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Full text of "Memorias de la Real Academia de la Historia"

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Boston Public Library 



http://www.archive.org/details/memoriasdelareal001real 



MEMORIAS 



DÉLA 

I 



REAL ACADEMIA 



DE LA HISTORIA. 



TOMO I. 



MEMORIAS 



.D E L A 



REAL ACADEMIA 

DE LA HISTORIA. 



TOMO I. 



'. / 



MADRID 

EN LA IMPRENTA DE SANCHA. 
AÑO DE I796. 



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1* 



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PROLOGO. 



JJeseosa la Academia de desempeñar las obliga- 
ciones de su instituto 3 empezó muy desde los princi- 
pios de su fundación á fiar al zelo privado de al- 
gunos individuos la averiguación de aquellos pun- 
tos , que por mas controvertidos , hacían 7nas dificil 
el conocimiento de los verdaderos orígenes de núes- 
tra nación , de sus particulares usos 3 y de la si- 
tuación puntual de sus antiguas ciudades , sin cu- 
ya certeza no se podía fixar su correspondencia con 
las modernas 3 para fundar una geografía esenta 
de disputas. 

Publicó la Academia en los primeros años de 
su establecimiento alguna de estas Disertaciones con 
una sucinta noticia de sus trabajos 3 y de los indivi- 
duos que la componían 3 á que dio el título de Fa s- 
tos. Pero , mas circunspecta á proporción que iva 
adquiriendo mas conocimientos , se llenó de descon- 
fianza ; y con una prudente reserva , contentóse por 
mucho tiempo con trabajar en el silencio 3 hasta que 
sus frutos adquiriesen cierto grado de madurez que 
los pusiese á cubierto de la crítica de los descon- 
tentadizos. 



(*) 

Creyó por los años de 17&2 que uno de los pun- 
tos que debian ocupar su atención , era el averiguar 
la patria de donde había salido aquella nación que 
dominó d la España el espacio de tres siglos 9 mu- 
dando su antigua faz , al principio con las armas, 
y después con nuevas leyes : era ésta la de los Go- 
dos. Confió la Academia este trabajo á varios indi- 
viduos 3 cuyo sólido juicio é instrucción , conocida por 
muchos títulos , le hacían esperar el desempeño. Sus- 
citáronse disputas sobre la investigación de este di- 
fícil punto entre Don Ignacio Luzán y Don Mar- 
tín de JJlloa ; y la Academia halló tan dignas de 
aprecio las memorias del uno y del otro } que juz- 
gó no debia defraudar al público de la lectura de 
unas obras en que se halla recogido quanto han di- 
cho los autores coetáneos , ó ¿os poco distantes á la 
entrada de esta nación en occidente ¡y quanto los 
modernos del norte han trabajado sobre las opinio- 
nes de aquellos para llevarse cada uno á su patria 
los ascendientes de esta gente guerrera. 

Adoptaba el primero la opinión de los autores 
septentrionales , que pretenden hacer d esta nación 
originaria de las últimas regiones del norte y del 
occidente , esto es , de la Escandinávia ; y el segun- 
do , tomando este origen de mas atrás , se empeñaba 
en fixarlo en los vastos dominios de la Scíthia } y en 



(3) 

aquella parte del Asia } contenida entre el mar Cas- 
pio y el Glacial , y en donde los nombres de Jog y 
Magog , conservados por muy largos años } y desde 
la remota dispersión de las gentes , ofrecen una vero- 
símil congetura de haber venido de allí el de Godos. 

Iguales disputas á las que se habían movido en- 
tre los Señores Luzán y Ulloa , fueron las que se 
suscitaron entre estos mismos Académicos y su com- 
pañero D. Francisco Manuel de la Huerta } que ha- 
bía emprendido demostrar que el fundador de la Mo- 
narquía de estos conquistadores en España había 
sido , 110 Ataúlfo , como generalmente está recibido ; 
sino Teodoríco II 3 como lo sospecha Morales ; ó Eu- 
ríco su hermano 3 que adelantó sus conquistas en es- 
ta península , y quedó pacífico poseedor de casi toda 
ella ; á cuya opinión } aunque parece se inclinaba el 
Señor Huerta , no por eso dexaba de sujetar su jui- 
cio al de la Academia. 

Empeñábase , por el contrario , el Señor Luzdn 
en sostener la posesión en que se hallaba Ataúlfo } 
fundándose principalmente en la cesión que hizo Ho- 
norio de las Gallas y la España á Alaríco s en la 
que Ataúlfo había hecho de la Italia d su cuñado 
Honorio , reteniendo al mismo tiempo las primeras dos 
provincias ; y en haber establecido la silla de su nue- 
vo imperio , primero en la A quitanza , y luego en 



(4) 

Barcelona : opinión que amplió y sostuvo TJlloa con 
, mayor número de pruebas y copia de autoridades. 

Habíanse repetido , casi al mismo tiempo Jas sa- 
bias providencias del Gobierno contra la bárbara 
costumbre de los duelos ; y como por otra parte se 
creia que estos combates singulares habían tenido 
origen entre las mismas naciones septentrionales de 
que se trataba en las referidas Memorias , juzgó 
igualmente la Academia que era esta ocasión opor- 
tuna para repetir la impresión de una Disertación 
que sobre el propio asunto había trabajado D. Mar- 
tin de Ulloa } la qual, aunque impresa en sus Fastos, 
ya se habia hecho rara. 

No contenta la Academia con estas tres Diser- 
taciones y en que ofrecía al público una muestra de 
lo que iva trabajando para desempeñar uno de los 
principales ramos de su instituto 3 quiso hacerlo en 
los accesorios ; y para ello , de la gran colección li- 
thológica ó lapidaria que posee , entresacó una Me- 
moria, leída por Don Ignacio Hermosilla, sobre las 
ruinas descubiertas en Talayera la Vieja, la qual , 
aunque por ellas se conocía haber sido en lo anti- 
guo pueblo muy célebre , se hallaba en estos últimos 
tiempos casi del todo desconocido. La exactitud con 
que dexó descritas sus ruinas } acreditan en gran ma- 
nera , no solo el talento crítico del Señor Hermosilla, 



(5) 

sino su inteligencia en las bellas artes , que le exci- 
tó , después de la impresión de su Memoria , nuevas 
y juiciosas desconfianzas , obligándole á repetir en 
el año 17 J 4 el viage que en ijGi habia hecho á 
Talavera la Vieja } con solo el objeto de rectificar s 
auxiliado de un acreditado profesor 3 los dibuxos que 
habia recogido antes de mano de un mero aficio- 
nado. 

Ahora que , aumentada la Academia con ma- 
yor mímero de individuos , y distribuidos metódica- 
mente sus trabajos , se lisonjea de ver completados 
en breve sus principales objetos ; ha creído ya pre- 
ciso comunicar al público , mejoradas en lo material 
de la impresión 3 estas producciones de tan laborio- 
sos Académicos , pero sin haberse permitido tocar- 
las en su contexto , por no alterar en la menor par- 
te los pensamientos de aquellos doctos literatos , d 
quienes no solo debe el Cuerpo su existencia , sino en 
sus escogidos trabajos gran parte de los materia- 
les para las obras que medita. Este justo y respe- 
tuoso miramiento debe disculparla con el público , si 
acaso advirtiese en dichas Disertaciones algunos des- 
cuidos , y menos corrección en el estilo de la que aho- 
ra podría esperar. Los tiempos han variado } y el 
largo discurso de medio siglo es muy poderoso pa- 
ra descubrir nuevos documentos , capaces de hacer 



(6) 

mudar las opiniones , y también las ideas. No obs- 
tante la Academia, guiada por la justicia y la gra- 
titud , ha creído que debía hoy } ahogando todo im- 
pulso y respeto de amor propio x honrar los nombres 
y los trabajos de sus mayores > sin abochornarse de 
que se conozcan sus principios. Tales los ofrece al 
público en este primer tomo de sus Memorias , sin 
nuevos atavíos que hagan desconocer la mano de sus 
autores. 



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NOTICIA 

DEL ORIGEN, PROGRESOS, 

Y TRABAJOS LITERARIOS 

DE LA 
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 



<a Noticia histórica de la Academia , después de un largo si- 
lencio de medio siglo , no será , como algunos acaso creerían , la 
apología , sino el despertador del mismo Cuerpo : un respetable 
recuerdo de las obligaciones que le impone la relación de lo que 
hasta aqui ha trabajado obscuramente , para llevar al cabo , y pre- 
sentar al público , impaciente quizás , el fruto de tantas tareas y 
dispendios. Esta historia , que con mas rigor que á otras debe 
guiarla la verdad , no se destina á celebrar hechos vanos, o mag- 
níficos deseos : será la confesión de los descuidos , de la incons- 
tancia , ó de la tibieza de los hombres , quando ven remoto el 
interés de su gloria , d de su fortuna , puesto que hasta aquí las 
Letras, por sí solas, no constituyen una clase d un destino en el 
Estado ; será la explicación de la conducta de un Cuerpo moral, 
que ha dado hasta hoy pocas señales publicas de vida , á pesar de 
haber vivido en continuo movimiento. 

Podrásele disimular á la Academia el atraso de algunas de 
sus obras , por las precauciones que últimamente ha tomado pa- 
ra desempeñarlas con mas solidos fundamentos. Si desde sus prin- 
cipios hubiese dedicado sus conatos , que debían ser su princi- 
pal estudio entonces , á la adquisición , acopio , y ordenación de 
libros, actas , privilegios, y otros documentos históricos de nues- 

A 



II NOTICIA HISTÓRICA 



tras antigüedades , y abstenídose de idear obras superiores á las 
fuerzas de un Cuerpo recien nacido ; las hubiera podido dar dig- 
nas de su nombre. Pero mal podia dar el fruto deseado , quando 
no estaba aún criado , nodrido , y robusto : faltábanle los auxi- 
lios , y las facultades. 

Los objetos del Instituto que habia adoptado , eran , y serán 
siempre , inmensos por su naturaleza , y diversidad : pedian unión, 
método , constancia en los operarios , concordia de dictámenes , 
y mas aún de ánimos , y sobre todo, uniformidad de manos, por- 
que cada vez que éstas se mudaban , se suspendían, ó se emba- 
razaban los trabajos , por la diferencia de la pluma , del juicio , 
d del ocio de los sugetos. 

Por otra parte , antes de escribir era necesario recoger ma- 
teriales , escogerlos , ilustrarlos , disfrutarlos : todo esto pedia tiem- 
po , dinero , inteligencia , y mas que todo , buena voluntad en los 
individuos , ocio en los que habían de trabajar , y permanencia 
en su domicilio ó destino. Faltábanle también una librería , un 
monetario , colecciones de códices , y otros muchos auxilios que 
hoy posee , para trabajar con acierto : siendo de grande impor- 
tancia los viages literarios , que á sus expensas , d baxo de su 
dirección , se executaron mas adelante al Escorial , á Toledo , 
Alcalá , Mérida , Andalucía , Talavera la Vieja , Cabeza del Grie- 
go , &c. En una palabra , era menester criar la Academia antes 
de criar obras : y ésta siempre será operación lenta. 

Considérese además , que el Instituto de este establecimiento, 
por demasiado vago y grandioso , abrumo desde los principios 
á la misma Academia , que antes de conocer sus fuerzas y facul- 
tades , se engolfo en vastas empresas apenas habia salido de su 
infancia , las quales era difícil desempeñar con operarios cuyo 
destino y fortuna , como queda dicho , no eran las Letras : por 
consiguiente no se podia contar constantemente con el primer 
zelo y fervor de los Académicos , ni con su permanencia en Ma- 
drid. Unos adquirían destinos que los apartaban de la Corte; 
otros recibían empleos en la misma Corte que les impedían la 
asistencia ordinaria , y el desempeño de qualquier trabajo de re- 
partimiento. Con esta continua alteración , mal que se ha expe- 



DE LA ACADEMIA. III 

rimcntado siempre , perdía el Cuerpo todos los años sugetos ya 
conocidos , y recibía otros nuevos , que debían dar pruebas de su 
aptitud y servicio : de consiguiente las comisiones mudaban de 
manos , los trabajos se atrasaban , entraba la desconfianza , luego 
la impaciencia, y el disgusto de lo empezado ; y con el buen 
deseo de alcanzar lo perfecto , y dar al público muestras de su 
aplicación y utilidad , anduvo muchos años vacilante de proyec- 
to en proyecto , dexando uno y adoptando otro : en cuyas pre- 
maturas tareas se ha malogrado alguna vez mucho tiempo , su- 
dor , y dinero. 

Pocas Academias habrán trabajado mas , y dado menos testi- 
monios al público de sus obras ; y no diremos que por falta de 
sugetos de conocida instrucción , laboriosidad , y talento : publí- 
canlo las producciones varias que han dado á luz muchos de ellos 
antes y después de ser miembros de este Real Cuerpo : claro 
está que en este caso eligieron ellos el asunto ; y esperaron de 
sí mismos, y para sí solos , la gloria , d la remuneración. Debie- 
ran acaso haberse abrazado medios mas fáciles para publicar al- 
gunos trabajos académicos ; pero los Cuerpos , mas escrupulosos 
y circunspectos que los autores particulares , temen también mas 
el comprometer su concepto , y su autoridad : y esto mismo los 
hace lentos é irresolutos , como ha sucedido á este en muchas 
ocasiones. 

A pesar de esto , no se debe callar aquí que la Academia 
ha llevado sus trabajos mas allá de lo que se cree , y de lo que 
el público puede agradecerla mientras los ignore , d no los dis- 
frute. No se la podría , sin injusticia , tachar de desidia d indo- 
lencia ; acaso no habrá acertado siempre con sus trabajos ; pero 
sus tareas han sido largas y prolixas , cuyos frutos , que hoy guar- 
da en su seno , saldrán algún día mas sazonados , como mues- 
tras de sus desvelos y aplicación. 

Por una fatalidad , común á casi todos los Cuerpos , que , por 
decirlo asi , conciben mas que paren , ha dado origen la Acade- 
mia , d por no haber recatado tanto como debiera sus proyec- 
tos , d por una laudable generosidad , á muchas obras que después 
han salido á la luz pública en nombre de autores particulares , 

A 2 



jV NOTICIA HISTÓRICA 

robándole , si se puede decir , el pensamiento , y para muchas has- 
ta' el título , y aprovechándose para otras de sus materiales y 
auxilios. Tales son : la España Sagrada : los Sumarios y Retratos 
de los Reyes de España : las Inscripciones de la Alhambra de 
Granada y de sus monumentos : la Colección de Crónicas de les 
Reyes de Castilla : la Relación de las Fiestas Reales de la Pro- 
clamación de Carlos IV (que Dios guarde). Pero la Academia, 
tan rica de proyectos , como escasa de fondos para desempeñar- 
los con la magnificencia correspondiente , ha tenido que con- 
solarse de que otras manos , mas poderosas , d mas favorecidas , se 
hayan adelantado en su execucion en beneficio del público. 

La cortedad de sus caudales <, considerados los vastos objetos á 
que deben aplicarse , se ha invertido hasta aqui en la adquisición 
necesaria de libros , medallas , monedas , manuscritos , antigüeda- 
des , colecciones , copias de códices é inscripciones , viages lite- 
rarios, gratificaciones de trabajos extraordinarios, mudanza y ador- 
no de casa , obras y reparos de ella , obsequios y recibimientos 
de Personas Reales , gratificaciones , grabados y dibuxos de obras 
empezadas : y se puede asegurar que con el resto de su dota- 
ción apenas ha podido cubrir los gastos precisos de los mode- 
rados sueldos y asistencias de los individuos y dependientes. 

Quando sepa el público los encargos del Rey y de los Su- 
premos Tribunales , que ha tenido que desempeñar privadamen- 
te la Academia , los servicios que ha hecho á la Nación y á las 
Letras, sin poderlo éstas reconocer ; quando sepa que de cincuen- 
ta sesiones ordinarias que celebra en cada un año , ha empleado, 
por mas de veinte continuos , la mitad del tiempo de todas ellas 
en oir y pesar los dictámenes sobre las obras que se la han re- 
mitido á su censura , antes de fundar y acordar su juicio ; quan- 
do sepa que todos los trabajos de turno , planes , informes de co- , 
misiones , disertaciones de instituto , ó voluntarias , oficios y cor- 
respondencias con literatos d con cuerpos literarios , se leen en 
dichas Juntas de dos horas de sesión , y que algunas de estas lec- 
turas , y las discusiones que naturalmente se originan de ellas , 
ocupan las sesiones enteras , y á veces muchas consecutivas ; es- 
te público , que siempre es justo quando está instruido , é indul- 



DE LA ACADEMIA. V 

gente quando no se le quiere engañar , disimulará ¿í una Aca- 
demia de la Historia las causas de su lentitud, o de su silencio. 

Sabrá este público , que como en la Academia se han em- 
prendido tantas obras , unas frustradas y otras continuadas , ha- 
brá sido menester que , para la adopción o reprobación de ca- 
da una , hayan precedido planes , memorias , instrucciones , refle- 
xiones , pareceres , presentados por Académicos zelosos , d por las 
Juntas comisionadas para arreglar estos trabajos. Muchos de es- 
tos planes , reglas , y dictámenes por sí solos , reunidos y orde- 
nados , pueden formar una colección de observaciones instructi- 
vas y metódicas sobre los varios modos y sistemas de tratar 
nuestra historia nacional , y de adelantar los objetos del Insti- 
tuto. En algunas de estas ideas preliminares , d sean instruccio- 
nes , brillan la erudición , la crítica, y el buen uso y adequada 
aplicación de principios luminosos en la materia : oxalá en to- 
das hubiesen correspondido los efectos á tan útiles como gran- 
des pensamientos. Vienen á ser en su línea unos trabajos aca- 
démicos , hechos á mucha costa de meditaciones y tiempo ; pe- 
ro la Academia , que no debe publicarlos , pues no son el fruto 
sino la semilla de sus empresas literarias , se contentará con ha- 
cer mención de los de alguna importancia en esta Noticia his- 
tórica , ya que el público no puede conocerlos ni gozarlos en 
su integridad. 

Para los diversos ramos de la Historia ha sido freqüente 
desde los principios formar nuevos planes ; pero era necesario su- 
jetarlos á uno , dos , d mas exámenes para establecer un método 
fixo y uniforme en las cédulas de repartimiento. Cada examen, 
como era natural , ha producido defensas , impugnaciones y dispu- 
tas infructuosas con pérdida evidente de tiempo : inconvenientes 
á que están sujetas casi todas las Comunidades antes de adoptar 
una obra sistemática , como lo han sido hasta aqui casi todas las 
de la Academia. No se pretende , por lo que se dexa anuncia- 
do , hacer la apología de los vicios de los Cuerpos , ni la justi- 
ficación de los cargos que justamente merezcan : es una ingenua 
manifestación de los males que son inevitables , como de los que 
se deben evitar. 



VI NOTICIA HISTÓRICA 

De estos repetidos conatos , que después se reconoció de- 
bían dirigirse solo á ordenar é ilustrar algunos ramos de la his- 
toria , nacería el error de aquellos que han esperado siempre , por 
fruto de esta Institución , una Historia general de España , á que 
habrá contribuido no poco el título mismo con que se denomi- 
na y distingue la Academia. Debieran antes haber considerado 
¿si es posible que un Cuerpo escriba por repartimiento , ó con- 
curso de fuerzas intelectuales , y , lo que es mas , de pareceres, 
una obra que pide unidad en el plan , en el método , y en el 
estilo ? La Academia , si hemos de atender al espíritu de su ins- 
tituto , y no á la letra de su denominación , fué erigida para fi- 
xar los tiempos , y aclarar los hechos , con discursos , con diser- 
taciones ; para desterrar de nuestra historia las fábulas y los erro- 
res, hijos de la credulidad , ó de la malicia; para acopiar y pre- 
parar materiales , promover descubrimientos , ilustrar los puntos 
obscuros ó dudosos; y dar armas para rebatir las imposturas, y 
esgrimirlas por sí misma. 

ORIGEN 
Y PRIMITIVA CONSTITUCIÓN 

DE LA A CADE MÍA. 



ntrado el año 1735,1a casual concurrencia de algunos lite- 
ratos en casa de Don Julián de Hermosilla , Abogado entonces 
en Madrid , después Teniente Corregidor de esta Villa , y Mi- 
nistro Togado del Consejo de Hacienda , fué el origen de la 
Real Academia de la Historia , semejante en estos obscuros y dé- 
biles principios á casi todas las grandes Comunidades literarias 
de Europa , que ha solido formarlas el zelo de algunos particu- 
lares , y protegerlas después la benéfica liberalidad de los Prín- 
cipes. Aquellas temí lias amenas y políticas , convertidas ya en 
conversaciones literarias , produxeron unas conferencias mas sé- 



DE LA ACADEMIA. VII 

rías y regladas , en donde se proponían y ventilaban varios pun- 
tos que dividían los dictámenes. Esta discordancia racional , ma- 
dre de la emulación , é incentivo del estudio para la indagación 
de la verdad , que obligaba á los principios á hablar con algún 
cuidado, obligo después á sostener con nueva meditación las aser- 
ciones del dia antes, y alguna vez á fundarlas por escrito. 

Como la cortedad del tiempo que mediaba de una noche á 
otra originase algunas equivocaciones , defendidas á veces con 
empeño ; se reconocieron. desde luego los inconvenientes de es- 
ta práctica en una concurrencia de amigos , que ya empezaban 
á proponerse el noble fin de una recíproca y solida instrucción: 
y asi convinieron todos , para evitarlos , en distribuir con algu- 
na anticipación los asuntos que se habian de tratar, componien- 
do sobre ellos un breve discurso d disertación. 

Llamaremos verdaderos fundadores de la Academia á los ze- 
losos literatos que formaban entonces aquella erudita Junta , pro- 
movida por el patriotismo , y sostenida por la amistad ; por con- 
siguiente sus nombres tienen un justo derecho á la memoria de 
la posteridad , y á la gratitud de sus sucesores. Húbolos de to- 
das clases y profesiones , para que se echara de ver que las Le- 
tras con ninguna están reñidas. Fueron estos , el Brigadier Don 
Francisco de Zabila , Capitán de Reales Guardias de Infantería 
Española ; Don Juan Antonio de Rada y Berganza , Abogado de 
los Reales Consejos , después Secretario de S. M. y Oficial en 
la Secretaría del Despacho Universal de Hacienda ; Don Manuel 
de Roda , Abogado entonces de los Reales Consejos , que mu- 
rió en 1782 Consejero de Estado , y Secretario del Despacho 
Universal de Gracia y Justicia ; el Conde de Torrepalma , Mi- 
nistro Plenipotenciario que fué de S. M. en la Corte de Vie- 
na , y Embaxador después en la de Turin ; Don Agustín de 
Montiano y Luyando , Oficial entonces de la primera Secreta- 
ría de Estado , y después Secretario de la Cámara y Estado de 
Castilla ; el Presbítero Don Gerónimo Escuer , Secretario de la 
Mayordomia Mayor del Rey ; Don Juan Martínez Salafranca , 
Capellán de la Real Capilla de San Isidro ; D. Leopoldo Geró- 
nimo Puig , Capellán también en la misma , y Bibliotecario de 



VIII NOTICIA HISTÓRICA 

S. M. autores ambos del Diario de los Literatos de España. Al 
primero se le considero por una tácita aclamación como Presi- 
dente , y al segundo como Secretario de la naciente Junta. 

Carecía esta de unas constituciones , sin las quales no po- 
día existir , ni prosperar , ni tener forma de Academia. Acordá- 
ronse , y extendiéronse las mas esenciales ; sin suspender por esto 
la lectura ordinaria de los asuntos repartidos. Tratóse con este 
motivo de darla empresa y mote , que es el que usa actualmente. 

Adoptado el emblema y leyenda , se presentaron y aproba- 
ron los nuevos Estatutos , reducidos á once capítulos , análogos 
á los exercicios y á la forma de Junta privada , muy distante 
entonces de las esperanzas de llegac á ser algún dia uno de los 
establecimientos insignes de la Nación. Abrazo por constitución 
el título de Academia Universal , pues sin ceñirse á facultad 
determinada , debia tratar de todo genero de ciencias , artes , y 
buenas letras. 

No bien se habían aprobado los nuevos Estatutos , quando 
se trato de dirigir las tareas del Cuerpo á objeto menos vago. 
Desde las primeras sesiones mereció nuestra historia nacional la 
principal atención , ya para adelantarla , ya para purgarla , con 
el auxilio de la crítica , de las fábulas y ficciones. Para corres- 
ponder á esta idea se acordó mudar el pomposo título de Uni- 
versal en el de Academia de la Historia , y adoptar el pensa- 
miento de un Diccionario Histórico-Crítico de España , sin que se 
dexase de conocer la dificultad de la empresa , que pedia mayor 
níímero de individuos , operarios mas desocupados , cierta auto- 
ridad pública , y alguna señal de honor que sirviese' de premio 
á sus fatigas. Pero el zelo y amor de la patria venció todos- los 
reparos (asi hubiese triunfado de las dificultades) ; y desde en- 
tonces fué abrazado este proyecto como único objeto de las ta- 
reas de la Junta. El me'todo y orden que debia llevar esta vas- 
ta obra en quanto á su división , dio origen á muchas y muy 
opuestas opiniones. Esta empresa , principiada con ardor, y ade- 
lantada con tesón en los primeros años , tuvo varias alteracio- 
nes^ sufrid mas adelante el contratiempo de verse ahogada en- 
tre las manos de los mismos que , queriéndola llevar á la per- 



DE LA ACADEMIA. JX 

feccion,se embarazaron en la execucion de un plan tan extenso. 

Estaba la Junta en el segundo año de su nacimiento ,csto es, 
en el de i736,quando el carácter , nombre , y número de sus 
individuos , lo reglado de sus sesiones , y la expectación en que 
éstas habían puesto al público , la sacaban , en cierto modo , de los 
límites á que parece debían reducirse unas conferencias tenidas 
en una casa particular , quando no se hallan legítimamente au- 
torizadas. 

Estas consideraciones dieron motivo á busenr los medios 
mas sólidos de asegurar la permanencia de este Cuerpo litera- 
rio , cuya solicitud encontró favorable acogimiento para celebrar 
sus sesiones en la Real Biblioteca , en sitio cómodo y reservado. 
Verificóse esta translación en 14 de mayo de 1736. 

La autoridad del alojamiento , y la especie de carácter pú- 
blico que con él adquiría la Junta , sirvieron de estímulo á la 
aplicación. Desde entonces fueron mas regladas las conferencias, 
mas freqüentes sus lecturas , mas eficaz la colección de materia- 
les para la grande empresa del Diccionario , y mas concurridas 
las sesiones ; bien que no faltaron murmuradores , ó envidiosos 
de la esperanza de la prosperidad de este establecimiento , que le 
suscitasen dificultades y contradicciones poderosas para su rui- 
na. Pero la constancia , que tantas cosas vence , venció también 
en esta ocasión. 

Luego que la Junta tuvo cierto método en sus exercicios , 
pensó en arreglar algunos puntos en lo restante de aquel año, 
para su mejor régimen ; creó los oficios anuos de revisores , com- 
pletó el número de los individuos , acordó la forma de sus admi- 
siones , y trató de perfeccionar su constitución por la experien- 
cia y el exemplo de otras Academias. 

Volvióse por aquel tiempo á tratar del modo de llevar ade- 
lante el Diccionario : deseábase hallar un arbitrio para evitar los 
inconvenientes que se tocaban cada dia en la aplicación de asuntos 
tan vagos á las materias peculiares en que se dividía entonces. 
Para suplir este defecto se propusieron unos Anales en que, sin 
omitir cosa digna de memoria , se refiriesen los sucesos concisa- 
mente para sacar después unos exactos índices de personas , co- 

B 



X KOTICIA HISTÓRICA 

sas , y lugares , que sirviesen en la formación de los artículos. 
Pareció natural y sencillo este medio , y mas fácil de lo que 
enseño después la experiencia. Sin embargo se siguió' este nue- 
vo método con algún calor por entonces , con la esperanza de 
que en lo succesivo podrían servir estos trabajos de materiales 
para una Biblioteca Histórico-Crítica de España , que feneció , co- 
mo los anteriores proyectos , antes de adquirir forma y robustez. 
Este era el estado de la Junta á mediados del año 1737, en 
que , creyéndose consolidada por el níímero de su§ individuos , 
sus circunstancias , y aplicación , solicitó la real protección del 
magnánimo FELirE Quinto , siempre propenso á favorecer los 
nuevos establecimientos en beneficio de las Letras : asi no se 
podia dudar que en su real ánimo hallaría acogida uno que 
tenia por objeto la Historia Nacional, i la qual había dado tan- 
ta materia y lustre S. M. con sus hazañas. 

REAL ERECCIÓN DE LA ACADEMIA. 

El éxito fué favorable , y correspondiente á la confianza que 
inspiraban los motivos de la solicitud , y la beneficencia del So- 
berano. Con fecha de 18 de abril del año siguiente de 1738 
fueron expedidos tres P^eales Decretos en Aranjuez por el Pri- 
mer Secretario de Estado y del Despacho Don Sebastian de" la 
Quadra , dirigidos : el primero, al Gobernador del Consejo para 
su cumplimiento , y expedición de la Cédula correspondiente ; 
el segundo , al Mayordomo Mayor de Palacio , por lo que per- 
tenece al fuero de Criados de la Real Casa concedido á los ac- 
tuales y futuros Académicos ; y el tercero , al P. Confesor de 
S. M. por lo correspondiente ala Real Biblioteca, de que era Xe- 
f e , y en donde celebraba sus Juntas la Academia. 

Decía en ellos S. M: que „ el amor con que había siempre 
„ procurado promover , para realce y esplendor de sus Reynos, 
„ las Ciencias y las Buenas Letras , y adelantar y distinguir á 
„ sus profesores , unido á la súplica que le habia hecho la Jun- 
„ ta que se congregaba en su Real Biblioteca para el estudio 
„ de la historia , y formación de un Diccionario Histórico-Crítico 



DE U ACADEMIA, XI 

„ Universal de España , y la consideración no menos de las gran- 
„ des utilidades que producirla esta vasta obra en beneficio co- 
,, mun , aclarando la importante verdad de los sucesos , dcster- 
„ rando las fábulas introducidas por la ignorancia o' la malicia, 
„ y conduciendo al conocimiento de muchas cosas que obscu- 
„ recio' la antigüedad , ó tiene sepultadas el descuido ; llevaron 
„ su Real ánimo á elevarla al título de Academia de ea His- 
„ toria , baxo de su soberana protección y amparo , é igual- 
„ mente á aprobar los Estatutos inclusos , y las facultades en 
,, ellos insertas : concediendo asimismo á los i#dividuos que la 
„ componian , y á los que la compusiesen en adelante, paraque 
„ les sirva de mas estímulo , el honor de criados de su Real Ca- 
„ sa , con todos los privilegios , prerogativas , y exenciones que 
„ gozan los que se hallan en actual servicio." 

Despachóse la Cédula por el Consejo Real , con arreglo á lo 
que prevenía el Decreto anterior , fecha en 1 7 de junio de aquel 
año , y publicada en 2 1 del mismo , con inserción de los Estatu- 
tos , que divididos en XXVII artículos , son los siguientes. 

PRIMITIVOS ESTATUTOS. 

Del Instituto de la Academia. 

I. JLJirigiendose la erección de esta Academia principalmen- 
te al cultivo de la Historia , para purificar y limpiar la de nues- 
tra España de las fábulas que la deslucen , é ilustrarla de las no- 
ticias que parezcan mas provechosas ; será su primer empresa la 
formación de unos completos Anales , de cuyo ajustado y co- 
pioso índice se forme un Diccionario Histdrico-Crítico Univer- 
sal de España , y succesivamente quantas Historias se crean úti- 
les para el mayor adelantamiento , tanto de las ciencias , como 
de artes y literatos , que , historiadas , se hacen sin duda mas ra- 
dicalmente comprehensibles. 

De los Académicos. 

II. El número de Académicos será de veinte y quatro,in- 

b 2 



XII NOTICIA HISTÓRICA 

clusos un Director , un Secretario , y un Censor , sugetos todos 
juiciosos , decentes , bien opinados , y de aplicación , é inclina- 
ción á los trabajos de Academia. 

III. Para admitir Académicos precederá memorial del pre- 
tendiente , que ha de dar al Secretario , quien suspenderá reci- 
birle hasta dar cuenta en la próxima Academia , en que toma- 
rá la orden de lo que deba executar. 

IV. Resolviéndose en la Academia la admisión del memo- 
rial , se dará cuenta de él en la inmediata , remitirá á informe 
del Censor , y en su vista se votará por votos secretos (prece- 
dida una pequeña conferencia), de los que ha de tener la ma- 
yor parte respecto de todos , ya sea solo uno el pretendiente á 
la plaza vacante , ya muchos : y al que asi quedare admitido , 
le dará el aviso el Secretario , paraque concurra en la próxima 
Academia , en que leerá una oración gratulatoria. 

V. Acaeciendo que algún Académico llegue á dar motivos 
tan graves , que le constituyan indigno de serlo á juicio de la 
Academia ; podrá excluirse de su Cuerpo , proponiéndolo el Cen- 
sor , y votandose por votos secretos. 

VI. Olvidando tanto algún Académico el trabajo , ó asistencia 
de la Academia , que lo omitiese por un año , sin motivo muy 
justo ; quede vacante su plaza , admitiéndose otro en su lugar. 

VIL Paraque no cesen los trabajos , y siempre permanezca 
el número de Académicos , se admitirán (observándose la mis- 
ma forma establecida ) veinte y quatro Supernumerarios , que 
por sus antigüedades substituyan , y ocupen el lugar del Nume- 
rario que , por servicio de su Magestad , o de la causa pública, 
haga larga ausencia ; entendiéndose que , aunque vuelva el Nu- 
merario , y llene nuevamente su plaza , el Supernumerario , con 
sola la distinción de este nombre , ha de conservar el voto y - 
facultades de los Académicos de Námero , en tanto que haya 
vacante. 

VIII. Indeterminadamente se admitirán por Académicos Ho- 
norarios á aquellos sugetos que , beneméritos á la Academia , se 
crean dignos de ser distinguidos con la gratificación de este 
título. 



DE LA ACADEMIA XIII 

IX. Todos y cada uno de los Académicos actuales , y los 
que en adelante se admitieren , han de jurar primero la defen- 
sa del misterio de la Purísima Concepción de María Santísima, 
la observancia de estos Estatutos , y el secreto en todo lo que 
se tratare y dispusiere en la Academia. 

De los Oficios. 

X. Tendrá la Academia un Director , que ha de durar por 
tiempo de un año , y se elegirá de los mismor Académicos por 
votos secretos ; el que no podrá ser reelecto el año inmediato 
á el en que finalize su empleo , á menos que gravísimos moti- 
vos obliguen á la Academia , concurriendo todos los votos , ne- 
mim discrepante , á dispensar esta ley , cuyo encargo será cuidar 
de todo lo económico y gubernativo de la Academia. 

XI. Ha de haber y nombrarse un Secretario por votos se- 
cretos , que será perpetuo , y de su cuidado recoger , conservar , 
y colocar los papeles de Academia , y responder todas las car- 
tas de ella , notar todo lo que se executase en las Juntas , tomar 
los votos secretos , y resumir los públicos , con todo lo demás 
correspondiente al nombre de Secretario , en cuyo poder han de 
estar los sellos mayor y menor de la Academia. 

XII. Sellará el Secretario con sello mayor todas las certifi- 
caciones y despachos que le ordenare la Academia , y con el 
menor las cartas que se hubieren de escribir á qualesquiera pa- 
rages , ya del Reyno , ya de fuera de él. 

XIII. Tendrá también la Academia un Censor , que se ha 
de elegir cada año como el Director , y ha de cuidar de la ob- 
servancia de las constituciones , y hacer presente á la Academia 
todo lo digno de reparo , enmienda , ó examen en qualquier ma- 
teria. 

XIV. Nombrará la Academia tres Revisores , que con asis- 
tencia del Secretario censuren , revean , y examinen las cédulas , 
papeles y trabaxos de los Académicos , notando lo que hallaren 
digno de reparo , de que se dará cuenta en la Academia después 
de comunicados al Autor los que se ofrecieren. 



XVI NOTICIA HISTÓRICA 

tad , un impresor ', y un librero , á quienes les despachará títu- 
lo en forma , donde se impriman (precediendo las licencias del 
Consejo ) y vendan las obras de la Academia , paraque cuiden 
mas bien de que salgan con el mayor lucimiento. 

XXVII. Siempre que el tiempo , circunstancias , y alteracio- 
nes de las cosas:_ manifiesten menos conveniente , ó totalmente 
impracticable ^alguno de los Estatutos anteriores] podrá la Aca- 
demia ( precediendo. aviso del Secretario á todos los Académi- 
cos , y el mas reflexivo y maduro- .-acuerdo) alterarle ¿ y mudar- 
le , estableciendo de nuevo lo que parezca mas conveniente y 
preciso. 

Aprobados por S. M. en Aranjuez á diez y ocho de abril de 
mil setecientos treinta. y ocho. 

. 1DOTACL0NDE LA ACADEMIA. 

: '. - ; . • C • I 

La próxima ruina que amenazaba á la Academia por los 
años 1743 , destituida de sus mas laboriosos individuos , arreba- 
tados unos por la muerte , y otros por causa de sus nuevos des- 
tinos , llego á mortificar á.los ^pocos fundadores que la sostenían, 
previendo malogrado el fruto de los afanes de tantos hombres 
zelosos. No le quedaba mas apoyo que el de la liberal mano 
del Rey, que le.habia dispensado su soberana protección. 

La Academia ,.que 'hasta entonces habia tenido la gloria de 
servir á S. M\ y al público 'á< expensas de sus mismos indivi- 
duos , hubiera celebrado poder continuar , haciendo mas estima- 
ción de la vanidad de este desinterés , que del logro de sus de- 
signios , porque contaba aun con el zelo y constancia de algu- 
nos Académicos , que no la hubieran desamparado hasta la muer- 
te. Pero como; semejante generosidad' no: podía esperarse de to- 
dos, ni era verosímil hallasen siempre' imitadores ; se vio obli- 
gada á representar á S. M. se dignase proporcionarle los medios 
de subsistir r , asi como se los habia dispensado para salir á la ex- 
pectación deLmundo con el honor de su real patrocinio. 

Conocía la Academia que las urgencias de la guerra , que 
entonces sostenía la Corona , no permitian gravar al erario : asi 



DE LA ACADEMIA. XVII 

propuso , supuesto que el cultivo é ilustración de la historia era 
un interés público del Reyno , se refundiesen en ella los oficios 
de Cronistas de nominación de S. M. agregándole los sueldos 
de sus dotaciones , que importaban 4© ducados. Oida favorable- 
mente esta súplica por S. M. , mando' expedir , con fecha de 25 
de octubre de 1 744 , tres Decretos ; á la Cámara ; al Consejo 
Real ; y al Supremo de las Indias ; en que decia : „ que para dar 
„ ú. la Academia de la Historia nuevos testimonios de su Real 
„ protección , del deseo que le asistía de su adelantamiento , y de 
„ la gratitud que le debían la aplicación y el desinterés con que 
„ desde que se formo habían continuado sus individuos las ta- 
„ reas literarias de su Instituto , y atendiendo también á que el 
„ principal fin de estas mira á facilitar la utilidad y gloria de 
„ la Nación ; habia venido en refundir é incorporar en ella los 
„ oficios de Cronistas generales y particulares que son de nom- 
„ bramiento de la Corona , haciéndola desde luego merced de los 
„ que se hallaren vacantes , con la futura de los que estuviesen 
„ provistos , incluso el de Cronista mayor de las Indias." Pero 
esta plaza y sueldo de 12$ reales de vellón , no se verificó has- 
ta el año 1756. 

La Academia , á tiempo que por su vacilante estado iva per- 
diendo las esperanzas de subsistir, se vid protegida , dotada , y en- 
caminada á hacerse un honorífico lugar entre las célebres de Eu- 
ropa. Después de asegurada su dotación , se trató del uso é in- 
versión de caudales en salarios , asistencias , gratificaciones , y de- 
posito para gastos extraordinarios. 

DISTINCIONES DE LOS REYES. 

Este Cuerpo no solo debe esta señal de liberalidad y muni- 
ficencia á los Señores Reyes , sino otras muchas de aprecio y dis- 
tinción , que ha merecido en todos tiempos á su soberana be- 
nignidad. Desde que en 1739 se sirvió S. M. mandar se inclu- 
yese á la Academia en el repartimiento de balcones para la ópe- 
ra , que en el teatro del JBuen-Retiro se cantó en celebridad del 
casamiento del Señor Infante Don Felipe con la Princesa Doña 

c 



XVIII NOTICIA HISTÓRICA 

Luisa Isabel , hija primera del Rey Chr istia nísimo , se han con- 
tinuado los exemplares de esta- distinción en quantas funciones, 
regocijos, y festejos públicos se han executado , de corridas de 
toros , de parejas , y de besamanos en que se convida de etique- 
ta á los supremos tribunales , y cuerpos privilegiados de la Cor- 
te , con motivo de bodas , proclamaciones , y otros sucesos fe- 
lices de la monarquía. Para todos estos acontecimientos ha te- 
nido siempre la Academia la honra de presentar á los Reyes , 
al tiempo del besamanos , que cumple por medio de diputación, 
una arenga gratulatoria impresa , alusiva al objeto. 

La que se imprimid en 1760 con motivo de la exaltación 
de Carlos III al trono , se encargo á Don Ignacio Hermosilla. 

Con motivo del matrimonio de la Señora Infanta Doña Ma- 
ría Luisa con el Señor Archi-Duque de Austria Leopoldo , Gran 
Duque de Toscana , en 1764 , se imprimió y presento otra ; cu- 
ya composición se había encargado á D. Josef Miguel de Flores. 

Para felicitar á S. M. por el matrimonio del Serenísimo Se- 
ñor Don Carlos , Principe de Asturias , con la Serenísima Seño- 
ra Princesa de Parma Doña María Luisa ( hoy felizmente rey- 
nantes) se imprimid y presento otra , de cuya extensión se en- 
cargo Don Pedro Rodríguez Campománes , entonces Director 
de la Academia. 

Con motivo del feliz alumbramiento de la Serenísima Se- 
ñora Princesa de Asturias , y nacimiento del Infante Don Car- 
los Clemente , heredero de España , se imprimid y presentó otra 
en 1771.de cuya extensión se encargó el mismo Señor Cam* 
pománes. 

En celebridad del nacimiento del Infante Don Carlos Euse- 
bio , hijo de los Señores Príncipes de Asturias en 1780 , se impri- 
mid y se presento otra, formada por Don Ramón de Guevara. 

En celebridad del nacimiento de los Señores Infantes Ge- 
melos Carlos y Felipe , hijos de los Serenísimos Señores Prínci- 
pes de Asturias , se imprimid y se presentó otra , extendida por 
Don Josef Viera. 

Para felicitar á S. M. por los casamientos de la Señora In- 
fanta Doña María Carlota , hija de los Serenísimos Señores Prín- 



DE I.A ACADEMIA. XÍJC 

cipes de Asturias , con el Infante Don Juan de Portugal , y del 
Infante de España Don Gabriel con Doña Mariana Victoria , 
hija de la Reyna Fidelísima en 1785 , se imprimid y se entre- 
gó otra, compuesta por Don Felipe de Ribero y Valdés. 

Con el glorioso motivo de la exaltación de Carlos IV ( hoy 
felizmente reynante) al trono de las Españas en 1789 , se impri- 
mid y se presentó otra , extendida por D. Antonio de Capmany. 

Sin las ocasiones de estos grandes motivos de júbilo , ha go- 
zado la Academia entera , dentro de su mismo seno, de mayores 
honras , dispensadas inmediatamente por la bOTidad de las Per- 
sonas Reales. En 16 de enero de 1786 fué honrada en su pro- 
pio alojamiento por la Reyna nuestra Señora , entonces Prince- 
sa de Asturias , quando vino del Sitio del Pardo á Madrid , en 
compañía de las Señoras Infantas Doña Carlota Joaquina, su hi- 
ja , y Doña María Josefa , á ver los monumentos y el estado li- 
terario de este establecimiento. 

No fué esta la dltima vez que ha recibido la Academia tan 
honrosas y lisongeras visitas. En 1 5 de julio del año pasado de 
1704 , el Serenísimo Señor Príncipe heredero de Parma , entre 
otros establecimientos públicos , que su afición á las ciencias le 
llevo á observar , fué la Academia de la Historia , en cuyo re- 
conocimiento prolixo , y en la -afable y erudita contextacion que 
mantuvo , manifestó S. A. mucha satisfacción é inteligencia. 

Con alusión á tan plausible motivo dixo á S. A. el siguiente 
epigrama el Académico de número D. Casimiro Gómez Ortega: 

Dum libros , Jimenis Princeps , Academia , et acti 
Temporis ostendit , dum monumenta , tibi ; 

Ij?si materiem scribendi dant tua •virtus , 

Doctrina , ingeniam : mox tua gesta dabunt. 

No bastaran para conseguir estas distinciones , ni el nombre 
de la Academia , ni el crédito de sus individuos , ni la impor- 
tancia de sus monumentos , si la decencia y comodidad de su 
alojamiento no la hubiesen proporcionado la dichosa ocasión pa- 
ra recibir las personas de tan altos é ilustres observadores. 

c 2 



XX NOTICIA HISTÓRICA 

La Academia , que habia estado sin domicilio propio desde 
su fundación , celebraba sus Juntas en una pieza estrecha é in- 
co'moda de la Real Biblioteca , inconveniente que en su infan- 
cia , y quando apenas era conocido en el Reyno el estudio de 
la antigüedad , pudo tolerarse ; pero , hallándose en la imposibili- 
dad de tener baxo de decente custodia su librería , monetario , 
y otros efectos que habia adquirido , y de situarlos para su me- 
jor conservación y uso , con utilidad de los literatos y gloria de 
la Nación , hizo presente á S. M. estos poderosos motivos para 
que se dignase concederla el Real Quarto de la casa de la Pa- 
nadería , que habia ocupado la Real Academia de San Fernan- 
do desde 174 5, y dexaba á la sazón para trasladarse á su nue- 
va casa de la calle de Alcalá. Vino S. M. en dispensarla , con 
decreto de 25 de junio de 1773,1a gracia de la posesión de 
dicho Quarto : el qual la Academia ha procurado adornar de un 
modo que haga patente al público la munificencia con que el 
Soberano protege y honra las letras. 

DADIVAS Y REGALOS. 

En el cuerpo de este resumen histórico merece un princi- 
pal lugar la memoria de las dádivas y regalos de obras , meda- 
llas , y otras antigüedades , que ha recibido la Academia de la 
real liberalidad de Carlos III en distintas ocasiones. 

En 1763 se digno S. M. regalar ala Academia la Descrip- 
ción del Real Palacio de Caserta , 1 tomo en folio imperial ; y el 
Catálogo y pinturas antiguas de Herculano , 4 tomos en folio de 
marca mayor , habiendo después remitido el quinto en 1780 : en 
1766 tres medallas , una de oro, otra de plata , y otra de bron- 
ce , acuñadas con motivo del casamiento de los Serenísimos Prín- 
cipes de Asturias : en 1773 trece monedas de plata y siete de 
cobre , halladas en las excavaciones que se hacían en la Coruña 
para desaguar el parque de artillería llamado de Santa Bárbara: 
en el mismo año una medalla de plata , que se dedico en Ale- 
mania al Santo Padre Clemente XIV por la obra de la extin- 
ción del Orden de los Jesuítas : por aquel mismo tiempo dos- 



DE XA ACADEMIA. XXI 

cientos veinte y cinco monedas de plata romanas , que se halla- 
ron sacando piedra para la composición de la acequia de Col- 
menar , casi en frente de las ruinas del antiguo castillo de Aure- 
lia , ahora llamado Oreja ; una moneda de oro del Rey Don Pe- 
dro de Castilla , y ochocientas noventa y quatro de plata , per- 
tenecientes á Reyes de España , halladas en las inmediaciones de 
la Villa de Almagro : en 1788 , tres medallas de oro, plata, y 
cobre , acuñadas en México por el Cuerpo de la Miriería , en ce- 
lebridad del nacimiento del Serenísimo Príncipe Don Fernan- 
do : y en el mismo año una colección de medallas rusas de co- 
bre , en número de ciento cincuenta y seis, divididas en tres clases. 

Entre las muchas demostraciones que ha debido la Acade- 
mia á la generosa memoria de algunas personas , que , sin ser 
del número de sus miembros , se han distinguido en todos tiem- 
pos , se deben contar los dones de monedas y antigüedades varias, 
luego los presentes de manuscritos y libros raros , y últimamente 
las descripciones y otros documentos geográficos de pueblos o 
provincias , con que la han enriquecido. 

La Academia creería faltar á las leyes de la gratitud , si no 
hiciese honorífica mención de los sugetos que manifestaron su 
amor á este Instituto por diferentes caminos , perpetuando sus 
nombres en esta historia. En sus respectivos lugares se leerán los 
de aquellos que han contribuido en todos tiempos al acrescen- 
tamiento de los tesoros literarios de este Real Cuerpo. Y si no 
se temiese faltar á la modestia que deben guardar las comuni- 
dades , no menos que los particulares , quando se trata de los su- 
yos ; se podría dar aquí una relación de aquellos Académicos cu- 
ya liberalidad se ha señalado en este género de presentes. 

Entre los estraños que han dado medallas muy estimables y 
raras en poca o mucha cantidad , para aumento del museo de la 
Academia , son los siguientes , por su orden de antigüedad , que 
comprehende desde el año 1740 hasta 1760, y con los empleos 
d destinos que tenía cada uno á la sazón : D. Ginés de Hermosa 
y Espejo , Asistente que era de Sevilla. El Marques de Fontanar, 
del Consejo de S. M. en el de Hacienda. D. Julián de Hermo- 
silla , del mismo Consejo. D. Ramón Velarde , Colegial en el Ma- 



XXII NOTICIA HISTÓRICA 

yor del Arzobispo. D. Josef de Yuste y Ferráz. D. Andrés Gó- 
mez de la Vega , Intendente del Exército y Reyno de Valencia. 
D. Miguel María de Nava , del Consejo y Cámara de Castilla. El 
Maestro Fr. Henrique Florez , del Orden de San Agustín. D. Jo- 
sef de Rada , Gobernador de Cieza. El Maestro Fr. Antonio Ro- 
dríguez , Monge Cisterciense. D. Leopoldo Gerónimo Puig , Bi- 
bliotecario de S. M. D. Josef Fuentes Mangas , Alcalde Mayor de 
.Zamora. D. Antonio Martínez , Corregidor de Cervera. 

Desde entonces Cuerpos y particulares se señalaron en dis- 
tinguir con su memoria y liberalidad á la Academia. La Real de 
las Nobles Artes la regaló , por agosto de 1 751, seis inscrip- 
ciones arábigas , copiadas del palacio de la Alhambra de Grana- 
da ; y después un quaderno de todas las que existían en aque- 
lla ciudad á fines del año 1556, hecho de orden de su Ayun- 
tamiento. 

Ocupará aquí el debido lugar el nombre del Señor Duque 
de Arcos Don Antonio Ponce de León , por la generosidad con 
que costeo la edición del Diccionario Numismático de Don An- 
drés de Gúseme , que contribuye en gran manera á perpetuar la 
fama postuma de un Académico de mérito tan distinguido , á 
promover el honor de la Academia , el adelantamiento del Ins- 
tituto , y la instrucción nacional. 

No es menos acreedor á la gratitud y memoria de la Aca- 
demia Don Guillermo Caserta Daenens Stuard , natural de es- 
tos Reynos , y oriundo de Sicilia , Barón de Santa Cruz de San 
Carlos , que habiendo impuesto trescientos mil reales en calidad 
de vinculación en el Banco Nacional , puso la condición de que, 
por falta de sus parientes en España , se repartiesen sus intereses 
por terceras partes entre el Hospital general de Madrid , la Jun- 
ta de Caridad, y la Real Academia de la Historia , paraque con 
ello premiase ésta anualmente los Discursos que tubiese por con- 
veniente. De este legado se dio aviso por la Real Cámara á la 
Academia en julio de 1784. 

No es de menor aprecio la colección de doscientas trein- 
ta y seis medallas de bronce de series imperiales , que se sir- 
vió regalar á la Academia en 1785 el Ilustrísimo Señor Don 



DE LA ACADEMIA. XXIII 

Agustín Rubín de Cevallos, Obispo que fue de Jaén, é Inqui- 
sidor General. 

Otro de los sugetos , cuyo nombre jamás podrá olvidar la 
Academia, es el Conde de Gomara , Alférez mayor de la ciu- 
dad de Soria , que por julio de 1789 la hizo la generosa dá- 
diva de un juego entero de medallas , mandadas acuñar á su cos- 
ta con motivo del acto de proclamación del Rey N. S. Car- 
los IV.executado en aquella ciudad. Estas medallas , abiertas por 
Don Antonio Martinez , artífice platero en esta .Corte , eran en 
número de once , y en tres tamaños , es á saber ; una de oro , y 
dos de plata de gran modulo ; dos de oro , y dos de plata de 
mediano ; y lo mismo de menor. 

Igual memoria merece en este lugar la Real Academia de 
las tres Nobles Artes de la ciudad de México , que por mano 
del Excelentísimo Señor Conde de Revillagigedo , Virey enton- 
ces de Nueva España, la hizo el presente de dos exemplares , 
uno de plata , y otro de cobre , de la medalla que había acuña- 
do en 1792 en obsequio de su augusto fundador Carlos III , in- 
cluyendo la explicación impresa de ell3. 

También la Real Junta General de Comercio y Moneda , 
deseosa de comunicar á este Cuerpo Literario , para su buen uso 
y debida custodia , quantos monumentos y reliquias de antigüe- 
dad adquiera de los pueblos y demás parages de estos Reynos; 
le remitió en 1792 ciento sesenta y nueve monedas árabes de 
plata , de la magnitud de nuestras pesetas , entresacadas de las qui- 
nientas y ocho que se habían hallado dentro de una olla en el 
lugar de Pinos de la Puente del Rey no de Granada. La Aca- 
demia contexto con las mas expresivas gracias á esta liberal de- 
mostración de aquel Supremo Tribunal. 

Tampoco puede olvidar este Cuerpo la buena memoria que 
debe á otro extrangero de los conocidos hoy en la Europa culta, 
el Excelentísimo Señor D. Juan de Braganza , Duque de Lafoens, 
Presidente de la Real Academia de Ciencias de Lisboa , quien 
con fecha de 19 de mayo de 1790 remitid en nombre de ella á 
la nuestra diez volúmenes de las obras que hasta allí tenia publi- 
cadas o' premiadas. En la carta , dirigida al Director , el Excmo. 



XXIV NOTICIA HISTÓRICA 

Sr. Conde de Campománes, manifestaba aquel ilustre y sabio mag- 
nate los deseos de mantener correspondencia literaria entre las dos 
Naciones : y la Academia acordó, para cimentar este comercio, 
y en cambio de este primer acto de amistad , se formase una co- 
lección de todas las obras hasta entonces dadas á luz á expen- 
sas , ó por encargo , o' dirección suya ; y recogidas , se remitie- 
ron con expresiones de buena y pura armonía. 



TRABAJOS LITERARIOS. 
§. I. 

DICCIONARIO HISTÓRICO-CRITICO UNIVERSAL. 

JLIesde que la Junta se vid erigida en Academia , dedico todos 
sus conatos al Diccionario Histórico-Crítico Universal de España, 
sobre cuyo método duraba aun la variedad de opiniones ; y és- 
tas , haciendo tocar cada dia nuevas dificultades , produxeron el 
proyecto, de un Aparato á los Anales y Diccionario , que debía 
comprehender trece tratados : el i.° Historia en general: 2." Geo- 
grafía Antigua: 3." ídem Moderna: 4. Historia Natural: ¡"Pri- 
mer poblador de España : 6." Lengua Primitiva : 7. Religión y Cos- 
tumbres : 8." Cronología : 9. Genealogía : io.° Medallas , inscripcio- 
nes , privilegios , y demás monumentos: 1 1 .° Cronicones falsos , y au- 
tores que se valieron de ellos : 12.° Los que merecen entera fe: 
1 3 ° Reglas Críticas. De estos tratados eligid cada Académico el 
que mas convenia á su particular estudio ; y aunque mucho se 
adelanto en esta empresa , no faltaron después embarazos para des- 
empeñarla en todas sus partes. 

De todas estas ideas solo tuvieron efecto la de la Historia 
Natural , al cargo del Señor Navarrete ; la Cronología , que em- 
pezó el Señor Ribera , y perfecciono el Señor Ulloa ; las Medú' 
lias , cuyo estudio produxo el Museo Numismático , que posee 
y va adelantando la Academia ; y la Geografía , que dio origen é 
impulso al Diccionario Geográjico-Histórico de España , en que se 



DE LA ACADEMIA. XXV 

está trabajando desde 1773 , cuyos materiales componen hoy mas 
de 22$ cédulas , sin contar las de montes , rios , baños , y mi- 
nas , para cuyas noticias y descripciones se han puesto en prác- 
tica diversos medios. 

Deseaba la Academia tener alguna noticia de los preciosos 
mss. de la Real Biblioteca del Escorial , principalmente de los 
que pudiesen contribuir al adelantamiento de nuestra cronolo- 
gía y geografía. Alcanzadas las licencias necesarias , hicieron el 
viage dos Acade'micos comisionados , Don Juan Antonio de Ra- 
da , y Don Francisco Manuel de la Huerta , en mayo de 1739, 
á quienes se franqueo lo mas recóndito de aquella librería : fa- 
vor que merecieron al Prelado y á su ilustre Comunidad , que con 
la misma generosidad y atención ha continuado hasta hoy en 
quantas ocasiones se ha ofrecido á la Academia hacer algún re- 
conocimiento tí uso de sus ctídices. 

Entre los principales tratados de que se había de compo- 
ner el Aparato , era el de la cronología hasta el nacimiento de 
Christo ; y como su computo ocasiono' varios pareceres , ésta va- 
riedad hizo alterar las primeras resoluciones. En el tratado de 
la Geografía antigua y moderna , no hubo menos embarazos pa- 
ra determinar el meridiano de España : operación imposible á la 
Academia sin el auxilio del Gobierno. Otras dificultades se ofre- 
cieron sobre los demás asuntos del Aparato , lectura del plan , 
y privilegios de algunos de ellos : cuya publicación se imposi- 
bilitaba cada vez mas , pues las materias de que se habia de com- 
poner , por su dificultad y extensión no podían caber en un so- 
lo volumen , como se pretendía. De aqui provino que se prefi- 
riese el adelantamiento de la Geograjía y Cronología , dexando 
la Historia Natural al cargo del Señor Navarrete. Para la exe- 
cucíon de este trabajo se prescribieron reglas fixas. 

Iba acreditando la experiencia la utilidad de haber suspen- 
dido los demás asuntos del Aparato , dedicándose exclusivamen- 
te á los objetos de la Cronología , Geografía , é Historia Natural. 
Para mayor estímulo se obligo á cada Académico á leer por tur- 
no su respectiva tarea en las Juntas ordinarias , y paraque los 
Honorarios , establecidos en las Provincias , contribuyesen con no- 

D 



XXVI NOTICIA HISTÓRICA 

ticias y materiales , se les pasó una instrucción impresa. Pero 
es sensible haber de confesar , que en ningún tiempo ha cor- 
respondido el fruto á las esperanzas de la Academia. 

Sin embargo de hallarse ésta por los años de 1743 destitui- 
da de la asistencia de la mayor parte de sus operarios , jamás 
falto algo que leer en las Juntas , porque , habiéndose suspendi- 
do todas las obras del Aparato , se encargaron las cédulas para 
el Diccionario Histórico , dispuestas por artículos. Varióse poco 
después el método , y se acordó que por materias , como se em- 
pezó á executar. 

Sin embargo de ser el Diccionario la primera obra que se 
emprendió , y una de las que señaladamente se ofrecieron al Rey 
y á la Nación ; vino á quedar otra vez suspensa , á fuerza de 
excogitar métodos, y de prescribir reglas , cuya observancia ve- 
nia á quedar desmentida por la práctica. 

Abrumada la Academia de dictámenes y reformas en 1746, 
se halló al fin indecisa. Volvióse á adoptar el plan , orden , divi- 
sión , y estilo propuesto , y se acordaron las Reglas de crítica, 
que como parte del Aparato á la Historia de España , habían de 
servir de preliminar al Diccionario , y se dividían en autoridad, 
tradición, y conjetura : estas fueron encargadas á los Señores Ulloa, 
Medina , y Riezu. 

Continuóse todo aquel año trayéndose cédulas para el Dic- 
cionario ; pero su lectura desengañó quan expuestas estaban á in- 
finitas controversias , si no las precedía la Cronología. Desde en- 
tonces , hasta fines del año 1747^0 se hace mención en las 
Actas de mas cédulas para el Diccionario , ni del Diccionario 
mismo , llevándose la mayor atención las Disertaciones , de que 
se hablará adelante : de las quales alguna produxo dos , y tres, 
por la complicación de los asuntos que abrazaba. 



DE LA ACADEMIA. XXVII 

§. II. 

CRONOLOGÍA. 

.La necesidad , reconocida por toda la Academia desde el año 
1747 , de que á la formación de las cédulas para el Dicciona- 
rio Histórico debia preceder la Cronología , obligo á que se adop- 
tase con preferencia este trabajo , en que tenia mucho adelanta- 
do y leido ya Don Manuel de la Huerta. Pefo las correccio- 
nes y adiciones , propuestas por los Revisores , desazonaron á su 
autor , que no quiso abandonar su método y sistema ; y paraque 
esta desconformidad no causase atraso , se formo una Junta eft 
19 de febrero de 1749, en la qual , examinados el escrito y la 
censura de los Revisores , se tuvieron por justos sus reparos. 

Por excesiva confianza no se habia prescrito hasta entonces 
método alguno para esta obra. Advertidos por la Junta los in- 
convenientes de semejante omisión , se encargó al Señor Ribe- 
ra formase un plan asociado de Don Martin de Ulloa , el qual 
fué aprobado ; y según él , debia comprehender la obra un dis- 
curso preliminar , y quatro tratados. De toda la obra se encar- 
go'- el Señor Ulloa , reservando para su compañero el preliminar, 
y el tratado elemental de la Cronología. 

Adelantábase la obra , pero para vencer ciertas dificultades 
urgía la confrontación de algunas memorias con los códices ori- 
ginales. Para esta operación pasaron en 175 1 , comisionados por 
el Cuerpo , Don Lorenzo Dieguez , y Don Pedro Rodríguez 
Campománes , á la Real Biblioteca del Escorial , donde , sin per- 
donar fatiga , hicieron observaciones y cotejos sumamente útiles 
á la cronología de los Godos , de sus Concilios , y de los pri- 
meros Reyes de Asturias y León : por este medio fué fácil rec- 
tificar muchos puntos que el Señor Ulloa dexaba dudosos. Pero 
el nuevo destino de este Académico fuera de España , no le de- 
xó concluir la cronología de Navarra , Aragón , Portugal , Con- 
dado de Barcelona , Señorío de Vizcaya , la sucesión de los Pa- 
pas , y la de los Califas y Régulos árabes de España ; que des- 

d 2 



XXVIII NOTICIA HISTÓRICA 

pues se encargaron por su orden cada una á los Señores Domín- 
guez , Medina , Ribera , Hermosilla , Dieguez , y Campománes. 

Después de la ausencia del Señor Ulloa , los Académicos en- 
cargados de los ramos que su compañero no dexd escritos , ocu- 
paron la mayor parte de las sesiones desde 1752 hasta 1757. 
Tratábase de dar á estos trabajos la corrección necesaria para pu- 
blicarlos ; después se reconoció que la Cronología de la Acade- 
mia debia ser una puntualísima y segura regla de los tiempos 
para las demás obras en que hubiese de ocuparse el Cuerpo , y 
asi se pasaron á riguroso examen las enmiendas y suplementos 
en Junta nombrada á este fin, que duro hasta marzo de 1760. 

Hasta fines de 1757 habia sido el Señor Dieguez el tínico 
encargado de examinar la Cronología del Señor Ulloa , con el au- 
xilio de monumentos originales ; pero considerándose demasiado 
gravosa esta comisión , se repartió entre los individuos de la Jun- 
ta , tomando un reynado cada uno. Notóse que la cronología des- 
de la entrada de los Godos en adelante era demasiado sucinta, 
porque solo seguía las épocas y sucesos mas memorables ; y se 
acordó comprehendiese la parte genealógica , escusando aquellas 
circunstancias que no fuesen precisas para fixar el tiempo. 

A fines de 1754 ya estaba revisto todo lo precedente á la 
irrupción de los Árabes : solo la cronología de los Godos pe- 
día nuevos cotejos y comprobaciones. El viage que en 175 1 hi- 
cieron, de orden y á expensas de la Academia, los Señores Die- 
guez y Campománes á la Biblioteca del Escorial , habia sido muy 
breve para tan prolixo trabajo. Era preciso el reconocimiento 
de nuevos originales : y asi se hizo segundo viage por los mis- 
mos dos Académicos con una orden de S. M. , y una instruc- 
ción de la Academia , acompañándoles algunos dias D. Ignacio 
de Hermosilla , y Don Luis de Herrera. Traxéronse copiados con 
fidelidad y hermosura diversos co'dices y otros mss. importan- 
tes , con que se enriqueció la Academia , los quales pueden ver- 
se en el §. que trata de los Viages Literarios , como también la 
calidad y numero de estos monumentos. 

Con las correcciones que por medio de estos nuevos docu- 
mentos se hicieron á la cronología del tiempo anterior á la per- 



di; la academia. xxix 

dida de España , pareció que ya se podría ir imprimiendo esta 
parte , mientras se perfeccionaba la del tiempo sucesivo , y se 
formaban las tablas cronológicas. Pero la discordancia de pare- 
ceres , nacida mas de escrupulosidad y deseo del mejor acierto , 
que de motivos personales , hizo suspender la publicación de esta 
obra : hasta que por marzo de 1787 se presento á la Academia 
nuevamente con los tratados que la comprehenden , para acor- 
dar los que se debían imprimir. 

La Sala de Antigüedades , formada en la Academia en 1792 
según los nuevos Estatutos , empleó sus primeras sesiones en re- 
conocerlos y examinarlos sobre el plan del Señor Ribera. En su 
vista se acordó dar principio al tomo II de Memorias con la 
Cronología , reconocida y calificada antes por la expresada Sala : 
y paraque llevase esta obra la posible perfección , examinándola 
y purgándola de qualquier yerro de pluma , ó equivocación no- 
table que tuviese en la ortografía , computación , ó propiedad de 
lenguage,se nombró á los Señores Manuel , y Trigueros , que 
asociados de los Señores Arnao , y Muñoz , cuidasen de este re- 
conocimiento , y de quanto les pareciese conveniente para la 
mas clara y exacta edición , ilustrándola con algunas notas críti- 
cas , si las juzgasen necesarias. 

§. III, 

GEOGRAFÍA. 

-txsi como á* la Historia sirve la Cronología , debe la Geografía 
ayudar á entrambas. Trató , pues , seriamente la Academia de 
ilustrar la de España con mapas , sin olvidarse de la escasez de 
medios (pues no estaba aun dotada) para darles alguna perfec- 
ción. Conocia la inexactitud de las cartas topográficas de nues- 
tras provincias , obispados , y territorios , hechas muy pocas de 
ellas científicamente ; y en este supuesto no podia lisongearse de 
determinar en las suyas las latitudes y longitudes. Sin embargo, 
como sin los mapas es imposible dar una idea clara y puntual 
de la situación y demarcación de los pueblos; se resolvió en 28 



XXX NOTICIA HISTÓRICA 

de noviembre de 1 740 , formarlos en el modo posible , para- 
que acompañasen al Aparato , hasta que el tiempo proporciona- 
se mas exactas observaciones. Pero como el mismo tiempo des- 
cubrió' nuevas dificultades ; desengañóse al fin la Academia de que 
no podrían tales mapas ser dignos de su nombre ; y asi desistid 
de la empresa , contentándose con juntar materiales para la des- 
cripción de la España antigua y moderna. 

Esta nunca se perdió de vista , habiéndose adelantado , aun- 
que lentamente , con varias memorias hasta fin del año 1750, 
que se suspendió por la tercera y última vez. Posteriormente , 
esperanzada la Academia con las loables diligencias y liberalidad 
de algunos sugetos de dentro y de fuera de ella ; volvió á tra- 
tar de acopiar ó ilustrar copiosas noticias de la antigüedad to- 
pográfica. 

Entre otras adquirid y posee una historia , con la descrip- 
ción de sus fragmentos , de la gran ciudad de Segeda , de los Are- 
vacos : una lista de los pueblos , rios , montes , y sitios de Es- 
paña de que hacen mención los autores antiguos , asi geógrafos, 
como historiadores , y poetas : un Discurso geográfico , en que se 
sostiene que la antigua Hipa Magna sobre el Betis no es la Vi- • 
lia de Peñaflor , sino Alcalá del Rio , escrita por Don Alonso 
Carrillo : una Disertación histdrico-geográfica de la Villa de Cas- 
tro del Rio y su comarca , á seis leguas de Córdoba , por Don 
Bartolomé Sánchez de Feria : otra Disertación sobre el lugar y 
tiempo en que se celebro el Concilio Iliberitano , por Don Jo- 
sef Tormo , Obispo de Orihuela ; otra sobre si la Colonia Pax 
Julia fué Badajoz , d Beja , por Don Antonio Dacunha , con el 
dictamen de Don Pedro Campománes : otra sobre el descubri- 
miento de una población antigua de la Bética , llamada Muni- 
guense , comprobado por las inscripciones que contiene , y otras 
noticias geográficas , para el gusto de los antiquarios , por Don 
Tomás de Gííseme : otra sobre el sitio de la antigua Intercatia 
de los Vacceos , por Don Manuel Junco Pimentel : noticias de 
la Ciudad de Bascos , por Don Ignacio Hermosilla : Descripción 
de la antigua Numancia , por Don Juan Bautista López : Me- 
moria , en que se trata de investigar el verdadero sitio de la 



DE JLA ACADEMIA. XXW 

Silla Célense , por Don N. Freyre de Andrade: Adiciones á las 
Antigüedades y Convento Jurídico de Sevilla , que dexo' MS el Doc- 
tor Rodrigo Caro : Disertación sobre el nombre y fundación de 
Itálica y Sevilla , por Don Alonso Carrillo : Disertación sobre la 
antigua Itálica , por Don Antonio Fernandez Prieto y Sotélo: 
Discurso apologético , probando que la antigua Ulia estuvo en 
donde ahora Montemayor , sin nombre de autor : Disertación 
sobre el sitio de la antigua Ciudad Limica , ó Lemica , por Don 
Joscf Cornide : Observaciones sobre la ruina o despoblado de 
Turdeto , que se ve en Arcos de la Frontera , por Don Tomás 
de Giíseme: Noticia del despoblado de Setefilla en Andalucía, y 
congetura sobre la situación de la antigua Aria , por el mismo 
Giíseme. Noticia del despoblado del Municipio Ármense en la 
Bética , y de las antigüedades que existen en la Villa de Alcolea 
de la Orden de San Juan , con la determinación del Municipio 
Canamcnse , por el mismo Güseme : Historia de Tortosa , y de la 
Región Mergabonia , que comprehende lo que hoy es su Obispa- 
do : Noticia de las pilas bautismales de Osset , sitio de esta anti- 
gua población , y particularidades de sus fuentes. 

Los adelantamientos que se iban haciendo en este ramo de 
las antigüedades topográficas , animaron á la Academia á tratar 
seriamente de la geografía moderna de España , reducida á for- 
ma de Diccionario Universal ; de cuya obra se trata en su §. 
correspondiente. 

§. IV. 

DISERTACIONES HISTÓRICAS. 

-L/ebe ocupar también un lugar distinguido la noticia de las Di- 
sertaciones , que desde el año 1747 se abrazaron con gran calor 
por casi todos los Académicos ; bien que era un trabajo resuel- 
to y encargado ya desde 1736, con el fin de dar alguna luz á 
diversos puntos dudosos, ó difíciles de nuestra historia. 

Entre ellas hay algunas dignas , mas por su objeto y exac- 
titud que por su estilo , de la atención de los lectores , especial- 



XXXII NOTICIA HISTÓRICA 

mente de las que se trabajaron antes del reynado de Carlos III, 
quando la precisión y la filosofía tenían aun poca entrada en 
nuestra literatura. Pero entre las que han sido extendidas en tiem- 
pos mas modernos , se han escogido aquellas que merecen la luz 
pública por la materia , el método , y la novedad , y tendrán su 
lugar en los tomos de Memorias Académicas. 

Por los años 175 1 se empezaron á presentar y leer varios 
papeles dirigidos á averiguar con mayor exactitud la verdad en 
algunos puntos en que se hallaba desfigurada ú obscurecida. Ta- 
les fueron , entre otros , dos Disertaciones de Don Antonio Hi- 
larión Domínguez ; la una sobre el primer poblador de España , y 
la otra sobre el principio del Reyno de Navarra : otras dos de 
Don Francisco de Ribera sobre la •venida de Otger y los nueve 
Barones á Cataluña , y sobre los primitivos Condes de Barcelona : 
la de Don Gregorio de Campos sobre la patria de los Empera- 
dores Tr ajano , Hadriano , y Teodosio : la de Don Pedro Rodrí- 
guez Campománes : sobre las leyes y el gobierno de los Godos en 
España : la de Don Juan Luis de Novela sobre el año y dia de 
la consagración de la Iglesia de Santiago : la de Don Lorenzo 
Dieguez sobre la entrada de la Religión de San Benito en Es- 
paña : la de Don Miguel Eugenio Muñoz sobre el pavimento 
tesserato antiguo de Murviedro , acompañada de un diseño : la de 
Don Martin de Ulloa sobre el gobierno de los Romanos en Es- 
paña : y la de Don Francisco de Milla sobre el enlace de los an- 
tiguos Reyes de Oviedo con los Godos. 

También se leyd por aquel tiempo el Ensayo sobre los Alfa- 
betos de las letras desconocidas que se encuentran en las mas an- 
tiguas medallas y monumentos de España , que había escrito Don 
Luis Josef Velazquez. Lo extraordinario del asunto , y la nove- 
dad y feliz crítica en tratarle , merecieron la aprobación de la 
Academia , y su acuerdo para darse á la pública luz , como se 
executó. 

El mismo Académico leyd en 17 64 un Discurso sobre que 
en tiempo de los Califas de Córdoba, y desde la Hegira 206 , ya 
había Reyes Mahometanos en Zaragoza , cuya dinastía confirma y 
comprueba. 



DE LA ACADEMIA. XXXIIÍ 

En agosto de 1766 se hizo un acuerdo puraque en cada año 
leyesen los Académicos seis Disertaciones sobre el asunto que 
c.ula uno se propusiese , presentando antes la idea de la que in- 
tentase extender , por cuyo trabajo se ofrecia un premio, después 
de revisada y aprobada por el Cuerpo. Por este medio se creia 
evitar todo motivo de resentimientos en lo sucesivo entre los 
Revisores y los autores , y que estos trabajarían con adelantamien- 
to , y sin embarazos que interrumpiesen los objetos principales 
del Instituto. 

Desde luego el Maestro Fr! Alonso Cano prdpuso formar una 
Disertación sobre el 'valor de los diplomas de España para la 
historia. El Señor Velazquez escogió una con el título de : Obser- 
vaciones sobre diferentes monumentos últimamente descubiertos en 
España , y anteriores á la entrada de los Árabes. El Señor Ace- 
vedo eligió una Disertación histórica sobre el origen , antigüedad, 
y extinción de las Behetrías. El Señor Bails otra , intitulada : Ori- 
gen de la Nobleza española , de sus privilegios , progresos ,y -varia- 
ciones. El Señor Martínez se propuso la de este título : Histo- 
ria del origen , progresos ,y estado de la marina de España , asi mi- 
litar como mercantil. El Señor Campománes , entonces Director, 
se encargo de una Disertación en que se habia de tratar del Go- 
bierno civil y eclesiástico de los Godos. Don Tomás Andrés de Gií- 
seme propuso en 1762 : Reflexiones geográficas sobre algunos mo- 
numentos de antigüedad. El Maestro Fr. Antonio Josef Rodrí- 
guez , monge cisterciense : Discurso sobre la venida de Luis Vil 
Rey de Francia á visitar el cuerpo del Apóstol Santiago , y tiem- 
po en que se hizo esta romería. El mismo autor presento otro 
Discurso , en que hace dudosa la existencia del Maestre y Orden 
Militar de San Bernardo , de que habla el Padre Mariana en el 
lib. XVII , cap. 11. de la Historia de España. En 1763 leyó y 
presentó Don Josef Miguel de Flores un Discurso cronológico 
en que se determina el día de la muerte del Rey San Fernando. 

Estos encargos de trabajos anuos nunca impidieron que los 
Académicos laboriosos presentasen de tiempo en tiempo otras 
producciones de sus voluntarias tareas. El Señor Acevedo , en 
enero de 1767, leyd un Discurso sobre el origen puramente tem- 

E 



XXXIV NOTICIA HISTÓRICA 

poral é independiente de privilegios de -varios diezmos que perte- 
necen á diferentes Señores. Aquel mismo año leyd el Señor Die- 
guez : Observaciones sobre las fechas de los Concilios de África, 
España, y las Gálias. El Señor Samaniego leyd en principios de 
1768 un Discurso geográfico é histórico sóbrelas antigüedades de 
Madrid. En junio de 1771 propuso el Señor Casiri un Catálo- 
go alfabético de varias voces castellanas que traen su origen de la 
lengua árabe: y se encargó de este inestimable trabajo, reducién- 
dolas á su origen y verdadero significado. El Señor Hermosilla, 
leyd y entrego en aquel mismo tiempo Varias observaciones he- 
chas al testamento del Rey Don Pedro de Castilla. 

Para responder á un Informe pedido por el Consejo Real á 
la Academia en 1786 , extendió y presento , por encargo de es- 
ta , su individuo de numero Don Gaspar Melchor de Jovella- 
nos , un Discurso histórico y político sobre los juegos , expectáculos, 
y diversiones públicas , usados en lo antiguo en las respectivas pro- 
vincias de España. 

A fin de que los trabajos literarios de la Academia tuviesen 
mayores progresos , se ideo y aprobó proponer asuntos á los eru- 
ditos de dentro y fuera de España , paraque disertasen sobre ellos, 
ofreciéndoles un premio de mil reales , y el título de Académico; 
pero se acordó se suspendiese su execucion , hasta que la Acade- 
mia publicase los primeros tomos de sus trabajos. 

Paraque no se entibiase este primer fervor de tan loables 
tareas , impúsose á los Académicos supernumerarios , con acerta- 
do acuerdo , en los nuevos Estatutos , la obligación de presentar 
un trabajo digno de insertarse en las Memorias, antes de ascender 
á la clase de número. Esta providencia ha producido los bue- 
nos efectos que se debian esperar , en honor de las letras , y de 
los Académicos que las cultivan. 

Don Juan Bautista Muñoz , presentó y leyd en 30 de ene- 
ro del año pasado de 1794 un Discurso histórico- crítico sobre 
las apariciones y el culto de nuestra Señora de Guadalupe de Mé- 
xico. En 24 de abril del mismo año , Don Joaquín Traggia , Pres- 
bítero , otro con este título : Ilustración sobre el reynado de Don 
Ramiro II de Aragón , llamado el Monge. En 18 de setiembre del 



DE XA ACADEMIA. XXXV 

mismo Don Juan Antonio Pellicer otro intitulado : Discurso en 
que se averigua que el Arzobispo de Toledo Don Rodrigo asistió 
en el IV Concilio General Lateranense : y últimamente Don Fran- 
cisco Martínez Marina, una Disertación histórico -crítica , en que 
combate de falsa la común opinión de la primera venida de los Ju- 
díos á España en tiempo de Nabucodonosor , ni como comerciantes, 
ni como conquistadores , ni como prófugos. 

Sin contar las Disertaciones que se leyeron en las tres pri- 
meras Juntas anuales celebradas con pública solemnidad , de que 
se dará razón en el §. correspondiente ; se debe hacer honrosa 
mención en este lugar de varios Discursos ó Memorias sobre asun- 
tos de erudición y amenidad , que se presentaron en los prime- 
ros tres años de la creación de la Academia : considerándolas co- 
mo primicias , d sean ensayos , de su infancia ; d si se quiere , 
como frutos del estudio y zelo de sus fundadores. 

Las mas notables por su asunto son las siguientes. Diserta- 
ción sobre el delito de un Embaxador ,y su castigo : por Don Ma- 
nuel de Roda, en 17 de febrero de 1735. Otra acerca del des- 
tino que daba la teología de los gentiles á las almas de los difun- 
tos : leida en 7 de marzo por Don Juan Martínez Salafranca. 
Otra sobre el lugar en donde los historiadores griegos y latinos di- 
cen que Alex andró 'venció á Darío : leida en 12 del mismo mes 
y año por el mismo Salafranca. Discurso para declarar : ¿en qué 
consiste la verdadera honra? leído en 11 de abril de 1735 por 
Don Agustín de Montiano y Luyando. Otra sobre las Diaconi- 
sas , su principio , é instituto en la primitiva Iglesia : leida en 1 8 
de abril del sobredicho año por Don Juan Antonio de Rada. 
Otra sobre la Medicina española antigua y moderna : leida en 20 
de mayo de 1736 por Don Francisco Fernandez Navarrete. 

Después de erigida la Academia baxo la real protección , 
tampoco se conoció tibieza en el primitivo zelo de sus indivi- 
duos , que lo comunicaron como por contagio , si se puede de- 
cir asi , á los nuevos compañeros que recibian en su gremio : 
parece que todos á porfía se esmeraron en dar producciones de 
su elección y voluntad , después de cumplir con las tareas ordi- v > 
narias que prescribia el Cuerpo. 

E 2 



XXXVI NOTICIA HISTÓRICA 

Sin intento de calificar la importancia ni el desempeño de 
estas piezas , como tampoco se pretende de las anteriores ; se da- 
rá aqui el catálogo de las que conserva la Academia. La pri- 
mera es : Disertación sobre la patria de San Lorenzo , por Don 
Manuel Antonio Carbonel , en 1748. Otra sobre el origen del 
reynado de Júpiter en España , por el P. Fr. Tomás de Santo 
Tomás, en 1750. Discurso sobre la renuncia de Wamba al trono, 
por Don Adulfo Alvarez , en el mismo año. Otro sobre San Vi- 
cente Mártir , y otros Santos del mismo nombre , por Don Luis 
Germán y Ribon , en 1752. Otro sobre los primeros pobladores 
de las Islas de Canaria , por Don Antonio Porlier , en 1753. 
Noticia de la Cabana Real de España , por el P. Fr. Alonso Ca- 
no , en 1762. Disertación sobre el origen y patria primitiva de 
los Godos , por Don Ignacio Luzán , en 1760. Otra sobre qual 
de los Reyes Godos fué , y debe contarse , primero de los de su na- 
ción en España , por Don Francisco Manuel de la Huerta , en el 
mismo año. Otra , en que se demuestra que Ataúlfo fué el primer 
Rey Godo de España , y se satisface á las objeciones de la opinión 
contraria , por Don Ignacio de Luzán , en el mismo año. Otra 
sobre el principio de la Monarquía Goda en España , por Don Mar- 
tín de Ulloa , en idem. Discurso sobre el origen y patria de los 
Godos , por Don Jacobo Stheelim en 1 770. Otro sobre el paren- 
tesco de San Leandro con los Reyes Re c are do y Hermenegildo , por 
Don Benito Navarro. Otro sobre los Jueces de Castilla , por Don 
Luis de Herrera y Berganza , sin fecha. Discurso , sobre la exis- 
tencia y magnitud de los gigantes , por Don Fernando López de 
Cárdenas , en 1774. 

§. V. 

V I A G E S LITERARIOS. 

Xa hemos hablado mas arriba del primer viage que en 1739 
hicieron al Escorial dos comisionados de la Academia para dis- 
frutar de los mss. de aquella Real Biblioteca, principalmente 
los relativos á la cronología y geografía , que eran los prime- 



DE 1 A ACADEMIA. XXXVII 

ros objetos de los deseos y tarcas del Cuerpo en aquella época. 

No contenta la Academia con haber dado comisiones é ins- 
trucciones á varias personas , que residían en las provincias , ó 
tenían que recorrerlas por razón de sus empleos y destinos, pa- 
raque recogiesen de cuenta de ella antigüedades y monumen- 
tos , ya en los archivos y bibliotecas , ya en las ruinas y restos 
de obras , pensó' alguna vez en enviar sujetos al reconocimien- 
to y diseño de las antigüedades ; pero la falta de fondos sufi- 
cientes la retraxo muchas ve.ces de estas empresas , contentándo- 
se con las noticias y descripciones que remitían los amantes de 
la antiquária. Asi se verificó con el Doctor Don Josef Alsinet, 
médico titular de Mérida , que animado de un buen zelo , ins- 
truyo' á la Academia de las descuidadas reliquias de aquella no- 
bilísima colonia romana. 

Esta noticia , y la de que en la villa de Cártama , í tres le- 
guas de Málaga , se hacian excavaciones de orden del Rey pa- 
ra descubrir otras antigüedades , se hicieron presentes á S. M. 
que , habiéndole sido grato el zelo de la Academia , resolvió en- 
viar un individuo de ella para inquirir y recoger las antigüe- 
dades de todo el Reyno , con una instrucción que debia formar 
la Academia para el viage literario. Esta fué aprobada por S. M. 
como también la elección del Académico , Don Luis Josef Ve- 
lazquez , autor del Ensayo sobre los alfabetos de las letras des- 
conocidas. La real liberalidad mandó asistir al comisionado con 
3© reales mensuales para él y el dibuxante ; además de costear- 
le los gastos de excavaciones , y compras que se le encargaban 
en la instrucción. La correspondencia sobre lo que ocurriese y 
descubriese en el curso de su expedición , debia llevarla con el 
Director del Cuerpo , para ponerlo todo en la noticia del Rey. 

Empezó Velazquez su viage en i.° de diciembre de 1752, 
dirigiéndose á la ciudad de Mérida , desde donde remitió algu- 
nas medallas, y varios diseños de los baxos relieves del templo 
de Marte , acompañados de una Memoria que contenia su des- 
cripción ; y en otras ocasiones , dibuxos de antigüedades de la 
propia ciudad , y de otros pueblos de aquella provincia. De es- 
ta se transfirió á Salamanca para reconocer el antiguo camino 



XXXVIII NOTICIA HISTÓRICA 

romano , que vulgarmente se nombra de la plata. Restituido á 
Extremadura, paso á los Reynos de Córdoba , Jaén, Granada , y 
Sevilla , desde donde remitid igualmente varios diseños de an- 
tigüedades. Últimamente se retiro á Málaga , su patria , á coor- 
dinar , en el sosiego de su casa , sus trabajos y observaciones : de 
suerte que pudo á principios del año de 1755 remitir ala Aca- 
demia un tomo , que contenia las Memorias sobre las antigüe- 
dades de todos los paises que habia recorrido. 

Este era el estado de su viage , quando á pocos dias recibid 
la real orden de haberle cesado la ayuda de costa mensual. Y 
aunque con este motivo suspendió Velazquez sus investigacio- 
nes , no desistid en lo sucesivo de dar noticia de sus viages pri- 
vados á Ceuta , Cádiz , y otros pueblos de la Andalucía , con áni- 
mo de proseguirlas y perfeccionarlas , principalmente en lo res- 
pectivo al tiempo de los romanos. 

La relación de estos viages , que tiene dispuesta para publi- 
carla la Academia , manifestará quan útiles serian , para el cono- 
cimiento de nuestras cosas , otras iguales peregrinaciones por lo 
restante de España ; y con quánta razón sintió el Cuerpo le fal- 
tase un medio absolutamente necesario para cumplir estos gran- 
des deseos , que no puede suplir con sus cortos fondos. 

En 1754 comisionó la Academia á su costa , á los indivi- 
duos Don Lorenzo Dieguez , y Don Ignacio Hermosilla , para- 
que pasasen al registro de los archivos del Priorato de Uclés , 
y del Convento de Santa Fé de Toledo , para el mayor acierto 
en la indagación de la verdad acerca del punto de la legitimi- 
dad de la V. Infanta Doña Sancha de Castilla , cuya causa de 
beatificación se quería promover. Gastáronse dos meses en las 
copias , cotejos , extractos , y notas que traxeron los referidos co- 
misionados. 

El primer viage que en 175 1 hicieron los Señores Dieguez 
y Campománes , de orden y á expensas de la Academia , á la Real 
Biblioteca del Escorial , habia sido muy breve para el prolixo 
trabajo que llevaban , de hacer los cotejos y comprobaciones de 
los antiguos códices , con el objeto de fixar la cronología del tiem- 
po de los Godos , que se estaba revisando , y debía rectificar la 



DE LA ACADEMIA. XXXIX 

Academia. Era preciso el reconocimiento de nuevos originales; 
y en su conseqiiencia se executd por diciembre de 1754 segun- 
do viage , auxiliado con una orden de S. M. por los mismos dos 
Académicos , á quienes acompañaron algunos dias Don Ignacio 
Hermosilla , y Don Luis de Herrera. Traxe'ronse copiados con 
fidelidad y hermosura diversos códices y otros mss. Copiaron 
las fechas de los Concilios de España , de la Gália Gótica , y de 
África , según se hallan en los códices vigilano , emilianense , 
gótico , de Zurita , y de Beteta ; las datas de las leyes del Fue- 
ro Juzgo , con la ortografía de los nombres dé los Reyes que 
las promulgaron , sacadas de varios códices , de los quales , y de 
los concilios traxeron puntual descripción ; igualmente las fechas 
de muchas cortes , fueros , ordenamientos , &c. Copiaron asimis- 
mo el tratado del cómputo y Kalendario eclesiástico , que está en 
los códices vigilano y emilianense , con sus tablas , ruedas , latér- 
culos , obra que pedia indecible atención y exactitud ; otros Ka- 
lendarios y diferentes martirologios , y cronicones inéditos, de los 
quales piensa publicar algunos la Academia. Hicieron otros co- 
tejos , extractos , y copias de varios documentos históricos nun- 
ca publicados ; y finalmente disfrutaron , para un gran numero de 
apuntaciones , aquel insigne tesoro de nuestras antigüedades : de 
lo qual dieron noticia en la relación que de sus tres viages uni- 
dos presentaron á la Academia. 

El Señor Dieguez , y el Maestro Cano , encargados de tra- 
tar separadamente sobre la versión gótica de los Evangelios en- 
viados á la Academia por el Doctor Eduardo Lye de Oxford 
leyeron la que cada uno habia hecho , en Junta de 25 de fe- 
brero de 1762 : y en su vista se trató de pedir permiso á S. M. 
para executar los cotejos de los códices que hay en la libre- 
ría del Escorial , en la Biblioteca Real de esta Corte , en la del 
Colegio mayor de Alcalá, y en la de la Santa Iglesia de Tole- 
do. Esta operación se cometió á los dos sobredichos Académi- 
cos ; y sobre ella se tuvieron muchas y muy detenidas confe- 
rencias. 

Por julio de aquel mismo año habia el Señor Hermosilla re- 
conocido el terreno y antigüedades de Talwvera la Vieja , dig- 



XL NOTICIA HISTÓRICA 

ñas de atención , adonde paso movido de su zelo , acompañado 
de un dibuxante , á expensas propias, y extendió una relación de 
algunos restos de antigüedad , de las observaciones que sobre ellas 
hizo en el mismo terreno , de las medidas que tomo para averi- 
guar la situación y forma que debieron tener en su integridad: 
la qual leyó y presentó á la Academia , acompañada de veinte 
y ocho diseños de los fragmentos y ruinas que han quedado dis- 
persas en la villa. Al mismo tiempo presento varias monedas é 
inscripciones halladas en aquellas excavaciones , que apreció la 
Academia , como era justo , atendiendo á las pocas noticias que 
hasta allí se habían tenido de estas antigüedades. Imprimióse mas 
adelante esta erudita relación á costa del Cuerpo , que también 
costeo el grabado de los siete diseños que la acompañan. 

Equivalió á un viage determinado la comisión que la Aca- 
demia dio á fines de 1764 a su individuo Honorario Don Ma- 
nuel Trabuco y Belluga , Canónigo de la Santa Iglesia de Má- 
laga , encargándole el reconocimiento de las antiguas ruinas de 
un edificio , que con los embates del mar se habían descubier- 
to á cinco leguas al E. de aquella ciudad , y la recolección de 
medallas é inscripciones y demás monumentos , todo á costa del 
Cuerpo. 

Don Josef Cornide , uno de los individuos encargados para 
ordenar y completar el tomo de Memorias Académicas que ha 
de comprehender la descripción y explicación de algunos mo- 
numentos antiguos de España , habiendo entendido los deseos de 
la Junta de que se reconociesen con nuevo examen é inspección 
mas detenida los terrenos del sitio llamado Cabeza del Griego 
junto á Uclés , y de Talayera la Vieja , pasó á executarlo por sí , 
llevando en su compañía un dibuxante exacto para levantar los 
planos y sacar los diseños. La Academia , muy agradecida al ze- 
lo generoso de su individuo , acordó que los gastos que causase 
el viage , la gratificación del diseñador , y demás que fuese ne- 
cesario , corriese á expensas del Cuerpo , quien además le facilitó 
quantos auxilios creyó precisos , de recomendación y autoridad, 
para el acierto de la empresa. 

De esta expedición antiquaria presentó su autor un erudito 



DE LA ACADEMIA. XLl 

y circunstanciado informe á la Academia á su regreso , enrique- 
cido de nuevas observaciones , y descubrimientos , hechos en aquel 
sitio y comarca , con la noticia de los pueblos , montes , rios , 
caminos , y demarcación de la verdadera Celtiberia ; ilustrado con 
descripciones y dibuxos de varias ruinas y monumentos de la an- 
tigua Segobriga (hoy Cabeza del Griego'), asi del tiempo délos 
Romanos , como de los Godos ; y acompañado de doctas investi- 
gaciones y reflexiones críticas sobre lo que acerca de esta obs- 
cura y controvertida materia han escrito los geógrafos é histo- 
riadores antiguos y modernos. La Academia , habiendo estimado 
este trabajo por uno de los mas completos en su línea que ha 
promovido , le juzgó digno de imprimirse en el tomo III de sus 
Memorias , sin salir fiadora de las opiniones del autor ; y man- 
do grabar á sus expensas las siete láminas de cartas topográfi- 
cas , planos de ruinas , y dibuxos de fragmentos de antigüedad, 
que han de adornar este trabajo. 

§. VI. 

COLECCIÓN DIPLOMÁTICA , Y LITOLOGICA. 

-Híntre los diferentes medios de que procuro servirse el Señor 
Ulloa para su tratado de la Cronología , y tuvo presentes la Jun- 
ta en 1755 para su revisión, ocuparon las Inscripciones el lugar 
que les era debido. Ninguna de las provincias del Imperio Ro- 
mano , si exceptuamos la Italia , puede igualarse á nuestra penín- 
sula en el número de estos monumentos , como lo testifican las 
colecciones generales , las particulares , los libros impresos , y ma- 
nuscritos. Todos los dias se descubren otros nuevos , y la misma 
abundancia dificulta su reconocimiento para la variedad de asun- 
tos en que , sin su auxilio , se caminaría á obscuras , mayormen- 
te si á su multitud se añade la dispersión. La Junta , que no po- 
día estar asegurada de que se habian visto todos los que podían 
dar luz á nuestra cronología ; propuso á la Academia , y ésta lo 
adoptó , la empresa de formar una colección completa de las ins- 
cripciones y epitafios de España. 



XLII NOTICIA HISTÓRICA 

Habíase abrazado por la Academia desde 1753 el proyecto 
de Don Pedro Rodríguez Campománes , de reducir á un cuer- 
po los monumentos auténticos que se hallan dispersamente co- 
piados ó citados en las historias generales d particulares de Es- 
paña , y entre ellos se comprehendian los urológicos. Esta idea 
tan útil se empezó' á practicar ; pero con tal lentitud , que obli- 
go al mismo Académico á producirla segunda vez en 1755 , li- 
mitándola á la colección de inscripciones , epitafios , y otros le- 
treros de qualquier tiempo , carácter , y lengua que se hallasen. 
Leyó' asimismo un plan del modo de proceder en su execucion: 
y por comisión de la Academia el Señor Cúseme formó un ca- 
tálogo de los AA , en que mas comunmente se encuentra esta cla- 
se de memorias. 

Como ya entonces estaba persuadida la Academia de que era 
imposible desempeñar con acierto asunto alguno sin preceder la 
colección universal de los originales de nuestra Historia , para la 
qual iva recogiendo los AA coetáneos , ó que suplen por ellos; 
resolvió dedicarse también á otro que propuso igualmente el mis- 
mo Señor Campománes por aquel tiempo , que era la forma- 
ción de un índice General Diplomático y de otros instrumentos fi- 
dedignos , para ilustrar los acontecimientos de los primeros si- 
glos de la restauración de España , porque sin ellos la concisión 
de los demás dexaria ignorados , el tiempo preciso de unos he- 
chos , la existencia de otros , y varios otros puntos de fundacio- 
nes , leyes , costumbres , &c : teniéndose por impracticable la inda- 
gación , lectura , examen , y confrontación de todos los documen- 
tos que pedia la revisión y rectificación de la Cronología , por su 
níímero , y por la dispersión de los ya publicados en una mul- 
titud de libros , memoriales , genealogías , y otros papeles , que por 
falta de una noticia general de todos , se fatiga el hombre mas 
instruido en buscarlos , con gran pérdida de tiempo , y atraso en 
este estudio : lo qual se remediaría con el auxilio de esta obra. 

La Academia adopto el pensamiento , y las reglas que acom- 
pañaba su autor ; y con las demás que se juzgaron oportunas , 
se formo' una instrucción paraque con método uniforme pudie- 
sen trabajar todos los individuos : en la que , reducida á su ob- 



DE LA ACADEMIA. XLTIÍ 

jeto principal , sin los demás puntos de economía y coordina- 
ción , se expresaba : ,, que el Índice debia contener , en resumen 
„ o' extracto , desde la pérdida de España hasta los Reyes Cato- 
„ lieos , todas las donaciones , y concesiones reales , tratados de 
„ paz , declaraciones de guerra , capitulaciones , treguas, desafios , 
„ bulas pontificias , concilios , sinodales , cortes , fueros , estatutos, 
„ contratos , cartas , y otras qualesquier actas , ó instrumentos pú- 
„ blicos o particulares ; y desde la muerte de los Reyes Catoli- 
„ eos hasta hoy , todos los actos en que intervinieron Soberanos, 
,, Personas Reales , Obispos , Grandes , Señores , o que contubie- 
„ sen sucesos , cuya mención fuese digna de ocupar lugar en la 
„ historia." 

.Baxo de estas y otras reglas para la Colección Diplomática , 
y otras semejantes para la Litológica , se empezó' á trabajar des- 
de entonces , y se continuo con empeño en esta sistemática ta- 
rea de los extractos. Sin contar los instrumentos manuscritos , 
pasaban ya en el año de 17Ó0 de ciento y ochenta los volú- 
menes impresos que se habian extractado , y de 56© las cédu- 
las que existían coordinadas. 

No se juzgue que con este índice ha descuidado la Acade- 
mia la colección de actas públicas é instrumentos en toda su 
integridad , en lo qual no ha perdonado gasto , porque como las 
mismas cédulas advierten el paradero de muchos de importan- 
cia , que solo se conocen en resumen ó por cita , estimulaban al 
mismo tiempo á adquirirlos. La lectura semanal de esras cédu- 
las ocupo' gran parte de las sesiones ordinarias de la Academia 
por mas de diez años continuados. 

§. VIL 

ANTIGÜEDADES , E INSCRIPCIONES. 

iMo seria la menos importante , ni la menor parte de la histo- 
ria de la Academia , una porción de extractos de algunos traba- 
jos que guarda en su archivo , como son : noticias inéditas y cu- 
riosas de varias antigüedades , descripciones de monumentos , in- 

F 2 



XLIV NOTICIA HISTÓRICA 

terpretaciones de inscripciones , ya romanas , ya góticas , ya ará- 
bigas , descubiertas en nuestro suelo , d nuevamente reconocidas 
d explicadas por individuos suyos , d por otras personas erudi- 
tas y zelosas que las remitieron al Cuerpo desde las provincias. 
Pero la noticia de sus adquisiciones , y el análisis de las lecturas 
que de ellas se hicieron en las Juntas ordinarias , seria por otra 
parte-dificil de comprehender en este resumen histórico , sin con- 
fundir y cargar pesadamente la narración , en que se debe evi- 
tar todo fastidio. 

Estas piezas , por sí solas , podrán formar una colección de 
antigüedades españolas , y ocupar mas adelante un buen lugar en 
los tomos de Memorias Acade'micas, acompañadas de la historia 
del hallazgo de cada una , de su interpretación , y demás notas 
y observaciones que las ilustran : pues no es justo que el públi- 
co erudito carezca del conocimiento de ellas , ni que la Acade- 
mia tenga mas tiempo sepultados en la obscuridad y el silencio 
estos otros testimonios de su zelo y aplicación , en que ha em- 
pleado mucho tiempo , y mucho caudal , principalmente en el ra- 
mo de antigüedad arábiga. 

Nos reduciremos por ahora á dar una noticia en general de 
las clases y número de estos monumentos sueltos ; no incluyen- 
do en ellos las antigüedades , para cuyos reconocimientos y di- 
seños ha emprendido d auxiliado la Academia varias expedicio- 
nes literarias , porque de estas se habla separadamente en el §. 
de los Viages Literarios. Tampoco se incluirá aqui la noticia de 
las piezas que forman la gran colección urológica que guarda el 
Cuerpo en su archivo , en cuya adquisición empleo por espacio 
de mas de diez años quatro de sus laboriosos individuos , y mu- 
cho dispendio de dinero , hasta componer catorce tomos en fo- 
lio manuscritos, que comprehenden por clases todas las inscrip- 
ciones lapidarias de España que se hallan esparcidas en quan- 
tas obras impresas é inéditas han llegado á noticia dé la Aca- 
demia. 

Las antigüedades é inscripciones de que hablaremos aqui , so- 
lo comprehenden las desconocidas , d no publicadas hasta el dia 
de su adquisición. Estas se pueden dividir en tres clases ; roma- 



RE E A ACADEMIA. XLV 

ñas , góticas , y arábigas. En las de la primera se cuentan las si- 
guientes por el orden de sus adquisiciones. 

Monumentos Romanos. 

I. Colección de inscripciones y varias antigüedades , recogi- 
das á expensas de la Academia por su individuo honorario Don 
Manuel Trabuco y Belluga , Canónigo de Málaga , en el reco- 
nocimiento de las antiguas ruinas de un edificio , que con los 
embates del mar se habia descubierto á cinco leguas al levante 
de aquella ciudad. 

II. Colección de noventa y una inscripciones y doce figu- 
ras, halladas en Alicante , Elche , Cartagena, y Placencia , con dos 
mapas antiguos , el uno del Seno lllicitano , y el otro del puerto 
de Carthago Nova , cuyas copias mando sacar la Academia á su 
propia costa. 

III. Diez dibuxos de varias antigüedades , ídolos , y medallas, 
descubiertas nuevamente en la villa de Estepa , y remitidas al 
Cuerpo por Don Pablo de Traba. 

IV. Nueve inscripciones y otros monumentos de Elbora Car- 
ventana ( hoy Talavera de la Reyna) , remitidas por Don Pedro 
Antonio de Guerra. 

V. Diez y nueve inscripciones , halladas en Murviedro , Be- 
ja , Alcobaza , Almazarrón , y otros varios pueblos de los Reynos 
de Murcia y Valencia. 

VI. Dibuxos de lápidas , colunas , mármoles , y jaspes , con 
inscripciones antiguas , que se hallan en la Peña de Martos , sa- 
cados de los originales que se guardan en la librería del Esco- 
rial : con explicaciones , por Don Diego de Villalta , vecino de 
aquella villa. 

VIL Varias antigüedades , descubiertas modernamente en la 
villa de Co'rtes : remitidas á la Academia por Don Francisco 
Xavier de Espinosa y Aguilar. 

VIII. Ocho inscripciones , halladas en la villa de Almazar- 
rón , en el Reyno de Murcia , remitidas á la Academia por aquel 
Ayuntamiento. 



XLVI NOTICIA HISTÓRICA 

IX. Demarcación de la Eética antigua , y noticias varias de 
la villa de Estepa : formadas , y remitidas por el Doctor Franco. 

X. Treinta y seis inscripciones de varias piedras de pueblos 
de la Andalucía , halladas en diversos tiempos en Espejo , Mon- 
temayor , Córdoba , Montoro , Porcuna , Mártos , Arjona , Luce- 
na , Cabra , Ecija , Linares*, Pinos de la Puente , &c. 

XI. Un quaderno de las memorias y antigüedades que de- 
xaron los Romanos en la villa de Mártos. 

XII. Dictamen que se dio sobre una inscripción hallada en 
Ampúrias , y respuesta á varios reparos que se pusieron sobre su 
legitimidad. 

XIII. Inscripción' de un pedestal de estatua que se hallo en 
la villa de Santiponce¡ r con motivo de una excavación que se 
hacia en el terreno de la antigua Itálica, 

XIV. Dos inscripciones sepulcrales , halladas en las ruinas de 
la antigua Carthago : remitidas en 1771 por el P. Administrador 
del hospital de Tünez'.qüe mantiene la Provincia de Trinitarios 
de Castilla. [ . L .-. 

XV. Cinco inscripciones , copiadas de unas piedras que se 
hallaron en Granada , en la Parroquia de San Nicolás , calle del 
tesoro , y barrio de la Alcazaba. 

XVI. Otra inscripción, copiada de una piedra que estaba en 
1763 en el corral de una casa particular de la villa de Tala- 
vera la vieja : remitida por Don Sebastian Rufo Morgado. 

XVII. Otra inscripción, hallada en el año 1779 en Bejér de 
la frontera , en la hermita de la Oliva , grabada en una colu- 
na ; la remitió Don Félix Sánchez, - 

XVIII. Diez y nueve dibuxos de otras tantas antigüedades, 
halladas en Murviedro , Águilas , Dénia , y Alcudia , con razón 
de otros muchos descubrimientos, 

XIX. Otros varios dibuxos de monumentos hallados en las 
inmediaciones de Sevilla , Utrera , y Xeréz : remitidos por Don 
Francisco de Bruna , Académico Honorario, 

XX. Dos sellos de bronce , hallados á orillas del Tajo , en la 
ciudad de Toledo , presentados á la Academia por su individuo 
Don Francisco de Santiago y Palomares. 



DE LA ACADEMIA. XLVII 

XXI. Dos inscripciones , halladas en el castillo de Triana en 
Sevilla ; y otra sacada de una lápida de la villa del Arahal , en 
la que se da noticia de un pueblo de la Bélica llamado Basi- 
lipo : presentadas á la Academia por Don Melchor Gaspar de 
Jovellanos , individuo del número. 

XXJI. Diez inscripciones , halladas en la ciudad de Tortosa, 
las nueve inéditas : remitidas por Don Antonio Cortés. 

XXIII. Una inscripción , esculpida en una lámina de bronce, 
hallada en la villa de Bollo t Reyno de Galicia : remitida por 
Don Josef Quiroga. 

XXIV. Varías inscripciones , halladas en el Reyno de Gali- 
cia : remitidas por Don Antonio Rioboo y Seixas. 

XXV. Otra inscripción , hallada cerca del Puerto de Santa 
María, y remitida por Don Anselmo Ruiz de Cortázar. 

XXVI. Seis inscripciones , halladas en la ciudad de Sevilla : 
remitidas por Don Luis Germán y Ribon , y el Doctor Don 
Josef Cevallos. 

XXVII. Tres inscripciones , copiadas por el Académico de 
número Don Andrés de Gúseme , y estaban grabadas , la prime- 
ra en una lámina que se hallo en 1762 en la obra nueva que 
se hacia en las ruinas de Rio-tinto ; la otra en un mármol blan- 
co de tres quarras de alto , al abrir las zanjas para la nueva igle- 
sia de la villa de las Cabezas de San Juan ; y la otra en una 
losa que se descubrid en Sevilla en los fosos de la Real Fábri- 
ca del tabaco. 

XXVIII. Explicación de una inscripción que se dice existir 
en los baños de Alange , y de otra que se halló en término de 
la villa de Zafra : remitidas por D. Vicente de Roxas y Muñoz. 

XXIX. Copia de otra inscripción , hallada en la villa de Gin- 
cio en Galicia , con el examen que hizo de ella Don Pedro Ro- 
dríguez Campománes , individuo del número. 

XXX. Copias de quatro inscripciones , las tres sepulcrales , y 
la una itineraria , halladas las primeras en unas excavaciones de 
la villa de Estepa , y la otra en un arroyo , á la baxada de la 
Carlota , llamada Gualmazan , en el arrecife : remitidas por Don 
Francisco de Bruna en 1788. 



XLVIII NOTICIA HISTÓRICA 

XXXI. Dibuxo y explicación de una inscripción sepulcral, 
hallada á legua y media de ia ciudad de Córdoba : remitida por 
el Doctor Don Francisco Camacho , Rector del Colegio de la 
Asunción de aquella ciudad en 1789. 

XXXII. Copia y dibuxo de una inscripción , que parece de- 
dicación á Vespasiano , hallada en la villa de Almoddvar del 
Rio , á principios de 1790 ; y remitida desde Córdoba por el 
mismo Don Francisco Camacho. 

XXXIII. Tres inscripciones , remitidas con sus dibuxos por 
Don Francisco de Bruna desde Sevilla en 1790 : acompañadas 
con sus correspondientes notas , para probar que Assido es Me- 
dinasidonia , y que Ceret , corrompido por los árabes, es Xeréz de 
la Frontera. 

XXXIV. Copia y dibuxo de una inscripción , hallada en una 
lápida sepulcral en la demolición de un torreón de los muros 
de Astorga en 1794 : remitida por el Señor Jovellanos. 

Monumentos Góticos. 

I. Inscripción de la Santa Iglesia de Toledo , que es la me- 
moria de la consagración de aquel templo en el primer dia ca- 
tólico , era de 6 3 o, esto es, año de 592,, y primero del rey na- 
do de Recaredo. 

II. Otra inscripción que hay en el Convento de San Fran- 
cisco de la villa de Zafra : remitida á la Academia por Don Jo- 
sef de Xaraquemada. 

III. Reflexiones sobre las dos inscripciones góticas que se 
suponía haberse descubierto en la Alcazaba de Granada en 1775, 
por el Académico Don Andrés de Gúseme. 

IV. Copia de dos inscripciones", halladas en término de la 
villa de Utrera en 1790 , entregadas por Don Francisco Cerda 
y Rico , rectificadas y confrontadas con sus originales por Don 
Francisco de Bruna. La una trasladada de una lápida sepulcral, 
hallada en 1789 en una excavación cerca de dicha villa , tér- 
mino del cortijo de la Higuera , cuya leyenda hace alusión á 
reliquias de los santos mártires Eulalia , Justa , Rufina , y Félix. 



DE LA ACADEMIA. XLIX 

Monumentos Arábigos. 

I. Seis inscripciones copiadas del palacio de la Alhambra de 
Granada ; y un cuaderno de todas las que existían en aquella 
ciudad en 1 5 5 6 , formado de orden de su Ayuntamiento: inter- 
pretadas y explicadas , con notas históricas y genealógicas , por 
el Doctor Casiri , Académico del número. 

II. Descripción del alcázar y fortaleza de la Alhambra de 
Granada , con todas sus antigüedades : regalada, á la Academia 
por su individuo del número D. Antonio Domínguez de Rie- 
zu , en 1768. 

III. Copia de cinco monumentos arábigos que se remitieron 
por el mismo Académico en el sobredicho año , de dos planchas 
de bronce , y otra de plomo , y de una nomina floreada con su 
asa y caracteres , y dos sellos quadrados , el mayor en cobre , y 
el menor en oro. 

IV. Tres inscripciones , la una de Badajoz , en caracteres qua- 
drados, y la otra en caracteres cúficos: copiadas y remitidas por 
Don Francisco Forner , medico del monasterio de Guadalupe , 
en 1774. 

V. Varias inscripciones, copiadas y dibuxadas de las que exis- 
ten en la ciudad de Toledo , por Don Francisco Xavier Palo- 
mares , en 1776. 

VI. Colección de cincuenta y quatro láminas de inscripcio- 
nes y monedas , recogidas , explicadas , y grabadas á expensas de 
la Academia , baxo la dirección de su individuo del número , 
y antiquário arábigo , el Doctor Casiri : entregadas al Cuerpo 
en 17 de marzo de 1778. 

VII. Noventa y seis inscripciones del alcázar de Sevilla , en 
caracteres que usaban en aquel tiempo los árabes españoles , tras- 
ladadas á caracteres asiáticos con sus puntos diacríticos ; y tra- 
ducidas al latín, de orden de la Academia, por el mismo Doc- 
tor Casiri. La colección , copias , y remesas de estos monumen- 
tos se hizo á costa de la Academia , y baxo de la dirección y 
cuidado del Doctor Don Josef Cevallos , catedrático entonces 

G 



L NOTICIA HISTÓRICA 

de aquella Universidad , en cuya diligencia empleo' cerca de dos 
años, desde 1767 hasta 1760. 

VIII. Dos inscripciones cúficas , reducidas á caracteres asiá- 
ticos , con la correspondiente versión latina, por el Doctor Ca- 
siri : la una es copiada de la que se halla en el prologo de la 
poligrafía española de Rodríguez. 

IX. Otra inscripción , hallada en 1783 por Don JosefCor- 
nide en una tabla de marmol blanco , debaxo del altar mayor 
de la iglesia de Santa María del Azogue de Betanzos : explica- 
da por el Doctor Casiri , y Don Josef Banqueri , Académicos de 
número ambos. 

X. Ocho inscripciones , copiadas y dibuxadas en grande , de 
las que existen en el alcázar de Sevilla ; con la reducción de ca- 
da una de ellas á los caracteres de forma pequeña y corriente, 
con su traducción latina hecha por el Doctor Casiri. 

XI. Seis .rótulos o inscripciones , que se hallaban en Oran ; el 
uno sobre el cuerpo de guardia del principal de la plaza ; el 
otro sobre las carnicerías ; otro sobre la puerta del patio del hos- 
pital ; otro frente de su capilla ; otro en la pared de esta : todos 
con su traducción castellana. 

XII. Una inscripción cúfico-arábiga , con seis figurillas en el 
centro , y caracteres de la misma clase , copiadas de las que hay 
grabadas en una arquilla de marfil , que contiene los cuerpos de 
las santas vírgenes Nunila y Altídia , que se guardaban en el 
monasterio de Leyre desde el año 842 : acompañado todo de 
la explicación y dictamen del Doctor Casiri. 

XIII. Informe del mismo Académico sobre dos quadernos de 
inscripciones arábigas de las que existían en la catedral de Cór- 
doba en el siglo décimo sexto. 

XIV. Inscripción arábigo-cúfica , que se hallo en una lápi- 
da sobre el sepulcro del Príncipe Abdalla Alí de Granada : in- 
terpretada por el mismo Académico. 

XV. Copia de una inscripción arábiga , hallada en Mérida : 
con la versión castellana , y su explicación crítica é histórica , 
hecha por Don Pedro Rodríguez Campománes , de orden de la 
Academia en 1752. 



D E L A A C A D E M I A. LI 

XVI. Otra inscripción , hallada también en Marida ; tradu- 
cida en latín por dicho Doctor Casiri , con la nota de que es 
inscripción sepulcral del Príncipe Mahomad de Granada. 

XVII. Copia de otra inscripción , trasladada de una lápida 
que se hallo en Arcos de la Frontera , en el barrio de San Fran- 
cisco : remitida por Don Andrés de Giíseme en 1758. 

XVIII. Nueve sellos en lacre de otras tantas piedras, la una 
de grande cornelina , con inscripción arábiga , y las otras ocho 
de diferentes especies : halladas en Murviedro , Alcudia , Murcia, 
y Porcuna. 

Las inscripciones sepulcrales de la media y baxa edad , en 
varios lugares sagrados de nuestras provincias , no publicadas has- 
ta hoy ,que tiene recogidas la Academia en latin y en romance, 
podrían formar un copioso catálogo , pero esta colección está 
aun harto incompleta ; y el Cuerpo , que- conoce quanto pueden 
contribuir estas memorias á la averiguación de ciertos hechos, 
estilos , y costumbres de los siglos pasados , piensa proseguir efi- 
cazmente en aumentar este tesoro. 

§. VIII. 

PLANES DE TRABAJOS LITERARIOS. 

xxdemás de las diferentes tareas y encargos académicos que han 
dado ocasión á viages y expediciones literarias , se pueden con- 
tar varios proyectos que ha promovido y fomentado la Acade- 
mia á su costa , ó con sus auxilios , aunque de menos aparato y 
dispendio. 

I. A fin de conservar y coordinar en el archivo materiales 
para unos anales del tiempo , según el plan propuesto desde el 
año de 1740, que no produxo fruto alguno; se acordó' que to- 
dos los Académicos se dedicasen á recoger entre semana aquellas 
noticias , relaciones , decretos , órdenes , y demás papeles condu- 
centes á la historia , presentándolos en las Juntas ordinarias de 
los viernes. Es sensible que no se haya podido continuar esta 
útil idea , que á primera vista parece de poco momento , y po- 

g 2 



LII NOTICIA HISTÓRICA 

dría , á poca costa, ser un tesoro para los tiempos venideros. 

II. Del seno de la Academia salid en 1748 la idea de una 
historia eclesiástica nacional , con el título de España Sagrada , 
distribuida por siglos, con sus disertaciones correspondientes en 
cada uno : formó y leyó su plan Don Juan de Amara , pero ha- 
biéndose pasado á la revisión y censura de los Académicos Ribe- 
ra y Ulloa , los reparos y las observaciones detuvieron la em- 
presa hasta enfriar las manos de su autor. 

III. En 1755 , pareció á la Academia muy propio de los ob- 
jetos de su Instituto otro proyecto , que deberá continuarse lue- 
go que concluya los que tiene hoy mas adelantados , qual era 
una coordinación cronológica de excerptas de los AA origina- 
les y primitivos , asi griegos como romanos , de cosas tocantes á 
España , puestas en las lenguas en que escribieron ■, con las ver- 
siones mas acreditadas. Por lo tocante á los escritores griegos es- 
taba la obra muy adelantada , pero la muerte del laborioso Aca- 
démico D. Antonio Barrio , que llevaba el principal peso de esta 
tarea , privo al Cuerpo de ver cumplidos en gran parte sus deseos. 

IV. En 1764, para servir á un encargo y petición de la Real 
Academia de San Fernando , se acordó formar un catálogo cro- 
nológico histórico de los Reyes de España, desde San Fernando 
hasta hoy ; y otro de los varones insignes de la nación en letras, 
armas , y política , desde los Reyes Católicos. 

V. Por aquel mismo tiempo se trató de imprimir la obra del 
geógrafo árabe Sherif-el-Edrisi , llamado el Núblense , cuyo texto 
se presentó copiado de mano del Doctor Casiri , y su traducción 
castellana , hecha por el Señor Campománes , acompañada de no- 
tas , y listas de los pueblos que debían entrar en dicha edición. 

VI. Tratóse en 1765 de publicar la Historia de Almería , ilus- 
trada por D. Gabriel de Orbaneja ; después que el mismo Aca- 
démico Doctor Casiri la hubiese enriquecido con un copioso 
mí mero de notas críticas , precedidas de una erudita introducción: 
dirigido todo á esclarecer varios hechos y ritos de la industria 
y gobierno de los árabes. Este trabajo estaba desempeñado en 
1769 ; y la avanzada edad y achaques del comisionado no per- 
mitieron que le diese la ultima mano. Se trata algún tiempo ha- 



D>B LA ACADEMIA. mi 

ce do suplir csra falta por otra pluma inteligente en la materia. 

VII. Las ocupaciones , y después el mismo peso de lósanos 
no dieron todo el lugar necesario al expresado Doctor Casiri pa- 
ra dexar concluidas , según la mente y encargo de la Academia, 
las anotaciones que estaba poniendo á la Historia de los Árabes 
del Arzobispo Don Rodrigo , que se habia resuelto reimprimir. 

VIII. En 1766 se acordóla formación de una Historia Me- 
tálica de los Reyes de España desde Ataúlfo hasta Carlos III. 
En conseqüencia se nombró una junta de quatro Académicos y 
el Director para dirigir á los diseñadores y abrfdores de las lá- 
minas de que debia componerse la obra , precedida de un . pro- 
logo en que se diese una idea de ella y de su fin. Se propuso 
dividir por periodos cada una de las dinastías que comprehen- 
de la serie de nuestros Reyes. La materia del tiempo de cada 
Soberano debia constar de quatro partes: 1." de una medalla con 
el busto del Rey , su nombre , y las datas del principio y fin de 
su reynado , representada la acción principal que le caracterice: 
ai? de uno d dos dísticos latinos , que compendiasen la vida, ca- 
lidades , y notables hechos de aquel Príncipe : 3." de un epíto- 
me genealógico, cronológico, é histórico de cada uno : 4." de otro 
breve resumen del gobierno civil , de la legislación , de las cos- 
tumbres , del estado de las letras y las artes , y de los varones 
famosos en todas líneas de cada uno de dichos reynados. Para 
llevar á la debida perfección esta idea , se trato de los medios 
y auxilios para copiar y recoger retratos y trages de nuestros 
antiguos Reyes , buscándolos en los antiguos alcázares , palacios, 
sitios reales , monasterios , sepulcros , y monedas. Este proyecto 
feneció , como otros , por falta de facultades , y de personas do- 
tadas del zelo necesario para servir desde las provincias á la 
Academia. 

IX. A principio del año de 1768 se adoptó la idea de una 
Biblioteca Cronológica de la Historia de España , paraque sirvie- 
se de aparato á los Anales , y á la Historia Universal , que ha- 
bia propuesto el P. Josef de la Concepción , de las Escuelas Pias, 
individuo del número. Este otro proyecto murió en manos de 
los revisores del Cuerpo. 



XIV NOTICIA HISTÓRICA 

X. El Señor Campománes , entonces Director del Cuerpo , 
propuso un plan sobre el uso que podría hacerse de la colección 
de martirologios , necrologios , y kalendarios que había recogido 
Don Josef Cevallos , Doctor de la Universidad de Sevilla , para 
formar el Kalendario general de España , al qual debían acom- 
pañar por apéndice los referidos documentos colocados por su 
antigüedad , demostrada ésta en un prologo histórico. Pero la Aca- 
demia , ocupada de alli á poco tiempo en la nueva empresa del 
Diccionario Geográfico-Histórico , no pudo atender al menciona- 
do proyecto. 

XI. En 1 77 1 dirigid la Academia á los Consejos y ala. Cá* 
mará sus correspondientes oficios , pidiendo se la franqueasen los 
memoriales ajustados de pleytos que se imprimiesen , con el ob- 
jeto de aumentar el índice Diplomático , y el ramo genealógi- 
co : nombrando un Académico para solicitarlos y recogerlos. En 
1 77 6, con motivo de haberse acordado continuar la colección 
de cédulas diplomáticas que tenían acrescentada hasta 342 vo- 
lúmenes los Académicos D. Juan de Ribera , y D. Antonio Mu- 
rillo , se encargo la compra de crónicas asi mss. como de las 
primeras ediciones , y en su conseqüencia la recolección de me- 
moriales ajustados : á cuyo fin se represento segunda vez al Con- 
sejo y Cámara de Castilla , paraque los Secretarios y Relatores 
entregasen para la Academia un exemplar de cada uno en pley- 
tos contenciosos entre partes , respecto de que , siendo papeles pú- 
blicos , no podria haber inconveniente. 

XII. En enero de 1773 presentó el Doctor Casiri un Dic- 
cionario de voces arábigas geográficas , usadas en la lengua caste- 
llana , reducidas por él mismo á su origen y verdadero significa- 
do. Esta obra , mas necesaria de lo que se cree , se reserva pa- 
ra ilustrar la historia y descripción topográfica de nuestros pue- 
blos y territorios. 

XIII. Por mayo del mismo año se adoptó y fomentó el plan 
de una Colección Diplomática , que intentaba formar Fr. Don Ma- 
nuel Abad y la Sierra , de la Congregación claustral Benedicti- 
na , entonces Prior de Meya , cuya idea había presentado á la 
Academia; y ésta, instruida de la utilidad de la obra, y del mé- 



DE LA ACADEMIA. IV 

rito de su autor , le agrego' al número de sus individuos , para- 
que con esta calidad pudiese usar de los auxilios y facultades del 
Cuerpo. 

Los primeros ensayos de las tarcas c inteligencia de este in- 
dividuo los recibid la Academia en 1779, en que la Real Cá- 
mara se sirvió pasarle un Índice de varios códices antiguos , con 
dibuxo sacado al vivo del carácter de su letra , y copia en la 
corriente y usual puesta al frente , por haberse estimado que es- 
te índice contenia noticias que merecían la atención y examen 
de la misma Academia , conservándolas para su#uso , pues era el 
primer fruto del reconocimiento de los archivos de iglesias y 
monasterios de la Corona de Aragón , que estaba haciendo el 
Prior de Meya , autorizado con orden de aquel supremo tribu- 
nal. La Academia coloco estas muestras originales con los de- 
más monumentos y memorias primitivas y auténticas de nues- 
tra historia. 

XIV. En 1778 se hizo presente el prospecto que habia for- 
mado el impresor Don Antonio Sancha para publicar las Cró- 
nicas de los Reyes de Castilla , y una petición hecha por Don 
Eugenio de Llaguno , Académico del número , en que hacia pre- 
sente el trabajo , cotejos , y demás diligencias que habia hecho pa- 
ra dar á esta edición la perfección posible , habiendo ilustrado en 
primer lugar la del Rey D. Pedro , esperando de la Academia se 
serviría contribuir á este loable fin con sus observaciones y au- 
xilios. Ofrecióse ésta generosamente á concurrir con quantas me- 
morias , códices , y otros documentos , de los que existían en sú 
archivo , contemplase conducentes al desempeño de tan impor- 
tante obra , por lo que en ella se interesaba su instituto. 

XV. En 1 78 1 se proyectó escribir las Memorias del reynado 
de Carlos V , y demás siguientes de la Casa de Austria ;y en su 
conseqüencia se pasó, oficio al Bibliotecario mayor de S. M. pa- 
raque permitiese á dos Académicos comisionados á este objeto el 
examen de los documentos y mss. que hubiese en la Real Bi- 
blioteca pertenecientes á aquellos reynados. Con este motivo se 
acordó que los comisionados de la Junta destinada á este fin 
buscasen y comprasen las obras que citaba en- su acuerdo : que 



I, VI NOTICIA HISTÓRICA 

se solicítase real o'rden paraque en el monasterio de Monser- 
rate de esta Corte se franqueasen los 37 tomos en folio de car- 
tas y documentos correspondientes al rey nado del Emperador, 
que dexó legados el Cronista Don Luis de Salazar. Este pro- 
yecto murió , como algunos otros , antes de dar esperanzas de 
verdadero fruto. 

XVI. En 1 78 1 se presento y acaloro la idea de una Paleo- 
grafía y Bibliografía Española. La Academia, para desempeñar es- 
te importante objeto , considero desde los principios la necesidad 
de conocer y reunir todo género de monumentos dispersos en 
la nación. Y como la utilidad de estos monumentos depende de 
su lectura , y ésta exige un conocimiento y práctica constante en 
el manejo de las medallas , inscripciones , códices mss. y diplomas 
de todas las edades ; la paleografía , ó ciencia de la escritura an- 
tigua , fué desde luego considerada como un ramo de los mas 
principales que debia cuidar por instituto la Academia , instru- 
yendo á la nación para aprovechar y descifrar sus antiguos docu- 
mentos de toda especie. Falta á la Academia noticia exacta de los 
códices originales escondidos en las bibliotecas y archivos ; y los 
poseedores de estos mismos depósitos tampoco pueden submi- 
nistrar con la puntualidad que piden unas memorias que forman 
en parte las fuentes originales de la historia de España. Y aun- 
que algunos han hecho tentativas para reducir á reglas y exem- 
plos demostrativos la ciencia de leer y conocer con orden , sis- 
tema , y discernimiento los caracteres antiguos ; como esto ha si- 
do , á excepción de la paleografía del P. Burriel , sin tener á la 
mano los códices , escrituras , y diplomas , no podia esperar el pú- 
blico , y mucho menos la Academia , la facilidad de adquirir es- 
tos monumentos , si de antemano no facilitaba á los archiveros, 
y personas que los guardan , las nociones precisas para distin- 
guirlos, y conocer el valor y uso de cada uno en nuestra historia. 
Desde el año 175 1 trabajo la Academia con diligencia en 
aclarar esta , mediante el reconocimiento de los archivos y com- 
paración de las letras : , sin perder de vista la .paleografía arábi- 
ga , é inscripciones czificas,en que está depositada una porción con- 
siderable de nuestras memorias. La empresa, á la verdad ^reque- 



DE I. A ACADEMIA. LVII 

ría tiempo, y un número de personas versadas en estos monu- 
mentos , que pudiesen reunir el trabajo y los elementos necesa- 
rios para no proceder con arbitrariedad , ó caer en yerros trans- 
cendentales. Entre los individuos de la Academia que habian 
dedicado su atención á nuestra paleografía , mereció el primer 
lugar Don Manuel Abad y la Sierra , entonces Prior de Meya; 
quien , aprovechándose de lo que habia examinado en diferentes 
archivos y bibliotecas , y de la instrucción del mismo Cuerpo, 
dispuso un tratado de Paleografía Antigua , que en aquella épo- 
ca comprehendia hasta el siglo décimo , habiéndole ayudado á 
formar las demostraciones al vivo de la escriruA Don Francisco 
Xavier de Palomares , Académico correspondiente. 

Para hacer mas usual esta importante obra , quiso la Acade- 
mia añadir un tratado de Paleografía Arábiga ,y de Inscripciones 
Cúficas del Doctor Casiri , cuyos letreros habia diseñado al vivo 
el mismo Palomares , habiéndose abierto de ellas un número de 
láminas con su interpretación , paraque sirviesen de guia á los 
antiquarios en esta rara y difícil porción de nuestras memorias, 
hasta el dia ignorada de las naciones mas instruidas y versadas 
en el estudio de las lenguas orientales , como lo demuestran 
sus mismas obras. El segundo tratado tenia por objeto la Bi- 
bliografía , ó noticia de los códices mss. que se hallan en nues- 
tras bibliotecas, con una noticia sucinta de su contenido , y mues- 
tras de sus caracteres , cuya obra habia empezado el dicho Don 
Manuel Abad , y creyó la Academia merecía toda su atención pa- 
ra llevarla al cabo baxo del patrocinio del Rey. 

La ciencia diplomática , que propiamente recae sobre el uso 
y conocimiento de las escrituras y privilegios , es otro tratado 
que contrae mas inmediatamente el manejo de los caracteres an- 
tiguos á los documentos auténticos nacionales , y á sus fórmu- 
las , y variaciones progresivas. En este ramo ha formado la Aca- 
demia una colección tan numerosa de extractos ó resúmenes de 
estos monumentos , que con ella puede ilustrar nuestras crónicas, 
como lo ha hecho con algunas de las últimamente publicadas , 
componiendo todos hasta aquí 137 volúmenes en 4." con distin- 
ción de reynados y años. 

H 



1VIII NOTICIA HISTÓRICA 

Persuadida la Academia desde su establecimiento de la ne- 
cesidad de recoger las memorias antiguas de la nación , sin las 
quales es imposible rectificar nuestra historia ; consideró" por ine- 
ficaces sus esfuerzos sin el auxilio y protección real , y asi pro- 
puso á S. M. al dicho Prior de Meya , paraque , asociado del Se- 
ñor Palomares , saliese á examinar los archivos y bibliotecas mas 
considerables y antiguas de estos Reynos , pudiéndose extender 
esta licencia á aquellos individuos que la Academia hallase por 
conveniente emplear en este ramo , sin cuya facultad no se podia 
rectificar nuestra historia , como convenia al decoro del Cuerpo , 
y al desempeño de su Instituto. 

La resolución de S. M. comunicada por la primera Secreta- 
ría de Estado , fué : que sin hacer viages , expuestos á muchas con- 
tigencias , podia el Prior de Meya , valiéndose de las luces de la 
Academia , con cuya censura y con el nombre de individuo su- 
yo se habia de publicar , continuar la Paleografía , y perfeccio- 
narla en Madrid , sin perder de vista la Bibliografía , y la Diplo- 
mática ., haciendo S. M. se le franquease lo que hubiese menes- 
ter de la Biblioteca Real , y se le traxese de los archivos y li- 
brerías de catedrales y monasterios quanto quisiese disfrutar. Sin 
embargo de estas promesas , nada se verifico después : y de esta 
desconfianza nació la tibieza con que se miró luego esta úti- 
lísima empresa. 

Para instrucción preliminar , asi de los formantes del Diccio- 
nario Geográfico-Histórico , como de los lectores de esta vasta 
obra , se trató en 1791 de extender, como trabajo separado, un 
Vocabulario de nombres propios y genéricos , pertenecientes á la 
geografía , é hidrografía , consideradas en sus divisiones natural , 
civil , física , y política, que tiene adoptados la lengua castellana, 
con respecto á los objetos conocidos y visibles en la superficie 
del suelo de España. En esta obra , destinada primeramente á fi- 
xar y enriquecer la lengua topográfica , se trató de dar exactas 
y claras definiciones á aquellas voces , de que se ha de usar fre- 
qüentemente en el contexto de los artículos del sobredicho Dic- 
cionario , añadiendo aquellas que suelen comunmente faltar en 
el diccionario general de la lengua. 



DE LA ACADEMIA. EIX 

En esta primera tarea , que por su naturaleza admite reparti- 
miento , trabajaron todos los Académicos. Recogidas y ordenadas 
las nomenclaturas y los extractos , se nombro' una Junta particular 
compuesta de los Señores Ortega, Capmany , Cornide , y Gilleman, 
presidida por el Director Conde de Campománes , para rever y 
rectificar las definiciones , y añadir aquellos nombres que no se 
hubiesen tenido presentes. En esta comisión empleo' la Junta 
ochenta sesiones, á dos cada semana, hasta dexar concluida la obra, 
cuyo último examen se está haciendo para ponerla en estado de 
darse al público en beneficio de la lengua , y de los lectores , asi 
de los extrangeros que la desconocen , como de4os naturales que 
la estudian poco. 

En 1770 proyectó la Academia formar una Diplomática Es- 
pañola , arreglada en todo á la de Mabillon , enriquecida de no- 
tas geográficas, y cronológicas , é ilustrada en los pasages mas obs- 
curos con disertaciones é instrumentos auténticos , en la qual tra- 
bajaban á la sazón unos monges Benedictinos ,que solicitaban el 
honor de Académicos para emplearse en esta obra baxo la di- 
rección de este Cuerpo. Entonces se creo una quarta clase de 
individuos, que es la de Correspondientes. 

Esta importante obra seguía con visible empeño y progreso 
en 1773 , pues por setiembre del mismo año el General del Or- 
den de San Benito dio cuenta del estado y reconocimiento de 
archivos , executado por los diez Académicos correspondientes 
de su religión, acompañando el aparato entregado por el P. Ibar- 
reta. Y en su conseqüencia se contexto al dicho P. General , in- 
cluyéndole nuevas instrucciones para la perfección de la obra, 
con observaciones prácticas muy oportunas al método que con- 
venia siguiesen aquellos monges en sus investigaciones , y con re- 
glas muy necesarias en el reconocimiento de co'dices y manuscritos. 
Pero como esta empresa , digámoslo asi , combinada , pedia 
constancia , zelo, y una harmonía, difícil de hallarse entre cuer- 
pos separados , y dirigidos por distintas máximas ; no ha tenido 
los progresos que prometieron al principio los deseos y buena 
voluntad de sus operarios. 

h 2 



IX NOTICIA HISTÓRICA 

§. IX. 
HISTORIA DE INDIAS. 

