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MEMORIAS 



DE LA 



SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 



VOLUMEN III. 1017-1918 



DIRECTOR: 

DR. CARLOS DE LA TORRE. 

JEFE DE REDACCIÓN: 

DR. ARISTIDES MESTRE. 



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IMPRENTA 

EL SIGLO XX 

DE LA 

SociEnAD Editora Cuba Contiímporánica 

TENIUNTE RF.y 27 

191S 



K3 



índice del volumen III I9I7-19I8 



Número 1. — Junio, 1917 

Págiuas 

Sesión pública solemne del 26 de Mayo de 1917 1 

Junta Directiva para el año académico de 1917 a 1918 2 

La vida de la "Sociedad Poey" de 1916 a 1917; por el Dr. Arístides 

Mestre 3 

Discurso de gracias; por el Dr. Enrique J. Varona 19 

Alrededor de la psicología de Poey; por el Dr. Luis Montané. . . 21 

Revista bibliográfica 29 

Números 2 y 3. — Julio-Diciembre, 1917 

Sesiones de la Sociedad (Octubre 13 y 31, y Noviembre 30 de 1917). 33 

El hallazgo de la Saugetia; por el Sr. Hermano León 37 

Cuvier y sus paradojas científicas; por el Dr. Arístides Mestre. . . 39 

Fenómenos geológicos de 1916; por el Dr. Eduardo F. Plá 45 

Notas Entomológicas; por el Sr. Patricio G. Cardin ñ3 

Algunos hongos entomógenos de Cuba (con grabados) ; por el Sr. 

John R. Johnston 61 

Contribución al estudio de los mamíferos acuáticos observados en las 

costas de Cuba (con grabados) ; por el Dr. Luis A. Cnní. ... 83 

El Dr. José Tomás Cartaya 124 

Revista bibliográfica 125 

Números 4, 5 y 6. — Enero-Mayo, 1918 

Sesiones de la Sociedad (Enero 28, Marzo 2 y 16, Abril 20 y Mayo 

15 de 1918) 129 

Felipe Poey (Poesía). A Carlos de la Torre; por la Sra. Lola Rodrí- 
guez Tió 137 



IV INDTCE 

Púgiuai 

Nota sobre una excursión a "El Estiro ' ' ; por el Dr. Gonzalo M. 

Fortún 138 

Presentación del Dv. Carlos T, Eamsden ; por el Dr. Carlos de la Torre. 142 

Vida y exploraciones geológicas del Dr. Juan Gundlach en Cuba 

(1839-1896) (con grabados); por el Dr. Carlos T. Eamsden. . . 146 

Breve reseña sobre una excursión botánica a Oriente ; por el Dr. Juan 

T. Eoig 168 

Las piritas cristalizadas de Pinar del Eío; por el Dr. Santiago de 

la Huerta 175 

Las exploraciones botánicas de Cuba. Eeseña comparativa de la con- 
tribución del Dr. N. L. Britton y de los botánicos anteriores, al 
conocimiento de la Flora Cubana (con grabados) ; por el Sr. Her- 
mano León 178 

John Adolph Shafer; por el Dr. Natlianiel Lord Britton 225 

Alfred Eussell Wallace en la historia de la filosofía biológica; por 

el Dr. Arístides Mestre 228 

Eevista bibliográflca 242 



VOL. III. 1917- 1918. NUM. 1, 



MEMORIAS 



DE LA 



SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 



DIRECTOR: 

DR. CARLOS DE LA TORRE. 

JEFE DE REDACCIÓN: 

DR. ARISTIDES MESTRE. 







^^^^^ 



IMPRENTA 

EL, SIGLO XX 

DE AURELIO MIRANDA 
TENIENTE REY 27 

1918 



s 



JUNTA DIRECTIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 

PARA EL AÑO ACADÉMICO DE 1917 A 1918. 



Presidente: Dr. Carlos de la Torre. 

Vice-Presidente: Dr. Luis Montané. 
Secretario general: Dr. Arístides Mestre. 
Secretario adjunto: Dr. Gonzalo M. Fortun. 
Vice-Secretario: Dr. Juan M. Dihigo. 
Tesorero: Dr. Andrés Weber. 



Director: 
Secretario : 



Director : 
Secretario : 



Director: 
Secretario: 



Director: 
Secretario ; 



Director : 
Secretario : 



Director : 
Secretario : 



SECCIONES 

1^ Mineralogía y Geología. 

Dr. Santiago de la Huerta. 
Dr. Jorge Horstmann. 

2^ Biología. 

Dr. Mario G. I-ebredo. 
Dr. Federico Torralbas. 

3^ Botánica, 

Dr. Felipe García Cañizares. 
Dr. Juan T. Roig. 

Jf^ Zoología y Paleontología. 

Dr. Carlos de la Torre. 
Dr. Mario Sánchez Roig. 

5^ Antropología. 
Dr. Luis Montané. 
Dr. Eduardo F. Plá. 

6^ Agronomía. 

Dr. Juan R. Johnston. 

Dr. Jorge Navarro. 



Los Sres. Secretarios de las Secciones forman el Comité de 
Redacción de las Memorias, según acuerdo de la Sociedad; y el 
Sr. Tesorero tiene a su cargo la administración. 



Vol. III. 1917-1918. Núm. 1. 

MEMORIAS 

DE LA 

SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 



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feilipe: poeiv 



7> 



SESIÓN PUBLICA SOLEMNE DEL 26 DE MAYO DE 1917 



Presidencia del Dr. Carlos de la Torre 

A las cinco menos cuarto de la tarde del 26 de Mayo de 1916, 
bajo la Presidencia del Dr. Carlos de la Torre, celebróse en el Sa- 
lón de Conferencias de la Universidad la sesión solemne conme- 
morativa de la fundación de la Sociedad Cubaría de Historia Na- 
tural '^ Felipe Poey"; ocupando la mesa además los señores doc- 
tores Juan Santos Fernández, Luis Montano, Enrique J. Varo- 
na, Juan R. Johnston y A. ]\Iestre, Secretario. Asisten al acto 
los señores socios J. Ramos Almeyda, J. Fraj'^de, Mario Sánchez 
Roig-, P. G. Cardin, J. M. Dihigo, F. Mencia, F. Etchegoyen, R. 
Arango, J. T. Roig, G. M. Fortún, S. Llinás, J. Navarro, A. We- 
ber, E. Delgado, A. A. Cuervo, V. Sotolongo, R. La Torre Ma- 
drazo y V. Rodríguez; concurriendo también a la sesión Profe- 
sores y alumnos de la Universidad, 

Abierta la sesión el Dr. A. Mestre, Secretario de la Corpora- 
ción, leyó su discurso La vida de la '^Sociedad Poey" de 1916 
a 1917, en el que dio cuenta de la labor de la misma durante ese 
año académico. 

Seguidamente el Sr. Presidente proclamó Mietnhros honorarios 
de la "Sociedad Poey" a los Dres. Nathaniel Lord Britton, Di- 
rector del Jardín Botánico de New York, y al Dr. Enrique J. 
Varona, Profesor de Psicología de nuestra Universidad, a quien, 






2 Memorias de la Sociedad Poey. 

por encontrarse presente, se le entregó la comunicación de su nom- 
bramiento. El Dr. Varona dio las gracias a la Sociedad por el tí- 
tulo discernido, pronunciando frases relativas al espíritu que in- 
forma a la Corporación, a su labor científica y patriótica. 

Después el Dr. Luis Montano leyó su discurso titulado Al- 
rededor de la Psicología de Poey. 

El Dr. La Torre refirió, en sus líneas generales, lo que cons- 
tituía la Corona Poeyana, que a su juicio abarca dos aspectos: 
el del examen de las especies dedicadas a Poey por notables na- 
turalistas y el del análisis de las descubiertas por él al investigar 
nuestra fauna ; ese estudio, que reviste gran interés científico, se- 
rá presentado en la primera sesión que celebre la Sociedad al rea- 
nudar sus tareas después de las vacaciones de verano. Así se acor- 
dó en vista de lo avanzado de la hora. 

Por último, el señor Presidente dio posesión a la siguiente 

Junta Directiva para el año académico de 1917 a 1918 

Presidente: Dr. Carlos de la Torre. 

Vice-Presidente : Dr. Luis Montano. 

Secretario general: Dr. Arístides Mestre. 

Secretario adjunto : Dr. Gonzalo M. Fortún. 

Vice-Secretario : Dr. Juan M. Dihigo. 

Tesorero: Dr. Andrés Weber. 

SECCIONES 

i? Mineralogía y Geología. 

Director : Dr. Santiago de la Huerta. 

Secretario: Dr. Jorge Horstmann. 

2? Biología. 

Director: Dr. Mario G. Lebredo. 

Secretario: Dr. Federico Torralbas. 



3^ Botánica. 



Director : 
Secretario : 



Dr. Felipe García Cañizares. 
Dr. Juan T. Roig. 



A. Mestre: La vida de la "Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 3 



4^ Zoología y Paleontología. 

Director: Dr. Carlos de la Torre. 

Secretario: Dr. Mario Sánchez Roig. 

5? Antropología. 

Director : Dr. Luis Montané. 

Secretario : Dr. Eduardo F. Plá. 

6^ Agronomía. 

Director : Dr. Juan R. Johnston. 

Secretario : Dr. Jorge Navarro. 



LA VIDA DE LA "SOCIEDAD POEY" DE 1916 A 1917 

POR EL DR. ARÍSTIDES MESTRE 
Profesor Auxiliar de Biología, Zoología y Antropología. 



(Sesión solemne del 26 de mayo de 1917.) 

Señores : 
En este mismo día y en esta misma hora de 1913, hace pre- 
cisamente hoy cuatro años que un grupo de amigos — convocados 
por el Dr. Carlos de la Torre y el que os habla — nos reunimos en 
el Museo de Zoología de esta Universidad, próximo al lugar don- 
de se levanta el modesto mausoleo que guarda los restos de Poey, 
el Maestro de las Ciencias Naturales en Cuba, quedando enton- 
ces constituida esta Sociedad, con el fin de continuar la labor in- 
comparable de aquel sabio, cuya vida, a medida que se estudia 
y se conoce, se nos presenta más hermosa : ¡ circunda su nombre 
un nimbo de gloria que el tiempo abrillanta ! — y todos sentimos — • 
especialmente los que nos contamos en el número de sus discípu- 
los — allá en lo íntimo del alma, el estímulo dulce e impalpable 
de su recuerdo, que es para nosotros flor exquisita cuidada siem- 
pre con el mismo amor y religioso respeto. Y ¿qué mejor consa- 
gración a su memoria podemos ofrecerle, como esta fiesta senci- 



4 Memorias de la Sociedad Poey. 

lia, exponente de nuestro trabajo continuado con perseverancia 
ejemplar y de nuestro deber cumplido sin vacilación alguna? 

Al daros cuenta en esta reseña de las tareas del año acadé- 
mico de 1916 a 1917, creo justo proclamar muy alto que la So- 
ciedad tiene muchos motivos para sentirse satisfecha por la ma- 
nera de realizar esta su última jornada ; y yo lamento — con toda 
sinceridad — ser el encargado de trazarla — aun dentro de los ca- 
racteres y límites de este discurso — porque su historia merece, sin 
duda, otro expositor de bien cortada pluma, que incline vuestro 
pensamiento hacia lo más importante de los estudios presentados, 
resumiéndolos razonadamente; y no pierda de vista el interés de 
muchas discusiones y consideraciones hechas, todas ellas suge- 
ridas oportunamente en un momento dado de las sesiones ce- 
lebradas en el curso del año, donde a menudo se trataron cues- 
tiones muy diversas, pero todas ellas encaminadas a ampliar 
nuestro saber respecto de los tres reinos de la naturaleza cuba- 
na; porque los miembros de la "Sociedad Poey" han fijado su 
atención sobre todo en problemas locales, respondiendo así a sus 
primordiales propósitos : el reino mineral fué objeto de su es- 
tudio ; así mismo, el reino vegetal, como también el animal ; y no 
solo lo fueron desde el punto de vista de la ciencia pura, sino 
también de sus aplicaciones, cosa que dá a ello, si cabe, mayor 
trascendencia a las investigaciones efectuadas en ese sentido. 

En materia de Mineralogía el Dr. Santiago de 'la Huerta hi- 
zo una comunicación sobre la Cuhanita, especie mineral poco co- 
nocida, cuya diferencia con la calcopirita establece distintos 
ejemplares, cuyos caracteres examinó, señalando el hecho de la 
graduación de las especies añnes y el influjo del medio ambiente 
sobre las distinciones observadas ; valiéndose de los cuadros uti- 
lizados en su cátedra para definir la coloración y caracteres es- 
pecíficos. Trató asimismo del examen estructural, de las radia- 
ciones de la fractura. Los diagnósticos se comprobaron en tres 
análisis, aun inéditos. El estudioso profesor de la Historia Na- 
tural inorgánica en la Universidad, señala entonces el hecho de 
existir ciíhanitas correspondientes a fórmulas mineralógicas dis- 
tintas, constituj^endo una serie químico-mineralógica compleja, 
y entre aquellas algunas menos ricas en cobre. La comunicación 
del Dr. Huerta — que calificaríamos de conferencia ciertamente 



A. Mestre: La vida de la '^Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 5 

iiitei'esante — será eu sus detalles publicada : con esa promesa nos 
lia halagado el apreciable compañero. 

La Botánica le debe sus esfuerzos este año al Profesor Na- 
thaniel Lord Britton, de New York, y a los Sres. Dr. Juan T. 
Roig, Gonzalo M. Fortún y Juan R. Johnston, que han presen- 
tado importantes contribuciones : a ellas me referiré seguidamente. 

El estudio del Dr. Britton — a quien acabamos de otorgarle 
el título de Socio honorario — sobre el Género Rynchospora, 
Vahl, en Cuba, fué dado a conocer por el muy estimado Sr. Her- 
mano León, del Colegio de la Salle, laborioso botánico a quien 
con razón se le considera como un colaborador del sabio norte-ame- 
ricano. Ese trabajo — próximo a aparecer en las páginas de las 
Memorias de la Sociedad — constituye una revisión del mencio- 
nado género, agregándose, a las especies antes descritas por Sau- 
valle, otras nuevas, en número de 55 ; se dan en dicha monogra- 
fía los caracteres genéricos, comprendiendo el Rynchospora unas 
doscientas especies, abundantes en los lugares tórridos de la tie- 
rra y cuya especie tipo es el Rynchospora apirea, Vahl. — El Her- 
mano León al explicar los antecedentes del Dr. Britton, expu- 
so la conveniencia de publicar en castellano por lo menos algu- 
nos de los trabajos ya impresos en inglés por el ilustre fitógrafo 
sobre la Flora de Cuba. 

No por modestos, dejan de ser para nosotros igualmente dig- 
nos de aplausos, los esfuerzos de los Dres. Juan Tomás Roig y 
Gonzalo M. Fortún respecto de nuestra Flora. — El Dr. Roig, Je- 
fe del Departamento de la Estación Experimental Agronómica 
de Santiago de las Vegas, nos dio a conocer la cuarta parte de 
su estudio titulado Plantas nuevas o poco conocidas de Cuba, 
mostrando ejemplares de las mismas y cortes de madera. Reñ- 
rióse esa vez a las conocidas con los nombres de Aguedita, Bo- 
niatos, Boniatillo, Caña de Castilla, Guamaca, Guayabillo, Güin, 
Júearo mastelero. Lechuga, Mijo, Piniche y Zapatero; y al dis- 
currir sobre los respectivos términos técnicos, ratifica las mani- 
festaciones que hizo anteriormente en cuanto al título de ese 
trabajo donde se ocupa en especial de plantas "maderables". Y, 
en cuanto al Sr. Gonzalo M. Fortún, Ayudante técnico del citado 
Departamento, su Estudio sobre variedades cubanas de mangos 
fué llevado a cabo después de una excursión por la Isla acom- 



6 Memorias de la Sociedad Poey. 

pañando al señor Wilson Popenoe, entendido explorador cientí- 
fico del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, 
quien nos visitó en 1915 al objeto de conocer nuestros mang-os y 
otros frutos. El Sr. Fortún adopta, si bien modificándola en par- 
te, la clave taxonómica propuesta por aquel Profesor, distin- 
guiendo tres tipos: el de mango, el de manga y el filipino, exa- 
mina las variedades comprendidas en cada grupo, cuyo núme- 
ro es relativamente considerable ; y concluye expresando la im- 
posibilidad de fijar la procedencia de aquellas de una manera ter- 
minante. Este asunto, al igual que el de la condición poliembrió- 
nica de los mangos, ocupan la atención del Sr. Fortún y de su 
experiencia conoceremos el resultado. Ambos queridos amigos 
son autores de otro trabajo sobre Las variedades cubanas de ho- 
niato, recientemente publicado por la Estación Agronómica ; ade- 
más, el Dr. Roig, anotándolo convenientemente, ha traducido el 
de Mr. C. F. Kinman, de la Estación Agronómica de Puerto Ri- 
co relativo a las Plantas protectoras del terreno : versión que 
hizo por su valor educativo para el campesino cubano, por ser 
semejantes a las de aquel país nuestras condiciones climato- 
lógicas, de terreno y de cultivo. 

Estas contribuciones tienen un doble aspecto : el de la Botá- 
nica descriptiva y el de la industrial ; y nos conducen a ocupar- 
nos de los estudios de los Sres. Johnston y Car din, que caen den- 
tro del marco de los propios a la Sección de Agronomía de esta So- 
ciedad y constituyen investigaciones relativas a la Patología ve- 
getal y a la llamada Entomología económica. El Sr, Johnston 
leyó primeramente sus Notas sobre Micología en Cuba, y des- 
pués otro : Algunos hongos entomógenos de Cuba. Un bosquejo 
histórico desde Montagne hasta Earle, aludiendo a la significa- 
ción de lo publicado por la Estación Agronómica en estos tiem- 
pos, que comprenden capítulos diversos de la Patología Vegetal, 
y últimamente la creación de la *' Comisión de Sanidad Vege- 
tal"; eso es, en síntesis, el primero de los trabajos del Sr. Johns- 
ton : es una introducción a la Micología Cubana, donde también 
hace anotaciones en orden a las enfermedades de las plan- 
tas. Y este campo interesantísimo de la Botánica le hizo evocar 
al Dr. La Torre — como dato histórico — lo realizado por la Aca- 
demia de Ciencias hace más de treinta años referente a la causa de 
la destrucción de los cocoteros, época en que la teoría del parasi- 



A. Mestre: La vida de la "Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 7 

tismo animal prevaleció sobre la doctrina del parasitismo vege- 
tal ; reconociendo, desde Inego, la nueva era abierta en ese domi- 
nio por la Estación Agronómica. De entonces acá, los factores 
etiológicos han evolucionado. 

En el concienzudo estudio de los hongos entomógenos de Ciiba, 
por el Sr. Johnston se trata de un asunto de extraordinaria impor- 
tancia : es el de los hongos que viven sobre insectos dañinos, ma- 
tándolos; y el hombre propaga dichos hongos para contener el 
desarrollo de las plagas de esos insectos que atacan a varias co- 
sechas. El Sr. Johnston discurre sobre la determinación de las 
especies micológicas, señalando la existencia de dos nuevas. El 
trabajo lleva una extensa bibliografía, con explicación de las lá- 
minas que acompañan el texto. 

El Sr. Patricio G. Cardin, que pertenece, lo mismo que el 
Sr. Johnston, al Departamento de Patología 3^ Entomología de la 
Estación Agronómica de Santiago de las Vegas, se propuso dar 
a conocer a la Sociedad, paulatinamente, en una serie de Notas 
entomológicas, apuntes y artículos distintos en cierto modo, pero 
relacionados siempre principalmente con el conocimiento de los 
insectos perjudiciales a las plantas ; habiendo ya presentado dos : 
una sobre el Monecophora hicincta, Say. que ataca a varias gra,- 
mináceas; y la otra referente a las especies de trips recolectadas 
por el propio Sr. Cardin y determinadas por el Profesor Dou- 
glas Hood, de Washington. 

El Presidente, comprendiendo esa labor de los Profesores men- 
cionados de la Estación Experimental Agronómica de Santiago 
de las Vegas, en pro de la "Sociedad Poey", los ha elogiado en 
más de una ocasión por sus trabajos sobre ciencia pura y aplica- 
da : y yo, desde este lugar les reitero mi felicitación, la más hu- 
milde y también la más sincera. La tarea que ellos han empren- 
dido y mantienen con singular perseverancia, ha de redundar en 
ventaja extraordinaria respecto de la Flora Cubana y de las in- 
dustrias que de ella hoy derivan y están llamadas a derivar en 
no lejano porvenir, si la "Comisión de Sanidad Vegetal" en que 
nuestros compañeros colaboran realiza los importantísimos fi- 
nes para que fué creada y va organizándose convenientemente. 
Porque no hay duda de que la Entomología Económica — y aquí 
enlazamos el estudio de las plantas y el de la Patología Vegetal 
con el de la Historia Natural de los Animales, ¡ como que las ra- 



8 Memorias de la Sociedad Poey. 

mas de estas ciencias no pueden tener en sns respectivos domi- 
nios fronteras absolutas! — esa de que se viene ocupando tan 
empeñadamente el Sr. Cardin, constituye, forma hoy día uno de 
los capítulos más importantes de la Zoología aplicada, sobre to- 
do desde que los gobiernos prósperos se han fijado en el papel de 
los insectos nocibles a la Agricultura : a ese exacto concepto de 
vitales necesidades se deben en el mundo la organización alcan- 
zada por las Estaciones entomológicas de los Estados Unidos y 
del Canadá, de Italia y de Francia, para no citar las de otras 
naciones, dedicadas todas ellas a resolver los grandes problemas 
entomológicos. 

Penetramos ahora en el campo de la Zoología. El Dr. C. de 
la Torre, nos presentó en una de las sesiones — la del 28 de Oc- 
tubre de 1916 — al Chüonycteris torrei, nueva especie de murcié- 
lago cubano descrita poi* el Profesor Alien y dedicada a nuestro 
Presidente, siendo bien pequeña entre las especies hasta ahora 
conocidas. Los que asistimos a dicha sesión tuvimos el gusto 
de verla y de hacernos cargo de las diferencias existentes, según 
nos dio cuenta del Catálogo descriptivo de las Cicindelinde de las 
Boothi y Ch. Me. Leayi, las que también conocimos; y asimismo 
nos dio cuenta del Catálogo descriptivo de las Cicindelina de las 
Antillas (West Indians) remitido por los señores Ch. W. Leng 
y A. J. Mutchler, del American Museum de New York. 

Nuestro Ayudante del Museo Poey Sr. Víctor Kodríguez re- 
cibió a principios del año actual una remesa de aves procedentes 
de la laguna de Ariguanabo ; y entre ellas, llamóle la atención 
un pato que fué objeto de una comunicación a la Sociedad; y 
cuyo ejemplar, convenientemente preparado, pudimos ver al dis- 
cutirse la especie por el Sr. Rodríguez. Se trataba del Querque- 
dida cyanoptera (Wiell) descrita en la obra de EUiot Coues 
"The Key to North American Birds". Parece ser qUe es la pri- 
mera vez que se nota su presencia en Cuba; de aqaí el mérito iii- 
discutible de la comunicación aunque el ave no pertenezca a nues- 
tra fauna. 

La cruzada contra los tiburones emprendida en los Estados 
Unidos hace pocos /meses, despertó nuestro interés; y en la se- 
sión del 15 de Diciembre último, dicho asunto fué objeto por 
parte de nuestro Presidente de una conferencia de vulgariza- 



A. Mestre: La vida de la ''Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 9 

ción científica: acto que respondía a los propósitos de esta So- 
ciedad de difundir los conocimientos; y el Dr. La Torre supo 
aprovechar la oportunidad que le brindaba un problema actual 
para ilustrarnos con su palabra docta, acompañando a sus ex- 
plicaciones de la enseñanza objetiva de ejemplares relacionados 
con el tema, que trató en sus diversos aspectos, comprendiendo 
desde la morfología del feroz habitante del mar, hasta la conve- 
niencia de tomar medidas que conduzcan, a ser posible, al ani- 
quilamiento de ese enemigo del hombre sobre el cual se relatan 
las más espeluznantes y contradictorias anécdotas. A esa sesión 
especial de la Sociedad — en que sólo tuvo lugar la conferencia 
— además de los miembros de aquélla, asistieron Profesores de 
la Facultad de Letras y Ciencias y buen número de alumnos que 
estudian las ramas zoológicas; todos los cuales aplaudimos la 
clara, precisa y erudita disertación del conferenciante. 

La Constitución y fabricación de las redes de las arañas fué 
un trabajo, cuyo autor, al Dr. Mario Sánchez Roig, ha conside- 
rado como una- "introducción" al estudio que viene preparando 
sobre los arácnidos de Cuba. Esta contribución del joven natu- 
ralista. Profesor de la Granja Escuela Agrícola de la Habana, 
ya conocido entre los que como él han especializado sus dedica- 
ciones en el grupo de los articulados y, más concretamente de 
las arácnidos, comprende un conjunto de personales observacio- 
nes sobre la manera como las arañas cubanas construyen sus re- 
des, que el Dr. Sánchez Roig clasifica según sus diversas formas. 
El trabajo estuvo acompañado de dibujos ilustrativos que ha- 
cían más interesante el proceso de la fabricación, habiendo una 
estrecha relación entre los caracteres de las mencionadas redes 
y las diversas especies constructoras. Mas, por curiosos que sean 
estos hechos, ellos constituyen actos instintivos pero considera- 
dos a la luz de la psicología científica "como actividades, unas 
simples, otras complejas; unas heredadas, otras adquiridas en 
el curso de la vida individual, todas ellas resultante de diversas 
cualidades de la materia viviente heredada, y más o menos in- 
dependientemente unas de las otras". 

De los trabajos relativos a los animales existentes pasamos fá- 
cilmente a ocuparnos de los que tratan de los fósiles, objeto de 
la Paleontología ; y en este dominio los Dres. Montano y La To- 



10 Memorias de la Sociedad Poey. 

rre — muy dignos representantes de la ciencia que creara Currer 
en otros tiempos — nos han dado a conocer estudios de gran al- 
cance científico. Con motivo de una reciente publicación del Pro- 
fesor Gerrit S. i\Iiller, del jMuseo Nacional de Washington, titu- 
lada The teetk of a monkey found ín Cuija (Dic. 1916) nuestro 
distinguido Viee-Presidente — a quien tanto deben las investiga- 
ciones antropológicas del país — recordó que dichos dientes fue- 
ron por él encontrados debajo de una capa estalagmítica, a cier- 
ta profundidad, en la cueva del Purial (Sancti-Spíritu) ; dien- 
tes, dijo, que eran pertenecientes al maxilar inferior de un mo- 
no fósil, según la opinión del paleontólogo sud-americano Flo- 
rentino Ameghino, que dio a la especie el nombre de Montaneia 
anthropomorpha, precisando los caracteres que fundaron su pen- 
samiento. De la información abierta por Miller — aparte de otros 
antecedentes que aportó el Dr. Montané a la solución del proble- 
ma — "resulta que — hasta ahora, ni en los Museos de Washing- 
ton y de New York, ni en el Museum Británico de Londres, el Áte- 
les cubano no ha podido ser absolutamente identificado con nin- 
guna especie viva"; — queda, pues, el asunto por resolver, y has- 
ta que nuevas investigaciones sean realizadas eficazmente, "si- 
gue imperando- — según expresión del Dr. jNíontané — la opinión 
de Ameghino : es una forma interesantísima de un género com- 
pletamente extinguido; siendo el descubrimiento de la Monta- 
neia tanto más notable, si se tiene en cuenta que hoy no existen 
monos en la Isla de Cuba". 

La existencia de un mono fósil en Cuba, cuyos dientes han 
sido recogidos junto a restos humanos reviste a juicio del Dr, La 
Torre una importancia científica excepcional ; y a propósito de 
esto, expuso una serie de consideraciones relacionadas con la geo- 
logía y paleontología de las Antillas y los problemas aun no 
resueltos, ligados a ese género de investigaciones ; estimando ' ' lo 
que signicaría la, existencia de un mono fósil en Cuba, cuyos dien- 
tes fueron recogidos juntos a restos humanos" y el hecho de que 
los indios emigraban llevando consigo monos, perros y otros ani- 
males amansados: consideraciones reveladoras de su profundo 
conocimiento en esas materias — y en las que por falta de tiem- 
po no podemos detenernos — y que para nuestro Presidente fue- 
ron dichas como la nota preliminar o Prólogo a su estudio so- 
bre las Nuevas especies de mamíferos fósiles cubanos y de las 



A. Mestre: La vida de la "Sociedad Foexj" de 1916 a 1917. 11 

otras Antillas; trabajo, cuya lectura y presentación de ejem- 
plares encontrados en las últimas exploraciones, ocuparon la 
atención de varias sesiones. En ellas, fué exponiendo cien- 
tíficamente, siempre con oportunos y eruditos razonamientos, 
la serie de investigaciones recientes que culminaron en los tra- 
bajos valiosos de H. E. Anthony, G. S. Miller y G. M.- Alien ; 
sabios paleontólogos que han formulado provisionalmente sus 
conclusiones, a reserva de que los nuevos descubrimientos des- 
cifren las incógnitas y las sombras que el genio del naturalista 
está llamado a disipar, descorriendo el velo de muchos de los 
misterios que nos rodean. 

Cuestiones esas que nos hacen ver cada vez más íntimamente 
los procesos evolutivos de la tierra y de la vida, a través del 
tiempo y del espacio. Frente a la naturaleza el espíritu del sa- 
piente investigador es insaciable. De su cerebro surge una teo- 
ría que parece derribar a la anterior, aunque después otros he- 
chos demuestren su utilidad complementaria. Así ha brotado en 
nuestros días, revolucionando las ideas predominantes, la expues- 
ta — con lujo de datos y perfectamente documentada — por el ilus 
tre William Diller Matthew, Encargado del Departamento de 
Vertebrados fósiles del Museo de Historia Natural de New York 
y miembro honorario de nuestra Sociedad. A la antigua hipótesis 
de las uniones continentales para explicar la distribución de los 
seres vivientes, comprendiendo los casos más extraodinarios, 
sucede la de considerar como factor importante — en la evolu- 
ción de los Vertebrados terrestres y causa principal en su distri- 
bución — a las variaciones climatéricas. En la Academia de Cien- 
cias de New York, Matthew y Barbour — nuestro muy querido so- 
cio corresponsal — presentan datos nuevos en pro y en contra de 
esta hipótesis, que aplicada al hombre, el primero de esos profe- 
.sores cree justo concluir ''que el centro de la dispersión humana 
fué el Asia Central al Norte de las altas cumbres del Himalaya 
y que, cuando la región tornóse desierta a causa de la aridez pro- 
gresiva, aquel se dirige a las regiones vecinas del Este, del Sur 
y del Oeste; pudiéndose en consecuencia admitir que el medio 
en que el hombre se desenvolvió primitivamente no era húmedo 
ni tropical, sino templado y más o menos árido, haciéndose pro- 
gresivamente frío y seco en el curso de su evolución". 

Los paleontólogos americanos antes citados y con ellos núes- 



12 Memorias de la Sociedad Poey. 

tro Presidente el Dr, La Torre — que tanta participación le cabe 
en los últimos descubrimientos sobre mamíferos fósiles cubanos, 
demostrando en esa participación que él mantiene siempre bri- 
llante, por sus geniales puntos de vista, la antorcha de la cien- 
cia que Poey, al morir, puso en sus manos ! — toman todos ellos 
en seria consideración la nueva hipótesis de Matthew, con sus he- 
chos favorables y adversos, al objeto de discutir los problemas 
de la fauna mammalógica antillana y de llegar a soluciones sa- 
tisfactorias. 

Quisiera — Sras. y Sres. — disponer de tiempo suficiente para 
dedicarle al capítulo de las excursiones zoológicas en nuestra Is- 
la la atención que indiscutiblemente merecen. Su historia es bien 
interesante ; pero, apenas me es dable anotar algo de ellas que 
demostrarán a ustedes su importancia en el conocimiento de nues- 
tros animales vivientes y fósiles. De 1911 a la fecha numerosas 
han sido esas excursiones, habiéndose dado cuenta de muchas de 
ellas a la Sociedad, y también coleccionados ejemplares en el 
Museo Poey. Desde entonces acá — abriendo la relación las de 
Jatibonico y Ciego Montero por el Dr. La Torre y Brown, del 
Museo de New York, que condujo a la restauración del mega- 
locnus — han recorrido la Isla en todas direcciones, durante es- 
tos seis años últimos y con grandísimo provecho para la Ciencia : 
Nichols, Wheeler, Shaw, Anderson, Barstch, Montané, líarring- 
ton, Eigenmann, Anthony, Barbour, Brooks — los que han recolec- 
tado un material abundante y valioso parte del cual se ha traído 
al Museo universitario — para el que, dicho sea de paso, el doc- 
tor Torralbas acaba de donar los títulos del Dr. Gundlach y pu- 
blicado, además, sus notas sobre crustáceos cubanos. Esos ilus- 
tres y meritísimos naturalistas han aumentado el número de las 
especies conocidas de la fauna actual y fósil ; y el Dr. La Torre 
— en la sesión del 8 del actual — muy oportunamente consignó su 
aplauso a los sabios americanos y a las instituciones científicas 
de los Estados Unidos, refiriéndose a los que en este año nos han 
visitado: a Barbour, de Harvard, que exploró en la región occi- 
dental de la Isla y Pinar del Río en unión de Brooks ; a Palmer, 
de Washington, que recogió abundante material en San Diego de 
los Baños y a Anthony, de New York, que realizó sus recoleccio- 
nes en las cuevas de Daiquirí, de la Provincia oriental — esperan- 



A. Mestre: La vida de la ''Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 13 

do todos que estas últimas investigaciones arrojen luz sobre las 
dudas existentes. 

• La historia de esas excursiones — aun aludiendo solamente a 
la exposición de lo más principal — atrae vivamente cualquiera 
que sea el aspecto en que se las considere. Y si alguna duda que- 
dara de ello, ahí está para desmentirlo el libro The cruise of the 
Tomás Barrera publicado por uno de los más competentes reco- 
lectores, el ilustre malacologista Sr. John B. Plenderson ; libro 
donde se relata la expedición efectuada por los Bajos de los Co- 
lorados, costa Norte de Pinar del Río hasta el Cabo de San An- 
tonio, con observaciones geológicas, y también respecto a la flora y 
fauna de esos lugares ; nos proponemos reproducir algunos de sus 
capítulos en las páginas de nuestras Memorias. Pero, seríamos 
injustos, si al tratar de esas excursiones que tanto bien nos han 
proporcionado, olvidáramos el nombre de Víctor Rodríguez, nues- 
tro Ayudante del Museo, quien ha sido un acompañante útilísimo. 
Por su alma buena, sencillo y humilde carácter, por su constancia 
en el trabajo, todos los naturalistas que arriban a nuestras playas, 
bien pronto solicitan su concurso ; debido a sus prendas personales 
y a sus conocimientos disimulados por la modestia que lo distin- 
gue, ya Rodríguez ha estado en veinte excursiones. Los que con él 
han compartido la vida del campo en las excursiones cientíñcas, 
propagan que causa admiración verlo — cuando acude presuroso en 
pos de especies zoológicas — recorrer las tierras de Cuba, subien- 
do a los montes, trepando penosamente a los despeñaderos, atra- 
vesand9 los ríos y metiéndose hasta la cintura en las lagunas y 
en las ciénagas ; luchando impasible, a la intemperie, con el tiempo 
inclemente de nuestra época de aguas .... De Rodríguez puede 
decirse, esto que de Gundlach expresó Poey : " Es hombre que sa- 
be, como Diógenes, beber en jicara y aun sin jicara; y todo lo 
da por bien empleado, si descubre una especie nueva de insec- 
to o de molusco terrestre, o un pájaro que falte a su colección "... 
Y, como Gundlach, viaja también ligero, porque todo lo lleva 
consigo y la conciencia no le hace peso .... 

La "Sociedad Poey" va progresivamente ensanchando el 
campo de sus relaciones internacionales ; remite las Memorias, 
cuyo canje crece, a centros científicos análogos a nuestra Corpo- 
ración y que no me es posible detallar en estos momentos; ha- 



14 Memorias de la Sociedad Poey. 

biendo el Dr. La Torre recibido — como tributo de consideración, 
desde luego, muy satisfactorio para nosotros — un cable del Pro- 
fesor Ángel Gallardo, ilustre Director del Lluseo de Historia Na- 
tural de Buenos Aires, con motivo de la primera reunión de la 
Sociedad Argentina de Ciencias Naturales verificada a fines de 
1916 en Tucuman : nuestro Presidente correspondió debidamen- 
te al expresivo saludo dirgido desde la remota ciudad sud-ame- 
ricana. 

Consecuente con la norma que desde el punto de vista de los 
sentimientos de confraternidad científica nos hemos trazado, rati- 
ficando nuestra manera de pensar respecto de avivar todo lo que 
sirva de estímulo al enaltecimiento de aquélla y a consolidar y 
fortalecer los lazos que nos unen, la "Sociedad Poey" también 
ha cumplido con sus deberes en este sentido. El que os habla tu- 
vo la pena de consignar en el acta de la sesión del 27 de Marzo 
líltimo el sensible fallecimiento del socio titular Dr. José Tomá^^ 
Cartaya, arrancado al afecto de los suyos prematuramente, a los 
treinta años de edad, cuando — a juzgar por las pruebas que dio en 
el campo de la microscopía biológica relacionada con la etiolo- 
gía de los procesos infecciosos y de la patología experimental — 
tan hermoso fruto prometía y días de satisfacción para su patria 
amada. Descanse en paz quien debió, por sus méritos, vivir lar- 
gamente la existencia que en justicia corresponde a los espíritus 
cultos y buenos. 

No pasó tami30co desapercibida para el Dr. La Torre la pér- 
dida de Edgar Albert Smith, curador de moluscos en el British 
Museum de South Kensington, en cuya institución ingresó en 
1867, el año siguiente de adquirida la colección de Hugh Car- 
ning ; habiendo sido Past-president de las Choncological y la Ma- 
locological Societies: — recordándolo el Dr. La Torre con agrado, 
relató la anécdota ocurrida cuando en una de sus visitas al Mu- 
seo Londonense rectificara la clasificación de varias especies de 
moluscos : suceso que iniciaron sus relaciones científicas con 
los Profesores de aquel centro. 

El Dr. Eduardo F. Plá, en un bien redactado artículo a la 
vez biográfico y bibliográfico, y que mucho interesó a los que es- 
cucharon su lectura, nos trazó en sus aspectos principales algu- 
nos de los antecedentes que dieron valor mundial a la persona- 
lidad científica del Director del Instituto Pasteur en París, el 



A. Mestre: La vid-a de la "Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 15 

eminente Profesor Elie Metchnikoff, cuya diversidad de publi- 
caciones constituyen un conjunto heterogéneo e interesantísimo; 
fijándose el Dr. Plá principalmente en su labor zoológica, aun- 
que sin olvidar sus otras producciones — y para terminar hizo su- 
yas estas palabras del Dr. H. Bianchon sobre el sabio desapare- 
cido : " El que había concebido la inmensa esperanza de retar- 
dar los límites de la vida, no ha podido prolongar la suya, a pe- 
sar de nuestros ardientes deseos; pero sembró ideas que no pe- 
recerán, encontró verdades que el tiempo no alterará; escribió 
palabras que leerán con deleite las generaciones. Sus dos patrias 
unidas por el sacrificio de la lucha por la salud de la libertad del 
mundo, se aproximarán una vez más para honrar su pura y es- 
pléndida memoria". 

El tributo a los sabios cuyas existencias han terminado, en- 
tra de lleno en los propósitos que persigue la "Sociedad Poey": 
ayer se lo rindió a Van Tieghen y ahora a Metchnikoff, cuyos 
trabajos sobre embriología, la fagocitosis y la doctrina de la ve- 
jez fueron suficientes a darle a su autor el renombre alcanzado ; 
y también se lo hemos rendido — por boca del que os habla — a tres 
hombres de ciencia que acaban de morir y que constituyen tres 
duelos para la nación francesa. Imitando la conducta del Dr. Plá, 
me ocupé en la misma sesión del 24 de Abril pasado del biólogo 
Emile Maupas, del fisiólogo Chauveau, y del psicólogo Ribot. El 
primero presenta un número limitado de estudios, pero todos su- 
periores, relativos a la biología de los infusorios y de los rotífe- 
ros : fué un hombre sin medios de fortuna ; que no trabajó en 
laboratorio oficial sino que realizó su esfuerzo, modestamente — 
cual los dihninoris — como aquellos que se llamaron Duchesne y 
Naudin, y que en la historia del transformismo laboraron jun- 
to a los precursores clásicos — los grandes dioses — con el carácter 
de "precursores ignorados de sus contemporáneos". — Chauveau 
era el Decano de los fisiólogos franceses : falleció nonagenario, 
después de una vida de intensa producción científica; siendo su- 
ficiente para inmortalizar su nombre — entre la extensísima 
relación de sus publicaciones — sus descubrimientos sobre la di- 
námica del músculo cardiaco, centro impulsor de las dos circu- 
laciones. — Y en cuanto a Ribot, él abrió a la Psicología todo un 
inmenso dominio del cual estaba alejada ; no siguió en sus elu- 
cubraciones ni a la escuela inglesa de los Mili y los Spencer que 



16 Memorias de la Sociedad Poey. 

dieron lugar preponderante a la descripción y el razonamiento 
— ni tampoco a la psicología alemana de los Weber y los Wunt, 
atendiendo preferentemente al concomitante físico en los fenó- 
menos mentales. Ribot — a juicio de un ilustre pensador — no fué 
realmente discípulo de unos ni de otros. Se orienta en el sentido de 
la patología nerviosa y mental, amplía el campo de la nueva cien- 
cia y crea una psicología a la vez objetiva y biológica, funda una 
psicología genuinamente francesa, resultado de las influencias 
recibidas y de sus propias inclinaciones. La Francia les ha dado 
el eterno adiós a esos sus hijos eminentes — y ellos abandonaron 
la vida sin haberles sido dable saludar el día de la victoria de 
sus ideales, aunque sí con la conciencia en la seguridad del triun- 
fo de la patria. 

En el año académico a que dumos fln con la fiesta intelectual 
de hoy, nuevos compañeros han venido a prestarnos su impor- 
tante concurso. Los Sres. Dres. Manuel A. Centurión, Fernando 
Sánchez Zayas, Adolfo Guerra, Juan Max Dobal, José A. del 
Cueto, Vidal Sotolongo, Andrés Weber, Aurelio García, José 
Fernández, Modesto Roca Masden, Eduardo Hernández, Anto- 
nio Gavaldá y la Srta. América Ana Cuervo : — han concurrido to- 
dos ellos espontáneamente, atraídos por el espíritu que informa a 
nuestra Sociedad ; se nos han acercado llenos de la mejor volun- 
tad a nutrir nuestras filas y a ayudarnos sinceramente en nues- 
tro próximo desenvolvimiento. Reciban todos desde aquí la ex- 
presión de una afectuosa bienvenida. 

Pero hemos asimismo ensanchado nuestra vida internacio- 
nal — amplitud que no se ha limitado sólo al canje de las Memo- 
rias y a la categoría de las publicaciones que de distintos centros 
científicos nos envían, ni a lo que significa la amable dedicación 
de nuevas especies a algunos de nuestros socios por distinguidos 
naturalistas — sino al número de los socios corresponsales. En efec- 
to, hemos nombrado — teniendo en cuenta sus méritos personales, 
su participación en las excursiones por la República, sus demostra- 
ciones de simpatía hacia la Sociedad y las relaciones intelectua- 
les de índole diversa que con ella los ligan — a los siguientes : Alex 
Hrdlicka, Jefe del Departamento de Antropología Física del Mu- 
seo Nacional de Washington, — a Gerry S. Miller, del Departamen- 
to de Vertebrados del mismo Museo; — a E. A. Schwarz y Frede- 



A. Mestre: La vida de la ''Sociedad Poey" de 1916 a 1917. 17 

rick Knot, de la Smithoniam Institutjon, — a "William T. Horne, 
de la Universidad de California ; — a Mrs. Britton, Percy Wilson 
y J. A. Sliafer, del Botanical Garden de New York, — a Erik L. 
Ekman, graduado de la Universidad de Upsala, Suecia; — a 
Brooks, G. H. Parker y J. L. Bremer, de la Universidad de Har- 
vard; — a Ch. B. Davenport, del Laboratorio de Biología Maríti- 
ma de Cold Spring Harbor, Long Island ; — y, por último, a M. 
J. Greenman, Director del Instituto Wistar de Filadelfia, dedi- 
cado a investigaciones relativas a la Anatomía y a la Biología. 

Y, por último, hemos otorgado el título de Socio Jionorario a 
los Dres. Nathaniel Lord Britton, Director del Jardín Botánico 
de New York, y al Dr. Enrique José Varona, Profesor de Psico- 
logía de la Universidad de la Habana; les hemos concedido el 
más alto galardón que, conforme a nuestros Estatutos, puede 
conferir la Sociedad a los que, por los conocimientos demostra- 
dos e importancia de sus producciones, por sus prestigios cien- 
tíficos han alcanzado puesto envidiable en sus especiales dedi- 
caciones intelectuales. 

El Dr. Britton es el Director Jefe — y voy a dejar consigna- 
dos algunos datos que debo a los muy estimados compañeros, los 
Sres. Hermano León y Dres. García Cañizares y Juan Tomás 
Roig, consagrados con feliz empeño a la Botánica — del Jardín 
Botánico de New York, situado en Bronx Park. Catedrático de 
la Universidad de Columbia, es botánico de fama universal. En- 
tre sus múltiples obras principales, destácase la Flora del Norte 
de los Estados Unidos y del Canadá; y publica bajo su acertada 
dirección otra mayor, de varios volúmenes, comprendiendo tam- 
bién a la flora de la Groenlandia, la América Central y las Anti- 
llas, donde debido a su gran iniciativa se han verificado, organiza- 
das por aquél, numerosas exploraciones, dirigidas en Cuba perso- 
nalmente por el mismo Britton, cuya actividad en el campo que 
domina maravillosamente, es extraordinaria. 

En su labor incesante por conocer la Flora de Cuba hay una 
circunstancia especialísima que nos hace, si cabe, sentir más en 
nosotros el valor del nombramiento otorgado al ilustre norte- 
americano; — y es que toma parte importante en sus trabajos e 
investigaciones científicas, la compañera que unió a él los desti- 
nos de su vida por todos conceptos honorable. Porque la señora 
Britton, bien considerada en el mundo de los m icolog istag, per- 



18 Memorias de la Sociedad Poey. 

fenece al cuerpo Directivo del grandioso Jardín Botánico de 
New York; porque es una ilustre dama que — como nos decía el 
Dr. Cañizares — recuerda siempre con júbilo el valle hermoso que 
circunda la ciudad donde pasó buena parte de su infancia, no 
olvidando el azulado cielo de nuestra patria. Y por la ayuda ex- 
traordinaria que presta a su consorte en su labor científica, con- 
tribuyendo al estudio de nuestra Flora exhuberante es, algo más 
que un miembro corresponsal de la "Sociedad Poey", como la 
hubimos ya de nombrar : es, moralmente, Socia de honor nuestra. 
Yo, en este sentido, así lo proclamo con el mayor entusiasmo. 

Y, respecto del Dr. Varona — que las circunstancias lian he- 
cho que por encontrarse presente en la sesión escuche de mi boca 
estas palabras, inspiradas por una devoción sincera^ — ¿qué he 
de decir, que no sepamos? — Desde mi adolescencia aprendí a ad- 
mirarlo en mi hogar, y he seguido paso a paso su labor científi- 
ca, asistiendo, adolescente, allá por los años de 1880, a sus confe- 
rencias sobre psicología, debiendo él a Bain la iniciación en esa 
rama de las ciencias filosóficas, cuya dedicación lo llevaron a la 
Presidencia de nuestra extinguida Sociedad Antropológica. Cuan- 
do en la Universidad — todavía en la época colonial — se enseña- 
ba la metafísica, él con la savia de la filosofía científica ilustra- 
ba la conciencia cubana y aplicaba a su exposición doctrinal el 
método de observación y experimentación propios de las ciencias 
naturales. Publicó libros que Ribot — el Profesor del Colegio de 
Francia a que ya me he referido — celebró calurosamente por la 
forma y el fondo que los distinguía y es característico de todos 
sus escritos. No es sólo el Dr. Varona un eminente psicólogo, un 
filósofo moderno de brillantes y sensatas orientaciones, sino que 
también goza de justificada fama como periodista, poeta, orador, 
profesor y hombre público ; y todo eso que constituye su vida her- 
mosa y su mentalidad superior — la primera y más alta entre nos- 
otros — porque es continuador de la tradición intelectual de Fé- 
lix Várela y José de la Luz y Caballero — todo eso rodeado de su 
grande condición de patriota que enaltece y corona su espléndi- 
damente obra intensa y compleja. Cuando escribía sus libros no 
olvidó a la juventud cubana, deseando fervorosamente que en 
ella jamás se extinga el amor a la ciencia, sentimiento que, pa- 
ra nuestro compatriota, conduce a la posesión de sí mismo y a 
la verdadera libertad. 



19 



DISCURSO DE GRACIAS 

Por el dr. Enrique J. Varona 
Profesor de Psicología. 



(Sesión solemne del 26 de BIayo de 1917.) 

Señor Presidente, señores: 

Grande honor es el que debo a esta docta sociedad, que, al 
traerme a su seno, premia en mí, antes que merecimientos que 
no existen, mi profunda devoción a las altas disciplinas a que 
dedica sus fructuosas labores. 

Con inmensa satisfacción veo aquí a los hombres que repre- 
sentan entre nosotros al amor a la ciencia de la naturaleza, que 
le dedican su inteligencia disciplinada y sacan el más ventajoso 
partido de las condiciones favorables de esta tierra tropical, pa- 
ra aumentar el acerbo de los conocimientos más útiles a la hu- 
manidad. Y lo hacen, con la amplitud que permite la perseve- 
rante labor de nuestra época, amplitud por la cual el naturalis- 
ta busca respuesta adecuada a todos los problemas que presen- 
tan desde la roca hasta el hombre. 

Nuestro afán y nuestra necesidad de conocer no tienen lími- 
tes. La tierra y la vida, que en ella se nutre pujante, nos presen- 
tan incontables enigmas, de cuya solución depende que podamos 
utilizar, cada vez con más amplitud, las fuerzas por medio de las 
cuales se nos revela la naturaleza. A veces hostiles, a veces fa- 
vorables, a la ciencia debemos el logar domarlas y encauzarlas. 

l\Iás de un siglo hace que Cuba ha demandado participación 
en esta fructuosa labor. Si no bastara el nombre solo con que se 
ilustra esta Sociedad, si el recuerdo de la vida gloriosa- de Felipe 
Poey, ejemplo insigne de ciencia perspicaz, de laboriosidad cons- 
tante y vigilante, si no bastara, otros varones ilustres podríamos 
recordar, que nos prueban como nuestra patria se ha dado cuen- 
ta de la tarea que más imperiosamente se impone a los pueblos 
modernos. Para no citar sino cubanos, recordemos que la con- 
quiología nos muestra un Arango, la ornitología un Andrés 
Poey, la botánica a Morales, Barnet, Presas, Tomás Pío Betan- 
court, la agronomía a Pozos Dulces, a Reinoso, la geodesia y la 



20 Memorias de la Sociedad Poey. 

geografía a Pichardo, dominicano que Cuba reivindica como su- 
yo, puesto que lo tuvo apenas nacido. Y advertid, señores, que ha- 
blo sólo de la generación que por completo ha pasado, pues no 
aludo siquiera a los próximos, ni a tantos aquí presentes, que la- 
boran los más varios campos de la ciencia de la naturaleza, den- 
tro de las especialidades que les marca nuestra isla amada. 

Porque a ella sirvieron en primer término aquellos sabios, 
y a ella dedicáis vosotros vuestras vigilias y vuestro saber, diri- 
gidos por vuestro patriotismo. Este, éste es el acicate íntimo de 
vuestros fructuosos trabajos. Mientras otros, olvidados de lo que 
exige la hora presente, que es todavía de fundación patriótica, 
parecen empeñados en nutrir y fomentar la discordia, de que só- 
lo frutos ponzoñosos, frutos de muerte, podemos esperar, vos- 
otros, con sano espíritu y fervor en el corazón, os juntáis para 
estudiar el suelo cubano, la flora y la fauna cubanas, el hombre 
cubano ; para ofrecer reunidos, como granado haz opimo, los pro- 
ductos de vuestros esfuerzos a la utilidad, al progreso y a la glo- 
ria de Cuba. 

Pues me llamáis, no a compartir, sino a aplaudir vuestra 
hermosa obra, en estos momentos en que me agobia el peso de los 
desa.stres públicos, permitidme daros efusivas gracias por ofre- 
cerme ocasión de venir a contemplar de cerca como hay cubanos 
empeñados en edificar, mientras tantos otros parecen entregados 
ciegamente a destruir. 



21 



ALREDEDOR DE LA PSICOLOGÍA DE POEY 

POR EL DR. LUIS MONTxVNÉ 
Profesor de Antropología 



(Sesión solemne del 26 de mayo de 1917.) 

Las pocas páginas que voy a tener el honor de leer, llevan co- 
mo título Alrededor de la psicología de Poey; deben considerarse 
como una simple contribución al estudio biográfico del eminen- 
te naturalista cubano. Y pensando en Poey he escogido como 
epígrafe de mi modesto trabajo, el apostrofe que el poeta fran- 
cés Mauricio Bouchor dirige a la selva siempre verde, lozana pe- 
rennemente : 

Voiis portez fiérement la gloire 
De votre verte eternité. 

Una voz más autorizada que la mía expondrá el valor de la 
obra científica de Poey ; esa tarea incumbe a su predilecto discí- 
pulo y continuador, que brilla entre nosotros en todo el vigor de 
la edad y del talento. La mía será más modesta y más fácil tam- 
bién : voy a tratar de hacer revivir, durante algunos momentos, 
la original fisonomía de aquel a quien, en vida, todo el mundo 
llamaba Don Felipe! Mi excusa — si la hay — encuéntrase en este 
pensamiento que, dirigido por Saint Beuve a La Fontaine, pue- 
de aplicarse admirablemente a Poey. "Todo lo suyo despierta 
interés aún cuando se esté absolutamente seguro de no traer na- 
da nuevo." 

No sin cierta emoción me fué dado contemplar un día (1) los 
huesos del gran naturalista. Pude así estudiar su cabeza, cuya 
cara se hallaba rota e incompleta; pero el cráneo, mejor conser- 
vado, reproduce tan fielmente otro que alcanzó la celebridad, que 
no puede dejar de exclamar : ¡ Es el cráneo de Engis ! 

Este, como se sabe, ofrece las más íntimas analogías con los 
cráneos de Cro-Magnon ; de ahí la identidad del fósil belga y de 
los del centro y el mediodía de Francia. 



(1) El 5 de Junio de 1907, fueron exhumados del Cementerio de 
Colón los restos de Poey, y se llevaron a la Universidad. 



22 Memorms de la Sociedad Poey. 

Antropológicamente hablando, los actuales vascos son los úl- 
timos representantes de una raza prehistórica que se ha denomi- 
nado muy justamente mediterránea. Su tipo físico, determina- 
do por las sabias investigaciones de Broca, se aproxima singular- 
mente al tipo cuaternario del Perigord; y los restos de tal raza 
se conservan en las vertientes de los Pirineos occidentales. 

Y como sabemos que el padre de Poey es originario de Olorón 
— distrito de los Bajos Pirineos — todavía poblado en parte por 
los vascos franceses, — se hacía interesante investigar si los rasgos 
craneológicos ancestrales no habrían dejado su huella en la ca- 
beza del naturalista. 

Digamos desde luego — porque no debemos detenernos en un 
profundo estudio craneológico (1) — que, a pesar de la identidad 
aparente de los dos cráneos (hasta el punto de presentar muchas 
medidas semejantes), el de Poey difiere del cráneo de Engis, y 
por consiguiente de sus congéneres, por una particularidad muy 
importante. Mientras los vascos ostentan una dolicoeefalia occi- 
pital, debida a un aumento exagerado de los lóbulos posteriores 
del cerebro, en el de Poey el desarrollo es notablemente frontal, 
debida a la amplitud del lóbulo anterior, lugar fisiológico donde 
se asientan las más eminentes facultades del alma humana. 

Desearíamos, al llegar aquí, detenemos algo más sobre el te- 
ma de las descendencias y del atavismo, considerando de qué fuen- 
te hubo de surgir Poey; mas, por des^Tacia, las informaciones a 
este respecto faltan completamente. 

Me apresuro, pues, a llegar al corazón de mi asunto. Uno de 
sus biógrafos (2) nos dice que "estando en 1823 en Madrid, don- 
de acababa de tomar la investidura de abogado, tuvo que esca- 
par de las iras de Femando y del furor de la reacción, huyendo 
a Cuba"; y que, desde entonces, abandonó completamente su ca- 
rrera "para entregarse al cultivo de la Historia Natural que fué 
la ciencia de su predilección desde su más tierna infancia." 

Estudió, pues, la abogacía. Fué lo que podríamos llamar una 
falsa vocación ; pero nosotros no le conocemos más que como na- 
turalista. Y desde entonces se plantea un problema: ¿en qué mo- 



(1) Este estudio será presentado en una de las sesiones ordinarias 
de la "Sociedad Poey". 

(2) Diccionario Biográfico Cubano; por Francisco Calcagno. Ha- 
bana, 1878. 



L. Montané: Alrededor de la Psicología de Poey. 23 

mentó se despertó su curiosidad científica? Los orígenes del ta- 
lento son quizá lo más interesante para el biógrafo. ¿ Cómo, en 
qué medio se desearrolla, en sus comienzos, la planta humana? 
¿cuáles fueron las primeras impresiones recibidas por el niño? 
¿qué espíritu superior fué el primero en modelar su cerebro? 
preguntas que atraen y seducen sobre todas las demás. Se cono- 
ce, mejor o peor, al hombre en plena gloria ; pero al joven, en sus 
comienzos : al niño en el hogar de la familia ; lo que será el hom- 
bre más tarde ... se ignora casi siempre. Y, no obstante, esta ger- 
minación de las ideas juveniles en el cerebro virgen es lo que im- 
porta y lo que inquieta. 

Nosotros, en verdad, ignoramos todo lo relativo a los prime- 
ros años de la infancia de Poey ; pero que nos interesa en el más 
alto grado, es que "sólo contaba cinco años cuando, por primera 
vez, pasó a Francia con su familia e ingresó para hacer sus pri- 
meros estudios en un colegio de la ciudad de Pau, donde estuvo 
tres años." 

Lo que aprendió allí, en esa edad, lo adivinamos sin esfuer- 
zos: leer, escribir, algunas nociones de Historia sagrada, la re- 
citación de tal o cual fábula de Florián, la lectura de éste o aquél 
trozo escogido de la pequeña "moral en acción"; y quizá, a la 
salida del colegio, a los ocho años, comenzó a balbucear las pri- 
meras palabras del texto clásico: "rosa, rosae". 

Pero tuvo, como los escolares de todos los países, sus días de 
salida, sus épocas de vacaciones. Y el niño, bañado en la atmós- 
fera embriagadora del admirable paisaje que le rodeaba, debía, 
mezclado con los niños de los pueblccitos y de las alquerías pró- 
ximas, vivir al aire libre ; correr, sin medias, sin zapatos, sin som- 
brero, todo el día, como potrillo suelto ; andar por prados y mon- 
tañas. 

Podéis estar seguros de que todo esto acaeció tal como os lo 
cuento, si he de dar fe a las impresiones y a los recuerdos de otro 
niño — a quien conozco muy bien — nacido también en Cuba y tras- 
plantado, a la misma edad de Poey, al mismo inolvidable rincón 
de los Pirineos. No esperéis de mí — que no soy pintor ni poeta — 
que os traduzca el encanto de aquellos paisajes incomparables: 
es preciso haberlo saboreado para comprenderlo. 

A esa edad, pues, en que la vida deposita en nosotros el fer- 
mento de los sueños futuros, el niño Poey hubo de sentir ya in- 



24 Memorias de la Sociedad Foey. 

conscientemente el movimiento de la forma y la expresión del 
color. 

Todo se enlaza en el mundo ; una cadena misteriosa liga los 
seres a las cosas, lo presente a lo pasado. ¿ Quién osará negar, que 
en los recuerdos más o menos vivaces que nos dejan los grandes 
espectáculos de la naturaleza, las primeras impresiones tienen su 
mayor parte? "El río, las praderas, los bosques que se han vis- 
to, en los primeros paseos, dejan en el fondo del alma una impre- 
sión que el resto de la vida completa y no turba jamás". (Tai- 
ne.) (1) ¿Quién podría ignorar que la infancia es, para los que 
son capaces de haberla sentido, un depósito de imaginación y de 
poesía al cual se vuelve siempre ? 

No lo dudéis ; fué allá, en el rincón bendito de aquel país ad- 
mirable, que ha podido ser designado, sin exageración, como le 
plus heau royanme sous le ciel, el más bello reino bajo el cielo 
donde el niño Poey vio despertar en sí la curiosidad científica; 
y fué allí también donde inconscientemente hubo de acopiar in- 
calculables tesoros de poesía que serán el consuelo y la fuerza de 
su edad madura; y que, después de muchos años transcurridos 
bajo el soplo de las tempestades de la vida, serán aún la alegría 
y la bendición de su lozana vejez. 

Próximamente a la edad de ocho años, Poey ' ' vuelto de Fran- 
cia, ingresó en el Real Seminario de San Carlos. En 1820 se 
graduó de Bachiller en Derecho, pasando en el año 1822 a Ma- 
drid, donde se recibió allí de abogado, volviendo, como lo hemos 
indicado, a Cuba en 1823. En 1825 casó con una cubana, y pasó 
de nuevo a Francia llevando sus dibujos de peces cubanos, y en 
un barril de aguardiente una colección de 85 especies que puso 
a disposición del gran Cuvier". Tenía en este momento 27 años. 

Vedle, pues, de nuevo, en Francia, pero esta vez en plena ca- 
pital, lejos de sus queridos Pirineos. No temáis : a ellos regresará. 
En París parece dividir su tiempo entre la Escuela de Derecho 
y frecuentes visitas al Museo de Historia Natural. Allá, en esos 
laboratorios, cuya atmósfera se halla impregnada de "honradez 
científica", es donde el joven Poey podrá por sí mismo, conven- 
cerse de que el amor a la ciencia puede inspirar y crear el "sen- 
timiento moral". 



(1) La Fontaine et ses fables; H. Taine. París, 1870. 



L. Montané: Alrededor de la Psicología de Poey. 25 

Oid lo que dice, a un siglo de distancia, uno de los maestros 
de la ciencia universal, Henri Poincaré : " La ciencia nos pone en 
relación constante con algo más grande que nosotros; nos ofrece 
un espectáculo siempre renovado y siempre más vasto ; detrás de 
lo que nos muestra de grande, nos hace adivinar algo más gran- 
de todavía. Este espectáculo es para nosotros un goce, pero un 
goce en el cual nos olvidamos de nosotros mismos, por lo cual es 
moralmente sano. Quien la haya gustado, quien haya visto, aun- 
que sólo sea de lejos, la espléndida armonía de las leyes natura- 
les, se encontrará mejor dispuesto que otros, a conceder poca im- 
portancia a sus pequeños intereses egoístas ; tendrá un ideal que 
amará más que a sí propio. Por este ideal trabajará sin ahorrar 
esfuerzos, y sin esperar ninguna de las groseras recompensas que 
lo son todo para ciertos hombres. Y cuando haya adquirido así 
el hábito del interés, tal hábito le seguirá por todas partes ; su 
vida entera quedará como perfumada. Tanto más cuanto que la 
pasión que le inspira es el amor a la verdad. ¿ Hay algo que más 
importe combatir que la mentira, puesto que es uno de los vicios 
más frecuentes del hombre primitivo, y uno de los más degra- 
dantes? Y bien; cuando hayamos adquirido el hábito de los mé- 
todos científicos, — de su escrupulosa exactitud, el horror a ''tout 
coup de pouce", es decir, a cualquiera torcedura en la experi- 
mentación — cuando nos hayamos acostumbrado a temer como el 
colmo del deshonor el reproche de haber puesto algo de engaño 
aún inocentemente en nuestros resultados ; cuando esto se haya 
convertido para nosotros en una arruga profesional indeleble, en 
una segunda naturaleza, entonces — ¿no es verdad? — nos será fá- 
cil poner en todos nuestros actos el cuidado de la sinceridad ab- 
soluta, hasta llegar a no comprender qué es lo que pueda impul- 
sar a los hombres a mentir. ¿ No es este el mejor medio de adqui- 
rir la más peregrina, la más difícil de todas las sinceridades, la 
que consiste en no engañarse a sí mismo?" 

Cruelmente impedido — por su imperfección física — de pasear, 
como los jóvenes de su edad, por las calles y avenidas de la ca- 
pital, Poey tuvo forzosamente que buscar los lugares de reposo, 
la Biblioteca, los Museos, la Sorbona; e imagino que fué enton- 
ces cuando perfeccionó su educación latina, y dio rienda suelta 
a la devoción de su corazón y de su espíritu por el culto de las 
letras, dulces y fuertemente consoladoras, intéi'pretes de los más 



26 Memorias de la Sociedad Poey. 

generosos sentiniiento.s que puedan confortar el alma humana, 
y que tienen la virtud de purificar cuanto tocan. 

Así, pues, muy niño, Poey había vuelto a Cuba, impregnado, 
como un pequeño salvaje, de las emanaciones vegetales y anima- 
les de una naturaleza incomparable. Ahora, joven, vuelve a su 
país, después de haber bebido la leche de la cultura francesa, esa 
cultura indispensable a todos los que, en cualquier lugar del mun- 
do, quieran saborear el encanto de belleza y aspirar el perfume 
de esa flor de elegancia moral sin la cual la vida no sería más que 
una vulgar competencia. 

Mas, tengámoslo por cierto. No abandonará a Francia sin vol- 
ver a ver los lugares encantados, testigos de su primera infan- 
cia. Y las sensaciones percibidas antaño, volverá a encontrarlas, 
después de transcurridos veinte años, tan fuertes como entonces, 
con no sé qué igrado de filosofía por añadidura. 

No podrá, como antes, correr locam.ente por los campos y per- 
derse en los bosques ; pero le será fácil desde lo alto de la colina 
en cuyas pendientes quedan como suspendidos grupos de hayas, 
encinas y castaños, ver surgir en el valle los sembrados ondulan- 
tes de trigo y avena, manchados de amapolas y azulejos. O bien, 
sentado tran(juilamente a la puerta de la casa rústica, para con- 
templar la caída de la noche, ver extinguirse la tarde, y termi- 
nada la faena, disolverse los grupos de labriegos en siluetas cuya 
som^bra se alarga sobre los caminos ; en esa hora de exquisita me- 
lancolía en que el humo elevándose tranquilo de los hogares, se 
extiende por encima de las aldeas como una atmósfera de paz, 
de reposo y de sueño. 

Y él, que ya tiene el alma virgiliana, recordará de seguro esas 
escenas de la vida campestre de las cuales posee el sentido ínti- 
mo y delicado, cuando traduzca al gran poeta latino : 

Et jam sumnia procid vülarum culmina fumant 
majoresque cadunt altis de montihus unihra. . . 

"Ya es tarde, pues, a lo lejos, se divisa el humo de las alque- 
rías; y de los montes altos caen las sombras que, más crecidas, 
se tienden por la llanura." (Poey) (1). 

En 1833, Poey que frisaba en los 34 años, vuelve definitiva- 



(1) Obras literarias de F, Poey; Habana, 1888. 



L. Montano: Alrededor de la Psicología de Poey. 27 

mente a Cuba, trayendo de sus viajes a Francia un tesoro de ar- 
te, de literatura y de ciencia. 

*'E1 viajero cuya vida se consagra a las ciencias — dice Ilum- 
za, trae de una comarca lejana no solamente un tesoro de recuer-, 
bolt — si ha nacido sensible a las grandes escenas de la naturale- 
dos, sino un "bien" más precioso todavía: una disposición del al- 
ma a ampliar el horizonte, a contemplar, en sus mutuas relacio- 
nes, un gran número de objetos a la vez." 

Y desde su regreso, le conocimos tal como fué siempre. 

No quiero señalar sino algunos rasgos de este hombre senci- 
llo en sus maneras, sencillo en su actitud, sencillo en su vida. 

Fué un "causeur" encantador e inagotable. ¿Y cómo podría 
ser de otro modo, sabiendo, como sabemos, que encerró en la su- 
ya las almas de un gran número de seres que conoció durante los 
más bellos días de su juventud? Es Montaine y es Voltaire, es 
también Rabelais, a veces Montesquieu y la Bruyére, a menudo 
La Fontaine. 

De ahí un fondo de sencillez, una riqueza de sentimientos que 
sobrevivirá en él, a pesar de los desgastes de la vida. Fué singu- 
larmente amable y alegre, hasta la edad de 90 años, con una ale- 
gría del todo comunicativa. "Poey se divierte como un joven — 
dice su biógrafo — ; le cautiva la mujer ; pero, como la salaman- 
dra, anda por el fuego sin quemarse." 

Manejaba la ironía, la fina ironía, con una flexibilidad po- 
co común. 

"Hubo un tiempo — dice un redactor de la Revista Cubana 
(1) refiriéndose a las obras literarias de Poey — en que los pocos 
que aquí leemos nuestros periódicos, sabían muy bien que Don 
Felipe Poey era un sabio muy literato, tan amigo de Cuvier co- 
mo de Virgilio, Sabían también que el paciente investigador de los 
hábitos de los animales inferiores, era muy agudo y perspicaz ob- 
servador de las costumbres del animal superior que con tanta mo- 
destia se ha llamado homo sapiens." 

