudad un Alfé- 
rez, Sargento y Cabo de esquadra con treinta mosque- 
teros, y que se mudase de veinte y quatro en veinte y 
quatro horas, señalando de sueldo á éstos mientras es- 
tavan arriva de guarnición: al soldado, cinco; al Cavo 



329 

de esquadra, seis; al Sargento, siete, y al Alférez, ocho 
reales. 

No se eximió en esta coyuntura el estado eclesiás- 
tico del travajo, porque se les señaló la Atarazana y 
baluarte de la torre de las Pulgas para terraplenarlo y 
fortificarla, y acudían las Comunidades de religiosos y 
clérigos por su turno como en procesión al travajo 
todos los días. Avía vando pena de la capa que todo 
hombre de qualquier estado fuera en cuerpo y con es- 
pada en cinta ó en atalay, y para la observancia dis- 
currían los Jueces por la ciudad de día y de noche con 
la comitiva de mozos armados y para que no sucediese 
tumulto ni inquietud, y se logró que no los huviera, 
sino mucha unión y sosiego. 

Los artilleros en sus baluartes, torres ó plataformas 
se atrincheraron famosamente, dándoles para ello la 
Ciudad gente pagada. Al mismo tiempo la Ciudad hizo 
labrar gran cantidad de bombas, granadas y foxina 
alquitranada, caballos de frisa para tapar brechas y 
otra inmensidad de pertrechos que conducen á la de- 
fensa de un asedio, no descuidándose en la provisión 
de víveres y municiones, gastando en todo millones 
dfe dinero, pero poniéndose en postura de resistir qual- 
quier sitio. 

Viéndose la ciudad de Barcelona en esta apretura y 
estado de armarse para resistir un sitio, despachó car- 
tas y un Síndico á las ciudades, villas y lugares pi- 
diendo como de justicia y rogando como de necesidad 
la asistiesen con gente y víveres, no sólo para la de- 
fensa propia, pero para defender que el Castellano no 
llegase á cerrarla, pues como caveza de todas las de- 
más universidades devían mirar por su conservación, 
porque perdida ella, ninguna otra quedaría segura, y 
para que lo estuvieran gastava y havían gastado mu- 



330 
chísimos millones en la guerra, pudiendo con seguri- 
dad decir que en los nuebe años que havía durava cos- 
teó casi lo más que se consumió en las campañas y en 
ésta que hablamos, hallándose Marcin sin medios y la 
cavallería de forma que no la tenía para salir á cam- 
paña; á título de préstamo (como los demás Genera- 
les) le dio siete mil doblones, con los quales sov dispu- 
so y salió á campaña: con estas razones y las muchas 
de los servicios echos á la Real Corona, pidió en re- 
compensa de finezas la asistencia en este lance, y 
obraron tan finos que todos se pusieron en arm,a y en 
levas, pareciendo toda la provincia un campo de ba- 
talla y llenándose los caminos y ciudad de gente de 
famosa calidad, así de la Gerdaña, Rosellón y Empur- 
dán, como de los de los demás partidos del Principa- 
do, en que se conoció lo mucho que amavan j vene- 
ravan la caveza. La gente, así como iba llegando, se 
aquartelava en los conventos, y se despachavan á 
guarnecer las costas de mar y juntarse con Marcin en 
Piera y Igualada, por donde asistía el Diputado Real. 
La gente que concurrió no es fácil numerarla, y qual- 
quier ponderación será corta. Juzgue el lector lo que 
quisiere, que no excederá á vista de los esfuerzos de 
una provincia. Sólo los religiosos no salieron, pero 
quedaron alistados para el lance del sitio. La univer- 
sidad también formó sus compañías, una de cada cien- 
cia, y no fueron las menos numerosas y lucidas, y to- 
dos pasaron sus guardias y acudían á sus puestos, 
velando y disciplinando para quando llegase la oca- 
sión. 

Viendo la Ciudad que el Castellano marchava á ori- 
llas del mar desde Tarragona, y se encaminava á la 
villa de Sitjas, tenía por mui cierto el silio, y que 
vendría sobre Barcelona; y para proveerse de man te- 



331 
nimientos y quitarlos al enemigo en caso de llegar á 
sitiarla, se mandó generalmente á tres leguas y qua- 
tro á la redonda de Barcelona, que todo hombre en- 
trase y recogiese dentro la ciudad todo género de gra- 
nos y pajas. Obedecieron gustosos la ley, así por sub- 
venir la caveza como por asegurar sus haciendas, tan- 
to, que no sólo de los límites señalados, sino de maior 
distancia, trahían los granos y muebles que tenían, 
ganados y aves, todo lo cerra van en Barcelona; de 
forma era, que por las mañanas durava tres y quatro 
horas el tránsito de los carros y vagajes por las puer- 
tas: ello fué sin número la cantidad de granos de to- 
das especies que se entró. Los particulares cada qual 
procura va avastecer su casa quanto le era posible en 
todo género de mantenimientos; de forma vino á ser, 
que servía de confusión y que quedó opulenta quanto 
se haya visto jamás, y sin temer penuria por dilatado 
que fuera el sitio. La Ciudad en común se previno de 
gran cantidad de arina, porque á millares de quarte- 
ras la entravan por mar. Mandó fabricar algunos mo- 
linos de sangre y algunos de viento para lo que podía 
suceder, con que quedó la plaza con prevenciones y 
ánimo para resistir quanto pudiera sucederle. 

Atendióse también á poner en saibó toda la plata y 
oro de Nuestra Señora de Monserrate; y aunque se re- 
sistían mucho los monotes á traerla á Barcelona v sa- 
caria de casa, y querían en ese caso que fuese á costa 
de la Ciudad, por último fué un Diputado á protestar- 
les y asegurarles; con que los vencieron, y la trajeron 
y pusieron en el palacio del Rey, donde estubo bien 
guardada. 

Á la misma sazón se entraron en Barcelona las re- 
ligiosas franciscanas de Pedralbas con todo quanto te- 
nían en el convento; vinieron en sus coches combo- 



332 

yadas de muchas señoras ancianas, personas eclesiás- 
ticas y una compañía de infantería, que era la de los 
sastres, cuio Capitán era D. Pablo Amat; señáleseles 
para su ahitación la casa de D. Berenguer de Onís á 
la Riera de San Juan, que saca tribuna á la iglesia de 
San Juan, aunque se servían poco de ella por tener 
oratorio capaz en la misma casa en donde rezavan sus 
oras, y también porque en la casa del Prior de Gatha- 
luña, que estavaal otro lado de la iglesia, estavan ocho 
ó diez monjas de las de Alguaire, que por haverles 
destruido los exércitos el combento, andubieron algu- 
nos años por casas de sus deudos divididas, hasta que 
llevadas de su religioso celo, éstas que estavan en 
Barcelona pidieron al gran Maestre les señalara para 
su retiro esa casa é iglesia; y obtenido el indulto, el 
Prior se retiró á los quartos del jardín y dejó lo demás 
de la casa á las religiosas, que puestas en común ofi- 
ciavan su coro en la iglesia de San Juan, empezando 
el día del santo, 25 de Junio de este año, que como 
son cruzadas de San Juan quisieron empezar ese día. 

Las franciscanas de Pedralbas estubieron desde pri- 
mero de Octubre hasta 14 de Febrero 1650 que bolbie- 
ron á su propio combento, y el día que bolbieron fué 
con asistencia de muchas señoras, cavalleros y carro- 
zas; oyeron antes de partir un oficio solemne en San 
Francisco, en donde las asistieron y cortejaron los Gon- 
selleres. Acavado el oficio quisieron las monjas ver el 
convento todo, con que los Gonselleres se despidieron; 
de allí pasaron á ver los conventos de Santa Gathari- 
na, mártir; el de Hierusalén y el de las Gapuchinas, y 
en estas curiosidades gastaron casi todo el día, con 
que salieron ya tarde y se remojaron bien en el cami- 
no por la mucha lluvia. 

Intentóse también entrar las Bernardas de Validen- 



333 

celia, y con efecto, entraron toda la ropa y alajas, 
quedando las monjas dispuestas para entrar á la lixe- 
ra, si el enemigo pasava el río Llobregate; no lo pasó, 
con que se les bolbió la ropa y alajas luego. 

CAPÍTULO 27. 

PKOSÍGUESE EN LAS OPERACIONES DEL CASTELLANO.-SÜ RETIRADA; 
OPERACIONES DE MARCIN Y INSTRUCCIONES QUE TENÍA GARAY. 

Después de haver el Castellano tomado á Gonstantí 
y á Salou, descansó algunos días en Tarragona; pasa- 
dos, se encaminó con la armada de mar y tierra á la 
torre de Embarra, Villanueva y Sichas: en las dos pri- 
meras, como eran lugares abiertos y sin resistencia, ni 
ellos la bicieron ni el enemigo les molestó, sino que 
pasó de largo; en Sicbas, que por ser murallada y aver 
la ciudad de Barcelona embiado una compañía de cien 
hombres de las nuevas levas con un Capitán francés, 
con el Capitán catalán y el ayudante Casanova, que lo 
era de los tercios de la Ciudad, y algunos franceses, se 
fortificaron lo que permitió el tiempo y el terreno; ha- 
lló el enemigo resistencia para dos días, que á esfuer- 
zos de batería por mar y tierra y uua escalada por 
donde menos pensaron los de adentro, se enseñorearon 
de lo más del lugar. Y viendo esto los soldados des- 
pués de haver muerto algunos de ambas partes por 
los furiosos combates, que eran pocos y cansados, pues 
los naturales los havían dejado, se entregaron dando 
el lugar á saco y pactando que á ellos los detendrían 
en el cuerpo del exército dos meses, y que pasados 
esos los entregarían á la plaza más vecina de guarni- 
ción francesa; pero no lo cumplieron, porque los de- 
tuvieron cuatro meses, y en ellos los soldados rasos se 



334 

escaparon los más, quedando sólo los Cabos; entró el 
Castellano y la saqueó á su libre arbitrio. Los navios 
estuvieron á la vista mientras las galeras acarreavan 
á Tarragona; procuraron fortificarla y tomar la torre 
de Garraf, para tener seguro el paso, dejando en am- 
bos puestos la guarnición necesaria. 

Tomó el exército la derrota hacia Villafranca de Pa- 
nados, para donde desde Sichas havían avierto carre- 
tera; llegaron al lugar del Arbós; resistiéronse algo los 
del lugar, pero como eran pocos fué fácil el entrarlo, 
y pagaron la resistencia con el saco, otros estragos y 
quemarles las puertas del lugar. Llegaron á Villafran- 
ca, en donde no hallaron resistencia alguna, por te- 
mor de que no hicieran con ellos lo que con los demás 
lugares: aquí formaron sus trincheras y plaza de ar- 
mas en la campaña, como si hubieran de permanecer 
mucho tiempo, y estúbose observando lo que pasaba 
por la provincia y aguardando las órdenes de Madrid 
para saber lo que havía de obrar. Compraron gran 
cantidad de trigo (es fértil aquel país) pagándolo á dos 
reales de á ocho la quartera, que entonces por la alte- 
ración de la moneda era á razón de 40 rs.; por quar- 
tera solían venderlo á 60 rs,, pero ellos no lo quisie- 
ron pagar á más, y aun esto yendo á buscar el dinero 
á Tarragona y quedándose algunos sin cobrarlo por 
querer más ó por no querérselo pagar. Todo el trigo 
se llevó á Tarragona y quedándose algunos sin co- 
brarlo. No se hizo extorsión ni molestia alguna al pai- 
sano; y si acaso la hacían algunos soldados, en llegan- 
do la queja al General D. Juan de Garay los mandava 
pasar por las armas á los soldados, con que se vivió 
con gran quietud desde mediado Octubre que es íu vie- 
ron hasta primeros de Noviembre que se retiraron. 
Mantúbose el Castellano estos quince días en Villa- 



335 

franca de Panados con ánimo á los primeros de poner- 
se sobre Barcelona sin pelear ni hacer ostilidades, si- 
no que aiiidado de los naturales que entendió tener 
dentro de su fación, que poco há diximos los sacaron, 
y con la persuasión y benignidad ver si podía hacerse 
dueño de los ánimos y ganar la ciudad á buena gue- 
rra; pero como le constó por los espías el destierro de 
sus aliados; las muchas levas de gen fe que habían en- 
trado en Barcelona con los tercios franceses, valones 
y suizos; los fortines que se havían travajado y se tra- 
vajavan; lo sublevado que estaba la provincia para 
socorrer á Barcelona; las provisiones y pertrechos de 
guerra con que se havía prevenido y municionado, y, 
últimamente, la vigilancia, rectitud y unión con que 
se vivía y conformidad en los naturales, con todo lo 
demás que se ha referido, descaeció de ánimo y perdió 
la esperanza de lograr el buen suceso que deseava y 
trahía persuadido; hasta tener firme desengaño de to- 
do esto permaneció en aquel sitio é hizo venir delan- 
te Barcelona seis navios de los más gruesos que tenía 
en esta armada, y se pusieron en forma de cerco á 
una legüecilla dentro el mar para impedir no entrase 
socorro por el puerto, que como era el tiempo que vie- 
nen las embarcaciones de la pesca entendió impedir- 
lo; pero fué en vano, porque á sus ojos entraron tres 
navichuelos cargados de abadejo, y á uno que abro- 
charon en la plaza de Mataró se libró en la misma 
arena, y defendido de los naturales desde tierra, los 
burló á los seis, y se quedó libre. 

Estávase D. Juan de Garay en Villafranca arto te- 
meroso y sin saver qué hacerse, y á no ser porque 
Marcin obró con alevosía, como se verá adelante, no 
hubiera salido tan bien librado, porque de las cartas 
que se hallaron á un correo que en disfraz de pobre 



336 

despacha va Garay á Lérida, j con la de algunos par- 
ticulares del mismo exórcito que havióndolo prendido 
los nuestros llegaron á Barcelona, se vio patente su 
temor, j cómo dava razón de quanto pasava dentro 
Barcelona y de que quedaron fustrados sus intentos: 
viéndose desengañado ya en ellos, día de Todos los 
Santos, resolbió retirarse á Tarragona, y al executarlo 
quemó las barracas, deshizo las trincheras y derribó 
las murallas y obró en su retirada algunos daños, y 
dejando buena guarnición en Sichas, sólo con algu- 
nas fuerzas reales se pasó al campo de Tarragona y 
se detubo allí has la 12 de Noviembre, que determinó 
pasar los collados y bolverse á Lérida. Los seis na- 
vios también desaparecieron día de Todos Santos. 

Mientras pasava todo esto,- nuestra caballería é in- 
fantería se estubo sin hacer oposición alguna entre 
Igualada, Piera, Santa Colonia y Garreal, que si Mar- 
cin hubiera querido le podía dar malos ratos al Gaste- 
llano, ó por lo menos guarnecer los collados para em- 
barazarle el paso. Lo que obró fué que pasados los co- 
llados mandó Marcin á Griqui, General de cavallería, 
que embistiera por la manguardia, que él con el res- 
to, que sería tres mil cavallos y otros tantos infantes, 
daría sobre la retaguardia: toda era buena gente. 
Griqui lo hizo con valor y diligencia, pero Marcin 
mui ruinmente, pues no dejando de empeñar a Griqui 
en el choque, dejó de asistirle y dar sobre la reta- 
guardia como havía ofrecido, estándose mui quieto, y 
casi á la vista abrasóse Griqui, y procuró lo mejor que 
pudo lograr su retirada, que no pudo ser menos que 
con pérdida de trescientos y más cavallos y la nota y 
burla del Castellano . 

Llegó Griqui á Santa Goloma, donde estaba Marcin, 
y llegando á disputar y reñir la acción en la publici- 



337 
dad de la plaza, hubo Griqui empuñada la espada 
contra Marcin; dexó de escrimirla por respetarle Ge- 
neral, y remitió el duelo á los pies del Rey, para 
donde caminó luego con las postas y dio razón en Pa- 
rís de todo lo que pasa va. Quedó Marcin de este he- 
cho mui vituperado y se dijo del mil insolencias: que 
se avía conferido dos veces con D. Juan de Garay y 
que éste quedó muy asegurado del que no le harían 
oposición ni embarazo alguno; cumpliólo bien, por- 
que jamás quiso juntar grueso de exército para dar 
sobre el enemigo, siendo así que podía unir triplica- 
das fuerzas á las del Castellano de sólo las levas de la 
provincia; pero no sólo no quiso, sino que para simu- 
lar su doblez dividió las tropas, dejando mucha parte 
hacia Blanas y Mataró con pretexto de que sabía que 
la armada de mar del Castellano quería desembarcar 
mucha gente por aquellas playas Castel dell fels (1): 
puso otra porción y cargo,, la mayor á Barcelona, se- 
parando tan distintamente las milicias y no querien- 
do unir jamás, aun estando á vista del contrario. 

Quando Marcin conoció que el Castellano quería re- 
tirarse, apartó de sí á Dardena, mandándole que con 
su cavallería catalana, que era mil cavallos y mil in- 
fantes, entrasen por aquellos lugares fronterizos del 
reyno de Valencia á pillaje, como son Peñíscola, Ve- 
nicarló, San Mat^o y otras poblaciones, en las quales 
executaron los soldados grandísimo estrago; pero tru- 
jeron el maior para sí y para Cataluña, porque en aquel 
reyno y frontera de Valencia ardía aún la peste que 
el año pasado havía padecido, y en tanto que llegaron 
á saquear muchos lugares que los naturales no osa- 
van aún bolber, y como entre las milicias en materia 

{{) Quiso escribir Castell del fels. 

Tomo xxiv 2Í 



338 

de pillaje no se atiende á los daños futuros, cargaron 
con ropa y trastos inficionados y contagiosos: todo en- 
tráronlo en Tortosa, pegóse allí la peste y de allí se 
esparció por la ribera de Ebro, campo de Tarragona 
y provincia, como se verá en adelante, sin lo que 
pudo esparcirse por los mismos soldados. Mientras 
éstos trujeron esta mercaduría, el Castellano pasó y 
retiró á Lérida. 

No deven omitirse para el curioso las instrucciones 
que havía dado el Rey Gathólico á D. Juan de Garay 
para cuando se viese dentro de Barcelona, con la su- 
posición que tenía de ocuparla en breve: el modo por 
donde éstas se traslucieron fué que asistiendo un sa- 
cerdote á un castellano y de suposición del exéroito 
de Garay, estando enfermo y á últimos lances de su 
vida, desaogándose con este buen clérigo con mues- 
tras de mucho sentimiento, le aseguró que Garay 
traía instrucciones duplicadas, unas- de benignidad 
para asegurar la entrada pacífica y promisoriar, y 
otras para executadas y de castigo, y que así le en- 
cargava y dava permiso para que las participare á 
quien juzgare conveniente, y el sacerdote, juntando 
las crueles y de castigo, escribió á un caballero de 
Barcelona las que le ocurrieron de benignidad y man- 
sedumbre (puédese creer no hubiera sino las primeras, 
y que las segundas, que se suponen sean hijas de la 
malicia y el rencor), cuio contenido, sacado de la car- 
ta,, es éste: 

Que trate bien á mis vasallos del Principado de Ca- 
taluña y que no permita que los soldados hagan ex- 
torsiones y violencias ni desacatos en los lugares 
adonde lleguen, y que se pague cuanto se tomare del 
paisano y se agasagen y abrasen amigablemente á los 
catalanes, asegurándoles que en breve se verán libres 



339 

del dominio francés; que no tolere que soldado algu- 
no pierda el respeto, hable mal ni moteje á los cata- 
lanes, y si alguno lo hiciere, sea castigado cruel y 
severamente. Que las cartas que lleva del Rey Gathó- 
lico para los Diputados y Ciudad de Barcelona, como 
caveza del Principado, las envíe por un trompeta. El 
contenido de estas cartas heran muchos ofrecimientos; 
así de nuehps privilegias como de haciendas, y un 
perdón general sin exceptuación de persona alguna. 
Que se empeñava á reparar todos los daños que havía 
recivido Cataluña, y en paga de los gastos hechos en 
estos años de guerra, por primera paga ofrece dar dos 
millones de oro. 

Que prometen jurar de nuevo las constituciones 
establecidas y conceder nuevos privilegios, y que den- 
tro de seis meses promete, á costa de su Real patrimo- 
nio, cobrar las plazas que el Francés posehe en Cata- 
luña, sin que ningún catalán vaia forzado, sino mui 
de su voluntad y gusto. 

Que quedarán los Oficiales y Ministros de justicia 
nombrados por el Rey de Francia en el puesto que 
cada uno ocupa al presente. 

Que sacará á su costa al Francés del Principado de 
Cataluña, librando á sus fieles vasallos de las opresio- 
nes y yugo que causa el Goviérno francés. 

Que no pedirá quenta de lo que ha perdido el Rey 
Cathólico de su hacienda en Cataluña. 

Que se presente con su armada real delante de Bar- 
celona, en donde sin disparar un tiro esperará la re- 
solución, que se moverá dentro por mis vien inten- 
cionados y gente de confianza que tengo dentro de 
ella. 

Y finalmente, que rechazado el Francés, se entre 
dentro y tome posesión de todo, dejando los Oficiales, 



340 

Ministros y Govierno como están, asegurándoles que 
el Rey los tratará con amor y benignidad de padre. 

Todo esto era el brindis y ofrecimiento engañoso 
para facilitar y conseguir la entrada. Lo que después 
se havía de executar es lo que se sigue. 

Que cuando los catalanes estarán resueltos á tomar 
las armas contra el Francés, les obligará con vigor á 
que vayan todos desde catorce años arriba, sin aten- 
der á las promesas hechas. 

Que todos los que son y han sido Ministros, así de 
justicia como de govierno, los llame con cautela y 
castigue, sin que el pueblo se commueva ni alborote. 

Que á lo3 Ministros actuales les notifique las pérdi- 
das que el Rey Gathólico ha perdido en estos años de 
guerra, las cuales han de ser satisfechas de qualquier 
modo. 

Que se ha de dar quenta y pagar las municiones y 
bastimentos que estavan en los amagacenes de la Ata- 
racana, y todo lo demás que constare, havía y faltare. 

Que á costa de sus haciendas y vidas se han de re- 
cuperar las plazas que el Francés ocupara en el Prin- 
cipado. 

Que los dos millones ofrecidos vajo de palabra real, 
se tomarán en desquento de muchos más que el Rey 
Gathólico ha perdido y consumido en el Principado. 

Finalmente, tratará á los catalanes con todo el ri- 
gor posible para exemplo del mundo; embiará á la 
corte los que tiene nombrados en papel aparte, para 
que conste á todos el real sentimiento de los males; se 
hará un público y exemplar castigo. 

Estas ynstruciones aseguró el cavallero havía leydo, 
y en breve refirió las que ocurrieron á la memoria, 
advirtiendo que en el segundo aranzel havía cosas de 
mucho terror y espanto, tales, que escritas serían in- 



341 

creíbles, teniendo sólo á los ojos engañar la provincia 
y obligándola á mirar al Rey Cristianísimo nuestro 
señor por capital enemigo para que en otros lances no 
nos asista. Lo demás (dice el sacerdote) para cuando 
nos veamos; Dios nos guarde de tales engaños y 
quiera no se logren como no se ha logrado en esta 
ocasión, salióndoles como se ha referido y se deja ver, 
quizá porque Dios aborrece las alevosías y premia las 
verdades. 

CAPÍTULO 28. 

CORREOS QUE SE DESPACHAN! PARÍS.-EXTR ACIÓN DE CONSELLBRES.— 
EMBÍANSB EMBAJADORES Á PARÍS.— LLAMAN JUSTICIA LOS LUGARES, 
Y LOS EFECTOS DE TODO ESTO. 

Viendo la Provincia que el Castellano se entrava 
por ella con exército, y por otra parte que el país ha- 
cía los maiores esfuerzos para su defensa, y que á todo 
esto de Francia no venía socorro ni consuelo alguno, 
ni se hablava de cambiar Virrey, que hacía cerca de 
un año que durava el ínterin, y que las milicias esta- 
van pereciendo por no venir un real, se juntaron Di- 
putados, Gonselleres, Grovernador y Marcha, y resol- 
vieron escrivirí con todo aprieto á la Reyna por un ex- 
traordinario 'á toda diligencia, representándole el mí- 
sero estado de las cosas y clamando todos embiase 
S. M. tropas y dinero, porque de otro modo era imposi- 
ble se costease esto. Al Síndico que esta va en París, 
Micer Monfar, se le dio orden que incesantemente soli- 
citase estas tres cosas. No había aún llegado este co- 
rreo á París (que en siete días naturales havía de en- 
trar), quando motivados de acercarse el Castellano á 
Barcelona, despacharon segundo correo. Los mismos 
comunes representaron sus desconsuelos, necesidad y 



342 
falta de justicia, levantando de punto las voces para 
mover el real ánimo. Llegaron á París estos correos; 
detubióronlos algunos días, y de buelta entró el pri- 
mero en Barcelona, á 4 de Noviembre, con carta de 
la Reyna de mucho consuelo y ofrecimiento, y con 
diez mil doblones para socorro de las milicias, y que 
en breve vendría Virrey; el segundo correo entró á 
18 del mismo. Éste traía el privilegio de Virrey del 
Duque Mercurio Bandoma, nieto del Rey Enrique 
cuarto, y también partida de dinero, asegurando la 
Reyna asistiría y consolaría al Principado, que no se 
desanimase. 

Sortearon en Gonselleres para el govierno del año 
de 1650 el Doctor en Medicina T. Miguel. Segundo, 
por militar, Francisco Puigener. Tercero, Luis Bata- 
11er, ciudadano que, como Notario, lo havía sido en 
el año de 1646, y después sacó privilegio de ciudada- 
no. Quarto, Paulo Ferrer, mercader. Quinto, Francis- 
co Serra, zirujano. Y sexto, Joseph Soler, sastre: sir- 
vieron todos íntegramente el año. 

Acávase de referir el fervor con que los Consisto- 
rios solicitavan las asistencias y el que viniese Virrey 
por medio de los dos correos, y que el último que llegó, 
á 18 de Noviembre, trajo el privilegio de Virrey, con 
lo cual y los ofrecimientos de la Reyna, creyeron 
quedar en breve consolados; pero estando ya á vuel- 
tas de Navidad, estavan las cosas muy calmadas, sin 
que se hablara de venir Virre}^ asistencias ni tropas. 
'Á este desconsuelo se añadía el desorden de los solda- 
dos, así catalanes como franceses, con los paisanos y 
lugares, haciendo las extorsiones, violencias y hurtos 
en sus propias casas, después de las fatigas ó indeci- 
bles gastos que ha vían tenido quando el Castellano 
entró para las nuevas levas y socorros; dieron en 



343 

desvergonzarse con los naturales á la retirada del se- 
guimiento del Castellano, y llegó á término su desen- 
freno, que el trozo de la Reyna, que eran las compa- 
ñías que á costa del Rey havía echo montar y formar 
el Governador, coadunadas con los tercios franceses 
por particulares parcialidades que tenían algunos sol- 
dados con los de la villa de Moya, la entraron, y he- 
chos dueños de ella, la saquearon como se les antojó, 
cometiendo insultos y muertes que les pareció; pasa- 
ron de allí al llano de Vique, en donde también liicie- 
ron de las suyas, que como heran los más catalanes, 
querían vengar lo que les pasava por la caveza; y á 
no ha verse interpuesto algunas personas, es cierto que 
hu viera perecido esa cavallería. 

La villa de Moya y los demás lugares agraviados 
dieron en clamar justicia á los Consistorios; conocie- 
ron éstos que estos desórdenes nacían de no haver Vi- 
rrey que governara y General que castigara, y que 
havían de crecer de cada día si no se ponía remedio; 
vían también que estava olvidado todo esto: resolvie- 
ron en vista de todo esto ambas casas embiar cada 
qual su Embajador á París para solicitar el remedio de 
tanto desorden, y que tuvieran efecto las peticiones 
echas por los dos correos ya dichos y el recelo de que, 
cansada la provincia, no diese contra las milicias y 
acavase con ellas, y que para exonerarse los Consis- 
torios de todo, los Embajadores partiesen á esforzar y 
representarlo todo. Por la Diputación fué el Abad 
Monpalau, que partió por Pasqua de Navidad, y poco 
después por la Ciudad partió Francisco Sangenis, ciu- 
dadano onrrado, ambos á toda diligencia y con todas 
las asistencias y lucimiento que correspondía á la obli- 
gación y puesto que los embiava. 



344 



CAPITULO 29. 

PRISIONES DE MARCIN EN BARCELONA Y DEL PRÍNCIPE DE CONDE Y 
OTROS EN PARÍS.-INTERPRESA DE TARRAGONA, Y EMPIEZA EL AÑO 
DE 1650. 

Á los 28 de Enero llegó orden de París al Governa- 
dor D. Joseph de Margarit y á Monsiur de Marcha, 
para que prendieran, se aseguraran y tuvieran á bue- 
na custodia la persona de Mosiur Marcin, y al Gover- 
nador, que con una buena guarda lo llevara á Perpi- 
ñán y lo entregase en propias manos y poder del Go- 
vernador del castillo, el Marqués de Novalles, porque 
así convenía á la Corona y Real servicio, por las mu- 
chas y graves causas que para ello tenía el Rey. A la 
Ciudad vino también carta para que diera toda su asis- 
tencia á la execución de esta orden y prisión. El Go- 
vernador sin detención alguna pasó á executarla y 
obedecerla, y asegurado ya de la persona, se le dio por 
cárcel á la casa del Intendente, en la calle Ancha, al 
cavo de la carnicería den Sortí, y se le puso un algua- 
cil con algunos fadrínes de guardia de vista, y á la 
puerta de la casa otro con la misma comisión. Execu- 
tado todo esto se dio la carta á la Ciudad, y como en 
ella encargava tanto la Reina la seguridad de la per- 
sona y que se asistiera al Governador, en eso resol- 
vieron poner tres compañías de guardia á la casa, 
circumbalando el sitio y ocupando las bocas calles no- 
che y día, sin permitir á otros transitar por ellas, que 
á los dueños que tenían allí sus casas, formando dos 
cuerpos de guardia, á la plazuela de la bajada de los 
Leones y boca calle que entra hacia el Regomí, y á la 
carnicería den Sortí v á la entrada de la calle Ancha 



34o 

y puerta principal de ]a Gasa, de forma que parecía 
un presidio cercado; á las noches todo era encender 
calderones y fuegos sin dejar transitar las calles; las 
compañías se mudavan de 24 en 24 horas: esto duró 
seis, en los cuales ajustó Marcin sus cosas y pagó, que 
devía largos reales, que como havía governado Tor- 
tosa, tubo algún comercio; entre tanto, vino otro Go- 
vernador. El día 8 de Febrero el Governador se plan- 
tó en su carroza á la puerta de la de Marcin á medio 
día con algunos camaradas y algunos alguaciles rea- 
les, cavalleros y una compañía de á cavallo; tomaron 
á Marcin y marcharon con él por la puerta de San 
Daniel, recta vía á Perpiñán, haciéndose comboyar de 
lugar en lugar por los somatenes. Antes de salir de 
aquí ya havían echo marchar los rejimientos, con que 
llegó con seguridad á entregarse al Governador Mar- 
qués de Novalles, que lo puso á buena custodia. 

Es'a prisión fué generalmente aplaudida de todos, 
porque no havía entrado francés en Cataluña para 
materia de govierno que más odiado y aborrecido 
hu viese sido, y de quien menos seguridad se bu viese 
ienido. El era de natural ambicioso, y como pudiera 
adquirir dinero, se le dava poco de lo demás; tenía el 
país exasperado y aniquilado á puro de contribuciones 
y repetidos servicios y continuos gastos, y sobre todo 
esto, no ha ver obrado facción alguna de provecho, 
pudiendo antes bien proceder como se dijo y se vio en 
esta última entrada del Castellano con alevosía. 

Imputósele por tal el mal suceso que tubo la inter- 
presa de Tarragona que se intentó hacer algunos días 
antes que le prendiesen. La disposición que dentro la 
plaza havía no llegó á mi noticia: el suceso fué que 
supuesta la asistencia de algunos de adentro, se havía 
de emboscar á la ronda de la Ciudad nuestra cavalle- 



346 

ría é infantería, y fingiendo un comboy de arina que 
venía de Valles, acompañado de algunos hombres con 
armas disimuladas, vestidos á la catalana, se havían 
de hacer dueños de la puerta y rastrillos, y á esa sazón 
embestir la infantería y la cavallería: ello se dispuso 
así, y aviendo entrado ya algunos á lo disimulado, 
cuando llegó el comboy dijo la centinela, qué gente, 
de dónde buena; respondió uno de los del comboy de 
Vaus, que como franceses no supieron hablar la len- 
gua á decir de Valls; conoció la centinela por el idio- 
ma la nación y presumió la alevosía, con que dispa- 
rando mosquetazo y dando voces á arma, cerraron el 
rastrillo y acavaron con las vidas de los que venían 
en el comboy y avían entrado, y quando las tropas 
emboscadas pensaron lograr el intento se volbieron 
burladas. De esta acción se culpó á Marcin, ó por in- 
teligente con el Gobernador de Tarragona para perder 
aquella gente, ó porque no encomendando la acción á 
catalanes más diestros én el lenguaje y en el respon- 
der, malogró la ocasión de tomar esta plaza y hacer 
ese servicio á su Rey, y por el mal afecto que mostró 
siempre á la provincia. 

También se atribuyó la prisión de Marcin á causas 
más. soberanas, porque á la misma sazón prendieron 
en París al Príncipe de Conde, á su hermano el Duque 
de Anguien, Príncipe de Gonti, y á su cuñado el Duque 
de Fongavile, todos de la sangre real y de la primera 
graduación y mando en la Francia. La prisión de to- 
dos éstos fué de orn. del Parlamento y Reyna, ávida 
primero madura consideración en el Parlamento. Los 
motivos que corrieron públicos para estas demostra- 
ciones son que el Conde, hallándose primo hermano 
del Rey Luis décimo tercio y el vasallo más rico y po- 
deroso que entonces se conociera en monarca alguno, 



347 
tiró á hacerse dueño del patrimonio real, y como á tan 
velicoso y soberano haviese echo arbitro del Parla- 
mento de París, por donde guantas provisiones y mer- 
cedes se hacían las ponía en sujetos de su devoción, 
queriendo que únicamente se atribuieran á él como 
primer móvil. Las dignidades, cargos y rentas mejo- 
res que sacavan, las ponía en su caveza, viniendo á ser 
despótico Gobernador y destribuidor del patrimonio y 
gobierno de toda la Francia. Avía puesto General de 
la mar á su cuñado el de Miranvalle. Al de Anguien 
tenía como hermano, con las armas y milicias á su 
mano: estando en esta altura pretendió que de gracia 
ó por fuerza havía de ser Condestable de Francia, 
puesto que va anexo y unido á la casa de los Duques 
de Orleans, y por pertenencia á su tío, hermano del 
Rey difunto. Sobre esta ambiciosa pretensión se sus- 
citaron varias contiendas y encuentros, pasando algu- 
nas revoluciones en París, y de todo resultó descubrir- 
se que los intentos del de Conde era ceñirse la corona, 
para lo cual havía llenado de echuras suyas y en los 
primeros puestos y de mayor manejo toda la Francia; 
havía adquirido mucho dinero, estados y rentas; co- 
rría secreta confederación con España y otros poten- 
tados para que en el lance (procurara cada cual lo que 
era suyo) le aiudasen á sentarse la corona y empuñar 
el cetro: éstas fueron las causas que corrieron públicas- 
para estas prisiones. 

Pero como Dios no suele sufrir alevosías, permitió 
se descubriera ésta, y asi, prendiendo á estos tres su- 
jetos, fueron llevados á un castillo fuera de París, des- 
tinado ya para cárcel de Príncipes; confiscados todos- 
sus bienes y expoliados de todos los cargos y oficios, 
no sólo lo que por merced real tenían, sino también 
de los que por naturaleza gozava y los estados que ha~ 



348 

vía comprado, entre otros el castillo de Villaguardia, 
en donde tenía mucho dinero depositado, y con tal 
guarnición, que huvo de hir exército á ganarle á fuer- 
za de armas. Marcin hera como entre otros de su fac- 
ción que havían de obrar en su seguimiento llegada 
la ocasión: este suceso costó grandes recelos y alboro- 
tos á la Francia, por ser tantos y tan poderosos los 
que el de Conde, ya por obligados y ya por afectos, te- 
nía á su devoción, y que deseavan perder la vida en 
su servicio , Dexemos executando prisiones y pasemos 
á lo de Cataluña. 

CAPÍTULO 30. 

ENTRADA DEL DUQUE DE MERCURIO, PRÍNCIPE DE BANDOMA, 
POR VIRREY EN CATALUÑA. 

Trece meses y veinte y dos días hacía que se halla- 
va Cataluña sin Virrey, y con suma necesidad de ad- 
ministración por los desórdenes que cometían los sol- 
dados; y aunque havía ocho meses que estava nom- 
brado el Duque Mercurio, Príncipe de Bandoma, nie- 
to del Rey Enrrique cuarto de Francia, y en la misma 
línea que el de Conde, Príncipe de la real sangre, no 
podía ni se le permitía venir á servir sus cargos por 
las rcboluciones referidas de la Francia;* pero las ins- 
tancias de los Embajadores y continuas representacio- 
nes del Principado, hicieron aligerar su partida y que 
viniera tan á la ligera, que sólo su persona con algu- 
nos criados partió de París á la posta; llegó la noche 
del 21 de Febrero á cenar á GranoUers, en donde le 
ospedó D. Joseph de Pinos y regaló opulenta y cos- 
tosamente, y el día 22, después de haver comido en 
San Andreu, entró en Barcelona mui sencillamente; 



349 

reciviéronle anticipadamente los Governadores Mar- 
garit 3' Dardena con las milicias, y á sus puestos sa- 
lieron los de la Ciudad, Diputación, Audiencia y Loxe, 
como es estilo, y se hizo con el de Llui, último Vi- 
rrey. Llegado á la Cruz de San Francisco, empezó la 
artillería ha hacer salva: avíanse dividido y sembrado 
los cañones por la muralla; entró por la Puerta Nueva, 
y acompañado de todo el concurso, por las calles acos- 
tumbradas fué á prestar el juramento al Aseo, y de 
allí á descansar al palacio ordinario, y por ser ya no- 
che se encendieron pasadas de 150 achas y muchos 
calderones á trechos por las calles, continuando hasta 
que llegó á su casa la salva de la artillería y petardos; 
en palacio fué recivido con música de cuerda, clarines 
y varios ynstrumentos, mostrando en aclamaciones el 
gozo de tener ya Virrey: era hombre de buen aspecto, 
buen rostro, mui rubio, blanco y colorado, y de edad 
de algunos treinta y cinco años, y como venía tan sin 
asistencia de criados y vestidos, entró sencillísimo, y 
para la función un Marqués francés, Marselin, que ha- 
vía casado con la muger que fué de el Conde de Ce- 
balla en BarceJona, le prestó su carrozilla, arto dono- 
sa y nueva, y se sirvió de ella hasta que vinieron las 
suias, que fué por la Octava del Corpus, que como no 
tenía nada aprestado para el viaje, se dilató todo ese 
tiempo en llegar su carruaje y ropa. 