JL/a Academia , que desde 25 de octubre de 1744 tenia conce- 
dido en futura , por real decreto , el oficio de Cronista mayor 
de las Indias , no entro en el goce y posesión de este cargo has- 
ta 12 de noviembre de 1755 ; porque , sin embargo de haberle 
el Consejo Supremo expedido el título correspondiente en 7 de 
mayo de 1750 por fallecimiento del Cronista de aquellos Rey- 
nos Don Miguel Herreros de Ezpeleta , en el mismo tiempo se 
sirvió S. M. conferir el mencionado empleo al Maestro Fr. Mar- 
tin Sarmiento , del Orden de San Benito , quien lo exercio' has- 
ta que , provisto para la Abadía Claustral de Ripoll en Catalu- 
ña , tuvo que dexarle , por ser oficio que requiere precisa resi- 
dencia en la Corte. , 

Entonces resolvió S. M. , á consulta del expresado Consejo 
de 12 de agosto de 1755 , confirmar la gracia hecha á la Aca- 
demia por el Señor Rey Don Felipe V : y en su real decreto 
expresaba , que : „ Quería y era su voluntad que la referida Aca- 
„ demia , aplicándose especialmente , como se lo encargaba , á la 
„ historia de Indias , como la mas principal é importante de to- 
„ dos sus dominios , la prosiguiese conforme á lo que por el ex- 
„ presado Consejo se la ordenare , recopilando todo lo que fal- 
„ tare que escribir para la claridad y verdadera inteligencia de 
„ lo sucedido en su descubrimiento , y de las demás cosas dig- 
„ ñas de memoria ; siendo de su cargo el ver y examinar lo que 
„ otras personas escribieren , según lo que tenia ordenado y man- 
„ dado S. M. y se dispusiere en lo sucesivo ; de averiguar la ver- 
„ dad de todo lo que ella escribiere , de modo que saliese muy 
„ cierto ; y de guardar secreto en las cosas que se la encargaren. 
„ En esta atención, y de que había hecho, por la persona que 
„ nombro ai tiempo que se la despachó el título , el juramento 
s , acostumbrado de que bien y fielmente serviría el menciona- 
„ do empleo , había venido en confirmarle aquella gracia , man- 



DE LA ACADEMIA. LX1 

,, dando á los del mencionado Consejo hubiesen y tuhiesen á la 
,, dicha Academia por tal Cronista mayor de las Indias , guardan- 
„ dola y haciéndola guardar todas las gracias , franquezas , y pree- 
„ minencias que por esta razón la competan , y haciéndola dar 
,, todas las historias , relaciones , informaciones , memoriales , y 
„ otros qualesquier libros y papeles que haya y fuere menester 
„ para cumplir con este encargo , y acudiendola asimismo con 
„ todos los derechos á él anexos y pertenecientes: que era igual- 
„ mente su real voluntad que hubiese y llevase de salario por 
„ este empleo en cada un año. 1 20 reales de vellón, que era el 
,, mismo que en 171 8 se le señalo." 

En este real decreto, y en sus antecedentes, está comprehen- 
dida la historia del origen y cargos de este empleo , con que hon- 
ro S. M. á la Academia. Falta ahora saber si los ha desempeña- 
do , o si los ha podido desempeñar. Ignorase como cumplid su 
oficio el Maestro Sarmiento en los cinco años que lo poseyó ; 
lo cierto es , que si algo trabajo o' coordinó , no lo ha visto ni 
disfrutado hasta aqui la Academia. Esta , que nunca ha olvida- 
do las obligaciones en que la constituye este nuevo cargo , no 
teme manifestar al pilblico sus tareas , sus conatos, y el malogro 
del fruto de sus trabajos,)- aun de sus deseos. 

Desde los principios formo un plan sobre el modo con que 
habia de usar de las facultades de este oficio. Por principal artí- 
culo nombro tres Académicos , que con el título de Revisores de 
Indias se ocupasen determinada y peculiarmente en el desempeño 
de la nueva obligación, y en examinar .informando á la Academia, 
los libros y papeles que remitiese el Consejo á su censura. Los 
individuos fueron : Don Francisco de Púbera , Don Ignacio de 
Hermosilla , y Don Josef Marcos Benito , señalándoles gratifica- 
ción igual á la de los demás Revisores del Cuerpo. 

Consecutivamente se presentaron diferentes ideas sobre la obra 
que se debia proponer al Gobierno ; y después de varios pare- 
ceres , planes , discusiones , y alteraciones , fué adoptado el pensa- 
miento de la geografía , historia natural , y ritos antiguos de aque- 
llos pueblos. Presentado por cada uno de los Revisores su plan, 
en que huvo alguna discordancia , se remitieron al Consejo de 

I 



LXII NOTICIA HISTÓRICA 

Indias en 19 de febrero de 1757 , pero en 1760 no se había co- 
municado resolución alguna sobre el asunto. 

Desde entonces nunca ceso la Junta de idear medios de ade- 
lantar los ramos de esta historia , de proponer planes y méto- 
dos , en que se empleaban las conferencias , y de adquirir libros, 
cartas , relaciones , y otros documentos , de que carecía la Acade- 
mia quando recibió este cargo. 

A fines de 1764 el Señor Ulloa empezó á leer un plan que 
habia formado , para escribir la historia natural y civil de las In- 
dias, con arreglo ala instrucción que habia dado el Consejo, de 
cuya lectura y meditación resultaron muchas conferencias. En 
el año siguiente se trató de formar una biblioteca metódica de 
autores de Indias ; y á fines del mismo se acordó que , para la 
representación que se habia de dirigir al Consejo sobre el méto- 
do de escribir aquella historia , se pidiese á dicho supremo tri- 
bunal que las personas , destinadas para recoger apuntamientos 
de noticias en aquellas regiones , firmasen las relaciones que hi- 
cieren de ellas , y que la Academia recomendaría en el cuerpo 
de dicha obra su trabajo y diligencia ; y finalmente que se avi- 
sase á los Académicos residentes en Indias contribuyesen remi- 
tiendo noticias y materiales. 

Ivanse adquiriendo libros, estampas, y dibuxos para dicha his- 
toria civil y natural : tarea y dispendio en que no ha cesado ja- 
más la Academia , como asimismo en la adquisición de viages 
mss. hasta estos últimos años , de relaciones y noticias raras , y 
de extractos de diarios , derroteros, descubrimientos, y misiones. 
Para llevarla adelante se estableció una Junta de siete Académi- 
cos , con el particular y preciso destino de trabajar en ella baxo 
de las reglas de la Junta particular de primero de junio del mis- 
mo año de 1765. 

Remitióse al Consejo el dictamen del Cuerpo , exponiendo 
los motivos que le obligaban á ello , atendido lo que disponen 
las leyes de Indias en la presente materia , lo que en observan- 
cia de éstas han executado sus Cronistas mayores, y la variación 
sustancial que se advierte de tiempo en tiempo en lo pertene- 
ciente al gobierno eclesiástico y secular de aquellas provincias, 



11 E LA ACADEMIA. LXIII 

y i l.i población de unos terrenos , y despoblación de otros. 

Por febrero de 1766 se represento al Rey solicitando se tra- 
xese á España la colección de monumentos para la Historia Me- 
xicana, recogidos en aquellos países por Don Lorenzo Boturini, 
cuyo catálogo se halla al íin de la Nueva Idea de una Historia 
de la América Septentrional , que este autor había publicado en 
Madrid en 4." en 1746". 

Por setiembre de 1766 se hizo una instancia al Señor Pre- 
sidente del Consejo de Indias , sobre la entrega de documentos 
y papeles del archivo de aquel supremo tribunal á los dipu- 
tados de la Academia para la formación de la historia de aque- 
llos dominios , según lo prevenía la real instrucción comunica- 
da al Cuerpo á consulta del mismo Consejo, su fecha en 25 de 
setiembre de 1764, en la qual se le informaba del esmero y 
diligencia incesante con que trabajaba en la colección de mate- 
riales la Junta particular , formada y dotada baxo de bien medi- 
tadas reglas , para cumplir con el oficio de Cronista mayor. Pe- 
ro el Presidente mostró' siempre repugnancia á dicha entrega in- 
determinada , con el pretexto de no convenir que aquellos pape- 
les se manifestasen y publicasen. Y aunque el Director de la Aca- 
demia le hizo patente el buen uso que ésta haría de ellos , no 
pudo persuadirle á prestarse á esta idea. 

Por noviembre de 1766 la Junta de Indias dio cuenta á la 
Academia del estado de sus trabajos , expresando : que la experien- 
cia, que habia adquirido en la execucion de su encargo, la habia 
enseñado ser preciso hacer algunas mutaciones , que sin alterar en 
cosa sustancial el plan ya adoptado , mejorasen el método , faci- 
litando el trabajo , y acelerando su conclusión : que en los extrac- 
tos que se habían hecho , y se continuaban , de lo respectivo á 
la historia natural , no hallaban cosa digna de reparo ; antes bien 
creían que,á causa de no ser este ramo de excesiva extensión en 
los libros , podrian evacuarse todos sin el temor de formar gran- 
des ni indigestos volúmenes , sino una selecta coordinación de 
apreciables materiales en pocos tomos : que lo contrario sucedia 
respecto de los extractos pertenecientes á la historia civil y sus 
diferentes partes, pues la experiencia habia mostrado que no traían 



XXIV NOTICIA HISTÓRICA 

comodidad , facilidad , ni aun instrucción al que los trabaja ; an- 
tes bien confusión y multiplicadas fatigas para ordenar tantas y 
tan inconexas especies. 

Entonces se acordó cesar en estos extractos , y formar una 
Biblioteca de los AA. de Indias , con cédulas bibliográficas que 
presentasen á la letra el título de cada uno , y una sucinta y cla- 
ra idea de la materia que trataba , y de su método , con expresión 
de los originales que disfrutó , y de los instrumentos que traía, 
citando los folios , para adquirir por este medio una noticia ra- 
zonada del libro y de lo sustancial. Baxo de estas reglas se go- 
bernó después la Junta en la formación de los extractos y aco- 
pio de documentos. 

En agosto de 1767 se acordó que los mss , comprados á la 
testamentaria de Don Lorenzo Boturini , se pasasen á la Junta pa- 
raque los examinase , informando á la Academia. 

En abril de 1768 representó la Junta, exponiendo á la Aca- 
demia lo que habia trabajado y deliberado desde el acuerdo de 
28 de noviembre de 1766. Seguidamente se aprobaron las re- 
glas é instrucciones hechas en la misma Junta , paraque sus in- 
dividuos se aplicasen á la formación de la Biblioteca de Indias. 

En junio de 1775 hicieron presente los individuos de la Jun- 
ta el estado de sus trabajos , que por no haber quedado mas que 
tres de ellos habían suspendido las sesiones , y que tenían extrac- 
tados ya los libros de que habían de sacar cédulas. Se deliberó 
formar inventario de todos los papeles y trabajos hechos , y que 
pasase al Censor para su dictamen. 

En octubre de 1777 se acordó que á" la obra intitulada His- 
toria de la América , publicada en inglés por el Doctor Guiller- 
mo Robertson , que acababa de traducir al castellano el Acadé- 
mico Supernumerario Don Ramón de Guevara , se le pusiesen no- 
tas , ilustraciones , y reparos críticos , para darlo todo á luz con 
la mayor brevedad. 

La Academia , pues , para desempeñar el cargo de Cronista 
mayor de las Indias , y considerándose como tal , obligada á pro- 
mover , por todos los medios que pueda , la instrucción públi- 
ca , y perpetuar la memoria de las acciones ilustres de los espa- 



DE LA ACADEMIA. 1XV 

ñoles en aquellos vastos dominios del Rey , hizo una consulta ;í 
S. M. manifestando : habia hecho traducir al castellano la men- 
cionada Historia de Robcrtson : que las naciones cultas , habien- 
do conocido el juicio y solidez de esta obra, procuraban tradu- 
cirla en su idioma propio : que anadia sus notas en aquellos pa- 
sages históricos , cuya puntualidad no alcanzó Robertson por 
falta de documentos : que deseando dar á la nación un constan- 
te testimonio de su zelo , habia suplicado á S. M. su real per- 
miso para imprimir esta traducción con las notas y adiciones 
correspondientes , solicitando al mismo tiempo que por la Se- 
cretaría del Despacho Universal de Indias , por las del Conse- 
jo, y de su Contaduría general , se la suministrasen , como á tal 
Cronista mayor , los monumentos necesarios para puntualizar 
las obras que fuese produciendo ó ilustrando , tocantes al desem- 
peño de su instituto , pues sin hechos bien averiguados mal po- 
dia acrisolarse la verdad : que de estos necesitaba para rectificar 
las notas de Robertson , cuya versión castellana en estos térmi- 
nos pareceria original , y ganaría la preferencia á las que se es- 
taban haciendo en París y Florencia. 

Con esta consulta mereció la Academia un ventajoso con- 
cepto de S. M. pues se sirvió resolver , en prueba del agrado con 
que miraba tan generosos conatos , y con el fin de animarlos y 
sostenerlos : que' por la Secretaría del Despacho , las del Consejo 
y Cámara , y de la Contaduría general de Indias , se la comu- 
nicasen , no solo las noticias oportunas para fundar las notas que 
estaba haciendo , y rectificar las del autor , sino también todas 
las demás que pudiesen servir para enriquecer y puntualizar las 
obras que la misma Academia , como Cronista de Indias , fuere 
produciendo. 

Esta empresa , en cuya perfección trabaxó la Academia por 
espacio de dos años en Juntas extraordinarias , ocupadas en la lec- 
tura de extractos , y en la recolección de monumentos y noticias 
recónditas , que habia adquirido , ya de particulares , ya de la bi- 
blioteca imperial de Viena , sin perdonar gasto , fué interrumpi- 
da á principios del año 1779 con motivo de las providencias 
que parecieron convenientes al Ministerio en las circunstancias 

1 



1XVI NOTICIA HISTÓRICA 

en que se hallaban entonces los negocios generales de Europa. 
La Academia archivo desde aquel punto todos los papeles y do- 
cumentos , suspendiendo sus trabajos , y el grabado de las cartas 
geográficas , que , rectificando las de la obra de Robertson , de- 
bían servir para la traducción castellana. Pero no por esto ce- 
so , ni ha cesado , de adquirir , en cumplimiento de su oficio , 
quantos mapas , planos , derroteros , expediciones , y descripciones 
mss ha estimado útiles y conducentes para coordinar é ilustrar 
la historia de aquellas regiones. 

Desde entonces tampoco ha dexado de ocuparse la Acade- 
mia en la censura de obras y proyectos de particulares , remiti- 
dos á su informe , unos por el Consejo , y otros por la Via Re- 
servada de Indias , en cuyos encargos ha expendido mucho tiempo. 

Posteriormente el Ministerio tuvo por conveniente mudar de 
plan , encargando la obra , en que entendía la Academia , baxo 
de otra idea y objeto , á Don Juan Bautista Muñoz , cosmógra- 
fo de Indias ; y en su conseqiiencia recibió el Cuerpo una real 
orden de 20 de enero de 1788 , en que se le mandaba fran- 
quear á este literato los papeles y documentos de su archivo , 
pertenecientes á la historia general de aquel Continente, de cu- 
ya extensión estaba encargado por orden especial de S. M. 

La Academia , con esta noticia , representó : que hallándose 
distinguida con el empleo de Cronista mayor de las Indias per- 
petuamente desde el año 1755, y quando , lejos de poner en ol- 
vido la obligación en que esta gracia la constituía , no habia de- 
xado desde entonces de recoger memorias , noticias , y documen- 
tos para ilustrar los varios artículos que abrazaba tan vasta comi- 
sión , no le era lícito mirar con indiferencia que se hubiese fia- 
do su desempeño á una persona particular , que ni aun era del 
número de sus individuos , encargándole , con desayre suyo , las 
mas esenciales y preciosas funciones de su empleo. Sabía también 
la Academia que con el mismo objeto se habia autorizado á di- 
cho comisionado para reconocer el archivo de Simancas , los de 
la contratación de Cádiz y Sevilla , el de la torre del tombo 
de Lisboa , y otros varios archivos y bibliotecas , ya de comu- 
nidades , ya de particulares , de los quales habia sacado todas las 



DE LA ACADEMIA. LXVir 

copias y apuntamientos que juzgó necesarios , y tenían relación 
con su encargo. Y siendo un derecho incontestable del Cronis- 
ta , por la L. ni. tit. 12. lib. i. de la Recopilación de Indias , la 
participación de esta especie de documentos , paraque pueda apro- 
^ echarlos en sus relaciones históricas , y usar de ellos con la cir- 
cunspección y reserva que exige la materia y previene la misma 
ley ; tampoco podia la Academia dexar de sentirse desayrada , 
quando , no solo se la defraudaba de este derecho , sino que se 
pretendía enriquecer la colección de Muñoz con los mismos do- 
cumentos de su archivo , que son su peculiar patrimonio , y fru- 
to de su aplicación , y de sus tareas. 

No pretendía la Academia disminuir el mérito del sugeto , 
de cuya laboriosidad y literatura tenia muy buen concepto ; pe- 
ro qualesquiera que fueren sus luces y conocimientos, juzgaba que 
trabajando á su vista , y baxo de su dirección y auxilios , debian 
estar mas seguros de su desempeño , no solo el Gobierno y el 
pilblico , sino también el mismo autor ; pues agregándole al gre- 
mio de sus individuos , y subordinando su comisión al voto y 
dirección del Cuerpo, quedarían conciliados el honor é interés 
de aquel , con el decoro y justa consideración que se debe á éste. 

Sin embargo de quanto expuso la Academia , se la contexto 
por la Via Reservada de Indias : que S. M. había resuelto con- 
tinuase Muñoz la comisión que le estaba conferida de escribir 
la historia general del Nuevo Mundo : que para su decoro le des- 
pachase el título de Académico que le ofrecía el Cuerpo : que 
como á tal, le franquease los libros y papeles que necesitase : y 
que promoviese y fomentase tan útil empresa , de la qual la re- 
sultaría el honor de que uno de sus individuos se aplicase á des- 
empeñar una obra tan deseada en todos tiempos. 

Ya se ha dicho mas arriba , que en 1766 había la Academia 
hecho la solicitud al Rey paraque se la franqueasen los docu- 
mentos, que existían depositados en México, de varias pinturas, 
geroglificos , dibuxos ,y otras especies de escrituras de los indios 
y corte de Motezúma , para escribir la historia de aquellos do- 
minios con la exactitud y orden que merecía. Pero hasta 19 de 
enero de 1 79 1 no se verificó la resolución de S. M. que , con- 

1 2 



ZXVIII NOTICIA HISTÓRICA 

formándose con el dictamen que en 27 de abril de 1790 le ha- 
bía expuesto el Consejo de Indias , se sirvió' expresar : que en el 
dia no exígia providencia dicha solicitud, y que igualmente pre- 
venia á dicho supremo tribunal que la Academia debia escri- 
bir la citada historia en cumplimiento de su empleo de Cronis- 
ta mayor , á cuyo archivo , para su mejor custodia , se pasarían 
los papeles y noticias que se pidiesen á México , á fin de que, 
asi el Cuerpo , como el sugeto que se hallaba con igual encargo, 
hiciesen de todo el uso que necesitasen. 

La Academia , en contextacion á la real orden comunica- 
da por el Consejo , hizo presente la imposibilidad en que se ha- 
llaba de tomar resolución sobre el asunto , por ahora , hasta que 
se tuviese una copia del índice o' sumario del museo de Botu- 
rini , existente en el Vireynato de México ; y al mismo tiempo 
manifestó el estado de los trabajos y materiales que tenia ade- 
lantados y recogidos la Academia hasta entonces , para empren- 
der la obra , y de los auxilios de que necesitaba para comple- 
tarla. El Excelentísimo Señor Marques de Baxamar , entonces Se- 
cretario de Estado y del Despacho Universal de Indias , enterado 
de los trabajos literarios de la Academia , de la qual es indivi- 
duo numerario , manifestó los deseos que tenia de proponerla , en 
la primera Junta á que pudiese asistir, varios asuntos é ideas re- 
lativas á la historia de aquellos dominios. 

El tomo I." de la obra que trabajaba D. Juan Bautista Muñoz 
con el título de Historia del Nuevo Mundo , baxo los auspicios y 
auxilios del Ministerio , y tenia dispuesto para sacarlo á luz , se pa- 
só en agosto de 1791 al examen y censura de la Academia , de 
orden de S. M. comunicada antes al Consejo de Indias. Quatro 
individuos comisionados por el Cuerpo dieron su dictamen , juz- 
gando la obra digna de toda recomendación , con algunas ligeras 
advertencias sobre algunos apéndices y sumarios que echaban de 
menos. La Academia , en vista de estas prevenciones , y de algu- 
nas dudas que se suscitaron en la Junta sobre la idea general 
de la geografía que ocupa el libro I.° ; acordó se leyese en la pró- 
xima sesión , para mayor instrucción de los Académicos , y mas so- 
lemne examen de la obra en esta parte , á fin de poder dar al 



D E L A A C A D E M I A. LXTX 

Rey y al Consejo el juicio que la tenia encargado sobre el mé- 
rito e importancia de dicha historia. 

Vil Académico , sin embargo de haberse conformado la Jun- 
ta con el favorable juicio de los expresados censores , y en espe- 
cial con los términos de recomendación que á pluralidad de vo- 
tos se había resuelto incluir en el informe ; leyó , con permiso de 
la Junta , su voto singular , fundado en algunos reparos que á me- 
jor luz habia hallado en los quatro primeros libros de la refe- 
rida historia. Y en vista de las dudas y escrúpulos que susci- 
to la lectura de dicho papel ; se acordó , á pluralidad de votos , 
que el ms. original se leyese y reconociese de nuevo por la Aca- 
demia plena en sesiones extraordinarias semanales , y con asis- 
tencia de los quatro censores. Después de celebradas diez Jun- 
tas , en que se iva prosiguiendo la revisión de dicha historia con 
la madurez que exigía la naturaleza de la obra , el crédito de la 
nación , el concepto de la Academia , y la delicadeza del encar- 
go que como á Cronista de Indias se digno hacerla el Rey , y 
recomendarla aquel Consejo ; recibid con fecha de 8 de enero 
de 1792 otra real orden por la Via Reservada de Indias, previ- 
niéndola : „ cesase en su revisión , devolviendo al Consejo el ma- 
„ nuscrito original , acompañado del dictamen de los quatro cen- 
„ sores que habia comisionado el Cuerpo á este fin , por estar ya 
„ vista , examinada , y aprobada con elogios por los mismos , en 
,, quienes habia comprometido todas sus facultades ; siendo con- 
„ tra costumbre de la misma Academia mandarla ella leer y exá- 
„ minar de nuevo." 

La Academia obedeció con mucha prontitud y complacencia, 
por verse exonerada inesperadamente del peso de tan enojosa re- 
visión , en la que , ignorando sin duda el Autor el buen uso que 
se pretendia hacer de algunos leves reparos , que se anotaban pa- 
ra su aviso privado , y mayor perfección de la obra , levantaría 
acaso alguna queja, creyendo desayrada su reputación literaria ; 
sin considerar que , por este medio irregular y violento , salia su 
obra sin calificación formal y expresa del Cuerpo , por habérse- 
le suspendido á este el conocimiento y la facultad de juzgar li- 
. bre y plenariamente un escrito que se le habia poco antes man- 



LXX NOTICIA HISTÓRICA 

dado examinar : pues nunca podía la Academia desprenderse del 
derecho de mejorar , d reformar sus juicios , antes de sancionar y 
dar al público su última resolución , en la que puede variar , mo- 
dificar , d reprobar el parecer particular de sus comisionados , se- 
gún la práctica , y la razón ; de lo qual es patente testimonio 
la cláusula formularia con que concluyen constantemente todos 
los informes de los censores delegados por el Cuerpo, de sujetar 
su dictamen al acuerdo superior de la Academia. 

Negocio fué este , en que el amor propio de algunas perso- 
nas engañadamente se sintió herido ; y en que probo el manejo 
de unas y la poquedad de otras , ya que no pudieron subyugar 
la opinión , amedrantar los ánimos , que tampoco pudieron. Pe- 
ro la Academia en uno y otro caso creyó haber cumplido con 
sus principales obligaciones, de cronista de Indias , de censor rec- 
to é imparcial , y de obedientísima á las reales ordenes. 

Reformados los planes é ideas de los trabajos literarios por 
el nuevo reglamento de 1792 , que trata de su distribución y ob- 
jetos , se reformo también el plan de los pertenecientes á la his- 
toria de Indias , creando , como se expresa en el articulo I. una 
Sala destinada á estas tareas , asi como se establecieron otras , pa- 
ra las antigüedades , la geografía , y la remisión de obras académicas. 

Desde aquella época ha celebrado dicha Sala 53 sesiones en 
el reconocimiento , examen , y juicio de quanto se habia traba- 
jado , y de quanto se podría adelantar ; informando de lo que ha- 
llaba supérfluo , d defectuoso. 

Puede , sin embargo , gloriarse la Academia de que en todos 
tiempos ha sabido sostener los derechos que la corresponden por 
su oficio, como asimismo cumplir, en quanto le ha sido permitido, 
las obligaciones que éste le impone. 

Una de ellas es revisar y examinar lo que escriban los au- 
tores particulares relativo á aquellas regiones : y asi el Ministerio, 
queriendo que este derecho se conserve ileso á la Academia , en 
todos los casos que se han ofrecido , la ha honrado con la con- 
fianza de estos encargos. 

Por la Via Reservada de Gracia y Justicia de Indias , con ofi- 
cio de 2 de marzo de 1790 , se pasó á informe del Cuerpo, 



DE LA ACADEMIA. 1XXI 

paraque expusiera si hallaba reparo , la solicitud de un sugeto re- 
sidente en México , en que pretendía se le concediese el título 
de Cronista de Nueva España , con el motivo de dedicarse á es- 
cribir una geografía completa de América. 

La Academia informo á S. M. : que en la propuesta del in- 
teresado hallaba que el título de geografía no convenia por sí 
solo con el dictado de Cronista , cuyo instituto es referir los su- 
cesos por años ajustados á la cronología , interpolando las descrip- 
ciones de las tierras que se descubran de nuevo : que era tam- 
bién del cargo del Cronista ajusfar la historia á los intereses po- 
líticos de la nación y derechos de la corona , sosteniéndolos con- 
tra las declamaciones y rumores de las naciones rivales , ó de 
las provincias conquistadas , por cuya razón era una de las má- 
ximas fundamentales de estos Reynos , y señaladamente de los de 
Indias, que el Cronista en todos tiempos haya de residir en la 
Corte , paraque escriba su historia á la vista de los tribunales 
que la hayan de rever , y que se halle dotado de aquellas cali- 
dades, luces , crítica , y principios políticos que debe contener una 
historia bien escrita , capaz de instruir la nación , y de rebatir 
las invectivas de los émulos de sus glorias : que de estos princi- 
pios habia dimanado el establecimiento del empleo de Cronista 
de Indias contenido en el tit. xu. lib. 2° de la Recopilación , 
que no solo dispone de lo que debe hacer el Cronista , sino que 
á él se deben pasar las relaciones y noticias , aun las reservadas, 
para usar de ellas con la discreción y buen juicio propio de 
esta gran confianza , la qual , sin embargo , nunca ha impedido 
que los particulares literatos escriban relaciones , viages , y aun 
historias locales de aquellas regiones ; pero ha sido siempre con 
la prudente precaución de que se presenten al Consejo de las 
Indias , d á la Via Reservada , que regularmente confia al Cro- 
nista mayor su examen : que la Academia tenia de esta práctica 
un gran ndmero de exemplares , habiendo procurado advertir lo 
que debe omitirse , mejorarse , ó añadirse en tales obras , por quan- 
to inspira una revisión de esta autoridad confianza en su lec- 
tura , y aparta el riesgo de que salgan á luz escritos mal di- 
geridos , ó noticias perjudiciales : que , en quanto á autorizar al 



X.XXII NOTICIA HISTÓRICA 

suplicante con el título de Cronista , parecía novedad contraria 
á las leyes , y que podia traer inconvenientes el abrir un exem- 
plo acaso dañoso á la nación , y á los intereses de la corona. 

A la verdad la Academia habia dado ya pruebas del zelo , 
cuidado , y circunspección con que procuraba examinar y juzgar 
las obras varias que en distintas ocasiones se ha dignado S. M. 
pasar á su censura , ayudando á sus autores para la corrección 
y rectificación de sus escritos , en cuyos prolixos trabajos cree 
haber cumplido no pequeña parte de los cargos de su oficio. En 
6 de julio de 1789 se le cometió por la Via Reservada la His- 
toria política , natural , y christiana de las Filipinas , del presbíte- 
ro Don Valerio Potó : en 23 de junio la Historia del Reyno de 
Quito , del presbítero Don Juan de Velazco : en 2 3 de octubre 
otra con este título Medios de estrechar mas la unión entre Es- 
pañoles y Americanos : en 4 de octubre la Historia del Rio Gran- 
de de la Magdalena : en 5 de mayo de 1790 el Retrato histéri- 
co-político de las Islas Filipinas , del presbítero Don Juan Anto- 
nio Tornos : en 20 de agosto del mismo la Descripción historial 
de la provincia y archipiélago de Chiloé,ác Fr. Pedro González 
Agüero. En algunas de estas obras casi se puede asegurar que la 
Academia ha trabajado tanto como sus autores. 

§. X. 

DICCIONARIO GEOGRÁFICO. 

Jtor mayo de 1766 se presentó y adoptó el proyecto para la 
formación de un Índice General Geográfico de España, á que dio 
el principal impulso la colección de las cédulas, trabajadas ya por 
Don Juan Manuel de la Parra , que ascendían á diez mil ciento 
y cincuenta. Vistas las cosas á mejor luz en otras Juntas , se acor- 
dó mudar el título de índice en el de Diccionario Geográfico de 
España. Después de haberse tratado de la división que habia de 
llevar esta obra , se acordó consultar á S. M. pidiendo la noticia 
de los pueblos que comprehendia la operación de Única Contri- 
bución , ó Catastro , que se hizo en 1753 en las provincias de 



DE JL A ACADEMIA. LXXIII 

la Corona de Castilla , quedando al cuidado del Director recoger 
igualmente las noticias por lo respectivo á la Corona de Aragón, 
é Isla de Mallorca. 

En 17^)9, el Señor Parra presento' dos Índices alfabéticos to- 
pográficos que había formado ; el uno de los pueblos de las siete 
Merindad.es de Castilla la Vieja y su Corregimiento , y el otro 
de los del Reyno de Aragón. Con estos buenos principios cre- 
cían los deseos de llevar adelante esta grande empresa , y la es- 
peranza de que fructificarían con el auxilio de todos los indi- 
viduos. 

En 1 77 1 el Doctor Casiri propuso la formación de un vo- 
cabulario de nombres topográficos y de pueblos de España, que 
traen su origen del árabe , con la interpretación de sus etimolo- 
gías y significados : y se encargo' él mismo de este útil y esti- 
mable trabajo. 

Sin embargo , hasta principio del año 1772 no recibid efi- 
caz y general movimiento el Diccionario , que habia padecido 
alguna interrupción ó tibieza : debióse este nuevo impulso al ze- 
lo y actividad del Señor Campománes , entonces Director de la 
Academia , quien , empezando por sí el buen exemplo del tra- 
bajo , presento dos tomos mss de carta magna , que contenían 
por orden alfabético los pueblos de estos Reynos. 

Creyo'se desde entonces que esta obra era por su naturaleza, 
y por los auxilios que para formarla franqueaba S. M. , la mas 
lítil y propia de los objetos del Instituto. Para promoverla y ade- 
lantarla eficazmente, se leyeron los acuerdos relativos á la comi- 
sión que se habia dado al Señor Parra para la formación del ín- 
dice desde el año 1766. 

El Director presento' en 2 1 artículos la instrucción para for- 
mar el Diccionario : y de ella se sacaron copias , paraque , distri- 
buidas entre los individuos , y estos enterados de su objeto y na- 
turaleza , eligiese cada uno la provincia de que quisiese encargar- 
se. Para alentar al trabajo,}' dar el primer exemplo , leyó el mis- 
mo Director el estado general topográfico del Valle de Aran. 

Túvose en el mismo año de 1772 una Junta particular so- 
bre el método mas fácil de extender los planes de las parroquias 

K 



1XXIV NOTICIA HISTÓRICA 

de cada obispado , que se mando imprimir para el uso y gobier- 
no de todos los operarios. 

Por marzo del mismo año se presentaron cinco relaciones 
mas de los pueblos y vecindarios de otras tantas provincias, da- 
das por la Contaduría general de propios y arbitrios del Rey no. 
En el sobredicho mes recibid la Secretaría del Despacho de 
Hacienda una real orden para facilitar á la Academia las noti- 
cias que ésta deseaba sacar, para la obra del Diccionario, de los 
documentos y diligencias de la Única Contribución ; y otra el 
Prior del Escorial , paraque franquease los mss relativos á geogra- 
fía y población de España. Por aquel tiempo se presentaron va- 
rias relaciones y noticias de pueblos y distritos , que ivan remi- 
tiendo algunos Académicos residentes en las provincias , en vir- 
tud del plan impreso que se les había enviado. 

En conseqüencia de la real orden anterior , se remitieron de 
la biblioteca del Escorial , para sacar copia de ellas , las relacio- 
nes topográficas de pueblos de España que se extendieron de or- 
den del Rey Felipe II , y se tuvo presente la forma del inter- 
rogatorio que se hizo en aquel tiempo por el Gobierno á las 
justicias. Conferencióse después sobre el método y planes para 
el Diccionario ; y se empezaron á repartir estos por obispados á 
varios individuos. Por mayo de aquel año se adquirió un esta- 
do que contenia las fundaciones , dignidades , canonicatos , pre- 
bendas , y capellanías que tienen las iglesias metropolitanas y 
catedrales de España. 

Desde entonces empezó la lectura de cédulas topográficas , 
y la compra de libros españoles que tratan de población , y de 
cartas geográficas , algunas de ellas originales, y de relaciones de 
descubrimientos de antigüedades en algunos pueblos. Por setiem- 
bre del mismo año remitió el Intendente de Salamanca un es- 
tado del vecindario de las ciudades , villas , lugares , alquerías , y 
caserías que componen los once partidos de aquella provincia. 

En agosto de 1773 recibió el Secretario del tribunal de Úni- 
ca Contribución una real orden por el Ministerio de Hacienda, 
para franquear á la Academia las noticias de los documentos y 
diligencias de aquella operación para la puntualidad y perfección 



DE LA ACADEMIA. EXXV 

del Diccionario. Con este motivo se leyó el dictamen , formado 
por quatro Académicos comisionados , sobre las noticias que con- 
vendría copiar de los libros de Respuestas Generales de dicha 
operación , y sobre el modo de extractarlas y ordenarlas : traba- 
jo ímprobo y prolixo , atendido el método redundante y pesado 
con que están exrendidas. 

En setiembre siguiente se presento una muestra de las cé- 
dulas topográficas que se habían de sacar de dichos libros , las 
que debían servir de pauta y modelo para las demás , con va- 
rias advertencias que se añadieron para su perfección. Para faci- 
litar estos extractos , se repartieron las provincias y partidos en- 
tre los Académicos , con copia de la cédula descriptiva aprobada 
como norma general ; y por noviembre de dicho año se empe- 
zó la lectura de cédulas , sacadas de los expresados libros. 

Por diciembre siguiente se leyd un catálogo de los libros im- 
presos y mss , que hablan de historias y descripciones particu- 
lares de pueblos de España , que se debían comprar para la for- 
mación del Diccionario : á cuyo fin no se omitía entonces dili- 
gencia ni gasto en adquirir quantos socorros y materiales pue- 
dan ayudar á la exactitud y complemento de los artículos de 
obra tan vasta. 

Por enero de 1778 se acordó restablecer el turno semanal 
de la lectura de cédulas , extractadas de los libros de Única Con- 
tribución , que había padecido últimamente alguna interrupción 
con motivo de haberse distraído la Academia en otros proyec- 
tos , que le robaron lo mas precioso del tiempo sin conseguir 
sus deseos. 

En 1782 Don Josef Castelld , después de haber leído las des- 
cripciones de las gobernaciones d partidos que contiene el Rey- 
no de Valencia , las entregó completas para el auxilio del Dic- 
cionario. Ya entonces había disfrutado y extractado la Acade- 
mia los 514 tomos en folio de Respuestas Generales de Única 
Contribución , pertenecientes á las veinte y dos provincias de 
la Corona de Castilla. 

En 1784 se trato de formar una Junta para completar las 
noticias pertenecientes á la Corona de Aragón , Reyno de Navar- 

k 2 



LXXVI NOTICIA HISTÓRICA 

ra , y Provincias de Álava , Vizcaya , y Guipúzcoa , respecto de 
no comprehenderse sus pueblos en los libros de Única Contri- 
bución. Las noticias y cédulas tocantes á Navarra se encargaron 
á Don Domingo Fernandez Campománes , ministro entonces del 
Consejo de aquel Reyno ; las de Guipúzcoa á Don Manuel de 
Aguirre ; las de Vizcaya á Don Josef Joachín Colon , Corregi- 
dor entonces de Bilbao ; las de Mallorca al Intendente D. Mi- 
guel Ximenez ; las de Ibíza y Formentera á su Obispo Don Ma- 
nuel Abad ; las de Menorca al Señor Conde de Cimentes , Co- 
mandante General que era de Islas Baleares ; y las de las Islas 
de Canaria á Don Josef Viera y Clavijo. A todos se les envia- 
ron instrucciones impresas , con encargo de remitir las historias 
particulares y los mapas que hubiese en cada provincia respec- 
tiva , ofreciéndose la Academia á costear las copias , quando no 
se encontrasen venales estas cartas. 

Al mismo tiempo se acordó extender un índice de todos los 
mapas que habia sueltos en la Academia , d insertos en los li- 
bros , asi de los pertenecientes á la España antigua , como á la 
moderna , para colocar en un Atlas todos los dispersos por or- 
den alfabético de provincias ; con el objeto de tenerlos presen- 
tes al tiempo de formar las cédulas , y de averiguar y advertir 
las faltas que se observasen en ellos , puesto que en el Dicciona- 
rio se habían de insertar las cartas peculiares de cada provincia 
en su artículo respectivo. 

Completados y coordinados ya los extractos de las relacio- 
nes de Única Contribución por junio de 1785 ; se trato de for- 
mar por orden alfabético una noticia de todos los monumentos 
que existían en la Academia , y podian conducir i la extensión 
del Diccionario. Para dar principio á la formación de las cédu- 
las , y arreglar el método que conviniese observar , se acordó 
que cada uno de los Académicos extendiese las reflexiones que 
estimase conducentes al mejor desempeño de esta obra; la qual, 
además de la lista alfabética de los pueblos , debía contener su 
estado antiguo y moderno , con distinción de épocas , en que se 
describiese su constitución civil y sus variaciones , después de la 
natural de la península y países adyacentes. 



DE LA ACADEMIA. LXJCVII 

La división eclesiástica tiene iguales diferencias , que contri- 
buyen notablemente á aclarar la división civil. El método de ca- 
da cédula , para evitar repeticiones , exigía abreviaturas, que deno- 
tasen todas las circunstancias del pueblo y su positura. Las me- 
dallas , las inscripciones , los sucesos notables , los varones ilustres, 
los monumentos antiguos y modernos , y otras variaciones de su 
estado natural y civil , merecían anunciarse en la respectiva cé- 
dula. Para este electo se presentaron pautas o plantillas de algu- 
nas como norma para los formantes. 

En otra Junta se resolvió formar una lista ck todos los pue- 
blos de España para rectificar después su ortografía , y hacer las 
averiguaciones etimológicas que fuesen posibles , por el enlace 
que tienen estas dos cosas entre sí; por cuyo medio se podian 
añadir los distintivos de ios pueblos quando tienen un mismo 
nombre , paraque no se confundan ; además de que por este mé- 
todo se facilitaria también el conocimiento de su etimología , la 
qual tiene casi siempre alusión al fundador , á la situación , y á 
veces al señorío. 

Desde entonces empezó la Academia á recoger algún fruto 
de sus conatos , y de los repetidos y eficaces oficios que había 
hecho circular , por las provincias no sujetas á la Única Contri- 
bución , entre los Académicos establecidos en ellas , y otras perso- 
nas extrañas , de cuyas luces y zelo patriótico se tenia cumplida 
satisfacción. Por estos conductos , sin embargo de haberse sufri- 
do demoras é intermisiones inevitables , nacidas de las variacio- 
nes de manos , y de accidentes inopinados , ha ido adquiriendo 
mapas , estados , descripciones , planos , y otros papeles y noticias 
de las ciudades , villas , lugares , valles , montes , y de la situación, 
clima, producciones, y población de los terrenos; sin olvidar la 
parte histórica y política de sus fundaciones y establecimientos 
en todas líneas. 

En el mismo año de 1785 se recibieron dos vecindarios del 
Reyno de Navarra , sacados de los archivos , con otras muchas 
noticias mss. de las cendéas y valles en que se divide : remitidos 
por el Señor Fernandez Campománes. 

Vinieron también de Mallorca varias noticias históricas mss. 



xxxvn; noticia histórica 

y cartas topográficas de aquella isla , en nueve tomos en 4. mss, 
remitidos por el Fiscal de aquella Audiencia Don Antonio de 
Córdoba. Al mismo tiempo se adquirieron , por lo tocante al Prin- 
cipado de Cataluña , diferentes libros , padrones , y estados de sus 
poblaciones , vecindarios , y producciones , asi del tiempo antiguo 
como del moderno. 

Por lo perteneciente al Señorío de Vizcaya , D. Manuel de 
Aguirre leyd y presento varias noticias. Para la recolección de 
noticias geográficas , reducidas á los nombres de los montes, rios, 
y confines de aquel pais , se dio el encargo al Rector del hos- 
pital general de Bilbao. Don Pedro Jacinto de Álava se encar- 
go de la descripción de los pueblos de la Provincia de Álava, 
indicando los medios y los sugetos de que se podría valer. Don 
Bernabé Egaña remitió poco después las noticias geográficas de 
los pueblos de Guipúzcoa , de que se habia encargado. Presen- 
tó D. Bartolomé 01aechea,en un volumen en folio ms , una his- 
toria general de Vizcaya , comprobada con autoridades y copia 
de escrituras : extendido y coordinado todo por Don Juan Ma- 
nuel de Iturriza , y costeadas las diligencias por el Cuerpo. 

Por lo relativo á la isla de Menorca se recibieron noticias 
muy circunstanciadas , debidas á la diligencia de Don Juan Rá- 
mis,como comisionado del Comandante general. Délas de Ibí- 
za y Formentera remitió' á la Academia un estado muy pun- 
tual su Obispo Don Manuel Abad y la Sierra. Posteriormente el 
Canónigo de aquella iglesia Don Carlos de Posada , Académico 
correspondiente , remitió' descripciones de las dos islas en su es- 
tado antiguo y moderno. 

Habiéndose tenido presente un catálogo por partidos de los 
pueblos del Reyno de Aragón , formado ya por el Señor Par- 
ra ; se acordó se remitiese á Don Arias de Mon , Oidor de aque- 
lla Real Audiencia, juntamente con las instrucciones necesarias 
para llenar las cédulas de aquellos pueblos : encargándose de buscar 
las personas que considerase mas hábiles y zelosas en cada parti- 
do para encomendarles su descripción. En este encargo , que des- 
empeño' el Señor Mon mientras subsistid en Zaragoza , sucedió 
Don Antonio Ranz Romanillos , ministro del mismo tribunal , 



DE LA ACADEMIA. L\XJ\ 

á quien tiene lu Academia confiada esta incumbencia , en la qual 
ha manifestado siempre el deseo mas eficaz del mejor acierto , 
siguiendo la correspondencia con los comisionados , y con el 
Cuerpo , que para todo le tiene comunicadas sus facultades é ins- 
trucciones. 

El primero de dichos comisionados que envió' á la Acade- 
mia el fruto de sus tareas, fué Don Domingo Mariano Trággia, 
Gobernador político y militar de Cervera del rio de Alhama , 
presentando la descripción del partido y comunidad de Daro- 
ca. Mas adelante Don Pedro Blcqua , Cura Rector de Lierta , for- 
mo' y presento la descripción de la ciudad y partido de Huesca. 

De la ciudad y partido de Teruel remitid posteriormente una 
muy circunstanciada descripción á la Academia Don Pedro Dolz 
de Espejo , Gobernador y Superintendente de las minas del Co- 
llado de la plata en el mismo partido. 

A causa de experimentarse gran demora en muchas provin- 
cias en orden á las remesas de noticias , tantas veces encargadas 
y recomendadas por todos los medios mas poderosos que caben 
en un cuerpo literario , que de ninguna jurisdicción goza para 
hacer cumplir sus disposiciones ; se acordó en 1788 dirigir , por 
mano del Director de la Academia , el Conde de Campománes, 
y en nombre de ella , cartas circulares á la mayor parte de los 
Señores Obispos de España, diciendoles : como este Cuerpo esta- 
ba dedicado á la formación del Diccionario , con el objeto de fi- 
xar la noticia particular de sus pueblos y distritos eclesiásticos; 
y que , habiendo ya contribuido á las noticias que habia desea- 
do muchos magistrados civiles y prelados eclesiásticos , por lo que 
interesaba en la exactitud de esta obra todo el Estado , espera- 
ba del zelo de dichos Señores Diocesanos contribuirían con to- 
das las noticias conducentes al conocimiento de las divisiones de 
arcedianatos , arciprestazgos , abadías , vicarías , y otras qualesquie- 
ra , con la noticia de sus respectivos pueblos. 

Esta circular produxo algunos buenos efectos. El Señor Obis- 
po de Tíldela Don Francisco Ramón de Larumbe , remitid la 
descripción de aquella merindad. Eo mismo cumplieron , por lo 
respectivo á sus obispados, los Señores Diocesanos , de Santander 



X.XXX NOTICIA HISTÓRICA 

Don Rafael Méndez de Luarca ; y de Albarracin D. Josef Cons- 
tantino de Andino. 

Con el fin de dar mayor ilustración á esta importante obra, 
se mando sacar copia del libro de las behetrías , que comprehen- 
den las merindades de Castilla y León , para insertar en cada cé- 
dula geográfica de la respectiva behetría su partida correspon- 
diente , poniéndose en el prologo del Diccionario un discurso es- 
pecial de dichas behetrías , que haga conocer su naturaleza , cons- 
titución , y derechos. Con el mismo objeto se acordó' se inserta- 
sen en el Diccionario artículos explicativos de las medidas iti- 
nerarias de España con sus correspondencias á las principales de 
los demás países de Europa ; y que igual diligencia se extendie- 
se á la explicación de las voces geográficas generales , como mon- 
te , valle, estrecho, puerto ,&c. Esta última operación dio origen 
al Vocabulario de nombres geográficos , que está concluido , y se 
dispone para la prensa. 

No bastaba para la extensión y ordenación del gran Diccio- 
nario Geográfico el número de cédulas coordinadas , que pasan hoy 
de 2 20, ni el cúmulo de descripciones y noticias que se van 
reduciendo á cédulas ; debíase fixar un orden sistemático en la 
formación de estas , y de las descripciones de los pueblos , en el 
modo mas claro y sucinto , sin caer en repeticiones enojosas, d 
en una lánguida y disforme explicación. Pero la multiplicidad , 
y complicación de estas reglas , formadas en diferentes épocas , 
las unas repetidas , y las otras embebidas en las posteriores , han 
llegado al fin á hacer difuso , obscuro , y casi fastidioso el plan 
de estos cánones , por haberse buscado , con riesgo de contrade- 
cirse , siempre lo mas perfecto. 

Faltaba una parte sustancial en los artículos del Diccionario, 
y era la de los nombres y descripciones de los rios , montes , 
valles, y lagunas de esta península, en lo qual se está trabajando. 
Para puntualizar este ramo , y completar los otros , mientras aca- 
ban de llegar las últimas noticias que se tienen encargadas en 
las provincias , se formo un estado ó razón de los escritores , me- 
morias , y mapas pertenecientes á cada una de ellas , para repar- 
tirlos á los formantes de cédulas , por cuyo medio se les facili- 



T> E LA ACADEMIA. tJCXXI 

taria lo demás que fuesen descubriendo con sus propias luces. 

En 1792 se estableció' la Sala de Geografía, peculiarmente 
destinada para trabajar y coordinar alfabéticamente todas las cé- 
dulas , extractos , apuntamientos , y noticias tocantes á la descrip- 
ción topográfica , política , é histórica de cada pueblo , uniéndo- 
lo todo para extender después el artículo particular. Se ha pasa- 
do á esta Sala todo quanto tenia adquirido y adelantado la Aca- 
demia para la formación del Diccionario desde el año de 1772; 
y todas las noticias y descripciones impresas y mss , que poste- 
riormente ha recogido , de Vale.ncia y Cataluña , de las quales se 
padecía mas escasez. 

Al tiempo de clasificar y ordenar por alfabeto los nombres 
de los pueblos con las noticias peculiares que á cada uno cor- 
responden ; reconoció la mencionada Sala que, para puntualizar 
con mas certeza los vecindarios , y ramos políticos de cada uno, 
era de suma necesidad tener á la vista los informes y docu- 
mentos originales que enviaron las justicias de estos Reynos al 
Ministerio para la formación del Censo Español publicado en 
1787,105 quales se hallaban actualmente en la primera Secre- 
taría de Estado. Apenas hizo presente la Academia , á instancia 
de dicha Sala , esta necesidad al Excelentísimo Señor Príncipe de 
la Paz , quando se sirvió S. E. , con aquella liberalidad con que 
protege las empresas titiles de los cuerpos literarios , mandar se 
la franqueasen dichos expedientes en 66 legajos en folio. 

La Sala ha disfrutado de este beneficio por espacio de dos 
años no cabales ; pues , al tiempo que tenia coordinadas como 4® 
cédulas , por una real orden tuvo que comunicar la Academia 
este cdmulo de informes originales á otras manos , que igualmen- 
te necesitaban usar de ellos para objetos reservados del gobierno. 

Deseando la Academia adquirir todos los conocimientos ne- 
cesarios para enriquecer y perfeccionar los artículos del Diccio- 
nario en todos los ramos que le hagan completo y universal, 
nunca ha perdonado diligencia ni medio para conseguirlo. Por 
lo perteneciente á minas , baños , fuentes , y otros objetos de la 
historia natural , habia pasado en 1793 oficio á la Junta Gene- 
ral de Comercio y Moneda , pidiéndola una razón de las no- 

L 



XXXXII NOTICIA HISTÓRICA 

ticias d relaciones que tuviese recogidas, pertenecientes á estos des- 
cubrimientos físico -geográficos del suelo de España. Condescen- 
dió aquel supremo tribunal , y ofreció' todos sus tesoros de esta 
clase á los Académicos que diputase el Cuerpo para el escogi- 
miento y acopio de este género de noticias. 

Después de haberse adquirido una copia autorizada de las 
relaciones déla población de España , hechas en 1571 de orden 
de Felipe II , existentes en el real archivo de Simancas , y de ha- 
berlas acompañado de unos estados comparativos de aquella épo- 
ca con la actual ; se pasaron á la Sala de geografía para orde- 
nar y clasificar su respectiva colocación en los artículos. 

Últimamente ha reconocido la Academia que , no bastando 
el níímero de los operarios de dicha Sala , ni las tareas de sus 
operaciones semanales para adelantar con visible progreso esta 
vasta obra ; era preciso dedicar enteramente todas las fuerzas de 
los Académicos á este trabajo. Y después de varias conferencias y 
cálculos acerca del método mas expedito que se debía adoptar; 
ha decidido al fin repartir el trabajo , no por orden general al- 
fabético , por ser embarazoso y complicado , sino por provincias, 
encargándose cada individuo de aquella que sea mas de su gus- 
to , y de que tenga mas conocimiento. Por este medio , esto es, 
trabajando el diccionario particular de cada provincia una sola 
mano , auxiliada siempre con todos los documentos y noticias que 
posee la Academia relativos al pais ; podrá después el Cuerpo 
coordinar todas las cédulas alfabéticamente para el Diccionario 
general. La empresa es grande, y mas ardua de lo que se cree, 
á lo menos por lo tocante á fixar los vecindarios, y otros pun- 
tos económicos , cuyas noticias repugnan franquear los pueblos, 
y aun los moradores mas amantes de su patria , siempre avaros 
en este género de presentes , y muy pródigos en regalar' fábulas 
y vanidades sobre la antigüedad y fundación de sus lugares. 

Como en este gran Diccionario , no solo se han de puntuali- 
zar la situación y vecindario de cada pueblo , sino su industria, 
labranza , y producciones , y en la noticia de estos tres ramos se 
deben nombrar las medidas , y pesos efectivos o imaginarios , que 
están en uso en las diferentes provincias , o territorios ; pareció' 



DE LA ACADEMIA. JLXXXir 

conveniente i la Academia , antes de insertarlos en las respecti- 
vas cédulas , indagar los nombres , calidad , y valor de unas y otros 
para reducirlas á un patrón o typo común en cada clase , esto 
es ; las medidas de extensión , á la vara de Burgos , bien sea pa- 
ra los ge'neros de comercio , bien sea para la geografía , asi en 
la cantidad de tierras , como en la distancia de caminos ; la de 
áridos , á la fanega de Avila ; y la de líquidos , á la cántara de 
Burgos. Las medidas de extensión geográficas ; unas son itine- 
rarias para explicar el número de varas de que se compone la 
legua , según la diversa extensión que se le da gn diferentes paí- 
ses ; otras son para determinar la cabida de las tierras , en que 
hay gran variedad , aun dentro de una misma provincia. 

Los pesos son demasiado conocidos , aunque tienen diferen- 
cia ; pero todos deben reducirse á la libra castellana de i ó onzas, 
y al quintal regular de quatro arrobas. 

Para conseguir una razón fixa y especial de estos dos ra- 
mos , de la qual pudiesen valerse los formantes de los artículos 
del Diccionario ; mando' imprimir la Academia unas observacio- 
nes é instrucción muy metódicas y circunstanciadas, que se di- 
rigieron á los Académicos residentes en las provincias , y á otras 
personas extrañas de acreditado zelo y conocimientos , paraque 
en vista de las reglas , nomenclaturas , y explicaciones que se con- 
tenían en el quaderno impreso , según lo que habia hasta allí al- 
canzado la Academia , enviasen los artículos que echaren de me- 
nos en las listas , ó rectificasen lo mal explicado ó averiguado en 
sus nombres ; encargándoles al mismo tiempo procurasen adqui- 
rir , á costa del Cuerpo , los libros en que se trate de esta ma- 
teria , y se hayan publicado en las diferentes provincias , porque 
en estas obras se encontrarían medidas del todo desusadas en los 
tiempos presentes, y otras noticias conducentes al perfecto co- 
nocimiento de este ramo : reservando lo demás á la buena crí- 
tica y discreción de los comisionados. La mayor parte de ellos 
han cumplido con este encargo , contextando con noticias arre- 
gladas á la instrucción, y con algunas observaciones y advertencias 
que corrigen errores y defectos que se habían padecido en ella. 
En otros se ha experimentado alguna demo'ra , o negligencia : 

L 2 



2.XXXIV NOTICIA HISTÓRICA 

atraso que no puede un Cuerpo literario remediar , sino dando el 
encargo á otras manos mas diligentes, para conseguir la exacti- 
tud en una materia , no menos útil é importante que la de las 
latitudes que corresponden á los pueblos , á lo menos á los prin- 
cipales , en que ha hecho ya la Academia algunas tentativas en 
quanto lo permiten sus facultades , y la inteligencia de algunos 
de sus individuos en este ramo cosmográfico. Tales son unas ta- 
blas que presentó Don Tomás López , y otra posterior de Don 
Antonio Gilleman , cuya muerte ha privado al Cuerpo del fru- 
to de los trabajos que tenia meditados para adelantar esta obra. 



INFORMES Y DICTÁMENES. 

§. I. 

ENCARGOS DEL MINISTE RIO. 

i. J-/esde el año de 1751 , en que , de orden del Rey se 
remitieron á la Academia las primeras monedas romanas , que 
fueron el origen visible de su Museo , no ha cesado el Ministe- 
rio de servirse de sus luces y crédito , cometiéndola varias cen- 
suras é informes , entre los quales no han faltado algunos reser- 
vados , en que la política ha tenido que ampararse de la histo- 
ria. En uno y otro le parece al Cuerpo haber desempeñado sus 
comisiones con la exactitud y pulso que corresponden á la con- 
fianza que ha merecido siempre á S. M. 

2. En el sobredicho año se le remitid por la primera Se- 
cretaría de Estado el memorial de la nueva Academia de Bue- 
nas Letras de Barcelona, que solicitaba la protección real, y la 
aprobación de sus estatutos. En vista de la consulta que hizo al 
Rey , después de la revisión y modificación de algunos artículos; 
se sirvió S. M. aprobarlo todo por decreto de 10 de enero del 
año de 1752. 

3. Casi al propio tiempo se recibid la noticia del combate 
q^ue á 52 leguas del cabo de San Vicente tuvo D. Pedro Stuard, 



DE LA ACADEMIA. 1XXXV 

comandante de los navios del Rey el dragón y la (mírica , con 
la capitana y almiranta de Argel , ahuyentando la primera, y rin- 
diendo la segunda con trescientos veinte esclavos que llevaba á 
bordo. De los moros fueron ciento noventa y quatro los muer- 
tos , y ochenta los heridos; y por nuestra parte solo huvo tres de 
los primeros , y veinte y cinco de los segundos. Este feliz suceso 
dio' motivo á* que los Académicos Luzán y Velazquez ideasen 
una medalla alusiva. Componíase el anverso del retrato del Rey 
con esta letra -.ferdinandvs. vi. hispan, et. ind. rex.: y el re- 
verso de quatro naves , fugitiva la una , y abrasándose la otra , con 
la leyenda mavrorvm. praetoria. capta, propraetoria fvga- 
ta : y en el exérgo mí. non. decembris. m. dcc. li. Se abrió es- 
tampa , cuyos primeros exemplares se remitieron á S. M. por 
mano del Marqués de la Ensenada, quien en papel de 17 de ene- 
ro respondió á la Academia : que „ no solamente los habia re- 
„ cibido el Rey con particular estimación ; sino que era muy de 
„ su real agrado esta prueba del zelo con que atendía á la me- 
„ moría de un hecho tan glorioso á las armas españolas , y á la 
„ nación toda." 

4. Otras ocupaciones extraordinarias ocurrieron mas adelan- 
te á* la Academia. A principios de 1753 formó un dictamen de 
orden de S. M. acerca de una espada que en el centro del muro 
de un torreón antiguo del convento de Dominicos de la villa 
de Peñafiel encontraron los que la demolían. Puso particular 
conato en satisfacer el deseo del Rey en su informe , remitido en 
27 de junio del mismo año. 

5. Con motivo del tremendo terremoto , acaecido en prime- 
ro de noviembre de 1755 , quiso S. M. tener noticia de los es- 
tragos que hubiese causado en sus dominios , y de todas las cir- 
cunstancias de este fenómeno. Luego que vinieron las primeras 
noticias al Señor Gobernador del Consejo , por quien se habian 
expedido las órdenes é instrucciones circulares , las pasó á ma- 
nos del Rey , y de su real orden se remitieron á la Academia 
por la Via Reservada de Estado , mandándola formase una re- 
lación histórica , clara , y metódica del suceso. Asi que se tu- 
vo todo el cúmulo de noticias que se podian esperar , se exten- 



1XXXVI NOTICIA HISTÓRICA 

dio la dicha relación en un tomo en folio , que examinado y 
aprobado por el Cuerpo , se remitid en 7 de agosto de 1756. 

6. Con oficio de 14 de octubre de IJ62 por la primera Secre- 
taría de Estado se comunico una orden del Rey á la Academia 
para que „ sin distraerse de los principales trabajos de su insti- 
„ tuto , reviese y corrigiese la traducción castellana del Diccio- 
„ nario inglés universal de artes y ciencias de Barrow , que Don 
„ Pedro Sinnot , capellán intérprete de lenguas del Rey , había 
„ presentado , á fin de que saliese al público con todo el acier- 
„ to y perfección posible una obra tan íítil é importante , asi 
„ en la pureza y propiedad del lenguage , como en la escrupulo- 
„ sa corrección de los artículos que tratasen asuntos de religión, 
„ por estar asegurado S. M. del zelo , pulso , é inteligencia con 
„ que procedería la Academia en uno y otro punto." 

Se formo una Junta de individuos de zelo y ciencia , para 
entender en esta vasta empresa de rever y corregir los artículos 
que tenia presentados el traductor , y los que fuese presentando. 
Pero ciertos contratiempos , acaecidos mas adelante á la obra y al 
interesado , cortaron el curso á este trabajo. 

7. Por otra real orden, comunicada á la Academia con fecha 
de primero de mayo de 1774 por la misma Secretaría , se la en- 
cargo' la invención y proposición de dos d tres ideas diferentes 
del anverso y reverso de un medallón que S. M. habia manda- 
do grabar en memoria de la fundación de las nuevas poblaciones 
de Sierra Morena , y del fomento de la agricultura é industria en 
aquellas colonias. 

Después de varias conferencias y reflexiones , para mejor acier- 
to , asi en orden al dibuxo y atributos , como á las leyendas , es- 
cogió la Academia , y presento á S. M. , con fecha de 27 del 
mismo mes y año , las tres ideas en el orden siguiente. 

Primera Idea. 

En el anverso : el busto del Rey con esta leyenda en su con- 
torno Carolvs. ni. pater. patriae. En el reverso : un pedestal 
sobre la tierra desmontada arada , y agrupados á sus lados , á mo- 



DE LA ACADEMIA. LXXXVII 

do de trofeos , los instrumentos de la labranza,)' de la hilanza 
y texido ; encima del pedestal los frutos de espigas , racimos de 
uvas , ramos de olivas , y una tela de lienzo rollada , con esta ins- 
cripción benefactor!. mdcclxxiiii : y en la leyenda del contor- 
no AGRORVM. CVLTV. ET. INDVSTRIA. VB1QVE. PROPAGATIS. En 

el exérgo : coloniae. gemellae. Carolina, et. Carlota, ad. 

MONTES. MARIANOS. ET. BAETICAM. 

Segunda Idea. 

En el anverso : el busto del Rey , con esta leyenda en su 
contorno Carolo, iii. óptimo, principe En el reverso : la Espa- 
ña en pié con todos sus atributos , la cornucopia en una mano, 
y la otra en ademán de manifestar los fomentos de las colo'nias, 
industria , artes , y labranza , representadas con los instrumentos 
mas expresivos. El campo era el suelo , antes inculto , reducido á 
las colo'nias , figurándole allanado con caserías , huertas , labores , 
y maleza al fin , con esta inscripción al contorno : felicitas, 
pvblica. En el exérgo : coloniis. germanorvm. ad. montes. 
Marianos, et. baeticam. dvctis. mdcclxxiiii. 

Tercera Idea. 

En el anverso : el busto del Rey , con esta leyenda en el 
contorno : Carolvs. iii. hispaniae. reparator. En el reverso: 
la España sentada en medio de dos figuras de matronas , que se- 
ñalan la agricultura y la industria con sus respectivos símbolos 
de la labranza , y artes de la hilanza y del texido. En el cam- 
po , con término oportuno y con separación , la yunta y un co- 
lono que la guia , con esta inscripción al contorno : coloniae. 
germanorvm. Carolina, et. Carlota. En el exérgo : agrorvm. 

CVLTV. ET. INDVSTRIA. VBIQVE. PROPAGATIS. MDCCLXXIIII. 

Estos tres dibuxos separados se remitieron á la elección de 
S. M. manifestándole la Academia su reconocimiento por esta con- 
fianza , bien persuadida de la grande importancia de trasladar á 
la duración de los tiempos , en una historia metálica , esta nue- 



LXXXVIII NOTICIA HISTÓRICA 

va beneficencia y gloria de Carlos III. Con fecha de 26" de ju- 
nio siguiente recibió la aprobación de S. M. la invención de es- 
te monumento ; y mudado solo el dibuxo , con algunas cortas 
variaciones , de las leyendas se eligieron estas. Anverso : caro- 

JLVS. III. PATER. PATRIAE. Reverso : INDVSTRIA. ET. AGRORVM. 

cvltv. vbiqve. propagatis. Exérgo : COLONIAE. gemellae. ajd. 

MARIANOS. MONTES. ET. BAETICAM. MDCCLXXIIII. 

Inmediatamente se dispuso que el abridor Don Gerónimo 
Gil hiciese el dibuxo en esta forma , y baxo de estas prevencio- 
nes : cuyo trabajo , y el del grabado , costeo' el Cuerpo. 

8. Por orden del Rey , comunicada á la Academia por la Via 
Reservada de Estado en 7 de mayo de xyjj ,sq la hizo el es- 
pecial encargo de cuidar de la edición de la Historia del Em- 
perador Carlos V,y del Descubrimiento del Nuevo Mundo , que es- 
cribid en latín el célebre Juan Ginés de Sepiílveda , cronista de 
aquel monarca , cuyo original y copia se la remitid, para que 
cuidase de su corrección y publicación , con una noticia del au- 
tor : todo lo qual debia imprimirse á costa de S. M. Para esta 
comisión de largo y prolixo trabajo , que se executd ocupando 
tres Juntas particulares entre semana , se nombro á los Acadé- 
micos Don Antonio Mateos Murillo , Don Antonio Barrio , Don 
Casimiro Gómez Ortega , y Don Francisco Cerda y Rico. 

Por las cartas impresas de Sepíílveda se tenia noticia de ha- 
ber escrito estas obras ; pero , ignorándose el paradero de ellas , se 
creían perdidas , con gran sentimiento de los que conocían la 
doctrina y elegancia del autor , y la mucha proporción que tu- 
vo para ver o averiguar los hechos. Pero la generosa beneficen- 
cia de Carlos III quiso que la Academia de la Historia comu- 
nicase á la posteridad el fruto de las tareas de este insigne es- 
critor español. 

Para enriquecer esta edición , propuso la Academia , y S. M. 
se sirvió aprobarlo , reimprimir á continuación del tratado De 
No-vo Orbe , otro con el mismo título , y las Décadas Oceánicas 
de Pedro Mártir de Anglería , cronista de los Reyes Católicos , 
que se habian hecho rarísimas , y juntamente las cartas que Her- 
nán Cortés , Marqués del Valle de Oxaca , escribid al mismo Em- 



DE 1 A ACADEMIA. LXXXIX 

perador Don Carlos, de las qualcs poseía la Academia una iné- 
dita. La primera de dichas cartas , por guardarse en la biblioteca 
imperial de Viena,no se habia podido encontrar en España. 
Para lograr este documento.se pidió á aquella Corte una copia 
por medio de un oficio del Ministerio de Estado , la que vino 
correcta , y autorizada con toda solemnidad : y con esto logro' la 
nación ver unidos estos fragmentos de aquella expedición glo- 
riosa. 

Concluyóse esta edición en quatro tomos en 4. mayor, en 
que la reunión de todas estas obras dispersas forma un cuerpo 
sistemático de historia , ilustrada con prólogos y observaciones , 
conducentes para dar á conocer su mérito. Añadióse á este cuer- 
po , con aprobación de S. M. la parte de historia del Rey Don 
Felipe II, que escribió el mismo Sepúlveda.y andaba manuscrita; 
y la vida también , ya rara aunque impresa , del Cardenal Don 
Gil de Albornoz , varón insigne y digno de memoria. Esta co- 
lección , impresa en la real imprenta de la gazeta , se publicó 
en el año de 1780. 

p. Con oficio de la Via Reservada de Guerra , de 26 de 
noviembre de 1783 , se dignó el Rey encargar á la Academia 
una inscripción propia , y correspondiente á la memoria de la 
feliz conquista de la Isla de Menorca , y rendición del castillo 
de San Felipe , la qual se habia de esculpir en los quatro ne- 
tos del pedestal de la pirámide que S. M. habia mandado levan- 
tar en la plaza que debia quedar con la demolición que se estaba 
haciendo de dicho castillo , según el diseño que de todo incluía 
el oficio, en el qual se prevenía que se extendiese la inscripción 
en quatro lenguas , latina , española , francesa, é inglesa, para los 
quatro frentes. 

Fueron nombrados para extenderla los Señores Murillo , Gue- 
vara , Ortega , y Jovellanos : y después de haberla arreglado al 
gusto lapidario que pareció mas selecto y confirmado , fué apro- 
bada por la Academia. Esta remitió á S. M. los quatro exem- 
plares , que hizo imprimir para evitar qualesquier yerros , acom- 
pañados en consulta formal con ciertas prevenciones muy con- 
ducentes á que saliese acertada la execucion de este monumento 

M 



xc 



NOTICIA HISTÓRICA 



en Menorca , asi en la exactitud de los caracteres , como en la 
distribución y colocación de ellos. 

Aunque la inscripción se vario en quatro lenguas ; siendo la 
idea principal y el contexto uno mismo en todas, solo se co- 
locarán aqui-la latina y la castellana, por deberse considerar las 
otras dos como literales traducciones de la segunda. 



CAROLO III 

HISPAN. ET INDIAR. REGÍ 

BALEARI MINORI DE ANGL1S RECEPTA 

D1VI PHILIPPI MUNITISSIMA ARCE 

,11 NONAS FEBRUARIAS 

, M DCC LXXXII 

FELICITER EXPÜGNATA 

DEIN SOLO AEQUATA 

MAGONENSI PORTU 

AFRICANIS PRAED0N1BUS INTERCLUSO 

RELIGIONE ASSERTA 

INSULANI 

PATRIO IMPERIO RESTITUTI 

HOC PIETATIS 

ERGA OPTIMUM PRINCIPEM 

ET V1CTORIAE MONIMENTUM 

IN MEDIA ÁREA 

OL1M AB ARCE OCCUPATA 

POSUERE 

ANNO M DCC LXXXIV. 



A CARLOS III 

REY DE ESPAÑA Y DE LAS INDIAS 

HABIENDO RECONQUISTADO DE LOS INGLESES 

ÍA ISLA DE MENORCA 

RENDIDO FELIZMENTE EL DÍA IV DE FEBRERO 

DE M DCC LXXXII 

Y DEMOLIDO DESPUÉS 

EL FORTISIMO CASTILLO DE SAN FELIPE 

EXCLUIDO DEL PUERTO DE MAHON 

A LOS CORSARIOS BERBERISCOS 

Y ASEGURADO LA RELIGIÓN 

ERIGIERON 

LOS HABITANTES RESTITUIDOS A SU ANTIGUO 

Y NATURAL DOMINIO 

ESTA MEMORIA 

DE LA CONQUISTA Y DE SU GRATITUD 

HACIA TAN BUEN SOBERANO 

EN EL CENTRO DEL MISMO SITIO 

QUE ANTES HABÍA OCUPADO EL CASTILLO 

AÑO DE M DCC LXXXIV. 



i o. Con motivo de la proclamación del Rey N. S. D. Car- 
los IIII , debían acuñarse medallas alusivas á tan digno objeto, se- 
gún práctica en iguales casos : y en su conseqiiencia se sirvió 
S. M. , con oficio de la Via Reservada de Hacienda , confiar á la 
Academia el examen de dos ideas o pensamientos de medallas 
de grande y mediano mo'dulo , que se le habian presentado , pa- 
ra que en su vista informase lo que entendiese , y substituyese 
otra , si la estimase mas proporcionada y correspondiente. 
Las tres ideas remitidas con el oficio eran las siguientes : 

En la de gran módulo. 



En el anverso : el busto del Rey , y en su contorno esta 
inscripción : carolus iv borbonius hispaniarum et indiarum 
rex. En el reverso : dos mundos debaxo de una corona , y en 



DE X.A ACADEMIA. XCI 

el contomo esta leyenda : summa uiriusque impertí suscepta. 
En el exérgo : el lugar , dia , y año de la aclamación. 

En la de pequeño módulo. 

En el anverso : la cabeza del Rey con corona de laurel , y 
esta inscripción en el contorno : carolus iv borbonius hispa- 
niarum rex catholicus. En el reverso : la estatua de la reli- 
gión con sus atributos,)' en su contorno esta leyenda iustitiae 
riDEiQUE riGNUs. En el exérgo : el día y año de la aclamación. 

Para tratar de este asunto se nombró una Junta compuesta 
del Conde de Campománes , Director , y de los Académicos Mu- 
rillo , Guevara , Celada , Miranda , P. Cuenca , y Flores , Secreta- 
rio. Después de haber conferenciado largamente sobre el asun- 
to,)'- oidos los dictámenes , se acordó hacer presentes las siguien- 
tes observaciones : i ." Que en las medallas de gran modulo , su 
tamaño , peso, y campo podia ser igualen todo á la que se acu- 
ño con el mismo objeto para Carlos III , porque no era excesi- 
vo ni mezquino en acto tan solemne : 2. 1 Que el busto de S. M. 
debia representarse al modo antiguo de las medallas de los Em- 
peradores del alto Imperio , con aquellos adornos heroycos que 
denotan la magestad , imitando lo que se observo con su augus- 
to padre : 3. a Que se debia atender mucho en el dibuxo á la per- 
fecta semejanza del original , pues en esto consistia la diligencia 
mas esencial del grabador : 4. a Que la leyenda de esta parte de 
la medalla , d anverso , debia ser noble , y tal que no se confun- 
diese con otra persona , y que distinguiese la del Rey. Tampoco 
había de ser común , d vulgar , ni debia confundirse con la de la 
moneda corriente , de cuya confusión huyen todos los antiqua- 
rios : 5. a Que la Junta se persuadía pudiera corresponder á estos 
principios , y al gusto de las imperiales de la augusta Roma , la 
siguiente inscripción : carojlvs. caroli. filivs.. philippi. ne- 
pos, avgvstvs. por ser esta práctica de sucesión la mas legal , y 
la que usaban los Emperadores Romanos. 6.1 El reverso debia 
ser histórico , asi en el typo como en la leyenda y exérgo , guar- 
dando en la cronología el gusto romano : en conseqüencia los dos 

M 2 



XCil NOTICIA HISTÓRICA 

mundos y la corona , que suele usarse en la moneda , formaban 
un typo vago , que ninguna relación tenia con el acto de la pro- 
clamación ; y por otra parte podría notarse de exorbitante y sig- 
nificativo de un imperio universal , además de que la proclama- 
ción se ciñe á la capital de los dominios de España. De esta 
conformidad, con la medalla del reynado anterior, dan exemplos 
las medallas antiguas , en que las apoteosis , las alocuciones , las 
insignias legionarias , los votos decenales , las coronas cívicas , y 
otros acaecimientos que se representaban de tiempo, en tiempo 
son uniformes , y solo se distinguen por los nombres y los typos. 

En la de mediano módulo. 

Sobre esta advertía también la Junta : que tenia en la del 
anterior reynado un modelo que convenia imitar : que en lugar 
del tablado de la proclamación , correspondía una matrona en pié 
que representase á Madrid , con su leyenda y exérgo : porque es- 
te acto le hace la Villa , y lo mismo executan otros pueblos de 
España é Indias , que acuñan sus medallas particulares en me- 
moria de esta solemnidad : que la idea que se presentaba para 
la segunda medalla , con el typo en el reverso de una figura que 
señalaba la religión , no convenia con la leyenda , que habla de la 
fidelidad y de la justicia , y asi era impropio acuñar una meda- 
lla que no trataba de la proclamación del Rey. 

Baxo de estas observaciones hechas en la Junta preparatoria, 
se hizo la consulta á S. M. por la Academia : y los diseños y 
leyendas propuestas para las dos medallas fueron de su real agra- 
do , mandando se executasen en dichos términos , y que el Cuer- 
po nombrase sugetos , individuos suyos , que con el grabador de 
la casa de la moneda tratasen de la inteligencia y proporciona- 
da colocación de los dibuxos. 

ii. Gon oficio de 10 de enero de 1790 de la primera Se- 
cretaría de Estado cometió S. M. al examen de la Academia un 
■iris, intitulado : Disertación Critico-jHosófica sobre las fechas , por 
Don Joachín Alvarez Sanz. 

12. Por otra real orden, comunicada por la misma Secretaría 






DI: LA ACADEMIA. XCMÍ 

en 28 cíe febrero siguiente, se pasaron á la Academia unas Memo- 
rias y diseños de los descubrimientos que por dirección del Prior de 
Veles Don Antonio latirá (hoy Obispo de Osma) se hacían jun- 
to á dicha l Illa en el sitio ¡Limado Cabeza del Griego , paraque 
enterada de todo expusiese su juicio acerca de cada uno de aque- 
llos monumentos , y sus particularidades. 

La Academia , habiendo oido el dictamen de los tres indi- 
viduos suyos , á quienes cometió este examen y juicio , dirigid 
consulta á S. M. en que le informaba con toda exactitud acer- 
ca de la antigüedad , autenticidad , y clase de dichos fragmentos 
é inscripciones , y del verdadero sirio de aquellos descubrimien- 
tos , á la verdad raros y apreciables. Estas primeras noticias , y 
su examen , movieron á la Academia á promover y adelantar ta- 
les descubrimientos , y la conservación de sus antigüedades ; ayu- 
dando con sus esfuerzos y luces á esta empresa, que ha produ- 
cido después un viage literario , cuya relación , adornada de car- 
tas topográficas , planos , y diseños que ha costeado el Cuerpo, 
se ha de imprimir en el tomo III de sus Memorias. 

13. Con fecha de 17 de abril de aquel mismo año recibid 
la Academia por la Via Reservada de Marina una real orden del 
tenor siguiente : ,, A conseqüencia de haber dispuesto el Rey la 
,, reparación de la torre de Hércules de la Coruña , asi para con- 
,, servar un edificio tan magnifico de la antigüedad , que según 
„ unos fué construido por Julio Cesar, conforme á otros por Tra- 
„ jano , opinando no pocos ser obra de mayor antigüedad , co- 
„ mo igualmente para aprovechar su bella situación para estable- 
„ cer en ella un fanal para guia de los buques que viniesen de 
„ noche á buscar el puerto , queda verificada la obra. Y pues so- 
„ bre las dos puertas del frente principal se han puesto dos tar- 
„ jetas (según el diseño adjunto) con el fin de colocar en ellas 
„ dos inscripciones que indiquen en lo venidero la antigüedad 
j, de la fábrica , y el tiempo y objeto de su reparación ; me ha 
„ mandado S. M. encargar la formación de éstas á esa Real Aca- 
„ demia. Aranjuez , &c. — Valdés." 

Para dar cumplimiento á tan honorífica orden nombro la 
Academia por comisionados á los Señores Guevara , Ortega , Cer- 



XCIV 



NOTICIA HISTÓRICA 



dá , Vargas , y Cornide. Presentáronse dos muestras de la inscrip- 
ción , una latina y otra castellana (puesto que se debia fixar en 
las dos lenguas) acompañada de varias notas y observaciones he- 
chas sobre cada una por algunos Académicos , que opinaban no 
se omitiese en la latina la palabra 'vetnstissima , por ser circunstan- 
cia muy particular de aquella torre la fama general de su anti- 
güedad ; que se prefiriese la voz mercatorum á negotiatorwn , apli- 
cada á colleghim ; que igualmente se substituyese incolumitati na~ 
•vigantium á securitati , y la conclusión absolmt á explevit ó con- 
suma.'vit ; y que en la castellana se adoptase la voz faro , y no 
la de fanal, por ser aquella menos vulgar , y mas correspondien- 
te á la gravedad de un monumento. 

Hechas las insinuadas correcciones , motivadas conforme á las 
reglas de crítica y buen gusto , quedaron aprobadas la inscrip- 
ción latina y la castellana en los términos siguientes. 



CAROLI III. P. AVG. PP. 

PROVIDENTIA 

COLLEGIVM MERCATORVM 

GALLAECIAE 

NAVIGANT1VM INCOLVMITATI 

REPARATIONEM 

VETVSTISSIMAE AD BRIGANTIAM PHARI 

D. S. 

INCHOAVIT 

CAROLI lili. OPT. MAX. ANNO II 

ABSOLVIT. 



REYNANDO CARLOS IIII 

EL CONSULADO MARÍTIMO 

DE GALICIA 

PARA SEGURIDAD DE LOS NAVEGANTES 

CONCLUYÓ A SUS EXPENSAS 

EN EL AÑO DE I 79 I 

LA REPARACIÓN 

DEL MUY ANTIGUO FARO 

DE LA CORUÑA 

COMENZADA EN EL REYNADO 

Y 

DE ORDEN DE 

CARLOS III. 



Remitidas á la Via Reservada estas inscripciones con la cor- 
respondiente consulta , recibid el Director el siguiente papel de 
contextacion : „ Han merecido la aprobación del Rey las dos ins- 
„ cripciones que ha formado la Academia de la Historia , y V. E. 
„ me ha pasado con papel de 9 del que rige : y en conseqüen- 
„ cia las remito para su colocación sobre las puertas de la tor- 
„ re de Hércules de la Coruña , con las prevenciones que indica 
„ la Academia." 

14. Con oficio de la misma Via Reservada de 18 de agos- 
to de 1 79 1 se pasó de orden de S. M. al examen y revisión de 
la Academia una Disertación latina , compuesta por el Maestro 



DE LA ACADEMIA. XCV 

Fr. Raymundo Martínez Falero , del Orden de la Merced, con 
el mulo De Sanctis Dei Jgnotis Nigrino et Sephronio , &c. des- 
cubiertos en estos últimos tiempos en las excavaciones hechas en 
el sitio llamado Cabeza del Griego , cerca de Uclés , según las ins- 
cripciones de sus respectivas lápidas sepulcrales. 

i $. Con oficio de 17 de setiembre de 1793 , por la misma 
Via Reservada de Estado , se remitid de orden de S. M. al exa- 
men y juicio de la Academia un tomo en folio mss. con el tí- 
tulo de Inscripciones romanas y godas de la Provincia de Extre' 
madura. 

1 6. Con oficio del Excelentísimo Señor Duque de la Alcu- 
dia , hoy Príncipe de la Paz , primer Secretario de Estado y del 
Despacho , su fecha en 14 de setiembre de 1794 , se sirvió S. M. 
encargar 6. la Academia el examen de los planos é inscripcio- 
nes de las ruinas de Mérida , sacadas por el Presbítero Don Ma- 
nuel de Villena , para que dixese el mérito y utilidad de estos 
trabajos. 

17. Con fecha de 6 de octubre siguiente recibid la Aca- 
demia otra real orden, comunicada por el mismo Ministerio, en- 
cargándola informase á S. M. si creia asequible y fácil la recolec- 
ción y publicación de todas las obras que dexd escritas el Rey 
Don Alonso el Sabio , cuidando de hacer sacar copias de ellas 
baxo de su dirección. 

La Academia , para poder informar al Rey con el conoci- 
miento y acierto que pide la materia , dispuso se tratase y exa- 
minase por medio de conferencias , en las que se comuniquen 
las luces que se vayan adquiriendo de las indagaciones que des- 
de luego encargó á determinados individuos suyos , en este pun- 
to eruditos , y de su confianza , paraque cada uno presentase una 
noticia de las obras hasta aqui atribuidas al Rey Don Alonso, 
asi impresas como inéditas , y de los parages donde se custo- 
dian , acompañada de un juicio sobre el mérito de cada una , y 
utilidad de su publicación. Desempeñados estos encargos con la 
lectura de buenas memorias, se formó una Junta particular pa- 
ra entender en este asunto : de cuyas conferencias y prolixos exá- 
menes , con vista de los preciosos códices originales que se la 



XCVI NOTICIA HISTÓRICA 

han franqueado de la Real Biblioteca del Escorial , y otros au- 
xilios , se van adelantando unas observaciones tan nuevas , críti- 
cas , é instructivas , que produzcan , como se espera , unas me- 
morias eruditas , dignas de la curiosidad y expectación pííblica. 

1 8. Con oficio de la misma Via Reservada de Estado re- 
cibió' la Academia otra real orden con fecha de 4 de diciem- 
bre del propio año de 1794 , en que se la remitía, paraque las 
reconociese , y expusiese á S. M. el resultado de sus observacio- 
nes , dos monedas de plata antiguas , halladas en las excavacio- 
nes hechas en la montaña de Santa Engracia , cerca de la vi- 
lla de Pancorvo. Se contexto' á S. M. por medio de un dicta- 
men , fundado en tres memorias eruditas , con que fué acompa- 
ñado , extendidas y leídas por los Acade'micos D. Josef de Gue- 
vara , D. Josef Banqueri , y D. Cándido María Trigueros. 

19. Con otro oficio de la misma de 30 de diciembre del pro- 
pio año se la comunico' otra real orden remitiéndola un ms. en 
folio de Don Juan Josef Heydeck , que contiene las Inscripcio- 
nes hebreas de la Iglesia de nuestra Señora del Tránsito de To- 
ledo , traducidas al castellano , é ilustradas por el mismo , paraque 
en su vista expusiera si le juzgaba digno de la luz pííblica. 

20. Con oficio de la misma de 16 de mayo del siguiente 
año se la comunico otra real orden , remitiéndola el Plan de un 
<viage literario para reconocer archimos y bibliotecas ,y todos los 
monumentos útiles á la historia de España , presentado por Don 
Manuel Abella. 

2 1 . No solo tiene la satisfacción la Academia de haber des- 
empeñado los informes pedidos por el Ministerio á satisfacción 
de S. M. sino de haber mostrado su zelo representándole por via 
de consulta asuntos importantes, en que se interesa la literatu- 
ra igualmente que la política. Con motivo de haberse presen- 
tado á la Academia en el año de 1778 un mapa impreso , ilus- 
trado , é iluminado del Reyno de Aragón , que levantó y pu- 
blico en 1 619 Juan Bautista Labaña , nuevamente ilustrado y 
corregido por un aficionado natural de aquel Reyno , y ha- 
ber hallado en su examen , que cometió á una Junta , varios de- 
fectos perjudiciales á los verdaderos límites de España , dirigió 



DE LA ACADEMIA. XCVlT 

una consulta á S. M. exponiendo, con un juicio razonndo en his- 
toria política , aquellos yerros , paraque se sirviese maiuiar que 
qualquier mapa , en que se trate de límites y fronteras, se la pre- 
sente por sus autores, ó editores, antes de la publicación , con el 
fin de que esta lo examine , y arregle las equivocaciones que 
pueda tener en perjuicio de la Corona y de sus vasallos , en- 
tregando al propio tiempo una nota de los documentos y no- 
ticias de que se hubiere valido el autor en su formación. Y pa- 
raque la Academia pudiese censurarlos con la exactitud que pide 
el asunto , sin agraviar los derechos del Rey , 9 los públicos y 
comunes de sus subditos , y seguir en todo la verdad histórica 
sin que se comprometa el Estado ni el Cuerpo; le suplicaba és- 
te se le facilitasen en los casos ocurrentes copias de los docu- 
mentos que hubiere en los archivos reales y públicos quando se 
necesitasen. 

La resolución del Rey, comunicada por la primera Secretaría 
de Estado en 21 de agosto de aquel año , fué conforme á lo 
propuesto por la Academia , habiendo sido muy grato á S. M. 
el zelo y juicio de este Cuerpo. Y en su conseqüencia mando 
al Consejo : que en adelante no permita se imprima ni publique 
mapa alguno , en que estén comprehendidas las fronteras de es- 
tos Reynos , sin que primero se pase á censura de la Academia, 
y sin que el mismo Consejo remita á manos de S. M, el dic- 
tamen que ésta diere , á fin de que vea si hay ó no reparo en 
su publicación , o si necesita enmienda , practicándose todo con 
la mayor brevedad. 

Se omite dar aqui una razón de las demás honrosas comi- 
siones que ha merecido á la Via Reservada de Indias la Acade- 
mia en el examen y revisión de varias obras , sobre las quales, an- 
tes de permitir su publicación , ha querido S. M. oir el dictamen 
de este Cuerpo : pues como pertenecen á la historia de aquel Con- 
tinente , y al oficio de su Cronista mayor , se mencionan en su 
lugar al fin de su correspondiente §. 



N 



XCVIII NOTICIA HISTÓRICA 

§. II. 
CENSVRAS POR ENCARGO DE LOS TRIBUNALES. 

Además, de los encargos del Ministerio por orden de S. M. de 
que se acaba de hacer una cronológica relación en el §. antece- 
dente , las censuras é informes literarios y económicos , que han 
cometido incesantemente á la Academia los Supremos Tribuna- 
les, abrazan una larga serie de trabajos que podría alegar contra 
qualquier nota de inacción. Esta ha sido otra de las tareas obs- 
curas , delicadas , y penosas que ha ocupado por espacio de 25 
años continuos á casi todos los Académicos , gastándose la mayor 
parte de las sesiones en oir y pesar los dictámenes , para acordar 
y fundar después el Cuerpo su líltimo juicio. 

En estas censuras , que sin tocar directamente á los objetos 
del instituto , no han sido quizás menos titiles á las letras , y á 
la instrucción nacional , ha merecido la confianza del Consejo 
Real, de la Cámara, y del Supremo de las Indias, que le han con- 
siderado como una Junta Censo'ria de las obras , ya originales , 
ya traducidas , para cuya impresión debe preceder el examen y 
la licencia del Tribunal Supremo , y otras veces como un con- 
sultor literario para el juicio de varios planes , proyectos , é ideas 
de pública instrucción. 

En una historia de la Academia no debia pasarse en silen- 
cio esta clase de servicios , por su naturaleza obscuros y secre- 
tos , y nunca remunerados con la gratitud del público , que los 
ignora ; y menos aun con la de los autores , siempre agraviados, 
cuyo amor propio igualmente se siente herido quando se les en- 
miendan sus yerros , como quando se les reprueban las obras ; y 
aun en esto último es preciso confesar que ha andado la Aca- 
demia alguna vez menos severa de lo que convenia , sin que por 
este género de indulgencia haya conseguido hacer menos odio- 
so el oficio de la censura , que no cria sino enemigos y maldi- 
cientes. A pesar de la injusticia de estas quejas , que hubieran 
aburrido y desalentado á un censor particular , la Academia no 



DE LA ACADEMIA. XCIX 

ba afloxado lili punto cu continuar el ímprobo y mal parado 
trabajo «Je corregir, de mejorar , y aun de ilustrar muchas obras 
que consideraba útiles d importantes por su argumento ó mate- 
ria , pero que las hallaba desgraciadamente executadas por inep- 
titud , o' por ligereza. 

Estas censuras , estos examenes , han producido alguna vez 
doctos y muy fundados pareceres , en que reynan la crítica , la 
erudición , y el buen gusto , y lo que es mas , la imparcialidad 
y la justicia ; sin que carezcan algunos de ellos de eloqüencia , y 
también de gracia en la manera de manifestar Ioí defectos, quan- 
do estos por su calidad piden semejante tono en la corrección. Y 
si, asi como estos trabajos son por su naturaleza reservados , fue- 
sen de aquellos que suelen destinar las Academias á la pública 
luz para enriquecer sus memorias , y acreditar sus estudios é in- 
vestigaciones en beneficio de los hombres ; podría la de la His- 
toria , escogiendo los mas amenos é instructivos , componer un 
grueso volumen , en cuya publicación nada perdería seguramen- 
te el nombre del Cuerpo, y no ganarían poco los lectores apro- 
vechándose de los yerros ágenos , pues aprenderían á conocerlos 
y juzgarlos, ya que hasta aqui carece la nación de diarios, y otros 
perio'dicos autorizados , que enseñen impunemente á escribir y á* 
pensar con corrección y exactitud. 

Desde el año 1746 , en que por primera vez encargó el 
Consejo Real á la Academia el examen de un ms. hasta hoy , 
ascienden á ochocientas veinte y dos las censuras de obras de par- 
ticulares que ha despachado , siendo mas de una quarta parte re- 
probadas , en lo que juzga haber hecho mas beneficio al público, 
generalmente hablando , que en las que han llevado su aproba- 
ción. Los expedientes de estas censuras , que desde 1773 hasta 
1792 corresponden á cincuenta por año , esto es , á una en ca- 
da Junta , componen ya una colección de 1 3 legajos en 4." en 
forma de tomos , numerados y rotulados. 

Al fin se resolvió' la Academia , con tanto decoro como ra- 
zón , á exonerarse de gran parte del peso de esta ímproba ocu- 
pación. Con motivo de los trabajos , á que todo el Cuerpo iva á 
dedicarse en fuerza de la mayor actividad que prescriben los nue- 

N 2 



C NOTICIA HISTÓRICA 

vos Estatutos aprobados por S. M. en 1792 , y del grande em- 
barazo que causaban las repetidas y prolixas censuras que le en- 
cargaba el Consejo Real, dirigid á este una atenta representación, 
exponiendo los motivos que la asistían para eximirse del con- 
tinuo gravamen de estos encargos , ofreciéndose gustosamente á 
examinar y censurar solo aquellas obras originales que digan re- 
lación directa con la historia de España y de las Indias en qual- 
quiera de sus ramos , o' las traducidas de otros idiomas , siempre 
que pertenezcan á la misma historia. Desde entonces se halla la 
Academia descargada de la revisión y corrección de tanta pési- 
ma é incorregible traducción con que se dexa engañar el públi- 
co hace muchos años. 

Además de estos continuos encargos de censuras ordinarias, 
que han pasado a la Academia los Tribunales Superiores , son 
varios los informes y consultas , ya de comisión , ya voluntarias, 
que les ha dirigido en todos tiempos en benehcio y honor de la 
nación. 

1. En 1753 se la encargó por el Real Consejo de las Or- 
denes un dictamen de mucha seriedad y delicadeza. Tratábase á 
la sazón de practicar las diligencias para la causa de la V. In- 
fanta Doña Sancha Alfonso , hija de los Reyes de León Don 
Alfonso IX, y Doña Teresa su primera muger , Infanta de Por- 
tugal. Oponíase á Doña Sancha la nota de ilegitimidad en la vi- 
da que de ella habían escrito los Bolandos. Pasáronse á la Aca- 
demia los exemplares de la vida , escritos por el P. Quintana 
Dueñas , con arreglo á los procesos de la Beatificación , y tam- 
bién los exemplares del epítome de la vida , con la información 
de hecho y derecho , escrita por el Doctor Don Francisco de 
Pisa , en defensa de la legitimidad ; paraque „ revisto todo por es- 
„ te Real Cuerpo , se lograse la defensa que se deseaba para una 
„ causa , en que se interesaban el honor de la Real Casa , el lus- 
„ tre del Orden de Santiago , y la gloria de la Nación." Comi- 
sionáronse siete Académicos paraque , examinando el punto de la 
filiación de la V. Infanta , informasen por escrito ; y consideran- 
do después la gravedad del asunto , se encargó á todos los Aca- 
démicos su examen. Para mayor acierto en la indagación de 



DE L)A A C A DKMI A. CI 

la verdad ; después «.le haber oído los dictámenes de algunos in- 
dividuos , se comisionó á los Señores Dicguez y Hermosilla,pa- 
raque pasasen al registro de los archivos del Priorato de Uclcs, 
y de Santa Fe de Toledo. Concluidas las diligencias de las có- 
pias , cotejos , extractos ,y notas en toda forma auténtica , en uno 
y otro parage , y restituidos á Madrid , dieron cuenta de su co- 
misión , y presentaron los documentos que traian. Con estos, y 
la relación de dichos comisionados , se confirmo el parecer de 
todos los Acade'micos que antes habia cada uno leído separado. 
En vista pues de todo , la Academia formo el suyo , que con fe- 
cha de dos de enero de 1754 remitió al citad!) Real Consejo 
con copia de los instrumentos traídos de Uclés y de Toledo ; sin 
que hasta ahora se haya sabido si fué del agrado de aquel tri- 
bunal. El noble fin , y el desinterés con que á expensas propias 
la Academia busco , halló , y dexó ilustrada en aquellos dos ar- 
chivos la verdad , que el falso zelo y la inconsideración tenian 
ofuscada , siempre merecerán el aprecio de los que la deseen y 
la estimen. 

2. En 26 de noviembre de 1770 hizo presente la Acade- 
mia al Consejo Real un nuevo plan sobre el modo como de- 
ben proceder los censores regios en las censuras de los libros 
que les remita aquel supremo tribunal , acompañado de las ad- 
vertencias y observaciones que habían extendido algunos Aca- 
démicos sobre esta importante materia. 

3. En 1772 remitió el mismo Consejo al informe de la Aca- 
demia el plan de estudios , formado por la Sociedad Basconga- 
da , que se establecía en la villa de Vergára. 

4. El Consejo Real, con motivo de haberle encargado el Rey, 
por causa de la epidemia que hubo en la villa del Pasage en 
marzo de 178 1 , ocasionada del hedor de las sepulturas de su igle- 
sia parroquial , el medio mas propio y eficaz de precaver en ade- 
lante las tristes resultas de esta calidad que suelen experimen- 
tarse , oyendo á los M. RR. Arzobispos , RR. Obispos , y demás 
personas que juzgare convenientes , paraque en vista de todo , 
y de lo que el Consejo consultase á S. M. pudiese tomarse aque- 
lla providencia que mas conviniere á la seguridad de la salud 



CU NOTICIA HISTÓRICA 

pública y bien de los vasallos ; y deseando aquel supremo tri- 
bunal tener la debida instrucción para tratar de variar una cos- 
tumbre general , acordó que la Academia informase en punto á 
la serie de la disciplina eclesiástica en materia de entierros den- 
tro y fuera de las iglesias. Prefiriendo la Academia este negocio 
á otro qualquiera , por su gravedad y urgencia ; nombro á este 
efecto una Junta de seis individuos , Don Josef Miguel de Flo- 
res , Don Josef de Guevara , Don Antonio Murillo , Don Casi- 
miro Ortega , Don Francisco Cerda y Rico, y Don Melchor Gas- 
par de Jovellanos , la qual, habiendo extendido un informe , lo 
leyó en las sesiones ordinarias para darle la ííltima mano , antes 
de pasarlo al Consejo, lo que se efectuó en 1783. Este escrito se 
imprimió y publicó con algunas estampas á cosra de la Acade- 
mia en un volumen en 8." mayor, en la oficina de Sancha en 
el año de 1786. 

5. Entre los informes pedidos á la Academia por el mismo 
supremo tribunal merece particular atención el que con oficio 
de 1786 le encargó acerca de : qué juegos , espectáculos , y diver- 
siones públicas se usaron y executaron en las respectivas provin- 
cias de España. Había entonces , con motivo de haberse cerra- 
do el teatro en Granada , expediente formado en el Consejo so- 
bre el medio de establecer en las ciudades capitales , y pueblos 
de numeroso vecindario , comercio , y juventud , otras diversio- 
nes honestas y lícitas en lugar de las representaciones de co- 
medias. 

Mientras en la Academia se buscaban noticias y apuntamien- 
tos históricos para ilustrar esta materia , intacta hasta allí, el 
Académico del número Don Melchor Gaspar de Jovellanos , pre- 
sentó en 1 79 1 un eloqüente Discurso histórico-poiítico sobre el 
asunto , que sin embargo de estar extendido con gusto , erudi- 
ción , y novedad , se estimó y reservó como una memoria aca- 
démica digna de la pública luz , y no como un trabajo concluido 
en todas sus partes para fundar sobre él un completo informe, 
qual pedia la calidad del encargo : requeríase mayor número de 
hechos , testimonios , y pruebas históricas , que no pudo verificar 
su autor á la sazón , ni ha podido cumplir después , hallándose 



V E LA A. C A n E M I A. CIII 

ausente de la corte, falto del socorro de los libros necesarios, 
como el mismo lo tiene expuesto y confesado. 

Sin embargo de que ya cesaron los motivos del expediente 
pues Granada volvió á abrir su teatro , y el Gobierno ha fomen- 
tado la erección de otros dentro de algunas ciudades, en que los 
escrúpulos y la política les tenían negada la entrada ; no ha de- 
xado la Academia de adelantar este asunto , en medio de los 
muchos que tiene á su cuidado, nombrando individuos suyos que 
lo examinen é ilustren con adiciones y observaciones sobre las 
épocas , 11 hechos, diminutos, ó hasta ahora mal averiguados. Pe- 
ro dos de los comisionados han fallecido sucesivamente , quando 
tenían las manos en este trabajo : desgracia , que ha obligado á 
nombrar otros paraque lleven al cabo la obra. 

6. Otro informe , de mas prolixidad y atención , aunque de 
menos amenidad , fué el que la Real Cámara de Castilla pidió 
por el año de 1793 ■* ^ a Academia sobre el expediente del pley- 
to que se seguia entre el R. Obispo y Cabildo de Palencia y 
los capellanes de la misma iglesia , que componen la congrega- 
ción llamada de Jacobitas. En este oficio remitió la Cámara los 
autos originales en diez piezas , con un exemplar del memorial 
ajustado impreso sobre el verdadero patronato de aquellas ca- 
pellanías , paraque la Academia informase sobre los hechos his- 
tóricos que contenían los instrumentos , y sobre la estimación 
que estos merecieren según su buen juicio y crítica. Los Aca- 
démicos que trabajaron en este molesto reconocimiento y dic- 
tamen , que se pasó al expresado supremo tribunal , fueron los 
Señores Manuel , Palomares , P. Mcntejo, Flores , Laso , y P. Saez. 



CIV NOTICIA HISTÓRICA 

ESTABLECIMIENTOS DE LA ACADEMIA. 

§. I. 

PRINCIPIO Y FORMACIÓN JDE LA BIBLIOTECA. 

JL/a incesante tarea de las Disertaciones , y otros encargos de tur- 
no que se proponían d leian en las Juntas , y la necesidad de 
rectificar y puntualizar estos trabajos , manifestó muy luego que, 
sin el auxilio inmediato de las obras mas útiles y precisas, que 
no suelen ser asequibles á los particulares literatos , d por su ra- 
reza , d por su coste , o por su número , no se podían adelantar 
ni perfeccionar las ideas que había concebido la Academia. 

Deseaba hallar dentro de sí misma los medios de servir y 
ayudar á los individuos que tenían las manos en el trabajo. Al 
zelo de Don Martin de Ulloa , y á sus representaciones , se debe 
la resolución de 175 1 de formar una librería , empezando por 
una colección de los escritores originales de nuestra historia , se- 
mejante á la que de los de Italia hizo Muratori ; otra de inscrip- 
ciones y epitafios ; y finalmente otra de diplomas é instrumen- 
tos antiguos^ 

Estas tres clases se han llenado hasta donde han podido su- 
fragar los caudales del Cuerpo , y la constancia de los operarios 
que han sacrificado su tiempo en la adquisición , copias , d ex- 
tractos , que suben hoy á 326 tomos mss , sin contar unos 600 
que componen las colecciones de actas , y copias de instrumen- 
tos originales de los archivos , que se han trasladado con dili- 
gencia y cuidado ; y con el mismo se ha juntado la librería de 
los impresos , todos conducentes directamente á los objetos del 
instituto. En la formación de ella se dio el primer lugar á los 
cronicones , crónicas , historias , y otros monumentos origínales ; 
el segundo á los autores que , valiéndose de los originales , han 
escrito de proposito de las cosas de España , ya en general , ya 
en particular de alguna provincia , pueblo , comunidad , familia , 



DE LA ACADEMIA. CV 

O varón señalado ; y el tercero , á los que por incidencia trata- 
ren del propio asunto. 

Compráronse entonces algunos , y se han ido sucesivamen- 
te aumentando , prefiriéndose siempre los buenos mss , entre los 
quales los hay de rara y apreciable antigüedad. Cuéntanse va- 
rias historias inéditas , testamentos de reyes , cortes , fueros , pri- 
vilegios , relaciones originales , cronicones antiguos , y códices go'- 
ticos , &c. 

En 1767 se tomo una completa noticia de la biblioteca, cu- 
yo catálogo se componia entonces de 946 tomos impresos , y de 
68 mss; y á los dos años siguientes , de doble húmero en am- 
bas clases. Actualmente se cuentan 8240 de los primeros, y 926 
de los segundos , inclusas las colecciones de cédulas diplomáticas 
y litoldgicas : calculándose , según los asientos que constan de las 
compras de unos y de las copias satisfechas de los otros , que la 
Academia ha invertido en este establecimiento de su uso é ins- 
tituto mas de 12$ ducados, sin contar los impresos y mss que 
debe á la liberalidad y zelo de algunos de sus individuos , seña- 
ladamente de los Señores Conde de Campománes , y Duque de 
Almoddvar. 

§. II. 

PRINCIPIO Y FORMACIÓN DEL MONETARIO. 

^on el mismo objeto y necesidad que se resolvió la formación 
de una Biblioteca académica , se trabajo' en el establecimiento de 
un Museo numismático. Principio de una colección de medallas te- 
nia ya la Academia , casi desde su fundación , por dádiva de al- 
gunos individuos suyos; pero las mas estimables , aun por su ca- 
lidad, eran las que el Rey se había dignado depositar en ella en 
1750 , halladas en distintas partes del Rey no á principios de aquel 
año; dos , descubiertas en las excavaciones para el camino de los 
montes de Guadarrama , la una de Bilbilis , y la otra de Caesarau- 
gusta ; otra de oro de Sergio Galba , hallada en el arsenal de Car- 
tagena , en cuya ciudad los españoles le saludaron emperador ; y 

o 



CVI NOTICIA HISTÓRICA 

veinte y una góticas de oro , seis de Leovigildo , y once de Re- 
caredo , halladas en 1731 en el término de Garrobillas. Ya an- 
tes por la primera Secretaría de Estado se habían remitido dos 
monedas de plata de las que mando acuñar con su retrato car- 
xos ni , siendo Rey de las dos Sicilias , para poner en los cimien- 
tos de los quarteles de tropa que se construían en varias plazas 
y ciudades del Reyno de Ñapóles. 

Para colocarlas con algún orden , se compro en 6 de agos- 
to de 175 1- un monetario pequeño ; y desde entonces se acordó 
recoger con incesante solicitud quantas fuese posible. Todos los 
Académicos establecidos en Madrid se ofrecieron á executarlo , 
y á los residentes en las provincias se les hizo igual encargo. 
Hubo muchos que ofrecieron entonces las que tenían adquiridas 
para su uso privado : generosidad que continuo después , y ha 
tenido siempre imitadores , propagándose también esta loable é 
ilustrada emulación á algunas personas distinguidas de fuera de 
la Academia , que llevadas sin duda de la opinión de que las co- 
locaban en parage donde podrian ser de una utilidad general, la 
regalaron monedas raras y apreciables. 

Este fué el autorizado y arreglado origen y fundación del 
Monetario , el qual , aumentado luego con muchas monedas que 
sucesivamente compro la Academia , llego á componer un míme- 
ro tan considerable y variado de ellas , que se trató en 1753 de 
distribuirle y ordenarle en series , dando por primera vez este 
delicado encargo á su individuo Don Miguel Pérez Pastor , lite- 
rato de acreditada inteligencia en estos monumentos , y ramo de 
antigüedades, á quien se le señaló en 1763 el sueldo de 200 du- 
cados por haberle coordinado, aumentado , y custodiado, con el 
título de antiquário , que después obtuvo D. Alonso María Ace- 
vedo , y hoy goza Don Josef de Guevara Vasconcelos desde el 
año de 1773. 

Con estos débiles esfuerzos se iba aumentando el Moneta- 
rio , reducido su objeto entonces á la sola adquisición de monu- 
mentos que pudiesen ilustrar la historia de España ; pero luego 
que logró , por compra , el que fué del Marqués de la Cañada 
Tirri , vecino del Puerto de Santa María en 1766 , y la colección 



DE LA ACADEMIA. CVII 

que dexd por su muerte el Conde de Saceda , vecino de esta Cor- 
te , se vid empeñada insensiblemente á aumentar las demás series, 
según se han presentado las ocasiones, que no eran muy freqüen- 
tes ; pues sin embargo de que habia principiado el gusto y afi- 
ción á las monedas antiguas , estaba reservado á un cortísimo 
n limero de literatos , o á algunos curiosos , á quienes sus facul- 
tades les proporcionaban los medios de adquirirlas. 

Si no se temiese faltar á la modestia que deben guardar los 
Cuerpos , no menos que los particulares, quando se trata de los 
suyos ; se podría dar aquí una. relación de aquellos Académicos, 
cuya liberalidad se ha señalado en este género de presentes. Pe- 
ro , ya que el nombrarlos á todos seria igualarlos en el mérito, 
que en todos no ha sido igual , y el nombrar algunos solamen- 
te , fuera ofender á los demás ; la prudencia y la equidad piden 
en este caso un general silencio. 

De la constante inclinación de todos ha resultado que la Aca- 
demia posee una colección , que si no puede competir con los 
monetarios de los soberanos , de algunas comunidades ,de los prín- 
cipes y señores poderosos , es bastante apreciable, atendida la épo- 
ca en que se principio , los cortos auxilios y medios para adqui- 
rir las monedas raras , y la poca proporción que ofrece España 
para conseguir las antiguas , y las de los reynos extraños. Sin 
embargo de esto , calculando su precio por las reglas que han 
dexado algunos antiquarios , y por lo que ha costado á la Aca- 
demia , se puede regular en 400© d joo© reales de vellón , como 
se podrá inferir fácilmente del nilmero de sus monedas , y de 
lo precioso y raro de algunas. 

La serie de monedas de España , en la que ha puesto mas es- 
mero la Academia , es numerosa aunque no completa. Las llama- 
das celtibéricas , ó antiguas españolas , pasan de 200 de plata , y 
de 2$ de cobre, en los tres módulos, de buena y mediana con- 
servación. 

La serie de colonias y municipios romanos en España, aun- 
que no es tan completa como la que publico el Maestro Flores, 
compone 800 piezas , entre las quales hay algunas muy raras, y 
aun inéditas. 

o 2 



CVIII NOTICIA HISTÓRICA 

Tampoco es tan numerosa como la que publico el mismo 
Maestro Flores , la serie de los Reyes Godos de España ; pero 
acaso es mas preciosa , porque no solo comprehende diez y siete 
inéditas , sino que principia con dos no conocidas de los anti- 
gúanos , asi patricios como extrangeros. 

Como la Academia ha tenido en todos tiempos un particu- 
lar cuidado en adquirir quantas monedas árabes le ha sido posi- 
ble , posee un estimable nilmero de ellas , es á saber, 55 de oro, 
462 de plata , y 846 de cobre , bien que la mayor parte.de es- 
tas de mala conservación , y de poca utilidad para la cronolo- 
gía. De las mas bien conservadas en los tres metales se ordena- 
ron series de los Califas , que por medio de sus Vireyes domi- 
naron en España : de estas quedan interpretadas é ilustradas con 
eruditas notas unas 40 por el difunto Académico el Doctor Ca- 
siri , cuyas láminas están abiertas en caracteres cúficos , y en los 
equivalentes asiáticos de la escritura común del dia. Posterior- 
mente , habiéndose separado algunas útiles , que pueden adelantar 
las series , el Académico Don Josef Banqueri , á cuyo cargo corre 
este trabajo , ha explicado é interpretado hasta 50, distintas de 
las primeras , de las quales algunas pertenecen á los Reyes de 
Granada : y de todas procurará la Academia abrir las correspon- 
dientes láminas para publicar la colección entera , que será muy 
preciosa. 

Si es tan difícil completar las series de monedas españolas 
hasta la dominación de los Sarracenos , mucho mas lo es desde 
la reconquista hasta los Reyes Católicos , pues antes del siglo un- 
décimo no se conocieron otras que las que acuñaban los árabes , 
o las que quedaron de los Reyes Godos. 

El Antiquário de la Academia , D. Josef de Guevara Vas- 
concelos , ha tenido el cuidado de colocarlas á continuación de 
las arábigas. Las de Castilla empiezan desde Fernando II , en oro, 
plata , y cobre ; pero su serie no «stá seguida , ni su aplicación es 
fácil , por carecer del año en que fueron acuñadas , y del núme- 
ro ordinal en los nombres. Las de Aragón empiezan desde Don 
Pedro I , aunque hay algunas desde Sancho Abarca. 

Desde la época de los Reyes Católicos hasta nuestros dias 



DE LA ACADEMIA. CIX 

(en que no es tan dilicil completarlas) sigue la serie de las mo- 
nedas y medallas en todos los metales, que se han recogido en 
considerable número , pertenecientes á las varias provincias del 
imperio español dentro y fuera de la península. 

Cierra esta serie una colección de medallones de varones ilus- 
tres españoles , entre Jas quales los hay muy raros ; y otra , que 
se puede considerar completa , de las medallas de reales procla- 
maciones , especialmente de Carlos IV hoy felizmente reynante. 
Como la Academia se propuso aumentar y enriquecer las 
otras colecciones después que adquirid los dos mencionados mu- 
seos de Cañada y Saceda ; su diligencia y constante empeño , á 
pesar de la cortedad de sus fondos , le ha ido proporcionando en 
la serie de los Reyes de Macedonia 40 monedas de oro , plata, 
y cobre, de distintos tamaños , por lo regular de buena conser- 
vación , y poco comunes. 

En la serie de los Reyes de Siria , desde Seleuco I.° hasta An- 
tídeo XII, se han juntado 52 en plata y cobre de distintos módu- 
los. En la de los Reyes de Egypto posee el gabinete unas 30 en- 
tre medallones y de i. a 2." y 3. a forma de los Ptolomeos. De los 
Hierones , Agato'cles , y Geldn , Reyes de Sicilia , hay algunas no 
mal conservadas. De los Reyes de Mauritania los dos Jubas, pa- 
dre é hijo. De Ptolomeo y Cleopatra , y de algunos régulos d re- 
yes minorum genthim , hay también algunas en plata y cobre, de 
cuño é inscripción romana. 

De las medallas griegas y latinas , que llaman popdorwn et 
iirbium , posee el gabinete mas de 400 piezas en oro , plata , y 
cobre, de distintos módulos , excelentes cuños , y precioso y ex- 
quisito trabajo : las hay de Alhenas, Beríto , Megára , y Siracusa. 

A continuación de las series griegas siguen las romanas , prin- 
cipiando por las consulares d de familias , de las quales posee 
mas de 600 el Monetario. 

No solo de los diferentes metales , sino de los distintos mó- 
dulos , tiene la Academia formadas las series de monedas de los 
Emperadores Romanos del alto y baxo Imperio , inclusas algu- 
nas de mugeres de Emperadores ó Césares , declaradas Augustas, 
d divinizadas por el apotheosis. De todas posee el gabinete 157 



CX NOTICIA HISTÓRICA 

de oro , bien conservadas , y muchas de ellas raras ; cerca de 1 2) 
de plata.de buena y mediana conservación; y mas de i© de 
bronce de primer mo'dulo , de 600 de mediano , y de 1500 de 
tercero y mínimo; sin contar 50 medallones griegos y latinos. Si- 
gue después una pequeña colección de ases , trientes , quadrantes ,y 
qiúnqiinces. 

La serie de los Pontífices Romanos consta de mas de 300 
monedas ; y aunque muchas fueron acuñadas en tiempos modernos, 
y posteriores á los pontificados á que pertenecen y se aplican; 
otras lo fueron en tiempo de los mismos Papas á quienes se re- 
fieren sus leyendas. 

Como las monedas y medallas del tiempo medio y último 
contribuyen tanto á confirmar la verdad de los hechos históri- 
cos ; ha recogido la Academia las colecciones que se le han pro- 
porcionado de los soberanos y estados de Europa. La mas com- 
pleta es la de medallones de Rusia desde el año 862 hasta 1741: 
á la que se sigue la de la moneda corriente , que no es tan com- 
pleta, pero es muy rara. 

Pasan de 200 las que forman una colección muy estimable 
de monedas , que se llaman bracteadas , pertenecientes á varios 
soberanos de Alemania. 

Dos series de medallones , una de plata y otra de cobre , de 
Reyes de Inglaterra , tiene el gabinete , todas de excelente cuño y 
conservación ; sin contar 50 medallones de varios sucesos de aque- 
llos soberanos , en oro , plata , y cobre , de distintos cuños y ta- 
maños. 

De algunos Emperadores de Alemania se cuentan 50 meda- 
llones en los tres metales y de diversos mo'dulos , acuñados con 
motivos de sucesos notables. 

Además de un número crecido de medallas y monedas de 
los Reyes de Francia , tiene la Academia , en plata y de media- 
no modulo , una serie completa desde Faramundo hasta Luis xiv, 
y en medallones de cobre las que acuño Dacier de los sucesos del 
mismo Luis xiv. A éstas se agregan dos series de medallones de 
los poetas franceses , ambas en cobre , y la una sobredorada. 

Como 50 medallones de plata componen la serie de los su- 



DE LA ACADEMIA. CXI 

ccsos que con diversos motivos se acuñaron en Suecia , y son de 
excelente cuño y conservación , y muy raros en España. En el 
mismo estado se hallan otros 40 medallones , pertenecientes á los 
Reyes y algunos sucesos memorables de Dinamarca. 

Tampoco faltan algunas medallas de Portugal , aunque no son 
muchas ; pero tiene la moneda corriente en oro, plata, y cobre, 
y alguna que ya no es muy común. 

Posee enlin mas de 100 medallones en oro, plata, y cobre, 
de varones ilustres antiguos y modernos : é igualmente las series 
que acuño Dacier de varios sucesos de la historia romana , de 
los heresiarcas , &c. 

De todo lo qual resulta que el gabinete de la Academia po- 
see en el dia unas i2@ monedas y medallas , inclusas las du- 
plicadas. 

§. III. 

JUNTAS PUBLICAS. 

•L^esde la primera sesión que tuvo la Academia en 20 de abril 
de 1 73 8, recien erigida baxo de la protección del Rey , acordó 
una Junta Pública anual en celebridad del dia de su estableci- 
miento , asi para renovar la gloriosa memoria de su augusto fun- 
dador FELirE Quinto , como paraque la precisión de haber de 
manifestar los adelantamientos del año anterior , estimulase mas 
vivamente al desempeño de las obras que tenia ideadas. Tuvo su 
execucion este útil acuerdo hasta el año quarto , en que se rea- 
lizo la última solemnidad de esta función. 

En la primera Junta pública , que se celebro en 27 de ju- 
nio de 1739, se principio por una breve noticia del origen y 
progresos del Cuerpo hasta aquel dia, extendida por el Secreta- 
rio : siguió una oración panegírica en elogio del Rey,quedixo 
el Director D. Agustín de Montiano ; y concluyóse el acto con 
una disertación concerniente á la historia , leída por su autor 
Don Francisco Fernandez Navarrete , sobre el carácter de los 
españoles. 



cxrr noticia histórica 

En la segunda Junta ptíblíca , que se tuvo en 10 de julio 
de 1740 con las mismas formalidades, se leyó la disertación so- 
bre si la mitología es parte de la historia , y cómo debe entrar en 
ella , escrita por Don Francisco Manuel de la Huerta. 

En la tercera , que se celebro con las mismas formalidades 
que las antecedentes en 14 de julio de 1741 , se leyó' la diser- 
tación , compuesta por Don Martin de Ulloa , sobre el origen de 
los duelos y desajios ,y leyes de su observancia hasta su extinción. 

La quarta se tuvo en la misma forma que las anteriores en 
4 de julio de 1742, con solo la diferencia de haber concurrido 
menor número de individuos de la propia Academia , y de los 
demás Cuerpos convidados á solemnizarla , y de no haberse im- 
preso los papeles que en ella se leyeron , como se habia prac- 
ticado con los de las Juntas precedentes , que andan insertos en 
los tres tomos en octavo , que con el título de Fastos de la Aca- 
demia se publicaron en sus respectivos años. 

Esta Junta debe contarse por la última con que la Acade- 
mia celebro' el aniversario de su real establecimiento , porque 
la del año siguiente de 1743 se tuvo sm convite formal, como 
se habia practicado hasta allí, con la Real Academia Española en 
fuerza de los> recíprocos acuerdos de unión y hermandad , y con 
las personas de distinción de la Corte y del Ministerio. Ignd- 
ranse las causas de haber cesado estos útiles y solemnes actos , 
que por su objeto y exercicios debían ir produciendo gloria y 
fruto juntamente. 

La Academia , que podemos llamarla regenerada para el tra- 
bajo , en virtud de los nuevos Estatutos con que se rige al pre- 
sente , ha conocido la importancia y necesidad de renovar estos 
actos en cada trienio, como otros tantos testimonios de su apli- 
cación , y se pudiera decir , de su existencia á los ojos del pú- 
blico dentro y fuera de España. Asi se ha empezado á cumplir 
el estatuto con la primera Junta pública trienal que celebro la 
Academia el dia 1 1 de julio del presente año de 1796 , con un 
concurso y lucimiento , qual no habia experimentado igual has- 
ta allí ningún otro Cuerpo literario en la Corte , asi por la ca- 
lidad de las personas convidadas , como por la de los individuos 



DE LA ACADEMIA. CXIII 

de alta gcrarquía , que deseando honrar á las letras honrándose 
con ellas , concurrieron á solemnizar y autorizar este acto , sin 
salirse ninguno de su correspondiente puesto , ni violarse por 
respeto alguno los estatutos : siendo el primero que se sirvió dar 
tan digno exemplo el Serenísimo Señor Infante Don Luis de 
Borbon , Príncipe heredero de Parma , Académico Honorario. 

A este Acto , además de S. A. y del Eminentísimo Señor 
Cardenal Lorenzana Arzobispo de Toledo , concurrieron varios 
Grandes , Embaxadores , y Ministros de Cortes extrangeras , Se- 
cretarios de Estado y del Despacho , la Real Academia Españo- 
la en Cuerpo , y varios miembros de todos los establecimientos 
políticos y científicos de la Corte. 

Principio' la sesión , presidida por el Excelentísimo Señor Du- 
que de la Roca , Director , el Secretario D. Antonio de Capmany, 
leyendo la Noticia histórica del origen , progresos , y trabajos lite- 
rarios de la Academia desde su fundación , que era un resumen de 
la que aqui se inserta : siguió D. Josef de Guevara Vasconce- 
los con la lectura de un Discurso histórico-político sobre el origen 
y 'vicisitudes de los espectáculos y diversiones públicas en España, 
por D. Melchor Gaspar de Jovellanos , ambos individuos nume- 
rarios : y concluyó D. Juan Bautista Muñoz , Académico en la 
misma clase , con la del Elogio histórico de Antonio de Lebrija. 

§. IV. 

REFORMA DE ESTATVTOS. 

.Impaciente en estos últimos tiempos la Academia del atraso que 
sufrían la prosecución de algunos de sus trabajos y la conclusión 
de otros , quiso buscar el origen de esta lentitud ó tibieza , pa- 
ra remover de raiz qualquier preocupación sistemática , enemiga 
de todo adelantamiento. 

Después de varias reflexiones , que le suministraron la expe- 
riencia , el examen prolixo de sus acuerdos , y una meditada re- 
visión de la calidad y mérito de sus diferentes proyectos ; reco- 
noció que era necesario desechar unos por impracticables ó im- 



CXTV NOTICIA HISTÓRICA 

pertinentes , reservar otros para mejor oportunidad , y dar la di- 
rima mano , con preferencia , á los que juzgó mas titiles y análo- 
gos al espíritu del instituto. 

Los proyectos que reservó como útiles para mas adelante, 
fueron : i .° Las excerptas de los AA. originales y primitivos de 
cosas pertenecientes á España , puestos por orden cronológico, 
con el original y versión castellana : 2." La colección de los pri- 
meros A A. de nuestra historia: 3. La prosecución de la colec- 
ción de cédulas diplomáticas y litológicas : 4." Discursos sobre 
puntos dudosos de nuestra historia : 5." Una diplomática españo- 
la : 6. Una biblioteca histórica de España. 

Para esta novedad , á que debia preceder un plan de refor- 
ma , se oyeron y pesaron los dictámenes y memorias presenta- 
das por la Junta extraordinaria nombrada á este fin. Persuadida 
la Academia de que en mucha parte de los inconvenientes que 
tocaba habia tenido grande influxo la forma de sus Estatutos , 
que por demasiado ambiguos , diminutos , y vagos , no fixaban 
claramente los límites y facultades de los oficios , ni los derechos 
y obligaciones de los individuos ; trató seriamente de desterrar 
las prácticas y malos usos que se habian autorizado con la ob- 
servancia de una constitución , ineficaz por sí misma para produ- 
cir los saludables y prontos efectos que en vano se habian es- 
perado hasta entonces. 

Como se deseaba que el Cuerpo trabajase con visible adelan- 
tamiento , habia que darle una nueva vida , es decir , una nueva 
organización , para entrar en el trabajo con vigor, y seguirle con 
método y constancia : asi es , que la reforma literaria envolvió 
por conseqüencia precisa la económica. 

Meditáronse y extendiéronse unos nuevos Estatutos : aprobó- 
los la Academia, convencida de su necesidad ; y confirmólos Car- 
los ÍIII con su N sanción soberana. 

De la observancia de ellos se empezaron á tocar ya los efec- 
tos en la solemnidad de la Junta pública , prescrita por el ar- 
ticulo civ, y celebrada el dia 1 1 de julio del presente año de 
1 79 6, y se presentarán algunos frutos en los tomos de Memo- 
rias Académicas que se acaban de imprimir. Pero la inestima- 



DE LA ACADEMIA. CXV 

ble prerogativa , prevenida también por estatuto , de decir éstas 
verdades delante de tan respetables oyentes y testigos como asis- 
tieron en aquel Acto , ¿ no deberá contarse por el primer fruto 
de la reforma? 

En las nuevas constituciones están deslindados los derechos 
y lus deberes , y precavidos todos los casos de usurpación ó ar- 
bitrariedad , haciendo que la autoridad resida en los empleos , y 
no en las personas ; que la ley las modere y regule á todas ; y 
que solo se distingan los individuos que por su zelo y laborio- 
sidad se aventajen á los demás : que es ley de gratitud y de jus- 
ticia juntamente. 

Con los nuevos Estatutos ha querido la Academia atarse ella 
misma las manos, paraque en tiempo ninguno pueda atárselas al- 
guna autoridad intrusa , que la pusilanimidad , la pereza , o' el 
egoísmo suelen respetar por conveniencia. Los nuevos Estatutos 
todo lo prescriben , d lo circunscriben ; y aun hacen mas , no de- 
xan á la voluntad de los individuos la libertad de hacerse daño, 
con haberles dexado tanta para precaverle. 

NUEVOS ESTATUTOS 

DE LA 
REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA. 

APROBADOS POR S. M. POR REAL RESOLUCIÓN 

de quince de noviembre de mil setecientos noventa y dos , á consulta 

de la Academia de quatro de octubre 

del mismo año. 



Instituto de la Academia. 



I. xLl instituto de la Academia debe ser ilustrar la histo- 
ria de España en todas sus partes , purgándola de errores y fá- 
bulas , ventilando las dudas acerca de los hechos , distinguiendo 
en cada uno la mayor d menor probabilidad , y poniendo en cla- 

p 2 



CXVI NOTICIA HISTÓRICA 

ro los acaecimientos mas notables , sus efectos , su infíuxo en el 
estado moral y físico de la nación , y sus conexiones con otras 
potencias y gentes. 

Trabajos literarios. 

II. A este fin se han de ordenar los trabajos literarios según 
el Plan que formare la Academia. 

III. Será uno de los principales trabajos la incesante adqui- 
sición de materiales históricos , especialmente de documentos ori- 
ginales , y obras inéditas , completando , hasta donde sea posible, 
la gran colección que ya posee la Academia. 

IV. Asimismo deberá ser incesante la diligencia de disponer 
con buen orden las distintas clases en que se dividen dichos ma- 
teriales , para facilitar su conocimiento y el uso de ellos. 

- V. La Academia , informada por las Juntas de las Salas des- 
tinadas á ciertos ramos de su instituto , determinará los asuntos 
que deban ocupar la primera atención ; y encargará la ilustra- 
ción de ellos á los individuos , según la mayor instrucción y afi- 
ción de cada uno. 

VI. Además tendrá libertad todo Académico de presentar 
qualesquiera escritos, concernientes á los objetos del instituto, en 
que se hubiese ocupado por gusto particular ; y la Academia de- 
berá examinarlos , y publicarlos entre sus Memorias , si los juzga- 
re dignos. 

VIL Podrá la Academia , según sus posibles , asignar gratifi- 
caciones y premios á los trabajos de mérito distinguido , alentan- 
do la aplicación , asi de sus individuos , como de los demás li- 
teratos. 

VIII. En las obras que la Academia adopte y publique , ca- 
da autor será responsable de sus asertos y opiniones ; el Cuerpo 
lo será solamente de que las tales obras son acreedoras á la luz 
pública. 



DE LA ACADEMIA. CXVII 



Número y clases de individuos. 

IX. La Academia constará de veinte y quatro individuos de 
Número , y de otros veinte y quatro Supernumerarios : sugetos 
todos de residencia fixa en Madrid , juiciosos , bien opinados , y 
de notoria instrucción. Los primeros tendrán el voto activo y 
pasivo ; pero los segundos solo el activo. 

X. Para la admisión de un Académico , deberá preceder me- 
morial del pretendiente , el qu.al se entregará al ^Secretario : y és- 
te , noticiándolo al Director , dará cuenta de él en la próxima 
Junta ordinaria. 

XI. No se admitirá memorial de quien no haya hecho cons- 
tar su instrucción en objetos propios del instituto , o' por obras 
ya publicadas , ó por alguna que presente. 

XII. El memorial, cuya admisión quede resuelta , se remitirá 
á informe del Censor , y si alguna obra se presenta , al del Re- 
visor : y en vista de lo que dixeren por escrito , se procederá á 
la votación secreta , en la qual necesitará el pretendiente , para 
ser admitido , la pluralidad de votos. 

XIII. Al que quedare elegido se le pasará aviso por Secreta- 
ría , previniéndole que en el dia de Junta en que se presente á to- 
mar posesión de su plaza (que no podrá diferirlo mas de dos 
meses , á menos de tener y hacer constar algún impedimento le- 
gítimo) , deberá leer un Discurso , en que manifieste su erudición 
histórica , y al mismo tiempo dé gracias á la Academia. 

XIV. Los que obtengan plazas supernumerarias , optarán por 
antigüedad á las vacantes de Número , con tal que se hayan mos- 
trado asistentes , y titiles. Deberá calificarse de asistente quien por 
cada un año , que esté en clase de supernumerario , haya concur- 
rido por lo menos á veinte juntas ordinarias , particularmente en 
el año último anterior á la vacante ; bien que no han de obstar 
las faltas de este postrero tiempo al que , habiendo en él fre« 
qüentado la Academia mientras le ha sido posible, ha dexado de 
asistir por impedimento legítimo que haya hecho constar á la 
Academia , y que ésta haya juzgado tal. De útil se calificará quien 



CXVIII NOTICIA HISTÓRICA 

después de su ingreso , hubiese trabajado y presentado algún es- 
crito sobre materias propias del instituto , que la Academia ha- 
ya precedentemente juzgado digno de publicarse entre sus Me- 
morias. 

XV. Podrá la Academia, á pluralidad de votos secretos , nom- 
brar Académicos Honorarios aquellas personas , que por su alta 
gerarquía ó dignidad , unida con la afición á las letras , puedan 
contribuir á su fomento y decoro. 

XVI. Podrá en la misma forma nombrar Académicos Cor- 
respondientes á sugetos que residan fuera de la Corte , y en quie- 
nes concurra , además de su conocido mérito en la literatura , la 
proporción de auxiliar á los trabajos de la Academia , o desem- 
peñar sus encargos. 

XVII. Los Académicos de Número , beneméritos , que por 
sus achaques , o graves ocupaciones , no puedan asistir á las Jun- 
tas ó trabajos de la Academia ; pasarán á la clase de Honorarios; 
y á la de Correspondientes los Supernumerarios que fixen su re- 
sidencia fuera de Madrid. Y si volvieren á establecer su domi- 
cilio aquí , recobrarán su plaza y antigüedad á la primera va- 
cante. 

XVIII. Olvidando tanto algún Académico el trabajo lí asis- 
tencia á la Academia , que lo omitiese por un año sin motivo 
muy justo ; quedará vacante su plaza. 

De los Oficios. 

XIX. Los oficios de la Academia serán Director , Secretario, 
Censor , Revisor general , Antiquario , Archivero , Bibliotecario , 
y Tesorero : los quales han de recaer siempre en individuos de 
Número y asistentes , que se elegirán con votación secreta por 
mas de la mitad de los vocales concurrentes. 

XX. Además nombrará la Academia los Revisores particula- 
res que juzgare necesarios , igualmente con votación secreta , y 
por pluralidad ; pudiéndolos elegir , asi de los Académicos de Nú- 
mero , como de los Supernumerarios. 



DE LA A C A D I-. M I A. CXIX 



Director. 



XXI. El Director , como cabeza del Cuerpo , presidirá las 
Juntas , y todos los actos académicos , en su asiento preeminente 
de la cabecera de la mesa traviesa , disponiendo por medio de 
la campanilla se comiencen y concluyan. 

XXII. Determinará los dias en que se hayan de tener las 
Juntas particulares , y las extraordinarias, que á propuesta suya 
haya acordado la Academia. 

XXIII. Todas las Juntas particulares , en qife haya de con- 
currir el Director , se podrán tener en su posada. 

XXIV. Repartirá las tareas académicas entre los individuos, 
según lo considere oportuno : los nombrará paraque en las se- 
siones substituyan á los propietarios , que por impedimento le- 
gítimo se excusen , y también para las diputaciones fuera del 
Cuerpo. 

XXV. Nombrará Juntas de comisión , quando á propuesta su- 
ya acuerde la Academia que lo merece la calidad de algún tra- 
bajo : señalará los individuos que deban componerlas , y entre 
ellos destinará al que le parezca para hacer de Secretario , con 
tal que no sea el mas antiguo. 

XXVI. Aunque no se nombre , podrá asistir el Director á 
qualquier sesión de todo acto académico , presidiéndola siempre 
que concurra , y lo mismo en la división de Salas de las Juntas 
ordinarias. 

XXVII. Cuidará la execucion de los acuerdos de la Acade- 
mia de una Junta á otra. 

XXVIII. En los casos de urgentísima necesidad, como el cum- 
plimiento de una o'rden del Rey que no sufra demora , el de in- 
cendio en la casa de la Academia , robos , y otros semejantes , 
providenciará el Director por sí mismo inmediatamente , y des- 
pués dará cuenta en la próxima Junta , la qual convocará extraor- 
dinariamente si lo pidiere la importancia de la resolución toma- 
da sin noticia de ella. 

XXIX. Podrá el Director pedir privadamente los libros de 



CXX NOTICIA. HISTÓRICA 

todos los Oficiales que deban llevarlos , para examinarlos por sí, 
y ver si están corrientes , dando cuenta de su revisión á la Aca- 
demia , si lo tuviere á bien ; pero no podrá , sin acuerdo de esta , 
tomar deliberación en quanto á alteraciones , correcciones , ó re- 
formas. 

XXX. Quando vacase alguno de los oficios , por haberse con- 
cluido su término, ó haber muerto el que lo obtenía ; el Direc- 
tor , poniéndose antes de acuerdo en Junta compuesta de Secre- 
tario y Censor, y dos individuos de Número mas antiguos, pro- 
pondrá en Academia plena , citada formalmente para este acto, 
los tres Numerarios , que según su honor y conciencia , sean , 
atendidas todas sus circunstancias , los mas adequados para el des- 
empeño del cargo , incluyéndose en el primer caso en esta ter- 
na al que lo servia , por si la Academia quisiere reelegirle. 

XXXI. Hará mantener el buen orden en las Juntas , y la re- 
cíproca cortesanía , cortando las acaloradas altercaciones : y po- 
drá , en el caso de propasarse algún Académico , imponerle si- 
lencio , y hacerle salir de la sala si se obstinase. 

XXXII. En las votaciones públicas , y en igualdad de votos, 
será privilegiado el del Director , votando en estas el último , y 
en las secretas el primero. 

XXXIII. Saldrán á nombre del Director los libramientos que 
acuerde la Academia despachar contra el Tesorero. 

XXXIV. Tendrá una de las tres llaves del arca de caudales. 

XXXV. Dará cuenta , sin excepción , á la Academia de qual- 
quier memorial , carta, papel, ú oficio, que por su conducto se 
dirija al Cuerpo. 