Quiero recordaros a este propósito la anécdota que segura- 
mente todos conocéis : ' ' En una ocasión, el claustro general de 
nuestra Universidad trataba de publicar una Revista de Ciencias. 



(1) Elogio de r. Poey; por el Dr. Arístides Mestre. 1891. (Revista 
Cubana, tomo XIII). 



28 Memorias de la Sociedad Poey. 

Con este motivo se reunieron los catedráticos. Todos hablaron y 
discutieron sobre el mejor modo de dar importancia al papel. El 
Sr. Siblón habló, y habló el Sr. La Torre ; en fin, todos menos 
Poey. El Rector le pidió su parecer. Don Felipe, cuando el claus- 
tro entero esperaba de él alguna gran idea sobre el asunto, dijo 
solamente estas palabras: "Señores, es muy importante que se 
exija al impresor una tinta bastante negra" (1). 

Entre todas las particularidades más o menos salientes que 
completan el retrato de Don Felipe, me limito a citar ésta: era 
olvidadizo, "dejando donde quiera su bastón, su reloj, su dine- 
ro". Esto es, como bien sabéis, uno de los caracteres frecuentes 
en los artistas. Tal distracción de Poey me da ocasión de relata- 
ros una anécdota encantadora que pinta también la distracción 
de La Fontaine: "Un día llegó tarde a cierta casa. Se le había 
esperado más de una hora para comer ; se le preguntó cuál fuera 
la causa, y él respondió : ' ' No podía separarme de lo que me ocu- 
paba; estaba siguiendo el entierro de una hormiga. Nada más cu- 
rioso ni más interesante. Los familiares estaban profundamen- 
te afligidos. Me uní al cortejo." 

¿ Pero a qué continuar ? En este rápido esbozo he querido sim- 
plemente indicar las primeras impresiones recibidas por Poey 
niño, y qué espíritus superiores modelaron el alma del joven. 
¡ No sé si lo he logrado ! 

Agregaré, para terminar, que Poey fué hasta el fin de sus 
días, amable y sonriente, justo y bueno ; extraño a las querellas, 
a las rivalidades y a las pasiones ; de más en más entregado a los 
pensamientos profundos que sur^^en en el crepúsculo de la vida. 

Como hombre muy superior, ante el fondo grave de las fuer- 
zas permanentes, fué invadido por un anhelo infinito de elevar- 
se sobre ellas, de dominar lo que ellas ocultan ; y padeció tam- 
bién la angustiosa sensación de caer a sus pies, inexorablemente 
limitado en su inteligencia y en su voluntad. 

Sabía muy bien que en ese viaje penoso — como todo alumbra- 
miento — hacia la lejana verdad, la vida del hombre de ciencia es 
demasiado corta para pensar en alcanzarla nunca. Pero tenía la 
conciencia de haber trazado un camino, y presentía que otros lo 



(1) Camafeos. Habana, 1865^ 



Revista bibliográfica. 29 

seguirían y aún irían más lejos, obedeciendo a esa sed insaciable 
de verdad depositada en el alma del ser humano. 

Y en fin, un día — el 28 de Enero de 1891 — habiendo vuelto la 
última página del viejo libro, esperó la muerte — que él sabía que 
no era sino una de las formas de la vida — en medio de sus queri- 
das notas y de sus no menos queridos recuerdos, rodeado de sus 
fieles discípulos. 

Continuemos honrando la memoria del inolvidable naturalis- 
ta y envidiemos siempre a aquel hombre que no quiso ser otra 
cosa que amante esclavo de lo bello, investigador obstinado de la 
verdad, servidor abnegado de la ciencia y del pensamiento. 



REVISTA BIBLIOGRÁFICA 



1. BlBLIOGRAPHY OP THE PUBLISHED WRITINGS OF HeNRY FaIR- 

FiELD OsBORN FOR THE YEARS 1877-1915. Bibliography com- 
piled by Ernestine Ripley, 1916. 

Esta Bibliografía relativa a las publicaciones de Osbom cons- 
ta de dos partes: en la primera se agrupan por materias (Pa- 
leontología, Evolución, Exploraciones, Antropología, Neurolo- 
gía, Embriología, Biografías de hombres de ciencias, Educa- 
ción, etc.), atendiendo a diferentes puntos de vista; y en la se- 
gunda se consideran cronológicamente. La serie alcanza a la 
elevada cifra de 441 publicaciones, iniciándolas en 1877 y termi- 
nando en 1917 con el estudio Skeletal Adaptations of Ornitho- 
lestes, & (Enero 13, 1917). La labor científica del ilustre Presi- 
dente del Museo Americano de Historia Natural de New York es 
notabilísima, por su calidad y cantidad: así se desprende de la 

sinopsis bibliográfica a que nos referimos. 

^ ■'■ ' r' 

2. The Cicindelina of North America as arranged by 

Dr, Walther Horn in Genera Insectorum ; E. D. Harris 
and C. W. Leng, editors. New York, 1916. 

3. Descriftive Catalogue of West Indian Cicindelinae; by 

Ch. W. Leng and A. J. Mutchler. New York, 1916. 



30 Memorias de la Sociedad Poey. 

Entre las siete especies de Cuba describen los autores la 
Cicindela cardini (Píate XII, fig. 3), dedicada al Sr, Patricio 
Cardin, laborioso compañero nuestro, del Departamento de En- 
tomología de la Estación Experimental Agronómica de Santia- 
go de las Vegas, Habana, Cuba. 

4. BiRDS OF Porto Rico ; by Alex Wetmore. Washington, D. C, 

1916. 

5. A NEW Anolis from Cuba; by Th. Barbour and Ch. T. Earas- 

den. Washington, D. C, 1916. 

En las Proccedings of the Biological Society of Washington 
(Vol. XXIX, 1916), se describe esta nueva especie de Anolis 
{Anolis mestrei, sep., nov.), dedicada al Profesor Auxiliar de 
Biología de la Universidad de la Habana Dr. Arístides Mestre. 
i\Iuy agradecido a la inmerecida deferencia. 

6. The most ancient Skeletal remains of man ; by Dr. Alex 
Hrdlicka. Washington, D. C, 1916. (Second edition). 

7. The Status of Isognathuh congratulans and a New Form 
OF I. RiMOSA FROM CuBA (Lep) ; by Ch. T. Ramsden (de 
Guantánamo, Cuba). Entomological News, Vol. XXVII, 
p. 241. 

8. The ascent of the Turquino, the highest moun tain in 

Cuba; ''Torreya", Vol. 16, N.° 10, 1916. 

9. A Revisión of the Percentage of Water in the Spinal 

CoRD of the Albino Rat; by Henry H. Donaldson, Phila- 
delphia, 1916. 

10. The Relation of Age to Fertility in the Rat; by Helen 
Dean King, Philadelphia, 1916. 

11. Las Variedades Cubanas de Boniato; por Juan J. Roig y 

Gonzalo M. Portún. Habana, 1916. 



Revista bibliográfica. 31 

12. BuLLETiN Du MusÉUM National d' Histoire Naturalle. 

(N.° 7, 1915; núms. 1, 2, 3 y 4, 1916). París, 1915 y 1916. 

13. Anthropological Papers of THE American Museum op 
Natural History. (Vol. X, Part. IX, Vol. XVII, Part. 11^ 
y Vol. XVIII, Part. I). New York, 1916. 

Contienen estas partes, respectivamente, los siguientes es- 
tudios antropológicos : The beavers indians, by P. Earle Gocl- 
dard; Structural basis to the decoration of costumes among the 
plains indians, by Clark "Wissler ; y Zuñi Potsherds, by A. L. 
Krfxber. 

14. The Journal, op Animal Behavior. (Vol. 6, núms. 1, 2, 3, 
4, 5 y 6) ; R. Yerkes, editor. Cambridge, Mass, 1916. 

15. Biological Problems and the American Association of 
Anatomist; by H. H. Donaldson, Philadelphia, 1916. 

16. Changes in the Composition op the Entire Body op the 
Albino Rat during the Life Span; by S. Hatai. Philadel- 
phia, 1917. 

17. Furtiier Observations on Taillessnes in the Rat; by 

Sara B. Conrow, Philadelphia, 1917. 

18. Studies on the Olpactory Bulbs of the Albino Rat — in 
two PARTS ; by Carolina M. Holt. Philadelphia, 1917. 

19. Contribución al estudio de los Crustáceos de Cuba. No- 
tas del Dr. Juan Gundlach ; publicadas por el Dr. Federico 
Torralbas. Habana, 1917, 

20. Agricultura. Revista mensual. (Números 1, 2, 3, 4 y 5, 
Vol. I). Habana, 1917. 

21. The American Midland Naturalist, (Vol. V, núms. 1 y 
2). Notre Dame, Indiana, U. S. A. 1917. 

22. The American Museum Journal. (Vol. XVII, núms. 1, 2, 
3 y 4). New York, 1917. 



32 Memorias de la Sociedad Poey. 

23. The Ohio Journal Science (continuation of "The Ohio 
Naturalist"). Vol. XVII, núms. 3, 4, 5, 6 y 7. Columbus, 
Ohio, ü. S. A. 1917. 

24. Tke University of Colorado Studies. Vol. XVII, núm. 1. 
Boulder, Colorado, U. S. A. 1917. 

25. Journal of Entomology and Zoology, Vol IX, núm. 1, 

Claremont, California, 1907. 

26. La Comisión de Sanidad Vegetal y su labor. Habana, 

1917. 

27. Plantas protectoras del terreno; por el Sr. C. F. Kin- 
man (traducido y anotado por el Dr. Juan J. Roig). Haba- 
na, 1917. 

Según expresa el Dr. Roig el término original inglés es 
cover crops, que quiere decir literalmente cosechas de cubierta; 
prefiriendo la expresión planias protectoras del terreno por 
abarcar todas las aplicaciones. 



REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD 



Aet. 1." — Se constituye en la Habana una agrupación científica dedi- 
cada al estudio de las Ciencias Naturales (Mineralogía, Geología, Biología, 
Botánica, Zoología y Paleontología, Antropología y Agronomía) y a sus 
aplicaciones. 

Aet. 2." — Dicha agrupación se denominará Sociedad Cubana de His- 
torm Natural "Felipe Poey", como tributo a la memoria del sabio fun- 
dador de las Ciencias Naturales en Cuba. 

Art. 3.° — El fin principal de la Sociedad será el cultivo de la ciencia 
local, tendiendo a estrechar los lazos de compañerismo entre los que persi- 
guen en Cuba esos estudios, para que la labor científica personal resulte 
más eficaz. 

Aet. é." — El número de socios será ilimitado, pudiendo pertenecer a la 
Sociedad así los cubanos como los extranjeros; necesitándose para ser ad- 
mitido la propuesta de un miembro, y la admisión en la siguiente sesión 
por las dos terceras partes de los votos de los concurrentes y previo infor- 
me de una ponencia nombrada al efecto. 

Aet. 5.° — Los socios serán fundadores, titulares, corresponsales y hono- 
rarios. Los primeros son los que han asistido a la sesión de constitución y 
organización de la Sociedad. Los titulares son los miembros ordinarios de la 
agrupación, residentes en toda la Isla, y abonarán la cuota anual de seis 
pesos moneda americana. Los corresponsales lo son en el extranjero. Para 
ser nombrado miembro honorario es preciso haber sobresalido en las Cien- 
cias Naturales, puras o aplicadas, por sus conocimientos e importancia de 
sus publicaciones. Los corresponsales y honorarios están exentos del pago 
de la cuota mencionada. 

Aet. 6.° — A los efectos de los trabajos de la corporación, ésta compren- 
derá las siguientes Secciones, que tendrán sus respectivos Director y Se- 
cretario: 1.», de Mineralogía y Geología; 2.', de Biología; 3.', de Botáni- 
ca; 4.», de Zoología y Paleontología; 5.", de Antropología; y 6.% de Agro- 
nomía. 

Aet. 7.' — ^La Sociedad elegirá anualmente su Junta Directiva compues- 
ta de] Presidente, Yicepresi dente, Secretario general, Secretario adjunto, 
Vicesecretario y Tesorero, los que constituyen la Mesa; siendo Vocales de 
aquélla el Director y Secretario de las Secciones que comprende la Socie- 
dad. Dicha Junta Directiva será nombrada en la primera quincena de 
Mayo do cada año; verificándose las elecciones entre los socios titulares 
residentes en la Habana por mayoría de votos y pudiendo ser reelectos. 
La Sociedad podrá nombrar un Presidente honorario. 

Aet. 8.° — Las sesiones de la Sociedad serán ordinarias y extraordina- 
rias, ya privadas o públicas, según el carácter del orden del día. Las or- 
dinarias se celebrarán mensualmente, exceptuándose los meses de Ju- 
nio, Julio, Agosto y Septiembre. Las sesiones extraordinarias podrán 
convocarse por el Presidente cuando las juzgue oportunas o a virtud de 
petición por escrito de tres socios titulares. Los acuerdos de la Sociedad 
ee tomarán siempre por mayoría de votos, decidiendo la presidencia en caso 
de empate; y constituyendo el quorum, para la celebración de las sesiones, 
cinco miembros titulares. La Sociedad celebrará el 26 de Mayo de cada año 
una sesión solemne conmemorativa de su fundación, fecha del nacimiento 
de Poey, en 1799; tomando en ella posesión la Junta Directiva elegida. 

Aet 9." — La Sociedad tendrá lo más pronto que sea posible su publi- 
cación, órgano oficial de ella, y donde periódicamente aparecerán sus tra- 
bajos; y un Comité de Redacción, nombrado por la Sociedad, se ocupará 
de todo lo concerniente a dicha publicación, de acuerdo con su Junta Di- 
rectiva. 

Aet. 10." — La Sociedad resolverá lo que no se exprese en este Eegla- 
mento, el cual no podrá modificarse sino en sesión extraordinaria convoca- 
da a ese fin; y en caso de disolución de la Sociedad, los fondos y propie- 
dades de la misma se destinarán al "Museo Poey" de la Escuela de Cien- 
cias de la Universidad de la Habana. 



SUMARIO 



— Sesión pública solemne del 26 de Mayo de 1917. 
— Junta Directiva para el año académico de 1917 a 1918. 
— La vida de la «Sociedad Poey» de 1916 a 1917; por el Dr. A^i^^tides 
Mestre. 
— Discurso de gracias; por el Dr. Enrique José Varona. 
— Alrededor de la psicología de Poey; por el Dr. Luis Montané. 
— Revista Bibliográfica. 



Las Memorias de la Sociedad Cdbana de Historia Natural 
«Felipe Poey», se publicarán periódicamente. 

Solicitamos el canje de las revistas científicas que reciban 
las Memorias; así como la remisión de catálogos, folletos u obras, 
de los que daremos cuenta debidamente. 

La Redacción de las Memorias no se hace solidaria de las 
ideas sustentadas por los autores de los trabajos que se publiquen 
en aquéllas. 

Para todo lo concerniente alas Memorias, (manuscritos, can- 
je, remisión de obras, &.) dirigirse al Dr. Arístides Mestre, Mu- 
seo Poey, Universidad de la Habana, República de Cuba. 



VOL. ni. 1917-1918. NUMS. 2 Y 3 



MEMORIAS 



DE LA 



SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 



DIRECTOR: 

DR. CARLOS DE LA TORRE. 

JEFE DE REDACCIÓN: 

DR. ARISTIDES MESTRE. 







^^^^ 



s 



IMPREItTA 

m, SIGILO XX 



TENIENTE REY 27 
1918 



JUNTA DIRECTIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 

PARA EL AÑO ACADÉMICO DE 1917 A 1918. 



Presidente: Dr. Carlos de la Torre. 

Vice-Presidente: Dr. Luis Montana. 
Secretario general: Dr. Arístides Mestre. 
Secretario adjunto: Dr. Gonzalo M. Fortun. 
Vice-Secretario: Dr. Juan M. Dihigo. 
Tesorero: Dr. Andrés Weber. 

SECCIONES 

1^ Mineralogía y Geología. 
Director: Dr. Santiago de la Huerta. 

Secretario: Dr. Jorge Horstmann. 



Director: 
Secretario: 



Director : 
Secretario: 



Director: 
Secretario ; 



Director : 
Secretario : 

Director: 
Secretario : 



2^ Biología. 

Dr. Mario G. Lebredo. 
Dr. Federico Torralbas. 

3^ Botánica. 

Dr. Felipe García Cañizares. 
Dr. Juan T. Roig. 

4-^ Zoología y Paleontología. 

Dr. Carlos de la Torre. 
Dr. Mario Sánchez Roig. 

5^ Antropología. 
Dr, Luis Montana. 
Dr. Eduardo F. Plá. 

6^ Agronomía. 

Dr. Juan R. Johnston. 

Dr. Jorge Navarro. 



Los Sres. Secretarios de las Secciones forman el Comité de 
Redacción de las Memorias, según acuerdo de la Sociedad; y el 
Sr, Tesorero tiene a su cargo la administración. 



Vol. III. 



1917-1918. 



Núms. 2 y 3. 



MEMORIAS 

DE LA 

sociedad cubana de historia natural 
'"feilipe: poeiv^ 



-CZZD= 



SESIONES DE LA SOCIEDAD 



28^ sesión.— Octubre 13 de 1917. 

Presidencia del Dr. Carlos de la Torre. 

Socios concurrentes. — Sres. Johnston, Cardín, Navarro, 
Fortún, Hno. León, Weber, S. de la Torre, Max Doval, R. de la 
Torre Madrazo, B. Muñoz, B. Delgado, A. A. Cuervo, Roca Mas- 
den, Horstmann, V. Rodríguez, V. Sotolongo y Mestre, Secreta- 
rio general. — Se excusan de aistir a la sesión los doctores F. G. 
Cañizares y J. M. Dihigo. 

Lectura de actas, &. — Fueron leídas las actas de las sesio- 
nes pública ordinaria del 8 de Mayo y solemne del 26 del mismo 
mes y del año actual, las cuales se aprobaron ; dándose cuenta 
también por el Secretario general de la correspondencia y pu- 
blicaciones recibidas en los últimos meses. 

Relaciones científicas y can,je. — El Dr. Mestre refirió bre- 
vemente su visita durante las vacaciones de verano a varios Cen- 
tros científicos de los Estados Unidos y en los cuales se interesaron 
por el canje de las Memorias, prometiendo aquellas instituciones 
remitirnos lo que publiquen. 

Graclvs y necrología. — El señor Presidente agradeció en 
nombre de la Corporación al Dr. IMestre sus esfuerzos en pro de 
nuestras relaciones científicas ; y después dedica frases adecuadas 






34 Memorias de la Sociedad Poey. 

al recuerdo de los doctores Arturo Bosque y Luis Padró, reciente- 
mente fallecidos. Este último era profesor de la Escuela de Pe- 
dagogía de la Universidad, y el primero fué Ayudante facultati- 
vo del Jardín Botánico de la misma. 

Nuevos profesores. — Seguidamente el Dr. C. de la Torre fe- 
licita a los socios Dres. Juan T. Roig y Srta. América A. Cuervo, 
que en recientes oposiciones han obtenido cátedras en el Instituto 
de Segunda Enseñanza y en la Escuela Normal de Pinar del Río, 
respectivamente. Además le dá la enhora])uoim al señor G. M. For- 
tún por su ascenso a Jefe del Departamento de Botánica de la 
Estación Experimental Agronómica de Santiago de las Vegas, 

Notas Entomológicas. — El señor P, G. Cardín lee sus No- 
ias Entomológicas sobre "Algunos comejenes de Cuba", (pá- 
gina 58) 

Corona Poeyana. — Hace uso de la palabra el Dr. La Torre 
para exponer la primera parte de su estudio titulado Corona Poe- 
yana, del cual sólo pudo dar una idea en la sesión solemne del 
26 de JMayo último. Esta primera parte abarca hasta 1842, épo- 
ca de la creación de la enseñanza de la Zoología y de la Anato- 
mía comparada en nuestra Universidad, de cuyo desempeño se en- 
cargó a Poey. 

29? sesión. -Octubre 30 de 1917. 

Presidencia del Dr. Carlos de la Torre, 

Socios concurrentes. — Sres. Hno. León, P. G. Cardín, R. 
Arango, B. Muñoz Ginarte, G. Fortún, Gavaldá, V. Rodríguez, 
J. M. Alfonso, Dihigo, S. de la Torre, A. Weber, S. Llinás, E. 
Delgado, J. San IMartín y A. Mestre, Secretario general. 

Lectura y aprobación de acta, &. — Leída el acta de la Se- 
sión anterior del 13 del mismo mes, fué aprobada ; enterándose la 
Sociedad de las comunicaciones e impresos recibidos con destino 
a la Biblioteca del Museo Poey y en canje de nuestras Memorias. 

Nuevo género Botánico. — El señor Fortún comunica a la 
Sociedad que un nuevo género de la familia botánica de las Gra- 
míneas ha sido dedicado a nuestro laborioso compañero el Her- 
mano León. El señor A. S. Hitchcock y la señorita Chase en un 
excelente trabajo recientemente publicado por la Smithsonian 
Institution (U. S. National Museum) de Washington, titulado 



Sesiones de la Sociedad. -35 

Grasses of the West Indics (Gramíneas de las Indias Occidenta- 
les, Antillas), al hacer constar su dedicatoria han dicho: "El 
nuevo género Saugetia es dedicado en honor del Hno. León, Jo- 
sé Silvestre Sauget, del Colegio de la Salle, Habana, uno de los 
más activos de los botánicos cubanos". — El señor Presidejite ma- 
nifiesta su congratulación por ello y felicita en su nombre y en 
el de la Sociedad al Hno. León, alegrándose que el sefíor Fortún 
haya dado a conocer el hecho a la Sociedad. 

El Profesor F. Lb Dantec. — El Dr, Mestre lee su escrito 
sobre el Profesor Le Dantec, que es una nota biográfica y biblio- 
gráfica sobre el eminente biólogo cuya producción científica ha 
sido bien notable. 

Corona Poeyana (Continuación). — El Dr. La Torre expone 
seguidamente la segunda parte de la Corona Poeyana, la cual 
comprende desde 1842 hasta el momento en que se iniciaron las 
relaciones científicas de Poey con los naturalistas de Norte 
América. 

El ejemplar de la Saugetlv. — El Hno. León expresa su 
agradecimiento al señor Presidente por las palabras pronuncia- 
das con motivo de la dedicación hecha a él del nuevo género Sau- 
getia, refiriendo la manera como en la Sabana de San Julián, Pi- 
nar del Río, recogió el ejemplar de la gramínea; acompañándolo 
en esa excursión el Padre Roca Masden, de las Escuelas Pías de 
Guanabacoa. — El Dr. La Torre insistió en la importancia del 
hecho y en la dificultad de la exploración por encontrar la Gra- 
mínea, lo cual ha sido en realidad un re-descubrimiento. 

30^ sesióa.— Noviembre 30 de 1917. 

Presidencia del Dr. Carlos de la Torre. 

Socios concurrentes. — Sres. Ramsden, Hno. León, Weber, 
Fortún, Max Duval, V. Rodríguez, A. A. Cuervo, R. de la To- 
rre, Ramos Almeyda, Cardín, Dihigo, Torralbas y Mestre, Secre- 
tario general. Asistió el Dr. Santos Fernández, Socio honorario. 

Acta y correspondencia, &. — Lectura y aprobación del ac- 
ta de la sesión pública del 30 de Octubre de 1917 ; enterándose 
también la sociedad del movimiento de comunicaciones y de los 
impresos recibidos. 

El Profesor Dastre. — El Dr. Mestre refiere la reciente des- 



36 Memorias de la Sociedad Poey. 

gracia para la ciencia del fallecimiento del Profesor Alberto 
Dastre, encargado de la enseñanza de la Fisiología general en la 
Sorbona; y dedica breves palabras a la memoria del ilustre des- 
aparecido. 

Los Sres. Ramsden y Calvino. — Eli Dr. La Torre llama la 
atención de la Sociedad sobre la asistencia a la sesi<3n del labo- 
rioso naturalista señor Carlos Ramsden, que vive en Guantána- 
mo y del señor Mario Calvino, reputado agrónomo y actual Di- 
rector de la Estación Agronómica Experimental de Santiago de 
las Vegas. 

Fenómenos geológicos. — El Secretario general da lectura al 
trabajo remitido por el Dr. Eduardo F. Plá sobre los F enómenos 
geológicos de 1916, y excusa la asistencia de su autor. 

Estudio sobre el Dr. Britton. — Seguidamente el Hno. León 
leyó su estudio biográfico y bibliográfico sobre el Dr. L. N. Brit- 
ton, sabio Director del Jardín Botánico de New York y Socio ho- 
norario de nuestra corporación ; trabajo que mereció las felici- 
taciones del señor Presidente y de los señores Fortún y Mestre. 
El primero aludió a la gran importancia de la labor de Britton 
en pro del conocimiento de la Botánica de Cuba, fijando la aten- 
ción respecto del auxilio tan valioso que el Hermano León viene 
prestándole desde hace tiempo ; indicándosele al Hno. León la 
conveniencia de completar la historia de nuestra Botánica reco- 
pilando los datos existentes entre lo tratado por Presas en su 
"Introducción" al Repertorio de Poey y nuestra época; sobre 
lo cual manifestó el Hno. León que tomaría en consideración las 
indicaciones hechas, tratando de ver si le era posible llenar ese 
vacío. 

Continuación de la Corona Poeyana. — El Dr. La Torre pro- 
sigue la exposición de la Corona Poeyana, ocupándose de Poey 
después de la época en que estableció sus relaciones científicas 
con los naturalistas de los Estados Unidos. 

El Propesor Mann. — El Dr. Calvino hace' presente a la So- 
ciedad que asiste a la sesión el reputado entomólogo Sr. Mann. 

Y al darse por terminada la sesión pública para constituirse 
la sociedad en sesión privada, el Dr. Santos Fernández mani- 
festó la buena impresión que había producido en su ánimo esta 
sesión, prueba evidente de su actividad y de la importancia que 
aquella tiene en nuestra vida científica. 



1 



H. León: El hallazgo de la Saugetia, 37 



EL HALLAZGO DE LA SAUGETIA 

POR EL SR. HERMANO LEÓN 
Profesor del Colegio de La Salle, Vedado, Habana 



(Sesión del 30 de Octubre de 1917.) 

Entre las plantas recogidas por Cli. Wright en Cuba, se en- 
contraba un ejemplar de Gramínea, procedente de la Sabana de 
San Julián, y que sin duda representaba una especie desconoci- 
da, a pesar de haber sido nombrada Muhlenbergia spicata Munn 
en la Flora de Sauvalle. 

Por desgracia, el ejemplar no era más que un fragmento cu- 
yas pocas espiguillas gastadas por el tiempo y rotas no permitían 
identificarlo ; sólo se suponía que tal vez, podía pertenecer al gé- 
nero Bouteloua. 

Como es natural, el Prof. A. S. Hitchcock y Mrs. A, Chase 
los autores de la importante obra "Grasses of the West Indies" 
que acaba de publicarse, sentían no poder incluir en ella esa espe- 
cie desconocida y manifestaron al que suscribe el deseo de reci- 
bir ejemplares que les permitiesen identificarla. A ese fin man- 
daron una descripción del fragmento de Wright con la localidad 
indicada por este : cayos de monte bordeando la sabana de 
San Julián. Al principio no tenía gran esperanza de descubrir 
de nuevo dicha planta en una sabana cuya situación en la Isla 
me era desconocida ; sin embargo, habiendo sabido que dicha sa- 
bana se encontraba al sur de Guane, me decidí a ir a ella. 

En unión de mi compañero de exploración el muy inteligen- 
te e incansable naturalista. Padre Modesto Roca, E. P., llegué el 
26 de Diciembre del pasado año, a la hacienda de San Julián, 
propiedad de doña Josefa, viuda de Lamas. Gracias a la cariño- 
sa hospitalidad que, en su ausencia, nos dispensaron sus hijos 
los Sres. Juan Manuel, Enrique y Regino Lamas y su activa co- 
operación, pudimos llevar a cabo la obra emprendida. El día de la 
llegada la excursión no fué más que un ensayo. El segundo día 
tratamos de alcanzar el límite sur de la sabana, en busca de los ca- 
yos de monte que la bordean. Después de caminar cerca de tres 
leguas en esta dirección hasta la laguna del Sebo, tuvimos que 



38 Memorias de la Sociedad Poey. 

regresar; hasta donde alcanzaba la vista, no había monte; por 
todas partes sólo se veían Pinos y Palmas. Aquel día, sin embar- 
go, no fué perdido del todo, ejemplares representando un centenar 
de especies distintas fueron recogidos, entre ellos la Rhynchos- 
■pora gageri y la Rhynchospora joveroensis, ciperáceas recien- 
temente descritas en las Memorias de nuestra Sociedad (Vol. II 
No. 5) por el Dr. Britton. De la familia de las Gramíneas, en- 
contré una especie nueva del género Manisuris así como el ra- 
rísimo Cenchrus distichophyllus conocido sólo de aquella lo- 
calidad. 

Por fin, supimos que sólo al este de la sabana podíamos en- 
contrar los cayos de monte de que habla Wright, de modo que 
el tercer día, en compañía de D. J. M. Lamas tomamos esta di- 
rección ; llegamos pronto al primer cayo, el cayo Gabino, Después 
de varias tentativas infructuosas, tuve el gran placer de encon- 
trarme con una gramínea, una sola, cuyo aspecto, en seguida me 
llamó la atención ; no la había visto en ninguna parte y además 
correspondía perfectamente a la descripción que Mrs. Chase me 
había mandado del ejemplar de Wright. No podía creer que era 
una Bouteloua, y a pesar del parecido (lue tiene con el género 
Arthrostylidium, al ver las flores sospechaba que podía ser un 
género nuevo. En efecto, mandado el ejemplar al Profesor Hit- 
chcock me contestó que no habiendo nada parecido en las Gra- 
míneas, representaba un género nuevo que tuvo la bondad de de- 
dicarme, llamándolo Saugetia fascicidata. 



A. Mestre: Cuvier y sus paradojas científicas. 39 

CUVIER Y SUS PARADOJAS CIENTÍFICAS (D 

POR EL DR, ARÍSTIDES MESTRE 
Profesor Auxiliar de Biología, Zoología y Antropología. 



"La admiración general suscitada en el mundo culto por la 
serie de memorias que Jorge Cuvier publicó a partir de 1798 y 
que fueron coleccionadas en 1812 bajo el título de Recherches sur 
les ossements fossils, no ha disminuido en nuestros días a pesar 
de un transcurso de tiempo de más de un siglo." Estas palabras 
escritas por Ch. Depéret en su pequeño libro sobre Les transfor- 
mations du monde animal son de una realidad indiscutible : a 
cada momento enc^uentra el hombre que dedique sus vigilias a 
esa clase de investigaciones, motivos suficientes para no olvidar 
la superioridad extraodinaria que distinguió a aquel sabio. La 
historia del transformismo no resultaría completa sin el relato 
de la oposición que hiciera Cuvier, en fecha memorable, al desen- 
volvimiento de la doctrina del egregio Lamarck. 

Jorge Federico Cuvier nació en Montbéliard el 23 de Agos- 
to de 1769, precisamente a los ocho días de haber venido al mun- 
do Napoleón Bonaparte; y murió el 13 de Mayo de 1832.- "Esti- 
mulado por un instinto irresistible hacia el estudio de la natura- 
leza, sin ser extraño a rama alguna importante de los conocimien- 
tos humanos, llegó a ser el legislador, el genio protector de la 



(1) Extracto de la primera parte de una conferencia de extensión 
universitaria pronunciada el 21 de Enero de 1911. La segunda parte refié- 
rese a los antecedentes científicos del Dr. C. de la Torre con motivo de la 
colocación de su retrato al óleo en el Salón de Conferencias de la Univer- 
sidad. {Bevista de la Facultad de Letras y Ciencias, vol. XII.) 

(2) Notice Mstorique sur les ouvratjes et la vie de M. le Barón Cuvier; 
par G. L. Duvernoy, Paris, 1833; — Eistoire de la Zoologie. Les fundateurs 
de la Zoologie moderne. Georges Cuvier; par F. Hoefer, Paris, 1890. — 
Además, para el desarrollo de la conferencia se consultaron los siguien- 
tes estudios: La philosophie £oologique avant Darwin. Georges Cuvier; 
par E. Perrier, Paris, 1884; Eistoire des Sciences et des Savants, etc; 
par A. de CandoUe, Genéve-Bale, 1885; — Eistoire Naturelle genérale, etc. 
Introduction Mstorique; par I. Geoffroy St. Hilaire, Paris, 1854; — Discours 
sur les révolutions de la surface du glohe et sur les changemens qu' elles 
ont produits dans le régne animal; par Georges Cuvier, Paris, 1840; — 
Traite de Zoologie, Georges Cuvier et les classifi catión s anatomiques ; par 
E. Perrier, Paris, 1897; — The orders of Mammals. The epoch of Cuvier and 



40 Memorias de la Sociedad Poey. 

Historia Natural". Dedícase primeramente a la teología, de- 
mostrando su gran inteligencia en los estudios llamados clásicos ; 
pero un juicio injusto de uno de sus maestros sobre una composi- 
ción suya le hizo abandonar aquella carrera. Pasa a la Academia 
de Stuttgart, donde se distingue en las lenguas de Homero y Ci- 
cerón, y efectúa el aprendizaje de la filosofía, de las ciencias na- 
turales y de las matemáticas. La lectura de Buffon, las leccio- 
nes de Kerner y los consejos de su condiscípulo Kielmeyer, des- 
piertan su afición por la observación de la naturaleza. En 1788 
concluye de estudiar el alemán y va al castillo de Firquainville 
(Basse Normandie) de preceptor del hijo del Conde de Héricy. 
En la Normandía, ya en correspondencia con Lacépéde, allí cer- 
ca del mar, realiza sus primeras disecciones de animales. Dibu- 
jaba con gran habilidad y retenía extraordinariamente los carac- 
teres de las especies por él observadas. En 1794 lo llamó a su la- 
do E. Geoffroy St. Hilaire, diciéndole : "Venid a jugar entre 
nosotros el papel de un nuevo Linneo." En 1795 abre Cuvier su 
primer curso de Anatomía Comparada en el Jardín de Flautas 
de París, dando cuenta en un importante discurso — "que ya 
anunciaba el genio que creara la ciencia" — del estado en que se 
encontraban entonces aquellos conocimientos. Sus investigacio- 
nes sobre los huesos fósiles preceden a sus doctrinas de las revo- 
luciones del planeta. 

Persiguiendo el "método natural", sirvióle la anatomía de 
base de clasificación (vertebrados, moluscos, articulados y zoó- 
fitos) ; y considera al sistema nervioso, por su jerarquía orgáni- 
ca, como el fundamento de la animalidad. "El sistema nervio- 
so, es, en el fondo, todo el animal ; los otros sistemas le están su- 
bordinados. ' ' Los planes de organización animal obedecen al sis- 
tema nervioso y a su disposición. El examen de las osamentas de 



de Blüinville ; by W. K. Gregpry, New York, 1910; — Les transformations 
da monde animal. Georges Cuvier et les révolutions du Globe; par Ch. De- 
péret, Paris, 1907; — Elementa d'Anatomie Cornparée. Introduction. Es- 
quiase historique; par E. Perrier, Paris, 1893; — Traite d'Anatomie Com- 
parée pratique. Introduction; par C. Vogt y E. Yung, Paris, 1888; — 
L'Anatomie Cornparée des animaux basée sur l'Emhryologie. Introduction: 
par L. Roure, Paris, 1898; — L'Emhryologie Cornparée. Preface ; par L. 
Eoule, Paris, 1894; — Conferénces de Paleóntologie. La Paleóntologie de- 
puis Cuvier, etc.; par M. Boule, Paris, 1905, 



A. Mestre: Ciwier y sus paradojas científicas. 41 

la colina de Montmatre, por otra parte, en otro orden de inves- 
tigaciones, llevan a Cuvier a su concepto sobre las especies fósi- 
les en relación con los cambios geológicos; y el célebre Discours 
sur les révolutions de la surface du glohe et sur les changemens 
qii'elles ont produit dans le régne animal, constituyen una de las 
páginas más brillantes de su larga historia de notables produc- 
ciones científicas. 1 

Cuvier expuso, con una claridad y precisión incomparables, 
las nociones fundamentales de estas dos ciencias hermanas, de 
las cuales puede considerarse como el verdadero creador : la Ana- 
tomía Comparada y la Paleontología. Reconstruyó esqueletos de 
animales extintos, estimando que las especies actuales eran dife- 
rentes a las fósiles, y que cada capa geológica contienen sus pro- 
pios restos de organizaciones desaparecidas. En Anatomía Com- 
parada sostuvo el principio de la subordinación de los caracteres 
(dominantes y subordinados; categorías taxonómicas) y el de la 
correlación de las formas. En Paleontología formula estos dos : 
el de las revoluciones del globo y el de las creaciones sucesivas. 
' ' La vida ha sido frecuentemente trastornada sobre la tierra por 



(1) La relación de las obras, memorias e informes de G. Cuvier ha 
sido hecha por Duvernoy, atendiendo al orden de su publicación desde 1792 
{Memoire sur les cloportes) hasta 1832 {Eloge de Lamarck, lu, aprés le 
mort de M. Cuvier, dans la séance publique de 1 'Academie, Novembre 
1832) y pasa su conjunto de doscientos. Mencionaremos las Lecons d'Ana- 
tomie Comparée, 1800, etc.; Le Eégne animal distribué d'aprés son orga- 
nisation, 1817, etc.; Beciierches sur les ossemens fossils, 1822, etc.; La 
Eistoire Naturelle des poissons, par Cuvier et Valenciennes, Paris y Stras- 
burg, 1828, tomos I et II, y siguientes; el tomo IX se terminó a la muerte 
de Cuvier y apareció en 1833. Nos fijamos en esta obra por la circunstan- 
cia de estar en ella citado el Profesor Felipe Poey, fundador de las cáte- 
dras de Zoología y Anatomía Comparada en la Universidad de la Habana 
en 1842. "En 1826, — escribía Poey dando idea de su Ictiología Cubana — 
cumplidos mis veintisiete años, hice mi viaje a Paris llevando conmigo 85 
dibujos de Peces de esta Isla y 35 especies contenidas en un barril de 
aguardiente. Era el tiempo en que el ilustre Cuvier ordenaba sus primeros 
trabajos para la publicación de su grande obra titulada Historia General 
de los Peces. Todo le fué entregado; y tuve el honor — agi'ega Poey — de 
ser citado por él y su colaborador Valenciennes ..." En una conferencia 
dada en el Nuevo Liceo de la Habana (Enero 9 de 1885) Poey hizo refe- 
rencia a una invitación de Cuvier, a propósito de las especies a éste entre- 
gadas, y que decía : "El Barón Cuvier y la Baronesa le esperan a co- 
mer, etc." {Obras Literarias, de Felipe Poey, Habana, 1888.) 



42 Memorias de la Sociedad Poey. 

advenimientos espantosos ; innumerables seres vivos han sido víc- 
timas de estas catástrofes ; unos, habitantes de la tierra seca, se 
han visto desaparecer por los diluvios ; otros, que poblaban el se- 
no de las aguas, han sido colocados en seco por la súbita elevación 
del fondo dé los mares; sus mismas razas han concluido para 
siempre." Las capas geológicas representan para Cuvier "una 
flora y una fauna distintas, y sin relación genealógica con las que 
le prccedíeroxi y ie han seguido". Pensaba que cada animal ha- 
bía sido creado para vivir en condiciones determinadas, opinión 
que constituye su principio de las condiciones de existencia; sien- 
do partidario de la fijeza de las especies, dogma absoluto, indiscu- 
tible. El tipo especifico se adapta preconcebida y perfectamente 
al medio viviente, y es ante el pensamiento cuvieriano producto 
de una potencia sobrenatural. Tenemos así la doctrina de la in- 
mutabilidad de las especies frente a la del transformismo, que 
considera a las especies formadas gradualmente, sin distinción 
absoluta entre las razas y las especies y derivándose la raza de 
la variedad y la especie de la raza. 

Existe evidente contradicción — y estas son precisamente las 
paradojas que se observan al estudiar la vida científica de Cu- 
vier — entre esos principios enunciados y las ideas que emitió al 
discutirlos en sus trabajos más importantes. En efecto, quien 
formuló ese grupo de trascendentales principios sostenía al mis- 
mo tiempo que no había más ciencia que la constituida por la 
acumulación de hechos "sin ninguna tentativa de teoría". "To- 
da tentativa, dijo Cuvier, para hacer la historia natural filosófi- 
ca será un retorno hacia un método que la verdadera ciencia ha 
dejado detrás"; y no admitía más que esta idea teórica: "toda 
teoría es imposible ' '. Y, sin embargo, estableció teorías y formu- 
ló principios y leyes con carácter de absolutos: dígalo si no el 
principio de la correlación de las formas que creyó aplicable a 
todos los casos y que el descubrimiento del primer ave fósil — el 
Archaeopterix UtJiographica — demostró que no lo era para los ti- 
pos de transición. 

El transformismo de Lamarck sufrió un rudo golpe cuando 
la célebre polémica que tuvo lugar en 1830 en el Instituto de 
Francia entre Cuvier y E. Geoffroy Saint Hilaire, representante 
de la doctrina de la mutabilidad de las especies zoológicas y de la 
evolución gradual del planeta; entonces fué, al decir de un bis- 



A. Mestre: Cuvier y sus paradojas científicas. 43 

toriador, cuando Cuvier, en su profunda interpretación de las 
leyes de la organización y de la vida, al dirigirse a su ilustre ad- 
versario le parecía oir al león aconsejándole al águila que no hi- 
ciera uso de sus alas formidables ! . . . Goethe ha descrito esa por 
más de un concepto apasionada discusión en sus obras de histo- 
ria natural; lucha memorable en que Cuvier hizo prevalecer su 
opinión "más bien por la autoridad y ascendencia de su nombre 
que por la fuerza de su lógica"; conflicto científico que juzgó 
nuestro Poey,^ — Poey que mereció las atenciones y amistad de 
Cuvier al comienzo de sus estudios ictiológicos — en estas palabras : 
"Yo no soy, dijo, de ninguna escuela, sin embargo de que mis 
convicciones más firmes son por las creencias de Cuvier ; pero he 
encontrado tanta filosofía en las doctrinas de la escuela contraria, 
que me he dejado arrebatar por ella de un movimiento simpático ; 
y como busco ingenuamente la verdad he tomado el partido de 
quedarme con Cuvier, siempre que la fuerza de los hechos bien 
observados no me obliguen a apartarme de las lecciones de tan 
sabio maestro." Y nosotros sabemos que Poey abrazó el trans 
forraismo, demostrando, como siempre, su adaptación al progre- 
so de las ideas, "su capacidad para instruirse" en las nuevas ad- 
quisiciones de la ciencia. . . Pero, todo lo expresado en ese senti- 
do respecto de Cuvier — de sus paradojas científicas y de su opo- 
sición al lamarckismo — no disminuye su verdadero valor, su mé- 
rito indiscutible : así lo estima la crítica imparcial al juzgar su 
labor gigantesca planteando la fecunda hipótesis de la renova- 



(1) De este modo sintetizó los dos criterios: — "Dos grandes es- 
cuelas — escribía Poey en aquella época — se dividen las ciencias biológi- 
cas: una que tenía al frente el nombre de Cuvier y otra que se halla per- 
sonificada en Geoffroy Saint Hilaire;... La primera tiene fe en las crea- 
ciones directas que coinciden con las épocas geológicas; en la inmutabili- 
dad de las especies, por tanto en la infecundidad de los híbridos y en las 
causas finales; no admite la unidad rigurosa del plan, ni la serie rigurosa; 
ni las fases del embrión en el sentido de que la Embriogenia venga a, ser 
una Anatomía Comparada transitoria y la Anatomía Comparada una 
Embriogenia permanente. La segunda admite la variabilidad de las es- 
pecies y con este solo hecho niega las causas finales: admite la trasmuta- 
íión de una especie en otra y proclama altamente la unidad del plan o 
principio de conformación orgánica; así como consagra la idea de una evo- 
lución creciente y admite también la decreciente por degeneración, según 
la influencia de los lugares y de los tiempos." {Memorias de la Historia 
Natural de la Isla de Cuba; por Felipe Poey, 1851.) 



44 Memorias de la Sociedad Poey. 

ción de las faunas por vía de emigraciones, emitiendo la idea de 
su perfeccionamiento de unas a otras. ¿ Cómo olvidar ni descono- 
cer que al crear la Anatomía Comparada, y sobre todo, la Paleon- 
tología, — títulos incomparables de su legítima gloria — al resuci- 
tar los seres que vivieron las pasadas edades, nos ha contado la 
historia interesante de nuestra tierra? 

De Cuvier a estos tiempos los progresos de esas dos ciencias 
han sido y son extraordinarios. El conocimiento de los tipos de 
organización animal — la zootomía eficazmente practicada en el 
laboratorio — relacionado con la Embriología : la que prueba có- 
mo las formas animales están ligadas entre sí, y el progreso de 
la naturaleza de lo simple a lo compuesto por una diferenciación 
creciente y conexa a la división del trabajo fisiológico, a la gran 
ley definida por Milne-Edwards. Y, en cuanto a la Paleontolo- 
gía, los investigadores que continuaron la obra de Cuvier han to- 
mado, según el Profesor M. Boule, tres direcciones distintas : unos 
han hecho labor puramente zoológica, aumentando el catálogo de 
los animales al estudiar los fósiles para establecer las distinciones 
que los separan de los seres actuales ; otros se han colocado en el 
terreno de la antigüedad relativa, cultivando la Paleontología 
estratigráfica, y prestan auxilio al geólogo en la clasificación de 
los estratos ; y, por último, los que han asociado esos dos primeros 
puntos de vista, pidiéndole a la Anatomía Comparada y a la Geo- 
logía, es decir a la cronología, den claridad a los problemas y se 
completen recíprocamente: es la Paleontología histórica que aspi- 
ra a describir la historia del mundo animado. Y en esas nuevas 
ramas del tronco fundado por Cuvier — así como las otras tam- 
bién comprendidas en el vasto grupo de las "ciencias zoológicas" 
— encausan los sabios sus esfuerzos en pos de la ley general que 
preside el complejo y aun oscuro problema de la transformación 
de los organismos. 



E. F. Plá: Fenómenos geológicos de 1916. 45 

FENÓMENOS GEOLÓGICOS DE 1916 

POR EL DR, Eduardo F. Plá 
Director del Instituto de Segunda Enseñanza de la Habana. 



(Sesión del 30 de Noviembre de 1917.) 

Con gran paciencia hemos venido anotando durante el trans- 
curso de algunos años, los fenómenos geológicos, erupciones vol- 
cánicos y seísmicos, que encontramos mencionados en la prensa 
científica y diaria llegada a nuestras manos. Era nuestro propó- 
sito contribuir con este catálogo parcial a la formación del gene- 
ral y completo que tiene en preparación la Oficina Central de la 
Asociación Internacional de Sismología, establecida en Estras- 
burgo ; trabajo imposible de realizar de una manera exacta y sa- 
tisfactoria, si se tiene en cuenta que el profesor inglés Milne fi- 
ja el número anual de microsismos en treinta mil. 

Los catálogos parciales son de mucha utilidad, porque los me- 
dios deficientes de investigación en muchos pueblos y las difi- 
cultades de la información hace, que a pesar de las 285 estacio- 
nes seismigráficas por ambos continentes, dejen de consignarse 
muchos. 

No hemos podido fijar el grado de intensidad según la escala 
de Boni Forel, pOrque en las varias publicaciones científicas y 
diarias de donde tomamos los datos no se consignan. 

En esta incompleta compilación se hallarán, aunque no han 
sido muy intensos los terremotos ocurridos en Cuba, los cuales 
no se hallan inscriptos en el Internacional catalogue of Scienti- 
fique Literature de Londres y en los Catálogos de macrosismos 
publicados por la Oficina Central de la Asociación de Sismología, 

Los movimientos seísmicos observados en Cuba van marcados 
con un asterisco. Comenzamos la publicación por los observados 
durante el año de 1916, a este seguirán los de los años anteriores. 

Para el mejor conocimiento de estos fenómenos recomenda- 
mos los Conferencias de Seismología pronunciadas en la Acade- 
mia de Ciencias de la Habana por el P. Mariano Gutiérrez Lanza, 
Director del Observatorio del Colegio de Belén, conferencias re- 
cogidas y publicadas en un volumen en esta ciudad en 1914. 



46 Memorias de la Sociedad Poey. 

Enero. — Día 1" — La estación seismográfica de Georgetown re- 
gistró violentas vibraciones por espacio de tres horas. Según 
cálculo de los observadores el epicentro de esta perturbación se 
encontraba en la América Central. 

Día 1" — Fuerte temblor en New Britain, Nueva Guinea, cpie 
causó grandes daños materiales. 

Día 1" — Ligero temblor de diez segundos de duración en el 
territorio Washington, Estados Unidos. 

Día 3. — Violenta erupición del Vesubio. 
Día 4. — Dos sacudidas de mediana intensidad en Juayua, Re- 
pública de El Salvador. 

Día 5. — Fuerte teml^lor en Ncwport, Estado de Oregon, en 
los Estados Unidos. 

Día 7. — Temblor de mediana intensidad en Santa Rosa de 
Copan, en Honduras. 

Día 8. — El vapor Sierra, que salió el día 5 de Sydney con 
rumbo a San Francisco experimentó en este día y por espacio 
de cuatro horas un mar con grandes oleajes, en el cual flotaban 
fragmentos de piedra pome» de diversos tamaños; algunos de 
ellos pudieron recogerse a bordo. Se trató según el Capitán Mr. 
Koughan de una erupción submarina. 

Día 12. — El Observatorio Fabra-Barcelona, registró una lige- 
ra sacudida local a las 15 h. 9 m. 29 s. (Ibérica) 

Día 13. — El Observ^atorio de Manila registró a las 6 h. 23' 
24', un temblor que se sintió en las costas de E. de Samar y de 
Mindanao. 

Día 14. — El Observatorio Fabra, en Bercelona, España, re- 
gistró un temblor local a las 14 H. 49, 27". Dato tomado de la 
Ibérica, revista de los progresos de las ciencias, que se publica 
en Tortosa (España). 

Día 14. — Temblor de tierra de mediana intensidad pero de 
bastante extensión en Stone, Inglaterra. 

Día 15. — Dos sacudidas de mediana intensidad en Calexico, 
en California. 

Día 16. — El notable periódico "La Prensa" de Buenos Ai- 
res, anuncia que a las dos de la madrugada se produjeron gran- 
des y extensos derrumbes en la parte oriental de la Paz, Bolivia. 

Las rajaduras eran profundas y los hundimientos alcanza- 
ron hasta cuatro metros de profundidad. El día 18 se produje- 



E. F. Plá: Fenómenos geológicos de 1916. 47 

ron nuevos deslizamientos y cerca de Quilliquili apareció un ma- 
nantial muy abundante. El geólogo polaco Koslowsky, enviado 
por el gobierno para estudiar el fenómeno, informó que los de- 
rrumbes no los produjo ningini movimiento seísmico, sino un so- 
cavamiento de las capas inferiores. 

Día 19. — Débil movimiento seísmico en Sonsonate, en la Re- 
pública de El Salvador. 

Día 22. — Temblor de regular intensidad en Oran, en Ma- 
nguéeos. 

Día 22. — Durante la noche se sintieron violentos temblores 
en la región del Aspino, en Italia. 

Día 22. — Temblor de mediana intensidad en los Estados de 
Georgia, Virgina y Carolina, en los Estados Unidos. 

Día 24. — Violento temblor en Asia Menor. 

Día 24. — Ligeras sacudidas en Chochabamba, en Bolivia. 

Día 26. — Ligero temblor en Santiago de Chile. 

Día 29. — Ligero temblor en la República de El Salvador. 

Febrero. — Día 1" — medias ; el vértice mucho más corto que el pronotum, 
obtusamente angulado, el tylus grande, ojos pequeños, casi re- 
dondos; ocelos dos veces más distantes de los ojos que de sí mis- 
mos ; pronotum grande, margen anterior recto, márgenes late- 
rales largos y fuertemente oblicuos, margen posterior recto o 
emarginado; los élitros cariáceos, algo en forma de trompeta 
(flaring), más anchos que el pronotum, apex redondeado igual- 
mente por ambos lados, venación no prominente, reticulada api- 
calmente ; alas con la vena intermarginal enteriza, tercera vena 
longitudinal forcada. 

Tomaspis bicincta (Say.) 

Cercopis bicincta Say. Jour. Acad. Nat. Sci, Phil. VI, 303, 

1831. 
Cercopis ignipecta Harr. (MSS.) Cat. Ins. Mass. 1833. 
Monecphora bifascia Walk. List. Hom. B. M. p. 679, 1851. 
Monecphora augusta Walk. List. Hom. B. M. p. 680, 1851. 
Monecphora neglecta Walk. List. Hom. B. M. p. 683, 1851. 
Monecphora ignipecta Fitch. (Descrip.) 3 rd. Rep. Ins. N. Y. 

p. 71, 1856. 
Monecphora inferans Walk. List. Hom. B. M. Sup. p. 176, 

1858. 
Sphenorhina simulans Walk. List. Hom. B. M. Sup. p. 183, 

1858. 
Tomaspis fasciaticollia Stal. Stett. Ent. Zeit. XXV, p. 63, 

1864. 
Tomaspis rubra Fowler. Biol. Cent. Amer. p. 183 (in part.) 
Tomaspis simulans Fowler. Biol. Cent. Amer. p. 185. 

Ampliamente ovalado, con la cabeza angosta y angulada ; par- 
do obscuro a negro con los márgenes del vértice, una banda trans- 
versal que pasa por medio del pronotum y otras dos transversales 
a los élitros, de color rojo o anaranjado ; longitud 8-10 mm. ; an- 
chura por los élitros 5 mm. ; vértice ancho, hundido, dos tercios 



56 Memorias de la Sociedad Poey. 

del largo del pronotiim, obtusamente angulado, disco inclinado 
(sloping), hundido por ambos lados de la quilla longitudinal; 
frente inflada, casi en ángulo recto con el vértice, una sola 
quilla media bien pronunciada ; rostro corto, apenas del largo 
de la frente ; pronotum, disco convexo, con un tercio más an- 
cho que largo, margen anterior recto, margen posterior redondea- 
do y emarginado ; élitros convexos, coriáceos, sobre dos veces más 
largos que anchos, más anchos que el pronotum, márgenes exte- 
riores curbeadas, ápice ampliamente redondeado; venación no 
prominente, reticulada apicalmente. 

Color, pardo oscuro de castaña o negro ; un estrecho margen 
todo alrededor del vértice y a lo largo de la carina o quilla media, 
los ojos y ocelos y los márgenes laterales del pronotum rojos ; una 
estrecha franja transversal que cruza los ángulos humerales del 
pronotum y otras dos ligeramente más anchas paralelas a ella, 
dividiendo los élitros en tres porciones iguales, y de color rojo o 
anaranjado. ■ 

Habitat: Se hallan en nuestro poder ejemplares procedentes 
de New York, Massachusetts, Connectieut, Meryland, District 
of Columbia, North Carolina, West Virginia, Florida, Louisiana, 
Texas, Kansas y lowa, de nuestro territorio, y de Cuba y Méjico 
de afuera. Ha sido reportado de Pennsylvania, Arkansas y Geor- 
gia, y de Méjico, Jamaica, y de varios países de la América Cen- 
tral. Es una especie muy corriente en las colecciones de insec- 
tos procedentes de Méjico y de las Antillas. En los Estados Uni- 
dos se encuentra a lo largo de la falda del Atlántico, desde New 
York y Massachusetts hacia el sur, por todos los Estados del Gol- 
fo y por el Valle del Mississipi, hasta la parte central de lowa, 
donde es completamente raro. 

Es esta una especie algo variable en tamaño, y en extremo 
variable en color y marcas. Estas formas se diferencian entre sí, 
pero solamente pueden ser agrupadas como sigue : 

Forma Bicincta, la forma típica es de color pardo oscuro, con 
estrechas bandas rojas. 

Variedad igiiipecta Fitch, es la forma oscura en la cual las 
bandas se hallan parcial o totalmente ausentes. 

Variedad simulans Walk., tiene las bandas anchas y de color 
amarillo crema. 

Evidentemente que Fowler fué mal guiado por las señas de 



P. G. Cardín: Notas entomológicas. 57 

Say, al decir que hicincta se parecía a rubra y a sororia. Es muy 
probable que esas fueran las dos únicas especies con que Say es- 
tuviese relacionado, o, por lo menos, la especie más cercana a la 
suya, de todas las que conocía ; de todos modos, la diferencia es- 
tá en la frente, como ha sido demostrado por las figuras de Fow- 
1er, y esto lo hace concordar perfectamente, con siinulans y no 
con rubina, y confirma la observación de Stal que fasciaticollis era 
"próxima" a bicincia. Walker dice de inferans que se asemeja 
mucho a neglecta y que puede ser una variedad local de ella. 

Fowler lo coloca como una sinonimia de bifascia, junto con 
augusta. Esta última fué descrita de Georgia y es sin duda una 
sinonimia de bicincta, y si Fowler está en lo cierto al unir las tres 
formas, como así parece, entonces todas las formas vienen a ser 
sinonimias de bicincta. 

TRIPS (THYSANOPTERA) DE CUBA 

Poca atención se le ha dedicado en Cuba a este importante 
grupo de insectos, que a pesar de que incluye especies muy perju- 
diciales a ciertas plantas y otras de no poco interés aun para los 
que no estén directamente relacionados con la agricultura. Esto 
sucede, por" ejemplo, con la especie de que nos hemos ocupado 
ya en otra ocasión (1) ante esta distinguida Sociedad, cual es la 
especie Gynaikothríps uzeli, que será en seguida recordada si di- 
go que este es nuestro tan conocido "bichito de candela" de los 
laureles en los parques. 

Las especies aquí presentadas han sido recolectadas por el que 
suscribe en Santiago de las Vegas, Habana, y han sido todas de- 
terminadas por el Profesor J. Douglas Hood, del Departamento 
de Agricultura de los Estados Unidos. 

Diceratothrips picticornis En agallas de los frutos de la 

Hood planta Eugenia sp,, "guai- 

raje". 
Frankliniella cephalica En flores de Citrus. 

(Crawf.) En flores de Bidens leucantha. 

En flores de Melanthera del- 

toidea. 
En flores de Carissa acuminata, 
Frankliniella insularis 

(Frank.) En flores de Citrus. 

(1) Yol. I, pág. 282 (1915). 



58 



Memorias de la Sociedad Poey. 



F-rankliniella nov. sp. 

(grande) En flores de Citrus. 

Frankliniella nov. sp. En el cogollo de la caña de 

(pequeña) azúcar. 

Frankliniella sp En flores de Citrus. 

Frankliniella sp En flores de Citrus. 

En flores de Carissa acuminata. 
Frankliniella williamsi En el cogollo de la caña de 

Hood azúcar. 

Gynaikothrips uzeli En hojas del "laurel" Ficus 

Zimmerman nitida, formando agallas. 

Haplothríps gowdeyi En flores de Bidens leucantha. 

(Frank.) En flores de Melanthera del- 

toidea. 
En "cápsulas" de semillas de 

tabaco. 
En galería hecha por díptero 
Agromyza en hojas de to- 
mate. 
Eeliothrips Jiaemorrkoidalis En hojas de aguacate (Persea 

(Bouché) gratissima) y de mango. Des- 

tructiva en ambas. 
Hoplandrothrips affinis En caña de azúcar, en la base 

Hood de las hojas, contra el tallo. 

Podothrips semiflavus En caña de azúcar, en la base 

Hood de las hojas contra el tallo. 

Selenothrips rubrocinctus En hojas de "mango" Man- 

(Giard) gifera indica. 

Thrips abdominalis 

Crawford En flores de Bidens leucantha. 

TJirips tahaci Lindeman. . . En hojas de cebolla Allium ce- 
pa. Destructivas. 
En flores de Cruciferae. 

Zygothrips nov. sp En caña de azúcar, en la base 

de las hojas contra el tallo. 



(Sesión del 13 de Octubre de 1917) 
ALGUNOS COMEJENES DE CUBA. (ISOPTERA; 



A continuación presentamos cuatro especies de comejenes re- 
colectadas por nosotros y bondadosamente determinadas por el 
Sr. Thomas E. Snyder, especialista en insectos dañinos a las plan- 
tas forestales, Bureau de Entomología de los Estados Unidos. 

En la clásjca obra de Entomología Cubana por Don Juan 



P. G. Cardin: Notas entomológicas. 69 

Guncílacñ, en la parte que trata de los Neurópteros, son presen- 
tadas ocho especies de comejenes con sus sinonimias, descripcio- 
nes y distribución. Pero como sobre este grupo los señores Syn- 
der y Nathan Banks están actualmente preparando una monogra- 
fía, en la cual han de aparecer tratadas detalladamente cada una 
de las especies y con las rectificaciones necesarias, nos limitamos 
aquí, mientras tanto, a mencionar la especie y su procedencia. 

Los comejenes han sido separados del orden de los Neurópte- 
ros formando el distinto orden Isóptera, dividido en las familias 
Prototermitidae y Termitidae. A esta última pertenecen los co- 
mejenes. 

Cryptotermes sp. 

Hembras, machos y obreras. Recolectados por el autor en va- 
rias ocasiones en la Estación Agronómica, Santiago de las Vegas, 
habiendo recibido anotaciones bajo los números de colección si- 
guientes : 7392, mayo 1913 ; 7549, junio 3 1915 ; y 7644, sin fecha. 

En los meses de Abril, Mayo y Junio se notan las hembras y 
machos saliendo de pequeños orificios en la madera, de entre la 
tierra y palos podridos, al oscurecer de la tarde, especialmente 
después de fuertes aguaceros, volando entonces en gran número, 
y atraídos por las luces de las casas, caen sobre maderas, muebles 
y libros. Los que caen sobre escritorios se introducen entre libros 
y documentos haciendo inestimables perjuicios. 

Son de color pardo y tamaño mediano (5-6 mm.), las alas 
transparentes y mucho más largas que el cuerpo ; el macho si- 
gue a la hembra en parejas, soltando los dos las alas con facilidad 
y cuando encuentran un lugar apropiado establecen la colonia. 
Más tarde se encuentran las obreras que son de color blancuzco 
lechoso, y se nota la abundancia de unas pequeñas bolitas que 
no son otra cosa que su mismo excremento. Con respecto a este 
particular, es interesante el hecho notado por algunos observa- 
dores de que los túneles son mantenidos completamente aseados 
comiéndose las obreras a los individuos que mueren dentro y los 
excrementos de las más internadas sucesivamente comidos hasta 
que son arrojados al exterior. He tenido oportunidad de observar 
que no son tan sensibles a la luz como lo son a las corrientes de 
aire, pues lo he observado trabajando con bastante tranquilidad 



60 Memorias de la Sociedad Poey. 

debajo de cristales donde penetraba bastante luz. Sus ojos va- 
rían en las distintas especies desde los más rudimentarios y sim- 
ples hasta los compuestos o facetados, lo cual indica que algunos 
pueden ver bastante ; y la luz, indirecta, como he dicho an- 
tes, no parece afectarles ; no sucede a-sí, sin embargo, cuando se 
liallan expuestos al aire, (lue parece producir en ellos ciertas con- 
mociones especiales que pude notar al levantar el cristal. Se es- 
tima y como hecho cierto que estos insectos producen algunos mo- 
vimientos del cuerpo desarrollando sonidos especiales como me- 
dio de comunicación entre ellos. 

Creemos oportuno, ya de paso, indicar algunas recomenda- 
ciones para evitar los daños de estos insectos. En las oficinas don- 
de se tenga que mantener luz al oscurecer de la tarde, es muy 
conveniente colocar, durante la primavera un papel caza mos- 
cas debajo de las luces con el fin de atrapar a los comejenes que 
allí atraídos penetran por las ventanas en crecido número, evi- 
tándose así grandes perjuicios. En las maderas donde ya se ha- 
yan presentado y se noten los orificios, deben hacerse aplicacio- 
nes de bisulfuro de carbono o de bicloruro de mercurio al 20 por 
1000. El señor Carlos Ramsden nos informa que ha obtenido 
mucho éxito echando alrededor de las cuevas ácido arsénico, el 
cual ellos llevan en sus patas al interior envenenándose. La si- 
guiente receta indicada por el Sr. J. R. Johnston es muy recomen- 
dable y nosotros la empleamos para librar a las maderas, objetos 
atacables y libros, de estos y otros insectos : alcohol de metileno 
1000 ce, bicloruro de mercurio 20 grms., ácido fénico 25 ce, goma 
laca suficiente para dar a este líquido una ligera consistencia y ad- 
hesión. Disuélvase primero el bicloruro. Pásese este líquido con 
una brocha, rápidamente y en poca cantidad por la cubierta de 
los libros. 

Eíitermes sp. 

Recolectados por J. C. Hutson, en Wajay, Habana, en nido en 
la tierra, en Octubre 1915 (núm. 764G), y por el autor en el Cen- 
tral Soledad, Cienfuegos, en un palo podrido, en Noviembre 6, 
1916 (núm. 7645), en estados de nasuti y ninfas. 



J. B. Johnston: Algunos hongos entomógenos de Cuba. 61 

Calotermes nov. 

Ninfas y nasuti recolectadas por el autor en tronco de aguacate 
seco, muerto a consecuencia de un rayo, y la madera ya en esta- 
do de descomposición. Tennis Court, Estación Agronómica, San- 
tiago de las Vegas. Octubre 30, 1915 (núm. 7647 a). 

Arrhinotermes simplex Hagen 

Obreras, soldados y ninfas, recolectados por el autor en el 
mismo lugar que la anterior especie y junto con ella. Octubre 30, 
1915, (núm. 7647 b). 



ALGUNOS HONGOS ENTOMÓGENOS DE CUBA 

POR EL SR. JOHN R. JOHNSTON 
Jefe del Servicio de Sanidad Vegetal 



(Sesión del 24 de Abril de 1917) 
INTRODUCCIÓN 

Los hongos que viven natura.lmente sobre insectos dañinos, 
y que los matan, son ciertamente dignos de estudio y propaga- 
ción para atender al control de la.s plagas de insectos que atacan 
a varias cosechas. 

En Europa, Norte América, Trinidad, Puerto Rico, Sur Amé- 
rica, Argentina, y en numerosos lugares, ha sido recomendado el 
uso de hongos entomógenos para el control de varios insectos. El 
Botrytis Bassiana y Metarrhizium anisoplioe están entre los hon- 
gos que se han utilizado en Europa; el Sporotrichum glghulife- 
rum en el "chinchbug", y el Empnsa avlicae en la mariposa de 
cola parduzca en América; el Metarrhizium anisoplioe en la sa- 
livita {Tomas'pis varia) en Trinidad, y el gallego (Laschnosterna 
sp) en Puerto Rico; el Empnsa grylli en la langosta en Sur Áfri- 
ca, y el Enipusa acridii en la langosta de Argentina. Junto a 
estos hay muchos hongos más que han sido usados para comba- 
tir insectos, con notables resultados en algunos casos. 

Respecto de algunos otros hongos, han habido muchas dispu- 



62 Memorias de la Sociedad Poey. 

tas sobre si ellos han atacado y matado insectos sanos o meramen- 
te crecido sobre ellos estando ya moril)undos o muertos. Es verdad 
que la mayor parte de los hongos entomógenos, si no todos, re- 
quieren ciertas condiciones atmosféricas para su mejor desarro- 
llo. Afortunadamente, sin embargo, en ciertas localidades tales 
condiciones ocurren con frecuentes intervalos y los hongos se 
desarrollan, atacan y matan gran número de insectos. La apli- 
cación artificial de ciertos hongos, en donde los insectos estaban 
causando daños, ha sido de resultado comercial en algunos casos. 

Varios hongos entomógenos han sido encontrados en Cuba, 
y se ha presumido que otros de los hongos extensamente distri- 
buidos también existen aquí. No hay, sin embargo, ninguna pu- 
blicación que de una idea adecuada de los hongos entomógenos 
encontrados en Cuba o de los beneficios que puedan esperarse 
de ellos. En vista del hecho de que el hongo Aspergillus flavus 
puede ser distribuido con grandes beneficios en la vecindad de 
Ciego de Avila donde existe la plaga de la chinche harinosa en 
la caña, y el hongo Mctarrhizium anisoplioe también puede ser 
de grandes beneficios en la vecindad de Camagüey donde hay una 
plaga de la yerba muy mala causada por el insecto la salivita, 
resulta de mucho interés describir todos los hongos entomóge- 
nos ya conocidos en Cuba. Las siguientes páginas describen los 
hongos entomógenos comunes que han sido encontrados aqui, in- 
cluyéndose algunas notas de anteriores publicaciones a ese res- 
pecto. 

Desgraciadamente la determinación de los insectos ha sido 
más bien insuficiente. Para ayudar a su identificación, se han 
dado nombres de algunas plantas hospederas, hasta donde ha sido 
posible. El número citado en cada caso no es el número del co- 
lector original, sino el de la presente serie numérica de los ejem- 
plares depositados en el Herbario de Criptogamas de la Esta- 
ción Agronómica de Santiago de las Vegas. 

