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Full text of "Memorias de D. Antonio Alcalá Galiano"

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■^/^RA¥^^ 



MEMORIAS 



DE 






UUÍIU 



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PUBLICADAS POR SU HIJO 



TomoH 





MADRID 

DiPRENTA DE ENRIQUE RUBIGOS 

PloM i» la Poia, 7 Mf . 

1866 



Í-í<-S!' 



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A óí3? 



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ES PROPIEDAD 



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ADVERTENCIA 



Como he dicho ya al publicar el primer tomo de estas 
Memorias, con el segundo que ahora doy á luz termina 
el manuscrito íntegro de las mismas, no siendo posible 
coordinar los fragmentos que me quedan de lo que debió 
ser el tercero, ni constituir con ellos original suficiente 
para otro tomo, á menos de no fabricarle por propia cuen* 
ta, con notoria falta de honradez hist(>rica y literaria . 

Deseoso, sin embargo, de dar aquí aunque sea una li- 
gera idea de lo restante de la vida del autor, inserto por 
vía de apéndice parte de los apuntes biográficos, por él 
mismo escritos, que ya dio á luz el Sr. Ovilo y Otero, y 
completo esta reseña, que sólo llega á 1850, con otra mia 
aún más breve hasta la hora de su fallecimiento, ocurrido 
en 11 de Abril de 1865, y un resumen de sus escritos. 

También, á título de ilustración, y siguiendo lo hecho 
por el autor en el primer tomo, incluyo en otro apéndice 
las demás composiciones poéticas que del mismo conser- 
vo. Estas poesías me fueron pedidas por la Real Acade- 
mia Espafiíola, á poa> de fallecido mi padre, y habiendo, 



como era natural, accedido gustoso á tal peticioo, que para 
mí tanto tenia de lisonjera, pues suponía y ¿un se mo 
dijo que era para publicarlas aquella docta corporación, 
he esperado largos años á que la Academia resolviese so- 
bre el asunto, hasta que, convencido de que el primitiva 
buen propósito, dictado sin duda por impresiones del mo- 
mento, no parecía en camino de llevarse á efecto, rogaé y 
obtuve que se me devolviese el manuscrito. 

Aun sin poder ser juez en causa más qaerida que si 
fuese propia, estoy convencido de que el autor no alcan- 
zará, ni él mismo pretendió alcanzar nunca como poeta, 
la fama imperecedera que conquistó como orador; pero sí 
me atrevo á esperar que algunos de estos versos, por lo 
castizo y sencillo de su forma, al par que por lo sentido 
de sus conceptos, lograrán tal vez entrada en el Famaso 
castellano moderno, como en el antiguo han tenido cabi- 
da otros antores, aun sólo con trozos de mediana extea- 
sion y empeño. 

Do cualquier modo, creo que los amantes de nuestra 
literatura agradecerán el propósito qae me ha guiado al 
procurar que se salven del olvido producciones que dan á 
conocer, bajo un aspecto ignorado de muchos, al hombre 
más elocuente de cuantos en su tiempo ocuparon la glo- 
riosa tribuna española. 

Creo, pues, tan natural y l^tímo mi intento, como 
entiendo que es justo someterlo al fallo del público, ante 
el cual presento hoy al casi desconocido poeta. 

AxTONio AlcalA Galiaso (liijo). 



Mmlñd J." de Junio de ISSH. 



Índice 



CapItclo prime no.— Situación de los constitucionales en 
Ift Isla.— Rtdiioselea ñicrza do artilleríft y el batallón cíe 
CojuiTiaa. - Carácter militar del olzaiuicnto. — Tuina del 
arsenal de la Carraca. — Otm» medidas y vontajan qaa 
obtienen los constitucíonalee.— Tentativa pava apoderar- 
se de la Cortadura.— I'royecto para crear una Junta.— 
3Ialogrodn tentativa do Santia[|;o Rotaldc en Cádiz. — 
Riego eiifrente de las troiias rcülistas en el Puerto de 
Kantaltlaría 

Cai'Itulo n.— San Miguel y el autor publican la Oaceia 
de la /s¡u.—Coni ponen uniboa la letra de una canción jia- 
iriólica.— Decide Kic;») Laeer una cx)>edicion con parte 
de las fuerzas eon.'itiluí-ionaleii-— La elección de la Jun- 
ta. — Situación particular del autor, — El ejercito realista 
ljlo<[uea A los confilitncioiíaleM.— Desorción on TorreKior- 
da. — Escasee de reL'urtios. — I^ actitud de las ñicrzas na- 
vales, — PorlanicutoH y tratos en las linean.— Incidente á 
que da lugar un soldado (a) el Cristo 

CapItui.0 in.— Písperannu) y jiroyectua de los constitucio- 
nales.— Soticiíis de la eiiHJdicion de Riego, y estado de 
loH nefcocios en la Isla. — RI autor redacta los senuonea 
del capellán do un regimiento, y éste trata de probarle 
BU afn'adociiuiento.- Llepada de CtraüCH y resolución <iuo 
úblienc de (Iniroga á favor del autor.— IVoyectaila estw- 
diciotí á Valencia y sncuso ll quo da lugar.- Maloa nue- 
ras de la columna do Riego. — IVatos secretes c<in oflcia- 
les del ejúrcito sitiailor. — Sábese el levantamiento do la 
Ciiriifla y rciioce la esiperanwi.- XotioioB de haberse pro- 
clamado k Constitución en Cádiü 

C-VPiTfi.o IV. — Arco Agüero, Lo]ie« Baños y el antor, 
mandado» á Cádiz com'> parlamentarios de los coiiHtitu- 
e i onaU-9.— Recepción entnsiotita del puclilo,— Ac-titud de 
Freiré. — El pueblo atacadu i-cpeutiii.iinente por ha tro- 
pas. — Dispersión y ¡HTipecias por iiuf jja^a el nutor. — 
Keúnese á sus compañoroij.— Reclaman de las autoiida- 



den Iei inmiinidail de parlamentarios.— Son arrestadoa y 
conducidos al castillo de San Seboatian. — Estancia en la 
prisión.— i'iieetofl en libcrtud, vuelven á tian Femando.. 

CapItclü V.— Agitación en Son ITtTiumdu al eaherae loa 
flucesoft del 10 de Marzo en Citdiz.— La junta nombra 
Kcneralea ¿ los jefos del alzamiento y reparte otras ¡fn- 
cias y nioruedes. — Quírof*» y Riego majidan á Madrid 
emisaríop & felicitar ni Rey por haber jurado la Conati- 
tncion,— Orpinizadon pública y «jcrela del partido libe- 
ral diwi>iicK del triunfo. — Huorganizacion y aumento del 
ejército libertador de la Ipla.— Premio que recibe ul au- 
tor por Kii cooperaciim en el alzaniiento. — Pretende ser 
diputado.— Habla por primera icz en la Sociedad patrió- 
tica de í^an Femando. — Pronuncia en Cádiz un difcnino 
en favor do la independencia de América. — DiíguKto que 
esto pr<Hliu'<! entre sus conciudadanos,— Polémica con 
Rotaldu y desafio frustrado 

Capítulo VI. — El autor ealc para Madrid con una misión 
de (luirofia.— Aspecto de los asuntos públicos á iju lle- 
gada. — Presen tacioi I al ministro Pérez de Castro. — Reci- 
bimiento soco de Arguelles y Martínez de la Rosa.— 
AfectuoMi acofrida do Toreno.— La Fontana de Oro. — p;i 
primtT discurso del autor en aiinella socimlad.— Sub 
otros arengas y conducta en el seno de la misma. — Ver- 
daderas ideas políticas del autor en aquellos dias.— Mal 
desempeño ile va empico en Sceretarío 

Capítulo Vil.— I>is asuntos del ejército libertador.— El 
Soberano Capítulo de Cádiz y eKirnn Oriente en Ma- 
drid. — Khlrnda de Quiropa cu la corte. — Obsequios de 
que es oiíjVto. — Descúbrese una trama del Rey contra los 
constitucionales. — Alarma nocturna en el cuartel de 
Guardias, y sus consecuencias.— Api>rtura de la.* Cor- 
tes. — Deciden los ministros disolver el ejército liberta- 
dor, y llaman & Madrid á kus jefes. — Excitación que 
produce la noticia en sus parciales.— EcpreEcntan contra 
ella. — Difícil situación del Gobierno. — Xoreno entra en 
tratos ron Riego por intermedio del canónigo hermano 
de éste. 

Capitulo Vlll, — Los amigos de Riego esperan que resista 
á abandonar sus tnipas. — Estupor (|ue les produce la 
noticia de ru venida.— Actitud qno übserta ¿ su llega- 
da.— Después de hallarse en Madrid algunos dias, idean 
qne liR^ BU entrada triunfal. — Polire y ridículo as|ici-to 
de la ceremonia.— Banquete v función en el teatro del 
Príncipe.— Riego conla el Trágala desde su ¡mlcui.- Fal- 
sos proi>ósitos atribuidos & los amigos de Riega- El 
Gobierno manda d Kicpo de cuartel d Asturias y destitu- 
ye á los dcm:ls generales exaltados. — Kl autor presenta 
la dimisión de ¡m einpleo.— Kl niolin del 6 de Sclieni- 



ix' 



brp. — El púUlico de la Fontann abandona al autor mien- 
tras perora, para unirse á los alborotadort's 113 

Cai'ITülo ex. — Asperío Je Madrid cJT de íielieuibro, — 
DÍbciwÍod en 1.1S Corten.— Conducta de los exaltados.— 
La Fontana suspende ens sesiones, y el autor redacta 
una protesta, f|ue »e dewcliH.— Loa amigos de Riego ex- 
pulsan de !a mattouerfa á los miniateriales.— Folleto que 
el autor eflcribe eontra ol (Sobierno.- Kl Bey niega la 
sanción á la ley sobce extinción de órdenes muuáHti- 
rofl. — Algunos dcBcan y c! antor 8o o]>one con felia 
éxito, á quo haya sesión en la Fontana. — El Rey creo 
empezado el alboroto y da la sanción.- Ley contra las 
sociedades patriótieas 127 

Capítulo X. — Enojo del Rey contra los ministros. — I)eci- 
de entrar en tratos con los exnltadoK.— El autor pide y 
obtiene del Gran Oriente qne le aiitoriee para osla nego- 
ciación. — Primera eiitrevista f|ne tiene con (¡I padre Ciri- 
lo. — Continnacion do estos tratos,— Tramas del Rey en 
el Escorial,— Alboroto en Madrid.— 1,'n antiguo amigo 
del autor.— Fin del tumulto.- Vuelta del Bey, É insultos 
íinc recibe 139 

C.tPÍTULO XI.— Entrada de Gil de la Cuadra y Valdia en 
el Ministerio.— Anuncios do reconciliación entre niinis- 
tcríales y exaltados. — Destinos dailos á Riego, Velaseo, 
Manzanares y San Miguel, — El autor es n<miIirado in- 
tendente de Córdoba. — Descontento que produce en di- 
veraos bandos la reconciliación.- La masonería vuelve A 
admitir los expulsados en S(>ticiiibre, cun (-xeepciün de 
Toreno y Yandiola.— Rciire."eiitndon al Rey contra el 
Miniaterio, apoyada por la sociedad patriótica di' La Cruz 
de Malta. — El autor vneivu & lucbar en la Fontana, y de- 
cide finalmente salir para en destino 153 

Capítulo XIL— Conducta y modo como ejerce el autor su 
destino en Córdoba. — DesenipeQa interinamente el car- 
go de jefe político. — Noticias del conflicto ocurrido en 
Mjidrid con ios guardias de Corpa. — Exi-ision entre los 
masones, y creación de la sociedad de los Comuneros. — 
El autor se queda en la masonería. — Coletilla del Rey 
al discurso del trono.- Kepro!<eiilacton de la diputación 
provincial de Córdoba, que el autor redacta y lirma. — 
Cambio de Ministerio. — Escribe el autor una relación 
de los sucesos de la conjuración y oUamiento de 1620. — 
Movimientos Ulierales en Kápoles y d l'iamonte.— Liga 
de los Soberanos, y efecto que protlucen estas noticias 
en España. — Vuelve á desempefiar el cargo de Jefo poK- 
tíco. — Expedición que organiza contra un cabecilla riía- 

lisla 105 

Capitulo XIIL— Conducta de Riego cu ííaratcoza, que da 
lugar á su destitución.— Agitadores de Madrid.— )! orillo 



X 

Pigina». 

y San ^lartin «Iccidon inohibir las arengas en las socie- 
dades i>utriótlcas. — Actitnd do los masones y los comu- 
neros al saber la destitución de Kiego. — Los periódicos 
órganos dt? ambas sedas.— Precesión del retrato de Rie- 
íío, disiKílta pí.»r ¿^an Martin.— Llamamiento que hacen 
los vencidos.— El nuevo ministro do la Guerra y la sej>a- 
racion de las autoridades de Cádiz. — Los constitucioua- 
]í»s en Sevilla y C'ádiz 119 

Capíti^lü XIV. — Kl autur recibe aviso del proyecto de re- 
f)elion de Cádiz, le desai)rue])a y trata de disuadir á sus 
auton'H.— l>¡s:;xn.>*tüfl (jue esto le acarrea.— I*rimera mani- 
festación rel)ehle de Sevilla y Cádiz.— Impresión que 
produce en los ánimos de los de diferentes parcialidades 
y en el del autor. — Actitud íjue adopta.— Espíritu de las 
tuerzas militares que había en Córdoba. -Sucesos y 
f conducta <lcl autor en aquellos días. — Actitud de la im- 
prenta míidrili'ña y de las sociedades secretas.— Opinio- 
nes de l<.)s Uíoderados. — Conducta del Gobierno. — El 
autor ve á lie;.'alo á su paso por Córdoba 193 

Cmm'tt'I.o XV.— Los jefi-s del movimiento en Sevilla y 
Cádiz y escritores que los servían. — Se hacen las elec- 
eiuiies para dijuitados por ambas jirovincias, y es elejxido 
í'l autor i»or la de Cádiz.— Instáuranle proceso por la 
responsabilidad (pie contrajo al anular unas elecciones 
de ayuntjimientu.— Sus contestaciones con el jefe políti- 
co.— Las Córtrs se ocupan de la n-bulion. — Dictamen de 
Calatrava. — A^dtacion en Cádiz y exagctraciones de Mo- 
reno Cíuerra y lo.»! americanos. — Medida tomada contra 
estos i'dtimoM. — La fíente de cuenta de la rebelión piensa 
someterse.— ISlal rebultado de la junta.— I»iláta.M' la re- 
stjlucion : 207 

CAl'ÍTi'í.n XVI.— Kl aut(»r deplora la continuación déla 
resistencia en Cá<liz. ■ Se diriire allí, llamado por sus 
ami^'os.— Instancia en San Fernando. —Aspecto de Cá- 
diz. -Intí^ntus de idzamiento en otras ju'ovincias. -Con- 
ducta V <li.*«íurso ílel autor en una reunión de exalta- 
dos. — Troi-eder del Su I »erano Cajíitulo.— Actitud de la 
autoridad pública. — Junta maí^na de la masonería pnra 
recibir á nn end.sario del Gran Oriente. — Agitiicion con- 
tra los (]ue babían preparado la suuiision. — Fin y entier- 
ro di' Clara llosa. — Estado d(; las cosas en Sevilla. — 
Providencia de las Cortes y motin escandaloso.— Ciér- 
ranse las C('>rtes extraordinarias i?**l 

Capítiti.o X VIL— Ideas, propósitos y actitud del autor al 
abrir.si» las nuevas Corles.— Estado de la masonería. — 
Cuestiones y del»ates á «|Ue da luL^ar la a«lmis¡on de! du- 
que del l'arque y del autor en las ('órt es.— Elección íle 
Kie^o para la presidencia.— Martínez de la Kor«a liuiiia 
nuevo Ministerio.— Carácter v condición ile sus colejjis 



de Gabini'te. ■ Opiíiioiie-i dn los (lipntndorí y falta r]f or- 
ganizai'iuii y 'liMfiplina, ospecialiiurntc eiilru los cxallu- 
doií. - Trutüs y mixlos df to8 diputado» <li.' Iim dlvi'rtíúH 

bandüs 237 

CapJtulo XVin. — La H;í>ion do las progunta.1.— Los cxal- 
toiIOH presentan á loa Cortes, y i's ili.-ei.-chads, \ina pro- 
posición pura que los diputados no pui-diin aceptar iiut- 
oides ó destinos hasta pasado un oflo desdo el fin ilo su 
manUato. — Continuación de los debatoa, y poco conitup- 
to ijue adtiniereii los (.-rcaltados. — Coiunetencia <]uc in- 
tenta isuHcilar á las Cortes el Tribunal Supremo en el 
proceso del autor. —Conducta observadla por líiego en la 
presidencia de laK CórtCN.— ItoKi'Tia dv lo» Inganis <inu 
ocupalian en la Cáinant y de las prendas qne distinj^fan 
á algunos iliputattos. — Extravio del iiroyeclo de Oú<ligo 
penal, v tremendo iscjíndalo ti que da Ingar en sfsion 
BWTeta , 2ül 

Capitulo XIX. — La elección do Álava para la pri'f:iili>ni'ia 
do las Cortes.— Adoptan los esalUulos l&puUii'nJhm. — 
Las partidas en Cataluíia y el cordón sanilavi') qui.' \:\ 
CiobitTuo francés establece —Discusión j- acliluii de las 
Cortes. --DiíiK'isto cjue suscita, y calniunia de (¡ue e» ob- 
jeto. — Despeehii ó intención del antor ile iiidrse i los 
eomaneroí<, (luo al tin no llegó li realizar. — IHvisiuny 
fraccionamiento de Ins partidos.- LoH anillenM*.— Ijw 
exaltados. — I^Afraivion inlenuedia.—T>iscuKÍou del Men- 
saje al I!ey.— J)is^:u^^:üs del autor y de Arguelles.— Ci>H- 
ccñ^ia lie ios partidos 2fl7 

CapÍttlo XX.— IX'MÍstcncia de las C<'>rtes en il prui-eso 
del autor. —Aumento ile las facciones en CalaUífia.— 
AlocDcfon de la diiintoeion |irovincÍul de C:idiz cimira 
los exaltados. —Cuestiones tt que da lugar y perjtlejiílad 
de los r<!pR'Mentantes en las Cortes |Kir esta pnivtiiiia. — 
Alliuroto en Aranjues el dia de San Femando. — Ücbe- 
lion de la artillería en Valeniüa, sofocada liTcveiiii'tile. — 
Gomex Becerra elidido pii-sj-lnile de las Corles.— I 'i ha- 
te en las Ctlrtes Hobre los acimtc-eiiuientos piiblietp'.— 
Disensión pnmln re forma de la <tiiardiaKeal.— I.'ltiiiins 
sesioni» di' la le^'isialura 2?3 

CapÍTüLc) XXI.— Cómo tuvo principióla rebdimí i!e lim 
Guardias.— Asesinato de Landabuni.— rouicitiin'H ucu- 
podas en el prínier diu ]>i>r los tinaidias y Li^ fui i/a.s 
coiutitueiiinaleH. — Va el autor con Álava y ^uve<h'a al 
cuartel de ::un Uil, jiunto de rounion ile los •'onsl¡iii<-ii>- 
noles.- LoM iiiÍIitBri.>s y i>atsanos que allí se eiiiuentran 
clisen por jefe li Álava y eslieran el atnque de lo^Gunr- 
dioH. — Lle^a Ballecterort v pretendí' lomar el inandii. — 
Cómo B»; re.-iii-!vi¡ el conflicto de luitoriíjad.— Al !;:iiiiiii'. 
cer sábese 'lue cuatro de los si'is batallones de liciinlins 



Iiabian ntüido para d Pardo.— Morillo con el regimiento 
(l<i Almunsa folo cnntrs Ioh roheides y riiolve i<in trabar 
combate.— Hit UH don delox ánimott y lo^ cosan 

Capítulo XXH— Venida de ItieRo á Madrid y conducta 
(j«e oliBüira.— Incidente ocurrido entre el autor y Mori- 
llo! — LaH fiterza» con que contaban Ion constítucíoim- 
les,— La sahievacion de los carabineros reales y el pro- 
vincial <Ie Cónloba. — ManejOR y conducta do moderádoa 
y exaltoiliia.— DJKguíituR pñvadoH del autor, ocasionados 
por HUB opiíüonex polítir-.is. — La entra-la en Madi-id d« 
lofl Giianiian.— JSon reclinzados oa to-las partes.— Los 
conHtitndonaleti toman la ofeu^iva y pereiguen A loa 
Giianlias Lauta la plana de Palacio.- Capitulación. — 
Pu«Ei> V nueva refriega. — Situac^ion política al acaban» 
la rebcfion de Ion (.luarilias 

Capítulo XXIII.— El autor aren^it il loa luilidanoH an la 
Piara Mayor. Se retira A Ciirdoba.— El nuevo Ministe- 
rio, y ondidon <le los hombrtuH que le componían. — 
CoiiviV^ndi CórleH extraordinariitM y vuelve el autor i 
Madrid.— Actitud de los grupos constitucional cm. - Con- 
ducta do UieK». —Marcha poKlica del Miniuterío. — Ia 
(tamjiafia de loa coiiKtiturinnatcí< eontra las partidas rea- 
listas.— A trtitnd de Pram-ia y aunucioH de la próxima 
reunión de «m ConfireHo en Verona.— Apatía del Minia- 
torio. — Traliajua de las Córte.s.— Me<iidas estraor<li- 
naria» folii-iladu.t por cl Gobierno. - nipcuBÍoa con las 
Cortes ; 

Capítulo XXIV.— Viaje de Rícko á AndaUKu'a.— Ridi- 
culeces y excesos ipie comete. — I<aB sesionen del cuerpo 
aujirein» de la masonería. -Recelos y divÍMÍoni« en liw 
KmpoH coiistitudonalcs.— Procedimientos contra los au- 
tores y iiromnredoreti ile la rebelión de los (inardias. — 
Acusación contra Martínez de la I-iofa y bus i'onipañeros 
<le tiabi ele. — lioiiipi miento con los couiuiicros. — La 
t<ocie<lad I Jindaburi ana.— -Discursos <lel autor y condi- 
ciones ^ prendas de otros Drador<^B. — Folleto del autor 
defendiéndola masonería.— Es enviado como irprcBcn- 
tanto de los masones á la gran Asamblea de los et 
roa. -Entrerista entre los comisionados de a 
dades pitra entablar uua avenencia. — lioa f 
Con^creMí de Verunn.- Curso de la Riieni» civil. — Con- 
laeinoraHim del alzamiento de Las Galwzas 

Capitiilo XXV. líOS repriisentantes de Fnmda, Austria, 
Pmsia y liusla presentan notos reclainantlo contra el es- 
tado político de Kspafia.— Opinione.i diversas. — El autor 
logra qne jireralexea en el animo del Gobierno la suya 
(le recbiixnr altivamente la iiitiTveucion de las poten- 
cias.— lílii'cioii di; IstúriK para la presidencia de las Cor- 
tes. — El Ministerio da cuenta al Contuso de las notas 



y de In coütpalacion fiada.— Rpspoinle latúrii,— El autor 
prcBfMita una proposidon. — Actitud y ontusJOMmu de Iim 
diputados y el público. — Comiaion i.'iicar)!|a<ia de iviko- 
tai un mensaje al Itoy. — Discueiüii en Im Ctírtes. — DÍn- 
carsos de Argüollea y d autor. — A en salida non Uovadoa 
cu lii>nibrofl en ine<]iu de entusiastas aclamacioiK^H. — 
Juicio d[4 autor subre la determinación tomada por el 
üobienio y las CúrteB con respecto á la inton-^ncioii de 

CapíT- lo XXVI.— PrímcroB efci^tos dn laa flexiones do 
Cortea de fl y 11 de Enero. -BtAsi^rt« so acerca d Ma- 
drid mandando una facetan reLiiintii.— Derrota en líri- 
huega á las fuerxas libiMaleü saliduH de Moddd, — Temo- 
retí de los liberales, — BallustcroH se cncoisa de la rlefen- 
sa de Madrid, con autorizacioii di^ tas CórtCH. — Conducía 
de este general.— La Bitibal, encartado del mando de 
los vencidoH en Bnlitiega, contiene y hace retrmvdi^ li 
UcRsiércH.— Dcsaiutriciun de Mejía, redactor de £j ¿Tur- 
riagít. — Los Cüinunoros la achacan á Ioh maxones. — iJi-í- 
I>ouen ejercer represalias con el autor.— Infante é Ititúri/ 
le previenen.— Reaparición de Mcjiíi '< 

OAPfniLo XXVIL— Apumila situación dil Gubiarno.— 
I^ensa en troí^ladarHe á Andalucía. ■ Fareci'rc.i 'liver- 
Bus.-El a.sunto ko trota en Xoa Oi'irtes, y ae aprui'ba la 
tra»1acion de la residencia del Geliiemo.— KI Üev muda 
do miniotrrjs y declara que eKtá rf.'saelto ¿ iiue<íarHe en 
Bladrid. — Agitación en el (M-utro de la <-apital. — Sabe el 
autor i)ue lia empcKiido un mutiii y imide iH)n otrois aml- 
goH á la sociedad masónica, que decide cujjierar el resul- 
tado del alboroto.— Si);ue la asonailii, y el lícy vuolve & 
llamar á los luinistros destituiíliw.— Gaast» por que con- 
tiiiúa el tumulto. - Una turba pide á la comisiou perma- 
nente de Cortes el di^troiiainientu ili'l Rey. — Ballesteros 
persigue á los alborotadoreH.— Dir^idoncias entre cimin- 
neros,— Clauífum de la soi'ieilad ].£indaburiaua. — KI au- 
tor sale paru Córdoba. — Kn Ocuüa recibo aviso de ser 
acusado de fautor del alboroto último. — Manda una carta 
desmiutiiindolu. — Permanece dos ilias en Córdoba i-ou su 
&EQÍlia, y rejtreNaá Mailrid ' 

Capítulo XXVIU.-riorcs Etitra<ia y Calvo de Rozas en- 
cargados de formar nuevo miniaterio — Rpsolucioii de las 
Cortes para obligar indirectamente al Gobierno i. ras-ir ¡i 
Anilalucia.— Cuestión personal entre el aulor y l:?aTiti3go - 
Botaldo.— Circunstancias dirl nombrauíieiilo de Viillesa 
para el mimstcrío da tíracia y .TuBticia. — Protesto do sa- 
lud alegado por el Rey para diferir el viají-, y rpíiolucion 
de las Cortes. — Eiuprenilen éstas y el Ri'y el viaje á An- 
dalucía.— Qtiién tomó las disposiciones para la joma- 
do. — Viaje del autor con Saaveilra y Grasefl. — ¡Sun roba- 



tifia piH'O iliiipiioí: do Milir du Fuorto Lá[>i(;lm.— Estancia 
(Id niilnr «'ii Ciinluba 

CAPÍTiri-i» XXIX.— Sitiiatiow lU- Flores Estnutn y Calvo liu 
Votan iliiruiilv i'l \-inji' y A sil 11«gai1a í Smlla.— Suevo 
Múlitrtcriii (le Calatniva.— Di-üi-imtento ño algmin!).— 3."o- 
tidsf >l<> Ifi invonion fmncfwi.— Estado de Iuh ánimos. — 
BpcudciKaa ilH influjo ile luit fluuii'<la<.1(.'ti fMTctaR. — Iii- 
ficniAta iiropiiMcíou prcxditiiila ei\ la inOHoiiería. — letúríz 
y fl nutür ku uponiai, y «o lotiran de la Hocii-dad.— El 
antor roilattta rl infomib ile lit cumúiion di' las Cijrtofl 
nprulmiidii la (^iiKliicta iM Oribicmo eu la ciiftition de 
OH íítanihii iiutoiic-iaH.—íiuuva» <le tos iirugm<oe ilc la 
Im-nwon.— IVjr muerte do Zorraqnin se encarga del mi- 
nisterio do la (íuCTra Sanilicz Salvador.— Loh eoudea de 
la liÍMlial y del Mootijo atjaudouaii la eauKa cuiiPtitudo- 
nal.— Tríi<t(>ii Cuiuie(nieDi'¡UH de cata comiucta.— Zayo» 
cni-niyudu del mando wi Mmlríd.— Re(i¡i'(ra «ntre los 
«nwtitiicionalM y la facdon de B<<!*fifni<. — Los fraTwe- 
Bba oenpan & Madrid. — AcuMU-ion de l.ia Itisbal y Mon- 
tijo.— UÍM-nHon sobre la intervención fnuu-osa.— Ttnnul- 
to en Sevilla contra los renlistaH.— Ortianizacion en Ma- 
drid del G<ilií(^no realista. — PnigreHos du Inti fninecsea y 
«lei'alientn de los eonstilncionaleii. ' 

CAP(Tt'LO XXX.— Xoticia de li.tbcr parado liis franceses 
DeiqíeTiaj-emiií.- El nnlor, aifnqno linllilndose enfermo, 
tiende h Inn Córtef.— En lueilio de la ineertidiimbrc y 
confuxion KeneruI iiropune un jilan para renolver lasdifi- 
cultadoM de la sitiiaeiun y su jKine (le aeiienio con Cula- 
tmv.i. — Interpela á los mininlrus sobre el eHtiulo de las 
(WOH. — rropi>ne á las Cortes <]no hc mande una diputa- 
ción al Hey, rogándole pow & Cddiz. — Conversación con 
A^nclles,— Vuelvo la comisión y participación la nega- 
tívade 8. M. — £1 autor propone y las Cortes aprueban la 
BiispenMon (K4 Bey. — N'onibran dentó de la Regencia.-» 
ConKpi ración dew^ibierta.— .^upecto del Congreao.— Difi- 
(niltades para el \1aje.— Solida del Rey. — Juicio y consi- 
diTnciuneH del autor sobre la resolución tomada por las 
Cortes en a(inellas crll icus circunstancias ' 

OAi'lTfLO XXXT.— Salida (le los diputados en el barco do 
vapor.— giig neo por los sevillanos de la goleta del»s 
«¡nipajes.— Viaje du los diiratados do Sanlúoar & Cá 
dii.— Viaje di?l Rej'. — Incidente ocurrido en el c.tniino. — 
Vuelve A, recobrar la real prerogativa. — Recepción en 
Crtdií.— I,as Cortes en la ijtlesia de San Felipo.— Sus 
tmluLjos. — Estado de defensa du Cádiz.— López Rallos 
ocupa ¡i Kcvilla por breve tiempo,- Kingun representan-- 
te extranjero acrimpaña al (íobiemo A CídJE.— La escua- 
dra f^lllcc^a bIoi[ne!i v] ¡)nerto. — JIorillo abandona la 
e.iusa contlitueional.— Suicidio du Sanche» Salvador.. . . < 



^^H~ 



Capítilo XXXn.— Trato dado ei> Cáiliü por los coiiHtilii- 
cionalee al Hoy,— El Gobierno da A HiejíO el manilo do 
un ejército. — Bpncvolencitt aparente del Key para con loa 
conslitiirionalee. — Asisle por bu expreso cleBco á la bc- 
wcín dft clausura de las Cortes. — Sospechosa conducta do 
Ballesteros. — Desconfianras y opiniones diviTnas.— Pro- 
yecto de los invasores. — Preparativos dc ataque y defen- 
sa úe la Isla Gaditana. -^Desaliento casi ceneral 471 

Capítulo XXXIII.— La capitulación de Bal!estc?ros.— Ren- 
rlicion de la Corufla. — Horrible crimen allí practicado.— 
Deseos p-ncrales de tratar con el Rej".- Fuerana y lAaxao 
i|n(-' aún K'istenian la linudera liberal.— Conducta de llio- 
go en Mfila;ín.— Kntrevista con Ballesteros.- Derrota, 
fuga y príHion de Bie^u en Arquillos. — Toma del Tro<«' 
dero por los franceses.— Propósitos del duque de Angu- 
lems.— Scj^iciacionefl con los franceses, — Reunión de 
Cortes estiiiordínariss. — El autor extiende el dictamen 
do la comisión aprobando la conducta del Gobierno y 
conce<lÍén<lule totla clase de facultades y recursos. — Esta- 
do de la Hacienda en aquellos dias. — Eminentes servi- 
cios que vuelve á prestar Uendiiábal á la causa libe- 
ral. — Recursos dc que se intenta echar mano 4€3 

C.*PÍTrLO XXXIV.— Intentos dc algtmos diputados de re- 
currir á la clemencia del Rey. — Mala situación de la 
causa liberal.— Los fVanceses se apoderan del castillo 
Santi Petri. — Bombardeo de la escunilra enomifra sobro 
Cúdir.— Principio de sedición en el batallón de San Mar- 
cial.— Represión. — Temores do que pidan capitulación 
t<)daala8 fnerzas.- El Gobierno somete á las Cortes el 
ft»iunto de la capitulación.— Divídese la ojiimou de loa 
diputados, y la mayoría vota por la en trcya.— Torpeza 
con qne proceden los ministros, é imposibilidad en que 
se llalla Álava dc entrar en tratos.- Actitud c.oncilia<lora 
del Rey. — Manifiesto que lüscutecon los ministros cons- 
titncioiíalcs. — Crédulas esperanzas de loB liberales. — Pu- 
blicación del manlGesto y apreciación que dc <^1 hace el . 
autor. — Salida del Rey para el Puerto. — CunverHaiñnn 
del autor con Mansanarcs. — El autor trata de emigrar. — 
Intimación del Rey para ocupar los franceses A Ciídiz. — 
Conócense las intenciones do Femando.— El autor saio 
para Gibraltoj. — Navegación y llegaila á aquella pla^a. — 
Principio de su largo destierro 497 



APIÍNDICK A 

Apuntes biitgráficoB del autor tlceiie la teraiinmijon de los 

Meuorus &11 

APÉNDICE *B 

A Licio ñ39 

A las victorias do lae arma» eHpafiolas en Junio y Julio 

do 1808 541 

Soiiiíto 514 

Soneto 545 

En el úlbuní de Iil t^efiora dúiia 31aríu de 1u I'ae ilailiii.. . . 515 
A la M-nuKi dúBa Alaría de lii Encamación Cueto de 

Saavedra 541 

A la si'floríta dolía Amparo de Oáceros y González de 

Qiiinfanilla, lioy inarqnoüii de Valluar r^il 

A lili araii,'0 1), Ángel de Stiaveilra; dnqae de Eiv.is BTiS 

A"* BW) 

A Cániíen Ki8 

Soneto 559 

Soneto ; 500 

Soneta 560 

Soneto 561 

ConvtTWon 562 

Enoliilbomde la señorita de Gavina 566 

CádJi 501 

En el ñlbiuii de un cabiülero liitiiiauo-amciieano 5*71 

A la muerte de mi hijo Cristino 5*72 



\ 



CAPITULO PRIMERO 



Situación de los con-stitncioiíales en la Irtla.—Ke úneseles 
fuerza ele artillería y el >>atallon de Canarias».— Carácter 
militar del alzamiento. — Toma del arsenal de la Carra- 
ca.— Otras medidas y ventajas Que obtienen Ioh con«titu- 
cionaler*. — Tentativa para apoderarse de la Cortadura. — 
I*x»oyecto para crear una Junta. — IVTaloíírrada tentativa de 
Santiago Kotalde en C¿diz.— Riego enfrente de las tropa» 
realistas en el 3Puerto de Santa IVlaria. 



A mi entrada en la isla de León, las cosas habían tomado 
muy diferente rumbo y puéstose en muy otro estado que lo 
que habría sucedido si en los dias 3 á 5 do Enero hubiese 
venido Cádiz & poder del ejército y de la conjuración su 
compañera. En el dia 6 había entrado por la vez primera 
Riego en la Isla Gaditana, ufano de su triunfo, pesaroso de 
verlo puesto en peligro por la resistencia de Cádiz, desde- 
ñando á Quiroga, trayendo consigo tropas que le admiraban 
y querían, y nada dispuesto á obedecer al que en secretos 
conciliábulos había sido elegido general de la proyectada 
empresa. El que había ejecutado con suma felicidad la sor- 
presa de Arcos y salido hasta entonces airoso y satisfecho 
de todo cuanto había acometido, tenia en poco al que había 
traspasado la linea del puente de Zuazo y no pasado de aquí, 
no contándosele como mérito la dificultosa felicidad do su 
primer hecho y sí el malogramiento de la parto comparati- 
vamente fácil que le quedaba que hacer para llevar su obra 
á próspero remate. Además, en Riego celebraban todos al 
hombre más que á sus secuaces, y el mérito de la entrada 



en la isla de León estaba reputado anónimo, esto es, era de 
todos y de ninguno, pues nadie le achacaba á Quiroga, lo 
cual no dejaba de ser injusto. En esta disposición de los 
ánimos, imposible es decir lo que habría ocurrido de no ha- 
ber mediado los presos fugados de San Sebastian, entre tos 
cuales, especialmente Arco Agüero, gozaba de grande auto- 
ridad, y además era neutral", siendo hombro de ingenio y al- 
guna instrucción, aunque inferior en este ultimo punto á 
D. Evaristo San Miguel, á quien sólo llevaba la ventaja de 
ser monos parcial de Riego. Al cabo se compusieron las co- 
sas. Ratificóse la elección de general hecha en Quiroga, 
aunque no faltó quien desaprobase este acto, hijo, sin em- 
bargo, de cordura. Hizose otro nombramiento, que fué el de 
D. Felipe Arco Agüero para jefe de Estado Mayor. A los de* 
más caudillos se dieron mandos competentes, recayendo en 
Riego el de una división, y llamándosele comunmente gene- 
ral, aunque sin ponerse otra divisa que la de comandante 
de batallón, ni Quiroga otra que sus tres galones de coronel, 
como las llevaban ambos ánles del alzamiento. Siguióse 
publicar en la ciudad de San Fernando, con la solemnidad 
posible, la Constitución de 1812, no porque hubiese sido, 
como está dicho, el intento primero de los conjurados atarse 
las manos con la adopción de esta ley ó aparecer resueltos 
á dictársela á la nación y al trono, sino por razones á la sa- 
zón poderosas; haberla puesto Riego por lema en su levan- 
tada bandera y estar próxima al ejército la población de Cá- 
diz, á los ojos de la cual una sublevación militar sin objeto 
patente, sería temible y considerada como un medio de des- 
hacer una expedición cuyo objeto era reconquistar parte do 
América, desagradable; cuando, al revés, la Constitución pro- 
clamada era para los gaditanos nuncio y símbolo de libertad 
conveniente ó posible en España y objeto do su pasión cie- 
ga. Al mismo tiempo fué impresa, publicada y leida á las 
tropas la primera proclama de Quiroga, escrita, como se 
sabe, por mi en Jerez, tres ó cuatro días antes del alzamiento 
en Las Cabezas, y cuyo contenido disonaba de la situación 
presente. En medio de esto, el número de los levantados era 



corto y daba motivo á los más serios temores. Quedaba en 
poder de las tropas del Rey el arsenal de la Carraca, con lo 
cual la posición de San Fernando era por de más insegura, 
teniendo por el frente contraria á Cádiz, por la espalda á 
toda España, y al referido arsenal por un costado, por donde 
ni había defensa, ni era fácil que la hubiera. Algunos moti- 
vos de confianza venían á templar los sinsabores de situación 
tan desventajosa. No sin razón so esperaba que muchos de 
los cuerpos comprometidos para llevar á efecto el alzamiento, 
imitasen á los que se habían declarado. Realizóse en parte 
esta esperanza con haberse presentado en la isla de León el 
comandante de la artillería del ejército D. Miguel López de 
Baños, seguido del lucido y resuelto escuadrón de sus arti- 
lleros y del batallón de infantería de Canarias. Sin embargo, 
aun en este próspero suceso había margen á disgusto y re- 
celos para lo futuro, porque las tropas recien llegadas, vi- 
niendo de camino, habían tropezado con otras igualmente 
obligadas á tomar parte en la comenzada empresa y no ha- 
blan logrado traerlas consigo. Así alternaba lo amargo con 
lo dulce. Corto como era el refuerzo recien venido, debía te- 
nerse y se tuvo por de muy crecido valor, señaladamente 
tomando en cuenta el de la artillería. En efecto, según esta- 
ban las cosas, se hacía necesario armar baterías, y hasta en- 
tonces faltaban entre los sublevados quienes pudiesen ser- 
virlas ó mandarlas; ni ora por esto sólo por lo que fueron 
útiles sobremanera los artilleros. Su oficialidad era celosísi- 
ma del bien de aquella empresa, y compuesta, con rara ex- 
cepción, de masones; y con tal empeño coadyuvó á la causa 
común, que hizo todo linaje de servicios y muy particulái^ 
mente el de caballería, porque entonces estaba montada la 
tropa de la artillería llamada volante ó ligera. Aún resultó 
una ventaja más de contarse aquel escuadrón en el escaso 
número de las tropas constitucionales. En el cuerpo general 
del arma, por el espíritu de unión que lo anima y por cir- 
cunstancias particulares de aquella época, vino á hacerse 
como causa común la de los que estaban con Quiroga y 
Riego; circunstancia que contribuyó poderosamente á que 



corriendo el tiempo se enarbolase el pendón constitucional 
en otros lugares de España y en toda ella alcanzase completo 
triunfo. 

Como era de suponer, la autoridad de Quiroga era titu- 
lar, ó poco más, si acaso algo. Las logias, lejos de cesar en 
el ejército, adquirieron aumento de fuerza y número. Empe- 
zóse á iniciar oficiales á toda prisa. Aun se dio entrada en 
ellas á algún sargento, bien que hubo la cordura de obrar 
en este punto con parsimonia, no faltando imprudente que 
quisiera abrir la mano á la admisión de los de clases infe- 
rioras, creyendo que pues !a causa era de todos y volunta- 
ria la obediencia, convenia sustituir el espíritu de secta ó 
fralernidad al lazo ó yugo de la disciplina. Una Irtgia gene- 
ral solía entender en los negocios principales, pero su auto- 
ridad reconocida tenía otra que la contrarrestase, dispo- 
niendo varias cosas entre sí los diversos caudillos en juntas 
secretas. Así, no había gobierno propiamente, porque aun 
el masónico había desaparecido. El viejo Vega, llegado á 
San Fernando el 5 ó G de Enero, bien intentó ejercer su pre- 
rogativa de presidente del Soberano Capítulo; pero encon- 
tró muy poca disposición á obedecerie ó aun á respetarle. 
En verdad, la empresa se había hecho militar puramente, 
y querer mezclar en ella la autoridad civil pública i'i oculta, 
era notorio desatino, sin contar con la imposibilidad de con- 
seguirio aun cuando se intentase. Por otra parte, cayó so- 
bre Vega y sobre todos cuantos con él habíamos obrado 
acordes, la culpa djj no haberse hecho el ejército dueño. de 
Cádiz, culpa po'r la cual quedaron completamente dados al 
olvido nuestros servicios anteriores, figurándose el último 
subalterno del ejército más comprometida su persona que 
la nuestra y mayores sus servidos á causa de la Constitu- 
ción proclamada. En una palabra, los que no vcstiamoa 
uniforme oramos mirados como paisanos en un campamen- 
to, y paisanos que nada hablan hecho ni podían hacer como 
correspondía á su profesión inferior. Vega no tuvo la cordu- 
ra de conocer su situación, y asi le encontré desesperado y 
proyectando desvarios contra Quiroga, sin que por esto se 



pusiese de parte de Riego, aunque por fortuna liubo de 
contentarse con desahogar su enfado en amargas quejas. 
Yo, cofno se verá, entrado en la Isla de León, tuvo el dos- 
acierto, en mi situación irremediable, de hacer causa común 
con él hasta cierto punto, y la cordura y tíimbien la fortuna 
de templarle en sus arrebatos y de separarme de él, haciendo 
mi persona útil al común servicio. 

En la hora de mi entrada en la residencia del ejército 
constitucional la encontró llena de alegría por un suceso so- 
bremanera favorable, y tal, que sin él la causa de la Consti- 
tución habría muerto muy en los principios de su vida nue- 
va. En la noche anterior habia sido tomado por los de Qui- 
roga el arsenal de la Carraca sin derramarse una gota de 
sangre, y aun se puede decir sin sentirse. 1^1 comandante 
D. Lorenzo García, llamado el Fraile, y el capitán de guias 
D. Félix Combés, se llevaron el lauro principal en esta expe- 
dición, la cual pinta los tiempos según eran en los dias pri- 
meros del año de 1820. El arsenal estaba guarnecido por 
una cortísima fuerza del batallón de Soria, cuyos oficiales no 
eran masones ni conjurados. Cuidaban mal de la defensa de 
su punto, al cual llegaron los constitucionales en lanchas ó 
botes, desembarcando sin ser sentidos. Una vez en tierra, los 
agresores tropezaron con los defensores de la Carraca, pero 
los oficiales de los primeros se fueron á los de los segundos 
y los abrazaron, como si esperasen, en vez de hostilidad, 
recibir la bien venida. No se equivocaron, pues al sentirse 
abrazar convinieron los otros en tratar como amigos á los 
que venían, portándose como tales. Hubo un tambor de la 
guarnición que intentó tocar, llamando al arma; pero ('om- 
bés le apaleó comp á desobediente, y como siempre sucede, 
quedó reconocido estar la autoridad en quien ya la ejercía y 
de donde venía el castigo á los indóciles. Los oficiales de la 
guarnición de la Carraca quedaron incorporados al ejército 
llamado Nacional como cosa corriente. 

No se celebró este feliz suceso sólo por lo que era en sí, 
siendo mucho, sino como nuncio de iguales prosperidades. 
Túvose por seguro que donde quiera que se presentasen los 



6 

constitucionales á los que poco antes eran sus compañeros, 
no encontrarían resistencia. 

Riego, ausente en Puerto Real en la noche de lá toma 
de la Carraca y pasado el siguiente dia á Medinasidonia, 
no se detuvo en esta última ciudad, donde su presencia era 
de todo punto inútil, y se volvió á San Fernando, donde 
pronto se resolvió una expedición contra la Cortadura, casi 
con seguridad de entrarla como se había ganado el arsenal 
amistosamente. Antes de hacerse esta tentativa reinaba buen 
humor, en los dias anteriores no conocido. Pero el objeto 
de todas las celebraciones era Riego, á quien ya se daba el 
nombre de héroe de Las Cabezas. El, por su parte, gustaba 
infinito del aplauso popular, ya viniese de militares, ya de pai- 
sanos, y para buscarle se afanaba, complaciéndose en dis- 
cursos al aire libre ó en lugares de concurrencia numerosa, 
en vivas y en canciones. Sobre este último punto encargó á 
San Miguel y á mí que hiciésemos una alusiva á las cir- 
cunstancias, para que, puesta en música, fuese cantada por 
las tropas. Mientras desempeñábamos este trabajo y se 
emprendían otros de superior importancia, celebróse una 
gran logia sin objeto determinado, sino para emplear el 
tiempo que en las largas noches de invierno sobraba. Vivo 
aún el primer entusiasmo, fué propuesta y quedó aprobada 
en aquella junta una idea no llevada después á efecto sino 
por pocos en la parte que no era correspondiente. Consistía 
la proposición aprobada á que me refiero, en que se forma- 
sen y publicasen listas de todos los oficiales y paisanos de 
alguna suposición que^nos hallábamos empeñados en la em- 
presa pendiente, como por vía de reto al Gobierno de nues- 
tra resolución de vencer ó morir, de señal de la confianza 
que nos animaban y de ejemplo á nuestros compañeros de 
conjuración aún no venidos á nuestras filas, en quienes de- 
bía infundir por un lado vergüenza y por otro ánimo nues- 
tro atrevimiento. 

Arí las cosas, resolvióse no demorar la expedición pro- 
yectada; olvidabáseme decir que también á los pocos dias de 
alzada la isla de León, había sido ganado por los nuestros 



el castillo de Sancti Petri, situado en un islote por donde el 
brazo de mar que separa la Isla Gaditana del Continente, se 
junta con el Océano viniendo desde la bahía. La posición de 
éste fuerte aseguraba la comunicación por mar á los que es- 
tábamos en San Fernando, en caso de que fuésemos cerca- 
dos, como vinimos á serlo. 

De la tentativa contra la Cortadura fué encargado Riego, 
que tomaba á su cargo ejecutar todo lo importante que se 
emprendía, y sólo á trueco de que se le consintiera, conti- 
nuaba en cierta especie de obediencia á Quiroga. Púsose en 
camino con silencio, entrada la noche, con fuerza bastante 
crecida, no siéndolo mucho la que guarnecía el punto que 
iba á tomarse. Había preparadas escalas. Llegóse á la (!íorta- 
dura, no siendo sentidos por la guarnición, si ha de juz- 
garse por la quietud en que se mantuvo. Pero las escalas 
prevenidas eran cortas, y así no había medios de llevar á 
efecto el plan propuesto. Acaso podía haberse doblado el fuer- 
te por la vecina playa, é intentado entrarse por la espalda ó 
la gola; pero esta era obra de suma dificultad y del mayor 
peligro, y no era cordura comprometer en ella lo principal 
del ejército levantado. Desesperábase Riego, y como en al- 
gunos de los suyos advirtiese señales do desconfianza en el 
éxito del asalto y desaprobación de lo que se estaba hacien- 
do, entregóse á la ira hasta el punto de tildar de falta de ac- 
ción á alguno que acreditó después mucho valor, y á quien 
él volvió á profesar buen afecto en dias posteriores. En el 
extremo de su impaciencia, calidad peculiar de su carácter^ 
por donde su valor impetuoso no iba acompañado de forta- 
leza en la suerte adversa si eran duraderos y tranquilos los 
rigores de la fortuna, bullendo y regañando, no hubo de ad- 
vertir dónde ponía el pió, y reinando la oscuridad y estan- 
do el arrecife de San Fernando á Cádiz bastante elevado so- 
bre el terreno que atraviesa, hubo de caerse desde aquella 
altura abajo. Por fortuna, el suelo, cubierto de amontonada 
arena, impidió que recibiese daño notable en la caida. Dislo- 
cóse, con todo, aunque levemente, un pié, y ésta fué una ra- 
zón sobre otras para volverse pronto hacia San Fernando 



las tropas. Amaneció on esto, y las columnas constituciODa 
es fueron vistas muy dentro del tiro de acción de las bate" 
rías, sus enemigas, sin que estas les hiciesen fuego. Augu- 
róse de ello que la expedición babia salido bien, toda vez 
que los contrarios no bicieroii el oficio de lales. Con más ra- 
zón debería liaberse supuesto que las tropas reales estaban 
poco deseosas de empezar la guerra dañando & las subleva- 
das, pero no por esto dispuestas á no resistir en caso de ser 
acometidas ú avenirse á la bandera de los agresores. El mo- 
mento de hacer lo último había pasado ya, y en la hora de las 
deserciones, por donde suelen terminar las guerras civiles, 
de temer era que el pendón constitucional fuese el abando- 
nado. 

Vueltas las tropas á San Fernando, el buen humor de los 
días anteriores se trocrt en desabrimiento. Asomó, como su- 
cede, entre las desdichas presentes ó previstas, la discordia, 
pues dígase lo que se quiera, jamásfalta la unión tanto cuan- 
to en las horas en que es más necesaria. Riego, como cuan- 
do más, sentía repugnancia á obedecer á Quiroga. Procura- 
ba en balde avenirlos Mendizábal, dueño á la sazón de grao- 
disimo toñujo en el ejército y aun en el ánimo de los varios 
caudillos rivales, pero ladeándose á aquel con quien había 
contribuido á la sorpresa de Arcos, en el cual reconocía pren- 
das superiores. Vega, sin más poder que el que da el des- 
contento cuando busca el de los otros y con él hace liga tam- 
bién, bullía y aun contaba con un partido, si bien corto y de 
ñacas fuerzas. A esto último me había agregado yo, hasta 
cierto punto, para urdir una trama que estaba próxima á te- 
ner cumplido efecto. Con arte procuramos y aun logramos 
persuadirá Quiroga, cuya docilidad ligera cedía á alternados 
opuestos impulsos, que le convendría la formación de un 
gobierno civil por donde su autoridad militar sería confir- 
mada y aun rebajados quienes pretendiesen disputársela. 
Asi hubo de consentir en que fuese nombrada una junta por 
elección do loa habitantes de San Femando y aun de los de 
Medinasidonia y Chiclana, á donde se extendía, á veces, la 
dominación de las armas constitucionales. De los electores 



r' • 



de Medina, ó diciéndolo con propiedad^ du los que so figu- 
rarían tales, disponía yo por medio d^ mis parientes, y tam- 
bién de mi amigo el alcalde, D. Leonardo Talens de la Uiva, 
que era de los asociados á la conjuración desdo los dias en 
que el conde de la Bisbal estaba á su frente. De la elección de 
San Fernando serían infaliblemente dueños algunos amigos 
de Vega, entre ellos D. Josó Chabut, allí avecindado, que 
había prestado á la causa común grandes, aunque poco co- 
nocidos servicios. £1 plan, en suma, era hacernos junta. 
Pero no consideramos en nuestro proyecto que si conse- 
guíamos ser algo independiente del poder militar, no tenia 
visos de salir bien, pues la junta, ó no llegaría á nacer, ó se- 
ría reducida á poco más que nada desde la hora inmediata- 
mente posterior á la de su nacimiento. 

Mientras estábamos tejiendo esta trama, las esperanzas 
del ejército estaban puestas en otra do más importancia que 
se estaba urdiendo en Cádiz para enarbolar nuestra bandera 
en sus muros. Era el principal en esta obra D. Nicolás de 
Santiago, conocido después por el segundo apellido de su 
padre, y tercero suyo, de Rotalde, que quiso usar y llegó á 
punto de ser sólo conocido por él, trasformándose A veces en 
nombre su primer apellido. Esto era hermano de D. Luis, á 
quien yo había dirigido los versos hechos con motivo de la 
muerte do mi padre, que he puesto en nota en las presentes 
Memorias. Mi amistad con un hermano, no se extendía 
al otro, con quien siempre había tenido poco trato. El D, Ni- 
coláis, con fama de oficial valiente, era, en el tiempo de (jue 
voy hablando, coronel graduado. En su juventud había se- 
guido el comercio y afectaba bastante de las ocupaciones li- 
terarias de su hermano y de quienes con éste nos asociába- 
mos. Al romper la guerra de la Independencia, había empu- 
ñado las armas, y Uevádolas, según antes he dicho, con 
crédito: posteriormente, sin tener opiniones políticas noto- 
rias, había pasado por poco adicto á la causa constitucio- 
nal, y en 1818 se había dedicado á escritor, manejando con 
harta infelicidad la pluma, como hombre, aunque dotado de 
viveza é ingenio, absolutamente falto aun de Ws conocimien- 



10 
tos más vulgares en literatura. Destinado este ofícial al ejér- 
cito expedicionario, n» había sido de la primera ni de la se- 
gunda conjuración, y aun era mirado por los que en ella te- 
nían parte, con desconfianza tal vez injusta. Recien pasado 
el suceso del Palmar del Puerto, el mismo Santiago había 
sido preso por orden del conde de la Bisbal, sin saberse por 
qué causa. Nació de aquí creerle complicado en la conjura- 
ción las gentes que sólo tenían de ella noticias confusas, y 
en el animoso deseo de pasar por sor lo que le suponían y 
aun de participar en el proyecto de levantamiento, si en él se 
le dieseparte,nosele dio, con todo, ínterin dirigieron los ne- 
gocios el Soberano Capitulo primero, ó el que con nombre de 
tal estuvo formado bajo la presidencia de Vega. Asi llegó el 
rompimiento estando inocente de él este oficial, que andan- 
do el tiempo había de representar en él un papel de los más 
señalados. Dueñas ya las tropas de Quirogade la ciudad de 
San Fernando, Santiago se brindó ácontribuir á facilitarles 
la entrada en Cádiz. Aún estaba yo en la ciudad, cuando tuve 
noticia de los ofrecimientos de este oficial, pero fué pasada 
ya la noche del 5 do Enero, y cuando no quería mezclarme 
en los negocios, creyendo mi cooperación en ellos inútil; á 
lo cual se agregaba mirar yo á la persona que prometía ser- 
virá la causa común, con antiguo desvio, aumentado con 
nuevas preocupaciones. Pasado yo al ejército, Santiago, pues- 
to on correspondencia con Quiroga y Riego, pasó á ser cabe- 
za de los conjurados que aún quedaban dentro de Cádiz. 
Fuerza es confesar que les dio aliento y dirección, de modo 
que si hubiésemos tenido nosotros & tiempo su ayuda, 
según es de creer, nos habría sido altamente provechosa. 
Por desgracia, sus esfuerzos vinieron tardo. Había vadea- 
tro de Cádiz oficiales y soldados- que hablan abrazado la 
causa del Rey con celo, desertores la mayor parte do ellos de 
la bandera constitucional, después de enarbolada, y compro- 
metidos á combatirla por lo mismo que la hablan desampara- 
do. También había entrado en la ciudad una fuerza, aunque 
corta, do caballería, arma en que hasta entonces habia he- 
cho pocos proSÉlitos la sociedad masónica ó la conjuración, 



u 

y que siguiendo á Sarsfíeld en la mañana del 8 de Julio 
de 1819, se habla prestado gustosa ti sofocar la rebelión in- 
tentada por la infantería. Obrando con la contradícrion co- 
mún en el hombre, varios de los oficiales de Soria, después 
de haber estado irresolutos en las horas en que podían ha- 
berse agregado & la causa constitucional sin peligro hacién- 
dose dueüos de Cádiz, cuando no tenían allí quien les re- 
eistiera, se determinaron á levantarse y proclamar la Coos- 
titudon á tiempo en que para salir triunfantes necesitabaa 
luchar con grandes obstáculos, y superarlos. Dispuesto todo 
por Santiago Rotalde y sus allegados, harto mds nunieroBOs 
que los que formaban la conjuración un mes untes, quedó 
señalada para la ejecución de su empresa la noche del 2i de 
Enero. Empezóse la obra con felicidad. El general Campana 
y el gobernador Rodríguez Valdés fueron sorprendidos y 
presos, cada cual en su residencia, por oficiales encargados 
de este servicio. Cuando esto sucedia, en la plaza de San 
Antonio, centro de la mayor concurrencia ou Cádiz, al rom- 
per la retreta, una turba de paisanos y militares allí aposta- 
da, prorumpió en entusiastas vivas á la Constitución y á los 
generales y al ejército que la defendían. Siguióse acudir á 
juntarse con ellos gran parto de la tropa del batallón do So- 
ria y de su oficialidad. Engrosado el bullicio con la guardia 
del teatro, por cuya puerta pasó, y por muchos de los asis" 
tentes á la representación, que de buena gana trocaron su 
entretenimiento por otro nuevo y más vivo, aunque peligro- 
so, se encaminó á la Puerta de Tierra á ocuparla. Pero cabal- 
mente en ia muralla vecina A aquel puerto, ó dígase en los 
cuarteles contiguos, estaba alojado un cuerpo ú medio for- 
mar, al cual se había dado por nombre batallón de la Lealtad, 
título que declaraba ser del Rey con fidelidad no desmenti- 
da. Oyendo desde ¡éjos la gritería, loa que mandaban aquel 
cuerpo, más comprometidos aún que sus soldados, se aper- 
cibieron á defenderse. En esto asomó la turba confusa y vo- 
ceadora, con trazas de venir á gozar do la alcanzada vIi;tona 
más que de prepararse á conseguirla en la polea. Poro fué 
recibida con descargas de fusilería de los dueños del puesto 



á cuya pacíñca toma de posesioo se adelantaban. Flaquearon 
los soldados de Soria al encontrar enemigos en sus compa- 
ñeros, y dieron muestras de abandonar & sus oñdales 
como hicieron muy en breve. Huyeron a! mismo tiempo los 
paisanos. Arrojóse sobre los fugitivos la caballería, y siguien- 
do al alcance, no respetó á los inocentes indefensos que por 
las calles pasaban. Los oficiales que aún tenían presos á los 
generales, hubieron de soltarlos, debiendo escapar libres á 
'a generosidad de los presos, agradecidos, por otra parte, al 
buen trato que de sus apresadores habían recibido. Pudo re- 
tirarse Santiago Rotalde, y aprovechándose de saber el san- 
to, engañó la vigilancia de los que guardaban las puertas, y 
pudo salir por la de Tierra al camino que va á la Cortadura, 
Pero aun allí por todos lados le amenazaban peligros. Acei^ 
tó, sin embargo, á escapar de ellos, y pasó escondido algunas 
horas, encontrando amparo en personas compasivas 6 adic- 
tas á la causa por que se había sacrificado. Al segundo ó ter- 
cer día de su malograda tentativa logró llegar á la ciudad 
de San Fernando, en la cual fu6 recibido con aprecio, no 
obstante su mala fortuna, pues había cumplido sus promesas 
en cuanto había estado de su parte. No así todos los que al 
mismo proyecto concurrieron. Para él se habían dado sumas 
de dinero que no fueron enteramente repartidas, achacándo- 
se !a desdicha á que varios de aquéllos á quienes se suponía 
ganados por cohecho, no habfan recibido lo que les esuba 
destinado. 

En el dia anterior en que ocurrió en Cádiz este lance fa- 
tal, había ido Riego con algunas fuerzas al Puerto de Santa 
María á llamar allí la atención de las tropas reales. Presen- 
táronse éstas á hacerle [rento, pero con timidez. El héroe de 
Las Cabezas acreditó su valor hervoroso, yéndose casi á to- 
car á los que se le ponían delante como enemigos. Contá- 
ronse varios hechos arrojados de la tropa en aquel dia, donde 
se vio estar vivo el entusiasmo que en el principio de aquella 
empresa las había animado. 

Todo ello, sin embargo, no pudo pasar de manifestacio- 
nes de buena voluntad, pues no llegó á haber pelea, aunque 



13 
los constituciODales se mostrasen bien dispuestos á sus- 
tentarla. 

Pero la desgracia sucedida en Cádiz acibaró el gOzo que 
se sentía, por probar el buen deseo de la tropa, que al cabo 
en nada aumentaba la fuerza de los levantados. Pensóse eu 
nuevos y atrevidos proyectos, al formar los cuales hubo grsn 
discordancia en las opiniones. 



\ 



CAPITULO II 



an IVIi^rixel y el autor publican la «Gaceta de la l8la.»~Coxn- 
ponen aTxil>08 la letra de una canción patriótica.— IDeoide 
I^eso liacer una expedición con parte de lasi fuerssaH cons- 
titucionales.— Xia elección de la Junta. — Situación parti- 
cular del autor.— El ejército realista bloQuea ¿ los consti- 
tucionales. — ^I>eserclon en Torre^orda.— Kscaí^ess de re- 
cursos. — "LjA actitud de las fuerssas navales.— IParlainenl os 
jrtrat órenlas lineas.— Incidente á que da lugar un sol- 
dado (a) el Cristo. 



La pluma en tanto estaba más activa que la espada. Don 
Evaristo San Miguel había escrito varias proclamas muy 
aplaudidas y dignas de serlo. Como hubiese el obispo do 
Cádiz dado á luz una pastoral condenando el levantamiento, 
el mismo oficial y escritor hizo do ella una refutación bien 
sentida, que corrió por Cádiz con extraordinaria aceptación. 
Yo también empecé á hacer el mismo linaje de servicios. Es- 
cribí una ú otra proclama, obras de menos empeiio que las 
de mi compañero en trabajos. Pero proyectamos los dos 
juntos, con anuencia de la autoridad masónica y de la mili- 
tar, redactar una Gaceta que habría de salir dos veces á la 
semana. Desde luego pusimos manos á la obra, y al frente 
del primer número, publicado hacia fines de Enero, acordán- 
donos de lo resuelto sobre dar las caras para acreditar que 
jugábamos en aquella empresa la vida, pusimos la siguiente 
advertencia: «Responden de los artículos de esta Gaceta don 
Evaristo San Miguel y D. Antonio Alcalá Galiano.»> Quien se 
acuerde de que en aquellos dias estaba Cádiz por el Rey y 
casi enteramente perdida la esperanza de ocuparla, y que, le- 



16 

jos de venirse con nosotros nuevas tropas, aun de las más 
comprometidas, se iba juntando un ejército con trazas de ve- 
nir á cercarnos, dará su valor á un acto que bien puede ser 
tachado de loco, pero que merece ser calificado de hijo de un 
entusiasmo verdadero. Excusado parece decir que con ia ad- 
vertencia decíamos al Gobierno de FemandoVIl: si triunfas, 
aquí nos presentamos & ser victimas. También no dejamos de 
trabajaren la canciOB patriótica que Riego nos había pedido, 
de la cual compuso San Miguel las tres primeras estrofas, y 
yo las siete restantes con el estribillo ó coro. Púsola inme- 
diatamente en música un oficial catalán, que había sido oi'- 
ganista, antes de abrazar la profesión de las armas; pero tuvo 
poco acierto, no obstante pasar por algo entendido en la com- 
posición. Riego no quedó satisfecho de la música ni de la 
letra, tildando la composición de eetar en punto muy subido, 
como él decía, esto es, de no ser muy inteligible para los sol- 
dados. Tenía razón, y los tales versos valían poco; pero no 
será sobra de malicia añadir que hubo de tener parte en su 
disgusto no estar en la canciÓD eu nombre (1). Después» 

(1) Hó aqui la malhadada canción de que se trata, cuidando 
de anotar lo que es del ano y lo que del otro ingenio, para dar á 
cada cual lo que le corresponde. 
S.ts Miguel. De la gloria, guerreros ilustres, 
AI santuario atrevidos marchad, 

Y la patria ornará agradecida 
Vuestras sienes de lauro inmortal. 

Galiano (Coro). Patriotas gaerreros, 
Blandid los aceros, 

Y unidos marchemos 

Y unidos juremos 

Por ia patria morir ó vencer. 
San Miguel, Da nosotros sus dichas espera. 
De nosotras su llanto enjugar. 
De nosotros romper sus cadenaí, 
De nosotros, en fin, respirar. 
Patriotas, etc. 
San- MiocEL. ¡Gloria al bravo que 0]r6 sus gemidos 

Y su pecho sintió palpitar 
Cuando viú que su espada podía 
De su patria la suerte fijarl 

Patriotas, etc. 
Galiano. Violo, y luego lanzóse k ta arena 



n 

como se \erá, estando 61 ya fuera <Ie la Isla Gaditana, le hizo 
Sao Miguel una cortada á medida do su dosi'o, y que fué el 
hiroDO famoso, después tan repetido y conot^ido, y (¡uc lleva 
BU nombra, superior, por Otra parte, ala canción, y cuya mú- 
sica es alegre y marcial. 

Pero por apasionado que fuese Riego á los cantares y 
vivas, áalgo más serio tenia que atender en las circunstan- 
cias de apuro en que se hallaba el ejército levantado. Era, sin 
embargo, difícil con una fuerza que apenas llegaba á cinco 
mil hombres, acometer empresa alguna importante. Suplió, 
no obstante, la audacia á lo que fallaba de fuerza. Hasta 
entonces se habían hecho algunas salidas do la Isla Gadi- 
tana, pero alejándose poco en todas ellas. Discurrióse hacer 
una á larga distancia, para tantear el ánimo de los pueblos 
y ver si se ganaban á la causa de la Constitución nuevos se- 
cuaces armados que la sustentasen, ó poblaciones do alguna 
cuenta que la proclamasen. Riego se declaró resuelto á sa- 
hr, de lo cual dio aviso á Quiroga, en vez de pedirie licencia, 
como al general de quien dependía. Aún llevó más allú su 

A morir ó Jogr&r libertad. 
¡Guerra eterna! gritó á las tiranaa. 
¡Redención i los pueblos, 7 paz! 
Patriotas, etc. 
Galiano. £1 esclavo tembló i sus acentos, 

Y su brazo no osó levantar. 

Le oyó el bueno, y sintió sus mejillas 
Dulce llanto de gozo inundar. 
Patriotas, etc. 
Galiano. Guadalete, que oyó en sus orillas 

El estruendo del triunfo sonar, 
Acogió los cantares de gloria, 

Y de Alcides llevólos al mar. 

Patriotas, etc. 
Galiano. ¿Y qué vale que el muro de Cádiz 

Servil turba pretenda guardar. 
Si del pueblo los nobles esfuerzos 
Sacudir la coyunda sabrán? 

Patriotas, etc. 
GauanO. La llama que en brefiaa espesas 

Prende y cunde con furia voraz, 
El incendio de heroico alzamiento 
Por la España veloz correrá. 

Patriotas, etc. 




pretensión, pues insinuó que serla conveniente lanzarse to- 
dos á campaña, aun á trueque de abandonar á San Fernando, 
posición no muy segura para quien no es dueño de la parte 
de la Isla donde eslá la plaza de Cádiz. Semejante abandono 
habría sido un verdadero desvarío; pero Riego tenía suma 
repugnancia á quedarse encerrado, como sucedo á todos 
aquellos cuyo valor, si bien grande, más arrebatado que se- 
reno, crece en el momento de la acción y descaece en los del 
ocio. Por otra parte, la salida hecha sólo con parte del ejér- 
cito tenía ventajas indudables, porque sitiado el ejército, 
como vino á serlo, so repularia perdido, así por los mismos 
que Ic componían, como por los de afuera, de que se segui- 
ría no levantarse en otra parte de Esparía á darle ayuda, 
como era necesario para su triunfo, y empezar de adentro 
las deserciones, en que loa primeros ejemplos serian segui- 
dos, sin duda alguna. Aunque sea anticiparse á la relación 
de los sucesos, bien será decir desde ahora que el éxito 
acreditó lo fundado de estas reflexiones. Hecha la salida. 
Riego acreditó en ella su actividad y osadía: la fama de lo 
que hizo voló con tales aumentos, que, abultándose sus 

Gauako. y lo» pueblos que anhelan ser libres 

Sa bandera & U nuestra unirán. 
Derrocado caerá el despotismo 

Y la patria felice será. 

Patriotas, etc. 
Galiano. tSús, al arma! sigamos, guerreros, 

La canuíon úe batalla entonad, 

Y marchemos seguros del triunfo, 
Que el esclavo no sabe lidiar. 

GaUAno. Patriotas guerreros, 

Blandid los aceros, 

Y unidos marcbeiRos 

Y unidos juremos 

Por la patria morir 6 vencer. 

Estos pobres versos fueron publicados más de una vez, y tan 
estropeaaos, qae salían peores que lo que son en grado no corto. 
Lo común era, en la última estrofa, poner en vez de: ¡Súi, al arma! 
ligamos, gMerreros, «Sus alarmas sigamos, guerreros.* El himno 
de Riego, obrado San Miguel todo él, dio la anterior canción al 
olvido. Tal cual es, se pone como muestra del aliento que nos 
«limaba. 



\'' 



19 

triunfos, aun sonaron como tilles sus reveses: las noticias de 
sus imaginadas victorias y conquistas estimularon á procla- 
mar la Constitución en Galicia y varios otros lugai'es de Es- 
paña: el estar dividido el ejército en dos partes, una corrien- 
do los campos y entrando en ciudades, y otra firme en uq 
puesto un tanto fuerte, impidió que los de este último se die- 
sen por perdidos, no contando con auxiliares por fuera; y 
creyendo de la expedición las noticias favorables que llega- 
ban, y no las adversas, circunstancias todas que prueban 
cuan atinado arrojo fué el do lanzarse á la campaña. Pero, 
por otra parte, la expedición quedó deshecha, ú pesar de los 
favores que debió a la fortuna, y las deserciones en ella fue- 
ron frecuentes, no faltando alguna derrota: apenas un sol- 
dado vino á juntarse con ella, y si varios pueblos la recibie- 
ron bien, ninguno le prestó el menor auxilio, mientras que 
de los encerrados en San Fernando, raro soldado y ningún 
oñcial desamparó su campamento por el enemigo; de suerte 
que desbaratado Riego, hasta quedarse solo, la bandera 
constitucional seguía tremolando en todos los puntos de la 
Isla Gaditana donde llegó á estar enarbolada; por donde se 
ve cuánta prudencia y fortaleza hubo en la determinación de 
quedarse una buena porción de las tropas constitucionales á 
correr los peligros de un cerco, dejando á sus compañeros 
arrostrar los de las lides; porque ciertamente si hubiese sa- 
lido el ejército entero, todo él habría quedado deshecho, y la 
causa de la Constitución perdida. 

Convenido ya en que saliesen unos y se quedasen otros, 
entró el determinar quiénes seguirían á Riego y quiénes 
permanecerían con Quiroga. El primero quería lleviir con- 
sigo lo mejor del ejército. Por otra parte, era muy general 
el deseo de salir con él y muy poco el de estarse en San 
Fernando, lo cual nacía en muchos de noble ambición de 
gloria, pareciendo mayor la que iba á adquirirse en la sali- 
da, y en otros, como acreditaron los sucesos, de ansioso afán 
de verse en campo ancho donde hubiese medio de escapar 
de una situación que no se presentaba vent^ijosa. 

El 27 de Enero se verificó la salida de Riego al frente 



20 

de las tropas que llevaron el nombre de su columna. Com- 
poníase ésta principalmente de los bataHoncs de Asturias y 
Sevilla, á que so agregó alguna corta fuerza de otros cuer- 
pos, con jinetes de la artillería, desLinados á servir como 
tropa de á caballo, y no como de su arma particular, no lle- 
vando aquella fuerza caiiones. Viósela salir con gusto, pro- 
metiéndose venturas de su empresa, peto no dejó do quedar 
algo de congoja en los que permanecieron quietos, muy re- 
ducidos en número y amenazados por crecida fuerza ene- 
miga. Quiroga, sin sentirse muy satisfecho de su situación, 
nada envidiable por cierto,' i-espiró, con todo, como desahoga- 
do del peso de la presencia de Riego, que verdaderamente le 
opiiniia. Entonces, siguiendo su costumbre de dejarse do- 
minar por el influjo del último que llegaba, dio todo su vali- 
miento á Santiago Rotalde, Entre tanto, nosotros teníamos 
adelantado nuestro proyecto de la formación do la junta. En 
ella había de tocarme un puesto donde me prometía adqui- 
rir [)oder, desvariada ambición en aquellas circunstancias. 
Couienzaba yo á gozar de aura popular en el ejército, pues 
habiendo salido San Miguel con Riego y no habiendo es- 
crito más que un corto articulo en el primer número do la 
Gaceta, quedó ésta á mi solo cargo y la escribía yo con a]> 
rogancia, mezclando con artículos serios, burlas de tos ene- 
migos, y dando con esto entretenimiento y ánimo á mis lec- 
tores, que eran principalmente los oficiales del ejército, los 
sargentos y los soldados. También Santiago Rotalde me en- 
vió algunos artículos, que hubo de insertar; y como estu- 
viesen escritos con notables faltas de estilo y de dicción, 
alguna vez dieron motivo á críticas festivas de mi parte, 
lo cual llegando á su noticia, no le dispuso á mi favor, no 
mirándole yo, por otra parte, con buen afecto. Esfcmdo asi 
las cosas, llegó el momento de quejuntos los figurados elec- 
tores, se hiciese el nombramiento do la Junta. Mi memoria, 
fiel por lo común, no lo es ahora para recordarme en quié- 
nes recayó el nombramiento; peco tengo presente que fué 
en uno de los principales del ejército que so titulaban gene- 
rales, en Vega y en mi pobre persona. Noticioso Quiroga de 



21 
las resultas déla elección, no hubo de (jucdap contento; pero 
su disgusto fué avivado por Santiago, cl cual le representó 
el norabramioDto do Junta semejante como un arto dirigido 
» ponerle en tutela, si ya no á destituirlo, y le aconsejó que 
8Ín demora pasase á verse con los electores juntos y les exi- 
giese la revocación de los nombramientos hechos. Siguió 
puntualmente Quiroga el consejo, y fuese al simuLicro de lu 
junta electoral, con su consejero al lado. Entrado el general, 
hizo presente á los electores que no podia consentir que 
fonnasen la junta los elegidos, porque de varios de ellOR te- 
nía necesidad para otra clase de aervicifts, y de mí para es- 
cribirle la Gaceta. Esto mismo repitió Santiago con más 
extensión y fuerza, siendo muy de notar que se le diese voz 
en aquella junta que al cabo figuraba expresar la voluntad 
del pueblo. Pero los pobres electores bien conocían que á 
nadie representaban, y no resistieron en dar por nula la 
elección, pasando á hacer otra más á gusto del general. En 
esta última salió electo Valiosa con el marqués do Ureña, 
propietario do la ciudad de San Fernando, y D. Luis de So- 
Ifs, oficial de Marina, liberal muy conocido; pero la junta 
se resignó á vivir ociosa y aun ignorada, hasta que, como en 
su lugar se dirá, una casualidad la sacó de su letargo para 
un fin determinado, siguiendo en actividad por algún perío- 
do, pero nunca con lustre ó poder verdadero. 

La noticia de lo ocurrido me llenó de indignación, y no 
sin motivo. Bien merecía yo alguna pena por haber tomado 
parte en aquella maraña, en lo cual, si hubo en mi ambición, 
como lo confieso, más hubo docilidad en servir de instru- 
mento á !a ambición ajena. Pero fuese como fuese, no de- 
bía Quiroga haberme rebajado, y menos consentir que San- 
tiago me rebajase. Sin contar con la parte que había yo teni- 
do en la conjuración, parte ú la cual había debido Quiroga 
su encumbramiento, era yo un empleado en carrera como 
es la diplomática, y secretario de legación entóneos, después 
de haberlo sido por más de seis afios, y llamarme, como se 
roe llamó, gaceluro, porque en mi deseo de ser i'itil, aventu- 
raba lodo escribiendo en pro de la causa común en horas 



22 

de tanto apuro, era un baldón insufrible. Tomó, pues, 
la pluma, y en un oficio comedido en la forma, pero du- 
rísimo en la sustancia, recordé al general mis servicios 
en la empresa del alzamiento, y que por deseos de con- 
tinuar los primeros rae había puesto á trabajar en Gace- 
ta, á lo cual anadia con la frase de cuyo principio me 
acuerdo, que es el siguiente: ;/ supitesio que este senicio 
voluntario mió ha inducido á V. S. al errado concep- 
to de tenerme por su gacetero, una declaración formal y 
seca de que renunciaba á mis trabajos en el periódico. Al- 
gunos amigos, sabedores de lo que ocurría, vinieron á ro- 
garme que no dejase la Gaceta, cuya utilidad era grande, 
no por otra causa, sino porque su lectura hacia en los áni- 
mos de los del ejército el mejor efecto posible, siendo de su- 
ma necesidad en aquellas hora.s estar de continuo siendo 
dueños del pensamiento de los que formaban la hueste cons- 
titucional, tan pobre en fuerzas bajo cualquier aspecto que 
se la mirase. Volví, pues, il mi Gaceta, no sin que el gene- 
ral en un oficio atento me diese satisfacción y elogios por 
mi conduela. 

Esta tenía además el mérito de ser desinteresada. Mi cau- 
dal estaba muy menoscabado, y de lo que me quedaba en la 
Isla de Cuba nada había recibido últimamente, contra lo 
que esperaba. Al salir de Cádiz, dejando allí á mi tia ancia- 
na y á mi hijo, y teniendo que dar auxilio á mi mujer, 
había dejado todo cuanto poseía. Esto además era menos 
que lo que pensaba, pues el comerciante en cuyas manos 
lo puse, nada escrupuloso, no había dejado de aprovecharse 
de mi increíble descuido en pedirle estrechas cuentas. En 
la hora de mi salida al ejército en círcunsfancias en que 
la muerte, ó, saliendo bien librado, la fuga ó un destierro 
eran mucho más probables que el triunfo, vista la resisten- 
cia do Cádiz y no haberse declarado por la Constitución 
más que una parte, no la mayor, de los conjurados para 
proclamarla, juzgué obligación mia, pues tal vez había peí— 
diilo á mi pobre familia, no llevarme conmigo miis que una 
cortisinja suma para mi bolsillo, tal que sólo alcanzase á 



23 

cubrir los gastos de dos ó tres dias, pasando parcamente. 
Víme, pues, en San Fernando, pobre cuanto cabe soi'lo. 
Recien llegado encontró allí á D. Manuel Sacnz de Manjar- 
rés, de quien he contado que fué con comisión de Vega y 
mia en la mañana del 3 á averiguar si habían entrado en la 
Isla los de Quiroga; éste tal, si bien había concurrido con- 
migo en algunas bromas, no era aún mi amigo, pero tenía 
la calidad de franco y generoso, siendo jugador y de los de 
más atrevimiento. A mi llegada tropecé con él en San Fer- 
nando, y supe que había sido recibido masón. Acercóseme 
con la familiaridad de companero de bromas, aumentada 
con la que da verse metidos juntos en obras de alta impor- 
tancia, acompañadas de peligro. Rióse de mi pelaje marine- 
ril y vestido remendado. Díjome que necesitaba hacerme al 
instante una capa, porque la mia se había quedado en el bu- 
que francés, según le dije, y no era sano andar do chaqueta 
en invierno. Le manifesté que no tenía para esos gastos. Él, 
sin detenerse, encargó, á un sastre hacer una capa de paño 
pardo al instante; de suerte que, sin pensarlo yo, al siguiente 
dia me encontré con el regalo que hubo de aceptar, dicién- 
dome él, cuando me vio con la capa, adoptado ya el tuteo des- 
de el dia antes: Ayer tontas trazas de taño deplajja tj hoy 
ya pareces un marchante de (janado\ sigui<Jso ofrecerme parte 
de su alojamiento. Era él entonces quien llevaba el monteen 
el ejército, ganando sumas no cortas. Brindábame con parte 
de ellas, diciéndome que pues podía perderlas al dia siguien- 
te, era bobada que yo no las aprovechase. Excusado parece 
decir que no acepté sus ofertas, aunque sí sus convites á 
comer casi diarios, y que pagase cuanto al gasto de la casa 
correspondía. Pero Saenz, á los dos ó tres dias de la salida 
de Riego, fué despachado de San Fernando con una comi- 
sión para él y para hermanos de otros puntos, siéndole fá- 
cil desempeñarla, porque no estaba sospechado do partici- 
pación en negocios políticos. En la noche anterior á su sa- 
lida tiró puñados de oro sobre una mesa y reiteró sus ins- 
tancias para que partiésemos aquella suma, ó á lo menos 
para que tomase yo de ella una cantidad crecida. Rehusé 



24 

hacerlo, por lo cual ni elogio merezco, refiriéndolo síilo paro 
decir cuáles eran mis necesidades. AI irso me pidió cambiá- 
semos de capas, pues la que é! me había dado, como de parió 
basto en color, igual al que usa la gente campesina, le haría 
menos notable que la suya, azul, fina, y con vueltas del mejor 
terciopelo. Acepté, quedando convenida la devolución mu- 
tua de aquellas prendas; siendo él más alto que yo, su capa 
me arrastraba, pero no quise cortarla, y como el tiempo era 
por lo común lluvioso y había barro en las calles, y no te- 
nía quien me limpiase la ropa, andaba con una lista ancha 
de Iodo seco y duro en la á manera de cola de la capa pres- 
tada. Daba mi traza harta materia á bromas en el ejército, 
aunque era poco mejor la de los otros. En las rápidas mar- 
chas que fué forzoso hacer en la hora del levantamiento, ha- 
bían sido abandonados todos los equipajes de los oficiales. 
Encontróse en la isla un surtido de chaquetones largos de 
bayetón para marineros, y fué repartido á los oficiales, que 
se los pusieron sobre sus uniformes, viniendo á ser distin- 
tivo de los del ejército nacional este abrigo. A mí no se me 
dio, y mi chaqueta y calzón de marineros con sus remien- 
dos, y mi capa larga y enlodada, y una camisa que compré 
sobre la que tenia puesta, constituían mi haber en prendas 
de ropa. En otras cosas se fueron pronto los pocos duros 
que traje conmigo. Quedóme, pues, sin un ochavo, y no se 
le ocurrió á Quiroga mandarme dar ni ración ni linaje al- 
guno do auxilio, teniendo yo la altivez de no pedirlo. Va- 
llesa, nombrado auditor del ejército, tenía paga y ración, y 
ese me recogió en su casa y me dio parte en su pobre mesa. 
Tal era mi suerte, y seguía escribiendo !a Gaceta con áni- 
mo no decaído. Podría citar los escritos del periódico á que 
me refiero con orgullo hasta literario, porque inspirándo- 
me las mismas raras circunstancias en que me veía, daban 
á mi estilo mérito superior al que por lo común tiene. Esto 
sin contar con la dificultad vencida de faltarme de que ha- 
blar; y de que había pocos motivos para tener el ánimo se- 
reno. Sóame perdonada esta jaclancia cuando ha habido 
quien me tache de do haber hecho en mi vida más que ha- 



rr 



25 

blar, en las sociedades patrióticas o en los cuerpos delibe- 
rantes. Acaso uno do los peores efectos do la injusticia es 
obligar á los maltratados á olvidarse do la modestia, tenien- 
do que hacer de la licita y aun necesaria defensa algo de fea 
alabanza propia. 

•Corrían los tiempos sin que nada ocurriese. Al empezar 
Febrero, habiendo antes tomado el mando del ejercito el te- 
niente general D. Manuel Freiré, acercáronse sus tropas á 
las lineas del puente de Zuazo, llegando á ponerse delante 
de la batería del Portazgo, que esta vez sirvií» de barrera 
adelantada y no vencida á nuestra posición, del modo mis- 
mo que había servido á los españoles contra los franceses en 
la guerra de la Independencia. Pero quedó el ejército de San 
Fernando en completo y estrecho bloqueo. Entre nuestros 
sitiadores abundaban hermanos tan comprometidos en la 
conjuración^ cuanto los que por ellos nos veíamos sitia- 
dos y en peligro; solían enviarnos mensajes condoliéndo- 
se de nuestra situación, y aun dándonos esperanzas con 
promesas de ayudar, en plazo más ó menos corto. Do poco 
nos servían tales palabras, no ayudadas por obras; pero 
quien dice de poco, dice de algo masque nada: y en verdad 
el conocimiento de que teníamos parciales en el €;jército si- 
tiador retenía á sus generales á emprender contra nosotros 
operaciones activas. P'ué gran felicidad nuestra que hasta 
muy tarde no conociesen los del Rey que casi todos los sol- 
dados en sus filas se iban enconando contra los nuestros y 
que participaban del mismo ardor y saíia algunos oficiales. 
Un suceso pudo tener malas consecuencias. Los oficiales 
que estando de guarnición en la Carraca habían sido in- 
corporados, con las tropas de su mando, á la que tomó aquel 
puesto, fueron enviados un dia de guarnición a Torregorda 
con los soldados, que desde antes mandaban. Viéndose en 
un punto el más cercano á la línea enemiga, determinaron 
pasarse á ésta, y lo efectuaron sin demora. Pudo tener fu- 
nestas consecuencias este acontecimiento, tanto por haber 
quedado indefenso ó poco menos el lugar que guarnecían, 
cuanto por el ejemplo dado de desertarse oficiales acompa- 






26 
ñáüdoles su gente. Pero nadíi de lo que podía recelarse so- 
brevino. Cuando llegaron los desertores á la. Cortadura á 
juntarse con las tropas reules, ya estaba bien cubierto el 
puesto de Torregorda, Los oficiales que desampararon el 
ejército nacional no eran de los participantes en su empre- 
sa, sino en cierto modo prisioneros persuadidos á abrazar la 
caujsa que no miraban como suya. .\8Í, la desereion inllujó 
poco en los que quedavoo, y cuando yo poco antes he dicho 
que ni un solo oficial se fuó de nuestras filas alas contrarias, 
fuó porque nunca reputamos de nuestras filas á estos agre- 
gados á ellas por bi'cve tiempo. 

Las cosas seguían en San Fernando su curso. Los ene- 
migos no daban la menor muestra de prepararse á acometer- 
nos. Así vivíamos tranquilos y hasta alegres. Reiamonos de 
nuestra pobreza y hasta de nuestro desaseo forzoso. Tenía- 
mos la atención puesta en Riego y su columna, de la cual 
nos llegaban noticias de algunas ventajas abultadas, pero no 
del todo fingidas. Lo que podría habernos dado pena y pues- 
to en peligro, era la necesidad. Mendizálial, hábil en encon- 
trar recursos, se había ido con Riego; y por otra parte, su 
habilidad habría servido do poco, y la parte con que pudo 
contribuirá los primeros gastos, estaba ya consumida. Kii 
estos apuros volvióse la vista á los pertrechos que contenía 
el Arsenal de la Carraca, y dispúsose venderlos, si bien con 
sentimiento, por conocerse que su venta era de algún per- 
juicio para el Estado. Poro no bastaba el deseo de vender, 
pues para satisfacerle ura necesario enconlrar compradores 
y algo útil por que trocar lo vendido, cuyo producto, no st'do 
había de invertirse en sufragar sueldos, sino asimismo en 
provisiones y otras cosas que en San Fernando hacían m:is 
6 inénos falta. Logróse este objeto con declarar puerto habi- 
litado la parte del brazo de mar que separa la Isla Gaditana 
del Continente y ésta vecina a! castillo do Sancti Potri y al 
Océano, .\cudierou allí buques menores en crecido número, 
principahncnte procedentes de Gibraltar, á los cuales atraía 
con particular empeño el cebo de las compnis, que consistían 
sobro todo en cañones y planchas de cobre. Las fuerzas de 




la marÍDa riral dttstinadas dbloquftarno?, dost-mpcriahan su 
encargo i'On flojedad cxlremada, pr)n|u<í ontiH: los o fi cíalos 
d'j marina tenia imnsira vüusa inudios pairiiili-^. Sin em- 
barco, eo los viejos del mismo cuerjio rfiíiab^in ideas muy 
diferentes. El brigadier ñ capiran de navio Mauí-oUe lomii 
el mando de lanchas taüoneraí, dispuosías á iio-i(¡lÍ/,arnos, y 
habiendu nosotros armado algunas, nos las inutilizó y tomó 
una de ellas, á pesar del fuego de nuestras balerías. Vino 
también á dirigir las operaciones navales contra el ¡im^rto 
que ocupábamos, no menor personaje que un capitán gt^ne- 
ral (le la Real Armada, ñnico en su clasn. Kca ^sle 1). Juan 
María de Villavirencio, mi tio, que desde principios de 1810 
estaba residiendo en Sevilla en un nii-dio dostiorro, habien- 
do perdido el favor del Rey por segunda vez después de ha- 
berle hecho señalados servicios, pero que a'-udiii al llama- 
miento de su Soberano, viniendo á servirle (coloso, aunque 
descontento y además falto de confianza. 

No era sólo á tos enemigos esterioi-es á los que teníamos 
quo temer. Los había dentro de San Fernando, si bi''n no 
muy temibles. Discurri'isc, para libertar.-?o de ellos, dar ií- 
cencia para pasará (.'ádlz á lus que lo deseasen, di' los cua- 
les la mayor parto oorrcspondian al cuerpo de in:iriii;i, Pres- 
táronse los que gob''riial)an á Cádiz á aihiiitir ;l Id^ que nos 
dejaban, aunque t;tl vi'Z podrían haberles f^idn útiles entre 
nosotros. Con es!c motivo hubo algunos jiarlainentos entre 
la Cortadura y Torregonla. Kn ellos se veían cuno amigos 
los que estaban en clase dn i-ontrarios, pero todavía no en- 
sañados en la guerra, y en ellos también prtie.uraban ambas 
partes opuestas persuadirse de la necesidad de que viniese 
la una á abrazar la parte que la otra sustentaba, l-o má« sin- 
gular en estüs tralO> era e! ser nosotros, lus ri/heladns. quie- 
nes reconveniamns á los leales por su cnndui-ta, y ellos, por 
lo común, los que, t-n vez de volver cai-gos ji'ir cargos, se 
disculpaban de- su proceder, si no como de un delito, cuando 
tnénos de un yerro, lín uno de estos iiarbinenlos fué por 
nuestra parto Santiago Rotalde, y no estando enteramente 
desavenido conmigo, aunque tampoco en verdadera amis- 



tad, me convidó áque le acompañase. Ilicolo así: llegamos 
al puesto enemigo de la Cortadura, acompañándonos dos 
soldados de artillería de á caballo y un trompeta. Tocamos 
á llamada, respondieron dusde adentro, y salió á trafnr con 
nosotros el oficial de batallones de marina, conde de Mira- 
sol, hoy general de ejército, persona con quien me unían 
relaciones muy estrechas de amistad con la familia de su 
madre. No tengo presente sobre qué era el parlamento, pero 
eí que en la conversación Mirasol se mostró pesaroso de mi 
suerte, creyéndola fatal, y nada desaprobador de mi conduc- 
ta; y yo al revés, ufano de la causa que defendía, y casi se- 
guro de su triunfo. Mientras hablábamos los dos, hablaban 
también amistosamente algunos soldados salidos con Mira- 
sol, con los nuestros. Desvióse de nosotros por algunos 
instantes Santiago, y se fué con los soldados. Terminado en 
breve el parlamento, nos volvíamos para San Fernando, 
cuando Santiago en el camino me dijo con satisfacción que 
no habíamos desaprovechado el tiempo, pues que por medio 
de nuestros soldados había logrado reducir á que se vi- 
niesen á nuestra bandera los salidos de la Cortadura, los 
cuales, según era de creer, traerían otros consigo. No pasó 
á más la conversación. Al dia siguiente hubo nuevo parla- 
mento, y al terminarse, el trompeta de artillería, que era el 
mismo que nos había acompañado, al tiempo de ir á volver- 
se á nuestro campamento revolvió su caballo en la dirección 
contraria, gritó ¡cira el Rey! y á la carrera se metió en la 
fortaleza enemiga. Vióse, pues, que !a seducción había sido 
de los contrarios á nosotros, y no como se habia esperado, 
y determinóse no continuar tratos que llevaban la aparien- 
cia de sernos fatales, 

Conociéndose que ya más eran de temer las deserciones 
do nuestras filas que de esperar las de las contrarias, aten- 
dióse con rigor á velar á los que intentasen seducirnos l;is 
tropas. Por fortuna consiguieron poco los enemigos en este 
punto. Freiré nos hacia guerra con proclamas, y «un tenia 
quien las introdujese en nuestro campamento; pero nosotros 
tomamos el partido de dar publicidad á sus escritos y de 



29 
acompañarlos con i-eFutaciones, ya arrogantes, ya jocosas. 
Yo era quien sustentaba esta lid de pluma, y con tal empeño 
y tan feliz ésito, que los contrarios desistieron do osle lina- 
je de guerra. En cuanto á los emisarios del Rey en la isla 
de León, no cayó sobro ellos c;istigo alguno. Me sucedió 
con este motivo un lance que juzgo digno do referir, porquo 
aclara el modo de pensar y la índole de los españoles en 
cuanto 3 prestarse á la buena administración de justicia, 
cosa que sobro todas imposibilita á los Gobiernos proceder 
con arreglo á las leyes. Unas señoras, en cuya casa estaba 
yo alojado, eran parciales de nuestra causa, con el arrebato 
propio de su sexo. Un dia estaban hablando conmigo, y que- 
jándose con vehemencia, como es común en las personas 
poseídas de espíritu de partido, de la indulgencia suma con 
que eran tratados nuestros contrarios, diciendo que nos 
perdíamos por nuestra tolerancia, y dando por ejemplo de 
ella que un soldado de marina viejo, baratero notorio, y f\üi> 
según me dijeron tenia por mal nombre Cfi-iio, había esta- 
do en las tabernas alborotando, vaticinando la muerte oii 
un patíbulo áQuiroga y Riego, y amenazando a los solda- 
dos de éstos con igual suerte si no desamparaban £i sus cau- 
dillos. Tanto me hablaron las buenas señoras de este inci- 
dente, y tanto me instaron á que contribuyese á poner freno 
ít semejante desorden, que por condescendencia me fui á 
casa de Quiroga y le pedí que procediese contra el Cristo 
falso, para hacer con él un escamieuto. Accedió A ello el ge- 
neral, y nombró á un oficial de artillería para que fuese 
conmigo aprender al baratero y le formase causa. Desem- 
peñamos pronto nuestra comisión, dando con la persona 
en cuya busca íbamos, bien indigna, por cierto, del sagrado 
nombre que la bestialidad vulgar le había dado por apodo, 
pues era de lamas fea catadura imaginable. Preso que fué 
el soldado, empezóse á proceder contra él, tomándonio de- 
claración, que di sobra la cruz do mi espada, reñriéndonic 
á lo que había sabido do las señoras mis amigas. Fué forzo- 
so evacuar esta cita tomando declaración á éstas para que, 
por lo que dijesen, constase la culpa del preso. Antes de ir 



el oficial á esta diligencia, me adelanté yo, y goíoso y ufano 
dije á mis amigas quo el soldado do cuya conducta se que- 
jaban, estaba ya preso, y (jue habiendo yo declarado contra 
él, tocaba á ellas hacerlo en seguida. Grande fué mi sorpre- 
sa al ver recibida esta noticia con amarguísimo y alto llan- 
to y reconvenciones por haberlas comprometido. Me inco- 
modó, como era natural, al verme reconvenido por un hecho 
á queellas me habían provocado coüempeño tenaz. — Es muy 
diferente, me respondieron; nosotras queríamos que fueso 
castigado, pero no aparecer teniendo parte en ello. 4Y cómo 
quieren ustedes que se le castigue, repliqué yo reprimiendo 
con dificultad mi enojo, si no se le prueba su delito por una 
serio de declaraciones? — lisa no es cuenta nuestra, i-epusi&- 
ron ellas, y castigúesele ó no, nosotras no hemos de sonar 
en este negocio, y si nos vienen á preguntar, diremos que 
nada sabemos- — Hagan ustedes lo quo quieran, fué mi res- 
puesta fina!, ya ciego do colora, porque el ser ustedes llama- 
das á declarar, es cosa quo no puedo impedir. Salíme ense- 
guida, y a poco entró el oficial y les tomó declaración muy 
á su despecho. Entonces, puestas cri aprieto, á pe.sar del ju- 
ramento y de su celo de nuestra causa, preguntadas si me 
habían dicho algo do los excesos del tal soldado, respondie- 
ron que nada absolutamente, y que no tenían la menor noti- 
cia de tal cosa. Volvióse el oficial, y llamándome me dijo 
que resultaba yo convicto de delator falso y perjuro, y que 
aquello no podía seguir, conociendo bien en quién estaba la 
culpa, Vohimonos, pues, á casa de Quiroga, y entro loa 
tres convinimos en que fuesen hechas pedazos las hojas del 
comenzado proceso. El soldado fué puesto por providencia 
gubernativa en arresto en la Carraca, donde babia presos 
personajes de la más alta calidad, y entre ellos los genera- 
les sorprendidos en Arcos y el ministro de Marina cogido 
en su misma casa. 



\ 



>'. 



CAPITULO III 



S^peransBas y pix>yeotos de los constitucionales.— ísoticiaff 
de la expedición de Hic^co, y estatlo de Iom nesocios en \i\ 
Tsla. — El autor redacta los sermones del capellán do nn 
re^miento y éste trata do probarle h\\ atjradeoi miento. — 
XJefcada de Orases y i^soliacion eme ob< iene do Qu.iroga /i 
fthvocr del autor.— Proyectada expedición á "Valencia y 
fn2cetK> a que da luQ:ar. — Gualas nuevas do la columna de 
Kiego-— Tratos secretos con oiiciales del ejército sitia- 
dor. — Sál>ese el levantamiento de la Coinifia y renace la 
esperanza.— N'oticias de haberse proclamado la Consti- 
tución en Cádiss. 



A pesar de la lenidad con que se procedía, las tramas de 
nuestros enemigos siguieron sin infundirnos cuidado. De 
Riego se sabía que se había encaminado de Algeciras para 
la Isla Gaditana, que no había podido penetrar en ella, que 
había pasado por entre los enemigos, imponiéndoles respeto 
y admiración con el firme continente y alegre entusiasmo 
de sus tropas, y que vuelto á Algeciras, donde ya había es- 
tado una vez, y siendo recibido en la segunda como en la 
primera por aquella población con muestras de buen afecto 
á nuestra causa, se había encaminado á la sierra vecina, 
resuelto á ir por ella ó por su falda y la cercana costa, hasta 
Málaga, si fuese necesario, donde la Constitución y sus de- 
fensores contaban con muchos y celosos parciales. Esto bas- 
taba á consolarnos del asedio en que nos veíamos, cercados 
con un respetable númei^o do tropas. De las promesas he- 
chas por fuera comenzábamos á desconfiar, aunque no a 
punto de darnos por perdidos. Había sido nombrado capitán 



general de Andalucfa y residía eo Sevilla, D. Juan O'Donojú, 
de familia irlandesa, masón antiguo, con grande crédito de 
constitucional, poco antes implicado en un proceso por sos- 
pechas de participación en una trama, no sólo contra el Go- 
bierno, sino contra la vida del Rey, aplicadü al tormento, se- 
gún fama genera!, pero probablemente no cierta, después 
absuelto y hasta con cierto hnaje de favor; enterado de nues- 
tra conjuración desde sus principios, favoreciéndola, pero 
con sumo cuidado de sí propio, que se babia negado á acep- 
tar el papel dado después á Quiroga, y qjie proclamada ya 
la Constitución por el ejército sublevado, seguía con nos- 
otros correspondencia, y aun blasonaba de poner embarazos 
á la victoria de las tropas del Rey, pero obrando de tal ma- 
nera que no peligrase su vida ni aun su fortuna, fuese de 
quienes fuese la victoria. Al lado de este general babia al- 
gunos hermanos y conjurados celosos, pero cuyo celo no 
llegaba hasta á punto de venirse ¿ nuestra bandera, si bien 
afirmaban y aun creían, no con absoluta falta de funda- 
mento, hacer más servicios allí donde estaban, que agre- 
gando algunos hombres más á los defensores de una causa 
cuyo triunfo era imposible, no siendo auxiliados de afuera. 
De puntos más apartados se nos daban esperanzas vagas de 
cooperación activa. En Gibraltar teníamos amigos que tam- 
bién nos prometían ayuda de diversas especies, y que sir- 
vieron Á Riego durante su corta estancia en Algeciras y su 
comarca. Entre éstos se contaba D. Facundo Infante, capi- 
tán graduado de teniente coronel, fugado de Madrid por ha- 
ber sido de los principales en la logia de -la capital en los 
años de 1817 y 1818, y mandado prender por orden del Go- 
bierno. Este oficial conferenció alguna vez con Riego; pero 
convidado por éste á incorporarse á su columna, no lo hizo, 
de quo se siguió cobrarle un tanto de mala voluntad el hóroe 
de Las Cabezas. Por estos amigos de Gibraltar enlabiamos 
correspondencia con los constitucionales de nota, que ha- 
biendo huido en 1814 de la persecución que cayó sobre loa 
de su bando, estaban residiendo on la Gran Bretaña, Hasta 
tuvimos la temeridad de querer ponernos en trato con el Go- 



33 

bierno inglés, como si de él pudiésemos prometernos especio 
alguna de favor. Con este intento nombramos comisionados, 
á modo de embajadores, que representasen al ejército levan- 
tado, siendo el principal nombrado D.Alvaro Flores Estrada, 
para quien yo extendí unas instrucciones, donde muy formal- 
mente prometía la entrada en España, con cortos derechos, 
á los productos de las fábricas inglesas. Todo esto era soñar; 
pero había algo de reahdad en nuestro sueno, porque vivía- 
mos, y con no morir, éramos un grave daño y peligro á la 
vida del Gobierno, nuestro contrario. 

Al llegar el Carnaval, le celebramos en San Fernando con 
la misma alegría que si hubiésemos estado en próspera 
suerte. Me acuerdo de que unas muchachas alegres de la 
clase media en cuya casa estaban hospedados oficiales ami- 
gos nuestros, me vistieron de mujer, y que con este traje 
pasee las calles, de noche, en compañía del jefe de Estado 
Mayor Arco Agüero, también disfrazado, el cual hubo de pa- 
sar de aquel entretenimiento á recorrer la linea á caballo, 
según tenía de costumbre todas las noches, no aflojando un 
punto en su vigilancia. Habíase formado estrecha amistad 
entre este oficial y mi pobre persona, siendo el sujeto en 
cuestión de no comunes prendas, aunque deslucidas por 'su 
ligereza, animoso y caballero. 

Adelantando el mes do Febrero, habla ya más de uno 
corrido desde el principio de la ejecución do nuestra empre- 
sa^ sin ocurrir mudanza alguna en nuestra suerte ó en la de 
España. El Gobierno de Madrid, aturdido con la primera no- 
ticia del levantamiento de Las Cabezas y de la entrada de 
Quiroga en la Isla de León, nuevas que le llegaron abulta- 
das, á punto de suponerse á los sublevados dueños de Cádiz 
y casi todo el ejército declarado á su favor, enterado ya del 
estado verdadero de los negocios, había pasado, de un aba- 
timiento sumo, á una confianza excesiva, si bien no tanta 
que le moviese á aventurar un gran golpe para acabar con la 
rebelión á cualquier precio. Vino á darle aliento saber que 
Riego había llevado un revés junto á Marbella. Ponderóse 
este suceso como una completa victoria de las armas reales; 

8 



31 
y por habérsele ponderado en demasía no se notó baeLtnte 
lo quB tenia da funesto, que era haberse logrado que las tro- 
pas del Rey empeñasen seria lid con las constitucionales, á 
lo cual hasta entonces hablan manifestado repugnancia. Por 
otra parte, muy en breve se supo que la columna constitu- 
cional había ocupado sin resistencia la populosa ciudad de 
Málaga, y aun rechazado á los soldados del Rey que allí vi- 
nieron á acometerla. 

De estas noticias nos llegaron á la Isla claras y pon- ' 
deradas las favorables, y confusas y desfiguradas las ad- 
versas. Asi, no acababan nuestras esperanzas, aunque no 
se sosegasen nuestros temores. La vida se nos había hecho 
muy tranquila; no teníamos hostilidades que emprender ni 
ataques que rechazar. Carecíamos de Gobierno, y no sentía- 
nlos su falta. Hasta los trabajos masónicos, si bien no inter- 
rumpidos, se reducían á las formalidades simbólicas de las 
logias. La Junta nombrada no se habla reunido siquiera. 
Ningún general pensaba en disputar á Quiroga el primer 
puesto, donde estaba á modo de rey holgazán, dirigiendo 
los otros caudillos, por si cada cual, la parte do servicio que 
les estaba encomendada. Por último, lo que importaba y so- 
bre todo no daba-motivos de temor, era el estado de la tropa, 
la cual oía gustosa, y hasta con fe y devoción, los sermones 
constitucionales que de continuo se lo estaban predicando, 
particularmente en la Gacela. 

He dicho sermones, sin aludir á los que con razón llevan 
este nombre por ser dichos en la iglesia y por boca de los 
sacerdotes; pero aun de éstos se probó A hacer uso en pro de 
nuestras doctrinas políticas y de nuestra conducta en la su- 
blevación; y ¡cosa singular! aun en esta tarea, yo, con ser 
seglar y tan profano, tuve alguna parte. Hallábame un dia 
en el café, donde solíamos los del ejército matar el tiempo, 
cuando se llegó á hablarme un clórigo que me era absoluta- 
mente desconocido, y me dijo ser capellán del batallón de 
Veteranos Nacionales y haber recibido encargo de hablar do 
la Constitución á la tropa en los sermones ó pláticas do Cua- 
resma, lo cual él no acertaba á hacer, y me suplicaba quo 



3Ó 
hiciese, dándole lo que habifi de decir por escrito. Neguúmo 
JO á ser predicador ocuKo; pero tanto insistió el buisn fWri- 
go. (¡ue, despertándose también mi vanidad, hubo de redu- 
cirme á complacerle. Le preguntó cuál ent el texto da su 
sermón, y él me respondió que el Evangelio di' la primei-a 
dominica de Cuaresma: Duettis e«l Ji:tun in dexeiUum, iit (vn- 
íarvlur a iliabolo. «Fuú llevado Jesús al desierto para ser 
itiutad'j por el diablo.» Entróme como un rajo de luz, y for- 
mé plan de un trozo de sermón. Las. tentaciones del diablo 
erao ias proclamas do los i-ealistas, el desierto nuestro cam- 
pamento; y nosotrosj puestos en la misma situación que 
• Jesús, debíamos desechar los consejos del tentador y ahu- 
yentarle. Como 60 puede entender, amplifiqué y desk-i este 
pcDsamieato al modo usado en los sermones ordinarios. No 
bien fué predicada mi obrR, cuando oi á los oficiales de! ba- 
tallón hablar, edificados del celo constitucional dn su cape- 
llán, cuya alocución les habla jiarecido sobremanera elo- 
cuente. Callé, y creí haber concluido con mi oficio de predi- 
cador cuaresmal; pero á media semana vi entrar en el cafó 
& mi clérigo, y venirse á mí en derechura. Pidióme que 
continuase mi favor, dictándole en un segundo sermón el 

- trozo relativo á la política: me negué yo de nuevo, ale^^undo 
quf! ya le liabia enseñado cómo se hacia lo que le piU'ecia tan 
difícil; reiteró él sus instancias, y paré yo en ceder como en 
la ocasión primera. En esta segunda dominica de Cuaresma 
trataba el Evangelio de la Transfiguración, y yu i.'ii él escogí 
por texto el dicho de los discípulos al Salvador; Domine, ho- 
niirn ettt nos Me cuse. "Señor, bien estamos aquí. •> Sobi'C esta 
base, repetí de mil modos que bien estúbiimos en San í'er- 
nandü defendiendo la causa de la Constitución, Este se- 
gundo sermón no dio golpe como el primero, no por serle 
inferior, pues ambos valían poco, sino por faltarh^ i-! atra-:- 
tivo de la novedad. La tercera Dominica so ae.'rcaba, y mi 

•resolución de no pi-edicar más era inlluxible. lliilin de pei-- 
suadírse de eso el capellán, pues viniendo á buscarme poi' la 
vez tercera, y excusAndome yo del sermón antes de propo- 
nerme él que se le hiciese, á fuer de agradecido quiso pa- 



36 

garme con alguna memoria mis servicios. Sacó para el in- 
tento de su bolsillo un papel en que venia algo liado; rogóme 
que lo aceptase, resistime, y en el movimiento de manos que 
acompaña á esta acción, de ofrecer uno y desechar otro, 
abriéndose el papel, vi que contenía un par de medias negras, 
no sé si de seda ó de material más pobre. Inútil es decir que 
recogió su dádiva ó paga el buen eclesiástico; pero súpose el 
suceso y dio mucho que reir, sobre todo la idea do predicar 
yo y recibir en pago medias, cuando mi calzado se reducía 
á unas botas que en largos dias no sólo no habian sido lus- 
tradas, sino ni despojadas de una costra de lodo. Tales cosas 
nos servían do entretenimiento. 

Iba muy adelantado Febrero, cuando por Sancti Petri en- 
tró en la isla de León mi amigo Grases. Este, por Octubre 
del año anterior se había ¡do á Marsella con un amigo y 
compañero do prisión en Jerez, Gutiérrez Acuña; pero no 
bien tuvieron ambos noticia del levantamiento del ejército, 
cuando determinaron venir á participar de su suerte. Ade- 
lantóse Grases, y ni quiso detenerse en Gibraltar como 
otros, sino que al momento vino á encerrarse á San Fer- 
nando. Reciblle yo con sumo gozo, por ser persona á quien 
profesaba gran cariño. A todos fué lisonjera su venida, y 
mis particularmente á Quiroga, el cual, constante en su 
costumbre de hacer más caso que de otros, de los recien lle- 
gados, dejó á éste tomar parte notable en todo cuanto se ha- 
cía, que no era mucho. Grases se escandalizó de mi situa- 
ción al saberla, y habló de ella al general como de una cosa 
que redundaba en su propio descrédito y en el de tos conju- 
rados todos. Como al oírlo dijese Quiroga que efectivamen- 
te había yo hecho y seguía haciendo grandes servicios á la 
'■ausa común con mi pluma, no pud» sufrir esto Grases, y 
'lijo que no sólo con mi pluma había servido, pues 61 había 
?:ido testigo de mi salida do Gibraltar á meterme en España 
ron más probabilidades de una desdicha ¡lorsoual que do un 
suceso próspero, y además sabia que no escribiendo, sino 
obrando vn la conjuración, tenía expuesta mi cabeza, cuan- 
do las do otros todavía no peligraban. El general, más lige- 



ro é irreflexivo qua injusto, y también áóc'ú con aquellos á 
quienes apreciaba, accedió á lo que de mí dijo mi recién ve- 
nido amigo, y en la orden del ejército me declaró agregado 
al estado mayor del mismo, con el sueldo de mi destino y 
ración, lo cual desde los dias últimos de Febrero empezó á 
serme pagado. 

Para apreciar la fírmeza de Grases, diré que nadie como 
él juzgaba mal de nuestra situación, antes y después de su 
llegada. Me acuerdo de que habiendo ido conmigo á ver las 
lineas, llegamos al puesto de Torregorda, y como notase la 
defensa alli preparada y unas pobres rejas plantadas en la 
playa, por doodo podían ser flanqueadas las dos mezquinas 
cercanas baterías, volviéndose á mí, me dijo: uEsto |^la 
vale y está pasado con poquísima pérdida, á la hora que 
quieran los de Cádiz.» Esto lo decía riendo, según su cos- 
tumbre, mezclándolo con chanzas sobre materias por otros 
miradas con seriedad algo congojosa. 

No sé si antes ó después que Grases, pero en relaciones 
con él, vino á San Fernando otro personaje de muy diferen- 
te especie, que era un guerrillero de Valencia, conocido por 
haberse señalado en la guerra contra Napoleón con el nom- 
bre del Fraile, porque lo fué antes de empuñar las armas, y 
á quien unos tenían por valiente y otros por lo contrario, 
Bi bien conviniendo todos en que se había acreditado de fe- 
rozmente cruel. Había huido á Francia viéndose perseguido, 
Según él decía, por constitucional, y atendiendo á informes 
de otros, por sus excesos. También discordaban las opinio- 
nes sobre si estaba en posesión de un grado superior mi- 
litar ó DO, pero éípor brigadier ó coronel se daba. Este tal ' 
propuso salir á hacer una diversión útil, levantando una 
partida constitucional en Valencia, si para ello se le daba 
gente, una corta cantidad de dinero y armas. Accedióse á éste 
su deseo, prometiéndose unos poco ó mucho de sus esfuer- 
zos, y otros, sin tantas esperanzas, persuadidos de que nada 
se perdía en dejarle obrar, y aun de que seria fortuna librar- 
se de él y hasta despachar en su compañía á gentes que más 
nos eran estorbo ó cuidado que provecho. Así, dióse licen- 



cia paraip con él á oficiales que lo solicitaron y á soldados 
á quienes se dio la orden de seguirle, fuesen de buena ó 
de mala gana, siendo estos últimos casi todos barateros, y 
si con faina de valientes, con no menos merecido concepto do 
varias hai-io malas cualidades. Fué ordenando su gente don 
Asensio Nebot (este era el nombre del guerrillero), y las 
puso bajo cierta especie de disciplina bárbara. Sin embargo, 
junta aquella gente se bacía temible. Probóse en breve no 
ser infundado el temor que inspiraba, porque próxima ya 
á embarcarse, una noche ae sublevó, estando á pique de 
producir fatalísimas consecuencias en nuestro acantona- 
miento, cercado por numerosas fuerzas enemigas. No pudo 
averiguarse bien qué grito dieron los sublevados, suponien- 
do unos que aclamaron al Rey y otros que á la nación, pero 
no dando pruebas, por lo tanto, de otras intenciones que la 
do salirse á la calle á cometer desmanes. Acudió al ruido 
Nebot, y so metió entre ellos, espada en mano, acuchillándo- 
los y logi-ando sujetarlos, acción con que se acreditó de arro- 
jado, á lo menos en cierta clase de ocasiones. Fué preso uno 
(lo los que hicieron de cabeza on la sedición, y formándose- 
le un juicio muy sumario ó consejo de guofra verbal, fué 
sentenciado á morir pasado por las armas. Dióselo poco 
tiempo para prepararse á la ejecución de la sentencia, llevada 
á efecto menos que veinticuatro horas después de cometido 
el dfflito. Contra mi costumbre, fui á ver esto ac-lo, nnico 
suplicio que he presenciado en mi vida. Llevóme á ser tes- 
tigo de él, venciendo mis naturales inclinaciones, la consi- 
deración de que según estaban los negocios, acaso en bi-eve 
saldría yo d figurar en un espectáculo Semojante. No fué 
este pensamiento sólo mió, pues muchos de los circunstan- 
tes le tenían y le declaraban. Murió el infeliz ni con mucha 
fortaleza ni con absoluto desmayo, y nos retiramos los asis- 
tentes con cierta tristeza solemne, donde estaba mezclada la 
compasión al muerto con la tremenda idea de sor posible 
que lo siguiésemos en la misma ú otra especio de Bupli<-io. 
.Salió Nebot con los suyos, y antes de salir imj>riniiá 
una iiroclama, cuya fecha decía ser en el campo do la von- 



39 

ganza, y que contenía varias disposiciones atroces. Mucho 
se nos censuró, y no sin causa, haber pensado en lanzar á 
una provincia de España semejante expedición, mirada 
como una cuadrilla de forafcidos. Fuera de esto, la empresa 
del padre Xcbot, como se le solía llamar, no pasó de ser un 
escándalo y un motivo de susto para los puertos donde hubo 
recelos de verse afligidos con su presencia. La expedición 
so dispersó en el mar. Aportaron sueltos á varios lugares de 
las costas del Mediterráneo los varios buques que la compo- 
nían. Al verse separados, aclamaron al Rey casi todos los 
que llegaron á desembarcar. La suerte del mismo Nebot fué 
oscura, pues cuando remaneció en Valencia, estando ya ju- 
rada por el Rey y publicada la Constitución, no tuvo para 
qué guerrear, siendo fortuna que así se quedase, según el 
dicho común, en los espacios imaginarios el campo de la 
venganza. 

He hablado poco antes de que íbamos conociendo nues- 
tro peligro, el cual en verdad era grave. En toda España 
los 3.000 hombres ó poco más, encerrados en la ciudad de 
San Fernando y las líneas contiguas, no contábamos con 
más auxiliares que con la columna de Riego. En punto á 
ésta, variaban las noticias, pero bien se veía no ser ciertas 
las más favorables, aunque constaba que no había tenido 
hasta entonces una verdadera derroca. Era seguro que había 
abandonado á Málaga, pero se ignoraba á dónde se había 
dirigido. Por fin cesó nuestra incertidumbre, pero las noti- 
cias ciertas que tuvimos nada tenían de lisonjeras, si no po- 
dían ser calificadas de enteramente fatales. Llegó á San 
Femando disfrazado, habiendo venido atravesando por i)0- 
blaciones y tropas enemigas, D. Miguel de Tovar, hoy cón- 
sul de España en Perpiñan, oficial de Guías ent('>nces, y el 
cual venía despachado á nosotros por Riego. Había dejado 
la columna en Grazalema, pueblo de alguna cuenta en la 
Serranía de Ronda, y al separarse de ella la dejaba bastante 
reducida en número por frecuentes deserciones de los sol- 
dados y asimismo de no pocos oficiales. Riego y los princi- 
pales caudillos continuaban firmes y animosos, pero no 



40 
veian qué cosa pudiesen hacerj no presentándoles la fortuna, 
por lado alguno, la menor esperanza de darles sus favores. 
Tovar no pintó las cosas como estaban, sino á algunos po- 
cos: pero como fuese preguntado por muchos, aun callando 
ó encubriendo desagradables verdades, no acertaba á dar 
noticias del todo ó siquiera medianamente satisfactorias. 
En este apuro ansiaban todos, hasta los soldados, tener no- 
ticias circunstanciadas de los hechos y de la situación de la 
columna. Como encargado de la Gaceta tuve que dar satis- 
facción al universal ansioso deseo, y contra mi costumbre é 
inclinaciones de no disimular las adversidades, por primera 
y última vez de mi vida teji una relación mentirosa, hablan- 
do antes con Tovar y tomando de él noticias; pero hice tales 
mis mentiras, que no conté victoria alguna al presentar la 
Bítuacion de Riego y de los suyos como lisonjera. No causó 
gran placer ni pesar mi narración fabulosa; pero en breve 
fué inútil pensar en ella, viniendo á saberse que Riego, en 
un encuentro con las tropas del Rey en Morón, había que- 
dado vencido y poco menos que completamente desbarata 
do. Esta noticia fatal habría tenido resultas funestísimas &i 
no hubiesen venido inmediatamente otras nuevas á templar 
la amargura y recobrar del desaliento que produjo. La prime- 
ra cosaque coincidiendo con saberse la desdicha de Morón la 
hizo menos dolorosa y temible, fué haberse entablado tratas 
con algunos oficiales del ejército que nos atacaba por la par- 
te del puente de Zuazo. Un dia se recibió de las ñlas enemi- 
gas por aquella parte una nota pidiendo que en la vecina 
noche se presentase en cierto lugar á conferenciar con ami- 
gos que allí le esperaban, el mismo Quiroga. Recelóse que 
esto pudiese ser un lazo, y dispúsose que no fuese el mismo 
genera], ó que sólo fuese tomándose para su seguridad las 
mayores precauciones. No me acuerdo bien do si al fin fué 
él mismo á la primera conferencia á que fué citado, pues 
hubo varias; pero si tengo en la mempria lo que salió de 
aquellos tratos. Presentáronse los del ejéreito real llenos 
de entusiasmo en favor de nuestra causa y determinados á 
darnos ayuda. Pero decian que para esto tenian formado un 



gran plan, y pidieron algún plazo paní llevarle á ejecución 
cumplida. Dieron también noticia de que en la Coruña ha- 
bía habido un movImieDto, de resultas del cual parecía cier- 
to haberse prociamado allí la Constitución, y que el levan- 
tamiento, en cuanto podía averiguarse, se iba imitando en 
en otros puntos de Galicia. Al fin velase que en la hora de 
parecer perdida toda esperanza de auxilio se nos anunciaba 
tenerle ya, aunque lejano, otro aún, si no logrado, próximo 
& lograrse. Difundióse un tanto por el ejército la noticia de 
que habia conferencias con los del campamento opuesto, 
pues si bien era indispensable la reserva para el buen éxito 
de lo que se tramase por los do afuera, también se hacia 
forzoso señalar á los de adentro algo en *el horizonte que 
anunciase no estar, cotno antes parecía, del todo cerrado. 
Sin esta ocurrencia es tabanencima^desgracias considerables. 
Bien es cierto que la tropa, ignorante del mal estado de los 
negocios no daba muestras de desaliento; pero no asi algu- 
nos oficiales, y si entre estos empezaba la deserción, como 
habia razones de temer, y no con mucha tardanza, el mal 
ejemplo dado por unos seria seguido por otros, y de las 
clases superiores jasaría á las inferiores. 

Con estos varios y alternados motivos de gozo y pena, 
de esperanzas y sustos, iban corridos cerca de nueve dias 
del mes de Marzo, cumplidos dos con algunos dias más 
desde el alzamiento de Las Cabezas, y aun desde la entrada 
de las primeras tropas constitucionales en la ciudad de San 
Fernando. Én la taide del citado día, y más que en otras, 
me sentía yo triste y abatido, y notaba en las personas que 
¿ mi lado veia, igual tristeza. Hablamos estado sentados 
cerca del lugar llamado el Caño de SuposiCo, y mudando de 
lugar nos encaminamos por la calle Real que atraviesa á 
San Fernando á lo largo, cuando notamos señales de ar- 
rebatada alegría, y oímos decir que acababa du publicarse 
la Constitución en Cádiz. Antes, más de una vez babian 
corrido semejantes rumores, desmintiéndose no bien se es- 
parcían; pero en las ocasiones pasadas, todas ellas de los 
dias primeros del alzamiento erun probables, al paso que en 



42 
la situación nueva de los negocios ninguna apariencia te- 
nían (le cierlas, aunque, bien mirado, bu misma inverosimi- 
litud podía darles valor, no siendo propio fingir cosa tan fue- 
ra de cuanto podía entonces esperarse. Lo cierto es que 
el rumor crecía, y los rostros alegres, y loa ademanes ex- 
presivos, y los gritos ya altos, indicaban que las 'alegres " 
nuevas, si no ciertas, pasaban por tales. En breve oímos 
contar cosas que desvanecían nuestras dudas. Dos ó tres 
oíiiííalcs de marina, venidos de Cádiz por tíerra, habían en- 
trado en la isla de León y estaban en casa del general Qui- 
roga. Aunque esto podía ser falso, siendo fácil que uno se 
hubiese equivocado y muchos creído su equivocación, ya 
hasta los pocos ¡froponsos á lisonjearse, ó aun á dar crédito 
á cosas alegres, de los cuales era yo, empezamos á tener 
por verdad la dicha increíble que inesperadamente había 
sobrevenido. Y verdad era. Pasamos á casa del general: ha- 
blamos con los oficiales, que eran el conde de Mirasol, don 
Jacobo Oreiro y U. Vicente Sánchez Arquero, todos tres del 
cuerpo de la real Armada. , Díjéronnos que tenían especial 
encargo de mi tjo Villavicencio para que la reconciliación 
ya empozada entre los basta entonces defensores do opues- 
tas banderas, fuese llevada á efecto del mejor modo posible. 
Refiriéronnos también cómo había sido la impensada pro- 
clamación de la Constitución en Cádiz: que con las noticias 
recibidas del levantamiento de la Coruña, difundido por Ga- 
hcia, y con haber faltado el corroo último de Madrid, cre- 
yendo los gaditanos confirmadas con esta última circuns- 
tancia las voces que corrían sobre estar ya contra el gobier- 
no del Roy gran parte de España, y quizá la misma capital, 
habían dado muestra de gran inquietud y anhelo de decla- 
rarse por la cauí^aúque eran lan notoriamente adictos: que en 
esto había llegado a Cádiz, de su residencia ordinaria en el 
Puerto de Santa María, el general Freiré, y celebrado junta 
de autoridades: que sabedor da esto el pueblo, y creyendo 
que iban á disponer oí restablecimiento de la Constitución 
imitando lo hecho en otros puntos, por no ser ya posible se- 
guir sosteniendo el despotismo vencido y echado á tierra, 



43 

había acudido numerosímo gentío á la plaza de San Antonio, 
estando los generales juntos en una de aquellas casas, en 
aquel lugar tan público situadas: que viendo junta una tur- 
ba tan crecida en una ciudad donde pocas horas antes ape- 
nas se atrevieran á formar el corrillo más inocente los habi- 
tantes, temerosos de ser tachados de conatos de alboroto, los 
generales de tierra y mar Freiré y Villavicencio, con otros. 
se habían asomado al balcón, llevados del deseo de impedir 
con buenas palabras un desorden, al parecer inminente: que 
al verlos el pueblo creyó que salían á complacerlo, según 
estaba anunciado, y que entonces, desde en medio del bulli- 
cio salió un grito de ¡vioa la Constitución! á que respondie- 
ron miles con alegres voces: que los generales hubieron de 
consentir en lo que era la opinión y el deseo general, rece- 
lando, por otra parte, que en toda España estaba hecho ó iba 
á hacerse otro tanto, y que las resultas de todo era haberse 
puesto la lápida constitucional en la plaía, según estaba 
en 1814, aunque haciendo sus veces por lo pronto una po- 
bre tabla, y estar entregado el vecindario de Cádiz á una ale- 
gría frenética, de que las tropas de la guarnición eran testi- 
gos y aun participantes, con pocas excepciones. No era me- 
nor nuestro gozo, pues de estar casi perdidos nos veíamos 
en salvo y triunfantes. Hasta á la población der San Fer- 
nando, que hasta allí no se nos hiibía mostrado parcial, 
aunque tampoco contraria, se comunicó el júbilo que nos 
' poseía. Cerró en esto la noche; díjose que so veía resplan- 
decer á lo lójos como iluminada Cádiz: salieron las gentes 
á centenares, á una altura desde donde se ve la ciudad veci- 
na, y el resplandor que despedía entre la oscuridad do la at- 
mósfera fué luz de consuelo y alegría para nuestra mente, 
así como para nuestra vista corporal ; dando este espec- 
táculo realce al placer que nos inundaba en tan dichosas 
horas. 



CAPITULO IV 



jYrco TVgüero, XiOpesc Safios y el autor, mandados á C/i- 
cli55 como parlament-arios de los oonstit-acionaleB.— Xte- 
oepcioxx enttisiasta del pueblo.— A^otitud de Freiré.— El 
pu-eblo sttacado repentinamente por las tropa.s.— üisper- 
»iony peripecias por qne pasa el autor.— He únese á rus 
co7n.pan.ero8.— Tteclaman de las autoridades la inmuni- 
dad de parlamentarios. — Son arrestados y conducidos 

al castillo de San Sebastian.— Estancia en la prisr-ion 

I>uestos en libertad, vuelven á San Femando. 



Había que atender á otras cosas más que á dar rienda A 
nuestra alegría. Entendióse que el convite á la unión hecho 
por mi tio era explícito, y que debía suponerse hecho por las 
autoridades militares del ejército que gobernaban en Cádiz. 
Dispúsose, pues, enviar allí comisionados para arreglar el 
modo de convertirse en una las antes contrarias fuerzas. 
Creyóse que estos comisionados debieran ser de los perso- 
najes principales del ejército. Fueron/pues, nombrados para 
tan importante y halagüeña comisión, Arco Agüero, jefe del 
Estado Mayor del ejército nacional, y López Baños, coman- 
dante general de su artillería. También me tocó serlo en ter- 
cer lugar, por tener yo un empleo en la diplomacia, y por la 
circunstancia de ser sobrino del general de marina que se se- 
ñalaba en brindarnos con la unión, representando yo la par- 
te civil en aquella como embajada. Habíamos de ir acompa- 
ñados por un oficial ayudante de Arco Agüero, por algunos 
soldados de artillería montados, y por un trompeta. En la 
mañana del 10 de Marzo, levantados con la aurora, hicimos 
nuestros preparativos, y serían sobre las nueve de la maña- 



nu cuando nos puí^imos en camino para Cádiz. Iban todos á 
cabailo menos jo, que siendo torpísimo jinete, no quise 
hacer fea figura en aquel lance de lucimiento, por lo cual 
tomé un calesín, circunstancia que, como se verá, influyó 
en lo que hubo de pasarme, asi como á los demás parla- 
mentados ó comisionados. Cuando llegamos á Torregorda, 
donde estaba nuestra linea, ya vimos el camino que va á 
la Cortadui-a lleno de gente en portentosa cantidad, mucha 
parte de la cual estaba ya cercana, y venía á pió, habiendo 
andado alegremente como legua y media do distancia que 
hay desde Cádiz hasta alli. Como los del ejército conatitu- 
cional, para señalarnos con alguna divisa, hubiésemos adop- 
tado la do orlar con una cinta verde nuestras escarapelas 
y banderas en seilal de esperanza, y no por signo masónico 
seguD se creyó, y como esto fuese sabido en Cádiz, todos 
los gaditanos que venían á servirnos 6 á visitarnos, tenían 
lazos verdes, de ellos algunos do enormes dimensiones, en 
sus sombreros. No bien llegamos á encontrarnos con nues- 
tros amigos, cuando fuimos saludados con vivas dados con 
muestras de la adhesión más apasionada; según Íbamos 
adelantando crecía el número de gentes que encontrábamos, 
y parecía que subía de punto el entusiasmo de que éramos 
objeto. Al llegar á la Cortadura, era casi un tropel de gente 
.el que se nos ponía delante, cuyas altas aclamaciones, di- 
chas con voz conmovida, poblaban el aire, y sonando en 
nuestros oídos, nos llegaban al alma, excitando afectos de 
la mayor viveza y ternura. Pero notamos algo que contras- 
taba con el universal regocijo y agasajo. La guarnición de 
la Cortadura nos miraba con tristeza y ceño. Tuvimos la 
ocurrencia, no obstante saber que estaba la Constitución, 
si no solemnemente publicada, reconocida en Cádiz, al pre- 
sentarnos á aquel primer puesto do un ejército, aunque no 
enemigo, extraño todavía, de portarnos conforme al carácter 
de parlamentarios, y así dispuso Arco Agüero que tocase lla- 
mada el trompeta. Respondiéronnos de la Cortadura, con vi- 
siblo despego, que era inútil tal formalidad, porque no podía 
haber parlamento «cuando todos éramos unos;^ espresioo 



47 

lisonjera, pero que por ser dicha con ton») iisij^ropioílol amis- 
toso peusamienlo que declaraba, nos p:ip'ci«') en cierto modo 
ironía. Poco después creímos oir entre l:i trritíuía del pue- 
blo que nos daba aplausos, alí^^una vo/ «iiic desdi? las altas 
murallas de aquel mismo puesto nos dunostaija ó amenaza- 
ba, así como á quienes nos aplau'lian. Aunque podía distin- 
guirse poco lo que se oía desde lójos entre tanto vocerío, no 
dejó de darnos disgusto y cuidado este int-idente, aun no 
pasando de ser dudoso el insulto, si bien notorio el mal 
afecto. Pero había ocurrido poco antes un incidente que 
daba harto motivo á sospechas. Entre las p'nt(;s que venían 
por el camino, estaba el oidor de la Audiencia de Sevilla don 
José Elola, que tenía algunas relaciones de amistad con el 
general Freiré, y que al emparejar con nosotros se puso á 
hablar con Arco Agüero, de quien era conocido, y procuró 
persuadirle á que se volviese atrás, no creyendo oportuna 
nuestra presentación en Cádiz. Pero como l-llula no tenía en- 
cargo formal del general de las tropíis del lley para decla- 
rar que no quería admitirnos en la ciudad sujeta á su mando, 
Arco Agüero, puesto de acuerdo con López líafios y conmi- 
go, respondióque llevando nosotros una coiui^iond»! nuestro 
general, estábamos obligados ú desemi)eniirl.i, si furrza ma- 
yor no nos lo impedía. Seguimos, pues, (íntr«> opuestas se- 
ñales, que ya nos aseguraban satisfacciones, ya p'.liij:ros. 
Olvidámonos enteramente de estos iiltimf»s al aproximar- 
nos á Cádiz, al atravesar por sus puertas y pisar sus calles, 
donde parecía aumentada la población, quizá porque hubo 
pocas personas que no acudiesen a vern-js, á obsequiar- 
nos, y á manifestarnos extremos de carino. Cortaban n(»s i-l 
paso lanzándose á los pies de los calmiles de mis co.nii lune- 
ros y á las muías de mi calesa, centenares de los salidos á 
recibirnos. Hubo hastu do incomodarse López I3anos, cuyo 
natural tiene algo de seco é imprudente, jior^ue le alboro- 
taban el caballo manosícandosele, así como á sus piernas y 
manos. A mí había quienes me tiraban de la ropa, quienes 
me apretaban la mano como con fuerza convulsiva. A los 
gritos correspondían los semblantes, cuales encendidos, 



tiuaies llorosos. De los balcones, llenos también de gente, se 
oían salir vivas, se veían ondear pañuelos y se sentían caer 
flores ertbre nuestras cabezas. Pocos espectáculos he visto 
iguales, pues casi no fué superior el arrebato de alegría con 
que fu6 recibido en Madrid Fernando VII, recien subido al 
trono en Marzo de 1808, al con que fué festejada nuestra 
entrada en Cádiz el 10 de Marzo de 1830, día para aquella 
ciudad de amarga memoria. Así atravesamos casi todo Cá- 
diz, estando muy distante de la Puerta de Tierra la residen- 
cia del general Freirá, y cercana á la plaza de San Antonio, 
donde la lápida constitucional estaba puesta, y donde iba á 
publicarse con solemnidad la ley política restablecida. Al 
entrar en casa del general, mudaron las cosas totalmente de 
aspecto, tomando uno muy poco satisfactorio. Freiré estaba 
seco, turbado, inquieto. Manifestaba deseo de que nos vol- 
viésemos á nuestro ejírcito, y dun nos instaba á que lo hi- 
ciésemos sin demora, alegando que entro los soldados veni- 
dos en nuestra compañía y los suyos podía haber algún dis- 
gusto. Respondió átat temor Arco Agüero, ponderando la 
disciplina de nuestra gente, á lo que respondió e! general del 
ejército antes del Rey, que la suya era merecedora del mis- 
mo elogio; pero no lo creía asi, si había de juzgarse por su 
gesto y movimiento de ansiosa impaciencia. Al lado del ge- 
neral Freiré habia un número crecido de personas, do las 
cuales, unas adictas á nuestra causa, nos mostraban su 
amistad afectuosa, y otras con su tibieza ó mal talante, 
af.reditaban vernos cojí vehemente descontento. Oyóse de 
reponte grande estrépito en la calle; sonaron tiros. Kn este 
tiempo nos hablamos despedido para volvernos á San Fer- 
nando. Los caballos do#nis compañeros los esperaban ú la 
puerta; mi crflesin quedaba á más distancia, y para llegar A 
é\ era forzoso atravesar una calle que desembocaba on la 
plaza de San Antonio. Me adelanté, mientras gente agolpa- 
da en la calle delante de la puerta de Freiré que se había 
asomado a su balcón gritaba: aMi general, la tropa está ha- 
ciendo fuego al pueblo. — Os equivocáis, hijos (respondió 
Freiré); eso ruido es de unos carros.» Oyendo esto, habia yo 



49 
íra^iiasmlo U cMa f¡uo cortaba en l:i ']U 
do Vil" VL'!::r jí't i-\\^ y (lela i'l:iza im U-o\ 
líuyen']". y oijío varios <!i^p:iiü:í, •. ailvi' 
la cíilli íiifUüOf^ soltl.-i'luí! i)ni-M;,'iii.'ii(ln !i |i>.: 1 
loJo est') i:OTi eiiiI!:i r.ij.iiicz, v yo iiu! indi orí 
una p'iiTliL '¡un t.'Str'?;i [■¡■i!aJ;i, y ri"i].rtl'biH!' 
lo ((Ufí delante (li; mi ¡^iis'ilia. p^iimiadu ¡lor n; 
militar, ;.or dniídu iti<- rvcyá ]r. iIos!!ian(!a'!a 1 
do los üuyiis, y liahii'iiUo U-.iíí'li la ]>rir;!Ui-ioi 
^•t>mbl-■l■^^ con lo '{m- no sf i¡otó i-I lislfui vi-. 
gado roiiifi or!a dtí la c^fai-.ijic'; 
un iiaisaiio enib''z;;'!<i en f?ii <\:\it>. y \:\ en 
guia rf^p>?tido« bítyonnlazní!. nonoriy.óniü 
¡..■To ^íiííuit.1J..lo adelunl.! el HuUhvXo, d .[ii< 
•ávontó «In !;it-io!i y hiiv", ¡hícs kiüo lialií; 
y l:i r.ef>uci!;!d de wii funuso ofensor un 1 
bien li i'inita di; !a bayí.nieía á t-u i.'uei*i">, 
!■; hallia dado en su rojia ó en el (li-o de 
ínstame (jucdij sol-.' a'|iiel hip ;tr. y i-iiti'>iic(' 
tra^ de mi la [luerl'i, sentí i\u>! i:ic liiaban 
!:i ciisacEi ó írar- r]Ui.' vesíia. |)rj.''nii> ii-: i:!i(!-é in la cniífitcria. 
de espaldas: rei'i-ótíc. la i)iiirt:i no bifn ewtitv.' diiid'., y sal- 
té por encima del nio.-.ti'a'Inrá ¡ja'íar á una \úcy.n contiíriía. 
Aquella eoaíit>;i-Ía i-staba aneja á una iievetia del mis- 
mo dueño, á donde eciicuiTÍa yo caví todas la.-; iioidics du- 
rant'í mi oílaneia en ("údiz, siendo ii:uy ennocijo y (juerido 
dfili'is mozos, uno ó- los cuales, lia!;iéndonie visto ¡loi' una 
i-undija, con ali-cviiiiiíaito y liabiliilad ine salvó do la muerto, 
listaba la nevería Ih'tia de ,^'eiile, y bien eeiradas las jiuer- 
tas. Volviéronse ii mi los eiivunslaiiles, de alffumis de los 
cuales f)t"i conocido, tuvieron miedo de verse cu liii euinpa- 
ñia en uTLieÜnri lioia^., y sobre lodo, rcjnirafon e;i mi esea- 
rajit-da, «[uc decía elaro si.-r yo del ejvieito de Sa;i J''cniando, 
pues .'^i bien todo-í los di' Cádiz, íiim los iiiililaii-s, Iiabian 
Jlevado aquella ninriLina cintas vei-di-s, las llevaban, no uni- 
das á. lo eiieamadü, siuo sobrepuestas, <:onio («sa liuelia de 
pioiito. Pidiósemc que ine quitase aquel líslon, euyo color 



:'• i'^lábaaio?, cuan- 
|>cl (('iifusode ^'cnte 

In-. ltj;;iiivos. Pasó 
dTal de 



i sumbivi 



11 ve-.dc Icjido (i ]io- 
er delanli! de mí á 
■n (d suelo, d::i-Ie mi 
viella liv.fi'dia, 
iria niiierii) su 
liído de miedo, 

sr;eite qm; sólo 
i'alle. Por un 
■ntít'abrii/iidoFíe 
iusíiddon.'sdr; 



50 

atraería los mayores males á quien con él fuese visto. In- 
sistí yo primero, temiendo que mi* compatieros vituperasen 
mi acción como hija de timidez; pero cortó la disputa una 
señora que, asiendo de m¡ sombrero, dejado en una silla, 
con unas tijeras le corló cuanto de verde tenia. Quedaron 
con esto más serenos los encerrados conmigo, pero nunca 
del todo, lo cual no era posible, dando causa al terror loque 
se oia, y mal se podia saber, si bien era claro ser funesto. 
Sonaban, en efecto, continuos tiros y feroces alaridos, en 
, que los vivas al Rey venían acompañados do impreQitciones 
y amenazan. Todo ello era licencia de la soldadesca deman- 
dada que celebraba con alboroto y tiros a! aire su victoria, 
sólo ensangrentada en el principio. Pasáronse horas en in- 
oertidumbro, y peco á poco fuese evacuando la nevería. 
Poro JO no podia lanzarme á la callo con tanta íacilidad, 
pues de ser conocido, era casi seguro que seria inevitable 
consecuencia mi muerte. Detúveme, pues, y aun acepté una 
comida -del amo de aquel establecimiento, entendiendo que 
la pagaría, por ser, aunque no fonda, casa donde se servía al 
público por dinero; pero al queret" pagarle me señaló un 
precio irregular por el gasto que babia hecho, diciéndome 
que en pago se me pedia que me fuese sin tardanza. Obedecí 
y púsemc sin tardan?.» en la calle solitaria, ú sólo llena por 
soldados fi-enéticos y bebidos, á algunos do los cuales oí 
decir que querrían tener en sus manos á los que habían 
sido recibidos en triunfo en aquella mañana. No sabiendo á 
que parte encaminarme, juzgué lo más acortado ir A casa de 
mi tío, no sólo por ser un pariente tan cercano y hasta mi 
padrino, y e! hermano querido de mi madre, sino porque de 
él, por conduelo de los oficiales de marina, había ido á San 
Fernando el convite al parlamento ó emb.ajada que habia 
tenido tan fatal paradero. Quería asimismo averiguar dónde 
estaban mis compañeros, a quienes suponía preso."?, y con 
los cuales quería juntarme, estimando vergonzoso separar 
mi suerte de la suya, si bien había sido involuntaria mi se- 
paración. Llegué a casa de mi tio, pregunté por él, dijéron- 
nio que estaba comiendo, llegué hasta la mesa, se quedó él 



eorp rendíalo at vi 
inand<') pusar a la 



mf; y con gesto y tono Ucsiibi-ido me 
■lio.. Hicelo asi, y ••\ irn; si^uií'ien bn.-vf, 
Al entrar me preííuiik'i: Jijuti traeti a<|iiií Y off-ndido yo do la 
piefíUiitíi, con altivo/ inoportuna le fJijc: "Xo vonjío li ver « 
mi tio, sino al general, fiaciüs.i'n cuya palabra hi'nioa voni- 
(Ii> a Cádi/, y vengo á peflii-U^ íjue tne junto con mis cnmpa- 
n^ros >■ quo se respotuii en noíolrus lüs ilercrliOM (ic parla- 
ineotiirios.» A est« trozo oratorio rL-üponiliiJ mi tio ron se- 
quedad; ütiíie él nada sabia de mis conipaüoros, ni tenia ijue 
vt*r con !o (jue talaba pasando, y nue fut-ra yo ú verme con 
ei general Campana. n Oído esto, mo dirspcJi y íiali sin (juft 
él me detuviese. )'omu coiTiatanio polifínjcn :irjiit:lias ho- 
ras, estimé inliumaint la uceion de mi tio, y llevé mi rosen-* 
tim lento contra él hasta no volverá verlo ni á liahlaMc e:i 
mi vida. Hoy, conozco rjue mi presentación fué repentina y 
mi lenguaje ofensivo o inoportuno, por lo cua! le. disculpo, 
pero no del todo, pues su dureza fué cxC'Siva para ciii'uns- 
laocias como las en tjuo yo mu encontraba. H eses pera do, 
pues, fuime á ver al fíeneral champaña. lC«te me vió ileRar 
á él con asombro, pero se mosini hnmatio, y nin t-tigñ ijue 
me ocultase, díciéndome que extr<uiuha mí lumeridad <•» 
presentarme allí, porque, se.í^un decia, estaba muy exaltad, » 
la ¿ente. También qu¡f¡i! disputar con ¿I, y también le royué 
que me juntase con mis compañúros; pero é!, dieiéndomo 
que ignoraba dónde entuviesen éstos, cortó la converi-acion 
volviéndome la espalda, l'uinio, jiues, de allí, y traté ya so- 
lamente de buscar un asilo. Kl dia, sereno por lamailana, 
se hal>Ia vuelto lluvioso y caía agua sin intermisión y con 
abundancia. < 'alado hasta los huesos llejijué á una casn (¡on- 
de se hospedaban provisionalmente mi tía y mi hijo, pero 
sin esperanza de encontrar en ella refugio. No me enfrailé 
en este triste prontistico, pues los que hospedaban á mi fa- 
milia me dieron á entender cuan corapromctidus se creiiui 
solo por mi entrada en aquel lugar; de sututi; que apenas 
tuve el tiempo necesario para mudar mi ropa interior moja- 
da por otra. Volví, pues, á riicorrer las calles, dejando en 
agonía de desconsuelo y susto á las personas de mi mayor 



cari fin. l'ur furíLiía, en ¡r.is viivlia^ ■!•-■ w[ui ¡.>;tr¡i aiÜ, uic ili- 
visaruii iliVdij ul íii:i;iíül- ül' ^^us v;irii?r«*. v ¡.oi- i.':il!'k; ullas, 
dos !'ri:ii¿iS lic'i'i'.ia!i:i-: inms, :¡íj;is (!>j1 liL-niK!nv> lüavor <!•• mi 
iisailii-, Cu:i hiS i.u:i'-;'*! iiiu Iiubiu (.-liaJo, y u Ciiva i;ii=*a uO 
ilLibia ij.i.'i! !'i i;;ii!líi-, iíiiili-üilú iiiíí;u;.Un¡-l!iS ti ai::iiT.-:tn¡ie 
Uliu ll-;^:;'tva di: favú:- i|Ue lii" ¡lífbKu í'i'Iü üuloiiJía. lillas 
mií li;i:iiai-(i;i, mu liribL-iOil coi» tieriiu íifiiilo. v mu (jrici'ie- 
roii ¡inf [(a-a>i;aili i;i liCirlic. At..'¡)ti>. piu'u :;iiii ijuiíC Imccv 
UDU u-;!i.'i:iv:i |í;i!':í 'lar cuii mU lOiiijiaritros. Vcilvi ii salir 
:t:;ti'.'íiiií'Li.v_- la nui'he. Kn ('¿diz Uiiia á mi lierinanu iiriioa; 
[n-vf iijtiiu lialiia ya cen;i iIo iriíali-u anuí qut ik) ia veía, no 
i'üi:-Í.)'.¡'; iiM ü'iiiicz <|ijt; ÍHL-^ii !i [ledir'e llivor l-ii lioniw di; 

Pasaba así t-1 liciiinm. arrojilcaiido iiiúiiinii-'Jite.iwiilíiiuo 
I)tíli.\;r<), i'Oi'ijue íntre lus soldarlos (¡ue su..-!tos y dueños de 
su vulaiitad oi;;i|iabaii las c-iüos, lialjia di:;Si!rloivs di; la co- 
lanilla de !íjc.:;'0, iiu;- Iñcn ¡)i>'l¡an haloiiiiií voiioi ;Ídy, siíjii- 
dolo V'/ j;nichiM-ii (1 i-jóri:itüilo -San reniaiiJo. Osi-uivi-ió ai 
liü, y lio Iia'fii;iidü imiisadn, lüi medio drl .iíhih-i al tvmuí', lo* 

y (.■■■ri^iJiJ'j íai inii'i'i;is di: las '.-asas y l.i'; íi'-ii'iai lo la"? t^-'i-ra- 
li.is, lííSaiifíOiiii.s callos úo !a ciulad cotübaii cii tinieblas 
|H-orumía-j, S'\;;iiía yo poi'ellaíi á tii.'nUis, ri'siiclto yii ¡i irme 
ala:'i;!> fjiii; nn;i:->iaba ofn'c'i.lo, cuan lu al í>.ií:i;- [.'i^r la 11a- 
iiiali .¡■I Si'..-i'a;ik:¡¡;'.i, cu lo iJiá-iallO ilc su ci;v..-í:>., la ma- 
yor <!i¡ C::iliz, y c-riiia de laToiTC dcVipía, nn; oi dar un 
¡'!;:ii:n vivi?! y un blcu rcsjiondi, cu.iiido acercan í! o si: me 
lili '-iiiro u-c sciiti asiiio y con lui líalj'u fu\0 Trio í-Liiti ;i la 
fíarüTiiiH, ííraun soldado solo y cay-iidosc i:f;!joit;!c1io, Re- 
jillióiiic 'Hiicn (.'i-a, y yo rcsfiondi: "oficial dy !a mai'iiia real,» 
|r.»:.s ¡:od;a ['asar ñor lal ]wr mi lr:ijc do fiuc i-y.::\ y sijinbre- 
iM tiiliitar, y ari:;di íjiit' iba d tomar úi-dcncsdi; mi ¿'.'ncral. 
■Siivi.iiiit; la rcsimesta, |iucj el soldado me ll;i]ii:i coniiwricro, 
y dusiiUi'í (I'j |ic Jirnie (¡ue jícÍiusí.' /.-/"h c' AV7.' á !■-' cual nm 
!';• ■'..'-. lii; iIl'Jií ir, ijucdando s;tliíf^:clio. Siivióme esta iicur- 
ivíi ia ditavi-o, y á paso a¡'i-c«urado inc íiicaminú :; l/i casa 
'lui' iw liiibia de servir tlü albergue, auu'jiie por hrjvcs lio- 



raa. Llfrgué iilii, fui rtrihido romo üiiicf:, ccni' lipriamiínlií, 
y arosiáiidfmie i';i¡ en un supño !.>ro"iiii'!fi, rusa <[iif iülmiró 
á mis p!-ima^, pcrc> Je lo cual iifi iiHM>iiv;mozi''j, inies no fm'" 
la sereni(I;id do espíritu, s-iiio el oxtiTm:i:!<t i.-itnBfini'ii'' tli4 
cuerpo lo ^uu inefaLÜlitil el do«i;aiiso. Xo ii¡í:n i'w d'Mlia, 
cuando melcvunlé y vi'sli, ydrs[ikiií'Ti(I(.iMi(; ili: mía priiiiaB, 
de cuja bondad no <iüm: abusar s¡f,'uietKln irn f^ii ra^^a, f^ali á 
fonlinuiirniis avcri^uadonfl? snhntfL paradero de'iuis cfi- 
Ie;;as. Fui A dr-s ú tres casas, y LOtn." i''í!afi li las de Jns nia- 
scnes f¡ue habion estado en trabajos fonmi.Lyo, y uno do 
fillos diíridose por übfi-al arrebatado, ¡jcrtí anibris eran ma- 
rinos y el más nrflorosío servía li las iiumidiiUas lírdeiics de 
mi tío, y porlosddsftii rei'ibido ruii u! mayor doüpi.'fro. casi 
ci-hiiiidonie de sus cateas. Asi, entrepindcim; d una di-scs- 
¡ifra<,'ioncom|jlüta, vafíidia por la«i calltis, ouaiidij al pasar 
t.-eroa del lealro, en nifdio de la siiieUad en í[Uo estaba la po- 
blación, sentí pasos detrás do inl, tan á toni]Vis de los niio«, 
quo deírlamban sor de persona fjne me so-.-uia. lliropi-onlo 
mi cálculo, y eaf|U<'' df; él i|uc, f'iera aiiiifiii ó contrarié, era 
forzojfo dejar qi.iij Be mo ai^nTase. Oetuve, pues, el pa«o, y 
llegando él muy cerca do mí, en voz baja me llamó jior mi 
nonibrt'. Voivi larara .V vi ijiii' iiu I-! t-onnría, ai!ii'¡ii': él á 
mí si, cosa naíla extraña, por per yo en tondiz un tanln no- 
table. Al saludo mió (Iif;nóse preftuntíirme é! il dómle iba. 
A'o lo »i.', fué mi respuesta, — íl'ues <|ué, dijo él pre^íiintán- 
domo de nuevo, no (¡uiere V. reunírsii cousus cozn¡iai1o- 
rosí — Mo ando buscando oira cosa, fue mi sejíunda res- 
puesta; pero nadie ([uiere dei'irme dónde paran, — Pues yo, 
me dijo éÍ,lo sé; y tanto, qucb'i salido ti buscarles flaliiiii>-i'- 
);o, y si V. ((uiero verlos, no lienc mas tjue s'-iruirme. Om- 
praremos alguna cosa, echaré yo delante (luda fs'.n i'Oii- 
versacion continuaba yendo él detrás de, mil, y niíoido me 
vpa V. llamar á una puerta y que abriéndomela i-iitrn, sí 
h.iy soldados en la calle, se im V, sin entrar, y !^i r.n ¡'i hará 
dtiti-Ás de mí, pues dejaré la puerta entornada.» I'asualid.td 
tnn increíble como la de este encuentro vari'i tanto mi si- 
tuación, que me tuve por fd i?:, aunque por poco motivo. Hice 



51 
puntual me 11 Ui lo que ino encargó ol pora mi desconocido, y 
lio habieado soldados en la calle al llegar á la casa donde él 
«ntrO, lu segui, cerrándose después de mi entrada la puerta. 
AHÍ, en un cuarto tercero, me encontré con Arco Agüero, 
I^pez Baños, el ayudante del primero de loa dos y algunos 
oñciales del batallón de Soria, que, presos por la tentativa de 
la noche del 24 de Enero y puestos en libertad al proclamar- 
se la Constitución en la tarde del í) de Marzo, al empezar el 
alboroto del 10 habían corrido á ocultarse. Abrázamenos 
mis amigos y yo con la mayor alegría, viéndonos salvos. 
Sui)é entonces que ellos no habían corrido peligro como yo, 
pues cuando, como he dicho poco antee, saliendo de casa de 
l-'raire en el momento' de aparecer las tropas disparando ba- 
las & la plaza de San Antonio, y de huir el numeroso gentío 
allí congregado, me adelantó á tomar mi calosin, mis compa- 
ñeros, euybs caballos estaban más cerca, se hallaban dentro 
de los umbrales de la casa del general, cuyas puertas se cer- 
raron pronto, custodiándolos una guardia á la cual no pen- 
saban en acometer los enhlevados. Subiéndose entonces 
Arco Agüero con su ayudante y López Baños, y con éstos 
los oficiales de Soria, encima de la casa, que, como la mayoi- 
parte de Ids de Cádiz, tenia, en vez de tejados, lo que suele 
llamarse terrados y allí tiene ol nombre de azoteas, de unas 
on otras fueron saltando, como es fácil hacer, con poco ú 
ninguu peligro, hasta llegar á una casa, aunque de la man- 
zana misma, algo distante,y además un tanto humilde, y por 
eso de menos nota. Nadie pensó en seguirlos, porque na- 
die trató de invadir la casa del general y en la sublevación 
había poco orden, por no querer dar la cara quienes la ha- 
bían dispuesto. Asi, puestos los fugitivos en la azotea don- 
de resolvieron hacer punto en su retirada, bajaron la esca- 
lera de la casa á que correspondía aquélla, y siendo de las 
apellidadas en Cádiz de cuerpos, por no estar habitada por 
una familia sola, según es allí costumbre déla gente aco- 
modada, pararon en el cuarlo tercero, donde encontraron 
acogida. Atli habian pasado con quietud, si bien no con 
satisfacción, la tarde de aquel día y la noche siguiente, y 



allí lüs encontré pensando i\\i(- hariaii, auiiquis resueltos á 
dar aviso de su eituackm y rcsldcnciti d liinutofiílnd <|iio 
gobernaba á Cádiz, y R reclamar denilaul (ralamJciitd flí^bido 
á pariaraentarios. A mi entrada, Arco Agüero dijo: «Ya tene- 
mos aquí un escritor,» exceso d» modestia, pues si él no es- 
cribía con corrección extremada, no dejaba Ue manejar me- 
dianamente, y basta puede dcciri^o bien la pluma. £1 escritor 
puso manos á la obra que do él se esperaba, y de común 
acuerdo extendió una represión tacion donde se deda romo 
habíamos venido á Cádiz, con qué objeto, no sin haber sido 
á ello invitados, y cómo habíamos toiado llamada y cum- 
plido con las fórmulas de los parlamento» rn la Corladura, 
y donde en virtud de los antecedentes peJiamus ser vueltos 
á nuestro ejército salvos y respetados, según es uso en la 
guerra, pues en guerra habiamos vuelto a ponernos. Hecha 
esta representación y firmada por ios tres, ocurrió una difi- 
cultad sobre el modo do enviarla á su destino. Kl vecino de 
la casa que habla dado asilo á mis amigos, empezaba á te- 
mer que de su buena acción se le siguiese perjuicio y áarre- 
pentirse de lo pasado y á procurar enmendarlo, trocando en 
rigor la bondad con que habia procedido. Sobre todo le daba 
miedo presentarse como nuestro embajador, poríjue, según 
dijo, él había comido el pin did Ri:;/, y parecía ma! que an- 
duviese en amistad con los enemigos del trono. 