Truxéronle dos carrozas con tiro de á seis cavallos, 
todo mui rico, lucido y bueno. La una particularmen- 
te era toda la clavazón dorada, con cabos de terciope- 
lo carmesí y franxones de oro y seda. Las galas de la 
persona llevaron ventaja á las de los otros Virreyes, 
menos el de Conde. La librea de pages y criados de 
escalera arriva mui lucida y rica, color de oro con ca- 
vos de oro y seda, y taláis bordados y mucha pluma. 



350 

Los pajes con calza tirada. Los lacayos con librea azul 
y cabos de plata. La librea de la guardia de la cara- 
Yiua era también azul con mucha botonada de plata, 
con las cruces por los capotillos de plata, rodeadas de 
coronas imperiales labradas de galón de plata. Los 
restantes de los coches eran unos florones de bronce 
dorado con escudos de las armas reales, que eran las 
suyas. No estava casado; pero se esperava en breve 
acavar de ajustar su casamiento con una sobrina del 
Cardenal Macerino, Primado de los Reyes. 

CAPÍTULO 31. 

EMPIEZAN LOS RECELOS DE LA PESTE POR TORTOSA; DILIGENCIAS PARA 
LA AVERIGUACIÓN. -ESTIÉNDESE Á TARRAGONA; PREVENCIONES Y 
ROGATIVAS POR ESO Y POR AGUA. 

Ya queda prevenido en los capítulos atrás, que por 
los dobleces de Marcin y franquearle el paso en su re- 
tirada al Castellano, embió á Dardena con dos mil 
hombres á pillaxe al reino de Valencia, en donde ha- 
vía todo aquel año abrasado la peste. De las ropas y 
pillaxe que los soldados havían retirado á Tortosa, 
como no estavan aún bastante limpias ni expurgadas 
del contagio (que de su naturaleza suele este mal ce- 
sar, de forma, que parece no hay ya rastro del, y luego 
boelbe á encenderse), se encendió en aquella ciudad y 
rivera del Ebro con mucha fuerza, extendiéndose en 
breve por toda aquella comarca; declaróse en ella por 
mal contagioso, y á esta ocasión la ciudad de Barce- 
lona quitó totalmente el comercio de aquel partido, 
vibiendo con gran recelo y cuidado de no admitir á 
nadie. 

Resolbió así mismo, como es costumbre, embiar un 



351 

Médico y Cirujano para tener seguro desengaño de si 
era peste: fueron á Tortosa el Dr. March Xelpí, Médi- 
co, y Matas, de la calle Ancha, Cirujano, cOn dietas 
muy crecidas á costa de la Ciudad; y á la vuelta, por 
excusarse el mal paso de unas montañas, quisieron em- 
barcarse en el río Ebro agua arriba hasta pasar aquel 
riesgo, pero dieron en otro mayor, porque llegando á 
un estrecho de dos altos montes por donde el río tie- 
ne su corriente, dieron en manos de unos micaletes 
que acaso, ó espiados de la parte de Aragón, los hicie- 
ron prisioneros y llevaron al reyno de Aragón aden- 
tro, y pidiendo por su rescate mil y quinientos doblo- 
nes para negociarlo y dar parte de lo sucedido, permi- 
tieron que el Cirujano viniera á Barcelona, quedando 
en renes el Médico, que, como savían corría por quen- 
ta de la Ciudad, pedían tan buen rescate; interpúsose 
el Virrey con los de Valencia y Arafífón, ofreciendo dar 
otros prisioneros en cambio: no se admitió el partido; 
reusava la Ciudad el pagar por no haverles dicho se 
embarcaran ni ser prisioneros de guerra; pero por pos- 
tre huvo de pagar 675 doblones en tiempo que pasava 
á ocho escudos y medio de sisenes el doblón, y además 
embiar segundo Módico, que fué el Dr. Vileta. 

Estavan las puertas de Barcelona reducidas á tres, 
puerta del Mar, de Argel y San Antonio, con muy 
buenas guardias, sin permitir entrar á nadie de aquel 
partido sin boleta ni con ella. Declaróse también la 
peste en Tarragona, introducida con la ropa que se 
admitió de Valencia en una barca, y encendióse de tal 
forma en la ciudad y villas del campo, como Villaseca 
y otras, que fué preciso en breve, por los muchos que 
morían, desamparar el poblado y abarracarse en cam- 
paña, formando sus hospitales y morbería y admitir 
los mantenimientos de los vecinos con gran precau- 



352 

ción y escasez. Las milicias de Tarragona se aquar te- 
laron en la marina como pudieron. 

En Barcelona crecía el desconsuelo y temor; acu- 
dióse á Dios por medio de rogativas, en procesiones y 
devotísimas funciones, para que Dios aplacara su Divi- 
na Justicia; en cada iglesia, empezando por la Seo, y 
las demás por turno, se tuvo á Nuestro Señor paten- 
te, acudiendo muchas procesiones con penitencias muí 
singulares á pedir misericordia á su Divina Mageslad. 
Los combentos y comunidades de monjas y religiosas 
estavan incesantemente orando; las guardas del mor- 
bo se aumentaron, y procedían con gran actividad; 
quisieron estrechar á dos puertas, la del Mar y la del 
Ángel, el comercio; pero como la última es tan angos- 
ta y el carreo de carruaje y vagaje era tanto, no bas- 
tava vigilancia humana á dar cobro todo, con que se 
hubieron de abrir más y aumentar la guardia para 
evitar mayores daños é inconvenientes con tales apre- 
turas. 

Corriendo entre estos procelosos sustos y riesgos, 
amenazava el de una estéril coxida por la falta de agua 
sin haver llovido meses había: esta necesidad era uni- 
bersal por todo el Principado, y en todo él eran conti- 
nuas y extraordinarias las rogativas; por los caminos 
no se encontravan sino procesiones de unos lugares á 
otros con tragos mui penitentes y llenas de peregrinos 
con ásperas penitencias. En la Ciudad empezaron sus 
rogativas á Santa Madrona: bajáronla á la Aseo; acu- 
dieron las comunidades procesionalmente; pasó la Seo 
á tener descubierto el Santísimo, á visitar las ermitas 
y cambras que dicen, y en ellas hacer los Divinos Ofi- 
cios; seguían las parroquias y los conventos los mis- 
mos pasos: todo era inbentar procesiones; hiciéronse 
algunas llenas de doncellas y peregrinos vestidos de 



3o3 

blanco con sus Santos Cristos en las manos (que jamás 
se han visto más Cristos) y todos gritando misericor- 
dia y agua, Señor, que era un continuo dolor y triste 
espectáculo: á todo estavan cerrados los cielos. 

Recurrieron al glorioso San Se ver, y viernes 20 de 
Mayo llevaron su cuerpo el Cabildo y texedores, con 
la devota y penitente procesión que se acostumbra, á 
Santa Clara, en donde las religiosas dijeron el Oficio, 
y en rogativa continuada lo bolbieron á la Seo, y de- 
jándolo en el altar maior, acudieron innumerables 
procesiones á visitarle, y las iglesias unas á otras lo 
hacían: ni esto ni lo mucho que tantas almas santas 
se ajustaron con Dios fué bastante para que nos con- 
solara en tal aprieto, con que la cosecha fué muy poca 
ó nada, y esto por toda la provincia; con que queda- 
van sobre ella las tres maiores plagas, que eran am- 
bre, guerra y peste: el cielo se apiade de quien tanto 
padeciere, que todo Dios es menester para la tole- 
rancia. 

CAPÍTULO 31. 

SALE BANDOMA A RECONOCER LAS PLAZAS.— SITIA Á CASTELLÓN.-SO- 
CÓRRENLO LOS CASTELLANOS— VUELVE BANDOMA PARA LA PESTE 
AL AMPURDÁN.-CONDENACIÓN Y LIBRAMIENTO DEL OYDOR NEGRELL. 

Á 6 de Mayo partió S. A. el Duque Mercurio con 
mucha parte de cavallería á reconocer las plazas fron- 
teras y país; empezó por el campo de Tarragona, y 
quísose acercar tanto á la plaza, que con la artillería 
le hicieron no poco daño en sus tropas, matándole al- 
gunos cavalleros y cavallos, y húbose de retirar á toda 
priesa, y por allí pasó al llano de Urgel y á Balaguer 
por el castillo de Flix y aquella frontera. 

Mientras S. A. hiva reconociendo el país con unas 

Tomo xxiv 23 



354 

tropas y levas francesas que entraron de Francia por 
la valle de Aran y partida que embió de aquí, hizo 
poner sitio al castillo de León, que está en la misma 
valle de Aran, confinante á un mismo tiempo con Ara- 
gón, Cataluña y Francia, siendo puerto y paso para 
aquel reyno. Pero aviéndolo entendido los castellanos 
levantaron somatén general de Aragón para socorrer 
el castillo: ó porque no huviera bastante gente ó por 
mala disposición, los sitiadores llevaron mala zurra, 
y se huvieron de retirar con mucha pérdida, y quedó 
el castillo socorrido. 

Llegó la noticia á S. A., que se hallaba en Bala- 
guer, del socorro y pérdida referidos, y se partió lue- 
go para Barcelona, en donde entró último día de Ma- 
yo, y dos días después, noticioso de que el Castellano 
iba juntando armada de mar, quiso reconocer todos 
los fortines, baluartes y murallas muy por menudo, y 
amagacenes y quanto havía en la plaza: executólo 
con mucho acompañamiento de los militares y noble- 
za catalana, y es de notar que asistiéndole S. A. en 
esta función el Conseller en Gap Dr. T. Miguel, Mé- 
dico, le favoreció tanto S. A., que, yendo solos en su 
coche, le dio siempre la mano derecha sin desdeñarse 
de ello y sin reparar que era Virrey y Príncipe de 
real sangre; acción que se admiró mucho y que le hi- 
zo más amable acordándose de la soberbia castellana, 
y de que nunca les parece á los Virreyes castellanos 
estar bastantemente venerados y entronizados, y éste 
era al contrario. 

Á primeros de Junio ya llegó noticia á Barcelona de 
que en San Pedro Pescador, lugar del Ampurdán, havía 
contagio, y que los naturales desamparavan el lugar, 
porque el daño se hiva extendiendo por aquel país. Por 
Corpus ya se supo que en Gerona estava introducido 



355 

y mucha gente empestada, con que Barcelona refirmó 
las guardias y redució á dos puertas el comercio, co- 
rriendo con nueva vigilancia en no admitir persona 
que viniera de parte sospechosa; emhió á Gerona al 
Dr. Vileta para que consultase con aquellos Médicos 
y se declarase si era ó no peste, porque corría con 
duda; pero ó que no lo fuese, ó que no lo conociesen, ó 
que corriesen algunas dádivas, el Dr. Vileta con los 
demás declararon eran sólo enfermedades malignas: 
con esto se resolvió á admitir el comercio en Barce- 
lona, que duró algunos ocho días, en los quales mu- 
chas familias desempararon á Gerona y se vinieron á 
Barcelona, porque temieron lo que era, y fué parti- 
cular milagro de Dios que entonces no se introdujese 
la peste en Barcelona. Pero reconociendo los muchos 
■que morían, y con tanta brevedad privaron totalmen- 
te el comercio, y resolhió la Junta del morbo embiar 
médico y cirujano para tener seguro desengaño: éstos 
fueron el Dr. Argila y Jayme Texedor, los dos más 
peritos en Medicina y Girujía. Éstos partieron á últi- 
mos de Julio y entraron en Gerona, donde estuvieron 
ocho días,' y resolvieron ser peste en realidad lo que 
allí padecían, y que no lo tuviesen á burlas; quando 
volvieron á Barcelona les hicieron purgar la quaren- 
tena en una torre cerca de Sarria, de la misma Argila, 
y desde entonces se guardó con gran cuidado, sin 
permitir el menor ensanche del mundo. 

En Gerona padecían muchísimo, no sólo del mal, 
sino también de víberes y mantenimientos, porque la 
gente huía de ellos, y aun con su dinero no hallavan 
quien les socorriese, y fué preciso que el Real Con- 
sejo embiara un Juez con mucha gente: éste fué 
el Dr. Gamps y Rubí; aquartelóse en campaña á la 
circunferencia de Gerona, señalando con estacada un 



356 

pedazo de terreno, dentro del qual no se admitía á 
ninguno de la ciudad ni del salía alguno, y si alguno 
pasava la linea havía permiso para darle la muerte. 
Este Ministro les hacía traer de los lugares vecinos 
mantenimientos, y acudiendo á la línea lo recivían pa- 
sando el dinero con que pagavan por fuego ó por vi- 
nagre, y pedían de nuevo lo que havían menester. La 
Ciudad y el Gavildo havían echo cuerpo y costeavan 
quanto se gastava, y para que no hu viera diversión, 
á un puesto solo acudían, que estava señalado con un 
palo. 

De esta suerte estavan recluidos los dolientes, y se 
evitava que se extendiese el mal, quedando todos so- 
corridos, porque era de tal suerte la gente que moría, 
que havía día de á 200 muertos. Tuvieron mucha cul- 
pa los geroneses, porque á primeros de Ahril ya mo-' 
rían muchos de la peste, y por quererlo ocultar y no 
privarse del comercio, llegó á extenderse por aquel 
partido y á encenderse tanto en ellos. Los de Olot, 
apenas se vieron con el mal, quando, escarmentados 
por los de Gerona, dieron providencia y excusarían 
la comunicación, con que no fué en aquella villa tan 
cruel. 

En Barcelona eran continuas las rogativas y el es- 
tar nuestro Señor descubierto por las iglesias, porque 
sobre la peste estaba con la guerra la esterilidad del 
agua y falta de pan, siendo las tres plagas universa- 
les por Cataluña. Duró casi el Agosto y Septiembre en 
Barcelona la penuria del pan, con tanto ó maior rigor 
que el año de la hambre, de modo que llegó la gente á 
término de rebentar en los ornos por la prisa de com- 
prar pan; no era tanta la falta de trigo quanta pa- 
recían, sino que la ambición de algunos tenía agrá- 
nerado el trigo, queriendo precio exorbitante, aunque 



t 
357 

ya entonces corría á nueve escudos la quartera, moti- 
vos que pusieron en riesgos de una rebolución á Bar- 
celona: sosegóse algo la ciudad; tomó por su cuenta el 
pastrín, haciendo masar en varias partes y socorrien- 
do el pueblo para que se quietara: estas necesidades y 
rumores eran por todo el Principado, quizá por nues- 
tras enormes culpas, que sí debían serlo, pues con 
ocasión de la guerra, peste y hambre se cometían exe- 
crables delitos y ofensas; no se respetavan á los ecle- 
siásticos, porque los matavan y herían sin haver más 
suposición que si fueran seculares, y se vivía sin te- 
mor de Dios ni á la justicia, de que la Divina, empu- 
ñando la espada de tres hilos, la esgrimía cruelmente 
con la guerra, peste y hambre sobre esta desdichada 
provincia, aunque havía algunos justos que templa- 
van el enojo de Dios. 

Ya se dijo la expulsión y prisiones que se hicieron 
en Barcelona quando D. Juan de Garay venía para 
sitiar Barcelona, y cómo se llevaron presos á Perpi- 
ñán cinco cavalleros catalanes por la conspiración 
que se temía. Después de haber llegado á Barcelona 
el de Bandoma, quisieron sustanciar los procesos y 
hacer la causa á estos cavalleros: trujáronlos de Per- 
piñán y S. A. puso en palacio al Oydor Negrell y á 
D. Gerónimo Miguel, y después de algunos meses de 
prisión instó el Oydor (los otros tres estavan en la 
cárcel real) Negrell se le hiciera la causa, porque no 
estuviera bien probado el delito, ó porque rey nava la 
malicia. Condenáronlo á dar un garrote y á que en- 
trara en tormento para descubrir de raíz los cómpli- 
ces y poderle con plena provanza hacerle padecer. 
Pasó tres días de tormentos continuados con sumo 
rigor, pero jamás dijo otro sino que padecía injusta- 
mente y que nada savia en lo que le preguntavan. 



358 

Dexáronlo, quedando corridos los del Consejo de ha— 
verle condenado y de que havía pasado los tormentos 
sin descubrir cosa alguna. Á vista de esto se resolvió 
el Duque á visitarlo dos veces en distintas noches en 
la cárcel, y asegurándole la vida y hacienda, le per- 
suadió á que descubriere los cómplices en la traición, 
y que se asegurase como quisiese, como no dejasen de 
decir lo que entendían en el negocio, si lo hizo uno 
queda en duda: lo que pasó es que haviéndole dado un 
mes de tiempo, se dijo havía asegurádose y descu- 
bierto á muchos. 

En breve tiempo prendieron á un Notario real lla- 
mado Pedro Mártir Costa, por culpado en que llevava 
las cartas de los confidentes á Zaragoza al Virrey y 
las volbía, y esto repetidas veces: por ello, y por otros 
delitos como éste y de poca fidelidad, le condenaron 
á un garrote púbUco en la plaza de los traydores, en 
donde acabó sus días. Mientras á éste se le hizo la 
causa, se ausentaron y pasaron á España muchos, y 
entre ellos un cavallero Ríus, uno de los cuatro algua- 
ciles de vida. También se ausentó el Escribano maior 
de la Diputación, T. Bruniquer, y se dijo que éste 
sellava las cartas con el sello de la Provincia y con- 
trahacía las firmas de los Diputados en las cartas que 
hivan á Zaragoza, pidiendo gente al Rey Gathólico 
para sacudir el yugo francés por las violencias que 
cometían y rigores que experimentavan, todo á fin de 
commover al pueblo. Llegó á término esta máquina, 
que en Zaragoza fingieron un Gonseller en Cap, que 
con la gramalla y asistencia de las mazas de la ciudad 
de Barcelona dio embajada al Rey Cathólico en nom- 
bre de la ciudad y provincia, pidiendo socorro para la 
expulsión de los franceses de Cataluña, y estas estra- 
tagemas dijeron era para obligar á que las milicias 



359 

vinieran voluntarias, porque no venían con gusto á 
las campañas de Cataluña. El Oydor quedó libre de la 
muerte y restituida su hacienda, con condición que no 
pudiese eredar. al hijo maior, porque estava también 
comprendido en esta facción y se havía ausentado. 
Esto pasó á primeros de Julio, y el día 22 lo desinsi- 
cularon y condenaron á presidio perpetuo con Don 
Gerónimo Miguel y D. Joseph Amat, y á primeros de 
Septiembre fueron llevados al castillo de Perpiñán, en 
donde havían de permanecer durante la guerra, y 
después quedar á merced de Rey; á D. Jph. Navel lo 
libraron por fatuo ó falto de juicio; á D. Jph. Amat lo 
sacaron acopleuta ó malleuta: á los cuatro, menos á 
Negrell, se les provó mui poco ó nada; á otros muchos 
desterraron; á algunos pusieron en galera, obrando en 
esto como se les antojava ó cojía la manía, que aun 
en cosas tan grandes obran los jueces según las pa- 
siones. 

CAPÍTULO 32. 

LEVANTARSE LOS DE FALSETE CONTRA LOS FRANCESES; ACUDE EL VI- 
RREY Y SACA Á LOS CASTELLANOS. -ROGATIVAS POR LOS TRAVAJOS 
PRESENTES-SITIO Y RENDIMIENTO DE FLIX Y TRÁNSITO DE LA AR- 
MADA DE MAR Y SUS OPERACIONES. 

Por las continuas vejaciones y violencias que los 
soldados franceses y catalanes executaron en los luga- 
res, villas y caseríos, con descrédito y ruina de los 
paisanos, haciéndose dar de comer y contribuir á su 
libre alvedrío, llegaron repetidas quexas al Virrey 
para que aplicase remedio, con amenaza de que no ha- 
ciéndolo él, se lo tomarían las Universidades. A todo 
se hacía el sordo, ó porque contentava ese obrar, ó 
porque como no venían asistencias de Francia y no se 



360 

pagavan las milicias, era preciso que de una ó otra 
parte se alimentasen los soldados, y nada se remedia- 
va; apuróse la gente, y mancomunados los pueblos, 
negaron el alojamiento, y puestos en arma matavan 
quantos franceses llegavan haver en toda aquella ri- 
vera de Ebro: esto obligó á que el Governador Mar- 
gante, con asistencia de gente y somatenes, fuese á 
sosegar aquellos tumultos. El Bayle de Vimbodí, que 
profesava amistad al Governador, le asistía con tres ó 
qua trecientos hombres que havía levantado para ser- 
vicio de la tierra, guiándolo por aquellas asperezas, 
si bien se dijo era alevosa esta amistad y que le tenía 
emboscada dispuesta para prender al Governador., 
como de hecho estubo cercado tres días, y fué menes- 
ter socorrerlo con gente para sacarlo de allí; pero li- 
bre de esta emboscada, pasó á Fhx, Falset y otras vi- 
llas populosas, y las dejó al parecer quietas, ofrecién- 
dolos se sacaría de Flix al Governador Monsiur Santa 
Coloma, que por su ambición y contribuciones tenía 
toda aquella comarca desesperada y clamava porque 
lo sacasen, y también se ajustaría todo lo de los sol- 
dados. 

Con esto se vino á Barcelona Margante; pero como 
el remedio no era eficaz y la enfermedad quedava en 
su vigor y los ánimos irritados, apenas se ausentó, 
que era á últimos de Julio, quando bolbieron las cri- 
das abr ollar sangre; y asistidos de la infantería que 
seis galeras de España condujeron (y pasaron días an- 
tes por Barcelona) del rendimiento de Portolongón, que 
desembarcaron en una casería más allá Tarragona lla- 
mada Rivamar, convenidos con los castellanos intro- 
dujeron secretamente y guiándolos desde el desembar- 
co, quatrocientos hombres en la villa de Falset, lugar 
cercado, juntándose con ellos todos los cavos de aque- 



361 

líos lugares, y mucha gente que se havía levantado 
contra los franceses. Allávase á todo esto S. A. el Du- 
que Mercurio en Momblac, dándole no poco que temer 
esta operación y que hacer; resolbióse á ir en perso- 
na con unos seis mil hombres entre cavallería ó in- 
fantería, y llevar algunas piezas de campaña (que para 
otras no da lugar el país), y antes que se fortificasen, 
procurar sacarlos de allí. Logrólo después de tres días 
de continua vatería, llegando á capitular los de aden- 
tro; que todos los castellanos, con los catalanes que 
quisiesen seguirlos, pasasen comboyados á Tarrago- 
na, y los demás á merced del señor; siguieron los ca- 
vos y mucha otra gente á Tarragona: con los que que- 
daron, usó el Virrey de gran benignidad, y hecho van- 
do pena de la vida que ningún soldado tocase nada al 
paisano, y que lo pasado quedase así. Dexó su guar- 
nición y se retiró aquarteladas las tropas, y entró en 
Barcelona á 21 de Agosto 1650. 

Viendo la severidad con que Dios añigía á esta des- 
dichada provincia, pues sobre la ambre, peste, gue- 
rra, se añadía la de falta de dinero, y el trigo corría 
á ocho escudos la quartera y el de simiente á diez, y 
esto antes de todos Santos, moneda de oro y plata 
apenas se veía: el real de á ocho valía 25 reales; el 
doblón, 92, y el trentín, 100 reales, sin que se admi- 
tiera en Barcelona otro vellón que el de sisenes que 
fabricava entonces la Ciudad; con que todo se unía 
para formar un orroroso y triste espectáculo. Pensá- 
vanse nuevas rogativas, por medio de las cuales se 
suavizase y aplacase el divino rigor. Resolvióse que 
de nuevo se tuviera patente el Santísimo en cada igle- 
sia por antigüedad, y que por fin de eso se hiciese una 
procesión general con asistencia de parroquias, reli- 
giones y cofradías, y que se visitasen procesionalmen- 



362 

te las iglesias con la mayor devoción posible. La pro- 
cesión general fué día del Apóstol San Bartholoraé, 
24 de Agosto, con muchos penitentes y peregrinos que 
enternecía el verlos, y más las tragedias que de Ge- 
rona, Aulot y lugares en que la peste hacía de las su- 
yas se centava. Dios por quienes se digne no castigar 
con semejante azotea pueblo alguno. 

Rendida la fortaleza de Portolongón en Italia, apli- 
có el Rey Gathólico todas aquellas fuerzas contra Ca- 
taluña, que fué á último de Julio, y luego pasaron 
(como queda insinuado) seis galeras hacia Tarrago- 
na, que sin duda llevavan la noticia. Después el día 2 
de Septiembre se mostraron delante Barcelona veinte 
y dos navios grandes que venían de Italia y navega- 
van á Poniente; estuvieron todo un día bordeando por 
la playa, y vinieron á unirse con ellos las seis galeras 
que es lavan en Tarragona, y juntos hicieron vela ha- 
cia Poniente, desapareciendo una noche. 

Al tiempo que los navios estavan haciendo frente á 
Barcelona, salióse de Lérida el Marqués de Mortara 
con seis mil infantes y tres mil y quinientos cavallos, 
entrándose por el Urgel. Llegó la noticia de esta en- 
trada á Bandoma, que estava en Barcelona, y partió 
el día 5 para Gervera á observar los designios del ene- 
migo y obrar lo que conviniese. EmJjió orden á un 
tercio que havía sacado de franceses de Flix para la 
recuperación del Salsete, que no havía aún restituí- 
dose al presidio que estuviera vigilante en las mar- 
chas del Marqués, y que si era á Gervera, como se 
temía, entrase en Gervera, y si para Flix, entrase en 
Flix; pero noticioso el Marqués tal vez de las órdenes, 
ó que se obrase de acaso engaño en la marcha, por- 
que la emprendió por el camino real á Gervera, el 
tercio avanzó por llegar primero, y el Marqués, en 



363 

estando enfrente de las Borjas, torció el camino á Flix, 
y con aceleradas marchas se puso á la vista y cerró el 
paso al tercio y gente- que intentase entrar á guarne- 
cer Flix, que arto dañoso fué coxerlo tan despreveni- 
do de guarnición. 

Governaba á Flix Mosiur de Santa Goloma contra 
toda la voluntad, no sólo de aquellos lugares comar- 
canos, sino de la provincia, y generalmente de todos, 
porque tenía tan exasperados los ánimos de aquella 
frontera, que obligó á que los consistorios, por medio 
de sus embajadores en París, mediando un proceso de 
los procederes iniquos de este francés, se pidiese al 
Rey lo sacase de aquel cargo, y que de no hacerlo da- 
van por constante se perdería y levantaría aquel país 
y frontera contra las armas reales: nada de esfo fué 
bastante para que le depusiesen, porque todas las ins- 
tancias lo conservaron en el puesto Alosiur de Teller, 
Secretario del Rey en París, y el de Marcha aquí en 
Cataluña, y consiguieron con esto, que el Castellano 
llamado de los paisanos se pusiese sobre la plaza, por- 
que apenas estuvo quando el número de los catalanes 
vajo las banderas españolas era maior que el de los 
soldados, blasonando que ellos havían de ganar la 
plaza y reducir el país á la ovediencia del Cathóli- 
co. Este fruto da un ánimo desesperado, no havión- 
dolo consolado cuando se pudo. Como los castellanos 
vieron tan buena acojida, empezó á venirles gente de 
Aragón sin número; vadeávase en aquella ocurrencia 
el río Ebro por muchas partes, y la astucia del Go- 
vernador havía dispuesto en los vados unos tablones 
con unas púas de yerro hacia arriba muí penetrantes 
y largas que, disimuladas en la corriente, hicieron pe- 
recer muchos cavallos y soldados de España; al que- 
rer esguazar el río, anegáronse unos y otros, y entre 



364 

ellos un cavallero catalán llamado D. Hierónimo To- 
rres, que desde el principio de las guerras servía á Es- 
paña y se hallava Capitán de corazas; de otros no se 
supo el nombre. El Marqués apretó breve y rigurosa- 
mente la plaza con batería y cuanto pudo; ganó la vi- 
lla, y tomó cuantas provisiones havía. El Governador 
con la guarnición se retiró al castillo, y desde allí re- 
cuperó la villa con mucha mortandad; pero ni por 
esas desistieron del sitio y asaltos, antes con maior 
furor y valor la combatían y procuravan ganar. 

Viendo esto el Príncipe de Bandoma, intentó soco- 
rrerla con la gente que tenía, que eran de tres á qua- 
tro mil infantes y dos mil y quinientos cavallos; pasó 
el río á Mora, y se puso en Arcón, una legüecita de 
Flix, mirando cómo podía socorrer; pero halló al Cas- 
tellano mui bien pertrechado y puesto en las líneas, 
y que havía de perder toda su gente sin lograr el in- 
tento: á esto se le añadió que plantado allí se vio en- 
tre enemigos por todos lados, porque el país estava 
contra él y le tenían como sitiado, sin permitirlo lle- 
gar vibandero ni francés alguno con provisión, tanto 
que la hambre ó imposibilidad de socorro lo hizo re- 
tirar y aloxarse en el campo de Tarragona. 

Viendo esto el de Mortara, trató de apretar de nue- 
bo á Santa Goloma y cansarle con continuos abances 
la guarnición, que era poca, y pocos los víveres; que 
como el Francés sólo tratava de hacer dinero, y tenía 
por seguro sacaría siempre buenos pactos, no cuidó 
jamás de prevenirse y estar pertrechado y guarnecido, 
y así, ó forzado de las armas, ó del interés, según se 
dijo, que le havían dado algunos doblones, rindió la 
plaza con onrrosos pactos á 21 de Septiembre. Este su-, 
' ceso dejó aturdidos á los catalanes, porque nunca cre- 
yeron que plaza tan fuerte por su naturaleza, y en 



36o 
país fronterizo al enemigo, estuviera tan despreveni- 
da que á tan pocos días llegase á rendirse; atribuye- 
ron muchos á que encerraba no poco misterio esto, 
según la tivieza en las asistencias, y lo que pasava en 
otras cosas; otros disculpavan al Governador por ver- 
se desesperado de remedio y tan sangrientamente 
combatido, y algunos que la havía vendido: ello la 
perdió; lo demás lo save Dios. 

Monsiur de Santa Goloma, Governador, pasó á ver 
al General luego que estava en Santa Goloma de Que- 
ralt; habló al Virrey, y sin responderle palabra lo 
mandó prender y traer preso á la Tara9ana de Barce- 
lona; dijese que en el monasterio de Poblet tenía mu- 
cho dinero y que el Virrey se lo tomó. 

También se dijo que entre aquellos religiosos (por 
alguno que se aseguró) se havía descubierto alguna 
traición, y que allí se pagaba á los micaletes de Espa- 
ña, y que queriéndolo castigar el Virrey, los más de 
los religiosos se pasaron al partido de los castellanos. 
A esa misma sazón también se descubrió en Barcelo- 
na que una monja de Jerusalón ó Montesión se car- 
teava con el Rey Gathólico y sus Ministros, trazando 
una gran conspiración: sacáronla sequestrada del con- 
vento y pusieron en una casa con guardia de un al- 
guacil real, hasta que S. A. llegase y se viese lo que 
havía de ser de esta religiosa, porque se suscitavan 
conspiraciones á cada paso. Dios nos libre de alevo- 
sías y quiera descubrirlas. 

Mientras se vivía ocupados en lo de Flix, día de San- 
ta Gruz, 14 de Septiembre á la noche, de las seis gale- 
ras de España que estavan en Tarragona después de 
haver con los navios, desembarcavan la gente que 
llevaban, pasaron por Barcelona, y puestas frente del 
río Basos, espiaron dos barcas que salían de Barcelo- 



366 

na de desembarcar una crecida partida de trigo. Ape- 
nas las barcas descubrieron las galeras, quando se die- 
ron por perdidas; procuraron amarrar á tierra entre 
Badalona 3^ Mongat. Las galeras dieron con ellas á ca- 
ñonazos; procuraron los de las barcas en salir á tierra 
y salvar el dinero, aunque era vellón, porque enten- 
dían cargar de mercadería en Mataró y Ganet; al rui- 
do de las artillerías acudió la gente de Badalona y 
aquel contorno con armas en socorro de las barcas; 
amarraron la una á tierra, y las galeras disparando 
cañonazos á la gente para que se apartaran; ésta ti- 
rando mosquetazos á las galeras impidiendo no salta- 
ran en tierra, que lo intentaron. Por último, los mari- 
neros desampararon la una barca, y puestos en la 
otra, trataron de salvarla como lo consiguieron; ayu- 
dados de tierra, entendido esto por la ciudad de Bar- 
celona, despachó uno de los quatro tercios de oficiales 
que tenía para su guarnición, que era el de Soler, y 
constava de unos ochocientos hombres, con dos piezas 
de artillería, á Badalona para socorrer aquellos luga- 
res. Llegó allá al medio día el 14, y las galeras quan- 
do vieron tanta gente y artillería, se hicieron á la 
mar con la una de las dos barcas, ya que no pudieron 
más; bolbióse la gente á Barcelona, y las galeras el 
día siguiente pasaron con la barca por frente de la 
ciudad. Fué particular providencia de Dios que ha- 
biendo pasado de 200 los tiros que dispararon las ga- 
leras, sólo se supo que dos hombres murieron; de las 
galeras no se tubo noticia, aunque se cree fué más el 
daño, porque no se yerra tanto en el mosquete, como 
con la artillería: pareció muy bien el socorro que la 
Ciudad embió. 



367 



CAPITULO 33. 

PROSIGUEN LAS ROGATIVAS POR AGUA.-DASB CUENTA DE LA REBELIÓN 
DE BORDEUS Y SU AJÜSTE.-DEL SITIO Y RENDIMIENTO AL CASTELLA- 
NO DE LA CIUDAD DE TORTOSA, Y LO SUCEDIDO EN AMBAS COSAS. 

La cosecha avía sido este año estérilísima por todo 
el Principado; la sementera havía llegado; el cuerpo 
de Santa Madrona estava en el Aseo haciéndoles con- 
tinuadas rogativas, }- á todo esto havía meses muchos 
que no llovía, y la tierra tan seca, que hera preciso 
cultivarla. Á vista de todo esto, se resolvió hacer una 
procesión general como la del Corpus, pero en trajes 
de penitencia y con mucha luminaria, y llevar el 
cuerpo de la Santa por las calles. Acordóse para eslía 
el domingo 16 de Octubre; pero apiadado Dios de 
nuestra miseria, nos dio agua ese día, con tanta abun- 
dancia, que no pudo hacerse la procesión: quedó se- 
ñalado el martes 18, día de San Lucas, para hacerla. 
La noche antes, y lo más del día del Santo, todo fué 
llover, con que tampoco pudo hacerse, que parece no 
quería Dios fuese su santa Virgen y esposa por las ca- 
lles, pues no havía exemplar huviese pasado sino de 
su casa al Aseo y buelto por el mismo camino. 

Difirióse la procesión para el domingo siguiente 23, 
y que fuese en acción de gracias, con toda lá solem- 
nidad que la del Corpus, menos la concurrencia de gi- 
gantes y savandijas, pues estava ya socorrida la tie- 
rra y el sementero con gran esperanza: así se execu- 
tó con general gozo de todos, que se sembrava ya á 
toda priesa y el sol favorecía fecundando la tierra, y 
el sávado siguiente, 29 del mismo, volvieron á Santa 
Madrona á su casa con toda solemnidad y universal 



368 

alegría, de que por su medio nos hubiese Dios soco- 
rrido. 

Referidas quedan en los capítulos pasados las revo- 
luciones del país contra el Rey por el Govierno del 
Cardenal Macerino. La prisión del Príncipe de Conde 
y muchos otros personajes, y el séquito de éste y sus- 
pensión en que quedavan la Francia y Príncipes co- 
marcanos de tales operaciones, que como Príncipe tan 
poderoso, el de Conde tenía muchos aliados que le 
asislían. Corriendo en esta suspensión las cosas, se 
despertó un nuebo achaque á la Francia en la suble- 
vación de la ciudad de Burdeos, á donde los magnates 
de primera graduación y todos los parciales del de 
Conde se havían retirado con su madre, negando la 
ovediencia á las reales órdenes si no se aparta va del 
Govierno al Cardenal Macerino: todo el pueblo y Mi- 
nistros corrían en este dictamen, con que fué preciso 
llegara el Rey en persona con exército sobre Burdeos. 
Viendo esto los de Burdeos, hicieron embajada al Rey, 
dicióndole que si gustava entrar le obedecerían, pero 
no mientras Macerino estuviese en la privanza, y pi- 
diendo juntamente otras cosas. Pero el Rey echó pun- 
to de la Magestad y el poder; se negó á todo, remi- 
tiendo á las armas la venganza, castigo y rendimien- 
to; empezóse el sitio con las mayores hostilidades (dí- 
xose tenía contra ella cuarenta cañones); defendíanse 
los de adentro valerosamente, porque la plaza es for- 
tísima y en las surtidas le matavan al Rey muchísima 
gente; llegaron muchas veces á pactar el Rey con los 
de adentro, pero no podían combenirse, durando mu- 
chos meses, que ni el Rey quería ceder de sus preten- 
siones ni los de adentro rendirse sin conseguir las su- 
yas, fiados en los potentados que les asistían, que eran 
muchos, y particularmente España, que era el princi- 



369 
pal, haviendo tomado el expediente de fomentar estas 
guerras civiles en la Francia para divertir las fuerzas 
y entre tanto adelantar sus progresos en Flandes y 
Cataluña, como lo lograva, pues en Flandes avía ocu- 
pado algunas plazas, y en Cataluña la de Flix, y se- 
gún la disposición de las cosas, esperava maiores su- 
cesos y se los podía prometer. 

Viendo el Rey Cristianísimo la tenacidad de los de 
Burdeos, y los Ministros que el exército se aniquilava 
sin esperanza de conseguir fruto alguno por lo fuerte 
de la plaza y por la asistencia de los Príncipes extran- 
jeros, trataron de entrar en ajuste, y pactaron, con- 
cordando no en todo lo que pedían los de Burdeos, ni 
el Rey negándolo; el Cardenal quedó en el govierno, 
3^ en lo de Conde que haría el Rey lo que le toca va de 
gracia y un perdón general; puestos en diferentes lu- 
gares los personados, publicóse así, pero no hay duda 
que el Rey obró forzado y por necesidad, y que ofre- 
cería quanto pidieron para acudir á lo de fuera, pues 
le iban tomando plazas sin resistencia; él entró en 
Burdeos después de muchos meses de sitio y perdido 
un exército con indecorosos pactos. 

