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Full text of "Memoria sobre las Cordilleras del desierto de Atacama i rejiones limítrofes"

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o 



MEMORIA 



SOBRE LAS CORDILLERAS 



DEL 

DESIERTO DE ATACAMA 



I RBJIONBS LIMÍTROFES 



PRESENTADA AL SEÑOR MINISTRO DEL INTERIOR 



70B 



ALEJANDRO ¿flRTRAND 

Injeniero civil i <!« miuM. 



CON VA.IIIOS ^lAJTASZ VIST-A^S. 



A^I 



CU. 

sá'ntiago 

IMPRENTA KAaOKAL, CALLE DE LA MONEDA, NÚM. 112 

1885 




t 






SA, »oíd14.3 




(í (' ■ 



SEÑOR MINISTRO DEL INTERIOR, 



DON JOSÉ MANUEL 6ALMACEDA. 



He formado el presente volumen con materiales diver- 
sos: unos reeojidos durante mi esploraeion a la cordillera, 
los otros compilados sobre trabajos ajenos. 

Respecto de los primeros, aunque son bien incompletos 
si se atiende a lo vasto de la rejion que conciernen, me 
asiste sin embargo la confianza de que US. no los consi- 
derará inferiores al alcance de una rápida esploraeion. 

En cuanto al resto, que he acopiado con el objeto de 
difundir conocimientos útiles, mi único deseo es que US. 
se digne aceptarlo como un respetuoso homenaje de su 
atento servidor, 

A. Bertrand. 



INTRODUCCIÓN 



Cuaudoy en los primeros dios de este afio, nos honró el Ministerio 
del Interior con la comisión de esplorar la cordillera del territorio 
atacamefio en su parte mas despoblada i desconocida, no fué tan 
vasto nuestro programa de trabajo como el de la Memoria que pre- 
sentamos ahora como resultado de nuestro viaje i de nuestros es- 
tudios. 

Tratábase entonces de acopiar datos que fijasen con alguna pre- 
cisión ciertos puntos notables i arrojaran alguna luz sobre la confi- 
guración topográfica de una rejion destinada a ser limítrofe entre 
tres Bepúblicas. En este concepto fueron redactadas las instruccio- 
nes que nos fueron impartidas, i si al darles cumplimiento hubimos 
de variar el orden e itinerario de viaje, si después hemos ampliado 
el campo de estudio que se nos prescribía, tienen parte en ello, tanto 
las circunstancias adversas o favoral)les que nuestra narración pon- 
drá de relieve, cuanto la voluntad que nos anima de no desperdiciar 
ocasión de contribuir con nuestro óbolo al conocimiento de cual- 
quiera rejion de nuestro dilatado país. 

Además, al rc'greso de nuestra espedicion, a fines de abril, tuvi- 
mos conocimiento del pacto de tregua celebrado con Bolivia el 4 de 
ese mes, el cual otorga a Chile una porción considerable de las tie- 
rras que habíamos esplorado; juzgamos entonces que todo lo con- 
cerniente a esos nuevos dominios cobraba un interés mas que mera- 
mente científico o jeográfico, i nos propusimos conectar los datos 
que habíamos recojido o adquirido directamente con los que nos 
suministraron varios trabajos notables relativos a rejioues circunve- 
cinas a aquella que hemos recorrido, trabajos poco conocidos en 
Chile e inéditos algunos de ellos. 

Atiitnábanos a emprender esta tarea la circunstancia de que las 
tierras esploradas ocupan precisamente una iK)8¡cion céntrica res- 
l)ecto de un buen número de estudios jeográficos inconexos i en eu 



6 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 

mayor parte iaoorrectos cu lo que se relacioua ooa esas tierras. He- 
mos tratado, pues, de formar uq ouiijunto coa datos dispersos, aco- 
piando en nuestro mapa los que fuesen de carácter gráflcO| e indi- 
cando en nuestra Memoria las diversas fuentes que liemos consultado, 
para que, estudiándolas directamente, se pueda juzgar de la correc- 
ción de nuestras apreciaciones o adquirir el conocimiento detallado 
de las rejiones que en ella se describe. 

« 
* « 

El resultado mas concreto de nuestros trabajos es el Mapa que 
acompafia a esta Memoria. Aparece en 61 la ancha zona comprendida 
entre el término de las vias chilenas de comunicación al occidente 
de la cordillera, i la gran carretera arjentina i boliviana entre Tu- 
cuman i Tupiza, carretera a cuya proximidad se van tendiendo con 
rapidez los rieles que operan su ti*asformac¡on en importantísima 
via comei*ciaI. Los límites Norte i Sur de nuestro Mapa son próxi- 
mamente los paralelos de 2V i 27*; entre ellos hemos puesto de 
manifiesto los caminos de atravieso de la cordillera, o de la «Puna», 
como mas propiamente se denomina esa elevada rejion, desde la 
carretera de í^ampa Alta, Calama, Ascotan i Guanchaca, por el 
Norte, hasta el camino del i)ortezuelo de San Francisco, entre Chile 
i la Arjentina, por el Sur. 

Sin entrar por ahora en comprobaciones, na-4 anticipamos a afir- 
mar que no hai en el Mapa que hemos formado ningún detalle de 
fantasía ni dato alguno que deje de estar justificado i cuyo grado de 
precisión no esté determinado ]K>r el oríjen que le señalamos. 

« * 

Pasando ahora a la redacción de nuestra Memoria, vamos a espo- 
ner brevemente las materias que hemos acopiado i el objeto práctico 
que nos ha inducido a tratarlas. 

Sabedores por esperieucia de la gran utilidad que ofrece la ajena 
a quien la sabe aprovechar, no hemos considerado inoportuno con- 
sagrar el capítulo I a los diversos elementos materiales de nuestra 
espediciou, i si en él se encuentran detalles que mas de uno tendrá 
por pueriles, créase de seguro que no los hemas juzgado tales en el 
terreno de los hechos. 

£1 capítulo II contiene la narración de un viaje al desierto de 
Atacama que efectuamos en 1880, i cuyos resultados permaneciau 



INTRODUCCIÓN. 



basta Iioi ¡uéditos iM>r la falta de conjunto i de interés que le presta 
nuestra reciente esploraciou. 

Los capítulos III i lY contienen el diario de esta última. Monó- 
tona como lo ea esa relación, no hornos creido deberla omitir por dos 
razones: porque envuelve el primer justificativo de los datos reooji- 
doSy i tambieu i)orque puede servir de derrotero i guia a futuros 
esploradores, cateadores o simples viojeros. 

Con el propósito de no dejar cabida a ninguna apreciación erró- 
nea, sea en bien o en mal, respecto del alcance de nuestros trabajos, 
principiamos por detallar en el capítulo V nuestros métodos de ob« 
servacion, mencionando respecto de cada uno de los elementos as- 
tronómicos i jeodésicos de nuestro cánevas, los instrumentos que 
nos bao servido i las circunstancias que pudieron dafiar o contribuir 
a la precisión de los resultados. 

El cnpítulo VI es una esposicion técnica de los tipos de cálculo 
que hemos adoptado para deducir de los datos orijinales los resul- 
tados jeográfícos. Hemos buscado siempre la sencillez, porque con« 
sideramos perdido el tiempo que se emplea en sustituir con la 
minuciosidad aritmética, la falta de prolijidad de la observación 
misma. 

Kl capítulo Vil es el RejUiro de Ob%en>aoione» orijinales, practi- 
cadas conforme a la esposicion del capítulo Y, i acompafiados cada 
una con los resultados inmediatos, calculados conforme a las reglas 
del capítulo YI, sin ocultar las discrepancias que aquellos envuel- 
ven, porque dan la medida del rigor que caracteriza cada uno do los 
guarismos finales, los que hemos agrupado o trasformado en resul- 
tados gráficos en el capítulo YII i láminas correspondientes. 

En el capítulo IX hacemos la bibliografía crítica de nuestros pre- 
decesores en el estudio de la rejion de la Puna i otros adyacentes. 
En veintidós párrafos damos una noticia i estudio crítico abreviados 
sobre otros tantos tral)ojos, memorias, relaciones o planos de carác- 
ter jeográfico, jeolójico, descriptivo o histórico, cuyos datos hemos 
utilizado o rechazado, conforme al criterio que nuestra propia obser- 
vación i la comparación nos han formado en esfa materia. 