Uno de nosotros, no me acuerdo quién, tuvo una ocui^ 
rencía feliz para vencer sus escrúpulos y miedo, y fué decirlo 
que bien podía pretextar que en el dia anterior, habiendo 
oído llamar á la puerta y abiértola sin reñexionar, viú de re- 
pente entrar en eu casa una porción de hombres con unifor- 
me militar y espadas que por fuerza se entraron, y todo 
aquel día, y hasta la mañana siguiente, le habían tenido im 
posibilitado de salir á dar aviso de tan imprev¡.sta ocurren- 
cia. Agradó al pobre hombre la idea que le libertaba de nos- 
otros sin exponerle ni á una reprensión, sino al revés, 
dándole apariencias de victima, y corriii é desempeñar la co- 
misión que le hablamos dado. Tardó un buen rato en volver, 
que pasamos nosotros en expectación ansioí=a, acechando lo 



50 

que pasaba en la callo al través do las vi'lricros. Al fin lli.'y<i 
la respuesta á nuestra representación. Traíala u» olii:¡al con 
veinte soldados, al lado dc-I cual \enia nuestro liúespcí]. El 
comandante do a(|uclla ti'Opa formú quince liombi'es delante 
do la puerta y les mandó preparar las anuas, y lomando 
cinco consigo, subió como fjuien va á cof;er una partida Jo 
focinerüsos preparados á hacerle resistencia. Al entrar en la 
pieza en que estábamos, el olicial traía vuc-lta lidcla nosotros 
la punta do la espada y preparadas las armas los soldados. 
No pudimos menos de reianos de aquel aparato, aunque 
nuestra situación no era ciertamente para risa; pero Lope?, 
Baños, hombre imj^aciente, bízo notar al oñdul cuan ridículo 
era venir asi contra nosotros, que cabalmente habíamos dado 
aviso de estar en aquella cosa. Serenóse aquel hombre, ente 
verdaderamente singular, siendo rara elección la hecha de 
su persona para comisión como ia que traía. Era un hombre 
alto, fornido y moreno, con trazas indudables de ser pino, 
según llamaban en el ejercito a los salidos de la clase de sar- 
gentos; sin crianzji alguna; ignorantísimo, baladron, con 
pretensiones de entusiasmo celoso por su causa; y, en suma, 
expresándose del modo más singular c irrisorio hasta con 
sus ademanes, pues solía desenvainar la espada* medias y 
volverla á envainor, como pava asustarnos, Kñ medio de esto, 
tan atolondrado estaba, que no so le ocurrió pedir las espa- 
das á mis compañei-os, y sacándonos a la callo y poniéndo- 
nos con diez hombres delante y otros tjuitos detras, daba el 
singular espectáculo de llevar presos ú hombres que tenían 
las espadas ceñidas. Atravesamos asi gran parte do Cádiz, 
hasta llegar á la puerta de la Caleta, lo cual ñus ii^dicó que 
al castillo de San Sebastian nos llevaban. Cuando estuvimos 
en la puert;i, nos encotitramos con que la marca estaba alta 
ó iba creciendo, lo cual habría de detenernos allí algunas ho- 
ras, no siendo posible pasar al castillo por las pfñas sino en 
la baja mar ó poco menos. Paramos, pues, cu el cuerpo do 
guardia, en donde el oficial nos dio nuevas pruebas de su 
singularidad y deseo de amedrentarnos. Para esto ponde- 
raba mucho SU8 hazañas, y llevaba, en efecto, al pecho gi'an 




porcioa dü cintas lí'; ctii-'f^s, íjiie hiibúi dispuesto fominmli) 
un circulo. (-'aiHíidiis tiib i'oaiparn.T'j-i dr fn^ tan farro iükIíis 
amonazaJoriif:, le clijcníii <[Ut; i¡fbi;i el f^uwr ^uo ti-aUíbji cdii 
militares y do j^Tailmiciun muy eiipi.'riur ¡i l;i suya, los ciialos 
no se aBuslabiin <le su^i íiorus [ini'nuo liubL;m \islo la cara 
á más formidables cniíu-.-trio;?; vccnriMiidüiu ji-lcjiíás qua 
quien \!i li [trondu'r, no lU;va ['lu-arjio de iiisultiir A H'iiicllos 
á fiuiíines jirotidc. Hubieron de harcrlc fuLT/a estas ra/onos, 
poro dieron motivo li una salida que pinta el espiritu de los 
njíliCures poco educado^*, pues lÜjo: -CompaiíiTO^, con ustc- 
dfd no va nada; ]jei'0 li esií perillán dol paisano ts ú (¡uwai 
querría yo vtr hecho trizas. ■ Rii^n pc puedt; wu¡)onci' qu<! no 
me agradó este cumplimiento. E\i tanto tuiíiamus hambre, 
porque el proparado almuerzo no £C había comido, y pedinio.s 
i{ue fueren á traernos un biX'UiIo do aljama tienda veeina. A 
petición tan razonable, auoi|Ui: liecha por boca dt: sus cumpa- 
ilero?, y no del perillán del paisano, que tünia hueii cuidado 
de no despuntar los labio», respondió él bnitalmoiito que sus 
soldados lio liabian venido á servirnos, Oyó esto el oficial do 
la guardia de la puerta, hombre bien educíido y eaballero, y 
al momento nos ofreció uno de sus oi-denanzas que fuese &. 
traernos lo que pedíamos. Mientras volvía, nuestro tirano 
determinó ponerse en marcha, no obísianle estará media 
marea. Ilicimoselo presente, y él iusiptió en su orden, á lo 
cual replicamos enfadados que un poco de mojadura ó de 
hambi-o nu nos importaba ^ran cosa. Kmprendinios, pues, 
Duestro desabrido viaje sin comer, ni aun i-ecOí,'er el dinero 
dado para traernos alimento; pero la acción del oficial des- 
cuntentú á los soldados, poii[ue también habrían ile mojarse 
sis necesidad, de que resultó volvérsenos favorables, de ene- 
migue furibundos que antes eran, pues leH oimos decir que 
no ora razón hacerlen pasar a'|uel ma! ralo, ni tampoco á los 
caballeros oficiales. Con todo, no hubo remedio, y con agua 
á veces por encima del tobillo y tropezando con los ásj>cros 
escollos del camino, fjue solíamos no ver bajo nuestros pies, 
llegamos ul castillo sin más desastre que pasar una iuconio- 
didad mediana, Alli nos cntivfíó al gobernador nuestro pren- 



(lédor, ár]uienhubo de costar cara su cuuiluctaj pues por ella 
estuvo preso más de tres unos, ú todo el tiempo que la Cons- 
titución rí^iú fin España, implicadü en la cuusa formada por 
los excesos del 10 de Marzo, en los cuales babia tenido él no 
pequeña parte. 

El gobernador del castillo dos recibió con urbanidad, pero 
nos trató al principio con rigor, si bien no extremado. Debía 
' ponernos incomunicados; pero logramos de él ser encerrados 
de dos en dos, lo cual era no pequeño alivio. También la 
repartición se hizo de un modo para mi muy conveniente. 
López Baños, de condición seca, fué puesto en el mismo 
cuarto con el ayudante de Arco Agüero, hombre también ca- 
llado, por estar enfermo del pecho, de que no mucho después 
le vino la muerte. .\rco Agüero y yo quedamos juntos, am- 
bos alegres y parlanchines. Ahí, nuestra situación, aunque 
dura, se hizo tan llevadera, que en nuestro cuarto más ho- 
ras habla de risa que de pena ó rabia. Sin embargo, nuestro 
peligro era evidente. Fué fama, aunque no sé si verdadera, 
que algunos de los de más influjo en aquella situación de las 
cosas, hija de un levantamiento y continuada en la insubor- 
dinación y el desorden, solicitaron que se nos pasase por las 
armas. Fuese esto verdad ó no, mala habría sido nuestra 
suerte no siendo por lo que sobrevino, y que á esta época, 
ignorándose en Cádiz, habla ya posado en la corte. El ofícial 
que mandaba el destacamento puesto de guarnición en el 
caalillo no nos ora favorable, y se recreaba en manifestarnos 
su» [icnsamientos. Tenía, según nos informó, por apellido 
Kiego Pica, é insistía mucho en el Pica, para no ser confun- 
dido con el otro lliego, de quien nos afifmú con toda solem- 
nidad que no era pariente, aunque sí hijo do la misma pro- 
vincia. Solia entrar á vernos á menudo, y se paseaba por 
nuestro cuarto con la llave en la mano metida por su ojo 
un un dedo y dando vueltas, pero sin entrar muy adentro, 
i;omo también nos declaró, por temor á las pulgas, que en 
efecto abundaban en aquel sitio. Asi se conipliicia en darnos 
malas nuevas, á que respondíamos con pullas que no le agra- 
daban, sobre todo Arco Agüero, d quien su grado de oñcial 




superior daba más licencia. Pasóse así di:i y inodio, pero á 
la hora de cornur nos juntaban á los cii/Uru y teníamos nn 
buen rato, dando mi voracidad margen á mucha broma. A 
la tarde del día 12, Riopo Pica ontn'i con gosio do honibrt; 
poco contento, y nos dijo qu« había llegado la noticia de ha- 
ber jurado el Rey la Constitución; pero que la guarnición úe. 
Cádiz no obedecía á un acto á t[\ie S. M. liabia sido forzado. 
Aquel mismo dia vino á proponérsenos «¡ue fuésemos cjin- 
jeados por los generales sorprendidos en Arcos, ijue seguían 
presos en el arsenal do la Carrtica. Respondimos, después 
de habernos puesto de acuerfo, queáependíamos de nuestro 
^□eral, al cual, y no á nosotros, le toi:aba resolver si podía 
verificarse el propuesto canje. Hesla decir que la respuesta 
de Quiroga fué negativa, alegando (|ue nosotros no éramos 
prisioneros, sino parlamentan dp, cuyas personas por las le- 
yes de la guerra son inviolables. Influyó en esta respuesta 
mi amigo Grases, que solía chancearse conmigo sobro el fa- 
vor que me había hecho, pues en aquel momento temía que 
la negativa tuviese para nosotros fatales consecuencias. Pa- 
itamos el dia 13 sin alteración en nuestra suerte y sin otra 
ocurrencia que la de que estando Arco Agüero tendido en su 
caina, según su costumbre, y yo paseando, sentí que por la 
ventanilla sin vidriera delante de la cual paseaba un centi- 
nela, y por la espalda de éste, había tintrado una ]iiodiTCÍlla 
en nuestro cuarto. Asomóme, y vi una mujer enfrente, con 
trazas de ser la que había tirado la piedra. Púseme entonces 
á buscarla, y la encontré y recogí, hallando, como espe- 
raba, que traía atada una cartita: leímosla, y vimos que su 
contenido se reducía á decirnos que tuviésemos buen ánimo, 
porque iban bien las cosas, líl dia 14 hubo una mudanza do 
escena favorable. Fué i-elevado el destacamento que nos cus- 
todiaba y perdimos de vista á Riego Pica, sin sentirlo, sino 
regocijándonos al ver que iba de muy mal talanli', IZn el dea- 
taramento que entní venia c<tbalmente el ofi<-ial qui^ estando 
de guardia en la Caleta nos quiso en balde proporcionar 
aquel deseado almuerüo, que la tiranía de nuestro apren- 
sor nos impidió probar despui-s do pagado. Las noticias que 



tniiii l;i guarJia nueva t-i'aii fiívoiab'.üs, y su porte muy dis- 
tinto i!cl de \a anlíccdcnti-, 'lut; eitaljjt compuesta de los di-1 
batalluu de la Lealtad, ú !a par cci los Guias, uutstros más 
enfariii/a'los euemíítos. No cabía duda en que el Roy bnbia 
jurado la Constitiicici», y sí bien era cieno que las tropas de 
Cádiz habían enviado á dos diiiutndoa ¡i Madrid ú averiguar 
si deijian ó no obudewr i-\ it-.ú decreto, bi';n se veia que no 
podía durar aquella re:íisteneia, obra solamente de ¡os com- 
pronictidos en la hazaña del ID de Marzo, que reee]ub;ín que 
do ella k'K vinifse caslifjo. V.Ti ia nocln; del 14 el Ríibernadoi- 
nos niandii un recado at.-ísto dieien ¡o que comiésemos y be- 
biésemos bien, y que pronto estaríamos libres. Reí^poadieron 
con broma mis compañero:^, quo en punto á, comi-r Galiano 
se había unticipado al convite, y que todos agradecíamos la 
buena voluntad quo se nos manifestaba. Pasóse alegremente 
la noche, y no muy adelantado el dia 15, se abrieron lag 
puertas de nuestros encierros y se nos convidt^ á pasar á la 
habitación del gobernador, porque, como se nos anunció, ya 
no estábamos presos, sino custodiados por atender á nues- 
tra seguridad, porque la guarnición d« Cádiz seguía des- 
mandada hasta lo sumo, amenazando guerra y muerto á tos 
constitucionales. Pasamos á donde eramos convidados, y 
fuimos recibidos con agasajo obsequioso, de que daban bue- 
na razou las noticias quo allí tuvimos. En efecto, no sólo 
había jurado el Rey la Constitución en la noche del 7 de 
Mar/o, sino que en el !', pareciendo ambiguo su juramento, 
so le había estrechado ¿que diese disposiciones para planteai' 
la nueva forma de gobierno, á lo cual había accedido S, M., 
como también á que se nombrase unaJunta,cxjn lo cual visto 
era quo no fallaba á la revolución ese requisito indispensa- 
ble en líspaña. Kstábamos, pues, no hbres, sino vencedores, 
y bien nos lo daban d conocer los quo no.s rodeaban. 

Tenía el gobernador consigo á su señora y dos herma- 
nas de ésta, amables y francas, cuyo trato entretuvo mucho 
á mis compañeros, no tanto á mí, poco propenso á seme- 
jante clase de sociedad, que no era de mi gusto. Asi se pasó 
el nuevo dia, muy diferente de los anteriores. La noche fué 



íi^raiiabin, y aun nuc-trn (íiicii'rtLi. '|ii(: < i;i \,i ■ n lodo t-1 
oa^lillo, no I i-ain'i|i.'s!o. Pih'm (lis¡iui.s de ;!!i;aiH'ii:-riii'3 vos- 
ti, y si^'uií-üili) Ai'i-o Ai-rií-rf) i>ii |;i (-.u;i;f, i^iinjiii-, si.'/rijii sil 
frasí-, hw,.i:.tL.l..i hiurii.. i.,:i< In !K.r-¡/.onU.I íil:;- l;i vi-ili-al. 
li.-ibíiini'.!:- i'nf;Ll.!;ni.'i 1111:1 i-r.nviM'íLifinn, i'iii|"'r),i!;'!(iíi' il-I fii 
linC'T un.'i iii('i:i;ii]ia O iníinili'.-stii ni <[U'' \<i Iiiili:i fi.j nviidar- 
l.:, líuaii'l') ll,;ni:iniii ¡i ia puciia (Ii.miuíí>:i1io ciiuitn, y vi ¡iiv- 
Kímai-.S(> al (.■ll''i:il (!iMiiapiii;i]J. Juan ■T"í=i'' Miirlinv/, úi|i:¡ ■:! 
foaociu yi Iiiistaiiif, ¡roifjiio i;ii \>:i.Jrr- liiibia teñirle ootí i-l 
suyo )>j¡;i'.v"j!iv;(Ii' aur.-itíul. li;;b¡.'':;il'jl;i'í rjilr- iitio^'.r:»-' la- 
inilinp tj'.' ¡i;;ri.T)ii-ii-. ■, nuiííiU" l'J'iim. Ilijuinc 'jin; Vi-iiiü "'ii 

iriii I';i=;;ir ¡kjp i 'á'ü/., i.'iiya í,-i;:i! iiii'iyii ui-fíula iOli'noia'la y 

l;i:il sllj>'tLI. rr.']riJ';\[il'ilH'S [iroiito, y ilr'Si.i,IÍ!''l¡i)ii!i.iS *!olíí<í- 

boriiad' ir, un- i-Nih.íivaiiios sin <li-ni'ji-i. !¡rjii','iiii;i.'f= ¡■'iriuar 
la (.!;i7::i d,- Üí'uIÍí;, y fiiti-aiuií.i vn la liaíiia, en ve/ do scj{iiir 
íi San Ft-raiaiilii, alrai-inioi ai navio [,';-;r'rai, ilmid-' se nos 
fiijo 4U<! sTihir's''!iiii>- i¡ttiTÍii sit iiijs ¡JUMÍa IKiri ji;ira jiro-ífí- 
K'iii- Il!ll.■sí:^■ Vyi'y. oiv" y rm^jur !ii'!i', SuIiÍiíhí.í v i.-iü'cmtra- 
iiios allí á iiiitio ron MI familia y na üIiuilt/.h ¡i:-.-¡.ar;nlii. 
Pt-ro lo^ íüi'..---.-^ (!.!l Itl.k' >lr.r/0 Íial>i;>;i .■i'y.-ii'lia.li un ñ,lv, 
rc-ncoro-o (.'11 luuwti-Oü iiiiini'f: centra !'■« '|:a' ciil'iiici:-; to- 
nian inar'.'.u n: (WM/.. Ai:n t':i mí, f! aai'ü- i' tan i-'.';raiio y 
alirun iíltuihj laii ipK-iii-n iiar¡i'ii!<-, haljía i'cü lo :i un vilu- 
jioralik- r.'íüauijiiicn'.o ]>L-rsona!, pT í:u o'ii'liii'la cüniiiigo 
en la tard^' lii.- ¡niuol aci^'j; ¡ dia, A«i, aijiifUa ii-ü:iion fui' 
ilesogradabU', y iiiii'Kira i-iaidur'.ii i'ii i-I!a í'a^ !a rav" cii fíFu- 
íit-ra, liacií'ndola ¡h^it la ;'i!>r.'rh:a i!'- I;', vii-ii.i-h. Pii^iíninni'-; 
«onio ptfiailos uiKis ¡i iiUms hy< i\\ir vi-iiú.:;i'.- ¡V- la ]ii'i-¡oi). 

Noqili-iiilIOSllMiliai- Ivíi-ndo i'r lofjin; sr- ]!■;- fru-.iii, lii >.i- 

ijuk'i-R mil 'I'::' na i;: un a-initn; :'■ l.> r|uc .--■ im: •'.i-ri-. iv-iion- 
d¡mü« ("-'15 s. ra.- y liir-v s [ja!n'íra<, y 111 j.'';i: ral ;.;ii avilamos 
un .'5il^'^1i■io 'iñ'udo y c|i-i>o.-ii's, ¡nl.-i'nii;il>!''i' s.Mii jiara ma- 
iiifi^stav nitvstra ¡iiij.-fii.>!i.-i;i li.j .■■l)lJar.■:^■lKl^. y v.-nius cu la 
isla de I.'.on cun na',-«[n>.j fi):n]iarii;!-i's. 'i'al i-'-ndut.'la iirovo- 
ff) al fiíiilt.'sabi'imianio.'í on la part'; i-onti-arÍ:i, y aü^viaiidn 
lo-i |>re])araiÍvi)s(betubaif|UL', n-i tar<lamu-= en ii-iiihi'larn'is 



62 
u1 nuevo bote, Ue^pue^ de una despedida como de enemigos 
([nc se separan para ir & hacerse guerra. Entrados en el 
nuevo lióte, Martínez me cmpezii á hablar de la necesidad 
d(! la unión, cimentada en el olvido de las discordia^ pasa- 
das, á lo cual apenas daba yo respuesta. En esto traspasa- 
mos la paralela de la Cortadura, y acercándonos á San 
Fernando^ y dívisándonas de allí, rompieron el fuego nues- 
tras baterías, colebran.Jo con salvas nuestro regreso. En la 
alegría de aquella hora, olvidándose que algunos cañones 
estaban cargados con bala, hizosc el saludo con ellos, y sil- 
bando alguna bala por encima de nosotros, nos dio aviso de 
aquel descuido evidente. Tan preocupado estaba Martínez, 
no ciertamente por temor á tan leve peligro, siendo oñcial 
do pundonor, á quien no arredrarían otros graves, sino por 
recelos de ver efectos de un rtdio tan manifestado en nues- 
tras palabras y acciones, que creyó descarga á enemigos el 
saludo, y se lamentó conmigo desaquella ocurrencia. Pero 
pronto se desengafió, pues llegados ala Isla de León, ó dí- 
gase al desomban-adero del Caño do Ilerrera, fué recibido, 
si no afei'tuosamenlo, en paz, como se debía. No asi nos- 
otros, que fuimos acogidos con apasionado afecto. Habíase 
agolpado al desemban-adcro un numeroso gentío, compuee- 
lo tanto 'de paisanos cuanto de mililai-es, circunstancia que 
nos sorprendió, porque el vecindai'io do San Fernando, 
aunque en él tuviésemos amigos, hasta cntónco'í no había 
dado muestras visibles do adhesión á nuestra causa. Esta 
mudanza lisonjera nacía de sucesos ocurridos urante naes* 
tía am^enciaen el malhadado parlamento. 



CAPITULO V 



.Affitacion en San Pueril ando al sa berso loí=5 «ucefiOH del lO 
tle Mar9:o en C.''*diz-—Iiaju.nta nombra cjeneralef* ¿i les je- 
fee del alzamiento y reparte otran ccracia.s y inorcodon. — 
Quiro:j;a y Rieíso mandan á JVTaclrid einif*arios i\ felicitar 
al Rey por liaber jurado la Consitiluoion. — Or;;anizacion 
pública y secreta del jiartido liberal despiion del trinn- 
To. — Reor2:aniza<rion y aumento del ejército libertador de 
la ÍBla — !Premio que recibo el autor i)or su cooperación 
en el alzamiento.— l'retende ser dii>utado.— Habla por , 
pxrimera vez en la S<K'iedad patriótica de San Fernan- 
clo. — ^Pronuncia en Cádiz un discurwo en favor de la indo- 
pendencia de América. — I>ise:^i8to que esto irroduco en- 
tre BUB conciudadanos —Polémica <*on l"total< le y desafío 
frustrado. • 



Mientras caminábamos nosotros á Cádiz el 10 de Marzo 
por la mañana, llegaron á la isla de León muchos gaditanos. 
Allí estaban cuando se recibió la noticia do lo ocurrido en 
Cádiz, abultada como suelen llegar tales nuevas y ponde- 
rándose lo sangriento de la matanza hecha, aunque eu ver- 
dad la que hubo, como ejecutada en gente indefensa, debía 
excitar la indignación más viva. Además, á algunos que ha- 
biendo llegado á San Fernando, ó no tan Icjot?, se volvían á 
la ciudad de su procedencia, obligó á retroceder, disparán- 
doles cañonazos, la Cortadura, modo de anunciar el rompi- 
miento nuevo de la guerra entre uno y otro campamento. 
Los habitantes de San Fernando y los gaditanos que con 
ellos estaban, al saber la atrocidad cometida por los solda- 
dos de la guarnición de Cádiz, dieron suelta á su enojo, ün 
tropel de gente acudió delante do casa de Quiroga pidiendo 



Gi 
nfiiuií para ven.q.ii' á s?us hermanos aspáiiiailos. BieDosde 
(■rL't;r (|ii'j sh !i.il)na PiifriiíJn tal ;irdor, si los (|uo eran arre- 
baía'liis per ííiiui.'lla llamarada se liuliicsen visto i'on tropa 
regular y resuelta, pronta á liai'Oi-lus früiitf. Pero lo quo 
importaba ni-a tjuo la demos:! ración [lojmlar indii^aha no ser 
ya si'iloel ufírcito el i-oslauradoi- ilu ia<'onslitudon eu el lu- 
gar que oi'up:i!ia. Además, estas manifisülneiones eran lic- 
L'lius fOn niá-i ilíi-fahoicn, por vei-si- en ellas iiiétios poli.íro. 
Cüjistahn ya estar Iremolaiido el jiendoii i.-onstilaetonal en 
la mayor parte (le Galieia, tan dilatada y populosa. Había 
casi eeitt'K^i i!e ijue otro tanto sufL'dia en varios puntos. 
Hasta haber lle,qado á estar proclamada la Constilueíon en 
(^áiliz ]íor cerca de veinticuatro horas, declaraba babor mo- 
tivos poderosos por los cuales hubiiíran consentido los {re- 
rerales en un ne!o de cierta !;i'avedad,(|ueú los (jo^ del Go- 
■ bienio debía ser un delito enorme. 

V'.n v.-iío apa rcfiuron en la ini.sma ciudad de San Fernan- 
do, ¡'Or la vía frecuentada dü Sancti l*eti-i,praceJentes da Ci- 
braltar, alf,'unos perr^onajos de mediana nota. Huiro olios 
estaba D. Facundo Inrant". I.os i]\f?. reeor.laban su nega- 
liva da unir;re con Riego, cole.i^imí (¡uc su venida al lado d© 
Quirofja indicaba Iiabsr muchas niás esperanzas do u-Iunfo 
parala cau«a constitucional (]ue había cuando la columna 
famosa visitó á Algeciras, eiii (¡ue ha^la enl'Jnccs estuviese 
nieniruada en nnmei-oii hubiese tenido sucusos adversos. 

Hasta la amoHwida junta do San Fernando habla em- 
pezado á vivir al nnís y medio d-i nacida, Diólc importancia 
un lance de la niañima del 1') de Marzo. Sibiéndose estar 
la Constitución [iroctamada en (Jádiz y no todavía el suceso 
irátcico f|ue aUi la volvi'j á derribar, s'J liabia juntado un 
numera considerable de oficiales cliíbrando el recien coiiso- 
ííuido é i neí-perado triunfo, cuando de i-epenls salii> da entre 
ellos la voz de ']Ui' era necesario hacer generales á los prin- 
<'ipale5 csii'lilloí de! ojiTcito. que ya, sin si-^rio, hacían las ve- 
ces y aun llevabnu el titulo de lo-i que tenían tal jurado, Mez- 
cliiudoítí con esta turba miliLir algunos ¡laisiinos, ¡lensóse 
<iu) no era decoroso ni posible que ]o< destinados á llevar la 



faja Si* la cirleson ptir ai-to 'lis au vo!unl;iíl propia, i'i f¡iic sa 
la (lieseD sus oficñalcs. Jliibu 'J<' orurrii* (^nUmiN^i- líi iilca do 
que estaba ctiuiiln una jiiiitn con aparifufias do bop hija da 
elticcion popular, yqui^ cüustituidn para síü' tíoliicvno, uada 
babi'a sido haíjta cut'iuces, y disruniúso liaLCt-la Nfi-vir de 
iii^truin«nto por Ooiido, á uoiiibit: de l.i patria ai.'nul(ii'ida, 
fuosfn premiados sus überladoruí?; no d« otro inndo ijuc a 
Hernán Coi-tós confirruf'i on el mando ol ayuntamiento ticVe- 
i-aLTUz, por gupitni- lodos los ho!riljit;s eu lodos los lionipos 
(le dará laauloiidad ¡tl^'un orí;,'*!» Icj^ítimo, ya d*;! pueblo, 
va dtílMoijarcn, no viéndose U'yitiriiidad en la nu'i-a pose- 
sión dula fucr/^. A la junta, pues, KO dirigiíirou, y no sé 
cómo ti dónde la hallaron congregada. Mal poilía ¡i'juel 
cuerpo negar tal pretensión, y menos viniendo hecha como 
vino. Diú, pues, la primera señal de vida nombrando maris- 
cales de campo át3u¡njga,IEio;;ü, O'Daly, Arco Agüero y Lo- 
fttzltaños. Conseguida la íinieiu, fueron los soliwtanlOPú lle- 
vai- lafajacúutodapumpaúQuiroga y 0"I)aly, únicos de los 
agroc^iados que se hallaban en la «dudad de San Fornaudo. 
£1 primero i-eeibió la faja con gcatilud,y aun se la ciriO, dan- 
do con esto una prueba de i|ui; la aceptaba, l)i.v-;]iues de esto 
paso entni la nmniiuracion, y con ella el escrúpulo sobre si 
estaría bien obrar como revcslidos did nuevo grado, antes 
que el lícy, puo=to al fronte del gobierno constitucional, la 
confirmase a lo-! que le habían obtenido de la junta. Esperó- 
se, pattff, hasta hi ronfirinacion, que llegó dentro de un pla- 
zo medianamento breve. Hubo gran d¡.scordaneia do parcco- 
rcs sobre si liahria valido más que los libertadores de la nar 
cion no fíc tomasen, casi por la propia mano, la recompensa 
(Je su hazaña, ó indicasen cuál deseaban y se prometían, ma- 
yormenti:: parecioudo á algunos que el grado de niarisc.il do 
campo, quitando á los caudillos del ejército i-establecedor do 
la Constitución el mérito del dosíntei-és, les daba un galar- 
dón escaso pai'a un servicio de extraordinaria grandeza. 
Otros opinaban que mirando por el bien déla causa públi- 
ca, convenía, para abonada fianza de la conservación de la 
lej restablecida, que no dejasen de teucr mandos importan- 



tes los caudillos del alzanik'nto, lo cual, en el orden comuD 
de Iris cosas, no podía ser sin llevarla fajado generales, cuan- 
do nii'nos con el grado de marisciles de c-ampo. Fuerza ea 
nt'gar, ¡uip un ladn,riue dsti: ar^umpiifi» crapoderoso,y tam- 
bién, por el contrario, f|UH aiKireciendo intei-esada la con- 
ducta do los calje/aa del ejército, quedaban nutorizados los de 
las clases inrenores & fiolidiar su propia elevación. Así fué 
que los '[ue habían andado más solícitos en pi-ocurar las fa- 
jas, si bien no únit-op, sino á la pai' con otros, anduvieron 
muy afanados por procurarse ascensos. Para esto servia la 
junta, que vino á ser, on su existencia brevo y sin poder ni 
lusliHí, una fábrica de grados, apurúndola y quejándose do 
ella los que pretendían y aun los que logi-aban el género 
que ella, no sin profiisi(ui,dBsp,achalia. Tocóme parle en esta 
tarea desabrida. líeeíen vuelto de mi azarosa expedición a 
Cádiz, la júntame n'.mibrí'i «u secretario. Esto era bajar bas- 
tante, pues en el primer nombrnmicnto anulado, había jo 
sido elct^to de la jiiula mi-íma, y ademi^s mi catefjoria do em- 
pleado ora superior d la de casi toiEos cuantos laeomponian. 
La vanidad, y aun qui/ás el orgullo, me dictaban no admitir 
el nombramiento, yáclb) me resolví; pero pudo más que mi 
propósito, mi docilidad á consejos de mis amigos, que insis- 
tieron en que aceptase, pava liaeei', según estimaban, no i»o- 
cos considerableíí servicios, \o puedo decir que los hice, 
porque, A la vordail, junta de menos fuerza y brillo no ha 
existido entre lis inliiiitas couocid.as en t'sjiaña. Nunca 
pudo ííabei'si.i quién la obedecía, salvo en el caso do aceptar 
sus mercedes. 

Llegada la noticia de haln-r jurado el Rey la Constiíu- 
cion, era meneí^ler que el ejército acantonada en San Fer- 
nando pasase de su situación singular á otra más conformo 
al órdi'n general de la monarquía. Pero este tránsito no ei-a 
fficil. l';iia arreglar estos negocios, dispiiso-;e que un oficial 
del lisiado Mayor del ttjéi-cito pasítse á nombre de éste á 
Madrid á l'elicitar sinceramente á S. M. por haber jurado la 
Constitución y á ofn?cerlc el rendimiento del ejército que la 
liabia pr-oclanmdo. Recayó este nombriimient'.i en D. Facun- 



67 
do Infante, recomen (Uuuiok- puní ni di'«fm{iftrir) tV-- f;il i-omi- 
sion líis rclacioncR qui; tonin c-n la i;;ii>iiíil, por Imiif-r sido ilü 
los más aiílivos en In coiijui'iu'ion in:isónii:a di- .'uiuol pufito 
dos años antes. E;-ta elcL'iíion, f-iii i.Tiihargo, diüjínst'j mu- 
cho al ejército, [inrciriciido in;il ([ue fucsii á reprcsoiitai-lc un 
la cabeía do la moiíai'iiiiia ante i'l IÍ>M' y oí ¡n'iblk-o un [vr- 
sonH}o. si de inúriti», falto del rio lialitr p:irlioi|i:ido orí los trn- 
bajo^ > pdigro?; do la emprtiKa jicr i'uyi foli/, suiv^n ¡Iki ¿ 
re; ct'j;»!!- «plausos en pu pericona. No dfjalia do sc-r fundada 
esta 'iii'--ja, y tal oloccinn (ni: iiiuv dosahiida pura l{io;_'i:.. 
Pen.' 6<te, por fíu |iart«, no dfijía ru¡dai-í!o de lu 'pi" s<; hacia 
en San I-'ornandti. pues afL-ctaha ser una puir.'ncia in'lopiín- 
dien;(;, y por ni liabia mandado un pcrson.'ij'.' ¡i Mndriil (|ii'i 
en f!U númhre hioiora ú S. M. ií;nat dciniialc'ioinn do [í'aliad 
y revtrpncia. Riopo, de-^pm-s do wu don-ota on MoMm. liaí;ii» 
tnnido la fortuna do (niti-ii- oon [">ca ,'^onto en f^'u-lolia y 
ccu[i:irki, coii lo f¡iif- dio ¡i su oxpcdii'iiiii m suíí finos nuovo 
lui-iiiiioiit.o; poro sillo pudo nianleiii;i>'.' ¡iooa« lioras on la 
ciiidiid (?n quo haliia ¡lonolrado, y srdido do 'día y ¡i"r>¡,:;uii':n- 
dolu do oíRja un crt-oido núnicrt 
inif*nt':> las tropas i'oalus, «o vii 
gent'>, fjUodnndo así ilosln'olm i 
CuUíí.i ti'iunfaba, \i> üupo ól doM 
huia ron pocos ami.Kos por cain 
ir ñ r^fugiarsii á la Isla de Loui 
de rf!i:ibir la noticia do c-^tnr la 
R'?y y r..".'OnociJa on loda K^jiaii 
llu en ^iu camino, fuci^u allí, y [<i 
vfinMa, hizosolo unaontrail-i un 
Riogí-. cu pasar al ladn de Qiiiro, 
de las liaz;iñ.iM y írlonas di^ su <•■ 
ha>7tii cierto punto, pern ron ab^ 
lasí cofias, como la* llovaba, á di 
quf habían (¡uodado en San Fu. 
SUyO'^, ora dobido ol triuiil'o do 1; 
cír '.|ue la opinión ¡^onoral conir 
e! error de su duívuucclniiouto. 



iiliíun i^m-arTii?: 



-,-í-(oÍo 



di-p- 



uort •í\tr:i\ 


-iad. 
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poi 


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bres prcfoi'ir If bfülante á lo sólido, y el valor aclivo á la 
fortaleza (\\ii- sólo en lo i>asivo so acredita. 

Si Obto sucedía en la politiea pública y ostensible, en la 
oculia que Iiubia dirigido la conjuiacion y á la cual tocaba 
influir fin l-1 gubienio del Estado hasta llegar á dominarle y 
ejercerle, también lialiiadesarrcfílo y desconcierto comple- 
tos. La Eüciüdad masóiiit-a se creía obligada & continuar diri- 
giendo los iicyudos. lín balde es tachar de descabellada una 
pretenüiou que era consecuencia forzosa de las circunstan- 
cias pas-adas y presentes. Ni faltaban buenas razones á ua 
poder, como lodos, nada dispuesto á acabar consigo mismo, 
para justificarse a sus jn-opios ojos on el intento de seguir 
vivo y obrando activamente. La revolución dt; Kspaña habia 
sido obra de la conjuración de unos pocos y de la quietud 
y asombro de la muchedumbre, y la nueva forma de gobier- 
no establecida no descansaba ni en la opinión general ni en 
el interés de clases podrrosas, y antes teniendo mucho 
contra sí, habia menester alf,'o que la mantuviese trabada y 
sólida, y este algo podía encontrarse en el interés y aun en 
l&s pasiones de secta. Tuerza es aquí anticipar una opinión, 
no tanto encaminada á disculpar ciertos errores , aunque ¿ 
ello también propenda, cuanto á explicar las causas de don- 
de nacieron y que los perpetuaron, siendo bueno entender 
que sólo por medios forzados y vituperables se mantienen 
las situcioTies violentas. En 1S2I), los constitucionales en 
España eran pocos, y para aumentar su número era indis- 
pensable crear un núcleo considerable de sectarios. Faltaba 
enteramenfo la ciencia de concertar los esfuerzos, tan nece- 
saria en ol juego de los pai-tidus que llevan los negocios en 
los gobiernos apellidados libres, y este concierto so habia 
de buscar y encontrar en una dirección oculta; y existiendo 
ya la de una sociedad fuerte y vencedora, no era de creer 
que .se abandonase para sustituirla otra, yendo á sacarla de 
las regiones de lo futuro y desconocido. 

Sea crjmo fuere, las logias del ejército de San Fernando, 
lejos de disolverse, trataron do unirse y dilatarse, creándo- 
se una autoridad do que dependiesen. Lo natural era quo 



m 

áesdc luego huW>-!><; umi on (Üádiz. Pcvo no v\-n tiióno^ [iro- 
cisoqiieG:fií>tiosi> iiiin <-aho/.i dt'l i-iiuriin juijuiiriHini ci-ei-pr, 
i robustft'vi-sp y A llenar loilos lus úmbit.i'^ de lí-ijifiñn, pn)- 
vedieodo en toiliw |i:iil(^s con aivinii sirmiltriiicn y viiroro*;». 
En suma, hohittiHtn ai'in un Estmlti ma-^iini'-fi. ó, (Iíi-ívikInIo 
t-cn propicilaii, van"-:, rraiiu-nostcír nvar iinfi prin-fiil í'ii la 
nación eí[,;iñ(jlii, másí ó mrnn!! foílor/itivo y mu su Gohienio 
corresiionjií-n»;. I.:i i<'sÍ'K;iii-¡a ilo rsin [irn- l'iicr/,^ Ijiiliia de 
SerenMacír-i'!. PÍ ii'i rjueíiíi ii'íislaiUii-'-i^ á i..tni¡ii¡nln ilo l.i 
capiíal lie l;i iiit..ii;ui|iiía, i'i i.-rrai' (Iotí [lutctirirm. ([un siilo ¡loi- 
residiren ili^tiiiin liji;:ii' iVlarian ilcsiji- liir^n fii discoriÜil 
yvcniirian ¡iroiiíi) á ]"fMi;i-s(! en i.ui-n'a. 

i,i,'niiniha-;u i-n Sai) ri-niamlc) I-j ijui.! |iasii!i;i rn la caiiital 
de Es[iariü. lílni si> sii^liíTli;il)a <[iir la fi<ii-!'>'ia'l maüi'mii'a 
hal)PÍaconlnl)iii.lu al iiinxiiniviito .¡u.- .■mni.f^liii al Key á ju- 
rarla Cuiiis'ítin'ii ni, r-ii¡iu<¡L-iijn Si 'lio i-ii [laitc runihuia poi- lo 
relativa á Mailriil, auiKiur- jitsiUiína Iratárulij-^o do la Ra- 
bievaclon Jü otra?; fiiMviiii-ia'j, <.1(! i[\í<í rr-.ilr''. la. allfracion 
de Itt capiíal, y i^'i- rfnsÍ,L:ii¡iMUij la siiiiii-inn tlrl Monart-a. 
Dtfodds m^los, ijur r\Utii\. on Maitri'l una !i\:;ia ■- Sobe- 
raociCapitiilii, fia ¡ivlmlaMi'; y qii-' n.-iii;íiri:; ,i sn- más, cpto 
e«,B(;unsiiiuirí:i! rii piliii-i'nn suiírcniM ili- ]:< S'i.icdail, con 
t! titulo ma<.ón¡i'ü 'I-- C.vmvh-- Oi'ii-iitc, di'l.ia Ifin-isi' ¡>op s(^- 
gUl■0. D,; f*ta.H Juilas vino rn [.ai-t.> á sa.-aniMS n. Mamid 
Incláii. rjuí; llí-gi'> i'i San l'i' nía rulo y ("Vuii/, romi-iinnatlo por 
nue^lros licrnianiifi en Ma-ltii!. IVir 1> 'i'.ii: mif! dijn, ^u[it- 
•"Myiodavid másl■L^lt■^{illl'l^^, 'pío li aiilm-iiia'! nias<'inic!i 
delapapiíali-xisria, ii.'[-u ípii- ot-a il<:h\[, un o-iíamlo com- 
["fíestade pt.-i-sonaí' <Ií; kisianln nota. A liai'i-i-la im-jor y nisis 
''''"'(ilaoni.-iiininain'i's iiiirstiTisrunatn-;; ¡■(■n [n.^rarlo lialjía 
de ser obra dií nuis (ii-injio. F.ntiw tanto, ipii'iiai'iii las i'usas 
41* ventura, asi en lo juililii-o i-onio cu lo oi;-ullo, así f.n lo 
miuOolco como on lo pi-ofano: sitiiaiÑmi ésta muy i-OTiiun i'n 
l*S rrvului:ioii(:íi, y má« i-n las iIh lispaña <[\tf on las lU- otra 
Mtíon alguna, iIuraniR la cual snclt-n ii' ln>i cusas no peor 
lui-puan'lo st! busi-a orlen y sólo se. acirria con uno muy 
imperfectu. 



70 

Piticuraron entonces apoderarse de las facultades del 
fjobiúi'iio, en la parto cjue ésto no lu^ ejercía, algunos ambi- 
ciosos, eniplean'lu para ello un medio que al principio no 
probt'i, tjero después, manejado por manos más fuertes y 
hábiles, adquirió gnindisimo poder, manejándole, aunque no 
del todo, lus asociadoiie^ secretas. Era el medio a (jue alu- 
do las tlamiidas sueiedades patriiiticas, Supimos que se ha- 
bla abierto una en Madrid, en el café de Lorencini, situado 
en la Puerta del Sol; que la novedad del espcctiiculo dado 
aíli al público, atrajo á sus sesiones numerosa concurrencia; 
que do ahí naciú cobrar la reunión no corto grado de im- 
portancia; que ante ella comparecieron personajes como el 
conde de la Hisbal, y por sí ú por apoderado el cx-ministro 
Pi/.aTTü, mi amigo de otros tiempos, á sincerarse de cargos 
que les hacían los oradores, y, en ñn, que esta reunión se 
había penlido pur su propia violencia, queriendo quienes 
en otta representaban los pi'incipales papeles hacer esfuer- 
zos muy superioi-es á lo que sus pobres fuerzas consentían. 
Todo ello declaraba no estar aún en |)arte alguna el poder, 
siendo necesario formarle. 

líl que había do nacer tenia que constar de partes muy 
distintas. I'.'omo se ve, se necesitaba uno oculto y masónico; 
otro público y i'evuiín.-ioTiai'io, otro legítimo y que obrase 
por las vías le^^iles, y otro, en fin, material, y cuya fuerza 
conHÍütieso en las armas. De lo primero habían de encar- 
garse las logias del reino, concertándose para el intento; 
para lo segundo habían de contribuir las sociedades patrióti- 
cas, los impresos, y especialmente los periódicos y los cuer- 
pos que con el titulo de Milicia nacional, con arreglo á la 
Constitución, debían formar.^o y se iban formando; lo tercero 
era obra del Minisleno y de las Corles que iban á ser elegi- 
das, y lo cuarto había do buscarse en la conservación y au- 
mento de los ejércitos ouyo alzamiento había producido la 
mudanza del Gobii-rno, en la unión á ellos de otros cuerpos 
y en la cooperación do la Milicia nacional, que les serviría 
de poderu«o auxilio. A esta última parte atendíamos t;on 
preferencia nosotros, escuchando la voz de nuestro propio 



71 

¡meros, aunque también movidos con inú« justas y nobles 
consideraciones y procurando no conocer cuánto influía en 
nuesítro íinimo elprinn^r niutivi^. 

Coasí^'^aiimos en parte del (íobierno de Madrid lo que 
deseábamos en este punto. En vez de <lisolverse el ejército 
Jibertador, se dispuso su aumento. Mstaba confirmado el gra- 
do de general, dado por la junta de la Isla á sus principales 
candillos. Riei^o mismo habla sido reducido á aceptar la f¿ija, 
no obstante haberla desechado más de una vez con sinceri- 
dad y aun í'on vehemente deseo de ver admitida su renun- 
cien, asi por los arrebatos de nobles y deí^inttM-esados pensa- 
mientos, en él muy comunes^ como \\ov teñera méru.»s parti- 
cipar de una distinción (jue se extendía á cuatr«> de sus 
colegas cujos merecimientos tenía él en muy poco, putístos 
en cot(;jo con los suyos. Lo que hubo de C( insolarle fué no 
quedar mandado pur (Juiroga. Mn efecto, el ejército, aunque 
entero y aumentado, i)asr) á tener j)or cabeza á un personaje 
que no había tenido parte directa en sus anteriores hechos. 
Era éste el general 1). Juan (^Donojú. Su íama de general, y 
aun de mártir ó confesor por la cau<a de la fe constitucio- 
nal, eran causa dr que no pudiera manifestarse repugnan- 
cia á obedecí.'rle. Su calidad de mas*jn antiguo le daba valor 
en las sorii.;dades que seguían resutiltas á dirigir los nego- 
cios del Kstado y en un ejército cuya alma habían sido y 
continuaban siendo las logias. Haciéndose del ejército dos 
divisiones, y dando el mando de una de ellas á Quiroga y el 
do la otra á Uiego, se i'vitaba una rivalitlad llevada á punto 
de hacer im[»osible la existencia de tnda la fu«írza bajo el 
mando de uno de sus anteriores caudillos. Venidas las co- 
sas á un término regular, parecía bien que mandase un te- 
niente geneial un ejército consider¿ible, en que servían y es- 
taban al frente de la-^ divisiones rnariseales de campo. Por 
otra parte, O'Donojú merecía la confianza del Gobierno, y 
aun hasta cierto grado la del Rey mi^mo, bien que la de éste 
último como se quiere del mal el menos y en calidad de con- 
trario presunto y c-asi seguro, de sus peores y más aborreci- 
dos contrarios, liralo, en efecto, O'Donojú de los del ejército 



(lo San Faenando porvariiisforlisimas razones: por su cod- 
ilicicii (1(;s;iliri(b,dominant(i y envidiosa, por el conocimiento 
di; i(ui! la sujierioriilad da su propio mérito chocaría con la 
de lori sirvifios novísimos á la causa comon de las personas 
á quiciic-i iba á mandar, por saber que debía ostar y estaba 
nkiruiJo poi' los restablece dores da la Constitución como 
huiubie libio y cauto, que se había negado á cooperar acli- 
vanniivnle ;i su ompnjsa, conservándose en situación tal, que 
el ell'iH liubicBfn cuido vencidos habría él tenido que coad- 
yuvar, aunque líijn dolor, á exterminarlos. Vióse que estos 
cálculos no eran errados, porque O'Donojii hizo todo cuanto 
daño pudo, si no á l;i causa de la Constitución, A la de la iv- 
volucion, bien quo el mal no pudiese ser mucho en fuei-za 
de las circunstancias. 

líelirieuflo tan graves negocios, me he olvidado de mi 
persoua. A ella, sin embargo, tengo que volverme, porque 
tal es eí objeto de las présenles Memoriaf, si bien en ellas 
nunca pentci-é de vista la obligaciou de no tratar de mí sino 
para pintarme tiil cual soy, y sacar de mis hechos cuando 
llegué á ser hombre politico, algunas reflexiones que sean 
rt me parezcan oportunas. KesUiblecida la Constitución, en 
lo cual me había cabido tanta parte, aunque siendo bas- 
tante ignorados mis servicios, no era de creer que pen- 
sase el irme á Rer\ir mi ilestino de scci'etai'Jo de la legación 
de lÍKpaña en Rio Janeiro. HabíDsemo abierto un teatro ¡i 
mi ambición, no encaminada eiit-juces tanto á elevarme co- 
mo empicado, cuanto á distinguirme pei-sonalmente. Nada 
quiso preloiidur, y me resolví & esperar, Pero nO tuve que 
esperar mucdo tiempo. A los pocos dias da haber jurado el 
Rey la ( 'onstitucion, y puéstonos en comunicación con Ma- 
drid, recibí una carta singular de D. Joaquín do Anduaga, 
que habia venido ¡i ser oficial mayor de la secretaria do Es- 
Lido. Siiínto no conservar esto documeuto, que tuve en mi 
poder hasta líí 1", y que ciesaparcció en la posterior y última 
dc3lrucc¡.jii íli! mis papeles, hijas do mis forzadas peregri- 
nacioni.-s, con mp'ítido abandono de lo poco que he poseído, 
y lo siento, ponjue su contenido parece increíble y desearía 



poderle «improhiir con (;I escriin, si bifii Viiri;»-^ 'Íi! las fra- 
ses híin quedado fijas r^n mi ten:i/ iiu'moria. yic ilcríii 
el sefjüi" Anduajía nuda mt-nos ijuo so scnlra nfiiiifi do ser 
«liplomático, porfjuc uno dn su rarrera Illlí)k■sl^ tenido la 
pnrtc <iue me. habin tm-ado en suerte oii ian jrlnrias adqui- 
ríJas por el listablei-imimiüi ili; la roiistitui'ioii, á l'> cual, y 
otras vniia!? txpreslone'', donde llevaba ú los rxtrumns la 
Rlitbanza. aprcfraK-i expresar su deseo, y fl did Ministiíno, 
de saber finé premio ap'^dtcia yn, mi ñ. líri de fpn; nin iiumi- 
ilaseá prelondprlc, sino («i'puii sus i.'X[iiTsicin'-s l>.-xtualef>) 
para quo el (íohieriio sü li'inrosi; antii-lpiuiilunv, \ifvo no* 
dándomelo que no me crtiníniepr', únlcnulíji-tD (lueleinovííi. 
á hacerme aquella consulia. [ni'itil es dfrir qiiei'ste iiiUmo 
personaje, pa.sado á ser ari-rrimn ivalisla, i'ué uno do los 
que después so cebaron en mi rtíputaeion fm\ m.U i-ncuiiada 
saña. Mi respuesta l'iui la que di'bia ser; i-^Xij es, decía que re- 
cibiría el [irpniiode que el (¡obieruom^' juzpise lü.^iio. Tar- 
dó algunoi di.is en nej,'ar é*te, y iué haivrme lUltiiio oficial 
de la secrelaría do Kstodo; oslo es, darme un asiv-ns^" de es- 
cala, ascenso que con fixicuencia hnbian ohlcuidn t|ulcnn8 
como yo llevaban oi;.ho años de i-anvra, yú ven-v \.^•i que llo- 
raban menos. Aun para probar esto nlliran, ocurriii mlón- 
ces un incidente nolalilc y n.» coiMciiIo. 'MKy. ai mismo 
tiemjK> Otra jila7Ji en la «wielaria, la ¡luiieiüaiaineiite supe- 
rior á la que yo obtuvt!, íi un Sr. Torren.?, que cnntabaalgu- 
nos nwises ménon que yo de siorvieio, y no ob-:I:nite ser hom- 
bre de mWto, nada había herho fuci'a de la csÜTa ordinaria. 
Claro osla, pues, que por haber sacrificado lui vida y em- 
pleo, no consefíui niUs que lo que se daba á quien «i.'yuia 
pacifícamentu su carrera. \o ini; sentí dc-;crii[U;n(o,cfi!i todo. 
En afjudlos días no se subía con la rapidí;^ con i^uc hoy se 
sube, y aun Kiepo, que hahi;i saltad" (res ''' '-uatru ^'i-jidos, 
parecía premiado exorbitantemente, sit'nrlo pi^bahle "¡ue un 
bord;ido siilo [larcciese hoy indiufna iteonipcnsa de su acción 
esclarecida. 

En otro punto tenia yo puesta la miía, que era '.'U ser di- 
putado á Clines, Y no se olvide que con arreylo á la t'onstilu- 



"^"^^^^^^^^l^-^-BB^^^^^^H 



74 
c'um vigentii, ladijiufadnn no abría (camino ¿buenos empleos, 
ni menos al ministerio, por ser incompatibles con el cargo de 
diputado ol dü ministro <> ascenso alguno, salvo los conside- 
rado^de escala rifí;urosa. íbanse á celebrar las elecciones, y 
con los móritos coiiiraidos en el levantamiento, mo creía yo 
casi seguro do ser nombrado. Dos circunstancias, sin embar- 
go, me privaron por esta vez de una honra que tanto apete- 
cía. Fuóla primera hablarse atravesado un competidor que 
una persona, diestra en las manipulaciones electorales, me 
puso dolante, sin que yo pudiese hacerle tiro sin faltar al de- 
• coro ó á la amistad. Como se sentase por principio que en las 
elecciones do la provincia de Cádiz había de ser nombrado 
U11 individuo del ejércilo libertador, aprovechando la ocasión 
antes que se mentase ii otro, un oficial de artillería que se 
habla mezclado en el liiauejo electoral, propuso al coronel 
graduado de su cuerpo D, Bartolomé Gutiérrez Acuña. 
Aceptót^e desde lu'>gü l:i propuesta y contrajeron muchos el 
compromiso de elefíirle, añadiéndose ser su familia antigua 
y do influjo en Jerez de l;t Frontera, partido de mucho peso 
en las elecciones do la provincia á quü corresponde. Gutiér- 
rez Acuña había sido, como en su lugar va dicho, do la con- 
juración primera y escapado de la prisión en que fué puesto, 
so había refugiado en Gibraltar y pasado después á Marsella 
con mi amigo íirases; pei'O no había venido como éste á en- 
ciíri-arse en San I^'m-iiaiido, no por faltarle valor ni adhesión 
¿ la causa común, teniendo el uno y la otra en alto grado, 
sino iK)r sucesos particulares que ignoro. Fuese como fuese, 
no correspondía á nuestro ejército, con el cual había yo cor- 
rido los días de mayor peligro. Era hombre casi falto ile ins- 
trucción, salvo la Diresaria para su arma, do no rudo enten- 
dimiento y en ciertas ocasiones do razón despejada, con 
grande fama de virtud y do veras honrado y pundonoroso, 
pero en general preocujiado; aunque corto en alcances, dota- 
do de la habilidad de pasar, con cierto entono hueco, por 
muy superior á lo que roal y verdaderamente era, pues hasta 
en su virtuil, contra la cual nada había que decir, poro que 
no estaba señalada por hecho alguno cstraoi"dinario, pasaba 



■75 

p<:»r un semiprodiírio. Era, p^^:^^^, de los hombros á quienes 
no se podía liaoor u]>o.sicio!i con o.^peran/.a de f^di/ sucoso, 
correspondiendo ú líi claso de las nudianías rcsi»Cítadas. li- 
bres hasta do las ^?aelas do hi envidia. Yo, por otra ¡xarte, no 
le había dii^putado td puesto á rpiü le querían elevar, i)orquo 
jíara hacerlo, me habría sido forzoso rebajar el valor de su 
mérito y servicios, en lo cual no ])ensé, estimánddle y que- 
riéndole muchu comí) amiíjjo, í'iun sin contar conque, ha- 
biendo (juerido hacerlo, tendría casi certeza de quedar desai- 
rado. Mrame, pues, necesario colocarme en otro hueco para 
ser diputado por la proviucia de (l'ádiz, y esto no era f:icil, 
siendo mu<*hos los competidores. Acaso, sin embargo, lo ha- 
bría conseguido á no ser por uua cire.unstnncia que se atra- 
vesó, que fué uii discurso hecho en una sociedad patriótica; 
.sucediéndome el caso singular de ser lo mismo (¡ue (li<:) prin- 
cipio á mi fama oratoria, un obstáculo á mi entrada en las 
Cortes. 

Ahora es bien que refiera Cíuno hablé [)or la primera vez 
en público, y confío en que so me perdonará contar con sus 
menudencias cómo conseguí y estuve á punto de perdíir mi 
tal cual renombre, á ad([U¡rir el cual haliía yo aspirado en 
mi interior desde los primeros unos. Siendo moda nueva 
abrir sociedades patriTiiicas, pareci«'> opoi-tuno que las hu- 
biese en la ciudad de San Fernando y en Cádiz. La del pri- 
mer pueblo, (]ue era entonces la de mi ordinaria residencia, 
fué escogida para t(iatro donde yo hicicstj el prirner ensayo 
de mis fuerzas en el [)apel que anhelaba representar. I-Jicar- 
gó.semo por mis amigos híicer uno á modo ih.' discurso inau- 
gural, donde explicase la índole y el objeto de semi-jinites 
reuniones. Había yo hablado varias veces en juntas secretas 
masónicas, y en alguna ocasión, según he contado en estas 
Memorias, con extraordinario efecto; y también en los [)ri- 
mcros días de mi juventud, en la Academia de Cádiz, era el 
más parlanchín en las juntas, soliendo ganar con la lengua 
las votaciones. Esta j)ráctica, unida íI mi teórica y á lo que 
había aprendido por la lectura, me liabía convencido de f|uü 
un discurso escrito y aprendido de memoiia, al pronunciarlo 



76 

es oído coD poco gusto. Pensé, pues, hablar dú reponte, no 
sin mclitüc primero '¡ué había di-, dc-oir, ni aun sin fomiBr 
ciertas frases f|ue conservase en mi memoria para darlas sa- 
lida en el momento del calor, en 'lue, aun siendo meditadas, 
fluyesen espontáneas de los labios, como si en a'juel mo- 
mento brotasen ác la vena del ¡lensnmiento. Preparado de 
este modo, esperé la hora, no sin a™itacíon, pero con atrevi- 
da confian/a. F.n la tarde anteriora la noch».' en que había do 
hacer mi rli'icurso, habiendo una fie«taen Chiclana, A poca 
distancia ile la Isla, unos amigos que iban allá me propusie- 
ron que los acompañase, habiendo casi seguridad de estar de 
vuelta á tiemjio. Hice el viaje por agua, llegué á Chiol ana, 
donde alborotamos bastante, pues si bien ya había yo dejado 
do comettir excesos, gustaba d'; la ategría bulliciosa, y sobre 
todo de cantar canciones patriólicas, y con c>=ppcialidad el 
himno de Riego, cosa muy al uso tfn aquellos dias. Cum- 
plido el objeto que nos había llevado á Cbiclana, nos embar- 
camos para San Fernaudo. Iba á la sazón bajando la marea, 
y el barco en que yo entré estaba bastante cargado de gente. 
Junkindose con esto un descuido del patrón, varamos en 
el cieno, ocurrencia muy común en aquellos caños; y de 
tal modo nos hundimos, que después de varias tentativas 
fuó forzoso resignarse á esperar que la creciente nos sa- 
case de allí, pero no hasta al cabo de dos rt tres horas. 
Eran ya más de las seis do la tarde, y las siete la hora 
señalada para inaugurarse la sociedad y hacer yo mi dis- 
curso. Consumíame, pues, de impaciencia, llegada á ser 
desesperación. En tanto no perdía del todo la esperanza de 
llegar, porque veía pasar delante de mí barcos menos carga- 
dos y mejor gobernallos, y me prometía que algunos de ellos 
me recogiese. Asi lo pedía a gritos á los que pasaban, con 
tal empeño y súplicas, que movía A risa á la gente, zum- 
bona de suyo, y más en los botes de pasaje. Además, vi- 
niendo ii sacarme de mi atolladero, so corría grave riesgo de 
l>art¡cipar de mi corta desdicha, en vez de remediarla. Por 
«sto, de los botes que pasaban salían risotadas mezcladas con 
negativas en respuesta á mis ruegos. AI cabo hubo de pasar 



77 

uno que llevaba almas compás i vaf*, porque al oír mi nombre, 
y tal voz coin»r¡t>iKlo mi voz, persuadiéndose do lo justo del 
motivo qui* me im[)elia ú pedir auxilio, el boteoillo sn llegó 
al mió, aun á ries^jo de varai* también, y pudo con íelieidad 
recogerme á su bor<lo. í'on todo, eran ya dadas las siete, y 
la ciudad de San Fernando, aunque no lujana, distaba de 
nosotro.-í algún trecho, sin contar con que también había 
buen camino desde el desembarcadero ha^^ta el lugar rn que 
Ui feíoeiedad patriótica estaría a aquellas horas congi-egada. 
Todas estas cosas, auníjue frivolas, *me ocupaban el pen- 
samiento, causándome innuietud v distravéndnme do medi- 
taren mi discurso. Llegamos al lin y salté en tierra, pero 
con tal ímpetu, que (íayéndome del saltu, me rasgué el panta- 
lón por la rodilla. No había que pensar en ir á c:ií<a á mu- 
darme siendo tan tarde, y hube de atarme un pañuelo i)ara 
tapar ol desgarrón. Quien conozca lo que empncha [»resen- 
tarse al públi<'0 dando motivo á ri<a, s»; hará cargo de que 
aun desgracia tan levo debía embargarme el ánimo, divi- 
diendo mi atención entre tapar mi rodilla y discurrir lo que 
iría diciendo á mis oyentes. Kntré, \)0v fin, en la socioilad y 
hallé una numtírosísima concurrencia, nada bien dispuesta 
en favor de quien la. había tenido esperando tanto tiempo, 
por lo cual me falt(j una de las principales ventajas del ora- 
dor, que tjs la de encontrar benévolo á su auditorio. Agre- 
gúese a esto que la indiscreción de no pocos en aquel mo- 
mento los trajo á hacerme reconvenciones por mi tardan/a, 
á las cuales tenía yo que responder (tontando las tragi-come- 
dias que me habían detenido. Pasóse esto, y subí á la tribuna 
preparada. Desde ella tendí la vistii, vi á la concurrencia con 
la atención puesta en mí; recapacité y me hallé con que nada 
tenía pronto para empezar mi discurso. En aquel instante 
decisivo un repentino movimiento de mi mente vino á repre- 
sentarme que tropezaba en el paso primero de la carrei'a en 
que anhelaba y prometía distinguirme. Sirvióme esta idea de 
inspiración, infundiéndome un ardor extraordinario. Como 
(ira dueño de la materia que trataba, aventuré las primeras 
frases y acerté, siendo desde luego saludado con grandes 



78 

aplausos. ¿Istos, poderosos para alentar á todos y que en mi 
soliitu hacer el mayor efecto dándome bríos, aumentaron en 
gran niancni luis fueric.is. Siguiéronse unas frases á otras 
con rapirlez y so repitieron los aplausos, que á la par me 
servían, interrumpiíindome, do dai-me respiro y espacio para 
pensar lo que en seguida diría, y de fuerte motivo á mi ima- 
ginación para que me pi'Ovcyeso de pensamientos y jialabras 
propias para hacer efecto en la muchedumbre, ala cual cau- 
tiva un li.;iiguaj(- de iniáf;enes vivas y vehementes pasionos. 
Poco \;dió sin dudaeliliscursoqncíué t;in aplaudido. Redu- 
cíase su argumento á decir lo que Oían ú debían ser las SO- 
ciedíulcí- patrii'iticas, toinandu yo ¡jor modelo á los meetíngs 
6 clclj-itii;'/ -HnvivUc-í dv Infilaterra, 6 á los elulj< inalanieute 
fumosos de !a revolución de I-'i^ancia. Poro tal cua! fuó mi 
arenga, me sirvi<5 para adit-strarmo en liablar en público, 
ocupación en la (:ual desde aquella nocliu no supe lo que ora 
enipai:]io, si bien hoy mismo no la empi-cndo sin sentir 
eiert;! agitación nerviosa. 

Desde entóucos hablé en la sociedad de Sau remando 
y hablé con pocos compañeros y ningún rival, l'ero ansiaba 
dislínguirmí' en mayor teatro, y lo era, aunque no de la 
primera importancia, el vecino pueblo de Cádi/.. Formada 
aUi una sociedad patriótica en el café llamado del Correo, 
no tardé nmcho cii presentarme en su tribuna. La presidía 
entonces D. Manuel Lopí'/ (.'opero, es-miuistro y ex-dipu- 
tado d Cortes, de los perseguidos y castigados en iyi4, y 
que iba á serlo de nuevo por la provincia de Cádi/, á la cual 
Sü presentú un la ocasión primera. Por mi desdicha, d 
asunto de que Inité fué el estado de la America áiiles espa- 
ñola, y abogué por el reconocimiento de su independencia, 
do que, en mi sentir, debían resultar á Cádiz misma algunas 
ventajas, visto que la reconquista Je aquellas lejanas y vas- 
tas regiones ora imposible. Fui aplaudido al hablar co- 
■ mo cuando más, aunque acalorándome pinté con fuerza el 
nada favorable asi>eclü con ijuií eran mirados poi' los amei-i- 
caiios los soldados españoles enviados á sujetarlos. Pero 
los aplausos dados por los concurrentes no fueron ratifica- 



79 

dos por la población do ('-lidiz, ni ó un quizas por varios do 
los mismos que los dieron cuando so lívs pa^c', el entusia-snio 
con que me liubicron oido. l.os guílitanus ^lc«^caban la n:- 
conquista de la América, en lo cual tcnian vn/.nn, inii*anf.¡(» 
sólo á su Ínteres; y como la dedicaban niucb(í, la creían posi- 
ble. Habían aprobado el lovantaniirnto did ('j.''rt:iio expedi- 
cionario en gracia de haber sido li(rehu para restablecer la 
Constitución, pero con ciertu di<gus¡f) de ípie no liubiese 
ido á una empresa de que se pr<.niielian iV;l¡t*es result;is. 
Sonábase que los americanos habían tenido [jarte en nues- 
tra resolución de derribar al (íobieriin, y luisia que nos ha- 
bían auxiliado con diiifi-o, de [•• «-ual a!.uuní>s de ellos se jac- 
taban, siendo de todo ¡)unlo falso que liaría e! dia en í[ue fué 
jurada por el Rey la CíMistilucloii, n-s hubieren da'lo el me- 
nor socorro. Ivn esta situaci<.>n de la-< <"s:is, <rrif«» muy mal 
mi «liscui'so, y ju/.gf'»se (jUfMjie había sido, cuando mcntíS, su- 
eeridu ¡)or los abíjrrecido.s amei-ieaiio^, de quiíMie*^ se me 
miró como aicenie, va arrastrado á ^e¡■l^l itcr oh«:e.cac¡on, va 
muvido por motivo méno-^ diseul[;aií!';. ^>u htibia yo vivido 
entonces bastante píu-a que se i.u- l•«'l•.oeie^:l.• píu- incapaz de 
corrupción por d¡nr*!o, cosa díf q'j-- \i:>\ no nw. acusan ni 
mis eniímis^os má« encarnizados, <j'.i.' í-u ii!r:is co<as me <-a- 
lumnian. <Jfendi<."»me, como era di.'M'i»', l;i. eie^ra furia con 
que vela combatidas mi^ npininin«>. SantiaLiO Kotalde, q:.:e 
nunc:a me había querido í)ien, y que audaba entonces 
muy 'li-caido de su valimiiíiito con ^íiiiroga, pensó en ha- 
cerme tiro \ en recomendarse íi l.'^ :'íiiiitanos. (ofrecióse á 
refutar mis razones en pro del reconoei miento de la inde- 
[íOndencia de varios Estados de Aniérica, y hubo geiiie 
iííiioran te que le auxiliase ¡»ara el inlenío, no ecnoktiendo 
que aun teniendo él razón, cari-cía al)Soluiamente de l')s co- 
no«:imientos necesaritjs para se.u-iuir por esciiío uíc ••oniien- 
d:i subro el punto 'lispufado, y :U;n si-»j:»re cualquiera ono. j'll 
escrito [irimeru (pie pul)llc<'» mi oiM.»sitoi', se reducía á decir 
cuair«j trivialidades sobre euán jusl«.) y eonveniente sería re- 
conquistar á América, tosí'.' ello sin hi menor mira políti*':». 
que denotase capacidad para iratur tan ¿¿rave cuestión, y 



asiiiiiismo en |>és¡mo estilo y die(.'ioii incorreciisima, obra al 
caby di! j)i;rsc'im falla euteraraente do estudios, y que súlo 
inuncjubu lii jiluma por su atrevimiento. Lle¿'0 á lo sumo mi 
irritaciou, j (.'Sin-ilti ydi á luz un papel <.'0q el titulo de «Carta 
ú Loptíz Cc[«!i-o, presidente (lo la Suciedad patriótica,» donda 
examinaba d(í nuevo el puuto, contestaba y nio ratificaba en 
mi opinión piimei'a, si bien explanando mi dictamen. Hasta 
aquí no hauia mal, pero eoncluia mi carta con amarguísi- 
mos sarcasmos contra mi adversario, Iiasta dando por crei- 
bles acusaciones que había oido hacerle sin bastante funda- 
mento Kl uo podia lidiar con estas armas, pero apeló á 
oirás que están en manos de todos, respondiendo á mis 
sarcasmos acres con violentos insultos. Hasta hubo de me- 
diar Quim;,'a. porque en las injurias do que yo era blanco 
estaban dusfiyurados ciertos hechos, y escribió y publicó 
una bi-cve carta, donde tomaba mi defensa. Incapaz Santia- 
go de doItlar>je, y teniendo aücion á semejantes contiendas, 
volvióse contra el general, ralificándoso con insulto en 
gran parte de las ofensas qu,o me hacia. El asunto tenia quo 
ser un lance pei'sona!, Klcyí para él por mi padrino a don 
José Grases, el cual llevó á mi contrario mi desafio, que fuó 
desde luéjjo ai-eptado. Salimos al campo provistos de pisto- 
las, arma con que habíamos de reñir. Llegamos Grases y 
yo al puesto antes que nuestros contrarios, y cuando los vi- 
mos veuir, notamos quo los se/^uía el teniente do rey de ' 
la plaza de Cádiz, acompañado de un ayudante. Como toda- 
vía estábamos en un lugar que suelo ser de paseo, no hici- 
mos alto en esto, aunque lo extrañamos; pero al desviarnos 
del camino para entrar on el terreno donde había de verifi- 
cai'se el desafío, el teniente do rey, echando detrás de nos- 
oti-os, nos llamó por nuestros nombres. Volvímonos, y él, 
mostrándose enterado del fin que allí nos llevaba, nos man- 
dó separarnos y nos exij,'¡ó la promesa de desistir de nues- 
tro intento. No la dimos ui le confesamos; pero él, llegán- 
dose ú Grases, aunque no para registrarle, hubo de tentarle 
las pistolas, y siendo amigo, sacó de ello una broma urbana. 
Fué, iK)r consiguiente, fuerza remitir á otra ocasiou el negó- 



81 

(BO que no hubo de verificarse. Róstame d{ii;ir que ol aviso 
Ríe que fué resultas la aparición del teniente de Rey. tío vino 
e pei'soa^ aiguna á mí líUef^ada. Poi' (A gobernador i|ue ora 
entonces de Cádiz, D. Cayetano Valdés, supe después en 
Londres que le había llegado d^' persona (conexionada con 
mi contrario, pero sin anuencia de éste, cuyo valor era 
conocido. Bien está, por lo tnismo, que conste, debiendo 
añadirse que nadie rae sospechi^. ni remolatnente, de una 
ocurrencia nacida de haberse hecho detnasiado piiblico el 
desafío antes de llevarse á efecto. Pero quedase yo bien ó 
mal. la esperanza de ser diputado á (Jrirtes por Cádiz, estaba 
enteramente perdida, S61o atlo y medio después lo cotisegui 
para otras Curtes. 



I 



\ 



CAPITULO VI 



BU aotOT* «ale para lN^Ca<lritl <$on iina xnihñon ele Quirosa.— 
A^iX>eoto <le los asnntoH públicoH ¿ «u lleccada.— Presenta- 
ción a1 ministro Pérez de Cantro.— Iv€»oiY->izniento seco de 
iVrfl^elles y IVJCartiness de la I^Ha.— Afectuofaa acoí^rida de 
Toreno.— La f*ontana de Oro.— El primei» discurso del 
ifci&to'r en aquella Sociedad. Bum otraf^ ai*en£cas y oonducta 
en el seno de la misma.— ^eiKladeras ideas poliiicas del 
axitoi* en aquellos dian.-^Mal dextimpeno d** sn empleo en 
Seoretaría. 



Bien pensado^ este suceso hubo de ponerme en camino 
para Madrid á servir mi plaza en la seci-etaría de Estado. 
Tiempo había que debia haber hecho este viaje, pero sentía 
repugnancia ¿ separarme del ejército. Conocía, como me 
dijo una vez mi amigo Arco Agüero^ estando en una de las 
bromas decorosas, pero alegres, que eran frecuentes, y en 
que ambos participábamos, que aquellos dias inmediatos al 
triunfo eran los felices de nuestra vida, y que venían en pos 
muy diferentes. Además, mis amigos me detenían. Conti- 
nuaba escribiendo la Gaceta del ejército, ya no leida con la 
atención que antes, ni de grande importancia, pero donde 
solía defender el interés de éste contra los muchos que le ha- 
cían tiro. De repente me llamó Quiroga y me dijo que eva 
forzoso que me fuese á Madrid sin tardanza. Nacía esta ur- 
gente necesidad de las desavenencias que tenia con O'Do- 
nojú^ sordas, pero llevadas á exti*emos desagradables. Por 
desgpracía, el general residente en Sevilla, siendo diestro, ha- 
bía adquirido no poca influencia sobre Riego, y manejaba 
sus vehementes pasiones, apro vetaban do su rivalidad i'on 



84 

Quiroga en t!año del ejéiciio libertador. Con no menos ha- 
bilidad había conseguido desunir á los que fueron en ta co- 
lumna, de los qutí se quedaron eu San Fernando- Los pri- 
mei-os ponderaban sus hechos y aun los anteriores de su 
caudillo en escritos doiid»; se hacía injusticia tí los segundos, 
y no habiendo ésios respondido, vino de aquí á conocerse 
mal lo que habia pagado. Los cortos alcances de Quiroga 
y ciertas indistredoneri, en el frecuentes, daban á su rival 
grandes ventajas. Mi sni'aigo, pues, era que en la residen- 
cia de los dos Gobiernos, legitimo y masónico, hiciese a 
ambos un fiel relato de lo que ocurría, para que se pusie 
se término á cuanto U"Donojú estaba haciendo en nuestro 
dafio. Entiéndase que las pretensiones del ejército eran su- 
bidísimas, y en gran parle descabelladas, porque pretendía 
seguir siendo una potencia, y lo era en efecto, lo cual procu- 
raba impedir c)'Douojú, sirviendo en esto á la causa de las 
leyes más que al interés de la revolución. Esto fué el origen 
de sucesos que trajeron en breve un rompimiento entre los 
ministros y sus parciales, y los proclamadores de la Cons- 
titución y cuantos á ellos se allegaban. 

Sali, pues, de mi grata residencia en el ejército, y toman- 
do la posta llegué á Madrid el 10 de Junio de 1S20, que acer- 
tó á ser en aquel año dia del Corpus. 

ül mundo de Madrid era para mi nuevo, pues aunque 
había pasado en la capital largas temporadas y aun años á 
veces, no habia en ella representado papel alguno, y ade- 
más, estaba el teatro tan mudado en actores y situación, 
que presenlaba novedad no pora, aun para los más acos- 
tumbrados á verle rt A hacer en él figura. 

El Ministerio gozaba todavía de la confianza de todos los 
constitucionales, pero con una excepción sola, porque era 
general entre la gente acaloí'ada, y aun bastante común en 
la que lo era menos, mirar con desvio al ministro de la Guer- 
ra, marqués de tas Amarillas. Los demás eran pocos gratos 
al líey, el cual, sin embargo, todavía no les znostraba su 
aversión. Ellos por su parle estaban resueltos á ser fieles 
ejecutores de la prerogativa rea! en toda su latitud, pero des- 



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85 




.¡.o. j .d.mí. 



aborreciéntlnle, i;n lo cual, si no linlu'a injüstii;ia, tampoc-o era 
lazon dei:ii' que hubieí^i- prudem^i.-i. La-luniíi de iiiobieriio, 
BiJlo consultiva, estalKieripié con coi-to ¡lOiIer v no mucho 
lustre, estorbo á veces, y en al^un:) ucrií^iún ayuda para el 
MiDÍsterío. 

Las elet-rioiies para las [inlximas Tórtt's estaban hachas. 
Todos las aplniídíaD por haber ri'caido los nombramientos 
en liberales cmiocídüs. y todavía rai-o ei-a, si ai'aso había al- 
guno, (juien recelase (juc los übcrali-s pudieran desunirse 
' mny en breve. 

El Gobierno masfinico estaba á medio formar. Yo tuve 
asiento en el Gran Oriente, donde todavía no estaba riyuro- 
EBmentc establecido el sistema de (|u>: se compusiese sólo de 
los represe atantes de los Soberanos Capítulos existentes en 
cada provincia, los cuales habían asiinisino de constar srtlo 
de representantes de las logias <|ue en ellos trabajaban. 
En general, el Gran Oriento sólo pensaba entonces en der- 
ribar al marf)ués de las Amarillas, en lo cual había empeño, 
auni|ue no hubiese pasión violenta ni enibo/ada contra el 
ministro cuya caida se pretendía. 

El Gobienio legitimo ó público estaba obedecido en toda 
España, menos en Galicia, donde era impcrrecla la obedien- 
cia, por existir allí todavía formada la .lunta<|ue. diferente de 
la de Sau Fernando, era una autoridad j^ubernativa real y 
verdadera, de la cual su ejército estaba dependiente. 

Los periódicos eran numerosos, pero ninjjuno de ellos 
tenia influjo preponderante. Como bien escrito, el titulado 
¿a JMtHcelánea era leido con fjusto; pero el principal perso- 
naje íjue en 61 escribia, D. Javier de Búrfíos, no era grato 
á los constitucionales, aunque en general siguiese su ban- 
dera. Ilabia además mostrado algún empeño en defender al 
marqués de ias Amarillas, lo cual iba llegando á ser uri 
pecado. 

La Crónica, de mi amif;o Moro, en la cual había yo es- 
crito algún articulo en 1H18 y principios de 1819, también 
había empezado á ser política, de científica y lileraria que ;in- 



tea era. [>orque de olio mudo do habría sido leída. Era cons- 
titucional, pero sia corresponder á partido alguno de ios en 
que empezaba á dividirse el gi-ande antiguo, bien que entón- 
ree la división apuntaba, y no más. 

Entre otros periódicos se señalaba uno titulado El Con- 
itercador, por su nada juiciosa violencia, estando por otra 
parte,aslcomobaslantemalpensado, nada bien escrito. Pero 
el blanco primñpal de las abundantes y emponzoñadas sae- 
tas que disparaba, era el pol>re gremio de los afrancesados, 
injusto y nada cuerdo era el trato dado entonces li estos in- 
felices. Al publicarse la Constitución como jurada ya por ©I 
Rey, había salido á luz un real decreto mandando cesar 
los procesos y condenas de ijuienes padecían por causas po- 
líticas, y abriendo las puertas de España á los desterrados, 
cuya única culpa era haber pertenecido á bandos á los cua- 
les habla sido contraria la fortuna. Los embajadores y en- 
viados de España en países extranjeros, y los cónsules de 
éstos dependiüntes, habían expedido pasaportes, asi á loa 
antes servidores de José ^íapoleo^, como á los constitucio- 
nales fugitivos. Los primeros acudieron gozosos á pisar el 
suelo de su patria, si no arrepentidos de su pasada conduc- 
ta, lo cual no era de presumir, persuadidos de que en la 
era á la cual debiera el olvido de sus anteriores hechos, no 
se verían maltratados. Tinga fiáronse, para vergüenza de Es- 
paña, y vergüenza doble porque mereció ser tachado de ne- 
cio, tanto cuanto de injusto y cruel, el recibimiento hecho á 
aquella gente desventurada. Fué lo primero decir que no 
los comprendía el acto de olvido, por no ser su delito políti- 
co, sino ordinario, listo es, de traidorásu Reyy á su patria; 
singular doctrina, igual en la barbarie que en el desatino. 
Sin embargo, culpóse y aun se reprendió el acto de haber- 
les dado pasaportes, y después de pensarse qué había do 
hacerse con ellos, no dejando ni siquiera de darse favor á 
la atroz idea de lanzarlos otra vez al destierro, hubo el singu- 
lar pensamiento de señalarles por residencia algunas pro- 
vincias de España, de las^vecinasá Francia, donde queda- 
sen como confin.tdo': hasta r|ut> dispusiesen las Cortes de su 




ulterior destino, como s-i al ponerlos por fucr/apn Aquel 
p«Í8, se les diese (ron que sustentarse en íil ó sl- esperase 
que viviesen sin recursos para su sustento. Sepun se debía 
supcmer, tal disposición fué mal obedecida, resultando de 
ella dos escándalos: uno el de darse pi-ovidenoia tan odiosa, 
y otro e! de que, dada, no so cumplía. Ei Conxi'rpador tom(i 
á su cargo la defiínsa di; eslt* insensato ripor. KRcribiei-on en 
el alanos del cuerpo gobernador supremo de la masonería. 
de donde vino suponer que en este punto llevaba la voz de 
lasociedad, lo cual fué oqui\ooncion, aunque hija de conje- 
turas muy fundadas. Tratados asi los antes servidores del 
Rej^ intruso, juraron odio ai nuevo (íobicrno, y mayor á la 
{urcialidad acalorada de donde saliéronlos tiro» que tanto 
hs dañaban. Fuera dti esto, era necesario que prontos en 
su situación se uniesen entní si con estm-cho laüo. Fué fjra- 
ve yerro en los constitucionales no liaber unido con el suyo 
«ate partido. Pero Ata vanidad de ios unos ofendía el orgu- 
llo de los otros, y además mediaban resentimientos, porque 
en el coinun destierro, los afrancesados habían tratado 
OÍD desden á los liberales, y úun á veces tirado ó congra- 
ciarse cou el Rey á su costa. Yo, en mi es<íaso valer enton- 
ces, me declare parcial do éslos, á quienes miraba tratíidos 
como á judíos ó parias, entendiendo que paní ello no habia 
razón ni justicia. Con todo, no llegaba á aprobar su conduc- 
Hen haber servido al enemigo de su patria, pero la discul- 
pabí, y de cualquier modo creía que, buena ó mala, debía 
darse ya á ¡«rpetuo olvido. Insistí mucho en esto, con poco 
ínilo. Merecí por ello muestras de aprecio y gratitud de los 
interesados, y hasta un día fui llamado á una como junta 
<Hie tenían, donde hallé congregados A muchos de ellos, al- 
gunos de los más principales en su parcialidad, y donde re- 
'^'í' grandes elogios por mi cuerdo proceder en defenderlos 
^ sus enemigos. Andando el tiempo variaron tanto las co- 
s>8, quesij, haberlos deservido yo, los escritores de este 
PWliJo fueron mis más acérrimos contrarios, cebándose en 
íni fama, y al morderme, haciéndolo con el veneno de la ca- 
lumnia. Señaláronse en tan ruin proceder los est;r¡toi'es de 



un periódico titulado El Censor, obra en general escrita 
con talento y ciencia. 

llabiu asimismo en Madrid una Milicia nacional media- 
namente numerosa. Ksle cuci'po, al cual había de tocar des- 
pués, en razón de su índole misma, ejercer un influjo vicio- 
so y predominante en los negocios del Estado, aun no era 
lo que vino á ser, y sobre todo lo que ha sido desde 1834 en 
adelante. Al revés, en aquellos días blasonaba de portarse 
como Srme sustentáculo de las leyes. La de caballería era 
en alto grado aristocrática. Figuraban en si*s filas mu- 
chos Grandes de España, y como el uniforme que hubiera 
lomado era de grande riqueza y lucimiento, pavoneábanse 
con él, ostentando asimismo los hermosos caballos que casi 
todos montaban. 

'Lo que se llama hoy el espíritu público, era & la sazón 
en la capital de Eíspañu satisfactorio hasta cierto grado. Sin 
embargo, en la plebe, el número de loa* constitucionales era 
cortísimo, reinando en ella vivo c intenso el amor á la mo- 
narquía antigua y á la persona del Monarca reinante. Algu- 
nas excepciones babiu á esta regla, pero pocas. Al revés, 
habla casi generalidad en el constitucionalismo de los co- 
merciantes y de las personas de la clase media. De los em- 
pleados, tos más habían abrazado la causa del nuevo Go- 
bierno con cierto fervor, no muy sincero ni muy falso , hijo, 
de su interés. Otros eran nuevos, y éstos debian á su amor 
a la Constitución antigua ó moderna sus recien logrados 
destinos. 

Al presentarme yo en Madrid, lo hice en la secretaria 
del Despacho de Estado, donde iba á servir mi empleo de 
oficial último. Una circunstancia frivola me indispuso con 
el Gobierno desde la hora primera de mi presentación. Era 
entÚDces uso en Cádiz, y más en el ejército, llevar aún en el 
sombrero i-edondo y con el traje de paisano, la escarapela 
en que estaban casados los colores encarnado y verde. Traía 
yo en el mió una de harto mal gusto, formando estrella, y 
que saltaba mucho á la vista. Al ponerme en la presencia 
del ministro D. Evaristo Pérez de Castro, hubo él de repa- 



rar en aquaí aii adorno. ASnóm-^lo, y on toan sicJío dm con- 
sejo, medio de ¡ntceplo, como do su[ier¡or á inforior, me dijo 
quemequitasu uquella divisii, puc» lii caxuuUdiid queme 
httbia hecho sei' iÍol üjército liburtador, no me iiutorízaba á 
usir de lales distiiicioiitís. Hoy mismo que estimo, quiero y 
áuD respeto á este personaje benemérito, y que juzgo acer- 
tado y jusio el hecho de condenur el uso de la tal üscurape- 
la.iodnvia opino que fué mulo el modo de intimarme que 
melaquitase. Nu eia la cfixunlidad, sino mi elección, lo 
que me había llevado á pnrlii'ipar en la empresa de resta- 
blecer la Constitución, aventurando en ella mí fortuna y 
hwtaini vida, y pareciómo y dobia parccorme mal que per- 
sooas encumbradas :il mando de resultas dt^ mis hechos y 
lea de mis compañeros, me tratasen con tal sequedad y me- 
nosprecio, y conmigo ú la insignia conmemoradorade nue!>' 
tra h&zaüa. Vi en esto, y no sin causa, una soñu! del algo 
látuo encono ion que los hombres de 181:;^, subidos ü, la 
más alta dignidad y autoridad, trataban n la pobre f/ente 
que sin ser de au grttmío antiguo Imbia poi- casualidad res- 
tablecido en líspaña el Gobierno constitucional, y puéstolos 
á ellos al frente del Estado. Xo me disculpo ni me acuso, 
pero sólo refiero la verdad cuando digo que oste incidente 
leve y oti-os semejantes, influyeron en mi püSt<TÍor conduc- 
ta de declararme contra el Minist(-rio. Lastiman las ofensas 
hechas al orgullo, mucho más que las que se hacen al inte- 
rés, y lastiman á los hombres que no dejándose llevar del 
segundo, por mirarle como ruin, de ello se envanecen, y 
duelen y enojan más viniendo de personas de quienes con 
hu'to motivo se esperaba consideración, hija del agradeci- 
miento. Yo estiiba entóncei- en^rcidístmo con lo que había 
hecho, y si no aspiraba á prumio superior al corto (¡ue me 
habia cabido, quería ser pagado, en la parte de deuda que 
no cobraba, en moneda más provechosa. 

Peor recibimiento tuve de oti-o personaje. AI llegar á Ma- 
drid mi amigo el diputado por Cádiz 1). Bartolomé Gutiér- 
rez Acutía, me preguntó si conocía ¿ Arguelles y si podía 
preeenlarle á el. Respoiidil*; que lo habia tratado algo en Cá- 



90 
diz, ea casa de la señora doña Mui-g;iríta Lope?, de Moría de 
Viniés, doode concuiriamos juntos bastantes nncfaes. Quizá 
tan corto conocimiento no me autorizaba á hacer la preseo- 
tacioQ de otra persona; pero siendo yo uno de los príndpa- 
les autores del alzamiento del ejército, creí que tal circuns- 
tancia era un titulo para esperar del ministro un acogimieD- 
toafectuoso. En verdad, pensar así era presunción por la 
cual quedé bien castigado. Arguelles no se acordaba de mi, 
lo cual no es extraño, pero aun al decirlo mi nombre y ca- 
lidad no pasó de una urbanidad t:in seca, que casi era un in- 
sulto, pues equivalía á tratarme como & una persona entro- 
metida y no digna del mayor aprecio. Salí de su presencia 
resentidísimo, y mi resentimiento se enconó con circunstan- 
cias que sobrevinieron. 

Hasta con otro personaje notable tuve en aquellos dias 
poca fortuna. Habiu yo tenido estrecha amistad con Marti- 
nez de la Rosa, y lastimAdomc sobremanera de su suerte 
cuando estaba perseguido. Hasta le escribí estando en su 
prisión de Madrid una carta de afecto y no poco imprudente, 
porque expresaba la aprobación de su conducta y afecto á la 
causa que lo era de sus padecimientos. No mo dio él respues- 
ta; pero me envió á decir que no respondía á cartas, abonan- 
do con esta razón su silencio. Después, en -181B, me habia 
atrevido, en un folleto impreso, á celebrarle con extremo, 
acción en aquellos días un tanto arrojada. Llegando á Ma- 
drid, donde él estaba, le encontré una tarde en el paseo del 
Prado. Corrí á abrazarle con amistosa efusión, á que él cor- 
respondió con frió acogimiento. Aun me dijo: ¿Con qué us- 
ted también «e fué á la IslnY como podría haberse dicho á 
quien, oyendo gresca, va á meterse en ella en calidad de afi- 
cionado. No era esto lo que yo esperaba de personas que se 
hallaban en rigurosísimo encierro, del que habíamos contri- 
buido á sacarles los mismos que éramos por ellos recibidos 
con protección casi desdeñosa. Lo repito: ahora, libre de an- 
tiguas pasiones y pronto á convencerme á mí propio, como 
hago con frecuencia, asi como á disculpar á personas á quie- 
nes profeso tierno afecto, el modo de tratar ú los restable- 



91 

cedores de la Constitución que tuvieron los perseguidos 
en 1814, subidos en 1820 á lacumbre do la consideración y 
del poder, fué en alto grado ofensivo, exceptuando sólo de 
su altivo desden á los quo se hicieron sus cortesanos. 

A un personaje notable debo eximir de esta censura. Fué 
éste el conde de Toreno, cabalmente de los menos amigos 
mies entre los prohombres de la anterior época, pero en cuj^a 
Hlma noble y claro entendimiento había pensamientos y 
afectos generosos, é ideas políticas más vastas y atinadas. 
Éste, no bien llegó á Madrid, como hubiese sido nombrado 
ministro plenipotenciario de España en Prusia, cargo que 
no aceptó, pasó á la secretaría de Estado, y cuando le rodea- 
ban obsequiosos todos, él, sin falta de atención á otros, pero 
parando la consideración particularmente en buscarme, pre- 
guntó bastados veces: «¿dónde está Galianof» y señalándole 
mi mesa, vínose á mí, apretóme la mano conmovido y con 
estas y otras muestras acreditó conocer y agradecer mis ser- 
vicios á la causa común y á las personas que como 61 la ha- 
bían abrazado. Después de esto, he sido alguna vez injusto 
con este hombrt» dignísimo, pero me sirve de consuelo que 
en los dias últimos de su vida le tuve y manifesté un aprecio 
y afecto á que él correspondió, siendo su pérdida uno de los 
sucesos que más lamento, así como por motivos políticos, 
por razones que me son personales. 

Dejando estas menudencias relativas á mí no más, bien 
será pasar á otras cosas que deben empeñar lai-uriosidad de 
mis lectores. 

Mientras el Gobierno masónico del Grande Oriente se 
iba robusteciendo, preparábase un poder que él había de 
manejar hasta cierto punto; y hasta cierto punto y no más, 
digo, porque nunca estuvo del todo á su disposición, y 
se le fué de las manos, siendo de más violencia que la que 
convenía á la sociedad, templada en su exalUicion, á cuyo 
cargo estuvo parte de la opinión en un período, y en otro 
posterior el ministerio. Hablo de la sociedad patriótica que 
se congregó en el café de la Fontana de Oró, y que de este 
lugar tuvo el nombre con que tceneral mente ha sido conocí- 



da. Llamóse, shi embargo, de loü (iniigoR del orden, y esto 
<leclara qué pensamiento movía á los primeros que concur- 
iieron á formaila. Fueron éstos casi todos geota granada y 
de nota en el partido constitucional, aunque también hubo 
entre los primeros socios hombi-e.s de opiniones extremadas 
y de inferior nota. La idea '|uedomin>') al crearla fué esta- 
blecer un lugar de debates templados y decorosos, en contra- 
posición álos '¡ue habia habido en el café de Lorenciní, y 
que seguían en el de San Sebastian, aunque llamando 
poco la atención del público. Desearía tener una lista de las 
<iue se publicaron de los pt-imeros socios, porque se leerían 
en ellas nombres que darían golpe á quienes, mal enterados 
de la época pasada, creen ahora que los formadores de la so- 
ciedad de la Fontana eran una pandilla de locos sediciosos. 
No digo esto por disculparme, pu^'S fui yo, como quien 
ináe, de los que torcieron aquella reunión de la senda por 
donde la querían encaminar sus fundadores; si bien nunca 
llegué á ser en ella un fiíctor de asonadas y alborotos, ni asis- 
tí á sus sesiones, no hallándome en Madrid en los dias en 
que vino á ser un teatro de sedición escandalosa. El tribuno 
de la Fontana fui en cierto modo, pero no el tribuno que se 
figuran ó fingen quienes con este titulo me Human, para 
vituperar á un tiempo mi conducta del tiempo antiguo y la 
del novísimo ó presente. 

Llegado el dia de la primera reunión de esta sociedad, 
acudió a su apertura una numerosa y lucida concurrencia; 
una barandilla partía en dos trozos el larguísimo salón del 
café. A la parte de arriba estaban los socios y varias señoras 
convidadas: á la de más abajo el auditorio falto de derecho 
de hablar ó de votar, aunigue no de mostrar su sentir sobre 
lo que oía por medio de aplausos. Inútil parece decir que me 
brindó & hablar en aquella noche, y que fué aceptada mi 
oferta. Mi ambición toda era lucir como orador, y mi anhelo 
serlo en las Curtes, considerando que con adquirir fama en 
puesto inferior, me abría ó me allanaba el camino al superior, 
de mí tan codiciado. No fui el primero ni el segundo que 
subió al alto pulpito destinado á los oradores. Llegándome 



mi vez, fuímc ¡\ mi ¡mcslo, ya no <;iicog¡<lo ni du'io&o, siiv* 
lleno do la mayor confianzíi. Había nieiliiii'lo un i;iiito mi 
arenga, &un({iie píji pficribii'la, ponjun rusi-.i oscriiH jironuí;- 
cíada, sale púsimn. salvo lal voz- un alfrurios si-i-nionos. (Jnn 
el mal instinto que fiuia ú r|uiene« h.ibl.in ¡«ira pranjearsp 
el favor popular, hubia t-sroftido para blanco <li' mi (iiscursn 
al Doarfiués de las Amarillas, nial'|uisto imlnnn!': nun i'on \nn 
constitucionales moderadon. Sabía \o que laí« va^as •^eii(>nt- 
lidadefí en que na ftntrfituvif.'ron quienes ántos que yo ha- 
blaron, no eran propias ]iarn i^acar aplausos en un lu^ar 
donde s61o agradan los <\U'-. halagan pasiom^s di' rualquicia 
clase. Mi disoui-so se redujo á lo sipu¡cnU>. Abo^-uís por el 
uso de las personalidadi's. siempre que üf^hiciesií usoiteellaii 
con juBticia y templanita. Pi'ol>6,L'omuesíácilprobar, que las 
personas de Ion hombres que fi^umu en el teatro de la |jo1í- 
tica, masque ciertas doctrinas, son lo que da más propio 
empleo á la pluma y á la voz en los listados donde hay tio- 
biernos (le ios llamados übn^s, docii'iua onti'inres un tanto 
nueva para los oídos españoles y que disonó á no pocos, 
cuyo deseo ora oír en las sociedades patrióticas alabanzas 
de la Constitución yoxplieaciones de sus principios Tunda- 
mentales. Fase de aquí con artera malicia á Iiaccr una su- 
posición, dejando trasiucir que la miraba como una revalidad 
de aquellos momentos. «Supon-tamos, dije sobre poin más rt 
•ménoE, que en un Kstado sujeto por algunos años al yugo 
»del despotirimo, una revolución ha restablecido la libertad; 
«supongamos que de i-esultas de est:i mudanza han sido en- 

■ cargadus del Gobierno personas di^'nas de toda la con- 

■ fíanza de los amantes de .«u patria y de las nuevas leyes, y 
bsupongamos también que entre estos personajes hay uno 
uinuy diferente de 0110!! en carácter y do''tr¡nas, si no adicto 
>á la causa del despoiisnto antiguo, api'^ado ú una parciali- 
»dad aristucrátiea, lleno de aversión á la mudau/a violenta 
»de que nace la situación nueva, y do mayor todavía á Ion 
«hombres que ta han iraido, y pregunto: on el caso de esta 
"Suposición, jiestaria bien en los oradoifs de estas reuniom-- 
«eotreteaerse en vagos elogios de la forma do gobiern'i 



«6xislea(«, ú ea no menos vagas censuras de las propeasio- 
»nes eristocráticaB ó de sus inclinaciones contrarias á lare- 
Bvolucion efectuada, ó, al revés, no sería conveniente y aun 
«necesario hablar de! hombre cuya conducta se desaprueba, 
■y eeñaiarle y decir: ahí le veis; esa es la nube que empaña 
ty ofusca en esta hora la alegre serenidad del horizonteí» 
Una salva de palmadas estrepitosísimas respondió á estas 
frases, probándome que había acertado en mi tiro, y con- 
quistádome renombro y poder futuro. Pocos sabían, y aun 
quizá no muchos saben hoy mismo, que ni el mérito de la 
novedad, ó de ser mia propia, tenía la maligna acusación 
tan indiscreta, recibida <'on aprobación arrebatada, hija de 
no mejores intenciones que las que la dictaron. Habiayo 
wpiado un célebre discurso, pronunciado en la Cámara de 
los Comunes de Inglaterra, á mediados del siglo xviii, por 
sir Guillermo Wiadham contra el ministro sir Roberto 
Walpole y aun contra el rey Jorge XVI, oración que había 
yo leido copiada por varios hisloiiadores ingleses. 

Mi triunfo primero me llevó á buscarlos continuos, y á 
conseguirlos también, de suerte que en breve el salón de Is 
Fontana fue el centro de mi gloria y la piedra angular de mí 
poder en cierto grado. Hice mal uso de la fuerza que cobra- 
ba, ó por decirlo con más propiedad, para cobrarla empleé 
malos medios, porque usándolos buenos no habría podido 
adquirirla. En una ocasión, picado con los que, si bien 
aplaudían el restablecimiento de la Constitución, vituperaban 
con baíitante fundamento la sublevación del ejército que para 
lograr nuestro fin nos había sido instrumento necesario, 
dijeque los constitucionales nlzados para restaurar la li- 
bertad nos creíamos superiores á los constitucionales «de 
real orden,» aludiendo á la fórmula de oficio por la cual ha- 
bía mandado S. M. guardar y cumplir la Constitución des- 
pués de haberla jurado. Cayó muy en gracia el dicho al oirte; 
pero meditado después, fué del gusto de muy pocos, siendo 
en vei'dad en estremo vituperable, pues daba por demérito 
la obediencia. Otro discurso hice para que la sociedad pi- 
diesi; i|ue <i¡ añailiiise la orla verde á la escarapela encar- 



nada española, y asi se votó, cumplimeotándonia al acabar 
de hablar D. Sebastian Miñano, aunque dijo no ser de mi 
dictamen, poi- la habilidad que supuso en mi arenga; testi- 
monio ésie de un hombre que sin motivo personal se hizo 
uno de mis mé-n viólenlos enemigos. 

Creerán muchos al áaboregtaépocademi vida, aun porto 
que yo digo, y lo ci-cerán más si saben do ella por las desfigu- 
radas relaciones eifi-ritas ó comunicadas de boca en boca que 
acerca de mi conducta han corrido, que era yo en aquellos 
días un republicano, ó cuando menos un aprobador o promo- 
vedor de desórdenes y bullicios. Sin embargo, nada distaba 
más de mis intencionen ijue el pensamiento de hacer tales pa- 
peles. Imprudentiüínio y úun necio si fui, pues no queriendo 
ciertos fines, recomendé y aun abrucé los medios que á ellos 
forzosamente llevan, y uo profesando ciertas doctrinas, di 
fundadísimos motivos para dar á creer que las pi'ofesnba. 

Cabalmente pocos meses antes había Ucfiadü á mis ma- 
nus el curso de política con^iiiuciouiíl de iJcujamin Cons- 
tant, en su original trances; y no sólo le había yo leid<j 
con gusto, sino que le había tomado por símbolo de mi te 
política, teniendo por bueno y óptimo cuanto allí se sienta 
y recomienda en todas sus partes. Así, lejos de ser republi- 
caoo, me habría aun entonces alegrado de ver oti España 
una Cámara alta y una monarquía con mas prerogativaís 
que tas que le daba la Constitución de 1S12, y uniA CórteR 
menos poderosas; ó dicho de otro modo, que no gobernasen. 
Pero con estas ideaü mezclaba otras descabelladas, pues so- 
ñaba posible una libertad ú la inglesa, con uso lato de ha- 
blar en reuniones numerosa-^. V.w la doctrina de la sobera- 
nía nacional creía como ci-een muchos wtiigs ingleses; pero 
si en sustentarla tenia tanto oiupeño era por una cuestión 
de interés de aquellas huras, porque, según los últimos su- 
cesos, de que vino leslablecerse la Constitución, i-econocer 
al pueblo por soberano eia eximirnos, los que tomamos su 
voz, de la nota do i-ebeldes. l-'ucra de esto, abogaba yo en- 
tontas por una política atrevida y de la llamada revolucio- 
aaria. por razones qut- no me parecen desatinadas bo\ 



mismo. KI Rey eraenemigo declarado de la Constitución, por 
lo que contra ellii habia hecho cd 1S14, y por lo que contra 
él, en nombre de ella, acababa de hacerse; de suerte que las 
leyes cuya ejecución le estaba encomendada cou facultades, 
si muy restrictas para goberuar con común provecho, harto 
latas para valerse de ellas en daño de la forma de gobierno 
por él jurada á la fuerza y aborrecida, eran para él un yugo 
insoluble y una afrenta que pedía vcnganz.a. Muchos pensa- 
ban como él en Espaüa, y si !a empresa del alzamiento ha- 
hiaal cabo salido bien, su Inunfo era debido, más que al 
geoeral consemimiento, al universal asombro. Fuera de 
España, la Constitución parecía mal á los Royes, y peor e! 
modo usado para restablecerla. De todo ello resultaba que la 
política buena para otros tiempos, cuando el Rey no tira á 
derribar la Constitución, ni cueuta para ello Cíin la ayuda 
de las potencias vecinas, nada valia entonces. Hacíase, 
pues, fopKOSO seguir llevando las cosas revolucionariamen- 
te, tener amedrentado y sujeto al Monarca, supeditados é 
intimidados asimismo los parciales de la monarquía, y á la 
nación en pié de guerra con un ejército devoto de la revolu- 
ción, pronto & combatir á los enuuiigos domésticos y extra- 
ños. Me dirán á esto, y yo me lo digo ahora A mi mismo, 
que tal estado de cosas mal podía sostenerse. Asi lo confieso, 
y esto prueba que erramos [■esta'decicndo la Constitución 
como l(f hicimos; peco hecho estiiba ya, y como retroceder 
no podíamos, ni pararnos tampoco, se hacía necesario algo 
de violencia para ir de conlinuo adelante con más ó menos 
pausado movijuiento, y aun dudo (|ue no se quisiese pasar 
del punto donde se estaba; para pennanecer en él era forzo- 
so amagar á los contrarios con la ofensiva, cmno único me- 
dio de hacer la defensa segura. Malas situaciones, sólo con 
malos medios se sostienen; y si bien los moderados de 1820 
eran en muchas cosas superiores á nosoli-os los del contra- 
rio bando, no era inferior al nuestro su desatino, ni si hu- 
biesen seguido mandando habría dejado de venirse & tierra 
el edificio constitucional más ó monos lai-de, con mayor ó 
menor vergüenza. 



'ÍL 



Con estos pensamientos obraba jo como tribuno fin la 
Fontana, y como scmiconjurado lorlavía en ia gocindn'l ma~ 
sónica. Lo qup es en mi destino ile ofinal de la suerotaria de 
Estado poco podía hacer, y nada hacía, nidc^^empeñarlo bien 
siquiera, nemsitándose para ello laii poi^o. Se. <|ue dijeron do 
mí mis enemigos de allí, <]uu era en mi cmpieo monos quo 
mediano, y di^o que decían la verdad pura. Pero á esta hu- 
mildad de mi oonfpsion ha de spjíulr algo de jactanda, 
siéndome licito recordar <|ue en aíio y medio largo que 
en 1812 y 1813 estuve trabajando como oltcial de la misma 
secretaria sin serlo, gocí; concepto de aventajado. V.n los 
tres meses y pocos dias qui- serví mi plaza en 1830, había 
cobrado á ella una aversión insupeiable. Quedóseme como 
una espina clavada en el costado, fijo en el pensamiento el 
primer recibimiento que del ministro lialiia tenido. Seguí 
mal con él, y al cabo no muy bi-^n con mis compañeros, 
aiuiquc con éstos no (uve desavenencias, ]n;ro si hubo entre 
nosotros desvío. Además, me i!;imah.-ui demasiado la aten- 
ción los negocios revolucionarios para que pudiese atender 
á la rutina de un negociado, .siendo el que se me dio de los 
de menos empeño. lie dado la<~ razones de nii culpa, aunque 
sea quitándome el mérito que contraigo con no negarla. 



CAPITULO Vil 



asvintOH <lel e.it"i'<ito liberlatlor. - JEl Soberano Capitu- 
lo tle C¿<1Í5B y el Oran Oriento en IVIatlricl.— l<3ntrada de 
Qxiirofca en la corte. — Obsetiviios* de eme en objeto — I>eH« 
cúbi»e«*e una trama del l"?ey <íon1 ra los consí itticionales — 
iVlai*xna nocturna en c;l cuartel <le Giiardias, y »\i» conise- 
cuencia». — A.pert\ii*a de la« Cortes.— Deciden los minis- 
tros disolver el ejército libertador, y llaman ¿ IMadrid á 
MUS jefes. — Excdt ación Que pro<luce la noticia en sus par- 
ciales.— I^epreí<entan contra ella.— XMflcil sitiiacion del 
Oobierno. — Xoreno entra en tratos con Riet^o por inler- 
mo<liodel canónico liermrtno de^Vte. 



Andaban entre tanto las cosas de manera que ni había 
verdadera quietad ó satisfacción, ni grande desasosiego ó 
desconcierto. Los ministros hacían po(|uísimo, y con ello 
no eran aplaudidos ni vituperados. Los ojos de todos esta- 
ban puestos en las Cortes, próximas á abrirse. 

Las cosas del ejército libertador, que yo, entre otros, es- 
taba encargado de negociar, no iban, ni como deseábamos 
en nuestras ambiciosas pretensiones, ui mal todavía. O'Do- 
nojú seguía con el mando, y hacía tiro á los del alzamiento, 
pero sin dominarlos notablemente ni recibir él el que por 
nuestra parte se le deseaba y procuraba. Quiroga había sido 
nombrado diputado á Cortes por Galicia, y Sb estaba dispo- 
niendo á venir á tomar asiento en el (.\>ngreso. Riego es- 
taba destinado á tomar el mando vacante en San Fernando, 
lo cual daba al ejército gran fuerza, porque acababa con la 
desunión qué le enflaquecía y le ponía por cabeza un hom- 
bre más á propósito para empresas arrojadas que Quiroga. 
No aventajaba mucho á éste Riego en talento ni en saber. 



100 

[)ero al^o lo excedía; y sobre todü, ;;uzaba de muy superior 
concepto, habiendo llegado á tenerle a! ti si ni o y muy superior 
á sus merecimientos, no obstante no ?et' cortos. Además, na- 
die le disputaba la primacía, porque en los otros nuevos ge- 
nerales no había ambición del mando supremo. O'Douojú 
vino casi á desaparecer, si bien se ocupaba en hacer tiro á 
gentes á quienes las leyes militares tenían sujetas a sus ór- 
denes y la opinión general puestas sobre él, y á la par con 
el Gobierno mismo. íbaso tiai creando una potencia en la 
Isla Gaditana. El gobernador de C.áiVu., D. Cayetano Val des, 
honradísimo, estaba algo emparentado con Riego, si bien 
ligado en estreclia amistad con .\igfielles y los ministros; 
pero sin conocerlo, obedecía ú la autoridad oculta revolucio- 
naria de fjue e.slabn rodeado, lisia autoridad residía en el 
Soberano Capitulo masónico de la provincia. En 61 era ei 
principal por su influjo D. Francisco Javier Istúriz, cuya 
ambición y eKi>iritu do predominio eran gigantes, caballero 
en sus tratos y modos, desinteresado muy fuera de su pro- 
fesión del conieri;io, y aspirando ya desde entonces á mu- 
cho, lo cual es gran medio paní llegar al cabo á con.seguirlo, 
principalmente si dedicadas todas las facultades á un solo 
objelo, en él se tiene la vista clavada en todas las acciones 
de la vida. 

Que existiese semejante potencia, era un mal;pero lo era 
también, y no pequeño, anularla, porque la revolución mal 
sentada, y la Constitución de continuo peligrando, habían 
menester un apoyo robusto que, presente á sus contrarios, 
los retrajese de sus intentos. 

El Grande Órlenle de Madrid no veía con disgusto una 
potoDCia en el titulo y aunen parteen la realidad, dependien- 
te de él, aunque con dependencia indócil, porque le supera- 
ba en fuerza, y aun en punto á interés habia alguna, si bien 
leve discordancia entre el de la una y el de la otra. Sin em- 
bargo, lazos estrechos de amistad unían á los mismos que 
mandaban en Cádiz con los que influían en los negocios 
públicos y ejercían la autoridad suprema de la Sociedad en 
Madrid. 



MuchOij uraii lo- í|iji- r()iiiin.iiii.-ir. tmU: i-uerpo gohcriia- 
tlor. Empezó desde liié.!,'(i áilivülirsc, como ludo ruerpu, an 
(lufi purtidü^; peni \ioi- alf^iniüs di;is !;i 'iivisiun ;i¡ii>i»as tuvo 
en qué mjiiiifeslarfiü. Alli.'gúbiin:íf itat-lU-uIíiniiiirite al ininis- 
terii), el i'onde de Tíiit-no, t:in <.-oiiüoid.i que es imtdl deoir 
ja de él más '{uc iriiinlaili^; 1). Juan Amotiii) (iuardiula, de 
buen tálenlo, de condición su¡iv<^ y roncilitituria, á 'luioii 
daba cclebrídtul haber í^ido [ii'cso por s<jS[«.'i'Íiui$o de cojiju- 
rado {)Br:iel t-ustiibltriiTiicnlode la t^oiislitui'ion, y aun se- 
gún fuma, nu muy avrri^'uada, lU^ íialii'i- sido jiue^ki á lor- 
inenUí, [lero cuyo coniviilo amt:nj:iiahaii viici^s ruyi» funda- 
monto no está prabadu, <jui; It- arliüL-abnii actos ^Tandea de 
tlebilidad durantt: el di^stk'rro {JOsleiior á ¡su ¡irisiim; D. })o- 
mingo Tori-cs, intendente nombradu d'd cjérrito, di' no mal 
entendimiunio y de coiiociniientos en ííu ramo, que habien- 
do estado ul ludo del general Freii'c mientras ¿«sle tuvo si- 
tiado á Quiroga, había sabi<lü coii^íraciarse con el partido al 
cual pertenecía, pero eonlru el cunlí^e había presentado como 
enemigo; hombre tan devoto de la fe ina-iónica como podría 
serlo el más celo.-jO de una ivÜíjion verdadera, y tiueenel 
gobierno público había venido á desempefiar la Tesorería 
general, y con estos pcrnonajes varios mas diputados á Cor- 
tes, diiitinf^uiéndosc entre ollns alf-unus de (¡alii^ia. Arrimá- 
banse más al partido de la rcvoliieiDii id (general It. Manuel 
de Velaseo, gobernador lie Madrid, '¡uc había mandado la 
artillería del ejói-cito de !■' reiré, -iendo de la ]iarcia!¡dad de 
los sitiados, y soyuía en estrceha unión eon a(|uel!us á cuya 
ruinu había contribuido; D. Salvador Manzanares, de la 
la Ióf,'ia ó capítulo de Madrid en IKIK, oUeial de in^inieros, 
de buenas luces yul^'una eicncia, aunque no profundo, va- 
liente, que perseguido había huido de Esjiaña y acababa de 
entrar con el general Espo^ y Mina á levantar el estandarte 
(le la Constitución en Xavarra, antes que la firmase el Iloy; 
D. Evaristo Sun Miiruel, ja conoeido; D. IJartolonié José 
Gallardo, célebre como escrítor salirico, hombre eriiditO' 
cáustico, de doctrinas extremadas, y por rivalídadesy resen- 
timientos de otros tiempos, muy aborrerodor de in pandilla 



108 

de 'jueeraa los iiiínií:tros,que acababa de venir de Ingla- 
terra, á donde huyó en 1814 de una persecución que tal vez 
hubiera llegado ú costaría la vida; D. Facundo Inmuto, de 
quien asimismo va tralado largamente en estas Memoriar, 
y mi pobre persona, no la que menos parlaba y bullía en las 
juntas. Como aparte, aunque entonces muy unido conmigo, 
estaba otro sujeto, recién venido de Inglaterra, llamado don 
José Regato, médico ú estudiante de medicina, en otro tiem- 
po escritor, aunque sólo mediano, atrevidisimo, de muy 
agudo y claro ingenio, sospechoso á muchos, y como acredi- 
ta el tiempo, no sin motivo; revolucionario de profesión y 
por afición, y con todo acusado de haber servido de espía 
del Rey, acusación conocida por fundada, aunque se expli- 
case suponiendo en Regato trato doble, en que el gobierno de 
Fernando era el veidaderanionte engañado. Fl espíritu de 
bandería, ciegoy feroz, disimula estas acciones, aun cuando 
las condene la probidad más ordinaria. 

Poco hay que decir de las cosas do este cuerpo hasta la 
hoi-a en que le desunieron, á punto de hacerse crueles con- 
trarios, el Gobierno y los autores y parciales del levantamien- 
to, por el cual había sido la Constitución restablecida. 

Acercándose á Madrid Quiroga, dispúsose festejarle en 
su entrada. Ya Infante, llegado á Madrid como representan- 
te del ejército de San Fernando, recien consumada la revolu- 
ción, había sido recibido con agasajo obsequioso, y Arco 
Agiiei'o, que en breve le siguirt, había hecho en la capital 
una entrada que no tuvo poco de triunfo, señalándola ser 
grande en aquella hora ol entusiasmo, como sucedo cuando 
acaba de alcanzarse una gran victoria. Al general del ejérci- 
to libertador eran debidas aún mayores honras, y tales se le 
dispusieron, i)ero sin grande arrebato, porque era la fortuna 
de Quiroga ser reputado en menos que su merecimiento, 
habiendo los parciales de Riego, diligentes en escribir, re- 
bajado injustamente el precio de lo que él y los suyos habían 
hecho pul' la causa común. Ademils, se habia gastado el en- 
tusiasmo de! mucho usarle. No hubo, con todo, escasez en el 
aparenteó un t^into violento. La sociedad de la Fontana nom- 



103 

bró una diputación para saürá recibir al genera! t»n la puerta 
de Atocha. El ayuntamiento hizo lo mismo. Preparado todo. 
quedaba cuidar de que el obsequiado, viniendo ignorante del 
estado de los negocios en Madrid, va no tan llano como dos 
Ó tres meses antes, no hiciese algo por dond».' se comprome- 
tiese, y consigo á los de su parcialidad, y la causa de que era 
representante. Solía Quiroga pecar por decir lo que no con- 
venía, siendo en el hablar ligero y nada hábil. Salimos, pues, 
á esperarle algunos amigos suyos á Aranjuez, donde habla 
de hacer una detención brt-vt*. (lUtiorrcz Acuña v yo éramos 
de esta diputación amistosa, y no me acuciado (¡uiénes más 
nos acompañaban. Llegó Quiroga al Keal Sitio y nos halla- 
mos con que traía á su hido uno como ayo y guarda dt*. sus 
palabras y conducta, siendo él bueno y dócil en general, y 
consintiendo en sufrir un pt;dagogo, aunque á veces se eno- 
jaba y daba que sentir, si bien no obrando con intención da- 
ñada. El Mentor (para hablar á lo cb'isiro ) era D. Manuel Nu- 
iíez, oficial que había sido en el regimiento de España, de muy 
claro talento, de alguna instrucción, niuv resuelto v fogoso, 
conjurado de los antiguos, pero que no había podido venir 
al ejército libertador, donde, sin embargo, no seextrañcj que 
faltase, no siendo culpa suya su ausencia, la cual seperdon(> 
en otros más comprometidos y á quienes habría sido fácil vc- 
■ Dirá dar ayuda ásus compañeros, puestos en trance de per- 
derse. Era Nuñez amigo nuestro, y conc(irtamos con él 
nuestras opiniones, reducidas á adoctrinará Quiroga. Pero 
este, aunque de suave condición, no venia muy satisfecho de 
8u maestro, que por ser un tanto vehemente, no encubría, 
como era regular, cuál era el cargo que venía tjjcrciend»). 
*^e todos los suyos, á mi era á quien miraba Quiroga entón- 
^^s con más consideración, por haber probado mi amistad 
^*^e]e había sidodeapovo en sus desavenencias con Riego- 
'«ionnej pues, hasta que le escribiese lo que había deros- 
POnder en Madrid á los que se presentarían á cumplimen- 
^^y y haciéndolo yo así, dej(i caer por el suelo los apuntes 
^^ j Possada, hasta que recogidos por algunos, vinieron á mi 
siendo fortuna que no cayeran en manos de algún 



poder 



I 



104 

hurlcm ó de un contrario dd general, qiio iba á ro|jreseutai' 
un papel de (anto lustre. Con estos malcríales tuvimos que 
trabajar, li> cual no era corto empeño. Otros que pasaban 
por mejores nos dieron más pena, porque sin tener mucb» 
más valor, se acreditaron de menos flexibles. 

Salió bien la enirada de Quiroga: hubo mediana alegría, 
fué lucido el acompañamiento; ¡lasó el general con su wmi- 
tivaá las (/aüasConí^istoriales; aplaudiéronle á su tránsito 
por las calles, no con exceso de go/.o ni tampoco por afecta- 
ción, y si su notú tibieza, en cambio no apareció desaproba- 
ción acalorada, porque los constitucionales estaban acordes 
y amedrentados los realistas. 

A poco so agasajó al mismo personaje con un banquete 
patriótico, elifjiéndoso por sitio para celebrarle el c^mpo, á 
la orilla de Manzanares, en la frondosa alameda vecina á la 
capilla de Nuestra Señora del Puerto, dundc los altos y bien 
poblados árboles, los mejoi'es que hay eu .Madrid, daban 
«."ompleta y grata sombra en un dia de los calurosos del mes 
de Junio. No hubo excosü en aquel convite, reinando en ál 
decorosa alegría, lin suma, todo lo perteneciente á obse- 
quios hechos al general del ejército proclamaUor de la Cons- 
titución pasó bien, sin contradicciones, pero con valor polí- 
tico muy corto. 

Grande le tuvieron, por el contrario, dos sucesos que so- 
brevinieron muy en breve. Uno fué descubrirse una conju- 
ración de que el líey mismo era parte, reducida á que su fu- 
gase Fernando de Madrid, y puesto en Burgos, dondo era 
esperado por su cómplices, enarbolase su pendón i«al, decla- 
rando nulo, como hijo de la fuerza, el juramento que á la 
Constitución había prestado. Esta suceso prueba que se en- 
gañan ó quieren engañar quienes suponen haber sido Fer- 
nando fiel guardador de su juramento, hasta que desmanes 
de los constitucionales le forzaron, como en propia defensa, 
á no iiíspelar lo que por sus contrarios era poco ó nada 
respetado- La verdad es que'desde luego fu6 enemigo de la 
Constitución, y no podia ser otra cosa, lo cual sirve para 
disculparle, pero también debe ser disculpa de los que le 



lOT) 

sospechaban y ijuurian tratarle como á onomi^o. Lofs niinis- 
tros sintieron esto suctjso, poro no lo uxtranaron. Kntre 
ellos y el Monana liabia óJio mutuo y fiindaílo por ambas 
partes. Sin embar^jc», el Ministerio t;u na<la falu» al decoro 
debido á la rt-al ptM-suna, y iiun con la di^nidiid de ésta sos- 
tuvo const¿inte las réi^ias ]> re rogativas, como era su obliíJ:a- 
cioD, bien «jue obligación difícil de cumplir, siendo, por lo 
mismo, más dii^no de alabcinza su cumplimiento. Los que 
no tenían sobre si el peso que á los ministros agobiaba, 
consultando poco ó nada, i)ur otra parttí, las reglas <lc la 
prudencia, clamaba n contra el Rey, pero sin señalar objeto 
útil ó asequible ú sus «k-clamacioncs, sucediendo, se^nn 
suele en las dolencias morales así como en las físicas, rom- 
perse en quejas del mal y reconvenciones al médii-o, sin re- 
parar en si para la dolencia que aqueja tiene, rennidios la 
medicina. 

Üe diversa especie fué otra (jcurrencia no menos nota- 
ble. Estando cercíiiK» el dia de la apertura de las Cortes y 
siendo público ya el [)royecto del Rí\v d(í csca[)arse para n».» 
ratificaren ellas, con más solcnmitlad que antes, el jura- 
mento prestado á (.'onstitucion, estaban inquietos los áni- 
mos, y los constitucionales llenus de recelos. Los guardias 
de Corps estaban entre si muy ilividid(»s. Cuando había 
sido forzado el Rey á jurai- la Constitut'ion, ellos, así como 
los guardias reales de infantería, habían ai)arecido unánimes 
en el deseo deque el Monarca prestase el juramento; raro 
proceder en cuerpos de esta idase el de ayudar á que la fuerza 
popular venza al Monarca de cuya custodia están ellos par- 
ticularmente encargados; p»íro la unanimidad fjue se notó 
era aparente, vini<indo á ser que unos pocos c<mcertados y 
resueltos supeditaron do pronto á otros más numerosos, á 
quienes quitó el aliento estiir desprevenidos. Fueron éstos 
volviendo en sí, al princ¡[)io no Umto que se determinasen « 
acto alguno por donde se deshiciese lo hecho, empresa para 
la cual se necesitaba más preparación, estando animosos y 
vigilantes los vencedores, pero si lo suficiente para mani- 
festarles una oposición ceñuda, pronta á resistir si si» veía 



106 
[ii-íA-coEiíla jjíír agresión nueva. K^'aii'lo a^ji las fosas, una 
noírhc, KÍen'lo imposihlft averiguar ooii '|ué motivo, hubo 
fin ül cuartel 'le GuaHiasde Corps un alboi^to, llamando 
al arma. Los roiiatitucionales lomaron las suyas y lauzáron- 
Htt á las puertas á salir á hora in'lebi'ia, |KTsuadidos de que 
afuera había un tumulto fin el cual la Constitución cotría 
pdigro. r.osrjue guardaban la puerta, por mandárselo asi su 
obligación Ion unos, j otros tal vez por ser de opinión con- 
traria li las c!i: los armados y alborotados, se dispusieron á 
estorhurlí.'H la salida.. Armóse ronfusion, y teniendo todos 
en la mano las arman, saliiise un tiro, del cual, por desgra- 
cia, resultó cat'.r muiTlo el guardia tjue estaba de centinela 
del puesto donde so guardan los estandartes. Con esta tra- 
}{edia inesperada, i\w. á lodos horrorizó, sosegáronse los al- 
liorotados. Reslahkcido ü1 orden, entró con la luz del nuevo 
dia "! cuidado de ¡ivi^riguar los autorus de! delito do sublo- 
vatíion y homicidio, y castigarlos. Los parciales del Rey des- 
variab:in sobr» lo suceilidit. dii-icndo que todo ello era un 
proyecto para quitar l;i vid;i al Monarca, proyecto por fortu- 
na frustrado por el valor d>; los ijite defendieron las puertos. 
Locura eran estaN suposiciones; pero que había habido' de- 
lito, si bien el cometido naciiü de equivocado concepto, ó tal 
ve/, df haber eiiipezaito los parciales del Rey el movimiento 
que no jíudieron dirigir según su deseo y que luego atñ- 
huian á los Je la ]iaccialidad contraria. Formóse causa á los 
(iresuuli)w delincuentes, entre los cuales estaba el cadete dal 
cuerpo n. Doniiugu Aguilera, hermano del marqués de Cer- 
ralbo, grande de Kspaña. F.ste y su hermano D. Gaspar 
eran constitucionales nrdoroso^í, ambos jiivencs de buen in- 
gi'nio y esmer.idtt crianza, hábiles en la latinidad, y el don 
I ¡aspar en toda la amena literatura, caballero cumplido, y 
cou todo eso, según la costumbre de los tiempos, desafectos 
«1 U*iy que ios había adelantado en su carrera, pero cuj-O 
n\,il (iohicrno anterior tenia descontentos á sus subditos, y 
muy [larticularmenle á los de las clases superiores. Entre 
entoR dos hermanos había un amor entniñable. y al ver don 
(laspar al D. Honiingo preso, siendo á la sazón hombre de 






107 

vivisimas pasiones, hizo contra los que habían dispuesto la 
prisión una representación algo atrevida, y fuera de los lí- 
mites que la subordinación militar prescribe. Resulte) de 
ello que siendo impresa y publicada la representación el don 
Gaspar fué asimismo preso por haberla hecho ó dado t'i luz. 
Alborotáronse los constitucionales con este nuevo rigor. Yo, 
que había formado lazo« de amistad estrecha con el D. Oas- 
' par, lazos estrechados después, conservados largo tiempo y 
hoy no rotos, man tuniéndolos firmes h\ estimación mutua, 
f me, me afané en este negocio más que lo debido. La so- 
^ ciedad de la Fontana, de lo cual era el nuevo preso, repre- 
sentó contra el marqués de Castelar, autor do su j)rision, 
f acusándole de haber quebnintado la ley constitucional en 
una de sus disposiciones esenciales, castigando a escritor 
por haber publicado una obra, sin que ésta fuese calificada 
^ de digna de castigo ])or el tribunal competente. I í asta otra 
sociedad más pacifica y sesuda, donde no se predicaba al pii- 
blioni tenían entrada otros que los socios, acabada de fun- 
r* dar con el título de Ateneo litc^rario y cif'ntífico, y que reno- 
?• vado subsiste hoy con aumento de lustre, hizo una repro- 
¡ . aentacion igual, contribuyendo yo con mis esfuerzos á que 
r se resolviese á hacerla, porque, así como el interesado, por- 
y tenecía a esta sociedad tranquila é ilustrada, igualmente que 
, * la otra arrebatada y bulliciosa. Alargáronse los trámites 
de este negocio, que paró en ser puesto en libertad I). Gas- 
Pw, y en juicio el marqués de Castelrir, por resolución de 

las Cortes ya juntas y en salir á la larga absuelto D. Do- 
mingo. 

En medio de estos sucesos, la atención general se dis- 
trajo á otro mayor, que fué la apertura de las fortes. IIízo- 
se ésta con solemnidad, aunque sin lujoso ¡iporato. Reinó 
fi'í Madrid aquel dia el júbilo más puro, y aun el Rey apa- 
"^íó satisfecho y lleg('» hasta cierto punto á estarlo. Reno- 
^^ en aquella ocasión el fenómeno que he notado más de 
Ba ve^ en mi vida y que he dado ya á notar en estas Me- 
J^^> liablando del dia en que fué jurada la Constitución 
^^iz,á saber: f-l de cundir la satisfacción general de 



108 
modo, que pariicipaban de ella en no corto grado los des- 
aprobadores del suceso que la producía; ocasiones éstas 
como de cOQtíordla, en que loe venddos piensan babor cele- 
brado una avenencia de que pueden sacar algún provecho, 
y en (|ue la vista del júbilo do sus contrarios infunde tem- 
plani^a, generosidad y aun deseo de unión a los vencedores, 
á pumo de llegarse á olvidar y aun á hoi-rar que babia en el 
común regocijo "fren tes de la una y de la otra categoría. 

Pero esta unión hubo de durar poco, y aun la de la par- 
cialidad constitucional vencedora luvo un término breve. 
Kn verdad, muclias causas contribuían d que no fuese du- 
radera. I.os constitucionales de 1812, 6 digaso sus cabezas, 
despreciaban á los de lH'-i(> corno á gente de menos valor, y 
éstos correspondían con envidia al desprecio con que se 
veían mirados. El restablecí inienio de la l'onstitucion ha- 
bía sido obra de los segundos: el fruto de la victoria por és- 
tos conseguida, poco menos que exclusivamente de los pri- 
meros. Sin sentirlo en faenera!, entró el arrepentimiento en 
los que habían dado á oti-os lo ganado por esfuerzos propíos 
extraordinarios. 

La señal de ia pelea fué la disolución del ejército líbei-- 
tador acantonado en la Isia'Gaditana y sus inmediaciones; 
su permanencia en pié de guerra en medio de la paz gene- 
ral, parecía un desatino, aunque no lo era ciertamente; pero 
la significación de aquella fuerza, si la conslítuia en amparo 
de la causa constitucional en horade peligro, la tenia desde 
luego en c^raclcí- de potencia independiente, rival del Go- 
bierno de la nación, su aliada hasta liumii^a en algunos ca- 
aos, pero en muchos más indócil en la obediencia y con no 
pocas probabilidades de volvérsele en alguno contraria. Para 
los que consideraban la Constitución i-estabteoida como una 
ley suprema del listado divon-iada de la revolución y aun á 
ella opuesta, el ejército libertador era, sino un contrario, 
poco inéoos, porque era la revolución, continuando, si no en 
seguir las hostilidades con las armas en la mano y pronta, 
asi como á la defensa, á la ofensa. 

Atribuyóse la idea de disolver el ejército, natural en los 



109 

ministros, al de la Giiorra, marqués de las Amarillas. Infun- 
dada fué la suposición, pues no salió de ól tal pensamiento, 
aunque sin duda le aprobase y hasta le desease. Sali<), al re- 
vés, del de Hacienda, D. José Canga Arguelles, de todos loa 
ministros el más arrimado á los revolucionarios, hombro de 
ingenio y vasta si no sólida instrucción, pero por su natural 
extremadamente ligero. Que obró obedeciendo á influencias 
de él no conocidas, es casi evidente; pero lo cierto es que él, 
tratando como debía de disminuir los gastos del listado, 
hizo presente que debían suprimirse los que ocasionaba un 
ejército en pié de campaña, cuando no había en España 
guerra con los extraños ni entre los propios. Accedieron 
gustosos á la propuesta los demás ministros, y diéronse las 
órdenes competentes para la separación de aquella fuei-za. 
Riego que la mandaba, fué llamado A Madrid, extendiéndo- 
se la orden para que viniera, en términos sumamente hono- 
ríficos á su persona, lo cual no endulzó lo amargo de la dis- 
posición á los de aquel ejército ó á sus parciales, ni aun al 
mismo agraciado, aunque en el ánimo de éste labró un tan- 
to hasta servir do abrir camino por donde se acabó con su 
entereza, y á él y á sus amigos vino la ruina de que nunca 
llegaron enteramente á cobrarse. 

Sabido que fué estar resuelta la disolución del ejército 
de San Fernando, título que aún tenía, pusiéronse en mo- 
vimiento para estorbarlo todos cuantos en la revolución ha- 
bían tenido parte, y los muchos que con ellos habían hecho 
causa común, comenzaron á formar en el gran bando consti- 
tucional la parte que llevó por muchos años el nombre de exal- 
tada. El Grande Oriente trató de tan grave negocio. Sostu- 
vieron lo resuelto por el Gobierno, Toreno con sus amigos: 
opusímonos los de la contraria opinión, y fueron, como era 
de presumir, muy reñidos los debates. También la sociedad 
de la Fontana empezó á entender en ol mismo asunto, de- 
clarándose, como bien puede suponerse, contraria á la diso- 
lución. En algunos periódicos fué sustentada la misma opi- 
nión con acaloramiento. Escribí yo sobre ella un artículo en 
términos de vituperable violencia, en que hablaba de los mi- 



lio 

nÍBlroa i.oniú de peiisuiiuii que tiriíu coiitiarias al poder m¡- 
litai' cuando ya no inandab^m lus ejércitos los Elíos; doble 
yeri'O vituperar al general de este nombre, preso á la sazón, 
y achacar á «juiencs habían sido victimas dú su conducta en 
1814 con susi pardales. Tanto clamor habría importado 
poco B¡, como sucedió, no so hubiese tratado de apoyar la 
resistencia en algo uuis que cu artículos du periódico y dis- 
cursos. Hl capitulo masónico du Cádiz supo lo dispuesto 
por el Gobierno con más disgusto que otro alguno, por ser 
el ejército suyo; y tanto, quo subüintiendo le constituía 
en clase de una potencia poderosa. Loíí gaditanos, ánn los 
ajenos á las soiáedadeis sccrcias, ya por instigaciones de 
éstas, ya por las de otros, su conmovieron, llenándose de 
necios ten)ores, como si á l;i disolución del ejército hubiese 
de seguir i n mediata] n un te la reslaurairion del derribado des- 
potismo, figurándose allá en confusas visiones ver venir 
encima otro Mayo do 1H14 con sus rigores, u otro 10 de 
Marzo de ItJííOcon sus bárbai~js crueldades. Desde Madrid 
atizábamos este fuego con no poco fruto. Vino al fin á de- 
terminarse que ei ejército, la diputación provincial de Cá- 
diz, el ayuntamiento de la misma ciudad y otros de su pro- 
vincia, así como varios particulares, representasen cada 
cual de por si, pei'o á un tiempo, contra la real orden man- 
dando separarse las tropas que habían dado libertad á la 
patria. Aun el genei'al D. Cayetano N'aldiHs, con ser tan ami- 
go de los ministros y como oficial antiguo y bueno, tan 
amante de la disciplina y de la obediencia, aunque constitu- 
cional ardiente y firme, fué vemOdo por el amor que tenia á 
los de Cádiz, cuya opinión era casi unánime en aquel punto 
á autorizar con wu firma tules repri'rientacioues. 'l'errible se 
presentaba aquella resistencia, y los niinisti-os, para vencei-- 
la, habían de verse en grave apuro. Bien es cierto que de su 
parte tenían las leyes, pero esforzarlas eu todo su vigor 
centra tafos adversarios, liabria rayado en locura. Empren- 
der una guerra civil los ministros libertados y subidos á sus 
puestos por el restablecí miento de la Constitución <:onir<i 
los restableced ores dt- la misma ley, era odiosísimo; pero sí 



^ 



111 

aun esta odiosidad hubiese sido estimada en poco por quie- 
nes, atentos sólo al riguroso cumplimiento de su obligación 
i' á él, estuviesen prontos á sacrificar cualesquiera otras con- 
^ sideRicioneSy aun las más poderosas, todavía razones de 
t gran peso llevaban á temer una discordia, cuyas resultas 

L forzosas serían el triunfo completo de un tercero sobre unos 

^ y otros combatientes. En efecto, vencido v sujeto el ejército 

;- de San Fernando, cobrarla tal fuerza el partido anticonsti- 

i tucional ó del Rey, que nueva lid con él se veía inevitable, 

y su victoria, si no se^^ura, poco dudosa. Conocíamos esto 
nosotros, y no temíamos, y así animábamos á Riego á los 
del ejército y á los de (Jjidiz á mantenerse firmes. No neco- 
¡r sitaban ellos por su parte que los animasen, pues hasta su 
interés, á la par con sus pasiones, les dictaba persistir en la 
resistencia. 

En este apuro de los ministros, Toreiio, más diestro que 
todos ellos, discurrió un medio para salvarlos. Al ruido de 
las hazañas de Riego hal)ia acudido á Madrid un hermano 
suyo^ clérigo, provisto en una canongía ó prebenda, aunque 
no ordenado de sacerdote, algo y aun bastante instruido, 
pero indigesto y de mal ^nisto en su ciencia; estrambótico 
en todo, si bien en medio de sus rarezas muy cuidadoso del 
propio interés; de vanidad liasta pueril; amante por demás 
de su hermano; como él codicioso de aplausos, pero más que 
él de ventajas sólidas, y el cual, en la arrebatada pasión que 
tenia al héroe dt» su i'amilia, cuando atendía con solícito cui- 
dado y constante alan á multiplicar las alabanzas del objeto 
amado, buscaba en ellas la gloria del nombre de su casa, y 
sacar de la misma gloria partido para sus i)arientes, y con 
especialidad para >u persona misma. Este t'ani»nígo Riego 
(pues con tal nombre Ut-gí) á adquirir celebridad) no era en- 
tonces, como vino á ser después, extremado en ideas demo- 
cráticas, que siguiíi mezclando con la devoción, bien que en 
su fe religiosa hubiese, i.'omo en todas sus cosas, extrañezas. 
Preciábase, al revés, en la hora de que voy hablando, de tem- 
plado y hoHíbre de razón, y hubo de persuadirse de ser ver- 
dad lo que le dijeron en cuanto á estar su hermano guiado 



112 
por geutes de poco juicio. Prestóse, pues, ol canóaigo á irá 
Cádiz y sacar de alli á su hermano hasta traerle á Madrid; 
no, cierto, con desioteresado celo, sino al contrario, con 
promesas de aumentos para si y los suyos, habiéndoselas 
hecho Toreno lales, que 61 llegó á traslucir no menos qvw 
una mitra con que ceñirse las sienes. 






CAPITULO VIH 



X.»os aiiTÍ¿;oB(le Ríoíío o>:por.Mn cine resista ;i fibandoriar sub 
trpoi>a8.— "Estupor nuo los i>i'fKlii< -o la nolic'ia de fisn veni- 
dn. — Actitud ciwo observa í'i hh llí*í:ra<la.— "DespuoK do Ha- 
llame en Mfidrid alíxunoír* dias, idean cixuy hai^ri .««u entrada 
trlnnral. — I'ol>ro y riilíc-iilo :ih poeto do la eeremonia. — 
JBanqxiefo y faneion en el 1<»atro <lel IPríneipe. — l^lcíco 
oaxita el «'IV/itcala» tiende bu i>aleo.— "FalHO» propónitOH a t ri- 
TjuidoH íi low arriitro!-: do TÜtíí^o.— l?jl i ío>>ierno manda /l XZie- 
gode euartol a Ast/n'iaHy dt^stilnyo a l<jsdeni.;iH ccenera- 
lea exaltfidos. — Vil auloi* proHenta la tiimÍHÍon de hu om- 
X>leo. — Kl rnolin iU'l i> do fi?etienil>r<.». — "Fll p\i1>lieo de la 
If^nta na abandona alfmloi' iTiiéntra.si>oroi»a, para unir- 
la los alborotador OH. 



Mientras caminaba á Andalucía el canónigo embajador, 
seguían las cosas en su estado mismo. Algún cuidado hubo 
de dar la embajada, y de ella se habló en el cuerpo gober- 
nador de la sociedad masónica, donde* (íallardo, con su gus- 
to de dar á las cosas los nombres <iuti llevan en los libros 
antiguos y de usar en burlas de las cosas santas, apellidó 
Paraninfo al canónigo enviado, (;osa que, cayendo en gra- 
cia, fué repetida. Pero si los que conocíamos á Riego algo 
temíamos, aun nosotros no pudimos creer que se lograse 
arrebatarle del ejército, lugar que cuadraba con su ambi- 
ción; y en cuanto á los que le conocían poco, se prometían 
maravillas de su arrojo y firmeza. Así fué que cundiendo y 
robusteciéndose la idea de que los del ejército y los de Cádiz 
no cederían, y manifestándonos sus parciales en Madrid 
con sumo entono, como seguros de la victoria, empezaron á 
entrar en cuidado los ministros y sus amigos. Jactábase de 

8 



lU 

no m^'r.'j-' 'i-i- -If; r--Í lí.;Í r rr.n -i ^^j-dlc a Cádiz y 1:. Ida de 
«lU'r ^.^ [.iirtv, ii'jiir poi- *'i naiural'VZJi f^rtiíim':'. y por su 
roii''':¡iEo '!'■ •■i.ti':itU'r¡oníil '.a!, 'ju'i [mrecia im!jied;i'l y delirio 
(:\ [ivnw^Ui 'lo ir n fuji.-íar «'¡ticÜLi fr-ínic ron las armas. En 
t-M',-' !i[/ir'.v. í:! riiiriiítiíj C.'in::» A.%-"ie;U-S. uaJa tisiue, ¡lun- 
ijrj<; i-fi!i fjicíi:' bu'-iias fua!¡',!;.i---s, icmi.-nziV ü aiiibularse, 
a;.;rí;pári'l'j.-í' á .-:"i fl:i'iu'-/!.i y 'l'/.-íi-o de mudar, f|U>? rc-al y ver- 
dafluiTUiii.-n'': .-II t-ii ai/HT ¡i li rivoluckni fxivdia onlñnce» 
líinrlio íi suí '■■iirjp.ia<jro.¥. i,'.- ••'¡■^r'o os '[U>í ■■oncÜiió el pro- 
y(ii:t(i 'í': i|N'; <-l Miin-'.i:rii) Si- \ohÍ-'«e atni- de la resolución, 
y si ii't lii/.M paia ('lio i.rfipfi'--irion fonnal ■■!! fl Consejo dt! 
niiiii^lroj.-, hatiló dí-l asuiUu pljl[il•alnolJt•^ Xo íe aiioa lo 
iju'r liaiiiia HU'-fdiifo •■n situairion semejante; pero sallóse 
dt olla 'lí; una manera im?": perada. Si'ipope de pronto (¡uo es- 
taba 1-1 p'ncra! Rii-;.'-i) en .Madrid, habiéiidüsc venido del 
i;ji';r<;Ílo tan li la eallada, '[un fué una vcnladura deserción su 
Minida: y i!'."-r^t'eion la Uanio, no porque viniendo no cum- 
plió i:oii las liívfis iniliiari-s, en ve/ de (|u<:bran tartas, como 
liacnn lo« desi afires, ^iim |iorí[UO abandonó á aquellos con 
(liiienirx c^tJiba li^adrí, sin darles aviso de su determinación, 
y rtun rWíitándula; de siieile; qucí la piimer noticia que hubo 
de que pensaba partir, fuó Ja ile estar ya de t;ainÍuo. Tal 
prisa traía, que dejó sin eiineluir un retrato que le estaban 
«arando, Ineual liubmle causarle pena, ¡jorque gustaba mu- 
cIlií de vi'i' rcpri'dueida au iniái'ijn en el lienzo ó eu el már- 

CixiiM un Tvuii qtio nos hiibie«e raido encima fuó [tara 
imsdiiijs la milicia de estar Riejrtt en la capital de España. 
.\un nn «iibierid" las cireunslanrias de su partida, nada nos 
prnnii'limos de ella que no fuctie fune>;l(>. .luntiise el gobierno 
masónico, y no aecrlando con resolución alguna que al pa- 
recer ofi'ceii'se viMitjijaK, niiij.:ana tom<>, dejando las cosas a! 
giibieriio de la riega fortuna. 

lítegn venia mal dispuesto i'i oirá los ([Ue le habían acon- 
sejado lo eonlTarit) de loque había hceho. Pero como que- 
riendo aci editar que wise había venido no ora porque se hu- 
millitba al (¡ubienic, determinó echar fieras dentro de la 



115 ; 

corte. CoQiaba para ello con el favor del pueblo, de quu se ,,,( 
(•nrfM «timñn An rI mñs aI(/i f^raxin. Honfírmi^RH nn sil encaño '■ 
con verse i-odeodo ó scf^uido, i-muido salía ú In culti-, di- iiiiii 
«.■uadrilla de üiííosus, rompucstii c» [ui-to do pci'^oiia'í iV ij'iic- 
□es niovi:i la curiosidad, y i^ii otrii parU3 do albot'utadon:H de 
profesión, mezclados con muchatdio!^, ú ijuienc^ ¡Urai.i ti 
entretenimifiiito di; dar vivas. Fiiú ú ven^i; ton Ifs ministros, 
y según noticia» li'Uí(l¡í,'nas (|iit- 1m' lomado di' estaconfenm- 
íría, se dtístcinplí'i i;ii fila líc un iin'do '(ue loiiia al^O d<' ki- 
cura. Ponderii suw iipchci y su ¡loder, rrcoiivino á lo^rui- 
nistros por su in.írralitu»!, i-asi los ajii'ina/.'i, ¿ hir.o ad-'inan 
Jedesceíiirsi) la fajai'oiiiosi csiuvii-si- pi-oiiti» ;i dosfc liarla, 
juzgándola ÍDlbi-iur á lo (|U0 i'l ]ni;r(:<'ia. Qui'dat-i'msti ati'<ni- 
tos los ministros, que ti;ni.'m idouK do un Kicgo, ¡il t-uai mi- 
raban por un lado con admirncinn y pur otro i'oii inií-do. 
ente creado por la iinafíinariou y la l'ajua, muy diverso del 
real y verdadero (¡ui; su les liabiu puesto delante, el i-ual, 
entre suji faluis. tiinia la gravísima do aparecer en las i-ii- 
cunsianeias en t|ue i-stalja, narla teinililü, ú pesar de la ano- 
Ifantiia de (sus retos. Ks difícil decir a. punl-o fijo qué (|U<:na 
Riego en aquel iiistanle. f ues no liabia <|ueridü si-r rclu-ldo 
á medias ó dol todo, con í^ratidea proiíaliilidades de vencer 
de nuevo, debía saber (]ue esciba forjado li representar id 
papel que había elegido; esto es, el de soldado ol)i;dienie, « 
(|UÍeD no dan litulo nií^uno para dejar dH serlo suk liazafias. 
Ci-eer que representando en Madrid conlra la ditsoludün del 
ejárcilo podía evitarla, era increíble desatino, jiorque su 
venida la hada forzosa. Fuesn como fuese, el se salió despc- 
(■bado do su visita, y los ministros tainpoi-o quedaron con- 
tentos, pues ai bien su liiciuron car^'O de que se las habían 
con un adverüario de (laeas fuerzas, á quien eia fácil veni;er 
en la lid [tendiente, no dejaron de prever que las singulari- 
dades de aquel personaje do grandísimos i^ervieios y de ull;i 
fama, aprovechadas por las artes y la ambición de los deu- 
dor, y empleadas por el mismo Uiogo en pi-o de un capri- 
choso ioteréfí, produjeran al Estado grandes embarazos en lo 
futuro. El general, en lanto, hubo de olvidar su disfcuf^to 



116 
cuando se vkj en la oalle gozando de la admirairion y aplau- 
so popular, OH que tenía su principal recreo. Por desgracia, 
las turb:iis que le peguían uo cstadan bif-n compuestas, for- 
mándolas la gente ociosa li de mala especie, abundante en 
las grandes jioblaciones, á las cuales se agregaban algunos 
mirones, bobos y no pocos burlones malignos. Eran indeci- 
blüB nuestro dolor y coraje al ver al representante principal 
del alzamiento del oji^rcito y do las opiniones y del interés de 
la panrialidad fautora (i amiga de la revolución, desconccp- 
. tuai-so asi á los ojos de la gente sensata. Y subía de punto 
nuestro enojo cuaiidrj oíamos decir á unos, con candor en 
sus peores aci'ionfs, y á otros con malignidad en su odio á 
nuestro partido, rjue Riego, de suyo ¡mono y noble, pero no 
muy avisado, obraba á inipuUoí d'^ pci-sonas ó perversas ó 
locas, que le precipitaban; las cuale-? personas ya se entiende 
quo eran los corifeos de nuestro bando. Bien es verdad qué 
el general á alguien daba oido^: pero ora á honibi-es de corto 
juicio, que le lisonjeaban ineitáiidole á hacer lu mismo & que 
ól de suyo iirojiendia. Projiagóse en esto la idea de que ha- 
biendo hecho su entrada triunfal en la capital do Hupaña 
Arco Agüei'o y Quiruga, no hnbia razón para no hacer igua- 
les honores ñ Riego, superior ¡I sus compañeros en mereci- 
mientos y n.'Uombre. No nos agradó esto pensamiento, por 
muchas razones, lüi primer lugar, era una ficción hacer en- 
trada en un ¡jueblo á una persuiia que ya había residido en 
61 algunos dias, y no enteramente desconocida, sino al ["ovís. 
dándose á notar su presencia, lín scjíundo lugar, la función 
que se pri;)iaraba llevaba ya di.'S represen tac iones, y aun 
concediendo queeti esta tercera se obsequiaba á objeto nue- 
vo y de superior vaScí', todavía ¡'arecía del atractivo déla 
novedad, muy necesario en festejos de semejante clase. En 
tei-cer lugar, eran las cin'unstancias desventajosisimaii para 
la íiesla. Aun los princi[)ales del partido á que correspondía 
el general estábamos descontentos de la situación de los ne- 
gocios, y muy particularmente de la conducta del sujeto á 
quien iba á honrarse, y éste tenia, además, contra el al Mi- 
nisterio, á sus numerosos parciales, gente, muchos de ellos. 