EL HONGO PARDO 

Aegerita Webheri. 
Este es el hongo pardo común que ataca a la mosca blanca de 
los citrus y guayaba. Aparece como cuerpos pequeños y redon- 
dos, más bien llanos y de un rico color pardo. Este hongo es be- 
neficioso para reducir el actual número de moscas blancas. Es 



/. R. Johnston: Algunos hongos entomógenos de Cuba. 63 

especialmente interesante saber que, hasta donde se conoce, los 
cuerpos pardos que viven en la mosca blanca no son las partes 
reproductivas del hongo : sobre ellos se desarrollan crecimien- 
tos filamentosos que se extienden por el lado inferior de la hoja, 
y en el lado superior, donde adquieren una apariencia más o 
menos pulverulenta al formarse dichos cuerpos reproductivos. 

Agerita Webberi Pawcctt, en Science, n. s. vol. XXXXI, 
no. 806, p. 902. 

Estroma en el hido inferior de la hoja, hemisférica comprimi- 
da, teniendo frecuentemente una ligera depresión sobre el ápice 
en el centro del insecto, teniendo como término medio de 1 a 2 
mm. de diámetro y de 175 a 260 a menos micrones de espesar, 
de color pardo de foca llegando a ser más oscuro ; un hypotalus 
m extiende de la base de la estroma en todas direcciones; es- 
téril ; extendiéndose desde la estroma, se desarrollan en verano 
o en otoño, hifas largas, derechas y sin color las cuales crecen en 
el lado inferior de las hojas y también por el lado superior; so- 
bre las cortas ramas laterales de las hifas se encuentran agre- 
gaciones esféricas de células que forman esporodochia ; esporodo- 
chia de 60 a 90 micrones de diámetro ; del lugar cercano a la 
unión de la esporodochia irradian de 3 a 5 apéndices semejantes 
a hifas de 150 a 200 micrones por 6 a 8 micrones ; de 1 a 3 divi- 
visiones. 

Florida sobre Aleyrodes citri ; Puerto Rico, sobre Aleyrodicus 
minima en guayaba; Cuba, en Aleyrodes Howardi en guayaba, 
Santiago de las Vegai?, Marzo, 20 1909. W. T. Horne, no. 799 ; 
Candelaria, Enero 30, 1915, Johnston no. 801 ; en víctima inde- 
terminada, Paso Estancia, Mayo 3, 1916, Johnston, no. 681. En 
alcurocauihus woglum;, en citrus, Guantánamo, Johnston, 6 de 
Febrero, 1918. 

LOS ASCHERSONIAS 

Las varias especies de Aschersonia son frecuentemente visibles 
por la coloración viva así como el rojo vivo del A. aleyrodis, el 
amarillo del A. Gol diana, y el azul prusia del A. viridans. Estos 
hongos también se encuentran frecuentemente en gran abundan- 
cia y son ellos muy efectivos en destruir gran número de insectos 
de los cuales son parásitos. En general este grupo de hongos se 
encuentra solamente en los insectos de cuerpo suave, tales como 
las moscas blancas, pero es frecuentemente difícil determinar 
cual especie de insecto está atacada y algunas veces imposible de- 



64 Memorias de la Sociedad Poey. 

terminar si el liongo vive en un insecto o sobre la planta misma. 
AscHERSOXiA ALEYRODis. Estc liongo es mnv común en la mosca 
blanca, Aleyrodis Howardü, de las plantas de citrus y guayaba. 
La abundancia y el color vivo de éstos, los hace muy visibles. Es 
probable que el hongo mantenga la, mosca blanca bajo casi un 
buen control pues cuando este llega a ser abundante, el hongo se 
desarrolla en grandes cantidades. En ciertas estaciones del año, 
notablemente en Ija primavera los guayabos aparecen casi libres 
de infección, estando en los últimos meses del año comunmente 
cubiertos con el insecto y el hongo. 

AscHERSONiA ALERO YDis Wcbbcr. U. S. Dcpt. of Agrie. Div. 
Veg. Phys. y Path. 1897, Bull. no. 13, p. 20. 

Estroma hypophyllous, situada en la envez de la hoja, hemis- 
férica deprimida, de color rosáceo o crema, coriácea, de 1 a 2.5 
mm. de diámetro; hypotallus myceliaiio de color blanco grisáceo, 
formando una membrana delgada adherida estrechamente a la 
hoja y extendiéndose aproximadamente un milímetro más allá de 
la estroma; picnidia membranosa, al principio superficial llegan- 
do a ser más tarde inmergida, irregular, reniforme u orbicular, 
y abierta por pequeños poros o hendiduras redondas o elípticas, 
basidias filiformes amontonadas, delgadas, continuas, de 28 a 40 
micrones de largo. 0.9-1 a 1.5 de diámetro; parafisos abundan- 
tes, delgados, proyectándose de las basidias, 64 a 100 micrones 
de largo, 0.75 a 1 micrón de diámetro, esporos de forma de hu- 
so continuos mucilaginosos, incoloros algunas veces oscuros con 
tres o cuatro burbujas de aire, 9.4 a 14.1 micrones de largo por 
0.94 a 1.88 de ancho, muy abundantes, formando masas visibles 
de un color rojo o rojizo. 

Ha sido encontrada en Florida, Puerto Rico, Jamaica, Bar- 
badas, Java, Ceylán, y otros lugares más. Cuba : en la mosca blan- 
ca de Ipomaea batatas, Santiago de las Vegas, Oct. 13, 1914, 
Johnston no. 798 ; en mosca blanca de citrus, Artemisa, Enero, 
29, 1915, Johnston no. 797 ; en mosca blanca de guayaba, Cande- 
laria, Enero 30, 1915, Johnston no. 796 ; Santiago de las Vegas, 
í>b. 26, 1908 ; W. T. Horne no. 787 ; Feb. 6, 1915, Baker no. 832 ; 
Agosto 6, 1909, P. Cardín no. 381, en Alenrocautlius woglumi, 
Guantánamo, Johnston, 6 de Febrero, 1918. 

Esta especie está caracterizada por su rojo vivo cuando ma- 
dura y sus esporos pequeños y delgados. 

El material seco que fué guardado por un año era de un co- 
lor parduzco empañado; y el que permanece algún tiempo seco 
en la planta es frecuentemente de color casi negro. 



J. R. Joknsion: Algunos hongos cntomógenos de Cuha. 65 

AscHERSONiA hasicí/stis B. & C. Fungí cubensis, no. 558. 

Estromata en forma de verrugas dispersas, aparentemente con 
estipes más o menos cortos, la parte superior o parte fructífera 
es de color amarillo rojizo pálido, rosado o de cervato, la par- 
te superior es de color crema, esparciéndose en una base blanca 
semejante al algodón que se extiende circularmente alrededor 
de la estromata ; estroma del a 2 mm. de ancha y alto, cima conve- 
xa; perithecia producida en la parte superior (véase fígpocrella 
phyllogenn) ; la formación temprana do la estromata es mera- 
mente un hinehamiento del mycelium blando semejante a alg'o- 
dón; en el margen de la elevación apareceii puntos irregulares 
pardo-amarillos transparentes consistentes de esporos de picni- 
días; esporos en forma o casi igual a la de un huso, cristalinos, 
1.45 X 7.25 micrones. Para el estado perfecto véase Hypocrella 
phyllogena. 

Puerto Rico; Peni; Brasil; India; Cuba, 

AscHERSONiA CUBENSIS B. & C. Fuugi cubcusis, no. 557. 

Stroma pallida, convexa, obtusa, carnosa, pulverulenta, ápi- 
ce ligeramente umbilicado, base dilatada en todos sentidos; es- 
poros pequeños en forma de huso rematado en punta, 10 micro- 
nes de largo. 

Ha sido denunciada su presencia en los lados más bajos de 
las frondas del Pteris en Cuba y el Río Amazonas. Cuba: en 
citrus. Bahía Honda, Oct. 25, 1907. no. 841; en guayaba, San- 
tiago de las Vegas, Nov. 8, 1914, Johnston no. 820. 

Común en Saisetia hemispherica en varias plantas. Muy pa- 
recido a las especies pequeñas hemisféricas del A. turhinata pero 
usualmente de color gris aceitunado y de forma regular. 

AscHERSONiA GoLDiANA Sacc. y Ellis Syll. Fung. XVI, p. 990 
(1899). 

Se extiende mucho, en forma de costra, llana con pequeñas 
elevaciones, 2 a 3 cm. de ancho, 1.5 mm. de espesor, pulido, ama- 
rillo vivo, márgenes blancas, picnidia globosas llegando a ser 
sinuosas, escasamente 0.25 mm. de diámetro ; esporos casi fusi- 
formes rectos, agudos en ambos extremos, 13 a 15 X 2.5 micro- 
nes, cristalinos; parafisos (Filamentos estériles que se encuen- 
tran en las fructificaciones de las criptogamas) filiformes, 7.5 a 
120 X 1-5 micrones, cristalinos, contiene divisiones interrumpi- 
das simuladas. 

Brasil ; Florida ; Puerto Rico ; Cuba : en mosca blanca, citrus, 
Santiago de las Vegas, Oct. 2. 1915, Johnston no. 79, Sept. 20, 
1915, Johnston no. 789; Artemisa, Enero 29, 1915, Johnston 
no. 840. 

Esta especie, según Petch, es la que los escritores de Florida 



66 Memorias de la Sociedad Poey. 

han! estado llamando A. flavo-citrina que es, sin embargo, una 
especie distinta. 

AscHERSONiA TURBiNATA Berk. Fuugí de Santo Domingo, nú- 
mero 52. 

Estroma en forma de trompo ; 3 o 4 fascíeulas, arrilia libre y 
excababa, abajo unida desde su origen; exterior granular; pie- 
nidia sumergida en el disco de la estroma : oblonga; extendida en- 
tre un ostiolo alargado suberistalino proyectándose escasamen- 
te, esporos algo fusiformes, continuos, cristalinos, O a 10 micro- 
nes de largo. 

Santo Domingo, Puerto Rico, Trinidad; Cuba; en guagua de 
citrus, Santiago de las Vegas, Johnston Sept. 20, 1915, no. 790 ; 
Ceballos Feb. 5, 1909, no. 846; Bahía Honda, E. W. Halstead 
Mayo 8, 1907, no. 829 ; Herradura. F. S. Earle Febr. 22, 1909. 
no. 828 ; en guagua de guayaba, Santiago de las Vegas, Dic. 5, 
1914, Johnston, 833 ; Artemisa, Enero 29, 1915 Johnston, núme- 
ro 823 ; en guagua de caimito, Santiago de las Vegas, Oet. 18, 
1914, Johnston ; en Baracoa en planta indeterminada. Abril 17, 
1916, Johnston nos. 629 y 654, en Alcurocauthus ivoghimi, Guan- 
tánamo, Johnston 6 de Febr., 1918. 

El insecto víctima es uno de las Lecanidea pero es frecuente- 
mente difícil o imposible determinar aun el género a que perte- 
nece. La planta víctima varía considerablemente. 

A la descripción anterior, el (|ue esto escribe añadiría lo si- 
guiente: Estromata en el pedúnculo o en ambos lados de la hoja, 
esparcidas, hemisféricas, algunas veces ligeramente deprimidas, 
en forma de espiral o cilindrica, color búfalo pálido o rosado, 
llegando a ser frecuentemente de color ligeramente gris aceitu- 
nado con manifestaciones 1 a 4 mm. de diám. ; pocas picnidias, 
pequeñas aberturas por poros pequeños o hendiduras alargadas 
que llegan a llenarse de masas de esporos rojas que se tornan 
en pardo oscuro ; esporos muchas veces elípticos, fusiformes, 
cristalinos, agudos en ambos extremos, 4 a 5 X 10 a 12 micrones. 

Para estado perfecto véase Hypocrella tvrhinata. 

AscHERSONiA viRiDANs (B. & C.) Pat. Bull. Soc. Mvc. France, 
VII (1891) p. 48. 

Estroma verde, truncada, polygonal, 5.8 mm. en diám. ; picni- 
dia 5.6, inmergida en el disco, oscura; esporos 15.18 X 2.3 mi- 
crones, fusiformes, segmentados falsamente en el medio, incoloros. 

Cuba: Baracoa, en Aleyrodideae, en Meihomia scorpiurus, 
Johnston no. 602, Abril 18,' 1916. 



Memorias de la Sociedad Poey. 67 

EL HONGO DE LA CHINCHE HARINOSA 

Aspergillus flavus 

En algunas partes de Cuba este hongo aparece sobre la chin- 
che harinosa de caña y parece mantenerlo ahogado. A la vez co- 
lonias enteras de insectos son cubiertas con el hongo. Ocasional- 
mente puede ser encontrada una colonia en u)i nudo de un tallo 
cubierta completamente por el hongo, mientras otras colonias en 
los nudos inmediatos, abajo o arriba, están libres. Ciertos vas- 
tagos de caña pueden tener la chinche enferma mientras otros 
adyacentes pueden aparecer completamente saludables. No to- 
mando en consideración esta irregularidad de presencia, el hon- 
go parece hacer considerable labor en la destrucción de los in- 
sectos. Ciertos experimentos tienden a demostrar que el hongo es 
realmente parásito así como que se encuentra en los insectos vie- 
jos y jóvenes. En los campos de La Romana, Santo Domingo, era 
difícil, en el tiempo de una visita del que esto escribe, encontrar 
alguna chinche harinosa no afectada por el hongo. 

Han habido muchas referencias a un hongo en la chinche 
harinosa de caña. Usualmente estas referencias eran sobre un 
hongo amarillo \i3rdoso, y algunas, veces el hongo era mencio- 
nado como un Aspergillus sp. En el caso del material de Hawaii, 
fué descrito como una nueva especie, Aspergillus parasiticus. Ma- 
terial enviado desde Puerto Rico por el que esto escribe al Doc- 
tor Charles Thom fué identificado como Aspergillus flavus. El 
que esto escribe llevó a cabo el trabajo, en unión del Doctor 
Thom, de reunir material de varias fuentes y de compararlos 
en cultivos. 

Fué estudiado material de Demerara, Barbados, Trinidad, 
Santo Domingo, Cuba, Louisiana, Hawaii, todo esto con chinche 
harinosa, juntamente con material de forrage de Kansas, en maíz 
de la Argentina, en tierra de Inglaterra y en cultivos de Amster- 
dam y de otras tres fuentes. Todo este material fué estudiado 
muy cuidadosamente, y mientras que algunas variaciones fue- 
ron encontradas, todavía aparecía no haber variación constante 
suficiente y distinción bastante para separar alguno de este ma- 
terial sin separarlo entre muchas especies. Sin embargo todo el 
hongo verde-amarillo encontrado en chinche harinosa ha sido 
atribuido al Aspergillus flavus. 



68 Memorias de la Sociedad Poey. 

Le d&scripción del hongo es la siguiente : 

AsPERGiLLUS FLAVus está representado por un grupo de razas 
variables. Colonias sobre solución de Czapeck, con azúcar de 
caña, color verde amarillo (serie de colores no. 252, 231, 276, 
7283 en el sistema de Klincksiek) ; reverso de la colonia y agar 
sin color, a más o menos amarillo; colonias entonces esparcidas, 
afelpado en el centro (velludo) ; conidioforos 5 a 18 micrones 
de diam., paredes cavadas y granulares, 1.5 micrón de espesor, 
sin color, muy cortas, (menos de 100 micrones en las ramas de 
nifas aéreas) largos usual y típicamente, hasta de (luinientos a 
mil micrones o más largos cuando se levantan directamente del 
substratum; cabezas de muy pequeñas a grandes, apareciendo 
como estrellas o como cadenas en masas entre cilios, especialmente 
en las cabezas grandes ; vesículas pequeñas a grandes hasta 30 mi- 
crones de diámetros, forma de frasco, todo fértil, pero con una 
tendencia a dirigirse hacia arriba paralelamente en las cabezas 
pequeñas por toda la esterigmates ; esterigmates en una sola serie, 
3 a 5 por 5 a 8 micrones, o en las cabezas más largas en dos 
series, primeramente 8 a 5 por 3 a 4 micrones, secundariamente 
6 a 7 por 2 a 2.5 micrones o frecuentemente mezclado así que una 
parte de la cabeza soporta esterigmaie simple y otras veces este- 
rigmates ramificados (esa es la serie doble). Conidia globosas o 
elípticas de 3 a 4 micrones de diám., hasta 3 a 7 micrones, más 
o menos áspera o con espinas, varde amarillo por luz transmitida. 

Identificación y descripción por el Dr. Charles Thom, de ma- 
terial Thom número 2556 de chinche harinosa de Puerto Rico, 
cultivo de J. R. Johnston. Se encuentra en muchos materiales di- 
ferentes desde Europa a la Argentina. 



BOTRITIS RILEYI 

El hongo verde de los gusanos de yerba 

Este hongo ha sido muy común sobre varias de estas larvas 
en plantas leguminosas y en yerbas. El insecto afectado camina 
usualmente hacia el ápice de la hoja donde es visto fácilmente por 
su color blanco o verduzco. La larva está cubierta completamente 
por un crecimiento fungoso aterciopelado o pulverulento. 



J. R. Johnston: Algunos hongos eniomógenos de Cuta. 69 

BoTRiTis EiLEYi Farlow, en Report of the United States Com- 
missioners of Agriculture, p. 121, 1883. 

Mycelium incoloro, ramificado difusamente, 1.5 a 2.5 micrones 
de diámetro. Esporos verticilados insertos alrededor de mi ta- 
llo, los cuales están aproximados al extremo de las hifas y sepa- 
rado un poquito más abajo. Verticilos formados en lá base de 
células elípticas extendidos casi oblicuamente al eje, se desarro- 
llan en cadenas, al principio ovalas y, a la larga, aproximadamen- 
te esféricos, esporos con 2-3 por 1.5-2 micrones, blanquecinos cuan- 
do jóvenes, llegando a ser de un verde, semejante al del acetato 
de cobre, cuando viejos (maduros). 

Florida sobre la larva de Anticarsis gemmatilis; Puerto Ri- 
co sobre la larva de Laphigma frugiperda; Santo Domingo sobre 
el "wire worm" de la caña de azúcar; Cuba en varias larvas 
de Noctuidae. 

CEPHALOSPORIUM LECANII 

El hongo de la guagua de escudete 

Este hongo es común en la guagua de escudete del mango y 
la guagua hemisférica que se encuentra en diferentes plantas, 
y ocasionalmente en la chinche harinosa. Los insectos llegan a 
ser cubiertos por una capa blanca y delgada que se esparce por 
las hojas y pedúnculos y que puede verse con facilidad donde 
los insectos se encuentran en gran número. 

Cephalosporium LECANII Zimm. Over eene Shimmel epidemie- 
der groene Luizen, (1898). 

Blanco. Hifas estériles recostadas, ramificadas, incoloras o li- 
geramente coloreadas, sin divisiones transversales (septae) so- 
portando numerosos clamidosporos pequeños, numerosas hifas 
fértiles, erectas, rematando en punta, no segmentadas, llevando 
en los ápices glomérulas de esporos; esporos cilindricos a elípti- 
cos, redondeados en ambos extremos, incoloros, continuos, fácil- 
mente separables, 2.9 X 1.60 micrones y más pequeños. El ma- 
terial viejo es ligeramente amarillento. 

Florida, en Toumeyella túrgida ( ?) ; Guayana Inglesa, en 
Saissetia nigra ( ?) ; Barbados, en Coccus hesperidium, Saissetia 
hemispherica y S. nigra; Granada, en Coccus virides y C. mangi- 
ferae; Antigua, en Saissetia oleae; Puerto Rico, en Saissetia he- 
mispherica, Coccus mangiferae y Pseudococcus nipae; Santo Do- 
mingo, en Saissetia hemispherica y Coccus mangiferae ; Cuba, en 
Saissetia hemispherica y Coccus mangiferae; 



70 Memorias de la Sociedad Poey. 

Una cuidadosa comparación de material en Saissietia hemis- 
pherica, recibido del Sr. F. W. South de Barbados con el mate- 
rial de Santo Domingo y Puerto Rico, demostraba que el todo 
pertenecía a la misma especie. Mr. W. V. Tower denunció una 
especie de Sporotrichum en Saissietia hemispherica en Puerto 
Rico. Material de éste, visto por el que esto escribe, pero no exa- 
minado al microscopio, aparece idéntico a éste Cephalosporium. 
Material de mi hongo en el áüdo del cacao fué mandado de la Es- 
tación Experimental de Mayagüez a la señora F. W. Patterson 
del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos en 
Washington. Ella identificó el hongo del áfido como Sporotri- 
chum sp. no descrito. El Sr. G. L. Faweett lo consideraba igual 
al hongo del áfido del melón. Es imposible declarar definiti- 
vamente la identificación de éste sin un examen cuidadoso, 
pero es posible que los Sportrichum en estos insectos pueden 
ser todos asignados a Cephalosporium leca ni i. 

Convendría llamar la atención sobre hecho de que la especie 
conocida como Cephalosporium lecanii tiene una estrecha seme- 
janza con el Acrostalagmus alhus, con especies de Sporotrichum 
y también con especies de Verticiliimi, y que en el áfido de sandía 
y algodón se encuentra la forma del hongo semejante al Acrosta- 
lagmus, mientras que en la guagua de escudete y en la guagua he- 
misférica se encuentra la forma típica de este hongo. 

EL GRUPO CORDYCEPS 

El género Cordiceps está caracterizado generalmente por un 
tallo largo, en el extremo superior, del cual es una hinchazón (véa- 
se fig. 13, lám. 1). El estado perfecto o el estado de sacos, es pro- 
ducido en estas terminaciones hinchadas (véase fig. 11, lám. 1). 
Los esporos de conidias (conidial spores) o esporos de Isaria {Isa- 
ria esporos) son producidos en el tallo como en el Cordiceps Bar- 
heri (véase fig. 16 y 17, lám. 1). Los esporos son ocho en cada saco 
y son largos y filamentosos, rompiéndose fina-lmente en pequeños 
esporos en forma de varillas. Esto es típico del género Cordiceps. 
Los esporos de conidia {conidia spores) de un Cordiceps típico 
son como los de la fig. 15, lám. 1, y están clasificados en el género 
Isaria. Esta clasificación es hecha por conveniencia pues algunas 
veces se encuentran esporos de Isaria sin Cordiceps y viceversa. 



j. R. Johnston: Algunos hongos entomógenos de Cuba. 71 

De esta manera es deseable tener los dos géneros distintos aun- 
que es sabido que algunas veces ciertos esporos de Isaria se des- 
arrollan de, o entre, ciertas especies de Cordiceps. 

El género Torriihiella difiere del Cordiceps en que las peri- 
thecia se producen sobre una base semejante a algodón en vez 
de un tallo. Consignemos como la estructura y el contenido de 
las perithecia son esencialmente los mismos en el Torruhiella y en 
el Cordiceps, y como parecen ser todas graduaciones entre la ma- 
nera en que las perithecia están sostenidas, ciertas especies han si- 
do clasificadas indistintamente en un género o en otro. En el ca- 
so de los hongos particulares que ocupan nuestra atención, al me- 
nos el Torruhiella aranicida y el T. lecanii, el estado de conidia 
(conidial stage) es desconocido. En el caso del primero se en- 
contró creciendo en el Bihellula pidchra y con el último en el 
Cephalosporium lecanii. La relación entre Torruhiella y estas 
formas no ha sido determinada. 

El género Hipocrella difiere del Cordiceps por sey más o me- 
nos en forma de cojín (cushion-shaped) en vez de tener tallos; 
difiere del Torruhiella de la misma manera que del Cordiceps, y 
es que las perithecias en el Hypocrella no están situadas en una 
base semejante a algodón sino entre base gruesa o estroma. Debe 
decirse que hay graduaciones entre el Hypocrella y el Cordiceps, 
o entre una base en forma de cojín y una estructura con tallo, así 
que es difícil sacar distinciones absolutas entre los dos géneros. 
Los esporos de sacos (ascospores) en el Hypocrella son similares 
a los de Cordiceps y Torruhiella. 

El estado de conidia (conidial stage) de los hongos de que tra- 
tamos, Hypocrella turhinata y H. phyllogena, es completa- 
mente diferente del de Isaria y pertenece a un género llamado 
Aschersonia. Este está caracterizado por tener las conidia produ- 
cidas en una estructura en forma de cojín. No todos los Ascher- 
sonias han sido relacionados con sus estados perfectos respec- 
tivos. 

Debido a la dificultad en separar prontamente estas formas 
en sus estados perfectos, podía ser deseable considerarlas todas 
pertenecientes a Cordiceps, y entonces las formas Isaria (tal vez 
Cephalosporium y Gihelulla) y Aschersonias tomarse para 
indicar subgéneros. Debido a la carencia de literatura acerca 
de esta materia, el que esto escribe es incapaz de decidir acerca de 



72 Memorias de la Sociedad Poey. 

la conveniencia de esto, y por tanto, los diferentes nombres ge- 
néricos serán retenidos por conveniencia para las formas per- 
fectas e imperfectas. 

La lista siguiente incluye las especies de Cordiceps y formas 
afines observadas en Cuba, habiéndose hecho descripciones com- 
pletas de estos diferentes géneros: 

FORMA PERFECTA FORMA IMPERFECTA 

Cordyceps barberi. Isaria barberi. 

» militar is . 
» Montagnei. 

» dipterigena Isaria diptirigena . 

» specophila Isaria specophila. 

» sphingum. 

Hypocrella turbinata Aschersonia turbinata. 

» phyllogena » basicystis. 

» aleyrodis. 

» Ooldiana. 

» cuben sis. 

» viridans. 

Torrubiela aranicida (Gibelhda pxdchra) . 

» lecanii ( Cephalosporium lecanii) . 

Cordiceps barberi Giard. C. R. Soc. biologie, París, seance de 
Dic. 22, 1894, p. 823, pl. 178, fig. 34, 35. 

En grupos, más numerosos en la región cervical, pero levan- 
tándose de todas las partes del cuerpo de la larva, 2-4 cm. de al- 
to; completamente blanco o teñido de un color ámbar hacia el 
ápice; porciones que contienen los sacos (ascigerous portions) 
constituyendo la mitad o tercera parte del largo, entero, termi- 
nando en punta, frecuentemente curvos, 3-4 mm. de diámetro 
en su parte más gruesa, liso y llano, punteado finamente por los 
orificios de las perithecias ovales que están completamente inmer- 
gidas; estipe delgado semejante a algodón; sacos aproximada- 
mente clavado-cilíndricos ; muy poco contraídos debajo de la par- 
te superior de la cabeza, 8 esporos ; esporos incoloros arreglados 
en líneas paralelas los sacos cu unas fascículas ligeramente tor- 
cidas, ligeramente gruesos hacia el medio, con muchos glóbulos 
(multiguttulate), muchos segmentos (multiseptate), eventual- 
mente 115-125 micrones, compuestos de células de 2-5 micrones 
de largo. 

Parásito en las larvas de Diatrea saccharalis en Puerto Rico, 
Barbados, Cuba y otros lugares más. 

El material visto por el que esto escribe es de color pardo, su- 
cio, blanco hacia la cima. El tallo simple o ramificado, tortuoso, 



/. R. Johnston: Algunos hongos eniomógenos de Cuba. 73 

raramente torcido, hasta 9 cm. de largo cuando cultivado en Cá- 
mara húmeda. Esporos de conidia (conidial spores) están inser- 
tos en casi todas partes a lo largo del esporoforo. Basidia nume- 
rosas más o menos ovadas, % de micrón de diámetro ; esterigma- 
ta delgada, 7-10 micrones de largo, esporos elípticos, pun- 
tiagudos en ambos extremos, incoloros, 1.5 por 5 micrones Cordi- 
ceps militaris Fr. Lk. Handb. iii,p. 347, según B. & C. Fungi 
Cubensis, p. 376. 

CoRDicEPS MoNTAGNEi B. & C. Fungi Cubensis p. 375. 

CoRDiCEPS DiPTERiGENA Berk. v Broome, Fungi of Ceylon nú- 
mero 980 in Linn. Soc Journ., Bot. vol. XI, p. 111. 

Gregarios (en grupos) ; tallo simple, 0.5-1 cm. de alto, 1 mm. 
espesor, cilindricos, llanos y lisos, pálidos ; cabeza globosa, lisa, 
pálida, cerca de 3 mm. al través ; sacos cilindricos disminuidos 
debajo de un pedicelo largo y delgado; ápice con cabeza, 8 es- 
poros ; esporos arreglados en pequeños mazos paralelos en los 
sacos, incoloros, filiformes, con muchos segmentos, ligeramente 
contraídos en las divisiones, y aparentemente, siempre rompién- 
dose en las células componentes, las cuales son lineal-elípticas, 
extremos estrechos, truncados, incoloros, 10 X 1-5 micrones an- 
tes de dejar el saco. 

Descrito primero en Ceilán sobre insectos Dípteros. Encon- 
trado en Cuba sobre la mosca común, pero solamente en el esta- 
do de Isaria. 

CoRDiCEPs SPECOPHiLA (Kl.) Berk. & Curt. Fungi Cubensis 
número 751. 

Sporophoros 2.5 a 7.5 cm. de largo, levantándose del tórax, 
uno a muchos en número ; filamentosos, pardos, claro o amarillos, 
hinchados hacia la punta en una cabeza elipsoide que está pun- 
tuada con huequecillos (ostiolos) de perithecia; perithecia repar- 
tida por entre la estroma con formas más o menos igual a la de 
una botella, 420 micrones de largo ; sacos largos y cilindricos ; 8 
esporos, filamentosos, rompiéndose finalmente en pequeños espo- 
ros (sporules) en forma de varilla; cabeza apareciendo reventa- 
da últimamente o desarrollándose en una estructura gris con una 
superficie protegida por espinas, consistentes en ramas cortas e 
irregulares a lo largo de los lados de los cuales están sostenidos 
los esporos de conidia (conidial spores) ; esporos elípticos o len- 
ticulares en las líneas exteriores, 3.3 por 1.4 micrones. 

En Polistes lineatiis en Cuba. La descripción anterior es he- 
cha de material cubano por el que esto escribe. 

Este hongo fué denunciado por el año de 1858 por Felipe 
Poey en las Memorias sobre la Historia Natural de Cuba como en- 



74 Memorias de la Sociedad Poey. 

contrado en Polístes. El menciona la creencia común de que este 
hongo es una planta de jia desarrollándose en el insecto. Dícese 
Que estos se encuentran algunas veces en abundancia en el sue- 
lo debajo de una jia y por tanto, se supone que el hongo es una 
jia desarrollándose directamente en el insecto o de las semillas 
comidas por la avispa. 

CoRDiCEPS SPHiNGUM B. & C. Pungi Cubcusis p. 375. 

EL GRUPO ENTOMOPHTHORA 

Empusa mt^scae Cohn. Noca Acta Academinae Leopoldino- 
Carolinae Germanicae Naturae curiosum, XXV, Abh., p. 301 
(1855). 

Conidias en forma de campana o casi esféricas con una base 
subtruncada, extensa y ápice con puntos agudos, 18 a 20 micro- 
nes, contiene usualmente un solo glóbulo de aceite grande, y ro- 
deado después de descargado por una masa de protoplasma. Co- 
iiidioporos simples, amplios y robustos, reduciéndose gradual- 
mente a una base estrecha, emergiendo en anillos blancos entre 
los segmentos de la víctima sin unirse sobre su cuerpo. Las co- 
nidias secundarias son iguales a las primarias, o más comunmen- 
te ovoideas hacia el ápice y formada por brotadura directa de 
la forma primaria. Esporos resistentes (resting spores), zygos- 
pores, producidos lateral o terminalmente en las hifas dentro de 
la víctima, esféricos, incoloros, 30-50 micrones de diámetro. En- 
contrado en Díptera en Estados Unidos, Europa y Sur América, 
Cuba sobre una mosca pequeña de la familia Dolichopodidae. 

Entomophthora spiiaerosperma Fresenius, Bot. Zeit. XIV, 
p. 882 (1856). 

Conidias largas elípticas a casi cilindricas, apezonada en la 
base y disminuyendo muy ligeramente junto al ápice redondea, 
do, 15-26 micrones por 5-8 promedio 20 por 5.5 micrones, usual- 
mente con un contenido granular fino y un núcleo central oval. 
Conidio foros muy ramificados y confluentes, sobre el cuerpo de 
la víctima, formando usualmente una masa cuya superficie su- 
perior es llana. Conidioforos digitados; el color del hongo es 
blanco variando a un verde de chícharo vino. Cistidia alargada 
disminuyendo en diámetro gradualmente, no abundante. Coni- 
dias secundarias semejantes a las primarias, o largas en forma de 
almendra e insertas en conidioforos capilares. Esporos resis- 
tentes (resting spores), azigosporos o zígosporos (?) inserta- 
dos terminal o lateralmente en las hifas 20-35 micrones, prome- 
dio 25, esféricos, incoloros o muy ligeramente amarillos. Vícti- 
ma atacada hasta el substr-atuní por rhizoides. En varios grupos 



J. R. Johnston: Algunos íiongos eniomógenos de Cuha. 75 

de insectos desde Maine hasta Carolina del Norte y en Europa. 
En Cuba en una especie de Heterocorís en calabaza. 

Ninguna de estas especies ha sido todavía encontrada en abun- 
dancia para garantizarlas, considerándolas de mucha importan- 
cia aquí en Cuba. 



GIBELULLA PULCHRA 

E)i arañas 

G.PULCHRA Sacc. en Mich. J., p. 83. De color blanco sucio; 
hifas estériles rastreras, filiformes, segmentadas; las hifas fér- 
tiles se levantan de las estériles en ángulo recto, 110 X 7-8 mi- 
erones; un segmento en la base, insertando en el ápice las coni- 
dias globulares, 32 micrones de diámetro ; hacidia subclavadas, 
obtusas, delgadas, redondas, radiadas divergentemente del ápice 
de las hifas fértiles; las hasidias llevan de 3-5 esierigmates de 
forma casi clavada; las conidias brotan de los ápices, oblongas, 
ovadas, incoloras, 3X1 micrón, 

Europa, en escarabajos y arañas ; Puerto Rico, en arañas ; 
Cuba, en arañas. 

El que esto escribe publicó una descripción de este hongo ba- 
jo el nombre de G. arachinophila, pero como parece que no hay 
distinción definida entre él y el G. pulchra, se ha puesto bajo 
aquel nombre por ser el más antiguo. 

El material del que esto escribe está constituido por ejemplares 
con synema (columna de filamentos combinados), clavadas y ci- 
lindricas con los colores blajico sucio y amarillo, y todas parecen 
ser graduaciones entre estas dos condiciones. En el ápice de la 
synema las hifas son estériles (véase Torruhiella aranicida) . 

HYPOCRELLA SPP. 

Hypocrella turbinata Thaxter, Bot. Gaz. LVII no. 4. 1914. 

Se ha informado que el estado perfecto de este hongo se 

encuentra en abundancia en Trinidad. Ninguna otra noticia sobre 

ello pudo ser obtenida. Aquí, en Cuba, sólo se ha encontrado en 

Santiago de las Vegas. El estado de conidia o Aschersonia, por 



76 Memorias de la Sociedad Poey. 

el contrario, es muy común en muchas partes de la América 
Tropical. 

Según el profesor Thaxter, las perithecias están usualmente 
agregadas en pústulas más o menos distintas, que parecen levan- 
tarse después de que la forma de plcnidia ha cesado práctica- 
mente en su actividad. PVecuentemente todas las estroma tienen 
perithecia, y ninguna picnidia las precede o acompaña. Las ca- 
vidades de las perithecia (perithecial cavities) están casi com- 
pletamente enclavadas en la estroma. Tienen la forma de botella, 
con un cuello, relativamente estrecho, bien definido, cerca de 400 
por 150 micrones. Los sacos tienen cerca de 210 por 7-8 micro- 
nes, algo alargados en la madurez, disminuyendo en espesor ha- 
cia el ápice, peculiarmente definido, el cual es modificado en una 
Cordiceps y sus aliados. Cuando los sacos maduran, estos tallos 
se alargan y adelgazan como las de la fig. 5, lám. 1 y los esporos 
filamentosos, que son al principio cilindricos y continuos, son más 
tarde segmenta/dos como en Cordiceps. Los segmentos formados 
de esta manera, se separan eventualmente unos de otros, los sa- 
cos se llenan de innumerables esporos pequeños, en forma de va- 
rilla, cerca de 12-16 por 2-2.5 micrones, con extremos redondeados. 

El estado imperfecto ha sido descrito bajo Aschersonia 
turhinata. 

El que esto escribe amplificaría esta descripción como sigue : 

Estromata dispersas, en forma de verrugas, aparentemente 
más o menos estiposr.s, la parte superior o parto fructífera 
es de un color amarillo rojizo-pálido, rosado o de color de cerva- 
to, la parte inferior es de color crema, repartiéndose en una ba- 
se blanca semejante a algodón que se extiende circularmente al- 
rededor de la estromata; estromata 1-2 mm. de ancho y alto, cima 
convexa; perithecia numerosas, en forma de frasco con un cue- 
llo estrecho y largo pero sin proyectarse en la superficie con me- 
nudos puntos rosados; perithecia 120 micrones de ancho por 200- 
300 de alto; parafisos (filamentos estériles que se encuentran 
en la fructificación de las Criptógamas) alargados incoloros; sa- 
cos estrechos en ambos extremos, 150-240 X 10 micrones, espo- 
ros filamentosos que se dividen en numerosos esporos pequeñitos, 
de una célula, de forma semicircular redondeados en los extre- 
mos y con una ligera elevación en el lado interior de la curva, 
1.4 X 7.2 micrones. 



J. R. Johnston: Algunos hongos cntomógenos de Cuba. 77 
METARRHIZIUM ANISOPLIOE 

La muscardina verde 

Este honp:o ha sido encontrado en insectos en países bastan- 
te separados entre sí ; y fué conocido desde muchos años en Ru- 
sia como causante de una enfermedad del Aiüsoplia austríaca, 
una plaga del trigo. En Francia ha sido encontrado en el gusa- 
no de seda. En los Estados Unidos una variedad de este hongo 
ataca las larva.s de Agriotcs mancas. En Hawaii se ha encontra- 
do el hongo típico en Sphenophorus obscuras y en Adoretiis te- 
niumaculatus. En Samoa se encuentra en las larvas de Orijctes 
rhinoceros. En Puerto Rico se encuentra en adultos del Lachnos- 
terma sp. y en el Metamasius hemipterus ; una variedad de este 
hongo se encontraba en una Jassid y otra variedad en las larvas 
del Strategus titanus. Ha sido usado en Trinidad con provecho 
para combatir la "salivita" I^Tomaspis postica). En Cuba se ha 
encontrado en un adulto (Asilid- fly) Plesiomma sp. y también 
en un wire-worm. (pasadores) 

Metarrhizium anipoplioe (Metch.) Sorokin, Entomophthora. 

Vegetables par?sites of Man and Animáis as a Cause of Con- 
tagious Deseases. II, p. 291 (1893). In Russian. 

Conidia de color verde aceitunado, insertadas en conidiopo- 
ros subverticilados, cilindricos, oblongos, del tamaño de 6-7 X 3 
mierones. Al principio aparece en las coyunturas del insecto un 
crecimiento blanco aterciopelado y, más tarde, aquel aparece ver- 
de y polvoriento. 

MIRIANGIUM DURIAEI 

El hongo negro 

Este hongo es muy común en las guaguas de los árboles cí- 
tricos, cubriendo frecuentemente pedúnculos y ramas en áreas 
extensas. 

M. DuRiACEi Mont. & Berk. in Mont. Syll. p. 380. 

Estromata agrupada densamente en parches o racimos, la 
estromata sola tiene 0.5 a 1 mm. al través, negra plana o convexa 
arriba, suborbicular o angular a consecuencia del amontonamien- 
to, las células de los sacos diminutas, regadas irregularmente pe- 
ro en abundancia en la substancia de la stroma, ovadas o subes- 



78 Memorias déla Sociedad Poey. 

féricas conteiiieiido cada una un solo saco. Sacos esféricos, ovoi- 
des o piriformes, 50-80 micrones en el diámetro más largo y cer- 
2a de 40 micrones en el diámetro más corto ; 8 esporos, sin para- 
fisos. Esporidía (esporos pcfineños) oblongro-o vados, incoloros, 
5-7 segmentos, con uno o más segmentos parciales longitudinales, 
redondeados y obtusos en los extremos. 20-30 X 12-15 micrones, 
un poquito contraídos en la parte de la división y ligeramente 
curvos. 

En troncos y ramas de árboles vivos, Carolina, Alabama, ]\Ias- 
sachussett, Pennsjdvania, Michigan, New Jersey, Florida, solo 
en Mytüaspis citricola y Chionn.tpis citri, en Cuba, Cooke y Hor- 
ne ; en Ischvaspis filiformis en Java, Zimmermann y Parkn; en 
Aspidiotus cameUiae y Chionnspis biclavis, en las Antillas (Bar- 
badas, St. Vicente, Sta. Lucía, Dominica, Monserrate, Antigua 
y St. Kitts), South, Santo Domingo; la Romana, Abril 6, 1913. 
colector J. R. Johnston, en la guagua blanca de la lima dulce. 

SCOLECONECTRIA COCCICOLA 

El hongo de cabeza blanca 

Las cabeza.s blancas o grises, más o menos cónicas, de este hon- 
go, son pequeñas pero conspicuas y comunes en las guaguas de 
los árboles de citrus. 

S. COCCICOLA (EUis and Everhert) Seaver, Mycologia Yol. 1, 
p. 198, 1909. Ophionectria coccicola Berl. & Volg. in Sacc. Syll. 
Fung., Addit. 218, 1886. 

Estromata redonda, más o monos prominentes, blancuzcas, co- 
nidia soportadas en racimos con tres o cinco, grandes, anchas en 
la base, rematando en un ápice semejante a una cerda, 15-20 
segmentos, 100-150 X 7-7.5 micrones con una base semejante a 
un pedúnculo ; perithecia en racimos agrupados, casi esféricas o 
un poco más largas que anchas, rojizas llegando a ser amarillen- 
tas oscuras con asperezas diminutas, vestidas al principio con 
unos cuantos hilos incoloros, después desnudas, 300-500 micro- 
nes de diámetro ; sacos cilindricos adelgazando debajo hasta for- 
mar una base semejante a pedúnculo, 150-200 X 6-7 micrones 
en la base, 15-20 segementos, incoloros. 



J. R. Joknston: Algunos hongos cntomógenos de Cuba. 79 
SPHAEROSTILBE COCCOPHILA 

El hongo de cabeza roja 

Lo mismo que el hongro anterior, las cabezas pequeñas de este 
honofo son fácilmente vistas y es común en las guaguas de los ár- 
boles cítricos. 

»S. COCCOPHILA (Desraax) Tul. Fung. Carp., vol. 1, p. 130 ;3i/- 
croccra coccophila Desmax, Aun. Sci. Nat./ III vol. 10, p. 350, 
1848. 

Estromata constituida por un tallo corto y vigoroso con cabe- 
za anaranjada; conidios recta.s o más frecuentemente curvas, fu- 
siformes, 3-7 segmentos, 50-90 X 5-6 micrones, ocasionalmente 
más cortas; perithecia más o menos agrupadas, de color anaran- 
jado vivo, con un ostiolo (estilum) prominente, casi aguda; 
sacos cilindricos; 75 X 10 micrones; esporos en una serie, elip- 
soide so sub-elipsoides. 12-18 X 7-9 micrones. Microcera fujiku- 
roi el hongo rosado es difícil de distinguir del Microura coccophi- 
la, pero aunque no ha sido reportado en Cuba debe existir aquí. 

SPOROTRICHUM GLOBULIFERUM, 

El hongo de la ^'Chinch-bug" 

Este hongo es muy común en insectos muertos. En los Esta- 
dos Unidos .se han hecho extensos experimentos con este hongo 
para el control de la chinch-bug. 

SpOROTRICHUM GLOBULIFERUM SpCg., P\uig. ArgCUt. Pug II, 

p. 42. Miscelión extenso, velludo semejante a algodón, blanco ; hi- 
fas rastreras, pocos segmentos, incoloras,- 3-4 micrones de ancho, 
anastomosándose frecuentemente; conidias diminutas, esféricas o 
esféricas- elípticas, incoloras 2-2.5 X 1-5-2 micrones, en glomé- 
rulas 60-70 micrones de ancho. 

En Xyleborus sp. y en Metaniasius honipterus en Cuba. 

SPICARIA ALEYRODIS 

{Nueva especie) 

Spicaria ALEYRODIS, uucva espccic. 

Ramas fértiles erectas, incoloras, ramificándose opuestamen- 
te hacia la parte superior o en verticilos como los de árboles, for- 



80 MemotHas de la Sociedad Poey. 

mando una cabeza ; ramas cortas, ramificándose otra vez o sos- 
teniendo en los ápices de 2-4 basidias de forma de botella; espo- 
ros en cadenas, elípticos ii ovales, o más o menos cilindricos, in- 
coloros, 1.6 X 3.3 micrones. 

En Aleyrodis variabüis en Carica papaya, Cuba. 

TORRÜBIELLA ESP. 

TouRUBiKLLA ARACiiNOPiiiLA Ditmars Boud. en Rev. Myc. 
1885, p. 227, tab. LVI, fig. IV. 

Perithecias cónicas alarpradas, 0.65-0.70 mm. de alto, 0.30-0.35 
de ancho, lisas de color ocre u ocre-anaranjado, en numerosas 
estroma blancas y delicadas semeante a algodón o esparcidas; 
parafi.wa conspicuos; saco.s lineales muy largos, con 8 esporos, 
330-350 X 5 micrones, ápice redondo, teniendo los esporos pe- 
f)ueños (sporidia) filiformes, delicados, segmentados confusamen- 
te y granulares ; el largo de los sacos es 300-400 X 0.5-2 micrones. 



Torrubip:lla lecanii (nueva especie). 

Perithecia de color amarillo vivo, erectas, cónicas, 350 micro- 
nes de alto por 125 de espesor ; separadas o confluentes ; sacos li- 
neales, 175-245 micrones de largo, dividiéndose en esporos pe- 
queños 1.66 X 3.32 micrones cilindricos con extremos redon- 
deados. 

En Cuba creciendo sobre, o con, Ccphalosporium lecanii eu 
Saissetia hemisférica en el zapote. Más pequeño, con color más 
vivo y diferente forma que el T. aranicida. 

VERTICILIUM HETEROCLADUM 
El hongo canela 

Verticillium HETEROCLADUM Pcnzing en Fung. Agrumic. No. 
108, fig. 1193. Hifas rastreras, alargadas, poco ramificadas, con- 
tinuos; hifa.s fértiles ascensores, tres o cuatro ramificaciones, 
opuestas o alternas, repetidas, derechas, con ápice atenuado; 
conidias en los ápices de las ramas solitarias, reunidas de dos en 
dos, o de tres en tres, frecuentemente en pedicelos muy cortos, 
oblongos, incoloros, 5.5-6 micrones de largo X 2-3 de ancho ; es- 
te hongo forma cuerpos de color ocre semejantes a los aparatos 
que llevan los esporos en los hongos de género Tuher calar iales, 
1.2 mm. de diámetro. Denunciado primeramente en Lecanium 
hesperidium en las hojas de limón en Italia. Denunciado por 
Fawcett en Aleroydes citri y otros insectos en Florida. 

Puerto Rico, en víctima indeterminada, Marzo 16, 1913, Río 



J. R. Johnston: Algunos hongos cntomógenos de Cuba. 81 

Piedras J. No. 1661, y Marzo 21, 1914. J. No. 1662. Pl. IX. figu- 
ras 2-4. En Cuba común en Aleyrodes (mosca blanca) en gua- 
yaba. 

bibliografía 

Fawcett, G. L. (Nota de una carta) June 30, 1913. 
Fawcett, Howard S. Fungi Parasitic upon Aleyrodes citri. 
June, 1908. 

Johnston, J. R. Entomogenous Fungi of Porto Rico. Bul. 10, 
Exp. Sta. Rio Piedras, P. R. 

Maxwell-Lefroy, H. Scale Insects of the West Indies. W. I. 
Bul. III, p. 314. 1902. 

Rorer, James Birch Rorer. The Green Muscadine Fungus and 
its use in cañe fields. Circ. no. 8, Board of Agrie. Trinidad and 
Tobago, 1913. 

Speare, Aldon T. Speare. Fungi Parasitic upon Insects Inju- 
rious to Sugar Cañe. Bul. no. 12, Path. and Phys. Series, Ha- 
Avaiian Planter's Exp. Sta. 1912. 

Pettit, R. Studies in artificial Culture of Entomogenous Fun- 
gi. Bul. 97, Cornell Univ. Agrie. Exp. Sta. 1895. 

EXPLICACIÓN DE LAS LAMINAS 

LÁMINA 1 

Aegerita Wehheri. 

Figura 1. Sporodochium. 
Aspergillus flavus. 

Figura 2. Cabeza de sporophore. 
Cephalosporium lecami. 

Figura 3. Porción de hifas fértiles, y masas de esporos. 
Hypocrella phyllogena. 

Figura 4. Sección vertical de estroma, mostrando perithecia 
(a) y pycnidia (b). 
„ 5. Mostrando la forma general de las perethecia y 

sacos. 
,, 6. Ascospores. 

,, 7 Pycnospores o esporas Aschersonia. 
Gihelhda pulchra. 

Figura 8. Sporophore y esporo. 
Toriibiella lecanii. 

Figura 9. Porción de saco con esporos, y un esporo. 



82 Memorias de la Sociedad Poey. 

Tornhiella aranicida. 

Figura 10. Apariencia general de perethecia. 
Cordiceps specophüa. 

Figura 11. Cabeza de sporophore que contiene perethecia. 
„ 12. ,, ,, „ desarrollada en partes 

que sostienen las conidia. 
„ 13. Apariencia general en avispa. 
„ 14. Sección transversal de 11. 
„ 15. Saco, conidiophore y esporo. 
Cordiceps harberi. 

Figura 16. Apariencia general en pupa de Diatreae sac- 
charolis. 
., 17. Hifa fértil y esporo. 

LÁMINA 2 

Entomophthora sphaerosperma. 

Figura 1. ]\Iostrando hasidia no maduras. 

„ 2. Extremidad aumentada de hasidium mostrando 

la formación de esporos. 
„ 3. Esporo. 
,, 4. JMostrando sporophorcs ramificándose. 
Sporotrichum glohiluferum. 

Figura 5. Masa de hasidia y esporos en sporophores cortos. 
„ 6. Basidium y esporos no maduros, aumentados. 
,, 7. Sporophore no maduro, mostrando un número de 
hasidia. 
Spi caria aleyrodes. 

Figura 8. Rama fértil. 

„ 9. Basidium con esporos. 
Sphaerostilhe coccophila. 

Figura 10 y 13. Apariencia general de la forma conidia. 
„ 11. Esporo de conidia. 

„ 12. Apariencia general de hongo creciendo en el bor- 
de guagua redonda. 

Myriangium Durieui. 

Figura 14. Peretheciuní y esporos. 
Figura 15. Apariencia general en guagua purpúrea. 
„ 16. Esporas de conidia. 

„ 17. Apariencia general del estado de conidia. 
Verticillium heterocladum. 
Figura 18. Esporo. 

19. Hifas fértiles. 




.T. R. .lOIIXSTOX: ir()X(;()S EXTi )M(')(iKXOS J)K (TliA 



I.ÁM. 1. 




.1. i;. .InilXs'ioN : HOXCds KXT( »M(')(;ENOS DE CT'BA 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 83 

CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE MAMÍFEROS 
ACUÁTICOS OBSERVADOS EN LAS COSTAS DE CUBA (D 

POR EL DR. LUIS A. CUNÍ 
Profesor de Historia Natural del Instituto de Matanzas. 



La adquisición de un interesante cetáceo, capturado por pri- 
mera vez en nuestras costas, y las dificultades que he debido ven- 
cer antes de llep:ar a la clasificación de esta especie, a causa de la 
deficiencia de nuestra bibliografía zoológica en lo que a los ma- 
míferos acuáticos se refiere, me han sugerido la idea de estudiar 
este asunto y hacerlo objeto de la presente tesis, con que vengo 
a optar al título de Doctor en Ciencias Naturales, contando para 
ello con vuestra reconocida benevolencia. 

En la mañana del 11 de Septiembre de 1908 entraba en la 
bahía de Matanzas el vapor Olle-Bull; y habiendo observado 
unos pescadores la presencia de tres toninas que venían escoltan- 
do al' barco, se apercibieron para la pesca de dichos animales, 
persiguiéndolos con sus embarcaciones hasta lograr que uno de 
ellos se dirigiera hacia la desembocadura del río Yumurí, en don- 
de penetró y fué capturado. 

En mi carácter de Catedrático Supernumerario del Instituto 
de Matanzas y sustituto de la cátedra de Historia Natural, fui 
llamado para identificar lo que los pescadores llamaban un pez 
raro, y resultó ser un cetáceo de la familia de los delfínidos y 
próximo a las marsopas, aunque de distinta especie. 

El señor Víctor José Rodríguez, joven aficionado a los estu- 
dios de Historia Natural, adquirió el ejemplar y ha logrado con- 
servar tanto la piel como el esqueleto, lo cual ha permitido que 
el Dr. Carlos de la Torre, Catedrático de Zoología de esta Uni- 
versidad Nacional, encontrándose accidentalmente en Matanzas, 
su ciudad natal, haya podido confirmar que se trataba de un ce- 
táceo delfínido, del género glolyicephalns, no anotado hasta el 
presente en la fauna cubana, aunque observado en el Golfo de 
México y en el Océano Atlántico. 



(1) Tesis para el grado de Doctor en Ciencias Naturales (Universidad 
de la Habana, Julio 5 de 1910). Rev. de la F. de Letras y Ciencias. 



84 Memorias de la Sociedad Poey. 

"Muy pocas personas se han ocupado y se ocupan actualmen- 
te en el estudio de los mamíferos cubanos", decía el benemérito 
Dr. don Juan Gundlach en su Introducción a la Mamalogia Cu- 
bana, publicada bajo los auspicios de la Academia de Ciencias 
Médicas, Físicas y Naturales de la Habana en 1887; y si la defi- 
ciencia de trabajos especiales sobre esta interesante rama zooló- 
gica pudo quedar entonces satisfecha, en cuanto se refiere a los 
quirópteros, a nuestro curioso insectívoro (el Solenodon cuha- 
nus), y a las diversas especies y variedades de roedores del gé- 
nero Capromys, no podemos decir lo mismo con respecto a los 
mamíferos de hábitos acuáticos, o sean losi pertenecientes a los 
órdenes Sirenios, Cetáceos y Pinnipedos, de los cuales apenas se 
hace mención en ese trabajo, que sin duda era el más completo 
que se había publicado hasta estos últimos años, y mucho menos 
en los que le precedieron, desde Gonzalo Fernández de Oviedo, 
en su Historia General y Natural de Indias (1520), hasta Mr. 
Gervais, en la Historia Física, Política y Natural de la Isla de 
Cuba, por don Ramón de la Sagra (1839) y los de don Felipe 
Poey, en sus Memorias (1851) y del mismo Dr. Gundlach, en el 
Repertorio Físico Natural de la Isla de Cuba (1866). 

En efecto, el- famoso cronista de las Indias, Fernández de 
Oviedo, en su obra citada que, como con sobrada razón dice el 
Dr. Manuel Presas, es realmente superior a su época, sólo trata 
con alguna extensión del manatí (libro XIIT, cap. IX) y hace 
mención de las toninas (en el cap. VI) y ''de las ballenas que 
hay en las costas e mares destas indias e islas de Tierra Firme" 
(en el cap. II del mismo libro XIII). 

Don Ramón de la Sagra, en su Introchicción a los Mamíferos 
(op. cit. pág. 4) se limita a repetir las anteriores observaciones 
de Oviedo. 

Don Felipe Poey (en el tomo 1" de sus Memorias) solamente 
se ocupa de los mamíferos terrestres. 

Y el Dr. Gundlach, en la Revista y Catálogo de los Mamíferos 
Cubanos, publicada en el Repertorio (tomo 2?, pág. 56) sólo cla- 
sifica el manatí (Manatus americanus, Cuv.), y hace ligerísimas 
referencias a las toninas "pertenecientes al género Delphinus", 
a una especie del género Phocoena observ^ada por don Francisco 
Ximeno, en Matanzas, y algunos balleneros arrojados sobre nues- 
tras costas. 



L. A. Cuní: Contribución al esticdio de los mamíferos, etc. 86 

Estas mismas notas, ligeramente ampliadas, son las que apa- 
recen en su Mamalogia Cubana antes citada. Y como desde la 
fecha de esta publicación (1867) se ha aumentado considerable- 
mente el número de observaciones de cetáceos y otros mamíferos 
acuáticos arrojados sobre nuestras costas sin que hasta el presen- 
te hayan sido catalogados o estudiados metódicamente en nues- 
tro país, me atrevo someter a vuestro elevado criterio la presente 

CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LOS MAMÍFEROS ACUÁTICOS 
OBSERVADOS EN LAS COSTAS DE CUBA 

Me han servido para la redacción de esta tesis, además de 
los trabajos antes citados y de las obras clásicas que se enumera- 
rán oportunamente, las recientes publicaciones de Mr. Frederick 
W. True {Bulletin of the United States National Miiseum), de 
Mr. Daniel Giraud Elliot {Field\ Columbian Museum Piiblica- 
tions), y muy especialmente de las observaciones personales que 
ha tenido la bondad de suministrarme mi querido maestro el doc- 
tor Carlos de la Torre, a quien por este medio doy público testi- 
monio de gratitud. 

Si con el presente trabajo, destinado a esclarecer algunos pun- 
tos dudosos con respecto a la clasificación y a la distribución geo- 
gráfica de estos mamíferos y, al mismo tiempo, a llenar un va- 
cío que se nota en el estudio de nuestra fauna, logro satisfacer 
las exigencias del Plan de Estudios, se verán por completo col- 
madas mis aspiraciones. 

MAMÍFEROS ACUÁTICOS 

Comprendo bajo esta denominación, siguiendo al Profesor 
Frederick W. True, no todos los mamíferos de hábitos acuáticos, 
como el coipú, las nutrias, etc., sino aquellos cuya organización, 
perfectamente adaptada al medio acuático, los hace incapaces de 
vivir en tierra ; tales son los pertenecientes a los órdenes Sirenios, 
Cetáceos y Pinnipedos. 

ORDEN SIRENIOS 

Caracteres generales. Este orden, comprendido generalmen- 
te en el que le sigue, formando el sub-orden de los cetáceos herbí- 



86 Memorias de la Sociedad Poey. 

voros, está organizado, como los verdaderos cetáceos, para la vida 
esencialmente acuática: las pocas especies que lo forman care- 
cen, como aquellos mamíferos, de extremidades posteriores, te- 
niendo las anteriores en forma de nadaderas o remos y la cola 
ensanchada horizontalmente ; pero ofrecen, no obstante, carac- 
teres suficientes para formar un orden distinto, que por su sis- 
tema dentario y por su organización interna, presenta algunas 
relaciones con el de los paquidermos. 

Tienen los sirenios la cabeza conformada bajo el mismo tipo 
que otros mamíferos, aunque de tamaño pequeño en relación con 
el cuerpo ; su contorno es redondeado ; los ojos son pequeños, y los 
oídos carecen de pabellones o conchas externas; su respiración 
es pulmonar; las aberturas niisales están provistas de válvulas 
que se abren y cierran a voluntad del animal, y los labios son grue- 
sos, hendidos, movibles y cubiertos de algunos pelos. 

La piel del cuerpo es muy gruesa y presenta en los jóvenes 
pelos sedosos esparcidos. 

La forma redondeada de la cabeza y la presencia de dos ma- 
mas pectorales en las hembras debió dar origen a los mitos y 
fábulas de las sirenas, de donde se ha tomado el nombre con que 
se designa este orden. 

Los huesos son bastante densos ; las vértebras cervicales per- 
manecen distintas ; como los cetáceos, carecen de clavículas y de 
sacros y presentan dos pequeños huesos pelvianos, únicos resqui- 
cios de las extremidades abdominales atrofiadas. 

En la Estellera faltaban absolutamente los dientes, pero el 
manatí tiene incisivo^» caducos y molares permanentes, y el Du- 
gong posee dos incisivos caducos en la inferior. Todos carecen 
de caninos, las coronas de los molares presentan colinas salien- 
tes, como en otros herbívoros, y la sínfisis de la mandíbula está 
cubierta de placas córneas semejantes a otras que protegen la su- 
perficie de la lengua. Este sistema dentario está en relación con 
su régimen alimenticio, esencialmente herbívoro. Los sirenios se 
nutren de fiicus y otras plantas acuáticas, viven en las costas y 
a veces remontan los ríos. 

Dlstrihución geográfica. — El número de los sirenios vivien- 
tes es muy reducido. Dos especies de manatí se conocen en Amé- 
rica: la que frecuenta nuestras costas (Manatus americanus) y 
otra que vive en la desembocadura del Amazonas y del Orinoco 



L. A. Cuni: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 87 

{Manatus inunguis), que se distingue del nuestro por la falta 
de uñas. En el África Occidental hay otra especie del mismo gé- 
nero (Manatus senegalensis) . Tres especies de Dugong (Género 
halicore) están distribuidos en el África Oriental, Ceilán, Aus- 
tralia, Ai'chipiélago Malayo y las Filipinas. Y hasta mediados 
del siglo XVIII existió una especie muy notable en la costa de 
Kamschatka {Hidrodamalis gigas), más conocida por Rytina 
Stellery, la cual medía hasta 28 pies de longitud, y se ha extin- 
guido por completo. En 1741 la observó Steller en abundancia, 
en el Estrecho de Bhering, y en 1768 fué muerto el último indi- 
viduo de esta interesante especie, sin que se haya conservado nin- 
guna piel, sino dos esqueletos en los museos de Europa, y recien- 
temente, en 1883, fueron desenterrados otros esqueletos por una 
comisión americana enviada con ese objeto a la isla de Behring. 
Aquellas vacas marinas eran inofensivas y suministraban 
abundante y sabrosa carne, al decir de Steller, el naturalista via- 
jero que las dio a conocer. 

FAMILIA MANATIDAE 

Género Manatus 

En la obra citada The land and sea mammals of Middle Ame- 
rica and the West Indies, de Daniel Giraud Elliot, del Pield Co- 
lumbian Museum de Chicago, apai'ece clasificado el manatí en 
la familia Trichechidae, género Trichechus,' Linn; porque el ilus- 
tre naturalista sueco incluyó en un mismo género dos mamífe- 
ros tan distintos como el manatí y la morsa, pertenecientes hoy 
a dos órdenes diferentes, como son los Sirenios y los Pinnipedos. 

Sinonimia. He aquí la de Mr. D. G. Elliot : 

Trichechus Linn, Syst. Nat. 1. 1758. pág. 34. 

Manatus Brunn, Zool. Fund. 1772. págs. 34, 38, 39. 

Id. Scopoli. Intr. Hist. Nat. 1777. pág. 490. 

Id. Storr. Prodr. Meth. Mamm. 1780. pág. 41. 

Pero a pesar de la autoridad de Mr. Elliot, no me atrevo a 
aceptar la innovación, porque el nombre Trichechus se ha em- 
pleado generalmente por los autores para designar la morsa, y 
porque el mismo Elliot dice en una nota, que : "Si se toma co- 
mo punto de partida para la nomenclatura zoológica la 10^ edi- 



88 Memorias de la Sociedad Poey. 

ción del Systema Naturae de Linneo (1758), el nombre genérico 
del manatí debe ser Trichechus, y el de la Morsa adohaenus (u 
Odontohaenus) de Brisson (1760)," y agrega, que "si el nombre 
de Brisson es desechado, como debe serlo, el nombre genérico de 
la morsa debe ser Rosmarus de Scopoli (1777) ; pero si, como ge- 
neralmente se admite, es la edición 12? del Systema Naturae la 
que se toma como punto de partida, entonces el nombre de la 
morsa debe ser Trichechus y el del manatí, Manatus". A este 
último criterio me he atenido. 

Caracteres. — El género Manatus está caracterizado por su ca- 
beza arqueada, descendiendo rápidamente en su parte anterior, 
de los frontales a los nasales ; órbitas pequeñas y prominentes ; 
mandíbula gruesa, provista de una placa córnea que ocupa el lu- 
gar de los incisivos. La fórmula dentaria es : I — |- ; M -^^ a 
11—11 



=32 a 52. 



11—11 

Es de advertir que los incisivos sólo existen en los individuos 
muy jóvenes, pues en los de más edad desaparecen, siendo sus- 
tituidos por la placa córnea de que se ha hecho mención. 

Los molares son semejantes en ambas mandíbulas: sus coro- 
nas, cuadrangulares y esmaltadas, presentan colinas de tubércu- 
los elevados transversalmente ; los de la superior tienen dos coli- 
nas y tres raíces, y los de la inferior, tres colinas y dos raíces. 

El labio truncado anteriormente y como hinchado, sirviendo 
de órgano táctil. 

El estómago! es tabicado y el intestino muy largo, como en 
todos los herbívoros. 

Las nadaderas o extremidades anteriores son redondeadas; y 
las mamas son pectorales, 

MANATUS AMERICANUS 

Vulgo Manatí 

Bajo esta denominación se conoce entre nosotros esta especie, 
porque es el nombre con que aparece en la Mamalogía Cubana 
del Dr. J. Gundlach, quien lo tomó de Cuvier, Aun. du Mus. t. 13, 
pág. 282, pl. 19. 

Sinonimia. La de Elliot es la siguiente : 

Trichechus manatus, Lin., Syst. Nat. I. (1758) pág. 34. 



L. A. Cwni: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 89 

{Manatus) manatus, Lin., Syst. Nat. I, (1766) pág. 49. 

Manatus australis, Jahrb. Naturg, I. (1802) pág. 23. 

Manatus americanus, Desm., Dict., Hist. Nat. (1817) p. 262 
pl 96. 

Manatus latirosfrts, Haden. Joiirn. Acad. Nat. Se. Phil. 
(1824) p. III. 

Manatus fluviatilis, Schreb., Saugeth. Suppl. (1846) pl. 379. 

Desechado el nombre Trichechus manatus L. por las razones 
expuestas al discutir la prioridad del género Trichechus, queda- 
ría Manatus manatus L. que ofrece el inconveniente de estar re- 
petido el mismo nombre para designar el género y la especie, por 
lo que algunos prefieren el de Manatus australis, que es anterior 
a Manatus americanus Desm. 

Historia. — Uno de los primeros autores que hacen mención 
de la existencia del manatí en nuestras costas es el cronista don 
Gonzalo Fernández de Oviedo, que en su Historia General y Na- 
tural de Indias (1520), consagra el Capítulo IX del libro XIII 
a la descripción de este curioso animal; y es tan interesante y 
prolija la narración del famoso cronista de Indias, y muestra de 
tal manera su espíritu de observación, que hemos creído conve- 
niente extractar el mencionado capítulo de la citada obra, que 
va siendo bastante rara en nuestras Bibliotecas. 

"Del manatí é de su grandeza é forma, é de la manera que 
algunas veces los indios tomaban este grande animal con el Pexe 
reverso, é otras particularidades." (op. cit.) tomo 1?, pág. 423. 

' ' Manatí es un pescado de los más notables é no oidos de cuan- 
tos yo he leido ó visto. — Destos, ni Pilinio habló; ni el Alberto 
Magno en su Propietatihus Rerum escribió, ni en España los 
hay. — Ni jamás oy á hombre de la mar ni de la tierra que dixesse 
averíos visto ni oydo, sino en estas islas é Tierra-Firme de estas 
Indias de España. — Este es un grande pescado de la mar, aun- 
que muy continuamente los matan en los ríos' grandes, en esta 
isla y en las otras de destas partes son mayores mucho que los 
tiburones é maraxos, de quien se dixo de suso en los capítulos 
precedentes, assí de longitud como de latitud. — Los que son gran- 
des son feos, é parece mucho el Manatí a una odrina de aquellas, 
en que se acarrea é lleva el mosto en Medina del Campo y Aré- 
valo é por aquella tierra. — La cabeza de aqueste pescado es co- 
mo de un buey é mayor; tiene los ojos pequeños según su gran- 



90 Memorias de ¡a Sociedad Poey. 

cleza, — Tiene dos tocones con que nada, gruessos, en lugar de 
brazos é altos cerca de la cabeza; y es pescado de cuero y no de 
escamas, mansíssimo, é súbese por los ríos é llégase a las orillas 
é pasee en tierra, sin salir del río, si puede desde el agua alean- 
zar la hierba. 

"En Tierra-Firme matan los ballesteros estos animales y á 
otros muchos pescados con la ballesta desde una barca ó canoa, 
porque andan sobreaguados, é danles con una saeta con un har- 
pón, é lleva el lance ó asta una traylla 6 cuerda delgada de hilo 
delgado y recio. — Y después de herido, vase huj^endo, y en tan- 
to el ballestero le da cuerda ; y en fin del hilo que es muy luengo 
pónele un palo ó corcho por boya ó señal que no se hunde en el 
agua. 

"E desde que está desangrado é cansado é vecino a la muer- 
te, llégase á la playa ó costa, y el ballestero va cojiendo su cuer- 
da; é desde que le quedan diez ó doce brazas por cojer, tira del 
cordel hacia la tierra, y el Manatí se allega hasta que toca en 
tierra y á le sacar del agua, para le llevar á donde le han de pe- 
sar é guardar. — Y es menester una carreta con un par de bue- 
yes, según son grandes pescados. — Algunas veces, después que 
el Manatí viene herido, según es dicho, hacia tierra, le hieren 
más desde la barca con harpón grueso enastado, para le acabar 
antes, é después de muerto, eneontinente se anda sobre el agua. 
— Creo yo que es uno de los buenos pescados del mundo y el que 
mas parece carne ; y en tanta manera parece vaca, viéndole cor- 
tado, que quien no lo viere visto entero ó no lo supiere, mirando 
una pieza cortada del, no sabrá determinarse si es vaca ó terne- 
ra; y de hecho lo terna por carne, y se engañaron en esto todos 
los hombres del mundo, porque assí mesmo el sabor e>í más de 
carne que de pescado, estando fresco. — La cecina é tassajo deste 
pescado es muy singular é se tiene mucho, sin .se dañar ni co- 
rromper. ' ' 

Dice que su carne (salada) se conserva mucho y que a cier- 
tas piedras que tiene en la cabeza, 'le asignan propiedades útiles 
para curar la litiasis vesical, moliendo esta piedra después de 
haberla quemado y tomando de ella una pequeña cantidad en 
vino blanco, durante algunas mañanas. 