Lió parte á la provincia de Cataluña del ajuste ó de 
que quedava ajustada (porque estando en el sitio se le 
emvió embajador pidiendo socorros de gente y dine- 
ro), y que luego embiaría 2.500 infantes que ya esta- 
van destinados y con orden para venir, y que en or- 
den á dinero embiaría una partida de doblones sobre 
los diez mil que de mesada se embiavan de continuos 
al Virrey, y que para los socorros tenia dadas órdenes 
se aplicasen unas cantidades que havía en el Lengua- 
doc, y que todo se efectuaría y asistiría con puntuali- 
dad, pues estavan quietas aquellas cosas de Burdeos. 
Otras contenía también las cartas que escribió á los 

Tomo xxiv í4 



370 
Consistorios de mucho favor y consuelo que trujo el 
embajador T. Pranst de Dignes, que fué á Burdeos. 

Á 3 de Noviembre entró á la lijera S. A. en Barce- 
lona de vuelta de Momblac y Santa Goloma, y á tiem- 
po que el Castellano, prosiguiendo sus victorias, avía 
rendido á Miravete después de algunos días de sitio y 
batería, que como iba glorioso y tenía toda aquella 
ribera suya, lograva quanto emprendía en ella. Los de 
Miravete, después de haverse resistido, sacaron on- 
rrosos pactos, saliendo con banderas desplegadas, bala 
en boca y cuerda encendida, según estilos militares. 
El Marqués de Mortara, viendo la fortuna favorable 
y el ánimo y devoción de los catalanes fronterizos 
aclamando España (arto lo amargaron, como se dirá 
por abajo), se encaminó derecho á Tortosa y puso su 
sitio en toda forma. 

El Virrey, que se reconoció con tan poca infantería 
y exórcito, solicitó con la Provincia y Ciudad se hi- 
ciesen levas y algún esfuerzo para juntar grueso de 
tropas con que oponerse al Marqués y socorrer á Tor- 
tosa. La Ciudad juntó su Consejo, y resolbió levantar 
mil infantes, dando de entrada á cada soldado á qua- 
renta reales, los 20 el día se asentava la plaza, y los 
veinte en la campaña, y tres reales de socorro cada 
día. Para los gastos de estas levas llamó la Ciudad á 
los cavalleros, ciudadanos y mercaderes, á las cofra- 
días y colegios, y representándoles los muchos gastos 
que la Ciudad tenía, lo alcanzada que se hallava y 
lo mucho que avía de gastar en sustentar la nueva 
leva, se les pedía graciosamente y sin violencia lo que 
cada uno pudiera dar en dinero, así como en otras 
ocasiones se les pedía; levantáronse soldados; cada 
uno dio lo que pudo, y se hizo una buena suma de di- 
nero, que se depositó en la tabla de los depósitos, y 



37Í 
de ella se pagó esa leva. Las demás universidades del 
Principado hicieron lo que pudieron, obrando con mu- 
cha fineza á petición de las cartas del Virrey, que se 
despacharon á todas las que estavan á la ovediencia, 
y no obstante lo fatigado que se hallavan por los alo- 
jamientos y por la pobreza, ocasionada de las malas 
cosechas, se conoció obraron con por su patria. 

El cavildo de Canónigos del Aseo de Barcelona le- 
vantó una compañía de cien hombres, dando seis li- 
bras de entrada y tres reales de socorro, y pagada y 
municionada á su costa: la mantuvo toda la campaña. 
S. A. embargó quatro navios que avía en el muelle 
para conducir con más brevedad el socorro de muni- 
ciones, pertrechos, víveres y gente á donde comben- 
dría, y para el pronto desembarco y embarco unió á 
ellas muchos esquifes con gente de la rivera. Partió 
S. A. dentro ocho días sin detenerse otros en Barcelo- 
na á la campaña, y dejó aquí cavos de satisfación para 
acavar de disponer las materias y acudir con el soco- 
rro para el día señalado. Á 13 partieron quatro cien- 
tos hombres de la leva de la ciudad, todos buena gen- 
te, pagados y municionados: comboyábalos el Sargen- 
to maior Francisco Granollats y Salvagomera, uno de 
los quatro que governavan la ciudad. A 15 salió la 
compañía del Cavildo, j después consecutivamente los 
que se alistavan de la ciudad, que no pudieron ser más 
en todos que unos 800, porque no se hallaban más. 
Las Universidades también con toda diligencia pusie- 
ron en campaña la gente que levantavan. 

Para cargar y despachar los navios que estavan en 
el muelle con el socorro, fué menester que la Ciudad 
contribuyese con artillería, valas, cuerdas, quatro ca- 
ñones de campaña, y quarenta culumbrinas que hasta 
entonces no havían servido, y todo recién hecho y con 



372 
gran abundancia, que siempre ha sido la Ciudad la que 
ha llevado la cruz en estas guerras, contribniendo con 
dinero, municiones, víheres y pertrechos con gran 
largueza, de que son buenos testigos todos los Gene- 
rales, y todo i)or servir á su Rey con amor y hacien- 
das, sin faltar en necesidad infragante alguna. 

Cargados los navios, se reconoció que los dos no 
querían ir; que era el uno un vaxel flamenco, hermo- 
sa y gruesa pieza, y llegaron á término que el Capitán 
quedó aquí preso, porque siendo vasallo de España, y 
saviendo que las seis galeras españolas gnardavan la 
boca del río Ebro en Tortosa, no quería pelear contra 
su Rey, y ojalá huvieran quedado los marineros, que 
no huviera sucedido lo que se verá; el otro era una 
urca que también iba forzada; los otros dos eran fran- 
ceses que estavan aquí para guardar la cosfa; por úl- 
timo, con el socorro de municiones y mucha arina, 
partieron el día 20 de Noviembre á descargar en Gom- 
briles, en donde se hallava el Duque con muchos ca- 
rros para pasar por el cuello de Balaguer el socorro, 
por recelo de que las seis galeras no davan lugar á 
pasarlo más allá por el mar: empezaron á desem- 
barcar á toda diligencia; pero poco havían sacado, 
quando avisadas las galeras de alguna espía, amane- 
cieron el día 24 sobre los navios al principio del des- 
embarco. Reconocieron los navios el riesgo, y que- 
riendo hacerse á la vela les faltó el vienío, y por más 
que fondearon, como las galeras venían boga arran- 
cadas, luego estuvieron en pelea; resistiéronse los na- 
vios franceses (que el uno, llamado San Af/ustin^ era 
arto buen vaso; el otro, llamado la Guarda, consta no 
tanto) quanto les permitió la calma y dieron lugar las 
diligencias que havían hecho para no ser cogidos so- 
bre el ferro, y después de algún estrago sobre las gale- 



373 

ras, que no pudo ser mucho, por no dar lugar sino una 
andanada, se hubieron de rendir por no hir á fondo. 

No obstante la guarnición francesa que llevava, 
pasaron las galeras al flamenco y la urca sin disparar 
un mosquetazo; se rindieron luego por no perder los 
buques. Este suceso fué á los ojos del Duque, que co- 
gía el cielo con las manos y patea va de furor de ver 
que los dos mejores vasos últimos no habían querido 
pelear. Con esta presa tubo el enemigo buen socorro 
y con que poder asistir su exército y proveer después 
á Torlosa. Siempre se temió este fin del socorro, por- 
que la gente y navios todos iban forzados y mui con- 
tra su voluntad. 

Viendo esto el de Bandoma, despachó luego á Bar- 
celona por nuevas provisiones de arina y municiones, 
y que se embargasen todos los vagaxes, carretas y 
galeras con las muías, sin perdonar la de Marca y 
del Governador, con título de ser preciso para soco- 
rrer á Torlosa, siendo el fin verdadero de socorrer y 
proveer de mantenimientos al exército, que puesto en 
el campo y collado de Balaguer, perecía de hambre, 
porque los paisanos, todos echos micaletes, estavan 
contra el exército sin dejarle llevar vivandero alguno 
ni provisión, ocupando para impedirlo los collados en 
donde perecía cualquiera que intentava pasar, con que 
era preciso que las provisiones para el exército llega- 
sen con comboy, y aun así con arto riesgo. Tal éralo 
mal que estava aquel país con los franceses por las in- 
solencias y vejaciones que experimenta van del domi- 
nio francés. 

Con las provisiones que tomó el Castellano en los 
vajeles, tubo para socorrer sus tropas, y apretar 
con nuebos rigores y valor á la ciudad de Tortosa, 
como lo hizo. 



374 

Los de adentro, cansados y noticiosos de lo que pa- 
sava, y desesperados de que se pudiese juntar nueva 
socorro, ni ellos tenerle, llamaron á capitular, y con- 
cordaron en que entregarían la plaza lunes 5 de Di- 
ciembre 1650, y que ha vían de salir banderas desple- 
gadas, cajas sonando, cuerdas encendidas, bala en 
boca y con algunos cañones de artillería, que como no 
llegó á Barcelona, no se supo el número; que los sol- 
dados y eridos hu viesen de ser conducidos á Barcelo- 
na, y que aquella guarnición que salía no pudiese to- 
mar las armas contra España sin haver pasado una 
jornada de Barcelona, y que no pasase á vista de ella: 
así se cumplió todo, porque el regimiento de suizos 
que eslava en Tortosa pasó por San Gucufate del Va- 
lles y llegó á Ostalric; de allí bolbió á Barcelona, y 
partió para Gervera segunda fiesta de Navidad. El Gas- 
tellano ocupó Tortosa á poca costa, y el de Bandoma 
se retiró al campo de Tarragona, en donde las mate- 
rias mudavan ya de rostro, porque los tarraconenses, 
y de allí adelante ya todos, anelavan á bolber al do- 
minio de España, aborreciendo mortalmente á los 
franceses por su tirano y cruel proceder, juntándose 
en tropas, y como á micaletes, estavan cada día dan- 
do armas al exército francés y disminuiéndolo mucho, 
porque no dejavan franceses á vida en poderlo pescar. 
Á este desgraciado fin los conducía sus insolentes y 
depravadas costumbres y tratamiento con los catala- 
nes, que como por aquel país lo experimentavan más, 
fué el primero que trató de sacudirse tan pesada 
carga. 



375 



CAPÍTULO 34. 

EXTEACCldN DE CONSELLERES.— DESPEDIDA DE BANDOMA Y PARTIDA 
A PARÍS.-EMBAJADA DE PINOS AL XPMO.-EMPIÉZASE k DESCUBRIR 
LA PESTE EN BARCELONA.-PRBVENCIONES QUE SE HACEN Y LEVAS 
PARA LA GUARNICIÓN DE BARCELONA. 

El día de San Andrés, para el govierno del año si- 
guiente, 1650, sortearon Gonselleres en Gap Mr. Fá- 
bregas; segundo, el Dr. Francisco Matheo; tercero, 
Juan Carreras, militar; quarto, Joseph Rubio, merca- 
der; quinto, Joseph Paysa, notario real, y sexto, Mi- 
guel Llargues, platero. La segunda fiesta de Pascua 
murió Fcibregas, Conseller en Cap, y en su lugar para 
el resto del año desde 10 de Abril sorteó Francisco 
Villa, ciudadano. 

Rendida Tortosa, y aquartelado el exército en el 
campo de Tarragona, y dispuestas las cosas de la gue- 
rra, se vino el Duque de Mercurio con mui poca gen- 
te á Barcelona; no se le hizo entrada, y dentro pocos 
días llamó á los Conselleres á su palacio y les dixo era 
preciso a verse de partir luego, porque havía de ha- 
llarse el día de los Reyes en París para negocios que 
importavan mucho; que procuraría bolber presto con 
maiores asistencias y exército para recuperar lo que 
havía perdido á la provincia, y que quando no ven- 
dría sujeto venemérito, y que él procuraría y sería 
protector de esta provincia para con Su Magestad, 
y que con entrañable amor la serviría y á los particu- 
lares de ella en quanto le fuese posible, y otras razo- 
nes de igual expresión, mostrando mucho cariño á 
Cataluña: con las mismas ponderaciones se despidió 
de la Diputación y demás puestos. 



376 

Pasando estos oficios con los catalanes, sucedió que 
un día se juntaron los Cavos franceses en Palacio pi- 
diendo al Duque les pagase los sueldos vencidos, y so- 
bre resistirse ú excusarse pensó aver un motín en Pa- 
lacio, llegando á términos de descortesía con el Ge- 
neral y decirle sobre algunos pesares que no saldría 
de Barcelona sin pagarles, y hacerle ademanes de ar- 
mas; corrió voz muy válida de que este ca vallero avía 
recojido y retirado á Francia mucho dinero, no sólo 
del que embiava el Rey, sino del que con acciones y 
tratos no decorosos y á costa del Principado y contra 
sus constituciones havía adquirido, que como su pa- 
trim^onio era corto y estava de bodas, trató de ateso- 
rar, á costa de su crédito, de la hacienda agena, del 
sustento de los soldados y del servicio del Rey, pues 
el haverse deteriorado tanto el progreso de las armas 
era por no pagar y írsele los soldados. Esto se dijo: lo 
que se vio fué que él dejó empeñadas las tapicerías y 
alajas, y que mui sencillamente y á la ligera se salió 
de Barcelona con muchas deudas á unos y á otros sá- 
vado 17 de Diciembre. 

Aviéndose partido el Príncipe de Bandoma, queda- 
ron la Ciudad y provincia mui desconsoladas, así por 
los malos presagios que se oyan, como por la falta de 
justicia y govierno militar y político, aunque para 
aquél havía venido Monsiur de Magrina, y para éste 
havían formado una Junta de doce sujetos, quatro por 
la Diputación, quatro por la Ciudad y quatro por la 
Real Audiencia, que se juntavan siempre que se ofre- 
cía haver de tratar materias del bien ó interés públi- 
co, teniendo poder de los tres Cuerpos para resolver y 
executar lo que conviniese. Los puestos para juntarse 
eran: casa el Conseller en Cap, casas de la Ciudad y 
Diputación, siguiendo su turno y preheminencia; en 



377 
esta Junta resolbieron fuera por Embajador á París 
persona de resolución, de desinterés y de calidad, para 
que con viveza y veras representase á los Rey, Rey- 
na y Minisíros el estado de la provincia y quán decaí- 
da se hallava si no procuraba. S. M. conservarla en su 
Real Patrimonio. Nombraron á D. Joseph de Pinos, 
Gavallero de la graduación que sabe Cataluña, que nin- 
guna familia le excede en lustre de mucho valor y 
pundonor, y que por su mucha hacienda no havía ja- 
más arostrado el admitir vienes ni títulos confiscados 
de los que seguían el dominio español, antes bien ha- 
bía consumido mucho sirviendo al Rey Xpmo.: éste 
partió á 28 de Diciembre por la posta, y luego á toda 
diligencia se le despachó el carruaje con galas y cria- 
dos, que sobre la asistencia de la provincia hizo pun- 
donor de gastar de su patrimonio en lucirse y honrrar 
la patria y esclarecida sangre con exceder á todos los 
que havían ido en lucimiento. Llevó sus instrucciones, 
y á la sazón estavan en París D. Jph. Dardena y el 
rejeníe Fontanella, que el Rey los havía llamado para 
negocios de la provincia. 

Corría á esta sazón tan calamitosa y miserable era 
en todas materias, que causa quebranto el acordarla: 
vivíase en notable confusión y penuria de moneda por 
la su vida que iba haciendo, pues ya pasava el doblón 
á diez libras; el trentín á doce; el real de á ocho á 
treinfa reales, y reconociendo ser ésta la maior ruina 
y extrago de un reyno, quiso el Real Consejo poner 
remedio haciendo pregones vajo penas pecuniarias, y 
prendiendo algunos y ausentándose otros, porque no 
suviera la moneda. Calmó algunos días; pero luego 
bolbió á tomar la suvida, y entonces hecho vandopena 
de la vida que no se pudiese pedir ni dar más de diez 
libras por el doblón, y 28 reales por el de á ocho, y 



378 

así respectivamente de las demás monedas; pero en 
secreto, quien las havía de menester, dava maior pre- 
cio. Seguíase á todo esto el no salir nada de trigo á la 
plaza, y si alguno lo vendía por las casas, era pagán- 
doselo á once y doce excudos la quartera; con que to- 
dos, ó los más, havían de comprar el pan en las pana- 
derías de la ciudad, de forma que no bastavan á ma- 
sar y se movían tales confusiones al comprarlo, que se 
llegava á reventar gente y á tener pendencia: ocasio- 
nava esto que la gente de á tres y más leguas de dis- 
tancia de Barcelona acudían por pan á la ciudad, que 
ni fcastavan las guardias que esiavan en las puertas 
para no dejarlo sacar, porque la gente perecía de am- 
bre, y los demás mantenimientos seguían el rumbo que 
la moneda en subir. ¡O infeliz y lamentable tiempo! 

Empiezan los sucesos del año de 1651. 

Domingo 8 de Enero se supo que en la calle Nueva, 
en casa un ciego llamado Martín Langa, havían muer- 
to su muger y una deuda suya de peste, ó así se pre- 
sumía, y que los que havían comerciado con ellos ha- 
vían enfermado: savido esto por los Gonselleres, esta 
noche en secreto, por no alterar la gente, hicieron lle- 
var los enfermos á los Ángeles viejos á la Puerta Nue- 
ba, que esta va destinado para hospital de em pesiados, 
y los que havían comerciado en esas casas los llevaron 
á las torres de San Paulo y San Sever para evitar la 
comunicación, y perfumaron y limpiaron las casas lo 
mejor que pudieron, quemando mucha ropa. Pero como 
en la calle suele vibir gente no muy virtuosa, siempre 
huvo quien cargó con ropa de vestir y otras alaxas, 
con las quales se esparció á otros barrios el mal y mu- 
rieron algunos. Á esa misma sazón se introdujo en el 



379 
hospital general Juan Gampderos, revendedor que vi- 
vía en el Born, el qual se guardava por deudas, y 
quando la peste estava encendida en Olot vivía allá, 
de donde vino con el tamor abierto; advirtiéronlo los 
médicos y cirujanos del hospital, y no queriéndolo ad- 
mitir, lo despacharon á los Ángeles viejos (murmuró- 
se los casügarían por el atrevimiento); curó, y des- 
pués se hizo enfermero de los empestados, y bolbién- 
dose á encontrarse en Jesús, á donde trasladaron el 
hospital, murió allí. 

También se murmuró que en casa del Dr. Tristán 
havía llegado un empestado que vibe tras San Juste, 
y que haviéndolo savido lo despacharon secretamente 
á fuera á curar; en casa de un zapatero, á la suvida 
de la cárcel, en el callejón que sale á la dao:uería, se 
supo havía muerto una persona de ese mal antes de 
Navidad, con que de la comunicación de éstos y ma- 
nejo de la ropa se fué extendiendo á otros. 

Luego que se empezó á zuzurrar esto, entre la duda 
de si era ó no era las familias que havían venido de Ge- 
rona como escarmentadas de lo que allí havían visto, y 
otros de havérselo oydo referir con mucha lástima, tra- 
taron de recojer sus ropas y alajas, y encomendándolas 
en los monasterios de monjas, se salían de Brírcelona 
á otros lugares sanos, porque de esty achaque siempre 
es mejor huir en los principios para hallar acojida en 
los otros pueblos. Corrió la materia entre dudas muy 
silenciosamente, aunque la continuación de caer en- 
fermos y llevarlos al hospital de los Ángeles lo hacía 
arto público; pero como toda era gente ordinaria y po- 
bre la que cahía, atribuíanlo á los malos alimentos y 
suma necesidad, por no poderse adelantar á comprar 
el pan en las panaderías por los excesivos concursos, 
que aunque la Ciudad próvida procuraba se masase 



380 

todo lo posible y que no saliese de la ciudad, no se po- 
día recavar, porque por la muralla lo arroxavan de 
noche á los forasteros los que de día con mano podero- 
sa lo alcanza van, y los pobres, alimentados de yerbas 
y brocería, con facilidad se les pegava el contagio. 
Aguardávase la buelta de la luna; que en tales ocu- 
rrencias hace subida ó vajada el mal; fué á 24 de Ene- 
ro, y aunque no se reconoció alteración, la gente se 
ausentava por no esperar lo que después sucedía. 

Viendo el Consejo de Ciento lo que padecían los po- 
bres, los oficios cuan al abajo camina van, y que se 
salía la gene de Barcelona á tropas liechas, resolvió 
alistar setecientos hombres de las mismas cofradías y 
oficios, dando al soldado raso tres reales de socorro to- 
dos los días, al cavo de esquadra quatro, al sargento 
cinco y al alférez seis; capitanes no se nombraron, 
sino que los governavan los Maeses de campo y Sar- 
gentos maiores que tenía la ciudad antiguos: dividié- 
ronlos en quatro tercios y ocho compañías, señalán- 
doles al uno el baluarte de Levante, al otro el de Me- 
diodía, y al otro el de Santa Madrona, y al último el 
reducto de la Puerta de San Antonio. En cada com- 
pañía havía dos alféreces vibos, quatro sargentos y 
seis reformados: á estos tercios tocava guarnecer de 
noche y de día sus puertos, cortinas de murallas y 
puertas, guardando la saca del pan, dándoles todo lo 
que podían hallar se sacava, y suvir cada día quaren- 
ta hombres á Monjuique mudándose las guardias en 
los puesíos de 24 en 24 oras, y no obstante tanto tra- 
vajo, lo lleva va la gente gustosamente, pues se reme- 
diavan con eso y no se salía de Barcelona, que mu- 
chos se hubieran ausentado á no ser ese socorro, y con 
él se consolavan los pobres y la ciudad quedava guar- 
dada y asistida con la vigilancia de los cavos. 



38Í 



CAPITULO 35. 

JUSTICIA QUE SE HACE DE LADRONES Y ASESINOS EN DIFERENTES PUES- 
TOS PÚBLICOS.-SACAN Á SANTA MADRONA POR AGUA.-PROSIGUE LA 
PESTE Y PÓNESE HOSPITAL EN FORMA PARA CURAR Y ASISTIR Á LOS 

ENFERMOS. 

Qiiando en un rey no se experimentan la peste, ham- 
bre y guerra, se originan de ellas oíros daños, nada 
menores ni de menos ruina, padecía la Barcelona por 
la falta de justicia y de Virrey y grande en la poca 
seguridad de las vidas y haciendas aun dentro las ca- 
sas, porque se matavan y robaba á rienda suelta sin 
temor á Dios ni al mundo; la justicia ordinaria, ni 
aun con la comitiva de veinte y tantos hombres iba 
segura, porque los facinerosos heran soldados del ba- 
tallón, y muchos que con capa de soldados para ven- 
gar sus propias pasiones roban y cometen insultos, sin 
haver persona segura por las calles, en anocheciendo 
se unían y pasavan plaza de soldados. Día de San An- 
tonio, 17 de Enero, tres picaros se pusieron en la plaza 
de Santiago á las siete de la tarde para robar á un al- 
férez que verjía de la casa del juego, acompañávalo el 
garitero de nación italiano, pero casado en Barcelona, 
llamado Nardo, y sin ser soldados embisüeron con el 
alférez para quitarle algunos doblones que llevava; el 
garitero dio voces, querellándose de la maldad, y á 
ellas uno de los tres le dio de puñaladas, y acavó allí 
prontamente: el agresor se llamava Salvador Gontre- 
ras, cerrajero; uno de los otros dos, queriendo dar de 
puñaladas al alférez, embistió con su compañero por 
la gran seguridad, y lo puso de calidad, que dentro 
dos días murió, era también cerrajero: el alférez es- 



382 
capó libre de esta refriega; estava á la vista en el pór- 
tico de Santiago tres, que aunque heran amigos de los 
agresores, poco antes havían vevido juntos, en una 
taberna quedados de acuerdo de encontrarse en la di- 
cha plaza, nada savían de sus intentos y mañas (como 
de hecho no se les provó), pero estuvieron á la mir^, 
y conociendo á sus amigos, los dejaron correr; la jus- 
ticia, ofendida de este caso, púsose en escrutinio, tubo 
noticia del cerrajero erido, y en secreto se le tomó la 
deposición por un notario real y juez, y por ella se 
descubrió la cuadrilla, y así el día de San Sebastián 
prendieron en la misma iglesia al Salvador Gontreras, 
y en otra parte á Raymundo Font, vidriero de luz; 
hízoseles causa y provóseles el delito á toda priesa, 
porque el alférez era parte en la muerte de Nardo: el 
día 25, en juicio de proómenes, fueron condenados á 
muerte en horca pública y en la misma plaza donde 
cometieron el delito. Intimada la sentencia, quiso 
Gontreras interponer la competencia por haverle sa- 
cado de la iglesia; pero noticiosa la justicia, no le dio 
lugar á firmarla, porque la misma noche del día 25, 
y en que se cumplían los ocho del delito, los aorcaron 
casi á la misma ora y en el mismo puesto; para la 
custodia llevaron una compañía de mosqueteros, y 
por el concurso de la gente se encendieron unos cal- 
derones. Estuvieron aquella noche y el día siguiente 
hasta las once en el suplicio, y después les dieron tie- 
rra sagrada; de los tres que estuvieron á la mira, se 
prendieron dos, pero ni los agresores los culpavan ni 
se les provó cosa alguna, con que salieron libres. 

Pocos días después se executó otra sentencia, y fué 
el caso que una boca noche llegó un asesino á casa, un 
sombrerero, T. Poli, que vivía en la esquina de la 
calle de los Miralles frente de Santa María, y llegando 



383 

al dueño de la casa con seña de algún negocio, le dis- 
paró un pistoletazo y le dejó muerto; era el agresor un 
hortelano de las huertas de San Pablo, y por interés 
de cien reales executó la muerte; entróse en averigua- 
ción del caso, y por pregón se ofreció premio á quien 
lo descubriese. Vínose que T. Tiana también sombre- 
rero, y que pocos días antes havía tenido una penden- 
cia con Poli, y amenazándole se la pagaría, se havía 
ausentado (que siempre la conciencia es el maior fis- 
cal), y en la realidad era quien lo havía echo hacer; 
de uno en otro indicio se topó con el homicida horte- 
lano, prendiéronlo y provado el delito fué condenado 
á muerte, y que en frente de casa de Poli se le cortase 
la mano, y después llevado á las oreas del mar y aor- 
cado: así executado á primeros de Febrero. Con estos 
dos castigos exem piares temieron los facinerosos y la- 
drones, se ausentaron muchos, dejando en paz y se- 
guridad la ciudad. 

Bastantemente queda ponderada la necesidad de pan 
así en Barcelona como en toda Cataluña, y el excesi- 
vo precio del trigo, con la vigilancia y aprietos que se 
podía alcanzar pan y lo mucho que salía de la ciudad 
por mar y tierra, sin que la solicitud y cuidado de las 
guardias bastante á excusarlo; no se vendían quader- 
nas porque era tan pequeño el pan, que no cavia tan 
moderado precio y división. Á esta sazón que era á 
primeros de Marzo, la cosecha padecía muchísimo y 
se arriesgaba por falta de agua; se resolvió acudir al 
acostumbrado refugio de Santa Madrona y traerla al 
Aseo el día 5 de Marzo, y como era tan vecino á la 
fiesta de la Santa, resistíanse los religiosos, porque les 
savia mal tenerla fuera de casa en su día, acordaron 
que si la Santa alcanzava de Dios socorro antes, la 
bolberían para su día. Oyó Nuestro Señor los ruegos. 



384 

y dio bastantemente antes del día de la Santa y des- 
pués, pero no la pudieron bolber por algunas ocurren- 
cias hasta el siguiente á su fiesta que la resLituieron 
con Te Deum laudamus y mucho gozo. 

En el capítulo antecedente se dijo de algunas en- 
fermedades y muertes de peste, y que se atribuía, como 
era gente pobre, á los malos alimentos que havía te- 
nido todo el ibierno, pues pasavan los días enteros 
sin comer bocado de pan por no alcanzarlo ó por po- 
breza: llenavan la barriga de coles, azanorias y arro- 
fas y hortaliza, de que resultavan las malas disposi- 
ciones y las enfermedades; con este motivo coloravan 
para no alterar el pueblo las continuas muertes, en- 
fermedades y el llenarse el hospital de enfermos, y 
para disimular, los conducían de noche con el algua- 
cil al morbo. M.° Goll, corredor de oreja á los Ángeles 
viejos, entre San Daniel y Puerta Nueba; allí avía 
médico, cirujano, medicina y religiosos, con todo lo 
demás necesario para la asistencia y curación. Gelá- 
vase muchísimo que no se declarase ser con I agio por 
no ahuyentar los vecinos, que por más que lo procu- 
ravan se iban ausentando y dejando despoblada la ciu- 
dad; observávanse mucho para salirse ó no los movi- 
mientos de las enfermedades con las buelias de la luna. 
En la de Febrero ya se conoció aumento, y también 
la gente se iba en maior número. Ya no hera arto ca- 
paz la casa de los Ángeles, y también que se re puta va 
por malsana á causa de los estanques y humedades del 
Gañet y huertas, con que sacaron los i'eligiosos de Je- 
sús: algunos se fueron lexos, y otros en forma de co- 
munidad á la torre de Ruñaña y Sarria, y tomaron el 
convento para hospital: en él se pusieron un sinnúmero 
de camas, y en toda forma la curación y ho.spilalidad, 
porque hiva creciendo por instantes el número de en- 



385 

fermos: tras todo esto no ha vía que tratar de que fue- 
ra peste, sino otra enfermedad; pero la luna de Marzo 
desengañó bastantemente al pueblo, que murieron 
muchísimos con los carbúnculos, verigas y tumores 
como nuececillas hechas una grana, y en la superficie 
negra: aquí fué el aturdirse la gente y salirse de Bar- 
celona, liando la ropa y cerrándola en los monasterios 
de monjas; algunos llevándosela, y otros paredándola 
en las mismas casas con lo mejor de las alajas, para 
que si alguno se introducía no se mezclase con la ropa 
y trastos, porque iba salpicando y extendiéndose por 
barrios la peste: en estas tres embestidas del mal se au- 
sentaron de Barcelona las dos partes de sus moradores, 
dejándola casi desierta, y lamentable llanto y soledad. 
¿Qué se dirá de las rogativas, procesiones, peniten- 
tes y demostraciones públicas de dolor para templar 
la Divina justicia, que con tan penetrante cuchillo se 
satisfacía de sus agravios y de nuestras infinitas y 
enormes culpas? No tiene ponderación lo que se veía 
en los combentos, religiones, 3^ comunidades y proce- 
siones: éstas eran cotidianas á diferentes iglesias, y 
llenas de peregrinos y penitentes á pie descalzo bes- 
tidos de blanco, y niños y doncellas con las cruces en 
la mano, levantando al cielo las voces de «Señor y 
verdadero Dios, misericordia:» era para ablandar un 
bronce tan lastimosos é inocentes gemidos. Pero Dios, 
que aún nos quería más penitentes y reconocidos, al 
compás del llanto y rogativas iba apretando la mano 
del castigo y encendiéndose la peste: ese año se qui- 
taron las procesiones de Semana Santa; se cerraron á 
las diez el Jueves Santo las iglesias, y se evitaron las 
adoraciones de los sepulcros de la Pasqua, para excu- 
sar los concursos y comunicación, que es lo más se- 
guro para librarse de ese mal. 

Tomo XX it 15 



386 



CAPÍTULO 36. 

VOTA LA CIUDAD POR PATRÓN Á SAN FRANCISCO DE PAULA, Y COMO 
ROGATIVAS DIFERENTES POR LA SALUD Y EL MODO DE ADMINISTRAR 
LOS SACRAMENTOS EN ESA OCASIÓN. 

« 

Gomo todo era recurrir á los santos para que me- 
diasen con Dios por la salud y consuelo del pueblo, los 
particulares y comunes, todo era devociones: en 26 de 
Marzo, en Consejo de Ciento, por inducción de perso- 
nas pías y devotas, se tomó acuerdo de votar por pa- 
trono y protector á San Francisco de Paula; que el 
día del Santo fuese fiesta de guardar, y que el Cavildo 
procesionalmente fuese ese día todos los años á la igle- 
sia del Santo á celebrar un Oficio como se hacía en San 
Raymundo; á 27 del mismo mes se puso en execución, 
iendo la Ciudad y Consejo de Ciento en forma á la 
iglesia del Santo: salieron de las casas de Ciudad, pre- 
cediendo los tres Conselleres, y siguiendo en ilera los 
Consejeros de dos en dos, á una parte los cavalleros y 
ciudadanos y á la otra los mercaderes y artistas, y ce- 
rravan la ilera los otros tres Conselleres. Llegaron á 
la iglesia, y celebrada una misa con mucha solemni- 
dad y música, y gran concurso que no cavia en la igle- 
sia, se hizo el voto solemne estando patente el Santí- 
simo Sacramento. Este año ocurrió la fiesta del Santo 
en Domingo de Ramos, y así se defirió la proseción 
para el segundo lunes después de Pasqua, que con mu- 
cha celebridad y concurso se logró, partiendo del Aseo 
con el Cavildo, encaminándose derechos por el calle- 
jón del Infierno y riera de San Juan á la iglesia del 
Santo: reciviólo aquella religiosa comunidad con mu- 
cha devoción; dixeron su misa solemne, disparando 



387 
muchos tiros al alzar á Dios; deliberóse también ha- 
cer una imagen de plata del Santo para llevarla en la 
procesión; que se solemnizara la fiesta con tres noches 
de luminarias generales, y que se pintara un quadro 
del Sanfo que vaja por el aire con un basfón, y los 
Gonselleres y Ciudad devajo. Todo se cumplió con sin- 
gular gozo y aplauso, esmerándose los particulares á 
porfía en festejar al Santo. El cuadro permanece oy 
en la iglesia del Santo, cuias efigies son de los Gonse- 
lleres nombrados atrás, y todo era para que el Santo 
interpusiera sus méritos y ruegos para aplacar á Dios 
en su Divina justicia. 

Aunque en el capítulo último queda dicho que se 
bolbió á Santa Madrona, á su casa, el día 16 de Marzo 
por havernos socorrido Dios con agua j haver ofreci- 
do restituirla, con esa brevedad se bolbió el tiempo de 
tal serenidad y recios soles, que secaron el terreno de 
forma que se arriesgava la cosecha, y más estando á 
tiempo de espigar, y como el pueblo afligido de la 
mala cosecha antecedente y del rigor de la peste, qual- 
quier amenaza temía por castigo. Auméníavase el con- 
tagio, porque en la luna de Abril fué excesiva la mor- 
tandad y número de personas que enfermaron, y el de 
las que salieron de la ciudad con imponderable des- 
consuelo por la prolixidad de los viaxes, riesgos, ne- 
cesidades y purgaciones que havían de hacer antes de 
llegar al término que llevavan de intento, como se 
dirá más latamente. Concurría también la gran ca- 
restía de trigo, que pagándolo á treinta y más libras 
la quartera, no se hallava sino con muchos sacramen- 
tos y amistades, y á no haver sido que un baxel que 
se havía fabricado en Barcelona dos años havía hizo 
dos viajes á Liorna y condujo á la ciudad á nuebe y 
diez mil quarteras de trigo en cada viaxe, es evidente 



388 

hubiera perecido y despobládose totalmente. Para re- 
medio y consuelo de todas estas angustias y trabajos, 
se bolbió á vajar á la gloriosa y siempre abogada el día 
24 de Abril, para que con su intercesión socorriese 
Dios la tierra y usase de misericordia con esta aflixida 
ciudad; la lluvia la tubimos luego con abundancia, 
para que fuese más tolerable lo demás, que los trava- 
jos con pan son buenos. 

Viendo la Ciudad cuan severa y ríjidamente la opri- 
mía el divino castigo de la peste, sin que tan conti- 
nuadas oraciones y repetidas rogativas lo suavizasen, 
deliveró para el día 30 de Abril hacer una procesión 
general y devotísima, con la reliquia de San Sever, 
por donde va la del Corpus: asistieron los Conselleres 
y Governador D. Joseph Margarit y Viure Los texe- 
dores de lino y lana, como es costumbre, á pie des- 
calzo y vestidos de peregrinos, con achas encendidas 
y muchísima devoción, y detrás seguía mucho con- 
curso de gente con devotísimo semblante y compun- 
ción; y porque se reconoció ser muy dañosos los con- 
cursos y comunicación para pegarse la peste, se re- 
solbió no hacer procesiones en público y reducir á par- 
ticulares y privadas las rogativas. También se acordó 
que en las iglesias no hubiese concursos; separávanse 
unos de otros y acudían pocos de una vez á las igle- 
sias: en los conbentos de religiosos, que las capillas se 
pasan unas á otras por dentro, cerravan los rejados, y 
el celebrante, quando salía á decir misa, pasava por 
aquellas puertecillas sin refregarse con seculares ni 
admitirlos en la capilla, dejando para ellos el ámbito 
de la iglesia. Las porterías todas estavan cerradas, y 
no admitían seglares sino tal ó cual; en los comben tos 
y iglesias que no hay tránsito privado para las capi- 
llas, se hicieron vallas por alrededor, por donde pasa- 



389 

va el sacerdote sin comunicarse ni rozarse con los 
seculares: á todo esto y aún más truxo el miserable 
estado de la peste. 

Á últimos de Abril y primeros de Mayo se encendió 
tanto la pesie, que ya públicamente se Uevavan los 
muertos y los enfermos á la morbería de Jesús con 
mucho esceso. Los vicarios unos se iban y otros se mo- 
rían, con que no havía clérigos que quisiesen servir 
laj3 vicarías y administrar los sacramentos; y para re- 
mediar necesidad tan grande, hicieron repartir religio- 
sos de diferentes órdenes por las parroquias, ponien- 
do en cada una dos ó más, según lo numeroso y es- 
tendido de las parroquias. Éstos avilavan de día y de 
noche en las casas de los vicarios de las parroquias; 
en las que havía dos, iban juntos: el uno llevava la 
reserva y el otro para confesar, y ambos con achas 
encendidas, y las ponían entre el enfermo y el religio- 
so, porque como con más facilidad se comunica este 
mal es por la respiración y aliento, interpuesta la lla- 
ma del fuego, pudiese consumir y destruir las cuali- 
dades venenosas que respira va el doliente, á más que 
la distancia del uno al otro era cuanta permitía el ám- 
bito de la pieza donde esta va el enfermo. La deten- 
ción era poquísima, porque en estos lances las confe- 
siones se abrevian quanto se pueden. El Viático se los 
ministravan con una varilla de plata larguita, y luego 
la Extremaunción, despachándose de los tres sacra- 
mentos de una vez, y quedava el doliente á la Divina 
Misericordia. Después dávase de derecho al monecillo 
por lo que toca á la parroquia 8 Is. por cada doliente: 
en donde havía sólo un religioso hacía solo todas las 
funciones con un monecillo, sólo que llevava la luz y 
campanilla, por lo qual se savia que Nuestro Señor 
pasava, porque no havía palio, tañer campanas ni 



390 
acompañamiento, que á veces hivan solos el sacer- 
dote con su roquete plubial y sacramentos, con el es- 
colanillo. No salía expecialmente por uno, sino que 
era estilo escribir las calles y casas á donde ha vía en- 
fermos y que avisavan á las vicarias, y en ha viendo 
algunos salía Nuestro Señor, y era con tal exceso y 
abundancia, que ya á los últimos de Mayo huvo vez 
era para sacramentar setenta y ochenta y aún más, 
con que volvía rendido el Preste, j algunos havía que 
sin haver avisado, viendo que pasava, lo llamavan, 
procuravan poner los enfermos á los segundos suelos, 
así para la comodidad del que los asistía y que pu- 
diera ser uno solo, como para la de la administración 
de los sacramentos. Los religiosos vestían el ávito 
corto has'a media pierna, para excusar con la ropa el 
recoger el polho inficcionado. Murieron muchísimos 
en este sanio exercicio; pero jamás faltava quien con 
mucho ce) o y gustoso se dedicase y expusiese á este 
boluntario martirio por el bien de las almas: en sen- 
tirse eridos .se iban á sus conventos ó casa que havía 
destinada para ello, en donde los asistían y cnravan, 
y el que escapava bolbía echa la purgación á donde 
le señala van, que á no ser estos santos varones Dios 
save quánías almas se hubieran perdido, que reduci- 
das por los sacramentos á su Criador por medio de 
estos religiosos, devemos creer estavan gozando la 
gloria. Es mui de consuelo para los cristianos que fue- 
ron poquísimos los que se sabe murieron sin los sa- 
cramentos, aun en tan penosa y arriesgada era. Por- 
que los que tenían un mediano juicio, las visitas de 
médico espiritual y temporal eran á un mismo tiem- 
po, y aun primero las del prin^ro. Causó esta vigi- 
lancia y cathólico celo el haver algunos en los prin- 
cipios por no alterar los enfermos, esperar á ver qué 



891 

será mañana, y á esfuerzos de la calentura cogerles 
un delirio frenético, con el cual espiraban, sin tener 
lugar de confesarse. De estos escarmientos se sacava 
mucho fruto y temor á Dios. 