117 

de gran valía on hi hueste conítitucioiuil uniigua, los cualos 
miraban aquel acto como de oposición al (iobierno y no 
como de testimonio de t^^ratitud a los hechos insignes del 
ti"iunfador, v á todos lo^5 apasionados al Rcv v á la Monar- 
quia antigua, gremio en Madrid en aquellos dias nada esca- 
so. Temíamos, pues, que saUese mal la función, y sobre 
todo que fuese ridicula ó se acercase á serlo. No nos enga- 
ñamos, por desgracia, en nuestros temores, l'ué el festejo 
de poco lucimiento, aunque concurrido, y no supliendo el 
entusiasmo general lo <iue le faltaba de grandeza ó pompa, 
notósele lo pobre, hasta motejarle la malignidad, haciendo 
asunto de burlas los coches simones del sé^iuito y el porte de 
una porción considerable de los aj-ompañantes. Aun la al- 
uzara de unos cuantos gritadores le rebajó el valor, pues 
contrastaba el escaso valer de quienes se mostraban alegres 
con la ausencia de machos personajes de nota, ó con el si- 
lencio, ceñudo en unos y burlón en otros, de gi-an porción 
de la turba d*.* espectadores. Para [)()c<;s fué la función sa- 
tisfactoria, y para muchos desagradable; y lo peor en esto fué 
que entre los satisfechos había no pocos enemigos de Riego, 
y, al revés, bastantes de sus mejores amigos entre los posa- 
rosos. 

Por mi fortuna, aunque no para salvarme de las malas 
consecuencias de tan triste función, estaba yo indispuesto 
aquel dia, apunto de no poder salir de casa. No vi, pues, lo 
que refiero, pero súpelo dé boca de mil testigos fidedignos é 
intei*esados que lo presenciaron, y cuadra, por otra parte, 
tan perfectamente cuanto cabe con otras escenas de [»areci- 
da ciase, representadas en aquel mismo período malhadado, 
á mi propia vista. 

ül triunfo de Riego terminó con un banquete. Celebróse 
éste en el salón de la Fontana de Oro, donde tenía sus se- 
siones la sociedad patriótica, la cual hiu-in este obsequio al 
general, en la ceremonia de cuyo triunfo había tenido una 
parte^ que no por la de todos los socios había sido volunta- 
taría. El sitio aquel no era estrecho, pero apenas tenia el 
espacio suficiente para que estuviese en él con desahogo el 



118 
ni'inieio '.-on si de rabie t¡e los convidador. Aiui'KÓse la i'Omida, 
"nipp/a'Ia ';onio solía hru-f?rp- '"-n .-iqu-J tiempo liá'.'in las iri-s 
iji lu t'trdi'. liasta r.-rrar ia noi'he di^l dia, que t-i-a uno de los 
iiiiincri!? dt' Síti^-mhre; menudearon lo? bniidis; ^e cantó. 
í-i grit'V, y mn el '■aior <]•: la bebida füern-. del aposento y 
del eiuuiia^mo s- ■iii>Ler-..ii las c.ibe/.a'í aií;unü« pumos más 
arril.a dv- ¡-ii naiui'a! a-ien^O. Instaba i ■!■■.■ ]ia rada en el teatro 
del Prim-ipi' una fuií'-ioii ron '¡ue teiniinabaii las de aquel 
dia. yf¡ue ¡if-imisnid .-i-íiba ilisi-ueí-ia cu obaequio did liéi-oe 
fe«t';jailo. Vax\ niimiT'j-a y bien eoiniiuett;i l;i eoni:uireni,'ia, 
y rdvidado rn aqiii.'lla l;Mra lO'lo euaiit^i no fui-^eii Ioíí mei-e- 
eimii'n'.OR de Ri^po, aiio* sin ¡luda, fué el ír-'iieial aplaudido 
por toda irla*e de geni.-, ¡.un '■rentando ¡as de alia esfera y 
juicios.jí penpaniii-ii".'.-. KI prineijial af,'íisajo del liempo era 
i.-antar <'anfi(iiifs ].atrií.j'.ii-as, por'jue la ivvoiuiiun dt- líiO 
A is-»;} 2us::iba inuelio d.d i-aiiio. lo eua! lambien había su- 
eedido en la éjioi'a d>- la jruerra '!•■ l.i liid''|-.endeneia, y no 
sucede ahoia.no obsiantv -it la afi<di'ii á la niúsicá ma- 
yor en K>|>aMa hoy fjuí' t'ii los lii.-inp'iíi pagados, Cantó.se, 
puí-s, lodo lo de uso, ¡neluriO ei binino de KieiíO, tan grato al 
I»on:onajo cuyas ha/anaf- celebraba, l'rm e«io no l'astó al 
pinend, puc-; qui-i añailir al'.'o, sin nioríüar en la eleeciot» 
mucho fíQsio ni lino. llabia*-ecompu«-sin en ('«diz una ean- 
eioii necia y soez, i-uyo lenoi- y lin i-ra insultar á la pai-ciali- 
dad vencida, amanti- de !a monai-ijuia aniixua: composición 
df: b;iflia!-.i ¡uioltraiicia, en «[ue se pn-senlaha la CoiLStitucion 
como un ti-afro ainar^'o, dado á Itebí-!' por l'unza; á lo que se 
agregaba dai- el nada atento nombre dcfcrfjsu los mismos á 
ijU¡Hn"s se amenazaba con violentarles la voluntad, .\como- 
'iósti la eancioii nueva ;¡ una tonada anti^rua, ^•^}\'^ estribillo 
tenia un sonsonete ú martilleo muy propi<' p;ira aumentar 
lo desasfadahle de-i insulto, listo cantar, ajielüdado al Trá- 
fjrtln, ihí^pues tan nialamenie famoso, fué el que recomendó 
Rii?;;o :i iaconciiri-encia, á la cual habló en voz alta desde 
su i)nloo; pero como no hubiese en Madrid muchos que su- 
piesen la letra >> la música do la la! composición, mandó el 
.qcneral á sus ayudantes que la entonasen. La voz de los ofi- 



1L9 

cíales, mala ó buena, no ora la (hi profosorcs, y la del mis- 
mo Riego nada tom'a de apacible ó ^n*ata. Así la ramñoD, 
aunque agradó á la paite peor df;l auditorio y fué recibida 
con palmadas, no sólo dis^^ustó á las personas íícnsatas ó 
de buen ^usto, sino que hizo obji^to d«* risa al que debía 
serlo do veneración y buen af<M*to. Ponderaron los i/numi- 
gOS de Riepo la i idieul«.'Z de una «íscena qur referida lisa y 
llanamente era bastante ridiculii. Al si:j:uirnte dia, la fiesta 
del anterior era objeto de casi un¡ver>al escarnio, y los (jue 
no se burloban tanipoe») osaban hablar de ella como de un 
suceso feliz ó lut'ido, mo^i rindo, al levé.s^ <.n sus palabras ó 
en su mismo silencio, dolor é ira. 

Los ministros tratantii de poner térniin».» ji la presencia 
en Madrid del general cau-adín- de. lanees tan lastimosos. 
Llevaron á más la severidad, ])iies determinaron casti^^ar á 
los principales amigos de Hiego, su[)oniéndolos (porque en 
verdad lo creían cquivocadanienTe) <lirectoi'es de la conduc- 
ta del personaje célebre, ácuya sombra se les atdamaba, cjue 
excitando el ímpetu de las jiasinnes populares, trataban de 
encumbrarle. I)e(*íase, en efecto, porMailrid, creyéndolo mu- 
chos por largo tiempo, «pie los princi[)ales dtd (íobierno ma- 
sónico, ya en el cuerpo mismo de qut; eran miembros, ya 
conceitándose entre sí, habían dettírminado derribar al Mi- 
nifitorio y hacerse ellos dueños de los ¡¡uestos vacantes. Ha- 
blóse hasta de íisiar va nombrados los ministros de los res- 
[jectivos ramos, y fué voz muy común que el ministerio de 
Estado había de ser mió, como ul único diplomático de la 
pandilla. Para que se vea lo que va de tiempo á tiempo, diró 
que esta infundada acusación me ofendiíj, más que por otra 
cosa, por venir (íncaminada á ridiculizarme. A elbi tiraban, 
en verdad, quienes la hicieron, y lo lograion en todos cuan- 
tos tuvieron v\ cargo por verdadero. Hoy, en verdad, no pa- 
recería atrevimiento loco que un hí»mbre do treinta y un años 
cumplidos, y sobre todo uno de los principales autores do la 
mudanza hecha en el gobierno de Ksi)aria, pretendiese ser 
ministro. Ni se consideraba entonces como obstáculo el 
carecer del carácter de diputado á Cortes, pues la Constitu- 



cion vigente hacia incompatible este cargo con el de mi- 
nistro: era forzoso componer el Ministerio con elemeDtos 
de fuera «lel Congrtso. Pero i-einaba aún en los pensa- 
mientos de lodos la juiciosa idea de que para gobernar 
el Estado se había menester algo más «¡ue saber hablar 
. en público y tener unos pocos años de carrt- ra, y aun ha- 
ber heclio servicios á la revolución, aunque grandes, de 
duración breve. Asi, es lo cierto que ¡jareciti, no solo delito, 
sino risible desvergüenza la pretensión que, en cbmuo con 
otros, se me supuso do ser ministro. Allef-'ábaso á esto que 
ios constitucionales antiguos casi todos vennraban á Ar- 
guelles y á varios de sus colegas, á ¡mnio de considerar ssr 
crile.gio el intento de derribarlos; ¡irueba de existir aún cier- 
ta disciplina en los partidos. Por su parte, los amantes del 
Rey, temiéndonos más que á los ministros y reputando que 
cuanto mal se dijese de nosotros for/osanionte habria de ser 
cierto, creían y temían c! proyecto de nuesti-0 advenimiento, 
y con empeño contribuían á darle ¡lor seguro, á hact^rle cosa 
odiosa y á la par de burla, y ú impedir que se realizase. 

Así, en la mañana del 5 de Setiembre fueron expedidas 
varias reales órdenes enviando al general Riego, de cuartel, á 
su patria Asturias, al general Velasco con igual destino á otro 
punto, exonerándole del gobierno de Madrid, y á varios lu- ' 
gares á D. Salvador Manzanares y D. lívaristo San Miguel; 
alcanzando semejantes castigos á oti'as personas de menos 
cuenta ó cuyos nombres no conservo ahora en la memoria. 
Todos éstos eran miliiarus, y al mandarlos á i-csidir á ciertos 
determinados punios, usaba el fiobiernü de una facultad que 
en España tiene sobre los militares, aun no estando en 
activo servicio. Pero en realidad do veMad, esto era des- 
terrar, cosa muy usada entre nosotros y no olvidada aún; 
pues en nuestras revueltas novísimas, aun cuando han lle- 
vado lo mejor y adquirido el predominio los que se titulan 
y aun se creen amantes más ardorosoa de la libertad, ha sido 
costumbre mandar salir de un pueblo á las personas cuya 
presencia desagrada y asusta á ios dominadores, siendo 
idea arraigada en las cabezas españolas la do haber en el 



121 

que manda facultad para determinar dónde han do residir 
los que obedecen. Sin embargo, aun en el desterrar enton- 
ces se buscó un pretexto, y no le había, para enviarme á vi- 
vir al lugar que por el Gobierno me fuese sonalado. Sonóse, 
pues, que iba á salir á 5;ervir la secretaria de la embajada do 
España en Londres, lo cual no me «juituba mi plaza en la 
secretaría de Kstado, porque las di; embajadas de primera 
clase eran servidas entonces en comisión por los<iue tenían 
destino igual al mió, sin perdeile por eso, ni aun sus ascen- 
sos de escala, ínterin estaban emplead(;.s fuera. De este modo 
mi caída habría sido casi un favor; pero aun asi, oido y 
creido por mí (jue se me prej)araba tal su<'rte, me propuse 
no aceptarla. Hubieron de pensarlo mejvjr los que manda- 
ban, si es que verdaderamente se habían rtfsuelto á enviar- 
me á Inglaterra, y no quisieron darnn*. tan blando castigo. 
Prefirióse, pues, deshunrarme con los mies, y !>e puso en 
ejecución el proj)ósilo del modo siguiínii'. Sabedor yo del 
destierro de Riego y de otros d«^ mis amigus, me encaminé 
á la secretaría, cierto de qu(! allí me e>[)eral»a un golpe, y 
dispuesto á llevarle, no con f(íriali*/a, sino cun arrogancia. 
Apenas entré, cuando llam;'mdome el oficial mayor D. .loa- 
quin de Anduaga, me dijo que él y D. Manuel María do 
Aguilar y algún otro oficial de la secretaría que eran de la so- 
ciedad de la Fontana, habían determinado despedirle de ella, 
vistos los desórdenes que allí habían ocurrido, y que de mí 
se esperaba que hiciese otro tanto, siendo asunto del cuerpo 
de que había venido á ser miembro. Respondí negándome 
secamente á dar tal paso. Kntónces Anduaga me manifestó 
era incompatible seguir sirviendo mi destino y ser de una 
sociedad puesta en pugna declarada y violenta contra el Mi- 
nisterio. Repliquéle que así lo conocía yo también, y por 
eso estaba resuelto á renunciar, i)ero no la calidad de socio 
de la Fontana, y sí mi emi)leo de oficial de la secretaría de 
Estado, no sin dejarme decir que prefería aquél á este título, 
porque oficiales de la secretaría había habido siempre, y 
hombres que participasen, como yo había participado, en la 
revolución poco antes efectuada, no eran comunes. Asom- 



122 

bróse Anduaga de mi atrevimiento, ó en su entender de 
demencia, porque entonces todiivía los oficiales de la 
mera secretaría de Estado (que aún llovaba tal título) se 
timaban personajes de alta importancia, no parecie 
creíble que hubiese quien alegremente renunciase un pu- 
de tanta honra y de no escaso provecho. Túvose ademáf 
locura por casi insulto al cuerpo distinguido á que pertí 
cía. Hacía j)oco caso mi soberbia revolucionaria do la 
antigua; y así, fuíme muy ufano i\ mi mesa, y sin pe: 
tiempo extendí mi renuncia. Esta fué descomedida en la; 
tancia, aunque no del todo en los términos, pues no los 
pleó groseros, pero si irreverentes. Dirigilaá S. M., com 
costumbre. Recordé mi participaiion en la rebelión pasj 
pero trayendo á la memoria que el Rey había declarado 
acto servicio relevante, lo cual era un desacato note 
Añadí que, en mi entender, seguía el ííobierno una cond 
á la cual r/o, e¿ exponentc, no podin coidi-ihuit' ni en la 
nima parte que corrcftpondi' ñ un empicado ^nhaltcrno, 1 
esto, repetía censuras de lo hecho contra Riego y sus pai 
les, y terminaba diciendo: que pues no qw.rin entar entre 
enemigos de mis amigos, suplicaba á S. M. que aceptas 
dimisión que hacía de mi empleo. Al día siguiente recil 
aceptación de esta renuncia en un oficio lacónico y s 
como debía ser, y del cual tuvt' la ntH-edad de resentir 
Mi conducta en este caso no fué loable, pei*o tampoco 
interosada ó biíja. Pocos ejemplos ha habido después, y : 
guno se había visto antes, de numncias de un destino 
apetecible, estando entonces tenidos en mucho los do la 
cretaría de Estado por lo que en sí ei*an, y porque todas 
salidas de ellos eran excelentes. Escandalizó mucho á a 
nos mi proceder, que, como era de suponer, por otros 
muy ensalzado. Lo que mal se podía esperar era que 
hiendo yo, pasado poco tiempo, tomado otro empleo ci 
do por la reconciliación de mis amigos políticos con el 
biemo, y por haber sido todos ellos más ó menos agracia< 
cesaron los motivos que habían dictado mi dimisión, h 
habido quien me pinte como un hombre que por hablai 



123 

la tribuna de la Fontiina \oíxv(^ un buen <ltí.st¡no. Or^ho anos 
de servicios llevaba y había bocho til ¡»ai'a aquolhi f.>poca so- 
fialadisimo de sor do los principólos en hi onipro?:.'! do resta- 
blecer la CoiíJtitituclon, fuan<ln mo ijurdó sin oniploo j)or mi 
propia voluntad, y aun sin ol sueldo ár resante. Y oabal- 
menttí en aíjuella ójjooa lo qu'* aún trnia de mis bienes en la 
Isla de Cuba empezí'> á faltan no, mostrando los í|ue me rlo- 
bían una morosidad que d»*spiiO'^ luí ido «mi aunuuito. Víme, 
pues, pobre y sin honoro-;, aunque no sin honor, y por esto, 
y tambion por lo j)riniei'«). •''-tal)a ulanr». 

En lus dias r> v (í dr S'!Í«*ml>ro n;oi;i hizo v nudíi intentó 

a. « 

el gobierno masón ¡oo. Ilabial»' atnr<l¡dn <*l ir«)!p»í descargado 
por los ministros sobn* aiirunos de los más notabl(»s entre 
quienes le componían. V'> [»or mi j)arte s('»lo p»-iisaba en li- 
sonjear mi vanidad put-ril <'(»n los a[>laH<«'S qiio iba ii n»e¡- 
biren la Fontana. La nooluí dolí) de Setiembre había sc- 
■ sien, y esa estaba destinada á ser la «le mi triunfV); einno so 
verá, eni|)ez<)á salii* la í*"<í'rna en (pie me ]»rometía brillar, 
cortada á medida di» mi d(isoo; pero pronto sf» troe<) el as- 
pecto do las cosas, viniíMi'lu éstas ;'i tei-minar muy de otro 
modo que como yo crj-ía '» d«'<oaha. i^ar:» aclai-ar tísto, fuer- 
za es volver la vista á In qur rn r)trf)s luí^ares estaba pa- 
sando. 

Había dias que al salir el líey á paseo era vitoreado á 
las puertas de Palacio, y con más altos y aj)as¡onados acen- 
tos que do í'ostumbn*, y también do diferente modo. Grita- 
wnunos al verle asomar: / \'ir/t c/ Ur:j! al uso antif^uo, y 
otros anadian el adjetivo r()nstitno.ii)vnl, ví\ it.\\%\o moderno. 
Si bien no hablados Heyes en Mspana, y íielamandoal que 
loerase le aclamaba eonstitueioníd, con todo, rehusar dar- 
le este dictado equivalía á darlo el de absoluto. Así lo sentían 
alómenos los constitueionales, sobro todo los de «'¡orta es- 
'•BPa, no largos en sabi^r ni coi'tos en desmandarse. Por esto 
fimpezóso á manifestar (^mpeno en que no se gritase / Viva 
^^Retjl á seeas. Pero los í|ue do este modo vitoreaban al 
Monarca no eran gentes (hk'iles, sobre todo no reconociendo 
^Qtoridad sobre ellos en los íjuo intentaban forzarlos á una 



124 
aclamairion que ks demasiado lar^ia ¡jara un viva; aunque, 
hablando en ver>iad, los que se negaban á decir constitucio- 
nal era porque no tenían gusto eu que el Rey lo fuese. No 
había, sin embargo, derecho para compelerlos á usar el 
epíteto que les disfrustulta; perú esta falta de derecho de po- 
cos era conocida, siendo, al levéí-, común la persuasión de 
que lo había, y muy claro. Al fin este gritar de diverso modo, 
mezclado con injurias do unos á oíros priladores, tomo el 
aspecto de una contienda algo grave. Kl o y el G de Setiem- 
bre, los adictos á la persona del lícy y á la monarquía anti- 
gua, viendo castigado á Riego, \ ron él á los fautores y 
parciales de la revolución, vinieron á .-¡u puerto más enva- 
lentonados y soberbios i|ue en los dias antcrioi-es. Pero sus 
contrarios los constitucionales, por lo iiii.«nio que acudían 
llenos de rabiay sólo medianamente abatidos, determinaron 
no dejarse insultar (pups insulM juzgaban los vivas al Rey 
á secas), sino al revés, escarmentar á los gritadores del 
opuesto bando. Asi, á la entradla de la noche del (5, y ala 
hora de recogerse el líey á Palacio, después de comenzar 
loa dos coros a entonar sus respectivos vivas, los que de- 
cían Rey constitucional acometieron á los del bando opuesto 
& puñadas y á palos. í'(imcty/.ú con esta acción un alboroto; 
de la plaza do Palacio se difundió on breve en todo Madrid, 
corriendo los gentes, cerrándi)sc algunas puertas, acudien- 
do en tropel curiosos á ver y oÍr el alboroto, gente alegre é 
inquieta á satisfacer las inclinaciones en el bullicio, y mal- 
vados dc! los que abundan t'n poblaciones grandes, 6 buscar 
modo de saciar sus ajietitosen el desOi-deu. Comenzú, pues, 
un motin, no muy icniible al principio, por no' serlo los de 
aquella época, donde faltaban la resistencia en los que man- 
daban y la verdadera fuiia en los sublevados; dc que resul- 
taba quedarse los tumultos on mero ruido, alternando los 
gritos con los cantos; [wro mutin al cabo, en que, roto el 
freno de la sujeción á las leyes, el desorden podía y áua 
debía convertirse, de ridículo y alharaquero, en serio y 
grave. 

llabia yo, mientras tenia principio el alboroto, acudido 



126 

.,]d teatro do tnis glorias, ó dígase á la sociedad do la Fonta- 
■1*. Rebosaba en gente el espacioso salón, como solía en las 
nocbes en que so celebraban las .sesiones. 8ubí ti ia tribuna, 
y rompió el concurso en estrepitoso» aplausos, tan continua- 
dos, que por buen rato no me permitieron dar principio á 
mi arenga. Sentime enternecido do veras, á la par <|U0 ufa- 
no, siendo yo (al. que, Aun ahora, agobiado y cascado por la 
edad, y por las amaríturasendurocidi'i, todavía derramo lá- 
grimas, sin poderlo remediar, á todu cnanto me conmueve, 
y soy lan fácil de conmovui-, (¡utí la i-clacion de cualfjuior 
dicho ó hecho tierno heroico, y la mósii-a vocal bien ojecu- 
tada, y el tener cjuo expresar pensamienios O afectos vivos, 
me estremece el cuot-po y me hLimi'dcce los ojos y hace en 
todo rai ser, en lo físico y lo moral, Icrribíe efecto, lín ver^ 
dad, ea aquella hora Icnía motivos jara no iccihír sereno 
teetimonios de aprobación y aprecio '¡uc me eran dados con 
entusiasmo. No recobrado de mi enloi-nc'imiento, í^on voz 
trémula de placer y gesto animado, no sin mezcla de suber- 
■bia, comencé a dar gracias á mi henévulo auditorio, cuando 
aitos gritos que sonaron en la calle me dieron aviso del mo- 
tÍD, que ni esperaba yo ni deseaba, aunijue ú mis amigos, y 
á mí entro ellos, hubo do atribuirse haberle promovido y fo- 
mentado. Oyendo los concurrentes el alboroto, saliéronse á 
participar do él, cuáles como oyentes, y cuáUis romo actores; 
porque, no obstante serien gíralas mis huecas declamaciones, 
todavía les agradaba más la patri'itica ;dga/ara. Despechá- 
bame yo, así por eslar ol'endiiia mi vanidad de verme des- 
atendido cabalmente cuando más mención merecía, como 
^porque, no siendo necio, consideré cuánto paitido habrían 
de sacar nuestros conlrarios de toilas clases de un bullicio 
intempestivo, además de it'prensible, y á ningún propósito 
racional encaminado. KsfíH'íábame con ridicula pedantería 
á detener á los que se iban, piolián rióles con razones tan 
buenas cuanto inútiles, que no era modo a'juel de hacer 
opcsicion al Gobierno, y pretendiendo «nscñar otro modo de 
hacerla más acertado y con más fruto. Prcdicalia en balde. 
como es de suponer, y aun casi llegué á predicar en desícr- 



J26 
to, pürcjue poco méDos que desierta se quedó la sala. B^éme, 
pues, de la tiíbuna cabizbajo y mohiDo, acabando tan mal U 
escena de mi triunfo. Continuó el tumulto, en el cual no fal- 
taron excesos de la peoí- clase posible, pues algunos da los 
alborotadores, eniraminándoso á la casa del señor de Rubia- 
nes, jefe político de Madrid, llefjraron á allanarla, aunque á 
ninguna persona de las que dentro había hicieron daño. 
Pero el moyor número de los stídiciosoí su contentó con par 
sar algunas hora.s de la noche gritando, hasta que, cansados 
y haciéndose tardo, si' recogieron á sus casas. A hoi-a regu- 
lar me l'ui yo á la mía, ajeno á aquoi suceso, y por demás 
descontento de que hubieen ocmiido. 



r 



CAPITULO tX 



CórtBr^—Ciim\\iL:i:\t\f Itirj <'xiill:idi>Fi.— I.rtli'iiiitiiTinNiiHpe»' 

de •'"QH Ht-PÍi-iIH-H, y «I ;iiiloi' i-rilrmlii iinn ]i>'(n>'>itt1, qiieeo 

¿ 10Hrniiii«tpriíiliT- H'nll.to .i-i.- i-l iintoi- •■Hi-i-ibi! n-nlrn 

elGotaipiuíi-Kl lEev nii-i-ii 1.. ;-;,nrii.i. - l;i K-y -ob»-p ex- 
tincjondeúiilpin'winoiií'i.-'ti.ripi— AUlllnlHllow.■!m,ynlall- 



n ff liv 






rulii <■! ;i 



) y lU líi 



Amanedii ul (liit 7 .li: Si-iiuuihii! tstainlo Míidriü fH lii paz. 
más profunda. Uíimi u.s i^ki'H) 'jiii: ÚLiii ''ii ];is soJÍcíojií/s vio- 
I lentaB suelen iiclolrf-i:r lus nunlri liónos, y aun nui/.á lus mora- 
dores de todas la.s ¡Kiljlai'í.ijit^s .L'J'itiidi.-s, ilot ai^-bai|ue> que 
atribuj'e el cardenal di; li,':l/, n [os ]iar¡»Ícuses comu iiticuliar 
. fluyo, cuando ijinc quü un (|uiuri:-n, ii¡ un laft ocas ion es ile 
más empeño, m: dcn/ieiinr. cslo i:^, alterar sus homs, Pero 
no es menos verdad i\ü<'. •■[ aiburoto dv la uochu anlurior, 
£ilto de objeto y de pian, uia! pudía scguii'. no rünovandose 
lo que le diO prim'ijiio. I 'nn lodii, liay motivo de auiir tjue 
entrado el dia no pc habría i-im servado el t^oiíii'fjo, purqun 
asi como en tas alti'raeioiie.í d.l mar, un la-^ dv la jilebí!, tras 
de la tempestad no vioiiu una (.'alma amiplo.ta v no inlctrrum- 
pida, ni dejan di; manifest^ir.sti .-^cuales dul pasado nial, quu 
cuando no se renueva on su fui-iza pLÑmoru, se repite con 
vioitíncia más ó menos mitigada. Sin embargo, no oüurrió 
lo que debía temorse, gracias al alarde que hizo de su fuerza 
el Gobierno, y aun de su rigor, si le ponían en caso de usar- 
le. CubriérouBC do tropas los lugares de más concuininfia 



128 
en la capital. La Puerta del Sol fué ooupada por bástanla 
crecidas fuerzas y por artillería, asistieodo al lado de los ca- 
iioues, coa las mechas encendidas, los artilleros. Acudió no 
poco golpe de curiosos li ver las tropas, pero con (juietud 
perfecta, si bien al.^runos pocos fin sus semblantes daban se- ' 
nales de enojo. Entre tanto salían para sus destinos Riego y 
los demás desterrados, á «¡uienes, si mal no me acuerdo, 
hubo do aguijarse para ()ue no se detuviesen. 

En las Cortes aijud liia se trujo á cuento la situación de 
Madrid y de lo.-inei:orios. Xo ;isisti vü á la sesión, y sólo 
puedo hablar de ella, asi por lo que refirieron los periódicos, 
como por informes 'rlc mis amigos. Promovió el debate ej 
diputado Moreno Ouerra, con lio menos falta de tino cd el 
modo que en la sustancia. Habló de los vivas que se lo da- 
ban al Rey, pinliindolos como coifalos de sedición contra las 
nuevas leyes, Táeil fué probar que los sediciosos habían 
sido los constitucionales en aquella ocasión, fuesen las que 
fuesen las intenciunef; de los di-l opuesto bando. Hablaron 
muchos diput:idüs, vagamente tudos y no entrando de lleno 
en la cuestión pendiente. Fué muy celebrado un discurso de 
Gutiérrez Acuña, cabalmente porque significaba poco, redu- 
ciéndose á cuatro máximas, tan juiciosas y evidentes cuan- 
to inútiles d sustentar una ú otra de las causas opuestas, 
obra de autor nada instruido, ili- no mal entemliniiento, 
aunque tajnpoco de grande a^'udi^/.a, y bien intencionado. 
Quiroga liabló, y protestando en nombre del cjf-rcito que 
había mandado, de su deseo de ubcJi'ucral (jobiei'no, ni dijo 
lo cierto, ni con lo que dijo hizo el efecto que sus palabras 
eo sí debían producir, tomadas pur lo i|ue sonaban, procu- 
rando y viniendo á ser, en efecto, su discurso desaproba- 
ción de la conducta de Riego y de sus parcialer<. Asi lo hubo 
de entender Martínez de la liosa, <iue muy empeñado en dar 
apoyo al Ministerio en aquel trance, ensalzó con hiperbólica 
alabanza la arenga del general del ejercito lihertadur, dicien- 
do quo tanta gloria había adquirido con ella cuanta coQ su 
anterior hecho insigne. Por la razón misma los revolucio- 
narios consideraron una declaración de guerra lo que ha- 




bfa dicho Quirop;», y le nfi-.i-on su firoiTtlff, <]iv on vprdar! 
BO era ni mulo ni cucnl?'. Purn f\ \U:n¡-i ilc aipiclkt srsioii 
fué €-1 niÍTii'^tro Arí^üfllcs, f.\ cual hhn un Lir-fíij lüscurKO 
, donde moslrrtlnf buenas y inaliif: cuüIíiÍíuIpb di' su [■iindinon 
y da su tlncii' ncía. Sifndo luiinbrí- jdr doiiKis s<iht;rT)io v 



receloso, a^i romo rcctn 
I como malvafIcR ó como r 
r puede di-^i.''irrLrsc, \ I' 
ichacarl-js . y cfilfiln (lf.ti> 
la cauí^a di! Ina ]fys y '!■ 
su prerog.'iiivM cfjiistiliini' 
Dando co" lU'í'-íWiriiin/a y 
ftcuerdfi con i\nii Unhi-.i ]íi 
lucir qup m "is diría, si jn' 
ne mas '|ii" i-all;ilja fra ii 
derUis líi" mi-niiraB <\w i- 
general y ili;su'i amii;"n. 
F decir '¡ui; no ijH'-i-;-! n'i ír 
¡Que .11' alimn, i/n • *? "•'•i; 
opuestas rí[iiniiiiii'í, uün-' 
- Us fuas ti-rim;líi. fU-f^ |i'ii 
' decirf^e ciiilra líi-'^-o \ S!i 
notorio, y |itir iTi.'fi-i'(i:i li 
y palubrus pníñadas i-rní 
losefeclus Ul-- iiiin ciilinrui 
niador, ilLstaa'!i) iiiu''lr<' 
; pcix 



' firmf 



miruha á si 


s rumrarioK 


rfía <!.. rllns 


cu a n lo mal' 1 


« (r-.-ima. .,uo 


cni rfiiTiiui 


iñ Biisfi'rrar 


tmin li-anrc 


y lililí al ¡U-\ 


.■ri fl uso ih 


lil>i;i''í r|i|r „ 


rahmi Kur- 


¡n'ü('t>ii li'mj 


an/ri.íldrs- 


lii...r.. ,„To 


igariiio tras- 


.■1.,.- no iM.-i 


i!.irvirsf-n, y 


Iiivi-Hi.l,si 


MüM <M oi-oia 


.il,i,nior,l„s 


r.iy--.loadol 


1 cmlir.za.la i 


■aM-, fie ■Ifjri 


-iíia-- '!.• :•■:■! 


lia !il<!..ria. 


■i-ii rou hi\\-- 


liiouih-üsdo 



irlaiili: ¡,oiÍia 



I-Uk^ 



;j Ai-í 



• ■\k' 



>ll t0ll0í< 



>ii ti'jhii' i:ii--Im 'li' pi'Msar Uil 
[i.-ir nn [pedia l-ajarsi'- li (|uc Re 
iii-la<'li.<>.-lal.aiT!=urlloli.Ih- 
iiiu-iiu ma! 00 :i!i. Ji^-ijr:inii.-.s<-- 
)''Li.trac¡i)n. i-in lialnr ¡íodido, 



f la sacasu una patabiti ii 
ar, y por titra pai-U: <-\ r 

[ lo haberli! ¡iirlíciido ouri 

por falta de datos, lltíLMi- ú ;ivi!ri;;uarln, i.n rii'i-li) es i¡uc si 
le alabaron sus amiy('^<,su.■^ conii-arifjH U' vidipi-i'aiijn unos 
y otros con i;Xcuso, y rjiiií In. sc^L'iuidds U'. rlcjaton el nouibro 
de Paginan por niiodo. 

Acabada lu sesíim do las í'i'irtus (.■cni'> snlían concluir 
•Dtónccs, á hora temprana du la lardo, no he retiraron dula 
Puerta del Sol y domas sitios principales las tropas que Iok 



131 
ocupatan. Habla a>|ue[ <l¡.i i7 do Setierúbre de 182<!)) eclipse 
anulai- 'I'; sol; cabalmc-nte eii la miiad del dia. A ver uno y 
otrr> oijpifü.'taculo [j<'jblaba la^ cai!<.-4 iiuiu'jrosogeaiio. L& luz 
amarillrmta y caf>i apagadii ia la piiacipal lumbrera dol cie- 
lo r^ia ijobrc Mu<In<J, flandi> -sin^^ular time al cuadro que ala 
vi«tafjies>:iiiaba la i.'Hijitaliiclüsi-aña y en los veaci Jos, entre 
los cuales rin! rrontabayi.. hitcíapodi/i-oso efecto, aumentán- 
dolüs la Iristi.-zít. \o asi ;i lu ;;f:iiííral de Ia3 pmlt:^. para la» 
cualüri oi-uri ubjulú de ¡a tiii^ina iinpai-<!ia¡ curiosidad el alar- 
de miliiar y í!l<-.-l¡[,!;i-, ij.j i-iiiJ.Lidi) ni criperando más del 
uno '(IK; riel otlO. 

Al iiii^iiio tic-iripu liabiiLii -^iilldo á luz proclamas de la:^ 
autoi-iiiadüs j.ilTici¡i:di-s i!i.> Madi'id. l'.n ellas ss hablaba con 
la hipiii-boleiiumuiidi' Íi)-;i;--[>iiÑíjle«, yajiarapondcTar tiJiio- 
fos píisodo):, ya [nua aun'tia/iirá Ids ein;ininoa con males 
ti-biuendoí!. Scíialiiso ol capiían í;ent ral Ü. (iuspav de Vigo- 
■let, ijuí! aitionaxaU'i r-t^ti.'rminnr á (:Íi;rl!is geiiU's, sin decii- 
claro á (juiísiii;» uKoütalia sus tiros. Muclio amaice') ost^ len- 
guaje ú tos (^iduH, cuya injusticia los llevú d ensañarse cotí 
con Vi^odut, buen servidor del Estado dosdu tiuiiipos anti- 
guos, [ici'o c'jrlosano d*; Fernando r'ii los diua de la nionar- 
quia absoluta , parecicndn un dc^^atino <[ue rlgimido la 
Constitución »<> tocaba hablar cuntida sus restablecudoiw 
ál>ei'Bona 'luut'on i-\ di-~j)iita había privado. 

Llegada la nochii dii aquel ilia, y tclirándose las trupiui 
al calu.i dit algunas huras di: i>!í<'uridad y paz profundas^ ios 
que habianiiJS pi.'rdido la batalla nos pnqiarábanios, llenos d« 
tromendasafia, á acibarar su ti'iunfo á losj vencedoi-eis. De 
dos armas ilis|ioniaTiiiis, que eran las sociedades masónicas 
y las suciwladi's pat naiticas, [luniuc l« Milicia Nacional no 
era iitn'sira io<lavía. l'nro ni áují de nuestras annais podía- 
ino» usar enli'inet'H ron brío, si iiu queríamos cumoler un 
iuíto de Incurii, ¡lurquff nos faltaba fuerza en el brazo, las- 
limado de haber rn-ibidn golpirs y du haber sido parador 
con riii>i'/a Ids qiu' tratamos de dar, y por otra parte nues- 
tros (nuunÍ;;os oran muy fuciles en aquel momento, contan- 
do Argricll'-; > -!u« <-cd»')tíi« con oa«i todo^ los con.stitiieíona- 



131 



\ les antiguos, con el ejército en su mayor parte, con la guar- 
nición de Madrid y con los amant42s de la monarquía antí- 
gaa, que sin dejar do serles enemigos^ los favorecían como 
á instrumentos empleados á la sazón en dañar y debilitar h 
Bdto temibles y aborrecidos adversarios. 

No dejamos de proceder con tino en nuestra fírnieza. Kn 
manto á la sociedad de la Fontana, determinamos que sus- 
pendiese sus sesiones, pintando la situación en «pie s^e estaba 
como una de tiranía absoluta. A la suspensión at'ompanaba 
ana protesta. Extendíla yo en términos de violencia suma en 
el fondo, y en los términos de moderación ;i marga en la foi*- 
ma. Leído mi manuscrito en jimta privada d«í varios socios, 
no hubo de agradar, principalmente jjorque había miedo de 
^ publicarle. Un socio, buen hombre y no muy hirgo en luces é 
instraccion, puso por reparo, y en cierto modo miró con e\- 
mueza, que se dijese en acjuel papel ípm no querían decirse 
muchas cosas, siendo así que se ihiMi diciendo. A esta obje- 
cioD respondió Regato, defendiéndome, y conmigo á mi obra, 
^el escribir era un nHe // r/nc en c¿ scrm'Janícs p/'oU'fifas da 
■o decir ¿o mii$7no que >tc ¿ha diciendo, csiabtin hinij cunoci- 
iasifen mucho uho, siendo un modo de dnr múH fuerza á lo 
fité se expresaba con suponer que nv'ix í<e dina si se pudiese. 
Esta razón valió poco, porque j^ersuadió de que mi papel 
era violento, lo cual venía á ser la verdad pura. .Vsi hubo 
regolverse pura y simplemente declarar que la sociedad 
los Amigos del Orden suspendía sus sesiones. A algunos 
disgustó esta resolución, porque gustaban más de oir aren- 
gM contra el Gobierno, que no del silencio; pero fueron 
los menos entre nuestros amigos los t[Uo así pensaron. 

En el gobierno masónico el bando vencedor no tenía 
POCft fuerza. Compuesto el cuerpo gobernador díí los repie- 
■^Olantes de los capítulos de las provincias, varios de sus 
*^bros, por otro lado personajes de mérito y alto con- 
ato, siguieron adictos al Ministerio y aprobaban su con- 
^*^, apoyada por una crecidísima mayoría en las Cortes, 
tocante á los sucesos recien ocurridos. Pero en casos tah;s 
^ 'a victoria tener más atrevimiento qu»* los contrarios y 



132 
ganarlos la dulantei-a. Aai fuó, que varios de los quo quedá- 
bamos vn aquel cuerpo iiroscribimos á nuesíi-os compañe- 
ros, l;iiizái)do!os de nuestro lado como apóstatas y casi 
como traidciirs. Kl i'onde de Torono, Yandiolu, Torres, Zu- 
malacáiTffrui, vai'ios diputados áe Galicia que liabiiui sido 
algunos de ellos du la JuiUa ruvoludonaria drí aqueliu pro- 
viuda, quedaron c(jm]u'eiididus t'ii esta dura condona. Los 
que ai-i nos akanios con la autoridad éramos iiua miiioris, 
y aun eoita, falij'imtouos Man/.anares, San Miguel y Velas- 
co con otrOii. l'wo iodo dcpt-ndia dv que la L'tiion hw^ónica 
en toda Ks|.aria, y aun i^n Madrid, rfcoiiocios*.' nucslra lejii- 
limidad y ili>:si; ]ior bacnos nucslroi: [iroivdiinií-nios. Asi 
succdiü, y asi lo esjiiTúliíimos con razón, ¡lorque en seme- 
jante sociedad vniccn y |)rcdomiiiaa los di- opiniones más 
extremadas. Lo¿- Soberanos <.'a]>Lta!o.s y áuit todas las lúgias 
nos reconocieron i-or lc¡;it¡ina cabi-/a de la Sociedad, y por 
miembi'os con i':izi;n cortados, á \u.~ que liahíamci« separado 
de no^otio^. llaiiiii in Madrid una l('if;ia llamada /.« Tem- 
planza, que sin ijícar de plt Ah- las llamadas simbólicas, 
como la^ domas, ^n/.uba de otro conoiqjto y Venia fíran peso, 
por coinpünerhf de [icrsoiias muy (-aüficadas en la sociedad 
llama'.la [mr !ns maí-onts proíaiía, lista quedó, en cierto 
modo, ^cq)ara(ia de nuestra comunión, ptro no anatematiza- 
da del lodo, aunque en rila predomioiisen los proscriptos ó 
sus amibos. Por otra parle, éstos no pudieron ó no qui«ye- 
i-on levant;ir altLu- cijnli;i altar, <> diñase hactr un cisma en 
que hubieran Icniílo algunos, ¡lunque pocos secuaces. 

El Soberano Capitulo de Cádiz era nuestro con ardor 
vivo é intenso. Inlluia en é!, sobre todos, D. l-"rancisco Ja- 
vier Istúriií. Por algún tiempo aún tuvierou esperanzas in- 
ciertas de que liubiiíse allí un conato lie liivanlamionto en 
favoi' de Iliego, ó digaso de nuestra causa. Pero no fué po- 
sible lanto, ni nos ati-<;vinios ú proponerlo, ni aun tal voz á 
desearlo claramente. Eu ('ádiz, si» embargo, siendo ciudad 
sefialada por su amor ú la Constitución cu 181J, cuaado 
era corto el numero de los que en España seguían la misma 
bandera, y acordándose del sangriento sucoso del 10 d» 



Marzo, y fxi^^iicndo relacinnos aíiiist«>s;i>-. <*i»n el ijimvíío li- 
bertador, mirado alli coiuo i-ns.-i do fiíniüia ñ de «.isa, (iu<;dó 
muy general avoisioii al Ní'mi>:lt;n(), s¡ 1>¡(mi de l"S<»í aíecto 
uo participaban aiírunoí; fio la rías»' rir.j, auníjuo 'hi los 
consiiturionalos. Coinonz<'í <'ntí'»nt\'s ú >al¡r un p»:TÍ(')ílii'o, al 
cu.ll dieron fama las sinfíulai iilaíío< dr. su autor, la i)rotec- 
cion que por alp^uno.s p^ivonajes de cu.infa I»', fué dispensa- 
da, y la ai.'OptaiMun con «[in; \i\ ri>cil»i<') r\ l^mn-imti' vul.:,'0. 
Escríbialt; una pi'rsona <j'ic, <i»f^\m lama, lialua p'-rli.r.(.'ci<lo 
¿una ordi'n moriá'^tica, y rpn* «lislVazaba su apilliiln con <;1 
extraordinario dr- ('lara-R'.í<a, t«)mado, c.muo él liu-sun.) hubo 
de decir, <io haber tcnidr» dos ípirridas, d«» l.is eual.r-i una 
se llamaba r'lara, la [)rimera, > liosa la segunda; circuns- 
tancia que basta i)ara pintar ji un personaje miíc liac ía ¿..ala 
de sus vicif»s. Kra ol ta! escritor h<)!iibi-,« ii:n<.irantis¡iuo, y 
áUQ de gramática castellana subía poco; pcnj su|.lía las fal- 
tas de sus pobri»s pensíiniientos y pésimo estilo, con una 
audacia increible. Hióse á sristi«ntar las idí.'as tujís oxtroma- 
. das, si con fundamento pucrle dociisc <juc se-^íentaba »'n su 
periódico doiMrinas de alguna (dase. Pero h;. biaba ••ontra el 
Gobierno con violfucia ^jue t(»caba en la i'a\a d»? ?-«mIíc¡()síi, y 
¿Qu solía traíspasarla, ri}\\ lo cual se h¡/.o útil sei vidor de 
algunos, y gu>tí) ala |)íule j)eoi* y nuis numerosa de !ectí)res 
que on Cádiz comprendía al vulgo. A su ti^^m[H) llrgaron 
el periódico y el poriotlista <]»• íju»* acabo fie hablar, á cobrar 
excesiva y fatal iniportan<-ia; [ua-o dexle luego tuvieron al- 
guna, si bien los efectos de su trabajo eian lentos y pi.»co co- 
nocidos. 

Kii la imprenta en Madrid no eontjibamos con un [lerió- 
dico donde so defendiese el interés de nuestro ban<lo. Pero 
suplí yo la falta con un folleto 'pie hizo grandísimo ruido, 
aunque en verdad no valía mu(ho. Msjíorí'js»' <'on ansia, sa- 
biendo que ibaá salirá luz; des[>achí.'>se, «piiiíunloseje la gen- 
te de las manos, y á poco cay<')en el fílvid».) que merecía, del 
cual no le sacaría yo ahora, aun cuan<in pudiera. I í educíase 
á censurar la conducta del Ministerio y las procianut< de 
las autoridades de Madrid, en estilo severc» y algo iiuec(\ 



^^^^^^^1 



134 
iloínJe iiu era nu-iioi' la iicrimoniji poique no fuesen destem- 
pladas las })a1abras. Sci-ia hipócrita si no dijese que eo su 
clase tenlii algo bueno con bat^tante malo, luciendo una ú 
otra dote en su estilo seco, del modo que lo os el mió, y con 
u\go de rastelluno rancio, mezclado con gusto inglés en el 
modo de piesentai- los [lensamientos. 

Pero tan fl;u'os embates no habriau hecho la menor 
rnella en la fábrica robusta do un Gobierno bien conslitui- 
do. Y no lo hicieron en verdad, si bi'.-n por otras causas el 
triunfo de l;t nuestra, aunque sólo hasta derio punto, estaba 
Kpgui'o. La victoria fué fatal á los ministros por haberla al- 
canzado síibro contrarios que eran la mejor fuerza con que 
podían ellos contar, viéndosi; ameiia/iidns, como tenían que 
serlo, ¡lor más formidables enemigos. Cuanto perdieron loa 
restablecedores Ac la Constitución, otro tanto ganaron el 
Roy y sus amigos, en cuyo perjuicio y afrenta había sido la 
Constitución restablecida. ¡Trisles situaciones son éstas de 
los tiempos revueltos, on que guardar las leyes <1 susten- 
tarlas lleva á segura ruina, siendo el problema que se pre- , 
senta á la solución por quien ó en cuyo provecho es menos 
perjudicial ó peligroso que sean las mismas levos quebran- 
tadas! 

Triunfante el Ciobierno, unidas con él las Cortes, vena- 
dor los que con la autoridad de su nombre y servicios in- 
tentaban maniener, á costa i'i en vez del sistema legal, elro- 
velucif-nario. parecía ¡lUC las cosas debían caminar por SOB 
tntmites icgularcs, sin ti-ojiiezos de bulto. Los que habia- 
nioR pcrdi'lo la batallado Seliembi-es'ilo es pcn íbamos, pero 
esperábamos mucho y con fund.iniento, en que los minís- 
ti-os tendriaii que pedirnos auxilio, viéndose amagados por 
el Rev V amenazada do muerte la Consititucioü do que eran 
defonsoif^s. 

Ksta üi;asion no tardó en llegar. Las Ci'ntes se inclíos' 
ron á bai-cr reformas. V'.\ Ministerio no las proix)nía, puefl 
se liiibia resignado á hacer-un papel todavía nnis pasivo 
qui f! '|ui> iior la Constitución le estaba señalado, poro la» 
¡tpiobabii. Al Jíey eran todas ellas muy desabridas en sí y 



135 

por el origen de que venían. A una hizo más oposición que 
¿ otras, que fué á lo resuelto por las Corles sobre la extin- 
ción de los conventos de monjas y reducción de los de frai- 
les. Fernando se mostró dispuesto á negar la sanción real 
4 la ley propuesta y votada ])or el Congreso. Estaba tan mal 
entendido el juego de la máquina constitucional, quo nadie, 
ó cuando más muy pocos, miraban el caso como una dis- 
cordancia de opinión entre el Monarca y sus consejeros res- 
ponsables, en que no siendo la opinión de éstos atendida, 
debían hacer su dimisión inmediatamente. Fernando leíala 
letra de la Constitución, y viendo que á él tocaba dar ó ne- 
gar la sanción á los proyectos de ley que el Congreso le 
presentase aprobados, y que nada se decía allí do los minis- 
f ' tros, juzgó que no tenía paia qué consultarlos en aquel no- 
[■ gocio, y aun los reputó entrometidos hasta pecar de insolen- 
tes, porque en 61 quisiesen mezclarse. Esto no obstante, ví- 
nose algo á la razón, pero como quien (^ede á consideracio- 
nes de conveniencia ñ de miedo al hacer lo que puede y pri- 
Tativamente le compete. Celebróse una avenencia, por la 
cual sancionaría el Rey la ley siem[íre que le dejasen sub- 
fflstir seis monasterios. Dándole en esto gusto, volvióse 
Atrás de su manife*^tado proj)ósito, y se declaró resuelto á ■ 
negar la sanción á la ley, aun enmendada. Todo esto, según 
ifca pasando, era sabido en Madrid, y encendía enojo con- 
tra el Monarca en los constitucionales, atizando el fuego, 
Diasque otros, los amigos de los ministros. Por fin, dióse por 
supuesto que sería nogada la sanción, y al mismo tiempo 
<^rrió con valimiento la idea de que era necesario forzar al 
«cyá darla. De súbito alborótanse las gentes, aunque sin 
'oniper en motin, y comienza á decirse que en la noche de 
•fluel dia la sociedad de la Fontana abriría sus sesiones á 
fin de que se hablase sobre el gran negocio pendiente. Mu- 
chos socios asi lo deseaban: los amigos de los ministros, 
"^gando á aquellos á quienes pocos dias há vituperaban, lo 
«consejaban con empeño, dando por supuesto que su conse- 
ja* «ería seguido: el vulgo liberal, que gustaba mucho de la 
^"* y poco del Rey, saludaba gozoso aquella ocasión 






136 
como cnviuJii pur- el cielo para pruporcionarlo el recreo de 

oir dad am ario II os contra los objfilos do su niulquerencia. 
En el cuerpo i;i¡hnniAáor d>} la iii.tsoriúriii, aun expurgado, 
habla asimismo guaif.H nue, sin querer á ios ministros, 
cuando los vt;i;in contrarios á iHirnanUo, se inclinaban é. 
darles su apuju. Al^'Uiius poco.s nu partici palian do este 
modo de pensar, y cutre ó-iios nos seiKiiabainOí R'J^ato yyu. 
El primero, fueoen cuales fuesen ya sus inií-nciunes, peo- 
isabu en cstc ra^o con ui'ierto y r.vn jusiieia. diciendo que 
no convenia hacer nosoiros el papel de albuiotaJores de ofi- 
cio, á quienes se repniniaú so sciltab:» si'yun se creia coo- 
voniento, con lo cual queiJaban jusiitiraiios todos cuantos 
cargos abutuidos ú eulumniu^íDs ñus liubieran sido hechos 
por nuestros enemigos, y i|ue no cunvcnia dar auxilio á los 
ministros, robusteciendo su poder para nuesti'O propio des- 
concepto y daño, pues aún éramos sus contrarios, y coutra- 
rios vencidos y tratados con ilui-e/a. Ij^uales ai'^unienlús 
hice yo, y con tal fuer/.a y efii-;i<;ia haljiamos, '|ue liubinios 
do vencer á los '{üh opinaban de diverso moilo. Resolvióse, 
pues, que no so liablase, resolución á '¡ue muchos accedieron 
do mala gana; con mayor disgusto la recibieron los que es- 
• tiibanabajii esperando, deseosos de una l'um.'ijn en la cual 
se prometían entreticniento y poco aliciojiados á adelj^azar 
en la política, por lo cual les parecía i.jue en declamaciones 
furibundas, sobre todo siendo contra el Reyy la corte, nun- 
ca había duñu. No hubo, pues, scíion en la sociedad dala 
Fontana ni alboroto en las calles, y esto no obstante sucedió 
lo que se esperaba conseí,'UÍr de las arengas sediciosas ó de 
las amenazas do alborotadores a<;avillados. Coinu corria la 
voz por Madrid de que había sesión en la Fontana de se- 
guro, y probablemcnle asonada en sej^uida, creyeron ser 
esto verdad los curtesanos y el Roy misjno. Kmpezaron á 
llegar á Palacio noticias falsas , dando por empezado el al- 
boroto, ó pócemenos. Amedrentóse inuelio Fernando viendo 
miedo en sus allegados, y de pronto dio su sanción ¿ la ley, 
quitando asi motivo ó pretexto al moitn que temía, y no des- 
contento de tener una razón como para darse por forzado y 



137 

cupeditadti haslaon ti uso do i^urJ |)i-crog;it¡vus constitudo- 
Dsles. 

Más suiUftielio ((UfUó yn dn mi cimilucta t;n (isLc aufesu y 
de lavicnirÍM ijim (■onsr-ííui, ituin|Ufi iio püblii.-a, impiíüeQÜo 
la ctitebraciün de lüe sesiones da la suspuDiía tioatíiiad jiu- 
triútica, (¡111) del nuevo Li'iunfu a]t';iníii(lo por Iíiü cuii^titucio- 
nnles suhn: l''i!i'Miini)(>. Sin iMiili.'ii'.irii. ii¡i-n ritii-nilri, ríun estK 
Último venia li¡t!n al inlüi'tís di- mi Imndo, [uni|uo sitiaba 
■' fuerza á los ininislros [lOi- el ¡irnntii, los di:j;iba lan mal con 
: el Rey, <)ni; un i-om[iimÍL-mo unlie A iim.-y los Otros tira iii- 
[■ evitable y |i;irné[JO-;.-iii(j muy li^jimíi. 1 Jitn; l;itHú hubo nuevo 
' motivo dy discordia cntru nusotrus y el Mini-iiciio. Hi'/.OBu 
■ una ley para «níi'eiiai' á las üoi'it-dadi's patniitii-as, lo quü 
6(|uivalía il dcrir para rjufljrar un niii'slnis mano-:, .'i fuaji- 
do menos di'jnr ^oco tcmihlc. A arma liv, (|iic. li;i(-i:;mos más 
USO y saráb;imM^ ni'is vinlaja, y ¡t iafual li.-manios mái ape- 
go. No acfrtaró á di;cir si ora el ¡Liti-ri.;« de. ini vanidad ó el 
de mis aumentos fufuro^^, i'i v] di' mi parrido, io '[ue más me 
empeñaba ron furia en laviir il« las Lali^s fiocii;dadi:s; pero 
■_ [luedo decir que fOnst'icrai'ioiicHi (|iii,' fo mi ahuinainifnio 
me parcelan dcf^inl<:ri;sadas. y aun dri i;llii al.Lío, si bituí poco, 
tenían, mu hacían di ffiií^fir :i(.ulorado y Ifiia?. di: senifjantcs 
cuerpos, dt.is(.'and& y cn'.j cndo ¡jo-ibln liarl.ís i.-l i-aráctcr que 
tienen los nfcli/'f/x i-n lii^ilaifrra, y t'Hiiin¡indo i-i consu^'uii^ 
lo, necesario p ¡ra robiisifcer y ai'/an/.ar la iibi-ri;id en Kspa- 
ña. La ley rjue ^l- lii/o cu ¡as tj.jrti's fuii uiuÜsiiiia, y ú mi 
tal me parcr.ió; pi>ro fui; por lo puco que tenia dd buena pol- 
lo que la reprobi>. Iliiüta un aiiiifín riiio diputado, poco vür- 
sado en materia di.- leyes ]i("illiii-as, me ¡jidiii que le L-scribiera 
un discurso delundle.ndo las sticii-dailes é irnpugnaudú la 
propuesta ley, lo cual bici-, sicnilo la tal obra, no f^é si Inida, 
ó después de aprendida d<- memoria proiiun<.'iada. Tul cual 
era, poce efecto lii/o, estando nuestra pai-i:ialiduil llena de 
admiración á un discurso que en el mismo debate, y sus- 
tentando la causa de las t^oeitídadci^ patriólicas, le}ú el dipu- 
tado y canónigo Martine?'. Marina, eruditísimo estrilor, de 
estilo peeado y con-ecto, y dicción en general pura y casti- 



138 

/a, de poco sano criterio, virtuoso, y sin embargo susteu- 
tíidor y promovedor de doctrinas cuyo inevitable fruto es el 
desorden encarnizado; á punto de ver en la sociedad y le- 
gislación de ios tiempos antiguos lo que se llama libertad en 
los modernos, autor un tiempo estimado en mucho, y hoy 
decaido por saberse más en las materias que él trató con 
más celo que discírnimienlo. t>te discurso, publicado en 
folleto, hizo daño en el concepto de los más entusiastas á la 
causa que el autor deí'endía. El compuesto por mi y pronun- 
ciado por mi amigo valía poco también, y era notable por 
desvarios de otra especie. 

En esta discusión pronunció Arguelles un discurso muy 
celebrado por sus admiradores, y no muy digno de serlo, á 
posar de que sustentaba una buena causa, y de que en él se 
mostr<> en más de un trozo elocuente; pero del cual ensal- 
zándole uno mucho con graciosa sencillez, se dejó decir que 
había estado el orador divino tratando de mil cosas, aun- 
que de las sociedades patrióticas, objeto del debate, muy 

l)OCO. 

La ley hecha salió tal, que el desorden de las sociedades 
podía muy bien seguir, con ser ella fielmente observada por 
los que mandaban. No lo fué, andando el tiempo, y su 
ambigüedad, como se verá, se prestaba algo á que no lo 
fuese. 

Por el ])ronto, el discurso del ministro Arguelles y su 
nueva victoria aumentaron en mí el odio que entonces le 
profesaba, que era arn>batado y loco. En los de mi partido, 
si no llegí!) el enojo á tanto, no dejó d»; sentar mal el golpe 
dado á las sociedadus, cuyo auxilio pocos dias antes había 
sido pedido y aun usado por el Ministerio, ó cuando monos 
por sus amigos, no áo\ todo sin su anuencia. Estas circuns- 
tancias trajeron unos tratos hasta ahora ignorados del pú- 
blico, habiéndolos solo yo indicado en el Compendio de 
lalíisiorla de España que he publicado, traduciendo, am- 
pliando y continuando, desdo el reinado de Carlos IV, la 
escrita en inglés por el doctor Dunham. 



CAPÍTULO X 



'Snojodel Roy contra loss lainiHÍ ron.— I^t'<'I<le c»iitr*?ir en tra- 
tos con los* exaltadoH — EL íiiitor iiide y ci>>tiene del OraTt 
Oriente que leaiitorioe i»;ir;i osla iio:x<>oiac'ion. — Princiera 
entrevi hI íi Qui* tiene i'<)ii <»1 ijadre Ciril<->. — Continnacíion 
de estOH Iratorí». — ^TramríK del líey «*ii ol l-'^.sfrii'ial . — Albo- 
iH3toen Madrid. — XJn anticuo amiízodel autor.— l^^in del \\i- 
inrilto — "Vuelta del 31i»y, <* insulto.s «pie ivtrilM'. 



El Roy y los palaciegos er>taban abrasados de ira violenta 
y rencorosa contra los ministros, por el sucoso en que hablan 
sacado por fuerza la sanción i-eal díida á la ley sobre suprt;- 
sion de los conventos de monjas. Mirábase como una burla 
indecente, y por haber siilido bien á quient^< la emplearon, 
más ofensiva al que de ella había sido víctima, el haber 
amenazado al Monarca con un motin, al cual no estaban 
dispuestos los mismos acusados de ])romoverle. Achacóse 
á los ministros, y -ó todos ellos sin distinción, que habían 
azuzado á sus enemigos vencidos en Setiembre á emplear el 
arma de sus arengas pronunciadas en la Fontana, y el de un 
bullicio que se suponía ser forzosa consecuencia para influir 
por el miedo en el ánimo de Fernando, impidiéndole hacer 
libre uso de las facultades (jne por la (Constitución tenía. 
Como en la noche de que se trata hubiere llegado á Palacio 
la falsa noticia de estar el temido motin hasta empí?zado, 
atribuyóse la mentira al origen mismo que la intención de 
promover el alboroto. Ponderóse la quietud de los ánimos 
en aquella ocasión, no sin faltar á la verdad, porque había 
disposición á la asonada, y si bien algunos nos resolvimos 



140 

á estorbiirla, es probable que si^uiendu el Rey pertinaz es 
iiegur la sant^ion, róIo hitbriamos coiistíjíui'lu diferiría. Nada 
esüocía tanto ú Fernando VI! cuanto la idea <le cjue se bur- 
lasen de ól, jior'jne ponía el punto niar< alto de su vanidad 
en hacerlo de mdos, á fu-::!' de ladino. T.imljie» á no ¡)ocos 
cürlo.-ianos pni-ecia el desarain y la perfidia ití- a'jUi'lla acción, 
tal cual í-l!oK la rreiaii y pintaban, más jírave ijue otro? he- 
chos de sujiorior atrL-vinñento. Eílxs i:Oñas so deciau y lle- 
gaban H iiiio.-trtií oidos. Al de [(>:< palaetcfíOR llegó igual- 
mente el rumor de <|ue los exaliados estaban llenos de 
despecho j resenticniento pot haber &¡dü juguete de los mi- 
.nistroj;, Insraales, después ile valerse de elliis cintra el Rey, 
les haljían dado el pa,í;o contribuyendo ;i la votación de la 
ley contra las suciedades. ICn esto, asinii'iiiio, había ponde- 
ración, si Ition diciéndulo de mi y unos pocos más, sólo se 
afirmaba lo cierto. 

Fuese coiuo fuese, ocuitÍó !a idea de que una liga entre 
el Rey y los cortesanos pur una parte, y los exaltados por la 
otra, era posible, y quede olla podía resultar la caida del 
Ministerio, á los unos y á los otros odioso. Du los tjue si no 
concibieron esta idea, la oyeron con aceptación y delenni- 
naron obrar con aiTcglu ¡i ella hiusta eicito punto, l'uó uno 
fray Cirilo Alameda, (jue. privaba con el Rey en no corto 
grado. En el padre L'irilo (pues por este nombre era cono- 
cido), la parle que le había tocado en casar al R'?y y al infan- 
te D, Carlos en ISKt con las infantas portuguesas, habia 
servido, asi como de darle favor cortesano, de enseñarle muy 
bien a valerse del i\w. alcan/.ó, siendo diosiro y avisado .so- 
bremanera. Había ascendido al puesto de general de la Or- 
den de San Francisco, '¡uc era de suma dignidad, pues has- 
la le estaban anejos los honorvs de Grande de Kspaña, de 
considerable provecho, y de comodidad grande para coiiseí*- 
var la ])rivanza en la corte y cierto trato familiar con el Mo- 
narca. Estas ventajas estaban perdidas por la ley que habia 
abolido los generalatos do las Órdenes monásticas. El padre 
Cirilo, desde los comienzos de la revolución, á fuer de hom- 
bre tnás hábil que escrupuloso, habiü empezado á blasonar 



\ 



141 

de liberal, si bien con la tasa y inedidLi convonitMiles á su 
decoro, y á dar algunois visos do sinciíridiid á la {):"ofLís¡on 
de su fe política; poro en secií^o hrjbía pit.;!. Ju más a''ül-into 
y entrado en el groniio di» una Orden muy otra quo la suya 
de San Francisco, y condenada por la Ii^lcsia, sienfio de 
creer que sólo entrí) en la casa de al>onunacio:i para averi- 
fTuar sus misterios y ver modo ih\ anul.ir los males desde 
ella trazados, no sin haberse preii.irado con la absolución 
competente. 

Por una raracirt*unstancia,<wtíiba í^n tiat(^ de aljLíuna in- 
timidad con el fraile pal acloco un 1). N. L'-vMi, ]»crsr.na de 
las que suelen fi;^ui'ar en (d («'airo del mundo sin s.-iberse. 
por qué, no averi^u.-'indose de ellas, á [lunto lijo, el origen 
de entrada al trato de los m^goeios, ni su pr<.>rr>ion xri-dade- 
ra. No era el León nial sujeto, sin'» al i'evé>:, atento, servi- 
cial, pero bullidor, liberal a«TÍ>ohido, masón en lo^ diasde. 
que se va hablando, y adicto á la jíiute má^^ acalorada de sus 
bennanos, que. era á la sa/on ladom¡nanl<í en la secta. Por 
sus relaciones con un ami^o anli/^Qo mió. I:.-; liabia i'ontrai- 
do conmigo de trato medianamente amislír-^o, siimdo justo 
confesar que nunca vi en él cosa qn-Ml.' laehai- fuese, \ que 
siguió siendo- consecuente conmigo, :'i p-*<ar d(í haberse él 
después alistado en las banderas de la comunería, qui^ vino 
á serme muy contrario. Por este personajr s'ip.' los deseos 
de Cirilo, y íjue el Key, picado sobre todo por cre«!i' que de él 
habían hecho burla, no se migarla á asociarse con los exal- 
tados, con tal que fuese para dei-ribar á sus ministros. Pare- 
cióme bien prestarme al logro de est^» deseo; pei'o como yo 
solo valía poco, creí oportuno y hacoíbro que concurriesen 
en mi modo de pensar y obrasen conmigo a<'ordes j)ara lle- 
var defecto mi intento, los demás de mi bando. Hable, pues, 
del negocio en el cuerpo gobernador de la nuísi>ner la, hice 
presente estar dispuesta la corte con el Monarca :\ celebrar 
con nosotros pactos por donde la causa de la('ons:itucion no 
padeciese detrimento, hallarse pronto el padríi (jirilo á servir 
de conducto á estas negociaciones, y tener }0 mo lo seguro 
de verme con él y arreglarlo todo, y ponderó las ventajas 



U2 



<|ue eD mi sentir podían sacarse do unos pasos que, conse- 
f^uido Hogar al fin al cual se eni'aminaban, nos vengarfan de 
grandes agravios, siendo á nuestra eausa provechosos, y de 
otro modo, sabidos, .nos harían temibles á los minietrog, 

presen tiindonoa como un poder capaz de contraer peligrosas 
alianzas. Mi propuesta gustii poco, y fsin embargo, después 
de algún Jisputiu-, pasó á ser aceptada pero lo fué por gran 
parte de sus aprobadores, con pesar y reculo. Tan ciego es- 
taba yo, i]ue creí posible la avenencia mus «¡no difícil que ibft 
ánegoiiar. Hierro grave fué éste, pero de »i|ueilos en que 
es común incurrir, pues en pueblos más ilustrados que el 
español ho visto después lisonjearse los hombres de que 
et; Itícii sacar partido de un Rey ansioso de aura popular, 
hasta contra ministros liberales, y cuerpos elegidos del pue- 
blo, sobrepujando á éstos en e\trpni;tr las doctrinas más fa- 
vorables al ensanche del poder diiiioiTiitico. A fines de 1831 
muchos franceses exaltados, rcsidieniio yo en Paria y oyén- 
doles hablar, crfíaii ú su Rey I.uis Koli¡Fe más revolucio- 
nariü (¡ue sus iníni^ti'os Mole y Gui/ul, y iguc la Cámara de 
diputados á la fm/.cm allí existente. 

Llegó por íin la hora de verme con fray Cirilo Alameda. 
(Justáronme mucho ¡¿u presencia y sus modos, aquélla no 
ajena de finura, estotros corteses y francos en cuanto lo 
consentía la doblez del papel que estaba representando. Avi- 
uímonos en algunas cusas y discurdumos cu otras, y tirando 
¿.engañarnos iiiutiiaiiienti', yo por mi parle me alucinaba 
hasta el punto 'le i'reermu sincero, lix^isele mis desvaria- 
dos proyectos de hacer al Hey más jiopular que sus minia- 
tros. íln verdiid, \i) que había odiado en lernando Vil al 
horabi-e desde 181 1 hasta 18'íl, entonces le miraba con poca 
aversión, y en cuanto á la dignidad real y autoridad del 
ti-ono, estaba por conservar ambas en alto puesto, si no tan 
Kubido cuaiiti> es necesario, harto más arriba que el en que 
deseaban tcm.-rle los más entre los constitucionalt-s, aun en- 
trando el mayor número de los moderados en la cuenta, 
('iertas idea« inglesas y algunas fraj5es"de Mirabeau sobra 
no servonveniente un Rey falto de poder, y por esto inútil, 



143 
duminatian en mi juicio. Vut-tíud es ({ue tiacis un inariduju 

DWLStTQOso de eslas ideas con otras diferentes y aun con- 
Irurjas, y que mi conducta má^ ei; ujustuba á Lis segundas 
queálas primeras; pero aliorn cuento lo que por mi pasaba 
sin sugteDtar mis opiniones y proceder, ti-atando, no de eu- 
rtibrinnis desaciertos, sino de referirlos desmintiendo pon- 
sunieDtos y heclios que se me han achacuJo y achacan. 

Así, tratando An ponernos acunles en las cosas, casi mu 
lisonjeaba yo de haberlo consoijui'io, y esto no obstante, las 
dadas y las desconfianzas me consumían. Notábalo el padn' 
Cinío, y ll(;gó á i[uej¡ii-sL'nie du ((uo no Ki mostrase más con- 
fi»nza. En ofevto, la mia no eia mucha, y no acertaba á Ui- 
umular el estado de mi espíritu como era debido. Un inci- 
dente ijhi.itüso ine probó la safíacidad de aquel cortesano 
vestido de sayal, y la viveza y habilidad dignas de un buen 
•«ploniátíco con (¡ue solía manifestar sus pensamientos. 
Daba el cuarto dondo corifi-renciábanio^í, ú una puerta de 
«•Otiiiuo cerrada, y yo, recelando en mi interiof que desde 
«Ih Qoa estuviesen oyendo, hube de dar indicios en mi sem- 
•"■nie de mis temores, echando á hurtadillas alguna mira- 
"■luquieta á aquel lugai' sospechoso, niir.ida que no pasó 
"" ser advertida por el padre (Jirilo. Éste, sin embargo, 
"f'a me dijo en queja directa, pero trayendo la convei-sa- 
*^°n A, varios puntos, me dijo las siguientes palabras: Vn 
'"y fnuff precavido. Jiii ana octmion eMaba yo hablando fíw 
* fieij ,jf¡ cosan xerr-cint, // me ncurrio decirla: csía piem 
f "*' Un eco dend<3 donde su oi/i: bien lo que .ie habla, aun 
'^^*rt(i bajo, ñ fili/una dixUtnria, El Reí) lleoii su bondad 
™^^t ponerte en unn nsijuinii // //u en olra, ;/ hahlánduiion 
™o cnteridí'ffrioi lo t/m: non decíamos. A sí. ijuien trate con- 
**.7o no tiene que íerner di.:iettÍdon da mi parie. Y dicho esto 
*Uó ¿ la puerta que era objeto de mi cuidado, la abrió do 
^* *^n par, y me puso ;i la vista que ora la de un arniai-io 
^liicena en la misma pared, á lo cual nada anadió mus 
""* Una sonrisa en cori-es pendencia á la con que yo recibí 
*•* acción cortés y aguda. 

Pero toda la habilidad de fray Cirilo no podía alcanzar á 



á'-ü no qup- 
n: ia avi-nen- 

!\:--- Minis- 
i \-r.^:; i.s'ro y 
:!..:•, > lame- 
M-i^ii l'al:a«i 
:'.-.N>. Fuile 
■■;■■ ■ -■.:.'-a:tio3 
:■■ i:!*',-! u-.úr- 
'• '■ -■■ ';icon- 
':■ ■- r:!a. y lie 
■ ■-;'■■■■', tenia 






rtii ¡ri 



■X[,.: 



■ll!l' 



V<!i1lll<-;l|.S, y li.K 

lo rontiiiiiii, r;sri,' i -, i]:¡i 
(inoiriifras ii¡cm|i((!(lL- i\\i 
todo Iin;iji' <U: (.v\<:t\, [«-t 
ysc i'Xfiri^SíLban fonl'i 



• ^ Ini 






r tüiiii-íti-o. 
: ■ i-j;ui nial 
■, 'l":uiiporo 

■ ;i ser mi- 
ir:ic, y COD 
á la gente 
>« -If ili'.rri- 

■ remando 
I íiiriiVii-a-, is'i"' fs, que 

•:t. M'.' [ f.'Tti. :i;i yo, eu 
■■■■lüo áüií'S i:n Irií tales 
;i;!ii;i y (le lis ministros 
■üo- ó su« nliixlnii, velan 



■111;" aíi;!- rrUiMli' 



.■.l:i' 



■hlílA 6 



nan 



iier;i ijiie líoiipinrirít'n, y át¡ 
lUi'evían á tli.~roiik'nturmp. 
iisiiiinTto, sin jiromftcnno ni noijarme 
I!i'si;il);i saber ijur ^e li;iLÍa i'uii el no- 
HOeiiidor fniy (Miilu. Iliihn el pensaniii-nlo do (juu fiíeso mi- 
ni>!tro ili! Cracia y Juí>liciii, do lo cual no tenia rorto deseo y 
si iilguna bspn.ríinza; ppro habíamos de considerar que la 
idoa de un ministro fraile chocaba tanto, que parecería ridi- 



14:> 

cula, además lUi ri(li(K«.i; y sin Jeclíiivir t^iito [jciisaiiiii'iitii, 
obraron con itnt'fíío li ól líiiwMiuirj oiro in¡nisti'í>, l-liili'un'üs 
fray Cirilo, (.'On r'ifirto ilcsi^iifiído ó flcsroro. ¡icro sin tiiisim- 
sar en su franfjuc/a los lítriitfís 'le los iiiodoR finus, t-onio 
bui'Iñndost: nic dijo: Vi' i-itr pnhrf/riiiU'. ó •/nirn ncnh'tfi '}•: 
i¡iii((iv tan /ii'i'n ¡luryln i-mit" rs rl (íiirirrirl'il'i 'Ir I" Hr'h-n f/c 
S'in Ffinrisr... ^Ir n.n.in'i >.>',( ,>,"! r.'lrr'>:'—.\'. Ir rmiirín 
niño nuil/ liirn. r('S|i(indi. '/ r/i ninf/nf"! nih'-^ii rsnn-ío nirjor. 
H ai*t xi: ii-iH'ii-'i 'li; i/i"- xi ¡i. 

\^\ ibaniKs trahaj'i^^iirii.'iiii' ii-lfhíiid.'. Casi haliianios 
convenido en ijiiirtí^*^ i'ii;ii[ii'iiiliian r! fiitiiru Ministfü'io; 
pero el on.L'tndro, rm v.\n ilitii'iill.ul y dilai-Jim i'rinridiido, 
nos daba 1;U sustn, ijiic ni d'-;i'áh;ijiin!; kii ii.'iriniicnto, fonio 
recelíln'Íono« <[iift:;ildrí:i rni!i>hli>, á jJtin(i) <\v nii [nidi-r vivir, 
y monstruoso liast:i id i-xtiviiio ilc cau-'ai' viT^íücn/a á sus 
padres. Naci.l d.- -■f^fn i-ii l<,s liaios fÍ.T(;i frialdad; .1.- suer- 
te qiii" ;i])aii'i'íaiiiO'i aiiilms iii-iím-indon's imtiio olmiido de 

mala í-'ana y i-oi-iadoj. M:.í: ].■ ¡.¡u ia yu '|ii<' Iray Cirilo, 

pues Ul1^ vi-ía rua! ii[j(>\adM \-t¡r uiis ]ii"!i'iTlaiiti'^. '¡iit'- h 
cada hora scjitiau uiii- iT;.!i;-;i;ii;f!-i :'> |ii'ii:ii'^'ii¡r <'ii la obra 

empC'/ada en ['iiitr jK.f [■ri iiji-i.-inn rmitia la i-niii-, y en 

Otra liarle iriayiT, pM'ijii-' i-'moi'ian 'lu--, íi obraban contra el 
interés de toi!" i-l [iniiid'i c-unsiiiiii-imia!. <' i|U''r¡an vi-ncer 
un inipiisible. l'or ulra ¡laiti-, In-; rnnlcn-iii-ias Kabian sido 
demasiadas ynvn ¡[m- \m-o- i-i-^iM.' i>'n>.r i-l ni-;.'("'ii) «i-cn-lo 
Asi l'uóquf (.'(iijii'/ii á inisliiiifst- ¡.III' |"if¡i'lia de lui'oriey 
por falta di' n-serva ilt' lo^ •';- anibr.s l:idii- i-inil raíanles. De 
este nindo las iiliiiiias ri.nfenTiciii-; vinií-ron á «cr de im-ra 
fírmiila, coiiin ctiiKi'-irndrj'iur ctiulia riiidí <;i'adii id jinivcc- 
toenftüas foniiailo y se^íiiirl... y nu íju-^riendo, ¡lor .d bien 
parecer, drrlararlíi. (Jucji'ií;c!iii> fray I ÜriKi di' i|iu' !i^ tralalia 
yocon pwa franí|Up/.a, y mi rospucíí^ta á su ([urja fué tal, 
que no ¡lodia satisfaccrli'. ICn usiti silunrion, sucesos {íravtis 
vinieron a separarnos. 

El Rey se habia ido al Roal .Monastnio de San Lorenzo 
del Escoria), á pasar allí el dia de difuntos. Kmjilpaba su 
brei'c estancia en la regia y un tanto solitaria mansión, en 



liC 
ffjmeniitr lOn íiiu« ai'iivi'J.-nl y ']'-sahí.jro fonju ración es para 
'lerribar (-1 (jfiljk-nio (-xift-¡il<-, /.n las ('uak-s 'ic (.'úulinuo es- 
tiihd comj.lii-ü'io. Triis'ufi''-(í sri plaii, i'ijiiio solía suceder 
ron ruaiifo-' f'.-iinaba. Sa!;-'. ¡i ranij'JiÑa ú no largo trecho de 
la iX'Si'icinia <ir'¡ Mt'tiari'a, un j.aMí'hiriú ■'. ¿rurmlieio pPO- 
clamiiTulff^i: •^iisi.-n'ia'li'i' -Ir !a r;tiis:i -I..'! ^^oliiurno absoluto, 
ri'licula u-inaiiv:» i-n <'\. iiiini'l:i '-'.n ra/.on nTuno partfi de 
i;lni [hom'i-Hj ■■Mn-¡r|i':-¡i!i|<-. ■'■ iiia!'.,i:r-a-li., ■! a''i!i n-j llevado 
ú L-fiirtij. ''jiri'-i'Ü:! i-<j;] ■-:!;i-: '.■li-.'i!ii'*',-iic-ia^ ri-n-ar sus ee- 
•;Íoni-« la- '"''.|-li-i. ¡piii'[Nf la '".nisiiiU'-Ji-ii »'< i.-'jni'fJía que 
Sí- alar^M:..!! u ni!.-" .1- vr.irv ::.--•■<. I'ii -1 diu 'I- ai-abarStí 
lii Icginlatiii-a, amlaViaiL i.my a!nf.ii..;.i<lM-i ;r.s lüputailos con 
las mala-; ii<it¡i'¡ri>: •i-i-r..i-A:.n. y •un-- •■',[:,< .-iivulaba la di' 
los trato-i iMilif ii.- É-\;i!'.;..!i:.j \ hi i--.[-i.-. l'iii.aia solicito el 
comii: lii^ 'i'iiifii'i, iiii"l¡i- i-ra(iilal¡/a-li>. un-lio i-di antar^'a 
burla. I.os ¡h-. nui-atro ban-Io ¡n. i.ealtaii iv-íIpuH'Ii-I', cijufuBOs 
Y coriiiluK. 

Al misui-. lirriil.nla- i'',;if,Tri|,- 

Fuéroiiío [piTÍ'i-ivi'irilii, -^i bii-n ii' 
el concluirlas, ¡lui-s ya tu.' m- v-ia 
llevarlas ú r.;li/ ¡.ara'i-ro. I>n.;i-^t. 
por'jin.i «íii la i'oiii- i-iil|ialian su i'mj 
HOíi\i(:v\ii»>i. y u'i-i ai-hac'i ilnhli/ <'. 
|>omén.li.s-^llal,.is.p<l¡vuI-a.lM|.,,i- 
'luu tenia 



lar-gf 



, ,l...| 



mJ.Mlr 



[lUc 



Cii-ilona'laliahialivrii., 
ensii|.i-f.j,i.,i,..rj,i¡,i„ <■ 

<|UI! lio si; Iuc si'.-ili.-^r il 

niii ¡innUT [Mic i-ll.i .■(■sa 
Hotos Uts i.Mliiw ,-,m 
natural .'stad o >1í; iio-^tili 
tomar un carái-tor w\v. 
eiRaMllla'lii iri el )'!si'i> 



■..Ivi 



i liiibi-. 



Man ijiiedailo rotas. 
■ !■■ i!i-rai-iivinoiiÍa 
' ib- |i'^sibilidad de 
:iíIp' r-slai- asustado 
. Iia=la .'uiisiilfrarle 
ii'b-nria suma, su- 
¡■a niijia t-1 nirgocio 
laivi i'Mino amigo, y 
Mili', rsinve reci- 
i'f;ui-iiha de subue- 
"í <K-1 todo falsos, 
;u>- si bi-jn el jiadra 
<■ iiuOri-Bi- i-edundar 
, liahiia procurado 
¡iLpJido i'onsfijuirlü 



ron-- \itl\iino-; á mioi^trii como 
t i'on ella, ijuí! (ironto liubo de 
iijlenlu. Si'jíuía Fernando como 
, separadas la** í'órtus, desaso- 



147 

gados los ánimos?, no sin motivo. De pronto llega al capi- 
tán ¿^neral de Madrid una real orden, nombrándole suce- 
sor ni general Carvajal, y mandándole que desde luego tras- 
pusiese su autoridad al nuevo :t graciado. K\ nombramiento 
no estuba reñvndado por ministro alguno y h;ibia sido he- 
cho sin conoiíimiento d«'l Ministerio. Kra, pues, el acto de 
que se trataba ilegal y sospechoso. l\\v oda j>aríe, mirán- 
dolo bifín, era un neci*:» am:igo, m;is <juo un golpe, si bien 
venía t-iicarninaJo ñ fines irraves. Kl Kev v ¡uin muchos de 
8US consejeros entendían poce» de la índole de los gobiernos 
constitucioiíalíís, y leías»* en el texto d<' 1m Constitución que 
al Monan'a tocaba dar los dt^stinos, por lo cunl creyeron 
que no s»* ent».'ndia i'on la provisión de ésids td artííuilo que 
dispone que no sea obe.de<*ida (uden d(d líey donde no haya 
firma de ministro responsable. Car\íqal «'la íq)U(ístísimo á 
la Constituciíju, pero inepto y nada á prop<')SÍto para dar un 
golpfí súbito y duro. Ksto aparte, el cargo que se le daba le 
era conferido (íu públieo, si bien <1p un mod<.» singular, y no 
6S así como proceda quien medita coger ú su contrario por 
sorpresa. Fuese como fui'Sd, había buen [)i*etexto para que 
kis constitucionales resislit sen á Kernando, aun allende la 
licita resistencia de no dar cum¡)lim¡entí» ;t la real orden 
flue nombraba á í'arvajal ca[)itan general de ('artilla la Nue- 
va. Vigodet, que aún desempt'ííaba t?<te eargo, eralionrado, 
P^i'O muy cortesano, y tanto esto Viltimn d»d poder constitu- 
cíonal, cuanto del [)eisonal del Monarca. A<*ogi(;se, pues, á 
Jo seguro, (jue venía á stM* lo legal asimisnio, y no entregó 
" ^-íarvajal el mando. I.)ivulg<'»se. al mismo tiempo lo que 
píLsaba, no sabiendí.» yo por (pié condiicto. Alborotáronse 
^OH los constitucionales, y como qnifiies más los secuaces 
^Gl .Ministerio y los emj)l«!ados, viéndose enn'inces á los 
nioderados del dia no menos acalorados y violentos que á 
*os de la parcialidad rival. St* juntt» id eui'r[»o gobernador 
"^ la sonoJitd sei-reta á hora ins<>lita, y acordó por unani- 
midad de votos fomentar el bullicio qut? se preparaba. No 
"^^ opuse yo, siendo ésta la vez única de mi vida en que to- 
^c parte en una asonada, siendo así que me suponen ha- 



US 

huí- e^^ia-Jij r;i¡,iiani:áni]<il;»s '!« t.-ontiniio. Fm', (lutis, pravo mi 
culpa, ¡ji-'i-o luvf murho-; t.-Omiilicí-i y no poco.» que me e\c.&- 
di {.-.■->■ II i.-n vi.jl-;iii'i:i, ti lu méiins conlra l;t perfona del Ruy y 
■ ■üijirii l;i corii;. Sídinníí á las i.'all'iw y comi-nzó el nSbor-o- 
10. H-ii- í>r;i s¡iiííui;ir, ¡lücf' n.idi» si- !í; oponía ni le ti.-mia, 
vioiiilo ijiLi- 11.1 iKtbí;! 'i.- siT n'si^iii]'). líciiijíi*'.' ú pas(;;ii' las 
r;i;lis ^liinüilii pi >r in,i^i 'It^ <!'.iíí <]ia-i, á em'aminars'', ya al 
Ajiiiil;tinÍiTilu 'I.' M;rl;i'J, y;i li l:i lUpTita'-ion ]).!rni;inente 
(Jo í,'''irt'js, :i [...'•iir ijiii; p¡(ii>'í-ijn al 1íí>> iiiiv ?:,> volviese á Ma- 
rlirl y ;itp:iri;i^>; •]'■. su ¡ruin á sus mal.is i.-i.':i*i-Jituíj petición 
jn-uiíi'hi y i'm;ii-.t]í.I;i i'üii íTuslo por i'l l'uTiiO municipal, y 
i'.r>ii iJüi-; liiiii'/;i apan-iif jiur la auluriihirl '[;!i> ?i.ipli.i á laa 
Ciirif.-i cu h< .■ius--iii>i:is, pi-m con la.-iiltales i-oi-ias y mal 
iliifiíiiilas, y ;i irs.- ¡lur la iinrlif á lii ¡■'■■iiMiia, a perorar y 
oir perorar, liastn '|ii" ll-^';i'l:il;i liiii-ii'!.i iv-tver-sc. <-;ii]a i-ua! 
iba hasta la ¡nicrla li- su rasa ¡^rilamli'. I,as .-isiuiti-s do la 
«ooii.nlail iiatriiUi.-t ii'j tuvieron í;i'an iinvivla;!. Habló yo, 
pi'io panvi frii*. ¡i.ir'iui: ¡■n [■.■aliil;i'l i!<> venlaJ m. estaba 
aiiiíaailii |jih' 1:i iinli.L'nui'ion i[Ui' smiia otras vpi-í^s. Eclipsa- 
n>iiiiii-, ¡i-ics, 'iti'.is pr'ilii-ailori's, n.i cscasi-'aiiilo viiupíírios 
ooiitca la i.-nrli', ni OTH'iihricndci mui'lin i|Ui' |ior la coi'io en- 
tendían á r'nrn:iiiili). I'nr) de los uradinrs ([UO iiiáa efecto 
hii'ii'vo» í'ijé mi ;iini>.'0 anticuo .lonaina, ipn! i'n o^^iía ocasión 
salió li ]ilaza, eiupczandrí su earn^ni revulufionaria, on la 
(■u:il a'li-lauti'j y se sefiali'i inin'ho ni eabn, ¡lero eotí muy in- 
tiú'i/. fiiituna, pues se atrajo una poi'-eciniou '¡ue le caus<i la 
iiiiiei-io. Ks!.' amigo niin. sin embaído, des.le ]S14 á 183ÍÍ 
no había parti.-ipado de la mala suertí^ de Ids libéralos, sino 
muy al ronti-ario. Siendo ofieial do la seeretaría de la Go- 
bernación á la vuelta del Rey, cuando In Constitución layó 
doirilia'ia pur la potestad real, en vhz de prisión ó ])(ína logró 
m-r n'imbrado cónsul en Anisterilan, empleo mediano. Pa- 
sado allí, no dejó de bullir así en su destino como en París; 
y como por aquellos dias hubiese publicado el cura De 
Pradi su famosa obra intitulada I>n ha Colonian , donde 
apn>bal)a la rebelión de los españoles contra la metrópoU, 
Jonama emprendió áre''utarle, y lo hizo en idioma francés, 



U9 
daodo li lu/. un fulK'Ui iiifíeninso [lor >\en¡ú:i y bien esiTÍ!r>, 
Trasladóse 11 Mudi'id en IHIS, l'iimiiiIo;liíii uru ministro Pizar- 
TO, nuestr'O amif;fi ik' otcus tií'iiipon v fjuí: lo era suyo todn- 
via; pero vino á ¡irustintiar su oa¡c!;t v dcülierro, (¡uc ooiirrie- 
roa entiínces. Vimtiiios (■on fri-cufiicia , y :íC-ginnioy en 
amistad, pf-vo no acorilus m\ itoniUu'ta, [mes él. sin renegar 
de líi f« libüi-al, nu t-staba pni- [la'lci'ei- rutiU'sanUoln, iiütyni'- 
mtjnte habittndrj sido di^ las doi'ii-inas miíunas, y mi d<jl ban- 
do que 1h« suHiciitaba; y ye, á [lu^ai' dtj i|iif tampui-o babía 
údo de la liui:^tt: liberal en los flias di' su triunl'o, me había 
alle^üdo ii -illa eüii aid'H' Iwd cji la r-poi'adi! su vcntamiento 
y Opi-esion, y aun \iMicraba cnnin á sanliis y niáriircp á loe 
personajes' á quienes no liaiiia ([Ui^riilo reei.moeer antes como 
Ídolos dignos de eiilti). (.'uando ,\o, ¡lasandoá Andalucia, en- 
tré en la eonjuraeídn allí tramada jira n-itahiecer la U-y cons- 
titudona!, Junania, iies¡jues de haber sido nombrado paiu 
no&eomii^ion en Siena l.oona, fiuiilco no apeiefíble ([ue no 
. quiso admití)', pi-etemliendo sin cesar, lo^ró á line.s de 1819 
«r nombrado jiara ai'omjiañar la ex]H'dieion i|ue se [ircpa- 
raba á ir á América, en la cual era su car;;o uno nue\oy no 
muy claro, ruduciéiiduse á ser consej>-ro de la autoridad mi- 
litar, eseritor y ru'j,'oeiador, si para clin iuibici-e ocasión 
oportuna, Pri'|iar!ib:i«e á faaii'harú Andalucía cuíiinlo su)iO 
Is sublevación del cjci'cilii. la cual lui le ]it?rmilia ir alli á 
' Mmr. Es[icri.*>, [uic'-;, á ver los sucesos, y [juiando éstos en 
resliblücei- la ronstituc-íon, hí/.ose constitucional celoso, 
"unque poi' al^'Uii tie!(i|io con ]iü<'ü fruto ¡lara sus adelunta- 
oiBütes ó gloria. Tenía clarísimo talento y no poca instruc- 
"■■«in, y sabia valersi; bien cíe la .¡ue tenia, y era en la sáti- 
"¡fjudo, y asi cimio ainaríj;o chistoso; ¡lero pocos aún le 
"íCllOdan sus dotes, siendo su conci-pto el de superficial 
y pesado. Kscribió un tratadilo intitulado J)r In ¡irw.lin pejr 
J'o'oilaii, obra de no sumo mérito, que cnnCeiiía al.irunas pa- 
"^íjas, á la« cuales tenia e! autor afición cxtreinadn. An- 
^ba bastante ú nii lado, y me celebraba mucho, recordan- 
douuestiti periódico El Iia¡ini-ci't/, de Cádiz. Había estado 
'"•P'^sdo en la misma oficina en i[ue servía Arguelles antes 



■K 



\'A'iTnA. r..r[.,r. 






¡■¡'■O-i-f- :■«>■■■ 'i -i 






h;.!!.1-ra ;:!-:■;.: ■ 






1-- lib^ia:^!;. ;. - 






N''jvi-:r..r>r? J- 1' 






f,va-.;,j.,-,i,. ., 







'-■• 



f-«ab;i buena 
n-i siempre 






r.:.;ar.Lt. Tenia 

¡ixu-í-i, ;. -ií-.':/;!!.';'-' [■■ .- ■■.'~'.:.. ,I:>i -■; -. ■ r.\:- ■.■;iTa!au, lu 
<.''iíi--,:-,Uin''--:- ''i- h^'h'.íi.- ■■■■:; :._ ..-.;.;::■■■■-.; -i.jn. Pero á 
ir.'l- -ü:.;í'. -j «-y.¡;..:-:>-... N ■ ! :-:, ^:.:; -z u !. .b:;.!'. .^uan- 

<-,.i'Jn.-iíi .:■■:. lí- y. .',t:v--!i;:, n..¡!.H:-:.: :■'.■■. ;■-_-:! ii. Hra esto 

IJO't ir^Ü-i-'-IJ.-ji-Ki T;<]| HK-iOÜ.-i: V ::;.: ■:._<.■■•.■■.:'. 'I- ]-j. T^lliinciotl 
i -j'j.r ,.- li:.h;;i :■■-,]■'.:. ■¡■i.- liub'. 'I- -^u- ^ ■:;,-, -A-Uaáñ de 

í!.;^'l.;'.il'-¡'i.. \ ii ial.-iii.ÍilM,¡.-,. r^.- ij-... :,W^... r.j.mü suele 
lifciisc-, ol l•^J)■■n■i■J-.l lai'.-n ¡i ¡i:i:ir..i'!^i-, ■['j"i''-n;iiiuaron un 
hiirii nic. J.O 'i.;tíui-í -I.-l .H^riii-^.j ■!■■ J..n;.i:.;i i:; ^l;l mvo de 
üDlablí-; jn^i-o .-iiAJ'i, si lio 'li- liiir- j.!Í(ii'i].i.ul >U f;ii!i:t do ora- 
(iur, 'ie iíriii-;ii'li' "¡i !■! '■¡luiiivi \-':- dt-ii'!..' ibnri !■.'< i-ovoludo- 

Al ;i.-ii-i-i- 'lia lii.' di-iiiiileii [iririliio i>i i:i\ ii..iiib[v tlebo 
'!;ire'' ;i iiiiu i-n ■\\f iiu liahia rliMiju..' ili; ojui- -r;is fuerzas, 
i.^raJo va .jue el 



nl.--iv al,-; 
\ Ma'iri.i \ 



'■'"''■"■ 

lado n 

hii ■■(iiiii'.-'ir, liw iiiiiii-tr.i-; >■ .<!!'; riiiiii,Ms iii..;.!i'ni-i:.ii di-scús 
il'- M-r ■■uiii'liji'li) lili liiiIÜi-in '[iK' lio iia'la Ir- si'i-vi;i. Como 
<;n I.) ;r--inT:il i!.' I;w ,l.'itH'-< liübii >;t .■auiiin.-ii. livis do tanto 
viir'i';n- V mnvr-i'sir, li-; liti> iVu-ii Imíti-iu su iiil.'mu. Xo era 
csiíi |ii -[iiu nos ¡ii'ijiiii;iiaiiinsiil.[i^.':i!i;iiiiMS li-^ i n;i1i'i.>n tontos 
riiils !iiiiivi<liis, y rrjii ritin iiiii'ni'Íf>ii '|U'' l;i (ir alliontiav por 
i-l -ir>(i. ■[.■ U:ií.-<-i\n <> ]>ani '-.■i'vii' á |iiTs.-m;ij..s ú lus oiiales 
iN¡r:,KaiM.i^ii>ii .iiÜ.-. KiM-sfc i.nnu-t n ,-<¡;i1,íi.mm< [¡■■piloy 
\>>. l'iT lili [iar(i>, liiihia cnlrini.i :il |iriiirii)¡..> ili- buena gana 
(til 1-1 iilhm-iiM: i»-ri> jii'oiilo lur corri (li;t ]ja]ii'l -¡w en él re- 
|in'si>tii;iha. ljii>:i'ía yii sacar ilc \<i iiasadü vtrntajas ¡lara mis 
'fiirlriiias y aiii¡;.i)s, y aun [üiva mi jiropiu, aiinijue me esti- 



ir.i 

maba desinteresado. Asi, yendo con líeíjülo, ti-opi^zamos á 
la puerta de Palacio non ei minislro de Craciay .lustícia, 
D. Manuel Garoia Hümnos, hombi-e entero y Asporo, con 
í|uien tuvimos al^ruiias iiprias conlírstai-ione!*. (iartiía Her- 
reros no vela con ¡íusfo e! dcstirdnn, y nm razón, no pu- 
diendo por otra jiarln aí.'liai'iir^elí- sei' de Ins niic lo habian 
fomentado, aumiutí si linhi;i coniclidij el delito de, tolerarle, 
ni más ni menos i^uesu-; rol.-!!;;!-;. Aí^i, nos hi/.o [iifsente ipio 
debía restabk-n'rse til sosiejíii, ]¡ufA ¡tcxibíidií ■■slaba la eausa 
que había moviiln ¡i iilienrl'-. U>'t,';ilo con riut« \iolenna, 
y yo con menos. I.' iin-i-üpiíiiLfis, ¡lidii'ndoln nuís segurida- 
des, pero no bíiKlíibíimuK i'hiru, ;iuní¡iii' w cniendia bien 
nuestro deseo, que era no Ifrriiiniir i-l ncíx'n-'w ¡i.-ndionte en 
pri^ ftülo del irnuiííteri'j, y sin v^nlíija i;raiidi: de los veneidos 
tn Setiembre. Ai-alví l;i i'OLilei-iítii-in <-ri si;[i;ir;ii'ni)S Ijíoii eno- 
jados por anibüs jarti-n. Kti tíinio iba reslahleeiéiidose la 
paz en las ralle-;; [ü ro ^íl^í^atl^ fuera de si de eólera. tratjiha 
de estorbarlo, numrenií'iido la sedieion. .lunti'isu el cuerpo 
gobern;idor iiiasrinlei., el r\i;,] niil.i/i aviso di^ <|ue atjiKjl 
miembro suyo :iiidíib;i i;m <l'.'smandiid<i. l'!iiv¡áronsele comi- 
sionados á trai'rle á la r;i7.on, imti nmdos Mandus y suaves. 
Yo panieipaba de su descoiil'-niu, jirro Vuibc ile i;ontenerme, 
no sin dej.'tr ver mi dolor i' ira. Vino al fin líi'iíalo, bieiA- 
ronle eai'gos, ios rebaiin, ¡nir^istió en ■■ulpar la eondueta de 
sus compafíeros, tlispnl'isií •■orí vi-hi-nii-iiciii, y él rompió al 
cabo en llanto di' finia, i'orrieniloU- nn rio df láfírinias por 
las mt^jiUas em'endida'-. IMü pena i:\ vslado ¡]t: su ánimo, 
procuróse aplararU', y (■■li'f"li<'i y si- -iQri'nr'., ijuedándole, em- 
pero, rencor intenso en su ¡nl'iior, por ser hombre de con- 
dición en extremo ven;j!itiva. 

Porat|ueIlos dia-; voiviil el líey del Escorial, A su en- 
trada en Madrid rei'iliió los insuUufi más ;íir»seras, i^ue yo 
no presencié sii|uiera, pui-s no le vi pa^nr, anniiue anduve 
cerca do las calles por donde i-ntró, no llevando yo Otro fin 
rjue el de ver la gi'iiti- por ;dli ai^olpada. Parecieron me mal 
tales desmanes, porque á ningún fin raí.'ionul iban encami- 
nados; pero nada dije, estando lleno de. desabrimiento. 1^3 



162 
falso que del cuerpo director de la sociedad secreta, única 
entonces, snlíese «firdeit alguna de cometer deBinaues contra 
el Monarca, si bien es ciuito que uliundabatr lo.s hei-manos 
entre quiones los cometieron, y acaso hubo de concertarse 
en algunas reuniones infeiiores acudir á participar en tales 
proyectados i-xcesos, siendo culpa general haberlos aproba- 
do, cuando inénoí^ tácitanienie. 



CAPÍTULO XI 



Entraíla de (lil <1í* !•« Cuíi<lrn y "\''il»li'«rt <»ii ol rvünisto- 
rio. — .-\Tmri<"io>! (!«' iM-c^nu-ili;i<iíiii ««nliM» rninií^tcrialeM y 
<í-xrilt ?i<loH — T)<?stiiios «Iriílor^ a Kir»:i>, \'f»lr»sf<). Mfinyiíina- 

la iví'oncili.'K'ioii. — r iíi iiiíi'-!* »ii« 'iMM v«i«*l «'«* ."i ;i« Imit ii* l<i.-; ox- 

dioln. — l-i<»prfí^:*iit íifii >n ni I\«"v <'on t r;i t*l i\IÍ!iisl«»i-i<», apo- 
yíicl?! x>**^* í^* .-^oí'ii'cl.'nl paii'i '»tii'r» d«' l;i (Ji'uv, <l«' iMallzt. — 
El autor vuelvo ;i 1 1 u liar <mi la lA^iitaiia, y th't.-Hlt'í íiiial- 
TTionte h^alii' jíai'íi hu d«*r-liiií». 



Aunque no liaríamos ^riríi-lu ♦'! {.ai-iido qin* iiprteciamos 
de los rerifii o«-iirr¡<|ns siici-s(..s, ni his de la sm-icdiul secre- 
ta, ni los delban'L» «lUf r<in «-lia uliraha acui'dc, claro esta- 
ba, y aun era í*<»r/,c)s(> (jin* liul)¡t.!S'-n dr. Ví'iiir a favo rocemos 
los ministrí.)s qu«' cerca de t?cs nicstís jiiit«*s ii(.»s habían der- 
rotado y humillado. Pai-a liacsM-lí.) se !cs prcsent»'» una ocasión 
favorable. Ya desdíí alquil lit-ni])!» j'intes era ministro de la 
Gobernación de Tltramar, rn lucrar dr l»onel, que había 
ó muerto ó retirailuse jxkí» ánie< ile morir, 1). llamón (ül 
de la Cuadra, hombre «'uxa.^ ('|ii.i¡un«'s eran comu un tér- 
mino medio y en cirrto mo lo de aveiufncia entre lu*< mode- 
rados y exaltados de aquello-^ dias, masón, pero de la logia 
semi-cismática do La Tcmplonzn, de la cual vadiidio que sin 
separarse de la obediencia al gobiei-no supremo do la secta 
ni del gremio de sus hermanos, se inclinaba al partido mo- 
derado ó ministerial; (|ue ¿gozaba de crédito de hombre muy 
instruido, y á la par de acción y de const^o, concepto que ha 



154 
I 'O listar vado entro los suyos, sin haberse visto tíii üusliechos 
I-osa >¡ue le airedile de sor fundado; un sus niüccidades muy 
allególo fl los grandes, y despiies no pot-'O i;nfíiiú{;o du éstos, 
á pesar dB halicr con sai- vado por largo lipinpo t-ntru ellos un 
valimiento im-rcibit', y muy de la pandilla y estri-elia amis- 
t!«l de Arsiiclli'-, i-in'unscinria iiiiii'a haslant'.'úiíXplii'arloR 
aumontO:í t?n su forluna, t.'nu'-ianK'nti' ilospi'oporcíonadoa á 
lo rorto lU' su-; sim- virio-:; píX'soníiJL- aili'in;'f; di'^alirido hasta 
lo puinii. Fin's.? romo fiit-~i', Cua-ira, runorinidn que dp la 
i-ncimiiítail del Miriisirrin ron ios .xaliaii*. y ;iiin délas vic- 
torias i|ue sobre líllos liabi:i nleanzado li podía alranüar,SÚlo 
¡■esullaba vrnlaja al lli y y al luirtiiin anlironífiitiirional, an- 
helaba la reei^oriliarion dr I..'- libei-al.^s. :inn ;i trueoo de en- 
trar el nobiei'no en eiip¡iu!:ir¡i.iii ron i'-^la ríase de sus eon- 
trarios. ('anfra A rf.'íi ralles ile^eaba io ml-inio i-on ardor, y 
siendo lífrero y de po-Ti rnioTio, un Ik nc-ultabíi. También os 
de i'reer 'pie !o mi>iim i|uri'i,i Ai-,^'üelle-i; [••■v<i wiendo orgu- 
lloso é induli'nte, a^i romo liMiírado y riiteni, se resistía á 
sacnfieur su propia difíuiílad y la del lloMenio, y buscaba 
modo do que otros hieieseii lo rjue estimaba, tamo euanto 
neeesario, imlceoi'oso. lúi eriio hiibi> de liaeer dimisión de su 
cargo de ministro de la (luerr,-! el m:ii''piés ile las Amarillas, 
nunea Ijien visi'i pne su- roli-:is, y niriins ijue per Otros por 
(lil de la Cuadra. Tiati'-se dr nunilirarl-' sueesor, y la elec- 
ción hecha pur lí'S riii!ii-triis,:iutii¡ui.-e"ulir-mada iiorclRey, 
.-idmini ii todos, r.i-aveudn en II. Cayeíam. Valdés, tt-niente 
giMieral de marina. Itien i's eii^rlo >|ue i'<ii- peisonaje habla 
servido algunos día- en rl ,j..iv¡ío y drrrama.l-. en rlloR glo- 
riosanii'nto s!i saiiiífi', asi rumo lu lialiia le'i'ho en los ma- 
res, y i|ue duianle la i^uerra de la Independencia liabia des- 
emjicñailo por más de dos añus el gobi-Trin militar y político 
de Cádi/., sustituyendo en éí á mi tiu A-illavÍeenrio, igual- 
mente niaiino; jioro ;Uni a-=i, para I-i eai-gM Je ministro de 
la r.uen-a par.'eía, y aun era, ineoni]ietente. Valdés, valero- 
sifiimu. lionradisicno c inieli^-'ente en la parto práctica de su 
profesión, y aun algo en la técnica, era hombre de no largos 
ali-anci's y de esea-^a instruccltin, pt-olijo en el hablar, lento 



en enterai-se de Ids iic^roi^los y fii f] ri^i-olvci-, j si A voci.-s un 
tanto violoiit':" en c! niítitílcí, iitr;i« vorci- ilóbü, 1i:iIiíi.-ik1u i'n 
Bu.oabe/^1 unti i-onfusa iiip/.cla flf iiii'as ;ii'istf)i'i'íii.¡i-iis, ¡ino- 
pias de su cuna y crian/a, ci.nnn solji-ino ijiu-i-hlu <Ii: un mi- 
nistro lio Carlos IIl y Cúrlns IV, lio hiibitiis de ofida! supe- 
rior de Murina, y do no muy liien diíji-ririaí' doctrinaii iltí las 
llamadas liliei-alf'j, ¡lor lan i|Uii oiu ¡tn[jididi> á i>hrar, ya ron 
los exaltados, ya Wi» lus rimdi'radns. 'IVnla iil;.^un ]iai¥nttís<;fl 
Iftjano con lÜngo, rd rual k- l!;jiiiaha tio, im sin envanocui-se 
de parfcer >:-!il:iiíad<i con familia tan iiiii-'i-im-a la nuya. Ade- 
más, lianiado [). Tavi-tanoValdcs al -..hinnm di- Cádiz en 
los días del triunfo d*d cjcii'itn ¡irmd^nna'l'ir lii: la Conslitu- 
fíion. haliia cuiiifaidrí i-üii ¡os di- <-<l>- i'uri-|iu ndai-iones <le 
amistai], i[iif casi \i¡ i^i-ni di- ¡larlidn. Pinu ¡intis in-'c-ontado 
íjue habia (iriuado repi'ii'íi'Lilai-ii.ini'ri rniitia las''ii:iraid'.iri dfd 
ejército de San ri'niandu, auriátidnsí; <'ii «'-¡lu i'on lusj^adtla- 
nos, sus gubürnados, de cjuií'iu.'si i^ra muy 'Hicrldo y ¡iun ii'S- 
petudii; {lun.J lu ñlliiii'j «ólo rumn humlnv, ii cuja^ bu-ínas 
lnten(.-ion.i!i y i'ulidadi"; >■■ lia.'i- jutüici:!, y i!.' i-uya duriliilad 
se saca partido. Sobro i^sf.', Valdi'i sulia vivir i-n intimo y 
frecuonlf trato ron Ar;riiHli-í-, <•» 'juirn estimaba lodo, y 
hasta lo '|Ui! i'fpnla'ia iiaifaiiají', I''iiii'tidi'fi(.- •■! ;iiTii>ral por 
asturiano, por sur oriundo di- rdli, aiini|ui- nai'id" "-n S<^villu. 
Por las razona-! <iw ai-abn d-' i-xjm'sar, tal nomhmmif'nto 
de nilnÍ8li-o 'lo la liuiMia, s'do sijriiili-aba á la sazou una 
cosa, y era <|uií tendrían pirinto niamlo-i d<> ÍLi][)orl.atiL-ia 
Riego y sus ainÍK'1'^, iLlíiitraladns i^ii Si-li'unbiT. Así se i-n- 
tondiii por ijuiíTie.-! lo disr^ilian y iHiiiiiiii'nrJin ti-miaii. Por 
estOj Ue^ía'.lo V;dd('s á Mailrid, tu.> ohM^nuiado .-on una se- 
ren&ta, on la luial iba vu rumo umi de lu« pi'iiiri¡j:di'« direr- 
torcs de la fiesta, arto ijun n.. .alifiro dr. alboiMlo, ruando 
digo fpio solo o.n los dr Novii-inbrv dr i^'!'* tuv parle, ^-ien- 
do asi que me acusan "le habrnnr mr/.i-lado en tantos. Ve- 
ntamos, sin embarco, si^ruidos de una partida d^ la Milicia 
Nacional de caballeria, ruorpo á la sa/on muy uristornitiiMi 
y lucido. No muren íanios ir asi obscrvadort, porijue nueslra^ 
intenciones eran muy pndfieas, lo cual no digo para cde- 



156 
brarme ú mi óá los miiifi, siendo nuesti-o iiitúri^s entonces 
lisonjear ul (Jubicrno y no ultui-ur ul púbü'.'u áOniugo. Kn los 
vivas (iarlOü! en la eorcnata, los hubo á Hiego, mezclándose 
con ellas otras vwcs para declarar <inó i]Ui.-riamos, ó qué 
nos piHimftiíiiíios df aquel ob:*i!í|U¡o, n-i hochu cierta ni ente 
de íialilc. 

Púfi) larilarijn rn verse satisfechas niiiisira» prüicusio- 
nes. Riejío fué noinbradu i^apilaii gf^ifral de Aragón, Velaa- 
co lo fué de Sevilla, y MLinzanarcs, San Mi.euíd y oíros des- 
terrados en Suticmbn;, llaiuadds á .Madrid, donde las espera- 
ban recOJn]>fnsas. Queiiuba yu por pieniiíii-, y ¡i poco lo fui, 
y bien, piiro.iíéaiiie licito decirlo, de un inoilo ijuc. no cxcedia 
á mis servicios y anKirior cali'jíoria, si bien tuvo cd incon- 
venieutu de ser una inudaii/a di; currera, en 'lue más se 
atendía á premianiie mn; ú mi a|>tiiuil [lara ¡ni nuevo desti- 
no. Cuino con la seerOlaria di- Kslado me babia yo indis- 
puíisto.á tal punto cjiíe volver á 1;< irai'rera dipliiniatica era 
muy difieil, y conm mi penuanei 
sociedades patrióticas, me pondri 
eiósome una intendencia, y yo pedí la ik- I 'órdoba, dotiiila 
entonces con eincuenta mil realeí^, pero sin otixi provecho ó 
derecho, estando el juagado de Hacienda i'ii a^piella época 
en los ordinarios di- primera instancia. Salir á inlendciile de 
oíirial dula secretaria de lístaduconiu y^era en Setiembre, 
si bien tenía jiroveeho innieiiiato, man se niitalia cfFino dos- 
gracia ijue rumo otra rosa, pur ser si-parai'iun de una carre- 
ra de más brillo, tn cuyo lérmino hab 
Mis servicios á la ri'volucidn eran jir 
empleado cerca do nucvraños, y los a 
ritos de jiii pínln- ilebían -i'Ho en su í.i 
bre. Asi, pues, mi ai;i.-¡)la< 
de que Ijtjy mismo no me 



en Madrid, existiendo 
. gravr.s apuros, ofi-e- 



itos excelentes. 

nos: llevaba de. 

¡ireniiadiis mé" 

según costum- 
li.' la intendencia fucunai-to 
¡Hi ni aun levemente, llabia re- 
nunciado mi deslino de ulieiai de !a seerclaria de Estado por 
caustis i[ue no eni'ubrí, y, cesando é-itas, bien»pude, sin fal- 
tar ú obligación alguna, tomar otro, siendo análogo ó aun 
superior. Nadie eulpí» á Riesro por haber tom.ido la capitanía 
general de Aragón. Pori|ue este y mis otros amigos habían 



151 

sido maltratados, dojé yo el servicio y mi provecho, y ellos 
antes qup yo tuvieron reparaeion del píirjui<-io que habían 
padecido, y á mí me t0(Naba tenerla i^iialmt;nte. líice lo que 
es costumbre en países donde hay Gobiernos de los llamados 
libres; esto es, por acto de mi voluntad propi:i., partiripar de 
ia suerte de lr»s de mi bando cuando (;ra adversa, v cuando 
volvii'i á ser pró^pora i,irua.Inníntü. N(> uií'-esita justificación mi 
condúcela; pero entro á hacfíHa poríjuc (mi esto hci-ho de mi 
vida he sido como en el que más c;;iIuniniado, y por nadie 
defendido. Hien es viTdad «jui* hi. calumnia consiste en afir- 
mar que yo subí ú la tribunado la I'untana [jara conseguir 
un empleo bueno, y ijue je, lo^qv, (tunvirtiéndome en seguida 
ea parcial de ;iquell».is de íjuienes antes erii contrario. íluán- 
to dista de la verdad este cuento, puchan juzgarlo íjuienes 
sigan los antei'io?*es suc«'Sos de mi vida. Poco^, en verdad, 
teniendo tan buen destino e<.)mo tenia vo «mi IcSI."), i'SC.o;(e- 
rían para adelantar los medios que yo escogí, sa«'riíicando lo 
cierto por lo du'lnso y c()m¡)r;indo el :i']elantar en mi carrera 
con exponerme á amlar entre trabajos y [)fecij)¡cios, cuando 
por la vía llana y cíunoda tenia segui-idad de venir á feliz 
paradero. Si aun en los sucesos do Setiembr»' había muehos 
que hubiesen heeho una dimisión, que me sujetaba siendo 
duradero (como bien podía temerse) el triunlo de los minis- 
tros, á quedarme sin empleo en pago de haber contribuido, 
siendo va empleado v <'on honi'oso dcístino, ,i restablecer el 
Gobierno que estaba rigiendo á Ivspana. 

Prepáreme á salir {>ara mi intencb-ncia con gran gusto. 
Pero ántesde efeetuai'lo oi'ui'rieron lances en que mi con- 
ducta no fué muy loable, si bien me era difíiril haber proce- 
dido con cabal rectitud estando combatido por muy diferen- 
tes afectos y juzgándome sujeto á la par á. encontradas obli- 
gaciones. Sin embargo, en este breve período de mi vida po- 
lítica nadie me ha censurado, y soy yo quien voy *á dela- 
tarme. 

La reconciliación de los ministros con los exaltados no 
pudo haberse llevado á efecto sin disgustar á muchos, sobre 
todo habiéndose cimentado en una renovación del venci- 



Iá8 
míenlo y aun dv lu afrenUt dul Monarca y de sus parciales. 
Los que lü eran del GobierDO derribado en principios de 
aquel iiiii^nioario, los (jui^ si» ir tiiii allü apetecían ñrmeza 
y dccoi'O en los eni':irgudos Ai-\ inandu, á trueco deuxpouer 
lacausadela (lonstitucicm á ¡leli^TOíi, y los malcontentos 
de difi'reutcs clases, dosapiotiahiui la i-ecicn celebrada ave- 
nencia. 

Lo i'oitiuri era vitii|jctTU-Ía cuniü i-uin r'uti'efía de la di(f- 
nidad y fui-rítii del C iubit.'mo, á cu^ita hmÍhiÍí^ijiu ilel deCOi-o de 
la real ijursíuiia fii manos de i-outrarios jn'' "■¡ices, Pero 
al^'unOíi había, >i hteii iiucos^. '[m- i'ul|)al)an ¡í Uis exaltados, 
aehacándoli's liaiif-cso lecomiilíadu <'ün lus luiíiisifOí!, sí con 
piovecbo pura vurins de sus rauílüliis, ruii inuy corlo ó nin- 
guno para la causa de la libertad si'jíqh iíIIus la conside- 
raban . 

Kl cuí'riii) í,'ülH;r(iadin' de la sori.'dad si'iTet:i, a! revés, 
procuraba estrechar su aiiiLst:ul cuii lus niiuisirüs y con la 
mayor i)arl<i di' li)s d<> la ¡laivialidad uioilerada, i'ara el in- 
tento resolvió volver á adniiiir ii lu^ iiiienibi'üs (iiiis do si ha- 
bía seiiarado por via de despique de la vii-tijria de los ami- 
gos de oíslos iMi SftLcnibrc. Mediai-uo ¡jndijaü deliberaciones 
entre los primeros pa^os dado-; en esd; iiegneio y su resolu- 
ción definitiva. Al calió delenuiaósi! Iiacei- la reconciliación, 
volviuiido i'i ocujiar sus ¡mostos Ins que de .'Uus luibian sido 
lanzados, llubci, An embarpj, dos exeepciimes dt- esto acto 
de olvido y unión; sin-ular la una de ellas ].or ser la de per- 
sona del mayí ir valiüiieiilo en la ,i:rcy niiiiisi"rial, y ¿un algo 
rara la otra por reeaer en lunnbre no niTiv :ii';iloi'ado contra 
las gentes que ctin (al rij;oj' le lral;ih;iri. l'ué el pj'iniero el 
conde de Tot-eno, ú ijiiieu nn ^r peribiiiaba haber traído á 
Madrid á lite-.» pnr medio del cammi-i.. l'ero admiró que 
fuese el Süííuiidoexeluidii Vandiola, el euai d.dúó esta mala 
especie de dislinciou á. enemistad privada, .achacábanle i|uo 
estando persejíuido por el (iobieiiio absolutu y refugiado en 
Londres, se Iribía doblado lí pedir pertlou á sus persegui- 
dores y conse^ruidolo á costa de hacerles servicios; cargo 
cuando no supuesto del todo, abultado, y iiue nada tenia 



li.[)U.-siil!U.aii 



V lll.-.i ;il (¡i; In r.i-u/. 



159 
que vei'oon sus desavenencia» 'i« s'eüiímbre, pov las cuaks 
le venía, ci L-astigo. Celebrada la avüiieiicia, hubo una sesión 
á que fonrurrieroii los nuevaimmte ailinitidos. Habióse en 
ella mucho de rfíriovacion tlfílafei-nj IVatci-iiai.y i;oii hablarsi^ 
tanto stáomoslro <iiic bastanti'' ijimdaki lit-l aiUcrii)!- resen- 
tiraiontu, que se manifi;';iij aiifriiiU '-.n uum* uírafi niil cosas, 
Pero esto no duro, r.omu liobia [■■irn-rsc, y.w.si ¡lor el contra- 
rio, ios n'cien eiitradus i\v. iiuiivii ftmt-on Imi'iéndosu dula 
mayoria, y viniuiid'i ¡iüi'i- iiiiiiiji'ia lus <[i¡v. !.■« coiist-i-valjan 
rencüp. 

EsianJri asi 1 
Oro por rio habci 
en sofiedade'i ¡la 
Pero l:i socÍL^darl 
tiem^iO, y no i-xii 
de San Subastian, y 
ábu.vral'^un ruido .;ri nndir, d 
todas pailCri. Por a'jiti'Ilos nil^ui 
represüntaciOLi al \\<.-y. \ñ'VK>w\ñh'. ijtu 
gos á BUS iiiin¡>;ti'us. [■'.¡■a < 1 lal ]>a¡R;l 
oscrito, |icru i-ii i I iban n^viiclta-; idi'a. 
pias para !iala;:ar á la íi--ni': in'-[U¡ola 
donde se volvía por id i[..-r(..ríi d.d tro 
□anle. Susurnix- taiiibivi) 'juc lan'pri 
lacio, óquocuaiid'.i iLKino^ allí liabi:! 
mas, se decía '¡u-' i.-ra 'ibra di' li<s nTi 
los ])ala('i{-fíOíi. 

Los afran-'i.sadiw avabaliaii d.- ; 
di!, y no liaijíaii '^.■icadu drd ap'ln '[in 
ciudadanos c«¡iañ(jlcs; tud;i- la-; vi-iitajas quij sii ¡ifuinolíaii. 
Volverles los d.'stíiius .¡a.- ios li;d,ia dado rl usuipador, ha- 
bría sido demencia; pia'O cIIih ¡i tant.j ó ú poco niénus aspi- 
raban. Rttstiluirles Uw i|uc varifis <lo ellus tenían bajo el fío- 
bierno legitimo ánies de abaudujiar su si-r\'Íi.io por el de su 
contrario, habría sido menos xiolento, [it-i-o sentían repug- 
nancia á gt-avaí' el iMai'io con sueldos inútües ú á empleai- 
personas no bien iiulsta», siu contar cou que los patriotas, 



í l-'ontana de 
del < iobierno 
niaíiradar podían. 
■clijisada por largo 
.sladado al caÍFt du 
.'. Malta, concurrid 
sÜi-iii-iu í|nc n-iiiabii on 
dias (.■nipczi^áirorrernna 
un s.'paraso desuscaí-- 
d uno no nial pcnííado ni 

t y (íXtivniada, y Otras 
jiii> y did Príncipe rei- 
■ci.-titacion salía de l»a- 
;i sldci aprobada. Ade- 
rani^tísado^í, unidos i;ou 

r pcrdunadi.is, pero lar- 
i!s d-vo'vía la calidad de 



160 

muy cebados en los empleos, no gustaban de admitir á un 
fcremio numeroso de bombines ilusttrados á (compartir con 
ellos la presa. Fin punió á intereses, lo pasaban muy mal; 
y como en ?' rancia recibían del (lObierno algún socorro, su 
vuelta á España los puso en situación peor que la en que 
estaban en su destino. Varios de ellos se dieron á escribir, 
y cuando lo bacían de ])Olitica, respiraban por su berida an- 
tigua, y esgriniíün la i)lunia c<"Mitra los liberales. El jiúblico, 
aunque no falló quien ti ntiisi.' ár excitar contra ellos animo- 
sidad, no los miraba con odio violento, ¡jcro tampoco con 
favor, V (^1 niavor número de ello^, becbos á nisistir á la 
opinión popular, ignt)raban el arlt; de bacérscla favorable. 
Quejábanse, pues, ron ra/on y sin ella por vurdaderos agra- 
vios V por otros ima^íinados, contundí» por tal«is las resulta.s 
de baber sido vencidos en 1.S14. Como suele suceder, aun- 
que sea contra la rozón y justicia, c(;nfundian tín su encona- 
do resentimiento á sus enemigos y i\ los que, siendo amigos 
de éstos, babían, sin embarco, iiatado de favorecerlos, y 
hasta con empeño no eorin. Así,;*» nn', aboirado de su causa, 
a mi, á quien babían dado en una junta fjue tuvieron solem- 
nes y vivas gracias por mi condm^ta relativamente á su par- 
tido, me declararon la guerra con no menos sana que á 
quien más babía becbo por perptítuar la persecución que pa- 
decían. 

Así iban las cosas, (Miando corrió por el público la repre- 
sentación á que acabo de refei-irinc.. l''ué recibida con gusto 
por un número no muy crecido de personas de la parciali- 
dad exaltada, entre las cuales se contaban poquísimas de 
siquiera mediana nota, y sí una turba de gentes á (juienes 
era grato todo cuanto sonaba á vituperio de los que manda- 
ban y á provocación á desórdenes, al paso que recibió des- 
aprobación acerba de los constitucionales moderados y de 
la mayor parte de los exaltados, que hicieron en esta oca- 
sión causa común con aquellos á quienes poco antes mira- 
ban como á enemigos. Estos últimos pensamientos domina- 
ban en el gobierno de la sociedad secreta, el cual desaproba- 
ba altamente el escrito contra los Ministros y los discursos 



161 

con que sfi le dab» a|io\<i iii \n sododail de la Cruz de 

Malta. 

Al revés, los amanlüs di- la Moiíai'riuia antigua celebra- 
ban en la representación riiramiuaila á jiedir la mudanza de 
Ministerio, la suslimoia, pÍ no la forma, y do los disrursos 
de la BOciL'diid i'atrióti<-ii lialilaban, kI lui nm api'obacion, 
declarándoli.'n i'xcofios úv hi rlasi- de otros iguales 6 mayo- 
Tes, y no de vituperar tnnd) ciianlo dlrus '¡uo lialiian sido 
tolerados. Allegábanííc ñt-Af iiii'tán\i-n al.!;ujK>s liberales mo- 
derados, cuyas doi'lrinit'; fusi rii-;;il);in con la^ de los nialis- 
tas,y cuyo intiTés rni á 1;( s:i./.Mn, cnn ,-\ i\f clUis, uno mis- 
mOj contándose en L-sle innniTc Ins at'rancesiidos, casi sin 
excepción alguna. El p.iri''"IÍcT. litiilado I.n Mixrrl,in,:a sua- 
lentaba y (■sforiíaba estii-; í>¡irni<'ní-s antiminisl.'i'ialcs, y se 
arrojó á dffwndfrlas cu la (rihiina dr 1;< <'i-u/. de Malla mi 
amigo D. Jo?ó Joa'|uiu <\- Mmi-i. no lan a.'crCido hablando 
eaaato escribiendo, ta-^ljinlo ud.'inúw de liabiíi- sido adicto á 
Fernando en los rliafi de sii ■li'^|iotisiun, y i-ulpado, según 

creo sin rikzon, di- habi't- lii-viulo la ]>liínia en el t:sci'ito quo 

daba motivo á tanto albor'. (n. 

Estando asi las eo^^as, pioi-iülió id Minislijno contraía 

socifidad (le la Cni/. dr MaliA, procuramlu estorbar (¡ui; en 

«Ha se hablase, irritóme este iiro<'eder cuando acíibüban de 



tolerarse a los ipie hablal 
inasEas, y no (distante <{ 
del Gobii:rno, deteriniíu' 
ta desde la tribuna, tcat 
glorias. Séame lícito, r-ii: 
de que no lo era por inli' 
demás satisfecho del de^' 
vedia, pues, impeüdo {ici 
niaterio una conducta <¡i 
por vanidad de parecer c 
conservar en las socied: 
recogiendo aplausos. Pon 



an i'U la l-'miduiii lai mayores de- 

i'-ai.i-obaraeerbaiiientesuc-onduc- 
(1 <\i- mis |):is!idas no muy puras 
iid'i ne- doy por euljiado, blasonar 
■■■- ¡lei-soiiiil. puí-s mí- liiiüaba por 
inn ipi..- acababa de coii'iej.niir. l'i-o- 

e Tile ¡i;iceci:i ri'prensible, y acaso 

uisi^eiienle, y por el fatuo de^eo de 

les un lufiar donde pudiese seguir 

clara estaba mi oblifíairion cuan- 



do asi pensaba é iba d proceder conforme á mis ideas, de- 
biendo hacer dimisión do mi destino entonces, como lo ha- 



bia bcdio ii-es: iiics-es antes. F'ailónie fürlHlczit para (isie nue- 
vo sacrificio, haciendo" el cual no habría tenido para conso- 
larme ni la ¡iprohaciún de mis amigos, y aun habría parecido 
ridiculo, jugando, como quion dice, á loma y deja empleos. 
Sin contar, pues, con mis c-ompañeros tie la sociedad secre- 
ta ó con la« demás personas cun riuiciics solía obrar BCOiMje, 
y junií'mdonio solo con D, Manud KJuardo Uorosiiza, ora- 
dor como yo de la Fontana, pero n<j incorporado en la so- 
ciedad secreta ni muy pealo á los exaltados, en cuya huest*; 
servia, fui á verme con el mar'|ucs de Cerralbo, pocos dias 
antes nonibrailo jefe político de Madrid, y junto con mi com- 
pañero, le di Mvií-t. de (|ue a'jui'Ua noche íbamos á hablar al 
público en el cali' de ¡a l-'oiitana. El mar<[uc.s, uno de los ca- 
balleros más cabales i[uii he conocido, y hermano de mi ami- 
tro D, Gaspar <l(i Afruilera, tratii de retraerme de mi propó- 
sito con empeño; pero con suma curiesía insistí yo en él, 
y trabamos una disputa en términos moderados y urbanos 
sobre si ¿1 tenia ó no facultad para impeJirnie que pusiese 
por obra mi intento. La recién hcclia ley sobre sociedades 
patrióticas, bien daba margen á dudas. Decía su texto que 
para hablar en público habíase de Jar nuiir-in de rjue so iba 
á hacerlo al jefe político, y no que se le pidieíie Hccnciit. y 
añadía.-$c que podría la nii^ma autoridad i-uperior .w.yjcnrfer, 
no ¡iruhilñr la« iiíunionos de las sociedades. \ esto so agre- 
gaba que at disi'Utii-se la ¡ey se había dicho, üun por los mi- 
nisteriales, que híriíjtiriu so diferenciaba do la Uccnria, y el 
derecho de >iit-i¡n-rnii.:r <h-\ <1\.: ¡,riiliih¡i\ pero al cabo, sólo de- 
bía valer lo e\|iivsad<i en la li-y, y no lo pronunciado al exa- 
minarla, por lo cual, si estuvi.'^c claro su texto, á el sería 
forzoso atenerse, no siendo posible hacerlo así cuando esta- 
ba conf'usn. I'l- mi disputa con el marqués resultó, como 
suelo suceder, persistir cada cual en la opinión con que la 
eutiibló; pero yo declaré que, habiendo cumplido con la ley 
dando noticia de que iba á hablar, hablaría, ú no estorbár- 
melo fuer/a mayor, ateniéndome á lo que resultase. QuedóBe 
pesaroso el jefe político, que me estimaba, desaprobándome. 
N'o sé qué pensaría ó qué ot'urriria; pero al llegar la noche. 



pasú .il iíuluii <ic ía Foniuiiu, doiiüi: iiiiif^una urden su hubia 
recibido para usiorhariin' (|Uf pürurusK, estando ya congit - 
gad», para oiiinc, uria coiicuriviu-ia niedianaiiitiiiU^ nijiueto- 
ha. Iba» conmigu t;oro--;tiz¡i y líegaio, el primoiri á hablai- 
como yo, el segundo, aprubíinOi» mi pi-úi'ednr y (.-.stiiiiuián- 
dorne U hacei' hi oposiarni al lioliií'i-no. 1 labiansu i-ernovido 
de af|iiel Iuf;ar los pú!piti>is de-iilc los iMiiile>i ci-a uso pronun- 
ciai" lac i)láti<.'as patriinú-as; puro ¡u iiif subí i:n tin;i mesa 
del café y dufide ella hire mi pororata, apluudidü fonio kíciii- 
prc. Fui i'larij en la !sust;i»cia, y en v\ mudu nuave; inculpé 
con rigor sumo ú lus Kiiiiis-tnjf;, y ron mi pódame leiivira 
sobre la oposieioná la in^'li;sa, iiu^uliiiió i'l inodi) di' liaeorln 
en represe 11 tac ¡un os de una uianei-a vtliemomo, pero iegal. 
Dijo de mi discurso líeyalo ijUl- ora de ío másí fufí-tf que, 
contra tos miiiÍMti-os so haljia dichu 'i podía dei-iise, Pero 
por mi tbrtuna, !l]'énas ful i'omprendidu por hiÍíí oyentes. 
P&reci, al ivvés, un miiUBUriiil " [x.u'O nii-no^^ (|U0 había 
venido á la Fontana á atraiTim^ al auditorio do la f'ruz át. 
Malta, y ú d«saprobai' los diísmanus ipiealli se eom.-tian, 
presentando un contraste ron mi discurso moderado, l.o» 
periódicos sólo dijeron '[iie en (a l'onlana habían hablado los 
seiioive (ialiano y GorOsliza, susteniatido prímrijiios de i'ji- 
den. Si los mini^riros supieron lii vui-dad, ni> naisioron eaB- 
tigarcn mi una calaverada 'lUe ninjínn efeelo había piodu- 
cido, y cuya índole no había llegado á «-er conocida. Kscapé, 
pues, hastít :fin la merecida c^íu^iura de un ai^to imprudente. 
y algo más aún, ju/.gado sin ri/^'Or. Después, vueltos á po- 
nerse los pulpitos en la Fontana, hablé desde ellos alf^una 
vez, pero sin oposición por parte del ( ¡ebienio ü de sus ami- 
gos, y sin tratar materias de las <[uk empeñan las pasiones; 
razOD por la i'uai era oido con libie/a por anditorios no muy 
crecidos. 

lin tanto la sociedad secreta estrechaba su unión con los 
ministros. Regato y algún oti-o t|ue á id se adhería, venían 
á fjormar una minoría corta \ descontenta, ^'o mo dcsvii'> 
algo del campo de la política militante, en el cual ningún su- 
ceso grave ine llamaba á la stuon a figurar. Seguía siei'd<' 



■^nivj n iiii't hermaiioí' >;n la s*i"ia. > ¿un ■roa ios rmen iv- 
I í,!ir:i!ia'J'i8 ;fjzalia fie val¡mi..-nio. Prejiarábamc- á ir á servir 
mi •U:--únti üii un ilima aj-'ra'Iablf. y ca un:i .■iudad, si no i]f 
1¡<-! iiitis iln.-tryíJas, al cabo riía y populosa, dond-.* .-lO me 
faltaría tniío. Yo U-niít, fonio he leíii'iuy ',:OD=ervo, singulai- 
afii:ioii íil faiiijio. y fl de f'í'ird'jba me brindaba con no es- 
ijfiso di-)r¡t.-. Alpo dí-njon; mi partida de Madrid, L-n parte 
¡jífi- liiKíijM.- j>;titiir)l;iT-''i, y liiiiibi'n pijiiiué tt-nia es[>eran- 
za~ d') ti'Mi;ii* ;i>-¡iffL[(> <;ii las C"rti.-s. Kabia una v;icante ea 
la 'l¡iíUi:ii-¡'tii [■'■I- (!iid¡/, porijuf; habia entrado ol ijupleute 
pur u'j india provind.') á rx'Upar f] ]¡js¡í:iv de un diputado nom- 
Jii-iido, '|in! l'iiiKi Bsitriiib po!- olra; \ habiendo do^ipues íalle- 
i'u\'t id ilifín'i rujirii^-rniantc por la niiíinia, i>. Tomás Istü- 
m, (juodaba la reprc^i'iitai'icjn gaditana inroniplcia. Nada 
pf(!Vi¡nia la luy cicctoral, íjiic era parle dr- la ConstilUfion 
vÍK"nti', íjoliri' 8i;iiii-janl(! caT-o, jiiivs sólo destinaba cierto 
rnimi-ro do sujjlrnlKe á lli-nai' ios hud'Cií; fjue en los dos 
años Imbifsc. lornndu sólo nnn ú al;;unas provincias, co- 
mo lii de Ciidiz. bii-tiiba al parcci-r lu razón ([uv. lal omisión 
fuosii suplida con una nisolucirin del Conjíri-so, para no de- 
jará una |i[i>\Ínri¡i sin id niiiiici'O fOmixticnt-' de i-epi-esen- 
tantrs en las ('órirs. Tcin'a yo fnndadisinias esperanzas de 
'(uo iisi sil n'scd\fi'ia, y no menores di! que, habiendo elec- 
cioiii's, fi'raciia 1:11 mí el nombrainlcnlo, Pero dilatrtse el 
nojiorii), poi'f|iin al prin>-i]iÍo sl' ci'eyó que la dipuiacion per- 
mani'nt'- lo reMd\i;!-ía, ^ lui\<ío se dejó á la determinación de 
[•.K i'iivU-s. '|Ui' nii liidiiíJH de juntar.-ic, Ii;(sta el mes de Mar- 
/.ii. Viine, pues, i)hlig;iito ¡i salir de Madrid, y antes de mo- 
d-ar lüicw de 1S-,'1, im- pi'es.'nié en Córdoba á desempeñar 



\ 



CAPITULO XII 



Oonducta y modo como ejei'ce el autoi' h\i destino en 
córdoba — IDetrjempKsña inteiúnament^ el earíjo de Jete 
político. — 2^otioiaH del coiiílifto ooui'rido en oVXadx'irt con 
lo« Kuaz*dia.s de Corp». — Excisión entre los ma^ioiieB, y 
creación de la Hociedíid de los Coinunorow — El autor He 
Queda en la masonería. — Coletilla del Key al <lÍHci.ir>!to del 
txrono. — Rei>re«ontacion do la diputación px'ovincial de 
córdoba, que el autor r€»dacta y firma.— Cambio delVtini«- 
terio. — ^Eacribo el autor una relación do lo.s HutienoH de la 
conjuración y alzamiento de XSí2(.). — Movimientos libe- 
rales en Xápolen y el Piamonte — Xii£;a de los Soberano», 

. y efecto Qxie producen entan noticriafif en EHpaiia.^Vuel- 
▼e ¿ desempeñar el caríjo do .)€?re i>olitico.— Expedición 
cine oi*ficani&%ti conti'a un cabecilla roalÍK(a. 



Llevaba yo ideas, muy equivocadas algunas de ellas, so- 
bre cómo debía portarme en mi destino ejerciendo un mando 
superior en provini.'ia. En lo que puedo jactarme de haber 
pensado con rectitud y buen juicio, y de haber ajustado mi 
conductíi á mis opiniones de lo que era debido y acertado, 
es en haber obrado con absoluta pureza en punto á intere- 
ses, desempeñando un cargo en que son frecuentes y graves 
las tentaciones y el ceder á ellas no muy raro. Hasta mis 
• acérrimos enemigos do entonces, siéndolos muy vehementes 
y enconados los realistas, me hicieron justicia en esta ma- 
teria. Salí de la intendencia más pobre que en ella entré, 
no obstante haber vivido sin lujo, sin cocho y sin buen ca- 
ballo de montar, pero no con buena economía, pecando yo 
de no saber tenerla. Así contraje algunas, aunque cortas 
deudas, faltándome remesas de lo que tenía en la ITalxina, 
con lo cual me prometía pagarlas. 



1 * « 



S'j 'ixi. iíl'íTi;x'h:' dí ítj-iiz í'ji -n po:!íiir/i-r •■. :: «Ir '.-o :■•:.■ i.-oai- 
ji!*':to. Qiiis*r h'jír '!»■ q:¡r: m^- íív'i-CiS'^n «Iv rrní'.iriii'lo y sober- 
bio, y 'j^rilijqiií por e: «'-pueí-io I.il:-. U^'.ira !..'•. flíurándoint/ 
quo !?* a u ion dad ^.-n a'^jUí-Ho- di-.i- a^h-a hac^ii^v üana y po- 
pular pa Til d ;. ; r?- - á • j u e r» - r- , 1 i a '; i v ; i 'í o r\ a in •: :* ■! •:• I ■ i ? irohe r- 
nado.s 1:j- v-.-ces dr-i r»'^i(^•^o. A est'> s<; ai;rv::.i:':n malos há- 
bito.- dfí do?i LSpí-<i--, uno- «onn ;iidcs t.-n l'i «-aiTi-ra de la 
rovolurion, y lo*-' otp'> «''ii rni an*.''*rí i-r vida ;i'-'-n«-i.*sa. Seguí 
hablando i*n la ¿^oriL-dad pati¡óíi<'a, ¡lue- >cr tundo una en 
Oórdoba, y aunqij-'; allí no ^^e provocaba al dt^'jrJen, reba- 
jaba iiiuí*ho"do mi di;íiiidad presontaimc' do proJicador des- 
do un palco di; teatro, lu.L^ar primero dondr> s»;- i-elehrai'Oii 
las reuniones df aíjU«dla junta. Asistía á lo> rales . y aun fui 
á al/^una .serenata donde se «-antó el Tr'ifjaJn, Hozábame 
poc:o eon la pf**nte principal d<-l ¡)uehlo, auiujiii* *ír\ r'Sio ha- 
bía algunas »;\re|.<:¡(jnes. Si bien es falsísiinu que bebiese, 
de. lo í-uai me han acusado, es rierto. aunqut* de esti) nada 
•se haya dirho, que dí otros ejemplos do fea eonducta en 
punto á ti'ato ron la parle menos resj>etable del otro sexo. 
Resultí3 do todo ello, que rerien llegado fui tenido en poco 
por la gíinte de seso y peso, no viéndose ni pudi»'ndo verse 
hasta después, la j)arte buena de mi conducta. Allegábase á 
desconeeptuai-me mi ])níseucia, pareciendo aún de menos 
edad que la que tenía, y extremándome en vestir al uso, lo 
cual s(í avenía poco con la idea allí formada de los intenden- 
tes, hasta entíinces todos ellos hombres de alguna edad y 
también graves y machuchos en el porte y traje. 

Había (:n (^'<n'doba su (•orres])ondiente Soberano (Capitu- 
lo de la orden á que yo pertenecía. Kn él tomé asiento, se- 
gún era de creer, y muy luego fui nombrado para presidir- 
le. Influían sus determinaciones en mi conducta más que 
lo d(d)ido. 

l*]mpecé á hacerme cargo d«? lo que era ser intendente, 
pero no adelantó mucho. Recaudé, sí, con vigor y pureza, 
lo cual me puso en buen lugar con el (-lobierno. Dejábame 
llevar mucho por el contador T). Manuel González Bravo, 
d¡(»stro v entendido. 



167 
Estando ii«i l;is cosas, hubo da sfiv sepiirado de su deetí- 
no el jefe polilinn, para trasladarse á otro imnto, y de uom- 
bripsele sucesor. Pero íintfs rjuR cstt; último llegasü, saliii 
para sa nuevo destino 1-1 aniiguo, y según las leyes de en- 
tontes, rce;iyii en mi, como intendente, t-i mando poJitii-o in- 
lerinoJe laprovini'iii. V.n f\i desempcñu por breves dias no 
meíeñalr- puf ¡iiricrlos ni di'Hhiirros, salvo en un jiunlo que 
rae ocasionó á la Incgii un sinsnli'ir no corlo. 

Üabiahat.idn uniis eli'críones muy disputadas en la ciu- 
dad de Lu''Pna, la sríinnda en ^n-ani!eza di- aquella provin- 
cia, poblacinn dcsn;;nTad:i en bandos, y famosa por ser en 
ella poco respel lillas las leyes. l>r los dos partidos r]uc la di- 
vidían desdo tiempo antiyuo, uno se liahia hecho constitu" 
cional violivntü, y (dotro !o contfario. Asi conlinuahan y áua 
se (wacerbiibjiii iinli'riia<= odiiw i'íjn formas nuevas. Ni era 
del todo casual la eli'fcion do partido, llahian abrazado el de 
la monai-ciuía anticua los qun liabian sido concejales en el 
antiguo ayuntamiento y que lenian muchos de ellos sus car- 
gos por vida, si'-ndo los cahallt'fos principales de la ciudad, 
y estaban por la Constitución y las novedades las gentes & 
las cuales se da el dictado de metHnpeln, con algún otro no- 
ble malquisto con los de su clase. Hecha la elección, la ga- 
naron los primeros con malas artes é ilegalidades, como es 
costumbre ganar las elecciones, suhre todo en F.spiifia, no 
siendo mejores los medios empleados por sus contrarios 
para disputarles la victoria. Ilecurrieron al jefe político los 
A'enuidos pidiendo la anulación de las elecciones, y que se 
hicieran nuevas. Tocdmi; i'csolver este expediente. Atrave- 
sábiinse empeños por jimbas partes, y por los du mi familia 
residente en Cabra, poco distante do Lueena, lo hubo vivo 
en íjue confirmase la elección, protestando ser falso que hu- 
biese recaído en enemigos de !a forma de gobierno existen- 
te, y afirmando con más verdad que los nombrados eran de 
un valer superior al de sus competidores. Inclinábame yo, 
sin embargo, á favorecer á estos últimos por parcialidad po- 
lítica, pero a mi inclinación seagregó ceder á una influencia 
poderosa, cual la de la /'''ü'rT del.ucena que solicitaba rxin 



ardor extremado la niiulocion de las elecciones. Aud siendo 
así, no no habría yo obrado contra la justicia evidente; pero 
adolecía la elección de tales vicios, que mal podía pasar por 
acto injusto el de darla por nula. Hícelo asi, causando gran 
descontento en los perjudicados. Además, para proceder á 
la nueva elccrion, impelido por mi precipitación é inoran- 
cia, dicté una providencia 'jue estaba i'uera de los límites le- 
gales, si bien sólo en un punto, no de grande importancia 
ó trascendencia. Ilecurrieron al (iubierno supremo los mal- 
tratados pidiendo ijue se me formase causa como á infractor 
de la Constitución. Pasó el Ministerio el negocio á informe, 
como diré en su lugar; á la larga vino eüo á parar en resol- 
ver que fuese yo puesto en juicio. 

Pronto vino á ocupar su puesto el jefe político nuevo, que 
era el brigadier de ejército U. Luis del Águila, bijo primo- 
génito y heredero del marqués de I'^speja, que después, y há 
poco, ha muerto general, llevando el titulo de su padre. Era 
este caballero hombre algo instruido, de feliz memoria, seco, 
duro, vano hasta un punto increíble, por pi-eaumir de sobre- 
saliente en todo, constitucional celoso en aquellos dia8,aan- 
que muy enemigo de los exaltados, lleno de rarezas que con 
los años crecieron hasta darle el carácter de ente muy sin- 
gular hacia el fin de sus días. Knt'inces pareció bien a los 
cordobeses; y además de que, celebrándose él ñ sí mismo 
sin ta^a, persuadió á los demás de su propio mérito, hizo no 
pocas cosas útiles, siendo activo y tirme, y no habiendo has- 
ta entonces servido aquol gobierno poliiico sino hombres 
muy pai'a poco. 

Llevóme bien con él al principio, no obstante ser suma la 
disconformidad entre su carácter y f\ mío, pero al cabo ha- 
blábamos de literatura, en la cual era él versado, aunque con 
extraño gusto, de historia, que conocía bien, y de gastrono- 
mía, en el cual punto se preciaba é!, no sin lazon, de tener 
buena mesa, y gustaba de que yo le celebrase los platos de 
la suya á que con frecuencia me convidaba. Alguna vez se 
picaba conmigo, porque á sus jactancias correspondía yo con 
actos de rebajarme, que daban moñvo de risa á loa oyentes 



Rjn poder él lomarlos como ofcníia, i^uc no liabrin sufi-klo. 

¡bunios usi en paz, cuando Ins i-Oi^us de Madrid toinabun 
nial aspecto. Supimoü (¡ue los guardias de Corps, exaspera- 
dos con insultos continuos, y líun eíu esto mal dispuestos, 
babian tuaido un chcjutí con varios alborotadores; que de 
resultas, porseguidos, liubiiii'on de rei/Ofíerso á su t-uartíl; 
(juo allí vinieron á cercarlos, diwpuestos á combatirlos, las 
tropas de la guarnición y de la Milifria Nacional, acompa- 
ñándolas é incitándolas pcrsonajoü de los llamados patrio- 
tas; ((U<;c[ Ministerio había tratado do evitare! lance; que 
aun el cuerpo gobernador de la masonoría había predi(ado 
moderación; que de los sitiadores de los guardias muchos 
babian casi no obedecido, (i desobedecido del todo, li ambas 
autoridades, la pública y legal y kií^ocrctaó de la secta; que 
habían triunfado los más violentos, entre los cuales so con- 
tó en aquella ocasión ol brigadier I). José María Torrijos, 
coronel del i-egimientu de infanteria de Fernando Vil; que 
los guardias de Corps, obligados á entregarse ti merced de 
sus contrarios, iban ¡i quedar disueltos, y que era conse- 
cuencia de estos sucesos estar el Rey ciego de enojo, los mi- 
nistros mal con S. M., y no enteramente bien con la gente 
más acalorada, y «1 cuerpo gobernador de la inasoneria tra- 
bajado por una discordia teirible. 

Pronto esta última diú de sí resullas que tuvieron una 
influencia prodigiosa en la suerte de l^spaña. 

Atjuiseliace forzoso referir cuál era la situación do la 
sociedad masónica respecto al Ministerio, llablaselu allega- 
do hasta serle parcial del iodo. Los ministros Arguelles y 
Baldes habían sido iniciados, estándolo mucho úutes Gil d« 
la Cuadra. Pero no so les dio lugar en el cuerpo supremo 
de la Orden, ni ellos lo pretendieron, quedándose en la lúgia 
de la Templanza, la de más entono entre todas. Así, al Mi- 
nisterio, si correspondía hasta cierto grado á los masones, 
no era uno mismo con ellos, como vino á suceder en época 
posterior, en que el Gobierno aparento y constitucional era 
un mero ejecutor de lo dispuesto por el ilegal y oculto. 

Estando asi las cosas, segregáronse, no súlo del cuerpo 



no 

■If'l ííobierno supremo mafíónií-o de que eran miembros, ó 
lie varias I'isias á que porienecian, muchos personajes de 
f;rau valia <>n la sociedad y aun en fl Estado, sino que pa- 
saron á forntar una osoriarion nueva, i-ival de la antigua, 
y con niias ex'epcÍone= su ai'érrima contraria. La sociedad 
fjue formaron se aijelliiii'i de lo« < 'oinuRPi-Os, dándoso por 
rontiiiuadora de lus '¡ii'? en el siglo tvi huliian defendido los 
fuerfís de Caístilla. I-ow fiindadore^ tomaron el pensamiento 
da su fundm-ion de una idi/a de 1). íiartofomc (¡.illardo. Este, 
dado á estudiar y admirar laM cosas antií.'ua« de nuestra pa- 
tria, pretendía que hal)i;i df^cubicrto en rrUqtiias de memo- 
rias de los comuneros, indicios de qui; habían sido de una 
hermandad con !fíinbol''iS no muy diferentes de los masóni- 
cos, y sobre esta base habia li'vantudo la fábrica de un pro- 
yecto por donde los masones españoles tendrían grados 
nuevos, con alusiones á ¡os que f^osluvieron la guerra de las 
Comunidades, l^a secta recien nacida con corto saber tomó 
esta idea, y de cualquier modo con ella se form^i, llamándo- 
se quienes !a componían hijos de Padilla, nombre do un hé- 
roe castellano jioco conocido hasta entonces, é injustamen- 
te tratado en la historia, qun pasó ji .adquirir cvlobridad, sin 
comprenderse mu<:ho su carácter ó sus hechos por quienes 
se llamaban sus secuaces en época bastante remofa de la en 
que ól SQ distinguió, si bien con infausta fortuna. Moreno 
Cuerra y Kegato, ron algún otro del cuerpo supremo go- 
bernador de la masonería, se (-onlaron entre los de la nueva 
sociedad, i'i la cual so agregó desde luego Torrijos, persona 
de concepto, aunque sólo de las logias inferiurcs, con varios 
que se le a<crcaban ó le igualaban en valimiento. Gallardo. 
por lo extremado y violento, era muy á propósito para irse 
con ellos; pero le ofendió sobremanera que se hubiesen 
apropiado su proyecto, sin entenderlo como era debido, y 
miró á los sectarios nuevos con odio, en clase de ignorantes 
plagiarios do sus ideas y usurpadores de su gloria, mas que 
como á políticos destemplados. 