Reunidos en los capítulos precedentes todos Ips elementos pro- 
pios i ajenos que pueden contribuir a nuestro propósitoi damos en 



8 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



el capítulo X una descrípcion jeneral de las oopmrcas que abarca 
nuestro Mapa. No nos hemos cefiido a la que pertenece hoi a Chile, 
porque los intereses del comercio, de la industria, de la minería i de 
la viabilidad nacionales, a los cuales deseamos ser útiles, no se de- 
tienen en los límites jeográfioos. Hemos tratado la materia bajo sus 
diversos aspectos en la medida que nuestros conocimientos nos lo 
han permitido. 

No hemos querido doblar la última hoja de nuestro trabajo hia 
apuntar en ella las escasas incidencias históricas que se relacionan 
con los territorios descritos. Tal es el objeto del capítulo XI como 
también el de poner de manifiesto la vaguedad que siempre ha rei- 
nado en las delimitaciones internacionales que teóricamente se han 
trazado por aquella rejion, cuyo conocimiento jeográfico nos ha to- 
cado iniciar. 



♦ • 
* « 



Tul es el conjunto de nuestros esfuerzos. 

No pretendemos otra casa que haber abierto el camino para que 
otros esploradores esj^eciales puedan marchar, ya no tan a ciegas, en 
el vasto desierto de la Puna, i dedicarse a buscar las riquezas mine- 
rales que tul vez encierre luijo el engafiador i monótono aspecto de 
Ins materias volcánicas que lo cubren, 

Santiago, agosto 2o de 1884. 



. . fii 



>• » «•»«♦• 



CAPÍTULO I. 
Elementos 1 preparatlTos del Tli^ei 



1.— phogrAma de la ksploraciok. 

I^ vasta estonsion de territorio conocida desde el tiempo de la 
conquista espafíola con el nombre de Desierto o Despoblado de Ata* 
cama, ha siílo recorrida i descrito por diversos esploradores, de 
cuyos trabajos tendremos ocasión de liablar on el lugar especial que 
les dedicamos. 

No Im suceilido lo mismo con las rejiones de serranías, cordilleras 
o punaf como rrsxs propiamente se llaman, que se estienden al orien-> 
te de aquel desierto. Movido por estas consideraciones, como tam- 
bién por la de ofrecer una baso jcogr¿iica segura a las futuras de« 
marcaciones territoriales que hubiere lugar de fijar en esa rojion, 
resolvió el Gobierno de Chile hacerla esplorar, comisión con que 
nos cupo el honor de ser encargados por decreto supremo, fecha 7 
de enero último. 

Nuestro programa de trabajo debía obedecer a las siguientes ins- 
trucciones que nos impartió el sefíor MinistrodeUnterion, con fecha 
8 de enero: 

«1 ■ Procurará, en primer lugar, determinar con la mayor exac- 
titud posible la línea de las mas alfas cumbres de los Andes, recono- 
ciendo los declives de ambos lados, desde el volcan Licancaur, cerca 
de San Pedro de Atacamá, hasta las nacientes del rio Loa« 

2 • Reconocerá en éeguida los ramales de serranías que, dentro 
de la misma zona, se esticndcn entre los Andes i la cordillera Beal. 

3* Estudiará, finalmente, )a parte de territorio comprendida en- 
tre las líneas divisorias de Bolivia con Chile i con la República Ar- 
jentiña, hasta la prolongación del paralelo de 24^ 

4 ' Recocerá eil su cscursion los siguientes datos; 



10 LAS CORDILLERAS DE ATACAKA. 

Posición jeográfica de Sau Peilro de Atacama; IntiUul de los pun- 
tos de estación o alojamiento i^ si fuere posible^ lonjitud de los mis- 
mos; distancias itinerarias de unos puntos a otros; 

Fijación de las cumbres mas notables^ cuidando de averiguar su 
exacta denominación; 

Alturas barométricas de los puntos del trayecto; 

Especificación de los lugares en que existen aguadas^ [)astoSy etc. 

5 * Con todos estos datos i los demás que recoja en sus esplora- 
cioncs i repute dignos de interés, formará üd una Memoria que 
present:irá a este Ministerio al terminar sus trabajos, acompañándo- 
la de un plano jeneral de la zona recorrida». 

Aunque guiáudunos siempre por ei^tas prescripciones, hemos tra- 
tado de ampliar su alcance en la medida que nos lo permitieron lafl 
oircunstancias i la estación, ya algo avanzada, en que la prolongada 
permanencia del sol sobre el horizonte favoi*cce los largos viajes por 
las heladas rej iones de la Puna, 

Tratando de dar a la parte jeográfica la mayor precisión posible, 
hemos debido relegar al segundo rango todo lo demás. Con esa idea 
nos proveímos de instrumentos i de útiles tales que permitieran 
combinar la rapidez en el viaje con cierto rigor i continuidad en las 
operaciones que se practicase. 

Estas debían ser de dos jéneros diversos: las unas astronómicas 
que suministrasen la latitud, i, cuando fuera posible, las dos coor- 
denadas jeográficas de loa puntos de estación; las otilas jeodésicas 
que permitieran reunir por medio de un cánevas o triangulación las 
altas cumbres de la cordillera con los puntos fijados astronómica- 
mente. Las otras operaciones destinadas a determinar la altura de 
las localidades serían desligadas de las precedentes i no insistiremos 
en ellas por ahora. 



2.— INSTRUMENTOS DE OBSERVACIÓN. 

Érannos indispensables, para el trabajo de que se trataba, varios 
instrumentas con los que el injenicro no cuenta j)ara sus labores 
diarias. A la buena voluntad i confianza del Director de la Oficina 
Hidrográfica i de los señores injenieros Gustavo A, Fiühmann i Ma- 
nuel J. Domínguez, debemos el haber llevado todo lo necesario* 

Nuestro objeto, al describir la construcción de cada uno de ello5, 
es insistir en ciertos detalles que en el terreno llegan a ser de suma 



ELEMENTOS I PREPARATIVOS DEL VIAJE. 11 



ini|>ortauc¡a i dar algunas iiulicacioiies que nos sujiere la csperiencia 
adquirida a usarlos. 

Teodolito. — Es el llamado «tránsito» de la fábrica de Troughton 
i Siniins, de Londres; diámetro del limbo, 6 pulgadas; graduación 
de 30"" en 30^ Provisto de brújula i montado en pieza triangular 
que se atornilla en el trípode. 

Como debía servir para observar altaras meridianas del sol, i este 
astro se hallarta cerca del cénit, fué necesario adaptarle un ocular 
prismático, o mas bien de reflexioriy que permitiera colocar el anteo- 
jo enteramente vertical. 

Para hacer las observaciones de estrellas, liat que dar luz a los 
hilos del retículo, lo cual tiene lugar en los teodolitos ad hoo pov 
mcilio de un obturador con espejo que se introduce en el centro del 
anteojo, fi*ente al eje de rotación, el cual es perforado i da paso a 
los rayos luminosos de una linterna que se adapta a uno de los 
caballetes del anteojo. No contando el nuestro con ese aparato, lo 
sustituimos con un disco ovalado de papel bristcl, cuyo diámetro 
interior es algo menor i el esterior algo mayor qu) el objetivó del 
anteojo; lo reunimos, por medio de dos orejas dobladas perpendicu- 
larmente al plano del disco, con los brazos de un anillo del mismo 
material que puede sustituirse a la tapa de metal del objetivo. Una 
piecesita de madera con garfio de bronca fué adaptada al caballete 
opuesto al limbo vertical para recibir la linterna, i así, dando al 
anillo i al disco la posición conveniente, los rayos interceptados por 
esta pantalla blanca se reflejan al interior del anteojo haciendo visi- 
ble el retículo. 