"Destos manatís hay algunos tan grandes que tienen cator- 
ce é quince pies de luengo é más de ocho palmos de grueso. — Son 



L. A. Cuni: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 91 

ceñidos en la cola, é desde la cintura é comienzo della hasta el 
fin y extremo della se hace muy ancha é gruesa, — Tiene solos dos 
manos é bracos cerca de la cabeza, cortos, é por eso los cripstia- 
nos le llamaron manatí, puesto que el Chronista Pedro Mártir di- 
ce que tomó el nombre del lago Guaniabo, lo cual es falso ; No 
tiene orejas, sino unos agujeros pequeños por oydos. — El cuero 
parece como de puerco ([ue está pelado ó chamuscado con fuego. 
— Es la color parda é tiene algunos pelitos raros ; y el cuero es 
tan gordo como un dedo, é curándolo al sol se hacen del buenas 
correas é suelas para zapatos é para otros provechos. — Y la co- 
la del, de la cintura que he dicho adelante, toda ella hácenla pe- 
dazos é tiénenla cuatro ó cinco días ó más al sol (la qual parece 
como nervio toda ella), é desque está enxuto, quemándola en un 
sartén (ó mejor diciendo) friénla é sacan dellá, mucha mante- 
ca, en la qual quassi toda se convierte, quedando poca civera 6 
poca cosa que desechar de ella. — Y esta manteca es la mejor que 
se sabe para guisar huevos fritos, porque aunque sea de días, nun- 
ca tiene rancio ni mal sabor, y es muy buena para arder en can- 
dil, é aun se dice que es medicinal. 

"Tiene el manatí dos tetas en los pechos el que es hembra á 
assí pare dos hijos é los cría á la teta. Lo qual nunca oy decir si- 
no deste pescado é del viejo marino ó lobo marino. 

"Una pesquería hay destos manatís é de las tortugas en las 
islas de Jamayca y en la de Cuba ; que si esto que agora diré no 
fuese tan público é notorio, é no lo obiesse oydo a personas de 
mucho crédito no lo osaría escrebir." (Refiérese a la pesca por 
medio de la pega {Echeneis naucratus L.) ó guaicán de los in- 
dios, que Oviedo llama pexe reverso)... "Hay unos pescados 
tan grandes ó mayores como un palmo, que llaman pexe reverso, 
feo al parecer, pero de grandísimo ánimo y entendimiento : el 
qual acaesce que algunas veces es preso entre las redes, a vuelta 
de otros pescados. Este es un buen pescado é de los mejores de 
la mar para comer, porque es enxuto ó tieso é sin flema, ó á lo 
menos tiene poca ; é muchas veces los he yo comido para lo poder 
testificar. Quando los indios quiren guardar é criar algunos des- 
tos reversos para su pesquería, témanlo pequeño é tiénenlo siem- 
pre en agua salada de la mar, é allí le dan á comer ; é le crian 
doméstico hasta que es del tamaño é grandeza que he dicho ó po- 
co más, y apto para su pesquería. 



92 Memorias de la Sociedad Poey. 

"Entonces llévanlo a la mar en la canoa ó barca é tiénenlo 
allí en agua salada é átanle una cuerda delgada (pero recia) ; 
é quanto veen algún pescado grande, assí como tortuga, sávalo, 
que los hay muy grandes en estos mares, ó alguno destos mana- 
tís ó otro cualquiera que sea que acaesce andar sobreaguados, de 
manera que se pueden ver ; toma el indio en la mano este pesca- 
do reverso, é halágalo con la otra é dícele en su lengua que sea 
manicato, que quiere decir esforzado ó de buen corazón, é que 
sea diligente, é otras palabras exortatoria á esfuerzo, é que mire 
que ose aferrarse con el pescado mayor o mejor que allí viere. 
Y quando vee que es tiempo y le paresce le suelta é lanza hacia 
donde los pescados grandes andan : y el reverso va, coma( una 
saeta, é aferrase en un costado con una tortuga ó en el vientre ó 
donde puede, é pégase con ella ó con otro gran pescado : el qual, 
como se siente estar asido de aquel pequeño reverso, huye por la 
mar á una parte é a otra ; y en tanto el indio jiescador alarga la 
cuerda ó traylla de todo punto, que es de muchas brazas, y en 
fin della está atado un palo ó corcho por señal ó boya, que esté 
sobre el agua. E en poco proceso de tiempo el pescado manatí ó 
tortuga, con quien el reverso se aferró, cansado, se viene la vuel- 
ta de tierra á la costa; y entonces el indio pescador comienza á 
cojer su cordel en la canoa o barca ; é cuando tiene pocas brazas 
por cojer, comienza a tirar con tiento poco a poco, guiando el re- 
verso é prisionero con quien está asido, hasta que se llega á la 
tierra, é las mismas ondas de la mar le echan fuera. E los indios 
que en estas pesquerías andan, saltan en tierra, é si es tortuga la 
trastornan aunque no haya tocado en tierra la tortuga, porque 
son grandes nadadores, é la ponen en seco ; é si es manatí, le har- 
ponan é hieren é acaban de matar. Y sacado el tal pescado en 
tierra, es necesario con mucho tiento é poco á poco despegar el 
reverso ; lo cual los indios hacen con dulces palabras é dándole 
muchas gracias de lo que ha hecho é trabaxado, é assí le despe- 
gan del otro pescado grande que tomó. E viene tan apretado é 
fixo con él que si con fuerza lo despegasen, lo romperían ó lo des- 
pedazarían el reverso. E assí desta forma que he dicho se toman 
estos grandes pescados, de los quales parece que la natura ha 
cho alguacil é verdugo ó hurón para los tomar ó ca.'^ar á este re- 
verso: el qual tiene unas escamas á manera de gradas, como el 
paladar ó mandíbula alto de la boca de un hombre ó de un ca- 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 93 

bailo, é por allí unas espinas delp:adíssimas é ásperas é recias con 
que se afierra con los pescados quel quiere, Y estas gradas ó es- 
camas llenas de destas puntas tiene el reverso en la mayor par- 
te del cuerpo por fuera, y en especial desde la cabeza á la mitad 
del cuerpo por el lomo é no por la parte del vientre, sino de me- 
dio lomo arriba; e por eso le llaman reverso, porque con las es- 
paldas se ase é afierra con los pescados." 

Los cronistas Herrera, López Gomara y Pedro Martyr de An- 
glería hablan también de las costumbres de este curioso animal, 
y nos refieren la historia de un manatí que vivió muchos años 
en cautividad en un pequeño lago de Santo Domingo, llegando 
a ser tan manso como un perro ; pues acudía al nombre de Ma- 
tos, tomaba el alimento de las manos de su dueño y le gustaba 
jugar con las personas que conocía, especialmente con los niños. 

El Barón de Humboldt, a principios del siglo pasado, obser- 
vó el manatí, en abundancia extraordinaria, en varios lugares 
de las costas de América. 

En Cuba también abundaba, en otro tiempo, en las desem- 
bocaduras de los ríos y en los esteros de aguas salobres ; pero ya 
desde el año 1866 decía el doctor Gundlach que su número se ha- 
bía reducido notablemente, aunque todavía no era raro. Recien- 
temente, en Enero de 1901, durante el Gobierno de la Interven- 
ción, y por iniciativa del ilustre Presidente de los Estados Uni- 
dos, Mr. Th. Roosevelt, ha sido necesario dictar una resolución 
prohibitiva de la pesca del manatí, bajo penas muy severas, a 
fin de evitar la total extinción en Cuba de tan inofensivo e inte- 
resante animal. 

Caracteres. — Además de los caracteres genéricos indicados, se 
distingue el Manatus americanus por su hocico ancho; nadade- 
ras provistas de tres o cuatro uñas rudimentarias; la piel casi 
desnuda o provista de escasos pelos, salteados, a uno o dos centí- 
metros de distancia, es de color gris negruzco bastante uniforme, 
aunque más obscuro en la región dorsal que en la ventral, y los 
pelos son amarillosos. 

Sn. tamaño, por lo regular, alcanza a dos o tres metros de lon- 
gitud; 0.50 o 0.75 centímetros de ancho, y de 0.40 a 0.50 centí- 
metros de altura, siendo su peso de 200 a 300 kilogramos. En las 
costas continentales de América alcanza, según se dice, hasta sie- 
te metros de largo y dos de ancho ; pero no tenemos noticias de 



94 Memorias de la Sociedad Poeij. 

que en Cuba se hayan visto individuos de esas dimensiones, por lo 
que bien pudieran referirse al Manatus innnguis de Sur América. 
I\Ir. D. G. Elliot da las siguientes dimensiones para un indi- 
viduo de 

METROS 



Longitud total- • 2.268 

Calavera. Longitud total 0.380 

Arco zigomático. . . . • • 0.220 

Construcción inter-orbitaria 0.070 

Arco palatino al final de la bóveda. . . 0.155 

Largo de la mandíbula 0.215 

Altura del proceso coronoides 0.135 

Distribución geográfica.— Iu?l mayor parte de los autores le 
asignan por patria las costas inter-tropicales del Océano Atlán- 
tico ; pero si se tiene en cuenta que la especie propia del Orino- 
co y el Amazones se ha separado de la presente con el nombre 
de Manatus inunguis, queda restringida el área de distribución 
del Manatus americanus a las costas de Florida, Golfo de Méxi- 
co, Centro América, Cuba y otras Antillas. 

Hábitos. — Estos animales, más bien fluviátiles que marinos, 
frecuentan las desembocaduras de los ríos. En nuestras costas, 
suele vérseles en los esteros salobres y en ciertos lugares donde 
surge el agua dulce, a manera de manantiales, en medio del mar. 
También remontan algunos ríos, como el Hatiguanico o Gonza- 
lo, el Agabama o Manatí, etc., y entonces se les ve echados sobre 
las orillas, con la mitad del cuerpo fuera del agua para alcanzar 
y pastar la .yerba: aunque su alimentación habitual consiste en 
plantas acuáticas, las que cogen apretándolas con la articulación 
del puiío y llevándolas a la boca. Los dos lóbulos en que está di- 
vidido el labio superior, se mueven lateralmente, por lo que se 
ha comparado este movimiento al de las mandíbulas de las orugas. 

Estos mamíferos, como todos los acuáticos, tiene que salir a 
la superficie del agua para respirar el aire atmosférico. Suelen 
andar apareados o en familias : la hembra tiene un solo hijo en 
cada parto, y para amamantarlo lo coge con una aleta y lo sos- 
tiene fuera del agua, apretado contra el pecho, mientras nada 
con la otra aleta. 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 95 

Se les persigrue y caza por medio de arpones provistos de 
una cnerda que termina en un flotador, que indica la direc- 
ción que sigue el aiumal en su precipitada y convulsiva fu- 
ga. Cuentan los habitajites de la Ciénaga de Zapata, que cuando 
se apresa a un individuo, es fácil capturar también a los demás 
miembros de la misma familia, porque acuden espontáneamente 
en auxilio de la víctima, ya sea éste el padre, la madre o el pe- 
queñuelo. 

Aplicaciones.— ha carne de este animal es comestible, y se 
ha comparado por su aspecto y sabor a la de vaca o a la de puer- 
co. Se come fresca o salada, en forma de tasajo. Antiguamente 
se le atribuían propiedades medicinales, según se ha visto en la 
narración de Oviedo ; para algunas tribus indias de Sur Améri- 
ca es un bocado exquisito, y en cambio otros la creen venenosa y 
malsana. La grasa abundantísima, tiene fama de poderse con- 
serv'ar mucho tiempo sin que se enrancie, y se emplea para el 
alumbrado. El cuero, que alcanza un espesor de cuatro centíme- 
tros, se corta en bandas y sirve para hacer bastones de aspecto 
ambarino. En la época colonial se hacían,' látigos del cuero de 
manatí y se usaban para castigar a los infelices esclavos, aunque 
desde tiempos remotos, lais Leyes de Indias prohibieron su uso 
por sus perniciosos efectos. 

ORDEN CETÁCEOS 

Caracteres generales. — Los Cetáceos son mamíferos confor- 
mados, como los Sirenios, para una vida exclusivamente acuáti- 
ca, y se parecen tanto a los peces que todo el mundo habla de la 
pesca de la ballena ; pero a pesar de su forma de peces, son ani- 
males de sangre caliente y respiración pulmonar, son vivíparos 
y dan de mamar a sus hijos. 

Su cuerpo, fusiforme, está unidd a la cabeza sin distinción 
de cuello, porque las vértebras cervicales son muy cortas y es 
tan generalmente, soldadas o unidas. La extremidad posterior 
termina, como en los Sirenios, por una aleta caudal, ensanchada 
horizontalmente y más o menos bilobada. 

Las extremidades anteriores, en forma de nadaderas o remos, 
tienen numerosas falanges, pero carecen de uñas. Las posteriores 
faltan por completo, y el cinturón pelviano está representado por 



96 Memorias de la Sociedad Poey. 

unos huesos rudimentarios sin conexión aparente con la colum- 
na vertebral. 

División. — Atendiendo a, la presencia o ausencia de dientes 
en la edad adulta, se han dividido los Cetáceos propiamente di- 
chos, en sub-órdenes : los Mysticetes o Balénidos que tienen ba- 
llenas en la edad adulta, y los Denticetes, provistos de dientes 
cónicos y semejantes, a los cuales pueden agregranse los Zeuglo- 
dontes, especies fósiles que tienen los dientes posteriores distin- 
tos de los anteriores y provistos de dos raíces. 

Distribución geográfica. — La mayor parte de estos animales 
se hallan en los mares glaciales ; algunos, sin embargo, habitan 
los mares cálidos. 

SUB-ORDEN MYSTICETES 

Familia Balenidae 

Caracteres. — El carácter especial de los Mysticetes, y por 
tanto de la familia Balenidae, única que comprende este sub- 
orden, consiste en la ausencia de dientes en ambas mandíbulas ; 
pero se ha demostrado que existen en el feto, siendo después re- 
absorbidos y reemplazados por láminas córneas o hallenas que, 
en número considerable, se insertan en el paladar y forman una 
especie de colador destinado a retener los pequeños moluscos y 
crustáceos de que se alimentan. El esófago es muy estrecho y no 
puede dar paso a grandes animales. El cráneo es simétrico y las 
ramas de la mandíbula son muy arqueadas, reuniéndose en án- 
gulo agudo por medio de un tejido fibroso en su extremidad 
anterior. 

El primer par de costillas únicamente está unido al esternón, 
quedando las domas atadas o suspendidas a las vértebras por me- 
dio de ligamentos. 

GÉNERO MEGÁPTERA 

Bajo el epígrafe ¿Ballenato? dice el doctor J. Gundlach en 
su Mamalogía Cubana, página 50, que le consta que se han vis- 
to algunos ballenatos, y aun que han sido arrojados a la costa 
o a los cayos, muertos o enfermos; y agrega! que cuando llegó 
a la Isla, en 1839, vio los huesos de un ballenato en la Punta de 



L. A. Cuní: Contrihución al estudio de los mamíferos, etc. 97 

Maya a la entrada de la bahía de Matanzas. La verdadera ba- 
llena {Balaena Mysticetus, L.) jamás desciende a nuestras lati- 
tudes, pero en cambio es relativamente frecuente en el Golfo de 
México y en el Mar Caribe una especie de ballena perteneciente 
al género Megáptera Grarj, por lo que no dudamos en referir a 
dicha especie los ballenatos que se han observado en nuestras 
costas. 

Sinonimia. — Megáptera Gray., Ercbus and Terror, Zool. 1846, 
pág. 16. 

Merjapteropsis Van Ben., Res. Cct. Belg., 1861, pág. 38. 

Paescopia Gray., Proc. Zool. Soc. 1864. pág. 207, f. 3. 

Caracteres. — El nombre Megáptera (grandes alas), se debe al 
tamaño de las aletas pectorales, que son largas y estrechas, mi- 
diendo la cuarta parte de la longitud total del animal ; en tanto 
que la ballena franca tiene las pectorales cortas y anchas, distin- 
guiéndose además por el número de dedos que es de cinco en el 
género Balaena y cuatro solamente en el Megáptera. Son tam- 
bién caracteres distintivos de este género: la cabeza de tamaño 
moderado; las ballenas cortas y anchas; la piel de la garganta 
plegada longitudinalmente, y la presencia de una aleta dorsal 
poco elevada, de que carece por completo la ballena boreal. 

Distrihución geográfica. — Pertenece a este género el jubarte, 
jibar o pez de Júpiter (ilí. hoops L. o M. longim.ana), que vive 
en el Océano Atlántico septentrional y desciende a veces hasta 
el Golfo de Gascuña. Hay otras especies en el Golfo Pérsico, en 
el Mar de Behring y en el Océano Pacífico septentrional. Esta 
última especie (M. versahilis, Cope) se considera por Elliot co- 
mo una sub-especie de la que existe en nuestros mares, que es la 
Megáptera nodosa, Bonnat. 

MEGÁPTERA NODOSA BELLICOSA 

Ballena helicosa 

M. nodosa hellicosa, Cope. Proc. Am. Phil. Soc. XII. 1870, 
pág. 103. 

Caracteres. — Distingüese la M. nodosa de las demás especies 
del mismo género por ciertos caracteres osteológicos. El cráneo, 
aunque muy parecido al de la M. long imana, presenta en el hue- 



98 Memorias de la Sociedad Poeij. 

so supra-occipital un canal medio y profundo, que se extiende 
desde el foramen magnum hasta cerca de la parte superior, y 
una protuberancia a cada lado de la- línea media; los nasales es- 
tán eu contarcto en gran parte de su longitud ; la caja ótica sub- 
cilíndrica; la apófisis coronoides de las ramas de la mandíbula 
sub-triangular ; primera costilla con cabeza simple ; y la escápu- 
la también simple. 

El color de esta especie es negro por la parte superior ; pero 
Cope y Elliot admiten dos sub-especies que se distinguen por la 
coloración del vientre : 

M. nodosa versahilis, Cope. De vientre negro ; es la que habita 
el Océano Pacífico, al N. O. de América. 

M. nodosa hellicosa, Cope. De vientre blanco manchado de 
negro; es la que frecuenta nuestros mares, y suele verse, tanto 
en el Golfo de México como en el Mar de las Antillas. 

Hábitos. — Las Megápteras son las más rápidas de todas las 
ballenas. Con frecuencia se las ve dejar a gran distancia a los 
vapores. Su longitud total no pasa de diez metros, y se alimenta 
de peces y moluscos. Su caza es peligrosa y poco productiva, por- 
que suministra corta cantidad de aceite y sus ballenas no son 
muy estimadas. 

SUB-ORDEN DENTICETES 

Caracteres. — El carácter común a los Denticetes es la presen- 
cia de dientes cónicos en ambas mandíbulas o en una sola. Estos 
dientes en número variable, caen fácilmente con la edad y no se 
renuevan. Presentan una sola abertura nasal en forma de me- 
dia lima situada en la parte superior de la cabeza. Son pentadác- 
tilos, pero el 1" y el 5" dedos están poco desarrollados. General- 
mente se hallan provistos de una aleta dorsal. 

División. — Comprenden los Denticetes cuatro familias {Phy- 
seteridae, Hyperodontidae, Monodontidae y Delphinídae), de las 
cuales solamente dos tienen representantes en nuestros mares, 
pues los hiperodóntidos son de las costas de Europa, y los mono- 
dóntidos de los mares polares. 



L. A. Cunt: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 99 



FAMILLV PHYSETERIDAE 

Género Physeter 

Sinonimia. Physeter, Lin. Sys. Nat. 1. 1758. páfr. 76. 

Catodón, Lin. Fauna Suecica. 2* ed. 1761. páof. 18. 
' Tiirsio, Fleming. Phil. Zool. IT. 1822. pág. 221 (nec Gray). 

Caracteres. — Los phisitéridos se distinguen por su cabeza 
enorme, alcanzando la tercera parte de la longitud del cuerpo e 
hinchada hasta la extremidad anterior por el acumulo de grasa 
líquida o espermaceti. La mandíbula superior muy ensanchada 
para soportar los depósitos de grasa, carece de dientes funciona- 
les, pues cuando existen, permanecen ocultovs debajo de la muco- 
sa gingival. La inferior está compuesta de dos ramas unidas por 
una sínfisis en más de la mitad de su extensión, y provista de una 
fila de grandes dienten separados, puntiagudos y sin raíces ver- 
daderas, en número de 40 a 50, alojados en una ranura incom- 
pletamente dividida en alvéolos, de suerte que la fórmula den- 

tariaes: JE-^a^lEk^ 

La extremidad anterior de la cabeza se eleva verticalmente 
como la proa de un buque y presenta en su parte superior la 
abertura nasal o respiratoria en forma de S. La boca, situada en 
la parte inferior, está hendida hasta los ojos, que son pequeños 
y colocados un poco por encima de los oídos, los cuales carecen 
de pabellón. El cuerpo es cilindrico y no está separado exterior- 
mente de la cabeza ; lleva una pequeña aleta dorsal y las pecto- 
rales son cortas, anchas, gruesas y situadas detrás de los ojos. 
La extremidad posterior del cuerpo va disminuyendo progresi- 
vamente y termina en una aleta caudal, dispuesta horizontalmen- 
te como en todos los cetáceos, y profundamente hendida o bi- 
lobada. 

El esqueleto ofrece particularidades muy notables; fué des- 
crito por el Dr. Carlos de la Torre en la Academia de Ciencias. 
La cabeza, cóncava por encima, se eleva posteriormente forman- 
do una cresta semi-circular, y se continúa en su parte anterior 
por un rostrum o pico alargado, ancho en su base y estrechándo- 
se gradualmente hasta la punta. Esta gran concavidad está cons- 
tituida en su mayor parte por los maxilares superiores y los in- 



100 Memorias de la Sociedad Poey. 

ter-maxilares. El cráneo propiamente dicho, es pequeño relati- 
vamente, lo mismo que la masa cerebral contenida en su cavidad. 

Las vértebras cervicales, excepto el atlas, que tiene un metro 
de ancho, están soldadas en una masa que pudiera tomarse por 
una sola vértebra, si los agujeros de conjunción por donde salen 
los nervios cervicales no denunciaran su origen múltiple. Esta 
disposición no es debida a la edad, pues hemos podido observarla 
lo mismo en el ejemplar adulto que existe en la Universidad Na- 
cional como en el joven que posee el Instituto de Segunda En- 
señanza de Matanzas. 

El aparato hioideo está formado por tres huesos, uno central 
y dos laterales. El esternón también consta de tres partes; la.s 
dos primeras se unen en la línea media dejando un agujero cen- 
tral, y la tercera forma el apéndice xifoides. 

El omóplato, es cóncavo por su cara exterior y presenta un 
acromion muy saliente y una apófisis coracoides terminada en 
punta. El húmero es muy corto y grueso, y está soldado el cu- 
bito y el radio. 

En el joven, los cuerpos de las vértebras no tienen aún solda- 
dos los discos o superficies articulares. También son notables los 
huesos upsilóideos, en V o Y, característicos de los cetáceos. 

PHYSETER MACROCEPHALUS 

Cachalote 

Sinonimia. Physeter macrocephalus, L., Sys. Nat. 1. 175. p. 76. 

Physeter macrocephalus, L., Sys. Nat. 1. 1776. p. 107 Pl. 4. 

Catodón macrocephalus, Gray., Cat. Seáis and Whales 1866. 
p. 202. 

Caracteres. — Son los mismos indicados al tratar del género 
Physeter, pues las diversas formas descritas como sub-especies o 
variedades distintas pueden referirse a la presente especie ; por 
lo cual sólo agregaremos que el color es negro en la parte supe- 
rior y gris en la inferior. 

Dimensiones. — Dícese que en otro tiempo el cachalote alcan- 
zaba ha^ta treinta metros de longitud ; pero en la actualidad no 
se encuentran individuos mayores de veinte metros, siendo la 
hembra de menor tamaño que el macho. 

Distribución geográfica. — El cachalote habita en todos los ma- 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 101 

res, especialmente en las regiones cálidas, siendo raro encontrar- 
lo más allá de los 60° de latitud norte o sur; así pues, no es de 
extrañar el que se hayan observado o hayan venido a encallar en 
nuestras costas algunos individuos de esta especie. 

Ya el cronista Oviedo, en el libro XIII, capítulo 2?, de su His- 
toria General y Natural de las Iridias, al tratar "De las ballenas 
que hay en las costas é mares de estas Indias é Islas de Tierra 
Firme", dice que muchas veces ha hallado y visto en estos mares, 
"entre aquestas Islas é Tierra Firme, muy grandes animales de 
agua ' ', los cuales cree que sean ballenas ; pero por el nombre 
Physeter que les aplica y por la descripción que de ellos da en 
dicho capítulo, se infiere que se trata del cachalote y no de la ba- 
llena ; si bien es perfectamente posible que hubiera observado ade- 
más alguna ballena del género Megáptera, que, según hemos di- 
cho, frecuenta nuestros mares. 

En el periódico Aurora del Yumiirí, que se publicaba en Ma- 
tanzas el año 1830, en el número 312, correspondiente al mes de 
Febrero de dicho año, se encuentra un parte oficial dado por el 
capitán del vapor Neptuno, don José María López, al capitán del 
Puerto de la Habana. 

En dicho documento dice el señor López que el día 3 de Ene- 
ro de 1830, en viaje de Matanzas a la Habana, a eso de las 7 de 
la mañana, vio frente al lugar que llaman el Frayle, y como a 
cuatro millas de la costa, "un grande objeto que a todos los que 
iban en el vapor les pareció una embarcación zozobrada." Acer- 
cándose a dicho objeto, distinguió "claramente que era la par- 
te superior de la boca de un pez de extraordinaria magnitud", 
observando además ' ' que le rodeaban otros infinitos de varios ta- 
maños, saltándole en todas direcciones", y que sacaba fuera del 
agua una aleta de color obscuro. Y termina diciendo : " El tama- 
ño de este cetáceo, incomparablemente mayor que el de la más 
grande ballena ; y su figura diferente al de éstas, no me dejaron 
duda de que pertenece a otra distinta especie. 

El pez de extraordinaria magnitud que vieron los pasajeros 
y el capitán del vapor Neptuno era, probablemente, un cachalote. 

A fines del año 1897 encalló en las costas de la bahía de Ma- 
tanzas un cachalote que fué capturado por varios pescadores y 
conducido hasta la desembocadura del río Yumurí. Este ejem- 
plar fué adquirido por el señor Alfredo Botet y regalado al lus- 



102 Memorias de la Sociedad Poey. 

tituto de Matanzas, donde se conserva la piel y el esqueleto, que 
fueron preparados por el señor Miguel Maribona. 

Mucho más importante que el anterior es el esqueleto que fué 
regalado por el Ayuntamiento de la Habana al Museo de Zoolo- 
gía de nuestra Universidad. Perteneció dicho esqueleto a un 
macho adulto que encalló en Mayo de 1906 entre Cayo Confites 
y Cayo Romano, a la entrada de la parte más estrecha del Canal 
Viejo de Bahama. Este hallazgo, según consta en la comunica- 
ción del Dr. La Torre a la Academia de Ciencias, en sesión 
extraordinaria de 1*? de Mayo de 1907, se debió a don Rafael Ro- 
que, vecino de Cayo Romano, quien en compañía de sus tres hi- 
jos y de algunos pescadores, aprovechando la resaca, lograron 
remolcar aquella mole enorme hasta la playa, en donde le extra- 
jeron más de cien envases de espermaceti los cuales fueron ven- 
didos en Nuevitas a la fábrica de jabón de Pijuán y al señor 
Bernabé Sánchez, para el ingenio Senado. 

Por las dimensiones de la cabeza, que mide seis metros, pu- 
do calcularse la longitud total del esqueleto en unos veinte me- 
tros, dimensiones que superan, según el doctor La Torre, a las 
del ejemplar que se conserva en el Museo del Jardín de Plantas 
de París y que fué descrito por el sabio Cuvier. 

El año siguiente, 1907, mientras se exhibía en la Habana el 
esqueleto de aquel cachalote, se encontró otro, algo menor, en el 
mismo sitio y fué también llevado a Nuevitas. 

Por último, en Junio de 1909, los señores A. Neira. F. Meno- 
eal, M, Castro y otros señores de Cárdenas, en una excursión de 
recreo, tuvieron la suerte de hallar un buen ejemplar, cuyo es- 
queleto recogieron y cedieron al ]\Iuseo de aquella ciudad. 

Por lo expuesto queda comprobado que no es muy rara la 
presencia en nuestras costas de esa famosa especie, de la que, sin 
embargo, no se hace mención en ninguno de los catálogos de 
mamíferos de Cuba publicados hasta esta fecha. 

Hábitos. — Los cachalotes recorren los mares en manadas co- 
mo los delfines ; prefieren los mares profundos, por lo que se acer- 
can a las costas escarpadas y evitan las playas y los bajos. Na- 
dan con gran "velocidad y descienden en busca de su alimento, 
que consiste en moluscos cefalópodos, a grandes profundidades, 
pudiendo permanecer más de una hora sin venir a respirar a la 
superficie. Con frecuencia golpean el agua con la cola y a veces 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 103 

se mantienen en posición^ vertical, sacando la cabeza o la cola 
fuera del agua, lo cual justifica la narración fantástica del capi- 
tán del vapor Neptuno a que antes hemos hecho referencia. Cuan- 
do vienen a la superficie, permanecen diez o doce minutos, du- 
rante los cuales efectúan cincuenta o sesenta movimientos respi- 
ratorios, pudiéndose percibir a gran distancia la nube de vapores 
que lanza a bastante altura en cada respiración. 

La hembra pare uno o dos hijos. 

Productos. — El cachalote suministra varios productos muy 
estimados en el comercio, por lo que se le persigue tanto como a 
la ballena, a pesar de ser bastante incierta y peligrosa su cace- 
ría, porque se defiende valerosamente cuando se ve atacado y 
suele hacer zozobrar las embarcaciones. Entre los productos del 
cachalote figuran en primer lugar: el esperma-ceti, aceite y blan- 
co de ballena, contenidos en las cavidades situadas encima de la 
cabeza en tal cantidad que un solo individuo puede suministrar 
hasta cien barriles de dicha grasa. 

Esta substancia se emplea en la fabricación de bujías trans- 
lúcidas, jabones, pomadas y cosméticos. El ámbar gris, que es un 
un cálculo o concreción intestinal formado a expensas de los pi- 
cos y plumas o huesos de calamares, sepias, etc., y de las escamas 
de los peces que sirven de alimento al cabalóte, es una substan- 
cia muy estimada para perfumería, sobre todo en Oriente. Su 
precio suele ser hasta de cinco francos el gramo, y se encuentran 
concreciones de más de un kilogramo. Estos cálculos se recogen 
también en las costas o flotando en plena mar. Los dientes del 
cachalote son duros y compactos, pero no tan estimados como el 
verdadero marfil, a causa de su coloración amarillenta. 

FAMILIA DELPHINIDAE 

Caracteres. — Difieren de los Phisetéridos en que están pro- 
vistos de dientes cónicos, semejantes en ambas mandíbulas. 

GÉNERO PHOCAENA 

Historia. — Al Género Phocsena, Cuv. caracterizado por su ca- 
beza redondeada anteriormente, con el pico corto, no mayor que 
la longitud del cráneo, se han referido las distintas especies de 



104 Memorias de la Sociedad Poey. 

toninas, que de tarde en tarde han encallado en nuestras costas. 
Don F. Ximeno, distinguido naturalista de Matanzas, recogió un 
ejemplar muerto en aquella bahía, en Octubre de 1865, y lo hizo 
enterrar detrás del Castillo de San Severino ; pero el señor Xi- 
meno se limita a decir que pertenecía al género Phociena, Cuv. 
sin determinar la especie. En esta misma forma está consignado 
en el Repertorio Físico Natural de la Isla de Cuba., tomo 2°, pá- 
gina 56; en la Revista y Catálogo de los Mamíferos Cubanos, por 
don Juan Gundlach, y en la Mamalogía Cubana, del mismo au-' 
tor, página 50. Pero estas indicaciones son demasiado vagas pa- 
ra saber si realmente se trataba del género Phocaena, cuya espe- 
cie típica, Ph. comunis, Cuv. es propia de los mares del norte, o 
más bien de algunos otros géneros, {Orea, Orcinus, Pseudorca) 
que frecuentemente se han confundido con el Phocaena, Cuv. 

En el tomo XXIII de los Anales de la Academia de Ciencias 
de la Habana, 1886, página 555, aparece la siguiente nota del sa- 
bio Catedrático de Zoología y Académico de mérito D. Felipe Poey. 

'^Phocaena grampus. — Este es im cetáceo de la familia de los 
delphinidos, encallado hace poco en las peñas de Cojímar, donde 
lo impulsó probablemente su voracidad en persecución de algún 
pez, o bien, lo que es menos probable, persegundo por el alecrín, 
que tiraniza nuestros mares. Sabedor del caso el entendido y ac- 
tivo disector don Leonel Plasencia, acudió a tiempo para reco- 
ger, con arduo trabajo, el esqueleto que armó en la Habana con 
la habilidad que le es propia. Los caracteres de este animal, re- 
conocido por mí, auxiliado por los datos que el señor Plasencia 
pudo proporcionarme acerca de la forma de la cabeza, color del 
cuerpo, forma, magnitud y posición de la aleta dorsal, correspon- 
den a un cetáceo de los mares del norte, nombrado por Ilunter 
Delphinus grampus, en cuya sinonimia parece que entran el 
gladiator de Lacépede y el orea de F. Cuvier; habiendo alguna 
vez recalado a las costas de los Estados Unidos, y ahora se apa- 
rece en el trópico, como suelen aparecerse el pez zorro, el atún y 
el pez de espada. No bastaba a la inocente e infeliz ballena te- 
ner por enemigo al hombre, cuyos crueles arpones la persiguen 
en las regiones glaciales ; no basta a su desdicha el estar some- 
tido a la furia del narval y del espadarte ; había de sucumbir al 
acometimiento de los delfines más feroces, asociados en tropa de 
centenares de individuos que la embisten hasta el extremo de 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 105 

obligarla a sacar fuera de la boca la lengua, bocado sabroso, que 
estos corpulentos animales devoran, sin piedad." Y termina el 
profesor Poey diciendo que ha hecho la clasificación de la espe- 
cie "en cuanto lo permite el estado actual de la ciencia, en medio 
de una sinonimia no del todo satisfactoria." 

En efecto, pocas sinonimias hay más complicadas que la de 
la especie a que se refiere D. Felipe Poey, como puede juzgarse 
por la que copiamos a continuación, tomada de la Lista de los ma- 
míferos del continente norteamericano e Indias Occidentales, por 
Daniel Giraud Elliot, 1905. Dicho autor denomina esta especie 
Orcinos orea. El género Orcinus, Fitzin, es del año 1860 y le sir- 
vió de tipo el Delphi ñus orea Lin. 

He aquí la sinonimia de Elliot : 

Orcinus orea, Lin, (Common killer vvhales). 

Delfinus orea, Lin., Syst. Nat. I. 1758, pág. 77. 

Delphinus^ gladiator, Bonnat., Tab. Encycl. And Meth. des 
Trois Reines de la Nature, etc. 1789, p. 23. 

Orea schlegeli. Lilljeb. Ray. Soc. 1866, p. 235. 

Orea articus, Gerv. & V.Ben. Ost. Cet. 1868, p. 314. 

Orea europae, Gerv. & V. men. Ost. Cet. p. 314. 

Orea latirostris, Cerv. & V. Ben. Ost. Cet. 1868, p. 543. 

Orea Sterorhyncha, Gray. Proc. Zool. Soc. 1870, p. 71. 

Orcinus glafiator, Elliot., Syn. N. Am. F. C. M. Pub. II 1901, 
p. 22. pl VI. Zool. Ser. 

Orcinus orea, Elliot, Man. Middle. Amer. & W. Ind. F. C. M. 
Pub. IV, Pt. I. 1904, p. 51, fig. XVIII, pl. XXII Zool. Ser. 

A esta especie debiera referirse el Phocaena grampus de Poey, 
dependiendo la diferencia del nombre de las leyes de la nomen- 
clatura, porque el género Orcinus de Fitzin (1860) es desmem- 
bración del Phocaena de Cuvier (1817), como éste lo fué del Del- 
phinus de Liiuieo (1758). Y la especie Grampus de Hunter, an- 
terior a Orea de Linneo, ha tenido sin embargo que ceder al nom- 
bre impuesto por el fundador de la nomenclatura universalmeu- 
te aceptada. No obstante, el Dr. La Torre, discípulo de Poey, 
que aceptó aquella denominación y describió el esqueleto en la 
mencionada sesión de la Academia de Ciencias, ha rectificado des- 
pués la clasificación de aquel ejemplar y cree que el esqueleto que 
se conserva en la Academia, perteneciente al cetáceo encallado en 
Cojímar en 1886, debe referirse al Phocaena erassidens, Owen, 



106 Memorias de la Sociedad Poey. 

o con más propiedad, al Pseiidorca crassidens, Owen ; porque el 

0. orea tiene soldadas solamente las dos o tres primeras vérte- 
bras, en tanto que en el Ps. crassidens están unidas las seis o sie- 
te vértebras cervicales, circunstancia que existe en el mencionado 
esqueleto del Museo de la Academia de Ciencias. 

GÉXERO PSEUDORCA 

Pseudorca Reinh, Overs K. Dan. Vidensk. Selsk. Forh. Kjo- 
benk. 1862, p. 151. 

Caracteres. — Fórmula dentaria ^^|^ 40. Los dientes son gran- 
des y puntiagudos con raíces cilindróideas. Tienen cincuenta vér- 
tebras, estando unidas las seis o siete primeras en una sola pie- 
za. Las aletas pectorales moderadas y puntiagudas ; la dorsal si- 
tuada cerca del medio del lomo, de tamaño regular y escotada en 
su borde posterior. La cabeza algo elevada delante del resollade- 
ro y terminada en un rostrum corto y ensanchado. 

PSEUDORCA CRASSroENS 

Tonina, Killer Whales 

Sinonimia. — Phocaena C7'assidens. Owen., Brit. Fos. Man. 
1846, p. 516. 

Orea {¿pseudorca?) meridionalis, Flower Proc. Zool. Soc. 
1864, p. 420. 

Orea destructor, Cope Proc. Ac. Nat. Se. Phil. 1866, p. 293. 

Globiocephalus yrayi, Burm. An. Mus. Pub. B. Aires. 1. 1864, 
1869. p. 367. pl. XXI. 

Pseudorca crassidens, Elliot., Sin. N. Am. Mam. F. C. M. Pub. 

1. 190 L. p. 23. pl. VI, Zool. Ser. 

Psepdorca crossidens, Elliot., Mam, Did. Amer. & W. Ind. F. 
C. M. Pub. IV. pt. I. 1904. p. 51, pl. XXII Zool. Ser. 

Caracteres. — En esta especie la frente desciende gradualmen- 
te desde el resolladero hasta el extremo del hocico ; la aleta dor- 
sal está situada en el medio del lomo ; las pectorales son relativa- 
mente pequeñas. El color negro, un poco más claro en la parte 
inferior, lo distingue del Orea, que tiene el vientre completamen- 
te blanco, coloración que se eleva posteriormente a las partes la- 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 107 

terales y aparece también en forma de manchas por encima de 
los ojos y en la base de la dorsal. 

Dimensiones. — Longitud total : 4 a 5 metros. 

Elliot da las siguientes medidas de la calavera : 

Longitud total 595 m/m. 

Largo del rostrum 277 ,, 

Ancho en la base 208 „ 

ídem al medio 188 „ 

ídem inter-orbitaria 333 „ 

Longitud de la fosa temporal. . . 191 „ 

Distrihnción geográfica. — Se encuentra en todos los mares, y' 
Mr. Elliot lo enumera entre las especies que frecuentan las aguas 
vecinas del Continente americano y las Indias Occidentales. En 
Cuba, además del ejemplar a que se ha hecho referencia, y cuyo 
esqueleto se conserva en la Academia, parece haberse observado 
otras veces; pues quizás pudiera referirse a esta misma especie 
el Phocaena de Ximeno y otro ejemplar cogido en la Habana el 
3 de Julio de 1858 y dibujado por don Felipe Poey. Este último 
ejemplar medía unos tres metros, y el de la Academia cerca de 
cinco. 

Hábitos. — El nombre inglés Killer Whales, matador de ba- 
llenas, indica que sus hábitos son semejantes a los del Orcinus 
orea. 

GÉNERO GLOBICEPHALUS 

Sinonimia. — Glohicephala, Less., Hist. Nat. Mamm. Ois. I, 
1828, 441. Id. Nouv. Tabl. Regn. Anim. Mamm. 1842, pág. 200, 
Spoerocephalus, Gray. Cat. Seáis & Whales Brit. Mus. 1866. 
p. 323. 

Caracteres. — Los globicefalos son delfines que se distinguen 
fácilmente por su cabeza globulosa en su parte anterior y la au- 
sencia de rostrum aparente ; la dorsal es baja, alargada y de for- 
ma triangular; las pectorales largas y estrechas. Tienen dientes 
en corto número, pequeños, cónicos y recurvados, solamente en 
la mitad anterior de las mandíbulas. La superior (rostrum) es 
corta y ancha, la sínñsis de la mandíbula es corta; el cráneo an- 



108 Memorias de la Sociedad Poey. 

cho, deprimido ; las vértebras en número de cincuenta y siete a 
sesenta, estando las cinco o seis primeras cervicales unidas. 

En el Golfo de México se han observado las dos espcies si- 
guientes : 

GLOBICEPHALUS MELAS 

Piloto 

Sinonimia. — Glohicephalus melas, Traill. Nichols Joiirn. 1809 
XXIII pl. 3. 

Delphinus glohiceps, Cuv, Ann. Mus. París 1812. p. 14. pl. I. 
figs. 1. 2. 

Delphinus deductor, Scoresby. Arct. Reg. I. 1820. t. 13. fig. 1. 

Delphinus intermedius, Harl. Jour, Acad. Nat. Acie Pliil. 
1829. p. 51. pl. 1. fig. 13. 

Glohicephalus incrassatus, Gray., Procc. Zool. Soc. 1861, p. 
309. fig. 1. 

Sphaerocephalus incrassatus, Gray., Cat. Seáis & Whales. Brit. 
Mus. 1866., p. 323. 

Glohicephalus macrorhynchus, Héctor. Frans. N. Zeal. Inst. 
VIL 1874. pl. 16. fig. 3. 3^ (nec Gray). 

Globiocephalus nielas, Elliot. Syn., N. Am. Mamm. F. C. M. 
Pub. II. 1901. p. 23. Pl. VII. Zool. Ser. 

Glohicephalus melas, Elliot., ]\Iamm. Middle. Amer. & W. In- 
dies. F. C. M. Pub. IV. pl. 1. 1904. p. 52. fig. XIX. pl. XXII. 
Zool. Ser. 

Caracteres. — Fórmula dentaria f a jf El número de vértebras 
es de cincuenta y nueve a sesenta, estando soldadas la segunda y 
tercera cervicales ; los maxilares e inter-maxilares son rugosos en 
su parte anterior. Color negro con un área blanca en la parte 
inferior. 

Medidas. — Elliot da las siguientes medidas para un ejemplar 
completamente desarrollado : 

METROS 



Longitud total unos 20 pies 5.60 

Longitud de la aleta pectoral 1.270 

Mayor anchura de la misma 0.279 

Del extremo del hocico a la aleta dorsal . 1.397 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 109 

Distribución geográfica. — Se encuentra esta especie en el 
Océano Atlántico, tanto en los mares del norte como en los del 
vsur, y en las costas de ambos continentes. Los barcos de la Comi- 
sión de Pesca de los Estados Unidos lo han observado con fre- 
cuencia en el Golfo de México, y debemos referir a esta especie 
el ejemplar co<íido en la bahía de Matanzas, cuya historia hemos 
hecho en la introducción de este trabajo. 

GLOBICEPHALUS BR^VCHYPTERUS 

Pilotos de altas costas 

Sinonimia. — Globicephalus brachypterus, Cope., Proc. Acd. 
Net. Scien. Phill. 1876. pág. 129. f. 131. Elliot., Syn. N. Am. 
Mamm. F. C. M. Pub. II. 1901. p. 24 Zool. Ser. 

Globicephalus brachypterus. Elliot. JMamm. Middle. Amer. & 
W. Indies. F. C. M. Pub. IV. pl. I. 1904. p. 53. Zool. Ser. 

Caracteres. — Fórmula dentaria f . Sólo tiene cincuenta y sie- 
te vértebras ; el rostrum ancho, superando su base a. las 4/5 par- 
tes de la longitud total ; la fosa temporal grande y oval. Difiere 
de la especie anterior por el tamaño menor de los pectorales, que 
sólo miden una sexta parte de la longitud total del cuerpo. La 
aleta dorsal está situada por delante de la mitad del dorso. El co- 
lor es enteramente negro. 

Medidas. — El citado profesor Elliot da, para un adulto de 
esta especie, las siguientes : 

Longitud 4.648 m/m. 

Del extremo del hocico a la dorsal . 1.206 „ 

Longitud de la pectoral 0.762 „ 

Altura de la dorsal 0.356 „ 

Ancho de la nadadera caudal. . . 1.168 „ 

Calavera: 

Longitud total 0.662 m/m. 

Longitud del rostrum 0.333 „ 

Ancho en la base 0.288 „ 

ídem en el medio 0.235 „ 

Anchura inter-orbitaria 0.045 ,, 

Longitud de la fosa temporal . . . 0.163 „ 



lio Memorias de la Sociedad Poeij. 

DistrihuciÓH geográfica. — Habita el Golfo de México y la cos- 
ta de los Estados Unidos en el Océano Atlántico hasta la altura 
de New Jersey. 

Hábitos. — Los globicéfalos son animales pacíficos y se alimen- 
tají principalmente de calamares, sepias y a veces de peces. An- 
dan íieneralmente en manadas, a veces numerosísimas, las cuales 
siguen ciegamente a un solo conductor, circunstancia que apro- 
vechan los pescadores para capturarlos. 

GÉNERO DELPHlXrS 

Sinonimia. — Delphiniis, Lin., Sys. Nat. I. 1758. p. 77. I. 1766. 
p. 108. 

Rhinodclphis, Wagn., Schreb. Saugth. VIL 1846. pgs. 281, 
316 y 349. 

Eudelphinus, Van Ben and Gerv. Ostig., Cet. Viv. et Foss. 
1880, p. 600. 

Caracteres.- — Fórmula dentaria '^~^" a ~' 160 a 240. Los 
dientes ocupan casi por completo la longitud del rostrum en am- 
bas mandíbulas ; son cónicos, agudos, recurvados. El rostrum tie- 
ne doble longitud que la caja craniana. Pterigoides unidos en la 
línea media en toda su longitud ; paladar profundamente acana- 
lado lateralmente ; pectorales moderadas y escotadas. 

DELPHINUS DELPHIS 

Delfín, impropiamente Golfín 

Sinonimia. — Mr. Elliot (op. cit.) da la siguiente: 

Delphi ñus delphis Linn., Sys. nat. I. 1758. p. 77 I. 1766. p. 
108. Elliot, Syn. N. Am. Mamm. F. C. M. Pub. IL 1901, p. 28. 
pl. IX. Zool. Ser.; Id., Mamm. Middle. Amer. & W. Indies. F. C. 
M. Pub. IV. pt. I. 1904. p. 54. pl. XXIV. Zool. Ser. 

Delphinus fulvio-fasciatus Wagn., Schreb. Sauth. 1846. pl. 
361. fig. 1. 

Delphinus novae-zelandiae. — Onay & Gaim, Vay. Astrolabe. 
Mamm. 1830, p. 149. 

Delphinus janira, Gray,, Vay Erebus & Terror. Zool. 1846, 
p. 474. pl. 22. fig. 1. 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 111 

Delphinus forsteri, Gray., Cat. Seáis & Whales. Brit. Mus. 
1866, p. 248. 

Delphinus major, Gray. Cat. Seáis & Whales. Brit. Mus. 1866, 
p. 396. 

Delphinus moorü, Gray, Cat. Seáis & Whales. Brit. Mus. 1866, 
p. 896. 

Delphinus ivalkerí, Gray. Cat. Seáis & Whales. Brit. Mus. 
1866. p. 397. 

Delphinus pomeegra, Owen. Trans. Zool. Soc. VI. 1866, p. 23. 
pls. 6. 8. 

Delphinus hairdi, Dalí. Proc. Calf. Acad. Scien.' V. 1873, p. 12. 

Delphinus microps, Burm. Dése. Phys. Argent. III. 1879, p. 
534. (nec Gray). 

Delphinus fuscus, Fisch. Act. Soc. Linn. Bord. V. 1881, p. 
127. pl. IV. 

Delphinus soiverhianus, Fisch. Act. Soc. Linn. Bord. V. 1881, 
p. 127. pl. IV. 

Delphinus variegatus, Fisch. Act. Soc. Linn. Bord. V. 1881, 
p. 127. pl. VI. 

Delphinus haltcatus, Fisch. Act. Soc. Linn. Bord. V. 1881, 
p. 127. 

Delphinus moschatus, Fisch. Act. Soc. Linn. Bord. V. 1881, 

Clymene marginatus, Fisch. Act. Soc. Linn. Bord. V. 1881, 
p. 150. (nec Pucheron). 

Delphinus delphis, var. curvirostris Riggio., Nat. Cicil. II. 
1883, p. 157. pl. 3. 

Caracteres. — Cuerpo delgado ; la frente formando ángulo con 
el pico que es largo y delgado; aleta dorsal en el centro del lomo, 
estrecha; las pectorales tres veces más largas que anchas, pun- 
tiagudas. Color muy variable, la parte superior negra o gris ne- 
gruzco, la inferior blanca o verdosa claro; una banda negra, gris 
o verdosa, se extiende desde la mandíbula inferior hasta la base 
de las pectorales ; anillo orbitario negro, desde donde una banda 
negra se extiende hacia delante hasta la base del pico ; margen de 
la mandíbula inferior negro ; área alargada, de festones grises a 
los lados, atravesadas por dos bandas longitudinales de gris 
verdoso. 



112 Memorias de la Sociedad Poey. 

Medidas.— 

Longitud total 1.382 a 2.008 

Lono-itud de la pectoral 0.280 a 0.305 

Ancho de la caudal 0.393 a 0.450 

Altura de la dorsal 0.117 a 0.204 

Del espiráculo a la extremidad de la nariz. 0.330 a 0.356 

Distrihueión geográfiea. — Habita el Océano Atlántico, y se 
observa con frecuencia en el Golfo de México. 

Fernández de Oviedo (Cap. 6" libro XIII de la Historia de 
Indias) dice lo siguiente: 

"Acaece muchas veces que los marineros matan muchas toni- 
nas con arpones é fisgas, viniendo las naves o andando en su na- 
vegación engolfadas o por las costas de estas indias." Y el doctor 
Gundlach {Mainalogía Cubana, pág. 50), bajo el epígrafe "To- 
nina", dice: "que se ven estos animales a menudo alrededor de 
las embarcaciones, y muchas veces las acompañan por algún tiem- 
po". Agrega que "pertenecen al género Delphimis L.", aunque 
no habiendo examinado individuo alguno muerto, no puede in- 
dicar su nombre específico. 

Algunas otras notas se han publicado en los periódicos acer- 
ca de la presencia de delfines en nuestras costas, pero como no 
se consignan sus caracteres, es imposible determinar su clasifica- 
ción científica, y lo mismo pueden haber pertenecido a esta es- 
pecie que a cualquiera de las siguientes, que son las observadas 
por la Comisión Americana de Pesquería en el Golfo de México 
y Mar de las Antillas. 

Hábitos. — El aspecto de sus dientes indica que es uno de los 
más terribles carniceros marinos ; su alimentación consiste de mo- 
luscos, cefalópodos, crustáceos, peces. Se les ve en alta mar y 
también cercanos a las costas, pudiendo decirse que se le encuen- 
tra en todas partes en tropas de seis a diez individuos ; siguen a 
los buques, nadando a su alrededor. La hembra pare un solo hi- 
jo, al que cuida y atiende con solicitud. 

GÉNERO TURSIOPS 

Sinonimia. — Tursiops Gerv.,Hist. Nat. Mamm. II. 1855, p. 323, 
Tursio Gray, List. Spec. Mamm. Brit. Mus. 1843, pgs. XXII [ 
105. 

Tursio, Cat. Seáis & Whales. 1866, p. 254. 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 113 

Caracteres. — Fórmula dentaria -^Er}' a "^^^05" ^4 a 100. Ros- 
trum moderadamente rematado en punta; palatino no acanalado; 
sínfisis de la mandíbula corta; dientes robustos; vértebras: cer- 
vicales 7, dorsales 13, lumbares 17, caudales 27,=64. Aleta dor- 
sal alta, encorvada; dientes cónicos iguales; pterigoides en con- 
tacto. 

TURSIOPS TRÜNCATUS 

Tonina o Delfín 

Sinonimia. — Delphinus truncatus Montagu, Mem. Wern, Soc. 
III 1821, p. 73. Truc. Proc. Acad. Nat. Scien. Phil. 1903, p. 318. 

Phocaena compre ssicauda Less. Nat. Hist. Cet. 1828, p. 199. 

Delphinus metis Gray., Vay. Erebus & Terror. Zool. 1846, 
p. 38. pl. 17. 

Delphinus cymodoce Gray., Vay. Erebus & Terror. Zool, 1846. 
p. 38. pl. 19. 

Delphinus eurinome Gray. Vay. Erebus & Terror. Zool. 1846, 
p. 38. pl. 18. 

Tursiops tursio Elliot., Syn. N. Am. Mamm. F. C. M. Pub. II. 
1901, p. 29. pl. IX. Zool. Ser. 

Tursiops truncatus Elliot., Mamm. Middle. Amer. & W. Li- 
dies. F. C. M. Pub. IV. Pt. I. 1904, p. 56. f. XX. pl. XXIV. (mis- 
printet on píate Tursiops tursio) Zool. Ser. 

Caracteres. — Además de los del género, tiene los siguientes: 
el hueso frontal no tiene gran extensión y los parietales son an- 
chos inferiormente. El color, en el dorso, es plomizo matizado de 
purpúreo, blanco por las partes inferiores. 

Medidas. — 

Longitud total 2.907 

• Del hocico 0.319 

Altura de la dorsal 0.229 

Anchura de la caudal 0.612 

Calavera, largo total 0.432 

Largo del pico 0.108 

Anchura inter-orbitaria 0.191 

Largo de la mandíbula 0.365 



114 ' Memorias de la Sociedad Poey. 

Distribución geográfica. — Es muy amplia ; se halla en el Mar 
Mediterráneo; Océano Atlántico; costas de los Estados Unidos, 
desde Maine a la Florida ; Golfo de México. 

GÉNERO PRODELPHINUS 

Sinonimia. — Prodelphinus, Van Ben. & Gerv. Osteog. Cet, 
Viv. et Foss. 1880, p. 604. pl. XXXVIII. 

Clymene Gray., Proc. Zool. Soc. 1864, p. 237. (nec Munster, 
1839). 

Clymenia Gray., Syn. Whales & Delphines. 1868, p. 6. (nec 
Munster. 1839). 

Caracteres.— Fórmula dentaria -^=^^ a ^"~." 120 a 200. 

.i() — .M) ñu— .,0 

Dientes más pequeños que los del Tursiops. Rostrum largo y es- 
trecho, palatinos no acanalados ; vértebras de 73 a 78 ; sínfisis de 
la mandíbula corta; pico alargado; aletas dorsal y pectorales en- 
corvadas. 

Dientes cónicos, pequeños y niimerosos ; convexa la porción 
rostral de los inter-maxilares. 

Color purpurino gris por encima, manchado de blanco. 

Ancho del rostrum en la base, 109 ; en el centro, 58 ; entre 
las órbitas, 186. 

PRODELPHINUS PLAGIODON 

Delfín de dientes afilados 

Sinonimia. — Delphinus plagiodon. Cope. Proc. Acad. Nat, 
Scien. Phil. 1866, p. 296. 

Trodelphinus plagiodon, Elliot., Syn. N. Am. Mamm. ¥. C. 
M. Pub. II. 1904, p. 31. f. 9. Zool. Ser.— Id., Mamm. Middle. 
Amer. & W. Indies. F. C. M. Pub. IV. pt. I. 1904, p. 58. f. XXI. 
Zool. Ser. 

Caracteres. — Aleta dorsal alta, recurvada; aletas pectorales 
anchas en la base ; el pico fuerte, robusto. 

Color purpurino gris por encima, manchado de blanco en los 
lados y por debajo, lo mismo que las aletas ; las partes más infe- 
riores lo están de gris oscuro. 



L. A. Ciiní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 115 

Dimensiones. — 

Largo total 2.157 

Largo del pico , 0.280 

De la aleta pectoral 0.304 

Del extremo del pico a la dorsal. . . . 0.337 

Altura de la dorsal 0.241 

Ancho de la caudal 0.527 

Distrihución geográfica. — Se encuentra en las costas del Atlán- 
tico de los Estados Unidos, desde el cabo Hateras al Golfo de 
México. (1) 

PRODELPHINUS EUPHROSYNP: 

Delfín 

Sinonimia. — Delphinus euphrosyne Gray. Voy., Erebus & Te- 
rror Zool. 1846, p. 40. pl. 22.— Id., Cat. Seáis & Whales, Brit. 
Mus. 1866, p. 251. 

Delphinus styx Gray., Voy. Edebus & Terror. Zool. 1846, p. 
39. pl. 2. 

Delphinus tethyos Gerv., Bull. Socí Agr. Herait. 1853, XL. 
p. 150. pl. I. 

Delphinus marginatus (Duvern) Pucher. Rev. Zool. 1854, 
pl. 547. 

Delphinus eurynome Blyth., Cat. Mus. Asiat. Soc. Beng. 1863, 
p. 90. (nec Gray). 

Tursio dorcides Gray. Cat. Seáis & Whales. Brit. Mus. 1866, 
p. 400. 

Clymenioi euphrosinoide Gray., Syn. Whales & Dolphins. 
1868, p. 6. 

Clymenia novae-zelandiae, Héctor, Frans. N. Seáis. Inst. 1873, 
V. p. 159. 

Prodelphinus euphrosine Elliot, Syn. N. Am. Mamm. P. C. 
M. Pub. IL 1901, p. 30 pl. X. Zool. Sre. 

Caracteres. — El cuerpo es fornido ; el pico largo ; la dorsal 
es alta, encorvada ; aletas pectorales pequeñas ; el color es negro 
por encima, a los lados blanquecino y por debajo blanco ; anillo 



(1) El Museo Poey de la Universidad posee el molde y el esqueleto 
de un ejemplar cogido en la Habana. 



116 Memorias de la Sociedad Poey. 

orbitario negro ; una banda negra desde el ojo hasta el resollade- 
ro y otra que va hacia abajo y atrás hasta la base de las pecto- 
rales; ésta, negra, está separada del color obscuro de la parte su- 
perior por una banda blanca que es más ancha en su parte me- 
dia; la ancha banda negra desde el ojo a la base de las pectora- 
les tiene un área blanca en su centro, la cual se une a la gargan- 
ta, blanca, debajo de los ojos ; nadaderas negras, bordeadas an- 
teriormente de blanco. 

Dimensiones. — 

Longitud total 2.097 

Del extremo del pico a la base de la dorsal . . 0.932 

Anchura de la nadadera caudal 0.420 

Borde anterior en la nadadera pectoral 0.305 

Distribución geográfica. — Esta especie habita el Océano At- 
lántico y el Mar Mediterráneo ; habiéndosela observado en las 
costas de Jamaica, por lo cual no sería extraño que se encontra- 
ra también en Cuba. 

ORDEN PINNÍPEDOS 

Caracteres generales. — Los pinnipedos, colocados por Cuvier 
en el orden de los carniceros, ofrecen sin embargo un conjunto 
de caracteres suficientes para justificar su separación de los de- 
más carnívoros y formar, como se ha hecho desde tiempos remo- 
tos, un orden aparte y perfectamente natural. Dichos caracteres 
dependen principalmente de la adptación de sus formas a la vi- 
da acuática, pero ofrecen ademá-s diferencias muy notables en el 
sistema dentario. 

El cuerpo de los pinnipedos es fusiforme, adelgazado en su 
parte posterior y terminado por una cola muy corta ; tienen cua- 
tro extremidades en forma de paletas muy aptas para la nata- 
ción ; las anteriores, a manera de brazos, las posteriores, echadas 
atrás, tienen cierta semejanza con la nadadera caudal de los ce- 
táceos, aunque difieren totalmente de estos mamíferos acuáticos, 
precisamente por la existencia de extremidades abdominales bien 
desarrolladas, en tanto que en los cetáceos, como se ha dicho, son 
rudimentarias o nulas. 



L. A. Cuni: Contribución al estudio de tos mamíferos, etc. 117 

La cabeza es pequeña, redondeada, con labios carnosos pro- 
vistos de sedas o pelos, a veces torcidos en espiral y en forma de 
mostachos. El cuello es corto, pero bien definido. Las narices, 
estrechas, están cerradas por unos cartílagos, y pueden abrirse 
o cerrarse a voluntad del animal, gracias a la presencia de múscu- 
los antagonistas. 

El pabellón de la oreja, algo desarrollado en las Otarias, es 
casi nulo en las demás focas ; pero pueden obturarse los agujeros 
auditivos durante la inmersión del animal. 

Los ojos son grandes y salientes y provistos de una córnea 
aplanada. 

La dentición ofrece una variabilidad notable, no solamente en 
el número, sino en la forma. Los incisivos no llegan jamás al nú- 
mero de seis pares como en los carnívoros; generalmente no hay 
más que dos pares en la mandíbula o maxilar inferior. Los cani- 
nos existen siempre y son bastante fuertes en las Otarias; pero 
en las morsas alcanzan su máximo de desarrollo. No existe la muela 
carnicera y no pueden distinguirse por tanto los premolares de 
los molares verdaderos ; se admiten sin embargo cuatro premo- 
lares seguidos de uno verdadero de cada lado. El cóndilo de la 
mandíbula es siempre transversal. 

El ciego es muy corto ; los ríñones están divididos en un gran 
número de lóbulos distintos. 

La piel está cubierta de pelo corto y apretado. 

Los dedos, en número de cinco, están provistos de uñas más 
o menos fuertes, y se hallan reunidos hasta la última falange por 
expansiones tendinosas que sobrepasan a veces el largo de los de- 
dos, sobre todo en las patas posteriores, en las cuales el primero 
y el quinto dedos son generalmente los más largos, carácter que 
no se encuentra en ninguno de los carniceros terrestres. 

Hábitos. — Estos mamíferos están constituidos para vivir en 
el agua, aunque algunos son capaces de andar en tierra, en cuyo 
caso lo hacen a saltos, por la contracción de los músculos ven- 
trales. 

Sus enemigos son el Orea y otros grandes delfines. 

Durante el período de la reproducción salen espontáneamente 
a tierra : las morsas y las Otarias, entre las cuales el macho es de 
talla muy superior a la hembra, practican la poligamia y esco- 
gen lugares determinados para la reproducción, en tanto que las 



118 Memorias de la Sociedad Poey. 

focas propiamente dichas son por lo regular monógamas y no 
salen del agua sino temporalmente. 

Los pinnipedos son muy inteligentes y susceptibles de do- 
mesticarse. 

División. — Este orden se divide en tres familias: los otáridos 
o focas provistas de orejas; los phócidos o focas propiamente di- 
chas y los trichéchidos o morsas, provistas de dos grandes defen- 
sas en la edad adulta. De estas tres familias, sólo existe la segun- 
da en nuestros mares. 

Distritución geográfica. — Casi todos los pinnipedos viven en 
los mares de las regiones heladas, principalmente en las circum- 
polares, siendo más frecuentes las focas en el hemisferio boreal, 
y las otarias en el austral. Existen, sin embargo, algunas espe- 
cies propias de las regiones templadas y aun de los países cáli- 
dos, entre las cuales se encuentrají el Monachus tropicales, cada 
vez más raro en nuestros mares. 

La piel de estos interesantes animales es muy estimada, por 
lo que son objeto de una persecución muy activa, habiendo llega- 
do a extinguirse algunas especies. 

FAMILIA PHOCIDAE 

Caracteres. — Las focas se reconocen fácilmente por su cabeza 
grande, redondeada, su nariz ancha y sus miembros cortos, sien- 
do las uñas más fuertes en los anteriores. 

Sus dientes, en número de treinta y cuatro, son pequeños y 
puntiagudos ; los molares, por lo regular, tienen dos raíces. 

La fórmula dentaria es variable, pues el número de incisivos 
puede ser : I -|£|- o -^E^ y aun 



2- 


^•c 


1—1 
1—1 


PxM 


4- 


-4 


M 


1- 


-1 


y aun ~r 


4- 


-4 


4- 


-1 


GÉNERO 


PHOCA 

















Las focas propiamente dichas, cuya fórmula dentaria es : I -l^:^^ 

C. -^^ PM -jEf- M -^Er S-^* ^^^^ género, según hemos dicho, no 
existe en los mares de las Antillas. 



GENERO MONACHUS 

Sino7iimia.-^Monachus Flem. Phil. Zool. II. 1822, p. 187. 



L. A. Cuní: Contrihución al estudio de los mamíferos, etc. 119 

Pelagios F. Cuv. Mem. Mus. Hist. Nat. París. 1824, p. 193. 
pl. XIII. f. 2. 

Pelagocyon Glog., Hand. u Hilfst. Nat. 1841, p. XXXIV, 163. 

Rigoon Gistel., Naturg. Thiele. 1848, p. X. 

Helw phoca Gray., Ann. Mag. Nat. Hist. 2? Ser. XIII. 1854, 
p. 201. 

Caracteres. — El carácter fundamental de este género consis 
te en la reducción a dos pares de incisivos superiores, por lo que 
el número total de dientes es de treinta y dos y no de treinta y 

cuatro como en la foca : I ^3=- C -J^J- PM 7— M -jE^ 82. 

Tienen estas focas el hocico alargado, deprimido ; los nasales 
cortos; las uñas bien desarrolladas en los dedos anteriores y ru- 
dimentarias en los posteriores ; el pelaje corto y espeso ; las pal- 
mas de las manos y las plantas de los pies desnudas. Caninos 
grandes, molares cónicos con los tubérculos imperfectos ; los tres 
molares posteriores con dos raíces. Incisivos estriados transver- 
salmente por la cara posterior. Se conocen dos especies: M. alhi- 
venter del Mediterráneo, y la que habita nuestros mares. 

, MONACHUS TROPICALIS 

Sinonimia. — Monachus tropicalis (Gray). 

Phoca tropicalis Gray., Cat. Seáis. Brit. Mus. 1850, p. 28. 

Monachus tropicalis, Elliot., Mamm. Middle. Amer. & W. In- 
dies. F. C. M. Pub. IV. pl. II 1904, p. 543 pls. LVI. LVII. LVIII. 
LIX. Zool. Ser. 

Caracteres. — Tienen los mostachos largos y flexibles, el pe- 
laje corto y espeso, las uñas bien desenvueltas en los dedos ante- 
riores y pequeñas en las de los pies; el hocico alargado y depri- 
mido : palmas y plantas de las extremidades desnudas. 

Color. — Por encima moreno mezclado de gris; los lados de 
color más claro, pasando gradualmente hasta el amarillento; la 
parte inferior blanca; el borde del labio inferior, el frente y los 
lados del hocico, blanco amarillento ; las nadaderas, moreno man- 
chado de gris. 

Distribución geográfica. — Esta especie fué descubierta en 
1494, por los marinos de Cristóbal Colón, en la isla de Altavela, 
donde mataron ocho. Después se han encontrado en el Mar de 
las Antillas, en la vecindad de Jamaica, del Banco de Pedro de 



120 Memorias de la Sociedad Poey. 

las islas Alacranes, en las costas de Yucatán y de la Florida ; pe- 
ro el primer ejemplar que se pudo estudiar bien fué enviado de 
Cuba al Museo Nacional de Washington por don Felipe Poey. 
El ejemplar que sirvió de tipo a Gray para la descripción de la 
especie procedía de la isla de Jamaica. 

Dimensiones. — 

Longitud total 2.390 

Longitud de las manos 0.300 

Longitud de los pies 0.320 

TABLA ANALÍTICA PARA LA CLASIFICACIÓN DE LOS MAMÍFEROS 
ACUÁTICOS COMPRENDIDOS EN ESTA MEMORIA 



MAMÍFEROS ORGANIZADOS ESENCIALMENTE PARA LA VIDA ACUÁTICA 

A. — Piel con pelos escasos o nulos ; 
las extremidades torácicas en 
forma de nadaderas o remos ; 
las abdominales atrofiadas o 
nulas; aleta caudal horizon- 
tal. 

B. — Molares provistos de coronas 
cuadrangulares con colinas 
salientes ; régimen alimenti- 
cio, fitófago o herbívoro Orden Sirenios. 

i. ^~^, en la primera edad, 
sustituidos en la adulta por 

placas córneas ; m-|^ a 4l=ii' 
dos mamas pectorales, 
a. — Nadaderas provistas de tres o 

cuatro uñas rudimentarias. . .Manatus americanus. 
B. B. — Molares (cuando existen) có- 
nicos o puntiagudos, lo mis- 
mo que los incisivos; régimen 
alimenticio zoófago o carní- 
voro Orden Cetáceos. 