CAPÍTULO 37. 

SÁLENSE DE BARCELONA POR LA PESTE LOS DIPUTADOS Y LA AUDIEN- 
CIA, Y PÓNENSE PALOS.-BUELBE MARCIN PARA GOVERNAR LAS AR- 
* MAS-HUYEN TODOS LOS PRESOS DE LAS CÁRCELES REALES. 

Pasando lo que queda referido en orden á la peste, 
aún no se atrevía á declarar la Ciudad que lo fuese, 
por los daños que resulta va, por lo exausta que se 
hallava de víveres y medios, y porque llegando á de- 
clarar era contagio, se havían de salir de Barcelona 
los Diputados en forma de Consistorio, y la Audiencia, 
que ya havía muchos días tenía vacaciones sin correr 
negocio alguno, que como personas públicas y que ha- 
vían de cuidar del govierno de la provincia y admi- 
nistración de justicia, no podían estar presidiados, y 
porque deben cuidar de que Barcelona esté asistida. 
Por último, viendo quán adelante pasava y que Dios 
no usava de sus misericordias, cuias esperanzas ha- 
vían detenido á la declaración, por más que se lo ro- 
gavan, se resolbieron á declarar era peste, á últimos 
de Abril y antes de hacerlo se salieron el Consistorio 
y la Audiencia. El primero se fué á Tarrasa con todos 
sus Oficiales; los Jueces del civil se dividieron por di- 
versos lugares de Cataluña, y los del criminal se es- 
tubieron juntos á la torre Pallaresa, cerca del comben- 
to de gerónimos de la Murta. 

Si gente havía salido de Barcelona desde los prime- 
ros recelos hasta aora, en este lance de salir los Dipu- 



392 
tados y Jueces fué con más exceso, porque la gente, 
atemorizada y llena de desconsuelo, procuraba hallar 
alivio por afuera; avíalos detenido á muchos la espe- 
ranza de que se calmaría el contagio, y la considera- 
ción de que el desbalijar y dejar su casa uno ha de ser 
el último remedio, inconsiderados reparos quando 
amenaza tan evidentes riesgos de la vida. Pagáronlo 
bien, porque como toda la provincia esta va alborota- 
da por la misma causa, estavan los caminos rolos, lle- 
nos de guardias, y los términos y casetas con centine- 
las, vigilantes i más, sin permitir se acercara ni pa- 
sara por dentro persona alguna. Avían de dormir al 
raso, y al lugar donde iban, que no en todos los admi- 
tían, havían de estar quarenta días haciendo la pur- 
gación con guardias á su costa, j después les quema- 
van la ropa que trahían y obliga van ha hacerla nue- 
va, y aun de este modo era fineza suma. Con más ex- 
tensión y el propósito se dirá lo que se padecía en 
esto. 

Apenas salieron los Diputados se pusieron palos ó 
maderos derechos para señalar los puestos adonde ha- 
vían de parar los que traían las provisiones á la ciu- 
dad, y adonde havían de salir los de ésta á comprar- 
las. A la parte de Levante por la Puerta Nueva, se fixó 
al Puente de San Martín; á la de Poniente por la de San 
Antonio, á la carnicería Sanz: húvose de retirar más á 
la ciudad éste, por la gente que acudía de aquellos lu- 
gares y caseríos á comprar la carne á la carnicería, á 
la Puerta de Mar, al sitio de la Llavena, adonde las bar- 
cas que carreavan provisiones las descargavan, y con 
esquifes de la ciudad se trahían después. A la puerta 
del Ángel no le havía, porque esa era sólo para pa- 
sar los em pesiados y muertos, los sepoliureros y ofi- 
ciales del Hospital, con los mantenimientos, y si otros 



393 

pasa van, era con grandísimas penas que ha vi a im- 
puestas. 

La forma en que estavan los palos era que rompían 
los caminos unos valles ó fosas mui anchos, profundos 
y largos: éstos servían de línea y división entre los fo- 
rasteros que conducían las provisiones, y los de la ciu- 
dad que iban á comprarlas. Para poder recibir de uno 
á otro la mercadería y el dinero, havía tres mesas en 
cada puesto mui largas, sobre maderos que salían del 
valle, y á modo de torno dispuestas, que poniendo el 
uno la mercadería á un cabo dava buelta, y la toma- 
va el comprador; y ajustados del precio ponía el dine- 
ro, y á otra buelta lo recibía el vendedor; y llevava 
consigo una olla de vinagre por donde purificar la mo- 
neda ó con una sartén y después al fuego, y limpia de 
este modo la contava y se bolbía cada uno: los reca- 
deros ó revendedores acudían también al palo, y com- 
pravan también la fruta, aves ó víveres, y después la 
vendía en el Born para los que no querían salir; de 
este modo estava bastecida Barcelona lo bastante en 
tan infeliz tiempo. El estilo y forma de guardar en dos 
palos era que la Ciudad tenía en cada puesto dos per- 
sonas de toda su satisfacción, con quatro ó seis mos- 
queteros de los que guarnecían los baluartes de la ciu- 
dad, y estavan á la orden de las dos personas, mudán- 
dose unos y otros de veinte en veinte y quatro oras: 
el cargo de éstos era guardar que los de la ciudad no 
pasasen la línea ni comunicasen, mezclándose con los 
de afuera por política; havía dos barracas, una para 
éstos, y otra para un vibanderoque tenía como mesón 
ó dispensa para dar refresco y de comer á los que allá 
iban; á la otra parte del foso y línea havía una ba- 
rraca grande y espaciosa, en la cual avitava un Juez 
cuio cargo era cuidar de que los lugares cercanos tru- 



394 

jeran mantenimientos á la ciudad, y que en esto nó 
huviera falta, pues tenía su conveniencia, y se le man- 
tenía con toda su familia para eso; pero trata va cada 
uno de hacer su negocio, y no de lo que era beneficio 
de la ciudad: esta va también á cargo de este Ministro 
hacer cuidar que los forasteros no tratasen con los de 
adentro ni se comunicasen pasando la línea, y tam- 
bién de despachar bolletas á los que venían al palo de 
afuera, haciendo fe que no havían comunicado con los 
dd la ciudad ni pasado la línea: de esta suerte podían 
comunicarse los de la línea con los de la ciudad; y si 
alguno necesitava hablar con los de adentro, los llama- 
va al palo y confería su negocio, y dava las cartas 6 
papeles que traía; pero para salir del palo afuera, era 
menester licencia de los Gonselleres, que sin grave 
causa no la da van, y para entrar, y en entrando sin 
la dicha licencia, no havía que salir; sobre las riguro- 
sas cuarentenas para que havían de hacer á qualquier 
parte que Uegavan. 

Todo esto estava mandado observar pena de la vida, 
6 con bolletas de donde salían ó por donde pasavan; 
pero tras tan rigurosa pena, no dejavan algunos de 
arriesgarse, ó con bolletas falsas ó sin ellas: esto se 
entiende con los de afuera de las líneas, que con los de 
dentro, ellos entravan y salían á todas oras sin reparo. 

Este año por las ocurrencias tan calamitosas de la 
provincia, porque se havía de jurar y coronar por Rey 
el Xpmo. en París, para cuia función se hallavan ó 
querían hallar presentes los grandes y primeros suje- 
tos de Francia, ó por más altas causas no vino Virrey 
á Cataluña, smo que embiaron para governarla armas 
á Mosieur de Marcin, que no obstante havía salido 
preso como se ha referido. Gomo la maior causa fué 
por las dependencias del Príncipe de Conde, éste, des- 



39o 

pues de ajustadas las cosas de Burdeus, bolbió al ma- 
nejo y puestos que antes tenía. También bolbió Mar- 
cin al en que se hallava y todos los demás igualmen- 
te; llegó Marcin á Granollers á últimos de Mayo, y no 
queriendo entrar en Barcelona pasó al foso y línea del 
puente de San Martín, y allí acudieron los Gonselleres 
y Governador Margante para tratar los negocios de la 
guerra y todo lo que combenía para la expedición de 
la campaña, porque el Castellano juntava grueso exér- 
cito en Lérida para venir sobre Barcelona, como lo 
executó conferidas las materias. Marcin se bolbió á 
Granollers, de donde mandó marchar y juntar las tro- 
pas á Gervera, de que se tratará adelante, y los Gonse- 
lleres con el Governador se entraron en la ciudad. 

Esfendiéudose la peste como se puede juzgar, aiuda- 
da del calor que ya picava entonces, pegóse entre los 
presos de la cárcel, que como eran tantos, la limpieza 
tan poca, los aires no pasa van, y los alimentos malos 
y el padecer no poco, murieron algunos; las guardas, 
atemorizadas del mal, no querían guardar ni llevarles 
de comer, y es de creer que la justicia devía de des- 
cuidar de eso, pues la divina estava exerciendo sus ri- 
gores y tenía en cárcel á toda la provincia. Clamavan 
los del corral (como aora vía fora fam) vía fora peste 
que iots jios creman tráyeunos de asi. Las guardas se 
ausentaron según se dijo. Gon que encomendadas las 
llaves á una mujer, empezaron á salirse los de la cá- 
mara y corral un día de Pentecostés á medio del día; 
avisóse al Governador; fué, é hizo bolber á cerrar la 
rotura; pero fué con floxedad, porque se tenía poco 
cuidado ó se quería tener. Á pocos días bolbieron una 
tarde á emprender la fuga enseñoreados de las llaves; 
salieron todos, menos los de la Judeca; hallóse el Go- 
vernador y con mucha gente les corrió detras al pa- 



396 
recer por forma; cojió dos á Santa Catalina; pero poco 
después las mismas guardias, movidas de lástima, 
abrieron las puertas de la Judeca, y sacaron de las ca- 
denas á los que estavan, con que quedó yerta la cárcel 
y sin avitador alguno; perfumáronla y limpiáronla 
luego para si se ofrecía entrar alguno. 

CAPÍTULO 38. 

REFIÉRENSE SUCESOS DE LA CONTINUACIÓN DE LA PESTE, LOS EXTRA 
GOS DE ELLAS, GASTOS Y TRAVAJOS, DESCONSUELOS, LÁSTIMAS, EX- 
TRAÑEZAS, INJUSTICIAS É INIQUIDADES QUE SE EXPERIMENTARON 
POR CAUSA DE ELLA. Y CASTIGOS QUE SE HICIERON. 

Por fiestas de Pentecostés y algunos días antes, que 
hera á últimos de Mayo, se reconoció grandísimo ex- 
trago, porque ya los sepoltureros, que esLavan dividi- 
dos por seis quartos, governando cada uno un Gonse- 
11er, no bastavan á conducir los muertos y enfermos 
á Jesús, y fué preciso valerse de chirriones ó carretas 
para los muertos y del féretro para los enfermos, éstos 
los sepultureros, y así éstos como los carretones iban 
com boyados de un alguacil del morbo, previniendo á 
la gente que se apartasen. 

Era el más lastimoso objeto el ver las carretas lle- 
nas de difuntos, unos vestidos, otros en camisa, otros 
desnudos y otros embueltos en las sábanas, mezclados 
y 'amontonados como si fuesen paja, y esto con tal 
frasqueza, que mui amenudo se topava con las carre- 
tas, sin que pudiese haver número determinado en 
ellas. Seguían á los difuntos otras carretas llenas de 
los colchones y ropa en que avían muerto; al en- 
fermo también le seguía la cama que tenía, para po- 
derla tener en la morbería, y el que no la lleva va 
queda va en tierra, porque havía llegado á extremo el 



397 

número de enfermos y muertos, que para los prime- 
ros no sólo fallaron camas, pero puesto para hacer- 
las á cubierto, que ni en celdas, corredores, oficinas 
y desvanes del combento de Jesús bavía capacidad 
para tanto, y se huvieron de fabricar cubiertos de ma- 
dera por los huertos, que llegó sazón que pasavan de. 
quatro mil los enfermos de la morbería, sin los par- 
ticulares por las casas y otros puestos, y sin los gue 
por instantes espira van: esto ocasionó no poder dar 
providencia á la curación y asistencia de tantos, aun- 
que parece se hacía todo lo posible; pero sólo Dios po- 
día atender en tan miserable ocurrencia á que estu- 
biera cada uno asistido como hera menester. 

Á vista de tan imponderable rigor y desdicha tan 
sin remedio, la poca gente que queda, espavorida y 
sin sentidos, resolvió salirse y abarracarse fuera, ya 
por la montaña de Monjuique, el llano de Valdecenlla, 
Sarria y otros puestos, y algunos más lexos, conso- 
lándose con pasar por cualquier travajo como quedase 
esperanza de salbar la vida, con que quedó el lugar 
de forma que parecía milagro encontrar alguno, y no 
es encarecimiento decir nacían las yervas por las ca- 
lles como por los campos, que no los huella planta 
humana: alguno se topava, y hera sólo para salir á 
buscar la medicina y recado para el enfermo. 

La asistencia y curación fué descaeciendo y desmi- 
nuyendo al paso que crecía el mal (dióse mucha cul- 
pa á los que governavan, ó quiso Dios fuese así para 
que no se atribúlese todo á su Divina Justicia), por- 
que murieron muchos que no hubieran muerto á tener 
más providencia y cuidado de asistirles, y esto tanto 
en la ciudad como en el hospital. En éste llega van 
muchos enfermos, y en pasando días morían sin que 
médico ni cirujano los viese. Todos los módicos y ci- 



398 
rujanos que asistían allá eran jóvenes y sin ciencia ni 
experiencia, que como morían algunos no se hallava 
quien quisiese entrar en la ciudad; ya liavía algunos 
por los quartos que eran buenos, y de Gerona y á Olot 
havían venido también los experimentados reciente- 
mente. 

A todos, así médicos como cirujanos, tanto del hos- 
pital de Jesús como de la ciudad, les dava ésta diez es- 
cudos á cada uno, sin los guantes que los particulares 
davan, que hera mucho; viendo la Ciudad tanta infe- 
licidad y extrago y que comunicavan unos con otros, 
echó vandos pena de la vida que hombre ni muger que 
governase á algún enfermo pudiese salir por la ciudad 
ni con los sanos comunicar, y para excusarlo asalarió 
gente por los quartos para que llevasen la carne, man- 
tenimientos y demás necesario, que nadie pudiese en- 
trar por las casas que huviese enfermos: la señal de 
ellas era una cruz de Santa Eulalia blanca sobre la 
puerta: en viéndola, todos huían; y que las casas don- 
de se havía muerto alguno ó llevado enfermo al hos- 
pital de Jesús, se cerrasen y clavasen con unos ma- 
deros atravesados, y que nadie fuese osado de abrirlas 
sin licencia del Gonseller del mismo quarto, vajo la 
dicha pena de vida. De esto resultó ponerse las casas 
quales se referirá adelante. 

Túbose por estilo durante la peste en Barcelona que 
los que queda van en las casas de los que havían 
muerto de peste ó llevado á Jesús, si no tenían posivi- 
lidad para sustentarse ó eran muchachos sin govier- 
no, se llevavan á unas casas á la calle de Jesús, que 
llamavan la Purga, ó al estudio nuebo ó Colegio del 
Obispo, á Nazaret, y allí los sustentava la Ciudad y 
hacían la quarentena y purgavan todo lo que era me- 
nester hasta limpiarlos bien, en estas casas que no 



399 

quedavan avitantes se cerravan y clavavan como se 
ha dicho y hajo la referida pena que no se tocase cosa 
de ellas hasta estar bien limpias, exaladas y perfuma- 
das. Pero como aun en tales tiempos ay hijos del de- 
monio sin conciencia ni temor, asegurados que en las 
casas no ha vía quien los detubiese, las abrían de no- 
che f robaban lo que les parecía, que, siendo con ex- 
ceso, eligió la Ciudad un preboste ó alguacil en cada 
quarto que rondase ó hiciese pesquisa de los ladrones: 
en los principios andubo demasiado benigna la Ciu- 
dad en castigarlos, comutando en algunos la pena de 
la vida en azotes y servir tanto tiempo al hospital. 
Esto causó que, en Junio, un mozo que era criado de 
D. Francisco de Aguabiva, correo maior, entró á ro- 
bar la casa de Joseph Vibes, confitero, á la esquina 
de la Capilla de Mercus, que estava cerrada por ha- 
berse muerto de la peste un hermano del dicho Vives, 
y éste con su familia, ausentándose antes, cogieron 
al tal ladrón en el mismo delito, y promptamente los 
Gonselleres, usando de la absoluta que en semejante 
tiempo tienen los Magistrados, lo condenaron á cien 
azotes, condenándole por mediaciones el resto de la 
pena y que sirviese en el hospital, con cominación 
de muerte si falta va á ello y entra va en la ciudad sin 
ha ver cumplido el término. Executóse la sentencia; 
pero sin duda que el hombre tenía el hado de morir 
en la orea, porque dentro de pocos días, quebrantan- 
do la le}^, se entró en la ciudad y se fué á robar la 
misma casa. Cogiéronlo en el hurto, y por haver in- 
currido en dos cominaciones de muerte lo condena- 
ron á ella; y plantando unas horcas enfrente de la 
misma casa, pagó en ellas la pena merecida por sus 
delitos. Este castigo sirvió de mucho remedio en lo 
úe robar las casas en adelante. 



400 

En el distrito y líneas del Hospital de Jesús havía 
también vando y ley promulgada pena de la vida, 
así para los oficiales y sirvientes del Morbo como 
para los enfermos, que ninguno osase salir del hospi- 
tal ni para las casas de la Purga, que eran en la mis- 
ma calle, ni de un lugar á otro, ni entrar en ciudad 
sin licencia, y si alguno entrava era con una guSrdia 
al lado, para celar que no comunicasen con otros y 
para advertir se apartasen y no tratasen con él, y esto 
aun con ir los médicos y cirujanos señalados con una 
banda de tafetán blanco, porque sin estas prevencio- 
nes no podían salir de allí menos que incurriendo en 
dicha pena; y viendo que havía poca observancia en 
la ley y mucho abuso en contravenir á ellas, cogie- 
ron á tres de los más inovedientes y los condenaron á 
garrote, que se executó luego en dichos tres, ponién- 
dolos en público para escarmiento de los demás. 

Sucedía en aquel hospital otro desorden, si no más 
dañoso al bien público, por lo menos al bien de las 
almas y de servicio y ofensa de Dios, sino sucedió, se 
dijo y pudo ser que en materia de desonestidades ,y vi- 
cios era aquella santa casa y cerco un pequeño bor- 
del, porque llegando alguna mujer enferma y de buen 
parecer y que fuese del agrado de alguno de los ofi- 
ciales, la servían y asistían con gran cuidado, y en 
curando era el empleo y amiga del oficial, que, aun- 
que entrase mui honesta y recatada, salía mui ubre y 
disoluta deteniéndose allí, y sacándolas de la Purga 
como se les antojava. Quién creyera que hubiese hi- 
jos de perdición tan obstinados que, teniendo tan fre- 
cuentemente á los ojos la muerte y en ellos el riesgo, 
y tan patente y palpable la Divina Justicia y sus ri- 
gores, se entregasen tan á rienda suelta al vicio y la 
sensualidad; quando deviera ser por tantas razones y 



401 
circunsfancias un seminario de virtud, penitencia y 
ejemplo, no lo fué, supuesto que, amonestados los 
Consellcres de algunos bien intencionados, pasaron á 
executar algunas sentencias de azotes en las mujeres 
que se hal lavan culpadas de desonestas, y en los hom- 
bres privaciones de puesto y oficio, con purgación de 
quarentena mui estrecha, porque llegó á término de 
ser público, que en el hospital sólo hallavan consuelo 
y asistencia para mujeres jóvenes y de buen parecer, 
y que aunque de sí fuesen buenas, los oficiales y gen- 
te que governava las hacía ser frágiles y desonestas: 
con estos castigos se reconoció alguna enmienda, si no 
la total que se devía y devemos creer. 

Para lo que resta referir en este capítulo, desearía 
(lector amigo) tener mucha eloqaencia, energía y vi- 
veza de términos propios, con razones de toda pon- 
deración y quales pide el traer á la memoria el más 
doloroso 3^ lastimoso suceso que hallarás, no sólo en 
los dos libros de esta historia, sino en los que pudie- 
ras leer de tragedias lamentables y compasivas; y por 
si la desgracia te trugere á ver semejante era, sírvate 
de documento y de escarmiento lo que aquí se dirá. 

En el libro que dejó escrito el Dr. RouU (lustre de 
los catalanes en la Medicina), haviéndose hallado en 
otro contagio y hablando de los remedios, para él por 
único y más útil, aconseja que es huir de los primeros 
en qualquier parte que sea la peste, y bolber el últi- 
mo y quando ya se a borrado de la memoria de los 
vivientes el contagio, que de esta suerte y no de otra 
podrán librarse, y yo soy de sentir que no sólo ha de 
ser esta fuga por huir del peligro de enfermar, sino de 
ver y oir tan indecibles aogos, calamidades, ruynas y 
lamentos, que llevan consigo tanto dolor y aflicción 
como padecer el mismo mal, porque pena ay que igua- 

ToMo XXIV 2tí 



402 

le á la de verse un christiano, apenas adolecía, con tal 
soledad, que deudos y amigos le buelban la espalda, 
3^ los estraños y todos huían del, sin que el padre con- 
suele al hijo ni éste al padre, negándose unos á otros 
la comunicación y asistencia; entre hermanos pasava 
casi lo mismo; las madres eran pocas las que dejavan 
de hacerlo, olvidando el amor materno por huir el 
riesgo de apestarse; si entre «marido y muger havía 
compasión y asistencia, mediando tan sagrado y es- 
trecho vínculo, no era poco consuelo, que á veces 
éste faltava; de entre hermanos puedo referirlo por 
experiencia, porque haviendo enfermado mi muger de 
un carbunclo á la pierna y tumor á la ingle, no huvo 
medio que alguna de dos hermanas suyas, no sólo 
quererla asistir, pero ni aun ver, siendo así que de la 
casa de enfrente no lo podían lograr libres de todo 
riesgo y dar este consuelo á su hermana, que las lla- 
mó Y avisé yo muchas veces porque las deseava ver y 
hablar antes de morir. No hubo remedio, aunque en sa- 
lud eran mui hermanas y se querían mucho. Esto pasa- 
va frecuentemente, con que el que quería estar asistido 
avía de ser á golpe de dinero, pagando doce y catorce 
reales y la comida todos los días, y después veinte y 
treinta escudos para purgar la quarentena, muriese ó 
vibiese el enfermo, y estos sirvientes era más el ansia 
de desocuparse presto para ganar otro tanto con otro, 
que la de cuidar de la salud del doliente; aun así, se 
allava con dificultad, más que hacer salir de uno á 
otro enfermo; y era preciso acudir ó á la morbería ó 
á la purga, que aquéllos como experimentados esta- 
van más animosos haviendo pasado y curado el mis- 
mo achaque, y para sacarlos de allí era preciso ville- 
te y permiso del Gonseller del quarto en que vibía el 
que lo pedía, y á golpe de dinero. 



403 

Entremos á considerar qué dolor y mortal pena se- 
ria en éstos acordándose que en otras enfermedades se 
veían asistidos de padres, madres, hermanos, deudos 
ú amigos, y visitados de todos, asistidos y regalados, 
y que sólo se atendía á que cobrase la salud, y aora 
verse á la disposición de un extraño, que tal vez ni le 
havía visto ni tratado hasta que le entrava á servir en 
la cama, aver de admitir de su mano y como quería el 
sustento y los remedios en que estrivava su vida, y 
siendo el enfermero de tal genio y desamor que sólo 
atendía á pasarlo bien ó comer lo mejor de la presa y 
á que el enfermo acavase presto para cobrar su sala- 
rio en que esta van, ajustados y pasar á ganar otra tan- 
ta en la casa vecina ú otra, cuia ambición ocasionava 
que ni el aUmento ni el remedio se dava como y quan- 
do estava dispuesto ni como el dohente lo pagava y 
disponía, que se verificó en muchas partes, y que sólo 
€l verse pasar por esto es bastante, y lo hera, para 
acavar con la vida muchos de mero desconsuelo y pa- 
sión do ánimo. 

Pues qué diremos de las pobres criaturas de pe- 
cho, que apenas se empestava la madre les quita- 
van el darles la leche, y algunos aventuraban ma- 
dre é hijo dexéndosela dar. Pero las que morían y de- 
javan niños del pecho, á quienes se havía de buscar 
quien les diese leche (aquí del llanto y el dolor), iban 
los padres de puerta en puerta con el hijuelo buscan- 
do quien les diese el pecho, leche ó ama que se en- 
cargase de él, y ver el modo con que los despacha- 
van al oler que madre ó hijo havía muerto ó estaba 
erido de la peste: era para quebrantar las piedras; y 
si por suerte ó desgracia se encontrava alguna, que 
era por el interés de ciento ó ciento cinquenta libras 
cada año, según reconocían la imposibilidad de los 



404 

padres, era (antes de encargarse el ama de la criatu- 
ra) desnudándola en carnes y lavándola con vinagre, 
Lien fuese perfumarla mAicho con yerbas conforta (ivas 
y pasándola por las llamas, y después de todo esto ves- 
tirlas de ropa nueva que no huviese servido jamás: este 
martirio ni un angelito tolerarle podía si se a segura va 
con él su crianza; pero sucedía enfermar la ama de alli 
á dos días ó el siguiente, }' al rccivirle otra avía de re- 
petirse el mismo martirio; pues ¿qué sucedía si el niño 
ó niña se empesíava? Luego lo bolbían á sus padres, 
sin que á precio alguno se hallase quien les diese el pe- 
cho, ¡qué infelicidad para un padre! pues por más que 
tubiera se veía sujeto á estos contratiempos. Para ello 
havía dispuesto la política tener en las casas de la 
purga ó combalecencia, en la calle de Jesús, á más 
que asistidas y regaladas de todo, criavan y davan le- 
che á los que allí llevavan, y aun pagando exorvitan- 
le salario á éstas y estando á pedir de voca servidas, 
se hallavan pocas que se quisiesen aplicar; allá las le- 
vaban y entregavan los padres, señalándolas con una 
cinta y el nombre de ellos para bolberla á recobrar si 
vivían pasado el mal. Lo que estos angelitos padecían 
de descuidos, necesidades y extrañeza con mucha por- 
quería. Dios sólo puede sa verlo: parecían aquellas ca- 
sas cavañas de corderillos recién nacidos dando vali- 
dos por la madre; y como las tales amas suelen ser 
como vacazas poltronas y dadas al vicio, cuidavan 
poco de su obligación y haciendo el sordo á todo, ó 
porque no pudiesen acudir á la limpieza, pues tenían 
seis ú ocho y más cada una, estavan los cuerpecillos 
todos sangrientos y espellejados, y tras de este pade- 
cer solían después quedar sin padres ni quien los aco- 
jiese; de éstos y de los ya destetados, que también se 
llevaban á las mismas casas cuando los padres al hos- 



40o 
pital, perecieron un sinnúmero por quedar sin quien 
los amparase ni quien los conociese quando echas las 
quaren tenas los despacha van y bolbían á la ciudad. 
Las muge res que los hijos ó á quienes da va el pecho 
se les morían de pesie, padecían infinito de la leche 
por no hallar quien la tomase, si no encontravan 
otros que las madres ó amas huviesen muerto empes- 
tadas, que en ese lance, consolándose unos y otros, 
hallavan alivio, y en este riesg-o perecieron muchos y 
otros se libraron de ambas partes. 

Las preñadas padecían en esa ocasión lo que no es 
decible: mostró la experiencia que de las ciento apenas 
escapavan dos, y en llegando el lance de parir queda- 
van madre ó hijo en la demanda, porque las comadres 
no querían asistir; y si los maridos ó alguna amiga 
por gran fineza no hacían el oficio de comadre, pere- 
cían irremediablemente vidas y alma; si la madre mo- 
ría y qiiedava el recién nacido, era otro nuevo tor- 
mento buscar por la ciudad quien le diese leche, y si 
no era, como acabo de referir arriva, que alguna em- 
pestada, ó que se le hubiese muerto el que criava 
arriesgando la vida, la perdía el ángel en los brazos 
de su padre por falta de sustento. 

No era de menor dolor el riesgo de salvar las al^as 
en tan procelosa borrasca, porque morían todos sin 
que tubiesen el consuelo de hacerles acordar pidiesen á 
Dios perdón y los absolbiese de sus culpas, porque sa- 
cerdote alguno no ha vía que buscar para eso: avíalo de 
hacer el que le servía en la enfermedad, y éste solía 
ser francés (que huvo muchos que se aplicaron á ese 
exercicio),y tal vez no cathójico, con que se deja ver el 
evidente riesgo de la salud de las almas; y si se aplica - 
va á eso el enfermo, procuraría más presto despachar 
al doliente que detenerlo, para hacer pesquisas de sus 



406 

preseas y haciendas, porque hasta que los sepultureros 
cargavan con el cadáver emhuelto en la sábana que- 
dava dueño de la casa, sin que nadie se atreviese á su- 
vir, y después se cerrava como queda dicho. 

Diremos algo aora de lo mucho que padecieron los 
que en medio del maior estrago de la peste quisieron 
por su tema salir de Barcelona y abarracarse á vista 
de la ciudad, porque á otros lugares con quarentena 
ni sin ella y con guardas de vista no se les admitía ni 
dava terreno, porque en oyendo que havían salido de 
Barcelona se hura de ellos como de la peste. Estos pro- 
curavan aloxarse en barracas de tierra y faxina, ó fa- 
xina y tablas en la campaña una legua á la redonda 
de la ciudad: éstos eran de los que en las caserías ó 
lugarejos á cuio abrigo estava la barraca, hallavan 
quien por parentesco, amistad ó mucho interés los ad- 
mitiese y diese lu^ar á ello y procurase por su soco- 
rro y alimento, y era hacer la maior fineza y agasajo 
que puede ponderarse, que los que no tenían ese asilo 
se havían de quedar en la ciudad y encerrados en sus 
casas esperar que los trujesen á ella los alimentos, que 
siendo de carne los escaldavan antes de admitirlos, y 
de lo demás, ó bien perfumando ó pasando por vina- 
gre, y sin que quien les traía se atreviese á entrar, 
que unos de otros se guardavan, y en dando en algu- 
no de los de la casa la pjste, que sucedía ó por ima- 
ginación, por temor ó porque era así, avían de bus- 
car otra avitación y quien sirviera al enfermo, que uno 
y otro era 1an difícil de hallar, que no hay término que 
pueda explicarlo, y por último, el enfermo pasava al 
hospital. 

Avía o-ros que, no teniendo quien les permitiese 
cerca las barracas y el temor y orror les obligava á sa- 
lir de la ciudad por mejorar de ayres y no ver ni oyr 



407 

tan funestos y lamentables sucesos, se abarracaron en 
las faldas y montañas de Monjuique y llano del Val- 
doncelle; pero lo de éstos era ridicula cosa, porque no 
conseguian más veneficio que el que se deja decir, 
que en lo demás avían de recibir los mantenimientos 
de adentro de la ciudad con el riesgo que se deja ver, 
pues el conductor avía de comunicar con los de aden- 
tro y de afuera, todos bien sospechosos y expuestos á 
que en cada instante caiesen, como sucedió, y en ca- 
yendo enfermos, ó los havían de llevar á Jesús ó en- 
trarse en la ciudad y dar fuego á la barraca algunos, 
ó muchos que quisieron curar en ellas murieron sin 
sacramentos, y tuvieron por sepoltura el mismo cam- 
po, y sin que de las barracas vecinas tuviesen socorro 
ni alivio alguno, aun de salud, porque unos de otros 
se temían. 

Avía algunos otro« que, teniendo en los lugares ve- 
cinos y l)arrios de Bcivcelona deudos mui cercancfs ó 
personas de gran inclusión y amistad, se salían á ellos, 
y en barracas que les disponían se aloxavan, y de las 
casas del bienechor les llevaban la comida, dejándola 
un pedazo lexos de la barraca, para que el que la Ue- 
vava no se comunicase con los de ella, y los del tér- 
mino les ponían guardias de vista á su costa, y pagan- 
do á diez y doce reales cada día los de las barracas: 
esto les durava treinta ó quarenta días, que, pasados 
esos, mudados la ropa, perfumados y lavados con vi- 
nagre, los admitían en las casas, y mientras durava 
la salud lo pasa van bien; pero en enfermando tan mal 
como el que más, porque luego lo plantavan en su ba- 
rraca solo con el que havía de asistirle, que si no se 
hallava quién lo hiciera, precisavan á uno de la com- 
pañía que lo hiciera. La medicina, médicos y ciruja- 
nos avía de venir de Jesús y de Barcelona, y todo á 



408 

peso (le dinero y con la dificultad que se deja conocer; 
de éstos morían muchos sin sacramentarse, y la se- 
poltura era en un campo ó margen, sin más ceremo- 
nia, y muchos que, puestos en las barracas, quedavan 
á la Divina Providencia sin otro consuelo. El mismo 
experimentaron muchos que saheron de las casas y 
poblados: les embestía el mal por el camino, y cami- 
navan mientras avía fuerzas, j en falíando, arrima- 
dos á un ribazo lucha van con las ansias y espira van 
allí, sirviéndoles de cama y sepultura, porque aunque 
los viese gente, por no llevarse con la ropa (que es 
donde más se pega) el mal, se los dejaba en su último 
y desgraciado fin. 

De mí y por experiencia puedo decir, que fué gran- 
de error salir de la ciudad en ocasión de haberse de- 
clarado ya la peste, porque mal por mal se pasava 
mejor en la ciudad, porque si havía medios, se ha- 
llavá con ellos todo lo que era menester, caro ó ba- 
rato, y el que no los tenía hallava socorro en el hos- 
pital, pues á nadie se negava, que afuera era intra- 
table. 

En mi casa murieron mi mujer y quatro hijos de la 
peste, y la pasó mi madre y otro hijo que me queda- 
ba: todos tubieron su asistencia, de que me consta lo 
que cuesta y se padece; pero abrumado de tanto pa- 
decer y ver padecer junto con las instancias que Be- 
nito Mans, hermano de mi mujer, labrador de Sarria, 
me hizo, para que fuera allá con mi familia, deseoso 
de ver si podría hbrarme, nos salimos de Barcelona, 
recogido y puesto en recaudo lo de casa á 9 de Junio, 
otro día de Corpus, y en la barraca que nos dispu- 
so, y con el cuidado de hacernos traer aún pedazo 
que comer, pasamos la quareuiena, y acavada nos 
entramos en su casa, en donde estuvimos hasta 4 de 



409 

Agosto, que el Castellano, sitiando á Barcelona, nos 
hizo retirar. En este tiempo vi y oí tales lástimas y 
travajos de los que se habían salido de Barcelona, que 
lo hasta aquí referido es un pequeño y lixero apun- 
tamiento, y para lo demás no hallo razones ni térmi- 
nos con que explicarlo, y así quede al juicio del com- 
pasivo lector. 

Suele el contagio,' con los recios calenturones que 
da, causar frenesíes insuperables; y mientras los pa- 
decían algunos en las casas particulares, unos se arro- 
javan por Jas ventanas y rebentavan, otros se salían 
por las calles en la postura en que se hallavan; y 
como la fuerza que tienen en esos lances es tan indo- 
mable y no havía quien los detubiese, porque el en- 
fermero no bastava, sino que de acaso se encontrasen 
los sepoUureros, corrían y di vaga van hasta que espi- 
ra van, ó que de rendidos se dejaban caer, y por más 
que fuera gritando el que asistía, ni hallava aiuda ni 
recavaba cosa alguna. En la Morbería de Jesús se vio 
esto cada instante, y si daban en ir á beber á el es- 
tanque morían dé repente, y aunque se quisiera tener 
providencia en eso, como lo hacían los sepultureros, 
atándolos al llevarlos, no era fácil, pues avia ocasio- 
nes que pasaban los quatro mil largamente los enfer- 
mos, con que no podían atenderse á eso, así como no 
se atendía ó no quería atender á la puntualidad de cu- 
rarlos las llagas, porque havía enfermos que pasavan 
diez y doce días sin curarse, de que resultó morirse 
muchos millares más que no huvieran muerto (salva 
la Divina disposición) en Jesús á tener algo de más 
providencia, y esto es constantísimo, y se deja bien 
conocer, porque las mujeres de buen parecer y agra- 
do, y que se dejavan llevar de la solicitación de los 
oficiales, casi todas ó la mayor parte libraron bien, 



4Í0 

porque aunque se castigó el vicio, como se ha dicho, 
nunca dejó de haver muchísima ruindad en eso, por- 
que la que quería resistirse perdía la vida y necesi- 
dad, pocos años y gran solicitación, y en lances como 
aquéllos derrivaran la más casta y constante mujer, 
y no será temerario decir que por tanta torpeza como 
allí se veía, se dilató y fué más riguroso el castigo de 
Dios, pues en vez de enmienda después de la enfer- 
medad, se dava más rienda á la lascivia, la que tal 
vez hasta entonces no la hahía conocido. 