XXXVI. En la última sesión del tiempo por que fué elegi- 
do , presentará una Memoria , en que dé exacta cuenta del esta- 
do en que se le confió la Dirección de la Academia , asi de sus 
proyectos y empresas literarias , como de lo correspondiente á lo 
económico y gubernativo , manifestando lo que se haya adelan- 
tado ó mejorado en uno y otro durante el tiempo de su Direc- 
ción , y quales sean sus ideas para lo sucesivo. 

XXXVII. El empleo de Director durará tres años ; pero pa- 
ra ser reelecto , necesitará sacar al primer escrutinio los dos ter- 



DE XA ACADEMIA. CXXI 

cios del total de votos asistentes ; y no obtenida la reelección 
por aquella vez , no podrá entrar en nuevo escrutinio. Si al se- 
gundo escrutinio no se verificase elección , solo entrarán en el 
tercero los dos que hayan sacado mayor número de votos : y en 
caso de igualdad , quedará electo el mas antiguo de los dos en 
la Academia. 

Secretario. 

XXXVIII. El empleo de Secretario será perpetuo , y ha de 
recaer en sugeto que tenga residencia y domidflio en Madrid , 
sin destino , ni ocupaciones ordinarias que le obliguen á ausen- 
tarse , impidiéndole desempeñar su oficio , y presenciar las Juntas 
y actos de la Academia , que ha de certificar. 

XXXIX. Ocupará el lado de la mesa traviesa , á la derecha 
del Director , donde tendrá su escribanía , con los libros y pape- 
les necesarios. 

XL. Será de su cuidado recoger , colocar , y conservar los pa- 
peles de la Academia ; dar cuenta de los oficios y cartas que re- 
ciba, y contextar á ellas ; tomar los votos secretos , y resumir los 
públicos. 

XLI. Certificará con firma entera todas las Actas de la Aca- 
demia en su libro mayor de las Juntas , asi ordinarias , como ex- 
traordinarias. Tendrá corrientes los libros menores de Juntas par- 
ticulares , en que se copiarán los acuerdos de cada una , y los con- 
servará en Secretaría. En todas ellas hará de Secretario si fuese 
de sus individuos , y no el mas antiguo ; porque en este caso de- 
berá presidirlas , no asistiendo el Director. 

XLII. Firmará todos los libramientos que se despachen por 
acuerdo de la Academia , para pago de qualquier especie ; y da- 
rá los finiquitos de cuentas al Tesorero , según resultaren de las 
Actas. 

XLIII. Anotará en el catálogo de los Académicos las entra- 
das , promociones , d fallecimientos de cada uno , con expresión 
del dia , mes y año. Sabida la muerte de qualquiera de ellos , cer- 
rará su partida con una relación sucinta de sus escritos y me- 

Q 



CXXII NOTICIA HISTÓRICA 

ritos literarios. Deberá también componer el elogio histórico con 
que la Academia determinare honrar la memoria de algún in- 
dividuo , á no encargarse de ello otro con aprobación del Cuerpo. 

XLIV. Extenderá en el borrador del Acta de cada Junta la 
nómina de los Académicos al margen por el orden de su anti- 
güedad , anotando las asistencias de cada uno , y por ellas copia- 
rá dicha nomina en el Acta del libro mayor , para arreglar , en 
el Rol de cada medio año académico , el pago de los honora- 
rios de los individuos asistentes. 

XLV. Extenderá de su letra , con toda claridad y puntuali- 
dad , el borrador del Acta por la minuta que formará el Cen- 
sor de todo lo que se tratare y acordare en ella en la Junta de 
aquel dia : la qual leerá en la siguiente inmediata para dar prin- 
cipio á la sesión. Y si no se hallase reparo en ella , quedará apro- 
bada , y solemnemente confirmada : y asi cuidará de que se co- 
pie en el libro mayor de las Actas con toda corrección y exac- 
titud , lo que se executará en el intervalo de una Junta á otra, 
sin mas atraso. 

XLVL Expedirá todas las certificaciones que acordare la Aca- 
demia de títulos , nombramientos , acuerdos , censuras , y dictá- 
menes. 

XLVIL Sellará con el sello mayor de la Academia todas las 
certificaciones , despachos , y títulos que ésta le ordenare ; y con 
el menor las cartas que se hubiesen de escribir á qualesquiera pa- 
rages , asi dentro del reyno como fuera de él : á cuyo fin con- 
servará en su poder los expresados sellos mayor y menor. 

XLVIII. Será de su obligación escribir la historia de la Aca- 
demia en cada año , presentándola , para que se vea en Junta or- 
dinaria , dentro de dos meses del año próximo siguiente , y al fin 
de cada trienio leer la de este tiempo en la Junta pública. 

XLIX. Tendrá derecho preferente á la vivienda de la Aca- 
demia ; y acomodándole ocuparla , deberá desempeñar los oficios 
de Bibliotecario y Archivero» 



DE LA ACADEMIA. CXXJIJ 

Censor. 

L. El Censor lo será por tres años, y no podrá ser reele- 
gido el trienio próximo siguiente , á menos que concurran á su 
favor las dos terceras partes de los votos en primer escrutinio: 
pero su elección se executará constantemente después del año de 
la del Director. 

LI. Deberá ocupar el lado de la mesa , á la izquierda del 
Director , donde tendrá su escribanía para anota» lo que juzga- 
re conveniente. 

LII. En particular ha de apuntar sucintamente quanto acor- 
dare la Academia en las Juntas ordinarias ; entregar luego al Se- 
cretario su papel de apuntes; y en la Junta inmediata obser- 
var si los acuerdos se han extendido con la debida exactitud y 
claridad. 

Lili. Celará la puntual observancia de los Estatutos , propo- 
niendo lo que estime conducente al honor y prosperidad del 
Cuerpo , á los fines de su instituto , y al buen orden y formali- 
dad en todos los actos. 

LIV. A este fin podrá pedir la suspensión de qualquier acuer- 
do de la Academia hasta la Junta próxima , en que haga presen- 
te por escrito la causa de su reclamación ó dictamen particular. 

LV. Informará sobre los memoriales de los pretendientes , 
y sobre los demás asuntos que se le pasen por acuerdo de la 
Academia , exponiendo su dictamen con toda libertad. 

LVI. Intervendrá las cuentas del Tesorero , tomando razón 
en el libro de su oficio , asi de las cantidades que este cobre , 
á nombre de la Academia , por los sueldos , gages , ó emolu- 
mentos de ella ; como de los libramientos que se mandaren des- 
pachar. 

LVII. Tendrá una de las tres llaves del arca de caudales , y 
asistirá á la diligencia del recuento y entrega al sucesor , luego 
que cumpla su tiempo el Tesorero , y al depósito ó extracción 
del dinero que acuerde la Academia. 

LVIII. También concurrirá á la formación y entrega del in- 

Q 2 



CXXIV NOTICIA HISTÓRICA 

ventarlo de alhajas , papeles , y demás efectos de que se deba ha- 
cer cargo el Secretario , Antiquário , Bibliotecario y Archivero. 

LIX. Tendrá otro libro , en el que lleve la noticia de los 
trabajos literarios que se encarguen á los Académicos , y de los su- 
getos á quienes se comisionen , para recordar su cumplimiento 
quando prudentemente crea que convenga. 

Revisor General. 

LX. Habrá en la Academia un Revisor general , que lo se- 
rá tres años , y no podrá reelegírsele sino concurriendo á su fa- 
vor los dos tercios de los vocales. 

LXL Será de su obligación ver y censurar las obras que tra- 
te de adoptar la Academia ; presentar su juicio en Junta plena; 
enmendar y corregir lo que, por ser de autores tí Académicos di- 
funtos , no pueda ya hacerse por ellos , una vez que asi lo de- 
termine la Academia , ó executarlo de acuerdo con el Académi- 
co autor si estuviere presente ; disponer para la impresión los tra- 
bajos que hayan de formar los tomos de Memorias Académicas; 
cuidar y entender en la impresión de ellas , hasta ponerse en es- 
tado de darse al público. 

Revisores de Salas. 

LXII. Para cada una de las Salas separadas de la principal, 
destinadas á tratar determinados objetos del instituto , nombrará 
o reelegirá la Academia anualmente un Revisor. 

LXIIL Los Revisores de dichas Salas harán en ellas el ofi- 
cio de Secretarios : coordinarán los trabajos que se propongan : 
llevarán un libro registro en que se exprese por sesiones lo que 
se vaya adelantando, y lo que cada Sala acuerde: en su nombre pe- 
dirán á la Academia por escrito , tí de palabra si la cosa no fue- 
re de entidad, las luces , auxilios , y providencias que necesiten. 
Cada mes extenderán el Acta que de lo executado deba leerse en 
Academia plena , y la entregarán al Secretario paraque la pase al 
libro general de acuerdos académicos ; y quando las obras de sus 



DE LA ACADEMIA. CXXVI 

respectivas Salas estén en estado de publicarse , y asi lo determine 
la Academia de conformidad con el Revisor general , entende- 
rán en sus impresiones. 

LXIV. Estos Revisores de Salas podrán emplear , quando lo 
necesiten , al escribiente ó escribientes de la Academia , noticián- 
doselo antes á esta. 

Antiquário, 

LXV. El oficio de Antiquário será perpetuo , y ha de recaer en 
individuo que tenga particular conocimiento de lék antigüedades , 
principalmente de la Numismática. 

LXVI. Será de su obligación colocar las monedas que posea 
la Academia , o' que nuevamente se adquieran , en sus respectivas 
series ; explicar sus leyendas, inscripciones , y typos ; formar los 
índices,)- catálogos, asi de las medallas, como de las demás an- 
tigüedades que junte la Academia. 

LXVII. Luego que estén formados los índices y catálogos de 
lo que actualmente posee la Academia , dará cuenta en Junta or- 
dinaria ; y cada año la dará de lo que en él se haya adquirido, 
y de la serie d sitio en que se haya colocado. 

LXVIII. Será de su obligación informar sobre los asuntos de 
antigüedades , asi sobre el precio , como sobre la rareza y méri- 
to de los monumentos que se remitan á la Academia , d que ésta 
piense en adquirir ; y la Academia no procederá , ni a la adqui- 
sición , ni á dar informe , sin oir antes á su Antiquário. 

LXIX. El Gabinete de medallas y demás antigüedades de- 
be existir en la casa de la Academia ; pero sus llaves estarán en 
poder del Antiquário , quien recibirá por inventario quanto hu- 
biere de su inspección , y será responsable de ello. 

LXX. No queriendo el Secretario ocupar la habitación de 
la Academia ; tendrá derecho preferente á ella el Antiquário , con 
tal que se encargue de llenar las obligaciones de Bibliotecario y 
Archivero. 

LXXI. Si ni al Secretario , ni al Antiquário acomodasen las 
expresadas vivienda y obligaciones , que han de estar siempre 



CXXVI NOTICIA HISTÓRICA 

unidas con ella ; serán preferidos los Académicos de Número per 
su antigüedad. 

Bibliotecario , y Archivero. 

LXXII. El que tenga los cargos de Bibliotecario y Archive- 
ro , recibirá por inventario , con intervención del Censor , los li- 
bros impresos y manuscritos , y otros qualesquier papeles de la 
Academia ; y atenderá á la custodia de ellos , en inteligencia que 
ha de ser responsable de su existencia y conservación en el me- 
jor estado posible. 

LXXIIL Para facilitar el uso de los libros y manuscritos , dis- 
pondrá los índices convenientes , ya por orden alfabético , como 
ál presente se hallan , ya por el cronológico , ya por materias , 
añadiendo notas y remisiones oportunas , á fin de que conste lo 
que posee la Academia , y lo que la falta en cada ramo. 

LXXIV. Tendrá cuidado de proponer á la Academia la ad- 
quisición de los escritos que convenga; y acordada que sea, pro- 
cederá á la compra , percibiendo el importe en virtud de libran- 
za que se dará contra el Tesorero. 

LXXV. Los escritos que se adquieran de nuevo , cuidará de 
apuntarlos en los índices, bien sea en sus lugares propios ,ó en 
suplementos dispuestos con buen orden. 

LXXVL Deberá entregar á los Académicos los impresos y 
manuscritos que necesiten baxo recibo. Si pasado un mes no se 
los hubiesen devuelto , los reclamará ; y en caso de necesitarlos 
todavia quien los tuviere , se lo hará certificar asi al pie del reci- 
bo ; pero si pasado algún tiempo mas de lo que pareciere justo, 
viese morosidad d descuido , y no bastase su reclamación ; lo pon- 
drá en noticia de la Academia, 

LXXVII. Con igual cuidado deberá tener y custodiar los li- 
bros concluidos de Actas de la Academia , los expedientes resuel- 
tos , sean gubernativos d literarios , las disertaciones y otros tra- 
bajos de los individuos , las censuras de obras , y demás papeles del 
Cuerpo : los quales todos ha de ordenar cronológicamente en le- 
gajos d libros proporcionados , formando índices de ellos con tal 



DE LA ACADEMIA. CXXVJI 

método , que sea fácil su noticia , manejo , y uso. 

le sor ero. 

LXXVIII. El Tesorero ha de ser sugeto domiciliado en Ma- 
drid , y se elegirá todos los años. 

LXXIX. Custodiará en su casa el arca de caudales de la Aca- 
demia , de la qual tendrá en su poder una de las tres llaves. 

LXXX. Deberá cobrar la dotación , asignaciones, y otros emo- 
lumentos o' gages que pertenezcan á la Academia , de que se hará 
cargo en las cuentas que de la entrada y salida de caudales de- 
be presentar en cada semestre del año académico. 

LXXXI. Asimismo dará cuenta por escrito , en las Juntas or- 
dinarias de la Academia , de todas las cantidades que cobre , y le 
sirvan de cargo , paraque asi el Secretario en el libro general de 
las Actas , como el Censor en el suyo peculiar , las anoten , pa- 
ra la justificación de las cuentas. 

LXXXII. No pagará cantidad alguna de caudales de la Aca- 
demia sin que se le presente libramiento , firmado del Director, 
del Censor , y del Secretario que certifique ser acuerdo del Cuer- 
po : y estos libramientos , con los recibos insertos de los intere- 
sados , serán los recados de justificación para su descargo. 

Juntas Ordinarias. 

LXXXIII. Un dia determinado de cada semana , que será co- 
mo hasta aquí el viernes por la tarde , á las quatro en invierno, 
y á las cinco en verano , celebrará la Academia Junta ordina- 
ria , que ha de durar por lo menos dos horas ; pero se podrá va- 
riar con justas causas , ó añadir otro dia si fuere necesario. 

LXXXIV. Para principiar la Junta no se esperará mas que 
un quarto de hora , siempre que haya ocho Académicos incluso 
el Secretario , quien por tener en su poder los papeles , deberá 
asistir á todas , ó avisar si no pudiese concurrir , remitiendo los 
corrientes á tiempo oportuno. 

LXXXV. Si la materia que se ha de tratar fuese de espe- 



CXXVIII NOTICIA HISTÓRICA 

cial importancia ; no se celebrará Junta sin preceder aviso á to- 
dos los Académicos , ni se resolverá sin la concurrencia á lo me- 
nos de diez y seis. 

LXXXVI. Los Académicos presentes al tiempo de empezar 
las Juntas , ocuparán los asientos de ambos lados alternativamen- 
te por el orden riguroso de antigüedad , de lo que cuidará el Cen- 
sor ; y los que llegaren después de principiada la sesión , ocupa- 
rán los asientos que hubiere desocupados , á excepción del Di- 
rector , del Secretario , y del Censor. 

LXXXVII. Faltando el Director , presidirá con todas sus fa- 
cultades ( excepto el voto de calidad ) el Académico mas antiguo 
de los presentes ; menos el Secretario , y el Censor , que nunca 
deben dexar sus puestos. Y quando no pudiesen asistir el Secre- 
tario , d el Censor ; suplirán sus oficios los que nombre el Direc- 
tor , ó el que presida. 

LXXXVIII. Principiará el Secretario , pedida la venia al Di- 
rector , por la lectura en borrador del Acta de la Junta ante- 
cedente para la inteligencia y conocimiento de los Académi- 
cos , d por si hubiere algo que advertir d "enmendar en ella. 

LXXXIX. Continuará leyendo á la letra las ordenes del Rey, 
de sus Tribunales , y Ministros; y todos los papeles que tuviere, 
de qualquiera especie , relativos á la Academia : dando lugar á 
que por el orden que se vayan leyendo , se acuerde el curso que 
se les haya de dar , y que el Censor tome el apunte de los 
acuerdos. 

XC. En estas Juntas leerá cada Académico el escrito que se 
le haya encargado , d que intente presentar á la Academia , en- 
tregándolo después firmado de su mano al Secretario. 

XCI. Si conviniere examinar la obra d escrito que se pre- 
sentare , nombrará el Director los individuos que , oyendo antes 
al autor , informen á la Academia ; la qual deliberará lo que es- 
time mas conveniente, sujetándose, asi el autor, como qualquie- 
ra otro , á lo que se determine por la pluralidad. 

XCII. Quando ocurra asunto que se haya de votar ; si ha de 
ser por votos secretos , principiará á dar el suyo el Director , y 
después los demás Académicos por su antigüedad ; y siendo pú"- 



DE LA ACAOB M r A. CXXIX 

blicos , empezará el mas moderno, y succcsivamentc los demás 
hasta el Director , que decidirá en caso de igualdad de votos. 

XCIII. En las materias literarias tendrán voto todos los Aca- 
démicos de qualquier clase que sean. 

XCIV. En las conferencias no interrumpirá un Acade'mico 
á otro hasta que haya acabado de hablar ; ni se permitirán dis- 
putas , personalidades , d jactancias , que son indecorosas á los que 
las promueven , y turban la armonía y seriedad del Cuerpo : sien- 
do especial obligación del Censor reclamar su observancia reli- 
giosamente. 

XCV. Quando el asunto de que se trata toque á qualquie- 
ra de los individuos presentes ; se le prevendrá se retire de la sala, 
y que dexe á la Academia en libertad , paraque pueda conferen- 
ciar y resolver lo que convenga. 

XCVI. Si algunos individuos fuesen nombrados para una di- 
putación o comisión , aunque sea verbal ; darán cuenta de las re- 
sultas á la Academia paraque conste en las Actas. 

XCVII. Concurriendo á la Junta algún Grande de España, 
Arzobispo , Obispo, ó Embaxador r que no sea Académico , se le 
dará Asiento entre el Director , Secretario , d Censor ; y á los Tí- 
tulos , y otras personas de distinción , el inmediato después del 
Secretario , ó del Censor. 

XCVIII. Habiéndose resuelto todo lo perteneciente á la Aca- 
demia en general , y tomados los acuerdos convenientes sobre lo 
económico y gubernativo , que deberán despacharse con la posi- 
ble brevedad ; hará el Director señal paraque se separen las Salas. 

XC1X. En la primera Junta de cada año se leerán los Estatu- 
tos , y un extracto de los acuerdos económicos y gubernativos 
que formará la Secretaría , con las adiciones , d reformas que se 
hubieren hecho. 

Juntas de Salas. 

C. Cada una de las particulares dará cuenta un día al mes á la 
Junta ordinaria de la Academia del estado de sus trabajos, y del 
adelantamiento d progresos que haya hecho en el ramo puesto á 
su cuidado. 

R 



CXXX NOTICIA HISTÓRICA 

CI. Podrán pedir las Salas á la Academia los libros, papeles, 
documentos, y auxilios de qualquiera especie , que necesiten para 
el desempeño de sus respectivos trabajos. 

CIL Presentarán los proyectos ó ideas que les parezcan con- 
venientes , baxo los quales hayan de trabajar ; pero no lo harán 
6Ín el consentimiento y aprobación del Cuerpo. 

CIII. Quando hayan concluido algún trabajo de los de su 
particular inspección ; lo presentarán á la Academia con su dicta- 
men , por si conviniere publicarlo. 

Junta Pública. 

CIV. Cada tres años habrá una Junta General páblica , á la 
que se convidarán varias personas de distinción y de literatura. 

CV. En estas Juntas leerá el Secretario un resumen histó- 
rico de las tareas y empresas literarias del trienio anterior , ha- 
ciendo memoria de los Académicos que hubieren fallecido. 

CVI. Si hubiese Discursos , o Memorias , que hayan mereci- 
do el premio o premios que propondrá la Academia ; se reser- 
varán para leerlos en esta Junta. 

CVII. En ella se anunciarán los asuntos que la Academia 
haya acordado proponer para los premios del trienio siguiente. 

CVIII. Se encargará á un Académico que trabaxe un Dis- 
curso ó Memoria sobre algún punto importante de nuestra his- 
toria. 

CIX. Se leerá en la misma Junta la vida de algún varón 
ilustre español ; la que compondrá el Académico á quien se en- 
cargue , o que él mismo elija. 

CX. No se leerá en esta Junta papel alguno , sin que antes 
lo haya aprobado la Academia con previo examen , é informe , 
hecho por orden del Director. 

Juntas de Comisión. 

CXI. Las Juntas de comisiones para asuntos particulares , se 
compondrán de los individuos que el Director eligiere. 



D£ LA ACADEMIA. CXXXI 

CXII. Conclulelo el asunto paraquc se nombro' la Junta ; se 
dará cuenta de lo que se resuelva á la Academia en la sesión 
próxima ordinaria. 

CXIII. Siempre que el tiempo , las circunstancias , d altera- 
ciones de las cosas , manifiesten menos conveniente , d totalmen- 
te impracticable , alguno de los Estatutos anteriores ; podrá la 
Academia (precedido aviso del Secretario á todos los individuos, 
y el mas reflexivo y maduro examen) acordar lo mas condu- 
cente , y consultarlo á S. M. para su confirmación , y observancia. 



R2 



CXXXII NOTICIA HISTÓRICA 

KXXXXKXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXitf 

CATALOGO 

DÉLOS 
SEÑORES INDIVIDUOS ACTUALES 

DÉLA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA, 

según el orden de antigüedad que corresponde á cada uno en la 
respectiva clase qtie ocupa en el presente año de 1796- 

OFICIOS. 



DIRECTOR. 



JtLxcelentísimo Señor Don Vicente María de Vera , Duque y Se- 
ñor de la Roca ; Marqués de Sofrága ; Grande de España de pri- 
mera clase ; Caballero de la insigne Orden del Toyson de Oro , 
y de la de Santiago ; Gran-Cruz de la Real y Distinguida Espa- 
ñola de Carlos III ; Consejero de Estado; Gentil-hombre de 
Cámara de S. M. con exercicio; Teniente General de los Reales 
Exércitos ; Individuo del Número de la Real Academia Espa- 
ñola , Honorario de la de Buenas Letras de Sevilla , y de la de 
San Carlos de Valencia ; Académico de honor y de mérito por 
la pintura , y Consiliario de la Real de San Fernando. 



SECRETARIO. 



Señor Don Antonio de Capmany , y de Montpalau , Individuo 
Supernumerario de las Reales Academias de Buenas Letras de 
Barcelona y Sevilla. 



DE E A ACADEMIA. CXXXIII 

CENSOR. 

Señor Don Joscf Ruiz de Celada , Relator de la Real Cámara de 
Castilla. 

REVISOR GENERAL. 

Señor Don Josef Cornide de Saavedra , Señor de Maríz ; Regidor 
de la Ciudad de Santiago ; Capitán del Cuerpo de Milicias Ur- 
banas de la Coruña ; Socio de mérito de la Real Sociedad Bas- 
congada. 

ANTJqVARIO, 

Señor Don Josef de Guevara Vasconcelos, Presbítero , Doctor en 

. teología por la Universidad de Osuna ; Consejero Honorario 

en el Real de las Ordenes ; Caballero de la de Santiago ; Censor 

perpetuo de la Real Sociedad Económica de Madrid ; Individuo 

del Número de la Real Academia Española. 

TESORERO, 

Señor Don Miguel de Manuel y Rodríguez , Doctor en ambos 
derechos por la Universidad de Cervera ; Bibliotecario Primero 
y Catedrático de Historia Literaria de los Reales Estudios de 
Madrid ; Socio Literato de la Real Sociedad Bascongada , y de 
las de Madrid y San Lúcar de Barrameda ; y del Número de la 
de Artes y Ciencias de Barcelona. 

ACADÉMICOS NUMERARIOS. 

Excelentísimo Señor Don Pedro Rodríguez de Campománes ; 
Conde de Campománes ; Caballero Gran-Cruz de la Real y 
Distinguida Orden Española de Carlos III ; Consejero de Es- 
tado ; Individuo Numerario de la Real Academia Española , 
de la Filosófica de Filadelfia ; de la de Iscripciones y Bellas Le- 
tras de París, &c. Ha sido Director de la de la Historia, por ree- 
lecciones anuales, desde 1 1 de noviembre de 17 64 hasta fin de 



CXXXIV NOTICIA HISTÓRICA 

diciembre de 1792. Admitido en 29 de marzo de 1748. 

Excelentísimo Señor Don Eugenio de Llaguno y Amírola , Gentil- 
hombre de Cámara de S. M. con exercicio ; Caballero de la 
Orden de Santiago ; Gran-Cruz de la Real y Distinguida Or- 
den Española de Carlos III ; Consejero de Estado ; Secretario 
de Estado y del Despacho Universal de Gracia y Justicia ; Aca- 
démico de honor de la Real de San Fernando. Fué Secretario 
de la de la Historia desde 23 de febrero de 1759 hasta 23 de 
setiembre de 1763. Admitido en 2 1 de febrero de 1755. 

Señor Don Tomás Antonio Sánchez , Presbítero , Bibliotecario de 
S. M. ; Individuo Numerario de la Real Academia Española , y 
Supernumerario de la de Buenas Letras de Sevilla. Ha sido 
Director Interino de la de la Historia desde 1 6 de mayo de 
1794 hasta 30 de noviembre de 1795. Admitido en 24 de ju- 
lio de 1757. 

Excelentísimo Señor Don Vicente María de Vera , Duque de la Ro- 
ca , &c. Director. Véase. Admitido en 17 de agosto de 1753. 

Excelentísimo Señor Don Antonio Porlier , Marqués de Baxa- 
mar ; Caballero Gran-Cruz de la Real y Distinguida Orden Es- 
pañola de Carlos III ; Consejero de Estado ; Gobernador del 
Real y Supremo Consejo de las Indias ; Académico de Número 
de la Real Española ; Director de la Sociedad Económica de la 
Isla de Tenerife ; Académico de honor y Consiliario de la Real 
de San Fernando. Admitido en 16 de febrero de 1753. 

Señor Don Josef de Guevara Vasconcelos , &c. Antiquário. Véa- 
se. Admitido en 3 1 de agosto de 1770. 

Señor Don Casimiro Gómez Ortega , Doctor en medicina por 
la Universidad de Bolonia; Primer Catedrático de Botánica; 
Alcalde Examinador Decano de Farmacia ; Socio Correspon- 
diente de la Real Sociedad de Londres. Admitido en 28 de se- 
tiembre de 1770. 

Señor Don Antonio de Capmany , y de Montpalau , &c. Secre- 
tario. Véase. Admitido en 24 de noviembre de 1775. 

Ilustrísimo Señor Don Francisco Cerda y Rico , Caballero de la 
Real y Distinguida Orden Española de Carlos III ; Secretario 
con voto del Real y Supremo Consejo y Cámara de las Indias , 



DE E A ACADEMIA. CXXXV 

Académico de honor de la Real de San Fernando. Admitido 
en 24 de noviembre de 1775. 
Señor Don Tomás López , Geógrafo de los Dominios de S. M. ; 
Académico de Número de la Real Academia de Buenas Letras 
de Sevilla ; y de las Sociedades Bascongada y de Asturias ; Aca- 
démico de mérito de la Real de San Fernando. Admitido en 6 
de diciembre de 1776, 
Señor Don Gaspar Melchor de Jovellanos , Caballero de la Orden 
de Alcántara ; Consejero de S. M. en el Real de las Ordenes , 
con honores y antigüedad del Real y Supremo de Castilla ; 
Académico de Número de la Real Academia» Española , y de 
honor de la de San Carlos de Valencia ; Académico de honor 
y Consiliario de la Real de San Fernando. Admitido en 7 de 
mayo de 1779. 
Señor Don Josef Ruiz de Celada , &c. Censor. Véase. Admitido 

en 1 1 de julio de 1777. 
Señor Don Miguel de Manuel y Rodríguez , &c. Tesorero. Véase. 

Admitido en 10 de agosto de 1781. 
Excelentísimo Señor Don Pedro Várela y Ulloa , Caballero de la 
Real y Distinguida Orden Española de Carlos III ; del Conse- 
jo de Estado ; y Secretario del Despacho Universal de Hacien- 
da. Admitido en 5 de julio de 1782. 
Señor Don Josef Cornide de Saavedra , &c. Revisor General. Véa- 
se. Admitido en 30 de marzo de 1755. 
Señor Don Josef Banqueri , Prebendado de la Santa Iglesia de 
Cartagena ; Individuo de la Real Biblioteca de S. M. Admitido 
en 2 1 de marzo de 1783. 
Señor Don Josef de Vargas y Ponce , Teniente de navio de la 
Real Armada ; Socio Literato de la Sociedad Bascongada ; y de 
Número de la Matritense ; Académico de honor de la Real de 
San Fernando. Admitido en 17 de febrero de 1786'. 
Señor Don Juan Bautista Muñoz, Doctor en teología por la Uni- 
versidad de Valencia ; Cosmógrafo Mayor de S. M. y Oficial 
de la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de Gracia 
y Justicia de Indias ; Académico de la Real Academia de Cien- 
cias de Lisboa , de la Real Sociedad Médica de Sevilla , y So- 



CXXXVI NOTICIA HISTÓRICA 

cío Literato de la Bascongada. Admitido en 28 de setiembre 
de 1788. 

Señor Don Joachín Traggia , Presbítero ; Doctor en teología por 
la Universidad de Manila , Socio Literato de la Real Socie- 
dad Bascongada. Admitido en 2 de setiembre de 1791. 

Señor Don Juan Antonio Pellicer , Bibliotecario de S. M. Admiti- 
do en 1 de junio de 1792. 

Señor Don Francisco Martínez Marina , Doctor en teología por 
la Universidad de Toledo ; Canónigo de la Real Iglesia de San 
Isidro de Madrid. Admitido en 4 de agosto de 1786. 

A CADEMICOS S UPERNUM ERARIOS, 

Señor Don Joachín Valcarcel , Marqués de Pejas ; Caballero de la 
Real Distinguida Orden Española de Carlos III ; y de la Real 
Maestranza de Granada. Admitido en 20 de diciembre de 1771. 

Señor Don Pedro Antonio Carrasco y Muñoz , del Consejo de 
S. M. en el Real y Supremo de Castilla. Admitido en 13 de di- 
ciembre de 1771. 

Señor Don Joachín Juan de Flores , del Consejo de S. M. Oidor 
honorario de la Real Audiencia de Sevilla; y Auditor de Guerra 
del Exército y Provincia de Castilla la Nueva; Individuo de la 
Real Academia Española , y de la de Buenas Letras de Sevilla , 
dcc. Admitido en 15 de junio de 1787. 

Señor Don Constantino Conde Swiecicki , Doctor en teología por 
la Universidad de Wilna , Canónigo de la Iglesia Metropolitana 
de Gnesna. Admitido en 16 de febrero de 1789. 

Señor Don Fernando Gilman , del Consejo de S. M. y su Secreta- 
rio con exercicio de Decretos ; Oficial de la Secretaria del 
Despacho Universal de la Guerra. Admitido en 25 de abril 
de 1788. 

Señor Don Cándido María Trigueros, Segundo Bibliotecario de los 
Reales Estudios de Madrid ; Individuo de la Real Academia de 
Buenas Letras de Sevilla. Admitido en 29 de junio de 1792. 

Señor Don Isidoro Bosarte , del Consejo de S. M. su Secretario Ho- 
norario , y en propiedad de la Real Academia de San Fernán- 



O E LA A C'A D E M l A. CXXXVII 

do , v Académico de honor de la de San Luis de Zaragoza. 
Admitido en 10 de agosto de 1792. 

R. P. M. Fr. Liciniano Sacz , del Orden de San Benito. Admi- 
tido en 19 de abril de 1793. 

Señor Don Vicente González Arnao , Doctor en ambos derechos 
por la Universidad de Alcalá ; Abogado del Colegio de Ma- 
drid. Admitido en 10 de setiembre de 1794. 

Señor Don Juan López , Geógrafo del Rey ; Individuo de la Real 
Academia de Buenas Letras de Sevilla ; y de las Sociedades Bas- 
congada, y de Asturias. Admitido en 12 de agosto de 179o". 

' 
ACADÉMICOS HONORARIOS. 

Señor Don Josef Carbonel , admitido en 14 de abril de 1747. 

Señor Don Julián de Pinedo y Salazar , Secretario de S. M. y Ofi- 
cial mayor de la Cancillería de la Insigne Orden del 'Toyson de 
Oro. Admitido en 16 de agosto de 1748. 

Señor Don Matías de Robles y Monteroso , de la Real Distingui- 
guida Orden Española de Carlos III ; Sumiller de cortina de 
S. M. ; y Arcediano de la Santa Iglesia Primada de Toledo. 
Admitido en 7 de febrero de 1755. 

Señor Don Pedro de Castro , Cano'nigo de la Santa Iglesia Me- 
tropolitana de Sevilla. Admitido en 15 de agosto de 1755. 

Señor Don Benito Bails , Individuo de la Real Academia Espa- 
ñola ; y primer Director de matemáticas de la de San Fernan- 
do. Admitido en 17 de mayo de 176$. 

Uustrísimo Señor Don Francisco de Bruna y Ahumada , Caballe- 
ro de la Orden de Calatrava ; Honorario del Consejo Real , y 
de la Cámara ; Oidor Decano de la Real Audiencia de Sevilla. 
Admitido en 16 de junio de 1769. 

Señor Don Gaspar de Molina , Marqués de Ureña ; Caballero 
de la Orden de Santiago , Intendente de Exe'rcito graduado ; 
Individuo de la Real Academia Española; y Académico de ho- 
nor y de mérito de la Real de San Fernando. Admitido en 4 
de enero de 177 1. 

Ilustrisimo Señor Don Manuel Abad y Lasierra , Arzobispo de 

s 



CXXXVIH NOTICIA HISTÓRICA 

Selimbria. Admitido en 1 6 de abril de 1773. 
Ilustrísimo Señor Don Juan Diaz de la Guerra , Obispo de 'Si- 

guenza. Admitido en 8 de agosto de 1777. 
Señor Don Juan Antonio Mayans , Canónigo de la Iglesia Me- 
tropolitana de Valencia. Admitido en 15 de noviembre de 
1782. 
Señor Don Sabino Rodríguez de Campománes , Mayordomo de 

semana de S. M. Admitido en 23 de julio de 1784. 
Señor Don Joachín Josef Queipo de Llano, Conde deToreno. Ad- 
mitido en 4 de febrero de 1785. 
Señor Don Luis Manuel de Isla , Conde de Isla ; Caballero de la 
Orden de Santiago ; del Consejo de S. M. en el Real y Supre- 
mo de Castilla. Admitido en 28 de marzo de 1785. 
Señor Pastoret , del Consejo Legislativo de los Quinientos de la 

Repáblica Francesa. Admitido en 1 de setiembre de 1786. 
Excelentísimo é Ilustrísimo Señor Don Felipe Antonio Fernandez 
Vallejo, Obispo de Salamanca i del Consejo de Estado; y Go- 
bernador del Supremo Consejo de Castilla. Admitido en 4 de 
agosto de 1786. 
Señor Don Pedro Jacinto de Álava , Honorario del Consejo Real 
de Hacienda , y Gobernador de las Aduanas de la Provincia de 
Álava. Admitido en 9 de febrero de 1787. 
Señor Don Arias Antonio Mon y Velarde, Honorario del Consejo 
Real y Supremo de S. M. ; y Regente de la Real Audiencia 
de Cáceres. Admitido en 8 de febrero de 1788. 
Señor Don Domingo Mariano Traggia , Marqués del Palacio ; Co- 
ronel del Exército ; Gobernador político y militar de Cervera 
del Rio Alhama ; Individuo de la Real Academia de Ciencias 
Naturales de Barcelona. Admitido en 26 de febrero de 1790. 
Excelentísimo Señor Don Eugenio Eulaíio de Guzman , Pala- 
fox , Portocarrero , Conde de Teva ; Grande de España de pri- 
mera clase ; Individuo de la Real Academia Española ; Acadé- 
mico de honor y de mérito por la pintura de la Real de San 
Fernando. Admitido en 24 de enero de 1794. 
Señor Don Juan de Sahagun de la Mata Linares , Conde del Car- 
pió ; del Consejo de S. M. en el Real de las Ordenes ; Caballé- 



DE E A ACADEMIA. CXXX1X 

ro de h de Calatrava ; Individuo de las Reales Academias Es- 
pañola y de San Fernando. Admitido en 2\ de marzo de 1794. 
Eminentísimo y Excelentísimo Señor D. Francisco de Lorenzana, 
Cardenal de la S. R. I. Arzobispo de Toledo , é Inquisidor Ge- 
neral de España c Indias. Admitido en 25 de julio de 1794. 

Serenísimo Señor Infante Don Luis de Borbon , Príncipe herede- 
ro de Parma , Plasencia, y Guastála ; Académico de honor y de 
mérito de la Real Academia de San Fernando. Admitido en 1 o 
de julio de 1795. 

Excelentísimo Señor Don Manuel de Godoy , y Alvarez de Fa- 
ria , Ríos , Sánchez , Zarzosa ; Príncipe de la Paz ; Duque de 
la Alcudia ; Señor del Soto de Roma, y del Estado de Albalá; 
Grande de España de primera clase ; Regidor perpetuo de la 
Ciudad de Santiago ; Caballero de la Insigne Orden del Toy- 
son de Oro ; Gran- Cruz de la Real y Distinguida Española de 
Carlos III ; Comendador de Valencia del Ventoso , P.ibera y 
Aceuchal en la de Santiago; Caballero Gran-Cruz de la Re- 
ligión de San Juan ; Consejero de Estado ; Primer Secretario de 
Estado y del Despacho ; Secretario de la Reyna nuestra Señora; 
Superintendente General de Correos y Caminos ; Director de 
la Real Sociedad Económica Matritense ; Protector de los Rea- 
les Gabinete de Historia Natural , Jardín Botánico , Laborato- 
rio Chímico .Observatorio Astronómico , y Colegio de Medi- 
cina ; Gentil- hombre de Cámara de S. M. con exercicio ; Ca- 
pitán General de los Reales Exércitos ; Inspector y Sargento 
Mayor del Real Cuerpo de Guardias de Corps ; Protector de la 
Real Academia de San Fernando. Admitido en 10 de julio 
de 1795. 

Ilustrísimo Señor Don Antonio Tavíra y Almazan , de la Orden 
de Santiago ; Obispo de Osma ; Académico de Niímero de la 
Real Academia Española , y de honor de la Real de San Fer- 
nando. Admitido en 1 de julio de 1796. 

Excelentísimo Señor Don Fr. Manuel del Cenáculo Villasboas , 
Obispo de Beja en Portugal. Admitido en 1 2 de agosto de 1796". 



s 2 



CXL NOTICIA HISTÓRICA 

ACADÉMICOS CORRESPONDIENTES. 

R. P. M. Fr. Romualdo Escalona , Monge Benedictino en el Real 

de Sahagun. Admitido en 17 de agosto de 1770. 
Hustrísimo Señor Don Fr. Anselmo Rodríguez , Obispo de Al- 
mería. Amitido en 1 1 de noviembre de 1770. 
R. P. M. Fr. Pablo Rodríguez , del Orden de San Benito. Admiti- 
do en 11 de noviembre de 1770. 
R. P. M. Fr. Iñigo Rabuñade , Monge Benedictino. Admitido en 

1 1 de noviembre de 1770. 
R. P. M. Fr. Iñigo Barreda , del Orden de San Benito. Admitido 

en 1 1 de noviembre de 1770. 
R. P. M. Fr. Sigismundo Beltran , del Orden de San Benito , y 
Abad del Monasterio de San Millan de la Cogulla. Admitido 
en 1 1 de noviembre de 1770. 
R. P. M. Fr. Luis Camina , Monge Benedictino. Admitido en 14 

de diciembre de 1770. 
R. P. M. Fr. Gregorio Bovets , Monge Benedictino. Admitido en 

14 de diciembre de 1770. 
Señor Don Buenaventura Serra y Ferragut , Regidor perpetuo de 
la Ciudad de Palma en Mallorca. Admitido en 4 de marzo de 
1772. 
Señor Don Fernando Eliseo Freyre , Alférez Mayor de la ciudad 

de la Coruña. Admitido en 20 de marzo de 1772. 
Señor Don Jacinto Abella Fuertes , Regidor perpetuo de la Villa 
de Luarca , Principado de Asturias. Admitido en 2 o de octu- 
bre de 1772. 
Señor Don Juan Antonio Desvalls y de Ardena , Marqués de Al- 
farrás y de Lupia ; Secretario perpetuo de la Real Academia de 
Ciencias y Artes de Barcelona. Admitido en 20 de agosto de 

1 773- 
R. P. M. Fr. Juan Nuñez , Cronista del Orden de San Gerónimo 

en el Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Admitido 

en 25 de febrero de 1774. 

Señor Don Josef de Viera y Clavijo , Arcediano de Fuerteventu- 



DE XA ACADEMIA. CXX.I 

ra en la Santa Iglesia de la Gran Canaria. Admitido en 25 de 
febrero de 1774- 
Excelentísimo Señor Don Antonio Valcarccl, Pío de Saboya y 
Espinóla , Conde de Lumiares. Admitido en 1 6 de diciembre 
de 1774- 
Señor Don Juan Bautista Loperaez Corvalan , Cano'nigo de la 
Santa Iglesia de Cuenca ; Inquisidor Honorario del tribunal 
del Santo Oñcio de aquella ciudad. Admitido en 1 de setiembre 
de 1775. 
Señor Don Juan Verardo Zevíani.Veronés, Socio de la Real Aca- 
demia de Ciencias y Bellas Letras de Mantua , y de otras de Ita- 
lia. Admitido en 2 1 de julio de 1775. 
Señor Don Zacharias Betti,Veronés, Socio de la Academia de Cien- 
cias de Bolonia , y de otras de Italia. Admitido en 2 1 de julio 
de 1775. 
Señor Don Francisco Viaña y Teran , Oficial Mayor Segundo de 
la Secretaría de Estado y del Despacho Universal de Hacien- 
- da de Indias ; Caballero de la Real Distinguida Orden Españo- 
la de Carlos III. Admitido en 29 de marzo de 1776". 
Señor Don Tomás Fermín de Lezatín , Secretario de la Sociedad 

Económica de Zaragoza. Admitido en 27 de marzo de 1778. 
Señor Don Antonio Ramos y Vaguer , Presbítero , Director del 
Real Colegio de Santelmo de Sevilla. Admitido en 26 de febre- 
ro de 1779. 
Señor Don Nicolás Rodríguez Laso , Inquisidor Fiscal del Tribu- 
nal del Santo Oficio de Valencia. Admitido en 5 de marzo 
de 1779. 
Señor Conde de Albion , Individuo de las Academias de León, 
Dijon , Roma , y Nimes ; de la de los Arcades y la Crusca ; y 
de las Sociedades de Florencia , Berna , Zurich , Chamberí , y 
Hesse-Hombourg. Admitido en 14 de mayo de 1779. 
Señor Don Josef Manuel Calderón T Abogado de los Reales Con- 
sejos. Admitido en 14 de abril de 1780. 
Señor Don Manuel del Castillo y Negrere , del Consejo de S. M. 
Oidor de la Real Audiencia de Manila. Admitido en 29 de 
setiembre de 1780. 



CXLII NOTICIA HISTÓRICA 

Señor Don Pedro Pablo Giustis , Caballero de la Orden Real y 
Apostólica de San Esteban de Ungria ; Consejero de S. M. Ce- 
sárea , el Emperador de Alemania , en el Consejo Supremo de 
Hacienda de la Lombardía Austríaca. Admitido en 27 de abril 
de 1781.- 

Señor Don Francisco Neuman , Canónigo Regular de Santa Do- 
rotea en Viena. Admitido en 20 de julio de 1781. 

Mr. Mentelle , Profesor de Historia y Geografía de la Escuela Real 
y Militar de Paris , y de la Academia de Ciencias y Bellas Le- 
tras de Rúan. Admitido en 25 de enero de 1782. 

Señor Don Juan María de Ribera Pizarro , Presbítero , Académi- 
co de la Real de Buenas Letras de Barcelona ; Socio de la Real 
Sociedad de Baeza,y Rey no de Jaén. Admitido en 19 de julio 
de 1782. 

Señor Don Domingo Fernandez de Campománes ; Caballero de 
ia Orden de San Juan ; del Consejo de S. M. ; y Alcalde de su 
Casa y Corte. Admitido en 2y de setiembre de 1782. 

Señor Don Josef Joachín Castelló , del Consejo de S. M. y su Se- 
cretario. Admitido en 4 de octubre de 1782. 

Señor Don Jacinto Diaz de Miranda , Dignidad de Chantre de 
la Santa Iglesia de Oviedo. Admitido en 29 de noviembre de 

. 1782. 

Señor Don Simón Rodríguez Laso , Canónigo de la Santa Iglesia 
de Ciudad-Rodrigo ; Rector del Colegio de San Clemente de 
Bolonia; Académico de honor de la Real de San Fernando. Ad- 
mitido en 14 de enero de 1783. 

Señor Don Manuel de Aguirre , Mariscal de Campo de los Reales 
Exércitos. Admitido en 17 de enero de 1783. 

Señor Don Matias Bertrán , Presbítero ; Inquisidor del tribunal 
del Santo Oficio de Valencia. Admitido en 2 1 de marzo de 1783. 

Señor Don Gaspar González de Candamo , Catedrático de len- 
gua hebrea en la Universidad de Salamanca. Admitido en 28 
de enero de 1784. 

Señor Don Josef de la Olmeda y León ; del Consejo de S. M. , 
y Alcalde de su Real Casa y Corte. Admitido en 17 de junio 
de ¡785. 



Dü LA ACADEMIA. CXLIII 

Señor Don Teófilo de la Tour Id' Auvcrgne Coret , Capitán de 
Infantería en el Regimiento de Angumois. Admitido en 5 de 
mayo de 1786. 
R. P. M. Fr. Juan Sobreyra y Salgado , del Orden de San Benito; 
Predicador mayor en el Monasterio de San Zoyl de Carrion. 
Admitido en 7 de julio de 1786. 
R. P. M. Fr. Miguel de Jesús María , Religioso Agustino Recole- 
to ; Cronista General de su Orden ; Bibliotecario del Conven- 
to de Copacavana de Madrid; y Difinidor. Admitido en 22 de 
setiembre de 1780*. 
R. P. Fr. Isidoro Estébanes , Maestro de la Religión de San Beni- 
to , Difinidor de ella ; y Abad de los Monasterios de Celorico , 
Corias , y Lercs. Admitido en 18 de mayo de 1787. 
Señor Don Antonio de Alcedo , Brigadier de los Reales Exércl- 
tos , y Gobernador Político y Militar de la Villa y Partido de 
Alcíra. Admitido en 6 de julio de 1787. 
Señor Don Juan Ramis y Ramis , Asesor de Guerra de la Coman- 
dancia Militar de la Isla de Menorca. Admitido en 10 de agos- 
to de 1787. 
Señor Don Carlos Benito González de Posada, Canónigo de la 
Santa Iglesia Metropolitana de Tarragona. Admitido en 17 de 
abril de 1789. 
R. P. M. Don Antonio Raymundo Pasqual , Monge Cisterciense; 
Doctor y Catedrático de Prima de Teología en la Universidad 
de Mallorca. Admitido en 26 de julio de 1789. 
Señor Don Jácome Capistrano de Moya , Cura Párroco de la Vi- 
lla de la Fuente de Pedro Narro. Admitido en 4 de febrero de 
1791. 
R. P. Fr. Pedro Centeno, del Orden de San Agustín. Admitido en 

1 de abril de 1791. 
Señor Don Antonio Ranz Romanillos , del Consejo de S. M. Oi- 
dor de la Real Audiencia del Reyno de Aragón ; Académico de 
honor de la Real de San Fernando. Admitido en 8 de junio 
de 1792^ 
Señor Don Pedro Blequa , Presbítero ; Canónigo de la Santa Igle- 
sia de Huesca. Admitido en 14 de diciembre de 1792. 



CXLIV NOTICIA HISTÓRICA 

Señor Don Juan Josef de la Madriz , Colegial en el Mayor de San 
Clemente de Bolonia. Admitido en 16 de noviembre de 1792. 

Señor Don Josef Felipe Ferrer , Dignidad de Enfermero del Real 
Monasterio Benedictino Claustral de San Juan de la Peña. Ad- 
mitido en 5 de diciembre de 1794. 

Señor Don Vicente Noguera, del Consejo de S. M.; y su Oidor en 
la Real Audiencia de Valencia. Admitido en 6 de marzo de 1795. 

Señor Don Pedro Alonso O-crouley , Socio de mérito , y literato 
de la Real Sociedad Bascongada , y Correspondiente de la de 
Antiquários de Edimburgo. Admitido en 28 de agosto de 

Licenciado Don Bernardo Manuel de Cosío , Presbítero ; Aboga- 
de los Reales Consejos ; y Cura Párroco de la Villa de Saelices. 
Admitido en 24 de abril de 1795. 

Señor Don Vicente Martínez Falero, vecino de la Villa de Saeli- 
ces. Admitido en 24 de abril de 1795. 

Señor Don Juan Francisco Martínez Falero, Abogado de los Rea- 
les Consejos ; y vecino de la Villa de Saelices. Admitido en 24 
de abril de 1795. 

Señor Don Antonio Josef Navarro , Abad de la Santa Iglesia Co- 
legiata de Baza. Admitido en 18 de diciembre de 1795. 

Señor Don Josef Francisco Camacho , Rector del Real Semina- 
rio de nuestra Señora de la Asunción de Córdoba ; y Canónigo 
de la Santa Iglesia de Orense. Admitido en 8 de enero de 179 6. 

Señor Don Francisco Mallo Boneli , Caballero de la Real y Dis- 
tinguida Orden Española de Carlos III. y de la Real Maestran- 
za de Ronda. Admitido en 27 de mayo de 1796. 

Señor Don Ignacio de Meras y Queipo , Caballero de la Real y 
Distinguida Orden Española de Carlos III ; Regidor perpetuo 
de las Villas de Tineo , Cangas , y Luarca; Ayuda de Cámara 
de S. M. Admitido en 10 de junio de 1796. 

Señor Don Juan Lozano , Canónigo de la Santa Iglesia Catedral 
de Murcia y Cartagena. Admitido en 12 de agosto de 1796". 

Señor Don Francisco Villalba y Mesa, Canónigo Doctoral de la 
Santa Iglesia Catedral de Málaga. Admitido en 30 de octubre 
de 1796". 



DE LA A C A n E M I Á. CJtLV 

IIXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX»! 

CATALOGO 

D£ LOS SEÑORES INDIVIDUOS 

DÉLA 

REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA 

que han fallecido desde la' fundación del Cugrpo hasta 
el presente año de 1796' 



ACADÉMICOS NUMERARIOS. 



<Jem 



hñor Don Julián de Hermosilla , Teniente de Corregidor de 
la Villa de Madrid ; y Ministro Togado del Real Consejo de 
Hacienda. Uno de los fundadores de la Academia en 1735. 

Señor Don Francisco de Zabila , Brigadier de los Exércitos , y Ca- 
pitán del Real Cuerpo de Guardias de Infantería Española. Fué 
uno de los fundadores de la Academia en 1735. 

Señor Don Juan Antonio de Rada y Berganza , Secretario de S. M. 
y Oficial de la Secretaria de Estado y del Despacho Universal 
de Hacienda. Fué uno de los fundadores de la Academia en 
1735 , y Secretario de ella desde 2 1 de abril de 1738 hasta su 
muerte , acaecida en 2 de junio de 1741. 

Excelentísimo Señor Don Manuel de Roda , Consejero de Estado 
y Secretario del Despacho Universal de Gracia y Justicia. Fué 
uno de los fundadores de la Academia en 1735. 

Excelentísimo Señor Don Ildefonso Verdugo , Señor de Goor , y 
Conde de Torrepalma ; Embaxador por S. M. en la Corte de 
Turin. Fué el segundo Director de la Academia , y uno de los 
fundadores de ella en 1735. 

Señor Don Agustín de Montiano y Luyando , del Consejo de S. M. 
y Secretario de la Cámara de Gracia y Justicia y Estado de 



CXLVI NOTICIA HISTÓRICA 

Castilla. Fué el primer Director de la Academia , y uno de sus 
fundadores en 1735; tercera vez Director en 1745, en cuyo 
oficio fué perpetuado hasta su muerte acaecida en 1764. 

Señor Don Gerónimo Escuer , Presbítero ; Secretario de la Mayor- 
domia Mayor del Rey. Fué uno de los fundadores en 1735. 

Señor Don Juan Martínez Salafranca , Capellán de la Real Capi- 
lla de San Isidro de Madrid. Fué uno de los fundadores de la 
Academia en 1735". 

Señor Don Leopoldo Gerónimo Puig , Presbítero , y Biblioteca- 
rio de S. M. Fué uno de los fundadores de la Academia en 

^Sí- 
Señor Don Manuel Juan de la Parra , Alcalde Mayor de la ciu- 
dad de Alfáro. Admitido en 2 de enero de 173 6. 

Señor Don Josef Cayetano de Lindoso , Abogado de los Reales 
Consejos. Admitido en 23 de enero de 1736'. 

Señor Don Manuel Domínguez Vicente r del Consejo de S. M. en 
el Real de Hacienda. Admitido en 20, de enero de 1736'. 

Señor Don Lope Hurtado de Mendoza y Figueroa. Admitido en 
15 de febrero de 1736". 

Señor Don Francisco Fernandez Navarrete. Admitido en 1 2 de 
marzo de 1 73 6. 

Señor Don Lope Gutiérrez de los Rios. Admitido en 19 de mar- 
zo de 1736". 

Señor Don Antonio Fernandez Prieto y Sotelo , Abogado de los 
Reales Consejos. Admitido en 13 de agosto de 1736. 

Señor Don Francisco Xavier de la Huerta y Vega , Cronista del 
Reyno de Galicia. Admitido en 8 de octubre de 1736. 

Señor Don Martin de Ulloa , Oidor de la Real Audiencia de Sevi- 
lla ; y Caballero del Orden de Santiago. Admitido en 2 1 de 
mayo de 1737* 

Señor Don Miguel Herrero de Ezpeleta „ Cronista Mayor de las 
Indias , Oficial de la Secretaría del Despacho Universal de Es- 
tado; y Secretario del Serenísimo Señor Infante Don Felipe. Ad- 
mitido en 16 de junio de 1738. 

Señor Don Josef Gaspar de Segovia , del Consejo de S. M. en el 
Supremo de Hacienda. Admitido en 10 de diciembre de 1738. 



DE LA ACADEMIA. CXLVII 

Señor Don Miguel Eugenio Muñoz, del Consejo de S. M. y Oi- 
dor de la Real Audiencia de Valencia. Admitido en 23 de fe- 
brero de 1739- 

Señor Don Sebastian del Castillo Ruiz de Molina , Secretario de 
S. M. ; Cronista de los Reynos ; Rey de Armas ; Archivero de 
la Secretaría de la Cámara de Gracia y Justicia. Fué Secretario 
de la Academia desde 2 6 de julio de 1743 hasta 18 de febrero 
de 1759 en que falleció'. Admitido en 13 de julio de 1739. 

Señor Don Juan Gerónimo Muñoz Soriano. Admitido en 21 de 
mayo de 1741. 

Señor Don Antonio Hilarión Dominguez de Riezu*, Abogado de 
los Reales Consejos , y del Colegio de esta Corte. Admitido en 
28 de mayo de 1742. 

Señor Don Miguel de Medina y Flores. Abogado de los Reales 
Consejos. Admitido en 17 de setiembre de 1742. 

Señor Don Rodrigo Márquez de la Plata , del Consejo de S. M. 
Oidor de la Real Audiencia de Sevilla. Admitido en 9 de no- 
viembre de 1744. 

Señor Don Miguel Serrador y Escuder , Oficial segundo de la Se- 
cretaría de Estado del Despacho Universal de Indias. Admitido 
en 20 de diciembre de 1745. 

Señor Don Ignacio de Luzan Suelves y Gurrea , Individuo de la 
Real Academia Española ; Secretario de la Embaxada de Paris; 
y Superintendente de la Real Casa de la Moneda de Madrid. 
Admitido en 27 de diciembre de .1745- 

Señor Don Benito Martínez Gómez Gayoso , Archivero de la Se- 
cretaría del Despacho Universal de Estado. Admitido en 26 de 
enero de 1746. 

Señor Don Antonio Carrillo de Mendoza , Dean de la Santa Igle- 
sia Catedral de Siguenza. Admitido en 4 de abril de 1746. 

P. Josef Xerico de la Concepción , Asistente general de las Escue- 
las Pias. Admitido en 18 de abril de 1746. 

Ilustrísimo Señor Don Pedro Josef Pérez Valiente, Caballero de la 
Orden de Calatrava ; del Consejo y Cámara de Castilla. Admi- 
tido en 9 de febrero de 1748. 

Señor Don Lorenzo Dieguez , Regidor perpetuo de la ciudad de 

T 2 



CXLVIII NOTICIA HISTÓRICA 

Murcia. Fué Secretario de la Academia desde 3 de diciembre de 
1763 hasta 10 de junio de 1769 en que falleció. Admitido en 
1 de noviembre de 1748. 

Señor Don Josef Miguel de Flores y la Barrera , del Consejo de 
S. M. y Alcalde de su Real Casa y Corte. Fué Secretario de la 
Academia desde 16 de junio de 1769 hasta 23 de febrero de 
1790 en que falleció. Admitido en 5 de abril de 1748. 

Señor Don Miguel Casiri Garcia , Presbítero ; Doctor en teolo- 
gía ; Bibliotecario de S. M. ; y público profesor de lenguas 
orientales. Admitido en 8 de noviembre de 1748. 

Señor Don Vicente de los Ríos , Marqués de las Escalonias ; Te- 
niente Coronel y Capitán del Real Cuerpo de Artillería; y Aca- 
démico del Número de la de Buenas Letras de Sevilla. Admiti- 
do en 30 de marzo de 1753. 

Señor Don Antonio Mateos Murillo , Presbítero ; Individuo de 
Número de la Real Academia Española. Admitido en 8 de ju- 
nio de 1753. 

Señor Don Vicente Antonio Garcia de la Huerta , Individuo de la 
Real Academia Española. Admitido en 7 de marzo de 1755. 

Señor Don Felipe Garcia de Samaniego, Caballero de la Orden de 
Santiago ; Arcediano de la Valdonsella , Dignidad de la Santa 
Iglesia Catedral de Pamploma ; del Consejo de S. M. ; y Secre- 
cretario de la Interpretación de Lenguas. Admitido en 5 de 
agosto de 1757. 

R. P. M. Fr. Benito Montejo , Cronista General del Orden de 
San Benito. Admitido en 17 de agosto de 1770. 

Señor Don Juan Josef López de Sedaño , Caballero de la Real 
y Distinguida Orden Española de Carlos III. Admitido en 24 
de agosto de 1770. 

Señor Don Francisco Pérez Pastor. Admitido en 7 de setiembre 
de 1770. 

Excelentísimo Señor Don Mariano Joachín de Carvajal y Vargas , 
Conde del Puerto y de Castillejo; Caballero de la Orden de San- 
tiago; Gentil-hombre de Cámara de S. M. con exercicio; Gran- 
Cruz de la Real Distinguida de Carlos III. Admitido en 30 de 
abril de 1773- 



DE LA ACADEMIA. CXLIX 

Excelentísimo Señor Don Miguel de Galvcz , del Consejo de Es- 
tado ; y Ministro Plenipotenciario de S. M. en la Corte de Pc- 
tersburgo. Admitido en 10 de octubre de 1777. 

Señor Don Francisco Xavier de Santiago Palomares , Archivero 
de la primera Secretaría de Estado , é Individuo de la Real So- 
ciedad Bascongada. Admitido en 22 de junio de 178 1. 

Excelentísimo Señor Don Pedro de Go'ngora y Lujan , Duque de 
Almodovar ; Grande de España de primera clase; Caballero 
Gran-Cruz de la distinguida Orden Española de Carlos III ; 
Gentil-hombre de Cámara de S. M. con exercicio ; Académico 
de Numero de la Real Academia Española ; y Consiliario de la 
, de San Fernando. Fué Director de la de la Historia, desde 6 de 
enero de 1792 hasta 14 de mayo de 1794 en que falleció. Ad- 
mitido en 14 de diciembre de 1781. 

ACADÉMICOS SUPERNUMERARIOS. 

Señor Don Antonio Boneta, Abogado de los Reales Consejos. Fué 
Secretario de la Academia desde 8 de junio de 1741 hasta 12 
de julio de 1743 en que se desistió por sus ocupaciones. Admi- 
tido en 15 de febrero de 1738. 

Señor Don Francisco de Ribera , Secretario de S. M. ; Maestro de 
matemáticas de los Caballeros Pages del Rey; de la Real y Ge- 
neral Junta de comercio y moneda. Admitido en 26 de setiem- 
bre de 1746". 

Señor Don Juan Rice de Calzada. Admitido en 22 de setiembre 
de 1747. 

Señor Don Josef Marcos Benito , Catedrático de humanidades en 
la Universidad de Salamanca. Fué Secretario de la Academia des- 
de 30 de setiembre de 1763 hasta 23 de noviembre del mismo 
año , en que falleció. Admitido en 1 5 de marzo de 1748. 

Señor Don Francisco Milla y de la Peña, Regidor de la Villa de 
Madrid. Admitido en 29 de marzo de 1748. 

Señor Don Luis Germán y Ribon , Presbítero ; del Gremio y 
Claustro de la Universidad de Sevilla. Admitido en 3 de mayo 
de j 748. 



CX NOTICIA HISTÓRICA 

Señor Don Juan Josef Ortiz de Amaya , Catedrático jubilado de 
leyes de la Universidad de Sevilla , y de su Claustro de cáno- 
nes ; Abogado de los Reales Consejos. Admitido en 1-4 de junio 
de 1748. 

Señor Don Luis Josef Velazquez , Marqués de Valdeflores ; Caba- 
llero de la Orden de Santiago. Admitido en 5 de abril de 175 1. 

Señor Don Josef Antonio Porcel , Dignidad de Prior de la Santa 
Iglesia de Granada. Admitido en 23 de diciembre de 175 1. 

Señor Don Ignacio de Hermosilla Sandoval y Roxas , Caballero de 
la Real y Distinguida Orden de Carlos III ; del Consejo Supre- 
mo de las Indias. Admitido en 10 de noviembre de 1752. 

Señor Don Tomás Andrés de Gúseme , Abogado de la Real Cnan- 
cillería de Granada. Admitido en 18 de abril de 1755. 

Señor Don Antonio Pisón de Ardanáz , Lector de los Serenísimos 
Príncipe y Princesa de Asturias (hoy felizmente Reynantes.) 
Admitido en 22 de mayo de 176 1. 

Señor Don Diego de Cuesta , Capitán de Infantería. Admitido en 
20 de enero de 1765. 

R. P. Josef de León , de los Clérigos Reglares Agonizantes; Lec- 
tor jubilado en teología ; y Calificador del Santo Oficio. Admi- 
tido en 3 de mayo de 1763. 

Señor Don Alonso María de Acevedo , Académico Honorario de 
la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla. Admitido en 17 
de mayo de 1765. 

Señor Don Martin Martínez , Oficial de la Contaduría General de 
Valores de la Real Hacienda. Admitido en 2 de mayo de 1766. 

Señor Don Antonio Barrio , Oficial de la Contaduría de la Real 
Casa de la Moneda. Admitido en 26 de enero de 1770. 

R. P. M. Fr. Domingo Ibarreta, del Orden de San Benito. Admi- 
tido en 17 de agosto de 1770. 

Señor Don Pedro Francisco Dávila , Director del Real Gabinete 
de Historia Natural. Admitido en 9 de agosto de 1771. 

Señor Don Francisco Subirás y Barra , Comisario de Guerra ; pri- 
mer profesor de matemáticas del Real Seminario de Nobles ; 
Teniente Director de arquitectura de la Real Academia de San 
Fernando ; y Académico de la Real de Ciencias y Artes de 



DE LA ACADEMIA. CLI 

Barcelona. Admitido en 3 1 de enero de 1772. 

Señor Don Ignacio Nuñez de Gaona Portocarrero , del Consejo de 
S. M. y su Fiscal de la Real Distinguida Orden de Carlos III ; 
Individuo de la Real Academia Española ; Socio de mérito y li- 
terato de la Real Sociedad Bascongada. Admitido en 2 1 de fe- 
brero de 1772. 

Señor Don Antonio Ponz, Doctor en teología, é Individuo de la 
Real Sociedad Bascongada ; del Consejo de S. M. y su Secreta- 
rio en propiedad de la Real Academia de San Fernando. Admi- 
tido en 6 de agosto de 1773., 

Señor Don Joachín Marin , Catedrático de derecho natural y de 
gentes en los Reales Estudios de San Isidro ; y Abogado del Co- 
legio de esta Corte. Admitido en 1 de setiembre de 1775. 

Señor Don Miguel Sarralde, del Consejo de S. M. ; y su Fiscal del 
civil en la Real Audiencia de Barcelona. Admitido en 10 de ma- 
yo de 1776". 

Señor Don Ramón de Guevara Vasconcelos. Admitido en 4 de 
abril de 1777. 

Señor Don Ignacio López de Ayala , Catedrático de Poética en 
los Estudios Reales de Madrid. Admitido en 13 de julio de 
1781. 

Señor Don Felipe Antonio de Ribero Valdés T Caballero de la Or- 
den de Santiago , Ministro del Consejo ReaL Admitido en 14 
de mayo de 1784. 

R. P. Fr. Francisco Cañes r Misionero Apostólico en la Ciudad de 
Damasco , y otras partes del Asia , Religioso descalzo del Or- 
de San Francisco. Admitido en 16 de junio de 1786. 

Señor Don Josef Rodríguez de Castro,. Bibliotecario de S. M. Ad- 
mitido en 12 de enero de 1787. 

Señor Don Antonio Guilleman, Brigadier de los Reales Exércitos, 
é Ingeniero en Xefe. Admitido en 1 5 de junio de 1787. 

ACADÉMICOS HONORARIOS. 

Señor Don Sancho Calderón Ladrón de Guevara , Caballero de 
la Orden de Alcántara. Admitido en 1 de setiembre de 1738. 



CLII NOTICIA HISTÓRICA 

Señor Don Nicolás Gandulfo , Canónigo de la Santa Iglesia Cate- 
dral de Granada. Admitido en 23 de febrero de 1739. 

R. P. M. Fr. Antonio de San Josef , Cronista de la Orden de San 
Gerónimo , y Bibliotecario Mayor del Real Monasterio de San 
Lorenzo del Escorial. Admitido en 9 de marzo de 1739. 

Señor Don Antonio Cortés y Gilabert, Canónigo de la Santa Igle- 
sia de Tortosa. Admitido en 20 de abril de 1739. 

Ilustrísimo Señor Don Fernando de Velasco y Ceballos , del Con- 
sejo y Cámara de Castilla , é Individuo Honorario de la Real 
Academia Española. Admitido en 15 de junio de 1739. 

Señor Don Francisco Gadeo y Samos , Presbítero , Colegial Rector 
del Real é Imperial de Santa Catalina Mártir de los teólogos de 
la Universidad de Granada. Admitido en 15 de junio de 1739. 

Señor Don Domingo Antonio de Ribero y Ángulo , Canónigo 
Lectoral de la Santa Iglesia de Granada. Admitido en 10 de 
agosto de 1739. 

Señor Don Martin Manuel de Arrese , Marqués de Villanueva del 
Castillo. Admitido en 1 1 de agosto áesr^g. 

Señor Don Bernardo Torrejon y Velasco , Abogado de los Reales 
Consejos, y Corregidor.de Cáceres. Admitido en 14 de diciem- 
bre de 1739. 

Señor Don Alonso Carrillo , Caballerizo de Campo de S. M. ; y 
Alguacil Mayor del Tribunal de la Santa Cruzada de la Ciudad 
de Sevilla. Admitido en 21 de marzo de 1740. 

Señor Don Dámaso de Latre , Oficial del Estado Mayor de Arti- 
llería. Admitido en 6 de junio de 1740. 

Señor Don Josef Olea , Rector del Colegio de Santa Cruz de la 
Fé , Universidad de Granada ; Catedrático de Filosofía. Admi- 
tido en 21 de abril de 1741. 

Señor Don Francisco Clemente del Carpió y Sarmiento, Dean de 
la Santa Iglesia de Almena ; Juez Subdelegado , y Sub-Colector 
de la Reverenda Cámara Apostólica. Admitido en 8 de mayo 
de 1 74 1. 

Señor Don Nicolás Antonio de Oliver y Fullana , Ministro de la 
Corte de España en Holanda. Admitido en 23 de octubre de 
1741. 



DE LA A C. A 1) B M I A. CLIII 

Señor Den Antonio Neri y Villarocl , Alcalde Mayor de Murcia. 

Admitido en 21 de mayo de 1742. 
Señor Don Luis Francisco de Viana , Canónigo de la Colegiata 
del Sacromonte de la Ciudad de Granada. Admitido en 28 de 
mayo de 1742. 

Señor Don Vicente Pastor de los Cobos , Catedrático de la Uni- 
versidad de Granada , y Cano'nigo de la Colegiata del Sacro- 
monte. Admitido en 28 de mayo de 1742.^ 

Señor Don Andrés Duran de la Rocha , Regidor perpetuo de la 
Villa de Cáceres. Admitido en 17 de junio de 1743. 

R. P. M. Fr. Francisco Antonio' Ballesteros , Doctor en teología ; 
Maestro del número del Orden de San Agustín ; Visitador de la 
Provincia de Castilla ; y Difinidor de ella. Admitido en 17 de 
junio de 1743. 

Señor Don Pedro Francisco Velluti y Venegas. Admitido en 3 de 
octubre de 1743. 

Señor Don Basilio Josef Moneva , del Gremio de la Universidad 
de Salamanca , y Abogado de los Reales Consejos. Admitido en 
30 de octubre de 1744. 

R. P. M. Fr. Juan Hurtado de Mendoza , Presentado de número 
y justicia del Orden de la Santísima Trinidad de Andalucía ; 
Comisario General de la Redención ; Examinador Sinodal del 
Arzobispado de Sevilla ; y Teólogo de la Nunciatura. Admiti- 
do en 12 de abril de 1745. 

Señor Don Josef de Pineda y Tabáres , Caballero de la Orden de San- 
tiago ; Oidor de la Real Cnancillería de Granada. Admitido en 
12 de abril de 1745. 

Señor Don Juan Manuel de Torres Castellanos , Caballero de la 
Real Distinguida Orden Española de Carlos III ; Intendente 
de Exército. Admitido en 24 de febrero de 1747- 

Señor Don Lorenzo de Santayana y Bustillo,del Consejo de S. M. 
y su Oidor en la Real Audiencia de Zaragoza. Admitido en 24 
de marzo de 1747. 

Señor Don Josef de Alcedo y Agüero , Caballero de la Orden de 
Calatrava ; del Consejo de S. M. y Oidor Fiscal en la Real Casa 
Audiencia de la Contratación de Indias. Admitido en 14 de 
abril de 1747. v 



CUV NOTICIA HISTÓRICA 

Señor Don Dionisio Francisco de Montenegro y Sotomayor, Abad 
de San Salvador de Chrisptiñade;y Dean de la Santa Iglesia Ca- 
tedral de Tuy. Admitido en 14 de julio de 1747. 
Señor Don Josef Vicente Ibañez de la Rentería , Capitán de Na- 
vio de la Real Armada. Admitido en 14 de julio de 1747. 
Señor Don Cayetano Robledo de Palafox y Castro. Admitido en 

28 de julio de 1747. 
Señor Don Manuel de Terán , Caballero de la Orden de Santiago; 
Barón de la Linde ; Intendente General del Exército y Princi- 
pado de Cataluña. Admitido en 1 1 de agosto de 1747. 
Señor Don Manuel Vicente Aramburu de la Cruz , Catedrático de 
cánones en la Universidad de Zaragoza. Admitido en 1 5 de se- 
tiembre de 1747. 
Señor Don Bernardo María Manrique de Lara % Canónigo Magis- 
tral de la Santa Iglesia de Jaén. Admitido en 17 de noviembre 
de 1747. 
Señor Don Gregorio Francisco de Campos , del Gremio y Claus- 
tro de la Universidad de Sevilla. Admitido en 17 de noviem- 
bre de 1747. 
Señor Don Bruno Berruezo y Duran y Presbítero , Doctor en am- 
bos derechos ; Decano del Colegio de Abogados de Granada. 
Admitido en 19 de abril de 1748. 
Señor Don Antonio Rioboo Seijas y Losada , Presbítero , Licen- 
ciado en derechos por la Universidad de Santiago. Admitido en 
15 de mayo de 1748. 
R. P. M. Fr. Manuel Bernardo de Ribera , del Orden de la Santí- 
sima Trinidad ; Doctor teólogo en la Universidad de Salaman- 
ca^ su Catedrático de filosofía. Admitido en 7 de junio de 
1748. 
Señor Don Bernardo Wart , Ministro de la Real y General Junta 
de Comercio Moneda y Minas. Admitido en 2 1 de junio de 
1748. 
Señor Don Juan Luis de Novela y Spinola , del Consejo de S. M. 
Oidor de la Real Audiencia de Sevilla. Admitido en 28 de 
junio de 1748. 
Don Fr. Joachin Aldea , Monge Benedictino Claustral en el Real 



D £ X. A A C A I) r. M I A. CLV 

de San Juan de la Pena. Admitido en 25 de octubre de 1748; 

Excelentísimo Señor Don Josef Joachin Centurión y Doria, Mar- 
qués de la Lapilla y de Monasterio; Grande de España. Admi- 
tido en 3 1 de octubre de 1749. 

R. P. Fr. Tomás de Santo Tomás de Aquino , Lector de Sagrada 
Escritura en el Colegio del Ángel de Carmelitas Descalzos de 
Sevilla. Admitido en 20 de febrero de 1750. 

Señor Don Gerónimo Alemany y Moragues , Cronista é Historia- 
dor de Palma en la Isla de Mallorca ; Fiscal de la Regalía ; y 
Asesor del Tribunal de Cruzada. Admitido en^o de octubre 
de 1750. 

Señor Don Gerónimo Cabero, Canónigo Lectoral de la Santa Igle- 
sia de Cádiz. Admitido en 13 de noviembre de 1750. 

Señor Don Pedro Manuel de Soldevilla y Saz , Fiscal del Consejo 
Real de Navarra. Admitido en 1 1 de diciembre de 1750. 

Mr. Titon du Tillet , autor del Parnaso Francés. Admitido en 1 6 
de julio de 175 1. 

Señor Don Guillermo Tyrri, Marqués de la Cañada, Caballero de 
la Orden de Santiago , é Individuo de la Academia de Valen- 
cia. Admitido en 24 de setiembre de 175 1. 

Ilustrísimo Señor Don Josef Tormo , Obispo de la Santa Iglesia de 
Orihuela. Admitido en 7 de enero de 1752. 

Señor Don Francisco Prats y Matas , Secretario de S. M. y de la 
Real Audiencia de Barcelona. Admitido en 1 1 de febrero de 

Señor Don Domingo de Mora y Vilanova , Marqués de Llio , Se- 
cretario de la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona. 
Admitido en 1 1 de febrero de 1752. 

Señor Don Raymundo de Irabien , del Consejo Real. Admitido en 
12 de mayo de 1752. 

Señor Don Josef Antonio Giraldo Diaz Hidalgo , Regente de la 
Real Audiencia de Canarias. Admitido en 23 de junio de 1752. 

Señor Don Josef Alsinet y Cortada , del Claustro de la Universi- 
dad de Cervera; Medico de la Real Familia, y del Sitio de Aran- 
juez ; Académico de la Real Academia Matritense. Admitido en 
16 de junio de 1752. 

v 2 



CLVI NOTICIA HISTÓRICA 

Mr. de Basquiat de la Houze , Secretario de la Embaxada del Rey 
Christianísimo á la Corte de Ñapóles. Admitido en 19 de ene- 
ro de 1753. 
Señor Don Francisco Alvaro del Castillo , Prior del Convento de 

Uclés. Admitido en 26 de octubre de 1753. 
Señor Don Miguel Pastor , Presbítero , Colegial en el de San Bar- 
tolomé y Santiago de la Universidad de Granada; Individuo 
de la Real Academia Española. Fué el primer Antiquário de la 
Academia. Admitido en 21 de diciembre de 1753. 
Señor Don Josef Ceballos , Presbítero , Canónigo de la Santa Igle- 
sia Metropolitana de Sevilla. Admitido en 18 de enero de 1754. 
5eñor Don Luis de Herrera y Vergara , Abogado de los Reales 
Consejos , y del Colegio de esta Corte. Admitido en 25 de ene- 
ro de 1754. 
Señor Don Gregorio Ignacio de la Sierra y Copons , Barón de Le- 
tosa , y Regidor perpetuo de la Ciudad de Zaragoza. Admitido 
en 5 de julio de 1754. 
Señor Don Josef Mascareñas , Pacheco , Pereyra , Coello de Meló, 
Académico de Numero de la Real Portuguesa , y de la de los 
Ocultos de aquel Reyno. Admitido en 3 de octubre de 1754. 
Señor Don Pedro Leonardo de Villa, Ceballos, y Vera. Admitido 

en 31 de octubre de 1754. 
Mr. Barthelemy , Académico de la Real de Inscripciones y Bellas 
• Letras dé Paris. Admitido en 29 de noviembre de 1754. 
R. P. Fr. Francisco de Fuentidueña, del Orden de San Gerónimo. 

Admitido en 10 de enero de 1755. 
R. P. Fr. Antonio Mozete , del Orden de San Gerónimo. Admitido 

en 10 de enero de 1755. 
Señor Don Josef de las Quintanas Zayas , Caballero de la Orden de 
Santiago ; Colegial Rector y Juez Chanciller del Mayor de San- 
ta María de Jesús , Universidad de Sevilla. Admitido en 5 de 
setiembre de 1755. 
Señor Don Antonio Josef de Cunha. Admitido en 5 de diciembre 

de 1755. 
Ilustrísimo Señor Don Fr. Alonso Cano , del Orden de la Santísi- 
ma Trinidad ; Obispo de Segorbe. Admitido en 1 6 de enero de 
.1756. 



DE E A ACADEMIA. CLVII 

Señor Don Joscf Antonio Borda. Admitido en 2 de abril de 1756. 

Mr. Jacobo Stehlin , Consejero de S. M. Zarina ; Académico de la 

de Ciencias y Artes de Petersburgo. Admitido en 23 de abril 

de 1756. 

Señor Don Manuel Trabuco y Belluga , Dean de la Santa Iglesia 

Catedral de Málaga. Admitido en 14 de mayo de 1756. 
Mr. Hermillí, residente en Paris , y de varias Academias. Admiti- 
do en 24 de setiembre de 1756". 
Señor Don Aurelio Beneyto , Dean de la Santa Iglesia Metropoli- 
tana de Toledo. Admitido en 5 de noviembre de 1756. 
Señor Don Francisco Vizcayno. Presbítero. Admitido en 3 de ju- 
nio de 1757. 
Señor Don Jacinto Bretón , del Consejo de S. M. ; Oidor en la 
Real Cnancillería de ValladoÜd. Admitido en 4 de mayo de 
1758. 
Señor Don Martin Panzano , Dean de la Santa Iglesia de Huesca- 

Admitido en 2 de junio de 1758. 
Señor Don Manuel de Junco y Pimentel , Individuo de la Real 
Academia Geográfica-Histdrica de Valladolid. Admitido en 25 
de agosto de 1758. 
Señor Don Josef Celedonio Ramos , Abad de Santi Spiritus ; Dig- 
nidad y Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Zamora. Ad- 
mitido en 1 de diciembre de 1758, 
Señor Don Gabriel de Medina. Admitido en 6 de abril de 1759. 
Señor Don Miguel López Caldeyra Artur , Caballero Portugués; 

Desembargador do Pazo. Admitido en 6 de julio de 1759- 
Señor Conde Cyrillo de Rasumowky, Hetmán de la Rusia menor; 
Camarero Ordinario de S. M. Czarina; Teniente Coronel de sus 
Guardias ; Caballero de las Ordenes de San Andrés , Águila blan- 
ca , San Alexandro , y Santa Ana ; y Presidente de la Academia 
Imperial de las Ciencias de San Petersburgo. Admitido en 14 
de marzo de 1760. 
Eminentísimo Señor Fr, Don Juan de Boxadors y de Rocabertí , 
Maestro General del Orden de Predicadores , y Cardenal de la 
S. R. I. Admitido en 1 1 de enero de 1761. 
Señor Don Fr. Isidoro Rubio , Abad del Real Monasterio de San 



CLVIII NOTICIA HISTÓRICA 

Juan de la Peña. Admitido en 22 de mayo de 1761. 

Señor Don Benito Clemente de Ardstegui, del Consejo de S. M. 
en el Real de Hacienda. Admitido en 12 de agosto de 1763. 

Señor Don Berenguer Pérez Pastor, Caballero de la Orden de San- 
tiago. Admitido en 25 de mayo de 1764. 

R. P. M. Fr. Manuel Pintor , del Orden de la Santísima Trinidad; 
y Administrador de su Real Hospital en la Ciudad de Túnez. 
Admitido en 22 de noviembre de 1765. 

Señor Don Esteban Alvarez del Fierro , Capitán de Fragata de la 
Real Armada. Admitido en 19 de setiembre de 1766. 

Señor Don Xavier Maneti , Catedrático de Botánica de la Ciudad 
de Florencia- Admitido en 27 de marzo de 1767. 

R. P. M. Fr. Alonso de Navalmoral , Ex-General del Orden de 
San' Gerónimo. Admitido en 20 de diciembre de 1767. 

Señor Don Bernardo de Estrada , Intendente de la Provincia de 
Valladolid. Admitido en 1 de noviembre de 1771. 

Señor Don Pebro Nuñez de Amezaga , del Consejo de S. M. y su 
Secretario en el de Hacienda por lo respectivo á Única Contri- 
bución. Admitido en 10 de setiembre de 1773. 

Excelentísimo é Ilustrísimo Señor Don Felipe Beltran , del Con- 
sejo de S. M. ; Obispo de Salamanca ; Inquisidor General ; Pre- 
lado Gran-Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de 
Carlos III. Admitido en 2 1 de febrero de 1783. 

Señor Don Benjamín Franklin , Presidente de la Sociedad de Fila- 
delfia. Admitido en 9 de julio de 1784. 

Ilustrísimo Señor Don Francisco Ramón de Larumbe ; Obispo de 
Tudela. Admitido en 29 de octubre de 1784. 

Señor Barón Schmid de Rosan , Consejero de Estado , y Ministro 
Presidente de S. A. S. Electoral Palatina en Francfort del Mein. 
Admitido en 12 de noviembre de 1784. 

Excelentísimo é Ilustrísimo Señor Don Agustin Rubin de Ceba- 
llos, Obispo de Jaén; é Inquisidor General; Prelado Gran-Cruz 
de la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III. Admi- 
tido en 4 de marzo de 1785. 

Excelentísimo Señor Don Juan de Silva , Conde de Cifuentes; 
Grande de España de primera Clase ; Teniente General de los 



D li LA ACADEMIA. CLIX 

Reales Excrcitos ; Gentil-hombre de Cámara de S. M. con excr- 
cicio ; Gran-Cruz de la Real y Distinguida Orden Española de 
Carlos III ; y Presidente del Supremo Consejo de Castilla. Ad- 
mitido en i o de agosto de 1787. 

Señor Don Juan Manuel de Salcedo , Conde de Gomara , Señor de 
los Palacios de Valtierra ; Alférez Mayor de la Ciudad de Soria. 
Admitido en 3 1 de julio de 1789. 

llustrísimo Señor Don Josef Pérez de Andino , del Consejo de 
S. M. Obispo de Albarracin.. Admitido en 20 de marzo de 
1700. 

ACADÉMICOS CORRESPONDIENTES. 

Señor Don Josef Ceballos , Canónigo de la Santa Iglesia Metropo- 
litana de Sevilla. Admitido en 30 de febrero de 1770. 

Monseñor Ricklovio Michael Van-Goens , Consejero Áulico de 
S. M. Imperial y Apostólica. Admitido en 8 de marzo de 1771 . 

Señor Don Francisco Curcio Palomero , Abogado de los Reales 
Consejos. Admitido en 12 de abril de 1771-. 

Señor Don Gaspar de Castro , Marques de Lorca. Admitido en 3 
de setiembre de 1771. 

Señor Don Francisco Xavier de Espinosa y Aguilera , Presbítero ; 
Cura Párroco de la Villa de Cortes de la Frontera. Admitido en 
20 de diciembre de 1771. 

Señor Don Miguel de la Iglesia y Castro, Oidor de la Real Cnan- 
cillería de Granada. Admitido en 20 de marzo 1772. 

Señor Don Francisco Xavier Matei. Admitido en 5 de abril de 

}77 2 - 

Señor Don Félix Josef Aedo y Espina , Canónigo de la Santa Igle- 
sia de Burgos, Admitido en ó de agosto de 1772. 

Señor Don Miguel Antonio Salgado , Canónigo de la Santa Igle- 
sia Catedral de Salamanca. Admitido en 1 de octubre de 1773. 

Mr. de Anse de Villoison , Académico de la Real Academia de Be- 
llas Letras de París. Admitido en 3 de enero de 1774- 

Señor Don Josef de Saavedra, Barón de Albalat. Admitido en 16 
de diciembre de 1774. 



CLX NOTICIA HISTÓRICA 

Señor Don Fernando López de Cárdenas , Presbítero ; Académico 
Honorario de la Real de Buenas Letras de Sevilla ; y Cura de la 
Villa de Montoro , Reyno de Córdoba. Admitido en 23 de di- 
ciembre de 1774. 

Señor Don Tomás Josef Cálvelo , Cano'nigo de la Santa Iglesia de 
Granada. Admitido en 20 de octubre de 1775. 

Señor Don Ambrosio Cerdan y Pontero , Abogado de los Reales 
Consejos. Admitido en 24 de noviembre de 1775. 

Señor Don Bernardo Belluga , de la Real Sociedad de Amigos del 
País de esta Corte , y de la Academia de Bellas Letras de Se- 
villa ; Oficial de la primera Secretaría de Estado y del Despa- 
cho. Admitido en 9 de febrero de 1776". 

Señor Don Guillermo Bobertson , Rector de ]&. Universidad de 
Edimburgo , y Cronista de Escocia. Admitido en 8 de agosto 
de 1777. 

Mr. Desormeaux , Cronista de la Casa de Borbon ; Académico de 
la de Inscripciones y Bellas Letras de Paris , y de las de Dijon 
y Auxerre. Admitido en 5 de setiembre de 1777. 

Señor Don Bernardo Joachín Danvila y Villarrasa ; Doctor en 
ambos derechos ; Catedrático de filosofía moral y derecho na- 
tural en el Real Seminario de Nobles. Admitido en 2y de mar- 
zo de 1778. 

Señor Don Félix de Luna , Monge Celestino ; Lector de teolo- 
gía por su Religión. Admitido en 20 de abril de 178 1. 

Señor Don Francisco Gemelli. Atimitido en 24 de mayo de 
1782. 

R. P. Fr. Juan de Cuenca , Monge del Orden de San Gerónimo en 
el Real Monasterio del Escorial. Admitido en 23 de mayo de 
J783. 

Señor Florian , Capitán de Dragones de S. M. Christianísima , y 
Gentil-hombre del Serenísimo Señor Duque de Penthievre. Ad- 
mitido en 9 de enero de 1784. 

R. P. M. Fr. Rafael Rodríguez Mohedano , Ex-Provincial del Or- 
den Tercero de San Francisco de Andalucía. Admitido en 4 de 
marzo de 1784. 

R. P. M. Fr. Pedro Rodríguez Mohedano , Ex-Provincial del Or- 



DI LA ACADEMIA. CLXI 

den Tercero de San Francisco de la Provincia de Andalucía. 
Admitido en 4 de marzo de 1785. 

Señor Don Antonio Fernandez de Córdoba , del Consejo de S. M. 
en el de Navarra. Admitido en 7 de octubre de 1785. 

Señor Don Vicente Tofiño de San Miguel , Brigadier de la Real 
Armada , y Director de Estudios del Cuerpo de Caballeros 
Guardias Marinas ; Correspondiente de la Academia de Cien- 
cias de Paris ; y Socio de la Bascongada y Mallorquína. Ad- 
mitido en 6 de marzo de 1786". 



IND I C E 

DEL AS MEMORIAS 
CONTENIDAS EN ESTE TOMO L 



D ¡ 



Pag. 



disertación sobre si la mitología es parte de la historia, y 
como debe entrar en ella : por Don Francisca Manuel de la 
Huerta. I 

Disertación sobre los duelos , desafios , y leyes de su observan- 
cia , con sus progresos hasta su total extinción :por D. Mar- 
tin de Ulloa. 35 

Disertación sobre el origen y patria primitiva de los Godos : por 
Don Ignacio de Luzan. 99 

Investigaciones sobre el origen y patria de los Godos : por Don 
Martin de Ulloa. ■ 1 41 

Disertación sobre qual de los Reyes Godos fué y debe contar- 
se primero de los de su nación en España : por Don Francis- 
co Manuel de la Huerta. 225 

Disertación en que se demuestra que Ataúlfo fué el primer Rey 
Godo de España , y se satisface d las objeciones de la opinión 
contraria : por Don Ignacio de Luzan. 243 

Disertación sobre el principio de la Monarquía Goda en Espa- 
ña : por Don Martin de Ulloa. 2 6¿ 

Noticia de las ruinas de Talaroera la Vieja , por Don Ignacio 
de Hermo silla y San don) al. 34$ 

Continuación de la Memoria antecedente '.por Don Josef Corni- 
de y Saavedra. 363 



ERRATAS 



DJE.L TOMO SEGUNDO. 



Pag. 

3» 
51 
62 

6$ 

66 

7* 
7 6 

108 
1 26 

13/ 
164 

167 

17* 
183 

204 

221 
224 
3 3 8 

243 not 
ibid. 

244 
250 
261 
268 
29Ó 

394 
408 
419 

547 



not. 



not. 



Lln. Dice. 

1 3 Tecuro 

31 Aoden 

5 Herculij 

27 Haam 

5 Ihar 

13 Kiaxares 

1 1 propuestas 

1 Thabli 

1 8 muyeres 

1 1 convencido 
3 1 Ignacio 

22 T Sempronio 

5 pero había pasado 

penúltima. Sucedió. Hai 

13 opiniones. Están 

26 porque se ordenaba 

19 Diadumeno 
penúltima. le asumiese 
penúltima. Mopsuestena 

5 Ignacio 

col. 2.1. 6 de estas , donde la 

lin. pen. y sea entonces 

nota, y serí bueno si 

30 el ano 344 

12 y Arumíro 

6 proclamación. De decir 
10 año 483 

6 Alcobara 

13 era 1 1 16 
19 año 1 148 

not, 2 Athalarki. 



Léase. 
Teucro 
Aod en 
Herculis 
Hiram 
Mar 
Cía. vares 
pospuestas 
Thalli 
mayores 
convenida 
Egnacio 
Tib Sempronio 
pero no había pasado 
sucedió , hai 
opiniones , están 
porque no se ordenaba. 
Díadumeniano 
reasumiese 
Mopntestia 
Egnacio 

de estas circunstancias , la de que la 
y ser entonces 
y será bueno averiguar si 
el año 34 r. 
y Ariamiro 
proclamación , de decir 
año 583 
Alcobaza 
era 1 196 
año 1 248 
Amalaría' 




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DISERTACIÓN 

SOBRE SI LA MITOLOGÍA 

ES PARTE DE LA HISTORIA, 
Y COMO DEBA ENTRAR EN ELLA. 

DE DON FRANCISCO MANUEL 

DE LA HUERTA. 



I. A; 



.xíoma es común que la verdad es el alma de la histo- 
ria ; en cuyo supuesto parece que ni duda debiera caber en que 
la mitología no es paite 'tic ella ~. ponqué sentado el principio de 
que es una ficción l , no podrá sin monstruosidad disforme unir- 
se como miembro á un cuerpo que tiene á la verdad por principio 
de su esencia. 

Pero como dividido el genero en especies , y admitidas las 
distinciones y exemplos demostrativos , se varía el o'rden y las 
conseqüencias de las proposiciones universales , acaso podremos 
abrir camino , aunque no libre de dificultades , al sistema que se 
nos ofrece. 

II. Repútase comunmente por mitología todo quanto tiene 
relación con los dioses de la gentilidad (que Hesíodo , Marco Var- 
ron y otros 2 , aseguran pasaron de treinta mil) los nombres que 
á cada uno dieron , sus misterios , sus templos , sus sacrificios , sus 
ceremonias , sus asilos , sus altares , sus sacerdotes , sus fiestas y su- 

i S. August. lib. 6. de civit. Dei , lib. 6. cap. if. 
cap. 5. Teophil. ad Autholic. lib. 3. 

2 Eusebio cxsar. Prapar. evang. 



2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

plicaciones , y para decirlo de una vez , todo el culto de sus dei- 
dades , en cuya clase comprehendian no solo príncipes , héroes y 
hombres , sino también los astros , mares , fuentes , ríos , animales 
y plantas : de suerte que de racionales é irracionales , de anima- 
do é inanimado formaban deidades , y las noticias de sus respec- 
tivos principios , sucesos y fines las envolvían y disfrazaban con 
los velos y adornos de la alegoría y de la semejanza , desfigurando 
personajes y acaecimientos naturales y reales , y proponiendo con 
figura de tales atributos á los que nunca habían existido. 

Los griegos y gran parte de los latinos, cuyos escritos úni- 
camente han permanecido, causaron esta confusión ; porque la re- 
ligión que profesaban no les permitía que tratasen á sus deida- 
des y sus memorias como de hombres ó como de príncipes , ni 
aun como de héroes ; pues por la ciega. política de unos , que co- 
nociendo el humilde principio y ser de sus dioses , sacrificaban 
su entendimiento á su interés , y por la torpe ignorancia de los 
otros , que daban á la costumbre lo que debían á la razón , que- 
dó todo por muchos siglos en el infeliz estado y disfraz en que 
habia nacido. 

Así permaneció la mayor parte o' casi rodo el mundo hasta que 
se publicó en él la verdad del evangelio. Dedicáronse desde lue- 
go grandes ingenios á purgar de los errores gentílicos los escri- 
tos que nos habian quedado , y movidos del solo mérito de la ver- 
dad , ó por convencer á los idolatras trataron de manifestar los 
principios de aquellas mentidas deidades , en cuyo asunto se em- 
plearon parte de los primeros , y de los mas insignes varones del 
christianismo , haciendo perfecta crisis y distinción entre lo ve- 
rídico y fabuloso de aquellas memorias : de suerte que aunque el 
fin fué solo persuadir y manifestar que las deidades habian sido 
criaturas , prescindiendo de animadas é inanimadas , se llegó á con- 
seguir por noticias ciertas ó probables , mucho que pertenecía á 
personas y entes que habian sido racionales y mortales. 

Pero ni aun con ser tanto lo que se ha trabajado y escrito 
en todos tiempos sobre la mitología , tenemos obra entera que 
sirva al argumento de esta disertación : pues si bien las hay que 
tratan de propósito de ella , no es con la crítica distinción que 



DB XA HISTORIA. 3 

5 la materia correspondo; porque confundiendo en ella á la ido- 
lolo&ía , aun no tienen lixos sus términos estas dos facultades. 

Diverso estudio debe hacerse por precisión metódica para 
la diferencia de sus principios, sus reglas y su comprchension , y 
del mismo modo diversos deberán ser los documentos , precep- 
tos y leyes para su inteligencia : y así para desembarazarnos de 
la dificultad que podia causar la confusión de los términos , y 
entendiendo que la mitología es ciencia y noticia de los velos, 
adornos , locuciones y figuras con que los gentiles refieren los su- 
cesos de sus dioses , descenderemos á la división de las fíbulas 
como necesaria para la claridad' y distinta demostración de nues- 
tra idea. 

III. A siete clases puede reducirse la multitud de las fábulas 
que usaron los poetas y escritores gentiles : las primeras histo- 
riales , compuestas de noticias de historias muy antiguas , adorna- 
das con disfraces y mezclas de circunstancias fabulosas : entre es- 
tas se reputa la del vellocino de oro. 

La segunda es la que contiene narraciones físicas , cuyas no- 
ticias disfrazaban los antiguos con parábolas que las desfigura- 
ban ; y así decian que el océano es padre de los rios , y que la 
luna se caso con el ayre , de cuyo matrimonio nació' el rocío. 

La tercera las alegóricas , que ocultan debaxo de parábolas 
algún sentido místico , como la que refiere Platón , de Poro y 
Penia , esto es de la pobreza y riqueza , de los quales nació el 
amor. 

La quarta las morales , como aquellas que se inventaron pa- 
ra disfrazar los preceptos y arreglar las costumbres , cuyo exem- 
plo es la de Narciso , que enseña á evitar y corregir el amor pro- 
pio desordenado. 

La quinta las que llamamos apólogos , que también son mora- 
les , y se distinguen en que en estas intervienen y hablan los ir- 
racionales y las plantas , como vemos en las de Esopo. 

La sexta clase son llamadas sibarítidas , d milesias , que no tu- 
vieron otro fin en su principio , que el de divertir y dar placer 
á los oyentes , cuyo exemplo es la famosa fábula de Síquis y Cu- 
pido , y hoy las exercita nuestra nación con el nombre de novelas. 

A2 



4 MEMORIAS Oli IA ACADEMIA 

La última clase de fábulas son las mixtas, y tiene tres dife- 
rencias : primera , quando se componen de alegoría y moral : se- 
gunda , quando de alegoría é historia : y tercera , quando de histo- 
ria y moral. 

Entre esta variedad de fábulas debemos advertir , que las pu- 
ramente historiales , y las mixtas de alegoría é historia , o histo- 
ria y moral , exceden en gran número á todas las otras especies 
de fábulas , las quales como menos necesarias y mas difíciles de 
componer , fueron menos freqüentes en el uso de los antiguos 
gentiles historiadores , filósofos y poetas. 

Distinguidas así las especies de fábulas que comprehende la 
mitología en común , parece que la resolución de la dificultad 
penderá de que se averigüe la verdad d falsedad , existencia d fic- 
ción de las mismas que los gentiles llamaron deidades , y suce- 
sos que de ellas refieren : pues si no existieron en el mundo , ni 
tuvieron mas principio que el fingimiento de que hubiesen exis- 
tido, nunca podrían tener lugar en la historia, que se compone 
únicamente de verdades. Pero si por el contrario realmente fue- 
ron hombres venerados después como dioses , que tuvieron accio- 
nes humanas de que se originaron sucesos ciertos , no podrían de- 
xar de pertenecer á ella como tales : en cuyo supuesto pasamos á 
exponer los fundamentos que pueden comprobar los extremos de 
la disertación. 

IV. Los filósofos platónicos y los estoicos posteriores al na- 
cimiento de Christo , oprimidos de los argumentos que les hacían 
los escritores christianos manifestando la falsedad de los dioses 
del paganismo , y que habían sido luxuriosos , avarientos , venga- 
tivos , envidiosos y llenos de otros vicios y delitos , se empeñaron 
en persuadir que las fábulas y sus narraciones no comprehendian 
hechos históricos , sino solamente alegorías físicas que encubrían 
los misterios de la naturaleza en las diferentes produciones de 
las causas segundas : y concluían con que el grande número de 
dioses que veneraba la gentilidad no eran otra cosa que genios 
de un orden inferior á la primera causa , á quienes había con- 
fiado el gobierno del universo : y últimamente , que las obsce- 
nidades , iras , venganzas y matrimonios que de ellos referia la 



Di U HISTORIA. 5 

mitología , eran las producciones y corrupciones de los entes , pu- 
la sin pa tía y antipatía de las especies entre sí. Para apoyar cite 
sistema escribieron sus obras Porfirio , Yámblico , Proclo , Foti- 
no , y otrus filósofos gentiles. 

Por lo mismo creyó Plutarco ' en este asunto que todo era 
pura ficción , mentira , y fingimientos de poetas ; y esto mismo sin- 
tió en otro lugar 2 donde tratando de la providencia , hace como 
burla de qu<» los poetas introdujeron á los dioses hablando entre 
sí de los hombres , y baxando á la tierra á conversar con ellos. 

San Clemente alexandrinc afirma á propósito de esta refle- 
xión 3 , que no solo los pitagóricos y Platón abultaban muchas 
cosas , sino que también los epicúreos decían que había entre ellos 
ciertos arcanos , y que no se permitía á todos que leyesen aque- 
llos escritos , porque los que hicieron aquellos misterios , siendo 
filósofos , obscurecieron sus dogmas con fábulas , para que no 
fuesen manifiestos á todos. 

Eusebio de Cesárea 4 dice : „ De aquellos que se han nombrado 
„ dioses no se ha hecho mención entre ellos; así ni Júpiter, ni Sa- 
„ turno, ni otros de aquellos que se numeran entre los griegos y 
„ los bárbaros fueron otra tosa que los astros que aparecian en el 
„ cielo , ni los mortales conocieron tanta multitud como después 
„ con nombres fingidos nos manifestaron , siendo ficciones de la 
„ humana naturaleza , ó por mejor decir , artes del pecado , y de 
„ la vida perdida ; pero aun este error de la muchedumbre de 
„ dioses no empezó sino después de pasada una larga serie de 
„ años." 

No es dudable que Orfeo , Homero y Hesíodo fueron los pri- 
meros que escribieron la mitología y teología gentílica , y de ellos 
hace este juicio el grande Eusebio cesariense 5 : „ Entre los poe- 
„ tas Homero , Hesíodo y Orfeo y los demás á quienes agradaron 
„ las fábulas , soñaron en los dioses ficciones prodigiosas semejan- 
„ tes á los mgnstruos." 

A propósito del desprecio y falsedad de los poetas griegos di- 

i Plutarch. lib. de Iside et Osir. 4 Euseb. cansar, lib. 1. de pr apar. 

2 ídem , lib. de Homer. cap. 9. 

3 Clem. alex. lib. *¡. Strotn. 5 Euseb. c*sar. lib. 2. Prap. cap. 5. 



6 MEMORIAS DE IA ACADEMIA. 

ce san Agustín f : ¿ Por que aborrecía yo la gramática griega , en 
que tales cosas se cantan ? Porque el poeta Homero , gran maestro 
de texer fábulas semejantes , aunque dulcísim amenté vano , era pa- 
ra mí amargo. Con esto vemos Ja fuerza que tiene la negativa del 
argumento de nuestra disertación , comprobada en este párrafo 
por autoridad de escritores sagrados y profanos , griegos y latinos, 
de cuyas clases omitimos otros muchos que aseguran este dictamen. 

Para concluir la prueba de esta negativa por autoridad, es 
la mas oportuna la del mismo santo doctor , el qual conocien- 
do , no solo la falsedad de la teología mítica, sino el impondera- 
ble perjuicio que habia causado la diabólica arte y ficciones de 
los poetas , se empeño en descubrir quanto es posible sus enga- 
ños , y gasta en este progreso todo el contexto de los libros sex- 
to , séptimo y octavo de la ciudad de Dios; y especialmente al 
cap. 2. de dicho libro 6 dice : iQtúen mas curiosamente que Var- 
ron investigó estas cosas ? y con todo al cap. 4. afirma el mis- 
mo santo , que Varron no escribió los libros de las cosas di- 
vinas con verdad , antes sí 2 él mismo confesó , que escribió de 
la falsedad que pertenece al error. 

Con este supuesto llega al cap. $. donde expresa , que Var- 
ron distingue tres géneros de teología : La mítica , que es de la que 
especialmente usan los poetas : física , que es de los filósofos : y 
civil , que es la que pertenece á* los pueblos. En la primera teo- 
logía dice Varron hay muchas cosas fingidas contra la natura- 
leza y dignidad de las deidades inmortales; pues un dios se for- 
ma de un muslo , otro de una cabeza , y otro de una gota de 
sangre. Al cap. 6. sin distinguir la doctrina de Varron , según 
el sistema de las teologías enunciadas , supone el mismo santo 
que hay unos dioses instituidos y otros mortales , y dice de los 
primeros , que una cosa contienen los libros de los poetas , y 
otra los de los sacerdotes, y que una y otra son tan amigas en 
la falsedad , que solo agradan á los demonios á quienes la ver- 
dad es enemiga. Por esto al cap. 7 manifiesta la similitud y con- 



1 August. lib. 1. Confession. caji. 2 August. de civit. JDei , llb. 6. 
14. ca£. 4. 



Hi; IA HISTORIA. 7 

cordia de una y otra teología , y se burla de las raras figuras de 
los dioses , acusando la torpe creencia de los romanos en admi- 
tir y venerar á tantas mentidas deidades solo porque las decanta- 
ban los poetas. Pasa san Agustín al cap. 8. y afirma , que la teo- 
logía civil y la fabulosa era toda una , porque quien considera- 
se prudentemente las vanidades y obscenidades de ambas , á am- 
bas las hallaría fabulosas ' : y finalmente al cap. 12. condena las 
tres dichas teologías , y en particular la mítica , porque solo habla 
de falsedades. 

V. La razón que tuvieron los santos padres para decir , se- 
gún luego expondremos, que los dioses del gentilismo habian si- 
do hombres , parece es , que como en las mismas fábulas se re- 
ferian cosas que la experiencia acreditaba pertenecer solo á los 
hombres y á entes naturales , hacían el argumento cid hominem , pa- 
ra manifestar no merecían adoración sugetos,no solo constitui- 
dos baxo la especie de la humana fragilidad , sino celebrados por 
viciosos en varias especies de delitos y obscenidades. 

Era el mayor convencimiento que podia hacerse á los paga- 
nos , y el mas oportuno modo de persuadir , valerse de sus mis- 
mos libros y opiniones , y sacar de ellos la prueba de la falsedad 
en la religión ; mas no en la noticia , cuya certidumbre histórica 
no necesitaban : y así no se detuvieron á buscar , para argüir , si 
el dios que adoraban era ó había sido hombre que había existido; 
sino si era abominable , pecador y vicioso , y si se hallaba con 
señas de tal en las mismas fábulas. Decian pues los padres á los 
gentiles , que adoraban deidades que habian sido hombres como 
ellos , y que era error , no porque encontrasen la certidumbre de 
que lo habian sido , sino porque lo decian los libros de la misma 
gentilidad , y lo publicaban sus voces y tradiciones , ya señalán- 
doles filiación , ya matrimonios , ya estupros , reynados y otras ac- 
ciones puramente humanas : y así leemos varios pasages de estos , 
referidos por los santos padres. 

Sirva de exemplo y de autorizada prueba lo que leemos en 
san Justino mártir 2 . Arguye este santo doctor á los gentiles y 

1 August. de czvit. Del , lib. 6. 2 Justin. in Paranes , vers. (¿nos 
caj>. 8. igitur. 



8 MEMORIAS DE iA ACADEMIA 

los pregunta : ¿ Qtie doctores pues de 'vuestra religión alegáis , va- 
rones griegos ? ¿-por ventura á los poetas? en verdad esto de nin- 
guna manera os podrá aprovechar para los hombres que tienen cono- 
cimiento de las cosas poéticas ; porque estos han conocido la ridicula 
teogonia ó procreación de los dioses que los poetas refieren. De estas 
palabras se infiere bien , que san Justino se quería valer de las no- 
ticias de los griegos solo para convencer la falsedad de su creen- 
cia : lo que mas claramente se dexa conocer del discurso que se si- 
gue , y es en esta forma : Por lo qual , si merecen fe los que veneráis 
como sumos poetas que dieron á luz, las genealogías y prosapias de 
vuestros dioses , es necesario que , ó estiméis haber sido tales , 6 
creáis de todo punto que no fueron dioses. De suerte que el argu- 
mento de que se valian los santos padres era este dilema : O lo 
que vosotros afirmáis de vuestros dioses es mentira , d si es ver- 
dad ellos no son dioses. Lo primero no podéis decir , porque es 
opinión recibida entre vosotros , y que se comprueba con las se- 
ñas que mostráis de haber sido así , venerando sepulcros , lugares 
de nacimientos , y de otras muchas acciones que referís : luego es 
lo segundo , y por consiguiente no son dioses. 

De la misma naturaleza se deberán reputar las afirmativas de 
Minucio Félix , Lactancio y otros í ; pues para ellas se valen de 
la autoridad de Evehemero , de quien dice Plutarco 2 : Habiendo 
este escrito un comentario de increíbles y vanas fábulas , esparció por 
el orbe de la tierra todo género de impiedad : y luego explica la cla- 
se del capricho de Evehemero en sus ficciones , con que se da con- 
veniente solución á la duda que se ofrecía sobre las afirmativas de 
los santos padres , pues si las tomaron de tales autores , solo fue 
argüir las fábulas con las fábulas. 

VI. La división que algunos escritores críticos de la historia 
hicieron para conocer los tiempos donde podia fixarse punto 
para continuarla , será argumento fuerte contra la proposición afir- 
mativa , según la estimación con que se conciba adequada y con- 
gruente. 

El primero en quien se halla adoptada es Marco Varron , y 

i Minut. in Octav. Lactant. defal- 2 Plut. de Iside & Osiride. 
sa relig. cap. 11. 



1) B I- A II I S T ü l( I Ai O 

tomándola de él Censorino * dice : «Trataré ahora del intervalo 
„de tiempo que Varron llama histórico." Este autor dividió el 
tiempo en tres partes : la primera desde el principio de los hom- 
bres hasta el primer diluvio , el qual tiempo por ignorado se lla- 
ma adelon : la segunda parte comprehende desde aquel diluvio 
hasta la primera olimpiada , y este tiempo , porque en él se re- 
fieren muchas cosas fabulosas , se llama mítico : la tercera parte 
comprehende desde la primera olimpiada hasta nosotros , cuyo 
intervalo se llama histórico. 

De este principio se deduce que siendo el tiempo adelon to- 
do noche , por no haber de él luz que manifiéstelas historias an- 
tiguas, y el mítico solo un crepúsculo (que así lo llamó nuestro 
D. Joseph Pellicer 2 tomándolo de los antiguos ) mal se podrá sa- 
car de él hoy cosa que pertenezca á la historia , donde las narra- 
ciones han de tener toda la luz que corresponde á las verdades: y 
mal podrá de lo que solo se ha estimado como fingimiento , ó á 
lo mas como verdad figurada , hacerse historia , cuya facultad con- 
dena como estraños de su pureza y sencilla narración los miste- 
rios , los diañaces y las alegorías. 

Por lo qual , siendo el tiempo adelon aquel en que vivieron 
los dioses , y el mítico el de los héroes y semidioses , no pueden 
pertenecer á la historia sus narraciones, pues caen fuera del tiempo 
histórico : ¿ ni como podrá sacarse la verdad de los tiempos que 
se llaman uno adelon por ignorado , y otro mítico por fabuloso ? 

Tratando esta misma materia nuestro eruditísimo Pellicer 3 di- 
ce : A esto atendió Julio africano , quando afirmó que Nulla est 
apud grecos aecurate scripta historia ante olympiades constitu- 
ías , porque del tiempo adelon no quedó noticia individual ni segura 
en toda la erudición profana. El intervalo mítico comprehende suce- 
sos varios de príncipes y héroes ; pero todos equívocos y cubiertos de 
fábulas y alegorías inaveriguables con certidumbre. Y mas adelante 
dice: Ansí se debe advertir , que al adelon se reduce todo aquello im- 
penetrable y obscurísimo del mundo primitivo después de la disper- 

i Censorin. de die natal. 3 Pellic. en el lugar citado num.iz. 

2 Pellic. Aparat. en la introduc. y 14. 

num. 10. 

B 



IO MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

sion de las gentes , sin que por la poética ni por- la historia se pueda 
deducir nadajirme de los sucesos del universo en nación alguna , sino 
es lo que de la hebrea consta en la escritura sagrada de Moyses , y 
Paralipomenon. Al mítico , prosigue , pertenecen las fábulas de los 
griegos , que fueron el origen de todas las sectas ; y guiados por ellas 
los escritores gentiles , enturbiaron la claridad de la historia ■, como 
lo da ¿i entender san Epifanio en el lib. i. num. 26. de su Panarion. 
Escribiendo allí contra los gnósticos , dice : Nam ex gratis fa- 
bidis omnes secta collecta sibi ipsis errorem proposuerunt ; ita ut ad 
aliam sententiam deterioren transmití arint. 

Esta división , aunque sin dar nombre distinguido á los tres 
tiempos , la vemos en la biblioteca histórica de Diodoro de Sici- 
lia , pues comprehende tres clases de narraciones : una bárbara, 
obscura y apenas perceptible : otra fabulosa y llena de misterios y 
ficciones : y otra histórica. En la prefación explica su pensamien- 
to para no quedar fiador de lo que no podia ajustarse aun á veri- 
similitud : y así dice que los seis primeros libros contienen los su- 
cesos fabulosos y memorias de los bárbaros y de los " griegos ; en 
los once siguientes ofrece una idea de historia universal de el or- 
be ; y en los demás hasta los quarenta que escribid y que lasti- 
mosamente se hallan con mucha diminución , solo trata particu- 
lares sucesos históricos hasta los tiempos de Julio César : de mo- 
do que se puede decir arreglo su historia á los tres tiempos de 
Marco Varron , dexando en la clase de histórico solo al que em- 
pezó con las olimpiadas , y por consiguiente excluye del cuerpo 
de la historia pura , lo perteneciente al adelon y al mítico : con 
que queda al parecer fuera de la posibilidad que la mitología sea 
parte d sirva para la historia. 

VII. Parecerá acaso que la fuerza de las autoridades y razones 
antecedentes dexa ya convencido que la mitología no es parte de 
la historia : pero consideradas y examinadas otras razones parece 
demonstrable que entre la mitología hay verdades que pertenecen 
á la historia. 

Sacamos esta conclusión no obstante lo que queda probado, 
descendiendo del género á las diferencias , y dividiendo las fábu- 
las en diferentes clases : con cuyo medio no solo se logra la pre- 



DE IA IIISTOKIA. II 

supuesta afirmativa , sino que concurran también í probarla los 
mismos autores de quienes nos hemos valido por la contraria , con 
otros muchos de igual nota. 

Los latinos llamaron tabula á lo que comunmente se dice y ha- 
bla de algún particular : así la difine la real academia española , y 
lo que es mas , señala este sentido por el recto de aquella voz : de 
suerte que todo lo que comunmente se habla , aunque sea verdad, 
se llama tabula. 

Con mayor extensión explica esto mismo el erudito maestro 
fray Juan de la Puente x , que historiando el incendio de los Piri- 
neos , después de haber probado que fue verdadero con autoridad 
de Diodoro sículo y de Aristóteles , prosigue : Lo mismo aprueba 
Posidonio , y aunque la llama fábula , es en la significación con que 
esta palabra latina fábula signifícala relación 'verdadera que corre 
entre los ciudadanos , y consta de sus mismas palabras , pues dice 
que da crédito á la fábula. En esta misma significación llamó san 
Gerónimo fábula al milagro , que cuentan los hebreos , quando los 
Uritas de Caldea echaron á Abr alian en el fuego , y Dios le sacó li- 
bre de él : Cuentan los hebreos esta fábula , que Abrahan fue echa- 
do en el fuego , porque no quiso adorar el fuego que adoraron 
los caldeos. Y doce renglones mas adelante en el mismo libro adon- 
de trata esta materia añade san Gerónimo : Verdad es la tradición 
de los hebreos que escribimos arriba , que Taré salid con sus hijos 
del fuego de los caldeos , y que Abrahan , cercado del fuego de 
Babilonia porque no le quiso adorar, aalio de él libre con la ayu* 
da de Dios. Llama tradición "verdadera lo que poco antes habia lla- 
mado fábula , usando de esta "voz, en el sentido declarado , en el qual 
llama también Posidonio fábula al fuego de los Pirineos : y si usara 
de la 'voz, en el sentido que significa patrañas , no dixera un "varón 
sabio: No dexo de creer la fábula. Si fábula ¿como la cree? ó si la 
cree no es fábula , ó en tres palabras hay grande contr adición. Hasta 
aquí el P. Puente : con que sabida la significación de la voz po- 
dremos pasar á la autoridad. 

VIII. Todos los santos padres de la primitiva iglesia trataron 

i Puent. Conven, lib. 3. cap. 16. 

B2 



12 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

ó de propósito d por incidencia de la mitología gentílica para con- 
vencer sus errores : san Justino mártir : , Arnobio 2 , Teodore- 
to 3 , Lactancio 4 , Clemente alexandrino 5 , Tertuliano 6 , Minu- 
cio Félix 7 , san Agustín 8 , san Cipriano 9 , san Atanasio IO , Julio 
Materno Fírmico ll , Taciano 12 , Eusebio cesariense J 3 , nuestro 
Prudencio T 4, y otros muchos : y así de todos se puede sacar ar- 
gumento con mayor d menor expresión y fuerza ; pero con algu- 
na igualdad en lo característico de la razón sobre que entendie- 
ron , que entre las fábulas de la gentilidad habia sucesos verídicos 
pertenecientes á los hombres y á la serie de los acaecimientos hu- 
manos. Y así aunque los citados padres escribieron sus obras prin- 
cipalmente para apoyar la religión christiana , y convencer de fal- 
sa la gentílica , cuyos filósofos la defendían , tomando de ellos las 
autoridades para argüir ad hominem , todavía se trasluce lo que sin- 
tieron los escritores eclesiásticos sobre la naturaleza de los dioses, 
según iremos viendo. 

Los mismos filósofos gentiles empeñados en defender la divi- 
nidad de sus dioses confesaron que las fábulas contenían hechos 
históricos. Máximo tirio , uno de los primeros entre los platóni- 
cos, dixo J 5 : Los griegos también hacen sacrificios á los hombres que 
han sido buenos , de los quales celebran la memoria de sus ^virtudes, 
pero omiten sus calamidades. Perseo cítico , á quien echo de Acro- 
corinto Arato sicionio , expreso lo mismo : su testimonio produ- 
ce Cicerón , diciendo l6 : Perseo , discípido de Cenon,dice que fueron 
tenidos por dioses aquello? que intentaron alguna grande utilidad pa- 
ra la vida humana , y que las cosas titiles se llamaron con el nombre 
de dioses. 

De los escritores eclesiásticos copiaremos solo lo que baste 

i Jostin. in Par ¡ene si 6" in Apolog. 9 S.Cypr.Quod idola nonsunt dit. 

a Arnob. Adv. gent. a lib. 1. 10 S. Athanas. Adv. gent. 

ad j. 11 Firmie. de myster, & err. frof. 

3 Theod. de cur.grac. affect. relig. 

4 Lact. Firm. de falsa religione. 12 Tacian. contra gentil. 

5 Clem. alex. Stromat. 13 Euseb. cassar. Prcepar. evang. 

6 Tertul. in Apol. adv. gent. 14 Prudent. in Symmach. 

7 Minut. Félix in Octavio. 1 5 Max. tyr. dissertat. 38. 

8 S. August. de civ. Dei. 16 Cic. de hat. deor. 



DE l A II I S T O II I A, 12 

á la comprobación de la afirmativa , sin detenernos á acumular au- 
toridades. Minucio Félix, después de haber tratado particularmen- 
te de los dioses , dice ' : De aquí se manifiesta que aquellos fueron 
hombres Je quienes leemos que nacieron , / sabemos que murieren. Y 
hablando de Saturno afirma haber sido rey de Creta , y poblado 
después en Italia , y lo autoriza con las historias de Nepote , Ca- 
sio , Talo , y pudiera con otras muchas ; que fue manifestar que 
creía su existencia en el ser de hombre , y lo mismo asegura de 
otros dioses que fueron reyes en siglos mas remotos. 

San Cipriano observo , que la noticia de que los dioses ha- 
bían sido hombres la conservaban los sacerdotes jle la gentilidad; 
pero que la ocultaban al humilde y bárbaro pueblo que los daba 
culto , y así dice 2 : Alexandro magno en un insigne 'volumen escri- 
be á su madre ser esto cierto , y que un sacerdote por miedo de su 
poder le reveló el secreto de que los dioses habían sido hombres , cuya 
noticia se había conservado en los mayores y monarcas , de donde 
provino el rito de venerarlos y hacerles sacrificios. 

Mejor lo prueba Tertuliano , pues arguyendo á los gentiles 
dice 3 : Apelo de vosotros á vuestra misma conciencia : ella nos jua- 
gue , ella nos condene , si pudiere negar que todos estos vuestros dio- 
ses fueron hombres. Hablen aquí los instrumentos de antigüedad , que 
están continuamente atestiguando las ciudades donde nacieron , las 
regiones donde dexaron vestigios de sus obras , y los sepulcros don- 
de aun duran enterradas sus cenizas. JSfo puedo discurrir por todo el 
número de los dioses , nuevos y viejos , siervos , bárbaros , griegos, 
romanos , peregrinos , cautivos , adoptivos , propios , comunes , varo- 
nes , hembras , místicos , políticos , marinos y militares. Ocioso será 
describir sus nombres y oficios : basta este epílogo , no para darlos á 
conocer , que no los ignoráis vosotros , sino para que los reconozcáis 
ahora sin afectar desacuerdo. 

Antes de Saturno , prosigue Tertuliano , no tenéis dios alguno 
mas antiguo : de este se originó la divinidad mayor y mas notoria: y 
así lo que constare de esta divinidad originaria convendrá á la pos- 

i~ Minut. Félix itt lib.%.Arnobii. la dii non siint. 

i S.Cypúaa.mtractat. Quod ido- 3 Tertul. Adv. gent. caf. 1 o. 



lA MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

teridad sucesora. A este Saturno , ni los anales de Diodoro griego, 
ni los de Talo , ni los de Casio Severo , ni Cornelio Nepote , ni otro 
comentador de antigüedades le llamaron mas que hombre: y si se bus- 
can los argumentos de las cosas , los mas fieles testigos son la misma 
Italia , en donde después de la jomada de Atenas y de otras expe- 
diciones y lo recibió Jano ó Jane , como dicen los versos de los Salios. 
Llámase Saturnio el monte donde habitó : la ciudad que conquistó aun 
hoy se llama Saturnia : y después toda Italia , que antes se llamaba 
Oenotria , se llamó Saturnia por sobrenombre. Este fué el que pri- 
mero enseñó á imprimir y á sellar la moneda , y por esto le hicisteis 
presidente del erario. Luego si Saturno fué hombre que nació de otro 
hombre , ha de ser tenido como hombre , y no como hijo del cielo y de 
la tierra. Y después : Con esto , en que brevemente probé la humani- 
dad de Saturno , se prueba también la de su hijo Júpiter , que fué 
hombre terreno , hijo de otro , y por la misma razón todo el enxam- 
bre de sus hijos ; que siendo mortal el padre , mortal será también la. 
semilla. Como no os atrevéis á negar que estos dioses fueron hom- 
bres , por eso os resolvisteis á decir que después de muertos fueron 
hechos dioses. Examinemos pues las causas que obligaron á que fue- 
sen dioses estos hombres muertos. 

Prosigue este grave escritor sentando que los dioses de la gen- 
tilidad fueron hombres : pero si deseamos semejante confesión mas 
antigua y en la boca de un gentil , la hallaremos en Varron , de 
quien san Agustín se valió para afirmar l , que en todos los tem- 
plos en que se veneraban Isis y Ser apis , habia un simulacro que con 
el dedo puesto en los labios parecía que amonestaba al silencio , en 
que significaban , se habia de callar que ellos fueron hombres. 

Pero á vista de la autoridad sagrada todas las demás quedan 
inferiores , y esta se halla á proposito en el libro de la Sabidu- 
ría 2 , en donde tratando del principio de la idolatría , se afirma : 
Que doliéndose un padre de la temprana muerte de su hijo , hizo un 
retrato suyo : y al que antes habia muerto como hombre , después le 
empezaron á venerar como á dios , y entre sus siervos le dedicó cultos 



i S. Aug. de civil. Dei.lib. 18. 2 Sap. cap. 14. vers. 15. 16. 17. 

ca¡>. 5. & 20. 



DE 1A HISTORIA. J $ 

y sacrificios. Después , pasando tiempo y tomando fuerzas la imam 
costumbre , se guardó este error como ley , y por imperio de los tira- 
nos se 'veneraron las estatuas ; y á estos que no podían los hombres 
venerar presencialmente por estar lejos , trayendo un retrato suyo hi- 
cieron una imagen del rey que querían honrar , para dar culto con 
su solicitud á aquel que estaba ausente , como si estuviera presente. 
Después dice el texto sagrado , que muchedumbre de hombres , guia- 
da por esta especie de obra , estimaba ahora como dios al que antes 
había sido honrado como hombre. 

Es verdad que el asunto de la disertación no es sobre la 
idolatría, ni sobre la idolología; (que es la cienci* de ella , como 
ya diximos) y que por esto no es directamente terminante la de- 
cisión de este texto sagrado para el punto de si la mitología es 
parte de la historia : pero con todo nos enseña , que la idola- 
tría se empezó por hombres , y teniendo por objeto á los mis- 
mos hombres ; y como todos los que concurrieron á disfrazar en 
las fábulas las verdades fueron idolatras , é idolatría también las 
narraciones y enseñanza que contienen , no podremos decir que 
hay fíbulas sin ídolos , ni mitología sin idolología , aunque sí lo 
contrario. 

San Agustín hizo burla de que en la mitología se distinguie- 
se el sentir de los poetas del de los filósofos é historiadores , y 
prueba que en la substancia del hecho convienen unos con otros, 
sin que esto sea oponerse el santo á lo que dixo en los lugares 
que ya quedan copiados ; pues si se considera , se halla que allí ha- 
bla confusamente en común de las fábulas y escritos fabulosos, 
y aquí particulariza , pues dice x : ¿ Qiie otra cosa manifiestan aque- 
llos simulacros , formas , edades , sexo y hábito de los dioses? ¿Por 
ventura los poetas tienen á Júpiter con barbas , y á Mercurio lam- 
piño , y no los pontífices ? ¿ Acaso los representantes fingen la obs- 
cenidad de Priapo, pero no los sacerdotes? Acaso está de otra suer- 
te para la adoración en los templos , que sale para la risa en los 
teatros ? ¿ Por ventura Saturno viejo , Apolo mancebo , son así per- 
sonas de los histriones, de suerte que tío sean estatuas de los tem- 

i S. Aug. de civit. Dei,lib. 6. cap. 7. 



l6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

píos ? ¿ Porque Forado , que preside á las puertas , y Lhnent'mo que 
á el umbral , son dioses varones , y entre ellos está Car dea hembra 
que guarda los quicios ? ¿ Acaso no se hallan en los libros de las 
cosas divinas estas cosas que los poetas graves tuvieron por indig- 
nas de sus versos? ¿Por ventura Diana la del teatro trae ar- 
mas , y la de la ciudad es sencillamente virgen ? ¿ ó Apolo el de la 
escena es citarista , y el deifico ignora este arte ? Pero estas cosas 
son honestas en comparación de otras mas topes. ¿ Que sintieron 
del mismo Júpiter los que pusieron á su nutriz, en el capitolio'? 
Ciertamente convinieron con Evehemero , el qual escribió que fueron 
hombres y mortales todos estos dioses , y no con charlatanería fabu- 
losa , sino con histórica diligencia. Con este elogio que san Agus- 
tín hace á Evehemero , se satisface á la autoridad contraria que 
arriba expusimos de Plutarco ; porque este filosofo gentil no ha- 
llo otro modo de satisfacer á la fuerza del argumento que se le 
hacia con los testimonios de aquel escritor , que negando la ver- 
dad de su obra ; pero en esto merece mas fe san Agustín que Plu- 
tarco. 

Lactancio Firmiano , en quien lo suave de su estilo , la efi- 
cacia de sus pruebas , y lo particular para el asunto disculpará el 
copiarle , hablando de Júpiter dice de esta suerte * : En una so- 
la muger fué continente ( Jíípiter ) no obstante que la amaba , no 
por alguna virtud , sino por miedo del sucesor : el qual temor es 
propio del hombre que es mortal , flaco , y para nada , que pudo ser 
muerto quando nació , así como lo fué el hermano suyo que antes de 
él fué engendrado : el qual si hubiera podido vivir , nunca hubiera 
concedido al menor el imperio. Pero él , conservado por un hurto, y 
furtivamente criado , se llamó Ceo , ó Cen ; no como juzgan es- 
tos por el fervor del fuego celestial , ó porque sea dador de la vida, 
é inspire á los animales las almas , la qual virtud es propia de solo 
Dios ; . . . sino porque vivió el primero de los hijos varones de Sa- 
turno. Pudieron pues los hombres tener otro dios por rey , si Sa- 
turno no hubiera sido engañado de su muger. Pero dirán : los poe- 
tas fingieron estas cosas. Yerra qualquiera que imagina esto : porque 

i Lactant. Fian, de f 'ais. relig. cap. n. 



DE LA HISTORIA. \J 

ellos hablan de hombres ; pero para adornar á aquellos cuya memo- 
ria celebran con alabanzas , los llamaron dioses. Así son fingidas 
aquellas cosas que dixeron de ellos como de dioses ; pero no las que 
escribieron como de hombres : lo qual se hará manifiesto con el exem- 
plo que pondremos aquí. Queriendo Júpiter 'violar á Dánae , la echó 
en el seno monedas de oro con larga mano ; esta fué la paga del es- 
tupro : pero los poetas , que hablaban como de un dios , para no ofen- 
der la autoridad de la creída magestad , fingieron que él habla caí- 
do transformado en lluvia de oro , con la misma figura con que lla- 
man lluvia de hierro quando describen en una batalla la muchedum- 
bre de dardos y saetas. Se dice que robó conve$tido en águila á 
Ganimedes : es color poético ; y así , ó le robó con una legión de sol- 
dados , cuya insignia es el agíala , ó la nave en que fué robado tuvo 
su tutela figurada en una águila , como en un toro quando robó y 
llevó á Creta á Europa. Del mismo modo se dice que transformó en. 
vaca á lo , hija de Inaco , la qual por librarse de las iras de Juno, 
estando ya cubierta de cerdas , y ya vaca , se dice pasó á nado el 
mar , y vino á Egipto ,y que allí , recobrada la figura humana , fué 
hecha diosa , q*"> uhora se llama Isis. ¿ Pero con qué argumento se 
puede probar que ni Europa se sentó en un toro , ni lo fué hecha 
vaca ? porque en los fastos hay un dia señalado , en el qual se ense- 
ña que Isis atravesó el mar , no nadando , sino navegando. Los que 
presumen pues de sabios , porque conocen que un cuerpo vivo y ter- 
reno no puede estar en el cielo , repudian por falsa toda la fábu- 
la de Ganimedes : no conocen que todo este suceso pasó en la tierra; 
porque el hecho y la misma luxuria son cosas terrenas. No fingieron 
pues los poetas los hechos , lo qual si hicieran serian vanísimos , sino 
que á las cosas sucedidas añadieron un cierto color ; porque no refe- 
rían aquellas cosas murmurando de ellas , sino deseando adornarlas. 
De aquí procede el engaño de los hombres , especialmente que quan- 
do juzgan que todas estas cosas son fingidas por los poetas , reve- 
rencian lo que ignoran , porque no saben que límites tiene la licen- 
cia poética , y hasta donde es lícito extenderse fingiendo ; quando el 
oficio del poeta es , que aquellas cosas que verdaderamente han su- 
cedido r las traduzca convertidas en otras especies , con obliquas fi- 
guras que contengan alguna hermosura ; pero fingir todo lo que re- 

C 



l8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

fieren , esto mas bien es ser necio y mentiroso que poeta. . . Dicen que 
mintieron los poetas , y no obstante los creen : antes bien con el mis- 
mo hecho suyo prueban que no mintieron : y así fabrican los simu- 
lacros de los dioses de suerte que por la misma diversidad de sexos 
se evidencia , es •verdad lo que dicen los poetas. Porque ¿que otro 
argumento tiene la imagen de Ganimedes , y la efigie del águila 
quando se ponen en los templos , y se adoran igualmente con él , 
sino el que se conserve eterna la memoria del obsceno delito y del es- 
tupro ? No pues lo fingieron todo los poetas , algunas cosas obscure- 
cieron con obliquas figuras , para que envuelta la verdad se oculta- 
se , así como aquello de la división de los reynos. Dicen que á Júpi- 
ter tocó el cielo , á Neptuno el mar , y á Pluton el infierno. ¿ Por 
qué mas bien no se computó la tierra en esta tercera suerte , sino 
porque todo sucedió en la tierra? La verdad es que partieron el 
rey no del orbe ,y k sortearon de tal modo , que á Júpiter tocó el 
imperio del oriente , y á Pluton , cuyo sobrenombre fué Agesilao , le 
cupo la parte del occidente ; y porque la plaga oriental del mundo , 
por la qual se comunica el dia á los mortales , parece superior , y la 
del occidente inferior , así encubrieron la verdad con la mentira , para 
que la misma verdad no derogase cosa alguna á la pública persuasión. 
Hasta aquí Lactancio Firmiano , cuya autoridad escusa la pro- 
ducion de otras muchas que pudieran traerse á este proposito; 
pues llamando él presumidos de sabios á los que creen que quan- 
to dicen los poetas es falso , y particularizando exemplos , ya nos 
da prueba suficiente para la afirmativa que procuramos demostrar. 
IX. No solamente las teogonias antiguas , esto es la gene- 
ración ó progenie de los dioses , comprehenden en sí mucha mito- 
logía , como se ve en la de Hesíodo ; sino que también de ellas 
se ha derivado mucho de lo que esta comprehende : por lo qual, 
teniendo como tienen notable afinidad en los términos y en las 
comprehensiones ; no dexa de persuadir el argumento que se sa- 
ca de las teogonias para la mitología. 

Después de haber Diodoro de Sicilia discurrido con alguna ex- 
tensión sobre la cosmogonía de los egipcios 1 , en que si bien 

i Diodor, sicul. lib. i. Bibl. cap. \. y siguiente. 



DI IA HISTORIA. IQ 

hay muchos delirios , tiene vislumbres de algunas verdades que 
no discernió' Diodoro , porque hacia oficio de historiador , escri- 
be la teogonia de los egipcios , y nombra diez primitivos reyes, 
siendo los primeros el Sol y la Luna ; y aunque hace hijos y nie- 
tos de estos á los otros, los coloca en la clase de mortales. 

La segunda teogonia es la de los fenicios , la qual permanece 
en los escritos de Sanconiaton sacerdote de Berito , que según Eu- 
sebio, vivid antes de la guerra de Troya , y copió su obra de los 
escritos de Jerombaal sacerdote de Jebo , en el reynado de Abiba- 
lo rey de Fenicia. Permanecía aun la obra de Sanconiaton en 
el imperio de los Antón inos , en cuyo tiempo Filón Biblio la tra- 
duxo en griego , y el tínico fragmento que quedo' le incluyo Eu- 
sebio cesariense en su Preparación evangélica. 

Este fragmento se divide en tres partes : la primera trata de 
la fábrica del universo : la segunda de los hombres antes del di- 
luvio : y la tercera de sus sucesores después de él. Omitimos la 
primera , y pasamos á referir que en la segunda escribe , fueron 
los primeros hombre y muger Protógenes y Heon : que sus hijos 
fueron Gemí y Gemía , de quienes nacieron JFos , Pur , y Flos , á 
quienes llama gigantes : estos procrearon á Memrumo é Hipsura- 
nio , venerados después de su muerte con fiestas y cultos por sus 
hijos que fueron Agreo y Halieo , inventores de la pesca y de la 
caza , de los quales nacieron Crisor y otro ano'nimo , y de Cri- 
sor fueron hijos Tecnites y Geino , y de estos lo fueron Agrai 
y Agrotes : y concluye diciendo : En jfivi A mino y Mago fueron 
los últimos de esta primera raza. 