L. A. Cuni: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 121 

C. — Con láminas o ballenas, o ba- 
llenas en lugar de dientes que 
sólo existen en el feto Sub-orden Mystlcetes. 

FAMILIA BALAENIDAE 

Iguales caracteres que el sub- 
orden por ser la única familia, 
b. — Nadaderas más largas que en 
el género Balaena ; cuatro de- 
dos en vez de cinco ; provisto 
de aleta dorsal. Negro por 
encima y el vientre blanco 

Manchado de negro Magptera nudosa hellicosa. 

C. C. — Con dientes cónicos Sub-orden Denticetes. 

FAMILIA PHYSETERIDAE I. 

Cabeza enorme ; con dientes 
sólo en la mandíbula inferior, 
c. — Color negro por encima y vien- 
tre gris Physeter macrocephalus. 

FAMILIA DELPHINIDAE H. 

Cabeza proporcionada, con 

dientes en ambas mandíbulas, 
d. — Los dientes confinados a la 

mitad anterior del rostrum, 

que es poco saliente, 
e. — La frente desciende gradual- 
mente hasta el extremo del 

hocico ; dientes en número 

Ap. 10-10 ^40. Vértebras cer- 

^*^ 1 -10 

vicales, 6 o 7, soldados en una 

sola pieza Pseudorca crassidens. 

e. e. — Frente globulosa; dientes en 
número de-|E^ a lEg = 18 



122 Memorias de la Sociedad Poey. 

a 26. La segunda y tercera 
vértebras cervicales soldadas 

en una sola pieza Género Glohicephalus. 

f . — Negro con área blanca debajo ; 
aleta pectoral 1^ de la longitud 
total Glohiceplialus melas. 

f. f. — Enteramente negro ; aleta \ de 

la longitud total Glohicephalus brachipterus. 

d. d. — Los dientes ocupan toda la 
extensión del rostrum, que es 
más o menos alargado en for- 
ma de pico, 
g. — Rostrum moderadamente re- 
matado en punta; paladar no 
acanalado; número total de 
dientes 84 a 100; dorso plo- 
mizo, matizado de purpúreo 
y vientre blanco Tursiops truncatus. 

g. g. — Rostrum muy largo y estre- 

cho ; número total de dientes 
mayor de 100. 
h. — Dientes en número de 160 a 
240, aguzados y recurvados ; 
paladar acanalado lateral- 
mente ; color variable ; negro 
o gris obscuro en^ el dorso y 
blanco o verdoso en el vien- 
tre; anillo orbitario negro, y 
bandas más o menos obscuras 
a los lados de la cabeza y del 
cuerpo Delphinus delphis. 

h. h. — Dientes pequeños en número 
de 120 a 200 ; paladar no aca- 
nalado lateralmente, 
i, — Color gris purpurino en el 
dorso, manchado de blanco 
en los lados y por debajo. . . . Prodelphinus plagiodon. 

i. i. — Color negro en el dorso, blan- 
quecino en los lados y blanco 



L. A. Cuní: Contribución al estudio de los mamíferos, etc. 123 

por debajo; anillo orbitario 
negro, de donde parten dos 
bandas al resolladero y a la 
base de las pectorales que son 
negras bordeadas anterior- 
mente de blanco ProdeJphinus euphrosyne. 

A. A. — Piel provista de pelos ; cuatro 
extremidades dispuestas para 
la natación; las abdominales 
echadas atrás en forma de 
cola horizontal. 
B. B. B, — Con dientes incisivos, cani- 
nos y molares, como en los 
mamíferos carnívoros Orden Pinnipedos. 

FAMILIA PHOCIDAE 

Cabeza grande y redondeada, 
sin orejas y desprovistos de 
grandes caninos o defensas. 

2—2 1—1 4—4 

].-!. 1=^; ciiii ; p. m. -^zj- 
m -luL = 32 ; uñas bien desa- 
rrolladas en las extremidades 
anteriores y rudimentarias en 
las posteriores Monachus tropicalis. 

CUADRO SINÓPTICO DE LOS MAMÍFEROS ACUÁTICOS 

ORDENES FAMILIA GÉNEROS Y ESPECIES 



Sirenios Manatidae Manatus amer.canus 

( Mysticetes Balsenidse Megaptera nudosa bellicosa 

, Physeteridse . . . Phy seter macrocephalus 

( Pseudorca crassidens 

LDenticete» { | Qlobicephalus melas 

Mamíferos 
acuáticos ( I ■ I Qlobicephalus brachypterus 



Cetáceos. . . i 



iDelphinidse. . . { Delphinus delphis 
Tursiops truncatus 
Prodelphinus plagiodon 
i Prodelphinus euphrosyue 
Pinnipedos Phocidse Monachus tropicalis 



124 Memorias de la Sociedad Poey. 

EL DR. JOSÉ TOMAS CARTAYA 



Nota biográfica 

En el acta de la sesión del 27 de Marzo de 1917 consignóse 
el fallecimiento de nuestro distinguido socio titular Dr. José 
Tomás Cartaya y Zamudio, el cual acaeció el 28 de Febrero del 
mismo año ; y en la sesión solemne del 26 de Mayo próximo pa- 
sado le consagramos breves palabras a la memoria del malogra- 
do compañero (Vol. II, pág. 205 y Vol. III, pág. 14). Ahora 
publicamos algunos datos biográficos. 

Nació en Cádiz, España, el 14 de Julio de 1881, viniendo a 
Cuba de muy corta edad. Hizo sus primeros estudios en el co- 
legio "El Siglo", en la ciudad de Matanzas, en cuyo Instituto 
Provincial ingresó en 1891 ; interrumpiendo su bachillerato por 
haberse trasladado a los Estados Unidos. Graduóse de Bachiller 
en Artes en la Habana en 1898 ; y de Doctor en Medicina, en 
nuestra Universidad, en 1903. En toda su carrera, desde la ins- 
trucción primaria a la superior, obtuvo las más altas califica- 
ciones. 

Continuó sus estudios en la Escuela de Medicina Tropical 
de Londres, y después en el Bellevue Hospital y Medical School 
de New York, Fué nombrado más tarde miembro de la Comisión 
Nacional de Cuba en el Congreso Internacional de Tubercu- 
losis y fundador de la Sociedad de Medicina Tropical de Cuba; 
vocal de la Comisión organizadora de las juntas anuales de la 
American Public Halth Assotiation, a propuesta del ilustre 
Dr. Finlay ; etc. Con el objeto de realizar investigaciones bio- 
lógicas relacionadas con el estudio de los gérmenes patógenos, 
productores de enfermedades infecciosas, recorrió la isla de 
Cuba en todas direcciones y también dilató el campo de su cul- 
tura científica, desde el punto de vista del laboratorio y de la 
clínica, en diversos viajes por el extranjero; visitó, en efecto, a 
ese propósito, centros importantes de los Estados Unidos y de Eu- 
ropa (Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Rusia, etc.), toman- 



Revista Bibliográfica. 125 

do importante participación en los trabajos para extinguir las 
enfermedades epidémicas. También hizo una excursión por las 
diversas Antillas, estudiando sus condiciones sanitarias. La la- 
bor del Dr. Cartaya en nuestro Departamento de Sanidad fué 
realmente notable, demostrando en todos momentos su vasto 
saber y condiciones de profundo investigador. A su cultura 
científica se aunaban sus bellas prendas personales, su modes- 
tia excesiva junto a sus grandes prestigios. 

Sus trabajos han sido publicados en la Crónica Médico Qui- 
rúrgica, Revista de Medicina Tropical, Archivos de la Policlí- 
nica, de la Habana, principalmente. La muerte sorprendió al 
Dr. Cartaya cuando se proponía emprender un viaje científico 
por la América del Sur. "Descanse en paz — ya lo dijimos — 
quien debió, por sus méritos, vivir largamente la existencia que 
en justicia corresponde a los espíritus cultos y buenos." Pre- 
maturamente fué arrancado, sin duda, al afecto de los suyos ! 



REVISTA BIBLIOGRÁFICA 



1. Semilleros de tabaco. Cantidad de semillas y manera 
DISTRIBUIRLA. (Circular núm. 54 de la Estación Exp. Agro- 
nómica de Santiago de las Vegas) ; por el Dr. Juan T. Roig. 
Habana, 1917. 

2. LTna enfermedad gangrenosa de los EUCALIPTOS. (Boletín 
número 37 de la Estación Exp. Agronómica de Santiago 
de las Vegas) ; por Stephen C. Bruner. Habana, 1917. 

3. Agricultura. Revista mensual. Habana, Vol. I, 1917. 

4. Revista de la Sociedad Cubana de Ingenieros. Habana, 
Vol. IX, 1917. 

5. El Eco Científico. Vol. I (núms. del 1 al 7). Ciego de 
Avila, Camagüey, 1917. 



126 Memorias de la Sociedad Poey. 

6. Boletín de la Dirección de Estudios Biológicos; to- 
mo n (núm. 1). México, 1917. 

7. Revista del Jardín Zoológico de Buenos Aires; año XIII 
(núms. 49-50). Buenos Aires, 1917. 

8. Anales de Zoología Aplicada; año IV, número 1, Santia- 
go de Chile, 1917. 

9. Revista Chilena de Historia Natural; año XXI (nú- 
meros 1 a 5). Santiago de Chile, 1917, 

10. Bulletin du Muséum National d'Histoire Naturelle; 
números 5, 6, 7 y 8. París, 1916. 

11. Revue Francaise d'Ornithologie; 9.^ anuée, número 95, 
París, 1917. 

12. Sur la phylogénése de l'ortobioxte; par Charles Janet. 
Limoges, 1916. 

13. The American Midland Naturalist; Vol. V (núms. 4, 5 
y 6), Notre Dame, Indiana, 1917. 

14. HlSTORY OF THE SPANISH CONQUEST OF YUCATAN AND OF 

THE Itzas; by Ph. Ainsworth Means (Papers of the Peabody 
Museum, Harvard University ; Vol. VII). Cambridge, Mass. 
1917. 

15. The American Museum Journal; Vol. XVII (núms, 5, 6, 
7 y 8), New York, 1917. 

16. Journal of Entomology and Zoology; Volume nine (nú- 
meros 2, 3 y 4). Claremont, California, 1917. , 

17. The Ohio Journal Science; Vol. XVII; núm. 8; Volu- 
men XVIII, núms, 1 y 2, Columbus, Ohio, 1917, 



Revista Bibliográfica. 127 

18. Ohio Biological Survey; Vol. II, núra. 5. Columbus, Ohio. 
1917. 



19. The Anatomical Record; Vol. 13, núms. 5, 6 y 7 (Oct., 
Nov. y Dec). Philadelplüa, Pa., 1917. 

20. Journal of IMorphology; Vol. 30, núm. 1, Philadelphia, 
Pa. (December 20). 1917. 

21. The Journal of Comparative Neurology; Vol. 28, núms. 
1 (August), 2 (October) y 3 (December). Philadelphia, 
Pa. 1917. 

22 The Journal of Experimental Zoology; Vol. 24, núms. 
1 (October) y 2 (November). Philadelphia, Pa. 1917. 

Estas cuatro últimas revistas norteamericanas son publicadas 
por el Wistar Institute of Anatomy and Biology de Filad elfia, 
importante centro de investigaciones científicas. Además de las 
citadas, publica otra: el American Journal of Anatomy, de la 
que han aparecido ya veinte y dos volúmenes. También las 
Memoirs (series of Anatomical Monographs) que hasta ahora 
son siete (1911 a 1915). 

Los trabajos que aparecen en las distintas revistas y en las 
monografías, son objeto de un excelente servicio bibliográfico de 
tarjetas (Bibliografic service card) donde se condensan debida- 
mente aquéllos, siendo de gran utilidad para los estudiosos que 
cultivan campos muy diferentes del vasto dominio biológico. 
En el Wistar Institute pueden asimismo adquirirse las Biological 
lectures delivered at the Marine Biological Lahoratory, Woods 
Hole, Mass. (1894 to 1899). 

"A causa de las lamentables condiciones por que atraviesa 
Europa, en algunos de los países más importantes del mundo 
se han intemimpido seriamente los trabajos de carácter cientí- 
fico, y una gran cantidad de revistas anatómicas y zoológicas han 
suspendido su publicación, mientras que otras se han vuelto más 
o menos inaccesibles par los investigadores, y con especialidad 



128 Memorias de la Sociedad Poey. 

para los investigadores que trabajan en los laboratorios ameri- 
canos. ' ' 

"Estas publicaciones — agrégase en el correspondiente anun- 
cio de las mismas — contienen abundante material de investi- 
gaciones hechas en América en asuntos de biologia, y tienen en 
todo el mundo circulación más extensa que la de cualquiera 
otra publicación del mismo género. Las publica el Instituto 
Wistar Úe Anatomía y Biología, de Filadelfia, Estados Uñidos 
de América, como obra cooperativa emprendida por el Iikstituto 
para estimular y ayudar las investigaciones biológicas, y están 
escritas por prominentes investigadores que trabajan en otros 
laboratorios de los Estados Unidos 3^ Canadá." 

Con ese motivo el Wistar Institiote ofrece las columnas de sus 
diversas revistas a los laboratorios de todos los lugares ; y los es- 
tudios anatómicos y zoológicos, aprobados por los editores de 
aquéllas, son publicados no sólo en inglés, sino también en fran- 
cés, español, etc. Ejemplo de esto es el trabajo del Dr. F. Po- 
yales de Madrid, sobre el Desarrollo de los músculos oculares 
recto externo y recto interno en el emhrióyi humano, que apa- 
rece en castellano en las páginas del Anatomical Record (vol. 
13, núm. 6). 

La Biblioteca del Museo Poey y Laboratorio de Biología de 
nuestra Universidad recibe actualmente las publicaciones del 
Wistar Institute de Filadelfia. Consignamos aquí nuestro sin- 
cero y expresivo agradecimiento a su ilustre Director, Dr. 
Miltton J. Greenman (*) por las múltiples y bondadosas aten- 
ciones que ha tenido para nosotros, y a quien pueden pedirse 
los informes que se deseen. 

A. M. 



(*) The Wistar Institute.— 36tli. St. and Woodland Avenue.— 
Philadelphia, Pa.— U. S. A. 



REGLAMENTO DE LA SOCIEDAD 



Aet. 1," — Se constituye en la Habana una agrupación científica dedi- 
cada al estudio de las Ciencias Naturales (Mineralogía, Geología, Biología, 
Botánica, Zoología y Paleontología, Antropología y Agronomía) y a sus 
aplicaciones. 

Art. 2." — Dicha agrupación se denominará Sociedad Cubana de His- 
toria Natural "Felipe Poey", como tributo a la memoria del sabio fun- 
dador de las Ciencias Naturales en Cuba. 

Art. 3.° — El fin principal de la Sociedad será el cultivo de la ciencia 
local, tendiendo a estrechar los lazos de compañerismo entre los que persi- 
guen en Cuba esos estudios, para que la labor científica personal resulte 
más eficaz. 

Art. 4." — El número de socios será ilimitado, pudiendo pertenecer a la 
Sociedad así los cubanos como los extranjeros; necesitándose para ser ad- 
mitido la propuesta de un miembro, y la admisión en la siguiente sesión 
por las dos terceras partes de los votos de los concurrentes y previo infor- 
me de una ponencia nombrada al efecto. 

Art. 5." — Los socios serán fundadores, titulares, corresponsaTes y hono- 
rarios. Los primeros son los que han asistido a la sesión de constitución y 
organización de la Sociedad. Los titulares son los miembros ordinarios de la 
agrupación, residentes en toda la Isla, y abonarán la cuota anual de seis 
pesos moneda americana. Los corresponsales lo son en el extranjero. Para 
ser nombrado miembro honorario es preciso haber sobresalido en las Cien- 
cias Naturales, puras o aplicadas, por sus conocimientos e importancia de 
sus publicaciones. Los corresponsales y honorarios están exentos del pago 
de la cuota mencionada. 

Art. 6." — A los efectos de los trabajos de la corporación, ésta compren- 
derá las siguientes Secciones, que tendrán sus respectivos Director y Se- 
cretario: !.•, de Mineralogía y Geología; 2.', de Biología; 3.", de Botáni- 
ca; 4.', de Zoología y Paleontología; 5.', de Antropología; y 6.", de Agro- 
nomía. 

Art. 7." — ^La Sociedad elegirá anualmente su Junta Directiva compues- 
ta del Presidente, Vicepresidente, Secretario general. Secretario adjunto, 
Vicesecretario y Tesorero, los que constituyen la Mesa; siendo Vocales de 
aquélla el Director y Secretario de las Secciones que comprende la Socie- 
dad. Dicha Junta Directiva será nombrada en la primera quincena de 
Mayo de cada año; verificándose las elecciones entre los socios titulares 
residentes en la Habana por mayoría de votos y pudiendo ser reelectos. 
La Sociedad podrá nombrar un Presidente honorario. 

Art. 8." — Las sesiones de la Sociedad serán ordinarias y extraordina- 
rias, ya privadas o públicas, según el carácter del orden del día. Las or- 
dinarias se celebrarán mensualmente, exceptuándose los meses de Ju- 
nio, Julio, Agosto y Septiembre. Las sesiones extraordinarias podrán 
convocarse por el Presidente cuando las juzgue oportunas o a virtud de 
petición por escrito de tres socios titulares. Los acuerdos de la Sociedad 
se tomarán siempre por mayoría de votos, decidiendo la presidencia en caso 
de empate; y constituyendo el quorum, para la celebración de las sesiones, 
cinco miembros titulares. La Sociedad celebrará el 26 de Mayo de cada año 
una sesión solemne conmemorativa de su fundación, fecha del nacimiento 
de Poey, en 1799; tomando en ella posesión la Junta Directiva elegida. 

Art 9." — La Sociedad tendrá lo más pronto que sea posible su publi- 
cación, órgano oficial de ella, y donde periódicamente aparecerán sus tra- 
bajos; y un Comité de Redacción, nombrado por la Sociedad, se ocupará 
de todo lo concerniente a dicha publicación, de acuerdo con su Junta Di- 
rectiva. 

Art. 10." — La Sociedad resolverá lo que no se exprese en este Eegla- 
mento, el cual no podrá modificarse sino en sesión extraordinaria convoca- 
da a ese fin; y en caso de disolución de la Sociedad, los fondos y propie- 
dades de la misma se destinarán al "Museo Poey" de la Escuela de Cien- 
cias de la Universidad de la Habana. 



SUMARIO 



—Sesiones de la Sociedad (Octubre 13 y 30; y Noviembre 30 de 1917). 

— El hallazgo de la Saugetia; por el Sr. Hermano León. 

— Ouvier y sus paradojas científicas ; por el Dr. Arístides Mestre. 

— Fenómenos geológicos de 1916; por el Dr. Eduardo F. Plá. 

— Notas Entomológicas; por el Sr. Patricio G. Cardin. 

^.líganos hongos entomógenos de Ouba (con grabados); por el Sr. John 
R. Johnston. I 

—Contribución al estudio de los mamíferos acu4ticos observados en las 
costas de Cuba (con grabados); por el Dr. Luís A. Cuní. 

— El Dr. José Tomás Cartaya: Nota biográfica. 

— Revista bibliográfica. 



Las Memorias de la Sociedad Cubana de Historia Natural 
tFELiPE PoEY», se publicarán periódicamente. 

Solicitamos el canje de las revistas científicas que reciban 
las Memorias; así como la remisión de catálogos, folletos u obras, 
de los que daremos cuenta debidamente. 

La Redacción de las Memorias no se hace solidaria de las 
ideas sustentadas por los autores de los trabajos que se publiquen 
en aquéllas. 

Para todo lo concerniente alas Memorias, (manuscritos, can- 
je, remisión de obras, &.) dirigirse al Dr. Arístides Mestre, Mu- 
seo Poey, Universidad de la Habana, República de Cuba. 



VOL. III. 1917-1918. NUMS. 4, 5 Y 6 



MEMORIAS 



DE LA 



SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 



DIRECTOR: 

DR. CARLOS DE LA TORRE. 

JEFE DE REDACCIÓN: 

DR. ARISTIDES MESTRE. 







^^^^ 



IMPRENTA 

- EIv SIGLO XX - 

DE LA 

Sociedad Editora Cuba Contemporánea 
teniente rey 27 

1918 



JUNTA DIRECTIVA 

DE LA 

SOCIEDAD CUBANA DE HISTORIA NATURAL 
"FELIPE POEY" 

PARA EL AÑO ACADÉMICO DE 1^18 A 1919. 



Presidente: Dr. Carlos de la Torre. 

Vice-Presidente: Dr. Luis Montané. 
Secretario general: Dr. Arístides Mestre. 
Secretario adjunto: Dr. Gonzalo M. Fortun. 
Vice-Secretario: Dr. Juan M. Dihigo. 
Tesorero: Dr. Andrés Weber. 

SECCIONES 

1^ Mineralogía y Geología. 
Director: Dr. Santiago de la Huerta. 

Secretario: Dr. Pedro Guerra. 



Director: 
Secretario : 



Director: 
Secretario: 



Director: 
Secretario : 



Director: 
Secretario: 

Director: 
Secretario : 



2^ Biología. 
Dr. Arístides ^testre. 
Dr. Víctor J. Rodríguez. 

3^ Botánica. 

Dr. Felipe García Cañizares. 
Dr. José Frayde. 

J/.^ Zoología y Paleontología. 

Dr. Carlos de la Torre. 
Dr. Carlos T. Ramsden. 

5^ Antropología. 
Dr. Luis Montané. 
Dr. Manuel Mencía. 

6^ Agronomía. 

Dr. Juan R. Johnston. 

Sr. Rodolfo Arango. 



Los Sres. Secretarios de las Secciones forman el Comité de 
Redacción de las Memorias, según acuerdo de la Sociedad; y el 
Sr. Tesorero tiene a su cargo la administración. 



Vol. 111. 1917-1918. Núms. 4, 5 y 6. 



DE LA 

sociedad cubana de historia natural 
'"feilipe: poeiv'^ 



SESIONES DE LA SOCIEDAD 

31^ sesión. — Enero 28 de 1918. 

Presidencia del Dr. Juan Santos Fern/mdez, Socio Honorario. 

Socios concurrentes. — Sres. C. de la Torre, Presidente; 
G. M. Fortún, E. Delgado, C. T. Ramsden, A. Guerra, Max 
Duval, L. Montané, V. Rodríguez, V. Sotolongo, J. M. Dihigo, 
Hermano León, S. de la Huerta, J. M. Espín, A. Weber y A. 
Mestre, Secretario. 

Alocución. — El Dr. La Torre pronunció al lado del monu- 
mento de Poej' una alocución evocando el recuerdo del ilustre 
naturalista con motivo de ser el aniversario vigésimo séptimo 
de su fallecimiento. La alocución fué dirigida a los alumnos 
de Biología y Zoología presentes ; y al terminar el Dr. La Torre 
sus palabras, toda la concurrencia se puso de pie como tributo 
de homenaje a la memoria del sabio. 

TzANTZAS Y JÍBAROS. — El Dr. Montané leyó su trabajo sobre 
Tzantzas y Jíbaros ilustrando sus explicaciones con varias foto- 
grafías del trofeo indio. Mostró al mismo tiempo el ejemplar 
auténtico que existe en el Museo Antropológico de la Universi- 
dad, y en el cual pudieron observarse las curiosas peculiaridades 
de la momificación, producto de bárbara y repugnante costumbre 
precolombina observada desde Méjico al Perú. El Dr Montané 
también se refirió a las diferencias entre las Tzantzas verdaderas 



130 Memorias de la Sociedad Poey. 

y falsas, así como a la momificación efectuada por los indios 
respecto de varios animales. El Dr Santos Fernández conside- 
ró el trabajo del Dr. Montané como uno de los más completos 
sobre dicho asunto. 

Corona Poeyana (conclusión). — Concedióse seguidamente 
la palabra al Dr. La Torre para exponer, como lo hizo, la úl- 
tima parte de la Corona Poeyana ; consignando que el conjunto 
de especies zoológicas de las faunas de Cuba y americana en 
general que llevan el nombre de Poey, pasa de la cifra de cien, 
habiendo sido calificado por el sabio Dr. David S. Jordán como 
el más eminente entre todos los naturalistas del habla castellana. 

El Dr. La Torre expresó que los zoólogos actuales también 
han dedicado especies a Poey, citándolas; que la Corona Poeya- 
na se completará con la relación razonada de las especies por 
Poey descubiertas; y concluj'ó leyendo el celebrado soneto es- 
crito con motivo de la muerte de Poey en 1891, por la ilustre 
poetisa Sra. Viuda de Tió (Pág. 137, Vol. III). 

El Dr. Santos Fernández felicitó al Dr. La Torre por su 
exposición sobre la Corona Poeyana, significando que la obra 
de La Torre hacia Poey era el mejor ejemplo de fidelidad gi'an- 
de y justificada de un discípulo por su maestro. La sesión se 
dio por terminada. 

32? sesión.— Marzo 2 de 1918. 

Presidencia del Dr. Juan Santos Fernández, Socio Honorario. 

Socios concurrentes. — Sres. J. Ramos Almeyda, J. Navarro, 
G. M. Fortún, V. Rodríguez, P. G. Cardín, Hermano León, A. 
AVeber, J. Frayde, M. Duval, R. de la Torre Madrazo, R. Aran- 
go y A. Mestre, Secretario general. 

Lectura y aprobación de actas &. — Leídas por el Secretario 
las actas correspondientes a las sesiones públicas del 30 de No- 
viembre de 1917 y 28 de Enero próximo pasado, fueron apro- 
badas sin discusión. Los Dres. C. de la Torre y J. M. Dihigo 
se excusan de asistir a la sesión por ocupaciones perentorias. 
Dióse cuenta de las comunicaciones e impresos recibidos. 

Excursión a "El Retiro". — El Sr. Gonzalo M. Fortún leyó 
conforme a la orden del día, sus Notas sobre una excursión a ''El 
Retiro^', cuya finca fué residencia del sabio botánico cubano Sr. 



Sesiones de la Sociedad. 131 

José Blain. El Sr. Fortún da cuenta en su trabajo de su visi- 
ta a ese lugar, describiendo todo lo que ha creído de interés 
respecto del mismo y donde a su juicio debían reposar los res- 
tos del que fué decano ilustre de nuestros botánicos. El Sr. 
Fortún entiende que El Retiro debía destinarse a reserva fores- 
tal, contribuyéndose así a evitar la total extinción de valiosas es- 
de nuestra flora. 

Discusión. — El Dr. Santos Fernández aplaudió el estudio 
que acababa de leer el Sr. Fortún por su espíritu científico y tam- 
bién por el aspecto moral que envuelve su propósito ; y propone 
que de común acuerdo la Sociedad Poey y la Academia de 
Ciencias de la Habana, gestionen lo conducente a la adquisi- 
ción por el Gobierno, de la finca El Betiro para Parque Nacio- 
nal, y también se ocupen de los restos de Blain a fin de que sean 
sepultados debidamente. Sobre estos particulares hicieron uso 
de la palabra los Sres. J. Ramos Almeyda, que apoyó la moción 
del Dr. Santos Fernández, y R. Arango, que se refirió a la con- 
veniencia de hacer una propaganda periodística; acordándose 
que está se efctuara más adelante. El Dr. Mestre abundó en 
las mismas ideas de los Sres. Fortún y Santos Fernández, mani- 
festando que en la próxima sesión de la Sociedad propondría 
el nombramiento, de una comisión mixta, compuesta de miem- 
bros de la Sociedad Poey y de la Academia de Ciencias a los 
efectos del particular tratado. 

33? sesión.— Marzo 16 de 1918. 

Presidencia del Dr. Carlos de la Torre. 

Señores concurrentes. — Sres. Dres. J. Santos Fernández 
(Socio Honorario) F. G. Cañizares, P. G. Cardin, L. Montano, 
G. Díaz, V. Rodríguez, R. San Martín, R. Arango, C. Ramsden, 
A. Weber, L. Bassave, J. M. Dihigo, J. F. Centellas, y A. 
Mestre, Secretario general. — Asisten al acto profesores de la 
í acuitad de Letras y Ciencias, así como alumnos de la misma, 
del grupo de Biología y Ciencias Zoológicas. 

Presentación del Dr. Ramsden. — Ocupa la tribuna el Dr. 
C. de la Torre y después de manifestar que la sesión que se 
celebraba era un tributo a la memoria del ilustre naturalista 
Juan Gundlach, de cuyo fallecimiento hacía el 17 del actual 22 



132 Memorias de la Sociedad Poey. 

años ; habiéndose designado para su elogio al Dr. Carlos Rams- 
den, a quien consideraba como legítimo sucesor de aquel en 
el estudio de la fauna cubana, con la circunstancia interesante 
de que venía dedicándose a las mismas ramas científicas : la 
Ornitología, Entomología, Malocología y Erpetología. Lee el 
artículo de Poey sobre la "Felicidad en las Ciencias" (1) en que 
Poey alude a Gundlach, y después de evocar el recuerdo de los 
hermosos lazos de confraternidad científica que ligaron a esos 
dos sabios, hizo el Dr. La Torre la presentación del Dr. Rams- 
den dando cuenta de los antecedentes que lo distinguen, de sus 
diversas publicaciones, las cuales por vsus méritos le han conquis- 
tado un prestigioso nombre en el extranjero. El Dr. Ramsden 
es graduado de la Escuela de Ciencias de la Universidad de 
Yale y actualmente efectúa su incorporación en la de la Haba- 
na a fin de obtener el Doctorado en Ciencias Naturales. (Vol. 
III, pág. 142.) 

Elogio del Dr. Gundlach. — Terminada la presentación por 
el Dr. La Torre, dio seguidamente el Dr. Ramsden lectura a 
su trabajo sobre la Vida y exploraciones zoológicas del Dr. 
Gundlach en Cuba, las que comprendieron un espacio de tiem- 
po desde 1839 hasta 1896. El Dr. Ramsden recorrió todos los 
aspectos del ilustre ornitólogo, en cm^a existencia y al lado de 
su laboriosidad científica infatigable, destácase su hermosa fi- 
sonomía moral tan llena de atractivos siempre para cuantos lo 
conocieron y trataron. Ocupóse el panegirista de los primeros 
estudios de Gundlach en su adolescencia y juventud, de su in- 
terés en conocer directamente la naturaleza tropical, de todos 
los episodios en su vida campesti'e cubana, de su desprendimien- 
to en cuestiones de prioridad científica, de sus hábitos y senci- 
llas costumbres, de sus descubrimientos de nuevas especies de 
aves, insectos, & ; de sus diversas excursiones a través de nues- 
tros vírgenes bosques, de sus múltiples publicaciones, de la forma- 
ción del Museo Gundlach y de la historia de su adquisición por 
el Instituto de 2* Enseñanza de la Habana, donde actualmente 
se encuentra, etc ; y también de las relaciones científicas con Foex, 
de tanto interés en nuestra Historia Natural. (Vol. III' pág. 
146 y siguientes. 

Los RESTOS DE GuNDLACH. — El Dr. La Torre al terminarse 



(1) Obras Literarias, por Felipe Poey (pág. 17). Habana, 1888. 



Sesiones de la Sociedad. 133 

la sesión, dio las gracias a todos los presentes por su concurso 
a un acto donde se le rendía tributo a la memoria de uno de 
los más ilustres investigadores de la naturaleza de Cuba, con 
lo cual entendía que la Sociedad Poey, al llevarlo a cabo, cum- 
plía sin duda un sagrado deber ; refiriendo al propio tiempo que 
el Socio de número Dr. Eduardo Plá había donado al Museo de 
Zoología de la Universidad el busto del Dr. Gundlacli expuesto 
en el salón, y que tenía el propósito de colocar los restos de 
Gundlaelí juntos a los de Poey en el Museo mencionado, restos 
que se encuentran en la actualidad en el panteón del Dr. San- 
tos Fernández. 

34^ sesión. -Abril 20 de 1918. 

Presidencia del Dr. Carlos de la Torre. 

Socios concurrentes. — Sres. A. Weber, Hermano León, 
D. F. Ramos, Huerta, Ramsden, Jolmston, Fortún, Torre Ma- 
drazo, Gavaldá, V. Rodríguez, R. San Martín, A. Cuervo, Bas- 
save, Max Doval, Roca Masden y A. Mestre, Secretario general. 
Asiste el Dr. Santos Fernández, Socio honorario. 

Actas y comunicaciones. — Leídas por el Secretario general 
las actas de las Sesiones del 2 y 16 de Marzo del año actual, 
fueron aprobadas. Se entera la Corporación de las comunica- 
ciones e impresos recibidos; entre estos se hace especial men- 
ción del Vol. 1? de la Biblioteca Científica Cubana, del que 
ha enviado un ejemplar su autor el Dr. Carlos M. Trelles para 
la Biblioteca de la Sociedad. El Dr. Mestre pide se solicite del 
Dr. Trelles autorización para reproducir en las páginas de las 
Memorias la parte correspondiente a las Ciencias Naturales y 
con las modificaciones que se juzgase conveniente introducir. El 
Dr. La Torre apoya lo manifestado por el Dr. Mestre y celebra 
la labor del Dr. Trelles. La Sociedad acuerda pedir la autoriza- 
ción indicada, sin perjuicio de los intereses del autor del libro. 

Excursión Botánica a Oriente. — El Sr. Fortún cumple 
el encargo del Dr. J. T. Roig leyendo su Reseña sobre una 
excursión botánica a Oriente, en la cual se insiste finalmente 
sobre la protección de nuestra riqueza forestal que parece per- 
derse a pasos rápidos. El Dr. Roig entiende que se impone la 
creación en cada Provincia de un Bosque Nacional o Reserva 



134 Memorias de la Sociedad Poey. 

Forestal, imitando en esto a los Estados Unidos y a otros países ; 
refiriendo los medios de que pudiera valerse el gobierno para lle- 
gar a formarlos, porque es verdaderamente sensible ver cómo 
se van extinguiendo especies valiosas de nuestra flora (Vol. 
III, pág. 168.) — El Sr. Fortún en vista de lo manifestado por el 
Dr. Roig, interesa el apoyo de la Sociedad en la defensa de la 
Flora de Cuba, lo cual consideran justísimo los Dres. La Torre 
y Ramsden; acordando la Corporación dirigirse a los poderes 
públicos a los efectos de la protección de nuestra riqueza fores- 
tal. El Hermano León expresó su interés por el estudio del Dr. 
Roig, deseando publique el complemento de aquél relativo a 
las plantas nuevas: trabajo complementario que la Sociedad 
acordó pedirle al Dr. Roig se lo enviase. 

Piritas cristxVlizadas. — El Dr. S. de la Huerta expone algu- 
nas consideraciones sobre un estudio de ejemplares mineralógi- 
cos considerados como Ciibanita y su rectificación; cuyo trabajo 
leyó seguidamente el Sr. R. La Torre Madrazo, (Vol. III, pág. 
175), presentando los minerales, no sin exponer la justificación 
de los datos suministrados. 

Al Dr. La Torre le satisface que el análisis que se consigna 
en la nota acabada de leer viniera a comprobar su primera im- 
presión sobre aquel raro ejemplar, opinando que era una piri- 
ta; y exhorta a que se realicen análisis micrográficos de las ro- 
cas por los que han verificado el presente estudio; asunto de 
ese interés científico no merece, a su juicio, ser abandonado. 

35^ sesión.—Mayo 15 de 1918. 

Presidencia del Dr. Carlos de la Torre. 

Socios concurrentes. — Sres. J. Santos Fernández (Socio ho- 
norario), G. Fortún, S. de la Huerta, P. G. Cardin, E. Delgado, 
R. San Martín, E. Cartaya, V. Rodríguez, Hermano León, J. 
Hortsman, Max Doval, M. Cremata, L. Bassave, J. M. Alfonso, 
Ch. T. Ramsden, J. M. Dihigo, A. Weber y A. Mestre, Secreta- 
rio general. 

Mensaje de felicitación. — Con motivo de ser el día de la 
fecha del aniversario del nacimiento del Presidente Dr. C, 
de la Torre, el Dr. Mestre se dirigió a él en nombre de la Socie- 
dad, expresándose en estos términos : " La fecha del sexagésimo 



Sesiones de la Sociedad. 135 

aniversario de vuestro natalicio no puede pasar inadvertida para 
nosotros sin que expresemos nuestros mejores deseos por el 
bienestar de vos y de los suyos ; sin que le manifestemos una vez 
más que estamos identificados con vuestro alto espíritu y nos 
sentimos orgullosos de vuestra genial labor científica que ha 
repercutido tan lejos de nosotros. Sean estas palabras de sin- 
cero mensaje de nuestros votos ardientes porque tengáis una 
larga vida, pudiendo así continuar como hasta ahora, iluminán- 
donos con vuestro esfuerzo fecundo que siempre nos admira y 
despierta en nosotros las más grandes simpatías. ' ' 

Nombramiento de Socio de Mérito. — A propuesta del mismo 
Dr. Mestre, seguidamente fué nombrado por aclamación Socio 
de Mérito el Dr. La Torre ; tomándose para ello en consideración 
sus extraordinarios antecedentes científicos y los servicios que 
ha prestado a la Sociedad Poey desde su fundación. En la 
próxima Sesión solemne se acordó hacer la correspondiente 
proclamación del título otorgado. 

Mensaje de los alumnos. — Identificados en el mismo sen 
timiento de admiración y cariño, los alumnos de Biología, Zoolo- 
gía y Zoografía, dirigieron otro mensaje de felicitación al Pre- 
sidente fundador de la Sociedad Poey. 

Manifestación de agradecimiento. — El Sr. Presidente dio 
las gracias más expresivas a sus compañeros y alumnos por las 
manifestaciones de que acababa de ser objeto; cuyas manifesta- 
ciones le hacen recordar la historia de sus esfuerzos en pro de 
la Zoología Cubana, refiriéndose al libro que le dedicara hace 
algunos años su maestro ilustre Sr. Francisco Jimeno, cuyo tomo 
era el referente a los moluscos de la Enciclopedia Francesa: 
era él todo referente a los moluscos de la Enciclopedia Francesa : 
presente que tuvo lugar en 1876. Desde entonces, expresó el 
Dr. La Torre, ha venido consagrando los mejores años de su 
vida a su ciencia predilecta, sintiéndose orgulloso de los dis- 
cípulos que ha formado. Se encuentra, a pesar de los años que 
ya tiene, con el espíritu más dispuesto que nunca a continuar 
la tarea emprendida respecto de investigaciones sobre nuestra 
fauna; y se compromete solemnemente a publicar las notas que 
guarda y que son producto de una labor bien intensa. Es tam- 
bién su propósito poner el mayor empeño en que cuanto antes 
se publique la Historia Natural de Cuba, de la cual es parte 
importantísima la Ictiología de Poey, en cuya labor han de au- 



136 Memorias de la Sociedad Poey. 

xiliarlo sus compañeros de Universidad especialmente. A lo di- 
cho por el Dr. La Torre, agregó el Dr. Santos Fernández que 
el primero debía dedicar las horas que le ocupan su profesora- 
do, a la investigación científica ; pues más conveniente fuera 
para nuestro progreso en materia de ciencias naturales que el 
Dr. La Torre no distrajese sus vigilias en cuestiones elementa- 
les y en las tareas de la enseñanza : resultaría, sin duda, más 
efectiva la aplicación de su esfuerzo en pro del estudio de nuestra 
fauna por quien tan excepcionales condiciones reúne para ese 
género de investigaciones. 

Aprobación de acta y comunicaciones. — Fué aprobada el 
acta de la sesión del 20 de Abril, que leyó el Secretario general; 
enterándose también la Corporación del movimiento de comuni- 
caciones y de los impresos recibidos. 

Exploraciones Botánicas de Cuba. — El Sr. Hermano León 
lee su trabajo sobre Las Exploraciones Botánicas de Cuha. 
Reseña comparativa de la contrihución del Dr. N. L. Britton 
y de los hotánicos anteriores al conocimiento de la Flora Cuba- 
na. (Volumen III, pág. 178.) 

Discusión. — Los Dres. La Torre, Mestre y Fortún felicitan 
al Hermano León por su estudio histórico sobre la Botánica en 
Cuba, en el cual aparecen redactados por primera vez capítu- 
los hasta ahora desconocidos. El trabajo representa una obra de 
verdadero interés e ilustra la relación de las investigaciones 
biográficas entre nosotros hasta donde es posible y lo permiten 
los datos recogidos escrupulosamente. — El Hermano León agra- 
deció las frases a él dirigidas con motivo de su estudio, conside- 
rándolas como un estímulo para lo que pueda llevar a cabo más 
adelante en el dominio de sus inclinaciones profesionales; ale- 
grándose el haber dejado satisfecho a los que le proporcionaron 
la manera de completar los datos biográficos sobre el Dr. Britton, 
leídos en anterior sesión. 

Notas Entomológicas. — Después el Sr. Cardín dio lectura 
a la continuación de sus Notas Entomológicas; ocupándose esta 
vez de la bibijagua. 



Sesiones de la Sociedad. 137 



FELIPE POEY 
A Carlos de la Torre 



' ' Calienta con los rayos de tu glo- 
ria mi tumba fría. ' ' 

POEY. 

"dar algo al que lo es todo, es lo 
mismo que darle una gota al mar. ' ' 

Caro. 



Ornad la tumba del egregio anciano, 
que hoy aclama la Patria su elegido, 
por la Ciencia y la Gloria ya ceñido 
con diadema inmortal de soberano. 

No muestres, Cuba, tu dolor en vano, 
ante el disco del astro sumergido . . . 
no se pierde en las ondas del olvido, 
el sabio augusto, el Dumeril cubano! 

No hay que esculpir en bronce ni en granito 
el eterno blasón de su grandeza, 
que en tu Fauna animada es infinito. 

El brilla de la flor en la pureza, 
en el ave, en el pez ... ¡Su nombre escrito 
perdura en tu feraz naturaleza ! 

Lola Kodríguez de Tió. 

(Enero 29, 1891.) 



138 Memorias de la Sociedad Poey. 



NOTAS SOBRE UNA EXCURSIÓN A "EL RETIRO" 

POR EL DR. GONZALO M. FORTÚN 

Jefe del Departamento de Botánica de la Estación Experimental 

Aííronómica. 



(Sesión del 2 de Marzo de 1918.) 

A una distancia de 7 kilómetros de Taco-Taco, Provincia 
Pinar del Río, se halla enclavada la finca ' ' El Retiro ' ', residencia 
que fué del sabio botánico cubano Don José Blain. Para todos 
aquellos que han venido dedicando su tiempo al estudio de las 
Ciencias Naturales, la finca "El Retiro" resulta un lugar 
conocido por haber sido visitada por muchas personas; pero en 
obsequio de los que no la conocen o de los que en futuro pue- 
dan interesarse en el estudio de la Botánica, daremos una lige- 
ra descripción de su situación y acceso a la misma. 

De Taco-Taco, parte con dirección al poblado de Santa Cruz 
de los Pinos una carretera que en este pueblo se une a la Cen- 
tral de Pinar del Río, y de la cual parte con rumbo a las lomas 
de la Hacienda Rangel, otra carretera de reciente construcción 
y que es la que debe tomarse para ir a "El Retiro", pues atra- 
viesa esta finca en casi toda su extensión. Antiguamente había 
que hacer el viaje a caballo, pero con la carretera que ahora exis- 
te puede irse en automóvil, empleándose unos 20 ó 25 minutos 
en el viaje desde Taco-Taco. El asiento de la finca, o séase el 
lugar donde actualmente se hallan las ruinas de la vivienda an- 
tigua, estará a uno 200 ó 300 metros de la carretera. Aun desde 
la Habana puede irse en automóvil hasta "El Retiro". 

Largo tiempo hacía que deseábamos visitar esa finca, pues 
teníamos noticias de la gran cantidad de plantas raras, del país 
y exóticas, que en la misma crecían. Fué en Diciembre del año 
pasado cuando se nos presentó la primera oportunidad para vi- 
sitarla, ¡ mas cuan grande no sería nuestra sorpresa al entrar 
en "El Retiro ' ' y encontrarlo convertido en un extenso aromal ! 

El primer pensamiento que se nos vino a la mente fué el 
de regresar al punto de partida, por creer (jue en la misma no 
podíamos encontrar un solo ejemplar de algún interés botánico. 



G. M. Fortún: Una excursión a ''El Retiro". 139 

A pesar de la primera desilusión, persistimos en nuestro em- 
peño de hacer una verdadera exploración y comenzamos nues- 
tro recorrido abriéndonos paso con la ayuda de los afilados ma- 
chetes; y gracias al auxilio que nos prestó el Sr. José Blain y 
Cervantes, sobrino y ahijado de D. José, fuimos encontrando 
los interesantes ejemplares que crecen en dicho lugar. Uno de 
los que más ansiábamos ver era el Bertholleiia excelsa, que 
vulgarmente se conoce por el nombre de "coquito del Brasil", 
y el cual a nuestro juicio habíamos encontrado, recolectando 
debajo de los árboles las cazuelas que contienen las semillas o 
nueces, de cuj^os ejemplares podrán Vds. darse cuenta examinan- 
do los que al efecto hemos traído. Ya en épocas anteriores se 
habían colectado ejemplares iguales a éstos por otros herbori- 
zadores que nos habían precedido. Además de estos materiales 
colectamos otros de distintas plantas, todas ellas muy interesan- 
tes; como disponíamos de poco tiempo resolvimos regresar a 
la Estación Experimental Agronómica, prometiéndonos volver 
a "El Retiro" tan pronto pudiéramos disponer del tiempo ne- 
cesario. 

Una vez en nuestro Laboratorio y haciendo el estudio del 
material adquirido pudimos notar que los ejemplares que te- 
níamos como de Bertholletia excelsa, no concordaban con las 
descripciones que de esa especie daban nuestras obras de consul- 
ta. Instigados por esta duda y con grandes deseos de resolver- 
la se nos presentó de nuevo la oportunidad de visitar la finca 
"El Retiro". Ya con más conocimientos de la topografía del 
lugar y siempre acompañado del Sr. José Blain y Cervantes 
y disponiendo de todo el tiempo necesario, hicimos un recorrido 
completo de todo lo que había constituido el Jardín en le épo- 
ca de su explendor. Encontramos hermosísimos ejemplares del 
pino cubano (Pinus cariheaf); gran número de especies de 
palmas, entre ellas, Martinozias, Acrocomia, Cocoos, Livistona, 
Thrinax, Colpothrinax, esepcie de Calamus, varios árboles de 
Ofón, especies de Vitex que producen frutos comestibles, va- 
rias especies de Pereskia, helécho trepador, una Combretácea, 
enredadera de bellas y elegantes flores; 2 especies de Zamia, la 
Asimina Blainii, nombrado así en honor del que fué dueño del 
Jardín ; varios árboles de sabina (Juniperus virginiana) y de 
sabina cimarrona (Podocarpus coriaceus, A. Rich.) un hermosí- 
simo ejemplar del Hymenaea courbaril o Algarrobo de las An- 



140 Memorias de la Sociedad Poey. 

tillas ; varias especies de Leguminosas, género Lonchocarpus ; 
iin bonito ejemplar de Broivnea rosa, leguminosa que produce 
preciosas flores y que es una gran planta de ornamentación. 

Sería tarea de nunca concluir el especiñcar el gran número 
de plantas raras del país y exóticas que en "El Retiro" exis- 
ten. Pero como antes decíamos, teníamos verdadero deseo de 
determinar si las plantas que hay en "El Retiro" eran las ver- 
daderas de BerthoUeiia excelsa u otra clase de árbol. Para ello 
necesitábamos encontrar los elementos necesarios. Debido al 
líltimo ciclón que azotó la provincia Pinareña, algunos árboles 
de "El Retiro" fueron derribados y otros partidos a una altu- 
ra no muy distante del terreno, lo que nos puso en condiciones 
de poder alcanzar hojas de los retoños de uno de los árboles, 
permitiéndonos recoger flores de otro que, aunque derribado, 
se muestra dispuesto a seguir viviendo en su posición acostada 
a juzgar por el número de retoños que del mismo nacen. Ha- 
biendo hecho un estudio detenido de los árboles de esta clase, 
hemos llegado a la conclusión de que el verdadero Bertholletia 
excelsa, que produce los "coquitos del Brasil" crece en "El 
Retiro", existiendo si mal no recordamos cuatro ejemplares de 
estae especie ; pero que las cazuelas que aquí tienen presentes 
no son las de Berikolletia excelsa y sí de alguna otra especie 
de la familia de las Lecitidáceas. Es de todos conocido los fru- 
tos o almendras llamadas "coquitos del Brasil", por encontrase 
a la venta en los mercados de la Habana ; pero conviene hacer no- 
tar que los ejemplares que crecen en "El Retiro" no han fruc- 
tificado hasta hoy a pesar de que tienen un desarrollo colosal, 
no sucediendo igual con los frutos de esa otra Lecitidácea que no 
se venden en nuestro mercado; mas los árboles que existen en 
"El Retiro" producen abundante número de frutos y son co- 
mestibles y de buena calidad, según fuimos informados por el 
Sr. Blain y otros vecinos de aquella zona. 

Algo agitados por la marcha y hasta por la emoción que nos 
produce siempre la contemplación de las grandezas del ayer, 
nos sentamos a la sombra grata de aquellos mudos testigos de 
otros tiempos, y empezaron a surgir de nuestra mente numero- 
sas consideraciones. No teniendo nosotros hasta el presente nin- 
guna zona destinada a la reserva forestal, con objeto de evitar 
la extinción completa de muchas de nuestras más valiosas espe- 
cies botánicas, ¿ no sería el Jardín ' ' El Retiro ' ', nos preguntaba- 



o. M. Fortún: Una excursión a ''El Retiro''. 141 

mos, un lugar ideal para que en nuestro país, dándose cuenta de 
la gran importancia que dichas reservas forestales tienen en el 
futuro de la nación, fuera el núcleo de una de esas reservas? Ya 
allí encontraríamos agrupados por un sabio botánico que amó 
aquel lugar con toda la pasión que los naturalistas saben sentir 
por las cosas que son objeto de sus predilectos estudios, un gran 
número de plantas del país y exóticas, de gran interés económi- 
co. No es sólo lo que ya allí existe, lo necesario para fundar una 
reserva naciojial : reúne esa finca otros requisitos que unidos a 
los que jñ tiene la hacen digna de ser tomada en consideración 
para los fines que nos proponemos. El río Taco-Taco la riega 
con su fértil corriente en toda su extensión, y la Sierra de los 
Órganos, en cuyas faldas se halla situada, prestarían un magní- 
fico campo para la conservación de los árboles que allí crecen, 
así como para la siembra de aquellos cuyas especies queremos 
conservar. Es decir, que tenemos agua abundante, terreno lla- 
no y lomas y un gran núcleo de plantas para empezar. El éxi- 
to coronaría el esfuerzo con sólo dar comienzo a la obra. 

Cada vez que recorremos aque lugar escondido en la región 
pinareña y que fué visitado por nuestro sabio Felipe Poey, 
así como por otros hombres ilustres que se dedicaron al estudio 
de las Ciencias Naturales, y en el cual tuvo su grato albergue 
aquel estudioso modesto varón que se llamó D. José Blain, el de- 
cano de nuestros botánicos, se siente. Señores, y no es posible 
evitarlo, a la par que la justificada admiración que produce todo 
lo que fué y es grande, un profundo sentimiento de tristeza, al 
contemplar aquellas ruinas históricas. Sin poder remediarlo vie- 
nen a nuestra mente los versos del poeta : 

"Estos, Fabio, ¡oh dolor! que ves ahora 
campos de soledad, miístio collado, 
fueren un tiempo Itálica famosa ! . . . 

Allí el insaciable Marabú extiende su dominio, opresores 
bejucos comprimen despiadadamente las hermosas ramas de 
aquellos titanes que no quieren morir para hacer eterna la me- 
moria de su plantador, y hasta los cerdos profanan el sitio ho- 
zando al pie de tan valiosos ejemplares. En el centro de aquél 
lugar ya convertido en un verdadero Jardín Botánico, deben 
reposar los restos de su ilustre fundador, al igual que en este 
recinto de nuestro Museo, en la Universidad, se conservan los 



142 Memorias de la Sociedad Poey. 

del nunca olvidado Felipe Poey. Nada más merecido, nada más 
justo ; la fronda hermosa de tantos árboles de mérito debe som- 
brear dulcemente el sepulcro del hombre que los sembró, cuidó 
y amó. Sí ; que en esa noble labor, él puso no sólo su dinero y 
sus manos: puso también su corazón... Perdonad, Señores, 
si a nuestro pesar se lanza la imaginación hasta el cielo de la 
fantasía, pero hemos creído al contemplar a aquellos árboles, 
x'd tan repetidos, que ellos, cual si fuesen seres que tuvieran 
la virtud del recuerdo y del agradecimiento, quisieran, corres- 
pondiendo al cuidado y a las caricias recibidas por el que les 
dio la vida, darle la más apacible de su sombra, las más bellas 
de sus flores y el más exquisito de sus perfumes. 



PRESENTACIÓN DEL DR. CARLOS T. RAMSDEN 

por el Presidente de la Sociedad 

DR. CARLOS DE LA TORRE Y HUERTA 

Profesor titular de Biología, Zoología general y Zoografía. 



(Sesión del 16 de Marzo de 1918) 

Señoras y Señores: 

La Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey, de- 
seosa de tributar un recuerdo a la memoria del sabio naturalis- 
ta Dr. Juan Gundlach, que compartió con Poey el dominio de 
la ciencia zoológica en Cuba durante media centuria, ha esco- 
gido la fecha de hoy, víspera del triste aniversario de su falle- 
cimiento ocurrido el 17 de Marzo de 1896, para consagrar esta 
sesión solemne a enaltecer los méritos }'■ las virtudes excepcio- 
nales de aquel infatigable explorador de nuestro suelo, sin cu- 
yo concurso eficacísimo permanecería quizás desconocida la mi- 
tad de las especies de la fauna cubana. Y para llevar a cabo 
esta misión importantísima, tenemos hoy la suerte de contar 
entre nosotros a uno de nuestros más entusiastas colaboradores, 
el Dr. Carlos T. Ramsden, Socio fundador de esta Sociedad 
Cubana de Historia Natural, que ha sido y es para nosotros lo 
que fué Gundlach para nuestro sabio maestro Poey. El Dr. 



G. de la Torre : Preseniación del Dr. Bamsden. 143 

Eamsden, admirador y continuador de la obra de Gundlach, 
os presentará de cuerpo entero el retrato físico, moral e inte- 
lectual de su insigne predecesor ; pero antes permitidme, ya que 
es la primera vez que ocupa nuestra tribuna, que os dé a co- 
nocer, siquiera sea a grandes rasgos, la labor científica de Carlos 
T. Ramsden. 

Nació en Santiago de Cuba el 11 de Febrero de 1876. Su 
padre D. Federico Ramsden, bien conocido por sus trabajos 
meteorológicos, fué corresponsal del Padre Viñes y de varios 
observatorios extranjeros. En 1860 realizó una interesantísima 
ascensión al Pico de Turquino, en la Sierra Maestra. Desempe- 
ñó durante veinticinco años el Consulado de Inglaterra en San- 
tiago de Cuba, habiéndole cabido la gloria de haber detenido, 
en nombre de la civilización, la horrible carnicería del Yirgi- 
nius, en 1872, salvando la vida a la mitad de los expedicionarios. 

En el terreno de la Historia Natural, envió D. P^ederico 
Ramsden al Gobierno de Su Majestad Británica importantes in- 
formes sobre las minas del Cobre, y formó una hermosa colec- 
ción de Lepidópteros, la que tal vez determinó una vocación 
irresistible en su hijo Carlos, por los estudios de Historia Na- 
tural. 

De 1894 a 1898, durante la guerra de Independencia, mien- 
tras su hermano Enrique acudía entre los primeros al campo 
de la revolución, seguía Carlos Ramsden sus estudios en la 
Sheffield Scientific School, en New Haven, habiendo recibido 
el título de Bachelor of Philosophy, en 1897, en la Universidad 
de Yale, en la que tomó además cursos especiales en calidad de 
post-graduate, según consta en el honroso Certificado que le ha 
servido de base para su incorporación en nuestra Universidad, 
donde muy pronto obtendrá el título de Doctor en Ciencias 
Naturales, a las que ha consagrado las mejores horas de su exis- 
tencia. 

Enamorado de las bellezas de la fauna cubana, fueron sus 
primeros amores las aves y las mariposas, que alegran nuestros 
campos con sus trinos o con sus variados matices. 

El simpático Tocororo, esa maravilla de nuestros bosques, 
constituyó el objeto de su primer artículo ''The Cuban Trogon" 
publicado en "The Oologist", en Albion, N. Y. en 1910. 

El nido del Rabihorcado "Nesting of the Man of War Bird 
{Fregata aquila) in Cuba"; la Bijirita de los Pinares, "The 



144 Memorias de la Sociedad Poey. 

Cuban Piíie Warbler"; el Aguaita-caimán "Kecords of Buta- 
rides hrunnescens in Cuba"; el Gavilán {Buteo plathypterus) 
comedor de Guajacones; The White-crowned Sparrow in Cuba; 
Xanthocephah'.s xanthocephalus in Esastern Cuba; el Rabijun- 
co {Phaeton magnirostris in Cuba) y otros interesantes artícu- 
los vieron la luz en la notable Revista ornitológica "The Auk", 
desde el año de 1911. 

En la Revista " Entomological News", de Philadelphia, han 
aparecido, además de la excelente Biografía del Dr. Gundlach, 
de que va a darnos cuenta, "El status del Isognathus congra- 
tulans, y una nueva forma o variedad de Spingidae cubana, el 
Isognathus riuiosa ivoodV Ramsden, en 1916. 

También describió en la misma publicación una nueva es- 
pecie de mariposa de la familia Pieridse, a la que ha dado el 
nombre de Pieris menciss en honor de su dignísima esposa, como 
justa recompensa por la resignación con que ha soportado la 
competencia de sus aladas rivales, las mariposas y las aves. 

Pero no se han limitado a estas dos ramas zoológicas las ac- 
tividades de Ramsden : fatigado de perseguir a las fugitivas 
mariposas y de sorprender en sus nidos a las confiadas aves de 
nuestros bosques, dirigió su mirada escrutadora a los farallones 
de las montañas que rodean, a manera de grandioso anfiteatro, 
el espléndido valle de Guantánamo, campo fecundo de sus ex- 
ploraciones, y en ellos descubrió nuevas especies de moluscos 
terrestres y de reptiles y anfibios que habían escapado a la \'is- 
ta penetrante de sus predecesores, Gundlach y Wright, los dos 
naturalistas más expertos que han recorrido nuestros montes y 
más han contribuido al conocimiento de la Fauna y la Flora 
de Cuba. 

Con tan preciosos materiales, se han dado a conocer en "The 
Nautilus", de Boston, 1911-1915. las nuevas especies con que 
ha enriquecido Ramsden la Fauna Malacológica Cubana, entre 
las cuales figura el Diplopoma torrei Ramsden, y en los Pro- 
eeedings of the Biological Society of Washington ha publicado 
en compañía del Dr. Barbour, una nueva especie de Lacértido, 
el Anolis mestrei Barbour & Ramsden, así nombrada en honor de 
nuestro insustituible Secretario el Dr. Arístides Mestre. 

Tan importantes han sido las contribuciones de Ramsden a 
la Erpetología cubana, que el Dr. Thomas Barbour, Curator del 
Departamento de Reptiles y Anfibios del Agassiz Museum, en 



G. de la Torre : Presentación del Dr. Ramsden. 145 

la Universidad de Harvard, autor de muy valiosos trabajos 
científicos y especialmente de dos excelentes Memorias sobre la 
Distribución geográfica de los Reptiles y Anfibios en las Indias 
Orientales y Occidentales, ha tenido a bien asociar a su nombre 
el de Charles T. Ramsden en la "Herpetology of Cuba", que 
será la obra más completa que se haya escrito sobre este asun- 
to, y de la cual puede considerarse como un resumen prelimi- 
nar el "Catálogo de los Reptiles y Anfibios de la Isla de Cuba" 
publicado por Barbour y Ramsden en el tomo II de las Memo- 
rias de la Sociedad de Historia Natural, Felipe Poej^ en 1916. 

Por otra parte, es 3^a considerable el número de especies y 
variedades zoológicas que llevan el nombre de Ramsden : Mr. 
Rilej", del National Museum of Natural History, de Washington, 
ha nombrado Ballus elegans ramsdeni una subespecie o varie- 
dad cubana de Gallinuela, y Bangs, de Harvard University, 
ha hecho otro tanto con la variedad cubana del Aparecido o Azu- 
lejo de plátano {Cyanerpes cyaneus ramsdeni) ; el Dr. Thomas 
Barbour, también de Harvard University, ha descrito y nombra- 
do en su honor una nueva especie de Sapo, el Bufo ramsdeni; 
el Dr. Skinner, de la Academy of Natural Sciences of Phila- 
delphia, le dedicó una nueva mariposa {Mesosemia ramsdeni) ; 
y Sturtevant, de la Entomological Society of América, la Dro- 
sophila ramsdeni, una nueva especie de mosca de las frutas; el 
Dr. Pilsbry, de Philadelphia, ha descrito con su nombre tres es- 
pecies de moluscos descubiertas por él (Anmularia, ceratodis- 
cus y Zachrysia ramsdeni), a las cuales me ha cabido el honor 
de agregar la Brachypodella ramsdeni, y por último, Mr. Pres- 
ton, de la Malacological Society of London, ha creado el sub- 
género Ramsdenia. 

En la actualidad, el nombre de Ramsden es bien conocido 
en el mundo intelectual, dentro y fuera de Cuba: es Socio Co- 
rresponsal de los Museos y Bibliotecas de Cárdenas y de San- 
tiago, y Socio Fundador de esta Sociedad Cubana de Historia 
Natural Felipe Poey; en los Estados Unidos de Norte América, 
es Life Member o Miembro vitalicio del American Museum of 
Natural History de New York; Corresponding Member de la 
Academy of Natural Sciences de Philadelphia; Socio del Wil- 
son Ornithological Club y de la American Society of Icthyolo- 
gist & Herpetologist, y en Inglaterra, de la Malacological So- 
ciety of London. 



146 Memorias de la Sociedad Poey. 

Ramsden ha logrado formar un valioso Museo Zoológico Cu- 
bano, que pronto ha de competir con el Museo de Gundlach, y 
abrigo las esperanzas de verlo algún día convertido en Museo 
Zoológico de esta Universidad Nacional. 



V!DA Y EXPLORACIONES ZOOLÓGICAS 
DEL DR. JUAN GUNDLACH EN CUBA (1839-1896) 

POR EL DR. Carlos T. Ramsden 

Secretario de la Sección de Zoología y Paleontología de la 
"Sociedad Poey". 



(Sesión del 16 de Marzo de 1918.) 

Señor Presidente ; Señoras y Señores : 

Abrumado bajo el peso de los elogios inmerecidos y de los 
méritos exagerados que acaba de atribuirme el Dr. Carlos de 
la Torre, dignísimo Presidente de la Sociedad de Historia Na- 
tural "Felipe Poey" vengo a ocupar esta tribuna que han enal- 
tecido los profesores más distinguidos de esta Universidad. 

Aficionado al estudio de la Naturaleza, había dedicado mis 
horas libres a la recolección de ejemplares zoológicos, sin la in- 
tención de hacer de ellos un objeto especial de estudio, hasta 
que por iniciativa del Dr. la Torre, y gracias a su valiosísima 
correspondencia, que estimo y conservo como el más preciado 
tesoro de mi biblioteca, he logrado iniciarme en los secretos de 
las ciencias biológicas y en el artificio de las clasificaciones. Así 
pues, si he tenido la suerte de agregar algún renglón al Ca- 
tálogo de la Fauna Cubana, sólo suyo es el mérito, si alguno 
existe. Por tanto no habéis de extrañar que al invitarme a con- 
tribuir a la creación de un Museo cubano en la Universidad, 
haya correspondido inmediatamente y esté dispuesto a colabo- 
rar en la medida de mis fuerzas a la realización de tan hermoso 
pensamiento, sin que por ello crea haber contraído mérito al- 
guno, sino considerándolo como un honor del que me siento 
verdaderamente orgulloso y satisfecho. 

Pasemos ahora a ocuparnos del motivo especial que nos 
reúne. 

La Revista científica "The Entomological News" de Phila- 
delphia, redactada por los más notables entomólogos america- 



C. T. Ramsden: Vida del Dr. Gudlach. 147 

nos, consagra anualmente un recuerdo a la memoria de los na- 
turalistas que más han contribuido por sus descubrimientos a 
los progresos de esta rama de la ciencia, publicando su biogra- 
fía y estampando su retrato durante todo el año en las cubier- 
tas de la Revista. 

Admirador de los méritos extraordinarios y de las grandes 
virtudes del sabio naturalista Dr. Juan Gundlacli, a quien se 
debe en gran parte el conocimiento de la Fauna Entomológica 
cubana, hube de proponer al Dr. Henry Skinner, quien a su 
vez lo obtuvo de la Dirección del " Entomological News", que 
se concediera a Gundlach ese honor, habiéndoseme encomenda- 
do la redacción de su biografía. 

La Sociedad de Historia Natural "Felipe Poey", a la que 
me honro en pertenecer, acordó a su vez reproducir ese traba- 
jo, y encontrándome temporalmente en esta capital, precisa- 
mente en la fecha del triste aniversario de la desaparición del 
más virtuoso y benemérito de los sabios que unieron su nombre 
a la Historia Natural de Cuba, es a lo que se debe la designa- 
ción para este acto del más modesto de vuestros asociados. 

Profundamente agradecido por la distinción de que he sido 
objeto, y contando con la benevolencia de este selecto auditorio, 
V03' a extractar de la biografía de Gundlach los rasgos más ca- 
racterísticos de su vida y los grandes merecimientos que le ha- 
cen acreedor a la veneración y gratitud de cuantos se dedican 
al cultivo de las Ciencias Naturales en Cuba. 

Johannes Christopher Gundlach nació el 17 de Julio de 1810 
en Marburg, Hesse-Cassel (hoy Hesse-Nassau) en Alemania. 
Su padre, Johann, profesor de Matemáticas y Física en la Uni- 
versidad de Marburg, dejó al morir, a la viuda Cristina Redberg 
con cinco hijos, los cuales deberían vivir de dos pequeñas pen- 
siones, una del Estado y la otra de la Universidad, insuficientes 
para hacer frente a la alimentación y educación de los niños. 

De su hermano mayor, que acababa de regresar de Cassel, 
donde había aprendido el arte de la taxidermia, tomó Johannes, 
entonces de nueve años de edad, sus primeras nociones en esta 
vía ; aunque ya se había revelado su afición al estudio de la Na- 
turaleza en tal grado, que le dedicaba por completo todos sus 
ratos de ocio. En cierta ocasión estaba Gundlach coleccionando 
pájaros y viendo venir un Guarda, trató de esconder el arma. 



148 Memorias de la Sociedad Poey. 

con tan mala suerte, que se le disparó el tiro, y le produjo una 
lesión en la nariz y el paladar, hasta el punto de hacerle perder 
por completo los sentidos del olfato y el gusto. Yo recuerdo ha- 
berle oído decir en casa, que él no tenía paladar, por lo que to- 
das las cosas le sabían lo mismo y comía solamente para satis- 
facer el hambre. 

Deseosa su madre de consagrarlo a la Iglesia, comenzó Gund- 
lach aquelloH estudios ; pero afortunadamente para la Ciencia, 
el Dr. Maurice Herold, Profesor de Zoología en la mencionada 
Universidad de Marburg, le ofreció al mismo tiempo el puesto 
de Conservador del Museo, oportunidad que fué aprovechada 
inmediatamente y de muy buena gana por el joven naturalista, 
quien desde ese momento abandonó la idea de ser Ministro de 
la Iglesia, no sin haber antes obtenido el consentimiento mater- 
no. Con este motivo, empezó a estudiar Zoología en le Univer- 
sidad, donde, a causa de ser hijo de un Profesor, obtuvo la ma- 
trícula gratis, habiendo alcanzado el grado de Maestro (Master 
of Arts) en el otoño de 1837, y al siguiente año el título de 
Doctor en Filosofía. 

Pero el trabajo en el Museo no satisfacía por completo sus 
aspiraciones. La naturaleza salvaje en toda su magnitud y 
esplendor atraían poderosamente su imaginación ; por lo que 
su alegría no tuvo límites cuando fué invitado a ir a Surinam, 
en la Guayana holandesa, por su amigo el Dr. Jules Hille, quien 
le ofrecía alojamiento y otros auxilios. Comunicado su entu- 
siasmo a otras personas, se formó una organización para su- 
ministrar fondos, por la venta de acciones que serían pagadas 
por Gundlach con ejemplares recolectados en su viaje. Entre 
tanto, él empleó medio año estudiando el Museo Zoológico de 
Franfurt on Main. 