Como se trataba de tras|)ort{:r todo el equipo a lomo de muía, 
cambiamos también el pesado trípode de caoba del instrumento por 
otro mas liviano de construcción francesa, en cuya pieza superior, 
que es triangular^ podía atornillarse de firme la base de igual forma 
del teo lolito, disposición que evita también los errores angulares 
que pueden resultar de un movimiento jiratorio durante la obser- 
vación. 

Sestante.— Es preferible al teodolito para tomar altunts de sol, 
siempre que éstas sean menores de G5^, sobre todo cuando se trata 
de alturas correspondientes a ambos lados del meridiano, porque la 
colimación, si la liai, no variará mucho entre una observación i otra, 
mientras que con el teodolito los errores de nivelación podrían ser 
en sentido contrario c influir notablemente en el promedio de las 



12 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

Feries. Otra ventaja del gestante es la variedad de vidrios de color 
que permite observar con cielo nublado, siempre quo se distinga el 
contorno del sol con cualquiera de los vidrios. 

El scstante que hemos llevado es fabricado i)or Spencer, Bran- 
ning & Buif^ de Liendres. Su construcción es firme i su manejo muí 
cómodo; el radio del arco es de 18 centímetros i su graduación de 
15" en 15", que equivale a intervalos de 7^" en la altura cuando se 
observa con un horizonte artificial. 

Horizonte artificial. — Puede ser de mercurio o un espejo 
plano. El primero es preferible por su rigurosa horizontalidad; pero 
tanto el azogue como el fanal que lo cubre, lo hacen susceptible de 
accidentes que pueden inutilizarlo; por tanto, será siempre conve- 
niente llevar como repuesto un horizonte de vidrio plano. 

Nunca se pecará por csccso de precaución respecto de la pureza 
del azogue que se va a emplear, I de la tapadura hermética del fras- 
co de madera que lo encierra. El azogue impuro no tarda en em- 
pafíarse, i en cuanto al segundo requisito, cuando llega a faUar, 
puede el mercurio derrramai*se i amalgamar los limbos de plata de 
otros instrumentos o causar otras averías por el estilo. Si se descu- 
bre cualquiera rendija o escape en el frasco, se puede tapar con cera 
vírjen que se llevará al efecto. 

Brújula.- Es conveniente llevar una que sea a la vez de bolsi- 
llo i pueda armarse en un trípode. Jencralmente se usa una brújula 
de reflexión; es muí c6mo<lo el pequcllo instrumento que llaman los 
ingleses pocket altazimuth, que puede usarse a mano i con trípode, 
sirviendo por un lado para tomar rumbos magnéticos i por el otro 
para medir inclinaciones. 

Cronómetros.— Este instrumento es de tal utilidad en una es- 
ploracion jeográfica, que si pudiera llevarse uno cuya marcha fuese 
estrictamente uniforme, sería fácil determinar con exactitud cuantas 
coordenadas jcogrófioas se quisiera por observaciones aisladas de 
.T?tros; pero es necesario prever siempre, sobre todo cuando se lleva 
uno solo, alteraciones en su andar i aun detención por cualquiera 
de esos accidentes ijue no escasean en los viajes por tierra. 

I-os cronómetros de marina no son traí portables en esta clase de 
vinjes, sino a pié i con grandes precaucionen; su goli)e de medio se- 
gundo es demasiado lento para que no lo afecte cualquier sacudi- 
in lento brusco, por leve que sea. 



KLEHENT03 I PBEPABATIV06 PEL VIAJE. 13 

' Los cronómetros llamados de bolsillo son los apropiados para este 
caso. £1 que llevamos es de la fábrica inglesa de Deut i había serr 
vido ya durante varias esploraciones a los sefiores Vidal Gormaz i 
Bianclú Tupt)cr, Su diámetro csterior es de 6.5 centímetros i da 
cinco golpes en dos segundos* 

Una indicación accesoria, pero tütil^ de que están provistos otro9 
ci*on(jmetros del mismo fabricante i de la cual carecía éste, es un 
peqneflo cuadrante que marca las horas de cuerda que le quedan al 
mecanismo. 

Barómetro de mercurio. — El liarómctro mas traspoi^table es el 
de sifón. £1 que lleva el nooibre de 6ay-Lussac tiene además una 
disiKJsicion que impide a las burbujas de aire introducirse eu él ins* 
incnto i penetrar hasta el estremo del tubo largo donde debe pro- 
ducirse el vacío. El barómetro de sifón construido por Bunten tiene 
las dos ramas de aquel embutidas en una pieza de fierro provista de 
una llave que sirve para interceptar la comunicación entre ambas. 
La cantidad de mercurio que contiene el barómetro es la que cabe 
en el tubo largo del sifón; para trasportar este instrumento, basta 
invertirlo de modo que pase to<lo el azogue a la rama larga i cerrar 
después lu llave quedando así vacía la rama chica. 

£1 tulx) de vidrio está contenido en otro cilindrico de bronce pro- 
visto de dos escalas que permiten hacer una lectura en cada uno do 
los estremos de la columna mercurial, lectin*as cuya suma da la al- 
tura de dicha columna. £1 tul)o de bronce onti*a en un firme retobo 
de madera i suela, el cual contiene también un pcqucfló trípode de 
bronce provisto de una suspensión Cardan para coloaír el instru- 
mento enf posición vertical. . 

. £1 punto débil deeste instrumento, según lo hemos esperimcnta* 
do, está en la unión del vidrio con la pieza de fierro, pues, sobre 
todp cu climas secos, la comiK)SÍeinn que los reúne se quebraja poco 
a poco dando lugar a la entradla del aire i salida del mercurio. 
• Ocioso sería advertir que este instrumento debe trasportarlo siem- 
pre terciado o en la mano, según el andar de la cabalgadura, el ob- 
servador en persona. Por lo demás su peso as pcqueflo. 

Uarómktros aneroides. — Hemos llevado dos instrumentos de 
esta clase: uno de la fábrica suiza de Goldsmith, el cual resultó no 
dur indicaciones sino hasta la altura de 2500 metros; i otro, que lle- 
va el nombre de Sdiwalb Hnos, Valparaíso, a pesar de estar gra* 
cU)ado I^asta 6000 metros^ solo dio indícncioues un tanto apro^inn^f 



14 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



das hasta 2800 metros. Ningutio de ambos ¡iistrumeiitos uos fué de 
alguna utilidad. 

Sin embargo, se comprende que aun en coso de llevar un baró- 
metro de mercurio, sería conveniente tener también un buen ane- 
roide, no solo como repuesto en caso de inutilizarse el primero, sino 
también para determinar las altitudes de puntos secundarios o in- 
termedios sin necesidad de armar cada vez el barómetro mercurial, 
que vendría a servir de punto de comparación en las estaciones es- 
tremas. 

TfiRMÓMSTROS. — Nos proveimos de tres: uno ordinario i de bol- 
sillo que pudiese servir para tomar las temperaturas de oguas ter- 
males, etc., i dos de máxima i mínima que nos suministró la Comi- 
sión central de Meteorolojía. 

Efemérides. — Para poder obtener resultados inmediats de 
nuestras ol)servaciones, llevamos el «Nautical Alraanac», que se pu- 
blica en Londres por orden del Almirantazgo Británico i que con- 
tiene todos los datos astronómicos que se requieren. 

Como guia para las operaciones i cálculos llevamos también el 
«Cours d'Olxservations Nautiques» de P. Ducom, en cuyo libro vie- 
nen incluidas varias tablas que fasilitan i abrevian dichos cálculos. 



3. ^TIENDAS PR CAMPAÑA I OTROS ÚTILES. 

Las condiciones materiales de que se rodea el viajero influyen no- 
tablemente en el éxito del objeto que peraiguc; cuando son favora- 
bles ofrecen una compensación a las fatigas i penurias de la travesía; 
si son adversas, las hacen mas dolórosas i relegan al olvido todo 
objetivo que no sea el término del viaje. 

Kií rejiones desiertas espucstas al frió i al viento son de la mayor 
importancia el abrigo i el lecho; describiré suscintamente los ele- 
mentos de este jénero de que íbamos provistos», i que desempefiaron 
bien el oficio a que son destinados. 