En estas generaciones quiere Cumberland que se entienda re- 
ferida la linea de Caín , aunque según el texto sagrado no se 
hallan en ella mas que ocho ; pero si esto fué haber omitido 
Moyses las otras dos , por ser de hombres que no merecían ser 
nombrados , ó si la linea es de Seht , no podemos ni necesita- 
mos comprobarlo : lo que hace al caso es ver que Sanconiaton 
dice , que Amino y Mago fueron los últimos de aquella raza , 
y que algunos de ellos fueron venerados como dioses. 

Lo mismo se ve en la segunda linea que refiere el citado 
fragmento , en que dice , que Elion y Berut su muger , fueron pa- 

C 2 



20 MEMORIAS DE J.A ACADEMIA 

dres de Euranio , que casó con su hermana Ge , á quienes los grie- 
gos dieron nombres de cielo y tierra , y fueron padres de lio, 
Betilo , Dagon y Atlante. lio es el mismo que los griegos llama- 
ron Saturno , y fué padre de Belo , Apolo . Proserpina , Minerta 
y Mouth , que es Pintón , y otros hijos : de manera que esta teo- 
gonia concuerda con la de los griegos , y por consiguiente toca 
á la mitología , con la previa justificación de haber sido hom- 
bres entre los fenicios los que dioses entre los griegos. 

La tercera teogonia es la de los atlánticos ; pero se omite , 
porque se pretende que pertenece á nuestra España , y pide ma- 
yor examen : baste decir que concuerda con las de los fenicios 
y griegos. Esta , según Hesíodo , es en sustancia referir , que el 
principio fué el Caos , después la Tierra, y después el Amor : que 
el Caos engendro al Erebo y la Noche , de los quales nacieron 
el Éter y el Día ; en que se vé el orden de la creación , espe- 
cialmente en nombrar primero á la noche que al dia , como 
se lee en la Escritura r . Finalmente aunque Hesíodo continuan- 
do hace relación de varios sugetos físicos y elementares , no pue- 
de negarse que contiene expresiones pertenecientes á monarcas 
y héroes , como Júpiter , Neptuno, Pluton y otros ; y en donde ha- 
bla alegóricamente , lo dan bien á entender las cláusulas con que 
se explica , como quando dice que la noche fué madre del des- 
tino , de las parcas , de la muerte , del sueño , del engaño y otros. 
Estas son las principales teogonias que hubo en el gentilis- 
mo , y en todas se ve una «éríe de hombres famosos , con diver- 
sidad de acciones humanas , por las quales y por haber sido in- 
ventores de varias artes mecánicas y liberales les dieron el nom- 
bre de dioses. 

X. Aunque la fuerza de las autoridades arriba expresadas pa- 
rece podia servir de forzoso convencimiento á las razones del ar- 
gumento contrario ; porque individuando los padres de la primi- 
tiva iglesia , y escritores eclesiásticos las pruebas de que los dio- 
ses de la gentilidad habían sido hombres , quedaba respondido á 
la objeción de que no fue solo tomar el argumento ad hominem de 

i Genes, cap. i. 



DELAHISTOKIA. 2 1 

los mismos gentiles : con todo daremos mas demostrativas razo- 
nes y pruebas de que los dichos padres y escritores argüyeron 
con propio dictamen , y con conocimiento de causa sobre la na- 
turaleza humana de los dioses. 

Hemos visto que no solo de Evehcmero tomaron las noticias, 
sino de Cornelio Nepote , Casio , Severo , Talo , Diodoro y Ci- 
cerón : y aunque por relación de estos arguyen los padres , no por 
eso se ha de entender quedan las noticias solo en la fe de sus auto- 
res ; porque la relación de los padres , mientras no manifestaron 
dictamen contrario en quanto á la noticia histórica , las dexa , no 
solo en la posesión de la fe que. antes tenían , sinq que las aumenta 
la de su credibilidad : esto aun quando la narrativa sea sencilla y 
por argumento ad hominem ; que siendo según las que hemos co- 
piado de san Agustín , san Cipriano , Lactancio , Tertuliano y 
Minucio , no queda duda ; porque afirman y prueban , alegando 
documentos , que los dioses de los gentiles fueron hombres. 

Los demás padres de la iglesia de que hemos hecho mención, 
tínicamente dirigieron su eficacia á excluir la divinidad de los dio- 
ses gentílicos ; pero sin negar su mortalidad por la razón de hom- 
bres verdaderos : de suerte que los que mas contrarios parecen á 
esta verdad , la califican en otros lugares en que explican su dicta- 
men é inteligencia. Buen exemplo es el de Arnobio , que después 
de haber interpretado físicamente á Saturno , Minerva y otros , di- 
ce l : ¿Pues que 'vosotros no dais culto á algún hombre nacido? ¿no 
á uno y á otro ? ¿ no á otros innumerables ? ¿No quitasteis del núme- 
ro de los mortales á todos esos que tenéis en vuestros templos , y los 
elevasteis al cielo y á las estrellas? Si acaso ignoráis que ellos fueron 
de la común especie y condición humana , recurrid á las antiquísimas 
letras , y recorred los escritos de aquellos que cercanos á la antigüe- 
dad manifestaron todas estas cosas con verdad pura y sin alguna li- 
sonja. Así ciertamente aprenderéis de que padre y de que madre ha- 
ya sido procreado cada uno de ellos , en que región hayan nacido , y 
de que nación sean , lo que hicieron , obraron , sufrieron y negociaron, 
y las fortunas prósperas y adversas que experimentaron en la admi- 

i Arnob. lib. i. Ada. gent. 



22 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

nistracion de sus cosas. Pues si sabiendo que ellos fueron llevados en 
el 'vientre de sus madres , y que se alimentaron con los frutos de la 
tierra , con todo : objetáis el culto de un hombre nacido , obráis harto 
injustamente , queriendo establecer que aquello que 'vosotros mismos 
hacéis sea en nosotros cidpable. 

Todo lo que se escribid contra los geutíles , quando los padres 
de la iglesia trataban los puntos de religión , se observa haber si- 
do en dos términos y modos de argüir , uno apologético de la 
religión christiana , otro impugnatorio de la gentílica : en ambos 
se traraba de la falsedad de los dioses ; pero en este último , como 
mas directo al fin de declarar la especie de aquellas mentidas dei- 
dades , se consiguieron mas luces de su existencia. 

Y aunque algunos de aquellos fingidos dioses representen co- 
sas físicas y hombres verdaderos , como Saturno , Júpiter , Apolo, 
Océano , Mercurio , Tétis , Venus , Diana , Baco , Céres y otros, 
¿quien habrá que pueda desfigurar la naturaleza y acciones de hom- 
bres en Hércules , Anteo , Phrixó , Atamanto , Eneas , Turno y 
otros innumerables que se nos representan héroes, y la mitología 
los propone semidioses ? 

Ofrécese otra reflexión bien oportuna. ¿ Quien negará que ha 
existido en el mundo Julio César? ¿ y quien no concederá á los es- 
critores de su vida aquella dignidad en que están todos los bue- 
nos d los mejores historiadores? Pues con todo le hallamos dei- 
ficado por los poetas l , y aun por los mismos historiadores. To- 
da la discreción de Cicerón prevarico en la muerte de su hija Tu- 
lia , y la dedico culto y sacrificios. Los emperadores romanos es 
notorio publicaban algún prodigio suyo para acreditarse divinos y 
hacerse mas venerables en el trono. De Augusto , de Tiberio , de 
Vespasiano.de Domiciano , de Adriano y de otros leemos esto 
en Suetonio , Cornelio Tácito y Dion Casio , y de Claudio en 
particular 2 , de que hizo burla Séneca 3 . Así pues se puede creer 
que la antigüedad elevo á otros hombres á la clase de dioses ; y 
aunque toda esta divinidad y sus medios y cultos fueron vanidad 

i Virg. Eglog. i. vers. 47. Ovid. lib. 66. Tacit. lib. 4. Histor. 
lib. 1 5 . Metam. 3 Senec. Claud. Cees. A-arax.eAon¿>rí<rií. 

2 Sueton. cap. 7. 6* 46. Dion Cas. Dion Cas. lib. 60. infin. 



DE I. A HISTORIA. 2» 

y alucinación , no se puede negar que son sugetos de historia to- 
dos ellos. 

XI. La división de los tiempos que señala Varron no perte- 
nece ni puede entenderse propiamente sino de los griegos ; por- 
que al contrario otros muchos pueblos de oriente y occidente no 
tuvieron tiempo adelon o' ignorado , cuya prueba haremos por 
partes. Los judíos es notorio y de fe que tuvieron historia conti- 
nuada desde la creación hasta los Macabeos , y así ignoran el tiem- 
po adelon. Los egipcios conservaban en sus templos las historias 
de sus sucesos primeros , escritas por sus sacerdotes , como asegu- 
ra Platón en el Tímeo y el Atlántico : en donde «nade , que un 
sacerdote egipcio llamo á los griegos niños en las noticias de la 
antigüedad , porque ignoraban sus sucesos anteriores al diluvio de 
Deucalion. De estos libros sagrados formó Maneton la historia de 
las dinastías de sus reyes , que siguió después Julio Africano , y 
de él copiaron los demás historiadores : con que tampoco com- 
prehende á los egipcios el tiempo adelon de los griegos. De los 
fenicios consta por Eusebio cesariense J , que Sanconiaton su his- 
toriador floreció en tiempo de Abibalo rey de Tiro , y que para 
la composición de su historia se valió de las noticias que conte- 
nían los comentarios de Jerombaal. Varones eruditos creen que 
este Jerombaal es Gedeon : así puede verse en Daniel Huet 2 , Sa- 
muel Bochart 3 y otros ; y lo confirma Filón , que asegura com- 
puso Sanconiaton su historia sirviéndose de los escritos que esta- 
ban depositados en los templos con los caracteres arcanos de los 
ammoneos : de suerte que así por el contenido de esta historia , 
como por los monumentos depositados en los templos , quedan los 
fenicios fuera del tiempo adelon de los griegos. De los babilonios 
y asirios se hace la misma demonstracion , pues tuvieron quatro 
historiadores , Beroso , Abideno , Apolodoro ateniense y Alexan- 
dro polihístor , que todos comprehenden la serie de los reyes de 
estas monarquías desde Adán , que llaman Aloro : con que no es 
posible que conociesen el tiempo adelon. Los chinos tampoco de- 



i Euseb. caesar. lib. i. de pnepar. 2 Huet. T>em. evang. prop. 4. 
evang. 3 Bochan. Gogr. sacr.lib.i.caf.i'j. 



24 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

ben ser incluidos en esta división de tiempos , pues conservan la 
memoria de sus reyes y monarquía , como después de muchos au- 
tores se ve en el padre Duhalde en su gran historia de la China. 
De los pueblos occidentales tampoco pueden ser comprehendidos 
los africanos y españoles : no los africanos , porque es notorio que 
Juba su rey , á quien Plinio 1 alaba diciendo fue mas señalado por 
sus estudios que por su reynado , escribid la historia africana , va- 
liéndose de los monumentos que hallo en el templo de Júpiter 
Amon , y en ella hizo memoria de sus primeros pobladores , y 
comprehendió los sucesos de los tiempos heroycos , á quien cita 
y copia Salustio 2 . 

De nuestros españoles no pudiera haber disputa , si á ellos per- 
tenecen las memorias que los antiguos acuerdan de los atlánticos. 
Pero omitida esta prueba , se evidencia no tuvieron tiempo ade- 
lon d ignorado con el testimonio de Estrabon 3 , que describien- 
do los túrdulos , pueblos de la Bética , afirma conservaban libros, 
poemas y leyes de seis mil años de antigüedad , cuyos años , que 
son los mismos que los de los arcades , esto es de tres meses , cor- 
responden á los tiempos del patriarca Abrahan. Con que sin duda 
quedan las memorias de España sin tiempo ignorado , pues sus 
libros se escribieron en aquellos tiempos antiquísimos de la juven- 
tud del mundo. 

Al contrario los griegos antes de los diluvios de Deucalion 
y Ogíges ignoran sus sucesos , por haber sido un pueblo grosero 
y vagabundo , sin leyes , sin política y sin religión : y así á ellos 
toca y pertenece la división de los tiempos que señaló Marco Var- 
ron > y con ella el tiempo adelon d ignorado , y el mítico , que 
fue aquel en que tuvieron la primera noticia de ios dioses , y en 
que florecieron sus héroes y semidioses. 

Ademas , que la división de los tiempos obstaría quando los 
primeros dioses que venero la antigüedad hubieran sido griegos 
de origen , que entonces se inferiría bien , que los escritores grie- 
gos , que ignoraban los tiempos en que los dioses vivieron , no 

i Plin. //£.$. cap. i i 3 Estrab. lib. 3. 

a Salust. de bell. Jugurth. cap. 18. 



DE 1A HISTORIA, 2 <¡ 

pudieron haber comunicado su historia Á la posteridad ; pero cons- 
ta que los dioses fueron extrangeros de la Grecia. Así lo asegura 
el príncipe de sus historiadores Heródoto , que hablando de su 
religión dice de esta suerte ' : Eos atenienses entre los griegos fue- 
ron ¿os primeros enseñados por los pelasgos. Estos antes en la in- 
vocación de los dioses inmolaban todas las cosas , como yo lo oí en 
Dodona ; y tampoco llamaban con algún nombre 6 cognombre á algu- 
no de los dioses , porque aun no los habían oido. Después de mucho 
oyeron los nombres de los dioses traídos de Egipto , después de los 
quales muy tarde oyeron el nombre de Dionisio. Algo después consul- 
taron sobre estos nombres al oráculo de Dodona , parque este es te- 
nido por el mas antiguo de toda la Grecia , y era el tínico que había 
en aquel tiempo. Consultando pues los pelasgos en Dodona si habían 
de recibir los nombres que les comunicaban los bárbaros , respondió el 
oráculo que usasen de ellos. 

Ni es del presente asunto disputar si los dioses de la gentili- 
dad son los patriarcas de las sagradas letras , como quieren algu- 
nos eruditos , o' si fueron reyes de Fenicia ó de Egipto d de los 
atlánticos o de otra nación : lo cierto es que no fueron griegos. 
Constando pues que los sucesos de los dioses pueden incluirse en 
la historia sin recelo del tiempo adelon , es constante que tam- 
bién pertenecen á ella los sucesos de los héroes y semidioses: pues 
aunque muchos de ellos fueron griegos , á este tiempo se hallaba 
ya la Grecia en otro estado que el primero de los tiempos anti- 
quísimos. Los héroes del gentilismo son seguramente posteriores 
á la colonia que Cadmo desde Fenicia llevo á Grecia , y con ella 
es cierto llevo las letras , de que han hecho demostración varios 
eruditos : con que ya desde entonces se hallaron los griegos con 
el socorro necesario de las letras , para comunicar á la posteridad 
las acciones y sucesos que elevaron al heroísmo á sus naturales. Ni 
embaraza el nombre de fabuloso que Varron da á aquel tiempo 
en que florecieron los héroes ; pues la causa , aun entendida en sen- 
tido el mas riguroso , es que la historia de los sucesos se halla 
mezclada con velos , adornos y alegorías. Así será el empleo del 

i Herod. lib. 2. 

D 



26 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

historiador ( como lo ha sido hasta ahora de los mas eruditos de 
todas las naciones) destexer y disipar estas nieblas , separar el re- 
bozo de la verdad , para colocarla en el trono de la historia. 

No es dudable según Heródoto que los egipcios instruyeron 
á los griegos en la religión , enseñándoles la historia , nombres, 
patrias y sucesos de los dioses. También es cierto que Cadmo co- 
munico' y enseñó á los griegos el uso de las letras , y así los puso 
en estado de escribir historia , la que sin duda subsistía quando 
escribieron Homero y Hesíodo , los quales fueron tan antiguos, 
que aun quando no hubiera escritos que lo acordasen , pudieron 
escribir los sucesos fundados en tradiciones muy recientes. Otras 
muchas obras antiguas habia escritas , que sin duda á vista de las 
de Homero y Hesíodo fueron olvidadas y perdidas , y de estas 
pudieron copiar los sucesos que no habían escrito aquellos dos 
poetas , sus sucesores Sófocles , Eurípides y los demás poetas en 
verso, así como lo tomaron de otras obras que en su tiempo per- 
manecían los dos historiadores Diodoro de Sicilia y Apolodoro 
ateniense , que escribieron estos sucesos en prosa. 

Pero aun quando no hubiese habido escritor griego anterior 
á Homero y Hesíodo , pudieron estos por otros medios escribir 
sus obras ; pues tuvieron las pinturas , las fiestas , los juegos y las 
estatuas , todos mudos documentos de la antigüedad : y en solo 
Atenas advierte Pausánias habia pinturas y estatuas en todos sus 
barrios y templos , de suerte que acaso ellas solas bastarían. Pero la 
misma obra de Pausánias prueba lo dicho , pues al tiempo que des- 
cribe la Grecia , hace memoria de repetidos sucesos que se halla- 
ban representados en estatuas , pinturas , votos y otros monumen- 
tos de sus ciudades. 

Ademas , que sin estos socorros es cierto que varios hombres 
doctos de la Grecia anteriores á Homero , y en el tiempo mismo 
que Varron llama fabuloso , pasaron á Egipto , y allí ñieron ins- 
truidos en la historia de los dioses por sus sacerdotes. Así consta 
de Diodoro sículo l que lo escribe con estas palabras hablando de 
los egipcios : Los sacerdotes leen en sus anales que pasaron á su 

i Diodor, sicul. ¡ib. i. cap ¿6. 



DE 1A HISTüHIA. 27 

"país Orfeo , Musco , M el ampo y Dédalo : y no hay alguno de ellos del 
qual no se muestre alguna memoria , como su retrato , 6 alguna obra, 
ó algún lugar que conserve su nombre ; dando también varias prue- 
bas que demuestran como estos sabios tomaron de los egipcios lo mas 
singular que enseñaron de las ciencias que han profesado. Dicen que 
Orfeo tomó de ellos muchos himnos de los dioses , y sus orgias , y la 
fábula del infierno , las penas de los impíos , los campos elíseos y el 
uso de las estatuas. Afirman que Melampo pasó á Grecia las fiestas 
de Baco , la historia de Saturno , la guerra de los Titanes , y los 
trabajos y pasiones de los dioses : de suerte que Homero y Hesío- 
do tuvieron las noticias que hallaron en las obra* de estos sabios 
antiguos. 

XII. Las mismas clases en que todos los antiguos dividieron 
los dioses comprueban que muchos de ellos fueron hombres. He- 
rddoto l asegura que los egipcios los dividian en tres clases , de 
las quales con ocasión de Hércules dice : Entre los griegos Hér- 
cules y Pan son los últimos de los dioses ; pero entre los egipcios 
Pan es un dios mas antiguo y del número de los ocho que son los 
primeros de todos : Hércules está en la clase de los segundos , que 
son en el número de doce : y Baco está en la de los terceros , que 
son los hijos de los doce dioses de la segunda clase. Por este tes- 
timonio de Herddoto se reconoce , que á lo menos los dioses 
de la segunda y tercera clase fueron hombres reales , pues engen- 
draron y fueron engendrados. 

La mas común opinión de los autores modernos divide los 
dioses en dos clases , en grandes dioses d dii majorum gentium , á 
quienes también llamaban dioses comentes ó consulentes , esto es, 
dioses del consejo ; y en dioses menores , d minorum gentium : 
aunque después también añadieron los que llamaron selectos. La 
segunda clase de dioses menores fueron aquellos que solo eran 
venerados en una á otra nación , como Derceto y Semíramis 
entre los asidos, Fauno entre los latinos , Táges entre los tos- 
canos , Sanco por los sabinos , Juba por los mauritanos , Aristeo 
en la isla de Coo , Amfiloco entre los cilices , Alexandro mag- 

1 Herodot. lib. 2. cajj. 14.J. 

Da 



28 MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

no por los calcidenses , Endovélico y otros por los españoles , y 
generalmente todos los dioses llamados semones ó semidioses son 
comprehendidos en esta clase : y claramente se dexa conocer por 
los referidos que fueron todos hombres mortales , que por sus 
hazañas tí otras singularidades fueron elevados como dioses. 

Los dioses mayores ó comentes fueron doce , seis varones y 
seis hembras , que se comprehenden en estos versos. 

limo , Vesta , Minerva , Ceres , Diana , Venus ; Mars> 
Mercarías , lovi' , Neptunus , Vulcanus , Apollo. 

Cuya distinción de sexos prueba bastantemente haber sido per- 
sonas mortales. 

XIII. Difícil fué siempre separar la verdad de lo falso quando 
está mezclado y confuso , mientras no tengamos la clave que lo 
discierna. Algunos se han dedicado al estudio de destexer las 
fábulas , entresacando el suceso histórico en las de esta especie ; 
y no podrá negarse la mucha viveza de discurso que esto necesi- 
ta , ni el mucho provecho que de ello se saca. Por eso se han pres- 
crito tales reglas para conseguirlo , que quando no se alcance en- 
tera seguridad , se logrará á lo menos la verisimilitud. 

Lo primero se debe notar , que los hechos que las fábulas re- 
fieren regularmente son ciertos y verdaderos , y solo son falsos 
los adornos y circunstancias con que se halla vestido el suceso : así 
como es cierto que Aquíles se vistió unas armas muy fuertes , y 
falso que se las fabricase Vulcano , y así otras semejantes. Por lo 
qual el historiador debe tener presente la juiciosa crítica de Es- 
trabon sobre los vÍ2ges de Ulíses , en que Homero mezclo va- 
rias fábulas. Dice pues este autor l : Poniéndose la historia anti- 
gua delante de los ojos , se debe examinar sobre este pie lo que di- 
cen aquellos que sostienen que Ulíses navegó los mares de Italia 
y Sicilia como escribió Homero , y aquellos que lo niegan : porque 
estas dos opiniones tienen cada una sus dos estreñios , bueno y ma- 
lo , en que consistirá tener razón ó engañarse. Tendrála el que crea 

i Estrab. lib. i. 



1)£ LA HISTORIA, ¿n 

que Homero , persuadido de que Ulíses había sido lle<vado a todos 
estos lugares por el mar y 'viento , tomó por fundamento de su poe- 
ma este hecho "verdaderísimo , que él trató como poeta , adornando 
con la ficción sus hechos , porque "verdaderamente se hallan en es- 
tos mares vestigios de sus "viages. Pero se engañará el que ten- 
ga por una historia circunstanciada el resto de la Jiccion , como su 
océano , sus infiernos , sus metamorfosis , la fígura horrible de Esci- 
ta , la del Ciclope y las restantes. El que quisiere admitir todas es- 
tas circunstancias como verdades históricas merecerá ser despre- 
ciado , como el que creyere que Ulíses "verdaderamente arribó á Ita- 
ca de 'la manera que Homero lo refere. 

La segunda regla será sobre estas mismas circunstancias y 
adornos de las fábulas , los quales hemos dicho que por lo re- 
gular son falsos ; pero no siempre , porque algunas veces son ver- 
daderos, y otras, aunque en lo interior contienen verdad, su ex- 
terior es fabuloso. El modo pues de distinguirlos es observar 
lo que contienen de sobrenatural ú opuesto á la razón y recto jui- 
cio , y entonces viniéndose á los ojos que aquella exterioridad es 
fabulosa , deberá el historiador examinar si en ella está cometi- 
da alguna figura retorica que corresponda al suceso , y entonces 
destexerla é historiarla libre de figuras. Esto se ve freqüente- 
mente en Homero, que introduce á cada paso á los dioses en 
los pasages de su Ilíada y Odisea. Deberá atribuir el historiador 
á la prudencia y buena conducta de los generales lo que él atri- 
buye á Minerva : al valor de Héctor y otros lo que refiere de 
Marte. Las nubes misteriosas en que Palas encubrid á Ulíses 
acaso no son otra cosa que las sombras de la noche , á favor de 
las quales entró Ulíses sin ser reconocido en la ciudad de Fea- 
cia. Quando dice que Mercurio conduxo á Príamo á la tienda 
de Aquíles á recobrar el cuerpo de Héctor , podemos creer que 
Príamo quiso conquistar con presentes y dones la voluntad del 
vencedor , y rescatar de él el cuerpo de su hijo. Quando este y 
otros poetas dicen que una diosa o un dios saco á un héroe de 
un combate , hemos de creer que este es un disfraz con que qui- 
sieron encubrirnos su huida. Quando los poetas hablando de los 
gigantes dicen que sus cabezas tocaban en los cielos , nos qui- 



«o MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

síeron expresar su soberbia y la altivez de sus pensamientos. Así 
también en otros casos con circustancias fabulosas comprehendie- 
ron y dibuxaron el carácter de las personas y las circunstancias 
verdaderas del suceso. 

La tercera regla á que deberá atender el historiador , es no- 
tar si el suceso que refieren los poetas se halla en algún pane- 
gírico d en cánticos hechos en elogio de algún príncipe. Para lo 
qual es de advertir que los egipcios practicaban estas especies 
de elogios fúnebres en la muerte de sus reyes , como lo asegura 
Diodoro l , y los griegos , grandes imitadores de los egipcios , usa- 
ron este mismo rito , no solamente en elogio de sus reyes , sino 
también en el de otras muchas personas que habían executado 
alguna acción ilustre y memorable. Los reynos practicaron esta 
costumbre en honor de sus capitanes y emperadores. En to- 
das estas obras el historiador deberá caminar con cautela , y ad- 
vertir que el escritor que lee procede como orador y panegi- 
rista , el qual con su fantasía dio lugar en su obra á todas las 
ideas que pudieron adornar el carácter de su héroe > muchas ve- 
ces contradiciendo la verdad. Así Homero de una muger infiel 
hizo casta y virtuosa á Penélope , según lo expresan varios au- 
tores: y Virgilio de un traydor á su patria, un héroe lleno de 
piedad. Pero así como se observa en esta clase de autores un 
exceso increíble en elogio de sus héroes , se nota igualmente el 
exceso en los vicios de sus contrarios , como se ve en el mis- 
mo Virgilio , que en odio de Cartago , émula de Roma , trastor- 
nando la cronología hace á Dido , que consta fué una prince- 
sa honestísima , ciega de una pasión amorosa con que corrom- 
pió su castidad , y desesperada se entrego á las llamas : siendo 
así que esta acción refieren las historias la executó por conser- 
var con pureza su viudedad , y no querer consentir en segundas 
nupcias. 

La quarta regía que con especial cuidado debe tener pre- 
sente el historiador , es , que debaxo de un mismo nombre están 
comprehendidas diferentes personas , como vemos en los de Jú- 

i Diodor. lib. i. 



PELA HISTORIA. 31 

piter y Neptuno : de los qualcs en el primero se aplicaron al 
hijo de Saturno las acciones de varios reyes de Creta y de Otras 
provincias, y en el de Neptuno se confunden varios príncipes 
poderosos en la mar: como también al Hércules griego atribu- 
yeron las hazañas de otros héroes. En cuyos casos el historia- 
dor deberá distinguirlas dando á cada uno las acciones cjue le 
corresponden según la cronología , sitio del suceso, concurrencia 
de otros héroes , y otras señas que nos han dexado los antiguos. 

Lo quinto , deberá notar el historiador , que al contrario á un 
mismo príncipe ó héroe solían llamarle con distintos nombres , 
según la variedad de idiomas de los países en que habia sido co- 
nocido. De esta suerte el Mercurio de los latifros es lo mismo 
que el Hérmes de los griegos , el Taut de los egipcios y el Teu- 
rates de los galos : lo mismo sucedió á Pluton , que le llamaron Dis 
los celtas , Ades los griegos , Sumano los latinos , y Sorano los sa- 
binos , cuyo conocimiento debe tener presente el historiador pa- 
ra no multiplicar de una persona tres o quatro. 

La sexta regla es , que de los dioses que tienen alusión á la 
física casi ninguno pertenece á la historia. De este número son 
Aqueloo , Aretusa , las Nereydas , las Sirenas , los Tritones , las 
Neyades , Oriades y Hamadriades. 

La séptima regla es, que en aquellos dioses que tienen el nom- 
bre de los planetas , astros , y caracterismo del cielo , deberá dis- 
tinguir lo físico y "que pertenece á la naturaleza , y los efectos 
y acciones que de ellos como de causa física refieren las fábulas, 
y excluirlo todo de la historia. 

La octava regla será , examinar los nombres y reconocer de 
que idioma es la voz en su origen , y que significados tiene en él, 
con lo qual se descifrarán muchas fábulas , y se hallará la verdad 
de la historia. Así la palabra alfa ó Ufa en la lengua fenicia , sig- 
nifica igualmente un toro que un navio , por cuyo motivo los 
griegos en lugar de decir que Europa habia sido robada en un 
navio , escribieron que Júpiter convertido en toro la habia ro- 
bado. Cadmo era de Canaan en donde estaban los pueblos he- 
r veos; y porque esta voz en lengua siriaca significa serpiente , fin- 
gieron que Cadmo se habia mudado en serpiente. La voz eol 



«2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

ó chol significa tempestad , y por eso dixeron que Eolo era dios 
de los vientos. La voz sin significa un cántico , de donde tuvo 
origen la fábula de las sirenas. La raiz de esta voz fenicia 
nahhas significa igualmente guarda d dragón ; y de aquí proce- 
dió la fábula de los celebrados dragones, uno que guardaba el 
jardín de las Hespérides , otro el vellocino de Coicos , otro la 
cueva de Delfos , otro la famosa fuente de Tébas. No tiene me- 
nos equívocos la fábula tomados déla lengua griega. Crios fué 
el nombre del ayo de los hijos de Atañíante , y porque esta 
voz en griego significa carnero , fingieron que ellos sobre un 
carnero se habian huido á Coicos. La voz licaon significa el 
lobo , por lo qual dixeron que este príncipe se habia conver- 
tido en lobo. Escribieron de Ciro que habia sido alimentado 
por una perra , porque la muger que le crio se llamaba en len- 
gua de los medos Spaco , que según Heródoto I quiere decir per- 
ra. Publicaron que Venus era hija de la espuma , porque Afrodite, 
que era el nombre de esta diosa , significa la espuma. 

La nona regla que deberá observar el historiador , será acu- 
dir á las historias antiguas de aquella nación singularmente á 
quien pertenece la fábula ; y sino á las de sus vecinas ú otras 
que tuvieron con ella comunicación y comercio : y si en ellas 
no hallare luz , recurrirá á las inscripciones , medallas y demás 
monumentos de la antigüedad. 

Finalmente consideramos que las deducciones que debaxo de 
estas reglas se hicieren de las fábulas serán mas d menos pro- 
bables y ciertas , según fueren mayores d menores los fundamen- 
tos , que es el único modo de graduar en común su estimación: 
y porque ni la proposición lo pide , ni puede con brevedad exe- 
cutarse , omitimos el argumento individual sobre la fe que po- 
drán merecer las noticias así colocadas en la historia. 

Pero no consigue poco el que descubre algunas luces de unos 
tiempos tan obscuros y confundidos con la ficción , con lo qiíal 
se abre la senda á los sucesivos , en que la verdad se ha con- 
servado menos ofuscada : ni es posible negar la utilidad de un 

i Herodot. lib. 2. 



DE LA HISTORIA. "« 

estudio, que sobre haber sido de los primeros padres de la igle- 
sia para convencer á la gentilidad le han adoptado después , 
aunque con menos noble motivo, muchedumbre de varones doc- 
tos , siendo mas preciso al historiador para la noticia , aun quan- 
do no quisiera admitirle para la verdad. De algunos haré un bre- 
ve catálogo , especialmente de aquellos que la han emprehen- 
dido en obras enteras o dilatadas. De los antiguos fueron Apo- 
lodoro ateniense en su biblioteca , de quien dixo Escalígero , que 
si se coordinase , formaría una selecta cronología : Diodoro de 
Sicilia en los libros de su historia : Higino en sus fábulas y en su 
astronomía : Antonino Liberal en sus metamorfosis : y Palefato en 
su obra de non credendts fabulosis narrationibus : Conon en sus 
cincuenta narraciones : el autor de las cosas increíbles : Eratoste- 
nes cireneo en su catasterísmos : Salustio el filosofo : Germá- 
nico César d el que fué autor de los comentarios á los fe- 
nómenos de Arato : Heráclides pdntico en las alegorías de Ho- 
mero : Fulgencio Planciades en su mitología : Tolomeo Efestion 
en lo que ha quedado de sus siete libros sobre la mitología : 
como también Partenio de Nicea , y otros. 

De los modernos Natal Comité en su mitología : Juan Bo- 
cado en la genealogía de los dioses : Lilio Giraldo historia de 
los dioses : Vigner en su comentario á las tablas de Fildstra- 
to : los eruditos comentadores de los mármoles de Paros , y 
de Arundel : Cumberland en su comento á Sanconiaton : Selde- 
no , de los dioses de Siria : Atanasio Kírker en su Edipo egip- 
ciaco : Juan Gerardo Vosio,dcl origen de la idolatría : Samuel Bo- 
chart en el Faleg y Canaan : M. r le Clerc en diversos tratados, 
singularmente sobre Hesíodo : M. 1 Huet , demonstracion evan- 
gélica : el padre Tomasino , lección de los poetas : el autor del 
Homero hebraizante : Daniel Calsenio , teología gentil : Juan Fe- 
derico Hervat , teología étnica : M. 1 Lavaux , conferencia entre 
la fábula y santa escritura : Tomas Hide , religión de los an- 
tiguos persas : M. r Spon , misceláneas eruditas : Tomas Gáleo, 
notas á Apolodoro : Meursio en su Gracia feriata : Montfau- 
con , reflexiones críticas sobre los antiguos pueblos : M. r Si- 
món , disertación de los asilos : el abad Banier en su mitolo- 

E 



24 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

gía : Olao Rudbek en su atlántica : los tesoros de Grevio y de 
Gronovío : Pezron , antigüedades de los celtas : el Abulense , so- 
bre Eusebio : Luis Vives en sus comentarios á la ciudad de Dios 
de san Agustín : Moya en su filosofía secreta : Pellicer en va- 
rias obras , especialmente en el aparato á la monarquía de las 
Españas : y la real academia de las inscripciones y bellas letras 
de Paris en muchas disertaciones de sus individuos. 



EXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXJ» 

DISERTACIÓN 

SOBRE EL ORIGEN DE LOS DUELOS, 

desafíos y leyes de su observancia , 

CON SUS PROGRESOS 

4 
HASTA SU TOTAL EXTINCIÓN. 

DE DON MARTIN DE ULLOA. 



D. 



r esde las primeras noticias que se hallan de nuestra nación 
en la historia se ven pruebas patentes del valor y magnanimidad 
de los españoles. ¿ Quien no admira el lastimoso estrago de Sa- 
gunto ? ¿ A quien no pasman las hazañas y arrestos de los nu- 
mantinos ? ¿ Quien no se espanta de la tolerancia de los cala- 
gurritanos ? ¿ Quien no ensalza la fortaleza , y paciencia en los 
tormentos del esclavo que quito la vida á Amílcar? ¿Y quien 
finalmente no pondera el valor y destreza militar de Viriato? 

Entre las acciones que causaron mayor admiración á los ro- 
manos , fué una la que refiere Livio sucedió quando vuelto Esci- 
pión africano el mayor á la ciudad de Cartagena que había con- 
quistado , cumplid los votos que habia ofrecido á sus dioses , y ce- 
lebro los juegos de gladiadores que para las exequias de los dos Es- 
cipiones , Cneo y Publio su padre y tio , tenia prevenidos l : En 
ellos , dice , ocurrió un nuevo espectáculo ; no de aquella especie de 
hombres de que suelen hacer grangeria los que para estas contiendas 
los compran , esclavos y libertos que ponen á ganancia su sangre : allí 

. i Livius , lib. 28. cap. 21. 

E 2 



/ 



2 6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

fué voluntario y sin precio el exercicio de los que batallaron. Unos 
fueron enviados por los régulos para ostentación del valor de que 
se precia aquella gente. Otros se ofrecieron á pelear ellos en gra- 
cia del capitán. A otros traxo á batalla la emulación para que pro- 
vocasen , y para que provocados la admitiesen. Algunos , aquellas 
disputas ó pleitos que no habían podido ó querido finalizar con 
rabones , estipulando entre sí que el vencedor fuese dueño de la alha- 
ja contenciosa , las determinaron con las armas. Ni solo personas de 
linage obscuro y desconocido , si también esclarecidos é ilustres , Cór- 
bis y Orsua , primo sher manos , que como disputasen sobre el principa- 
do de su ciudad Ibe , se ofrecieron á decidir su contienda con la espa- 
da. Córbis era mayor en edad , pero el padre de Orsua habia tenido 
próximamente el principado después de la muerte de su hermano ma- 
yor. Qjieriendo Escipion que se ventilase el derecho con razones > 
y apaciguar de este modo las iras , ambos dixeron , haber sido ne- 
gado esto á los parientes de uno y otro , y que á ninguno de los dioses 
ó hombres tendrían por juez sino á Marte. El mayor , feroz con la 
fortaleza , el menor con la lozanía de la edad, mas deseaban la muerte 
en la refriega , que la subordinación del uno al otro. Como no pudiesen 
ser apartados de su furiosa saña , sirvieron de espect ácido insigne al 
ex ér cito , y de muestra de quan grave mal sea entre los mortales el 
deseo de reynar. El mayor con el uso de las armas y la astucia , con 
facilidad venció las indiscretas fuerzas del menor. 

Lo plausible y nuevo del suceso , que entonces suspendió los 
ánimos de los que lo miraban en admiraciones , no menos mo- 
vió el de la academia , para que cotejadas sus circunstancias con 
la costumbre de los duelos tan comunmente después establecida, 
juzgase conveniente para ilustración de esta y otras muchas no- 
ticias posteriores de nuestra historia , encargar á mi cuidado la 
investigación de su origen , progresos y extinción , creyendo fue- 
sen mis fuerzas capaces de desempeñar tan delicado asunto , quan- 
do solo la resignación obediente es el caudal de que puedo ha- 
cer ofrenda ante sus aras. 

I. Antes de formar descripción d definición del duelo , es for- 
zoso investigar el sentido á que al presente esta voz ha que- 
dado reducida , y cuyo significado vamos á descifrar. Para lo que 



DÉLA HISTORIA. «_ 

es de advertir , que la voz duellum , atendida su primera y ori- 
ginal acepción , y como la usaron los antiguos escritores , ningu- 
na otra cosa significaba que lo que la voz bellum , qualquicr gé- 
nero de guerra. Afírmalo M. Varron ' , y asi la usó Horacio en 
sus epístolas tratando de la guerra de Troya por el robo de Elena. 

Gracia barbaria lento collisa duello. 
Lo que con otros escritores comprueba Pedro Gregorio 2 , de 
cuya significación provino llamar a los enemigos perduelles , se- 
gún afirman con el jurisconsulto Cayo 3 las autoridades de Ci- 
cerón , Marco Varron y Festo. Pero después solo quedo contraí- 
da á significar la singular pelea de dos o quatéo o pocas mas 
personas ; de cuya circunstancia algunos han creído traer su eti- 
mología , como si fuese dnorum bellum. A cuyo parecer no es fá- 
cil asintamos, no habiendo sido esta su primer significación; sí 
solo á que se derivase de ditaram partium bellum, como sienten 
Menchaca , Bocero , Hotomano y otros 4. 

Esto supuesto , la voz duelo en general se puede definir , que 
sea singular batalla de dos ó quatro ó pocas mas personas , para que 
así comprehenda todo lo que en diversos tiempos se ha enten- 
dido debaxo de este común nombre , después de la primer ge- 
neral acepción suya. Solo resta para evitar confusión el nume- 
rar sus especies , que aunque muchas , las mas principales se po- 
drán ahora muy bien reducir al número de dos. 

La primer especie de duelo, y que con justa razón se vé ad- 
mitido entre las mas sabias y políticas naciones , es el que se exe- 
cutaba al tiempo de estar los exércitos opuestos para darse la ba- 
talla , y por bien común de ambos , y escusar la muerte de mu- 
chos que en ella habían de perecer , o por salvar el honor de 
aquel que era provocado del otro campo , ú otra causa seme- 
jante , peleaba uno del un exército con otro del contrario. Así 



i M. Varr. de ling. lat. Ub. 6. ■&. de verb. sing. Cicer. i . Offic. Varr. 

Horatius. Ub. i. epist. 2. Ub. 4. Ó- 6. de ling. lat. 

2 Petr. Greg. Ub. A^.Synt. cap. 16. 4 Menchaca lllust. jurís controv. 
n. 2. Dufresnc in glosario med. & Ínfima Ub. 1. cap. 11. Bocer. de duell. Hoto- 
latin. verb. duellum. man. defeud. cap. 42. 

3 Cajus in l. Quos tíos hostes , 234. 



og MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

sucedió entre los dos exércitos israelita y filisteo T , quando 
Goliat fiado en su corpulencia y desmesurada estatura , no so- 
lo provocaba á los de Israel , sino que infundid en ellos tal mie- 
do , que á no haberlos alentado el esfuerzo de David con la ba- 
talla , y asegurado después con el triunfo de su competidor, to- 
dos hubieran sido mísero despojo de la enemiga saña , sino se 
valían de la fuga. 

La segunda especie de duelo es , quando la batalla solo se 
emprehendia d por satisfacer la propia estimación de la injuria 
recibida , d por salvarla de algún delito de que fuese indiciada, 
d por poner fin á los particulares pleitos y debates , d finalmen- 
te para probar algún suceso oculto d alcanzar la gloria de des- 
treza en el manejo de las armas. Por lo que con Lignano y 
otros 2 se puede esta segunda especie definir , diciendo ser cor- 
poral combate deliberado de dos , á fin de justificarse , de alcanzar 
gloria , ó de aumentar el encono , con respecto á los regulares fines 
con que se solia executar el duelo. 

A esta segunda especie suele vulgarmente atribuirse el nom- 
bre desafio , derivado de la bárbara latinidad de los posteriores 
siglos , en latín dijfidamentum , del verbo dijjidare , que se regu- 
la lo mismo que a fide deficere ; y asimismo el nombre repto , 
tomándolos indiferentemente por lo mismo que la voz duelo, 
solo por ser circunstancias que á él solían preceder , como ve- 
remos abaxo tratando de su distinta naturaleza y proprio sig- 
nificado. 

A ambas especies de duelo corresponde también la voz grie- 
ga monomachia , compuesta de la partícula monos , que significa 
uno d solo , y la voz machia , que significa pelea , esto es , bata- 
talla singular , ó de uno á uno ; pero tan latinizada , que es muy 
freqüente su uso en todos los escritores ; por lo qual es forzo- 
sa su prevención. 

II. Dudosos son casi siempre los orígenes y principios de 
las cosas , d porque el tiempo que destruye las memorias y 



i i. Reg. cap. 17. 

2 Joannes de Lignano de duello. Uptonus de milit. offic. lib. 2. cap. 3. 



DÉLA HISTORIA. «O 

antigüedades , no ha permitido se nos conserven los monumen- 
tos donde se contendrían , 6 porque siendo por lo regular los 
principios pequeños y despreciables , no merecieron entonces ser 
colocados en la serie de los sucesos dignos de memoria , los que 
después quando yá con la edad habían crecido á desmesura- 
da grandeza y notable estimación , distantes de sus pequeñas y 
desconocidas fuentes , apenas las encuentran sino por conjeturas 
y generalidades. Esto que en las demás cosas sucede , se ve me- 
jor en las costumbres, que teniendo su cuna en la acción par- 
ticular de alguno d algunos , va poco á poco impresionándose en 
los ánimos hasta llegar con la suavidad de haber unido muchas 
voluntades á adquirir la vigorosa autoridad de soberana y res- 
petable fuerza de ley. 

Siendo pues nuestro asunto los principios y origen de una 
inveterada costumbre , es forzoso confesar desde luego, que so- 
lo se le podrán encontrar conjeturales y con alguna especie de ge- 
neralidad. Lo qual supuesto , si quisiéramos entender por duelo 
lo que en su mas amplia significación comprehende , hallaríamos 
su uso no solo admitido en el escogido pueblo de Israel , sí tam- 
bién entre el común de todas las gentes , y casi igual su estable- 
cimiento á la introducción de la guerra entre las naciones ; y así 
como ellas , según el jurisconsulto Hermogeniano y otros r , por 
haber sido inducidas con el común consentimiento se atribuyen 
al derecho de las gentes , del mismo modo el duelo , como par- 
te de la guerra quando en ella se exercía , se puede juzgar es- 
tablecimiento del derecho de las gentes. La común admisión de 
él la comprueban diversos exemplares de naciones en quienes se 
ha visto practicado. De los israelitas y filisteos lo que dexa- 
mos referido. De los griegos y antiguos latinos lo afianzan los 
que hubo en la guerra de Troya entre Héctor y Aquíles y 
otros , y en la de Alba entre Turno y Eneas , que refieren Ho« 
mero y Virgilio. Entre los romanos y naciones con quienes guer- 
reaban , lo atestigua el caso de T. Manlio con un bárbaro del 

i Hermosenian. in L Ex hoc jure, &c. D. Isidor. lib. <¡. Etymolog. cap. 
■a. de just. & jur. Justin. in §. Jus au- 6. in c. Jus genthtm , dist, i. 
tem gentium Instit. de jur. nat.gent. 



40 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

exército de los galos senones, á quien vencido quito el collar do- 
rado que le adquirid el sobrenombre de Torquato , cuya batalla, 
citando á Q. Claudio Quadrario en el primero de sus anales , 
nos pinta Aulo Gelio ' , y cuenta Livio , Floro y otros historia- 
dores. El que con otro de los mismos galos tuvo M. Vale- 
rio siendo tribuno militar , que también refiere Gelio y otros 2 , 
de cuya contienda , por el cuervo que puesto sobre su mor- 
rión le ayudo á vencer á su contrario , saco también el sobre- 
nombre de Corvino. El que en España se cuenta acaecido en- 
tre Escipion Emiliano y un célebre capitán celtibero que que- 
do vencido en la refriega , como dicen Livio, Floro y Apiano. 
Y porque omitamos otros , el que entre los tres hermanos me- 
llizos los Horacios, y de otra parte los Curiacios, hubo para fi- 
nalizar la guerra entre Alba y Roma , que disputaban sobre el 
principado ; en que vencedor el último de los Horacios , se le ad- 
quirió á su patria Roma , como refieren sus historiadores 3. De 
los vándalos y suevos lo dice también san Gregorio turonen- 
se 4 , quando teniendo entre sí sangrientas guerras por la pose- 
sión de España , deliberaron nombrar de cada parte un mucha- 
cho para que pelease por todos ; y vencido y muerto el de los 
vándalos fueron estos, según el pacto, obligados á salir de la pro- 
vincia , y se pasaron al África. En otras naciones hubo otros , de 
suerte que así como en las guerras antes de llegar al trance de 
la batalla se ven escaramuzas y otras pequeñas contiendas ; así tam- 
bién estas peleas singulares : las que executadas con permiso de 
los capitanes, no solamente no son ilícitas , sino á veces útiles 
y convenientes , como sienten los DD. 5 pues por ellas , con el 
peligro de pocos , se decidían las guerras en que habia de sobre- 
venir el de muchos j o por estar así pactado , d por el ánimo que 



i A Gellius. lib. 9. Noel, attic, c. 4 Greg. tur. //£. i.Hist. franc.c.i. 

13. Livius lib. 7. cap. 10. Flor, de gest. 5 Alphons. Guerrer. in sepul. prin- 

rom. lib. 1. cap. 13. cip. c. 46. Vasq. Menchac. Cont. ilhist. 

2 Gellius lib. 9. cap. 11. Flor, ubi lib. 1. cap. 12. Ayala de jur. 6 1 offic. 
sup. Liv. lib. 7. cap. 26. bell. lib. 1. cap. 3. «. n. Paul. Voet. 

3 Livius lib. 1. Flor. lib. 1. cap. 3. de duello cío. Lar. Alleg. 117. n. 47. 
Dion. halicarnas. lib. 3. Bocerus. de duello , c. 3. «. 2. 



DE JCA HISTORIA. 41 

infundían en l.i parto del vencedor , y descaecimiento al contra- 
rio en la del vencido. Por lo que siendo justa la guerra en 
que intervenían , también ellas se reputan legítimas y permiti- 
das ; si no es que acaso fuesen solo executadas por vana osten- 
tación. 

Así vemos preferido su uso en muchos exemplos modernos que 
traen las historias , en que , o' ya por decidir el caso de la guerra, 
o' ya para mostrar el valor de los soldados y alentar á los demás, 
entre exercitos opuestos ha sido el duelo ofrecido y practicado. Sa- 
bido es el que hubo en Ñapóles en tiempo del rev católico junto 
á la ciudad de Barleta entre once franceses y otros tantos españo- 
les , de cuyo número era el celebrado Diego García de Paredes, 
sobre decidir quql nación se debiese reputar mas valiente y belico- 
sa , con permiso de los generales ; en que quedo indecisa la victo- 
ria , aunque no la ventaja á favor nuestro , por haber sido de los 
franceses muerto el uno , rendido otro , y nueve heridos , con 
nueve caballos muertos ; quando de los españoles solo uno fue ren- 
dido , dos heridos , y tres caballos muertos l . El que en el cerco 
de Florencia en tiempo de Carlos V hubo entre sitiadores y si- 
tiados. El que en el sitio de Bayona por el rey de Aragón don 
Alonso el batallador hubo entre don Pedro conde de Lara y 
don Alonso Jordán conde de Tolosa , en que el de Lara murió de 
las heridas. Y aun se halla autorizado su uso con la aprobación del 
papa Martino IV en el desafío que sobre el reyno de Sicilia , en 
su presencia y de los cardenales , se trato entre don Pedro rey de 
Aragón y Carlos duque de Anjou ; aunque este no llego á efecto. 

Pero si contraemos la voz duelo á lo que posteriormente con 
ella se significa , esto es , batalla para justificar su particular honra 
d interés , es forzoso buscarle origen muy distinto. Este con don 
Gerónimo de Urrea 2 se podría colocar en la arriba mencionada 
contienda de Corbis y Orsua , en que solo intervino la decisión 
de su particular causa. Pero siendo preciso buscar á los duelos ob- 
servados en estos últimos tiempos enlace que los una con su pon- 



1 Manan, de reb. Ifisp. lib. 27. 1 Diálogo de la verdadera honra 
cap. 1 5 . militar , part. 1. 

F 



42 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

cipal origen ; y no pudiéndose hallar este en el suceso referido, 
mediante haberse interpuesto la dominación romana y goda , en 
que por sus leyes nos consta no haber sido admitidos juicios se- 
mejantes , es indispensable el recurso á otro principio y mas fun- 
dados medios de su introducion. Este sin duda se encuentra en la 
costumbre que de los pueblos septentrionales asegura Patérculo J , 
que libraban sus pleitos y particulares' negocios por el juicio de 
las armas ; lo que también de los umbricos afirma Estobeo 2 , di- 
ciendo , que el que en él vencia se juzgaba haber tenido deman- 
da mas justa. Siendo pues esta costumbre tan recibida entre aque- 
llos pueblos septentrionales , y habiendo estos después dominado 
la Europa , es fácil inferir que con otras costumbres bárbaras que 
introduxeron , viniese también esta de los duelos y decisión de los 
pleitos por las armas. 

Se comprueba esta conjetura con ver que ni entre los pueblos 
meridionales de la Europa , ni entre los romanos fue admitida esta 
costumbre ; pues aunque algunos refieran á ella el uso de los gla- 
diadores que en las exequias y juegos fúnebres se estilaron en Ro- 
ma , es claro fue especie muy distinta , por el diverso fin á que se 
dirigían , que era solo la diversión del pueblo , el hacer exequias 
o sacrificios á los Manes de los difuntos en cuyo honor se ofre- 
cían , y la ostentación de destreza , fuerzas y valor ; mas de ningu- 
na suerte la decisión de pleito ni de agravios. Supuesto pues que 
su origen le tuvo nuestro duelo en la inculta y bárbara ferocidad 
del septentrión , comunicada á lo demás de Europa por medio de 
sus conquistas ,- pasaremos á notar las naciones donde fue admiti- 
do , y leyes de su observancia. 

III. Es tan sabido el modo con que en los pueblos septen- 
trionales se hacia la averiguación de las causas dudosas y difíciles 
de probar por medio de la purgación vulgar , que es en vano repe- 
tir las circunstancias y freqüencia de su uso. Solo diremos , que 
así como para la justificación de delitos ocultos , de que de otra 
suerte no se podían sincerar , fueron inventados diversos modos 
de purgación vulgar , ya con agua fria ó hirviendo , ya con hierro 

i Lib. 2. 2 Serm. io. 



DE LA HISTORIA. 43 

encendido , y ya por suertes : del mismo modo fue Inducido co- 
mo uno de ellos el del duelo ó batalla singular , en que faltando 
pruebas para convencer el delito ó justificarse de él , se cometía su 
examen al divino juicio , que se creia asistir en el duelo á favor 
de la inocencia , como iremos reconociendo. 

Esto supuesto , y que no todas las naciones septentrionales ad- 
mitieron el uso de los duelos (pues de nuestros godos , aunque se 
halla mención de purgación vulgar por agua hirviendo y hierro 
encendido en sus leyes y algunos historiadores ' , no se habla pa- 
labra de estas singulares batallas para la decisión de las causas) las 
que por ahora nos consta que en algunos casos usaron se notarán 
brevemente. 

En primer lugar entre los borgoñones , por los años de 500 
de Christo , en las leyes que promulgo su rey Gundc baldo , fue 
una 2 , que en las causas en que la una parte se comprometiese en 
el juramento de la otra , si esta no quisiese jurar , sino que juzgase, 
confiado en su verdad , poder convencer á su contrario de la deu- 
da o' del delito que le imputaba con las armas , le fuese permitida 
la batalla , si la otra parte no se conviniese á satisfacerle. Y este es 
casi el mas antiguo testimonio que he podido hallar de la admi- 
sión de los duelos en las leyes de los pueblos bárbaros septentrio- 
nales , no obstante que fuesen usados como costumbre en muchos 
con notable anterioridad. 

De la misma suerte se halla comprobado su uso en las leyes 
de los antiguos alemanes para los pleitos sobre confines y térmi- 
nos de los campos 3 , y otras causas. En las de los bayuarios 4 y ri- 
puarios 5 , aunque en estas con alguna obscuridad. En las de los 
anglios y verinos , por otro nombre turingos , en diferentes lu- 
gares se establecía , que el que negase el delito que le era imputa- 
do , hiciese juramento con el número de sacramentales prevenido 

1 Leg.^.tit. i.lib.6. in cod.Lin- 4 LL. bajvr. tit. %. §. 12. tjt.n,. 

dembrog. S. Ildephons. de vit. illitst. §. 28. tit. 8. %. 2. num. 6. 6- §■ 3. Ítem 

episc. in Mont. tit, 11. §. 6. tit. 12. §.8. é* 9 6* sape 

2 In legib. biirgund'wn. tit. 45. alibi. 

3 LL. alamann. tit. 84. 6* 89. in 5 LL. ripuar. tit. 32. §.4. & tit. 
cod. Lindembrog. alias 83. & 88. apud 59. §. 4. ítem tit. 67. §. J. 



Goldast. Se tit. 77. 



¥2 



44 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

en cada caso , d justificase su inocencia con el duelo á elección 
de aquel á quien perteneciese la causa I . En las leyes de los friso- 
nes 2 en quanto á las causas de libertad , diciendo uno ser otro su 
esclavo , y jurando qualquiera de los dos litigantes , si el otro de- 
terminase negar el juramento , de voluntad de ambos se permitía 
el duelo B . Pero lo que es mas digno de admiración entre estos es 
la costumbre que se dice en las mismas leyes habia entre los rios 
Laubachí y Visara para la averiguación de la muerte executada en 
algún tumulto , y composición del homicidio con los parientes del 
muerto. Esta era , que aquel á quien tocaba el quejarse de la ofen- 
sa , no sabiendo quien era el matador , nombrase á uno y dixese 
que aquel habia muerto á su pariente ; el qual , si quería librarse 
de semejante impostura , debía delante del juez , con otros sacra- 
mentales , jurar no haber cometido el tal delito , y al mismo tiem- 
po señalar otro por autor del homicidio. Si negaba también este, 
juraba como el primero , y ambos salían al campo d daban quien 
por ellos riñese ; y la parte del vencido era obligada á la satisla- 
cion del homicidio. Sacramentales llamaban cierto número de tes- 
tigos que , ó ya parientes d ya vecinos , con el principal juraban 
ser cierto según su creencia lo que este referia. 

Entre los danos , hoy dinamarqueses , refiere Saxon gramáti- 
co 3 haber establecido su rey Froton , que qualquiera causa se ven- 
tilase con las armas ; juzgando mas bien visto el disputar con las 
fuerzas que no con las palabras. Finalmente entre los franceses 
aunque las leyes de los sálicos no dan indicio de que fuese esta- 
blecido por ellos en sus primeros tiempos como ley , lo refieren 
como costumbre igualmente admitida sus historiadores 4 entre los 
modos de justificarse de los delitos que se imputaban ; y de ello se 

i LL. angliorum & werínorum t 3 Saxo grammat. lib. 5. Hist. Dá- 
til. 1. de homic. §. 3. ibi : Et de utro- nix de reg. Frothoiie 3. 
que (iioc est mor te adalingi , vel inge- 4 In vita Ludovici pü , armo 831 
nui) si negaverit , cum duodecimjuret^ de Bernardo quodam : Is ergo impera- 
am in campum exeat , utrum Ule vo- torean adiens modum se purgandi ab 
luerit ad quem causa pertinet. ídem eo qucerebat more francis sólito , scili- 
circa alia tit. 7. §. 6. tit. 8. 14, &• 1 5. cet crimen objicienti semet objicere vo- 

2 LL. frision. tit. n. §. 3. ^ tit. lens , armisque impacta diluere. 
14- §. 4- 



DÉLA HISTORIA. ¿ir 

hace mención en los capitulares así de Cario magno , como de 
Ludovico pío su hijo ' y otros posteriores reyes : pudiéndose con 
justa causa conjeturar , lo tomaron de sus vecinos los borgoñones, 
con quienes desde el rey Clodóveo tuvieron familiar comunica- 
ción ; pues habiéndolos después conquistado Childeberto y Clota- 
rio hijos del mismo Clodóveo , los unieron á la corona de Fran- 
cia entonces dividida. 

Pero entre rodas las naciones bárbaras , á quien suele comun- 
mente atribuirse la introducion del duelo , y de quien toman su 
origen los autores , es la de los lombardos , que apoderados de Ita- 
lia por los años de Christo de 568 , y establecida su imperio en 
ella por mas de doscientos años , introduxeron con él sus leyes y 
costumbres. A este sentir se inclinan entre otros Gerónimo Mu- 
do y don Gerónimo de Urrea 2 fundados , lo primero en que ha- 
biendo el rey Rotáris obtenido el reyno de los lombardos á los 
jj años de haberse establecido en Italia según Paulo diácono 3 , ya 
confiesa ser esta costumbre tan antigua en su pueblo , que no creia 
pudiese su regia autoridad desarraigarla 4 : y lo segundo en lo di- 
latado del imperio de los lombardos en Italia, en ser allí donde con 
mayor freqiiencia se vieron posteriormente admitidos los duelos, 
y en no constar de las otras naciones que en ella entraron seme- 
jante costumbre. 

Pero para que conste sobre que principios se suelen fundar 
edificios muy elevados , es preciso notar el modo y circunstancias 
con que por las leyes de los longobardos eran permitidos los due- 
los. Y en primer lugar el rey Rotáris , que según Paulo diáco- 
no 5 fue el primero que reduxo á escrito las leyes que antes se ob- 
servaban por tradición o costumbre , solo permitió el uso de los 
duelos en los delitos que así por ser de difícil prueba y negar el reo 

1 In capit. Carol. magn. lib. 3. cap. logo de la verdadera honra militar, 

46. & in append. 2. ad lib. 4. cap. $?,. part. 1. 

ítem in capit. Ludov. pii ad 11. sálicas. 3 Paulus Warnefridus de gest. lon- 

Stabilimenta S. Ludov. lib. 1. cap. 8. 6* gob. lib. 4. cap. 44. 
cap. 80. item cap.] 1. & 140. & sdzpe 4 Rex Rotharis in 11. longob.tit. 9. 

alibi. §. 23. 

1 Hieron. Muc. de duel. lib. 1. 5 Paul. Warnefrid. de gest. longob. 

cap. 1. D. Gerónimo de Urrea Diá- lib. 4. cap. 44. 



46 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

haberlos cometido , como por afirmar el acusador con juramento 
no pedir el campo con depravado ánimo , era forzoso recurrir á él 
como prueba reservada , para que ni los delitos quedasen sin casti- 
go , ni la inocencia infamada. Tales eran el de conjuración contra 
el rey , de que alguno fuese acusado * : quando á la muger se le 
imputaba haber por sí d por otro concurrido á la muerte del ma- 
rido 2 : quando uno llamaba á otro agrá , esto es , cornudo , y se 
ofrecía á probarlo por batalla 3 : d á alguna muger fornicaria o es- 
triga 4, que equivale , según du Cange 5 , á bruja y hechicera : d si 
algunos , cuyo pariente hubiese sido hallado muerto en el lecho, 
persuadidos á que lo hubiese sido con veneno , imputasen este de- 
lito á aquel en quien tenían sospechas , jurando no hacerlo con in- 
tención depravada , quisiesen probarlo con el duelo 6 , con tal que 
en este caso , si el acusado fuese vencido , no perdiese toda su ha- 
cienda , como antes se observaba por inveterada costumbre , aten- 
diendo lo incierto de tan falible prueba para una tal condenación. 
Del mismo modo quando sobre alhaja mueble o inmueble se ar- 
güía al poseedor de mala fe , habiéndola tenido cinco años , le era 
permitido defenderse por juramento d por batalla 7. Y finalmente 
quando el hijo , requerido por la deuda de su padre , la negaba sin 
querer pagarla 8 . 

A solos estos capítulos reduxo este rey el uso de los duelos, 
proibiéndolos expresamente en el caso de imputarse á alguno ser 
hijo de adulterio 9 '• en el de decir uno tocarle la tutela ó patroci- 
nio de la muger ágena I0 : en el de ser acusado el marido de haber 
concurrido á la muerte de su muger XI : y en el de que el esclavo 
vendido apareciese leproso d demoniaco , sin saberse si era vicio 
contraído antes de la venta. En estos casos se mandaba recurrir al 
juramento del marido , vendedor d acusado. En el esclavo , que 
habiendo servido treinta años , quería librarse , y en la alhaja asi- 

i LL. long. tit. T. §. 7. lib. I. 7 Ibid. lib. 2. tit. 3?. §. 2. 

2 Ibid. tit. 3. §.6. 8 Ibid. lib. 2. tit. 5 5. §. 9. 

3 Ibid. tit. 5. 9 Ibid. lib. 2. tit. 5 5. §. 1. 

4 Ibid. tit. 12. §.2. 10 Ibid. §. 2. 

5 Cangius in gloss. verb. Striga. n Ibid. §. 3. & 4. 

6 LL. long. tit. 9. §. 23. 



DE U HISTORIA. 4 _ 

mismo poseída el mismo tiempo , proibió después el duelo su su- 
cesor Grimoaldo ' . 

Reducido á estos estrechos límites el uso de los duelos , logro 
varias ampliaciones de los siguientes reyes y emperadores ; aunque 
siempre en la atención de que faltasen pruebas , y conviniese la 
averiguación de la verdad. En el hurto oculto del esclavo lo ad- 
mitid el rey Luitprando , si su señor lo negase y quisiese defen- 
derlo 2 . Quando alguno era acusado de adulterio o de haber pues- 
to la mano en el seno á muger casada 3 , y lo mismo con la mu- 
ger acusada de este delito , habia establecido antes el rey Grimoal- 
do -f , mandando se salvase de él d por juramento ae sus parientes 
d por batalla de uno de ellos. A esto quizas dio motivo el caso su- 
cedido en tiempo de su antecesor Rodoaldo , en que habiendo si- 
do imputado á su muger la reyna Gundiberga el delito de adulte- 
rio , y ofrecídose á defenderla un esclavo suyo llamado Carelo, lo- 
gró en batalla vencer al impostor y libertar el honor de su señora 
del borrón feo de esta calumnia , según refiere Paulo Warnefri- 
do 5, y con mayor extensión Fredegario 6 . Admitiólo también el 
mismo Luitprando en casos de hurtos , incendios y otros semejan- 
tes delitos ocultos 7. Añadid después el emperador Enrique la 
muerte alevosamente hecha , ó en tregua , si el agresor la negase 8 : 
el parricidio 9 : las muertes con veneno y de otros modos furtivos 
d á escondidas ; y mando con consejo y en cortes de los lombar- 
dos , que el imputado de ellas , siendo libre , se justificase por el 
duelo ; y no siéndolo, por el juicio del agua hirviendo I0 . Y al fin 
Cario magno , que vencido Desiderio rey de los lombardos , fue 
coronado rey de ellos , viendo que en muchos casos en que era 
costumbre , por falta también de prueba , recurrir al juramento , y 
que de aquí se originaban freqüentes perjurios, mediante que ju- 

i Grimoaldus in 11. long. lib. 2. 6 Fredejar. in chronic.cap. yr. 
tit. 3>. §. 3. 6* 4. Ítem §. 5. 7 In 11. longob. lib. 2. tit. 5 5. §. 1 j. 

2 Rex Luitprandus in 11. longob. 6^25. 

lib, 1 . tit. 10. %. 4. 8 Imp. Henric. in 11. longob. lib. 1. 

3 Ibid. lib. 2. tit. 5 5. §. 16. ///■- 9." §. 38. 

4 Ibid. $.12. 9 Ibía. tit. 10. %. 4. 

5 Paul. Warnefrid. de gest. long. 10 Ibid. d. tit. 9. §. 39. 
lib. 4. cap. 49» 



48 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

rando ambos litigantes , era preciso que alguno de ellos le come- 
tiese , mando que en lugar de juramento fuesen substituidos los 
duelos , diciendo ser mejor que peleasen los dos en el campo, que 
no el que á escondidas cometiesen el perjurio r . 

Esta constitución , á repetidas quejas de sus sábditos (porque 
solo parece comprehendia las causas criminales) extendió el em- 
perador Otón á las civiles sobre heredades , en que se habia intro- 
ducido el abuso en Italia , de que se decidiesen solo por juramen- 
to : para cuya derogación dispuso que en semejantes causas en lu- 
gar de juramento se usase la batalla , especialmente quando liti- 
gándose alguna posesión , y alegando cada parte su dominio , pro- 
ducidos instrumentos por ambas ó por una , se alegaba ser estos 
falsos d supuestos ó se dudaba de alguna investidura 2 . Que es lo 
mismo que en las atestiguaciones encontradas dispuso Ludovico 
pío , que siendo tales que no constase qual de ellas fuese la ver- 
dadera , se escogiese un testigo de cada una de las partes , que en- 
trando en batalla , decidiesen y mostrasen con la victoria la ver- 
dadera 3 . A dichos capítulos añadid el mismo Otón el depósito de 
mas de veinte sueldos , negándolo el depositario 4 : el alegar uno 
haber sido violentado para otorgar escritura del predio d heredad 
á otro 5 : el hurto , excediendo de seis sueldos 6 : y la causa de li- 
bertad , queriendo el señor decidirla por batalla 7 . 

De todo lo hasta aquí dicho se deduce haber quedado el duelo 
reducido por las leyes á los casos donde por haber escasez de prue- 
bas , y convenir la averiguación de la verdad , se solia recurrir al 
extraordinario medio de la purgación vulgar en las naciones , y de 
la canónica por juramento en la iglesia : como asimismo haber 
sido subrogada en lugar de esta la prueba de los duelos por evi- 
tar perjurios. Esta razón movió antes también á Gundebaldo 8 rey 

1 Dict.lib.2. iit.tf. §.23. ibi : Me- 2. f //. 5 1. §.10. & 11. ítem Imp. Lothar. 
litis visum est ut in campo cumfusti- ibid. %. 16. 

bus pariter contendant , quam perju- 4 Ibid. dict. l¡b. 2. tit. 55. §. 3J. 
rium perpetrent in absconso. 5 Ibid. §. 36. 

2 Imp. Otón in II. longob. lib. 2. 6 Ibid. §. 37.- 
*í>. 5?. §. 34. 7 Ibid. §.37. 

3 Ludov.pius in cap. Addit. adleg. . 8 Gundebald. in legib. burgitnd. 
salicam in princ. ¿^ in 11. longob. lib. tit. 45. 



DÉLA HISTORIA. 4 y 

de los borgoñoncs , para que asimismo en lugar de juramento la 
mandase permitir , si alguna de las partes se cscusase de jurar, es- 
cogiéndose en tal caso uno de los que como sacramentales ha- 
bian de jurar con el contrario , para que pelease con él. En cuya 
ley y en la de Cario magno arriba puesta se descubre el antiguo 
uso con que se decidían los litigios por juramento : no por el de 
uno solo conforme a las leyes romanas ; sino que ofreciéndose mu- 
tuamente el uno al otro litigante el juramento , si alguno le rehu- 
sase , era condenado en el pleito , entendiéndose hacerlo por fal- 
tarle justicia para él : pero jurando ambos cosas opuestas , el arbi- 
trio del juez regulaba qual mereciese mayor estimación. Y como 
en este caso era forzoso que uno de los dos jurase falsamente , con 
justa razón las leyes pusieron la mira en desterrar una tan irracio- 
nal costumbre , aunque fuese por el violento medio de los duelos. 
De ella se hace mención en el concilio valentino l , celebrado el 
año de 855 , proibiéndose con graves penas , para evitar de este 
modo los perjurios que de ahí se originaban : lo que para cabal in- 
teligencia de estas leyes ha parecido notar. Visto pues el motivo 
é introducion del duelo , solo resta saber las ceremonias y modo 
con que en los primeros tiempos se exercia , para pasar después á 
sus progresos en la edad posterior en que tanta extensión y obser- 
vancia tuvieron. 

IV. Como no todas las leyes ordenadas á los principios logra- 
ron continuada observancia; ni por el contrario pudieron ser enton- 
ces obedecidas las que en los posteriores siglos se hicieron , á causa 
de la mayor freqüencia de duelos : cuidando nosotros de evitar la 
confusión , hemos juzgado preciso dividir los tiempos, así para que 
se vean las antiguas y se conozcan las nuevas , como para que nos 
conste , por las ceremonias que hasta nuestro tiempo vimos obser- 
vadas , su primer origen y estable permanencia. A este fin la mas 
cómoda división ha parecido ser hasta el tiempo en que acaban las 
leyes con título de los lombardos, esto es, hasta el imperio de Otón, 
d hasta el año mil de Christo , quedando desde este tiempo hasta el 
nuestro para quando se trate del uso moderno del duelo y sus leyes. 

1 Concil. valent. in Galia anno 855. habitum , can. 1 1 . ér 23. 

G 



5° 



MEMORIAS DE LA ACADEMIA 



Esto supuesto , lo primero es digno de notar , que siendo el 
duelo en la común creencia de los pueblos una especie de juicio en 
que el mismo Dios y su justicia se creia intervenir é interponer 
el suyo , favoreciendo al inocente , y castigando al culpado mani- 
festando la verdad : por consiguiente , para haber de recurrir á él 
era precisa circunstancia , que reconocidos todos los humanos y re- 
gulares medios , se mostrasen no bastantes á la averiguación y cer- 
teza que se requería ; pues de otra suerte seria solicitar en vano 
de Dios un milagro , lo que era conocidamente tentarle. Así se ve 
establecido en la ley de los bayuarios , admitiendo solo el duelo en 
las contiendas de límites á falta de otras pruebas y de no querer 
las partes convenirse * . Esto mismo ratificó después en las consti- 
tuciones sículas el emperador Federico II en las causas de lesa 
magestad y homicidio , á las quales solas reduxo el uso de los due- 
los 2 . Unas y otras convienen con lo que para la purgación canó- 
nica establecen los sumos pontífices y concilios , mandando que á 
ella solo se recurra á falta de otras pruebas legítimas 3 . 

Por igual motivo , y evitar el que con depravado ánimo y sin 
necesidad provocasen al duelo á sus contrarios los acusadores , se 
previno que estos antes de venir á la batalla jurasen no pedirla 
con intención de venganza ó de tomar satisfacion , sí solo de in- 
vestigar la verdad , y con sospechas ciertas de haber cometido el 
acusado los delitos que se le imputaban. A este juramento dio prin- 
cipio el rey Rotáris en el caso de la muerte sospechosa de vene- 
no de que hablamos 4 , y extendió á los demás casos después el rey 
Luitprando 5 . Lo qual era cierta especie de juramento de calum- 
nia , como sienten Mucio y Uptono 6 . 

i Tn 11. bajwar. tit. íi. §. i. Etsi Hincmarus rhem, in c. Símala 16. é- 

alia prob.it io nusquam invenir e dignos- alii q. 5 . in c. Quoties 5 . c. cum in ju- 

catur , nec utriusque invasionem com- ventute , ¿* alus. ■&. de purg. canon, 

femare voluerint. Capitul.Caroli M. lib. 5. cap. 34. Leges 

2 Federic. II. in const. sicul. lib. 2. wisigoth. lib. 2. tit. 1. cap. 22. bajwar. 
tit. 2,'}. Dummodo ad illud ( duellum ) tit. 8. §. 16. & pasim alibi. 

non deveniatur , nisi ubi alia probatio- 4 In legib. longob. lib. 1. tit. 9. 

nes non suppetunt. §. 23. 

3 Gregor. III, epist. i. in c. Fres- 5 Ibid. lib. 2. tit. 55. §.15. 
byter 5. Conc. agathens. in c. Silegi- 6 Mucius de duello , ¿ib. 2. cap. 6. 
timi 12. ilerdense in c. Presbyter 13. Uptonus de milit. offic. lib. 2. cap. 4. 



DE 1A HISTORIA, 51 

El juez que antiguamente fue competente para este juicio del 
duelo creo fuese aquel que lo era legítimo para conocer de lo prin- 
cipal del negocio, respecto de que en las leyes antiguas no se ha- 
lla que se les proibiese ; y que siempre que se menciona el due- 
lo , no se habla de otro juez que debiese concurrir á autorizarlo y 
concederlo , como se ve en diferentes lugares de ellas ' . 

El modo que se observaba entonces , y ceremonias al tiempo 
del combate , no las sabemos con certidumbre , y solo podemos 
por conjeturas inferir algunas , dexando las demás para el siguiente 
tiempo en que se hayan de referir, las modernas. ѧ obstante po- 
demos afirmar que su uso fue entonces mas sencillo y con menos 
ceremonias. Entre los alemanes , ocurriendo sobre límites contien- 
das entre dos familias , se observaba lo siguiente 2 : Que el uno de- 
cía , Aquí es nuestro término , señalándole : el otro pasaba á otro lu- 
gar y decía también , Aquí es nuestro término. Hallábase presente 
el conde de aquella jurisdicion , y señalaba donde uno y otro querían 
fuese su término , y designaban al rededor el sitio que se controvertía. 
Después •venían en medio , y presente el conde tomaban de la misma 
tierra , á lo que los alemanes llaman curfodi , y en la misma tierra 
que levantaban ponían ramos de los árboles que en ella había ; y las 
familias que disputaban levantaban la tierra presente el conde , y se 
la entregaban. Este la envolvía en un lienzo ó sábana ,y puesto su 
sello , la encomendaba á otro hasta el pacto que se establecía. Enton- 
ces ofrecían la pelea de dos de entre ellos. Qiiando estaban prevenidos 
para la batalla ponían la misma tierra en medio, tocábanla con las 
espadas , y atestiguaban á Dios , para que de aquel fuese la victoria 
de quien la justicia ; y batallaban. El que de ellos vencía quedaba po- 
seedor del sitio disputado ; y los demás presuntuosos , porque se opu- 
sieron pagaban doce sueldos. Aquí se nota , no solamente el modo 
de practicar el duelo en estas causas , si también cierta especie de 
juicio semejante al de las vindicias romanas , que se observaba se- 
gún Gelio 3 en las causas sobre la propiedad de las heredades por 



1 In II. alam. tit. 84. In 11. longob. apud Goldast. 

lib. 2. tit. 55. §. 11. 3 A Gell. Noct. attic. lib. 20. cap. 

2 In legib.alam. tit. 84. alias 83. lo. 

G2 



$2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

el derecho de las doce tablas , de que es fácil ver los escritores de 
sus antigüedades l . 

Las armas con que se había de executar la disputa del duelo 
regularmente fueron espadas y escudos ó rodelas. Las espadas se 
ven en la referida ley de los alemanes , y ]os escudos en las de los 
lombardos ; aunque entre estos en lugar de espadas parece estu- 
vieron en uso los bastones , estableciéndolos así el emperador Lo- 
tario 2 ; á imitación quizás del antiguo juego de los cestos , cé- 
lebre entre los griegos en los juegos olímpicos , y no olvidado 
después por los antiguos romanos. 

El modo con que habian de ser tanto la espada como la 
rodela lo expresa el Espejo saxdnico diciendo : El juez debe seña- 
lar á cada uno dos personas que cuiden de que se armen segun cos- 
tumbre. Vístanse quanto quisieren de cuero y lino , con tal que queden 
la frente y pies descubiertos del todo. En las manos solo tengan unos 
sencillos guantes. Cada uno en la mano tenga una espada desnuda, 
y en la cinta una ó mas á su arbitrio. El escudo de madera cu- 
bierto de cuero y con solo el centro de hierro en la otra mano. Y 'vistan 
■una sola túnica , cuyas mangas llegarán hasta el codo 3. De estas au- 
toridades infieren algunos , haberse tomado estas precauciones de 
defensa á fin de que el peligro fuese menos , y mas fundada la 
averiguación de la verdad , á cuyo fin y no al de la venganza 
se dirigia principalmente el duelo ; y que así no era lícito el ha- 
cerlo sin armas de defensa. 

Las personas que podían entrar á executar el duelo eran todos 
aquellos á quienes no les estuviese proibido por ley :quales eran los 
esclavos , á quienes en su lugar por la ley de los lombardos 4 se im- 
ponía la purgación •vulgar por medio del agua hirviendo,; al mo- 
do que en aquella edad eran también excluidos de la purgación ca- 
nónica por el juramento , y en su lugar admitidos á las vulgares 
del agua o' hierro ardiendo , segun se colige de los concilios tri- 

i Rosinus Antiq. rom. lib. 9. cap. 3 Speculum saxonicum lib- 1. ar- 

33. Rscvard. ad leges 12. tabid. c. 6. 6* ticul. 63. 
alii. 4 In legib. longob. lib. 1. tit. 9. 

2 Imper. Lotar. in Ugibus longo- §. 39. 
bard. lib. 2. tit. 55. §. 29. 



DE LA HISTORIA. r n 

burlcnsc y moguntino que cita Graciano r . En esta , porque la 
abatida é infame condición de la esclavitud no se cree bastante 
para la fidelidad y religión que se requiere en la delación del ju- 
ramento : en aquel , porque la inferioridad los hacía indignos del 
manejo y uso de las armas , principal distintivo de la nobleza de 
que estaban distante. En un solo caso les era permitido el ar- 
bitrio del duelo , que era tratándose la causa de su libertad , y 
queriendo el dueño que se ventilase por él , juzgándolo medio 
mas fácil de probar su intento 2 : o estando el esclavo en pose- 
sión de libertad por leyes de los frisones 3 ; por ser justo que aquel 
que como libre vivia , no fuese privado de lo? derechos de tal 
hasta tanto que por sentencia se hubiera decidido su estado y con- 
dición. 

Por razón del sexo se escusaban de esta prueba las mugeres; 
pero en su lugar o las defendia algún pariente , d eran precisa- 
das á justificar su inocencia con otro genero de purgación canó- 
nica 4 o vulgar 5. No obstante entre los bayuarios fué permiti- 
do á la muger entrar , si quisiese , por sí en batalla ; señal de 
la fortaleza que habia en ellas 6 . Escusábanse también del duelo 
por la edad juvenil o decrepita ; por enfermedad ,• por su calidad 
y grado los condes ; y por lo sagrado de su ministerio los ecle- 
siásticos de quienes se volverá á tratar : en cuyos casos era lí- 
cito el nombrar un campeón que entrase en la batalla 7 por los 
principales. 

Campeones se llamaban ciertos hombres de conocida habi- 
lidad y fuerza que tenían como por empleo ofrecerse á batalla 
por la justicia y verdad de los principales que para ello los es- 
cogían y pagaban. Su uso fué mas admitido en unas naciones que 
en otras. Los bayuarios en casi todas las causas de duelo los 

i Concil. tribur. apnd Gratian. in 4 Jnll.longob. lib. 2. tit. 55. §. 12. 

c. Nobilis 15. caus. II. q. 5. moguntin. Ítem lib. 1. tit. 3. §. 6. 

sub Rabbano cap. 24. apud ennd. in c. 5 Inlegib.anglior.&voerin.tit.i^. 

Qui prasbyterum XVII. q. 4. & in c. 6 In 11. bajwar. til. 3. §. 28. Si an- 

2. x. de posnit.é* remis. tem (f amina) pugnare .voluerit ¡sicút 

2 In legib. longob. lib. 2. tit* 5 $,■ vir , non erit dúplex compositio ejus. . . 
§. 39. 7 LL. longob- lib. 2. tit. 55.$. 38. 

3 Inll.frision. tit. 11. §. 3. 6* 39. 



54 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

usaban , según de sus leyes se colige r . Entre los lombardos al 
principio parece haber sido también su uso indistintamente ad- 
mitido 2 , á excepción de los casos de parricidio y alevosía , en 
que solo por legítimo impedimento de enfermedad d edad se per- 
mitían 3 : mas después el emperador Otón mando que solo tu- 
viese lugar la elección de campeones , quando los principales es- 
tuviesen legítimamente escusados , como los viejos , mozos , enfer- 
mos , eclesiásticos , condes , mugeres y otros semejantes , que Up- 
tono y otros reducen al número de seis d siete 4. 

Estos campeones por las mismas leyes de los lombardos ha- 
cían juramento en el campo , y eran reconocidos por los jueces, 
á fin de que no llevasen yerbas ú otras cosas de hechicería con 
que vencer la pelea , sino solo sus convenientes armas 5. El efec- 
to de los duelos era ser absuelto el reo quando el acusador era 
vencido , y al contrario aquel condenado quando este quedaba ven- 
cedor,© en la pena ordinaria del delito , según costumbre an- 
tigua de los lombardos moderada por el rey Rotáris , d en otra 
arbitraria y distinta según los delitos. Pasemos ahora á registrar 
ya de cerca los progresos y diferente naturaleza de los duelos, 
según los extendió el abuso , dándoles diversos fines y exercicios. 
V. Las freqüentes guerras que con la inundación de los bár- 
baros en Europa la afligieron por dilatados siglos , infundieron en 
los ánimos un espíritu tan marcial , y una inclinación á las ar- 
mas tan violenta , que apenas sosegaban sin hallarse en los afa- 
nes de la guerra d en exercicios y diversiones que lo parecie- 
sen. De aquí los continuos movimientos é inquietudes de unos 
pueblos y ciudadanos contra otros , de que son bastante exem- 
plo los furiosos vandos de guelfos y gibelinos : de aquí la apli- 
cación al uso de la caza : de aquí la introducción de justas , tor- 
neos y otros semejantes. 

De todas las provincias en quienes se introduxo esta con- 

i In 11. bajvoar. tit. 8. %. 2. num. 3 Ibid. tit. 10. §. 4. 6- tit. 9. §. 38. 

6. & §. 3. tit. 11. §• 6. tit. 12. §. 9. & 4 Uptonus de müit. offic. lib. 2. 

alibi. cap. 7. Paris de Puteo de re milit. lib. 5 . 

2 LL. longob. lib. 1. tit. 1. §■ 7. quast. 3. 

tit. 3. §. 6. tit. 9. §. 23. 5 LL. longob. lib. 2. tit. {$.§. 11. 



DE I. A HISTORIA. $r 

ñisa agitación , ninguna tuvo mas aptos medios para el fomento, 
y para que en sus habitadores hiciesen mayor impresión estos in- 
íluxos, que la Italia; así porque recaian sobre una provincia cul- 
tivada del valor romano , como porque fué la que desde la de- 
cadencia de su imperio padeció' mayores y mas irrupciones de 
los bárbaros. Por ella se abrieron el camino los godos : siguié- 
ronles los himnos con su rey Atila.los heridos con Odoácres , 
los ostrogodos con Teodorico , los vándalos con Gcnserico , los 
lombardos con Alboino , mezcladas con estas otras muchas gen- 
tes , todas guerreras y de una fiereza bárbara é indómita. Ni con 
la sujeción de estas naciones se liberto' la Italia de la continua 
commocion que la fatigaba y que dirigía sus inclinaciones. Re- 
cayo' la dominación en los franceses y emperadores de occiden- 
te , con cuyo motivo alternaron las entradas de exércitos france- 
ses y alemanes. Siguiéronse las disensiones de los emperadores 
con la iglesia , las guerras civiles por esta causa , y los vandos 
que gravísimamente la afligieron. Gimió la justicia oprimida del 
furor de las armas. Ni el inocente estuvo seguro de las asechan- 
zas del malvado , ni en este el castigo , por falta de quien le hi- 
ciese pudo servir de escarmiento. Por el poder se regulaba lo 
justo ; y en tanto era lícita la acción , en quanto podia defenderla 
con la fuerza el que la executaba. En esta confusión era regu- 
lar callasen los tribunales para que sonase el ruido de las armas; 
pues como decia Mario , no se puede oir la disposición de las 
leyes en el ruidoso estrépito de la guerra r . 

Aumentaba la turbación el haberse facilitado el uso de los 
duelos en Italia. Introduxéronse estos con el dominio de los lom- 
bardos , quando dividida en feudos la Italia , se daban á soldados 
que acompañaban á los emperadores ó reyes en la guerra , ó es- 
taban obligados á seguirle en ella. Así los que habian de admi- 
nistrar justicia fueron por la mayor parte hombres mas inclina- 
dos al uso de las armas , que inteligentes en las disposiciones de 
las leyes. Estas también se hallaban en total decadencia con la 
pérdida de las romanas, las quales estuvieron ocultas hasta los tiem- 

i Marius , apud Plutarch. in román, apophth. 



¡6 MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

pos del emperador Lotario II, cerca de los anos de 1 128 , según 
Pancirolo 1 , que se hallaron en Ravena las pandectas , o' según 
otros solo el código, y las pandectas en Amalfi. 

De todo lo qual provino que los señores que poseían en feu- 
do ciudades y lugares , no solo permitiesen en los casos estable- 
cidos por leyes los , duelos , sino que á mi ver prorogaban é in- 
clinaban á los litigantes á que por ellos librasen sus causas , ya 
porque no sabían otro modo de substanciar el juicio , o' ya 
porque les parecía el medio de dar breve fin á los litigios. Y 
como en tiempos tan revueltos y calamitosos los mas que suelen 
ofrecerse son de injurias y agravios que unos á otros se hacen , 
cesando los duelos en las causas civiles , se reservaron para las 
criminales , pasando á ser caso de honra lo que empezó por una 
sencilla prueba. 

Introducido en Italia con tanta freqüencia el uso de los 
duelos , fué fácil se extendiese á las demás provincias poseídas 
también por naciones guerreras y semejantes en leyes y costum- 
bres á* las que dominaron en Italia. Así es fácil conjeturar ha- 
ber de aquí pasado á la Francia , cuyos reyes desde Cario mag- 
no poseian con el imperio la parte de Italia en que sobresalía 
aquel uso , que era la Lombardía , y de quienes como reyes de ella 
se encuentran leyes entre las de los lombardos. Por la misma 
razón me persuado se derivaron á Alemania y demás sus ad- 
yacentes. A nuestra España no es difícil creer viniese con el co- 
mercio y conquistas de los franceses en los primeros tiempos 
de su restauración , principalmente en Cataluña. Y aun si esta- 
mos á lo que se dice en el fuero de Sobrarve, haber consulta- 
do los españoles recien perdida España , no solo al sumo pon- 
tífice y franceses , sino también á los lombardos , por ser hom- 
bres de gran justicia ; no es difícil creer tomasen de ellos el uso de 
los duelos. A que concurre el haber en el referido fuero ley 
que trata de ellos. 

Así por dilatado tiempo se conservó este uso en partes , á 
pesar de las proibiciones con que se procuraba exterminar , y 

1 Pancirol. de ciar. leg. interp-lib. 2. caj?. 13; 



DE 1A HISTORIA, 57 

en partes permitido del todo , hasta tanto que en los últimos si- 
glos , con el motivo de las guerras que principalmente se movie- 
ron en Italia en tiempo de los reyes católicos y de su sucesor Car- 
los V , en que intervinieron casi todas las naciones de Europa , 
se extendió de nuevo su uso con tal exceso , que necesito el vio- 
lento remedio que para su total extinción practicaron los prín- 
cipes , guiados del piadoso zelo con que á ello los movió la cen- 
sura del concilio tridentino. 

Esta idea , que mirada en general nos representa una con- 
fusa especie de los progresos y sucesión de los duelos, será for- 
zoso descifrar por partes , adornándola de otros jnas individua- 
les arreos que la hagan , no solo mas vistosa , sí también mas 
fundada , y con la diversidad de noticias mas agradable. 

VI. Los excesos que hasta aquí llevamos ponderados , las di- 
sensiones y parcialidades civiles , los alborotos , robos , violencias 
é injusticias que á cada paso se notaban , induxeron á los prín- 
cipes á que procurase cada uno establecer la paz y concordia en- 
tre sus subditos , por los medios mas eficaces y que mas se juz- 
garon conducir á hacerla estable , sagrada é inviolable. No sé si 
fué el primero que se dedicó á su establecimiento Federico I. lla- 
mado comunmente Barbaroxa , pero estoy persuadido fuese de los 
primeros. Para ello promulgó varias leyes * que se encuentran 
en el derecho feudal , en las que no solo encargó á sus vasa- 
llos conservasen unos con otros la paz y concordia que por él 
se establecía ; sino que impuso graves penas , y por lo regular la 
de muerte , al que con homicidio , con hurto ó con otro deli- 
to igual fuese perturbador de la tranquilidad pública. Para la 
observancia religiosa de esta constitución mandó que todos des- 
de la edad de 1 8 años hasta la de 70 , duques , marqueses , con- 
des, capitanes, valvasores, gobernadores de lugares , con todos los 
principales y plebeyos jurasen guardarla inviolablemente , quedan- 
do obligados á renovar el juramento de cinco en cinco años 2 , 

1 Frederic. I. in c. 1. de pace te- cendiariis ,& pacis violat. tit. \o.lib. y. 
tienda , ¿^ ejns violat. in usib. feud. lib. 2 ídem Fridericus. ubi supr. iib. 2. 

2. tit. 2j. & c. 1. de pace tenend. &• in usib.feudor. tit. $3. 
juram.firm. tit. 53. ítem in c. 1. de in- 

H 



58 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

uniendo así á la fuerza de la ley el vínculo de la religión, y pre- 
caviendo que no faltase fácilmente de la memoria , y después de 
la observancia. 

Consiguiente á esto era , que ninguno pudiese hacer daño 
ó injuria á otro de que resultase el rompimiento de la paz es- 
tablecida entre todos públicamente ; y el que lo contrario hi- 
ciese era reputado violador de ella , y como tal severamente 
castigado con las penas que eix la misma constitución se po- 
drán ver. 5 

En España del mismo modo se halla ordenada entre los hi- 
dalgos de ella , por antigua costumbre , una amistad y concordia, 
con palabra recíproca de no ofenderse unos á otros , de que se 
hace mención freqüente en nuestras leyes de Partida , Fuero real, 
Ordenamiento , y Recopilación *. Y lo mismo en Aragón , según 
consta de sus Fueros dados por don Jayme el conquistador en 
Huesca por los años de 1247 2 . Esta concordia y amistad en- 
tre los hidalgos de Castilla , según dice el rey don Alonso el 
XI en una de sus leyes de las cortes de Alcalá en la era 1386 3, 
se estableció por el emperador don Alonso en las cortes de Ná- 
xera. Estas son sus palabras : Gran bien se sigue á nuestro servi- 
cio y al bien -público de nuestros rey nos que los Jijo s dalgo <vi*van en ellos 
en buena amistad , paz y sosiego. Por ende el emperador don Alón- 
so en las cortes de Náxera mandó y ordenó que los Jijosdalgo de Es- 
paña otorgasen , según que otorgaron y prometieron tinos á otros , 
de guardar entre sí toda buena paz, y concordia. Y lo prometieron 
así por pacto y buena fe , sin dolo y sin engaño. La qual dicha paz 
mandamos que los Jijosdalgo guarden entre sí : y no sean osados de 
romperla sin desafio de nueve dias : y el que lo contrario Jiciere in- 
curra en pena de alevoso. Pero en Aragón no parece haberse es- 
tablecido hasta los tiempos del mismo don Jayme, por decir es- 

1 X. 1. tit it. Part. 7. /. 4. tit. 27. L. 1. tit. 8. lib. 8. y l. 1. tit. 2. lib. 

Part. 4. /. 14. in fin tit. 21. Part. 2. 6. Recopil. 

L. 1. tit. 21. de los rieptos y desa- 2 In foris Aragón. I ib. 9. tit. de pa- 
fios , lib. 4. Fori legum. ce , protect. regali. Ítem tit. de confir- 
ió. 1. tit. 2. lib. 4.JV /. I. tit. 9. lib. mat. pacis , alias pag. 26. &• 27. 
4. Ordenam. 3 L. 1. tit. 2. lib. 4. Ordenam. 



DE XA HISTORIA. $<J 

te rey haber juzgado conveniente ordenar en aquellas cortes , con 
consejo de los obispos , ciudades y nobles del reyno , paces es- 
tables )- firmes por todo el de Aragón , las que para su mayor 
seguridad é inviolable observancia se hubiesen de jurar por los 
barones , soldados , ciudadanos y pueblos, y guardar según la for- 
ma allí mismo puesta '. 

De estas paces hechas en diferentes provincias tuvo origen 
el uso de los desafíos ; porque en ellas se proibía expresamente el 
que unos á otros se hiciesen daño ó causasen agravio alguno , pe- 
na de ser alevosos : á menos que antes no se volviesen la amis- 
tad avisándose de ello, para que el contrario á.^ quien se que- 
ría hacer el daño , estuviese prevenido , y no fuese perjudicado 
impensadamente baxo de la amistad y paz. Este aviso pues y 
vuelta de amistad era llamado comunmente difidamento o desa- 
fio, como lo dicen nuestras leyes del Fuero con estas palabras : 
Antiguamente los fíjosdalgo con consentimiento de los reyes pusieron 
entre sí amistad, é dieronse fe unos á otros de la tener é guardar, 
de no se hacer mal unos á otros , á menos de se tornar ante amistad é 
de se desafiar. JE por ende quando algún Jidalgo ha razón de caloñar 
á otro por tuerto que le haya fecho , debele tomar amistad : é la 
fe que l toma quando I le desafia , es la que fué puesta antigua- 
mente , así como sobre dicho es : é desde aquel dia quel desafia , no 
le ha de facer mal fasta nueve dias. Repiten lo mismo las de 
Partida , Ordenamiento y Recopilación 2 . Federico I por una 
constitución dada en Norimberga el año de la encarnación de 
Christo 1 187 dispuso , que qualquiera que intentase hacer á otro 
daño , hubiese de desafiarle antes tres dias -á lo menos , por me- 
dio de un nuncio ó enviado suyo cierto ; y que no haciéndo- 
lo así fuese juzgado y tenido por violador de la paz y fe pu- 
blica 3 : lo que después confirmo' también el emperador Federi- 

i Jacob. I. Oscx anuo 1247. in fo- observari secundum formam inferius 

ris Aragón, lib. 9. til. de confirm. pa- constitutam. 

cis alias fol. 27. ibi : paces firmas per 2 L. 1. tit. 11. Part. 7. y en la ru* 

totum regnum Aragonum duximus sta- brica. L. 4. tit. 27. Parí. 4. L. 1. tit. 9. 

t uendas : quas ab ómnibus , 6* singulis lib. 4. Orden. L. 1. tit. 8 lib. 8. Recop. 

baronibus ,& militibus , civibus . & po- 3 Frideric. I. in tit. de incendiar* 

pulís jurari voluimus , ér inviolabiliter 6- pacis viol. lib. 5. in usib. feud. 



6o .MEMORIAS PE l A ACADEMIA 

co II por una constitución en Francfort año 1234 que cita Al- 
berico , la qual renovó según Frosardo x , su sucesor Ludovico 
bávaro. Lo mismo establecieron nuestras leyes ; con la diferen- 
cia solo de que hecho el desafío y tornada la amistad en o dias 
no se podian ofender los desafiados. En Aragón por la misma 
constitución de don Jayme debían ser estos diez , y el desa- 
fío hacerse delante de tres soldados que no fuesen parientes ni 
vasallos de alguna de las partes , sin cuya circunstancia se proi- 
be prendar á otro d matarle ó tomarle su castillo ó villa por 
fuerza ó con ardides , pena de ser habido por traidor , y su per- 
sona y bienes en poder del rey , y él excluido de la paz 2 . 

Esta amistad y concordia se fixo' tan religiosamente en los 
ánimos de los hombres., que reputándose malvado y malhechor 
el que la quebrantaba , se hizo caso de honra su guarda , y fué 
tenido por aleve el que contra ella executase acción alguna. Así 
con varias autoridades lo prueba du Cange 3 , y lo declaran nues- 
tras leyes , que distinguiendo entre el traidor y alevoso , por trai- 
dor entienden el que faltando á la debida fe á su rey , comete al- 
go contra él d contra la república ; y por alevoso al que que- 
brando esta pública paz , dañase ú ofendiese á otro sin haberle de- 
safiado antes 4 : á quien también llamaban fementido , porque no 
guardaba exactamente la fe establecida. 

De lo dicho se infiere , que estando admitida en España la 
concordia solamente entre los hidalgos , solo estos eran los que 
para hacerse daño debían antes desafiarse para no incurrir en la 
pena de alevosía. Pero si unjidalgo hiriese 6 matase á otro que no 
lo fuese , ó otros entre sí que no fuesen hijodalgos , no eran por ello 
alevosos , como previene la ley del Fuero S ; si no es que lo exe- 
cutasen en tregua ó pleito que hubiesen puesto uno con otro , 
dando la razón : Ca el pleito de la amistad antigua no fué fecho si- 
no tan solamente entre los Jijo s dalgo. Y así entre los que no eran hi- 

1 Frossardus volum. 1. cap. 3?. expreso en la l. 3. tit. 3. Parf. 7. /. 1. 

2 Jacob. I. in foris Arag. lib. 9. ///. J.lib. ^.Ordenam. L. 2. tit. 21. lib. 
de confirm. pacis. 4. Forilegum ,y otros muchos lugares. 

3 In glosar, verb. Diffidare. 5 L. 2. tit. 21. lib. 4. L. y tit. 3. 

4 L. i.in fin. tit. 2. Parí. -].y mas Parí. 7. /. 1. tit. 11. de la misma. 



di: u historia, (¡ i 

dalgos solo tenia lugar el desafio quando por haber puesto particu- 
lar concordia Ó tregua entre sí , estaban obligados á no causarse da- 
ño unos á otros ; en cuyo caso concurría igual motivo que entre los 
hidalgos para que precediese la misma circunstancia. Bien que esto 
fué especial en Castilla , porque en Aragón parece que no solo en- 
tre los nobles, si también entre los demás ciudadanos fué estableci- 
da la paz y concordia ; y así también en estos debia preceder al da- 
ño el desafío , como lo mando expresamente el mismo rey don Jay- 
me i , y lo repitió en los fueros de Valencia, según Escolano 2 . 

Esto supuesto , el desafío le podia hacer el hidalgo quando 
había recibido de otro daño , injuria ó tuerto gpegun las leyes de 
Partida, diciendole : Torno mos amistad, é desafío -vos por tal des~ 
honra ó tuerto ó daño quefecistes á mi ó á fulano mi pariente , por- 
que he razón de lo ac alonar : ca también puede un home desafiar por la 
deshonra ó tuerto que recibiese su pariente , como por la que omiese el 
me sino recebido 3. Hecho así el desafío por sí ó por interpuesta 
persona , en los casos que se podia y allí mismo se numeran , 
tenia el desafiado término de nueve dias por las mismas leyes 
para deliberar en ellos , si le convenia dar satisfacción á su con- 
trario de la injuria d daño que le había hecho ; ó para haber 
consejo de amparamiento , que según los fileros de Aragón 4 era 
recurrir á la protección del rey para evitar el daño que su con- 
trario intentara hacerle: y pasado dicho término se le conce- 
dían otros tres dias , y después uno para el mismo efecto , en cuyo 
tiempo á ninguno de los dos era lícito agraviarse ni causarse 
perjuicio alguno. 

Ya aquí fácilmente se conoce el motivo porque el nombre 
desafío vino á significar lo que duelo , siendo su naturaleza tan 
distinta : pues como del desafío quedaban en aptitud los desafia- 
dos, para poder ofenderse y matarse unos á otros sin incurrir en 



i ídem Iacob. ubi supr. ibi : ítem i Escolan. Hist. de Valencia } de- 

hoc idem statuimus de civibus , 6* bur- cad. i. lib. 3. cap. 7. num. 2. 

gensibus , ac alus hominibus , ut cuín 3 Leg. 2. tit. n.Part. 7. 

suis conshnilibus ad invicem se dtffi- 4 Infor. Arag.tit. de pace & pro- 

dent , &• servent inter eos sicut de mi- tect. reg. lib. 9. 
litibus staíutum est. 



(¡2 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

pena de alevosos , y en algún modo avisados para ello ; era re- 
gular que al desafío se siguiese el duelo d batalla singular en- 
tre los dos : y de lo que ordinariamente sucedia , vino el nombre 
de desafío á significar también el duelo que á él era consiguien- 
te ; y mas propiamente los duelos privados y sin autoridad pú- 
blica , por ser estos los que se causaban de los desafíos. 

Notará quizá alguno de injustas nuestras leyes , al ver que pa* 
rece permiten hacerse unos á otros daño precediendo el desa- 
fío : pero depondrá esta censura , si advierte no concederse por 
ellas á los vasallos el arbitrio de agraviarse en manera alguna , 
si solo que el que precediendo desafío lo hiciese , no incurrie- 
ra en la pena de alevoso , como que no ofendía al otro tomán- 
dole desprevenido y á traición. Mas no por esto se libertaba de 
las demás penas á que por leyes estaban expuestos los que hi- 
riesen , matasen d hiciesen á otro daño , como se prueba de las 
observancias * y fueros de Aragón quando previenen , que si es- 
tando pronto el desafiado á comparecer eir juicio para satisfacer 
á la demanda de que se le hace cargo , su contrario le hiciese 
daño alguno , no solo le dé satisfacción de él , si también el da- 
ño doblado 2 . Los casos en que había lugar á los desafíos re- 
duxo el rey don Juan el II á los que se contienen en su ley 
inserta en el Ordenamiento y Recopilación 3 , donde será fácil ver- 
los. Digamos algo de los reptos (ó retos, que es como hoy se 
dice) nombre que también se confunde con el de desafíos y duelos. 
VII. Reto , según la propia significación en que fué antigua- 
mente usado en España , no era otra cosa que una especie de 
acusación hecha delante del rey de delito de traición d alevo- 
sía , ofreciéndose á probarlo con su cuerpo y en singular bata- 
talla con el acusado ó retado. Colígese esta difinicion entre otras 
leyes nuestras 4 de una del Fuero real que lo explica en esta 
forma , hablando del que á otro hiciese daño sin desafiarlo antes: 

i Observant. Arag. ¡ib. 6. tit. de Ley 8. tlt. 8. ¡ib. 8. Recop. 

form. diffid. 4 Ley y. y. 6. tit. 21. ¿ib. 4. Fort 

2 In for. Arag. lib. 9. de pace & 11- Ley 2. y 3. tit. 9. lib. 4. Ordenam. 
protec. reg. Ley 1. tit. 3. Part. 7. 

3 Ley 9. tit. 9. lib. 4. Ordenam. 



DE LA HISTORIA. 63 

JE puédele decir ante el rey. que es alevoso , c tal dicho como es- 
te es llamado riepto '. Su etimología , según la ley de Parti- 
dá : , viene del latino repeto - v en quanto significaba también pe- 
dir á alguno oí demandarle de este o aquel delito ; pero según du 
Cange 3 , del latino rectum, que equivaliendo en nuestra lengua 

recito, y siendo este termino equívoco , que signifícala ac- 
ción , venia á ser lo mismo que intentar en juicio la acción , 
y promover su derecho. 

De lo dicho se colige la diferencia entre el reto y desafío, 
que conoció muy bien el rey don Alonso el sabio , colocándo- 
los en distintos títulos de sus, Partidas 4; y susjdiferencias se de- 
ducen de lo que llevamos dicho de los desafíos , y de lo que 
ahora diremos de los retos , explicando su naturaleza. 

En primer lugar el reto debia hacerse ante el rey é por cor^ 
te , é non ante ricohome nin merino nin otro ojicial del reyno ; por- 
gue otro ninguno non ha poder de dar al jidalgo por traidor nin 
por aleve nin quitarlo del riepto si non el rey tan solamente , por 
el señorío que ha sobre todos. Así lo dice la ley de Partida 5 , 
con quien concuerdan las del Fuero y Ordenamiento; dando to- 
das la razón de ser solo el rey capaz de dar por libre al re- 
tado de la acusación é infamia en que por la imputación del 
delito y reto hubiese incurrido ; no obstante que semejante po- 
der lo disputan y dudan los doctores 6 . 

Podíase hacer el reto solamente por causas de traición o alevo- 
sía , según expresan las mismas leyes 7 ; á que también se reducen 
las injurias d deshonras ú otro qualquier agravio que unos hidalgos 
á otros se hiciesen sin desafiarse antes , por ser tenidos en tal caso 
por aleves. Así lo demuestra el rey don Alonso el XI por una 
ley hecha en Alcalá era de 1 3 8 6 diciendo 8 : Todo Jidalgo puede 

1 Ley 2. tit. 21. lib. 4. Fori II. lib. 4. Ordenam. 

2 Ley 1. tit. 3. Part. 7. 6 Mucius de duell. lib. 3. cap. 3. 

3 In glos. verb. Rectum. Respuestas caballerescas, lib. 1 . resp. 4. 

4 Tit. 3. Part. 7. de los reptos,y 7 . Ley 3.74. tit. 3. Part. 7. Ley <j. 
tit. 11. de los desafiamientos , é de ior- y sig. tit. 2 1 . lib. 4. Fori 11. Ley 2 . y 
nar amistad. sig. tit. 9. lib. 4. Orden. 

_ 5 Ley 2. tit. 3. Part. 7. Ley j. 8 Ley 3. tit. 9. lib. 4. Orden, 
tit. 21. lib. 4. Fori II. Ley 3. tit. 9. 



6 4 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

reptar por tuerto 6 deshonra 6 aleve que le haya fecho otro JidaU 
go. Como asimismo en los demás casos en que la injuria o' daño 
se hiciese á hurto y traición : pues esta voz no solo se entendía 
por la que tocase al rey d á el reyno , sino también por otra qual- 
quiera en que solo interviniese el particular interés l . 

La forma en que se debia hacer el reto la prescriben nues- 
tras leyes , en especial la de Partida 2 , diciendo : „ Quien qui- 
„ siere reptar á otro débelo facer de esta manera : catando prime- 
,, ramente si aquella razón porque quiere reptar es á tal en que 
„ caya traición ó aleve. E otrosí debe ser cierto si aquel contra 
„ quien quiere facer el riepto es en culpa. E después que fuere 
„ cierto é sabidor de estas cosas , débelo primeramente mostrar al 
„ rey en su puridad , diciendole así : Señor , tal caballero Jizo tal 
„ yerro , é pertenece á mí de lo acaloñar , é pido vos por merced que 
„ me otorguedes que lo pueda reptar por ende. E estonce el rey dé- 
„ belo castigar (esto es , advertir') que cate si es cosa que puede 
„ llevar adelante : é maguer que responda que tal es , débele acon- 
„ sejar que se avenga con él : é si emienda le quisiere facer de otra 
„ guisa sin riepto , debe él mandar que la reciba , dándole plazo 
„ de tres días 3. E con este plazo se pueden avenir sin caloña nin- 
„ guna : é si non se aveniesen de tercer dia en adelante ., debel 
„ facer emplazar para -adelante del rey : é estonce débelo reptar 
„ por corte públicamente , estando y delante doce caballeros á lo 
„ menos , diciendo así : Señor ,fulan caballero questá aquí ante vos, 
„fíz,o tal traición ó tal aleve , é débelo decir qual fué , é como lo 
„ fizo , é digo que es traidor por ello é alevoso. E si ge lo quisiere 
„ probar por testigos d por cartas ó por pesquisa , débelo luego fa- 
„ cer é decir : é si ge lo quisiere probar por lid , estonce dígale 
„ que el porná y las manos , é que ge lo fará decir , ó que lo ma- 
„ tara ó le fará salir del campo por vencido. E el reptado débele 
„ luego responder , cada que él dixese traidor d alevoso , que mien- 
„ te. E esta respuesta debe facer , porque le dice el peor denues- 

i Allí ley 2. iit. 9. lib. 4. 3 Este plazo por la ley 2. ///. 9. 

2 Ley 5. y 6. tit. 21. lib. 4. for. lib. 4. de la Ordenación se estiende has- 

11. Ley 2. y 5. tit. <). lib. 4. Orden, tanueve dias si está retado en la corte, 

Ley 2. y 5. tit. 8. lib. 8. Recop. Ley y no lo estando , á treinta y nueve. 
4- tit. 3. Parí. . 



V E i. A II I S T O R I A. ()§ 

„ to que puede ser. E tal riepto como este debe ser hecho por 
„ corte é ante el rey tres días en aquella manera que de suso di- 
„ ximos. E en estos tres dias débese acordar el reptado para es- 
„ coger una de las tres maneras que de suso diximos , qual mas 
„ quisiere , porque se libre el pleito ; d porque el rey lo man- 
„ de pesquerir , d ge lo pruebe el reptador por testigos , o que 
„ se defienda el reptado por lid : é por qualquiera de estas tres 
„ maneras que él escoja se debe librar el pleito. Ca el rey nin 
„ su corte non han de mandar lidiar por riepto , fueras ende si el 
„ reptado se pagare de lidiar. E si por aventura el pleito fuese á 
„ tal que hobiese menester mayor plazo de tapcer dia , puédelo 
„ alongar el rey fasta nueve dias , é que se cuenten en ellos los 
„ tres dias sobredichos. Otrosí decimos é mandamos , que des- 
,, pues que alguno reptase á otro , que estén en tregua también 
„ ellos como sus parientes , é que se guarden unos á otros en todas 
„ guisas , si non en el riepto d en lo que le pertenece. E si acae- 
„ ciere que el reptado muera antes que estos plazos se cumplan , 
„ finca su fama libre é quita de la traición é del aleve de que lo 
„ reptaban , é non empesce á él nin á su linage, pues que desmin- 
,, tío' al que le reptó 7 é estaba aparejado para defenderse. Otrosí de- 
„ cimos , que quando el reptado se echare á lo que el rey manda , 
„ é non á lid , si el reptador quisiere probar lo que dixo con testf- 
„ gos d por cartas, póngale el rey plazo á que pruebe. E sil pro- 
„ bare con fijosdalgo d con carta derecha, vala la prueba ; é si non lo 
„ pudiere probar con fijosdalgo ó con carta derecha , non vala." 

El origen de estos retos en España se encuentra muy cerca- 
no á su pérdida en los fueros de Sobrarve , donde entre las 16 
leyes , que según común sentir fueron hechas antes de la elección 
de los reyes, la 14 hablando de los retos manda, que si un hi- 
dalgo retase á otro de caso de traición delante del rey , debe man- 
dar el rey al retado que se salve : y sino le responde luego y le 
desmiente, si fuese igual suyo quede por traidor. Pero si el re- 
tado dice al rey , que quiere saber porqué , deque , y conque le 
. reta , debe el rey mandar que lo diga. Y si dice que quiere sal- 
varse por fuero , debe el rey darles seguro , y el alcalde señalar dia 
dentro de 10, 20 , d 30 dias, según la asistencia que el rey hicie- 

I 



66 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

se en aquella tierra : en cuyo dia deban estar ambos prontos á ha- 
cer la batalla como les agradase. Y el rey debe darles entre tan- 
to tregua á ellos y sus vasallos , y de su pan , y darles consejo, 
y guardarles derecho en la batalla , dándoles fieles jueces y todo 
lo demás perteneciente á batalla de infanzones T . 

Quedaron pues los retos y duelos que á ellos se seguian redu- 
cidos en España á los casos solos de traición ó alevosía, que es 
casi lo mismo que en Italia habían mandado observar los dos em- 
peradores Federico I y II , estableciendo este los duelos solo en 
caso de oculto homicidio d lesa magestad en las constituciones sí- 
culas 2 , y admitiéndole aquel 3 en el de la paz violada , quando el 
acusador de su violación fuese soldado , que en nuestra España 
equivale á hidalgo d noble. Y como esta violación de paz era caso 
de aleve , se admitía en ella el reto , por el qual se venia legíti- 
mamente al duelo o batalla. Por el contrario también el mismo 
emperador dexd ordenado , que el que diese á otro la muerte mien- 
tras duraba la paz , que es el mismo caso de aleve , queriendo pro- 
bar lo habia executado defendiéndose, debia hacerlo con el duelo; 
y de no , incurría en la pena capital. De suerte que d ya acusa- 
do , con tal que fuese por otro igual suyo , rí ya defendiendo ha- 
ber executado la muerte por defenderse , era el duelo el medio 
preciso para salvarse de la impuesta alevosía. 

Las personas que podían retar eran los hidalgos unos á otros, 
por sí cada uno siendo vivo , y habiendo muerto el que recibid 
la injuria d tuerto , el padre por el hijo , este por el padre , d el 
mas cercano pariente , el vasallo por el señor , y al contrario : en 
lo que se diferenciaban los desafios de los retos , siendo en aque- 
llos permitido el desafiar por agravios de parientes , aunque estos 
estuviesen vivos ; lo que no era lícito en los retos , sino en el ca- 
so solo de que uno quisiere retar á otro por su señor , ó por mu- 
ger , ó por orne de orden , ó por tal que non deba 6 que non pueda 

i Pellicer Anales deEspaña, lib. q. §. Si rtistic. Ídem lib. 2. c.2j. ibi: Si quis 

2 FridericusII. inconstit. sic. lib. 2. hominem intra pacem constitiiium occi- 
tit. 33. derit , capitalem subeat sententiam , ni- 

3 Frideric. I. de pace tenenda , & si per duellum hoc probare possit , quod 
ejus vio!, in usib. feud. lib. 2. tit. 27. vitam suam defendendo illum occidit. 



PE LA HISTORIA. 6j 

tomar armas , como previenen las leyes de Partida y del Fuero r . 
Por las mismas son excluidos de retar el traidor y su hijo , el que 
fuese alevoso , y el juzgado de haber hecho cosa porque valga me- 
nos según costumbre de España , esto es , infame. Tampoco podia 
retar el que estuviese retado de otro antes de ser quito del reto, 
ni el que se hubiese desdicho por corte. Ni podia retar alguno á 
otro con quien estuviese en tregua mientras esta duraba 2 , salvo si 
durante ella le hacia el otro agravio por que pudiese retarlo 3 . 

Al contrario , como deban ser mas atendidos que los actores 
los reos según reglas de derecho 4 , por tanto podían responder al 
reto y desmentir al retador , quando el retado no4Bcudia á respon- 
der en el prefinido término , no solo el padre , hijo d pariente , si 
también el señor d vasallo del retado , o qualquiera que fuese su 
amigo , compadre d compañero en viage dilatado en que hubie- 
sen comido y habitado juntos ; d tal amigo que hubiese casado al 
mismo d á su hijo d hija , que es lo que hoy decimos padrino ; ó 
le hubiese hecho caballero o heredero ; d le hubiese hecho reco- 
brar heredad que tuviese perdida , d librádole de muerte, deshon- 
ra d gran daño , d sacádole de cautiverio , d ayudádole con su cau- 
dal por sacarlo de pobreza : ú" otro amigo que hubiese puesto cier- 
ta amistad con su amigo , señalando algún determinado nombre 
por que se llamasen el uno al otro , á que decían nombre de corte. 
Qualquiera pues de estos podia desmentir al retador ; pero queda- 
ba obligado á traer delante del rey al retado al plazo que se le 
asígnase, que á lo menos eran treinta días , los que podían proro- 
garse á nueve días mas , y luego tres , que en todos eran quaren- 
ta y dos. Cuyo término también le era concedido á aquel que ni 
por sí ni por otro comparecía á responder al reto al tiempo de 
hacerle , según notan nuestras leyes , en especial las de Partida 5 : 
donde también se nota , que si el que por otro responde al reto, 



i X. 2. tit. 3. P. 7. X. 13. tit. 21. 4 Cap. Cum sunt , de regid, jur. 

lib. 4. Fori II. in 6. Leg. Favorabiliores 125. *. de re~ 

2 X. 2. tit. 3. P. 7. X. 14. tit. 21. gul.jur. 

lib. 4. Fori II. L. 3. tit. 9. lib. 4. 5 X. 3. j)' 5 . tit. 9. lib. 4. Orden. 

Ordm. X. 3.7 5. tit. 8. lib. 8. Recojtil. X. j. 

3 Dict. 1. 3. tit. 9. lib. 4. Orden. tit. 3. P. 7. 

12 



68 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

dentro de los dichos términos no presentaba al retado , fuese dado 
por enemigo del retador , y el retado por autor del delito de que 
era acusado. 

La pena de ser dado uno por enemigo de otro , de que se ha- 
lla freqüente mención en las antiguas leyes , en especial de los fri- 
sones y las nuestras r , aunque por lo regular se entendia ser facul- 
tad concedida por ellas para dar libremente muerte á aquel que de 
este modo era declarado ; en nuestro caso del que no presenta al 
retado (respecto de no ser este delito digno de muerte) cree bien 
Gregorio López 2 deberse solo entender , para que causándole el 
retador algún daño d agravio , no se juzgue faltar á la fe pública, 
y que lo pueda hacer sin preceder el desafio. 

Hecho pues el reto en la citada forma , si el retado parecía en 
la corte y se presentaba ante el rey , después de haber desmenti- 
do á su contrario no podia ser obligado á la prueba del duelo , á 
menos que él de su voluntad la admitiese : Ca el rey nin su corte 
non ha de mandar lidiar por riepto , fueras ende si el reptado se pa- 
gase de lidiar 3 . En cuyo caso de no querer el retado la lid , era 
obligado el retador á probar la acusación con instrumentos y legí- 
timas pruebas ; y no haciéndolo era absuelto el retado , por la re- 
gla general de que no probando el actor debe ser el reo libre , d 
como dice la ley de Partida : Ca si el reptado non quisiere la pesqui- 
sa nin la lid , débelo dar por quito del riepto , porque non es temido 
de meter su 'verdad á pesquisa nin á lid 4. Y en caso de no pro- 
bar el actor , ó dexarse del pleito después de comenzado , se de- 
bía desdecir delante del rey , diciendo haber mentido en el mal 
que dixo al retado ; con cuyo acto quedaba infame y deshonrado, 
y no podia retar después á otro , ni ser igual á él para la lid. Y no 
queriendo desdecirse , debia ser desterrado del reyno y dado por 
enemigo de su contrario 5 . En esto iban nuestras leyes mas con- 



i In 11. frísion. tit* 2. i. 17. tit. lib. 4. Fori 11. 

26. P. 2. L. -jd.de Toro que es r. tit. 10. 4 L. 8. tit. 3. P. 7. L. 12. tit. 21. 

lib. 4. Recopil. lib. 4. Fori 11. 

2 Gregor. Lop. in l. ^.tit. 3. Part. 5 Dict. 1. 8. tit. 3. P. 7. L. 7. 
7. verbo Por enemigo. y 11. tit. 21. lib. 4. Fori 11. 

3 L. 4. y 8. tit. 3. Part. j. tit. 21. 



DE 1A IIISIOIUA, r } (\ 

formes á razón , que algunas de fuera de España que precisaban 
al reo á que con el duelo justificase su causa. 

Si el retado convenia voluntariamente en la lid , el rey señala- 
ba dia , campo y fieles que juzgasen de él , y las armas con que ha- 
bian de lidiar. Tero si por el contrario el reo no parecía á respon- 
der al reto y defenderse , el rey , con muestras de sentimiento, 
debia dar sentencia , condenándolo del delito de traición o' aleve 
que se le imputaba ' . Lo que también se nota observado fuera de 
España. 

Los que habian de combatir , por costumbre de muchas pro- 
vincias depositaban en el juez cierta cantidad paiÉ la* seguridad de 
comparecer en juicio , y satisfacion en caso de quedar en él venci- 
dos. Estas cantidades que así se consignaban se llamaban vadlos, 
que es lo mismo que fianzas , derivado del latino <vas , y con nom- 
bre mas corrompido gagios y gages : de donde creo haber venido 
este último nombre á significar los aprovechamientos ; porque es- 
tos , según du Cange 2 , cedían muchas veces en utilidad de los 
mismos jueces. Gage de batalla se llamaba un guante tí otra cosa 
que el acusador arrojaba delante del juez , y debia el reo levantar 
si acetaba la batalla : lo qual era como prenda de ella , según afir- 
man comunmente los doctores 3 . 

En Francia por el edicto de Felipe el hermoso dado en Pa- 
rís el año de 1300 ó 1306, para que el reto fuese admitido de- 
bían concurrir quatro cosas. La primera , constar ciertamente ha- 
berse cometido el delito. La segunda , ser de aquellos á quienes se 
imponia pena capital , excepto el de hurto en que no había lu- 
gar al duelo aunque mereciese pena de muerte. La tercera , que hu- 
biese sido hecho á escondidas y á traición, y que por tanto no se 
pudiese probar de otra suerte que por duelo ; lo que también pre- 
venían los fueros de Bearne 4 . Y la quarta , que el acusado estu- 
viese por sospechas d conjeturas infamado del delito. En esto con- 

1 i. 9- ¿íV.3. P. 7. L.j. tit.y. lib. 4. 16. París de Puteo de re milit. lib. 1. 
Orden. L. 7. tit- 8. lib. 8. Recopil. caj>. 4. & alibi apud Cangium ubi supr. 

2 In glossar. verb. Duellum. 4 Fori benehantenses , Rub. de ba- 

3 Belliss;irius de sing. certam. cap. 7. talha, artic, 1. 
apud Petr. Greg. Synt.jur. lib. 48. cvp. 



jO MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

venía el reto con la tortura , á que no se puede recurrir sin indi- 
cios que la justifiquen , como notan Paris de Puteo y Mucio í : aña- 
diendo otras que sin duda fueron observadas en Italia, esto es, que 
el retador fuese igual d superior al retado , lo qual solo se reque- 
ría para que íüese obligado á hacer por sí la batalla -. que el caso 
fuese tocante á las personas , no á la hacienda : y que antes no se 
hubiese comenzado por el actor en forma judicial. Todas estas ex- 
cepciones y otras muchas podia alegar el reo para escusar la bata- 
lla : las quales vistas por la corte , se decidia finalmente si debía 
ó no admitirse el reto y seguirse la batalla. 

VIII. El rey Felipe el hermoso, queriendo precaver en Fran- 
cia el abuso de los duelos , por el edicto que ya llevamos citado 
no solo determino los casos en que debían ser admitidos, sino tam- 
bién la forma y solemnidad con que se habían de executar. He- 
cha la acusación , acetada la batalla , decidido ser caso en que de- 
biese esta intervenir , y señalado dia y lugar para ella , el rey nom- 
braba juez , que siendo delito de traición debia serlo el goberna- 
dor de la provincia d el capitán del exército , siendo soldados los 
que habían de batallar. 

La estacada d sitio donde se habia de executar el duelo debia 
tener de largo ochenta pasos y de ancho quarenta , cercado de una 
valla. En él se formaban dos pabellones, uno á la derecha del prín- 
cipe para el retador , y otro á la izquierda para el retado. Al dia 
y hora señalada debían venir al campo armados de las armas que 
se habían convenido , pudiéndolas traer desde su casa otros que 
los mismos combatientes , aunque antes de este rey solo ellos las 
podían traer puestas , y no podían batallar con otras ni de otra 
suerte que como venían armados. En el camino debian santiguar- 
se con la señal de la cruz , y llevar delante de sí imágenes de 
Christo d de los Santos , para que como christianos pensasen el 
trance á que iban , y no les moviese á él otro afecto que el de la 
verdad y la justicia. 

En el campo el heraldo d rey de armas declaraba en altas vo- 
ces el motivo de aquel duelo , y publicaba las leyes que habían de 

2 Paris de Puteo de re milit. lib.i. cap. 5.^23. Mucius de duel. lib. 2. caj>. 6. 



DE IA HISTORIA, 7! 

observar los asistentes , de no traer armas ni espadas ni puñales, 
sino es los guardas del campo : de no estar alli á caballo pena de 
perderle , siendo noble ; y si de condición servil d criado, de ser- 
le corrada una oreja : de no entrar en la estacada sin licencia del 
re\ 6 del juez , pena de muerte : de estar todos sentados : y de no 
hablar , señalar , toser , escupir , gritar , ni hacer otra qualquiera 
acción que infundiese aliento d perturbase á los que peleaban. Es- 
to también se observo en Italia según Mucio 1 : cuya providencia 
se hallaba antes prevenida en la ley de los bayuarios , con la pe- 
na impuesta á los que , estando en la lid los campeones , se atre- 
viesen á darles algún favor ó socorrerlos , antes ^jue lo mandase 
aquel á quien tocaba la dirección del campo 2 . 

El mismo heraldo saliendo á una de las puertas debia llamar 
al retador , que por antigua costumbre había de presentarse á las 
diez de la mañana , como el retado antes del medio dia , aunque 
después fue arbitrario en el juez el determinar la hora. Venido el 
retador , se presentaba por sí d por su padrino al condestable , si 
á él se le habia encomendado el campo , d al mariscal d marisca- 
les señalados , proponiendo de nuevo su acusación , y ofreciéndo- 
se á probarla con el ayuda de Dios , de la Virgen Maria y del se- 
ñor san Jorge , protestando las siguientes condiciones : poder plei- 
tear á pie d á caballo , armado d desarmado , y poder llevar las ar- 
mas ofensivas y defensivas que quisiese antes de combatir : que no 
se permitiese á su contrario traer armas proibidas en el reyno, 
quitándoselas y no dexándole en su lugar tomar otras : que no se 
pudiese perjudicar su derecho y honor , si acaso su contrario tra- 
xese armas forjadas con engaño , hechicería d encanto , sobre que 
hubiese de jurar expresamente : que si no se concluyese en aquel 
dia la batalla , se le diesen del siguiente las horas que le faltaban 
al dia en que la comenzaban : que si el retado no viniese al plazo, 
no fuese mas oido, ni el retador en obligación de responderle: que 
le fuese permitido llevar consigo vianda para un dia para sí y para 
el caballo : cuyas protestas asimismo podia hacer el retado , y las 
hacían antes de entrar en la estacada. 

i- Mucius de duel, lib. 2. cap. 14. 2 In 11. bajvsar. tit. 2. §. 12. 



J2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

Executado esto entraba ; y presentándose al rey ó juez con las 
armas con que había de pelear, repetía lo mismo ; y pedido el per- 
miso para la batalla , se retiraba á su pabellón. Llamaba el heraldo 
al reo , y este executaba las mismas ceremonias ; y venido , el re- 
tador iba primero á pie armado de las armas con que había de pe- 
lear , acompañado de sus padrinos y amigos : y puesto de rodillas 
ante el rey , delante de un Crucifixo , y puestas en la cruz las ma- 
nos , hacia juramento , que tomaba el mariscal ó uno de los con- 
sejeros del rey , de juzgar tener justa causa y buen derecho en la 
querella que intentaba : el qual executado, se volvia al pabellón, 
y el retado venia á hacer otro semejante. 

Hechos estos juramentos separados , venían después ambos jun- 
tos , y puestos asimismo de rodillas con las manos derechas en los 
lados del Crucifixo , y dadas las izquierdas uno á otro , el maris- 
cal los amonestaba atendiesen á la memoria de la pasión de Chris- 
to que tenían presente , y contemplasen el peligro de alma y cuer- 
po á que se exponian , por si acaso arrepentidos querían escusar- 
lo. Permaneciendo en su deliberación , les tomaba otro segundo 
juramento , primero al retador y después al retado , con diferentes 
execraciones , en que también se incluía el de no llevar yerbas, 
piedras o' hechicerías para haber de vencer ; si solo su buen dere- 
cho , caballo y armas. Después dadas las manos derechas los dos 
combatientes , debía el retador de nuevo decir al retado el delito 
que le imputaba , ratificándose en ser cierto y tener justo motivo 
de pelear ; á que el reo respondía desmintiéndolo , y asegurando 
también él de sí lo mismo para defenderse. Prestaban también des- 
pués otro tercer juramento que menciona confusamente dicho edic- 
to , y lo recuerda Belisario x , de que solo peleaban por amor de 
la verdad , sin odio , venganza , ni otro respeto que el de salvar su 
honor , y no tener para ello mas proporcionado medio. 

Aquí besaban el Crucifixo , y levantándose volvían á sus tien- 
das. El Crucifixo y silla en que estaba se quitaban de la estacada, 
y entonces era quando promulgaba las leyes arriba puestas el he- 
raldo : y por orden del mariscal venia al medio del campo entre 

I Bellissar. de sing. certam. cap. 6. apud P. Gregor. lib. 48. Synt. cap. 16. 



DE LA HISTORIA, y « 

los dos combatientes que ya estaban prevenidos , y á grandes vo- 
ces les decía por tres veces : haced 'vuestro deber. A este tiempo 
junto á sus pabellones se les ponían las mesas con pan , vino y 
las demás viandas , y después montaban á caballo : sacaban los pa- 
bellones fuera del campo , y esperaban los combatientes la voz del 
mariscal , que de orden del rey salía al campo llevando el guante 
d gage de batalla , y decía también tres veces á gritos : dexadlos 
ir , arrojando á la última el guante y apartándose á pie o' á caba- 
llo como le parecía. Los consejeros o padrinos salian entonces fue- 
ra de la valla , si el rey no les concedía que para atender mejor 
los lances se quedasen dentro ; y se empezaba la batalla , en la que 
según costumbre , como dicen Liñano 1 y otros , debia acometer 
antes el retador al retado ; no obstante que nuestras leyes permi- 
ten 2 pueda suceder al contrario si el retado quisiese ; pues si no 
queriendo , su contrario no le acometiera , quedaría libre del re- 
to, porque basta presentarse á defender su derecho 3 . 

Acabada la contienda los gages de la batalla quedaban al ven- 
cedor de ella. En uno de dos modos era vencedor : d por haber 
el contrario confesado su culpa , por haberse rendido , d por haber 
sido obligado á salir vivo d muerto fuera de la estacada , pues era 
proibido el salir d pelear fuera de ella 4 . El cuerpo del que así 
salia quedaba al arbitrio del juez , para que le impusiese pena , d 
del todo le perdonase. Pero acaeciendo muchas veces salir de ella 
sin propia culpa , por espanto del caballo , rotura de las riendas y 
otros semejantes accidentes, se previno , no se juzgase por venci- 
do el que así saliese , si luego que podia se restituía al campo , se- 
gún noto Belisario y lo advierten nuestras leyes 5 , movidas qui- 
zá del caso que á don Diego Ordoñez sucedió sobre Zamora en 
el reto de traidores que á los de aquella ciudad por la desgracia- 
da muerte del rey don Sancho había hecho , donde la rotura de 
las riendas del caballo le impidió el finalizar su duelo. 

i Lignan. de duel. nam. 23. París de 4 Bellissar. cap. 10. París de Puteo 

Puteo de re milit. lib. 1. cap. 21. de re mili/, lib. 2. q. 1. 

2 Ley 2. tit. 4. Part. 7. L. 15. tit. 5 Bellissar. d. cap. 10. Ley 9. tit.21. 

21. lib. 4 Fori II. Ub, 4. Fsrill. Ley 6. tit, 4. P. 7. 



j 



Ley 4. tit. 4. Part. 7. 



K 



74 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

El vencedor se presentaba al rey pidiéndole declarase haber 
cumplido : lo qual hecho se volvia con grandes honras acom- 
pañado de sus amigos , llevando en la mano el bastón del ven- 
cido. Este , si aun no habia espirado , puesto en pie le desnuda- 
ban cortándole las lazadas de sus armas , y las esparcian por el 
campo , y después lo volvían á tender en él : y si estaba muer- 
to , era del mismo modo desarmado y dexado allí hasta que el 
juez mandaba lo que con él se habia de executar. Los rehe- 
nes que habia dado se ponían en seqüestro hasta la plena satis- 
facion así de la parte como del fisco , á quien se aplicaba lo 
demás de sus bienes. Las armas y caballo tocaban al mariscal del 
campo que aquel dia habia exercído en él este empleo : y final- 
mente se declaraba , que sobre aquella causa no le podría ser mo- 
vida al vencedor ninguna otra nueva demanda , por reputarse 
ya sentencia pasada en cosa juzgada. 

En Castilla, aunque creo admitidas muchas de las referidas ce- 
remonias , nuestras leyes * solo previenen que el rey señalase pla- 
zo , dia y armas de la batalla ; nombrase fieles , de cuya obliga- 
ción era el designar y amojonar el campo , entrar en él á los com- 
batientes mostrándoles sus términos para que de él no saliesen 
sin mandato suyo o del rey , dividirles el campo por mitades 
iguales , y el sol para que no ofendiese mas á uno que á otro, 
registrar el campo para que en él no hubiese algún oculto enga- 
ño , y las armas que fuesen las mandadas por el rey y no otras , y 
finalmente prevenir á los combatientes el modo con que se ha- 
bían de portar en la lid , y atender á los lances de ella para poder 
juzgarlos : pudiendo los dichos combatientes , ínterin que los fieles 
no se separaban para empezar la batalla , mejorar de armas y caballo. 
En Aragón, según se conjetura del desafío que entre don Pedro 
de Torrellas y don Gerónimo de Ansa hubo en Valladolid en pre- 
sencia de Carlos V á 29 de Diciembre de 1522 , y cuyas ceremo- 
nias hechas á la costumbre de Aragón , por ser de allí los desafiados, 
describen Sandoval , Uztarroz 2 y los demás historiadores de aquel 

1 Ley 2. íit. 4. Parí. 7. Ley 8. y 9. 2 Sandov. Histor. deCárl. V. lib.u. 
tit. ai. liB. 4. Forill. %.io.X¡ztan.Anales de Aragoiijib.j.c.g- 



DE LA HISTORIA. 75 

tiempo , tocaba al condestable la disposición y mando del campo , 
á quien como al rey se le formaba un tablado en que estuviese du- 
rante la contienda. Al rey se le daba una vara de oro, que debia 
arrojar guando quería cesase la batalla. Los combatientes entraban 
acompañados de sus padrinos, que en el caso referido lo fueron.de 
Torrellas el almirante , acompañado de los duques de Béjar y Al- 
burquerque y otros caballeros ; y de Ansa el marques de Brandcm- 
burg , asistido también de los duques de Alba y Náxera , y de los 
condes de Benavente y Aguilar. Hacían sus paseos y reverencias al 
rey y al condestable ; y traídas las armas delante de este , mandaba 
llamar los dos desafiados , y sobre un misal y cruz h;s tomaba un sa- 
cerdote juramento de entrar solo en la batalla por defender su hon- 
ra y teniendo justa causa; que no harian mala guerra peleando enga- 
ñosamente , ni valiéndose de encantos, yerbas d hechicerías; sino so- 
lo con las armas permitidas, esperando en el favor de Dios, de san- 
ta Maria y del señor san Jorge el feliz éxito de su justicia. Pesá- 
banse también las armas para que fuesen iguales , y porque habían 
de tener á lo menos entre las de ambos sesenta libras : á cuya cere- 
monia y á la de ver armar los caballeros asistían los padrinos con- 
trarios , porque al tiempo de vestirlas no hubiese alguna malicia. 
Echábase el pregón para la quietud de los circunstantes , que que- 
da referido ; y subiendo el condestable á su asiento , se ponían de 
rodillas los combatientes y padrinos , haciendo oración á Dios; 
y abrazando cada uno á su ahijado , los dexaban ir á la pelea. 
Muchas serian las ceremonias que en Aragón se usaban para estas 
funciones , pues de ellas compuso un libro el rey don Pedro el IV , 
llamado por esta y otras curiosidades que escribid el ceremonioso, 
otro de las que se observaban en Valencia , y otro de las que en 
Cataluña. 