Afortunadamente para Cuba, habiendo terminado por aque- 
lla época sus estudios en Europa el joven Carlos Booth, de Ma- 
tanzas, invitó al Dr. Luis Pfeiffer, de Cassel, más tarde famo- 
so por sus obras de Malacología, a Eduardo Otto, hijo del Direc- 
tor del Jardín Botánico de Berlín, y al Dr Juan Gundlach, 
para pasar una temporada en Cuba. Gundlach desde luego 
aceptó con los otros dos, aunque con la idea de continuar su 
viaje desde Cuba a Suriman. En Noviembre de 1838, se em- 
barcaron en el bergantín "AugustuS et Julius" habiendo lle- 
gado por Navidad frente a la Punta de Maisí, extremo oriental 



C. T. Ramsden: Vida del Dr. Gudlach. 149 

de Cuba donde vientos contrarios les obligaron a dar la vuelta 
por la costa sur ; divisando el día de Año Nuevo el Cabo de San 
Antonio, en la extremidad occidental de la Isla, y llegando al 
puerto de la Habana en la tarde del 4 de Enero de 1839, aunque 
no desembarcaron hasta la mañana siguiente. Permanecieron 
los viajeros en la capital hasta el día 10, en que partieron hacia 
Matanzas para reunirse con su huésped el 13, en el cafetal 
Saoi Antonio más conocido por El Fiindador, situado a la ori- 
lla derecha del río Canimar, en la vecindad de Matanzas. El 
Dr. Pfeiffer regresó pronto a su patria; Otto hizo algunas 
excursiones por la Isla y continuó a Caracas, en Venezuela, en 
tanto que Gundlach permaneció aquí, aunque todavía con la 
idea de seguir su viaje a Surinam, de lo cual desistió poco tiem- 
po después, al recibir la noticia de la muerte de su buen amigo 
el Dr. Hille. 

Desanimado por aquella contrariedad, escribió a sus amigos 
que no vendieran más acciones, ofreciéndoles remitir ejempla- 
res cubanos en vez de sur americanos, hasta cubrir la cantidad 
por él empleada; pero sucedió, que después de haberles pagado 
toda su deuda, no dejó por eso de remitir nuevos envíos gratui- 
tamente, porque, como acostumbraba decir, él no tenía gastos, 
puesto que Booth lo tenía en su casa como a un miembro de la 
familia. 

En 1841, habiéndose trasladado el Señor Booth de El Fun- 
dador de Canimar a la finca San Juan, cerca de Cárdenas, el 
Dr. Gundlach le acompañó, habiendo ensanchado así el cam- 
po de sus exploraciones, y entre otros descubrimientos notables, 
consiguió allí, en Marzo de 1844, el primer ejemplar de una 
bellísima especie de Zumbador o Zunzún, el ave más pequeña 
del mundo, a la que dio el nombre de Orthorhynchus Ilelenae, 
hoy Calypte helenae (Lembeye), en honor de la esposa del 
Señor Booth, cuyo nombre era Elena. Y he aquí un ejemplo 
de su generosidad sin límites : cuando en 1850, escribía D. Juan 
Lembeye sus "Aves de la Isla de Cuba" Gundlach le propor- 
cionó las notas de sus observaciones y descripciones de especies 
nuevas, entre ellas la del precioso Zunzuncito; por eso aparece 
Lembeye como autor del Calypte helenae de Gundlach. De 
igual manera perdió muchas otras especies en todas las ramas 
zoológicas. 

Gundlach desconocía el valor del dinero, y decía que no lo 



150 Memorias de la Sociedad Poey. 

necesitaba sino para las cosas indispensables, como el vestir y 
el calzado. El tenía libre tránsito en los ferrocarriles y en 
los vapores costeros ; a todo el mundo le agradaba, y se interesa- 
ba por él todo el que le trataba alguna vez ; era sumamente mo- 
desto y poseía vastos conocimientos, los cuales procuraba difun- 
dir lo mismo entre la clase culta que entre los ignorantes cam- 
pesinos. Se dijo de él que era mío de los poquísimos hombres 
intachables, o a los que nada se podía censurar. 

Casi infantil en sus maneras, desgarbado en sus movimien- 
tos, sencillo en el vestir, se trasladaba fácilmente de mi lugar 
a otro con su "equipaje", si "equipaje" podía llamársele, por- 
que nunca llevaba mucho ; andaba siempre limpio, no obstan- 
te su pobreza y despreocupación habitual. No transpiraba su 
piel, ni aun en los más ardientes días tropicales ; no necesitaba 
cambiarse mucho la ropa y podía viajar lijero. Tampoco le im- 
portaba el lecho donde había de dormir. Una mañana, hallán- 
dose hospedado en mi casa, le preguntó mi madre cómo había 
pasado la noche ; a lo que contestó : que él siempre dormía bien, 
porque no tenía nada que le preocupara; que cuando se iba a 
acostar, era para dormir, no teniendo en su mente nada que le 
molestara; pues ni siquiera los mosquitos le quitaban el sueño. 

Jamás estuvo enamorado ; no bebía vinos ni licores de ningu- 
na clase : rara cualidad en un alemán, que por lo regular es 
amriiite de la cerveza; ni el buen tabaco habano pudo tentarle, 
y como no tenía paladar, tomaba el café únicamente por sus 
efectos estimulantes. También era sobrio en la comida: yo le 
he visto salir de casa por la mañana, sin otra cosa que un 
sandwich y a veces una galleta en el bolsillo, y solía volver de 
noche sin haberlos probado durante el día, entregado por com- 
pleto a la observación de las costumbres de los animales o a 
la solución de alguno de los interesantes problemas de la na- 
turaleza. 

Era de estatura elevada y angulosas facciones ; notablemente 
delgado; sus bondadosos ojos azules le proporcionaban amigos 
donde quiera que iba, y, por raro contraste, su piel se había 
oscurecido, expuesta durante largos años a los rayos del sol 
tropical. Vestía siempre de dril, y sus trajes eran todos semejan- 
tes: mía mezcla de blanco y negro o de otro color oscuro; diríase 
que procuraba, en virtud del mimetismo, ocultarse a la vista 
de los animales que perseguía en el monte. Hablaba con ternura 



C. T. Bamsden: Vida del Dr. Gudlach. 151 

del cariño materno, e hizo cuatro viajes a Europa para visitar 
a su familia. 

En 1844 comenzó Gundlach su famosa colección de Aves, 
siendo su primer ejemplar el célebre Calypte helenae; pero ya 
había empezado las de Insectos y Moluscos, desde que vivía 
en El Fundador de Canimar. En una quinta llamada El Re- 
fugio, cerca de la ciudad de Cárdenas, estableció su Museo, en 
1846, y abrió sus puertas a todo el que quería verlo; y, cosa 
extraña para aquella época, en un período de cuatro años fir- 
maron en el Registro de visitantes más de 3000 personas, núme- 
ro extraordinario, si se tiene en cuenta la población de Cárdenas, 
entonces, y los medios de transportación bien inadecuados. Me 
atrevería a asegurar que hoy no habría la tercera parte de ese 
número de personas en Cuba que tuvieran interés, ni siquiera 
curiosidad, por ver una colección de ejemplares de Historia 
Natural. 

En 1849, hizo Gundlach su primera excursión a la "Ciénaga 
de Zapata", ese inmenso pantano infestado de fiebres, tan 
impenetrable como interesante, que mide cerca de la tercera 
parte de la Provincia de Matanzas, en cuyo límite meridional 
está situada. El fué allá con una carta de recomendación del 
Padre Ramón de la Paz y Morejón (un cura naturalista que vi- 
vía en Guamutas) para sus parientes en el "Hato de Zara- 
banda", precisamente en el borde de la Ciénaga. Allí fué 
alojado varias veces, Gundlach, por don Pedro Morejón, e hizo 
célebre el Hato por sus valiosos hallazgos : en efecto, fué en- 
tonces cuando obtuvo su primer ejemplar del Ara tricolor 
(Bechstein), el Guacamayo de Cuba, hermosa ave, común en 
aquella época }' hoy seguramente extinguida. "Daba gusto ver 
un Jagüey tan verde, con aquellos pájaros tan colorados, y lue- 
go verlos volar con su larga cola abierta", dice el Dr. Gundlach 
en su Ornitología Cubana, (1893), lamentando la desaparición 
de esta especie. Fué allí, también donde descubrió el Chirria- 
dor o Mayito de Ciénaga, Agelaius assitnilis (Gundl.) que to- 
davía es un ave rara en las colecciones. 

Durante su permanencia en "Zarabanda", oyó decir que 
en la parte oriental de la Ciénaga existía una especie de Car- 
pintero muy Grande, el Carpintero Real, Campephilus princi- 
palis bairdii (Cassin), por lo que a principios de 1850, fué con 
D, Carmen Morejón al "Hato Cabeza de Toro" al este de la 



152 Memorias de la Sociedad Poey. 

Ensenada de Cochinos, y allí pudo adquirir, entre otros, un 
rarísimo ejemplar de esta especie, que según decían los campesi- 
nos, llevaba siempre una larga paja en el pico ; después de ob- 
servar cuidadosamente sus hábitos, pudo ver que la pretendida 
paja era una monstruosidad o anomalía de desarrollo del pico 
en su mandíbula superior, que desviado de su posición normal, 
siguió creciendo en forma de semicírculo hasta medir doce pul- 
gadas de longitud. Este curioso ejemplar es una de las joj^as 
del Museo de Gundlach, que se conserva en excelentes condicio- 
nes en el Instituto de Segunda Enseñanza de esta capital. 

Entre las especies, de aves cuyas costumbres observó Gund- 
lach con mayor interés en la Ciénaga de Zapata, se pueden 
citar las desconfiadas y ariscas Guananas. Sucedió una maña- 
na, que habiendo acudido muy de madrugada a un lugar estra- 
tégico próximo al dormitorio de estas aves, y después de haber 
permanecido oculto hasta la cintura en el fango de la ciénaga, 
para sorprenderlas antes de que alzaran el vuelo, logró matar 
un hermoso ejemplar de la Guanana prieta, Anser alhifrons 
garntelli (Hartlaub) ; pero como cayó en la laguna, pronto apa- 
reció un Cocodrilo y se llevó el ave, mientras Gundlach trataba 
de salir, penosamente, del blando lecho en que se había enterrado. 
Contrariado por la pérdida de su bello ejemplar, trató de cas- 
tigar al ladrón ; mas como su escopeta no tuviera carga apropia- 
da en aquel momento, decidió volver otro día a aquel mismo 
sitio. 

Y en efecto, a la mañana siguiente llegó bien apertrechado 
el cazador, y vaxxy a su satisfacción, vio asomar la cabeza fuera 
de la laguna a un Cocodrilo, que, a juzgar por su tamaño, era 
precisamente el que buscaba; pero cuando le estaba apuntando, 
vio aparecer otros dos Cocodrilos de igual tamaño. Dudando, 
entonces, por no saber cuál de los tres era el culpable, bajó el 
cañón de su escopeta y les preguntó : " | Cuál de Vds. me robó 
mi Guanana ? . . . ¿ Fuiste tú ; o tú . . . o acaso tú ?. " Los Coco- 
drilos permanecieron indiferentes al interrogatorio, y luego se 
fueron tranquilamente nadando entre las oscuras aguas de la 
laguna; mientras Gundlach, incapaz de decidir cuál de los tres 
fué el ofensor, había desistido de su intento, temeroso de hacer 
pagar a un inocente por el verdadero culpable. 

Por aquella misma época, hizo Gundlach un viaje a los cayos 
de la costa norte de Cuba, desde el Cabo de Hicaeos, cerca de 



C. T. Ramsden : Vida del Dr. Gudlach. 153 

Cárdenas, hasta los Cayos de Sta. María frente a la Punta de 
San Juan de Terán o de los Perros. En estos últimos cayos en- 
contró el Sinsonte prieto, especie notable y hasta entonces des- 
conocida, a la que dio el Dr. Cabanis el nombre de Mimus gund- 
lachii en honor de su ya famoso descubridor. Habiendo muer- 
to durante la terrible epidemia de cólera del año 1850 la Señora 
de Booth, se trasladó éste al cafetal Arcadia en Limonar, 
permaneciendo Gundlach en El Refugio. Allí conoció, en ene- 
ro de 1851, a D. Simón de Cárdenas, caballero muy distingui- 
do, que le honró con su amistad y le brindó su hogar, del que 
formó parte Gundlach desde 1855, por no ser gravoso a su 
primer amigo Booth, a quien había sido adversa la fortuna; y 
más tarde, en 1864, se instaló con su Museo en el Ingenio "La 
Fermina", perteneciente a la familia Cárdenas. 

En 1852 vino Gundlach a la Habana, a casa de D. Juan 
Lembeye, distinguido naturalista y Director de un Colegio en 
esta ciuda'^, a quien había proporcionado, como dejamos dicho, 
ejemplare y datos de gran valor para la publicación de sus 
"Aves de la Isla de Cuba", obra bastante escasa y bien ilustra- 
da, que puede considerarse como un apéndice o continuación 
de la de M. Alcides D'Orbigny en el tomo correspondiente de 
la "Historia Física, Política y Natural de la Isla de Cuba" 
por D. Ramón de la Sagra. También conoció entonces al amigo 
de Lembeye, D. Ramón Forns, a quien dio lecciones de taxi- 
dérmia y le ayudó a formar las colecciones que vendió después 
al Museo de la Academia de Ciencias de la Habana. 

Pero el mayor beneficio de este viaje, para la ciencia, f aé el 
haber estrechado sus relaciones con el sabio naturalista cubano, 
el eminente Profesor Felipe Poey, con quien estaba en correspon- 
dencia desde 1840. Nada más interesante que el primer encuen- 
trotro de aquellos dos grandes amigos, personalmente desconoci- 
dos: Poc}" había encabezado con frecuencia sus cartas a Gund- 
lach con la famosa frase de Horacio Aniniae pars dimidia meae, 
mitad del alma mía. Cuando Gundlach, inesperadamente y 
sin anuncio previo, entró en casa de Poey, pronunció estas 
palabras Animae pars. . . y Poey contestó dimidia meae comple- 
tando la frase que les sirvió para identificarse y sellando en 
un estrecho abrazo una amistad eterna. 

Poey estaba afectado, desde muy joven, de una hemiplegia 
que le impedía el trabajo de exploración en el campo, y sola- 



154 Memorias de la Sociedad Poey. 

mente en miij^ raras ocasiones, venciendo grandes dificultades 
por un esfuerzo de voluntad y obedeciendo a ese irresistible 
impulso del naturalista, le fué posible experimentar el placer de 
observar la vida y costumbres de las múltiples formas que él 
conocía solamente en el laboratorio; en tanto que Gundlach, 
viviendo siempre en contacto con la Naturaleza, pudo realizar 
mejor la verdadera misión del naturalista y suministrarle mu- 
chos de los ejemplares que sirvieron a Poey para la descripción 
de sus especies. 

En Diciembre de 1853, Poey, el Dr. Nicolás Gutiérrez, Pre- 
sidente de la Academia de Ciencias y D. Patricio Paz, Jefe del 
Cuerpo de Carabineros, todos entusiastas malacologistas, pro- 
yectaron una excursión a la Isla de Pinos, para la cual invita- 
ron a Gundlach. Y como a última hora se les presetaran incon- 
venientes para el viaje, decidieron enviar a Gimdlach, siendo 
costeados los gastos por los otros tres y debiéndose dividir por 
partes iguales entre los cuatro el producto de la recolección. 
La excursión duró algunas semanas, y fué muy provechosa en 
Moluscos terrestres, especialmente de las Sierras de Casas y de 
Caballos situadas en la vecindad de Nueva Gerona. 

Invitado por el botánico Dr. Francisco Adolfo Sauvalle, 
hizo Gundlach su primera excursión a la Vuelta Abajo, en 
Abril de 1855, desembarcando en "Las Playitas" cerca de *'La 
Pozas", lugares que había hecho célebres la expedición del fa- 
moso revolucionario Narciso López, y dirigiéndose al "Monte 
Guajaibón", punto culminante de la "Sierra de los Órganos", 
en donde tuvo la satisfacción de encontrar la mayor parte de las 
especies de Moluscos terrestres descubiertas pocos años antes por 
el Conde Arthur Morelet y descritas casi simultáneamente por 
éste en su Testacea Novissima y por Alcides D'Orbigny en la 
obra de La Sagra. Visitó después a D. José Blain en su deliciosa 
finca ' ' El Retiro ' ' al pie de la Sierra de Rangel y en aquellas al- 
turas descubrió la preciosa Hymenitis cubana (H.-Sch.), mari- 
posa de alas transparentes, la Bijirita de los Pinares, Dendroica 
pityophila (Gundlach), y volvió a recoger la hermosa variedad 
de Liguus fasciatus que Poey había nombrado hlainiana, en ho- 
nor de este generoso huésped de todos los naturalistas de aque- 
lla época. Gundlach permaneció poco más de dos meses exploran- 
do aquellos contornos, "San Diego de los Baños", "La Güira", 
"El Caimito", "Catalina", "Hato Sagua" etc. y descubrió otras 



C. T. Ramsden: Vida del Dr. Gudlach. 155 

nuevas especies muy interesantes de la fauna cubana, que ha- 
cen de la Sierra de los Órganos el paraíso de los naturalistas, 
en esta región occidental de Cuba, como lo es en la oriental 
la montaña que se extiende al norte de Guantánamo. 

Los grandes éxitos alcanzados por Gundlach en sus excur- 
siones a la Isla de Pinos y Vuelta Abajo, hicieron pensar a los 
amantes de la Historia Natural de Cuba en la conveniencia de 
utilizar las cualidades excepcionales de aquel investigador in- 
fatigable, para hacer una exploración del resto de la Isla. En 
Junio de 1856, bajo los auspicios de Poey, Gutiérrez y Paz, que 
contribuyeron con cuatro onzas de oro ($68,00) cada uno, em- 
prendió Gundlach su largo viaje al través de las regiones cen- 
tral y oriental de Cuba; y, caso extraordinario, cuando volvió 
a la Habana, después de unos tres años de viaje, él no había 
gastado toda la modesta suma. Se había convenido en que Gun- 
dlach tendría derecho a los tipos de las especies nuevas y a los 
ejemplares únicos, en tanto que los duplicados se dividirían 
equitativamente entre los cuatro ; y así se hizo, habiendo que- 
dado todos ampliamente satisfechos y recompensados. 

Al emprender el viaje, hizo primero una visita a sus buenos 
amigos en la Ciénaga de Zapata, desde donde fué a Cienfuegos, 
y de allí a Trinidad, siendo recibido cordialmente por D. Justo 
Germán Cantero, rico hacendado para quien llevaba carta del 
Dr. Gutiérrez. Medio año permaneció Gundlach en las monta- 
ñas de Trinidad, habiendo explorado antes el Puerto de Casilda, 
la Boca de Guaurabo y "La Vijía" en las cercanías de la 
población, y en las lomas, San Juan de Letrán, Magua, Güinía 
de Soto, Sitio Quemado y las Lagunas de Aracas; y más tarde, 
la Sierra de Banao cerca de Sancti Spíritus, siempre con los 
resultados más satisfactorios por la adquisición de especies 
nuevas o poco conocidas para la ciencia. 

A principios de 1857, se trasladó Gundlach a Manzanillo 
en uno de los vapores de la costa sur, y hacia el mes de Febrero 
ya se encntraba en el Cabo Cruz, viviendo entre pescadores, pi- 
lotos de goletas y los torreros del faro, con todos los cuales había 
hecho gran amistad. Así fué como pudo estudiar y coger en sus 
nidos los Rabi juncos Phaeton americanus (Grant), interesantes 
aves que él había visto volar desde abordo, por aquellos contor- 
nos, dieciocho años antes, a su llegada a Cuba. También en- 
contró allí la Criosaura typica Gundlach & Peters, el más 



166 Memorias de la Sociedad Poey. 

interesante de los Reptiles de la fauna cubana, que le sirvió, 
en compañía del Dr. Peters de Berlín, para crear un nuevo 
género y especie hasta entonces desconocidos. El Dr. Thomas 
Barbour, de la Universidad de Harvard, que hizo un viaje al 
Cabo Cruz expresamente para obtener esta rarísima especie, 
dice en su reciente obra "The Zoography of the West Indies", 
Cambridge, 1914: "This remarkable archaic monotypie genus 
has for Herpetologists an interest equivalent to that wieh is held 
for Solcnodon among students of mammals. Its excesive ra- 
rit}' . . . makes it the most to-be-desired booty or any naturalist 
who may collect in Cuba." De allí vienen así mismo los tipos 
de la Helix prominula Pfeiffer y del Liguus poeyanus 
(Pfeiffer), notable esta última especie por su espira perversa. 

Desde Manzanillo fué Gundlach a Bayamo, la antigua e 
histórica ciudad situada no lejos de la Sierra Maestra, principal 
objetivo de sus exploraciones en aquella región por no haber 
sido visitada hasta entonces por naturalista alguno, habiendo lle- 
gado el 13 de Junio al cafetal "Buena Vista" de Aguilera, en 
las estribaciones de la mencionada sierra. Esta soberbia cor- 
dillera se extiende a lo largo de la costa sur de la provincia de 
Oriente, desde el Cabo Cruz, al oeste, hasta la Punta de Maisí 
en la extremidad oriental de la Isla; elevándose a veces directa- 
mente desde el mar hasta una altura máxima de unos 7000 pies 
en el Pico Turquino, la montaña más alta de Cuba, inexplorada 
aún desde el punto de vista zoológico. Durante su permanencia 
en "Buena Vista" obtuvo ejemplares del más raro de nuestros 
Mamíferos, el Solenodon cuhanus Peters, uno de los cuales sir- 
vió al Dr Peters para su excelente Monografía de la especie; 
también obtuvo Gundlach en la misma localidad los primeros 
ejemplares de una nueva especie de Jutía que fué nombrada 
Capromys melanurus Poey. 

De "Buena Vista" pasó Gundlach a Guisa, al sudeste de 
Bayamo, y en el otoño de aquel año volvió a Manzanillo y Cabo 
Cruz, desde donde embarcó para Santiago de Cuba en una go- 
leta, cuyo patrón no sólo rehusó aceptar retribución alguna por 
el pasaje, sino que se le ofreció para transportarlo gratuitamen- 
te a cualquier punto de la costa; tan grata le fué la compañía 
de Gundlach. Llegado a au destino en el mes de diciembre, se 
alojó en casa del relojero suizo, Carlos Jeanneret, que adquirió 
más tarde fama por sus descubrimientos malacolólogicos y fué 



C. T. Eamsden : Vida del Dr. Gudlach. 157 

víctima de los soldados españoles, que lo mataron en una excur- 
sión científica en las cercanías de Santiago, por creerlo espía 
de los insurrectos durante la guerra de los diez años. 

En un lugar situado a cinco millas al este de la boca del puer- 
to, descubrió Gundlach una de las especies que él estimaba entre 
sus mejores presas; el hermoso Papilio gundlachianus Felder, 
para el que él había propuesto el nombre Papilio colunihus H. 
Sch., que ha caído en la sinonimia, por haber sido empleado antes 
para otra especie del mismo génro. Yo recuerdo haberle oído 
así contar cómo obtuvo el primer ejemplar de esta especie : ha- 
llábase cazando el diminuto Calypte hclenae (Lembeye), cuan- 
do vio volar sobre su cabeza esta mariposa de extraordinaria 
belleza, en la que reconoció desde luego una especie nueva ; pero 
careciendo de red con que atraparla le hizo fuego con la esco- 
peta destinada a los zunzunzitos. 

Durante su permanencia en Santiago de Cuba, hizo Gund- 
lach varias excursiones, en compañía de Jeanneret, a Brazo de 
Cauto, Bramadas (hoy San Luis), La Gran Piedra y Santa Ma- 
ría de Sabine, donde encontró una interesante forma del Pleuro- 
donte (Caracoliis) sagemon, a que dio el nombre de Tlelix 
¡adata. En Abril de 1858, volvió por tercera vez a Cabo Cruz. 

Su primera visita a la rica comarca de Guantánamo fué en 
Junio de 1858, y permaneció seis semanas en la estación del 
ferrocarril de Caimanera, desde donde emprendió algunas ex- 
cursiones por las costas. Habiendo encontrado en el mes de 
Julio en uno de los grandes arenales de aquella región un Frai- 
lecillo no observado hasta entonces en Cuba, echado con tres 
huevos, cojió la madre viva en una red y la envió a Mr. Lawren- 
ce, quien la describió como Aegialitis tenuirostris; pero el Dr. 
Ridgway reconoció en ella más tarde, la Aegialitis nivosa de 
Cassin. En la desembocadura del río "Guantánamo", encontró 
los ejemplares muertos y calcinados que sirvieron de tipo para 
la descripción de una nueva especie de Molusco terrestre, Pleu- 
rodonte (Zachrysia) emarginata. 

Luego pasó Gundlach a la población de Guantánamo, como 
huésped del Sr. Teodoro Brooks y, después de haber descubier- 
to y recolectado algunos Moluscos en aquellos contornos se 
dirigió con el Sr. Enrique Lescaille al antiguo cafetal "Ermita- 
ño", en Yateras; allí se disputaban el honor de alojarle en sus 
fincas los hospitalarios hacendados de aquellas sierras, en las 



158 Memorias de la Sociedad Poey. 

que descubrió nuevas especies de Moluscos e Insectos, entre 
estos últimos, las raras mariposas Clothilda cu'bana Salvin y 
Cydimon poeyi Gundlach. Observó esta especie libando las flo- 
res del Aguacate (Persea gratissima), en el mes de Febrero, y 
habiéndola confundido a primera vista con el Cydimon hoisdu- 
vali (Ger.), común en el occidente de la Isla, recogió solamente 
im corto número de ejemplares, error que lamentó después du- 
rante muchos años. También volvió a encontrar la más rara 
de nuestras mariposas, la Hymenitis cubana (H. Sch.) que había 
descubierto en 1855 en la Sierra de los Organoh en la Vuelta 
Abajo. En Yateras exploró Gundlach las fincas ' ' Monte Verde ' ', 
"Los Naranjos", "La Cubana", "La Perla", "Dios Ayuda", 
"Felicidad", "Monte Social", "La Virginia" y "Mount Fri- 
endship" (hoy "Jagüey"), y llegó hasta "San Andrés", en 
donde conoció a la familia Rojas, últimos descendientes.de la 
raza aborígene o primitiva de Cuba, hoy extinguida. 

Al oeste de Yateras, recorrió las sierras de Monte Toro y 
Monte Líbano, que le proporcionaron, entre otras notables es- 
pecies de Moluscos, la Brachypodella turcasiana, y la extraordi- 
naria Brachypodella brooksiana (Gundlach), así nombrada en 
honor de su primer amigo en Guantánamo. En Monte Líbano, 
atravesó "Las Termopilas", visitó "Las Cavernas", famosas 
grutas adornadas con preciosas estalactitas y estalagmitas cal- 
cáreas y descendió por la vertiente norte de la sierra hasta San- 
ta Catalina en el Término de Sagua de Tánamo, regresando a 
principios del año siguiente por Guantánamo y Caimanera, a 
Santiago de Cuba. 

En Mayo de 1859 llegó Gundlach a Baracoa, la patria de 
la más hermosa de las conchas terrestres, la Helix (Polymita) 
pida Born, que durante mucho tiempo se creyó oriunda de la 
China, y presenta más de mil variedades en preciosos colores. 
En Mata, al este de Baracoa, encontró la mayor de las Hélices 
de Cuba, Helix (Polydontes) imperator Montf., cuya proceden- 
cia se ignoraba, y era por eso muy rara en las colecciones ; y en 
la cima del "Yunque", montaña que se eleva a más de mil 
metros de altura,al sudeste de la población, descubrió otra nota- 
ble especie del mismo género para la que propuso el nombre de 
Helix imperatrix Gundlach mss. pero Pfeiffer la nombró He- 
lix {Polydontes) apollo, por su epidermis de color rubio o do- 
rado. En Baracoa descubrió Gundlach la mariposa Chlosyne 



C. T. Ramsden: Vida del Dr. Gudlach. 




..,w^^^^^ 



en 1864. 



C. T. Bamsden: Vida del Dr. Gudlach. 159 

perezi Gundlach, y vio una Palma Real, de cuyo tronco salían 
diez ramas o troncos secundarios, cada uno de los cuales ter- 
minaba por un penacho distinto. En Agosto de aquel mismo año 
emprendió Gundlacli su viaje de regreso por la costa norte de 
la Isla, haciendo escala en Gibara y Nue^átas, y llegó a la Haba- 
na el 15 de Agosto de 1859 después de unos tres años de ausen- 
cia y de trabajos, bien recompensados por el descubrimiento de 
muchas nuevas especies hasta entonces desconocidas. 

Los cuatro años siguientes (1860-1864) los empleó en orde- 
nar y clasificar el material recolectado, enviando ejemplares a 
los más sabios especialistas de Europa y América en cada una 
de las distintas ramas zoológicas. Por aquella época se puso de 
moda entre las personas ricas de la Habana el adornar sus sa- 
lones con objetos de Historia Natural, y esto le proporcionó 
ocupación y el trato de las personas más influyentes del país. 
Por las reiteradas instancias del Sr. D. Simón de Cárdenas, 
decidió Gundlaeh, en 1864, trasladar su Museo al Ingenio "La 
Fermina" de la familia Cárdenas, situado cerca de Bemba, hoy 
Jovellanos, en la Provincia de Matanzas. Allí pudo extender 
svis colecciones en un gran salón alto de la enfermería de "La 
Fermina" y allí vivió feliz y muy estimado durante más de 
veinte años. 

En 1865, publicó sus Catálogos de Mamíferos, Aves y Rep- 
tiles, en el "Repertorio Físico-Natural de la Isla de Cuba", ex- 
celente Revista científica que dirigía D. Felipe Poey. El año 
siguiente, el Ayuntamiento de la Habana le comisionó para en- 
cargarse de la exhibición zoológica cubana en la gran Exposi- 
ción de París de 1867. El Dr. Gundlaeh llenó satisfactoriamente 
su cometido, y recibió como premio en aquel certamen una meda- 
lla y un diploma por sus magníficas colecciones. Terminada la 
Exposición, volvió a Cuba, después de haber visitado a su fa- 
milia y amigos en Alemania y se ocupó en reparar los desper- 
fectos sufridos por algunos ejemplares durante el viaje. 

Habiendo estallado en Octubre de 1868 la guerra de los 
diez años, se hizo peligrosa toda excursión por los campos. Se- 
gún dejamos dicho, su amigo Jeanneret fué muerto, por sospe- 
choso, en las cercanías de Santiago de Cuba, y el mismo Gund- 
laeh fué conducido en cierta ocasión, como un malhechor, ante 
un Capitán de Partido, el cual, con gran sorpresa de los solda- 
dos españoles, en lugar de encerrarlo en un calabozo, le estrechó 



160 Memorias de la Sociedad Poey. 

entre sus brazos, poniéndolo inmediatamente en libertad, y 
aeosejándole que suspendiera por entonces sus excursiones cien- 
tíficas. Siguiendo Gimdlach las advertencias de su amigo, no 
volvió a alejarse del batey de "La Fermina"; pero sembró en 
la arboleda y on los jardines alrededor de la casa de vivienda 
toda clase de árboles, arbustos, bejucos y demás plantas silves- 
tres, y allí acudían las mariposas y otros insectos a depositar 
sus huevos, seguros de encontrar el alimento apropiado para sus 
larvas, y así pudo obtener algunas especies raras y estudiar las 
metamorfosis y los hábitos de muchos insectos, sin exponerse 
a ser molestado y quizás víctima de las pasiones políticas. Aman- 
te decidido de la naturaleza, Gundlach logró hacer un edén del 
bate}'' de "La Fermina ' ' ; jamás se permitía cazar o disparar 
un tiro en la arboleda, viéndose anidar en ella a los pájaros más 
ariscos. El Profesor Carlos de la Torre, el eminente naturalis- 
ta cubano de nuestros días, a quien debo en gran parte los da- 
tos para esta biografía, me ha referido que cuando, en 1882, 
él visitó por primera vez al Museo de Gundlach en "La Fer- 
mina", vio en el portal de la casa un Tocororo (Priotelus 
temnurus Temm.), y que en la habitación de Gundlach, en una 
antigua lámpara en forma de lira, había formado su nido una 
pareja de Zunzunes, Riccordia ricordii (Gerv.) ; estas aves eran 
mansas y vivían tan confiadas, que se les veía entrar por la ven- 
tana y volar a la mesa de trabajo de Gundlach, de donde se 
llevaban pedacitos de algodón y de estopa para hacer su nido. 

Desde 1866 Gundlach había sido invitado por los Padres 
Jesuítas de San Juan de Puerto Rico, para formar un Museo 
en el colegio que tenían en aquella Isla ; pero su viaje a la Ex- 
posición de París le obligó a declinar el ofrecimiento. En 1870 
recibió una nueva invitación del Vice Cónsul Alemán en Ma- 
yagüez Sr. Leopold Krug, quien poco tiempo después tuvo que 
marchar a Berlín ; por lo que Gundlach dejó su viaje a la men- 
cionada Isla hasta 1873, en que viendo que la situación anormal 
de Cuba se prolongaba, salió de la Habana el 4 de Junio de 
aquel año, en el vapor "Manuela" para Mayagüez; allí se 
puso en contacto con el botánico Dr. Domingo Bello Espinosa 
y después con Mr. Halmarson, de Arecibo, aficionado a la Or- 
nitología. 

Fué el Dr. Bello Espinosa el primero que, en 1871, descu- 
brió la particularidad que ofrecen los embriones del género 



C. T. Ramsden: Vida del Dr. Gudlach. 161 

Eleutherodactylus (Hylodes) de no experimentar las metamor- 
fosis propias de los demás Anfibios ; pero Gundlach, en 1881, 
hizo nuevas investigaciones en este asunto enviando los resul- 
tados obtenidos al Dr. Peters, de Berlín, quien publicó entonces 
una descripción acompañada de láminas de huevos y embriones 
del Eleutherodactylus martinicensis (Tschudi). 

Gundlach permaneció seis meses en Puerto Rico, habiendo 
visitado a Mayagüez y Aguadilla, al oeste; Guánica, Lares y 
Utuado, en el interior, Arecibo y Quebradillas en la costa norte 
de la Isla, volviendo a la Habana en Diciembre de 1873. Hizo 
Gundlach su segundo viaje a Puerto Rico el 4 de Septiembre 
de 1875, en el vapor "Marsella", y permaneció un año en Ve- 
ga Baja y Bayamón, en compañía del Dr. Agustín Sthal, bien 
conocido de todos los que han estudiado la Historia Natural de 
Puerto Rico; y volvió a la Habana el 25 de Agosto de 1876. 
Todavía hizo Gundlach un tercer viaje en 1881, permaneciendo 
algún tiempo en aquella Isla. Alternando con estos viajes se 
ocupó en la publicación de sus observaciones Zoológicas en Cu- 
ba y Puerto Rico. Las primeras vieron la luz en pliegos separa- 
dos en los Anales de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas 
y Naturales de la Habana, y las últimas en los Anales de la 
Sociedad Española de Historia Natural de Madrid, al mismo 
tiempo que se publicaba en Alemania (véase la bibliografía). 
Estos trabajos le ocuparon hasta los últimos días de su vida. 

En 1882, el entonces joven naturalista Carlos de la Torre, 
Conservador del Museo del Instituto de Segunda Enseñanza 
de la Habana, indicó a su Director, el Dr. Fernando Reinoso, 
la necesidad de formar una colección de ejemplares cubanos, 
proponiendo al Dr. Gundlach como la persona más adecuada 
para ese objeto. Al efecto, se trasladaron ambos al Ingenio 
"La Fermina", donde pasaron una semana muy agradablemen- 
te con el Dr. Gundlach y la familia Diago-Cárdenas. El Dr. 
Reinoso quedó tan satisfecho de su visita al Museo, que le pro- 
puso a Gundlach su traslación a la Habana, lo que éste no qui- 
so aceptar entonces, porque su presencia en el Ingenio era casi 
indispensable a la familia, por la que sentía profundo afecto 
y gratitud, debido a las múltiples atenciones que había recibi- 
do de D. Simón de Cárdenas. Aunque Reinoso no era naturalis- 
ta, se interesaba mucho por todos los que se dedicaban al estu- 
dio de las Ciencias Naturales, y así lo hizo con Gundlach, en- 



162 Memorias de la Sociedad Poey. 

cargándole la preparación de los ejemplares para el proyectado 
Museo Cubano del Instituto, acariciando no obstante la esperan- 
za de llegar a adquirir algún día todo el Museo de Gundlach. 
Con objeto de recolectar las especies propias de la región orien- 
tal de la Isla, volvió Gundlach a visitar las localidades, para él 
bien conocidas, de Santiago de Cuba, Manzanillo, cabo Cruz y 
Guantánamo, durante los años de 1884-1885 y de 1887-1888, y 
allí encontró de nuevo algunas de las especies más raras como 
el Rabijunco, el Zunzuncito, el Carpintero Real &' &*. 

Después de 1888, Gundlach no hizo más exploraciones, ocu- 
pándose en ordenar y clasificar las colecciones generales del Ins- 
tituto y las especiales de Cuba que él iba formando. Al mismo 
tiempo continuó la publicación de sus observaciones hasta 1893, 
en que publicó su última obra: "Ornitología Cubana", editada 
por su admirador y amigo el Dr. Enrique López, como suplemen- 
to y en pliegos separados de los "Archivos de la Policlínica"; 
las láminas fueron costeadas por el Director del Instituto, Dr. 
Fernando Reinoso. 

Entre tanto, la situación financiera de la familia adoptiva de 
Gundlach iba de mal en peor, como ocurrió a casi todos los ha- 
cendados cubanos por aquella época; el Ingenio "La Fermina" 
fué demolido, convertido en potrero y al fin perdido para la 
familia Cárdenas, por lo cual Gundlach se vio obligado a tras- 
ladar sus colecciones a la Habana. El Dr. Reinoso, que no había 
perdido las esperanzas de adquirir el Museo Gundlach y que 
cada día estimaba más las dotes excepcionales de aquel sabio 
naturalista, renovó su oferta de compra, con la condición de 
nómbrale Conservador vitalicio del Museo, y Gundlach, que 
bajo ningún concepto se hubiera desprendido de su tesoro, vio 
en la proposición de Reinoso, a quien ya, consideraba como su 
mejor amigo, el logro completo de sus deseos, esto es: que sus 
colecciones no se disgregarían (pues había recibido excelentes 
ofertas por algunas de ellas separadamente) ; sino que permane- 
cerían reunidas como un todo, y que nunca saldrían de esta Isla, 
a la que él había aprendido a amar como a su propia patria; 
y al mismo tiempo se le presentaba la oportunidad de auxiliar 
en aquellas difíciles circunstancias a la familia Cárdenas, con 
el precio que se le ofrecía, mostrándoles de esta suerte su gTati- 
tud por las múltiples atenciones recibidas de sus antepasados. 
Aceptó Gimdlach la oferta, y, después del largo expedienteo de 



C. T. Bamsden: Vida del Dr. Oudlach. 163 

costumbre en los asuntos oficiales, las autoridades españolas au- 
torizaron la compra por $8,000.00 en oro español, precio muy 
inferior al valor real de unas colecciones que contienen un gran 
número de tipos, cotipos y ejemplares únicos. El Director del 
Instituto, que no disponía de mayor cantidad que aquella, pro- 
cedente de los "derechos académicos" que entonces se destina- 
ban al material científico, trató de compensar lo exiguo del pre- 
cio con otras comisiones y trabajos, según dejamos consignado; 
y, últimamente, anticipándole el nombramiento de Conservador 
del Museo con un síieldo de $100.00 mensuales, los cuales, lo 
mismo que todas las cantidades que recibía por otros concptos, 
los entregaba a la hija de su protector, que se encontraba en- 
tonces en condiciones de ser protegida. 

Por fiíi en Mayo de 1892, autorizado por Real Decreto expe- 
dido en Madrid el 8 de Abril, se firmó por el Dr. Juan Gundlach 
el contrato de venta del Museo al Instituto de Segunda Ense- 
ñanza de la Habana, y recibió los $8,000.00 en monedas de oro, 
las cuales fueron totalmente depositadas por él en manos de 
la muy distinguida y virtuosa Señora Doña Cecilia de Cárdenas 
de Diago, diciéudole: "Esto no me pertenece, es vuestro y aquí 
os lo dejo en la seguridad de que sabréis emplearlo con la misma 
elevación de miras e idéntica generosidad a la que habéis otor- 
gado a este obrero de la ciencia, que se siente eternamente unido 
a vosotros por los lazos de la gratitud más sentida y del cariño 
más sincero " ; de esta manera mostró Gundlach su gratitud a 
los herederos de su benefactor. Las colecciones quedaron comple- 
tamente instaladas, en el local que se construyó expresamente 
para ese objeto en el Instituto, a mediados de 1895, y el 17 de 
Julio del mismo año, celebró Gundlach en el Museo sus 85 años 
de edad, sintiéndose muy feliz al ver realizadas sus ambi- 
ciones, rodeado de sus amigos, entre los cuales se encontraba 
allí presente la familia Cárdenas, que volvió a ver las colecciones, 
después de haberlas perdido de vista durante once largos años. 

Desgraciadamente, Gundlach sólo pudo gozar por muy corto 
tiempo de aquella satisfacción. Un ataque de bronco-pneumonía 
gripal quebrantó su salud, hasta entonces perfecta, y precipitó 
el fin. El continuó, no obstante, asistiendo diariamente al Museo, 
en cumplimiento de sus deberes, hasta cerca de un mes antes 
de su muerte. Al volver una tarde a su casa en el carro del Ve- 
dado, sufrió un síncope al apearse, y fué necesario llevarlo en 



164 



Memorias de la Sociedad Poey. 



una silla a su residencia, en el N' 51, antiguo, de la calle 5, 
esquina a G. Desde aquel día, no volvió a levantarse más; fué 
debilitándose de día en día, sin que pudieran evitarlo los más 
tiernos cuidados que le prodigaba personalmente la Señora 
Cárdenas de Diago ; fué ella quien le dio hasta el último vaso 
de leche, y después de beberlo se volvió tranquilamente y se 
quedó dormido para no despertar jamás. Así expiró el 17 de 
Marzo de 1896, habiendo realizado el sueño de su existencia para 
bien de Cuba, uno de los seres más nobles que en el mundo 
se han conocido. 



1851, Abril 5. 
1853, Enero 31. 
1853, Mayo 13. 
1861, Mayo 26. 
1864, Enero 11. 

1864, Julio 19. 

1865, Marzo 28. 
1865, Mayo 24. 
1867, Junio 25. 
1872, Dicbre. 5. 
1878, Agosto 23. 
1883, Julio 10. 
1883, Septbre. 28. 
1885, Octubre 6. 



Eelación de los títulos 

Honorar}- Member of the Boston Society 
of Natural History. 

Corresponding Member of the Natural 
History Society of Montreal. 
Corresponding Member of the Society of 
Natural History of Waterau. 
Socio de Mérito de la Academia de Cien- 
cias de la Habana. 

Corresponding Member of the Entomolo- 
gical Society of Philadelphia. 
Plonorary Member of the Naturalists So- 
ciety of Boston. 

Miembro del Departamento de Ciencias 
del Liceo de Matanzas, Cuba. 
Socio de Mérito de la Sociedad Econó- 
mica de Amigos del Pais de la Habana. 
Corresponding Member of the Academy 
of Natural Sciences of Philadelphia. 
Miembro de la Sociedad Española de His- 
toria Natural de Madrid. 
Socio de Mérito del Círculo de Hacen- 
dados de la Habana. 

Miembro Correspondiente del Museo de 
Historia Natural de Madrid. 
Honorary Fellow of the American Orni- 
thologists, Union. 

Honorary Member of the Brooklyn Ento- 
mological Society. 



C. T. Ramsden: Vida del l)r. Gudlach. 




Elviza ; los bosques de Cajinaya 
y el Purio al fondo de la bahía de Leviza y los que rodean la 
bahía de Cabonieo, llegando hasta el lugar llamado Dos Bahías, 
que es la entrada común de las bahías de Leviza y Cabonieo. 

El terreno en estos bosques es más húmedo y son distintos 
de los de Moa y Cañete, y encierran todavía grandes riquezas 
en maderas. Junto a la bahía de Leviza el hacha está haciendo 
el mismo trabajo que hizo en Ñipe y en Baracoa y no tardarán 
en desaparecer también aquellos bosques. En las alturas con- 
tinúa la misma vegetación de Moa y Cañete: pinos y arbustos 
de hojas rígidas y espinosas. El terreno, de un rojo de san- 
gre, es un mineral de hierro muy rico, pero no en bloques sino 
en forma de tierra de perdigones. Muy interesantes ejemplares 
colecté en este recorrido, como la Siguapa, Judío, Vigueta, 
Mije morado, Hicaquillo, Sangre de toro. Sapo, Hueso de tor- 
tuga, etc. Embarqué la madera colectada junto a la bahía de 
Leviza para Antilla y de allí por ferrocarril; la de Cañete fué 
llevada a Baracoa y de allí directamente a la Habana. 

De regreso a Mayarí, y tras un día de descanso, emprendí 
el último recorrido de este viaje. Fui a los pinares de Mayarí, 
ascendiendo a caballo de la escabrosa montaña, en cuya altura 
se encuentra el pueblo minero de Woodfred, donde se extrae el 
mineral de hierro; éste lo constituiré una tierra de perdigones, 
la cual simplemente con palas o excavadoras mecánicas la van 



J. T. Roig : Una excursión a Oriente. 173 

echando en vagones de ferrocarril, los que, por plano incli- 
nado, bajan la montaña hasta el embarcadero de Felton, donde 
se exporta. 

El paisaje que se divisa desde Woodfred es uno de los más 
bellos de Cuba. Delante y al frente se extiende el hermoso va- 
lle de Mayarí, con la población en el centro, siguiendo el curso 
del río Mayarí, navegable varias leguas. Más allá la inmensa 
bahía de Ñipe, rocada de extensos campos de caña y en su borde 
se distingue el central Preston, a la izquierda Felton con sus 
grandes maquinarias, al centro Antilla ; allá lejos, del otro lado 
de la bahía y cerca de la entrada, Saetía sembrado de cocales 
y otros frutales. A la derecha de Ñipe se ven las dos bahías de 
Leviza y Cabonico, separadas por una estrecha lengua de tierra. 
En la meseta de la montaña la vegetación la constituyen pina- 
res exclusivamente ; hacia el interior, en Piloto, encontré la 
sabina común y la sabina cimarrona y el Ciruelillo, famosa ma- 
dera de Oriente, distinta de la de Moa, e igual al guayacancillo 
de Vuelta Abajo. 

Estábamos ya a 22 de octubre y se había anunciado el ciclón 
que pocos días después azotó a Pinar del Río, por lo que de- 
terminé regresar a la Estación Agronómica, no sin visitar a San- 
tiago de Cuba y los lugares históricos del Caney y San Juan. 
El material colectado, más de 80 muestras de madera y cerca de 
mil ejemplares de herbario me servirán para determinar mu- 
chas especies dudosas y para establecer la identidad de especies 
maderables valiosas, cuyas determinaciones oportunamente da- 
ré a conocer a esta Sociedad en la serie que vengo preparando 
con el título de Plantas nuevas o poco conocidas de Cuba. 

Para terminar me permitiré transcribir unos párrafos de mi 
informe a la Secretaría de Agricultura con motivo de esta excur- 
sión botánica. La recomendación que en él hago fué tomada en 
cuenta por el Sr. Secretario, y tuve la satisfacción de ver repro- 
ducidas mis propias palabras en el Mensaje Presidencial dirigido 
a las Cámaras pocos días después. Mas como por desgracia a 
estos asuntos nadie le presta atención, temo que todo quede en 
el olvido y por eso quiero aprovechar esta oportunidad para vol- 
ver sobre el mismo tema, con la esperanza de que la Sociedad 
Poey haga llegar su autorizada voz hasta los Poderes de la 
Nación, pidiéndole protección para nuestra riqueza forestal que 
se nos va a pasos agigantados. Dicen así los párrafos aludidos : 



174 Memorias de la Sociedad Poey. 

"No quiero terminar esta parte de mi informe sin volver a 
insistir en un punto muy importante, y sobre el cual llamé la 
atención en mi informe de mayo de 1915, con motivo de la ex- 
cursión botánica al Camagüey. Me refiero a la destrucción sis- 
temática de los bosques que se lleva a cabo en las provincias 
de Camagüey y Oriente. El que haj^a recorrido esas provincias 
hace diez años y las visite de nuevo ahora, no podrá menos de 
sentirse alarmado ante la rapidísima desaparición de aquellos 
magníficos bosques que antes se contemplaban en todas direc- 
ciones y que hoy han sido sustituidos por cañaverales o potreros. 
Si la tala continúa con la misma intensidad, dentro de diez 
años no tendremos bosques en ninguna región de la Isla, a no 
ser en los lugares inaccesibles o en zonas que, como la de Baracoa, 
no tienen ferrocarriles y a donde el furor azucarero no ha lle- 
gado todavía. 

"Y no es que tenga a mal que se tales los bosques para esta- 
blecer cañaverales o para sembrar cualquiera otra planta ; por el 
contrario, creo que ello significa progreso y bienestar para el 
país. Pero lo que no pueden ver los propietarios de las fincas, 
atentos sólo a su interés particular e inmediato, deben verlo los 
gobiernos previsores, obligados a velar por el porvenir de la 
agricultura patria. Es ciertamente indispensable derribar los 
bosques para abrir nuevas zonas de cultivo, pero es una gran 
imprudencia destruir de un solo golpe toda la riqueza forestal 
en todo el país. No es solamente la necesidad de combustible 
y de madera para las construcciones lo que debe hacer pensar 
en la conservación de los bosques: hay que tener en cuenta ade- 
más la gran influencia que ejercen los bosques en el clima de los 
países y sobre el régimen de las lluvias y la protección que pres- 
tan a los terrenos impidiendo la acción erosiva de las mismas. 
Por estas razones vuelvo a llamar la atención de la Secretaría 
de Agricultura hacia la necesidada de crear en cada provincia 
un bosque nacional o reserva forestal como se hace en los Es- 
tados Unidos y en otros países y como se ha hecho ya en Puer- 
to Rico en la Sierra de Luquillo. Estos bosques nacionales de- 
berán ser lugares sagrados para todo el mundo y para su crea- 
ción no necesitaría el Gobierno hacer grandes gastos. Bastaría 
con impedir la extracción de maderas de los terrenos del Es- 
tado y que por las Jefaturas de Montes y Minas de cada pro- 
vincia se atendiese a la propagación en ellos de las especies ma- 
derables más importantes. También pudiera dictarse un decreto 
estableciendo que en las regiones de bosques que actualmente se 
están explotando, los dueños de las haciendas tengan que reser- 
var en sus propiedades una parte de los bosques equivalente al 
10%, por lo menos, del área total que actualmente cubren los 
mismos. También debiera prohibirse el corte y la exportación 
de las especies valiosas que ya van siendo raras o están casi 



S. de la Huerta : Piritas crist aliadas de P. del Rio. 175 

extinguiéndose, como el Ébano real, el Guayacán, el Carey de 
costa, la Guana, la Sabina etc. 

"Para darse cuenta de la importancia económica de este asun- 
to, basta con recordar que el Cedro, que en su tiempo fué tan 
común en la Isla, hoy alcanza ini precio hasta de $200 el millar 
de pies planos, y eso que le cedro que se está utilizando procede 
en su mayor parte de árboles jóvenes y es de color blanco. Y si 
tenemos presente que el Cedro se reproduce de una manera fácil 
por sus semillas y por medio de estacas y que a los 30 años está 
en condiciones de explotarse, se podrá concebir el gran negocio 
que realizaría el Estado si en sus terrenos se sembrasen cada año 
un millón de Cedros para recoger sus productos dentro de cin- 
cuenta años o menos." 



L\S PIRITAS CRISTALIZADAS DE PINAR DEL RIO 

POR EL DR. SANTIAGO DE LA HUERTA (1) 

Profesor titular de Mineralogía y Geología 



(Sesión del 20 de Abril de 1918) 

Esta nota la ha motivado un ejemplar donado al Museo de 
Mineralogía de la Universidad por el Sr. Pedro Guerra, Acal- 
dante facultativo del mismo, que lo obtuvo de las minas "Mata- 
hambre", cerca de Vinales, como Cuhanita; y otros dos ejem- 
plares obtenidos de la colección particular del Sr. Ricardo de 
la Torre, recibidos, uno de la misma localidad y el otro de la 
mina "Asiento Viejo" cerca de Vinales, también como Cu- 
hanita. 

La forma de los tres ejemplares es concrecionada, cavernosa, 
tapizada de pequeñísimos cristales que los hacen en extremo 
interesantes. Dos de ellos, los de " Matahambre ", presentan 
además una hermosa empañadura irisada tan característica de 
la Calcopirita y de otra sulfoferritos de cobre, grupo mineraló- 
gico al que también pertenece la Cuhanita. Han sido analiza- 
dos dos de los ejemplares en el Laboratorio del departamento 
de Geología y Mineralogía de esta Universidad, por el Ayudante 
Sr. Rene San Martín. 



(1) Leído por el Sr. Eicardo La Torre Madrazo. 



176 Memorias de la Sociedad Poey. 

Estudiados detenidamente los ejemplares por medio del mi- 
croscopio binocular se distingue, con toda claridad, la forma 
que en general presentan los pequeñísimos cristales: la de un 
cubo-octaedro con dominio del cubo en unos y al octaedro en los 
más y presentando algunos la forma intermediaria en toda su 
pureza. Esta combinación de formas no muy común en la Pi- 
rita, es posible en la Cubanita (que también cristaliza en el sis- 
tema cúbico), así como en la Calcopirita, resultante en este ca- 
so de una combinación de forma más compleja (Deuto-prisma, 
basi-pinacoide y los proto-esfenoides positivo y negativo). 

Las irisaciones de dos ejemplares nos inclinaron en el pri- 
mer momento a pensar que pudiera tratarse de un sulfoferrito 
de cobre, con mayor probabilidad cúbico (Cubanita) ; pero pu- 
diendo ser tetragonal esfenoédrico (Calcopirita). En esta hi- 
pótesis (sulfoferrito), sólo un análisis cuantitativo habría re- 
suelto definitivamente el caso. 

Este problema sólo quedó planteado en el departamento has- 
ta el momento en que el Sr. Ricardo de la Torre se decidió a 
sacrificar la mayor parte de su exiguo ejemplar, constituido por 
los cristales maj'ores que ofrecía más garantías de pureza. 

Tratado convenientemente por el ácido nítrico se disolvió 
dejando un pequeño residuo de azufre. Diluida la solución y 
tratada por el amoniaco se produjo solamente el precipitado 
rojo de hidrato férrico, sin que la solución tomara la coloración 
azul característica del cobre, desvaneciéndose inmediatamente 
el problema. Los ejemplares son, pues, de Pirita. 

En nuestro propósito de ir completando los datos referen- 
tes a los minerales de Cuba entre los que el análisis químico 
es de primera importancia, el Sr. San Martín, Ayudante del La- 
boratorio, ha realizado el de dos de los ejemplares antes citados 
y el de un tercer ejemplar de la colección particular del Sr. 
Ricardo de la Torre que tiene como procedente de la mina "La 
Constancia", cerca de Vinales; consistente el ejemplar en cris- 
tales cúbicos de 2 cm., recubiertos por una película negra de 
alteración, y que presenta también en algunos lugares, empaña- 
dura irisada. 



8. de la Huerta : Piritas crist<\liadas de P. del Rio. 177 
ANÁLISIS DE LOS MINERALES 

Letra C. No. 28|1918. 

Ejemplar irisado de ' ' Matahambre " 

Si 02 13,14% 

S 44,08% 

Fe como sulfuro 38,57% 

Fe como Limonita 1,58% 

Mg O 0,41% 

Total 97,78 

Ejemplar no irisado de "Asiento Viejo" 

Letra B. No. 29| 1918. 

Si 02 4,50% 

S 45,98% 

Fe como sulfuro 40,23% 

Fe como Limonita 4,79% 

Total 95,50 

Ejemplar de cubos grandes de "La Constancia" 

Letra A. No. 30| 1918. 

Si 02 3,84% 

S 50,12% 

Fe como sulfuro 43,85% 

Fe como Limonita 0,36% 



Total 98,17 

Hemos considerado interesante el consignar los datos ex- 
puestos en esta nota para la Sociedad Poey: 1' por tratarse de 
ejemplares de Pirita de localidades cubanas ; 2' por presentar di- 
chos ejemplares una combinación de formas, no muy común; 
3? por la extremada pequenez de los cristales y la gran dificul- 
tad para su estudio ; 4? por las hermosas irisaciones que han he- 
cho pensar en la presencia del cobre en los mismos ; 5? por haber- 
se considerado erróneamente como Cubanita; y 6? por los tres 
análisis de Pirita que la acompañan. 



178 Memorias de la Sociedad Poey. 

LAS EXPLORACIONES BOTÁNICAS DE CUBA (D 

Reseña comparativa de la contribución del Dr. N. L. Britton 

Y DE LOS Botánicos anteriores, al conocimiento de la Flo- 
ra Cubana. 

por el sr. hermano león 
Profesor de Historia Natural del Coleario de la Salle. 



(Sesiones del 30 de Noviembre de 1917 y 15 de Mayo de 1918) 

En la última sesión solemne, celebrada por la Sociedad Cu- 
bana de Historia Natural Felipe Poey, el 26 de Mayo de 1917, 
fué proclamado Socio Honorario de dicha Corporación el Dr. 
Nathaniel Lord Britton, recibiendo esta alta distinción por sus 
relevantes méritos en la ciencia de la Botánica, especialmente, 
por lo que en sus trabajos se refiere a la Flora de Cuba. 

Poco experto en manejar la bella lengua de Cervantes, hu- 
biera sido de desear que otra pluma mejor cortada y más au- 
torizada redactase esta reseña histórica, cuyo fin es poner de 
manifiesto, ante esta Sociedad, lo que en la obra del Dr. Britton, 
amerita la distinción que le ha sido conferida. Me decidí a 
escribirla a instancias del Secretario general Dr. Arístides Mes- 
tre, agradeciéndole este honor, al cual no tengo otro título que 
la admiración y el agradecimiento que siento para con el Dr. 
Britton, al que, en cierto modo, considero como mi maestro en 
la ciencia amena, y la gran ventaja que tuve de acompañarle 
alguna que otra vez en sus exploraciones. 

El Dr. N. L. Britton nació en New Dorp, Staten Island, N. 
Y. el 15 de Enero de 1859. Es Ingeniero de Minas de la Uni- 
versidad de Columbia (1879), Doctor en Filosofía (1881) y 
Doctor en Ciencias de la misma Universidad (1904), Doctor 
en Leyes de la Universidad de Pittsburg (1914). Contrajo 
matrimonio el 27 de Agosto de 1885 con Elisabeth Gertrude 
Knight. 

Fué Auxiliar de Geología en la Universidad de Columbia 
(1879-86), Instructor de Geología y Botánica (1886-90), Ins- 
tructor de Zoología (1887-88), Profesor de Botánica (1891-96), 



(1) Véase Vol. III, pág. 36. 



II. León : Las Exploraciones botánicas de Cuba. 179 

Profesor Emeritus (1896-1908), y desde 1908, profesor de la 
Universidad de Columbia. 

Es Director Jefe del Jardín Botánico de New York desde 
1896. Durante cinco años estuvo en el '"Geological Survey of 
New Jersey"; Ayudante en el "United States Geological Sur- 
vey" (1882); Editor del "Bulletin of the Torrey Botanical 
Club" (1888-98). 

Es miembro de la "Botanical Society of America" y fué 
Presidente de la misma (1896-98) ; Miembro de la "New York 
Academy of Sciences" y Presidente (1905-07) ; Miembro de 
la "American Association for the advancement of Science"; 
de la "Staten Island Association of Arts and Sciences" y Pre- 
sidente (1888-91) ; Miembro del "Century Club"; del "Torrey 
Botanical Club"; de la " Horticultural Society of New York"; 
de la New York Microscopical Society"; de la "New York 
State Forestry Association" y Presidente (1913) ; Miembro de 
de la "American Forestry Association"; de la "Biological So- 
ciety of "Washing-ton " ; de la "National Academy of Sciences" 
y Miembro de Honor de la Sociedad Cubana de Historia Natu- 
ral Felipe Poey. 

Es autor de la "Flora of New Jersey", de la "Hlustrated 
Flora of Northern United States and Canadá", en tres tomos 
(1896-98), 2* edición (1913, con Addison Brown) ; del "Manual 
of the Flora of Northern States and Canadá" (tres ediciones) ; 
de "North American Trees" (1908) ; de la "Flora of Bermuda" 
ilustrada (1918). 

Escribió también numerosos trabajos botánicos, algunos de 
los cuales tratan de la flora de las Antillas y de Cuba en parti- 
cular, como son: El Género Rynehospora en Cuba (Mem. Soc. 
H. N. F. Poey. Habana, 1917) 

Studies of West Indian Plants. I-IX. Reprinted from 
the Bulletin of the Torrey Botan. Club. 1908-10-12-13-14-15- 
16 yl7. 

The natural vegetation of the Isle of Pines. (Journ. N. Y. 
Eot. Gard. 1916). 

The Juncaceae of the West Indies. (Torreya. N. Y. 1904.) 

Undescribed species of Cuban Cacti. (Torreya. N. Y. Jan. 
1912.) 

Cuban Columneae. (Torreya. N. Y. 1905.) 



180 Memorias de la Sociedad Poey. 

La lista de sus trabajos sería larga, basta decir que suman 
230 sus títulos. 

Tenemos la relación de sus viajes de exploración en Cuba, 
bajo los títulos siguientes: 

Report on a trip to West Indies. (Journ. of the N. Y. Bot. 
Garden. 1901) 

Report upon exploration in Cuba. (Journ. N. Y. Bot. Gar- 
den. 1903) 

Botauical exploration iu Santa Clara. (Journ. N. Y. Bot. 
Garden. 1910) 

Botanical exploration in Western Cuba. (Journ. N. Y. Bot. 
Garden. 1910) 

Botanical exploration in Cuba. (Journ. N. Y. Bot. Garden. 
1911) 

Further Botanical exploration in Cuba. (Journ. N. Y. Bot. 
Garden. 1912) 

Además una obra considerable sobre los Cactos se está ter- 
minando por el Dr. Britton, con la cooperación del Dr. Rose. 
También, bajo su dirección y con la colaboración de los mejo- 
res botánicos de América se está publicando la "North Ameri- 
con Flora" (incluyendo América Central y las Antillas), en 
34 tomos, de los cuales varios ya han visto la luz. 

Con el fin de conseguir el material necesario, sea para la 
"North American Flora" sea para la preparación de un nuevo 
Catálogo de la Flora de Cuba, numerosas exploraciones fueron 
organizadas por él y llevadas a cabo durante la última década. 
Por no hablar más que de las Antillas, fueron exploradas: Las 
Islas Bahamas, Saint Thomas e islas vecinas, Puerto Rico, Sto. 
Domingo, Jamaica 3' otras, y muy especialmente Cuba. 

Antes de considerar la contribución del Dr. Britton al 
conocimiento de nuestra Flora, echemos una ojeada retrospecti- 
va sobre lo que se ha llevado a cabo, en el campo cubano de la 
Botánica, durante las épocas anteriores. 



Una de las cosas que más habrán llamado la atención de Colón 
y sus compañeros al desembarcar en Cuba, fué, sin duda, la 
exuberante y variada vegetación de la Isla, y no es de extrañar 
que las observaciones del gran descubridor y de sus inmediatos 
continuadores hayan sido consignadas por Gonzalo Fernández 



//. León : Las Exploraciones botánicas de Cuba. 181 

de Oviedo (1478-1557) en su hermosa obra "Historia General 
y Natural de las Indias...". Sevilla, 1535 (1). Oviedo descri- 
be las plantas de las Antillas, las introducidas y las silvestres, 
como quien las ha visto e ilustra su obra con unos grabados, 
buenos para la época, en los que es fácil reconocer varias plan- 
tas cubanas, como un lirio (Hj^menocallis caribaeum) y varios 
cactos de los géneros Opuntia y Cereus que él llama cardos y 
que según él los indios de Venezuela llamaban dados. 

Nos dice también las propiedades y usos de las plantas: co- 
mo con el Guayacán {Guayacum sj).) curaban el mal de las buas; 
que el Manzanillo (Hippommie mancinella) servía a los In- 
dios para preparar sus flechas envenenadas; que la moneda 
corriente de los Indios en sus transacciones la formaban las se- 
millas de Cacao; que había una madera silvestre, cuyo nombre 
no cita y que una vez podrida y seca, relucía de noche como 
fuego; de modo que viajando en la oscuridad el práctico se 
ponía una astilla de esta madera detrás del sombrero, a fin de 
que lo puedan seguir los demás. Agrega que el resplandor del 
Cocuyo es harto mejor. Cuenta otros muchos pormenores cu- 
riosos. Por otra parte, hay quien dice que cayó en errores, por 
demasiada credulidad. 

Oviedo cita algunas plantas de Cuba; las más de las veces 
se refiere a las de la Isla Española (Sto. Domingo). Habla tam- 
bién de plantas de Tierra Firme (Nicaragua y Venezuela, etc.) 

Más de dos siglos pasan, durmiendo de nuevo, las plantas 
cubanas, el sueño del olvido, hasta cerca de la mitad del si- 
glo XVIII, cuando el escocés William Houston (1695-1733) 
viene a Cuba, haciendo entre 1729 y 1733 la primera recolec- 
ción de plantas, las cuales se conservan todavía en el British 
Museum. (2) 

Durante la segunda parte del Siglo XVIII, continúa, aun- 
que rudimentaria, la exploración botánica de la Isla. Unos vein- 
te años después de Houston, Federico W. Nascher, (1702-1764) 
naturalista y comerciante alemán, después de varios años de 
residencia en la Habana, regresa a su país en 1752, y en 1758 
publica una Flora Cubana, describiendo las plantas que crecen 
cerca de La Habana. Leipsic. 1758. 2 Vol. (3) 



(1) Ign, Urban. Symb. Ant, I, p. 120. 

(2) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 62. 

(3) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana (Botánica), I, p. 321. 



182 Memorias de la Sociedad Poey. 

El francés Carlos L. A. Wallerton visitó a Cuba en 1763 
y publicó los resultados de sus exploraciones en su "Traite 
explicatif d'un herbier de plantes medicinales recueillies dans 
un voyage a la Nouvelle Espagne et á 1' ile de Cuba" en 
tres tomos. Nancy 1767. (1) 

Otro explorador francés, Gastón L. Thibaudin llegaba a la 
Habana en 1782 formando una colección de plantas con la cual 
publicó su "Mémoire sur la Flore de l'ile de Cuba." París, 
1786 (2) 

Por aquella época, vivía en Méjico, Fray José Manuel Ro- 
dríguez. Era habanero, y no está de más citarlo, porque fué 
tal vez, el primer botánico cubano. No se sabe que haya escrito 
sobre plantas cubanas pero hizo una traducción del Compendio 
de plantas del Dr. Francisco Hernández, por orden del IV 
Concilio Mexicano, 1771 y tenía a la misma fecha entre manos 
la formación de un Diccionario Botánico Americano. (3) 

Stanislas de la Ramee (1747-1803) estuvo en el Perú en 
1783 y al volver a Francia, con valiosas colecciones, visitó a 
Cuba, para después publicar su "Prodrome des plantes recueil- 
lies en Amérique et dans les Indes Occidentales". ¿París? 
1798. (C. Trelles) 

Pocos años después, el Sueco Olaus Kjoeping publicaba su 
' ' Prodromus florae ..." Copenhagen, 1799, enumerando las plan- 
tas celulares que recogió en Cuba y otras Antillas. También 
publicó "Observaciones sobre las Plantas de Cuba" 1807. 
¿Copenhagen? 3 Vol. (C. Trelles) 

Antonio José Cavanilles cita un cierto número de plantas 
de Cuba, en sus "Icones et Descriptiones plantarum". Madrid. 
1791-1800. 

A punto de terminar el siglo XVIII, la expedición del 
Brigadier Conde de Mopox y Jaruco salía de la Coruña en 1796. 
Aunque no fueron considerables los resultados científicos de la 
expedición, Baltasar Boldo, encargado de la parte botánica dejó 
en manuscrito "Descripciones de diferentes géneros y espe- 
cies de plantas de la Isla de Cuba" y una "Flora de Cuba" 
sin concluir. Lo único que se publicó fué un tomo de 66 hojas 
de dibujos de plantas con su nombre científico; se encuentra en 



(1) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana (Botánica), p. 322. 

(2) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana (Botánica), p. 312. 

(3) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana (Botánica), p. 313. 



H. León: Las Exploraciones hotánicas de Cuba. 183 

el Museo del Jardín Botánico de Madrid, y es obra de José 
Guio, dibujante de la expedición. El Capitán Tirry y Lacy, 
también a las órdenes del Conde de Mopox, fué el primer ex- 
plorador de la Isla de Pinos, habla de su vegetación, pero no 
cita más que una corta serie de nombres vulgares. (1) 

D. Antonio de la Parra en 1799, da una lista de 287 especies 
de árboles en su "Discurso sobre los medios de connaturalizar 
y propagar en España los cedros de la Habana y otros árboles, 
así de construcción, como de maderas curiosas y frutales" pu- 
blicado en Madrid. (2) 

Michel Etienne Descourtilz, de Boiste, Loiret, Francia, 
(1775-1836) estuvo en Santiago de Cuba poco más de un 
mes, (fines de Febrero a Abril de 1799). Durante este corto 
tiempo, no dejó de estudiar las plantas de nuestra flora, de 
las cuales habla en su " Voyage d 'un naturaliste . . . au Conti- 
nent de 1' Amérique Septentrionale, á Saint Yago de Cuba et 
á St. Domingue, etc.. París 1809. Vol. I 365 p. Vol. II 470 
p. Vol. III 476 p. En el Volumen III p. 376, se encuentra un 
apéndice: "Traite des plantes usuelles d'une partie des An- 
tilles, principalement de Saint Domingue et de Cuba..." en 
el que están enumeradas y dispuestas, según el orden de sus 
propiedades medicinales, un gran número de plantas de las 
Antillas. 