Tiendas de campaña. — La que nos sirvió de alojamiento du- 
rante toda la csploracion nos fué suministrada por la Intendencia 
jeneral del líjército: es de base cuadrada que mide cuatro metros 
por costado; su materiul es tela de cáfinmo mui fina i resistente. Los 






ELEMENTOS I PBEPARATIVOS DEL VIAJE. 15 

costuras están cubiertas por dentro con una cinta <le cáfiamo, i tanto 
en la cúspide como en las cuatro esquinas superiores^ esas cintas van 
rematadas en una doble rodela de suela con un anillo de metal para 
dar ¡mso a la punta de fierro en que termina cada uno de los palos. 
Estos son de una madera sumamente firme, fresno francés, según 
creemos. El palo del meclio consta de tres piezas que se embuten 
por medio de ajustes de bronce, además de una perilla de madera 
que, fuera de ser ornamental, impide la entrada del agua en caso 
de lluvia. A lo largo de la parte mediana de este palo corre un ani- 
llo de bronce con cuatro puntas en las que se embuten otros tantos 
palos que desempefian el oficio de los varillas de un paraguas, per- 
mitiendo dejar la lona mas o menos tirante, según su estado de hu- 
medad. 

Estos tiendas o carpas van fijadas en el suelo por cinco clavos o 
estacas en cada costado, i ademds iwv cuatro cordeles o vienloa cuyo 
estremo se clava en el terreno en prolongación de la arista respectiva. 

Al ponerse en campafia es indispensable revisar no solamente las 
costuras, que cuando están sueltas dan lugar a la introducción del 
agua de lluvia, sino también todos los botones, garfios i otros acce- 
sorios que en caso de fuerte viento deben ofrecer aisladamente una 
gran resistencia. 

Además de la tienda anterior llevamos también dos mas pe- 
quefias, de las que sirven a la tropa en campafia. Son simples techos 
de tocuyo que se arman con dos i>alos i sirven de cobija a las camas. 
Estos carpas las usaron nuestros arrieros. 

Mesa i sillas db campaña.— Estos útiles son indispensables 
cuando se tiene que escribir o dibujar durante un viaje. La mesa 
que nos sirvió es de los llami^dos de iyera; para darle mas firmeza, 
cada uno de los brazos está sujeto al tablero por una charnela i pue- 
de abrirae o cerrarse, colocando un perno en dos distintos agujeros 
perforados a distancia conveniente. 

Las mejores sillas de viaje son las de fabricación inglesa i deben 
preferirse por lo livianas las de madera torcida. 

Catres i camas. — No bai duda que para un viaje corto i cuando 
se trata de aliviar la carga, son útiles esos catrecitos de campafia 
que se doblan o envuelven formando un bulto del tamafio de una 
almohada común; pero declaramos que cuando se quiere pasar bue- 
na» i descansaderos noches, hai que llevar c&trc i cama completos. 
Pueden servir de modelo para la fabricación de aquel las camillas 



l6 LAS CORDILLEIUS Í)£ AtACAÜA. 

de ambuIaDCja, introduciendo pequefías modificaciones que reduzcan 
su volumen. 

Apbhos db montar i CARGAB.^Las mejores monturas, tratán- 
dose de viajes Jargos i sin recursos^ son las de enjalma de madera 
cuya forma esterior es intermedia entre la montura chilena i lá silla 
común inglesa. No lastiman á los animales i se prestan ademas para 
llevar frazadas i pellones. 

Ilespecto de los aparejos que han de servir para trasportar la car- 
ga, siempre será poco todo csceso de precauciones para que vayan 
en buen estado i con gran acopio de lacillos i correas de todo jénero. 



4. — PROVISIONES. 

Será bueno calcular de antemano con liberalidad el consumo que 
se va a hacer. Las provisiones fundamentales son el charqui i la ha- 
rina de trigo tostada; las conservas son imUiles o mas bien [perni- 
ciosas; solo esceptuaremos la de leche de la «Condcnsed milk Co.d 
que sustituye perfectamente a la leche fresca^ i el «Estractum carnis 
Liebig», que apesar de poseer pocas calidades nutritivas, en caso de 
apuro sirve para confeccionar un caldo. 

Recomendaremos también el jamón crudo sin hueso de Valdivia 
i el tocino inglés. Para suplir el pan en los casos en que no se al- 
cance a hacer siquiera una improvisada tortilla o churraacay se lle- 
vará buena provisión de las galleiaa de agua chicas de fábrica na- 
cional. 



CAPÍTULO II. 
Esploraeion al desierto en 1880. 



1. — ANTOFAOASTA. — EL FERROCARRIL. 

Formábamos parte del personal de la Oficina Hidrográfica, cuan- 
do a principios do 1880 se trasladó éste casi por completo a Antofa- 
6ASTA para esplorar el litoral nuevamente sometido al dominio chi- 
leno. 

Los últimos dias del mes de enero fueron ocupados en levantar 
el plano de la población \ i en sacar copia del trazado del ferro* 
carril, mientras el director de la Oficina, sefíor Vidal Gormaz, de- 
terminaba prolijamente las coordenadas jeográficas de ese puerto p(*r 
medio de trasmisiones telegráficas con Yalparaiso i numerosas ob- 
servaciones de sol. 

£1 dia 30 de enero nos dirijimos al interior por medio del ferro- 
carril de la compafiia salitrera. La primera sección de esta linea fué 
coustruida para unir los salaies del Carmen con el puerto de Anto- 
fagasta; la distancia entre ambos puntos en linea recta es 11 quiló- 
metros; pero hai que salvar la cadena de cerros de la costa que al« 
cüDza en esta parte mucha elevación. Tanto para desarrollar las 
pendientes como para buscar el paso mas bajo, la línea se desvía 
mucho al Sur hasta llegar a la quebrada de Mateo, haciendo una 
vuelta considerable, de modo que recorre, desde Antofagasto hasta 
el salar del Carmen, la distancia de 3o quilómetros. En el punto 
donde se halla el poste de la milla 12 ge encuentra, viniendo del SE.| 
la quebrada de Aguas Blancas, que baja de las salitreras de ese 
nombre. Foco mas allá de este punto la líi.ea férrea baja por una 



1. Este plano ha sido publicado i está insei-to en el Anuario Uídrográfim^ tomo 
VII, 1881. 



18 LAS eORDILLERAS DE ATACAMA. 



contra-pendiente a las salinas del Carmen, que se encuentran en una 
gran lioyada. Allí está la primera estación del trayecto, como tam- 
bién un gran establecimiento de estraccion i beneficio de salitre. 

Al salir del salar se atraviesa una monótona llanura a|)enas limi- 
tada por dos líneas de altuius que por el Norie i por el Sur forman 
la ondulada línea del horizonte. 

Después de detenernos en unos cuantos paraderos de poca impor- 
tancia, llegamos al establecimiento i estación del Carmen Alto, a 
120 quilómetros de Antofugasta; encontramos allí toda clase de re- 
cursos; había un hotel, un hospital, aparatos de destilación i la pul- 
pería o tienda de la Compañía Salitrera. En la quebrada por donde 
pasa el camino carretero i que corre inmediatamente al Sur i para- 
lela a la vfn férrea, estaban el pueblo i la casa de los empleados de 
la Compañía; el comercio que allí había entonces, por ser el punto 
de término del tráfico de carreras desde Caracoles, estaba por tras- 
ladarse al nuevo término de la línea, la estación de Salinas, creada 
recientemente. 