Comenzada la batalla, si el primer dia ni el retador ni el reta- 
do eran vencidos , á la noche , o antes si ambos querían y el rey 
lo mandaba : los fieles los sacaban del campo y los metían en 
una misma casa , dándoles igual porción de comida y bebida , igua- 
les camas y todo lo demás ; bien que si alguno pedia de comer mas 
que el otro , se lo debian dar , atendiendo á las distintas complexio- 
nes de cada uno. Al dia siguiente los volvían al campo en el mis- 

R2 



?6 MEMORIAS DE U ACADEMIA 

«10 estado de armas y caballo en que el día antes habían salido , lo 
que seexecutaba por tres dias , en los que no pudiendo ser el reta- 
do vencido , se declaraba quito del reto , y era el retador castigado 
como si fuese vencido r : que es lo mismo que se nota observado en 
Aragón 2 , donde aun el curarse las heridas era proibido en los 
tres dias , á cuyo fin asistian á cada uno los padrinos del otro 
en el quarto. 

Exemplo de esta batalla seguida por tres dias se nos muestra 
en la crónica del rey don Alonso el XI escrita por Villaizan 3 , 
donde habiendo Rui Paez de Viezma acusado ante el rey de trai- 
ción á Payo Rodríguez de Avila, imputándole haber entrado con 
el rey de Portugal en Castilla haciendo guerra sin haberse antes 
desnaturalizado ; y héchose saber esta querella á Payo Rodríguez 
ausente de la corte , y escusádose este de responder á ella , por de- 
cir que Rui Páez no podia retarle, medíante ser traidor que se 
habia conjurado contra la misma persona del rey , y lo retase 
por esto: les concedió el rey el campo, que se tuvo en la ciu- 
dad de Xerez yendo el rey sobre Algecira , batallando en él el 
primero , segundo y tercer dia hasta vísperas , que no reconocién- 
dose ventaja, ni pudiendo ser vencidos , arrojo el rey la vara, decla- 
rándolos á ambos por buenos y libres de los imputados delitos. 

Concluida la batalla , siendo el retador vencido por ser muer- 
to ú obligado á salir de la estacada, aunque no se desdixese , era 
el retado absuelto del delito y, libre del reto 4 : de suerte que 
por ningún otro podía ser retado sobre el mismo delito S. Mas 
al contrario , siendo el retado vencido , era declarado alevoso o 
traidor, y le era impuesta la pena que á estos delitos pertenecía: 
esto es , siendo delito de aleve , el ser desterrado de la tierra pa- 
ra siempre y la mitad de su hacienda confiscada ; y siendo dado 
por traidor , pena de muerte y de todos sus bienes para el rey 6 . 

i Ley ;: tit. 4. Part. -¡.Ley zytit* 3 Cap. 265. 

ai. lib. 4. Fori 11. 4 Ley 4. tit. 4. Part. 7. 

s Iacob. i./k For. Arag. lib. 9. tit. 5 Ley 20. tit. 21. lib. 4. Fori 11. 

de duell. alias fol. 3$. ibi : Et scien- Ley 7. tit. 3. Part. 7. 

dumest ,q<tod sireptatus potest incam- 6 L. 8. tit. 3. Part. 7. L. 22. y 2J. 

po invictas existen- per tres dies , pro tit. 21. lib. 4. Fori. 
victo habetur qui eum reptavit. 



]) £ LA HISTORIA. yn 

Pefo si el retado era muerto en la batalla , no por eso era 
juzgado haber cometido el delito á menos que al morir no lo 
confesase ; y no haciéndolo , era dado por libre de la culpa que se 
le imputaba ¡ ea razón es que sea quito quien defendiendo su -verdad 
prendé muerte '. En lo que se ven discordes nuestras leyes de las 
estrañas. Finalmente muerto alguno de los combatientes en el cam- 
po , el vencedor no solo no quedaba enemigo de los parientts 
del muerto, sino que el rey debía hacerlo perdonar de ellos y dar- 
le seguridad si Je alguno se temiese. 

Las armas y los caballos , tanto del vencedor como del vencí- 
do , por antigua costumbre tocaban al mayordojno del rey , sien- 
do sacados del campo antes que los sacasen los fieles. Pero el rey 
don Alonso el sabio, por hacer bien y merced á los hidalgos, man- 
dó 2 que solo en caso de ser alguno vencido por alevoso se hu- 
biese esto de observar , quedando en los demás las armas y caba- 
llos á sus dueños ó á sus herederos si morían en la batalla. 

Quando uno retaba á muchos debia reñir con todos , con so- 
lo el arbitrio de hacerlo con cada uno separado , ó con todos jun- 
tos , como mejor quisiese : y siendo al contrario que muchos re- 
tasen á uno solo , debían entre sí escoger uno que por todos bata- 
llase 3. Por esto en el desafío cjue hizo á los de Zamora don Die- 
go Ordoñez , notan nuestros escritores ser costumbre establecida 
de España , que el que retase de traidores á los de alguna ciudad , 
fuese obligado á hacer campo con cinco de los que entre sí esco- 
giesen los ciudadanos; y no venciéndolos todos , quedase la ciu- 
dad libre de la infamia de traición o alevosía. 

IX. Entre las escusaciones del duelo , unas eran absolutas , por- 
que los que las tenían en todos casos estaban exentos de él, y otras 
solo relativas. Escusábanse por el sexo las mugeres. Por la edad 
los que no pasaban de 2 i años según los establecimientos de san 
Luis rey de francia 4 , ó de 25 según los del emperador Federi- 

1 L. 4. tit. 4. Part. 7. L. 1 o.tit. 21. 21. lib. a. Fori 11. 

lib '. 4. Fori II '. 4 Stabilimenta S. Ludovici lib. 1. 

2 Ley fin. tit. \.Part. 7. L.n.tit. cap. 71. &< 140. Fridericus II. in const. 
21. lib. 4. Fori ü.. sicnl. lib. 2. tit. 37. §. 4. 

3 L. 3. tit. 4. Part. 7. i. 16. tit. 



yS MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

co II , o excedían de 6o según los mismos x ; que entonces podían 
dar quien por ellos batallase siendo reos : no así siendo actores , en 
cuyo caso no se les permitia dar por sí otros , por serles voluntario 
el juicio. Por enfermedad los que actualmente la padecían , d por 
haberla tenido estaban inhábiles y faltos de fuerza para la defen- 
sa. Y por razón del estado los clérigos , monges y otros eclesiás- 
ticos , á quienes era permitido asimismo por las leyes civiles el 
dar campeones , como vimos en las de los lombardos , y con di- 
versas autoridades comprueba du Cange 2 : aunque el derecho ca- 
nónico severamente lo proibe 3. 

Escusacion respectiva gozaba el poderoso siendo retado de otro 
inferior suyo; en cuyo caso , según previenen nuestras leyes 4 y 
las de los lombardos , podía el conde, d batallar por sí, como 
determinaba hacer el duque Filipo de Borgoña siendo desafiado 
por el conde de Sdfolc inglés , sobre haber hecho las paces con 
Francia, faltando á la Inglaterra con quien estaba aliado; d dar 
un igual al otro que por el superior pelease , advirtíendo que es- 
te igual lo fuese en el linage , bondad , casamiento , señorío y fuer- 
zas : ca non es en igualdad en hombre 'valiente combatirse con otro de 
pocas fuerzas 5. Y esto tuvo origen de la ya citada constitu- 
ción de Federico , en que para poder combatir uno con otro 
que fuese caballero , habia de justificar serlo él de nacimiento por 
sus padres y antepasados. Pero como nota Belisario , este arbitrio 
en el superior se entendía también solo siendo reo 6 . 

Del duelo eran excluidos , ó por mejor decir rechazados , otros 
muchos por su ínfima condición , infamia d delito ; y así no go- 
zaban el indulto de nombrar los campeones. Estos eran los bas- 
tardos , sino es que ambos lo fuesen 7 : los traidores y reos de le- 
sa magestad : los infames , ya con infamia de hecho y ya de dere- 
cho : los desertores de exército : los que exercian oficios baxos : los 

i Stabilim. ibid.cap. 166. é* Const. 5 L. 3. tit. 4. Part. 7. 

sicul. ibid. 6 Frideric. I. de pace tenend. ¿h 

2 T)aCa.ngzv,Duellum&Lv.Campio. ejus violat . %. Sirustic. in usib. fend. 

3 Cap. 2 . de cleric. pugn. in dusllo. Hb. 2 . tit. 2 7 . Bel lissar. ubi supr. cap. 9. 

4 L. 2 1 . tit. 2 1 . ¿ib. 4. Fori II. LL. París dé Tuteo ítb. 5 . qtaest. 1 o. 
longob. lib. 2. tit. 55. qual. quis se de- 7 Mucio de duello ¡ lib. 3. cap. 2. 
fend. deb. §. 40. 



DE 1A HISTORIA. j n 

que hubiesen desamparado a su señor en la guerra : los asesinos , 
ladrones , rufianes , deportados , hereges , usureros y otros que re- 
copilan los doctores ' : y por regla general todo aquel que estu- 
viese inhábil para comparecer en juicio , o' hubiese exercido oficio 
indigno de caballero ó de soldado. De la misma suerte el venci- 
do en un duelo , ni el retado ínterin no se libertaba del reto , no 
podían retar á" otro ; motivo porque el retado era excluido del or- 
den de caballería de Santiago por uno de sus estatutos : bien que 
rodos estos , siendo provocados por otros , y como reos , podían 
muy bien salir á defenderse. El prisionero de guerra tampoco 
podia desafiar al señor ; de lo que fué notado 41 rey Francisco 
de Francia , suelto solo con rehenes , en el desafío hecho al em- 
perador Carlos V. 

En los casos pues en que por impedimento personal y pri- 
vilegio se escusaba alguno del duelo , le era permitido el nom- 
brar un campeón , cuyo uso se estableció mas en unas provincias 
que en otras. En Castilla apenas se ve en otro caso que en el de la 
desigualdad de los linages entre el retador y retado. Al contrario 
en Aragón se previene por sus leyes 2 , que el retado, quando se hu- 
biese de hacer la batalla , escogiese dos personas que con él, si 
acaso era aprdposito para ella , fuesen tres ; y nombradas por el 
actor las personas que pudiese , los fieles puestos por ambas par- 
tes , con el justicia del reyno , escogiesen de cada parte uno de 
los nombrados , los que fuesen mas iguales , para cuyo, conoci- 
miento , según se colige de lo que en un tratado del oficio del 
condestable dexd escrito el rey don Pedro el ceremonioso 3 , y 
lo insinúan los mismos fueros , se medían las personas por los pe- 
chos , brazos y espaldas , para que en la igualdad pudiese descu- 
brirse después el divino juicio en la victoria. Siendo en tal gra- 
do la observancia de esta igualdad , que en los mismos fueros 4 se 
refiere el caso de cierto enfermo retado , que por haber pedido 

i ídem, lib. 3. cap. 1. Bellissarius 3 Citado por Uzrarroz , Anales de 

cap. 8. apud. p. Gregor. lib. 48. Synt. Aragón , lib. 3. cap. 9. 

cap. 16. 4 Inforis Arag. dict. tit. de due- 

2 Jacobus I. in for. Arag. lib. 9. lio. Máxime cum d> 'c, tus hifir mus cum in- 

tit. de duello , alias fol. 35. firmo sibi consimili vohierit se salvare. 



8o MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

al retador le señalase otro igualmente enfermo para hacer duelo 
con él , fué dado por libre del reto , y declarado haber cumplido. 

Siguiendo esta igualdad en Italia el emperador Federico II 
entre diversas leyes que acerca de los campeones promulgo , fué 
una x , que si el retado estuviese falto d debilitado en alguna de 
sus principales partes para la defensa , debia el retador igualmen- 
te privarse de ella para la batalla ; de suerte que si el retado ca- 
reciese de un ojo , el otro debia cubrirse el uno de los suyos 
con algún parche d aposito ; y lo mismo de los demás miem- 
bros , á arbitrio y parecer de los jueces. De cuya providencia ha- 
cen repetida mención los autores 2 , advirtiendo no observarse con 
tanto rigor estas precauciones quando el xiuelo se executaba por 
los mismos principales , porque entonces se entendía acetar cada 
uno en la persona del contrario las condiciones y calidades que 
en sí tenia. 

Supuesto el ser caso en que habia lugar el nombrar los cam- 
peones , estos debían de ser tales á quienes no estuviese proibi- 
do el serlo , como lo estaba á todos aquellos á quienes no se les 
permite abogar por otros en juicio * porque los campeones en el 
duelo venían á exercer el empleo de abogados , y como tales se 
hallan así nombrados en las leyes. También le era proíbido al 
que una vez fuese vencido en el duelo , no pudiendo después si- 
no es por sí propio combatir siendo reo , por ley del mismo Fe- 
derico. Debia también el campeón ser igual en estado y en li- 
nage á aquel con quien habia de batallar; por lo que acaecía mu- 
chas veces que los campeones no eran aquellos que se ofrecían 
por dinero á estos exercicios , sino los amigos d parientes de 
mayor confianza de los principales litigantes. Así en el reto á 
los condes de Carrion dio el Cid por campeones suyos á Pedro 
Bermudo , Martin Antolin y Ñuño Bustos , de los principales ca- 
pitanes de su exército. Y siendo desafiado el marques de Pescara 
por el conde de Potencia en Lombardía el año de 1524, dio 
el marques por campeón á don Felipe Cervellon , caballero cata- 

1 In const. sicul. lib. 2. tlt. 37. 2 Bellissar. de sing. cert. cap. 3. Pa- 
%. 4. ris de Puteo de re milit. lib. 1. cajp. 10. 



BE LA HISTORIA. 8 X 

Jan. Y de aquí vino que quando los campeones eran de la ín- 
fima condición alquilados por dineros , dando uno campeón , le 
era también permitido el darle á su contrario. 

Estos campeones que por dinero entraban en las lides eran 
reputados infames y de baxa condición , como con diversas au- 
toridades muestra du Cange : á lo qual fué consiguiente en muchas 
partes l el raparles las cabezas ; señal en aquellos tiempos de ig- 
nominia , y de la ínfima condición á que estaban reducidos. Y 
de aqui dimanó , que siempre que el duelo hubiese de hacerse en- 
tre campeones , se executase á pie , según las Asisias hicrosolimi- 
tanas y otros que trae el mismo 2 ; por ser el pelear á caballo 
propio solo de caballeros , nobles y soldados , como notan nues- 
tras leyes diciendo : E son dos maneras de lid que acostumbran fa- 
cer á manera de -prueba. La una es la que facen los fidalgos en- 
tre sí lidiando de caballos. E la otra la que suelen facer de pie 
los homes de las millas é de las aldeas , según el fuero antiguo de 
que suelen usar 3. 

Los campeones entrados en el campo , fuera del juramento que 
por las leyes de los lombardos dexamos dicho estarles impuesto, 
prestaban utiu uidenatio por el mismo emperador Federico II 4, 
asegurando creer firmemente que su principal en aquel negocio 
tenia justa y verdadera causa, y ofreciendo defenderla quanto su 
estudio , fuerzas y destreza alcanzase. Y si hecha la batalla al cam- 
peón vencido se le justificaba haberlo sido por su culpa , siendo 
puesto por el reo era castigado con pena capital , porque otra se- 
mejante se seguia de su vencimiento al que le puso ; y siendo del 
actor , le era cortada la mano. 

Las armas de los campeones , según el mismo Federico , de- 
bían ser clavas o bastones sin puntas ni garfios , y escudos para la 
defensa. Con cuyas armas executada la pelea , aquel cuyo cam- 
peón era vencido , debía ser condenado por el juez , según varias 

i Statutum Ricardi I. regís Anglia:, Belloman. cap. 6 i.fy> 63. apudCangium 

apud Rogerum Hoved. ptg. 666. & ibid. 
Brornptormm , pag. 1173. & alii apud 3 L. 1. tit. 4. Part. 7. 
Cangium verb. Campo. 4 Jn const. sic. lib. 2. tit. 37. §. 2. 

a Asisiae hierosolym. AIS. cap. 101. ó* 3. 

L 



82 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

costumbres y leyes de los pueblos , que podrán verse en du Cange. 
X. Dividida Italia , como vimos, en tantos dominios y feudos, 
y apoderados de ella los militares y soldados , siendo estos los jue- 
ces en sus estados y señoríos , y teniendo por las leyes de los lom- 
bardos el arbitrio en tantos casos de recurrir á los duelos , se fué 
introduciendo el uso de suerte que vino á quedar como especie 
de juicio reservado para caballeros y soldados, por el que se hubie- 
sen de ventilar las causas personales solo que á ellos tocasen. A 
esto daria origen sin duda el haber ceñido el uso de los duelos Fe- 
derico I , en los casos de violarse la paz , á solo los que fuesen ca- 
balleros y soldados. Con esto quedo el duelo ya no tan solo por 
prueba de los delitos ocultos é inaveriguables , sino también tea- 
tro de venganzas y satisfacciones privadas , tomándolas cada qual 
de su contrario , unas veces quando habia manifiesto agravio , y otras 
quando sola una imagen ó apariencia de él. 

Hecho pues tribunal caballeresco el duelo , á él recurrian en 
sus causas todos aquellos que se preciaban de hidalgos y de honra. 
En él se conservaban las especies de los juicios , interviniendo 
actor y reo, juez , procuradores , abogados y tribunal; y en la con- 
sideración de los doctores T , instrumentos y testigos , que lo eran 
las armas con que se combatían : siendo el que faltaba en ellas , 
como en las probanzas , condenado en la sentencia. 

Sobre quien fuese el actor en este juicio solia haber en cada 
lance una disputa , pero la opinión mas fundada tenia por actor á 
aquel que habia sido desmentido por otro. La razón que dan de es- 
to los escritores es , porque el que desmentía rebatía de este mo- 
do la injuria que el otro le había hecho. Y así el desmentir ve- 
nia á ser defenderse ; y el contrario , como primer injuriante , de- 
bía ser actor y probar su intención. Esto se entendia tanto en la 
injuria de palabra , quanto en la de obra , en cuyo caso sucedía que 
el primer injuriante venia á quedar con privilegios de reo ; porque 
como executaba la injuria por bofetada o' palo , no era correspon- 
diente que el injuriado le desmintiese. Era forzoso dixese al que 
le habia agraviado , que habia hecho mal y traidoramente en ha- 

i París de Puteo , lib. i. 



DÉLA HISTORIA. 83 

ber executado aquella acción , ú* lo qual el otro satisfacía desmin- 
tiéndole ; y así pasaba al injuriado el cargo de probarle haber he- 
cho mal , para cuya prueba debía provocarlo al desafío , pues de 
no hacerlo quedaba por dada con razón la bofetada d hecha la 
injuria. De suerte que en este caso , á la manera que el reo propo- 
niendo una excepción queda con el cargo de probarla ; así el inju- 
riado oponiendo al otro la de haber obrado mal , quedaba obliga- 
do á probarlo , y el contrario solo á desmentirlo y defenderse. 

De aquí se siguió el abuso de que el desmentido por inju- 
ria de palabra , para transferir al otro el cargo de la prueba so- 
lia darle palo d bofetada : con lo que pasaba dé deber ser actor, 
á gozar indultos de reo. Pero es preciso advertir , que para que 
el acto de desmentir fuese característico del reo , debia ser reba- 
tiendo alguna injuria y negándola. Porque si al referir uno algún 
suceso otro le decia que mentía, no era en ello el reo este , pues no 
rebatía injuria , sino el que desmentido entonces debia desmentir 
al otro , diciendo que mentia en haber dicho que él mentía : con 
lo que rebatía la injuria de mentiroso y quedaba reo. 

Desmentido pues el actor , debia desafiar á su contrario , en- 
viándole un cartel en que repitiendo la misma injuria se ofrecie- 
se á probarla con las armas '. Este se enviaba al reo por un cier- 
to nuncio 2 , d por publicación en lugares donde pudiese venir 
á su noticia. El reo respondía por otro acetando d dando las 
causas de escusarse ; y á él tocaba señalar el campo y armas , por 
ser propio en los juicios que el actor reconvenga al reo en su 
fuero 3. Bien que en la elección de campo fué después regular 
que descargándose de ella los reos , como gravamen que era el 
solicitarle de los señores , y omitiendo el hacer diligencias sobre 
ello , los actores solían conseguirle y señalarle al reo , enviando á 
veces dos d tres patentes de él , para que el reo escogiese. En 
la elección de las armas ordenó el emperador Federico II fue- 
sen á arbitrio del reo , porque el actor no escogiese aquellas en 



1 Muc. de duell.lib. 1. cap. 14. 3 Mucio de duell. lib. 1. cap. 16. 

2 Ley 10. tit. 8. lib. 8. Recop. Ley París de Puteo lib. 1. cap. 19. 
11. tit. 9. lib. 4. Ordeium. 

L 2 



54 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

que fuese mas diestro , y así fuese fácil el injuriar y salir bien 
del combate J . 

Estos carteles para que no pudiesen ser falseados , demás del 
sello de las armas del que los enviaba y su firma , iban par- 
tidos por a be, quedando la mitad en poder del que desafiaba: 
costumbre muy usada antiguamente en España en la remisión 
de semejantes papeles. Hecho de esta suerte el desafío , no se po- 
dían ofender hasta que el día aplazado , que se entendía desde el 
salir el sol hasta el ponerse 2 , se presentasen en la estacada , requi- 
riendo al juez el que venia por medio de sus padrinos ( que son 
lo que en España los fieles , con sola la distinción de ser estos 
nombrados por el rey ) de haberse presentado á cumplir su obli- 
gación. Sino se presentaba antes el contrario , habia de repetir lo 
propio á medio día y á la tarde : y no viniendo en todo el dia, 
se declaraba por libre el presentado , siendo quito del duelo , no- 
obligado á mayor prueba , y sacado del campo con todas honras. 

Al contrario el que no comparecía , incurría en tal infa- 
mia que ni aun la muerte parece le libertaba de ella. De es- 
to es prueba el caso que apuntamos arriba y refieren los fue- 
ros de Aragón 3 , en que habiendo uno retado á otro de perju- 
rio y desmentídole este , paso el tiempo de diez años sin que 
el retador hiciese alguna instancia. Estando el retado enfermo y 
á la muerte llego de nuevo á retarlo del mismo perjurio. Ha- 
biéndole desmentido el enfermo y ofrecídose al duelo con otro 
enfermo igual suyo , no admitid el otro semejante condición, y 
murió por fin el enfermo. Por no haber salido al duelo quería em- 
barazar el retador el entierro , diciendo ser indigno de la sepul- 
tura por infame y por perjuro. Mas no lo consiguió , porque el 
rey don Jayme de Aragón declaró haber cumplido con ofrecer- 
se al duelo con su igual. 

No desemejante á este , para la circunstancia de que vamos 
hablando , fué el que dice Puteo 4 acaeció en Italia. Habiéndo- 
se ausentado á un viage cierto soldado , y dexado encargado el 
V 

i Jnconst. sicul.lib. s. tít. 37. §. 4. 3 Tit. de duello. 

2 Mucio d&>duell. lib. 2. cap. 18. 4 Puteo de re milit. lib. 3. q. J. 



DE IA HISTORIA, R; 

cuidado de su casa y familia á otro soldado, faltando este á las 
leyes de la amistad y de la confianza , hizo fuerza á la muger del 
ausento. Sentida esta de su injuria , y del mal trato de aquel á 
quien habia quedado encomendada , luego que vino el marido 
hizo notoria su afrenta. Llevado este de su pundonor reto á su 
contrario para publico duelo , pero antes que llegase el dia apla- 
zado falleció' : con lo qual alegre el adúltero juzgando salir vic- 
torioso . se presento en la estacada el dia señalado. Los amigos 
y parientes del difunto , viendo qual quedaría la honra de él 
sino se presentase en el campo habiendo sido desmentido , y que 
seria declarado por infame , deliberaron poner entre unas tablas 
su cuerpo , y puesto así á caballo bien ligado presentarlo en la 
estacada , como con efecto lo executaron , llevando las riendas un 
criado que al mismo tiempo á grandes voces clamaba por jus- 
ticia. El contrario , á quien semejante espectáculo debiera haber 
comovido , obstinado en su malvado proceder arremetió contra 
el muerto , y dando un fuerte encuentro en las tablas quebró su 
lanza ; de que espantado el caballo que llevaba el cadáver , se 
salid de la estacada. Pero esto movió de tal suerte los ánimos 
de los circunstantes , que clamando de común acuerdo que aquel 
acusado habia ciertamente cometido el adulterio , obligaron al juez 
á asegurarle ; y convencido con otras pruebas, le condenó á muer- 
te de horca. 

En Italia podían conceder campo casi todos los señores de 
feudo. En Francia aquellos solo á quienes por sus investiduras 
estaba permitido , como nota du Cange l . Y antiguamente ade- 
mas del rey , el parlamento de París , la audiencia del Delfinado 
y el condestable de Francia , según dicen Pedro Gregorio y 
otros 2 . En España solo el rey podía determinarle : y como fue- 
se este recurso difícil de conseguir , y no siempre quisiesen los 
reyes concederle por agravios particulares , que solo por rodeos 
tocaban en los delitos de traición ó alevosía; se introduxo el abu- 
so de los duelos privados , que se observaron con tanta freqüen- 
cia y sin solemnidad. 

i V. Duellum. c. 16. n. 9. Guido Papa, quast. 622. 

3 Petr. Gregor, lib. 48. Syntagm. Paul. Boet. de duell. cap. 26. 



$6 MEMORIAS DE U ACADEMIA 

La victoria de los duelos se conseguía de uno de quatro mo- 
dos : por muerte : por rendirse y confesarse vencido : por desde- 
cirse expresamente: y por huir de la estacada, que era el mas ig- 
nominioso. El vencido , ademas de la deshonra , quedaba prisione- 
ro del contrario , y obligado á los gastos de la batalla y su resca- 
te : y de no rescatarse , á servir por cinco años ; con tal que no 
pudiese su señor emplearlo en obras serviles , sino solo en las de- 
centes y propias de caballeros. 

En España , no obstante ser muy raros los duelos públicos , se 
hallan algunos exemplos que refieren las historias. En tiempo de 
don Alonso el VI de Castilla es bien sabido el que hubo entre los 
condes de Carrion y los soldados del Cid , por el agravio hecho á 
sus hijas , en que fueron declarados los condes por aleves , siendo 
uno de los jueces don Ramón de Borgoña yerno del rey , según cuen- 
tan Mariana y Berganza *. En el mismo tiempo fué el que por 
el breviario gótico mantuvo delante del legado pontificio Juan 
Ruiz de la casa de Matanza á las orillas del rio Pisuerga, de que 
salid vencedor , como afirma el arzobispo don Rodrigo 2 . En 
tiempo del rey don Pedro, el que hubo en Sevilla , siendo reta- 
dos de traidores por Lope Díaz de Carballeda y Martin Alfonso de 
Losada dos caballaros de Galicia llamados Arias Vázquez de Ba- 
hamonde y Rasco Pérez de Bahamonde , por mandado , según se 
cree, del Rey : en el qual habiendo sido herido el caballo de Arias 
Vázquez con uno de quatro dardos que su contrario tenia escondi- 
dos en el campo y le fueron mostrados por el mismo fiel de él , sa- 
lid de la estacada ; por lo qual le mataron , como convencido de la 
traición , los alguaciles del rey , según se vé en su crónica 3. La de 
don Juan el II 4 refiere el que sucedió en Segovia estando pre- 
sente este rey y el de Navarra don Juan , año de 1428 , entre dos 
vecinos de Soria llamados los Vélaseos , que habiéndose mante- 
nido ilesos mucho tiempo en la lid , fueron dados ambos por 
buenos , y armados caballeros , cada uno por uno de los reyes. 

1 Manan, lib. 10. cap. 4. Berganza año 12. cap. 4. 

Antíg. de Esp. lib. 5. cap. 27. 4 Crónica del rey don Juan el II, 

2 De reb. Hisp. lib. 6. c. 26. año 1428. cap. 100. 

3 Crónica del rey don Pedro , 



DE LA HISTORIA. 87 

En tiempo del rey católico , y en su presencia en Burgos año 
de 15 16 , batallaron asimismo con todas las ceremonias del due- 
lo don Francisco Crespí de Valdaura , siendo su padrino el con- 
de de Andrada , con don Gerónimo de Híjar , apadrinado del con- 
de de Belchite , y siendo juez del campo el condestable de Casti- 
lla don Iñigo Fernandez de Velasco , de que hacen mención Uz- 
tarroz * y otros que omitimos. Pero el mas famoso de todos es 
el que ya referimos entre don Pedro de Torrellas y don Geró- 
nimo de Ansa , caballeros aragoneses, en Valladolid ; por haber si- 
do el último en estos reynos , y haberse executado en la corte 
del cesar Carlos V , compuesta en gran parte de extrangeros no 
acostumbrados á semejantes espectáculos. 

Aquí es forzoso dar noticia de una especie de duelo , admi- 
tida solo para muestra del valor y en obsequio por lo regular 
de alguna dama , á que nuestras leyes dan nombre de empresas y 
requestas , porque era alguna señal que consigo traia el que así 
quería pelear , publicando antes las condiciones con que la de- 
fendía. El que quería aceptar la batalla , se entendía hacerlo solo 
con tocar la empresa : lo qual executado se seguía el duelo pú- 
blico , asegurando el campo el príncipe que lo habia permitido 
en sus estados. En ellas el vencimiento no era tan ignominio- 
so , por no ser hecha la batalla para defender su honra infama- 
da de algún delito. - 

En tiempo del rey don Juan el II fueron muy freqíientes es- 
tas empresas , lo que quizas dio' motivo á que este rey las veda- 
se 2 . En su crónica 3 el año de 1448 se refiere la empresa que tra- 
xo á la corte de Valladolid micer Jaques de Laláin , caballero bor- 
goñon , camarlengo y del consejo del duque Filipo de Borgoña , á 
quien dada licencia por el rey para que la traxese , le fué tocada 
por Diego de Guzman , que en la batalla hubiera ahogado entre 
los brazos al borgoñon si no hubiese arrojado el rey la vara. Tam- 
bién se refiere la empresa que Juan de Merlo saco de España , y 

1 Uztarr. Annal. de Arag. lib. 3. 9. iit. 8. lib. 8. Recop. 

cap. 5. Escolarlo //¿rí deValenc. i.part. 3 Crónica del rey don Juan el II. 
lib. 10. c. 32. mwi. 10. año 1448. c. 104. Año 1433. c% 2 39' 

2 Ley 8. tit. 9. lib. 4. Orden. Ley Año 1436. c. 267. Año 1435- c. 260. 



88 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

en. Borgoña le fué tocada y combatida por el señor de Charní , 
y después en Basiléa por mosen Enrique de Remestan. La que 
también sacó de España don Fernando de Guevara , que hizo sus 
armas en presencia del duque Alberto de Austria. Y finalmente la 
que el año de 1435 traxo de Alemania á Segovia , donde delante 
del rey don Juan se hicieron las armas , micer Roberto señor de 
Balse con otros sesenta caballeros , batallando con el principal 
don Juan Pimentel conde de Mayorga , y con los demás , otros 
caballeros de la corte. 

A este modo de ostentación del valor puede reducirse otro, 
con que poniéndose en cierto sitio , defendían el paso , de suer- 
te que los caballeros que quisiesen pasar hubiesen de hacer las 
armas que estaban señaladas en la promulgación de la empresa. 
Tal fué el paso que defendió Suero de Quiñones x , con otros 
nueve caballeros , cerca del puente de Orvigo entre León y As- 
torga el año de 1434 que acaeció ser jubileo de Santiago , por 
caer el santo en Domingo ; pretextando estar cautivo del amor de 
cierta dama , y haber de ser su rescate trescientas lanzas : á cuyo 
fin cada caballero que por allí pasase los treinta dias de la de- 
fensa del paso , debía hacer tantas carreras en arneses de segur , y 
con fierros amolados á punta de diamante , hasta romper tres lan- 
zas; dándoles Suero las armas y costa del tiempo que allí se man- 
tuviesen. De este paso y lo en él acaecido formó individual rela- 
ción Pero Rodrigo Delena, que como notario del rey asistió á él á 
solemnizar sus actos ; cuya relación compendió fray Juan de Pi- 
neda en su libro del Paso honroso. 

Semejante fué el que en las bodas del príncipe don Enrique 
con la infanta de Navarra doña Blanca año de 1 440 mantuvo en 
Valladolid con otros 19 caballeros Ruy Diaz de Mendoza, en que 
por haber sucedido algunas muertes, no quiso el rey durase los 
quarenta dias que se habían publicado ; debiéndose en él correr con 
arneses hasta romper quatro lanzas de hierros amolados. También 
en Borgoña el mismo año defendió otro paso el señor de Charní, á 
que con licencia del rey don Juan el II fué mosen Diego de Vale- 

1 Crdn. de don Juan el II. cap. 240. 



DE XA HISTORIA. 8r> 

ra , llevando consigo una empresa de armas que entendía hacer; 
de cuyas dos funciones salid con todo lucimiento ' . Después en 
tiempo de Enrique IV 2 don Bcltran de la Cueva , principal vali- 
do suyo , mantuvo junto á Madrid en los bosques del Pardo uno 
de estos pasos año 1459 , con motivo de celebrar la venida de un 
embaxador del duque de Bretaña á establecer amistad con el rey 
de Castilla. De cuyas resultas mando' el rey fundar allí el monas- 
terio de san Gerónimo , que llamaron del paso , el qual fue des- 
pués por lo enfermo del sitio trasladado á Madrid. 

XI. No es nuestro ánimo en el presente asunto justificar el 
uso de los duelos , quando contra ellos se ve fulrninada , no solo 
la censura de la iglesia , sino también de los mismos que juzgaron 
prudente economía el permitirlos. Solo queremos hacer presentes 
las razones con que las leyes y los legisladores se movieron , ya á 
concederlos , y ya á mandarlos , buscando disculpa á su creencia, 
no plena satisfacion á su errada disposición. 

Es regular circunstancia de lo justo de las leyes la atención y 
acomodo á las calidades del lugar , tiempo y condiciones de las 
personas entre quienes se establecen y para quien se fundan , arre- 
glo á las costumbres de la patria , y necesidad que insinúa el pru- 
dente arbitrio de la república , según san Isidoro 3 . Así la nación 
feroz requiere mas severas leyes que la pacífica. En tiempo de paz 
con menor rigor se contienen los subditos en la debida obedien- 
cia y tranquilidad , que en el de guerra. Y finalmente donde es 
mayor la freqüencia de un delito , se necesita mayor eficacia en las 
leyes para exterminarlo , como dice el jurisconsulto Saturnino 4 . 

Notaba de injustas en otro tiempo Favorino las célebres leyes 
de las doce tablas con tanto estudio y fatiga hechas y sacadas de 
la observación de las ciudades y repúblicas griegas , por algunos 
capítulos que en su tiempo parecían del todo irracionales y faltos 



1 Crónica del rey don Juan el II 4 Claudius Saturninus ni hg. Aut 
año 1440. cap. 312. y 13. factum 16. §-. Norinumquam , ■&. de pce- 

2 Castillo Crónica de Henrique IV nis , ibi : Nonnumquam evenit , ut als- 
MS. cap. 24. quorum maleficiorum supplicia exacer- 

3 Isidor. in cap. Erit autem lex. bentur , quoties nimium multis personis 
dist.\. grassantibus t exemplo opus sií. 

M 



OO MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

de justicia , y de la igualdad que se requiere entre penas y delitos 
y entre las personas entre quienes se versa. A estos argumentos sa- 
tisfizo con solidas razones el jurisconsulto Sexto Cecilio , manifes- 
tando que las oportunidades y remedios de las leyes suelen con el 
tiempo mudarse , por las costumbres y circunstancias de la repú- 
blica , razones de las presentes utilidades , y freqüencia de los vi- 
cios , á que se debe atender J . 

Los mismos motivos pueden influir á hacer la justificación de 
los duelos en los tiempos en que las costumbres los induxeron y 
los permitieron las leyes. En primer lugar la continua repetición 
de delitos ocultos , homicidios , adulterios , hurtos y otros seme- 
jantes , movió al emperador Enrique para que en cortes de los 
lombardos en muchos casos los estableciese 2 , procediendo en ellos 
la misma razón que en los tormentos : pues mediante convenir á 
la república que los delitos no queden sin castigo , y no haber en 
muchos de ellos prueba por donde venir en conocimiento de su 
autor , se vale el derecho de la qiiestion del tormento , no obstan- 
te que esté también expuesta por él á padecer la inocencia , y sea 
mas regular en él confesar haber cometido el delito el pusilánime 
é incapaz de executarlo , que el atrevido y malvado que acaso lo 
cometió ; equiparándose tanto estos dos remedios , que en ambos 
eran requisitos los indicios claros contra el acusado. 

Justificaba también la admisión de los duelos el que , según las 
mas de las leyes referidas , solo tenia lugar en delitos capitales, 
donde si se justificase haberle el reo cometido , habia de ser casti- 
gado con la pena de muerte : de modo que siendo el delito cier- 
to y muriendo el reo en la batalla , solo se variaba en la justicia 
la mano del ministro que executaba el castigo. Si era incierto y el 
actor perecía en la demanda , no era fuera de razón , que así como 
las leyes en diferentes delitos al infamador d calumniante impo- 
nen la pena del talion , la determinasen en estos , justificados por 

i Sext. Csecilius apud Aul. Gell. tum prasentiunirationibus , proque vi- 

lib. 20. cap. i. Non enim proferto ig- tiorum , quibus medendum est fervor i- 

noras Jegnm opportunitates & medellas bus , mutari atque flecti. 
fro temporum mor i bus , &< pro rerum 2 Jn legib. longob. lib. 1. tit. 9. 

publicarían generibus , ac pro utilita- §. 39. 



DE LA HISTORIA. 9 I 

el duelo. Poro si acaso acaecía al contrario , que siendo el deliro 
cierto , el acusador moría ; ó siendo impostura , el reo ; su sincera 
fe se persuadía, o á que era justo castigo de Dios por otros inave- 
riguables juicios suyos , ó á que estos casos no podían precaverse 
por las leyes, como sucede en otros muchos. Y así siendo fuera de 
su intención , de ninguna suerte eran imputables á los legislado- 
res ni á los jueces , que solo atendían á descubrir la verdad , come- 
tiendo su examen al superior juicio de la divina justicia , y creyen- 
do firmemente que el temor de haber de ventilar su causa en se- 
mejante tribunal serviría de freno á los delitos , y de remora á los 
malvados para no poner en execucion sus intenciones , como no- 
tan nuestras leyes x . 

A veces disculpaba lo irracional y dudoso de este juicio la con- 
sideración de evitar mayor mal que amenazaba en los freqiientes 
perjurios que se seguían , y que intentaron precaver con admitir 
los duelos Cario magno y Otón. Y es este tan poderoso motivo, 
que aun detestando la iglesia la purgación vulgar como es noto- 
rio , se vio' en algún caso obligada á permitirla , para evitar con 
ella el peligro del perjurio , que en la persona del esclavo y otros 
de ínfima condición se podía recelar , como del concilio triburien- 
se lo notamos ? . 

Finalmente la propia honra ofendida parece daba permiso pa- 
ra que en su restauración se aventurase la vida , quando esta suele 
estimarse en igual o menor precio que aquella 3 . Por lo qual dis- 
culpan muchos canonistas y doctores á aquel que siendo noble o 
de distinguida condición , acometido no huye y se defiende , no 
obstante que con esta acción se exponga á ser muerto ó á matar 
á su contrario. Así por defender la propia honra creyeron Baldo y 
otros ser lícito el duelo 4 . 

Estas y otras semejantes pueden ser las razones que militan á 

i Z.i. fzV. 3. de los rieptos, Part.j. Cap.i. x. de purg. can. 

2 Concil. tribur. in can. nobilis 2. 3 L. Justa, -a. de manum. vind. L. 

q. 5 . ib>i : Si antea deprehensus fuerit 8. §. 2. •&. Quod met. caus. 
infurto , aut perjurio , aut falso testi- 4 Baldus in cap. 1. col. <j. de pace 

tnonio ad júrame ntuni non admittatur, tenenda in fettd. & alii apud Menchac. 

sed sicut qui ingeniáis non est ,ferven- Illustr. controv. lib. 1. cap. 12. n. 2. é* 

ti aqua, vel candenti ferro se expurget. c. 49. «.21. & Bocer. de duel. c.%. n.n. 

M2 



0,2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

favor de la justicia del duelo : á que se llega la autoridad de tantos 
pueblos y naciones donde fue admitido , el permiso de los prínci- 
pes , condescendencia de muchos sabios y prelados, y general apro- 
bación de los sábditos. Pero siendo de mayor peso , y consistien- 
do en mas solidos principios lo injusto é irracional de esta costum- 
bre , es forzoso concluir, no solo que el duelo es y ha sido detes- 
table introducion y abuso , sino que su estilo , demás de ser con- 
trario al derecho natural , divino y humano , es del todo descami- 
nado y fuera de propósito para el fin á que se dirigia : á cuya con- 
clusión conducen las consideraciones siguientes. 

La primera , el riesgo de que padezca la inocencia , con pér- 
dida no solo de la vida , sino también de la honra, si por los aca- 
sos de esta prueba , que contempla don Gerónimo de Urrea y con- 
firma con diversos exemplares , queda el inocente vencido , como 
acaeció en el caso que menciona el papa Inocencio III * . 

Ni basta recurrir en esto al juicio divino. Este preparará el 
castigo á los delitos , ó para la vida venidera , o' para quando sea 
su voluntad en esta. No hay promesa alguna de que haya de ha- 
cerlo quando se lo pidan los hombres , mayormente no pidiéndo- 
selo con oraciones y ayunos , sino con iras , enconos y vengan- 
zas. Semejante confianza está calificada de tentación , como de esta 
costumbre lo afirman pontífices y doctores 2 ; y así se opone al 
precepto en que Dios manda no tentarle 3 . 

La segunda , el ser esta costumbre del todo opuesta á las reglas 
del derecho y de la luz natural. Estas dictan que para imponer 
pena de muerte hayan de ser las pruebas del delito mas claras y 
manifiestas que la luz del dia. En el duelo no solo no se reque- 
rían , pero era preciso requisito el que no las hubiese : y quando 
estaban los indicios contra uno , solia el contrario,- de nada indi- 
ciado , sufrir la pena capital. Previene el derecho que mas vale 



1 Innocent. III. in cap. Significan- D. Thom. 2. 2. q. 97. art. 1. Bocer. de 
tibus x. de purg. vulg. duel. c. 2. n. <¡. Gonz. in c. 2. x. de 

2 Nicolaus papa in c. Monomachiam cleric. puzn. in duel. Larrea Alleg. 117. 
2. q. 5. Honorius III. in c. Dilecti. m. a n. 34. 6- alii. 

de purg. vulg. Ayala de jur. 6* officiis 3 Deuteron. c. 6. v. 16. No» tenta- 

bell. Per. Greg. lib. 48. Synt. cap. 16. bis dominum Deutti tuutn. 



DÉLA HISTORIA. O* 

quede el culpado sin castigo , que no el inocente condenado; fun- 
dándose en la diferencia grande que hay de faltar á un precepto 
positivo, qual es el de castigar los culpados , en cuya dispensación 
tiene á veces arbitrio la república , á quebrantar uno negativo de 
no ofender á otro , en que no es permitida la dispensación. Pero 
en el duelo , confundidas todas las cosas , por castigar un culpado 
desconocido y cumplir el primer precepto , se faltaba al segundo, 
y recaía la pena en quien no la merecía. Y siendo otra regla de 
derecho , que no probando el actor deba el reo ser absuclto , en 
el duelo no solo no lo era , sino obligado á probar su inocencia 
con riesgo de la vida. 

La tercera , que mudándose el orden de las leyes , lo que se 
habia de decidir por ellas y los magistrados , quedaba expuesto á 
las armas , siendo los litigantes jueces , partes , testigos y executo- 
' res : lo que es del todo mal sonante y fuera de razón , tomándose 
satisfacion de los agravios , no ya por la autoridad pública , para 
que fuese sin pasión determinada y arreglada á justicia , sino por 
la particular del que habia recibido la injuria , o como tal lo ale- 
gaba. Y siendo el homicidio por leyes naturales y positivas proibi- 
do, se executaba sin riesgo del castigo baxo el pretexto del duelo; 
y tal vez tan en daño de la pública utilidad , que , según se queía 
con el señor de Bandaron Carlos Escribanio J , en pocos años en 
Francia , aun después de proibidos , se contaban siete mil muertes 
sucedidas en duelos. 

Las razones en contrario , aunque entonces de gravísimo peso 
para haber arrastrado el común de los pueblos y provincias á su 
asenso , no eran del todo eficaces , registradas á la luz de la razón. 
No el exemplar del tormento , en que la ratificación espontanea 
después de las veinte y quatro horas subsana el peligro en que po- 
día padecer naufragio la verdad entre las confusiones del miedo; 
fuera de ser medio en que sin milagro pueden las fuerzas natura- 
les mantener la verdad : quando en el duelo era forzoso padeciese 
el inocente igual pena que el culpado. A que se llega el abuso des- 
pués introducido, haciendo campo de venganzas y particulares iras 

i Carolus Scribauius infolit. christ. 2. p. cae. 41 . 



p4 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

el del duelo , donde ya no se requerían indicios ni delito , ni se 
escusaba porque hubiese pruebas la batalla. En lo qual no puede 
hallar disculpa esta costumbre. 

Del mismo modo aunque según leyes debian ser delitos ca- 
pitales por los que se viniese al duelo , ni esto se observo sin dis- 
tinción ; habiendo muchos casos en que se admitía aun en las cau- 
sas civiles y de tan poco momento , que obligaron á Enrique I 
rey de Inglaterra á que promulgase ley proibiendo su uso en cau- 
sas de menos de diez sueldos. Y aun quando constantemente se 
observase , quedaba de la misma suerte expuesta á padecer la ino- 
cencia. Ni esto basta para disculpar los perjurios , pues habiendo 
de jurar los combatientes , ni aquellos se escusaban , ni se conse- 
guía el fin de la verdad. 

Pero aun quando fuesen firmes todos los fundamentos contra- 
rios , no podrá justificarse esta costumbre en el caso de hacerse 
por campeones , pues en él no intervenían los culpados princi- 
pales del delito. Y así pudiendo ser ambos inocentes , iban ex- 
puestos á* la pena sin cometer delito que la mereciese , y recibían 
en sí el castigo antes que sus principales ; siendo cosa injusta y de- 
testable que por culpas agenas sean otros castigados y entregados á 
la muerte , como con la autoridad de los emperadores Antonino 
el filosofo y Elio Vero lo afirma Calístrato l . 

Así prefiriendo esta opinión la abrazan y defienden los doc- 
tores 2 , y la califican con sus establecimientos los papas , con- 
cilios , reyes y príncipes , y el dia de hoy se ve admitida sin 
contradicion. Pero siendo justo no omitamos las noticias y per- 
sonas que con sus leyes , d ya restringieron , d ya borraron el 

i Callistratus lib. i . de cognition. in in rub. tit. 4. de las lides, Part.j. Mon- 

/. Crimen 26. -a. de pcenis. Namque unus- talvus in l. 5 • tit. 21. lib. 4. Fori. Bar- 

quisque ex sito admisso sorti subjici- tholus cons. sito quod est <¡. sub tom. 1. 

tur, nec alieni criminis successor cons- cons. crim. Oldradus de Ponte cons.iyi. 

tituitur. Idque divi Fratres hierapoli- n. 2. Cujacius lib. 1. Feud. in comm. ad 

tanis rescripserunt. tit. 4. 6- alibi. Bocer. de duel. cap. 2. 

2 Hostiensis in Summa de cleric. k.8. Fredererius de jure belli priv. lib. 1. 

pugn. in duel. vers. Quando sit offeren- c. 4. ex n. 3. & c. 5 . n. 3. Larrea Alleg. 

dum , 6- alibi. D.Thom. 2. 2. qu¿est.yj . 1 1 7. Gonzal. in cap. 2. x. de cler.fugn. 

<irí.8. ady & ibid. Cajetan. Greg.Lop. in duel. & alii apud eos. 



DI IA HISTORIA. 95 

uso de los duelos , será preciso recopilarlo en breve para fina- 
lizar el asunto. 

En el derecho canónico , donde siempre fue mirada esta cos- 
tumbre como detestable abuso de los pueblos , la proibio' el papa 
Nicolao I , y poco antes que él el concilio valentino en Francia 
celebrado el año de 855 , privando como homicida al que matase 
á otro en el duelo , de la comunicación con los fieles , y obligán- 
dole á hacer penitencia ; y al que muriese , de la participación de 
la eucaristía , y de ser su cadáver enterrado con los acostumbrados 
salmos y oraciones de la iglesia , como que se juzgaba homicida 
de sí propio. Proibiéronle después Honorio III 1 , Celestino III, 
Alexandro III y Inocencio III especialmente en<íos clérigos , man- 
dando que el que por sí d por otro le admitiese ú ofreciese , no 
siguiéndose de la batalla muerte o mutilación , quedase suspenso, 
si el obispo no tuviese por conveniente el dispensar con él ; y si- 
guiéndose muerte de ella , irregular , como homicida que era ver- 
dadero , por haberle cometido en el mandato y consejo , si por me- 
dio de otro batallaba , y en la execucion , si por su persona. 

Siguióse el concilio tridentino , y agravo las penas impuestas 
á este delito , con ánimo de extirparle , mandando á los príncipes 
y señores temporales no le permitiesen en sus dominios , baxo la 
pena de excomunión y privación del dominio y jurisdicion del lu- 
gar d ciudad donde le permitiesen , los quales siendo feudales se 
devolviesen por el derecho de reversión á los señores directos : im- 
poniendo á los que cometiesen el duelo y sus padrinos la pena de 
excomunión y pérdida de todos sus bienes , con la nota de infa- 
mia y privación de sepultura eclesiástica si muriesen en el comba- 
te : y castigando finalmente á los que aconsejasen , persuadiesen d 
se hallasen presentes al duelo con la misma pena de excomunión 
y maldición perpetua , no obstando qualquiera costumbre , aunque 



1 Nicolaus papa in c. Monomachiam cleric. pugn. in duel. 6" in c.i. depurg. 

s. q. ;. iiulg, 

ConcII. valent. 3. anno 855. can. 12. Alexand. III. in c. Porro de cler. 

Honorius III. in c. 1. de cler. pugn. pugn. in duel. 

in duel. in 5. Compilat. Innocent. III. in c. Significantib. de 



Caslestinus III. in c. Henricus , x. de purg. vulg. 



96 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

fuese inmemorial , ni privilegio l . Antes de este concilio habían 
establecido casi las mismas penas para las tierras sujetas á la santa 
sede Julio II y León X; y antes y después de él con diversas cons- 
tituciones confirmaron y agravaron las penas , viendo que las im- 
puestas no bastaban , Clemente VII , Pió IV , Gregorio XIII , que 
extendió las mismas penas á los desafios privados y ocultos , y 
Clemente VIII, que declaró extenderse la proibicion á todo el orbe 
christiano ; y finalmente los vedo el concilio toledano año 1473 , 
y el bituricense en Francia año 1584 2 . 

Entre los príncipes seglares los proibid el emperador Federi- 
co II en las constituciones sículas 3 , excepto en los casos de lesa 
magestad y homicidio ocultos , dando la razón para la proibicion 
de no ser esta prueba verdadera , sino una adivinación opuesta á la 
naturaleza y equidad , y no conforme al derecho ; porque apenas 
se podrian hallar dos combatientes tan iguales que uno no exce- 
diese á otro en fuerzas d en destreza. Y así dispuso , que las causas 
se hubiesen de sentenciar por testigos y los legítimos modos del 
derecho. En Francia los proibid el rey san Luis en sus propias 
tierras , según consta de sus estatutos ; y á su imitación Alfonso 
conde de Poitiers y Aubernia en forma de privilegio concedió á 
sus subditos el que no fuesen obligados á executar los duelos para 
justificarse d defenderse , como nota du Cange 4 , que también men- 
ciona otros iguales privilegios concedidos por sus príncipes á di- 
versos pueblos. Pero habiéndose vuelto á extender su uso en Fran- 
cia con notable exceso , promulgo severos edictos contra ellos su 
rey Enrique IV y Luis XIII, según Rualdo citado por Larrea 5 . 

En Brabante aunque en las tablas de las leyes de Juan su du- 
que del año de 1 3 1 2 se concedia en ciertos casos el duelo , des- 
pués Felipe II por un edicto del año de 1589 en 22 de Junio , y 

1 Concil. trid. sess. 2j. de refornt. cil. bituricense apud Voetium de duel. 

c. 19. cap. 32. 

3 Julius II. in const. "Regís pacifici. 3 Lib. 2. tit. 33. 
"Leo X.incoitst.QuamDeo 29. Clement. 4 Statuta S. Ludov. lib. I. cap. 2. 

VII. in const. 2. Pius IV. Const. 2j. Cangius v. Duellum. . 
Gregor. XIII. in const. Ad tollendum 8. { Ruald. Act. in-duel. pag. 63. us- 

Clem. VIII. in const. Ulitis vices 19. que ad 81. apud Larream Alleg. 117. 

Concil. toletan. anno 1473. cap. 20. Coa- n. 36. 



DE ÍA HISTORIA. 97 

luego los príncipes Alberto é Isabel por otro de i6"ro en 27 de 
Febrero , repetido en 1 1 de Julio de 1624 , le proibieron del to- 
do , declarando tanto á los que llamasen á él como á los que con- 
sintiesen , por infames , indignos de los distintivos de nobleza, pri- 
vados de honores y empleos si los tuviesen , con la confiscación 
de la mitad de la hacienda ; y á los combatientes pena de muerte 
y confiscación de todos los bienes , con otros edictos que refiere 
Zipeo, Voecio y Andrés Valense '. 

En Saxonia refiere Ledererio 2 diversas constituciones electora- 
les expedidas á fin de arrancar de la república abuso tan contra- 
rio á la razón y á la pííblica tranquilidad ; en especial las que el 
año de 1661 y 1665 promulgó el elector Juan 7 or g e H> impo- 
niendo la pena de muerte á aquellos que matasen á su contrario 
en el duelo , como verdaderos homicidas , o ya fuesen provocados 
ó provocadores , que extendió después aun al solo acto de llamar al 
duelo y de comparecer el llamado, mandando que el que en el com- 
bate muriese , quedase privado de sepultura honrosa. 

Finalmente en España los reyes católicos , entre otras céle- 
bres providencias con que ilustraron su feliz reynado fué una la 
de proibir los duelos privados y ocultos , en que enviandose car- 
teles se salian á matar á determinado parage con padrinos ó 
sin ellos , promulgando ley en que vedaron esta remisión y acep- 
tación de carteles , imponiendo á los que contraviniesen , ó de 
palabra solo se desafiasen aunque no llegase el trance de la batalla, 
la pena de incurrir en aleve y serles confiscada toda su hacien- 
da; y siguiéndose muerte del combate, quedando vivo el reques- 
tador , pena de muerte ; y si lo quedaba el requestado , de des- 
tierro perpetuo. Y previendo que en muchos casos se dexarian 
de hacer si faltasen los tratantes y padrinos que intervenían en 
los ajustes del duelo é incitaban á él , mandaron que qualquie- 
ra que se mezclase en llevar ó traer carteles ó mensages , ó en 
ser padrino , por el mismo hecho incurriese en la pena de ale- 
ve y de pérdida de toda su hacienda ; imponiendo asimismo pe- 

1 Zypasus Mont. tur. Belg. tit. de 2 Lederer. de ture bell.priv. lib. 1. 
puqn.in duell. Voet. de duell - cap. 32. cap. 6. 
Valens,¿iiií/¿. decler.vugn. induell.n.z. 

N 



p8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

na í los que mirasen los dichos duelos y no los despartiesen x . 
Pero siendo esta detestable costumbre tan tenaz , que qual 
otra hidra , al cortarle una cabeza renacian muchas y se extendia 
con mas nocivo veneno , fué preciso que otro animoso Hércu- 
les con su poder y astucia la extirpase , y de raiz la desterrase 
de sus reynos. Este fué nuestro católico monarca el señor don 
Felipe V , que viendo no haber bastado para ello ni las censu- 
ras de la iglesia , ni las leyes de sus gloriosos predecesores , ex- 
pidió su real pragmática de 1 6 de Enero de 1 7 1 6 en que , reno- 
vando las penas hasta allí impuestas, declaró por delito infame 
el del desafío ó duelo , mandando que así el que desafiase y acepta- 
se el desafío , como los que en él interviniesen llevando carteles 
y recados ó siendo padrinos y concertadores , fuesen privados de 
todos los oficios , rentas y honores que tuviesen de la real gra- 
cia , quedando inhábiles por toda su vida para ellos ; y siendo ca- 
balleros de alguna de las quatro ordenes militares , degradados de 
este honor y privados de hábito y encomiendas. 

No fué necesaria otra providencia para desterrar de España 
el detestable abuso que se hacia de las antiguas leyes , en que , 
como dexamos visto, se permitían en determinados casos y per- 
sonas los duelos y desafíos. Ya últimamente no eran estos con 
las formalidades que en ellas se prescribían. Las palabras y las 
acciones mas indiferentes solían ocasionarlos con desprecio de la 
religión y de la soberanía. Juzgaban erradamente que el honor 
consistía en no sufrir aun aquellas cosas que es imposible evi- 
tar ínterin que los hombres traten unos con otros , y en tomar 
por sí mismos sangrienta satisfacción aun de lo que solo tenia 
una leve apariencia de desayre. Opinión bárbara que logra po- 
cos sequaces , desde que una ley tan severa hizo que sea medio 
de perder el honor lo que antes se creía preciso para conservarle. 

1 Los reyes católicos, año de 1480. natn. Ley 10. ttt. 8. lib. 8. Recop- 
en la ley n. tit, 9. lib. 4. Orde- lac. 



.j^xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxh 

DISERTACIÓN 

SOBRE EL ORIGEN 

Y PATRIA PRIMITIVA 
DE LOS GODOS, 

DE DON IGNACIO DE LUZAN. 

I. I j as naciones septentrionales que al principio fueron ob- 
jeto de horror al universo , como bárbaros que sin justicia ni huma- 
nidad tenían por empleo el destruirle y arruinarle , llenando de 
sangre y de estragos los países por donde pasaban , tanto que 
ellos mismos poco después , como refiere Orosio 1 , miraban con 
arrepentimiento y vergüenza sus mismos excesos : estos turba- 
dores de la pública paz y usurpadores de lo ageno quedaron en 
fin vencedores de quanto se les opuso ; y entonces sucedió' lo 
que Tácito dice 2 , que el vencedor se alza también con los hon- 
rosos títulos de la virtud y probidad. 

II. Los godos pues ya mirados á otras luces y con el ca- 
rácter de vencedores , no eran como antes el horror de los de- 
mas hombres. Los excesos y estragos pasados se disimulaban co- 
mo efectos de su valor y marcial genio , propios de unos hom- 
bres belicosos y de unos héroes á cuyo esforzado impulso se es- 
tremeció toda la máquina del romano imperio , padeciendo en 

i Hist. lib. 7. cap. 40. Post graves 2 De mor. germ. cap. 1,6. Ubi ma- 
rerum atque hominum vastationes, de nu agitur , modestia ac probitas nomina 
quibus ipsos quoque modo poenitet. . . superioris sunt. 

N 3 



IOO MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

una gran parte suya lamentable ruina. Y á la verdad aunque 
los que al principio experimentaron solo su rigor y aquellas fu- 
nestas conseqüencias que trae consigo una invasión y una guer- 
ra, los llamaron y creyeron bárbaros é inhumanos; con todo eso 
después que mas despacio observaron sus virtudes , sus costum- 
bres y leyes , hablaron de ellos muy de otra suerte. Salviano obis- 
po de Marsella , que floreció mediado el quinto siglo , nos los pin- 
ta con tantas ventajas y con tan sobresalientes prendas , que po- 
demos decir que por ellas se hicieron merecedores de sus fortunas 
y dignos de los reynos que conquistaron. „ Quanto á las costum- 
„ bres y al trato de los godos y vándalos , dice este docto obis- 
„ po • , ¿ que hay en que podamos anteponernos ni aun comparar- 
„ nos con ellos ? " Alaba después 2 su caridad , su piedad , su conti- 
nencia especialmente en los vándalos ; y concluye exclamando : 
„ ¡O infelices de nosotros! ¡nos admiramos siendo tan impuros 
„ que nos venza en fuerzas un enemigo que nos excede en hones- 
„ tidad ! ¡ nos admiramos que posean nuestros bienes los que abo- 
„ minan nuestras maldades ! No los hace á ellos vencer su corporal 
„ robustez , ni á nosotros ser vencidos nuestra corporal debilidad. 
,„Nadie se persuada otra cosa, nadie juzgue lo contrario , solo nues- 
„ tros mismos vicios nos vencieron. " 

III. En tiempos mas remotos los godos d getas hechos esclavos 
llegaron á tanto vilipendio , que su nombre paso á ser como propio 
de los siervos , que en Grecia, y con especialidad en las comedias, 
comunmente se llamaban getas. Mas después de algunos siglos , es- 
tablecidos los godos en sus nuevos tronos , y respetados por su po- 
der , no habia quien no desease tener alguna parte de sangre goda 
ó longobarda en su familia para ilustrarse. A los principios, lejos de 
disputarles su origen y su patria , se miro este punto con tanta in- 
diferencia , que nadie se aplico á averiguarle ; hasta que ellos mis- 
mos civilizados con el trato de los pueblos vencidos, y empezando 
á gustar de las letras y de la fama postuma , le publicaron en algu- 
na de sus historias , recogiendo en ellas lo que en sus versos y tra- 
diciones y en algunos libros estaba esparcido. Gozaron en paz las 

i Salvian. £>í gubernat. Dei,lib.^. 2 Id. ibiJ. lib. 7. 



DE LA III S T ORIA. I O I 

noticias que tenían de su origen , hasta que en estos últimos siglos 
otras naciones envidiaron la gloria de tener ú esta por suya, bien 
así como las antiguas se atribuían envidiosas cada una el nacimien- 
to de Hercules , pretendiéndole para sí todas. 

IV. El origen verdadero y la patria primitiva de los godos es 
el asunto de esta disertación , que ilustrado ya por tantas y tan doc- 
tas plumas , apenas pudiera esperar de la mía mayor ilustración , si 
la confusión de sucesos , la semejanza de nombres , la equivocación 
de los mismos autores que han tratado esta parte de historia , en 
que se interesan tantas naciones y especialmente nuestra España , 
donde con mejores auspicios y con mas vasto dominio reynaron 
por muchos siglos los godos y sus descendientes, no hubieran pro- 
ducido sobradas dificultades , que nos proponemos allanar con nue- 
vo examen. 

V. El primer autor de los que han llegado á" nosotros coetá- 
neo d mas inmediato á los godos , y que de intento escribid su his- 
toria y origen , fué Jornandes , d como otros le llaman Jordanes d 
Jordano , católico de religión , de nación godo , de profesión nota- 
rio , y después monge y obispo de Ravena según Sigeberto , de 
quien lo tomaron Vosio , Caveo , Garecio , y otros muchos : aun- 
que ' Ludovico Antonio Muratori no conviene en que fuese 
obispo de Ravena , porque ni en la serie de los arzobispos de 
aquella ciudad escrita por Agnelo que floreció en el siglo nono en 
tiempo de Lotario I , ni en los monumentos y dípticas de aquella 
iglesia se halla Jornandes con tal dignidad. Fué nieto de Peria no- 
tario del duque Candices Alanowamüthis : floreció en el sexto si- 
glo , habiendo escrito su obra de origine ¿3^ gestis gothorum me- 
diado el mismo. 

VI. Escribid Jornandes la historia de los godos á instancia de 
su amigo Castalio , valiéndose de lo que otros autores habían es- 
crito de ellos , especialmente de uno anterior llamado Ablabio , 
que algunos juzgan haber sido godo , y haber escrito en lengua 
gótica ; aunque otros , como Grocio, le tienen por romano , y creen 
ser el mismo que fué prefecto del pretorio en tiempo de Cons- 

1 Murator. Scrrptor. ital. tom. \. parte 1. in prtefat. ad Jornand. 



102 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

tancio , y de quien hacen mención Amiano Marcelino y Euse- 
bio , reduciendo á compendio la que en doce libros había escri- 
to en tiempo de Teodorico , esto es algunos años antes , Mag- 
no Aurelio Casiodoro senador su gran privado y secretario. 

VIL Es constante que Casiodoro escribid la historia de los 
godos , pues lo afirma él mismo en su prefación á las Varias , 
donde hablando consigo mismo dice r : „ En doce libros escri- 
„ biste la historia de los godos , recogiendo como en un ramillete 
„ de flores todos sus felices sucesos." Lo mismo se comprueba con 
otro lugar 2 , y mas largamente se expresa en una epístola de Ata- 
larico nieto de Teodorico 3. Perdióse esta historia de Casiodo- 
ro ; pero nos la conservo en epítome Jornandes , como lo dice en 
su prologo á Castalio : „Acerca de abreviar los cronicones me per- 
„ suades que reduzca á un pequeño libro los doce que escribid el 
„ senador del origen y acciones de los getas desde lo antiguo has- 
„ ta ahora por sus generaciones y reyes 4 ." Que aquí por senador 
se debe entender Casiodoro , es claro por lo que arriba se ha dicho: 
habiéndose equivocado Alberto Krantzio y Saxón gramático en 
suponer que el senador de quien habla Jornandes es Ablabio , no 
siendo sino Casiodoro , como lo advirtió Friderico Lindenbrogio 
en una de sus notas á Jornandes. Por manera que Jornandes, no so- 
lo se debe considerar como autor inmediato á la entrada de los 
godos en España ; sino como coetáneo , respecto de ser su histo- 
ria un epítome de la de Casiodoro , que fué anterior y coetáneo 
de aquellos tiempos , por las circunstancias de haber así el mis- 
mo Casiodoro como su padre y abuelo tenido freqüente trato 
con los godos , himnos y vándalos ; pues el padre de Casiodoro en 
tiempo de Valentiniano fué compañero de Aécio , con cuyo hijo 
Carpilion fué de embaxador á Atila , de quien obtuvo la paz fue- 
ra de toda esperanza ; y el abuelo de Casiodoro libro la Sicilia de 

i Casiodor. Variar. Prafat. Dúo- ne chronicorum , suades ut nostris ver- 

decim libris gothorum historiam deflo- bis duodecim senatoris volumina. De ori- 

ratls prosperitatibus condidisti. gine actuque getarum , ab olim usque 

2 Id. Lib. 12. epist. 20. nunc per generationes regesque descen- 

3 Id. Lib. 9. epist. 25. dente , in unum , & hoc parvo libello , 

4 Jornand. inprafat. De breviatio- coarctem. 



DE IA ÍIISTOIUA. I03 

la invasión de los vándalos, y de Gcnserico su rey '. Valióse tam- 
bién Jornandes de autores anteriores , como Dexípo , Ptolomco , 
Dion , Ürosio y otros , de cuyos escritos confiesa haber formado 
su historia * , como quien de varias flores cogidas por los campos 
forma una corona : protestando que aunque godo no habia añadi- 
do de su cosecha cosa alguna en favor de sus paisanos , refirien- 
do solamente lo que habia leido ó averiguado por cierto. 

VIII. Introdúcese Jornandes á hablar diciendo , que tiene el 
océano setentrional una grande isla llamada Scanzia , de cuyo seno 
saliendo esta nación como un enxambre de abejas se extendió por 
la Europa. Primero desembarcaron los godos encuna isla que de su 
nombre llamaron Gotiscanzia , y se cree ser la que hoy se llama 
Gotland. De allí pasaron á las costas opuestas del mar báltico o sué- 
vico , desde donde se fueron extendiendo por las vecinas provin- 
cias , dexando y tomando de ellas varios nombres , hasta llegar á 
la Tracia , riberas del Ponto o mar negro y laguna Meotis , en cu- 
yos parages establecieron sus moradas : y allí les atribuye varias 
cosas que de los scitas asiáticos y de las amazonas han dexado es- 
critas los antiguos. En estas nuevas colonias y como segunda pa- 
tria , los que habitaban mas hacia el oriente , con voces tomadas 
de su primitiva lengua se llamaron ostrogodos , y los que estaban 
mas al occidente vestrogodos , y después visigodos : aunque algu- 
nos quieren que el nombre de ostrogodos tuvo principio y origen 
de Ostrogota uno de sus reyes ; y otros , como Juan Loccenio , con 
mas razón suponen que estos nombres de ostrogodos y visigodos 
los tomaron de su primitiva patria , donde se ha conservado y con- 
serva el mismo pais y nombre de Ostrogotia , Vestrogotia , y Sud- 
gotia que es la Gocia oriental , occidental y meridional. Y es muy 
verisímil que estos conquistadores diesen á las tierras conquistadas 
los nombres de sus primitivas patrias , como vemos que han hecho 
todas las demás naciones en sus nuevas colonias y conquistas. 

1 Casiodor. Variar, lib. i. ep. 4. genij mei coronam contexerem. Nec me 

2 Jomad. In fine chronic. Hax quí quis in favorem gentis prsedictx , quasi 
Iegis , scito me veterum secutum scripta, ex ipsa trahentem originem , aliqua ad- 
ex eorum spatiosis praris paucos flores didisse credat , quam qua: legi, aut com- 
collegisse , unde ¡nquirenti pro captu in- peri. 



104 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

IX. Estas dos divisiones de los godos tenían sus reyes de dos 
distintas familias : una era de los Ámalos , voz gótica que signifi- 
caba celestiales ; y así Amalasuenta , que quería decir belleza celes- 
tial , tenia en su persona , según refiere Procopio l , dignidad regia 
y rara hermosura correspondiente á su nombre. Esta familia man- 
daba á los ostrogodos. Otra era la de los Baltos á quien obedecían 
los visigodos. La primera se dice haber tenido su origen de un 
antiguo rey llamado Amala : la segunda de la voz gótica balth , 
que significa osadía. Vivieron ambos pueblos en sus nuevas mo- 
radas con gran concordia y unión muchos años , hasta que en tiem- 
po del emperador Valente se suscitó entre ellos una guerra civil. 
Mandaba entonces á los visigodos Fridigernes , y á los ostrogo- 
dos Atanarico , o como otros le llaman Hermanarico. Vencido 
Fridigernes ocurrió al emperador Valente , con cuyo socorro y 
mediación se efectuó la paz entre ambos pueblos. En esta ocasión 
los godos abrazaron la religión christiana , bien que contaminada 
con la heregía de Ario , cuyo veneno les comunicó Valente. 

X. Por este tiempo Balamiro rey de los himnos , pueblos que 
Rudbeckio hace también originarios de la Escandía , invadió re- 
pentinamente y derrotó á los ostrogodos : con cuyo estrago escar- 
mentados y temerosos los visigodos abandonaron á los himnos sus 
antiguas conquistas y colonias , y ocurrieron de nuevo al amparo 
del emperador Valente , que les señaló nueva habitación en la Mé- 
sia. Allí Lupicino , Máximo y otros prefectos romanos por su ex- 
traordinaria codicia reduxeron á los godos al extremo de pere- 
cer de hambre , y aun intentaron matar alevosamente en un con- 
vite á Fridigernes y á sus principales capitanes , y acabar en 
un dia con los demás. Pero este valeroso príncipe , conocida la 
traición por los gritos y alaridos de los godos que espiraban , 
sacando con heroico arresto la espada , pudo librarse con su co- 
mitiva de aquel infame banquete : y animando en el mismo lan- 
ce á todos los suyos , sacudió la opresión en que vivían debaxó 
de los romanos , á quienes venció y derrotó en varias funciones , 
en las quales el despecho igualmente que la razón dieron valor 

i Procop. Histor. arcan, cap. 1 6. 



DE LA HISTORIA. IO5 

y victoria á los godos. Finalmente lograron una decisiva , que- 
mando vivo, sin saberlo , al mismo emperador Valente dentro de 
una choza donde se había retirado mal herido. 

XI. La benignidad del gran Teodosio templo' el resentimien- 
to de los godos , que entrando en nuevas alianzas con el im- 
perio, fueron llamados sus aliados o confederados como antes. Des- 
pués de la muerte de Teodosio eligieron los visigodos por su rey 
á Alarico , que invadió la Italia , movido según algunos de las 
instancias ocultas de Stilicon , vándalo de nación , pero valido y 
suegro del emperador Honorio : aunque san Isidoro da otro moti- 
vo á esta invasión de Alarico, suponiendo que Radagayso , otro 
caudillo de los godos , de acuerdo con Alarico se echo sobre la 
Italia con ducientos mil hombres. Tuvo infeliz éxito esta expedi- 
cioa de Radagayso, porque Stilicon , general del emperador, cerro 
de tal manera aquella muchedumbre de godos en los montes de 
Toscana , que por hambre se deshizo y desbarato enteramente su 
numeroso exército , quedando muerto el mismo Radagayso. Sen- 
tido Alarico de este mal suceso y deseoso de vengarse entró con 
nuevo exército en Italia : penetró hasta Roma y la saqueó , hacien- 
do observar aunque arriano un sumo respeto á las iglesias de los 
católicos y á los vasos sagrados. De allí pasó á Calabria con áni- 
mo de ocupar también la Sicilia , pero á pocos dias le atajó la 
muerte estos proyectos en Ríjoles. Sucedióle Ataúlfo su cuñado, 
en quien concurrían raras prendas de espíritu y de cuerpo. Rindió- 
se este príncipe vencedor á la hermosura de su prisionera Placi- 
dia hermana de Honorio , la qual habia sido uno de los mas ilus- 
tres despojos del saco de Roma. Esta pasión hizo que Ataúlfo , ol- 
vidando todas las demás conquistas , solo pensase en la de su ama- 
da Placidia. Finalmente logró darla la mano de esposo : y enton- 
ces , dice san Isidoro , se creyó cumplida la profecía de Daniel, 
„ que la hija del rey del austro se casaría con el rey del aquilón." 
XII. Dexó Ataúlfo la Italia y pasó á las Galias y á España, 
provincias que por solemne donación de Honorio le pertenecían. 
Hizo Honorio esta donación en Ravena * , quando viéndose sitia- 

1 Jornand. cap. 30. 

O 



loó* MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

do por Alarico , y sin valor ni medios para oponérsele , y no que- 
riendo permitir que los godos se estableciesen en Italia cerno ellos 
pedian , cedió á Alarico las provincias de las Galias y España , pa- 
ra que recobrándolas si pudiese de Gizerico que con sus vándalos 
y alanos las habia invadido , las poseyese como propias suyas. Ad- 
mitieron los godos estas condiciones , y se pusieron en marcha pa- 
ra cumplirlas por su parte : mas adviniendo que los romanos con 
trato doble querían cogerlos descuidados sobre el seguro de la re- 
cien ajustada paz , la rompieron también ellos , saqueando y aso- 
lando la Italia. Pero Ataúlfo después , ya enlazado en nuevo pa- 
rentesco con Honorio por el casamiento con Placidia , y sacrifican- 
do á su amor y á sus alhagos todo el resentimiento y la memoria 
de los hechos pasados , quiso cumplir los pactos de la paz ajustada 
con su antecesor Alarico ; por cuyo motivo paso á Narbona . y de 
allí á Barcelona á principios del siglo V. 

XIII. Estando ya Ataúlfo en Barcelona un traidor le quitó 
alevosamente la vida. Sucedióle Sigerico, y á este Walia , por quien 
fue restituida Placidia á su hermano Honorio , y prosiguió la guer- 
ra contra los alanos , vándalos y suevos , alcanzando de ellos gran- 
des victorias. Desde este sin interrupción se siguieron los reyes 
godos en España hasta Rodrigo , cuya monarquía , reducida á cor- 
tos límites , restauró don Pelayo príncipe de la misma sangre. 

XIV. Jornandes llama Scanzia á la patria primera de los go- 
dos , y dice que era isla del mar septentrional. El padre Garecio 
leyó en este lugar Scanaia y no Scanzia ; y en el MS. de la bi- 
blioteca ambrosiana se lee siempre Scandia , como notó Horacio 
Blanco en la edición de jornandes entre los escritores de Italia de 
Muratori , y así la llamaron otros. Jacobo Zieglero dice que tam- 
bién se llamó Scondania ; pero que la quedó el nombre de Scondia 
(fácil mutación de la a en o entre los alemanes , como se advierte 
en sus varios dialectos) que pronunciada con aspiración después 
de la c , Scondia, da á entender su hermosura ; porque la voz ale- 
mana schon vale lo mismo que hermoso : y esto , dice Buenaven- 
tura Vulcanio , porque no cede en hermosura y amenidad á otra 
alguna región : lo que no sé si fácilmente le concederán otras na- 
ciones que viven en países mucho mas templados y fértiles que la 



DÉLA HISTORIA. I 07 

Suecia. Nuestro Pomponio Mela la llamo Cadanonia, Julio Solino 
Scandinarvia , y los griegos Baltia y Basilia. La equivocación de 
llamarla isla siendo península no es de conseqüencia alguna para 
el caso. Jornandes aunque godo de origen había nacido en el 
Friuli , y nunca había estado en la Escandía o' Suecia : por lo que 
seguiría en esto á los autores antiguos que la tenían todos por isla 
de inmensa grandeza. Plinio ' nos asegura que los hilk'viones que 
habitaban una parte de ella la llamaban otro mundo. Tal vez pro- 
cedió este error de creer que fuese isla de las muchas que hay allí, 
y de las varias calas y ensenadas que hace el mar báltico y de los 
rios que desaguan en él : todo lo qual pudo hacer parecer que era 
isla á los que la miraban de lejos. 

XV. La Scanzia ó Escandia de Jornandes es aquella gran pe- 
nínsula en el norte que comprehende los dos reynos de Suecia y 
Noruega , cuyo ámbito por el occidente y septentrión está cir- 
cundado del océano germánico y septentrional ó glacial , por el 
mediodía le baña el antiguo seno codano ó mar báltico, y al orien- 
te se junta con una parte de la Moscovia. A la parte meridional 
de la Suecia está la Gocia dividida en Ostrogocia , Vestrogocía y 
Sudgocia ; y de aquí según la mas' probable opinión se derivaron 
los nombres de ostrogodos y visigodos. Que esta misma Escandia 
sea la famosa Atlántica de la qual habla largamente Platón en su 
Cridas o Atlántico , dexaré que los curiosos lo vean , leyendo la 
Atlántica célebre obra del erudito médico Olao Rudbekio de Up- 
sal , que con ingeniosísimas conjeturas , y con una copiosa y re- 
cóndita erudición , si bien los doctos echan menos la solidez en las 
pruebas que requería este estrañísimo asunto , intento' demostrarlo. 
XVI. De los autores que precedieron á Jornandes ninguno 
hay que bien entendido expresa y directamente diga lo contrario 
de lo que él dice acerca del origen y primera patria de los godos. 
Quanto á los escritores posteriores, ha durado en esta parte incon- 
cusa su autoridad hasta estos últimos siglos en que , como ya dixe, 

1 Plin. Hist. nat. lib.ó,. cap. 13. SI- tum ejus , quod sit notum , hillevionum 
num , qui Codanus vocatur , refertus ¡n- gente D. incolente pagis , quae alterum 
suli-s , quarum cLirissima Scandinavia est, orbem terrarum eam appellat. 
¡ncompertas magnitudinis, portionem tan- 

O2 



Io8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

envidiando otras naciones á la Suecia el honor de haber produci- 
do una gente tan belicosa , disputaron con mucho empeño este 
punto. Los polacos por sármatas , saurómatas ó melanchlenos, 
nombres que según Procopio tuvieron también los godos quando 
ocuparon aquellas provincias, quisieron apropiarse esta gloria, ha- 
biendo en el siglo décimo sexto insinuado esta pretensión Mateo 
Michéovio canónigo de Cracovia en su historia de las dos Sarma- 
cias; y en el siglo pasado trató muy de intento este mismo punto 
Mateo Pretorio waiheropolitano en su Qrbis gothicus que salió á 
luz año de 1688 , pretendiendo probar que los godos fueron ori- 
ginarios de la Sarmacia europea , y que su lengua fue esclavónica 
ó sarmática. Lo mismo pretendieron en favor de la Alemania , y 
especialmente de la Prusia , dos eruditos alemanes del siglo pasa- 
do , Isaac Pontano en su Dania , y Felipe Cluverio de Bremen en 
su Germania antiqtta , á quien Grocio 1 llama intrépido asegurador 
de todo lo que se le antoja , y grande innovador en su obra de la 
antigua Germania. Es impracticable referir en esta disertación las 
pruebas y conjeturas de estos autores, en quienes claramente se ve 
la pasión por la gloria de su patria ; pues Cluverio 2 especialmente 
hace alarde como de una grande empresa de haber con muchos 
rodeos traido el origen de los godos á las riberas del Vístula para 
común bien , dice , de su patria. Pero como ya Hugo Grocio en 
los prolegómenos á la historia gótica , y Jorge Stiernhielmo en su 
Anti-Clwverio impreso en Stockholmo año de 1685 han impugna- 
do con mucha solidez y erudición la opinión de Cluverio y de 
los demás , vindicando á la Suecia el derecho y posesión en que 
estaba , podremos dispensarnos de referir los argumentos y res- 
puestas de unos y otros. 

XVII. No será bien que pasemos en silencio una opinión dis- 
tinta de las ya dichas , mayormente habiendo sido renovada en 
nuestro siglo por un autor español , cuya memoria merece el ma- 
yor respeto por su erudición y por su particular estudio en la 
historia de España. Este es don Juan de Ferreras , que en la parte 
tercera de la que escribió hizo una previa separada advertencia so- 

1 Grot. in prolegom. hlst.goth. 2 Philip. Cluver. Germán, antiq. lib. y 



DE 1 A HISTORIA. j g 

brc este punto , en la qual , no haciendo caso de la autoridad de 
Jornandes , pone el origen de los godos o getas en la Tracia y 
Scitia , siguiendo, dice, en esto á san Isidoro de Sevilla. La auto- 
ridad de un historiador como don Juan de Ferreras , y la que se 
le añade á su parecer con el testimonio de san Isidoro con quien 
supone confirmar su dictamen , son de tanto peso que nos obli- 
garán á traerlas y darlas cabal satisfacion en su lugar propio , á fin 
de que la verdad de la historia no padezca menoscabo alguno en- 
tre aquellos que á cien-aojos suelen seguir las opiniones de gra- 
ves autores sin examinarlas , arrastrados y seducidos de la fama y 
crédito que tienen. 

XVIII. Por lo que hasta aquí se ha dicho ya se echará de ver 
hacia donde se inclina nuestro dictamen. Pero que hav que du- 
dar? Por una parte un autor godo de nación , coetáneo á los os- 
trogodos de Italia , inmediato á los visigodos que vinieron á Es- 
paña , hombre fidedigno por sus circunstancias , seguido por tan- 
tos y tan sabios escritores , y sin que alguno de los anteriores le 
contradiga manifiestamente : por otra parte uno íí otro autor mo- 
derno , fundado solo en argumentos negativos que tienen fácil so- 
lución , y en algunas conjeturas débilísimas : á vista de estos dos 
partidos ¿que crítico dudará un instante sobre seguir aquel ó este 
dictamen , y mas si al de Jornandes se añaden las nuevas reflexio- 
nes y razones que en los números siguientes se irán proponiendo ? 

XIX. Ya diximos que Jornandes escribid su historia mediado 
el sexto siglo, poco antes o casi al mismo tiempo que los dos grie- 
gos Procopio cesariense y Agatias de Smirna llamado el scolástho 
o abogado : y aunque considerándole en orden á la persona del 
primer rey godo de España Ataúlfo no fue en rigor coetáneo 
porque vivia cien años después ; no obstante , respecto á toda la 
nación de los godos y á las noticias de su origen , se debe tener 
como coetáneo : porque en su tiempo reynaban en Italia los os- 
trogodos , floreciendo entonces esta nación ya menos inculta , es- 
pecialmente en el reynado de Teodorico , que criado en la corte 
de Constantinopla y dirigido por los consejos del sabio Casiodo- 
ro , procuraba imitar las virtudes de los mejores emperadores ro- 
manos , é introducir en sus godos el buen orden , la disciplina , la 



IIO MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

justicia y el gusto de las ciencias y artes , promulgando justas le- 
yes y decretos , y haciendo singular estimación de los eruditos y 
sabios , como se vid en los empleos , honras y elogios con que 
premio el mérito de Casiodoro , y en el sumo respeto que tuvo á 
san Epifanio obispo de Pavía. 

XX. Si á esto se añade el ser constante que la historia de Jor- 
nandes es un epítome de la de Casiodoro , la podemos considerar 
como coetánea á los visigodos que poco antes habían pasado de 
Italia á España ; porque Casiodoro nació muy andado el siglo V. 
El padre de Casiodoro fue compañero de Aécio general de Valen- 
tiniano III , que derroto á los huimos en los campos cataláunicos 
á mediado el mismo siglo , estando de auxiliares en el exército ro- 
mano los visigodos con su rey Teodorico que reynaba en España 
y en la Aquitania , habiendo entonces corta distancia de tiempo 
desde que Ataúlfo habia pasado á España. Con esta ocasión y otras 
que le facilitaría la compañía y amistad de Aécio, pudo el padre de 
Casiodoro tener muy particulares noticias de los mismos godos 
acerca de su origen , y comunicarlas después á su hijo. Ademas que 
consta por Jornandes y san Isidoro , que éste mismo rey de Italia 
Teodorico gobernó' muchos años el reyno de los visigodos de Es- 
paña después de la muerte de Alarico su yerno , y en la menor 
edad de Amalarico su nieto. 

XXI. También diximos en uno de los números antecedentes, 
que la historia de Jornandes es un epítome de la de Casiodoro; 
pero á las razones allí alegadas añadiremos ahora otra prueba que 
lo demuestra , sacada de una carta de Atalarico hijo de Amala- 

. suenta y nieto de Teodorico. Escribe Atalarico al senado romano, 
y hablando de Casiodoro dice : ,, Alargóse también á indagar nues- 
„ tra antigua ascendencia , habiendo alcanzado con su grande estu- 
,, dio y lección lo que apenas se conservaba en la memoria de 
„ nuestros mas venerables ancianos. Este saco' de las tinieblas de la 
„ antigüedad á los reyes de los godos , que un dilatado olvido te- 
„ nia sepultados en profundo silencio : este restituyó á los Ámalos 
„ el lustre y esplendor de su nobleza , haciendo constar que por 
„ diez y siete generaciones se ha continuado sin interrupción nues- 
„ tra real estirpe : este hizo que fuese también parte de la historia 



DE JLA HISTORIA. Ijj 

„ romana el origen de los godos , recogiendo como en una coro- 
„ na todas las llores que por los campos de varios libros estaban 
„ antes esparcidas ! ." 

XXII. Cotejando este lugar y otros de Casiodoro con el pro'- 
logo y con toda la historia de Jornandes , se ve claramente cine co- 
pio de Casiodoro , no solo lo historial, sino el estilo y las expre- 
siones. Pero lo que mas hace á mi intento es la conformidad de 
la genealogía de los Ámalos de Casiodoro con la de Jornandes en 
el número de las diez y siete generaciones , siendo la que trae Jor- 
nandes en el capítulo 14 de su historia de diez y siete príncipes 
Ámalos , que son estos : Gapt ,■ Halmal , Angis ¿sAmala , ísarna 
Ostrogotha , Unilt , Athal , Achiulf , Wuldulf , Valer arvans , Wini- 
thario , Theodemir, Theodorico , Amalasnenta hija de Theodorico , Eu- 
tharko , el qual descendía por línea recta de Hermerich quarto hi- 
jo de Achiulf y hermano de Wuldulf, que son diez y seis prínci- 
pes de la casa real de los Ámalos de padres á hijos ; y Athalarico 
hijo de Eutharico y de Amalasuenta , cerro el numero de los diez 
y siete. Esta conformidad tan puntual , junto con las demás razo- 
nes , acaba de probar evidentemente lo que ya hemos dicho , que 
Jornandes epilogo la historia de Casiodoro , y que por consiguien- 
te alegando la autoridad del uno, se viene al mismo tiempo á ale- 
gar tácitamente la del otro. 

XXIII. No se puede presumir que Jornandes y Casiodoro nos 
hayan querido engañar sobre el país originario de los godos : por- 
que si hubiesen querido fingir una patria y un origen fabuloso de 
estos , ¿á que fin habían de ir á buscar entre los yelos del norte á la 
fria y remota Suecia? ¿Que fama tenia entonces la Escandía, ape- 
nas conocida por los geógrafos ? ¿No hubiera sido mejor , en caso 
de fingir , hacerlos originarios y naturales de la ya famosa Tracia 
o de la Dacia , países donde en fin habían hecho mansión los go- 

1 Casiodor. Variar, lib. 9. ep. 25. denter ostendens ¡n decimam septi'mam 

Tetendit se etiam in antiquam prosa- progeniem stirpem nos habere regalem. 

piem nostram : lectione discens , quod Originem goth¡C2m historiam fecit esse 

vix tnajorum notitia cana retinebat. Iste romanam : colligens quasi in unam co- 

reges gothorum longa oblivione celatos, ronam germen floridum , quod per ]j- 

latibulo vetustatis eduxit. Iste Ámalos brorum campos passim íuerat ante dis- 

cum generis sui claritate restituit : ev¡- persum. 



112 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

dos? Y en efecto Aurelio Víctor en su Graciano llama á* la Tracia 
y Dacia tierras nativas de los godos, genitales térras gcthorum: Jor- 
nandes con menos ambigüedad las llama como suelo nativo 1 don- 
de empezaron á habitar los godos después de haber derrotado á 
Valente : y Luis Vives en el prologo á sus comentarios sobre los 
libros de la ciudad de Dios de san Agustín dio á los godos origen 
y patria en la Scitia y Tracia , apartándose de Jornandes , y dan- 
do exemplo y autoridad á la opinión que después ha renovado 
don Juan de Ferreras, de que mas adelante hablaremos. ¿Pero con 
que razón se intentará contrarestar y destruir la autoridad de un 
escritor tan antiguo como Jornandes , y la de tantos y tan erudi- 
tos autores que le han seguido tratando el asunto de intento en 
obras muy difusas , y derribar toda esta solidísima muralla con la 
débil máquina de una proposición dicha como de paso en un pro- 
logo á una obra totalmente distinta , y sin pruebas ? Así á mi pa- 
recer lo entendió Juan Vaseo , pues refiriendo una y otra opinión, 
y remitiendo sus lectores por la una al citado prologo de Luis Vi- 
ves , se queda sin tomar partido , dexando indecisa la qüestion , que 
es prueba evidente de la poca fuerza que le hizo la opinión de 
Luis Vives como dicha de paso. 

XXIV. Diráse que san Isidoro es contrario & Jornandes , y que 
hace á los godos originarios de la Scitia y Tracia ; pero fuera de 
que veremos después mas despacio si dice esto san Isidoro , es pre- 
ciso notar que este santo escritor no empezó la historia de los go- 
dos desde su primera salida de la Escandía , sino desde quando es- 
taban ya establecidos en aquellas provincias , y desde Atanarico, 
á quien hace primer rey de los godos : siendo lo que dice antes 
como una especie de proemio , donde apunta solo dos ú tres co- 
sas generales que precedieron á Atanarico , en quien propiamente 
da principio á su historia : y así en la crónica general del rey don 
Alonso el sabio 2 se responde muy bien á este reparo con una ra- 
zón semejante á la que acabo de decir : „Pero Josefo é sant Isidro 
„ arzobispo de Sevilla desto todo non contaron nada , porque co- 

i Jornand. cap. 26. Q110 tempore quam solo genital! potiti , coeperunt in- 
visogotha: Thracias , Daciamqué ripea- colere. 
sem post' tanti gloriam trophaú , tan- 2 Cronic. gener. jpart. 2. cajp. I. 



DE LA HISTORIA. 112 

„ menzaron á contar el fecho de los godos de la inorada de Sida 
„ adelante." Esto es conforme á lo que el mismo san Isidoro ex- 
presa , que los godos por muchos siglos antes tuvieron sus capita- 
nes , y después sus propios reyes ; de los quales reyes « dice que 
quiere escribir la historia y el orden con que reynaron : por don- 
de se arguye evidentemente que empieza su historia en Atanari- 
co , pasando en silencio todos los sucesos y transmigraciones que 
le precedieron. 

XXV. Algunas cosas refiere Jornandes que tienen visos de fá- 
bulas y de cuentos vulgares. De este género son el origen y naci- 
miento de los huimos : la caida de un puente dtappues de haber pa- 
sado por él la mitad de los godos , y verse todavía dentro del 
agua casas , hombres y ganados : el origen y historia de las amazo- 
nas , de quien los críticos dudan , y otras cosas semejantes. Pero 
débese advertir que en las narraciones históricas hay dos cosas dis- 
tintas : una es lo esencial de los principales sucesos , y otra las cir- 
cunstancias que los acompañan y el modo de referirlas. En lo 
primero es verídica y fiel ministra la tradición : en lo segundo sue- 
le el vulgo abultar las circunstancias , buscando la admiración con 
la novedad y estrañeza de ellas. Como esto hay mucho en los 
historiadores antiguos mas graves : Heródoto , Diodoro , Tito Li- 
vio f Plinio y otros no están exentos de semejante nota. Pero es- 
to no daña á lo sustancial de los hechos , ni destruye enteramen- 
te la verdad de una historia. 

XXVI. Con razón pues dice Olao Rudbeckio 2 á los que por 
semejante reparo impugnan indistintamente toda una historia : 
„ Concédanme también que la Tierra santa es una vana ficción, 
„ porque no hay en ella rios de leche y miel : que no hay Arabia 
,, sino entre las fábulas de los poetas , porque tampoco se halla 
„ el fénix sino en sus versos : que la Lusitania es un pais so- 
„ nado , porque en él no se encuentran aquellas yeguas que con- 
„ cebian del viento." En fin se perdería enteramente y caería á 

i S. Isidor. Chronic. Per multa quip- ne actuque regnaverint , de historüs liba- 
pe retro saecula ducibus usi sunt , postea ta retexere. 

regibus , quorum oportet témpora per 2 Rudbeck. Atlant. jpart 2. in frtS' 
ordinem cursim exponere, & quo nomi- fat. 

P 



114 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

tierra la autoridad de todos los historiadores , si después que se 
ve confirmada con mil razones todavía no se les diese crédito , 
solo porque en una ú otra cosa han tropezado , d traido algu- 
na circunstancia alterada , fabulosa d falsa. 

XXVII. No negaré que en Jornandes , y mas en Pablo War- 
nefrido á quien comunmente se atribuye la Historia miscella , y 
otros que han escrito de los godos , se hallan algunas cosas fa- 
bulosas , increíbles y vulgares : y aun me inclino á creer que Jor- 
nandes tal vez confundid los sucesos de distintas naciones , atri- 
buyendo á los godos algunos hechos que probablemente pertene- 
cen á otros. Pero esta duda sobre algunas circunstancias de su 
historia no es bastante razón para que se tenga por fingido y 
fabuloso todo lo sustancial de ella acerca del origen y transmi- 
graciones de los godos. El amor á sus paisanos como dice Gro- 
cio x , y la poca noticia de la antigüedad pudieron engañar á Jor- 
nandes ; pero el lector que tenga juicio y discernimiento sabrá muy 
bien en que le ha de seguir , y que es lo que le ha de disimular. 

XXVIIL El doctor don Juan de Ferreras en la tercera par- 
te de su historia de España , hizo una advertencia al lector en 
que abiertamente se opone á la autoridad de Jornandes , decla- 
rándose por otra opinión que esta. 

„ La historia romana ( dice ) nos enseña claramente , que los 
„ godos que dominaron nuestra España fueron los getas que ha- 
„ bitaban las riberas de una y otra parte del Danubio. . . como 
„ desagua en el Ponto euxíno , d mar negro. . . y así los histo- 
„ riadores romanos tuvieron por unos mismos los godos , y los ge- 
„ tas , mudada de esta voz la e en o , sin que podamos asegu- 
„ rar el tiempo puntual de esta mudanza. Véase á Elio Espar- 
„ ciano en la vida de Caracalla. 

„ Todo esto confiesan y deben confesar los que escriben que 
„ su primer origen fué de la Gocia en la provincia de Escan- 
„ dia , llevados solo de la similitud de la voz ; de quienes á mi jui- 
„ cío fué el primero Jornandes , á quien siguieron el arzobispo 

i Grot. in proleg. ad histor.gotk. qui judicio valebit,enm non fugiet,quid 
Deceperit Jornandem interdum antiqui- sequendum , quid condemnandum sit. 
tatis ignorantia , aut gentis su* amor j 



DE LA HISTORIA. II5 

„ de Toledo don Rodrigo , muchos de los nuestros , Olao y Juan 
„ magno , Lacio, Grocio , y muchísimos de los septentrionales in- 
„ teresados en esta gloria. Pero Jornandes escribid cerca de mil 
„ años después que eran conocidos los getas de los griegos y 
„ latinos ; y de esta transmigración de la Escandía y Gocia sep- 
„ tentrional á las últimas riberas del Danubio no hay testimonio 
,, antiguo griego d latino que lo asegure anterior á Jornandes. La si- 
„ militud de esta voz después de corrompida la voz geta tampoco 
„ lo prueba , como lo saben los doctos. . . y por esta semejanza me- 
„ jor se podría decir que habían venido de la Geth de Palestina. 
„ Aunque se puede decir' que la noticia d* esta transmigra- 
„ cion de la Escandía á las últimas riberas del Danubio se conser- 
„ vd por tradición entre los getas , está contra esto que no se con- 
„ servo por escrito entre ellos , pues es constante que el obispo 
„ Ulfila fué el inventor de las letras góticas: con que antes no se 
„ pudo conservar por escrito entre godos d getas la noticia de 
„ esta transmigración : y así solo queda el efugio de decir , que se 
„ conservo en la boca de padres á hijos por el espacio de mil 
„ años. Pero todo esto es meramente voluntario , mientras no se 
„ afianzare con testimonio auténtico y seguro ; y asegurando Es- 
„ trabón. . . que todo lo que había de la otra parte del Danubio 
„ y la ribera del Albis estaba totalmente desconocido , porque na- 
„ die lo había pisado , se hace clarísimo que en este tiempo eran 
„ desconocidas de romanos y griegos las provincias de Escandia y 
„ Gocia , siendo tan septentrionales respecto del Danubio y el Al- 
„ bis. Y el mismo Estrabon afirma. . . que en su tiempo la len- 
„ gua de los getas era la misma que la de los de Tracia : con 
„ que ni aun esto puede en alguna manera ayudar la opinión de 
„ Jornandes ; siguiendo en la nuestra , para librar á los lectores 
„ de esta vulgar preocupación , á nuestro san Isidoro y otros de 
„ los nuestros que en el siglo IX le siguieron." Esto dice don 
Juan de Ferreras , y lo repite con mayor extensión en la par- 
te 16 de su historia al cap. 7 : y como su opinión es directa- 
mente opuesta á la que yo por mas verdadera y mas fundada 
sigo en esta disertación , me es forzoso impugnarla , y hacer ver 
claramente las equivocaciones que ha padecido su autor. 

P 2 



Jl6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

XXIX. La primera equivocación que se nos presenta es la 
de suponer que todos los que hacen á los godos originarios de 
la Escandía confiesan que los godos y getas fueron unos mismos. 
No confiesan tal Volfango Lacio y otros que con Jornandes po- 
nen el origen de los godos en la Escandía : pero de esto habla- 
remos mas adelante. Tampoco es cierto que los que escriben fué 
el primer origen de los godos en la Gocia , lo escriben llevados 
solo de la similitud de la voz. Esto es desentenderse enteramen- 
te de las autoridades , de las razones y fundamentos con que aque- 
llos prueban su opinión , siendo la semejanza de la voz una de 
las últimas y mas débiles conjeturas de que se valen para con- 
firmarla. Las autoridades que se citan de Elio Esparciano , Es- 
trabon y san Isidoro , nada prueban contra Jornandes , como ve- 
remos. Las conseqüencias que saca el señor Ferreras , d estri- 
ban sobre supuestos inciertos , como el de no ser conocida la 
Escandía en tiempo de Estrabon ; quando hacen mención de ella, 
si bien con otros nombres , el mismo Estrabon , y los inmedia- 
tos Tolomeo , Mela , Solino , y Plinio ; y entre los antiguos , mu- 
cho antes de Estrabon , era común noticia la de Tule hacia el 
septentrión mucho mas allá del Albis : d son conseqüencias mal 
sacadas, y que no concluyen lo que se pretende; pues no se in- 
fiere con justa ilación , que porque los romanos y griegos no co- 
nociesen los nombres de Escandia y de Gocia , por eso los go- 
dos no salieron de Escandia. Lo demás que dice el señor Fer- 
reras acerca de la tradición de los godos , del obispo Ulfila , de 
las letras góticas , y de no haber testimonio anterior á Jornan- 
des , no está libre de paracronismos y equivocaciones, que iremos 
desenvolviendo y manifestando. 

XXX. Es cierto que los griegos y los romanos en tiempo de 
Honorio y antes usaron indistintamente los nombres de godos y 
getas : ; pero esto no quita que los que en su primera patria la 
Escandia se llamaban godos , fuera de ella por los griegos y ro- 
manos se llamasen getas , mudada la o en e : así lo siente Juan 

i Oros. Hist. lib. i. cap. 16. Modo Alexander. evitandos pronuntiavit. 
autem getje ¡lli , qui & nunc gothi , quos 



DE XA HISTORIA. l\J 

Locccnio l y otros muchos. Esta mudanza de la o en e, y de la 
e en o era muy freqüente entre griegos y latinos : estos decían 
Ttolomeo Coreira , lo que los griegos Ptolomeo Kercyra , &c. Es 
muy probable que los griegos no supiesen pronunciar perfec- 
tamente el sonido de la voz gote , gate , inte , ietar , (variaciones 
que tuvo y tiene este nombre en lengua teutónica y go'tica, sig- 
nificándose por ella godos , dioses , buenos , gigantes ) porque la vo- 
cal primera tiene en aquella lengua un sonido de diptongo que 
es dificultosísimo de pronunciar á los forasteros, según Rudbec- 
kio 2 , que asegura haber habido franceses y alemanes , que des- 
pués de haber vivido en Suecia , 20 , 30 , y aun 60 años , toda- 
vía no pudieron llegar á pronunciar los diptongos perfectamente. 
Añádase á esto que la pronunciación de la g entre los griegos no 
era fuerte y gutural como la nuestra ; antes era muy suave , y se 
acercaba mucho á la pronunciación de nuestra y , que á mi ver en 
muchísimas voces españolas sustituye por el gamma ; y así geta 
pronunciado con suavidad por los griegos era yete ó guíete. Véase 
ahora la semejanza del yeta con el ietar , iete , inte , gute y gote , y 
quan fácil fué mudarse una voz en otra. 

XXXI. Pero esta es qiiestion de voz hasta aquí , y ningún eru- 
dito ignora la variedad de nombres que han tenido las naciones, 
según las varias provincias que han dominado , conquistas que han 
hecho , y gentes con quien han tenido trato y comercio. Todos 
saben que romani , romúlides , romai , romanos , romains , románische, 
son unos mismos ; y teutones , theotisci , theusche , tedeschi , tudes- 
cos , son una misma nación : y esta variación que sucedió' y su- 
cede en las últimas sílabas pudo suceder y sucedió también en las 
primeras , como seria fácil hacer evidente en otras lenguas , y se 
ve en la nuestra que hemos formado arrebatar de raptare , lleno 
de plenas , yegua de eqiia , huerto de hortns , huerco de orcus , &c. 
por lo que no se debe extrañar que godos y getas , gote y geta , 
sean una misma cosa ; que los que en la Escandía se llamaron go- 
dos , en la Grecia se llamasen getas ; y que últimamente les que- 
dase su primitivo nombre de godos. 

a Antiqíúi. suegotk. lib. i. 2 Rudbeck. Atlant.fart. 1. cap. 2. 



jl8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

XXXII. En estas dos variaciones hemos de considerar dos tiem- 
pos. La primera de godos en getas podemos creer que se hizo 
en las primeras transmigraciones y viages de los godos al Ponto 
euxíno , á la Grecia , y otras partes. Y aquí debo advertir que Sca- 
lígero 1 supone dos principales transmigraciones de godos : la pri- 
mera de los godos que llama mayores , y cree haber sido poco 
antes de Alexandro magno , como quatrocienfos años antes de 
Christo : la segunda de los godos menores, que determina á los tiem- 
pos del emperador Valente. Es verdad que Loccenio 2 no se atre- 
ve á señalar el tiempo fixo de la primera expedición de los godos ; 
pero Olao Rudbeckio 3 prueba bastantemente con la autoridad de 
Herddoto 4 , de Diodoro y Plinio , que mucho tiempo antes de 
Alexandro habían salido colonias de godos de la Sueonia ó Suecia, 
á la Scitia y laguna Meotis , los quales estaban sujetos y dependien- 
tes de los otros godos d scitas hiperbóreos llamados basílides , es- 
to es regios , que según Tolomeo habitan cerca de los montes hi- 
perbóreos á sesenta grados de latitud. Pero como esta noticia no 
es necesaria para mi intento , me basta el haberla insinuado , afir- 
mándome por ahora en lo que ya he dicho , que la mudanza del 
nombre de godos en gctas probablemente sucedió en uno de los 
tiempos de las primeras transmigraciones , quando los griegos , no 
sabiendo pronunciar bien la voz gote , gute , o inte , y no enten- 
diendo los caracteres rúnicos , pronunciaron yete, y escribieron geta. 

XXXIII. En quanto á la segunda y posterior mudanza de ge- 
tas en godos , de la e en o , es cierto que no hay testimonio con 
que fixarla á cierto año determinado ; pero yo conjeturo , á mi ver 
con alguna probabilidad , que esta variación sucedió quando Ul- 
fila godo obispo de Mésia invento su nuevo alfabeto ulfilano , apar- 
tándose de las antiguas letras rúnicas de que usaban los godos. Es- 
ta variación de alfabeto se hizo á fines del siglo IV , d principios 
del V. Como quiera que sea es evidente , y lo observo también 
Loccenio , que la forma de los caracteres ulfilanos es mas pareci- 
da á la figura de las letras griegas y latinas que á la de las runas, 



i Scaliger. Can. isag. chronol. lib. 3. 3 Rudbeck. Atlant. part. r. c. 10. 
a ~LQCcen.Antiq.sueogoth.lib.\.L.i. 4 Ltb. 4. 



DI LA HISTORIA, ijn 

especialmente la g y la o : por cuyo motivo , viendo entonces los 
griegos y latinos escrita la voz gote con carácter mas legible , y ] a 
primera silabado mas claramente formada , leyeron , pronunciaron 
y escribieron gote ó gothi lo que antes escribían geta. Con efecto 
en el siglo quarto , que es quando empezó á usarse el nuevo al- 
fabeto uliilano , se halla ya en muchas partes llamarse los godos go- 
thi y no geta , en san Gerónimo , en san Ambrosio y otros mu- 
chos : y el cardenal Baronio ' hablando de Constantino magno trae 
una medalla que dice era del museo de don Lelio Pasqualino canó- 
nigo de santa Maria la mayor , cuya inscripción d leyenda es Cons- 
tantinus máximas augustas ,y en el reverso Victorih gótica: lo qual 
da á entender que quando se batió' esta moneda ya los Llamaban 
godos , á lo menos los eruditos que sabían leer en los caracte- 
res runos ó en los ulfilanos su verdadero nombre. Así pudo su- 
ceder esta segunda variación de la e en o , de getas en godos ; pero 
esto no es mas que uña conjetura mia que tendrá el valor y apre- 
cio que se quisiere darla. Es verdad que algunos modernos 2 , co- 
mo ya dixe , aunque convengan con Jornandes en hacer á los go- 
dos originarios de la Escandía , los distinguen de los getas , supo- 
niendo ser dos naciones muy diversas. Sin embargo de esto la 
común opinión de los autores mas eruditos , no solo suecos , sino 
de otros paises , va de acuerdo en que los godos y los getas eran 
una misma nación , y de un mismo origen. Así lo sintieron Hein- 
sio 3 , Freinshemio 4 y otros muchos. 

XXXIV. " Duda el señor Ferreras , ó por mejor decir niega la 
transmigración de los godos desde la Escandía á las ííltimas ri- 
beras del Danubio , porque no hay autor griego ni latino que 

i Barón. Annal. adán. 330, runt. Ne ifs quidem gothis xqui satis, 

2 Volfang. Laz. de migrat. gent. qui tot libris veterum , tot romanorum 

lib. 10. Gothos de ínsula Scanzia egres- ac grarcorum testimonijs subnixi , ortum 

sos , hodie septentrionalem Seelandiam gentis suar cum getarum nomine ac ori- 

fortasse dicimus , aut Suetiam , recté de- gine conjungunt. 

ducit ( Jornandes ) : quod cum getis eos- 4 Freinshem Litter. ad Locen. Ge- 

dem faciat , longe aberrat. tas & gothos eandem esse gentem , post 

3^ Daniel Heinsius in panegyr. Gus- clara scriptorum testimonia dubitare non 

tayi magni ; Recentiores geographi a go- possum. 

this getas , antiquitate invita , disjunxe- 



120 MEMORIAS DE I A ACADEMIA 

la asegure anterior á Jornandes. Supongamos que no le haya : 
no me parece que esta razón concluye lo que se pretende; pues 
porque un autor sea el primero y por consiguiente anterior á 
todos los que han escrito de un asunto , no por eso se le de- 
be negar la fe y autoridad que merece. De los tiempos muy re- 
motos no se hallan autores coetáneos , y se admite para ellos el tes- 
timonio de los mas inmediatos o mas antiguos. Tito Livio escribió 
setecientos años después de la fundación de Roma ; pero no por 
eso se le niega lo que dice de su fundación y de sus primeros 
reyes , de cuyos tiempos no hay autores coetáneos , sino muy pos- 
teriores. Y así me parece un raro linage de crítica , y un extra- 
ño modo de silogizar el que se usa contra Jornandes : „ Jornandes 
„ escribid cerca de mil años después de ser conocidos los getas : 
„ no hay autor anterior que diga que los getas pasaron de la Es- 
„ candía á la Tracia : luego no es verdad que los godos saliesen de 
„ la Escandía." Mis lectores verán si es verisímil que Jornandes, 
que vivid en el sexto siglo , no supiese tan exactamente el origen 
de los godos como nosotros que vivimos en el décimo octavo. 

XXXV. Pasando ahora adelante veamos si hay autor anterior 
á Jornandes que hable de esta transmigración. Pero antes es menes- 
ter suponer que los godos no pasaron en un instante desde su Escan- 
día hasta las últimas riberas del Danubio. Esta transmigración les 
costo sin duda mucho tiempo , habiendo primero , según refiere 
Jornandes , desembarcado en la isla que de su nombre llamaron 
Gothiscanzia , que se cree ser hoy la de Gotland. De allí pasaron 
á las costas opuestas del océano d mar báltico , y arrojaron de ellas 
á los ulmerugos. Hicieron después guerra á los vándalos , á quienes 
vencieron y echaron de su tierra , donde se establecieron los go- 
dos y permanecieron por espacio de cinco reynados. Finalmente 
cediendo á los himnos pasaron el Danubio , y se extendieron por 
sus riberas y por la Tracia hasta el mar negro. Toda esta serie de 
sucesos pide mas tiempo que el de la vida de un historiador , y 
así no podia uno solo como coetáneo escribir la historia entera de 
esta transmigración desde su principio hasta el fin. 

XXXVI. A esto se añade que en aquel tiempo los godos , da- 
dos enteramente á la guerra y á la barbarie, no pensarían en escribir 



DE LA HISTORIA. 121 

la historia de sus mismas expediciones. Solo podemos suponer que 
conservarían en sus versos la memoria de los principales sucesos, 
y los nombres de sus capitanes y reyes , conforme la costumbre 
de los alemanes antiguos , según lo asegura Tácito. Los escritores 
de otras naciones, como griegos d romanos, no era natural que 
se pusiesen á escribir toda la historia de unos bárbaros , de cos- 
tumbres tan distintas , de lengua desconocida , y con quienes no 
tenían trato ni comunicación , ni otra noticia que la que les sumi- 
nistraban sus guerras , sus invasiones , sus saqueos y sus estragos. 
De modo que no hay razón para pedir toda la historia de esta na- 
ción y de su transmigración escrita por autor antiguo griego ó la- 
tino : á lo mas se puede pretender que hayan hecho mención de 
tal qual parte de ella. Y al modo que de varios vocablos dividi- 
dos y escritos en distintos pedazos de papel se puede juntándolos 
formar un renglón y un periodo perfecto : así juntando lo que se 
hallaba esparcido en varios autores , en los versos de los godos y 
en sus tradiciones, pudo Jornandes , pudo Casiodoro y pudo Abla- 
bio formar la historia entera de la transmigración de los godos des- 
de la Escandía hasta la Tracia. Esto supuesto no se podrá decir 
con razón que no hay autor griego ni latino anterior á Jornandes 
que asegure aquella transmigración ; porque si muchos han apun- 
tado las partes de ella , juntándolas y dándolas el lugar que las cor- 
responde, se vendrá á formar el todo con testimonio de autores 
anteriores , que han hecho mención ya de una parte ya de otra. 

XXXVII. Casiodoro fue algo anterior á Jornandes , y ya he- 
mos demostrado que escribió' la historia de los godos y sus trans- 
migraciones , recogiendo con gran cuidado todo lo que estaba es- 
parcido en autores anteriores. Jornandes epilogó la historia de Ca- 
siodoro , y por eso el padre Garecio publicó en su edición la de 
Jornandes junto con las obras de Casiodoro , para que á lo menos 
la copia supliese la falta del original. Nada digo de Ablabio histo- 
riador anterior á Jornandes, porque se perdió también su obra, y 
solo le conocemos porque le cita Jornandes. Pudiera yo pretender 
que se tratase á Jornandes con la misma equidad que se trata á los 
antiguos autores griegos y latinos , que á cada paso citan otros an- 
teriores cuyas obras no tenemos , y con todo eso los admitimos 

Q 



122 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

como bien citados y bastantes para autorizar lo que dicen. 

XXXVIII. San Prospero de Aquitania fue anterior á Jornan- 
des en mas de un siglo , porque fue discípulo de san Agustín y 
continuador del cronicón de san Gerónimo , en cuya segunda par- 
te dice ' que los longobardos salieron de la Escandia , mandados 
por sus capitanes Iborea y Ayon , con el fin de establecerse en 
otros países. No obsta que aquí san Prospero hable de los longo- 
bardos , porque estos eran los mismos godos , según Procopio que 
trato tanto á los godos y vándalos en Italia , África y Constanti- 
nopla , el qual asegura que en su tiempo y en los antecedentes las 
naciones góticas eran muchas , ,, entre las quales, dice 2 , los godos, 
„ los vándalos , los visigodos y los gépidas se distinguen , no solo 
„ en el numero , sino en la dignidad. Antiguamente se llamaban 
„ saurómatas y melanclenos , algunos les atribuyeron el nombre de 
„ getas ; pero solo se diferencian en el nombre , no en otra cosa. 
„ Unos y otros tienen candido cutis, largos y rubios cabellos, gran- 
„ de estatura , semblante noble , unas leyes, unos ritos que son los 
„ arianos , y en fin una lengua que llamamos gótica : de modo 
„ que yo juzgo que en los principios todos fueron una sola na- 
„ cion , y que después se distinguieron- por los nombres de sus ca- 
„ pitanes. Su antiguo asiento fue á la orilla septentrional del Is- 
„ tro ó Danubio. Desde allí los gépidas ocuparon á Singedon y 
„ Sirmio y el vecino pais por una y otra orilla de aquel rio, don- 
„ de todavía habitan." Los gépidas eran los longobardos de quie- 



1 S. PrOSOer. Chronic. part. 1. edit. x¡ Tínica, 'é&n tomt' ix.á.\Mi. ¿roí ¿trfcurts h¡- 
veneta 1744. Longobardi ab extremis A""""' A 4 *' ¿aaiÍa»» hetipipéo-ti , ¿¿o-Xif íipm-ai, 
Germania: finibus , oceanique protinus ^/* '» **'™ *"ht¡ f«AAÍ«r<rttri- amxíi 

i. .. . , í í ,. y«p «Tiatrií tí amua.ro. tí íitri . x¡ raí xtuas 

Jittore . Scandiaque msu a magna multi- K r „. ,, , \ , , ,- J ,, ¿ , 

.. ' . " P ... Fa.fd-01 ÍV/J.1H&4 tí x, aya-9-oi ras o-^&i x¡ >o- 

tudme egressi, & noyarum sedium avidi, ^ ^ Tc7í íw ¿ e x f mraj¡ ? ' ofío ; ae y f r ¿ a 

Iborea & Aione ducibus , vándalos pri- T iv & t i, íutoTí wx.?t*i tíí's yí? ¿psiV Pófys 

mum vicerunt. turll cltímtíí , (fffloí tí ¿i/r¡>7< i<?i fita. , ror-ui- 

2 Procop. Cíesanens. de bello van- *í wt/ún' 5 fmt hxSn 1% bis f¿u íhq Í7ca.i- 

dalico lib I cao 2 raí T ° 7CaAa l^' «•S - »** , foifiauri Tí Zc-spo» r£» 

T»r&*kÚr¡i -tío'aaÍ A» i, «AA« Ttpírtpi, ^S 01 ' '»ri<rx/*v?> ■t*XM*r¡a*j SroS 5 A«¿S 

Tí „l ¿ Tct<v> IV<. rk Vi ¡* wirra» ¿iyiri Tí °*«P **r<W' J f P " '* ***£" a >™'-J?' Hr ' t r "" 

Xj ¿£i¿.y.'ww _ TÍT^ Ti Lri. i B«ÍVÁ M , ¿ *«* tí ^ ra , «** 1 *"?*»« Ti g f'PMWX*- 

0*61 «y«T*.« , ífbfqhr -KÍX*Uí< ™ S«- Jf *W > ,""* rt 5 Í,ÍTCÍ * ,r «*" Irf * » £ " S " e ' 

/e/íÁroj i, MtA*V^Aaj»o< atopífym, im Vi Si ^ 5 ÉS '^ 1^"»^, 



DE 1A HISTOIIIA. I23 

nos habla san Prospero , cuya historia escribió Paulo Warncfrido 
diácono de la misma nación. La Historia miscclla , que como se 
cree es suya , expresamente dice también que los godos , visigo- 
dos , gépidas y vándalos eran unos mismos , diferenciándose solo 
en el nombre; y que los gépidas se dividieron después en longo- 
bardos y ávares , y habitaron cerca de Singedon y Sirmio. Y no 
es solo Pablo Warnefrido quien asegura esto : díxolo también el 
emperador Constantino Porfirogéneta , sacándolo de la historia de 
Teófanes : Los gépidas de los ¿¡nales por discordia se separaron ¡os 
longobardos. Y Salmasio de excerptas griegas inéditas sacó tam- 
bién que los gépidas fueron llamados longobardos. Todo esto com- 
prueba y justifica lo mismo que dice Jornandes : y ahora nótese 
como san Prospero en el lugar citado insinúa brevemente tres dis- 
tintas transmigraciones por su orden , que convienen con las de 
Jornandes ; señalando la primera desde la Escandía hasta las cos- 
tas del océano , la segunda desde estas costas á los extremos con- 
fines de Alemania , la tercera desde estos confines al pais de los 
vándalos , á quienes vencieron. Del mismo modo Jornandes hace 
pasar los godos desde la Escandía á la isla de Gottland y costas del 
océano o' mar báltico : desde estas costas se extendieron por el país 
de los ulmerugos y ííltimos confines de Alemania , y posterior- 
mente ocuparon el pais de los vándalos. 

XXXIX. San Epifanio, también anterior á Jornandes , hablan- 
do de Audeo dice } que fue desterrado por Constancio á las par- 
tes de Scitia , y que de allí pasó adelante á lo interior de la Go- 
da , donde fundó muchos monasterios. Según este viage y des- 
tierro de Audeo , es menester suponer que la Scitia no era la Go- 
cia ; y que desde aquellas partes mas adentro hacia el norte , que 
san Epifanio llama intima Gothia , hubo una transmigración de 
godos á la Scitia. 

XL. El célebre poeta Claudiano , que floreció en tiempo de 
Honorio , y fue tan favorecido de Stilicon , cuyas victorias con- 
tra los godos celebró en sus versos , casi siempre que habla de los 



I S. Epiplian. hseres. 70. 

C¿2 



124 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

godos * los hace originarios del mismo septentrión , de cuya pri- 
mera patria ya olvidados pasaron el Danubio y se establecieron 
en la Tracia , en donde estaban como extrangeros. 

XLI. Estrabon , que vivid en tiempo de Augusto y Tiberio, 
da también bastante luz en orden á estas transmigraciones de los 
godos. Hablando de los getas y de los scitas dice 2 „que los getas 
„ eran mas conocidos entre los griegos por sus freqüentes trans- 
„ migraciones á una y otra parte del Danubio , y porque están 
„ mezclados con los traces y misos. Ya he manifestado , añade, 
„ que las transmigraciones de los pueblos suceden quando los con- 
„ finantes asaltan á los mas débiles , así como los scitas , basfar- 
„ ñas y sauró'matas , que están á la parte de allá del Istro , muchas 
„ veces prevalecieron , y arrojando á otros se pasaron á sus tierras." 

XLII. Tenemos aquí insinuada una parte de la transmigración 
de los scitas , bastarnas y saurómatas á las riberas del Danubio. Y 
nótese que el orden mismo que da Estrabon á estas naciones , in- 
dica el orden y serie de las transmigraciones de los godos desde 
la Escandía ó Suecia, conforme las trae Jornandes ; pues pone pri- 
mero los scitas , esto es los suecos o suetios , los quales pasaron á 
los bastarnas y sármatas , que Jornandes comprehende con el nom- 
bre de ulmerugos y vándalos , á quienes ahora llamamos prusia- 
nos , pomeranos y polacos ; y de alli penetraron hasta las riberas 
del Danubio de una y otra parte , arrojando de las rierras que in- 
vadían á sus habitadores , y tomando tal vez de ellos nuevos nom- 
bres , ó dexando en las mismas tierras el suyo por la mansión que 
allí hacían. Por eso Tácito coloco en aquellas costas del océano á 
los gotones ; y hablando de los penemos , á quienes algunos llama- 
ban bastarnas , los junta con los senecios yfennos , que son los de 

i Claudian de helio getico v. 169. va>, .uZamh , ha. t3 o-w^Tí ríí /¿íTut*>r¿o-iHS 
Ex quo jam patrios gens hale oblitu Trio- *f ™*™t* *? ^ «fc,»»*^ nTe P *£Í, 

1 ' r ° x,roií Mi/í-oií a.ia.ntft'Xv'Vl' 5 T0 T " rpigaA- 

, ' . J \Zv S 1 ' {-9-HJ5 <Sfc.yax.ii ¡>r ro ¿t/rá itíit<ii&íT\¡To' 

Arque Istrum transvecta , semel vestigia ^^^.^ y ¿ p ^y B)tTa , , r &> ■xmwxw»! 

fixit u¡ tv x í i(r&ítt<?¿pvs i^atoi^ÁtTOt , t£v ftíy íx. 

Threicio funesta solo. . . ris Wípai'aí rSy ~2x,v&Zy , x, Ba.^a.ptSy 3 5 "S.O.V- 

2 Strabo Geogravll. lib.J.pag.^O^. pofiáray ¿■Xtx.paTT/'yra» 7toÁÁ.Áxií } k<rTix¡ £7Ti- 

Ed. parís. 1620. hafictitat toTí é£eA*S-er«. 
Papa /ííy 1v toií HS/Muna-u t¡ Viren yiOfiZpn- 



DE LA HISTORIA. j 2 C 

la Finlandia , que es parte de la Suecia ; y quanto á estas tres na- 
ciones dudaba l s¡ pertenecían á los germanos , o á los sármatas. 
Lo mismo dudaba Fstrabon í de los bastarnas , pues confiesa igno- 
rar si pertenecían al mar atlántico , ó quanto distaban de él. Y por 
lo que mira á los saurómatas o sármatas nos asegura Procopio en 
el lugar citado que eran los godos. De todo lo qual se arguye con 
suma probabilidad la serie de las varias transmigraciones de los 
godos , que á medida que mudaban de estancia , mudaban tam- 
bién de nombre , o á lo menos daban motivo á que los escritores 
los equivocasen y desconociesen. 

XL1II. Antonio Dio'genes ,• según el cxtractqpde su obra que 
trae Focio en su Biblioteca , dice que á Zamólxts le dexaron sus 
compañeros en la isla de Tule, muy estimado de los getas que ha- 
bitaban en ella : á donde volviendo después sus compañeros , ha- 
llaron que ya le veneraban por dios. Ve'ase ya en tiempos anti- 
quísimos ser los getas lo mismo que los godos , pues habitaban en 
Tule , que según una de las mas probables opiniones es la Escan- 
día , Suecia ó Sueonia , donde está el Thykmarck , y Thyles-try , que 
es el territorio de Tule : y en la Finnia hay el rio Tile Thyl-sa , y 
en aquellos mares está la isla Tile , Thyl-6. Y según las tres opi- 
niones de los antiguos , como noto' Reiskio 3 , la Tule conviene p 
á la Scandinarüia , ó á la Schetlandia , ó á Islandia. Y siendo cons- 
tante que los antiguos tenían á la Tule por última de las tierras 
habitadas hacia el norte , se prueba á mi ver con un lugar de Tá- 
cito 4 que la Sueonia o Suecia era la Tule. „Mas allá de los sueo- 
„ nes , dice, hay otro mar tranquilo y casi sin movimiento , el 
„ qual se cree que ciñe y cierra el orbe de la tierra. . . Hasta allí 
„ solamente llega la naturaleza , según verdadera fama." De que se 
sigue por conseqiiencia que en tiempo de Tácito si había Tule 



i Tacit. Germ. cap. 46. Pencino- 3 Reisck.woí. ad Introduct.ad geo- 

rum , venedorumqne , & fennorum na- graph. Cluver. lib.y- cap. 20. 

tiones germanis an sarmatis adscribam, 4 Tacit. de mor. germ. cap. 4,-. 

dubito : quamquam peucini , quos qui- Trans suionas aliud mare , pigrum , ac 

dam bastarnas vocant , sermone , cultu, prope immotum , quo cingi claudique 

sede , ac domiciliis, ut germani agunt. terrarum orbem hinc fides. . . Illuc us- 

2 Strabo Geograph. lib. 7. que ( & fama vera ) tantum natura. 



12(5 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

hacia el norte , había de estar precisamente en la Sueonia , que es 
la Suecia d Escandía. Y esto se confirma con lo que dice Bochan l , 
que los antiguos á toda tierra que juzgaban ser última hacia el 
norte, la llamaban Tule. Paréceme pues que hay autores griegos 
y latinos anteriores á Jornandes, que bien entendidos dicen lo mis- 
mo que este , en todo o' en parte , acerca de las transmigraciones 
de los godos. 

XLIV. Persuadido el señor Ferreras que la tradición de los 
godos por sí sola , aunque no hubiese autores anteriores , podia ser 
bastante escudo para la autoridad de Jornandes , sale al paso di- 
ciendo „ ser constante que el obispo TJlfila fue el inventor de las 
„ letras góticas : con que antes no se pudo conservar por escrito 
„ entre godos d getas la noticia de esta transmigración : y así solo 
„ queda el efugio de decir , que se conservo en la boca de padres 
,, á hijos por el espacio de mil años." Ya se ve que toda la fuerza 
de este argumento estriba en el supuesto de que Ulfila y la in- 
vención de las letras góticas hubiese sido en tiempo de Jornandes. 
Porque si el señor Ferreras la hubiese concebido anterior , no hu- 
biera opuesto tal argumento , ni hubiera señalado un espacio igual 
de mil años desde la primera transmigración de los godos , y des- 
de que los getas fueron conocidos entre griegos y latinos , hasta la 
invención de las letras góticas , y hasta Jornandes. De lo qual cla- 
ramente se colige , que el señor Ferreras creyó haber sido la in- 
vención de las letras de Ulfila en tiempo de Jornandes : d sino lo 
creyó, á lo menos dio á entender en este lugar que así lo creía. 

XLV. Hácese esto evidente por aquel espacio igual de mil 
años , que uniendo los principios de la transmigración de los go- 
dos y los primeros getas , precisamente ha de unir los fines de Ul- 
fila y de Jornandes , pues no se pueden contar estos mil años sino 
desde la primera salida de los godos hasta Jornandes; porque aque- 
lla , según la opinión común , se pone poco antes de Alexandro 
magno , que nació tres siglos y medio antes de la era christiana, 

3 Sam. Bochare Phaleg.par. 2. h'b. lam hujus nominis , arque ea nusquam 

t.cap. 40. Grsecos & romanos scripto- compararet , tamen quemqne sic appel- 

res , cum ex incerta fama accepissenr in lasse quam putavit esse extiemam. 
ultimo septentrione aliquam esse insu- 



DE IA HISTOKIA, 127 

los que juntos con cinco y medio de la misma que iban corridos 
quando escribia Jornandes , componen nueve : de modo que ha- 
ciéndose esta primera salida un poco antes de Alexandro , se com- 
pondrá el espacio de los mil años cabales. Las salidas de los godos 
anteriores á esta, que quiere probar Rudbcckio, suben mucho mas 
arriba; pues la del rey Berig , según Gobelino Persona ' , fue en 
tiempo de Jacob. La segunda salida de los godos la colocan todos 
en tiempo de Galieno d de Valente 2 , por los años deChristo 250. 
De manera que con ninguna de estas salidas y opiniones se ajusta 
el computo de los mil años , sino con la que se dice haber sido po- 
co antes de Alexandro : y desde allí para hacer íoyl años es menes- 
ter baxar hasta el tiempo de Jornandes. No me detengo mas en este 
paracronismo , porque es constante que Ulfila ó Gulfila , y Audeo, 
vivieron en el siglo quarto en tiempo del emperador Valente, du- 
cientos años antes de Jornandes , y ambos reduxeron los godos al 
christianismo. Y desde este tiempo en que los godos abrazaron la 
fe christiana (dice Hermanno Conringio 3 autor nada favorable á 
los suecos) se hallan con toda seguridad escritos góticos. 

XLVJ. Fáltame ahora añadir á todo lo dicho , que no es cons- 
tante, como supone el señor Ferreras, que Ulfila fuese inventor de 
las letras góticas , de modo que antes de Ulfila no tuviesen los go- 
dos letras para poder conservar por escrito sus tradiciones : porque 
son muchos y muy eruditos los autores que niegan haber sido Ul- 
fila primer inventor de las letras góticas. De este nilmero son 4 
Wormio , Verelio y Loccenio , que aseguran que los godos tenían 
sus antiguas letras runas , cuya invención atribuyen unos á Odi- 
no , otros á Fímbulo : observando Loccenio , que las letras ul- 
filanas mas convienen con las griegas y latinas que con las ru- 
nas. Y finalmente Rudbeckio 5 prueba con evidencia ser mucho 
mas antiguas las runas que las ulfilanas , y que los godos que es- 

1 Gobelin Persona Cosmodrom. cap. germ. 6* excerpta alia. Hehnestadii 
18. in rer. germ. Henrici Meibomii ju- anno 1652. 

ntoris , tom. 1. 4 Wcrm. Litterat. nm. cap. 10. 

2 Eric. Olaus. Histor. suecor. Loe- Verel. Runograph. cap. 13. Loccen. 
cen. Amiq. sueogoth. lib. 1. Antiquit. sueogoth. lib. 2. cap. 14. 

3 In prcefat. ad Tacit. de mor. 5 Rudbeck Atlant.part. 1. cap. 38. 



I2& MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

taban en sus colonias de Tracia y otras partes usaron de aquellas 
hasta el tiempo de Ulfila : siendo la misma simplicidad del alfa- 
beto runo una prueba evidente de su anterioridad ; pues el runo 
consta solo de diez y seis letras , tí á lo mas de diez y nueve ; y el 
ulfilano tiene veinte y cinco , y de figura mucho mas artificial : y 
es cierto que en la naturaleza fue siempre primero lo simple que 
lo compuesto , y el mayor artificio y composición de una cosa 
manifiesta ser posterior en tiempo. 

XLVII. Pero ademas de esta oposición que padece el aserto 
de don Juan de Ferreras , bastaría el mismo hecho de Ulfila , mi- 
rado con reflexión , para convencer que no es constante que los 
godos no tuviesen letras quand'o Ulfila inventó las suyas: antes eso 
mismo parece probar que las tenían. Fue Ulfila el que hizo la pri- 
mera versión de la sagrada escritura en lengua gótica , según Fran- 
cisco Junio , ó mixta de teutónica y antigua gótica , según Locce- 
nio. El fin con que hizo esta versión fue para instruir en la fe á 
los godos que entonces eran gentiles , y por medio de Ulfila y de 
Audeo se convirtieron al christianismo , aunque pervertidos con 
los errores de Ario. Era inútil todo el trabajo de Ulfila si los go- 
dos no tenían letras , y por consiguiente no sabían leer ni escri- 
bir : y así para que su versión fuese de algún provecho , era menes- 
ter que el mismo Ulfila los instruyese en el conocimiento de las 
letras y en el modo de leer los escritos. Pero esto como es creíble ? 
¿Donde se ha visto empezar con orden prepóstero, primero los li- 
bros que las letras , y hacerse traducciones de otras lenguas para 
unos hombres que no sabían leer ni escribir la suya ? Añádese á 
esto que Audeo , como ya dixe con san Epifanio , había fundado 
muchos monasterios en la Gocia. De todo lo qual se colige poco 
menos que con evidencia , que los godos tenían ya el uso de las 
letras , y que Ulfila no hizo mas que mudar la figura de ellas pa- 
ra poder escribir en gótico con menos alteración los nombres pro- 
pios hebreos , griegos ó latinos de la sagrada escritura , y para que 
los godos , ademas de instruirse en las cosas- de la religión , se 
dispusiesen á entender los caracteres y escritos griegos y latinos 
por medio de las nuevas letras ulfilanas , que participan de unos 
y otros. Lo qual se prueba con lo que dice un antiguo anóni- 



DÉLA HISTORIA. I 29 

mo r en su comentario sobre las letras ulfilanas dado á luz por 
Buenaventura Vulcanio , que ningún alfabeto había mas completó 
que el de los getas , que habían tomado de todas partes quanto po- 
dia conducir para la verdadera pronunciación de las voces. 

XLVIII. Si san Isidoro hubiese expresamente dicho que los 
godos no fueron originarios de la Escandía como asegura Jor- 
nandes , sino de la Tracia o' de la Scitia ; y que de esta prime- 
ra patria suya vinieron á Italia , Francia y España: en tal caso 
abandonaría yo de buena gana el partido de Jornandes , y segui- 
ría la opinión contraria , respetando la autoridad venerable de un 
prelado español tan santo y tah sabio. Pero no#es así, se ha pa- 
decido á mi ver no pequeña equivocación en la inteligencia de 
los lugares de san Isidoro que hablan de este asunto , los qua- 
les bien entendidos dicen lo mismo que Jornandes , á excepción de 
no expresar por su nombre á la Escandía. 

XLIX. Al principio de su historia de los godos dice san Isi- 
doro que la nación de los godos era antiquísima, cuyo origen algu- 
nos sospechaban ser de Magog hijo de Jafet , por la semejanza 
de la última sílaba , sacándolo también del profeta Ezequiel ; pero 
que los antiguos solían llamarlos getas, mas que Gog y Magog. 2 ¿Pe- 
ro de aquí que conseqüencia sale contra Jornandes ? ¿ Acaso por- 
que los godos sean o' no descendientes de Magog , no pueden ha- 
ber salido de la Escandía , y pasado á la Tracia o á la Scitia ? To- 
do lo que aquí dice san Isidoro mira al origen y etimología del 
nombre de los godos , gote , no á la tierra y patria primera de 
donde salieron para sus transmigraciones y conquistas. 