Goncluio este capítulo con decir, que quando se re- 
conoció alguna mejora en el contagio, que fué á pri- 
meros de Agosto, se empezó á ver la ruina en la ha- 
cienda, la pobreza y necesidades, porque mientras 
duró lo furioso de ella, difiriendo la gente el cultivo y 
el travajar por no hallar gente para ello, no atender 
por no poder, se alió después destruidas las hereda- 
des, las casas y los hienes, la pobreza, por lo consi- 
guiente, porque atendiendo á salvar la vida para asis- 
tirse, el que ya no tenía á dónde holherse, vendía 
para el sustento quanla plata, oro, ropa y alaxas po- 
día hallar quien le comprara, de que resulta el que- 
dar, si con vida, no con qué pasarla. Las necesidades 
y de no menor lástima que lo que se havía echo, era 
ver tanto muchacho y niño que, difuntos sus padres, 
iban pidiendo limosna y perdidos por la provincia, 
haviéndose criado en sus casas y vístose mui asisti- 
dos y regalados, y que aora no hallavan un pedazo de 
pan, con dolor de quien los havía visto y conocido en 
buena fortuna y no podía socorrerlos. Estos estragos 
los experimicntarán muchos años las repúblicas, las 
iglesias y religiones, porque los sujetos que havían de 
florecer de aquella era los sumergió la borrasca de 
guerra, peste y hambre. Discurre, lector, sobre lo que 



411 

as leído en este capítulo, y cree que lo que no se dice 
y á tu discurso remiio de estas calamidades, es mucho 
más de lo que señalo. 

CAPÍTULO 39. 

TOMA LA ARMADA ESPAÑOLA EL YAGEL DEL PATRÓN FERRET EN MA- 
TARON -CESA LA PESTE.-LLAMA LA CIUDAD SUS VECINOS AUSENTES.- 
DA GRACIAS Á DIOS POR LA MEJORA.— VIENE Á SITIAR Á BARCELONA 
EL CASTELLANO. 

Tenía Barcelona un marinero valeroso y dichoso en 
marinería, llamado el patrón Ferret,que de puro viejos 
ó inútiles esta van arrimados ya dos vaxeles que havía 
governado y capitaneado de particulares catalanes con 
mucha suerte y viajes de importancia y conbeniencia: 
estava mal hallado con el ocio y así redujo á algunos 
mercaderes poderosos para que hiciesen labrar unvajel 
grande que havía de ser la gloria de Bai-celona: fabri- 
cóse en Barcelona vajo el valuarte de Mediodía en el 
arsenal; duró la obra dos años y tres meses y su coste 
pasó de sesenta mil escudos, con indecible fatiga del 
patrón. Vendixéronlo víspera de la Virgen de Agosto, 
año 1649, con gran solemnidad, concurso y ruido de 
artillería, habiendo puesto una tienda muy grande que 
cubría todo el navio y concurso^ tratóse luego de po- 
nerlo en el agua, y llegando á la lengua de ella, que 
era por la Virgen de Septiembre, enfermó el patrón 
Ferret, según se dijo, de fatigado, y en breves días mu- 
rió: era hombre dispuesto y grueso y de lindas atencio- 
nes: causó mucho duelo á todos y mucho más á los 
interesados en el navio, teniendo ya por mal agüero 
aquel acaso. Armáronlo de árboles, xarcias, artillería, 
marineros y pilotos, nombrando por capiíán á Lorenzo 
Bardana, mozo experto y que Ucvava el negocio de 



412 

Ghristóval Sangenís, mercader y uno de los principales 
dueños del vajel: hízose á la vela segunda fiesta de Na- 
vidad, y de primera jornada marchó á Xatelines, en 
Turquía, á buscar trigo. Después executó los dos viajes 
á Liorna, traiendo el trigo que en otra parte se ha di- 
cho el año pasado, y eslava en el muelle aguardando 
que la Ciudad lo despachase, que, ocupada en lo del 
contagio, lo dilató más de lo que deviera y havría im- 
portado, porque la armada castellana se junta va en Ta- 
rragona y á primeros de Julio tres navios de ella lle- 
garon delante Barcelona, y bordeando á dicho vajel, le 
obligaron á meterse vajo el muelle, disparándole algu- 
nos cañonazos, y él les respondió, y de la ciudad tam- 
bién les tiravan, obligándoles á bolverse hacia Tarra- 
gona. Á 11 de Juño pasaron por Barcelona 22 galeras 
de España en que hiva por General el Príncipe D. Juan 
de Austria, en seguimiento del vajel que havía salido 
del muelle dos días antes hacia Mataré: encontráron- 
lo allí y dieron con él á cañonazos, disparándole pa- 
sados de 500 tiros, con los quales hicieron mucho 
daño al pueblo, y de las torres también á las galeras. 
Apresaron el vajel, porque ni un marinero siquiera 
quedó en él para defenderle, y pasaron el día siguien- 
te por la mañana las galeras con el vajel para Po- 
niente; hazaña grande: ¡22 galeras contra un vajel in- 
defenso ! 

Parece prodigio de la Divina Omnipotencia que á 
últimos de Julio y primeros de Agosto, que es lo recio 
del canicular, empezase á dar treguas la peste y á re- 
conocer alivio en los enfermos; pero maior prodigio 
es que viniendo el Castellano á sitiar á Barcelona con 
numeroso exórcito, todos los lugares circunvecinos y 
gente que estava fuera se metieron en Barcelona con 
sus familias y haciendas, sin reparar en el riesgo de 



413 

la vida y en que anteriormente por las calles de maior 
concurso apenas se veían quatro personas, porque la 
opinión más válida es que murieron de la peste pasa- 
dos de quarenta mil personas, y quizás no se incluien 
en esar; las que se ignoraron, sin que el cargarse de 
gente nueva la población suscitase la peste que harto 
se temía, antes quanto más entrava amaynava más 
la enfermedad, de que noticiosos los que avían ausen- 
tado y que se preciavan de buenos patricios, acudie- 
ron luego á servir y socorrer la Ciudad en el sitio que 
la amenazava, aunque fuera con el riesgo que podían 
temer, pues totalmente no havía cesado el contagio. 
Algunos sujetos huvo (indignos de llamarse catalanes) 
que por algunos fines reusaron entrar y se alejaron 
más. 

Advertido esto, el Consejo de Ciento hecho vando 
que todos los vecinos y ciudadanos que se avían au- 
sentado dentro quince días acudiesen á asistir la Ciu- 
dad en este fragante, en pena de que pasado ese tér- 
mino se desinsincularían los inseculados; los que no lo 
estarían, no podrían insecularse de diez años, y los 
que tenían oficios privados de ellos, y en su lugar sor- 
tearse otro. Prorrogáronse estos quince días en otros 
tantos más en dos veces con público pregón cada una: 
en estos plazos los que tuvieron causas, los allegaron 
y dieron memoriales al Consejo. Este mandó á alistar 
en memorial todos los que se hallavan ausentes, dis- 
curriendo por calles .para la maior averiguación, y^ el 
día 26, estando junto el Consejo, se leyó la lista y se 
cometió á doce personas la cognición de las causas y 
motivos que allegavan algunos para no bolber, y su 
aprobación, y sin desgregarse el Consejo se admitie- 
ron las que se devían y desecharon las que no pasan- 
do luego á desinsecular y hacer extracción de oficios, 



414 

que siendo las dos de la noche que aún no havían 
concluido se disgregó el Consejo, haciendo comisión 
á las doce personas para que el siguiente día conclu- 
iesen la inavilitación de sinseculación y extracción. 
Observóse esto rigurosamente, porque algunos vinie- 
ron, j no á todos se les admitió las causas por haver 
echo esa demostración con maduro acuerdo y tenien- 
do ya veinticuatro oras avía al exórcito castellano á 
la vista. 

Reconociendo el Govierno que más era milagro que 
causa natural la venignidad que se experimentaba en 
el contagio, deliveró el Consejo de Ciento se diesen 
gracias á Dios por la misericordia que nos hacía. El 
día 7 de Agosto se hizo en el Aseo diciendo un oficio 
solemne, y después ana procesión por dentro la igle- 
sia con Te Deiim laudarnus á. que asistieron los Gonse- 
lleres y maior número de Consejeros. Fué mui singu- 
lar el divino favor en este punto, porque calmó de 
forma la peste que vino á cerrarse el hospital á me- 
diado Septiembre, y alguno que incidía ó recaya en la 
enfermedad lo lie va van á las casas de la purga, y allí 
se cura va en breve, ó porque la experiencia havía sa- 
cado maestros, ó porque la malignidad no era ya 
tanta. 

Acudióse luego á limpiar las calles que esta van lle- 
nas de cieno y ponzoña de la ropa y trastes que arro- 
javan de las casas que havían muerto los empestados, 
llevándolo á carretadas á la arboleda ó muralla donde 
lo quemaban todo, y entre eso havía algunas cosas 
mui buenas, pero todo perecía. También se fabricaron 
en la pisina unos ornos mui grandes, en los quales á 
fuego lento se purificava la ropa de los particulares y 
cosas que havían padecido peste. Perfumaron las ca- 
sas de alto á vajo famosamente de todos los que havían 



415 
padecido, sin que ninguna de las cerradas se atreviera 
su dueño á abrirla ni entrar en ella sin haver echo 
esta diligencia, y para su execucicn y las de arriva 
mencionadas, tenía cada Gonseller en su quarto hom- 
bres destinados que se aplicavan á ello con toda acti- 
vidad para no fiarlo á los particulares. Con esta vigi- 
lancia y disposición fué en aumento la salud, aunque 
los concursos y apreturas, particularmente en las pa- 
naderías y carnicerías, eran grandes, porque ya el si- 
tio impedía el moler y hacer las provisiones con des- 
aogo; y siendo el calor excesivo, se ve manifiestamen- 
te que Dios, por medio de algunos santos y personas 
de virtud, aplacó su Justicia y usó de su misericordia. 

Es estilo de la milicia quando se llega á sitiar algu- 
na plaza embiar un trompeta pidiendo se rindan y en- 
treguen las llaves del presidio. Venía marchando el 
Castellano mui pujante con once mil infantes y 2.500 
cavallos á sitiar á Barcelona (poco número para tanta 
empresa); havía á primeros de Julio pasado Villafran- 
ca; el Consejo de Ciento quiso prevenir la respuesta 
que havía de dar al trompeta, y tomó la resolución de 
presentar las llaves á la Virgen de la Concepción: exe- 
cutáronlo á 19 de Julio con las de yerro, y 25 de Agos- 
to, día de San Luis, acavados los Divinos Oficios en 
el Aseo, pasaron los Conselleres á la capilla de la Vir- 
gen, y cantando una Salve solemne, le presentaron 
quatro llaves de plaza, y aguardando al trompeta para 
responderle dixera á su General las tenía la Virgen, 
que se lo averiguase con ella si las quería dar: no vino, 
noticioso tal vez de tan ridicula respuesta. 

Este exército castellano, governado por el de Mor- 
tara, salió de Lérida para Tarragona á juntarse con 
la guarnición, y desde allí por el Panados encaminar- 
se á Barcelona. Nuestras tropas, que serían tres mil 



416 

infantes y mil y quinientos cavallos, governados por 
Marcin, ninguna oposición hicieron, sino que á una 
legua del Castellano se iba retirando, quando creye- 
ron todos que en algún estrecho ó esguazo do río ha- 
rían alguna operación. Llegó el Castellano á pasar 
Llobregate á 2 de Agosto, y ya Marcin eslava vajo la 
artillería de la plaza; puso su quartel en el convento 
de Valdoncellas, que las monjas, por esta causa y la 
peste, parte havía en la torre Pallaresa y parte más 
allá. D. Joseph Dardena puso su tienda ó quartel 
más allá de los Ángeles viejos. La cavallería de éste 
cubría el foso desde la marina hasta la Puerla Nueva, 
y desde ésta hasta la de San Antonio. La de Marcin, 
haviéndose aloxado cavallería y infantería fuera de 
la ciudad, vajó el cañón fabricando sus tiendas y ba- 
rracas, que parecía segunda ciudad con nuebas tien- 
das de mercaderes, y talando y arrasando la huerta 
y la campaña, que no es decible el fruto que perdieron 
y daño que se hizo á los particulares. 

Encaminóse Mortara á la Torre del Río y empezóla 
á batir y expunar rigurosamente, resistiéndose los de 
adentro, que serían unos treinta hombres, unos qua- 
tro días con tres piezas de artillería, dándole al Caste- 
llano no poco daño. Fabricaron unos ornillos ó mina 
los de fuera, y llamados los de adentro á verla, reco- 
nociendo ser imposible salvarse, se rindieron á vida 
salva el día 8 de Agosto: puestos en el exército caste- 
llano, los reconocieron, y los que havían estado ó esta- 
van empestados los embiaron á Barcelona; los otros 
quedaron en el exército, y luego volaron la torre sin 
dejar señales de ella: quisieron decir que por el daño 
que les havía echo. Lo cierto es que por ha ver dispa- 
rado á las galeras quando pasó á casarse la Reyna Ga- 
thólica, quisieron borrar su memoria en la provincia. 



417 



CAPITULO 40. 



PREVENCIONES DE LA CIUDAD CON LOS LUGARES Y GENTE DEL CON- 
TORNO.-AQUARTÉLASE EL CASTELLANO Y SUS OPERACIONES CON EL 
PAÍS. -YNSTANCIA DE LOS SITIADOS, CORREOS Y EMBAJADORES Á PA- 
RÍS. -TOPE DE MARCIN CON MARGARITE, GOVERNADOR.-SALIDA DE 
MARCÍN Y JURAMENTO DEL REY EN PARÍS. 



Lneí?o qne se tubo noücia de los desio-nios del ene- 
mi.í^o y de su marcha, que fué á mediado Julio, em- 
pezca el Governador á despachar por los lu,!?ares y po- 
blaciones vecinas órdenes y persuasiones para que se 
relirasen dentro la ciudad todos los granos y pajas; 
rc'^islióse la gente; pa^ó á vando^ por todos los lugares 
vecinos en pena de los granos perdidos, y otras arbi- 
trarias al Real Conseja; pero recelosos los dueños de 
la pesfe, de perder su hacienda y que Uevavan otra 
idea, no se dieron por eniendidos, an^es bien lo reti- 
ra van á los combentos de Sarria y Pedral has, San Ge- 
rónimo de la Murta y Sabrón y oíros lugares, enten- 
diéndolo asegurar de ese modo que el maior motivo 
era por la peste, que aún afligía demasiado. 

La Ciudad pasó á publicar pregones que todos los 
que quisiesen vender los granos se le pagarían al pre- 
cio corriente; que los que quisiesen fiarlo ó prestarlo 
se lo bolberían en propia especie en saliendo del si- 
tio; que quien los quisiese deponer en custodia se le 
restituiría el mismo y que excriviese su nombre: esto 
para el de simiente; y para la entrega de uno y otro 
y cobrar recibo ó dinero, se señaló el convento de 
Valdoncellal tampoco se logró fruto de esía diligencia. 

El Governador executó otra más utilosa, y fué lla- 
mar todos los bayles y jurados de los lugares á dos 

Tomo xxiv 27 



418 

leguas de Barcelona para un día á la torre de Novell, 
en el término de Sanz. con pretexto del real servicio 
y bien de la provincia. Congregados allí, salieron el 
Governador y los Gonselleres en Gap y segundo, y re- 
presentando con mucho encarecimiento y ponderacio- 
nes que arriesgavan sus haciendas porque el Castella- 
no venía á toda priesa y que se haría dueño de todo 
lo que esta va fuera de Barcelona, y que destruiría lu- 
gares y todo quanto havía que lo tuvieron por cons- 
tante, y no se quejasen de que no los havían desengaña- 
do. Á vista de esto, la gente empezó acarrear granos 
y alajas, que fué una Bavilonia unos quantos días que 
incesantemente entravan carretadas de granos, mies 
sin trillar y trastos, poniéndolos cada uno en casa de 
sus deudos y amigos, con que quedó bastecida la ciu- 
dad bastantemente por aver sido fértil aquel año la 
cosecha. Algunos que la representación de estos seño- 
res no les convenció y quisieron quedarse con sus vie- 
nes por los combentos y lugares, perdieron los unos y 
los otros y padecieron muchos travajos. 

El exército castellano, aviendo bolado la torre, se 
vino al llano de Barcelona, y recelosos que no embis- 
tiera Monjuique como el año 41, después de bien for- 
tificado, pertrechado y municionado, entró de guar- 
nición Mastarós con su tercio y algunas compañías 
sueltas, que en todo serían basta mil hombres, que con 
ellos y algunas piezas de artillería havía de costar 
muchas vidas antes de ganarlo; pero el Castellano, en 
llegando á Sanz, que era á 10 de Agosto, se subió ha- 
cia Pedralbas y Sarria y se aloxó aquella noche por 
aquel contorno, y el General con algunos Gavos en- 
traron en el cerco de Pedralbas en las casas de los 
clérigos y religiosos: iba Capitán de corazas D. Miguel 
Ramona, ca vallero catalán, que por ciertas causas 



419 
seguía el partido castellano y tenía una hermana mon- 
ja en aquel combento, con cuya causa y la de ser muy 
estimado de todos Ramona pasaron aquella noche mui 
regalados y en onrroso bureo, pero con mucha vene- 
ración á las religiosas; el día siguiente á las tres de 
la mañana marchó todo el campo en forma por la fal- 
da de la montañuela, y al tránsito les disparava la 
plaza, pero sin ningún úfil; pasaron á San Andreu y 
San Martín, extendiéndose hasta la orilla del Agua del 
mar, formando al sitio de la fuente que llaman de 
Alió un hermoso fuerte con quatro baluartes y su foso, 
poniéndolo con mucha artillería para asegurar el des- 
embarco y las provisiones que llega van por el mar, 
que con la armada é infinitas barcas que de la costa 
de Poniente les acarreavan víveres, tuvieron la cam- 
paña abundantísima de todo y estubieron bien forti- 
ficados. La tierra la cojieron llena de frutos, que por 
el contagio la gente ha vía dilatado desazer la mies, 
con que se bastecieron de todo á medida de su deseo. 
Después de aloxado el Castellano al Glot, San Mar- 
tín y San Andreu, como esfá dicho, y formando su 
cordón, empezó la cavallería é infantería á executar 
correrías y pillaxes en los lugares y caseríos de toda 
la falda de la montaña, y hasta el hospital, aprove- 
chándose de granos, pajas y otras muchas cosas con 
exceso, porque mucha gente de la que se havía reti- 
rado de esos paraxes á Barcelona, viendo que el Cas- 
tellano avía pasado á esta otra parte, y no pensando 
en las correrías, salían á traerlo; pero por mucho que 
madruga van ya la cavallería castellana esta va sobre 
ellos y les pillava ganados de todo género y quanto 
consigo trahían. Á muchos arrieros y pasageros que 
venían por el camino real les sucedía lo mismo en los 
principios, siendo de mucho aprecio y número de pri- 



4^0 

sioneros los que en estos lances se llevava el Gaste- 
llano. Marcin, teniendo mil cavallos lo menos de fa- 
mosa calidad, se es'ava á la mira; quexávasele la Ciu- 
dad, y eso respondía no tener orden del Rey ni gente 
bastante para embestir, sino para guardar la plaza, 
que si hnviera querido ohrar ya contra el exército al 
tiempo de pasar ó contra les comboyes y parlidas, po- 
día hacerle mucho daño al Castellano y no recivirle él 
por estar bajo la artillería: si alguna vez salía contra 
alguna parlida, era sólo llegar á la vista y escaramu- 
cear algo yendo con los micaletes, y bolber la grupa 
en viendo que el enemigo se retirava; pero como te- 
nía la opinión ganada de poco leal, y lo havía mos- 
trado en el año de 49, ya se vivía con desconsuelo y 
se temía no haría cosa de provecho, como no la hizo, 
aunque podía mui bien; a la parle del Valles, hasta 
Mommalo, saqueó el Cas'eilano á su salvo, ariuinando 
todo aquel país y desbastándolo con ésie de Barcelona 
á todo rigor: fué preciso que la cavallería de Dardena 
pasase al Valles para consolar aquel parlido y defen- 
derlo, porque si no eran algunos micaletes y gente del 
país qu ; se recogía (y ocasionaron en pasos estrechos 
no poca ruina al Castellano), no havía quien los de- 
fendiese. Llegó tarde, porque ya los castellanos avían 
pillado y destruido el país, con lo cual, y con lo que le 
en'rava por mar, tubo su exército mui abasLecido. La 
artillería de la torre de San Juan á la puerta de San 
Daniel, que eran tres piezas harto largas, le hacían de 
conünuo al Castellano algún estrago, y la de la Ciudad 
á las partidas, que corrían con tal confianza, que so- 
lían pasar por vajo del cañón muchas veces. 

Tienen por estilo los Generales franceses, á donde 
quiera que se hallen, hacer mucha fiesta al santo cuio 
nombre lleva consigo el Rey Xpmo.: á este fin ú á 



421 

otro particular la víspera de San Luis, 24 de Aí:os*o, 
previnieron en el valuarle de Levante un banquete 
explendidísimo, y cubriendo con una vela todo el te- 
rraplén del baluarte, comieron allí en público y á 
vista y oídos del Castellano, todos los Generales, xMae- 
ses de Campo, Sargentos maiores y gente principal, 
así francesa como catalana y nacional: algunos Con- 
selleres también asis'ieron. Empezando á vever dis- 
paró la artillería del baluarte y lienzos de muralla 
con vala, continuándolo quanlas veces se vevía y 
brindavan. Los clarines y trompetas incesantemente 
tocaron: duró la comida bas'a las tres de la tarde, 
porque fué en lo exquisito de platos y abundantes cosa 
estupenda: al anochecer se esquadrenó cavallería é 
infantería vajo el mismo baluarte en campo de bata- 
lla, y á las Avemarias empezó la artillería de toda la 
plaza á disparar con vala; hicieron lo mismo los es- 
quadrones, repitiéndolo todos hasta tres veces: no fué 
aplaudida esta acción, por tener á la vista el enemigo 
y no haver echo surtida alguna. Hubo (ambién varias 
opiniones de quién hizo el execivo gasto en aquel día, 
si era Marcin ó la Ciudad: yo creeré píamente que lo 
vino á pagar ésta, y que á su costa quisieron los Ge- 
nerales hacer ese agasajo ú obsequio al Rey; á los cas- 
tellanos la burla, y á tres ó quatro capí anes ó solda- 
dos la de despacharlos á cenar con Christo, pues como 
las salvas iban con vala, y devía haber algunos ca- 
lientes de cascos, mataron á diez ó doce, y ésta fué la 
fiesta á los años del santo del nombre del Rey. 

Á primeros de Agosto, viéndose la ciudad con el si- 
tio, despachó en cinco ó seis días dos extraordinarios 
á París, pidiendo con todo aprieto socorro de tropas, 
dinero, víveres y Virrey. Pero como dice el adagio, 
quien cara ve cara honrra, y que cartas tienen rópli- 



422 

cas, deliveró el Consejo de Ciento partiera por Emba- 
jador Joseph Ximénez de Monrrodón, para que á más 
de lo que obrava Pinos esforzara con el Rey y Minis- 
tros las asistencias y representara como buen testigo 
el miserable estado y apreturas de la ciudad. Partió á 
23 de Agosto, y huvo de ir comboyado de cavallería 
hasta Marlorell, por estar cerrado este otro paso .y 
acamparse el enemigo hasta la orilla de Llobregat á 
esa sazón, con que fué preciso bolber por San Culgat á 
tomar el camino. 

No heran sin mucha causa estas ynstancias, porque 
sobre lo gastado y padecido en la peste estava actual- 
mente manteniendo la Ciudad á su costa todas las tro- 
pas del exército, ó por lo menos se distribuía todos los 
días entre franceses y suizos 4.6J 2 raciones de pan, 
sin los tercios del batallón y los setecientos que guar- 
necían la ciudad, y sobre esto avía de atender amasar 
para casi lo más de la gente del pueblo, que toda com- 
pra va el pan, y á sazón que se havía de hir á moler á 
Martorell y Camello, y con numerosos comboyes de 
gente para que el enemigo no pillase al salir ó entrar, 
así como havía quitado el agua para no hacer arina 
dentro la ciudad. Sobre esto entró Marcin en Consejo 
de Ciento, pidiendo 300 quarteras de arina para soco- 
rrer el exército, y 20.000 libras, ofreciéndolo bolber de 
hacienda del Rey, y dando para el dinero por las 10.000 
en fianza á Baltasar Aymeric, mercader francés y ca- 
sado en Barcelona, y por las 10.000 consignava las 
rentas del Condado de Santa Coloma, de que le havía 
echo gracia el Rey las diez mil primeras, y la arina 
sacó porque las abonó Aymeric, pero las otras no. De 
que se puede inferir quán sin número era lo que gas- 
tava la Ciudad para su conservación. 

La presentación de las llaves de plata á la Virgen 



423 
de la Goncepción^se hizo como queda referido; añadiré 
que fueron quatro por las qiiatro puertas que liavía 
abiertas no más, que son la de Mar, San Antonio, An- 
o-el y Nueba, y juntamente un quatro con las efigies de 
los Gonselleres y Governador, y un ángel que presen- 
tava las llaves á la Virgen, y más abajo el Consejo de 
Ciento y la Ciudad, todo se presentó en su capilla á 25 
de Agosto. 

Después de aquartelado Marcin en el convento de 
Valdonceila, se entró en Barcelona, y parecióle que 
hallándose en la plaza y Governador general de las ar- 
mas en la provincia le tocava dar el nombre á las cen- 
tinelas y cuerpos de guardias. Opúsose el Governador 
por ser peculiar de su puesto. Sobre esto pasaron al- 
gunos lances ario desabridos entre los dos. Entró por 
medianera la Ciudad para sosegar y que no sucedieran 
maiores enquentros, y en una junta que para esto se 
tubo en casa el Governador, se resolbió que atenta la 
superioridad de Marcin respecto de Governador y Te- 
niente general de las armas diese el nombre al Gover- 
nador de la plaza: cediendo (por su bizarría), convino 
en ello, y Marcin dio el nombre mientras estuvo en la 
plaza. 

Cumplió el Rey Xpmo. Luis catorce de este nombre 
los trece años de su edad á 7 de Septiembre, y a vién- 
dose de jurar por Rey y entrar en el govierno según 
disposiciones y leyes gálicas, convocó para el día 8 
toda la nobleza y parlamentos de la Francia en París: 
celebróse la función con mucha fiesta y aplauso uni- 
versal. Sólo faltó ese día el Príncipe de Conde, que 
por ser la segunda casa de los Príncipes de la sangre 
fué bien murmurado, y por los incidentes pasados 
arto sospechoso; escribió al Rey pidiendo el permiso 
para no concurrir, con pretexto de que por la prisión 



42 i 

pasada y sucesos tenía en París ese día sus maiores 
émulos, y que concurriendo avían de suceder algunos 
escándalos, que por eso dejava de asistir; y qae en 
quanto á otras causas, ni las creyese ni diese oydos, 
porque se preciava de tan leal y sujeto á la Real Coro- 
na como el que más: en lo exterior í'oé así; pero des- 
cubriráse luego el inlerior: el Rey avisó á las provin- 
cias de su jura y govierno, y á la de Calaluña y Ciu- 
dad lo mismo, con ofertas de muchos socorros y asis- 
tencias, como se verá adelante. 

No quedan muy atrás reíeriJas las prisiones de Mar- 
cin, Príncipe de Conde, y sus hechuras y deudos, con 
los molivos que para ello se tubo, y así será excusado 
repetirlo aquí, y bastará decir que continuando Es- 
paña en favorecer al de Coiídó, para que prosiguiese 
en sus altos pensamientos de coronarse y por ese me- 
dio tener la Francia en guerras civiles para adelantar 
sus partidos en Cataluña y Flandes, estava fomen'an- 
do á este Príncipe en sus designios, y para proseguir- 
los se retiró á Burdeus al tiempo que el Rey tra'ava de 
su jura, y en aquella ciudad, toda á su devoción, con 
sus aliados y sequaces juntó un pedazo de armada para 
ir contra el Rey. 

Despachó á Marcin un correo mui en secreto, pi- 
diéndole que con el maior número y mejor de cava- 
Hería pasase á Burdeus. Reci violo Marcin, y cum- 
pliendo el guslo de quien lo avía elevado y dado los 
puestos, y olvidado de las obligaciones á su Rey, fin- 
gió que havía de salir la noche del 21 de Septiembre, 
con mil cavallos y mil infantes, á obrar una hazaña 
de consideración contra el Castellano: ignorávanse 
las operaciones y designios del de Conde, y así llenos 
de buena intención se lo creyeron todos; salió esa no- 
che á las diez con sus dos mil hombres, los de mejor 



423 

calidad, mui en secreto, celando dónde marchava, 
porque no llegase á nolicia del Gas!ellano: marchó á 
San Feliú, j por la rivera de. Ruví á San Cucufaíe, 
Manresa, Si.u de Urgel, y por allí se entró en Fran- 
cia, bien que algunos ducieníos cavallos, y entre ellos 
el regimiento de la Mola, que iban engañados: cuan- 
do reconocieron el inten'o, bolvieron grupa y resLi- 
tuieron á Barcelona; quedó ésía y quedaron todos en 
indecible suspensión esperando el éxito de aquella 
surtida; la dilación y ialta de noticias hacia discurrir 
con gran variedad, pero nadie en que fuese tan des- 
vergonzada alevosía, hasta que los Cónsules de la ciu- 
dad de Urgel escri vieron á los Diputados esta van en 
Manresa y éstos á la Ciudad el suceso y tránsito de 
Marcin: quál quedaría la ciudad teniendo el si lio en- 
cima discúrralo qualquiera, pues si le quedaban dos- 
cientos cavallos era al todo, con algunos dtl regi- 
miento de la Reyna y el regimiento del Marqués de 
Marcelin, francés, casado con hija del de Centellas, 
viuda del de Gevalla, que murió en la derrota que 
tuvo la Mota frente de Lérida, que avilava de conti- 
nuo en Barcelona, y si buen francés avía venido, en- 
tre todos era él. La cavallería catalana esta va al Va- 
lles, como se dijo, y si en este fragente huviese inten- 
tado el Castellano alguna operación, tal vez la huvie- 
ra logrado: quiso Dios que no, ya que el ruin de Mar- 
cin executava segunda alevosía contra el Principado. 
Dios se lo perdone á quien lo trujo segunda vez y em- 
barazó viniera en su lugar el de la Mota, coriio estava 
resuelto. 



426 



CAPÍTULO 41. 

ERÍGESE SEGUNDO CONSISTORIO DE DIPUTACIÓN— PROSIGUEN LAS OPE- 
RACIONES DEL CASTELLANO-FUERTE QUE FABRICAN LOS NUESTROS 
EN MONJUIQUE.-BATERÍA QUE PONE EL CASTELLANO EN SANTA MA- 
DRONA Y LO QUE OBRA— ENTRA D. JUAN DE AUSTRIA EN EL EXÉRCI- 
TO CASTELLANO-SEGUNDO FUERTE DE LOS NUESTROS PARA PASO Á 
MONJUIQUE. 

Aviendo salido el Consistorio de Diputación, como 
se dijo, por la peste, y por ella alexándose á Manre- 
sa, y sobrevenido después el sitio, á vista del qual se 
retiraron solamente el Diputado eclesiástico Paulo del 
Roso y el Oydor real T. Farriol á Barcelona, queda- 
ron los otros con el Consistorio formando en Manre- 
sa. Ay constitución de Cataluña expresa de que en 
tiempo de guerra deven residir ambos Consistorios en 
Barcelona para poderse dar Ciudad y Diputación la 
mano y atender á la conservación del Principado y 
Ciudad; y por ella, porque los dos Consistoriales no po- 
dían resolver cosa alguna, y porque lo pedía la ocu- 
rrencia, resolvió el Consejo de Ciento se suplicara á 
los Diputados vinieran, escriviéndoles por la Ciudad á 
particulares y Común con estrechez y amisfad; res- 
pondieron que desde allí obrarían en defensa de la 
Ciudad quanto podrían, así en las levas como ea lo 
demás que convendría, pero que á entrar dentro no 
podían coartarles mienlras la peste no estuviera to- 
talmente desvanecida. Bolbió la Ciudad á replicar con 
maior aprieto y algo de aspereza, pero nada se consi- 
guió, y á vista de esto dispusieron que el Diputado 
eclesiástico y Oydor real juntaran los Brazos y vie- 
ran qué se de vía obrar con tal ocurrencia, ofrecién- 



427 
dose en la junta los dos á obrar quanto pudieran 
como la Ciudad entrara fiadora de todos los daños 
que podían en razón de visita resultar á los Diputa- 
dos, Ojdor y muchos Consistoriales: á todo adereció 
el Consejo de Ciento, y asegurado este cavo se hicie- 
ron nuebos Consistoriales por estar todos en Manre- 
sa, y se formó nueva Diputación, aviendo á un mis- 
mo tiempo dos en el Principado: los de Barcelona 
enarbolaron luego bandera para reclutar el batallón. 
Esto sucedió á últimos de Septiembre. 

Con la omisión que Marcin tenía en hacer oposición 
al Castellano (que parece avía pactado con él no em- 
barazarle surtida ni pillaxe que intentara), corría la 
cavallería de una parte á oirá á su libre alvedrío, 
obrando y pillando quanto quería. Verificóse la sos- 
pecha, y el que se quisiera oponerse daría que mere- 
cer al Castellano. Día 14 de Septiembre, que por estar 
desganado Marcin salió el Marqués de Aguilar, D. Jo- 
seph Margarite (que por Governador le tocava obrar 
aquel día), con la cavallería, y tubo con la castellana 
un encuentro, y con pérdida de algunos muertos y 
presos la hizo retirar nuesíra cavallería; entendiólo 
Marcin y dio agria queja al Governador por la salida, 
coonestándola con que no se devía arriesgar la cava- 
llería, porque consistía en ella la conservación de la 
provincia, y así dio orden á toda la cavallería que no 
saliese á facción alguna sin su persona, y con esto li- 
vertar al Castellano para que pudiese ir es ¡Techando 
el paso de los víveres y socorros. 

Creció más el aprieto y cerrar los pasos apenas su- 
pieron havían marchado con Marcin los dos mil hom- 
bres corriendo todo el llano y pecuniando las casas y 
particulares, haciendo se redimiesen de la opresión á 
peso de dinero. Los comboyes de arina venían de Mar- 



428 

torell con buena escolta; no todos pasavan con liver- 
tad, y algunos se llevaron los castellanos, con que era 
preciso vajar á pasarle á la torre de Gap la Riu, así 
llamada, y trepar loda la montaña de Monjuiquo era 
con gran fatiga y casi insuperable. 

Duró poco este socorro y alivio, porque á tres de 
Octubre se dividió el exército cas'ellano, pasando la 
metad á la parte de Sanz, y fabricando allí sus forti- 
nes con mucha artillería; corrió una trinchera y cor- 
dón hasta la torre de Novell y Corles de Sarria, aloxán- 
dose en aquellas caserías y demoliendo algunas para 
la fábrica de baluartes en los fortines, que bien guar- 
necidos de artillería quedaron fortificados en forma; 
corrieron el cordón hasta San Martín, labrando á tre- 
chos hasta la moni aña de nuestra del GoU y Oria sus 
'ortines, que dándose la mano unos á otros venían á 
cerrar, como cerravan, lodo el ámbito, sin que pu- 
diese entrar socorro alguno por la parte de tierra, 
aunque con mucho riesgo y á tarde solían pasar algu- 
nos con el silencio y obscuridad de la noche hasta la 
torre que Uamavan de Alfonso, vajo Monjuique, á la 
orilla del mar, por donde solía pasar algo de socorro; 
la tomaron una noche, yendo con artillería y hacien- 
do prisioneros por un mes á los que la guardavan, 
después de perder algunos soldados, la rindieron y de- 
molieron. Con que de una á otra orilla del mar tenían 
estendida su línea para embarazar los socorros por 
parte de tierra, con que si no eran algunos barcos que 
por mar entravan de noche, no venían apenas man- 
tenimientos de afuera. 

Viendo los nuestros que los castellanos se fortifica- 
ban tanto á la parte de Sanz, quisieron labrar un fuer- 
te á la falda de Monjuique, de donde con artillería pu- 
diesen molestar á los de afuera, para cuio fin tomaron 



429 

la torre de Micer Lauger, que es'ava en una eminen- 
cia Iras Santa Madrona a! pendieufe del Fort que se- 
ñorea va todo aquel llano de vSanz; delineáronse unos 
fortines y puntas de diamantes con sus fosos y aplica- 
ron al travajo quatrocientos hombres todos los días: 
prosiguieron en ello quatro, y con gran molestia de 
la ariiilería de Sanz mientras se travajava; pero reco- 
nociendo el Castellano la porfía y el daño que havía de 
hacerle aquel fuerte si se concluía, resol vi«3 ocuparlo 
antes de estar en defensa, y lo puso por obra la noche 
del día 10 de Octubre que subió con un golpe de gen- 
te. AUávase de guarnición el ('a pitan Prados, del ter- 
cio de Mostarós, con ochenta hombres, lodos de valor 
tanto, que duró el combatir de!=;de las diez de la noche 
has:a entre tres y quatro de la mañana, que les preci- 
só el cansancio y fuerza casíellann á rendirse, havien- 
do muerto mucho número de españoles y de ellos nin- 
guno; salieron con onrrosos pac'os y con ({ue huvie- 
sen de quedar un mes presos en el exército, y después 
dejarlos libres. 

El día siguiente, viéndose dueño de la eminencia, 
pasó el Castellano á ocupar á Santa Madrona y San 
Ferriol, en que no halló resistencia alguna; y recono- 
ciendo el siiio de Santa Madrona muí apropósito para 
batir la ciudad á ruina, derrivó la torre que estava 
delante llamada de la Negra, porque havía embarazo, 
y la que havía de Micer Lauger, y fueron disponien- 
do su fortín y cubriendo para ba Lir á toda ruina la ciu- 
dad, y en lo más eminente de la liuer'a de los religiosos 
pusieron siete piezas de á 26, 30, 33, 40 y 46 libras de 
vala: duró el estar á punto de poder jugar la batería 
hasta 21 de Octubre, que empezó á disparar, que solían 
ser todas de una vez y de quando en quando. La Ciu- 
dad puso á la muralla de San Antonio ocho cañones 



430 

que jugaron contra la batería, y en Monjuique seis ó 
siete, que también la davan fuego: quien recivió el 
daño de éstas fueron los edificios de Santa Madrona y 
San Farriol, que los de la batería estavan bien cubier- 
tos y defendidos de más piezas; el estrago que causaba 
la batería de Santa Madrona era poco, porque si no 
eran algunos tejados y paredes de casas que trepavan 
algunas valas, llega van á Santa Catalina, la Seo y 
Puerta de Mar y baluarte de Mediodía; en los princi- 
pios causó mucho miedo, pero fuese pasando, porque 
desde 24 de Octubre has'a Navidad no se supo que hu- 
vieran muerto sino quatro personas, siendo así que 
cada día repetían muchos tiros: el maior daño era al 
rabal. 

Las contrabaterías de la Ciudad, que eran tres ó 
quatro en aquel lienzo de muralla de San Antonio á 
San Paulo, y que asistía el Juez de Ginebrada, pre- 
ciado de artillero, con las de Monjuique, que estavan 
á la puerta del fortín, en los principios hicieron mu- 
cho daño al Castellano; pero el escarmiento lo hizo cu- 
brir, con que no hera de provecho después. 

Viendo la Ciudad quán vecino estava el enemigo 
á Monjuique, temió que algún día no se hiciera due- 
ño del, y así sobre lo fortificado que estava corrió dos 
nuevas estacadas que cercavan todo el fuerte, una ex- 
terior y otra interior á la primera, retirada con otras 
obras, á que se aplicaron mientras se hicieron á mil 
y quinientos hombres casi los más días. 