Publicó otra obra más importante todavía, una "Flore pitto- 
resque et medícale des Antilles. . . " París 1821-1829, en 8 vo- 
lúmenes, con los grabados en color de las 600 especies de plan- 
tas medicinales tratadas y los nombres vulgares franceses, cien- 
tíficos y los usados en la localidad. Los ejemplares originales 
de sus plantas fueron quemados por los negros de Haití. (3) 

Los dos más notables botánicos que visitaron a Cuba en el 
siglo XVIII fueron sin duda: Nicolás José Jacquin (1727-1817) 
do Leiden, Holanda, y Olof Swartz (1760-1818) de Norrkoping, 
Suecia. El primero, a la vuelta de su viaje a América del Sur 
(1755-1759), se detuvo corto tiempo en la Isla y describió va- 



(1) Memorias de la Sociedad Económica. III, p. 147. 1838. 

(2) M. Presas. La Historia Natural en Cuba. (Repert. Fis. Natur.) 
I, p. 27. 

(3) I. Urban. Symb. Ant. I, p. 36-37. III, p. 36. 



184 Memorias de la Sociedad Poey. 

rias plantas de nuestra flora en su "Selectarium Stirpium 
Americanarum Historia". Viena, 1781. (1) 

El segundo, Sueco casi tan ilustre como su compatriota 
Linneo, visitó las Antillas en 1783-1784, y entre muchas plan- 
tas raras, aparecen varias de Óuba en sus "Icones Plantarum 
incog-nitarum " Upsala 1794-1800 y en su "Florae Indiae Oc- 
cidentalis" 3 Vol. 1797-1806. etc. (2) 

Jacquin y Swartz, según Grisebach, son autores fundamen- 
tales para la Flora de Cuba, a pesar de su corta estancia en 
la Isla; las especies de plantas de las Antillas descritas en sus 
obras, siendo en gran parte las mismas que las de Cuba. 

A las expediciones realizadas durante el siglo XVIII, se 
puede agregar la de Humboldt, Bonpland y Kunth (1799-1804). 
En la magnífica obra que publicaron "Voyages aux régions 
équinoxiales du Nouveau Continent", París, 1807-1835, la sexta 
parte trata de la Botánica y fué escrita por el francés Bonpland. 
Los dos primeros tomos tratan de plantas recogidas en México, 
en la Isla de Cuba, etc. 

Por su parte el alemán Carlos S. Kunth publicó en 1807 un 
breve trabajo, titulado "Flora peculiar de Guanabacoa" y 
también la parte de siete tomos, titulada ' ' Nova genera et species 
plantarum. . . "; la parte referente a Cuba "Florula Cubae In- 
sulae." Vol. VII, 1825, habla de 156 especies cubanas, muchas 
de ellas nuevas y pertenecientes a la Flora de Regla y Gua- 
nabacoa, entre ellas nuestras preciosas Palmas. (3) 

A la expedición de Humboldt, se había unido en 1801 el 
escocés John Fraser (1750-1811). Volvió a visitar a Cuba en 
1809. Sus ejemplares están en los herbarios de De Candolle y 
Delessert en Ginebra. Su propio herbario fué adquirido por 
la "Linnean Society" de Londres. (4) 

Durante la primera parte del siglo próximo pasado, vieron 
la luz, además de la obra de Humboldt, Bonpland y Kunth, 
algunas otras que tratan más o menos de nuestra flora cubana. 

De José Pavón tenemos un "índice alfabético de nombres 
de plantas. . . ", en el cual habla de plantas cubanas, pero muy 



(1) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 65. 

(2) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 134. I, p. 164-165. 

(3) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana (Botánica), I, p. 313. 

(4) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 48. 



//. León : Lafi Exploraciones hotánicas de Cuba. 185 

probablemente dice I. Urban, (1) las plantas de Cuba atribui- 
das a Pavón, no fueron recogidas por él, sino por Martín Sessé 
y el mejicano José María Mociño, entre 1795 y 1804. 

Kurt P. Sprengel (1766-1821) en su obra "Caroli Linnaei 
Systema Vegetabilium", Gottinga, 1825-1827, cita más de 160 
plantas cubanas. (2) 

WilJianí Hamilton, que publicó una ''Florae Indiae Occi- 
dontalis ", Londres, 1825, coleccionó algo en la Provincia Orien- 
tal. (2) 

El Dr. D. Carlos M. Trelles, en su hermosa obra "Biblio- 
teca Científica Cubana" Vol. I, p. 315, cita de Lorenzo W. Ker- 
ckhove una "Historia plantarum circa Havana sponte crescen- 
tium". Amsterdan, 1839, en 3 Vol. Ignoro si este autor visitó 
a Cuba. 

F. R. de Tussac, en su espléndida obra "Flore des Antilles", 
en cuatro tomos, in-folio, con grabados en color, París, 1808- 
1827, describe algunas plantas cubanas. (Trelles.) 

Estamos ya en pleno siglo XIX, en el que empieza con al- 
guna intensidad la exploración del interior de la Isla. Las ex- 
pediciones anteriores se habían limitado, en gran parte, a reco- 
ger las plantas de los alrededores de la Habana, siendo este 
puerto escala obligatoria para los exploradores que se dirigían 
a América Central y varias regiones de Sudamérica. 

Para Cuba, empieza la edad de oro de la Botánica, cuando 
el Intendente D. Alejandro Ramírez, a la solicitud de D. Ma- 
riano Espinosa, inaugura el 30 de Mayo de 1817 el Jardín Bo- 
tánico de la Habana y nombra Director a D. José Antonio de 
la Ossa. 

Este notable botánico cubano recogió considerable número 
de plantas que mandaba a Agustín Piramus de Candolle, el cé- 
lebre autor del Prodromus, en el que lo cita más de una vez. 
"Eran tan numerosas e interesantes las remesas de la Ossa, 
que el Botánico de Ginebra le dedicó el género Ossaea, de las 
Melastomáceas". (Presas.) La Ossa recolectaba también, para 
la redacción de una obra titulada "Ensaj^o de una Flora Ha- 
banense", en la que describe 409 especies, distribuidas en 153 
géneros, y recogidas por los caminos, pueblos y montes hasta 



(1) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 99. 

(2) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana (Botánica), I, p. 314. 



186 Memorias de ¡a Sociedad Poeij. 

una distancia de 30 leguas de la Habana. (1) Dice D. José Anto- 
nio Saco en el primer tomo de sus ' ' Papeles científicos . . . So- 
bre la Isla de Cuba", p. 255, que la Ossa explica los usos co- 
munes de estas plantas, sus virtudes medicinales, nombres vul- 
gares y correcciones de algunos géneros y especies, con inclu- 
sión de las plantas exóticas antiguas o recientemente introdu- 
cidas de otros países y aclimatadas allí. Estaba lejos de haber 
agotado el campo, pero tuvo el mérito de ser el primero en em- 
prender la exploración del interior de la Isla. La muerte de 
la Ossa acaecida poco después, frustró la publicación de su obra. 
Escribió también un "Ensayo de Plora Cubana", que más tar- 
de publicara el Dr. Kafael Cowley. 

Reinaba entonces en la Habana un verdadero entusiasmo 
por la Botánica, y no faltaban personas que encomiasen el 
estudio de esta ciencia, como D. Nicolás Calvo y D. José Esté- 
vez que fueron los primeros en tratar de establecer un Jardín 
Botánico, bajo la dirección de Martín Sessé, entonces en la Isla. 
Fué pospuesta la realización de tan loable empresa por falta 
de fondos. 

José Estévez escribió un informe sobre la utilidad de la Bo- 
tánica, en 1817. 

El mismo año, el Presbítero D. Justo Vélez, entonces Cate- 
drático de Derecho Español en el Colegio Seminario de San 
Carlos, pronunciaba un discurso sobre la utilidad de esta cien- 
cia. Por orden de la Sociedad Económica se imprimió, para 
repartirlo a los párrocos y al Clero, con el objeto de recomendar- 
les se aplicasen al estudio de las Ciencias Naturales, en los 
distritos rurales. Por su parte, el venerable Obispo Espada, en 
su calidad de Director de dicha Sociedad, y de Obispo Diocesa- 
no, mandó que el Clero auxiliase los progresos de la Botánica, 
remitiendo especies nuevas o describiéndolas de modo que pu- 
diesen conocerse. (Bachiller y Morales. Apuntes I, p. 66.) De 
hecho, no fué estéril por completo este empeño; no muchos 
arios después, el Párroco de Yaguaramas, D. Ramón de la Paz 
y Morejón, además de presentar a la Sociedad Económica con 
el informe correspondiente, zapatos que había mandado hacer 
de piel de majá y otros de piel de jutía, explica en otro a dicha 



(1) M, Presas. La Historia Natural en Cuba. (Kepert. Fis. Nat.) 
I, p. 28. 



H. León : Las Exploraciones hof únicas de Cuba. 187 

Sociedad, como se pueden obtener tintes diversos de varias plan- 
tas cubanas. (1) Mandaba también ejemplares de plantas a 
D, Tíamón de la Sagra. 

En tiempo de La Ossa, el escocés George Don (1798-1856) 
recogió para la "Ko3'al Horticultural Society" plantas de las 
Antillas especialmente de Cuba y Jamaica (1822). (2) 

Casi al mismo tiempo, Eduard Friedrich Poeppig (1798- 
1868) de Plauen, Sajonia, emprendía su gran viaje a América. 
(1822-1824). Hizo una excursión importante por Cuba, reco- 
giendo plantas, especialmente en Matanzas, Limonar, Loma de la 
Caverna, el Sumidero, Caoba, Sta. Ana, Caballeros, Sta. Ele- 
líS, Loma Sabanassó, y Laguna de Piedras. Fueron descritas 
por su amigo Schlechtendal en Linnaea 1833, y sus criptóga- 
mas por Gustavo Kunze en "Synopsis Plantarum eryptogami- 
carum" Linnaea, 1834. (3) 

No llegó a mi conocimiento ningún trabajo botánico de D. 
Tomás Pío Betancourt, natural de Camagüey y discípulo de 
Lagasca en Madrid. Conviene citarlo, sin embargo, pues D. J. 
A. Saco lo llama por antonomasia, el botánico cubadlo, y es in- 
teresante leer en sus "Papeles. . . " I, p. 257 como a principios 
de 1823, decidió a Saco a estudiar botánica con él. Teniendo 
Betancourt amistad con el francés Nicolás Chapy, el jardinero 
que fué el brazo derecho de la Ossa en la organización del Jar- 
dín Botánico, allí se reunían por las tardes, junto con la Sa- 
gra ; y fué allí donde Saco se dio cuenta de la superioridad de 
Betancourt sobre la Sagra, en cuestiones de botánica. 

En aquella época, Juan J. Oliver escribía una "Topografía 
vegetal del partido de Alquízar. (1827) y el presbítero D. Ma- 
nuel Donoso una "Topografía vegetal del partido de Guana- 
bo". (1828) (4) 

D. Sebastián María de Morales, padre de D. Sebastián Al- 
fredo y amigo de la Ossa, escribía, pocos años después sus "En- 
sayos descriptivos de algunas plantas de esta Isla, que crecen 
espontáneas en las inmediaciones de la Habana", (1838) manus- 
crito. Describe 400 plantas. 

James Read, oficial de la Marina Americana, recogió también 



(1) Mem. Soc. Econom. Vol. 17. 1843. 

(2) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 38. 

(3) I. Urban. Symb. Aiit. III, p. 103. 

(4) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana. I, p. 327-328. 



.^ 



188 Memorias de la Sociedad Poey. 

plantas en Cuba y otras Islas. Se encuentran en la colección de 
la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia. No siempre 
está indicado con exactitud, de cuál de las Antillas proceden. (1) 

Mrs. Walstoncraft, que entonces residía en la Habana, di- 
bujaba y describía plantas cubanas, determinando la clase, el 
orden, género y especie, y muchas veces el nombre vulgar. Tres 
volúmenes de sus trabajos fueron enviados de la Habana a New 
York, según se lee en el "Mensajero semanal", redactado en- 
tonces en New York por el Padre Félix Várela y D. José Anto- 
nio Saco, Ag. 26, 1828. (2) 

El escocés Thomas Drummond, sabio briólogo que recorrió 
la América del Norte desde las regiones árticas hasta el Texas 
y la Florida, llegó a Cuba con el mismo fin de recoger musgos. 
La muerte lo sorprendió en la- Habana, escasamente un mes des- 
pués de su llegada, (Marzo de 1835). (3) 

Nicolás Funck, de Luxemburgo, estuvo recolectando plantas 
en Cuba, entre 1837 y 1840 ; sus ejemplares se repartieron, 
desde el establecimiento de Linden, entre muchos museos de 
Europa. (4) 

Cari Friedrich E. Otto, de Shoneberg, cerca de Berlín 
(1812-85) vino a Cuba en 1838, en compañía de Gundlach y 
Pfeiffer. Recogió una buena colección de plantas, en las inme- 
diaciones de la Habana; Caj^ajabos, Monte Taburete (Pinar del 
Río) ; Cárdenas, Matanzas, Cienfuegos, Trinidad y la Costa Sur. 
328 de sus números están en el Museo Botánico de Berlín. (5) 

Henri Delessert, (1815-1843) primo del famoso político, 
industrial y naturalista francés, Benjamín Delessert recogió 
plantas en 1838-39, cerca de la Habana, en donde murió en 
1843. Sus plantas están en el Herbario Delessert en Ginebra. (6) 

El alemán F. E. Liebold, en 1839, emprendía un viaje de 
exploración a Cuba y México. Sus plantas están en Leipsig, 
Halle, etc.. (7) H. G. Galeotti, (1814-1858) de Versaillese 
(Francia), a su vuelta de México en 1840, estuvo corto tiempo 
en Cuba, recogiendo un centenar de ejemplares de plantas. (8) 



(1) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 109. 

(2) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana. I, p. 314. 

(3) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 38. 

(4) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 49. 

(5) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 94. 

(6) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 36. 

(7) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 74. 

(8) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 50. 



H. León : Las Exploraciones hotánicas de Cuba. 189 

J. M. Despreaux, (1794-1843) de Foiigéres (Francia), des- 
pués de explorar las Islas Canarias, llegó a Cuba en 1841. Las 
plantas que recogió están en el Herbario Delessert en Gine. 
bra. (1) 

El danés Frederik Michael Liebmann (1813-56), en su via- 
je de vuelta de Ste. Croix y Puerto Rico (?) se detuvo algunas 
semanas en Cuba para recoger plantas. Están conservadas en 
Copenhagen y otros herbarios. (2) 

Benjamín D. Greene (1793-1862) de Boston E. U. A. es- 
tuvo también en Cuba, no se sabe exactamente cuando. Sus 
plantas están en los herbarios de Kew, de Krug y Urban (Ber- 
lín), y de la Boston Society of Natural History. (3) 

El célebre horticultor belga Jean Jules Linden (1817-98) 
hizo dos viajes a Cuba. La primera vez, después de explorar 
el norte de Sur América en busca de Orquídeas llegaba a la 
Habana en Diciembre de 1837, y durante tres meses, estuvo 
recorriendo la parte occidental de la Isla. La segunda vez, 
en 1844, desembarcó en Santiago de Cuba y durante seis me- 
ses recorrió las montañas de Oriente, la llanura de Guantánamo, 
el valle del Yateras, los Montes Líbano y Toro, Los Hondones, 
Sagua, las Sierras de Cristal, del Cobre, Nima Nima y la Cuenca 
del Cauto, en donde, entre otras plantas, reunió, sobre todo, una 
numerosa colección de Orquídeas. Fueron descritas por Lin- 
dley en 1846 en "Orchidaceae Lindenianae". (4) 

A. W. Lañe, sobre el año 1844 visitó a Cuba. Sus plantas 
están en el Herbario de Kew. (5) 

Poco después, Ferdinand Rugel (1806-79) de Weingarten, 
(Ducado de Badén), hizo una importante colección en 1849. 
Fué sobre todo en los alrededores de Matanzas donde recogió 
sus plantas: en la Bahía de Punta Brava, valles de los ríos 
Yumurí, San Juan y Canimar, la Boca de Camarioca y Punta r^ 
de Maya. (6) 

Dejemos por un momento a los botánicos extranjeros y vol- 
vamos algunos años atrás, hasta el 18 de Febrero de 1823. En 



(1) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 37. 

(2) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 75. 
(.3) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 53. 

(4) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 76. 

(5) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 71. 

(6) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 115. 



190 Memorias de ¡a Sociedad Poey. 

aquel día, D. Antonio de la Ossa, que durante siete años, había 
dirigido con éxito el Jardín Botánico y lo había dejado en \m. 
estado de gran prosperidad, tuvo que retirarse y ceder el pues- 
to a Ramón de la Sagra, gracias a una Real Orden del 16 de Nor 
viembre de 1822. Según esta Real Orden, el Jardín Botá- 
nico se convertía, nominalmentc, en Escuela de Botánica apli- 
cada a la i^gricultiira, con Ramón de la Sagra de Catedrático 
y Director. 

D. Ramón de la Sagra (1708-1871) era natural de la Coruña. 
Si, al decir de Saco, no excedía en conocimientos botánicos a 
su llegada a Cuba, por lo menos era muy activo y emprendedor. 
Dio a conocer el Jardín al mundo científico, entablando corres- 
pondencia con Adrien de Jussieu, A. P. de Candolle, Ad. Brong- 
nart, Decaisne, Moquin Tandon, Bentham y otros, los cuales 
describieron plantas cubanas, en diversas obras. (1) 

La Sagra, gracias a un presupuesto especial, y a la coopera- 
ción de muchos corresponsales en diferentes comarcas de Cuba, 
pudo montar el Jardín Botánico y colocarlo en estado muy flo- 
reciente. Contribuían con plantas, semillas y noticias al fomen- 
to del Jardín y a la formación de un herbario : D. Antonio 
Reinoso que exploró la región de Guanímar (Habana). José 
María Valenzuela la Vuelta Abajo, de Octubre a Diciembre de 
1833. Lanier recogió plantas de la Isla de Pinos, (2) y Monte- 
verde de Camagüey. También cooperaron a la obra: Sebas- 
tián Bonani, Gutiérrez, Betancourt, y Ramón de la Paz, etc. . . 

Otro colaborador de la Sagra, digno de vivir en la memoria 
de los cubanos, es Pedro Alejandro Auber. Nació en el Havre, 
(Francia) ; hijo de un oficial del ejército francés y de una espa- 
ñola, hizo sus estudios en Madrid, durante el agitado gobierno 
de José Bonaparte y estudió la Botánica bajo la dirección del 
Profesor Boutelou, (1811-1812). 



(1) M. Presas. La Hist. Natur, en Cuba. (Eepert. Fis. Na tur. I, p. 28) 

(2) "Una nota extensa y circunstanciada relativa a todos los árbo- 
les, bejucos y plantas de la Isla de Pinos, con especificación del tamaño 
a que llegan las maderas, grueso del tronco, parajes donde se hallan, cla- 
se de tierra donde vegetan, época de su florescencia y usos a que se apli- 
can, por el ingeniero Alejo Helvecio Lanier, que la añadió como apén- 
dice a su Geografía de la Isla de Pinos, se encuentra en el tomo II, p. 
200, 1836 de las Memorias de la Sociedad Económica." (M. Presas.) 



H. León: Las Exploraciones hoiánicas de Cuba. 191 

Llegado a la Habana, se dedicó a la enseñanza de las Mate- 
máticas; más tarde era nombrado con aplausos, Catedrático de 
Física de la Universidad. En cuanto a sus oposiciones a la cá- 
tedra de Botánica, creada entonces por la Real Junta de Far- 
macia, fueron un triunfo, según cuenta D. Antonio Bachiller 
y Morales, en el elogio que hizo de Auber. Pero su residencia 
favorita, dice este ilustre autor, era el Jardín Botánico, habién- 
dose relacionado pronto con la Sagra. Cuando más tarde se de- 
cidió la construcción de la Estación de Yillanueva en el lugar 
ocupado por el Jardín, "Auber, entonces Director interino, asis- 
tió a esta obra de destrucción, con el alma agobiada de dolor. . . 
se multiplicaba para salvar a los vegetales: por lo menos que- 
ría conservar todas las plantas exóticas, confiado en que el pú- 
blico traería luego en tropel las indígenas como se proponía 
pedirlas." (Bachiller y Morales, Apuntes. . . I, p. 108.) 

Vino, por fin, el momento en que La Sagra, piensa ejecutar 
su proyecto, de publicar una Historia Física, Política y Natu- 
ral de la Isla de Cuba. Se marcha a Europa con el material 
y los datos recogidos y deja la dirección del Jardín Botánico a 
D. Pedro Alejandro Auber que acababa de entregarle su herba- 
rio, compuesto especialmente de criptógamas. 

Al llegar a París, La Sagra encarga a Camille Montagne, 
de la descripción de las Criptógamas. La obra estaba en bue- 
nas manos; poco después, Montagne publica sus "Plantes ce- 
llulaires de Cuba" (18-12), y en 1845 aparece el tomo Botánica, 
(Criptogamia) de la Historia Física. . . cpie al decir de Presas 
ocupa el primer puesto entre los demás de la misma obra ; las 
láminas corren parejas con las disertaciones completamente 
científicas, y las descripciones exactas y severas de 306 especies, 
de las cuales 118 nuevas. 

Al mismo tiempo veía la luz, la otra parte : Fanerogamia, 
encomendada a Aquiles Richard. En esta obra voluminosa, ilus- 
trada con 101 láminas perfectas, Richard describe 1018 espe- 
cies, de las cuales 324 nuevas. (1) Con la publicación de esta 
gran obra se acaba el primer período de actividad botánica en 
Cuba, empezado por La Ossa. 



(1) M. Presas. La Hist. Nat. en Cuba. (Kepert. Fis. Nat. I, p. 31.) 



192 Memorias de la Sociedad Poey. 

Durante el segundo período, en la segunda mitad del siglo 
XIX desempeñará el papel principal el norteamericano Charles 
Wright. Nació en Weathersfield (Connecticut) el 29 de Octu- 
bre de 1811 y allí terminó también su laboriosa vida (1885). 

Después de haberse graduado en la Universidad de Yale, se 
dedica a la enseñanza en la ex república de Tejas (Rutttersville 
y Austin), explorando a la vez aquella región e internándose a 
veces hasta Méjico. Forma parte después, como botánico, de va- 
rias expediciones científicas, en los Estados Unidos, como la "Me- 
xican Boundary Survey" y la "North Pacific Exploring Expe- 
dition", visitando muchas tierras de la cuenca del Pacífico. (1) 

Estaba bien preparado, para emprender la exploración de 
Cuba. Llega a la Isla en 1856 y empieza por la parte Oriental, 
teniendo sucesivamente por bases de exploración, la hacienda 
"Filantropía" de Mr. Bradford, en la Sierra Maestra, no lejos 
de Hongolosongo. Al este de Santiago, la hacienda "Josefina" 
(El llamón) del francés Duverger y "Nouvelle Sophie", dos 
leguas al sur del Ramón. Pero el centro más importante de 
sus exploraciones, en Oriente, fué el Cafetal Monte Verde del 
francés Lescaille ; allí recibió la más generosa hospitalidad, du- 
rante varios años. 

Desde "Filantropía", Diciembre 1856 a Marzo 1857, visi- 
ta las lomas vecinas, especialmente Nima Nima y la Loma del 
Gato. En Diciembre 1860 y Diciembre 1861, camino de Bayamo, 
se detiene algunos días en la misma hacienda de su amigo 
Bradford, pero siempre sus objetivos principales eran Nima Ni- 
ma, La Guinea y la Loma del Gato. (2) Al parecer, no se pre- 
ocupó mucho por alcanzar las altas cumbres de la Sierra Maes- 
tra, que todavía hoy en día están casi inexploradas. 

Fué desde Monte Verde que Wright recogió las más conside- 
rables colecciones en Oriente, en el Monte Líbano, al norte de 
Guantánamo, en el Monte Toro, los Farallones de la Perla, (otra 
hacienda de Duverger), a corta distancia del monte virgen, en 
cualquier dirección. 

Allí, a fines del año 1858, a su regreso de un viaje a los 
Estados Unidos, encontró a Gundlach, y no habrá sido poco 



(1) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 141. 

(2) L. M. Underwood. (A Summary of Charles Wright 's explorations 
in Cuba.) Reprinted from the Bulletin of the Torrey Botánica! Club. 32. 
New York, 1905. 



H. León : Las Exploraciones hotánicas de Cuba. 193 

el placer que experimentaran, explorando juntos aquellos mon- 
tes vírgenes. El zoólogo completaba al botánico, de modo que 
Wright pudo, no sólo mandar plantas a Cambridge, sino tam- 
bién pieles de aves, insectos y moluscos a la "Smithsonian 
Institution ". Es de notar que recogió, para Gundlach, muchas 
de las más raras especies de caracoles, serpientes, etc. . . Si la 
Zoología le debe mucho a Wright, la Botánica le debe casi tan- 
to a Gundlach, pues conocido y querido como lo era en la Isla, 
fué el que presentó a Wright, dándole cartas de recomenda- 
ción para los ricos dueños de ingenios y cafetales, que tanto 
le ayudaron en su empresa. Gundlach recogía también plantas 
para Wright, y en el Herbario de Krug y Urban en Berlín se 
conserva su colección de plantas de Puerto Rico y 49 números 
de Cuba. ^, 

Wright no se contentó con recorrer las inmediaciones de 
Monte Verde, visitó también a las comarcas de Sagua de Tána- 
mo, Mayarí y hasta cerca de Alto Cedro. Otra excursión nota- 
ble fué la de Baracoa, buscando las rarezas de nuestra Flora, 
ora en las escarpadas cuchillas del Yunque, ora durante más 
do dos semanas en los infectos pantanos de Mata, bastante su- 
cios, dice Wright, para matar a las mismas jicoteas. El regreso 
de Baracoa fué memorable ; a pesar de detenerse un día o dos, 
en las cuchillas, y recoger plantas por el camino, y ¡ qué camino ! 
Alcanzó a Monte Verde en siete días, confesando que estaba ren- 
dido, y su caballo más todavía. Era en Junio de 1861. En 
Diciembre del mismo año se dirige a Bayamo, en donde es hués- 
ped del Dr. D. Juan Yero, probablemente con recomendación de 
Gundlach, quien en 1857, en busca del Solenodón y del Ca- 
promys melanurus, había recibido la misma generosa hospitali- 
dad. No se quedó mucho en Bayamo, el 2 de Enero 1862, pa- 
sando por Las Tunas y Camagüey, Wright se dirige a Sancti 
Spíritus. Durante algunos días explora los alredores; prosi- 
guiendo su camino, hace una corta visita a las sabanas altas 
al sureste de Sta. Clara y llega por fin al Ingenio 'Fermina" 
de D. Simón de Cárdenas, y residencia clásica del sabio Gun- 
dlach. En tan buena compañía, explora principalmente la Cié- 
naga de Zapata, probablemente desde Zarabanda como base, en 
casa de los parientes del naturalista. Padre Ramón de la Paz 
y Morejón, o en Hanábana, en cuya comarca recogió tantas es- 
pecies de Gramíneas. 



194 Memorias de la Sociedad Pocy. 

En Junio del mismo año 1862, está en Rangel, sin haberse 
detenido, al parecer, en la Habana, que llama ' ' a nasty place ' ' ; 
La sanidad no estaba entonces en su apogeo. Rangel era la 
Hacienda del cuñado de Sauvalle, José Blain, tan aficionado a 
la Botánica, que todo botánico había de ser para él un amigo. 
Blain, sobre el año 1850, había hecho en la Isla de Pinos, una 
colección de plantas que hoy se encuentra en el "Gray Herba- 
rium" en Cambridge, y que Charles Millspaugh dio a conocer 
en su "Catalogue of plants collected in the Isle of Fines by J. 
Blain" Chicago, 1900. Así, no es de extrañar, si durante varios 
años, sea Rangel, sea el Retiro, otra finca cercana de Blain, 
habían de ser el centro de las excvirsiones de Wright en Vuelta 
Abajo, así como la Hacienda "Balestena" (Sta. Cruz de los 
Pinos) y Toscano, por la costa norte, ambas propiedad de Fran- 
cisco Sauvalle. 

Desde allí, Wright emprende una serie de excursiones, sea 
por las sabanas y pinares que tanto abundan en Vuelta Abajo, 
sea por las sierras del norte, como el Pan de Guajaibon, Las Po- 
zas, San Marcos, San Diego de los Baños, Herradura, Consola- 
ción, Almacigos, etc . . . 

En Diciembre de este agitado y laborioso año 1862, pasa una 
temporada de exploración, en las cercanías de Pinar del Río. 
En Diciembre 1863 emprende una larga expedición desde Reti- 
ro a Toscano, al este de Bahía Honda; volviendo después por 
San José de Sagua y el escabroso Pan de Guajaibon, cuya cima 
escaló dos veces, sigue rumbo al oeste, recorriendo los pinares 
de la Cajálbana, La Palma, Nombre de Dios, Baja y Mantua. 
Toma entonces la dirección del sur, se dirige al Asiento Viejo 
de San Julián en donde empieza la región de las lagunas, con 
su flora tan variada; cruza los pinares y sabanas, cuya arena, 
a veces más blanca que la de las playas, alterna con el moco 
de herrero (limonita), y pasando más allá de los Remates, lle- 
ga a la Jaula, a poca distancia relativamente del Cabo San An- 
tonio. 

Por falta de práctico, no puede alcanzar aquel punto, el más 
occidental de la Isla; se decide entonces a recorrer a pie las 
cuatro leguas que lo separan de la costa sur probablemente la 
la ensenada de Corrientes. Pasando por la Grifa y la Catalina, 
vuelve al Retiro. 

En Abril hace una excursión a Dayaniguas en la costa sur, 



H. León: Las Exploraciones hotcmicas de Cuta. 195 

y en Mayo explora la región al sureste de San Cristóbal. Al 
año siguiente (Julio 1864 a Marzo 1865), se traslada a su tie- 
rra natal Weathersfield, y en Junio lo encontramos en las ori- 
llas de la Ciénaga de Zapata. Algunos días se pasan en Palma So- 
la, cerca de la costa norte, al este de Punta de Maya, entre Matan- 
zas y Cárdenas, y en Septiembre está de vuelta al Retiro, para 
completar su exploración de la provincia occidental. Las saba- 
nas y pinares próximos a la costa sur, reciben su visita en Agos- 
to 1866, y la comarca de los Palacios en Septiembre. El hermoso 
valle de Luis Lazo lo ve llegar en Diciembre, como también el 
Arroyo Hondo, la Grifa, los Portales de Guane. Por fin, vuel- 
ve al Retiro, por última vez, en Enero de 1867. 

En Febrero llega a la Habana, y teniéndolo todo preparado 
para su viaje a Trinidad, se embarca para aquella pintoresca 
comarca, en donde será huésped del acaudalado hacendado D;. 
Justo Cantero. Allí hace importantes colecciones, tanto en la 
parte montañosa como en las orillas del mar. En Mayo se diri- 
ge a Monte Verde, a despedirse de su buen amigo Lescaille, y 
abandona para siempre a Cuba, que tanto le debe en el ramo de 
\? Botánica. 

En Julio de 1867 volvía a Cambridge para emprender una 
revisión del "Grisebach Catalogus Plantarum Cubensium", con 
sus propias observaciones y notas tomadas dvirante sus explora- 
ciones; describió tres géneros nuevos Herpyza, Margaritopsis y 
Sauvallea y 178 especies nuevas, y pudo entonces mandar a 
Sauvalle el manuscrito de la obra que aquél había de publicar 
en los Anales de la Academia de Ciencias, bajo el título de 
Flora Cubana. (1) 

Es muy de sentir que una parte importante de su colección 
de Pinar del Río haya sido perdida en el buque, debajo de un 
cargamento de azúcar, que se derritió lo bastante para inutili- 
zar la mayor parte de los ejemplares. Del total de sus coleccio- 
nes quedan sin embargo cerca de 4,000 especies de Faneróga- 
ni.as y Criptógamas vasculares. Los heléchos fueron estudiados 
por Daniel C. Eaton en New Haven, y aparecieron en su ''Enu- 
meration of ferns collected by Ch. Wright (American Journal 
of Sci. & Arts. 1859). 

Los liqúenes se encuentran en el Museo de Hist. Natur. de 
París, y en el Herbario criptogámico de la Universidad de 



(1) Véase I. Urban. Symb. Ant, I, p. 148-150. 



196 Memorias de la Sociedad Poey. 

Harvard en Cambridge, Mass. ; fueron estudiados primeramen- 
te por W. Nylander en "Circa Pj^-enoearpeos in Cuba collec- 
tos a el. C. Wright. (Regensb. Flora LIX. 1876.) y después 
descritos cuidadosamente por Karl Muller en " Pyrenocarpeae 
cubenses a el. Wright lectae". (Engl. Bot. Jahrb. VI. 1885. 
p. 375-421.) (1) Los hongos lo fueron por M. I. Berkeley y M. 
A. Curtis en "Fungi cubenses" (Journal Linnean Society". 
London, 1869. 

Los musgos por William S. Sullivant en "Musci cubenses", 
en donde describe 130 especies, (Proc. Amer. Acad. of Arts and 
Se. Boston. 1861). Karl Muller también se refiere a los musgos 
de Wright, en " Analecta bryographica Antillarum". (Hedwigia. 
Vol. XXXVII p. 219-266. Dresden. 1898.) 

Las orquídeas fueron estudiadas por Lindley que publicó: 
*'A list of tlie Orchidaceous Plants collected by Mr. Ch. Wright 
íAnn. and Mag. of Nat. Hist. London. III Ser. Vol. I. 1858 
p. 325-336 y "Orchideae Wrightianae Cubenses" (Mem. Amer. 
Acad. of Arts and Se. Cambridge and Boston. Ser. II Vol. VIII 
part. I. Dic. 1860.) 

La parte más importante, las Fanerógamas, fueron descri- 
tas por Grisebach en "Plantae Wrightianae e Cuba Oriental!" 
Memor. Amer. Acad. of Arts and Se. Cambridge and Boston 
1860-1862, y en "Catalogus Plantarum Cubensium" 1866 Got- 
tingae. Otra obra de Grisebach, "Flora of the British West In- 
dian Islands" London. 1859-1864. 789 págs. ; aunque no trata de 
plantas recogidas en Cuba, es sin embargo, de la mayor utilidad, 
para el que quiere estudiar nuestra Flora, pues, describe una 
parte considerable de las especies cubanas. 

La mejor colección de plantas de Wright es, al parecer, la 
de Grisebach, en Gottingen. Otra está en el "Gray Herbarium" 
de la Universidad Columbia. En Cuba tenemos dos colecciones 
de las más completas y en buen estado de conservación : la de 
Sauvalle en la Academia de Ciencias, y la que compró a Wright 
el Señor Jimeno, conservada en el Instituto de Segunda Ense- 
ñanza de Matanzas. 

Francisco A. Sauvalle (1807-1879), hijo de un oficial de la 
marina francesa, nació en Charleston, hizo sus estudios en Rouen 
(Francia) y después de un largo viaje por Europa vino a es- 



(1) Véase I. Urban. Symb. Ant. I, p. 117 y 113. 



H, León: Las Exploraciones hotcmicas de Cuba. 197 

tablecerse en Cuba, en donde había de ocupar un lugar promi- 
nente, entre los hombres de ciencia de su tiempo. 

Aunque botánico notable, no parece haber explorado mucho 
la Isla, pero favoreció mucho a Wright y la Academia de Cien- 
cias de la Habana de la que fué Vice-Presidente, le debe su 
más precioso tesoro : una colección casi completa de las plantas 
de aquel gran botánico. Tuvo también el mérito de colaborar, 
en la preparación de la "Flora Cubana" o "Revisio Catalogi 
Grisebachiani, vel Index Plantarum Cubensium", agregando al 
manuscrito de Wright los nombres vulgares de un número 
considerable de plantas cubanas, de modo que este Catálogo vie- 
ne a ser el trabajo más completo que se haya publicado hasta hoy, 
sobre la Flora de Cuba. Escribió también: "Notas sobre algu- 
nas plantas venenosas o medicinales de la Isla de Cuba. (Anal. 
Acad. Cieñe. Habana. Vol. IV, 1867). "Apuntes para la Flora 
médica Cubana (1, c, Vol. IV, 1868 p. 438, 501. etc..) 

En la misma época en que Wright formaba su colección 
(1865), un habanero, Juan Antonio Fabre, estaba encargado de 
remitir plantas de Cuba, al Jardín Botánico de Madrid ; aunque 
Calcagno dice que logró la mejor colección vista en Cuba, al 
parecer no se ha vuelto a hablar de dicha colección. (1) En 
cambio, al decir de Presas (2) tenía en manos, en 1865 ó 1866 
una colección de 2200 plantas colectadas por Wright y nombra- 
das por Grisebach para ser enviadas a Madrid. 

El danés H. J. Krebs, hacia el año 1866 estuvo en Cuba en 
un viaje de exploración, no se sabe cuánto tiempo. Sus plantas 
están en el Museo Botánico de Copenhague. (3) 

T. Heuser, recolectó plantas en Cuba en Abril 1869. Su 
colección está en el Herbario Krug y Urban, en Berlín. [Urban]. 

También por la misma época, demostró bastante actividad 
en el estudio de nuestra flora, uno de los más notables botánicos 
cubanos Sebastián Alfredo de Morales. De vuelta de sus via- 
jes por el Asia, Oceanía y África, recorre la Isla, en busca del 
material, con el que pudiera escribir su "Flora de Cuba", 
ayudado también en eso por los manuscritos de La Ossa y de 



(1) C. M. Trelles. Biblioteca Científica Cubana, p. 316. 

(2) M. Presas. La Hist. Nat. en Cuba. (Repert. Fis. Nat. I, p. 55.) 

(3) I, Urban. Symb. Ant. III, p. 69. 



198 Memorias de la Sociedad Pocy. 

su padre D. Sebastián María. Con su estilo florido (1) nos cuen- 
ta, cómo escalaba las cimas del montuoso Pan de Matanzas, có- 
mo recorría las variadas playas de la pintoresca Yucayo, en 
compañía del sabio Poey, y cómo "trepando un día sobre los 
hvombros del modesto Gundlach, a la manera de pobre estatua, 
sobre magnífica columna sustentada, arrebetaba su florido espá- 
dice a la hospitalaria Copernicia de las sabanas". 

Publicó una memoria sobre la Ayúa (Zanthoxylum martitii- 
cense) Enciclopedia 1885 p. 481; una Monografía de las Ampe- 
lídeas de Cuba. (Repertorio Fis. Nat. de la Isla de Cuba.) I. p, 
159-164 y 204-219; y otra, de las rosáceas cubanas. (Anal. Acad. 
Cien. 1886, p. 359). 

Era este íJtimo trabajo el principio de su Flora arborícola de 
Cuba, que se proponía publicar, para sustituir a su Flora de 
Cuba, y cuyo manuscrito desgraciadamente se perdió en la 
inundación de Matanzas de 1870. 

Un ilustre contemporáneo de S. A. de Morales fué el Pa- 
dre Pío Galtés, Escolapio. Escribió en la Enciclopedia, entre 
otra.^ memorias, una muy interesante sobre Paleobotáulca cu. 
baña. En este trabajo (2) identifica 57 especies de plantas si- 
lificadas, repartidas en 25 familias. No era empresa fácil el lle- 
var a cabo tal identificación; imaginó para eso, un método 
completamente nuevo, comparando el peso específico de los 
fósiles, con el de las especies vivas, a las que, según el aspecto, 
podían pertenecer. El mismo Padre Galtés confiesa que no 
obtuvo un resultado tan exacto y seguro como era de desear, 
pero el método era muy ingenioso, a falta de un examen mi- 
croscópico que no pudo llevar a cabo. 

José I. Torralbas (1842-1903) nació en Matanzas. Catedrá- 
tico de la Universidad y miembro prominente de la Academia 
de Ciencias, de la que fué Secretario ; era, además de un distin- 
guido agrónomo, un notable botánico; 360 números de su colec- 
ción de plantas, recogidos en 1890-1891, se encuentran en el 
Herbario Krug y Urban en Berlín. (3) 

También, publicó un trabajo titulado "Las Palmas de Cu- 



(1) Monografía de las Ampelídeas de Cuba. (Eepert. Fis. Nat. I, 
p. 160.) 

(2) Memoria sobre unos fósiles vegetales encontrados en Chorrillo 
(CamagtJpy). Enciclopedia. I. 1887, p. 409-417, 560-566 y 625-628. 

(3) Véase I. Urban. Symb. Ant. III, p. 137. 



H. León : Las Exploraciones hotánicas de Cuba. 199 

ba". (The Islaud of Cuba Magazine. Havana. Vol. I. 1899. p. 
9-12.) y en colaboración con Gómez de la Maza, una "Flórula 
fanerogámica del Jardín Botánico y del Vedado. Habana. 1895- 
48 p. (1) 

En aquel tiempo, Alfredo Bosque y Reyes coleccionó también 
plantas para el Herbario de Krug y Urban. 

Antes de acabarse el siglo XIX, el Barón H. Eggers, Robert 
Combs y Ciiarles Millspaugh visitan a Cuba, aportando su con- 
tingente al conocimiento de nuestra Flora. 

Eggers, del Schleswig, estuvo en Cuba de Febrero a Mayo 
do 1889 ; visitó sólo la parte oriental de la Isla, recogiendo plan- 
tas en Guantánamo, Arroyo Gallego, Río Seco, La Piedra, El 
Palenquito, El Jagüey, La Clarita, Sta. Ana, Monteverde, La 
Prenda, y la Caimanera. Publicó la relación de su viaje en 
"Botanieal Exploration of Cuba" (Kew Bull. Mise. Inforni. 
Loudon. No. 38, Febr. 1890, p. 37-38.) (2) 

Robert Combs, del Colegio de Agricultura del Estado de 
lowa, visitó la comarca de Cienfuegos, desde Mayo 1895 a Abril 
1&96. Sus colecciones hechas desde Cieneguita como base prin- 
cipal, abarcan la región comprendida entre la bahía de Cienfue- 
gos, el río Damují hasta Rodas, Yaguaramas, y al sur hasta la 
Ciénaga Oriental de Zapata. La lista de sus plantas, con las sie- 
te especies nuevas descritas por J. M. Greenman, aparece en 
su obra "Plants coUected in the District of Cienfuegos", 
(Trans. Acad. Se. St. Louis. Vol. VII, 1897, p. 393-491.) (3) 

Palmer y Riley, además de explorar la Isla de Pinos, en 
1900, hicieron colecciones en las provincias de Matanzas, la Ha- 
bana y Pinar del Río. 

Hemos llegado al siglo actual. El segundo período de gran 
actividad exploradora había virtualmente terminado con Wright. 
Las exploraciones que se verificaron durante los treinta años 
siguientes, fueron de importancia secundaria, debido en gran 
parte, a la poca tranquilidad que reinaba en los campos cuba- 
nos, durante las guerras de la Independencia. 

Tan pronto como fué proclamada, y se pudo augurar muchos 
años de paz interna, se renovó la actividad botánica en gran 



(1) Véase I. Uxban. Symb. Ant, I, p. 105. 

(2) I. Urban. Symb. Ant. III, p. 42. 

(3) I. Urban. Symb. Ant. I, p. 33. 



áÓO Memorias de la Sociedad Poey. 

escala, y empezaron otra vez, los sabios cubanos y extranjeros 
a arrancar a nuestra rica naturaleza, los tesoros todavía escondi- 
dos en su seno. 

En 1904, A. H. Curtis (1845), hizo, en la Isla de Pinos, una 
importante colección que le sirvió para la publicación de sus 
"West Indian Plants". (Jacksonville, 1904.) 

Una colección de duplicados de sus plantas se encuentra en 
el Herbario de la Universidad de la Habana. 

En 1904, siendo el Profesor F. S. Earle, director de la Es- 
tación Central Agronómica de Santiago de la Vegas, llega el 
Profesor C. F. Baker, sabio botánico y entomólogo norteameri- 
cano, para ocupar el puesto de Jefe del Departamento de Bo- 
tánica de dicha Estación. Empieza entonces a notarse una acti- 
vidad inusitada, se organizan exploraciones en las Provincias de 
la Habana, Pinar del Río y Matanzas, de modo que en sólo cua- 
tro años, ya estaba formado el valioso herbario de la Estación 
Agronómica, imo de los más completos de la Isla. 

El Profesor Baker prestó también un servicio inapreciable 
a la Academia de Ciencias, montando otra vez los ejemplares 
de Wright, envenenándolos y preservándolos así de la destruc- 
ción por los insectos. Tenemos de él, la memoria "Determina- 
tions of cuban Piperaceae. (Torrej'a, 1907) y una biografía de 
José Blain. (Estación Agronómica, Primer informe, p. 217.) 

En estos trabajos fué secundado por Mr. Percy Wilson, hoy 
" Associate Curator"', en el Jardín Botánico de New York, y uno 
de los pocos que conocen a fondo nuestra flora; otros buenos 
colaboradores fueron Mr. H. A. Van Hermann, Mr. Hasselbring, 
D. Manuel Abarca y D. Miguel Zarragoitia. 

En el Herbario de la Universidad se encuentra ima colec- 
ción de plantas cubanas, donadas por el Profesor Baker al Dr. 
Gómez de la Maza. 

El Profesor F. S. Earle, a quien me he referido ya, nació 
en Dwigg, Estados Unidos en 1856. Es eminente agricultor y 
distinguido micólogo, autor del "Text Book of Southern Agri- 
culture"; publicó en el "Primer informe de la Estación Agro- 
nómica" una memoria sobre "Algunos hongos cubanos", ade- 
más de otros cuarenta folletos sobre micología, publicados an- 
teriormente. En 1903, hizo una exploración a las montañas de 
Oriente, especialmente en la región de Baracoa, en compañía 
de L. M. Underwood que hacía entonces una colección de he- 



H. León : Las Exploraciones botánicas de Cuha. 201 

lechos, y que describió algunos de ellos en sus "Notes on a co- 
llection of Cuban pteridophyta. . . ("Bull. Torrey Bot. Club." 
New York, 1902.) 

Otro sabio especialista en heléchos, William Ralph Maxon 
de la * ' Smithsonian Institution ", recorría casi al mismo tiempo, 
aquellas mismas montañas de Oriente, como la Gran Piedra, 
por ejemplo, tan ricas en heléchos desde las Cyatheas y Al- 
sophilas de diez o más varas de alto, hasta los diminutos 
Trickomanes. Hizo una importante colección para sus "Studies 
of Tropical American Ferns. " (Contribution from the United 
States National Herbarium. Vol. XI Part 7. , . Vol. XII. Part 6 
Vol XIII. Part 1. Vol. XVII. Part 2.) 

Durante estos últimos años, y en colaboración con el Jardín 
Bot. de New York, el Dr. Eugenio Cuesta, difunto catedrático 
del Instituto de Pinar del Río, no dejó de recoger muchas plan- 
tas de esta provincia y de Santa Clara, para la formación de su 
herbario particular, que a su muerte legó al Instituto de Segun- 
da Enseñanza de Pinar del Río. 

El Dr. Manuel Gómez de la Maza y Jiménez, Catedrático 
que fué de la Universidad Nacional, era más bien un buen 
bibliógrafo que explorador. Publicó un buen número de obras 
sobre nuestra flora, como son : 

"Flora de Cuba". Tesis para el Doctorado. . . Habana. Imp. 
La Antilla 1887. 

"Flora Habanera. Fanerógamas" Habana. Imp. La Moderna 
Poesía. 1897. 597 ps. 

"Plantas del Vedado" ("Repertorio Médico Farmacéuti- 
co". Habana 1849-95). 

"Catálogo de las Plantas cubanas" ("Progreso Médico". 
1896.) 

"Apmites para una Flora Cubana". 

"Elementos para el estudio de la Flora Cubana". 

"Sinonimia de las familias de la Flora Cubana". 

"Sinopsis de las Malváceas cubanas". (Revista Bim. Cu- 
bana.) 

Publicó también, en colaboración con el Dr. J. T. Roig, una 
obra valiosa, titulada "Flora de Cuba" o datos para su estu- 
dio; (Estac. Exper. Agron- Boletín 22) Santiago de las Vegas, 
Habana, 1914, es lo mejor que se ha escrito sobre las plantas 
económicas de Cuba. 



202 Memorias de ¡a Sociedad Poeij. 

En 1906, el sabio agrostólogo Profesor Albert S. Hitchcock, 
del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, hacía 
una colección considerable de Gramíneas, en las Provincias de 
la Habana y de Pinar del Río ; los resultados fueron consignados, 
junto con las colecciones de Wright y otros botánicos, en su 
importante obra titulada "Catalogue of the Grasses of Cuba" 
y en otras dos no menos importantes; "North American Pani- 
cum" y "Grasses of the West Indies" que publicó, con la cola- 
boración de la sabia especialista en Gramíneas Mrs. Agnes Chase. 
Estas obras pueden colocarse entre las más importantes contri- 
buciones al conocimiento de la Flora Cubana. Si las demás 
familias de plantas fueran tratadas con el mismo desarrollo y 
la misma competencia, nos quedaría poco que desear. Aunque 
la excelente obra de Ignacio Urban "Symbolae Antillanae", 
da la descripción de la mayoría de las jílantas cubanas y de 
muchas de las que fueron descubiertas desde AVright, es de de- 
sear que una obra propia para Cuba, nos presente todas las 
plantas cubanas conocidas, en el orden de las familias natu- 
rales. 

Afortunadamente, desde el año 1903, el Dr. Britton, con 
la cooperación de varios botánicos del Jardín de New York, 
emprende la gran obra de exploración que tendrá por resultado 
la publicación de un nuevo Catálogo de la Flora Cubana, por 
el Dr. Britton, Mr. Percy Wilson y el que esto escribe ; la obra, 
con sus claves analíticas, sinonimia y otros datos, podrá eventual- 
mente servir de base para la preparación de la Flora Cubana, 
que ha sido siempre un gran desiderátum. 

En 1905, el Dr. William Murrill, Vice Director del Jardín 
Botánico de New York, y distinguido micólogo, hace un viaje de 
exploración a Cuba para estudiar nuestros hongos (1). Descri- 
be un gran número de ellos en "Tropical Polypores". New- 
York. 1915, y en la "North American Flora". Vol. VII, Vol. 
IX y Vol. X. 

En 1906, Mr. Norman Taylor, hoy en el "Brooklyn Botani- 
cal Garden" explora parte de la Sierra Maestra (2). Respecto 
de esta exploración, escribió en la revista "Torre3^a", 1907. 
"Distribution factors in Sierra Maestra, Cuba." 



(1) A trip to Cuba. (Journal of the N. Y. Bot. Garden. 1905.) 

(2) CoUecting in the Mountains west of Santiago, Cuba. (Journal 
of the N. y. Bot. Garden. 1906.) 



H. León: Las Exploraciones hoiánicas de Cuba. 203 

En 1909, el Dr. Marshall A. Howe hace una importante co- 
lección de algas marinas, en la bahía de Guantánamo y costa 
adyacente, y últimamente acaba de publicar un estudio de las 
algas marinas, recogidas por la Expedición Zoológica del Tomás 
Barrera, en las costas de Pinar del Río, en 1914, organizada por 
el Dr. J. B. Henderson de la Smithsonian Institution, Dr. P. 
Bartsh del U. S. Nat. Museum y el Dr. Carlos de la Torre. 

Pero los principales colaboradores del Dr. Britton fueron 
Mr. Perc}^ Wilson y el Dr. John Adolph Shafer. Comisionados 
por él, hicieron amplias colecciones en las diferentes provincias, 
agregando a nuestra flora un número considerable de especies 
nuevas para la ciencia y otras muchas, que si eran conocidas en 
otros países, no habían sido encontradas en Cuba todavía. 

Exploraciones de Mr. Percy Wilson 

De Junio a Septiembre de 1904, siendo primer Ayudante de 
Botánica del Profesor C. F. Baker en la Estación Central Agro- 
nómica, visitó las comarcas de Artemisa, Candelaria y Pinar del 
Río. Hizo también colecciones en muchas localidades de la Pro- 
vincia de la Habana. 

Al principio de Diciembre de 1910, desembarca Mr. Wilson 
en la Habana, con el encargo de explorar los alrededores de esta 
capital. En pocos días recoge las especies más notables de la 
flora de nuestras costas madrepóricas entre la Habana y la 
Playa de Marianao j entre el Castillo del Morro y el Monte La 
Noria al este de Cojímar, a donde tuvo el que esto escribe la 
ventaja de acompañarle. 

Ejemplares muy interesantes fueron recogidos, como el 
Zanthoxylum ioediosum de la familia de la Ayuda; el Avella- 
no de costa (Omphalea trichotoma), con grandes hojas, unas 
veces enteras, otras veces profundamente partidas; el Cordon- 
cillo fJ.íia5Írap /lia ilicifolia), arbusto de la familia de las com- 
puestas, con bellas flores anaranjadas ; el Galán de noche mora- 
do o Lila de las Antillas (Brunfelsia vinciflora) que al pie de 
las rocas que bordean el río de Cojímar, ostentaba sus numero- 
sas flores purpúreas, y, por fin, buenos ejemplares de los dos 
más notables cactos de esta localidad, el Cephalocereus Bakeri, 
y el Dendrocereus nudifloríis. 

Habiéndose trasladado a Bahía Honda (Pinar del Río), 
formó allí en poco más de una semana, otra buena colección, 
representando, en conjunto, la vegetación de aquella localidad, 



204 Memorias de la Sociedad Poeij. 

desde la flora más bien pobre, de los manglares de la costa, hasta 
la más variada de las primeras faldas de la cordillera occi- 
dental. 

Una excursión a la laguna del Ariguanabo vino a completar 
esta exploración, proporcionando excelentes ejemplares de nues- 
tra flora acuática, como el Piaropus azureus, la Utricularia 
foliosa, el Nymphaeoides Grayana, el Nuphar advena, las Cas- 
talias, etc. . . 

Más de mil ejemplares fueron recogidos durante esta explora- 
ción de menos de un mes. 

En Diciembre del año siguiente 1911, Mr. Percy Wilson, 
está otra vez en la Habana, encargado por el Dr. Britton de 
explorar detenidamente la Sierra de Anafe, la más próxima a 
la Capital, situada entre Caimito y Guanajay, con su parte 
oriental en la provincia de la Habana y la occidental en la de 
Pinar del Río. 

Para dicha exploración, no podía encontrar una base mejor 
que la finca 'Las Delicias" de Mr. Arthur Shaler Williams, 
cuya hospitalidad, está por encima de todo encomio. 

Entre los más notables ejemplares que recogimos figuran: 
una palma interesante (Thrinax microcarpa) de diez varas 
de alto, a veces, creciendo lozana sobre peñascos casi verti- 
cales y limpios de tierra. También varias raras especies de flor 
de la Pasión, una especie arborescente y tal vez nueva de 
Clerodendron, etc. . . Estos y otros muchos ejemplares valiosos, 
agregados al material recogido en el valle y la playa de Bacu- 
ranao, en la loma de Cotilla, y en las lomas serpentinosas de 
la Jata (Guanabacoa), hacen que la expedición fuera muy pro- 
vechosa, teniendo en cuenta el poco tiempo, o sea tres a cuatro 
semanas, para llevarla a cabo: y forma esta colección, una no- 
table contribución al conocimiento de la Flora Habanera. 

Las relaciones de sus viajes de exploración fueron publica- 
das en el Journal of the New York Botanical Garden (1), y es- 
cribió además varios artículos relativos a nuestra flora, como: 
"Some introduced plants in Cuba". Torrej^a. New York, 1904, 
y "Notes on Rutaceae". Bull. Torr. Bot. Club. New York, 1910, 
en donde describe especies cubanas. 



(1) Journal of the New York Bot. Garden. Vol. 12, p. 171-174 y Vol. 
13, p. 23-25. 



II. León : Las Exploraciones botánicas de Cuba. 205 

Exploraciones del Dr. J. A. Shafer: 

En 1903, empieza sus eolecciones en Cuba, por las provin- 
cias de Matanzas, la Habana y Pinar del Río. 

En Enero de 1909, se embarca para Nuevitas, con el encar- 
go de hacer colecciones en la costa norte de Camagüey y cayos 
adyacentes, región poco explorada hasta entonces por los botá- 
nicos. Recogió allí un número considerable de ejemplares, es- 
pecialmente en las cercanías de la colonia norteamericana 'La 
Gloria", así como en el extenso cayo Sabinal. 

Al principio de Octubre del mismo año, desembarca otra 
vez en Nuevitas, encargado por el Dr. Britton de completar 
la exploración anterior y el estudio de la flora de nuestros gran- 
des cayos de la costa norte. 

Unas cuantas colecciones fueron hechas en tierra firme, cer- 
ca de Nuevitas y la ensenada de Maj^anabo. La mayor parte 
del tiempo fué dedicada a dar la vuelta, en tres expediciones dis- 
tintas a los cayos Guajaba, Romano, Coco, Paredón Grande, 
Cruz, Paloma y otros, de caliza madrepórica con una faja de 
manglares y de manigua, rodeando generalmente extensas la- 
gunas interiores. 

Tres o cuatro especies de palmas, entre ellas el Miraguano, 
fueron observadas, a la vez que la ausencia completa de la 
Palma Real. Era trabajo ímprobo, el recorrer aquellos cayos 
inhospitalarios, la mitad de ellos, sin habitantes permanentes, 
excepto los caballos salvajes, perros jíbaros y legiones de mos- 
quitos, con los que tenían que luchar día y noche. El mal tiem- 
po reinante hizo aquella expedición más penosa todavía; por 
otra parte, fué fructuosa, dando conocimiento de la flora de 
nuestros principales cayos, más parecida a la flora de las Ba- 
hamas que a la de Cuba. 

Acabada esta primera parte de su programa, el Dr. Shafer 
se prepara a emplear el tiempo que le queda. Diciembre a Abril, 
en la exploración de la región muy rica, situada entre Holguíu 
y Baracoa (Oriente). 

En Holguín, su estancia fué corta, el tiempo de recoger al- 
gunas plantas de interés, en las sabanas vecinas, y en parti- 
cular una diminuta especie de cacto, nueva para la ciencia, 
{Coryphanta cubensis). (1) 



(1) Britton. Undescribed species of Cuban Cacti. Torreya, 1912. 



206 Memorias de la Sociedad Poey. 

Poco después, llega a Mayarí, y desde Woodfred como base, 
gracias a la nueva línea de ferrocarril de las minas de la Spanish 
American Iron Company, puede explorar con relativa facili- 
dad aquella región de la Sierra de Ñipe difícilmente accesible 
de otro modo. El Dr. Sliafer recorre en primer lugar las lomas 
bajas de caliza, después, más arriba, la gran mole de serpentina, 
cubierta de limonita terrosa y formando una extensa meseta de 
pinares, en medio de la cual se levanta a mil metros de altitud, 
la cumbre de la loma Mensura. Allí el Dr. Shafer encontró 
plantas notables, como un Juniperus de casi doce metros de al- 
to, un Vaccinium de cerca de diez pies, con flores de un 
rojo brillante y un buen número de especies nuevas, particular- 
mente en las orillas de los ríos que bajan de la meseta, como los 
arroyos del Medio y río Guayabo, afluyentes del Mayarí Aba- 
jo ; los ríos Seco, Naranjo y Piloto afluyentes del Mayarí Arri- 
ba y el río Guava que desemboca en la bahía de Ñipe. 

Los dos últimos meses. Febrero y Marzo, fueron dedicados 
a la región de Baracoa. Las lomas y costas cercanas, los valles 
del río Miel, del Macaguanigua y del Duaba, fueron explora- 
dos en primer lugar, así como las lomas serpentinosas situadas 
más al interior. Pero la región quebradísima, entre Baracoa y 
Sagua de Tánamo que ningún botánico había visitado, merecía, 
antes que todo, su visita. Se embarca luego en una lancha para 
la bahía de Cañete, desde donde, al cabo de dos días de inin- 
terrumpidas subidas y bajadas, por un camino impracticable, 
aún a los mulos, llega al campamento San Benito, de la Juragua 
Iron Company. Está situado sobre una meseta de la Sierra 
de Moa, a la misma altitud que la Sierra de Ñipe (1,000 m.) y 
en medio de la misma limonita terrosa de color rojo, en la que 
crece el pino propio de aquella región (Pinus cubensis). El 
poco tiempo que la escasez de víveres y la dificultad del transpor- 
te le permitían quedar allí fué bien empleado. Interesantes 
Lentibulariáceas, como por ejemplo una Pinguicida de flor azul, 
y muchas plantas o arbustos raros o desconocidos fueron reco- 
gidos en las orillas de los arroyos y por donde pudo penetrar 
el explorador, gracias a las trochas practicadas con el fin de estu- 
diar el mineral de hierro. 

Es difícil imaginar las penalidades que tuvo que sufrir el 
Dr. Shafer con un solo hombre para bajar a la costa su impe- 
dimenta, junto con su rica colección, por un camino que sólo 



H. León: Las Exploraciones hotánicas de Cuba. 207 

el hombre puede recorrer. Llegado a la costa, casi sin tomar 
descanso, explora el valle inferior del Yamaniquey, y poco des- 
pués, el del río Navas al este de Nibujón y las cuchillas vecinas 
de dos mil pies de altura. 

El 30 de Marzo, se embarca para New York, en donde nu- 
merosas colecciones lo habían precedido. 

El mes de Noviembre del mismo año 1910 encuentra al Dr. 
Shafer de vuelta a Baracoa, desde donde va a emprender expe- 
diciones, al famoso Yunque, al cabo Maisí, a los farallones de las 
costas cercanas, al valle del Yumurí, a Mata, localidad antes vi- 
sitada por Wright y, en la dirección de Sabanilla, hasta la ver- 
tiente meridional de la línea divisoria, en donde lluvias per- 
sistentes lo obligan a retroceder. 

Como se le ofrecía oportunidad de volver a visitar la Sierra 
de Moa, se embarca para la boca del río de mismo nombre, en- 
contrando, esta vez, un camino relativamente mucho mejor para 
llegar a las cumbres. Desde el Campamento "La Gloria", de 
la Piloto Mining Company, en donde se queda una semana, 
y gracias a las trochas practicadas por la compañía, puede co- 
sechar una colección riquísima de plantas raras o nuevas para 
la ciencia. Fué en aquella localidad donde el Dr. Shafer descu- 
brió los dos géneros nuevos que le fueron dedicados : Shafero- 
cliaris de la familia de las Rubiáceas y Shafera de las Compues- 
tas. A la vuelta, la costa cerca de la bahía de Moa, fué tam- 
bién explorada. 

Si un fuerte ataque de fiebre no lo hubiera impedido, iba 
a realizar su plan de cruzar como Wright, la quebradísima re- 
gión situada entre Baracoa y Guantánamo. Tuvo que re- 
signarse a hacer el viaje por mar, al principio de Febre- 
ro de 1911. Poco después estaba en la hacienda La Perla, cuyo 
dueño Mr. Charles Maurel lo trató con la misma generosidad, 
con que LescaiUe había tratado a Wright. No sólo le dio la más 
cordial hospitalidad, sino que lo acompañó y lo ayudó en sus 
excursiones, mostrándole de paso, perdidas en el monte, las 
ruinas de la residencia de Lescaille en Monte Verde, principal 
base de exploración de Wright en Oriente. 

En los montes vírgenes de esta localidad, en los farallones de 
la Perla y en el terreno serpentinoso del pinar vecino, el Dr. 
Shafer hizo una muy variada colección de heléchos, peperomias 
y otras plantas que prosperan en aquellos montes, no faltos de 



208 Memorias de la Sociedad Poey. 

humedad, pues dieeu que allí llueve tres cientos días al año. 
En aquellos parages no es raro encontrar el escaramujo, y a 
veces, entre los matorrales, la fresa y la morera de Europa, 
en estado silvestre . 

Esta estancia en Oriente se terminó por dos días de explo- 
ración a la Gran Piedra, cerca de Santiago de Cuba, encontran- 
do en aquella loma, más elevada todavía que la Sierra de Ñipe, 
muchas especies de heléchos, orquídeas y otras plantas. El 15 
de Marzo, el Dr. Shafer está de vuelta al Jardín Botánico de 
New York. 

En Noviembre del mimo año 1911, vuelve a Cuba, encar- 
gado por el Dr. Britton de explorar más especialmente, la parte 
occidental de la Isla. 

Empieza por Guane que será su base de operaciones hasta 
el fin del año y desde donde explorará, sucesivamente, los pina- 
res del Noroeste y del Sur ; recorre así la región de las lagu- 
nas, alcanzando hasta la costa al sur de las Martinas, la bahía 
de Cortés al Este y la de Guadiana al Oeste. En ninguna loca- 
lidad de Cuba encontró con tal abundancia las Pinguiculas, 
Utricularias, los Xyris y la Drosera capillaris; por doquiera 
se ven guanos blancos (Copernicia glahescens) y guanos prie- 
tos (Faurotis Wrightii y en los pinares no faltan gramíneas 
raras, como el Cenchrus distichophyllus, el Sporoholus purpu- 
rascens, etc . . . t 

Recorrió también, el Dr. Shafer, las lomas cuarzosas de Man- 
tua, cubiertas de pinos, recolectando hasta la costa Norte. Al 
Nordeste visita el río de los Portales, uno de los más pintorescos 
paisajes de Cuba, y no deja de subir a la poco accesible cumbre 
de las Sierras de Guane y de Paso Real. 

Enero de 1912 fué dedicado al estudio de la comarca de los 
Palacios; la laguna de Macuriges, las sabanas entre Paso Real 
y Herradura, los pinares del Sur hasta el Piñal de la Catalina 
y la boca del río de los Palacios. 

Por el lado Norte, otra expedición pasando por San Diego de 
los Baños, los pinares estériles del Noroeste hasta Galalón, el 
fértil valle de San Pedro del Caimito y San José de Sagua, le 
dio una idea general de la vegetación, hasta cerca de la costa 
Norte. 

Pasando después, entre el alto Pan de Guajaibón y la loma 
de la Cajálbana, de vegetación especial y de formación geoló- 



H. León : Las Exploraciones hot únicas de Cuba. 209 

gica parecida a la Sierra de Ñipe, llega a San Marcos, La Mulata, 
la interesante región de las Pozas, Bahía Honda, y vuelve por 
la Sierra del Rosario j Santa Cruz de los Pinos a su base de 
operaciones, la Finca del Caimital de Mr. E. W. Halsted, en 
los Palacios. En sólo cinco días fué realizada esta larga excur- 
sión, recogiendo el Dr. Shafer, en los cortos momentos en que 
se apeaba del caballo ciento cincuenta especies de plantas, como 
muestra de la rica flora de esta región. 

Acabada su misión en Vuelta Abajo, el incansable explorador 
toma entonces la dirección de Sancti Spíritus (Santa Clara). 
En pocos días explora los alrededores de esta ciudad, dirigién- 
dose después, por Banao a las faldas Sur del grupo montañoso 
del mismo nombre. Desde la finca de Mr. J. B. Roosevelt, explo- 
ra la loma de Pitajones, llegando hasta los Ciegos de Ponciano, 
en donde los helechales de Odontosoria y de Pteridiiun, alternan 
con la densa vegetación de las sierras calizas húmedas, sitio 
preferido del nogal cubano (Juglans insularis). 

Cortas estancias en Manzanillo, Bayamo, Santiago de Cuba, 
la ensenada de Mora, a donde acompañó al Dr. Britton, y Hol- 
guín, terminan esta notable expedición, en la que el Dr. Shafer 
recorrió la Isla de un extremo al otro. 

Hacia el fin de Julio de 1912, el Dr. Shafer arriba otra vez 
a la Habana ; el día siguiente está en Pinar del Río, para al- 
canzar, a siete millas al Noroeste, el Sumidero, pintoresca co- 
marca cuya exploración acababa de confiarle el Dr. Britton. 

Las sierras próximas se levantan perpendicularmente del 
\alle del Cuyaguateje, cruzándolo dos veces y obligando al río 
a abrirse paso en su base, por las grandiosas cuevas del Sumi- 
dero. Estas sierras fueron recorridas sucesivamente con muy 
interesantes hallazgos, entre ellos una especie nueva de cacto 
(Leptocereus sp.) ; una Harrisia, la Vernonia aronifoUa, etc. . . 
y también hermosos ejemplares de las más notables plantas 
de la localidad, como la "Bonita de Sierra" (Spathelia Brittonii) 
de la familia de las Rutáceas. Yergue esa bella especie, 
en los casi inaccesibles peñascos de la sierra, su tallo delgado 
de diez metros de alto, con largas panojas de flores rosadas en 
su extremo y un penacho de hojas que la asemeja a una palma. 

Otras sierras vecinas, como las de Francisco y de Gramales, 
de cerca de 400 metros de altitud fueron examinadas; también 
la de la Güira, en la que una numerosa colonia de Palmas Corcho 



210 Memorias de la Sociedad Poey. 

(Microcycas calocoma), desde seis pulgadas a ocho varas de 
alto, fué descubierta. 

Durante cuatro días de arduo trabajo, tuvo el que esto escri- 
be el honor de compartir la tarea del Dr. Shafer. Dos de ellos 
fueron dedicados a las lomas silíceas y pinares vecinos, cuya flo- 
ra, comparada con la de las sierras calizas, resultó ser bastante 
más variada. Muchas especies de Diplazium ; el decorativo Lyco- 
podium cernuum, la vainilla cuyo fruto usan para curar el ta- 
baco y raras gramíneas, fueron encontradas desde la base de los 
pinares, hasta la cumbre de las Cuchillas de San Sebastián de 
400 metros de altitud, y desde donde se domina la tan afamada 
región tabacalera de Vuelta Abajo. 

A penas empezábamos a bajar cuando no;j sorprendió la 
noche a dos horas de distancia del Sumidero. Con la ausencia 
de la Luna y de camino, que merezca este nombre, hubiéramos 
pasado la noche tristemente en los pinares, sin la pericia del 
práctico que de un trozo de pino nos preparó una excelente an- 
torcha. 