Aunque nuestro intento era proseguir directamente hacia el inte- 
rior, tuvimos que detenernos algunos dias en Carmen Alto por re- 
tardo de nuestro equipo. El día 31 de enero lo aprovechamos en ha- 
cer una pequeña escursion hacia la primera cadena de montañas que 
se divisa al Sur, con el objeto de recojer allí piedras de ágata que se 
encuentran en abundancia. Para llegar a esa cadena hai que atra- 
vesar una planicie inclinada, la cual está surcada por varios lechos 
en los cuales la acción del agua parece haber sido mui reciente; to- 
dos ellos son tributarios de la quebrada principal, por cuyo fondo va 
el camino carretero. El suelo de esta pampa, mui plano i regular 
en su conjunto, es escabroso en realidad, sobre todo en la proximi- 
dad de los cerros; el terreno es calichoso, fofo i penoso para mar- 
char en él. En la cumbre de uno de esos cefros, que por su forma 
denominamos Tricornio, hicimos nuestra primera estación trígono* 
métrica. En la tarde de ese mismo dia fuimos por un tren hasta Sa- 
linas, donde visitamos los aparatos de destilación solar que, en vir- 
tud de un privilejio esclusivo, funcionan en esa localidad. El agua 
la sacan de unos ik)zos que se han practicado cerca de la quebrada, 
al Norte de la estación; el punto ha sido ehjido además para colocar 
unos molinos de viento que sirven de motor. Desde allí el agua es* 
traída, que contiene en disolución diver«ns sales, es conducida por 
cañerías hasta el campo de destilación que dista como medio quilo- 



EXPLORACIÓN EN 1880. 19 



metro al Sur de la estación del ferrocarril, en un terreno plano i a 
uu nivel mas bajo que la boca del pozo. 

Jx)s aparatps son niui sencillos; consisten en una serie de techos 
de vidrio que se levantan mui ik)co del sucio, los que cubren un ca- 
nal plano mui poco inclinado por donde va el agua que viene de la 
cañería del pozo. Los rayos solares pa^an al través de los vidrios sin 
calentarlos i producen evaporación en la superficie del agua, cuyo 
vapor se condensa en seguida en gotas que se i)egan i resbalan por 
la su[>erficie inferior de los vidrio^; recójese esta agua en dos canale- 
tas laterales que la llevan a otra cafíeria, donde ee reúne en unos de* 
pósitos cilindricos de fierro, pasando después a grandes estanques 
subterráneos. 



2. — CARACOLES, 

A las 12 de la noche del 1 ^ de febrero dejamos el pueblo de Car- 
men Alto, encaminándonos por la huella que corre al Sur de la línea 
férrea hasta la estación de Pampa Negra; pasa allí al Norte \x)v de- 
bajo de los rieles i tuerce luego al oriento. 

I^a tem|)eratura era fresca i agradable hasta las primeras horas 
de la mafiana, en que se hizo sentir el frió cenital; la luna en su 
menguante jiermitía distinguir a alguna distancia el bulto de las 
carretas que bajaban de Caracoles i cuyo quejumbroso chirrido in- 
terrumpía solo el silencio del desierto. 

Pasado el pueblo de Salinas sin mas novedad que el ladrido de 
los })erros, el camino deja al Nort« la qucl>rada o lecho seco de rio 
i se desvía ya poco de la líuea recta durante toda la jornada. La 
huella que han formado las yantas de l&s carretas i carruajes se ha 
ahondado tanto en el blando terreno, que ya no pueden ti*afícar por 
ella vehículos cuyos ejes sean de un largo diferente. 

Apenas los rayos del sol tocaron oblicuamente el suelo, S3 disipó 
el frió para ser reemplazado {)or un calor que luego se hizo sofocan- 
te* Proyectadas sobre una suave eminencia veíanse las casas o posta 
de Punta Negra, que si bien tristes de aspecto, nos prometían techo 
i un rato de descanso. 

£1 agua que había acopiada en esta localidad se traía de Caraco- 
les en toneles de fierro i el pasto aprensado venía de Chile Después 
de pasar en Punta Negra las honis de mayor calor, bastante moles- 
tados por la abundancia de moscas, proseguimos en la tarde nuestra 

marcha. El camino va perdiendo su aspecto plano, hasta que se 

3 



éO LAS CORDILLERAS DE ATACAMA, 

entra en una quebrada que corre entre lomajes no mui elevados. 
Poco después se llega a los edificios de la Blanca Torre, desde don- 
de la repechada es un poco mas fuerte hasta la Placilla, donde tiene 
su asiento la población de Caracoles. 

En los dias que visitamos ese mineral liabfa perdido ya mucho de 
su antiguo esplendor. Omitiremos aquí detalles que consignaremos 
en otro lugar, i solo diremos que fuimos atendidos por el subdele- 
gado seflor Enrique Villegas i el amable administrador de la mina 
Calameña don Juan Francisco Campafia. 

Hicimos en las vecindades de Caracoles algunas estaciones trigo- 
nométricas i aun quisimos realizar el proi)6sito de determinar la 
diferencia de meridiano con Antofagasta por medio de un cambio 
de sefiales telegráficas con el señor Vidal Gormaz que {)erraanecia 
en aquel puerto; mas, esta operación quedó frustrada por el estado 
nublado del tiempo que nos impidió tener una buena serie de alturas 
solares. 

De las diversas observaciones meteorolójicas que pudimos practi- 
car, las mas interesantes para estos climas fueron las del sicrómetro; 
ordinariamente el termómetro húmedo marca la mitad de los grados 
que seflala el seco. 



3, — LIMÓN VEUDE. — CALAMA. 

'El dia 7 de febrero salimos a la 1^ de la madrugada con rumbo 
al Norte; bajamos todo lo que quedaba de noche, llegando a las 5 de 
la mafiana a la quebrada de las Aguas Saladas o de la Providencia. 
Allí nos apartamos de nuestro arriero que siguió por el camino de 
Calama, mientras nosotros ascendíamos por la suave gradiente de la 
pampa hacia los cerros de Limón Verde. Al cubo de cinco horas, 
de mui penosa subida, sobre todo las últimas, nos hallamos en una 
de las cumbres de la serranía, pero vimos entonces que no era Isi 
mas alta, pues otras nos tapaban el horizonte por el poniente. Do- 
minábase sin embargo desde allí todo el desierto h cia los otros 
rumbos, penetrándase el ojo de su configuración como si examinase 
un mapa en relieve; nada altera los contornos i solo varían de una 
parte a otra los diversos matices del pardo color del terreno; resal- 
tan por el NE. i el Este la blancura inmaculada de las nieves de la 
cordillera, descollando entre sus cumbres el volcan Millo, el cerro 
de Pal pana, las cumbres jemelas de San Pedro i San Pablo, las de 
Paniri, Copacoya, Viscachillas i el Licancaur. La pureza del airees 



fi8t»LOBACÍOl7 SN 1880. 21 



tal a esa altura, que se puede disoernir a la distancia con el anteojo 
todas las casas de la Placilla. 

El descenso de los cerros por el Norte es mas penoso aun que la 
subida; hubo que efectuarlo a pié, llevando a las bestias de tiro has* 
ta alcanzar una quebrada arenosa que lleva rumbo al NE. i que nos 
apartaba algo de la dirección de Calama. La pendiente jeneral del 
terreno es mas al Oeste que al Norte, de modo que al salir de la 
quebrada enmendamos el rumbo al Norte, cruzando muchos cauces 
secos sin llevar camino ninguno, i solo guiados por la brújula. Asi 
llegamos a las pantanosas máijenes del Ijoa al entrarse el sol, cre- 
yendo buenamente que estábamos en Calama; pero buscando las 
casas del pueblo nos enredamos de tal modo entre fosos, canales i 
cercas, que la oscuridad nos sorprendió en unos potreros donde hici- 
mos noche no mui confortablemente. 

Un arriero que providencialmente llevaba allí su recua de muías 
nos ayudó a cobijamos bajo unos chircales. Al amanecer nos des- 
pertó el frió; lu^o nos incorporamos i guiados por el consabido 
arriero, después de andar una hora, entramos al paeblo de Calama, 
animado entonces por la presencia del batallón Melipilla. 

Día i medio dedicamos a recojer algunos datos i a hacer observa- 
ciones solares. Ofreciéndonos facilidades de viaje el sefior Luis 
Chabrat, administrador entonces de la casa Artola Hnos, decidimos 
pasar al mineral del Inca, cuya esplotacion estaba en su principio. 
Mandamos pues nuestras cargas a Chiuchiu, i el 9 de febrero, a las 
3 de la tarde, acompaflados por uno de los arrieros de la localidad, 
tomamos camino del Norte. Atravesamos una pampa a nivel, luego 
un cauce seco i dimos comienzo a la repechada por el escelente ca- 
mino del Inca, que hoi se ha convertido en carretero, llegando al 
asiento minero a las 7^ p. m. 