L. Débese advertir que san Isidoro en su historia no hizo 
mas que tomar de otros autores los principales hechos , y aun las 
expresiones , y como él mismo dice , texer su crónica con lo que 
tomaba de otras historias , de historijs libata retexere; la qual expre- 
sión manifiesta que quando la escribia, tenia presente á Casiodoro y 
á Jornandes, que la usaron casi con las mismas palabras. Tomó tam- 

1 Quo fit , ut nullum alpbabetum 2 S. Isidor. Histor. gotk. Retro au- 

absolutius sit gerarum , qui undique quod tem erudkio eos magis getas , quam Gog 

ad veram prouuutiationeni faceret mu- 8c Magog appellare consuevit. 
tuati sunt. 

R 



120 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

bien de san Gerónimo , de Orosio, de Justino y otros : y así el lu- 
gar arriba mencionado es de san Gerónimo r que dice: „Sé que 
„ alguno entiende este lugar y el de Ezequiel por los godos que 
„ poco ha infestan nuestro pais,: lo qual si es verdad o no , se ma- 
„ nifiesta por el fin de la misma guerra. Es cierto que todos los eru- 
„ ditos antiguos acostumbraron mas llamar á los godos getas, que 
» Gog y Magog." Y aquí es de notar que aquel alguno, cuya opi- 
nión al parecer desaprobaba san Gerónimo , es san Ambrosio, que 
en los libros de la fe dirigidos al emperador Graciano , dice 2 eso 
mismo de que duda san Gerónimo. Pero en las notas al citado lu- 
gar de san Ambrosio de la edición de los padres de la congregación 
de san Mauro , se responde ( aunque no sé si con bastante razón 
y la mas recta cronología de los años en que dio á luz sus obras 
san Gerónimo ) que si este santo doctor hubiese escrito después 
de la victoria que Teodosio consiguió de los godos , es creí- 
ble que hubiera seguido la opinión de san Ambrosio , viendo ya 
cumplida la profecía. Con efecto Proclo obispo de Constantino- 
pla , predicando á su pueblo con grande aplauso en tiempo de 
Teodosio el menor , interpretó aquella profecía del mismo mo- 
do que san Ambrosio , según refiere Sócrates 3. Con esta explica- 
ción é inteligencia no me parece que el lugar de san Isidoro sea 
en manera alguna contrario á Jornandes. 

LI. Pero veamos otro lugar donde san Isidoro se explica mas 
largamente y mas al intento. Al fin de su historia se lee un ca- 
pítulo ó resumen brevísimo en alabanza de los godos , con el epí- 
grafe Recapitula-tío. . . in gothorum laudem,en el qual dice el santo 4: 

i S. Hieronym. Qu¿sst. Jiebraic. in antiquissima origo de Magog filio Japhet 

Genesim. cap. 10. Scio quendam Gog fbit , unde & scytharum genus extitit. 

<k Magog tam de praesenti loco.quam de Nam üdem gothi scythica probantur ori- 

Iezequiel , ad gotthorum nuper in térra gine sati. Unde nec longe á vocabulo 

riostra bacchantium historiam retulisse: discrepant. Demutata enim ac detracta 

quod utrum verum sit , praslii ipsius fine littera , getae , quasi scytha; sunt nuncu- 

mon5tratur. Et certe gotthos , emnes re- pati. Hi igitur septentrionis glacialia iu- 

tro eruditi magis getas , quam Gog & ga inhabitantes,circa scythica regna.quac- 

Magog appellare consueverunt. que sunt ardua montium cum caeteris 

2 S.kmb.Defid.adGrat.Hb.2.c.\6. gentibus possidebant : quibus sedibus im- 

3 Socrat. Hist. lib. 7. cap. 43. petu gentis ugnorum pulsi ,.transgresso- 

4 S. Isidor. Hist. goth. Gothorum que Danubio , romanis se dedecunt. 



Pí- LA HISTORIA. H t 

„ El origen antiquísimo de los godos fué de Magog hijo de Ja- 
„ fet, d^- donde también descendieron los sciras : porque se pruc- 
„ ha que los mismos godos procedieron de origen scítico, pues mu- 
,, dada y quitada una letra fueron llamados getas , como si dixera- 
„ mos sciras. Estos pues que habitaban en las sierras heladas del sep- 
„ tentrion, poseían con las demás gentes cerca de los reynos scíticos 
„ las alturas de los montes ; de cuyos parages habiendo sido arro- 
„ jados por el ímpetu de los himnos , pasando el Danubio se entre- 
,, garon á los romanos." En todo este epílogo no solo no es con- 
trario san Isidoro á Jornandes y á los que le siguen ; sino que 
antes bien confirma, aunque br.evísimamente , lo flue estos dicen 
acerca de la población de la Suecia , del origen de los godos , y 
de la transmigración de algunas colonias suyas desde la Suecia d 
Escandía hasta el Danubio , que se vieron obligados á pasar por 
el ímpetu y guerra de los himnos , y se entregaron á los romanos. 
Todos los autores suecos y demás que siguen á Jornandes concuer- 
dan en que los scitas fueron los primeros pobladores de la Suecia; 
y que los godos eran descendientes de los scitas , que dieron su 
nombre á aquella península llamándola Scitia, que después con la 
acostumbrada variación de letras y terminaciones se dixo Suithia , 
y sus moradores suethidi ó suethilot , y suitones ,sidones , sueones , gu- 
iones , gytones , gottini , gotti , guta , geta , &c. Y por esta misma 
razón los antiguos griegos llamaron Scitia á todo el septentrión, 
y scitas á toda la gente que habitaba hacia el norte , como des- 
pués veremos. Y así se entiende bien lo que dice san Isidoro , 
que los godos habitaban las sierras glaciales del septentrión cer- 
ca de los reynos scíticos con las demás naciones. La circunstan- 
cia de haber los godos pasado el Danubio por la guerra con los 
himnos , y entregádose á los romanos, es lo mismo que con mas 
extensión refieren Orosio y Jornandes , por quienes sabemos que 
los godos se entregaron dos veces á los romanos : la primera en 
tiempo de Valente, que les permitid habitasen en la Tracia , des- 
pués de haber abandonado por la guerra de los hunnos las ribe- 
ras del Danubio, y las tierras que hacia el norte poseían : la se- 
gunda quando Atanarico, después de haber ajustado la paz con Teo- 
dosio, murió en Constantinopla. Entonces los godos, muerto su 

Kz 



122 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

rey , y viendo la benignidad y virtud de Teodosio , se entrega- 
ron á los romanos, como refiere Orosio l . Es muy creible que san 
Isidoro quiso epilogar aquí lo mismo que decían Orosio y Jornan- 
des, como parece por la semejanza de las expresiones y voces. 

LII. Hasta aquí no veo yo la menor oposición de san Isidoro 
con Jornandes , y solo se puede echar menos que no nombre á 
la Escandía. Pero en un epílogo tan sucinto , y en una historia 
que empieza en tiempo que ya las colonias de los godos estaban es- 
tablecidas en otras partes muy distantes de la Escandía , no es 
muy extraño que no la nombrase , no siendo necesario nombrarla. 

Lili. Para convencer que quando san Isidoro dice que los 
godos tuvieron el mismo origen que los scitas , y que habitaban 
los rey nos scíticos-, no por eso contradice á Jornandes ni exclu- 
ye á la Escandía, diré brevemente lo que entendieron les antiguos 
baxo el nombre de scitas. Estrabon 2 conformándose con Eíoro, 
autor que vivid algunos siglos antes , dice que los antiguos á to- 
das las gentes conocidas hacia el septentrión las llamaban scitas ó 
nómades , como todo lo que miraba al medio día se llamaba Etio- 
pia. Esta misma primitiva general división de las naciones en sci- 
tas y etíopes se lee en la biblioteca de Focio en las excerptas de 
la vida de Pitágoras : de modo que los griegos comunmente llama- 
ban bárbaros a todas las demás naciones, y á los bárbaros los di- 
vidían en scitas y etíopes. 

LIV. Nuestro Pomponio Mela , que vivid en tiempo de Clau- 
dio y fué anterior á Solino y á Tolomeo , hablando de la Scitia 
dice 3 que en los confines del Asia habitaban los pueblos scíticos, á 
los que divide en dos , diciendo que los primeros eran los de las 

i Oros. lib. 7. cap. 34. Athanaricus popul! incolunt , fere omnes etiam m 
autem continuo ut Constantinopolim ve- unum Saga: appellati. In asiático Jitore 
nit, diem obiit. Universa; gothorum gen- primi hyperborei , super aquilonem ri- 
tes , rege defuncto , adspicientes virtu- pa:osque montes , sub ipso siderum 'car- 
tem benignitatemque Theodosii , roma- diñe iacent : ubi sol non quotidie, ut no- 
no sese imperio dediderunt. bis , sed primúm verno ajquinoctio exor- 

2 Strabo. Geog. lib. 1. tus, autumnali demum occidit : & ideo 

3 Pompón. Mela. lib. 3. cap. 5. In- sex mensibus dies, & totidem alus nox 
de Asiae confmia , nisi ubi perpetua: ni- usque continua est. Terra augusta , apri- 
ves sedent & intolerabilis rigor , scythici ca , per se fertilis. 



DE I.A HISTORIA. J •} -» 

costas asiáticas : los demás, que distingue con el nombre de hiperbó- 
rea, estaban sobre el aquilón y los montes rifeos baxo del mismo 
polo, donde tenían un día de seis meses , y una noche continua de 
otros seis. No puedo menos de advertir aquí una equivocación de 
don Joset" Antonio González de Salas, que en su traducción de Mela 
y en sus notas confundió el texto de Mela y los dos distintos scitas, 
asiáticos y hiperbóreos. „En las costas (dice) de la Asia , la pri- 
„ mera nación de los scitas son los hiperbóreos , que yacen de la 
„ otra parte de los montes rifeos y del aquilón debaxo del mismo 
„ quicio de los cielos." ¿Pero si los hiperbóreos son en este lugar 
de Mela la primera nación de los scitas, qual será la segunda? ¿y 
como se puede verificar que los scitas de la costa asiática estén deba- 
xo del mismo quicio de los cielos , y tengan un dia de seis meses, 
y una noche igual á ese dia ? Fuera de que el mismo Mela en otra 
parte I distingue claramente los scitas de la ribera asiática del Ta- 
ñáis , de los otros scitas hiperbóreos que estaban mas allá de las 
amazonas. Y como de las tierras polares ó muy septentrionales 
no conocían los antiguos sino á la Escandinavia , que es la Sue- 
cia , Noruega y Laponia , y aun á esta península la conocían 
muy poco , y la tenian por isla , que comunmente creían ser la 
Tule, por noticias vagas y obscuras de algunos que habían via- 
jado á aquellas partes : sigúese que Mela no podia entender por sci- 
tas hiperbóreos los de la ribera asiática, sino los de la Escandina- 
via , donde en las provincias mas septentrionales se podia solo ve- 
rificar de algún modo aquel dia y noche de seis meses. En efecto 
así entendió , como yo lo entiendo , aquel primer lugar de Mela el 
erudito valenciano Pedro Juan Olivares 2 en sus notas , en que ex- 
presamente dice , que la tierra de los hiperbóreos de que habla Me- 
la era la Schondia ó Schondania. Y Cristóforo Celario 3 juzga que 



i Mela lib. i. cap. 2. sonst , etíamsi hyperborei orientaliores 

2 Petrus Ioann. Olivarius in Mela sint Scbondanis. 

lib. 3. cap. 5. Terra. . . . aprica , per se 3 Christoph. Cellar. Geograph. an- 

fertilis. . . Qua: citra polum est, satis apri- iiq. lib. 2. cap. 6. n. 2 y. Prsestat ergo. . . 

ca & fertilis esse perhibetur , unde 8c hyperboreos ultra arcticum chculuui re- 

Schondia atque Schondania vocatur , quae moveré, 
vox vernácula lingua amceuam Daniam 



I O 4 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

los hiperbóreos se deben colocar mas allá del círculo polar ár- 
tico , que es en la cosra mas septentrional de la Suecia. 

LV. Las costas marítimas de los scitas estaban tan cerca de 
la Escandía ó Baltia , según Xenofonte lampsaceno y Solino l ,que 
desde ellas se podia ir á la Escandía en tres días de navegación : y 
siendo la que usaban los antiguos costa á costa y sin engolfarse, 
se vé quan cerca estaban los scitas de la misma Escandía. Con es- 
to concuerda lo que dice Plinio 2 , que los sár matas y germanos 
se llamaban antiguamente scitas , nombre que ya solo duraba entre 
aquellos sármatas y germanos que vivían mas apartados y casi des- 
conocidos de todos los demás. Y siendo constante que la mayor par- 
te de los germanos eran los suevos b semnones , y que estos eran 
los de Sueonia ó Escandía , y asimismo que los godos se llamaron 
también sármatas ; se arguye quan propiamente se puede entender 
de los godos el nombre de scitas. Por eso san Epifanio , hablan- 
do de Audeo , dixo que fué desterrado á las partes de la Scitia , y 
que paso á lo interior de la Gocia , como haciendo un mismo 
país la Scitia y la Gocia. Y san Paulino de Ñola 3 llama scitas 
á los godos que estaban en la Dacia en los versos que escri- 
bid á san Nicetas obispo de aquella nación. De todo lo dicho 
resulta , que aunque Orosio llame á los godos , alanos y vándalos, 
gentes scíticas , y aunque san Isidoro diga que los godos y scitas 
tuvieron un mismo origen y habitaron los reynos scíticos , no ex- 
cluyen por eso á los godos originarios de la Escandía, ni son con- 
trarios á Jornandes. Antes Juan Loccenio 4 juzgó tan al contrarío 
de san Isidoro , que le junta con Jornandes , y los cita á entram- 
bos en abono de su opinión , y en confirmación de lo que aca- 
bo, de probar. 

i Solin. Polyhist. cap. 30. Auctor extremi gentium harum ignoti prope cx- 

est Xenophon lampsacenus, á littoresey- teris mortalibus degunt. 
tharum in insulam Baltiam petentibus tri- 3 S. Paulinus , Ad S. Nicet. 
dúo navigari: eius magnitudinem immen- Ad tuos fatus scytha mitigatur, 

sam & pené similem continenti. Et sui discors fera te magistro 

2 Plín¿ Hist. nat. lib. 4. cap. 12. Pectora ponit. 

Scytharum nomen usqnequaque transit 4 Loccen. Antiquit. susogotk. lib. 

in sármatas atque germanos. Nec alus 3. cap. 8. Iornandes & Isidoras tes- 

prisca illa duravit appellatio , quám qui tantur. 



DÉLA HISTORIA. j « 5 

LYI. Después de tan evidentes pruebas de que san Isidoro 
no se opuso á Jornandcs , antes vino á decir lo mismo , y después 
de tan claras razones y solidos fundamentos con que hemos con- 
tinuado la opinión del mismo Jornandcs , no parece que puede 
merecer el título de vulgar preocupación que la da el señor Per- 
reras. Y quando faltasen todas las razones , solo la autoridad de 
tantos escritores eminentes en erudición y crítica que la han 
seguido , pudiera bastar para no llamarla preocupación vulgar : 
poique á la verdad están muy lejos de ser vulgo los autores que 
la han defendido y adoptado por suya. Yo pondré aejuí algu- 
nos de los mas principales , omitiendo los derrras por no dila- 
tarme demasiadamente. 

LVII. Sea el primero en el lugar, como lo es en la dignidad y 
en el tiempo, san Gregorio magno, que hablando de los lombardos ' 
califico la autoridad de Jornandes , valie'ndose de sus mismas expre- 
siones , como lo advirtieron los padres de la congregación de san 
Mauro en sus notas al mismo lugar : y aunque algunos heterodoxos 
han querido poner duda en la autoridad de este santo doctor es- 
tá ya bien defendida por Benedicto Haefteno , Juan Mabillon 
Pedro Gussan Villeo , y otros. Otón obispo de Frisingen , hijo de 
Leopoldo marques de Austria , por su doctrina y por su alta no- 
bleza merece el inmediato lugar : floreció al principio del siglo 
duodécimo , habiendo muerto el año 1 159 , según Radevico, que 
fué continuador de su cronicón , y su capellán y criado ; y este au- 
tor l hace á los godos , como á los longobardos , originarios de la 
Escandía , siguiendo á Jornandes. 

LVIII. Sigue también á Jornandes el deán bilfeldense Gobeli- 
no Persona en su Cosmodromio , que escribió en el siglo décimo- 
quarto. Casi por el mismo tiempo le siguieron Saxón gramático en 



1 S. Gregor. magn. Dialog. lib. 3. di prodiere, officinam gentium,vaginam 

cap. 38. Mox effera longobardorum gens nationum. 

de vagina suae habitationisadducta in nos- 2 Otho frisingens. lib. 5. cap. 4. 

tram cervicem grassata est. . . Jbi Not. His diebus longobardorum gentes , qui 

Simili fere loquendi modo lornandes de á Scancia Ínsula, unde & gothi , egres- 

rebus gothicis cap. 4. appellat icondina si fuerant. . . 
viam , ex q_ua gothi , vándali , longobar- 



10,6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

su historia de Dania ; y Erico Olao de Upsal en la suya de los sue- 
cos y godos ; y al principio del siglo decimosexto Clao magno arzo- 
bispo de Upsal , y Alberto Krancio hamburgués en la historia de los 
reynos aquilonares. Después han sucedido á estos otros autores de 
fama y erudición bien conocida , que han tenido la misma opi- 
nión de Jornandes , ó la han ilustrado y defendido difusamente. 
Tales son Scalígero , Buenaventura Vulcanio , Heinsio , Freinshe- 
mio , el erudito Verelio en sus notas á la historia de Hervora , Juan 
Loccenio en sus antigüedades sueo-gdticas , Jorge Stiernhielmio en 
su anti-Cluverio , Hugo Grocio en sus prolegómenos á la historia 
gótica , Olao Rudbeckio en su Atlántica , obra de inmensa erudi- 
ción , el Padre Dionisio Petavio r , M. 1 Flechier obispo de Nímes 
en la historia de Teodosio el grande , los PP. de san Mauro en su 
excelente historia de Languedoc 2 : y á todos estos pudiera añadir 
el padre Maimbourg en la historia del arianismo , pues aunque se 
inclina mas á la opinión de Cluverio , y dexa indecisa la duda, con 
todo por el mismo hecho es contrario á la opinión del señor Fer- 
reras , como lo son el mismo Cluverio y Pontano. De nuestros es- 
pañoles son muchos los que siguen á Jornandes , entre ellos el ar- 
zobispo don Rodrigo , el rey don Alonso el sabio en su crónica, 
y muchos modernos. De los italianos también muchos , y señala- 
damente Horacio Blanco romano 3 , que pesadas unas y otras ra- 
zones de Cluverio y de Grocio , sigue á Jornandes y á Paulo diá- 
cono , haciendo el debido aprecio de la autoridad de estos dos es- 
critores , y de la tradición de los godos. 

LIX. Aunque las conjeturas solas no bastan para dar evidencia 
á una opinión disputada , no obstante quando está ya echado de 
antemano el cimiento solido , y levantada la fábrica de la razón 
y de la autoridad , las conjeturas acaban de convencer y persuadir 
qualquier asunto. Con este fin traeré aquí algunas de las muchas 
que he visto en otros autores y he discurrido , con las quales es- 
pero no quedará duda en la opinión de Jornandes acerca de ser 



i Petav. Rationar. tempor. lib. 6. 3 Nof. ad Vaulum diaconum inter 
cap. 14. scriptor. rer. ital. tom. 1. parí. 1. 

2 Tom. \- pag. 159. París 1730. 



T) E LA HISTORIA. j o 7 

los getas lo mismo que los godos , y ser unos y otros originarios 
de la Escandía. Herodoto dice de los getas que eran los mas valien- 
tes de los traces , y Procopio dice de los godos que eran los mas 
valientes de todos los bárbaros. Bien se ve que es uno mismo el 
pensamiento de ambos autores , y que solo se puede verificar sien- 
do unos mismos los getas y los godos. Elio Esparciano ' en la 
vida de Antonino Caracalla hace también unos mismos á los godos 
y getas , refiriendo un equívoco de Helvio Pertinax , que motejo á 
Antonino Caracalla sobre sus dictados y títulos , diciéndole que po- 
dia añadir también el título de gctico máximo ; aludiendo con es- 
to á* la muerte que había dado á su hermano Geta ,*y á que los go- 
dos ( á quienes Caracalla habia vencido en algunos reencuentros ) 
se llamaban getas. No puedo dexar de decir que este mismo lugar 
de Elio Esparciano es sin duda el que tuvo presente y cito don 
Juan de Ferreras en su advertencia , pero antes parece ser en fa- 
vor de la opinión de Jornandes ; y así se lo pareció á Loccenio 
que le cita á su intento : y á la objeción que se le pudiera hacer , 
de que Esparciano habló así siguiendo al vulgo que por la seme- 
janza del nombre confundía los getas con los godos , responde con 
san Gerónimo que dice , que los eruditos eran los que llamaban 
getas á los godos : luego no era el solo vulgo. 

LX. Uno de los dioses de los getas se llamaba según Hero- 
doto Gebeliz>in , que es la expresión gótica gifua lusa , que signifi- 
ca dar pausa á los cuidados : aunque otros dicen que correspon- 
de á la voz gótica blitz, , que significa el trueno , como entendien- 
do por esta voz Gebelizin á Júpiter tonante. Zamólxís pitagórico, 
según Estrabon y otros , fué venerado por dios de los getas ; y hoy 
en día los dalecarlíos , según Juan Loccenio, de alguno que se ha 
muerto ó ha estado mucho tiempo ausente sin que se supiese de él, 
dicen que se ha ido á Zamólxís. 

LXI. En el mismo Estrabon se hace mención de Btiromistas 
rey de los getas , á quien Jornandes llama Boroista ; y en la lengua 

1 Ael. Spartian. in Caracal. Adde dicerentur : quos ille dum ad oríentem 
si placet etiam Geticus Maximus : quod. transiit ; tumultuaria pneliis devicerat. 
Getam occiderat fratrem , & gothi geta; 

S 



I o 8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

gótica actual buro'vístas significa el que es benigno y afable con 
sus vasallos y ciudadanos. También en Suetonio en la vida de Au- 
gusto se halla hecha mención de Cotison rey de los getas , que en 
gótico quiere decir hijo de Coto : del qual Coto habla César en sus 
Comentarios y Lucano en su Farsalia. Las voces gepanta ó ge* 
pait , y intaphis , que se hallan en Jornandes , son ciertamente gó- 
ticas ; porque gepar ó gepait quiere decir perezoso : de donde los 
godos perezosos d últimos en la expedición, se llamaron por mo- 
tejo, Gepaides , ó Geptedes. Intaphis viene del verbo gótico tappa que 
aun hoy se usa , y que quizá los godos en tiempo de Jornandes di- 
rían intappa,y quiere decir , ser vencido , ser derrotado : de donde 
Muratori deduce la voz italiana intoppo , y se puede también de- 
rivar nuestro verbo topar. 

LXII. Entre los godos no se dotaban las mugercs , y era delito 
capital el adulterio : lo mismo alabo Horacio en los getas r . La 
barba y el cabello largo distinguían á los getas , según Ovidio 2 : 
Teodorico llama á sus godos cabelludos , capillatos , y Paulo diácono 
deriva la voz longobardos de la barba larga : si bien no ignoro que 
alguno la deriva de langbart , que es una arma á manera de ha- 
cha larga que usan los de Noruega. Los traces montañeses , según 
Tucidides 3 ,se llamaban dioses : de lo qual claramente se colige que 
los griegos traducían el sentido de la voz gótica gote , que quiere 
decir dioses ; y esto se confirma con lo que dice Platón en su Cri- 
das , que Solón había traducido los nombres de los atlánticos según 
el sentido , dándoles el que en griego les correspondia. Herddoto 
dice de los traces y getas, que solían cada cinco años enviar un em- 
baxador á Zamólxis , para consultarle sobre lo que les convenia d 
era necesario practicar en su gobierno, costumbre que se observaba 
antiguamente en Suecia d Sueonia , según Rudbeckio 4, y desde allí 
se daban providencias para las colonias que tenían en Tracia y 
otras partes ; de lo qual leemos un exemplar en Procopio 5 , pues 

i Horat. Iib. %. Ode 24. Non coma, non ulla barba resec- 

2 Ovid. Pont. Ub. 1. epist. y. ta manu. 

Aspicit hirsutos cominus Ursa 3 - Thucydid. Iib. 2. 

getas. 4 Athlant. parte 1. 

y Trist. Iib. 5 . eleg. 7. $ Procop. de bello goth. Iib. z.c.i¿. 



ni: IA HISTORIA, I «o 

dice que los hernlos que habitaban hacia la laguna Mcdris envia- 
ron á Tule ( así llama Procopio á la Escandía) á pedir un rey- 
de la sangre real. Dieseles uno llamado Todasio que acompañado 
de su hermano AorJo y de doscientos mancebos llego' á Singí- 
don , donde entonces estaban los hérulos, á quienes Justiniano en 
este intermedio había dado un rey de su misma nación llamado 
Suártuas , pero los hérulos le abandonaron y se pasaron á Todasio. 

LXIII. En la Vestrogocia en el monte Hailaberg se ve un 
grande precipicio llamado Aetcstupa , Aetestorta , ó Aetestapnl , 
desde donde antiguamente se precipitaban los que despechados que- 
rían acabar su vida , o' deseaban ir á glisis'vald , esTo es , á los cam- 
pos elisios J : y lo mismo refieren Pomponio Mela, y Solino de 
los getas y scitas hiperbóreos 2 . Valefrído Estrabo abad augiense , 
que floreció en tiempo de Ludovíco pío, asegura que entonces en- 
tre algunos scitas , y especialmente entre los tomitanos , se celebra- 
ban los divinos oficios en lengua gótica. A lo qual añade Gro- 
cio 3, que en sus dias habitaban cerca de la laguna Meo'tis los mis- 
mos godos , conservando su lengua y sus costumbres mismas, se- 
gún testimonio de Josafat Bárbaro noble veneciano que había es- 
tado en aquellos parages , de Rudbeckio y de otros. 

LXIV. También en España se conservan muchas voces de la 
lengua gótica que concuerdan con la sueca , como tañer , bande- 
ra : balck , balcón : stuben, estufa : akhen , haca : banchet , banque- 
te : band , bando : hielm, yelmo , y otras muchas. El apellido Guz- 
man , tan ilustre como antiguo , parece ser de origen teotiso d 
gótico , según Loccenio 4, y quiere decir hombre bueno , d hom- 
bre godo. Lo mismo podemos decir de los nombres Federico , En- 
rico y otros, que según Grocio tienen su propia significación en len- 
gua gótica : tales son los antiguos Wallia, Wamba, Sisenando , Ber- 

i Sueci.i antiq. &• hodiern. tom. 3. epulati , delibutique de rupe nota pra> 

pag. 49. cipitem casum in mare profundum des- 

2 Mela lib. 3. cap. 5. Habitant Iu- tinant. 
eos silvasque , &: ubi eos vivendi sa- 3 Grot. in prolegom. ad hist. got. 
tietas migis quam tíedium cepit , hila- 4 Loccen. Antiq. sueogot. lib. 3. 

res , redimid sertis , semetipsi in pela- cap. 8. ídem testantur adhuc in Hispa- 

gus ex certa rupe precipites dant. So- nia. . . familia; ¡Ilustres , inter quas ad- 

lin. cap. 26. Quos satietas tenet vita; , huc eminent G'uzínani. 

S 2 



140 MEMORIAS DE 1A ACADEMIA 

mudo , Fer diñando , Roderico. . . En los autores que tratan del ori- 
gen de nuestra lengua se podrán ver otras muchas voces de ori- 
gen go'tico ; que yo por no exceder los límites de una disertación , 
daré fin á la mia , creyendo haber demostrado en ella con buenos 
fundamentos , razones claras y probables congeturas , que los go- 
dos que desde Italia vinieron á España , tuvieron su primer origen 
en la Escandía , hoy reyno de Suecia. 



X xxxxxxxxxxxxxxxxx xxxxxxwxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx n 

INVESTIGACIONES 

SOBRE EL ORIGEN T PATRIA 

DE LOS GODOS. 
DE DON MARTIN DE yLLOA. 

es uno de aquellos asuntos difíciles á la mayor diligencia. La opi- 
nión de Jornandes , de que fué la Escandía el pais de donde salie- 
ron , ha tenido muchos valedores ; y no puede negarse que con la 
defensa que de ella hizo el señor Luzan en la disertación que le- 
yó en la academia ha adquirido cierto grado de mayor verisimi- 
litud. Sabemos que Jornandes está bien recibido de los doctos , 
quando no se opone su relación á lo que por otra parte nos cons- 
ta : pero como no es uno de aquellos autores sobre cuya fe puede 
apoyarse enteramente nuestra seguridad , y nuestro instituto pida 
que examinemos las razones que pudieron tener los que no acomo- 
dándose á su opinión creyeron á los godos scitas de origen , procu- 
raremos juntar las autoridades y argumentos que se oponen á la 
una , y favorecen la otra : y quando entre las nieblas de tiempos 
tan remotos no se logre manifestar el camino cierto que debemos 
seguir , daremos á lo menos una idea no confusa del que tiene 
menores dificultades. 

Para proceder con la debida claridad en nuestras investiga- 
ciones las dividiremos en varios artículos. En el I probaremos 
que godos y getas eran una misma nación , á quien se daba indis- 
tintamente los dos nombres. En el II hablaremos del pais donde 
fueron conocidos los godos , y de las irrupciones que hicieron des- 
de él. En el III del pais donde fueron conocidos los getas; y proba- 



ja% MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

remos, que no solo fué en la Tracia, sino también en la orilla 
septentrional del Danubio ; y que getas y dacos fueron una mis- 
ma nación. En el IV trataremos de los tiempos en que fueron co- 
nocidos los getas con este nombre á las orillas del Danubio. En 
el V,si los getas fueron nación scítica ó trace, y procuraremos pro- 
bar que fueron scitas. En el VI del origen de los scitas. En el VII, 
que los scitas europeos se derivaron de los asiáticos. En el VIII del 
primer asiento que en la Asia ocuparon los scitas : que una de sus 
naciones fué la de los masagetas : y que se puede creer que estos vi- 
nieron también á* Europa. En el IX de los vestigios que del paso de 
los scitas desde el Asia á Europa se hallan en Jornandes. En el X 
se prueba, que en caso de haber sido traces los getas, no pudieron 
haber pasado de la Escandía. En el XI examinaremos la narración 
del paso de los godos desde la Escandía , y propondremos las difi- 
cultades que le hacen del todo inverisímil. Y en el XII examinare- 
mos los fundamentos con que se pretende probar la transmigración 
de los godos desde la Escandía á Scitia , y manifestaremos que es 
mas probable, que los getas pasaron desde la Scitia á la Escandía. 

Si en estos artículos nos extendiésemos mas de lo que aca- 
so se juzgue pedir el asunto, súplasenos esta prolixidad por ser 
hija del deseo de conocer el origen de unas gentes que funda- 
ron nuestra monarquía. 

I. Todos los autores del tiempo en que se empezó' á dar á los 
godos este nombre , d advierten que son los antiguos getas , d usan 
promiscuamente de uno y otro nombre como significativo de la 
misma cosa. Jornandes (que por ser el principal apoyo de la opi- 
nión que hace á los godos originarios de la Escandía , lleva con- 
sigo la seguridad de que no le desechen los defensores de ella, 
y por escritor nacional se supone mas instruido que otro en es- 
te punto) no duda atribuirles quanto los historiadores antiguos 
dixeron de los getas habitadores de la Scitia 1 . Así asegura ha- 
ber sido rey de los godos el célebre Zamdlxís geta : refiere á ellos 
el verso de Virgilio 

Gravidumque _patrem geticis quif>r<ssidet armis , 

i Jorn. caj;. 5. 



Dt IA HISTORIA. I4 « 

como que en el se de i entender el particular culto de los godos pa- 
ra con el dios Marte, que se creia haber nacido entre ellos : prueba 
que fueron aquellas gentes con quien tuvo guerra Veso'sis ( así 
le llama él) rey de Egipto, y también los que después con el nom- 
bre de scitas se apoderaron del Asia , y llevaron por ella la de- 
solación y el estrago : aquellos cuyas mugeres , conocidas y cele- 
bradas con el nombre de amazonas , se hicieron tan famosas por 
su valor y por sus conquistas: y finalmente los mismos que coa 
su reyna Tomiris supieron atajar los pasos á la ambición de Ciro 
hicieron inútiles los esfuerzos de Darío y Xérxes , y sostuvieron 
guerra, casi siempre ventajosamente , con los reyes de Macedo- 
nia , y después con los romanos. 

Todos estos sucesos, ó la mayor parte de ellos , nadie mediana- 
mente instruido en la historia antigua puede ignorar fueron pecu- 
liares de los getas , o quando mas comprehensivos de los scitas 
de quienes aquellos fueron sin duda originarios. Así no se pue- 
de dudar que Jornandes tuvo por unos mismos á* getas y godos 
como lo afirma en varios pasages de su obra K Óigasele hablan- 
do de la entrada de Vesdsis decir 2 : „ De donde se prueba evi- 
„ dentemente que este rey peleo con los godos, siendo cosa cono- 
„ cida haberlo hecho con los maridos de las amazonas, los quales 
„ entonces tenían su asiento cerca del seno de la laguna Meo'tis 
„ desde el Borístenes, á quien llaman sus habitadores Danubio, (es 
„ equivocación suya d de los copiantes de su obra ) hasta el rio 
„ Tánais." Pero bastaría , aun quando faltasen tan concluyentes 
pruebas , el que tratando con Castalio de la reducción de la his- 
toria de Casiodoro , le dice haber sido su título de origine actu- 
que getarum , como que este era nombre de que promiscuamente 
se usaba con el de godos para significar esta nación. 

Ni fué de otro sentir el mismo Casiodoro : pues aunque se ha- 
ya perdido su historia de los godos que recopilo Jornandes , ha 
quedado en sus libros de las 'varias un pasage que lo manifiesta. 
Habla en nombre del rey Vitíges del modo de su elección , y 

i Dio historicus. . . operi suo Getica loco gothos esse probavimns. cap. 9. 
titulum dedit; quos getas jam superiori 2 Id. caj>. 5. 



i 4 4 



MEMORIAS DE LA ACADEMIA 



de como fué hecha por los soldados entre el ruido de las armas , 
y añade haber sido esto l „ para que con tal son movido el pue- 
„ blo gético del deseo de su nativo valor , hallase para sí un rey 
„ marcial." De suerte que llamando pueblo gético al de los go- 
dos que dominaron en Italia , no dexa duda en que tuvo por unos 
mismos á los getas antiguos y á los godos de su tiempo. 

Procopio cesariense , que floreció baxo el imperio de Justi- 
niano , y escribió' las guerras de los godos en Italia durante él , 
no duda afirmar , que hallándose llena de temor la ciudad de Roma 
á* causa de las armas de estas gentes , algunos de los senadores 
ponían presentes los oráculos sibilinos , asegurando que solo has- 
ta el mes de Julio estaría en riesgo la ciudad , y que convenia dar 
orden para nombrar emperador á alguno de los mismos romanos 
luego que Roma se viese libre del temor de la irrupción gética: 
porque afirmaban que la nación gética eran los godos 2 . Lo mismo re- 
pite hablando de las varias naciones góticas que había, entre quie- 
nes se contaban como principales los godos , vándalos , visigodos 
y gépidas , pues añade haberse llamado antiguamente saurdmatas 
y melanchlenos , y haberles también algunos atribuido el nombre de 
getas 3. Y aunque en el modo con que este escritor se explica , 
parece no quiere manifestarse defensor de la identidad de godos y 
getas por no contemplarlo asunto preciso á su investigación , in- 
sinúa la generalidad con que estaba así creído. 

Del mismo modo describiendo el poeta Claudiano la guerra de 
los godos en el imperio de Honorio , no solo intitula uno de sus li- 
bros de la guerra gética 4 ; sino que en casi todos los parages de sus 
obras en que se le ofrece mencionarlos , los llama getas , y á sus 
cosas géticas. Así los llamo también Prudencio 5 hablando de Ala- 
rico y de su guerra en Italia, y ambos escribieron al tiempo mismo 
de ella , esto es al principio del quinto siglo , en el qual conoci- 
das generalmente estas gentes con el nombre de godos , se infiere 

i Ut tal! fremitu concitatus , desi- Procop. lib. i. de bello gético , cap. 24. 

deno virtutis ingénita: regem sibi Mar- 3 Wi ^ 01 5 Tirina, t&n raír' ¿x.a.Aonj 

tium geticus populus inveniret. Casiod. ídem de bello vandal. -cap. 2. 

lib. 10. Variar, epist. 31. i, De bello gético. 

2 TiTixirykfi&tosqixiriTiiisTsT&s.isutai. j In Symmachum lib. 2. 



DE LA HISTORIA. 1 45 

haber sido estimados con entero conocimiento por los mismos 
que los getas. Iguales expresiones usa Sidonio Apolinar hablando 
de los godos , y acomodándoles varias veces el nombre de getas: 
por lo qual de Riccimer nieto de Walia , rey godo de Espa- 
ña , dixo l 

Titm li'vet , quod Rkcimerem 

In regnum dúo regna •vocant : nam ]>atre suevus , 
A genitrke getes. 
y á este modo en otros pasages. 

A favor de la misma opinión está también la autoridad de 
san Gerónimo 2 , que hablando'en las qüestiones fiebráicas de los 
godos , y oponiéndose á que sean los descendientes de Gog y Ma- 
gog según algunos lo pretendían , no escusa afirmar ,, que todos 
„ los antiguos eruditos los habian llamado mas bien getas , que 
„ no Gog d Magog" : palabras que casi á la letra se hallan co- 
piadas al principio de la historia de los godos de san Isidoro, 
y las repite el mismo santo en las etimologías 3 diciendo „ que 
„ los godos se juzgaba haber sido así llamados por Magog hijo 
„ de Jafet , á causa de la semejanza de la última sílaba , á los qua- 
„ les los antiguos llamaron mas freqüentemente getas que no go- 
„ dos." Con lo que conviene también nuestro Paulo Orosio 4, 
el qual de los godos que en su tiempo causaron tanta ruina al 
imperio romano asegura ser los getas que antiguamente habia di- 
cho Alexandro deber ser evitados , á quienes Pirro tuvo horror, 
y aun el mismo César procuro escusar. Del mismo sentir fueron 
Flavio Vopisco y Esparciano. El primero en la vida del empera- 
dor Probo dice 5 , que se dirigió por la Tracia y sojuzgo ó recibid 
á su amistad á todos los pueblos géticos : y es forzoso entender 
que tomo por géticos á los góticos que habitaban en aquellas 

i Paneg. Anthem.bis cónsul, ü.361. 4 Gttx i 1 II , qui & nunc gothi , quos 

2 Et certe gothos omnes retro erudi- Alexander evitandos pronuntiavit , Pyr- 
ti magis getas, quam Gog & Magog, ap- rhus exhorruit , Cxsar etiam decüna- 
pellare consueverunt. Jn Genes cap. 10. vit. . . Lib. 1. cap. 16. 

3 Gothi a. Magog filio Jarhet nomi- 5 Tutendit deinde iter per Thra- 
nati putantur de similitudine ultima: syl- ciam , atque omnes géticos populos aut 
labae; quos veteres magis getas quam go- in deditionem aut in amiciüam recepit. 
thos vocaverunt. Lib. 9. cap. 2. 



146 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

partes. Mas expresamente lo dixo el segundo x , quando al refe- 
rir los sobrenombres de que se preciaba el emperador Antoni- 
no Caracalla , llamándose germánico , pártico , arábico , y alamáni- 
co , hace mención del satírico chiste de Helvio Pertinax , que di- 
xo : añade si te agrada el de gético máximo , con alusión á haber 
dado muerte á su hermano Geta , y á que los godos se llamaban 
getas : lo que también repite en la vida de Antonino Geta 2 . 

Filostorgio , que escribid en el V siglo , en el compendio que 
de su historia eclesiástica nos ha conservado Focio , hablando de 
los godos que en tiempo de Constantino el grande habian pasa- 
do el Danubio y establecídose en la Tracia , afirma ser aquellos 
á quienes los antiguos llamaron getas , Qiios referes getas , qui 've- 
ro hodie sunt gothos 'vocant. Y aunque esta expresión habrá quien 
la crea añadida por Focio , sirve á lo menos de manifestar la con- 
tinuación del mismo sentir. 

La autoridad de estos y otros muchos escritores fue seguida 
posteriormente con general aceptación , pero no han faltado mo- 
dernos que intentaron poner en duda esta identidad de godos y 
getas. Reconoceremos sus razones , por si son tales que merezcan 
alguna aceptación. 

El primero que introduxo esta novedad fué Felipe Cluve- 
río 3 , el qual llevado del amor á la patria , no dudó afirmar que 
los godos , tan famosos en la Europa por sus conquistas, tan cele- 
brados por su valor , y tan aplaudidos por su pericia militar y 
después por su política , habian sido los gothones , pueblos de quie- 
nes hace mención Cornelio Tácito 4 , colocándolos mas allá de los 
lypios. Procura conciliar el mismo Cluverio , para explicar la ver- 
dadera situación de estos pueblos , la autoridad de Tácito , que al 
parecer los hace mediterráneos , con la de Plinio , que indica ha- 
ber estado á la orilla del océano , donde se cogía el celebrado suc- 
cino d electro según la opinión de Piteas que allí refiere : y con- 

1 Addesi ^hcttQxhmgeticiismaxi- 2 Adde & geticus maximus , quasi 

mus , quod Getam occideret fratrem , & gothicns. 

gothi getse dicerentur, quos ille ,dum ad 3 Germán, antiq. lib. 3. cap. 34. 

orientem transiit, tumultuaras pra: iis de- 4 De tnorib^german. cap. 43. 
vkeíAt.Sfartian. in Antonino Caracalla. 



DE LA HISTORIA.- 1 47 

chive estableciendo su opinión , de que habiendo con efecto estos 
pueblos habitado en Ja costa del océano , llamado hoy mar báltico, 
pasaron después á lo interior del país , en lo que hoy es la Pome- 
relía del lado de acá del Vístula , que es donde conjetura haber- 
los situado Cornelio Tácito. Otros ' siguiendo á Tolomeo , que 
pone á los gytones cerca del Vístula , creen haber estado en lo que 
ahora es una y otra Prusia , y todo el palatinado de Mazovia : aña- 
diendo que su primer ciudad fue Gitoninm. : que después combi- 
nado el nombre de gctas y danos , se mudo en el de Gedanum : y 
que hoy ha quedado en el de Dantzig. 

Si inquirimos la razón en que se fundo Oliverio para preferir 
esta opinión , hallaremos haber sido la de que en todos los histo- 
riadores y geógrafos antiguos era tenida por gente trácica la de los 
getas ; quando de los godos pretende él probar , valiéndose de la 
semejanza de sus costumbres , haber sido una de las germánicas , y 
por consiguiente la misma que los gotones. Pero estribando su ar- 
gumento únicamente en el falible principio de dicha semejanza de 
costumbres entre godos y germanos , fácil de contraer por medio 
de la comunicación , no es bastante motivo para abandonar el casi 
común consentimiento de tantos sabios escritores, y la pacífica tra- 
dición de tantos siglos á favor de la identidad entre getas y godos. 
Sobre este principio comenzó á divulgarse dicha distinción , y 
la abrazaron después algunos procurando esforzarla : tales fueron 
Volfango Lacio , Juan Isaac Pontano y otros. En ellos es digno de 
notar , que criticando á los antiguos de fáciles , porque dixeron ser 
unos mismos getas y godos sin mas fundamento que la semejanza 
de la voz , infieran la identidad de gotones y godos por la misma 
semejanza. No se hicieron cargo de que los antiguos tenian á su 
favor el testimonio de haber salido los godos de hacia los países 
donde habitaron los getas; quando la identidad de gotones y godos, 
por la distancia de las situaciones , pedia mas sólidos fundamentos. 
II. Refiriendo Jornandes el paso de los godos á la Tracia en 
tiempo del emperador Valente dice 2 , que los hunnos, pueblos que 



1 Vide Mnrtiniete Diccionar. geo- 2 Cap. 24. 
graph. verb. Getes. 

Ti 



148 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

habitaban antes del lado de allá de la laguna Meótis , convidados 
de las ventajas de las tierras scíticas , cuyas noticias por cierta ca- 
sualidad adquirieron de algunos de los suyos , se determinaron á 
pasar á ellas y ocuparlas : y habiendo con su muchedumbre sojuz- 
gado los pueblos que encontraron , esto es los alipz,uros , alcidz.it- 
ros , ¿fumaros , tuncassos y boiscos , practicaron lo mismo con los 
alanos , y llegaron finalmente capitaneados de su rey Balamir á los 
ostrogodos , cuyo rey era entonces Hermanarico , que lleno de 
años y de achaques no pudo desde luego hacerles resistencia, y mu- 
riendo de allí á poco , hubieron de prevalecer los himnos á los os- 
trogodos. Visto esto por los visigodos , y temiendo como inme- 
diatos el que los hunnos , extendiéndose también á su pais , los pu- 
siesen en igual sujeción , enviaron sus embaxadores al emperador 
Valente , pidiéndole les concediese parte de la Tracia d de la Me- 
sia en que habitasen , ofreciendo por ello vivir subordinados á sus 
leyes y al imperio , y aun admitir la religión christiana si se les 
enviasen doctores de quienes la aprendiesen. El emperador creyen- 
do conveniente poner á estas gentes, de suyo belicosas y guerreras, 
como por antemural contra las otras que del lado de allá del Da- 
nubio freqüentemente amenazaban las provincias romanas , y aun 
con sus correrías é incursiones tenían en continua inquietud aque- 
lla frontera , vino en concederles las tierras que pedían , y los go- 
dos occidentales o' visigodos pasaron el Danubio , y fixaron su 
asiento en la Dacia ripense , la Mesia y la Tracia , permaneciendo 
desde entonces en estas provincias como nuevos colonos y pobla- 
dores de ellas. 

De este tránsito de los godos , como suceso y época tan famo- 
sa , y desde la qual empezaron estos pueblos y nación á ser mas 
conocidos y á hacerse respetables aun á las mismas armas del im- 
perio , hay mención en varios escritores , como son Filostorgio x , 
Orosio, Ammiano Marcelino , Casiodoro , Zósimo , san Isidoro y 
otros ; bien que con alguna diferencia en las circunstancias de la 
narración , qué no son de nuestro asunto , y aun con la de contar 

1 Philostorg. Hist. eccl. lib 9. Casiodor. in ckronico. 

Oros. lib. 7. cap. 33. Zosim. lib. 4. 

Ammianus Marcell. lib. 31. lsidor. Hist. goth. 



p r LA HISTORIA. I 40 

muchos el suceso entendiendo á los godos debaxo del nombre ge- 
nérico de scitas ií otros particulares , como son el de thervítteos y 
greuthungoi de Amtniano Marcelino : pero aun mayor mención 
lucen de la victoria que ganaron á Valente , y desgraciado fin que 
tuvo este emperador , quemado por casualidad en la misma casi- 
lla ó choza donde después de la batalla se habia refugiado. 

Es constante no haber sido esta la primera vez que los godos 
pasaron el Danubio , é infestaron con sus armas y correrias los 
países del romano imperio : porque ya lo habían executado varias 
veces durante el gobierno de los antecedentes emperadores con in- 
cierta fortuna , y en ocasiones con no pequeño peligro de la ro- 
mana república , que se vid en bastantes embarazos para salvarse. 
En tiempo de Constantino fueron vencidas estas gentes que ha- 
bían pasado el Danubio , y se les precisó á repasar este rio , de- 
xando libre la Tracia y la Mesia que infestaban. Así lo refieren * el 
anónimo de la vida del mismo Constantino que dio á luz Sirmon- 
do , Zo'simo entendiéndolos baxo el nombre de saurdmatas , So- 
zomeno y san Isidoro : y ademas se infiere de la medalla de este 
emperador con la inscripción Victoria góthica , cierta señal del re- 
ferido triunfo. Filostorgio 2 , haciendo mención de los sucesos de 
aquel tiempo , refiere otro paso de estas gentes á la Tracia , y su 
establecimiento en ella de orden y con permiso del mismo empe- 
rador : esto es que perseguidos de sus propios nacionales aquellos 
godos que habian abrazado el christianismo , se habían visto pre- 
cisados á acogerse á la protección de aquel príncipe , y que él les 
señalase para su estancia las provincias de la Mesia , en las quales 
entonces quedaron esparcidos : y aun añade haber también enton- 
ces pasado con ellos el obispo Ulfila , á quien por esta circunstan- 
cia llamaba el emperador el Moyses de su tiempo. No obstante 
los mas de los escritores , como son Sócrates 3 , Teodoreto , Sozo- 



i Anónimas de vita Constantini 3 Socrat. lib. 4. cap. 27. 

apud Sirmondum. Theodoret. lib. 4. cap. ule. 

Zosimus lib. 2. Sozom. lib. 6. cap. 36. 

Sozomenus lib. 1. cap. 8. Niceph. ¡ib.y. cap. 44. 6- lib.W, cap.^%. 

Isidor. Hist. goth. S. Isid. Hist. goth. 

a Philostorg. lib. 2. 



I^O MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

meno , Nicéforo y san Isidoro atrasan el paso de este obispo con 
los godos al tiempo que estos hicieron el suyo baxo el imperio de 
Valente , cuya opinión por el mayor número de autores que la 
aseguran deberá obtener la preferencia. 

En el imperio de Aureliano hallamos mención de haber este 
emperador vencido , al tiempo que se encaminaba hacia el orien- 
te , á los bárbaros que encontró infestando el Ilírico y las Tracias, 
y de haber muerto del lado de allá del Danubio á Cannaba ó Can- 
nabaudes capitán de los godos con otros cinco mil de estos , según 
refiere en su vida Fia vio Vopisco ' : el qual contando después el 
triunfo con que el mismo emperador fue recibido en Roma á su 
vuelta de haber vencido en el oriente á la célebre Cenobia ^es- 
pecificando las gentes vencidas que le ilustraban , numera entre 
ellas los godos , los alanos , roxólanos , sármatas , francos , suevos, 
vándalos y germanos; añadiendo iban también ademas diez muge- 
res , que habían sido tomadas peleando entre los godos en hábito 
varonil , después de haber sido muertas otras muchas , á las quales 
indicaba por del linage de las amazonas el título con que iba dis- 
tinguida su victoria. Esta particularidad nos servirá después para 
la tradición de haber sido de estas gentes las amazonas antiguas. 

Mucho mas célebre fue la irrupción que los godos hicieron en 
las tierras del imperio siendo emperador Claudio , por el qual fue- 
ron vencidos , mucha parte muertos , y obligados los demás á vol- 
verse á sus antiguos paises con no pequeña pérdida y menoscabo. 
Los pueblos que se unieron y tomaron á su cargo tan grande em- 
presa , según refiere Trebelio Polion 2 , fueron los peucinos , los tru- 

i Multa in itinere ac magna bello- quas de Amazonum genere titulus indi- 

rum genera confecit : nam in Thraciis & cabat. Vopisc. in Aurelian. 
in Illy rico occurrens, barbaros vicit. Go- 2 Trebell. Pollio in Claudio. Deni- 

thorum quin etiam ducem Cannabam , si- que scytharum diversi populi , peucini, 

ve Cannabaudem , cum quinqué mil- trutungi , austrogothi, virtingui , sigipe- 

libus hominum trans Danubium infere- des , celta; etiam & heruli , praedae cupi- 

mit Gothi , alani , roxolani , sar- ditate in romanum solum & rempubli- 

matx , franci , suevi , vandali , germani, cain venerunt. 

religatis manibus captivi prsecesserunt ... Et in epist. Clandii ad Jtoiiutn Bro~ 

Ductse sunt & decem mulieres , quas vi- chum apud ipsum. Delevimus tercenta 

rili habitu pugnantes , inter gothos ce- viginti millia gothorum , dúo millia na- 

perat , quum multa: essent interemptje, vium mersimus. 



DÉLA HISTORIA. Ijl 

tungos , los austrqgothos , los r oirtingubs , los sigipedes , los celtas y 
los turulos. Que ya entonces sobresalía tanto el nombre y valor 
de los godos que se llevaban la primer atención y se regulaba por 
principal entre los demás , se infiere de que en la carta del mismo 
emperador á Junio Broco , que gobernaba entonces el Ilírico , le 
dice haber destruido trescientos y veinte mil godos , y haber su- 
mergido dos mil naves : y añade el mismo Trebelio , haberse que- 
dado entonces muchos godos , ó tomando partido en los exércitos 
romanos , ó avecindándose en las provincias del imperio , o final- 
mente sirviendo esparcidos por todas ellas. Esto mismo asegura 
también el conde Zósimo x , y añade haberse umjdo para esta em- 
presa cerca del rio Tiras , que desagua en el Ponto , á los scitas los 
hérulos , los peucos y los godos hasta el número de trescientos y 
veinte mil hombres y seis mil naves. Por esta tan útil y tan cum- 
plida victoria le fue decretado al emperador Claudio en Roma un 
escudo de oro puesto en el senado , y una estatua también de oro, 
lo que igualmente menciona san Isidoro. 

Imperando Valeriano y Galieno , una muchedumbre de godos, 
pasado el Danubio, infestaron y destruyeron varias provincias, es- 
parciéndose por la Grecia, la MacedOnia y las Tracias unos , v ex- 
tendiéndose otros hasta las provincias del Ponto y del Asia me- 
nor , donde entre otros daños pusieron fuego al celebrado templo 
de Diana en Efeso. De esta irrupción hacen memoria Casiodo- 
ro 2 y Jornandes , y antes Trebelio Polion y el conde Zo'simo; 
el qual especificando las naciones que intervinieron en ella , refie- 
re haber sido los boranos , los godos , los carpos y los urugimdos; 
advirtiendo que todas tenían sus asientos junto al Danubio. De es- 
tas mismas naciones habia dicho antes , que acometiendo al impe- 
rio en los tiempos de Galo y Volusiano , robaron en la Europa 

Demum. Factus miles barbarus & co- Zosim. lib. i. Borani vero & gothi & 

lonus ex gotho : nec ulla fuit regio quas carpi & urugundi (nationum ha:c nomi- 

gothum servum triumphaü quodam ser- na prepter Istrum sedes habentinm ) nul- 

■vitio non haberet. lara nec Italia;, nec lllyrici partem acon- 

i Zosimus lib. i. tinuis vexationibus immunem relinque- 

2 Casiod. in chron. bant. Ft paulo ante: Rursus gothi & bo- 

Jornand. cap. 20. rani & urugundi & carpi civitates in Eu- 

Trebell. Pollio in Gallieno. ropa diripiebaut. 



I ¿2 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

varias ciudades ; en lo que conviene Jornandes 1 , que añade haber 
hecho paces con los godos estos dos emperadores. 

Antes de ellos lo había sido Dedo , el qual queriendo conte- 
ner las freqiientes incursiones de estos pueblos , y hacerles la guer- 
ra , para obligarlos á que dexasen libres de su continuada vexa- 
cion las tierras sujetas al imperio , fue contra ellos con un pode- 
roso exército : y aunque logro á los principios algunas ventajas , y 
reducir los godos á retirarse de varias partes que habían ocupado, 
vencido al fin de ellos, y muerto en batalla su hijo llamado también 
Decio , fue él mismo también poco después comprehendido en 
igual suerte. De este suceso hacen mención 2 Casiodoro , Jornan- 
des , Aurelio Victor y el conde Zosimo , aunque sin expresar es- 
tos dos últimos haber sido los godos en particular los dueños de 
este triunfo , llamando á los autores de él , o' con el nombre gené- 
rico de scitas , o con el de bárbaros. Esta es la causa para que ya 
en los tiempos mas arriba no se encuentre el nombre de gothos , y 
solo empiece á descubrirse continuado el de getas. La muerte pues 
de Decio, según el mas seguro computo, acaeció en el año de 251 
al fin , desde cuyo tiempo vemos la repetida memoria de esta na- 
ción en las riberas septentrionales del Danubio , y que con tanta 
freqíiencia se ven pasar este rio , o para infestar los confines del 
imperio , ó para establecerse en ellos. 

III. Ya dexamos advertido que uno de los mas fuertes argu- 
mentos con que se prueba la distinción de getas y godos por los 
patronos de esta opinión es el de ser nación traeica la de los getas. 
No es fácil percibir la fuerza de este argumento hasta haber reco- 
nocido en el artículo anterior que los godos estuvieron constante- 
mente del lado septentrional del Danubio, y que quando invadían 
la Tracia y provincias del imperio necesitaban pasar este rio. Vea- 
mos ahora , que país habitaban los getas aun antes de este tiempo, 
y si conviene el de los unos con el de los otros ; pues si fuese cier- 
to que antes de pasar los godos á la Tracia se hallaban en ella los 
getas , habremos de confesar que es bien fundado el argumento que 

1 Jornand. cap. 19. Aurel. Vict. in Decio, 

2 Casiodor. in chronic<h ZoSira. lib. i. 
Jornand. caj>. 18. 



DE LA HISTORIA. 



J S3 

los persuado distintos , d probar que hubo gctas en la orilla sep- 
tentrional de aquel rio. Así lo executaremos en este artículo , pro- 
poniendo primero con toda su fuerza las autoridades y razones 
que están á favor de los que los creyeron traces de origen. 

£1 célebre geógrafo Tolomeo floreció en el imperio de Adria- 
no y de Antonino pió , que empezaron , el primero en el año de 
1 17 de Christo, y el segundo en el de 138. En su tiempo ya eran 
conocidos los getas , pero no habla de ellos con este nombre : por 
lo que dexando las conjeturas que se pueden formar de este escri- 
tor para tratarlas después , pasaremos á reconocer en Plinio lo que 
afirmo' de ellos. Vivid este autor en tiempo de Vespasiano , y des- 
cribiendo en su Historia natural las gentes que poblaban la Tra- 
cia, y especialmente las que se hallaban situadas en el monte He- 
mo y el Danubio , pone l á los moesos , getas ,gangdas y otros, de 
suerte que sea forzoso inferir , que los getas en tiempo de Plinio 
se hallaban ya en la Tracia , y estaban reputados por una de las 
naciones establecidas en esta provincia. 

Nuestro español Pomponio Mela , algo mas antiguo que Pli- 
nio , pues se cree haber florecido en el imperio de Claudio , hace 
mención de los getas quando describe las naciones que compo- 
nían la misma Tracia 2 , comparándolos á ellas en la resolución 
con que acometían los peligros y no temían la muerte : y refirien- 
do esto de los getas en el mismo capítulo en que habla de la Tra- 
cia , parece los entendió comprehendidos y habitantes en esta pro- 
vincia. Del mismo modo el príncipe de los geógrafos antiguos Es- 
trabon afirma , que los griegos eran de opinión que los getas eran gen' 
te trácica 3 : aunque en quanto al sentir de este autor nos habre- 
mos de extender después , porque sin duda fue muy contrario , y 
en él ha de estribar nuestra principal defensa. Si consultamos al 
poeta Ovidio , que en el tiempo de su destierro en la ciudad de 
Tomos pudo muy bien adquirir noticia de las gentes que pobla- 
ban aquel pais , hallaremos muy repetida la memoria de los getas. 

1 Aversa ejus (Haemi) & in Istrum ? Oí rain» E'aakkí rve Tiras , Oeáxxs 
devexa moe^i , getae . . gaud*. . . obti- I^íkí^aw. Strab. lib. "}•$&£• 295. Ed. 
netit. Plin. Hist. nat. lib. 4. cap. 11. parís. 1620. 

2 Mela lib. 2. cap. 18. 

V 



1^4 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

Ya llama r ribera gética á la del Ponto desde donde escribía , tierra 
gética la en que vivía , lengua de los getas la que había aprendi- 
do; y otras varias expresiones en que manifiestamente dice hallar- 
se entre los getas , tratar , hablar con ellos , y aun haber llegado á 
hacerse allí famoso por sus versos. Así en una de sus elegías 2 . 
Turba tomitana qua sit regionis , &-> inter 

Qiios habitem mores , discere cura tibi est ? 
Mista sit hac quamvis inter graiosque getasque , 

A mole pacatis plus trahit ora getis. 
Sarmatica maior geticaque frequentia gentis 
Per medias in equis itque reditque roías. 

Y hablando de la lengua un poco mas abaxo: 

In paucis remanent graia •vestigia lingua: 
Hac quoque iamgetico barbara f acta sonó. 

Y en otra parte 3 : 

Nec te mirari , si sint vitiosa , decebit 
Carmina , quafaciam pane poeta getes. 
Ah pudet ! fer getico scrip si sermone libellum, 

Structaque sunt nostris barbara <verba modis. 
Et placui , {gratare mihi ) coepique poeta 
ínter inhumanos nomen habere getas. 
De suerte que siendo cosa constante que la ciudad de Tomos es- 
taba situada en las orillas del Ponto , pero del lado meridional del 
Istro d Danubio , y que era una de las ciudades de la Tracia , no 
parece puede quedar duda acerca de la habitación de los getas en la 
misma provincia ; y que esta habitación fuese con tantas ventajas 
de autoridad y poder , que hubiesen podido dar nombre á aquel 
territorio é introducido su lengua , como en prueba de ser el pue- 
blo dominante que allí habia. 

Tucídides hablando de la guerra de Sitalces rey de Tracia con 
Perdiccas rey de Macedonia , dice 4 de los getas , haber ido tam- 
bién en aquella expedición ; advirtiendo que estas gentes habita- 



i Ovid. Trist. eleg. i. &• 13. Pont. 3 Pont. lib. 4. eleg. 13. 
lib. 1. eleg. 1. ídem lib. "i,, eleg. 2. 4 Lib. 2. 

2 Trist. lib. ?. eleg. 7. 



DÉLA HISTORIA. I^£ 

ban pasado el monte Hcmo , y entre él y el Danubio ; que es el 
mismo sitio en que las colocó Plinio : y concluye que los gotas es- 
taban inmediatos á los scitas y les eran semejantes en la policía, 
y todos saeteros de á caballo. De aquí se infiere que ya al tiempo 
de la guerra del Peloponeso,42o años antes de Christo,se hallaban 
los getas del lado meridional del Danubio , numerándose entre las 
naciones de la Tracia. Entre ellas los coloca también el padre de 
la historia profana Herddoto r , llamándolos los mas fuertes y jus- 
tos de los traces : y así es forzoso confesar , no solo ser tan anti- 
gua esta opinión que no se le conoce principio , sino también que 
seria temeridad oponerse á ella , d intentar destruirla. 

Pero aun hay ademas de estas autoridades que positivamente 
lo afirman , otras varias consideraciones que también lo persuaden. 
Entre los reyes d príncipes auxiliares que concurrieron con sus 
tropas á favor de Pompeyo para la guerra civil con César , refie- 
re 2 este haber sido uno Cdtis rey de los traces, que con su hi- 
jo Sádales había enviado quinientos caballos. Hace de él también, 
mención Lucano en la Farsalia, aunque sin especificar su reyno, y 
llamando asimismo Sádales al hijo de Cótis 3. 

Tune Sadalem , fortemque Cotyn ,jidumque per arma 
Deiotarum , ¿?-> gélida dominum Rhasipolin ora 
Collaudant. . . 
De estos hay no muy débiles conjeturas para creer haber si- 
do getas ; pues refiriendo Suetonio en la vida de Augusto 4 que á 
Cotison rey de los getas , que muchos juzgan hijo de Cdtis , le 
habia sido ofrecida en matrimonio Julia hija del mismo Augusto , á 
tiempo que este emperador trataba casar con hija de aquel rey , 
es visto que así Cdtis como Cotison fueron reyes de los getas d 
traces : y acaso estos dos nombres son uno solo con distintas ter- 
minaciones. 

De un príncipe llamado también Cdtis , que sin duda domi- 

i Lib. 4. 4 M. Antonius scribit , prímum eum 

2 Ad eundem numerum Cotas ex Antonio filio suo despondisse Iuliam : 
Thracia dederat , 8c Sadalem filium mi- dein Cotisoni getarum regi : quo tempo- 
serat. Cees de bell. civ. lib. 3. cap. 4. re sibi quoque invicem filiam regís in ma- 

3 Lib. V. v. 53. trimonium petiisse. Suet. in Aug. c. 63. 

V 2 



j$6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

naba en el pais cercano al en que estaba desterrado Ovidio , pues 
como á tal le invoca en su defensa y patrocinio este poeta , hay 
mención en una de sus elegías * ; donde, dándole noticia de su 
llegada , solicita su amparo y su benevolencia para hacer mas lle- 
vaderas las penalidades del destierro. A todo lo antecedente dará 
luz Cornelio Tácito con la mas circunstanciada relación de estos 
reyes. Dice pues 2 , que por muerte de Remetalces rey de los tra- 
ces dividid Augusto su reyno entre Rescííporis y Cdtis , el pri- 
mero hermano , é hijo el segundo del rey difunto , y el mismo^ 
á lo que parece , á quien dirigid Ovidio su elegía. En esta divi- 
sión (añade) tocaron á Cdtis las ciudades y territorio mas llano 
y vecino á los griegos , quedando á Rescííporis lo mas inculto y 
fragoso del pais. No. contento este con tener compañía en el rey- 
nar , d ambicioso de mas anchurosa dominación , invadid los estados 
de Cdtis , á los principios con latrocinios y correrías atribuidas á 
desmandados subditos , y después declaradamente, á que fué preciso 
por parte de Cdtis acudir con las prevenciones de la defensa. Es- 
tas cesaron por su parte luego que interpuesta la autoridad de Ti- 
berio se constituyo arbitro amigable de sus diferencias ; y conveni- 
dos ambos príncipes en acabarlas en unas vistas que concertaron , que- 
do en ellas la ingenua condición de Cdtis engañada por la infide- 
lidad de Rescííporis , que pretextando y suponiendo falsamente ha- 
bérsele tratado encubiertas asechanzas , se hizo dueño de la per- 
sona de Cdtis , lo aseguro con prisiones , y se apodero de sus es- 
tados. Pero no teniendo esta por bastante seguridad , porque el 
emperador Tiberio le mandaba lo entregase á fin de que la cau- 
sa de ambos se juzgase con imparcialidad , le privo finalmente de 
la vida , suponiendo habérsela quitado á sí mismo Cdtis. 

Acusado pues Rescííporis en Roma y traído prisionero á ella, 
le sentenció el senado á destierro lejos de su reyno , en Alexan- 
dria de Egipto : donde á poco tiempo intentando fuga d atribuyén- 
dosela , pago con la vida sus anteriores delitos. Por su ausencia 
y privación fué dada la Tracia á su hijo Remetalces que no ha- 
bía cooperado con el padre , antes le había disuadido la muerte 

i De Pont. ¡ib. i.eleg. 9. adCotyn. 2 Lib. 2. Aun. cap. 64. 



PE LA HISTORIA. 1 57 

de Cotis , y i los hijos de este , que por ser de corta edad se los 
envió' á Trebelieno Rufo para que como su tutor gobernase la 
parte de reyno que les pertenecía. 

A esto se puede añadir , sobre la autoridad de Esparciano r 
que ya queda apuntada , el haber zaherido Helvio Pertinax al em- 
perador Caracalla con el sobrenombre algético máximo : y el mis- 
mo escritor advierte haber sido esto porque venció en varias tu- 
multuarias refriegas , al tiempo que pasaba al oriente , á los getas 
d godos ; lo qual es regular entendamos de los que estaban del 
lado de acá del Danubio , aunque tal vez también se podría in- 
terpretar de los que hubiesen pasado aquel riq^para cometer sus 
freqüentes correrías en las provincias sujetas alimperio. Del em- 
perador Maximino , que fué succesor de Alexandro Severo , re- 
fiere Jornandes 2 , valiéndose de la autoridad de Símmaco , ha- 
ber nacido en la Tracia de padre godo llamado Mecca , y ma- 
dre de nación alana , que tenia por nombre Ababa : pero al mis- 
mo emperador los otros historiadores solo le conocen por de na- 
ción trace , y con efecto eran traces los getas de quienes por lí- 
nea paterna procedia. Flavio Vopisco hablando del emperador Pro- 
bo afirma 3 > que encaminándose por la Tracia había reducido al 
imperio ó á su amistad todos los pueblos géticos , en lo qual pa- 
rece da á entender los situados en la misma provincia. 

Omitiremos otras pruebas de ser trace la nación de los ge- 
tas ,. pareciéndonos bastantes las referidas , pero porque una auto- 
ridad de Dion Casio , o' sea de su compendiador Xifilino , no so- 
lo conduce á fortalecer esta opinión , sino que parece oponerse 
á que creamos haber habido getas también del lado de allá del 
Danubio , como esperamos probar , nos será forzoso referirla. Di- 
ce pues este escritor hablando de las guerras de Domiciano con 

i Adde si pfacet geticus maximus, tibus in Thracia natus á patre gotho no- 

quod Getam occideret fratrem , & gothi mine Mecca , matre Alana , qua; Abba 

getae dícerentur ;quos ille.dum ad orien- dicebafur. lomand. de rebus get. caj>. 

tem transiit , tumultuariis praeliis device- 15. 
rat. Spart. in Caracalla. 3 Tetendit deinde iter per Thracias, 

2 Alexandro , inq.uit Simmachus , atque omnes geticos populos ant in de- 
Casare mortuo , Maximinus ab exercitu ditionem , aut in amicitiam recepit. 
factus est ¡mperator , ex infimis paren- 



1^8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

los dacos cuyo rey era Decébalo r : „ Llamo á estas gentes da- 
„ eos , porque ellos mismos se llaman así , y los romanos les dan 
„ el propio nombre , aunque no ignoro que algunos griegos los 
„ llaman getas. Yo no sé quien tiene mas razón -. lo que si sé 
„ es , que los getas habitan del lado de allá del Hemo cerca del 
„ Danubio." Conviene pues este autor en que los getas eran na- 
ción de la Tracia , y dificulta se pueda aplicar este nombre á los 
dacos que sin duda estaban del lado de allá del Danubio. Así 
nos será forzoso investigar, que probabilidad tenga la opinión de 
ser las gentes conocidas con el nombre de dacos en las historias 
romanas del principio del imperio unos mismos con los getas, 
y si parte de esta última nación se mantuvo del lado de allá del 
Danubio , d lo estaba en los tiempos de que hemos tratado. Si 
así fuese , caería del todo el argumento de los que distinguen los 
godos de los getas , por decir que los getas eran traces. 

Muchas son las pruebas que favorecen esta última opinión , co- 
mo dexamos visto ; pero son muchas mas las que convencen que 
hubo en lo antiguo getas al lado septentrional del Danubio. En 
conseqüencia de ellas habremos de creer , que el llamarse traces 
los getas fué solo porque habitaban en esta provincia , y perdien- 
do el renombre antiguo adquirieron el de su nuevo domicilio : 
d nos habremos de persuadir á que , si con efecto fué desde sus 
principios nación trace la gética , no se contuvo toda en los lími- 
tes de esta provincia ; sino que extendida al otro lado del Danu- 
bio , se hizo allí no menos famosa , y pudo conservarse distingui- 
da en todos tiempos con su propio nombre d con el de dacos. 
De esta suerte no aparecerá repugnancia alguna , antes sí mucha 
verisimilitud , en que estos fuesen los mismos godos cuyo origen 
vamos investigando. Para probarlo nos darán los autores en que se 
funda la distinción de getas y godos , el mas seguro y solido con- 
vencimiento. 

El mismo Plinio hablando de las gentes que se hallaban exten- 



I AijcouS Yi cLvTohs Típoíayopeila , ¿'íra-ep Tohí \iioKit , eTr' cp9aí , urt g /á \íyt¡trti } 
Tfotí i) xvrol íixijtoví i¡ oí Va/ua.~oi ítp&í ho/ní- iya> ya.? oi3*a VíritS robs \jit\i riv A'Ufitv ita.- 
Zpxiín' oux kytmt 'orí E'aaiÍi'W Tin; Tiras av- pk roí I''<rpox oíwwras. Xiphil. in Domitian. 



DE LA HISTORIA. jrg 

dulas á lo largo de las riberas del Danubio , dice ' ser las primeras 
los getas , llamados de los romanos dacos , pero comprehendidos 
baxo el nombre genérico de scitas : de modo que viene á afirmar 
ambas cosas ,esto es , la habitación de los getas del lado septentrio- 
nal de aquel rio , y ser unos mismos con los dacos. 

Pero aun con mayor claridad lo asegura Estrabon describien- 
do aquella parte de la Scitia , pues dice J : „ Hay también otra dis- 
„ tribucion de este pais que viene desde la antigüedad , esto es , 
„ que sus habitadores unos se llaman dacos , otros getas. Los ge- 
„ tas son los que están hacia el Ponto y oriente ; y los dacos los 
„ que por el contrario se extienden hacia la Gemianía y nacimien- 
„ to del Istro , los quales juzgo que antiguamente se llamaron 
„ clavos , de donde nació que entre los atenienses se solían llamar 
„ los sierros getas y davos." Y poco después : „ Los dacos y ge- 
„ tas usan de un mismo idioma. Entre los griegos son mas conoci- 
„ dos los getas á causa de sus continuos tránsitos de una á otra ri- 
„ bera del Danubio , y de hallarse mezclados con los traces y 
„ misios." En la autoridad de este escritor , al mismo tiempo 
que se vé fundada la unión d identidad de dacos y getas , se descu- 
bren los motivos de ser estos dltimos contados entre los traces , d 
de haberse establecido parte de ellos en su provincia , qual son 
los repetidos tránsitos que hacían por el Danubio. Pero que te- 
nían su mas principal establecimiento al lado de allá de este rio, 
lo repite tantas veces que no puede dudarse haber sido esta la mas 
recibida noticia de su tiempo- Así describiendo la región situada 
entre el Istro d Danubio y el Borístenes dice , ser la primera por- 
ción de ella la soledad d desierto de los getas , seguírseles los tiri- 
getas y otras varias naciones. Refiere que en su tiempo Elio Cato 

i Ab eo in plenutn quidem omnes ñ<w , 9 t«? tv i^pto iivya.í , ove <¡?/¿«? Aaiovs 

scytharum sunt gentes , vari» tamen lit- x.a.\i!o-^ to ■jta.Ayy í<p' o? x¡ *<*.& tus At- 

tori apnosita tenuere : alias seta: , dad t" toT ' í ^' Míi ™ rS > «****> j''°f í f Ta , TíTa i 

romanis dicti. trlin. Hist. nat. lib. 4. £. - ., , n *■> ' * ~, -u*., 

j-. j 7 Tí-cíf ro¡í L\a.x.t¡iS. Vapx fit , o vi TOIS E'AAji- 

cajp. ia. ¿a. par. 1723. ¡ ^ ru 0¡ T{raj r , af ;^ >Ta , ^ M ..,M r¡ svn- 

2 _ Tí-yon íe x, «AAoS tdí ^¡»paí titfitrfiie x ¿ e T ¿ ? ftí Tcua.<rT¿<ríiS t<p' ix.¿Tí f a. ñ If-pou 
fVfifum, «*. wíAshow reís Mi, yip Aíxwí ^^fí^a, , ¿ T o7í ®puP¡ , ¿ to7í MvScTí ¿,a- 

«p.íay.ftMwr. j*9 *. riws. ?>;*«/■«, ¿tfq. Strab. ¡ib. 7. pag. 304- J. Ed. 

rt>vi -arpoí to, ^oito, x,íx.Aif¿íX.ovS , x, ■arpes r»> _„_ .<,„ 
a ' ^ * -i ' > l* Par. IC-O. 

to), Acotot/S ¿ í 3 toüí us Ta.ta.iTta. -arpos Típjua- 



1 60 MEMORIAS DE 1A ACADEMIA 

habia hecho pasar desde la parte de allá del Danubio á la Tracia 
ochocientos getas , que según el mismo autor usaban del lengua- 
ge de los traces. Otros varios pasages de este autor coinciden 
en lo mismo r . 

Ni es opuesto á este sentir el célebre poeta Ovidio , á quien 
como tan inmediato no se podía ocultar la verdadera situación de 
aquellos pueblos. De sus obras se infiere haber getas del lado de 
allá del Danubio , y que allí era su mas principal asiento. Así ha- 
blando de ellos en varias partes dice que el Danubio estaba en- 
tre estas gentes y él , embarazando que pudiesen pasar á infestar 
los países de este lado 2 . 

Sauromata cingunt fera gens , bessique , getdque : 

Quam non ingenio nomina digna meo ! 
Dum tamen aura tejpet , medio defendimur Istro. 
lile suis liquidus bella repellit aqnis. 
Y en otra parte 3 : 

Iaxyges én colchi , meter eaque turba , getteque , 
Danubii mediis mix prohibentur aquis. 
Mediando pues las aguas del Danubio entre la ciudad de To- 
mos y el pais desde donde venían los getas á infestar sus inme- 
diaciones , es forzoso creer que también habia getas en el lado 
opuesto de aquel rio ; y que sin embargo de que muchos con 
ocasión de tan freqüentes correrías se quedasen establecidos en la 
Tracia , introduciendo su nombre y lengua en ella , permanecía la 
mas considerable y principal parte en la Scitia ú* orilla septen- 
trional del Istro, que por antonomasia se reputaba el asiento de 
estas gentes. 

Concuerdan con estos autores Arriano 4 , Pausanias , y Dio- 
nisio Alexandrino. Este último en su Periegesi dice , hablando de 
las naciones situadas del lado de allá del Danubio , y extendidas 
hasta la laguna Medtis : 

T2 ¡¿ev "ZTfoa- |3ep£fv rííjcívvirfA.ém dpvhct KB%iu>rcii > 
IIcAAot, f¿¿Á' e£e»jjs , Mcc¡'MTi$(@h ís ?c¡¿ct, áí¡¿v?¡$ , 

i Lib. j. 4 Arrian, de expedit. Alex, lib. 1 ■ 

2 Trist. lib. 3. eleg. 10. Pausan, in Eliacis prioribus. 

3 Ib. lib. 2. eleg. 1. 



U I I. A HISTORIA. í6 l 

Tipfjctvc) , Z¿fia,rct,í Tí Vírouf 3' &f*et , hct^ctpvctfTt , 
AukZvt' a.<r7ríT(&> oiict , *j Akw.rzs A'Acvoi l , 

Y comentándole Eustátio explica haber colocado este autor á los 
tretas cerca del Danubio hacia el septentrión : y haciéndose car- 
go de la opinión de Heródoto de ser traces , concluye con la de 
Estrabon que los puso de una y otra banda de aquel rio , como 
igualmente lo había hecho con los misos y los traces. 

Ni son estos los únicos autores de cuyas expresiones se pue- 
de formar argumento para la seguridad de haber sido unos mis- 
mos los dacos y getas , pues hay otros muchos que coinciden en 
lo propio. Hablando Horacio con Mecenas en la. Oda VIII del 
lib. 3 le dice : 

Mitte civiles super urbe curas, 

Occidit daci Cotisonis agmen. 

Y este Cotison daco d rey de los dacos no puede menos de 
ser el Cotison á quien dexamos visto que Suetonio llama rey 
de los getas. 

Bien sabido es que el emperador Trajano guerreo contra los 
dacos y venció á su rey Decébalo , concediéndole después la paz 
que con ruegos pidió' ; y que habiéndose algún tiempo después re- 
belado los mismos dacos , volvió contra ellos con poderoso exér- 
cito , paso el Danubio haciéndoles la guerra , y para tener en todo 
tiempo la facilidad de repasarle, fabrico sobre él la famosa puen- 
te que facilitaba la comunicación de ambas orillas. Todo esto 
refiere Xifilino 2 ; como también que este emperador triunfo de 
los dacos de vuelta de su primera expedición , tomando el renom- 
bre de dácico , que tan freqüentemente se halla en sus medallas 
é inscripciones. Y no cabiendo dudas en que esta nación sojuzga- 
da estuvo del lado septentrional de este rio , nos conserva otro 
compendiador de Dion llamado Teodosio 3 una no despreciable 
seña de haber sido unos mismos dacos y getas , o que debaxo del 



Illius ad bóreas parteis colit ordine 


& bastama;, 


longo 


Dacorumque ingens tellus & robur 


Densa virum sobóles , Mxotidis 


alanum. 


usque snb ora , 


2 Xiphil. lib. i. 


Germani , samataecjue , geta: simul 


3 Lib. 68. 




X 



162 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

nombre de los primeros se entendían entonces los segundos. Ha- 
ce mención de la ciudad Zermizegethusa , hasta donde llegó Tra- 
jano , la qual conservando en su composición el nombre geta dá 
no pequeño indicio á favor de lo que procuramos probar , mu- 
cho mas siendo corte de estos pueblos ; pues Tolomeo ' , que tam- 
bién la menciona llamándola Zarmizegetusa , la distingue con el 
nombre de regia. Pausanias que floreció' según se cree por aquel 
tiempo , hablando del mismo Trajano , nos dexd dicho haber so- 
juzgado este emperador á los getas que estaban mas allá de los 
traces 7 ; en cuya sola cláusula comprehende no solo la identidad de 
las dos naciones , sino también su estancia del lado de allá del 
Danubio y de la Tracia. 

Aun mas se asegurará el dictamen advirtiendo , que antes del 
emperador Trajano había hecho guerra á los mismos dacos Do- 
miciano emperador j y aunque con no grandes ventajas de su par- 
te , disimulando sus pérdidas y ensalzando demasiado sus accio- 
nes y sucesos , logró entrar como victorioso en Roma y triun- 
far de ellos. Así lo refiere el mismo Dion en Xifilino 3 , y lo 
acuerdan otros historiadores romanos 4. Hablando Marcial de la ve- 
nida del emperador á Roma , y del terror que causaría esta en 
las vencidas gentes , le dice con el tono de adulación propio del 
siglo , y algo mas disimulable en la poesía 5 : 

Sarmatkas etiam gentes , Istrumque getasque 
Latitite clamor terruit ipse ncva. 
Y no haciendo mención especial de los dacos , que eran los prin- 
cipales vencidos en esta guerra , se conoce haberlos entendido ba- 
xo del nombre de getas con que también eran conocidos. 

Del mismo modo refiere Suetonio 6 de Augusto haber conte- 
nido las incursiones de los dacos, y deshecho tres de sus principales 
capitanes , con gran pérdida de las tropas que comandaban. Dion 
Casio 7 refiere mas por extenso estas guerras como sucedidas contra 

x Lib. ycap.%. 5 Epig. ii.lib.%. 

2 Pausan, in Eliacis priorib. 6 Coercuit & dacorum incursiones, 

3 Lib. 67. tribus eoruin ducibus cum magna copia 

4 Suetonio in Domitiano cap. 6. cacsis. cap. 21. 
lornand. de reb. ¿et. cap. 13. 7 Lib. Ji. 



DE LA HISTORIA. i 6" j 

Dápix rey de Jos gctas, administrándolas por los romanos M. Cra- 
so , yendo á favor de otro rey de los mismos gotas llamado Rd- 
les , que había militado por el imperio con el mismo Craso con- 
tra los misos. En otra parte dice haber sido contra los dacos y bas- 
tarnos, como que los juzgaba los mismos que los gctas. Y explican- 
do con mayor extensión en otro lugar quienes fuesen los dacos , 
con motivo de los que habían sido traídos á Roma después de la 
victoria acciaca , y servido de espectáculo peleando como en ce- 
lebridad de ella juntamente con los suevos, advierte ser aquella 
nación scítica , como esta germánica , pero que los dacos habi- 
taban de una y otra parte del Danubio : „ los qije del lado de acá 
„ y vecinos de los tríbalos , tenían las mismas costumbres de les 
„ misos y eran comprehendidos debaxo de este nombre, sino es por 
„ aquellos que de mas cerca los trataban y sabian distinguirlos : los 
„ del lado de allá del Danubio ( continúa ) se llaman dacos , d ya 
„ sean estos los getas , o' los traces derivados de los dacos , que en 
„ otro tiempo habitaron cerca del monte Rddope. " Todo lo con- 
„ firma el epítome atribuido á Aurelio Victor ' , que en la vida 
del mismo emperador , hablando de las victorias conseguidas de los 
dacos , da á estos el nombre de pueblos getas como que este era el 
mas comprehensivo entre los demás , ó comprobando el recíproco 
uso de ambos. 

Apiano alexandrino refiriendo las dos expediciones que in- 
tentaba acometer César quando fué muerto por los conjurados, 
dice 2 que eran contra los getas y contra los partos : y Suetonio 
quando llega á esta noticia , en lugar de getas los llama dacos 3. De 
modo que cotejando al un escritor con el otro , viene á resultar 
haber entendido cada uno con su distinto nombre la misma nación, 
contra quien se dirigían las prevenciones de esta guerra. 

Omitiremos otras pruebas , y concluiremos con las que nos 
ofrece Justino 4 compendiador de Trogo Pompeyo. Afirma que los 
dacos eran derivados d descendientes de los getas , dándonos bas- 

i Getarum populos,bastarnasquc!a- ciam effuderant , coerceré. In Cttsare 

cessitos bellis ad concordiam conipulit. cap. 44. 

2 In Illirico. 4 Daciquoque sobóles getarum sunt. 

3 Dacos , qui se in Pontum & Thra- Lib. 32. 

X2 



164 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

tante motivo para descubrir la causa de donde nació ser estima- 
dos por unos mismos , esto es , por tener un común origen ; co- 
mo también para creer digna de seguirse la opinión de haber si- 
do unos mismos dacos y getas , y la de haber estado estos del 
lado de allá del Danubio : sin que obsten á ello las razones y 
autoridades puestas en contrario, pues todas bien entendidas no 
niegan el que hubiese getas al lado septentrional del Danubio ; 
quando mas , solo afirman que también los habia en su lado 
meridional. 

El silencio de Herddoto , Tolomeo y otros que no hicieron 
mención de getas del lado de allá del Istro , bien considerado 
no es tan cierto como se figura. Herddoto x hace mención de 
los tisogetas , como un pueblo de los de la Scitia que estaba mas 
allá de los budinos. Tolomeo 2 refiere entre las naciones de la mis- 
ma Scitia y de la ribera septentrional del Danubio , mas ó menos 
distantes de ella , á los piengitas cerca del monte Cárpate , á los 
tirangitas inmediatos á la Dacia , y á los exóbigitas entre los amo- 
xobios y roxólanos. Ammiano Marcelino 3 acuerda hacia aquella 
misma parte á los masagetas y sorgetas , Plinio 4 los tiragetas y 
thussagetas , Estrabon 5 los tirigetas ; y así se hallarán otros en los 
demás escritores. Todos en su terminación conservan la mas clara 
y cierta señal de su primer origen y derivación de los getas. Guia- 
dos nosotros de ello, no parece podemos apetecer otra que con ma- 
yor seguridad afiance el constante y fixo asiento de esta nación 
en la orilla septentrional del Danubio : y esto solo necesitamos 
para manifestar que no hay repugnancia alguna en que los 'go- 
dos fueron los getas habitadores de aquellos países. 

IV. En el supuesto de que getas y godos fueron una misma 
nación , convendrá ver ahora desde quando fueron conocidos los 
getas en las orillas del Danubio ; pues de este principio ha de re- 
sultar la posibilidad d imposibilidad de su transmigración desde 
la Escandía. Antes de pasar á este examen pondremos las palabras 
de Estrabon en que describe el sitio que en su tiempo ocupaban 

1 Lib. 4. 4 Lib. 4. Hist. natur. cap. 26. Ed. 

. 2 Lib. 3. far. 1723. 

3 Lib. 22. 5 Lib. 2. 



DB'LA HISTORIA. j 65 

los gotas , para proseguir con esta luz y mas desembarazados en lo 
sucesivo. „ Después de la Italia y la Galia , dice ' , las demás par- 
„ tes de la Europa son opuestas hacia el oriente, á las cjualcs di- 
„ vide por medio el Danubio. Este corre de occidente á oriente 
„ dirigiéndose al Ponto euxino , dexando á su siniestra la Genna- 
,, nia que empieza desde el Rhin , todo el pais gético, los tirige- 
„ tas , bastarttas y saiirómatas hasta el Tunáis y la laguna Meótis." 
Pero en otro lugar donde con mas extensión trata de toda aquella 
porción de la Europa mas allá del Albis , haciendo de ella varias 
distinciones , forma de sus habitadores particular descripción aco- 
modada á la mas ó menos noticia que entonces habia, y dice 2 : „ las 
„ gentes que están mas allá del Albis cerca del océano nos son del 
„ todo desconocidas ; porque ni hay noticia segura de haber algu? 
„ no navegado estas riberas hacia el oriente encaminándose á las 
„ gargantas del mar caspio , ni de que los romanos penetrasen á 
„ los países del lado de allá del Albis ; pero ni de que alguno ha- 
„ ya viajado por aquellas tierras." Por esto duda afirmar , quienes 
estuviesen mas allá de los germanos por aquella parte mas septen- 
trional , y lo dexa en la indeterminación de que o' ya serian los 
bastarnos como muchos juzgaban , ú otros interpuestos , d los ia- 
ziges , ó los roxólanos , o finalmente otros que tenian su continua 
habitación en carros : baxo cuya suposición pasa con alguna mas 
certidumbre á especificar los que ocupaban la parte mas meridio- 
nal de aquella porción dilatada de pais , y dice : „ El lado de la 
„ Germania meridional que está de la banda de allá del Albis lo 
„ tienen los suevos : después de los quales está la región de los 
„ getas , angosta al principio por la parte que se extiende hacia el 
„ medio dia siguiendo la corriente del Istro, y comprehendiendo 
„ parte de montaña por donde corresponde á los limites de la selva 
„ Hercinia,- Después se ensancha hacia el septentrión hasta llegar á 
„ los tirigetas." De estas autoridades de Estrabon se comprueba , 
que todo aquel pais que se extiende á lo largo del Danubio por su 
orilla septentrional desde donde acababan los suevos , se denomina- 
ba con nombre general gético ; se deduce la extensión tan grande 

1 Strab. lib. 2. 2 Id. lib..-j. 



l66 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

que ya por aquel tiempo y mucho antes tenia allí esta nación; 
y se fortalece la fundada conjetura de que todas las gentes que con 
diversos nombres hallamos situadas en la misma orilla se pueden 
considerar derivadas de los getas de quien hablamos , d á lo me- 
nos que esta fuese allí siempre dominante y mas famosa. 

Esto supuesto , y continuando la noticia de esta nación en los 
siglos anteriores al de Augusto , en primer lugar el mismo Estra- 
bon x hace mención de Berebístes rey de los getas , que no mucho 
tiempo antes habia hecho varias conquistas en los pueblos comar- 
canos , ensanchando con ellas su imperio , pasado el Istro , y lle- 
vado sus armas por la Tracia hasta la Macedonia , desolado el Hí- 
rico , y devastado á los celtas , pueblos mezclados entre los traces 
é ilirios , subiendo á tanto poder baxo este rey los getas , que 
pudieron poner doscientos mil hombres para hacer la guerra. A es- 
te rey dieron muerte violentamente los suyos, y divididos después 
en parcialidades y bandos , se formaron tantos principados , que 
decayendo de su antigua autoridad la nación , pudo ser reducida á 
ceder á los romanos. De este mismo rey hace mención Jornan- 
des 2 dándole el nombre de Boroista , y señalando su rey nado en 
tiempo de Sila , de modo que vendría á ser cerca de cien años an- 
tes de la era vulgar. 

Pasemos aun mas adelante , y con el mismo Estrabon reco- 
noceremos en aquel sitio ó á corta diferencia de él á los getas, 
gobernándolos su rey Dromichétes. Este pues habiéndole decla- 
rado la guerra Lisímaco uno de los sucesores de Alexandro , no 
solo no la escusd , sino que viniendo á las manos , quedó ven- 
cido y prisionero Lisímaco. Dromichétes empezó con un genero 
de humanidad que casi parece extraño de la pintura que vulgar- 
mente se hace de los getas : le trató tan benignamente , que ade- 
mas del buen acogimiento y agasajo en el hospedage , le envió 
libre á su reyno , haciéndole antes demostración de la pobreza y 
escasez suya y de su gente > y amonestándole no persiguiese con 
guerra á sus subditos , sino antes bien los tuviese por amigos. 
Asi lo cuentan Estrabon y Pausanias 3 » que advierte ser algunos 

i ídem. 2 Cap. ir. 3 In Atticis lib. I. 



D E L A II I S T O R I A. I Gj 

de opinión de haber sido el aprisionado Agatocles hijo del mis- 
mo Lisímaco ; y finalmente lo apunta aunque de paso Justino r , 
variando en llamar á este rey Doricctes.y en afumar serlo de los 
traces , en conformidad de lo que antecedentemente dexamos ad- 
vertido acerca de la recíproca unión ó enlace de ambas gentes. 
El mismo Alexandro, á cuya ambición de gloria vinieron es- 
trechos los ámbitos del mundo , hizo costosa experiencia del va- 
lor y del espíritu gético. Su expedición contra esta gente y sus 
confinantes recien subido al trono , nos refiere ademas de la bre- 
ve noticia que dan Justino 2 , Arriano 3, Plutarco 4 y Eustatio 5 , 
el mismo Estrabon 6 , que contando la guerra hecha por este prín- 
cipe á los traces del lado de allá del monte Hem® , y su acometi- 
miento á los tálalos que tocaban hasta el Istro é isla Petice , aña- 
de haber pasado el Istro contra los getas, y tomada su ciudad , ha« 
berse vuelto á su reyno, recibidos dones de aquella gente y del rey 
Sirmo , que lo era de los tríbalos : cuyo suceso según la mas rec- 
ta cronología vendría á concurrir con el año 337 antes de Christo, 
en el qual es forzoso considerar ya existente en aquel sitio la na- 
ción de los getas. De estos cuenta Q. Curcio 7 y otros historiado- 
res haber deshecho poco después el exército de Zopirion prefecto 
del mismo Alexandro , que los habia acometido. Cien años antes, 
en el tercero de la guerra del Peloponeso , que fué el 429 antes 
de Christo , los acuerda en la propia situación , como dexamos ad- 
vertido , el célebre escritor de esta guerra Tucidides , que refirien- 
do la que hizo entonces contra la Macedonia y su rey Perdicas,Si- 
talces que lo era de los odrises , advierte 8 haber convocado este 
en su favor entre otras gentes , ya de las que le estaban sujetas co- 
mo los traces , y ya de las comarcanas , á los getas que habitaban 
pasado el Hemo hacia el Danubio , añadiendo ser los getas con- 
finantes con los scitas y semejantes á ellos en las costumbres , y 
todos saeteros de á caballo. La autoridad de este escritor debe ser 
para nosotros en el presente asunto del mayor peso , mediante 

1 Lib. 16. 1 Jn comm. ad Dionys. 

2 Lib. 11. 6 Strab. lib. 7. 

3 Arrian, lib. i.deexped. Alexand. 7 Lib. 9. 

4 Jn Alexandro. 8 Lib. 2. 



1 68 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

haber vivido por entonces : pues según Gelio * tenia al principio 
de la guerra peloponesiaca que escribe , 40 años de edad ; y así 
no debe suponerse que se equivocase en una noticia tan fácil de 
adquirir , como era saber los pueblos que casi confinaban con 
la Grecia. 

Pero aun encontraremos mayor antigüedad si recurrimos al 
padre dé la historia profana Herddoto ; el qual refiriendo la ex- 
pedición que Darío hijo de Histaspes rey de los persas hizo contra 
los scitas , menciona varias naciones que les eran confinantes , y 
entre ellas es una la de los getas 2 , á quienes como á los traces ha- 
bía llegado á sojuzgar aquel príncipe ; advirtiendo en la relación 
que de estas ventajas hacían los scitas en boca de aquel escritor 
solicitando á los comarcanos á la unión contra el enemigo común 
que los invadía é intentaba despojar del pacífico goce de sus paí- 
ses , que los getas eran confinantes con los mismos scitas. Aquí 
será forzoso insertar las noticias que un escritor tan antiguo , 
que floreció poco antes de Tucidides , según el mismo Gelio , da 
de este pueblo como notorias. Ya advertimos que le sitúa en la 
tracia , y que afirma ser los mas justos y fuertes de los traces , por- 
que sin duda en aquel tiempo los que estaban del lado meridio- 
nal del Danubio fueron mas conocidos por getas de los griegos, 
como mas inmediatos. Pasa después á referir algunas de sus cos- 
tumbres , y dice que celebraban la inmortalidad de las almas , lle- 
vando la opinión de que estas no morían , y entendiendo que 
los que faltaban de la tierra iban al demonio Zamdlxís , que al- 
gunos de ellos juzgaban ser el mismo Gebeleizin. A este era fre- 
qüente entre ellos enviar embaxadas d avisos consultándole en 
los asuntos graves que les ocurrían , siendo -el modo de hacerlo el 
de arrojar desde alto atado de pies y manos á alguno que para es- 
to hubiese sido elegido por suerte , y dexarlo caer sobre tres dardos 
enhiestos , y si moría de las heridas lo reputaban por favorable , y 
antes de espirar le encomendaban lo que tenían que consultar , mo- 
tejando por el contrario á aquel que de semejante prueba no moria. 

Continúa su narración diciendo quien fué este Zamdlxís , y 

I K.Go.W.'Noct.attic.lib.i^ c'23. 2 Herodot. lib. 4. 



D E L A U I S i O K I A. I fxj 

haciendo la investigación de su naturaleza , advierte haber sido 
un hombre que sirvió en Samos á Pitágoras el hijo de Mncsarco: 
que conseguida de el la libertad , y adquirida una no corta porción 
de riqueza , volvió á su patria : que advirtiendo allí el desorden de 
las costumbres y la ignorancia de los traces , empezó' á enseñarles, 
como instruido que estaba en la doctrina moral y policía, no me- 
nos que en el modo de vivir y costumbres de los jonios , princi- 
palmente la inmortalidad de las almas , dando á entender á sus 
compatriotas como después de esta vida iban á cierto lugar , en 
donde participando de todos los bienes y felicidad , permanecían 
perpetuamente: que en el entretanto que los persuadía á esta creen- 
cía, hizo uñ subterráneo, al qual se retiro' ocultándose de ellos: que 
al cabo de tres años se les mostró' nuevamente, cén lo qual se ar- 
raigó en sus ánimos la opinión de la inmortalidad que les habia in- 
sinuado : y concluye el mismo Hcrddoto con esta sentencia: ,,Es- 
„ to dicen que hizo Zamolxís , á cuyo edificio subterráneo no doy 
„ mucho crédito , antes juzgo que existid muchos años antes de Pi- 
,, tágoras : y que fuese hombre, d algún demonio peculiar y patri- 
„ ció de los getas , no me parece preciso averiguarlo." 

De esta relación de Herddoto se infiere que ya en tiempo de 
Darío hijo de Histaspes los getas estaban á las riberas del Danu- 
bio , y aun del lado meridional de aquel rio , esto es en la Tracia. 
Darío empezó á reynar en Persia , según el mas regular computo, 
521 años antes de Christo, y acabo en el de 4S5 ; y habiendo si- 
do su expedición contra aquellos países después de algunos años de 
su reynado , se podría creer que sucedió á los 500 años antes de 
Christo. Y si Zamolxís geta fue discípulo de Pitágoras , como tam- 
bién lo afirma Estrabon , habiendo este filósofo pasado á Italia, se- 
gún Dionisio halicarnaseo I , poco después de la olimpiada 50 , que 
concurrió con el año 579 antes de la era vulgar , y acaso floreci- 
do mucho antes , pues Plinio 2 da á entender que vivía en la olim- 
piada 32 , aun será mayor la antigüedad de los getas junto al Da- 
nubio. ¿ Pero que diremos si admitimos la opinión del mismo He- 

1 Lib. 2. dit , olympiade circiter XXXII. Plin. 

2 Quam natnram eius ( veneris side- HisP. nat. lib. 2. cap. 8. Ed. parís. 
ris) Pythagoras samius primus deprehea- 1723. 



I-ro MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

rddoto, de haber sido Zamdlxís mucho mas antiguo quePitágoras? 
Tanto mas antigüedad será forzoso conceder al establecimiento de 
los getas en aquellas partes de la Tracia y el Danubio : sin que 
baste á debilitar este argumento la voluntaria salida que quiera dar- 
se , diciendo que Zamdlxís pudo vivir estando los getas en la Es- 
candía ; pues ademas de decir expresamente Jornandes l haber flo- 
recido este filosofo estando ya aquella su nación en los paises de 
la Dacia , Tracia y Mesia , y que del mismo modo lo asegura con 
bastante distinción y claridad Eustatio 2 , los viages que de él re- 
fiere Estrabon á la Grecia y al Egipto no se acuerdan muy bien 
con el haberlos hecho de partes tan remoras y tan fuera del co- 
mercio de las demás gentes , como seria forzoso si los hubiese em- 
prendido desde la Escandía: á que se junta, carecer tal respuesta de 
verisimilitud , como contraria á lo que indican de él los anti- 
guos escritores. 

Corrobora y comprueba nuestra opinión la autoridad de An- 
tonio Didgenes 3 en las cosas increíbles de la isla de Tule , no obs- 
tante que se quiera traer en confirmación de haber estado Zamdl- 
xís en esta isla , entendiendo de aquí su existencia en la Escandía 
tenida por tal de muchos escritores , pues atendido bien su contex- 
to , no dice haber estado Zamdlxís en Tule , sí solo que siguiendo 
Mantínias y Dercilis á Hestreo en su peregrinación , encaminán- 
dose á la Tracia y los masagetas en busca de Zamdlxís su compa- 
ñero, llegaron todos á los getas , donde ya Zamolxís se hallaba ve- 
nerado como dios : que allí consultado el oráculo les fue respondi- 
do, estar determinado por los hados que hubiesen de llegar hasta la 
isla de Tule , pero con la oferta de que volverían á ver su patria: 
y quedándose entonces Astreo con los getas en una grande esti- 
mación , los otros continuaron su viage á aquella isla. Ceñido á 
esto lo que refiere de Zamdlxís , bien se ve procede conforme con 
los demás escritores en quanto á determinar que el pais de su exis- 
tencia era la Tracia y los getas ó masagetas cerca del Danubio. 

i In secundo, id est , Dácia: Thra- ptores annalium. Cap. 5. 
cisque & Moesiae solo Zamolxen , ( re- 2 In Dionysium , n. 39. 
gem habuisse ) quem mira; philosophicae 3 Apud Phocium in Biblioth. cod. 

eruditionis fuisse testantur plerique scri- 166. 



DE IA HISTORIA. 1 71 

Pero aun quatido fuese cierto que Antonio Piógencs afirmase 
la llegada de Zamolxis á Tule , no serian pocos los motivos de des- 
confianza para haber de admitir esta noticia con solo el testimo- 
nio de este autor. Todos los eruditos saben el poco aprecio de esta 
narración, y que el mismo Focio su extractador la desacredita , cre- 
yéndola llena de fíbulas al modo de nuestras novelas. En este su- 
puesto ¿ quien habrá que sobre tantas señales de incertidumbre 
quiera defender que fue la Escandía la Tule de esta narración? A 
lo menos quando mas benignamente haya de juzgar, será buscando 
en el fondo de ella otra muy distinta inteligencia , que con su ve- 
risimilitud y posibilidad induzca á prestarle algún asenso. 

A la isla de Tule tuvieron los antiguos por la última de la tier- 
ra hacia el septentrión , y como á tal la expresaban siempre que se 
les ofrecía hacer mención de ella , de que dan exemplo y seguro 
testimonio los epítetos que le aplican los poetas , geo'grafos y es- 
critores. Pero esto fue en todos con tan escasas muestras de haber- 
la conocido o' de tener noticias algún tanto individuales de ella, 
que dan motivo para que acomodándolas cada uno según su pare- 
cer, se hallen discordes sobre qual sea el pais o parage moderno á 
que correspondió antiguamente esta famosa isla. Tres principales 
opiniones de lo referido menciona Bochart » , conviene á saber, 
la de Procopio que afirmo ser la Escandía d Escandinavia , creí- 
da isla de muchos de los antiguos : la de los que se persuaden fuese 
la misma que hoy se llama Islandia , infiriéndolo de que Pitias ma- 
siliense en Plinio 2 dixo distaba hacia el norte de la Britania seis 
dias de navegación : y finalmente la que lleva haber sido la Schet- 
landia, una de las Orcades. Despreciadas todas tres y otras de me- 
nor autoridad y peso , Bochart , cuyo conocimiento en el asunto 
de la geografía antigua no se puede negar fue muy grande , se per- 
suade á que el nombre de esta isla no era peculiar de alguna de las 
hoy existentes , sino solo significativo de la región mas remota 
del orbe hacia el septentrión , inventado para expresarla princi- 
palmente entre los poetas : y creyendo haber sido fenicia en su 
origen la voz Tule, infiere que de esta nación con el comercio pa- 

1 In Ph.ileg. lib. 2. 2 Hist. nat. Ub. 2. cap. 75. 

X 2 



Jy2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

só á los griegos , y de ellos á las demás gentes ; siendo fácil que á 
proporción que se descubriese de nuevo alguna isla hacia el sep- 
tentrión se le aplicase el nombre de Tule , persuadiéndose ser la 
misma de que habían hablado los antiguos. 

Baxo este supuesto , y admitiendo en la narración de Antonio 
Didgenes algún fondo de verdad , se podría conjeturar que este 
viage á la isla de Tule acaso no fue otra cosa que alguna navega- 
ción de los tirios por el mediterráneo, mar egeo , Elesponto, Eos- 
foro tracio y Ponto euxino , desde el qual tal vez pasaron á la la- 
guna Meotis , y aun entrando por alguno de los grandes rios que 
en aquellos parages desaguan , llegaron donde habitaban los getas, 
y donde con divinos honores se celebraba la memoria de su filo- 
sofo Zamdlxís: y que continuando su viage arribaron á algún pais, 
que creyéndole último hacia el septentrión , le caracterizaron con 
el nombre de Tule. Pero no nos detengamos mas en esto , ni de- 
mos á entender que apreciamos el escrito de Antonio Diógenes 
mas de lo que él merece. 

V. Con lo dicho hasta aquí queda á nuestro parecer bastante- 
mente probado , que los getas permanecieron en las riberas del Da- 
nubio desde tiempo de Darío hijo de Histaspes , y aun de Pitágo- 
ras samio 600 años antes de Christo : pero es forzoso confesar que 
ya desde entonces subiendo á los tiempos mas remotos no se ha- 
lla mención de ellos con este nombre. Truncándose pues aquí el 
enlace continuado de los getas , d será forzoso confesar que en el 
tiempo anterior no hay repugnancia para que se hiciese la trans- 
migración desde la Escandia , d probar la antiquísima existencia 
de estas gentes en aquellos parages , de modo que no se dé tiem- 
po en que se pudiese hacer. Dos rumbos se nos ofrecen para ello 
en las dos opiniones de los antiguos que derivan á los getas unos 
de los scitas y otros de los traces. Trataremos ahora de la prime- 
ra como mas probable , y después hablaremos separadamente de 
la segunda. 

La mayor parte de los antiguos escritores tuvieron á los ge- 
tas por una de las naciones scíticas : tales son Dion Casio I , Mar- 

1 Lib. j 1 . 



DE LA HISTORIA. j 7 2 

cuno Capola ' , Fitestorgio ' que llama á los getas scitds traiisistra- 
nos o del otro lado del Jstro , Trebelio Polion 8 , Ztísimó4, Nac- 
iólo Grégoras5, Plinio 6 y otros cuyas autoridades ciexamos cita- 
das. Pero sin embargo será conveniente fortalecer mas esta opi- 
nión con otras pruebas y consideraciones. 

Entre ellas no es la menos apreciable el xer que habitaban Jos 
scitas en la misma orilla septentrional del Danubio donde fueron 
conocidos los yetas. Allí los encontraron Jas expediciones de Darío 
hijo de ilistaspes , de Alexandro y de los posteriores capitanes y 
emperadores : allí Jos coJocan Estrabon , Pomponio MeJa , PJinio 
y otros escritores 7 : con que parece no puede quedar alguna duda 
en que allí fue su situación. 

Ni tampoco es débil la conjetura que se puede formar de la 
gran semejanza de Jos nombres scitas , getas ó gitas. El nombre de 
scitas pudo ficilmente transmutarse por Jos griegos en eJ de ve- 
tas , casi sin otra inflexión que Ja de poner la Jotra T en Jugar de 
Ja K , las quaJes son tan parecidas , que muchas veces se haiJa usa- 
da Ja una en Jugar de Ja otra. 

Si sobre esto reflexionamos lo que dice Jornandes acerca de ser 
los godos o' getas una de Jas naciones scíticas, entendiendo de ellos 
quanto de los scitas se refiere , como Ja expedición de Vexóres rey 
de Egipto , Ja oposición de Jos scitas capitaneados de su rey Tau- 
nasis 8 o Tañáis como le llama Justino 9 , su paso á Ja Asia , su Jle- 
gada Iiasta Egipto , Ja vueJta á su pais después de varios aconteci- 
mientos , y eJ origen de Jas amazonas derivadas de Jas mismas gen- 
tes , podremos formar un poderoso argumento á favor de Jo refe- 
rido. Todas estas cosas dice que sucedieron después que de Ja Es- 
candía pasaron al Danubio : baxo cuyo principio , o le hemos de 
dar crédito , d Je hemos de despreciar como autor poco instruido 
y muy posterior á estos sucesos. Si Je damos crédito , es forzoso 



i Lib. 6. 7 At qui in Europa sunt (scytha:) a 

2 Lib. 2. 6 1 o. \xvo Thracia: latere ad Borysthencm, at- 

3 Tn Galliaio , & iñ Claudio. que inde ad Tanain alium amnem recta 

4 Lib. 2. plaga adtinent. Q. Curtius, lib. 6. cap. 2. 

5 Lib. 2. Hist. cap. 5. 8 Iornand. cap. 6. 

6 Lib. 4. cap. ií. 9 Lib. 1. 



1^4 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

conceder que ya estaban los getas mucho tiempo antes de Darío 
en las inmediaciones del Danubio , y por consiguiente que es mu- 
cho mas remota del siglo de Jornandes la transmigración , y tanto 
mas difícil de conservarse íntegra su noticia en un pueblo rudo, 
guerrero , poco estable , falto de policía , de letras y de otros mo- 
numentos. Sino se le damos , y se dixese que no se debe seguir á 
Jornandes en quanto á la identidad de scitas y getas ; tampoco se 
le deberá seguir en la noticia de la transmigración , por ser cosa 
mas antigua, como que todas las demás que de los getas refiere son 
después que ya se habían establecido en el Danubio. Ni bastará en 
este caso el pretender salvar en parte su autoridad , diciendo , ser 
cierto que en lo principal se le debe seguir , aunque en las parti- 
cularidades de la narración sea forzoso separarse á veces de él , á 
causa de contener positiva repugnancia con la realidad que consta 
de los sucesos ; porque sin embargo de permitirse este arbitrio en 
la admisión y justo discernimiento de los autores , no es el asunto 
de que tratamos de aquellos que se pueden reputar por adminícu- 
los de la narración d adorno de ella , sino por una de las partes 
principales que la componen. El ser la misma nación getas y sci- 
tas , es uno de los asuntos que mas extensamente trata Jornandes, 
uno de los que intenta establecer como principio el mas seguro de 
la gloria de su nación , y el que procura esforzar con la notorie- 
dad , con el testimonio de antiguos escritores , y con el cotejo de 
las acciones de unos y otros. En tales circunstancias ¿que defen- 
sor de Jornandes osará decirnos que no se le debe seguir en este 
punto ? Si Jornandes tuvo los cantares de los godos en que se con- 
servaban hasta su tiempo las noticias de la transmigración desde 
la Escandía, ¿no es regular que en ellos también estuviesen los su- 
cesos aun mas dignos de memoria de sus grandes expediciones en 
Europa y Asia , siendo tanto mas inmediatos ? Luego o se ha de 
decir ser incierta la conservación de aquella noticia , d no se han 
de admitir las demás. Valgámonos pues de Jornandes para lo que 
es mas verisimil. 

Afirma Jornandes l que la reyna Tomiris, á quien hizo la guer- 

i C¿tj>. 10. 



DE LA HISTORIA. lyr 

ra Ciro, y por cuyas tropas fue este gran monarca vencido y muer- 
to , domino á los yetas , cuyo suceso coloca mucho posterior al de 
su tránsito desde la Escandía. Ciro empezó á reynar en Persia, se- 
gún el mas común computo, en el año 559 antes de Christo,y aca- 
bo su reynado en el de 5 29, que seria el mismo de la batalla con 
Tomiris ; y así es forzoso considerar mayor antigüedad que esta á 
la salida de los godos de aquella isla , siguiendo la autoridad de 
Jornandes. Sin que por esto parezca asentimos nosotros á la opi- 
nión de este escritor , en que da á entender haber pasado su domi- 
nación esta famosa heroína después de este suceso á la Mesia en 
la parte que fue llamada pequeña Scitia , y estuvo á la desembo- 
cadura del Danubio por su parte meridional. 4 

Prosigue Jornandes las noticias de estas gentes después de su 
salida de la Escandía y antes del referido suceso de Ciro y Tomi- 
ris , y menciona como reyes suyos con autoridad de Dion , á cuya 
obra intitulada Gétka se refiere x , á Télefo que lo era de la Me- 
sia , y Eurípilo su hijo , coetáneos uno y otro de la famosa guerra 
de Troya. Del primero se cuenta en ella , que como yendo los 
griegos á poner el sitio á esta ciudad quisiesen desembarcar en sus 
tierras , y Télefo procurase impedirles el desembarco oponiéndose- 
les con las armas , tuvieron varias refriegas , en una de las quales 
quedo' gravemente herido el mismo Télefo de mano de Aquiles. Y 
después Eurípilo , habiendo ido á la misma guerra en defensa de 
Príamo , llevado del parentesco que con él tenia , por ser hijo de 
Auge su hermana , y de los amores de su prima Casandra , con 
quien pretendía casar, fue muerto á poco de haber llegado á ella. 
Así lo refiere Dictis cretense. 

Por las circunstancias de estos sucesos se acredita tanto mas 
antigua la salida de los getas de la Escandia , quanto que es pre- 
ciso haberla de colocar según ellas mucho tiempo anterior á la 
guerra de Troya , en que se dice haber intervenido sus reyes. Este 
famoso acontecimiento de la historia profana se fixa se^un el mas 
seguido co'mputo en el año antes de Christo 1 1 84 ; pero admitien- 

1 Dio historicus & antiquitatum di- post multa témpora commemorat , no- 
ligentissimus inquisitor , qui operi suo mine Telephum. Iornand. cap. o. 
Getica titulum dedit, . . . regem lilis 



ty6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

do la cronología de los mármoles de Arundel corresponde al 1209 
antes de la misma época , como advierten los autores que han he- 
cho ilustraciones y notas á estos preciosos monumentos de la an- 
tigüedad , Juan Seldeno , Tomas Lidiato y Hunfrido Prideaux : y 
de qualquier modo se reconoce ser preciso subir á tanta distancia 
de Jornandes el suceso de la transmigración , que por lo menos 
habían pasado mas de 1700 años entre su edad y la referida guerra. 
No se ignora ser poco recibida la opinión que aquí intenta es- 
tablecer el mismo Jornandes l , diciendo que la Mesia donde rey- 
naba este Télefo fue la de Europa , situada á las orillas meridio- 
nales del Danubio hasta su desembocadura ; quando por las cir- 
cunstancias de la narración de estos sucesos, los mas de los anti- 
guos y modernos escritores convienen en que Télefo era rey de la 
Misia asiática , nombre que antiguamente , según advierten Pu- 
nió 2 y Pomponio Mela 3 , tuvo la provincia que después se llamo 
Eolide; la qual confinando con la Trdade , venia á caer en la costa 
del mediterráneo o mar egeo , y á estar en el camino por donde 
los griegos habían de ir á aquella expedición : circunstancia que 
no concurría en la otra Mesia d Misia europea , que colocada mu- 
cho mas arriba de la Frigia , esto es , en el Ponto euxíno , de nin- 
guna suerte podia ser rumbo regular para ir los griegos desde sus 
países á Troya. Pero aun suponiendo que se equivoco Jornandes 
sobre el sitio en que verdaderamente estuvo el reyno de Télefo, 
podriamos salvar la noticia , esto es , que fue rey de los getas o de 
los que se derivaron de ellos , valiéndonos de lo que advierte acer- 
ca de estos misos asiáticos Plinio 4 quando afirma, haber algunos 
autores según los quales los misos , brigas y tinos , pasando de la 
Europa al Asia , dieron origen á los misos , friges y bitinos. Baxo 
esta suposición no habría inconveniente en creer á Télefo y los 
misos sus subditos oriundos de la Mesia europea , y derivados de 
los mesos habitadores del Danubio : en cuyo caso ya se dexa con- 
siderar la antigüedad que necesitaría tener la venida de estas gen- 
tes desde la Escandía, quando al tiempo del sitio de Troya, ó 1 1 84 



1 Cap, 9. • 3 Lib.x. cap. 18. 

2 Lib. 5. cap. 30. 4 Lib. <>. cap. 32. 






DE LA II I S T O U I A. I77 

años antes de Quisto, se hallaban establecidos los misos en el Asia 
y dominando la Eolide , si á este pais habían pasado de la otra 
provincia llamada Mesia ó Misia á las orillas del Danubio , y á es- 
ta de la Escandia , después de tantos acontecimientos como tiene 
en Jornandes su transmigración. 

Para haber de admitir esta interpretación en el caso de seguir á 
Jornandes, contribuye la autoridad en que este se funda , de haber 
Dio'n asegurado que Tclefo fué rey de los getas , o de los misos 
que eran derivados de ellos , pues habiendo este escritor tomado 
á su cargo la historia y cosas de los getas , es regular la hubiese 
formado con arreglo á lo que de sus antigüedades hubiese podido 
averiguar : y así podemos desde, luego establecer camo proposición 
que deben admitir los defensores de la transmigración de los go- 
dos , haber sido esta mucho tiempo anterior al sitio y ruina 
de Troya. 

Lo mismo comprobarán las otras noticias que iremos examinan- 
do. La expedición del que Jornandes llama Vesósis y Justino Vexó- 
ris , y que no parece puede ser otro que el Sesdstris de los egip- 
cios , famoso conquistador en Herddoto , es necesario considerarla 
d anterior á la guerra de Troya, d no muy posterior á ella. Si aten- 
demos á* la narración de Herddoto r , que afirma haber sucedido 
en el reyno de Egipto á Sesostris su hijo Feron , y á este Proteo, 
en cuyo reynado fué destruida por los griegos la ciudad de Tro- 
ya , habremos de colocar la expedición de Sesostris algunos años 
antes de este famoso suceso : pero si siguiendo á muchos de los mo- 
dernos que entienden haber sido este Sesostris el Sesaco de quien 
hay mención en la Escritura 2 , diciendo haber entrado en la Ju- 
dea y en Jerusalen al quinto año de Roboan , que según nues- 
tra cuenta coincidid con el 969 antes de Christo , haberse lleva- 
do los tesoros del templo y los del rey , y haber destruido y ro- 
bado el pais , quisiésemos dexarnos llevar de esta opinión , ven- 
dríamos á concluir no obstante ser conformes las noticias que acuer- 
dan por aquellos tiempos la estancia de los getas cerca del Danubio. 



1 Lib. 2. 

2 III. Reg, cap. 14. v. 25. II. Paralip. cap. 12. v. 2. 

Z 



1^8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

Dixe cerca del Danubio , porque hablando de esta expedición 
de Sesostris Herddoto I , y proponiendo su dictamen acerca de 
hasta donde hubiese llegado con su exército este famoso conquis- 
tador , asegura no haber pasado en la Europa de los traces y los 
scitas , que vienen á ser las gentes situadas á una y otra orilla de 
aquel rio : infiriendo haber parado allí, de no hallarse mas ade- 
lante los monumentos é inscripciones que por señas de su conquis- 
ta iba dexando este rey en los países que sojuzgaba. Sin que baste 
tampoco para querer llevarlo mas adelante la generalidad del nom- 
bre scitas , con que se comprehenden á veces todas las naciones y 
países septentrionales ; pues ademas de ser esta una acepción me- 
nos propia y como subsidiaria en defecto de saberse sus particula- 
res nombres , es sin duda que Herddoto no la quiso entender en 
tal generalidad , sí solo en su mas propio y riguroso significado , 
en el qual solo eran comprehendidos los pueblos confinantes á la 
Tracia y divididos de ella por las aguas del Danubio hasta el Ta- 
ñáis , donde hablando de esta misma expedición los entendió Jor- 
nandes : d tal vez de la pequeña Scitia , que estuvo situada entre 
la Tracia y el Ponto siguiendo al oriente el curso de aquel rio , co- 
mo parece muy natural por el orden con que los coloca , ponien- 
do primero á los scitas , y después á los traces , que es el mismo 
que viniendo del Asia se le ofrecería. 

Igual argumento se forma con la noticia de haber sido los go- 
dos d getas aquella nación de quienes se derivaron las célebres 
amazonas. No ignoro que Estrabon 2 quiso persuadir inverisímil 
y fabulosa su existencia ; que Arriano 3 la dudo, por no haber he- 
cho mención de ellas Xenofonte en la historia de su retirada ; y 
que Palefato 4 juzgó no haber habido tal república de mugeres , 
sino de hombres en habito semejante al de ellas : pero también son 
muchos los argumentos y autoridades con que apoyan su existen- 
cia los sabios modernos , como Pedro Petit 5 , y el abad Guyon 6 . 
Sobre qual fuese el origen de estas famosas mugeres se ofrecen 



i Lib. 2. 4 De non credend'is fabid. narrat. 

2 Lib. ii. 5 Dissert. de amazonibus. 

3 De exped. Alex. lib. 7. cap. 13. 6 Histoire des amazones. 



DI LA HISTORIA, i ~o 

no pocas dificultades. Justino ' afirma , que habiendo sido arroja- 
dos de la Scitia por domesticas disensiones dos mancebos de san- 
gre real llino y Scolopito , llevándose consigo mucha gente joven , 
se apoderaron de los campos de Temiscira cerca del rio Termo» 
donte en la Capadocia : donde establecidos y empleados por mu- 
cho tiempo en robar á los comarcanos , conjurándose estos para 
vengar las recibidas injurias , lograron destruirlos por medio de 
asechanzas. Sabido esto por sus mugeres , tomando las armas , no 
solo defendieron sus confines con valor , sino que acometieron á 
los de sus vecinos , estableciéndose por sí solas en forma de repú- 
blica con total independencia de los hombres ; con los quales so- 
lo tenían á cierto tiempo la comunicación precisa para la dura- 
ción de ella. El suceso de establecerse en Temiscira y fundar la 
ciudad , fué según Diodoro sículo 2 mucho tiempo antes de ha- 
ber ido contra las amazonas á aquel mismo parage Hércules teba- 
no , que vivid 1383 arios antes de Christo : y así determinando 
su establecimiento el abad Guyon 3 juzga seria cerca de 300 años 
antes de la expedición de Hércules , que vendría á ser 1683 años 
antes de Christo. Baxo esta suposición , y de que Justino 4 afirma 
no haber sido inmediatamente á la venida allí de los scitas quan- 
do muertos ellos quedaron con el imperio sus mugeres , ¿ á quien 
no hará fuerza que habiendo salido las primeras gentes del Asia , 
pasasen primero á Europa , fuesen á la Escandía , se multiplicasen 
allí , saliesen , llegasen hasta apoderarse de la Scitia europea , vol- 
viesen al Asia , ocupasen diversos países , y por fin estuviese ya 
establecido el imperio de las amazonas en tiempo tan remoto que 
sea preciso considerar la salida de la Escandía dos mil años á 
lo menos antes de Christo? 

IV. Hero'doto , el mas antiguo historiador de todos los pro- 
fanos que existen , mil años anterior á Jornandes , refiere 5 el ori- 
gen que de sí creían los scitas establecidos en Europa al tiempo 
que entro en sus tierras Darío hijo de Histaspes. Decían que el 



Lib. 2. timos assueti , conspiratione populoruin 

Lib. 2. per insidias trucidantur. Lib- 2. 



3 Hist. des amxzones ,artic. 2. j Lib. 4 

4 Ibi per multos annos spoliare fini- 



Z 2 



l8o MEMORIAS DE X.A ACADEMIA 

primer hombre que hubo en aquella tierra , fué uno llamado Tar- 
gitao , cuyos padres fueron Júpiter y una hija del Borístenes. Que 
este Targitao tuvo tres hijos , Lipaxáis , Arpoxáis y Calaxáis ; rey- 
nando los quales cayo del cielo un arado con su yugo , una ha- 
cha y un vaso , todo de oro. Que vistos estos instrumentos por 
el mayor de los hermanos , se acerco queriendo tomarlos , y ellos 
se encendieron. Sobreviniendo el segundo , le sucedió lo propio : 
hasta que llegando el tercero , se apagaron y se le permitieron to- 
mar. Que advertidos de ello los dos hermanos mayores , atribu- 
yéndolo á providencia divina , dexaron el reyno al menor Cala- 
xáis. Que del mayor Lipoxáis eran descendientes los scitas cono- 
cidos con el sobrenombre de alicatas ; de Arpoxáis el segundo , los 
llamados cañaros y traspias ; y del menor , los reyes llamados JPa- 
ralatas , que todos tenian el sobrenombre del rey Escolotes , del 
qual dimano que los griegos los llamasen scitas. Añade que desde 
Targitao hasta la expedición de Darío contaban mil años y no mas: 
de suerte que si á los quinientos años antes de Christo , en que 
sucedió esta expedición , se añaden los mil que precedió á ella Tar- 
gitao , sacaremos que 1500 años antes de la era vulgar ya habia 
scitas d getas en Europa. Anadian los scitas que aquel oro baxa- 
do del cielo se mantenía como cosa sagrada en uno de los tres rey- 
nos que fundo Calaxáis , y que allí se le tributaban cultos co- 
mo á deidad. 

Refiere también el origen que les atribuían los griegos ha- 
bitadores de las cercanías del Ponto , y era , que trayendo Her- 
cules las vacas de Gerion , llegó á la tierra de Scitia ; y como por 
haberse dormido se le extraviasen las yeguas que tiraban su car- 
ro , hubo de ir en su busca hasta la parte que llamaban Hilea. Que 
allí encontró una virgen , cuyo cuerpo era medio muger y me- 
dio sierpe , la qual concibió de él tres hijos. Que al partirse Hér- 
cules la habia dexado un arco y un cinto d tahalí, del qual pendía 
un vaso de oro , encargándola que á qualquiera de los hijos que 
fuese hábil para manejar el arco , y á quien viniese bien el ta- 
halí, dexase por señor de la tierra. Y que habiendo nacido tres 
hijos , Agatirso , Gelono y Scita , este solo fué quien pudo manejar 
el arco ; y así, quedándose en la tierra, did nombre y origen á los 



DÉLA HISTORIA. l8l 

domas reyes scltas. Si este Hércules hubiese sido el griego hijo de 
Alcmena, diciendo de él Heródoto haber precedido á su edad 900 
años, vendría á concurrir con el 1383 antes de Christo, que á corta 
diferencia es la misma antigüedad que se infería por el co'mputo an- 
tecedente. Palefato , tratando del Hércules que quito las vacas á 
Gerion , dice que este Gerion fué habitador de una ciudad cercana 
al Ponto euxino , que teniendo el nombre equivalente á lo que en 
español Tres caberas , dio motivo para que admirándose las gentes 
por donde pasaba Hércules de la hermosura de las vacas, preguntán- 
dole de quien eran , y respondiendo él que de Gerion de Tres ca~ 
bezas , esto es de la ciudad llamada con este nombre , creyesen ser 
monstruosidad real del dueño ■ de aquellas vacas ¿de donde se ori- 
gino entre los griegos esta fábula. 

Estos dos orígenes están comprehendidos en el tiempo que M. 
Varron llamo mítico: y aunque á las fábulas en que se hallan en- 
vueltos se pudiera dar alguna inteligencia verisímil , al modo que 
Juan Bautista Vico en los Principios de una nueva ciencia r se la 
dio á otras semejantes , nos abstendremos de executarlo aquí, si- 
guiendo la opinión que prefiere el mismo Herddoto. 

Dice pues que los scitas europeos eran descendientes de los 
asiáticos nómades ó pastores; los quales hostigados de las continuas 
guerras con que los incomodaban los masagetas , pasado el Aráxés 
rio de la Armenia , vinieron en busca de nuevos países ; y entran- 
do en los de los cimmerios , obligaron á estos , que no se consi- 
deraron capaces á hacerles resistencia, á abandonárselos y retirarse. 
Ocuparon entonces estas nuevas gentes el pais que de su nom- 
bre se llamó Scitia ; el qual en memoria de sus primitivos habita- 
dores conservo los nombres de muros cimmerios , puertos cimmerios, 
bósforo cimmerio , y cierta región llamada Cimmeria. 

Continúa refiriendo las naciones scíticas que después habitaron 
toda aquella tierra : y por que su narración servirá no poco á la 
noticia que de estas gentes necesitamos , formaremos un extracto 
de las que describe. 

Desde el emporio de los boristenistas , que acaso será la ciu- 

1 Lib. 2. 



j82 MEMORIAS DE 1A ACADEMIA 

dad de Olbia ú Olbiópolis , dice habitaban los primeros los callipi- 
das , que eran greco-scitas , ó pueblos hechos scitas de griegos , y 
mas arriba los halizones : unos y otros guardaban las costumbres 
de los scitas, pero sembrando trigo y usándolo para su alimento, 
como también la cebolla , el ajo , la lenteja y el mijo. Sobre los ha- 
lizones estaban los scitas aradores Aporre? , que sembraban el tri- 
go , no para su alimento , sino para venderle. Luego se seguían los 
nenros : todas las quales naciones habitaban las orillas y cercanías 
del rio Hipánis y al occidente del Borístenes. Pasado este rio vi- 
niendo desde el mar era lo primero el parage llamado Hile a , y 
luego los scitas agrícolas ó labradores Teufyoí , á quienes los griegos 
que vivian cerca del rio Hipánis llamaban boristenistas , y ellos 
á sí mismos olbiopolistas ; los quales ocupaban todo, el espacio de 
tierra hacia el oriente por tres dias de camino , hasta tocar con 
el rio Pantícape , y al septentrión todo lo que se comprehendia en 
once dias de navegación siguiendo el Borístenes. De allí seguía un 
dilatado desierto , y luego la nación de los andrófagos ó comedo- 
res de carne de hombres , la qual ya no era de los scitas : y mas 
arriba ignoraba el mismo Herddoto que hubiese otra alguna na- 
ción. Siguiendo al oriente de los scitas agrícolas Qgeorgos los llama 
Pomponio Mela ? ) pasado el rio Pantícape , estaban los scitas nó- 
mades ó pastores , que ni sembraban ni araban , y se extendían el 
espacio de catorce días de camino hacia el oriente hasta el rio Ger- 
ro. Desde él continuaban los llamados basílides ó regios , que se 
tenían por los principales de los scitas , regulando como por es- 
clavos suyos á los demás de esta nación. Extendíanse por el me- 
diodía hasta el país táurico : por el oriente llegaban á la fosa lla- 
mada Orixd , y al emporio de la laguna Medtis llamado Crim- 
nos ; y parte de ellos al Tánais. Al septentrión de estos scitas esp- 
iaban los melanclenos , que ya no era gente scítica , y luego seguían 
lagunas y desiertos. 

A propósito de los agrícolas que menciona Herddoto , no que- 
remos omitir que también Estrabon dice 2 , que algunos de los sci- 
tas se dedicaban á la agricultura : ni lo que con autoridad de Ar- 

i Lib. 2. cap. i. 2 Lib. 7. 



DE IA HISTORIA. 1 83 

riano añade Eustatio en sus notas á Dionisio ' , esto es , que an- 
tiguamente usaron del trigo para su comida , y tuvieron casas y 
poblaciones ; pero que habiendo sido sojuzgados por los traces, de- 
xaron la agricultura y se entregaron á la vida vagante. 

La colocación que Hero'doto da á todos estos pueblos mani- 
fiesta que los scitas propiamente tales no llegaban en su tiempo 
hasta el océano por el septentrión , puesto que por aquella parte 
los ceñían los andrófagos y los melanclenos , de quienes advierte 
no ser naciones scíticas. Así quedaron distinguidos á la posteridad, 
no obstante que después los geógrafos y otros escritores diesen á 
todas aquellas gentes el nombre genérico de scitas. Puede ser que 
esta confusión se originase de haberse extendido los scitas hacia 
aquellos países , mezclándose con sus habitadores : d del principio 
que dexd supuesto Estrabon 2 de haber pasado el nombre de sci- 
tas á significar todas las gentes septentrionales , como el de etíopes 
las del mediodía , por la escasa noticia de tan remotas tierras y de 
sus habitadores. 

Del contexto del mismo Heródoto podremos también deducir, 
que los scitas y getas eran unos mismos. Quando los cimmerios 
padecieron su invasión dice que se retiraron hasta el rio Tiras, qué 
allí enterraron sus muertos , y que dexaron el país á los scitas. 
Los que poblaron cerca de este rio observamos que se llamaron 
tirigetas según Estrabon , tiragetas según Plinio , haciéndolos habi- 
tadores de una isla que formaba el ilw 1ÍTÜS , y tirailgitas Según 

Tolomeo. Si los scitas hubieran sido diversa nación , era regular se 
llamasen los que poblaron cerca de este rio tiriscitas , tirascitas, 
ó tiranscitas ; pero como eran una misma , y aun acaso en el nombre 
no habia mas diversidad según dexamos notado, que aquella que le 
daba la pronunciación equívoca de los extraños , quales eran los 
griegos y latinos , se formaron también indistintamente los nom- 
bres que en estas gentes se observan después , compuestos unos de 
getas , como los ya notados , y otros de scitas , como celtoscitas , 
taitroscitas , para diferenciarse entre sí ; cuyo exemplo siguieron 
sus descendientes en la división de visogodos y ostrogodos. 

1 Num. 97. a Lib. 1. 



184 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

Hablando también Justino de los scitas r , dice haberse origi- 
nado de ellos los sacas , los partos , los bactrinos , y haber funda- 
do sus mugeres el célebre imperio de las amazonas , y conquis- 
tado varios paises del Asia. Aquí se conoce que va hablando de 
los scitas asiáticos , pues estas naciones no tiene duda que habita- 
ron en aquella parte del mundo : pero continuando la noticia que 
da de los scitas , y hablando de su rey Lantino , que dice vivid 
en tiempo de Darío hijo de Histaspes , advierte que su reyno es- 
taba en Europa cerca del Istro o Danubio : de donde se infiere 
que Justino tuvo á ambos scitas , asiáticos y europeos , por una 
misma nación y de un mismo origen , diferenciándose solo en 
las situaciones. 

Aun mas se comprobará* esto mismo cotejando las costumbres 
de unos y otros scitas , y el modo de vida que de ellos se refie- 
re. Justino dice 2 que andaban vagantes , sin tener asiento fixo 
ni cultivar las tierras , empleándose solo en la vida pastoril , y 
habitando en las selvas : con cuyas noticias convienen también Es- 
trabon 3 , Plinio 4 y otros. Estas costumbres hallamos observadas 
en los scitas de Europa , d á lo menos en algunas de sus naciones , 
según ya dexamos notado ; conviniendo igualmente en la forta- 
leza , en su inclinación á las armas y á las correrías , en hacer unos 
y otros sus guerras á caballo , en el uso de las saetas y dardos , y de 
otras muchas particularidades que se deducen del cotejo de estas 
gentes en los autores. 

Del mismo modo contribuye á persuadir su identidad la se- 
mejanza de nombres ; pues ademas del principal de scitas y sus 
composiciones con el de getas , hallamos , que si entre los de Eu- 
ropa hubo los dacos , entre los de Asia los dalias ó daes. Los ese- 
dones , los aorsos , y los arimaspos eran pueblos de ambas Scitias. 
Los axiacas europeos corresponden á los ariacas asiáticos : y á los 
asgos , gelas , maratianos y sacas asiáticos con muy poca variación 
los arreos , gelones , morisenos y sai arcas de Europa. 