A Córdoba llegó la noticia de este cisma, solicitándonos 
asi los cismáticos como los ortodoxos, que nos hiciésomos 



ni 

de BU gruniii), Kn mí prinripülnifüiti? pusieron la mírn los 
ramuneros, cstimiincluiiie muj' li proiiósitn para sci- suyo, 
en parte con ra/f>n, en ¡larte i>or neorme, como solía suce- 
der, harto más extremado oii opíiiionoR c intentos luo lo 
erare.nl y voi-dadirairifinti?. Además, i-asi lodos lus de la se- 
riedad nueva lia!)i!ui píiIo los (Je mi bando en hi ¡iritigua. 
Ilabia sobro esto <[ue I), l'i'ancisro Hia/ Moriiles, oficiiii de 
írtillería, diputado li Cói-te-: ¡"ir i'.óv<\ah¡i, (\>- una de las fa- 
milias mus Ilustren ili- l;i provirn-ia, itiiplii'íidi» (MI la conj*- 
rwnon de l-in-y en lS[i, y em ■ansiad o, liiili leudo <!Stado á 
pBiilodú perder la vida, c\;illMdisiiiio, sinfrularisimo, nO 
delloilo cono, aunf|i¡o sí superlii-ial y Üyeivi en (^icDcia é 
ingenio, ó inquitíto hu^lii panvfr su di'st'o tin bullir de- 
mencia verdadera. A rasa i\f su madre, la marquesa do 
Santa María, me había yo ido ii liospi/dar i-n los priinei-os 
iagdemi Ile^^ada á ('(inioba, v ron óI teiifa ivlarionrs de 
trato amistoso. Díaz Murak-íi pasi'i del cuerpo gobernador 
íelamasonería, donde pudía pi-ru, al de !a comunería, don- 
ieempczíí á haci-r uno dií los primerrm pa|-.i'!>;s!, y tratO do 
llevarme consigo con la vul]eiufn<'ia con '¡uo deseaba todo 
WMIo quería. IVro yu, sin embar/íO. '[ucdcme tirmc- en líia 
filtó masónicas, tanto por afcL'lo» de nmi'ílad ¡i muchos que. 
tneÜaa seguían, cuanln por pi'ever que U« comuneros iban 
^llevar las cosas muy allende lus términos donde yo juzgaba 
Oportuno y jusfi <¡ue permaneciesen. 

La comunería, de-^tinadaá dilatarse y rdbuateeerse nota- 

™iiieiite, no cobró, sin embargo, grandes Fuerzas recién na- 

¡™>- Hubo nuiclios que se lisonjearon de verla morir en su 

«fiwiria; y á lo mém.fs en su viila primera siguií'i siendo tal, 

; '"e existía con maia nr>ta. Kn Córdoba tuvo al principio 

■ POcos prosélitos, pero los adquirii'i desde lué^-o en ba-^tante 

"^ero en otras poblaciones considcrahlus de la provincia. 

'Cuando iban pasando <:stas cosas, se abrieron las Cór- 

*• Rn su apertura ocurrió la gran novedad de haber aeu- 

j ^ el Rey á sus ministros en el discurso pronuuí'iado des- 

g. *^^ trono, al cual añadió un ¡rárrafo quo tuvo oeulto basta 

'^Omento do leerle. Tal irregularidad no hizo todo el efee- 



■ P^H m 1. 1 ■■-, ■ !.* !■ 'I *' ■■ 



i':2 

10 fjuo ílebía liuber oaasado. A los parciales de los ministros 
dis-guRií'i, rorno liro ar^osiado a sus amigos, más todavía 
íjue romo ac-to fuera de las leyes, y á los de contrarios pa- 
recer fué, si no grato, poco menos, absteniéndose de repren- 
derle, aunque no se arrojasen á aprobarle. Hubo desva- 
riadas resoluciones! r-n est».* punto, siéndolo particularmente 
la de llamará los ex-ininisiros al Congreso á que de<!lara- 
sen algo sobre •'! usiado de los negocios, no haciéndose car- 
ino muchos dti los que así procedían, queriéndolos bien y al 
Key mal, de que los ponían en terrible aprieto y aun en nada 
decorosa situación , pues sólo podían iN:»mparecer donde 
eran tciJido< en calidad de acusados ó de delatores, v esto 
último no sin violentar las cosas, no estando allí como reo 
el Monarca y tíllos como testigos para probarle delitos. Con 
más acuerdo íitros, querían proceder contra los consejeros 
ocultos del párrafo añadido al discurso puesto en boca del 
Rey por sus ministros responsables. De este parecer fué el 
jefe político de Córdoba, el cual anunció que bien podía la 
diputación provincial, junta á la sazón, representar á S. M. 
pidiéndole explicaciones sobre el retazo pegado á su discur- 
so. Accedí yo á ello, y aun extendí la representación, quefir- 
marón los diputados provintúales y yo como miembro del 
mismo cuerpo, siéndolo entonces los intendentes. Dio golpe 
en Madrid este paso á algunos pocos, aunque los más no 
hicieron alto en él, y dio golpe por verse en tal papel mi 
firma, porque la gente acalorada, en cuyo gremio era yo 
contiido, no iba acorde conmigo en aíjuel negocio. 

Los ministros que sucedieron á Arguelles , nombra- 
dos por el Rey á propuesta del Consejo de Estado, te- 
nían pocos amigos. Por el pronto, nadie, con todo, se les 
declaró contrario. Yo volví á desviarme de las lides po- 
líticas, atendiendo al desempeño de mi intendencia^ á los 
negocios do la secta, que iban entonces en paz y orden, 
reduciéndose sus trabajos á aumentar el número de afilia- 
dos y á invigilar en la política, y á mis deleites particula- 
res, que no traspasaban á la sazón la justa medida, ha- 
biéndolos también inocentes, cual era el de gozar de las de- 



178 
4 tempo andaluz, bermosú en los principios de la 
ira. 
Ilpffi' aquellos dias di á luX un librillo donde refería los 
16 ocurridos en la conjuración de que resultó el alza- 
' irdento del ejértnto. Estaba yo picado de ver cuan poco va- 
lor se había dado á mis seiwicios y á los de otros compañe- 
ros de mis trabajos, llevándose los caudillos del ejército toda 
U gloria, de que nos correspondía alguna y no leve parte. Ha- 
li^b^ también mi vanidad en época eu que aún corría peli- 
gro 1a causa de la Constitución y de sus sostenedores, pre- 
L sentarme cooio hombre arrojado, que declarando sus hechos 
I sepresentaba como victima de los parciales de la monar- 
* ftiia luilígua si recobraban el perdido poderío. Envié á Ma- 
drid mi escrito, donde se encargó de publicarle Mendizábal, á 
i'ttyos trabajos y merecimientos bacía en él debida justicia. 
Por mi mala estrella como autor, hubo de darle á revisar á 
hombre poco competente, que intentando enmendarle, de 
ulmanera me le desñgurú en dicción, que saliú un monstruo, 
pVT h cual me ba valido censuras no merecidas. A mayores 
ioconvcnientes me expuso por otro lado. Como era entonces 
Je granile honra, y aun de no pequeño provecho, haber teni- 
do parte en el restablecimiento de la Constitución, dejé & 
mü quejosos, por parecerías que no habla hecho justicia á 
sus nombres y á sus hechos. Anduvo el tiempo, restableció- 
te el Gobierno derribado, pasó á ser enorme delito lo repu- 
tado poco antes acción loable.y heroica, fueron puestos en 
proceso los conjurados por cuya culpa había caido la mo- 
nar(|ula absoluta, tomóse mi libro por delación pam pren- 
ded* y por prueba para condenar & los en él nombrados con 
«logios , encabezándose la causa contra los delincuentes 
con UD ejemplar de mi obrilla, y entonces llovieron sobre 
mi quejas por mi imprudencia, acusándome de haber com- 
prometido con una publicación intempestiva á muchos hom- 
bres cuyos hechos , quedando ignorados, no los habrían 
•ujoladu á una persecución molesta, cuando no severa. 

Iba & terminarel mes de Marzo de 18S1, cuando llegaron 
á Bspaña I^ infaustas nuevas, de que en Ñapóles, donde ha- 



^^' 



hia sido jjrodiimaii^ líonio ley la CuiisiituciOD ijspariolii od 
("laño «rniirioL", los auslviacos, aniiíuloB paradei-ribarla, ha- 
tjjan eiitntilu ttiuiifaiites, rostauíandoalli el caldo Gobierno, 
y sieiulü [icrscfiuidos lüs coiistitucionalos. Casi al mismo 
tiempo so supo hiibor sido alzado el inisnio jiendiiii c-oiislitu- 
doiial en el Fianidmi^ y habiT vi-nido igualmciili! á tlei-men 
pocos diaí'. Los SoIk-i-uhos ¡ibf>oluios dn Kuroiui, juntos en 
(/onytvso [jor «i ú pni- sus niini:íti-os, primeio i-ii Troppau y 
después t!ii Uijb;u-li, habían, no wi'ilo dedarildo^^.- contra los 
cOustilucJoiKilos italianos, siii^i fulnúiiadu un anatema SO- 
ii'mnu coiiti;t la^i iwoliu-ioni.'S, i\\hí caía di; Huno sobro la de 
España. 

Era parljcipií .'u cstav determinaciones el Rey de Fi-an- 
cia, no olistaul" ser cünstitueional su ^jobienio, Kl inglés 
l;is aprobaba, si ni> de una luanerji expresa, harto deseni- 
bozadaiiienle, a-íi por cuadrar eon las aficiones del Monarca 
r<.'iíiaiite Jor;^'i- IV v con la de los ininisti'OS Kn-ifi' y toda la 
pamalidail de este nombre tal i'ouducla, ciimoixir'iue obran- 
do asi se fortalecía rn Italia el puiler del Austria, tiel aliada 
du Inglateri'a, y caía en desconcepto el de !■' rancia, su rival, 
ruando no su cnemi^ía. En Kspiíña t'ui>rini ^^randes y funda- 
das la pena y la imiuietiid de lüs eonsiitucionales al i-ecibir 
tan tristes noticiaíi. Agrfí;i\se á v«to 'lue, envalentonados loa 
del partido niunárquicocaido, con imprudencia hasta insolen- 
te, empegaron á cantar vi<:toria pronieliéndosela segura y 
cei-cana, Kn esta situación ocurrió una rara idi.-a para poner 
miedo en los qu,', tío siendo (odüvia \encedort's, ya amcna- 
/.aban como si ¡ironto fuesen á ^erln; y ponérsele de tal mo- 
do, <|UC ¡os retrajese de actos en '¡ue sus esperanzas y reco- 
brado aliento bien podían precipitarloFJ. I-'ué la idea, acudir 
afropellmlos en varias ciudades los '(ue se titulaban palrio- 
ctsá la autoridad gubernativa y pedirie en acentos ^ue ha- 
rían mera fórmula acceder lor/.dsamentc á la petición, que 
saliesen del pueblo ciertas pcrsonascuyo desafecto á laCons- 
Titucion era notorio. No caben mayor violación de la liber- 
tad personal, ni contradicción mits escandalosa á las leyes, 
asi constJtucionali'S como de oirá clase, que semejante impo- 



no 

sicion de pena sin delito probado, sin juicio, hocba á bulto, 
por autoridud además tan incompetente como lo oran to- 
das para tanta denuncia caprichosía y ciega como lo es la do 
una turba amotinada. Así recaía el casti<5^o de destierro á 
veces sobre enemigos particulares de los agavillados, al paso 
que personajes hasta empleados en conjuraciones, escapa- 
ban sin molestia. Yo miré con horror tales procedimientos, 
parecióndome necios sobre infames, porque los lanzados de 
un pueblo se iban á otro con sus mismas ideas é intencio- 
nes, y además llenos de reconciMUrado rencor por la afrenta 
y el daíío que padecían, con menosprecio de la ley de ellos 
odiada, que en el nombre duba seguro amparo á sus personas 
á sus haciendas y aun á la nianiftí^tacion de sus opiniones 
hecha sin salirse de los términos debidos, allende los cuales 
la desaprobación pasa á stn* sediciosa. Hoy <iuc lu considero 
fria y desajiasionadamente, ^in decir nada" contra tales des- 
manes, ni querer mitigar la c«;nsura (pie de ellos debe ha- 
cerse, he de confesar que sirvieron de dilatar la caida de la 
Constitución, aunque [)ara hacerla á la larga más segura y 
violenta, porque infundiendo terror t.^n sus contrarios los re- 
trsyeron, ó de empresas en (jue acaso se hubiesen metido, ó 
de demostraciones cuyo efecto habría sido fatal, conteniendn 
el aliento en los más arrojados de su bando. Así acierta á 
bulto el instinto popular como el de los brutos irracionales; 
pero acierta de mala manera, y en este ejemplo se ve quo 
para gobernar los menos á los más, forzosamente han de 
escoger por instrumento la violencia y el terror que éstíi in- 
funde. 

En Córdoba no hubo do estos lances. Hablé vo sobre la 
raateriaeon el jefe político, que se declaró dispuesto á todo 
trance ano consentir allí las tropelías hechas ó que se esta- 
ban haciendo ó que se iban á hacer en otras ciudades de Es- 
paila. Aplaudíle yo la intención, de lo cual se mostró satis- 
fecho. Sin embargo, llam(') á personas de nota, conocidas por 
anticonstitucionales, y en conferencia privada las exhortó á 
no ser imprudentes, mezclando en sus exhortaciones la per- 
suasión razonada y suave con un tinte de amenaza. Sal¡('>le 




bien su conducta habiéndoselas con los cordobesas, geiit»,d0 
' sayo pacifica. 

A poco, y dorando estas drcunstanciaB, tavo que atfUr 
de Córdoba con Ucencia por tres meses el jefe político; |f 
dqanne encargado del gobierno de la provincia. No pecaba 
yo por haberle ejercido bien en la ocasión primera qoe le 
tave por breve tiempo, aunque en verdad no había razón ~ 
para culparme. Sin embargo, ya entonces iban parecieado 
menores mis faltas y más las buenas cualidades que en com- 
pensacion se me suponían. Así, se partió de Córdoba doa 
Lnis del Águila con poco cuidado, habiendo antea conferen- 
ciado conmigo sobre el estado de los negocios y enteridoee 
de mis intenciones. 

Recién llegado á Madrid, el mismo jefe político viósecoB ^ 
el ministro de la Gobernación, Feliú, el cual, sobre Iser la 
autoridad superior en el gobierno interior del reino, gozabw ' 
entrfe sus colegas de una preeminencia no disputada. Dios*' ' 
el ministro por cuidadoso al saber que mandaba yo nnm • 
provincia, por ser mi famamala é injusta entre los del partí-. • 
do moderado. ' --' 

T^anquilizóle D. Luís del Águila respondiendo dofltt' 
diciéndole, sin embargo, Feliú que pensaba escribirme nnaV 
carta particular, aunque no me conocía, para e:ihortarme it^i 
cumplimiento de mi obligación en lo relativo á conservar rf?^ 
público sosiego. Pareció extraña la idea; pero el jefe po1ftio^¿ 
sin ocultar su estrañeza, no se metió A disuadir de su piQ^^ 
pósito al ministro. Escribióme éste la carta, atenta, aunqoAVíf 
importuna y casi ofensiva. Respondí yo como debía, asegli^fj 
rándole que mientras consen'ase poder para impedir que«i^'(! 
Córdoba fuese persona alguna atropellada, nada tenia qMl'l 
temer, y que en caso de oponerse & mis intentos fuerza vám4^- 
yor, no me vencerla ésta sin despojarme antes de la antd tfyP 
dad, cuando no de la vida. No faltó quien culpase este MBld^ 
mió como de lisonja, y acaso al culparle se pensó, sin eoñ^^ 
cerlo, que hablando yo asi desaprobaba la conduot«-d 
que habían obrado cediendo á los motines; pero yo < 
muy satiafecho de mi modo de portarme, tH ca^ era c 



171 
mv coü mis penéamientos é intfflKdones de aquella época, 
asi cotaü lo es con todo cuanto píeoso y quiero en el dia 
présenle. 

No üiYO que verse puesta á prueba mi fíi-meza. Nada 
ocnnió, y serenándose la tormeota, no tuvimos que arros- , 
ÜK pelr^OB ó que padecer trabajos por algún tiempo. Se- 
ia yo en el desempeño dd gobierno poli tico mucho m^or 
^tuado que áates. 

Id esto, como apardcioson eo España muchas partidas 

rril las tremolando el estandarte de lamonai'quía anti— ^ 

«decían ser del Rey absoluto, áua á la de Córdoba 

■ron chispas de lo que eu otros lugares de España 

nidio. Uu cabrero de las cercanías de Jerez de la 

L, llamado ZaiUfvaró Saldivía, pues aun su apellido 

bien, en la guerra de la ludependenclahabla adqui- 

a fama como guu-iTJHero, si bien fuó de la clase de 

idos por sus exc(i!^sos más que |ior sus hazañas. 

somo hombre rudo é ignorante, sobre sor añciona-- 

^vidaenque había cobrado renombrey salido de su 

D humilde, de termiDÓ salir á campaña sustentando '. 

I Rey, y puso su propósito por obra. Persiguióso- 

a se presentó armado; pero como él no peleaba, y 

^y además era muy práctico en )a tierca y estaba 

tdo por él ciego celo de quienes velan en él un de- 

^del trono y del altar, burló la persecución do que era 

kdo, sin embargo, «n el territorio teatro de sus 

^ hechos ú fechorías, hubo de desampararle hasta 

Ími& provincia de Sevilla, y aun entrarse en los tér- 

eCórdoba. IlRSolvióse perseguirle, y con este 

se yo una expedición DO poco teatral y pueril, 

Uto de aquellos días, de que yo participaba. Asi, 

ift'ilfi haber hecho é impreso una ueeia alocución á tos 

tB, pretendiendo convencer á los amigos de la causK 

a de que no debían favorecerle, mandó ponerse en * 
uiettlo casi toda la Milicia nacional local de la provin- 
i^pBraque como haciendo una batida, fuese fonnando un 
lo y e&U'echándole á juntarse en un punto céntrico en 




lo alio de la eordiUerm de Siem-Moreoa, vedna á la dudad 
de Córdoba, UsoajeándomB de que asi cogido el camino don- 
de andabaa los levantados, sería fiícil dar con ellos y acabar- 
los. Páseme yo al frente de aquella tropa, vestime el uni- 
forme de la milicia voluntaria de la capital de la provinóa, 
y trepando por la sierra lo hice á pié con un fneil al hom- 
bro en la canfcula, si bien con las últimas sombras de la- 
tarde y primeras de la noche, muy lleno de la idea de que 
con tales juegos y con cansarme infundía entusiasmo en los 
que me acompañaban y seguían. Dormimos al raso en !>• 
cnmbres de los montes, donde en la madrugada de aquel dim^ 
que fué el 22 ó 23 de Julio, no obstante estar en tal estación 
y clima, sentimos frío, á punto de vernos precisadoB á «n- 
ceoder hogueras. Parecíanme estas miserias y trabajos, ai^ 
tos de no poco meredmiento. Elebajaba con ellos la dignidad ' 
del cargo que ejercfa, y más aúo con mi carácter y modos^ ."j 
llanos y chanceros. Mi expedición, con todo, no me atrajo '- 
censuras. Alabanza tampoco me gaaé, habiendo sido io&ti^ ■ 
como era de presumir, el paso dado contra Saldivia, del ooat!^ 
cuentan que estuvo coa los suyos viéndonos, escondÍdi>«k^j 
Bi^pira guarida entre aquellas asperezas, aunque lo mis pMf - 
bable, y lo que yo creo, es que no se puso ni había llegado 4 'j 
ponerse por donde caminamos. ■Üi'^ 

Poco después de hecha esta campaña, y entrado Agoflfilí^ 
volvió el jefe politico propietario á Córdoba y á tomar piiéa V ] 
sion de su destino. Seguimos bien avenidos breve ttempi^i; 
hasta que sucesos de gran magnitud vinieron á trocar naat^ 
tra casi amistad en enemistad declarada. ■ .-J^.- 



i«S 






CAPITULO XIIÍ 



a (la Xlietioen ^teraROisa. que < 
— Aeilactores Htf Mladrid —Morí 
;d prohibir Iba ai-ensan en Ihh 
— Aotitud de loH maeooosy loa ct 



« luK&r á Hii daatitU': 
a T San lUarliu. da- 
ooleiIndoH pntrlóti- 
nuneroia al 8«ber 1« 



a la hora de la recoaciliacion de mí partido con el Mi- 
a á que daba nombre, lustre y poder Arguelles, había 
, eeguD queda coalado'tin estas Mehorias, encargado 
b de la capitaoia general de Aragón. Pasando á Zara- 
** goca, empezó á ejercer alli su cargo; pero entrometiéndose 
uD el gobierno político, costumbre de todos cuantos ojercian 
utaxidofl superiores militares en aquella época, y aun más 
ooeturabre suya que de otro alguno, pues se figuraba como 
encarnado en su persona el espíritu de la Constitución y de 
la libertad, y cifrada en sus predicaciones la 'seguridad de 
hacer laa nuevas leyes gratas á los españoles. Agregábaseá 
eeto que siendo dado á bullir, gustaba de conexionarse con 
loe extranjeros que venían á nuestra patria, con fama de pa- 
iriütaa en ia suya y con proyectos de establecer allí un go- 
bierDu análogo al nuestro novel, no sin suponerse con fuer- 
zu» bastantes á llevar sus empresas acabo. De la caída de 
lü8 constitucionales napolitanos y piamonteses habla resul- 
tado venir los más notables de ellos á España, donde encon- 
traron cariñoso acogimiento. Vinieron otros de meaos valer, 



130 
y .'iBímhriio aventureros de nnciones donde no había habido 

i:at!Ís(rnfH al^un.'i [lolítica, no faltando entre ellos franceses. 
Uno dií óstop, llamado Cugnt't de Monlarlot, fué á residn- en 
Zaragiiza. líra el tal hombre Oí^ado, hablador y jariancioao, 
y ditndo^e unas vfco^ por rejuililicano, y otras por póIo ai-a- 
lo¡'ailo lihoral. p>'i-i:i pii.-in¡T<' por liombrixle grande influencia 
01! su )>airi;i, jirointsrúi bat'f!- en ella niadanjias, dw donde 
vniidi-ia á ia Mspaña cuiisiittirional jíran prnvuobo. Hubo 
quien (?r>'\f'ifi ;i rii-nct de Montariot agiíiitt oculto dei Go- 
bifrno rranc'-s, si bien l-sIo tiene ¡a« trabas dti haber sido 
mi'ra fS iiifrindnila pospi^í-ha. Má« rierto es (¡ui! t-ra falto de 
n;si>r\a y d-' pi'itdi'ni'ia, y 'juc tal \í-£ creia su;; propias ilu- 
siones M.'nlridi's, df f¡ui> resultaba hablar y obrar como si 
SUR planes (■stuviií-i-n próximos á un complnto y feliz logro. 
\o f-ilñ avi?ri;iuado boy, y '|iii/ii no lo poiirá estaren tiempo 
;i.liiuno, hasta (¡ui'' iiunlo se eom]>ronu-tió líii'fro eon este 
aventuror'i francés; [lero es Ui cierlo qui- el Gobiorno de 
['"r-aneia se f|nej(i al de ICsjiafia de qui; el i'apitan frrueral de 
Arapon estaba en tratos c-on quienes i>i'Oeuraban ivvolver * 
el lístíido voi'ino. Kl Rey Temando diii oidos á la «lueja, y 
«s di! efeer q:ie eun mas í.'us(íi.ipor venir eoiilra Riego, ft 
rjnien mal podía mir^r sin Odio. Ileiormin''>, pues, el Go- 
bifirno separar al .ijentiral ile su destino; ])ero l'iiew por culpa 
suya ó por la dt; sus a^'entes. diti tra/as de neto de perfidia 
y di! easiiífo ¡i lo (¡m; si'ilo fia usn licito d« sus facultades. 
Había sido nombrado jefi' politiio de Zarafio/a e! brifjudier 
l>. I'raneisco Moreda, liotnbi-c, se/jun testimonios muy 
nnániíiies, de bastante mériro y señalado por su firmeza, 
relo-so i'on-Jlitin-inrnil en IKM, eiiando lo eran pocos milita- 
ees; perseíiiiido enfónces, ven la nueva época dado á sus- 
tentar un sistema de ónien y iimderacion. Vivía con RieffO 
en mediana aveneneia, no sii'ndii posible no tener con él 
aliiuiiris cboijues, jiiir,[ueel íieneral on todo se entrometía. 
Asi es que acababa esie último de salir de 'AnvagoTjx y anda- 
ba ])or loü vecinos pueblos predicando ú modo de misionero 
patrii'ilico, oficio que gustaba mucho de hacer, y hacía muy 
mal. y oirupaeion por ningún titulo progiia de quien süio te- 




nía el mando militai- en aí^uella pi-ovincia, cuando lle^íi ia 
orden esonerJndolü de su cargo y dándosele interiiianieute 
á Moreda. Fuese de quien fuetee la culpa, justo es dv-cir «jue 
no se proccdii'i bien en cuanto al modo de notifiívir á Kie^o 
la orden que le dciipojaba del mando ,y do Ueviitla ácf'jcto, 
pues se hizo como pi-oviendo de su parte resistencia y ti- 
i-ando ;i su rp re ador lo. Así sucedió '[Uf airen-ándosi- el gene- 
ral á Zai-ajíozu muy sattsl'echo de hallar pivdicado con Iruto 
V lucimiento, le salió en el camino, com» yéudole al en, 
ouentro, un oficial á inlímarle ijue entregase la capitanía 
general á BU sucesor, sin entrar niijuiera en la capital, donde 
hubiu estado mandumlo. Uijcroii los enemigos de Kie^o que 
atúoitü él y airado con tales nuevas, se aparent^í dispuesto 
á resistir al Gobierno, y aun á abrii-se paso á viva íuei-za 
hasta Zaragoza, donde- contaba con encontrar pai-ciales; pero 
que desistió de ku empeño viéndose con escasa esperanza 
de saüi' de él airosu. Nejíaban esto sus amigos, y no sin ra- 
zón se r|uejaban dv un proceder <[ur daba justo motivo á un 
' ímpetu de indignación, y que de este ímpetu sacaba otra ra- 
zón para acliacai-le un delito, cuando scpariindule de su des- 
tino de un modo ordinario, no habría habido nuirgan á fun- 
dada queja. Tal vtz hablaban hipócritanK-nte Ioh que asi se 
expresaban, siendo los niíis de ellus gente dispuesta á volver 
por Riego ti todo trance, como repi'cscntante de su inlei-és y 
pasiones. Lo cierto es que el general so ivtiro vencido y 
despojado di- la autoridinE, no sin humillación y aírenla. 

Antes y des I mes lie este suceso no paraban de bullir ©n 
Madi'id los malcontentos que donde quiera y en todos tiem- 
|íOS existen, hombres deseosos de medrar ó tal vez sidu de 
hawi-sedenlgunmudocélebi'eSjó para quieues.por efecto de 
ódiu ú por in<|UÍetud aconipañada de ignui'ancia, cualquiera 
ley es un yugo, y quienes quiera manden, tiranos aboii-oci- 
bles. Hablábase de cuando en cuando en la sociudad déla 
Fontana, siendo por lo común los pi-eil¡cadores hombres de 
inferior valer al de quienes un uño antes declamabaJí en 
aquellas mismas tribunas. Como era de suponer, allí sólo se 
decía ó se oía con gusto lo que era en vituperio de !o= mi- 



niatrós, ][ el auditorio ee mostraba sedicioso, aun biA 
voinpiese en 'motÍD, estando de continuo preparado é 
xar uno de más 6 menos mala especie; mina cargadi 

' la boca, aobre la cual menudeaban las chispas, siend< 
ral esperar que alguna de ellas produjese la explosic 
siempre estaba amenazando. El Gobierno buscaba y 
contrabapersonaBque,encargáDdosGdelos mandos n; 
poUtioo de Madrid, pusiesen freno al desurden reinan 
tan vaga la ley hecha en el año anterior f;obre sociedaí 
faiótícas, que se exponía mucho á ser castigado por 1 

■ infringido quien la interpretase de un modo favoral 
autoridad gubernativa. Al fin tropezóí^e con dos pe 
que tomaron á su cargo sujetar á los alborotadores al 
«1 coal no tanto era el de la ley, difícil de definir, cu: 
de la potestad del Gobierno, si tirana en cteito mot 
nos fatal que la violenta y ciega tiranía que suelen 
loa caudillos de Is plebe ó las cabezas de inotin, aun ( 
éstese componga de gente no del todo de humilde 
Loa personajes áqulenes me reñero eran el general D. 

. Morillo, recien vuelto de América, donde había gue 
-aooque no sin gloría militar, con infeliz fortuna, y ] 
Martínez de San Martin, médico en sus mocedades, i 
de guerrillas en la guerra de la Independencia, y bi- 
dé e^rcito «n la época de que voy hablando. 

El primero era un soldado grosero, de no muy aj 
claro entendimiento, de gran valor persona!, de no 
ambición, sin letras, no falto de honradez, aunque í 
eapaz de interpretar lo que erajusto según cunvenia 
aomentOB de su fama y fortuna, y cuyos modales to 
ásperos parecían pruebas de candor, franqueza y h> 
de bien, error común & todos los pueblos pensar as 
que en el caso de que ahora hablo, como en los máE 
clase, la tosquedad y aspereza se avenía bien con el • 
y cierto grado de artes. Morillo, subido de soldado de 
na á general por sus méritos, y hecho conde de Cart 
acostumbrado á mandar como miiiinr y ejercer el ma 
tierra enemiga, gustaba de allegarse á la gente de m 



vada Rsfera y de tlaise. á obcdccnr, consintiendo pocas ó 
ningunas contradicciones. Martínez do San Mai-tin, hombre 
niás ilustrado, blasonaba de firmo, y se aci-edifi do serlo, 
hasta que en época muy pnslürior vino á desmtmtii' su bieu 
adquirido concepto en una oc;tsion sisñalada. Ambos sujeta- 
roit «?n !ii capital do l-Ispaña á ios perturbadores del público 
sosiego; anjhos íib liiciiiroii odiosos á aí|ucllos cuyos dosma- 
les contenían y á todo-; cuantos particijiabim de las opinio- 
nes rí pasiones do los rr^vollosos, Kl (¡uhienio masónico los 
"iipsibaca^i cm favor: el comunero, llaco todavía en fuer- 
'*s. los ahoiTeciii, y acliacalja ;i su rival r|iio los patrociuB- 
''-^í f=3aI¡t'ndoic do Ion limlk-s de la verdad por pondirrar de- 
"^awiadü lo rjuf al;;ii tenia de ciertí;.. Del cuerpo donde resi- 
'"^ !a autond:id suprema de la sociedad mas'^nica, era 
"^>«'mhi-oiin r-apitan llamado T>. Pió Pita, y éste fué hecho 
•i't'iario de la capitanía ^.'oneral, fonnundocomo'un vincu- 



lo 



■^Tilro Morillo y la asociación si;creta, ó cuando ménot 



*^*^li\ndo la conducta de! primero en pro del interés de la ee- 
SUriilfi. Pii;i, ambicioso ya y no 1or[)e do ingenio, aunque 
'^li^,' corto Ifjdavia en saber, era entiinces pnco conocido, 
1**5 f O disfi'utiiba entrr sus hermanos de bastante concepto. 

Esto era el estado dt! los nopücios cuando ocunió ser so- 
I*"'-*";i(lo líieiio del niandn, con las circunstancias r|uo hit 
t*<^<íO he referido. DÍspus1''i su desjíraciaá la sociedad masrt- 
*"^i*.-.a, no muy adii'ta a! Ministerio, como lo había sido al de 
■^"^'^iielles en sus últimos dias, pero tampoco muy onsañada 
<íOrxtra él, y la cual, si aúnmii'ahacon favor á Uii?;.'0, cODOCÍa 
'*'-*í% locunis, Al r<>vcs la comunera, tomii la causa del «ene- 
^i^l por suya, sabiendo (|ue con proceder asi se ^naria la 
"^lOiia voluntad <[i: tan celebre personajn, y le empleai'ía co- 
^O instrumento. A la sazón las sociedades rivales habían 
"^adacual establecido nn periódico diario destinado á defen- 
der sus doctrinas, y más todavía su inteivs, el interés res- 
pectivo. Kl de los masones, intitulado El litpfriiidor, era 
pobrisima cosa, considerado su valor en la ciencia políti- 
ca A on la literaria, Hseribían en él San Miguel, á la sazón 
el mejor entre sus colegas, pero que trabajaba poco; Infante, 



no de mol talento, pero mu; de escaso áaber; un tal Gardi^ 
a^db y algo instruido, militar retírsdo/que halila sido eet^ '^ . i 
tudiante y luego soldado y eaigento antee qne oficial, y que 
entonces comenzó á elevarse, hombre mañoso y muy aténtO; 
& sa propio interés; un dómine pedabton de Aetúrias. llamar 
do Acevedo, que se firmaba el Momo asturiano, y sin dotes-, 
para ello aspiraba á ser chistoso, y algún otro de igual ó m- 
feríor valía; también hubo de agregarse á su redacción don,, 
PedroJosé Pidal, A la sazón muy jóvea. Con más habilidad . 
estaba escrito el diario comunero, cuyo título era El Eco de ^ 
■ Padilla, y en el cual escribieron, entre otros, mis ami^OB^ 
antiguos Mora y Jooama, asi como otra persona, tambiwi ■ , 
unida conmigo en amistad en mis primeros años, y de la ^ 
Academia de Bellas Letras de Cádiz, cuyo nombre era don'.-. ' 
Manuel María de Arrieta, empleado en la redacción de Ift 
Oaeeía por aquel tiempo. El Espectador corda con mte --. 
valimiento que El Eco de Padilla, gracias á las pasiones y . ' 
corta ciencia de los lectores, y también á que abogaba doo- . 
trinas más templadas, aunque no lo fuesen mucho. 

Uno y otro periódico volvieron por Riego, con vehemea- ■ , ' 
tía el comunero, el masón elogiándole en general y discal— ,• ' 
ptodole, pero sin dar completa ó explícita aprobación á au ,,í '.-■ 
.conducta. Las sodedades patrióticas de Madrid estaban su- \ 
jetas aguardar silencio. Como lo que podían hacer en favor ~J .' 
del maltratado general los periódicos no fuese mucho, y, .y.f^ 
como cuadrase poco con la impaciencia española y con la^ ^^í^ 
.costumbres de un pueblo mal acostumbrado á los medios U— ,X-i' 
(atos por los cuales triunfa á la larga una opinión en Io&. i ^^ 
pueblos donde hay libertad para declararlas todas, los pMV ../ ' 
dales de Riego, ó dicióndolo con más propiedad, los contraer , t^ . 
ños del Ministerio y de la parcialidad moderada, más ardo- ■*? »^' 
rosos é inquietos, determinaron sacar en procesión por las i,¿^' 
calles el retrato de su Ídolo, haciendo del culto que le daban ," -^ J 
una protesta contra sus perseguidores, que de desacato &m* ■■{.«' 
tra la autoridad tenia no poco. Habla sido costumbre en al^q- -.- ^ 
nos pueblos hacer funciones semejantes, ycomo en los-faÜi*;.. j^ 
tos de loa españoles predominaban los anügaoB, juntándoa;^: , -C 



18& 
I da UD modo ^traüo cod los nuevos, se paredan 1^ ta- 
í fiestas, con sabor de profajiaciones de las cosas santaB 
«n el remedo, ¿ las procesiones de misión, yendo la imagen 
de lUego, en voz de la del Señor, de su Madre 6 de los San- 
ia, Cantándose canciones patrióticas en lugar de los salmos 
Aliimnos, ó de las coplas denominadas saetas, y habiendo 
de Cuando en cuando trozos de sermón donde pasaban á ser 
i Ahonaciones patrióticas las que eran piadosas en las ver- 
' dadoras misiones. Tal espectáculo, ridículo en una población 
* de mediana nota, habría sido un escándalo en la capital de 
~ i monarquía, donde significaba mucho más que en otra 
be. Resuelto el Ministerio á estorbar que el paseo decre- 
I se verificase, y no menos determinados quienes le te- . 
oian proyectado ¿ llevarle á efet^to, alegando no ser contraria 
á las luyes semejante demostración, previóse que la fuerza 
dinmirín aquella competencia. Había entre los directores de 
la propuesta función hombrea perteuecienles á la una y á la 
otra sociedad, siendo de la masónica los que hacían cabeza. 
Pero el gobierno supremo de la sociedad dio su resolución 
uOntraria á que se hiciese la procesión cou el retrato, reao- 
lucioo que, como es fácil de suponer, comunicada á los tra- 
tadores de la fiesta, ya muy empeñados en llevar adelante 
su tema, no fué por ellos obedecida. Al revés, el gobierno 
comunero, ó nada dijo, ó determinó favorecer el intento de 
los alborotadores. Al fin, llegó la hora y salió por las calles 
el retrato, seguido de medianamente numerosa, pero en lo 
general nada decente, comparsa. Iba hacia la casa de la 
VUla, y por allí la estaba esperando el jefe político San Mar- 
tía para disolverla. Había formado en la calle de las Plate- 
rtfts, contiguo á las casas consistoriales, un batallón de la 
Milicia nacional, mandado por D. Pedro Surrá y BuU, cata- 
lán, dueBo de una pobre tienda en la calle del Burro, escaso 
tn instmccion y no de muy claro ni grande talento, pero no 
Oilto de agudeza ni de travesura, que ayudando sus grandes 
deseos de elevarse, le habían ya levantado hasta darle el 
mando de un Cuerpo de la fuerza cívica, puesto para sdqui- 
r el cual ke há menester influencia, y puesto que sirvió al 



V .i 

1 



186 

stijeto de quien voy hablando de escalón para su eleys 
posterior, la cual, en lo escandalosa y singular, merece 
aun entre los grandes escándalos y singularidades de 
presente; Acercábase la comitiva voceando, y salióndc 
. encuentro Martinez de San Martin, hubo de intimarle 
se retirase y dispersase, á lo que siguió desobederse la 
madon; manda el jefe político á los milicianos despej 
terreno que tenían á su frente; repetir Surrá la orden 
batallón, embestir éste caladas las bayonetas, pero sii 
tendón de teñir las puntas en sangre, á no hacerlo a 
lutamente necesario la resistencia de los alborotadores; 
los de la procesión al primer amago de ser acometió 
caer en el suelo el retrato que, repogido por los venced 
-en el campo de la no sangrienta lid, desamparado poi 
vencidos, fué llevado al Ayuntamiento, como dando algí 
muestras de respeto á la persona de quien era imagen. 
ocurrencia fué denominada como por mofa la batalla d( 
PUUeriaa, nombre puesto por la parcialidad vencedo 
aceptado por una gran parte de la vencida, que ms^l p 
considerar cosa seria semejante alboroto, donde no 1 
una sola persona lastimada. Pero las consecuencias de 
ce tan ridículo no fueron muy de burlas. El G?ttbierno 
de castigar á los sospechados de haber promovido ó ira 
de patrocinar aquel acto sedicioso, y con más razón a 
de ellos que eran militares; y como se tuviese por c 
que el regimiento de caballería de Sagunto, dominado 
los comuneros, había estado pronto á salir á la defens 
los alborotadores, procedióse contra el coronel del mi 
cuerpo, alistado en la hueste de la masonería, y contri 
rios de los oficiales. Con mezcla de hipocresía y desc 
muchos de la parcialidad exaltada pintaron el suceso c 
rido con el retrato de Riego como repetición, aunque n< 
sangrienta, de la tragedia del 2 de Mayo, y al Minia 
vencedor no menos tirano que lo había sido Murat en é 
de su victoria, por lo cual llamaban á sus amigos de las 
vincias á venir á dar auxilio á los derrotados y opresos 
drileños, asi como habían hecho en 1808 acudiendo ^ li 






187 



i- 



tarlos dííl yugo de los conquisladoitís franceses. Por gran- 
de? que fuesen estos desvarios, no lo parecieron tanto, íSfué 
tan igual la mala fe con que fueron recibí clos á la con que 
se propalaban, que buho respuesta en alguna provincia al 
llamamiento que á todas se híicía, si bien tanto se asemejó 
al levantamif^nto nacional de ISMS el ridículo v criminal co- 
aato de rebelión de que voy ú hablar, cuanto semejantes 
eran entre sí las causas que al uno y al otro habían dado 
motivo. 

En aquellos mismos dias había sido nombrado nuevo 
ministro de la Our-rra, dejando osttí cargo el general 1). To- 
ncas Moreno y Daoiz, que le (liísem[»eí¡iiba. Vov disposición 
particular de S. M., y sin consultar con sus ministros, fué 
^ado tan imj)ortante destino á un general viejo de artillería, 
tan f'onocido por \o coi'io de sus luces y poi' sus rarezas, 
que era costumbre contar de el mil patrañas como pruebas 
oe su estu])idez; y si bien este buen señor, por ser notoria- 
mente desafecto á la (>»nsi¡tucion, podía ser grato á Fer- 
nando, todavía con /SU ¡ncaj.acidad y descn'ídito era impropio 
P^nt convertir en realidades sus intencione^, de suerte que 
niaf5 parecií'» burla ])esada que aeto temible su nombnimien- 
to. Revocóse éste é hízuse otro en el general I). Estanislao 
Sánchez Salvador, [)ersñnaje de mérito incontestable y que 
i^bía sido constitucional celoso en 1814, pero el cual, es- 
tando en Arcos de la Fi'ontcíra empleado en el ejército cuan- 
do en 1." de Enero de ÍS*2() fué sorprendiflo el cuartel gene- 
^ por Riego, fiel á su obligación de militar, más que dado 
* irse con sus inclinaciones, había j>refer¡d<) llevar una pri- 
*^^nde más de dos meses !i abrazar la causa de los subleva- 
^^^ constitucionales; conducta diíína de alabanza v de ser 
estimada por sus mismos contrarios, y conducta equivalen- 
^¿ Una seguridad de rjue no sería traidor á la causa de la 
'^í'Qstitucion cuando ya estaba obligado á sustentarla, pero 
conducta que en el desalumbramiento y las pasiones de 
^í^ellos dias le hacía odioso y sospechoso, y por la cual le 
^''^ba con ojeriza Riego, á cuyos ojos no haber seguido su 
"í^ndera en los dias de peligros y gloria, era delito indigno 



de Bar perdonado. Malamente se achacaba á aborreciii^ 
. y deseo de venganza en Sánchez Salvador la persecaí 
qoe Riego padecía. Con peor y más descabellado preti 
fúieron atribuidos á dañadas intenciones otros nombram 
tos iiechoB por el mismo ministro y sus colegas, asi com 
acto de separar de altos destinos á ciertos personajes 
los desempeñaban. Para mandar en Cádiz y su provi 
iiabia sido nombrado el anciano D. Francisco Javier V> 
gas, teniente general antiguo, señalado en la guerra d 
Indepeadencia, ex-virey de Méjico, que gobernaba á C 
cabalmente en Enero de 1810, cuando se pusieron deL 
de aquella ciudad los franceses y á quien tocó contñbt 
la fonnacion de la junta gaditana, presidirla y ñrmar la 
mosa respuesta por el mismo cuerpo dada á la intimai 
de entregar la ciudad que hicieron los franceses; bon 
cortóa, afable, conciliador, de medianas luces, do bast 
instrucción, cOn algo de literato y poeta, de opiniones f 
ticas no declaradas en los puntos en que estaban entói 
divididas las opiniones de los españoles, pero por sus i 
ciooes privadas muy conexionado con liberales de doI 
c|ue sobre todo esto tenfa el pecado de haber estado man< 
do en Galicia como capitán general al ser allí reetable 
la Constitución en Febrero de 1820 por un levantamie 
y de haber resistido como debia á. los quu intentaron } 
graron la sublevación, quedando vencido. Al mismo tie: 
que fué destinado Venegas al mando de Cádiz y su pro 
08^ fueron despojados de la capitanía general de Andal 
ydel gobierno político de Sevilla e^ general D. Manuc 
VdAsco, encalado del primero, y D. Ramón Escob- 
que lo estaba del segundo. Harto he dicho ya en esta ob 
¡de Velasco, uno de los desterrados de Madrid en Setien 
de 1820, en quien era fortuna, habiendo estado con Fe 
sitiándonos y combatiéndonos á los constitucionales en 
rados en San Femando, pasar por uno de los más aei 
inos campeones de la Constitución, hombre por otra p 
de pocas lucra y no más saber, valiente, honrado y dar 
no del todo d^ partido en que estaba alistado. Apánasp- 



í* 1 -"■!■•■'':■ — 



189 
decirse eu qué fundamentos estribaba el Hito concepto do 
<)ue disfrutaba E^^cobedo entre los liberales más ardorosos. 
En el restablecimiento de la Oonslitiioion no habia tenido 
la menor parte. Tira masón, pero según creo, do fej.;ha no 
muy antigua. Llevaba algunos añivs de intend'mte cuando 
eniaiOíuvr> la comiíiiori de hacer una visita nn la aduana 
de Cádiz, donde tanlo había que unniendaí'. Afirmábase de 
ól i)ue habia de^onipeñado est*; encarpo honradamente. Sus 
letras eran ¡loquísimas, s;u lalentu no de los mayores, y la 
rwon (Ifi üu encninbraniicnto cunsi-itia en cierta muña eon 
que se daba á valer ic. tul forma, que un la sociedad masó- 
nica sifj'uio sicmld uno de los persunaji's más importanU^s, á 
pesar del disgusto ron que muchos le miraban, chotiundo 
liasiasu cara morena, larga y eetrína, su asiiccto entre frió 
y coin[jungido, sus modos con que aconsejaba suavemente 
1* violencia, y su hábito de hacer y decii- las cosas rodeoda- 
"lenle, sin que por esto sea mi intento culparle de perfidia, 
siendo de aquellos hombres aficionados á ser arteros por e! 
gusto (le serln, y no de los perversos que emplean sus artes 
Mira inicuos fin.'s. 

Sabidos en Cádiz y Sevilla lo ocurrido con Uiego en 
Aragón, el estado délos negocios en Madcid, la separación 
íeVelascoy li^cobedo. aún no llevada á efecto cumplido 
!">'■ no baber llegado á tomar loí; niando=i su-; sui'esorcs, de- 
'^rminóstí ponerse en rebelión contra e! tiobierno hasta lo- 
Parlacaida de los ministros. Ademáí?, se iba nccn:ando el 
"'íidelas elecciones para las próximas Cortes, pues en Oc- 
'"líre se nombraban Idí; primeros electoi-es y ya se estaba 
® fisto mes, y aun si mal no me acuerdo se había hecho la 
*"«;inn primera, y lo¡í exultados, para franar la de Noviem- 
•"^j dondesalian mimbrados k.seuesriir-es .|u partido, y sobre 
'"do las de Diciembre, de las cuales er;in producto inmedia- 
^'Os diputados, estimaban oportuno y quim indispensable 
"titír supeditados á los moderados, lo cual se conseguía fa- 
'^'tnente en tiempos revueltos. 

Eran muy diferentes las circunstancias de Sevilla de las 
"*6 Cádiz. En la primera los constitucionales eran poqiiisi- 



190 
mos y casi todos ellos de la parcialidad entallada, pues la 
mayor parte de la plebe, gran número de los personajes de 
¡a nobleza y no poca porción de las ge[itcs,áun en !o gi'aua- 
do del estado Huno, so adherían á la causa llamada del altar 
y del trono, siendo sustentada lo opuesta por uikjs pocos 
señores de lo principal de la ciudad, por couiiTciantes y 
tenderos, por oficiales retirados y por ociosos sin profesión 
alguna, por la tropa de la guarnición y pur la gente propia 
para alborotar con cualquier pretexto y para cualesquiera 
fines. Asi, con chiste y á la par con i^xactitud, se dijo r|ue 
los alborotos que siguieron habían sido foiucutados y co- 
menzados por el pueblo sevillanOj/'"7!('o en elca/v df¿ Tiirco, 
dando á entender que se llamaba pueblo el corto niuncro de 
gente que cabla en ese jtequcño espacio. Ya se entiende que 
entre quienes tratan íus negocios politicus en los cafés, los de 
doctrinas niodcradiis no predominan y ni siquiera abundan. 

No sucedía asi en Cádiz. Alli la población era constitu- 
cional, pudiendü contarse, y en crecido número, los de la 
opinión contraria. Por eso mismo los de una misma reli- 
gión general estaban divididos en sectas que se aborrecian 
una á otra, lira, con todo, esciiso el gremio de los de la par- 
cialidad moderada, componiéndola unos pocos comerciantes 
ricos. Pero aun de esta clase, muchos de los mi'is acomoda- 
dosmilit;iban en las filas opuestas, teniendo consigo á casi 
todos los de las clases media é ínfima. Allegábase li esto ha- 
ber alli más tropa que en otros pueblos, la cual, con unas 
excepciones en la oliciaUdad, había abrazado la causa de las 
doetnnas más violentas. 

Las sociedades secretas ejercían desmedido inñujo. Pero 
en Cádiz el de la comunera era cortísimo, contando pocos 
secuaces. Algunos más tenia en Sevilla, pero no del mayor 
vahmiento. Masones eran los personajes cuya remocíoa 
causaba tanto dolor y enojo aparentes, y masones eran los 
que atizaban el fuego déla sedición en ambas ciudades, siea- 
do á la sazón poco obedientes al gobierno de su sociedad re- 
sidente en Madrid y dado á contemporizar, aunque no ente- 
ramente á sustentar la causa del orden. 



El centro de doade salta la direccioD d« los negocios era 
C&diz,'era la casa de Istúriz, ya unido conmigo eaamiatád 
. butaote estrecha. Estepersoaaje, sin haber tenido gran par- 
te en bl levantamiento, aunque al en los trabajos del que fué 
sofocado en Julio de 1819 y en la persecución que de él re- 
sultó, después de haber estado separado un tanto de la poli- 
tica, mientras se entregaba á la aguda pena causada eS su 
ánimo por la muerte de su hermano D. Tomás, £L quieu ama- 
ba con extremada ternura, habia vuelto á atender a tos ne- 
gónos, y sustentaba las doctrinas y el interés de la revolu- 
ektii en sus extremos. Sin embargo, siendo honrado y puro, 
y también do poco aristócrata en su clase, tenia que hacer 
ponto no bien viese que iba cobrando ascendiente la gente 
óo^romptda y soez. Pero esto no lo veía aún cercano, y aspi- 
raba á usar de cualquiera clase de hombres como instru- 
diaiitos. 

El'Soberano Capitulo de la provinciu gaditana estaba go- 
' Mmado por Istúriz y sus amigos. Protegían éstos al igno- 
rante y desvergonzado Clara-Rosa, cuyos malos escritos tft- 
nian embelesado al vulgo, no poco numeroso tratándose de 
, materias políticas, ó siquiera de corrección en el estilo y la 
I. También estaba Istúriz á la par patrocinando á D. Fé- 
'lis José Reinoso, literato y escritor da mérito eminente, al 
■1, por influjo de su patrono, tenia colocado en un buen 
D la dipuUcion provincial de Cádiz, pero de un modo 
. velrgonz&nte, como si no se atreviese á dar un destino públi- 
jtIIO á hombre tan aventajado. Reinoso, así como por su talen- 
rtc^y ciencia, distaba de Clara-Rosa, estaba apartado de él por 
B doctrinas políticas, que eran hasta contrarias á la Cons- 
■■ titucion; pero siendo por su condición hombre de poca en- 
Ll^eza, y estando por su situación menesterosa obligado á 
r por cosas duras, hasta hubo de ser empleado en juBti- 
flcar con la pluma excesos que en su razón condenaba y por 
t'eus inclinaciones y pasiones miraba coa horror é indig- 
^Bcion. 



CAPITULO XIV 



t Sa ántor recibe aviso del proypcto de rebelión de Cfidiz, le 
dwott piTu eí>u r trata do ditiuiidií- á nuH notores. — £)Í(>^uetoa , 
eQBto le «carrea.— Pi-irnürJunani Fea t ación i-ehelde da 
, S«villa ir Cadi7..— Imiiresioii riue produce en los ¿nimos 
B loade direrentoe purcinlidadetj yenel del .tutor. — An- 
f titud Que ndopla. — Elnpíi-itu ile lan ruorv-as mi litaren Qua 
i^fcablaenCórdolía.— Sucesos y conducta del aulor enaciae- 
I Uoa tli&ft. — AcHlud de la imprenta ínadrileii o y de las »0- 
•» de loB moderados— Con- 
r ve A liegato á sa pa»o por 



Yendo á empezar la tentativa de rebelión, los rjue ee pre- 
laná hacerla buscaron auxilios. Por la sociedad secreta 
por otro medio, era uso llevar adelante tal cUise de 
cios, y asi el Soberano Capítulo de Cádiz fué la csibeza 
K conjuración nueva, y vino á ser el verdadero gobierna 
■08 dominaron ios conjurados. No sé si como subditos 
1 aviso los masones gaditanos ú. su gobierno do lo que 
I trazado, pero desconfiaban de-él, y asi tiubieron de 
m cautela al enterarle de pasos r|ue mal podían 
u aprobación. No sucedió asi con el Soberano Ca- 
> de Córdoba ni conmigo, presidente, pues recibioiOB 
ade oficio y privado de lo que en Cádiz s% preparaba. 
lotéme yo preriendo cuáa funestas resultas iba á tener 
í rebelión no justificada por motivo alguno, ni aun capsz- 
r doi^a con un pretexto algo especioso. Conocia yo 
1^0 ¿Venegas, lejano pariente mió, y que como'á pariente 
l^'Uabia tratado ea Cádiz en 1809 y 1810, y cooociéndole 



194 
sus buenas y malns cualidades, teníale por incapaz do hacer 
lo ([ué de 61 supusieron, bien que creyéndolo poquísimos, sí 
acaso algunos do los que hicieron la suposición cu su ori- 
í;en, á saber: alzarle con Cádiz para restablecer allí el go- 
bierno del líey absoluto ó una (,'onstitucion más monárqui- 
caquo Innxisti-nte. AiIcmáK, crcia rjiii; d temor aparenteá 
Venegas iba á servir para hechos de que nada provechoso 
podía seguirse y mucho malo podía temersf. Asi, escribí á 
Cádiz, y parlii.-ulaniientcal mismo Istúi'iz, rogándole con 
vivo empeño que desistiesen allí de la en mi sentir descabe- 
llada y fatal empresa en que ¡han á melerso. A"i di aviso á. 
Madrid al fiobierno supremo oculto de la sociudad de lo que 
en Cádiz í-e pensaba, á fin deque diese pasos para estor- 
barlo, pasos que foi'zosamenle habían de ser fraternales y 
de persuasión, no habiendo uti-os que dar, aun euando hu- 
biese habido tlif^posicion para darlos demás riiror y eficacia. 
Inútil es decir que al Gobierno Ifgítimo y público nada par- 
ticipó, no übstanic ser empleado. Sin embarco, ivcibí de 
Cádiz amargas quejas por mi conduela, no nK-reewlora, por 
eieclo, de vitupi'rio. Bien es v.^nUtd que los de Madrid, con- 
viniendo con mis opiniones, intentaron deii'ner de su pro- 
pósito á los gaditanos, sin lo^rarolrn cosa que e\acerbarÓ 
envenenar sus [msinnes y ofender su subtrbia. I.ieí-'ai-on los 
trazadores de la ri-belion á ¡lunto de afirmar que los habfa_ 
yo delatado, como si avisai' al mismo gobi-Tno masónico 
para qui; Uis i-ontuviese, cuandu eti mi entender iban á 
obrar tn ¡n-ijuicio di-1 jiúbli.-u y aun tni el suyo propio, fuese 
una delación qiiii siijiít:i :i (."islir-'o á aiiucllos de quienes se 
hace. Istúriz me rsciibi^i una c;:rla di'sabi'ida y dura, donde 
sabiendo cuánto anbiflaba yo ser i!¡[iulado. me dab.a á en- 
tender que no debían serlo los empleados, porque preferían 
su destino d otras eonsidvi-aeiones; larü carino para hecho a 
á mi que en l><]li había -^acrifieado mi empleo al éxito de una 
revolución tan dudosa, que e! mismo Islúriz se burló de mi 
porque creyese posible que fuese favorable, y que en 1880 
habla renunciado otro puesto superior, sin tener en mi con- 
ducta imitadores. Sentime mucho de la injusticia conmigo 




I usada, pero me disculpé, en vez do expresar con dignidad mi 

* queja, tanta ora mi ansia de eer diputado, y no para aer mi- 
niatro ni para metjorai' de empleo, sino 'para satisfacción de 

' mi vanidad, más codiciosa de tal distinción que de otra algu- 

~ ns. Aplacóse íalüriz, y con ól otros, si bien es cierto que los 

- servicios que yo les prestó fueron parte á realzar mi concepto 

: ■ éntrelos revolucionarios por algunos dias, asi como para 

acarrearme sinsabores y perjuicios. 
:■, . En efecto, rompió la rebelión premeditada. Empezó ha- 
, ñéndosa representaciones en la ciudad de Sevilla y provin- 
( ■ áa de Cádiz contra el nombramiento de Venegas y la remo- 
f (ion de Velasco y Escobedo. Siguióse declararse resueltos ¿ 
i ■ reastir á ([ue así el general en primer lugar nombrado como 
-' ' iOB sucesores de los dos últimos, tomasen posesión de sus 
r ' destinos, ó aun eutrasen en las provincias á donde venían á 
t' . qercerel mando. Al mismo tiempo, llevando adelante el 

• '' ' empeño, proclamóse que no se reconocería más la autori- ' 
í . dad cijercida por los que eran ministros, representando con- 
V. tra ellos y pidiendo su caida á las Curtes, juntas á la sazón ■ 
? en legislatura extraordinaria. Todo ello era un tejido de dis- 
y^- lattt y desafueros, pero hacia su efecto, del cual resultaba & 
F'. pocos un escaso provecho, y á muchos y al Estado y á !a 
k' causa de la Constitución, no leve daño. 

\ Los partidos en que estaba dividida España, al saber ta- 

j"-. les nuevas, se sintieron vivamente conmovidos, pero empe- 
D^ ^2¡¿ ií mostrarse gran disconformidad en las opiniones, y 
t»-' mezcla y batalla de recios y encontrados afectos en los que 
^ ' íiuatentaban una misma causa y volvían por el interés con 
¡,*.iüUa ligado. 

& '. El Rey aparentó llenarse de ira al ver su autoridad cons- 
L^'Üitacional desobedecida y desacatada, y sintió rea! y verda- 
rt ■■'ñeramente e! enojo, pero ala par hubo de sentir satisfacción, 
-^^Baxwando que la acción de los rebelados andaluces le dabp 
C'-pTi pretexto para obrar contra unas leyes incapaces de 
*_^fjjrn — '" el goce de las prerrogativas que en el combre íe 
fjioaBCirvaban, y en los enemigos de la Constitución aumenta- 
ftittt'y eti los indiferentes y hasta en los amigos tibios de la 




miflina lev creft1>a desvío á UQ sistema de gobiarao bajo el 
cual no había quietud, al paso que Cod dividir eatre bí & loa 
constitucionales les menguaba lasfuerzas, apenas bastantes, 
aun estando enteras, á hacer frente á las que se le iban ¿ 
oponer de dentro y fuera de España. Del mismo modo pen- 
saban y> movidos por iguales afectos procedían los parciales 
del Gobierno antiguo, que arteramente en esta ocasión se 
daban por constitucioníiles, y en nombre de la Constitución 
y para suste^ntar la dignidad y autoridad del trono en ella 
cimentado, alzaban la voz y si podían el brazo contra los 
liberales sus contrarios más temibles y temidos. De los li- 
berales, unos con mejor pulso sobre la índole de lo que 
pasaba y debía venir, que sagacidad en punto á discurrir lo 
más conveniente de hacer en tales apuros, vituperaban con 
justa razón á los alborotadores de (^ádiz y Sevilla y demos- 
traban con poco trabajo ser su rebelión un delito, y aun tam- 
' bien un yerro, y no con tanto acierto se daban á sujetarlos, 
porque venciéndolos con la para triunfar indispensable es- 
pada del Rey y de sus p.irciales, de éstos sería todo el frato 
déla victoria. Por consideraciones semejantes, cuya falta 
principal consistía en ser hijas de una política ridicula y ar- 
tera, que mal podía declararse sin rebozo, otros muchos li- 
berales daban cuanto auxilio podían á los gaditanos y sevi- 
llanos, aunque en su interior afeaban y lamentaban su reb^~ 
Uon criminal y loca. En este último número estaba yo, y lo 
que yo hacía el gobierno supremo masónico, pesaroso ds 
ver á nuestros hermanos en fe y socios en interés, en situa- 
ción donde eran graves su culpa y su peligro, pero resuelto» 
á no conjsentir que quedasen vencidos y sujetos. Si en m( M 
agregaban á estas razones, en las cuales más dominaba ti 
deseo de lo conveniente que el de lo justo, otros afectos pñ- '- 
vados de amistad á los mismos cuya conducta desaproblAs, 
y de deseo do no separarme de ellos por no perderme y 4ub 
por no dejar de conseguir la entrada en las Cortes, cosa «i 
que mal puedo afirmar ó negar consultando mi coDcienói^ 
pero aventuraré á decir que algo había en mf de estos inte- 
resados motivos, y no lo bastante para que ellos solos m« . 



guj»seii, engañándome á mi mismo con creerme llevado súlo 
por razones de! bien público en una situación y conducta en 
que obraba. con pena viva. 

Siu tíiabai'go, mi pvocaáur, ya iuclinadú á tioad^uvar at 
tñusfo de la sublevación ultraliberal, ó cuando menos á es- 
toAsr la victoria de quienes intentaban sujetarla, fué re- 
suelto; y tal, quB me daba apariencias de pensar y desear lo 
que !09 más violentos entre los sublevados. Ha solido suce- 
derme, como sucede á otros, ser más violento cuando creía 
menos en la justicia de mi causa, y cuando por ser esto no- 
torio, desconfiaban de mi los que conmigo procedían acordes, 
como si quisiese con los ímpetus de mi pasión imposibilitar 
que la voz de la razón sonase en mi cabeza, ó como si as- 
pirase á dará mis cómplices pruebas de que ayudándolos 
forzado, no por eso dejaba de auxiliarlos con furioso celo. 
Pero no era mucho lo que podía hacer en Córdoba, si bien 
la BÍtuacion geográfica y política de la provincia daba impor- 
tancia a lo poco que se hiciese. 

Son los cordobeses do suyo paciíicos, aunque en algunas 
^ocas hayan parecido lo contrario de resultas de su misma 
.<■ docilidad, que ha consentido á cuatro alborotadores osa- 
I, do* llevar la voz del pueblo entero, haciéndole aparecer ex- 
iTMUado en opiniones y aun en demasías, ya sustentando la 
cansa de la monarquía absoluta en 1823 y 1834, ya la con- 
traria en 1835 y 1836, con más verdad en el primer caso que 
el segundo, pero ni en uno ni en otro con verdad entera. 
Lb provincia está al paso entre las de Sevilla y Cádiz, en 
■■>*, I<n momentos de que hablo separadas de la obediencia al 
i- ■ - Cktbieroo, y el centro y la capital de España, obedientes y 
lisos -entonces; y como por la ciudad de Córdoba atra- 
¿^^Triesa el camino real de Madrid á Cádiz, ella y sus cercanías 
in el tránsito, así de las tropas si llegaba á haber hostili- 
Im, como de la correspondencia y de los viajeros que 
■ '/Uaraban encargos políticos relativos á los disturbios exie- 
'";toptps. 

Algunas, si bien no muchas tropas, ocupaban la ciudad 
^b^tol, y apenas las había en lo demás de la provincia. En 




aquélla astaban el regimiento de infantería que iteraba el . 
nombre del infante D. Antonio y la real brigada de Cua- 
binerOB, cuerpo de caballería lucido yfamoso desde medi^ 
dos del siglo decimoctavo. Del primero casi'di&ponfamos,^ 
hahiendo en él su correspondiente logia masónica y torre de 
comuneros; pero sólo podíamos en nuestra situación imp&> 
dirle que fuese verdadero contrario de nuestros amigos. La 
brigada de Carabineros nos daba cuidado, y aun á tos cons- 
titucionales moderado? le habia estado dando, y no poco. El^^ 
tal cuerpo, en los sucesos de Enero de 1820, habia sarvido-^H 
contra los constitucionales, á la sazón levantados en SaiL^^E 
Fernando, distinguiéndose por su arrebatado celo. Jurada ll^^s 
Constitución por elRey, resignóse á la suerte común á lo^s^ 
amantes de la monarquía, pero no sin dar muestras del m- ^ 
concentrado odio que profesaba á las leyes y á los hombres^ .« 
dominantes. Gomo era común en los otros regimientos d^_J 
caballería mirar con envidia y aversión á aquel cuerpo prii^E'' 
vitegiado, en este tiempo se desataban contra él, siendo porcia 
lo común eotünces los soldados constitucionales celoso^^K • 
Hasta una puerilidad servia de* enojar más á los cnrabineroi^^ « 
Siguiéndose la ridicula costumbre, aún hoy no desterraduLBi- 
de cambiar en el lítulo de nacional el do reiü que llevahar ^f^ 
muchos establecimientos y no pocas instituciones en Espi^s^ 
ña, hubo entre la gente vulgar quien creyese que el b^^^ 
gundo dictado debia aboUrse del todo, y así, á los carabio^^^^ 
ros, no obstante ser tropa de casa real, quisieron apelUda^^c^ 
los carabineros nacionules, lo cual recíbian ellos como v^^C- 
inBulto. Además, la brigada habia estado mandada por ^ 
general Freiré, á la sazón puesto en juicio por su conduc^^ = 
en las ocurieiicias de Cádiz del 10 de Marzo, y que estatn^* 

muy querido de la tropa, por ser, no sólo valiente, sÍDO r ' 

alta estatura y gallarda y marcial presencia, que se aveoz^ 
bien con la de aquellos soldados corpulentos y lucidos, mo^^^* 
tados en hermosos caballos. Los carabineros, estando en — ■■ ■ 
provincia de Sevilla, donde tenían de continuo su residaaci^^^ 
habían tenido reyertas con los del regimiento de caballer 
de Farnesio, hasta venir á las manos unos con otros, i 



199 
osto en el mes de Mayo de 1821 habían recibido drdon de 
pasar á Córdoba, dOQde llegaron poseídos de descontento. 
Cabalmente entdnees et^taba recien llegado á mandarlos don 
Santiago Wall, después conde Arraildes de Toledo; oficial 

• bizarro, iníeligente y dn lai'gos seiAJcios, y buen constitu- 
-aOBsl, aunque déla parcialidad maderada; pero por desgra- 
cia de muy pequeña estatura y no bien parecido, con lo cua) 
é. los ojos de aquellos liombres membrudos, groseros é ig- 
norantes puestos á sus órdenes, sobre ser aborrecible por 
SUS opinioneSj se hizo ridiculo por su presencia, corriendo 
contra él en la soldadesca cuentos que le eran muy desfavo- 
rables. Lo cierto es que irritado Wall del mal espíritu de SU 
gente, un dia, juntándolos, les dijo: «que si de ellos alguno 
_ estaba descontento con la forma de gobierno existente, DO 

' tenía más que pedir su licencia, y para ello podía salir tres 
paaoaadelaote,» cosa que creyó que ninguno so atrevería 6, 
hacer, y que hizo al momento la brigada entera, echándose 
adelante de tal modo, que parecía sedición la obediencia. 
Habo Wall de disimular reprimiéndose, y de procurar ga- 
nar tiempo, ayudándole un corto número de oficiales de la 
opinión constitucional, porque la otra parte mayor de la 
oficialidad convenía en su modo de pensar y sentir con los 
soldados. Este elemento tenía en Córdoba el Gobierno para 
_pesÍBtiP á los de Cádiz y Sevilla; pero era de aquellos que 
cuando ayudan causan temor cuando menos igual al bien 
■ que de su auxilio se recibe. 

El jefe político de Córdoba, hombre,, como he dicbo, no 
rudo ni ignorante, pero do ingenio poco sutil y condición 
Dada'llexible. así como violento y soberbio, teniendo de bu, 
parte la razón y la justicia, se preparó á i-esistir la subleva- 
ción triunfante en las provincias cercanas. Pero sucedió lo 

■ que debía preverse. Un cortísimo número de liberales se 
prestó á cooperar á sus inlenlos, y los demás, con ol ine- 
xtinto que enseña que en casos arduos y peligrosos conviene 
atender al interés de un partido más que á sus doctrinas, 
Aun por bien de estas últimas, se allegaba ala parcialidad de 

..loa-sublevados. Duba golpe la Curia con que aclamábanlos 



carabineroB la misma Constitución á que antes se resistían 
á dar un viva, y el empeño (¡ue mostraban en volver por 
ella contra los revolucionarios, sus infractores; espectáculo 
Heno de signifícacion, pues ponía puteóte cuáles serian las 
CoaeocaBacioE del trjuufo ile semeJaiitQ tropa sobro biís oaa-' , 

migOB, al cabo parciales de las leyes que estaban bollando, 
en su levantamiento. En ello se veía como en miniatura oí 
cuadro que ú. la vista presentaba España, donde todo el par-' 
tido anticonstitucional, cou el Rey por cabeza, ansiaba la. 
victoria de la Constitución, acompafiada del exierminio ó é 
lo menos del vencimiento de quienes, si no sabían ser bus 
amigos, eran á lo menos enemigos de la monarquía an- 
tigua. 

El Soberano CapilaJo de Córdoba, conmigo al frente, tra- 
tó de poner aquella ciudad y provincia en unión con las vfr- 
einas separadas de la obediencia al Gobierno, Pero pronto 
vimos que era en balde intentarlo, faltándonos medios con 
que contrarrestar á 'os carabineros reales. Asi, hubimos de. 
contentarnos con servir de auxiliares ocultos á nueslroa- 
amigos. El jefe político, masón también, pero á quien no 86 
había dado parte en el gobierno de la sociedad en su pro- 
vincia, sabia que trabajábamos, y no ignoraba con qué óbñ 
jeto; pero ni podía ni quería proceder conti-a nosotros, lo 
cual equivaldría á hacerlo contra la masón eria española. 

Poco poder tenia en Córdoba la impretita, pero de él dis- 
poníamos; y en el pobre periódico que se publicaba, yo in- 
tendente, con menosprecio do mi obligación, escribía contra 
loe ministros. Ilizose una representación á S. M. pidiendo 
que los separase de su lado, y en ella puse mi ñrma revuel- 
ta con otras muchas, como de mero particular, y no en lu- 
gar preferente. Siendo yo tan pueril en algunas cosas como 
lo eran casi todos en aquellos dias de revueltas con cancio- 
nes y disfraces, me había alistado en la Milicia nacional vo^ 
luntaria de Córdoba. No obstante ser intendente, cometí -la ' 
ridicula falta de ir de guardia al teatro en una noche en que 
se presumía que hubiese allí algún alboroto. Húbole, en 
efecto, pidiendo los concurrentes que se cantase el himno 




de Riego, reBÍEtiéndose ¿ ello, pero no resueltamente, el jefe 
.'j^lriitico que presidia, diciendo éste, como para intimidar, que 
AMtaaba Baber quién era el que mostraba deseos de oir aque- 
" ÜA canción, é invitándole á que viniese d hacerle en persona 
ila solicitud, correspond ion dolé á esta seria amenaza levan- 
tarse nn crecido número de personas, entre las queabunda- 
' bao los oficiales vestidos do paisano, gritando: ¡Todos lo pe-' 
dimos! ^ encaminándose eo seguida al palco de la autoridad, 
■ demudarse sobremanera él, amenazado á su vez, quizá del 
enojo y sorpresa, y no susto, aunque á veces aun los valien- 
^tes ceden á un ímpetu do temor en tales lances imprevistos; 
darse el grito /« las armas! y acudir yo en clase de soldado 
de la guardia á proteger al gobernador de la provincia muy 
determinado á que su persona y aun su dignidad quedasen 
' A salvo, y muy ufano del Bervicío que procediendo así prea- 
'taba, sin considerar cuan feo papel hacía alli, ni que era eo 
parte aecundador del desacato que deseaba reprimir, Vién- 
dole llevado al extremo. Al fin aplacóse todo, dándose la li- 
cencia para cautar el himno. AI siguiente escribí yo un ar- 
tícalo sobre este lance, vituperando el alboroto, pero incul- 
pando al jefe político y ensalzando al perseguido Riego, asi 
como aprobando que tal himno se canlaso. Antes de publi- 
car este escrito, moderado en los términos, poro en la sus- 
,taiicia duro por demás y punzante, le envió al mismo jefe 
.con una carta atenta y todavia como do amigo, donde le de- 
iCia que pues era contra 61, deseaba no coguilc do sorpresa, 
ino que antes de salir á luz. le viese él y le quitase lo que le 
parecdese ofensivo. DevoIvifJniele con cortesía y orgullo, di- 
ciéodome que nada tachaba en él; lucha ésta de afectación 
modales caballerosos, pero en la cual su conducta hacia 
'A la nía notable ventaja. Publicóse el articulo, que sólo en 
lolra podía llamar la atención, y allí mcninicnte de cua- 
-tro curiosos desocupados. Pero tales fiiolcras eran de peso 
dios de desorden completo por leves motivos, y en que, & 
|k|lttde cosas grandes, tenían valor las infinitamente pe- 
ínenos. 

Más serio pareció otro suceso. Los sevillanos adelanta- 



ron tropftfl ¿ Écija, ciudad donde abundaban , más que en 
del interior de España, los coaetitucionales, BÍendo casi 
dos de la parcialidad extrepiada. Acertú á ser el regimiei 
que fdU vino, el de Famesio, enemistado, como ya Be ha 
cho, cOn los carabineros, por haber habido entre unos y ot 
riñas, de las que suelen ocurrir entre soldados de diferen 
cuerpos, y en el cual predominaba, con amor ardoroso i 
Constitución 6 lo que pasaba por serlo, áuo creyéndolo 
miamos por él impelidos, un amor al bullicio y á la indü 
plina. De súbito una noche sonó en Córdoba que aqut 

' tropa venia sobre laciudad. Alborotáronse todos, acudiei 
& las armas los soldados, y determinó el jefe político n 
rarse con ellos para no dar principio á la guerra civil, siei 
de notar que los oñciales de infantería del regimiento 

, infante D. Antonio habían hecho una manifestación, 
donde constaba que el Gobierno no podía contar con e¡ 
completamente. También nos pusimos en movimiento 
amigos de los sevillanos, dispuestos á aprovechar los su 
sos sdgun se presentasen. Pero en breve supimos todos < 
los supuestos enemigos eran, por el contrario, embajado 
que traían palabras de paz, si no do alianza. Habla d 
margen á aquel rumor, nuncio de guerra, que el brigac 
Zaldivar, á cuyas órdenes estaban las tropas apostadas 
Écija, siendo un tanto ligera y vehemfnte, había solt 
amenazas de ir adelante. Pero los embajadores, gente 
cuenta y nota do lauiuilaJ de Sevilla, entre Ion cuales ve 
el hermano segundo del marqués de Arco-Ilermoso, que 
bía servido en las Reales Guardias de infantería, aunque 
las opiniones exailudas, eran de los más prudentes y hon 
dos entro quiene.s sustentaban la causa do la sublevacii 
dignos, en suma, de servir bajo mejor bandera. Asi, prot 
taron que nada distaba tanto de su idea, y áuu de la de aq 
líos cuya voz tenían, cuanto traspasar los límites do su p 
vincia con sus tropas, adelantándose como enemigos. R 
tablecidse con esto la paz y entró un profundo sosiego, co 
tando ya que Córdoba no había de ser invadida. 

.Hubimos, pues, todos de volver la vista á Madrid, i 



Cádiz j Sevilla,. En la primera 13ra gi^ode la inquietud. Las 
Córt«aeBtaban juntas, pero siendo extraordinarias, no po- 
dían tratar de otras materias que las que sujetase á bu exa- 
men y resolución el Gobierno. Bien os cierto que esto solía 
• eludirse; pero era difícil hacerlo en materia de tal gravedad 
como la de la rebelión de dos provincias. Por fortuna el 
MinÍBlerio, en vez de proceder con firmeza, sustentando 
sii auioridaJ y I:i Je las leyes (cosa, sin embargo, aunque 
oonrorme con su deber, imposible de hacer en su situación 
y la. de los negocios), dio conocimiento al Congreso de lo 
9ue pensaba como solicitando su auxilio. 

Fuera de estos trámites legales, ejercía su influjo legiti- 
- '■^O la voz de la imprenta, y trabajaban laa sociedades se- 
._*^*^tas con poder apenas oculto, faltando sólo ol ruido delas- 
*^*^edades patrióticas, que seguían reducidas A siloncio. El . 
— ^pccíador, periódico masónico, disculpaba á los subleva- 



dos 



más que los sostenía, y se entretenía en descargar vi- 



"^í*«rios sobre los sostenedores de la causa contraria; y como 

. **'i^ éstos se distinguieran los afrancesados, á falta da mo- 

^ *^a argumentos, los apellidaba traidores á boca llena, tra- 

' **do á cuento su conducta de los pasados días de la guer- 

^~ *^Oi)tra Napoleón, con !o cual no podía excitar contra 

_***^s el ya extinguido odio, pero si lograba desautorizarlos. 

^^^S -valientes El Eco <iv Padilla y algún otro periódico co- 

- **Hero en aquellos dias nacido, y en breve muerto, defen- 

^*i hasta punto de aprobarle el levantamiento de Andalu- 

■ ■. *- t*or último, apareció entonces un periódico do tan gran- 
«te f- ...... 



ítté 



'^Uanto funesta celebridad en lo sucesivo, cuyo destino 
%BÍ como el de. la canción del Trágala, servir deapodo 



*>Ombre á los más proc^aces entre los alborotadores ¿^ 
T^^l>ra y obra. Intitulábase ElZurriago, y salia á luz de 
.^**'*»doen cuando, sin período fijo, constando de artículos . 
^^ftpOH, escritos con incorrección, algunos de ellos con bas- 
***^ ingenio, con' mordacidad suma, con sal á veces, aun- 
^ grosero, siempre con efecto prodigioso en los ánimos del 
■fe*^So, y aun no sin aceptación entre laa gentes de valla, 
r '^H loa 'principales que en ¿I escríbfan un D. Félix Me- 




y TiD 1). Benigno Morales, cordoWs, ex-guardm de Lktrps, 
que en 1814, en Córdoba, al caer la Constitución, habia in- 
sultado á los liberales vencidos en pésimos versos, y capí- 
taneaido contra ellos cuadrillas de gente alborotada. Este 
último, habiendo adquirido más habilidad en versificar, la 
empleaba en composicioncillas cortas, que si bien desnudas 
de mérito poético ó hterario, no carecían de chiste ni de agu- 
deza en su malignidad, y que con el sonsonete del verso Bd 
grababan en la mente de los lectores. 

El gobierno masónico seguía dando apoyo á los subleva- 
dos, pero deseando su avenencia coa los otros constitucio- 
. nales que desaprobaban la rebelión. El comunero pretendía, 
al parecer lisa y llanamente coadyuvar á la victoria de los 
rebeldes. 

Aun entro los moderados no había completa uniformidad 
de opiniones. Muchos de ellos, entre los cuales so señalaba 
Martínez de la Rosa, y bastante el conde de Toreno, aunque 
éste con menos deseos de ver sujetos á los levantados, tro- 
naban contra una sublevación á la que era fácil caliñcar 
coajusticia, haciéndolo con los epítetos más duros. Otros 
adictos al ministerio de Arguelles, derribado en Marzo, y 
para los cuales el hecho de sucederle era, si no una usurpa 
clon, poco menos, siendo con todo gente dada á doctrinas de 
orden y muy enemiga, hasta por sus pasiones del año ante- 
rior, de los que en Cádiz y Sevilla dominaban, no querían, 
sin embargo, el vencimiento de éstos, sino ver terminada la 
sublevación con una avenencia de que los de su gremio sa- 
casen el fruto. 

El Gobierno, débil y no muy diestro, apeló á algunas ar- 
tes para vencer á sus contrarios. Como sabia que las socie- 
dades masóaica y comunera se aborrecían entre si, aunque 
todavía obraban acordes, procuró fomentar la desunioa la- 
. teate que ellas habia, favoreciendo un tanto á la segunda á 
expensas de la primera, no obstante ser aquélla la más ex-, 
tremada en opiniones y la más violenta en los medios de sus- 



2C5 

tenlur las que profesaba. Asi, nombró ¡itira el gobierno poli- 
tico do Sevilla á un cumuiiero conociito. Al mismo tiempo 
pidiú liceucia para pasar A !a Andalucin baja lícjíato, y fué- 
]e couceitiila, no sin gen«ral asombro, por estar & ta sazón 
p prohibido pasar alli, y aun interrumpido coa esta prohibi- 
j'GÍOII Ci servicio tle la poíila para los piirliculares. Di fie i 1 es 
aahor ^por fallar para t-IJo datos) por cuenla de <juién obraba 
entonces el personaje de que he hecho mención, el cual on 
una época posterior, y aun según parece cu otra anterior, 
estaba en trato secreto 6 intimo con la persona del R«y. Lo 
probable es que á nadie servia con entera lealtad y i]ue pror 
curaba mintr por su interés, y aun no S''ilo por éste, sino 
también por sus pasiones, violentas en alto grado y renco- 
rosas, para lograr los cuales fines variaba de conducta se- 
gún iban mudando de aspecto é Índole los negocios. Estan- 
do yo una noche en Córdoba atento & lo que pasaba, llamá- 
ronme de pronto á una casa, y me íjuedé pasmado al encon- 
trarme con Regato, de paso para Sevilla. No le tenía yo en 
el ijial concepto en que le tenían otros, y gustábame en gran 
manera su conducta al parecer arrojada, aunque no hubiese 
querido seguirle entrando en la sociedad comunera. Pregún- 
tele cómo habia 'podido lograr pasaporte pura los. puntos 
separados de la obediencia. Y respondióme algunas confu- 
sas y enmarañadas frases, que desde luego mu le hicieron 
.sospechoso. Es de advertir que entro los comuneros de 
Ciírdoba no empicó su inñuencia on favoi* del Gobierno al 
cual ibaá servir, alo monos hasta cierto grado. No apareció 
por algún tiempo Regato en el teatro á que había sido desti- 
nadoTepresentando papel alguno de primera importancia, 
pero no dejó de hacer algo, como puedo presumirse, si bien 
las (árcunslancias estorbaron que fuesen do mucha conside- 
ración sus servicios. 



CAPITULO XV 



liOaJefeBdelmoTimiento enSeTÍUfi y Oudiz y eaorltorea 
<n>e1os RBirvían. — Su lioeen Ihs elecciones pnra diputadoa 
■poram'ias provinciiiay es elesitlo el autor por lade Ca- 
dÜE.— iTiHt.'^uranle procedo poi- In r(<'í>pnní<atiilidH<^ goe 
Oontrajo ni anvilnr unas elecK^iones de nyuntannienlo. — Sos 
©onleel aciones con el Jefe político. — I.aH Cúrteuiae oüupnn 
déla pelielion.— DictAiiieri de CalalTavii,— Aaiíaoion en 
CddÍ7. y eva^eracionea do Moreno Ouerray los ameT-ic?B- 
ixOB. — ^Tedida toincula contra estna últimos —X<a sontede 
cuenta de la relielion pienjsa someterse — IMal resultado 
dola junta.-Dil¿(oBolareKoliit'ioii. 



Seguían en tanto Ciidiz j- Sevilla on rebelión, bajo el go- 
bierno la segunda de Velasco y Escobedo, cuya desobedien- 
iña estaba mal cubierta con ol pretexto de no serles posible 
dejar sus puestos sin entregar la autoridad ¿ sus sucesores, 
y dándose también como forzados por la voz y voluntad po- 
pular á continuar dueños del poder, y la primera bajo el 
mando meramente aparente de D. Manuel de Jáurogui, mien- 
tras ambos ciudades estaban regidas por tos Soberanos Ca- 
pítulos masónicos respectivos. Habiendo entre el estado de 
^ la una y de la otra lagran diferencia de que los masones se- 
} -villanos contaban por suyos dios hombres que estaban al 
frente de la sublevación, al paso que los gaditanos sólo po- 
dtan emplear con el buen Jáuregui la influencia ()uo sobre ¿1 
j habían adquirido los prohombres de la sublevación exi»- 
C tente. Era D. Manuel de Jauregui, oficial antiguo, honrado 
s y pundonoroso, devoto en extremo y como de las opiniones 
* tachadas de jansenistas, hermanando ideas de libertad po- 
' liüca con la piedad religiosa; con alguna instrucción, pero de 




corto dií 
É. hnccr 

punto á la calidad de ciertas acciones, aprobándolas si las 
vela recomendadas por hombres dueños de su estimación y 
ctieiño. Asi, conocía que obi-aba contra las leyes y de ello ee 
.dolía amargamente, pero estaba convencido de dos cosas: 
unade quehabia corrido peligro la causa de la Constitución, 
siendo necesario para salvarla salirse de los trámites lega- 
les, y otra de que abandonando 61 su puesto le ocuparían 
gentes de mala especie, con lo cual quedaría entregada tU 
desorden una ciudad encomendada interinamente á su cui- 
dado y mirada por él con vivo y tierno afecto. 

Los verdaderos directores de aquella tragi-comedia obra- 
ban con raéuos sinceridad y candor, pero al^^o, si no todo, 
creían de lo mucho que contra el Gobierno de Madrid ar> 
ticulaban. Como no se esgrimían las armas, seguíase la 
guerra con la pluma. Clara-Rosa no dujaba de esgrimirla 
suya para causar vcrgüen/a á la gente entendida; sus desati- 
nos iban siendo peligrosos, por haber cobrado tremendo ' 
ascendiente entre las gentes en quienes hacian efecto y cau- 
saban admiración sus escritos. En este apuro apelóse alga- 
na vez á mejores plumas para defender una causa que mal 
podía defenderse de otro modo que con razones no para di- 
chas. Estaba, como he referido, é devoción y servicio de la 
diputación provincial de Cádiz D. Félix José Reinoso, i 
quien privadamente protegía además Isti'iriz, pero úmpleáa- 
dole como instrumento hábil y dócil, y aun complaciéndose 
en dárselo asi áentcnder, no sin humillarle bastante, t!omo 
si temiese que se rebelase si llegaba á cobrar alguna digni- 
dad. En UDO do los periódicos publicados en Madrid por loB 
afrancesados, venia una fundada y aci'c impugnación de la 
conducta de los que dirigían la sublevación de Sevilla y CAr , 
diz. Llamó Istúriz á Reinoso, y pidióle, ó diciéndolo con ■ 
propiedad, exigióle que refutase aquel escrito. Admiróse y- 
dohóse el escritor de recibir tal encargo, y no ocultó que 8ii>- ~ ' 
bre ser las opiniones que se le encomendaba combatir Uh - 
suyas propias, estaban escritas por uno de sus amigos po- 



209 

y particulares. Un no importa ¡/es preciso, fué la rea- 
de letúríz; y á la orden siguió cumplirla pronto el 
la recibía, desempeilando su tarea con habilidad sumaen 
ito cabia, pero poco honrosa. No pararon en esto los trar 
ideReinoso en favor déla causa que abominaba, pues 
id alguD otro documento, llámese proclama ó ma-, 
(to, de los sublevados, lo cual no es fuera del caso repe- 
por haber habido (¡uien haya dado al mismo personaje 
no á firme y entero, mereciéndolas bóIo como 
de talento y ciencia. Agregúese á esto que ReinosOj 
T&oisimo y despreciador de los trabajos ajenos, salvo de los 
la gente de su pandilla, tenía cierto placer en esgrimir la 
inta por acreditarse de diestro en manejarla, y en contra' 
sus méritos de escritor, grandes aunque no exentos 
aíectacion en elestilO|Con los deotroa de menos valer, do 
lyae composiciones hacia mofa. 
De otra gravedad que la de estas lides de pluma era la de 
sacesOB, y no porque al pronto produjeseefusion desan- 
ó estragos, sino porque dilaceraban al Estado, preparán- 
lole á no poder resistir á embates que le amagaban, provo- 
cados, además, por los excesos que se estaban cometiendo. 
En tanto logróse uno de los objetos que los fautores del le- 
vaotamiento se proponían. IIíciÉronse las elecciones en Cá- 
diz y Sevilla, y recayeron en hombres de la parcialidad ex- 
tremada, siendo los elegidos por la primera provincia letú- 
riz, Zulueta, comerciante instruido, en el fondo por sus opi- 
niones y aficiones no muy de la.par('ialidad exaltada, encuya 
baaderaeBtaba,sin embargo, alistado; Abrou, oficia! de mari- 
na, honrado y suave de condición, singular en muchas cosas, 
y extremado como quien más en sus ideas políticas, y yo, te- 
nido en aquella hora por amigos y contrarios, aunque coa 
poco fundamento, por el prototipo de los amantes de la vio- 
lencia y del desorden. Poro antes de llevarse á roni.ite la elec- 
ción qUe por los lentos trámites por que iban las de aquellos 
días estaban preparados muy de antemano, hubo ocurrencias 
que íniluyeron en los negocios públicos, y en los mios partí- 
culsreB. 



210 

No obstante el inferiosisimo valor de estos últii 

ré de ellos primero para traer la narración de los 

seguida. Ya algo antes he contado que de resultai 

yo dadO/una providencia ilegal para que se hiciei 

elecciones de ayuntamiento en Lucena, anulac 

mismo las anteriormente hechas, se habían que 

como infractor de las leyes, los que por mis impul 

8Ído perjudicados. Puso el Gobierno la queja en 

Consejo de Estado, el cual opinó que debía forma 

fia, no siendo sobra de malicia pensar que hubo 

en el ánimo de los consejeros, moderados rabi< 

quienes estaba yo en pésimo predicamento, el dése 

Uarme é inutilizarme por algún tiempo, pues sien» 

blandos, me trataron con dureza por una falta leve 

terio hubo de conocer que parecería mal castigarn 

infractor de las leyes por una acción de que i 

ejemplares hechos con impunidad completa, y sin 

no quiso resolver sobre la consulta ni conforman 

ni desechando el dictamen, sino, como me consta 

monios fidedignos, la guardó como en fíanza de i 

ta, resuelto á obrar con arreglo á ella si yo me de 

'contrarío. Llegó este caso, y al cabo de nueve m 

falta, resolvió el ministro que se mo pusiese en ju 

comunicación de lo resuelto al jefe de la provincia; 

ma noche en que recibió esta noticia me present 

casa, ignorante de lo ocurrido, á decirle que vist 

las cosas, estimaba indispensable hacer renuncia 

pleo. Yaes tarde (me respondió con sequedad, pe 

cortesía y aun mostrando cierto sentimiento): acá 

bir noticia de oficio de que está resuelto que se for 

cauBa,y según precienen las leyes, ha de salir uMeá 

vineia en que manda mientras se le forma» Reci 

cia con injusta indignación, doliéndome más ei 

pedia impedirme el logro de mi deseo de entrar en 1 

Por mi fortuna ó por mi desdicha, no sucedió así. 

portador de estas nuevas llegó á Cádiz en la tar 

mingo 2 de Diciembre, y en aquella mañana se ha 



brado las elecdones. En ellas ^U yo el cuarto, y al oir pro- 
'iituiciar mi nombre, triple salva de aplausos le celebró; dis- 
tincioD q^ue no se habla hecho ¿mis compañeros y que vino 
de la gente más alborotada, que me contaba por euyo. Recibi- 
do el correo, hubo gran pesar por lo hecho, previéndose que 
daria margen á compromisos estando yo mandado procesar, 
y que tal vez mi elección sería anulada. Voráse que no suce- 
dió asi, y que esto mismo me atrajo simsabores y reveses. 
Por el pronto en mi situación fui muy favorecido con verme 
en la clase de diputado electo. Mandado yo salir de Córdoba 
poreljefe poUtiro, áquien no tocaba darme órdenes, pues . 
sólo por el ministerio de Hacienda las podia yo recibir, no 
rehusé obedecer, pero enredé á la autoridad que se me de- 
claraba contraria, poniéndole varios oficios con los cuales 
y con sus respuestas, logré colocarle en el caso de que, ó pro- 
'cfldiese contra mí ilegalmonte, ó me dejase residiendo donde, 
estaba, aunque no ejerciendo mi cargo. Bien es cierto que 
esto último no lo hubiera conseguido, á no haber llegado la 
noticia de estar nombrado representante de la nación por 
Cádiz, habiendo yo en mi último ofício aprovechado la ven- 
taja que me daba esta mi nueva situación. Publiqué en el 
periódico de Córdoba la correspondencia á que acabo de re- 
ferirme, y halagó sobremanera mi amor propio saber que 
era aplaudida la habilidad que en ella había mostrado, salvo 
parios ministeriales, cuyo numero y valor eran muy cortos. 
■ .Nada me lisonjeó tanto cuanto haberme contado que en una 
conversación de los canónigos en el coro, se me daban 
elogios. Asi estaba bastante trocado en favor el disfavor con 
que ful mirado recién llegado ¿desempeñar mi destino por 
los cordobeses. En verdad gozaba del concepto de hombre 
de bien, aunque un tanto ligero y dócil, y tampoco pasaba 
por fallo df! luces, ni en ciertos casos de prudencia. 

Mientras esto pasaba, la situación délos negocios no me 
era del todo lisonjera. Por mucha que fuese mi furia al de- 
fender Ifi causa de la. sublevación, como la defendía, des- 
aprobándola en mi interior, y por consideraciones de una 
política artera, no podía esperar con satisfaccioQ ni su triun- 



fo, ni au derrotft, di su larga contiauacioo, ni, en BUma, pa- 
radero digno entre todos cuantos era posible que tuviese. 
Las Cortes, como poco antes he referido, se hablan encar- 
gado de tan arduo negocio, y su fallo era esperado coa im- 
paciencia. Según costumbre, una comisión hubo de dar Su 
dictamen sobre él al Congreso. Era ea ella el diputado de 
Ttíéa renombre ó influjo D. José María Calatrava, que por 
su. conducta y opiniones ea aquellas Cortes era de un par* 
tido medio entre oi moderado y el üxaltado, habiendo sido 
muy del primero en los sucesos de Setiembre de 1820 con- 
tra Riego y sus parciales, y muy del segundo en varias 
cuestiones legislativas, como, por ejemplo, la de señoríos, 
tratada en 1^1, si bien en alguna otra como cu la del jura- 
do para las causas de imprenta, tratada al fin de la legisltt- 
tura de 1820, nada había dejado que desear, no ya á los li- 
berales m6no8 ardientes innovadores, sino ú los parciales 
más celosos de nuestra legislación antigua. Evacuado pw 
la comisión ese trabajo, resultó ser su dictamen singularísí — 
mo, pues venia dividido en dos partes, contenida la segunda* 
d« ellas en un pliego cerrado, que sólo habría de abriirs^ 
después de ser aprobada, si lo fuese, la primera; la cual ma — 
nisfestods sin rebozo al uso ordinario, se reducía á maodar- 
á los separados de la obediencia al gobierno constitucional 
y á las leyes que volviesen á ella sin e>:cusa ni demora, TO^ 
dos traslucieron que el pliego cerrado tenia algo en sentid - 
contrario al del abierto y no favorable á los ministros. Pa^= 
esta razón hubo mmisteriales, si hombres que sin ser devcrz 
tos de los que gobernaban velan en su causa en aquell^i= 
momentos la de la justicia y de la razoo ó del úrdeo y de 1^^ 
leyes, que desaprobaron la idea del dictamen doble con ^^ 
parte oculta, siendo de opinión que sin ver ésta mal po^B- 
votarse la primera, y no dejaron de ridiculizar el procaA^ ' 
de la comisión como insólito y juntamente desacertado. Ta:^^ 
poco los amigos de los sublevados dejaron de oponers^s 
que éstos Fuesen condenados, sio serlo, al mismo tíempoXc^ 
ministros, en su sentir causadores del desorden reinante 
Contra unos y otros peleó Calatrava, cuya soberbia sOfV-^ 



¡nal podía tolerar que le impugnasen su opioioa con vigor. 

y ménoa todavía con burlas, y hubo de hurlarse á su vez, 

"O sin razón, de que alguno {de los exaltados, si mal no me 

•cuerdo) bautizase el pliego cerrado con el pedante y ade- 

Biás impropio nombre de caja de Pandora. Acudieron al 

debate los ministros y dieron pruebas de habilidad escasa. 

Vino é parar en ser aprobada la parte primera del dictamen 

«e la comisión, y de los exaltados que la desaprobaron bien 

puede afirmarse que casi todos lo hacían pOr cumplir con 

*Us aniigos 6(1 la apariencia, pues en la sustancia, aun á es- 

•Ofi mismos habían servido volando una cosa justa y razo- 

üable, á que habría de seguir otra más en favor de su interés 

y pasiones. Aprobado lo propuesto por In comisión, pasóse 

« abrir el pliego cerrado. Este ao era menos raro en lo que 

®<iJ<iraba que en su modo de ser presentado, pues venía á 

_^^í***esar que los ministros, sin culpa alguna de su parte, 

^**ían perdido la fuerza moral necesaria para gobernar, lo 

**a.l era declararlos inocentes, y aun no merecedores de un 

. .g **to de blanda censura, y por lo mismo armonizar la acción 

^ log rebeldes, cuyo poder, no apareciendo otra c: — = 



;ya.h; 



«*lto, 



'A á los ministros de su fuerza, de que se los daba por 



^r^ 



'S. Fácil fuó impugnar este dictamen con poderosos ar- 






**ientos, y asi lo hicieron algunos diputados, señalándose 

j ^ **tr^ ellos Martínez de la Rosa. Pero el número de los que 

^Ustentah;my se mostraban dispuestos á aprobarle era 

^. ^*y superior, influyendo en muchos pasiones y preocupa- 

"^ties de la ^poca, en otros torcido interés, y en no pocos 

<^nsideradon de que con sostener á ios ministros se fo- 

^ntaba una guerra, cuyo paradero habría de ser triunfar 

--.^* desorden, ó el Rey para recobrar el poder absoluto per- 

r^^'^O. Los pobres ministros, en la segunda batalla en que te- 

^'i de su parte la razón y veían serles contrario el ná- 

^TT**^, se portaron con grao desacierto: habló poco y muy 

1 Bardají, y mucho y no mejor López Pelegrin, hombre 

UsiuiQde luces, y Feliú mismo, que en las Cortes ex- 

iT4úiana8 de 1830 habla lucido como orador de loa bue- 

^^ entre los de segunda clase, en este apuro se mostró 




muy inferior i lo que de él se esperaba y Alo que hacer po- 
día. Más de una vez aludió á tas sociedadee secretas, áiif 
dolas por cuna del desorden reinante; pero careció de valor 
para desembotarse, y tal vez si lo hubiese hecho, bu am^o 
habría sido temerario y tenido malas resultas. Al cabo vino 
á ser aprobado el dictamen de la comisión, con lo cual que- 
dó el ministerio expresamente destituido del apoyo de lai 
Cortes. Aüdaban entretanto muy embravecidae las pasiones 
por todos lados, y en los parciales del Rey se notaba estar . 
juntas, y en- grado muy subido, la ira y las esperanzas. 

Cuando estas cosas pasaban en Madrid, el estado de Cá- 
diz y Sevilla no era satisfactorio, si bien lo que sucedía ó po- 
. día suceder en asta última ciudad importaba poco, puesto en 
cotejo con la gravedad que tenían los acontecimientos en la 
primera. 

En Cádiz, la plebe empeñada en la causa constituciooal, 
con violencia y á su modo, estaba por la resistencia ul Go- 
bierno, llevada hasta el último extremo y á todo trance. Ha- 
dan causa comuD con ella algunos ambiciosos, prometiéa— 
dosa sacar partido de su furia. Allegábase á esto haber allí 
varios americanos para quienes todo cuanto produjese ó fo- 
mentase la discordia en España, su enemi^^a, era otro tanto 
provecho para la causa de su patria, cuya independencia 
deseaban ver segura áuo de todo amago. Juntábase con és- 
tos el diputado á Cortes D. José Moreno Guerra, el cual^ 
aprovechando usa licencia que tenia, no sin justo motivo, 
por estar muy quebrantada su salud, prefería estar alboro- 
tando ó coadyuvando á alborotos en Cádiz, á ocupar su pues- 
to en las Cortes, donde si hablaba mucho, gozaba de poca 
aceptación entre sus colegas, y solfa quedarse en minorías á 
veces muy cortas. Moreno Guerra era hombre rarísimo ha^ 
ta en su persona, alta, fornida, grosera; en sus modales, en 
que algo del trato con la gente culta se mezclaba con la tos- 
quedad natural y conservada, y en las calidades de su en- 
tendimiento, porque no era rudo y tenía golpes felices, loi' 
cuales mezclaba con barbaridad apenas creíble, siendo coik' 
todo esto de alguna bien que singular instrucción, y de ex-. 



trsordinaria osadJa, junta con no menos miedo. Nadie casi le 
aventaj^M en extremar sus ideas, y digo casi, porqué tenia 
un temible competidor, y acaao superior, en el viejo Romero 
Alpaente, bu amigo y su rival; pero éste seguía en las Cor- 
tes divirtiendo é indignando á sus contrarios con sus extra- 1 
vagancias, al paso que Moreno Guerra, en medio de una su- 
blevación, ejercía sobre las turbas una influencia poderosa. 
A Ate rodearon los americanos, á quienes él tenia en mu- 
'cho, y como gustase de todas las cosas llevadas al extremo, 
acogió con gusto la peregrina idea de formar de la Isla Gaf- 
ditAua una república, á modo de las ciudades libres de Ale- 
mania, llamíidas anseáticas, pero aún más independiente de 
_ Españd (]ue ellas del imperio germánico, y gobernada más 
democráticamente. Para los que hablan concebido esta idea, 
era ella, lográrase ó no, siendo su logro muy dificil, un 
■ modo de debilitar á España y á la ciudad donde el recon{^ 
cimiento de la independencia de América tenía mas contra- 
rios. Para Moreno Guerra fué una hermosa visión, y en su 
falta de juicio tuvo la temeridad de presentarla al público sin 
rebozo. Asi, en un discurso que hizo en campo raso á una 
cuadrilla alborotada, siendo común en aquella hora en los 
puntos sublevados juntarse turbas y perorar en público, e! 
orador, iiconsejando llevar al último punto y trance la resis- 
tencia ul Gobierno, se dejó decir i^ue aun cuando España 
toda fut-SB contraria en este empeño á Cádiz y su Isla, nada 
tenían i-í-tas que temer, pues podían asegurar su libertad y 
felicidad non dar una palada al puente de Zuazo; expresión 
grosera > enérgica con que la destrucción de la antigua y 
robusta obra quejunta con el continente de la Península la 
' Isla Gaditana, era símbolo de la fundación en la última de 
te ucia, aunque reducida en limites, libre é indepen- 
' diente. Kb de creer que fuese recibida con aplauso por el 
auditorio idea tan violenta y fanfarrona; pero no sucedió lo 
V miemo con lo general de la población de Cádiz, donde fu¿ 
I oidu cun susto y enojo. Temblaron el comercio y lospropie- 
f tai*ios de Cádiz al pensar que pudiera tratarse de tan desca- 
ído proyecto, y mezclándose el buen juicio con locas ilu- 



216 
siones, ai'iQ no desianecidas, entre los graves males con 
que arnoii;iZ!(ba la por fortuna iiiasoíjuible pretensión do se- 
parar su ciudad ó Isla de lo demás do líspaña, «iiie iba á per- 
derle la espoi-an/.a de poner de iiufvo á las Américas en de- 
pendem-ia de su motrójioli antiijua, nvobrando con olio su 
grandeza y ri'itioza perdidas ol antijíiio i'niporJo del i;oniei^ 
ciú <'(íparKil, venido á ])o:ítracion y punto nn-nos .]tie aniqui- 
laniii'iilo. Ri-novii-i' ol ildio li lo« anu^riranos, siempre vivo 
y fiíTO K-n los liijo* y ha!iitanl.'s d<' i'A-Vu.. Aun ;i l>.[i'inzbuho 
de mirar?" i-f'n ii;>.v1o:í é iiidi'riiai'¡i>ii, per i;^lar en e^itrecha 
amistad ciai Mori-no Oiifrra y i'on íiíiiem-s á ó.<te acoiiseja- 
han. IsiiLiií wi\i\ ili'iiiasiadoi-iiti'ndimieni<i para no conocer 
las ran-zas li la dañada inli-nfimí di- a'iuidlos sus amigos, 
ó para abrif;;tr id desvariado pensaniiontu de constituir la 
' Isla de Cádiz i-ii K^-tado iiidepi-inlii'iHf, y ad'-máí la voz de 
su Ínter>''> daba apoyo á los oon«.jíi^ de su razmi, aí^regán- 
do^e ii .■!!'! íjue i'slimuladu pnr el um- y ¡n'i' la otra, gentia 
malijui^lars,' eun h:< ei.ime!r¡atii'.í y d.^má-; frente a^'audala- 
da de su eiiidad naial. ,í.'ente enit-e la cual represeniaba él 
uno de los primeros ¡lapides, y •■ntónivs el ¡irincipalacaso, 
amado de al^'unos, odiado porinrus, ^:llviíiiadu ]ior muchoe, 
estimado pnr todos en frican valor, sÍi>ndo onorme el que le 
daban la?; i-ii>cinistaiieias. Asi é[ y sus aini.uos resolvieron 
dar un .irulji- á b'S aburreridos americanos, l'i->-siiise ¡X ello 
gustoso el buen .ránro.iíui, roa'doso de ir d.'sea minado, y 
persuadido df ijue •■•¡n eaer sobre liumbres malos ó imiuietos. 
n-limia la culpa de instar sublevad. i contra la autoridad le- 
gitima y las baos. Fueron, puts, presn;, embarcados y en- 
viada-i á ' iibrnltar varios personajes, entre ellos P. Franeis- 
co (Jarabafio, uno de los a.^fnle- más ao'ivos del levanta- 
mi<'nio ei.institueioi)aI di' IS-.'it, y ipu' en las Corles estaba 
hacii?Lido de diiiuiado suplente poi' ^Vniv.uela, sin que la ca- 
lidad, aninjue tieiicia. lecunúeiila por veidadera, de repre- 
senfiute inviolable, de la naeioii, !.' salvase de tal tropelía; 
un Marino, ^remira! colombiano ri (]<_• Santa Fe, y alguien ó 
alíTunos niiis de ¡nl'erior nota. Todos ellos, aunque republi- 
i-aniis. aprobaban violencias iguales á la de que fueron vlc- 



timas, y en lo mal amparadas qoe están las personas y bar 
aendas en tiempos revueltos, nadie extrañó una acción 
digna de ser duramente vituperada. A Moreno Guerra nadie 
molest<); pero él se amedrentó con el trato dado á sus ami- 
gos, y no se atrevió á levantar la voz contra él, sobre todo 
considerando (\ae con defender á americanos ponfa á riesgo 
de perderse el favor popular, de que era codicioso y también 
dueño. Sin embargo, de creer era que, recobrado de 6U susto', 

■ volviese á alborotar, y de seguro lo habría hecho, si una do- 
lencia molesta y larga no le hubiese postrado en cama, don- 
de se estuvo hasta la terminación, para él nada grata, délos - 

. disturbios pendientes. 

Con el acto do rigor hecho á costa de unos cuantos hom- 
bres inquietos, vivió más pacifica por algunos dias la suble- 
vación gaditana. Llevadas á remate en este intervalo las 
elecciones, ya había seguridad de ver en el Congreso hom- 
bres de la opinión extremada representando á la nación por 

■ aiquellapioviiida; y como de las demás de España se iba 
sabiendo que hubian sido ó tenían nombradas muchas per- 

■ Bonas <Ie la misma parcialidad, nada se podía temer de un 
Congreso donde parecía seguro el predominio de los exal- 
tadosx Asi estaban las cosas cuando llegó la noticia de la 
. primera resolución de las Cortes, ordenando á los separados 
de la obediencia volver á la que debían á la autoridad y á las 
leyes. Tal fallo era una condenación completa; pero detrás 
' de él estaba el pliego cerrado, del cual nadie dudaba que 
X contuviese algo más ó menos favorable á la causa ó al inte- 
rés de los desobedientes, y además éstos hablan logrado su 
objeto aparente, y también el real y verdadero, pues hablan 
resuelto el negocio pendiente las Cortes, á cuya resolución 
desde luego se manifestaron dispuestos á sujetarse, y esta- 
' Jtan hechas las elecciones á medida del deseo de la gente más 
' acalorada, habiendo recaído en Istúriz. Asi, todo dictaba 
' acatar y cumplir lo dispuesto por el Congreso, faltando ya 
' bandera ó voz que seguir para continuar con algún pretexto 
} ttn tanto decorosa la resistenpia. Pero el vulgo levantado, no 
*> iénteBdia de ceder mientras no hubiesen caido los ministros; 



218 

y como le hablan dicho que la mayorfa de las Cortes ertt 
mala ; por día se vela condenada la sublevación, no (aé 
recibido lo resuelto con grao respeto. Adem&s, en los albo- 
rotos se hablan señalado varias personas, y éstas esperaban 
aumentos en su fortuna yendo adelante la rebelión; y por el 
coDtrarío, temían castigos si volvían las rosas á su estado. 
legal y ordinario. Apelóse, para resolver la gran cuestión 
^uo á todos ocupaba, al arbitrio de celebrar en Cádiz, á puer- 
ta abierta, una junta magna compuesta de personas de las 
más notables del pueblo; linaje de autoridad gubernativa que 
en los disturbios de que es teatro España desde algunos años 
á esta parte, ha solido reproducirse en las situaciones qus .' 
tienen difícil salida. Congregada esta junta, tampoco tenia 
autoridad lata, pues quedaba lo que se llamaba el pueblo, 
del cual aparecían representantes, ó nombrados por él, ó qoa 
se nombraban á si mismos para tratar con la autoridad. No 
(altaron en esta ocasión los que llevasen la voz del pueblo ' 
para dictar leyus á la junta. En ella tenia asiento D. Jos6 
Vicente Durana, del comercio de Cádiz, hombre de alguna 
instrucción y de medianas luces, honrado y lleno de ente- 
reza, pero caprichoso é imprudente, asi como de no común 
terquedad, muy enemigo de los alborotos y de sus promo- 
vedores, aunque constitucional antiguo. Este tal, impacien- 
te al oír repetida la expresión: el pueblo pide, el pueblo quie- 
re, se dejó decir en voz alta que era necesario unte todo s^ 
ber ei lo que duban por el pueblo era todo él, pues en sa 
sentir, sólo MaOi fracción s^ presentaba allí, dándose por el 
pueblo gaditano. Aunque la palabra fracción es muy cono- 
cida, hubo de oírse mal, y sonó facción, lo cual, por lo mis- 
mo que convenía bien á la pandilla alborotadora, hubo do 
ser recibido por ella con extremos de enojo, viéndose, como 
siempre, á los supuestos parciales de una libertad extremada 
nada dispuestos á sufrir contradicciones, y menos las hechas 
en términos de reprobación severa. Rompió en feroz y am^ 
nazador rugido la rabia de los bulliciosos^ hasta verse en pe- 
ligro Durana, si no de perder la vida, aunque á tanto parogia' 
que aspiraban los maeras á su persona dados por varios db. 



219 
Ib alborotada turiut, & lo ménoa de ser objeto de ud violento 

■ insulto. Rodeáronle y amparáronte sus amigos, y sacándole 
ileso del tumulto, le llevaron á un seguro asilo, que él hubo 
de desocupar en breve, saliéndose deCádiz. Asi quedó re- 
suelto el negocio que se trataba en la junta, equivaliendo 

. A ^ina determinacioD de proseguir en la desobediencia la 
tropelía faecba contra uno que sustentaba el parecer con- 
trario. 

En breve fué sabida ta declaración hecba por el Congre- 
so de que habiao perdido la fuerza moral los ministros, de- 

' clararon que los precisaba á desamparar sus puestos. Ni 
«ato bastó para que se pusiesen en la debida obediencia las 
provincias sublevadas. Ya sólo se daba por pretexto que se 
esperaba á que se verifícase la caída de los ministros ó la re- 
unión de las Córitis; y como éstas habían de juntarse en 
Marzo, y sólo estaba mediado Diciembre, el plazo último era 
faxgo por demás, y asi como presentaba campo espacioso á 
l88 ambiciones, era superior en duración á lo que podia su- 
frir la infeliz España. 



CAPITULO XVI 



Cl autor deplora ta cootínuaoton do la resistermia en CA- 
«lisi.— Se iliriee allí, llamado por suacmieoí'.— ISataiicia en 
San W^mamio. — Aupecto de Cdcliz. — Jntcintoií <le aliBa- 
miento on otras proTinoiae.— Conducta y disourso del 
BTitor en una i^union de exaltados. — Prootnleí' del Sobe- 
iraxto Capitulo.— jVc ti tud de la autoridad pública.— Junta 
Tniignn de la masoneria para recibir á un emÍHario del 
Gi-sn Oi-iiente.— Aeitaoion contra loo que haliían prepara- 
«tolaenmieion,— Fin y entierro de Cía ra-RoBa.— Estado 
de las cosas eu Sevilla — Providencia da Itta Cortee y xao- 
tti> eecandalOBO.— Cii'i-raiiBe lae Corles estraordinarlaa. 



Sabia yo desde Córdoba estos sucesos con dolor y asom- 
"fepo. Deseaba que cediesen loa gaditanos, cuya resistencia, 
qae nunca babía sido de mi gusto, me parecía ya loca é ini- 
'cua, y me maravillaba de que Istúriz, cuyas prendas y buen 
juicio conocía, aunque no aprobase el acaloramiento de su» 
i, que le había llevado íi fomentar q.n bu origen aquel 
ivanlamieuto, quisiese, como yo equi^^ocadamente creía, 
peraUtir en una rebelión propia sólo para despedazar laa 
su patria, para dai* fuerzas al partido personal 
fiel Rey y de la monarquía antigua, y para encaramar en 
la misma ciudad de Cádiz á, la gente perdida sobre la alguna 
de respeto por cualesquiera circunstancia. 

En esto, y mientras continuaba yo inquieto el ánimo y 
an^etíado, pero tranquilo en mi residencia, de súbito reci- 
.biowtas de mia amigos, pidiéndome que sin demora pasase 
á Cádiz. Nada me decían sobre el objeto de mi viaje, y yo, 
tami yerro, juzgué ser llamado para contribuirá 



mantener vivo el incendio de la rabeliop, ooaa qW esti 
reBudto á no haoer por titulo alguno. Por mil caosaa mi 
ba con disguato el viaje que ee me proponía, paro no vai 
un punto aobre acudir adonde se me llamaba. P&sema 
camino, y no sin dolor salí de Córdoba, donde si habfa 
gado algunas horas amargas, las había tenido agradables 
mucho mayor número, contándose entre ellas de las mi 
res de mi vida. Temía también grandes disgustos, y sa 
me la previsión certera. 

Viajaba en silla de posta, y estando en mi mano eU 
camino, preferí seguir'.por tierra hasta Cádiz á ir á Sev~ 
y por el rio hasta Sanlúcar. Moviiíme a ello mi desea 
verme con los de Cádiz antes que con los de Sevilla, porr 
resuelto á esforzarme para retraer de la resistencia á 
primeros, no quería. descubrir mi intento á los segun« 
El 26 de Diciembre, á mediodía, salí de Córdoba con tal 
tuna, que al dia siguiente no habri;i podido hacerlo po^ 
ber interceptado el camino una furiosa avenida ó nada 
Guadalquivir; y el 27, recien entrada la noche, llegué 
isla de León, ó ciudad de San Femando. Allí me deti 
porque no era posible pasar á Cádiz estando ya á aque 
Iteras cerradas sus puertas. Entré sin ruido, y me hosf 
en una fonda. Pero pronto se supo haber yo llegado, y aj 
pose gran número de gente á verme, pidiendo á ella que 
presentase. Sali de mi cama, á que ya me había recogido 
fiíi llevado como en triunfo hasta la sociedad patriótica n 
celebraba sesión aquella noche, ó fué convocada para m 
birme. Noté que predominaban allí las opiniones extremad) 
que contaban numerosos prosélitos, siendo de ellos pen 
nqes de suposición, que cabaln^nte cuando en aquel misr 
lugar estábamos levantados por la causa constitucional, b 
Uan abrázala la contraria, y á quienes había abierto i 
filas la concurrencia deseosa de aumentar su númerO] 
pronto para conseguirlo á perdonar pecados antiguos, j q 
yo entre aquella concurrencia gozaba del concepto de eoD 
der á todos en la violencia de mis principios políticos J el 
ducta, dándose por supuesto que estaba por no ceder al C 



10, y que venia á impedir que otros por debilidad cedie- 
. Nada hice para confirmar á mi auditorio de admira- 
es en este errado concepto; nada dije en aprobación de 
^lo liecho basta entonces ó de la continuación en la desobe- 
* diesda, pero nada bable para aconsejar la sumisión al Go- 
I bi^mo ó las l&yes, contentando con vagas generalidades, 
1 qtxe siendo de un constitucional celoso sonaron bien, y dia- 
»"on á suponer ser lo que yo callaba conforme á los deseos 
_ de mis oyentes. No me arrepiento de haber usado esta caute- 
pues habrían sido loca é inútil temeridad haberme em- 
kl>^ilado en contradecir á ta¡ gente; haciéndolo, más habría 
i-I^^íjudicado que servido á mi propósito de traer las cosas á 
jflkU^u término, por las vías por donde era posible lograrlo. 
I ^A- Is mañana siguiente pasé á Cádiz. 

Desde luego me chocó el aspecto de mi ciudad natal. 
kS^&fcJase adoptado en ella la extraña idea de poner sobre las 
lientas de las casas artículos de la Constitución, escritos ea 
■l»las, escogiendo cada cual el que !e acomodaba ú ocurría^ 
■x la menor congruencia con la morada en que estaba pues- 
'* «on lo cual parecían todas las casas tiendas con sus 
''«^.«Btras encima. Tal era aquella revolución, amiga de se- 
B^antes exterioridades, que con más cordura hoy están 
tdas. Pero si la Constitución estaba asi en todas las . 
K^KMdss, no tanto en los ánimos, aunque fuese muy común 
P^^^ttar por amor á ella una desobediencia rebelde, por la 
i estaba hollada toda ley y faltaba toda especie de orden. 
• o era éste, sin embargo, el modo de pensar de todos loa 
Sit&nos, pero sí de la parte que á las otras tenia supedita- 
- V en verdad puede afirmarse que sólo un corto gremio 
Jürsonas acomodadas y juiciosas estaba entúnces allJ 
**• ceder de la resistencia en que se habían empeñado la 
i^oad y la provincia. 
Con sorpresa, pero con sumo gusto, supe á poco de mi 
a que en este corto número de hombres sensatos y 
1 intencionados estaba incluido Istúriz, y con él algunos 
* *&Í8amigos. Era, sin embargo, ardua empresa la de con- 
B can el freno á aquella revolución desbocada, Ips mis- 




moe que con la espuela la babian exdtado basta enloqii»- 
cerla. Diñcultoao era, pues, acertar cod Un buen camino jktr'- 
docde salir de aquella Biüíaciou, permanecer en la cuU bá-' 
bla llegado á ser imposible. 

De, fuera da las provincias sublevadas llegaban avisos y 
consejos que estimulaban á buscar la unión, cediendo & lo 
dispuesto por las Cortas. En dos puntos donde se había in-' 
tentado alzar una bandera auxiliar del levantaraiento de An-' 
dalucía, habia sido derribada al momento, saliendo poco 
airosos, además de vencidos, los que acometieron tan crimi- 
nal empresa. Uno de ellos habia sido Mins, á la sazón capi- 
tán general de Galicia, al cual hizo frente, en nombre del 
Gobierno y de las leyes, e! jefe político D. Manuel de Latre, 
militar asimismo, y de los principales restableuedores de la 
Constitución en aquella provincia, y Aun en caltdad'de ti¿,' 
uno de los pocos premiados con prisión, pero hombre máa 
propio para servir con lealtad y firmeza á los Gobiernos que ■ 
para derribarlos, severo hasta rayaren duro, y de honradez 
suma, de quien apenas se entiende cimo pudo tomar parte 
en un levantamiento. Poco tardó éste en frustrar el intento 
de Mina, el cual anduvo cauto para no comprometerse de- 
masiado. Menos lucimiento tuvo aún la otra intentona A 
que he hecho alusión, la cual tuvo por centro la provincia 
de Murcia, y por director principal al coronel ó brigadier' • 
Piquero. Estos reveses, infundiendo miedo á los tlmidtw,' 
inspirando bien á los prudentes y desvaneciendo visiones 
en muchos alucinados, causaban ó avivaban el deseo da ver 
terminada la desobediencia de las provincias pertinaces. El 
supremo gobierno masónico ya nos estrechaba á que cedi^ ' 
sernos. £1 de la comunería más se inclinaba á mantener vimt 
la resistencJa; pero en Cádiz tenía pocos secuaces y éStOl' 
de corto valer, y aun por entonces sin influencia aun eti fe- 
plebe, porque había alli masones á quienes no podían dis|>D^' 
tar la palma de sediciosos los más extremados de la sot^»; - 
dad rival, siendo aquéllos las cabezas de la asonada hecliá 
como permanente. . '. ^ 

Habia yo sido llamado p^a que emplease el favor de qo^- 






gorabacon los hombres más violentos, ea traerlos á m&B 
tamalada y juiciosa conducta. Pero era evidente que no bien 
«OQtrarrestaBe, en vez de excitar, sur pasiones, elaura popu- 
la íe me volveria contraria, hasta convertípse en un desata- 
do huracán de odio. Al principio, por consejo ajeno y volun- 
^^ taá propia, hube do sef^uir la conducta que tuve en la noche 
^K. 40 mi estancia en San Fernando; mostrarme liberal exaltado 
^gC como era: no soltar prenda en punto á la gran cuestión pen- 
^r oiente, salvo en secreto y con mis amigos, donde habla de 
^L ti^ajar en ir reduciendo las cosas al término en que yo an- 
^V AeJaba verlas, único justo y conveniente. 
^^ Había en Cádiz una sociedad patriática; pero por una ein- 
' 8wlapidad notable, ejercía cortísima influencia en los nego- 
cios, siendo aquellas circunstancias propias para que en 
^^^fpo que por su índole debía ser popular y alborotado,8a 
totnaaen las resoluciones más importantes. Sin embargo, Ift 
omoipotente masonería regular no había escogido aquel 
ceatro para la representación de un drama (i aquella arma 
para ser instrumento, y por esto ni aun los alborotadores} 
todavía devotos da la sociedad antigua, daban á los diacur- 
sos alij pronunciados el valor que se les daba en otras ciu- 
***iea. Presidia la reunión mi antea amigo D. Dqmingo 
AQtoüio de la Vega, ya separado de la obediencia del gobier- 
no blasónico, asi como de mi amistad, nada premiado por 
^"^ Servicios revolucionarios, dignos en verdad de laa mAa 
*'^'^'<ioa recompensas por parte de los ingratos constitacio- 
BS-les, quejoso con razón, pero sin tino, y que do adquirien- 
Juicio ni habilidad con los anos, tenia la desgracia de no 
6ncomj.^p quien diese oidos á sus fundadas pero torpemente 
"culadas quejas, y de afear el no merecido tratamiento de 
*1^* ©ra objeto. Al presentarme yo en la sociedad, fui recibido 
^ frenéticos aplausos. Aumentáronse éstos con mi discup- 
» ^Unque no ios merecía, salvo por una calidad que si hu- 
^*® «ido conocida en ól, no le habria i-ecomendado á aquel 
^'*Orio, pues era la destreza con que eludía hablar del ne- 
fi'^*^io que á todos nos ocupaba. Habló délo que pensaba ha- 
^ ** *^omo diputado; pinté un modelo, de que me comprometí 

m 



I 



áser ajuBtaila copia, siendo el de un liberal exaltado, j 
ti triv¡alida<Iús con frases galanas y cadenciosas, arte e 
fne había hecho muy íiiestro. Únicamente tuve un a 
rio. que fud un oficial llamado GurreA, hombre sin I 
que ya en 1820, en una sociedad patriótica de San Fa 
do, habla subido á la tribuna á contradecirme sobre ni 
to do derecho politieo, y dicho (como era de esperar de 
norancia absoluta) mil dislates; y que esta vez, como ú 
en 6l empeño disputarme la palma de la elocuencia, sí 
tentó con decir, no sin seso, que todo cuanto había j 
presado estaba bien, pero que de decirlo á cumplirlo i 
mucha distancia.. Como no me senii embestido p^ni 
flaco, fácil me fuá, con algunas md^ frases sonoras, flCH 
dir A mi antagonista y dar gusto á mis oyentes. Aun el 
mo Clura-Iíosa, quealli asistía, nada notó tachable C 
pechoBO en mi conducta. Al revóa, este hombre en qoit 
corría parejas la perspicacia con la osadía y quo ya i 
celaba de Istúriz, había venido & visitarme y siendi 
cibldo de mi con cortesía y cautela, todavía estaba 
suadidn <]!^ rji]-' vr-i rrn quií'n había de reanimar el an 
gUúlJio oclu da ¡Kja y^iíJüha dr la revolriiion, y al oír fa 
careo, sin notar cnán impropio era de las circunstan 
qoedó de él prendado, de forma que le puso en las nub< 
su periódico, el cual conservaba prepotente inñujo en la 
te máa numerosa de la población de Cádiz. Vcse, pues, 
cuinta precaución, ó diciéndolo como «n debe, con cu 
doblez tenia yo que obrar; prueba do que los cortosanc 
1m turbas do son menos viles que los de los Reyes, y si 
q^Bflloa de Monarcas prudentes y justos, porque so lat 
eOD señores que son caprichosios tiranos. 

AI cabo estas artes en algo habían do ser empleadi 
ers forzoso que perdiesen su fuerza al encaminarse el 
mente á conseguir el objeto que se proponían. A ello i 
ba atendiendo el Soberano Capítulo, en sesión poco nri 
qoe permanente. Aun este cuerpo estaba muy divididojí 
do eo ¿1 muy pocos los que est&bamos por ceder. Deas^ 
bwe IstAriz, teniendo de continuo que reprimir bu «q 



rion violenta. Lfa ■jur' t^m el ¡i4'iisábiiriiii»< y obi'abum'is u;ni;i. 
niüs i[ije líii^'üilarri vniios Ut^ riuostii^s «umiiiiñorriK. líabia 



;.i'ír;díi lio nliiu.l.T 



do varios, dejó 
i-nnlcríi-íi el i-Jit 
{)oiiia<)c- niaiijli 

iwri'Ja i.-sj"'.-i.' ;, 

IfiS insuliT]!.-:, ■ 
inald.-l.! -^....J-rrl! 

•In nui--n:i« iiii. 
tullIKiM.'la.'Ull 
<?>tm¡>ia.l.;l¡i>i:'i 
tuií-nu:^ cu (l.|"' 
viarun iíhíi 'I¡><' 
«lofítar.'l ywh 
'l»-r, viíiii:) ;i iiM 
Lloraba l;i \'</.i 



ilisi'iTi-sa _' 
¡y., y (-aln, ¡i in^tifraiúoii 
i]:ibi;i lie llenar las v:í- 



(leSfMLii" 

IPO'lel II 



l)UC 



¡b;> . 



sulx-i'. .!.' oj.iv Iiiiii 
WrbiaaiK'ji'^/tt.'ilü. 
jttfnj >l.-iil'; ¡i ~ii-i<-i!: 

ilasar>ib:<'i..~< ii . 

i-on Ifjilo f-'ii \i'-ii I 
los 'lo liii.'.-tr,; i-'.:v': 

intlujij ¡luji'iliii-.f-ti' 
i:olo.-il-l.. .■!. .■! .-.■u-.L. 
un oni.'ial '|ii<' )i;Lbia 
bre (•atlii ■■¡Jialm. ■:![■■ 
de Sevilla Mí j.i-,-.n' 



iiiLtaiiilo, 



|r-i|l 



tilntlola y< 






■■: "(india 

ii.iydnnin- 
■, \;;ir'iTi(Iii 
y también 

illaaos; y ri^jiilHíii- 




i 



■ttoiiwiaalaeiadad dequsTeniaacabab&n de pEcmoaq 
BM rScODTeiiU porque no dob pronunciábomoa igpsU 
En ente un ardid, porque á los de Sevilla se decia que 
eran toa tibios y cobardes, y los de Cádiz todo ardor y; . 
to. Como no babfa eos? que pronunciar de nuevo, pr 
- tal» yo, según mi costumbre de usarla ii-onía, qué nuei 
Uiraera la recien pronunciada en Sevilla, para tratar i 
patiria nosotros, ó. lo cual no se me daba respuesta. / 
'pato DOS amenazaban con una resolución de! pueblo, ei 
■eoii an motín en nuestro daño, y los quo tiraban á ar 
venían á decirnos que no podian contenerle, ni aun pi 
diendo con esto engallamos, y sí solo dar una formal 
eorosa á sus amenazas. 

' Mientras esto pasaba en la sociedad secreta, la c 
ora tan poco que Cádiz entera andaba averij^uando li 
en ella se resolvía, ni más ni menos que si fuese un c 
dtpositaño de la autoridad legal, los negocios de ofic 

vJlriÜftn en situación igualmente extraña. Menudeaban 
■ íñil del Gobierno, apoyadas en las resoluciones de las 

'tel', intimando á las provincias rebeladas que se puSiea 

'It-debida Obediencia. Recibía estas órdenes en Cádiz, 
que desempeñaba allí ambos mandos, el político y el m 
el liuen D. Manuel de Jáuregui, cuya autoridad, regulai 
. gftima cuando en él rccayd, no lo era ya, por no haber 
ftegado en manos de aquellos á quienes la había d. 
Qobierno. Cada una de estas órdenes era nueva met 
'tñkq)asaba el ya herido corazón de aquel pobre y ho 
Caballero que, según en otro escrito mío he dicho, re 
nado con hombres de ambos opuestas parcialidades, Ij 

'"dendn y la exaltada, ¿ varios de los de contrarios lad< 
tsHHduen creer y ceder, y que desaprobando-la resistí 
á ooyo trente seguía puesto, y lleno del conocimienlú 
pnpi* rectitud, se estímaba colocado en aquel para él 
de tormento, á ñn de evitar males mayores, siendo, ¡^ 
tiooerio ni ignorarlo del todo, instrumento de «oh» y, 
-tid; ll<»«ndo su aitaacion y la de Cádiz y de P-gfñiHj 
sidettadoee á'Bl propio oomo rebelde, pero rebelde hoff 



y resuelto A redery a (]ae la ciudad por 61 gobernada cediese, 
puro csperaudo que quienes más podían te alIsDaBen el oa- 
ínino , para hacerlo con m¿nos perjuicio del bien públi- 
^'^> Ávn cuando fuese cod menoscabo de su personal con'- 

Siendo ya forzoso y urgente tomar una resolución defloi- 

"va, llegó á Cádiz un emisario dpl supremo gobierno masd- 

Blco ¿aguijarnos á volver á una situación legal y pacifica, 

"^■yéndonoa la noticia da estar ya caldos los ministros. En 

**' ««cargado de esta comisión D. Olegario de los Cuetos, 

oR«tíjel1 de marina, de ios que habían trabajado bo preparar el 

"^^t^ldecimiento de la Constitución, aun poniendo en peligro 

*•* "Vida y fortuna; liberal además, que pecaba por serlo ex- 

^®^*"v amenté ardoroso. Sin embargo, al saberse su llegada, 

. "^«idióse la voz de que era un emisario del Gobierno, oe- 

'*^**<* á acabar eon la Constitución; y tanto creció este rumor, 

■lae Ouet08,con Iodos susmtrviciospalriólicos, hubo de verse 

Peligro. Salvósele apelando, si no de] todo, á esconderle 

I**^*<;o monos, y su venida sirvió de motivo á una junta 

S*aa masónica, presidida por el Soberano Capitulo y á 

J ^ ooncurrieron de todas las logias, sin que pueda yo acor- 

, ''Oae si fueron todos cuantos quisieron, ó algunos, llevan- 

***. voz de los cuerpos á que pertenecían. Precedida la óe* 

*'^Lcion de la junta, ponerse el Soberano Capitulo de acaw^ 

> conviniéndose en ceder, no sin costar trabajo sacar esta 

^CklacioD, ni sin que la minoría, desprendida de loquehst- 

. *^- última hora había sido mayoría, quedase indignada por 

***As, y no dispuesta A sujetarse al parecer á que oslaba 

. I^légO por fin la hora de la junta, que fué en una noche 

^c>s primeros dias de Enero de 1823. Andaban los gadita- 

, ^ como colgados de lo que allí habla de determinarse, 

^'idosc el singular ejemplo de que de las deliberaciones de 

**a sociedad entonces mismo condenada por las leyes vi- 

^tc3^ [lepaadiese la suerte del Estado, sabiéndolo aquellos 

'^® * la misma sociedad no pertenecían. Presidia Istúríz, 

loro y resulto. No bien se comenzó & hablar, cuando le- 



2» 



„J 



vuQtii SU \Qz fj'litra- llosa. Era el es-frailti lor)>e en prc 
se, y ha»la ignoraba !as Mrmultis de aquella sociedad «a qu» 
figuraba; pues usaba, hablando de otros, de! Don en vez del 
dictado de hermano, y á veces mezclaba el uno con el otro; 
rareza ésta la menor de sus discursos, que se señalaban por 
iiiucbas. Pero con su audacia y descara compensaba !a ha- 
biiidad de <¡ue carecía. Caiao sobre él con invectivas y sar^ 
casmoB, sin moverle un punto de cierta fria insolencia. Ct>- 
iioota él ademas que aun allí contaba con niucbos parciales, 
Sténdulo de su causa, cuando no de su persona, y de la parta 
que sostenía, aunque no de- su modo de sostenerla. Hablul(^|^ 
de Cuetos le tituló umisario del Gobierno, como le llamátiiM 
jdguaoa ea Cádiz, y sa opuso á que entrase á la junt*. Is" 
dignirODse muchos, y enti-e ellos Istúriz, de tal insulto y' 
caloiDDia, y ponderaron los méritos y servicios de Cuetos, 
dirJeado con verdad que venia en calidad de enviado del - 
gobierno secreto de la sociedad, y no del público y legal d0 ' 
ln monarquía. Insistió Clara-Rosa en desacreditar á CaetM ■■ 
y oponerse ¿ su admisión en aquel conciliábulo, y pidió qoé'. 
M pusiese á votación si entraría ó no. Iba á hacerse asi, no 
Bta fundados temores de que la admisión le fuese negada^' - 
cuando dando Istúriz un recio golpe con el mazo en lamesá^' 
y con voz hueca, campanuda y que sonaba á no sufrir coo^',. 
tradiccioD: «En virtud de mis facultades, dijo, y de las regláit!«- 
de nuestra Orden, entre nuestro hermano. > Quedáronse tiH' 
dos atónitos; obedecióse la orden del presidente, y ontr^i^ 
Cuetos, mientras muchos tachaban de despótico aquel pro^V: 
ceder, como sin duda lo era, y otros andaban averiguanÁ^-: 
cuáles eran aquellas facultades invocadas, que en verdady* 
no existian; golpe éste feliz, que prueba cuan fácil es domí^ 
nar á los hombres reunidos, y golpe de que sacó isUiri.' 
grande y justa vanidad, y á la postre no menor provee 
pues citado con alto elogio por varios, y por mi vomo i 
quien más, para acreditarte de atrevido y atinado en c 
arduos, sirvió de darle el crédito, que aumentado despaes^ fl 
ha trúdo au eDCumbramieoto. La eabrada de Cuetos foé ]f 
una victoria para el Soberano Capitulo, pues de los i] 



.2;n 

desaprobaban, unos '|uejosos, |k.tú atui'diJos, se iiniraroii 
ó dosistieroii del empeño <lii rcsistiilií. Aun Uñí hubo de po- 
nerse á votación s\ se pi"os(-f;uiría ó no en la resistencia, y 
de 1X3 solverse lo primero. I'eroso prrsent" niiuvo obstíículo 
á los que piwinndiiiri i!i:iutfniT viva la n'bi;l¡r.ii. Rra mimn- 
bro del eui.-rpiMii:3>i'i]¡cii, y :iun ili'l Siibiíi-aiM I '¡iiiituto, el 
primer r.i.'¡iiaiid;i!i;>- ili'l b;it;illi.'ti 'l^- !;i I'iim-i'sii, l'ryi'/. Sauz. 
el cual, í-iii 'j]iu:ifT-ie li los i]iie en l';i'l¡/. ilomínahan, niiinte- 
nía líl r-ui.'i-|i(i 0.- su ii¡.iniii>eii bii''na (li>i'i¡,i¡nii. iiiuyal jvvps 
de ofTOs <]\i<\ inanJaii'iii, d''jiib:in a l:i (rupa iii''/cla!'Si- en los 
ulhorolos. |-;~U' lnn'n otioíiil, a!)iiir;il<j di' lu r|i[r ¡,asaha, ahñ 
la voz, y trii tullo áspero diJM i|iii' v\ y su rffíiioii'nto uliede- 
- eianála (.'on-;l¡tui-Íon > á la aiinirjdad d" i-U-.i .■loanada, y 
'{ue estaban pi'iinfii-; ¡i -uiiiulrríf il li di-i.-i'^ioii délas Cortes, 
votasen otros lo (|ue vuta^ien. I'asiii<'i \ atendí tal arlo de in- 
subordinariiiM riiasónir:i y d.i subordiiiurii'ii ijiilüar, hecho 
con tanto airujii. A poeo d¡-;olvi''ise en drs'irdi'n la junta, y 
quedó entendiilii i|ue lialiria .!e. .vsar la r,!S¡-teri.-ia al Co- 
hierno. auiUjUe de la voiaeion liabia resultado lo contrario. 
Tales \ lautas ládieiii. 'ees inlluiaii con (mío. y no [luc.i, en la 
suerte de !'!<|(afia. Lo mejor 'pji' luvu la junta cnyns lances 
acabo <]•'- refi'iir, fuú ser la lilliiua llancirada dr mjuel incen- 
dio. ]nies ]iOP tal dctie enjutarse id levanlaniienli.) de Anda- 
lucia, ú pesar de no liabers^í vi-to en /-I c<n'a>:os. Al d¡a si- 
guiente sabiari lodos cu ('údi/. r|Ue la c¡ud;id y provincia iban 
ñ ponerse en obi-dii-ncia al lliibierno. hitenl'ise, para inipn- 
dirlo, una a-cnada, y en ella í'C baldaba naila inénos ijuo 
íle quitar la \Ída ¡i unes pocos, entre los euid<'s i-slaija on el 
primer lugar Isiúii/., y yo en el segundo. Al eni]>ezar la tar- 
de Cíimeniío á juntar-e i;n -Mrnllos ia ^cnb- di- peor traza y 
no mejore-^ hechos, en la pla/a li.^ San AntouÍ.\ donde cá- 
hainiente vivia Ir^túri/. Ksti' no salii'i di- su ea-a, y yo acudí 
ú ella, y desde sus Ijaliv^nes veiainos, en el lado opuesto de 
la ploza, alfíunas ya eiveidas eiiadnllas. Nuestro temor no 
«ra grande, porque no ¡■arei.a'ael albui'Olo ntiiy leuiiblü. Vino 
f^ran número do amÍ!¿os y eonoeidos á nuestro lado como 
jiara protepernos. Pero antes que el tumulto empezase ó qua 



232 

ile!=¡síiestn (Je su propósito los f|ue le armaban, vino en au- 
NÜiú (leí (irden im recio aguacero, :il que habría resi:^tÍ<Io un 
entusiasiiK» [)0¡nilíir arrebalarlo y de bii^iia ley, pero ni que 
cedió aíjuel bullicio, como suden oíros de su cluse, siendo la 
lluvia buen medio <Ie ^íls^<{:l^ y fli^ii^rsar liullicios. Este fué 
el último amairo (iií los irili.'(C!;;nins cu la coiitiuiiai-ion del 
desorden. Muclios <\c i-IIos .-¡ítiilj;.!! nuiívi'lu:; d.i iiiiodo, por- 
que pensaban 'juo serian i:a«lL;-'a<ÍM:i ¡i"i' '^u^' dc<ni;iui-s mien- 
tra» la sodiciotí eíiliivii Iriimfaiilc. S^ilu ('l¡ii-a-lí<i'ia temic> 
i;on raüon, pijrque fue preso, cjiíi^ii m:ís Mi'ii piT iiii|jedirle 
cometer nuevos iiMtC'-os, ijuí' [ir^v In pa^iid-i, y m.-aso [mrcul- 
pas nílojas, no f;dtándnie iii\iclia^ y j;ravcM cii su vida. Cor- 
rieron voces de qiio el iiifriij; Hi'u<aba vi-ili-ntaim-nti! á algu- 
nos de habnrle pi'Oicf-ido y e\i:iiado para después abando- 
narle. La calumnia ahultij i-stos rumurej, ijuo i-rr'cii'i-on con 
haber caído eiiferino el preso y haber mui;rto muy en breve 
en su encierro, estando ijuebrantu'lo por iifiejuí acha'¡ues. 
En la hüi-a de su miici'fc liabía tt^rlid.) auniLMito el [lúmero 
de sus pairialcK, pnr<[Uií su di-silicliado fin podía aprove- 
charse para satisfacer malas pasiones, sin tener ijiie cargar 
con proto^'erle. La comunería le adupti'. p'ir su\o, y la 
comunería liabia tenido cieoos eonsideraljilisimas en ac¡ue- 
lloB momenttis, hahiénJose pagado á su li:nidera á centena- 
res los masones dcsconlentds con el lin del levanlaniienio 
y con los hombres ijue le lialiíaii dado primero vida \ luego 
muerte. Istih-iií era ;i la s;i;íijii el inin<'i]ial Idanco del odio 
do aquella frciiie irritada. Dispiisuse hacer al cueriHi de Cla- 
ra-Rosa un entierro de nueva e«|)eeie, del '|ue esinvii'Ke dea- 
terrada (oda solemnidad relifíiosa, ctmio si se cunfesuse que 
no debía haberlas con las reliquias de a'|iiel desdichado, 
escándalo que fué tolerado aun después de restablecido el 
imperio de las leyes. Pasi.^'i las calles de ('iidi/. el cadáver 
con su desalmado acimipañamienlo , vendo aijuél descu- 
bierto, y tSevando en sus manos una pluma, como si hubiese 
sido el difunto un esi'ritor insij^'ne. Kn ve/ de seguir el en- 
tierro el camino de la casa mortuoria al cementerio, pasú á 
la plaza de la Constitución ó de San Antonio, y beodos cier- 



|toebOnúres ridSciutos á la lápida, h la cual era eii ai^uuUúe 
s coslutnbro dar «it-rta. espei;Íe de culto, procedió li ¡londi- 
I Mtf bajo lüs balconea de lu casa de Istúriz, dativo lit vuulUt 
£ la&tameiite delunto de ellos; linaje atroz da insulto, donde 
Iqoeria signiflearí^e r¡ue el muerto dehia su ñn al habitante de 
twi<i6lla cana.. 

Cuando esta fea escena se representó, ya estaba jo fuwV| 
B'Gádiz. No bien quedó la ciudad sujeta y sosegad^, cuai^m 
ávoWi yo la espalda^ habiendo pasado en ella pocos (T " 
k'lOB más amargos de mi \ida. AI regresar á Córdoba p 
p Sevilla, donde ya Velasco y Escobedo habían dejado ti 
uado y se preparaban á ir á Madrid, estando inaa¿(K 
B les formase causa. Uno y otro deseaban poner fio | 
t ttaOk funesta en que habían figurado, y no'lú habían he^ 
, por temor de que no lo hiciesen los de Cádiz^j 
e representaba en Sevilla como llenos de funft 5 
a para proseguir en la resistencia. Velasco, sobre to^^ 
muy patriota y de la parcialidad exaltada, como é 
i militar y honrado, estaba harto do unos suCésijI 
B cuales quien mandaba en el nombre tenía que pre 
e á obrar según (¡uería la peor parte de los que igualg 
en el nombre obedecían, y en^Jos cuates lambie 
or la influencia de las personas menos dignas de aprd 
lo tan escrupuloso Escobedo, y hombre de otros hábibg 
e obstinaba en flgui-ar de cualquier modo, y sí bien ^ 
wr ceder no bien vio que habla gran peligro en s 
If.peaie tiendo, después de haber cedido se complacía i 
"• ridículos obsequios y en manifestar opiniúneB í 
R'especie. Asi, estando yo una noche en su casa, vjüi 
fcjfflndilla á darle una música cuando él se había íei 
Sido de la autoridad, y como cantasen una cancioi 
tiueva y que para todos lo era bastante, cuyo fiw 
tilo era: 



Muera quien qi 
moderación, 
S VÍV& siempre 






2ai 

y siempre viva, 
y viva siempre 
la exaltación; 



osiribillo que cfjlebraba y «'íintaba en coro con voz carras- 
íjuena el ox-jefe político, chocando niní? oir salir aquellos 
anatemas contra un partiJo fntrro y contra una virtud de 
boca de un hombre anciano, ^nave, haírt i tétrico, de larga 
carrera, colf.icado en i\\io^ ciii])le'.>íí, y .sin apariencias de 
obedecer al impulso de vivas pasionrsT A pesar du estos fes- 
tejos pobres y cantares, Sevilla t.-st.-iha i»acííica, privado del 
poder el cCi^'to número de alb'.'rotadorcs que lUfvaba la voz 
del pueblo, i labia allí una sociedad patr¡«'>licu áv al.i^una más 
influencia que la de (auVia. Asistí yo á ella, [m.m'O cí.uno curio- 
so, á ver y oir y no representar papel. Poco ^e habU», y casi 
toda la Sesión se redujo á leer desde la tribuna un número de 
A7 Zurrinf/o un socio que tenía en alto prado la no común 
dote de leer bien, y (jue ae i'ccreaba en su lectura, no monos 
f^rata ásu auditorio. A la puerta de la sociedad, al salir, me 
encontré con un ro.sv¿/"/o, de lus que en Se\illa son tan co- 
munes, y algunos de los que salían 1»* hicieron burlas que 
rayaban en insulto. Pero el rosario siicuit') su camino, sím- 
bolo de la Sevilla anticua, á la cual ]»odia tener señoreada, 
[)ero no vencei', la escasa grey (pie com[)unía la Sevilla nueva. 
Kn breve me restituí íi Córdoba, l'ué muy singular que 
siendo di])utado electo se me negasen i'aballo^ de j)Osta para 
caminar, habiendo í')rden del (Gobierno de no darlos á parti- 
cular alguno, j)0r lo cual emprendí «*n un calesín mi via- 
je, consumit;ndo tres dias en andar veinticinco leguas. 
Así^el Gobierno, débil cuanto cabe, se desquitaba de las 
amarguras y aírenlas de su situación c(.ui ser neciamente 
tirano en [►eíiueneces. Kn esí<.í punto [»oco hemos mejorado, 
después de haber pasado cerca de v(?intiseis años, contados 
desde el dia en que esto sucedía al en (jue escribo. 

Llegado á la (jue era ent<)n<-es mi casa, descansé, prepa- 
rándome á las campanas que me esperaban en el Congreso, 
si en el conseguía entrar, no obstante estar encausado. En 



«ate tiemblo habían ocurrido y (U'urriei'on inciduiii^s ile alpii- 
na {íriivedrid. I'ero ánles f]ue (.'cdiesi'n ile »u resistencia Se- 
villa y Cádiz, habían sidu fiiitadaí! jior (d (Joiií;i-(;so |)rovidpn- 
cías scvni'us «ronti-a los i\ui.- ;illi <;ohiTn;ib;iii . Uii'i niárgi-ii a 
«lias una i-eijri.-¡ífiiUitiiün K'iiiji f.i la;í Cój'tcs, linniidii por 
Jáure^ui y (.'ficrita pur mi liuniüdi'. iii-fM-ii;i. rnb:ilmoiiU*, 
este doiminnnlo h;ibi;i -iid.> cxlt^iiilidu y diidn ;i lii7. cu Cádiz, 
en las lluras orí i[in' nns csiiilüiri ;ii[irnit/.:indu y iJiinJci'niido 
la pei-tinacia li'Ti'.ioit d(í lo-; si'villunn*;. f<>nni i-stábamos 
ilispuestuij ¡i traer :i (¡iiiiítud y fiíijiii-iiiii lu |ir(iviin'-ia, jiei-o no 
sin usar do artfs iifivsiirias id lc)f,'ro de iiiirsii-ii iiitciiui, ha- 
bía nido truliuj Oí' :i mi laivia, |)Uí's iii'Cfsiraba no 'lar i-cculosa 
los furiosos, satisfai-i.'r al llniíaiilií y d''jari.-iiruii'!<'r 'iu situa- 
«iou y la de- lus ijuf t-^tábamos rnii id ti'abajaiidi.' cu una ¡la- 
iññcatüoii no laii laiál de i'un^ej,'iiii' i-uiíniu [ii'n>aban los 
(|ue dtísdo aíui-ra vn'an li buena di>tani'ia las i'i':^ifí. Acertó 
la tal i-c¡trc!<'iila<-icm ti crj;;añ:ii- á Iüh ^aiiilaiios acalDrados, 
y no dqó dt- i^<v i'oini.n.'ndiiln \\(n- alfíiinii:* , aun en las 
Cortes, fcl a]iuro ile Jáurcfini y wii inoilo de dcelaruHi,!; pero 
vencierud oteas eoiiKidi/raeiuiies \ fue matidadíi f|ini w le 
pusieiíe enjuicio, a-^i coinu, kc^íuii ya he diclio, :i Vclaaco y 
Escblieilo. Si.uiiióse liacei- las i'úfh--^ U>yc> [•-v las rrualas 
cortíiban los abusos lic |ii inijucnfa y del dmeelio do peti- 
i:Í0D. Kntiim-cfi í^caeordai-üii loscxallailu-. ib- la ('niistitudoii 
que habían 'jU>'!jraiitado con tania infiíílcneia, y entiiiices 
fué sacado á eucnla i|iii; la-i (.'óKes. siendo cxtraLirdioarias, 
sólo pudiati t'iilc]idi;r en el nc^^oi'iij ]>arM i]Ui? habían ;íido 
convocadas, punlu olvidado al pcilii- y lo^íiar bi declaración 
contra lüK miiiisii-os. N'r-iisc, pues, al Con^'ccsu d dei-ocLii 
tie ieííislar i'n tales ¡lunlíis^y aun dentro de él no fallaron sos- 
tenedores de. esta doc!i-iiia ú otios ([U<', eonio l'alati-uva, sin 
ir tan allá, condenaban las propuestas nuevas leyes. IVm 
habia [lersouas eit Madrid <[ue no ^'uslabati de ranas üposl- 
cioues con palabius, conociendo cuánto tmis poderosa es la 
de las obras, y éstas rusolvitn'on viobjnlar á lo.s diputados 
en t^us resoluciones y hastai- '{uitar la vida á aljjunos de los 
más señalados en la defensa de los nuevos pruym.!tos de ley, 




sieniio cabalmenlo geIos diputados ile ios más renombre y 
mérito eo el CongreBo y en España. Antióee, pues, un mo' 
Un, capitaneado por un comedíante llamiido González, y 
otros da su laya, que asestó sus tiros ptinci palmen te al con- 
de de Toréno y á Martínez de Ih Rosa, estando ambos A 
punto de perecer, y 6¡eii4o infinitada y allanada la casa del 
primero, donde su'bermana, la viuda del insigne Díaz Po- 
lier, mártir ríe la causa constitucional, fué objeto de trata- 
miento indigno. Alzóse un clamor de escándalo é ira al a^^ 
beree tales excesos, y fueron aprobadas por crecido número 
de votos las propuestas leyes. Recién ocurrido este suceao 
cerrárouijc las Crines de 1820 y 1821, entrando los nuevos 
diputados á llenar el hueco dejado por sus antecesoree. 