Pasamos allí la noche, visitamos algunas laborea el dia 10 por la 
mafiana, i en la tarde nos dirijimos hacia el oriente, al mineral de 
Chuquicamata, por un mal sendero de tropa. Desde el abra de Chu- 
quicamata baja el camino hacia la puntilla de Cere, i desde allí por 
pampas i salinas se llega al Loa, en cuya márjen izquierda tiene su 
asiento el pueblo de Chiuchiu, donde entrábamos a las 9 de la noche. 

4.— CfilÜCHlÜ.— CASPAN A • 

Encontramos franca i hospitalaria acojida en casa del estimable 
comerciante italiano don Luis t)enegri, quien nos llevó el dia 11 a 



22 LAS COnDILLERAS DE ATACAHA. 

recorrer los alrededores i las estensas vegas donde se junta el río 
Salado con el Ijoa^ i un jeníUar o ruinas de pueblo indíjena, de 
donde estrajiuios algunas prendas de lana de vicufía ¡ de llama. 

£1 día 12, en comixififa del mismo sefíor Denegrí, nos encamina- 
mos por un sendero bastante plano i limpio hacia Caspana, encon- 
trando sucesivamente la formación de las areniscas rojas, rocas 
eruptivas i, por fin, las lavas traquíticas, cuyo manto se abrc para 
formar el hondo valle del rro de Caspana, arroyo de agua dulce que 
brota de los contrafuertes de la cordillera. Demoramos en el trayecto 
como 7 horas i nos alojamos frente al rancherío, en la casucha que 
nos proiK)rc¡on6 el indio Fermin Zaire, el vecino mas rico de la lo- 
calidad. 

El pueblecito es un agrupamiento de toscas casuchas de piedra, 
techadas i enmaderadas con palos de cardón, cuyo material ha ser- 
vido hasta para confeccionar el órgano de la capillita de que está 
dotado. Alcanzarán los habitantes a 100, todos pastores o agricul- 
tores que viven escasamente con lo que les ¡Ksrmite cultivar el es- 
trecho cauce de la quebrada en sus desplayes. Aquí como en todas 
las localidades análogas, doiíde hai agua suficiente para sacar |)e- 
quefios canales por laderas de terreno vejetal, dividen éste en largas 
fajas horizontales que forman graderías sastcnidas por muros de 
contención de piedra arrimada, i en esas melgas o canchones siem- 
bran maiz, alfalfa, trigo o cebada. Hai también en el valle de Cas- 
pana unos cuantos árboles frutales; es la localidad mas elevada don- 
de los hemos visto. 

El dia 13, además de visitar el pueblo i hacer una estación en la 
meseta traquítica que lo domina, examinamos también un pequefio 
f)olcan de agua que hai en la quebrada; es un pozo mui i>equeflo, a 
pocos pasos del arroyo, donde hai una continua efervescencia de gas 
(probablemente ácido carbónico con algo de sulfhídrico i un preci- 
pitado ferrujinoso). Sacamos muestra de esta agua, pero se estravió 
después. 



5. — ^SAN BARTOLO. — ATACAMA. 

El 14 madrugamos; al amanecer estábamos ya en marcha con 
nuestras cargas. Pasamas iK)r varias planicies elevadas de donde se 
ve a Chiuchiu, i del alto de Purilari caíamos por una larguísima 
bajada a varias quebradas que afluyen al río de Atacama. El primer 
cauce con agua que encontramos fué el rio Salado, que es intermi- 



7 



ESPLORA CIOX EN 1880. 23 



tente; abandonamos esc, i después de varias cuestas i bajadas, nos 
hallamos en el Rio Grande, que desde Machuca se dirijo a San Bar- 
tolo. I^ vejetacion del valle es escasa en la parte donde bajamos a 
él, pero |>ooo mas abajo se ve algunos algarrobos i cultivos. Pasamos 
sin detenernos por el establecimiento abandonado de los señores Ar- 
tola, en las minas de barrilla de cobre, i llegamos a las oasaa de la 
finca a las seis i cuarto de la tarde. 

El dia 15 volvimos atrás para visitar el establecimiento en com- 
liafiía de su cuidador, un espaflol apellidado Barjela, que residía en 
la finca; con él obtuvimos algunas muestras de charqui i barrillas de 
cobre. No pudimos entrar a las labores que estaban casi todas ate* 
rrados o anegadas. En la tarde, a las tres i media, salimos nueva- 
mente de la finca por la quebaada, cruzando a cada momento la 
corriente del rio, la cual hai que atravesar setenta i nueve veces 
entre el establecimiento de las minas i el pueblo de Atacama. El 
cnmino es pintoresco porque hai trechos largos del valle enteramente 
cultivados, con chácaras, (lotreros i plantados de algarrobos. 

Habíamos echado las cargas adelante, de modo que anduvimos 
de prisa en nuestros caballos bien descansados, i a las tres tres cuar- 
tos entrábamos a Atacama, donde estaba de guarnición una parte 
del batallón 2" Aconcagua, a las órdenes del capitán don Amador 
Ramirez Herrera, con el cual habíamos hecho el viaje por mar des- 
de Valparaiso. 

Cuatro dias pasamos en Atacama sin lograr uño solo despejado; 
despucs de tan infructuosa espera, regresamos a Caracole« en la no- 
che del 19 al 20, ese dia a Antofagasta i el 21 nos llevaba hacia 
Iqiiique el vapor de la carrera. 



CAPÍTULO III. 
Esploraelon en 1884. 



PRIMERA PARTE. , 

I.- DE ANT0FAOA8TA A CARACOLES. 

El día 20 de enero desembarcábamos en unión del ¡njeniero ayu« 
danta don Rojerio Torres en el puerto de Antofaoasta» donde nos 
tenia preparado carífioso hospedaje el administrador interino de la 
Conipafiía de Salitres, don Eduardo Délano. 

Por motivo de las circnngtancias que cada uno conoce, es decir, 
por una parte la ausencia de guarnicionas i por otra la baja del sa- 
litre, Antofagasta había perdido mucho, desde nuestro viaje anterior, 
de su animado aspecto i de su movimiento comercial. Aunque, como 
ya lo hemos dicho en la narraciou que antt.cede, su posición jeográ- 
íica estaba ya prolijamente fijada, dedicamos los dias que aPí per- 
manecimos a practicar nuevas observaciones, al mismo tiempo que 
nos ocupábamos en los diversos preparativos que el viaje al interior 
requería, como ser revisión i compostura de las tiendas de campafia, 
fabricación de una mesa de trabajo portátil, varias adquisiciones de 
provisiones, rectificación i acomodo de instrumentos, etc. 

Focos dias después de nuestra libada se nos juntaba en Antofa- 
gasta, de regreso del Sur, nuestro escelente amigo el subdelegado ac- 
tual de Caracoles, sefior Enrique Villegas, uno de sus mineros mns 
antiguos e influyentes, que en sus tiempos de mayor auje, bajo la 
dominación boliviana, fué cónsul de Chile i presidente de la socie- 
dad cTia Patria», formidable raiz que echábala personalidad chilena 
en aquel litoral. 

Cábenos aquí de una voz por todas agradecer a este caballero la 
valiosa cooperación con que nos ayudó en las transacciones en que 



26 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



nos envolvía li comisión que llevábamo.^, así como sus cucrJos í 
amistosas consejos. 

El seflor Villegas se ocupó también de proporcionarnos una i>er- 
sona que en calidad (1c ecónomo^ conocedor de la cordillera i ran- 
chero nos acompaflasc durante toda la esploracion; eni este don Tris- 
tan Villalon, antiguo minero copianino, cateador ¡ poseedor de la 
provisión de anécdotas mas completa que sea dado acopiar. 

El dia 28 el tren de la tarde nos llevaba hacia el interior. Aun- 
que hemos dado ya algunos detidles sobre este ferrocarril, su futura 
prolongación hacia Bolivia le presta ahora una importancia que me- 
rece que los ampliemos algo mas. 