Pero oigamos para mayor apoyo á Diodoro sículo , que ex- 



1 Lib. 2. 3 Lib. ir. 

a Lib. 2. 4 Lib. 6. cajf. 17. 



DÉLA HISTORIA. iftr 

presamente afirma lo que pretendemos establecer. Habla de los sel- 
tas en el libro 2 , y después de referir su asiento junto al Aráxé, 
su extensión hasta el Cáucaso , y llanuras hasta el océano , lagu- 
na Meótis y Tánais , baxo un rey belicoso que los gobernó' , su 
origen fabuloso de la muger medio serpiente y de Júpiter que 
tuvieron el hijo llamado Scita , de quien se derivo' el nombre de 
la nación , añade que su descendencia paso' finalmente el Tánais 
sojuzgando allí muchas tierras , y que volviendo después las ar- 
mas á la otra parte del mismo rio , se extendieron los scitas por el 
Asia hasta llegar al Nilo. 

A esto se añade la noticia que de los scitas asiáticos de tiem- 
po de Alexandro magno nos conservo' Q. Curcío> Refiere la expe- 
dición de este príncipe contra los que habitaban al lado septen- 
trional del rio laxártes , y. poniendo la embaxada que le enviaron, 
los dones que le traxeron , y la oración que uno de ellos le hizo l 
para disuadirle de que les hiciese la guerra , advierte que los do- 
nes eran un yugo de bueyes , un arado , una saeta y un vaso. „ De 
„ estos , dixo el seita , usamos con los amigos y los enemigos : á 
„ los primeros damos los frutos adquiridos con el trabajo de los 
„ bueyes : el vaso nos sirve para brindar con ellos el vino á los 
„ dioses : á los enemigos acometemos con la saeta desde lejos , y 
„ de cerca con la lanza." La particularidad de esta costumbre de 
los scitas asiáticos , comparada con lo que de su origen creian , se- 
gún Hero'doto , los europeos , dexa poca duda en que ambas nacio- 
nes tenían uno mismo. El yugo , el arado y el vaso , que los de 
Europa decían haber caído del cielo , se puede creer que sus ante- 
cesores los traxeron de Asia , como representativos de la policía, 
de la agricultura y de la religión , y que obscureciéndose después 
su principio vino á parar en la fábula que refiere Heródoto. 

Ni son solos estos autores los que hacen á favor de la opinión 
de haberse derivado los scitas europeos inmediatamente de los asiá- 

1 Nec serviré ulli possumus , nec sus inímicos. Frnges amicis damus, boum 

imperare desideramus. Dona nobis data labore qujesitas. Patera , cum his vinuin 

sunt , ne scytharum gentem ignores , iu- diis libamus. Inimicos sagitta eminus, has- 

gum boum , aratrum & sagitta & pate- ta cominus petimus. Q. Curt. lib. 7. 

ra. His utimur 8c cum amicis , & adver- caf. 8. 

Aa 



jgtf MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

ticos ; antes bien este es un principio constante entre casi todos 
los antiguos geógrafos y escritores , y que ademas de la autoridad 
le persuade también la razón. Para la primera no omitiremos el 
testimonio de Nicéforo Grégoras * , que expresamente afirma „que 
estas gentes que antes habitaron mas allá de las fuentes del Tá- 
„ nais , y cerca del mismo Tánais , pasando después este rio, se ex- 
„ tendieron en Europa , y ocuparon la orilla de la laguna Meotis 
„ que está hacia el poniente." Y para la segunda nos servirá el ar- 
gumento fundado en la derivación que á los scitas se da de Ma- 
gog uno de los hijos de Jafet , y en el recto orden con que creemos 
haber sido la dispersión de las gentes y sus posteriores transmi- 
graciones en busca de nuevos y mas espaciosos establecimientos. 

VIL Es opinión congruente y bien admitida , que separados 
los hombres después de la confusión de las lenguas en Babel, ocu- 
paron primero los paises comarcanos , hasta que no cabiendo en 
ellos cómodamente , les fue forzoso ir á poblar nuevos territorios, 
saliendo unas veces por su voluntad , como hay varios exemplares 
en la historia antigua , y haciéndolo otras violentados del poder 
de los confinantes , según se dice haber sucedido á los scitas res- 
pecto á los masagetas , y á los cimmerios respecto á los scitas. 

Esto supuesto es consiguiente preferir la opinión de que ocu- 
pando los scitas el territorio cerca del mar caspio en el Asia , co- 
mo mas inmediato á Babilonia, sea de allí desde donde se fuesen 
extendiendo á los paises mas septentrionales de la misma Asia, has- 
ta pasar á la Europa d Scitia europea ; y que ya sea el nombre de 
getas tan general é idéntico de aquella nación como el de scitas, 
ó ya peculiar de alguna ilustre y numerosa parte de ella , siempre 
se deberán creer dimanados de la Scitia asiática , y su estableci- 
miento en Europa tan antiguo , que no haya espacio para que pu- 
diesen haber venido de la Escandía. 

El primer autor de los que hoy gozamos que escribió' la divi- 
sión de la tierra (fuera de lo poco que en este asunto nos consta 



l Qvrm y íta-ly íVoi Tí rh i-7í\f ras Tfíiya.? rfrt 1í is ^¿(pvpot ¿k.'-m fi\lizri!ra tfAeopi r? í 
vv Tcu&ifros como-cu yiv xa< iVoi roí Tavatr 1 /¿eyifvs MctyarnSV ¿±ia.iífiíi&'itTíS. Nicephor. 

'kntura. hxGirrts «xeifle», i^í^wm es Ei>pa>- Grégoras Hist. Ub. 2. cap. 4- 



DE IA IIISTOÍIA. l8/ 

por L\ Escritura) fue Flavío Joscíb, que floreció en tiempo de Ves- 
pasiano : y hablando en sus Antigüedades judaicas de á quien per- 
teneció cada provincia, dice ' que los hijos y descendientes de Ja- 
fet se extendieron en el Asia empezando desde los montes Tauro 
y Amano y siguiendo hasta el Tánais, y en Europa hasta Gadir: 
y señalando luego á cada uno su provincia , añade que de Gomcr 
descendían los gálatas llamados antiguamente gomarenses ; de Ma- 
gog los magogues , esto es los scitas ; de Javan los jones ; de Ma- 
den los medos ; de Tobel los tobelenos , que son llamados iberos; 
y de Tiras los tires , á los quales llamaron traces los griegos. 

Esta misma opinión de haber sido descendientes de Magog los 
scitas , y mas particularmente los godos d getas , llevaron también 
san Ambrosio, san Isidoro, Eustatio y Teodoreto. aan Ambrosio 2 
entiende de los godos las amenazas con que el profeta Ezequiel 
habla de Gog y Magog , juzgándolas cumplidas en las guerras que 
hicieron á los romanos en tiempo de los emperadores Valente, 
Graciano y Teodosio : y san Isidoro 3 advierte que los antiguos los 
llamaron getas mas que godos. Los modernos comunmente llevan 
la misma opinión , entre los quales Samuel Bochart 4 la esfuerza 
de modo , que debe ser preferida respecto á otras que atribuyen á 
Magog distintas fundaciones. 

Si consideramos pues lo que de la dispersión de las gentes di- 
ce Josefo , hallaremos que todas las provincias á que las extiende 
están en la misma Asia d en sus inmediaciones, y que no hay co- 
sa mas verisímil que la de haberse dirigido aquellas primeras colo- 
nias á los paises mas cercanos , los quales , como que se hallaban 
vacios , no ponían obstáculo al establecimiento del que prime- 
ro los ocupase. Así parece podremos afirmar , que Magog proge- 
nitor de los scitas fixd su primer asiento en las inmediaciones del 
mar caspio, no lejos del monte Cáucaso y rio Aráxés , donde an- 
tiguamente colocan á los scitas y sacas , nombre que dan á los del 

1 Lib. 1. cap. 6. Gothi a Magog filio Iaphet nominati 

2 Lib. 2. defide ad Gratianom. putantur de similitudine ultima; syllabas, 

3 Magog á quo quídam arbitrantur quos veteres magis getas quam gothos 
scythas & gothos traxisse originem. Eiy- vocaverunt. Id. Chron. goth. 

molog. lib. cap. 2. 4 Jn Phaleg. lib. 3. cap. 13. 

Aa2 



l88 MEMORIAS DE lA ACAPEMIA 

Asia los geógrafos y escritores , sobre cuyo asunto hablaremos mas 
adelante. 

La dispersión de las gentes dice la Escritura que sucedió en los 
dias de Faleg hijo de Heber , el qual, si seguimos el cómputo de 
los setenta , nació el año 531 después del diluvio ,2596 antes de 
Christo, y murió' á los 239 años de edad , concurriendo en el 770 
después del mismo diluvio , y 2357 antes de la era vulgar ; y en 
el intermedio desde 531a 770 se habrá de verificar el suceso de 
la dispersión. Pero si prefiriésemos el computo de la Vulgata , el 
nacimiento de Faleg corresponde al año 99 después del diluvio, 
2216 antes de Christo, y su muerte se pondrá concurrente con el 
de 1978- Según esto es forzoso atrasar á los últimos años de Faleg 
la dispersión , para que en el espacio de los 338 años después del 
diluvio pueda considerarse tiempo proporcionado á que los hom- 
bres se propagasen, de modo que pudiesen hacer á un mismo tiem- 
po tantas nuevas colonias. Pero aun en el computo de los seten- 
ta es á mi ver precisa esta dilación ; porque aunque sea mayor el 
número de años hasta el nacimiento de Faleg , siendo mucho mas 
tardía en los hombres la fecundidad , pues no parece empezaba has- 
ta después de los cien años , era preciso á proporción mas tiempo 
para que se acrecentasen. De que resulta que en ambos cómputos 
hay igual motivo para colocar el suceso de la división de las gen- 
tes al fin de la vida de Faleg , ó al menos en su mayor edad. 

Pero aunque , omitida esta consideración , se lleve la sentencia 
de haber sucedido la separación en el mismo año en que nació Fa- 
leg ,2596 antes de Christo , podremos muy bien manifestar quan 
poco se acomoda á los sucesos que iremos refiriendo, la ida de los 
scitas ó godos á la Escandía , y su venida desde allí al Danubio, 
si reflexionamos que los hijos y descendientes de Magog habían 
de estar algún tiempo en su país sin determinarse á salir fuera ni 
á llevar nuevas colonias á regiones distantes y remotas : que estas 
no era regular , caminando por tierra como entonces se hacia, ha- 
berse alejado tanto de su origen, á menos que por causa de no en- 
contrar otro inmediato terreno que les fuese mas cómodo ; y que 
por consiguiente primero que llegasen á la Escandía habían de pa- 
sar algunos siglos, especialmente siéndoles preciso atravesar el mar. 



DE LA IMSTOIUA. 1 89 

d Je no, dar vuelta por la parte septentrional de la Escandinavia, 
tan remota , y que de los antiguos estuvo casi siempre desconoci- 
da. Así no parece desdecir de un prudente y regular computo , el 
asignar como preciso para estos sucesos el espacio de 600 ó 700 
años , de suerte que conjeturemos haber llegado á la Escandía á los 
1800 o' ipoo años antes de Christo. Allí es forzoso entendamos 
permanecieron tanto tiempo , que se perdiese la memoria de su ve- 
nida , y solo supiesen de sí estas gentes ser naturales é indígenas 
de aquella península ; pues tal era la tradición que tenían , igno- 
rando de sí otro origen tí derivación. Para esto bien podría pedir- 
se como preciso un espacio de mil años tí mas , pero nos conten- 
taremos con que solo fuesen quinientos. En tal «eso vendría á ha- 
berse ya perdido la memoria de su ida á la Escandía á los 1300, 
d 1400 años antes de Christo. Demos pues que entonces saliesen 
de aquella provincia para venir á la Scitia europea ó Danubio , y 
que sin tardanza alguna llegasen á él : ¿ como podrá convenir esto 
con lo que por las noticias ya expresadas nos consta de haber es- 
tado en aquel país é inmediaciones de la laguna Meótis , Ponto y 
Danubio mucho antes los getas? ¿Como con los vestigios tan ma- 
nifiestos de haber sido su venida á aquel país desde el Asia inme- 
diatamente ? ¿ Como con haberse perdido tí quedado tan oculta la 
noticia de esta transmigración desde la Escandía , que entre tan- 
tos orígenes como de sí contaban los mismos scitas y los comar- 
canos á ellos , ninguna memoria permaneciese de haber venido allí 
de las partes del septentrión? ;Y como finalmente con haber sido 
esto ignorado y oculto á la diligencia de Hertídoto , á la inmedia- 
ción de Ovidio , al conocimiento de Estrabon , y al trato tan fre- 
qiiente que en todos los tiempos posteriores tuvieron los godos 
con los romanos , pasando á sus tierras , militando en sus exérci- 
tos , habitando de paz en sus ciudades , y sirviéndoles muchos de 
esclavos , sin que en tanto tiempo nadie lo hubiese sabido sino 
Jornandes tí Ablavio ? 

Pero volviendo al 'origen de los scitas , nos pudiéramos valer 
de otros muchos medios para probar que procedieron de Magog 
hijo de Jafet y nieto de Noe. Hay fortísimas conjeturas , ademas 
de la semejanza de los nombres , que persuaden haber sido Jafet el 



ipo MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

Japeto de los griegos , y que por ser padre de las naciones de Eu- 
ropa quedó en ella mas conocido que sus hermanos. Asilo sienten 
muchos autores ; aunque no faltan otros que lo impugnan , por no 
convenir la edad de Jafet con la que es preciso considerar á Jape- 
to , siendo este padre de Prometeo y abuelo de Deucalion , el qual 
vivid según los mármoles de Arundel 1500 años antes de Christo. 
El Prometeo hijo de Japeto, que fingieron los antiguos ligado al 
monte Cáucaso, cree Samuel Bochart l era Magog hijo de Jafet, el 
qual por haberse establecido en el pais cercano á aquel monte , dio 
motivo á esta fábula ; y á la del águila que le consumía las entra- 
ñas , un rio llamado Aero? , esto es águila , ya por razón de su mu- 
cha rapidez , d ya porque así fue su nombre propio : el qual rio, 
incomodando con sus avenidas las tierras cercanas , tenia en con- 
tinuo desasosiego á sus habitadores, significados alegóricamente en 
el nombre de su primer padre y progenitor , hasta tanto que algún 
varón fuerte é industrioso , á los quales daban el nombre de Hér- 
cules los antiguos , los liberto de la pensión , buscándole mas có- 
modo desaguadero , d poniéndole reparos que escusasen los daños 
de sus inundaciones. Por esto dixeron que Hércules habia liberta- 
do á Prometeo matando al águila que lo devoraba. 

Para probar Bochart que el Magog de la Escritura es el Pro- 
meteo mismo de los griegos , se vale de una fortísima conjetura y 
argumentación; y consiste en que siendo máxima de los antiguos 
fundadores de ciudades imponerles sus nombres , los de sus padres 
d hijos , se encuentra en Luciano a la noticia de haber sido opi- 
nión comunmente recibida entre los habitadores de la ciudad de 
Hierápolis que el templo dedicado en ella á la diosa llamada Siria 
habia sido fundado por Deucalion. Y como por otra parte Pu- 
nió 3 , hablando de la misma ciudad de Hierápolis ó Bambice en 
la Celesiria , añrma llamarla los siros Magog ; se puede presumir 
que Deucalion la puso este nombre en honor de su padre , d que 
la nación toda, d la familia de Magog como entonces se diría, dio 
motivo para que se comunicase su nombre á la misma ciudad. 



1 Phaleg. lib.^. cap. 13. 3 Lib. J. cap. 23. 

2 De dea Syra. 



X) E LA II 1 S T O R r A. 



Ujl 



Según esto podremos establecer con bastante verisimilitud, que 
á los 531 años después del diluvio , o algo mas , paso Magog su 
asiento á la parte de entre el Aráxés y el Cáucaso, y que este Ma- 
gos fue el antiguo y primitivo Prometeo de los griegos. Desde en- 
tonces parece podrá contarse la antigüedad de la nación scítica : y 
que esta fuese muy remota , se prueba también con la disputa que, 
según refiere Justino ' , hubo sobre quales fuesen los primeros hom- 
bres , los scitas d los egipcios. Apunta las razones que cada parti- 
do alegaba á su favor , y concluye diciendo que los scitas habían 
quedado vencedores. No ignoramos que haciendo también Heid- 
doto 2 mención de esta misma controversia, la atribuye en lugar de 
los scitas á los fríges , cuya especulación no eé ahora de nues- 
tro asunto. 

VIII. Dexamos supuesto en el artículo antecedente que el país 
donde primero se estableció Magog con sus scitas fue entre el rio 
Aráxés y el monte Cáucaso ; pero el que así fuese , lo prueba muy 
bien Samuel Bochart 3 . Válese para ello de la autoridad de Estra- 
bon4, que hablando de los sacas , nombre que se daba general- 
mente á los scitas asiáticos , previene haber ocupado antes la me- 
jor parte de la Armenia , dexándola como en señal de su antigua 
dominación el nombre de Sacasena. También se vale de la de Jus- 
tino 5 , que dice haber fixado su asiento parte de los mismos scitas 
junto al rio Termodonal , que Plutarco llama rio de Scitia , y Fi- 
lostrato límite de esta provincia ; y sabiéndose haber estado el rio 
Termodon entre la Capadocia y la Armenia , se infiere que esta 
última provincia fue el primitivo asiento de los scitas. Plinio 6 po- 
ne junto al rio Apsaro en las provincias de Albania é Iberia á los 
sacasanos : y finalmente Diodoro sículo7, hablando del orden con 
que los scitas se fueron estableciendo y ensanchando , afirma que 
primero tuvieron su asiento junto al rio Aráxés , siendo aun en- 
tonces pocos y de corta consideración. 

Todo se comprobará con Herodoto , si volvemos á la memo- 

1 Lib. 2. í Lib. 2. 

2 Lib. 2. IT. 6 Lib. 6. cap. 10. 

3 Jn Pkaleg. lib. 3. cap. 13. 7 Lib. 2. 

4 Lib. 11. 



ip¿ MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

ria lo que acerca del paso desde el Asia á la Europa dexamos ad- 
vertido, esto es , haberle hecho los scitas hostigados de sus vecinos 
los masagetas , que con freqüentes y continuas correrías y guerras 
los incomodaban , por lo qual pasado el rio Aráxés de Armenia, 
se habián ausentado de su pais en busca de otros en que poder es- 
tablecerse con mayor quietud. Dos cosas podemos inferir de aquí, 
que harán á nuestro proposito : la primera ser conforme la estan- 
cia que supusimos de los scitas junto al Aráxés , á lo que de ellos 
asegura este escritor ; y la segunda poder nosotros conjeturar , que 
no solo vendrían los scitas asiáticos en aquella transmigración á la 
Europa que refiere Heródoto , sino que también es muy regular vi- 
niesen parte de los masagetas , ó que fuese de estos toda aquella 
expedición , aunque entendidos debaxo del nombre común de sci- 
tas. De esto se inferiría sin alguna repugnancia , haber venido con 
los scitas asiáticos los getas , y por consiguiente ser escusado bus- 
carles d creer de ellos otra transmigración que la misma que refie- 
re desde el Asia á la Scitia europea Herddoto. 

Para prueba de esta conjetura nos bastaría el cotejo de una no- 
ticia que se halla en Justino x , comparándola con la misma según 
está en Herddoto y en otros historiadores. Habla el primero de las 
guerras que Ciro rey de Persia hizo á los países de los scitas , á 
quien entonces dominaba su reyna Tomiris : refiere como esta le 
dexd pasar el rio Aráxés , término sin duda del imperio scítico por 
la parte del mediodía : y continúa con los demás sucesos de esta 
guerra hasta la muerte de aquel célebre conquistador en batalla por 
los mismos scitas. Llega á contar esta misma guerra Herddoto 2 , y 
afirma haberla hecho Ciro á los masagetas : describe los países que 
habitaban , especificando la misma circunstancia de haber pasado 
el rio Aráxés: advierte haber sido su reyna entonces Tomiris, y el 
modo con que se hizo esta guerra : y sobre todo añade , lo uno, 
haber quienes afirmaban que los masagetas eran una de las nacio- 
nes scíticas ; y lo otro , usar del vestido y comida semejante á los 
scitas. Describe sus particulares costumbres , y casi todas se ve 
que eran semejantes á las de los scitas. También Eusebio , refirien- 

i Lib. i. 2 Lib. i. cap. 202. y siguientes. 



DE LA HISTORIA. I93 

do en su Cronicón esta guerra de Ciro , llama á Tomiris reyna 
de los masagetas. 

A favor de esta misma conjetura parece puede estar Estra- 
bon ' , que hablando de las gentes que poblaban aquella parte del 
Asia cerca de la Albania , hace mención do Teo'fanes , soldado de 
Pompeyo , el qual afirmaba haber estado situados entre los albanos 
y las amazonas los gelas y legas , v^Aas , Aviy&q , pueblos scíticos. 
Plinio acuerda también á los gelas , á quienes dice llamaban los 
griegos cadiisios ; y siendo tanta la semejanza de gelas í getas , se 
puede muy bien conjeturar , ó que hubo la pequeña variación de 
una sola letra , conservándose el nombre de getas entre los scitas 
del Asia , d que tal vez puede ser yerro en los exemplares de 
Estrabon. De qualquier modo se califica bastante que hubo en- 
tre los scitas asiáticos alguna gente con tanta inmediación en su 
nombre al de getas , que no sea forzoso recurrir á países extra- 
ños y remotos para investigar su derivación. 

Si alguno pretendiese que el pais donde sucedió esta guerra de 
Ciro no fué el que ciñe el Aráxés , y que por él se ha de en- 
tender el Yaxartes , rio que según los geógrafos y escritores mas 
modernos ponia límites á los mismos scitas , no nos opondremos 
á este dictamen : pues siendo cierto que aumentándose los scitas 
no podían caber en el terreno que antes ocupaban , es forzoso 
persuadirnos á que en busca de nuevas tierras se extendieron á 
lo largo del mar caspio , hasta que llegando á su orilla oriental 
ocuparon todo aquel pais que desde el Yaxartes se dilata hacia 
el norte. 

Hablando Estrabon 2 de las divisiones que de las gentes scíti- 
cas habían hecho los griegos , numera como la mas antigua la de 
los que dieron á todos los que habitaban mas allá del euxíno , Is- 
tro y Adria los nombres de hiperbóreos , saurómatas y arimaspos ; y . 
á los que estaban al septentrión del mar hircano ó caspio , los de 
sacas y masagetas. Pomponio Mela 3 describiendo las costas de es- 
te mismo mar y las gentes que las poblaban , dice que sobre los 
scitas y sus despoblados , y sobre el seno caspio , que es uno de 

i Lib. ii. 2 Lib. ii 3 Lib. i. cap. i. 

Bb 



Ip4 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

los del mar así llamado , se hallaban los cañaros , masagetas , cadn- 
sios (que son á los que Plinio llama gelas) los Míranos y los iberos: 
lo que repite en otro lugar l , añadiendo que el Yaxártes y el Oxó, 
rios que desde las provincias de los sogdianos se extendian regan- 
do los desiertos de la Scitia , entraban al mar caspio en el seno 
llamado scítico , uno de los tres , que según los antiguos formaba 
dicho mar. Plinio , que igualmente entiende á los scitas extendi- 
dos desde el Yaxártes mismo al septentrión , numera 2 sus varias 
gentes con los nombres que á cada una distinguia ; y después del 
genérico de sacas , con que dice eran conocidos de los persas , es- 
pecifica como mas célebres entre los otros particulares , los de sa- 
cas , masagetas , dalias , esedones , ariacas , y otros que no son tan 
precisos á nuestro asunto. 

Del propio modo hablando Q. Curcio 3 de la expedición de 
Alexandro á estos scitas que estaban situados al septentrión del Ya- 
xartes , tenido entonces por el Tánais , nombra á los sacas , á los 
masagetas y á los dahas : de suerte que no puede quedar alguna 
duda en que allí fué el parage de su mas principal establecimiento. 
De esta observación nace una fortísima prueba de haber sido de 
allí de donde vinieron á la Europa todas aquellas gentes conocidas 
baxo el nombre común de scitas : pues si las mas principales y 
famosas de ellas , como dice Plinio , fueron los sacas , los masage- 
tas , los dahas , los esedones y los ariacas , y de todos se encuentran 
vestigios en los nombres de los scitas europeos , sat arcas , getas , 
dacos , esedones y axiacas ; ¿quien habrá que no crea que tanta uni- 
formidad no puede provenir de otra causa que de haberse hecho 
la transmigración de los scitas que refiere Herddoto de todas aque- 
llas gentes de que en el Asia se hallaba principalmente compues- 
ta esta nación ? Hácese tanto mas verisímil esta conjetura , quan- 
to vemos que en todas las guerras y expediciones de estas gentes 
no era una sola nación la que las hacia ; sino que uniéndose las 
varias que con distintos nombres reconocían un común origen , 
formaban numerosos exércitos con que contrarrestar al poder de los 
mayores príncipes. Lo mismo se comprobará con la descripción 

i Lib. 3. cap. 6. 2 Lib. 6. caf. 17. 3 Lib. 8. 



DE LA HISTORIA. ige 

que hablando de las gentes góticas hizo Procopio ' ,y que sin mu- 
cha diferencia se puede acomodar á sus progenitores , esto es , ha- 
ber sido siempre muchas las naciones góticas ; pero ser su dife- 
rencia solo en los nombres , no en la sustancia , en que venian á 
concordar , teniendo una misma naturaleza , una misma religión , 
unas mismas costumbres , y un lenguage mismo : de suerte que 
por todo concluye el propio autor , y con él podremos hacerlo 
también nosotros pasando su opinión de los godos modernos á los 
scitas d getas , que todos habian pertenecido á una misma gente , y 
que después se fueron distinguiendo por los nombres de sus parti- 
culares capitanes, o' por otras especiales costumbres o circunstancias. 
Si quisiésemos buscar apoyo á la misma opinión de haber ve- 
nido los masagetas asiáticos con los scitas , y sido los que con- 
servando el nombre de getas sirvieron de origen á los godos , no 
faltarian otras razones y conjeturas que lo persuaden. El padre 
Pezron 2 dice que la voz masagetas no significa otra cosa que 
getas nómades ó solitarios ; y asimismo afirma haberse los getas lla- 
mado antes masagetas : lo que no tiene repugnancia en la suposi- 
ción de aquel significado , pues claramente se infiere ser el nom- 
bre de getas el genérico de la nación , al que después se anadian 
en la composición otras partículas expresivas de sus peculiares cir- 
cunstancias. 

También hay mención de los masagetas entre las naciones scí- 
ticas de Europa cercanas al Danubio en el poeta Lucano , que ha- 
ciendo memoria de las guerras extrañas que habian en todos tiem- 
pos incomodado á los romanos , y deseando que estas se repitie- 
sen , con tal que se escusasen las civiles , dice entre otras cosas 3 : 
Non pacem petimus Superi : date gentibus iras : 
Nnnc urbes excite Jeras : conjuret in arma 
Miindus : achcemeniis decurrant medica Susis 
Agmina : massagetas scythicus non alliget Ister. 
De suerte que entendiendo por masagetas á los que el Istro d 
Danubio apartaba de las fronteras romanas , y colocándolos en- 

i Véase pag. 1^2. 3 Pharsal. lib. 2. v. 47. 

a Antiquité de la. nation des celíes. 

Bb2 



ICj5 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

tre las naciones de su ribera septentrional , no dexa duda en ha- 
ber estado estas gentes entre los demás scitas que se hallaban de 
aquel lado. 

Juntemos á esta prueba otra conjetura , y sea , que refiriendo 
Ctesías cnidio , cuyos fragmentos se conservan en la Biblioteca 
de Focio * , la guerra de Darío con los scitas europeos , de que ya 
dexamos hecha mención , advierte haber sido tomado por los per- 
sas un hermano del rey de Scitia Scitárces , llamado Masageta , al 
qual tenia en prisiones el rey su hermano por varios excesos que 
había cometido. Del nombre pues de Masageta dado á este gran 
personage de aquella nación , se infiere haber permanecido el de 
masagetas entre los scitas que pasaron á la Europa , y todo da in- 
dicios de la inmediata venida de esta nación desde el Asia , y que 
ella fué el origen de los getas entre los scitas del Danubio , y de 
los godos que les sucedieron. 

IX. A la probabilidad con que de lo antecedente se persuade 
la opinión de haber venido los scitas d getas , no de la Escandía 
como dice Jornandes , sino del Asia , añadiremos ahora , que pu- 
do ser error suyo el tomar una transmigración por otra : d á lo 
menos que habia llegado á su tiempo tan desfigurada la antigua 
tradición , que dio motivo á sus equivocaciones ; pues algunas de 
las particularidades con que refiere el paso de los godos d getas 
desde la Escandia , se pueden acomodar al que hicieron á Europa 
los scitas asiáticos. 

En la suposición de que el primer asiento de Magog , de quien 
procedieron los scitas , fué en aquella parte de la Armenia por 
donde pasa el rio Aráxés , no será desproposito discurrir , que la 
salida de la Escandia pasando en tres naves á la isla llamada Go- 
tiscancia , y de allí á la tierra firme , fué alguna antigua navega- 
ción que los scitas hicieron para pasar al lado oriental del mar 
caspio , donde se establecieron entre los rios Oxó y Yaxartes , y 
donde también estaban cercanos los masagetas. A todos estos- se 
les ofrecerían disensiones y guerras entre sí , y saliendo la parte 
que en ellas quedase inferior , en busca de nuevas habitaciones , en- 

i Códice 72. 



DÉLA HISTORIA. jgy 

caminándose á la Europa , es preciso se les ofreciesen varios rios 
que pasar , y en que pudo suceder lo que dice Jornandes del rio 
cuya puente se rompió , dexando unos á un lado y otros á otro. 
Tal vez sucedería esto en el paso del Borístenes , en cuya orilla y 
cerca de su desembocadura en el Ponto , colocan Plinio ' y el mis- 
mo Jornandes 2 la ciudad de Olbia o Olbiópolis , que otros como 
Pomponio Mela 3 , llaman Olbida ; la qual podemos conjeturar sea 
el 0<vim , con cuyo nombre , según Jornandes , se llamaban en el 
idioma del pais las tierras de la Scitia, termino de su transmigración 

Refiriendo Jornandes el origen de los himnos , dice que en 
tiempo del rey Filimer , que es quien supone conduxo los godos 
o' getas á la Scitia, hallándose entre ellos alguna» hechiceras , que 
en su idioma llamaban aliuriimnas , este rey las hizo apartar de su 
exército , y obligo á refugiar en las soledades : donde uniéndose á 
varios espíritus inmundos , se creia haber resultado aquella nación. 
Si supuesto algún principio de verdad en esta noticia , y enten- 
diéndola en términos mas posibles , esto es , haberse separado del 
todo del exército alguna porción , ya porque los arrojase el caudi- 
llo á causa de su mala conducta , d ya por otro accidente , pasamos 
á averiguar el pais donde primero habitaron los himnos , hallare- 
mos que según el mismo Jornandes 4 , fué al lado de allá de la 
laguna Medtis , en su orilla oriental á la parte del Asia. No pue- 
de admitir otro sentido la particularidad con que refiere haber pa- 
sado los himnos la primera vez aquella laguna , á saber , que guia- 
dos de una cierva que se presento á uno de ellos andando á ca- 
za , reconocieron como se podia pasar ; y dando noticia á sus 
compatriotas , convidados todos de la bondad de la descubierta 
región , dispusieron venir á establecerse en ella , y consiguieron 
apoderarse por entonces del pais que ocupaban los ostrogodos 
después de haber vencido las gentes intermedias. 

Para la seguridad de la noticia de haber estado los hunnos 
en aquellos parages,se refiere á Prisco su historiador: con cuyas 

i Lib. 4. cap. 12. thorum finibus advenere. Qnorum natio 

2 Cap. 5. Sseva , ut Priscus historicus refert ¡ n 

3 Lib. 2. cap. 1. Moeotide palude ulteriorem ripam inse- 

4 Tali ergo hunni stirpe creatl go- dit. Iorn. cap. 24. 



ip8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

noticias conviene el conde Zdsimo l , que escribió poco después 
del tránsito de los hunnos al país de los godos. Entre otras opi- 
niones acerca de su primer asiento , hace memoria de este del 
Asia como tradición de su tiempo ; desnudándola no obstante de 
la circunstancia de la cierva , y poniendo en su lugar , haber el 
Tánais traído y amontonado tanto cieno , que puso el bdsforo tra- 
cio en disposición de que le pudiesen pasar á pie. 

Dionisio en su Periegesi ó descripción del orbe hace memo- 
ria de las gentes que habitaban cerca del mar caspio , y dice que 
los primeros estaban los scitas , seguían los hunnos , y después 
los caspios. 

rrpwTot ¡jlIv ^kv^cu\ £(Viv , o?o/ Kpoi/í'e? ¿Ao? <¿y%i. 

TlOj^clXítuj vetfXiriV cava, <?¿f¿ct Kcta-Via^ oLhy.Y\q. 
Otioi/oi o ífyxW í7ri o ctvTolq Kocit'zs-íoí ocvofíg' 2 

Otros autores que hablan del origen de aquella nación , d de su asien- 
to primitivo , le colocan hacia aquella parte , como Tolomeo 3 , 
que pone á los chunos entre los hastiemos y roxólanos á las orillas 
de la laguna Medtis , diferenciándose en llamarlos chunos , hunnos, 
d unnos. 

De todo se infiere , que si los godos al hacer su transmigración 
dexaron estas gentes en el país que ellos habían ocupado antes, 
es consiguiente haber sido su camino , no desde la Escandía á la 
Scitia , sino desde la Scitia asiática á la Scitia europea. 

X. En el artículo V diximos que para probar la antiquísima 
habitación de los godos d getas á las orillas del Danubio , de mo- 
do que no se dé tiempo en que pudiesen haber venido allí de 
la Escandía , se nos ofrecían dos rumbos en las dos opiniones de 
los antiguos , que los creyeron unos scitas y otros traces. Hasta aquí 
hemos procurado probar con buenos fundamentos y congruencias 
que fueron scitas de origen : ahora manifestaremos brevemente , 
que aun dado caso de haber sido traces , no pudieron pasar des- 
de la Escandía á aquella provincia. 

1 Lib. 4. ostia tendunt. 

2 Principio scythicse gentes , satur- Inde hunni veniunt , sequitur qnos 

nia iuxta caspia pubes. Dionys. Perieg. 

¿Equora , quam longe caspi maris 3 Lib. 3. cap. j. 



DE 1A HISTORIA. jqq 

Con las mismas autoridades que prueban la existencia de los 
gctas cerca del Danubio hasta el tiempo de Pitágoras y Zamol- 
xis gético , se convence , que si se ha de admitir la transmigra- 
ción según la cuenta Jornandes, habrá de ser anterior á aquel tiem- 
po : y con todas las que dificultan en los precedentes á él este pa- 
so de los getas o' godos á la Scitia desde la Escandía se excluye 
igualmente el paso á la Tracia , respecto que esta provincia se ha- 
lla mas distante de aquella península, y por consiguiente necesi- 
tarían mas tiempo para su viage, y tendrian mas obstáculos que 
vencer , y mas gentes que sojuzgar hasta llegar á ella. Por esto 
los que afirmaron ser diversos godos y getas, fundaron principal- 
mente su opinión en la dificultad de que pudiesen ser unos mis- 
mos godos y traces , y mucho mas en que aquellos hubiesen de 
traer su derivación de estos : sirviéndonos á nosotros esta misma 
dificultad de un poderosísimo argumento con que probar inve- 
risimil el origen de los getas de la Escandía, en el caso de que 
estos , con la autoridad de los antiguos escritores , se hubiesen de 
reputar por una de las naciones de Tracia. 

Fueron los traces, según la opinión de Josefo r , derivados de Ti- 
ras uno de los hijos de Jafet; y añade haberse llamado también ellos 
tires antiguamente , pero que mudándoles los griegos el nombre 
los llamaron traces. De aquí se comprueba haber sido el estable- 
cimiento de Tiras en la Tracia uno de aquellos que con bastan- 
te probabilidad se puede atribuir al mismo tiempo , d al inme- 
diato de la dispersión. La cercanía en que se halla esta provincia 
á las del Asia , sin haber mas de por medio que el bósforo tra- 
cio en una parte, y las estrechuras del Helesponto en otra, ha- 
cían fácil el paso de Tiras á la Tracia : y si este fué el proge- 
nitor de las naciones establecidas en ella , ¿ como podrá verificar- 
se su transmigración desde la Escandía ? 

Los antiguos escritores profanos reconocen siempre a los tra- 
ces por originarios é indígenas de la misma Tracia , sin que se en- 
cuentre en ellos noticia de haber venido allí de otra parte. Por el 
contrario hay muchas de haber ido á establecerse á otras , y aun á 

i Antiq. lib. i. cog. 6. 



20O MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

la misma Asia , repasando los estrechos que los dividían. Muchos 
sucesos de la antigua mitología se dice ser propios de la Tracia , 
dando á entender que los griegos tomaron para ella la historia de 
sus antiguos personages. De allí se ven pasar á la misma Grecia mu- 
chos de los mas remotos héroes d personages de la antigüedad , co- 
mo Orfeo , Museo , Eumolpo , Tereo , Diomédes , Polímnestor , Re- 
so y otros anteriores d coetáneos á la guerra de Troya. Al tiem- 
po de esta se halla á Télefo rey de la Misia asiática , cuya nación 
se cree derivada de la europea , como también los bitinos y /ri- 
ges asiáticos de los tinos y briges europeos *. Mucho antes hay men- 
ción de la guerra que Erecteo sexto rey de Atenas tuvo con los 
eleusinios , en favor de los quales vino Eumolpo trace , que tra- 
yendo consigo gente de su nación se estableció en el Ática , y que- 
daron sus descendientes con el nombre de eumolpidas , conser- 
vando siempre el sacerdocio de la diosa Céres eleusinia , como que 
el mismo Eumolpo habia sido el instituidor de los sacrificios y fies- 
tas que se debían practicar en honor de ella. 

Síncelo , entre otras noticias de la antigüedad que incluyo en 
su Cronografía, hace mención de haber sido los traces los que en 
tercer lugar fueron señores del mar por espacio de 79 años , apli- 
cando este suceso á los tiempos como cien años antes de Salo- 
món. Pone su tránsito á ocupar la Bitinia , conocida antes con el 
nombre de Bebricia : acuerda la misma guerra de Eumolpo, dicien- 
do haber concurrido con la judicatura de Tola en Israel; y hablando 
de la edad de Orfeo y de Museo su discípulo , las coloca en tiem- 
po de los primeros juezes de aquel pueblo después de Moyses , 
y algún tanto antes de la ruina de Troya. De suerte que por 
todos medios se viene á concluir , haber sido constante desde los 
primitivos tiempos de la dispersión la estancia de los traces en 
su provincia ; y por consiguiente no ser fácil verificar el que hu- 
biesen venido allí los getas desde la Escandía , si como algunos 
suponen , fueron estos de origen traces : lo que se hace todavía mas 
difícil advirtiendo Pomponio Mela 2 que todos ellos eran una sola 
nación , aunque distinguidos con muchos nombres que los hacían 
parecer de diversas. 

1 Plin. lib. 5. cap. 32. a Lib. 2. cap. 2. 



DE LA HISTORIA. 201 

Ni merece ser omitido en este punto lo que reflexiona Es- 
trabon , que después de referir la guerra de los antiguos traces en 
el Ática con su rey Eumolpo , y su establecimiento en esta par- 
re de la Grecia , advierte l que en la mayor parte de nombres de 
los antiguos griegos había cierto ayre bárbaro d extrangero, como 
en Cecrope, CoJro , Eclo, Coto, Drtmas, Crinano ; dando á enten- 
der , que si no todos , muchos de los antiguos héroes de la Grecia 
fueron originarios de las provincias comarcanas , como lo fué Tra- 
cia. De todo se concluye , no haber proporción para creer venidos 
de la Escandía á los traces , ni alguna parte de ellos , qual lo serian 
los getas en caso de admitirlos por de aquella nación. 

XI. Hasta aquí hemos discurrido acerca de la imposibilidad de 
la transmigración de los godos desde la Escandía , mediante su an- 
tigua existencia en las orillas del Danubio , y las razones que per- 
suaden haber sido su tránsito inmediatamente desde el Asia : aho- 
ra veremos , quanto se oponen á la verisimilitud las circunstancias 
con que Jornandes y algunos modernos refieren su viage. 

En tres naves dice Jornandes 2 que salió de la Escandía la 
gente para esta expedición. Una de las tres se quedo atrás , por 
cuyo motivo la llamaron gepanta , que quiere decir perezosa , y 
gepidas á los que se embarcaron en ella. Las naves de entonces 
no serian de la magnitud que las de ahora : y así quedará al jui- 
cio de cada uno el formar concepto de quantas personas podrían 
ser las que hicieron este tránsito. La gente de estas dos naves 
arribo primero á la isla que de su nombre llamaron Gotiscancia 3; 
y pasando sin dilación á la tierra firme , asentaron sus reales en 
el pais de los ulmerugos , les presentaron batalla y los vencieron. 
Continuaron desde allí sus victorias contra los vándalos sus veci- 
nos ; y habiéndose acrecentado en excesivo niímero deliberaron , 
reynando ya su quinto rey Filimer , salir á ocupar otras tierras , 
como lo executaron encaminándose á la Scitia. En esta peregri- 

i Lib. 7. ripam : qnarum trium una navis , ut as- 

2 Meminisse debes , me ínítio de solet , tradiüs vecta , nomen genti fertur 
Scanzia: ínsula: gremio gothos dixisse dedisse ; nam lingua eorum pigra gepan- 
egresos cum Berich suo rege , tribus tan- ta dicitur. Jornand. caj). 17. 
tiim navibus vectos ad citerioris oceani 3 Caj>. 4. 

Ce 



202 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

nación al pasar un rio se les rompió el puente quando solo ha- 
bía pasado la mitad , de forma que ni los unos pudieron ir ade- 
lante , ni los otros volverse : añadiendo , permanecían allí vesti- 
gios de los que quedaron, en las voces que los caminantes refe- 
rian oirse de los ganados , y en las señales de hombres que se 
reconocían. 

El pretender que la gente de dos naves solas hiciese progre- 
sos tan considerables, arrojando de sus paises los pueblos que los po- 
seían , y en el espacio que vivieron quatro reyes , que apenas po- 
drían ser ciento y cinquenta años , aumentarse tanto que no ca- 
biendo ya en los paises que ocupaban , se viesen precisados á bus- 
car otros , atravesando provincias , y venciendo naciones guerreras, 
como lo fueron siempre las scíticas , son cosas que difícilmente 
se conciliarán el crédito aun de aquel que mas desee dársele. Pa- 
ra salvar estas inverisimilitudes por precisión recurrirá á uno de 
dos medios : d decir que al tiempo de esta transmigración se ha- 
llaban muy poco poblados los paises por donde se hizo , y esto le 
hará subir á muy cerca de la dispersión de las gentes : d que el 
modo con que Jornandes la cuenta , tiene mucho de lo exágerativo 
y de lo poético ; por lo qual no debe estarse á lo que expresamen- 
te dice , sino á lo que pudo ser en realidad. Pero qualquiera de 
estos medios tiene contra sí no pequeños embarazos. Si era pe- 
queña la población de las provincias por donde pasaron los go- 
dos, ¿como podia ser grande la de la Escandía , quando á sus ha- 
bitadores fué preciso pasar á ella por el mar báltico , d por las 
tierras remotas y ateridas del norte? ¿No era regular que ínte- 
rin ellos hacían este viage creciesen los pueblos que habian que- 
dado en tierras mas fértiles y climas mas apacibles , y que por 
esto no fuesen fáciles al corto número de escandin avíos , que de- 
xamos advertido hizo su transmigración , los vencimientos que se 
les atribuyen ? Y si se quisiere afirmar que fué cierta la transmi- 
gración de esta gente desde la Escandía , pero que se debe re- 
ducir su historia á solo aquello que la dexe verisímil ; conclui- 
remos que doscientos d trescientos d pocos mas hombres pasa- 
ron de aquella península , y desembarcando en la opuesta orilla 
del mar , fixaron allí su asiento después de haber vencido la opo- 



D B LA HISTORIA, 203 

sicion de los habitadores del país , y que multiplicándose en el, 
pasaron en forma de correría á los territorios confinantes , has- 
ta llegar á la Scitia donde se establecieron , familiarizándose des- 
pués con sus habitadores, y formándose de todos una sola nación. 
Entendido de este modo loque dice Jornandes ¿como se podrá afir- 
mar que los godos se derivaron de la Escandía, quando es for- 
zoso consideremos que el mayor níímero de sus ascendientes se- 
rian scitas ? La mezcla de escandinavios á la parte mas nume- 
rosa y principal de la nación á que se unieron , no pudo hacer 
que esta variase de origen : ni se puede atribuir al menor nú- 
mero lo que corresponde al todo ; deberá antes bien este absolver 
en sí las porciones que se le incorporan , confun|liendo el origen 
de ellas con el de la nación principal , como se ve en otras gen- 
tes y pueblos , á quienes no han causado alteración por lo que 
toca á su origen. 

Pero aun nos falta que examinar el tiempo en que pudo ha- 
cerse la transmigración. Jornandes con atribuir á sus godos las 
acciones de los antiguos scitas , le supone antiquísimo , pero no le 
señala ; y los modernos han querido suplir esta omisión. Juan mag- 
no que escribió la historia de los godos insertando una larga se- 
rie de reyes de la Suecia y Gocia , la qual empieza desde Magog 
y sigue hasta su tiempo, señala en el año 88 después del diluvio 
el paso de Magog á poblar la Escandinavia , entrando á ella por 
la Finlandia. Allí se mantuvieron sus descendientes durante el im- 
perio de doce reyes hasta el año 875 r . En este que , según el 
mismo autor, fué el 1430 antes de Christo, y concurrente con la 
judicatura de Otoniel , afirma haber sido la primera expedición de 
los godos , saliendo de su isla para establecerse en el pais de los 
nlmeriigos : y hecho cargo de la dificultad de haber sido solas tres 
las naves para este tránsito , interpreta que estas tres naves fue- 
ron , no el todo de la armada , la qual supone haber sido bas- 
tante numerosa , sino las que después de llegados á la isla Go- 
tiscancia envió el rey Berig á la tierra firme , para en vista de 
sus noticias pasar con el resto á hacer en ella el desembarco : 

-1 Ioann. mag. Hist. gothor. lib. 1. cap. ij. 

Ce 2 



j2 04 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

en lo qual no va muy conforme con Jornandes. 

En el país de los ulmerugos se mantuvieron los godos , según 
el mismo autor 1 , durante siete reyes , Berig , Gapto , Augis , 
Amalo , Balto o Galto , Gadarko y Filimer , baxo el qual hicieron 
su expedición á la Scitia y tierra llamada 0<vim cerca de la laguna 
Medtis y Ponto. Coloca la muerte de este último rey en el año 
995 después del diluvio , que según su computo fué el 13 10 an- 
tes de Christo ; y por consiguiente poco antes de este tiempo se 
habrá de entender que sucedió el paso de los godos á la Scitia. Vea- 
mos si esto conviene con las noticias que se hallan en Jornandes. 
Entre los reyes que dice Juan magno haber dominado á los 
godos durante su mansión en el pais de los ulmerugos , numera á 
los dos Amalo y Balto. Pone Jornandes la genealogía de Teodori- 
co rey de Italia 2 , que era descendiente de Amalo , y es esta : Gapt, 
Jíalmal , Augis , Amalo ó Amala , Isarna , Ostrogota , Unilt ,Athal, 
Achiulf , Ulduf , Valer avans , Vinitario , Teodemir , Teodorico. Des- 
de Amalo á Teodorico solo hubo , según esta genealogía , diez ge- 
neraciones , que entendidas con la distancia de 3 3 años de una á 
otra , como las regulaban los antiguos , viene á resultar que des- 
de el uno al otro solo pasaron poco mas de trescientos años. El 
mismo Jornandes 3 hace á Ostrogota concurrente con el imperio 
de los Filipos que empezó el año 244 : y siendo Amalo abuelo del 
mismo Ostrogota , por precisión se ha de deducir que existid no 
mucho tiempo antes que el nieto. ¿ Como pues podremos concor- 
dar el tránsito de los godos á la Scitia posterior al tiempo de Ama- 
lo , que según lo que se infiere de Jornandes debió vivir bastan- 
tes años después de la era vulgar , con la noticia que nos da Juan 
magno de haber sido 1210 años antes de la misma era? 

Para salir de este embarazo atropella la autoridad de Jornan- 
des por lo que toca á esta genealogía , insertando otros muchos 
reyes , á fin de completar el tiempo que necesita. Pero de esto 
mismo renace un inconveniente gravísimo : porque si las noticias 
de Jornandes en las cosas tan inmediatas á su tiempo merecen es- 
te abandono , ¿ que diremos de las que le tuvieron tan distante co- 

1 Id. cap. 16. &seq. 2 Cap. 14. 3 Cap. 16. 



DE U HISTORIA. 205 

nio cerca de dos mil años? Fuera de que ¿por donde se podrá 
dar crédito á Juan magno en las adiciones á la genealogía que for- 
mo Jornandes , quando escribe mil años después del mismo Jor- 
nandes , sin escritores ni monumentos con que probarlas ? 

Pernos no obstante que la transmigración de los godos se 
haya de sefialar en el tiempo que se pretende, esto es , 13 10 años 
antes de Christo el viage á la Scitia.y 1430 su paso desde la Es- 
candía : entonces habremos de recaer en la dificultad de que seme- 
jante noticia se pudiese haber conservado hasta la edad de Jornan- 
des. A dos están reducidos los modos de conservarse en los pue- 
blos la noticia de su antigüedad , uno la tradición , otro la escri- 
tura. Por lo que toca á la tradición vulgar , nadie ignora que mu- 
chas de las noticias que nos han venido por su medio , aun da- 
do caso que tengan algún principio de certidumbre , están mez- 
cladas con particularidades fabulosas. En casi todas las nacio- 
nes se hallan pruebas de esto , luego que se reconocen los oríge- 
nes que de sí cuentan. El deseo de ensalzar las propias glorias , la 
distancia grande de tiempo , la casi infinita muchedumbre de per- 
sonas por donde necesita pasar la noticia , y finalmente la senci- 
llez y credulidad de las primeras gentes , son motivos para que 
se deba desconfiar de semejantes antigüedades , no solo quando las 
hallemos opuestas á la razón , d á lo que por otra parte nos cons- 
ta , sino también quando nos parezcan verisímiles. Pero se dirá 
que acaso los godos pudieron conservar la noticia de su transmi- 
gración por medio de la escritura. Para satisfacer este punto es pre- 
ciso decir algo del principio de las letras entre ellos. 

Que Ulfilas , o Gulfilas como le llama san Isidoro , invento 
entre los godos del Danubio las letras góticas que después se lla- 
maron ulfilanas , lo afirman el mismo santo doctor x , Sócrates 2 , 
Recobaldo ferrariense 3 , Gotfrido viterviense 4, Otón frisingen- 
se 5 , Krantzio 6 , y otros que cita Olao Vorrnio 7 : pero entre to- 
dos merece mas alto lugar Filostorgio 8 , que habiendo escrito á 

1 Hist. gothor. 5 Chron. lib. 4. cap. 16. 

2 Hist. eedes. lib. 4. cap. 27. 6 Lib. 2. Suecia cap. 26. 

3 Chron. 7 Wormius .Literat. rúnica , c. 20, 

4 Chron- part. 16. ad ann. 573. 8 Apud Photium, lib. 1. Hist. n. 5. 



206 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

principios del V siglo , y antes que san Isidoro , asegura haber si- 
do este Ulfilas el inventor de peculiares letras para ellos , y el tra- 
ductor en su idioma de las sagradas escrituras. El tiempo en que 
floreció este Ulfilas se cree fuese imperando Valente , á mas de me- 
diado el IV siglo christiano : con que si hasta él no hubiesen te- 
nido letras los godos , admitiendo el cómputo de Juan magno , ha- 
bríamos de concluir , que desde su primera transmigración de la 
Escandía hasta la introducion de ellas pasaron 1800 años. 

En estos términos ¿ á quien no hará gravísima dificultad , que 
no pudiendo tener por escrito esta noticia , se conservase tanto 
tiempo en una nación aplicada continuamente al exercicio de la 
guerra , que por las repetidas incursiones padecía indispensables 
mudanzas con el acrecentamiento de los que por igual inclinación 
se la unían ? ¿ Quien se podrá persuadir que en este pueblo beli- 
coso é inquieto se pudo verificar tal exceso de diligencia , que guar- 
dase incorruptas unas memorias de la antigüedad , cuyas semejan- 
tes no han logrado otros muchos mas cultos , y con mayor pro- 
porción para conservarlas ? 

Ni para deshacer esta dificultad será bastante decir , que la noti- 
cia de la transmigración se contenia en los cantares de los godos: 
porque es muy factible que estando en ellos obscuros los nombres 
de provincias y lugares por donde la hicieron , se valiese Jornan- 
des del arbitrio de interpretarlos , y que padeciese equivocación. 
Pero aun supuesto que hablasen en el mismo sentido que él les 
dio' , ¿ quien podrá asegurar que en ellos no se introduxeron tantas 
fábulas como en algunos de nuestros romances , donde hay guer- 
ras y personages , d del todo supuestos , o á quienes se atribuyen ac- 
ciones y sucesos , que sin embargo de tener algún fondo de ver- 
dad , es mayor el número de cosas fingidas y extraordinarias con 
que se solicita la admiración de las gentes incultas d crédulas ? 
También es digno de reflexión , que estos cantares de los godos 
se pudiesen conservar tantos años antes de introducirse entre ellos 
el uso de la escritura ; y que después que con el auxilio de ella 
seria mucho mas fácil , se desvaneciesen de modo que solamente 
Jornandes sea testigo de su existencia. 

La fuerza de este argumento ha obligado á los autores á bus- 



DE LA HISTORIA. ;> - 

car medios de evadirle : y siendo el mas proporcionado negar que 
hasta Ullilas fuesen desconocidas las letras entre los godos , lo prac- 
tican así, diciendo que Ululas solo fué acrecentador del anticuo 
alfabeto que ya tenian , reduciéndole á mayor conformidad con 
los caracteres griegos y latinos de que el antiguo gótico estaba muy 
distante ; y por fin , que el alfabeto de que hasta Ulfilas habían 
usado los godos era el runo que sacaron de Escandía , el qual so- 
lo contenia diez y seis letras. 

Dexemos á parte lo que sobre la antigüedad de las letras ru- 
nas en aquellos paises del septentrión dicen Juan ' y Olao inag- 
no 2 , Olao Vormío 3 y Olao Rudbekio 4 ; y vamos á que pa- 
ra que aquel discurso tuviera alguna eficacia , erar necesario admi- 
tir como principio lo mismo que se disputa. Quando se difi- 
culta la transmigración de los godos desde la Escandía , y quan- 
do no alegan positivo testimonio alguno para convencer que an- 
tes de Ultilas usaron de las letras runas , de poco sirve probar 
que los habitadores de aquella provincia tuvieron desde muy an- 
tiguo letras , para inferir que también las tuvieron los godos del 
Danubio antes de Ullilas : pues los que niegan lo primero , no pue- 
den admitir lo segundo ; y mucho mas teniendo á su favor las 
autoridades referidas , que afirman haber sido Ulfilas el que des- 
cubrió á los godos del Danubio el uso de las letras. 

Que no las tuviesen en lo mas antiguo los habitadores de 
aquel pais , lo persuade en algún modo el haber usado de símbolos 
para explicarse. Así sucedió al ir contra ellos el rey Darío de Persia, 
á quien enviaron con un mensagero aquellos quatro dones de un 
páxaro , un ratón , una rana y cinco saetas , como dice Hero'do- 
to 5 , o según refiere Clemente alexandrino 6 con autoridad de Fe- 
récides siró , un páxaro , un ratón , una rana , un dardo y un ara- 
do : los quales dones , según la interpretación de Gobrias prin- 
cipal persa del exército de Darío , daban á entender , que si los 
persas no salían de la Scitia convertidos en aves caminando por 
el ayre, o buscando como ratones conductos subterráneos por don- 

i Hist. goth. lib. i. cap. j. 4 Jn Athlant. cap. 3^. 

2 Rer. goth. lib. 1. cap. 30. 5 Lib. 4. 

3 Literat. rúnica , cap. 20. •. 6 Sí rom. lib. j. • 



2o8 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

de escapar , d como ranas no procuraban atravesar las lagunas , no 
volverían á sus patrias ; antes quedarían todos muertos con las sae- 
tas de aquellos naturales. Es cierto que el uso de la escritura sim- 
bólica no es suficiente prueba de que no tuviesen letras: pero co- 
mo por una parte el uso de los símbolos ha solido preceder á la 
introducción de las letras en algunos pueblos , y por otra aquellas 
gentes del Danubio usaron de símbolos en una ocasión en que pa- 
rece que si tuvieran letras las hubieran usado para explicarse con 
claridad , podemos inferir que no las tenían. 

Viendo la debilidad de estas pruebas los modernos defensores 
de la transmigración desde la Escandía, la han procurado salvar es- 
tableciéndola muy posterior al tiempo en que Juan magno la co- 
loco. Afirman pues haber sucedido poco antes que estas gen- 
tes fuesen conocidas con el nombre peculiar de godos en las cer- 
canías del Danubio , esto es en tiempo del emperador Decio. Ba- 
xo este principio , y prefiriendo forzosamente la opinión de que 
fueron distintas naciones getas y godos, forma su sistema déla trans- 
migración de estos al Danubio Juan Isaac Pontano en su Descrip- 
ción de Danta r . Dice que los gutas , pueblos de la Escandía á 
quienes menciono en ella Tolomeo , salieron de aquel pais , y atra- 
vesando el báltico , se establecieron en la costa del mar que per- 
tenecía á la Gemianía , desde donde pasaron después en otra ex- 
pedición hasta el Danubio. Procura descubrir el tiempo en que 
pudo suceder esto ultimó ; y valiéndose de la noticia que trae Es- 
parciano , de haberse dicho á Antonino Caracalla que podía to- 
rnar el sobrenombre de gético , con alusión á la muerte que dio 
á su hermano Geta , y llamarse así los godos del Danubio , in- 
fiere que antes de este emperador seria dicho tránsito. 

Pasa de aquíá querer determinar el tiempo fixo en que pudo 
suceder , procurando salvar el silencio que hay de ella en los 
escritores contemporáneos. Para esto se aprovecha de la noticia 
que Jornandes da 2 de los asdingos citando á Dexípo , que re- 
feria haber hecho su viage desde el océano hasta los confines del 
¡romano imperio en el espacio de un año solo : de la autoridad de 

i Pag. 675. 2 Cap. 22. 






DE XA HISTOUIA. o 

Dion Casio ' en su compendiador Tcodosio , que asegura haber 
llegado los astillaos á la Dacia en tiempo del emperador M. Au- 
relio, trayendo por sus capitanes á Rao y Rapto, á pedir tierras y 
estipendios con que establecerse en ella : y de la de Pedro pa- 
tricio 2 , que hablando de los mismos astingos , dice vinieron ellos 
y los lacringos. De todo infiere que estos astingos eran los go- 
dos , y que su acelerada transmigración desde las costas del océa- 
no hasta la Dacia y el Danubio se ha de colocar en el imperio 
de M. Aurelio el filosofo , que habiendo empezado el año 16 1 
de Christo , llego' hasta el año 180. 

Esta opinión al paso que con la novedad lisonjeo á Ponta- 
no creyendo vencidas con ella todas las dificuli&des , incurre en 
otras mucho mayores , violentando los textos para que puedan 
servir á lo que se pretende. Los asdingos expresamente dice Jor- 
nandes que eran una familia ó parcialidad muy esclarecida entre 
los vándalos , de cuya estirpe era su rey Visumar , de los quales 
afirma haber hecho su tránsito desde las orillas del océano á las 
del Danubio : pero al mismo tiempo cuida de distinguirlos de los 
godos , pues dice que estos confinaban con aquellos por el orien- 
te , y expresa la oposición con que unos á otros se miraban , ha- 
ciendo la guerra Geberich rey de los godos , que lo era en tiempo 
del emperador Constantino, á Visumar rey de los vándalos. La opi- 
nión que pretende fuesen los asdingos los mismos godos , confunde 
también á estos con los vándalos , y quiere salvar con los sucesos 
de estos los que se atribuyen á aquellos. Si vándalos , asdingos ó as- 
tingos, y godos vinieron juntos, ¿como tan presto se dividieron, for- 
maron distintos reynos , se apoderaron de diversos países , y per- 
diendo la atención de su común origen , guerrearon unos con otros 
y se procuraron destruir , sin que nos digan la causa de esto los 
historiadores , como lo hacen con los gépidas y hunnos? 

Ni las autoridades de Dion Casio y Pedro patricio favorecen 
aquella interpretación , pues solo podrán servir de apoyo á que hu- 
bo astingos cerca del Danubio en tiempo de M. Aurelio, á lo qual no 
nos oponemos; mas no que baxo este nombre se deban entender los 

1 Lib. 71. 3 In excerp. delegationibus. 

Dd 



210 MEMORIAS DE LA ACALEMIA 

godos, ni que estos hubiesen pasado allí desde las riberas del océano. 
Es cierto que Procopio numera á los vándalos por una de las 
naciones góticas , diciendo haber sido las que sobresalian entre 
ellas tanto en el número como en la dignidad los godos , los ván- 
dalos , los visigodos y los gépidas , y que estos antiguamente se lla- 
maban saurómatas y melanclenos, dándoles también algunos el nom- 
bre de getas , pero que solo se diferenciaban en las denominaciones. 
De modo que llevando el dictamen de este autor cesa el inconve- 
niente de haber entendido la transmigración de los godos , por la 
misma que se dice haber executado los vándalos y asdingos ó astingos. 
También es cierto que quando describe Plinio l las cinco na- 
ciones en que afirma dividirse las que componían la antigua Ger- 
mania , numera por la primera á los •víndilos , advirtiendo que eran 
parte de esta nación los burgundiones , los <varrinos , los cariños , y 
los guttones. Ni es muy distante del mismo sentir Cornelio Táci- 
to , que hablando de las antiguas denominaciones con que fueron 
distinguidos los germanos , ó las varias naciones que comprehen- 
did esta común voz , dice haber sido las de marsos , gambrewios, 
suevos y •vandalios ; y aunque no especificó si en su tiempo per- 
manecían los últimos con este nombre , ni hacia que parte de la 
Germania tenían su asiento , por los otros geógrafos podremos de- 
terminar que era en la costa del báltico , donde estuvieron tam- 
bién antiguamente los gotones. Con que hallando haber sido los 
mismos gotones una de las naciones de los vándalos , y constando 
el paso de estos á las riberas del Danubio , parece fundada la con- 
jetura de que los gotones fueron los que después con el nombre de 
godos se hicieron tan famosos en aquellas partes. 

Este discurso , que á primera vista parece bien fundado , pade- 
ce no pequeñas dificultades para haber de ser admitido en el todo 
de sus partes, y principalmente en lo que por él se pretende con- 
cluir. No negaré yo que no viniesen algunos gotones mezclados 
con los vándalos , de cuya nación eran parte ; porque la misma 
historia de estas gentes manifiesta con bastantes exemplares , que 

i ^ Gertnanorum genera quinqué ; vindili , quorum pars burgundiones , varrini, 
carini , guttones. Lib. 4. cajf. 14. 



DEL A HISTORIA. üjj 

guando alguna de sus naciones se movia , llevaba tras sf otras di- 
versas que tenían iguales motivos é inclinación. Toda la dificultad 
está en que se hayan de entender por estos gotones los godos, que 
es la opinión de Cluverio , cuya impugnación se esfuerza dicien- 
do , que no es regular la derivación del nombre de gofos del de 
gotones , antes bien por el contrario se puede creer que el de es- 
tos fue derivado del de gofos que es mas simple , y por consiguien- 
te demuestra haber sido primero. Ni favorece aquella opinión el 
modo con que se terminaban los nombres de aquellos antiguos 
pueblos, como burgundi burgiindiones ,frisii frisiones , pkt i pido- 
nes , y otros : pues el argumento solo valdría en caso de que en- 
contrásemos á los godos llamados también con el nombre de goto- 
nes , lo que no sucede así en quantos escritores tratan de ellos. Y 
por otra parte desdiría mucho de la grandeza y magestad de la na- 
ción goda , de sus grandes progresos y esclarecido nombre , de su 
preeminencia entre todas las naciones del Danubio , y de la cons- 
tante opinión de haber sido siempre sojuzgados los vándalos por 
los godos , el establecer á estos una parte o nación accesoria de 
aquellos , y por consiguiente obscurecidos debaxo de su común 
nombre. Así parece mucho mas probable y verisímil el que no fue- 
sen los famosos godos aquellos que viniesen auxiliares ó agregados 
á los vándalos (aun concedido el tránsito con estos de los goto- 
nes); sino por el contrario, los que permaneciendo sin intermisión 
superiores y distinguidos en las inmediaciones y riberas del Da- 
nubio , tuviesen tanta mayor proporción para las empresas y ac- 
ciones que de ellos refieren las historias ; mucho mas quando á lo 
mismo conspira la identidad de godos y getas , constantemente 
fundada con el testimonio de tantos y tan clásicos escritores co- 
mo quedan citados. 

Ni la autoridad de Procopio debe ser de grande considera- 
ción en la parte que coloca á los vándalos por una de las nacio- 
nes góticas. Este autor escribía en el sexto siglo , y habiendo si- 
do en él y en el antecedente la salida de todas estas gentes de la 
misma orilla septentrional del Danubio , no es irregular fuesen 
tenidas por de un común origen y naturaleza , quando de ellas 
apenas se sabia mas que los daños que causaban en las tierras del 

Dda 



212 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

imperio , y las repetidas irrupciones con que las fatigaban. 

De todo lo hasta aquí dicho resulta , que la opinión expresada 
de Pontano padece las graves dificultades que van expuestas ; que 
para su verificación es preciso afirmar que toda la historia de Jor- 
nandes, por lo tocante á las antigüedades de los getas y tiempo de 
la transmigración de los godos , es incierta , mal colocada , y digna 
del desprecio y de la corrección ; que los autores que prefirieron 
el sentir de haber sido unos mismos getas y godos , procedieron 
en ello con error y poco conocimiento ; y finalmente , que la ve- 
nida de estos últimos deba colocarse sucedida después de la era 
christiana , y con solos algunos años de anticipación al tiempo en 
que se dexaron ver con el nombre de godos estas gentes en las in- 
mediaciones del Danubio , por solas las débiles conjeturas en que 
estriba para tal aserción el autor referido. Pero sobre todas ocurre 
la casi insuperable de que los gotones sean derivados de los gutas 
de la Escandía , como quiere Pontano y los que pretenden sacar 
el origen de los godos de aquella provincia : pues constando por 
Plinio , Cornelio Tácito y Tolomeo de la situación en la Germa- 
nia de los gotones ó gitones , refiriéndose el primero á la autoridad 
de Piteas masiliense I , que floreció en tiempo de Tolomeo fila- 
delfo, 285 años antes de Jesu-Christo ; es forzoso para salvar su 
derivación de los gutas, transcender mucho mas arriba de esta épo- 
ca , y en tal caso se da en el inconveniente ya tocado , de que pu- 
diese noticia de tanta antigüedad conservarse en la memoria de 
aquellos pueblos y permanecer hasta el tiempo de Jornandes, mu- 
cho mas advirtiendo el mismo Tácito 2 , que á los germanos los 
creía indígenas ó naturales del pais , y de ninguna suerte mez- 
clados con gentes venidas á él de otras partes : lo que al menos 
da á entender que á este autor , no obstante su mayor inmedia- 
ción , no llegaron las noticias de la derivación que se pretende 
acomodar á los gotones. 

XII. Para dar el debido complemento á nuestra investigación, 

1 Pytlieas guttonibusGermaniaí gen- 2 Ipsos germanos indígenas credide- 

íi accoli sestuarium oceani , Mentono- rim, minimeque aliarum gentium adven' 

mon nomine , spatio stadiorum sex mil- tibus & hospitiis mixtos. Tacií. de mo- 

lium. Plin. lib.^-¡. sect. XI. n- r. ribus german. cap. 2. 



DE IA HISTORIA. 2 12 

falta que reconozcamos á la luz del mas maduro examen el sen- 
tido de las autoridades y el peso de las razones , eon que los pa- 
tronos de la opinión que afirma la transmigración de los godos 
desde la Escandía á las riberas del Danubio , han procurado esta- 
blecerla , buscando apoyo en otros autores mas antiguos que Jor- 
nandes á la aserción de este escritor , lo que habremos de practi- 
car por el mismo orden con que los produxo el Sr. D. Ignacio Lu- 
zan , desde el número 37 de su disertación. 

El primer autor que se cita es Casiodoro , por la conjetura de 
haber sacado Jornandes su historia de los godos de la que esotro 
dexó escrita sobre el mismo asunto. Pero constando no haber sido 
solo de Casiodoro de quien se- valió" Jornandes ^ino también de 
otros escritores , y que no 1-mrp mención de él para el suceso de 
esta transmigración , refiriéndose en quanto á ella á Ablavio y á 
los cantares de los godos ; es forzoso que qualquiera suspenda el 
juicio , y que no existiendo esta obra de Casiodoro , dude legíti- 
mamente que él fuese autor de tal noticia. Pues aunque el mismo 
Jornandes añada que muchos de los mayores habían sido de aquel 
parecer , no por eso se infiere concluyentcmente que lo fuese Ca- 
siodoro : no debiendo aquí omitirse dos circunstancias especiales 
que el mismo Jornandes advierte ; la una, no haber tenido presen- 
te la obra de este escritor para la formación de la suya , aunque 
retenia en la memoria lo principal de ella, habiéndola leido en el 
espacio de tres dias ; y la otra , haberle añadido muchas cosas de las 
historias griegas y latinas que le parecieron convenientes x . 

De Ablavio , el segundo escritor en apoyo de Jornandes , ha 
quedado tan corta noticia en los otros que gozamos , que ni se 
sabe el tiempo en que floreció , ni otra particularidad que lo re- 
comiende. Así no puede hacerse juicio formal de su mérito, ni hay 
motivo de estimarle acreedor absoluto á nuestra deferencia , y sí 

1 Superat nos hoc pondus, quod nec verba non recoló , sensus tamen & res 

facultas eorumdem librorum nobis da- actas credo me integre tenere. Ad qcos 

tur, cjuatenus eius sensui inserviamus. nonnulla ex historiis gracis ac latinis ad- 

Scd ut non mentiar,ad triduanam Iectio- didi convenientia. lornand. in prcefat. 

nem , dispensatoris elus beneficio , libros ad Castalium. 
ipsos ante hac relegi. Quorum quamvis 



214 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

por el contrario á nuestra desconfianza , por la obscuridad y poco 
nombre que le acompaña. 

La autoridad que se cita de san Prospero , bien atendida , no 
prueba la transmigración á que se pretende acomodar J ; pues solo 
dice que los longobardos salieron de la Escandía con sus capitanes 
Ibórea y Ayon , colocando este suceso en el consulado de Ausonio 
y OÜbrio,que viene á ser el año 379 de Christo, con cuya asigna- 
ción de tiempo conviene Paulo Warnefrido que lo determina al 
quarto siglo de la iglesia 2 : y ya se ve que en él no solo habían 
pasado muchos años de estar los godos situados en la Scitia y ri- 
beras del Danubio , sino que eran allí bien conocidos por las guer- 
ras que habían sostenido , y por las varias irrupciones que habían 
hecho en las provincias sujetas al romano imperio. Así aun quan- 
do se admita como cierta la noticia de que los longobardos salie- 
ron de la Escandía en el quarto siglo , mal se puede inferir que 
su transmigración fuese la misma que se quiere aplicar á los go- 
dos , sucedida indisputablemente tantos años antes. 

No es de nuestro asunto aquí el entrar en la disputa de que 
puedan ser unos mismos longobardos y godos , d naciones de un 
común origen 3 : los defensores de la opinión que así lo afirma, 
verán como han de componer esto con la autoridad de Tácito, que 
menciona á los langobardos entre los que poblaban la Germania, 
colocándolos junto á los chóruscos y teniéndolos por una de las na- 
ciones suevas ; como con Estrabon que establece los langosarcos, 
que , según Casaubon , parece son los mismos longobardos, del la- 
do de allá del Albis , correspondiendo á lo mas interior de la Ale- 
mania 4 ; y como con Veleyo Patérculo , que hallándose prefecto 
de caballería en las guerras que hizo Tiberio en la Germania á 
los fines del imperio de Augusto , y contando las naciones que en- 
tonces fueron vencidas ó sujetas , afirma haber sido quebrantados 
los longobardos , gente mas feroz que la misma fiereza germáni- 

1 Prosper. in Chronico. prdiis & periclitando tuti sunr. Tacit. 

2 Paul, Warnefrid. lib. r. cap. 22. de morib. germ. num. 40. 6* 2. Annal. 

3 Contra langobardos paucitas nobi- cap. 4.4. itetn 11. Attn. cap. 17. 

litat , quod plurimis ac valentissimis na- 4 Strabo , lib. 7. é* ibi Casaubon. 
tionibus cincti non per obsequium , sed 



DE IA HISTORIA. oj, 

ca T ; que á nosotros nos será mas fácil entender distintas á las dos 
naciones de godos y longobardos , y desembarazarnos de este mo- 
do de la dificultad. 

Ni son de mucha fuerza las pruebas con que se pretende es- 
tablecer la identidad de estas dos naciones. Procopio , que es quien 
afirma ser naciones góticas , ademas de los godos y visigodos , los 
vándalos y lósgapaides ó gepides , escribió , como hemos notado, 
en el sexto siglo , en que se hallaban ya mezcladas y no bien dis- 
tinguidas las unas de las otras, en los exércitos concurrían freqüen- 
temente todas ó muchas de ellas , las expediciones las solian ha- 
cer de común consentimiento , llevando cada una sus reyes ó ca- 
pitanes , y subordinándose otras veces las mas débfles á las mas po- 
derosas ; y como entre ellas sobresaliese el valor y magestad de los 
godos , fue consiguiente que á todas aquellas septentrionales , que 
venían de la misma parte de la Scitia , se les aplicase el nombre de 
góticas , aunque su origen fuese del todo distinto- 

Pero aun admitido que los gépidas fuesen de origen godos , se- 
gún también lo insinúa Jornandes , refiriendo el motivo de habér- 
seles dado este nombre por la tardanza en el caminar , y desaten- 
dida la etimología que algunos les dan de que significase y%c, Trcufos 
hijos ó nacidos de la tierra , todavía quedará la dificultad de su se- 
paración en langobardos y ávares. El mismo Paulo Warnefrido 2 , 
á quien se pretende hacer autor de ella , hablando en su historia 
de los langobardos , de sus guerras con los gépidas , da bastante- 
mente á entender la anterior situación y establecimiento de estos 
en el país cerca del qual vinieron á fixar su asiento aquellos , aña- 
diendo que los ávares , que en realidad eran himnos , estaban con- 
federados con los langobardos , y que siendo vencidos por estos 
los gépidas, y muerto su último rey Cunimando , quedaron tan que- 
brantados , que los unos se sometieron á los mismos longobardos, 
y los otros á los huimos. Esto vino á suceder en el imperio de Jus- 

i Fracti longobardi gens etíam feri- peresse bello poterant aut langobardis 

tate germana ferocior. Paterc. lib. 2. subiecti sunt , aut usque hodie hunnis, 

2 Gepidarum vero genus ita est di- eorum patriam possidentibus , duro im- 

minutum , ut ex illo tempore ulrra non perio subiecti gemunt. Paul. Warnef. 

habuerint regem , sed oniversi qui sü- lib. i. caj>. 27. 



2l6 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

tiniano , y de ello se puede inferir se derivase la noticia de dividir 
los gépidas en longobardos y ávares , que da el autor de la Histo- 
ria miscela , citado por el Sr. Luzan , no porque en realidad lo 
fuesen , sino porque quedaron repartidos entre las dos naciones, 
sujetos á ellas y formando con las mismas su estado político : con 
lo qual queda desvanecida la identidad de gépidas y longobardos, 
y probado no haber fundamento sólido para que se deba entender 
nación goda , hablando con propiedad , la longobarda. 

San Epifanio , que también se cita por la opinión del origen 
de los godos de la Escandia , nada dice que sea á favor de ella: 
pues no lo es el afirmar que Audeo , desterrado á la Scitia , penetro 
hasta lo mas interior de la Gocia, y allí edificó monasterios, y con- 
virtió muchos de sus habitadores á la fe. Este suceso acaeció en 
tiempo del emperador Constancio , y por consiguiente á mediados 
del quarto siglo : en cuya suposición mal pueden entenderse las in- 
terioridades de la Gocia por la Escandia , siendo cierto que por 
aquel tiempo y mucho antes se hallaban establecidos los godos cer- 
ca del Danubio , como queda concluyentcmente demostrado y no 
pueden negar los patronos de la contraria opinión. Ni por otra 
parte es verisímil que la entrada de Audeo hubiese de ser hasta 
aquella península tan distante , siendo mas fácil de creer que san 
Epifanio quiso decir haberse internado en los países que ocupaban 
los godos , hasta penetrar lo mas interior de ellos ; pues con esta 
inteligencia queda cómodamente puesto el sentido de su autori- 
dad , mucho mas no siendo en el tiempo de san Epifanio tan des- 
conocidos los godos , que pudiese haber propuesto como pais su- 
yo , el que estaba tan lejos de su principal asiento y situación. Pe- 
ro aun dado que este autor hablase de la Gocia de la Escandina- 
via , ¿ quien habrá que asegure por solo esto haber de ella salido 
los godos para ir á la Scitia , y no por el contrario venido de la 
Scitia á la Gocia , como parece mas natural ? A la verdad la auto- 
ridad no es decisiva para tal ilación , y antes sí indiferente de su- 
yo y aplicable á uno y otro sentido. 

El testimonio de Claudiano y de los demás escritores que enun- 
cian haber venido estas gentes del septentrión , no será del mayor 
momento á quien hubiere visto en Ovidio lo que se entendía por 



DE XA HISTORIA. 21/ 

septentrión hacia aquellas partes , donde él pasaba su destierro ; y 
mucho mas si se reflexiona que con efecto baxaron los godos á la 
Tracia y otros países de los romanos , de los que eran respecto de 
ellos septentrionales. 

El celebre geógrafo Estrabon , que daría un gran peso á la sen- 
tencia hasta aquí impugnada si con su dictamen se inclínase á la 
parte de afirmarla o de darla á entender, reflexionado bien su con- 
texto, solo dice haber sido todas estas naciones vagantes y sin fixo 
establecimiento ; y que las unas arrojaban á las otras de los asien- 
tos que tenian , á proporción que les daba derecho para ello su 
mayor poder, poniendo por exemplo á los scitas, bástanlas y sau- 
ro'matas , que así lo habían executado : pero ésto de ninguna suer- 
te concluye la transmigración de los godos desde la Escandía , á 
que se pretende aplicar por el Sr. Luzan ' , no estando tampoco 
bastantemente fundada la equivalencia de nombres que se asigna 
á estas tres naciones , entendiendo por los scitas á los suecos ó sue- 
tios , como que de ellos traxesen su origen , y por los sármatas á 
los 'vándalos y iilmerugos de Jornandes , por carecer de apoyo com- 
petente que la afiance : supuesto lo qual pasaremos á satisfacer la 
reflexión que sobre la autoridad de Tácito se forma acerca de los 
penemos , á quienes algunos distinguían con el nombre de bastarnas. 

La colocación de estos pueblos en la antigua geografía es uno 
de los embarazos no pequeños que se encuentran , entre los mu- 
chos que contiene este estudio. El situarlos Tácito 2 al fin de su 
Germania , como inmediatos á ella o como puestos en sus confi- 
nes y que por tanto habían tomado parte de sus costumbres , y el 
hacer mención de ellos con los vénedos y fennbs , que caían en 
las inmediaciones del seno codano, hoy mar báltico; el convenir 
algún tanto en esto Plinio 3 , que también establece á los bastar- 
nas y peucinos entre las naciones de la Germania ; y el dudar Es- 
trabon 4 lo que distaban los bastarnas del mar atlántico , son fun- 

i Luzan , num. 41. tu, sede ac domiciliis ut germani agunt. 

2 Peucinorum , venedorum & fen- Tacit. de morib . german. cap. 46. 
norum nationes germanis, an sarmatis ad- 3 Plinius , lib. 4. cap. 14. 
scribain. dubito : quanquam peucini , quos 4 Strabo , lib.']. Geogr. 
quidarn bastarnas vocant , sermone , cul- 

Ee 



2 I 8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

damentos que inducen á creer haber estado hacia aquella parte de 
la costa inmediata al báltico , y por consiguiente que se halla bas- 
tantemente asegurada su transmigración desde ella hasta el Danubio. 
Pero si atendemos á otras mas circunstanciadas noticias , ha- 
llaremos que el mismo Tácito coloca tan expresamente á los bas- 
tarnas en las inmediaciones de lo que poseian en su tiempo los 
getas , que no dexa duda en que allí fuese su establecimiento. Vá 
hablando este escritor del modo con que Rescúporis , rey de una 
parte de los getas, de quien ya hemos hecho mención , aprisio- 
no con engaño á Gótis que lo era de la otra , y después de re- 
ferido el mensage con que intento disculpar esta acción para con 
el emperador Tiberio , añade que pretextando la guerra contra 
los bastarnas y scitas , empezó á prevenir armas y gente , á fin 
de ponerse á cubierto del castigo que recelaba y que tenia me- 
recido l . Esta autoridad , cotejada con lo que Plinio , Tolomeo y 
Estrabon expresan de los bastarnas , nos persuade á la firme cre- 
encia de haber sido su situación cerca de los mismos dacos d ge- 
tas , y tal vez entre estos y los germanos apartándose algo de 
la corriente del Danubio , y á su lado izquierdo. El modo con 
que se explica Plinio 2 no dexa de ser obscuro , y son tales sus 
palabras : „Las tierras superiores entre el Danubio y la selva Her- 
„ cinia hasta los invernaderos panndnicos , ocupan los carnuntos, 
„ y los campos y llanuras de los germanos allí confinantes , los 
„ yaciges sármatas ; pero los montes y bosques , los dacos arroja- 
„ dos por esotros hasta el rio Patiso desde el Moro , d llámese este 
„ Duria , que los separa de los suevos y reyno vanniano : las opues- 
„ tas partes tienen los basternas , y desde ellos otros de los germa- 
„ nos." Y en otro pasage : „ La quinta parte de la Germania po- 
„ seen los peucinos , basternas confinantes con los sobredichos da- 
„ eos." Con alguna mas claridad Estrabon 3 , que como queda ya 



i Tacit. lib. 2. Aknal. cap. 6j. ab hls daci ad Pathyssnm amnem a Mo- 

2 Superiora amern Ínter D.tnubium ro , sive is Duria est , á suevis regnoque 

et Hercinium saltum usque ad pannoni- vanniano dirimens eos , aversa basternx 

ca hyberna carnunri , gerrrianorumque tenent aliique , inde germani. Plm. lib. 

ibi confinium , campos et plana iaziges 4. cap. 12. 

sarmata: , montes vero et saltus , pulsi 3 Strabo , lib. 2. 6" lib. 7. 



DE LA HISTORIA. 210 

apuntado, coloca á los bástanlas entre las naciones que ocupaban 
la siniestra del Danubio mas allá de la Germania ; y hablando en 
otra parte de las bocas con que desagua este célebre rio en el 
ponto euxíno , afirma estar allí situada la isla llamada Peuce, la 
qual habitaban los bastarnas , quienes por esta razón tomaron el 
nombre de peucinos. 

A los antecedentes testimonios añade nueva luz Tolomeo , que 
describiendo la Sarmacia , dice la poseian principalmente gentes 
vénedas por todo el seno venédico , y que sobre la Dacia estaban 
los peucinos y los basternas , y por todo el lado de la laguna Meó- 
tis , los yaciges y roxólanos ; y después de otras cosas advierte que 
entre los basternas y roxólanos sé hallaban situados los chunos, mas 
abaxo de los basternas , junto á la Dacia , los tragos, y después 
los tirangitas. Últimamente Dion Casio hablando de la irrupción 
que hicieron los bastarnas con su rey Deldon 1 , atravesando el 
Danubio contra la Misia , y contra los tríbalos y dárdanos , afir- 
ma ser una de las naciones propiamente scíticas la de los enun- 
ciados bastarnas ; deduciéndose de todo que estos pueblos esta- 
ban confinantes con los dacos , y después de la Germania , pero 
no muy lejos del Danubio ; y que aun quando se admita su trans- 
migración por haber sido arrojados por los sármatas de sus primi- 
tivos asientos , no por esto se habrá de entender haber sido su 
salida de la Escandia , ó de las costas del mar báltico, siendo an- 
tes mas natural , que obligados del mayor poder de otras nacio- 
nes , se hubiesen ido retirando de las inmediaciones del Ponto 
hacia la Germania , hasta llegar á equivocarse con sus habitadores. 

Finalmente en quanto á la autoridad de Antonio Didgenes, cu- 
ya obra se halla extractada en Focio , tenemos ya expuesto quanto ha 
parecido conducente , así sobre la genuina inteligencia de su contex- 
to , como sobre el concepto de fabulosa en que está tenida su re- 
lación , que por tanto puede estimarse compuesta dentro de la mis- 
ma Grecia con las noticias que de aquellas partes remotas de la 
Scitia andaban vertidas entre la vulgaridad ; y así no nos debe 
embarazar nuevamente su satisfacción , como ni tampoco los ar- 

i Dio , lib. 5 1, cap. 23. 

Ees 



220 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

gumentos fundados en la razón de las etimologías. Porque se- 
guimos la opinión de aquellos críticos que están persuadidos de 
la grande debilidad y poca subsistencia de estas pruebas , después 
que han advertido la facilidad con que á todas las lenguas se pue- 
den acomodar con igual probabilidad tales conjeturas , á causa de 
la infinidad de voces que cada una comprehende , y en que es for- 
zoso se encuentren á veces semejantes , con alguna pequeña va- 
riación , las unas á las otras. A que se agrega que quantas prue- 
bas se pueden deducir en esta clase , solo conducirán á establecer 
una disyuntiva , conviene á saber , ó que los godos salieron de la 
Escandía y se fueron á establecer en el Danubio , ó que los getas 
pasaron desde allí á la Escandía : y para que esta se verifique , na- 
die ignora ser suficiente la verdad de una de sus partes. 

En esta suposición , y á vista de las graves dificultades y em- 
barazos que hemos ido reconociendo , y que hacen positiva re- 
pugnancia á la admisión de la primera , no procedería consiguien- 
te nuestro juicio , si dexase de preferir como mas probable , mas 
verisímil y mas libre de inconvenientes la segunda : esto es , que 
desde la Scitia se hubiesen extendido los getas hacia aquellas par- 
tes septentrionales , y llevando consigo las costumbres y la len- 
gua , se hubiesen establecido en ellas , y conservado en la seme- 
janza del nombre el motivo para que se hubiesen creído sus des- 
cendientes unos mismos con los otros de quienes se derivaban. 

Este partido , que en realidad no sale de los términos de con- 
jetural é hipotético , tiene á su favor poderosos argumentos y fuer- 
tes consideraciones que lo califiquen de bien fundado. El orden 
regular de la transmigración de estas gentes viniendo del Asia , 
pide que haciendo su primer asiento en las partes contérminas á 
ella , y por donde habían de practicar su tránsito , se fuesen des- 
pués extendiendo á proporción que se fuesen aumentando, ayu- 
dadas en parte de su genio vagante é insubsistente , y en parte de 
las irrupciones con que otras las precisasen á salir de sus primi- 
tivos establecimientos. De esta suerte es regular llegasen hasta las 
orillas del mar báltico , donde se quedasen con el nombre de fo- 
tones con que los menciono' Tácito ; de allí pudieron pasar á la Es- 
candía y permanecer con el nombre de guitas que les da Tolo- 



DÉLA HISTORIA. 221 

meo ; y de allí también extenderse á la címbrica Chcrsoneso , don- 
de se reconocen con el nombre de juttas , los que antes eran dis- 
tinguidos con el de cimbros. 

A consecuencia de esto se observan ya destituidos de fuerza 
los argumentos con que se pretende fundar el paso de los godos 
desde la Escandía al Danubio , no solo por lo tocante á la simi- 
litud de nombres que se notan semejantes en las lenguas de los 
habitantes de uno y otro pais , sí también en quanto á la uniformi- 
dad en algunas costumbres , que pudo muy bien dimanar de ha- 
ber pasado allí los getas de la Scitia , como queda enunciado : sub- 
sistiendo solo en contra la autoridad de Jornandes , la de Ablavio, 
y los cantares de los godos , á que resta dar satisfacción ademas 
de la que ya dexamos insinuada , tratando particularmente de ellos; 
lo que procuraremos executar en el modo que nos parezca mas 
verisimil y probable. 

El primero de los geógrafos antiguos que hizo mención de los 
gutas de la Escandía fué el célebre Tolomeo alexandrino l , que 
describiéndola , pone entre las naciones que habitaban su parte me- 
ridional , á los gutas y danciones. Si con esta noticia vamos ahora á 
hacer contejo de Jornandes , hallaremos que para su descripción 
de la Escandía se valió en gran parte del mismo Tolomeo , ci- 
tándolo expresamente , y poniendo sus palabras. Baxo de este prin- 
cipio no será fuera de proposito el discurrir , que hallando Jor- 
nandes en la Escandia una nación que tanto se asemejaba á los go- 
dos en el nombre , y habiendo tal vez noticias confusas de que 
alguna de las de aquella península hubiese pasado el báltico á la 
opuesta costa , y hecho en ella considerables progresos , intentase 
enlazar las unas noticias con las otras, y de todas formar la nar- 
ración de este tránsito , hasta llegar con él á la Scitia y riberas 
del Danubio , aplicándole con equivocado concepto d errada in- 
teligencia las que eran propias del que habían antiguamente exe- 
cutado los scitas asiáticos á los paises de la orilla septentrional del 
mismo rio. Al disponerlo así encontraría inmediatamente en la 
costa del mar báltico á los gotones , no muy distantes de los anti- 

i Ptolom. lib. 2. cap. ir. 



222 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

guos rugías , de quienes hace mención Cornelio Tácito * ; y de la 
cercanía de ambos pueblos , es factible tuviese origen la noticia 
del primer establecimiento de los godos en aquella parte , y de 
su victoria conseguida de los ulmerugos ; como también de la de 
los gotinos , que el mismo Tácito 2 coloca en las extremidades 
de su Germania , la división de los godos , que se supone verifi- 
cada en el paso del rio , donde se les rompió la puente en su trans- 
migración , quedando los unos del un lado y los otros del opuesto, 
que siguieron su viage hasta la Scitia. 

Persuaden la regularidad de esta conjetura las varias señas que 
aparecen en la relación de Jornandes de haber sido compuesta de 
retazos de historia de diversos autores , y de la combinación de 
noticias de los unos y de los otros : á que se agrega no ser tan 
recomendable la diligencia del mismo escritor en la elección , ar- 
reglo y coordinación de las tales noticias , que dexen de notársele 
defectos bastantemente substanciales , aun en las mas inmediatas 
á su tiempo , respecto de las quales podía considerarse casi coetá- 
neo. Algunos de estos defectos propusimos tratando del primer rey 
godo de España y de los sucesos relativos á él , y á los allí no- 
tados pueden agregarse otros varios , como son haber colocado la 
sublevación de Constantino en las Galias y su muerte en el rey- 
nado de Walia , que en realidad tuvo principio algunos años des- 
pués de uno y otro acontecimiento ; haber extendido á mas de 
doce años el mismo reynado de Walia , que solo fué de tres ; ha- 
ber asignado dentro de su duración el paso de los vándalos al 
África , caracterizándolo con el consulado de Hierio y Ardaburio , 
que fué el 427 de Christo , en que ya rey naba Teodoredo ; po- 
ner por sucesor del emperador Máximo á Mayoriano , omitiendo 
entre los dos á A'vito , á quien coloca después ; con otros varios 
que seria fácil especificar , y todos convencen no ser Jornandes 

1 Trans lygios gothones regnantur 2 Nec minus valent retro marsign! ,' 

paulo jam adductius quam c.tteras ger- gothini , osi , burii : terga marcomano- 

manorum gentes , nondum tamen supra rum quadorumque claudunt. . . . Gothi- 

libsrtatem. Protinus deinde ab océano nos gallica , osos pannonica lingua coar- 

rugii et lemovii. Tacit. De morib. ger- guit non esse germanos. Tacit. ibid. 
man. cap. 43. 



DÉLA HISTORIA. jo» 

O 

uno de los escritores que por su exactitud y puntualidad deba 
seguirse sin la precaución y discernimiento correspondientes. 

Aquí por ultimo es digno de notar, que haciendo Jornandes 
específica mención de los reyes que tuvieron los godos desde Bé- 
rig , y de sus nombres , san Isidoro , que por ser de la misma na- 
ción debe estimarse no menos instruido en las antigüedades de 
ella , llegando á este punto , afirma que aunque habian sido go- 
bernados por sus reyes el espacio de muchos siglos , eran estos ig- 
norados hasta que empezaron sus guerras con los romanos , por- 
que no se contenían en las historias : de lo que se concluye por 
legítima ilación , que d ya en el tiempo del santo doctor faltaban 
también la tradición y los cantares de los godos de que se valió 
Jornandes (lo qual se hace reparable en el corto espacio de cien años 
que mediaron de uno á otro , habiéndose antes conservado por 
tantos siglos , como es forzoso entender en el sistema de este au- 
tor) , d que san Isidoro * no los estimo por suficiente apoyo á sus 
noticias. 

A vista pues de quanto hasta aquí llevamos expuesto , y de 
las poderosas razones y argumentos que tiene contra sí la opi- 
nión de haber sido la Escandia la patria primitiva de los godos; 
no será extraño que siguiendo nosotros las huellas del mismo san 
Isidoro , nos contentemos con decir haber sido los que vinieron á 
España y dominaron en ella , originarios de la Scitia , y los mis- 
mos que toda la antigüedad conoció con el nombre de gefás : sin 
que nos sea forzoso tomar á nuestro cargo el empeño de que pa- 
sasen allí de la Escandia , al menos mientras no se nos presen- 
tan mas convincentes pruebas que lo persuadan , capaces de des- 
vanecer las que hay , de haberse establecido tantos siglos ha en 
aquellos paises al lado septentrional del Danubio, viniendo á ellos 
desde el Asia , según queda ya advertido. 

Esta conducta , calificada bastantemente con el exemplo de un 
tan ilustre santo español , enlazado notoriamente con la principal 

i Per multa quippe íaecula et regno quo adversum se romani eorum vi'rtutem 

et regibus usi sunt : sed quia in chroni- experti sunt. D. lsidor. in hist. sothor, 

cis adnotati non sunt , ideo ignorantur. in friiicif. 
Ex illo autem in historiis inditi sunt ex 



224 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

nobleza de los mismos godos , tiene ademas á su favor la acep- 
tación y séquito de varios autores modernos que han dirigido su 
juicio por la misma senda , y no se separa del dictamen de los anti- 
guos. De estos se pueden citar quantos se han traído en el pro- 
greso de estas investigaciones , para probar la constante subsisten- 
cia de los godos y getas en la Scitia europea y cercanías del Da- 
nubio , y la identidad de una y otra nación ; y de aquellos se 
deberán numerar , ademas del doctor don Juan de Ferreras , nues- 
tro célebre marques de Mondejar r , don Andrés González de 
Barcia 1 , don Josef Pellicer 3 y Martin Fernandez de Enciso 4 : de- 
baxo de cuya sombra ni puede echarse menos la probabilidad ex- 
trínseca de nuestra opinión , ni incurrir esta en la censura de nue- 
va o de desautorizada. En todo no obstante quedará sujeta á la 
sabia corrección de los doctos y al mas juicioso dictamen de la 
academia. 



i Marques de Mondejar , de or'ig. 3 Pellicer en la prefación á la Mo- 

hisp. narquia goda , que se halla en su Biblio- 

2 Barcia, en las adiciones á fray Gre- teca pag. 136. 
gorio García , del origen de los in- 4 Enciso Suma geográfica en la JE"«- 

eiios ,'lib. 4. cay. 24. §. 11. roj>a. 



rxxxxxxxxxxx>n><xxxxxxxxxvj<x>txxx><;><xx;>o<x>f>ooc><xxx>o<xxxxx»i 

DISERTACIÓN 

SOBRE QUAL DE LOS REYES GODOS 

FUE Y DEBE CONTARSE PRIMERO 

PE LOS DE SU NACIÓN 

EN ESPAÑA. I 
POR DON FRANCISCO MANUEL 

DE LA HUERTA. 

I. Oi en la presente duda hubiera de tomarse la resolución 
con respecto solo al número de modernos escritores, seria sumamen- 
te fácil declarar el dictamen , porque la mayor parte de ellos cuen- 
ta los monarcas godos de España desde Ataúlfo. Pero si se atien- 
den , si se examinan y se pesan con la debida madurez y circuns- 
pección los monumentos de los antiguos , no aparece sin graves 
dificultades la admisión de este partido , pues sus testimonios dan 
á entender otra cosa muy distinta. 

II. Para proceder pues con la seguridad correspondiente en un 
asunto que de suyo pide los esmeros de nuestra mayor atención , 
procuraremos reconocer lo que dixeron los historiadores de los pri- 
meros reyes godos : y dependiendo de sus afirmativas el fundamen- 
to á nuestra determinación , solo se traerán á examen aquellos cu- 
ya autoridad sea tal , que o por ser coetáneos é inmediatos o por 
haberse adquirido universalmenre el crédito y estimación entre 
los doctos , sean capaces de asegurar en sus dichos la fe histórica , 
y por este capítulo justos acreedores á nuestra deferencia. 

Ff 



226 MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

III. Que Alarico no fuese monarca de España , es punto en 
que todos convienen. Nuestras historias se emplean en referir 
sus triunfos , sus gloriosas empresas y sus sucesos favorables, no 
obstante que Paulo Orosio x , que vivía entonces , da á entender 
haber experimentado en el progreso de ellos algunas adversida- 
des , usando de la expresión de haber sido 'varias "veces menti- 
do con sus godos , otras reducido á suma estrechez, , y en todas 
dexado escagar. Sus hechos y la famosa toma de Roma, cabeza 
del mundo , con el estrago y desolación causada en ella , de 
suerte que en lugar de su antiguo nombre que se interpretaba 

fortaleza , se le podia aplicar el de Ryme , como había predicho 
el oráculo sibilino , que corresponde al de aldea , ó -pequeño pue- 
blo , se hallan historiados con mas ó menos extensión en el citado 
Orosio 2 , en los cronicones de Idacio 3 , Próspero 4 y conde Mar- 
celino 5, en Sócrates 6 , Sozómeno 7, el conde Zósimo 8 , Jornan- 
des 9 , san Isidoro I0 , el autor de la Historia miscela JI , san Ge- 
rónimo I2 y otros I 3; siendo asimismo asunto para la grande obra 
de la ciudad de Dios , que escribió san Agustín x 4. Pero en to- 
dos se notan referidos sus pasos y expediciones, como acaecidas fue- 
ra de España y sin que llegase el caso de su entrada en ella. 

IV. A Alarico sucedió Ataúlfo , aunque no sin contradicion : 
pues como lo advierte Olimpiodoro , que vivía entonces y es- 
cribió en 22 libros la historia de su tiempo , tuvo competidor á 
la corona , elegido y aclamado rey por muchos de los godos y cu- 
ya muerte fué causa de la suya , como después veremos. 

V. Por este motivo dexó de reconocer á Ataúlfo una parte de 
los de su nación, sujetándose desde luego al imperio romano la que 



i Orosius , //Z\ j.cap.jj. „Taceo de 9 Iornand. De reb. get. cap. 53. 

„ Alarico rege cum gotthis suis sa:pe vic- 10 lúá.inhist.gottkor. 

„ to,sa:pe concluso , semperque dimiso." 11 Hist. miscel; lib. 13. cap. 27. 

2 Orosius , lib. 7. cap. 38 &■ 39. 12 Hieronymus , in prafat. comm. 

3 Idat. in chronico. Ezech. lib. 1 & 3 & 8. & in epist. ad 

4 Prosper. in chronico. Vrincipiam. 

5 Marcellinus in chron. 13 Cassiod. in ckron. & Variar, lib. 

6 Sócrates , lib. 7. cap. 10. 12. epist. 20. Niceph. lib. 13. cap. 3J 

7 Sozom. lib. 9. cap. 8. & 36. 

8 Zosim. lib. 5. 14 August. De civit. Dei l. 1. c. 1. 



DE IA HISTORIA. 2 27 

se estableció en Italia , al paso que la otra , admitiendo por su rey 
á Ataúlfo, entro' con él en las Galias , y apoderándose de la Aqui- 
tania y eligiendo á la ciudad de Tolosa por corte de su rcyno , 
lixd allí su asiento , donde también lo continuaron sus sucesores. 
Así lo acuerda nuestro obispo Idacio , que ' vivia entonces en Ga- 
licia , y lo confirma el Cronicón moysiacense 2 , cuyas expresio- 
nes no dexan duda en quanto á esta división , y califican bastan- 
temente que la ocupación de la Aquitania por los godos que se- 
guían el partido de Ataúlfo , fué estando de guerra con el impe- 
rio y separados de la subordinación de él. 

VI. El dicho de estos autores sirve también para deducir que 
Ataúlfo no debe contarse entre los monarcas de España : pues por 
ellos se nota haber colocado la silla de su reyno en la Aquitania 
y que en ella fué su dominación , y según el testimonio de Ida- 
cio 3 , igualmente la de sus sucesores : con cuya afirmativa coar- 
tada no es fácil de acomodar su reynado en España. Que no hi- 
zo paz alguna con los romanos Ataúlfo en este su primer viage á 
las Galias , consta de testimonio propio suyo , de que hace men- 
ción el enunciado Orosio , que refiere haber sido su ánimo en 
los principios de su mando , el de aniquilar hasta el nombre ro- 
mano , y sublimar en su lugar el godo , según con mas extensión 
se tocará después : y que saqueo y asoló' la misma Aquitania en 
que coloco' la silla de su imperio , lo escribe Rutilio Numaciano 
en su Itinerario 4 , lo que no executaria si en virtud de algún tra- 
tado de paz se la hubiesen entregado los romanos. 

VII. Pero consultemos uno por uno los pasages de la historia 
de este príncipe , según la razón del tiempo en que sucedieron, 



i Idat. in chronico. ex edit. Andrea „ tur , & quí in Italia consederunt , dí- 

Schoti. tom. 4. Hisp. illustrata. ,,Tem- „ tioni imperii se tradunt. Reliqui Aqui- 

,, poribus imperatoris Honorii regnum ,, tania provincia sedem sibi eligunt , in 

., gotthorum post captam Romam bifa- ,, qua regnavit Ataulphus." 
„ ria divisione partitur , & qui in Italia 3 Idat. ubi supra. „ Reliqui Aqui- 

„ consederunt , ditioni imperii se tra- ,, tania: provincia: civitate Tolosa eligen- 

j, dunt." - ,, tes sedem , regem eligunt Ataulphum : 

2 Chronicon moysiacense. „Post cap- ,, postea, ut supra gesta confirmant,á got- 

,, tam Romam &: mortem Alarici , reg- „ this regnatum est." 
„ num gotthorum bifaria divisione parti- 4 Rutilus Numatianus , in itiner. - 

Ff2 



22$ MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

y la relación que de ellos hacen los escritores á quienes llego su 
noticia con alguna inmediación. En primer lugar Olimpiodoro x 
no solo comprueba haber hecho Ataúlfo su tránsito á las Galias 
en declarada desavenencia con el emperador Honorio, sino que ade- 
mas añade , que por consejo de Átalo unió sus fuerzas con Jovi- 
no , el qual se habia hecho aclamar emperador en Maguncia , pa- 
ra el fin de sostenerle en la adquirida dignidad ; pero que habien- 
do el mismo Jovino nombrado cesar á su hermano Sebastiano , 
contra el dictamen de Ataúlfo , este dirigid sus enviados al empe- 
rador Honorio , ofreciendo hacer la paz con él y remitirle las ca- 
bezas de los dos tiranos , y con efecto restituidos los legados 
y solemnizado el convenio con la firmeza del juramento, cum- 
plió por su parte la promesa hecha Ataúlfo , enviando á Hono- 
rio la persona de Jovino y la cabeza de Sebastiano su hermano. 
VIII. Acabada de establecer así la paz , pidió Honorio á 
Ataúlfo le restituyese á su hermana Placidia , que permanecía en 
su poder desde la toma de Roma ; pero hallándose el príncipe godo 
prendado del amor de esta su ilustre cautiva , se negd enteramen- 
te á tal pretensión : y de aquí resultó volviesen prontamente á 
las hostilidades de la guerra los que no se acordaban entre sí por 
los medios de las pacíficas convenciones , y que fuese de tan cor- 
ta duración la efectuada , que faltando á ella Ataúlfo , quiso apo- 

i Olympiod. apud Phoc. cod. 8o. 0''r: „ Jovinus apud Moguntíacum Ger- 

ju$~ns íi MoT-wSvtxS rus irífcts rvp/¿a>ia.s J? manice alterius urbem , studio Goaris 

xark tncvlh Takf t2 «a«»? , i, Tvrrtctpiv 3 os „ alani & Guntiarii burgundiorum prae- 

qíá.ol?X oí ixf ? f t ^ Tí K, i T *' Bxpyvmóiut , rifan- ,, fecti , tyrannus creatus est, cui ut sese 

»o« (Wope'u-9-» ntplí %i xafayíria.a'Qai aviaos „ adiungeret Adaulpho , auctor fuit At- 

A¿\íiíAcp3i> xctpojre?. 5> talUS. 

OVi i»|97mí **?k rnfc,, AtotapKjrif . .». Jovinus fratrem suum Sebastianum 

.. ,,.,„„ , „ , ..invito Adaulpho imperatorem creans, 

T _ •*• r „ ni eius odium incurnt. Adaulphus íta- 

iis IxS-pio ASWipa xa.-ri<?r¡. i, * e >*« AMía- }) q Ue p er internuncios capita se tyran- 

<f>os 7rpó5 Orwpm -afpíe&as , ¿■tfoxá/j.íní tís tí ,, norum missurum , pacemque initurum 

rSi rvrcu,a, jm<p«aís , i, iifhm ¿¿y«>. 2, W<r » Honorio pollicetur. Hi domuin ubi 

, , » ,, , _ „ , ~ ,, redierunt , & iusiurandum prsestitum 

3 ' „ est , Sebastian! mox caput imperaton 

/tu *&«&«, rZ fasiM7 i aí <p*AV iccü7,o( í'« )} mittitur. Jovinus etiam ipse ab Adaul- 

Í7f¿ A^xa¿\(¡>^ 7(t¡Aitipx,if¿íisi , lairh sx.S'ií'fflSi. „ pho obsessus se dedit , missuscjue ad 

i¡ -rtíp-Ttirai Venturos ra ^ctfiAe?, >, imperatorem est.* 



DE LA HISTORIA. 229 

dorarse de Marsella , de donde fué rebatido por Bonifacio , capi- 
tán romano ; de allí paso' á Narbona , á la qual tomo' , y en odio 
de Honorio reconoció á Átalo por emperador. En Narbona se 
caso' Ataúlfo con Placidia el 414 de Christo por Enero, con el 
grande aparato y celebridad que describe el mismo Olimpiodoro , 
y de ella le nació un hijo , á quien se le puso el nombre de Teo- 
dosio , en memoria del emperador su abuelo. 

IX. Desde este tiempo asegura el mismo escritor ' que Ataúl- 
fo deseaba la paz y buena correspondencia con el imperio , in- 
clinándole á este partido los consejos é insinuaciones de su mu- 
ger Placidia , á la qual los anteriores vínculos de la naturaleza y 
de la patria eran poderosos impulsivos para esta solicitud ; pero 
que se hicieron iníítiles todos los esfuerzos aplicados á su logro, 
por haberles hecho contraresto con los suyos , en declarada opo- 
sición , el conde Constancio, á quien Honorio tenia prometida por 
muger á la misma Placidia , y que por consiguiente no podía 
mirar con indiferencia el que esta subsistiese en poder ageno , 
quedando enteramente defraudadas sus concebidas esperanzas de 
la alta posesión, á que tan justamente podia aspirar, de la ma- 
no de aquella augusta princesa. 

X. Con efecto habiendo juntado Constancio un poderoso exér- 
cito , en el año siguiente de 415 se encaminó con él en busca de 
Ataúlfo ; el qual , ó por no considerarse con fuerzas bastantes pa- 
ra resistirle , ó á instancia de Placidia , por quitar la ocasión de 
la guerra , evacuó á Narbona. Paulo Orosio dá á entender que 
forzado de la hambre. De qualquier modo es cierto que se vino 
retirando á España , y que en ella proclamó emperador á Áta- 
lo , según lo dice Próspero. Entró por Cataluña , y allí se le mu- 
rió su hijo Teodosio , que enterró junto á Barcelona , y á pocos 
dias , habiendo ocupado esta ciudad , fué muerto en ella por uno 

1 Olympiod. ubi supra. 0*rt A'íáwi- ,, Adaulphus , nato sibi e Placidia 

<pof , Tíx^-ítrís ívra ex t»s PAa¡tiSVa<; 7^5^ „ filio cui Theodosio nomen dedit,ro- 

?e^ Bi *a>? ™ ©..M™,™',, isiA&rl » m . a j nam am P'; us rempublicam amare 

, „, , , „ , ), videbatur. Verum Constancio , eius- 

( T ' v j, qne asseclis repugnantibus , eius & 

*e P ; Ka, r ¿,rw ¿m*f*TTÓ,Tai , e/ííw ó.* (<*.*■ }) uxoris Placidia: pacis ineunda; cona- 

tíí thítv ji, txí FAoxiSYas ¡p/in, , } tus frustra fuerunt," 



2 o MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

de sus domésticos llamado Ddbio , godo de nación , al tiempo de 
estar mirando sus caballos. Así lo refiere el citado Olimpiodo- 
ro r , el qual añade la circunstancia del motivo de la muerte , ex- 
presando haber sido el executor de ella criado antes del rey á 
quien parte de la nación gótica habia elegido y á quien qui- 
tó la vida Ataúlfo , y haber querido aquel con tal hecho tomar 
venganza de la muerte de su primer señor ; y concluye 2 que 
al tiempo de morir Ataúlfo hizo muy particular encargo á un 
hermano suyo , para que Placidia fuese restituida al emperador Ho- 
norio , y para que por todos los medios imaginables se solicita- 
se establecer la paz entre los de su nación y la romana. 

XI. De todo lo hasta aquí expuesto se deduce , que habien- 
do sido la entrada de Ataúlfo en España por el motivo y en los 
términos que quedan insinuados , de venir fugitivo de las armas 
de Constancio y oprimido de la necesidad y de la hambre , bus- 
cando el modo de alimentar sus tropas , estando en declarada guer- 
ra con el romano imperio á quien pertenecían entonces las Espa- 
ñas ,y habiendo sobrevenido su muerte á tan corto espacio de tiem- 
po de su llegada á Barcelona ; no parece hay bastante fundamento 
para contarle por monarca de ellas , como lo han hecho nuestros his- 
toriadores sin la precisa atención á estas tan notables circunstancias. 

XII. Mas se fortalecerá la propuesta idea , si hacemos la de- 

i Olympiod. ubi supra. Ei^ra «.wfpsr „ Iiiterficítur deinde & Adaulphus 

v »»ts' * % '„.~\„„„, *r>, ;»;.« ,, ípse.dum equos suos in stabulo de 

J . , , ,, more contemplatur , a gottho quodam 

ÍTíieat , £>? ecS-i-ro «.ur? , hzrffoat i» ™ va- ^ e ¡ us domestico Dobbii nomine, cum 

■km. atatpti $>t avrh \is raí laUun yh&m Aí/3- ,, hanc veteris odii vindicandi ocasionem 

., „ _ , , - , ,, ille captasset : huius enim prior domi- 

tosTw^ í *& ? ***wxy*>K™<*- n nus g ¿ nhkx partís ■ «« r fh«at ab 

wáActj y*p h S rvrv fríítsrórví fiíifaí ytr&iMis f¡ Adaulpho e medio sublatus. Exinde 

\\l , Wl A'SWa<?>« h-y^kn? 11 « á rh Aíj3- „ Dobbium receptum Adaulphus in suam 

'. , Nv „ , ,, familiam adsciverat , qui in ultionem 

^A^ W Afc*»A<p.í,.* W rtr«..í«T*wp( 8 - s)pr¡oris domin ¡ alterul ¿ hunc iniecta 

ra¡ íwoVij íf¿ítm , rh Stirípoi hf^apiVaro. }J manu violenta sustulit." 

« ~ m A>t.' ~ 1 ~~ 2 „ Moriens Adaulphus fratri suo 

,, íniunxit Placidia ut (Honorio) redde- 
¡$ia kSí^qZ aTtofrircq rw Pa«huí'i*>. 5 «■» Súvaiv- ,, retur ; atque siquo modo possent,ro- 
, _, , "■ , , -o. ». manae sibi sentis concordiam ( gotthi ) 

3 T r j> societatemque conciliarent. 



DEL A HISTORIA. 2 a l 

bida reflexión ú las cláusulas con que describe la misma entrada 
de Ataúlfo en España nuestro escritor Paulo Orosio « , las que 
fielmente traducidas son las siguientes: „En el año de la fon- 
„ dación de Roma 1168 el conde Constancio , que se hallaba 
„ en Arles ciudad de la Galia , valiéndose de particular indus- 
„ tria en el modo de dirigir las operaciones militares , consi- 
„ guio arrojar á los godos de Narbona , y les obligo á que se 
„ pasasen a España , por el medio de impedirles principalmen- 
„ te todo transporte de naves , y de privarles del uso del co- 
„ mercio con los de fuera. Era rey entonces de los godos Ataul- 
„ fo , el qual después de la toma de Roma y de la muerte de 
„ Alarico , le habia sucedido en el reyno , y recibido por mu^er á 
„ Placidia hermana del emperador á la qual tenia cautiva. Este se- 
„ gun que varias veces se ha oido decir y según que se comprobó 
„ al tiempo de su muerte , anhelando por la paz con bastante efica- 



r Orosius , lib. 7. cap. 43. Anno ab 
Urbe condita MCLXVIII. Constantius 
comes apud Arelatem , Gallia: urbem , 
consistens, magna rerum gerendarum in- 
dustria , gotthos Narbona expulit, arque 
abire in Hispaniam coegit , interdicto 
praxipue atque intercluso omni com- 
meatu navium , & peregrinorum usu 
commerciorum. Gotthorum tune populís 
Ataulphus rex pra:erat:qui post irruptio- 
nem Urbis, ac mortem Álaríci , Placidia, 
ut dixi , captiva , sorore imperatoris , in 
uxorem adsumta, Alarico in regnum suc- 
cesserat. Is , ut sxpe auditum atque ul- 
timo exitu eius probatum est, satis stu- 
diose sectator pacis, militare fideliter Ho- 
norio imperatori , ac pro deféndenda ro- 
mana república impenderé vires gottho- 
rum praeoptavit. Nam ego quoque ipse, 
virum quemdam narbonensem illustrís 
sub Theodosio militias , etiam religiosum 
prudentemque & gravem , apud Bethleem 
oppidum Palíestina; , beatissimo Hiero- 
nymo presbytero referentern audivi,se 
famiüarissimum Ataulpbo apud Narbo- 
nam fuisse : ac de eo saspe sub testifica- 



tíone didicisse , de aliquo cum esset anr- 
ino, viribus ingenioque nimius referre 
solitus esset , se imprimís inhiasse , ut 
obliterato romano nomine , romanum 
omne solum gotthorum imperium & fa- 
ceret , Se vocaret ; essetque , ut vulgari- 
ter loquar , Gotthia quod Romanía fuis- 
set , fieretque nunc Ataulphus quod quon- 
dam Cassar Augustus. At ubi multa ex- 
perientia probavisset , ñeque gotthos ullo 
modo parere legibus posse propter effre- 
natam barbariem , ñeque reipublica: in- 
terdici leges oportere , sine quibus res- 
publica non est respublica , elegisse se 
saltem ut glon'am síbi, & restituendo in 
integrum augendoque romano nomine , 
gotthorum viribus quarrere.habereturque 
apud posteros romana: restitutíonis au- 
tor, postquam esse non poterat immuta- 
tor. Ob hoc abstinere á bello , ob hoc 
inhiare paci nitebatur , praecipue Placi- 
dia: uxoris sua: , femina: sane ingenio acér- 
rima: et religionís satis probar* , ad om- 
nia bonarum ordinationum opera, persua- 
su & consilio temperatus. 



-232 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

„ cía , deseo militar fielmente á favor del emperador Honorio , y 
„ emplear las fuerzas de los godos en la defensa de la república ro- 
„ mana. Y aun yo mismo oi de cierto varón natural de Narbona , 
„ el qual habia seguido en tiempo de Teodosio la milicia y logrado 
„ el ser esclarecido en ella , después retirado en Belén de Palestina, 
„ hombre religioso , prudente y grave , refiriéndomelo el muy bie- 
„ naventurado Gerónimo presbítero , que habia tenido una ínti- 
„ ma familiaridad con Ataúlfo en Narbona , y sabido de él repe- 
„ tidas veces por su propia atestación , que siendo como era de gran- 
„ de ánimo , ingenio y vigor , solia contar , que á los principios se 
„ habían dirigido sus pensamientos y encaminado sus ideas al em- 
„ peño de que destruido y borrado el nombre romano , el que has- 
, ta allí era territorio de su dominación quedase reducido en la 
„ sujeción y aun en el nombre , al imperio de los godos , llamán- 
„ dose Gocia lo que antes Romanía , y equivaliendo el ser enton- 
„ ees Ataúlfo á lo que en otro tiempo César Augusto para la auto- 
„ ridad y el poder. Pero que habiéndole enseñado la experien- 
„ cía , que ni los godos , por su desenfrenada barbarie , eran capa- 
„ ees de sujeción á las leyes , ni convenia careciese la república 
„ de estas , sin las quales mal puede dársele el título de tal ; hu- 
„ bo de elegir á lo menos el partido de adquirirse la gloria de res- 
„ tablecer á su antiguo esplendor , y de procurar su mayor acre- 
„ centamiento al nombre romano , con las fuerzas de los godos 
„ que estaban á su mando , de modo que se le tuviese en la pos- 
,, teridad por autor del restablecimiento del romano imperio , ya 
„ que no lo podia ser de su mudanza. Desde entonces sus anhe- 
„ los eran de desviar los motivos de la guerra , y solicitar la paz, 
„ especialmente reducido y suavizado por las persuasiones y con- 
„ sejos de su muger Placidia , en cuya persona concurrían los apre- 
„ ciables dotes de agudo ingenio y aprobada religiosidad , apta pa- 
„ ra todas las obras de regladas determinaciones." Hasta aquí Oro- 
sio J , que añade por conclusión , que mientras Ataúlfo estaba con 



1 Orosius ubi supra. „ Cumqúe ei- ,, Híspanla: urbem dolo suorum , ut f'er- 
,, dem paci petendse atque ofFerendas stu- ,, tur, occisus est. 
„ diosissime ¡nsisteret , apud Barcinonem 



TI F. LA ir I S T ü K I A. 2 3 1 

mayor solicitud pidiendo y ofreciendo la paz á los romanos , fué 
muerto en Barcelona , ciudad de España, por maldad de los su- 
yos según se refería. 

XIII. Convienen pues Orcsio y Olimpiodoro en la circuns- 
tancia de haber tenido Ataúlfo en distintos tiempos las dos in- 
tenciones enteramente contrarias ; la primera , de hacer la guerra 
á los romanos con el mayor vigor y actividad hasta lograr la 
total ruina de su imperio, cuyo designio le durase hasta su enla- 
ce en matrimonio con Placidia ; y la segunda , de emplearse con 
los suyos en el mayor fomento , ampliación y seguridad del mis- 
mo imperio , y de procurar conservar con él paz y la mejor ar- 
monía , cuya conducta siguiese desde su casamiento hasta el fin 
desgraciado con que acabo la carrera de su vida, sin que en este 
intermedio hubiese podido conseguir la amistad con el emperador 
Honorio , que tanto deseaba. En esta suposición ¡¡ como se podrí 
entender que la entrada de Ataúlfo en las Españas fuese con áni- 
mo de fundar allí su monarquía , ni de fixar en ella su asiento y 
el de su nación , desmembrando del imperio una tan ilustre por- 
ción de él , quando todos sus conatos , según hemos notado , se di- 
rigían á escusar motivos de rompimiento , y quando esta precisa 
atención fué el principal impulsivo de su retirada á España? ¿Ni 
como será fácil de conciliar , que quien tanto anhelaba por el fin 
de reintegrar al imperio lo que le tenian usurpado las naciones bár- 
baras invasoras de sus provincias , empleándose con sus godos en 
tan generosa como plausible empresa , hubiese de ser el mismo 
que las tomase para sí , quando debia considerar , que la contra- 
riedad de esta conducta , habia de ser un poderoso obstáculo pa- 
ra el logro de las paces y alianza con Honorio , que tanto le im- 
portaba proporcionar para el complemento de sus ideas? Es pues 
mas verisímil , que las de Ataúlfo en este tránsito y retirada de 
las Galias , estuviesen reducidas á esperar por la vía de la nego- 
ciación algún cómodo establecimiento para sí y para los de su 
nación goda , el qual hubiese de recibir esta de mano y por ex- 
preso consentimiento de Honorio , como en premio y justa re- 
compensa de la defensa del romano imperio que pensaba tomar 
á su cargo , y de los importantes servicios que en favor del mis- 



234 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

mo, y para su conservación y acrecentamiento debía executar. Por 
consiguiente puede concluirse , que Ataúlfo no fué ni puede lla- 
marse monarca de las Españas. 

XIV. A Ataúlfo sucedió en la corona y mando de los godos 
Sigerico hermano de Saro. Su principal o' por mejor decir única 
quanto detestable acción en el trono , fue dar muerte á los hijos de 
su antecesor , habidos en su primera muger , y tratar con la mayor 
ignominia á Placidia , obligándola á caminar á pie con los demás 
cautivos delante de su caballo , un dilatado espacio hasta entrar en 
la ciudad , como lo expresa el ya citado Olimpiodoro í ; á quien 
no parece tuvo presente Ambrosio de Morales 2 quando dixo , que 
de la muerte de los hijos de Ataúlfo ningún historiador hacia men- 
ción en particular. 

XV. La duración del reyno de Sigerico fue tan corta , que no 
excedió de siete dias 3 , según la determina el mismo Olimpiodo- 
ro , teniendo fin al mismo tiempo que su vida , de que le priva- 
ron violentamente los suyos , á quienes los tiránicos modos de su 
gobierno eran del todo desagradables. Por esta razón no puede 
afirmarse de él que fuese monarca de España , no habiendo tenido 
lugar los pocos dias de su mando , ni para la constitución en que 
se hallaban las cosas y en que las habia dexado su antecesor , ni 
para tomar resolución alguna de importancia, qual lo seria sin duda 
la del establecimiento de su nación en España , con el de su monar- 
quía en ella , mucho mas subsistiendo aun los mismos impedimen- 

i Olympiod. ubi supra. Aió^oí 5' »ne acit lege creatus. Adaulphi e priore 

; r» sápou ílítjphs Xtyyíf^s rtvK f¿¿**», " coni . u g e überos vi e sinu Sigesari epis- 

, t, , . „ , Q , k , , ■< > »copi abreptos occidit: arque ipsam Pla- 

x, ái>Kí<r£«*,i MíoÁM&ia x, tifia, yicero). oí tcl. .j. r . . « j i ir- -i- 

° ' , , , «cidiam reginam ín Adaulphi salicet 

re **,*,., * U ríí «ptr.pi; W« «W- „ contumeliam pedibus ante e quum una 

tu A$ctv'\<Qayiyímftt>x,hí~M,&¡« ro» sVio- »cum exteris captivis ambulare coegit, 

x¡ií\¡ 2iy«ir¿p« xímíqi a.nt^ntá.na.s' 5 rw (3a- «idque toto illo spatio quod est ab urbe 

*,ÚU PActxií/a» , he Í/Bpa» AWa<P* , ex. tío- »usque ad duodecimum Japidem. 

lií -zpoxyiMd-q ñ "rttiev ín*. teL-itolí iuxn*- 2 M°ral. hb. íj.cap. 14. 

, , - • , ■ , .-, , v „ 3 UlylTipiod. ibtct. E7ír« y nfíífa.í ap. 

Aamií «tange, x, to luyu* vrtt *?rt°- £ a? . l^TTv'nt/*™ ?' fSi r«V&» OwtAi'aí 

fi-xlíe ix. rñs -TtÓAtae fiixf Safoná™ ¡n/iiív. xcf&iVara/. «Septem ille dies cum impe- 

«Atqui successit Sari frater Singirichus, »rasset interemptus est, & gotthorum 

»studio potius ac vi, quam successio- «dux Walias constituitur. 



DE I. A HISTORIA. 2«f 

tos, que lo fueron en tiempo de Ataúlfo, para el logro de tal idea. 
XVI. Por la muerte de Sigerico ascendió Walia al trono de 

los godos mediante elección que estos hicieron de su persona , y 

con atención á las grandes calidades de que se hallaba adornado. 

Sobre los años de su rcynado disputan los modernos y antiguos es- 
critores , señalándole unos tres , y otros veinte y dos , de cuya in- 
vestigación prescindimos no contemplándola necesaria para el pre- 
sente asunto , y así pasaremos á referir sus principales acciones en 
quanto deban estimarse conducentes á él , y darle la ilustración 
que deseamos. 

XVII. Nuestro español Paulo Orosio hace una breve recopila- 
ción de los principios de su reynado diciendo ' , qu# aunque fue ele- 
gido por los godos Walia para que rompiese la paz con los roma- 
nos, siguiendo conducta contraria á la que habia observado Ataúl- 
fo , la divina providencia le tenia destinado para que afirmase la 
misma paz ; que esta se habia solemnizado con muy honestas con- 
diciones entre él y el emperador Honorio , dándose por rehenes de 
su seguridad y de su entero cumplimiento personas de las mas es- 
clarecidas ; que en virtud de ella fue restituida á su hermano el 
emperador, Placidia , á la qual Walia habia tratado con decencia, 
estimación y honorífico respeto ; que él mismo habia ofrecido em- 
plear su propio peligro á favor del romano imperio , de modo que 
peleando por sí con las demás naciones que se habían estableci- 
do en España , hubiese de ser el fruto de sus victorias para solos 
los romanos. 

XVIII. Casi en iguales términos se explica nuestro célebre 
doctor Isidoro 2 , el qual después de haber referido la paz hecha 
con Honorio , la restitución de Placidia y el ofrecimiento de Wa- 

i Orosius ubi sufra. «Deinde Wa- »securitati periculum suum obtuüt , nt 

»Ka successit ir» regnuin , ad hoc electus "adversum caberas nationes , qua: per 

»a gotthis ut pacem infringeret , ad hoc "Hispanias consedissent , sibi pugnaret, 

"ordinatus á Deo ut pacem confirma- »»& romanis vinceret. 
»>ret. Hic igitur... pacem optimam cum 2 Isidor. in histor. gotthor. «Belli 

"Honorio imperatore datis lectissimis ob- «causa princeps a gotthis effectus , sed 

"sictibus pepigit. Placidiam imperatoris »ad pacem divina providentia ordinatus. 

«sororem honorifice apud se , honeste- »»Mox enim cum regnare ccepit, fcedus 

«que habitam fratti reddidit. Romanas » cum. imperatore Honorio pepigit ; Pla- 

Gg2 



236 MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

lia de hacer la guerra á nombre y utilidad del imperio , añade : que 
llamado á las Españas , á conseqüencia de lo pactado por Cons- 
tancio , había logrado dar considerables derrotas á los bárbaros; 
que á los vándalos silíngos establecidos en la Bética los había ex- 
tinguido enteramente con sus armas ; que á los alanos que con su 
poder dominaban á los vándalos y suevos , los quebrantó de suer- 
te que muerto su rey Ataces , los pocos que habían quedado , per- 
dido el nombre de reyno , se sometieron á Gunderico rey de los 
vándalos , que habían fixado su asiento en la Galicia. Y concluye, 
que acabada por Walia la guerra en España, y abandonado el pro- 
yecto , que puso en execucion con una bien provista armada , de 
pasar al África , por la fuerte tempestad que le sobrevino , se vol- 
vió á las Galias , y le fue dada por el emperador Honorio , con res- 
peto al mérito adquirido en sus victorias , la segunda Aquitania 
con algunas ciudades de las provincias confinantes hasta el océa- 
no. A la relación de san Isidoro está conforme el testimonio de 
san Próspero r en su Cronicón , y el de Paulo diácono 2 , en quan- 
to á la donación hecha á Walia por Honorio de la segunda Aqui- 
tania y de algunas ciudades de las inmediatas provincias : de mo- 
do que este viene á ser un pasage de nuestra historia , sobre que 
no puede ocurrir la menor duda. 

«cidíam sororem eius ,quae a gotthisRo- »» Alaríco naufragü ) omisso navigationis 

«mae capta fuerat , ei honorifice reddidit, «periculo Gallias repetiit , data ei ab jir- 

«promittens imperatori proptcr rempu- «peratore ob meritum victoria secunda 

«blicam omne certamen implcre. Itaque «Aquitania cum quibusdam civitatibus 

«ad Spanias per Constantium evocatus, «confinium provinciarum usquead ocea- 

«romani nominis causa cardes magnas «num. 

«barbáris iiitulit. Wandalos silingos in i Prosper. in chronico. «Monaxio, 

si Bsetica omnes bello ex tinxit : alanos qui «& Punta coss. , Constantius patritius 

«wandalos & suevos potentabantur,adeo «pacem firmat cum Walia , data ei ad 

«cecidit , ut extincto Atace rege ipso- «habitandum Aquitania secunda, & qui- 

«rum,pauci qui superfuerunt, oblitoreg- «busdam civitatibus confinium provin- 

«ni nomine , Gunderici regni wandalo- «ciarum. 

»rum, qui in Gallsecia resederat, se regi- 2 Paul. diac. ¡ib. 14. cap. 3. «Hoc 

«mini subingarent. Confecto igitur Wa- »in tempore fcedus fíimissimum cum re- 

» lia bello Hispanias, dum instructa nava- «ge gotthorum Walia pepigit , tribuens 

«li aciein Africam transiré moliretur, in «ei ad habitandum Aquitaniam , cius- 

«freto gaditani maris gravissima tempes- «demque provincia; quasdam civitates 

« tate effractus ( memor etiam illius sub «vicinas. 



HE LA HISTORIA. 2$J 

XIX. En la suposición pues de estos antecedentes , será bien 
pasemos á investigar , si Walia debe entenderse rey de España , y 
para ello deberán tenerse presentes las consideraciones que natu- 
ralmente resultan de las autoridades producidas. Tales son, que es- 
re rey pacto expresamente hacer la guerra á las naciones bárbaras 
que habían ocupado esta península , y restituir sus provincias al 
imperio , como que para él se hacia su conquista y debían ceder 
á su favor las ventajas de la victoria , contentándose la generosi- 
dad y belicoso espíritu de la nación goda y de su esclarecido cau- 
dillo , con la parte que les tocaba del riesgo en los marciales com- 
bates, y de la gloria militar en la repetición de sus triunfos : que 
reconocido el emperador Honorio á los importares servicios he- 
chos al imperio por los godos , militando en España como auxi- 
liares de él , y con atención á las ventajas conseguidas contra las 
naciones bárbaras introducidas en ella , tuvo por bien concederles 
y á su rey Walia , para su formal establecimiento, la segunda .Aqui- 
tania con las ciudades de las provincias vecinas, sin que conste en 
esta donación comprehendida parte alguna de España : que á con- 
seqüencia de esto Walia se paso' á las Galias , y allí estableció la 
silla de su reyno en la ciudad de Tolosa. De todo lo qual clara- 
mente se infiere , que ni Walia ni alguno de los reyes godos sus 
antecesores pueden llamarse reyes de España. 

XX. Eo mismo debe afirmarse de Teodoreto d Teodor ico J, 
que le sucedió' en el reyno ; pues en quantas acciones se refieren 
de él no hay alguna que pertenezca á nuestra península , y antes 
si por el contrario todas se reconocen acaecidas en las Galias. Oi- 
gamos á san Isidoro J , que las compendia diciendo , que en la era 

i Isidor. ubi supra. «Era quadrin- «mana; militia; ducis, non impunitus abs- 

«genteíima quinquagesima séptima, anno «cedit. Remoto igitur, Valentiniani im- 

«imperii Honorii & Arcadii vigésimo- «peratoris iussu , a sua potestate militan 

«quinto , Walia rege defuncto , Theo- «Aetio, dum Ihecdoricus narbonensi 

«dericus succedit in regnum , annis tri- «urbi diuturna cbsidione ac fame es- 

«ginta tribus. Qui regno aquitanico non «set infesms , rursus a Litorio , romanas 

«contentus , pacis romanse foedus recu- «militiae doce , hunnis auxiliantibus, fu- 

«sat , municipia romanorum vicina sedi- «gatur. Litorius autem , cum primiim res 

«bus suis oceupat : Arelas nobilissimum «prosperas adversus gotthos gesisset , de- 

«Galliae oppidum oppugnatur,a cuius ob- «nuo darnonum signis , aruspicumque 

«sidione, imminente virtute Aetii , ro- «responsis deceptus , bellum cum got- 



2*8 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

CCCCLVI, y al año 25 del imperio de Arcadio y Honorio , di- 
funto el rey Walia , le sucedió en el reyno Teoderico, y lo gober- 
nó por espacio de treinta y tres años , el qual no contento con el 
que poseia de la Aquitania , reusó mantener la paz y alianza es- 
tablecida con los romanos ; y entrando de guerra en las tierras del 
imperio que le caian vecinas , ocupó varios pueblos , puso sitio á 
la esclarecida ciudad de Arles , una de las principales de las Galias, 
y empezó á combatirla ; pero se vio precisado á abandonar la em- 
presa y á retirarse de ella , no sin bastante pérdida , temiendo al 
valor de Aecio, capitán romano, que se preparaba con su exército 
á venir contra él. Después separado del mando militar el referido 
Aecio de orden del emperador Valentiniano , estrechó Teoderico á 
Narbona , reduciéndola con la larga duración de un sitio á los es- 
tragos y pensiones de la necesidad y de la hambre : pero sobrevi- 
niendo Litorio , capitán también romano , con tropas auxiliares de 
himnos , fue puesto en huida Teoderico. Refiere luego la impui: 
dencia con que abusó Litorio de las ventajas conseguidas contra 
los godos , y la insigne victoria que estos obtuvieron , en que per- 
dido el exército romano , pereció su mismo capitán Litorio. Y 
concluye , que por fin Teoderico restableció la paz con los roma- 
nos , y uniendo sus fuerzas con Aecio , capitán romano , contra 
los hunnos que destruían con su poderosa irrupción las provin- 
cias y ciudades de las Galias , se halló en la célebre batalla de los 
campos cataláunicos , donde consiguió á costa de su vida la victoria. 
XXI. Aquí se ve que todas las premeditadas conquistas de este 
rey fueron dirigidas al fin de ensanchar los estrechos límites de 
la primitiva dominación y monarquía de los godos dentro de las 
mismas Galias ; pero que habiendo encontrado en su práctica la 
oposición de los generales romanos , á cuyo cargo estaba el man- 
do de las tropas , y la defensa de aquellas provincias sujetas al im- 

«this imprudenter iniít., amissoque ro- «romanis iniit : denuo adversus hunnos 

»>mano exercitu , miserabiliter superatus «Galliarum provincias sua depopulatio- 

«interiit, fecitque intelligi quantum il- »ne vastantes, atque urbes plurimas ever- 

»la,qusecum eodem periit , multitudo «rentes, in campis cathalaunicis , auxi- 

«prodesse potuerit , si fide potius quam «liante Aetio duce romano , aperto Mar- 

»> fallacibus dsmoniorum ostentis uti ma- «te conílixit : ibique paliando victor 

» luisset. Pacem deinde Theodericus cum >i occubuit. 