La temprana muerte del Dr. Shafer, ocurrida el 1? de Fe- 
brero de este año en Pittsburg signiñca una sensible pérdida pa- 
ra la Ciencia. Cuba, en particular, le debe una contribución 
al conocimiento de su flora casi tan considerable como la de 
Wright, contándose por centenares las especies nuevas que des- 
cubrió. Además de los dos géneros nuevos, arriba citados, vein- 
ticinco especies de la flora cubana le han sido dedicadas y varias 
más de otras regiones. 

Además de las relaciones de sus viajes en Cuba, demás An- 
tillas y Sudamérica (1), escribió: ''Notes on Cuban Plants". 
Torreya. New York, 1904, y una revisión del género Cassia en 
Norte América. 

Exploraciones del Dr. Britton 

El mismo Dr. Britton dirigió personalmente exploraciones 
en todas las provincias, siempre acompañado por Mrs. Britton, 
también muy distinguida botánica, que muy eficazmente le 
ayudó, particularmente en la rama de las Criptógamas, tomando 
a su cargo la difícil y complicada clase de los Musgos. Algunos 



(1) Journal of the New York Botanical Garden, Vol. 11, p. 147-159. 
■p. 202-221. Vol. 13, p. 92-99. p. 136-147. p. 169-172. Vol. 14, p. 44-49. 



H. Lfó)i: Las Exploraciones botánicas de Cuba. 




DR. NATHANIEL LORD BRITTON 

Director del New York Botanical Carden 
Socio Honorario de la "Sociedad Poey" 



H. León: Las Exploraciones botánicas de Cuba. 211 

de los resultados de las colecciones de Mrs. Britton están con- 
signados en su obra "West Indian Mosses". I. New York 1913 
y II. New York, 1915, y en la "North American Flora". Vol. 
15, I y II. New York, 1913. 

En Marzo de 1903, el Dr. Britton y Mrs. Britton acompaña- 
dos del Dr. Shafer empiezan el estudio de nuestra flora, re- 
cogiendo material, principalmente en Matanzas y Madruga. 

En Agosto y Septiembre del mismo año, el Dr. Britton, 
Mrs. Britton y Mr. Percy WiLson hacen una segunda colección 
en la interesante región de Matanzas, visitando después los 
alrededores de Cárdenas y Sagua la Grande. 

En Marzo de 1909, (1) a su vuelta de una exploración a la 
Isla de Jamaica, el Dr. Britton y Mrs. Britton desembarcan en 
Cuba, para empezar una serie de expediciones cuyo fin es, no 
sólo la preparación de un nuevo Catálogo de la Flora de Cuba, 
sino también determinar la relación que existe entre la flora de 
Cuba y las floras de las Bahamas, Florida y Jamaica, y además, 
para incluir las Cactáceas cubanas, en la gran obra de revisión 
de esta familia, por el Dr. Britton y el Dr. Rose del "U. S. Na- 
tional Museum". 

Después de una corta excursión en los alrededores de San- 
tiago de Cuba, se dirigen a la Estación Naval de la Caimanera, 
donde fueron cordialmente recibidos por el Cap. Harlow del 
Newark y provistos de todas clases de facilidades, para la explo- 
ración de la bahía de Guantánamo y región circundante. 

Una hermosa palma, pariente del Miraguano (Coccothrinax 
sp), y varios árboles y arbustos de gran interés científico fue- 
ron observados en la manigua y el monte cercanos a la bahía. 
En las lomas secas, que a veces son verdaderos desiertos de cac- 
tos, hallaron hasta trece especies de esta familia, entre ellas, 
la. diminuta Mamillaria que Mrs. Britton encontró entre los 
musgos que iba recogiendo ; el gigante Dendrocereus íiudiflorus, 
cuyo tronco mide dos pies de diámetro y 35 pies o más de alto, 
y una tuna que resultó ser una especie nueva (Opuntia cu- 
bensis). 

Gracias a las facilidades proporcionadas por Mr. T. Brooks, 
administrador entonces de la Guantánamo Sugar Company, 
fueron recogidas en la manigua cerca de Novaliches y en los 



(1) Journal of the N. Y. Bot. Garden, Vol. 10. p. 103-114 



212 Memorias de la Sociedad Poey. 

montes al Sur de Guantánamo, muchas plantas distintas de 
las anteriores, mediante el activo concurso del administrador de 
San Carlos, nuestro distinguido consocio el Dr. Charles Ramsden. 

Dejando esta atractiva región de Guantánamo, el Dr. Britton 
SG dispone a embarcarse para los Estados Unidos, no sin pasar 
algunas horas en las lomas al sur de San Luis (Oriente), y un 
día en la sabana de Sautayana. pocas millas al este de la Ciudad 
de Camagüey, recogiendo, en este poco tiempo, 75 especies no 
encontradas todavía por ellos. 

El 17 de Febrero de 1910, (1) acompañado de Mrs. Britton 
y Mr. Percy "Wilson, el Dr. Britton se dirige de nuevo a Cuba, 
en donde se reúne con Mr. Earle, anteriormente conservador de 
los Museos del Jardín Botánico de New York. El propósito del 
Dr. Britton era explorar la región poco conocida de las Montañas 
de Trinidad (Santa Clara). 

Mientras se hacen los preparativos, pasa un día en el estu- 
dio de la costa cerca de la Playa de Marianao, y el 23 de Febre- 
ro, la expedición se dirige hacia Cienfuegos, en donde el poco 
tiempo de que disponían, antes de partir para las lomas, fué 
bien empleado en una visita al Dr. Emilio Cabada y a su Jardín 
botánico, y en excursiones a las lomas de la entrada de la bahía. 
Hallaron en medio de esta flora rica y variada una muy rara 
especie de Maguey y varios cactos, entre los cuales una especie 
nueva de cinco metros de alto (Leptocereus arhoreus). (2) 

Al día siguiente, se dirigen al Hoyo de Manicaragua, famoso 
por su tabaco, y preparados los prácticos, caballos y muías, em- 
pieza la ascensión a las lomas. En Guanábana empiezan a ver 
colonias de palmas manacas (Calyptroíjyne). El 1? de Marzo, 
enderezan el campamento cerca de la famosa cascada de la Ha- 
nabanilla a 320 m. de altitud. Más de un centenar de especies 
habían sido recogidas en dos días; una especie de Maguey 
especialmente apreciada, como también muchas orquídeas y bro- 
meliáceas epífitas y una gran variedad de heléchos y musgos, 
que contribuj'en a la belleza de aquel paisaje encantador. 

Arroyo Cimarrones (470-500 m.). Siguanea, el arroyo Ma- 
nacas, cerca de Herradura, fueron sucesivamente visitados, apor- 
tando cada localidad su contingente de ejemplares valiosos, 



(1) Journ. of the N. Y. Bot. Garden, Vol. 11, p. 109-117. 

(2) Britton. Undescribed species of Cuban Cacti. Torreja. 1912. 



H. León: Las Exploraciones hotcmicas de Cuba. 213 

entre ellos dos lindas especies de Begonias y una gran variedad 
de musgos. 

Cruzando por Río Negro y Arroyo Trinitario, llegaron el 
9 de Marzo a El Porvenir (650-750 m. de altitud), en donde 50 
especies, no vistas en altitudes inferiores, fueron recogidas ; en- 
tre ellas varias especies de heléchos arborescentes. La mayor 
altitud, 950 metros, fué alcanzada en la loma del Aguacate, en 
frente del Pico de Potrerillo de 1100 metros de altitud. Des- 
graciadamente, como no había llovido desde varios meses, la 
gran mayoría de los arbustos y árboles no estaban en flor, a pesar 
de lo cual, 850 números fueron obtenidos entre Manicaragua 
y Trinidad, entre ellos varias especies nuevas. 

Una recolección de varios días en las lomas cerca de Tri- 
nidad, el llano de la costa, el valle de Tóyaba, dio, entre otras 
rarezas, la linda Ravenia spectahilis de las Rutáceas. 

De vuelta a Cienfuegos, el Castillo de Jagua fué escogido 
como base para una observación detenida de la costa sur, dando 
lugar a 22 colecciones distintas, incluyendo la del valle del Ari- 
mao. Punta del Diablo, Guajimico, río Gavilán, río San Juan 
en cuyas orillas y cercanía, valiosas especies los recompensaron 
de sus fatigas. 

El tercer objetivo de la expedición era un estudio de las saba- 
nas de la región de Villa Clara, en las que abundan las palmas 
del género Copernicia, muchas matas y arbustos distintos de los 
de las lomas y de la costa, una gran variedad de gramíneas y 
otras plantas herbáceas, de modo que las 170 especies que reco- 
gieron, fueron un buen pago por los tres días dedicados a esta 
comarca. 

Una visita a Cojímar y a los palmares de la Jata en Guana- 
bacoa, terminaron esta notable exploración cuyos resultados 
están representados por 1771 números y 4000 ejemplares, in- 
cluyendo entre otras especies nuevas dos robles, Tabehuia areni- 
cola y Tahehuia arimaoensis, la Anastraphia Wilsoni, la Badiera 
montana, el Piíhecolohiuní trinitense, etc.. (1) 

En Agosto de 1910, (2) de vuelta a Cuba el Dr. Britton, 
y acompañado de Mrs. Britton y del Dr. G. S. Gager, Director del 



(1) Britton. Studies of West Indian Plants. VI, p. 374. VI, p. 383. 
III, p. 363. V, p. 7. 

(2) Journ. of the N. Y. Bot. Garden. Vol. 11, p. 226-236. 



214 Memorias de la Sociedad Poey. 

Jardín Botánico de Brooklyn, se dirige a Herradura (Pinar del 
Kío). El estudio de la Flora de la parte occidental de la Isla es 
el principal objeto de esta quinta expedición del Dr. Britton en 
Cuba, la flora de Pinar del Río siendo bastante distinta de las 
del centro de la Isla y de Oriente. 

En Herradura fueron huéspedes del Profesor Earle y de 
Mrs. Earle, cuya residencia fué base de operaciones para una 
semana. Los arroyos que cruzan las sabanas vecinas y las lagu- 
nas proporcionaron una excelente colección de plantas acuáti- 
cas, de melastomáeeas, un lindo helécho trepador {Lygodium) 
y hasta heléchos arborescentes. 

En las lomas más al norte, pobladas de Pinos a veces mez- 
clados con encinas (Quercus virginiana), así como en las sierras 
calizas a poca distancia de San Diego de los Baños, hallaron 
numerosos ejemplares de valor, entre ellos un cacto del género 
Harrisia. 

El 5 de Septiembre, la expedición llega a Pinar del Río. 
Aprovechando la nueva carretera que une la Coloma en la costa 
Sur a Esperanza en la costa Norte, el Dr. Britton empieza nue- 
vas colecciones en la primera de estas localidades, descubriendo 
una nueva especie de uvero, (1) (Coccolohis colomensis). Pro- 
siguiendo en dirección norte, la región de las sabanas de palmas 
y de pinos con sus lagunas rodeadas de Droseras, TJiricularias y 
Orquídeas terrestres fueron para ellos un campo muy atractivo. 
A la región tabacalera, de cuya flora especial sólo quedan ves- 
tigios, suceden las mismas lomas de pinares y encinas observadas 
al norte de San Diego de los Baños, con algunos arbustos dis- 
tintos, como la linda Bejaria, pariente de los Rliododendrons. 
La expedición llega hasta San Vicente y Esperanza, pasando por 
el famoso valle de Vinales, en el que pudieron observar otras 
especies características, como Portlandias de flores blancas, 
Gesnerias de flores rojas o amarillas, Pküodcndrons, que tapizan 
los paredones, de más de dos cientas varas de alto. 

La costa del Mariel, en el extremo oriental de la misma pro- 
vincia fué también estudiada, agregando algunos ejemplares 
valiosos a los 3500 recogidos durante esta expedición. 

Pocos meses después, el 22 de Febrero de 1911, (2) el Dr. 



(1) Britton. Studies of West Indian Plants. VI, p. 369. 

(2) Journ. of the N. Y. Bot. Garden. Vol. 12, p. 89-95. 



H. León: Las Exploraciones botánicas de Cuba. 215 

Britton acompañado de Mrs. Britton y del finado Mr. John F. 
Cowell, entonces Director del Jardín Botánico de Buffalo, des- 
embarcan en la Habana, con el fin principal de proseguir 
el estudio de la flora vueltabajera, que tanto los había interesado 
el precedente verano. 

Antes de su salida para Pinar del Río, el Dr. Britton apro- 
vecha su estancia en la capital, para completar su estudio de 
nuestra flora habanera, y después de honrar al Colegio de la 
Salle con su visita, emprendimos la marcha hacia la loma más 
cercana, la del Carmelo, en donde crece un cacto propio de la 
región habanera, el Leptocereus assurgens, que alcanza cuatro 
varas en Cojímar. Buenos ejemplares del Maguey de la costa 
norte de Cuba (Agave Legrelliana) fueron también obtenidos 
en el lado oeste de la Chorrera. 

Una observación detenida de varias plantas raras de los Jar- 
dines Botánicos de la Habana, tuvo lugar el día siguiente, en com- 
pañía de los doctores F. García Cañizares y M. Gómez de la 
Maza. 

Muy gustoso correspondió el que esto escribe a la atenta in- 
vitación del Dr. Britton para acompañarlo y el día siguiente 24 
de Febrero lo pasamos en la Sierra de Anafe, cerca de Guayabal, 
en el extremo occidental de la Provincia de la Habana. Varias 
plantas interesantes fueron observadas, entre ellas un cacto de 3 
a 4 varas de alto, de madera pesada y grano tino, que varios años 
antes me había llamado la atención y el cual resultó ser una es- 
pecie nueva (Leptocereus Leoni) (1) que el Dr. Britton tuvo 
la amabilidad de dedicarme. Junto a este cacto, una especie, 
nueva también, de Maguey (Agave tubulata) (2) cubría las 
rocas. 

Desde Febrero 26, se encuentra la expedición en Pinar del 
Río como centro de exploración. Nuevas localidades fueron re- 
corridas en compañía del Dr. Eugenio Cuesta, Catedrático en- 
tonces del Instituto de 2* Enseñanza de Pinar del Río, y gran 
número de especies que no estaban en flor durante la anterior 
excursión fueron recogidas; un Anthurium y una Opuntia vis- 
tos por la primera vez, y sobretodo el Microcycas calocoma que 



(1) Britton. Undeseribed species of Cuban Cacti. Torreja. 1912. 

(2) Trelease. Mem. Nat. Acad. Sci. 11, 45. pl. 99-100. 1913. 



216 Memorias de la Sociedad Poey. 

alcanza siete varas, parecido al alcanfor del Japón {Cycas revo- 
luta) pero de tronco más delgado y hojas más numerosas. 

La Sierra de Guane donde fué encontrado el Agave Wil- 
dringii, el río de los Portales, el valle del Cu^-aguateje, reci- 
bieron también la visita del Dr. Britton. 

Por el sur, mediante dos expediciones en una goleta pesca- 
dora, fué estudiada la flora del Caj'o Keal, a veinte millas de 
la Coloma, la costa de la bahía de Cortés y la de la bahía de 
Corrientes; esta última, muy elevada y accesible en pocos pun- 
tos, permitió, sin embargo, una interesantísima colección. 

En el entretanto, Mrs. Britton, en compañía del Dr. Cuesta 
y de su Señora, hacía interesantes colecciones en los alrededo- 
res de Pinar del Río. 

Una rápida visita a los alrededores de Cienfuegos y a las 
sabanas vecinas de Santa Clara, dieron por resultado un 
buen número de ejemplares de arbustos y árboles, diferentes 
de los obtenidos anteriormente en esta región. 

De vuelta a la Habana, una nueva \ásita a la Sierra de Anafe 
y a Cojímar terminaron esta laboriosa exploración. 

En la primavera del año siguiente (1) con el fin de estudiar 
ciertas partes de Cuba no visitadas todavía y también para re- 
eogei ejemplares más completos de especies de excepcional inte- 
rés, el Dr. Britton, Mrs. Britton y Mr. Cowell, acompañados 
de Miss Harriet Louise Britton, hermana del Doctor desembar- 
can en la bahía de Ñipe. 

El mismo día, 6 de Marzo y los dos siguientes, el monte y 
la manigua próximos a la bahía son explorados, especialmente 
en Antilla y Punta Gorda. Toman después por base de operacio- 
nes la capital de Oriente, durante dos semanas. Y con el fin 
de aumentar la colección de cactos vivos del Jardín Botánico 
de New York, la mejor del mundo, recogen de esta familia plan- 
tas vivas de numerosas especies, que prosperan en las lomas 
secas que rodean la bahía de Santiago, a la vez que una consi- 
derable colección de otras plantas. 

En Daiquirí, a poca distancia al este, gracias a las vías de 
penetración de las minas, una buena porción de territorio pudo 
ser estudiada, descubriendo, esta vez en flor, una cuarta especie 
del género Leptocerens, del que tres años antes, no se conocía 



(1) Journal of the New York Bot. Garden. Vol. 13, p. 69-76. 



H. León -. Las Exploraciones hotánicas de Cuba. 217 

más que una sola especie, el Leptocereus assurgens de los alre- 
dedores de la Habana. El roble de olor, Catalpa punctata, de 
Grisebach, fué también encontrado y acaba de ser colocado por 
el Dr. Britton, en un nuevo género, bajo el nombre de Macro- 
catalpa punctata. (1) 

Las lomas cercanas a las minas del Cobre y la región de las 
minas del Cuero, cerca de Nima Nima, al Oeste de Santiago, 
fueron igualmente recorridas, dando por resultado entre otros 
hallazgos una especie nueva de Cuero, (Guettarda cueroensis) 
(2). Hicieron también colecciones en la costa cercana a la 
bahía de Cabanas, dando con uno de nuestros más curiosos cac- 
tos, pariente de la Tuna (Opuntia macracantha), el cual tie- 
ne espinas sólo en sus dos extremos, la base del tallo y la punta 
de las ramas; el Dr. Britton lo llamó Cacto semáforo, por lo 
raro de su aspecto. 

A considerable distancia al Oeste, en dirección al Cabo Cruz, 
unos cuantos días fueron ocupados en el estudio de la flora ad- 
yacente a la Ensenada de Mora, notando la presencia del her- 
moso árbol Phlehotaenia, y el cacto con hojas (Pereskia cu- 
bensis). 

Pasando por Manzanillo, se dirige entonces la expedición 
del Dr. Britton a las sabanas camagüe^^anas, al norte y al este 
de la ciudad de Camagüey. De las doscientas plantas raras 
recogidas allí, la más valiosa era, sin duda, una palma híbrida, 
por cruzamiento de la Copernicia hospita con la Palma Jata 
(Copernicia macroglossa^) . 

Después de dos días, pasados en las sabanas y palmares de 
Santa Clara, llegan a la Habana el 11 de Abril. La tarde se 
pasa en admirar la hermosa obra del genial D. Ramón Magriñá, 
el Parque de la Tropical en Puentes Grandes, observando un 
buen número de plantas interesantes. 

El último día fué dedicado a la costa de Batabanó, en com- 
pañía del Dr. Carlos de la Torre; tuvieron la satisfacción de 
encontrar allí el Sabal Palmetto, cm'^a presencia en Cuba, to- 
davía dudosa, habían venido a averiguar. Un total de 932 es- 
pecies distintas y 2500 ejemplares fué el resultado de esta ex- 
pedición. 



(1) Britton. The relatives of Catalpa trees in the West Inclies. Journ. 
of N. Y. Bot. Garden. Jan. 1918. 

(2) Britton. Studies of West Indian Plants. VII, p. 509, 



218 Memorias de la Sociedad Pocy. 

En Febrero de 1916, (1) el Dr. Britton reanuda sus inves- 
tigaciones en Cuba. Acompañado de Mrs. Britton, Mr. Wilson 
y r veces por el Dr. La Torre y el que esto escribe, recorre las lo- 
mas de Cayajabos y Candelaria (Pinar del Río), Cojímar y las 
lomas de Camarioca (Matanzas) ; visita de nuevo los Jardines 
botánicos de la Habana sin olvidar la Escuela de Agronomía, 
felicitando a su sabio y activo Director Dr. Cadenas, por el 
Arboterum recién establecido. 

La mayor parte del tiempo debía ser dedicada a una explo- 
ración de la Isla de Pinos, tan completa como fuera posible y 
de hecho fué, sin comparación, la más completa que se haya ve- 
rificado en esa isla. 

En la parte norte, la Sierra de Casas, donde recogieron el 
Maguey de la Isla de Pinos, fJ. .gaye papyrocarpa), la Sierra 
de Caballos y otras menores fueron visitadas. La alta loma de 
la Cañada en el oeste y las interesantísimas lomas de San Juan 
y de la Daguilla en la parte oriental, así como las sabanas veci- 
nas dieron un numeroso contingente de ejemplares de gran in- 
terí's, y especies nuevas como la Tapura o'bovata y la Galactia 
suherecta. 

Amablemente convidado por el Dr. Britton, para tan inte- 
resante exploración, tuve la ventaja de unirme unos cortos días 
a la expedición que entonces se dirigía a la parte sur de la Isla, 
casi inexplorada. La península del Jorobado fué visitada espe- 
cialmente en Caleta Cocodrilos y Caleta Grande, y aportó su 
contribución de especies nuevas como la Bauhinia Jenningsii 
y la Savia perlucens. 

El llano centro occidental, de arena silícea blanca, cubierto 
en gran parte de pinares es también muy rico ; las especies en- 
contradas en aquella parte de la Isla sumadas con las anterior- 
mente citadas dan un total de veinte especies nuevas, reciente- 
mente descritas en los "Studies of West Indian Plants", No. 8 
que publica el Dr. Britton. 

El número de plantas conocidas de la Isla de Pinos era hasta 
1916 de 740, abarcando las siete colecciones hechas anterior- 
mente en esa isla. (1) 



(1) Journal of the N. Y. Bot. Garden. Vol. 18, p. 64-71. 

(1) La de A. H. Lanier (1831) ; la de José Blain (1850) ; la del 
Dr. C. F. Millspaugh (1899); la de W. Palmer y J. H. Eiley, bajo los 
auspicios de la "Smithsonian Institution" (1900); la de A. A. Taylor 



//. León: Las Exploraciones hotánicas de Cuha. 219 

En seis semanas escasas, la expedición del Dr. Britton reco- 
lectó más de 9000 ejemplares, elevando el número de especies 
conocidas a 1500. 

El resultado en conjunto para Cuba, de todas las expedi- 
ciones llevadas a cabo por el Dr. Britton y demás miembros del 
Jardín Botánico de New York consiste en que el número de 
plantas conocidas al fin de las exploraciones de Wright y enu- 
meradas en el Catálogo titulado "Flora de Cuba" de Sauvalle, 
fué poco menos que duplicado y que el número de especies nue- 
vas para la Ciencia asciende a cerca de cuatro cientos cincuenta. 
Así no es exagerado decir que los resultados obtenidos por el 
New York Botanical Carden que posee cerca de 40,000 ejempla- 
res de plantas cubanas, superan al conjunto de las colecciones 
de los botánicos anteriores y representan, por consiguiente, la 
mayor contribución al conocimiento de nuestra Flora. 

En la actualidad, trabajan activamente en el campo ameno 
de la Botánica, un buen grupo de profesionales o aficionados, 
cubanos o residentes en Cuba, como Mr. J. R. Johnston, Jefe 
del Departamento de Sanidad Vegetal de la Secretaría de Agri- 
cultura, que después de varias excursiones a Oriente, Camagüey, 
Santa Clara, la Habana y Pinar del Río, publicó los siguientes 
valiosos trabajos "Sobre algunos hongos entomógenos de Cuba". 
(Memor. Soc. Poey. 1917. "Notas sobre Micología y Patología 
vegetal, en Cuba". (Mem. Soc. Poey. Vol. II, No. 6); "Causa 
de la enfermedad llamada Pudrición del cogollo del Cocotero". 
(Boletín No. 27 de la Est. Exper. Agron. Santiago de las Ve- 
gas. 1914). Y acaba de publicar en colaboración con el Profe- 
sor J. C. Arthur de la Purdue University, de Indiana, una obra 
titulada "Uredinales of Cuba". (Memoirs Torr. Bot. Club. 17: 
97-175. New York. 1918), con descripción de una docena de es- 
pecies nuevas ; valiosa contribución a la flora cubana. 

El Dr. Felipe García Cañizares, (Sancti Spíritus, 1872), 
Catedrático de Botánica de esta Universidad, es también Miem- 
bro de la Academia de Ciencias, en donde dio conferencias muy 
apreciadas sobre plantas del Jardín Botánico del Instituto. 

Siendo Director de este Jardín, dicho sea de paso, pro- 



(1901) y W. W. Eowlee de la Universidad de Cornell (1902) ; la colec- 
ción importante de A. H. Curtiss (1904) ; y la de Otto E. Jennings para 
el Carnegie Museum (1910). 



220 Memorias de la Sociedad Poey. 

curó, y no sin éxito, durante diez años de constante empeño, de- 
volverle el estado de prosperidad del tiempo de La Ossa y de 
La Sagra. El Dr. Cañizares está formando también un valioso 
herbario sobre todo de plantas de la Provincia de la Habana. 

El Dr. Juan Tomás Roig, (Santiago de las Vegas, 1878), 
anteriormente Jefe del Departamento de Botánica de la Estac. 
Agronómica, es hoy Catedrático del Instituto de Pinar del Río, 
Hizo exploraciones en todas las Provincias, y escribió varios 
trabajos interesantes, como son: "Plantas nuevas o poco cono- 
cidas en Cuba" I a IV parte. (Mem. Soc. Poey, 1914-1916-17) 

"Las Cactáceas de la Flora Cubana" (Tesis) Imp. Siglo XX 
Habana, 1912. 

"Excursión a Rangel, Taco Taco, (1914) 

"Excursión a Guantánamo en busca de nogales indígenas" 
1915. 

Redactó la parte botánica de la nueva edición del Dicciona- 
rio Enciclopédico Hispano Americano (1917), y en colabora- 
ción con el Dr. Gómez de la Maza, la sección análoga de "El 
Libro de Oro" (1917) así como la muy apreciada obra de Botá- 
nica económica "Flora Cubana o Datos para su Estudio". 

D. Gonzalo M. Fortún (de Remedios Sta. Clara) Ingeniero 
Agrónomo y Jefe del Departamento de Botánica de la Estación 
Agronómica, ha hecho ya varias colecciones de plantas, especial- 
mente en las Provincias de la Habana, Pinar del Río, Sta. Cla- 
ra, etc. 

Trajo a dicha Estación Agronómica para su propagación, 
como planta de adorno la interesantísima Palma Corcho (Mi- 
crocycas calocoma) y escribió varios trabajos interesantes como : 
"Las variedades de mangos en Cuba" y "Una excursión a 
Rangel" que verán la luz en las Memorias de la Sociedad Poey. 

El joven botánico. Doctor José Frayde y Martínez, cuya 
tesis "Leguminosas de la Flora Cubana" fué publicada en la 
Revista de la Facultad de Letras y Ciencias, por recomendación 
del Tribunal examinador, es también aficionado al estudio de 
las Orquídeas, para lo cual hizo ya una colección de estas inte- 
resantes plantas, en la provincia de Camagüey. 

Una de las más recientes y a la vez de las más considerables 
colecciones de plantas que se hayan llevado a cabo en Cuba, 
es la del Doctor Erik Ekman de Estocolmo, autor de varias 
obras, como por ejemplo, su muy notable Tesis para el Doctorado, 



H. LeÓ7i: Las Exploraciones botánicas de Cíiia. 221 

"West Indian Vernoniae" que revisa, magistralmente, una im- 
portante tribu de Compuestas de nuestra Flora Antillana, des- 
cribiendo varias especies nuevas de Cuba. 

A mediados de Abril de 1914 llegaba a la Habana, y en me- 
nos de dos meses recogía más de mil especies, en las muchas 
expediciones que hizo en esta provincia, en las que, varias veces, 
tuve la ventaja de acompañarle. Visitó especialmente la Sierra 
de Anafe, las lagunas del Ariguanabo y de Castellanos, Bata- 
banó, las lomas de Tapaste, de Campo Florido, de Guanabacoa, 
Cojímar, etc. 

En Junio se dirige a la provincia de Oriente, camino de la 
República de Santo Domingo ; pero las comunicaciones están 
interrumpidas por la peste bubónica y no tiene más remedio que 
quedarse en Cuba. A la verdad, no le costó gran trabajo ; en la 
colonia sueca de Bayate (Oriente), se encontró tan a gusto, en 
medio de la esplendorosa flora oriental, que se quedó allí tres 
anos. Bayate fué para él, lo que Monte Verde para Wright ; 
y las principales montañas de Oriente de las que tuvo la precau- 
ción de medir la altitud, lo ven llegar sucesivamente : Las lo- 
mas serpentinosas de Holguín, la Sierra de Ñipe (1,000 m.) 
las sierras de Baracoa, Guantánamo, la Caimanera con la "Es- 
tación Naval de los E. U. y la Gran Piedra (1,080 m.). Pero las 
cimas inexploradas de la Sierra Maestra y en especial el Pico 
Turquino, ejercían, sobre el atrevido e incansable explorador, 
una atracción irresistible. En Abril de 1915 emprende su as- 
censión en compañía de Regino Verdecía y Joaquín Rodríguez 
de Yara, pero al cabo de cuatro días de muchas penalidades, 
a 1750 metros de altitud, se les acaban los víveres. Es preciso 
volver atrás, bebiendo agua de los curujeyes y sosteniéndose con 
carne de jutías y miel de abejas de la tierra. No por eso se 
desanima el Dr. Ekman, reforzado por su amigo Mr. Y. A. 
Nystroem, de Bayate, emprende por segunda vez en el mismo 
mes la ascensión del "awful Pico Turquino" como el mismo lo 
llama, y al fin del cuarto día pisa aquella cima, la cual sólo 
había sido alcanzada, que se sepa, por la expedición de Mr. 
Ramsden, padre de nuestro distinguido consocio, Dr. Charles 
Ramsden. 

Su barómetro indicaba sólo 2,040 metros. Como no bajaron 
antes de la mañana siguiente y encendieron una gran hoguera 
que podía ser vista desde la llanura, parece probable que haya 



222 Memorias de la Sociedad Poey. 

alcanzado el punto culminante. Es de notar sin embargo que la 
expedición de Kamsden, así como la más reciente del Dr. Rei- 
neke, de Santiago de Cuba, encontraron ambas una altitud 
de 2,300 metros. Trajo sin duda de aquellas cumbres, una buena 
colección de las plantas que dice ser distintas de las vistas an- 
teriormente en las demás sierras de la Isla, siendo caracterís- 
ticas la variedad y abundancia de los musgos y heléchos. 

Otra colección no menos interesante hecha en Cuba, por el 
Dr. Ekman es una de maderas, la más completa tal vez que 
se haya hecho en la Isla, contando entre otras especies raras el 
Caguairán, el Palo del Diablo, el Negra Cuba, etc. 

Esta es la labor del primer año de residencia en Oriente, 
muchas otras localidades lo habrán visto durante los dos años 
siguientes. Desgraciadamente una parte de sus colecciones, jun- 
to con su casa, fué quemada durante la última revolución de 
1917. 

El Colegio de la Salle, dirigido por los Hermanos de las 
Escuelas Cristianas en el Vedado (Habana), posee un Herba- 
rio de unos siete mil números de plantas cubanas, representando 
aproximadamente tres mil especies de Fanerógamas y Crii^tó- 
gamas, recogidas por el que esto escribe, profesor de dicho Cole- 
gio, en todas las provincias, especialmente en la Habana, Pinar 
del Río, Santa Clara y Oriente. Fué ayudado en esta tarea, por 
otros profesores del mismo Colegio, como el Hermano Clemente, 
que siendo Director de nuestro Colegio de Sancti Spíritus, orga- 
nizó varias expediciones a las lomas llamadas de Banao, al sur de 
Sancti Spíritus; el Hermano Hioram que después de llevar a 
cabo varias exploraciones en Puerto Rico, está haciendo ahora 
importantes colecciones en la región de Guantánamo; el Her- 
mano Carlos, Director que fué de este Colegio. También por el 
distinguido naturalista Padre Modesto Roca de las Escuelas Pías 
de Guanabacoa y por D. Francisco Ramón Cazañas, estudiante 
de la Escuela de Medicina. 

Los ejemplares de este herbario fueron recogidos de 1907 
a 1918, en las localidades siguientes : 

Provincia de Pinar del Río: Sabana de San Julián, al sur 
de Guane, comarcas de San Diego de los Baños, Los Palacios, 
Sta. Cruz de los Pinos, loma de la Cajálbana. 

Provincia de la Habana: En la costa Norte: Las playas de 
Baracoa, Santa Ana, Santa Fe, Jaimanitas, Marianao, Vedado, 



H. León : Las Exploraciones botánicas de Cuba. 223 

Cojímar, Bacuranao, Santa Cruz del Norte 3^ la manigua adya- 
cente. Las playas de Guanímar, de Batabanó y del Rosario en 
la costa Sur y las ciénagas vecinas. La región de las lagunas 
del Ariguanabo, del Perdigón, de la Coca, etc. Los alrededores 
de la Habana. Los cuabales o lomas de serpentina de la Jata 
(Guanabacoa), de Minas, Campo Florido, Madruga. Las sie- 
rras calizas de Anafe, Camoa, Tapaste, Cotilla, la Candela, del 
Grillo (Madruga), de Pipián y de Bejucal, etc. 

Provincia de Matanzas : Breves colecciones en Matanzas y 
lomas de Camarioca. 

Provincia de Santa Clara : Las sabanas y lagunas entre Ma- 
nacas y Mordazo ; las sabanas de Motembo, Placetas, Sancti 
Spíritus, Zaza del Sur, loma de la Lanza (Manajanabo), Zaza 
del Medio, playa de Tunas de Zaza, las lomas del Obispo, de las 
Divisiones, de la Gloria, de los Ciegos de Ponciano, del Hele- 
chal, etc., en el grupo montañoso de Banao. 

Provincia de Oriente : Alrededores de Renté, cerca de San- 
tiago de Cuba. Los Caños, La Perla y Monte Verde, en la re- 
gión de Guantánamo. 

Las Gramíneas de dicho Herbario fueron determinadas por 
el Profesor A. S. Hitchcock y Mrs. A. Chase, del Departamen- 
to de Agricultura de los Estados Unidos; los Musgos por Mrs. 
N. L. Britton ; los Hongos por Mr. W. Merrill ; los Heléchos por 
Mr. W. R. Maxon y Miss Slosson; las demás familias lo fueron 
especialmente por el Doctor Britton y Mr. Percy Wilson, que 
prestaron además su generosa ayuda para montar dicho Her- 
bario. 

Es de desear que se haga un esfuerzo todavía, para que lle- 
gue a ser más completo el conocimiento de la tan rica naturaleza 
de Cuba. Sin duda, podemos contar con la ayuda de los Pode- 
res Públicos y la cooperación de las organizaciones científicas 
de los Estados Unidos, de modo que la Sociedad Poey y todos los 
que en Cuba se interesan por el adelantamiento de las Ciencias 
Naturales, puedan vislumbrar la posibilidad de un futuro no 
lejano, de revisar y completar la parte científica de la obra 
magna de Ramón de la Sagra: "Historia Física, Política y 
Natural de la Isla de Cuba". Para ello, contamos, hoy en día, 
en Cuba, con personalidades científicas que pueden desempeñar 
ventajosamente el mismo papel que La Sagra, descollando entre 



224 Memorias de la Sociedad Poey. 

ellas, el ilustre sucesor de Felipe Poey, nuestro prestigioso Pre- 
sidente, Doctor Carlos de la Torre. 

En la espera de la realización de tan útil como ardua em- 
presa, podemos felicitarnos de que el Dr. Britton ocupe un pues- 
to de honor entre nosotros, 3' del valioso concurso que, al recibir 
por primera vez nuestras Memorias, brindó espontáneamente a 
la Sociedad Poey. 

Al terminar esta reseña quiero cumplir con el grato 
deber de agradecer a los Doctores Felipe García Cañizares, 
Jorge Le Roy, Arístides Mestre y Carlos de la Torre, la ayuda 
que me prestaron al facilitarme las obras necesarias para la 
redacción de esta reseña histórica. 

Es mi deseo más sincero no haber olvidado a nadie de los 
que han contribuido al conocimiento de la hermosa flora, con 
que el Criador ha adornado a nuestra tierra cubana y hecho de 
ella la Perla de las Antillas. 

BIBLIOGRAFÍA 

Journal of the Netv York Botanical Garden. 

Ignatius Urban. 81/mholae Aniillanae seu Fundamenta Flo- 
rae Indiae Occidentalis. Vol. I, Berolini, 1898-1900, Vol. III 
Lipsiae, 1902-1903. 

Cáelos M. Trelles. Bihliotecaí Científica Cubana. I. Matan- 
zas, 1918. 

Manuel P. Presas. La Historia Natural en Cuba. (Reperto- 
rio Físico-Natural. I. Habana. 1865-1866.) 

LuciEN M. Underwood. "A Summary of Charles Wright's 
explorations in Cuba" (Bulletin Torr. Bot. Club New York, 
1905). 

Anales de la Academia de Ciencias de la Habana. 

La Eyiciclopedia. Habana, 1887. 

Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País. 
Habana. 

José Antonio Saco. Papeles científi,cos . . . Sobre la Isla de 
Cuba. 1. París. 1858. 

Bachiller y Morales. Apuntes . . . para Historia de las Le- 
tras. Habana. 1859. 

Gonzalo Fernández de Oviedo. Historia General y Natural 
de las Indias, I. Madrid. 1851, 



vania le confirió el grado honorario de Doctor en Farmacia en 



(1) Journ. N. T. Bot. Gard. 4, 95-99. 



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N. L. Britton: J. A. Shafer. 225 

JOHN ADOLPH SHAFER 

POR EL DR. NATHANIEL LORD BRITTON 

Director del New York Botanical Garden. 



El doctor John ^\dolph Shafer, uno de niiesLros más eficien- 
tes botánicos exploradores, murió en un hospital cerca de Pit- 
tsburg, Pennsylvania, después de una larga enfermedad, el 1' 
de Febrero de 1918, en el 55" año de su edad. 

Empecé a conocerlo durante una reunión de la ^'American 
Association for the advancement of Science", que tuvo lugar en 
Pittsburg, durante el verano de 1902, estando él entonces al 
servicio del Carnegie Museum en aquella ciudad, como Conser- 
vador de Botánica, puesto que ocupó desde 1897 a 1903. Era 
entonces un entusiasta colector y observador de plantas, de lo 
cual ya tenía conocimiento por mi anterior correspondencia 
con él, y era diligente en acumular ejemplares para el "Car- 
negie Museum". 

Invitado por mí, pasó el mes de Septiembre de 1902 en el 
New York Botanical Garden, ocupado en escoger duplicados de 
nuestras colecciones para su Institución. 

Durante el mes de Marzo de 1903, estaba conmigo en las 
provincias de Matanzas y La Habana, Cuba (1) haciendo co- 
lecciones que fueron repartidas en el New York Botanical Gar- 
den y el Carnegie Museum; se quedó en Cuba, prosiguiendo 
este trabajo hasta principios de Mayo de aquel año. Este fué 
el primero de sus numerosos viajes a las Antillas; pasó una 
parte de aquel verano conmigo en New York, ocupado en el 
estudio de estas colecciones. Entonces manifestó el deseo de en- 
trar en el Botanical Garden, y en Enero de 1904 fué posible 
nombrarlo para el puesto de Conservador de Museo, puesto que 
ocupó durante cinco años; durante aquel período, la mayor 
parte de su tiempo fué dedicado a las colecciones económicas, 
y sus estudios en Farmacia fueron una buena preparación pa- 
ra esta clase de trabajo. La Universidad de Western Pennsyl- 
vania le confirió el grado honorario de Doctor en Farmacia en 



(1) Journ. N. Y. Boi. Gard. 4, 95-99, 



226 Memorias de la Sociedad Poey. 

Junio 16 de 1904. Su informe sobre los Senes de América, des- 
cribiendo la Cassia Medsgeri, fué publicado en Diciembre de 
aquel año (1). 

A principios de 1907, fué comisionado para visitar en las 
Antillas, la isla de Montserrate, en donde liizo una amplia co- 
lección de plantas vivas y de ejemplares de herbario (2). Me 
ayudó en la preparación de la obra "North American Trees", 
publicada en 1908. En Enero de 1907 fué mandado a la parte 
nordeste de Cuba, y durante varios meses prosiguió la explora- 
ción botánica en las provincias de Oriente y Camagüe}^ j ha- 
cia el fin del mismo año volvió a Cuba para explorar la parte 
norte de Oriente (3). 

El trabajo de Museo estaba perjudicando a la salud del Dr. 
Shafer, y durante este período decidió abandonarlo. A su vuel- 
ta de Cuba, en la primavera de 1910, se reunió a su familia 
cerca de Pittsburg y se dedicó a la Floricultura, pero tenía 
uii gran deseo de proseguir la exploración botánica tropical du- 
rante el invierno, y pudimos conseguir que eso le fuera posible 
de vez en cuando. Hacia fines de 1911, lo comisionamos para 
la recolección de plantas en Cuba, y pasó varios meses de aquel 
invierno en Pinar del Río, trabajando después en Santa Clara 
y Oriente (4). 

De nuevo fué mandado a Pinar del Río en 1912 (5). Me acom- 
pañó durante un viaje de tres meses por las Antillas, empezan- 
do en Enero de 1913 ; durante ese período se hicieron colec- 
ciones en Santo Tomás, San Juan, Tórtola, Virgen Gorda, Ana- 
gada. Puerto Rico y Curagao (6). En los principios de 1914, le 
mandamos a explorar la isla puertorriqueña de Vieques, en don- 
de hizo la primera colección comprensiva de sus plantas (7). 
Más tarde, en 1914, hizo colecciones en las montañas orientales 
de Puerto Rico (8). 



(1) Torreya. 4, 177-181. 

(2) Journ. N. Y. Bot. Gard. 8, 81-88. 

(3) Journ. N. 7. Bot. Gard. 11, 147-159; 202-221; 12; 92-99. 

(4) Journ. N. Y. Bot. Gard. 13, 136-147; 169-172. 

(5) Journ. N. Y. Bot. Gard. 14, 44-49. 

(6) Journ. N. Y. Bot. Gard. 14, 99-109. 

(7) Journ. N. Y. Bot. Gard. 15, 103-105, 

(8) Journ. N. Y. Bot. Gard. 16, 33-35. 



N. L. Britton : J. A. Shafer. 227 

Durante la prosecución de las investigaciones de las Cac- 
táceas, llevadas a cabo por la Carnegie Institution de Wash- 
ington en cooperación con el New York Botanical Garden y el 
Museo Nacional de los Estados Unidos, vino a ser un deside- 
rátum, en 1916, el obtener plantas adicionales y ejemplares de 
la Argentina y del Paraguay. Esta comisión fué ofrecida al Dr. 
Shafer, y con satisfacción aceptada por él, habiendo deseado 
desde largo tiempo visitar la América del Sur. Empleó seis me- 
ses próximamente, desde Noviembre 1916 hasta Abril 1917, en 
este viaje (1), }• trajo colecciones considerables que han pro- 
porcionado información de gran importancia. 

Las diversas colecciones botánicas cubanas del Dr. Shafer, 
en conjunto, son las más considerables que nunca se hayan lle- 
vado a cabo y sido estudiadas en esta Isla, y en importancia 
científica sólo le ceden a las de Charles Wright, reunidas desde 
1859 a 1864; contienen ejemplares de varios centenares de es- 
pecies nuevas para la Ciencia, y forman un gran fondo de in- 
formación, relativamente al habitat y a la distribución geográ- 
fica de las especies cubanas y muchas plantas anteriormente 
conocidas de otras islas, aparecen como plantas indígenas en 
Cuba, gracias a estas colecciones. 

Dos géneros cubanos han sido dedicados al Dr. Shafer; el 
uno, Shaferocharis, de la familia de las Rubiáceas; el otro, Sha- 
fera, de las Compuestas. Los ejemplares en los que se basan es- 
tos géneros fueron encontrados por él en el Campamento La 
Gloria, al sur de la Sierra de Moa, en la parte occidental de 
Oriente, en Diciembre de 1910. Además está conmemorado en 
la botánica cubana por especies de los géneros Tricera, Purdiaea, 
Coccolobis, Tabebuia, Varronia, Eupatorium, Anastraphia, Hep- 
tanthus, Baccharis, Senecio, Zanthoxylum, Ravenia, Rondele- 
tia, Rhanmidium, Cassia, Passiflora, Rj^nchospora, Hyptis, Eu- 
genia, Miconia, Gesneria, Lobelia, Myrica, Rhacoma, y Agari- 
eus. Su trabajo en la isla de Vieques está recordado por la Mal- 
pighia Shaferi, y en Montserrate por una especie de hongo del 
género Fuscoporella. Varios de los Cactos nuevos para la cien- 
cia encontrados por él en América del Sur, son también nombra- 
dos en su honor. 

El doctor Shafer era cooperativo y eficiente en el cumplimien- 



(1) Journ. N. Y. Bot. Gard. 19, 21-43. 



228 Memorias de la Sociedad Poey. 

to de su deber, y un delicioso compañero. En campaña iba dere- 
cho hacia el fin propuesto, y sin vacilación en medio de toda clase 
de privaciones, a fin de cumplir con su cometido. Lamentamos 
profundamente su pérdida. 



ALFRED RUSSEL WALLACE 
EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA BIOLÓGICA O 

POR EL DR. ARÍSTIDES MESTRE 

Profesor Auxiliar encargado del curso de Biología, etc. 



L'humanité reconnaissante ne doit 
pas séparer dans sa véuération le nom 
de Wallace, malheureusement moins 
connu du grand public, de celui de 
Darwin. 

G. Geley, 

En la ciudad de Londres el 7 de Noviembre de 1913 — hoy 
hace precisamente cuatro meses — bajó a la tumba rodeado del 
respeto y de la consideración de sus contemporáneos, uno de 
los hombres que hubieron de alcanzar mayor reputación entre 
los más eminentes: Alfred Russel Wallace, cuya labor dejó 
una huella extraordinaria, la propia a su grandeza intelectual, 
gloria legítima del mundo científico y no sólo de Inglaterra, su 
patria. De la textura mental de los Herbert Spencer y de los 
Huxley, fué aquél con sobra de razón estimado como el verda- 
dero émulo de Carlos Darwin; y hasta el punto de decir un 
ilustre adversario del transformismo que no es posible separar 
a Wallace de Darwin en la historia de la filosofía de las cien- 
cias. 

Una breve noticia sobre la vida y las obras de Wallace, la 
exposición general de sus principales ideas y su participación 
en los progresos de las investigaciones biológicas, será el asunto 



(1) Conferencia pronunciada en la Universidad el 7 de Marzo de 1914, 
como homenaje a la memoria del naturalista A. E. Wallace y en nombre 
de la Facultad de Letras y Ciencias. {Revista de la Facultad de Letras 
y Ciencias, Vol. XVIII, Habana.) . 



A. Mesfre : A. R. Wallace en la filosofía biológica. 229 

de esta conferencia; rindiendo así homenaje al esfuerzo reali- 
zado durante largo tiempo por el que era — a juicio de Haeckel, 
el naturalista alemán que más ha contribuido al triunfo del 
transformismo — uno de los más intrépidos y beneméritos via- 
jeros del siglo XIX; el sabio que en los vírgenes y sombríos 
bosques del Archipiélago Indio, donde vivió errante algunos 
años, logra encontrar la inagotable fuente de sus fructíferos 
trabajos: la rica fauna y flora variada de aquella región geo- 
gráfica, cuyo estudio perseverante le conduce a formular el va- 
lioso concepto de la selección natural. 

Alfred Russel Wallace nació en Inglaterra (Usk, Monmo- 
uthshire) el 8 de Enero de 1823. Terminada su época escolar 
acompañó a su hermano mayor en trabajos de agrimensor y 
arquitecto, visitando varios lugares de las Islas Británicas. En 
1840, viviendo en South Wales, se interesa por la Botánica y 
comienza a formar un herbario. En 1845 conoce a Bates, el 
gran investigador del Valle del Amazonas, con quien realiza 
tres años más tarde una excursión por la América del Sur. De 
1854 a 1862 estuvo en el Archipiélago Malayo, explorándolo 
y efectuando colecciones ; entonces visitó a Sumatra, Java, Bor- 
neo, Célebes, las Molucas, Timor, Nueva Guinea, y las islas Arú 
y Ké. En 1880, y después de haber vivido en Grays, Essex, en 
Dorking, y en Croydon, construye un «cottage» en Godalming, 
próximo a Chaterhouse School ; y allí formó un jardín donde 
pronto crecieron mil especies de plantas. En 1886 recorre la 
Europa, especialmente la Suiza ; estudiando más tarde, en otro 
viaje realizado en 1895, la Botánica y los fenómenos glaciares. 
En 1887 efectuó en los Estados Unidos de Norte América un 
«lecturing tour», y dio en Boston, Massachusetts, seis confe- 
rencias {Lowell lectures), visitando a New York y Baltimore; 
en Washington permanece un invierno, para luego ir también 
al célebre Valle de Yosemite; herborizó en la Sierra Nevada 
y en la cumbre del Gray, regresando al Atlántico y a Liverpool 
por el trayecto de los grandes lagos y del majestuoso San Lo- 
renza, lugares que son de incomparable magnificencia. 

Las obras de Wallace, atendiendo a su fecha de publica- 
ción, son las siguientes: 

Travels of the Amazon and Rio Negro, 1853. 

Fálm trees of the Amazon, 1854. 



230 Memorias de la Sociedad Poey. 

On the Law luich has regulaied the Introduction of new 
Species, 1855. 

The Malaij Archipiélago, 1869. 

Co7itri'butions to the Thcory of Natural Selection, 1871. 

Geographical Distrihution of Animáis, 1876. 

Tropical Natnre and other Essays, 1878. 

Island Life, 1880. 

Miraeles and Modern Spiritualisni, 1881. 

Land Natiomdization, 1882. 

Darwinism, An exposition of the theorg of Natural Selection 
icith sorne of its applications, 1889. 

The Wonderful Century, 1899. 

Studies, Scieiitific and Social, 1900. 

Man's place in the üniverse, 1903. 

Autohiography, 1905. 

En correspondencia a sus altos méritos científicos, en 1868 
recibió la Roj-al Medal; en 1870 fué nombrado Presidente de 
la Entomological Society of London; en 1881 lo pensionó Mr. 
Gladstone; en 1882 y 1889 las Universidades de Dublin y Ox- 
ford le concedieron grados de Doctor honoris causa ; y en 1890 
le fué otorgada la primera Darwin Medal por la Royal Society. 

¿En qué momento de la historia de la filosofía biológica 
surgió el concepto de la selección natural? Los inmediatos pre- 
cursores de esta teoría fueron Lamarck y E. Geoffroy St. Hi- 
laire, que ya antes venían preparando el camino del descubri- 
miento, entre otros, Bacon, Linneo, Buífon, Erasmo Darwin y 
Goethe con sus bellos estudios sobre las metamorfosis de las 
plantas. Lamarck, verdadero fundador del transformismo, pu- 
blicó en 1809 su libro Philosophie Zoologique, donde expuso 
sus ideas a favor de la generación espontánea, del desarrollo 
gradual de las formas vivientes y la transformación continua 
de las especies. «Las transformaciones se producen, decía, por 
adaptaciones lentas a las condiciones de medio, adaptaciones 
trasmitidas hereditariamente y teniendo por orígenes las varia- 
ciones que el organismo hace aparecer y desarrolla sucesiva- 
mente, actuando sobre el mismo voluntaria o involuntariamen- 
te bajo el influjo de las necesidades; el mundo exterior, el me- 
dio, interviene creando esas necesidades.» La obra de E. Geo- 
ffroy St. Hilaire se titula Philosophie Anatomique, data de 1818; 



A. Mestrc: A. R. Wallace en la filosofía biológica. 231 

e inspira sus opiniones en los datos suministrados por la em- 
briología y la anatomía comparada. «La organización de los 
seres, escribió, está sometida a un plan general, el que modifi- 
cándose en las diversas partes produce las diferencias que se 
observan entre ellos.» Formuló la teoría de la unidad de plan 
de composición, el principio de las conexiones, y el principio 
de la compensación de los órganos; y nos muestra «el paralelis- 
mo entre la serie de formas evolutivas de las especies elevadas 
de una clase y la serie de las formas evolutivas de las especies 
elevadas de una clase y la serie de las formas graduales de las 
especies de esta clase» : el paralelismo entre la ontogenia y la 
filogenia. Geoffroy St. Hilaire, como Lamarck, sostuvo la doc- 
trina de que los organismos actuales descienden por una serie 
no interrumpida de filiaciones de los fósiles, rechazando todo 
pensamiento de cataclismo general y de creaciones sucesivas; 
y en la historia de las ciencias se recuerda su famosa polémica 
de 1830 con Cuvier, defensor apasionado de la fijeza de las 
especies, de la doctrina de las causas finales. 

Las ideas de Cuvier dominaron entonces «más bien por la 
autoridad y ascendencia de su nombre que por la fuerza de su 
lógica» ; y el transformismo permaneció apagado durante va- 
rios amo-;, hasta que renació para adquirir el brillo que osten- 
ta, surgiendo el concepto de la sección natural; renacimiento 
en que mfluj^eron un concurso feliz de circunstancias: las ad- 
quisicioEes de la Geología, el conocimiento de la antigüedad 
del hombre, los progresos de la Embriología y de la Anatomía 
Comparada, a cu^'os adelantos van unidos los nombres de Lyell, 
de Wolfic, de Milne-Edwards, de Serres; fué preciso, pues, que 
el progreso hiciera patente el error geocéntrico y el error an- 
tropocéntrico, iluminándose así la conciencia humana ! 

Y el proceso mental que hubo de culminar en la constitu- 
ción de la teoría de la selección natural, fué incubándose en 
los últimos años de la primera mitad de la pasada centuria; y 
brotó armada — pero no como la interpretara Smith en su libro 
sobre descendencia y darwinismo — sino a virtud de la serie de 
antecedentes suministrados por los sabios precursores aludidos 
y el medio que iba evolucionando favorablemente por los pro- 
gresos científicos, y cual producto evidente de las investigacio- 
nes realizadas en la naturaleza misma, en contacto directo con 
la fauna y con la flora, por dos genios del siglo xix; dos genios 



232 Memorias de la Sociedad Poey. 

gemelos, dos cerebros privilegiados, dos hombres inmortales: 
Darwin y Wallace. On ne peut séparer Wallace de Darwin, ha 
escrito A. de Quatrefages en una de sns obras más recomendables. 
«A millares de leguas de distancia — agrega el autor de la Unité 
de l'espéce humaine — y sin comunicaciones de ninguna clase, am- 
bos tienen las mismas ideas fundamentales sobre el origen de las 
especies; ambos las han expresado casi en los mismos términos, 
y se dio al público el mismo día. Más tarde, reunidos en su 
patria común, han combatido juntos por la doctrina que fun- 
daron; y si después se separaron, fué porque uno de ellos, do- 
minado por la lógica y la autoridad de los hechos, hubo de re- 
conocer que esa doctrina naufragaba cuando intentó abordar 
el problema especial de los orígenes humanos.» 

¿Cómo llegaron estos dos sabios a concebir la selección na- 
tural? Darwin, durante su viaje en el «Beagle», explorando 
la América del Sur le impresionaron estos tres órdenes de fe- 
nómenos: «el modo como las especies, bien próximas en su for- 
ma, se suceden y se reemplazan a medida que se va de norte 
a sur; seguidamente el aire de parentesco de las especies que 
habitan las islas vecinas de la América del Sur con las del con- 
tinente; y en fin, las relaciones estrechas que ligan los mamí- 
feros edentados y los roedores contemporáneos a las especies 
extinguidas de las mismas familias.» Consideró que las especies 
vecinas pueden ser el resultado de una forma ancestral común; 
y estudiando las plantas y animales domé.sticos observa que la 
libre elección por el hombre y separación de los individuos es- 
cogidos para propagar la especie, tiene una gran acción modi- 
ficadora ; y el paciente examen de las costumbres y género de 
vida de los animales lo preparó para formarse exacta idea de 
la lucha por la existencia ; por otra parte, sus trabajos en el 
dominio de la Geología le hicieron ver la extensión inmensa 
de los tiempos transcurridos. En cuanto a Wallace, su marcha 
por el Archipiélago Malayo le hace descubrir las afinidades 
zoológicas en la fauna de aquella región ; observa detenidamen- 
te los fenómenos de coloración protectriz, de mimetismo, que 
ocupan su mayor atención, estudiándolos con extraordinario 
acopio de datos recogidos; y se fija también preferentemente 
en los hechos relativos a la distribución geográfica. Hasta aquí, 
tenemos en las dos investigaciones la labor preparatoria, casi 
inmediata a la formulación de la teoría; pero, ¿qué estímulo 



A. Mestre : A. R. Wallace en la filosofía hiológica. 233 

determinó que la concibieran uno y otro? Ah! fué para ambos 
cerebros el mismo estímulo el que les hiciera presentar a sus 
espíritus la idea de la selección natural : la lectura del libro 
de Malthus titulado Essay of population. \ Curiosa coinciden- 
cia, sin duda, la que determinó que Darwin y Wallace se ex- 
plicasen simultáneamente, por el mecanismo de la selección na- 
tural, la evolución de las especies orgánicas! 

En Febrero de 1858 Wallace redacta su tesis on tke Tcn- 
dency of Varieties to Depart Indefinitehj from, the Original 
Type y se la envió a Darwin. ¿Qué sorpresa no sería para este 
sabio el ver como el estudio de Wallace contenía las ideas fun- 
damentales expuestas en los trabajos que venía de antemano 
preparando? «Por fortuna — escribe HíBckel al referir la ex- 
tensa y continuada labor de Darwin — en medio de tan pacífi- 
cas investigaciones que tenían la maj^or perfección posible, y 
que acaso hubieran acabado por impedirle publicar algunos de 
sus trabajos, vino a turbar su quietud uno de sus compatrio- 
tas — Alfred Russel Wallace — que, sin conocer a Darwin, había 
encontrado y formulado, en 1858, la teoría de la selección, de 
la cual le envió un extracto, rogándole que lo mandase a Lyell 
para que lo publicase en un periódico inglés.» Planteado, des- 
de luego, a consecuencia de esta circunstancia — del más ex- 
traordinario descubrimiento independiente en la historia del 
evolucionismo, como lo llama Osborn en su libro From the 
Greeks to Darwin — el conflicto de la prioridad científica, sin 
dejar de hacerle justicia a Wallace, tenía Darwin que defen- 
der sus investigaciones, sus trabajos de tantos años. Se resol- 
vió esta situación presentándose conjuntamente a la TJnnaean 
Society de Londres, por conducto de Hooker y Lyell, el estudio 
de Wallace y un resumen razonado de las notas recopiladas an- 
teriormente por Darwin ; l y en Julio de 1858 se hizo público 



1 El paralelo entre las opiniones consignadas en dichos estudios es 
bien interesante {Biology and its Malcers, by W. A. Locy; From the Greeks 
ic Darwin, by H. F. Osborn). La siguiente comunicación es la dirigida 
por Lyell y Hooker a la Linnaean Society de Londres acompañando los 
documentos de Darwin y Wallace (^Journal of Linnaean Society, June, 
.1858) : 

"London, June 30th, 1858. 

' ' My Dear Sir : The accompanying papers, wich we have the honor of 
communicating to the Linngean Society, and whicli all relate to the same 
subject; viz., the laws which affect the production of varieties, races, 



234 Memorias de la Sociedad Poey. 

la Darwin-Wallace teoría de la selección natural, compartién- 
dose entre ambos egregios naturalistas, entre el investigador 
paciente del Archipiélago Galápagos y el no menos escrupulo- 
so investigador del Archipiélago ludio, la gloria del famoso des- 
cubrimiento. 

No es posible en una conferencia de esta índole dar cuenta 
de los diversos e interesantísimos asuntos tratados en las obras 
y publicaciones de Wallace, cuya relación expuse; por esto me 
referiré únicamente a dos de sus libros: Contrihutions of the 
Theory of Natural Selection (1871) y Man's Place in the Uni- 
vers (1903). En el primero de ellos formula la ley que rige la 
introducción de las nuevas especies y observa la tendencia de 
las variedades a separarse indefinidamente del tipo primitivo, 
la mímica y las otras semejanzas protectoras de los animales; 
estudia el instinto comparativamente, exponiendo su teoría de 
los nidos de las aves; y trata la selección natural en su aplica- 
ción al hombre. Examinando los hechos de mimetismo, pene- 



and species, contain the results of the investigations of two indefatigable 
naturalists, Mr. Charles Darwin and Mr. Alfred Wallace. 

' ' These gentlemen having, independcntly and uuknown to one another, 
couceived the same very ingenious theory to aceount for the appearance 
and perpetuation of varities and of specifie forms on our planet, may 
both fairly claim the merit of being original thinkers in this important 
line of inquiry; but neither of them having published his views, though 
Mr. Darwin has for niany years past been repeatedly iirged by us to do 
so, and both authors having now unreservedly placed their papers in our 
hands, we think it would best promote the interests of science that a 
selection from them should be laid before the Linnaean Society. 

"Taken in the order of they dates, the consist of : 

"1. Extracts from a M. S. work on species, by Mr. Darwin, which 
was sketched in 1839 and copied en 1844, when the copy Avas read by 
Dr. Hooker, and its contents afterward communicated to Sir Charles Lyell. 
The firts part is devoted to the variation of Organic Beings under Domes- 
iication and in their Natural State; and the second chapter of that part. 
from which we propose to read to the Society the extracts referred to, 
is headed On the Cariation of Organic Beings in a State of Nature; on 
the Natural Means of Selections; on the Comparison of domestic Races 
and True Species. 

"2. An abstract of a prívate letter adressed to Profesor Asa Gray, 
of Boston, U, S. in October, 1857, by Mr. Darwin, in which he repeats 
his views and which shows that these remained unaltered from 1839 to 
1857. 

"3. An essay by Mr, Wallace, entitled On the Tendency of Varieties 



A. Mestre : A. R. Wallace en la filosofía hiológica. 235 

trándose de las circunstancias que en ellos concurren, estima 
el principio de utilidad, la relación entre el color y un abrigo 
seguro, determinando las leyes de la mímica : agrupación orde- 
nada, metódica, de hechos que expresan los lazos que los unen 
con el concepto general de la supervivencia de los más aptos, 
de la perpetuación de las razas favorecidas en la lucha por la 
existencia; y advierte, como resultado de sus amplias investi- 
gaciones, «que el grado ínfimo de variación de las especies, con- 
siderado a veces como una cosa accidental, anormal, insignifi- 
cante, para merecer nuestra atención, es, sin embargo, el fim- 
damento de todas esas analogías sorprendentes y armoniosas 
que juegan un gran papel en la economía de la naturaleza». En 
cuanto a las opiniones de Wallace sobre el instinto, en otra oca- 
sión y en este mismo sitio tuve oportunidad de exponerlas es- 
tudiando la construcción de los nidos de las aves; entonces re- 
fería como aquél admite que «las facultades mentales mani- 



to Bepart Indefinitely from the Original Type. This was written at Terna- 
te in February, 1858, for the perusal of his friend and correspondant, 
Mr. Darwin, and sent to liim whith the expressed wish that it should be 
forwarded to Sir Charles Lyell, if Mr. Darwin thought it sufiñciently 
novel and interesting. So highly did Mr. Darwin appreciate the valué 
of the views therein set forth that he proposed, in a letter to Sir Charles 
Lyell, to obtain Mr. Wallace 's cousent to allow the essay to be published 
as soon as posible. Of this step we highly approved, provided Mr. Darwin 
did not withhold from the public, as he was strongly inclined to do (in 
favor of Mr. Wallace), the memoir Avhich he had himself written on the 
same subject, and wliich, as before stated, one of us had perused, in 1844, 
and the contents of which we had both of us been privy to for many 
years. 

' ' On representing this to Mr. Darwin, he have us permission to make 
what use we though proper of this memoir, etc. ; and in adopting our 
present course, of presenting it to the Linnsean Society, we have explained 
to him that we are not solely considering the relativo claims to priority 
of himself and is frieud, but the interest of science generally; for we 
feel it to be desirable that views founded on a wide deduction from facts, 
and matured by years of refleeting, should constitute at once a goal from 
which others may start; and that. while the scientific world is waiting 
for the apperance of Mr. Darwin 's complet work, some of the leading 
results of his labours, as well as those of his able correspondent, should 
together be laid before the public. 

' ' We have the honour to be yours very obediently, 

Charles Lyell, 

Jos. D. HOOKEE. " 



236 Memorias de ¡a Sociedad Poey. 

festadas por las aves en la eonstrucci(3n de sus nidos, son las 
mismas que muestra el hombre en la construcción de sus mo- 
radas». Los fenómenos de la nidificación, por extraordinarios 
que parezcan, obedecen a la ley del perfeccionamiento de los 
seres. 

Para Wallaee la selección natural tiene sus límites cuando 
se trata de aplicarla al hombre. Desde el punto de vista orgá- 
nico acepta la descendencia de formas simianas antropoides; 
mas, respecto de su condición psíquica opinaba que «la razón 
de ser del mundo es el desenvolvimiento del espíritu humano 
asociado al cuerpo de origen animal ...» «El hombre — para 
Wallaee — es un hecho iinico en el mundo; es el efecto de la in- 
tervención de una inteligencia Suprema coordenadora del con- 
junto de los fenómenos del Universo, todos dirigidos hacia un 
mismo fiu : la manifestación del Hombre sobre la Tierra, el 
sólo planeta habitado y habitable». Y ese criterio espiritualista, 
de curiosa originalidad, revelado en el libro de 1871, lo ha ma- 
nifestado en sus últimas obras. La que trata del Man's Place in 
ihe Universe lo demuestra claramente; y fué escrita cuando 
había cumplido los ochenta años. La determinación del lugar 
del hombre en el universo descansa, al apreciarla, en los estu- 
dios sobre los resultados de las investigaciones científicas re- 
lativas a la unidad y pluralidad de los mundos; sosteniéndose 
por AVallace tesis bien originales, cuj^a lectura produce indis- 
cutible influencia sobre uno: tal es la fuerza poderosa de su 
argumentación. A través del completo proceso del nacimiento, 
desarrollo y extinción de infinitos seres, la tierra se ha prepa- 
rado para su coronamiento : la especie humana ; opinión que 
evoca en mi memoria el recuerdo de las ideas sostenidas por 
uno de los precursores del darwinismo, cuya teoría consideróse 
como la teoría de la naturaleza aspirando a producir el hombre, 
la cual fué expuesta por un pensador del siglo xviii que prepa- 
ró todos los elementos filosóficos de una doctrina de la evolu- 
ción orgánica, a priori, muy de lejos de la realidad de los hechos 
biológicos. 

Siempre sintió Wallaee por Darwin la más profunda admi- 
ración, lo que no era óbice para conservar la independencia de 
su juicio, no siguiéndole en todas sus ideas. No acepta Wallaee 
la selección sexual, que, según Darwin, provocada por la rivali- 
dad y el combate, imprime en los organismos modificaciones 



A. Mestre : A. R. Wallace en la filosofía biológica. 237 

sumamente interesantes como la melena del león, el rico plu- 
maje y canto armonioso de las aves; ni acepta tampoco la he- 
rencia de los efectos del uso y desuso de los órganos, es decir, 
la parte lamarckiana de la explicación darwiniana de la evolu- 
ción de las especies. En la obra Darivinism (1889), consigna 
"Wallace su desacuerdo con la selección sexual, exponiendo la 
teoría completa de las causas del desenvolvimiento orgánico 
sin mezcla de la herencia de Lamarck y de conformidad con las 
apreciaciones de Weismann. Conservó Wallace íntegra su pri- 
mera idea, fué siempre decidido partidario de la selección na- 
tural; siendo él y Weismann los jefes de la escuela ultra-dar- 
winista. Darwiu rinde su tributo a la tierra algunos años antes 
de llevarse a efecto la célebre controversia entre Herbert Spen- 
cer y Weismann, sobre la posibilidad de la transmisión de los 
caracteres adquiridos; discusión provocada por los escritos del 
zoólogo alemán, y para quien «queda, como causa de las trans- 
formaciones, la selección natural de las variaciones innatas y 
debidas al azar. La omnipotencia de la selección natural — Die 
Allmacht cler Naturziichtung, título significativo de una de las 
obras de Weismann, es el punto de vista general y absoluto, des- 
de el cual contempla todos los fenómenos biológicos sin excep- 
ción» ; y «proclama el principio de la utilidad de todos los 
caracteres existentes, aun cuando dicha utilidad escape a nues- 
tra vista; la acción de la selección natural aparece no solamen- 
te como única sino como infalible». ¿ Cuál ha sido el resultado 
de la polémica citada sobre la herencia de los caracteres adqui- 
ridos? Apreciando esta discusión ha escrito lo siguiente el ilus- 
tre Profesor de la Sorbonne, M. Ivés Delage: «Sin embargo, 
la creencia de que se heredan los caracteres adquiridos se man- 
tiene a pesar de todas las críticas, y la cuestión parece estar 
todavía muy lejos de resolverse. . .» «Ni Spencer ni Weismann 
han alcanzado la victoria». Los fenómenos de la herencia encon- 
trarán explicación en la química del organismo; con este mé- 
todo — opina el autor de L'Herédité et les granas prohlémes de 
Biologie genérale — probablemente se resolAí^erá el problema de 
la transmisión hereditaria de los cara