CAPITULO XVII 



Mi9t prop^Híto» y actUutldpt auloi- al nhi-ii>ee 

'irtes.-'X^atfLilo lie la mosonei-Ia — CueRt.ioiií"Hy(lehateiiiV 

a daluasr la adinisian ili?l durtue del X^ariiue y del&u- 

p wn IflB Cortos.— Elección de llieijo parn lo pi-eslilvii- 

CÍ&.— Blartinez de la Roísa Tormo nuevo Ministerio.— Ck- 

E¿ater y oondltrlon de hub ooleeas de Osbinele. — Optnlo» 

■ nea do los diputados y Ttilta de omniiizacion y disciplina, 

' ospedalmente enlre los exolladoH.— Traloe y modos ile 

loa dipntadOB de los diversos bando». 



En estas circunstancias fui yo a Madrid, después de ha- 

t1>Bniie detenido en Córdoba cei-ca de un-mes » descansar de 

B que TD¡ espíritu había padecido en Cádiz. Malquisto con 

B exaltados de allí, distaba yo tanto, sin embargo, de que- 

''ter romper con los de España, que, al revés, iba locamente 

íijnsnello á probar cuan injustos cargos se mi? hacían al cal- 

^ parme de guardar consideraciones con los moderadoSj por- 

tque había contribuido aponer á Cádiz un obediencia al Go- 

■no. Pero no se entienda que tratando yo de sustentar 

I feroz ímpetu y terco empeño las doctrinas y el interés 

. parcialidad, quoria desmanes, persecuciones, ó la- 

Ercaida del trono, ó, en caso de faltar el Rey, un gobierno re 

poblicano. Y no se crea que estas son disculpas dadas para 

captarme la aprobación de mis lectores. Si con ellas juBtiflco 

a intenciones, sólo puedo lograrlo á -costa de desacreditar 

Iboen juicio, pues ciertamente merezco la nota de insen- 

^ & lo menos en aquellos días, porque aspirando á Ue- 

r & ciertoe fines, me valía de medios que por fuerza hablan 

W á Otros muy diferentes. Bien es verdad que contra 



Ki-Í 
la ntás coriiuD indinacioii 'le Idr hombriís, \o, aUDifUfl I 
i;arezca tío amor propio ni lleve con gusto ear motejado i 
iiicap&cidad, todavía preñero ser tenido por honrado &p 
6Kr por agudo y diestro. 

En otras cosas pensaba y procedía ó aconsejaba t 
más acierto, y cabalmente en éstas solía ver raia becboftj 
niit consejos censurados ó desestimados. Cuando llegué | 
Madrid, <jue J'ui.- t-l 13 de l'ebrero de 183?, habiendo de ju3 
tune Us Cortes el 10 de Marzo, ya estaban en la capital 
mochas de los diputados electos. Celebramos juntas, y m 
días, ana de las primeras proposiciones fué que renuDCtk-r 
Ben á la cuarta parte de sus dietas los diputados que ibaáA;. 
jBar, no ejerciéndose entonces la diputación á Cortes gratui- 
fúñente, sino con laretríbucion de cincuenta mil reales anuar - 
lee, y que los empleados, á los cuales en vez de dietas H^ 
daba susueldo, también dejasen de cobrar, mientras estabas 
en el Congreso, un veinticinco por ciento de sus po^s,, 
Aunque yo perdía doce mil quinientos reales al año, quenp 
hadan falta, no me opuse á este rasgo de ostentoso desin? 
teres, pero sin darle el valor que otros. Como obra más át3_ 
prediqué la necesidad de que los de ciertas opiniones far* 
ináaemps un paWúío en el cual fuese sacrificada ávecealft^ 
opinión particular hasta para votar á la de la comunión p(k;- 
Iftíca á que correspondíamos. Disonó esta propuesta, paift^ 
ciMido contraría á la honradez, é imitación de las cosas in-_ 
glflsas, á las cuales se me ha achacado y achaca tener doto 
medida afición, aunque no las estime por ser de extranjero^. 
aioo por considerarlas provechosasy en cierto grado confor-— 
mésala justicia; y convínose en que ios españoles no di^^ 
biamoe seguir las pisadas de títras gentes en ia senda 000»*^ 
titadonal, sino caminar ú, nuestro modo, votando cada cqd^ 
según BU conciencia; determinación en sus efectos eiati^ 
equivalente á la de soldados que se resistiesen áiíacarfuoM^ 
en descargas, pretiriendo disparar cada cual según vÍBUé^^ 
creyera que podía dañar á uno ú muchos de sus coDtnu^a|IÉ¿ 
Desda luágo chocó & varios de mis colegas mi tono, j--"~" 
pensando -y hablando con fe, aparecía dogmátioo 7 a 




• ^SÍKffli' empeñó de [fersuadir á otros de aqui^o de que yo 
estaba peraiiailido, y ademis tenia «1 defecto de emplear el 
medio de ridiculizar lo que estimaba desvario y el de do en- 
cubnr que á los de pocos alcances y no mayor tiieúda loa 
" a por lo que eran, esto ee, por rudos ó ignorantes. 
^^Sibien ee verdad queen estos últinios puntos pudoenga- 
Sarme mi presunción, hoy mismo tengo ei atrevimiento de 
afirmar que con mucha frecuencia acerté, habiéndomelas & 
menudo con ^ente de no grande entendimienlo y muy cor- 
to» en juicio y en lectura. Olro objeto que embebía la aten- 
' dfm era la elección de presidente. Propúsose para serlo á 
Riego, y discordaron uu tanto las opiniones. No faltó quien 
manifestase la suya contraría á semejante nombramiento, 
considerándole un guante arrojado á la corte y al partido 
moderado; pero fueron muchos más los que aprobaron la 
idea, y desde aquel momentb apareció cómo habia de divi- 
' dirae el futuro Congreso en do.<! partidos*, si bien quedaran 
por algunos días en el nuestro algunos diputados de mérito 
f oota,que habían do desampararle muy pronto. 

Entre tanto los gobiernos de las sociedades secretas con- 

* tfnoaban en pió aborreciéndose y desacreditándose mutua- 

mte, pero sin hacerse guerra todavía. El de los coroune- 

tfclara y resuelt-tmente sustentaba las doctrinas y el in- 

s de la parcialidad enaltada. El de los masones apenas 

a lo que deseaba ó á dónde iba en aquellos momentos. 

t Por una casualidad rara, pero de las frecuentes en mi canre- 

■¡JtAy más abundante en desdichas graves ó leves que en proa— 

Idades, yo, uno do los principales en la sociedad, me ha- 

It'quedado fuera de dicho gobierno, porque el Capítulo da 

4oba, presidido por mi, habla dado los poderes parare- 

mtaHo en el cuerpo gobernador de la sociedad secreta 

I D. José Melendez, canónigo de la colegiata de San Hi- 

I, y diputado á Cortes por la misma provincia, croyen- 

6 yo represeutaria á otro Capitulo provincial de los da 

laña, y el de Cádiz estaba representado por I&túriz. ffi' 

n tete gozaba de gran crédito en la parcialidad exaltada, 

O cobró ascendiente desde luego en el cuerpo en que entró. 



210 

]>'jv varias causas, de las rúales no ten no voiiocinúento, v 
¡n.>r una |>od»*rüs;i y de mi conocida, que era ser miembro 
nuevo. V li<M!;er!os va aniii:iios v diestros, afianzados en la 
[)r>>esion dr gob«*rn:ir ;i su< <'olei:as. l.'no de los de mas 
íníluoncia eia D. I-';i'un L» hifaíit».-. de «jui^n más de una 
vez Ih* li.'il)ia'lu, ••i.iv'j i'(»:iri-:,!.i i-ra i1í.« hombre bonazo v 
con<'¡Iiad'''r, c -ix'-'jr • ¡lo <]*■[ lud... iririvM'i'ji), y trocado 
despu»;s t'ii nivj rir.t.Manpni" «•■iinrari". !i'» fon ^a-ande 
jnjustií'ia, si.:;. lo rn V'-i-da-.l h":. :■):■<• (¡.'S'-.i^;..! ijc^ llevar ade- 
lante los co-us ii'>r t'>rinini'S ^ikiv.-- v ni'.:l.-nad<";, muvaten- 
to á'^u |iro:»¡'.' iiitt-rí's, ;i:in'i:]<' <iij viihnii.», «Ti'dulo un medio 
de sur arUTL». «'-í-a^o d«; vi'i-j.rlcró laleiiti», aiin'jiie con al-, 
í^unu, y dtr la «-lase qur ticii»' ñor i*\«'e!i'ncia »'l nombre de ha- 
hiliíjad; jxno instruiílo, ron altísima ñi-ini<'ii do su jtropio 
valer, y díindosrhi ¡i io-^ di'iij.is, <i n-- i.:^'!i.il .'i la suya, i-n .irra- 
do muy s'.ijM-rior al d»- su- pr 'i'it)s nh.Mvi-¡iiiii-¡it<:)>: buen anu- 
ido, \in sin «:ii¡d.'ido dt; s;ic.Mr [«.inidí» de sus amistades, capaz 
de l'avore'-í.'i- ;'i sus C"iiir.*iii(.ts por i;cneros¡ilad y blandura 
dtí ("OndiíMon, así «'um > por j) íliilrví; per-onaj.', oii suma, de 
los íjuc sal)';ii y lí'.i^ran merlrar ru ».'! mundo, piU'o no mere- 
cedor del <'»íl¡o «'» vitujM'rio «jUi* di; sus cu.-mii:"-; numerosos 
se ba ,^ranj'.\'ub), siru<lo dr. iiidar .jue en io-< ]trimerí>s tiem- 
pos de. su euiTfia j.olíiicu e..»nt;íb:i pocusconlrarios y muchos 
parciales. Andando el liruipo famlum tuvo inílueneia pode- 
rosa con el íiii--mo ;_í"bi.'rno s.-creto Mseobeilo, «d eual, sin 
Ser un b'unbi't.' ;il)soIu(anieiite mulo, era t:i\, «pu? ;i[)énas pue- 
de i-í>ntarsi' eoii la ra/.í»n de su crédito é inllujo. si ya la ha- 
bilidíKl a<*red¡íad;i en üianj.-.'usií el u¡i') y el otro sin razones 
ostensibles, nosii-ve d»- exjlicar <•! valimienti» de «¡ue entre 
los su vos Li'uzaba. 

ÍJé/^'an.in las >»'<ion''s pi'ep:iral<-i-¡:is de las í^u-tes. Mien- 
tras éstas se eclcbíMban, el Supremo Tribunal de Justicia, 
com[)uesLO d»í m<»d.'r,-i'b..< cju»' nn* .Mborri-ríaii, jionía singular 
tíUipeno en dai- |.'rim-i]»io {\ b.w jir<.H'ediini«*!ilos judicialescon- 
tra mi pei'sono. l'lstabn \o de veras j»ersuadido de que ha- 
biendo salido tdecto dijíUtado ;intes de llegar á los tdectores 
la notiída de estar sujeto á juicio, no tocaba juzgarme á otro 



^^^^^^H^^L^^^^^H 




2-11 




tribuaal que al de iiis riii-us, jiii'isfiii'ci'jii ''siiori; 
á quf estaban sujctOi* lus tl¡)iutiHl()s ron arn'ijlo 
tucion vifrenlü. Cijncslt- |iroihiisÍlo i-lii'ii fnc'iiiti'a 
escribano i|Uií \i'nia ¡i ii'jIíííi-;ii-t!Ii.' un;i |irov¡<li-M 
meé!, y. NI el liiu aiili-ri.-.r al .■n i|i[.' tial>ia -If 


:i1 yi'Nt.i-pina 

!i b ('niisti- 
riai' cnii uii 
.■¡a, Hvi-Ji'!!- 
iVMiKfirlii 


junta ¡■iri'jiarai'iria >¡ n'ii i'li'i.'rtnn it.i i'< ii.j v;(1 


i'la. tii-iie//! 


t'oninigo L'ii la i-aUi- y .IcsTiiaim.».' i'n .-! i.-nu. ■■ 
y hastai'ii la^i'\|iri-ü¡<.irii'>- '|iir Li-^r,, ;i ^if y> v 
altanería. jjr<il>uii'lo í^ii .-.iiidurta ••u-.n, .-n-aria 


11 toMlTlO'lOH 

,-s[..,n.Ii «-un 


c-ontraini '|iiir-ncs i,' i-uii.l.-aK-ni. 

En h jimia iir-.-i>¡iral..i-la la i-i.nii~!--M i 

tsamiiiar' ln:- ].'l.^.■l■^>^, ai '■\a minar l.--^ iiii.i-, \ j 


ihi-a.la ].aca 
.. ui, ,,a[,ol 


«iueai-ali,-.l)a il.- |.-is[ii'>-i IL.I.Í.tim. ;. l,-i -.■.-.■lairi 
dondfiavi'-aha f^tjv >.. piii'-i.í i-ü rau-i. l-j-.-i I,-> 


^■..un-i'.n.|.-> 


laiaaniifí-.-. y ..[.iii.. .ju.' ii.. i-fa:i'l.. ¡■n-..:..!..-^ 


1.1- |.l-nr.-ili- 


p micuios y s¡,-n.|.. ¡..-(.'il...- :i nú .■l..ivi-.;i la ll.;:.:. 
rtelüs.-!rrt,ji-...s(|.i.-. -|-il,a > . íhmí.I-I.. [.r..,--: 


.la a m.tida 
M-, .l,.lua tf- 


nerciiini.];i i.]i .■! r,,n-iv-... ,|i[i-,!;i!|.!.. ..1 liLjaM 


1'. :\ S.-I- JUZ- 


ííiiiJüii ,11 i¡i.iLi¡.ii i".r.-l iriliiina; -1.- 1:-.-^ < ■,,(■■. ■>. 


. l'..i-.lál|l.>S 



devülmvi. i->l.- i]¡i-tUltir.|;, lii; 

"iuqu'Ml.-i Par. 
noiJark-..n'r-a. 



ntjQi-ci 



i).|.. 



íUKioii iiii-uiiii.aiiM. .■! -.Tvicii 
cai5}0.lL-.li[.uta.i..i.!:i ila.pi.-. Ii 
pasaba ¡ini- muy ..\aluj.l... > Ip 
«iondfSLTln, si hi.'n 1.,-^ '|iu- 
siucera- Mir^ il.;i:i.isri-^..-¡;.iirs. : 
Pülriútii-a-i r..i.i.. i'l iiiir-; raiiliii 



él 



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ij-ai.j.ir,s. 
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(iifieiid.j; 

Iialjia ilirliu i'.-ii rín 

yado). nij •■/ il,u¡i'<- •:■-/ 7'./(*.,;'... .-vf... .■/ •■iu-hnl.u,; /■/-/,«.*, 
siendo el iloCafia^i su ii]..'llidi>. Mas aul-'iitii'o rra ijijl'I'ii un 
día dealboroio, i-ornu funruii l-m lnillii-insíi-!. !f(!¿;un tftiiaii do 
costumbre, ú hucei' ruido dt.'lunte de lu cn^ dul HVUiilaniii'Dt.) 






l(- MndriJ v él luv¡l■^!e l:i 
¡LSOUHial Ii;i!i'Oii. ar:'iii,"'i 
¡.TiriíiÜ.-Wan.U.-. íí!li vi-i! 
.I:i;..|m-lla:.niL:i.'.«it:vL I 
ri.-.'ii,ii !:ui :i[ii.1-m;.¡'i .•..■■-' 
(,><!(. f!li.> no |.¡i-;i!.a .;.■-. 
iiiiivi'ii <;i-ai-ií!. \ ■■'! I:i 1-1 

.■;ihr. !--í"lial.:ni:Miii ina- 

.■N,-.lta.!-.^!-MN.-i-ian. y.-' 



.|ii.ifui-M-;..!nnr¡.l... 
milii..s,Tv¡,i.ii,.i, 
|i. líaru..iii;i!.^'b 

!iiI.ni'rÍa!i.lrclM,. ■.!,■! 
..>. a.,ur:i-,,n,.,v.... 



rrlll'i'rlltt' ílc (lirhi.l edificio, ütí 

lüi'hii si'lÍ!.'ÍLi«:i, ysar-riiiílo nn 
,'i..-!iI.i.,v.nno ti.'nifH'Ií' iie?lin:i- 
■at:i>-; y <|in' M'i-"iivoniilo por 
-y .-■■;■ h: h:-hr.i .|¡r!iM quf> 

í,.;;,-. , '-,.■■■■.-. .■.■^aijue (.■:)>■.) 



1 .'. jiarf- 



!.iiiiinal>;i 
■ >u OOll- 



1 i'siur- 
ilui|ue 



....•l.-i 



..i.-l.l 



•■}}M-;h 



Ibman.l. -ti, .■!!■.:, !i- .,■: -nm;. 

.lvl..«.!rÍa .■..:;, ;-¡...,. [r-.r-V- :; 
.-xallaH..... !,i.-.i¡j... ,-,■:. i.:;;, .■,-:, 
mui'll" II" l'>!;'l:i |] !:;- < .f'i - 

mi i'\lrnrKí/a al i'iiv- ¡"'ii-:ii' ■!■■ 

V..1...I-;; lliisl..:ii.,.-.-i:i l-.v- 

!.>jiiiTican.|..b.-aI,.-/;,. mi- di.. 
s.iv.-, y ..[ ,i(. sns .■..l.-íra- s.-iia 



■■'■:- t;ii-!ia avr 

:i MuíU'i-O liara 

iii:iiiu''va. uno 

■':■. 'iii-» Fcmi.i 
i!i;!iil'r'~(:i3e yu 

ii-?!>' sombian- 
ni- el lÜotaineii 
x'íiun lo fj'ií* 



^ 



243 __ 

B compañecoe. Recién pasada «"'" " 

-_,„^ dtctámeQjContraelcualoia vari— .___ 

ia Ja palabra, así como otros mucboB Id pedian m vt ¿^ 
pi^pero las primeras sonaron más en mis oidoe, p»- " 
lome un truenu (jue iba á despedirme un rayo. Lavsa- J 
»mopreveni;i ul reí,'lamento en casos semejantes, y J 
lefendieiido mi nombramiento, becbo lo cual sali fti^ ] 
salón do i-isioucá. Dije uo muchas palabras, ye 
iGxprüsú cüii dticoi'u y lino, usando de! tono y gg|rtd[lj 
ientes. Saiimc un se;;uida, y no rucutírdo ávhtS^" 
anmí vida to'ltt, agitación semejante. Sjüiuioa i 
pública áijir el debate, y volvíame afuera noquenaif 
y no habiendo entendido lo que se decía cuando eetft- 
lentc, y mu bíijaba al ealon de conferencias, y miraba 
iras á loK diputados rjuo allí se salían sin atreverme 
larlcsjtal era mi ansia por ser diputado. El debatefué' 
ensione:^ medianas para su importancia. El primero 
blú contra mi entrada fué Gil de la Cuadra, quíea eb>- 
mucbo mis méritos y servicios, hizo hincapié en qut» 
a entrar A servir ¡a diputación un hombre procesado, 
idiúlo Istúriz eludiendo e.sta cuestión A despreciando 
a porrjuo fe me procesaba, ensalzándome y acusando 
.erno de perst!;.;uirme hasta haberme hecho tratar coo 
i respeto por un alf^uacil, efjuivooando asi al Gobier- 
un iribuiKil y lujando á la clase de alguacil al escri- 
bí votarle el dobato, hizosc, no en votación Dominal, 
vanlitnJose los aprobantes y quedándose sentadoe los 
piniün contraria. Según las fórmulas de entonces, pre- 
wjuntusprejjaratorias de las Curtes futuras la dípu- 
permanente de las anteriores. En ella tenia yo pocos 
I, y nadie lo era menos que el secretario, Martínez de 
I, injusto entóneos conmigo, como lo era yo con él, y 
I & ser salla nuestra amicitad antigua, á lo menos por 
te. A tal punto hubo de cegarle su deseo, que al teoder 
k desde la tribuna y juzgar cuál era la votación, dijo; 
ittda, siendo asi que mal podía haberla, puea el dú- 
Ü^jlos que votaron contra mi admisioD fué corto y á la 



'[lili II 



ll- 



:1 |l(ll- 1 



i-ii \h.riin-« .1.- la ll.wi 
rj,-¡l)¡.ll. .T.ll.-.vil.l:.]... :.lin.|'li. 

l¡a.i|..lii¡.-..l.nr-'¡n;'-J'-l»iii"! 
.I.-.".t.-.'^.ii;.>.l:r-TVL.Ii-. Si E-il 

■Ma.in. v.,-,„,:„-..„ la- ■,„, 

'""■'¡ ..inM,.,-..'in;,;n,.|...|i 

U'IV'JO :i li'in.lii-i-i [.[■."■. -ir!.... . 
durado. I- .■ni.,:. ,,„,.,:, „ü-.. 
.■liii?...l>iijr. \.>/.M,,!^..i,;ni-..., 



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■jlijiLi ^11 :if:rií.-i 

-f.hl-i- ¡.'.--l. Til I i,!. 



h:tli¡EiÍ7ii¡l<<')'jtiii í- 



» i's rl lie lr>í i-t'iitados. 1 lecha 
invririii inuv ciiícirKi, n la |iar 
si-iui nvivarst! ini omijo con- 
Iiiii''¡i>n t'ii ül C.'on^ivfo fué 
• 'TI iilpirrnl y vonlailero, en 
{•:■■]•'< icis ■■r>rirr:inü-iii nit par- 
í;:;i' ¡ur;i ;i!iii ,-!i;i <> tnorJei-adoi' 
/ !li>v¡ih;i!i ra/oii, no raW 
- tiíKM li:.''il:i- riililinnio- 

i! ■■!;. I;. .■iili.ladv 
y t.'iiíli'anlo, ("oa 
i:iv.'i.>ril..i|incuen- 
•■!i:i'l.. .-llfl-po r|llt' 

-.■ !:. .-I.r.-ion i^ 

-iv.'iii:iii \ns lin-« 
n iT'VJila siiiMíno- 
'|H'' l'in> su i-ooipe- 
■ liir;iha un me?, 
■ '■!■■. i í'- ljil;i iiiuos- 
Cml;.-. 1,ú úniíf 
'll ■[-.< \.no? i.-on 
ii:i- 'iii-' .i lii'inpu 
í;i!i r:,n n.i.iotrfis. 
.a>vi ..-..ii^iKn dto 
i I ¡"'I' si-fialnr la 
nuf ijTi--" fué iles- 
'■-"- ¡i'Koi-íisrios. 
¡;l sido por 
ruido, elo- 
: r..!i":ti!.. iiii'iia liaMado una 
'■"II i'Mr-.-i<'r'Iiii;iiio aplauso, 
:--> y no-ulii''- tiiat'.TÍas esc.v 
■l'ís l'i-i [jjiiivt-irs. Avisónos 
TV'i" i'iiiilra Ilii'cro, _v ((ue I*- 
I diput ai-ion vnlom^iaDa, uiio 



av-ll'l . 



210 

^^ nuestra amistad y (ipiíiionos, t\\u- haliieii'Io sidu <lil ;int.- 
*'4or ^;nn^n.'SO, t;ni de su tliput.'U'ion jicrinanriifí.'. A [joch^- 
'Jiasj de esto, ron iu-tos jMiblicos jii;iiiiti'>;tí') r\ rjii<iní» (íaüo ha- 
Oer dejado niicslra li;indiM*a \hM' hi coriiraria, d»? la mal, 
■^'íio dfjo ditdu), viiii.) a srr uiu» d<' jo- mas ilii<U'i's carn- 

Laek'Cí.'ioij hí'i'lia t.'n K¡«'t:() tit'-^prih) cti la rent»; trinos rs, 
Pura Iijíí fuíihs no lialiiíi ba^iaiili- rmidahu'nin. Msta \tíz, >in 

^'^ibargí), <.» rolisi'jrrns liaUiN'S \ juiciosos, (» «I lu'V dtí <u 

^^^(fé proji/út, a«'t'i'íar-<»ri con im Iíiumi iip-dio ])aia i'íiiijiirar la 
^^l*lH(.iHa «piif «'ii su rjiícnd»'!' aiii«Mi;i/al):i, \nir< d«'|Mí>iíaroii 
f^ autorida<l t-n inaiios d»' «-on^titucinnah-s nj'idi'radds, dr 
f*^ corto nMnuiilii"' v ialf!ii<». l*roi'i'd¡fM«l{t^<í <'»'ii .'li'iN'LrIn á 

I " ^ ' 

!^^ nu«.'va> jirji«"i¡c.'i< d«' l<js ;^^nh'u'rn«/> Ilajiiad«»s ivprcs'Ui- 
'**'^itativus, i-im-uitÍi» c! Iu'\ á MaríiiUí/ d«f la Knsa v le pid¡«» 
^O fuosi- niini^tr»» \ le pntpusitxf (juíímu-s liahiaii de siíi" 
*^** i!nití<ras, liai'ií-ndí) i'*l \:í^ \cccs de pi'r^ideiUi' d<'l Miiiis- 
®ric) \ dr>cin[»»'uai)d<) ri di* I''>ta'i»), jmto sin la |»]'«'s¡d(MU'¡;i 
^^ulai*, juu" nn Ur^.ir^f íO'la\ ía tal diirnidad en l'.-^piín.-í. Accp- 
^ el faiuí.isi» «'x-diiiufiídn «juc «Ta, Ud >¡n roi-«[ir>i', jmM'o sc- 
^n es prohalíl'' ri»n tru^in, jiu«'< \ria una ni\i->¡nn i-n ípu; 
^di{i servil' a su pairia. í-nlrriiMiidu j-or un i.-i'!»» a lu*» pro- 
movedores di' d«'<nr(|t'n»'s t'nn i*.í[);i d-." jíaliv-ii'-hi'», y luaii- 
^iendo p«M- »'i í»pu».'>to I.hIm »■! -i'-ÍMnia <-i)n>fiiuc!«uia!, aun- 
^^ ¡nt»Tpr».'t.idii «iifl niodn Mia< iMNdr.íbií' n l,'i iatiiud de las 
'^roííaii\;is (]•• la ( -oi'Kn.'t. L«is dt'Ui:'i< niinisirn- lui-iniK don 
acolas ti;ir;*lly. di- (ii;iei;i \ .lu^liiMa; U. Ij.ii'^ 15alan/.aí, dr 
ierra; 1). .)a<'intn lí')niarait', d»' Marina: 1). N. Sim-a Pani- 
•y, di? llafirnd.i; 1). .jíxr NJ(i<eo-(t df Altaniii-.i, d»- !a (ío- 
'Dadon dr !:« I*»'nni<ul;i. y \K l)¡<\Lr<» í 'li-unnrin, i\f la de 
Píiniar; e\-diput.idfí> in< ru;itri) d-* ••!!'»>; i'i: l;i< r«M'ifn t\i- 
Itas f 'ijrt<'<, > l(>s de (¡U'-r-ra \ M;iiina, limnhifs (h- e.on- 
Oensu rfsprrii\;i pi'nr.'>¡tin, \ U" d¡put.'icln< rii pnlítieos, 
lUe al st'iriindo siivi'» ]»ara i'ii\ar'I<; a su jMii-siu. habér- 
supuesto de, oirás upinicMH'^' íjue las cpi»- tenia CiartdU, 
>re de rriutdia inslrueei«.ui \ d' ;;ran erédiio ecjrno letra- 
ibía sido arrebatado en sus mocedades y aun al^o al- 



l.nr..Mr!.,T 


. I.ai'; 


.■!l,a,..l,. * 


!a Ii-.>iv7.a .|U.> ¡i l..í .le su psa 


tii». v,»:, 


iiu;.i. r 




..■I1I-.S rainn, .-- ostumhre atr^^^ 


büir; ,-,, 


1 ya li 


alia v,-i,i.|. 


á i.!i-a.i jiiiiá.iíasv m.:iilf:rada — . 


ll»tiii/al 


fi-a 11] 


, ..íi.'lal il.. 


inií.-ni.T..-. ilii^lra.t.\ qu.í hab 


»1iru^a<l<i 


la .MU 


~a....(i-i¡riii- 


¡„„a! .■.„! .ii,.>-,¡.!a.l y ..i-op™<^^ 


íi la-. J.-l 


.•¡na« 


.a...|.;ra.la«. 


..|i -alLla.! .i- ,.|..a «t.. al Jfrf- , 


.l.-ii, ,....■.,. 




:..:.■,..... -|,íl 




r:i<] ni •'.■! 
• li- |...ljri.'. 


. luir 


.. Nr, ,i-i 1 


¡.iiíiarai... .]i ih.'I|.!í.,.míIo [icz— > 

1... a 1,1. ■v.lia.l.,. aversli.^. 


iiiiit'iu-' á 


.'M..^ 


,..,:',a<uali. 


,|a.| .l.-l.ia ».T inM.I.T... lin =1—»; 



w^. á fa 



I* 



I.-., al i-ni|M-/;if 1'.- ^<ll.i.T'..lij-' .■n ri„|¡/. ..n ,1 ..¡..fin funt- ~ 

.]..- l.^v'l, ¡..^ i.i-..uiM\.-|-i.- .!<■ I:i .!.-Mh.-]¡.-!ir¡.i. !,u-i:ut t» ■ 

|ir>-n>\li.> ni i|ii.> riiii'l;ii-!;i, iiiip^i-irii^li'!.- 

tlií más [i..i|i n-i". \ '.'iiiiíiii'IkIiis ¡\ }¡:i'.u- 

!...S ('iio<.tHL;.!i;ui. ,lrí^,-u-.s í.viini^tjiM .!,. , 

í].-Siibni/.;ili.!.,i;( r;iii-N 'li- .|IJ.j..-ms .1- ' 

.Jiv.-i-i.<M..,!Ív,.-. La!,iini.|M.!.,|„,ri:,/,i! 

rojifí-sont-ii- |.:'l¡i'ii'!ii la i'aMa <!■■ |ii< ihíti 

.|*rs,-c -.■i.ai'a.]ol!uM.afal.-.|.-!iii:iir!.. .!.■ 

uxU Marin.'., |.j •■u:t] |.¡nt;i!.!iri .■.,ii,.. | 

([UCríK i¡ia(,aiWl.TTÍI,ai-la i ■<.ii>iiiij.¡.ni 

l.a.-a fía.iar ai>r..!.a,-¡'-.n.-i y linna- -iv-v !..^ rnai'iiM^ y ct ra 

halMtaii[.-..l.!Íai-Íu-!a.l ..Ir San l'.-maifl... irii'in ,le aii-_« 

lliihiiTiiK i-'.ii a^oriil.i''. ■|ii-- >■■ 'iaSa taiil.» valor cm-titLi'-"*^' 

nal ¡i i;..n.ai-,a.-. .' i,ir.M-riiiUiJ..-i- .!.■ .|1JÍ.T1 .-ra .'n punt*' ; 

|.ii.-<.a! ivv...Ni'H iil.raiiii.-nt,..l.- V.>:i,-as i-am i-l i»'''? 

.1.. -!ii..TÍ..r niÜJiai- .\-. < \,<Vi7., I- .-Mnlii-i.'. á K-mianHC- in»5''* 
nanirm... Ni. vnia á .■ii-iHu a !,.> ...ni|«T-,a.|..s m la i-cb.:!»*^' 



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Iiin'ii ¡li'-'-t'- lí ]<•■< j.nMLirfo-, y i'iiMJu i'.i'i liiv «.■■íunilnsjs* 
.•oniar.'.-ii.|ti.' ta .■..n-i.l.-i-a.'i..n .Irl .I.'^/n-.i.-n n-inaiite i^ 
i'á'li/ 'li'li'ai'aijsai- indijíiiariiin á imla ¡u'i'íiiinri hnnraik 
■.•jiii.-u n.,c .rsto. sin iiu'Ia.H Im.-n maniio se di.l áf 



247 

<^UsadeIos niodi'nulíjs ron culo, si no violcMito, duro y pro- 
pio de su coiiílirioii iiadíi suave. Siena Pambley, de todo-í^ 
'<^« nuevos ministro^, era el más arrimado á la panúalidad 
^^«iltada, pero sin serlo tanto que se desviase de la suya, 
"Onihro de buen taíiMií'.), in'elip.íiite en su ramo, (Kí notable 
^•■íreniclad en hx delint-r--, v dad(i:i i('¡r>e de ]«.» mismo (luede- 
^*^> pues \iéinl<»si' a[ii;iM'.i«i, citaba leyes y reirlamentos (¡ue 
^^^ ttíuíau eNÍ.>tencia ('• :i¡'liea''¡'iii al apunto de. (jue se estaba 
"'atando. ])<; tod"s \i)< nuevds ministros, Moscriso era el más 
ttesagradnble :i I;i j)ai'eial¡d;id e.mli'aria, j)<»r ser tieso y enio- 
"^^uo V tratarla «-n l.i ,-ii»;ir¡rnria, si no r.n l;i realidad, con 
**^^|»í-ee¡o liah¡<'ii<lu si<b) d*- hi< inma>< r- stald<H'«-doras de la 

n . . .... 

-uusítituei'iii en su proxiíieia, ííalieia, v Inéur» em^.mistádo- 

^^ tünto \)>)V su eididui'ta en las ( '«nte.s «-on la .i4;ente de opi- 

^-lOiif.s cxtrern.-idií-, íjuí' cusí p:i>aba [n.)r realista; personaje 

pop otra jiartí' de r«'sjjrtal)le m»Ml¡anía «-n aleanees y ciencia, 

P<^r-(> ni) 1,1;, s, y ;i íjuirn a! p;iri'crr tenía en |>iirli(!ulur es- 

^^^u Mai'tini'/ ib' la Rosa, (-leniencin era un literato dtí aque- 

*-*'S iMi fjuieiu-s l.i erudiciíin es superior al in.u'enio, aunque 

^^Aípoco este último Ir faltase, síi.muIo escritor muv aven- 

Kl nouibiamiento i!»* scmcjijnte Ministcri*» tuvosus venta- 
jas y sus inc(.)nvi'iiirn*''<, iiK'iyores aquéllas que éstos, y ta- 
*^» <jue ai'm liub¡rr;in iladu ilesí mediananHMile buiíuas con- 
^*-'^*Ueiu!Í.as, si bul.»¡e<»'n sido bien aiirovecliadas i»or la C(')rto. 
*^"idiéiun<e l(»< e«in>i¡liic¡onal<'S, véndost.» con Martiní;/. de 
^ Hosa y su coK'^ms, a las claras casi todos Ins moderados, 
• ^■'lás embo/udami-nte al;iuna parte de los i'xaltados, y que- 
"^^Udose de esíítr, ñliimns una pon/ion «-.rccida. tludo-^a v va- 
^*»AUte, sin dfsi>rn- dfl todo d»' la onosiricMi, ix-i-o haciéndola 
*'*^ia y de mala ^ana. l*ór <'ons¡-ii¡rnt«', al nuevo (.'on^reso, 
i'^^' tan temible a nárrela, el reci.-n cri-ado Ministerio era un 
*^*ftno de no [M,»co poder, qur nn sijlo le contenía, sino que 
*iasta IK-oaria á ¿filiarle si habla <lestre/a \ á la j)ar firmeza 
^^^ llevar las riendas. Prro á una minoría numerosa en las 
^nisina.s Cortes, á un crecido número de masones y á casi 
^odos los comuneros, cei;ó de ira la elección hecha por el 



( 




^^■^ Tte;, tanto por conocer que eran lamibles cenmiivv 
^^^^B- con los Cuates se hacia forzoso balallar, cuanto pñ 
^^K gente exli-emada es más odioita la (|ue menos se des 
^^B 8u opinión y la que pasa por haber .ipostalado de sus 
^^^ «ipios. Ni dejó dé dañar á los ministros nuevos y á la 
^^^h'pública el valor que cobraron loa realistas con sentirs 
^^^L^iftrados por Martínez de la Rosa, empeño que sólo iba 
^^^F^artú punto en el parecer y deseo de quien le daba 
^^^K «ine pasaba muy allá eeguD el concepto é intentos de 
^^^■■sep la recibiera. Excusado parece decir que entre los r 
^^^■'tos & hacer sañuda oposición á los ministros me ce 
^^^Kiyo, y no me avergüenzo de decir que, sentado cómo ] 
^^^rtóDCes aprobaba, y hoy refiriéndome á aquellos dias c 
^^^tnO, bí bien sólo en cierto grado, ser inconveniente ha 
^^^■tguerra, valia más hacérsela con plan, viva y cruda, que 
^^Hi'^nft manera por donde á ninguna opinión ni interés di 
^^H'^o resultara clara ventaja. En balde, sin embargo, me 
^^^Era juntas pi'ivadas, porque nos formásemos en cuer 
^^^^^Boposlcion, pues prevaleció la idea de que no convenl 
^^^^AmjgOB ni enemigos de los ministros, sino proceder lai 
tea aegun estimasen conveniente, ya cuadrasen, ya c 

Lsea las resoluciones con los intentos y hechos de ios e 
gados de la potestad ejecutiva. Entre ios de mi parcii 
parecía tan mal el pensamiento de dar á unes ú otrt 
nistros una mayoría constante, que oi citar como blas 
i:- : k máxima de que ambos poderes (como era uso á la 
,r al Ministerio y al Congreso) estuviesen y ob 
diciendo que esio eguhalta á ponerse de acuer 
tuémeñtor y aquel cuyas acciones deben ser iníerveí 
de CÓnna que por esta singular doctrina iban las cosas 
¿- " teqi^ndo los ministros un Congreso, si no contrario, á 1 

^í ' nos nadaamigo. En verdad, una de las cosas que rae 

híui peijadícado á Martínez de la Rosa entre la gente 
tada, era haber dicho: Defendiendo al Gobierno «e d^ 
' la Ubtriad; máxima oída, y repetidas veces citada 

'■>, blaáfemia, á tal punto que yo, deseoso más de una t 

^ „. ddbnderia explicándola, no me atrevf á hacerlo por ai 



der mi concepto de patriota ni favorecer á un contrario aboi 
rccido; accioo esta mia de poliEíca torcida y cobarde, quH 
confieso, no obstante ni¡ deseo de acreditarme de honradoj 
mes que de agudo i^ sabio, por creerme obligado & confesar 
a. verdad pura. 

El mifimo principio de no hacer guerra ni dar apoyo al 
'ilüsterio fue á ta sazón abrazado por el gobierno supremo 
U^óaico, cuyo periódico, El Espectador, rayaba e 
tia to ingustanciai & incierto en sus miras, bien que no 
reBto perdiese mucho de su fama ó influencia. De otro 
)do entendía su oficio el periódico comunero. Alejado yo 
|kiil sazón de una y otra sociedad, sólo de la voz de los im- 
egia, y por mis amigos sabia, lo que en ellas se 



f 



I Abiertas las Cortes, aparecía eu ellas et partido exaltado 

fíente, según se había supuesto al saberse las eleccio- 

^ Pero le fallaba, como á todos los partidos españole?, dts- 

,, por donde venía á serle de poco uso su prepotencia. 

^ cuanto á reconocer cabezas, era cosa en que no se debia 

V, no habiendo quien reconociese superioridad en otros, 

iqaedei cual han adolecido después los moderados, que, 

9 dóciles y avisados entonces, se sometían al Ministerio 

^Arguelles. Al revés, nuestra parcialidad se dividía eu 

I pandillas. En tos bancos más cercanos al sillón del 

lEÚdente y á su lado izquierdo, nos sentábamos los dipu- 

t por Cádiz, el que lo era por Córdoba D. Ángel de 

^vadra, y D. José Grases, uno de los do Cataluña, perso- .^ 

B todas á quienes unia amistad privada sobre la poUtioá, , 

B BOliamos pasar la vida juntos, asi como votar acordes. 

tinguióee este nuestro cotarro por ciertos modales ñnos, 

de entono que podría llamarse aristocrático, por el 

ti nos granjeábamos un tanto de desvío de nuestros cole- 

I, éun los de nuestra fe. Sin embargo, Islúriz, mas ento 

B que nosotros todos, sabia con arte granjearse aura 

iQlar aun eotru los mismos á quienes tenia en menos y 

n muy poco. Por el contrario yo, á quien agradaba la 

I, pero no la grosería, encubría mal el disgusto qufi 



250 

nio ciiusubu la tosqucdail y el dL-^prucio fjuc me merecían la 
f.siupidu/, é i^'iioranriíi dü val■io^^ ¡la itiis com¡iariei-os. Agre- 
fiándijs-; li uhUj ruf ooi'tu «I-:; vista y iior dtímiis diatraido, pa- 
siibii plaza de vanu ¡iuii can fatuidad, ruando nada dUtaba 
iiüls do mi iiiii.-iii.-i')ii ii [Ji'iisauíivuld '[Ui- def-airar á ulyuDaa 
pi-i'soiias 11 '■llq^l^i^lln; d-; [ui-i [nilabias ó ;tn:ÍMin-5, 

Nij pul- i-siu sf rn-a ij\i'> i:n tudii-; [<>-i .l.^uiiis did bando 
(.■vaJlaiiij fallaljuii binna '■liun/.u, in;:<.-iiio i'> Ivli-aü. Había, sí, 
iriitrc nt»S'jli-'i-< prrscinas <[¡¡f r.-ri Uim ii elfo ¡i- r-Hn^ l-u<jui- 

l^as liübia t.iiiibii'ri '[iii> sin si-i- di; niit-^tia iiarti.'ular paiidi- 

i'a, y i|ui; eran, i-iiiili>s Uinia y ui'l.auaí;, vuid-'s inin'nioüas c 
iiisli-uidas. i;iiid.'s t.ído juiítu. lúi la pan-ialidad iiií>di>i-ada, 
)íin<|u«faUasrii hojubr.;^ o:ícui-uí. -n iiii:fi y .i.-uria ó en 
finura, pul' lo i'tiiiiiiii liiibta uiodali:^ rnarf i-iiliof; y aiuntos. 
Kntfu los liin'riiror; i¡'¡ i:ii;rla lalla t.'i'a ¡■■■nnin tiihiaruf. sin 
babor prt;i-i>ilid'.' para ''stu l'uniiaüdad li'aio anii^'UD y enta- 
blado t-iL los ailos di- la jiivi.imii!; >'ii<lu.jibn- ú '\w. I.js de 
iiueslru pandilla iiu ai'cnlii'riin, fniif:crvandu ni medio de 
una uniislud lauy i.'slr.;rLa, la fóninila aufial du i-mnpli- 
nticntu. 



CAPÍTULO XVilI 



"H^Fi se.sioii <lo l.'ii-« i>rt»í:c\in<íis. — rA^>r< ox.'iltíidt)-: pro.'-ioiitan íi lan 
Cortes, yes (lí'^íí*<'lia<l;i, uiiíi proin)>.iri<>u p.-irít <n.if los cli- 
33iita<low no i)ueíl.'iii jn"t»i)t.'.ii* iiitír<*t*<l<'.s <> tlcr-il iiir)s liant a 
pafaaílc) \in íifio dcv-silt^ «?1 Jiii cI<í hu iníiiul;»t<). — Contiiiu.'wioii 
¿l<í l«).s <Iel)at<'>í, y poro c'oiu*oi>lo tiin^ acl»iuier<'ii lo.-» í»xfi,l- 
latlfiH. — C<'>inpoteiifiíi <pi«' iiitoiil;i .-u!-!<.'it ;ir a las Cortt^s 
c*l 'J^riUmial SiipTomo t»n «í1 i>r<K*cr^<> <.U'l aulor. -Coiiíluolíi 
ol>í^ei*\''a<la poT' lüfi^o en la prer-»i<h»nfia <lí» las C«»i'í*írt. — 
Xios<-*ria <le lo.-! luLjarfs «pu' o<Mii>al>aii i'ii la C ' inai'ív y do 
lafi» T>rtíii(ln>5 cpn» íli.-^tiiíixizíaii ;t al:xnnos tlii^utatlos — ISlx.-' 
travio <Iol pi*oyt*<.'to tU> C'<'hIíu;o i><'nal, y triMiioiulo escan- 
cíalo a i-iiio (Ui liiirar c*ri s<.'?-ion s€ít'r<.»ta. 



lííibíaii fiupHzado las si'<ioiu*>. \ no .s«.' ijcrruiba con el nie- 
<Iio (If ronvt.Tiir en n'íili'.la<I«'s niu'stras c.-piTanzas (hí «alvar 
*á la j)atria, sctj;iin líním'iianius .su salvai-iun. Aun ontru los 
<jue estaban (Ir.scnntrntos í1».í los luinistios, darles un voto do 
consui'a parecía aíteion ¡nijiropia, bien í|ue. de tales \otos aún 
pocos conuí.'ían s¡f|uitra el ndnibif. Vov supui'sto, adolecía 
la parcialiihid exaltada dtd achaque común ;i las ele su clase» 
en todas tierras v ucasione.s, el cual consiste i'n vur grandes 
peligros y jtOndei"arI(.)S n quereí- ])on<.'rles renn'dio pi;rs¡- 
guiendo. En verdad no eran cortos los d»- la (.'nnstitucion 
española en aí{u»dli»s dias, y el yerr») nu«-stro era 'jue ¡íroce- 
diendo indiscrelann/nte, los aí^ravj'ibanins rn \i-/. de disnii- 
nuirlos. Bien es cierto (]ue en la n?spucsla al discurso de la 
Corona |)odía el Con^^reso nu»-vo haber expresado su opi- 
nión de tal manera, que uncontiase el Ministerio en él un 
amigo ó un contrario; pen; entonces era costumbre hacer de 
íseniejante respuesta un tro/.o oratui'io con rasgos íinos de 



252 

uriiii.^ntf i'OrisliiiH'ii'inalisuiü, pncámlosu jior (^1 (.■xireino 
i>|iuer;ln ;il 'Ío uhn í-jiijcíi iiuvisinifi en f|iii: se ha venido al 
disji:iriitu'li> til- ilur i'Mf'^iviis liii-^iis ¡i lus ilebalos sobre ol 
(üscufMij Ui.'i trono. Asi, \n¡i-^. c-r;i f:riuiili', y nu i-nteramenle 
sin iiiutivi), la iiLi|>:i<'¡i'ii>-¡;i tvinaijii- -^iiim^ iratar ili.'l estado 
til- la na.-i.m lorantr ¡i h >.-utúl,i.| .k'l (inlii.ü-iio.-uii^íliluciu- 
nal f.n t-ilzi cstabliviOn, ijLijiai'inn'ia .■■,i,nui -.i h-< 'liiiutados 
<I<-iiI'':is.'Nriv[ii.'i'l;i< \ al ].nIjIÍ.-(.> ii<! su ]>a[v¡ali.la'l, i)«i'<|ue 
a<jUL'llu!f y i'si.' SI' [.Kiiiií'iiad <lol niti'vn ('i,riij.'r.'Si> ^Timili-s 
Ijit'.iif^ iiiiii'*'l¡;ilaiii''iHi' In^'railos, Dím-ui'I'Íi'wi', ¡nn-s, cu liora 
uuMi!¿ii;nla IhuLiar :, les iniíii-in.s á hs Cint.'s, :. i|iii' no so- 
lian asi^rii' .1 niiiiii... ¡U'lí.'atiH.. la l'.'i'N.^ila '].' Humarlos 

i-ii-i-tanisa ].ai.vi,|;, ;i iv-¡.l-'ii.'lii. Kii ii.jLji-l lii-riii..-. -,■ cele- 
braban taws.'>¡í>!i.>^ .',1,1,, ii l;i< ,,m\- .li- la mariana, \ ii-nni- 
nabaii, i-ii;iiliIm ii!;i< iliii-ih.ni, ¡i la?; in-; il,> la lardi-. [lur lo 
cual, Rii'iulii a'l.'.LK'- hv.-..- ,| UTiiiiiiu Ar las -,.si.,i„.s l,.!,'islii- 
livas y iiiii.-li., .1 iL;ili:ij,i ,1,- un ( ■..ii;:i-.'s,t .|ii.' liarlii vmvs ció 
Uoln.-rn... -i^, r.,rnuü lial.iT ...-siun-s |.<.r la ni.,-lu-. I.a di-l 
!( (Ii: Miii/c fu- s,.r,:,la,la |.ar:. iralur -l.'l ,-<:yl> ,!,■ la [.atria, 
IHVsyiili! !■! Miui-f.'iin. (¡lamli- fnr la ■■\ji,-.!aii\a --n ul pú- 
biico. ll.T)ái)^|..-,l.',^¡.,Tan/us iiri..>. .1- t,.|ji,,ivs ,,in.í., \ 
tk- .-uMosi.la.I i,,.l,.-. \.-nA\-: :) ..[,■]■•< .I-Imc- uaiii-í— a om- 

ii!S s¡-uu-M,|..s,. ,|,.s,],. |;,s l^iMus ,[,■ |-;„li/ .Ma jui.-j.wa 

i-ba« iban \,-.i¡,|,. .■] iriij- .!<■ Iioiabr.-. usan.lo nu |.was <-.] la- 
Inr Jf 1"K i'i'ii-ia-iii-us, [.:ii-a [a|iar sijs íunnas, \:t \»jv nio- 

lieslia, .va |..,i-il.- li-n.i,|.ís.-ulini¡iii|,.'i|i','i-i s, l-aaiKV.f'i 

la sesiun n'inaii'li. si,!,.i„in- -;i|i-ni-i'i. Ai-i)-.|miilirail" yo a li-cr 
low a.-bali's 'M I'aHaiii-ni'. hniárii,'". a ,jiir laiulAi había 

(■(intR'ia. iriilalia 'I,' ilai' i. Ins [ir,,.'--,l¡uii,'iiin^ ,|>.l i ■i.nfíivíiO 
las formas ,|,ii- ^i l'.s .1.- sus ■•<i.-r|H,~ .|,-Iili,-.-:ini.'s ,];ni los iii- 
írlesiüs; y i'ti (.■^ta'"'a-ioti, |,ai-a frailarla 1Í'I, i'uij.imv liaoiüiiilo 
una ]ni'<;iinla a liis riiinistr.is si.liiv al,:.'ULi suri'so ocurrido 
uii ;ti|ui'll,is (lias, 'K- I" mial i-ia mi nii-'iilii jiasar u pi-iiomü- 
daili's. Liji|iuj;iianil.i i-mi vi'lii'ii]i-ni'¡;i I;i cumlui-líi de los mi- 




7v* 

b pasado y preabnte, asf cobo iJ 
brírlo, trataban ele seguir en adelante. Fatal ejemplo di, por- 
gue no bien recibí respuesta á mi pregunta, cuando no que- 
,.\ ñando hacer menos los demás diputados de mi pardalídaí' 
. indisciplina dos, y que no se habian concertado para obl 
en una lid mii'ada por elk>s como de tanta importancia, i 
menzaroD á porfía a pedir la palabra, queriendo cada uno ' 
hacer presi""í>5 sobre lances de mayor 6 menor, aunque , 
todos de corta entidad, ocurridos en pueblos de su provincia '. 
6 en otros donde tenían relaciones. Vino, pues, la sesión á 
hacerse el espectáculo más cansado y ridículo que cabe imi^ 
ginar, no sin mostrarse los enemigos de las Cortes recidil 
juntas, alta é indecorosamente satisfechos al ver convertido 
en objeto de hurla al cuerpo que íaaío miedo les infundís 
pocas horas antes. Envalentonáronse los ministros viéndoaa^ 
tan torpemente acometidos, y Moscoso, 'jntre ellos el O 
' enemi^ de ¡a parcialidad extremada, al oirse preguntar qoA J 
' novedad había ocurrido en cierto pueblo, respondió que if 
Is tenia en su salud, á lo cual siguió reirso varios de h 
' oyentes, hasta en las tribunas, y do atreverse á e 

quien recibió la respuesta ú sus amigos, no o1)&tante %. 

' se entonces de los ministros que tratasen al Congreso ( 

reverencia sumisa, y como á poder de autoridad y d 

muy superiores á la suya. Despechábame yo, como qiptt 

rmAB, por la vergonzosa derrota de los mios, achaM&A 

a gran parte la culpa de aquel revós. Intentando dea 

r modo remediarle, probé á cortar la conversación pendi 

L y para ello hice una proposición reducida á decir que el éí 

6 el diario de la sesión de aquella noche pasase á uba ü 

a ya de antemano nombrada, para enterarse del e 

Kls Dación y dar de él cuenta al Congreso. Esto u 

r un arbitrio para salir de uu mal paso, y arbitrio n 

is; pero yo determiné darle vulor con el d 

a que le propusiese, cayendo sobre los ministros ooQ'Sí 

rñúbia. Dije, pues, por via de disculpa de la ridiculeiJa 

r.iuiuelta sesión, que la conducta de loe diputados pruguntan- 

B wa bija de su celo, viendo á la nación en lasticaoso es- 




..->**^*'»«*^ 



2:i4 



ttfKW^ 



lado, y del áesao di^acrediiar cfiíe no hsbian venido áp 
irarse ante el trcMO para fie»puc3 lograr sus fardare»; 
rohutíecer el poder para despuea ejercerle, á conreríir Ittg 
irü)unaa da las Corten en anivsaln y «us diseurgox en memo- 
riales. Este tachar del proceder de Martínez de la Rosa ; sus 
colegaa on las anteriores Cortos, así como del acto de haber 
aceptado t-l ministerio, fué recibido cou un futirle murmuílo 
d« aprobación por mis muchos amigos, tanto de! Congreso 
mismo cuanto del auditorio. Pero los ministros tuvieron la 
modcrucion de no responderme, conociendo, por otra part^ ' 
. que de aquella sesiou salían vencedores, no obstante la « 

ponzoñada saeta quo les venia, como de la desesperación á 
' los venL'idos. El efecto de mis invectivas, aunque alguno, j 
□Ó lew en el momento de proferirlas, fué de corta duración^ ' 
■irvieodo sólo de acarrearme merecido vituperio. Además^, 
atinqne mi proposición fué aprobada, para no dar de si ror ' ' 
SUltas que nadie esperaba, pufis ni siquiera tuvo cumpll-i 
' miento, ni BQ pensó en dársele, estaban tan empicados ( 

pjK^ntar mis colegas, que aun después del incidente j 

ntj promovido y generalmente aprobado p.ira dar íín á uo^fj 

escena vergonzosa, todavia hubo quien tratase dii aveiriguai 

de boca de los ministros algunas cirfun; 

monta, haciéndose estas últimas averígu;i< 

teíos, señales de enojo, mezcladas con ütras 

de nuestro partido, y ruido de la gentis qi 

cual, Ib que no iba indignada ó mofándosi^. 

contenta, por lo poco divertido del <lrani;i á 

sentado. Cruel golpe fué para el Gongr''íO 

ea ¿1 dominante ei recibido en la noche <Ii'l 

ridicula recordación. Yo, si en ella afl'jui 

como orador y como diestro, la gané cnit 

con sinsabores. Hubo escritor moderado q 

cara haber usado la tribuna de la Fontana '■■ 

baeor mis pretensiones, y haberme ser\i<Iii 

como memorial para conseguir la intotiüo.-icia de Córdobl 

Cargo tan enormemente injusto no fué rebatido co 

moreda, y me ba sido renovado en ¿poca posterior n 





fei otro bando. No ett la Fontana, tinófRla r&vo- ■ 
^cion dé Andalucía, á costa de afanes y aventurando mí* 
B^aiTera y vida, babia yo ganado mis ascensos; y si mi eleva^ 
a poca, al cabo me había puesto ea ella á los ocbo 
■ muy largos de servicios en una carrera donde se em- 
B á cierta altura, y son de lucimiento y ventaja todos los 



Otros reveses siguieron al de que acabo de hablar. El 
S sen alad o fué perderse una proposición hecha por ua 

crecido do los de nuestra parcialidad, y armada por 
1, que la votación sobre ella habría sido inútil ceremo- 

If llevando ya consigo el mayor número de votos, si ma- 
l chbs de los fírmantts no se hubiesen vuelto atrás y votado 
B lo mismo que hablan propuesto. La proposición se 
\ reduela ñ. que los diputados que lo eran no pudiesen aceptar - 
ipleOB ó mercedes de la Corona basta pasarse un año d(t -, 
T acabado las Curtes donde tenían asiento. Otro tanto " 
dispuesto las Cortes generales y extraordinari! 
], eotre general aplauso, en los días primeros de sus 
3S, disposición eludida en más de un caso al llegar la 
le su cumplimiento. Yo consideraba como necio y 
Lsn fatal semejante acto, do una abnegación que es loca 
3 no hipócrita, y dafia obBBr\'ada y quebrantada; pero . 

1 la aprobación de lo propuesto un voto tremendo da 
a contra los objetos de mi enconado ridio, Martihez ^ 
lOsq y sus colegas, que acababan de pasar de los es- 

3 de diputados ú las sillas na i ni s te ríales. Esto, sin ean- 

, no podía yo declararlo entre los mios, de los cuales 

i, como se dice de Dios respecto al pecador, no que- 

e los ministros muriesen, sino que se convirtíesen y 

len su vida ministerial; y otros, aborreciéndolos, no 

odian de rodeados medios para herirlos, ní gustaban de**] 

ú acción de desinteresado patriotismo con-- 

iéodota en medio de dañar é, un contrarío. Empezd ta ' 

lu, y levantándose á hablar pn ella Argfielles, que, 

UB_ya las Cortes, había venido á tomar su asiento, hito 

o discurso impugnaado la propoaidóD; y mag- 



256 

nilii'ü li' lluitio, iiumiüi; i-n v\ uliund.-iron Ins digreáOMii»- 
pui'linf'iiier;, ¡lOiiiui.' rii vcrdiid ilió conlr;! lo propuesto pode- 

rnsris rii/i>ni'>;, y m\o r;i«mjs ili- ;i'iu(;llos <¡ue. sin venir mu)' 
lii-ui^ntii. ifulavia s.. disiin.irii.'ii y-or í-ti 1)-11.:z¡i y \\i[Or,fl- 
IlbluliJii llIliTl' .-1 lll;iyi.r.'r.;.-|i. [i..silil,.,.|i,.l¡iu.]il'>iio.»5i4e 

sus i-f.li-L-ii-i I".!! li- l:i< Il'ihtiri;!-;. ll;il.i;iiii.' y¡ i.ilt-stO*nl» 

l¡8lu <!.: I^t^^ ijii.- .l.-.-;tl..iii lj.il.IiLi-; [...t.. .-!..-r;in.lo ii mrálM 
f|ue!íii«lrtiii<''!i l:i ]i;irli'ii mi iMiiIi-nia. i-!:.ih'i ;tl>.'0 ^li-!',!"* 
sii-iiilu (!<■ [ii-í-iLiiiii- '|ii'- -■■ al.ii'.L'.'i-i-' 1-1 li. ■!.■(!.' li;i-il.i <iiie B» 
llftpaí!.- lii \./ di- ii-:tr d- l;i [.■il¡ihr:i. I'!':, mi .i.-!.,-n inpJirmi» 
fu.-rai- .■,,¡1 i;i-i d- Ariríi'dl.-i. ;.r.>m.;l¡i-it.l..in.- .-ii mi \imiai , 
lii vii-tori.-.: y iiüi'di'i-; di-i":.l)'in ii-^imifuin una lid eii 1«« : 
i-t-ciaii f|iL.- >.-vi:i iiüM ■■! iniinl'... i'.-i :i .-i.jU'dl; a>ionin« 

Tllltri id iillillL'i, \i<U. rl iIti'I'i |.|i>dll.-i.ii) ¡nir mi riiitlIS'llliaW^ '\ 

y m.-nlr.-t-l- ii.> t.>Hi-i-.¡ii,'];ni/.'L!-Ni.'nl;. pal— ir;i. lo i:»*^ i 
no iiml'- i'iiiii^rii- i:mi..i. iiinr aliío ii.. -<' un- iv'.n-i--. Adcm**' ^ 
oiimiv^¡t,.;>.,sil.!,- lm!d;i[- m.-d¡;ui:ii>ii--iil-. no -laml» COO' -, 
vcn.-iilo d.- la li,.nd;id > \,Td:i i d.- hi:^.).vin„;>- -jii.- íiisli-nlO* , 
pii.-« n.. l.a!.¡i-iidi. -iidr. ah.,-ad..,ii.. li- ]..i.|¡d.i .■..■.jslumbvarí»* I 



d'.i lu- IjaUUidi. 
lU"' lii- i'\pr--;i 



. di!'. 



1 I'.-, 



' i It.i 



. AllM 



3ÍOÍ»' 



<lrliíih;i. rii;.niiM ^, uii- .■..],.. 
JH-^'Ori<j :i un.-i iii\rrl¡\í. r..im 
aullaba i-;iai' di'«:iii¡iiiadi>, .-i 
iiplaiidií-!. Al■ííii.dl.■0■a-1,■t|,.. 
^.l■,■.aU^b;l>,ldi-.■l^■s,-hl.■,.n 
dítiii1ad<>pMi'S.'\il1;t.<'U>.<> no 
y m. lall.. d-ial.-iu- id d- i.r 



'■mía MI 1II11V cíinv.-iii-ido 
|.«/,í:,|,r,i|,:,-i.-¡,«,™|mt»Vl 
■ivi;, „[..< niinUir.w.ligt»"' 
„„, ,■»«.'!- ,.,v.,.„,: 1^^^ 
-■ l|.il...-i|.¡...|.i..l.i,.-C-^ 

- V r-'i-ririji;ilHi.'S>vnii'lvtíir 

id Mini-l-i-i... .i- lu .-uBl^^ 
iii'nlaitdM mi df-aüonia C^ 
\<i< ili.' mi hiitidii, V viTi'uá ^^ 
-i:i.i..ii .|ijr \- imbiadadotf^ 
■■!■.■ -Ta Uuncn'. buen puje^jí 
nn-¡,,ii, |,,..|',i tli:miilii-0 y(^^ 
;íaKi liasla la t.-iivuii&tancí 



di'seí'. li'tjiondDinuy |>iiro>i:irii>-<, «ln ii» onnuii gordura, (;oSi 
ijue bar.- n lus liutiibrí:^ pai'ififun, cu seiitii- de Cervantes, J 



tto Ibs quita gracia. Ello es que callé, que la «Qr*^.¥j|| 

fué, como dije, contraria; que siendo, 8i no q 

ñor que debía esperarse el número de los qú^n 

s, y dando testimonio del poder de ArgQelle'^ 

B minietoriales, el haboree ido con él varioe ñ 

de 1q desediadu proposición, quedamos mt 

is an fuerza y foncepto los vencidos. De mi e 

[ue era grande orador para la tribuna de una^ 

ríútiita, pero no asi en el Congreso. De qoi 

afirmó que ora incapaz de contender con eln 

1 Argíiulk's, ii quien ala sazón, muy sinmotim 

.■e M;u-iiuez <le la Rosa. Algunos dias d 

otra jjnj posición nuestra, firmada al mismo tifi 

Tiera, y niá.s necia quo olla todavía, reduciéoi 

los diputados, iiiiénlras lo fuesen, no pudi 
á Lis i~ci.'ret:inns del Despacho. Levantóse aaioi 
lies ú impugnarla, y lo hi/ocon flojedad, mtíi 
a debía, en poco: levánteme yo á sustentarla, ; 
:osabuona quií decir, soltémo en un trozo d 

\ lili L' monte y apasionada, lambien muy brevCi 
la proposii;ioo, y corrió entre algunos quet-yol*^/, 
.0 á Ai'gíiulles, y aun hubo varios que no hablQi 
, dobatf y teniendo noticias de mi supuesto túém 
)a ñ darme por él la enhorabuena. No obetantelj 
conocía lo ¡iwo merecido de semejante alabí 
[en \encido no había quedado en aquel t 
I do corto valor Í3 lid y de no mayor tntsriíó ii 
hechos al sustentarla por la una y la otra parle. 
rto es que á pesar do estos elogios, pronto olvidfr- 
nislerifj ne sosienia, y nuestro partido i: 
)luto desconcepto y en la consiguiente flaijaf 
ian lie luá'; f^uw victorias que sus reveses. AqujA 
,n & vijkicLont.'= en que aprobándose los dict&ts 
;BÍon nombrada para proponer los casOB SW^ 
ejas de la conducta de varios empleados hsÜ. , , 
acedores de que se les exigiese la responsabíndad, 
lueeto en juicio un crecido oúmerú de personajes 



■!i- iioia (le l;i parriiili'iji'l nui-sira r.iiitvjiria. K^i« rigor llego 
;i st-r ridii'uki, y ira, h^Í im (.■niilili-, mnliíslti, rnusamlo tantn 
iruoimiit-i i-isu. Pu-ii'i'cii li-; iiii.«li-i'.a(iiis [mr ii])'"jrli) n l:t o- 
tni^imí, vi inhiiniil ilrl ¡/"i/nr >/,■ .l/Vr, ciirnijrwiiiiiliilo al fa- 
HU.SO .■,,,i:í^gu -I- liiiuij!;.-^ .|ii- ,■;, Ims .li:i^ Av r..-!Í|H' II nom- 
Im'. cUrinjriiinano .i:..!.. himíI..!- .Ií^ Fliiii-!.'-. 1. .^.-ramU. de él 
iiue.lifs,. iinju.!-.i-ri.- -.■;!!. :i-¡:.-^ <|.- iun-i-'r. Kn v.-H-n!. la 

.■;ni/ab;iúm;is.|;i-:-, l^-rai' ;i|.n.K^i.'i.>i)-- *i-l r,,ii^¡v^o, en 



IirOVL-di.,. l,;ir..iii 
J.' siUvar !;. ¡.aiii: 
era <li' iis|u.-i';ir, .- 

tani-ia. l'i'rn nm-r 
nH'ri:;;iji; subi-o vi i: 
'.■i'IlSlira <1.' l:i •.-■•w 
(lu'tiiiiu'ii líu una - 
i-asim i-ai-is, .a:!;! ■ 
las marinas, i-'a^-i 
.lelo.|,i-Oim,.^t..s. 
-¡ííuií.-iiTc al [""■.. \ 
el arti.-iilM .i..| M.n 
li-;ipii'-, iiM Inlii' 'ii 
1,'laiiiai' a-i al —■■■¡■^■ 
¡IOS, ivclan!av.i!i > 
llubn.U-lai,ai¡.-la 
.;ho. Casi s,: i- U-i, 
i'uAii |H"'<> ■■iir<ai'l 
mucliiisili' la iiH>n; 



,.■< j.. 



a la, I,..,:. 



rl..- nio.lÍf.s 



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<■ Ilc-. 



■ a-i-;i ívivl ■ :i í'] tii.i ■<iz'Oi coii- 
;. ■-..■!.> a|.-.'..lr,.ln. \! ohW, pi-o- 
_.iii:--. .■■■II al ;i;:i'i- dr riis ami- 
■I! li.iMii; |...iv. lili ■:-.■(; rotft'h 
.."i.i r!:,r a; ;-■]-,-.!.- :.ii .l..s¡,e- 
■ '■■. >i;i i'íii^ai-:.-.', al laMisiderar 
aÜl.il il- 1m ,,,!.■ liabiaii votailo 
i,!a:l.Aal'aia. I'i-,.,-u(v y,>fvhar- 
I ' .I.-.míí.i. \ ii-ii.T a lij« míos 

i],i |)i,r SMi-|irt-^n, .■■■Li ■! ■■■ir, :il .li -j.ii'.ai-^.' si..!.rt' aiiíün artii-u- 
lo ii<^ ¡lOfa iiiiinta A:- l-~ [■¡■.■|iiir-i.,.> |.oi^ la .■omi-icni, i^uo no 
insi-^lia iiiui-liocii ilvfi/ii'li^i^lv. jan- i-'. iiii¡!i..rt:uite íobru lodos. 



nsaje, habla salido aprobado fie un modo pasJt 
gemís L-ontraríoe de mi observacioD hecha bA 
' y&rú aqui por entonces el aegodo. Pasóse JM 
tsá extender el Mensaje ytocó oetú trabajoli 
Í.ngel de Saavedra, el cual lo (lesampoñdh 
ra más florida y galaiiaen estilo y dicción, qw 

tono ú efectos. Calificaron el Mensaje, 
inia, de oda ó ditirambo los f|ue i 

Be elevase al trono de uno 6 de otro moitf, * 
cacion algo merecida, y por lo mismo deg 
r los ministros ganando terreno en el Con^ 
dar casi falto de valor e¡ triunfo alcanzajopi 
exaltada, así en éste como en Otros caeog. 
también nos fué fatal, y á mi más que á Otr 
isultas vine ;i quedar sacrificado por los de fl 

con tanto celo servia. Al ser yo admitidop 
)udo resolverse que hubiera de escapar d(dj| 
n más <'i menos razón me había puesto bÍ-ÍS 
[t, pues, entendido que habia de juzgarme^ 
irles, en vez tiel Supremo Tribunal de Ju&l 
quélii estelos autos del apenas incoado p 
contrii viva y animosa resistencia á i 
in una representación al Congreso, do 

la Constitución y se calificaba de quet 
1 ella dispuesto, el acto de evocar asi l(H|á^ 
una causa ya pendiente en el juzgado diffi 
Utos. Según las ideas á la sazón domínojltíj 
•everencia debida al Congreso, á menudo 11 

con impropiedad, soberano, era la tal repní 
' desconocida; pero fué recibida con ménoS * 
^nación que era de esperar aun por gran B 
[Oposiciones más violentas. Arrebatado pár;fl 
le profesaba, Saavedra levantóse á hablar cdT 
tacion, y se destempló notablemente contr^K 
lupremo. Oyéronle con escándalo caaíU 
iú ministeriales, movidos en gran parta ^ 
is, porque contaban en el Tribunal mu<Ac^ 



;i!iii;;o-., \ a!tii 'H'i'- ,'i< il>- ii-iuiai-iit i»]>iiiir<n «luf ■■■■nuil;:-! 
~i)liiiii ■.ú!.i!'. s.Tiii' m;il una vt-liruu-ii-iii iiu ■'ii <-<>iiS'>!i:in<-i:t 
■-i>!i rfii-í ¡.a~i"!.i- .■■1 jiíjii.lia llura. liJ^[pU<'iSf. ci^ii ti"Ji.. 'juf 
.■rii.Tr;;.i.;ia! .!i-,!'j-:i.'ia ivmiii.s.; a! .i.-t -..[■[■ > la .-au- 



"■'l- 



■';.,• li,-ii- 



ia~ 1 



^., ,|,K- 
. ...Ido- 
•'■i haza- 
■i!,s.|a.. 
; -a a.l,.lan- 
laa.l... ,.1 do 



2G1 
f ICspAña, al modo quo las águilas eran el emblema imperíftlV 
I dn Na[ji}[eoD y áa sus i^jéi'dtoe. Dispúsose tgue el primapj 
, león fuese entregado al batalloD de Afitüríos, y cjue éste vioiff'S 
I TB á recibirle A las puertas del palacio del Congreso, entre 
[ do la oficialidad á tomar la prenda bonorilíca, frente al a 
I loo d& las sesiones hasta la misma barandilla. Ocurrió^ 
K-Biego una dificultad, y fué que siendo presidente, no crej( 
«'decoroso celebrar al que él apellidó su batal/on, como ^aúd 
['Be considerase revestido de su mando; mezcla de modeatiav 
I Tanidad donde se retrataba, pensando de cootínuo en el hoJ 
Icfao de Las Cabezas. origen, titulo y punto de su gloria, 
e la ñesta, presidiendo en ella el vicepresidente Salví 
¥^a6 arengó al batallón representado por su comandante, i 
V haflcas y campanudas, aunque breves frases, y en tono de 0(^ 
B pompa. Pero ningún entusiasmo reinó en aquel e 
:;ulo, porque empezaba á cansar tanto i-epetír de aíi)fi 
mzss á las mismas cosas y á loa mismos nombres. 
El segundo mes de la legislatura ordinaria de 1822 nadn 
Edld de si más que algunos incidentes ridículos, por los cul 
B se desacreditaban aquellas Cortes. Alternaban las víct 
B del uno y el otro de loa opuestos partidos, pero e ^ 
il alcanzaba triunfos de más importancia el moderodOiJ 
C^útaneaban á éste Arguelles y Gil de la Cuadra, c 

lento era en los bancos á la mano derecha del presidente,^ 
I^De estaba en medio del salón y delante de todos. A su \at 
e sentaba Valdés, cuando no era presidente. Cerca de éstd 
'. Pedro Surrá y KuU, hasta allí sólo conocido por su vie 
ña sobre el retrato de Riego y la procesión que le acora 
loaba, hombre de quien nadie podia sospechar que llegí 
Icnpresentar un gran papel, y aun á ser ministro; se señi 
» por lo locuaz, echándola de moderado firme, y dandi 
a reir con su voz atiplada y chillona y acento catalán, i 
lando A decirse qué era en su hablar más confuso, si la{ 
., el estilo ó el acento. También en los mismos bancoltfl 
n diputado joven, que lo era por Santander, llamado AÍ- i 
•, causaba risa por el modo presumido con que ae expre- t 
mb», alRO teatral, escuchándose, y con trazas de satisfecho 1 



ilf Pii |ini[iii;i, sirnilii i-oriii OH lalunto ^v i'ÍL'in-ia, aunque no 
PüiL-caiiH'iiti' iLu!ii i'- ¡L'iiiiraritc. Sofruialp un iiuu'iiiú de dcs- 
;ibi'¡iii;!inni y \i'ili-!i!i^¡i[ia i-rimiii'iün, t-mra'lü en años y no 
laryi) i'n tali:iilii t;¡ m i-nni.iriinii'utiis fuera i!i.' su ppofofjiüii, 
fl cnal su-t(.'nl;ilpa l;i-; ii'i,ti'¡ii;is nimlifaílas ci.in rabiosa fu- 
lla. Al h:.ii h- i|i¡i- a.-;.i.o ,]■■ liahhir. iiiirübaimis ron singu- 
lar .).|io 1.,-í .-\alia.|..s. l'iK'ra.l'--rli'iniia!iaii. sin t-nibaríjo, 
I..S ta.i.l.Ta.i.w (¡i-ui.-y .ü.-irus a'lati.l.-^. .-onm |ñs wk-aiás- 
tii-(.s Al.'anrai'aNavaiT... l'as;js,,'x-iv!ÍiíÍ..s.M-ann.íliIa, Pai-- 
ilii, di' iliiiiü -!■ fi-'i'ia '|ii<' lialiía hÍ'I.i ¡n<[ui>idi'i-, y ijue ha- 
blaba .-..n i.,~ ..j- ,l:i\ados ,.n i-l sii-b' y mu jiJ.'lifluO tonu, 
l.aiv.á.-.|iílMS.. il \n ([u.- ruinaban •]<• l..~ jví^iiiraf^: Mu'lú, lacha- 
do do halii-i' -Tvi.!.. a .l'i-,'. Na].uj<'.ni. ,\ l,a]>ui'ila. muchos 
'i" lillas .•jo.'n'^nii'^ V ninLíiiii'j ¡;,-tii.iiMMt.,'. 'l'aNiliii'ii su seña- 
laba i-1 ya .-ilad.. (¡all... .im- d.-ll.vJ., s.. liabia fasadoásu 
baiidiTu. ntfij i;iiiti' sari'. lili :\l ii¡;;ii^. iiia.i:Í<[radcj Casiejon, 

j)i'iiiii'M.-i i-ii iiii.'-ti'.i baiiJu. I'ii liri.üadiri- l.niri', annrjue de 

l.iMlubii a<iii 
-ii'd.ín, Nti.v 
rlla^^nian.iavi.-I'-. Kii 
]>iv>iJi'iit'', baria la i/,'|iiiri'da, nn-i (-..niabarinis, cdiiiü va re- 
f.-i-id.i. !.,.< .li|.iit:fli.- p .1- Cadi/., Cra-r-^ y SaaVi'Ulví, unidos 
|M(r iinii-ia'l |.ii\a'la '-íinira nm'srrjw o[.ill¡olll■^^. v tm persü- 
iiüji- <li- ¡.riraiTaTH-ra. I'ji l.i^a-imtus iViHiK-i'Os a \of¡ nu<>s- 
tros.\ .[.- la d-v.-b;i d- la >¡lla |.|vs¡.lr(ir¡al laujbi>.n. oslaban 
••\alUidii~ ili- [iiiiiHTa iif.ia, [■rinrijialniíTiii' Iü-; iK; ValiMioia, y 
i'Dii rilo-' Inl'aiir./. .|<jo.'i'ar.,j,„i itii r.'niiinr.. ni.'.lii) ..aiti-elos 
filiiit;<li>s ].;iiiidi'«. y .'II i|iiifii iL-a '■.isuiinbtr ilai' ali;iina vez 

Habla iiiv.li:i'li. A!.ii: -iii ^mosu ai.L^iiii'i iin].oi'laine. Las 
i!,'i'mia^ di' l'-s .■\ail;iilii-i ii.. 1. ~ vían nui- lalalr- '\w.- algu- 
nas di- siii. \l'';..i'ia>. A-í, un alliiii-Dln .K-inrido en ia ciudad 
<h: Val-.'in'i:!, iluU'b-i-n la ivlitíia liub.i una jíundcnria enti-e 
i..s aiiil!r!-.,,« _\ jír'ine alborotadn ■Irl ]»uehlo. jinndenoia jiin- 



■.■<t;.lil.--r..d..ivs -1 
:'l"'»-'- ' 



l.-i I .msiitiii-i(iii, sus- 
:, ■..pa.-siaáladoldes- 
iiii'liliiis, '|Ui-r¡oiidú on 



tada en las dir-lfií |u>r los ilipulíidos vidi'iifiaiios i-onm laiiw 
Inigi»ro, i^'ua! al sui'.jilido fn (Vi'liz ilns afios antes, i'n el lii 
<le Marzo, tlí-siiüu^ di; sai'at-tius una VLitarinii soli-iiinf ivjnii-a 
los !5U]iucs!usasL-siniis ilitl inilcfoLiso ■'■ iniíi'i'nln [inubln, ha- 
hlu v<;nidoá |,ai'ar .-n liaívniíis ...bjclus ilt: l'un.hula bui-la 



li/j, .1.- la i:ab,: 
.iisii/.,. Otra 



, ili'lii.'i 



sui-a. Habían 
nal nn'.lian.a- 



fí..zaba,k- 
asi ,-1 l,V,,l¡!,(,, 



OUaniJn,av.T¡!;ua.|., ,.! n.-a.»-io. ivuli.i n.. liab..rs,- v,.«¡<|.i 

san^I Ij la lvlji,--a, !ií .,t(-a fi.^a i 

i-a de una l..diiai| |.atri'ila .jui' n^abii 

riím-ia iius a. an-iil.nn >.■,!,, si-i' ibli, 
«amt stii-a'l..-, y sin raotiv.. a 

'■íl.so i-i'ra, r s.ibn' niii'sti'i» i-mitai 

"pi-oha*. lasl-..iic«a li.avs ,;ii 

mente lar;:.., \ ..bra .1.- [....l vai..c. >i l.i.a s.j| ,.,■ 
8ÍSl!Vei.n]aiil.'s..x¡.t-ni... lalaiiava, uu.. .l...«us a.„. ..,-.. .- 
">'>" inuv Ulan.. .!.■ su ii-al.aj... .•..na. .I.. 1...1.. ■■uanl.. ba.'ia 
pensaba. .\un.|u. .-.-t.- |..r ' 

fc-riin .■tjni..-|.l.j mu;- la ^•■n 

'"ni'le.'ni a .■-lian. |,i.i- la n.i^ü.a, la ma.v.ir ¡.aH,. .lo la 

^^'^al no lo baliia l.^i.!.. v .-baba ].iv.lis¡ sU ti'a ..I. ¡...r sor 

"■'■"ar.s.iaa b,sb..M.l.ró. .b-., ilion ¡a ..bia. .11 ■■.■>■.■« los 

ni.a.l,,„.|„..a| an .|ia- .■; .-H.. .lo - .Ii-ari..s al CY,li„o 

'■»I'1:í .|...|n.. .,11 ..I liabia .■i.H.is .li.|,.,.i.-i..,i..s ..ii v.-i-la.! I>as- 
""•lo ii.li..nl¡,s.-<.ioiala.a...iia.las, noa.bn. aniisu., a la sa- 
"í''» i-om.,7».b.|.:.ra.v|.i.saib.s iin.» .'. ull..s: sujio- 

'"'Vt,i|„.|,|,. „ |,,..,.. i;ir,..liii... a¡.|...ba.l..sl...l.,s.usal■li.■u- 
'''« >-ii ..| r..iin.:,.,„ ..,|,i|.,, I,, .1, |-..b|.,.|,.. babia ,1,. „.,. ,.|oi!i- 

"" 1-JPsu s.l....s..r al II..,v |.:.,a i ibir si, sall.-ioll. Fuá k-i.l.. 

"' Isls. n„..,as I V.ii. - .M 1../ alia, \ ]..ii.,l.l¡|,uia.|..Saav..,l|.a, 

]"« Inil... .1.. .ll,..,.,i„,.,s , „.|..aHb-.ib.s ..|, s.i „i...b. míi.Í- 

:''■' <lt.l ■, salvao.l.. as,,: |o.. -in .la,-,.,, ana b.,„iali.la.l 

""•■til V. .„..,,„,. N.. .-,■.,, a u,.:, „„ I. „ 

;" <"|U.-I l,.abai... Sa.-.ls.. .1.- .^1 la ...i.ia .|.i.- babia .b: s,.,-v¡i- 

J-";a lus.an.i..,, ,,.al. b:s,a,i.l. ..,,.■ .-.■ ■„ la .-...■n.laiia 

„'.'„.'"» <V„i,,s, bub...b..A„aiia,.s... Tia-ia.i.-.s,. .,,10 «- 

,,-, '=>, .V la nialiona sns|,i..;,..ia .b'l .■.-|.iiiii, ib- ban.b-ria r,-,..- 
■'■ i" e¡ aoaloi-amionlo .l,.| ..li., |,.,I¡li.-.. ll.-K..,, Jar !,...,■ .■i..n.,. 



•iCl 
<Hif;Llfrun(is <i(i los t.'\í»l(ailns liahiari Pustraid'J el cjempiai- 
ciel l'óiligo [inr;»qui> iiohubicso doi-umpniolcgalizado en que 
rei\iypsi> la üam-iijii (V;il, y f^in iluda á fin de f[U(? fontinua- 
Sí-n con ini|iuiudad las ¡cíiiinda'^. como si la nueva ley escri- 
ta Iiiibit-'^e di' alcyn/ar ;i roiitiiLirl:!--. Ignorante yn de cuan- 
to on «Pto liahi.'i, ]'<--y sfimi'-ii^liiiuliiií 'yáun ¡.U'-do decir mí 
talla) descn(rnil'.-iiiu- i^n l'n-i'in'iiiTi i!.' >>iLaiLtii pa^a detrás 
(k'l tclf.n d<-l I. airo i..,.l¡l¡.-o. siiíiid- allí .■abali:i..-iH.- donde se 
trabaja b' i]ii.> i-s ¡.ui'a it.-].ii.'f:i.'n tai-ion i-n la i:~<>'na, acudí 
a'niol día al ConjirT^o sin i'Sj.crar un lancí' ruidoso. í'abíil- 
ini'nieai'abaliailvpaf:nf|stiiii/,rijn'|iiivnliabj;ti"^l!rilia<loin- 
finiíLiiiii aiiii.-iad.una .-iir.Tiiu.'dad aguda '|Uv ]jii-osu vidaen 
¡leliíii-.-.. y iüiui'l ilia. coin-ili-ciftil--, iba á ^^ouiars.' v¡í las Cor- 
tes, ai raKi <].■ aL'ULia^ snnaiias •}<■ ausi-ii.-ia. I-'m!- Iivve la se- 
sionpáhlira. Ilaiii/ni'b.isfiiiiiy hir^'cá ^e.-ií-la. f:ii)i><'7-adai>sta, 
notccucliii'hii.s fiiliv varinrt di- ln^ fU-'. fartid.' .■oiitrario al 
niiretm, andando muy imiuiít-i il adii'^to \ aire XavairoFal- 
con. A poiii l.'Viiír'uiia ¡jiu|io-^¡i'ii.in relativa á l;i di>sa[iaricion 
dilfódigo. y i'M.'iHÜila .■n tal.s irTiuinos, ijuí' í'ra rasi una 
acusación iTuilra varios di[iutados deiiu.'Siriis aiiii.í'is. Sálva- 
lo, uno do filos, so b/vaiH'i. y con su imio ilivlaiiiatorio y voz 
sentenciosa i'm¡"'/.ii ¡I '[Ui'jarfie v dijo '[in> i. ra una facción la 
i]ue así, medio :i la« claras, les b-vantaba lahi.i Ivstiinonio. 
A la voz f>ifi-¡i,n, levantando Argüellon y ios dr su l»anco. 
juntanifnd; con "Iros de lossiiyf.íicrn varios lados, irritando: 
¡Kc hoij fom-ioii'. con acalorado tono. I.üs >{•>. mi banco, soña- 
lóndoK.; ('! dolicnt.í Isturi/, dieron el ojiuesto ;;rito de ,« /«/.y 
faceiiin! arnuindopc cim <-slo un vocerío di-sieniplado c indi-, 
coroso. Pero ni' liuhü.K- [mrar aijui la indecencia, pues n 
\>W0, desaiii]>aranilo su'i lianco^ bis iiüís eMreniados que te- 
nían asiento cnl'remo del njin, fneróns.' jiara aijUcí donde 
estaba Navarro Falcon, y lr:ibi'>-c una rcfrie.:;a ;i brazo par- 
tido. Vi yo al niarini'fo viejo cotí su jiono nc^ro. (]ue dt* 
continuo _llo\aba, y su viejo, flaco y arrufrado semblante, 
echado contra f! ros|ialdo de su asiL-ino jior el duro brozo de 
un diputado valenciano, tampoco j-Wen, pero<iue le aventa- 
jaba en fuerzas, (.'iros también se pej-'a' an liácia af(uel lado. 



&65 
Subreüah.i cu a'juel pt-lüion dií conilKitbntos, \íi ¡illa y nohic 
f)f!iiru ilf 1 (ítíiiLTal Álava, aoiidionüo á poniT paz, á f|uíuii yo 
desde Ujos i:reia uno do Ioa pi;li;:tn(fs, iii> a(ít'rtaiid(i á (.'xiili- 
(.■armo rr'imo enli-alja fin ían f>'a lid tuimbrí; di- modalfs tan 
■lecoi-osos. K^ialia ol '-uorpí) i'i'prr^5ont;itivü ilf 1;^ narion con- 
vertido en lina indiT./iHijiinia turba ili.' i-aiiion'isluii!, fnando 
un oficial d,; líijal.^* (iuai'di;is d.- irifant-TÍa. diputado por 
Navarra, liouihní di- nmy (Miia-; Im'f^;, se h:iIíi> ú!>iipcar la 
fíiiardia para 'pic i'iitr;isi' ii imni'i' p;i/, n» iv)ui|)rt-n Jicndo, al 
úbedwcc á pují lnUiitns iiiiütaws y tratar di; liai-t-r i-oij aque- 
lla ppnd<;n('¡a lo '[[U: cm otras i-.)iniin(iü, r\m\í i'imrnn! delito 
t-.ra iiitriiduvii- i'U t-l salnn de sfsioiiL-s Uta siddados ú hatiT 
uso de su fuorza. 1 [ulio. \niy fortuna, '[uii-n sali.'SH ¡i df.tenisr 
á aquel dusatiiuido, y ■!V¡tiííf un csnindalu riuls sobre tantos, 
ya no U'Vi'j!. Imposilili- •■a, i-uii todo, i\t:i:h- i/ri íjuií habría ve- 
nido A [jjirar la ti-abaibi n.l'rin^ía, ^i f n a']ui.'I inisnií-i instanto 
no hubicsffn sonado vocen de habi'i-S'i «nuontrado id papel 
perdido. Todo ello no pas.'ilm dn haV-rso trasp;ipi-lado un do- 
cumento, surcso muy i'otiui::, ;i <¡\it: dii-ron inipurtancia, en 
aquel caso, malignas so^pcihas. Aplaei'iso id luniuHo, pero 
no nuestra indijínacion, pui'« liai-iamos fumladoí! carpos á 
nuestros iicuiíadort-s, i'abizbajns, ainifjuc no del lodo con- 
vencidos, porijuo nunca lo quí^da ipiieii calumnia, alucinán- 
dose hasta creiT verdades siit; falsos asertos. Sifínióse nom- 
brar una iximiíion paca proponcí' f¡uó liabia de hacerse cyn 
el oficial de secretaria cuyo licscuido iiabia causado aquel 
tragi-cíiuiico iiicidcnlc. KMrcummonos en f^l iii,'oi' con el in- 
feliz, bien inoceiiif! por cii'Clo, pagando él, aunijue no cnttí- 
ramonle sin culpa, la Icivc suya, con ei ripor con que la ha- 
bía hecho jTravc la nLiÜcia ajena y nuestro enojo. 



?■■■ 



CAPITULO XIX 



I Xa elección lie jVlaTa para la prenidenoia de las OÓrt«i 
Adoptan Ion exaltados la 'pulItic-B flna.>— X>as parlldaa v| 
Cataliif^B y el cordón «anítario que el Golii. 
eatableoe.— l>ÍBcuBÍon y acititud de las C¿rlf 
<llie auHcita» y calumnia de qu^ es ol>Jeto, — lI>eá4pecbo 
tancion del autor de unirse rí, Ion común e roíi, (|ue al fl 
a lleKÓ n realizar — XKyision y rraocionamiento da I 
partí doa.~lLiOH anilleron — I-iDsexaltadoa.— Xia rrBM>iara]m 
tai-media. — Dincusion del Mensaje al Xíey. — Discnraofl 4 
. itator y (lo ArBiielleM— Conoortlla (le loa parí idos. 



Llegóse el mes de Mayo, y eo la elección Je presiden^ 

limos también vencidos, siendo nombrado el general ÁIS 

, ProfesAbaie yo grande afecto, porque le habla conocüCT 

o niño como amigo de mi familia y le había traCAdo Q 

[' la expedicioQ á Ñapóles, á. que se agregaba gustarme sohf 

] manera eus finos modales y sus pensamientos de caballa 

"No era Álava un hombre de grande agudeza, pero no c 

cfa de instrucción, y el trato con gente principal le 1 

dado, además de su mucho leer, gran conocimiento de la h 

, toria moderna, asi anecdótica como general, y de los hoQ 

B que habían hecho en el tóatro político papel i 

□que pundonoroso por demás, era complaciente; y cot¿ 

a firmeza le igualaban pocos, vivía en c^si amistad e 

Ffaombres de ideas bien diferentes de las suyas, que erfld 

I monárquicas y aristocráticas, mas no favorables a-I Colú 

Pito absoluto, y menos aún al antiguo de España, ejercido a 

1 mala manera; pero servía la causa de la Constitución 

a leal celo. Habiéndome conocido niño y aun hablando- 



mi' alguna \aí ftiendo yo hombre, me miraba con añoiuo, 
&uti eiii c.ouUii' coa quo haciendo el papel de Ttíu Pomponio 
Ático español, me iucluia eu el número de los campeo- 
nes de una bandera, no la suya, á quienes mostraba agas&- 
jo. Había una razón más para que Álava me quisiese, y era 
que sin ser él más entendido quo otros, se habla hecho car' 
go de mis opiniones mejor que la mayor parle de mis anú« 
gos ó contrarios. Asi, aun el periodo de aquella primem ]jf-- 
gÍBlatura de las Curtes de 1822, cuando yo aparecía, y ef^ 
algunas cosas era, de los políticos más extremados y vioItiGr» 
toa, Holla él decir que me vería con gusto encargado de . vp^',' 
•I . formar la Constitución, y hasta Smiarla casi á ciegas la qas . 
^. ■ yo hiciese, sólo con la condición de que al trabajar estu-ñ^ . 
~¿ yo separado de mis amigos; singular testimonio de que Bw 

jf'V ' mudanza política no ha sido tal cual se la figura ó dice^u 
VI.. generalidad de la gente do todos los bandos. - 

: .■■ Ya se entiende que yo no di mi voto á Álava; pero a«ib- 

^ que le estimase yo mucho, su elevación á la presidencia 

• fué para mi en extremo desabrida. Dentro de los limitai ^ , 

que yo quería llevar mi oposición, era por demás resuelto ~ 
'^ . violento, y de aquí nace habérseme achacado ui 

me en los principios y deseos, hasta el punto de aj. , 
mentar el desorden, siendo asi que sólo anhelaba 
vigor sumo para lograr fines que no iban muy lejos. 

Gran desaliento había cundido en aquella hora por 
filas de quienes formábamos la parcialidad victoriosa en 
elecciones de que las Corles á la sazón juntas eran produutoi, 
parcialidad que debia suponerse dominante en el Coogreí 
Cla][0 estaba que habla entre nosotros algunos que voi 
coa nuestros contrarios. Haber perdido la elección del 
dente para el tercer mes, asi como había sucedido para 
gundOjDodejaba duda de que éramos los menos param' 
y no poco importantes ocasiones. Celebróseentóncesuna jm^j 
tade las que solíamos tener, y á la cual hubieron de co! 
r.' lir algunos de tos que hablan dado su voto á Álava. TraMa% 

en aquella concurrenda da nuestra situación como partido; 
y viéndonos venados sin saber por qué ni cómo, deseando 



a obrar o 



269 

■entrar á nuestras derrotus el origen y tambiun ul mme- 

Bib. Discordaban los pareceres, y habla poraooaa caja coo- 

% les ochaba en cara que conocían demaEÍado la causa 

raTeriguar la cuat se afanaba aquella junta. Do eiibiio, 

I^W^putado valenciano, de los más violentos y de los mfe- 

9&iBtruidos, dijo que acertaba con la razón dn nueslroa 

VféVtises, los cuales consistían en que al mincjarnos nO sa- 

'•.blftmos usar de una putiüca Jiña. Parecii^ alo general d«l0B 

J eODCurrentes. y entre ellos á Riego, que aquel nuestro coto- 

r^^aliabia dado cu el punto de la dificultad, haciendo mucha 

\.fiief*a á todos que sujeto tan aficionado á la violencia ea 

I doctrinas y conducta, aconsejase el uso de la prudencia. En 

e fué que yo y algunos roas conmigo, deaespvrado» 4» 

u aquella necedad, ínsieilésemos en la necesidad de hacer gner- 

' f nálos ministros con vigory concierto, preguntando ade- 

Rqué era luj]r(íííí''(T ^na, así recomendada y aprobada. 

tdiómo lo que en muchas ocasiones antes y después, qqe 

• filó de resultas de haber ridiculizado una opinión que mere» 

k serlo atraerme odio de aquéllos & cuya costa habia pro- 

~ 1 risa. Quedó, pues, resuelto abrazar \ApuUiica fina, 

^TO averiguar qué cosa era, y queiK yo por más violento 

b otros de los nií'is extremados. 

En esto, !as calamidades públicas vinieron á restituir á 
itro bando la fucí za que habla perdido, mal óste grave 
% los gobiernos llamados Ubres, donde existe una parciali- 
& que sacando provecho de los daños del Estado, los ve 
1 alguna Ealisfaccíon, y hasta en cierto modo coa- 
lye á traerlos. Empezaron á levantarse en Cataluña par- 
t aclamando al Uey absoluto. Ya había habido antes 
S do la misma especie en Castilla la Vieja y el pais vas- 
ido, llegando á íobrar bastante fuerza en 1821, y en 
B provincias se bubhin manifestado conatos de igual ra- 
íl, aunque menos temibles. Verdad es que el levanta-* 
D que en 1823 comenzaba en Cataluña, contaba con oa- 
] robusto, do que los anteriores de su clase lu4>l<m 
Kádo. El Gobierno francos nunca habia mirado con $0»- 
djestablecimientú de la Constitución de 1813 en Egpa^ 




ña, asi pór lo que sMa era ea si, como pot' haber sido restau- 
rada por aoa Bablevacion da soldados. Como en 1821 hubie- 
se, aparecido en Barcelona la Sebre amarilla haciendo hor- 
roroso estrago, formóae en la vecina fi-ontera uu cordón 
unitario, y aprovechóse la ocasión para hacerle de tantas 
trc^tas que fuese un ejército, aunque cortó, y sirviese á obje- 
to diCerente del que le servía de pretexto, en parle fundado, 
el cual era atajar el paso al mat contagioso. Bien sabían, 
pues, todoB, amigos y contrarios, qué signifícaha el cordón y 
cuanto habría 9e servir á los que se sublevaban en sus cer^^ 
canias contra la causa popular dominante en España. No/ 
obstante este conocimiento, á muchos se encubrió, ócuar '~ 
.ménOB no se manifestó en toda su enorme gruvedad, e 
ligro encerrado en la nueva alteración de Cataluña. 1 
de estos últimos, á pesar de que propendo á pensar b 
mente de lo venidero. No asi mi amigo antiguo Jonama, ( 
en la ocasión de que voy trataudo, así como en otras i 
chas, me dio pruebas de nada común sagacidad, dep 
timada en su debido precio. Encontrérae con él, y a la o 
oaria pregunta de «íqué teaemosV> dio por respuesta qui 
conirareoolucion está y^ empezada, á lo cual añadió n 
nadas observaciones sobre lo presente y las probabílidM 
de lo futuro. 

Sin ver las cosas tan á lo lejos ni tan claras, los más ei 
los exaltados pintaban las ocurreDCÍas de Cataluña i 
graves y peligrosas, pero más por hacer tiro á los miois 
que por otra causa. Al revés, el Ministerio pecó por el I 
contrario, y como al oírse tachar con tal extremo y i ' 
zon ola también abultar los sucesos del levantamiento, i 
igoal yerro en sus contrarios al pintar el mal que al ■ 
nerle origen. 

Era llegado el caso de que en las Cortes ae hablasej| 
1^ alteraciones do una de las más importantes pro^^i 
de España, siéndolo por muchos títulos Cataluña. 
Idee para el intento una sesión de las extraordinariaR'^ 
se celebraban de noche. El general Álava, preaidsDtSi'U 
mea, hombre valiente, como quien más, en 1 




A 



'valor sereno, tetnfa tanto cuanto abominaba loa albo- 
^*oe, 5 miraba con inquietud las sesiones nocturnas, muy 
v>-opias para favorecerlos, por lo cual estaba lleno de disgus- 
"• <;on la <[ue se preparaba; y como según las preocupado^ 
ti«s j también en parte la fundada persuasión de loa d» ^ 
su. bnodo, suponía estar las tribunas llenas de gente á nuas- 
'''^'' «íevocion, lo cual, en lo tocante A mí, era un yerro, no ¿ 
nra© encubrió su opinión ó su pesar, y me dijo que conftaba 
^** ivie no habría desorden, como suponiendo pendiente de 
^'^^ 'Voluntad la realización ó no realización de sus recelos. 
''^*-téde desengañarle, y no lo conseguí del todo. 

■abrióse la sesión, presentes los ministros. Empezóse 

í"^'^ faacerles preguntas como en la famosa noche del 3 de 

^■yo. Siendo uno de los primeros cabecillas de los recien 

^'^í-íziladoE catalatanes un hombre de corto valer, conocido 

^ ** «1 apodo de Jl/isíis, el ministro de la Gobernación, Moa- 

*" ^'^i afirmó que había sido aniquilado, de suerte qiiesu 

^•^t^c^sa podia ser considerada ya misa de difuntos. Gustó 

•^ "^o el chiste, que aun siendo mejor no habría agradado á 

^^**t« muy mal dispuesta respecto al personaje cuya era la 

***~renc¡a. Anunciáronse preguntas nuevas, y llevaban las 

I ^^s el aspecto de segunda representación de una escena 

■^ «e en la primera hablamos salido silbados. No pude yo 

^■^*arlo, y me puse por medió con más celo que prudencia, 

*^ mejor discurso en punto á lo que convenía, que en 

j^ *-<^cante a! gusto de mi auditorio, así de los concurrentes 

^-sa galerías como de mis mismos colegas. Dije que era 

* *~*-tjl empezar á preguntar sin fruto, y que si las Cortes 

l'^^irjan proceder de la manera debida y única de que podia 

**ir provecho, era fuerza que tomasen otro camino. Sonó , 

^ marmullo de desaprobación, cuya índole conocí; pues 

" afecto, en las galerías se dijo que yo pasteleaba, estor- 

*^*HÍ0 una riña sin decoro ni utilidad entre algunos diputa^ 

^^ y los ministros. Sin saber que eslo se decía, adivina 

"^^ til murmullo desaprobador me culpaba de débil, y no de 

^•^lenlo. Quise aclararlas cosas, como sofocjido de ver twita 

^)rpei8. Entonces ^exp^e8é que el modo de proceder propio 



J 



212 

át aamíro partido era expresar solenin emente nuesbl 
aprobación <l6 la conducta del Ministerio, n «lUJen ar 
¿ dirigir vohomcnl«s cargos, inculpándole hasta de ) 
seguido una conducta que califiqu6 de aníinacional en 
rias cuOslJones cuando en el año anterior eran dipuG 
haciendo do su proceder medio de llegar al alto pueati 
ocupaban. Ee singular que á estas expresiones, ota 
justas sin duda y violentas, pero no fuera del campo i 
se ciñen las guerras de palabra eu los cuerpos dellb 
tes, se contestase con clamorea de ¡orden, orden! coi 
me hubiese yo excedido. Lo que más me irrilú en aque 
morco injusto y necio fué que salía en parte de una Ir' 
llena de ex -diputados parciales de los ministros, tan o 
dos á callar cuanto lo estaban los de la pública, y má 
quizá, porque debían conocer mejor sus obligaciones 
ros espectadores ú oyentes. Páreme, y miré á Álai 
cortado y suspenso por un lado no queriendo disgu 
por otro, viendo con gusto que se cortase la cuesti' 
diente, nada decia ni determinaba. nSeñor presid 
dije); sólo en V, S. reconozco derecho parar llaman 
den, y el clamoreo que oigo le tengo en poco, — Si 
li-u señoría,» me dijo Álava cabizbajo. Otra vez coi 
interrumpido párrafo, repitiendo con voz hueca y ca 
Us frases i^ue más habían ofendido á mis desapr 
Banovóse y aun arrecid el vocerío, llamándome al 
no me había desviado un punto. Creciendo á 
iraje: "se me interrumpe (esclamé) hasta inlent 
" "«llar: pero si callo, callaré lorzailo, y cuto 



_ por haberlos detenido en su carrera de pre- 

Stt^fiual Gobierno y hacerla cargos necios, otros sin saber 
por qué y sólo porque cedían al tórrenle condenácdome. 
lí^ir-a vez he tenido un revés igtia!, y debo añadir que rara 
'B2 le he merecido monos. Por lo pronto, se fueron muchos 
^ptitadoB dei salOH á qmjarso, en la Sala de conferencias, 
"6 mi violencia extremada. Entro on esto mi amigo y com- 
pañero Grases, ausente del Congreso en la hora de! lance 
^ *Hie trataba. Ojú vituperarme, y queriendo enterarse de 
"*! culpa, preguntaba cuál era y qué atrocidad había dicho 
y**> y nadie acertaba A responderle, habiendo quien diese 
í**** r^zon para condenarme que habla hablado yo con la 
^*** Tiuy hueca, acusación fundada, pero no grave por cier- 
**- -Enfadado ya mi- amigo (pues lo era mucho), y no alcan- 
'^^lo respuesta á su pregunta en punto á mi feo hecho 6 
'*^**o, con su acostumbrado chiste dijo que debía yo de 
a.t>ey dejado salir de mis labios el íetragamanton, á sea 
*^Tnosa palabra impronunciable do la cabala Hebrea. Ne- 
'^*3i».*JeB eran éstas, pero me costaron caras, pues de aquella 
_ *^^H.6 liene principalmente su origen una de las más negras 
' **^i:iinias contra mi persona. Ponderándose por alguno mi 
Sa.f[jQp-,^ pues por tal hubo de pa'sar, no faltó quien acop- 
^-"dose de haber yo vivido en Cádiz pocos años antes de 
"**^- manera licenciosa, dijese: Jira de nocJte, ij efstaria bebi- 
.*^' í>Jo autorizaba tal suposición mi conducta en aquel si- 
» y de seguro al comer aquel dia, si no habla bebido sólo 
^^^^ pura, cuando más la habría tomado mezclada con una 
^*€» cantidad de vino, según mi costumbre. Pero del «esta- 
m¿^^- t»6bidoi> se pasó á decir lo estaba, y de decirlo uno, á re- 
to otros y creerlo muclios. Sebastian Mifiano, en un 
titulado El Cenxor, obra de los que como él hablan 
¡o al intruso José Napoleón contra su patria, cometid 
baldad de escribir un articulo, encabezado; defensa de la 
acktra y de los borrachos, donde se aludía á mí tanto 
iaicuamente, cuanto no daba fundamento á quejarme 
' los trámites legales, si bien es verdad que, ¿un dándole' 
liabria yo apelado á rehabilitar mi fama, 4aa contra la 



274 

calamnia por bllo del tribanal, habiéndome yo propuesto 
deede que empecé mi vida de hombre público no apelar á 
lae leyes para desagravio de mi honor, aun viéndole injusta 
y atrozmente ofendido, propósito que he llevado á cumpli- 
miento. Resta aííaiiir que fué tan certera y grave la herida 
que en esta ocasión me hizo la calumnia, que sus efectos 
aún duran, pues repetida la falsa acusación por muchos, ha 
venido á ser creida por no pocos, de suerte que no ya s^ 
mÍ8 contrarios para desviarme, sino aun historiadores 'plé^'í 
aspiran á ser imparciales, han contado, creyéndolo ciw 
que yo solía tener en mis años maduros, y cuando ejei 
cargos públicos, el feo vicio de darme á la bebida. Hasta ^ 
CBBualidad, para mi fatal, contribuyó á acreditar esta c 
nia en los dias de que voy hablando. Salió en ellos á luz a 
folletillo intitulado Sembiaruas de los diputados á Caries ¿t 
1823 y 1823, imitación de otros de más superior méñM ^ 
con el mismo titulo, donde se trataba de los diputados -i 
las Cortes de 1820 y 1821. En la segunda obra, de cortisi 
valor, al hablar de mi, usando, como con todos, chistes d 
bien sazonados, al paso que me alababa, aludía s 
presencia, y con este motivo decía: 

Qae bajo una mala capa 
se encuentra un buen bebedor. 

Eo balde fué que el autor, amigo mío político, en conVf 
aadones privadas, asegurase haber usado inadvertidam 
ia palabra 5e&e<ÍD/>, pues ni quería decir ni creía que yo to 
fuese, y sólo había tomado el refrán en su acepción comua, 
pues su inadvertencia pasó por cuidado y malicia, y se dijo 
que aun los de mi parcialidad confesaban que tenía yo el Eeo 
vicio de embriagarme. Aprovechó la ocasión el mal iniencio- 
nado autor de El Cenxor, y criticando la obrilla de las Sen- 
blantas, supuso que en ellas se me tildaba de borracho, afwitt- 
do que así se hiciese, y afirmando ser falsedad; pero do (ai 
modo, que daba á entender lo contrario. Asi vino á quedar 
entonces como verdad probada un hecho falso, viéndose ea 
«ate caso, como en otros, que coa la libertad de impronta. 



275 
B coDseguireo {como era comuD decir) lo que con la fa- 
¡llanza, en la cual gtiponia ia fábula lu virtud de curar 
Btidas que hacía, se logra, al revés, acreditar la false- 
r%kst3 sacarla triunfante de cuantas pruebas para des- 
fécerla íp 'alej.'ucn, siendo proiJio de \n perí.v.a humana 
^ loa asertos aun menos fundados y no atenderá las r^ 
letones, siempre pesadas en aquellos para quienes Qo son 
Bmpeño. 

Baste ya de tan enojosa materia, sobre la cusí, sin eni- 
go, confío en que perdonarán mis lectores que me haya, 
'tado un tanto, considerando cuan necesario me es vol- 
. & la par que por mi honra, por la verdad, y cuánta ri- 
me asiste al quejarme de haber sido en este asunto mal 
Ui« defendido por mis amigos en escritos públicos, au&- 
8Í lo haya sido en conversaciones privadas. 
tetros sinsabores me atrajo la noche de que he hablado. 
i todos los periódicos me culparon como de haber hft- 
lo con desafuero. Desfiguróse en el discurso que losdia^ 
pusieron en mi boca lo que había yo dicho, suponiendo 
habia culpado á los ministros de haber votado en laa'' 
llores Curtes en minorías anticonstitucionales, cuando 
«xpresion fué antinacionales; disparate menor que el 
Qero, pues al cabo sólo quería decir contrarios al voto 6 
'és de la nación, tomando, como es costumbre, por aar 

> é mi partido. Reclamé contra esta inexactitud, y &o sólo 
Periódicos de mis adversarios, sino hasta El Espectador', 

era el de la sociedad secreta á la cual yo pertenecía, aco- 
Con frialdad mi reclamación. En verdad, este periódico 
■il)a, entonces arrimándose al Ministerio, siendo el ijuo 

> influía en ello D. Facundo Infante, uno de sus princí- 
■M editores. Sólo se lanzó á defenderme El Patriota, pfr- 
Kco de los comuneros. En él, mi amigo Jonama puso eft 
Silbes ihi conducta en la sesión por la cual era yo ^ttf 
k4o, y hasta cometió el yerro de dar alabanzas hiperbóli- 
%tai breve discurso, que pocas merecía, aunque sf qoé 

e en claro cuánto distaba de ser antipariaDuntaríO^ 
I, ó excesivamente violento. 



27C 

Vióiidonu^ yo tan mal soslonido por los míos, ooncel^ i 
iilt-n tUí jiasai'ino lUt la ¡iOi'U^'lad maíióiiiou á la comuna 3 
íMTiv» lialjiaii h<'r-ho muihus ijcrsunns con fjuienes yo »<=!:» 
(ibi-ar awmlc. Insti'iUif; ú illo aprclaJaniriite Mornii'j Gue i~ : 
y yo, sin i-i;K[jünli'(|i' i-r,ii un ai, \i: <!i i.-Áj»^i'aiizas '[ue «r-- — 
valía» im-'j Unito. «¡ti/oso i;l, 'üii jiarie á lus su.\ij- ó^- ht». "Wr 
heclio mi (■«■,.'¡iiiii;i, > (úvijsi: •■íiit |."i- di; tul Í¡ji[ionati«;- ; 
HU(i el i-ui-c|.ij gnVHViia'íui' c|.' l;i i-.i»iuiioiÍa w I'imi á lut'^r'a 
divulfir a l.idu-; I..S li,: su dfj.iMid./n.'ia, .■..■¡n.» !;.l-M nn.-. -v" 
Iri .1.. li;.íj,-njM- \.. d.tci minado u . nlrai- .-onuiii.-iú. 

Vo, sin fm.liai'.^o, va.-ilal.a, y no liaSia .i:vi,. lafui-ii^. 

marión -:■,■ mi ;ininio --n .■i.|Urlla- liur;;-. Iji aliimasfO!^ * 

llevaba la oiJ.j-Í'-j..ii ú.\(rvni..s ■■<; » .|uii!i mus: r.'!i ..tx-'- 

m(M|Ui"lal'iU'"rl<>nii!flio inái^, 110 \ a 'jn-' j"-M'"mnn''iiK. íi- * 
aun '|ii<: !■'> a<-itliit:ii!i'> nia-imos, A.~¡, cnand" mu-^-.'^ Jt *^ 



'a),:i 



-■I fí<j. 



II'!"' 



i;,-i S..I0 



riódií'., AV /.:ri-Í";/',. (i ulro, si i-a!j.- ji.-ni-, .¡1; ■ ¡...i- .i,.- 

zn \h¡'\ IjariOiidirli- i-.uni.ania, v .■iiv. (ilu!,j nivi /..-■ 

/■oí«. yo i:.> .n.-.iilria mi avfc^ion á r.i\,'< ,.■^■.■vh■^^. i\, 

liai)i<in.l<i-.- halilado tk- Lit T.:r<x.r<,l-' t-n l;i- ( ■.:.i-i. s ¡-ai 

dtíiiar >.ij^ d<"íiin:i:i, \fj la (.-mIíIíiiih! !■ 

f(?Iirol)a''ii<n üi-M.Ta, ^irm d<; d. /si uve i o amai'^i.. A-j, ■■n ro^** 

i:onti-ihii;.i's.' i-.m ^'.i dinciuá lai'\i-ti'ni':a cli>- |i;i],.-l 1,1 )i mal 
Y iiútt>.- i|n.- .-Si... lo d.-.'ia jo .-i.and.» ICI /.urn''.-;/', luJav-^ 
ino i'L'k-bi\ilja, y niandu rn un nninuro, n'iMi'iii'ii'i.) :i variC^^ 
|iOif!"iiaj<>í> i-uiiotÑiIns ]ilum:iíi tUi piijaios, m,; a Ijüdicala 
del i-uisi-rioi', i'uiíi.i ¡lata .■i.mcar.ir i'Oii i-\ diili-isimc) ramo C^^-- 
i;3tii avi'iálla miw' disi'ursu-s, l-"n ini'dio di' r>U), con iioiab 
fúnlraJií-fioii i^.r nna [i:ir(i-. ann.|U.í no im ludo .v.n desal 
no, culjial-a d^' tiiuidav di'scon.'i'Mada ln .^ondurla de ui:S^ 
Hi'an ft-aciáon did jiai'lido i-Nalunlo, i-iiyus voins soliau dare^^ 
jujuídlos dias U'iuiifos á lo.s mini^tius, í'nn.:i:ion (.'tnnpues^* 
rasi loda di; masom-s, fjiic no podían i-om|)i'r ios lazos qi^* 
los unían con olro.-í de su misma sociudiid «lesdú el principt^ 



'^íM. 



vr" 



m 

r ttSMápro desembozados ; acalorados mioiatArialea. (Qaé 
E'^-..'S|>eteda yo, paes, entÓDcesT Imposibles acaso, pero de los 
in^KJsibloa es que suelen soñar más de una vez hombres en 
otras cosas de no común entendimiento. Quería una oposi- 
ción á la extranjera, unida y firme, que derríbase al MinÍ8te~ 
rio, y le reemplazase con hombres de sus opiniones, no pan 
variar la forma de gobierno ni para destronar al Rey, sino 
para gobernar dentro de la-Constitucion.cujo círculo, como 
el de toda ley política, comprendía mucho terreno, más revo- 
IncioD ariamente en los negocios así domésticos como ex- 
tranjeros, y para tener sujeto al Monarca, en (¡uíen nO podía 
dejar de ver un enemigo, pero al cual no opinaba por que se 
ineultase ó desacatase. Mudar de dinastía me habría parecí- , 
do lo mejor entonces; pero deseándolo, no aspiraba d conse- 
guirlo, ni siquiera á ello me encaminaba, no viendo asomo 
de posibilidad para el lo^ro de mi deseo. Agregúese á eato 
que algo de presunción, no enteramente infundada, y paaio- 
- nes vehementes, excitadas por motivos personales, inflaiaa 
, an mi proceder y hasta en mis opiniones, ofuscándome el 
' entendimiento. Sabía yo algo de lo que era y es el Gobierno 
; llamado representativo, así en su t#5rica como en su práctica:, 
¡amos en su juego, y miraba con enojo y menosprecio 
?f la presuntuosa ignominia de muchos de mis colegas, la cusí 
\)oB llevaba á no querer estar con los ministros ni en paz ni 
;uerra, si-no sólo ir alternando en apoyarlos ó contradfr- 
, por donde los mantenían firmes en sus puestos, ye*- 
«ndoles al mismo tiempo obrar con arreglo á un plan 
Y seguido con vigor y firmeza. Aborrecía yo además á 
ainistros, y extendía mi aborrecimiento á no pocos de 
B principales defensores en las Cortes, uniendo A mi odio ' 

mar en ellos y en toda su parcialidad negra ingratí- 

i á los que habían redimido á su patria de la servidumbre, 

tcado á los corifeos de los liberales antiguos del destierro 

» las cérceles para encumbrarlos á los lugares más altea 

ael Estado. Tal era el estado de mi ánimo cuando los co- 

Dunoros me creyeron suyo, y yo estuve casi resuelto á aer- 

í. ^tre ellos habla mucho que yo aprobaba, pero eo gene- 



2r78 
ral, sin eslimar á los hombres do aquella eociudail superlo ri 
á log musoDeB, ni mejores sus doctrinaa, juzgaba qoa i t^^ 
con méoos desconcierto, y si noménos desconcertados, *!*»• 
nos vacilantes ó dudosos en cuanto al paradero A que sa ** 
rigfan. Quédeme, sin embargo, en la sociedad anligus Jp'^ 
varías causas. Fué la primera respeto á los vluculos ^^ i 
me unian con sus prohombres, de los cuales había y" *^ ■ 
ya, y volvía ser, uno de los más señalados. Entre loa ■^*-^ 
muneros tenia yo también amigos, pero no de los prind^^^ 
liiB cooperadores al levantamiento de Enero t 
afiueljos con quienes, por un término de cerca de tres ai 
Henos de graves sucesos, habla yo hecho una miama^^^ 
fortuna. Fué otra, y muy principa!, mi desvío al espiriluei*' 
geradamente democrático que entre loa comuneros reinafc:^^ 
Rehusé, pues, afiliarme á su sociedad, y ellos por habar*"^--* 
dado prisa á contarme en su gremio, creyeron desaire c^''^'' 
sigo de ofensa mi permanencia en otra sociedad, su rival,^*^ 
cOo señales de ser eu breve su contraria, 

Ed tanto, no sacaba yo ventajas de mi adhesión & la B^^^ 
ciedad masónica, y no merecía sacarlas, porque con falta'*! 
juicio (mal de que no he %gado á curarme) mostraba de«p^^= 
go y aun enfado á aquellos en cuyo favor procedía, no sin l**^ 
crilicio de mi provecho, ¡base entonces haciendo algo seiD**^ 
jante á lo que suele llamarse fusión de partidos, pero sin plflgs^^ 
fÚD propósito fijo de hacerla, con torpeza y de tai modo, Hfl^^ 
ae descomponía lo antes unido, sin amalgamar bien mtf^* 
parte de ello con la á que se iba la misma allegando. ~" 

Al empezar Mayo de 1822, había en las Caries, bien p^i^ 
de decirse, tres partidos, aunque genevalmento sAlo se v 
sen dos, y aunque por otro lado, consideradaí 
con prolija escrupulosidad, fuese fácil descubrir más suM 
viaionos, de las cuales habían de venir en lo sucesivo d»^, 
componerse y deshacerse los partidos que existían, parifta^í 
inarse otros nuevos. " . 

Los ministeriales componían casi un tercio del Coogf^^^ 
so. De ellos algunos eran masones, pero obedecían mi* ^ 
los dogmas y al interés de su comunión política que á losd 



tf 



319 

su secta. Todos ellos eran tachados de anilleros, y varios 
^•^ ellos eíq motivo, pues no correspondlaD á la sociedad qua 
era conocida por el apodo del anillo, por achacarles qua 
bu'bo idea de darse á conocer por un anillo da cierta hechu- 
ra los que la formaban. Esta sociedad, de la cual me he ol- 
vidado de hablar hasta ahora, había nucido á fines de 1821, 
cuando ios alborotos de Cádiz y Sevilla, hechos con DOtpño 
luebrantamienlo de la Constitución, infundieron sospechas 
*« cjue los promovedores aspiraban á mudar la ley funda- 
***níeDtal de la monarquía. Sustentar integra y respetada-la 
Conslitucion, era el propósito ostensible do los asociados, 
cuya divisa fué, hablando de la misma ley, no consentir ni 
"^íipi, ni menos. Sospéchaselos desde luego y acúseselos de 
S^iftri'f menos, de anhelar el establecimiento de un cuerpo 
***^slador en las Cortes, y éste compuesto arislocráticamen- 
^> y también el ensanche de-la potestad real, con aumeato, 
^Bí como en verdadera fuerza, en decoro. Ellos, defendiéndo- 

®» ofendían y achacaban á sus contrarios intentos de hacar 
"*^s democrática la Constitución que lo que ya era, y con 
Y*^® fund:im(?nto, los de no apetecer otra ley que los Ímpetus 

® la revolución. Como se verá, andando el tiempo, la ma- 
^'*'' parto de los anilleros hizo buena la acusación desús 
T^^ersarios, declarándose contra la Constitución vigenta, 

leu f)ue á esto contribuyeron sucesos posteriores, DO hijos 
^ propósito antiguo, y engendrados en parte por los cargos 

'bos de que las victimas llegaron á hacerse merecedoras 
^^Pues de haberlos llevado algún tiempo sin motivo. Otros 
'**ll(;ros, al revés, fueron fieles á la Constitución cuando ya 

* Sustentada sólo por una corta porción de loa exaltados. 
^oi a en el mismo partido ministerial de! Congreso, mu- 
**Os apellidados anilleros sin serlo, y de opiniones varias, 
^s*le lag uj^g cercanas á las de la parcialidad exaltada, has- 
■^ menos distante de las de quienes echaban de meaos, ó 
" ^ constancia en la fe antigua ó por arrepentimiento, la 
■^^^da monarquía. 

■El otro gran partido en el Congreso de 1822, ara el re- 
~W>oido entonces con el nombre de exaltado, Tan numeroso 



280 
era ó tenia f;inia ilf sfr este (jii aquellas Coritas al abrirse 1& 
legiblaliira, rjue híon fOrii|ioa(ina in:is ác dos terceras partes 
(Id cuoqio ctiKíi'ü. l'ci-ij laiilu liahia inen^ua'lo eii fuerza, 
fjutí había vüiii'.in á sít una iiiiziriría salvo en jiocoü casos, y 
üstos no lo< 'i'? SiiT'i-ri'ir irii[ir-:'/iiii'ia .i tfLiii'e;iloiii-¡a. Prove- 
nía osla ilisiiiiiia'iiii -'ii su lu'iiii'.'i-u.'l.: varias i.MU>a-í. Algu- 
nos (lü ^u ;;r'iriii'j h:i'-ian i'Iu Mnvsivaini'iil-,; di-ívriúiiJose á 
la ban.l-'i-a iniíil-ifrial. i)aJ0 la .'Ual ir.ililabaii \a sin oacu- 
brirlo, sirvii-n'io ;illí i'mii >u-í m^i"-^ y tia-la •■•n sus Jiícur- 
HOH. l'>an i->ii-.s iii:r-üiiaji'S (/asi luJos i.li; \n\ri- [mi- su tak^nto 
ó ciwiri:-. (>[ii)s niiii-hc.s, í^ni Ik'vaí' tan aJ.'laiil'; ú ¡.üner pa- 
teiitu SU ilcsiinií)]!, volaban i^jnlra iu-- ui'' su ¡.an^ialivlad anti- 
gua, ya i'ti [iiiV.licd síibr-i' cii'itas cuf siioiir^, liaii'In vjialos pre- 
tox.tüf;|iiifasucuniluirta,yai;n s^foirto -tii la« i'lfi,*i-iuin;í. Que- 
daba, i:(jn \vi\>>. friibii^ la tfii'iíia iiarrn (l^'l í',iiii,-riso su^ítfin- 
tandfilasilüc;jinasy\i.hi«-iiilii¡ioiM'liiit.>ivs'li-lbaii.]ü.'\aUa- 
do. í)<i ¡iht'K había riiiirbosnia-^uüi.'s, \ i:iiii i-Uus t-^'aban casi 
todfjK los vnjLjun.'t-os. \'A |..^riii'lir.. ,li' la c-uiauíicria, i:/ Pn- 
tri'itn, ei-a el i|iii' lli'vuba la \t¡7. dil [lartidu ni la iziiprciila. 

Ijjs .¡uuiíiii li'-s.'i-tai-d^l tnilü il.,' sus lilas ..hi-aban con- 
tra ellas i-n la-í (■iíi->uuik:s til- eniiíi.'ri'j, l'nriuaban í-1 [i^anido 
tun'f.nj. Mal [iuf.''l.; uíinnaisi; i-uáuius i'i íjuléii;?-; ..■i-an, por- 
qu(! aolian •■iiciibi'ir.-i' <'i ili.-(;ul[iaisp; .-ii i'js ui'a-iyni s óii uno 
no pOili;in [iiiiírilir di' taiiaiio, y lainbini lluctiiaban en su 
cüiidiii-ta vii'rimli. ya iiim.s ya <>u-os v\í lal rual ni.'.siiiin con- 
tra los riiiiii>.nns y sus ]larl.■ial^^s, 1.a lai fíicv, ijiH'. !;ai-ia !ia- 
bL-i- ,.-n .:l i:.ai.L'r,'s,. I„ íju.- suelo a¡jc-llidar-^.- i'iia>.i.-ia tl...taiite, 
üoiislaba di' ma-MiTK's i-isi »:n su littal. i''.n í-ivila iiian>'ra, 
llevaba su •.../. /:'. ¡■.¡¡."■U'>l<.r. [.iTin.lb-n d.-- la s-a-Ji-Ia,! nia- 
S<-mi.'a,U.-lnial u^ podía á la sa/ou ai^.nar-.- si ■■la auiipo 
ó (■iiiLtcari'i di: lo-í niini-'.ros, auii-iui.' sin divlaiai-.-.,- suyo, en 
lü iiiipcirlantf !rs daba ayuda. 

La r.^bi;:i..ii ,\,. Caialiiña .oiLion/y. á disuiinuii- las distan- 
cias <jU'> !íi'|..;uaba]i al ¡laiiiilo inoiÜ.i dil ni'idi raib> .i ininis- 
Uaial, y úiiii al i;xaltadu df! uiiu y dil nfio, bii'U ijuo á cos- 
ta d>! di'jai' mal njiiliamiy i'Oiuo l'^nuandu f^ivinio aparte, ú 
alguims i( (piifiK's rojiu^jiiaba toda idea de aveneuL-ia. 



Vi6se cuánto ee iban acercando á los má^ acalorados los 

B Eenlaban entre los más adictos al Ministerio. El di- 

VrjmtBdo Surrá y Rnll, no obstante que los ministroa todavía 

^afectaban y aun creían ser de corlo peligro el levantamiento 

S las partidas realisUts en Cataluña, rompió en una decla;- 

teion vehemente sobre los mdes que padecían aquellas 

pvineias, donde guerrilleros feroces andaban, según dijo, 

' taladrando (por talando) los campos. En secreto hubo de 

convenirse en que algo se dijese en ¡as Cortes, y aun que ee 

** hiciese algo donde se mostrase atención al mal que iba 

aobrevíniendo, y disgusto, sobre todo, de la conducta del 

Gobierno francés, el cuai, si no desembozadamente, poco njé- 

, apadrinaba á los levantados que guerreaban cercada 

-la frontera. Para el intento determinóse sacar á discusión el 

•^ Mensaje del Congreso al Rey, que extendido en virtud déla 

' resolución de las Cortes, obtenida por sorpresa, dormía en 

la comisión que le había aprobado, con iplencion de dejarle 

^;a6n durmiendo. Vino la discusión, y empezó tomando yo la 

palabra jií'o forma contra el Mensaje, aunque hecho por mi 

migo Soavedra. En aquella ocasión comenzaba yo á cobrar 

ma de orador en las Cortes, siendo así que poco ¿ntes 

isla había llegado á creerse y á decirse que si no podía na- 

k^Arseme ser sobresaliente en las sociedades patrióticas, mi 

_ oratoria fogosa no parecía tan bien, ni Aun de las mejores, 

KD el Cuerpo deliberante. Mi discurso, en el caso de que ha- 
lo, fué muy aplaudido, porque lisonjeaba pasiones que en 
DBOchos de mis contrarios eran tan vehementes cuanto en 
inif y en los de mis opiniones. Hablé contra el Gobierno fran- 
j términos de extremado vituperio. Fui menos severo 
>^^ ser solía con los ministros, .y hasta alabé algo en Mar- 
-tinez de la Rosa. Tocó á Arguelles hablar en pro del Men- 
aje, y lo hizo sin impugnar mi discurso, y aun aplaudiendo 
r61 varias cosas. El debate fué corto y templado, y apro- 
160 el Mensaje, le di yo mi voto favorable. Pobres ar- 
9 eran éstas contra ios peligros que sobrevenían; pero no 
tamos otras mejores de que echar mano en pvd de nuee- 
causa, loa alli congregados. 




CAPITULO XX 



ia (le- l;i9 Ci'ii-H-rt r-n .-1 iii-opps., cU-l .■ vítor.— A.U- 

í l!it4 fttcoiones en Gnialiiña..— Alof rioion de la dl- 

Iia.ta.oion. provincial d.e cAtliz conlra losexíiUndoa. — Oiie*^ 

tíonea /i que da lu^ar y perplejiílail de los r«prí 

tea en las Cortea por eiata ppQvinfia —Alboroto e; 

juez el dia de San ITemando Reliclion do la a 

en "Valencia. soCoootla brnvemen le, —Gómez Uecerrael^ 
eido p residen tp de la» Corles.- Dehnte en las Cóet^s aoi 

Tire loa acón feo Inalen tos públioaa r)iscunion parala ni* 

rormadela GLiardia real.— Ultimas sesiones de la 1«B)» 



Al paso que se celebraban las avenencias públicas, siic* 
dio, como eradepre3umir,haberlas asimismo secretas. Dijoí 
roo eulÓDces, y por los efectos apareció no ser mentirosa ^ 
voz esparcida, que varios de Iob de nuestra parcialidad COQVt 
nieron con los do la opuesta, entre otras cosas, eo qiied« 
sistiese el Congreso de su empeño en compeler al TiibuDí! 
de Justicia á pasar al de Cortes la causa que ea nu 
estaba formando, para no disgustar á los magistrados, ]M 
muy encarnizados conmigo por haber dado margen el a# 
gocio de mi proctsso, á destemplarse contra ellos slguilM 
oradores. Lo cierto es que no volvió á hablarse más ^ 
asunto, sirviendo yo de victima sacrificada en obsequio.ffl 
la reconciliación de los partidos. Singularidad de mi deslílH 
es que si hubiese quedado en pié la Constitución al CMdj 
yo de ser diputado, me hubiera visto en 1824 puesto eo jul 
cío aote personas prevenidas y hasta enconadas cODOiígO 
personas cuya falta de imparcialidad era más de presumH 
y dti Mmer cuanto at tratarme con rigor no obrarían movt 



28t ^ 

das por Odio privado, sino por espiritu do cuerpoj al cu^\^ 
suelea sacriñcar la política, hombres por otra parte rt&\m^ 
por lo mismo que lejos, de conocur su yerro procediendt^ 
asi, se figuran que proceden justa y acertadamente. Verdad 
Qsque no habría caido sobre mi pena grave, siendo mi cot . 
pa leve y no deshonrosa, pero siempre hubiera tenido (^iw. % 
llevar una condena apareciendo quebrantador de la Consti- ! 
tucion, al cabo de mis sacrificios por restablecerla y susten- .' 
tarla, sin que cupiese duda de que le era yo más adicto qu« ; 
mis jueces. 

Corría así el mes de Mayo y estaba próximo á terminar, 
y con 61 el plazo común de la legislatura de aquel año, ria 
. ocurrencia alguna de primera nota. En el Congreso era ya , 
casi contante la mayoría que daba apoyo á los ministros. 
Pero si enla palestra de los Cuerpos deliberantes veían ésto* 
correr viento en popa su fortuna, no así en los campos da ■ 
batalla, donde amagaban duras tempestades y empezabaa 
ya á dejarse sentir. En Cataluña los principios de guerra 
civil habían adelantado tanto, que la ya existente lo era ver^ , 
diadera y formal, con señales de hacerse porñada y peligro- ~ - 
sa. En las ciudades y entre los constitucionales ardoroso^' 
interiores acaso en número, pero superiores en poder álOBv 
ds más juicio y tibieza, eran enemigos acérrimos del Minis-. ; 
terío,al cual achacaban con injusticia notoria, pero común eB'-: 
circunstancias tales, el levantamiento de los realistas, y con 
más razón los recelos y odio con que eran mirados, bien . 
que no sin merecerlo. Innegable era que los ministros aten- ' 
dian más al peligro que les venía encima por parte déla* 
gente alborotada, que al de la campaña, donde ya aparecían 
pujantes y con evidentes señales de llegar á gran poder, loa .- - 
parciales de la monarquíaabsoluta. ■!. 

Entre cosas tan grandes solía suceder, como es achaqiw- ' 
de las revoluciones, darse valor á pequeneces. Ls diputado^, 
por Cádiz teníamos por entonces ua compromiso de aqofr-V-'/ 
líos harto frecuentes en los sucesos de la política, en qoe M^ 
vea los hombres como precisados á sustentar una causa qw 
condenan como injusta y también como desatinada, g 



IjMA'de lo qae hacen, yporlomiBmocoDnrtiendosa 
Vergüenza en enojo contra«U3 adversarios. En la diputados 
provincial de Cádiz habla cobrado ascendiente D. losé Vi- 
cente Durana, con justo motivo resentido de la persecucios 
de que babia sido victima, y muy adicto á ios ministros y al 
partido moderado, y siendo hombre de muy buenas prendas, 
pero un tanto obstinado y rencoroso en su honradez, se re- 
creaba en hacer guerra á los enemigos del urden, sin ad- 
▼ertír que se la hacia á los suyos privados. A su lado, é in- 
fluyendo notablemente en su espiritu, estaba el célebre Rei- 
noEO, libre ya de la tutela cu quo le tenia Istúriz, y como 
deseoso de desquitarse de la pena de haber empleado su plu- 
ma en combatir sus propias opíuiones, cosa dura para un 
liombre de bien, y más dura aún para quien hermana con 
esta cualidad la de ser de condición soberbia. Salió, pues, á 
luz un pajiel, especie de manifiesto ó alocución de la dipu- 
tación provincial, donde con sobra de razón, y también coa 
algo de pedantería, se culpaba el desmandado furoi: con que 
* algunos por escrito y otros de palabra y obra, vilipendiaban 
l08 objetos más dignos de reverencia, tiznaban las reputa- 
ciones, predicaban máximas implas y subversivas de las 
leyes, y provocaban li la alteración do la paz pública. El es- 
crito coiilunia dücíriaa^ sanas y las más du ellas triviales, 
";• en estilo elegante, trabajado, y con tan extremada Hma, que 
parecía afectado á fuerza de ser correcto. Pero a! hablar con- 
tra los de la parcialidad exaltada, no dejaba de tachar, como 
de reñlon, la conducta de los diputados á Cortes por la mis- 
r;; ma provincia. Resaltaba, pues, ser de desorden y mal ejem- 
i^ pío un paso dado con la mira de volver por el orden y la mo- 
^: ' , ni, porque la diputación provincial en cuerpo no debía ha- 
Ip'v'Uar de política y monos ponerse en contraposición ella, 
t: cuerpo meramente administrativo, con los elegidos porel 
|r, pueblo para representarle en las Cortes. Pero si se excedií} 
^¿i de^us facultades la diputación provincial, mucho más tras- 
vi:; . pasaron las suyas y conculcaron toda doctrina razonable lai 
Ri' aotorídades de Cádiz pertenecientes el bando contrario. Loa 
Pfc" 4>1 jarantamiento de la dudad capital delataron comoaub- 



verstvo el tnanifiesto, y no por negará la diputación o! de- 
recho do hablar sobre materias políticas, pues mal pO'JIOQ 
negarle cuando también querían ellos ejercerle, sino por las 
doctrinas contenidas en la obra, sanas y ciertas todas ellas. 
El ¡Kiperfectísimo jurado que había entonces no osó ai'J 
OOadtíaac al ahsol vor, oxcueúadoso do aotuar los t]ue á ooiBf-™ 
{xmerte fueron llamados. Pero el ayuntamiento llamó á otitM 
y otros, hasta que con informalidad escandalosa logró for- 
mar uno que condenase el escrito delatado. Tal proceder, 
contrarío á lajusticiay á la razón, hubo de chocar é mucho», 
tanto más cuanto aparecía puesta en causa la alta autoridad 
ftdmiiiietrativa de la provincia. Hubo de venir el negocioA 
las Cortes, y antes de tratarse en ella, los diputados por GAr 
di2 noe vimos asaltados por los dos lados opuestos. Nuea- 
tros afectos privados estaban muy combatidos en semejaata 
eODtienda. Dolíanos y enojábanos hallarnos desaprobadosy ~ 
aun hasta cierto punto vituperados por un cuerpo que car»- 
eia de autoridad para caiiñcar nuestro proceder. Nos unte 
«nistad niás ó menos estrecha con algunos de nuestros 
mismos impugnadores, y con los que á éstos hadan gusr- 
ra. Por último, aunque nos cegaba bastante la pasión, bien ' 
velamos lo irregular de la conducta del ayuntamiento, y aan- 
qus nos inclinásemos á éste en medio de conocer que iba: 
eirado, teníamos la suficiente probidad ó soberbia para no " 
manifestarnos parciales de una loca denuncia ó de un alh- 
Bordo porque la condenación de nuestros contrarios lison- 
jease nuestro amor propio. Agregábase á esto la diferenU'-:' 
condición y situación de cada uno de nosotros, aun cuando-v 
siemlire votásemos y obrásemos acordes. Istúriz se dejab» ' ^ 
llevar da la ira, yo de la misma pasión y de mi deferencia^yfc 
' mi amigo, Abreu de su propensión á los de opiniones nlAlÍ<''-1 
extremadas, y Zulueta, á quien sus doctrinas y temple hacfW J-| 



moderado, y la .^mistad t«nla entre ios exaltados, lauíuwami^ 
estaba ligado por vínculos muy estrechos con los de la £m^ 
patadon provincial y los que á ésta defendían. No sabia 
quá hacer, y fué (brtuna que sobreviniendo sucesos de S 
riorimportanda, qasdasesin resolver y olñdadoasteni 




Los políticos (le gi-andc entjdnrl no estancaron al termi- 
nar Mayo. Poco ánti's se liabia itsuelhi r|ui! (Jurasen las 
Cijrtes el mos cuarto i|iif permitía la Cons-iílucion á la le- 
gislatura ordinaria. 

Para fiiaii'íi'¡ui'.'r;t luini^trut!, i-n ;i'jui*!l'i-; ilía-; y con la 
Constituuicm t;il i-ii;il rra, vmiaii ú ser I;if> f'.'.rd's un arrimo 
in<lisi>eii'^;ilili', << [hhm m.^nos. 

En tan (n rl liia iirmíliiino (!.> M;iyn fui' s.íiinlado por 
más dcmi lu-dniviriiuiunt.i praví-, Crlrlirálirisr ,-\ diadi' San 
Fenianrlíp, pur p.'H.i -l.^l í^aiit.j d.'l i;.\v. llallida^.í la córtííon 
Aranjuei dlsfriilíUidn <[.■! ¡-.-.•ivo y ní.:;aln 'I.: -^u-iurboledas en 
la pi'iinavi-rii. .AruFÍi.iMri al bc-aniíuin-; cdriesaiMs de toda 
Cf^pcL-ie y ciiipliMdn* i'oiisiitiiciniKili's í|ui' ¡\>- iiü-jor ó peor 
gana hacían :il Moiíaira r! at'ustuiiilu'a'in ;ii';Haiiiii'iitL>. Aru- 
di(j asinii'inio ^ran giilpí- ile ruriosos, .■nlrr los cuales abun- 
daban lus i'aiiipcsiin.is ilfl i'ontoi'iin, gi-nU' luda ülla muy 
apasioníLdanintiie ailicta ú ■su I!ey. Juiítíu-ini^n i'sins ron la 
tnrba de janÜnci'ns y oíros dcppridii'ntcs ¡h- ji.iliicio, á todos 
los cuales era la riiriwtitui.'¡on oiiJusa. Tamliit-ii cu la Guar- 
dia real de int'arinria, dnndc dos afms iintcs pi'cd ominaban 
losoonslitucioiíali'S, habían lir^'ado á c(j!ir:ir «rraii poder los 
dul opue^lo pariidu. lícsultii do tdlu turbarse la irauquilidad 
eu el líeal Sitio. ciijpe/.ando un destcmplailu viDccno de ricas 
al liiii/, con evirJL'iites li-azas du '[UiTurst' pasar d.' los gritos 
á las obras. Si bien i-ra notorio desaliño lai'liar de sediciosos 
en una iaonar'[UÍa los vivas dados al I!ey, sin añadir el 
epíteto de consiiiiicional, en aiiuel licmpi> aclamar al Rey 
puramente ei|uivalia á declarar rpje no se ie '[ucria ver sujo- 
10 á la (Jonstitucion, y las palabras tienen el valor de los in- 
tentos <]ue d.'sculiivn ó de las aceioní.'.s á i\iu- incitan. Poro 
lo ridículo del «lesi'u'den de -Vi'anjuez en el :íO de Mayo 
de 1S2Í consistii'i en ((Ue se llevó á lo sumo el desacierto 
contra las leyes \ ifri^ntes, sin llegar ú hechos de '¡uo pudie- 
sen sacar alguna ventaja los voceadores. V,\ Ui-y gustaba do 
semejantes escenas, un i[uc emiontraba desiiuile. de insultos 
llevados con nial reprimida ira, y en que también fenlabael 
aliento y núinci'O do sus parciales, d quienes esperaba em- 




plear ie alli é. poco en lentalivas más serías. Aci» 
contener dI aíhoroto varias personas: milioianos nscii 
de Aranjuez, más ardorosos por estar rodeados 
Henos de igual ardimiento por la contraria causa; las aUtC^jj 
[dades del Raal Sitio, por exigirlo así su deber, tanto cniB^ 
D.por inclinación; no pocos oficiales délas Reales GiUii^ 
I, celosos de mantener la disciplina y también las icstP 
..xioDes de que eran devotos, y el general D. José de Zaya^ 
B^uien tocó hacer eu aquella ocurrencia el papel printñpal, 
^;abre de mérito, valiente, pundonoroso, muy acrediti^ 
i la guerra de la Independencia, solamente mediano d 
B é instrucción, vano por demás y lleno de caprichoB, y^ 
jUQ tenia el de darse pomo constitucional, y eí deseoBOúí 
^ >bierno monárquico templado, con una ConstilucíODÍ 
¡ti inglesa ú francesa, y de oponerse é los medios violento) 
f punibles necesarios para derribar al Gobierno, al cual M 
I mismo de continuo desacreditando. Gozaba Z&yaé 
a medio de las singularidades de sus deseos y situacioij 
i no poco valimiento con el Rey, y en esta ocasión, ai 
Evnbargo, ee puso á riesgo de perder, en todo il en parli^ 
la privanza que estimaba en muclio, pues salió á reprenáñ 
á los alborotadores y especialmente á los soldados que enWG 
ellos estaban, y consiguió apaciguar el tunvílto, ^ 

Nada, al parecer, hicieron los ministros sobre un suc» 
so tan escandaloso. Sabido en Madrid, excitó hasta lo 8um( 
el enojo en la gente acalorada. Sin embargo, el cuerpo d¿ 
rector de la sociedad masónica no hubo de irritarse ec do 
m&sia contra la tibieza real ó aparente de los ministros, pud 
los qtio especialmente llevaban su voz en las Corles y ea loj 
periódicos se contentaron con dar altos elogios al genen 
Z&y&s. Señalósa en este punto El Espectador, achacándOB 
lo que decfa á D. Facundo Infante, militar, diputada ;fq 
critor diligente, de quien con frecuencia va hecha meDCÍQl 
en las presentes Memobms. Ni los comuneros, ni rauol:^ 
de los de la otra sociedad, entre los cuales me coataba y^ 
llevaron á bien que tanto se ensalzase á un personaje qn 
bacía gala do desaprot)ar la Constitución establecida. M 



Zarriasjo, coa chiste mis fino que »l auyo ovdinario, aan- 
quecon injusticia, calificó ellanccde Aranjuez y la-cooducta 
del Um elogiado gtiDeral de aaineCtí enrMagado. 

Pocos días pasaron bíd que se supiese otro acontecimien- 
to más grave que el mismo de Aranjuez, porque llegd á 8er 
una sublevación declarada. En Valencia los artilleros, har- 
tos de sufrir insultos de la plebe constitucional, no obstante 
SST en general su cuerpo adicto á la Constitución, se hablan 
convertido en partidarios del Rey á fuerza de oírse calificar 
de serlo, y cuando en la mañana del dia de San Fernando 
pasaron á festejar el del Monarca con el ordinario saludo, 
desde la ciudadela se hicieron alli fuertes, y se declararon 
«n rebelión, aclamando el gobierno absoluto. Pero la ciuda- 
dela de Valencia merece poco el nombre de fortaleza, estan- 
do dominada hasta por el edificio contiguo de la Aduana. 

, AbI fué, que acuáiondo contra los rebelados los constitucio- ■ 
Hales, y entre éstos la Milicia nacional valenciana, pronto 
los pusieron en tal aprieto que hubieron de entregarse á 
merced, (luianJo ki sublevación pocas horas. Entrada la cin- 
dadela, fueron los vencedores á ver la persona del general 
Elio, aüi preso, á (¡uien con harto motivo, pero sin prueba 
alguna, se sospechaba, no sólo de participante en la rebe- 
lión, sino (le ser uno de sus principales motores. Encontra- 
ti-aron al pobro cautivo encerrado en su calabozo. Como si 
«n el corto plazo que vivió la sublevación hecha en pro de 
la causa poi' igue tislaba padeciendo, nadie hubiese pensado 
siquiera en darle libertad, cosa nada creíble. Originóse de 
«lio, como se verá después activarse el proceso del desdicha- 
do general hasta terminarle, enviándole al suplicio; asesi- 
nato cruel encubierto con algunas fórmulas legales, y ¿un 
éstas no muchas ni bien observadas. 

Otro ¡íK.'i'lente singular acompasó áeste levantamiento. 
Heaidla en V¡íkin.ia un oñcial de artillería de agudo enten- 
dimiuntú >' algunas dotes de escritor, y habla empezado á 
^agrimír la pluma, no sin acierto, contra los alborotadores 
*=[! breves fúlletillos sueltos, publicados, como El Zurriago, 

^^^ periodo fijo. Mesclaba en estas obrillas con la prosa va- 



290 

rio.s vfisillos satiiifos, con bástanlo sal, pero aore, y no res- 
petaba á los «^liputaJr»?; ú Córirs por A'alt- noia, ni á la paiviali- 
i\iif\ extiviiiaílíi 'J'jI (.'•juur»:<o. Dio»-.?:! lolpe y airradaron sus 
suí=: «.-ífrritos. iniiio iíja> «.'uanto hrisía t'niúncL'S í'lisíí tenia el 
iüono\)(»\i'.t ']". Ia> llallas [•> 'b-l baii'l.j cuntrario. Como apa- 
sionado, f.'l o^f.TÍ!'jr artilI-.-r-j (;:>r;a \ pi'Op:i.::aba ha<ta las ca- 
lumnias (\n»: oía cLütra >':> aav'i-iirioíi?, y no fh/yj do ¿íupo- 
n»írlr)S criminül^-s «.'ii la suiíU'jsta ocultación d«.d Código ni 
{{" pond'-¡-;ii' 1;. fscin:i 'juc en >i'!'ivtu pa>«j tn las T^órtes 
cuando -c c<:li<'» d»* nicn!>^, >i<'n=l" así nuo sólu podía tener Je 
i;i¡;: muy impí rf«."(.*tas noticias. Asi 'l.-jcia: 

Minutas perdidas 
minutas halladas. 



Guardias prevenidas; 
pecheras rompidas 
á lo tragalista. 
¡que bonita vista! 



l-adoj\ndosc á rada liora más y más al lado á que empozó á 
inelinars».;, iba á caer ñ había caido en defensor dcd gobier- 
ne» absoluto, ó cuando menos on furibundo contrario de 
los cnn^titucionales tollos, cuando ocurrió la rebelión de 
lo« di' su campo, lo cual, ó por sólo haber venido á des- 
meniii'le, ó jior haberse fi'ustrado, le lii/.o tal electo, que 
en bi-evc, [mr sus propias manos, dio fin á su vida. Su 
suicidio pare.i'ií'» pru<'ba ár. su complici<laí] con los rebeldes, 
aunf[ue tal vez, pni-ul contrario, fué hijodi^ su despecho al ver 
en ci«.'rto moflo justificados ñ los enemigos de los artilleros 
d(! Valencia, que habían v».'nidi) ;'i serlo suyos personales. 

Todos estos acaecimit'ntos era fuerza que ocupasen la 
atííTU'ion <le las Cortes. Más la hubieran ocupado, aun á ha- 
bei- sido entí'nKN'S costumbn^ en el Ministerio asistir á los 
debates: pcrtj el Congreso, que á la sazón gobernaba por si, 
no ejercía en los actos del Cobierno la intervención inme- 
diata, pero constíinte, que, á ejemplo de otras monarquias 
constitucionales, ha ejeivido en tiempos posteriores. 




9B1 

de empezar debate alguno sobre el estado de 1* , 

lidieron eua fuerzas los partidos en la elecdoo de 
B para el cuarto mes de la legislatura. Tao allegar 
an ya al Ministerio y á la parcialidad moderada 
le la exaltada, r¡ue la primera ganó la elección por 
ble número de votos. Fué, pues, nombrado presi^ 
Alvaro Gómez Becerra, cuyo nombre eatimsriaD ■ 

entro ]oh parc:iales de la moderación los que juz- 

los partidos de nuestros dias, lo que eran los de 
í harto desemejante de la presente. El Sr. Gómez' 
hombre ya maduro, habia servido como jefe poli- _y 

rías provincias, después de haber sido letradoyy 
!epto de laborioso, distinguiéndose hasta p^s-lícoiB- 
. órdenes y las providencias y leyes deJiGobiemo 
cu.indo las comunicaba para siLi^l^mplimiento, 
s corno disertaciones ó alocuci^i^s no mal penea- 
rita^, en mediano estilo, aunque algo impertinen- 
ija8. l^n el Congreso ap6nú£ habia hablado, y soUa 

los partiilarios del Mhjífsterio. Su elección no dis- 
cho desde luego á l/s exaltados que á ella hablan 
)to.<'onlr:trio, perpf^osagradó en breve á sus ami- 
ioreB que lo hab'^n elegido, acusando sobre todo 

é incomodida>ifl lo tosco de sus modales y el señar 
su aspereza centra ol partido moderado, más que 
opuesto. ¿Qiiiénpide la palabra por oAtf sele oyd 
.tono acomi/dado á lo poco culto de la frase, para 
tan elevacjfo puesto. 

mportabaln poco estas cosas, aunque en la cegae- 
uellas hoVas, aun ñ ellas atendiésemos. Por otra 

debates (listaron mucho de. tener la importancia 
iría la gíavedad de loa negocios sobre que verea- 
laron lo4 ministros sobre los sucesos de Aranjuec 
aysob^ la guerra civil, llegada é. serinceodio^ 
unia á (patatuña. Fueron brevísimos ios discursea, 
labríaií llevado horas y horas. Como entonces no 
la en foxxc del total de la conducta del Gobierno 
>^8Í0D, salvo en algún auto ^anicular, i^^cMno 



lar(!spOíisnliili'.l:i(i minisleri.il, soguii (^í^tabailnfinidayenta 
ilicia, Si- i'wluda á res])Ciivleri-;i(l;i imlividiio dd Ministe^ 
dü lüsaütus liüiiti-a In Cuiistiliicioii ó las leyes 'jue con 
firma liubiesu nulfu'iiaJ'j, liar i ó mióse pocü caso do la re 
Iif-iisubilidad uiornl, yi.'u«i no i^miocit'iidusr ]•.'■< vr.tusdo ee . 
HUi-a [mr alpti^h Tii la rjuí: iiiinr-ii i'¡ ivira vi;/, s^f liaoo i'fe'tiv 
I'ii6 fíu'il al ?.Iiii¡-^l.'n.-. la ili^rriis-i. Vn-.Iad .•- f]iio vo, alii*- 
ranilu la vn/, y Imlilaiidij •]•.- los j>.-c:idos d" ¡¡¡¡¡.ix-/,!, .¡ue pa. 
dí;ii ciiiiii.'UT lüs minUdiis, í;ii¡ii>ii¡''iidu '¡ut> Imí rio arjuol £ 
lus habiai) i-utiu'íÍ'ÍiIS muy j.'r;i.vi's, ¡-.■¡.fti la^i ¡la'ahias :itr« 
rus d.d ;íÍMii.|ii)u frall.-ós F.nn-h.i .■o;i1ra d Jilini^lro /Jef 
^w/-f, .;n I ?;i-:, ruando ai'iíacáiidi.l^iKi liai it ¡ij,¡.,-.iido I * 
aai^^iiial-;sdo la ni'vcra df A\¡Lrn(iii, .!,i'ia i^\¡- no k'-jUCL- 
ver iiii;ri'(i.i, sino \ ivú, mí!s¡iíl"11i'1ii ■■i;1i'ií los i-a !;ivri'.í« infe-» 
los 'i'' lo>; 'jiK' liabíaii iK-rdiilti la vida ¡■oi- -<» :'iiij>a, Nohia 
.¡lorly l:ii-¡i:i,y iii> f<l!inJo iiiUlllailo i;l d-díal.' al üTiOOOqU 
lal vidn.'iii''ii''ia ;iii'rra<i' ó aL'r;idasi>, vo, '[iic -íuÜa ■;('rapl»»í 
dido. ]io lo íiií, y ruin ni =íi.'iiii<;ra sal'i honrado con una ré 
plica rii..-rUi ¡iui> _\!;iiTÍiir/. di: la liosa, ii f|uii-i) dicigis parti 
eulaniu'nl'- mi invt:rliva. 