.) E LA II I S 1 O H I A. 2^0 

pcrlo , quedaron sin electo sus tentativas, y se vio' reducido Yco- 
dorico á abrazar el partido mismo de la paz , de que le habían se- 
parado las lisonjeras esperanzas de su mayor engrandecimiento. Es- 
te no consta en manera alguna se verificase , y por consiguiente 
resulta haberse contenido su reyno en los precisos términos con 
que lo había gozado su antecesor , mediante los conciertos de que 
queda hecha mención: y así no debe ser estraño se conciba , respe- 
to de él , la exclusiva que dexamos establecida. 

XXII. Por muerte de Teodorico se le facilito la sucesión al 
trono á su hijo Turismundo , que solo gozo su posesión por espa- 
cío de un año ; porque dando muestras desde los principios de su 
mando , de la áspera quanto maligna condición de que estaba do- 
tado , y executando algunas violencias y extorsióries con los sub- 
ditos , fue muerto al cabo de él por sus mismos hermanos Teodo- 
rico y Friderico , según lo expresa san Isidoro I . De cuyo contex- 
to se deduce , que el ánimo de este rey meditaba acometer algu- 
nas empresas militares que hiciesen esclarecido su reynado , sin 
que conste el caso de su execucion , por el obstáculo del corto 
tiempo que gozo de él : por cuyo motivo falta, igualmente en él 
positivo fundamento para haberlo de estimar rey de España , ni 
que su dominación se extendiese á esta península. 

XXIII. En su lugar fue elevado al trono de los godos Teode- 
rico II su hermano , y gozo el reyno por espacio de trece años. 
De él dicen Idacio 2 y san Isidoro 3 , que habiendo contribuido 
con su poder y autoridad á que ascendiese Avito al goce de la 
dignidad imperial , entró en España , de consentimiento y por dis- 

1 Isidor. ubi sufra. »Era quadrin- «dinatione Aviti imperatoris, ingreditur. 
«gentesima nonagésima, anno primo im- 3 Isidor. ubi supra. «Era quadrin- 
«perii Martiani , Torismundus , filius «gentesima nonagésima prima anno se- 
«Theoderici , provehitur ad regnum an- «cundo imperii Martiani , Theodericus, 
«no uno. Qui , dum in ipsius regni vix »post fraternam necem , in regnum suc- 
«exordiis , feralis ac noxius hostilia ins- «cedens , imperat annis tredecim. Qui 
«piraret , multaque ageret insolentius , a »pro eo quod imperatori Avito , su- 
«Theoderico & Fricderico est fratribus «mendi imperialis íastigii, cum gallis au- 
«interemptus. «xilium prsebuisset , ab Aquitania His- 

2 Idat. in chroníc. »Mox Hispanias wpanias , cum ingenti multitudine exer- 
»rex gotthorum Theodericus cum ingen- «citus, & cr.m licentia eiusdem Aviti im- 
»ti exercitu suo , &cum volúntate &or- «peratoris , ingreditur. 



240 



MEMORIAS DE LA ACADEMIA 



posición del mismo Avito con numeroso exército , y en ella hi- 
zo la guerra á Riciario rey de los suevos , á quien venció en bata- 
lla cerca de Astorga , junto al rio Orbigo , y logrando después ha- 
cerlo prisionero , dispuso pagase con la vida el ambicioso proyec- 
to de ensanchar su reyno con la ruina y usurpación de los con- 
finantes , que habia formado. 

XXIV. Fue la entrada de Teodorico en el año de 455 d el 
siguiente ; y esta es la primera vez que se puede decir que los go- 
dos tratasen de establecer su monarquía en España , conquistando 
en ella , no lo que poseían los romanos , que era parte de la tarra- 
conense , la qual conservaron por entonces mediante la amistad 
que intervenía entre una y otra nación , sino lo que ocupaban los 
suevos , que fue contra quienes dirigid sus armas el rey godo Teo- 
derico. Y aun de este puede dudarse , si efectivamente hizo alguna 
adquisición para sí en nuestra península , que pueda darle derecho 
de intitularse rey de España ; porque el haber hecho la guerra co- 
mo auxiliar del imperio , da fundamento á creer cediesen á favor 
de este las conquistas , sin que fuese preciso tocase parte de ellas á 
los godos. 

XXV. Sucedió á Teoderico su hermano Eurico , y este segu- 
ramente fue monarca de los godos en España ; porque reconocien- 
do la debilidad , á que se habia reducido la potencia romana , con 
la freqüente mudanza de los últimos emperadores y con la poca 
autoridad que en ellos residia , no dudó acometer las provincias 
que le caian inmediatas, aprovechando como buen político la opor- 
tunidad que tales circunstancias le brindaban para el engrandeci- 
miento de su reyno. Así habiéndose dirigido con sus tropas hacia 
la Lusitania , y llevado en ellas por todas partes la desolación y el 
estrago , se apodero en su regreso de Pamplona y Zaragoza y de to- 
da aquella parte superior de España , destruyendo en la tarraconense 
quanto le hizo oposición , según expresamente lo refiere san Isidoro l . 

XXVI. Por esta razón don Juan de Ferreras cuenta por pri- 

1 Isidor. ubisupra. »Era quingen- »»tim legatos ad Leonem imperatorem 

¡»tesima quarta , anno imperi! Leonis oc- »dirigit. Nec mora , partem Lusitania:, 

«tavo , Euricus succedit in regnum.... in «magno Ímpetu, deprsedatur : inde Pam- 

»quo lionore provectus &: crimine , sta- »pilonem &. Cassaraugustam, misso exer- 



PELA HISTORIA. 24.I 

mor monarca de España á Eurico , diciendo de él en el año 470, 
„ que reconociendo que nuestra España no tenia defensa , deter- 
„ mino' emprender su conquista" ; y el mismo autor da principio 
á la relación histórica de ella en el siguiente de 471. 

XXVII. Pero Ambrosio de Morales ' sigue , que Teoderico JI 
fuese el primer monarca , pues hablando de su entrada en España, 
se explica en tales términos : „ Autores son de esto Jornandcs y 
„ san Isidoro , el qual dice expresamente , que esta entrada de Teo- 
„ dórico en España , fue con licencia y de consentimiento del em- 
„ perador Avito , casi como en remuneración de la ayuda que le 
„ había dado para el imperio: para que todo lo que acá ganase que- 
„ dase por suyo , sin que los romanos pretendiesen ningún dere- 
„ cho de la posesión antigua en ello. Y esta es la primera entrada 
„ de los godos en España con nuevo derecho , dándoles el señorío 
„ de ella quien con razón podia." 

XXVIII. Contra lo dicho se podrá oponer lo que Jornandes 2 
escribe , de haber hecho el emperador Honorio la paz con Alari- 
co , y cedídole en ella las Galias y las Españas , y que por consi- 
guiente tanto él como sus sucesores deben contarse entre los mo- 
narcas de España : en cuya virtud el citado Morales continúa, des- 
pués de las palabras que van puestas , con la siguiente expresión: 
„ como también antes Honorio , según se dixo , le habia dado el 
„ mismo derecho al rey Alarico sobre España." 

XXIX. Pero á este argumento deberá satisfacerse , advirtiendo 
en primer lugar , que el tener derecho á un reyno , no es bastante 
para haberse de computar entre sus monarcas , porque hay nota- 
ble diferencia de lo uno á lo otro. Así aunque nuestros reyes, 
por el derecho adquirido antiguamente al reyno dé Jerusalen , con- 
serven este dictado entre los títulos que condecoran el alto carác- 
ter de su dignidad , no por eso los historiadores los colocan en la 

»c¡tu, cap'tt: superlorem Hispaniam in po- »tia sedit, quatenus provincias longe po- 

» téstate sua mittit : tarraconensis etiam «sitas , id est Gallias Hispaniasque , quas 

«provincia: nobilitatem , quae ei repug- »iam paene perdidisset , Gizericique van- 

«naverat , exercitus irruptione evertit. «dalorum regís vastaret ¡rruptio, si vale- 

1 Morales , lib. 1 1. cap. 30. «ret , Alaricus sua cum gente, tamquam 

2 Iornand. de rebus getic. cap. 51. » lares proprios,vindicaret,donatione sa~ 
»»Cuí (Honorio) ad postremum senten- «ero oráculo confirmata. 

Hh 



2A2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

serie de sus soberanos , por faltarles la circunstancia tan precisa de 
la posesión , y del efectivo mando y superior autoridad en los paí- 
ses de su dependencia. 

XXX. A lo que se agrega la gravísima dificultad de que sea 
cierta la paz que afirma Jornandes haber celebrado el emperador 
Honorio con Alarico , y consiguientemente la cesión que por 
ella se supone de las Galias y de las Españas. Quatro veces , se- 
gún acuerdan las historias , trató Alarico de la paz con Honorio, 
y en ninguna de ellas llegó el caso de efectuarse. La primera 
fué en vida de Estilicon , la que embarazó este mismo , como lo 
afirma Paulo Orosio. La segunda después de muerto Estilicon , 
de que hay mención en Nicéforo ; y no queriendo Honorio con- 
cederla , puso Alarico el primer sitio á Roma. La tercera quan- 
do el mismo Honorio la propuso , y señaló para tratarla la co- 
marca de Rímini ; pero pidiendo Alarico el generalato de las tro- 
pas romanas , se lo negó Honorio , y se disolvieron las conferencias 
sin ajustar cosa alguna. La quarta y última , quando estando ya 
adelantado el convenio , y en términos casi de concluirse , lo impi- 
dió un capitán de Honorio con la traición que acuerdan las histo- 
rias. De suerte que nunca llegaron á solemnizarse ni á tener cum- 
plido efecto artículos algunos de los propuestos entre uno y otro 
príncipe ; por cuyo motivo tiene grandes visos de incertidumbre 
la paz en que Jornandes quiere se concediesen las Españas á Alari- 
co : lo que igualmente comprueba el silencio de todos los coetáneos 
Orosio , Idacio , Olimpiodoro y otros, pues ninguno hace mención 
de tal paz , aunque refieren muy por menor las acciones de Alari- 
co , y con especialidad el conde Zósimo. 

XXXI. De todo lo antecedente sacamos por conclusión , que 
de los reyes godos primitivos desde Ataúlfo , el que puede estimar- 
se por primero que dominase en España , y que exerciese positi- 
va y formal soberanía en ella , sea ó Teodorico II , ó Eurico su 
hermano y sucesor , según lo determinase la academia , á cuya 
censura y sabia comprehension se sujeta en todo el presente dis- 
curso , dirigido tínicamente por el amor á la verdad , que debe ser 
el principal objeto de la historia , y el mas poderoso impulsivo en 
los que hacen profesión decorosa de su estudio. 



jjxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxu 

DISERTACIÓN 

EN Q.UE SE DEMUESTRA 

QUE ATAÚLFO FUE EL PRIMER REY GODO 

DE E S P A ÑA, 

Y SE SATISFACE A LAS OBJECIONES 

DE LA OPINIÓN CONTRARIA. 

E>E DON IGNACIO DE ZUZAN 

I. KJi algún suceso se lee en las historias que merezca tener- 
se por demostrado , es uno á mi ver el de haber sido Ataúlfo el 
primero entre los reyes godos que empezó la monarquía de Es- 
paña con dominio y principio cierto , y desde el qual se debe con- 
tar la serie de nuestros reyes. 

II. No ignoro que algunos modernos han querido poner en 
duda esta verdad. El marques de Mondéjar, cuya erudición ha- 
ce tanto honor á nuestra España , es -uno de ellos. Don Juan de 
Ferreras se dexó llevar de la autoridad de Mondéjar. Pero yo 
me persuado , que estos dos grandes hombres no quisieron exa- 
minar á fondo este punto , y solo movidos de algún reparo d con- 
jetura que creyeron justa y fundada , insinuaron como de paso 
su nuevo dictamen. Últimamente nuestro erudito compañero don 
Francisco Manuel de la Huerta , en un discurso lleno de erudi- 
ción escogida , ha intentado probar que no fué Ataúlfo , ni aun Si- 
gerico , ni Walia el primer monarca de los godos en España. 

Hh2 



244 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

III. Para proceder con distinción en las pruebas que inten- 
to dar de que lo fué Ataúlfo, haré un resumen de la historia de este 
rey , comprobado con los mismos autores que se citan por la opi- 
nión contraria , y luego satisfaré á los reparos que se ponen , sa- 
cados de algunas leves conjeturas, ó de interpretaciones que á mi 
ver no son bastante legítimas ni fundadas. 

IV. Alarico rey de los godos, por vengar la muerte de Ra- 
dagayso , y la pérdida y esclavitud de tantos vasallos que con es- 
te perecieron en los montes fesulanos , entro en Italia con un exér- 
cito numerosísimo de godos. Honorio emperador tenia entonces 
su corte en Ravena. Ya estaban á esta sazón inundadas las Ga- 
lias por los alanos , vándalos, suevos y otras naciones septentriona- 
les , que empezaron á entrar en aquellas provincias el año 406 
de Christo , según san Prospero de Aquitania. Al mismo tiem- 
po Marco y Graciano y después Constantino, tiranos , se rebela- 
ron en la Inglaterra y las Galias , desde donde los alanos , vánda- 
los y suevos entraron talando la España el año 409. 

V. En este infeliz estado se hallaba el imperio de occiden- 
te , y con un emperador devoto y pió , pero inhábil , sin espíri- 
tu y entregado al ocio , quando Alarico estaba á las puertas de 
Ravena con urt poderoso exército , amenazando la destrucción de 
toda Italia , y pidiendo le dexase el emperador habitar con sus go- 
dos en ella , haciendo de los dos un pueblo ; o si esta condición 
no gustaba á Honorio , saliese á decidir en una batalla con las 
armas la suerte de unos ú otros , debiendo quedar señor y domi- 
nante en ambas naciones , goda y romana , el que fuese vencedor. 

VI. No estaba Honorio para abrazar este ultimo partido muy 
ageno de su ánimo apocado , y mas sin exército bastante para opo- 
nerse. Tampoco le era muy conveniente, antes bien muy arries- 
gado y perjudicial , el admitir tales huespedes armados , fuertes y 
numerosos en Italia : por lo que con maduro consejo de sus mi- 
nistros tomo otro medio , que fué ofrecer á Alarico y á sus godos 
las Galias y las Españas , como provincias , o' ya perdidas por la 
invasión de los bárbaros y por la rebelión de los tiranos , o' pró- 
ximas á perderse por la distancia y falta de medios para socor- 
rerlas y mantenerlas en la obediencia. Contentáronse los godos 



DE LA HISTORIA. 245 

con esta oferta y pacto , tomando sobre sí el cargo de ganar con 
las armas , contra los bárbaros y los tiranos , lo que el emperador 
les cedía en aquella paz. 

VII. Así lo refiere Jornandes , que reduciendo á un compen- 
dio la historia de los godos , solo hace mención de los princi- 
pales sucesos , o' de los que mas hacían á su intento , como eran 
el sitio de Ravena , hallándose dentro Honorio : la paz ajustada 
entre este y Alarico , mediando la cesión de las Galias y la Espa- 
ña: la infracción de esta paz por los romanos : la victoria de Ala- 
rico : su entrada en Roma : su muerte en Ríjoles : y en fin el se- 
gundo saqueo de Roma por Ataúlfo sucesor de Alarico, que de- 
xando libre la Italia á su cuñado Honorio , se iaé con sus go- 
dos á tomar posesión de las provincias de las Galias y de Espa- 
ña , ya cedidas por el mismo emperador. 

VIII. Es verdad que algunos autores coetáneos refieren varias 
circunstancias que Jornandes omite , y dicen que Alarico pidió 
muchas veces la paz á Honorio , y este se la negó'. Pero todo 
se conciba muy bien con lo que Jornandes dice , como se ha- 
ga distinción de tiempos , y se coloquen en su debido lugar los su- 
cesos. Así la paz y el subsidio concedido á Alarico por la ins- 
tancia y por la autoridad de Estilicon , en el consejo que se tu- 
vo en Ravena estando Honorio en Roma , fué antes de entrar Ala- 
rico en Italia. Las conferencias y proposiciones de paz por me- 
dio de Jovio en Rímini , fueron después de haber entrado Ala- 
rico en Italia , de haber estado dos veces á las puertas de Roma 
sin entrar en ella, sacado de sus ciudadanos una gruesa contribución 
la primera vez , y la segunda obligádolos á elegir emperador á 
Átalo; después de lo qual se encaminó con este hacia Ravena , 
donde entonces se hallaba como retirado Honorio , y en donde 
le sitió Alarico. De este sitio de Ravena y de la paz que resul- 
tó de él , es de lo que habla Jornandes : de modo que aquellos 
sucesos no se oponen ni pueden obstar á los posteriores. 

IX. Después de la batalla de Polencia ( hoy Pollenzo , lugar 
del Piamonte cerca del Tánaro ) volvió Alarico por los mismos 
pasos á vengarse de la traición de los romanos, y á saquear á 
Italia. Impiítase esta traición, con otras muchas contra Honorio, 



246 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

á Estilicon , culpado según los autores coetáneos ortodoxos, é ino- 
cente según los gentiles. Alarico se encamino á Roma y la en- 
tro á saco el año de 409 de Christo , según el computo que me 
parece mas verdadero ; aunque Petavio , cuya autoridad es de mu- 
cho peso , pone esta entrada en el año de 440 , y Orosio en el año 
de Roma 11 64. Tres dias se detuvo en Roma Alarico según 
Orosio , y según Marcelino seis : ambos son coetáneos. Pasó Ala- 
rico á la conquista de Ñapóles , y estando en Ríjoles disponien- 
do hacer la de Sicilia, murió de enfermedad. Sucedióle por elección 
de los godos Ataúlfo , á quien el mismo Alarico habia dado por 
muger á Placidia hermana de Honorio , que habia sido hecha pri- 
sionera en el saqueo de Roma. 

X. Era Ataúlfo de ánimo marcial y generoso. La traición 
de los romanos , y sobre todo su mismo genio , le estimulaban 
á la venganza y á la destrucción del- imperio y nombre roma- 
no , y á ensalzar en su lugar el nombre y dominación de los 
godos , haciendo que el renombre de Augusto se mudase en ade- 
lante en el de Ataúlfo. Con estos altos pensamientos , y con un 
exército victorioso para poner en práctica sus proyectos , rico con 
los despojos de Roma y de casi toda Italia , solamente le fal- 
to la resolución de intentarlo, no siendo dudable que entonces 
lo hubiera conseguido , según el estado en que se hallaba el im- 
perio de occidente. 

XI. Pero los vastos designios y los ardores belicosos de Ataúl- 
fo cedieron poco á poco á el de una pasión , que al fin le hi- 
zo mudar totalmente de ideas y de intentos. Placidia , hermosa 
y discreta , le gano enteramente la voluntad , moderó su aver- 
sión contra el nombre romano , le reconcilió con su hermano Ho- 
norio x , y de enemigo implacable del imperio le hizo amigo tan 
constante , que sufrió quanto se puede imaginar por no romper 
con Honorio. Cedióle la Italia , después de haberla poseído tres 
d quatro años. Contentóse con la parte de las Galias y de Es- 
paña que pudo conquistar por entonces de los tiranos y de los 

1 Paul, diacon. Hist. mise. ,, Ala- ,, rem dedit, quse blanditüs suis apud 
„ ricus Gallam Placidiam , Honorii so- „ maritum effecit , ut ultro ipse á ro- 
„ rorem Romse captam , Ataulpho uxo- „ manis pacem peteret." 



Di; LA HISTORIA. 047 

bárbaros. Hizo guerra por Honorio á los tiranos Jovino y Se- 
bastiano , dándoles Ja muerte y ocupando á Narbona dónele es- 
tallan , el año 414, según Idacio y Marcelino. Quiso restablecer 
el imperio romano , y con este lin á un hijo que tuvo de Pla- 
cidia en Narbona le puso por nombre Teodosio : quizá para 
que el nieto , representando la memoria de su grande abuelo 
lograse algún dia el imperio romano , si antes no podía conse- 
guirle el mismo Ataúlfo. Finalmente sufrió' la astuta maña y 
aun los agravios mas sensibles de Constancio , á quien Honorio ya 
tres años antes habia enviado con exército contra los tiranos 
y bárbaros de las Galias : pues Constancio , por la ciega pasión 
con que amaba á Placidia , con repetidas instancias la pedia por 
esposa á Honorio , que finalmente se la ofreció' , si la pudiese re- 
cobrar por paz o' por guerra. 

XII. Esta pasión de Constancio , y la envidia de verla en 
poder de Ataúlfo , le movieron á aquel atentado, que executo' sin 
orden , como yo conjeturo , y contra la voluntad de Honorio ; pues 
ya que no se atrevió á romper la paz y hacer guerra á Ataúl- 
fo y á Placidia , dispuso de tal manera sus tropas y dio' tales or- 
denes, que impidió , por mar y por tierra , toda entrada de ví- 
veres en Narbona. La carestía y falta de mantenimiento obliga- 
ron á Ataúlfo á dexar esta ciudad y pasarse á Barcelona : si bien 
Jornandes dice , que el motivo que tuvo para pasar á España, 
fué la compasión que concibió' de los españoles , invadidos y asola- 
dos por los vándalos , con quienes tuvo varios combates. Última- 
mente , tres años después de haber dominado parte de las Galias 
y las Españas , murió' en Barcelona á manos de un traidor. Todo 
esto lo atestiguan en parte Orosio , y en parte Jornandes , Pablo 
diácono en la Historia miscela , Marcelino , Idacio , Próspero y 
otros coetáneos , cuyas autoridades omito. 

XIII. La entrada de Ataúlfo en Francia y España no fué in- 
mediata al saqueo primero y segundo de Roma , sino años desnues: 
de manera que Ataúlfo fué primero rey de Italia. Claramente lo 
expresa nuestro san Isidoro 1 ; si bien los seis años que le da de rey- 

1 Lid. Hist. goth. ,, Ataulphus á „ sex : iste , quinto regni armo , de Ita- 
,. gothis Italiae regno praíñeitur annis „ lia recedens Gullias adüt." 



.248 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

nado , se han de entender de todo su reynado, así en Italia , como 
en Francia y España : porque contando desde el año 409 en que 
fué el saco de Roma , y poco después la muerte de Alarico y elec- 
ción de Ataúlfo , hasta el 415 en que se pone comunmente su 
muerte , se hallan los seis años cabales. 

XIV. El mismo san Isidoro y el Cronicón moysiacense cuen- 
tan , que al quinto año de su reynado en Italia pasó á Francia. 
Y así se entiende bien lo que dicen Idacio y el Cronicón moysia- 
cense , que se dividieron los godos , y los que quedaron en Italia 
quando Ataúlfo partid de ella y la dexó á Honorio , se sujetaron al 
imperio romano : los demás que fueron con Ataúlfo á Francia y 
España , estaban sujetos á su propio rey. 

XV. Esta cesión de Italia , este no querer romper la paz con 
Honorio , no apoderarse de todo el imperio romano sujetándole 
al nombre y dominación gótica , sufrir tantas injurias , contener 
tan á raya el valor y ardimiento de los godos , haciendo que se 
contentasen con una pequeña parte de Francia y España, humi- 
llarse á pedir y esperar una paz estable de Honorio , pudiendo con 
sus armas conseguirla mas segura r , y finalmente esta ciega condes- 
cendencia de Ataúlfo al amor de Placidia, á sus alhagos y per- 
suasiones ; estas fueron las causas de la muerte de Ataúlfo , y aun 
de su sucesor Sigerico , como lo atestigua claramente Orosio. Así Jo 
entiende también Ambrosio de Morales ; pues eso sin duda quiere 
decir, et ultimo exitu ejus probatura est : no con su última acción , 
esto es , con la entrada en España ( que no fué esa su última ac- 
ción) , sino con su último fin , esto es , con su muerte. 

XVI. De manera que los godos , viendo que Ataúlfo era tan 
afecto al imperio romano y á Honorio , que prefería su conserva- 
ción á los intereses de los godos y aun á los propios , dexándose 
gobernar enteramente por los consejos de Placidia , no pudiendo 
su genio marcial y feroz sufrir un príncipe , que en vez de exten- 
der sus dominios y conquistas por todo el imperio romano , se 
contentaba con tan pequeña parte , y aun esa la defendía , no con 



1' Oros. lib. 1. cap. 16. „ Socíeta- ,, quam armis vindicare potuissent." 
„ tem romani fcederis precibus sperant , 



DÉLA HISTORIA. 249 

las armas, sino con reiteradas instancias , por mantener la paz con 
Honorio, sufriendo los manifiestos agravios de Constancio sin re- 
solución para vengarlos con justa guerra , le dieron la muerte, va- 
lie'ndose de uno de sus mismos domésticos llamado Varnulfo , cu- 
ya pequeña estatura solía motejar Ataúlfo : siendo totalmente in- 
verisímil lo que dice Olimpiodoro , que este criado , á quien lla- 
ma Dubio , lo habia sido de otro rey de los godos á quien Ataúl- 
fo había dado muerte , y que por vengar á" su primer señor habia 
dado muerte á Ataúlfo , mientras este se divertia en ver sus caba- 
llos en su quadra. 

XVII. No puede decirse cosa mas agena de toda verisimilitud, 
ni mas contra la verdad y testimonio de otros coetáneos que sa- 
bían mejor los motivos de esta traición ; porque se sabe los reyes 
godos que hubo antes de Ataúlfo , que fueron Alarico y Herma- 
narico , dexando los antecesores á estos , muy remotos del tiempo 
de Ataúlfo. Hermanarico murió en Constantinopla de enferme- 
dad en tiempo de Teodosio el grande. Alarico murió también de 
enfermedad en Ríjoles, y al tiempo de su muerte manifestó' el amor 
que tenia á su cercano pariente Ataúlfo, dexándole por esposa una 
prisionera tan ilustre como Placidia, é influyendo sin duda á que 
los godos le eligiesen rey después de su muerte. 

XVIII. Orosio , mejor informado que Olimpiodoro , expresa la 
verdadera causa de la muerte de Ataúlfo , que fue el afecto que te- 
nia á los romanos , su condescendencia por conservar la paz con 
Honorio , y su demasiada deferencia á los consejos de Placidia ; pe- 
ro mas adelante hablaré de Olimpiodoro y del crédito que me- 
recen sus noticias. 

XIX. Es constante que Honorio hizo donación á Alarico y á 
sus godos de las Galias y de la España , como lo atestiguan Jor- 
nandes I y el autor de la Historia miscela 2 ; que habiendo vio- 

1 Iorn. cap. 30. "Provincias Ionge 2 Hist. miscell. lib. 13. «Italiam in- 
«positas , id est , Gallias Hispaniasque, «gressus ( Alaricus) cum ab Honorio se- 
»quas iam paene perdidisset , & Gizeri- «des, quo cum suo exercitu consistere 
»ch¡ eas wandalorum regis vastaret irrup- »posset , expeteret , Honorius, delibera- 
do , si valeret , Alaricus sua cum gente «to consiüo , Gallias eidem concessit, 
»sibi, tamquam lares proprios, vendica- »>qui dum ad Gallias pergens. . . . 
»> ret, donatione sacro oráculo confirmata. 



250 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

lado los romanos esta paz con el suceso de Polencia , volvió Ala- 
rico á saquear la Italia y Roma ; que después su sucesor Ataúlfo, 
ya desposado con Placidia y olvidando por su amor las injurias 
pasadas , renovó la paz con su cuñado Honorio , como lo expresa 
Jornandes * , y le dexd libre la Italia. 

XX. Paso' á Francia Ataúlfo con los godos que le quisieron 
seguir , quedando muchos en Italia , quizá por estar casados con 
romanas ó italianas y hallarse bien en aquel pais. Estos fueron 
los que quedaron sujetos al imperio romano , según Idacio y el 
Cronicón moysiacense. Entró en las Galias haciendo guerra , no á 
los romanos , sino á los que se le oponían en la posesión de aque- 
lla provincia que le tenia cedida Honorio , y á los que eran re» 
beldes al imperio , y colocó su silla en la Aquitania , en Tolosa y 
Narbona. Así pudo muy bien cometer hostilidades en la Aquita- 
nia , sin que por eso se arguya que no las cometiera si por pac- 
tos se la hubieran entregado los romanos , pues las hostilidades no 
eran contra Honorio , sino contra los bárbaros y tiranos , y contra 
los que le impedían la posesión. 

XXI. Y mucho menos se puede decir , que porque puso su si- 
lla en la Aquitania , no se debe ni puede contar entre los monar- 
cas de España : que es como decir que Felipe II , porque tenia 
su corte en Madrid , no se puede contar por rey de Portugal. Na- 
die debe dudar que Ataúlfo habia de establecer primero su silla 
en la Aquitania , que era la provincia por donde habia de pasar 
para venir á España , y después debia establecerse en España ; sin 
que le obste para ser contado por monarca de ella , el haber es- 
tado primero en Aquitania que en Barcelona : y lo mismo digo 
de sus sucesores que tuvieron su silla en Tolosa , pues en ellos 
militan las mismas razones. 

XXII. Establecido ya su reyno y dominación en la Francia, 
pasó Ataúlfo á ocupar la España , y hacer valer el derecho que te- 
nia á ella. Dio también impulso á esta expedición , la lástima que 
tuvo de las calamidades de España por la invasión de los vánda- 
los , como dice Jornandes : y también pudo acabarse de resolver 

1 Iornand. cap . 32, 



DÉLA HISTORIA. 25I 

á esto , por la escasez de víveres que experimentaba en Narbona, 
causada de la astuta maña de Constancio , contra quien no quiso 
explicarse ni valerse de las armas , por los respetos de Honorio y 
de Placidia tan infaustos para él , que al fin causaron su muer- 
te , según dixe arriba con la autoridad de Orosio. Las demás cir- 
cunstancias las trae con mas extensión Jornandes , á cuyo texto 
me refiero r . 

XXIII. De todo lo dicho se infiere , quan ageno de la verdad 
histórica sea el decir que Ataúlfo se vino huido á refugiar á Bar- 
celona : pues ademas de que Jornandes dice muy al contrario, y de 
que Paulo Orosio , á quien se alega , no usa de voces que expre- 
sen en rigor huida ni refugio , pues solo dice 2 fpie Constancio 
preciso á los godos á ausentarse de Narbona y pasar á España ; y 
esto no con guerra abierta , sino solo con la industria de impedir- 
les la entrada de los víveres : ademas digo de todo esto , ¿ que 
necesidad tenia Ataúlfo de huir á España y buscar en ella asilo y 
mantenimiento , si conservaba siempre su reyno de Aquitania y 
su silla en Tolosa , como lo confiesan los de la contraria opinión ? 

XXIV. Fuera de que , yo pregunto , si Barcelona quando en- 
tró en ella Ataúlfo era de los romanos ? Precisamente lo era , o de 
los bárbaros. Si era de los romanos , ¿ por donde ó como un fugiti- 
vo de las armas de los mismos romanos , sin tener con que man- 
tener sus tropas , se habia de refugiar en un pais y en una ciudad 
de los mismos romanos ? Claro está pues que Ataúlfo no entró en 

1 lora. cap. 3T. „ Nec tantum prí- „ this regno in Galliis , hispanorum casu 

,, vatis divitiis Italiam spoliavit, immo & ,, ccepit doleré, eosque deliberans a. wan- 

,, publicis , imperatore Honorio nihil re- „ dalorum incursibus eripere , per suas 

,, sistere prasvalente ; euius & germanam „ opes Barcilonam , cum certis fidelibus 

,, Placidiam.... urbe captivam abduxit. ,", delectis plebeque imbelü , interiores 

„ Quam tamen.... suo matrimonio legi- „ Hispanias introivit: ubi sa;pe cum wan« 

„ time copulavit ; ut gentes , hac socie- „ dalis decertans , tertio anno postquam 

„ tate comperta , quasi adunata gotthis ,, Gallias Hispaniasque domuisset, oceu- 

„ república , efricacius terrerentur , Ho- „ buit. 

„ noriumque augustum , quamvis opibus 2 Oros. lib. 7. cap. 43. ,, Gotthos 

,, exhaustum, tamen quasi cognatum gra- ,, Narbona expulit, atque abire in Hispa- 

„ to animo derelinquens , Gallias ten- ,, niam coegit. Interdicto prascipue atque 

„ dit — Tali ergo casu Gallias Ataulpho ,, intercluso omni commeatu navium, & 

„ patuere venienti. Confirmato ergo got- „ peregrinorum usu commerciorum. 

IÍ2 



2$2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

Barcelona enemigo de los romanos , sino como amigo y como quien 
entraba por dominios suyos en virtud de la donación de Honorio. 

XXV. No hay autor que diga expresamente lo contrario , y es- 
pecialmente Orosio, á quien se cita por la otra opinión, claramen- 
te dice que había paz entre romanos y godos al tiempo que mu- 
rió Ataúlfo ; pues si se entienden bien sus palabras , no sé como se 
pueda dudar de esta verdad. Habla Orosio de Walia (debiéndose 
suponer que Sigerico solo reyno siete dias ó muy poco tiempo, 
con que no le tuvo para hacer paz ni guerra) y dice l : „ Sucedió 
„ después Walia en el reyno , elegido por los godos para romper 
„ la paz , pero destinado por Dios para confirmarla." ¿Puédese de- 
cir mas claramente que Ataúlfo no murió enemigo de los romanos, 
y que antes bien habia paz entre Ataúlfo y Honorio , entre godos 
y romanos, quando entro á reynar Walia? Porque ¿que quiere de- 
cir pacem infringeret? pacem confirmar et? ¿No es claramente decir, 
que habia una paz subsistente entre godos y romanos , la qual 
querían los godos se rompiese , y por eso mataron á Ataúlfo y á 
Sigerico , y eligieron á Walia ? ad hoc electus a gotthis ut pacem in- 
fringeret. Pero la divina providencia dispuso que Walia no solo 

no rompiese la paz , sino antes bien la confirmase : ad hoc ordina- 
tus a Deo ut pacem confirmar et. Que Orosio se deba entender así, 
no es solo opinión mia ; mucho antes que yo le entendió del mis- 
mo modo el erudito Ambrosio de Morales. 

XXVI. Pero Olimpiodoro , autor coetáneo , ( añaden los que 
impugnan al reyno de Ataúlfo en España y la donación de Ho- 
norio) dice que Ataúlfo al tiempo de morir encargó á su herma- 
no que Placidia fuese restituida á Honorio por los godos , é hicie- 
sen lo posible por conciliarse la concordia y compañía de los ro- 
manos : de donde arguyen que no habia habido paz alguna entre 
Honorio y Ataúlfo , pues este encargaba al tiempo de su muerte 
que la hiciesen ; y por consiguiente no habiendo habido paz , no 
habría tampoco la donación de la España y parte de Francia , que 
se supone como artículo de aquella paz. 

i Oros. ib. «Deinde Walia successit upacem infringeret , ad hoc ordinatus a 
win regnum , ad hoc electus a gotthis ut »Deo ut pacem confirmaret. 



DE LA HISTORIA. vq 

XXVIT. No me será difícil desvanecer esta objeción , fundada 
en un texto de Olimpiodoro , mal traducido por el P. Andrés Es- 
coto. El texto griego dice así : TtAívruv $é A$¿xA<p(&, ■z^po<rérctr r ¡e 
TÚ) iíiu k$tAQ¡)w Í7ro$ovvcti Vv/I Tl\a,Ki$ta,v- Kxt , t*Ti ívvetfire , Tí)» Paju.a,íuv 
(piAiAv íavto7í in^Trow^dSrom. Esto es literalmente en español : , Es- 
„ tando á la muerte Ataúlfo ordeno' , que fuese restituida Placidia 
„ á su propio hermano (Honorio) , y que, si fuese posible, con- 
„ servasen y mantu-viesen la amistad de los romanos." Esto quiere 
decir el aoristo neg/wo»í<r«e9-«f eetvrols t*¡v T'uftaíay <piÁía,v. De manera 
que el P. Andrés Escoto confundid un hermano de Ataúlfo que 
no hubo , con el hermano de Placidia que fue Honorio y es de 
quien habla el texto , equivocando el conservar la amistad , con el 
hacer la paz ; y así ha sido causa de que se cite erradamente á Olim- 
piodoro , y se le haga decir lo que no dixo. 

XXVITT. Ocioso era interpretar según su verdadero sentido es- 
te texto , quando el mismo Olimpiodoro en otro expresa claramen- 
te que habia paz entre Ataúlfo y los romanos. Va hablando de los 
pactos que habían intervenido entre Ataúlfo y los romanos , por 
medio de Constancio , sobre cierta cantidad de víveres que le ha- 
bían de dar para su mantenimiento , pidiéndole por eso que res- 
tituyese á Placidia ; y como Ataúlfo , viendo que los romanos no 
cumplían nada de lo que le tenían ofrecido , especialmente en or- 
den á los abastos, no quiso restituir á Placidia , y aun estuvo para 
romper la paz y hacerles guerra : „Pero como no se cumplid, di- 
„ ce I , á Ataúlfo lo ofrecido , especialmente en orden á los víve- 
„ res y mantenimientos , no restituyó á Placidia , y aun parecía 
„ querer mudar la paz en guerra." ¿Pues esto no es decir claramen- 
te que Ataúlfo tenia paz con los romanos? Porque ¿como podía 
mudar la paz en guerra , sino se supone que tenia paz y que no 
era enemigo de los romanos? 

XXIX. Pero demos que Olimpiodoro hubiese dicho todo lo 
que se pretende y mucho mas , la buena crítica desestimaría siem- 

i Olympíod. A'AAarS»7fpíí AS~á(íA(?o^ „ Ataulpho promissa.prasserrim de curan- 

vxorxío-íu», /ih -nípatvcMÍrcav , x,x¡ /uÁA«? a t»s ,, da annona , perfecta non fmssent nec 

f^5í***! ™ ¿T :> "^ ,SV > **'' "f **%>> „ 'psam reddidit , & pacem bello com- 

«tfriiiv t« ns upns JWirarH «Sed quod }} mu taturus videbatur. 



254 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

pre sus noticias en este caso. Porque en primer lugar se ha de te- 
ner presente , que el citar á Olimpiodoro contra lo que cuentan 
otros autores coetáneos , no puede hacer mucha fuerza , pues nin- 
gún erudito ignora que en rigor no hay tal autor , y lo que te- 
nemos es solo un brevísimo y confuso extracto que nos dexó Fo- 
cio en su Biblioteca. Escribió' Olimpiodoro 22 libros de historia, 
y el extracto solo comprehende tres hojas y media en la edición 
de Paris de la Historia bizantina * . Considérese ahora quantas co- 
sas omitiría Focio , y quantas alteraria para semejante reducion; y 
véase si será estraño que no se halle en ella con toda claridad y 
extensión la paz de Alarico, la de Ataúlfo, ni otras infinitas cir- 
cunstancias que habría en Olimpiodoro. 

XXX. Ademas de esto las circunstancias de este autor no fue- 
ron tales , que su testimonio merezca ser preferido al de otros coe- 
táneos d inmediatos. Focio dice que su estilo era indigno de la 
historia , sin forma , sin aseo , y que degeneraba en idiotismo y en 
vulgaridad plebeya : por lo que podemos conjeturar , que Olim- 
piodoro fue un hombre sin erudición y sin crítica , y que recogió 
hablillas del vulgo y noticias sin fundamento. A lo que se puede 
añadir , que vivid á mucha distancia de España en Egipto ; y así 
solo escribiría sobre relaciones alteradas o falsificadas por lo re- 
moto de los lugares. 

XXXI. Prueba de esto es el modo con que habla de Olimpio, 
á quien otros autores celebran por varón eminente , y Olimpiodo- 
ro le caracteriza de malvado político , de cuya emulación supone 
haber procedido la caida y muerte de Estilicon : y sobre todo , lo 
que dice de Honorio y de Placidia ; pues siendo así que Orosio, 
autor coetáneo 2 , ensalza con elogio de admirable la continencia 
de Honorio , Olimpiodoro le publica incestuoso amante de su her- 
mana Placidia. 

XXXII. No me detengo en otras circunstancias , bastando es- 
tas para probar , que aun quando Olimpiodoro dixese todo lo que 
se supone , no merecía crédito. Y así tengo por falso lo que dice 

1 Hist. bizant. Paris. Tom. 1. Ex- „ imperatoris Honorii admiranda in rege 

cerpta legationum. „ continentia & sanctissima fides , non 

z Otos.lib.j.caf.jj. „Maximecum „ parum divina; misericordia: mereretur. 



PELA HISTORIA. 2 r r 

de Sigcrico , acerca del ultrajo hecho á Placidia y de h muerte da- 
da á los hijos de Ataúlfo; y por consiguiente no hay que cstrañar, 
que Ambrosio de Morales no se valiese de las noticias de Olim- 
piodoro, como si tal autor no hubiese en el mundo , o' como que 
110 era digno de que se hiciese caso de su autoridad. 

XXXIII. Pero pasemos á los testimonios que se citan de Oro- 
sio y de san Isidoro , pretendiendo probar con ellos, que ni Ataúl- 
fo ni Sigerico ni Walia fueron reyes de España , ni tuvieron do- 
minio en ella , sino solo en las Aquitanias. La primera autoridad 
es decir Orosio l , que Ataúlfo murió insistiendo en pedir y ofre- 
cer la paz : la segunda es del mismo Orosio 2 , donde se supone de- 
cir , que una de las condiciones de la paz de Walia , fue el to- 
mar para sí el cargo de pelear contra los bárbaros , que se habían 
apoderado de España , quedando para los romanos el fruto de 
sus victorias. 

XXXIV. Empezando pues por la última autoridad , se supone 
sin bastante fundamento , que Orosio dice fueron estas las condi- 
ciones de la paz con Walia : no las refiere Orosio como tales, si- 
no como sucesos que se subsiguieron á la paz. Si se lee el texto de 
Orosio sin preocupación , se verá que es así , y que lo demás es 
meramente conjetura , presumiéndose que pues Orosio , después 
de haber dicho que Walia hizo una paz muy buena con Honorio 
pone estas acciones del mismo Walia , es como dar á entender que 
fueron condiciones de la paz ; pero esto no pasa de conjetura , y 
la conjetura ha de ceder á la evidencia de una autoridad expresa, 
qual es la de Jornandes 3 , que refiere mas por extenso y con ma- 
yor claridad y verisimilitud esta paz de Walia. 

f 

i Oros. ¡ib. 7. cap. 43. „Cumque „ nimis destrictus & prudens : contra 

„ eidem paci petendse atque offerendas „ quem Honorius imperator Constan- 

„ studiosissime insisteret. „ tium , virum industria militan pollen- 

2 Oros. ib. „ Romana: securitati pe- „ tem , multisque prasliis gloriosum , cum 
,, riculum suum obtulit , ut adversum ce- „ exercitu dirigit : veritus ne fosdus du- 
„ teras gentes , quse per Hispanias conse- „ dum cum Ataulpho initum ipse turba- 
„ dissent , sibi pugnaret , & romanis vin- ,, ret , & aliquas rursus in república insi- 
„ ceret. }J días moliretur, vicinis sibi gentibus re- 

3 Iorn. cap. 32. ,,Dehinc iam quar- „ pulsis ; simulque desiderans germanam. 
„ tus ab Alarico rex constituitur Walia, „ suam Placidiam subiectionis opprobrio 



256 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

XXXV. Dice pues Jornandes, que Honorio envió con un exér- 
cito á Constancio contra Walia , temiendo que este rompiese la 
alianza hecha con Ataúlfo mucho antes. Prosigue después refirien- 
do , como Walia salid al encuentro á Constancio al paso de los Pi- 
rineos , y allí por los embaxadores de una y otra parte se convino, 
que Walia restituida á Placidia á su hermano , y no negaría sus so- 
corros á la república romana quando fuese conveniente d necesa- 
rio. Ahora se entenderá bien aquel sibi pugnaret ¿-> romanis *vince- 
ret de Orosio, que es lo que sucede con todos los que dan tropas 
auxiliares á otros príncipes , que tienen obligación de pelear , pero 
las conquistas se las lleva aquel príncipe de quien son auxiliares. 

XXXVI. De manera que lo que prueba esto es , que Ataúlfo, 
Sigerico y Walia no fueron reyes de toda España ; pero esto no es 
lo que se disputa. Sabemos que se fueron haciendo los reyes godos 
señores de ella poco á poco , parte por tratados de paz , y parte 
por conquista : de modo que Suintila , ducientos años después de 
Walia , fue el primero , según san Isidoro 1 , que fue monarca de 
toda España desde el estrecho acá. Pero el derecho de toda Espa- 
ña les provino desde Alarico , prosiguió en Ataúlfo por su paz con 
Honorio y casamiento con Placidia , y se continuo en Walia por 
la segunda paz con Constancio. 

XXXVII. No es del caso para el principio de este derecho , y 
para empezar á contar los reyes de España desde Ataúlfo , el que 
en este derecho hubiese habido variaciones , alteraciones y dimi- 
nuciones , por las varias paces y cesiones ( como la del emperador 
Avito ) que después se fueron subsiguiendo , según los varios es- 
tados de mas d menos poder en que se hallaban los reyes godos; 
porque ya desde Ataúlfo empezaron los godos á tener derecho le- 
gítimo á la España , con actual posesión de una parte de ella , que 
fue Barcelona y lo demás que se llamo algún tiempo España ci- 
terior , como se ve en lo que se dixo por un concilio toledano en 
tiempo de Wamba , donde se llama España citerior la provincia 
de la Francia , y se pone la diócesi de Beterris , y en ella á Barce- 

„ liberare : paciscens cuín Constantio, ut ,, revocaret , eique eam in matrimonium 

,, aut bello aut pace vel quoquo mo- ,, sociaret. 

,, do , si eam potuisset , ad suum regnum i S. Isid. Hist. gotk. 



DE IA HISTORIA. 2 57 

lona y otras ciudades , por sufragáneas de la metrópoli de Nar- 
bona ; y Jornandes ya en su tiempo llamo interiores Hispanias á la 
Andalucía y otras donde estaban los vándalos. 

XXXVlíí. Es muy natural que los emperadores romanos, siem- 
pre que viesen ocasión oportuna , quisiesen recobrar de los godos 
las provincias que Honorio les habia cedido por su floxedad ó 
por la mala constitución de su tiempo ; tí que procurasen á lo me- 
nos restituir los derechos cedidos , y anular las paces y las cesiones 
que juzgaban perjudiciales : pero no por eso perdieron su derecho 
los sucesores, ni deberán dexar de llamarse reyes de España aquellos, 
que al principio tuvieron legítimo derecho de serlo y de llamárse- 
lo , y poseyeron parte de ella , cómo Ataúlfo, Sigeftco y Walia. 

XXXIX. San Isidoro en vez de ser contrario á esta opinión co- 
mo se cree, la confirma, uniendo en un mismo punto la habitación 
de los godos en España y su imperio de ella. „ Llegaron á las Ga- 
,, lias , dice l , y abriéndose los montes Pirineos, vinieron hasta Es- 
„ paña, donde colocaron la silla de su habitación y de su imperio. '* 

XL. El otro texto de Orosio 2 en que dice, que Ataúlfo murió 
al tiempo que estaba insistiendo en pedir y ofrecer con mucha ins- 
tancia la paz , tampoco hace fuerza contra mi opinión. Lo pri- 
mero , porque ya he demostrado con el mismo Orosio y otros, 
que Ataúlfo tenia hecha paz con Honorio. Lo segundo , porque no 
quita que Ataúlfo , viendo lo poco segura que era la paz y ce- 
sión antecedente de Honorio , lo descontentos que estaban los ro- 
manos y los godos con ella , las quiebras que habia tenido ya 
aquella paz , especialmente por la astucia de su enemigo y rival 
Constancio , desease y pidiese con instancia una renovación de paz 
segura y estable. Y esto es lo que da á entender claramente Oro- 
sio , quando á la paz de Walia la llama pacem optimam 3 , querien- 
do decir con esto , que la paz antecedente de Ataúlfo no habia 

1 Isidor. Recap. ingoth. Luid, in fi- „ usque perveniunt , ibique sedem v¡- 

ne ckron. ,, Sed dum iniurias eorum non ,, tx atque imperiom Iocaverunt." 

,, sustinerent , indignati regem sibi ex 2 Véase el niim. 32. 

„ sua turba eligunt , Thraciam irruunt, 3 Oros. lib. 7. cap. 43. „ Pacem 

,, Italiam vastant , obsessam Urbem ca- ,, optimam cum Honorio imperatore , 

„ piunt , Gaüias aggrediuntur , patefac- „ datis lectissimis obsidibus , pepigit." 



„ tiseme Pyrinwis montibus , Hispanias 



Kk 



*5 



8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 



sido la mejor ni la mas segura, y por eso mismo Pablo diáco- 
no llama á aquella paz de Walia f cedas Jirmisimum ; porque la de 
Ataúlfo y Alarico no habia sido firme ni permanente. 

XLL Pero diráse , que Orosio podia haber hecho mención cla- 
ra y distinta de la paz de Alarico y Ataúlfo con Honorio y 
de la cesión de las Galias y España , y no contentarse con decirlo 
obscuramente y con expresiones indirectas y dudosas. A lo qual 
respondo que no son dudosas las expresiones de Orosio aunque pa- 
rezcan obscuras , y que Orosio tuvo motivo para explicarse con es- 
ta obscuridad y disimulo; porque es menester suponer , que aun- 
que la obra de Orosio tiene en su portada el título de Historiaram 
libri septem , con todo eso en rigor no es historia, sino una apolo- 
gía retorica de la religión christiana. 

XLII. Quando las naciones bárbaras , á fines del quarto siglo y 
principios del quinto , inundaron como un torrente el imperio ro- 
mano , desmembrando de él muchas provincias , corriendo por la 
Trácia , debastando la Italia , las Galias y la España , desolando 
con saqueos , incendios , ruinas y muertes todos los pueblos , die- 
ron los paganos en acusar á la religión christiana y blasfemar de 
ella , como si fuese la causa de tantas calamidades con que la ira 
de los dioses afligía y castigaba los pueblos por la mudanza de 
religión , olvido y desprecio de su culto. 

XLIIL Vivia en aquella sazón el gran padre de la iglesia san 
Agustín , que para vindicar la religión christiana de semejantes ca- 
lumnias, escribid su grande obra de la ciudad de Dios ;y no contento 
con haber en ella desempeñado su intento con tanto zelo, hizo que 
nuestro español Orosio , á quien habia tratado en África , escribiese 
sobre el mismo asunto , como lo executd , juntando todas las cala- 
midades que hubo en el mundo desde su principio, y haciendo so- 
bre ellas las reflexiones conducentes á su intento. De modo que la 
obra de Orosio no es historia , sino discursos y reflexiones sobre 
las calamidades , guerras y miserias del mundo , con el fin de pro- 
bar contra los gentiles , que estas calamidades no habían venido á 
los hombres por la religión christiana, pues antes de ella y quando 
los romanos eran todos gentiles, las habian padecido mayores ¡sien- 
do las de aquel siglo , ó inferiores , d procedidas de los mismos 



DE LA HISTORIA. 250 

gentiles y de su idolatría , o' no debiéndose contar por desgracias , 
sino por felicidades. 

XLIV. Este es el intento, este el fin y este el asunto de 
Orosio ; en el qual procede mas como orador que como his- 
toriador , valiéndose de un retorico exquisito artificio. Bien co- 
nocerá esto el que leyere con reflexión toda su obra , cotejando 
lo que él dice con lo que dicen otros coetáneos : de lo qual 
pudiera yo traer aquí muchos exemplos , si en esta disertación me 
fuese lícito alargarme á tanto ; pero bastarán algunos que hacen á 
mi intento , y por ellos se podrá hacer juicio de lo que acabo de decir. 

XLV. Era muy contrario á la intención de Orosio , el refe- 
rir menudamente la invasión de Alarico , la de-estación de Ita- 
lia , el infeliz estado del emperador Honorio, que encerrado en 
Ravena , no tenia fuerzas con que oponerse á tan poderoso enemi- 
go ; y mucho mas contrario era el referir la paz forzada é igno- 
miniosa , y la cesión de las Galias y España. Refiérenla , como 
he dicho , Jornandes y Pablo diácono ; pero la disimula Orosio , 
y solo hace una obscura mención de ella , quando habla de la paz 
de Walia , á la qual , en cotejo con esta , llama paz óptima como 
ya hemos visto, dando á entender , aunque indirectamente , que la 
de Alarico no fué muy buena para los romanos; pero eso no le con- 
venia decirlo claramente , y así lo encubre y oculta quanto puede. 

XLVI. Habia de hablar del caso de Polencia, en donde Alarico 
derroto á los romanos, y como no era dable el negarlo, suaviza es- 
ta calamidad, con echar la culpa de aquel suceso á los dos capitanes 
gentiles que mandaban la tropa de los romanos , y especialmente al 
haber atacado estos á los godos en los dias de Pasqua , sin respeto 
á la solemnidad y religiosidad con que los godos la celebraban. 

XLVII. Era también inescusable el hablar del saqueo de Ro- 
ma : otros autores coetáneos ponderan esta calamidad , pintan- 
do con horror y compasión el estrago , el incendio y ruina de 
aquella gran metrópoli del universo : especialmente san Geróni- 
mo x , escribiendo á Principia , hace una lamentable descripción de 

1 S. Hieronym. ad Principiam. ,, totum cepit orbem : immó fame pe- 
„ Haeret vox , & singultus intercipiunt ,, riic antequam gladio , & vix pauci , 
„ verba dictantis. Capitur Urbs , qua: „ qui caperentur inventi sunt : ad ne- 

Kk2 



2 6*0 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

este suceso , valiéndose de los versos con que Eneas , en Virgilio, 
pintaba la ruina de Troya. Orosio - , ademas de minorar la duración 
dei saqueo, pues dice que Alance solo estuvo tres dias en Roma, 
quando Marcelino iliriciano también coetáneo dice que estuvo seis, 
quiere disminuir tanto el daño de este saqueo, que asegurador con- 
fesión de los mismos romanos , haber sido muy poco ó nada , y que 
apenas se conocería, sino fuese por algunas ruinas que aun existían. 

XLVIII. Jornandes llama oprobrio á la esclavitud de Placi- 
dia hermana del mismo Honorio , y con efecto lo era en aque- 
llos tiempos : mayormente que su matrimonio con Ataúlfo , que 
no se celebró con las debidas solemnidades , sino quatro años des- 
pués en Narbona , tenia visos de otra cosa menos decente á la 
calidad de aquella princesa. Pero Orosio á este oprobrio y (di- 
gámoslo así) á esta deshonra , la llama conveniencia grande de la 
república. Aquí no puedo dexar de notar , que aquel mismo Ataul- 
fo , á quien nos pintan los que le excluyen del níímero de los 
reyes de España , pobre , hambriento , fugitivo , y buscando asilo 
y refugio en los mismos dominios de los romanos contra los ro- 
manos que le perseguían , este mismo Ataúlfo, en la pluma de Oro- 
sio 3 , quando no le importa el disimulo , no es pobre ni fugitivo, 
sino un potentísimo rey , de cuyo parentesco y alianza resultaba á 
Honorio , por especial providencia divina , una conveniencia suma. 

XLIX. Pasó Ataúlfo , como se ha dicho , á Francia á ocupar 
aquellas provincias y las de España que le tenia cedidas Hono- 
rio , y habiéndose hecho señor de aquellas , de donde pudo con 

„ fandos cibos erupit esuricntium rabíes; „ mater non parcitlactenti infantil, & rc- 
„ & suainvicem membra laniarunt,dum „ cipit útero, quem paulo ante effuderat. 
Quis cladem illius noctis , quis fuñera fancio 
s Explicet , aut possit lacrimis cequare dolor emi 
JJrbs antiqua rúit multos dominata per annos. 
2 Oros. lib. 7. cap. 40. „ Anno ita- 3 Oros. ib. „ In ea irruptione PJaci- 
„ que ab Urbe condita MCXLIV. irrup- „ día Theodosii principis filia , Arcadii & 
„ tio Urbis per Alaricum facta est : hujus „ Honorii imperatorum sóror, ab Ataul- 
,, rei quamvis recens memoria sit , tum ,, pho Alarici propinquo capta est,at- 
„ si quis ipsius populi romani , & multi- ,, que in uxorem adsumpta , quasi eam 
„ tudinem videat , & vocemaudiat.nihil ,, divino iudicio , velut speciale pignus , 
,, factum,sicutetiam ipsifatentur, arbitra- „ obsidem Roma tradíderit , ita juncia 
,, bitur , nisi aliquantis adhuc existen»- ,, potentissimo barban regisconiugio mul- 
„ bus ex incendio ruinis forte doceatur." „ to reipublicse commodo fuit." 



j 



D E L A II I S T O U I A. 2 (Ti 

sus armas arrojar á los bárbaros y á los tiranos , entro en Nar- 
bona , donde celebrd solemnemente sus bodas con Placidia. Na- 
da de esto acuerda Orosio , porque era contrario á su intento 
siendo en fin esto hacer memoria de haberse desmembrado aque- 
llas provincias del imperio. Pero una pequeña ventaja (si puede 
llamarse así) que logró Constancio general romano con su astu- 
cia , embarazando la entrada de víveres en Naibona,la eleva y 
la ensalza como una grande acción '. Y la retirada de Ataúlfo 
y de los godos de Narbona , por pasar á ocupar á España , con 
esperanza de que en aquellas partes , donde no habían llegado 
los vándalos , estaria cultivada la tierra y habría tri^o y víveres 
con que mantenerse , la llama expulsión y auserícia forzada. 

L. Finalmente quando llego' á hablar de la paz hecha con Wa- 
lia , solo acuerda aquellas cosas que tenían algunos visos de ven- 
tajas para los romanos , como era la restitución de Placidia , y la 
oferta que hizo Walia de dar tropas auxiliares á los romanos 
quando las hubiesen menester. Y siendo así que otros autores coe- 
táneos expresamente declaran , que de resulta de esta paz se ce- 
dio' á Walia la segunda Aquitania con otras ciudades confinan- 
tes , nada de esto acuerda Orosio , todo lo calla y disimula , por 
no parecerle conducente á lo que quería persuadir ; y aquella cir- 
cunstancia de dar tropas auxiliares , la adorna de modo, que el que 
no lea con reflexión , la desconoce : „ Ofreció , dice , su peligro 
„ por la seguridad de la república , de modo que pelease para sí, 
„ y venciese para los romanos." 

LI. Todo lo que acabo de decir de Orosio , no mira en mo- 
do alguno á disminuir su crédito ni su zelo en desagraviar la 
religión christiana de las calumnias de los gentiles ; y solo sirve 
para hacer notar la diferencia que hay entre la sencillez de la 
historia , y el artificio retorico con que escribió su obra. 

LII. No me parece que puede darse cosa mas conseqüente 
ni mas natural , que la narración de Jornandes , así en orden á 
la paz de Alarico y de Ataúlfo con Honorio , como en orden 
á la paz de Walia. Y contra esto ¿que se alega? que es falsa: 

i Oros. Ub. 7. caj>. 43. „ Magna rerum gerendarum industria." 



262 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

¿ y como se comprueba esta falsedad ? con el silencio , dicen , de 
todos los coetáneos , Orosio , Idacio , Olimpiodoro y otros. Pero 
en quanto á Orosio y Olimpiodoro , ya hemos visto que no hay 
tal silencio , pues uno y otro hacen mención de ella ,- y aunque le 
hubiese, importaría poco, en vista de lo que dexamos dicho y pro- 
bado. Por lo que mira al silencio de Idacio , de Marcelino , de 
san Prospero y otros cronicones , digo que es muy débil argu- 
mento. Estos cronicones para todos los sucesos de un año no em- 
plean mas que dos d tres líneas : véase si hay que estrañar , que 
no se refiera en ellos la paz de Alarico , ni otras innumerables 
cosas y acciones de tanta d mayor importancia. 

LUÍ. Pero aun quando todo fuese , no ignoran los eruditos 
quan débil por lo común , quan falible , quan insubsistente es el ar- 
gumento negativo y sacado del silencio de algunos autores , quan- 
do hay alguno que refiera un suceso , especialmente si él por sí 
es natural , verisímil y conseqüente , como es el de nuestro ca- 
so. Y si la prudente crítica no desechase semejante especie de ar- 
gumentos , no habría verdad histórica que no se impugnase , y has- 
ta los mas sagrados asuntos se pondrían en duda. 

LIV. Añádese otra razón , si lo es , para dar por falsa la paz 
de Jornandes. Quatro veces , se dice , trato Alarico de la paz con 
Honorio , y nunca se efectuó. Señálanse luego estas quatro veces, 
concluyendo que nunca llegaron á formarse y admitirse solem- 
nes artículos. El autor que se cita para probar estos quatro tra- 
tados de paz sin efecto y sin artículos formados , es Nicéforo Ca- 
lixto en su Historia eclesiástica. Pero primero es menester notar, 
que Nicéforo es un autor que vivía 400 años ha , y el asunto 
de que tratamos, tiene 1400 años de antigüedad. Ademas de es- 
to no está reputado por el mas verídico , y mas quando para lo 
que dice en este punto , no cita á autor alguno anterior. 

LV. Añádese á esto la gran confusión con que trata esta par- 
te de la historia de aquel tiempo , inviniendo el orden de las co- 
sas , y equivocando los sucesos de Alarico , de Ataúlfo , de Hono- 
rio , de Constancio , de Estilicon y otros : y finalmente juzgúe- 
se si puede probarse bien con la autoridad de Nicéforo , que Ala- 
rico no hizo paz con Honorio, y que no hubo artículos admi- 



DE LA HISTORIA. 26<"> 

tidos , quando el mismo Nicéforo expresamente dice lo contra- 
rio i pues claramente menciona ' una paz hecha en secreto entre 
Alarico y Honorio con pactos admitidos. Y en el mismo capi- 
tulo habia dicho 2 , que Honorio concedió á Alarico otras cosas 
y solo no se determino por entonces á concederle la dignidad 
de general de godos y romanos. 

LVI. Bien se ve pues que , según el mismo Nicéforo , hubo 
entre Alarico y Honorio artículos de paz y pactos formados y 
admitidos , por la expresión que usa conditionibus acceptis. Y 
muy bien puede incluirse la cesión de las Galias y España , que 
traen Jornandes y la Historia miscela , en estas condiciones ya 
admitidas , y en otras cosas qué le concedió Hotiorio , como re- 
fiere este autor 3, quando no se determino á concederle el ge- 
neralato. 

LVII. Falta por illtimo que digamos algo de Zo'simo , his- 
toriador griego coetáneo , de quien se citan algunos textos pa- 
ra impugnar la paz entre Alarico y Honorio , y la donación de 
las Galias y España. Pero si se lee con atención y reflexión lo 
que dice Zosimo , se verá claramente que nada de lo que refiere 
es contrario á tal paz y donación , y lo que es mas , ni aun lo 
puede ser. Está probada esta proposición , de que la autoridad de 
,, Zosimo no nos es contraria ni puede serlo , con una razón 
breve pero convincente , y es que Zosimo en su Historia no lle- 
ga al punto en que se hizo esta paz y donación : todo lo que 
dice este autor es anterior. El libro sexto y último de esta obra, 
que quedo imperfecto , acaba en el principio del sitio de Rave- 
na , que puso Alarico estando dentro de esta plaza Honorio ; de 
modo que la paz y la donación de que hablamos , se executo' des- 
pués , á lo que no llega la historia de Zosimo. 

i Niceph. Hist. eccl.lib. 13. cap. „ acceptis , de reconciliatione pactus est." 
3<- tom. 2. p. 423. AMÁyixis íe (ml'coi 2. Niceph. ibid. O' S'í To.AAxt¿ít é5"iSv 

AVlaAM ev pabias íxí¡ic¡¡ rtne yt ¿ixyx,&>ot4 ct^ttíd e o'ltictí. fiírctS'aaat xeírínvít. ,, Atque 

*t&¿/it»ci , íeiVaí O'rapur , Aá\tpa íx.íiia> <rw- ,, Ule alia quiciem ei concessit • dignita- 

rl&trq , o-vf-dixets Aaga». „ Aiaricus , ubi „ tem autem eam , ut conferret ' nondum 

,, Attalum non facile vel sibi vel necesariis „ statinV 

„ alus parere animadvertit , ab Honorio si- 3 Niceph. ibid. O' frs tSaa* ¿í, ¿SYJv, 

,jbunetuens,c]amcumeo, conditionibus „ Atque illealia quidem ei concessit." 



264 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

LVIIL Pero aun, en medio de eso , en las últimas cláusulas 
de este fragmento da á entender que se concluyo la paz ; pues 
refiriendo que Alarico , sacando fuera de PJmini á Átalo , le des- 
pojo' de las insignias imperiales que envió á presentar á Hono- 
rio , añade, que se quedo' con el mismo Átalo y con su hijo Am- 
pelo , hasta tanto qiie hecha la paz con Honorio les obtumo la gra- 
cia de la <vida. Y mas abaxo dice : habiéndose encaminado Alarico 
hacia Ravena con el fin de concluir allí la paz, con Honorio... Uno 
y otro texto hacen ver claramente , que si Zo'simo hubiera prose- 
guido su Historia , ó acabado á lo menos el libro sexto , hubiera 
hecho mención de la paz que finalmente se concluyo' en Rave- 
na entre Honorio y Alarico , y de la donación de las Gálias y 
de España , que fué la principal condición de la paz. 

LIX. Estas dos particularidades se buscan en vano en un au- 
tor , cuya Historia no alcanza á el tiempo en que sucedieron aun- 
que llega muy cerca : y en vano se alegan aquellos tratados que 
precedieron , ya sea antes que Alarico entrase en Italia vivien- 
do aun Estilicon , ya después quando Alarico estaba en Rími- 
ni y que se entablaron por medio de Jovio ; pues ninguno de 
estos tratados impide que después se concluyese en Ravena el 
que refiere Jornandes , antes bien todos aquellos antecedentes le 
hacen mas creible , siendo muy natural que Honorio , viéndose 
sitiado en Ravena por un enemigo tan poderoso , quisiese alexar- 
le de Italia, contentándole con la donación de las Gálias y Es- 
paña , provincias mucho mas remotas que Venecia y Dalmacia , 
que antes habia pedido Alarico. 

LX. De modo que por todas partes queda refutada la opi- 
nión contraria , y demostrada con evidentes razones y testimonios 
de autores coetáneos é inmediatos , y aun de los mismos que se 
citaban en contrario , la nuestra que establece , deberse contar Ataúl- 
fo por el primero de los reyes godos de España , que tuvo legí- 
timo derecho y empezó' á poseer parte de ella : opinión que 
tiene á su favor la común de todos los mas clásicos , mas doc- 
tos y eruditos historiadores , que habiendo examinado con mu- 
cho juicio , crítica y madurez este punto de la historia de Espa- 
ña , no pusieron la menor duda en ello. 



DISERTACIÓN 

SOBRE EL PRINCIPIO 
DE LA MONARQUÍA GODA 

E N E S P A Ñ A. 
DE DON MARTIN DE ULLOA. 

I. _¿jL dos puntos principales está reducida la disputa de que 
vamos á tratar. El primero y de mayor consideración consiste en 
investigar : qual de los reyes godos empezase su dominación en 
España ; y el segundo , no de tanta , y casi accesorio del antece- 
dente , en determinar : si la paz que menciona Jornandes , celebra- 
da entre el emperador Honorio y Alarico , por la qual le fuesen 
cedidas á este las Galias y las Españas , sea d no cierta. Hasta 
aquí todos estuvieron persuadidos á que hubiese sido Ataúlfo el 
primer monarca godo en España , porque de él cuentan los his- 
toriadores de aquel tiempo , que entro y murió en ella ; que en la 
misma le sucedió Sigerico, y á este Walia, de quien y de sus suce- 
sores refieren varias guerras y acciones practicadas dentro de nues- 
tra provincia: y así no parece podia suscitarse duda sobre el estable- 
cimiento de monarquía desde aquel rey , y su continuación en 
adelante. No obstante toda esta seguridad , se juzgo flaquear d es- 
tar fundada la conclusión sobre inciertos d mal entendidos prin- 
cipios , luego que se dexaron ver las razones con que el Sr. D. 
Francisco de la Huerta esforzó su dictamen , queriendo probar, 
que el principio de la monarquía goda en España no debia fi- 
xarse en Ataúlfo d alguno de los reyes que le siguieron hasta 

Ll 



2 66 MEMORIAS DE IA ACADEMIA 

Teoderico II ; y que este rey i lo mas , ó con mayor seguridad 
su hermano Eurico , es el que se podia nombrar primer monar- 
ca godo que dominase en España. 

II. Por el contrario el Sr. D. Ignacio Luzan solicita con- 
vencer , que desde Ataúlfo debe contarse en España la monarquía 
goda , y aquel rey por fundador y establecedor de ella. 

III. Antes de introducirnos en el juicio de esta disputa , es for- 
zoso reparar la desigualdad que hay entre una y otra opinión. La 
segunda para ser verdadera , solo necesita la circunstancia de que 
los reyes godos desde Ataúlfo poseyesen y dominasen alguna 
parte d territorio de la España , sin ser preciso el que fuesen se- 
ñores de toda ella d del mayor níímero de sus provincias. Y si 
de otra suerte se hubiese de entender , no empezaria hasta muy 
tarde la dominación goda , pues hablando san Isidoro r de las con- 
quistas de Leovigildo , dice „ haberse apoderado este rey de ca- 
„ si toda España , siendo hasta él muy estrechos los límites de lo 
„ que dominaban los godos" ,y aun mucho después se notan guer- 
ras entre ellos y los romanos. Por tanto no parece se puede du- 
dar , que qualquier territorio ocupado constantemente por los go- 
dos , es bastante á constituirlos , ya que no reyes de España , á lo 
menos reyes godos , y monarquía goda en ella. Pero para que se 
haya de verificar la primera opinión , no es suficiente el que no 
dominasen en esta d aquella parte de la península ; sino que ab- 
solutamente es precisa la total exclusiva de dominación en par- 
te alguna de ella, y que pueda establecerse la verdad de esta pro- 
posición: los godos no dominaron ni poseyeron constantemente par- 
te alguna ó territorio de los comprehendidos en el recinto de España, 
hasta Eurico ó Teoderico II; por ser esta la naturaleza de la ne- 
gativa , como es notorio. 

IV. Para probar esta su aserción , se ha de suponer . que no 
solo se funda su autor en el argumento negativo y silencio de 
los coetáneos , sino que lo apoya en otras expresiones de que se 
valen los mismos escritores , cuyas afirmativas juntas á su silen- 

i Isidor. in chronico gotkor. „ His- „ gotthorum angustis finibas arctaba- 
5 j pania paene tota potitus , nam antea gens „ tur." 



DE LA HISTORIA, 2 6 



cío por lo tocante á dominación de los godos en España , pare- 
cen persuadir el asunto. Tales son las cláusulas en que refieren 
el modo y motivos con que hicieron los godos sus entradas en 
esta provincia , o ya huyendo de las armas romanas , d ya como 
tropas auxiliares de ellas ; las en que afirman habérseles destina- 
do otras provincias para su asiento y dominación , y otras se- 
mejantes. 

V. En la segunda disputa , de las paces de Honorio con Ala- 
rico y cesión á este de las Gálias y Españas , se hallan no me- 
nos opuestos los dictámenes de los dos señores Huerta y Luzan, 
pretendiendo el primero : que Ja noticia de ella sea del todo in- 
cierta , así por no hacer mención de ella los cqptáneos Orosio , 
Idacio , Olimpiodoro y otros , como porque cotejándola con las 
veces que por los historiadores consta haberse tratado paces en- 
tre Honorio y Alarico , no convienen las circunstancias á ha- 
cer verisímil ni componible la sustancia de este tratado , que al 
contrario defiende como sucedido y fácil de verificar el Sr. 
Luzan. 

VI. La división de estos dos asuntos da la que debo yo se- 
guir en esta disertación , que por tanto habrá de contener dos par- 
tes : y como la decisión de este último punto requiera , tanto por 
el orden del tiempo y enlace de los sucesos que comprehende, 
quanto por lo previo de su naturaleza respeto del principal , que- 
dar antes evacuada , será la primera parte destinada á su ilustra- 
ción; para que siguiendo después los pasos mismos de los godos 
en sus conquistas , sea la última en el orden de tratarse la pri- 
mera en el fin y dignidad. 

VII. Refiere Jornandes l , que muerto el gran Teodosio, em- 
pezaron sus hijos viviendo luxuriosamente á aniquilar la repú- 
blica , y á no satisfacer á* las tropas auxiliares , quales eran los 
godos , las pactadas asistencias ; que recelosos los godos de tal con- 
ducta eligieron por su rey á Alarico , quien con un poderoso exér- 
cito empezó á molestar las Panonias , en el año consular de Es- 



1 Iornand. De reh. geticis cap. 29. i¡r longob. rer. scripor. Vulcani. 
ex edlt Lugd. batav. 1617 ínter gotth . 

Ll2 



o 68 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

tilicon y Aureliano ; que desde ellas x pasó á Italia , llegando has- 
ta tres millas de Ravena en el puente de Candidiano; que des- 
de aquí envió embaxadores á Honorio , pidiéndole provincias en 
Italia en que habitasen los suyos en amistad y unión con los ro- 
manos y formando un mismo pueblo , ó que de no , delibera- 
se el decidir en batalla con él , para que el vencedor queda- 
se sin contraste reconocido señor de los vencidos ; que no ha- 
llándose el emperador con fuerzas para admitir la segunda par- 
te de la propuesta , ni siendo conveniente á la seguridad de Ita- 
lia el establecimiento de los godos en ella , habido su consejo con 
el senado , determino el ofrecerles las Galias y las Españas , co- 
mo provincias distantes , y que se consideraban casi perdidas por la 
irrupción de los vándalos con su rey Gizerico (ha de decir Gun- 
derko) , á fin de que conquistándolas Alarico y sus godos , las to- 
masen para sí , confirmándose esta donación con el rescripto del 
mismo emperador , que expresa aquel autor con las voces : dona- 
tione sacro oráculo confirmata ; que los godos admitieron este par- 
tido , y se pusieron en marcha á tomar posesión de las provin- 
cias cedidas , pero que arrepentido del tratado Estilicon les vi- 
no á encontrar con exército al paso de los Alpes Coccios , y dán- 
dose la batalla junto á Polencia , quedaron los godos vencedo- 
res ; que enfurecidos estos de habérseles faltado á los tratados , vol- 
vieron por la Liguria y la Emilia hasta llegar á Roma y apo- 
derarse de ella , de donde Alarico se dirigió al reyno de Ñapó- 
les , y queriendo pasar á África , fué prevenido en sus designios 
por la muerte que le sobrevino en Calabria , siendo en su lugar 
nombrado rey de los godos Ataúlfo. 

VIII. Las noticias que comprehende esta narración , merecen 
un prolixo examen y previo reconocimiento. La decadencia del 
imperio romano , que arrastraba tras de sí el estado de las cien- 
cias en Italia , y las irrupciones de los barbaros , que las habían 
casi obscurecido quando Jornandes escribia , daban no pequeño 
influxo á que los historiadores contraxesen el afecto de su siglo. 
En esta inteligencia , y haciendo el cotejo de lo que refiere este 

i lora. ibid. cap, 40. 



I) E L A II I S T ORIA. 26$ 

escritor , tocante al tiempo que necesitamos del rcynado de los 
emperadores Arcadio y Honorio é irrupción délos godos en Ita- 
lia , con las noticias que de entonces nos dan otros autores ya coe- 
táneos , ó ya inmediatos , hallaremos que no convienen del to- 
do las unas con las otras ; que están en Jornandes , o' confusas ,0 
diminutas ; que añade este algunas que los otros no refieren , y fi- 
nalmente que cuenta de distinto modo los acaecimientos. 

IX. No nos debe admirar la variedad que se nota entre los es- 
critores de estos tiempos , porque la división del imperio en los 
dos emperadores , las parcialidades y mutuas desconfianzas entre los 
que gobernaban , Rufino y Estiiicon , la diversidad de opiniones 
en materia de religión , conservándose muchos d* los que enton- 
ces escribieron en el ciego error de la gentilidad , y pintando por 
esto á proporción de su modo de concebir y según estas afeccio- 
nes , las acciones de aquellos personages á quienes por este moti- 
vo tenían inclinación u odio , la distancia de los sucesos de la 
parte donde el autor escribía , y lo mucho que en ellos suele acre- 
centar la fama ; todas son bastantes causas para tanta diferencia, 
y todos dan motivos á que procedamos advertidos , por medio de 
la conjetura y de la verisimilitud , á discernir con alguna esperan- 
za del acierto lo mas probable. 

X. Llegando pues mas de cerca á examinar las cláusulas de 
Jornandes, le hallaremos en unas cosas conforme, y en otras opues- 
to á lo que comunmente está recibido por otros historiadores : y 
si por su contexto hubiésemos de regular su verdad por lo to- 
cante á la irrupción de los godos en Italia, vendríamos á concluir 
ser incierto el enlace con que refiere sus sucesos. Porque contan- 
do los movimientos de Alarico en las Panonias , y colocándolos 
en el año consular de Estiiicon y Aureliano , da á entender ha- 
ber sido en el mismo d muy inmediata su entrada en Italia , 
siendo estas sus palabras * : ,, y tomado á su cargo por Alarico el 
„ exército , siendo cónsules Estiiicon y Aureliano , entro' por las 
,, Panonias y por Firmio en Italia , que hallo' casi sin gentes que 

1 Iornand. De rebus geticis c. 29. „ per Firmium , dextro latere quasi viris 
„ Et surnto exercitu , per Pannonias , „ vacuam intravit Italiam." 
„ Stiücone & Aureliano consulibus , & 



27O MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

„ que la defendiesen." Este consulado concurrid con el año 400 
de Christo ; y aunque en él colocan S. Prospero aquitano y Ca- 
siodoro la entrada de los godos en Italia con Alarico y Radagay- 
so , no se puede atribuir á esta entrada lo que como subsiguien- 
te á ella refiere Jornandes de la inmediación del exército godo 
á Ravena y sus victorias d prósperos sucesos ; pues en esta oca- 
sión , según se verá después , es sin duda que vencidos los go- 
dos por Estilicon , fué obligado Alarico á abandonar fugitivo la 
Italia, retirándose hacia las mismas Panonias. Así es forzoso confe- 
sar , que en esta entrada de Alarico no pueden ser ciertas por lo 
menos las circunstancias y adminículos con que la pinta Jornan- 
des ; y que por tanto se debe entender , que este autor haga so- 
lo mención de la segunda entrada mucho posterior al año de 400 
y de las cosas que á ella se siguieron , ó ya porque no juzgase 
los sucesos infaustos á los godos de la primera al proposito para 
adornar su historia , d ya porque confundiéndolas ambas no tu- 
viese bastante luz para dexarlas distinguidas. 

XI. Por otra parte la causal que da Jornandes para haberse 
facilitado por Honorio la entrega d cesión de las Galias y Es- 
pañas , en lugar de contribuir á hacerla mas verisímil , concurre á 
excluir su posibilidad en aquel año ; pues diciéndose ser esta por 
reputarse ya aquellas provincias casi perdidas con la irrupción de 
los vándalos con Gizerico d Gunderico, es forzoso que. para ve- 
rificarse esto , fuese dicha irrupción anterior á la paz que men- 
ciona Jornandes : circunstancia que por lo tocante á España no es 
fácil de acomodar. Pues aunque la entrada de los vándalos en las 
Galias según la opinión constantemente recibida fuese en el año 
406, en España no entraron hasta el 409 al fin , d era 447 , sien- 
do cónsules Honorio VIII y Teodosio III , como con Idacio , san 
Prospero y san Isidoro establecen todos los historiadores. Pero 
en este año d después , de ningún modo se pueden verificar las cir- 
cunstancias de la paz que trae Jornandes , mediante que este da 
á entender haberse celebrado viviendo aun Estilicon ; y habien- 
do sido muerto este capitán á 23 de Agosto del año antece- 
dente de 408 , resulta lo primero , que por lo tocante á España 
no se puede componer la verdad de la expresión de que al tiem- 



DE LA HISTORIA. 2/1 

po de la paz hubiesen entrado en ella los vándalos con Gundc- 
rico , y lo segundo que si se ha de verificar por lo tocante á 
las Galias la paz , haya de ser posterior al año de 406 : fortificán- 
dose con esto mas el argumento que dexamos ya propuesto , de 
no ser la entrada de Alarico á que se siguió' esta paz , la que en el 
año de 400 acuerdan Próspero y Casiodoro. 

XII. Puesta de este modo la duda que se puede promover so- 
bre el contexto de Jornandcs respecto de las Españas , da no pe- 
queña fuerza á la misma dificultad la reflexión sobre el autor 
de la Historia miscela , que aunque traído en comprobación de 
esta paz , solo lo podia ser de su verificación absoluta , mas no de 
la respectiva á las Españas ; pues hablando de l#entrada de Ala- 
rico en Italia y de las paces hechas con Honorio , solo afirma 
que este le hizo la concesión de las Galias : de donde se puede con- 
jeturar que igual expresión fuese la de Jornandes , á quien sin 
duda tuvo presente el autor de la Historia miscela • , según se de- 
duce del contexto de sus narraciones ; y por consiguiente que 
pueda ser añadida la palabra Hispanias. Conjetura bastantemen- 
te fundada sobre las mismas señas de Jornandes , de ser las provin- 
cias cedidas- las que habia acometido Gunderico con sus vánda- 
los , que entonces solo lo eran las Galias. 

XIII. Fuera de esto la circunstancia con que Jornandes pin- 
ta la batalla de Polencia , poniendo á Estilicon por caudillo del 
exército romano , y añadiendo haber quedado vencido por los 
godos , no parece se conforma con lo que dice Orosio y , tomándo- 
lo del mismo autor , la Historia miscela, de haber sido el que co- 
mandaba las tropas romanas Saulo , capitán gentil ; ni con lo que 
por otros nos consta y expondremos después , de haber queda- 
do la victoria en aquella ocasión por los romanos. Todas estas 
consideraciones rebaxan no poco la autoridad de Jornandes en 
el presente pasage de su historia , y coadyuvan las razones pro- 
ducidas por el Sr. Huerta , que persuaden inverisímil el tratado de 
esta paz. A ellas se puede llegar la reflexión , de que habiendo es- 

1 Hist. miscel. lib. 13. ,, Post hace „ citu consístere posset expereret , Ho- 
„ autem Italiam ingressus Alaricus , cum ,, norius delibérate consilio Gallias eidem 
„ ab Honorio sedes, quo cum suo exer- „ concessit." 



2y2 



MEMORIAS DE XA ACADEMIA 



crito Jornandes mas de cien años después de estos sucesos , y se- 
gún Vosio cerca de 150, no podría tener tan presentes sus parti- 
cularidades , y así no es irregular los historiase con la imperfección 
que va notada y era propia de su siglo. 

XIV. Por el contrario el silencio de los escritores coetáneos, 
Orosio , Idacio , Olimpiodoro y otros , en que también se funda 
el Sr. Huerta , si se atiende con alguna reflexión , es en el pre- 
sente caso de muy corta monta , así por la circunstancia de ar- 
gumento negativo , como por la brevedad con que estos autores 
refieren los sucesos de aquel tiempo en que se comprehende el 
tratado de la paz. Orosio l hablando de Alarico y sus guerras con 
los romanos , las cifra en estas palabras fielmente traducidas : „ Ca- 
„ lio del rey Alarico con sus godos muchas veces vencido , mu- 
„ chas encerrado , y siempre dexado escapar. Callo de aquellos in- 
„ felices hechos junto á Polencia , quando fué cometido todo el 
„ cargo de hacer la guerra á un capitán bárbaro y gentil , esto es, 
„ á Saulo ; por cuya maldad los dias mas dignos de veneración 
„ y la santa Pasqua fueron violados , y retirándose el enemigo 
„ por causa de la religión , se le forzó á que pelease ; quando mos- 
„ trando , á la verdad muy en breve , el juicio divino , lo que pue- 
„ de su favor y lo que exigía su venganza , peleando vencimos , 
„ y vencedores fuimos vencidos." Así ciñendose en él la relación 
de los hechos de Alarico hasta la batalla de Polencia á solas es- 
tas cláusulas , y callando de proposito las circunstancias de ellos, 
como no pertenecientes á su instituto d al modo con que trata 
la historia , no se puede formar argumento bastante de su volunta- 
rio silencio , ni inferirse que este haya de contribuir á falsificar los 
adminículos que él mismo confiesa que omite. 

XV. Idacio empieza las acciones de Alarico por su entrada 
y toma de Roma , sin tocar en los antecedentes que intervinieron, 

1 Orosius lib. 7. cap. 37. ,, Taceo ,, te reverendissimi dies & sanctum Pas- 

„ de Alarico rege eum gotthis suis sx- „ cha violatum est , cedentique hosti 

„ pe victo, saepe concluso, semperque „ propter religionem , ut pugnaret extor- 

„ dimisso. Taceo de infelicibus bellis ,, tum est : enm quidem , ostendente in 

,, apud Pollentiam gestis , quum bárbaro „ brevi iudicio Dei , & quid favor eius 

„ 8c pagano duci , hoc est Saulo , belli ,, posset , & quid ultio exigeret , pug- 

,, summa commissa est : cutas ¡mprobita- „ nantes vicimus , Víctores victi sumus." 






D E t A HISTORIA. 273 

y dieron motive í este suceso ; porque la naturaleza de su escrito 
no está ligada á las leyes dé la historia, para haber de manifestar 
el enlace y causas de los acontecimientos. Así llegando al año 15 
de Arcadio y Honorio, primero de la olimpiada 297 , dice ' : „ Ha- 
,, hiendo Alarico rey de los godos entrado en Roma , como den- 
„ tro y fuera de la ciudad se executasen varias muertes , se conce- 
,, dio' indulto á todos los que se refugiaron á las iglesias de los san- 
„ tos." Teniendo pues en este autor tal principio los sucesos de 
Alarico , y «Mistándonos que la paz referida por Jornandes fue an- 
terior á la toma de Roma , no se puede por su silencio hacer jui- 
cio de su certeza d incertidumbre ; pues se ven en él omitidos otros 
muchos sucesos, que no podemos por eso negar haber acaecido. 

XVI. El argumento fundado en Olimpiodoro y su silencio , es 
también de bastante debilidad , así por lo reducido de su extracto 
que nos ha quedado en Focio, como porque toda la expedición de 
Alarico en Italia , está comprehendida en estas palabras , con que 
habla Focio , en vista de lo que contenia Olimpiodoro 2 . Añade, 
„ que Alarico prefecto de los godos , á quien antes habia llamado 
„ Estilicon , para que mantuviese con las armas por Honorio el 
„ Ilírico (porque esta provincia le habia tocado en la partición 
„ del reyno hecha por su padre Teodosio) , tanto por la muerte de 
„ Estilicon , como porque no se habia cumplido lo que se le ha- 
,, bia ofrecido, puso cerco y tomo á Roma; y que en aquella ciu- 
„ dad se apodero de una gran cantidad de plata." Después pone la 
elevación de Átalo al imperio, hecha por Alarico, y coloca la ene- 
mistad de este con Saro por una de las causas de esta guerra , y 
concluye 3 : ,, Que Alarico , viviendo aun Estilicon , llevaba , por 
„ militar al sueldo romano , quarenta centenarios." Da pues este 
autor dos causales de la ida de Alarico á Roma , la muerte de Es- 
tilicon , y no cumplírsele lo que se le habia prometido. Y aunque 

1 Idac. in chronico. ,,Alaricus rex fag. 179. 0"n A'Aipi^oí , en ^Stra Sre- 
,, gotthorum Romam ingressus , cum in- adonis , ,u' w^nítia. * ^«r-S-o» é.\*£e t»« 
„tra & extra urbem cades agerentur, tx.rfafíia.e. » Alarichum , vívente etiam- 
„ ómnibus índultum est , qui ad sancto- »num Stelichone.militiae mercedem ceu- 
„ rum limina confugerunt. «tenarios quadraginta accepisse. 

2 Olympiod. in Phocio , cod. 80. * Kwmrapíar. 

3 Olympiod. ap. Photium , cod. 80. 

Mra 



274 



MEMORIAS DE LA ACADEMIA 



en esta segunda se quieran entender los sueldos que después apun- 
ta , queda en aquella expresión bastante arbitrio para conjeturar, 
que aquel habérsele faltado á lo ofrecido , aluda también á lo que 
refiere. Jornandes de la cesión de las Galias y Españas , y haber de- 
xado de cumplírsele estas condiciones ; pero aun quando así no 
fuese, siempre es fuerza suspender el juicio sobre este extracto, 
atendiendo á ser factible que en la mayor extensión de su obra ori- 
ginal se comprehendiesen aquellas circunstancias , ó á lo menos 
á nosotros nos queda la inaveriguable duda , de si acaso lo estarían 
en lo mucho que de él no poseemos. Así no parece podremos de- 
terminar por de bastante fuerza el argumento fundado en el silen- 
cio de estos tres escritores , atendidas las razones que lo debilitan. 

XVII. Más bien fundado seria el argumento en la autoridad 
del conde Zosimo y Sozdmeno , por referir con mayor extensión 
é individualidad lo acaecido en aquel tiempo ; y mediante que por 
ellos están en la mayor parte referidas las noticias de las veces que 
con Alarico trato de paces Honorio ( las que trae en favor de su 
opinión el Sr. Huerta ) , será bien reconocer su contexto , para de- 
ducir de él el genuino sentido y el peso de este argumento. El 
conde Zosimo pues que vivia entonces , y empieza en el libro V 
de su Historia á tratar del imperio de Arcadio y Honorio , y del 
poder y máximas de sus dos tutores ó gobernadores , Rufino que 
lo era de Arcadio en el oriente , y Estilicon de Honorio en occi- 
dente , refiere como Alarico de orden de Rufino , el qual aspira- 
ba al imperio , valiéndose para conseguirlo del medio de pertur- 
barlo , entró con sus godos por la Grecia , cometiendo todo géne- 
ro de hostilidades ; que Estilicon junto tropas para socorrer el im- 
perio oriental invadido ; que pasando con ellas al Peloponeso obli- 
go á Alarico á retroceder ; y que hubiera logrado el destruirle to- 
talmente , con la dificultad de los víveres que los bárbaros empe- 
zaron á sentir , si el haberse entregado á las delicias , y sus solda- 
dos al saqueo y correrías , no hubiese dado lugar á los enemigos 
para que se pasasen á Epiro , con lo qual Estilicon se volvió á Ita- 
lia sin otro mayor progreso. 

XVIII. Refiere luego la muerte de Rufino por disposición de 
Estilicon , y el valimiento que ocupó por su falta con Arcadio e 



DE LA HISTORIA. 275 

eunuco Eutropio , con otros varios sucesos que no son de nuestro 
asunto; y volviendo á Alarico dice , que este se entretenía en el 
Epiro con esperanzas de convenirse con Estilicon ; que Estilicon 
viendo mal afectos hacia sí á los que gobernaban el imperio de 
oriente, tenia deliberado valerse de la ayuda de Alarico, para des- 
membrar de aquel imperio todo el Ilírico é incorporarlo al de oc- 
cidente ; y que con efecto así lo tenia ya pactado con Alarico , es- 
perando solo la ocasión oportuna de practicarlo : que en este ínte- 
rin Radagayso quiso venir á Italia con un poderoso exército , y 
que saliendole al encuentro con el suyo Estilicon , le venció' y des- 
truyo'; que previniéndose después de esta victoria á la proyectada 
empresa del Ilírico , se lo impidieron dos cosas , fa. una el rumor 
esparcido de la muerte de Alarico , y la otra la noticia que le en- 
vió Honorio de haberse levantado por emperador Constantino , y 
pasado desde la isla de Bretaña á las Galias , por lo que le fue pre- 
ciso á Estilicon ir á Roma á consultar lo que se debería executar; 
y esto dice haber sido pasado el otoño y empezado el hibierno, 
quando fueron designados co'nsules Baso y Filipo , con cuyas se- 
ñas da á entender bien claramente haber sido al fin del año de 407, 
que es el mismo en que coloca el levantamiento de Constantino 
y su tránsito á las Galias el Cronicón de Prospero aquitano. 

XIX. Luego refiere la noticia que tuvo Estilicon , de haber 
Alarico dexado el Epiro y acercádose hasta el Nórico , caminan- 
do á Italia; que desde allí le envió' embaxadores á Estilicon , pi- 
diéndole los sueldos del tiempo que estuvo en el Epiro y los gas- 
tos de esta expedición al Norico ; que Estilicon pasó á Roma , y 
proponiendo en el senado las razones que militaban para preferir 
la paz , consiguió el que se efectuase esta dando 4© libras á Alari- 
co ; y que pareciendo esto á muchos de los senadores ignominio- 
so , no falto' uno de ellos (Lampadio) que dixese , no ser aquella 
paz , sino pacto de la esclavitud. 

XX. Concluida en esta forma la paz con Alarico , refiere que 
Estilicon deliberaba poner en execucion su proyectada expedición 
del Ilírico ; que Honorio por consejo de Serena , muger de Estili- 
con , paso á Ravena temeroso de que Alarico , violada la paz , qui- 
siese poner sitio á Roma , y que desde allí pasó á Bolonia ; que 

Mm2 



2j6 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

estando en esta ciudad , descubrió' el emperador á Estilicon el in- 
tento que tenia de pasar al oriente á administrar la tutela de Teo- 
dosio el menor su sobrino (y habiendo muerto Arcadio en el año 
de 408 á primero de Mayo , se infiere que la estada de Honorio 
en Bolonia fue posterior á aquel dia) ; que Estilicon le disuadió 
de ello , poniéndole presentes los embarazos con que se hallaba el 
imperio por la rebelión de Constantino y la venida de Alarico á 
Italia , en cuya constitución de cosas fue tal su dictamen : „ Que 
„ el mejor consejo y el mas útil á la república era , que Alarico 
„ tomase á su cargo la expedición contra el rebelde Constantino, 
„ llevando consigo parte de los bárbaros que tenia , y juntándo- 
„ sele las legiones romanas y sus capitanes para que hiciesen la 
„ guerra en su compañía ; que Estilicon mismo iria al oriente man- 
,, dándolo el emperador , y dándole sus cartas para lo que habia de 
„ executar." El emperador Honorio , que juzgaba ser todas estas 
cosas bien dispuestas por Estilicon , dadas sus cartas para el empe- 
rador de oriente y para Alarico , partid de Bolonia. 

XXI. Refiere después la muerte de Estilicon sucedida en Ra- 
vena , en el consulado de Baso y Filipo , que es el mismo año de 
408 ; y como irritados los naturales de las ciudades de Italia con- 
tra los bárbaros avecindados en ellas y sus familias , dieron muerte 
á sus mugeres é hijos, lo que les obligo á juntarse con Alarico, y 
á que este tomase por su cuenta la satisfacion de estas injurias; que 
no obstante , deseoso de la paz , propuso la conservaría , como se 
le entregase algún dinero , y sacaría del Ndrico las tropas lleván- 
dolas á la Panonia I : „ acordándose (es el modo en que se expli- 
„ ca ) de las treguas que , vivo Estilicon , se habían celebrado." 

XXII. El emperador no quiso convenir en ello, y entonces Ala- 
rico determinó su expedición contra Roma , llamando de la Pano- 
nia superior á su cuñado Ataúlfo, y sin esperar su llegada entró en 
Italia hasta poner sitio á aquella ciudad. Cuenta la estrechez á que 
la reduxo , y cómo por fin ofreció levantarlo con que le hubiesen 
de dar 5$ libras de oro, 3® de plata, 3$ vestidos de seda y 3® 
libras de pimienta; que juntas estas porciones , enviaron los roma- 

1 Zosim. lib. ?. 



DE LA HISTORIA. 2JJ 

nos legados al emperador, que tratasen con el de la paz y aproha- 
cion de estas condiciones , y le maniiestasen qu«:AÜantcb no solo 
quería aquellas cantidades , si también rehenes para la seguridad 
del tratado , y que en virtud de ello ofrecía, ademas de la paz, el 
hacer alianza con el emperador, para militar á su favor con los ro- 
manos contra qualesquiera de sus enemigos ; que pareciendole á 
Honorio admisibles estas condiciones , le fue entregado á Alarico 
el dinero , y este retiró su exúcito ;í h Tilscia o Toscana , lo que 
dice haber sucedido empezando Honorio su octavo consulado en 
Ravena , y Teodosio el tercero en el oriente , y así seria á princi- 
pios del año de 409. 

XXIII. Honorio luego que reconoció alejados éc Roma los go- 
dos, escusaba cumplir las condiciones de la paz por los consejos 
de Olimpio , que habia entrado con la muerte de Estilicon en la 
privanza ; y así ni se habían entregado los rehenes , ni satisfecho 
las demás instancias de los godos ; lo que dio' motivo á que el se- 
nado romano destinase nueva legacía al emperador para solicitar 
su cumplimiento. Honorio que se mantenía en Ravena , dispuso 
por aquel tiempo traer tropas dálmatas en número de 6© hom- 
bres para custodia de Roma. Su capitán Valente dirigió' su mar- 
cha de suerte , que se vino á encontrar con Alarico , y este lo des- 
hizo y destruyo , escapando muy pocos del estrago. Con este mo- 
tivo empezaron los godos nuevas correrías ; y estas obligaron al 
senado de Roma á enviar otra embaxada á Honorio en solicitud 
de la paz , en la qual iba el papa san Inocencio; y que por el mis- 
mo tiempo Ataúlfo , que venia á incorporarse con su exército á 
Alarico , fue derrotado con gran pérdida cerca de Pisa por las tro- 
pas de Honorio , las quales , obtenida esta ventaja , se volvieron á 
Ravena. Atribuyéndosele á Olimpio los malos sucesos del imperio, 
cayó de la gracia del emperador , ocupándola en su lugar Jovio. 
Este propuso á Alarico se acercase á Ravena para tratar la paz con 
mas inmediación , y como Alarico lo executase , y saliese Jovio á 
tratar las condiciones , aquel pedia se le hubiese de dar cada año 
cierta cantidad de dinero y víveres , y para su asiento las provin- 
cias de las dos Venecias, los Noricos y la Dalmacía. Estas condi- 
ciones envió por escrito Jovio al emperador , y en carta separada 



2^8 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

le aconsejo diese á Alarico el cargo de maestre de ambas milicias; 
y no queriendo Honorio convenir en esto último , tuvo Jovio la 
inadvertencia de leer su respuesta delante de Alarico , que sentido 
de ello se irritó , rompiendo los tratos y determinando el volver 
contra Roma. No obstante desde el camino, por medio de los obis- 
pos de las ciudades por donde transitaba , propuso mas moderadas 
condiciones ; pero habiendo los que mantenían la autoridad del 
mando cerca de Honorio reducido á este príncipe á hacer un so- 
lemne juramento de que no haria la paz con Alarico , y ofrecído- 
lo ellos por sí del mismo modo , no fueron admitidas : y Alarico 
continuó su marcha , se puso sobre Roma , la tomó y dio á saco. 
Allí reconoció por emperador á Átalo , y dio principio con esto 
á la total ruina del imperio de occidente. 

XXIV. En el libro VI continúa este escritor refiriendo las re- 
voluciones suscitadas en la Bretaña y las Galias por los empera- 
dores que allí se levantaron , y volviendo á Alarico y su sitio de 
Roma y nombramiento de emperador en Átalo , concluye , que 
poco satisfecho de él Alarico , por no querer admitir sus consejos, 
deliberó obligarle á que depusiese la dignidad deseando convenir- 
se con Honorio ; á cuyo fin en la comarca de Rímini , donde se 
mantenían los godos , estaban ya en buen estado los tratados de 
la paz , quando los estorbó la enemistad con Ataúlfo de Saro , ca- 
pitán también godo que seguia las banderas romanas , el qual sin 
atender á la fe pública debaxo de cuya seguridad estaban los go- 
dos descuidados , los acometió en sus quarteles , y fue causa para 
que no se prosiguiese en perfeccionar la paz. Con este autcr con- 
viene en lo mas Sozómeno 1 , aunque no trae con tanta menuden- 
cia la narración de los hechos. 

XXV. Ha sido forzosa la extensión en el contenido del conde 
Zósimo , porque siendo el que refiere con mas individualidad lo 
sucedido en aquel tiempo , y á quien parece siguieron en sus his- 
torias los demás griegos , en él principalmente podria fundarse el 
argumento contra la paz de Jornandes. Es sin duda que dicho au- 



Sozom. lib. 9. cap. 4. &• seq. 



DE L A II I S T O U I A. 2yC) 

tor no la refiere , pero también lo es no ser bastante su silencio 
lí omisión para calificar de incierta su noticia. Este escritor no 
refiere la primer entrada de Alarico en Italia, ni el suceso de la ba- 
talla de Poleneia : ¿diremos por eso que son inciertos , cjuando los 
acuerdan Orosio que vivia entonces , Prudencio, Claudiano , san 
Prospero aquitano , Jornandes , Casiodoro y el autor de la Histo- 
ria miscela? Bien creo que no habrá quien tal afirme. Las circuns- 
tancias de los hechos se notan en él referidas de distinto modo de 
como las expresan otros escritores , pero no por eso deberán regu- 
larse los unos 6 los otros por falaces ; antes por el contrario po- 
dremos muy bien concluir , no haber bastante fundamento para 
negar sucedidas las paces de Alarico con Honorio , y que solo 
quando mas podrá recaer la disputa , d ya sobre el modo y es- 
tado á que fuese conducido su tratado , o ya en el tiempo , o ya 
en otro de los adminículos y particularidades con que las refie- 
re Jornandes ; de suerte que salvándose en lo principal la auto- 
ridad de este escritor , se concilie oportunamente con lo que de 
otros nos constase. 

XXVI. Este método tiene á su favor razones muy poderosas, 
principalmente las que persuaden la falibilidad del argumento ne- 
gativo , con la reflexión de tantos hechos referidos por un solo es- 
critor y reputados por ciertos , al mismo tiempo que se hallan omi- 
tidos en los demás , ó porque no llegaron á su noticia , d porque 
no les fue fácil registrar con mayor interioridad el alma de la po- 
lítica que las dirigió y los papeles d archivos donde se contenían, 
d finalmente porque no tuviesen por conveniente el insertarlas, 
sin que por eso hayan de reputarse por inciertos. Así en el supues- 
to de que nadie duda ya la verdad de esta máxima , y que solo se 
atribuye alguna fuerza al argumento negativo quando este no es 
puramente tal , sino compuesto de alguna parte afirmativa que se 
oponga ademas del silencio á la verificación del suceso ; deberá 
ser nuestro cuidado investigar , si con efecto hay la total exclusiva 
de las paces de Alarico , y qual haya de ser el genuino sentido en 
que se han de entender los escritores. 

XXVII. No puede entrar en disputa, que Orosio , hablando de 
Estilicon y de sus máximas para colocar en el trono á su hijo Eu- 



2%o MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

querio , dice f : „ que Estilicon reservo á Alaricó y á toda la na- 
„ cion de los godos, que sencilla y humildemente pedían una muy 
„ buena paz y se contentaban con qualquier asiento que se les se- 
„ ñalase , fomentándolos con oculta alianza , pero negándoles ' pá- 
„ blicamente la oportunidad de la guerra y de la paz , para que 
„ destruyesen y aterrorizasen la república." Del contexto de estas 
palabras parece bien formada la ilación de que la alianza que men- 
ciona Orosio celebrada con Alarico , fue solamente particular y 
privada entre él y Estilicon; y que el decir este autor, ,,que mien- 
„ tras vivid Estilicon negó á los godos la facilidad de obtener la 
„ guerra y la paz" , arguye que en su tiempo no llego .á efectuarse 
tratado alguno de paz entre el emperador Honorio y Alarico , que 
es lo contrario de lo que da á entender Jornandes quando dice, 
„ haberse confirmado la donación de las provincias cedidas por el 
„ sacro oráculo" , esto es por el mismo emperador. 
■ XXVIII. Hace no poco á favor -de este argumento la expre- 
sión del conde Zo'simo, quando al hablar de Alarico , recien muer- 
to Estilicon , dice , que acordándose de las treguas que se habían 
hecho viviendo este capitán , quería preferir la paz ; pues de ella 
se puede discurrir muy bien , son estas que el conde Zosimo 2 lla- 
ma treguas, las que Orosio entiende con el nombre de oculta alian- 
za ; y que la particularidad con que refiere haberse hecho aquellas, 
vivo Estilicon , quiere significar haber sido celebradas o' dispuestas 
por su interposición. 

XXIX. Pero si atendemos con mayor reflexión al estilo y cir- 
cunstancias que concurren en estos escritores , quizá será preciso 
formar otro concepto de sus expresiones , y se aclarará el sentido 
genuino que se debe acomodar á los términos de que usan. El esti- 
lo de Orosio es tal, que no refiriéndose los sucesos como si lo fueran 
en historia seguida , ni con el enlace mismo con que acaecieron , las 
expresiones son oratorias , y las voces, según es regular en este gé- 

i Oros. lib. 7. c. 38. ,, Quamobrem ,, blice autem & belii & pacif copia ne- 

„ Alaricum cunctamque gotthorum gen» ,, gata , ad terendam terrendamque rem- 

,, tena, pro pace óptima & quibuscum- „ publicam reservavit. 
,, que sedibus suppüciter & simpliciter 2 Zosim. lib. J. 

„ orantem , occulto fcedere fovens , pu- 






DEL A HISTORIA. 28 I 

ncro de lenguagc , no llevan siempre aquella propiedad que quan- 
do están en otro mas natural y sencillo ; por permitir los ador- 
nos retóricos mayor amplitud en los significados , quanta es la que 
corresponde á las figuras y elevación de estilo que son propias de 
esta arte. Por tanto no será estraño que en Orosio se noten al- 
gunos términos con menos rigoroso sentido ; porque acaso así lo 
pidiesen las reglas del bien decir , y lo dispensasen los adornos 
de la oratoria. 

XXX. En esta suposición podremos muy bien inferir , qué quie- 
ra decir Orosio con el oceulto foedere foniens , y el publice antem et 
belli et pacis copia negata , si advertimos que el asunto de este escri- 
tor era poner delante en su obra , que los suchos infaustos del 
imperio no provenían del enojo de los falsos dioses, como creían 
los que se conservaban ciegos en las tinieblas de la gentilidad, 
ni de la introducción de la religión christiana , sino que se debían 
atribuir á la alternación de las causas naturales , dirigidas por los 
altos fines de la divina providencia, y á la inconstante condi- 
ción de las cosas humanas; y por tanto, á la disposición y mo- 
do de gobierno, á las pretensiones y desconfianzas de los minis- 
tros , al descuido y vicios de los príncipes , á la relaxacion y des- 
orden de las costumbres , y á otros semejantes. Así en el caso 
presente conviene hacer ver que las máximas de Estilicon para 
entronizar á su hijo , fueron las que ocasionaron las fatales conse- 
qüencias y ruina del imperio; pues habiendo podido salvarlo des- 
de luego con haber del todo aniquilado á Alarico,no lo hizo; 
antes bien le dio oportunidad para que escapase y se rehiciese , 
y de este modo fuese capaz de acometer la Italia , y poner en 
tanta aflicción sus provincias y el imperio. 

XXXI. Llevado pues Orosio de esta idea dice de Estilicon , que 
fomento con oculta aliajiza á Alarico , negándole públicamente la 
facilidad de la paz: pero las mismas palabras de este escritor , combi- 
nadas con el contexto de los otros coetáneos , declaran el sentido 
que parece corresponderles , y que la oculta alianza que acuerda 
Orosio , sea la que suponen los demás historiadores haber hecho 
Estilicon con Alarico , para agregar el Ilírico al imperio de Hono- 
rio : y como este tratado debia estar oculto por ser contra un prín- 

Nn 



2Ü2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

cipe tan inmediato en la sangre , como lo era Arcadio de Hono- 
rio , y por ello no pudiese Estilicon publicar este designio , an- 
tes le conviniese el ocultar que se hallaba en paz con Alarico, 
por no dar sospechas al imperio del oriente ; fué regular lo mis- 
mo que refiere el conde Zdsimo , Sozdmeno y otros , esto es , ha- 
berse entretenido los godos y Alarico en el Epiro de orden de 
Estilicon , hasta que llegase el caso de poner en execucion la idea 
contra el Hinco : y esta suspensión daria motivo á la expresión de 
Orosio, de que públicamente no se habia establecido la paz con 
Alarico por las máximas de Estilicon. 

XXXII. Pero aun quando se quisiese decir que por aquella 
omita alianza se deba entender alianza particular , porque así lo 
persuade la circunstancia de ir hablando Orosio de las preven- 
ciones de Estilicon para elevar al imperio á Euquerio su hijo , 
esto no excluye el que las demás voces se entiendan de haberles 
negado la paz antes que viniesen á Italia , por no causar con ella 
las sospechas que le importaba evitar. Antes bien este sentido lo 
persuaden las mismas palabras de Orosio quando dice , que fo- 
mentando á los godos y á Alarico con la oculta alianza, y ne- 
gándoles la paz , los reservo para destruir é intimidar la repúbli- 
ca ; pues en ellas da á entender que el fomento y la negociación 
fueron antes de entrar la ííltima vez en Italia los godos , los qua- 
les no se dirían propiamente reservados para la ruina y terror de 
la Italia , si ya esta hubiese sucedido : pero no que se haya de ex- 
tender á excluir la paz , después que los godos habían entrado 
ya en aquella provincia ; pues á preferir este dictamen conspiran 
todos los escritores que acuerdan paces hechas con Alarico en 
este tiempo, aunque no hubiesen sido fielmente observadas. 

XXXIII. Si no obstante se quisiese defender que Orosio ha- 
ble de absoluta exclusión de paces con los godos viviendo Es- 
tilicon , aun se podia verificar la que refiere Jornandes ; porque 
no diciendo este expresamente que la celebrada con esta nación 
íiiese pública, y siendo esta sola circunstancia la que dificulta d nie- 
ga Orosio, ¿quien repugnará el que Estilicon celebrase con los go- 
dos un oculto tratado , cediéndoles ú ofreciéndoles para su asiento 
algunas provincias , y haciendo que el emperador se lo ratificase, 



©ELAHISTOUTA. 283 

y que este , d ya porque fuese hecho solo con ánimo de entrete- 
nerlos y deslumhrarlos , o' ya porque la corta subsistencia de él lo 
hiciese estimar como no sucedido, no se hubiese creído tal que 
mereciese el nombre de paz pública y estable ? Porque al asun- 
to de Orosio no hacia la que , d por no cumplida , d por po- 
co durable , no había escusado los efectos de la inundación de los 
godos en Italia. 

XXXIV. La voz treguas de que se vale Zdsimo , no es de una 
fuerza irrefragable , porque en varios otros lugares le da el nombre 
de paz; y allí, para haber variado , tenia el motivo de hallarse muy 
inmediata la voz paz , y por escusar su repetición y no decir , que 
prefería la paz acordándose de la paz hecha con Estilicon , era regu- 
lar alternase con la palabra treguas , como mas acomodada á la 
elegancia de la locución ; d quizá queriendo significar , que las pa- 
ces establecidas viviendo Estilicon , habían sido semejantes á unas 
treguas en el efecto de su corta duración. Así siempre se conclu- 
ye, no oponerse estos autores á que hubo algunos tratados de pa- 
ces concluidos entre Honorio y Alarico ; y que el argumento que 
parecía convencer lo contrario , no debe subsistir para el tiempo 
de haber ya invadido los godos la Italia. 

XXXV. Pero porque no se percibe bien el modo en que se 
deben entender y colocar los sucesos de este tiempo , y en ha- 
cer patente quando y con que motivos y circunstancias se ha- 
ce verisímil el tratado de la disputa , consiste el hacer cabal juicio 
de su regularidad; no será fuera de proposito , que deduciéndo- 
los de lo que dicen los mas clásicos escritores , los establezcamos 
con el orden que parezca mas natural y propio haber acaecido ; 
y en él se reconocerá lo que deba tenerse por verdadero , y lo que 
al menos en las circunstancias sea repugnante : ayudando no po- 
co á la claridad la mas recta cronología , que suele ser el alma de 
la historia , y sin la qual no se expresa bien la armonía y coor- 
dinación de las noticias. 

XXXVI. Teodosio , uno de los grandes principes que ocupa- 
ron el imperio, y que casi lo sostuvo de la ruina que le amenazaba, 
dextí al morir en el año de 395 , consular de Olibrio y Probi- 
no , repartido el imperio en sus dos hijos , tocándole al mayor Ar- 

Nn 2 



584 MEMORIAS DE XA ACADEMIA 

cadio el del oriente , y á Honorio menor el de occidente, y am- 
bos , si hemos de creer en esto á san Ambrosio y Claudiano , á 
cargo de su gran valido Estilicon , por la corta edad en que queda- 
ban : pero como eran dos los imperios , fué forzoso , dividiéndose 
los emperadores , que Estilicon asistiese á Honorio , mientras Ru- 
fino gobernaba en Constantinopla lo perteneciente á Arcadio. Muy 
desde luego Rufino dio muestras de su ambición , y de que as- 
piraba al trono ; y como el medio de proporcionar este desig- 
nio fuese el suscitar guerras y turbaciones que fatigasen el im- 
perio , y que atribuidas á la incapacidad de embarazarlas en los 
pupilos diesen motivo á los pueblos para solicitar , aunque fue- 
se á costa de una deslealtad , el libertarse de ellas con el au- 
xilio de un nuevo emperador d de un asociado á la píírpura ; y 
al mismo tiempo conviniese al logro de estos intentos , tener fuer- 
zas á su devoción con que poder asegurarlos : no dudo valerse de 
Alarico y de los godos , facilitándoles el que entrasen poderosos 
en la Grecia destruyendo quanto encontraron. 

XXXVII. Estilicon con el deseo de atender al común pe- 
ligro , dispuso su exército y pasó con él á la Grecia ; y aunque 
logro ahuyentar los enemigos del Peloponeso y que se retirasen 
al Epiro , no los deshizo como pudo , d ya por haberse entre- 
gado con su exército al ocio y las delicias , causando con sus de- 
sordenes no menores daños y saqueos en las ciudades por don- 
de transitaban , que lo habían hecho los bárbaros , como quiere 
Zdsimo x ; d ya porque al tiempo de seguirlos , y haberlos re- 
ducido' a la mayor estrechez , de suerte que con solo la ham- 
bre y falta de víveres hubieran sido destruidos , lo embarazó una 
orden del emperador Arcadio expedida á solicitud de Rufino , 
para que los dexase : por lo que en este punto se lastima gra- 
vemente de la astucia de aquel valido y pérdida de esta oca- 
sión , el poeta Claudiano 2 . Así no logro esta expedición el efec- 
to que de ella se podia prometer, y Estilicon se volvió á Italia 
al tiempo que Alarico con sus godos fué á campear en el Epiro. 

XXXVIII. Reconociendo pues Estilicon las perjudiciales má- 

1 Zosimus. lib. <¡. 2 Claudianus lib. 2. in Rufinum. 



DE XA HISTORIA. 285 

xímas de Rufino , no tardo en trazar su muerte , valiéndose de 
la confianza de Gaynas , capitán godo , que con tropas auxilia- 
res enviaba en socorro de Arcadio. Este capitán la consiguió el 
mismo día que tenían los parciales soldados de Rulino destina- 
do para proclamarle emperador, y en que entraba Gaynas en Cons- 
tantinopla , al tiempo que lo salian í recibir el emperador Arcadio 
y Rufino. Todos estos sucesos los coloca el conde Marcelino l 
en el mismo año 395 de la muerte de Teodosio, y la muerte de 
Rufino deberá con Sócrates 2 entenderse sucedida á los 2.7 de 
Noviembre de él ; y así se ve que como anteriores al año de 
398 en que obtuvo el quarto consulado el emperador Hono- 
rio , hace mención de ellos Claudiano 3 en el panegírico á di- 
cho consulado. 

XXXIX. Por muerte de Rufino , entro á ocupar la privanza 
del emperador Arcadio el eunuco Eutropio , bien conocido en 
las historias , tanto por haber llegado á obtener los mas altos ho- 
nores y la dignidad del consulado , quanto por la pronta caida 
y corta duración de su valimiento. Este , temiendo que si Estili- 
con pasase al oriente como tenia prometido , seria forzoso dis- 
minuirse su autoridad , dispuso detenerle con embarazos que se lo 
impidiesen , como lo logro' suscitando en África la guerra por me- 
dio de Gildon,que siendo gobernador de aquella provincia por Ho- 
norio , se levanto con ella negando la obediencia , y precisando á" 
dirigir allí para su exterminio todas las atenciones de Estilicen ; 
el qual pudo fácilmente contener la rebelión por medio de Mas- 
cedel , hermano del mismo Gildon , quien lo venció' , y con 
su muerte se puso fin á esta guerra , según Idacio 4 y Marceli- 
no 5, en el año consular de Honorio la quarta vez y Eutiquia- 
no, 398 de Christo, y antes del Abril, atendida la conjetura de 
Pági 6 . 

XL. En dicho tiempo sucedieron en el oriente varias revo- 
luciones y guerras que no son de nuestro asunto , hasta que ca- 

1 Marcellinus in chronico. 4 Idacius in fastis. 

2 Sócrates lib. 6. Hist. cap. 1. 5 Marcellinus in chronico. 

3 Claudianus in quartum comida- 6 Pagi Critica ad aun. 398. 
tum Honorii. 



2$6 MEMORIAS DE 1A ACADEMIA 

yendo Eutropio de la gracia del emperador, fué degradado de to- 
dos sus honores , mandado borrar de los fastos consulares , cuya 
dignidad había obtenido en el año de 399, desterrado á Chipre, 
y finalmente muerto de orden del emperador. Tampoco nos debe- 
rán detener las irrupciones cometidas entonces por los francos 
hacia el Rhin , cuyos pueblos, reducidos á la obediencia y suje- 
ción del imperio por Estilicon , hacen parte en las alabanzas con 
que engrandece Claudiano las acciones de este capitán. 

XLI. En el año 400 de Christo , consular de Estilicon y Au- 
reliano , pone Jornandes , según queda visto , los primeros movi- 
mientos de los godos y de Alarico su rey para venir desde las 
Panonias á Italia , y es el mismo en que se deberán entender acae- 
cidos. Y aunque Próspero aquitano * y Casiodoro 2 hagan men- 
ción , debaxo de estos cónsules , de haber entrado en Italia los go- 
dos con Alarico y Radagayso , se ha de juzgar , d que padecie- 
ron equivocación en colocar la entrada de ambos en un mismo 
año , d que lo hicieron recapitulándolas , porque la de Radagayso 
no fué hasta el año de 404 , según después veremos. 

XLII. Alarico pues con sus godos entro en Italia , y d ya 
porque se recelase de internarse en ella , baxando á campear en 
lo llano , d porque otras ideas y circunstancias que no nos constan, 
le precisasen á ello , se dirigid hacia la Ligiíria. Estilicon , luego 
que supo su venida , empezó á dar las providencias de poder- 
le contrarestar : paso aceleradamente á las Rhecias , donde al pre- 
sente son los grisones , para juntar las tropas que allí estaban : 
confirmo los ánimos de los pueblos y de los soldados , que no 
poco habían alterádose con la novedad de esta invasión ; y jun- 
ta la mayor porción de dichas tropas , volvió á alentar con su in- 
mediación á Roma y lo demás de Italia , puesta en consternación 
á vista del estrago que la amenazaba. 

XLIII. Con este exército marcho en busca de Alarico , y se 
encontró con él cerca de la ciudad de Polencia en la antigua 
Liguria , y á no mucha distancia del rio Tánaro : aquí se dieron 
la batalla , empezándola la caballería de los alanos , que venían de 

1 Prosper. in chronico. 2 Cassiodorus infastis. 



DE LA HISTORIA. 287 

auxiliares de Estilicon. La contienda fué tal que los alanos, muerto 
el capitán que los mandaba , hubieron de ceder al vigor con que 
los atacaron los godos, pero acudiendo á tiempo Estilicon con las 
legiones romanas , no solo sostuvo el ímpetu contrario é hizo 
volver á la pelea el esquadron de los alanos, sino que consiguió 
la victoria , poniéndose en fuga Alarico , que en su retirada hubo 
de sufrir otras rotas en Asti y en Verona ; y hubiera sido he- 
cho prisionero , según da á entender Claudiano * , si la intrepi- 
dez del capitán alano en acometer antes de tiempo , no hubie- 
se desconcertado las medidas tomadas por Estilicon , y sido cau- 
sa de dificultar la victoria. 

Ipsum te caperet , dice ,' letoque , Alarice, ekdisset , 

ÍV7 calor incanti male festinatus Alani 

Dispositum turbasset opas. 
Así pues perdido su exército , vencido y derrotado , se hubo de 
refugiar entonces Alarico á sus antiguas provincias , dexando li- 
bre de su furor la Italia. 

XLIV. Pero aquí se ofrecerá el reparo de que esta pueda ser 
la batalla de Polencia que menciona Orosio , y que llamándola 
infeliz , da á entender haber sido vencidos en ella los romanos 
conviniendo en esto con él Jornandes , el autor de la Historia mis- 
cela y Casiodoro , y atribuyendo los mas la desgracia de este 
suceso á haber acometido á los godos el exército romano , coman- 
dado por Saulo su capitán , gentil , en el dia de la Pasqua , al 
tiempo que los godos la estaban celebrando y por cuya reve- 
rencia querían escusar en él la acción. No obstante el peso de 
esta dificultad , son tales y tantas las razones que convencen ha- 
ber sido en estos años , desde el 400 hasta el 403 á lo mas , y 
del modo que la hemos referido , la batalla de Polencia , que no 
queda libertad para poderla juzgar de otra suerte acaecida. 

XLV. Claudiano , que vivía entonces en Roma , hizo su pa- 
negírico al sexto consulado de Honorio en el año de 404 , y en 
él no solo hace mención de ella , y celebra hallarse libre Roma 
é Italia del temor que le ocasionaba esta guerra , sino que ade- 

1 Claudianus insextum consulatum Honorii. v. 223. 7$. 



288 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

mas da á entender haber escrito otro poema describiéndola , que 
es el que intituló De bello getico. Así no pudiéndose estos sus es- 
critos llevar mas adelante del año 403 , es forzoso que en este , d 
los antecedentes , se haya de colocar este suceso. 

XLVI. Aclara en este punto la duda Prospero aquitano I , 
que pone esta batalla en el año de 402 , consular de Honorio V j 
Arcadio V ; y si fué , como se puede conjeturar , en el dia de la 
Pasqua , seria en el año de 402 á 6 de Abril. Del mismo modo 
Prudencio , que escribid por entonces y antes de haber entrado 
Radagayso en Italia , pues no hace mención de su célebre derro- 
ta , y si solo de esta de Alarico , da á entender haber sido anterior 
la de éste á la de aquel 2 ; y así van en esto concordes los mas 
célebres autores , de modo que ya al presente se tiene esta coloca- 
ción por libre de toda controversia. 

XLVII. En quanto al modo de la acción , aunque se quisiese 
decir que la adulación y la poesía le diesen á Claudiano grandes 
facultades para extenderse en las alabanzas de Honorio y Estili- 
con , no será razón persuadirnos que á vista de toda Roma , de 
la Italia y del mundo , hubiese de fingir , de una derrota qual la 
ponen Jornandes , Casiodoro y la Historia ñúscela , una victoria 
tan completa , en que solo falto haber hecho prisionero á Alarico; 
dé una función á que aquellos asignan consiguiente el asedio y 
toma de Roma , una acción tan circunstanciada á favor del impe- 
rio , que Alarico desamparado de los suyos , solo y fugitivo , se 
vid precisado á abandonar del todo aquella empresa , y dexar libre 
de sus temores á la Italia. 

XLVIII. No permiten tanta trasmutación las leyes de un pa- 
negírico , ni puede tanto la mas desordenada adulación ; porque 
¿ como se persuadirían los romanos haber sido vencidos los go- 
dos , si estuviesen estos victoriosos , y amenazasen ya de mas cer- 
ca sus murallas ? ¿ ni como á que habia huido Alarico y dexado 
la Italia , si le tuviesen ya casi á sus puertas ? mucho mas ha- 
biendo pasado desde la derrota de Polencia hasta principio del 



1 Prosper. in chronico. 

2 Prudentius lib. 2. contra, Symmachum vers. 695. seqq. 



D E L A II T S T O K I A. ¿2 8 O 

año 404 y sexto consulado de Honorio que celebraba Claudiano , 
cerca de dos años , en que no era fácil ocultárseles lo sucedido ; 
y conviniendo con este autor los demás que escribieron por aquel 
tiempo y afirman haber sido arrojado esta vez de Italia Alarico 
por Estilicon : asi' Prudencio ya citado, san Paulino de Ñola en 
el octavo natalicio de san Félix , y con ellos el común de los 
modernos. 

XLIX. En el supuesto pues cierto de que la batalla de Po- 
tencia fué ganada por los romanos , y que á ella se siguió la eva- 
cuación de Italia por Alarico , la frase de Orosio pugnantes r vici- 
intis , 'Víctores autem roicti sumus ,se deberá entender, o' como lo ha- 
ce el cardenal Barón io ' , creyendo que después de la batalla fuese 
dada la orden á Saulo para el seguimiento de Alarico , y llegando 
ambos á reencuentro hubiesen sido derrotados los romanos ; o 
mejor á mi ver , diciendo que habla de la derrota que en la mis- 
ma batalla padecieron los alanos auxiliares del imperio, cuyo ca- 
pitán , que se puede conjeturar haber sido el mismo Saulo , que- 
do muerto en ella , y fué el que la dio principio , apresurándo- 
se contra las ordenes de Estilicon, y quebrantando la reverencia en- 
tonces observada al dia de la Pasqua. También puede darse la inte- 
ligencia al 'Víctores 'victi sumus , de que aluda en ello al estrago que 
en dicha batalla padecieron los romanos y explica Prospero aqui- 
tano 2 en su Cronicón ; d que el llamar Orosio infeliz esta ba- 
talla, sea tanto por la gran pérdida de gente que hubo en ella,quan- 
to por haberse malogrado la ocasión de haber hecho prisionero 
á Alarico , cuya circunstancia dio motivo á ser , después de ven- 
cedores , vencidos por él en su segunda entrada : pues la cláusu- 
la , ost endenté in bren>i judicio Dei et quid favor eius posset et quid 
ultio exigeret , puede muy bien entenderse con el espacio interme- 
dio de ocho d nueve años de la una á la otra entrada. 

L. Colocado en esta forma el suceso de Polencia , está cla- 
ro que antes de él no puede cómodamente verificarse la paz que 
acuerda Jornandes , mediante que las Galias y Españas gozaban 

1 Baronins ad annum 403. vehementerntriusquepartis cladePollen- 

2 Prosper. in chromco. Arcadio V tiac pugnatum est. 
8c Honorio V coss. adversus gotthos 

Oo 



200 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

entonces de suma tranquilidad , y no necesitaba el imperio valer- 
se de Alarico para conservarlas ; por el contrario hasta allí ha- 
bía sido máxima de los emperadores , destinar estas gentes á aque- 
llas provincias cerca de las quales podían temerse algunas revo- 
luciones , como sucedía en los países mas septentrionales. 

LI. Es cierto que Claudiano x introduce á Alarico queján- 
dose en su retirada de Estilicon , como que le hubiese faltado á 
lo que con él había convenido , y engañádolo con falsas prome- 
sas y entretenidas , hasta haber podido repasar el Po y destruirle: 
Heu ! quibus insidiis , qua me circumdedit arte 
Fatalis semper Stilichon ! dum parcerejingit , 
Retudit hostiles ánimos , belhimqiie remenso 
Evaluit transferre Pado. Proh foedera saeio 
Deteriora tugo ! Tune 'vis extincta getarum : 
Tune mihi , tune letum pepigi. Violentior armis 
Ómnibus expugnat nostra clementia gentem. 
Mars grawior sub pace latet : capiorque c vicissim 
Fraudibus ipse meis. 
Pero se deberá entender , de que solicitando después de la rota 
de Polencia algún acomodamiento Alarico , según lo manifiesta 
el mismo Claudiano, y no desesperanzándolo Estilicon , tuviese este 
lugar de enviar tropas en su alcance , que lo derrotasen en As- 
ti y en Verona; y de que trayendo con buenos partidos los sol- 
dados á que lo desamparasen , y siguiesen las banderas romanas, 
lograse el deshacerle con este genero de clemencia y benignidad. 
LII, Ahora se entiende mejor el sentido de la expresión de 
Orosio : Taceo de Alarico s<epe micto , sope concluso , semperque di- 
mis so , habiéndolo visto reducido á suma estrechez y riesgo de 
ser tomado en la Grecia é Italia con todo su exército , venci- 
do en Polencia, Asti y Verona , y en cada una de estas próxi- 
mo á haber sido hecho prisionero , y haber en todas escapado 
d dexádolo escapar ; para cuya conducta en Estilicon da Clau- 
diano 2 , ademas de la razón ya expuesta , la de escusar no fue- 



i Clandianus in sextum Honorii 2 Claudianus de bello ge tico v. 300. 
consulatum. v- 300. seqq. seqq. 






I) li L A 11 I S T O II í A. 2<Jl 

se causa en Alarico la desesperación , que renovando la batalla se 
pusiese en duda la victoria , y en nuevas contingencias el imperio. 

Lili. Libre ya la Italia de los temores de la invasión prime- 
ra de Alarico , no descanso' mucho tiempo sin verse acometida 
de otra que pudiera haberle sido mucho mas infausta. Porque 
entrando Radagayso en ella con un exército de 200S) hombres 
(número que el conde Zósimo acrecienta hasta 400S)) , hubiera 
podido asolarla enteramente , si de este riesgo no la hubiera li- 
bertado prontamente la divina providencia , haciendo que encer- 
rada esta muchedumbre en los montes fesulanos de la Toscana 
por el exército romano que comandaba el mismo Estilicon , se 
fuese aniquilando y disminuyendo con la hambre#y la deserción, 
de suerte que fácilmente vencido y preso Radagayso , libro con 
su muerte á la Italia del espanto que con su venida le había hecho 
concebir , y pagó con su desgracia su atrevimiento ; siendo esto 
tan á poca costa de los romanos , que ponderándolo san Agus- 
tín ! , dice no haberse perdido en ello un solo hombre. 

LIV. La rota de Radagayso la coloca san Prospero aquita- 
no 2 en el año consular de Estilicon II y Antemio , que viene 
á ser el 405 , y con él concuerda el cronicón llamado imperial , 
á quienes deberemos seguir , aunque el conde Marcelino la atrase 
al año siguiente. 

LV. En este ínterin parece que Alarico sostenido de las es- 
peranzas de Estilicon , para ocupar el Ilírico y agregarlo al imperio 
occidental al qual antiguamente habia pertenecido , se mantenía 
con sus gentes en el Epiro , según queda ya notado ; y ya por- 
que quisiese vengar á Radagayso, que creo menos probable; d 
ya mejor porque no le satisficiesen los sueldos que se le habían 
ofrecido , deliberó volver á Italia , como lo executó en la forma 
que dexamos dicho y refiere el conde Zósimo , según cuyo con- 
texto parece haber sido este movimiento de Alarico á fines del 
año de 407. A él siguió , estando ya los godos en el Nórico , la 
paz que por consejo de Estilicon otorgó el senado romano , dan- 
do á Alarico las 48) libras j á él la retirada de Honorio á Rave- 

1 S. August. de civit. Dei lib. J. cap. 23. 2 Prosp. in chronico. 

Oo 2 



2Q2 MEMORIAS DE LA ACADEMIA 

na , por no asegurarse en la fidelidad de los godos , que obser- 
varían religiosamente las condiciones de ella ; y á él , lo que el 
mismo conde Zósimo refiere , de haber manifestado Honorio á Es- 
tilicon su deseo de ir al oriente , á reglar las cosas de aquel im- 
perio que con la muerte de Arcadio habia quedado expuesto á 
los regulares accidentes de una menor edad , y habérselo disua- 
dido Estilicon , representándole los inconvenientes que podían re- 
sultar de su ausencia , por hallarse apoderado de la mayor par- 
te de las Galias Constantino proclamado emperador , y Alarico 
con un tan poderoso exército en la Italia que acaso viéndola des- 
prevenida y sin su príncipe , la invadiría violada la paz : dán- 
dole entonces el consejo de valerse del mismo Alarico , para que 
con sus tropas y algunas otras del imperio pasase contra el re- 
belde Constantino , mientras que Estilicon mismo , en nombre de 
Honorio , iba al oriente á administrar aquel imperio y poner en 
buen orden las cosas de él. Cuyo consejo admitido por Honorio, 
advierte el mismo conde Zdsimo , produxo que escribiese este sus 
cartas á Alarico y al emperador de oriente , á fin de lograr la 
execucion de este proyecto. 

LVI. Aquí ya se descubre el modo de poder en algún mo- 
do verificar la afirmativa de Jornandes; pues se ve que Estilicon 
propuso al emperador valerse de Alarico , para restaurar al im- 
perio las provincias que le tenia usurpadas Constantino , que lo 
eran las Galias y las Españas. En cuyas circunstancias no pa- 
rece irregular se le manifestase á Alarico , haberle de dar en 
ellas alguna parte donde se estableciese con sus godos ; antes así 
lo persuade el haber sido siempre la principal pretensión de es- 
tas gentes la solicitud de sus establecimientos , por haber perdi- 
do , arrojados de los hunnos , los antiguos que tenían , lo que ex- 
plica Orosio diciendo * , que Alarico y su gente suplicaba rendi- 
da y sencillamente -por una buena paz y por qualesquier asientos. Ni 
de otra suerte era regular admitiesen ellos el partido de venir á 
militar tan lejos de su patria , sin tener seguridad del descanso 

i Oros. lib. 7. cap. 38. ,, Pro pace „ pliciter & slmpliciter orantem." 
», óptima & quibuscumque sedibus sup- 



DE LA II I S T O H I A. 2 % 

y del premio finalizada la guerra: y como en este tratado inter- 
vino la autoridad y condescendencia del príncipe escribiendo este ú 
Alarico , se puede con bastante probabilidad discernir , que alu- 
diendo á esto las palabras de Jornandes donatione sacro oráculo con~ 
firmata , sea una misma la acción , aunque referida con mas o me- 
nos individualidad. 

LVII. Subsiste en el conde Zdsimo , para no hacer mas par- 
ticular mención de este tratado , la misma razón que milita en 
los otros escritores ; y es , que como no llego á tener efecto , por- 
que muerto de allí á poco Estilicon todas las cosas mudaron de 
semblante , no les parecería corresponderle mas circunstanciada 
narración á suceso que había quedado solo en idea , sino solo 
aquella que podía influir al enlace y combinación de los hechos: 
los quales , en quanto al tiempo que siguió al establecimiento de 
estas paces , se habrán de exornar con la mayor extensión con 
que los refiere Zdsimo, y en ellos se encontrarán vestigios de der- 
rota padecida por los romanos siendo su capitán Valente , quedan- 
do vencedor Alarico , con la qual equivocase Jornandes la batalla 
de Polencia ; pues no disconvienen las señas de haberse estableci- 
do ya la paz en virtud de la qual Alarico levanto el sitio de 
Roma, y haberse seguido á la derrota del citado capitán Valen» 
te el volver Alarico á Roma y apoderarse de ella. 

LVIII. Contribuye no poco á favor de nuestra conjetura acer- 
ca de la paz con Alarico , lo que refiere Procopio J , hablando de 
los godos y su irrupción en Italia; esto es , que algunos decían ha- 
ber sido llamados por Honorio para sujetar á los subditos que 
se le hablan rebelado, á cuya opinión él no inclina, fundándo- 
se en la índole de aquel emperador. Pero de ello se infiere que 
aunque solo Jornandes sea el que refiere la particularidad de es- 
ta paz , se hallan indicios de ella en otros historiadores : y aun- 
que fuese repugnante á la condición de Honorio el llamar por 
sí á los godos , no así siendo por consejo de Estilicon , y no pa- 
ra que viniesen á Italia como creyó Procopio , sino para que ve- 
nidos