Puesta la batería y empezado á disparar, repitió to- 
das las noches el enemigo armas á la plaza, y algunas 
dos veces, con que todo era ruido de campañas y acu- 
dir á su puesto hasta los religiosos, que también los 
tenían señalados, y no sólo de noche, sino aún de día, 
acudieron muchos á guarnecer sus puestos: estava 



431 

dispuesto que en haviendo arma la campana de las 
oras tocase á rebato y siguiesen las demás; pero como 
se reconociese que el enemigo sólo Uegava á mover el 
arma con algunos esquadrones y en ver la ciudad re- 
buelta se retirava, se vio que su fin era sólo fatigar 
la gente y hacerla disgusto tomando las armas sin 
provecho, y así resolvió se guarneciesen bien los pues- 
tos y que en los cuerpos de guardia huviese buen re- 
tén para acudir á fortificar las postas y donde convi- 
niese, y que el pueblo esLubiese en sosiego. Con esto 
se logró que el enemigo (aviéndoles entendido el in- 
tento) no continuase los revatos, como no los continuó 
en adelante. 

Á 10 de Octubre llegó D. Juan de Austria, hijo na- 
tural del Rey Gathólico, al exército de España á go- 
vernarle con superioridad y veces de General, que 
aunque en realidad quien le governava (según se de- 
cía) eran el Marqués de Montara, General de cavalle- 
ría, y el Barón de Sava, Teniente General, todos es- 
tavan á la orden de S. A., que de vi a ser de algunos 
22 años, y por razón de ser hijo del Rey ovedecían 
los otros, aunque eran más soldados. Llegaron con 
S. A. nueve galeras y un vajel delante Barcelona, y 
avía siete más algunas galeras y vareas que guarda- 
van no entrase socorro y lo carreavan de Tarragona 
al exército las demás galeras hasta las 23 que pillaron 
el vagel de Ferret; las aguardavan con gente de Le- 
vante, y con éstas llegó un tercio de 800 hombres; des- 
embarcó el Príncipe al fuerte de San Martín ó Tañ- 
ías, y al desembarco y entrar en la línea dispararon 
tres veces, así la armada de mar como la de tierra, 
que todo se descubría y oya claramente en la plaza: 
tenía su quartel á San Martín con su familia, que an- 
ticipadamente havía venido. El día siguiente corrió la 



432 
línea hasta Sanz, reconociendo las trincheras; visitó 
también las monjas de Pedralbas; también con el va- 
gel Irujeron algunos cañones de batir sobre los que ya 
tenían. 

Temiendo los de la plaza que el Castellano no ata- 
jase el paso de Monjaique, empezó á travajar un for- 
tín tan grande y capaz como el de Monjuique arriva 
en el cementerio que llaman de los Judíos, con sus 
estacadas y restillos: empezóse la obra, y el de Mar- 
celin tomó á su cargo guardarlo hasta averse concluí- 
do, que aunque travajavan á quinientos hombres cada 
día, duró pasados de dos meses hasfa quedar perficio- 
nado, en q\ie gastó la Ciudad largos doblones; acavóse, 
y se guarneció de calidad que hubiese de costa ríe á Es- 
pañ'i mucha sangre antes de ocuparle; dejáronse dis- 
puestas quaíro minas para encaso de haverlo de perder 
bolarlo luego; púsose guarnición en dos ó tres torres 
•que mediavan enlre Sania Madrona y este fortín, con 
que quedó asegurado el paso y socorro de Monjuique. 

CAPÍTULO 42. 

INTERPRESA PARA TOMAR M A TARÓ.- ENTRA EN BARCELONA DARDENA 
CON LA CAVALLERÍA.— DISGÚSTASE CON EL GOBERNADOR-LANCES QUE 
PASARON SOBRE ESO Y ÓRDENES REALES.-JUNTA QUE SE FORMA PARA 
LOS NEGOCIOS DE LA QUKRRA. 

Como siempre el que sitia se desvela en cómo es- 
trechar por todos caminos al si(iado: en esta con- 
formidad determinó el enemigo ver si podía ocu- 
par Malaró y aquellos lugares de la costa ó mañosa- 
mente ó á fuerza de armas, pues para lo uno tenía 
dentro muchos de su partido, y para otro podía apli- 
car parte de sus tropas. Tuvo alguna inteligencia el 
Gobernador, con que á toda prisa mandó juntar el 



433 
maior número de .^ente que pudo de los lugares co- 
marcanos, y con algo de cavallería francesa procuró 
guarnecer el collado de Mongat y atrincherarse allí 
la gente, encomendando esta facción al Sargento ma- 
ior Francisco Mari, que lo era del tercio de Francisco 
GranoUats y de Millas, hombre valeroso y experto. 

Esta va Mari mui bien guarnecido en su puesto y con 
gente, quando el Castellano, no obslante todo eso, con 
dos mil infantes y unos quinientos cavallos pasó á 
executar su intento, y comboyados de gente práctica 
del terreno, salieron del cordón (que nunca faltan 
guías), y llegaron al collado haciendo frente á los que 
guarnecían, y travando con ellos una entretenida es- 
caramuza, los divirtieron mientras por la riera de 
Tiana pasavan las tropas de cavallería é infantería 
que ellos quisieron. Advirtiéronlo los nuestros, pero 
fué quando ya se vieron cogidas las espaldas y ataja- 
dos los puestos de su retirada, con que la huvieron de 
fiar en su valor y diligencia y por donde pudieron, 
míen I ras la cavallería iba deteniendo en el llano al 
enemigo, con que unos dieron á la parte de Mataró, 
otros á ésta, y el Sargento maior Mari huvo de esca- 
parse en una falúa por mar: ocupó el puesto el Cas- 
tellano y lo fortificó, vajándose después á Tiana. 

Es de notar que Francisco Mari era hombre mui 
acomodado: tenía una famosa casa y hacienda; no fal- 
taron émulos suios que advirtieron á los castellanos de 
la torre y hacienda de Mari, que era de calidad, que 
se cogían á tres y quatrocientas cargas de famoso 
vino y mucho grano; teníalo todo en aquella torre, y 
muchas alaxas que havía sacado de Barcelona por la 
peste, dieron en la torre y la saquearon á su livertad, 
y lo que consigo no podían llevar lo destruieron, sin 
dejarle arreo ni cuba sana, derramando el vino: al 

Tomo xxiv 28 



434 

mismo tiempo le ocupavan en San Andrés de Palo- 
mar o Ira casa mui grande los castellanos, que era pa- 
trimonio de su mujer, y otra que tenía dentro de Bar- 
celona las Milicias francesas, porque no la avitava 
nadie la destruieron, sacando el maderaje para que- 
mar durante el sitio: estava esta casa al lado de la 
capilla de Monserrate, enfrente de la Torre Nueva, 
con que quedó este pobre cavallero destruido en poco 
tiempo. 

El enemigo, después de ocupado el paso de Monga- 
te, acampóse por el llano del Más nuevo y Mataré has- 
ta Vilasar; los nuestros, que se havían retirado, se aco- 
gieron, y Mari dentro Mataré, en cuia población, por 
causa de los excesivos derechos, avía muchas tiendas 
ricas, porque los mercaderes genoveses y franceses to- 
dos acudían allá para el negocio, desviándolo de Bar- 
celona y acarreando este concurso particular oxeriza 
de aquel lugar contra la ciudad, que viene de antiguo 
y proseguirá en lo venidero solicitando con la ruiua 
de ésta el aumento y explendor de aquélla (necia pre- 
sümpción): estos principios ú otros particulares fines 
tenía á muchos de los de más mano mui inclinados- á 
España, y procuravan inducir á los demás para que 
conformes se entregasen al dominio español, pues era 
imposible dejar de rendirse Barcelona de esta vez. Al 
Gastgjilano persuadían embiase un Cavo con algunas 
galeras á pedir la ovediencia, ofreciéndoles toda ve- 
nignidad y premio. Convino en esto el Castellano, y 
mientras tanto repetían sus pláticas los afectos á los 
demás, prometiéndoles serían dueños del país y se le- 
vantarían á maiores, porque de esta vez quedaría aso- 
lada Barcelona. El Castellano embió con una galera á 
D. Luis Munsuar, cavallero catalán, y que havía sido 
Bayle general de Cataluña: fué con una galera y van- 



435 

dera de paz, entró en la villa ó hizo una larga plática 
al pueblo con varias ofertas y representaciones; á la 
respuesta prevalecieron los votos de que si dentro de 
tres días no eran socorridos, que ellos darían la ove- 
diencia, y que en ese ínterin avisarían al Governador. 
Los afectos á España quedaron contento^, persuadidos 
de que haviendo por su parte armadas de mar y tierra 
no sería íacil quedar socorridos en tan breve plazo. Sa- 
lióles falaz el juicio, porque luego tuvieron la cavalle- 
ría de Dardena y Barón de Ales, que eslava de guar- 
nición al Valles. Los del partido de España se hicieron 
fuertes negando la entrada; los de Francia solicitán- 
dola, y mientras unos á otros se vencían dentro, la ca- 
vallería la entró á fuerza de armas con algunos peones 
y gente que comboyava Mari, que en iodos serían de 
siete á ochocientos hombres. Huieron los del partido 
de España y que pudieron escapar al exórcito, y quedó 
la villa al saco y alojamiento de seiscientos cavallos, 
que prosiguiendo algún tiempo domaron bien su orgu- 
llo ¥ la dejaron totalmente arruinada. Uno de los prin- 
cipales Gavos del partido español y caveza de parciali- 
dad que se pasó al exército era Onofre Arnau, que ya 
por semejante delito perdió á Fornells, Bayle de la 
villa, que justiciaron en Barcelona; siguiéronle mu- 
chos, que á averíos podido coger se huviera echo 
exemplar castigo, como se hizo de T. Matas, zapatero, 
bien que no hacía del oficio, sino que servía á D. En- 
rrique Semmanat, que era mui del partido de España, 
y era preciso tenerlo fuera de Barcelona. Á este mozo 
dieron garrote en la plaza de los traidores: avría pa- 
decido lo mismo un jurado de Mataró que prendió Dar- 
dena á no haver muerto en la cárcel, porque esto lío 
de Arnau con Matas y otros inducían al pueblo para 
darse á España y entregar la villa. 



436 

Estávase Dardena con Barón de Ales en Mataró for- 
tificando la villa y guarneciéndola, á tiempo que re- 
conociendo el enemigo no havia cavallería en Barce- 
lona que le embarazase sus pillaxes, llegava casi has- 
ta las murallas y se llega va la gente que salía y pi~ 
llava libremente, por lo cual instó la Ciudad á Darde- 
na en! rase con su cavallería. Resistíase éste por mu- 
chos inconvenientes y por el de las pajas y sustento 
para los cavallos; obligóse la Ciudad á dársela, quitán- 
dolo de las seis mil libras que pagava cada mes para 
mantener dicha cavallería. Con esto se redujo y entró 
en Barcelona á 24 de Octubre, á las nuebe de la no- 
che, por la puerta del Ángel, con 400 cavallos de 
bonísima calidad. Vino por Valvidriera, sin que el 
enemigo le hiciese resistencia alguna; y como llegó 
de noche, ocasionó una ruidosa arma en la ciudad, 
entendiendo era cavallería enemiga. Ales acompañó 
á Dardena hasta San Cucufate, y de allí marchó á San 
Boy á juntarse con aquellos 200 cavallos que no qui- 
sieron seguir á Marcin y que havían vuelto para c«n 
ellos y los suyos guardar el Valles; pero aprovechava 
poco, porque el enemigo se entrava hasta donde que- 
ría, y haciendo mucha destroza, se trahían grandes 
comboyes de paja y granos. 

Estando ya dentro D. Joseph Dardena, Conde de 
Illa y General de las cavallerías francesa y catalana, 
por cuios títulos se le dava Ex.^, pretendió que hallán- 
dose en Barcelona, y con veces de Governador de las 
armas, le tocava dar el nombre á las centinelas y 
guarnición como lo dava Marcin. El Governador Don 
Joseph Margante, Marqués de Aguilar, que también 
tenía Ex.®, pretendió le tocava sólo á él, como Gover- 
nador que se hallava de la plaza y de Cataluña, no 
haviendo Virrey. Origináronse algunos desabrimien- 



437 

tos de esto; ventilóse entre ellos algunos días; opúso- 
se la Ciudad á entrambos, diciendo hallava por privi- 
legios antiguos que, en falta de Capitán General, to- 
cava dar el nombre sólo al Gonseller en Cap como 
Coronel que era, y á cuio cargo es Lavan la guarni- 
ción, baluartes, murallas, puertas j custodia de la 
ciudad, y que si no sé mantenía en la posesión era 
que, como la guerra no estava tan viba antiguamen- 
te, no estavan en ello, y los governadores havían ti- 
rado á usurpárselo siempre. No pudieron jamás con- 
venirse las partes, y así resolvieron despachar un per- 
sonaje al Rey para que, ynformando de las pretensio- 
nes, resolviese S. M. lo que era . de razón, con vista 
del Consejo de Guerra y alegaciones de cada una de 
las partes, y que mientras tardaría la resolución y or- 
den real, alternasen en el govierno Dardena y Mar- 
garite, y que el nombre lo diese siempre el Conseller 
en Cap como Coronel: convenidos así y observándolo 
todos, partió D. Francisco Calvo á verse con el Rey 
ó 3'nformarle del estado de las materias: este cava- 
Uero era cuñado del Governador y Coronel ú Gover- 
nador de las tropas de cavallería de la Reyna. Las 
partes entregaron sus pliegos, y de la Ciudad iba al 
Embajador último Ximénez de Morondón. 

Tomado este asiento las materias, entró á governar 
el de Illa, día de Todos los Santos á la tarde, y el de las 
Almas pasó muestra general de todas las milicias que 
guarnecían la ciudad en la Rambla, tanto de las que 
cobravan sueldo real como de las que pagava la Ciu- 
dad, cofradías y compañías sueltas que se havían for- 
mado de los labradores y gente forastera y agregado á 
los tercios de la ciudad. Combocó toda la gente entre 
Santa Mónica y Casas de las Comedias, y esquadrona- 
da allí entró en todo rigor militar; reconoció la gente 



438 

el de Illa, y desde el mismo fué repartiendo la guarni- 
ción de los presidios, nombrando á Monjuique, que tan- 
tos á tal fuerte, tanto y de esta suerte, hasta que ba- 
luartes, puertas, cortinas de muralla, tenazas, medias 
lunas y todas las demás fortificaciones externas esta- 
van guarnecidas; iba despachando en forma la gente 
así como salía del esquadrón, sin atender á división al- 
guna entre los naturales de cofradías ó compañías suel- 
tas de labradores, que las de los tercios ya corrían jun- 
tas, y éstas y los soldados que la Ciudad daba sueldo, 
eran los qne guarnecían lodo lo de afuera, y los que 
no quedavan dentro la ciudad, continuase esta forma- 
lidad tres días consecutivos, juntándose al mismo tiem- 
po, con que venían á juntarse á entrar las guardias á 
medio día, y estavan veinticuatro horas en los puestos. 
Pasados esos días ya sin más que señalar los Maeses de 
Campo los puestos de tres á tres días, se mudavan las 
guardias y las milicias que tenían sueldo, francesas, 
suizas y catalanas; en saliendo de guardia entra van de 
retén en los puestos señalados todas las noches, como 
eran baluartes, pescadería, puerta de Mar, plaza de 
Santa Ana y otras partes, con porción de cavallería 
para lo que podía suceder. Religiosos y eclesiásticos 
también estavan prevenidos con armas y municiones; 
quedava la Ciudad para en caso de rebatos, y tenían 
señalados sus puestos á donde avían de acudir, que lo 
executavan y guarnecían con gran puntualidad. 

Á 11 de Noviembre bolbió D. Francisco Calvo de 
verse con el Rey, quien lo alió en Poties, mucho más 
acá de París: quién duda que siendo cuñado del Go- 
bernador obraría más por él que por los demás. Trujo 
cartas y órdenes para todos. A 12 se juntó el Consejo 
de Ciento, y se leyeron las de la Ciudad, cuio conte- 
nido era por maior: que todos los negocios de la gue- 



439 

rra esfavan cometidos al Marqués de Aguilar, Go- 
vernador de Cataluña; que todos estuviesen á sus ór- 
denes; que nadie se entrometiese en materias de 
guerra sino el Marqués; que el Conde de Illa saliese 
de Barcelona con la cavallería, si á la Ciudad no 
pareciese que convenía quedarse. Las mismas órde- 
nes tenían el de Aguilar y el de Illa. Viendo la Ciu- 
dad el laverinto en que se hallava, que si la cavalle- 
ría salía era arriesgar la Ciudad, porque el enemigo 
executaría grandes daños no teniendo oposición, y lo 
tendría á todas horas á las puertas, considerava por 
otra parte los reñidos encuentros que havían pasado 
entre los dos sujetos (que heran grandes) los que su- 
cederían, porque ninguno quería ceder de sus preten- 
siones quedando en la plaza, y que broqueleados am- 
bos con las órdenes reales, todos querían executarlas 
para librarse de disturbios, y todo recaería en perjui- 
cio de la Ciudad: fluctuando en esta borrascosa y en- 
contrando vientos, resolvió la Ciudad, sin disgregarse 
el Consejo, embiar embajada á entrambos señores con 
un militar y un ciudadano á cada uno. Al Governa- 
dor, representándole quán perjudicial era quedar sin 
la cavallería y quán arriesgado estaba todo, y que así 
se sirviese dejar correr el Gobierno con la alternativa 
que havía dispuesto, hasta que llegase el de la Mota, 
que se allava ya en Perpiñán. Al de Illa representán- 
dole lo mismo, y que pues que Su Majestad dejava á 
disposición de la Ciudad que saliese ó no, valiéndose 
de eso le pedía quedase y que el Govierno quedaría 
como corría. Resistíanse fuertemente, el uno con que 
el Rey le mand#va governar, y el otro en que le man- 
dava salir: éste tenía la cavallería montada en la 
Rambla, con que la Ciudad mandó cerrar las puertas 
y llevar las llaves al Consejo de Ciento. Fueron y vi- 



440 

nieron recados y réplicas de unos á otros, teniendo 
mucha tiesura; por último, viendo la Ciudad resultas 
y con ánimo de que se havían de vencer, se reduje- 
ron todos á lo que el Consejo pedía, con condición que 
escriviesen aquel correo al Rey y á la Mota que, por 
su interposición ó insl anclas, havían dejado ambos de 
obedecer, y que si culpa se les imputa va fuese sobre 
la Ciudad. En esto quedaron, y así se executó, prosi- 
guiendo el Govierno alternando y el Conseller en dar 
el nombre; diéronse por la Ciudad las gracias á en- 
trambos y más al Governador, pues era quien" más ce- 
día y quien con más galantería por el bien común 
supo reducirse. La pretensión de Ja Ciudad no pudo 
verse en aquella ocasión, porque el Embajador estaba 
en París y el Rey en Podes, y la priesa de Calvo no 
dio lugar á que el Embajador obrase. Adelante se dirá 
lo que resultó. 

Viendo la Ciudad que el Castellano proseguía en 
apretarla y ostigarla; que el socorro de Francia se di- 
latava, sin saber quándo llegaría, y que era preciso 
tener quien de propósito cuidase de las materias del 
sitio y prevenciones, deliveró el Consejo de Ciento se 
formase una Junta magna y que todo lo que ésta re- 
solbiera y dispusiera se ovedeciera y obrara. Nom- 
bráronse para la Junta al Marqués de Aguilar, el 
Conde de Illa, el Diputado eclesiástico, el Oydor real, 
el Marqués de Marcelin, el Conseller en Gap y el Ba- 
rón de Ales (que entendían entraría en la plaza y no 
fué así), con que los cinco de estos seis se juntavan en 
casa la Ciudad ó donde querían, y según las ocurren- 
cias resolvían lo que convenía, y los demás ovedecían 
ciegamente. La Ciudad se hallava gastando sin nú- 
mero, pues cuidando de la cavallería, en pajas, gra- 
nos y sueldos, costeava todos los días 4.100 raciones 



441 

á franceses }■ suizos, sólo de á 3 francos 4 cada una 
moneda francesa, y sin eso dava quatro reales á cada 
soldado ordinario de los quatro tercios y en guarni- 
ción en Monjuique; de suerte. era que sólo la Ciudad 
pagava y hacía la guerra en que consumía patrimo- 
nio y dinero que á qualquiera Monarca daría harto 
cuidado, y esto desde primeros de Septiembre y á úl- 
timos de Enero se coniinuava aún el gasto. 

CAPÍTULO 43. 

INTENTAN LOS CASTELLANOS TOMAR Á MONJUIQUE Y NO LO LOGRAN— 
ROMPEN LAS BATERÍAS LA CRUZ DE LA PUERTA DE MAR. -EXTRAC- 
CIÓN DE CONSELLERES.-DASE PRECIO ALA MONEDA PARA EVITAR LA 
CONFUSIÓN QUE HAVÍA. 

Domingo 5 de Nobiembre, día que governava Dar- 
dena, subió con la cavaliería y parte de infantería á 
Monjuique, y sacando una pieza de baür, se abanzó 
por la cuesta avajo hasta descubrir bien á San Ferriol, 
y empezó á cañonearla fuertemente, haciendo^mucha 
destroza en la gente. Á vista de esto, embió el Caste- 
llano parte de infantería y cavaliería, con que se tra- 
vo una escaramuza, aunque poca. Retiróse el Caste- 
llano hasta lo ínfimo de la montaña: Dardena, viendo 
eso, se vajó con la cavaliería y dejó unos quantos ca- 
vallos arriva; supo luego el Castellano que nuestra 
cavaliería se havía retirado: con maior número de 
gente subió, y con grande ímpetu embistió hacia el 
fuerte de Monjuique. No pudieron resistir nuestros 
cavallos y se hubieron de retirar dentro del fuerte. 
Los castellanos, valerosamente obrando, llegaron hasta 
la estacada, entendiendo llevarse de carrera el fortín; 
pero allí recibieron de la artillería y piezas con vala 
de mosquete gran destrozo y mortandad, con que se 



442 
huvieron de retirar: lleváronse un cañón que estava 
avanzado fuera el fortín. Á este tiempo nuestra cava- 
Uería subió á rienda suelta, pero pudo alcanzar ya 
poco porque el enemigo se retirava; y para que no 
constase el daño que le hacían en todas las refriegas, 
se lleva va y ocultava todos los muertos y eridos: si 
la cavallería de la plaza se huviera aliado, lograra un 
buen día; pero como los xefes estavan encontrados 
por no darse el uno al otro la gloria, no obravan cosa 
de provecho y todo resulta va en perjuicio de las armas 
y de la plaza. 

De los nuestros murieron en esíe lance hasta quin- 
ce ó diez y seis, y entre ellos Mosiur Gaxo, Mariscal 
de Campo, que su mucho valor y amor á los catalanes 
lo perdió, dexándose cortar: de una herida ó mosque- 
tazo en la caveza murió. Vaxáronlo á la ciudad, y en 
la Aseo le hicieron un suntuoso entierro con asisten- 
cia de los primeros Gavos, Gonselleres y nobleza, y al 
acavar dio tres cargas la Milicia, que estava esqua- 
dronada á este fin. Avía sido Governador de-Tortosa, 
y tan amable, que se llevava tras sí los corazones de 
los paisanos y nobleza francesa y catalana. La batería 
de mar repetía como la de tierra sus tiros á la ciu- 
dad. Los navios, que eran algunos once, las más de 
las noches con las galeras se acercavan quanto po- 
dían y cañoneavan la ciudad. De las galeras y caño- 
nes de curia algunas valas entravan en la ciudad; 
pero paYa poco daño de los navios ninguna: todas 
quedavan fuera en el arenal. En los principios atemo- 
rizavan y ocasionavan muchos revatos; pero dando en 
la quenta se hacía poco caso y se les bolbía la razón, 
disparándoles el muelle, baluartes y murallas, y al 
último todos se cansaron y cesa van en tirar. Las de 
Santa Madrona no, que á lo menos seis ó siete veces 



443 
al día no deja van de disparar. Un domingo, 19 de 
Noviembre, una vala de las de Santa Madrona pegó 
en la columna de la cruz que estava en la puerfa del 
Mar, fabricada de mármol blanco y negro, y en su es- 
pecie y arquitectura aseguravan quantos forasteros 
veían que en gran parte no havía obra como ella, y 
la alavavan muchísimo. Sintióse infinito, > porque la 
hicieron pedazos, que parece imposil)le que á tal dis- 
tancia y en cuerpo tan delgado pudiese erir una vala. 
Recogiéronse los desperdicios para unirlos en tiempo 
más sosegado. En el arrabal hacía mucho estrago la 
batería de Santa Madrona. 

Los Gonselleres del año de 51 tubieron una gran in- 
seculación que hacer, porque entre los que havían 
muerto aquel año y los que no avían acudido al lla- 
mamiento quando el sitio y estavan ausentes, vaca- 
van pasados de 700 teruelos ó redolines; llenáronlos 
todos y se pasó á la extracción. Sortearon Gonseller 
en Gap D. Rafael Gasimitjana, militar; segundo, Vi- 
cente Farriol, que se hallava Oydor; tercero, Jeróni- 
mo Novell; quarto, José Barceló, mercader; quinto, T. 
Maurici, confitero, y sexto, Joseph Garau, marinero. 
Éste y el tercero se havían inseculado aquel año. 

La maior guerra y ruina que padecía la Giudad era 
la inconstancia y su vidas en las monedas, y á este 
compás los víveres y mantenimientos que, por más 
que los Ministros reales lo estrechasen con pregones 
y penas, no avía forma, y devía ser la causa que los 
Gavos y primeros sujetos de Barcelona, como tenían 
más doblones y plata, hacían lo que querían: ello lle- 
gó á término en lo último del año, que el doblón pa- 
sava á 15 libras, el real de á ooho mejicano á 34 rs., 
el perulero á 28 y 30. Los víveres, aunque subían, 
era más por razón del sitio y no poder entregar sin 



444 

mucho riesgo que por razón de la moneda, y aun era 
dicha que aquel año avía sido fértil y casi todo ó más 
grano que se havía cogido se havía entrado en Bar- 
celona. Con todo esto, ó que el cuidado de la peste, el 
mucho gasto ó las turbulencias del sitio embarazasen, 
havían tenido poca providencia los Conselleres, pasa- 
dos en recoger granos, porque el día que acavaron 
los oficios sólo tenía la Ciudad 89 quarteras de trigo, 
haviendo menester todos los días 200 para el pastrín 
y pan de munición, sin las abas que se mezcla van, 
bien que tenían prevenidas muchas arinas por la cos- 
ta, que entra van con gran riesgo. Los nuevos huvie- 
ron de apelar al trigo de los labradores y particula- 
res, discurriendo por las casas, y según lo que tenían 
tomava la Ciudad el que le pareciese pagando á 15 li- 
bras la quartera; las abas, á diez; el ordio y avena pa- 
ra la cavallería, á seis y siete libras: quedaron las do- 
blas entonces á ese precio; y al respecto las demás mo- 
nedas y granos, sin que nadie pudiese ni diese más 
de los víveres, se tratará más adelante. 

CAPÍTULO 44. 

ENTRADA DE LA MOTA EN CATALUÑA.-EMBAJADA QUE SE LE HACE Y 
SU RESPUESTA-CARTA QUE ESGRIVE.-TOMA DE UNA FALUCA DE ES- 
PAÑA. -SENTENCIA DE LOS MARINEROS Y PRINCIPIO DE LOS SUCESOS 
DEL AÑO DE 1652. 

Teniendo la Ciudad en París á Joseph Ximónez de 
Monrodón para que intentara las asistencias y soco- 
rros, y con especialidad el que viniese persona para 
el govierno por lo que estava sucediendo, resolbió el 
Rey con sus consejos .que viniera el de la Mota, que 
así, por lo soldado, por lo interesado en su riqueza, 
pues gozava el Ducado de Cardona, como por lo bien 



4i5 

admitido de los catalanes, lo juzgaron por el más á 
propósito. Esta última circunstancia es cierto la tenía 
con ventajas á cuantos Virreyes franceses havían ve- 
nido, porque lo amavan mucho. Aceptó gustoso el car- 
go y se dispuso luego á venir. Entre' tanto escrivió á la 
Diputación y Ciudad y el Rey también, ofreciendo 
muchas asistencias y socorros; y como el de la Mota 
savia lo que era esto y lo que avía menester, lo esfor- 
zava con el Rey. 

Apresuró la Mota quanto pudo su venida saviendo 
el estado en que nos hallávamos, y se traía consi- 
go quatro mil infantes entre franceses y suizos y dos 
mil y quinientos cavallos, toda buena gente. Entró 
en Perpiñán á 10 de Diciembre; á 12 juró, porque ya 
havían la Diputación y Ciudad dado poderes y preve- 
nido personas en Gerona y Perpiñán para tomarle la 
jura, por no poder salir de aquí los Síndicos, como es 
estilo, por causa del sitio. 

Luego que los consistorios supieron havía llegado 
el de la Mota á Perpiñán, nombraron uniformes á Mi- 
cer Gabriel, Antonio Boser, sujeto de gran noticia, 
inteligencia y viveza para que diera la enhorabuena 
al de la Mota y le informara del estado de la Ciudad 
y provincia para prevenir lo que importase; dióronle 
las instrucciones, y con una embarcación mui ligera 
llamada Caro, que iba y venía de Mataró, salió una 
noche bien pertrechada y pasó por la armada enemi- 
ga sin ser reconocida. En Mataró tomó las postas y 
partió á topar á S. Ex.^, que lo halló ya en Figueras, 
y cumplió con gran acierto y gusto de la Mota su ofi- 
cio de Embajador. 

Estuvo de vuelta en breve, porque entró en Barce- 
lona con el mismo Caro y otros diez de provisiones, el 
primero de Enero á la noche. El día 5 mandó la Giu- 



446 

dad juntar el Consejo de Ciento para oyr la embajada 
ó respuesta de ella y para consolar al pueblo, ó por 
otros fines se'publicó avía de ser en público, con que 
se llenó el salón de gente; empezó á orar Micer Bo- 
ser, y referir qiián cariñoso venía el de la Mota y 
deseoso de libertar al Principado; las tropas nombran- 
do con individuación los rejimientos que en breve 
vendrían; doce navios con más de cinquenta barcas 
para socorrer á Barcelona, y que S. Ex."* por tierra, y 
la armada por mar, no perderían punto en consolar 
al Principado. Goncluió su oración después de media 
ora de relación. Vitoreáronle mucho, y el pueblo que- 
dó consolado, y se deliveró que desde allí luego fue- 
sen los Conselleres á hacer cantar una Salve á Santa 
Eulalia; que el día 7 se cantase un oficio solemne á 
Nuestra Señora de la Concepción, y que se celebrasen 
misas por las almas (fueron 600) para que mediasen 
con Dios por la livertad de la ciudad y provincia, y 
por las victorias de las armas christianísimas. 

La misma noche de año nuebo los carros que ve- 
nían con el ^Embajador Boser apresaron una faluca 
que bueltas de cavo del río navegava á Tarragona con 
un Gentilhombre que llevava unos pliegos. No pudie- 
ron hallar, porque astutamente los hecho el Gentil- 
hombre en el mar. Entraron en Barcelona, es á saver, 
el Gentilhombre con dos marineros napolitanos, que 
la faluca y algunos otros marineros la llevaron á Ca- 
ñete para ver si con ese cange podían recobrar algu- 
nos marineros que avían preso las galeras de los mis- 
mos Gavos; pusieron presos en la Ataracana al Gen- 
tilhombre y napolitanos, y haviendo savido el Gover- 
nador que en el exórcito havían ahorcado dos mari- 
neros presos en unos carros que entravan provisiones 
en Barcelona, mandó hacer lo mismo de estos dos na- 



417 

poli taños, y para maior burla de los españoles hizo 
plantar las oreas vajo el baluarte de Santa Madrona y 
los^ navios los pudiesen ver; dia 6 de Enero corícurrió 
macha gente, y viéndolo desde Santa Madrona, dispa- 
raron dos piezas: la una dio casi á los pies de la orea 
y la otra más allá, con que la gente se retiró á más de 
paso; uno de los penitentes no podía acavar de morir, 
con que el verdugo sacó una pistola y lo acavó; des- 
pués de difuntos, para más mofa, los llevaron cerca 
del molino de Garbonell, y con un rótulo á los pechos 
que declarava el por qué los colgaron en uií árbol, y 
luego los enterraron los castellanos. 

Caminando el de la Mota para Barcelona, fué con- 
vocando levas por toda la provincia, dando órdenes á 
todas las universidades, que con el maior número de 
gente que pudiesen acudiesen, pagada y municionada, 
á la plaza de armas, que señalava en el lugar de la Ga- 
rriga para quince de Enero, y para quince días se tru- 
jeron bastimentos, que en ellos los despacharía para 
sus casas sin falta: acudió mucha gente y con valero- 
so ánimo, pero no se logró. 

Desde San Saloni escribió á la Ciudad el de la Mota 
con un Gentilhombre de su guardia, que embarcado 
en Mataré con un barco longo entró en Barcelona á 
16 de Enero por la noche. Nunca embarazó la arma- 
da de mar que entrase en Barcelona quanto era me- 
nester. El ^contenido de la carta que se leyó en el Con- 
sejo de Ciento era las diligencias que hacía, levas que 
formava, y que dentro pocos días se vería dentro Bar- 
celona con un grueso exército para consolarla y li- 
brarla de los aprietos del sitio; que se olgara mucho 
tener á su lado en la jornada un Conseller; pero que 
ya que no podía lograrlo, á lo menos saliese con la 
surtida que había de salir de la plaza. En vista de esto, 



44H 

se deliveró que saliera el Gonseller en Gap, como Co- 
ronel, con el tercio de la Ciudad, y á su lado, para go- 
vernar las armas, el Maese de Campo y General de • 
Monjuique, Mostarós, catalán de mucho valor, expe- 
riencia y confianza. 

También vinieron cartas para los de Aguilar y de 
Illa para disponer la surtida el día del choque; tu- 
biéronse las Juntas en casa el de Illa, por estar algo 
desganado: en ellas se acordó que para esta función 
se alistasen 600 suizos, 400 franceses y 600 catalanes 
de los quatro tercios que la Ciudad pagaba, y 450 ca- 
vallos de las tropas más lucidas, y que por Cabo prin- 
cipal saliese el de Illa si la salud dava lugar, y si no 
el de Marcelin, como el más antiguo Mariscal de Cam- 
po. Esto llevava mal la gente, porque el de Marcelin 
era poco experto; y así elde Illa ofreció salir por poco 
que pudiese tenerse á cavallo: escogió la mejor gente, 
y alistada, quedó en silencio el día del suceso para que 
no pasara á noticia del enemigo, y sólo servía de 
acuerdo que la Mota aria unas llamadas ó señales á 
la hermita de San Pedro Mártir, sobre Pedralbas, y 
que de Monjuique respondieran que esto entre los su- 
periores y según las ocurrencias corría solo. 

También en la 24.^ de la Ciudad se acordó los pues- 
tos que devían tener los (castellanos) Conselleres ese 
día; la gente de la ciudad adonde avía de acudir, se- 
ñalando puestos para seculares, religiosos y eclesiásti- 
cos y frayles confesores para los de la surtida y los de 
dentro. Proveyéronse los hospitales y se nombraron 
cirujanos para curar los eridos. Masóse pan para los 
de la surtida; previniéronse vagajes y carros para las 
municiones y mantenimientos, y vino para dar re- 
fresco á los soldados, con medicinas, paños y todo lo 
necesario. Aprestáronse dos piezas de campaña, y 



440 

quedó asentado que el Governador no saliese de la 
plaza. Con relación de todo lo acordado y prevenido 
se despachó relación al señor de la Mota, el cual bol- 
bió á escrivir en 24 de Enero, en que allava muchos 
inconvenientes en que saliera el Gonseller en Gap con 
la surtida, y así ordena va lo excusase. Sintióse mu- 
cho esto, porque se presumió avía sido por informa- 
ciones de aquí dentro y emulaciones, que no querían 
tubiese la Ciudad parte en la gloria y buenos sucesos: 
quisieron replicar á S. Ex."*, pero prevaleció el sentir 
que en materias de guerra, pierda ó ganase, lo más 
seguro es ovedecer al General, y así se asentó, y que 
no saliese. 

CAPÍTULO 45. 

ENTRAN PROVISIONES EN BARCELONA.-HACE FRENTE DE BANDERAS AL 
CASTELLANO-INTENTA EL SOCORRO.— NO LO LOGRA.— ENTRAN MÁS 
PROVISIONES, Y GARROTE DE UN ALFÉREZ DE LA CIUDAD POR TRAYDOR. 

Desde que se empezó el sitio hasta de presente ja- 
más corrieron otros vientos que ponientes, maestrales 
y tremontanas, con que faltando los de Levante para 
la navegación, estavan en los puercos y calas de la 
costa mucho número de barcas gruesas cargadas de 
diferentes bastimentos y víveres, y recelosas de que 
la calma no les daría lugar al pasaje y que podrían 
quedar entre los navios y galeras de España, no se 
atrevían á intentar el entrar en Barcelona: aviavan 
con barcas y caros las provisiones, así de la costa 
como de algunos que se armaron en Barcelona: en 
los principios apresaron algunos que simplemente y 
sin prevención se resolvían á pasar; pero dando des- 
pués en la quenta, se junta van muchos y armados 
de pedreros, mosquetes y chuzos; según era el vaso, 

Tomo xxív 29 



450 

pasavan con segundad. Así lo executaron la noche 
del día 22 de Enero: entraron 53 entre caros y barcas 
llenos de provisiones, pasando por medio de la arma- 
da con lo más claro de la luna. Los vajeles y galeras 
los cañonearon mucho; pero viendo se resistían y dis- 
paravan tanto, ni aun los barcos longos se atrevían 
acercarse, y sólo perdieron dos vasos de la armada 
pequeña, que lo parecía quando entraron en el mue- 
lle. El miedo que ha vían cobrado los caros á la arma- 
da y el ser las noches tan claras les embarazava el 
entrar, y en la ciudad hacía subir los precios á los 
víveres; pero con esta acción y entrada perdieron el 
miedo y se socorrió algo la ciudad. 