Las í^l■^¡'>!K■s de las rúriL's .■11 id m<N d- .Uii.Ío fiiLTCn la- 
boriosas, ii<'s[i;udi;'iiidijsf en idias oijii ]-.i'.i'Ípiiai.-ii'n vario* 
ni-f,'o.dos. 1/.:^ iiiiis iK' i-slos. vJn.nibarí;o,.'ra;: esa-* [■equ*' 
aa«, ^■ol.ll.al■.■|.|u^:^ con las -rujdi-.ii:,:i i -nie Ihmaban'bawn- 
ciíiii fii ■ínidii Minio. Nn ilidiian. ccn f>ido i>S'>. coiiiai-se PB* 
Hv. las [» ijnt'ri.'i\'s las id'oraias ^|i;i s.. Iiicii>r'..ii <-w nl¡nin03 
cu('i'[ius d<: la niili.'ia. I.a^ (óiai-.lii.s I;-:,1ísi do iiil'anroria, *«' 
tiís ai..dl¡dadas ,-s|iañ<das \ walf.nas. ii;. nn ¡^ai'!.. de tos re- 
lorniados.auLi.iu.^ n...iui-daion di>:^.!i- h:.-._- .fixiin-üidaií.QU'; 
7.a. fui^ iini.i'iidi'acia t.icaf L-sli' laiiilu: ).,-.■. li lil) d.- juzgar » 
liaciúndol'i si; obi'i'i con Iiancriilai!, sr:ia ffi-caarío haeefS' 
i'jii'go de la divL-isidad di'' [lan-ccres (¡'ic 1!, ■jaban á tos oidc* 
de los d¡|>ulailí>s. iiai-Mivivs ríl'niv.adi.s i.^los con razoneC 
(íodüi'osas '¡no [i'.Tf^uadiari, no s.do dü la ncosidad, sino di 
la urgencia du lo r|ui-' aconscjaliiiii. Kn las Guardias hahil 
ofioialcs j- Bai'jjtíntos eonstitucionalu.^ acúi-i'inss, y otros em- 
|)criadüs con igual ardor y t>:son i>ii sustentar h oausn opues 



'A. Aun ú estos últimos otamos, ó directamente, ó por reve- 
aciones de su modo do [>ensar que se nos hacían. Quizá por 
eco entusiasmo de unos, y también por la perfidia de otros, 
'ino íi casi convencernos de que la ruronna, sin dejar de te- 
ler pelifíros, era preferible á la resolución do dejar las co- 
tas como estal>an. Kilo es que la reforma fué votada des- 
lues de una disciii^ion li^'i'ra, asistiendo á oir el dobate des- 
le las tribuna-; Inicua parte de la oficialidad del uuo y del 
Jtro partido, y advirliúndose muy atento, con trazas de soli- 
:ito á D. Luis FiTnandcK de Córdoba, de quien era notorio 
¡er el más activo ; arrojado entre los de la parcialidad rea- 
ista, cuya cabeza venia á ser en cierto modo, no obstante 
iii calidad de «ubaltei'no. Mió f^olpe su visible afán, y como 
Tonto probaron loí; sucesos, no sin motivo. 

También quedó reformado, y del todo abolido, í;\ cuerpo " 
e caballcria de carabineros reales. Iliec yo con este motivo 
n discurso más lachado que aplaudido, probando ser aquel 
aerpo accirrimo enemigo de la Constitución; verdad que 
a sentir de muchos debía callarse, fundándose los que 
consejaban extinguirle en que era demasiado costoso. 

Iba asi terminando el mes, y según las ridiculas disposi- 
OnesdelaConsiitucion, hiciesen ó no fáltalas Cortes, ha- 
a pret:ision de cerrarlas. Como hubiese mil negocios pen- 
■Cintcs de los que enldnccs despachaba el Congreso, aunque 
*&n meramente gubernativos, menudeaban las sesiones, y 
s de la noche erao diarias, llegando algunas á alargarse 
*sta alboi-ear del nuevo día. I.o adelantjido de la hora y 
'l* de corto empeño y entretenimiento las materia^ que se 
ataban, eran cansa de quedar desiertas las tribunas, Wm- 
^Hdolas los f^oldados que hacían guardia al Congreso y 
*n de !aí i-eaies de infantería, dispuestos ya á la subleva- 
do, que llevaron ú efecto muy en breve. Fué fama que en 
f^a de estas noches estuvo aquella gente á punto de hacer 
'"Sgo desde la galería i'i tribuna principal al salón, disolvien- 
** asi las Cortes. Fuese ii no verdad este rumor esparcido 
■^spues de la rebelión de las mismas tropas, lo cierto es 
lUe Bc hallaban éstas preparadas á cometer un atentado. 



294 

sii:-;i']ii iiiuv di; i.-Ntniíiui- -¡ur iiuU'->c-n -o.uüia.:! licte^ gua 
•laii.I.. !il I.V.iii!i-.,-s", i-uy.. ^!i~i.¡u.;i..ii uulj.-;;d:.a. 

La n<jdiit ■!ol '}'< al ;."' -Ii- .IuiÚ'.f, <ia<: tiii[>lean ios madr 
Líñ-^s í-ii la divvr.sion ;..>¡.'il:ii- -k- !a v..iVii:i <k- San Pedn 
lji4MÍ I.-Í1 1:¡/.. ..-jiiiO siji.-li -.^i.iíl.TrL-n -■.■m.jaüí--.-^ tiv^ta^.áu 
i-ti ('■¡iMi:¡is iii;iv :i'i!"'l'-t:iilii-í. Siiüi.fjí •]<;'. ''■.■■.tí^í-i-^-' uúmo 
l!.sd..e v!ii.¡i.-i.|.;l:i iii.vir.i^'Hhi. y y... aur.-;;.- .'.;i no caL 
\i!i-;! .■■iiim -a|..j:ii;iii iu;~ i-:i-:.;i;;.i~. l-j-!.n.;, ■!■:■ un vivir ali 
^rc, ¡ji.j.- al l'.u'lo, y III'.' i-iüi- ■■;..v.-, ■;.-:•■!. i.-iií- iinv .-i rdiiii 
itiiu caia-íútii:!./]-/,!! fii (.■! j;ij- ii.iillu .!■.■: Tu...;;, JV-iiOs-ca 
(I'jii'ír- u lii .-a.'.pii i-ivi^-i-!iii'!'- !;■ r-.inriirN !:'.i;i. .\>i. -iii icm: 



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lUiMí^. Sin lili la |i friui- ffamd 

irja uiil;i\i.-i, \ r.-;iliaba dú 1 
.,• \.,< li..iiihiv« al il.vsiiiavo ui 



razón r^iari'.. oii lluras l.m i 
(ii'i/i.s y lit r';vf.;Ui'¡i.i[i no 
un.i yi!.. li. oiro ;m t.-iitn-.ya 
los .iiiiar.uMi ¡iri'iíi-iuiniii'nfiifi i|iir ■'■i^i'- ]iniiini.'i.'. 

sesiim n\uia i;on ijin' s,> ivi-raban Ihü triil-ajui iK- la Icgislí 
tui'ii nnliriariu. Viriiía fl lívy m |i.'rsiin:i :i la Milcinnidaí 
si>.'i!i.lii v<Ui una (lit siií (iuii.'bafi laiv/.as. Como li iiliíéiSL-nK 
siJo iKijiilit'ai.I'is |>:ir:i una hIiíIíü^ i'oniisiiiin'^ di'siinaJas ii r 
i'iliirú las jrt^rSí.na-'ii'alcsAi'fíiii-lkw y \i), nos siéntanlos il 
aiiíiliatoi-luiioalúii'ú. Ndt^ií^uiayuafaloraJo i'i-ntpaclcoiii 
'ni ISSfí, ó como al empezar las Corlea, y si bien no había oi 



895 

lotroe sjnistad, comenzaba nuestro trato á ser, no sólo, 
, sino cariñoso hasta cierto punto. Trabamos, pues, 
(^mversaciOD y la seguimos larga, habiendo pasado baa- 
lante tiempo en esperar la llegada del Rey. Ambos estaba^ 

■ moa descontentoe é inquietos, y ambos romo que intentá- 

' bamos eucubrir aun á nuestra propia vista la grandeza de 
tos peligros y males propios, más para justificar y aumen- 
tar nuestros pesares y temores que para desvanecerlos ó 
disminuirlos, y en medio de esto présaga nuestra imaginar 
cion preveía, aunque confusamente, desgracias superiores á 
las que debian colegirse como consecuencia de las ya cono- 
cidas. Entró Fernando adusto, como solía, y más aún que da 
ordinario, y leyó su discurso con la voz firmo y clara pronun- 

' císcion de que no sin justicia est:iba envanecido. Levantóse, 
salió, y muy en breve hi siguieron los diputados. Pero ape- 
nas estábamos en la calle, cuando voces, carreras, desorden, 
cerrar de puertas, acudir los milicianos á las armas, nos 
avisaron estar empezado un alboroto de indoie poor que to- 

' dos cuantos hasta entonces habían ocurrido. 



CAPÍTULO XXI 



^ CAmo tuvo principio lu rebelión de loe Uunrdla^. — Ajaei. 
lutto de llanda buru.—FostoioneB ooupndaHen el primer 
dia por loB GuBrtliBs y-laB Tiiei-aas consl itucíonalee. — "Va 
' el autor con vVlava y Saavedra ni tiiartel de San Oil* 
punto de reunión de los conatituolon alen — tios militartM ' 
y palBBiiOB nae allíse encuentran elisen por Jefe n Álava 
y esperan el ataque de los Guardias —Lilega JBalleatero« 
y preteilde tomar el mando-— Cómo eie reauelve el conflic- 
to de autoridad — A.1 amanecer aál:iesa que cuatro da lo* 
frin batallones ríe Guardias habían salido para el Par- 
dcX^-lMorlIlo con el regimienta de Almansa sale contra loa 
xabeldea y vuelve sin trabar combate.— Situación de loa, 



Cuál fué et verdadero principio, cuál el origen ó digamos 

l^jtuáles los trabajos preparatorios de la sublevación militar 

9 los Guardias reales, comenzada el 30 de Junio, interrum- 

a apenas por poco más de veinticuatro horas, renovada 

' de Julio por la tarde' y terminada el 7 del mes en último 

' aquí nombrado, es cosa dificil do avenguar, pues 

sobre este punto han dicho los escritores de estos 
ssos, y cuanto yo mismo he podido sacar de conver- 
ionee y revelaciones particulares, dista mucho de acla^ 

1 misterio que envolvió y sigue envolviendo las cau- 
la primera escena de tan lastimosas tragedias. Ha . 

potado sobre este punto, en época muy posterior, al 

mo Córdoba, ya general, y, ó por haber olvidado, ó por 

ftquerer descubrir todos los particulares do aquella suble- 

' ion en que tuvo él parte tan principal, no me ha respon- 

p cosa que completamente satisfaga mi curiosidad ó re- 

i mis dudas. 



llLlil ' 



2tie 

i.-l'a -I..- .■eiTiir :ai r'''>iii-=, \;uio5 ¡.«'so- 
■;:i y ■■U'.-nta, I'i.- i.-ÜCí lo [Oc-.'í^ pasa- 
l'.ii.i:¡t'.>. ["i-c rM-i- lie lós ■¡■¡i- 'Icr-oaban 
i'ii':i vIl.. ■;/..■ rcn .■;) ..'ü- ;!;\i:,-íi: más 



liuv .i.-li..!i.. ;.mi:í ;>!;,-.i¡;ir ..■! i./l-lvli.., !::.f.i:l íí.-nl- l.iilli-io- 
sa. -¡.i:- .■!,.,.-■/,.. r,,,! !:,í ;:■, ,,;,. ,],, 1:, (:,l.,|-,íí;i. i^.nm.ila- .r:. la 
-.rm-tvia i^vr.Ml ii^in-¡|.. ,U' S. >J.. un:, lii-^i.üía. In .-ual .le 
|,ala!>i;i^ ¡'a--, i. >i.||.. -I- , Jn;.,. rn.is .ü.rtí .|ii.- !..•< |.ai<;(:i.>íi 
ii.-laiji;tb:iM :,¡ 11. y .■.m-lili]i'i<.n.-j| \ ins s..l.la.|..-< al lí.-y no 
mas. V'|ii.' Liil¡.^'ii:i.']i>« !..■< -■^uii-Íos -li.- ..ir (-'iiifi ailiilia su 
arlan,a.Oc.n.rniiai.l¡.vir-l,M-lvan..-ll,-^<Wn.-ra.lal,lra,!j.MÍvo, 

a.-..rii|iaÑa.l..«'l.^ al-mia ¡.-■ilra.la, i>ür íü «mi Ims súl- 
s.- ahalaiizai-uii á wrigar el ultraje i'ccibiilo. Con más 



Jacio. 



fundnniL-ntii 


ciioril; 


af;iVK¡iin, ci. 


>[ii(i i-Ji 


fu(-i-Oii iiisul 


,.il.. , 


BU pari-iíiliil 


::ul .,„ 


ai-iUoi-ii.lu< . 


■■nifíiti 


Siíctl :in-¡..;] 


,■< .U 


aq!i.'!l;i li.'i; 


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COnu'hz.i l;i 


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iiinii. lililí i'ii 


i,!>., ■. -. 


Líil-.'IIZn \"i' 


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209 

iiiu<:lir,s '|i]i- i;ii;)<'.[)rii luili.'i' s!'1(:> hi 
■r,lail lu.', Jr los i.;irr¡;i],.s í1,.1 líf.v; •¡m: 
iii.TO lo'^ sñ|.!;..l<is ¡ir-n. ¡.ni- -■ iil-^ .1.- 
■'■I-'^ l.ar:i .1 ¡rit-rn... ,,ii,. I!,.;.¡..mi1os,. 

i..i;il.-s.tin.1viu:i.iu ,■;! l¡ui;i i-'.iu|,¡e- 

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iiai-iuilül y iiii 'iii'ijiii- '!•■ ':i .l,ií:ií*ii1i':-ii. yi 'i!»']. ^.v nilu á 

inuli,"^ <!i- Mi .■•■l'i. i;.'] liJi-M' ;iiai\TÍ.-i'ii:i i-:i l,i r;l¡i¡l;il ..!o-! 
¡.iiiriiuluail.- ;irma.!:is, iir..v.H-:iii.I..<- :i una l¡-i .|ii.> vi s.Üo 
poiüa.lir.-i-ir-i-, i-i-i,. 111) ..vilai-s*'. V.-ln nIiIiiiu i.ivlrin.iíaii y 
aun o.-;[ii'i'alian lo-; iii¡iiísii-í>-í; ¡".-ni si it:i jii-to ijir- lu di— 
!?i:a-'-ii, |.ai-. i-ía '|i-.\aiii> 'jui' mí ¡Tniui'li.'^.'n i-I Ii'.líT" 'Í'i su 
d.rs.o. AI IV.,-. lii. liLi-ral.- ai-.l-if..s.i-;, il;in.liW .-n ,:<Vd 

o.-i.-iiiii;i.'ii-;:-i sil- ¡a-io.u-s .-'.ni:, al^íutias v s sinvO.^, 

an-ialaii ]i ir i;l ii''!tii¡ii.i i].' uti:i ri»il¡i-ii'la iii.-\iiaWi-, \ '[ue- 
i'iaii la lili ili-rl- lii.'.-i.. I'u.].., sin .'nil.ai-i., .lüaiarst- iilfíu- 
n;is lloras i-uti i-n,i.'añ"sa |i:ii'ilii-;i'-i'iii, i-i--.il'Íi'ii'1u«i; ;i j-us 
cuíiiaclf-i la-i iiMjias ili' ojiui.'siips !iiiii'!i.-i v los uiilidaiiü* 
á sus i-i-ías, a^^i i'iiiiiii los di-iii;!-; i¡iti' ainialiaii ulhonjtíi- 
dos Jior lomar jiai'l': i'ti lus ih'j:í<i'¡.>s ]iiilílii'i>s, ya lo» liioviu- 
ra alioion, ya la iiircsidail ilu su siiiiai'íon aullóles übli- 
"u^tí- Quttdú <''iii la ,t!um-ilia del Ilttal Palario mits fuiTüa mi<i 



300 

i aoonooibrada, y en tal Mtsdo de irhtAcion, <iue bítm en 1 
1 rompimiento no inay lejano. 
■aw dicbo, en la oRcútlidad de los Ruanlías reil^v 1 
¡Bacilos partidarios la Constitución, más celosos y ^ 
idoe por tener ásu lado á -¡uieoes to eran ¡gualm 
te ni sustentar la causa contraría. Señalábase entre sus 
compañeros liberales D. Mamerto Landaburu, gaditanos- 
valiente por demás violento de condición. Como éste nota- 
se ou¿n desmandada andaba la tropa y que en vez de conte- 
ned Is soliviantaban y azuzaban algunos oficiales, no puda 
reprimir su enojo y afeó su conducta á los soldados. De és- 
tos, alganofl, roto ya el freno de la disciplina militar, parti- 
eularmente respecto á aquéllos á quienes conocían y odia- 
ban por constitucionales, respondieron á su oficial con la 
más descarada insolencia. Quiso Landaburu hacerse respe- 
tar, y aun castigará quien le faltaba á la subordinación, y 
desenvainando la espada, fuese amenazando á alguno de los 
mis atrevidos. Pero los soldados se arremolinaron, le resis- 
tlmvn, le obligaron á retroceder, le amenazaron á su vez, le 
'Compelieron á apelar á la fuga, le persiguieron hasta dentro 
del Real Palacio, donde se recogió, y allf, sin miramiento tX 
decoro de tan alto lugar, así como hollando otras conside- 
raciones de no infenor naturaleza, le atravesaron con más 
de una herida hasta dejarle muerto, siendo fama que desde . 
los corredores que dan al patio donde fué cometida tal atro- 
, tídad, presenciaron el atentado personajes de la real familia, 
no sin dar muestras de aprobarle. Asesinado Landaburu, sus 
matadores y BUS numerosos cómplices, siéndolo casi todos 
los soldados allí juntos y varios de los oficiales, se constitu- 
yeron en rebelión. Cundió veloz por Madrid la noticia del 
comeüdo delito, á la hora en que gran parte de la población* 
siendo el dia domingo, se estaba paseando en el Prado. AI 
punto acudieron otra vez á empuñar las armas los constitu- 
donalea de todas clases, obedeciendo más al impulso de la 
propia voluntad que á órdenes del Gobierno, del cual no 
consta que las comunicase, pues si habla de juzgarse por lii|i'/ 
apariendaa, miraba con superior recelo al que le infundia^^ 



301 
excoso ■I.' lo« f:ii;ir.l¡:H;.l ;i:loiii:iri (im.) c-..ii 'ju.' s^ i.i'e-ii>ntu- 
Iiaii á l;í ].cl.'a U^ lUi.-i-al.-3 v\\í->-í:íii-h ■^- . 

CenV, l;i iiorh,., ,v,Liv,:fli.li. Mll.hri -n ,-;i1ill>.ll,i.:mo J.- 

ejí'JTiUiJi i-ni!([-arii;s. n.-ii|iab!i jí"""' J-'"'!"' '■'" fiin-za il'? luí 
< Juan I i.'',-: i'i-:i!t'-, l'i |.l;i/a '1>' l'alarin; y Min iná'^ iiüiiiiTOsa 
piT'iTiuii M- iiiaii'''iii:i i'ii sus i-uai'li-li's ;(ji:n-.'J:i la ú i-ii'ibir ¡i 
SUS.^ii.'iiiL.is;. iw .1ii.1ms;i iK' .|ii.> I- vnilriaii ■■iidriia fu- 
I-if^-.^s. Vm'::: L.iiru. I:( yñlichi u:,rl-.:,\ <r h:ú-¡:, l',.niia.!.) .111 
lu.< ■.■,d]-< .1- ;,i Ahinul.'na. Plal.-ri,-.-; % Ma'...i', v .^n !a pUzíx 

d,'hr..!l^;¡'i.,¡n!, v;il-lill ..¡l-, l-Ulil... .'^iül'lo l,..'.-'la.lus 

r.ui.'i:a:..-^.-.i.-:-¡..,- .!.■ la -iian.i.-i'.n, i;.. .I- ]•■< liuanlbs. 
Kia !;. >iii:i.-i-.ri ■!.■ !a- oi.u.-íla- r.i.T/a-. '..: m.- -i;i,y:ii!yr |>..- 
<l\.:-.\ ]• 'ji.is i.ll!.L^.!.íalia[■:l^■l.^■:ll^a'■.¡■l.■ -TMNa ivr.ia- 






■. i'ai- 



lan,]-ni.- la 
■inaj|.|..url^-us(i,.l.j 
,|M|,|.-!¡,|..-. Ju»l.. i 
iju.¡.a„aiih'S '-iin' 



¡¡■■i 



l"n.|.MMiiaii 
Luiius .lL'.~ar- 
M.,.i,p:,n,mm.Tu.,iu.l,u- 
,M.,.lMi!:;..<. .■;„i..ña.l..k 
■clir'. ^'k [■:.-'■ !a mayor p;ir- 
.a.'a-^ .I.';.|u.iij-.|,.lÍ'ar.iU.', 



IVi.n/a Aiiianwi.i 
I la-! oosas. En la 



■l-^IjU. 



1 las troi.H á 
iiili'ciDr. Fiiin 



f..!i .lisIV.Kai' .ii-l -T¡,;íio. l/ii iiirM.'iiU iirrl.!.. ■■ii la mi«m:i 

fuáu viva.-':(l.al:i su.ii.'iou --ii l;i -.Ma 1.-.,m .!.'^>-...ui..mla. 
IbauiiaiíiiiiMlaasiu!.:^linoI.jraii.|ii.'l i.ifaijo.O himno .lu 
Rii.-,,.<l,-r;:ua.|o [,.„'u-, iHas áiit.'s, ¡Mf ■h-n--b, .]v la^ Cói-t.-s, 
iii(ir.'lia.l>- n,',|,.iian/.a. ,-uani:i.t ¡.ariimin-;.' ■]'■ ivjinit.; los sol- 
dados, lici-larai'on ijíi'' no f[U'.'riari sri;uir mandiamlo al si'.n 
d(? a'iuolla niús-ira, y piJifi-üH '[iir <m su liijíar- s.í íes locase 
la antij^ii^i cúiiOL'i Ju poi" el uombii; d>; í//íin')i/i7'«. QufdÓKC 



ul.'.iiiiii .,■! r-i'u-]:¡\ ly-.i-- iii;m?Íii^n ;i'ju.-';!¡i fu.-i-ün al ver un acto 
Tyl '!■■ ¡ii~'ilii.cii¡n:rv:i: [.'-im ■•id 'lu 1;i. !.-:iir';i'l'> piL-ienie fl 
if:'-<S-ft Ün 'I'- I.;iii l;i!iiini. i-.^li'i ;i ii. ¡j-.!'- !■■ .xiti:! b euble- 
vfihi rr-;!!. Ip.-'Í^- m'^í-! i.u:Hi'¡'ii-i • >.-i i-iii;.-;'.;<l;i l.i fí'ii-rra 

ii;i-<'ii .11 -■! "üJ] I T: ■ 'I - •-'■ 'lii-l.'ii- ¡ii-..\ii|' iirin- I !.--ii:v..saK 



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afír.',';a!,:iii íiI.luii..-: -^irv.-íili,-. f;ua ¡nllu. iiri i -„].,:■ h r.i.j.;, 
es -iumi.i--- i-n.l.-iM^:,. l,iir:i!.-.M. M.An lia.'i.,.i i,- ;i:u..ia/. i.¡..> 
<.!iiil-tili¡ri'inal<'-. i-ai U-^ ralli'^ ■■laii tViiii.'n:>"^ I :- i;::.i..<as 

.■:.nrm^ ú .-..rn.Ias .|i:r Itari %.-n¡.!u a -r vvuñu- ..i-ii- 

■li^ilN.-n.-i Mi-iiM .1.- [.-■•. t;.'iiii...ii,>fa [.:rl, .> .,u.. -ii.- 
[■.-/iiii'lo al ir-:! i--.ia!l;(r i-! !i'vaiiTaiiii''!i;ii |. ij';ilai- ■!'■ l-^'iS. 

fui-n.n .■;;-:[ .i;:m;i-- .-11 l.-.liu-im liiUaTMfM'.' ¡..-1., i..,.o< :i! 

.■.■■|.-l.rn -J .1.- Ma\... y ya ni la r\,i'-r, •!.' .]ii.- vi-y !i.-ihla:! !.. í-o 
[■•■¡"■lian l.a>(ri!i'r,.. 'v':, la tanif! (l.-l O <!<■ .lali.. .1.- ls-.'->, las 
.■-•Misalia -I l'iinrl'1,1,, (,.„i<ir .1..- v,-r •^alii- ariiía.l.-. .li- m¡s ra;u- 
(i'K'sli'í; liiiardii. r'.'a !:■■;, iiiU'\;i no ilisinmlaViaTi -.L inli-iilo 
.l..|an/.ai>.-!i I:íi..|.:i .■.tilia .-1 (:..l)¡(-:ii^. y su-^ .!il, ii-;,!-.'^. 
Al ra.T- .!<■ .i.jU-l ;- lar.!- .--a!,;, yn .-.■u há aiiii.;-. \ rn.ni-^ñ^- 
vc I». Án^'rl (!•■ Saa\.-.!ia i..!>ia!i'Íi-i iiii.-^ •¡■.'.r~...< I, IlÍ..-^ en 
(-l.-:iíl-.|--S..lir... |.,„.,,,m(rs iibK-rl.. m la '■alir .'..■ Al-ahi ó 
miii.'ili:i.'i<,n<-.|-h l'K'Tlaíl.'ISi.l, y luaar .Iimi.:.' ■-..uvnr- 
rían .-lUi'.m'i-; lii< jn'i-.-i.iias j.riin'i|.:ili-', ].mi- ^-v alü 'luii.Ii- so 
trahajahnij ni.jnr li.s lall■^^ ■[tii;<itiis, |.«la\ia nu \iilyan/Jnlos 
cu la caiiilal »|.' Msimila. Salimos, tuiíutilo iiui'sir.i i^iifrijío- 
i-iii, ;■ suliiiiii,-i id ciK-lii- ili- mi aiiiijít», y in' blüii iioü liabía- 



303 
mO!^ puesto (.'ii nifi\imii-ii(o, ciríiii'Io 
yort>a dí- ¡iiuolla tunUí y ni"'lii', 'Ifj'i 
SfA 'le los i-iiiosos í|uc ili- ordinnrt'i 
gfciiti's [>or ][i riúhí il 
nuostvo fuclu'i","cli''' I 



arriba hif'-i 11-; 
!á I:.s(lo-,,i!!r-^ 
han [iar;ir; im-; 
SO .U; a'i-iM-.il.-an -;:■■■• y viíao, 
ral Á[;n;i,::ii.-tn.<-.,inj,;ir,.i„y , 
oun.|ii..- di. iiii!i(;iío ■■n I:;-- lil:i« i!.- 
¿rurnú ¡i <!..ii'li' i!i;iii:i.i^, ]<■ r.'-|.i.:nl 
habiiiiur-! í'miiKnl.i ¡iü.-th-íi-ii iK- oí 
tlosií:i!,r¡il;i i..,L-W!i.-!-..-^ii!:¡.J á Ir 
to enivi- iiiirti);i'i>--, n-< dijo 'jiu' ñ' 
ióiK->;íi 'li^lii ;ii:il!iTÍ:i <;.■ ú .■;,bnlli> 
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d!i.Iqu.-;>-:tli<i.!.. ivl'.-iii- !í.. dilirOli Uiik'Iki priv ¡lab.TPC 
formailo ,1 iiVh'.i.'f r.f^I^Mii-i;! m la lil.ilir^ü .¡[ji- acabii ihh- 
|ji-Kstíii(:ii-!i> lilla r.t.Tza (ii.iio^fai-on-iilii-aiilc'.y di 
á ix-i-uU:ifiil -ralin s-ii Viiiriiiiii'Miu. 

LIi-jí;i!"- •■d!i i'<iri Álava, ii-.s rnciiili-aiiio^ 

Pei'O '-'11 I.ITM- l'i.l'' jlITlfállíloS.' 111 el IllNllH' lll^'ai- L'-'Ilti' l-'i|||- 

Irilan-I./runlía-la j^ara .■i-.iu!..-ii¡Ha. l'iv><'iitá- 

■ la'l .■xtivnia.la..-. .i¡;íaino« <!.' 

■.: ¡...-.ona. -lo 

-iiarl.ilaiii.'i.ios 



-asuali- 
;;al«Tí:c 

■J:-v¡nr. 

i liOlOS. 






proiiiciida 

ríonn! foi¡ 

ban«!'' '.lijii 

la ofiosicii 

nrdopisr.^ rsi-iiMriiifTilOs a 
patri'.tns, ,-,-il¡f¡.'ac¡..Ti.la.l 
ciaU^ii vyi\o< .■u>T;....s iiu .--tahan ,:ii .Miidrid i. 
eIU«''Il..■.;^J cuícj-ii •-., nnf !íii-v i. ■>;<>». AiiaiwitWr 
do;ir:in.ví^ro^d,-laM¡Iii-¡a nacional d- Mío 
óríleii 'lo aiuoiidad al^'una y s.il.. ¡ui 



lio |..sTii¡Ml>.H-r¡ 

l|..i.K|i.i 



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■api 



idad íil^'una ' 
íin T>. \. I,«in. . 



J qu.^ 1 



uluiitad ¡irupia' 
liahia St-Tvido 



i'uando ('Li!i ¿d contí' un IHW, 



ele i tltrüíllK'tOr al padru i nim ruainu iLiii L-i luiiii- i;i 
se-i-un va ruffindocii cí^taH Memorias, ¡jasaiitlo á las filas dr 



''Ctriots, ignorando todos quién la enviaba. Otras apa 

más significitivas siguieron, que fueron las de los 
y sargentos du los Guardias, escapados de sus cuarl 
haberse visto en inminente peligro de la vida, de res 
sus esfuerzos para mantener á los soldados en obec 
las leyes. El primero que llegó fué D. Blas Leso, i 
de Ovioco, sujeto majconoi-ido y apreciado en la : 
madrileña por su bueua índole, constitucional mu; 
Venía con sombrero redondo y un mal capote*, bajo 
escondía su uniformo, dando que reír su abrigo en 
che por demás calurosa. En esto declaraba el esta 
rebelión. Sin embargo,á estas horasó nocrelaóap. 
no creer que llegase á tomar cuerpo el cap i la n ge 
Madrid, Morillo, en quien la rudeza no estaba exeni 
blez, pero hombre lleno de preocupaciones contra le 
les inquietos, de suerta que por un lado acertaban 
le supopfau entero en su error, si bien erraban por 
suposición njuy lójos, dominados por la ideaderep' 
cilla y tosca honradez la falta de luces y de modal 
Álava le estimaba mucho por varias razones: poi 
mismo partido, on el cual reinaba el error de creer i 
ma bondad do aí|uel personaje, y por haber sido i 
malina, en cuyo cuerpo había servido Morillo en la 
su tropa. Trabuco (decia Álava á Morill 



r3?S^Í-^=^ 



En esto, súpose que yulos batallones de la Guardia ei 
^■Cabikn Taera de sus cuarteles. Sonaba que ibaa í aalírse d 
TULadñá; pero más natural parecía que ee hiciesen dueños de 
la capital, como bien podían en aquella hora. Asi se creyó 
f>a UQ momento, y difundióse la voz de que venian á apod&- 
rars© del edificio en que estábamos, donde encontrarían 
cafloties, y desharían una fuerza que comenzaba & jun. 
terse para oponérseles. Dada el arma, loa allí, congregados . 
*^ligieron para mandarlos al general Álava, siendo unánime 

* como votación de que salió su nombramiento. Hepartíe- 
•^nsenos fusiles y carabinas y corrimos á las muchas ven- 
tanas del cuartel, ocupándolas todas. Dispuso nuestro gene- 
'^I <3 líese sacasen del cuartel dos piezas para defenderle 
■oejQr; y hubo de situarlas de tal modo, que puestas al lado 
^** la. puerta, apuntaban, no de frente al Real Palacio, pero si 

* ^^ calle, uno de cuyos costados es la mansión de los Ré- 
>os. Consideró esto Fernando como enorme desacato, y Lo 
^'-í'aÜó en Álava, cuyo amor y sumisión al Rey eran grandes; 
'"^*"o no tuvo razón, mirando el genera! sólo la defensa del . 
P^^^^sto de que se acababa de encargar, y con el cual susten- 

5*í*- la causa de las leyes. No vinieron á asaltarnos loa ene- 

*'fe"Os, como podíany debían haber hecho, siendo casi segu- 

*l»ae tropas medianamente resueltas se hubieran apoderado 

^ "f-x na artillería deÍL-ndida sólo por los pobres fuegos que se 

*^i^3en desde el vecino ventanaje. Pasábase el tiempo, y 

' . *■ las noticias que llegaban, aunque á veces conrusae y 

, *it;radictorias, llegamosápersuadirnos de lo queeraver- 

j pereda increíble; esto es, de quo se hablan salido de 

^^-'^.rid cuatro batallones de !a Guardia, dejando doshacién- 



AX. 



■'^ en la plaza principal del Real Palacio. Tan singular pro- 
, ■'i^r acredita que fallaba dirección y plan de antemano 
"^^*Ci á una rebelión que no era, con todo, obra dei momen- 

^^»3 que tuvo principio, 
^^^ "hiendo que no se acercaban enemigos, soltamos las ap- 

ff*^^3 y yOi acometido de una violenta jaqueca, que solía p»- 

• ^""^^p con frecuencia, y rendido por ia falta de sueño, me 
**^«i un banco y logré dormir un rato mediaao. Deapeí^ 



tome un ííi-ari ruiílo, 'iiití iiiii<in"i triiia íle aim^iiazador. Era 
(|Uf.'a<'Liba!jii 'li- oiiiriir ivii L'l ciiart.-l t'\ jít'm.Tiil llallcsten).-!, 
si'fciiídij lie u»:i nuiíit'ro-;;! nmiiliví», [-iiinipTU'íiirn.'.Tsi toda de 
ofickilf*. l-:i p'iHT;d. fumo .■oii-.jiTo d.- l->tarl,j. ri'- podía 
SiTvir d.-^liiiii alf;iin.j; [.i-m c-n ai|Uf!li.-i i!i"!in-:ili.i-í .'asi doi-- 
mian la< li\\i-s. > l-ji ■■..nini!i.-r..i, .¡iii- t.-iiiaü tTi IíiÜ.'sii.tos, 

fu.'flo did i-n.-rjio '!•■ la i-'/imiii-Tia, i-atvcian di-.[,'i.'TitO!i á 

vo/d<"|ii.> liahia (ornado .-I iiLaiid.. d.-l |,ii.-(,-. .|ii,' ..,'iii.i,ba- 
mos, -la-laii lo ,'..mi" .!..>i.M.vidi. ,|.- ,-i Álava. ,■! riiul. pw.'O 
aml)i'-i"^'> d.' s..'ui.-jant'>s dignidad-;-, i'.fjii ivn-->[' la^ oosas 
líiii i'oii-i-iuir r-ii ri'i-Mnix->>i- ;i -ün'-i,.]' ni i'i-íis'ir-'r li cIJo. 



Erado v.^i' la siim¡-¡..ii y adnUu- 

blt-'S dií la .■i'iiiiiiii.-iia q-in's í:i!i-i -^i- i.-n-iaii ■■üo 

baM,¡nvti>!idi.'iidu j-.tI'i ]'"Ví'M.-i-Ion.v.(i -..■ a^^l 

dúi- d^d |.ud.i- .j!i- -■■ IL'ir.han hat.-:- ,-n-:i-'.<->. 

quo ron vi ^'.'iii-i-al v,-iiian, y ii-. un a !-ila:!"i- r..i,iú ulii.i? 

siiiiiliuudüi'i' i-ni'>iii. auii.|¡['' (r'-i-'M '[>• ]iv--i-< \ \'r'<¡imnfjPo 

lleffiiud'.'-i ■ a mi ui'-' iin-^iiuHii >¡ w •■i,\\ \>> fa-w-iü'-ii'.-.- rjuí 

Ba!lo^t■■lV.< lüiua-L- -d mando d.^ u-h. " - - - 

apUl-Li. (.'i'll'»'! Vli iMlll li'j.p-^ ÍS;i .-I ■ f. .'■'.. 

SU alOiiiii-f '[iji- id do Ui;a dii-tad'ira, y II 

pro[iU"-^';t, /aüind'piin: d.' dar u'ia ii->iiu> 

naiit.v l'>-r" iiiióim-a^ td n-ii/vn caudillu .1 

emiv I'-- d.'<li[iad-'>^ ii ?.:t súbdilu^ a-o:ii, 

sistfiíi'ia ii -u aui-Tidad i'^iruria. Ilah-a alÜ aL'!in(.ií, ¡lun- 

que no mindni-:, in'i'K'i-adi.-; > lia-iaii'i'S i\;díad>'.s di- la so 

Irinaf y iMiur do la- [■.■|r;>-i':iiida-i [■■ i- IUuu'si.-k.-í y su 

SUSI-Mnar vi iMiüliiaiiii.Tit.i a;i''S li'idij •■it .\':\\:t. lüi osio, 
ti c-lu'ial ■jii" iii.ni lal.ít il c-uatti-!, i-l cu;!!. *.-jim crfo, cm 
niodoradii, y ¡"T fira iian.\ lOiu-i Iiiivii ai-ti;!..-r.j. amante del 
.Irdriiy d.t las I.-y.-s. diadat-.". .lu.. ól no r.-oviu.cia ni obede- 
fia ú autoridades noiuhiaJa-i i'a- •¡iúííu-h earodan di? dcre- 
vtio [Kira tiacui'ki, y ^uc $t^ ctñia á cumplir las órdenes que 



I .iu.-l..sh..!n!.m"^ li- 
an ■ ■l|.,.í A -(■ li;inia- 
-.■a^..;i.alpa4alrodo- 
nxado. liiM d,. k,s 



:.^n.-\h. iK..-, 

■ >i-';)di^ menor 
II- .■i!t..'ndorla 
ri.iia y tcrini- 
di-;".^¡i-i<'nei5, 

i-nal.-^ dore- 




307 

^lediess Morillo, caiiitan generui de lii provincia. Resuello- 

AjbI en humo el nuevo poder de Ballesteros, asi como el ¡lOco 

meaos antiguo do Álava, con evidente disgusto del primero 

jr no menos notable satisfacdon del segundo, aquél se salió 

t del cuartel como á la callada, siguiéndole cabizbajos loe d^ 

r.WI comitiva y partido. 

IbasB pasando aquella noche de verano y comenzaba &' 
"lorear el horizonte. Cuatro batallones de iaGuardia real s». 
Ifiblan salido de Madrid durante la noche é ido á acampar- 
& del K«al Sitio del Pardo. Otros dos estaban situadot 
□ la plaza de Palacio, reforzando considerablemente la guaT' 
(dift ordinaria de aquel puesto. Estos no tenian trazas de que- 
r hostilizar á los constitucionales, ni podían, siendo corta^' 
1 fuerza y estando distantes sus compañeros. Tampoco s 
yieÍB. por parte del Gobierno y sus defensores intención dft. 
E;Knpeñar la pelea inmediatamente. Al amanecer, gran partan 
B la gente reunida en el cuartel de artillería, llamado álO; 
izon Parque, salió de allí y fué á situarse en la parte altO- 
ela plaza de Santo Domingo, ó de moíii proprio^ ó porór-' 

1 de alguno deseoso de disminuir una reunión que causs 
a recelos á los empeñados en mantener las cosas en paz.- 
Esta fuerza hizo un papel principal en los sucesos que eK 
uieron . 

Iba saliendo el sol, cuando apareció al frente del cuarteS: 
I espitan general Morillo, seguido del regimiento de caba- 
e Almansa, que de todos los de la guarnición de Ma-. 
P'drid,era el más ardoroso en su adhesión ala causa constitu-: 
fáonal. Anunció en voz alta á cuantos cerca estaban que iba 
»□ aquella tropa á caer sobre los sublevados del Pardo. A 
Et voz de mando desenvainaron los de Almansa sus espar^ 
1, y blandiéndolas animosos, mientras reflejaba en lasl 
3 la luz del sol recién salido, prorrumpieron en frenóti- 
B vivas á la Constitución, áque respondimos los que e, 
ftpamos delante del cuartel con otros no menos estrepitóse 
i acalorados, escena de que hubieron de ser oyentes y casi 
s los soldados do la guardia de Palacio, asomando poP 
¿£a de la calle frontera para averiguar la razón de aqual^ 



alboroto. SolieroD Morillo y loe u^fitt.Jf^^ puerta áe 
San ^^cento. Pasadas algunas horas de añsioflo esperar, 
volvióse la tropa caliizb^a, paos sa general habla parlamen- 
tado con los rebeldes, en vez de hostilizarlos. Otm coes no 
era posible con tan corta fuerza, desprovista de artillería ; 

. no sé si de infaoteria, contra batallones de gente veterana. 

, Dudoso es que Morillo fuese sincero cuando se manifeslió 
dispuesto & emprender la lid; pero como hombre de cor-^ 
tas luces y de arranque, bien puede ser que mudase de in-rj 
tención viendo no ser posible llevar á efecto la que prli 
había tenido y declarado. 

Quedó, pues, todo eu expectativa. Los del Pardo ei 
campamento, los de la plaza de Palacio en su puesto, 
constitucionales ocupando varios en el centro de la 
el Gobierno al lado del Rey, tenaz en su empeiío de cortar, 
guerra comenzada y para el intento suponiendo que do 
tía, y dándose por estar en el pleno goce de su autoríi 
hasta sobre los sublevados. Reinaban el descontento, el 
mor, la ira en los interesados testigos de situación tan 
traña. Y sin embargo, asi se pasaron diaa, si do mot 
más que lo que parecía posible en tal estado de cosas. 



CAPITULO XXII 



"Venido de niego á Aladricl y condnota que observa Iiud- 

d«nte ocnrrido entre el autor y MIorlllo.— X.ae riierzaa oon 
ttnban los cotiatituoionalee.'-X'U eiiblevKclon da 
ibineros i^aleayel pro-rinoial de Córdoba- — H^ 
conducta de moderados y ei:altados.— IDÍssustop 
s del autor, ooastonadoa por sus opiíiioneá poliÚ- 
— La entrada en lOadrid de los Gtuirdtaa.— Son reolt»- , 

vados en todits partes— Xxm oonstltudonalea toman fm 

oBar^va. y perelGráen á los CKiardias basta la plaza de X*»- 
iMdo.— Capitulación. — BHiecoy nueva re&ie(ca. — 8itti*oÍ<M> 
politlón al acabarse la rebelión de Iota Ouardlaa. 



Algunos iacidentes dieron variedad á las horas de este 

^ angustioso plazo. Riego, pocos dias antes da cerrarse las 

Cortes, había salido de Madrid & tomar aires campestres; 

^ pero no habiéndose alejado de la capiUtl, al primer rumor 

( de los graves sucesos que habían ocurrido y seguían, acudió 

' desolado á tomar en ellos parle. En los últimos dias déla 

l^slatura Riego se había arrimado á los que deseaban usar 

t un tanto de condescendencia con el Ministerio y el partido 

^'qaeáéste sostenía, porque en su ánimo veleidoso hablan 

rCObrado ascendiente los que aconsejaban esta conducta, es- 

I tteido él además cansado como hombre de ímpetus y poca 

M JMCüeiicia. La sublevación de tos Guardias le despertó y ea- 

f tiiDuló, y como venía animado, hubo de ver con extrañeza el 

gastado ni de paz ni de guerra de la capital. A una condición 

1 impaciente como la suya era insufrible un espectáculo 

z de irritar al más flemático, y además, Riego, valarosl- 

I on nn momento de peligro, cuando le era posible acó- 




meter <^|recia de fortaleza, y estaba acoeado por el ti 
de caercOQ la CoDeütudon y i» quedar anÍquiUdo'«iij 
roisa, & lo cual Be agregaba ser indódl y entremetido, tg¡ 
ñendo siempre dieponer él las co&as aun cuando 
á su cargo dirigirlas. Así, llegado á Madrid, se eof 
ain perder tiempo al cuartel de artillería llamado Pi 
donde residía uno como gobierno, aun cuando nad 
sede tal el titulo ni ejerciese regularmente la potestad. 
l)ieD Be viá eu aquel sitio, cuando empezó á declamar c( 
la inacción en que sñ estaba, eucendiendo las pasiones 
mayor número de sus oyentes. Estuvo á pique de romper 
alboroto que se habría difundido ala vecina plazuela de 
to Domigo, donde seguía congregada la gente másinquit 
formada en una especie de batallón, que por remedar á 
franceses se denominaba sagrada, fuerza compuesta de ■ 
cíales sueltos y paisanos, en que abundaban los ocit^oa 
borotadores de oficio, conocidos con el dictado de patríotu. 
Por casualidad no pasó de ser un ruido sin consecuencíi^. 
un incidente que en la disposición de los ánimos y de las 
cosas debía ser principio de una refriega. Riego se fué 
guido de algunos pocos á la diputación permanente de C( 
tes que estaba celebrando sus sesiones, entonces casi ptt^ 
manentes, en el ediñcio en que celebraba las suyas el Coor 
greso, situado entre el cuartel de artillería y el Real Palacio. 
Presidia la diputación, en que predominaban los modera^ 
dos, D. Cayetano Valdés, á quien guardaba Riego grandee 
consideraciones, aun disputando con él frecuentementéy'j 
porque siendo el héroe de la revolución linajudo, gustabK* 1 
de recordar el lejano parentesco que tenía con aquel véÁ-^\ 
tago de una de las familias más ilustres de Asturias, su pA-]) 
tría común, porque apreciaba y veneneraba en él la edadt, ^[ 
la dignidad, la honradez y el valor, y porque en 1820, go- i 
bernando Valdós á Cádiz, había vivido en relaL-iones de ,' 
amistad política, así como privada, con el ejército apellidado 
libertador y con sus cabezas. La diputación carecía de br 
cuitados, y nada tenía que ver con la potestad ejeculivs; 
pero en el apuro y desorden reinante todos querían quA. 




311 
B de ella alguna parte, cuando meaos convocando á 
CórMB extraordÍDcirias. Aun esto mal podía hacerlo, segUQ 
lae leyes, sin estar de acuerdo con el Roy ó bus ministros, 
y además la convocación y reunión nueva del Congreso 
requería fórmulas dilatorias, cuando los negocios pedían re- 
soluciones atit-vidas y del momento, Valdés, por su Índole 
y hábitos, era muy venerador y observante do las leyes, y 
por sus doctrinas moderado y amigo de los ministros, que 
«ejnostraban resueltos á impedir un cbo(|ue, asi con las 
armas, como de poder á poder en el Estado, Por estas cau- 
'flas nada consiguió Riego, y después de una disputa acalo- 
W rada, en (|ub ól se destempló y gritó como solía, hubo de 
■ irse á su casa despechado y cabizbajo. Quedó de este lance 
en el ánimo de los ministros la idea de que los alborotado- 
res trataban de empeñar la lid, y empezaron á mirar con 
igual desconfianza que á los Guardias rebelados, á los pa- 
triotas armados para defensa de la Constitución y de al 
propio. 

Morillo participaba, como quien más, de este modo de 
pensar. No se había atruvido á proceder contra Riego, aun- 
que habían mirado sus gritos como un empezar de sedi- 
ción. Al batallón sagrado miraba con recelos, no del todo 
infundados, y aun á los del cuartel de artillería vigilaba, 
como á enemigos ó poco menos. En la tarde del 3 ó 4 de Ja- . 
lio, desabrido por demás, se presentó á la puerta del cuartel 
y comenzó á decir á los que allí estaban, que se retirasen. 
Encarándose conmigo y viéndome con sombrero de divisa 
militar, que podía yo usar como intendente que era y como 
maestrante, no conociéndome, me dijo que me fuese á mi 
\ puesto, y respondiendo yo que no le tenía, y preguntándo- 
B él quión era ó qué era, y dando yo por segunda respues- 
'" ta eer mi declino el de diputado á Cortes y mí nombre Gac 
- baño, él so tocó al sombrero 'en ademan de saludar con 
io, pero con cortesía. Nació de aquí difundirse por Ma- 
í la voz de que había habido una reyerta acalorada entre 
I dos, de lo cual nació vituperarme unos y vituperarle 
I, suponiéndome desmanes que no habla cometido, pero 



312 

qne á la vista do algunos eran arrcbaUía ilo laudable celo, 
y al revés, atribuyéndolo actos de firmeza en seDÜi* de sus 
amigos ú de adhesión á lu causa de los rebeldes, según el 
parecer de sus cootrarios. 

De este modo seguían en Madrid y el Pardo armadas y 
opuestas dos fuerzas que al cabo habrían de venir á trabar 
batalla. 

Los constitucionales estaban llenos de susto. En verdad, 
el peligro era grande. La guarnición de Madrid, fuera de Ift - 
Ooardia real, constaba de poca fuerza. Aun de alguna partt 
de ella tenian doeconñanza los liberales, y esperanzas el' 
Rey y los suyos. Esto se decia del regimiento de caballeril 
del Principe, aun con poco fundamento, aunque una cortt- 
aiina parte de él se unió con los de la Guardia. Poco mono* 
H Recelaba de) de infantería que llevaba el nombre del iib- 
bote, don Carlos, en el cual reinaba una severa disciplina,. ; 
y en cuya ofícialidad prevalecían los de la opinión moderar-', 
ds, y la injusticia de la sospecha contribuía á ladearlos & la 
parte á la cual se los acusaba de inclinarse. El regimiento ' - 
de caballería de Almansa, al revés, seguía siendo coostíta'r - 
ciODal ardoroso, de lo cual era consecuencia estar en tt - 
algo relajada la disciplina. De los Guardias reales, una fuei^ ' 
za que casi compondría un batallón, con sobrado número dfl> 
oficíaleB y algunos sargentos, separada de sus compaiíera>t '" 
se habla puesto bajo la bandera constitucional, y con eet». - 
gente, como es de suponer, podía contarse. Otro tanto su- 
cedía con la Milicia nacional, compuesta de cuatro batallo- ¡ 
nea y uno 6 dos escuadrones, y tal rntünces, que ni pork 
alborotada daba disgusto ó temor, habiendo al revés < 
tribuido á mantener el orden contra los bulliciosos; pero ll 
bia dudas sobre su capacidad de resistir en una pelea á fa 
pa regular y veterana. El batallón sagrado causaba más n 
do que otro poder alguno; ^ro no obstante el espíritu d9' , 
ezaltacíou á sedición que en ét reinaba, no díó motivo da^- 
conñderacion para culparle, pues si de continuo amenazaba, 
nunca Ucgó & mostrar desobediencúa, y en el momento del 
mayor peligro, según se verá, m port<Í como 4iAfa. « , 



En esta situación, notician! recibidas de las provincias an- 
mentaron las ziizobrus y los males (|Un eiílahati padeciendo 
los liberales de !a <'aiiit.i.l. La brigada de i-cak-s carabineros, 
situada á la Piízyn en Castro del líio, do la [iroviiioiu de Cói"- 
doba, so sublovií allí, arlamando al Rey ubwolutn; suceso 
que bien liebi'i-ian habt-i- jirt- \ islo ([iiieneH roiicn'ií'seii el es- 
tado d<: :i'[ii-U:i irM]);!. AI aabiT^ii en la eimlad de Córdoba 
este If va uta 111 ¡en (o. lué frrande la inriuietiid L^n el escaso nú- 
mero de coiisiiliKiionak-M <[iie en la {.oblación se contaban. 
Hallábase allí el n',£;imienio de iiiilii'iaí; pro vine i ales <iiiO 
ilevyba el nomiir.. de la .■iudad, el nial ,;n br-v inanite*ty 
su inliüito di: jiintarsi- con los; sublevado^. I'm' una ¡íiiigula- 
ridad de la-i >^nblevacioiies de a'juelloíi dia^;, l.is luilicianog 
de Crirdoba iiniraron ixintiialniente á los (luardia'í reales 
de Madrid fii su desalino, |.ui.-s pudiendo liaberso al/ado 
con la ciudad y dadn cnti-ada ■■.n ella á los i-arabi ñeros, lo- 
grando a'-i liacerse dueños de un puente sol^vd Cun lali^ui- 
vir y dar á la causa lie la nionar'|uÍa id conce|<lo anejo á 
estar enarliulada su bandera en una capital, si no de las 
principales, de las más notables de líspuña, al revés, dieron 
principio á su i'mpreí^a cmi una relij-aila p;irffida á unfi 
fupa. A^i fué. ijue iiu !,i,.n ixhtivun el Rrito úr tvb.dinn, cuan- 
do se ]iiisii.]'i)n en camino para el eanipu. Cluaidulia la puer- 
ta por dónele iban á salir, una do las priiieipales d.- la pobla- 
ción y -ine da al puente y la carretera de Andiilueía líaja, 
una corta fiier/a de niilieianos naeionales, inc:ip:i/. de opo- 
nerse ;i un batallón eiifero. listaba en iKjueüa piiai'dia un 
oficial retirad", Uaiiiadu C'isneros, l'iiniitii'o ecmi-'itucional, 
que servia eonio sr.biado en la Taei/a <dviiTi, de i'orios al- 
cances y sordo. r:sle, cm icioet ¡dad b.ca, vii-i¡do veiiirá los 
suldevados, sali.'ni alearles su aei-iori, pr<H'iijando i'Otraei'- 
los de su intento, l-'ui- la ivspuosla luiierle p.cla/.ns, y pa- 
sando sobre su cadáver se lan/ai'ou los milieianus á la puer- 
ta lue estaba cerrada, siendo tal ^u ¡nipi-:lu,'piec.in el peso de 
taiUos hombres juntos se doblaron las puertas y se abrieron 
háuia el bulo opuesto por dundo so abrían: ;tal violencia traía 
el infundado miedo do los fugitivos! Quedó asi Córdoba li- 



br^ pero loe milicianos nacioo^iles ik^üiU^.que no eran jrmut 
eho«, hubieron de recogerse al «cUCdiat?Wít AoU^ ^it^ (b 
la loquisicion, donde se hicieron foBrtag^ nttoiras lo gt^-Ke- 
ni del pueblo cordobés mostraba su adhesioil a la ca.«js* 
del Rey, agolpándose la gente en ios lugares de más coao*^ 
rencia, pero sin atreverse á más que á demos traoiones, w -^ 
■del todo pacificas, cobardes. Asistió á los milicianm csoS 
dinero y provisiones el marquós de Guadalcázar, í.'r,(fii!- ''* 
España, residente en aquella ciudad, socorro haH' > un <■ !^^' 
rie. Quedó, pues, armada y pujante una fuerza pol-rüsíL *** 
infantería y caballería, que bien ascendía á mil tresdeoT^^Í, 
y ¿un á más hombres, declarada por el Rey absoluto; 
también quedó el pendón constitucional levantado en A. 
dnto de Cónloba, y defendido por un poder que, aun 
flaco, bastaba á tener la población amedrentada y 
sujeta. En tanto iban juntándose fuerzas para combatir 
los rebeldes, pocas en verdad y débiles, si ellos dtsile 1 
go no se hubiesen manifestado tímidos y torpes, y con 
zas de salir vencidos si encontraban quien les hiciese re 
tencia. 

Esto no obstante, en Madrid, según va d¡t.-ho, fa 
notable efecto la noticia de la rebelión ocurrida en And; 
ola. No por eso el Ministerio desistió de su empuño 'Je í: 
car avenencia con los rebeldes. Consultó sobre el iuntli 
encontrarla al Consejo de Estado, cuerpo no bien uompí 
to, donde los moderados dominaban, el cual dió respoi 
á gusto del Ministerio, esto es, aconsejando ridiculos J 
dos de llegar á una concordia inasequible. Por su pirta, 
liberales exaltados no estaban ociosos. Varios diputados 
juntamos 6 hicimos una representación á la diputación pe 
manente, en que llevé yo la pluma. Era el escrito breva 
seco, exponiendo el verdadero estado de los negocios; gt-^ _j¿ 
)iab[a una rebulion, que el Rey y sus ministros sej untablSP^^ 
en lugar guanladu por fuerzas aliadas de los rebeldes^^^^^J 
que era indisiir]i-at<l<< y nr^'i^iitc salir de situación ^0 ^f^^H 
rada y peligrosa. Lo diGcil era señalar un remad^/ 
tan notorio, pues no le habla no saUdndow.np 



I 315 

\ las leyes, y aso indicamos á la diputación que hiciese, pero 
L sin decírselo claro. No tuvimos respuesta; pero pronto su- 

■ Wnte de la mayor gravedad desenredaron ó corlaron el nudo 
i IHo en tanto aprieto tenía al Estado. 

B PasánJose asi el tiempo, era evidente el peligro, y que se 

■ ■mnentasi^ de hora en hora. Lo único que consolaba á los 
vWnstitucionales era saberse que venía sobre la capital con 
Bj^gttna fuerza el capitán general de Castilla la Vieja, L). Gdr- 
■PP8 Espinosa; contóbansele los pasos, y la impaciencia, 6 
Hte Suponía lentos para quejarse, ó para animarse los daba 
W**' Wpidos, afirmando que estaba ya cercano. 

■' Los ministros, sabedores del descontento de la gente ar- 
■¡•^i^sa, la temían mas que'á tas tropas rebeladas de la Gu&r- 
^r*> si ha de juzgarse por sus hechos, y Morillo vigilaba al 
P**alIon sagrado, sin encubrir cuAn mal le quería. 
P A.6Í Uegrt el 6 de Juüo, día en que la augustia y el enojo 
p™.lian en el punto más alto. Ni dejaban de exasperar á loa 
^"''«titucionales las no encubiertas esperanzas de los par- 
P*Igs de !a monarquía antigua, manifestadas con jactanría. 
p^ esto tuve yo una prueba en un lance doméstico, cuyas 
P^HJtas fueron para mí en extremo dolorosas. Vivía yo con 
P* tao carnal, de mi mismo nombre, á la sazón cesante, mí- 
P*"*>:o del extinguido Consejo de Hacienda, que después de 
P**©ff sido acalorado libera! en sus mocedades, habla pa- 
P**0 á ser vehemente defensor de la doctrina contraría. 
^"^Jielaba yo sus opiniones, mientras las mias estaban 
P**»ifante8; no tanto cuando estas últimas corrían peligro 
r *Suedar vencidas y proscritas, poniendo yo entonces una 
P**^** soberbia en ser duro y altivo contra la mala fortuna. 
^*"» oyendo á mi tio ponderar las fuerzas de los rebeldeis 
^* Jardo, y hasta casi asegurarles la victoria, lu rc'^pondí 
^**- desabrimiento y mal modo, cosa que hubo de oft .iderle 
p^**cho, siendo poco sufrido, y de ideas las más extremadla 
^^'^Onto al respeto que en las familias deben guardar lo* 
P^*06á los mayores, y los inferiores á los superiores (ñ 
v^***3ob de parentesco. Siguióse de ello romper con esta ps- 
*-"«, uno de los dos más cercanos que me quedaban, do 



316 
modo que por causas políticas el hermano de mi ) 
como el hermano de mi madre, Villavicencio, vinier)]! 
serme por largo tiempo extraños. No fué esto lo peor, li 
qae saliéadome al siguiente día de casa de mi tio, di& onl 
la victoria de los constitucionales deberla haberme i 
sado á buscar reconciliación con él, tal vez nuestra B 
ración contribuyó á que padeciese una persecución ii 
te, de la cual se le originaron disgustos, persecución qoft 
balde procuré yo impedir, ignorando él los pasos que di p 
el intento. Duro fué su resentimiento, y en los largos ai 
' de destierro y trabajos que me cupieron en suerte, tuw 
de que no se acordarse de mí la mayor parte de mi fiuú 
paterna y alguna de U materna, sino para mostrarme resc 
acerbo, extendido aun á las inocentes personas de nuetf 
comuQ sangre que tenia yo á mi lado. 

Dejando estas particularidades, si propias de mis Mu 
siAB, nada á propósito para entretener á mis lectores, li 
Berá volver á tratar del estado de los negocios en aqoall 
horas. 

Acercábase la noche del 6 de Julio, y algunos rumoi 
aauQciaban que en ella vendrían sobre Madrid los i» 
Guardia, retirados al Pardo. Pero estos rumores solían O 
rer en los dias antecedentes, y asi no se les daba gr 
crédito. También se afírmaba estar ya cercano Eapiapl 
Habla yo dejado de asistir al cuartel de artillería, don 
nada tenía que hacer y sólo podía estorbar, sabedor adMB 
de que mi presencia allí, tanto cuanto la de otros de mi pl 
tido, infundían al Gobierno y ásus fíeles servidores diflgl 
tos y recelos. Pasé, pues, la primera noche por las dJli 
y al mediar aquélla fuime á la plazuela de Santa Ana, ad( 
de eolia juntarme con algunos amigos, hasta que daba~ 
una do la madrugada; y notando no sentirse rumor algu 
rendido de cansancio fui á recogerme á mi casa, todavll 
de mi tio, situada en la calle de la Magdalena. Llegado,! 
entregué al sueño y dormi hasta bien entrada la büSm 
Por estar aquel lugar retirado del teatro de la lid ^ilfj 
aquella madrugada hubo en la capital, no llega á él, & Ira 

■■■M 



^íi*i 



■'.n. 



boslo bastante para despertaraos el ruido de las armas, ni 

^UDd« loa tiros. 

. Al entrar en mi cuarto un criado, me dijo que en la ao- 
S anterior, hacía su fía y en tas primeras horas de la mar- 
P" na, había habido una sangrienta refriega, sallando de 
r^Io victoriosos los constitucíoDates, Me vestí precipitado, 
corri a las calles, y hé aquí lo que supe por conductos fide- 
dignos. 

A la madrugada penetraron los guardias del Pardo en 
Madrid por el portillo del Conde-Duque, conliguo al edificio 
que fué cuartel de Guardias de Corps. Encontráronle cerra- 
"ío y no guardado, y derribaron la puerta»á hachazos. Venía 
"leíante de ellos un piquete de caballería, pasado á sus ban- 
deras^ que era del regimiento del Príncipe, uno de ios de la 
Kuarniuion. Hubieron de dividirse en seguida, y parte de 
ellos, por la dirección que tomó, parecía ir á la plaza de San- 
*o t>omtngo, á caer sobre el batallón sagrado por la espalda. 
'Iáci;i la calle de Tudescos tropezaron estos soldados con ■ 
•^"ít- ¡laliuiia del batallón donde iban varios paisanos y uno 
'-' '1' 'S oficiales; y tiroteándose no bien se divisaron, de tal 
^^OíJi.iy[an vergonzosamente se amedrentaron los vetera- 
iios ii,; la Guardia real, que se retiraron y dispersaron, ápun- 
'•^ "li; Uü quedar junta ni una porción medianamente consi- 
^'ei'able de tan respetable fuerza. El que la mandaba, don 
^^ís Mon, hijo del conde del Pinar, tras de dar tan singu- 
lares muestras de impericia y falta de brios, so dejó prender 
POf ujj pobre paisano que le encontró yendo ya sólo, y tuvo 
^' tíesinlerés do rehusar una cantidad bastante crecida que 
-Prisionero le ofreció por que le dejase libre. Figuró no 
^**^'^ en aquel dia el paisano prendedor, que lucia su caai 
'^Sa.rrado vestido, blasonando da no haber tomado loque' 
'**■'*■ falta le hacia, y recibiendo por su virtud parabienes 
^ciados do admiración; conducta la suya digna por cierto 
- alabanza, aunque no del todo rara en ocasiones tales, - 
t^ **"Ío en el hombre la pasión del fanatismo político, y aun 
j^ ^ ^ nidad. no menos poderosas que el interés mismo. Poco 
H^^^Hd^Ulier leido de historias de revoluciones quien no sepa 

HHíf 



> m Bo aray corto bAibwq. de- 
CTnlww, ri «n fiagidas osas ; muy pooJefd 
y Aao ettaa ftltitoas, líeoea «Bleoiicídad ao toaoor qne 
i)U0 MshA d« coaUr, de la eoa! ful casi leságo. 

OmbaAu así jr dú<p«rsada sin pelear, y *im án habtis-ss 
liUeon en^mif^ al freate, buena parte de ia fueirs ■{tiee:»' 
t Ivd'AlMOerw dueiia <le Madrid, miéatras en la plaza 'le SmJ>~ 
L-^ Domiog'i ac [Hjuian eo armas y preparados a la pró?úi30* 
1 1m conaiitucioa^es, dos batallones de los Guardias, ¡HT''^' 
« del Pardo, acudieron á la plaza Mayor, llamada ^^' 
jk Constitución, ú ocuparla. Como puesto militar, no lei»^* ' 
I Mitio mucha importancia; pero la había ádquiíi'S^'' 
hI», por que tributando los constitucionales á la lápí^^* 
^wlt colociida respetos parecidos a culto religioso, habían l»^*" 
ndW ta plaza ciimu cuartel general de su fuerza. Guarnecía- ^K*" 
■ Ift lulalloauíi de la Milicia nadoaal, y había en ella algutu***' 
Isus de urtillería de mediano calibre, asestadas á las call^"**' 
aaalli (ítixoin boleaban. Facilísima era, con lodo, su ocup-^^"^" 
OD á Boldadoü do mediano atiento. 
El plan do loa invasores era acometer por más de t^*^ 
\ punto, para lo cu;il líe pusíeroa en movimiento algunas OAi^^^^'j 
pfeAIts áü los batallones que se habían quedado en Mmlr^^* . 
\ jpiardaodo el Haal l'alacio, dispuestos á entrar en la plaza '="*^ 
tlWnpo mismo que sus campaneros del Pardo, coo quiei 
.Mabnu dA inteligencia, y escogiendo, mientras éstos asalta 
.'ftWl •! puesto por las calles de la Amargura y de Boteros, C 
■culi* do Toledo y entradas contiguas del lado opuesto, qu. 
a lua contraríos seria la espalda. Pero la flojedad cOi 
fetfW Mgulan las cosas los parciales del Rey, causa qu^^ 
Bai|b>lU Irupii no llegase ú. tiempo á la pelea, cuando par^^ ^ 
fttUú tanla que andar corto camino. Así, presentáronse solo^^^ ' 
KIM Utiltttntex que viMilan de afuera, y desembocando por ' 
|e>Ih ds liulorus ú lu plaza, con una descarga anunciaron si 
|'VMÍ<1&, matando 6 hiriendo á algunos, bien que pocos, tuib- 
f- clanoR nacionales. Por fortuna de la causa por éstos 
L ¿Ida, habían sido sentidos sus contrarios en el acto det 
' xinuu-TO, y UQ oBcial do artillerfa, allf eibiado oon tf 



tM», á pesar de hallarse enfermo, acudió tsn á 
ne el caüoa froatero á la calle por donde asomii^ 
fresores saludó á éstos coa una descarga de xa»- 
.0 efecto el disparo en aquella tropa apiñada y casi 
no encontrar resistencia, cayendo de ella algonoa 
' varios heridos, y UeuáDdose todos, con la eaefn- 
rtal ilesmayo. Al verlos retroceder, alentáronse los 
t nacionales. Así fué, (|uesi bien algunos vaUen- 
3S do los Guardias, rehaciendo y animando ¿tó, 
Tajaron á la pelea, sólo lograron que furamds 
hazados, no sin destrozo de soldados tan -vie^oa-y . 
en más dura guerra. Desistieron, pues, loRdeila,'' 
c tomar la plaza, y recogiéronse hacia la Puoitft 
)n lo cual ya se daban por vencidos. 
'as esto pasaba, en el cuartel de artillería se pr^ 
i la batalla, aunque tarde. Acertó & hallarMen 
ir Morillo, cuando recibió la noticia de la entrada, 
1 do los sublevados del Pardo. Tan preocupado #■-. 
neral contra los alborotadores, que al recibir «t 
vo por falso y encaminado á promover un alboro- 
i genio ardorosa c inquieta de que había salido, y 
) poner preso al avisador primero. Reiteróse, SÍn . 
el anuncio de la presencia de loa rebeldes en U 
todavía incrédulo Morillo, se destempló con (lott 
-Crohon, uno de les que le trajeron ó divulgaron,-. 
eciable, no obstante vivir del juego, de bástanle itt- 
lento natural, y de sano juicio, de corto saber, y 
ibicion aun en materias literarias, de probidad 
jy de caballero, que chocaban con los inevitable- 
los hábitos de su vida viciosa, y persona, en fln,en 
) uno de los mejores amigos que he podido contar 
i. Mac-Crohon gustaba de hacerse visible, y coa 
había figurado en la revolución de 1820, habiendo 
la isla de León algún tiempo, cuando en ella estar, ' 
j en grave apuro el ejército de Quiroga, y deipoM 
ab(a bullido en Madrid, pasando por mia exaltado 
i era real y verdaderamente; y como con lui o*lt' 






dsdes juntalba la.ds nUenta, andaba muy afauado ea a 
llaa horas de peligro, y por esta misma razón daba i 
celo A Monllo, quien le reputaba uuo de los m¿s ft 
promovedores de alborotos. Preso ó arrestado ya 
bon, y con él otra persona menos conocida (jue trajo ti 
bien la noticia de la entrada de los Guardias del Par&4 
Madrid, empezó ¿ oirse á lo lejos el ruido de la pelea, ye 
menzaron á llegar avisos más repetidos de los sucesos. Di 
engañado Morillo, puEo en libertad á los arrestados, y Gt 
hubo de pedirles perdón, estando tan fuera de si, qu&l 
tuteaba, pues dijo auno eWos: perdona, hijo mió, lo cualt 
filé referido por el coronel D. José Grases, mi amigo, f 
estaba presente. Pero Morillo tenia valor, y no pensaba- 
unirse con los rebeldes; y asi, llegando el momento de obt 
como soldado y no mal capitán, dio sus disposiciones c 
aliento y actividad para iiac^i- frente á los enemigos agTM 
res. Por su urden, una fuerza de los mismos Guardias reib 
compuesta de bastantes ofícialcs, unos pocos sargenUM 
UB número mediano de cabos y soldados, hasta compU 
poco menos de un batallón, todos los cuales se hablaai 
Beparando de las ülas de los sublevados en la noche ea% 
rompió la sedición, fué destinada á ocupar las caballeiii 
reales, edificio frontero al cuartel de la artillería, y no Of 
pado por los realistas en su imprevisión, siendo asiqueii 
de alU podían baber hecho notable daño á los constitución 
les. Los de los Guardias fieles á esto último partido, se* 
ron al brazo unos pañuelos blancos para distinguirse del 
compañeros, con los cuales iban á entrar en batalla. Por 
pártelos realistas, acampados en la plaza de Palacio, pt 
saron, aunque tarde, en hacerse dueños dejas caballeri» 
Aun mismo tiempo, por opucsios lados, entraron los s 
tendientes en el edificio cuya posesión iban a disputtf 
Vióee entonces uno de los más dolorosos espectáculos W 
guerra civil: pelear unos con otros hombres de una mil^ 
nación y de un mismo ejército, y hasta de un mismo ciM^ 
7 áUQ hubo la casualidad de ponerse frente á freute doíU 
cíales unidos por los lazos de cercano parentesco, p. I&l 



:^«^^ 



821 



pá, por 1á' parle de loa anticonetitucioDaleB, y por la 
a el conde de Toirealta. Fué, sin embaí^, ó corta ó 
^una la efusioa de sangre ea aquel puesto, no llegando 
ft -ftirsklbarsc re&iega por haberse recogido á Palacio los de la 
».r*dia, no bien ge encontraron con los del bando ene- 



K^iéntras iban asi las cosas por las cercanías de Palacio, 

"lo^ <3e la Guardia, rechazados de la plaza Mayor, se hablan 

flit.«i^<io en la calle del mismo nombre y la Puerta del Sol, 

"di>t»<i« pasaron más de una hora sin ser molestados y sin 

• fttr-^ -verse ellos á hacerse do nuevo agresores. Entre tanto, 

||Vlcu<lf an á la pelea, aun sin saber dónde ó cómo seguía, los 

cOEk^t-itucionales, que estaban desparramados ó retirados á 

sus ciasas. La plaza Mayor, en que se hizo notorio haber 

b*-t>idlo fuego y estar victoriosos los constitucionales, fué el 

lugí^r- escogido para presentarse en él, por no pocos perao- 

najes de nota, mientras otros iban al cuartel de artiUeil» 

llamado el Parque, porque allí consideraban el poder del par- 

ticio constitucional, haciendo veces de gobierno. 

J untas fuerzas algo considerables en la plaza Mayor, pu- 

sieitSnge en movimiento hacia la Puerta del Sol, ocupada to- 

da-via por los Guardias reales procedentes del Pardo. Hide- 

'°i el movimiento los constitucionales por dos lados, vi- 

nier»«io unos por la calle Mayor á embestir á sus contrarios 

h ™ ^r*ente, y otros por la de Carretas A caer sobre ellos po_ 

■ coatado. Al frente de los primeros iba el general Ballfis- 

E con otro, y á los segundos capitaneaba el brigadier 

*la-r«a, yendo en su compañía el coronel D. José Grases. 

'^ '■'-* ■vieron se un tanto estos últimos, no sin que el ardor 

^'""Voroso de Grases se manifestase con síntomas de impa- 

•^s üo-ia. Ello es que los de Guardias huyeron sin ser envuet- 

"J^' y echando por la calle del Arenal, se encaminaron á la 

" "_'^**- de Palacio, Perseguíanlos sus enemigos victoriosos, 

"***-l*ndose entre ellos el entonces coronel D.Antonio Seoa- 

.^J* *^»iyo caballo, si mal no me acuerdo, recibió algunas he- 

^■^^.. También algunos del batallón sagrado, situados en la 

^^^^ da Santo Domingo, bajando al límite del espacioso y 



á la sacón -despoblado terraao llamado ptaza do Orienie, li 
hideron fu^o defuñlerfo, á que respondieron Oí 
fugitivos. Vinieron, puea, á quedar on la plaza prÍBcipal 4 
real Palacio apiñados los batallones todos de la Gui 
real, en fuerza suficiente para hacer alli una animosa i 
aa, ai habieeen conservado aliento ú disciplina. Pero < 
aquéllos faltabau, y vencidos ya una vez, daban muei 
de no estar capaces de sustentar lu pelea. 

Entre tanto venían encima los constitucionales con la ip-t" 
ritacion propia en quienes habían sido acometidos, no apa- ' 
gada aún en sus ánimos la furia de la pelea y llenos < 
soberbia de la victoria. Pensó Fernando que le araonas 
próxima la suerte de su pariente Luis XVI de Francia e 
de AgjOSlo de 1792, con la diferencia de que había sido a 
Monarca provocado y no provocador en la lid en que, ettl 
do en su palacio, quedú derribado su trono, al paso i 
España lo contrario era lo sucedido, saliendo la agre 
del Bey y de sus parciales. Probóse por los palacie, 
medio que ¡es salió tan bien cuanto podía esperarse. Vei 
capitaneando álos vencedores constitucionales Balleste 
poderoso entre la gente más exaltada que componía 1 
dedad comunera; ambicioso como quien más, cuyos pr 
tos en aquellas circunstancias criticas eran bien sab 
pero de corta capacidad y vanidad gigante, á quien era 
granjearse con lisonjas, empleando la de suponerle 
nimo y generoso. Entre ruego y orden le envió el Rey á 
cir que se detuviese, y él, próximo á pasar el linde de la f 
za mirada como parte del regio alcázar, se paró con los ■ 
yos, dando muestras de que juntamente perdonaba cual 
obedecía. Aprovecharon la ocasión los vencidos, y dw 
muestras de sumisos, pidieron una capitulación honi 
Resistíanse muchos de los vencedores á concederla; 
pocos no la repugnaban; pero se ignoraba cuál dicta 
debfa prevalecer, no habiendo quien tuviese derecho é 
obededdo. Los ministros, presos todavía, no querían t 
brar la libertad para contraer un compromiso de que no f 
. dlao salir airosos, y aunque se babria holgado la corte jt 



pc;<ii:jli.gi.¡0a propicios, y recurritlcí á ellos rtun con nu^noB- 
~ do su (1 iglú lililí, DO puilo valerse de esie recurso. Kq 
'^ ***<:illielud y confusión, acudier on á la dipuíadon perma 
B^*^t.^^ de [¡ig Cortes varios personajes de primera nota y 
""^^^í^-leg ilipuiados de la misma Guardia rebelde. No tenia la 
*''f*'-**^ic¡on por titulo alguno facultad para entrometerse en 
^'i^*^*! negocio; pero á ella era coslumbrií acudir desde qufl 
6í'*f»«5zú la rebelión, convirtiéndola en gobierno, porque falt^ 
ba »-»»:>. <i y se necesitaba tenede. 

^^ o bien llego á mi noticia el estado de los asuntos, me 
^'"*^5Í á donde 80 suponia que habían de ajustarse tales 

^El^taba ya muy entrada la mañana cuando llegué al lu- 
!**^ «i onde celebraba sus sesiones el Congreso, al cual hablso 
l^'^^Ü do casi todos los diputados residentes en Madrid. Como 
medio abiertas las puertas del ealon de sesioneB, 
Esntró en él, y no oie acuerdo si encontré dentro á algo- 
«liputados, pero si de que en general se les habla nfr- 
_ *^ la entrada, habiendo yo penetrado alli por un des*- 
"■O.o. Estabajunta la diputación permanente, y asi comoen 
■los <3iag anteriores nada había querido hacer, provocada á 
FobK-a.p pop los diputados de la parcialidad exaltada, así en- 
i™'**^eK, tomándose facultades de que carecía, y en la faltli 
líe las cuales había fundado su inerte resistencia á mediar 
»*" la Bublevacion, los ministros, los constitucionales arma- 
■oos y g| Rey^ estaba tratando de avenir las cosas del modo 
•■ttoior posible, y puesta la mira de excluir de toda partieipa- 
I oon Q^ Y^^ tratos á los diputados exaltados, á quienes mira- 
r"* Con recelos, porque de ellos solamente podían esperar opo- 
*'^On , y de q uienes hasta recelaban que si ocupaban e! saloD 
—J^ ia-n intentar abrir una sesión ilegal como si fuese una- 
I j ^^ sesiones de las Cortes. Justo es decir que no era del 
í *-* infundado su temor; pero no es injusto añadir que en 
f focedimientos daba muestras de una parcialidad extre- 
r nia«j^ ^ 1^^ moderados y á los ministros, bien que viendo 
f *^tos últimos faltos de poder en aquella hora, ilabia, por 
' Parte, necesidad absoluta de dar algunas disposiciones 



-■-la. ai 



ri'l'p ■-■.■ I 
•■ii--iri'i'. 



..•:_.'^ : ■.:■: ::■<::■■. \rr.,:-i ;;;;:■:■: ;\ :> .^;e; re- 
-.-.-í:-i.-:V., ..; ,.:,;.i::::: ::.:v.v-'i^. Mmi-¡:1o, 

■ ■'■■■];■!'• ! i-n a: !in. y .-i ■::... a ::i-i:iw i-or- 
j'.;\-."'ü i'.' t.T!i vi"i\''i-i' :!■'■ :'■ 1 :::)i'ii'io. el 

■ ■'■]•.■ •■■..r.-.n:i<\:it:\:-u::- \ <■'■'.:• ■I-- L'uan io t>n 
:n..s. i-[.-tJa: J'.. «o-- 7^'■V/■.'•■■.^í^^^í■ f/ 
■[-■■¡fTiiüiit'-n-Tloi'j LVjnsfivnrle, Kl tfen^ral 
u;i \ ii:Lii-t.ii;;itncnt-.'. pi'iií-iuio i'Oni.iioiones 
-■ vi!iii'l'j«, fi'-l H s!j iiají'': <W me'iia'lor y 
■-o:¡]j.iñark' 'iMe bu tvl.>, ilf-jaiiJoSf llevar 
';y i'i.'iiiun •-ii l^s vano^, fju-' i'S nepar la 
\i-~ '■■inlii'Vn.-nh--:. í-on lo c-ual «o arreJiía 
Mj.ia ú i,-'^tri 'lr.-l iiir-''iii-íi'j njeno. También 
inji...(ic¡al siipK^i-ioi'fU' las Ciiiaivlias «mes 
•-:'■■ flajiivniM il'.- nai-inii-'iiio. ron acento 
la^liriKi:-.!. Ik-vairln la \'./ -lo la Guardia 
^ til:.^ haUa cíia.l'i vn a.iu.-ll-.s dins. cla- 

íjiji;l c-iinriave, cuando no It'npo presente 
iijiíiiiundo que saliesi? del salón, ó por no- 



**f yo cuan poco grata era allí mi presenda, paes era 
nír-ajtJo como un espía, hube de salirme. De allí á poco se 
^po haberse celebrado uq pacto por autoridad,, como era 
cíaz-o, incompetente, pero al cual iba á darse efecto. Loa bar- 
_ t*[ loQes que habían peleado y salido vencidos, habían de ea- 
[;lK^«k« sus armas, y los dos que uo se habían movido de Pa- 

retirarsa & sus cuarteles. Como todos sabían que & ' 
{ .Wto^ últimos DO habían animado ni animaban mejores ¡n- 
***<2i.oiie8 queá los otros, disgustó mucho lo resuelto ala 
r*n«.y or parte de los veocedores, así de la Milicia nacional y 
t _ batallón sagrado, como de las tropas do la misma guar- 
[ nicsa<:>j-|_ Notábase, pues, descontento y mal humor, siendo 
^P"*^*^ <l6 esperar que la capitulación fuese observada. 

-C>«das breves treguas á la inquietud, me retiró yo á co- 
liaciéodolo en una fonda de la calle de Alcalá coa mí 
E*°*'-So Grases. Estábamos en los últimos bocados, cuando 
*-*^s cañonazos. Corrió Grases á las filas, y áall yo á la 
*^^ - Andaba la gente alborotada, pero no temerosa, y como 
^*^t)an los tiros hacia Palacio, y no se oía fuego de fuai- 
"^^ ^ , no parecía empeñada la refriega, sabiéndose que la ar- 
^*^a toda era de los constitucionales. Me adelanté, pues, 
k la plaza do Palacio, y en el camino ya tuve noticia d© 
*l*i« pasaba. Temerosos, no sin alguna razón, los rebe^ 
'Vencidos de la Guardia de que no serían cumplidas las 
*f>\ilacioDes del pacto con ellos contraído, pensaron en 
' ^^tantarle ellos primero con insigne locura, y en su-dea- 
^•^to, en vez de buscar su salvación en nueva pelea, la 
"^^Saron en la fuga. Arrojáronse muchos de ellos por las 
'"^ tas que bajan de la plaza de Palacio á las orillas del 
^-^^aanares, llamadas el Campo del Moro, Siguiéronlos caai 
**^^ aunque algunos, más cautos, se incorporaron á los doi 
^^l Iones que, formados, seguían en la plaza, esperando. 
"^ r los términos favorables que la capitulación les conce- 
^uponiéndoles inocentes de la sublevación y refriega. 
. ^^tx comenzado el movimiento de fuga, disparó á loa íu- 
"^^■"^Cs la artillería, situada en las avenidas de Palacio. Ai 
^*-**ipido de los tiros, acudieron lo» vencedores milicianos 



y ícililatios del ejór<;itO, y so fnisiotvn á dnr alcance a los 
malíivoni lirados Guardias i-ealt's, fiiyo tnrror era tal, que ni 
su^ vidas dcfoinlian. rt.rriij iiii'itilnifnte no pora sangre, 
poif¡ui' ili-I'js- i'unsiitin-tonali'S la i-alialU^ría del ri>^' i miento 
'1l' Almiin^a, i-iiiTi.ná la sa/nti al^o f;iiiáu.-o liheral. ?>:■ cobo 
cií sus inrrlii'c- i-Miilraii<is. I-IsIhs Imian dispifi-^-ii i> mal for- 
niadü* lu rO!ta-< ¡■'"'rrinne^, A alprniins f|iit' lli'iíaron á i-om- 
ptni.'i-á iiii>di> di-' uíi cinTiin, [■.■•; fuó ■■'^iK'i'didn una i'í^jiecie 
di' (•a¡'i!i¡':i"¡un,|iiir lacua! se rindi'írou lu'i-^inii'i'rn'í ivrca de 
Ins ta|i¡a* ii.> 1.1 iral l_'asa de (.'aiiipo, r¡ii.vlaud" ('Xi utos de 
íasti.iroi'ii -;u<[i.'z--;i>iia^, [•'.n\v<- [auto 1j Miliida iKi'donal ontrii 
un la ]-b,7.:, d.- l>:ú:,<-i^ sin liarrrli^ r.¡",«¡rii.ii l,:.s ú-:i batallo- 
ni':id.'Gu:iidi:i<alli ^^illladMS en fuiT/.a muy er.T¡da. Si;,'uió- 

casa ival. A !■!•; i|ii.> ¡■cnsrilianio-i e.'un' vl', Unialia de pi/,o y 
nr>rii!lo, y ¡Um á Ij-? iudilV'ivm.-: 'Iidiia dai- pd]i.-í fi t-ontinen- 
t>-iiai'ÍMiial 'li- lili vi'ni'O'li'Vi'S inilii/iatii».--, riiya vieioi'ia en- 
tiinees, a<\iini--aíiada di^ la niud-Tariciii y alt-an/.ada en liiTen- 
wide tus IrVi-s, n-i eslaba einiiañada [im' la maü lijíora Súm- 
bra. l'.l Hi'y *>' faijet.i li su ssutI" do [ui^íLúnrro, vm íii apa- 
r.'nte iiidifuiyn'.da. i/^uirahan d-j el ent.'merí, qw a<oi'.i;iado- 
se á UM bal.'MU .1.- l'a!.'u-!o y \i.-ndi. !iu¡r i. I-s de la C.uardia 
i-ea!, man I' '|iie í'iii-ien |iia'íii-,;:nidí.s ai]ueilo-i r./SelJivs que 
k' habían tenido ¡,|■i-^i^.i^.■r.■J: m.TUii'a .■vl.!./;iU' lal di-lio, y 
niiniiui-en-idii. nada ¡ini'ialilL', ]ieni c|iie venia á «e¡- r\[.liea- 
eion ili'í ¡ni" 1 rc(iii:-ientad() ]ii>r el nii-nio Monaira, ijue si- 
fiujii ^ii'ii'lo l!"y iMiiíititai.-ional tan IVn'zad.i y i.'autivo des- 
pués d.- s-i \en.:-imi.Mi(..i, i-uantn !m i.'<ui\\ :iiiics, iieii.i ya en 
PÍiuai-iMn en (]ue su <\oV.':/. tenia n;ás la ind.ilf d..' dosea- 
la-ia. 



P, 



Tí- 






pe.ji-. :iin >\i.(..n''i'^i', enu 'jui-bra 

ra-i'vn un <:-:i:uU' d, niii-iiiu 

SU'i'dia e>to niativanu-nte a Ik 
niiiTi'io, liaría 'li-jadi> mueno^: i 



■ir no sor posib;,' 
m, ó In 'jue ei-a 
11 pnuio eaidtal. á 
11 *in limiíes, no 

'1 7 de Julio. Sin 



en,!.,- 



: dil'ieil liallai-ii:s suei'syres de basiaoto 




•^^^iidad y concepto, hubo en varios da sus amigos Ib, cle*-j 
í*™Hada idea de prefander que siguiesen gobernando. Y- 
8'"' por breves diaa siguieron haciéndolo á medias, como Íit-' 
.■termos, aunque sin carácter legal do tales. El Consejo dé 

k Sitado, aprobador de su sinjjular conducta eo los dias coni- 
«* áesde In sublevación del 30 de Junio ¿ la refriega del 7 
¿6 Julio, itiosiraba empeño en sostenerlos. Casi lo mismo 
quftPÍa la dipulacion permanente, pero embozaba más su i'fl 
4es^, y aun tal vez no ie tenia claro y decidido. Los diputar 
dos moderados, antes sus parciales, no estaban acordes, y 
l^6más se sentían desanimados como si ellos tambieu hu- 
biesen quedado vencidos en la recien concluida contiflndft. 
ÍMS antes exaltados, asi los de la oposición constante como 
los fluctuantes, que al terminar la legislatura eran, si no nú- 
materiales, poco méuos, ya opinaban por una mudanza. 
; Pero en punto á cámo habría de hacerse y á quiénes debe- 
'■ rianser los los nuevos ministros, nadie acertaba A resolver- 
f. Be ó á discurrir un buen arbitrio. Los diputados que ha- 
y. Man ñrmado la primera representación hecha á la diputa- - 
^ don permanente cuando estaban loe Guardias en el Pardo y 
r los constitucionales en Madrid amenazándose mutuamente, 
■ . y dudoso el éxito de la inminente batalla, volvieron ó juntar- 
I' se, agregándose algunos de sus compañeros. De la junta sa- 
' Uó hacerse nueva representación á la diputación permanan- 
le, llevando esfa vez la pluma, no yo, como en la ocasión 
',-- primera, sino D. José Canga Arguelles, si no me engaña mi 
!■ memoria. La nueva representación abundaba en frases ga- 
V lanas y patrióticas, como obra de un autor de estilo íácUy 
^ florido, pero en mi sentir decía poco ó nada, no expresándo- 
la ae con claridad sobre las cuestiones pendientes. Por esto yo 
'! ni firmarla quise, alegando con arrogancia que habla dado 
■ jnifirmayáun mi plumaájni partido y amigos enlahom 
t, del peligro, y que consideraba inútil darles la primera en loa 
p.días del triunfo, cuando no vela utilidad clara en las reaul- 
l''tM probables'de la rejA'esentacion. 



t 



^ 



CAPITULO XXIII 



SU scilor nrensa i. loe millclai 

tipBfiCórtlolia— El nuevo 

-B eiuo ÍB oornpQnÍB 

Kteaoi'<liriarius y vuelve 



>s en i& Pinza Mlayor.— 3s i>e- 
liniHtPT'iO 7 condición (le los 
. — Coiivócanae Corte» 05t- 
f ñ. IMadrid — Acti tud de lo» 



les.— Conducta de Riego.— Moroha. 
a del MiniBlerio.— Ij» campada de los conslltuoio- 
•ontPO las partidas realitHB.— Actitud de Frani^ia 
Y atiunoioe de la próxima reuiuoii de un Congreso en "V'e- 
roña — Apatía del Ministerio.— Trabnjosdo lae Corten.- 
Sdledidaa extraordinarias eolioitudae por el Gobierno. — 
IMscuíiion con laa Cortes. 



Corrían asi los (lias desaprovechados. Consumíame yo, 
y enliiacos, en un monionto de despecho y arrebato, cometí 
una de las más graves culpas de mi vida política, culpa do 
pocos sabida y por nadie hasta ahora afeada; culpa sin ra- 
zón achacada á mi en otras ocasiones en que he sido ino- 
cente de todo punto, y culpa que tal vez soy imprudente en 
confesar, aunque en justicia de m¡ confesión de ella cuando 
la hago sin necesidad, debe colegirse con cuánta verdad hablo 
al deCeudet-me en los casos en que me han sido imputados sin 
motivo, excesos de parecida ó igual naturaleza. Acababa yo 
de comer solo en la fonda de San Fernando, á donde me 
había trasladado á vivir el 7 de Julio, y me salí hacia la 
Plaza Mayor, o de la Constitución, lleno de desabrimiento 
e ira el ver que aún seguían siendo ministros Martínez de 
la Kosa y sus colegas. En la Plaza me encontré fonoada 
gran fuerza de la Milicia Nacional. Al verla, arrójeme hááft 
ella, y arrebatado comienzo á arengarla, ponderando sus sep- 
vicios, su triunfo y las faltas cometidas por el Ministerio, 



I 



TÍWparMdo al pea — B i H nlo Je éj^M^ ytgBM do d rm wm ili 
A bomicM que bsbtan pneslo kiii^f#ípiBtMH»d » pt^-ai 
da perderw, y acouqaado á la milíisall^iVÉi qoe gri •-■ 

«iC^ganlosroiawtros!* EacODtrólOMBai^gÜBeDmucrft 
mi mal consejo, pero no en todos loi milicáaiiOB allí pfoca ^ 
Us, y Aun de los que me aproba1>an pocos gritaron come» 
- quería }' proponía, por ser entonces la milicia de Mailrid 
general HCNuda, honrada y obediente. Acudieron varios 
CJales á recomendar calma á los gritadores, y constgt ~ 
• que volviesen á guardar silencio al cabo de breves esfue 
Mirábanme en (unto con vista torva, como desaprc 
con razón sobrada, mi conducta sediciosa; pero t 
diputado, nadie se atrevió á prenderme ó á enfrenarme, n 
debía, y aun no o! una palabra para desaprobar mi i 
bastando á los desaprobadores haber logrado que no p 
jese malos efectos. Viéndome vencido, empecé á & 
y áuD en mi interior me arrepentí de lo que hahja h 
en breve me retiré de la Plaza algo corrido, muy dess 
y BÍn ser seguido ni advertida siquiera mi poco gloñoi 
lirada por los circunstantes. 

Seguían así las cosas, y yo determiné irme é C(^ 
donde tenia mi casa y familia. Sea en mf un mérito, s 
falta, y ¿un cuando siendo en favor de mi carácter t 
hombre privado redunde en descrédito de mi babilidadfli 
político, lo cierto es que el descanso y el retiro han t< 
siguen teniendo para mí un hechizo irresistible. La vídl 
méaticn, los afectos privados, el campo, con algo i 
dad, la Iwlura varia y vaga, me distraían, aun en las é¡ 
más afunudiis do mi vida y cuando hervían en mi ) 
políticas ambiciosas, de la atención constante á la o 
mun y aun ñ tos propios aumentos en concepto y } 
que los hombros deseosos de elevarse, y de seguir ai 
altos y notados en la carrera política deben tener d 
nuo puesta la mira, líslo defecto mió, entre otros, es ctü 
de quo mi furtuna numa haya sido igual á mi fama. 

Ilctirérae, puos, ú Córdoba, dejando por resolver ol p' 
bUmn sobre si babrion de caer los ninistros y qulínaa t 




331 

ran de sucoderles. Pocos (lias había pasado en mi retín 
-Orlo recibí noticia de haber Miuisteno nuevo. C(!( 
niela llenos de gozo algunos amigos de la socie¿ 
L (¡ofl yo correspondía. De ella eran los nuavoa mimstros, 
1^ la obra de haber sido creado el Ministerio. Los comu- 
ps, que con ella habían obrado contra los ministros csi- 
, después de algunos tratos sin fruto quedaron excluidos 
oda participación en el gobierno supremo del Estado, lo 
I parecía á lo^ masones celosos una felicidad, dando en 
titguajo de la secta el Ministerio novel por justo y per- 
o. Confieso que no recibí yo la noticia con el gusto ó con 
esperanzas con que me era dada, si bien mi descontento 
en mí una inconsecuencia, pues no pudiendo á la sazón • 
diputados ser ministros, debía salir el Ministerio de las 
tes anteriores ó de los allegados á ellas, y en las tales ' 
tes no habían sido personajes de gran mérito los que 
aban la, voz y bandera del partido exaltado. La verdad 
que algunos de los ministros, en punto & mérito yi^u- 
on, ni á la modiania llegaban, y que otros, si pasaban 
personas de mérito, no parecían idóneos para los caraos ■ 
te estaban destinados. Nadie podía negar al nuevo minis- 
ie Estado, D. Evaristo San Miguel, instrucción varía y 
Wrta, ni buen entendimiento, y con todo, en el coronel 
(«dado á la cabeza de la diplomacia nadie podía, mirando 
ft hábitos de su carrera, á sus cuaUdades personales. 
Índole de su talento y saber, descubrir un asomo de apu- 
para su nuevo destino. D. Miguel López de Baños no 
ba mal en el ministerio de la Guerra, atendiéndose á ra- 
>8 políticas, y no chocaba su nombramiento como el de 
Miguel, D. José Manuel de Vadillo era hombre instnü-, ■ 
Oás que lo ordinario, y, además, había sido jefe político ■ 
813; pero su entendimiento, aunque no corto, era tiirdo, , 
ondicion perezosa, su carácter desidioso y regalón, su 
o de escritor y orador, pesado hasta un grado increíble;' 
'bre todo esto, en el ministerio de la Gobernación de VW 
9ipque le cupo en suerte, poco podia hacer, fuera de lo 
(Masen su parecer y voto en el Consejo de minUtros. 




Loa mioistuím i» la Gobamaeion del Roiuo y de Gracia T 
Jasticia fueron entregados á dos eKMliputados á laa C^ V" 
anteriores, 6B los cusles sólo el-ciegoespirítu áñ parlldcr P^ 
día haber encontrado calidades para regir \iü Eetjkdo. t-^^ 
Francisco Fernandez Gaseo, el de la Gobernación, sbo^^"^ 
de un lugar vecino & Madrid (Daganzos), se había acroí*'* 
do de hablar con facilidad, esto es, seguido y sin corlaC^* 
pero sus discursos no pasaban de ser trivialidades medifci*'^, 
mente ensartadas, porque carecía enteramente de concJ*"^ 
mientOB políticos, sí por tales no se toman cuatro máxia^'i' 

* generales, no de las más sanas ^ ciertas, y tocante al MM*^ 
nejo de los negocios, era de todo punto novicio y no DMÍi^i 

* traba disposiciones de llegar á ser muy aprovechado. El 9^ 
níBtro de Gracia y Jueticia, D. Felipe Benicio Navarro, a!BM 
gado valenciano, también sabia poquísimo, hablaba nnyjT 
estaba lleno de preocupaciones violentas contra los mi ' ^*' 
dos, faltándole todo vigor y tino para ser un revolucii 
temible. Agregúese á lo que acabo de decir que los mi 
de ambos personajes últimamente citados, no eran de 
más finos, aunque Navarro excedía á Gaseo en lo toi 
para complemento de mala fortuna, la presencia del mio.'JS? 
tro de la Gobernación, pequeño y vivaracho, y la del de 
cia y Justicia, corpulento, mal formado y con un parchei^ 
un ojo, no eran de personas ñnas, sino todo al revés. 
pletóse este Ministerio con un ministro de Hacienda 
no, quedándose asi sin proveer deñnitivamente el pui 
superior importancia en un Gobierno. Era la persoiía 
fué encomendado este cargo un empleado antiguo ea 
cienda, llamado D. Mariano Egea, de mediano mérito, 
ignorante do las rutinas de su carrera, nada arrojado, 
entonces nada señalado por sus opiniones políticas, al 
sen? ía de recomendación ser de la sociedad secreta á' 
correspondía el Ministerio todo. 

Aunque yo, como dejo dicho, vi la formación do este 
nisterio con no poco susto, naciendo mi temor del 
que acarrease descoacepto á mi partido, nada dija sd' 
á BUC8B0 de tanta nota, y sólo comuniqué mis tsmott 




1 particular á Istúriz, que, recien cerrarlas las 

1 hahia trasladado á Cádiz, sin haber esttidoon 

:^7 de Julio, ni por consiguiente tenido parta- en las 

idas de los dias á él inmediatamente anteñores y 

)res. 

kba más que mediado Julio cuando me recQgi yoá 
a, y allí pasó los meses de Agosto y Setiembre de 18S2 
pleto apartamiento de los negocios, y con más satia- 
que todo cuanto había logrado disfrutar desde algún 
hasta entonces. Pero tan felices dias de retiro no 
durar en aquella época de borrascas para aquellos 
imo yo, tenían que participar en la dirección de la 
1 Estado. Fueron convocadas Cortes extraordinarias^ ■ 
isistir li ellas salí yo de Córdoba en la noche del 80 
^mbre con mi amigo D. .4ngel de Saavedra en silla 
i. En el dia anterior, un violento terremoto, único. 
ue he visto ó notado en mi vida, conmovió la dudad 
Toroso estrépito, á pocas horas de haber amaneado, 
Q causar estragos á pesar de su violencia, que sacó 
camas en medio de su sueño y llevó á las calles casj 
osa muchos de los habitantes. Si hubiese sido yo 
;icÍoso, habría acertado vaticinando que me espera- 
os días de quietud, siendo los embates que de aUi i • 
vo la España política, no inferiores en lo recios á los 
sintieron en la tierra material en el dia á que acabo 
¡r aquí referencia. 

^é á Madrid en la mañana del 3 de Octubre, dia as- 
para la última junta preparatoria de las próximas 
extraordinarÍ3<!, y en la cual, á uso de aquellos tiem- 
ledaba constituido el Congreso y era elegido el pres^ 
|ue había de serlo en el primer raes de la legislatura, . 
loantes de la sesión regia. Encontré avenida ¿ lami^ 
compuesta de masones y comuneros, en que alterna^ 
I la presidencia del Congreso los de la una y la otra 
td, y en que se diese al Ministerio constante apojo. 
D obstante, asomaba ya á medias una oposiciOD, flie- 
\ que harían los moderados paroisies del Mini^tsrio 




aateríor, caido de resultas de los sucesos <lo Julio. Contpo 
Díase de loe más extremados y de los más ambiciosos ea lot 
comuneroa, y se iban allegando á ell^ malcooteulosántet ' 
de otras varías opiniones, ó nunca real y venladeratneuttó d« > 
opinión alguna couocida. En esta oposición incipiente Sgi>^ 
raba en primer lugar el famoso pcHódico titulado £1 Zttr^ 
riago, el cual, por su indudable y constante inturés y por 
misma esencia, forzosamente habia de bablar contra el 
bierno, y no asi como quiera, sino en términos de úgrüh 1 
vectiva y sátii-a mordaz, porque todo el mérito, toda la " " 
y todo el pi'ovecbo de tan célebre obrilla y de sus aul 
consistía en el más á menos ingenio con que zaherían y Ai 
conceptuaban á sus contrarios, y sólo agrada la ceasura 
lenta cuando es empleada coot^'a los que mandan ó pi 
minan. Otro contrario, que lo era un tanto disimulad**^ 
también no poco descubierto del Gobierno, vino á ser Rii 
cuya condición inquieta no se avenía con obedecer, y 
incapacidad no le consentía mandar, conociendo él u 
esto último, y creyendo, en su vanidad, desinterés su 
cha de lo flaco do sus propias fuerzas. De Riego había 
do el descabellado pensamiento de hacer á San Miguel 
nistro de Estado, y de San Miguel, más que de otro a)^' 
de los nuevos ministros, estaba descontento el general, 
quejas apenas podia él articularlas, siendo vagas y 
aae. Una de ellas dará idea del carácter del célebre y 
lar personaje que tanto pape! representó en España en aij' 
Uos dias. Cuando en Setiembre de 1820 fué Riego destinJ 
de cuartel, ó diciendo las cosas como son, desterrado á 
túñas, desempeñaba el gobierno político de aquella pri 
cia.D. Manuel María de Acevedo, caballero de aquella ta* 
ra, emparentado conloa principales de ella, hombre de 
guna instrucción, honrado, firme, y aunque muy an 
constitucional, grande admirador y amigo de Arguelles; 
lo cual, prefiniendo al restaurador de la libertad el pat 
de la misma causa, trató al general castigado, si no cob 
gor, con bastante desvio. Dolióse mucho de ello Riego, % •* j 
conservaba viva la memoria de toda ofensa hecha á su 'f^^ \ 




V á' su interés, y <)ue si bion ocultaba su carácter 
n aparicaciíis y aun con realidailds de impetuo- 
tránsitoría geoerosidad, gustaba, como todo personaje 
, de perdonar ostentosamente, y no -de que otros disiniu- 
lo hecho contra su persona. Así, hubo de empeñarse 
Le fuese Acevedo separado de su destino; y como no lo 
, fundó en ello gran f|ueja, teniendo la imprudencia de 
car como agravio la falta de satisfacción á su deseo de 
anza. Aparte de esla queja daba, como dejo dicho, otrai, 
kidolas en razones de provecho común que no pasaban 
r vagas acusaciones de debilidad en los ministros, re»-. 
á sus contrarios de varias categorías. 
ero cuando llegué yo á Madrid y se abrieron las Cortes 
ordinarias, Riego, despechado, se había ido á AndaJu- 
londe no habia estado desde 1820, y donde iba en bus- 
aplausos vulgares en el teatro de su antigua fama. SI 
iago, si bien lio paraba de zaherir á los ministros y 
da la sociedad por él comenzada á calificar de la de tos 
anos pasíeleroií, aún do era reconocido & las claras 
' representante de Los hijos de Padilla, ó comuneros, 
ue él se arrogase tal calificación, y lo general déla so-, 
d comunera, descontenta, pero sin llegar á romper en 
Jga de la masónica, aún no se atrevía a dividir desem- 
lamente á la parcialidad exaltada predominante. , 
sta vez era yo representante de un Soberano Capitulo 
cuerpo gobernador de la sociedad de que era parte y 
lor el Ministerio. Riego la presidía, pero estaba ausen- 
18 cosas caminaban, pues, con mediana prosperidad, 
a que ¡a vista menos lince dejase de divisar males gra- 
a lo futuro. 

i los ministros empezaban á dar pruebas de su corta 
[dad y no mayor audacia, siendo asi que sólo por aor 
: podían salvarse, y que su timidez no los libertaba del 
■ de violentos, que le hicieron á la par realistas puros 
derados constitucionales, ni del de cobardes contem- 
ves, que les hacían ú. media voz los más de los exalta^ 
e la comunería, y en muy altos claros acentos al 



guiioí |iico3. Ya habiiin publ¡<"i'li:) un iiiiinifiesto harto mal 
C5ITÍ10, ;i iMísar <!»■ «[uo San Miiiui;! y Vatlillo no dejaban de 
sabi.T iiianojar la fi!um;i, si bii^n fon iniíorreccion el prime- 
ro, y el t^f,:;iinilo i-mi tonina pCriatli-z; inaiiifÍL-stO del cuíil ha- 
bía "'li<-bo V-l i.i-rÍt.Ji.-o fraiKV's /thri>. </<; lo^ Dchatfít, rriti- 
ranilo cu i-\ una iiu-cilbra mal sr,v'iiida, i|U.> bus amores, en 
los |Kin)s (lia-: ijU" lli'vaban 'Iií ;.'nh.Tnar, si' habían denioa- 
trailo tan luab-s csi-ri toros cunutniMilitiiios dosai-eita-los. Xo 
íiH' nuií-bii iiivjur i'l dÍM-iirso di; la Corona, más ili^no de 
censura <iui' por su oítilo, por lo pubiv di- sus jn-nsaiiiien- 
tos. Mi' loiM cii sucru- escribir la rcsjiuosia, i'onio en la le- 
gislatura i.irdiiiiiria aulrrior, y nn lu bice ron más acierto 
en O'ita vr/. >.>^uuda ijin' i-n la primera. Pei'O la diíicufíon 
dtí la ri^spiii-sra al disL'ui-vo d.-I ii<:\ era enti'.nccs breve y de 
ningún ■■iiiprñii, iioriju.' prcsi-niaban los iniíiisiros Memo- 
rias cuy) i'sarmii di-hia constituir el ijue so liiciest* de la 
oondiici,! si'jíuida ¡lOr id Culjicrno fii el plazo <[ue- dividía 
una ih'. nu-ii legislatura, I.aü presentadas en esia ocasión dea- 
cubriau ciiáu ilcsiírual era el Ministerio ú lo critico do las 
cii'cunstancias en 'pie se velan él y la patria. Ardía en üuta- 
luüa la .nucrra civil, al,^o dcsi-iiidada [mr el Ministerio aaX6- 
rior. dailo á mirar ron más i'ccclo á Ins constitucionales ex- 
IriiiuadMS .pie á ios enenii^'Os de la (.'onstilucion, y propen- 
so ]hi>r la mi-iuia ciiusa, durant..; alpim tiempo, á oit^er poco 
en las l'iicr/as ¡le Ins iiliiiuos, poiv|ue las declaraciones de 
los primeros las abollaban i.'noriiienienie, y sacaban de la 
pondcrai'ii.iii luoiivn-: para /ahcriral UubierniJ y no respetar 
al R"y uii-ino, cuya paii¡ci]'aciun en los actos de los n^alís- 
las rebeldes era, pm- ...iro ladu. iiidudabie, y estaba mani- 
fiesta. \'.n e*ie puiilo no babian ]>ii)eediilo mal los nuevos 
miiii-^tro-i, punpie liabiaii enviado ii las pruvincios dfl anti- 
puu l'i'incipad.i fuer/as baslaut" ¡lumeii.sas. ouyo niaodo 
fué eneoui-'ndad'i á Kspoz y Mi un. célebre lodavia, y que en 
la camparía '¡ue abrl-i, si nv dio aumentos á su antifiua 
fama, (a!iip."'Cii \y d.-jii padecer i-'rado alguno de menoseabo. 
Kn ulra-; ]'ri'vjncias, la rebelión rcaüsia, si no eon tanto 
eijei¡io. le tema más ó iiiénos visible, Quesada guerreaba 



"revínclas Vascongadas y Nav&rra coa inediaiía 
Por Aragón corría con algunas fuerzas D. Antoitíu 
1, llamado e\ Trapense, porque después de halwr 
la carrera miiilar y vivido una vida alegre é inqaie- 
ibía rtxiogido á la religión de la Ti-apa, y el cual, 
su profesión Hutigun, si bien guerrillero máaquA 
fanático y fflroz, corto en tuces y rico en preoctipif 
/ extravagante en bus modos, por su carácter Pfllír 
jor sus faltas y hábitos de guerrero singular, ejer- 
! ios pueblos poderosa y fatal influencia. En otros 
de Espaüa apartados de la frontera de Francia, 
an partidarios de la misma causa monárquieo-rái- 
láles de ellos salteadores de caminos, cuáles fané- 
muchos hermanando las calidades de las dos dife- 
irreras é iDciinariones, fáciles do avenir en aquella 
ho8tilidadi?9, como ya lo habían estado en más de 
m de partidas durante la guerra de la ladepea- 

más que toe negocios do lo interior del reino da- 
cuidado los de afuera, y particularmente nuestras 
3S con !a vecina Francia. Dominando allí desde 
)s de IS'JS el partido realista extremado 6 pui-o, por 
del ministerio constitucional 6 semi-realista preBi- 
el duque de Rirhelieu, Ministerio que tampoco m¡- 
L buenos afectos á la revolución de España, los pW»- 
la causa de la antigua Monarquía española e8t&- 
iros de encontrar auxilios mejor ó peor disimuIadM 
ritorio rayano del que habían escogido por princá- 
de sus empresas guerreras. Con motivo du haber 
ola fiebre amarilla en Barcelona en 1831, habiaa 
los franceses en la frontera lo que llamaban un oOP- ' 
itario, y era un corto ejército de observación, prth J 
demás, de la parcialidad realista española, de ((qxi 
abierno francos mal encubierto amigo. Algunas re- 
ines había hecho contra la amenazadora preeeacÍB 
tropas el Gobierno español, á las cuales habla rea- 
Francia con evasivas, si bien en la ocasión solem- 



■S3B ■ 

aa de b^Ur Luis XVIII desde si troaioá'tai^ Cámaru^ lora 
lila asegundo, coD. grave qmbraasfamittKo de la t«r(Ud,rit 
Üólo la malevolencia podia atribuir al cordoo sauilario dt 
la frontera otros objetos que aquellos A que estaba osumi- 
blemente deetinado. Sobre este punto, el Ministerio pttfi* 
dido por Martioez de la Ro^^a también era digno de üñiiBB- 
ra, pues tirando á aplacar á la corte de París, ó prefiriendo 
en los destinos ú los que so inclinaban á la Monanjuii nms 
que á la revolución, cuando la revolución era em'üii'il 
estado de Kspuña y la calidad precisa de su Gobierna n>'' 
enemigo acérrimo era la Monai-quia, aunque había i>'1íi- 
mado contra la conduela de la potencia vecina, lo hain ' h'" 
cho con sobra de prudencia y conservaba por su riLim-i:" 
plenipotencia rio en París al marqués de Casa-liuj'. '"i" 
pleado antiguo y du mérito, pero coni^titucionnl tibin \ ^"'i 
dudoso, que si no falló á «u obligación, hubo de ilcwUi** 
ñaria como quien lo hace por una causa que desapnieliSt')^ 
personaje, en suma, que mereció de Fernando Vil, rastWJ 
rado en su poder absoluto en 1823, ser nombrado su mío» 
tro de Estado en 1824, época en que sólo los realMH 
extremados, .y aun los señalados por haber aborreciste] 
Constitución y bochóle guerra, gozaban de algún infla|*9 
crédito, ó siquiera estiiban exentos de los rigores de "^5 
persecución violenta y extendida. Coincidía con la evií^J 
malquerencia di; la Francia á la España constitucional» 3 
beree que estaban pnKimos A junlarsí; en congreso eo ^^ 
roña los Soberanos ó ministros de las cuatro potencias *» 
ludadas como por antonomasia grandes, esto es. de ^^ 
tria, Francia, líusiii y Prusia, asistiendo asimismo aHÍ* . 
representante de la Oran Bretaña, superior á todas ei» * 
der, y más embozada, aunque no menos vehemente y 45*2 
enemiga de la i'C\o!ucioii europea triunfante en Eaptf^ 
congreso en el cual iba ü tratarse del estado de la peaM^M 
española, y sepun era de creer, á resolverse poner á'dflÉ^H 
monarquías peninsulares bajo el poder de sus royesKífl^ 
antes de las últimas revueltas era ejercido. ~ ~ . 

Cuando se veía venir encima tan recia tormenta; lo» ^i* 



. nütroft de Madrid aparentaroii.coBSiderar.Bereao el liorizon- 
to,yáanproo8dÍBroD como BisólosadDdABQ bonanza. Cabal 
. ia«Dte era esto lo que ellos miamos y tos de la parcialídju) 
hablan vituperado tanto eo los anteriores ministros, y por 
' lo mismo, esto les echaban ea cara los comuneros desooo- 
téntos. Asi fué que afectaron vei' la.s cosas un su estado ' 
ordinario, salvo en lo tocanta á la guerra de CataluñsL y 
de alguna otra provincia del Norte. Poi' lo mismo nada con- 
siderable pedían en punto ú gente ó dinero para hucer b6a- 
te á graves peligros de dentro ó fuera del Estado, sino me- ' 
raniento un ligero aumento en el ejército y fondos en corta ' 
cantidad sobre los votados para el presupuesto ordinario. 

De este modo, las Cortes uxtraordinaiiu^, convocadas en 
dias du Uinto apuro y poligro, nada ó poco tenían que hacer, 
y se pusieron ¡i dincuiir una nueva Ordenanza del ejército, 
asunto de los señalados para examinarse y resolverse en 
ellas según la real convocatoria, porque con arreglo A la 
Constitución, en las legislaturas extraordinarias no tenía el 
Congreso la iniciativa en negocio alguno, si bien es cierto 
que se la tomaba con frecuencia, haciendo los diputados 
proposiciones que eran admitidas, no obstante ser anticons- 
titucional el acto do hacerlas. La Oiilonanza de que acabo 
de hablar era obra disparatadísima, y no ee mejoraba al irla 
discutiendo y votando con poca atención, pero sin faltar 
quienes hiciesen á sus artículos adiciones y variaciones vo- 
tadas después sin cntendorso y casi sin oirse. 

Tanta ft-ialdad parecía mol, sobre todo á los que se hA- 

1)laD quejado <fe que los ministros anterioras atendían poco 

Ala salvación de la patria, que era costumbre, según los 

pensamientos y lenguaje revolucionario, considerar en peli- ■ 

gro, no sin razón en los dias do que voy aquí hablando. Por . 

«sla consideración hubieron de juntarse varios diputados 

. ' masones y comuneros, de los que habían constituido la opo- 

' aitñon al ministerio de Martinez de la Rosa, y estaban dj^ 

miestoB á dar apoyo al existente, y, juntos que estuvieroo, 

. oetenoinaron hacer una exposición al Gobierno, pareciendo 

. é elIoQ y á. todos que con hacerlo no ^e excedían de su pa- 



:H>) 



\)<ú íltí ininislcriulfs. íiH exposición, Bxtoiidida, si mal no me 
;ii;uordo, por D. Josí'i Canga Ar'íütillos, so componía de fra- 
ses faltas do sentido tijo, pues nada práctiro aconsej ¿ibau. 
Lo rierlü era <iul* los fiI•l::ant^'^; deseaban hace?* al^o » yn^ 
Htinabau con un binn inicio d^* satisfacer su deseo. E5I M»- 
nislerio, por nu dejar la exposición sin res]>uest;i, ^' P^*" 
(Hra partí.' roniD ;.iK',urándo-<' di* *jue le dieson idras d *-' 'i^** 
i'arecíiA, })ro[)i]Sí. v.'tri.'is Cí.-as, á ípn- di«'i el noiiibrt' d*--'* ^* 
f/idas cjL'írao/'d-nff/'/fis, n^ducidas casi todas á diirle fa*-"^^ ** 
d'-^.-í contra Ins sí^-pcrlio^os ilr desafectos á la (.^:'n'-tillx *-''*' 
V itMiniiiaban ron nroiioner riue s»* anrje.<en las soci«'C* " 
parri'>'ii(..as; recornmdaeion útil xdo |)ar-a Madrid v ii- ^^ 
Dtro pi*.:'lM, put< i'H niuchc's de j>rovincias abiertas? 

Pa-^') el asuíiin a una ri^mision <k' nuo fui vo i)arle. 
fnó la ejiui.-ion imh* n«'Mil)]-e el di' la r/e mc.ilMln^, \ Ii^ di ^ 
por esto (■! d»* coin¡-i(»n rA' santrc-s, sio^uiendo la co^tumbrttT'^ -^ 
nf^ral en los hcnibr»-^ <\o ir-atar burlescamente las c.<j>as ^ *_ ¿ 
serias. Dimos, conm era íie suponer, nuestra aj)r<'»baciO' ^ 
euanto el Gubit'rnn |)r()ponía, tocjinTlome extender id di ^ 
men. Publicado que fué, ánle^ de empezar á discutirse 
margen á diversa-? opiniones ♦•n los periódicos (pie \\c^^ 
han la voz de \n< diversos bandos. Derlarúse furibundo 
Zii.rriaijo contra la mm-csion de eniirme j>oderal Oobier 
\ fue bien \isto jx^r la tur!)a de sus admiradores. No nier 
contraiios ;'i !•' j)n»pnes?o [>or la comisión eran los án 
moderados. Al revé< \o< iNini uñeros diputados, do 1(.>> cr^ - 
l<*s liabia \ari'.'S, n d<- Ií;^ de niás influencia en su sociedt-* 
H'i la ]j:i¿ni;i C(inii'-i<'n, >e jtn'.'staban ííusIoso-. ¿i re\es '^ 
al Gobierno »íi' h -ü'-ndura i'evolueii.»nar¡a poeii menos qt 
e>inpleta. ^^.. 

Al entublur-'- ia di^i-usion pidii-ron la palabra contra ^^^ '^ 
j>ropuesto por !:' eojnisiiin lf>s niodt'iadi.)S de m;i> nota, capí' 
raneándolos Ai trriidb.'s. N'(i iiabía, sin ombariio, en la oj»osi- 
e[íiM M'.i .va, pasinn viva ó intensa «'onio la que en la le<fisla- 
Lura ai/r.ior liabia movido ú los miamos moderados ú de- 
leider .;l Ministerio, \ á nosotros Ío^ exaltarlos á ••oml»ati^ 



FJ 

:^o, 

os 




• • 1 1 

^:u i-s ricirc tjnt^ nr (ni:t>> ;..< in<jilt'i'íidüs opuestos al Mi- 
rio e?ítabíin ::náiiiiiK> fii vii modo de pensar ó de sen- 
urique pro«-eí]¡t*.son ;írord<'^, pues de ellos, unos, entre 
jales s:e c.nif.'iha ArgílolK-s, por (küo jil Rey y ala cor- 
ifocto apasioiíailo ;i. la C'OiisrüUí'ioii. rijyo peligro era 
nu\ dis[)utali;iii con lo«: ex:iltado>i r. .nio de malagana, 
e^ licito d»'cirl<) ji>í, í'orno se disputa en una faniilia 
e hay [);irccrr»*s di^curdt^'^ y no Inrmal desavenencia, al 
«|uc oirfK dr la minina p.Mi'ciíilidad, mas dis;L^ustados de 
\rrsov (\r la rc\(ducion \ deseosos ije un:», reforma en 
\cs c<'iiv.iii 11, .¡Olíales j)or donde \iniesen á cobrar fuer- 
pot»-siad F' al > las cl;ises ahas del Kstado, si no mOF- 
II tnrjí, vij o-lj.) i\ ln>, nuevos mlnlstros, e, r a porque esta- 
.^uai'huido lina orasion o[)íH'íuna de contribuirá una 
inza al^ío niíis ¡ni[>ortante que la del Ministerio. Aun á 
ilíiuia no a^[t¡iaha entónc»í< Ar^^üelles, que se conten- 
•oii drsapF-nb.'ir las piopíísicinnes hechas por el partido 
• teiial y comba! ¡i'la<, pero sin intención ni deseo de va- 
jíi en <ii- [.t'i'vonas, a la vazon encai'í;"adas del Gobier- 
stando adeniíís pei'siiadi<l<"), según de(*ía en i.'onversa^ 
s [)aiíicii¡aiv<. de qu»' •<ien<b> en bi Constitución vigen- 
[lartr. Maca 1;» [»of«'<íad ejet'utiva y aírregóndose á este 
•1 d«- -.«'p •'! princijie reinante en(Mniíí;o de sus con- 
)s le-^p. iii-.al'i«'> b'ualos y aj»arenteR, era necesario pro- 
cíui [íiilsr) \ cautela al hacer una oposición cuyo triun- 
fe l"-iará, b.ihn'a dt* ser funesto. Notábase en el trato 
•ulai- •Jtl ni¡>iiii» Ar^iíiellevi t'Star án^es bien que mal 
e<íi) i»'spe<t(( á I«>s (^uf sí.)stuniamüs al Ministerio eu 
or<t<. listo iií) ob^ti), «'oTiio dejo dicho, á que se opu~ 
á la- l.nii<j>a>: medida^ extraordinarios. Combatiólas 
<iio en ^11 paite in;is fuera de la razón y de la práctica 
las tiaci<»n»'s, qu»* era en la^ disposiciones por donde 
.s cla^e< •iitrras '¡urdaban <ujt*tas al poder arbitrario. 
' forinn.M tuvo al oponerse ;'i que fuese armado el Go- 
de faculia.d«-í para [¡rendí-r y dettmer presos sin po- 
stín juicio, á 10*=;; <os[)echados de trazar la ruina de) 
irno exisfcfvc, [^uef^ e'<tíí parte de lo propuesto por 



i 



I» eomifion lo mis razonable de enasto <■ 
nMQ, lo «nilogo i la prsctícs de otras i 
apuros y peligron, y [o casi indispensable eo las d 
daa en que eataba Es[iaria, llevó un voto negativo por^ 
ádo número 'le diputudij?-, entre los (.-ual<^ se contaban ú 
pocos ardientes defensores del MÍDÍf!terio, cuya igoorand^^ 
acorde con la '1k! [lúblico en general, no les dejaba ver qvw" 
dábao un golfití á nuR amjgoti, duro pordeniá.<i. y que eñ' 
malquiera otro gobierno ronotitucionnt los h.tbria derñbar" 
do. Los pobi'<;E iiiiuistrús. (jue en discusión para elloa dé 
tanto empeño, aiK-nas habían abierto la boca, y cuando ha- 
blan hablado lo habían hecho con poquísimo lucimiento ó ■ 
acierto, quedaron algo confusos y sentidos de su derrota, 
bien que sin pensar en hacer renuncia de sus cargos, pues 
no se creía entrtnces caido ó incapaz un Ministerio porque 
callase ó aparecíRRe dusairado en las discusiones, ó porque 
perdiese una votación en un negocio de importancia. Ers, 
sin embargo, foraoso remediar el mal padecido, porque pare- 
cía imposible llevar adelante las cosas en horas tan críticas, 
sin poder para tener presos á los que trazaban rebeliones, 
si bien, pensándolo mejor, debían todos babei* conocido qus 
no observándose en punto ni ocasión alguna laslttyes, tan- 
to poder teniau los ministros y quienes mandaban en las 
provincias con las fscuItadeB que se tomaban, sin respeto 
por BU parte, ó aun por la ajena, cuánto podrían tener con 
Isa más latas que les diesen las Cortes. Esto no obstante, 
como al desaprobarse la medida propuesta queda resuelto 
que volviese á la comisión el articulo desaprobado, ella le 
reprodujo, convlrtiéndole, de racional que ora, en absurdo, y 
así pasó después de haberle combatido de nuevo Arguelles,, 
y soBtenfdole yo con otros. En punto á las medidas restan- 
tas, hubo ya ]>oca oposición. Sin embargo, si no me engaña ^ 
mi memoria, una de ellas em que se encausase no meaos ' 
que al Consejo de Estado, porque había dado, mientras i 
taba pendiente la sublevación de la Guardia un parecer, 1 
atinado, eo verdad, según me parece hoy mismo, poro J 
jK>r 6bU> digno de más que de ser desestimado, i 



ctAtno, lio merameDtfl dií 1» iojustída, sino ile la locura, su- 
jet»rá pena lo <jue era cumplimiento do una obligación la 
más lilta, Indicóse al miemo tiempo que debían ser encau- 
sados Ips que habían RÍdo minietros en los días di> la 8U- 
tcion de !a Guaidia real, idea en que habla desacuer- 
0, pero no verdadera injusticia, si ya no es injusto 
licio & aquellos cuya causa es imposible que no 
^Tigueií las pasiones del údio ó del miedo. Sobre tisloa 
untos nada hubo de resolverse por lo pronto, ni llegó A ha- 
' resolución al ñn, atravesándose incidentes graves y 
tinosos, de que habré de dar razón más adelante en esta ' 



'^1; 




CAPÍTULO XXIV 



ViAje de Rieiiu 'i. An<l»luoia.— RiUiouleoeo y exoeao» «W*- 
oomete.— Laa sesioneoiiel paerpo nupremo lie la jmtmo- 
nerfa.— Recelos y tliviaioiien en loe si-iipos oonatitucion*- 
1«a.— Procedí mié ntOB contra les autores y promovedo» 
F*s de la rebeUnn. de Ioh OuArdiaB.—A.cij «ación oontrft 
Martineiz de In Bons y sus compníieroe de Oablnete. 
Rompimieiitoconloscomuneroo.— líRBOoiedailIjanttBÍJii- 
i'ifiíiB.— UÍBourBoa del BUtor y condiciohea y prendas d#> 

Otros oi'Biloi-cN F'olleto del autor deten die ndo 1k maao- 

neria. 'En enviudo (^omo reprosentante de Ion nia»one>¿ 
Ib sran /Vnainblea de los comuneros — Sntreyista et\tv« 
LoBComistonadosdeamliaH sociedadespara entablar aun 
avenencia.— Las Besionesdel Conareso de Verona. — Cur- 
Rode la euerra civil. —Conmemoración del alzamiento <Ie 
Xi(m Cabeaníi. 



Trab;LJ;il:L ciiiru (unto ul {>obieriio oculto constan temen te. 
y tle otro inoilo 'jue antes, pues había pasado á ser director 
del Gobierno ostensible y legal. Eran curiosas sus sesiones, 
las cuales vino á presidir Riego, recien venido do Andalucía. 
Bien será licito que antes de hacer la pintura do tidcs sesio- 
nes, diga algf> de los últimos pasos del célebre personaje 

_ que figuraba en primer término en la historia de t^spañade 
aquellos diaíi. Desabrido el general con los ministros, se- 
gún poi'o ánles dejo aquí referido, y malcontento con la 
ociosidad V oscuridad á ella consiguiente, pasó á recibir ob- 
sequios y hacer de predicador de una misión constitucional 

.' «n las provincias que habían sido el primer teatro de sus 
tratxyos y renombre. Oía vivas á su persona, y cantarea en 

' , tqOB ¿I hacia parte, con voz nada dulce y no muy%DO oído, 

;^J Um de lo cual hablaba á turbas más ó mAiu» numerosas 



:i4ti 
'Hii^ít oirlt! ncucliari, iIíi'¡i-ikI'.i •■ii i-«tilu jit.r ileiiiás iiwlep 
ln iriv¡!il¡íla']i:>> ¡'i uiiixiiii;i- di'-ijifiíKnJjs <U- puliiica. i q 
íijírtigabit j't'tis.-Miih-nluíi r<-lJí;ii'í-'i>, hijos <{•■■ >u fu, aniH 
.l^?í:|■;ullilmll;^.^ill.■^.■^ll.y|-¡l<u•il,^.■ll.-llllí.^'li.■^Slip^aidoeDI 
pciblíinoii. ?ii' Iri-^liiil.-iba ;i i'lrn !iii'|.<tii !;i f:in<-¡ün que 
l;.K;iiil.-i'U)r.-ss.H>' lu>l>¡r"l;"ln. |-,j....n |-..n!.,h!. si^iIkU 



IHVSi'lH-LL. lili iliri.li'Ml.- .1! 'IH- 1 


'..II ,.- ij.li.'iuo ■^■- mez 


hnsiL(iHi- li. \¡rii]ii.'i;il.l.' > :i'ii) 'ii 


!in).-:i... N.. ..Iisinnli! 


i'fj>pli(lfi ;i\isii-^ ijiii' liiil'i:<iii"S iIlii 


|,,;niVi.-l,i,. ,ü-,.u,-raldi 


ivvólucJ.'iiiiarafjiii'iMi iiiii-i(ri-;>' 1' 


a\"j- ,\ m-fuiis todavía 


IVix-iH-i:i, al .losiinríilíKi.. .■.■l,.í,iti^ii 


.■■wji¡i-^|. tini.iibasuCJ 


Jlan, \ (.■u\..nomhiv.-raS..ii-,a, ü 


ol-tiiM ari-..],..lla<I..r it 


lit!ruli-s .'ii ISH y lio iiii^ni..-; l'-i'../ 


• 'iiiiii-a lo^ lliitiiailos! 


viles liiOgiMjiiofl jii-m Y im-ivi-l. 


■ !.. .liiiM irain dado 8 


vicios li; COTIVÍTÜÓ rlí lO .|li.> ,M i'.- 


1¡Kiira1ia lal \--i serct 


iilui'ioMiil,líicí.'ii,:il aivi'i ;l's.; :> i'i 


■ idJia. r.-ril,i„m, stiii 


lie ai'i-.'i'i(i á Suiísa. (|iie saliii ¡i 1/ 


u.-u iio.-liu d.- la fiudl 


iwibirl.-. l-:raál;i s;»/.uii nl.i-.i>o '!.■ 


a-iuHIa tiió.vsi.tdsí 


Trevillu, sujeto tli.'<.MU'lii:¡<iri n]<;i'' 


■iblí-, ■.>b-'"iui(i«ij V suD 


■A (.iobieiiiM. .■¡.-riaiiuTit..' nu.lu.-.r^ 


i.>Hiálnr...iisiitui-ion, 1 


tampüi'o MI rimtrann ■U'>.i;iibi''iii'. 


ilf ■]ui''n iiitiiiuna 1 


WníaiiiO" Ifs (]iii' á su lari'. Iialihin 


Mj- i-ji'i-ciiiü uiaiidus ei 


i'.ivil, (1(1 i.-yriM inllujii i-cii su ¡^l-\ . 


j.i.r ii'i tiiic'i- las Jira 


■f.i sami'iaJ 'isti'Tiii.!.a >■ si-\i.-ra -j 


u... s.'ll.-xati ifa~Hla 


■•IWuniln-.;. \ al t-tial liaría la -'i 


i-.-,i„Maü,-ia .!.■ liab,T 


•^iii|>üna'l'i 111) itll'.i i'at'^i' tiiijíi '■] ^1 


:.bi.'ni..U-jMM-\aiiül 



,V pu(.'sl('>«c a) i-mlln hii'i,],-iillaiii;iii:i ¡i.o' •■[ ,v\ jnii'uso; 
•le España, \ yn- vi \u\lío ia •]•' ]:i /.•rii,i¡rr,'i. |iri\ abane 
cKPtu gruiin ilid inlliiji.i iii'i-.'S.iiii" |'ai'a f'-isiij- n-n buet 
i'(^so á !a aiiiiii'iiiail '|tii^ cii Í:i riai-¡'<ii iloiiiiiiaha. Pei-0 
iiljisjxi, ron i|iiifii ■■la tan IVn.-il _\ lialin siJ.i .■omiin viví 
liuirua a\.'iir[n:ia It-i nuistiuiriMiiali-., jiain.» sido qi 
dui-aiKe el iviiiadu de l'.-inau'i.. .■■.ni.. !;.■> alisolulú h; 
dado iil^'iin c;isri,;;ii al ¡ladiv S"U-». <iii •■oiisi'k-rjifion 4 
aiitwciiiírili'.s dn rcali-la rMi-.'iiiadn, y il r|érii{0 eu qi 
i'ayúlapfliia un ei-a liunibi" ijiio pi'i-duiiaba tales ofeDi 
¡US rúalos habían ¡-ido la ra/.-.'ii de variai- íd lie bandenk[ 



34"? 






3ca< .' ■ ! ■ ' . ■ 1. !.-i ilusile ol balcón d 

Con-. I (. I una parte del t 

ll^l&tica haljlar contra el obispo, piotándoeele ( 
nño de la Constitución de los más temibles. Creyólo ^ 
léxivo Riego, entró en Is dudad, pasó al ayuntamiento, ' 
I al balcón de la casa en que éste celebraba sus sesiones, 
asa plática, notable por lo desvariada, tronando coatrft 
ien limo. Sr. Treviila. Escandalizáronse casi todos l<ift 
ites, pero mezclándose la risa con el escándalo y enojo; 
< anticonstitucionales sintieron á la par satisíaccioit, < 
I motejaban á los constitucionales prudentes y entendK 
por los desbaiTos do su héroe, á lo cual respondlnii 
lose por confundidos los motejados. Para mayor confu- 
, acabó el f^eneral su arenga recomendando á sus oyen- 
pie se fuesen á rnwimr lo que de 8 u boca hablan oído; 
«8Íon metafórica mal acogida, por la cual dijeron algtt*' 
que habían sido tratados de bestias. Pero no pararon MI 
los tristes sucesos de aquel dia. Concluido que hubo 

su sermón, salióse á la calle y encaminóse al paseo 
dpal de Córdoba, siguiéndole, como era costumbre «n 

1 tales, una turba de gente de poco valer ó corto bobo, 
edabn vivas, y con él cantaba canciones patrióücu. 
ba en el mismo paseo el maestro de capilla de la CatO^ 
ifl Córdoba, sacerdote anciano, extremado en su odio 4 
'Qstitucion y ú las innovaciones de ella compaSertt*, 
Sujeto incapaz de ofender á los objetos de su aborrMJ- 
to, pues sólo era propio para componer trozos de mu- 
sagrada. A! verle los mozalbetes que seguían al gbaa- 
«diendoá preocupaciones de ciudad de provincia, en vi^' 
e las cuales miraban con odio al pobre clérigo TÍeitf, 
ilrieron cantarle un trágala, acto en que tomó parte 
O, con no corto olvido de su dignidad, y i>cto que dobe- 
[ haber impedido, á pesar de su afícion & aquella nuú-- 
torada música 7 letra. Rodearon, pues, aquellos looM 
iastro de capilla y entonáronle un trágala, aecrtapafikte' 
kultOB, á lo cual el triste anciano, en quien influían 'bQB 



preocopad<meB pan hacerle snpoDer 4. sus e^tradot. 
«nperiores en maldad i lo que eraii,crejúM'peligro 
6 ouaodo ménofl su persona expueataá un mal lrat«iBÍA^t 
de obra, y cediendo á su congoja, hubo de rendirse áui^liiit 
cidente de cuyas resultas murió de alli á poco. Con mm 
caneó horror tal desdicha, dando funesta ce'ebridad á la ñ^ 
ñta de Rie^^o á Córdoba. Pero el general, no obstante w 
humano, sólo atendía á la satisfacciOD de su A-aaidad y adía 
le figuraba ver lucidos obsequios en tan violentos fest^Hf 
aun en tan lastimoso lance. Salido de Córdoba. Uegú eo lov; 
ve á Madrid, más ufano de su pacifica campana y eX^ 
cuando más disgustado coa los ministros y con ios 411^ 
éstos daban su apoyo. Así, en una conversación conmlgiHfl 
la pieza de descanso del Congreso, procurando yo redudÁ 
á que se aviniese con el Ministerio, me daba por iiiotivoi^ 
queja nque viniendo de Audalucia, donde todos hablaban 41 
Riego, extrañaba que en Madrid nada se dijese do é! (l).*T!t 
era el hombre á quien habla encumbrado la rovotucion, 
bicioso meramente de aplausos, pero de esto en grado 
aivoy aun desvariado, y que por lo mismo que no coc 
grados, títulos ni riquezas, era más difícil de tener 
to, siendo un embarazo continuo á quienesquiera quf, 
bemaseii la España de aquellas horas. 

A la presidencia del cuerpo superior dt< la sociedad seOSf 
ta llevaba Riego un desabrimiento á cuanto hacia la niil4 
sociedad, defensora y directora de los ministros, no oUfif^ 
parcialidad á la rival de los comuneros, por la cual eia*! 
sazón adulado, y cierta aversión á las formalidades de 
juDt¿, aversión de que era digna en cierto grado la quft/ 
presidia. Solían, en efecto, ser fastidiosísimas las seaioat^ 
Celebrábanse á la entrada de la noche. Remedando Al! 



(1) Repelidas veera he oido al aotor^de las Msuorias, reBfUt* 
doM k esta converiacíen, qae el general, con «t yoe chillosaf 
atipladi, decía: «En Andalucía por todia partea me aptkitdW|7 
aqoi nadie se «cuerda de mi, n¡ grita: i*iva Riegol* 

(.VüUi m EdiUrJ 



\ 



.3á9 

mees se hacía on las CórU^s, y aún no ha dejado d^ 
del todo, comenzaban con un prolijo despacho dt< 
ites ú oficios. Levantábase ol secn.^tario, que era el 
5 de Ceballos, conde del Asalto, convertido en her- 
roteo, y daba principio ú leer oficios. Todas solían 
? ser quejas d»». la conducta de los (M>niuneros, y aun 

Gobierno, del cual decían (pie trataba á éstos con 
'lo favur. De una provincia eseribian que era ya im- 
<uff¡r más tierii[)o el or^iiillí) do los titulados hijos de 
(jue estaban insultando descaradamente sin cesar á 
lanos. De (.)tra «lerían que siendo el jefe político co- 
, los rivales de. su sociedad (estaban pospuestos en 
5 atencion(*s, desairados y hasta perseguidos. De 
visaban que a<-íibaba do sei- dado un empleo á un 
Padilla, en perjuicio de un hermano que le pi'etendía 
ucho mas di^^no de tenerle, y declarabají ([ue esto 
í'rible y pedia pronto y eficaz remedio. Muchos ofa- 
j esto,('> distraídos,!) con la modorra de gente que ha 

de comer, y el buen marqués, muy celoso, muy 
í su celo, > que, daba importancias lo que hacía, se 
de no ser aienrlido, porque unos dormían y otros es- 
itre sí en conversación haciendo ruido, aunque sor- 
;0 ent(.'»nces llamaba al ()rdeu, medio de burlas, y so- 
ez de tOi-ar cam[)anilla, dar tremendos palos sobre la 
n un bastón ,:íordo, todo lo cual, en algunos queado- 
í del achaque de pocos formales y ííun l)urlones, ex- 
i risa. Con alguna más seriedad era tratado uno ú 
focio,pero mal,i)or no •^er posible en tan monstruoso 
ratar bien los del Mstado. Unos cunntos, y f|uizáyo 
í todos, éramos ta<-hados de inclinarnos demasiado 
mu ñeros. En <-uanto á nn'. era bastante fundada la 
'ion, porque iriitado yo de ver fjue en Ins Cortes no 
':rrNfir(ns tne liaeían guei'ia, y también á los iiuestros, 
•ho disgusto de otros del misuío (Mierpo que al Mi- 
eran adictos, cuando, al re\é>, casi todos los comu- 
)taban conmigo, sustentando varios de ellos con dis 
;us votos con harto ju^in motivo, pr^^feria una amis- 



Kd «¿peditada con didios ; bedios «n iMittSgocíov publiuia 
á otra en mi «atender boIo éopumttij-poBB' nii*^eraa notados 
SOB efectOB. Pero por el lado opuesto, no dejatum de (eaer 
razón los que desaprobaban mi conducta, paos El Zurriaste 
blasonando de llevar la voz de los hijosde PadillA, y né ~ 
meatido'por éstos, con lo cual cAsi era abonado &a 
ae desataba contra Jos mmistros y sus soBtenedores, 
doles todo el dafio posible, por ser á la B<izon b1 tal 
un poder igual, si no superior, al gobierno de la una ó 14- 
sociedad secreta. Así, acometidos los ministros y qui« 
dábamos constante apoyo, á la vez que por los parci; 
Rey y de la monarquía antigua, por los constítuciouf 
deradús y las acaloradas turbas de gente extremada de 
muoería, para la^; cuales valia más El Zurriagoqua 
ceptos de lii autoridad superior de su secta, dados 
con tibie?.a>y aun con cierta duda, mal podiamoü sosU 
con fuerza ó decoro . 

En sostener al Ministerio estaba yo, sin embargo, 
nado, y lo estaba üun conociendo como quien más si 
pftcidad. Pero, como va dicho, en los primeros días 
gobernó, al verle combutido por opuestos lados, preGe 
que hiciüso más dura guerra de entre sus contraiü 
moderador: antiguos; y moderados antiguos digo, 
sus parciales empezaban á ser moderados nuevos, 
bula á manti'iKtrme y acalorarme en estas mis opi 
un odio violento, enconado y ciego al Ministerio 
habla «ido cabeza Martínez de la Rosa, poco ánt 
ribado. 

Uno <lc los puntos de que más se ocupaban e 
quienes tenían parte en los negocios del Estado, ei 
debía procederse contra los causadores y fautoi-es de 
clon de la riuardia real, trazada y comenzada en los 
, días de Junio y terminada en 7 de Julio, as f como 
cuantos habían tenido culpa de comisión ú aun de 
en tan graves aucesos. Como en España suelen los 
que más vuciferan doctrinas llamadas liberales, 
la cabeza de recuerdos & ideas de despotismo, , 




calado: ihii tlJBÜMrt militBT d« formar el prooeeo á loa qve 
tm aquellos Vrtoa- Bpftreciaa delinoaentes; díspoucion do ex- 
irsfia donde aún se coasarraba el fuero militar, pues de boL 
dados había sido la sedición vencida. En la causa incoada 
iba' hacienda notable el fiscal nombrado, que era el Ala 
coronel D. N. Paredes. Este personaje bada oeleato- 
alarde de> actividad y severidad, y pedia prisiones y penaa 
muchos, con. grande aplatjso de los comuneros extre- 

1m, eu cuyas filas él militaba. Hubo quien sospechase de 
les que deseaba embrollar y alargar la causa cuando 

solicito rtpai-et'iíi del oaslipoTle los culpados. Pretendían 
''Ipedeesta opinión ó de esta sospecha que el tai fiscal, gana- 
concepto de los mismos, por la corte, aspiraba á cau- 
-^SBT escándalo, procediendo contra los personajes de más alta 
dignidad y dejando entre tanto á los culpados sin castigo. No 
bay fundamento bastanto para dar por cierta semejante sos- 
pecha, y muy de creer es que Paredes aspiraba á congraciar- 
se con los más furibundos revolucionarios, embistiendo á bul- 
to y á ciegas contra todo cuanto tenía relación con el Roy, 
con la corte, ó aun con los constitucionales menos ardoro- 
eos. Lo cierto es que, trocadas tas ideas, aplaudían los su- 
puestos amantes de la libertad los excesos del fiscal que in- 
tentaba sujetar á la jurisdicción militar á pcrsoiias asi altas 
como bajas. Entre las primeras comprendió Paredes A loe 
que eran ministros durante la sublevación, y aun coirió la 
voz de que habla empezado á proceder contra los miemoa 
infantes hermanos del Rey. Entre tanto la comisión de me 
didait había incluido entre las qutí proponia, la de que fuesen 
puestos en juicio los mismos ex-ministros; dura resolución, 
aunque no desvariada, como la que en el mismo informe pro- 
ponía sujetar á la misma suerte á los consejeros de Estado. 
Hnbia, con todo, causado disgusto en no pocos esta parte 
del dictamen de la comisión, y hasta sucedió que un diputa> 
4t> de los que la componían ( D. José Canga Arguelles), dw- 
pües de baber opinado eu lodo con sus compañeros, y áiiñ 
nctendido él mismo el dictamen, se negó en seguida á Ar- 
marle; becho singular por cierto, pues dejó correr una pro- 



'luucion d« su pluma donde «e declaraba lo qu« w Ift.>n9 
ñon habla et autor votado sin osar autorizarla eso as fidM 
No procedía yo asi, porque, al revés, pretendía el «qiii¡<p 
miento de los ex-ininístros, atiaqueme habría o pudSU Im 
cayeMn sobre ellos penas severas. I'ero no votada aúc^jl 
part« de lo propuesto por la comisión, sobrevino el inrilM 
te dfl ir á ner presos é inc!uidoí> en la rausa los mismosjl 
ministrofijá petición de Paredes. Aun varios de los quefB 
sieron Bujetarloa á proceso por acusac^ion de las Corles, ^ 
dftron escandalizados de la denuncia del fiscal, y connic 
roBolvieron ponerle coló. Prestáronse n ello con celóla 
moderados antiguos, amigos de la persona y política dala 
señalados para victimas. Vacilaban los pobres ministroaqB 
¿ I& aozon gobernaban, temiendo á varias de las discordar 
entre el opuestas parcialidades, odiando ¡i sus antecesoiH 
no queriendo, sin embargo, romper con muchos y muy <% 
DOS moderados por complacerá la gente extremada quec 
taba haciéndoles cruda guerra; y sobi-e estar combatido! pa 
tan varios efectos, batallando con las dudas que en ellos i* 
fondlan, más que la timidez, la cortedad do su discurso, malí 
de la irresolución, por donde no sin motivo veniao á pitf 
ptw furiosos y desatentados éntrelos absolutistas y molM 
rados de otros tiempos, y por débiles y cortesanos entre-lt 
hombres más ardorosos, que intentaban llevar la revoluóoi 
á ans extremos, <^ cuando menos estaban deseosos de quea 
procediese con arrojo y vigor, aun cuando fuese acompail 
do dect-ueldad y de injusticia. No pocos de miü amigos pt 
Uticos, que lo eran del Ministerio, llevado que fué el negcrf 
á las Curtes, opinaron por que éstas desaprobasen lo lia(4 
por Paredes. Callaron los ministros, y no asistieron aldp 
bate y votación, porque entonces no era costumbre en eOo 
ir al Congreso sino en raras ocasiones, no siendo diputada! 
¿f ai bien teniendo voz, aunque no voto, poco acostumhrip 
& hablar en los negocios que discutía el Congreso. Mi. ari 
ducta en este lance fué no hablar, y votar con el cort04|4 
maro de los qué desaprobaron la desaprobación del Mt^S 
flflcal Paredes. Conduela era ésta hija de política co^bÍh 



353 

torcida, do que ahora en verdad me avergüenzo. Trataba yo 
dejustifli.-arla ante los demás, y aun en cierto grado ante mi 
propia conciencia, haciendo una distinción fundada en doc- 
trinas sanas y ciertas da derecho constitucional; pero pra 
hipocresía mi disculju, siendo el móvil de nii acción odio á 
Martiiioz de; la Iloiía y sus oole;,'as, y ruin deseo de conser- 
var ct favor ■!*; ijue f «guia jo gozando anle la gente acalora- 
da. Aun diíberia haber dado en público la^; ra/.oncs que daba 
en el tralo ¡irivado, añadiendo lo que pensaba, y era que si 
los ex-7niiiisiros merecían ser juzgados y aun ciistigados por 
su conducta como tales, [larecra, «obro calumnia, delirio su- 
ponerlos ciiiiijdici's en la onjuraeion de la íiuardia i-ebela- 
da. Fucile cunio fuese, me alfgré de ver pei'dida por mi la 
votación, por proceder de quien obra contra su conciencia y 
desea la vicinria para el contrario, y para él estar bien con 
loa vencidos. 

No se aplacalinn en medio de esto los comuneros en su 
enojo Clin ln^ jiiini.'^tros. Uii^n es verdad que de ellos, los que 
eran di]iutai]os, casi todos seguían favoraliles en sus votos 
y discursos al Ministerio, el cual aún tenía por contraiioa 
en el Congreso á no pocos de la misma sociedad secreta de 
que él era encarnación y representante. Pero ías turbas de 
los hijos de I'adilla tronaban contra los hermannx panielu- 
ros, nombre con que era corriente en ellos apodar á la so- 
ciedad rival, y /■'! Zurríaijo se desataba con más furia, si 
cabe, contra el Minislerio, que toda cuanta había usado 
contra los ministros anteriores, l'uéme, pues, ya forzoso 
emprender lu guerra hasta personal con los contrarios del 
Gobierno y sociedad á que yo pertenecía, y lo hice con el 
Ímpetu en mí ordinario. Al romper de estas hostilidades 
acompañaron varius cii-cunstancias. 

Habían pedido los ministros reconciliados la concesión 
de medidas, y votado el Congreso que se abriesen las socie- ' 
dades patrióticas, y aun dádose paia ollas una ley dispara- 
tadísima, obra casi exclusivamente mia. Abrióse con este 
motivo una en Madrid, pues no en todas las provincias es- 
taban cerradas. Dióse al nuevo foco de desurden el nombre 



de «Sociedad Landaburíana,» siendo el lugar donile ( 
reunía una espaciosa sala del convento de Santo Toe 
Acudí yo á ella presuroso, como á teatro donde me Ueva^^fc:^ 
mi vanidad á lucir, y dándome á mi propio ciertas razón —^^aá 
que procuraban convertir en acción provechosa a! bien p- "^^3^ 
blico lo que era satisfacción de mi pueril capricho. Ti 
pues, á engañarme, suponiendo que eran los tlempps. 
grande apuro y peligro, y forzoso excitar el entusiasma, 
putar para contrarrestar y vencerlas diñcuitades queee, 
sentaban; que siendo necesaria una casi dictadura 
Gobierno, con venia dar á esta dictadura un carácter y 
reccion por donde fuese ejercida en provecho de la r 
don existente; que si bien ias sociedades patrióticas 
ser focos de desorden, mal era éste que podía coi 
pues nacia en parte del desden con que las mirabí 
hombres de algún valer, cuando éstos, al contrario, ds] 
pelearen ellas, y con la superioridad de sus méritos 
dar vencedoras; y como consecuencia de todo ello, qae; 
dueño del favor popular en semejante teatro, sobi' 
mÍB competidores dominaría en é!, y encaminaría ];>< i.osí** 
por las sendas por donde, en mi sentir, convenia qiK' fuiís^" 
para provecho del Estado y de mi partido,, siendo mío aai®" 
mo el provecho de ambos. Cuan necias ideas eran éstas- 
nadie puede ocultársele, y pronto me probó su falsedad 
experiencia. 