La vía férrea es de trocha angosta, 2i pié-s ingleses i su material 
todo apropiado a ella puede pasar por curvas de mui corto radio. 

La esplotacion del ferrocarril es lo que actualmente sostiene a la 
compaflía de salitres, mas que el beneficio de estos ultimas, i es de 
prever que los fletes irán en aumento caila dia, ahora que se va res- 
tableciendo el tráfico con Guanchaca í el interior de Bolivia. 

La mayor gradiente de la línea es en el fondo de la quebrada de 
Mateo, donde alcanza a 2.98%; desde el Agua de la Negra, la línea 
tiene un descenso de 0.76% hacia el salar del Carmen que, como to- 
das los de esa denominación^ es el fondo de un antiguo lago cubierto 
por capas de sal i salitre. En el e<lificio de la estación haí un restan- 
rant donde puede el viajero obtener lunch i almuerzo a la hora del 
paso de los trenes. Kn el establecimiento del salar se nota ahora 
poca actividad, debido al agotamiento del salitre. 

Desde el salar del Carmen el ascenso no se vuelve a interrumpir, 
i el trazo de la línea va por el cauce del rio seco que atraviesa esta 
zona del desierto i que tiene sus oríjenes o cabeceras al Sur i oriente 
de las serranías de Limón Verde i en la falda norte de la del Qui- 
mal. El estero tiene también sus repentinas creces, habiendo ocurrido 
casos en que las aguas han bajado hasta cerca del salar del Carmen. 

En todo el trayecto que separa este punto de la esLaciou de Pam- 
pa Central hai poco que ver; los rayos del sol reverberan con fuer- 
za sobre el suelo blanquecino i deslumhran la vistn cansada del pa- 
sajero. Ninguna eminencia notable, ninguna formación particular, 
nada en fir. cambia una decoración que aquí no puede llamarse pai- 
saje. De vez en cuando una inscripción obccna se destaca en relieve 
sobre el parejo recuesto de alguna loma i mas allá una cruz de tabU 
sacada por lo jenoral do algún cnjon de licor, cuya marca connarva, 
indica el fúnebre contcnkk) del suelo. 



ESPLORACIOK EN 1884. 27 



En el paradero de Mantos blancos se ve unas cuantas cúrrelas 
que acarrean metales de las minas vecinas; en la estación de Cáumen 
Alto so^o quedan ]as ruinas del establecimiento que allí iiabía^ i en 
Salinas se divisan loíi molinos de viento de la destilación solar. 

El aspecto del terreno durante el trayecto es el mismo de todo el 
desierto; las rocas felspáticas desagregadas i descompuestas so revis- 
ten con los pardos matices de los óxidos de fierro. Ai*ena propia- 
mente tal no la hai^ porque no se puede formar ni por la desagrega- 
ción lenta debida a los variaciones de temperatura, ni por las rápidas 
correntadas orijinadas por los aluviones que mui de tarde en tarde 
visitan al desierto. Cerros monótonas i redondeados limitan la vista 
a cortos quilómetros del cauce demarcando la hoya del estero. 

I^ estación de Pampa Central, a 13 1 quilómetros de Antofogas- 
ta, es el centro actual de estraccion do los caliches; la compaflfa sali- 
trera mantiene allí una administmcion completa que cuenta con bue* 
nos i estensos edificios para sus divci-sos necesidades. Algo al oriente 
de los establecimientas i de sus dependencias se ha formado un agru 
pamiento de casuchas i fond:is denominado Santa María. 

En Pampa Central fuimos recibidos i hospclados por el adminis* 
trador del establecimiento don Miguel Serrano. 

El dia 29 fuimos hasta el término actual de la línea férrea, que es 
la estación de Pampa Alta, ¡ pudimos tomar allí dos series de al- 
turas corres|K)ndientes de sol, mas no su altura meridiana, por impe- 
dirlo intempestivos nubladas. En este punto hallamos cabalgaduras 
que nos habían sido enviadas desde Caracoles, i a las 8 de la noche 
emprendimos la marcha hacia ese mineral, la que terminó sin mas 
novedad a cosa de las 2 de la madrugada, con nuestra llegada a la 
mina Calameña. Luego entramos a reparar las fatigas del nocturno 
viaje, no sin haber saludtido, aunque algo a deshora, al cariñoso 
duefio de cjisa don Juan Francisco Campafíu. 



2 — CARACOLES. - VíAJK A ATACAMA . 

Kl dia 31 de enero se determinó nuevamente el estado del cronó- 
metro, operación que se repitió durante los cinco primeros días de 
Febrero. El V de ese mes pudimos comunicar directamente desde 
la oficina telegráfica de lu Placilla con el Observatorio Astronómico 
de Santiago i hacer la recíproca comparación de la hora de nuestro 
cronómetro Dent con la del péndulo sideral del Obi^c^rvatorio, opc 



28 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 

ración que fué ejecutada personalmenie en ese establecimiento por 
BU Director don José Ignacio Yergara, Ministro de Instruooion Pú- 
blica. 

En Caracoles pude hacer la adquisición de algunas bestias desti- 
nadas a trasportarnos a Atacama, donde esperábamos completar 
nuestra tropa. Se contrató un arriero, i Villalon, ya en ejercicio de 
sus funciones, proveyó a nuestra despensa ambulante de cuanto su 
esperiencia le indicaba como necesario e imposible de obtener mas 
adelante. 

Sin embargo el viaje no se presentaba mui halagüefio. Desde prin- 
cipios de enero veníase desencadenando sobre las cordilleras de Ta- 
rapaeá i Atacama una serie de temporales de lluvia i nieve cada dia 
mas recios; los volcanes de San Pedro, San Pablo i Paniri, que di- 
visábamos desde la Calamefía, desplegaban Iiasta el pié su alba tñ« 
nica; de Calama llegaban dia a dia alarmantes noticias sobre la crece 
del Loa; de Atacama los telegramas eran igualmente adversos, pues 
anunciaban una tras otra nuevas incursiones del rio por los terrenos 
cultivados. 

Pero ya no nos quedaba que hacer en Caracoles, i el 6 de febrero 
nos encaminamos hacia Atacama. Salimos a eso de las 3^ de la tar- 
de de la Calamefla, por el portezuelo de la Deseada, con rumbo al 
oriente; pasamf>s por delante de la Destoubridora, cruzamos mas allá 
un estero o rio seco que baja del Sur, i al entrarse el sol editábamos 
en las Aouas Dulces^ falda de las serranías llamadas de las Agua- 
das, que es una rama de la del Quimal. Este punto es el término 
del camino carretero que viene desde la costa. 

De Caracoles traíamas solo tres cargas con los instrumentos, nues- 
tras camas i nuestra ropa; lo restante de nuestro equipaje esperaba 
allí que lo mandásemos buscar desde Atacama. Pronto se nos reu- 
nieron en las Aguadas esas cargas, slK descansaron i a las 11 de la 
noche emprendieron marcha nuevamente bajo la custodia del arriero 
Matamoros, cuyo apellido probó después ser alusivo, no siendo las 
muías cristianas. 

Estábamos alojados en un mal figón, que sin embargo es el mejor 
de los varios que hai en las Aguadas, perteneciente a una sefíora ar- 
jentina que lo rejenta personalmente, apesar de ser aliada mui de 
cerca a una opulenta familia boliviana, mui conocida en los bule- 
vares de Paris. Tuvimos allí una regular cena servida en utensilios 
de todos los tipos imajinables, i un descanso regular también en das 
cumas con que cuenta la localidad. Por momentos se oia caer gotas 



ESPLOBACION EN 1884. 20 



de lluvia eobre las latas del techo i todo en la atmósfera hacía pre- 
sajiar un chubasco mas serio^ que sin embargo no tuvo lugar. 

Como a las 2 de la mafiana^ después de saborear una final taza de 
café, montamos nuevamente a caballo i hasta las 3 subimos la cues- 
ta de las Aguadas, cuyo descenso por el lado opuesto duró hasta las 
4. Antes de amanecer encontramos una de las muías cargadas que 
volvía a nuestro encuentro, i mucho mas allá al famoso Matamoros, 
que sobre dormido seguía arriando con toda tranquilidad la única 
carga de las tres primitivas que no se le había estraviado; lo despa- 
chanios a buscar la que faltaba i seguimos adelante con las otras. 