Los víveres estavan á tan alto precio, que el vino, 
si por suerte se hallava en la plaza, era á ochenta y 
á noventa libras la carga, y dentro la ciudad, si algu- 
no lo tenía, porque de taberna ya no se hablava, pe- 
día 120 hbras de la carga, y á ese precio corría á la 
menuda porque todas las tavernas estavan cerradas, 
ó por lo menos las más. Á esa sazón, una barca fran- 
cesa que guardava tiempo para entrar en la costa, se 
resolvió una noche echarse el mar adentro, y el día 
siguiente, disimulando el marinaxe y mostrando ve- 
nía de Mallorca, la dejaron pasar dos vajeles que es- 
tavan á la voca del río presumiendo venía con provi- 
siones para la armada; pero quando llegó á tiro, bol- 
biendo las velas se entró en el muelle, y quando los 
enemigos quisieron embarazarlo no pudieron. Esta 
trujo 140 cargas de vino francés bien ruin y que en al- 
gún tiempo se lo hubieran vertido, y entonces lo ven- 
dió á 50 y 54 libras la carga con mucha requesta, por- 
que mucha gente vebía ya agua de canela y anís por 
no poder alcanzar para vino, y la más agua clara. El 
aceite en las tiendas se vendía ya á seis reales la quar- 



45 i 

tera; y si alguna vota llegava por mar, lo vendían á 
80 y á 90 reales el quintal. Carne se comía poquísima: 
si algo entrava de Mataró, apenas llegava; entre Gon- 
selleres y Oficiales de guerra se la partían á nueve rea- 
les la libra, que era el precio acordado por el Consejo, 
y aún perdía mucho la Ciudad. Algunos revaños de 
machos y cabras entra van los particulares de fuera, 
pasándolos de noche por Collserola y Gracia, combo- 
yados con una compañía de micaletes y con gran ries- 
go, que carneros no se atrevían á pasar por ser gana- 
do flemático, que éste pmesto en el riesgo apresura y 
salta para librarse, y aun esto durc) poco, porque lue- 
go pusieron restrillos los castellanos por todos los 
puestos que podían transitar, y por razón del riesgo 
vendían la libra de macho á catorce y diez y seis rea- 
les, la oveja á doce y á catorce, la vaca á diez, el to- 
cino fresco á doce y el salado á diez; y como la ga- 
nancia era tanta, la gente se arriesgava no poco, y á 
no ser eso y algunos caros y barcas se hubiera pe- 
recido. 

Aviendo convenido los governadores de la plaza con 
el de la Mota en las señales y día de la surtida, el sá- 
vado 27 de Enero empezaron á verse muchísimos fue - 
gos por la tarde; gran número de llamaradas y fuegos 
por toda la montaña de San Gerónimo de Abrón y 
Collserola, que faó el señal de que por allí hacía fren- 
te el de la Mota en anocheciendo. También el enemi- 
go hizo fuegos por todo su distrito, que parecía ar- 
derse todo el monte: esto duró toda aquella noche, y 
el siguiente día 28 se hicieron en la ermita de San 
Pedro Martín las tres llamaradas, que era el señal 
para la surtida de la plaza. Juntóse luego la gente, la 
infantería en la rambla y la cavallería en la plaza de 
Santa Ana: ésta eran 500 cavallos y aquélla dos mil 



452 

infantes; salieron por la plaza del Ángel y llegaron 
hasta los Capuchinos en campo de hatalla. Los quatro 
cañones que estavan prevenidos delante casa el de 
Illa á la Puerta del Ángel, no salieron, ni tampoco los 
Generales, sino que despacharon un correo por mar 
al de la Mota, que lo recivió aquella misma noche, di- 
ciéndole estava fuera la gente; pero que no havían 
comprendido hien las señales, y que el enemigo esta- 
va muí fortificado; que no sería fácil romperle, y que 
asi se retirarían y tendrían la gente esquadronada en 
la rambla dos días hasta que Si Ex/ mandase otra cosa. 
Con esto la gente holbió á entrar á las nueve de la 
noche en la ciudad, quedando en esquadrones los dos 
días: en ellos entra van las guardias de los presidios, 
las cofradías y labradores circunvecinos; vinieron 
pliegos de la Mota , y la gente se retiró á los quarte- 
les. Desmayaron entonces mucho los catalanes, así de 
afuera como de dentro, porque el de la Mota tenía 
ocho mil provinciales dentro en su exército y todos 
estavan animosísimos, que en ninguna campaña se 
havía visto ni número ni deseo de obrar igual al de 
esta ocasión: sobrevinieron unas aguas, y todo se des- 
hizo, y la Mota huvo de mudar de puesto. 

Gomo los vientos de Levante todo el invierno ha- 
vían cesado, de forma que los navios y galeras esta- 
van alta mar, dado fondo con tal sosiego como en el 
verano más apacible. Cosa bien singular, pues apenas 
deja de ser el invierno borrascoso y de perderse va- 
xelles aun dentro el mismo muelle. Por esta causa es- 
tavan detenidas las barcas por la costa, y por hacer 
luna cesavan los caros y barcos de entrar con provi- 
siones, que en esa era suvían los precios de los víveres 
al creciente de la luna y menguavan algo al menguan- 
te. Á primeros de Febrero se movieron unos gregales 



453 

algo fuertes, con los quales en una noche entraron tre- 
ce barcas entre francesas y catalanas, que la menor era 
de á mil y quinientos quintales y las más de á dos mil: 
éstas venían cargadas de vino, aceite, tocino, trigo, 
abas y todo género de mantenimientos; además de 
ellas, continuavan todas las noches los carros en ca- 
rrear provisiones, con que se avarataron, de suerte 
que medio por medio de lo que poco há se dijo hicie- 
ron de vaja, y además se hallava en las tavernas el 
vino á la menuda á diez reales el quarterón y el acei- 
te en las tiendas á siete sueldos la quarta. Las carni- 
cerías se vían llenas de carne, que, siendo por Carnes- 
tolendas, era mucho los particulares por sus ganan- 
cias hacían fuesen tan abundante que la Ciudad dio 
livertad á quien quisiese vender: con todo esto se 
mantuvo á 15 reales la libra. Pero, pues lo avía, era 
menos sensible; mas llenaron de una vez estas barcas, 
que en muchas los caros, que lo eran en echos y en 
nombre. 

Vivía en Barcelona Pedro Samsó, natural de la villa 
de Almenar, cerca de Lérida, con madre y una her- 
mana y casa puesta: era de natural charlatán y gran 
mequetrefe. Estando el de Ancourt sobre Lérida, ser- 
vía este Samsó á España y pasóse á nro. exército, y 
dio al Conde noticia de un comboy que havía de en- 
trar en la plaza y disposición para cogerlo, como se 
cogió; en pago de este servicio le admitió el Conde por 
soldado de sus guardias: sirvió en ellas con los demás 
Virreyes; y como por la peste falta va tanta gente y 
no havía Virrey, tubo maña para conseguir en el ter- 
cio de Novell (que era de los que formó y paga va la 
Ciudad) un venablo de Alférez: servía su oficio y en- 
trava sus guardias como soldado pagado; estando el 
sitio rozava muchas galas y gastava largos doblones: 



454 
sospechávase algo del (que quien una vez fué traidor 
lleva mal sobre escrito), pero sin fundamento caval; 
travo grande amistad con un soldado rendido que se 
havía pasado del Castellano, j por su medio, sin duda, 
se comunicava con los del campo enemigo y disponía 
entregar el fortín nuevo del cementerio de los judíos, 
dando una noche el nombre á la guarnición de Santa 
Madrona. El día 3 de Febrero entregó Samsó al ren- 
dido una carta para que la pasara al campo enemigo; 
este soldado, ó por no ser traidor á la plaza ó por temor 
de que si bolbía á su exórcito no le arcabuceasen (que 
sería lo más cierto), llevó la carta al Governador Mar- 
gante, y en vista de ella embió á toda diligencia, ya 
de noche, á prender al Alférez que estava de guarni- 
ción en dicho fuerte, y que lo vajaran con buena 
guardia y que le reconocieran la casa por si le alla- 
van las cartas: no se supo si las havía. Á 4 le dieron 
tormento, que era domingo. Lunes 5 un garrote en la 
plaza de los traydores, y luego lo llevaron á las oreas 
entre los fuertes de Monjuique para que sirviese de es- 
carmiento á catalanes, franceses y españoles, pues to- 
dos le vehían en el suplicio: merecíalo el delito, pues 
entregando el nombre al enemigo podía en una no- 
che y á un tiempo ganar la plaza y fortaleza de afue- 
ra. Suele España mucho usar esíos ardides y conse- 
guir mucho por el ynterés, y el oro que todo lo vence. 

CAPÍTULO 46. 

MUDA LA PLAZA DE ARMAS EL DE LA MOTA.-ARBITRIOS DE LA CIUDAD 
EN LO DE LAS MONEDAS.- ARMA QUATRO BARCOS LONGOS PARA EL 
CARREO DE TRIGO. -SUCESOS DE LA PESTE Y GRACIAS POR LA MEXORA. 

Ya se ha referido cómo el de la Mota hizo frente 
por toda aquella montaña de San Gerónimo de La- 



453 

brón. Pero no pudiendo lograr su designio por aque- 
llos puestos, faltarle agaas para la cavallerla y sobre- 
venir unas execisas lluvias, hubo de mudar de sitio 
y desistir de su pretensión por entonces: sintiéronlo 
infinito los paisanos de las levas, y de ocho mil que 
había se retiraron los seis mil á sus casas con mu- 
cho desconsuelo; pasóse con el resto de la gente, que 
sería dos mil cavallos buenos y de quatro á cinco mil 
infantes, á la parte de S^n Boy. La guarnición que 
ocupava el castillo y guarnición y población desde que 
entró el Castellano en el país, viendo el grueso de 
exército que lleva va la Mota, bolo el castillo, que era 
muy bueno, y estava en una eminencia, y que no to- 
das las fortificaciones de afuera, retirándose al Hos- 
pitalete y fuerte de Sanz: á éste llegó á hacer frente 
la Mota á 8 de Febrero por la mañana, y á la tarde se 
retiró á San Boy, alojándose allí S. Ex/, y repartien- 
do el exército en Viladecans, Gaván y á esta parte del 
río en San Juan, Despí, Cornelia y otros lugares, á la 
villa de Sichas embió una partida de gente, que siem- 
pre fué del último que la ocupava, para que teniendo 
en ella guarnición no trújese de allí provisiones á la 
armada y campo enemigo, porque eran muchas las 
que de aquel lugar le venían por mar y por tierra, y 
para que se llevaran á nuestro campo en adelante. Á 
primeros de Febrero el campo castellano estava tam- 
bién mui falto de mantenimientos; pero el mismo día 
que la Mota mudó su quartel les llegaron muchos na- 
vios gruesos, galeras y barcas grandes llenas de pro- 
visiones,' con que se abasteció mucho y salió de la ne- 
cesidad en que el de la Mota, no dejándoles campear 
por tierra, les havía puesto. En Barcelona también á 
la sazón se padecía muchísimo, y se hacían grandes 
vellaquerías en materia de vender y comprar. Sucedió 



456 

que algunos particulares hacían traer carneros muer- 
tos, veinte ó treinta cada vez, y limpios de todo, me- 
nos pies y cuernos, los llevavan al desollado, y allí los 
vendían pieza entera á veinte y quatro reales la libra, 
con que los cuernos se pagavan á ese precio según pe- 
savan; por comprar los demás fué muy murmurada 
esta acción. Después llegó mucha abundancia de par- 
ticulares también, como dijimos, y la vendían á 15 
reales, y la que quedó pasado Carnestolendas á 14. La 
Ciudad jamás subió la que por su quenta se tomava de 
nueve reales, y, por último, á la corta ó á la larga con 
el dinero todo se hallava. 

Estando la Ciudad en tan execivos gastos por una 
peste tan prolija y costosa, en que havía consumido 
muchos millares, sobrevenirle un sitio tan molesto y 
en que expendía tanto como se deja ver y se a refe- 
rido, puesto sólo de raciones de pan á franceses, sui- 
zos y catalanes (á éstos sin el sueldo), se davan todos 
los días 4.700; á lá cavallería setenta quarteras de 
cebada, sin la paga, y acavada ésta salvado en lugar 
de la paga; fué necesario hacer rebajas: en la prime- 
ra se quitaron 500 y en la segunda 300 raciones, con 
que vinieron á quedar en 3.900 raciones, y éstas se 
pagavan de los siete días de la semana los seis; que- 
dando de alivio el sávado con la cavallería, no huvo 
revaja: esto havía ocho meses que durava, porque 
Marcin, antes de ejecutar su alevosía, pidió este so- 
corro para quince días y á título de préstamo, y con el 
mismo y de quince en quince días se continuava todo 
ese tiempo, bien que haciéndolo crédito para cobrarlo 
después del Rey: si se cobró lo save Dios; por lo me- 
nos en todo ese tiempo no se vio ni una barca siquiera 
con provisiones por quenta del Rey. Sobre estos gas- 
tos llevaba la Ciudad los de municiones, víveres, per- 



457 

trechos, sueldos de soldados y artilleros, sin otros mu- 
chos que se puede discurrir qualquier, y que sería ja- 
más acavar el referirlos, y no tener derechos de en- 
tradas, porque sólo por la puerta del Mar venía algo, 
y eso con tanta escasez, que no se puede hacer men- 
ción. 

Por la puerta del Ángel (que no avía más abierta) 
nada entrava, con que mucho consumo y ningún 
emolumento la pusieron en mísero estado. En la fá- 
brica de los Sisenes ningún útil le quedava, porque 
el carreo y dificultad del carbón con el precio del 
arambre, que ya no se halla va, y las hechuras, se lle- 
vavan casi lo mismo que sacava, con que hallándose 
sin dinero ni de dónde fabricarle á últimos de Enero, 
resolbió el Consejo de Ciento se sacasen del Erario 
una partida de reales de á cinco para pagar las Mili- 
cias y que la Junta de la Sua les diese algún valor ó 
estimación maior extrínseca, con que en dos Consejos 
de Ciento se deliveró sacar cinquenta mil piezas de á 
cinco y la/unta les señaló el valor de veinte reales á 
cada una, marcándolas con las varras de Cataluña y 
el año de 1652 á un lado y al otro con dos Y y una R, 
que decía veinte reales, y esta moneda prometía des- 
pués la Ciudad bolberla á cobrar y dar los 20 reales. 
Pero duraron poco estos cien mil escudos, y así se 
pasó á otro arbitrio, y fué que se fabricase moneda 
de plata hasta ducientos mil escudos en realitos de 
molinillo acendrados con la liga de la plata mexica- 
na, dándoles veinte y dos dineros de plata buena y la 
estimación de éstos de á 10 reales de vellón, y mar- 
cados á la una parte con la efigie de Luis catorceno, 
y á la otra la cruz de dos reales de molinete con las 
armas de Barcelona. Los medios para fabricar esta 
moneda fué que la Ciudad resolvió pedir 'prestadas du- 



438 

cientas mil libras de plata de marco, señalando pa- 
garla á 40 reales la onza, y que quien la quisiese de- 
jar se le crearía por la cantidad que daría cambio á 
razón de ocho por ciento, ó censual á razón de cinco 
por ciento, en esta individuación: que si era cambio, 
pasado el sitio, no pudiese pagarse sino una feria, y 
luego hacerlo censual á cinco por ciento, ó luirlo por 
entero, y que siendo censual, fuesen todos los creados 
por esa causa privilegiados á los antiguos, y que no se 
pudiesen luir en ningún tiempo sino los últimos: hicié- 
ronse pregones reales con todos estos pactos y obliga- 
ción de abonar dicha moneda después del sitio, y era 
todo eso por no llegar á valerse de la plata de los par- 
ticulares, y con violencia y graciosamente se llegó á 
ver la Ciudad en breves días con más plata de la que 
pedía, porque la gente se desacía de alajas y las muje- 
res de cucharas, llaveros y otros diges. Empezaron á 
correr estos reales á primeros de Marzo, sin que pa- 
rase jamás la fábrica de los seisenes. Otros arbitrios 
discurrían algunos, como es labrar moneda de bron- 
ce, hacer villetes de pergamino sellados y firmados de 
la Ciudad, dando y señalando á cada uno su valor; 
pero el mejor pareció el de los realitos de molinillo. 
El año pasado, por razón de la peste, dejaron de 
hacerse las procesiones de la Semana Santa y se. ce- 
rraron las yglesias al anochecer hasta que fuese de 
día el viernes: lo mismo se observó este año, aña- 
diendo que por el gran consumo de la cera en monu- 
mentos y Semana Santa y hallarse tan poca, que como 
viene fuera rey no apenas llegava en aquella sazón, y 
la poca que havía se vendía á 26 reales la libra; se 
estrecharon los monumentos á capillas estrechas y 
cerradas, y se quitara el rodar las yglesias como se 
suele de velas. El Aseo lo hizo en la capilla de Santa 



459 

Eulalia, y sólo el rejado de la capilla puso de velas; 
las demás capillas á su imitación también se estre- 
chavan, y quitaron las adoraciones por el contagio. 

El medio de tomar á los particulares los granos que 
para susustento avían entrado en la ciudad duró poco, 
porque el consumo era grande, que no bastavan 200 
quarteras al día para amasar para el abasto de los 
que compra van el pan y para las raciones de la Mili- 
cia, porque quien lo tenía sobrado lo escondía hasta 
vajo de tierra, pensando sacar de cada quartera. si el 
sitio proseguía y ,aun fuera él, á 20 y 30 libras la 
quartera, como de hecho á la Pascua se vendía en se- 
creto á los panaderos que masavan y á algunos par- 
ticulares á 20 libras. Y últimamente, porque la Ciu- 
dad no lo pagava de contado, sino que llevando quen- 
ta hacía crédito, y los días de tabla, que eran pocos y 
á tarde, por falta de carbón para labrar moneda, da- 
van á los acrehedores 25 á 30 libras, con que la gen- 
te no quería alargar el trigo y antes lo sepultava, y á 
esta causa la ciudad padecía mucha necesidad de trigo. 

Para subvenirla fué preciso valerse de todos los 
medios posibles y recurrir á los de afuera, ya que 
dentro no los havía, y procurar que el de la Mofa, 
pues estava en San Boy, diese también providencia. 
Asistía á su lado Gabriel Antonio Rosau, embiado de 
la Ciudad: á éste se le dio orden, con sindicato, que 
comprara todo el trigo que aliaría. S. Ex.^ mandó á 
D. Joseph de Copons, del Real Consejo, pasara al Pa- 
nados y tomase todo el trigo que hallase para la Ciu- 
dad y lo hiciese conducir á Siches ó Castillo de Fols, 
concertándolo desde luego y pagándolo, en estar libres 
del sitio, con copones iba Micer Boser. Á la parte de 
Levante estavan por la Ciudad Christóval de San- 
guenís, y por SE. el abad Mompalau y D. Tapia, del 



460 

Real Consejo, para con los caros y barcos hacer en- 
trar provisiones en Barcelona: á Sanguenís dio orden 
también la Ciudad tomara quanto género de granos 
aliaría y mantenimientos, así del país como foraste- 
ros, al precio que podría ajustarse, y que lo del país 
se pagaría pasado el sitio, y el forastero, con oro ó 
plata, en especie ó en moneda, como querrían, y á 
éste embiavan dinero así como pedía. Estas compras 
así de una como de otra parte tuvieron efecto, con que 
para el conducto de ellas, viendo que los caros y bar- 
cos eran menester para el vino y carne y que eran 
pequeños vasos, y quedándoles á seis y siete libras de 
flete por quartera desde San Feliú á Barcelona, no 
querían los patrones cargar, sino que por fuerza lo hi- 
cieran hacer los Ministros del Rey. Se resolvió la Ciu- 
dad á sacar quatro barcos longos de la Ataracana, que 
estavan aún del tiempo de España y Rey Católico, cu- 
ios eran, y que por quenta de algunos mercaderes par- 
ticulares se armasen de gente y armas: con estas em- 
barcaciones como bergantines llevan á doce y catorce 
bancos y sus pedreros, y que carreavan á ducientas 
quarteras, el que menos, cada viaje: éstos, bien per- 
trechados de gente con el comboy de otros barcos, en- 
travan y salían en las noches más obscuras por medio 
de la armada; y si algunas veces eran descubiertos y 
llegavan á las manos con ios barcos longos de la ar- 
mada, proeuravan retirarse y lograr otra noche; otras 
veces pasavan sin ser oydos, y tal qual barquillo que- 
daba preso en otras ocasiones. Con esta penuria solía 
socorrerse Barcelona. 

La mejora de la peste fué continuando, como dije 
en el capítulo que se refieren las gracias que se die- 
ron á Dios por ello, aunque sin embargo se conser- 
vaba la forma de hospital en la calle de Jesús, y 



461 

avía médico, cirujano y mancebo conducidos, porque 
siempre se llevavan algunos á la cura hasta últimos 
de Marzo, que, viendo la Ciudad que ya no ha vía en- 
fermos y que estavan ociosos, resolvió en 8 de Abril 
se cerrase el hospital y acavasen de desconducir los 
oficiales, y que el lunes después de Quasimodo, que se 
celebrava la festividad de la Virgen de Marzo, por ha- 
ver caído en Semana Santa, se hiciese procesión por 
la Aseo y claustros con Te Deum laudamus en acción 
de gracias. Así se executó con asistencia de los Gon- 
selleres en 8 de Abril. 

. Gomo este mal del contagio quando Dios lo permite 
no es sólo para un pueblo, sino que se extiende á pro- 
vincias y reynos, se fué dilatando de un lugar á otro 
y salpicando toda la provincia con más ó menos fuer- 
za en este vaquel partido, y quando Barcelona se vio 
libre procuró poner buenas guardias en las dos puer- 
tas abiertas, celando mucho el comercio, y empeza- 
ron los de Gonsejo de Giento como es costumbre, y 
después siguieron los demás; en la villa de Mataré, 
entre otras de la provincia, se abrasavan entonces de 
peste, con que guardándose de ella llegó un bergan- 
tillo con provisiones y gente que se retirava; quemá- 
ronlo bajo el baluarte del vino, y despacharon la gen- 
te: uno de los que estuvieron en la quema se encon- 
tró, pero curó luego en la calle de Jesús. 

Mientras el sitio estuvo en Barcelona, siempre tuvo 
el Gastellano en su exército la peste, particularmente 
á la parte de San Martín, donde tenía el hospital; mu- 
riéronle mucha gente, y parte se lo merecían, pues 
sin reparo alguno, quando llegaron á sitiar la ciudad, 
se entraron por San Andrés y otros lugares que se es- 
taban ardiendo de peste, y fué causa de que en Bar- 
celona no se acavase totalmente, porque como siem- 



462 

pre entrava gente de la armada, por prisioneros, por 
rendidos que se pasavan, por rescatados de los nues- 
tros, y por trompetas, tambores y otros estilos mili- 
tares, y se comunicavan con los naturales, de conti- 
nuo avía poco ó mucho, y para excusarlo se dispuso 
que todos los que venían pasasen por unos ornos que 
havía dispuestos para eso antes de admitirlos á la co- 
municación, y así se executava, y guiándolos desde la 
puerta del Ángel por la muralla á la pisina, y allí avía 
hombres que, haciéndolos desnudar, los hacían en- 
trar en un orno templado, y en otro más vivo la ropa, 
hasta que reconocían podían quedar purificados. Con 
esto los aviavan, y con limpiar bien las calles de tan- 
ta inmundicia, se experimentó mucha mejora en la 
Ciudad. Dios se digne por quien es de no afligir pue- 
blo alguno con tal contagio. 

CAPÍTULO 47. 

ENTRA EN BARCELONA CON GENTE LA MOTA. -.TUR A POR VIRREY.-EN 
UNA SURTIDA LO YEREN.-CONVÓCASE GENTE EN EL LLANO DE VICH 
ACLAMANDO VIVA ESPAÑA. 

Avía quatro meses que el de la Mota hizo muestra 
y frente al enemigo, como dijimos, y que navega va ó 
estava á vista de Barcelona, governando en ella siem- 
pre con la alternativa Margarite y Dardena: la gente 
lo llevava muy mal, porque por sus particulares en- 
quentros y pasiones se dejavan de obrar unos y otros 
en veneficio del Común y de la plaza. El de la Mota, 
noticioso de todo, resolbió entrar en la plaza con no- 
ticia de pocos. Hizo aliñar el camino que pasa sobre 
San Beltrán de Barcelona á la torre de Alfonso, entre 
el mar y Monjuique, con voz de que el Varón de Ales 
avía de entrar con quinientos cavallos, y el intento 



463 

era ]iacer tratable aquel paso, que no lo estava por su 
aspereza, para entrar provisiones de ganado y oyente 
en la plaza; acordóse que para la noche del día 23 de 
Abril, con pretexto de sorprender el fortín de los Re- 
yes, que estava en la montaña de Monjuique, y la to- 
rre de Alfonso, que el español havía fortificado mu- 
cho con estacadas, sita á la orilla del mar, saliese la 
cavallería de la plaza y la g-ente que se havía alis- 
tado para la surtida: salió toda esa noche, y á las dos 
oras de ella dieron arma á un mismo tiempo al fortín 
de los Reyes, San Ferriol y Santa Madrona, y el de 
Marcelin estava comendado para darla y pelear con 
la torre de Alfonso; pero ó fuese su miedo ú otra cau- 
sa, no obró como devía. 

El de la Mota se halló al mismo tiempo con sus es- 
quadrones de cavallería é infantería batallando con 
las guarniciones de la dicha torre y estacadas (díxose 
que se intentó escalarla, y que por ser cortas las es- 
calas no se logró el sorprenderla); rompieron éstas un 
pedazo entre la torre y el mar, y otro entre la torre y 
la tierra, con que por estos dos y el estanque de puer- 
to, aunque peleando muchísimo y con gran pérdida, 
pasaron el cordón muchos de los nuestros, pues sólo 
de cavallería entraron de quinientos á seiscientos, y 
algunos quatrocientos infantes; pasó también el se- 
ñor de la Mota por el estanque, casi nadando el cava- 
lio con grandísimo riesgo; de la cavallería enemiga 
acudieron algunos esquadrones á socorrer la torre de 
Alfonso, y después de bien escalonados se retiraron: 
1© que más destroza hizo en los nuestros fueron tres 
galeras con algunos barcos longos que abordaron á 
tierra, disparando cañones pedreros y mosquetería, 
que parecía lluvia las valas que arrojavan; en pasan- 
do el señor de la Mota con la gente referida, se retiró 



464 

á SU plaza de armas el resto del exórcito con el Te- 
niente general de S. Ex.*, Mosiiir de San Andreu, Ma- 
riscal de campo antiguo y gran soldado. S. Ex.^ envió 
á Monjuique, causando mucha novedad, á la milicia, 
porque ignoravan que entrase, dieron luego muchas 
señales desde la atalaya, para que saliesen de ciudad 
los de la armada y San Andreu, y mandó retirar lue- 
go todas las tropas á la plaza, vajándose con ellas, y 
entró á cosa de las quatro de la mañana: fuese á os- 
pedar en casa el Governador, porque el palacio estava 
desprevenido, por ser impensado y de novedad para 
todos su arrivo. Avitava el Governador, Marqués de 
Aguilar, en casa el Marqués de Aytona, de cuios es- 
tados le havía echo merced el Rey nuevamente; pú- 
sose en la cama S. Ex.'', porque llegó rendido, y dejó 
orden que para las nueve estuviesen prevenidos para 
tomarle el j^uramento. 

ISío devían aún ser las diez de la mañana el mismo 
día de San Jorge, quando ya estuvo S. Ex.'"' en el Aseo 
con algunos cavalleros y los que devían asistir al ju- 
ramento. Prestóle con universal consuelo y novedad 
de todos, porque tan presto le vieron jurar como su- 
pieron que havía entrado, oyó su misa y retiróse á 
comer; inmediatamente de haver comido, con algunos 
cavalleros y Oficiales de guerra, montó á cavallo y 
subió á reconocer Monjuique. Admiróse de ver que 
tan á corta distancia hubiese permitido al Castellano 
levantar un fuerfe como el de los Reyes; riñólo y man- 
dó que luego se travajase una batería de tres cañones, 
y que estubiese á punto de obrar al siguiente día al 
anochecer, diciendo á los Oficiales que era tiempo de 
travajar y no estarse ociosos. Cumplióse como lo ha- 
vía mandado, y al siguiente día, que eran 24 de Abril, 
mandó subir ó salir de la plaza toda la cavallería é in- 



405 

fantería y ponerla en campo de batalla á la parte de la 
plaza, y mui de mañana se suvió S. Ex.^ y empezó la 
batería á jugar contra el fuerte de los Reyes sin parar 
un instante; viendo el enemigo quán reciamente le va- 
tían, plantó una contra-batería en campo raso contra 
la nuestra, al lado de una torre que era de los frayles 
mercenarios, con la qual causó no poca ruina á la 
nuestra y á los esquadrones, y temiendo' no quisiesen 
abanzar al fuerte, hizo pasar el enemigo de los otros 
la guarnición y que estuviera de retén y observando 
los movimientos de nuestras tropas: todo el día estuvo 
en este exercicio y S. Ex.^ sin moverse, y expuesto al 
maior riesgo, tanto que las estillas de un valazo le ras- 
garon el casacón, y poco antes de anochecer mandó 
retirar los cañones al fuerte de Monjuique y las tropas 
á la plaza, con las cuales entró S. Ex.^ Díxose que 
esta demostración no fué con ánimo de tomar el fuer- 
te, sino el reconocer desde la eminencia las fuerzas 
del enemigo, sus presidios, la guarnición que sacava 
de ellos, los movimientos que hacía y la forma que 
tenía para hacer caval juicio, y asimismo ver dentro 
la plaza qué gente havía, de qué calidad era y lo que 
se podía prometer de ella: obrava en esto como pru- 
dente General. Mientras estuvieron fuera los tercios 
é infantería, guarnecieron los baluartes y presidios 
de la plaza las cofradías y colegios. 

Esa misma mañana se descubrieron de la parte de 
Poniente doce navios gruesos: cre3'eron los más que 
sería algún socorro que embiava el Rey Ghristianísi- 
mo á la plaza, que la necesidad, el deseo y la voz que 
havía corrido le hacía persuadir con gran facilidad; 
pero presto nos desengañamos, porque una de las ga- 
leras de España salió á reconocerlos, saludáronse y 
pusiéronse en plática; los navios pasaron á Levante y 

Tomo xx[V 30 



466 

la galera se incorporó con las demás: súpose después 
que heran ocho navios de mercancia olandeses, y que 
para su custodia llevavan quatro de guerra grandes; 
también se discurrió si serian de España quando se vio 
tener plática con la galera: esto atemorizava, al paso 
que el otro discurso da va ánimo y consuelo. 

Cerca la batería del fortín de los Reyes havía un 
soldado suizo que estava de centinela á un barril de 
pólbora que servía para cargar los cañones, y al dis- 
parar uno, fuese la cercanía, fuese el va o ó fuese al- 
guna centella á causa del viento recio que hacía, dio 
fuego al barril y voló al soldado tan alto como qual- 
quier torre, arrojándolo quién dice al arsenal, quién 
á media montaña, y después de gran rato vieron que 
se desnudava y que en carnes suvía al fuerte de Mon- 
juique toda la piel quemada y los vestidos echos ce- 
niza, quando creieron havía quedado echo mil peda- 
zos; aiudáronle algunos camaradas suios á subir, y 
aseguraron no murió de esa desgracia y que llegó á 
estar totalmente bueno. 

Viendo el de la Mota el riesgo con que entravan las 
provisiones en la plaza por el mar; quán pocas, tar- 
de y con quánta violencia las conducían los marine- 
ros, intentó querer abrir paso por la torre de Alfonso, 
que el enemigo tenía bien ocupada y fortalecida; hizo 
acomodar el camino sobre San Bertrán, y resolvió 
salir sávado 27 de Abril por la noche (al enemigo nada 
se le encubría, que tubo tan buenos 3^ finos espías que 
jamás logramos facción alguna): noticioso el Castella- 
no, fortificó más el puesto. Para el día dicho mandó 
juntar en la rambla el de la Mota toda la cavallería é 
infantería francesa y catalana que podía salir de la 
plaza, escogiendo la mejor, y á las diez de la noche, 
llevándose la manguardia, salió con la gente por la 



467 
Puerta de la Ataracana; tomaron el camino de la to- 
rre sobre San Bertrán, que ya estava tratable parala 
cavallería. MosLarós, desde Monjuique y fuerte de los 
Judíos, dava arma al mismo tiempo para divertir el 
socorro de la torre, y advirtiendo dos batallones de 
cavallería enemiga, pasó llevado de su ardor y valor 
á quererlos reconocer con el suyo, travando con ellos 
sangrienta escaramuza; pero como el Castellano savia 
los designios estubo firme, y á los primeros encuen- 
tros quedó el de la Mota erido de un pistoletazo con 
dos valas en una pierna, con que mandó luego reti- 
rar toda su gente á buena orden, dejando aquellos dos 
batallones desechos y muchos oficiales de ellos muer- 
tos, y aseguraron fué dicha se retiraran tan presto los 
nuestros, porque ventajosos en el terreno los caste- 
llanos y prevenidos de todo, davan por sentado hu- 
bieran degollado toda nuestra gente á poquísima cos- 
ta. Entraron al amanecer los nuestros en la plaza, y 
el señor de la Mota sobre una escalera de las que lle- 
vavan para la escalada, porque no podía tenerse ni á 
cavallo; retiróse á casa el de Aytona, y tomáronlo en 
cura módicos y cirujanos franceses y catalanes: los 
primeros andubieron inadvertidos, que cargando so- 
brado alimento contra el sentir de los catalanes, y pro- 
curando cerrar presto las llagas, aunque no havía to- 
cado nervio ni hueso, se levantó calentura y sobresa- 
nó la erida, de forma que interiormente llegó á gan- 
grenarse y poner al doliente en grandísimo riesgo de 
la vida; y después de aver despedido á unos y á otros, 
llamó á los catalanes solamente, que manifestando de 
nuebo todas las cridas y gran parte de la pierna, em- 
prendieron su curación, consiguiéndola con el tiempo 
y los peligros que quedan insinuados. 

Gomo siempre, el Castellano tuvo muchos confiden- 



468 

tes por Cataluña: viendo éstos el mal estado de la ciu- 
dad de Barcelona, procuraron atraer asi número de 
gente y mover desuniones y alborotos, para con ellos 
lograr sus intentos en el llano de Vich, donde avía 
muchos aficionados al partido español; se travajó mu- 
cho en aquel país en reducirle y juntar número para 
hacer una facción, y quando la juzgaron en buen es- 
tado, pidieron al exército castellano algo de cavplle- 
ría: asegurando el buen suceso, pasaron á la eminen- 
cia de San Segismundo unos ochenta cavallos con una 
partida de micaletes catalanes que servían á España, 
y de allí vajaron á Terradel, donde era la convoca- 
ción, con ánimo de ocupar la ciudad de Vich. 

Allávase en Vich el Dr. Balthasar Tapias, del Real 
Consejo, y dispuso que todos los naturales se pusiesen 
en arma, y que de los lugares del llano se convocase 
la gente y se pusiese en los puestos para romper al 
enemigo. La noche del día 12 de Mayo dio embestida 
el enemigo á la Ciudad; pero hallóla tan prevenida y 
con quatro tercios de la gente del país y tan fortifica- 
da, que no consiguió fruto alguno; antes bien su total 
ruina, porque los somatenes de los lugares havían co- 
gido los pasos de la retirada. Con que por más que 
clamavan ¡viba España! fueron todos desechos, y los 
más prisioneros y muertos; algunos que escaparon fué 
por su diligencia y avilidad. Acudía el Varón de Ales 
con su cavallería desde San Boy, con que por aquel 
llano los fueron cazando y persiguiendo como si fueran 
conexos. Llevaron á Hostalrrich los prisioneros para 
ver en justicia lo que merecían. En Puigcerdá y llano 
de Cerdaña huvo á la misma sazón otra conspiración 
semejante, y fué forzoso embiar cavallería é infante- 
ría, que por toda la provincia se estava minando y 
conspirando, como se verá en los capítulos siguientes. 



469 



CAPÍTULO 48. 

EMBESTIDA DEL FUERTE DE SAN FERRIOL Y LAS VIDAS QUE COSTÓ.— 
PROCESIÓN DE CORPUS.-ARMA QUE DIO ESA NOCHE EL ENEMIGO Y SU 
INTENTO—VUELVE PINOS DE PARÍS.-EFECTOS DE SU EMBAJADA Y 
OTROS SUCESOS. 

Á 13 de Mayo, por la noche, surtió de la plaza toda 
la infantería y cavallería, quedando de guarnición en 
los presidios y muralla las cofradías y colegios; y aun- 
que el de la Mota eslava en cama, resolvieron alguna 
facción. Por la puerta del Ángel salió Dardena con 
toda la cavallería ó infantería francesa y suiza; la in- 
fantería catalana, que servían unos seiscientos hom- 
bres, subió á Monjuique: está governada por Mosta- 
rós; con todo lo que pudo sacar de Monjuique embis- 
tieron el fuerte de San Ferriol, y de carrera rompie- 
ron la estacada y entraron el foso, y quando quisie- 
ron dar la escalada reconocieron que, por ser tan 
profundo el foso, ha vían errado la medida de las es- 
caleras, y que por cortas no pudo ningún soldado ocu- 
par la muralla. Los enemigos, cuando vieron la fuer- 
za, se rindieron por perdidos y pedían ya quartel, 
porque á la verdad, á no ser la cortedad de las esca- 
las, se lo Uevavan de carrera. Advirtieron los caste- 
llanos el suceso, y bueltos sobre sí dieron tal ruciada 
de balas sobre ellos, que dejaron muchísimos en el 
foso y fueron pocos los que sin erida se escaparon á la 
retirada, que fué toda en desorden por la fiereza con 
que los sacudían desde el fuerte. Francisco de Mosta- 
rós quedó erido de un mosquetazo en la pierna; el Ca- 
pitán Nicolás, del mismo tercio y valeroso y gran sol- 
dado veterano, quedó con tres eridas, de que murió 



470 
quatro días después. El Capitán Dionisio, del propio 
tercio, también quedó mui mal erido, y otros muchos 
oficiales, con que bien escalabrados y menos huvieron 
de retirarse. La cavallería que tubo quieta con Dar- 
dena vajó á los Capuchinos, y viendo que no havía 
surtido la intentona, culparon mucho ai Maestre de 
Campo Mostarós porque no havía de haver acometi- 
do hasta que Mosiur de San Andreu Mombrun huvie- 
se hecho unas señales que havía de hacer sobre la 
hermita de San Pedro Mártir para embestir con la ca- 
vallería é infantería que estava á la otra parte del 
enemigo, y que por no haverlos hecho Dardena no se 
movía, y que Mostarós obró sin orden. Al amanecer 
todos se retiraron á la plaza. 

El Maestre de Campo Mostarós llegó á mejorar de 
la herida 3^ estar fuera de riesgo; pero la muerte de su 
íntimo amigo el Capitán Nicolás, de quien él hacía 
maior confianza, y el haver oydo algunas razones mui 
pesadas y de sentimiento, hicieron tal impresión y 
movimiento en los humores que, malignándose la cri- 
da y encendiéndose una fiebre, murió dentro de dos 
días, á 8 de Junio. Á 9 lo enterraron en San Francis- 
co, con gran pompa y qual correspondía á un Maese 
de Campo y Governador de las armas de la Ciudad 
como lo era. Asistieron á las exequias veinte conven- 
tos de religiosos, los Maeses de Campo y Oficiales ma- 
iores de los tercios catalanes, y la infantería, al se- 
pultarlo, dio tres cargas, que estava esquadronada en 
el llano y Dormitorio. 