No asi en la primera noche que hablé en la Socied< 
Landaburiana. Es verdad que acerté á tratar de un asuiif'^ 
que empeñaba todas las pasiones populares, y aun lo6Í9 
tos y nobles afectos del patriotismo. Sabíase que iban 
tarse en congreso en Verona los ministros de ias 11 
grandes potencias de Europa, asistiendo allí 
mismo emperador de Rusia: teníase por cierto que 
■ los personajes juntos en aquella ciudad de los m 
Grecia y de los de España, y apenas cabfa duda de ^dA^ 
resoluciones serian intimar á España que voivii 
poder antiguo de sus reyes, ó lo que era lo mismo, sa 
tase á la voluntad de Ferouido, de gi 



mi 

'iaiiga&a de gobierno y experiencias nuevas, mez- 
'agravioB personales, no le consentirían dard sne 
tras instituciones <]ue las vigentes en 181!). Sobre 
azon próxima reunión de Verona, fué mi discur- 
UD sin saberse de qué trataría, al aparecer yo en 
i, fui recibido con estrepitosos y prolongados ] 
sonando palmadas y vivas del crecido gentío allí i, 
o. Parecía, pues, entera y en su punto mes sul»-- 
a entre la gente acalorada, amiga de semejantes 
; pero no faltaban en ella quienes ya me miraeeo 
nfianza y ¿un con aversión como amigo de loB'.j 

si bien esta idea no era todavía general en las ¿ 
> cesaron, antes crecieron los aplausos después I 
' mientras hablaba. Declamé locamente, di rienda i 
inacion, entonces viva, y no dejé de mezclar algt 
[■azon entre mis locuras. Pinté como casi inevit^ 
■ra, y dije que 6íen reñida /«ese. En efecto, hiq 
nsidemndo \as cosas de aquellos dias con ániuiO' 
30 que vino bien la guerra para sacar á EspafiS ' 
nación intolerable. A !a enfermedad mortal y do- ' 

entonces aquejaba d nuestro cuerpo político, era* 
una crisis que le diese la salud ó la muerte. 
á que acabo de referirme fué el último de mi : 
loncurrentes á la Sociedad Landahuriana, Alga- 
muchas veces más, hablé en ella, oido casi sient- 
sguslo. En tales reuniones siilo agrada la vOí de 
m violenta y las doctrinas de desorden y sedíciOD. 
había predicado las últimas; pero como siempre 
ecido contrario de los que gobernaban , se me diea- 
1 gracia de lo vehemente de mis censuras, q' 
I medios violentos de resistencia. Mas cuando me' 
efendiendo á los ministros y clamando por que ae ' 
e el curso á la justicia, mal podía ser oido COn 
53 que deseaban invectivas contra la autoridad y 
pronto y duro, aunque ilegal, de los enemigos de ; 
icion. Así, me vela sin cesar vencido, y A veOM, 
con justicia, aun cuando reaulte en mi aIalMim> 



a» 

por t-ontraiios do iisna^isiiuo valor, l'.n mi estilo mismo ^ _ 

ijcflrtiiiftijurj ]ii(-t:i :)11j mi j>'<vcn (l<> buen talciiro, imagii^^ta^.^ 

«■¡ON vlv:i, y ;il,L'iiii;i, l>ii-ii í|u>' por i'titónces todavía co^^^^^ 
lnsti'Ui?i-ion. ijut' ;i la sazón era conociiln poi- (■! ajiellido [ 

y;i cii añ'i-i > cj'.-.ú.lo iv> pL'i''j i'ii ¡11^11;. i-fi"ii, im lia pod ^i_ A 

iiifiirinri'-; «■■■n'raii'j rsHí, •■! ■|Ui^Tnas \alia ■■riln' !■.; maoi- .^oí 
<|ii>' im- harían ;;'i.-iTa, A b¡.':i liui'i-') v ii.'iiip..:so lioi-lat -», is- 

.|..r. •■•■! i.'hia -rr para aL'rn.luí- á a'j'ii,-! aii.lir,..i>i,->. y a. t^tf- 

!.-.-i.-n.li. ,i.'i.,< ,|,-li.i't„í; lie ^[U.- nui'^^tal.a vo lil.iv. M]i, ^>^ -í* 
ral-'-i, I-I •]<■ i'l /'in-í-i'/o. in,i,'i'iiiiji4n y rlii>(i.iso, piro if=- mo- 
rantí-iiiin \ -1. -:i!iii:i'l..i, se --apialuí d hucii afeoin i!,.í vlj. líro 
(■oiist¡"iri.iirt! iiiailjili'fin, voiiio en sus iiiori'daiK-; ■■■nima»- lo« 
vi-i-siw y mm rüij'.i- |ir.'-ia, aL'OnsPJan'lo y iJii-i;;ie!i'lo ¡u-to^ ^' 
ií;n:i! v¡..I.:n.-¡a l-.jiitra lo'^ liberales, se 'había l!ev:i.l„ ira-^ a' 
al vil!-., iví.lí-la e..r.!u!u'?i; ai-usa.lü <le servil- al 1^'y J-»W 
i|iiíene'i, ai-nr.íilnclí.si' di- í/u vida anterior, ernan puiti Srí "■ 

'jiii' hatiia :ihi'a/ailM, rii i-uamn rahe s.'rli. .■[! h.'iabre fi*"" 
de prlm-iiiii.- > 'la'!.- ¡i hii-;,:ir lama v iii'..vi-ehi., .-apiUEieíii- 

doM|-t.:<- p..pii:ari-<.-uyas paskmes ;i.Ii,l;,b;, y ,.M>it;ibíi. J' 

.ju- ImI.'. il,. <..tiiir i,aM-- d. 1 tanatlí^rn.» .pie apaivinaba. pU« 
ili-i 1:1 vi.ln p..i- li e.iiKa í-unstitueioiía! <'H una leea lentaH'" 
p.,i;, ,■.-!:, 1,;.. ,■.■:;;, .l.-|,u..- •],■ ealda. Alli. rn lin, eiinv OlK» 
I]!!.- nu ii..ti,iv,,. ..r;i..ido eotí mi.^toil vi.^j . ÜcnieMiAlpueD- 
te, singular ■lihiinu, <i no sirvieren para tríbunns jicrson*' 
je-i il,.|.,.|;w.>:,.--ei..s, j-or siT ea|n'ichiipi> írñnr d vulgo,*! 
euiillisi'tij.Mti para ilirígirle, ríe fea, repui^nanie y aun**" 
i¡uer.j.a li-uva, lur¡ii' y liela'lu en el deeir, i>\treniaJí í 
atroz 1-11 l^is jiMxliiias '¡iie pi'edieaba, de iiite.uridad en puo"' 
ú diiiPrn. piriida siempre du valor, mi übstanie sennutbo 
menos ¡■■¿'ii-ia en a'juelloi! días ijue en los presentes, "" 
nifvi en tii'l-i y di! poeas necesidaili'S en la eoiniday e"*' 
vestir, do vieiosa** eosliimbiví! 011 eu edad avanzada y des* 
rad'i, lisonjero de la plebe, por cuyo modio tiraba á satisf»- 
i'ei' su d'iííniedida ambición, la cual, si no codiciaba riquU^ 



B honores, aosiaba por poder y por aplausos, y apa 
k^ VMuelto á comprarlos aplaudiendo ó acons^ando todo 
s de desárdeo y excesos de crueldad. De sus labios so- 
b máxima de que era la guerra civil un dtín del eielú, 
'p&ndo iurI la observación de Montesquieu sobre qoe 
SQ dar fuerza á tos pueblos lae guerras civiles. A ¿1 se 
también decir que andaba buscando un medio para ba- 
que un pueblo estuviese en revolución continua. De 
anciano luco y perverso se dijo que en sus últimos dias, 
el destierro en que se vio con los más notables de en- 
3b constitucionales, se vendió al Rey Fernando, reoi- 
do de él paga como su espia, aunque tal vez siéndole 
1 . Pero faltan datos para añrmar si ya servía á su modo 
ismo Rey cuando todavia en Espaiía excitaba á excesos 
hacían á ta causa constitucional no leve daño. Alli con- 
'ia asimismo, aunque no hablaba, Riego, oyendo, úya 
:oii claras muestras de aprobación, sin la menor seSal 
disgusto, vituperios de la sociedad de que era presidenta 
'tracciones basta calumniosas del buen nombre de bus 
gos, todo ello mezclado con aplausos á su persona, que, 
1 admitidos, venían á ser, en quien grato los recibía, to- 
Uicia y algo más de los insultos á ajena fama con que 
Drevueltos. 

No fué sólo mi vanidad, ofendida por mis reveses en la 
adaburiann, lo que al fin me movió á romper con los co- 
neros. Vi que ya estaba la razón de parte de los que 
'Bsejaban devolverles guerra por guerra. Asi, publique 
folleto contra ellos; escrito imprudente, aunque tachado 
serlo mucho más que lo debido, en el cual, confesajido 
Qtistencia <le la Sociedad de hermanos pasteleros de na- 
ignorada, aunque no llamándola yo por su nombre, y 
encubriendo ser de ella el Ministerio y varios persona- 
da nota, y aun yo mismo, cosa igualmente notoria, vol- 
por BU buen nombre y defendía su conducta con arreglo 
a doctrinas constitucionales y ¿un revolucionarias; íijaX 
iresa, pues habla sido obra la revolución de los princi- 
Ji entre quienes la componían. Predicaba yo también en 



^i8 

i;i iiiiüiua Obi-illa msiximas do moJeracion, y ccnsurc^B^ 
ágriai[UMim oinif! fli; ik'siJrJtin , así jioriiue iiuuca yo ha"'~fc 
sido t-xli-iimadii mi inis ¡ik-iis al punW quü iilfEUuos p-uponi .^=_= 

romo pnri[ij(í t-slíJinio ya lii' jiaric ik- la autoHdail del < -^ 

l)i(irnci, 1(11'- veía 1'ijl-/.hiIii ¡i oiiiliatir á 'iuii;iics le oían C« = 

trunos. Máf o-''áiii¡iil'i <|iii> iiroví.-cln) i-aus<i mi |iape! __ 
cual ll..v¡i>ron i'.-^¡„i.:s(n«, unas (la^h.s t-ii l-U Z«rri<i!,<i,x>i rmL 
tiii vanni ii.'iih'U-^, y iii!i'-li:is i;n lus liií^cui-i^tvs ¡ii'i.>:iiiui'-Ía«. ^ 
onla LaiKliil.ui'iNiia. 

I'.ir el I1H1ÍII1Ü liiíunici, l:i sfirimlad á 'jiiu yu i-oi'iv>pún. «- 
ti-at.i il.- -xj;,'!!-.!!;! gulmínio til' la "Ira, su' nval, una i- — ^ 
püL'^íia ¡ii-fi'i-a suliri; si estaba con i'lUí i'ii ¡la/. y amista. •- 
i-n •!in:vvu. Kra su razón d-' expresar la duda y solii'itai' «^^^^^ 
fitía.■laras.^.llio /■;/ /«/•/■wy,,, blasonando i-iii ,Víar de "«-__ 
vai- la \iri. .\v. |.,s hijos di; I'adilla. no ¡laraUa ríe \onii(ar -^ 
jurias c.iüra Inri /'rrin'inos i,ii>,k-l>:r<i'<, .■alilicando do taler- ^ 
muidlos i|Uii .'n voidad 1^ t'i'au, luí yo td i;mbajadnr osi.'i»' ^ 
(lo jiai'ii osru ii.'_;íiii'iai:ion 'i iiitinianon, y mo preparó a J ^ — 
empeñarla i.-mi i:! ctilomi fjuo í^o cuenta do los lojjados -'^^ 
manos rjue funi'ijn ¡i l'íirta;^o á pedir saii^ífuecion ile ^^* 
de.íia iueros ile Aniha!, li con el 'pie íjupone Taisso t-n Arga:^^ 
(íuaiidn se ],ivsen(rj en el campajiiento do los eru/ados. h"" 
pneí, al lufíar dcpiide s-' i;ori,íi'i'f;aha la llamada isi no mü 
inli.d mi nieiniiriaUIrando Asamblea do los fomuneri^-- 
listos dctoi-minaron rii'iliinno con toda ]>ompa. Asi, abi — 
ron la si-sion .-sümilo _\ü ausento, y abiortu r¡ui: fuó, me d.. 
ron on -lia .-nti^ida. !■ i-a ridiculo jior demás o! pobre aparC^^* 
<]ue prevenido; ¡icm no era menor la ridiculez del usado j-^ ■" 

subaliernos, piH's el supiiii.-r do nuestra soeiodad se juuiiu- — 
sin usar do disfraces ni ornato al,i;uno. l'intiv ,\o oon laiK^^* 
pue.ril ahive/. yec^'ueilad [líisiblos, y fui roeibido eon el en " 
no m.is necio imaginable. Dijoá lo i¡ue venia, sin dai'á 
soidodad su nombre, o! cual no (Ta licito revolar áprofaii ^ 
Uosi)ondióme ol jjran niaostro do la comuneria D. Juan £=^ 
laroa, brij;adior de ejótvito y jefe político de Madi'id á la ^^ 
zon y cx-diputado, nombrando ú. la sociedad que raeenvie ~ 



ti propio nombre, como par.i probar cuan ¡aútil y ri- 
amentc \fi it}^'.T\:<h:¡ >o, y dii'ii'n'Jo quij no eran los Ci>- 
B Quefitroa contraños, ni representante ó intérprete 
ellos El Zurriago; pero todo ello con huecas razonea y 
ipego, aeí pori^ue no era Palarea llano en el decir, úno 
ty al contrario, siendo pomposo y de muy medianos ai- 
ices, como porque la voluntad de la sociedad á cuyofron- 
sstaba era para la nuestra tibia, si no mala del todo; SÍo 
itarcon que mi tono y mi embajada no eran muy de 
igo. Salí, pues, ni satisfecho ni enemigo declarado, y lo 
9 pensé y sentí yo, pensaron y sintieron quienes me en- 
l>a.ii, inclinándonos á la guerra, si bien no comenzándola 
■de luego, pero si poniéndonos en una hostilidad eordo. 
' embargo, los comuneros diputados continuaban votan- 
con nosotros, aunque como de mala gana y desconfiá- 
is y aun tres ó cuatro de ellos ya se hablan puesto on 
>8ic¡on declarada á los ministros. El Zurriago crecía ea 
*A contra ellos y la sociedad de hermanos pasteleros. Loa 
■dores de la Landaburíana, al declararse contra los mia- 
^> se proclamaban hijos de Padilla. De mi embajada se 
^l<6 diciendo que yo la había dado lleno de turbación, in- 
diéndome respeto la majestad de la asamblea ante la 
'I tiabía comparecido. Puerilidades eran éstas dignas de 
X»^cio; pero en aquella época singular influían, y no 
'-0, tales ridiculas pequeneces en la suerte del Estado. 
I^« cierto es que, encendida la guerra entre las dos so- 
*^des rivales, y partido en dos bandos el antes llamado 
Itado, con un Ministerio inhábil y obligado á hacer fren- 
* muchos enemigos, ardiendo en varias provincias la 
'•"^^ civil, de cuyo incendio en ninguna parte faltaban 
^Jü&s, siendo frecuentes en las ciudades los motines ó 
*^os de motín promovidos por los comuneros, y decla- 
^ contraria á la España constitucional casi toda Europa, 
^i.n amenazar una invasión, era la situación lamiscri- 
^ "S desdichada que imaginarse puede. 
^^n medio de esto seguían las Cortes entretenidas en 
^%os debates. Pero como amenazaban de dentro y de foe- 



T« gravísimos peligros, y cr«cfa la i 

agravarlos, babo de pensarae sd avaoir i¡ _ 

dos fracciones discordes del bando exaltado aaiají 
es, á las dos sociedades cuyos mal ocultos muelles^ 
en movimiento toda la fuerza activa del Estado. T 
tentó fueren nombradas dus coroisioDes, una de cada4 
dad, siendo quioDes representabaa la comunera Romero i 
puente, Regato y el general Ballesteros, y estando { 
los poderes de la nuestra á Is.túnz, á Riego y á mi. En fli 
de Istüríz nos vimos tos comisionados. Cautos nos 
dejamos hablar á los de la otra sociedad. Htzolo pri 
Romero Alpueute, en quien si sobraba la malicia, falta 
por otro lado la prudencia y el juicio. Comenzú, pues, e 
voltoso aociauo con su hablar tardo y desmayado áquq 
de que la sociedad comunera babia sido tratada harto i 
por la nuestra, pues habieudo combatido juntos bajo l¡ 
dera de las doctrinas exaltadas, al triuafar éstas y fon 
se un Minislerio que las profesase, ni un solo comtiiH 
babfa sido hecho ministro. Pasó de aquí ¿ censurar al 1 
nislerío existeute, pero blanda y solapadamente, diciai 
súlo del ministro de Marina, Capaz, que era conocido p 
■ eopoi (juego de vocablos después usado por El Zurrioff^- 
insinuando quebieo podría dejar su puesto á un hijo de] 
dilla. Un ministerio ó dos aseguró que bastarían ] 
pronto á los comuneros, diciendo, en estilo por demás 11 
ser forzoso darles una dedadita da. miel. No pudo Ba.tr 
les imprudencias Regato, y corlando la palabra á su < 
decomision, aseguró que los comuneros no pedían i 
dos ministerios, ni tampoco todos, siendo más i 
principios y mas noble su ambición, pues aspiraban, 
gobernar ellos, sino á que hubiese Gobierno al cual | 
sen dar, y, habiéndole, darían apoyo: á lo que agregó i 
entender cuánto distaba el actual ministerio de s 
bibrno de él y los suyos apetecido. Viendo Istúríz y j| 
cordes eotre si á los que venían á ponerse BdsaréatJBt 
otros, y muy persuadidos de ser imposible l4"(' ' 
entre dos sociedades separadas ya una de otra in 



ati 

tApúP pasiocea 6 iateréa, tuTÍmos cierto malicioso ga«- 
i atizar la discordia entre tos comisionados comuneros, 
ido sólo lo bástanlo á eBle fin, y como buscando jua- 
ion de nuestra repugnancia á convertirngs, en la cir- 
atancia de aparecer tan poco convenidos los diputados 
irlo con la sociedad de que oramos parte y represen- 
Ltuites. Ealre tanto, los generales Ilief;o y Ballesteros, dip- 
_ V&ldo el primero, y arrellanado en un sofá y como adormi- 
•Mo ©1 segundo, ninguna parte tomaban en tan rara confe- , 
'^^cia. Cesando, pero sin ponerse de acuerdo, la disputa 
6ntr© Regato y Romero Alpuente, hubo un breve silencio, 
.BOtajüdo el cual, y abriendo los ojos Ballesteros, dijo que 
T*la coa Bumo placer que ya todos estábamos avenidos y 
^p^fo rmes, no pudiando esperarse otra cosa de personas 
JW*lmente amantes de su patria. Trabajo nos costó conto- 
©*** itx, risa á este arranque, al cual Riego respondió convt- 
l''**ti*io con Ballesteros, y con esto acabó la conferencia, 
2®®Pidiéndonos con !a firme persuasión de que la guerra 
"Otinuaria á cada dia más embravecida, como sucedió pun- 
F*l«*jente. 

■* Im entre estas cosas acabando el calamitoso año de 1822, 
'^'-IbI habfa de seguir otro aún más funesto. Estábase ya 
.^■^randoen Verona el anunciado Congreso de reyes y 
^ ^'^tros de las grandes potencias, si bien no asistía á él 
T*^^ íBoberauo de nota que el emperador ruso Alejandro. S*- 
^ ^^ que de allí vendriap anatemas contra la revolución de 

■ I*^fia, y disposiciones por donde no se quedase en estéril 
^^lenacion lo que se resolviese. La guerra civil en España 

^*'*^inuaba con varios sucesos. En Cataluña había alcanzado 
**-t^jító impoftanícs sobi-e d ejéi-cito de los püiijialee da la 

■ -t j ** arquía antigua, titulado de la/e, el general Espoz y Mina, ■ 
' ka,,*"*- asistido de tropas y otros recursos. Un Gobierno re- 

j^ ^-« creado allí con el título de Regencia, que obraba á 

, »ri***^ <^®1 ^y cautivo, y a! cual se apellidaba de Urgel, 

■,^_^j *er la Seo de Urgel el lugar donde hubo de formarse y ■ 

.|^Z^ Presidir, andaba en vísperas de refugiarse á Francia. 

^^ oeaba con vituperable rigor de la victoria, si biea no se 



■ "tto» 




excedía da lo que la opiíiioD "popuBM^A Ift büzoq queria 
probaba. Ael, habia quemado el pueblo de Castelfollii, de 
pues de haberle tomado al cabo de algunos días de resiste 
da, y ea usa iaBcripcioD puesta sobra las ruinas hi ' 
dejado jactancioso recuerdo de tan fea hazaña. Los 
de la fe iban de vencida y resistiaa poco, sabedores 
pponto tendrían on su socorro un ejército francés, 
cual mudarían de aspecto las cosas. Por la parte de An 
los sucesos de la guerra seguían con vana fortuna, y si b 
Booabanios constitucionales de alcanzar victorias, los ce 
trañoB los desmentían con permanecer en campaña sin c 
table menoscabo de su poder. El trapense Marañoa, á qui 
daba apodo el nombre de la austera comunidad religiosa 
que había estado algunos años viviendo como lego, mili 
en sus mocedades, pero sin haber pasado de los príi 
grados de la carrera de oficial, disoluto entonces, según 
fama, y arrebatado, ignorante y corto de luces, devoto y 
nático en el convento, salido & loa campos de batalla de i 
.sultas de haber sido disuelta la comunidad de que era pi 
te, mezclaba de un modo singular con sus cualidades 
de monje las antiguas de soldado y las de guerrillero, iit- 
que tanto abundaron durante la guerra de la Indepi 
cía, y feroz, astuto, desvariado, estrambótico, dando 
á burlas á lu gente entendida y bien criada, se llevaba 
si, cual no otro, al crédulo y supersticioso vulgo. El 
ral Zarco del Valle en un parte donde lucia sus conocíi 
tos teóricos en la milicia, daba cuenta como de una bien' 
potada batalla y de una victoria sobre el guerrillero m< 
de UD encuentro entre las tropas de éste y las constituci^' 
les, cerca de Ayerbe, en el Alto Aragón, y en el teatro d"" 
este supuesto ó abultadisimo triunfo argumento auna r**^^ 
comedia, donde bien pintadas las ridiculeces del trap»** 
daban que reir al auditorio de las grandes poblacione.s, á^-^ 
de los constitucionales abundaban. Pero estaa diversio^^^. 
de los entendidos ó de los que sin serlo se daban al par*-* 
constitucional, ya por gusto á las inquietudes, ya por caf 
cho inocente, aunque CÍAgo, poco efecto hacían en loe i^^ 




k plebe campesina^ que eeguia al trapease y & otros 
ftL, ó en los del vulgo de las ciudades no menos 
i y fanático, ó en los de quienes por su empeSo en 
■ la causa de la monarquía disimulaban las rarezas 
US culpas de los campeones armados para restable- 
3u ser antiguo. Así, ora común burlarse de las tío- 
Ios constitucionales, y aun entre estos mismos no 
uienes se ríeselí de la ponderación con qua sm 
tdabau por grandes triunfos ventajas casi siempre 
¡íempre á lu postre infructuosas. En Navarra man- . 
tropas del Gobierno el general Torrijos, joven slan- 
loso, pero inexperto, y seguía la guerra contra dnt 
í uesada y otros que sustentaban la parte del Rey CftU^ 
mando la fortuna en lances de poquísimo empeSo, y 
lo» levantados realistas con sólo no ser destruidos, 
niendo que retroceder hasta abandonar al cabo kw | 
onde estaban hechos fuertes, pero con la segati^ i 
■ien de volver pronto mezclados con un poderosa i 
xtranjcro. 

tuacion tan triste, y con no más alegres esperan- 
snzaba el año de 1823. Pero antes de su primer dia, 
;1 de aniversario del alzamiento de Riego en Las t 
tres años antes, ocurrió un suceso de aquellos rí^ 
i la sazón abandantes y propio para pintar los tieizb* - 1 
personas. Causaba grande escándalo la constante'^ 
% de Riego ú la sociedad Land&buríana, donde ofa i^ 
á la sedición y denostar á los ministros, y con ellos I 
US amigos y al cuerpo entero de la sociedad de quo I 
5 solamente miembro, sino cabeza, y lo oía sutori- 
:on no dar señales de desaprobarlo. Un dia, pueSr,! 
il año de 1822, estando el general famoso en caaa;' 
L, comenzó éste á afearle su conducta en el pUQtoc4 
:abo ahora do hablar aquf, y señaladamente su eu- 
I al oir pintarme como á un traidor, siendo aii que, 
- yo BU compañero antiguo en la empresa del resta- 
ito de la Constitución, había además hecho dimi- 
»npleo que tenia en la secretarla de Estado ca»aii>- 



3« 

fuAél enviado de cuartel, ó dígase á un destierro áAstúi 
ea S«6enibre de 1830- Mal podis Riego justificarse, y i 
hizo bieo, porque no era may agudo; pero de repento { 
ptuo (¡uo se hiciese en las Cortes y en la capital iioa fl 
paiu conmemorar su hazaüa de 1." de Enero, 4 precio i 
cual, como quien hace un trato, prometió desaprobar h 
Cintra mi se decia en la tribuna de la gooiedad Landahuí 
DS, y declarar su desaprobauioo aíii mismo. Prometitfi 
Jütúriz, deseoso de ver puesto un freno á las invectivi 
csiumnios disparadas contra mf todas las noches i 
»i]uel tugar, no sin señales de llevarlas á bien el mismo I 
go. Fácil fué conseguir de las Cortes una fiesta patriál 
«Qel l.^de Enero. Pero difícil era, y hasta imposible, q 
la situación de España en aquel día fuese lucida ó ! 
una fiesta. Melancólica, pues, y pobre fué la qu< 
Fué parle lie ella venir á la barra ó barandilla del Conj 
las autoridades de Madrid, presidiendo el jefe político i 
Juan Palarea, á congratularse cqo los diputados do la oat 
Ae\ suceso que tres años antes habla hecho memorable a 
dí&. El discurso de Palarea tuvo de singular ser una desi 
bacioo dn la idea de alterar la Constitución creando uní 
mará de Pares ó de Proceres, proyecto en que pocos i 
saban entonces, pero que era común achacar á ciertos Ú 
derados, y entre ellos á Arguelles, eLcual seguía adorandq 
obra do la Constitución de 1812, y tan opuesto á mudar i 
esencial en ella, cuanto podía serlo de las doctrinas r 
carias rnás extremadas. Pero el buen jefe político de Ma< 
pompoeo, y no sin artificio, aunque no de dañada in 
poro «1 débil y codicioso de la aprobación y temeroso 5 
censura de la gente alborotada, á falta de otra cosa qusjl 
oir, clamt'j contra !o que él decía esas odiosas Cátnaraaj^ 
cieudo lo cual apretaba el puño con gesto y ademan a 
zadúres. Terminó el discurso, retiráronse los que t 
&. la barra, desñiaron tropas por delante del Cong^ 
hubo vivas y cantares con desmayada voz y rostro r 
s&tiafecho, aun en los más de quienes voceaban ó i 
bao, y coa visible EasUdio de oyentes y espectadores. ! 




pobre ilamiDatáoD & la noche, fué el remata de la Seste. 
En una de laa ujpiientee subió Riego á la tribuna de la 
Landaburisna, y en vez de .cumplir bien su promesa, d^ . 
que el ciudadano Galiarto le habla pedido que le defendiese^ 
y él lo hacia declarando que era yo un buen patriota. Tan 
impropio modo de volver por mí importaba poco, sin emhar-* 
go, pues mayores cuidados que los de mi pobre fama ó de 
nuestras mezquinas discordias iban llamando la atención 
de toda España, y aun de Europa entera. 



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La 


en 


lyEi de re-í-t 


HKar al ti- 



CAPITULO XXV 



Z>Os represoiitant*t 
Uresentají notas r 
E Bpañ a — Opinión 

vamenfe la intervenciomle la.'^ potenciias— 'H^leccion de 
iHtúriK parala pi-esidencia (le las Cortea.— El AUnisterio 
da cuenta al Congretiode las notas y de la rontestacdon 
dada.—Itesponde latúria.— El autor presenta ana i>ropo- 
Bicion.— A-otitud y entuaiaemo de loa diputados y el pú- 
blic-o.— Comisión pncareada de redactar un mensaje al 
EpT-— Discvinion en la« Cortes.— Di acursos de Ai-iíiiell©B 

y el aiitop,— A su salida son llevados on bombros en nie- 
la determinación toinado por el Gobierno y las Cortes 



En los primeros liias de Enero do 1823 rooibiO el Go- 
bierno notas de los ministros plenipotenciarios de Francia, 
Austria, Rusia y Prusia, donde se les comunicaba lo resuel- 
lo en el Congreso de Verona. Ni les era fácil ocultar estas 
comunicaciones, ni dar largas á este negocio. El Gobierno 
francés, contra lo acostumbrado en negociaciones pendien- 
tes, había publicado en el Moniíeur, su periódico de oficio, 
textualmente lo que mandaba á su ministro en España decir 
á la corte en !a cual estaba acreditado, España toda se can- 
movió á tales nuevas: los parciales del ftey se llenaron de 
esperanzas; los de la Constitución, do furia: creció, como 
suele suceder, la discordia con el peligro; y divididos loe 
pareceres y sustentando cada cual el suyo con calor loco, 
entre los constitucionales antiguos opinaban algunos por 
conjurar la tormenta, prestándose á variar la Constitución, 



COD lo cual suponían, sin bastante fund&meoto, que hsbi— &■ da 
de quedar satisfechos los Soberanos deacoDt6ntos de !& 
tuacion de España y el mismo Femando, y aferr&nl. 
otros en sustentar la ley política pasada, y con ella el h» -^ — *w i 
y la independencia de España, dictamen éste que aliríiza"*-3»>iii ! 
' Tarioa de los conocidos por moderados. Al mismo liet^i— "■!»■( 
alzaban el grilo los revoltosos y malcontentos, atribuye :^c^ia I 
al Gobierno y sus parciales intentos de hacer la ConstjS-- *'• 
don más moniirquica y aristocrática, entablando para -^^ 
tratos con el Gobierno francés y entendiéndose con el 3^t^ 
asimismo. Urgía, entre tanto, resolver algo, y el Miniaos 
ño, para haisorio, quiso concordarse con sus amigos, á c ^t: 
fln juntó á unos pocos de ellos en junta secreta. A ella a.^^ 
ti yo, como era de creer, y opiné por que se diese á !as nC^' 
de los extranjeros una respuesta animosa y clara, bacie:»^^ 
pública la negociación toda. Seguido mi consejo, procedí-^ 
á la ejecución. Fué casualidad que en aquellos mismos (^-^ 
. presidiese las Cortes un personaje, no sólo de nuestro §^' 
tido, sino, por decirio asi, de nuestra pandilla. Como ^ 
uso y ley nombrar cada mes un nuevo presidente del C^ - 
greso, habíase pactado entre nuestra sociedad y la d« ^ 
comuneros que alternasen en la presidencia las dos soc^* 
dades, y en los tres meses que llevábamos de Cortes ^^ 
traordiuarias, dos comuneros y uno de los nuestros h«J>^^ 
presidido, siendo la mayoria del Congreso ya de los eKl>* 
dos. Esta vez (el 7 de Enero), tocando á nuestra sociedai^t 
candidato, fué propuesto Istúriz en secreto. Los que le^^ 
nocían poco y notaban sus arranques impetuosos de 
humor, temían que no supiese jiortarse con la debida 
planza en cargo que exige tanta dignidad y mesura. AI" 
vés, quienes le conocíamos bien, estábamos seguros de 
desempeñarla admirablemente su puesto, hermanaiido.< 
8U8 modales sumamente fióos y corleses, el decoro y 
la imparcialidad indispensables para ser buen presidenl» 
uo cuerpo deliberante. Fué, sin embargo, diDcit logrw * 
nombramiento, pues á los moderados, sus acérrimos y l-¡^' 
goa contrarios, se agregaron algunos de los niustroa.p'*'^ 



•IpéiI Viitr., Tol(-'i<lri ;l| fin , ;ii'(M'1i'. v Hj-V.M lanío, í|Ue oí 
cir en la sala de conferencias, á no pocos de los mode- 
1, que le (querrían por preeidente perpetuo, 
isi recien sentado estaba latúriz ea el sillón de 1» pre- 
cáa, cuando el !) de Knero se presentaron en el Con- 
juntos Icis ministros que i'iira vez asistían ¿ él, y tu 
nci;i, ya esperada, declaró cjue venían á hablar 3el 
) negocio de hs notas, que daba ocasión á todo cuanto 
.ees se pensat)a, sentía ó decía. No era, sin embargo, 
lísima la concurrencia en las tribunas, por estar mu- 
dudosos do si sería aquel dia el destinado para hacer 
iiunicacioii de que tanto se hablaba. Leyó el ministro 
tado, San Miguel, desde-la tribuna las notas recibidas 
respuestas que á ellas habla dado, y como debía suc^ 
as injurias contenidas en las primeras encendieron en 
m á ios más flamáticos, al ver tan ajado el decoro de 
üa y tan poco respetada su independencia, y la digmi-. 
5i no el completo acierto de las segundas, lisonjearoo 
ale orgullo de almas españolas. Leídos que fueron es- 
ipelüs, respondió Istúriz a nombre del Congreso COD 
^ad y entereza en breves y sentidas razones, recibidas 
aniversal aprobación, sin advertir las gentes que UD 
Jentc no podía declarar cuál era el sentir del Congreso, . 
edirle ánics su parecer, y saberle por una votación; 
éste de los tiempos y propio proceder de Istúriz, más 
nado á declarar su voluntad que á ser conducto pan 
alida á las ajena.s. No bien había callado el presiden- 
lando me levanté yo á hacer una proposición que trata 
crila, como quien tenía parte en la dirección del es- 
culo que estaba dándose al público. Proponía yo que las 
8 dirigiesen á S. M. un mensaje, título poco respetao- 

que entonces, y aun ahora, eran designadas las co- 
caciones de las Curtes al trono, mensaje donde el Con- 
>j aprobando la respuesta dada por el Ministerio á las 

1 de las grandes potencias, se declarase resuelto á su»- 
F á todo trance el honor é independencia de la patria. 
t Imf mi proposición, todos los diputados se pusiahin 




en pió por movimiento ó impulso espontáneo y vchpmew» *», 

encendida laxista, alterado el semblante, hasta UuroEos ^~ 

ganoB, conmovidos todos. Ni Aun (¡uisieron oirme a[io3rw 

mi proposición; tal era la unanimidad y la prisa i^on qii.«» w 

mostraban diepuestos á aprobarla. En una pausa y u>om< 

to de silencio, D. Agustín Arguelles, con máa omociOD ^ 

otro alguno, en pocas razones, dichas con sensibilidad" « 

tremada, dijo que apoyaba mi proposición, caüflcaioi 

hasta de admirable. Su discurso ronovú y aun avivó el 

tusiasmo, gritando á la par los diputados y los 

tes á tas tribunas, &io que hubiese quien redamase el ái 

y en seguida, arrojándose á los brazos unos de ( 

putados, y más particularmenle los hasta entonces 

opuestos en opiniones, y señalándose entre todos 

y yo, que nos abrazamos estrechamente, derramandi 

piosas lágrimas, terminó el espectáculo en durse nii 

sicton por aprobada unánimemente, circunsianqia qi 

de constar cu el acta, por pedirlo asi con altos clamores 

ríos, de tos cuales no faltaron quienes algo después, A* 

aultas de sernos fatal la fortuna, vituperasen loque 

cea, no sólo aprobaron, sino aplaudieron. Mucha ris 

¿ causar, andando el tiempo, un espectáculo que en 

día pareció tierno y aun sublime, y más le ha hecho 

de burlas haberse hecho de él remedos ú repelicionea. 

que sucio arrepentirme de mis pensamientos y accíi 

que no dejo de mirar como ridiculas cosas por i 

na ocasión muy admiradas, no convengo, ni aun hoy 

mo, en que careciese de verdadera ternura y nobles' 

grande escena que voy ahora conmemorando. Tratiibas» 

honor de la palria ajado y de la independen i'-i;i . -[i/n"» *^^ 

amenazada, y aun el ser grandes nuestros contriin > I" 

queños nosotros, daba realce á nuestra entereza > niji -^ ^ 

entusiasmo. Y en verdad, si fué desvario creer, yíii'ria»-^ 

ra mayor dislate decir, que de nuestro ardor y emocJon 

ticipó una parte muy crecida del pueblo español, lamp' 

fué, ni es, ó mentira ó alucinamiento afirmar que m I^ 

días inmediatamente posleriorea á la sesión de las CdrC^ 



^^^^mm 



371 

_ i la del 17, (li*-i(¡na(la á tratar <]<] mismo 
ío, hubo en una jioirion rnc-iili.ral-ilL' iL-l ]n■^^^lil;^.l ni.'i- 
o, y aun del de las provincias, sdheBión ardiente & lo 
to por el Congreso, y aplauso y hasta admiración del 
como recibió las notas do las potencias aliadas, y laa 
astas t|ue ú ellas diú el mÍDÍstro de Estado, de acuerdo 
15 compañeros. ' ' 

ledú nombrada co el mismo O de Enero una comisioil 
atendiese el proyecto de mensaje conforme á lo apro- 
>or las Corles, el cual había de expresar de oficio y 
)lemii¡dad a! Rey estar dispuesto el Congreso á soate- 

Coustituiñon y el trono en ella fundado, oontra agra- 
i do los extranjeros. No me acuerdo de los nombras 
os cuantos compusimos la comisión, y si sólo de que 
'S de ella jiarte Arfiüelles y yo, cosa natural por ser yo 
de la proposición, y él quien la había apojado, y ade- 
joniue estar juntos en aquel caso venía á ser embl^ 
'X declaración de la amistad política oueva entre el 
76 cabeza del partido moderado y uno de los que con 
ScursDS sustentaban con raás ardimiento y tesón la 
eontraria. Hubo unanimidad y diligencia en la comt- 
:jue en el (lia 10 terminó su proyecto de mensaje, ro- 
ldóse al siguiente, 11, el leerle en el Congreso, donde 
iulamcnte después de presentarlo había de ser diecu- 
Sstondi yo el tal documento hueco y pomposo, pero 
jbles y altos, asi como justos penf^amientos y afectos, 
irte que no todo en él eran vanas enfáticas frases. El 

era la concurrencia á las tribunas de las Cortes tan 
a cuanto serlo cabe. Abrióse la sesión, subí yo á la 
a como era y es costumbre para leer, aunque para ha- 

la he ocu[)ado en ocasión alguna en las Cortes, lei 
i mia y de la comisión, recalcándome mucho y po- 
)me dü puntillas, y acabada que fuó la lectura, pidie- 
palabra muchos diputados, en pro todos del mensaje, 
il la comisión le proponía. Conforme á las prácticsa 
eglamento del Congreso, no podía concederse hablar 

1 fallando quien pidiese hacerlo eo coDtra, puea no- 



uahe diacusioQ i>otre ijniíiniM se declama ún loda-M 
pura la ley y la ntzoa fueron desalcnilidAS, como tttm 
poi-ar, y liun c«mo dcbifi sor cu oui^ion scimjjanle. B" 
■]Ui> pitiiiiroii liablar, bó!u cincu faoron oi<loe;)oe> 
i). Ángel do Ssuivedra, D. Jüacjuin Marfs rorrar, E 
Caoga Arguelles, D. Aguslío Argfaelles y ; 
etiSügiiída de mi discurso ul débale. AplaudiiÜsimoa 
güelles por las tribunas y aun por los dipulado9,d 
tl6ndosc esta vez aprobaciones manifestada! 
6. los concurrentes á las Cortes, cuya obligación e: 
llar, y á Ioe do las Cói-tes mismas, cuya práctica, o 
á la seguida eu cuerpos deliberantes de otras nacú 
uir impasibles á los que hablaba». Iguales aplai 
yo por mi discurso, en que me sepaié úo cuanto h^ 
cbo quienes me precedieron, pues cHos rebatieron 0( 
-tJcrosas razones las más veces, y algunas con rnént 
■^CM y acierto, poro con notle ardor patriótico, el é 
Lde las notas do los Gobiernos francés, au$lriacO||] 
fj r lisia no, y yo insistí en que fuesen cuales fuesenQ 
Pw^ alégalas por las potencias extranjeras, careoidl 
L^ un asomo do pretexto para intervenir c 
Lloa negocios de Espaiía, la cual nada había hecho ji 
r^Ae otros Gobiernos pudiesen articular contra ella uot 
|.Fuesto á votación, no bien dejé yo de hablar el pM 
I mensaje, fué aprobado en votación nominal por un«t 
L*sin coacción alguna en esta vez, según me complai 
Lwjrdar ahora, cuando nada disimulo de las cosiis n 
C^ua aprobé, aplaudi ó hice en los tiempos pasadtx 
^tftda la sesión, salimos hacia la calle los diputadoari 
LAsomar yo al zaguán, lleno do gente, cuanta en él ci 
Lnludadocon ruidosas aclamaciones. Otros tantos <_ 
^. le estaban dando á Arguelles, y al cabo, asiendo deTi 
• la turba congregada á las puertas y dolante del p(>bfV'fl 
I CÍO del Congreso, nOs levantaron en hombros, nosíl^ 
' Abra zarcos de nuevo, y nos llevaban en procesión () 
ftuntos en andas, entro ropeiidos vivas y palmad&H¡ «« 
en la cual no se ocuUiiba á nuestros ojos que bftlffsj^ 



3^3 

lo, si bien veiBinos y scntfani'is que habfa mucho de lier- 
ioaado, acíirlandi) á pasar por el [ugar que ¡hamos p*- 
Jo fin (lindeRio iriunTo i-l ImmiliJc roc.h.- ik-i presidí; rite,' J 
irrieron nuestros festejadores entrarnos en él, acep- 
>lo nosotros de muy buena gana. Aún siguieron al 
i turbas numerosas hasta la casa en que el presideQte 
(a. Todavía a! apoarnos y entrar allí, se repitieron l08 
, dados con rr>stro altcradi.i y ojos llorosos. Allí nos 
Qresario asomarnoí; á las ventanas, y desde ellas hablar 
Qtio congregado delante, al cual dimos las gracias y 
irnos íi perseverar en los afectos patrióticos de que 
muestra. Disipóse en breve la gente, cesó el bullicio,- 
traroiv todos su tranquilidad en Madrid y asomaron de 
a las pasiones y encontrados intereses que nos divi- 

presentiindonos en un aspecto de discordia ydea- 
1. 

sin embargo, digo y repito, si bien desconfiando tfc - 
icio ahora, que yo, en quien es costumbre no encubric , 
repon li miento de anteriores hechos y dichos; yo, que 
huyo la retractaitiiin cuando me creo en obligación de 
')a, siquiera sea win oportunidad, aun siendo con juBti- 
o, qu« varias vecen y en estas Memorias me he acasa- 
condcnudo á mi mismo, á punto de parecer flaco en 
isilofi, dudoso en opiniones, nimio con visos de hipócri- 

mis eonfesiones y contrición; yo, en una ocasión, tra-. 
► de la cual cuento muchos contrarios y pocos amigos, 
lantengo en gran parte y casi en lodo en el dictamen 
-í, y en cuanto pensó, sentí, hablé é hice en el grave 
:io de que voy ahora hablando, pues aún tengo las ns- 
418 dadas en lunero de 1823 á las grandes potencias de 
pa que desde Verona y París nos insultaban y amena- 
i, por juütas, por buenas, por acertadas y aun por poco 
'8 que indispensables. Y voy á decir por quó pensé en- 
8 como pensé; y pienso ahora como pienso, pues claro 

además sería Injusto calificar mis yerros pasados y 
Dtes, si yerros fueron ó son, por méritos diversos de 
lyoB reales y efectivos. 



Si en 1823 hubiera yo creído posible que se iRO<tUQ 
la CoosUtucion de 1812, ¿ la a&zon vigente, A tal i 
cioa me habría prestadlo sin repugoaocia, y aun coa gtt 
si bien cüíiornio para hacerlo medios, no siMo daoopct 
feino cfin.lui'i/nios al loirro de! fin prO|)iiosto. En verdiul 
era yo parcial de la Constitución que entonces nos regia. 
bian esto muchos, y por eso el gonei-al Álava, tan amante 
poder aristocrático y monárquico, solía decirme quefinnt 
á ciegas cualquiera proyecto de Constitución nueva hei 
por mi, con tal que al formularlo y extenderle estuviese 
separado délos amigos que en mi ánimo inHuian. Síá 
viniendo de los extranjeros la mudanza hubiese yo cooa* 
radoEactible llevarla á efecto, áduras penas habría accedÜ' 
que se probase á realizarla. Pero nada de eso veía, ediUP 
revés; porque en mi sentir, ni pidiendo los soberanos etM 
jeros una mudanza en nuestra Constitución había modí' 
complacerlos sin precipitar á España en nuevos malMr 
lo que es más, pedían los soberanos ni podían pedir tald 
danza, siendo su intención conocida, y !\un declaradla'- 
acabar con ta revolución española á cualquier precio, Jp 
la condición de sacar vencedor de ella al rey FerDando-í 
ahora creyese que opinando así entonces había errada, ái 
declarando lo que sentí y opiné en aquellos días, y nolof 
se me -alcanza, habría confesado mi error, y pesaroso y I 
repentido de 61 proclamaría en estas páginas sin reboiail 
arrepenli miento. Pero me pareció entonces, y, según «MÍ 
ahora noequivocadamente, que la modificación ora impo^ 
primero porque no la deseaban ni la proponían los MoM 
cas ligados en la santa alianza, de los cuales sólo habfsli 
oído en las notas denuestos, cargos en gran parte abultall 
reconvenciones tal vez fundadas, pero salidas de quisÁl 
tenia derecho á hacerlas, y por lo mismo haciéndolas ilÉ| 
taba, y ninguna proposición, á no ser la de poner 
merced de nuestro Rey para que él nos diese el gobiwnoijj 
«onforme á su. gusto; segundo, porque el rey Fspb 
habla mostrado y seguía á las claras manif» 
pugnanda á reinar cod poder inferior al de que f 



375 

-y lÁcero, porque en España los dos grandBs partídoa 

y coostitucioD^, coQ excepcioses, aunque de 

de valer, cortas en número, rechazarían una mo- 

najíquia parecidas la de la caria constitucional de LuisXVIII 

.-Jo Francia, con violento enojo. No creí que deseasen loa bo- 

'>*ríanoa del Norte, ó aun el de la nación francesa, la modifi- 

'**^Ion de nuestra 16^" constitucional, primero, porque logra- 

*** osta mudanza ¡jor'medios pacíficos, qm^daría impune yen 

•»gun modo hasta triunfante el levantamiento de Las Cabe- 

**s, Alcalá, Galicia y otrus puntos de la Poninsula en 1820; 

>'***o es, quedaría sin castigo y hasta dando de si buen fruto, 

''D hecho que sentaba la doctrina de la soberanía nacional, y 

\*^ <3 ue era raás ¡jeliyroso, daba ejemplo de la sustitución de 

** iiisma teoría íl práctica por una sublevación de soldados; 

T^Buiido, porque ni una Constitución con dos Cámaras, y, 

* 1& cual gozase el Trono de un poder y decoro muy supe- 

_ ^í^s á los que le cabían en suerte en la ley política de 1812, 

^■Q cuando sonase á otorgada, no excluyendo la libre discu- 

^5*** 3 sus consecuencias forzosas, podían acomodar á los 

■*>^Qa.rcaa absolutos, ni ser de ellos tolerada, y ni al mismo 

>tiis 5ÍVIII, y menos que á él á las personas á cuyo ioñujo 

■'*t»a.ya obedeciendo el mismo príncipe viejo y cascado, 

o. "Venia ver i-uforzados coa aliados de afuera á los france- 

filiantes de su carta constitucional, nada grata á quie- 

!,--.-~* Sujetos á ella, reinaban; y tercero, porque de las palft- 

, ■" ^ Gitplicitas de los Gobiernos austriaco, ruso y prusiano, 

■ '^'o.iismo de las del francés, donde el soberano reinante, 

■.. j *"Sador de la ley política vigente en su nación, y muy ce- 

.^^ ^ 'ie !a pureza del dogma que atribula ei origen do toda 

l!^_^^**"idad al trono, constaba ser indispensable para tener 

'.V ,, "^^lid a ó legitima cualquiera alteración que hiciese Ea- 

|^-_raj. *^- «n sus instituciones, que á ella accediese Fernando VII 

'R'Hí^^ y' espontáneamente, y cuál era la libi*e voluntad de esta 

fi—^ ^ ^n el punto controvertido por sus pasados hechos y pOP 

'íJ^*^*f estación es no interrumpidas de su constante deeeo, era 

*- .4k-Z|^^*<>*orio. En verdad, españoles y extranjeros no ignora- 

V;^^ los conatos de Femando Vil para recobrar su autoridad 

V. 



í 



7» 

perdida eit bu plaoitiii). Par lo cunl aos tachao injustisi- 
mAmente quienes nos [untan como tscrupuloea y Rinii&~ 
mente apegitdos al dogma de la soberanfei popular y al em- 
peño de que no accediese nuestra patria & deseos sólo po«- 
blea de lograr coa desdoro do su honor y menoscabo de su 
independencia, las ventajas de una buena ó mediana Cons- 
titución, cual podría haberla España conseguido en aquella 
hora; Consiitucion más favorable que la existente Hl podw 
real y también á la verdadera seguridad ds los derechos in- 
dividuales, provechosa al pueblo, y si no grata <lol todo> 
cuando menos no repugnante al Monarca, con lo cual i[ue- 
darfa sentada sobre cimientos de niils que mediana ñrmeza, 
reconciliándose asimismo, al admitirla el Gobierno español, 
con los demás de Europa. Quienes entóneos eran ó so fin- 
gían tenaz.mento adictos á un dogma abstracto, contrario ai 
defendido por los constitucionales españoles, eran los Go- 
biernos que intimaban á España desde Veronu y Parla, 
qne sólo leyes emanadas del trono eran legítimas, y quienes 
^>robaban tal doctrina. Sabido es que a los ojos de muchos 
políticos de nota y valía, y á los de casi todos los franceses, 
parece cuestión do importaocia suma averiguar el origen do 
btsoberania, y averiguado, proclamarle á modo de articulo 
de fe. Esto no obstante, muchas personas de cienL-iay juicio, 
aun en Francia misma, y un crecidísimo núr"ero de pensa- 
dores ingleses tienen tal averiguación por ociosa, conten- 
tándose con que sus leyes políticas sean buenas, vengan de 
donde vinieren, ó sea su procedencia ignorada y contestar 
ble. A éstos me allego yo con mis cortos alcances, juzgando 
ahora, y no dejando ya entonces de vislumbrar, que es im- 
pertinente y aun pernicioso indagar dónde está el origen de 
la potestad suprema, y más necio y fatal, dándolo por sabido, 
convertir en dogma la opinión juzgada cierta y sana por - 
unos, y negada y combatida por otros, Pero los empeñados 
en sustentar que sólo procediendo del trono son legitimas 
las Constituciones, no pueden ignorar que el trono, segan 
dijo con chiste y acierto Napoleón, no pasa de ser un anda- 
miaje de cuatro tablas con un dosd eodma, siendo A tnno 



3T7 

metafórica para, Jesignar al Rey, y eigaiticunclo 
wnla persona íjiie en él está sentada. Ahora, pues, 
iciya una Constitución más A menos perfecta dada 

;y, forzoso es tenga nn Rey que consienta en 

do lie Boi'bou en 1823 no era ciortamenta un ente 
si nu uii liomhre de carne y hueso, con cuerpo y 
ido en años, probado por la fortuna, avezado al 
n ini.'linaciones notorias, de cuyos hechos Él mis- 
■dabiij y no menos los demás, ya fuesen sus 96b- 
nbedeciesen á otra Gobierno; hombre de hábitos 
y íinaigados, de padonas conocidaa, exaltadas 
hora i:omü en ninguna ocasión anteHor, á cjuitia 
üTiaJo los resentimientos y descamado la mal en- 
lada aprovechada experiencia. Fernando VII, faei"- 
-ii'lo, lio '[ueria dar ni recibir Conslituciouee, 'sino 
lü habian reinado su padre y abuelos, recobrarae 
)Ui 'jiio en los tres primeros meses de 183f) habla 
eponcrsü y reponerlo todo en su antiguo ser, y 
■on tanto más guslo,cuanto creía su anhelada ven- 
I jiisiii'ia. Dar libertad á Fernando Vil en 1823, 
i resiLtiiirle su potestad anterior, dejándole dueño 
r á quienes se la habían quitado y mantenidols 
es años en cautiverio afrentoso. 
n los días de que voy ahora hablando, no era sólo 
' con i|uien era necesario contar en España para 
Constitución. Forzoso se hacia tener un partido 
fuerza que llevase á efecto la mudanza. Tal parti- 
llevo dicho, no existía; pues opiniones de uuoa 
rtbres ilustrados, combatidas por otros muclloR, 
eriores en talento ó instrucción, no necios y del 
¡mtcs y cuya inferioridad estaba compensada con 
i últimos un niimero de secuaces harto mayor 
os que lo eran de los primeras, no constituían u&a 
: u al era neu es ario para dar impulso y defensa á 
le las más importantes y dificultosas que ompron- 
lea. Muchos años van corridos desde entonces, y 



«18 ^ ■•^^^^JB 

con ellos han caído sobre nosotros iofinitas y gravIsioi&^K- j 
lanüdades, y algo y bastante hemos aprasdido, ya QQla■^ 
coala del desengaño, ya en los libros de los tsejoree j^aMfl 
cistas, ó dados á luz nueyamente, ó si más antiguos, rátna 
¿ Ber conocidoa como upónas lo eran en nuestra pattiKS 
wn embargo, véase cuan erróneas y fatales doctrinaa prp^V 
lecen todavia entro inucbos, y cómode ciertas ideas ¿flA4Í 
bell&das han niLcido revueltas y trastornos no escasos 4 
número, ni leves en calidad, por donde han sido deniba^B 
gobiernos y leyes liberales y racionales juntamenie. VMl 
como cayó el Estatuto real de 18^, plantoado ya, puesto M 
' juego, cuando contaba dos aüos de existencia, teDÍendo p4fll 
hab&r naddo y vivido apoyo y defensores deque en 1823i|M 
bfa Carencia casi absoluta, cuando no era el empeño idMH 
que el darle ser y ponerle en fuerza y vigor, á despecho ^H 
loi parciales d& la Constitución de 1813 y de los delósl^H 
antiguo do Gobierno de España. En 1823, con sólo hdl^H 
dicho que iba á ser modificada la Constitución, sahd^J 
dado señal y principio á una serie de inquietudes y'A'^l 
tos que, según era muy de creer, habrían pairado á Ber4^| 
guerra civil nueva. La parcialidad comunera, muy anai^V 
flayosada, acusaba al Gobierno de abrigar semejant*^ 
tentó, y si en la acusación infundada buscaba motivo i* W 
varé efecto sediciones y rebeliones trazadas ciisuaoí'T 
Itábulos, en el cargo probado habría encontrado un o»* 
eficaz de levantar su bandera, poner en ella un buen \ot^ 
empezar las hostilidades. Y téngase en cuenta que al e^ 
zarlas habría tenido lu justicia, si ya no toda la razón, i 
parte, pues lo justo es lo legal, y la ley vigente prohib 
toda autoridad, y dun á la nación misma, variar en un A 
la Constitución hasta que hubiese regido á España dur 
ocho años, de los cuales ni aun cinco iban vencidos, 
brlan, pues, de comenzar los modificadores por quebr 
las leyes para proceder al acto de mudarlas, empreead 
tosa para acometida por una autoridad ñaca yvací 
Excusado es decir que la numerosisin;a grey de loa i 
listas ó parciales del sistema de gobierno vigente tt 



3^9 

tanto se habrían opuesto ¡i la Constitución modificaJa cuan- 
to se oponían á la pura. Por douJe, coafuso y alterado 
todo, incierta la justicia, oscura la conveniencia, sin fuerza 
el Gobicriio y pujantes y audaces los bandos, habrían voni- 
doápararlas cosas en haoersi' iinJisjii.'nsíihli; l;i iiivusíon ■ 
francesa, y ésta tendría que restablecer al Rey Fernando en 
el pleno uso de 8u regia potestad, y él habría usado del r»- 
■cobrado poder para reinar con ningunas ó con poquísimas ó 
-débilísimas trabas. Verdad que á este mismo fatal paradero 
TÍDÍmos, lo cual era fácil de prever por cualquiera persona 
■dotada de un tanto de sagacidad y buen juicio. Pero al cabo 
para perderlo todo nadie entra en ajuste, y bien es de pro- 
bar la suerte cuando el ser vencido nada puedo traer peor 
que lo seria entregarse á merced del enemigo antes de la ba- 
talla. 

Por estás consideraciones fui yo guiado, y lo fueron otros 
coninigo, al aprobar la respuesta dada á las famosas notas 
de Verona y París. Por estas mismas no me arrepiento hoy, 
y si, al revés, sustento lo que en aquella ocasión pensé é 
hice. Bien pude errar entonces, y no es menos posible qae 
sea pertinacia en mi error mi opiniOD presente. Pero áan 
.dado que errase entonces y siga errando ahora, todavía i^o 
M razón juzgarme por yerros que se me supongan, en vez 
de hacerlo por los medios reales y verdaderos. Mis amigos 
y mis enemigos, tanto en la ocasión de que voy aquí 
tratando cuanto en otras muchas anteriores y posteriores, 
han convenido en atribuirme ó achacarme doctrinas é inten- 
ciones muy otras de las que tenía y de las que ¡iroclamé, ti- 
raodo á ensalzarme los unos por creerlas buenas, y á depri- 
mirme los otros por estimarlas Eunestas, sin que en mi hu- 
Iñese merecimiento para la alabanza de los primeros 6 para 
el vituperio de los segundos. No porque reputase yoperfoc- 
tft la Constitución de 1812, me empeñé en desechar toda mo- 
dificacioD que de ella se intentase, ni sólo por venir de una 
manera irregular é indecorosa la proposición de hacerla, la' 
. daiechó: pues pensé y dije que la modificación era, no inad- 
V :, -viUáble, sino imposible de llevará efecto, y quepornadíe 



Tenia propuesta en Urminos explkátw:y4i^B¡8w «egarid»- , 

des suflcientee pan &dlilar la empresai 

ley poUüca ei hubiese quien á intentarlo se arrojase. Esta , 

dije más de una vez en Madrid en Enero de 1SS3, y 

diró á BU tiempo, en alguna otra ocasión posterioi- y ,\ 

noB solemne. 

Cierto es, sin embargi^i, que hube de mezclar con < 
razones otras que algo disculpan la errada interpreta 
hecha de mis palabras y obrasen horas tan criticas. 
taba yo completamente alucinado, pero tampoco esta 
todo exento de ilusiones; veía et peligro, con corta e 
de salir de él vencedor, pero con alguna; estimaba c 
nientey necesario excitar pensamientos y afectos de [ 
liamo contra los extranjeros, cuyos insultos nos 
afrentado y cuyas armas nos amenazaban, y movidí 
estas consideraciones declamé no poco, y apelé á'laa pal 
nes exaltando el dogma de la soberanía nacional, j 
rando cuan infame seria sufrir los españoles humillad 
y obedecer á preceptos de autoridad extranjera 6 incom 
tente, y hablando, en suma, como debe hablar quien e 
conmoverá las turbas y sacar partido de su entu 
ñ no en favor suyo propio, en el de la causa que leal ; 
voroaamente sustenta. 

Si de alli nació que en mi modo de expresarme api 
cíese más ciego apasionado de la Constitución y más I 
tratando del honor y la independencia de mi patria 
que era yo efectivamente, ó que lo que exigía la pru 
no reñida con la justicia ni Aun con el debido cuid 
trono de España, y si, por consiguiente, hubo en mis d 
sos algún fundamento para las tachas puestas entonces i 
proceder, y después constantemente repetidas, también^ 
digna de reprensioa alguna cosa en mis intenciones, do fi 
tonte ser ellas en lo general sanas y dictadas por el dai 
bien público, según yo le comprendía. VerdaderameDta,J 
tainenle con éstos, motivos de una política mezquina y 
cula ejercían en mi cierto influjo. Quería yo probar á U 
muneroB que no vencían ¿ la sociedad de que yo era pai 



Á los minisU'ijs por ella exaltados, <^ á »ií mismo, en vordaje- 

ru exaltación de doctríniís. Si ea las doctrinas de desurden y 

ea reducirlas á prúctica no quaria yo uompelir con ellos, en 

loexti-emado de ciertas opiniones aún me preciaba de ser su 

igual, y lejos de reconocerlos superiores, procuraba pujarl»6' 

'*■!» posesión del buen coaceplo do las gentes hasta quedarme 

«son ella, por ser objeto de mi harto pi-eciado y apetecido. Asi 

''ÉStttban revueltos en mi mente pensamientos nobles y rui- 

B08, intenciones rectas y torcidas, desvarios con aciertos, y 

-algo de locura con un tanto de buen seso y prudencia. De 

eslss cosas últimas venia mi constante deseo di; alropellar 

por todo para sacar á España de una situación insufrible por 

; lomoles^ta y peligrosa, provocando una contienda en que, 6 

' "vencedora nuestra Constitución, ó digamos nuestra revolu- 

n, queijase segura, ó vencida cayese de una vez, eu lugar 

vivir una vida precaria y congojosa. 



1 



CAPITULO XXVI 



etectOH lio Ina senloneB Hb Córt.pn ilrt 9 y 11 de 
Sillero. — BoHsicrBB se atrerfa i'i Mnilriil mniKlniído una 
Acción re«lÍHtn,— EhTrotív •■n Hi-iliuean '\ liir* CaofTina libe- 
xBleB ealidan ilo Mnilriü.— fPmorps de Icih lilii-i'ales. — Ba- 
IleBteros bo Rncnrca do Indcrenea de Slnili-.il, pnn autorl- 
snciondo Isa cortes. —Conducía do ei^1i):'*'iii-i-:>I.— XiaHiM- 
laal, encnrKndadel inauúo de latt vencido.-J en. lIi'DiuesB, 

contiene y linee retroceder ¡í llF!<nieri>b< IJi'sapnriulOD 

de Mejla, reductor de .tjl Zurrlaito.»— IrfiH foiiHinero» 1* 
■oharan n lo» muHonea.— IJií^ponen ejercer ii-i i>reaalÍBB 
con <^1 atitoi'. — Infante) > laíiirÍK le provii^noii.— fEeaparl- 
aionde iViejin. 



Anudando el interrumpido hilo de mi narración, diré, 
que el temor de aparecer alucinado por preocupaciones 
y memorias antiguas me retraiga de afirmarlo, rjue el primer 
producido por las sesiones de las Curies del [I y del 11 
de 1823 no fué despreciable'. Sin ser genera!, ni con 
), el entusiasmo, en algunos le despertó y hasta sernos- 
en las obras, si bien como llamarada fugaz que al soplo 
¡pentino ri inespenido de una desdicha (juedtü de sú- 
bito apagada. Varías diputaciones provinciales, convidadas á 
^lllegar fondos y alistar y armar cuerpos para la guerra que 
Jpi^dxima amenazaba, comenzaron á desempeñar su encargo 
celo y visos de feliz éxito. Pareciú que callaba como ad- 
mirado el bando contrario del Ministerio, por suponerle tl- 
^?|iniido y frió. Levantó la frente y la voz con orgullo la socie- 
[ dad secreta que gobernaba a ia sazón ú España. Volviéron- 
sele amigos, aunque por brevísimo plazo, muchos comune- 
' roa 9e nota. En algunas noches casi enmudeció la sociedad 



LantUbaríaoB, pan MripAttMÉPpH^nJts j no 
tiéndole BO iodole el aplauso, 'Íinl)uraD'''áa sonar vn 
cinto meramente Irlas generaUdades. Mas on breve 1& 
dicha & que poco há he aludido aquí, di6 impulso 
desfavorables al MÍDisterio, á sus amigos y á la ca 
tituGÍonal, y suelta á las pasiones coDtrarías & los prii 
y digo que diij iai[)u].<o y no causa, pues aun sin tal 
tura la caida de ]os ministros y de lu Coustituciou 
falible, aun cuando hubiese venido algo mí^ larJe. 

Una columna de levantados del bando realista, de 
vagaban por España, por las tierras del BajoArag' :■ 
á Castilla la Nueva, y pisando los términos de la 
de Guadulajaia, se acercó il Madrid lo bastante i 
Bar, si no in'juiclud, escándalo en todos y descioüi 
Gobierno. Mandaban acuellas fuerzas un oficial antij 
ejército, extranjero, m no de patria, de origen, llamado 
Italmann, y un osado aventurero francés ó iluliauo, 
llevaba cl nomlíre de Dessiéres, dudándose que fuese 
Cíu apellido verdadero, el cual un tiempo constituciooi 
doroso, y luego sospechado de republicano, escapado 
prisión en que por promovedor de alborotos estuvo 
nado á nittcrto, mudando de bandera, militaba bajo la 
Rfiy absoluto, según es probable, porque atendiendo 
medrar y ú elevarse do pronto á grande altura, juz^^aba 
para su intento buenos cualesquiera medios ó cami; 
A ahuyentar tales tropas allegadizas, tenidas porgavillasde^ 'I 
preciables, fué destinada una fuerza no corta, á la que sfl '. 
agregaron algunos milicianos de la Milicia local de oabaUs- 
rfa dé Madrid. Iba timbien allí el regimiento de m¡líciW| 
provinciales de Uujalance, que pocos días antes habla eslsdO' 
en Madrid, dando que admirar ala inocente credulidad étí 
vulgo de liberales por su aparente entusiasmo, pues canta- 
ban á una tos soldados en una tonada de las más usadas en 
aquel tiempo: 




Alegría, Biúalsnce, 
]TÍva U Conitltueioni 



qae los tiranos qae nos nUDdtbsD 
y» no nos tntndan, ao, do, no; 



■^teo cayo motivo aplaudían todos que un cuerpo de mili- 
' cías, tropa toda ella reputada desafecta & la Constitución, 
hubiese mudado tan de pronto y á tal punto, lo cual se atñ' 
bnfsá su comandante D. N. Llanos, antes oficial de Guap- 
dias reales, y de los que se opusieron á la rebelión del l.^de 
Julio de 182S; oficial valiente y celoBOj pero crédulo, como 
fia eran todos ent<5nces, y alucinado en punió á dar valor & 
i^emostraciones vanas, con las que padece la disciplina, sin 
le mucho por otro lado, Al frente de esta expedición 
10 ponerse y fué el capitán general de Castilla la Nueva, 
Demetrio O'Daly, uno de los cinco generales del ejército 
San Fernando restablecedor de la Constitución de 1820, 
liar antiguo, pero no hecho al mando superior, y falto de 
jara ejercerle, aunque oficial apreciable. . Llegó esta 
rza á Guadalajara, y pasando de allí, fué sobre Bribue- 
poblacion á que había dado fama á principios del si- 
XTiii, ser a!li hucho prisionero el genera! inglés Stan- 
con todas las tropas de su nación que le seguían, y á 
dio la ocasión de que voy ahora aquí hablando nueva 
ibridad una imprevista y gravísima desventura. En efeo- 
■, las tropas constitucionales llevaron una completa derro- 
ta, perdiendo toda su artillería, algunos muertos y un nú- 
mero de prisioneros crecidísimo para el de que contaba la 
fuerza vencida, y huyendo en confuso desorden hasta las 
mismuM puertas de Madrid todos cuantos salieron ilesos del 
frimp'i 'li? batalla, causó asombro y pavor en Madrid tal su- 
ceso. Los numerosos parciales del Rey que encerraba la ca- 
pital de España, se presentaron amenazadores; los comune- 
ros y todos los á ellos agregados, alzaron el grito contra el 
Gobierno; los indiferentes y pacíficos temblaron, temiendo 
ver la población hecha presa de un alboroto dentro de bu 
recinto y combatida desde afuera por los rebeldes vencedo- 
res. En ios amigos del Gobierno era suma la congoja, y ea 
varios de ellos no inferior el miedo. Asi sucedió que, como se 



tiubiese el desastre ocurrido en Brihuaga hecho publico 
Madrid entrada ya la noche, y como u>davia seguía sieES-do 
presidente de! Congreso Istúriz, hubo quienes acudieron ó. Al 
muy alborotados, pidiéndole que convocase á sesión ÍDmetüa- 
tamente, sin reflexionar que hubria de abrirse la que se c^on- 
vocose por la madrugada, y que sobre el escándalo anejo 6 
juntarse las Cortes á hora l,in insólita y extraña, habíi». 1« 
consideración de que para remediar el revés padecido cia^& 
podía hacei' el Congreso. Negóse,comoeradH suponer, S^tór 
riz á tan singular propuesta, y amaneció el siguiente <ií*> 
que lo fu6 de penas y temores. 

Amedrentados y aturdidos los ministros, estimaron ofi*JP^ 
tuno avenirse con los comuneros. De ¿stos era verdad^'*' 
cabeza Batlealeros, por más que presidiese su sociedad 
latea. A Ballesteros, pues, quedó dispuesto enti-egar el 
do de Castila la Nueva y la defensa de Madrid, á ( 
pnertas estaba esperándose por horas ver llegarlas vi«-=-*"', 
riosas gavillas de Bessiéres, en quien estaba ya pers» ** *í' 
cada la fuerza que él conr otros capitaneaba. Pero Ball 
roa ora consejero de Estado, y como tal no podía ser 
pieado, sin quoáello precediese una autorización délas _.^ 

tes. Dispúsose, pues, pedirla sin demora. Al intento se f^^ 
sentaron en el Congreso loa ministros mustios y cabi^ 
JOB, como con trazas de vencidos. No de mejor sembla* 
estaban sus amigos los de la sociedad rival de la cornil 
ra. Al revés los comuneros, aun los que solían votar ^ 
el Ministerio, se presentaban con visible arrogancia, cc»- 
qoien variaba de situación, pasando de una de inferior^»- . 
otra de superiores. Las tribunas estaban llenas princitT^fí| 
mente de comuneros, siendo éstos los que de ordinario ^ ^_^ 
coocutTJan en más número. Hecha la proposición^ la 8(rf^-^^ 
el diputado comunero Salvato, hombro que solía exproa»-'' 
en pocas, pero huecas y pomposas frases, con pedanterf * 
afectación cínica, y que esta vez calificó al general de qii *^^ 
se trataba, de gran figura que había aparecido en primer É. .- 
mino en el escudo del 7 de Julio. No me acuerdo si al *^r^ 
esto, 6 antes al oir nombrar á Ballesteros, «onaroD ei 



3ST 

Ufc pública bravos y palmadas. Reprimió el desórdm al 
ito Ifitúríz con un campacillazo tan recio y seco y cod 
ras tan vigorosas, que acertó á imponer silencio y aun 
io, cosa no común en lales ocurrencias. Pero la aoto- 
n fué concedida sin oposición, y aun no tengo presente 
r unanimidad de votos. Las consecuencias de este sa- 
fueron, sin embargo, pocas, si ya no es porque de él 
origen habersu dado los mandos principales de los ejér- 
parala próxima guerra al mismo Balleteros, al conde 
Bisbal y á Morillo. 

allcsteros, que en la guerra de la Independencia se lio- 
ado á conocer como arrojado y activo, y también como 
, indócil, ¡ionderador extremado do aus hechos y de 
habilidad, captándose con sus buenas y malas cuali- 
} altísima reputación entre el vulgo; que en 1815 habla 
minislro de Femando, Rey absoluto, y hecho nacer con 
inisterio infundadas esperanzas en los constitucionar - 
de cuyo gremio nunca había sido anteriormente; qa6 
:20, al saberse el Ii;vantamienlo de Riego y Quiroga, ha^ 
frecido ron si>rvil empeño al Rey su espada para ir á 
irá los riíbeldos, y llamado á Madrid, había en algo COO- 
ido d que Rey jurase la Constitución; que en el 7 de 
de 182;!, obedeciendo una orden del Rey dada de UD 
» ilegal, por no serlo por un ministro responsable ee 
i detenido al fi-cnte de sus tropas vencedoras, y salvado 
los guardias rebelados de una derrota completa y al 
;¡o do caer un poder de los constitucionales, & costa dé 
■compromisos á las autoridades legítimas que por la 
titucion existían; que, esto no obstante, se arrogaba, 
< ya todo, el principal mérito de aquella jornada, y se- 
flgunmdo entre los hombres extremados en opiniones 
cas, sin acertar él á ser enteramente de ellos: Bailes- ■ 
,'con ambición gigante, oscuras luces y ninguna iiUh 
ion, de condición violenta y dominante, p ero á quien, fitl- 
) el discurso, no había medio para buscar con esperan- 
e lograrlo todo lo que apetecía, alcanzado el mando no 
qué hacer de él, y empleó su situación y la autoridad 



puesta cu sus manos, que un abuso racilisiaio y probflw 
EÍmo podia haber hecho iomenaa, aa meras meQudffli^ij 
puorilidades. Como complaciéndose on ver dependientes C 
él mucfaos generales, dio á varios de éstos los manclM A 
las puertas de Madrid, figurándose que iba esta ca[Ht ' 
ser amenazada de expugnación por las tropas de F 
res. Obrando á guisa de dictador que domina 
partidos y de todos se sirve, escogió á generales de a 
das diferentes opiniones políticas, para darles pi 
coafianza y aprecio, entregándoles los mandos^. . 
escogidos, DÍnguno causó más admiración que Morillixib 
comuneros, cuyo incesante clamor era que fuese p 
jtijfño, y áuQ condenado este general por su conducta eBÍ 
' socesos del 7 de Julio, hubieron de saber atónitos y 
frir callados y sumisos la rehabilitación de! para e 
odioso personaje, traida por el mismo caudillo á quien ^ 
hahiao PDCumbriido para triunfo de las doctrinas y f 
nos de política más exaltada. Estos nombramiento^ 
nada vinieron á parar, no habiéndose acercado á Madrif 
de Bessiéres, sino antes retrocedido ante el conde i 
BiBbal, enviado por los ministros aun antes déla elev^ 
al mando de Ballesteros, y recien sabido el suceso dfi S 
buega, á juntar las dispersas reliquias de la división ^ 
da y á hacer frente á los vencedores, y que había dea 
Sodo su encargo con actividad, valor y acierto. 

Con esto el de La Bisbal, que desde su acción en el 
mar del Puerto en Julio de 1819, y desde su levanta 
á proclamar la Constitución en la Mancha antes qued 
la jurase, se había hecho odioso y sospechoso á túdd 
bandos que dividían A España, y que habiendo pro 
aligarse al exaltado había sido por éste recibido tibii 
durante largo tiempo, y que al fin había logrado Si 
tor de Infaotería, puesto, aunque alto, no bastante á si 
bicion, codiciosa de otros donde podría influir m¿4 0> 
ücontacim lentos, se vio ya cou un mando de iropaStl 
6B, con una fuerza que pudiese 6\ emplear en sus pwyí' 
ulteriores. Así, tres hombres ambiciosos, con diversos i> 



^1 


^^■n^^^^H 


■ 


I^^^H 


^^HiH^^B^H^I^^HB^^I 


w 


3Í9 


1 


HÉntes, alistados en diferentes parcialidades y con(!tird«B ^| 


foSeÜOB 


en tener en poco el poder civil, iban á ser due- ■ 


I» de la suerte de España, habiendo coucurrido á 


po»,^ ■ 


P en tal 


situación varias causas, pero siendo el 


común ■ 


Ittgen de! 


iu subida al mando la fatal jornada do Br 


ihueg.1. ^ 


Con I;v 


^ ruidosíLs disposiciones de. Balleslei-os y 


con las 



certadas maniobras de La Bisbal quedó alejado el peligro 
DB de afuera amenazaba á Madrid; pero el de ver turbada 
i paz en sus calles, si bien había disminuido, no habla 
asaparecido del todo: Ya los socios de la Landaburiana 
nnaban como antes contra los ministros, y llamaban ása- 
icion con no rebozadas frases. El Zurriago seguía sos 
esmanes insufribles. Coincidió con los sucesos que -voy 
hora aqui narrando, un acontecimiento misterioso. Súpose 
6 repente que había desaparecido D. Félix Mejia, uoo ¿e 
MI dos que principalmente escribían en El Zurriago. Go&tar 
ftn BUS amigos que éste había sido sorprendido y arrebatado 
na noche, sin duda alguna por los de la Bociedad de la 
lüü Be mostraba tan acérrimo contrario, sociedad coDOci- 
a por las venganzas que ejercía contra quienes revelabao 
os secretos. Ponderábase el escándalo de tal hecho, aun 
aponíase muerta la víctima, y cafa sobre el Ministerio, 
lijo de la sociedad, la execración que merecía tan infkma 
iolencia. Creíanla cierta algunos indiferentes, dábanla por 
al casi todos los comuneros, y los amigos del Ministeno 
legaban que tal hubiese sucedido, suponiendo la ocultacioo 
le Mejia voluntaria, y encaminada á promover un alboroto. 
)e esta última opinión fui yo, y soy ahora mismo, á pesar 
le quo temí entonces que el celo indiscreto y necio de aló- 
los de nuestra sociedad, sin anuencia y sin conocimiento d^ 
Oís superiores ú hermanos en ella, los hubiese llevado áco- 
B6ter un delito que era asimismo un yerro. £n medio de 
Hto, y sonando recia la acusación contra nosotros, sucedió 
iiie una noche al ir yo á retirarme, cerca de las doce de 
iDa, como solía, de casa de Istúríz, éste, después de liaber 
báUado en secreto con nuestro común amigo D. Facando 
faAute, que habla entrado cOn trazas de tener algon seore- 



880 

to, me dijo que do pensase yo en salir, púas por la mariar 
temprano habrísntos de tratar de qd negocio gravísimo 
urgeotÍBimo, y para estar*juatOB á hora tan desusada e xj 
cómoda en el rigor del invierno, había mandado ponerxne 
una cama, donde seria bueno que desde luego me acoatase, 
á fín de estar pronto al dia siguiente y á la hora opartunaj 
Extrañé yo la idea, y despierta y excitada mi curiosidad, m^ 
empeñé en averiguar desde luego la ' naturaleza del gr&W , 
negocio que obligaba á tales singularidades; pero fuero* J 
inútiles mis diligencias para sacar de Istúriz cosa que Df^t 
diese siquiera luz para colegir algo de aquel misterio. ~ " 
acosté después y me dormí, y tan bien, que no hube de ¿ 
pertar hasta muy entrado el nuevo dia. Entonces me ^ 
de prisa y acudí á saber de Istúriz qué babiaroos de b»< 
tratar. Pero mi amigo, riéndose, me dijo que nada ocurría 3 
y que si yo había dormido allí era para librrtarme de uo T 
ligro, quizá no cierto, pero cuya noticia bastaba para t 
razonable la precaución tomada. Era, pues, el caso, ! 
lo reñriú Istúriz, á quien en la noche anterior había vsO 
presuroso á contárselo Infante, que con motivo de la ' 
aparición del xurriagmsta Mejia, se hablan juntado ea 
conciliábulo secreto algunos comuneros, los cuales ad»*' 
eran de la sociedad italiana de los carboneros ó carb* 
rios, y que, ó participantes en el ardid _del escondido, ó ' 
yendo cierto el delito de haber sido muerto ó encerradí* ^ 
escritor de El Zurriago, habían estimado justo y oporC 
ejercer represalias sobre la sociedad supuesta autora 
atentado, para cuyo intento había sido yo escogido por ' 
tima, como uno de los miembros notables del cuerpo tí 
habiéndose resuelto primero quitarme la vida, y luego, * 
más piedad, sólo echarse sobre mi y meterme en un e 
ro donde estuviese penando hasta ser canjeado pora! p 
hijo de Padilla, ó donde, en caso de haber éste sido mué* 
tuviese yo un lia igualmente secreto y trágico. Hasta 
nombres de los concurrentes al tal conciliábulo b^IUi S 
citados en comprobación dé la certeza da la denunciail 
de lo allí ocurrido. Pocos hablan sido, y de 4 ' '' 



lerdo de b«8, uno el bufo de la Apera italiana, llamado 
Jtoaich, que con 1)afoiiadas y alguna habilidad mímica com- 
pesaba las faltas de su poca y no buena voz, y que con 
trobanadas lisonjeras al vulgo liberal se solfa captar splan- 
S08, no sólo como actor y cantor, sino como patriota, aun- 
que extranjero; otro, Moreno Guerra, el cual, no siendo di- 
putado ni cosa alguna, y ardiendo en deseos de hacer papel, 
procuraba llamar así la pública atención, aunque fuese por 
delitos, y otro, el coronel D. N. Santiago Rotalde, al cual, 
como á mi antiguo y constante enemigo, se babia dado por 
comisión ejecutar la sentencia contra mi pronunciada. Re- 
pugnábanos creer tales nuevas, y tanto más cuanto que 
Moreno Guerra estaba de continuo con nosotros como ami' 
go, y ¿un habfa hablado al público desde una ventana de la 

- casa misma de letúriz, cuando el 11 de Enero fuimos tnú- 
dos á ella en triunfo Arguelles y yo, y se agolpó la gente á 
seguir dándonos aplausos. Así fué que pudo más en nos- 
otros la duda que el crédito, debido al denunciador de la 
maldad; y si bien no seguros, ¡legamos & mirar el aviso coa 
desprecio. Pero ocurrió que á la hora de comer d>4l mismo 
día 60 cuya mañana había yo recibido en casa de Istúriz la 
noticia de lo dispuesto en mi daño, estando coraienifo en la ^_ 
misma casa, como hacíamos diariamente, entró un amigo ■^ 
de los que allí vivían y allí asistíamos, el cual era comune- " 

■ ro y devoto de su sociedad, y asimismo buen caballero y 
muy de nuestra confianza, y como delante de él se hablase 
del asunto que ocupaba nuestra atención, protestó contra 
las calumnias que es común divulgar, y contraía creduli- 
dad pronta á dar buena acogida & cuanto se dice en descré- 
dito de los de un bando ó secta de adversarios, acabando 
Con prometer que él averiguaría el origen de la delación re- 
dbida, y \'onúvhi pateóte su falsedad; pero pálido en breve 
é cumplir su promesa, volvió pesaroso y cabizbajo, confesaa- 
do ser cierta la denuncia en casi todas sus partí cularidades, 
yculpadas las mismas personas acusadas ante nosotros de 
serio. Sin embargo, estimóse pasado mi peligro, por ser ya 
' ai^do que le corría, y volví yo á mi vida acostumbrada. 






reduciéndose lodo á qae mi amigo Grases y yo hicióe 
diarios y maDifiestos iasultoe á Moreno Guerra cuai 
casa de latúriz eepreseatoba, lo cual llevaba él en pects 
asf por ser cobarde por demás, aunque de gran corptilfl 
y largo de lengua, y audaz lejos del peligro, como ) 
su conciencia la echaba en cara SU infamia. Rssla s 
cir de este inciduiitó que en aquellos mismos dias se ) 
ció Mojía una noche á unos poceros que estaban ocuj 
eit BU sucia faena; los cuales, 6 estaban concertados c 
rt le vieron en verdad con asombro, porque vení 
laban, medio desnudo, afligido por el hambre, la i 
congoja de tos padecimientos de algunos dias, refíni 
que at entrar en un portal una noche había sido cogi 
«orpreea por gente emboscada, y sido llevado por ellal 
encierro, donde tras pocos dias de un duro trato, había 
en el silencio do la noche sacado y puesto en la calle a 
mo, sin ver la cara é quienes le hicieron libre. Pan 
cosa mal forjada patraña á casi todos, aunque no faltú ij 
creyese verdad su prisión, y hubo muchos que, tenU 
por falsa, aparentaron creerla. Fuese como fuese, otn 
chos y otros cuidados distrajeron pronto la atención d 
supuestas ó verdaderas calamidades de! turriaguistaj'\ 
de poquísimo valer, á quien sólo daban algún precio L 
cun&tancias de aquel periodo inquieto y calamitoso. 



CAPITULO XXVII 



A-liuraclci eituBcion del Clobieriio.— J'ienBa en traelailarae 
¿Ando lucia, —EapecePBB diverooB. — Kl naunto »e tfatlieD 
laeCót-tes, y ee aprueba la traelaoion ile la feeideiioia del 
Oobierno.— H;1 Rey muda de ministros y declara Qua est¿ 
x^Huelloñ. nnedarae en Madrid. — .Veilocion en el oentFO 
de la oapll al — 6al>e el autor que ha empezado un motín 
7' acude conoti-oe amigos n. lo sociedad maBÓnit¡a,q.ue deci- 
de esperar el resultado del alboroto .-BiKae laasonada, y 
el Hey vuelve á llamar lí loa minisCrOH destituidos — OaJX' 

Bae por que continúa el tumulto tina turba pide a Ift 

oomision permanente de Cartea el deslronnmlentodal 
Rey.— Bailes te roa pereisue iV loa iilljoi iitadores.— QiHt- 
denoiaa entre comuneros.— Clausura de la eoDÍedad I^av* 
daburiaua.—Ell autor sale para Córdoba.— E^n Ocañ.'i re- 
cd.be aviso de »er acusado de fautor del alboroto ultimo.-' 
j* - manda una carta desntintiéndoIo.—IPernriaDece dosdlaa 
a Córdoba con su famillai y regresa á Aladrid. 



Corría entre tanto el Uempo, y la invasión que ameaa- 
i & España ee iba acercando. El Ministerio, más inco- 
zeatóncesqutí antes, y por otra parte falto de medioa, 
' 'CÍd los cuales la mayor capacidad es inútil, nada hacia para 
opODerse al dailo, temiendo el que sobre sí y sobre el Esta- 
_ do venía venif. Habia pedido autorización para contraer un 
, .«mpréstito, pero ya era tarde; y lo que según es de creer 
babria logrado pedido ü, tiempo, ya no pudo conseguirlo 
cuando parecía imposible que resistiese la Constitución de 
■Bspaña, casi desarmada, á los poderosos contrarios que Be 
' declaraban resueltos á acabar con ella. Así, ajustado ya al 
prdBtamo, al ir á realizarle, fueron protestadas por el prínci- 
.pal contratante las letras que contra él había girado su comi- 
' ^ que tenia la competente autorización para hacerlo j 



394 
babia cerrado el trato en toda forma. Exhausto, pues, de re- 
copKos, compelido á Ib guerra y vieado la invasión cercana, . 
dÍBCumó lo qae & la sazón peaeahan las gentes de buen dis- 
curso, y era que se babía hecho necesario trasladar lacerto 
y el Gobierno todo á Andalucía, para evitar desastres como 
á U Junta Central hablan sucedido en Diciembre de 1808, y 
para dirigir desde aquella parte de la península la guerra 
contra los franceses, como lo había hecho en 1809 ia misma 
Junta Central, con bastante feliz fortuna por algún tiempo, y 
como lo habfan hecho, recogidos & la Isla Gaditana, varios 
de los sucesivos Gobiernos que había tenido Espaíía, levan- 
tada contra el imperio francés en defensa de su independes- 
da. Militaban, sin embargo, contra tal determinación, ra- 
zones de grave peso, porque buir al comenzar la guerra era 
darse por incapaz de sustentarla, y abandonar la capital á * 
un enemigo resuelto á mudar el gobierno de España y fa^ 
vorecido en su intento por un número crecidísimo de espa^ 
ñoleSi era proporcionar á los invasores, que se titulaban 
redentores, un lugar donde crear un Gobierno, el cual ten- 
dría muchas apariencias de legítimo con residir donde solía 
hacerlo el de la monarquía. A esto respondíamos los ma- 
chos que, como yo, opinábamos por la retirada inmediata á 
Andalucía, que conociendo y confesando lo cierto y grave 
délos inconvenientes anejos á la resolución de retirarse, 
todavía era oportuno y aun forzoso elegir del mal el menos; 
que defender á Madrid contra un ejército era imposible, y 
no más fácil en el estado de nuestros recursos y ejércitos 
impedirá un ejército francés que entrase por Guipúzcoa la 
libada delante de la capital de España, y que Madrid no es 
al pueblo español lo que París al francés, no siendo aquí 
costumbre tener por señor del reino al que lo es de la pobla- 
ción su cabeza, de lo cual daba ejemplo la guerra de la In- 
dependencia, cuya memoria reciente vivía en todos, y con 
ella la costumbre de obedecer como á legitimo supremo Go- 
bierno de la nación española al que mandaba desde una 
ciudad de provincia. Discordes andaban los pareceres aun 
entre los que estábamos por resistir ¿-todo tranca i los 



■■, pues áuQ mi amigo iBtúríz se opocis á que se 
ise á Madrid, pero sin decir de qué modo era posi- 
meree en esta capital. Pero eieudo, como antes he 

repito, corto el nú mero de los que, aprobándola 
esaprobabau la retirada del Rey y las Cortes ¿ Ato- 
parecía mayor, porque á él se agregaban todoi 
lesuabaii la calda de la ConstituciOD, y con hipó- 
unción de arrojo encubrían su deseo. Asi, fué oo- 
r, como acción hija del miedo, la propuesta retira- 
o el negocio á las Cortes, y recibido informe de 
sion favorable al viaje á las provincias andaluzas, 
o golpe un discurso de D. Cayetano Valdés, el cjiM 
r hablar de! miedo y vituperar lo que de él nacía, , 
ísaba, j»or su parte, que tenia muchitimo miedo, 
llana y notable en boca de tal militar, cubierto dé 
• señalado por su nunca desmentida y no com^ 
;, y cxpicsirtn que él justificó en su singular modo 
;ai-se, probando que miedo era toda precaución, 
o movimiento hacia atrás, y á veces hdcia delante 
rciios, y miedo las murallas, y entre éstas, más 
niau balerías con merlones, en vez de hacerlas á 
£izo niucbo efecto este discurso, si no para lo^irar 
3Íon de la retirada, resuelta aun antee de oír al 
;encral, ¡lara hallar buenos modos de abonar lo. 

ue los ministros y las Cortes estuviesen confort 
(raslurion del Gobierno y cuerpo cotegislador de 
Andalucía, no era todo lo necesario para que el 
jrifirasü. I'altaba que á hacerlo se pi-estase Fer- 
cual no estaba ya del todo sumiso, ccuio antes fflii,^ 
■rio, sino al revés, probando, aunque timidam 
yuvar á la redención do su persona y i-estauraí 
>ridad, que iban á traerle los ejércitos de sus a 
■minóse, pues;, á libertarse de sus aborrecidosM 
i nombrar otros que se opusiesen á la retiradajÉ 
Para ello aprovechó la ocasión que ía ConStfti 
asentaba, suspendiéndose las Cortea. Estas Mb 



debían jiincirs 
lü otro l(.:ní;in 
coní'iífuioiittt f|i 

arjtidUi L[jfl>'vi! 

voiií-i'jii .i.' In-s 
-í-iar-íii- I--.hr.r. 
r.;voKv:r ^-1 IM 



tiíniíiiiij 
(»iTah;iii 



'{iKi lio iKilii; 
Iii.]otI,-|MS.,! 
.yfi»m!¡:..,a,. 

I.nva'I.fS. A^i 



tlilbliuliMlrl 

.!('s.'iLih../.;i-ln 
l-sii<l¡u.¡sl<. 






orno c^xtraor'Jinarias, ven I.^deMarzo^lS^Si^^^ 
e i.-üii'.o oi-dinai-iai:. y [.ara pasar de louDO=~ -a 
<|ue fi:!i-brar5e juntas preparatorias, y po^^^ 
uL* I pirarsf la l*?.:íislatura extraordinaria si ^ 
iiriria tu ¡ilfiunos, auii'iue pocos <liaE. As "J 
>!t' y ii]<:ti''r|ii-a ]<.'y j>'jli(ii'a. tan poco favorab^^K_ - 
■:il, iÍf;J,'i1);l á t'Hta, con i.jilo, libre d-; la ÍQte^^Kr~ 
f'''ir[f>! ].or un cono pla/o, y cahalmeiiEe^^E^ 
u 'It: lx'j:i, bastaba un plazo brevisimo paL 
;i'bi y llar fon la Cnnstilucion en tierra, sfc_J« 
ina l-\::al puiiitise est'jrbarlo. Dien lo hubo r^K ■* 
, riii fíilnin'io (jiiitín Sí; lo advirtiese, y asi i ™ "* • 

■ 'b- Tiiiiiistros L-l 11) di; Febrero, dia (.'U que '— -=" ^ 
ijii.rs ixlracirdiiiana^ para emplear los nue^^.~** 
.Í.I1 basiu fl 1." ik' ^ia^7.o, en Ik-var á efecj*-*:) 
l\/.n.-~(t la i'i'n/nuinia lie cerrar las Corles s^ «^ 

■ jvíiini'La lie la real persona, y. si mal no n-""^* 
isnir-o ri-íjio. rabalinenic había yo resuel ■*-*^ 
■iirlisiuio |í!azü de los mismos nueve dias^^;^ "^ 
(■(■.rtNS. p;ii'a liábanlos ó tres cu OWoha -^*-' 
líti'S de mi rariTiO, pues aún tenia allí mi ca="=^ * 
.Mirln (¿icmpii- iiiuchu en mi la costumbre «:3 * 
■iliü i|.' los ueRniúoií públivos, á mis 3füCl«=>« 
fii el |]i¡«mo I!) de Febrero tenia toraa»^ *^ 

■ ■i-i'Ti i'stablvi'ida dilijit-ni-ia. y aun puesto ■^s^*^ 
n al^'uiia itiuda de ropa. Pero, acudiendo ^' 
s ili^ pnniírme en camino, supe con muc^^"-*' 
-ficia ijue allí corrió de haber el Roy irat»-<**' 
■iLiii -uiiiti ú los miiiisirus porque le habí.í*'^ 
aje a Andalucía, y úuii reducidolos, con ^" 

iLsjii la ni-irativa á hacer tal viaje, li presen'^''"* 
, i|iic lialiia sido aceptada. Saberlo yo y 
■a<a ih- la^ ililigeiu'iaü y recocer mi baiul 

iiinmfMio^; circun^ilaiicla ijuí! ri'ícuerdo P 
i|ue f,t.i.'uió imli'.iíen :i una acusación ea.l'^^'? 
divuljiada cnliJiices por mis contrarios, ere» 
pie todavía en el concepto de no pocos, ti P 



fué 




de habur sido por mi y por otros ilosmeu tifia, sigue pe- 
lo sobi': ni¡ |M-,hi-i! l';ii]i)L- rL,'SU.íltri a no inii-- de Madrid, 
l(tal era mi obligación en horas de tanto apuro y p^- 

ToIé bácia el Congreso, pero éste habla ya concluido bu 
■e seeion de clausura. Sallme á la calle y acudí á-la de 
lontera y la vecina Puerta del Sol, donde era grandlñ- 
la concurrencia, como suele serlo cuando reina en Ma- 

inquietud por cualquier motivo. Abundaban los corri- 

y en todos se hablaba de la caida del Ministerio; y 
o casi todos eran de constitucionales, en todos Bovitu- 
tm. la conducta del Rey con no común acrimonia y ño- 
ia. Aun los comuneros mismos, que vueltos después m 
* convirtieron, si bien con algunas decepciones, en de- 
cres de la prerrogativa real ejercida para libertarlos de 
Ministerio de ellos aborrecido, en un momento en que 
n en gravísimo peligro la Constitución y aun la iod^ 
ieocia de España, cedían á naturales pensamientos y 
tos y se ensañaban con Fernando, aun sin- contar con 

como formaban el bando más extremado en doctrinas 
ás violento en conducta, cuando no reflexionaban friar 
te ó no oían la voz de los más entendidos y astutos de 
ecta, se allegaban gustosos á todo cuanto era detracción 
Monarca ó declamación acalorada que provocaba & ae- 
3d, ó si no á tanto, á poco menos. En medio de estos 
illos, donde se hablaba en voz alta y amenazadora, en- 
lido el rostro y centelleantes los ojos, solía estar yo pa- 
lo de uno á otro, oyendo, tomando parte en las conveí^ 
enes, pintando lo dañado de la intención del Rey con la 
amencia propia de mi condición y ponderando las CQO- 
i«ncias que forzosamente habían de seguirse de quedar- 
□ Madrid el Gobierno á esperar la llegada de un ejército 
cés que no podría tardar mucho, y cuya venida tenia 
cbjeto entronizar al Monarca, cuya voluntad oonodda 
>:ecobrar en su plenitud el poder que tres años dotes. h4r 
{urdido. Nadie me contradecía, pues abundaban en mis . 
Uones casi todos aquellos con quienes yo hablaba, ada- 
Üo ó fingiendo aprobar algunos que con dañada inten- 



S96 

cioD andaban buscando motÍTOs de calum 
tnadon duró una ó dos fapras, y llegada la do o 
rODse todos retirando, lo cual hice yo algo i 
otros, por ser, como dejo dicho algo atrás, mi c 
comer con Istúriz á las cinco y cuarto de la f 
ya era general entúoces en Madrid haberse levantado 4 
mesa. Comiendo estábamos al anochecer, como sien 
í la mesa seguíamos currada la noche, cuando c 
á entrar amigos, como asimismo sucedía cotidianat 
mientras nos regalábamos loa estómagos, supimos q 
taba empezado un tumulto, con trazas de ser violento.] 
por 680 abreviamos la comida, pero no bien nos h 
de la mesa, acudimos á junta de gobierno de la s 
do que éramos parte. Entre tanto, el tumulto había o 
fuerzas, y gente agavillada iba encaminándose ai F 
do. Vióse en nuestra junta cuál era et estado de las a 
por un lado, cierta nuestra ruina y la caída de la Conl 
cion si Fernando se salía con su intento y ponía miol 
nuevos á su gusto: por el otro, lo criminal y funesto d 
motín que forzase la voluntad del Rey, y en medio d 
cerradas las Cortes y sólo representándolas en algo u 
pntacion permanente, de cuya indecisión los sucesos d< 
lio anterior habían dado claras pruebas. Ningún p 
bueno, y ninguna ilusión era posible. Así, fué n 
solución mala, pues consistió en un pésimo término n 
que fué dejar correr las cosas sin favorecer el tumol 
tratar de atajarlo. Lo peor de ello era que entre 1 
tuados iban haciendo los primeros papeles muchos i 
inferiores de nuestra sociedad, miis celosos que disc 
más hervorosos que cautos. Resuelto asi, disolviese fli 
tra reunión, y nos fuimos cada cual por nuestro lado é 
lo que por las calles pasaba. Precavido yo, aunque n 
BÍrvió de mucho mi precaución contra la calumnia, C 
DD poner los pies en la plaza de Palacio, donde er 
recio del alboroto, y me contentó con vagar por ai 
diaciones. Yendo por ellos tropezó conmigo una g 
alborotadores, y conociéndome y dándome vivaa, J 



lae fuese capitaneándolos y dirigitodolos. Rospondilea 
lAmi puesto estaba en las Curtes, donde me hallariaa 
to á oponerme & los fatales planes de los enemigos de 
ertad, porque capitanear turbas alborotadoras era coo- 
} á mi obligación, y también á la general conveniencia. 
,08 satisfechos !o que dije, volviéronme á vitorear y si- 
■on su camioo, que era hacia el arco de la Real Arm»-' 
Tomé yo el rumbo opuesto y continué paseando calles, 
nto á averiguar lo que iba pasando. No tardó miudio 
)gar á mis oidos que habían sido llamados por el Ray 
ipar de nuevo sus puestos de ministroe los mismos 
■najes cuya dimisión habia él aceptado y provocado en 
anana de aquel día. Las circunstancias que habiaa' 
•elido á Fornaudo á esta resolución, eran feas sobremar 

y dolorosas. Habia sido, como cuando más, desacatada 
rsona de! Rey, forzada á las claras su voluntad, y hsB- 
lenazada su vida, siendo allanada por los amotinados 
luena parte del Real Palacio. Bien es verdad que pon- 
ían el atentado por un lado la malicia de los numerosos 
ersos contrarios del Ministerio caido y repuesto, y de 
migos, y por el lado opuesto personas cuyo celo loco y 

los mov¡a á blasonar de excesos superiores aún & los 
labian cometido, porque creian, en vez de delito, acción 
) la de violentar el albedrío de aquel á quien conside- 
i un tirano perjuro, y aun la de haber amagado á qui- 
, vida de un hombre resuelto á ejercer el despotismo y 
!utar sangrientas venganzas. Fuese lo que fuese, des- 
is hubo, y no pequeños, y fué lo sucedido un caso fu- 
', y no en corto grado. Algo lo conocíamos éun quienes 
reposición de los ministros derribados habíamos que- 
aatisfechos, y pronto nos lo dieron más á conocer su- 
. que sobrevinieron inmediatamente unos, y otros ala 

opuestos los ministros destituidos poco antes, elmoÜQ 
zado no tenía objeto. Pero en ól no s6lo hablan tenido 
Tos de la sociedad secreta interesada en la repositdon 
mando de los que eran bus instrumentos y i^ressn- 



400 
tantee. Al sonar la trompea Ihm&ndo ¿ sedicioa 
bre de la libertad y de la ConsUtucion amenazadas, y i 
el Rey, acudiratiQ gozosos ¿ tomar parte en los e^caa»- 
la asonada todos aquellos en quienes em afinon y 
bre turbar la paz pública é insultar á toda autoridad, y 
laÁÉ placer á la más alta. Entre ellos había inñnitoa coi 
oerOB. De los principales de esta sociedad, unos deseaba 
reposición conseguida, por estar empeñados en susteolí^d 
determinación de los ministros que eran el 9 de Enerc^ 
es, en sustentar la guerra y la retirada del Monarca* 
biemo y Cortes á la parto meridional de España. Ol 
revés, ya estaban resueltos & ponerse aun de parte 
contra la sociedad su rival, siquiera fuese d trueco de. 
la revolución en peligro, cuáles por impedirles su oortií:] 
curso y obcecación ver la ruina de la ConstitucioQ oom 
precisa consecuencia de sus actos, cuáles Jf^iTi-os ilo sa- 
crificar hasta las leyes vigentes y el hoaor esjiLuio! al plíOK 
de vengarse de contraríos aborrecidos. A estos últimoa 
bla disgustado el novísimo alboroto, y á éstos fueronde: 
disgusto y enojo sus consocueaciaí^ inmediatas. A los ll 
tos alborotadores por añcion no agradaba terminar tan; 
to un motinempezado,yterm¡narleencumbrandoábt 
á quienes odiaban y estaban acostumbrados á maldi 
ñámente. Asi, eo e! dia siguiente á la noche en 
allanado el Real Palacio, comenzó á aparecer en lasj 
nuevo alboroto. No agradaba esto á los ministros r^i 
ni á sus parciales: pero mal podían aquéllos enfresar.; 
aos cuyo principio tanto habían aprovechado. Asi, 
inquietud buscando objeto y voz que dar, y sonó 
pedia el nombramiento de regencia, esto es, la susj 
ó el destronamiento del Rey. Pidiéndolo así á gritos, 
caminó una cuadrilla á la diputación permanente, qi 
e*star durante loe pocos días que faltaban para abril 
Cortes ordinarias, cerradas las sesiones del Congí 
da las veces de ella, y allí declaró su pretensión ctm 
bívo descaro. La diputación no recibió bien á aquellsV' 
carados, pero tampoco se les mostró tan indignada ctt 



401 

a. Eran, por fortuna, poco« los que así iban juntos, 
> vagaban por las calles otras cuadrillas igualmente al- 
)tadas. Otros se pusieron á extender por escrito una pe- 
►n pidiendo la regencia, y poniendo- mesas en algunas 
58, la tenían allí u\ público para que acudiese á firmarla, 
so azuzaban á e<tus locos y perversos otros en quienes 
:a más de rnaMad (pie de locura, pensando cargar sobre 
)ciedad ([ur. lialjía, si no hecho, aprovechado exclusiva- 
te los desmanes; de la noche anterior, los nuevos exce- 
que se cometían, l'hi medio de esto, noticioso de lo que 
iba Ballesteros, acudió, derribó algunos mesas y ahu- 
ó á los factoiv.s del alboroto. Ya el general comunero 
) antes había (lesa[)robado ciertas disposiciones extre- 
as de las r(';ites, mandando residenciar al cuerpo del 
sejo de Estado, de que él era miembro, tirando do este 
o á congraeiarsc eou la gente juiciosa. No perdía, ¿on 

eso, su autoridad entre la gente comunera, 
'ero ésta se veía i'i la sazón en completa discordia. El 
roto de 19 de l'ebrero, y lo que le causó y lo que le si- 
, habían aumentado la desunión que en aquella socie- 
reinaba. Por el Ministerio repuesto se declararon los de 

que en general más valían, uniendo su causa con la de 
ifensa de la lilníitad, gloria é independencia de España, 
se creía y h:i.sta eit^rto punto estaban amenazados. Los 
tados Ruiz de la Vega, Salvato, Seoanc (D. Mateo), Oli- 
y- otros hasta ent»Jnces personajes de los principales de 
ociedail, y aun el ex-diputado PaUírea, abrazaron este 
do. Creyeron que serían seguidos por casi toda la so- 
id, mayoi-mento cuando separarse de ellos en tal oca- 
equivalía á ponerse de parte de las potencias enemigas 
, Constitución, y de parte asimismo del rey Fernando. 
' se engañaron completamente, y lejos de llevarse con- 
el mayor número d«; los suyos, fueron seguidos de muy 
s, y quedaron como disidentes ó herejes de su comu- 
, de la cual siguieron, los de parecer contrario al suyo, 
ando la iglesia verdadera. Regato, que sin ser diputado 
:ía en los negocios públicos y en los particulares de la 

26 ' 



402 

<'Omuneria grandísimo inñujo, pcrmanccif3 fírme en su hos- 
tilidad á los ministros repuestos y á todos cuantos de éstos 
eran amigos. Lo mismo hizo el viejo Romero Alpuente. 
Otros que eran á la sazón diputados á Cortes, como Reillo, 
Septien y Uamirczde Arcllano, distiniruidos hasta entonces 
por lo extremado y violento do sus opiniones democráticas 
y lo corto do sus lucos y ciencia, los imitaron, llegando, con 
su odio á la sociedad rival de la comu:ioría v al Ministerio 
salido de ésta, á ponerse de inteligoncia y ubrar acordes 
con Fernando y los amigos déoste príncipe, así nacionales 
como extranjeros. Paraba todo ello en sor funestísimo á los 
que teníamos todavía el gobierno en nuestras manos. Sona- 
ba contra nosotros un furibundo clamor en que, acordes}' 
rabiosas, nos acusaban drl atonta«lodel 10 do Febrero las- 
voces de comuneros, constitucionales, do los moderados an- 
tiguos y realistas. 

Entre tant»), restablecida algo de quietud, si bien visible- 
blemente ongafiosa, fué cerrada la sociedad LandabariaDa, 
estimándose esto uno de los pa^os necesarios para estorbar 
nuevos alborotos, que, si no tenían en ella su origen, en- 
contraban en los discursos allí pronunciados y en el audi- 
torio, pábulo y fomento. Pero el modo de cerrar aquel teatro 
de desorden fué vergonzoso, pues el jefe político, Palarea, 
tomó por pretexto que corría peligro desplomarse el salón 
donde se celebraban las sesiones de la sociedad, por donde 
apareció cobarde y mentirosa la autoridad cuando intenta- 
ba sor animosa y severa, así como justa. 

En medio do esto yo, viendo restablecido, aunque mal y 
por breve plazo, el público sosiego, cediendo á mis privadas 
inclinaciones, resolví llevar á efecto mi proyectado viaje á. 
Córdoba, suspendido el 19 de Febrero, aunque sólo podía 
pasar dos dias vn aquel retiro, siéndome forzoso estar en 
Madrid en los primeros dias de Marzo y primeras sesiones 
de las Cortes ordinarias. Salí, pues, para Andalucía en la 
diligencia el :22 de Febrero, y fui á pernoctar á Ocaiía. AlU 
estaba cenando, cuando llegó á toda prisa en mi busca un 
correo, portador de una carta dirigida á mí, con encargo de. 



403 

I alcanzarme y entregárniela cuanto antes pudiese. Laabd, 
y \I ser de mis amigos y colegas en la diputación á Cortes 
por Cádiz, Istúríz y Zuluela, noticiándome que bahía salido 
é luz en aquel mismo dia, que era el de raí partida de Ma- 
drid, y que circulaba mucho por la capital, un escrito de 
Santiago Rotalde, acusándome á la faz de España y del 
Congreso de principal promovedor, factor y cabeza del al- 
boroto en que habían sido afrentado el Rey, con peligrode su 
vida, y repuestos por violencia ilegal en la perdida autoridad 
los ministros mis amigos, eiendo necesario que diese yo sin 
demora pasos para poner patente lo calumnioso de tan atroz 
acusación. Dolióme mucho tal suceso; pero con tiento empe- 
ño faabia yo tomado mi viaje, que me contenté con enviar 
si correo de vuelta á Madrid, llevando una carta miaálo- 
túriz y Zulueta, donde incluía otra para los periódicoB, que ■ 
fué publicada, desmintiendo solemnemente é injuriando á > 

i acusador, hecho lo cual proseguí mi camino. 
Llegué á Córdoba, y con mi familia y otras personas de ' 

i carino pasó allí dos dias y medio, olvidado de la sittia- 
kfioa fatal de las cosas, y de la mia particular, nada m^or ^ 
[06 la del Estado. El 28 de Febrero hube de ponerme otra 

z en camino de vuelta á Madrid, á donde llegué el 3 de 
rzo por la mañana. Con algo de nuevo mo hallé, no pu- 
ido entonces correr diez dias sin que en ellos ocurriesen . 

Igunos incidentes cuando menos de mediana gravedad. 



■•^ 



CAPITULO XXVIII 



EHores Slstrada y Calvo de Kozas encarEados de Cormar 
nnevo miniaterlo — Itesolacioii áe las Curtes para obll^ 
Sar iiulirectameote al Gobierno á pasar áAndaluoJa.— 
Cnestion personal entre cl autor y SantíBKa Kotalde. — 
drconstancias del nombramiento de "Vallesa para el mi- 
nisterio de Craoia y Jualicia.— Preteictode salud aleáoslo 
■por el Rey para diTerir el viaje, y resolución de laa Car- 
tee.— BImprenden i^Htas y el Hey el yiaje ñ. AjidalucÍB.— 
Quién tomólas dtspoaiaionee para la Jomada.— Viaje del 
antor con San yedra y OrasBa,— Son robation poco de«pae« 
de Muir de Puerto X^áplcbe. — Slatauoia del autor enCAiv 



Habíanse abierto las Cúrtós ordinarias el 1." de Marzo, 
tmo era de suponer, nú asistiendo á la apertura el Rey, el 
1{Ual se daba por enfi^nno, y lo estaba hasta cierto punto, afli- 
■^ {Rendóle en aquellos dias el achaque quo solía padecer de la 
gota. Como conociesen todos cuan irregular y escandalosa 
habla sido la reposición delMinisteriocaido, habla sidonom- 
hrado uno nuevo. Fueron escogidos para formarle no uno, 
sino dos individuos, no observándose todavía en España la 
costumbre de encomendar á un personaje la composidon de 
un Ministerio. Los dos de quienes voy ahora aquí hablan- 
do fueron D. Alvaro Flores Estrada y D. Lorenzo Calvo de. 
Rozas. El primero, antiguo y acérrimo liberal, hombre ins- 
truido, algo singular en sus modos y opiniones, crédulo por 
demás y sobre todo con quienes le lisonjeaban, pagado ex- 
ceaivameate de su dictamen, hasta entonces 'correspondieo- 
te al gremio de los exaltados, y por los dias de que voy aho- 
ra aqui tratando allegado A los comuneroB, si bien no de 



106 

ellos,}' á pusar áñ su exsllacrion desaprobador de b lét 
puesta (l&da á las potencias del Norte, y deseoso de ver d 
tableoida en España una Cámara de Paren, idea & que tenl 
apego tenaz, mezclándola con otras extremadas en punto 
dar ensanche al poder popular, ansiando con extremo» 
ministro, pero por satisfacción de su vanidad y no de ob 
peor pasión, acepto con gusto el encargo; no seguro del tai 
del ÜD para que le aceptaba ni de los medios de que bate 
de valerse, pero mt?dio resuelto á estorbar la guerra oedisi 
do, y firme en ia idea de dejar al Rey y á las Cortes en Mt 
drid, donde habría sido 61, contra su voluntad, insti-umaUt 
de la restauración de la monarquía antigua, y según es (SA 
bable, victima, aun([ue no muy duramente tratado, del bu 
do absolutista triunfante. Muy inferior á él en extensión^ 
conocimienlos y en rectitud de intenciones era su asoiáadl 
A Calvo de Rozas había dado primeramente fama haber ti 
nido una parte muy principal en la primera gloriosa dettt 
sa de Zaragoza contra los franceses en Junio, Julio y Ago 
to de ISÍiS. Después, en la Junta Central, de que babia ^ 
un vocal muy señalado, se había dado á conocer por lo atf 
vido de sus proposiciones, y allegádose á los que pedían 1¡ 
formas y Cortes, más por instinto de revolucionario qne^ 
tener él hasta allí ideas fijas sobre tales puntos, siendo Jt^ 
eona de cortísimo saber y criada para ia profesión da]-4l 
mercio. Caida la Junta Central, había sido preso yprocew 
por haber despertado contra si Odios acerbos, dando raái;gi 
á que fuese puesta en dudas, sin fundamento, su pureta.1 
la revolución de 1820 habla figurado mucho en las »oded 
des patrióticas y sido director de Rentas, pero nollegadofta 
diputado. Tal vez se había hecho comunero, pero noosHt 
taba serlo, si bien se allegaba á ellos en todo. Con su UlJH 
to mediano, con sus escasos conocimientos, y con su coQ¿ 
clon desabrida, gozaba en general de mal concepto, pSSitt 
do por ser de durísimas entrañas, pronto á aborrecer y flt 
conado en su odio, violento y falto de escrúpulos pars s&dl 
facer sus pasiones. Con sus pretensiones democrátics 
hermanaba la pasión á las distinciones, común en los á^^' 



vn 

género y comunísima en los españoles, y solía ser quisqui- 
lloso en punto á darle tratamiento y no quitarse del pecbo 
una placa que los de la Junta Central se habían dado á si 
mismos, y que ya otro nioguno de ellos llevaba. Florea Es- 
trada y Calvo de Rozas hicieron nombrar ministro de la 
Guerra a Torrijos, comunero y á la par cortesano, joven bi- 
zarro y de escasa instrucción, más propio que para el bufe- 
te para los campos de batalla, aunque en éstos también ca- 
recía de experiencia para el mando superior. No tengo pre- 
sente ahora quienes fueron los Otros ministros, y sí sólo que 
eran constitucionales conocidos, pero todos ellos estimados 
impropios para desempeñar sus respectivos cargos, y además 
comprometidos á hacer locontrario de lo que habían hecho ó 
pensado hacer sus antecesores en la cuestión de la inmineD- 
teguerra. Dejóse sin proveer por pocos dias el ministerio 
de Gracia y Justicia, que lo fué después de un modo raro, 
como diré aquí dentro de poco. 

Nada podían decir contra los ministros nuevos los ami- 
gds de los anteriores, y sin embargo, no sin causa estaban 
descontentos y temerosos, viendo que se trataba de no llevar 
á efecto el viaje á Andalucía, aunque estuviese ya decreta- 
do. Recurrieron, pues, a un arbitrio ridículo, deaquellos que 
en la pobre revolución de 1820 solían sacar de apuros por 
breves dias. Kra entonces disposición legal, al abrirse las 
Cortes ordinarias, leyese en ellas cada ministro un exposi- 
ción que lo era del estado en que los negocios respectivos 
del ramo puesto ú su cargo se hallaban al comenzar la nue- 
va legislatura. Votaron las Cortes quo estas llamadas Me- 
morias no fuesen loidas en el Congreso hasta después de 
■estar éste y el Rey en Sevilla, con lo cual no podían los mi- 
nistros depuestos cesar todavía en su cargo, quedándose, al 
revés, aunque interinos, gobernando, y los en propiedad con 
svi nombramiento en expectativa. Asi, el viaje habla de ha- 
cerse, y, hecho que fuese, en Sevilla comenzarían á ejercer 
sus cargos los del Ministerio nuevo. 

Con este mezquino arbitrio estaba remediado por lo 
pronto el mal con que los recien nombrados ministros ame- 



408 



r- 



te 



nazaban. Esto encontré yo resuelto, y sólo tuve que entera— 
fler como diputado á facilitar y activar el propuesto viaj 
Pero en mi calidad individual, aunque no enteramente 
hombre privado, tenía que atender á otro negocio. La ac 
sacion de haber vo sido cabeza del motín de lí) de Febre 
sef;;uía divulijada y civida, sin (pie el di-smc-ntlrla yo pudie -^e 
bastar á justificarme. Habíala repetido, siguiendo á Saní^ ^X" 
(ja u liütalilc, lU. Ziwrinfjn, y la rrj.-etían y sustentaban nt""».!! 
lenguas. \Vu:n que el carf^o <le [uobai-era del acusador, é irrafi- 
posible la déíeiisa del acus;idu, como no s«ra á cargos exp X i-" 
citos, el tribunal de la op¡n¡«.)n popular U'» <e atiene á est-SJts 
fórmulas li<rales v racionales, v |)or e<o ante él suele iriu 
far la calumnia. Veíanle yo, i»or lo mirino, condenado p 
muchos, V solí» me restaba el recurso df. Ví.d verme conL 
mi prinnír acusadoi*. Mi competencia cnn el, como con ea 
migo antiguo y enconado, teníala indnl.' de un agravio pe 
sonal, correspondido ct)n otro de la misma clase, y hube 
buscar la satisfacción acostumbrada en cii-^o-: de semeja 
naturaleza y resolución que habla yo anuncia<lo en mi en 
ta escrita en ( )caña, y dado á luz en algún periódico. E. 
vié, pues, á Santiago, i-omo portador de un recado de los <j^^ 
uso en tales casos, ;i mi amig<) 1). Faci.mdo Infante, (•stZ'"C>- 
gido por mí para ser mi padrino. Pero Santiago andaba á *^ 
saz(>n escondido, [)or haber orden de pren<b.'rle de result-í 
de discursos hechos |»or él en la tribuna de la Landaburiur^ 
de su desobediencia á órdenes (jue le mandaban salir de V-*-^**" 
drid, y de su acción de haberse desnudad'.» del uniforme "^ 
la misma citiida tribuna, declarando nue renunciaba á ^ '^^. 
carrera donde, mal entendido el riiror de la disciplina iT* ■*■ -i 
tar, se hacía de la cdjedi»Micia servidumbre. Asi. era di** 
dar con él, v hubo de excusarse de acudir á mi Uamami*^ 
to. Sucedió entre tanto que por hablilla-^ que mediaron * *.^ 
tervino en nuestras desavenencias Grast-^, (\ quien no hí*-^^ -- 
yo querido escc>ger por padrino, por haberlo sido en Ci^^í" 
cuando salí al campo con v\ mismo Santiago. Grases, ^^ • 
masiado arrebatado, buscaba á mi adverswrio con ardor* 
bien no determinado á quitarme la vez, haciendo suya^ 



ipeñado en tener él un lance peraonal con Santi»- 
^o era en vano, porque el común contrario al»* 
oAbt presentarse á persona vinente ni en lugar al- 
ser preso. Iba ssi tun enfadoso lance, cuando en 4 
9 de Marzo, acudiendo Grases y yo & comer á OIU 
Humendia, que daba convites excelentes y IñsD 
os, levantados ya de la mesa, enlre varia gante 
nisma casa babia venido á divertirsejugando, tro- 
:on nuostro Santiaf/o y liotalde. Vendóme yo á41 
lidad, le mostió mi eximileza de verle alU cuando, 
;ia, no podía salir de su casa, y él me respondió - 
aba quoá lu mañana siguiente fuese yo con Sr oi iM 
do D. Ángel de S;uivedra, nuestro amigo, dondeét^ . 
iba. Noeca el lugar por él señalado á propéaito '■ 
ase de conferencia i]ue debíamos bac«;r, ni tocaba &- ' 
ino á Infanto, acompañarme. Accedí, con todo, ¿jr 
y Grases bizo lo mismo. Al concurrir a la maSana- 
en casa de Saavedra, Santiago y Hotalde, queya ■ 
i, nos manifestó oque en sus circunstancias no !9 
reñir en desafio, no siendo igual en los dos lar 
jes yo sólo siendo muerto ó herido quedarla mal, 
., aun venciéndome, seria perseguido y atropellado;- 
lecíe de disputa que seguíamos no era para van^' 
las armas; queét no podía temerme, siendo un mt" 
juo y acreditado, y yo una persona cuya mala vista 
liso daban grandísimas ventajas á quien qniara 
ligo se las bubidse, y, por último, que bu aítoaoiOB 
a, pendiendo de su conducta Bu suerte, puea elcott* 
Biübal le había prometido su patrocinio y lÜN 
1 pena, y aun mantenerle en su carrera y g 
mtajarle si no se metía en nuevos disturbios ó 
acto nuevo por donde mereciese castigo.» 
' frió, pero sesudo modo de tratar la cuestión aá0 
pendiente, se admiró Grases, y no me admira • 
), y vuelto é. mi el primero, me dijo: «jQué hbdtf ' 
:on un hombre que siendo conocido pomo cobarde, 
lenas razones para do salir al campoT* fnttlaces le 



410 
dijimos ambos que conveoiamos en no exigirle que acudí 
á nuestro llamajniento, si bien dobia considerar que las fi 
derosas razones por él dadas para no empeñarse en un Ii 
ce, cuando de tenerle pódria resultarle perjuicio, deberí 
retenerle de provocar desazones con quienes no las buai 
ban. Convino Santiago en ello, y en dar testimonio dee 
satiafecho de nuestro proceder; y añadió que seria iiam.. 
anunciar en los periódicos que lo estábamoa los udob d^ 
otro, y mutuamente; pero á esto no accedimos, declarándoioi. 
alU inútil, y en nuestro interior no queriendo aparecer como, 
tan bien avenidos con persona no de nuestro gusto. No pasó' ; 
ámás este suceso, que no impidió á Santiago y Rotalde pos^ 
teriormeote y en el destierro, probar de nuevo á difamariD» 
OOB no menos violencia que injusticia- 

Miéntras esto pasaba, hubo un nombramiento de minu-- 
tro para completar el recien nombrado Ministerio, qua habia: 
de gobernar llegado que fuese el Rey á Andalucía. Flona 
Eatrada era antiguo 6 intimo amigo de IstúrÍE, y como éste, 
■obre su conexión con el Ministerio anterior, estaba muy' 
empeñado en la cuestión de la resistencia á loe franceses, jr 
como con justa causa se recelaba de los ministros nueva-' 
mente nombrados que contra bu deseo, y por alucinamíent 
to ó piques, allanasen á los enemigos de la Constitución el 
camino para derribarla, el ministro solicitó de su amigo que 
le designase una persona de su conñaoza para encargaras. 
deUdespacho de Gracia y Justicia, todavía vacante, c¿n lo 
cnaL daba una prenda á los aprobadores déla respuesta dada 
Aiaa potencias extranjeras que nada hacia y nada intentaba, 
el Gobierno que había de ser, contra la independencia ó la 
dignidad de España, ó aun contra la ley política existente. 
Satisfecho Istúríz de verse asi consultado, y además miran- 
do con buen afecto á Flores Estrada, al cual no era contra- 
rio al punto que lo éramos los demás de nuestro bando, le 
iadicó que bien podía ser nombrado Fernanda Valleta, in- 
dicación tan bien y tan pronto atendida, que al momento oa- 
lió el decretó nombrando ministoo al siqoto aaf recomenda- 
do. Este paso nos diagast4,.y nuUi por haber ñdo dado por 



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411 




RH-aoIo, sin anuencia du su^ 


; amigoB políticos; pero de- 


fcaparte esta consideración, 


por Valiosa mismo, sentís-. , ^^ 


1 muchos que 


le profesábamos amistad viva 


y sincenti-JB 


Ib colocado en 


luffar del cual había de sernos 


forzoso ti- "»■ 


8 derribarle. Ni por mm-ho i] 


urt felimá=ienios 


á Valles», •Jfll 


iseásemosver 


fMY!r,i¡.-,.N-.--<us 


.llStlll-lii.lofl .> hl 


...a.ntón- M 



■o premiados servicios á la causa de la Constituiáonpes- 
Nñda, podríamos estimarle del todo idóneo para el nú-- 
krio, porque, como en otro lugar dejo dicho, siendo gran- 
IU18U honradez y entereza, no corto su talento, claro éa 
O, y su instrucción, aunque escasa, no inferior & Is de 
t que habían sido ministros, carecía de ciertos doteB 

indispensables para ocupar un puesto de tanta eiova- 
, siendo por demás deslucido. Hn verdad, á Valiosa sólo 
reo una participación en desairea por él no merecidOB, 
T correspondido en el nombre á un Ministerio qDeno< 
i á gobernar. 
*or los mismos dias se atravesó un incidente encanÚBt- 

demorar, 6 diciéndulo con propiedad, á estorbar el vilje 
^y á Andalucía. Estaba Fernando en verdad achacoM, 
tndose por peor que lo que real y verdaderamente esto- 
U acercarse la hora de la partida declaró no eetar capaz 
Dnerse en camino, lo cual hizo saber á las Cortes acom- 
indo un certificado de varios médicos de los de nuyor 

; fama, que daban testimonio de estar S. M.impoñbi- 
o de emprender un viaje largo. El asunto era gráw, 
ue compeler á un enfermo á viajar, venia á ser eo la 
ÍAncia, y aun en la realidad, un acto inhumano, y & eelo 
IPegaba ser hasta un desacato ó tropelía tratándose de 
l2>etable persona del Monarca reinante; pero por otro'' 

tlejar perder la Constitución por consentir al Rryeap»« 
H Madrid á los franceses, era necedad y hasta deliteuF . 
Las Cortes pasaran el informe de los médicos á unaco^ 
kn, teniendo cuidado de escoger para ellavarios dijtsh» 
t de'la misma facultad ó profesión médica, de loscnah» 
k. muchos ea él> Congreso. Aunque no médico yo,: Ait 
aen de la comisión, porque figunilia entonos* ea todas 



412 

. .1- ]•; i! _■.::. i :::¡* .:'.:t::«ia. J'-ir.! ■-•'■ ".:i • -iLii-^ii :n v eitóaote 

4 

-j-:::;'i: -u ■ ••:::1. :i, \ \iii-j Je ios de 

. •.!<•.■ \:i ::.:.■■!••■..-':.■■ ':n ».'niermo. 

., y \ .i/i :!_ ;:: ■•::■ . iv.i !a wi-Jad, 

j 4Z_.i. >i :: ■ ;:i * i :■. r-n jíarte, 

■;i" -:•■:.'••. v F--::.-.ii;'!o hubo 
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>:•: a]'»\a!'.':i • n ri onií-inii fj»- ]). .luaii Maiii;»-! «If Ai'«'j.i;a,ni6' 
'Üco '!«• I".i;i¡a •.■■i;iijl.-ínia v v.i'W sa:.ri'i-»r .-i s'.* ¡aviitü, V Ü' 
lioral ar-lni «■-.., K.-i-iaíit»- ro:ii|-r'i¡i'-¡ Im.-ií •■! i- <:;!*»!r'nmi¿í^' 
lo «1»* la < ''la-iiuiiv »!i, fl caal M|.¡n:il»;i |' irr>iT¡t'.' ijül- nu b«^' 
í ía clan'.) .m1 lí'-y ••! \¡'i/*, ¡''ii-s >ii i-al'rinii-.ia'l tra la :;ülíi» 5 
rStasU"]»" II' I .-n-iiü.-l.-r a !■.'< niff'iri-i' s !/ '/'in.:''i'}.":s. AlL'ab*^' 
ivlir;iii'l"-«' !')> j !■. ,!"i -t.inr< í|in' ii'i i'ian «Ifl Cini,iiiv<o, iu?^^® 
lu eran t-n la ('■»íii¡-¡'in »;ijii\¡ni«'ri»n rt»n li'< í|i¡L'n-j lo éraní*^* 
•;ii iuíuriii.ii' íjii'' ;i IV-i'iiaii'l') ]♦.' s^ria ha^ta (!<• {>ro\f.»clio pí*^ 
SI.I ílolriiria <';iiij¡iiai', y \nii< yeii'ld al i'lima nuií; ht-ni^rno ^^ 
Aii'laliirí.-i, con l;il «lU''. rii i'l viaií* >«* tu\i«'^»' il».* ^^a salud ^ 
(lf;l»¡íl«.) í'uj'la.lii. TiM rir(Min<taiu'ia maci«'sa ilii'» iii-ítivO * 
í|U(; Sí» ini; siipii^i»'^».' una inttMU'i')ii iiiali^iia y una iron** 
¡inj)ru<lí'iit.r al ••\iriifli:r rl inCorna* du la i'Ciinision, lo ciü** 
í'iií'i |iu»'<ii) 51 lili car^i». V\\ cli|>uta»ln [xn- (.ialicia, llaní»-*^*^ 
1). N. Pi''lral\. s, lir.niibri.- niuv «^rav»' v lanibicii muv cáncii^ 
*\(i y al^n» |.íMl;iMt»-, í'i'a í.lf la r«.)inisiun, y siendo módico, ^^ 
tíjijas cuantas i'Ui'^liones se. trataban un las Curtes que sC 
rnzaban con la niodicina, quei-ia discutir, no sólo la p»^^*^ 
dfd nc^^ñf'id f|ue al Congreso eoniíietia, sino también la cues- 
tión niédieaí|ue con ella iba envuelta. Así, al tratar de la 1^3* 



^ 



413 

(anillad, por más que le llamasun á la cuestión, había se- 
do en su empeño <Io ¡n-obiir que habia cunlagio en mu- 
8 enfermedades. En esta ocasión se empolló en que la 
liaion dijese qac, se debía recomendar al Rey la dietii, 
planza y castidad, y ¡lorquc ni> liiriese voto particular 
irándoso de- n'^^^ut!■(l«, liulic di' coinplaeerK-. Al leer en el 
igpeso el inroruie. hubo, i'omo debía espcfiíiSf, malignas 
risas y munnull'isal nii' i'sta recomeiidaeiou, y aun no 
i un amigo '|iii! euririusamcnle me reprendiese, supo- 
idomu un inlf'iito di' /.libi-nr a! Iley. Me disculpó como 
l¡scul|p(i ahora, ¡Kirque nada distaba Miás ili' mi deseo, 

ent'inei-s, qiie 1i;iií<t ini lU'wai'atü fíratuilr- ¡i la real per- 
t, si hien no ti;mia ufeiiderla cuando lo qui.i era en mi 
ir un inten'-i mayor, según mi parecer, h> rxi^íia. 
íl infurnie de nuestra emnisioTí fuéiCumn di^tiia suponer- 
probadu. cargando sobre mí más odio dellifv y suspar- 
s que H'.ibrc otra ¡lersona alguna, A poi'Oí?M¡;ic,apremia- 
' Rey, y sintiéndose, si no bueno, en cst:ido de caminar, 
cendió su larga jornada salie.ndo de Madrid el 20 de 
co, no sin haber ido el dia untes, anivei'sarío de su en- 
bramiento íil (roño, y también de !a proehnnneion de la 
itilucion de Cádiz, ido á encomendarse á la Virgen en 
lesia de Atocha, pidiendo á aquella imági-ii, objeto an- 
> de la devoción de nuestros Reyes, nuevo patrocinio 
puros y peligros nuevos. Al tercero dia, í"?, pusiéronse 
iaje el presidente por aquel mes de las CiU'fes, D, Ma- 

Flnrez Calderón, con los cuatro secretarios que fórma- 
lo llamado la mesa, é iban como represuitaiido el Con- 
3 todo. Seguimos dispersos los diputados, á los cuales 
ibía dado una cantidad decente para costear el viaje, 
lo debo omitir aquí una circunslanciu, aunque tenga 
volver algo atrás para hacer mención de ella. 1 labia sido 
■esa dificultosa hallar los medios, así ¡leciiniarios como 
■ra clase, necesarios para tan larga joi'nada, y tanta 
- como seguía á la i-orte, al C.obierno y al Congreso. 
ninistros, que sin serlo ya, continuaban gobernando ó 
sndo su incapacidad ejjn sus ahogos, ó sintiéndose dea- 



4U 

virtuudos por lo equívoco de su situación, nada acertaban i 
disponer. Creóse, pues, una partida de diputados, nonoar 
brados por elección regular, sino llamados unos por otrOB, 
que dio las disposiciones convenientes para la resueltaeni- 
presa, teniendo que- vencer no pocas ni leves dificultades. A 
las sesiones de este cuerpo irregular solían asistir losmi- 
nistrf)s, sin profmner ó resolver cosa alguna, como oyentes 
sumisos y d(K;ikíS ejecutores dn loque allí se determinaba* 
Por suput'sto, de los ministros en propiedad nadie se acor- 
daba, pero hubo íjue darles medios de ir también con clRcjf 
a Sevilla, ¡liara situación, pero no nada de notar cuando 
abundaban tanto las rarezas! 

Mi viaje fur en parte desdichado por un suceso quecueO" 
tO porque da una muestra del desurden en que á lasaio^ 
estaba todo. Resuelto que se fuesen dispersos á Andaluci* 
los diputados, pues ir en cuerpo no era posible, tomaiB©* 
nuestras dett/riTiinaciones para el camino. Kn el domingo*' 
habíamos concertado salir en posta Arguelles con Valdé® ^ 
Cuadra, en una silla, ístúriz con Zulueta y Abreu, en o^*^' 
y conmigo, en otra, Saavedray Grases. Como no había ^^ 
bra de caballos en las postas, er;v indispensable dispone^* 
salida sin embarazarnos en ella ni en las sucesivas para^ 
y reunidas unos á otros. Dispusimos, pues, que saliesen ^ 
lúriz y sus compañeros en la noche del sábado al domin^^ 
Arguelles y los suyos á la tarde del mismo domingo, y n^^ 
otros algunas horas antes en el mismo dia. Nosotros halF^ ^ 
mos de parar en (,'órdoba, y los demás seguían sin detenei 
á Sevilla. Arregladas así las cosas, ocurrió ofi*ecérsele <i 
que hacer á ístúriz, el cual nos pidi<') que cambiásemos c^ 
él horas, saliendo antes por la noche. Accedimos, y á lau 
de la madrugada del dia 23 subimos en la sillada posta, q 
era una (.'arretela de mi amigo Saavedra. Susurrábase q 
partidas de ladrones, ó facciosos, ó de gente que mezcla 
10 uno con lo otro, andarían por los alrededores de los 
minantes, acechando por si podían hacer alguna buena pi 
sa. Díjosenos que ya se había atendido á impedir males 
esta clase, poblando bien el camino de partidas de tro] 



^^^^^HH^^^^^^^^^^I 




^^ 415 

¡Btp QQcOQtramos, antes al revés, solitarias, 


eomo ,^^H 



arlo las de España, las tierras que atravesábamos, 
dUaitno ¿cualquiera cuadrilla de facinerofios caer 
viajantes. Asi pasamos á Aranjuez, doode entra- 
despues de amanecer; asi atravesamos la árida 
■asta llegar, después de mediado el día, á Madrids- 
He pueblo nos detuvimos á comer, y on él eocoií-' 
iríada la escena, pues habla baijtante tropa. En la 
Ulterior había dormido allí el Rey, poniéndoBeel) 
Qr la maPiana; pero como el lugar de Villaharta,don[- 
I que hacer noche en la de aquel dia, es infelioiñ- 
¡B más desde que en la guerra de la Indeiteadeoeía 
le&truido por loa franceses, se habla S. M. apartado 
10 real, yendo á pernoctar el 23 en Villarrufaia. So- 
e incidente con saiisfaccioD, porque estábamos 8e> 
encontrar desembarazada la cari'elera para adetan- 
estorbo que necesariamente causarla la regia tí^ ■ 
n la numerosa tropa que la custodiaba. Mudados' 
seguimos á las ventas de Puerto Lápiche, donde 
los otra vez, encontramos tropa de la Milicianai^o- 
de Madrid y de regimientos del ejército. Salidos de 
ápiche nos creíamos seguros, y aun iba yo recoP- 
le tres semanas antes había atravesado aquella 
jrní, y encontrándola desierta, no sin zozobra, pof 
i corrían de andar por las inmediaciones baadote. . 
ándose por' realistas, ya ejerciendo su oficio sin 
j nombre. En esta seguridad- íbamos, cuando de 
irnos acometidos por dos hombres á caballo que CO- 
iB la acción y poniendo á la portezuela de nuestoo 
sus trabucos ¿ escopetas, nos hicieron entregarles^.^ 
ivábamos. Fué breve el acto del robo, y Jejándono*,-i 
i ladrones. Grases, hombre de valor, y preciado del J 
i, DO podia consolarse de haber sido despojadü 3p3 
do por dos hombres solos, siendo nosotros tres, JB 
tras de los salteadores de caminos. Disuadírnosla da| 
sito, pues no teníamos armas y ya estaba pt/eáUt^ 
dinero, y él hubo de aplacarse. Asi, eBtM-Mi''MMi 



416 

número d»' soldarlos habia >ido fácil una sorpresa como la 
defjuo fuimos victimas, la cual, entre otros ejemplos de 
igual ó pai«:':idacla?f.*, prueba euán mala siiuacion era, como 
suele «er, la de Efipana. 

Nada má?? nofj ocurrió lia<!ia vernos en Córdoba á la3 
dos de la madru.L'ada di-1 '2 i. Ht;rmosa estaba la sierra veci- 
na on la ]iriniav--ra, que alli ostiMity , rouio en donde más, sus 
galas; y ifr-.-itu >;oljreiiiíintrra fué ¡-ara mí respirar aquel am- 
biente de azahar, r«'.i:a¡armt? cow aquellí»s libios airecillos, 
contemplar a^üí-l preririsisimo cielo en 'jue lan lindas se di- 
bujan las morifuas cumbres di- la vecina sierra, y tener en- 
tre, tantos dtjlí'itcs el de ahra/.ar á mi hijo y tia, y el de ha- 
llarme en la «-om'jdidad y quietud de mi casa. Veintiocho 
dias pasé alli, olvidado de trabajo^ pasadi»s, de peligros pre- 
sentes y de uti'Os futuros ípie amenazaban con casi infalible 
estrago. Por aUí \)[\<ó el liey, apenas encubriendo su natu- 
ral disgusto en los dos diiis que en C(.'»rdoba hizo estancia. 
Allí admiraiJiOíí á la Milicia nacional local de Madrid, digna 
verdaderamente de admiración, pues quienes la cemponian, 
ajenos casi todos ellos á la profesión militar, se liabian su- 
jetado gustosos á hacer las mandias y el servicio de tropa 
reglada, y llevando bien la fatiga aneja á su situación, con 
disciplina, con el aseo posible, con marcial continente, te- 
nían trazas de S(;ldados veteranos los más lucidos. Por alli 
atravesaban amigos nuestros y otros que no lo oran, cuáles 
contentos en lo íjue estarlo cabía, cuáles cabizbajos y me- 
drosos, cuales llenos de ira, unos prometiéndose de la pró- 
xima guerra menos infeliz suceso, por esperar de la cons- 
tan(!Ía espaPK^a la renovación do los hechos de la guerra 
contra Napoleón, otros, ó m;'is sagaces, ó de menos es- 
píritu, previendo () recelando las desdichas que encima ve- 
nían, y esotros, en fin, maldiciendo la guerra y culpándo- 
nos á los (|ue en su concepto la habíamos traido por nues- 
tra maldad ó locura. listos últimos iban ya abundando ó 
desembozándose, quiénes vitu])erando lo que poco tintes ha- 
bían aplaudido, quiénes manifestando la desaprobación que 
no habían osado declarar antes. En Córdoba supe haberse 



■in 

ya verificado la entrada del ejercito francés ea Espaau ,v que 
se adelantaba rá¡)Í domen te. 

Pero mi grato descanso no podía durar mucho. El 'S¿ de 
Abril habian de ubrir sus sesiones en Sevilla ias <'úrtes, v 
allí me encitminé yo, tan medido el tiempo 'jue ni dejase d« 
asistir d la sesión primera, ni desperdiciase una hora de las 
pocas y t'tílictís ([uc en Ci'irdoba estaba disfrutando. Asi, lle- 
gué al lugar de rosideiT'ia del Confíresu y el Uobiepno en 
la misma mañana del 2;t, dos ó tres horas ánte^ de empezar 
la sesión, habiendo vinjado loda la noche anterior, fjue fué 
templada y hermosa. 



CAPITULO XXIX 



0Íottolon Aei Florea KhIpiuIh y Cnlvo de Kokeih dnranle 
el viaje y n so lleeml» n^Bvilln.— Nuevo Mitiinterio deCa- 
latrbvn.— Ceaoontíinto do ulKunoe. — ^Totic-ins de la Invn- 
mon Cranoeea. — EetHflo do lo» ríniínoB.— Decnilencla del iii- 
tioJodelBS eocieilades eecretnp.— Tneenatvla propruñclon 
pre^otitadn en 1» Tnasoiierio— laliíriz y el auu»- ee opo- 
nen, y «• retiran de lu <Hoc-iedad.— Bl outor redaota el inftir- 
me di! la comisión de Inn Curtes api-obnndo In condaota 
del Cubiemo en la ciiPKticm da laa SErandea potenelaa.— 
^N'cievnsde loe pi-oercttos do la i nvo alón.— Por muerte de 
Zorraquin ae encnríza del minititevio do la Guoitr San- 
eliex Salvador.— Irf>B eonde» de la Sin1>n] y dol MontiJo 
«bamlonan la cnuéa conatlvucionnl.- 'l'^istea oonseouen- 

en Madrid — Refriesa enti-e loBconatitucioiíales y lalb<r- 
don de BesBÍerea.— Iioa ílmnceBea oeupnn ñ Mndriíl,— 
.ACuaocion de La Biehal y MontiJo,— Diai'UBÍon eolire la 
iotei'venoion FTanceHa. — l'umulto en Sevilla contra Ion 
realistas,- Oi-carii5!HOlon en Mndi-ld del Goliiemo realis- 
ta, — Pi'o;:resoB d« lo~i ri-ane«É«>r4 y dt'«/ilienti> de loa oonp- 
«t iioioiiiilee. 



Algunas y no [aya novodades encontré d mi llegada ú 
Sevilla. Niuguno dalos dos miiiisUjriosquB acompailahan ;il 
Rey existia ya, aunque el nu propietario hahía todavía tle 
leer sus Memorias en las Curtes. Triste habl:i sido lu suerte 
del nombrado l>ooo mus de un me.s antes; y, lo (\uo hubo do 
i--iM'- ! má3, y con i-azon, á ciuienos le componían, ridicula 
-ol'i. -vi^te. Venían en la regia comitiva sin trazas ni rea- 
tid'i'lo'- fie ser lo que eran, esto es, los ministroB en propie- 
dad del Hay. Sus antecesores estaban á. su lado gobernan- 
do y llevando consigo, á una con el mando, la dignidad, re- 




I obedecidos; miéomín 
nadir A la^ autoridades y I 
. kw pnebloB qne atraveeabao y d« los comarc 
uramáo ^radian, que ellos eran los mioistKM i 
quíanea eran debidos, dentro de poco el poder, j 
ÍM honores. Nada servía á Calvo de Rozas lie" 
eterna placa aun en las más pobres población) 
detenía, y tal vez en el coche caminando. A hoi 
bertño doiia sobremanera lo qut: habría lastii 
máa humilde. Aun á la más apacible vanidad y n 
rea prendas de Flores Estrada amargaba situai 
dacoroBB. No venía con estos dos otro alguno 
logas electos que participase de los desairea 
Míniaterio tan malogrado. Poco mejoraron tas 
diasque mediaron entre establecerse el Rey f 
abrirse las Cortee. No leídas en éstas las Meni( 
SAban en el gobierno del Estado los ministros 
Pero lo peor para los nuevos fué la evidente n 
qoe los parciales de sus antecesores les mosü-a 
pardales eran casi el total del Congreso, pues < 
das sus personas con la cuestión de la resiatem 
franjaros, por unanimidad aprobada, y contra li 
biaaúa más que pocos, si bien ya algunos rou 
oircunsta ocias, ausente yo aún de Sevilla, y est¿ 
mente, aunque en diverso punto, mis colegas £ 
cion por Cádiz, juntóse en reunión extralegal 
número de diputados, los cuales resolvieron in 
DÍslerio, aún no entrado á gobernador, que i 
apoyo, y si le harían guerra, y ul Miui.sterío q 
ya gobernaba, que se preparase á cesaren el i 
poder, no bien desempeñasen la ceremonia de ii 
morías quienes le componían. Duda noticia al 
determinación de la mayoria del Congreso, re 
brar nuevos ministros. Hubo de formar el nuei 
aunque no con titulo de más representación que 
D. José Calstrava, grato & los amigos de Argüe 
ber sido uno de os prohombres de las Cortes 



id&ble á los exalt&dos tampladOB de la sociedad y 
i ée Io8 anterioras ministros, sprobador de las res- 
B á las notas de París y Veroaa y empeñado en 
t sos consecuencias, ó dígase la guerra; en suma, 
á lazo de unión de las dos fracciones, opuestas am- 
y ya unidas, de que con pocos desafectos se componía la 
' totalidad de las Cortea. Sus colegas eran casi de la ibíb- 
topecie, aunque algunos de ellos más allegados al par- 
9 <jue en 1820 habla sido conocido por exaltado. D. Juan 
nio Yandiola y D. Salvador Manzanares tomaron el pri- 
> el ministerio de Hacienda y el segundo ai de la Go- 
cion, no queriendo para at Calatrava otro que ei de 
^yta y Justicia, conforme con su profesión, estudios y 
^Oiies. Yandiola habla pasado por moderado; pero era 
^Bentiblo, ^uo con cualquier partido pasaba por fácil de 
^tíit. En Manzanares, coronel de ingenieros, era de extra- 
^ >a elevación, no habiendo sido antes diputado áCártM, 
™<)Ue si jefe político y uno de los que figurabui entre los 
f^^ttAlfl^dores de la Constitución en 1820, pues habla at- 
wteon Espoz y Mina á publicarla en Navarra totas de 
^^ria el Rey, y de Eos que en Setiembre del mismo aiSo 
^^Hba sido desterrados de Madrid con Riego. El importko- 
^poesto de ministro de Estado íaé dado á D. JosA Pando, 
'''¡ky capaz de desempeñarle bien, por su carrera y talento 
ñor sus estudios, pero alejado hasta entonces de la poU- 
Im militante, aunque constitucional celoso; hombre deubñi 
b y taciturno, que figuró poco entre sua compaSerot. 
(^ más aplaudida elección fué la de la persona qus lubia 
jk servir el mi nisterío de la Guerra, siendo la de D. Mari»- 
W Zorraquin, que estaha sirviendo en Cataluña en campsi' 
[á ftcdva, á las órdenes de Espoz y Mina, y que era hom- . 
ít instruido, valiente, afable, aplicado, de opinionat un 
ilito exaltadas en 1830, pero tal que á los moderados mís- 
mm era grato. No me acuerdo ahora de quiénes fooMiL en 
Éta Ministerio los encargados del despacho de la Gobaeoft- 
bm de Ultramar y de Marina, y sólo tengo presante qM 
jd olvido importa muy poco. . 



KL 



1-» 

í/i -.iñú'ñ-.i le haber <iio nmnhvn'io vsto Ministerio cor- 

ri«> ji'jr la^ C-jit-'-.s y por vi piib;i';'"t ou-^i á i;t rriisma horade 

.ib'ir iiüitjüus su |.iir::ora sr-i.^ii un S/*. illa. Por lo general 

•'••í ! y^ !' jnsiiiü'jju.'iulrs líVA it. uu'hlt -'S fu-í bien recibido su 

:i'j::;!:!"i.':ri'.'nt'j. P«.-io 1"!. ■:•'/> Ksirahí y *^n\\'.* d\; Rozas aban- 

• í»^!ir.i:"i.'íi C'iu i.rrna \ iaS:a !■:.'- '-iir- •< 'W '.^io ^ó! > habían 

• • '.1 

:'\í'f i\-it:r\'j< tit i::ii-i -. \'.ViL< \ ^■i< lüivy.ii.i'^. i[\- e:a!i niu- 
<-1j"S íJe lus <:'.'?ii.;i:« :• -, írinii-.- los dij- ¡'-.i 1 - •!•• i <:a <0C3t>-' 
*la], i"-;n iíia< ■•\f ■•■'.;iu!i'-, -.-ra!! «KjI i.vüi !..í •■■ 'r.v.'.ii'i". ?e-Jes- 
alaro;! en irr.f-'ivas rt^-al.-ra laíi, ü^.-sá:^ !■ ! •=: <a i«a<iori a 
i!i»:7/;¡ar <"' :i i'.>"is «iiiirias de¿:-'ab'--i'.j.'ia< r;.z >ii"^ vá Lacer 
'■o poí-o í:.!.r..j :i ;a «-aLríaíio la (.'on^tit'jci'.:'. »• i.¡'..;'faií?ncia. 
ih: t\\Ui ••i-.üi, .1 jM.--¿ir Jtí su iJe?a;u:iibiuni:' :i!'.'. clj-.'-sy ver- 
(lad'íros amaíit'.'-. Proiemiían <|ii'.; habla si!" »i* r.ij'.-vó for- 
zada la voltuiia'l íl».'i lt-.n\ cosa '\u*\ ¡'Uü -i -ii'-lo i-i-iria. ^^ 
era inónns qu»í en otras ut'a^i"n''>, y i:-.' ';-• iw ii..'> que lo 
habla sido on el a<:lo d^: si-r numhra-.l-j- <-".Íü-, «j l¡o-:'í> áF^'^ . 
nando, quien aborrecía en mayur •'» ii'- w-.-v l:.:\ !•► a kíIos lo* 
llamados Iib»:raU:s; que sus sur<-.-- iir- 'l'l.i.-.ii >'-.> pin??tOi? i* 
un amano y á una inaquinacii'ü i.'Xí:-:'.'.f .:;:•.!, >i<-':i-lo rllu? los 
ministros le;^ítinios, nueva eat .jon'a i-.' l\uiri:p.iLi'l t'uriosa 
rn boca do «juien«ís no admiü-m i;», .'tb-.,!':!:! de \i)< Key^íí?! 
quo ellos habrían si.lí> ea|i;u'f>; de t.'i:iiii:;¡;' Ií; ;.'i«?:ra con HQ'^ 
[)az honro.sa y provcudiosa, d«'j:iiid'.' en |>!'!', si n-^ la ('t)ii't^' 
lueion do ISI.2, oti'a donde la vu/ j-.».iiiitr l!.ivi-;<c cabi'lí*>' 
peso, la pijttístad real linilr.»'>, los dM'"<*lii"- piiv:í.l«/s sc^uini" 
dad, y las riílornias eondu«"í ) leu.d p r «l'V.d.* ha<'cr5«i y 
sustentars»'; y jjDr úlfinn.i, que li r.-'-.-a:- al il-y «i" eiiuliviJa^l 
debían ir eneaniinadii:^ los Citiia'itjs ..i- Ir.is líi. rai^-s mas »?^" ' 
tremados, así como lus de \n< al;-üiíi;isiis hí:is j)un'íí. P^' 
jante el enenii;^o y ílaeo en p:''!e!' para resistir a •■síeeliio- 
hi-írno, andaban en busea de un j'iei«'\f«> para (Miiunostur 
su deserción <lel *:reni¡o di*, los «ju.- -ijsti'ni.iban a todo tran- 
ce, con las leyes v¡.L;ente>, 'A liuno:- > la Í!i ;í.'p«'nden''i:iilí*'''** 
patria: tuvieron eleeiu, y n«> p-jeo ni i-n eruto ^a*adü funt'sii), 
tales declaniaiáones. 

I*«ro sin ollas, liarlo lia!)ia -on q;:!' a-ÜLiii-no-.. Los iVafl' 



jotrados en España ú mediados ilc Abril, 
ÓOflODtmbaii quien les hiciese frente, sioo quo ersa 
w con aplauso, y saludados como amigos y liberta^ 
or crecidísimas turbas, aun cuando no faltaseaen 
ÍIos por donde pasaban quienes les mirasen con odio 
jesen su venida; pero estos últimos eran los minos, 
taz los de superior valer, y tenian que ocultar siu 
.8, 6 que disimular su peusamiento. Estando asi las 
mes, mal podían dejar <le pensar y sentir lo que bu» 
iotas loa soldados, y asi en las filas cundfa como 
idad pegadiza la aversión á sustentar la causa de Ift 
icion, arrostrando lo;; trabajos y peligros de la gun> 
agio que fué comunicándose á muchos, siendo loi 
ti supieron libertarse tanto más dignos de alabanza, 
o, aun entre los antes ctinstitucio nales, los cobar- 
8 calculadores, viendo según ei estado de la opinión, 
rabas y lo indefenso de la Nación, casi seguro el 
de los franceses, empezabaná manifestar cuáles ra- 
cuilles desembozadiimente, su intención de nosacri- 
r una cau^a perdida su existencia ó los aumentos d« 
na. A los inillferentes disgustaba, como era razón, 
lalquier traljajo ó tener cualquiera pérdida por una 
en cuyo triunfo no tenían el menor empeño, i 
labilísima la ruina de los que á. ella siguiesen afar- 
Todo oslo lo veíamos desde Sevilla, y mal podi»- 
(ler remedio á daño semejante. Los ministros que 
iido leyeron sus Memorias y dejaron sus pueatoa: 
isores entraron ¿gobernar y no sabían qué hacer, 
les dinero, tropas, armas, y en lo general del pueblo, 
on do llevar adelante la guerra. Confusos los diputa^ 
ian ñgurarse, viendo que nada se hacía, pcirr|ue no era j 
quo era necesario hacer algo, aun cuando no í 
discurro con al algo apetecido. Me acuerdo de qm 
Je las juntas extralegales que celebrábamos huiíE 
)g que empegaron á quejarse de que nada se haot^7 
iban creciendo los malos y los peligros, vióndoa^ ' 
1 la ruina de la patria, cosa digna de excitar la a^ 






•í.r .••ir:j '. .'i^-n.r:-. 'ir .-. - - -r.áii-. .•>- ;. ct-i r/.;i:i«.i«:» iodo,)" 
a .:;.-!r¡ iJir f :..>:i .».•; ■.— ...il ' y ::«''-:.!•: -ra -:i'. i:i$ Cortes modo 
'"•■ r'-.'N'j'Ji'ir :'irj'-.- y ta'.». ?í 'It-S.-'-^. v.ivi-.-::.:.-, a !."i lar <^uepor 
'•! ;;'>%»--h'i «-ojíi^n. r -jr -i irv.. •;•:■:;'■•?::■■'. lasrimrid'» porsu 

ll'/j«: iíi'l í'. í;;Í--TÍ;i. íi !•.. --ua! ll'l\-: ¿tj I'-r-l-On iv!' vo. no siii 

'ii-is-i-^o ñ- i.;¡- •.••.-:.••:-. 'j';-- :ialri -.-ra :.o<ir.'!o iui-.-er, sino 
■ uv.n- n'iU'i'i \ •- n*. . -•■-•■-i'i i. •ti -al:: .-^ L'.-hü. ■' '.-ar un voto 
'!■: '••■•ii-'UM M ¡"- i:.Í!¡i-:tr-.-. >1 j-" I-. :.-.:! jus:..' «• conveniente, 
|)'>r'j'jí: ii'.» 'iiir.i.fU-'-n bi»;:i 1 .'S r'.i;:.¡r^-:'í? ¡rj'-'^T'-: en friis nia- 
rii-».-: 'j'i«* l;i Hu'i'i (r.i toJ'.»> iijaüifi-.-^ta -<.íbsí.r «'jUt' j.-odia hacer- 
s«-, siiÉ ;n-í:ri.'ir ;:a'Ii»: a visluiulíi-ailo, «l'-riaiaba {)Orsi mismo 
no í.-xi-tir <:1 anhf'Ia'lu rí-iiiuJio á las '.Ih-s-Jicha^ présenles ni á 
la*- íjur*. nru'-nazaban, v íju«; si»jndo rir-rto ♦.'! Llo>eonrepto del 
í 'orj;.'r'"S«j, y n».» íik'.mi'.ís íí\i'lont«í (:\ auiiKínt-» df su dtsmdito 
•'.uandíi aiinnMif.a^<.!n y kh ;í<.Tavaseii los niales did Ksiadcera 
*'stí» un inconvfriienlo a! cual era forzoso resi,:ínarnos, pade- 
••¡i-ndo y sulVi'Mido, |»or s<*r, en casos cunio t.d en »¡ue nos 
v<-íarnos,|jnM-is.a cíjn.-ci'uencia del venciniii"nt':> pi*rder.junta- 
in<;nl.t; con oti'os idenes, la j^zloria, y aun ha>la cierto ]»untoia 
honra misma. I)(.ili<') (jíi- tan deseonsoladoras razone.s, > ^"On 
oirías ocurrió á al.iíuno úf los circunstantes un arbitrio, H**^ 
fue «lar las (!(')rles un manifiesto,') dígase hacer una larga 
proidama, |»on¡<;ndo ijateiite el estado de la cosa pública y 
cvcilandí.» á la n;icir»n á hairer rn defensa de .su libertad, in- 
dependencia y decfjro, esfuerzos proporciunad(»s á la gran- 
deza de ií»s pe|¡i;ros y males fpie sobre sí tenía. 1.a idea de 
ciMubaiir con frases :'i ejércitos, v de excitar con alocuciones 
un entusiasmo (lue no e\<'itaban los ht;chos, aunciue ridicu- 
la, no lía d«jad«) de ser cíjmun, y de tales alocuciones diO 
ejemplos i''rant'¡a en su revolución primera: pei-o allí acom- 
pañaban las obras :i hw palabras, y avi\aba los discursos uw 
entusiasmo >a evislente, en vez de crearle. No fui yo ^^^ 
i'M demoslrar lo inútil de \i\ proclama propuesta, pues Ar- 
m'ielles ad\irt¡«'» (jue lo (jue dijese la proclama lo dirían tú^ 
jor \ (le un m«>i!.i m;'is reirular l<^s discur.^os hecdios en 1^ 
Cortes, tladiis después á la eslampa, y «[uc por donde quiera 
lorrum. I^ejóse, juies, de hacer cosa alíjjuna, saho empl***'" 



42Í1 
8 metiins lie ((ii<^ ¡lO'iiii iliaponerso para la ri>sÍ3- . 
a inva Boros. 

oeo m&s que el uobierno público bacía el oculto de la 
dad secreta que por espacio de ocho meses habia Mtado 
[«ndoet Estado. Aunque de ella era el nuevo Miniela- 
10 la obedecía como lo bacía el anterior. Adeinái; se 
t gastada. También su rival la comunera adolucia del 
lo achaque, en menos grado por no haber llegado i 
■nar, pero todavía en grado no corto, estando, además, 
ida y variada de índole por las circunslancias, pQM 
icts á vc3ces defensora del Rey y desaprobadora deb 
■a, con lo cual, desmintiendo sus cualidades de exti^ 
, y violenta, concurría á facilitar ó acelerar el tñnnfo da 
anceses. A tal proceder oponía ya corta y floja reñ»-, 
i su rival, siendo la cuestión pendiente una que toca!» 
solver á las armas y al ímpetu popular, y no á una so- 
d secreta, vieja ya, desacreditada por haber gobernatttt, 
inspiradora por no ser contraria á los que mandabú, 
y moderada, y por lo mismo impropia para encender 
I sus conciliábulos fuegos que en el teatro público pnK 
en incendios voraces. Asistíamos á ella quienes la com- 
imos con aburrimiento, cuando de súbito, en una de 
estones celebrada por la maiíana, un incidente UCÓ A 

cuerpo yerto de !a modorra en que alargaba sn pesada 
mcia. Como era allí costumbre hacer las prppOBtdones 
ur el nombre quienes las hacían, para lo cual drcolaba 
tco en que metían la mano todos cuantos asistían para 

caer un pape!, el que alguno tenia para echarte nin 
« viese cuyo era. Sucedió al vaciarse el saco, cecenio- 
ntónces inútil casi siempre, salir de él un pupel cuyn 
mido nada menos era que proponer que sv buscase nie- 
de acabar con la vida del Rey y la de los demás de la 
amilia, aunque sin especifícarsi habían de SGr exueplU! 
as hembras de tan dura suerte. Al oÍr leer tal cnsu, fué 
le la indignación de varios de los que nlll eatabamoA, 
(ta otros nos expresamos con calor sumo. Istúriz y yi 
Uo por inspiramos horror la idea del propuesto 




^ «r ^' 

lil.•!!^>, >i'i" '>-.T- ;:•' ¡i ;.:i::is inii-:in)«»s (-...'.i l>;vslant.'? tn ntivo la 
pi-.)(M -i-'iüii.-'i l.i j -.'r !.i:'¡v:i!líiy l.ic:i,i*:jnio uiin :a*tini:iri:i para 
f-íK-'-iiiin < t-n u!]-i li'.-'.rij^io!! p-"li;;r()s:i, clonólo liicioson alar- 
de: -I;* í';i!'Ii»sa <'v:i;í:' 'ii'ii al^íJ^i.ni"S |>;ir:i quL*Jar vt'inri Jos como 
il :-«'':!i-.Mi, <>, i-\ ;■ '\:-, i>ro'"ií!M-.':i ti'iiiíjíar viult.'ín.-ius. Inicien- 
({(^ .!'. .'¡I.' I!.! ;:! :".í ». L 'lü-s. «'11 i!ij'">'!ri"» sciüir, no capaces 
'!i' i:i:'* : i-i'- . :>. :'" ¡'"i" su íi'ilil.i 1, siiin iior li»s peli^m? 
t'U-' !:••■, :i; i i r- " . .* .liii •■.•■';. l'ii!'-" la íli-cií-^iiMi cu retirar- 
ii;«> l-fü;;'. y ^ ■ ■"•! n'i.x u::;i;:-'r; •!<' a«¡ii»'l cucrjio, del 
t'i;;il «; . \i I\: .'i < ■« >-! ¡. iMiT.i' •'•.•ii!m itiit'iuhr: •, iio halúenflo. 
'!f-''i:i- «'..' 1:! ••■i-'i.:! i'.t' '¡!i'* a-il .) al:-'!'.-» «h* lri1)!.'ir ariui. 
viirlT.-j ;i <. 1- (j:- >•■:•■!..! :;I;jU!::i í-;'i"!'.'ta IhKía un:i i;»casion 
qiit.-u.-i l;«'íi':-» 'i.{!i':' <ir roiiiü-iiiíii-ar, en nui"', flestorrudo 
ílr mi ::»?!•'.:•.. i-: i-. •-' ■ ;i \;ii«"ii;r' «li- ta'i nial moflio para 

• ••■iiti'i'.j.r:'' .1 »! 'M':.'"- < ! .■'''li:'ri«» fU clhi rxi -t-'MTc. 

Mil!:-- :•■•■:■.' ^ • ■ .¡.i-i l:i< c»-:'-; pul* i.*l ra:i»'-t.j lainih;.! ijUf 
h;!M".a l":i.-: lo, y ■• .\<'.i-.-;!^-i »';«n ]»as'> ia¡'í<h» í-1 íin do la 
í ':,ii-;:i::a"''!! \ «I ■ 1 i rcV'íl'.a-ii'ii •]-* rl^p.-'aa. 'J'r.*it:ib:i v*» de 
:»'(']njii¡¡-:..:ii!-. '.•■'./:•' !;:«■:>.'•- '¡a.' ■.j'.h -< t.Miia «.."spcranzas, 
-¡ hi«'i; 11» li.L-.ía i!:- i'o.-i ; = rU-:" «le t- !■' |>inilt» las niias. 
Diiue ' '.la.-i \i.la ¡I:- *:■ i la y i!¡>ip;i la, p-.n- • im. \iciosa, cumo 
i'ii rpn -fm aai'.'ri.':-!'-, >ir,» ;.vr.iiaí'nl«* íVivdla y «1«í ¡>n>iaticm- 
\u.ii \ 'ii\i»¡---i-i'-. ! ' i"'!'» t-a rl.ir.) j:í-: i'iiliiii i<as !if.H-hos de 
S.'vii'a .!;!'• :a:!. -. • a 1 : > f i"«I' -, :-i;¡ c;-!!)-»:-:^.), no JMLiaba, 
.1 p-'-;i- >.a' • 1 :::: : ■. •!" ■"! ■-• « ! j ¡a;-'. I^ra «aíiñarr^ mi cons- 
¡•laa- «■■ ¡a: .'í'.^ '•■) ' i -i-. !■.■■ di- \'''!-;¡'_(i:i, 1). l^i'dni (Jt>lr.)n, jó- 
\.a I r!" ,1.1. ]:.'.i-''.'i ¡' '! ■ i":J.i!!-a'ia <!•• Mailiid v iiniv arJo- 
,-.-.» i- »:.■■!:!'!. a ". :í «■a:"a -a j'iiía.j ií'aajuiLi 1). Antrol 
:!•' S:i:i\«' ii I I:-.-'. • a:." ■■• i'ai::i • a í.i':i!» iniinio, v imo ñor 
',■) 'lií-n w '! • a ; "■•■i-. , \:\.\ - ii¡.* miíaha cimi i*ici*t:i diífc- 
'r: :aa «■.'.¡•ir.'.-a. jíi !/'I' '."la'i \i), y T:iaí]>ic¡i exento coniü 
••■.) .1.'! \i.;.. .; ■' ;.■.■, . ]..-■ •■■ ■ ;.'a."aiha ••!) a'ju»ala aparieil- 

• i.iíl- ¡ia:!.r \' 'o, i' .'■•■ :■ •:':.'. : i-a Víiaa-I !os í1..s más qiia 
;:: -. •.'. A- ' : \':a '■; "■■: ¡ c^'a : !■■ ria jai^. aüiiiros, coinu si 
;.■..»:• . lia-l. ida -' ;■ • ::.".■■ "' !■ a'-ina-.-s, \o cual ni.> liarla, ptics 
a:, ivliaa l-is traaijo:} df las <.''ii-t:-% con asífluo cuidado, poro 
;•; •':i)jM:;i:;í..a Cüiifu.-aiii'.-nti; «"a iias ccnsoivs «•! priiicípio dtí- 



42"7 

voto que CMn.si»K''a hi tr¡sU.'/.:i y l:i ausírrilii-l r-^mo i»ru|)¡:i.s 
«ic quién vivo «í:i (lj.siicii:i y pí;l¡;.;ro^, si:nii> lo nuis s:;rj:íi- 
liir <jue iií'.: i-ifirsí? jwjr mi hiii-ii liuiíi .r I->;ri.i/., r,<» il.i-lu j 
las máximas d-vuLw |-ii' fiíTi-), y (¡u».' !::.ri-.i i'-ila «I'; iiu í'-í- 

litrlo. 

Kn iiiíítliú <!«' »'>í-i, la M ¡¡j iri;> I;.-! !ji en el ( 'oniri-.'^D y.):' 
t'I e\-ininis!i'o i!«' ü-alo, Sm >.ii;_r:i'.;'. , :r-.'.!:i im-'i-Ii) ;i ui::i 
i'Oinisioii, <!f la «'iru ''¡-a \o {'•»,•!• i-uti Aí'...;; -.' ■-, (.*il di' I.i 
Ojadi'ii V í.':'..i^ ilii'i;.. ■■■-■ «i'' i /< <:■• > i- li 'i- ií-im. '1\i';j1. i 
u «."Sla roiíii-ii/'í <\;'i:!i!r..r li {•i':i;-.í.-!"í i',!- 1 '^ •.ii;ii''-i'.).-; fji. ; 
]iabía:i '!( >'/::;;!i'Vi'¡" ani- 1 »■"<':.'. (ii ';• {■; -!;■: « ;¡ <ji:'' f]íi''- 
ilaroii {••■VIH 'a> l.i- < '"i-;. ^, 'i.;;- .r-i ■M-:.;::. ;¡ > /: :■■ i! ir.-:-!'» 
ron MUtí li; '-la -^'.-l > ü-!':.-!-!. l-i :•.:•. n <• ; -•¡'•.i •! ■ ¡-i- ji-ii.-n- 
i'iaj*, <|U'í '1* i' -■.!■■; . ':•• : ' '!i í'r-.- / ■.-.■ \ ■•;■• :i.' .- ■ ! .■ -j.':» m '■'•- 
i:!ara=]'> n-i¡¡!.i- a r- ■:iiii;:r ;i j'íi !!:•.."! > \'i; «n -i j'(.!i'/ 
jR.'í'iii'Jo. i.'ii;i!::iii -^ r.iiüi-'.-; »n .";i-<'.m- .<» li' ■.!;«) ¡.t-:- Síiíi 
Mii^uol V *^i¡< c- .'I- ■.'1', V c'.í!ill'.-ma 1.) ¡ ■:.■ ¡a- (iditr-^ en sus 
l:inn)sas :-.'>i";i''-> <!'.' '.í y 11 «li.' I!:i :-.). r«^-''i:¡ ; i. \ft:i;i«.:r ñ! 
Ín!'orili»í liu la r'lü.-li'U. .\--j Iü'? r^\[\ '-.,]• :> !;.;■ [.w i'r ijíi }»■.•;- 
biijo iJiio Miíí' ii't ¡. .;.■.!" jii/.::ií- i i. Mí, :''!i-:-í 'liV- 'jii" ■■:i!i i.iu 
;ilf^uiii'>: i;r. nli.':a'¡"> í'-íM:-;.: ■ .:. ;i u;'.- < ¡-!.,¡m:,. •.. n T.iuy jiar- 
l¡í:ulai"ii!i'!)í'' a I.i ■ :!.:'•);!.•-:. i'!;:< (¡i (. -t ■ ¡:.! :. • •!. t i.i.ci.lo. 
rtN.'il)i«) rl íü'mi, ..• a!.i' .Ki/.a ^ .-•'!. i n ,•■ .:•> i ..'.:■ :i¡í) li.iÜar 
i'ii :iii i'">ii 'ji;'' »■:■ ji'ii' lii' >>', a:;¡li.i;. .üa ¡..i .■'■. i ;i Ar .:;.;- 
il(;s. Na d''-.i':):'.'i- ' i".-!"!-' « !.')-. í- i-> i".; \.i ¡.- ;i! > i-ii- 
i>litc'liüiníi''i!i' -ü; 'Viiiv, I «'I' Ir.' .:■ - ii . ■!■ : ..•■::.;' i y Ij.-js- 
tíi SU ca-;».'/'!: •/lA-r r:i i|i;" ¡¡a-iü-ic i! i.:;i:<, . - \'- Mlra- 
ilorefi. <.laii!ii ¡ •;• í-:.;)!!'-'-» >«■/ -i.' .\:-. \':r'.'. ■ ■ i ! ( .i • -••ril»», c:\ 
una (!'.' ^rl]- vari.-i- .il>i!¡ia< iii-njii'*:'. -. í'.ia^ ;». \- •■-; ni (.'a';).-; 
y [.-obrísinn.- t u i-..!») u* ;•(» larrirí.i ilr «■- ■•: l!i r, im::::) i'n* j ^ r- 
t^on'i i'n "i'ii-'ii I.; ai:i-i..:i il:' ■ aura I ¡/ í'.-ü: > !;'-í ;i.i:i:r- no 
i'Sstá acjíJiiK-fi.-.! i '!«' ¡a- «i.-r-s ('" i:ivi; mí- "...í \ fi -¡üa ^ :r. «'C- 
sarias para im- ¡'a:;'.':"::.!' ini (ii.ii'il'i. - i ;■::■. .i. I'al ••'.j'ú --ri 
♦ ■•i ií'-ínriii", ]\>ih \ i'- >.•:■ ']>■'•;;::. i' r! '.M ;. ".■• ■!• .M:i'. i>. 

íN'l'i) lii"' <l:"''!í'i !.j r:i l;.Ji' is ii: .y a.i::í'^'. -\ «'a '¡ai; a-'a- 
bal.w::) «iií i"<-i' ír.^u ijtai"- n<..'i''i.'.-^. í'cr i't la-^ j-arli-s a I-. !a:i- 
líibaií iiis íVan-.i;-^ js, f.'ní:«.;:itra:i-I'> 0]>ij-¡í \j\\ s'iia s«)I') <!ii ^'a- 



428 

íaluna. P^r h\< Castilla^ estaban ca>i vociiios á Madrid^ sin 
haluM* tímido más íju».' un ulcero enouL-ntro ron fuerzas espa- 
fiMlas, ceiva de las rihí^ras dí-l Ebro, doiKb3 cayó prisionern 
I í. Julián Sanche/, famoso gueiTÜlero do la IníJeprindencia. 
\ donde murií) í). Uaí'aid Aleson, coronel y capitán que ha- 
I :a sido de carííhinfi'o^ p-ales, suji.-lo apreciable, muy ami- 
;.o mió dur;iiit'' ini re-idencia en C<!írd»«ha, cob)sísiino cons- 
lilueional, á «juien rujo en siiertí? ser uno de los pocos que 
i-n aí'juclla e.'im|i;iria derramaron su san^^'O. En Valenciano 
«Tan sohum;n(«- itK f-xIranjtTOs invasonjs los enemigos temi- 
ble';, pues ]<:.< ;ib>"lutÍ!^t:is esjiaíioles habían cobrado poder, á 
j.unto de habei- llí-^i;\Mdu á (entT sitiada la ciudad de Valencia 
(luíante al.iiuuns días, y si bien se delendieron e a ella con 
ííhiní'O los constitiM'ionalí.s, v acudiendo en su socorro Ba- 
ilesltíros con el ején-ito d«;su mando, fué levantado el sitio, 
ai)roximúndose Io< fraiifíses por Aragón, aunque con fuer- 
zas muy cort.'K, se veía el general español obliprado ú reti- 
rarse. En ('alalijíla, Miiut^ fítd y c(jn más y mejores tropas 
que otros ^•í;nei'ale^,flis|iuialiael t«.'rreno,peroen f^eneral lie" 
vaha la |.c<)r parte. y perdía terreno, ^i no batallas, y también 
I erdía Líente (]i¡r -.«■ le p.-isíiba al enemigo. Ocurri('» asimis- 
mo, allí la (¡e-L-r.-H'i.-i cb* haber sido muerto en uiui refrieira 
rl recien nom!)rado ministro "Je laCíiiüi'ra Zorraquin, pérdi- 
da grave, a¡iiií|iic con «¡ue hubiese viviilo y venido á ilesem- 
|)eriai- su minislt-rio, [m)co ñ nada hubiesen mejorado las co- 
sas [íolitie.'is (') (le la .-UíM'ra. Fué elegido para sucederle don 
l^.-^■anis]ao Sin<"!ie/ Salva<loi\ persona dignísima, pero tan 
mal íjuista, aiiü'jue s¡nju<to motivo j»ara estarlo, con los 
c'in<<r.ituci(»n;ib'-. t-rlo<o-:,(pie ».*! haber sido aceptad» i por éstos 
su nombramií-nío con gusto, declaraba cuan postrados esla- 
!'an 1«)S ánimos. Era Sánchez Salvador valeroso, activo é 
¡•stniido, rueia.de lo couiun r.u los generales de aqufíl tiem- 
p'>, y había siilo (•••losísimo ci.»nstitucional en 1)^14, á punto 
de \er5=-e. perseguido [)Or serlo; j)ero en lS:ín, sorpnmdido con 
otros gem.-rales por líiego en Arcos, y llevado preso á la 
(■arraca, n(j liabía (juerido abrazar la causa constitucional, 
C' sividado íi hacerlo, [)retiriendo á sus Opiniones hi fídelidad 



423 

al hoQor militar, y iJ,uJt;c.irn«lc) poi* ana causa cuyo ti-iunfo 
ao deseaba. Por esto, habúndu siuo luiíiistro en 18'Jl, >ií 
había visto ¡njustí.simamenti; tachado de dt'SCO>n do volver al 
Rey el poder absoluto, v compelido á retirarse ante la injus- 
ticia y locura de sus ('ontriirios. Al lonuir en l«)s dias de ^yw 
voy ahora aquí tratando, otra mz ;'i su (.'ar-ico el ministerio», 
lo hizo con buena voluntad y vivo cel»), j)í'ro con descon- 
fianza de ser dií nuí;vo blanco de calumniosas aí.'.u.saciones. v 
casi triste, i'i;celoso, viendo IIovim- sobre sí v la causa corn;;:i 

« • 

desdichas, v no divisando posibiiidnd (Kí remt'diin'las, hubo 
(Jo dejarse poseer de nUcí pasión Av jininio <jue, cumodirécn 
breve, le íi-ajo un fin funesto. 

Aun tanl.-is dí^sviMiturüS hubieran sido llcv;ide*ras, y aun 
con la falta dé rc(!ursi.'s *juo había ])0dría ahirgnrsv; un tan^> 
la guerra, y <'S[)rrar una ocasión íjih' dic-^e la vuelta la for- 
tuna, si hubicsi^ li;ibido fidelidad en los generales encar,^:i- 
<ios del mando de l(»s ej^'-rciio^:. Pei-o la de los tres princip;»- 
le.s fla'jue»'), aban'lonando l'»s ires la bandera con^titucion.d 
y de su pniria aníi^ l;i. rMianjcra, si bien de difer» níe modu, 
V con varias ;íríidos de delito en su conducta. (.)u«^ de anti..- 
mono se hubiesen concertado para su ti-aici<.'n, «-s cosa en 
«jue cabe duda, f- i<Mido b.> cierto í|U<' jKuecian de a'aierdo en 
los pasos (¡lie daban par;» Iiíieri- l.i r«.s¡^(inr¡a dificil, y ^lue 
no obraron ni acordes ni ;"i un tieiiij)(i i-n el arto de declarar- 
se rebidd»'^. 

El primero en declara rs- fué el conde di' La Cisbal. To- 
cábale \w vez })ur<iue ¡i él y ;'i Madrid. rli.»nde íeuia su ejército, 
so aproximaba la prinri;,Ml f;iri-/a früncr-a, siendo corlo 
el númeii) dü lo'- in\:i.si . .•s,nue e^íabaii <"!.i-».'. Morillo v 13a- 
llesteros. i)e las líuidaii.'i-^ \ Iraieinn'' ' ('el (K; i. a. Bisbal, 
dejo dli'lu.» b:isí:in!e r ;• r-:as M:.m .ni ..-=, \ • ;i verdjd habían 
sido t.anr.:s y lal ■^, íp.' iia'iie l.al.ia di-¿.<.-'-it::iii» en él su Con- 
tianza si n<» hul)í«'~e .j.!.. y^^\^ ¡¡ua ciri'KP.-iaia'ia <j'a' le com- 
prometía, em[M.'riaii lo "^i: Í:if:i.'s |..':r;i j; r.n.ise d»' parte del 
rey Fernando, \olviendoi'' >.!i ¡•i..-.l:-i- ab-oluto. No j)odía 
perdonarle el Monarca «pie hubi'."-«' Ido i^n Marzo de Í8:?0 á 
proclamar la UonstiíU'-ion e;i la Manclia, á .£,^ui<a de rebeí- 



(le, (Ui'iinio auahaba < 
ital (irrsono, -ic hí i: 
un socumi i-n Uiuf 
condt; sahi:i iiiiiy hi: 
más di* tiiTi vez í^í iin 
ron r-1 ,k' Ivv rtisl) ;: ^ 
(¡ui! !;> «■-■ni>¡J.-;-;i;-Íf'n 
el int.-iiu. .]-■ l.-v.Hiil;i 
Goliiernu (■iiij~':íiii'Í-i 
brmlo :i v!n-i,i:- ■!>! 'i^ii 

'iici'i::i> ■■ii .\:'i;ijii':¿ 
1,1 lK<Í'--¡"-:vI.ri. ■■:,!. •]■ 

bienu- h:i;i. . l .-,. ,: 
lUiOA l-^O.l.'i.,.:. . . 
niboliñ.i.'^. ;í: :.:■;;;■): 
máí fxt;i'i;ri : i. v I . 
Na'ia[iúi¡Li.-] !■,.■;.!;■ , 
al^'UllO. ni ;: ■.■..■:i-i 
algo i>ar!t íí:i'-íL' ra.il, 
elüfijcío li (;!<:■ lü; :..'.■; 
lijo al (!•.: !,:i 1\]-,í\ i; 
don-I- vilii;v.;:'-.;i -...í- 
dulGoMoMl'. .': !:,■! 



? ic;iovar proleslas du fir-|i>iijad á su 

fi ]>ara aüxio 'le sus ii''o-sii!aiie?. El 
Milito di'l líi-v, '[uien 



1 il.^'LuM'Ir.. 1 
■I |,|„¡,io |.n 



-íijiitjii nn r 



r (iií parlido 
■i'.u'j^i. :c j)nru 
■Uiucioii ye! 

nK'ncion.üt- 



V ■W\ií: 



ele 



va. A c-m 1- 1: ; ■ ^ 
f|'ii(í i;;ii"l.ii'':i' ■ ;■ 
de su iiiüivi (■■■.■.. 
ciJad do lu';nb;-,- 
onc.'irpui.i vi','1 li) ' 

acÍLTia i[U(!' piv:. 



■;i:ii:i ei i-ondo do L;i I.)i--!i;i[ con f-ci" solo 
[iiio-i no lia liTi necio qun ij^norasc (¡uo su 



4ai 

ad luz aulorizándoío 61, era un acto Hitamente 
•orno ul fué considerado en Madrid miscoo, doo- 
tron á protestar contra él no pocos de los principa^ 
ejército, y ¡as autoridades constitucionales que en 
ibian quedado, de suerte que el general ee viá 
I á hacer dimisión del mando; paso raro y grave 
nismo, pues debería haber intentado consumar su- 
.Izando bandera con aquellos de entre sus tropas' 
¡ran seguirle. Pero si no logró otra cosa el coade. 
bal, consiyuifi cusí acabar con el ejército deaii 
ividiéronso en él las opiniones, tomando el DOm- 
a. de ellas la cobardía ó el deseo de salvar la pror- 
a en la coinuu mina; cundió en las ñlas la deaer- 
D debia esperarííi; de tropa nueva sacad» de paisas 
ineraldosiirfL'fo.Kn dos ó tresdiasel ejército quedó 
i una corla fudi-za, cuyo mando tomó el genei^sl 
3 Zayii«. Kstu er.1 poco amipo de la Constitución, y 
, de sus doctnria>; y de su personal adhesión al 
uperaba aiii;irfí;iniunto ú las Cortos y al Gobierno 
nducta Hl-^^iIc JS:.':.'. puro hacia alarde do ser militar 
liso asi coüio valeroso; hombro de muy ' 
y lambiun de no leves defectos; aunque no 
Jaso dü luc^s ni de lectura, no tenia largí 
saber, muy npasionado de si mismo, y que 
tad ¡i[-i?tendLalo qu'< con intención doblada hab^' 
o el cuuilo di- I.a Bishal, á saber, desacreditaria 
ibre y servirla al mismo tiempo como fiel y b 
Kst;\s p[-;iii la situación ó intenciones de Zs 
ihrcvir.n un acontecimiento que hubo de entpei 
su tíusto en la causa contraria á la del Rey. Esl 
nios i'i entrar en Madnd los franceses, y andábaxe 
para que se verificase con quietud su entrada- Al- 
la pk'ba madiiliiüa, casi tuda ella A la saton 
ente ¡ifocta á Fernando, estaba preparando»' 



^^ 



agasajo y 



d los iavasorcs, y aún tBte'% 



. los realistas españoles que coii ellos veo^i I 
□o muy bien mirados por loa osttraojttdM que Iob 






•|'ii'-!i;- r. '•■■:;-; ;-r ih i:i -i !;i»-:.t •■■.::. * >nb:it"S de un ^ ^^*' 

Li-Tijo -i'.' }.•■■];■'. r'-.i'ii--::*L'. i .;■ ^. t«.i;r.¡:t. auii-.jue ya ■ '^*í 

.•li'i-T.'-'.'L !-i I-:: '.•.'■^. '•■\ '11 i\r. Mal.!']. < ■ i«iv:;:iraivn a oiit i*3r 

»-'j Miiii i ■•■.ir ¡:.i- i I-.»; -i^ '[»; !;.- .!¿i;.iui:is {-.ir lo> oonstiiu- ■ 

«'¡'iiiai'-- í'i'''':'"* ;-", í':t|,i'.;i!i'*á!]'it..!;i.^ •.-! Iciiiiusü l>i*ssi«*res , -^ 

ñai.'i'i'i j.'.i- - ¡ %!'"■. ^ivt !-:j l>nl :".:•■.-. i. Vi-p.ia i.*l .•iveiifjrero «''^" 

TrTtfjj'j-'i •■'¡Mí; \'j ']" 1, .ruA'lós V L li'-iíf"» V uH'i'íí; íid"rnoí5 t ¿^s- 

lij.,-;, ,-/].- ;..i¡ l;,"^''^ y r r.i Id '"..hI'í riJlOlK» dL' inuilfü^í ^'' 

í'UíiMilií <:j.\'> Z:iv i- a •'.••:..r¡¡"i-i.-. M-liar«»n filtro uno v O tro 

r;i/íiiH.-s fj'.i'" tu;::ii.<;j ••! r".'.!'.»..';»?!' d • áiriiri disputa, prcít^-"^^' 

• ii'ííi'l'i iM^ii j'i-'i.-i:! (■; -•.■n.-:'al -ri'- liasia u I lU'to de sel* * '^ 
«I 1 ^.1 

i:i:i'líi I'i í-;f!.¡':j!:i.-:.,ii ¡..'nlit-níi;. iiM í!í.'!/iun L'iitrar on MaJ *"^ 

1a- 
i.-)|,a- •">:! l»i!i'I'T.i ■li-riül.i di* la qai' Inívabaii las que tO^-^* 

\ia íí.sí:i.haii «•i'ij|.;;ii'in la «'aijital. di->"iií»'ndi<>lldo¿:e Bes*^ *' 

i'-s d»' lali*-' (''»n-^i<li.'r.Mí-¡>:ic>, v íK-rlarandosr resucito á *■ , 

«••;r su ♦■nfra'la '1" '•aal'iui-a' iiiDil'i v sin tardanza. Uai' 






"lid 
las ri»-:is (ji]r ni.'- '!i.-.íí!i>ial»an ri\ v\ [>arrnli> coiisílhuciC-> * 



níViili!«-i''n:!!¡'» ;i /.!>.':-', fia '1 •l«'>''»r«.¡i*n, r-ii/ndo el ij:eii 
> .1 .Mnii'.ij'i.a'iii'iiif ¡!.i vi -ju, \ ra!);íil«'ríí>M, a^^i v*i»niü hoii 
mi'l'i'ii'-". I"»!' ji» '-aal !r.:l>') dr ii.irar rna ¡n'ÜL'naciDii al * 
;»t'«'si'ni;'ii'" il" '..!i<» >l''S''»r:K*n. v <li' l:Ml«aiUM'rat'ia advenec3- *■ 
• ini- \r!^:.i r.>ii |i.:ii:|.M-a •!•' rrali-t"» a "aDnru'-í-dr ron mo^'-^ . 
í:i'í"..'Ii!m;< ~. A-i. (••'•li'-inl'' a la ]••!:' .'i ^ii <':a»j() \ á !«».< prir^ 
''!-.-. (I'- l':t!i ni .1 -a r;. :.-.!. V ar:i«r.Ml i-rdi'ii i*n lo milita *• '. 
»MÍ'.i-¡\il, i:.ii¡:... :> I ;■.--;<■; .-.> «j.; • ^.' r<iira<v', pues ib ■*-' 
iTn-r »■«'!! s'¡< i:-»;-.!' >•")!):•' iix '-a\<'«;. 1 Ií/oIm :i>í rl aventu 
i'«, \ .!■ » «l-tüM» « 1 •_'";. i'.'il «■' a-. ''» '!•• ci'üMi'íir (.*:i realidad 
:mi 'n.!.";i. ha i:» ¡.i .- •a;»: «I:- i'iiil.i-iir, i«» ¡rH*¡t.'.'«.l¡ his IrO}- 
«•■.n*!i;i¡''i'-:í:iir-; «¡1 •■;i!ia!:<'i ¡a «".«n ri ¡»a-ina \ rl liábito 
l'.!M.':¡l;i i r-.Maun r\\ I. . u.iv n-a- ri\ilo-. \ afafliiliand»! tu 






ri.:ini«) ii.i:' (l'!ni.'.' r:h'(.hf i :ií.:{ii, ii" !''i"i!'»:iarün :'i la ffen^- ^ 
.aihlii!. ^'i ;'i".¡li.Ki .-. :v« Ihir '-n ií'i'.n:í"i» á ios reaii.">ta5. é L^ 
«' '.'i .i -•■•■ i*'ía nc v'-Mi'i •<•:■•-". '"«"i • j^to, huyondo los 



quedi) restablecido el sosiego y aumuaUdo el 
|(eoutra los constitucionales. De allí á poco ocupa con 
Irid loa franceses. 
Bgai'uii Cu 

irse al informe de hi comieion que aprobaba el acto del 
itibfa nacido la guerra. Un dia antes de empezar la dia- 
I, condescendiendo yo con el general deseo de decir 
para excitar el entusiasmo, y movido á un tiempo 
5 por mi enojo contra los dos bandos y por el de- 
I lucir mi ingenio en materia que se prestaba á ua 
•so, propuse que fuese acusado por las Curtes el d« 
sbal, ante el Supremo Tribunal de Justicia, y sosbivs 
isacion con una inveciiva entre acalorada y amai^, 
ido un retrato muy parecido y muy celebrado del coo- 
Montijo, en antitesis muy propias para calificar una 
cta de perpetuas y chocantes contradicciones. Faé ' 
ada la acusación, y alcanzó mi pueril vanidad UD - 
>. 

cabo empezó el debate sobre la gran cuestión deaque- 
as, debute, aunque importante, ocioso, pues vista estSr- 
< forzosamente una cosa hablan de resolver las Cór- 
■tra contraria la fortuna de la guerra. Hablamos ¡ar- 
te Argüelle.-i y yo, siendo nuestro empeño probar que 
Dceses obraban con perfidia, asi como con violencia. 
Je descubriendo harto la primera, pues no á reformar < 
a Constitución, según pensaban no pocos y deoian 
s más, sino á destruirla, volviendo al Rey todo al 
)ue tenia en 1810, era encaminado todo cuanto desde 
asta allí habían hecho, y todo cuanto habian dicho 
:o y de un modo duro y terminante. Nuestros discuiv 
enconlraron, como en Enero próximo anterior, appo- 
unánime en el Contfreso, pues fueron impugnados ■ 
rios diputados, y con más elocuencia y habilidad qii6 .- 
*o alguno, por U. N. Falcó, eclesiástico y diputado por-- ' 
ia, el cual, sin embargo, más probó haber procedidQ 
co acuerdo y destreza los anteriores miniatroB en b 
lor de la grave negociación de que habia resultado la. 



431 

guerrii. que no la posibilidad <le ujiíslarsa tratoaf 
(juedase ■a\-<--i¡'u\:, )■;-;.;. fiíi rou l'vnurvá y la' d.'máíf 
potsooiu bíd di restablecimiento del rey FeMaw 
plé^ libertad, de Is cual sabido era que él qneffi 
w6to pv» reinar como antes de 1820 habla reinaii 
TOtaeion pasaroa de treinta los votos que nos fue 
firUioi, siendo de notar que la opinión eustentat 
inoderado y ya casi realista Falcó tuvo en su favor 
pa^OB comuneros más extremados, que nohablai 
se^r. á ^us compañeros los que levantaron bandei 
dow para la cuestión de la gueiTa y del Minisi 
Bosotros los de la sociedad hasta entonces su conti 

Lo singular en el debate de que acabo de hablar, 
OTtado oyéndole callado el Ministerio que era. Bien 
qttB se trataba de hechos de sus antecesores y no <¡ 
yos propios, y que á la sazón rara vez se mezclabs 
debates de las Cortes los ministros; pero aun as 
raro no tener opinión loe que gobernaban sobre el 
lugocio entre todos los del Estado que tenían ¿su 

Verificada la votación de este asunto, poqulsitr 
üibau la atención las discusiones y resoluciones de 
tes flobre otras materias. Toda la atención estaba ¡ 
los sucesos de la guerra y los que con ella tenían 
inmediata. Pero también hubo de causar cuidado ; 
U> el estado de la paz publica, que fué alterada en í 
una manera escandalosa. 

Ya he dicho que de la Milicia nacional local d> 
hablan venido con el Gobierno unos batallones qi 
aotreeacados de los que había en hi capital, y coi 
de los que voluntarios se prestaron á un servici 
impropio do sus hábitos. Habían (?stos milicianos 
verdadero modelo do disiúplina, en cuanto era « 
con su calidad de paisanos iguales á sus oSóat 
acercándose los franceses ú Madrid hubo de fonn 
para pasar á Andalucía, un batallón terctero de la m 
licia, «I cusí, ó peor compuesto que los aateriofitt 
recogiese á loa alborotadores y vagos, ó por Tsnir'ip 



485 

rparecia en buena diecipIÍDa. Asi-que llegóA Se* 
roDse en la enlilnces residencia del Gobierno sfit- 
rerOB de desórdenes. En tanto corrieron noticias 
; cometidos en Madrid por los realistas, despii|s 
tda de los franceses en aquella capital, suponién- 
• habido algunos de los constitucionales habitsn- 
OB muertos, otros maltratados de obra, mnchos 
y varías casas saqueadas; en todo lo cual hsbis 
erdad y mucho de ponderación. Hablándose ds 
rrillos, indigaábanse los constitucionales qus en 
aban, y entre ios acentos de su indignación, by^ 
)s que aconsejaban represalias, las cuales ha1)fadl 
3 en los paciñcos moradores de la misma ciudad, 
in, con razón ó sin ella, por parciales de Femando 
marquia antigua. Gustó & mala gente el m^ OOD- 
Dentados ios corrillos, y formándose gavillss eo 
ban principalmente ios milicianos de Madñd úh 
I llegados, bien que no todos comenzaron tos ev- 
ndo insultadas varias personas, íij^osinada una 
la, cuyo cadáver quedó largo rato icudido en la 
(ueada una casa, donde cupo la suerte de perder 
e tenía al eclesiástico diputado á Cortes D. Nar- 
is, liberal celoso y juntamente varón de gran vi^ 
da condición, que á la sazón votalia con la ma,yo-_ 
ndo la guerra, y que distaba infinito de ser da 
1 quienes suponían los alborotadores dignos i» 
ena de los delitos cometidos por los realistas en 
;s. Callaba la autoridad militar y civil de SavillA 
de tulcR maldades, y hubo de cesar el tumulto 
-ando la noche y cansarse los milicianos, que 
i reprimidos con mano dura y justa 
a si<;uíente procedió el Ministerio con digníi 
eparando de los mundos que respectivamente 
liente general U. Ramón Villalva, capitán 
o, y 1). N. Ochoa, jefe político de 
[ano distraído y débil, que, prendándose mucl 
timaba bieo hecho dejar stielts la ritioda á quieses 




43^ 



í?t3 düsbocaban dairlú vivas á la libertatl; rstotro hombre 
covio (iiitendiinieiití), que, ísÍí-miiIü dipuiado á Cortes en 18 
y 1S21, había vutado ron los más extremados de arjuel Co 
gí-L'so, y que tait'» de experiencia y de brios, txliso entrado t 
afm.s, aunque nn vitíjo ?o:liviu, «'¡'n-ei.-i «lela*? cualidades ii 
eesarias para i ! i¡i:uí-Ií'. 

No p.)r rsi') im.jor.tba la sitiiarion d»- la?; cM^ars. Tomad 
Míidrid. l«.i- riane.'Si.-s habinn esiiiblr-idíí allí una re;reiHua 
Apreí?ur.'iruii> ' ;'i r-.-e-jivn-. ■!•:;» ím.uio p.nl.ifrí'!!» 1 •irilinio úe Es- 
jiana, que obrciba á numbre d'-l K<-y eautivo, las priucipalta 
])0!i*:ie¡as de Muropa. I-'^rmárun-íe los 'lisuellí>s Consejos y 
«lüUiás euerpus v .'lutnri'ladf s ílt.?! sisk-uiM di' í^aibierno derri- 
ba-.!'.» por el ('"ii-^iitueií.fíial, \ eíimenzamn á juirar en la re- 
eoüipuesta müquina, rt.'e<.'ii(.ic¡''ndt.» hi IcLitiMiidad del pode' 
cr ido por un j.i'iueip».' eMi-aujiTo p;.ir;i u:ki naeiuii indepen 
dir.:le. Al iiii^;n> j.riíi'-ipi' liieir.^veí una reprf.-eütacion Ve 
iíi'iiiides di; lv-¡>".íña, iiisinuíiiidi) eun liiniíb:'/. \- reealo cier 
de-ío de (|U«r luv¡''<c su ¡¡airia una < 'unslitueion en que ^ 
pií-e un lu'^;i!- di^iinLiuid" á la más alta nuMe/a en euH"- 
de lal; pr'í<-<'i!-.M' t\ir nu liMbiia >ido leo -^i ia suplirá *^ 
bien; sidü ln'«iia .i í.'.ro f|u-' ;'i u:i cxírarM». si !•:-; suplic-ft'^ 
bubiev^en diM-¡ar;i e» con niá< riiu;re/.a \ valentía lo qU*í " 
s\*"ban, y -i u»' i'll h la nKiynr parí-' uo liu¡ii"<e iiooptí*" 
r->:i .'elo aliiiiiíds y r^yn -:inji-ii>n ciros, la eai la ConS^* 
eii.ea, á la eua! «l-nc-^iaban vicnJola «'U tierra. 

MiénliMs i'-^r(.i t.íi'urria, Si? ¡b.-oi reliramb) lentaniento ^ 
í'ia ¡'iXlreaiadLira las ri'liqui:is drl rjri-i'it. • del e<>ndede ' 
iJisbal, man li!a> por rl /^vn-fral Z-iya^. Pero el Miuist^'' 
«i..'sde Si-vilhi h.j^ia niNÍa lo ;'i ».■near;^^•lr.^e <lrl mando de c5 
l*ii.M'/a al ;."\-minl-iru .bla ( luerra 1). Mi_ru».'i í.(:)pf/ i]iy Baí*^* 
i'<iimando cin m;"i< (j m!".i<»> ra/'-n ;i /;iyas impropio p*^' 
.-iisUMitar una e.íusa qu<' ba<*ía irala de desaprobar, aunQüí 
muy })ropio [¡ara «.1 m;ind«.» »"' ine;ipa/ di' una trait'ion verdíi* 
íi'Ma. Aquell:!-. tropas haliían ii-n¡<lo mi ]i¿»ero encuentro oüC 
u.ia .-ort:'. íi-r/a rr.Jíi- -^a que vi-m'a >i_;u¡éndoIa, y salidc 
air.r>a<, si no vi'ne;í.J'-ra- de! lodo. Sin embargo, rocihieroi 
i.ejy mal a I.<.q" /: de Dau'j-;, y úun hubo entre ellas disposi 



431 

a & no reconocerle por general, lo cual nacía, más que de 
r>r a ZayaB, de disgusto por colegir de que viniese á man- 
flas un constitucional de los del ejército restablecedor de la 
mstituf ion de 1820, que se trataba de seguir la guerra, cosa 
sa-brida á gentes entre quienes babfa acudido la idea de 
"" posible, necesaria y urgente una avenencia con los in- 
Woree. El descontento aumentó en aquel cortisimo ejer- 
cía deserción, y lo poco que de él quedaba se fué inler- 
ffiiii en Extremadura y viniéndose por esta provincia bá- 
iSevilla. 

rPor otro camino, que era el real de Madrid á Cádiz, ve- 
BlUelantando la principal fuerza francesa. No habla por 
"I tropíis españolas bastante numerosas para hacerla fren- 
• £l capitán general de Andalucía y general del ejército de 
■erra que había de formarse, D. Pedro Vittacampa, teoien- 
^16 luchar con dificultades quizás insuperables, y mal 
tiliado con recursos por el Gobierno ó con buena vo- 
'**d,ii siquiera dócil sumisión por los pueblos, nadaó po- 
*>nio había hecho en desempeño de io qye le estaba en- 
mendado. Asi, acercándose los franceses á las gargantas 
Sierra Morena, que desde fínes de 1808 hasta entrado 
iSlO, durante la guerra de la Independencia, hablan d&- 
^do a sus numerosos ejércitos, aun después de alcanzar 
■^^rias, hubieron de tropezar con unos pocos soldados es- 
'*^le3, que cobardemente les volvieron la espalda, po- 
■^dose en confusa huida. Dio parte de este suceso don 
*íateo, militar que había sido y entonces jefe poUtíco de 
^ provincia de las andaluzas, y para encarecer lo grande 

desastre padecido, dando otra terminación á la famosa 
^ de Francisco i de Francia, después de su derrota y 
*6ion en Pavia, concluía su parte diciendo: «Todo ae ha 
*dido, hasta el honor.» 

Hubo de llegar este parte á Sevilla el 10 de Junio por la 
aSana. Encontró al Gobierno ya harto acongojado, y aa- 
entaroQ la pena y los apuros. Cabalmente hasta ignoraba 
inde estaba López Baños con su corta división, poM de 
00 llegaban partes. Por aquellos dias habla sido ohiíIbío- 




por haber sido completa. 



CAPÍTULO XXX 



J>5"i"»tioia do linljor píisrtdf) los fr.'iiioosos T>esi)<» fia porro?». — TSl 
nvitor, atinrpif» híill:ni'lo-!<» eiirc.'rin«'>, ruMidí» ri Iris Curto». — 
TElrt medio <lv* l.'i iiií* 'rt idiiTii1>i'íí y c-onfusioii ¿r iji'ral pro- 
1 lorio uTi X líni para i'»'sr>i\<'i' la;-; <liJi«'iillíi<U s dt» \i\ situa- 
ción y Ho i)Oíií-« tl<* a<'ii<*rd<) ív »n OalatTíiva.-Iiitcrptíla a los 
nlilli^^lroH HobiH» el <\-.tad<) <lo las cosa.-:. — l'ropont» a la.s 
< ;ói'te« <íun íso mando una (lij^nt ru-ion al lío.v, iM>^andole 
TiTint* a C.idi^. — ConvcM^saí'Jon <'Oíi ^\i':j;ü« 1U's.--A' n<'lvo la 
♦".•OTnÍHion y i>artioipa la no;^aliva <1í^ ír^. AI. — 101 aiilrn* ^íro- 
¿•orií* y la.s Ci)rt4»;s apruoliaii la siispcnHitíU <l«*l lít\v. — 
?vroird>i'a miento cU» la I lí-ii^onc'ia. — t.;ousi>ii'a(Mon <l«*soabior- 
%:\ — Aspt-í'to dol <."-on:;ro.'so.— IDiiií'ult ridos i^ara <*1 viajo. — 
Haliíla <Iol l\oy .— .7 uií'io y oonsid*'racioní\-! d<d aulorsobro 
Irt vertolu<*i<^>n tomad.'i i >tjr la. -^ C'«'»rto.-« on atiuollas <'i'íti(.*as 
fimmslaní'ias. 



Tal «'i'ii ln situ.'ic.ion do los Liiiiino"^ rn S¡?villa al i'L'ril)irso 
fil di:i l!) i.'l |»arttjí|uc ;inimí.'¡iil)a 1i:i1am- j)"iii?trai!r» \n< fríincc- 
ses en Andaím-ia por r)c.^HL'na])í.'ro.s, d'.'-dr d cual punto 
hasta la i'-iiidad ijuc rra i'fsiiuiii.'ia d<i 1 1 (;'.»[ii', r\ (]()l)i«.'rni.> y 
el Con.L:Teso, [lodiíari vi-nir >in <'n<:o:itiai- el mis Irv»^ trupio- 
zo en v\ caniin'). MI Minisivi-io roiivocij a l.is <.'<')i'le.^ á se- 
sión >:-.'L'iií[a, \ allí K'\«) las infausta^ nu'.'vas ir''ibidas, si- 
guiúiidose un tri^to sÜímicío, por nn halK-r f[ul-':i af«:rtase 
con linuj'í al.i,¡.iní> d»j iviuc lio al uial dr i'u\a <\¡>iriH'ia ha- 
bía llógado la in.»t¡''¡!i. A>i >e Irvant») la s.-ííju sin niá.s pro- 
videncia «jiiocsiai' la< CíMlrs cntr:a'!a^ d.d doa'^tru ocurrido. 

Listaba yo n^jucl dia ni trama, cun !'vc caítMitura. Vinie- 
ron á avisarme 'juo lialiia srsion su-'i-cta y (pie se trataría 
en (día dn un a"=íU!ito i^i'ave y dol-Mosó. Al oir tal-.'s noveda- 
flcs, nio viístí, y coiiiü pud»:i mo i^ncamiuf'í al lugar donde co- 



i'n.'i..m]v 



440 

; el Coiígn-íii; pi-rn ví-mlo para nllá me 
i'i i¡i!i- <lu vi v.;ni;ui, k>s ruali-s niein- 
i.iliin ti;v;iii!:i'Ji> y;i l;t t^i sion, do lo Of.ui^ ■ 
i:ih(-i-í.( iTsMi.'lii' M¡ iir(i]iiii-ffli) cc^aalgu- 
I-. Liii.'v;!-;. iii-' \-']\\ ;i lili habitai'iún V 



.11 il.is ,..!,»:• 
11 IrV 11 lili- 


""'■"">« 


11 li, maíis- 
li. mi .lolen- 


.■..lifl.s,- 11 


,t.,i!.'ijiii' 


l.iiliii, ,io-i- 


.-.Ir.li-UV.. 


1,111,111...! 

iii-;,.!..;. 1 
V ,.1 t.¡,.:i 
i.. isl<. ,.■!; 


l.?s.ii-;,iiii- 
.■i.iii j.;.-iii!;» 
111,. pii-« ,-1, 
ti'i].,-iaii.!o 


I.I.. iu.W,, y ^ 


i'l..lll.-!il 


'ion;,-ia. m,- 


lili Vl'Illilivi 


1. il><ai..! 


i.!i tul ft.ii- 



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^r[.;i|-ili 


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1 iMi-K. .If \:x ^o7. 


i-i]i.;-'!i: 


,^ !.,.,■;,<. f... J,,Ja- 


,-.-ll.;i]' 


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n.';^j;; 


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\- r..:ii 


;i;i '¡f Í:i |jr<j\iin¡- 




i;;lii'sr ivíiiJo (¡n 




líi'V i.'Sin'llo á fi"- 


:i.i.-i .;■■ : 


. s lV;m.vyi.-s. Ks~ 


i-i'i;]'- 


i-uiiviluivs iJe un 


1... ll.'ll 


o ik- i'avor y da 


!"■'■'■■■! 


la ohiso Je afrclos 



y hasta por el interés personal de su seguridati, tenlü el m:\- 
jor empeño ea la índole y éxito de las datermi naciones tjue 
gne'hacia forzoso tomar con urReocia y que ernn con impEi- 
ciencia e^pemduí!. Miraliini i!<l:i-i frfnuw iil Knlfjn vi^i^inu. y 
como que quGi'iün p-iii-rr;!]' i-'-m l;i visita h< ¡iii: it;i« do !;i 
pieza v(j<.'ina, 'lumlL' el ruidn diM-laiviba r|in' cstíiliarnos U-k 
diputaiJn.B. Nosotros nada .-iríTiáhanKis :i [uMimnin-, y lus 
ministros, y entro üIIo-; '■.■i:;;iivna. im1i,v.:i vi'i-ila-l.'ia dii aijiiol 
Ministerio, ilf<-i¡iii que ri;ii!a ]ii"l¡;iri hablar ni Iü.í^t, put-w 
BÍendo rni-iarifii:i' i'i'¡ii-.;>i':i;!iN!r-; d-' la au'ovidad n-al, oiri 
otro titulo ui si'[i:ií m j.i'di-iaii "O".!';!!- i-ii <■', Cki^-iv-'o, y si 
ontrullail iiKil i.r>di'i-'i d.i-1'iiai- •■■:<■ l-'-'in i-. I-"! m!,|"iÍi,í i'OH- 
rra los coa.-i-jn- 'MJi: !■' c!!h:i:i. i.i.r.j:i.í di.'i !: 1 .1.1 .I./clnra- 



rían (|un no K'J^'a'vm li 


' 1:í <'i,:i!i 


■ii-a .!■■ s. M., j .-un l:il 


.K>clarfii.-;'>ri dvja1>.>u -I- 


-;,■!■ r:lilli- 


''•■■'^- y '■■ -■'"■'" "''li»»- 


/los hasta ása!irs,.d.-l l^i 




--i -. IH, .an.o «p"' 


ro, Rion.l.. ra.-ir„nl 1. ■ 


\:\- {■■-< l. 




ineflios l.-^a!i;.-i ii;ica s:i!¡>- 


'.Mm:,li. 


lasn í.'ii .|i¡f iin^i vi-ianios. 


y iKma-¡.,iid.-.ji.r„y „„., 
modo, todos lia'l!ali;.li. li 


■irli-'li-"-; 


, -;,;í.'|.> r\ .!.■ i-ual.|U!-r 
ir:a '■..<:■ ,.,.,,.-mi[i:i ú la - 


tibio, nillJÍUUO 1.-IM ■'\:h'. 1 


.n.-,|,;;. :\ 1 


:i i.M' ^..;iri!.aii varia'^ \"- 


ees, y adi'iiiás, .--'an-!'! i 


,„I„< ,1.. 1 


.; ■. íiai-i;!-' Í!i!;i'i-¡li!i! p-i- 


ner un pocu.lv .■.ri.'ii vii 


:i<|il[':i;< . 


■i.:i;\i-i..ii T'i.Tril.lr. Solía 


de CUan'loi'li r:i:i'.i hi !•(•[ 


1 11' lli:is : 


,lra.|,i..,,n . ii-,a v„í di- 


cioildo «//■■"(■/',, ■, i-,-¡j,-iid 


:. .■<; |.ri! 


al-,m|"^'i.ii:.'I,..^.-narfn- 


tomúííí'iiii.'niKa;'.., ]■.■«! 


]!'.,li;i...:i 


V,V ilrl ;.i:,ii,j., [iií.Üdo, lili 


riüdr> <'yin'> di' inal s..¡ 


\<,':i']t -I-i 


¡.■i-i:i, qa- n'iiirnhalia i':i 


el salón viH.'iti.iy i>:iiiiil),il 


.Jl.rrvl: 


t- |>'<r la-: liibuiias llenas 


dtípeniií'-iii.i.) i;n mui-ih 
oerales ansia y aii^-u-ija 


. Iji I...-,: 


adiir, auni-'nlaiidfi la^* f:¡— 


tiempo, i'uaridií va'ia in; 
ciarla.' Kn'i'üin'S yn, i-mn 


ii-li'. ii]t:i 


í^nla lL„ri ¡-ara .k-sju-rdi- 
!.■ .11 nii hiiilii-iodv irmle 


agitad;ip,>n':^-i"i"--"l-' 
ciacnii Oiin.lia r|ii.^ va 


., i'[,,,'.|,: .,! 


li."!:. .■•; i.j.lij í|ii¡cn aniui- 
:.:■■ hwi-'i-'.-r.ti-, rs .'roido 


qulún iln:lara IüiKt tu 


,11.1. una 


i'.-'..;..>-;.ni d'-'';~i\a. y rS 


se^fuido '[uii-'ii s(; arrugia 
zando y alm.;.:and.. \:x v 


.1/ ^liti;: 


id d..- -iiiai- ;i tr^loi, cuíov- 
;,si/:-ii':i,i' y lijf^ró tenor ¡il 



mOBMmlo á cosntOB «Uf estabao calUdot J 
iba á deciriea. Sirvió eo gnu parta al-ft 
lito el desdichado Riego, el cual, tMainoó de la i 
coavidó á muchoB de ouestroB compañeros á darme ( 
como ñ él supiese y aprobase lo que yo iba á propc 
mis oyentes. Empecé yo mi discurso declarando uo | 
que á toda prisa en aquel mismo punto babia coiu 
Cormado, y cuyo tenor era lo BJguiente: 1." Quedtt"^ 
constar de oficio el peligro grande en que eslábamos, ¡ 
to ui^a salir de él, y que no bubia ministerio, | 
tente no gozaba de la confíanza del Monarca. 3.° la] 
poner patentu del mismo modo la resistencia del E 
lir de Sevilla, aun rogado por las Cortes á que í 
se, lo cual quería decir su resolución descubierta d 
con el gobierno constitucional. Y 3.° Me proponía a 
• der al Rey en el goce de su autoridad, ejercida según 
titucion quo él se manifestaba sin rebozo determini 
abolir, poniendo á España á merced de bu personajg 
pies de un ejércítu de extranjeros invasores. Este (iT 
después llevé á efecto, anunciado enti^nces, gu 
por no proponerse utro, pero puso á él reparos, i 
alloB muy Tunduilos, el Sr. Calatrava, siendo su f 
objedon que du él no podía salir cosa contraria alH 
por probibirselo el decoro, como porque no linbl;. 
BUS compañeros á nombre do S. M., nada rojXi ~< [j 
«n politica nada eran. Yo que 8ó cuAuIO aferrn en una upf 
nion hallar quien la COmbaU, en vez de di 
ministro, me mostré convencido de todas las obj! 
que me hacia, prometiéndole tomarlas eu cuenta y í 
valor debido, y.le insté á que pasase á verse con S 
con sus colegas hiciese nuevo esfuerzo para vencer ll 
tencia del Rey, enviáadome aviso de lo que resultasen 
dentro de media hora, pues terminado este plazo y ti 
(übiendo yo noticias suyas, comenzarla á proceder coW 
habla propuesto y según lo tenia en parte declarad^- 1 
metiúmelo asi Calatrava, y fuese al Real Alcázar, p " " 
de la real Cnmilis, mientras yo, íirme en mi recién foriM 



\ 



443 

recto, aconst»jó al presidente abrirla sesión, pues más 
i entretener la pública impaciencia con el despacho or- 
irio do los n:ígocios cjuc trataban las Cortes, que dejar 
yerbarse los ánimos en el silencio angustioso que pro- 
a la de estar ausentes los diputados del lugar de las se- 
les. 

abrióse la sesión va tardo, v |):isaron tres cuartos de hora 
recibir vo noticia de Calatrava. Iba va á hacer vo una 
is proposiciones que había anunciado á mis compañe- 
3n (ton versación privada, porque pasado el término por 
ijado para saber lo (|ue pasaba en Palacio, suponía con 
n al Rey tenaz en su resistencia ¡imovin'so, cuando me 
> del Ministerio un aviso, dando ésta mi suposición por 
dad. No dudé ya, pues. Agobiado j)Or una fuerte calen- 
y juntamente por la-; sensaciones propias del momento, 
evanté y |)roi)use quii fuesen llamados al Congreso los 
stros. A])rob.i'la al instante mi proposición, no tardóen 
entarse en la sesión el Ministerio. Yo, con una serie de 
untas, intenté y cunse^üí poni^r de manifiesto lo urgon- 
d peligro y del rnnedio, y ser personal la resistencia del 
á libertar á La [)atria del mal qu(í le amenazabii. Lo pri- 
) era fácil, y a<i jírouto lo hicieron patente los ministros; 
lo Segundo ine vali de un raro me lio y fué preguntar- 
i estimaban necesario y urgentísimo resrdver la trasla- 
á ('ádiz de la real familia, (iobierno y Congreso, si ha- 
dictado disposiciones para el inlent(í, y si, en caso de 
ntrar obst;iculos para IKívar sin la menor demora á 
o el viaje, no se (íre«'rían obligados á renunciar sus car- 
il instante mismo. Al primer punto respondieron con- 
dado en la absoluta necesiijad v suma urirencia de la re- 
a á abrigarse con las fortificaciones de la Isla Gaditana; 
gnndo. que nada había dispuesto para tal intento, y al 
ro, que harían inmediatamente su renuncia, como de- 
, si el viaje á Cádiz no era resuelto y ejecutado sin tar- 
a. Ya con esto pude, sin que los nn'nistros declarasen 
que fuese ajena de la voluntad del Rey ni lo acusasen, 
ríes casi la declaración de oficio de la negativa dada 



1 



()oi- Feínjndi:' .1 ii'lirarse de Sovilla. Diji'. pues, á Calati-a- 
va y los 'li-nií'ii* iiiiiiisiro-! i\iu: iia<Iii aíiaflii'sen, pues do de- 
bían ni [lOilriaii tnniíir [y.u-K'- t-n ■.■1 dchaii-. y ilirigiú'ntlomt- al 
Con^iv^^o |):ir:i limvr iii¡ -'líutuli ¡•roposic'ion, reducida j\ 
'jü(; fufs>' ii.j!iibi';iii:i liiiii dipiiíacion i[iio, acudiendo á S. M. 

na, las di' ^u r>'aM'iiiuil¡;i y i>! ¡c-lii di-l Cíiliii-rno consiíMi- 
i-i.^nal. I'uinli!' ri! |,r.i|>iii--Ea <-n la lai'.on di; i\w no ha'ia 
Ministfi'iii, ni r. ni^.T.lia. i'l licmjii.i-siifiaríi -[m- liubicsc ntio 
i'Qsp'in-^ah'.i' •!- la-i i.'.i'.i'-i .li-;fnnin;n-¡.ini*, a! i'iial se diii- 

-Í0s.;0l('i.n,-'!^-... >;..■:! 1.>,|.J'Í, lnrzO-:nr.;i!.-!td.'lS0 t-íte.-..ii 

la niisiua i'-vii ¡.i-r,-. 1:1:1. Al.irna.i, aiin'iüe mi ¡lOifiada oposi- 
ción iiivi- r-ta -fL'i|iiJ:i |.rr;,i"iiriiin iiiia, y más di'ln'ria h.-r 
iicr (.■in;'lo.¡"irv|ii.'lia''ii ¡.i-..\i-,-íii- .|.>\¡ir¡as l■|;l^.l■s '[Uc a|.a- 
.lnna!.aii ;V !'Vr:i:Mln ,-i. <n hn-n>-l-^\ .Ir d-n-üiar la Con?>i- 



. I'u 



ia< j.u 



ian !;cL.'ado el ■ 
,nnr.|uia aniiííi; 
.■s. ..-Üuial.an p 



clk'S an^adu ii,...riirni.> ■!,■ .-.'ahinvr la 1 

fit-ííos »'■ I....-'.-; iii.-!.-¡a.li-s .■.,.ii,-iitiifi..n 

arjuidla la li-.ra di; ajii-lar i^n '.••< l\:n\f>-<x^ y i-i-n id niisv.i 

rícy i-aiiii\.i nn.i pa/. d-.-iMiM-^a, ¡ht la cual '|i;t-da>ii- a-^cjiu::! 

radu o.n ICs(iaria liii Ivi-.n llo!>i..-i-:i'i, imu !Mrriia< di- las Huma 

das n'piv-.-M'ativa-. !>!■ Ins pi-ínu-ioí nada 'icMa cMiarLar-^.,- 

.'"'po iinpo-ild ■ i.a!vi-i- -[til- ;.■> i:.-ííuti.to> cnniücn m la po-i 



Idlidaddcutvi; 
sa. y.-Ti in-ll... 

diaSiiiit.;^. o.m 
que P';Ii-ar-'' á 
tal piiJiKisii-ii'ii 
l'>-<d-.dn[Í<n.M< 
lí.'5tr:f!cs.-.,M-:. 
l.r.,.-..|.Ty-,n.i 
lor Hiako, ú .i'.ii 



V- 



-1 la d..- lina li.rlia 
■!!.. i-ra .|iic tale 



■■■ i-- 



' de la Ik-I 



,-l)i-ada 


{V.,-,.. 


<¡üi' tu 

i.V. d.- -■( 


.-,■.*(■.- 


Itlalii-, uno ,;. 


laiarilhi 


incí i 


U.l.ati .- 


>n cu- 

ivdiii 



j cM'alia.y p. ■[■ijne .!cb;a cuIKhvm' e! mismo (ífn-> 



\ 



445 

ad á qih» aludía, no Iiabiémlose inaniftístadc;; allí sino en 
iíios 10 y l'^y durantíí la i^uerra de la Independencia, y 
labiendo aparecido deí^pues sino en el año de lí), y reto- 
D un poco en el de :?!. Todo esto anunciaba que Fernan- 
ontaba jiara su resistencia á ir de Sevilla á Cádiz, con 
a])oyos C[ue Ifs con «pie había contado para resistirse á 
r de Madrid á Andalucía. Así, auní|ue í'ué poca la opoísi- 
: A que las (.'orles le e>tre(diasen í'i pasar inmediatamentf; 
Isla Gaditana, previ que n'sj)on(lería ne^^^ándose ji hacer- 
Lleno estaba }0 de jirna y ansias al salir del Con^íre^Sí) 
iputaciun que, Sfünn mi seicunda proposición aprobada, 
á j)resentarse a S. M. ¡>ara r<íiíarle «pie se prestase á ha- 
el dí.'scado nucv*.) vi;ije, cuando pni- distraerme mientras 
la de I\ila-.'i«> la re-puesla, ])asé á sentarme al lado de 
Vgustin Ari::íirlli's. En csir. hombre famoso, dignísimo, 
;ro y aun ti-rcí», pero juiciosa ;i veces y jiasta irresoluto, 
grande el d.-.-loi-, liasta r\ punto d^^ tenerle j)erplejo. ^'Qíí'' 
la V. rjifr r'>'<pf)íi(lf'fi'( el Ixi'tf ñ Jfi f/ijuftariony me pregun- 
-No tr.rKjt) (Ir i<'S])Mii(|¡ ) 1(1 tnciiof (huía dt' que roiiuuhf- 
,¿C se ncf/f'rf'i '/ hii'rrrsr di- S''rilln. — 3' f/^/o/'cr.s", ///n.(i /■'.' 
ncei'Hi'.^ me v<'!vi''t li [n-CLTuntar aílii-ido. — Susjtt'nderlf /j 
.brar nrt-i f.'iji 'ii-in,{\w. mi sr^ainda res])Uest.a. — Pero /no 
'^. (replii'.''» ('',) /</s* rojLsef'ii.cur.ias fujii'siís'und^ da tal reso- 
on? — />/i7' /"s- vrd, 11 Ijirii nif diirh) d<' cl/f/s ( rcpuse); jicTO 
; ot/'f.f cosff ju.'cd.': Jud'-.'i's". c.n ifd ((¡irieto jj sm tiempo de 
di'SjxjFíd'.'^ /.\'f r,^ V. qi/c, (t (ijd,) i'.st('f/i prcjjnrodíjs el Rey 
s conf<fjr/'<>s, ij tjii': s<'dfj es posi'j/t; retKun'Je quitándole el 
er de Ift^ nuinnK^ /o ncd. rio cspriv/!' Jilas al rabo discurro 
d otro Jií':d¡(j de salir de este <xh(t(jo. — Xo lo encuentro 
dijo después Cw. meditar un minutuK // axi liarja V. la 
':iosieion. tp/r iicrte prójiurtfnht. /^7•o (añadió volviendo d 
Síirlo), ^.uo raldf'ú! ui'ts susjK'ndci' al Iic// sólo por corío 
to, // pura, el <tetu de Juteer In tra^birioji. de fsu persona, 
ilia fj (iübif rno a. hi. Isla dadiíana, Irr/itiraando tul riolen- 
laneresidffdde i-afai-sr del prlif/ro presenten — No me habió 
rrido tal idea (respondí yo a esto), pero la apruebo jf 
1.0 por niiu; porque sobre j>robar ijue sólo queremos hi rt>- 



446 
gencia para sale&r la Vonsütucion en esta hora de apuro, 
tendrá Itt ventaja de w.r apw/adu por V. — Pues Oien (dijo ól 
volviendo á lüthlar), /laifii V. supropoKÍcion, ;/ si han guien 
se oponga, i/o la ¡sostendré hablando, ademán de rolarla con 
mis amigos. Tormiii'i con esto nuestra conversación, y yo 
mo volví á mi orJitüiriu ai-ionio, contento cuanto estarlo ca- 
bia en lanctís tan amargos. 

ICn brevu filtró en el Coiif^reso, do vuelta de Palacio, la 
coniiíiii. II, trayendo lu respuesta del líey, tal cual yo la es- 
peraba. Uofirii'iki I). Cayetano Valdés, que habia ido íia- 
eicndo ÚH cabezii, y eon su cara y entono en (¡ue se pintaba 
un dolor profundíi, nada oi-ultO del proceder desabrido y prc- 
vocalivo dül-'ernando, de s-iierte qiio su relación hizo niú?i 
efecto por salir do un húnibre entrado en años, veraz, y si 
constitucirmal, tan reverente v fiel servidor del Monaivii. 
que en todo vuaiiiu liacla y <lo.cia, daba ;t notar sus hábito:' 
antiguos de leakad y sumisión, liaciémlose superiores ásus 
opiniones. l'r<"-fundo y liisiísirno fué el silencio que siguió li 
las palabras de Valdés; y por un breve rato no sonó en f| 
salón el rumor mas leve, no ya de !os diputados, sino aun 
de los espectadores. Al fin me levanté yo, más rendido <|iii.- 
antes por mi nuil y mis emociones, y en un breve diseui'sii 
apoyó la proposición que hacia de dejar al Hey suspenso, 
fuodiindome en que la rosolui'ion declarada por S. M, era 
traición nian¡!ies(a,eii que i-l Key no podía ser traidor, y en 
que (!Ti liiicaí^o. 'li-leriuinarse S. M, entregarse á los franceses 
y acabar con la ('oiistltucíon ijue habia jurado observar. 
ora un aetu 'b> nliieinaniiciito i'< de demencia, producido tal 
veK por hií! cahiiiiidudes piililiras, y cuya duración era de 
esperar que l'iiese breve. Ningún ajilauso soiu'i, penetrados 
todos tuan(o-< mr cl.in de lo gravf de las circunstancias en 
nos híilliibamys. Pidirrou hrihlar en contra n i-n favor de mi 
proposición al;:(iiios, bien que pocos, sefialándüso entre los 
primeros \'i--a liifaii/uii, diputado !ia«ia allí di! poca nota. 



aunque no ne.ii 


j ni ¡¿'M.jrante, y ( 


>iilre los segundos D. .Agus- 


tin .arguelles. I' 


ur ambos lados ct 


jrria peligro quienhablaba. 


siun.io de temor 


, ptív lo pronto, ( 


luo el impugnador de una 



44T 

sicíori grata á las pasiones populares y encaminada á 
de un grande ahogo al Estado y á no pocas personas, 
3C contra sí iras que podían serle funestas, y estando 
D el sustentador de la proposición propuesta en injuria 
"najestad del trono, de (juedar expuesto á la feroz ven- 
del Rey y sus parciales, venganza cuyos efectos, se- 
ra la situación de sus cosas, no podían estar muy le- 
Así, había diputados combatidos á la par por el temor 

y el otro mal, que ambos amenazaban. En otros el 
podía más que el miedo, ó este último provocaba á ra- 
furia, como sucedí; con frecuencia. Empezó Vega In- 

1 á hablar contra mi proposición, declamando con apa- 
Jas frases v aivnto no más sereno, v en su acalora- 
o divagaba y repetía lo í(ue había dichí), y llevaba tra- 
) no hacer punto en su discurso. Con razón ó sin ella, 
charon algunos f|ue trataba de ganar tiempo para dar- 
los {)arciales del Rey de intentar algo contraías Cor- 
en dtífensa de la real persona. x\sí, hubo diputados que 
impaciencia trataban de atajar al difuso ó malicioso 
r, señah'indose un eclesiástico llamado Burnaga, gro- 
ignorante y violento, auncjuc no perverso, de quien se 
a que en la cuestión que voy ahora aquí conmemorau- 
asta sacó un puñal, olvidando el decoro de la dignidad 
lutado y m:isí aún el dt) la superior de sacerdote, acusa- 
si q embargo, ni) probada, y á que hubo de dar margen 
a vehemencia de sus ademanes y voces. Yo, que notó 
descoin|uiestos modos y gritos, corrí á aplacarle, ha- 
ole presente cuanto convendría á nuestros contrarios 
' acreditar que en af[uel tremendo lance usábamos do 
icia en la forma los riue tanta nos veíamos obligados 
r en la esencia. Al mismo tiempo, el general Álava, 
Ito á Ví.jtar mi j»ro[.o>icion, ('onio lo hizo, no obstante 
rin'.'ipiós de n.'vercnU* lealtad al tiono, pero enemigo 
io ílesman dv-l bando popular, a(ivii'ti«3 (jue veía desun- 
ía espada en una íribuna. No lo notamos otros, pero 
irnos contra (^llo si era verdad, y si lo fué, avergonzado 
lincuenteó loco, envainó ú ocultó pronto su arma. Con 



448 

|Kiz y lib'Ttud pililo, puos, soguir Vega Infan/on sus decla- 
in.'urioiuís in(V)noxiis y rtípotidas, hasta que p:iró, no por coac- 
ción, sino por (':insani*io. lieplicóle fon sentidas y pocas 
r.izoncíí ArgíiflKís, liasla entónrcs muy su amigo, y sucor- 
ti'-s íiílveis.-irio »'n iiíiufllíi liora. Fur, puos, la discusión bre- 
ve, y ll(\irado e! inoinento *h: vot;ir, pidieron algunos que se 
hii'ies»^ ininiinaliiHíüie, á l(;s cuah.'S arudi yo á acallar, per- 
siKulido dr ijUf una voía<-ion n'juiinal en tali's circunstan- 
cias, (-xiíiitMido dií di.'Uia^iadas pci-sona^i aliro de heroísmo, 
coinjM-loría á ii<.» \í(K"a< ú \rvj:o\v/.o<i\-i contradicciones desús 
mismos priisamicntns y dusio^^. Votóse, pu^■*s, por sentados 
y levan?M«]«»s, N-vaiilíindosi' casi tuJos lus presentes, [»ero no 
to los, lo t-iial ¡ti-iiclia que liubi» lil.Mjrtad para votar contra 
mi proposición, pues í'u los píMiusque asi lo hicieron, nadie 
líizo alto. \i Irvaiiiados ;i alicunos de cuyas 0]>iniones espe- 
i"iba yot'íiii rmi'l.iineiito que me fueran i'i.»ntraríos en aquel 
irance, pero ;'i (luien^s lal vez m(.)\¡ó cd miudo á aprobar, ó 
.¿"^juicHí.'s fio se ot'ulío sel' lo jirojíuesío un mal ^rcivisimo, 
pero ni'CL'sario, s-'uun el punto tíu que estaban las cosas. 
( );ros, en curto nümei-o, se ausentaron del salón, y ti*tis Ó 
cuatro se. pus¡ei-«jn entre l(.>s últimos bancos y la pared, en 
(jíinde nn vi.iabaM, y donde aparecían <romo inilecis(.»s entre 
<i votarían'» n'i; e'^pír¡tus polji-es tan amedrentados, (jue has- 
ta en s:il!r>e de aquel lu.trar Vííían peligro. Lo i'ierlues que por 
un c:ilcnl" lieelin pt;r i\\i \ por oíros, votaron hasta noventa 
mi ,M'(iposieií..ii, aunque, andau'lo el tiempo, resultaron en la 
a|..:riene¡M <i.'i- ba-tantes menos, poi'que, como á su tiempo 
dir!', rcea\«'. una dura senteneia contra «juienes dieron este 
\oio, \ bnbu m;\s «le veinte «|ue valiéndose de no haber sido 
ía '. otacion ii"niinal, ne-aron haber votado como hicieron, 
4-nií gust»! di'l ( iiibiei'no del líey restablecido en su poder, al 
cual ac.iUiodal'a bae:r in-uliar, contra la misma verdad, que 
el ati-i>|.i'llamien!n li-'i-]i,. di- su dignidad y ¡-ersona, sobre ha- 
b.i- >idu un u''li'i» aii-(^z, a-lob-cía drl vicio da haber sido 
a|í!«*ba.l'> pi»r un r^vio numei».», no bastante á legitimar ni 
.•"h;m aeti.is «le poca im^.-ortancia. 

.\pi-.»bada mi úliima proposición, procedi..)se a nombrar 



449 

la Rogendn, cuya /rohernarinn Sf'ilo ss fxtiv.idia al tiempo 
que tanJaeD c-1 Uüy i^n eít.ir ;ibi't,^'a;!o i'i iiníiioii"n) iIott-iH <ta 
Ins roi'tificüCJúiii^K (¡uu liiiliip.n sirio UmiU: itl ¡niJi-r du Napo- 
león en su viplOF-ins;! (■iirr'iíi. Un:\ cotiiision lii/.i> Ui propues- 
ta du las personas i[1Hí li:iK:;m il-.- i-iiiiipí.i!i'ir¡;i, y In í|uti pro- 
puso fuiS aprobado ¡ninuiiiulunionu;. l'rin-uiaudo ajustarso 
algo ala Consiitucion (]uí' tudus i'íl:ili;iii vicUm'ln, pero con 
la rfirercncia <\o i|iie unos 1:l violMhaii punt ;u";ilj:ii' con lilla y 
Otros ron sim'itpo df-siio úo. BalvarUi, fuuron ('«i-ugidos para 
reg«ntus los do» i-onsíi-jt-vos di^ F-lstidn niá-;' nnii^^uo^, i-ümo 
debía fiucodi.-r on toda Ri'gfmi'in intrrin;!; pero si.' K's jiuso 
I«r c:ibiva un dipiiliido á C''>iti-i. iim,' fuó H. riiyi'tano Val- 
dés, á <tuit!n pniíO en un ptdi.m'OSín ¡iupiHu id n-ipfto ron rjuc 
era inií-ailo y fon"'-i>rsi'' su valor, lirnir/a v ralidiiii de sub- 
dito iL-al y i^umi-io d(/l Monnira, al .-ual sr- voia obligado ñ 
dt-píicatai' y sviMiUiir rri afpn'l duro traní'-?. I,o>! dos co-re- 
gentes fonscji-ros iln listado fiifron td ;íiiniM-aI >\c marina 
D. Gabrii-I Ci^íi-ar. y ol <!<■ .j.^rrito I). flasp'ir do Viiíoaot. 
El priiüLTO, conslinndonal ;ini¡,i.'iio y iHir-i'.iíuiílo en IHM. 
prO(iernlia á idi^'ii- i'Xti'i-inada^fii p'iliii-\i, y cai^íí" f.in id peso 
qu'í echaban sobnr íus l;<iijili!-i)s, si un imh lvu-í(ii. sin ifpu,;^- 
nancia. Kn muy oTucasd su hallaba Vi u''idi-l, i|n'.' ltab¡;i pri- 
vado con Fi'i'nando Vil en los liias i-u ipa' esk- Muniín-an-i- 
□aba, no sólo í^Íu (-nn'ililui:ii"in, sii-.n pi'i'^igiiinido «iii;írit.'n- 
tamenlu iUos i-'insiidicioniili.'s, >\\n- dt's]nn:« ai'iii, poi'iántlo- 
se como fit.d a la mima h.'y ¡-ulitica, no lialia ron todo eso 
dej;ulo do fvv (■ortfsano, r|uií por pit •■aballiTo y ajrradeddo 
debía iL-ncry ti-nía i'iiipfño t-n no a.iíraviar al l'rinc.ipe, do 
quien Imbiíi ifcibido fíivorcs, y '[u<- por su londicinii do 
hombre ramo, si bien distaba inindio di; i¡ui't<'r tiuidar dq 
bandera, no (¡uí'iia li^'ar iia-i'nii.'dinbk-iiii.'iiU' su lortuna á uua 
cuya pronta caida lodiw CMiisidcialian inCaliM.'. Asi, hubo 
VigcdnC di.' consultar íi l'Vrnaiido sobre hí aceplariü li no ol 
cargo df Regi'iitc r[ui! h: hacia u-;ui|)ad(jr de la rc,L;ia aniori- 
dady carcehiTü df las poríOiius roalcs. lícspondióle el Ilej 
que Eu'pptasi*, pui's ii:ús convenia á S. M. caer en poder de 
amigos, que do contrarios. Acepté, pues, Viyodot, y por ello 







400 

fué perseguido andando ol tiempo, &in que le salvase de u 
sentencia dura recordarla circunstancia del real benepláci 
obtenido en secreto, para aparecer en público delincuente. 

Nobles y sí^ntidas fueron una«^ pocas palabras que d 
ValdifS ni (ytnfrrf.^o al encarírarst; de la Regencia. «Más 
una vez Cdijo) he sido vencido en mi carrera militar, pero 
procurado siempre cumplir con mi obligación, y ahora pr^ 
meto h;icer cuanto esté de mi parte para desempeñar el c 
go qu»* íií-íib.'i d<" conferírseme. ■> Daba realce á estas fras 
el aspcí'to de quien las decía, de fea persona y modo un tan- 
áspero, aunque curtos, como de cumplido caballero, de es 
lo singularnu-níc llano al expresarle, con alta y merecí 
reputMí.'ion de honrado y valeroso, y en la ocasión quev 
ahora aquí connir-morando tan conmovido, que estaba 
punto de derramar lá^riiníis, l:is cuales, cayendo por L .^ 
mejillas de un anciano y valeroso militar, dan prodigií^ ^^?-a 
muestra de sus afectos, y los excitan i.íruales en todoscu»- "x:^- 
tos le oyen y miran. Hasta daba más realce á tal eseenri ^=?r ^- 
tar ya medio «'errada la noche, y con muy poca luz el sal <z>ii 
que era teatro d(í tan trágico drama. Saliéronse al instairx t:e 
los Regentes ji ejercer su autoridad para disponer i^on dil¡g«=:? 
cia el viaje á Cádiz del Rey cautivo. Quedaron las Cortes 
sesión permanente; pero no habiendo de qué tratar, nadie 
hablaba y ¡jocos estaban en el salón, dando sólo señal <Í^ 
que la sesión no estaba levantada, seguir sentado en lasilto 
de la presidencia el presidente, y en sus .puestos los secrtí* 
tarios. 

Afuera era grande la inquietud, pero ningún síntoma de- 
claraba peligro (bí que fuese turbado el público sosiego. L^ 
liberales exti-emados estaban contentos, y también se creían 
seguros, viendo á su cibeza al Con'::reso; los de la opiní^'^ 
opuesta no rasaban moverse, siendo probable que estaban 
dispuestos para cualc|uiera otra situación de las cosas qüC ^* 
quíí resultaba (\r (star el Rey destronado. Sin embargo, ^^ 
breve fnei-on sorprendidos en una junta deliberando sobre 
los su<!osos íjue á la sazón pasaban, y con trazas de intentar 
dar un golp/^, varios parciales conocidos de Fernando, ü 



451 ^ 

,beza estaba el escocés D Juan Downie, subdito in- 
jeneral al servicio de España, señalado en la guerra 
[dependencia por buenos servicios, y en su conducta 
comunes extravagancias, cuyo arrojo y caprichoso 
:• le hacían propio para capitanear una empresa como 
i de alzar bandera contra el Congreso en aquella 
ío hicieron resistencia los que así fueron sorprendi- 
Tsos que fueron, sus «'ij)rehensores blasonaron de 
Drtado en su principio un levantamiento temible que 
r llevado á efecto en aquella misma noche. No pudo 
e tanto, y aún hoy está en duda si Downie y sus cóm- 
ensaban en [)oner [)or obra desde luego sus planes, 
ndudahle que los (|ue estaban aún formando eran 
lados ú v(.»lvcr á Fernando su autoridad, pero sien- 
de creer que no viéndose con medios para recurrirá 
i en aqu(íl instante, estaban entonces congregados, 
•a lamentarlo ocurrido con la persona de S. M., que 
ler á ello pronto y eficaz remedio, 
rision de rstus conjurados dio ánimo á los constitu- 
todos, (jue su[)usier()n haber dado ya con el peligro 
■h y desvanecídole por lo pronto. Así, fué la noche do 
ongoja y susto que debería haberlo sido. La Regen- 
a notificado al Rey lo dispuesto por las Cortes, y 
lo había doblado la cabeza y dejado obrará su gusto 
•miniídores. Iba tratándose del viaje, y aunque pare- 
disponerlt; siendo de tan pocas leguas, todavía so 
lan contra que se emprí^ndiese desde luego obstácu- 
evisto^ y no leves. Las Ccu'tes seguían como queda- 
.e el nioinentí.» en (pie de ellas salió la Regencia. Po- 
s alumbraban el salón, pocos diputados estaban eo 
itos^ y pnc(»>: espectadores había en las tribunas; 
jpaca luz, la presencia del presidente en su silla, la 
en los bancos hablando entre sí en voz baja, la al- 
inque est^asa concurrencia, compuesta degente casi 
^resada en lo que est¿iba pasando, los rostros donde 
retratadas la inquietud y tristeza, y sobre todo ello 
ieracion de lo crítico y doloroso de la amarga sitúa- 



452 
aun un f]ii(i se veían ia forluna pública y la dii no pocos fat- 
liiuilarii'íí, füniiahan un üspm-tátiulil solemne y molaucólíco, j 
(jU'í no lüU'oda lid graniie/a cioi'tamcntc. 

Yo, li «[uiun ia suL'i-le habiu Imchu el pi'tn(¡ipal actor an 
lori Hiici'isit.s i]a nijui'l (lia. Oíitaba en me .lio de esto luchando 
(Mín mi i-MliíiitLii-a «"Inv !;w demás cosas i'ün ijiio bauíllabft 
nii]HMisniiiiiiitii. I'aMí lii noirhu, y había pasii'ío <:1 ilia, 8Ín 
turnar üIíiulmiIu nlgiiniiy hiOjientlo ayua do iñnoii con ^omn 
iinSbi^a, íTLi.>ii:i':iid(iii!i.! a! Ni^leinii nit-ilii'o (Lí Bi'OUfiSais, de 
([uií ci-a yo i'nlt'iiK'i's muy apasionado, habiendo luido a!go de 
iinid¡i;ina. Mu suntahriá ralos, y oíros ralos mu ti?nJ¡.i en el 
espacio '[lia ijui.'daha milri! la L-s]ialda rlt'l dosul del tE'ooo y la 
pai-ud, de la i-iinl i'slaba O'jiiiil diisviado nl^'im trLu-ho. y nlli, 
desciinsaiido l:i rabií/.a sobre iiiiu do los cojim-s que servian 
para hincar la rudilla los diputados al hacer su juramento 
ilf ]>nrt;.i-,sr l.;d y lu¡]Li.nlf couio t:iles. di-sir:ins;iha y aun 
dormitaba nl¿^iirii:-i iléÍiiuIus, partudo'' los cuabas iiu; levanta- 
ba y volvía ii mi a-imlo, ii iin' paseaba, ó ¡wr dvliiis de los 
bancos i;ii el salmi, i> >■» las pii;¿as eouli^Mias. Solían venir- 
m.ieon irif-iisaj-s y avisos, ponjue habi.'iidíi jo sido «¡uiea 
había propuesto la i^raii rcscjluciun, ajirobada on !a eonfu- 
■sion i;oniaii iIü idea-i, ,:i:l iiiiíado por aIf,'unos t.>n aquellas 
horas líüLiio si en mí rusiilic-r' hi voluntad y la lufi-za del 
Oon-reso. l'a-'.i,e de •.•<•^ modo la noidie del 1 1 ni 1 :? de Ju- 
nio, brov.i f.-nio las de a'jU-d iiios, y aniane<-iO l1 rtiguientí 
d¡:i té'-H'-,, p:i;M |,H li.tLubivs (|in.' tiiLiianüís jjarte vn f] dolo- 
vo-,0 iu\j:>:c¡> !)i.I¡tii.-[j pi'ndii'Mle. claro y s.rrciio para l08 
liidilVii'ii;, -, ~i iL'.;:iino había, y para la naturaití/a toda, 
i'onu) sii.-i.'íL ser;.) lus di- ajuella pura alniósrera v atiuel 
.■i.do(.rdiriar¡:u!....nl.. di.'s,.ejado. 

Iban lvi.!..-=l..s pn.paraiivos del viaje. Opi 
cipal irjipfiim.íiii.i á i'iiipnMi'Irrle. 1.1 fui-rza > 
<li(t (lesohudiv-i.i. ]Ku-o t (mpfii'o había quien obederieso á los 
lí';;íi!nli'*. y lai .ird.-nis i¡\ii: daban no eran cumplidas, por 
falta de cjm-iitor.'s. H ■ bm -.■n.-i'ulcs llamados para ir maa- 
■ianiJo la rrcci.ia u-!r.i!:i quü había de ir acompañando al 
llíty, apénai hubo (|u¡en r^-spondiese al llaniamieiito, escon- 



niaso porpriD- 



453 

diéndose unos y dando otroíá frivolas excusas para no acep- 
tar encargo tan desabrido; de suerte fiuc uno do ellos al'jgó 
para no ir que no tenía á mano su uniforme ni su faja. 
Prestóse al cabM D. Carlos Espinosa, y aun éste, que había 
sido de los primeros en proclamar la Constitución en (íali- 
t;ia, y (pie en premio de esta ha/.aiía gozaba de una pensión, 
estando jjor lu mi^imo en extremo compromeiido en l:i. suer- 
te del gobierno (constitucional y do la revolución toda, no 
consintió en tomar á su cargo tal mando ?^in lial)erso nega- 
do á ello primero. Va\ aquel dia ó en el anterior se había sa- 
lido de Sevilla el capitán general d(,r Andalucía, y encargado 
de la formación del ej('*rcito d(^. reserva D. Pedro Villucampa, 
y al irse do allí, donde más falta hacía su presencia, había 
dejado un escrito dirigido al Cobiiírno, en (pie, [»onderando 
las dificultades dr. juntar fuerzas contra los fnm ceses, y de- 
clarándolas insuperables, venia !i condenar la guerra, ó á 
aconsejar la sumisión á los extranjeros y al Rey; extraño 
proceder que hizo á(|uií.*n así obraba sospechoso en grado 
superior al que merrcía serlo, pues eran acordes su bí-ngua- 
je y conducta con td de los qur habían ya hecho traición, y 
con el de ([ue á i'j<js vistas estaban comen zcmdo d hacerla, 
cuando en Villacampa no hubo tal intento ni otra cosa que 
incapacidad, y (juizá haberse dejado llevar de consejos cuya 
mala índole ignnrabu y siguió ignorando. Lo (pie en lo mi- 
litar, y peor, succdíaiiU el servici»; civil. Escondióse casi todo 
el ayuntamiento constitucional de Sevilla, al (Mial tocaba dar 
los medios' de cí.»nduccinii para emprender el viaje, quedando 
en su puesto sólo dos n tres re^pdores, tmtre los cuales so 
senab'» I). I-'rancisco del Arco, hermano del marquíjs de Arco" 
hermoso, v dt^spues heredero de su titulo, familia toda de 
constitucionales ardorosos, así como lo en de cabales caba- 
lleros. Hasta en la Milicia nacional local de Sevilla, se no- 
taba el d'3S(>rden y dese.oncierto, pues de ella uníjs in:>cos se 
preparaban á irse ñ Cjí liz con la«le. Madrid y parte (b- la de 
Córdoba, que había venido siguiendo al duque d(! Rivas, 
hermano de mi amigo Saavedra, que hoy le ha heredado, y 
otros muchos trataban de esconderse ó de congraciarse con 



454 

deservicios al Gobierno moribundo, el favor del Gobierno 
cuya resurrección veían cercana. Así fué que, al mediar el 
dia 12 habla fundado temor de que el Rey hubiese de que- 
darse. En el desorden reinante, hasta los milicianos locales 
d« Sevilla que estaban de guardia en el Congreso, se retira- 
ron li sus casas, dejando sólo ocho ó diez en el puesto; de 
modo que si los numȒ rosos y rabiosos realistas de Sevilla 
hubiesen tenido un tanto de arrojo, facilísimo les habría 
sido disolver las í'órtes y ponerlo todo en confusión, de lo 
r.ual habría resultado para el Rey seguro y pronto el triun- 
fo, y comprado sin sangre de sus parciales. Tal era Ja 
situación á las tres o cuatro de la tarde, y hombre hubo, 
amigo de la causa coiistitucioual y de las personas de varios 
diputados, que contó después que, habiéndose asomado áb 
galería ú aquella hora y visto el Congreso t;in poco concur- 
rido, sin quien le custOíliasc y como difunto, se retiró, J 
combinando lo ^lue había presenciado con todo cuanto dfi 
afuera sabía y vttía, traspasada el alma de dolor, nos daba 
por perdidos sin remedio, y con nosotros á la Constitución 
de que éramos representantes. Poco menos nos sucedía en 
aquella hora, pues mirábamos el gran golpe fjue aaibábarno» 
dti dar como malogrado. Vcvo no era posible que los consw" 
tucionales, cuyo número era grande todavía en Sevilla, Q®" 
jásemos ([ue acabasen con nosotros, no siendo por h&t>e^ 
aprovechado una ó dos horas de descuido, y asi cornea.^' 
bamos á alborotarnos, de suerte que si no se hubiera pu^*^ 
el Rey en camino, habrían venido los lances de feí-oz y sí^' 
guiñarlo destH'den que cabalmente había sido encamina^ ^ 
impedir, y logró estorbar, el nombramiento de la Regenta-**" 
Al notar los palaciegos y demás amigos del Rey los síntoí»"*^ 
de la furia que en algunos de sus i'ontrarios se iba desp^ 
tando V se manifestaba pronta á romper en atroces exces^» 
hubieron de dar avisos que decidieron á Fernando á no •-*■ 

ferir su líartida. Así fué nue en una de las muchas veces <l *^^ 
' 'a 

salí yo del Congreso v me encaminé hacia el Alcázar, o* 

algunos amigos que no se iba el Rey, y que ellos estabf* 

resueltos á hacerle irse ó quitarle la vida, y que de alM 



455 

ido menos lo esperaba, recibí la noticia de que iba 
, siendo esto cuando iba entrando la noche del 12. 
lo que fué á las Cortes de oficio haber salido para 
3y, declaróse cerrada la sesión permanente, cuya 
labía sido como de treinta y dos á treinta y cuatro 
ró entóneos el mirar cadacual por sí, bien que para 
en cuerpo estaba tomado el barco de vapor que 
ilir para Siinlúrar de Harrameda el dia siguiente, 
prauo que la marea lo consintiese. El Rey iba por 
mpafiándoie la Milicia nacional local de Madrid 
'ía V caballería, reforzada con milicianos de la 
se de Sevilla y Córdoba, y también alguna fuerza 
), entre la cual iba {)arte del regimiento de caba- 
Imansa. Rie;^^o quiso irse con el Rey, como para 
[ue no se escapase Fernando, como no fiándose en 
a (|ue iba al lado de S. M. ejerciendo la autoridad 
oficiosa intervención de Riego dio margena una 
ia suya y de sus amigos, de la cual se originó una 
;ontra el mismo general y los constitucionales. 
el suceso de Sevilla en 11 y 12 de Junio de 1823, 
í (lió motivo, y más (|ue motivo pretexto, á crueles 
nes, y que le ha dado y sigue dándole á amargas 
Le condenó tan decisivamente la fortuna, que el 
ta ha sido confirmado por la opinión, á punto de 
por demás, no ya logr¿ir una revocación de la 
sino aun conseguir (|ue una apelación de ella sea 
letenimiento. Y sin embargo, esta acción ruin es 
de mi vida d(í que no estoy arrepentido; y yo, que 
:a [)ropendo á condenar mi propia conducta por 
tribuido al restablecimiento de la Constitución 
1(S20, y que severamente condeno muchos de mis 
li carrer-a política, no considero hoy mismo ni de- 
ira haber sus])endido al Rey en el ejercicio de su 
en la hora y con las circunstancias en que fué 
y llevada á efecto tan dura, arrojada y extraña 
a. En verdad, lo hecho en Sevilla fué una conse- 
^ica forzosa de hechos anteriores, de estar al fren- 



4£6 

10 (lol (íohicrno un Roy (jue lo (.¡ra contrario, y de haber una 
giKíri'ii un íjurcl niisrnf) Hoy esi:ib:i do acunTilo con susene- 
mi.^os ;i[Kironli?s. l)i'j;ir:L l'\rn:indo í]iio intentara acabar con 
la <"V'n>tit:¡>"¡iMi vu S«?v¡l!a, habn':i. si. lo, atendiendo d nues- 
tra- «jldi^:u-¡tínos do tl¡|)iaad<.»s, c.i.-i un diílito, y mirando al 
intrror? (le lus o«jn>t¡iUcionalfs, al do la>i mismas rcalus per- 
sonas, al di' la < 'tui-^tiiLn-iun, una locura insigne. F.i*a inevi- 
table, si si; hubii'-f (Icjaíiíj al Ticy o!)rar ;i j^u antojo, fjue la& 
pasiones d«' los ciHi^íitucionalos cuni[)rí)inotid(js los liubie- 
sen ini|)«.íl¡i.lo á a(;'jni''l('r par¿i 'loí'».'nd«'rs<'; y como el a''tv; de 
<lon-i]);ii- la (lon^titiirion nn podía ser jjfolio on paz ni en or- 
den, es muy piMb.ib!»' «pio t.-n td de^ürilen y la itdVii-^a ineví- 
tabli'>, las mismas jiorsniKis rralos hubieran siJo \.<."íiaias 
do ^cnfíí fui'ibuu'la (\[U' sr* veía perdiila, ííeiito no poco nu- 
morosii r\\ l:i iv^ilnií-ju ílel (.¡ubienii; en ;n(U»'lios nionifn- 
tos, y ^lUite ai-ma la. A-i, «. 1 general -,\lava decía, por<ji:e.sÍ!i- 
c'-Tament" b.» [iciwaba a^i, qu»..' cnn votaren Sevilla el ¡itro- 
peliamioiilu liecln» cnn el Rey, habla salvaílo la persona tie 
S. M. V íiuizás a!-unas miis déla rea! familia. Te m: a -o "re" 
sonto íjuu si cay") de allí á pocc> la ('un-liluc¡on, cay«>, n«.»en 
un tumulto, no en uuajMloa como habi-ia cai'Ji.» f»..'r/«.'>:iin*'nte 
en el 11 lii'.lunit) «'U Sevüla (» en los íjias ¡n mediatamente pos- 
teriores en la mi^ma eiuíia«l abierta, sí)bio !a i'ual veiiíati'^ 
enemi,ü"0s, ba>tanUí se^ui'os rio entrar para í\uo su próM^ 
lloL;a'.la no causare «le-i'spi.Tarlos arrebatos de rabia y "^^^ 
do. bas'aiUe bj.iiins to lavia [.-ara (|U'' su presencia pudi'-SC 
imp«-'lir e\e -.'S (jue ílrspj«'s habrian easti,:,'a'lo. Si dcjafi 
[»ue<, a l'í.'r¡:;:n'!o ^•n\\ hisniauM^ 1¡1 ii> m (;il trance, sicnuO 
nctoric» 'píe M.l.i habría «le enij-l^arlas en hacer todo Ld nuil 
j¡o-iblé, prfAO'aU'lo fruiibles resistencia^, haltria sido J*'^' 
aliño, lampoco >•• aei.-i'la (piéoiro nie»lio jx-nlría babor de SU" 
jefaili- Ipil- «'! íp;e pnr ib's«lieha fué adojiiado. A los rüCgOS 
ro<poni¡¡a con tiaras iie._:aíivas: a las ansenazas habría res- 
jjMiidiíbi e.)!i la íii"m«'/a «píele inspiralia tenor corea de Sevi- 
lla un ijeii-i'u íVaiiei's. y dentro numerosos pai cíales. A un 
niotisi. habría i n*i' rilado oponer su i'uer/a, y como Rey algo 
1 i abrí a ] otljdo y si pi» hubioííe podido, ora mu y de temer para 



Iflaastre. A todo estaban preparados el Monarca y.sos 
HTOS secretos; pero do & lo que se hizo, porque fa&. 
ido de pronto, y al instante puesto por obra. 

aparte, y aun cuando errase en lo que entonces hice, 
i más gravemente en aprobarlo ahora, todavía no es 
uponer, como es costumbre hacerlo, el acto cometido 
la persona del Rey, como caso gratuito para mi, y li- 
>, y desde algún tiempo antes meditado. Protesto uoay 
ees que le miré como una necesidad dolorosa y como 
randisima desdicha, y (|ue sólo pensé en él CilAOdÓ, 
¡ando las circunstancias, no di con otro medio mejor 
rcon urgencia del más grave apuro imaginable. Ajeoo 
entonces, como lo estaría hoy, de complacerme en ver 
a majestad real, pues no era ni republicano ni de lae>- 
ue, consintiendo en obedecer á Reyes, los quiere faltos 
ignidad y autoridad necesarias en el trono y en quien 
la. Ni tenía deseos de dar un golpe como el que en Sfr^- 
, pues antes bien habría hecho cuanto en mi copies» 
dtarlo que yo creia necesidad de darle. Propuse lasUB- 
n del Rey como quien escoge del ma! el menos, mirán- 
mogravisima, pero como mal inferiora otrosque ame- 
.n..Np ignoraba á qué peligro me exponía, puescoosi-, 
et triunfo fínal de los franceses y de Fernando como 
iguro. Pero opinaba que no estando seguro del todo* 
-a hacer un esfuerzo para ver si al cabo España^ hi^ 

1 por la invasión, se movía contra los cxír:injeros in- 
s, para lo cual convenía tener en Cádiz el Gobierno 
ucional al abrigo de una sorpresa. Bien conozco que 
ran ilusiones, y que debería haber colegido de lo que. 
lasado desde la entrada de los franceses en Es] 
«es antes, que los españoles' en general estaban 
, ó á mirarlos como amigos en vez de contrarios, 6 
se á ellos, aun siendo de mala voluntad, por no ji 
iible resistirles con buen éxito, ó por no querer hi 
úo alguno por donde fuese larga y vigorosa la resi 

Pero si así me alucinaba, condénese mi aloc^j 
ito eóloen el grado á que llegó y de que es digúáil. 




CAPITULO XXXI 



¿Salida de los diputación <*n *»l bítrco dí* vapor.— Saqueo por 
los Bevillanos de la ccoleta de los eauipajes. — Viaje de loa 
diputados do Sanliioar á C'ídiz. — Viajo dol Xiey.— Inci- 
dente ocurrido en el camino. — Vuolve ú recobrar la real 
px^xTORati va.— Recepción en-Cadis^.- Ijan Cortos €*n la iijle- 
siadeSan Folipe.— Susí lT•abajo.s.^-l^^•5»ta<io de «iefensa de 
C¿di^.— ILiopeTs Baños oí'upa á Sevilla por breve» tiempo, 
^in^pin representante extranjero acompaña al Gobier- 
no a Cádiz.— La encuadra francesa blo<iuea el puerto. — 
I^oriUo abandona la causa constitucional.— Suicidio de 
8axiclies5 Salvador. 



Entrada la noche del 12, pasimios sus primeras horas 
en acelerar los preparativos do marcha. Triste j)or demás 
era en su amenazador silencio el aspecto que en aquellos 
instantes presentaba Sevilla. Poquísimas personas atrave- 
saban las calles de tan populosa ciudiid, y esas pocas afama- 
das, con visibles muestras de congoja y miedo. Habíase 
mandado iluminar todas sus casas, v bien obedecida la ór- 
den, resultaba de aquella claridad, señal comunmente de 
regocijo y alegre bullicio, y de la general soledad y tristeza, 
un contraste de aquellos que pasman y contristan al espíri- 
tu más entero y menos propenso á admirarse. 

Y aumentaba la solemne melancolía y temerosos pen- 

eamientos que inspiraba tal espectáculo, el considerar que 

en aquella población desierta estaban hirviendo vivísimas 

pasiones, y que numerosísimos parciales del Rey, cuyo odio 

■ antiguo á la Constitución estaba exacerbado hasta lo sumo 

por el insulto hecho al Monarca y por el malogramiento de 

planes fundados en que lograse Fernando quedai-se en Se- 



460 

villa, risUitjan osporando ¡nijiafií^ntcs la hora do levantar sn 
bandera y «^ariar su- rí-noorfí?. Todo ello, asi lo (¡ue vela yO 
como ](' (\uo f.'OiisidíM\'iba¡, hizo en iní singular efecio, obran- 
do en ni¡ ¡ma^in.-ií-i'm ron más fuerza que ctros espec- 
tú'*ul'j< di* l'irs iiují-Ikis de lorribU' [n.'li^'ro que hevi.stoen 
mi vida. L¡».'no, i''i»'-', di? di^,í:u^t«» y funestos jín.'*: en ti míe ri- 
tos, rip* eiií'arjiiii'*', cnnio n las di'-z de la ní.»c*ht\ al barco de 
va[»rir, al cu.'d ll'\^!ii'* >iii tr«>|iii'Z(» al^irunr), si bi»'.n es cierto 
que í'n t-l sdüíjrin \ (is-.-iiro ji;í<í'í» llamado d d Rio, por e<ttar 
á su- «»ril!a-, luuu' ¡-«jr d"'iii!«' era furzo--) |»a*ar para Ilí^srar 
al (•ínV):in"ii'.TO, vi mi< di? un hult') de. luímbi-e de sospecho- 
sa pr^sriiria. Mi.Mio- arortunad<.»< que y<") a l^i^u nos otros di- 
putados <ju»' <li-f:;i'< de luj \enian, fueron a^allado^, siendo 
algunos d»? ellfs i'ol.a»lns. 

Irisada la ^i*í'\i« n.ifd)»' en «d vapor, eon la primera luz 
drd siiriiiiMit»? dia K» cnnu'iizai'On á a<'(derar?=r los preparati- 
vtis d<: levar anr]a< y jioiierní.is (M1 movimiento. Al mismo 
tiemj)') s" \U:i pr«paraií<!'i á salir liáeia la !<la (íaditana por 
ti<»rra, otn» núihíTu cun.-idrrabU* de eon<^í¡luciniial'-'S. escol- 
ladds por tropa. Uiki L-oJíta d«* m(.-<liano p(>ríe, anrladaal 
lado díd vapor y i)i'íAima á h-var anidas eon él, [¡ero tenien- 
do íju<^ s<-'4uirlí: ;*i la ví'la, navcgaeion larga pc^r (d rio y SUS 
inu(di(j'i tornos, había rreíi'ddí.) v seiruia i"ee<'íJÍendo loson- 
Serení d«' bis bíitrs, b.s papeles (b> Ift sei'retaria, los porteros 
y emph'adíis supí'riorrs d<d nii<m(> cuerpo, y ;i familias de 
diputados y ('tías jn-rsonas á <ju¡»'m'ssu [)ueslo ó relaciones 
daban alli entrada y {-.asaje. I.b'gó al ñu la b(»ra deompcrar 
nui'-ti'o \iajc, \ lo hií-inios r^^] a un tiempo los que íbamos 
en (d barcí) fie vapci' y los íjiu.» iban por liciTa, retrasándose 
un pocíi en li'vaí íM* I i L'obia, poi- ser tarda en sus níflnio- 
bra^. I'uimos iio^^oiro^ |,(ir la coirií'nle abajo sin eontraliem- 
po. l!e\:'íTidi nos a'b'!.int<' la fu.rza del vaj»or. Al ¡;a?arpor 
hi< jií'blarJMUfs peípi'iVis. situadas vu la orilla derecha del 
Cíuail.ilíjiiiN ¡r. te las eÜ -s di» lindísima vista por la amenidad 
de las liiieiia>í (|:ie. la i'odean, notamos estar la poca gente 
que las publaba apiñada á orillas del rio, y oímos confu>íi" 
mente \..eesí|ue n(»s pa!'e«*ieí*0!í s"r insultos a nuestras per* 



461 
soiías y á la causa de que éramos representantes. Poro pron- 
to salimos do uilí, y ¡legando á tlunüt; son hts niúrgt^ries del 
inUino Guadalquivir, llanuras aridísimas y desierlas, sólo 
paramos en nuii^slra final llegada á Saniúear de Barrame- 
da, (i sea el vecino muelle de Bonanza, lugar ya del lodo 
scgurOj porque en las poblaciones de las costas vecinas do 
Cádiz eran constitucionales los haliitanies casi todos. 

Entre tanto liabia ocurrido una desgracia, de que sólo 
tuvimos noticia a! dia siguienff , y cuando estábamos ya 
dentro do Cádiz, Los realistas de Sevilla, en quienes, según 
pareció, corría parejas la cobardía con la furoiíidad, estaban 
acecbando ú los constilucíonali'* fugitivos, y esperando áque 
saliesen do ellos todos cuantos llevaban armas para enarbo- 
lar ol pendón di! la mnnari|uía antigua, y cebar su saña en los 
indefensos pai-ciales de¡ Cohierno caldo, y su codicia en los 
objetos de alguu valor pertenecientes á los que iban de reti- 
rada. Asi, cerciuradusque se huhierun de estar ya á alguna, 
bien que corta distancia, por un lado la columna de consti- 
tucionales, y por otro el barco de vapor, empezaron á poner 
popobra su pro[)('i.-ito de aclamar al Uey en ¡a plenitud de 
su poder antiguo. DlóU-s la señal con stis' campanas ia fa- 
mosa Giralda, torre de la cati.'dral, y al sonido dil lepique, 
atumultuado el pueblo, prorumpiO t-n vivas al Rey absoluto 
y mueras ala Constitución. Corrieron las turbas al nmelle 
del rio, dondü estaba en acto do hacerse á la vela la malha- 
dada goleta, cuajada de gi^ntc débil y sin armas, y do equi- 
pajes. En ella hicieron los tumultuados enorme destrozo, 
rompiendo y arrojando al agua papides y libros, sin provecho 
para ellos, y apropiándose cada cual lo i|uü podía ser de al- 
guuo á su persona. No llegó su barbarie á quitar la vida á 
las que allí estaban, siendo todas cuantas en la gol 'ta habían 
quedado, de poca cuenta y de inferlur clase; pero llovieron 
insultos y aun puñadas y palos sobre muclms de aquellos 
iofelices, constitucionales por su destino o por serlo los su. 
periores de quienes dependían. Siguit'iTie cintar un Te Dciini 
en la misma cateJral donde había sido dada, por disposición 
de quien mandaba en ella, ia señal del levantamiento. Conti- 



462 • 

nuócn todo aquel (lia y en los próximos siguienles la alft. 
gre algazara, y el insultar y maltratar á los del bando ven- 
cido. 

Con pt.'sar y enojo fueron recibidas en Cádiz las noticias 
de este suceso, el cual fué más desabrido á casi todos los 
diputados y algunos pocos que no lo eran, porque teniendo 
en la goleta sus equijKijos, habían venido á perder cuáles uns 
buena parto, y cuáles el total ó poco monos de todo cuanto 
en el mundo poseían. Ilíibia quien lloraba más que sus ro- 
pas, sus papeles, á los cuales con mayor (*> menor motivo daba 
gran valor. Asi, D. Bartolomé Gallardo, bibliotecario de las 
Cortes, se quejaba d<* la pérdida de manuscritos en ci'ecidi- 
simo número, fruto de trabajos literarios de muchos años, 
de gran valor, y reputados por su autor y dueño, tesoro de 
inestimable precio. El diputado y famoso botánico, don 
M. Lagasca, lloraba perdido un herbario que él tasaba en 
un prtítrio exorbitante. También dio esto margen á suponer 
pérdidas superiores í'i las real y verdaderamente padecidas, 
y aun de Cíallardo se decía y ha dicho haber abultado sobre- 
manera el catálogo de los pajuiles que le fueron quitados, 
queriendo justificar con lo supuesto destruido, lo corto de 
sus trabajos dados á luz, y ju¿>tificar el concepto de que go- 
zaba sin títulos suficientes á tanta celebridad; suposición 
ésta de la malicia, no justificada por razón alguna, y que sólo 
refiero por haber sido corriente y creida de no pocos, siendo 
pi condición <le (iallardo, y su poco escrii¡)ulo en tratar mal 
la honra ajrna, causa de tener él muchos contrarios que nO 
le respütasi'ii la [)r()pia. l']n verdad, muchos quedaron des- 
nudos y pobriís de resultas del suceso que acabo de referir 
aquí, y no siemi)¡e cay''> lo perdido en poder de los realistas 
stívillaníís, sucediendo, como siempre pasa en talos oc-asio- 
nes, ser de varias clases é infinittis los pescadores que ga- 
naron en aquel rio revuelto. 

A mí, á «juien suelta ser adviírsa la fortuna, particular^ 
mente en <'uestion de intereses, me cupo en este lance buena 
suerte, |)ues nada perdí de lo poco que tenía, habiéndose 
traido mi criado una parte de mi equipaje por tierra, y sal- 



"vándose otra parte quo est;il);i on Iair<.'lela ccm unos senorof? 
mis amigos, fjue tuviri-nii la nn-tniK» d'? srr reco.í^idos con 
un baúl irüo, o.n un l)iii-co [)e(]ue.río quo ibaá Sanliu-ar, cu- 
balmftiito en los nionicntofí en que rornpit') en Sevilla la tor- 
menta. Esto Hícuerdo, porqui* liabiendo tenido en estas pá- 
ginas frecuentes ocasiones de contar reveses, hasta pun- 
to]de apann^er que me lamento demasiado, no está demás 
que refiera haberme sido en un lance l:i fortuna, si ya no 
propicia, algo menos contraria que á otros de mis compa- 
ñeros. 

Mi llegada á Cádiz fué el 14 de Junio por la tarde, ha- 
biendo pasado gran parte de la mañana en el Puerto de San- 
ta María, y la noche anterior en Sanlúcar de Barrameda. 
El camino de esta última ciudad á la del Puerto fué hecho 
en calesines en que íbamos de dos en dos muchos diputados, 
y con nosotros el presidente y secretario, como representa- 
ción del Congreso. Aunque ningún peligro había por aque- 
lla tierra, ó {)ara mejor seguridad nuestra, ó para mayor de- 
coro, habían salido para apostarse en el camino, gruesas par- 
tidas de la Milicia nacional de los pueblos comarcanos. Al 
vernos pasar esta gente, que, ó no conocía lo sumo de la des- 
dicha de nuestra suerte y causa, ó aun conociéndola conser- 
vabaun tanto de su apego á la Constitución, nos vitoreaba con 
gritos, y también á las Cortes; tierno espectáculo en aquella 
hora y con más señales de cariñosa despedida que de aplau- 
so, llegando, por lo mismo, más al corazón, como llegan las 
muestras de carino en una gran desventura. 

En la constitucional Cádiz fuimos recibidos sin demos- 
tración alguna. En el mismo dia 14, al anochecer ó en el si- 
guiente dia por la mañana, pisó el Rey los términos de la 
Isla, traspasando la batería del Portazgo y puente de Zuazo, 
que nunca habían pasado los franceses sitiadores de Cádiz, 
desdo 1810 hastii 1812. Kl yiaje de éste había sido feliz, á 
pesar de no haber faltado en él disgusto de que poco há en 
estas páginas he hecho mención leve y anticipada. 

Riego, que venía de aficionado con las reales personas, 
la comitiva y escolta de éstos y la Regencia, no podía dejar 



461 



■í 



de entrometerse en torio cuanto corea de él se hiciera, aun 
cuíindo fuese únicamente para que en todo sonase su nom- ■, 
bit\ Como lejano ¡iari«íntc y algo amigo del general D. Ct- '. 
yetano Valdés, tenía con él confianza f|ue daba margen á'¿^ 



que tal lentitud daba ocasión á peligros, y en el Monarca ■ 
cautivo á esj)«:r:in/.as. A \'¿il(lé.s pareci('> lo contrario. Gomo 
éste mand;ib:i y Uii'gu no, el d(;<contt:nto del último al ver 
descísiiniado .su j.'ai-ecer, luil)0 de llevarle á prorumpiren 
íjucjasyji manÜL'star su desajirobacion recelosa. En gran 
parte d<i los milicianos nacionales locales, gente propensa á 
¡n(|uieíarse y que venía llena de desabrimiento, indignación 
y temor, enci.»ntr;«n:Mi buena a<'0gida tales quejas y se mani- 
r«.'si<> en las lilas iiiii»;i.-icni'ia por ir más aj)r¡s:i, llegando á 
hab»?i' NóciM'in y |.i¡iic¡p¡i) de tumulto. SosegtVse i o "i o, sin 
embar-'O, v no un !aii;u ticniíio, contribuyendo á ello Valdés 
ron su aui.nr¡da'.l,i'n el rcs[ii't..id:.i, y d mismo Riego con sus 
constíjos, sucediendo en su animo, d la destemplanza, el jui- 
cio. Pero el Rí'y creyt'j, y con él crf\cron algunos, que había 
csíado amenazada su vida en aquel })rinci]iio de alboroto. 
í^ontribuNí') ;i «'lio ir en la esculíael brigadier D. Vicente Mi- 
nio,queliabia ^-¡'!o ó eracc-rom-l ilel regimiento de caballería 
de Almansa, y qiie hasta ent<')nces, conocido por constitucio- 
nal ai-doroso, previendo la vuelta fjue iban á dar lascosa3,y 
de-eoso ríe ] «.incisea bi<'n con el bando que iba á quedar vic- 
torioso, ¡nt.'iu.í» \ li)gr(') j)ersua(lir á Fernando de que hablan 
intentado mitarlu, y lo hulúeran hecho, á no haber mediado 
él y salvádole; hiH lió supuesto, por el cual Minio fué premia- 
do en vez «b^ h.iber sido per^iv-uido por liberal; hecho qu8 
coníirnu') el misino siij)o^itor en un manifiesto de su pluma, 
lleno di* pitrana^, h«ícl¡o quizá creído por el Hey, perca que 
el Monai-ca dio ciediLo por inq.oi-tarle acumular delitos en 
los constituc.¡()¡)ales, y hecho, en suma, á que han dado 
carácier de c¡e:':<) el ()'l¡o crédulo de unos y el odio ca- 
lumniador de otros, hasta hacerle aceptar como verdades 



ro por ¡,1 crfdiiliiluU n- 
Uníí vez ya.;llí.:y i.-ii 


la 


M. 


a-i.Ki'Ia 
, do L, 


ib los ii 


ulidíreiitos. 
lad de San 


Fumando, ce 


rOTo di- la« 


l^i 


;|;' ■; 


:ii !í:i a 


ut.,ridad,( 
la liaíjia . 


■un arirjilo 
(Tfado sólo 


parala iranhi 
real fauíilia. 


i^ion á la i 


S:lll 


• 'irla 


iicma < 
i-.ju.r!-. 


li-I MoiKir 
Lrniandu, r- 


iiyointerr'í; 


era ainii-íi'i;!' 
uno y lo olrfi 
peliu. y :ifii'iit 


ciiuii-.i) y f¡ 
, ;i (jiiifii ac 


X 


thai 

ha(< 


:!.■ hru.v 


>rl¡vaiii.-iilL' cstalja lo 
vAf. lina notable tro- 
Vf/. de: lU'V ¡ior una 


Constltui'iciii 
vocado y rü^í 
cido. I'eiM, ' 
modu \{.i\ 1' 


iL.,.'i.-'v 


''"'. 




y el ui 
i/.-.ii- '1 


iiinjiiO i:\ liubii'-sf! jjio- 
li-aj' '¡lie lialiia lUfít'- 
ivi.i:»]- d.! (Minkiuior 
:i.- 1: «..'¡■la más fádl 


con las a¡tai-i. 


r'u-.-iil-í > al.y 


.■><\ 




f.-dida 


.dd.liw.d. 


I- ¡■cal fa.;i- 


litar ó ai>i-cpii 
recobró cíhh 
ffldo airtrliat:! 
haber sitio !.■; 


da.siiiivi.,i 
íiüiii'.' 1-1 dkv 


r.. 

raí- 


1.- lij 


- IVaii;- 

¡UL'IVI'. 

'■■'" !"■ 


t.-.liaad ín; 


.^ le liabia 
il;,'un modo 
al i-i,!i-(..bi-o 



sin hatter pmU'sta aU^iina. I.» iilií:-u i|ih'iíii (an siii;ruhirc¡i-- 
cunstaiiida üaliódi" suí^ I:í¡fÍ.is. I'.i.; c|,..i'ii-; J'ii-:< '¡iiO,;ii'j<:xtii!i 
yalucr/í Cilicio ¡]i!¡pni|'¡ii <■» lal ot-a^iiui, ¡loru san-asmo 
amar^ y a^cK-ru do vcn^^:i]i/.ii.-i <i <¡iii; im pudo ro*¡iondi;r ul 
prcsideiitr' di- la líi^-ciicia, Valdi-s, d,i oti'o 1111..I.1 niiolia(.-i.;ii- 
clo á S. M. una sijüal sil.-U'-iosa dr i-fVi.'i'i;iiH; acala miento. 

En In taj'de d.d dia ló hi/o e! líi'v su fulrada eu la ciu- 
dad dt! ('ádiz. Haliia ai-u lido, omiid era natural, ú vei-lc nn- 
Irar nuuiL-ros..) ircnlío, \'< co l'ii'.' ri'-ibidn poi- los e^piictado- 
res con indrlermi-ia iM:Mpl.-(a, siii ini-iilio ni aplaiisii, jiin 
sonar una vo/, y aun sin iiio.-[ra¡?ii' cu kv? semblaiiles la 
emoción i\\u; suele i;;'.b.'C euamlo \i-;¡lati los l'eyes ciudades 
(le provincia nu acntiiíjibradas á ver la-- reales personas, 
y sí, por el larpí !i;Ui¡;i> de vivir bajo tiii iMibicrno monái-- 
quico, á rí^spetarla*. 

Mííntras pagaba i-l l'i-y al pobsT alojaniicnlo que de pri- 
sa le había sido destinado, se juntaba et (Jungn'so cu la mis- 
ma igleaia de San Felipe, donde las Cortos cxti-aordin arias 
y constituyentes de ISIO se habían junUtdo á los cuatro me- 



4G3 

S(ís <].: hiihoT íaIíí.'Pí.» I.ifí sfsion»»?; * n la isla 'Ui León, y don- 
de? la:-; Tni<irr.i< (!M*)í'tií> liii:.ii.':ri IiO'-.Vhj v iir»rob;i«ío la CoDSti- 
lurioíi víl'-'.'iU'.', !:i r.\\:i\ ¡lai'f.i.'!::. íjiiñ h:..'-'«í.i vfiiiJii á morir, no 
s«'»lo en la ini-^iii.-i fin la i, sino t.-n ul ruirtino ediíioio en que 
había na:'i:]o. Ail''cu-i']'.) á !u iri-:i.í y {•'•'■i-o du ki situación 
era el adoiiu.» «Irl l:¡i;;ir niit.'v.iüií-iii r (i^'Sf ¡ñafio á Uiá sesio- 
no?; úkú rnúiüjiin lo (.\u.*r|".» [".i^isl- l-u'il».; M-i-iafia, y casi sobe- 
raio. Xuiií-a fii vi-rlai li.i'.tia li:i!.»i i-» i\]\i po:ii[>a ú luju, pero 
dt'sd».! UM I a [H\[] no IsaMa ¡n/is «pi-.? j'.'M'C'.lL't; dt'snudasy bañ- 
eros sin ni:'.-í ({'.[(' las lahla--. Si rw Mi lri;l (licitaba el palacio 
dul Con>;n.'>(j d-.: ■.. .star ;"!i. rn.i'!»-, p.m ya coiiio la lujosa man- 
sión, luA' rt'-'a?;i con-ln;] la riíirj: uu \\\ th-. l.^yoí, sinoáun 
conu» las rná.-? nío;' s :< r\\ ([lu- (uv.wi'.uü'.'ni^ ha esía-ío con- 
fjroii^ándoi^o, y .-i i-n Sí/viü-i iü<iavi-.i m> habia ¡.r.'Strnf.ido du- 
rante, mt's y nir'Üo (\>n j".i'-»:v/a «. ¡i «'I ornati», naíla podí* 
coniparars.- i\ la li'.ini:!l«.i í^it-:a -ion vii <|U<' dentro de Cádiz 
iipari."-ii, -•! 'nlo a.'¡;¡r:ia (¡.'smidi-/ iiKií».TÍal ú niobio de un 
siinbnlí.) (It-l di.-'Vi'if.íirnío in'c-.il a í¡u •. el fuerpii dicho de 
repri.'><í'n tan !.<"■; <!•• la Nación había 'jUv:'l:ido r«;di.icido. 

Tanipoi.-o í'.ici'iHi ílo ini¡n.)rta!!''ia -"'.iS trabajos. Guando 
lleij:'am..ís ¡i ('áli/ iban vcn'-¡'ií'< c-i 'a d'- tr- > ni-'.'?o?. délos 
cuatro .'I. <\\ir. [Kxiían alari;Mi'.<'.; Ia> >os¡;.ini:s d.» las Cortes or 
diñarías; y ¡lan con rl nn.-s di- prórLK.aqii.^ cuns(«ntia h Cons- 
titución dar ;'i los tros dü í)l)l¡;j;ai'ion forzo^ii, corto era el 
plazo íj.;o nos í|ur<Ial»a. para n-.aistras tareas. Xi podíamos 
enipl'.jarl»:; en cih-stion al.Liiina 'pie empeñase los afectos, <^ 
aun la (^iirií^s¡..!a I si'juirra un tanto. No hubn más inciden- 
te di-no (l)í nuúi í|U(* (d haber el R-'V noíxado su sanciona 
una l(íy (pie li* [inís-'iuai-on las Córli^s sobre capellanías, con 
lo tnial creía*] bu-ínamenfe los ministros acreditado estar 
gozando S. M. «lo lilj^n-tad i)lena. 

Pero los suces()s de la fiaircra eran graves y triíste?. Al 
encerrarsíi vMI Ca'IIz í'1 (íobiorno v el Con-creso habían conla- 
do con encontrar la Isla Gaditana poco menos bien defendi- 
da que lo había estado desdi-. 1810 á 1812, cuando por treinta 
y un mes había teni lo á su fronte por enemigos á los pode- 
rosos ejércitOíí do Napoleón. Pronto quedaron desvanecidas 



4C7 
tales ilusiones :il locar las realidades, VerJad L>ra que si esta- 
ban eü 1B'2'¿ las fortifieaciones mal prevenidas y no .bien per- 
trechadas, también hahiaii estudrí en pobre i,-s(a(Io de defensa 
cuando en Febrero de 1810 vinieron sobre el puente de Zuazo 
los franceses, y verdad e^ (ambieii (]uo en esla ocasiun del 
segundo sitio había abierta t'ii uno de los Iadi»s del caño del 
Trocadero una corla'lui';i, qiiu j,'iiarnee¡(la como fué, y arti- 
llada, dejaba á su cs[)aida y amparado el tei-i-eno de^de el 
cual en ISll y 1812 liabia sido pOí'ible arrojar bombas á la 
ciudad de Cádiz. Pero i^n la époi.'a de la guerra do IHOH 
abundaban, <) cuando ménris no escaseaban los recursos, y 
contaban los 6Si>añoI'.-s ron su aliada la Inf^laterra, y toda 
España, salvo la (ierra pisada por [q^ tmeniifífjs extranje- 
ros, se prestaba á i'ooporai- á la defenr.a d-i ia I^la daditana. 
Al revés, en l.-iSIÍ, sobre haber suma escatíex do recursos, 
follaban aliados; el mar que lufie a (?ád¡/, y la isla en que 
está situada esta ciudad, lejos de ser una muralla inexpug- 
nable que la defi;ndia, era un lugar dominado, menos en la 
bahía, por las fuer/as navales francesas, y de lo restante do 
España poco auxilio se debía esperar, no siendo los socor- 
ros de víveres con que ¡lor entre una escuadra blnqueadora 
acudiesen á los sitiados los habitantes de las costas \ecinas, 
movidos unos por su amor a la Constitución y otros por el 
deseo de vender sus productos. 

Aun apenas habrían tenido las extensas líneas de Cádiz 
y la isla de León gente con que cubrirlas, si no hubiese ve- 
nido á ellas por mar, desdo lluelva y Ayamonte, una parle 
del corto ejército de Lepen Baños, liste, cuyo paradero se 
ignoraba, se habia ajiarecido delante de Sevilla tres ó cuatro 
días después de haber abandonado la misma ciudad el Go- 
bierno constitucional, y cuando en ella dominaban los hom- 
bres del alboroto del 13 de Junio. Así, el general constitucio- 
nal hubo de eucontrarse con gente enemiga, dispuesta, al piv- 
recer, d atajarle el paso, Pero los que sólo se habían señalado 
por robos 6 insultos á personas desarmadas, esperando para 
BUS desmanes ú que suhesen de Sevilla todos cuantos cons- 
titucionales tenían armas con que defenderse, dieron nueva 



].rui;l)i ii.>- su i-'ili;ii-.li;i al |.ivsi'iifát'soli:s <ld:iiUi- un rontra- 
i-'¡« il" :ilj:iLii;i, si bh'ii [lOcn fiiorzn. Asi fuL-, <juc ti-a^ un ri- 
■ ii.:iilo i\hn\\<- y uiUi'Sli"i (U- iiilejilur ilcfriuln-el iiaso tltl Gua- 
<J¡il(|iLÍvii- á liis (le J.iipi'/. Hafio^, (|uo romo (irotcdcntes de 
IÍ\[r'!iii:i'iuiTi M'iiiaii imi" l;i nrilla ilul vio, liuvernn vcirgon- 
zMsjuiíí'iit'; ]'j< '["iiiiiiaiuvs fii Sí;\iiia, i]"j¡iiiJüse ¡ticunas 
l'imK -Ifí ;ii'iil|f:-!;i (jin- liahiají pik-.uÍo y tln ijuo hii-ioroii 
jiuMi ij uiii,L;!m ii-n. Ni iiim il. r.-iflii-riiii füiitiu lus ccnijiti- 

lui-i.iti;i!i-s <■] í-:i!- 1.- iii ciiiuai], rior cuyaB iiuci-tiis y ca\ln<i 

¡ar:iv.;::Jan.Li lus >!.■ !,..;>,:/ I!:i.1.,.s n.>rii.) venrf.inros. Bien me- 
ri>i-í->.Sp'\iil;t :ily:ii iiisii;;,-, ¡,fi-0 .■.<i-;iii(i sin Ik-varle, como 
I'i Ivmiaii. jifjK'ias ;;.i ■,.■/. ¡i las rÍL-.:'iiistan.'ias, y tul voz á lii 
]iii-ila'l <!i'l vi'iii-vr|.ii-. Ih:>i;i n.i ¡"nú -.. avióla una i-ontribucion 
ijuí! fuii <',rliail:i al j.iii'Mn. Tan a!¡.-ia!ila>loíi i-süihan 1..-; fi-nn- 
(■■•«.■:í^i'j]-cl raiiiiii'iilc-C:i'i;z, (|!ir >a iijiín drjau !r.t á Stjviilaa 
i^ri .■u-'tailo; V a-i. !..- d.- I...[h-/. Ii;jrii,í ]i-.iTjii.i-(,ii di- i'elirar- 
Ki' ¡n-iini... vi.-inii.-' ]::v,,-¡>a.íi.,< á !la.^■l■:^ |!i.i- el ixindado d« 
Niflila., il diL-as.' pinvimna .i.' ;i;i..lva. Culi el tíoiifr.-il í;úds- 
tilm-ion.-d sr vini-Tori il-. Si-villa yI,^Mn.-,í á ijuioni's la salida 
lii-ií'-¡]»il:id:( di-l ];<.■> y dr las Ci.ni'S no lial'ia d.J;i.lo lit-nipo 
jiara i-iiruiiUvii> incli'i du irsv i-.>n ,-\ (lobioMín al cual set- 
vliin: dícus ili' la iiiisiua i'ia-.- y fn in;iy supfíiur munero, a 
ijul.-n."< líi .¡¡¡¡.-iilii.i -li- füijiiviulfi' <.:l viajo liabia :íoi-vh1o de 
¡irílftxtu, ya iIis,.ii,h:ii:i/,ail;iiiifntL' si' sííjiorai'on do la onusa 
d(i la ('unsiiuii'iíju, ]>in's iiü i|iiis¡i>fi.>n irasladai-so á los lu- 
í;iiri;s dnnd.' la h:iririi-i:i Jk i'-tn yo mantenía alzada. Los 
rn-\iadi.s .1-. las j>iiii;n.-ias ,;\t]'aiijpi-aí (jul- hahian sofruido al 
IÍ-> ú S..\ilia. ni M:./.<[<Mviirars,t .l,.l lado dol Gobierno 
vinií'titiii-i.iiial 1-11 NLidrid, i-miifi liiciiTon a!í,'uno.« cuando 
salii;i-f)n il-' alli lus r.íiii>ís,'!itiinti_'s ilc Austiáa. rranoia, Ku- 
sia y l'i-U'Í!i, (aiii¡!ijr'i iiaí-aiuii á Vá<\iy., sin duda ponjue 
vitrnm lli-\:ir al l^-y vnnuj fauíivu. El ministro j>loni[raten- 
i'iariri ¡lo Iiii;lalriT:i i'uú á Oilii-ahar, y allí |jLM'pnaiioció. dan- 
<lii .■.111 ,--iU< muestras ik^ '[ih' no iiiiniba á remando en CA- 



iní'ansloá auspir.iiw 
'irumla voz en el léi 



imos, pues, los liubitantes de 
niño de troco años, apai-et-ei- 



460 
como ení?míf;'j oii l:i (-uiitrypue^liii'osfa un fji;ivito fr-iin'.v«, 
veaido dosilo [ris l'iriiu'o^. Al mismo iÍltíiiiu so ¡iiiroximó 
por muí' a lu fiínhvl una (^?i-iiiiilr:i ff:iiiccsLi, ijuii dtsJo im 
mosdnlt!» íunl;i!):t cru/jriiiii iior lus v('rr¡n;l^; ¡tjrmo:, y csli'e- 
iihi:. (4 hlofiLi*'.-. .!(. l;i ¡,c,b!;u-ÍMn. [.p.IiÍIiÍ.'ii'I'. s;.lir á surtir üi.- 
pesca'Io íV los t:;iilir¡iiii*, ¡i l;i-; lutn-níí j" ■^■■(■allm■;lS. 

A los |)Cco^ diiis ,li. 1. 11 1 ■..•mu i L.:^. ..-i.(n' las iiiii.'lias i¡<jl¡- 
das fuiíeslas ¡[w di^l ('ouiin.iiii' i!i> Ms¡'at1:i roiibínnius, tu- 
vimos uim 'It- UTrlItl..' j-'IM vi-lad . Muiill'i, i-nii ¡,ai-Ii! ilir sil 
ejército, se Iiabf.-i [■;w:ii|ij }i Ki^ fi-aiii-iTJF'-. ri;i'ijiiui'ii?!i(li< por 
ffobk-nio lo^'iliino fltí I':s¡,riMa i-l (!.■ la líi:j;i'm:ia cStalik'clita. 
en Maili-iil jjrn- i,,-; "AÍraiijuní^:. l»¡ih;i |ii>r inotñ-o ■le- «u trai- 
ción !iab.-i- rsMi. vi..lMi.la la ('nu^tiuirini, ..), Sr-vlll;i fii l;i |.f.-i-- 
sona Síifrraila ■) invi'il.itih' ili-l lluy, lu cual era i-icrtn, romo 
lo era t|u(; i;l Ilfv liahia itUi/iilaao allí iiiÍstuo acabaí- ven lu 
Conslilueion, im, s.>;,niii las ,T[iarÍL-iiciiw, sin faliai-al i-i;sprto 
debi.Io á la Íru¡<,lab¡li-la'l >[■.: h>~ <U|iu(a.l(K. l-;i firirito <i\w á 
este, geiif-ntl olji-.li-ria < • había ilivúlidu, lmi vrv. «K- sorln toJo 
ContraHo, cuiiiü |i.' Iiabia ^iil'i i'l «liyo al i'-nui-j ¡h.'- I, a His- 
bal. Mú[-i¡¡(i, cciii lin i|iii> a-' liabian .[lU'ila-l-i <b' su [lard-, no 
so había drt'.'iiiibi i'ii li'i-riü/.ar á Ui-; i|iii> sÍ;;uíctiiii sii-iidu 
fieles il la causa •U U püüia. La cs.-a-;:! ciirdail ilo luces Uo 
tan eelcbradu ;-'cni-ral, jijc^ díyinj i-n vt.-i-:l;ul ¡I'- alabanza, 
salvo (.■omii valicut'; on la fruci-wb,' la !nUi-])enili;iii'ia, l'uó la 
i'U2on aloballa para atenuar lo ;.'l■avl^ ilc su dclitn [ini- no ]i(j- 
i'os di! lüs moJfi'a'lu- aiili;;iiij.s ijiic s¡;,'i,iici-ijn dinlolíi pi-ut:- 
bas dtí ii]»n!ciú .v biir-n afccfo. 

Hubo de c(jiiu-Ídii- con la üi.'gada d..' tan tri^tc-í nufvas á 
Cádiz un tr.i-ico sucijío, ([uií Ik-nO d.-. liuia-or y lástima á tu- 
dos cuantos allí oslábamos. I'iri una mañana apai-ci-iú lui su 
cuarto mui'-rto, degollado rorsiiis ]i!-ii¡iia-; m:nios,fl miuistfo 
dt' lii Ciimpra, 1). Ivs'anisíao Sanciu,-/ Salvador. Una i-arta 
inrolicrciiti-, csciita d«^ su |nit|ii,i n'iíit), d('clai-a')a Hrr él 
mismo fjni.'ii si' hubia <iuilado la \]-';:, juslificándusí! do sus 
buunas iiilondoncs, remo si iiubii >■■ f]UÍon df olla^ dnilase. 
Tan lastimoso acto d(? locura, ¡iroducido ]ioi' una pasión do 
ánimo, liija de los «ucosoí:. fué ajirovochado (lui-pciiüamit-n- 



470 

tos de banduria de diversas clases. Unos poiíOs furibundos 
veían en Salvador un traidor, A quien había llevado á aca- 
bar consigo mismo el arrepentimiento. Muchos parciales de 
la Monarquía citaban el mismo hecho como prueba de la 
imposibilidad de continuar defendiéndose en que oslaban los 
constitucionales. 



\ 



\ 



CAPITCTLO XXXII 



Trato dnclo en C.'iíIísí por los rtonsiitnciriTiolofl ni Tloy. — ICl 
Gol3Íerno tlr\ íi "Riesco ol innndíxle iin o.ióroit.o. — Henevo- 
lencici apar*ínto tli»l Tíi'.v pnr.M o-ii lo>» ooTis*titiií'ionfil<ís. — 
Asislopor fs-ii exprnsocloHi^o ri la í^osion <Ie clíni.-'UTft <lela« 
C<Srt<*8.— Sofi*i>ec*liíi<íM cmcbíflri <le JíalK^.-tfM'OH. — T!)<?hcoti- 
oonfiariznei y opirii'>nr»s <Uv<»rsfíH.— I?i*nyec5<-)fs do loe-, inva- 
sores.— Pro para ti vo:* di^ filíeme y deft^nsít de» la Isla Gadi- 
tana.— Desalié ii ti.) fasi í^orieral. 



Kiitre tanto, el W^.y eiK^erra^lo gozaba, en virtud de las 
circunstancias, do más libertad quví la que había tenido real 
y verdaderamente dcsd»». al^u'iinos nríses hasta entonces, i)Or- 
quo si no era menos i'onipleta su cautividad, era menos efec- 
tiva, teniendo cerca un [)odtfrn.so auxiliar, como era el ejército 
francés, y creciendo su imj)ortancia personal, pues era re- 
putado vencedor, y en calidad de tal, daba motivo á temo- 
res y á esperanzas cuya realización veían todos, así como 
segura, poco distante. Y aún menos interesados y más no- 
bles motivos llevaban á satisfacerle y considerarle, porque 
algunos, viendo ya cercano su triunfo, estimaban excusado 
usar con él de rigores y desac:itos inútiles, y sólo disculpa- 
bles antes en fuerza de ser necesarios, y aun temiendo ó es- 
perando poco para ellos mismos, no querían exasperarle de- 
masiado, para no exactjrbar pasiones que se desahogarían 
en daño de un crecido número de es])ano!es constituciona- 
nales. Por estas ideas era querido D. Cayetano Valdés, que 
de presidente de la Regencia pasó á ser caj)itan general do 
Andalucía y gobernador de Cádiz, habiendo antes las Cortes 
concedido dispensa de la ley que prohibía á los diputados 



i!>lLii-, mientras lo I'ii"im 


:i, sir\ifn'li oni;F;.Ms y desiinos. Lie- í 
a mn <-l \h'y liasta i'MU^eulii'lc levan- V 


l!ii- «lia KTiv ailu <li; iiii 


i.li-ra t=iilin) .■! it-i-liü ik- la A.Iiiana, en j 


ili.imlc ri'ííiilia; Innv i|iii 


,: h- servia ili- i-.-ieij lU'asi todaslüí 1 


huras i!l-1 <!ia, ¡iucí; fii < 


■lia «i; divcrlia i-n feliru-á volar eo- , 


nioUis Jt! l'!i|»'l, í=iinniv 
(■a!i;<lR-JU|)0 vi'iiiii ii fi'i 
ruHWiiiilii!;, imi>', el lii 

li-o¡mi-^(aciista. Vfinii! 


!iiiljii-sei|iiieii ■¿;ii'ipaso >iue fste sil ' 
,■ una ecinvs;.oiiilí'iii:ia, por síeilales 
■y y Itis fi'aiii.-.-scs. Juofios du la COD- 
o l.^-i liNbii!inleKi!--'rVnlÍ2 inJiírnados 


uiius, y iv:.í.j:ii;í !"S í-U\ 


.-■. No f:.itar.^!( i!<; lus ¡-i iiueros <iuie- 


iiti.-j inl-iU;isrii íirniii''i!;i 


ir, i!:in-i>!..-s i-iira elli. lüutivo la si- 


Uluciuil «Itíl'i-i lK';H«-¡(is 

vana.rlmyl,oriM-/.<|..i 


[.oliricns, hicn <iue tiii alloruto agra- 
:il¡\la!l..-i rell.-.i.iíi, si:i emS.a;.!.":.. .(itó, 
la^eii!-! liuliii/ii--aa;.cla!-al dfS.'.rden 


conio ini'tliii (lo salir '1 


.■ los mayoi-e-í a|>unjs. l't-iv á los co- 


nattis (lo sclicioii sr Ci| 
iií;i>ii<1» <]•- l.'i-j l'arulta-!' 


[.iisD i-l i;obi"i'iio c '11 luaiii.) liiira, V 
,.s .¡nc lUW. [.-lili- .1 íiuhfi-iiitdoi- de 


uii!i i'lii/a sifia'ia, i-Nim 


l<.> VaMós d-H.'ii'li/. iiiiu (.-urto nú- 


luttri) (lu ¡ii'i'Huiias í[i<iii 


¡etii', -iii '|iic tal ve/. iiRrociusüii los 


ex|tiils;niijs luilos en aij 
victima-!, ]„.,r no s.i' ]" 


iiella '".■a^ioii el n¿ioi' <.U- ijue fueran 
i^il.le en tales jii-o\i.leiii'ias arbítra- 


■riaí libtTlai-s", 'inifii hi 


s .!i."a.ilt!ei-ivji-i'si|ii.'soii iiijusiicias 


tic. lutali-r.rtn. llabi:.,.' 
fuva iii'|uii.-tuil ei-a iniíi 


■11 iiieilio .li- t(>i!o esto, mi personaje, 
iwilile i'..iite!i.T usamlo niii él de vio- 


loiK-ia, y ijítü rra el .iíit 


lera! y 'liiialal.i llieuM, di >:íi'Oii lento. 


como lo cMiÚKi faíi ^ii- 
d.üi'íia falla suya í-í.ii^t: 


mpi-e, iiiiiinidcnte. [lor -nw su imprn- 
■iiile, Jai'il en |.i-e-iini-se ¡i oir tron gU8- 


to jjfoy.v-lri-c (1l- aibr.riiti 
r»r á su qw^i'ion, y 


.!<. etiadd'i 11(1 ii ¡i[ir'(bar;o:J óácooi»- 
(■ido fiiij usadii eoiiio instrumento 


lemiblo ¡ífii- la ;,'i'ii;i.' tx 


:vii||o-ri, iiu.- se valia de su nombre 


para auturiíai' l'"iu liii 


:i'e '.I- ■i[,<isie¡'.iii. y hasta planos do 


revueltas Jo ■'! tni?íino, 


y] alL'iiiia ve/ lavmveidos, otras veces 



iiuii i.nnoraclus. I'^ra lú'-vUi íjiie en tmlas i'iiiiiitas tramas para 
alterar el ]n'iljlieo s(jsii-^[i sir (ivseabrian ó se sos [it'trb aban, 
cuando llegaban á imíieia di-i ijnhieriio, ya fingidas, ya 
abultadas, euánd'i di^sfiguriida^, diándo tales cuales eran, 
apaieeia Kícgo como c-óiiiplicL' ó rtmio aprobador, y casi en 



I 



todas ocasiüiK'S i*omo <.Iostin:n|o {\ i^ev caboza. Oi'urrl(') en 
esto una ¡(loa feliz, ú Iosf|uo maudabiin, y era, supuesto r¡iie 
había licejicia para enij)Ie;'ren sorvieio a''li\o ú los diputa- 
dos á Cortes, v aten<l¡en(io á <\\u' do ellíjs hablan sido va 
empleados vai'ios en la d«?íon.sa de Cádiz y <bi las veeJnas li- 
neiis, enviar á Riego como p^ntiral de uno do los titulados 
ejércitos que en la costa do (íi-iuiada y los ve«'¡nas provin- 
cias estaban en eani[)ari;i n tVn-nr'indosíí, á vim* si su nombre 
confirmaba en la fitl(d¡<lad á lo.-; v:n'i!ant.'s, ó volvía al recto 
camino á los desearriad'').s. í •;i;idr:i1:.a « sM ])'MisunHento ron 
los deseos de Kiego, prop"nso, í'.íiho las personas de su 
condición, á ver traidores un to los los ene.-irgados del mando 
de sus amigos, y lleno dc-iho i-oii:-(M.to de sí pi-opio, á punto 
do figurarse que á su voz eonoeidM, romo «¡m.» br*)í;iri;in de 
la tierra legiones de eorislitucionalrs íii-níriilus á ecM-n.-r eon 
ardor ú las lides. Dispuesta la partida del malhadado héroe 
de la revolución d«.> \S2^\ él y quienes Ir- enviaban cuida- 
ron á porfía de diferirla lo nirnos [..osible. l']staha liiego eii 
el punto más subido de furor y lleno de recelos, culpando 
de las públicas desventuras á los núnisti'os y á los de la 
sociedad de que había sido cabeza. Así, sólo pidió llevaí* con- 
sigo á un diputado áíJórtes, oücial de marina, llamado don 
N. Pumarejo, comunero artlorosísimo, de los que no se ha- 
bían venido á la falangí? ministerial, pero tampoco impug- 
nador de la guerra, y hombre por demás estrafalario, corto 
en luces y ciencia, aunque no estú[)ido ó del todo ignoran- 
te, desinteresado, pues se habíva venido á pié á Madrid des- 
de Galicia cuando fué nombrado diputado, no recibiendo la 
ayuda de costa (jue á todos se daba para el vi:ije, desaliñado 
en el vestir hasta atender poco á hi limpieza, con algo de 
tosco en sus modales muv distantes d,' la finura común en 
los oficiales de la Marina real en aquellos tiempos, y sobre 
todo esto muy devoto del mismo general, de cuyo favor go- 
zaba. No hubo reparo en conceder á Pumari'jo que fueso 
con líiego, siendo aquél tal, que su ausencia en las (Nu'tes 
no sería sentida. Uno y otro salían como quejosos del Go- 
bierno que los em[)leaba, y estimándolo poco menos quo 



474 

traidor, y nada mejores á quionos de el eran amigos, y en 
ambos á dos robosaha la coníiauza de que á su llegada al 
ejército cunihiarian de aspeirlo hi.s cosas, trocadas en felici- 
dades las desgracias, liijar^ sólo di: la mala voluntad ó tibie- 
za, (.'on cstc>s alegnis pensamientos se emijarcaron v partie- 
ron, IIi'.Lcando de allí á poco sin tro]»¡ezo á Málaga, donde 
tomaron tierra, y comenzó Riego una serie de desaciertos 
que vinieron á ser para él desasties los más crueles. 

Mientras esto ocurría, nada próspero llegaba á nuestra 
noticia en Cádiz. Cumpli/ise á las Oiríes su término fatal, y 
fué forzoso cerrarlas. Debía hacerse esta ceremonia sin so- 
lemnidad alguna, que parecía iinj^ropia en circunstancias 
como las en que su veía el Kstado, siendo, por otra parte, difí- 
cil adornar el lugar dundo se (congregaba el Congrtíso siquie- 
ra con niedianadecenria para livibir en él á las reales perso- 
nas. Pero el Key, contra su costumbre, declaró que deseaba 
cerrar la h'gislatura él mismo en sesiun regia. Nadie acerta- 
ba con el motivo (|ue podía inducir á Fernando á dar tal paso, 
pues di.-s<lc 18*21 s<)lo iba á abrir ó cerrar las Cortes, con no 
cní^ubicrta repugnanci.-i é instado á hacerlo por sus minis* 
tros, cuando en la vez de que voy ahora aquí hablando, de 
el sali<) la idea de asistir á este acto solemne. Podía ser que, 
s'jgun su costumbre il«' disimular, intentase aparecer satis- 
fecho y libre para encubrir me- )r sus tramas, enc-aminadas 
á darse vtírdadera satisfacc'on y libertad; pei*ü tal disimulo 
era ent<'ramcnte inútil, sicníio sabida su situación y no igno- 
radas sus m aquí nací onus. Drsde su llegada a Cádiz seguía 
el Rey una conducta singular, como solía serlo y lo había 
sido la suya en casi todas las no conmnes circunstancias de 
su azarosa vida y reinado. Vivía sin salir de casa, lo cual 
sólo una vez lo había luícho \nu\i ver la linda ciudad de Cá- 
diz, y desput'S di; un brtívtí [)aseo, se había vuelto á su en- 
cierro y diversión de [)asi;ar por la azotea y subir á la tor- 
re. Kn las ocasiones en que iban á presentársele diputacio- 
nes del Congrtíso, ya para llevarle leyes á sancionar, va 
para hacerle los rendimientos de estilo en ciertos dias, se 
mostraba afable, como antes hacía rarísima vez. Aun conmi* 



4-75 

go, á quien tanto debía odiar, y á quien odiaba todavía más 
que !o debido, y a quien estando en Sevilla y yendo yo pre- 
sidiendo una diputa