La Ciudad quiso mostrar sus lágrimas por la pérdi- 
da de un hijo suyo tan soldado, tan valeroso y tan 
amable, en unas honrras que le hizo en el Aseo el 
día 14 del mismo con un capilardente mui magestuo- 
so, asistiendo á ellas los Conselleres con gramallas ne- 



471 

gras y toda la nobleza catalana, y celebrándose los 
oficios con mucha solemnidad y música, qual merecía 
quien tan bien havía servido á su patria. 

El año pasado, por razón de la peste, se havía de- 
jado de hacer la procesión del Corpus, y á la imita- 
ción de la Aseo, dejaron de hacer las demás iglesias y 
conventos, sin que en ningún otro dia, por la misma 
peste y sitio, se le huviese hecho á Dios ese obsequio 
como se acostumbraba; y aunque se padecían las in- 
clemencias y travajos del sitio, resolvieron los Gonse- 
lleres que se hiciese este año con toda la solemnidad 
acostumbrada, como se hizo, pero fué reforzando las 
guarniciones de los presidios, y sacando fuera la ca- 
vallería para que el enemigo no intentase alguna ope- 
ración viéndonos ocupados en la procesión, bien que 
también se aplicó al mismo culto esa tarde. 

También se avían privado todo ese año los sermo- 
nes, sin que en todo él se huviesen predicado si no es 
dos, uno día de la Concepción y otro día de Santa 
Eulalia. Dióse permiso para que en el octavario se 
pudiese predicar en las iglesias, y no más, hasta otra 
deliveración. Este ano la cosecha qae se espera va era 
poquísima, porque la gente, acosada de la peste y del 
sitio, havía sembrado poquísimo, y aun huviera sido 
menos ó nada si los dueños huvieran sas^ido el fin 5^ no 
creyeran que al recogerla estaría ya fuera el Caste- 
llano; con la esperanza de que el sitio se levantaría, 
sembraron algunos los campos que juzgavan más se- 
guros y cubiertos de la artillería, mui á costa de tra- 
vajos, sustos y riesgos. 

Llegó tiempo de rendir fruto las abas, y dieron tal 
batería á ellas los soldados de la plaza, que el dueño, 
que para su casa le dejaron coger, se dava mui bien 
librado, sin poder remediar el daño, por más que se 



472 

quexaroD; entrábanlas á sacos y canastas, vendién- 
dolas los soldados públicamente, y tal vez á sus pro- 
pios amos; diéronse tal priesa, que ni una por señal 
se secó en la ciudad, siendo así que es mercadería que 
tiene estimación y aprovecha mucho en Barcelona en- 
tre año. Llegando á las cevadas, como ha vía mucho 
tiempo que la cavallería, en vez de paja,comía salva- 
do, apenas estuvieron para poderse dar por forrajes 
quando á tropas echas salían á segarlas y entrarlas 
públicamente, por más que apretaban los vandos de 
pena de la vida y guardias; á los portales solía salir 
con la cavallería un Mariscal de Campo, y acercávan- 
se á veces tanto al enemigo, que muí á menudo tenían 
encuentros, quedando de una y otra parte algunos; 
pero el Castellano, con la artillería que ponía por las 
torres vecinas, dava mucha destroza á los nuestros en 
viéndoles íbrraxear. Reconociendo la Ciudad los de- 
trimentos que recibían los particulares y que no tenía 
remedio, convino con S. Ex."^ que la cavallería reci- 
biese de mano de la Ciudad los forraxes á quenta de 
la paja que se les avía de dar: acordados en esto, hizo 
la Ciudad hir estimando ó apreciando los campos de 
las cevadas y pagando á sus dueños lo que juzgaban 
valer, y entra valos por quenta de la Ciudad y al es- 
tudia nuebo se repartían entre la cavallería. 

De esta suerte se consumió en hierva todo el ceba- 
dio de aquel año sin sacar grano alguno. Llegando á 
estar los trigos en estado de acavar de granar y tomar 
algo de color la gente, sobre aver cercado los cam- 
pos de estacada y salir escolta de milicia á guardarlos 
por donde el enemigo podía venir. El día 13 de Junio, 
que era el del Corpus, juzgando el Castellano que con 
la ocupación de procesión y festividad y gente de la 
plaza estaría divertida ó descuidada, á las once de la 



473 

noche, con parte de la cavallería y muchos segadores, 
salió á talar y arrasar la campaña, y á los primeros 
lances logró su intento en algunos campos, hasta que 
advirtiéndolo los centinelas el número de la gente 
que se acercava, tocaron arma y las campanas reva- 
tos; saüó la cavallería, y chocando hizo retirar al Es- 
pañol, y la gente de la plaza, noticiosa del fin, se so- 
segó y retiró á sus casas. 

Los Governadores, deseando el consuelo de los na- 
turales, mandaron á vista de esto y de algún daño que 
la cavallería enemiga hacía todas las noches que sa- 
liese la mitad de la guarnición de la plaza para cus- 
todia de la cosecha, y que se chocase con el enemigo 
si algo intentava duro; esto mientras se segaron y re- 
cogieron los panes, que fué á toda priesa, y así como 
los ihan segando y agavillando los entra van en la 
Ciudad, y á la arboleda de mar los ponían á secar, ca- 
da dueño dividido el suyo, en donde la Ciudad ponía 
de noche sus guardias para la custodia de ellos hasta 
que estuviese para trillarse. Los Gavos de la cavalle- 
ría se ajusfaron con los dueños de campos, dándoles 
lo que concertavan por los restrojos como los dejasen 
algo altos, y los hacían arrancar promptamente, dan- 
do de jornal á quien lo hacía á seis y siete reales, y lo 
metían en la plaza para darlo, después de seco y lim- 
pio, á la cavallería, y fué de mucho útil este arbitrio. 

En haviéndose secado la mies, la Ciudad la mandó 
trillar, y dando á sus dueños el que se juzgava havían 
menester para su gasto, les pagavan los demás á 22 
libras la quartera, y les compravan la paja también, 
dando el dinero de contado; y aunque el trigo era 
bien desdichado por lo mal cultivado de la tierra y 
por averio segado en tiempo, se aprovechó no poco 
la Ciudad con él y aiudó á pasar adelante en el sitio. 



474 

porque llegó tiempo que por lo numeroso de la arma- 
da no podía entrar barco ni vaso alguno con mante- 
nimientos por el mar, porque vinieron muchas gale- 
ras, navios y barcos longos al enemigo. 

Ya se refirió el año pasado cómo D. Joseph de Pinos 
partió por Embajador de la provincia y Ciudad al 
Ghristianísimo en 28 de Diciembre de 1650. Llegó á la 
corte, y haviendo dado su embajada al Rey pidiendo 
socorro de dinero, víveres, tropa y General, y haver 
informado á los Ministros del estado de la provincia, 
y no pudiendo el Rey ni Reyna ni los Consejos por 
entonces socorrernos por estar divertidas por enton- 
ces todas las fuerzas y ocupadas en las cosas del Prín- 
cipe de Conde, resolvieron embiar dicho D. Joseph 
por Embajador del Rey al de Portugal para que, pues 
tenía guerra con España, le asistiese con algunos na- 
vios y armada de gente para socorrer Cataluña en este 
frangente, y que esta súplica y petición la hiciera en 
nombre de la Corona francesa. Partió Pinos de París 
para Portugal á 3 de Noviembre de 1651, á tiempo que 
ya Barcelona estava sitiada; llegó á Lisboa y dio su 
embajada á aquel Monarca, el qual respondió que te- 
nía todas las fuerzas marítimas ocupadas en el com- 
boy de los galeones de la flota, por cuio motivo no po- 
día servir con ella al Xpmo., pero que quanto cavia 
en su posivilidad por entonces era hacer entrar por 
Castilla un exército de doce mil hombres para que á 
esa causa se divirtieran las fuerzas y sitio que esta van 
sobre Barcelona. Si lo hizo ó no, no se dijo: lo que se 
vio que el sitio prosiguió con la misma constancia que 
empezó. Despachóse Pinos de Lisboa con esto y mu- 
chos agasajos del Portugués, con demostraciones de 
sentimiento de no poder servir al Xpmo.; fué á París, 
y aviendo dado su respuesta y besado la mano á los 



47o 

Reyes, trató de su buelta á Barcelona v del despacho 
que el Rey avía de darle para consuelo del Princi- 
pado. 

Lo que consiguió Pinos no se supo, y sí que para él 
trujo la merced de Mariscal de Campo. 

Entró en Barcelona Pinos á primeros de Mayo de 
1652 á media noche, con una falúa, por la parte de 
nuestro exórcito, y el día siguiente fué á visitar al de 
la Mota, que aún estava en la cama, y á la casa de la 
Ciudad y Diputación á holber su respuesta: cuál fué 
no se publicó; pero se tuvo por cierto era poco gusto- 
sa y de menos consuelo quando no se dio en público 
en el Consejo de Ciento como se havía eslilado en otras 
ocasiones; el celarse la respuesta de Pinos dio motivo 
á que la gente quedase mal contenta y se moviese al- 
gún murmureo de que las cosas iban de mala data y 
que el Francés nos dejava padecer; que fuese mañoso 
ardid del de la Mota ó verdad, esparció por Barcelona 
para sosegar los ánimos havía recivido carta del Ge- 
neral de la armada marítima Mosiur de la Ferrixera 
que para 15 ó 20 de Mayo á todo tardar estaría á la 
yela con la armada para venir á socorrernos, y al 
mismo tiempo la Ciudad esparció voz que avía recivi- 
do carta del Arcediano Xavari, electo Obispo de Cel- 
sona, escrita en Marsella, diciendo que al partir de la 
corte le avía mandado el Rey pasase á Tolón y soli- 
citase el despacho de la armada y no saliese de allí 
has i a que hubiese partido la armada para socorrer 
Barcelona; pero que haviendo savido que el Governa- 
dor de Tolón estava de parte del de Conde, y éstos 
conspirando con España para que la armada no salie- 
se, en que travajava mucho al Cathólico, le avía sido 
preciso pasar á Marsella á encontrar al de la Ferrixe- 
ra, General de la armada, y que éste tenía ya ocho 



476 

navios á punto y estava aprestando seis á toda priesa 
con quatro brulotes para venir sobre la armada (fran- 
cesa) española, y que los Cónsules que esta van en 
Marsella travajavan admirablemente para el prompto 
despacho. Esto motivó á que la Ciudad despachase una 
faluca con pliegos al dicho Arcediano Xavari para que 
en nombre de la Ciudad diese las gracias á los Cónsu- 
les y solicitasen de nuevo la partida de la armada. 
Bolbió la faluca, que por causa de la peste no la de- 
jaron entrar en el puerto; trujo su respuesta, y dijeron 
los marineros que ellos no havían podido ver la arma- 
da, pero que se decía vendría presto. 

Pasó todo el Mayo sin que se viese tal armada; es- 
parcieron otra nueva que para quince de Junio ven- 
dría: tampoco se vio, y entonces la gente empezó á 
desmandarse de razones, cansados de tanto embeleso 
y tanto padecer. Viendo esto Pinos y que la armada 
nunca venía, que es lo que él jamás pudo creer, por- 
que siempre lo dava por constante, resolvió con pa- 
recer de los Generales dar la respuesta de la embaja- 
da al Consejo de Ciento en público, de donde se coli- 
gió que si la armada hubiese llegado y socorrido nun- 
ca se abría ablado más de tal embajada ni respuesta. 
Á 15 de Junio, que estava junto el Consejo de Ciento, 
entró Pinos acompañado del Coronel de los suizos; y 
aunque avía mucha gente que aguardava para oir la 
embajada, no lo pudo lograr, con que la publicidad se 
redujo á los Consejeros de Ciento, el Coronel y algu- 
nos Oficiales de la casa. No fué muí largo Pinos en su 
oración, porque refiriéndose á lo que por cartas avía 
participado al Consistorio, vino á reducirse en subs- 
tancia el mucho sentimiento del Rey en no podernos 
socorrer porque las guerras civiles que avía movido 
y algunos potentados tenían todas las fuerzas y aten- 



477 

ción de la monarquía francesa ocupadas y sin poder 
cobrar las rentas y alcavalas de los estados por el mo- 
vimiento en que estavan, y que mientras no cesasen 
estos recelos é inquietudes era casi irremediable el 
asistir y socorrer al Principado; que sólo podía embiar 
una pequeña armada, y que ésta ya eslava sino para 
conducir socorro de las barcas y bolberse; que esto 
decía en nombre del Rey; que con mucho dolor y sen- 
timiento se lo havía expresado, y de suio añadió con 
palabras ambiguas, que la pequeña armada eran los 
ocho navios y quatro brulotes; que éstas eran las es- 
peranzas que podían quedar de la Francia, insinuan- 
do que si guerra quería el Principado, que la costea- 
se, porque pasó á decir que el remedio lo tenía en su 
mano, y á ofrecer desde luego la plata y oro que tenía 
en el erario de la Ciudad para que se valiese de ella 
como quisiese, ya que un lugar que tenía de sus pa- 
dres en el Valles, llamado Barvara, lo vendiese la Ciu- 
dad y aplicase el dinero á lo que conviniese para su 
socorro: con esto parece que quiso decir á todos hicie- 
sen lo mismo y costeasen la defensa del Principado 
para la Corona de Francia. Concluió su respuesta por 
maior con estas razones ú otras de igual preñez y des- 
consuelo, y se salió del Consejo. 

Quedó congregado el Consejo, y tomando por pro- 
posición la misma embajada, pasó á votar y resolber 
lo que se avía de hacer, y deliveró que se formase una 
Junta de diez y seis personas, las cuales fuesen nom- 
bradas quatro por la Ciudad, quatro por la Diputación, 
quatro por el de la Mota y quatro por el Real Conse- 
jo, y que éstas discurriesen y viesen con D. Joseph de 
Pinos, pues decía estava en manos del Común el re- 
medio; que viesen estos diez y seis sujetos qué arbi- 
trios hallavan y qué forma tenían para conservarse la 



478 

provincia por Francia, hasta que el Xpmo. pudiese 
asistirla y socorrerla, y que diesen su voto en escrito 
al Consejo de Ciento, sin que éste tubiese otra fuerza 
que de voto consultivo, y qne al mismo tiempo escri- 
viesen de conformidad al Rey ambos Consistorios los 
aprietos en que se hallava la plaza y la provincia: todo 
se executó así. 

Nombrados los sujetos, se juntaron varias veces, 
buscando y confiriendo arbitrios y medios para la con- 
servación, y, acordados en ellos, los pusieron por es- 
crito y mandaron juntar el Consejo de Ciento, al qual 
entregaron un papel, cuio arancel es el siguiente: 

«Junto el Consejo de Ciento en 22 de Junio, se leyó 
un papel de la Junta que, por maior, se reducía á que 
atento que pai^a sacar al enemigo de las trincheras no 
teníamos bastante poder, ni lo podíamos esperar del 
Rey promptamente, que se hiciesen en la Francia le- 
vas hasta seis mil infantes y quinientos cavallos de 
gente veterana y disciplinada, para los quales era me- 
nester 75.000 doblones, en especie ó plata, así para la 
leva como para los sueldos. De tres meses que se juz- 
gava haverse de ocupar, y que aunque la mitad fuese 
en vellón de los dhos. 75.000 doblones, no hacía al caso, 
pues serviría para pagarlos dentro de la provincia. 
Que para este medio- era fácil y lo empezavan á plati- 
car los señores de la Junta, ofreciendo quién mil do- 
blones, quién quinientos, quién tantos cientos de on- 
zas de plata, quién tanta cantidad de trigo cada uno, 
según podía, y que esto avía de ser á título de prés- 
tamo á la Ciudad, con obligación de corresponder su 
interés, y en estar desahogada lo huviese de bolber, y 
que á proporción hiciesen lo mismo los vecinos de la 
ciudad; que S. Ex.^ ofrecía aplicar las rentas de un 
año del Ducado de Cardona para esto, y que se con- 



479 

signarían para la expedición de la guerra todas las ha- 
ciendas que se confiscarían en adelante, reservándose 
sólo doce mil libras para la Real Tesorería; que todos 
los que gozavan haciendas confiscadas, aplicasen la 
renta de un año para la guerra; que todos los que co- 
braban renta real diesen el salario de seis meses para 
lo mismo; que S. Ex.^ suplicaría al Nuncio de Su San- 
tidad (que estava en G-erona) so sirviese aplicar por 
tiempo de un año las rentas de los Obispados vacan- 
tes en la provincia (que eran todos entonces), y que 
la Ciudad pidiese á las iglesias toda la plata por prés- 
tamo gracioso, y sin violencia se valiese de ella y de 
la Monserrate, pues la havían ofrecido, obligándose 
la Ciudad á bolberla por entero en la misma especie 
y forma pasada la guerra. > 

Leídos estos cavos ,y otros que al mismo tono con- 
tenía el papel, desagradó mucho á los Consejeros de 
Ciento hallar para cada punto un abismo de inconve- 
nientes y dificultades irremediables,- y lo que más mal 
se admilió y con más viveza se desechó fué el de va- 
lerse de la plata de las iglesias, aborreciendo mortal- 
mente el que se hablase de esto, y fiando que sin nin- 
gún consuelo avían log-rado ni esperavan lograr en lo 
pasado y venidero, era todo en premio del culto y ve- 
neración que se ha vía tenido á las iglesias y casas san- 
tas; que no se tratase de eso, y tocándolos demás pun- 
tos, juzgavan que el Nuncio no vendría bien á la pe- 
tición; que, caso que viniese, que el colectar esa renta 
y las demás que se consignavan, sería materia muí 
costosa y larga, y mucho más el de haver de hacer 
las levas en la Francia, en que antes de llegar aquí la 
gente estarían consumidos los 75.000 doblones, y que 
una vez asentada la obra para continuarla y aun au- 
mentarla se havían de menester muchos más medios. 



480 

y que, por iiltimo, ya no estaba la plaza para medios y 
socorros de tanta dilación porque padecía sobrado, y 
que así se callase en ese punto y se remitiese todo á la 
Divina Providencia, después de ha ver discurrido unos 
y otros en Consejo de Ciento latísimamente sobre és- 
tos y otros puntos. Por último, concluió el Consejo en 
tres puntos: el primero, que se recurriese á Dios y 
María Purísima de la Concepción, á cuio cargo se vi- 
vía, y que para obligarles fuesen el día 24 de Junio 
los Gonselleres y Consejo de Ciento en forma á la ca- 
pilla de la Virgen, y que allí se cantase una Misa so- 
lemne, y que en ella comulgasen todos para que sus 
ruegos fuesen más admitidos de la Divina Misericor- 
dia y nos consolara. T^o segundo, que se repitieran 
por cartas las instancias al Rey, y las noticias de los 
aprietos en que estaba la plaza. Ambos se executaron 
luego. El tercero era se pusiese toda hechura y dili- 
gencia en entrar trigo en la plaza, pues consistía en 
eso la única conserbación, y era lo que más dificultad 
causaba, por lo que estrecha va el enemigo por mar y 
por tierra, pues sin evidentes peligros de la vida no 
era posible entrarlo. 



Fin de la primera parte del tomo segundo. 



FIN DEL TOMO XXIV 
Y QUINTO DE ESTA CRÓNICA. 



índice. 



Pá|;¡naB- 

CAPÍTULO H 2.— Entra ea Rosellón el Mariscal de Versó con 
privilegio de Virrey.— Jura como tal eu la Junquera y queda 
cu RoscllÓQ coa el excrcito 1 

CAPÍTULO 113.— Socorren los castellanos á Perpiñán desde Ar- 
geles. — Lances y sucesos de este socorro 3 

APÍTÜLO 114.— Toma la armada de Francia una galera geno- 
novesa á España con el General Juanetiu Doria 6 

CAPÍTULO 115.— Úñense los excrcitos españoles de Aragón y 
campo de Tarragona sin encuentro alguno 8 

CAPITULO 116. — Entra el Mariscal de Versé, primer Virrey por 
Francia. — Hácenle fiestas 9 

CAPÍTULO 117.— Llega á Narbona el Rey de Francia.— Entran 
tropas en el Rosellón.— Aprictause aquellas plazas 11 

CAPÍTULO 118 — Intentan los españoles socorrer por tierra los 
presidios del Rosellón.— Pierden toda la gente hasta el gene- 
ral, y sucesos con extensión de esta empresa 13 

CAPÍTULO 119.— Rendimiento y capitulición de la plaza de 
Copllibre 30 

CAPÍTULO 1?0. — Pone sitio el Rey de Francia á Perpiñán en per- 
sona, y otros sucesos de guerra 31 

CAPÍTULO 121.— Entra u los castellanos eu el lugar de Vendrell 
y cxecutan extorsiones en él 33 

CAPÍTULO 122.— Arriva segunda armada francesa, pasa á Po- 
niente y sucesos de ella 34 

CAPÍTULO 123 —Pasa el de la Mota con las tropas á Aragón.— 
Saquean la villa de Tamarite 35 

CAPÍTULO 124.— Sitio, rendimiento, capitulación del castillo y 
villa de Monzón y otros progresos de las armas eu Aragón.. . 36 

CAPÍTULO 125.— Batalla naval entre las armadas francesa y es- 
pañola á vista de Barcelona 43 

CAPÍTULO 126.— Ocupan los españoles los collados de Lilla y 
Cabra y saquean parte del país 80 

CAPÍTULO 127.— Pactos y rendimiento de la plaza de Perpiñán, 

con noticia de lo sucedido 51 

Tomo xxiv 31 



482 

Páginas. 
CAPITULO 128.— Fiestas y públicos aplausos coa que B;irceloaa 

celebra el readimieato de Perpiñáa 56 

CAPITULO 129.— Parte la armada de Francif de la playa de Bar- 
celona y llega la de Esparia y da fondo 58 

CAPITULO 130.— Rendimiento y capitulación del castillo de 

Salsas 59 

CAPÍTULO 131.— Relación extensa de lo que sucedió en el sitio 
de Perpiñán, y uoa adición de particularidades omitidas en 

los capítulos pasados 61 

CAPÍTULO 132.— Marchas de los exércitos francés y español, y 

combate á vista de Lérida 75 

CAPÍTULO 133.— Jura el Mariscal de la Mota en Virrey de Ca- 
taluña 84 

CAPÍTULO 134.— Muerte y exequias del Cardenal Rochell 85 

CAPÍTULO 133. —Llámase á Cortes el Principado para jurar 

sacrameütos y omenajo al Xpmo 86 

CAPÍTULO 1 30. —Surtida de los españoles por la rivera del Ebro, 

y pillaxe 88 

CAPÍTULO 137.— Sitian los españoles á Miravete y socórrenlo 

franceses 88 

CAPÍTULO 138. — Sucesos de la valle de Aran en su perdida y 

recuperación 92 

CAPÍTULO 139.— Sitio y rendimieato de Almenar por los fran- 
ceses y 4 

CAl^ÍTULO 1 40 —Destierros y castigos de algunos por orden del 

Virrey Mariscal de la Mota 95 

CAPÍTULO 141,— Pasa el exórcito francés á Aragón por Flix.. . 100 
CAPÍTULO 142.— Muerte y exequias de Luis 13, Rey de Francid, 

que hace Barcelona 101 

CAPÍTULO 143.— Honrras que hace la Diputación por el Rey di- 
funto 104 

CAPÍTULO 144. — Disposición testamentaria del Rey Xpmo. so- 
bre el govierno de su Corona en la menor edad del Principe. 104 
CAPÍTULO 145.— Ectierro y transportación del cuerpo del Rey 

desde San Germán á San Dionís 115 

CAPÍTULO 146. — Parte á Lérida el Mariscal, entra por Aragón y 

progresos de las armas ea Rivagorza 121 

CAPÍTULO 147.— Llega á Barcelona la armada de mar francesa, 

y lo que obra contra la enemiga 1 25 

CAPÍTULO 148. — Algunos destierros de aficionados á España 

roban la reserva de la Trinidad y lo que sobre esto se obra. . 433 
CAPÍTULO 149.— Parte á París por la provincia el Rejente Fon- 
tanella para el Congreso de Munster 13fi 



483 

CAPÍTULO 150.— Avío de los Inquisidores por España y pose- 
sión de los nombrados por Francia -1 37 

CAPÍTULO 151. — Silla el Mariscal á Lérida para oponerse al Cas- 
tellano; sitia á Monzón y lo que sucede 138 

CAPÍTULO 1 52. —Rinden los españoles á Monzón, —Pactos de los 
franceses y lo que costó 141 

CAPÍTULO 153.— Surtida de la guarnición de Rosas contra el lu- 
gar y castillo de Cadaqués 143 

CAPÍTULO 154. — Lo que se padeció en Barcelona el año de 1644 
por falta de pan 1 44 

CAPÍTULO 155, — Auto general que celebraron los Inquisidores 
electos y puestos por Francia 1 47 

CAPÍTULO 156.— Entra Mosiur de Marca para Teniente de Virrey 
en ausencia de la Mota 149 

CAPÍTULO 157. -Entran tropas de Francia; derrotan los caste- 
llanos al Mariscal la Mota 150 

CAPÍTULO 158.— Sitian los castellanos á Lérida y fortifícause en 
las trincheras 153 

CAPITULO 159. — Rinden los castellanos á Lérida y lo que suce- 
de durante el sitio 155 

'CAPÍLULO 160.— Pone sitio á Tarragona el Mariscal y lo que 
se travaja en él 158 

CAPÍTULO 161. — Levántase el sitio de Tarragona: dicese la 
causa 162 

CAPÍTULO 162. — Enibían síndico á París los Consistorios: es 
Francisco Sala 163 

CAPÍTULO 163.— Muerte y exequias de Urbano 8.°, y elección de 
Inocencio décimo. . , 165 

CAPITULO 164.— Ganan á Balaguer, Agramut y Ager los caste- 
llanos '1*^6 

CAPÍTULO 165.— Llaman á París al Mariscal la Mota y lo que se 
murmuró del '1 68 

CAPÍTULO 166.— (nlentan los castellanos ocupar á Tremp y no 
lo consiguen 169 

CAI>ÍTULO 167. — Procuran los franceses recuperar á Ager: no lo 
logran. La guarnición de Rosas hace surtida 170 

CAPÍTULO 168. — Entrada y juramento de Virrey del Conde de 
Ancourt y entrada que le hace Barcelona 171 

CAPÍTULO 169. — Sale el de Ancourt á Cervera para disponer 
su exércilo y campaña 1 76 

CAPITULO 170.— Recupera á Agramut el de Ancourt 176 

CAPÍTULO 171.— Sitio y rendimiento del castillo y plaza de 
Rosas 1 '' ~ 



484 

PáfiTÍn&s. 
CAPÍTULO 172.— Fiestas que hace Barcelona por el rendimieato 
de Rosas Í8I 

CAPÍTULO 173.— Ocupan franceses el puente y villa de Gama- 
rasa 48i 

CAPÍTULO -174.— Progresos del exército francés en los tránsitos 
de los rios Segre y Noguera, con relación de todo lo sucedido. <84 

CAPÍTULO 175.— Batalla del llano de Llorent que dio el de Ar- 
court al Castellano y relación extensa de ella 192 

CAPÍTULO 17(3.— Sitio y rendimiento de B.ilaguer y fortificación 
de Termeos, con lo demás que se executó esa campaña 205 



LIBRO SEGUNDO. 

KN QUE SE CONTINÚAN LOS SUCESOS DE CATALUÑA PROSIGUIENDO SU HIS- 
TORIA, Y CON PARTIGÜLARÍDAD LO QUE UA PASADO EN BARCELONA DESDK 
15 DE AGOSTO DE 1645, EN DONDE AGAVA EL LIBRO PRIMERO. 

Advertencia al curioso legtoh 213 

CAPÍTULO PRIMERO.— Llega á Barcelona la armada castellana; 
sospócliiise traición y no se logra; vase la armada 214 

CAPÍTULO 2.°— Toman á Flix los castellanos y recupéranlo lue- 
go los franceses ' 217 

CAPÍTULO 3.°— Viene S. A. á Barcelona, ganado Balaguer, y sor- 
tean Conselleres 220 

CAPÍTULO 4.°— Arrivo de la Condesa de Ancourt, Virreina.— 
Recivimiento, entrada y fiestas que le hizo Barcelona 221 

CAPÍTULO 5.°— Descúbrense los actores de la traición que hu- 
vo en Barcelona, sentenciase algunos y destiérranse á otros.. 229 

CAPÍTULO 6.°— Embía á París Embajador para el trato de pa- 
zes.— Toman los castellanos el fortín de Termens. — Bendícese 
la tierra. — Dostiérrase al Obispo de Vique y queda Cataluña 
sin Obispo 238 

CAPÍTULO 7.°— Sale á campaña S. A. para el sitio de Lérida. — 
Muere el Conde Xabot de un mosquetazo. — Onrras y entierro 
que le hace Barcelona en San Francisco.— Llegan á Barcelo- 
na los dos hijos de S. A, el señor Conde 240 

CAPÍTULO 8.°— Continúase el sitio de Lérida; toma de la villa de 
Alguaire: embestida de Totavila á Momblanc; los sucesos de 
una y otras operaciones 246 

CAPÍTULO 9."— Bueibe de París Dardena, hace su embajada y 
lo que de ella resulta 251 



485 

Págrioas. 

CAPÍTULO 40. — Copia de Reales cartas á los consistorios de Üi- 
putacióü y Ciudad; resoluciofles de éstos y embajada á París; 
toma de la ciudad de Coutray; levas de geate 254 

CAPÍTULO -1 1.— Rogativas por agua. — Desgracias que causaa los 
rayos.— Llega uaa galera de la Señoría de Gerona y pide bas- 
timento. — .Junta España el exército para socorrer á Lérida. — 
Crueldades que hace el Gobernador Britos en la plaza 260 

CAPÍTULO 12.— Suceso de Ginestar; dispone la provincia nue- 
vos socorros de gente para el sitio de Lérida; muerte del 
Príncipe D. Balthasar; salva por el suceso de Dunquerque.... 265 

CAPÍTULO 13.— Socorren á Lérida los Castellanos; levántase el 
sitio; retírase vencido el exército; pertrecha S. A, las plazas; 
entra en Bar; sortean Conselleres para el año 1 647 269 

CAPÍTULO 14,— Madama Margarita de Lorena pare un hijo sien- 
do Virrey na; sácale de pila la ciudad.— Fiestas que se hacen 
por el nacimiento, y partida de Sus Altezas á París 273 

CAPÍTULO lo.— Entra y jura por Virrey el Príncipe de Conde. 
—Llegan tropas para el exército.— Ostenta el Principe su gran- 
deza.— Sale á campaña.— Ataca á Lérida y se retira sin to- 
marla 284 

CAPÍTULO 16.— Fortifícase á Constantí y Salou.— Entra en Bar- 
celona el Principe y buelbe á salir luego.— Ocupa el castillo y 
lugar de Ager, y los castellanos embisten á Constantí 288 

CAPÍTULO 17.— Refiérese lo sucedido en la entrada del de Ay- 
tona en Cataluña con exército; su retirada á Lérida; el segun- 
do sitio ó embestida á Constantí y la retirada, y vuelta de 
S. A. á Barcelona 290 

CAPÍTULO 18.— Auto general celebrado por la Santa Inquisición 
en el Born 296 

CAPÍTULO 19.— Parte á París el Conde.- Sortean Conselleres 
para el año 1648.- Entra por Virrey y jura el Cardenal Mace- 
rino y dice de pontifical 297 

CAPÍTULO 20.— Jubileo plenísimo por causa de las guerras que 
concede el Pontífice.— Cuéntase el esfuerzo de un cavallo y. 
rotura de la barra de Loxe ú los encantes, y lo sucedido con 
dos galeras genovesas que pasavan al Condestable de Cas- 
tilla 300 

CAPÍTULO 21.— Vaseel Cardenal Macerino y por qué.— Entra 
en su lugar el Duque de Lovis, Mariscal Xanbert,— Sale á cam- 
paña y toma á Tortosa 303 

CAPÍTULO 22.— Fiestas por el suceso de Tortosa.— Encuentro 
de Cang y Conselleres.— Sacan á Santa Madrona á esa sazón. 
—Segundas fiestas por otra Vitoria 309 



486 

Páginas- 

CAPÍTULO 23.— Vase á París el Duque; recOQOce primero las 
plazas; sortean conselleres; ajustes de éstos coa los canóni- 
gos.— Discordias en Paris y los efectos de ellas 312 

CAPÍTULO 24.— Procesión de seis cuerpos santos.— Arribo de 
cuatro galeras de España; lo que pasa con ellas. — Llega el Ge- 
neral de Capuchinos; ajustase paces con el Emperador, y las 
diferencias entre el Rey y los de París .• 316 

CAPÍTULO 25.— Tránsito de la Reyoa de España por delante de 
Barcelona; lo que sucede con ella; expulsión de afectos á Es- 
paña en Barcelona 32 i 

CAPÍTULO 26.— Entra el exórcito castellano por el llano de Ur- 
gel con apariencias de llegar sobre Barcelona; prevenciones 
de ésta y socorros que le llegan de las Unibersidades 325 

CAPÍTULO 27.— Prosigúese en las operaciones del castellano.— 
Su retirada; operaciones de Marcin y instrucciones que tenía 
Garay 333 

CAPÍTULO 28. — Correos que se despachan á París. — Extracción 
de Conselleres. — Embíanse Embajadores á París.— Llaman 
justicia los lugares, y los efectos de todo esto 341 

CAPÍTULO 29.— Prisiones de Marcin en Barcelona y del Prínci- 
pe de Conde y otros en París.- Inlerpresa de Tarragona, y 
empieza el año de 1650 344 

CAPÍTULO 30.— Entrada del Duque de Mercurio, Príncipe de 
Bandoma, por Virrey en Cataluña 348 

CAPÍTULO 31.— Empiezan los recelos de la peste por Tortosa; 
diligencias para la averiguación. — Estiéndese á Tarragona; 
prevenciones y rogativas por oso y por agua 350 

CAPÍTULO 31 (1).— Sale Bandoma á reconocer las plazas. —Sitia á 
Castellón.— Socórrenlo los castellanos.— Vuelve BandAna para 
la peste al Anpurdán.— Condenación y libramiento del Oydor 
Negrell "... 353 

CAPÍTULO 32.— Levántanse los de Falsete contra los franceses; 
acude el Virrey y saca á los castellanos.— Rogativas por los 
travajos presentes.— Sitio y rendimiento de Flix y tránsito de 
la Armada de mar y sus operaciones 35Í) 

CAPÍTULO 33. — Prosiguen las rogativas por agua.— Dase cuen- 
ta de la rebelión de Bordeus y su ajuste.— Del sitio y rendi- 
miento al castellano de la ciudad de Tortosa y lo sucedido en 
ambas cosas 367 

CAPÍTULO 34. — Extracción de Conselleres.— Despedida de Ban- 
doma y partida á París. — Embajada de Pinos al Xpmo.— Em- 

(1) Repetido el número de este capítulo en el original. 



487 

Páginas, 
piózase á descubrir la peste ea Barcelona.— Preveociones que 
se hacea y levas para la guaraicióo de Barcelona 375 

CAPITULO 35.— Justicia que se hace de ladrones y asesioos en 
diferentes puestos públicos.— Sacan á Santa Madrona por agua. 
— Prosigue la peste y pónese hospital en forma para curar y 
asistir á los enfermos 38 < 

CAPÍTULO 36. — Vota la Ciudad por patrón á San Francisco de 
Paula, y como rogativas diferentes por la salud y el modo de 
administrar los sacramentos en esa ocasión , . . 38G 

CAPÍTULO 37.— Sálense de Barcelona por la peste los Diputados 
y la Audiencia, y pónanse palos.— Buelbe Marcin para gover- 
uar l;is armas — Huyen todos los presos de las cárceles reales. 3m 

CAPÍTULO 38. — Refiérense sucesos de la continuación de la pes- 
te, los extragos de ellas, gastos y travajos, desconsuelos, lás- 
timas, extrañezas, injusticias ó iniquidades que .se experimen- 
taron por causa de ella, y castigos que se hicieron 396 

CAPÍTULO 39. — Toma la armada española el vagel del patrón 
Ferret en Mataró.— Cesa la peste.— Llama la Ciudad sus ve- 
cinos ausentes.— Da gracias á Dios por la mejora.— Viene ú si- 
tiar á Barcelona el Castellano 4 H 

CAPÍTULO 40.— Prevenciones de la Ciudad con los lugares y 
gente del contorno.— Aquartélase el Castellano y sus operacio- 
nes con el país. — Ynstaneia de los sitiados, correos y embaja- 
dores á París. — Tope de Marcin con Margarite, Governador.— 
Salida de Marcin y juramento del Rey en París iil 

CAPÍTULO 41. — Erígese segundo Consistorio de Diputación. — 
Prosiguen las operaciones del Castellano.— Fuerte que fabri- 
can los nuestros en Moajuique. — B.itería que pone el Caste- 
llano en Santfl Madrona y lo que obra.— Entra D. luán de Aus- 
tria en el exórcito castellano. — Segundo fuerte de los nuestros 
para paso á Moujuique 426 

CAPÍTULO 42.— [nterpresa para tomar Mataró.— Entra en Bar- 
celona Dardenaconla cavallería.— Disgústase con el Governa- 
dor.— Lances que pasaron sobre eso y órdenes reales. — Junta 
que se forma para los negocios de la guerra 43 2 

CAPÍTULO 43.— Intentan los castellanos tomar á Moojuiqoe y 
no lo logran. — Rompen las baterías la cruz de la Puerta de 
Mar. — Extracción de Consellercs.— Dase precio á la moneda 
para evitar la confusión que havía 4il 

CAPÍTULO 44.— Entrada de la Mota en Cataluña. — Embajada 
que se le hace y su respuesta.— Carta que escrive,— Toma de 
una faluca de España.— Sentencia de los marineros y princi- 
pio de los sucesos del año de 4 652 444 



488 

Páginas. 

CAPÍTULO 45.— Entran provisiones en Barcelona.— Hace frente 
de banderas al Castellano.— Intenta el socorro. — No lo logra. 
— Entran más provisiones, y garrote de un Alférez de la Ciu- 
dad por traydor 449 

CAPÍTULO 46 —Muda la plaza de armas el de la Mota.— Arbitrios 
de la Ciudad en lo de las monedas.— Arma quatro barcos lon- 
gos para el carreo de trigo. — Sucesos de la peste y gracias por 
la mexora 434 

CAPÍTULO 47.— Entra en Barcelona con gente la Mota— Jura por 
Virrey. — En una surtida lo yeren.—Conuócase gente en el lla- 
no de Vich aclamando viva España 462 

CAPÍTULO 48.— Embestida del fuerte de San Ferriol y las vidas 
que costó.— Procesión de Corpus.— Armas que dio esa noche 
el enemigo y su intento. — Vuelve Pinos de París. — Efectos de 
su embajada y otros sucesos 469 







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V 



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Academia do la Historia, 


3 


Madrid. 


Aló 


Memorial histórico 


t.24 


español 




t. 24 




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