Nos hallábamos en un estenso llano cubierto de piedrecitas angu- 
losas provenientes de la lenta destrucción de las rocas plutónicas, i 
cuyo declive jeneral va a formar, por su intersección con el de la 
falda oriental de Limón Ycrde, la quebrada de la Providencia, que 
es el oríjen del rio seco de Salinas i del salar del Carmen. Este llano 
está cruzado por muchos cauces que llevan patentes muestras de re- 
cientes correntadas i en los cuales se ve algunos ejemplares de la 
planta lefiosa denominada rioa-rica. 

Larga i monótona es la travesía de ese llano, i no tuvo para no- 
sotros mas incidente que el de darnos alcance Matamoros con la mu- 
la perdida. Pero tiene esta monotonía su compensación, pues, de 
repente, sin que nada lo haga sospechar de antemano, se acaba el 
llano, i el viajero sorprendido ve abrirse por el oriente un admira- 
ble panorama que exijirfa para pintarlo los colores mas variados. 

Ábrese a los pies del espectador un vastísimo anfiteatro cuyo piso 
se divisa en honda lontananza matizado con el verdor des los arbo- 
lados de Atacama; se dominan escalonados en el intermedio miles 
de cuchillas, cordones de cerros i afiladas colinas que parecen bajar 
atrepellándose hacia la confusa llanura blanca del inmenso salar que 
se prolonga hacia el sur. I todas estas cordilleras en miniatura, con 
sus picos, sus crestas caprichosas cruzadas por vetas de los mas 
opuestos matices, verde, rojo, morado, amarillo, jaspeadas con estos 
mismos i otros colores sobre el lecho plomizo de las quebradas pe- 
dregosas, todo aquello parece el hacinamiento de los restos de un 
reciente cataclismo causado por un súbito hundimiento del piso que 
solo hubiera dejado en pié aislados i vacilantes crestones. Domi- 
nándolo todo se estiende por el oriente de Norte a Sur la admirable 
cordillera nevada, entre cuyas cumbres descuella el majestuoso cono 
del Licancaur, casi en el paralelo del observador; al Norte las sierras 
de Putaña, de Linzor, de Tatío, de Paniri, de San Pedro, San Pa- 
blo, Aucanquilcha i Mifio: por el Sur los conos de Hécar^ Pajona- 



80 LA.S CORDILLERAS DE ATACAMA. 

- r I - - _ _ _ i I ■ ■ ' ~ ' — •— 

les 1 Toconao, loa cerros nevados de Tamisa ¡ Mifiiques, las serra- 
nías del Pulur, i los volcanes de Socompa i Llnllaillaco. 

Estamos allí en la orilla o bordo, como se llama, de la gran hoya 
de Atacama, hoya que se estiende desde el 22i" hasta el 25" de la- 
titud^ sin comunicación ninguna con el Océano, pues la separa de 
los declives que se dirijon hacia la costa aste bordo, que se eleva a 
7('0 metros sobre la superficie de las salinas. 

El camino baja j)or una de las muchas quebradas, cuya única ve* 
jetacion consiste en algunas bolas de cactus erizados de aspinas. Jun- 
to al camino hai a media bajada un estanque de fierro abandonado 
al lado de unas pircas, en un lugar que se llama la poda. 

Después de un buen descanso en este punto, dimos andar a las ca- 
balgaduraíi; atravesamos un llano cruzado por el lecho blanquizco 
de un estero salino i llegamos al pié de un médano por donde vuel- 
ve a subir al camino pam encimar las barrancas de los cerros que 
llaman de la Sal, por ser compuesto en su mayor parte de esta ma- 
teria. Forman un largo i estrecho cordón que se prolonga de Norte 
a Sur por la grande hoya salina; las aguas, al desgastarlos según el 
grado de solubilidad de cada capa i la blandura del terreno, loa ha 
dejado cubiertos de mil fantásticos bloques que recuerdan los tém- 
panos de un océano polar. La superficie superior, por donde p:tsa 
el camino, está cubierta por una costra de sal, tierra, i cristalizacio- 
nes de yeso (jipso); cuando ha llovido mucho, como era entonces el 
caso, se percibe el murmullo de arroyuelos subterráneos, o mas bien 
subsalinos, que se escurren bajo esa costra haciendo peligrosas las 
malas pisadas de las bestias. Después de andar así una legua, so lle- 
ga' a un portezuelo desde donde se divisa la parte oriental de la lla- 
nura, las faldas de la cordillera, los verdas aillos de Atacama i el 
rio de este nombre. 

El tiempo habia estado nublado todo el dia i aun habían caido 
algunos lijeros chubascos do agua; entre las 2 i 3 de la tarde se os- 
curecieron las nubes hacia el NE. i luegt) brillaron relámpagos i 
rctumbaion truenos en toda la falda de la cordillera. Cuando lletja- 
Tnos a orillas del rio la lluvia arreciaba; aquel arrastraba tumultuo- 
sas i turbias aguas que se dividian en siete brazo?, mayor «ida uno 
que todo el rio en tiempo ordinario. Los vadeamos todos de prisa, i 
nos guarecimos bajo unos chañares, cuyo hostigoso fruto saboreamos 
un rato. A poco de estar allí escampó la lluvia i volvimos al cami- 
no, pero el aguacero se descargó entonces mas ftirioso, i mientras 
mas prisa teníamos en librarnos luego de él, mas nos íbamos cnre^* 
daii'b por lo9 ít)trhio;uloioiill(}jou&9 de lo4 aillos da Soloor i Oonde^ 



ESPLORACION EN 1884. 31 



duque. Por fin^ a las 4^ de la tarde, calados hasta los liuesos i em- 
barrados hasta la cintura por las salpicaduras, llegamos al cuartel 
de la plaza, donde el teniente de carabineros don Darío fialibé nos 
proporcionó pronto i amistoso alivio. 



3.— DEIkfORA EN ATACAMA. — APRESTO» BB LA ESPEDICION. 

Los dias 8y 9 i 10 de febrero siguieron los temporales i aguaceros 
por la tarde. Las horas de la mañana, aunque nubladas, ñas permi- 
tieron hacer algunas escurniones por los aillos vecinos i en la que- 
brada de San Bartolo; el rio venía mui crecido, su lecho había tri- 
plicado de ancho, destruyendo las tapias i llevándose la capa vejetud 
de los potreros de la orilla. Cada tarde después del temporal, a eso 
de las 6, se producía una crece repentina, como si hubieran levanta- 
do una compuerta; era grande entonces la alarma que se levantaba 
entre los pnipietarios riberefios, i aun los habitantes del pueblo, que 
mas de una vez i con razón temieron que un brazo del rio inundase 
las calles. 

Felizmente el 11 amaneció un dia hermosísimo, a cuya noticia 
nos apresuramos a levantarnos para salir a los afueras del pueblo i 
tomar allí una serie completa de azimutes magnéticos a las numero- 
sas cumbres cubiertas de nieve que se divisaban por el oriente. 

En Atacama habíamos encontrado muías pertenecientes a la Di- 
rección de telégrafos, i luego que hubo llegado la orden competente 
para utilizarlas en nuestra espedicion, despachamos con cinco <le 
ellas al arriero Matamoros, para que fuese a Caracoles a traer la 
carga que alH habíamos dejado. 

Como el dia 12 se presentara despejado como el anterior, lo utili* 
zamos en ir a hacer una estación jeodésica en el bordo, cerca del ca- 
mino de Caracoles. Llegamos a tiempo para tomar cerca del meri • 
diano dos series de alturas correspondientes de sol; pero con un con- 
traste, que fué el haberse detenido el cronómetro a consecuencia 
probablemente de una seria caida del caballo acaecida a su malo- 
grado portador. Se hizo sin embargo todas las observaciones, pero 
es probable que aquel incidente haya influido para que la posición 
astronómica de esta estación no coincida bien con su posición jeodé- 
tíica. 

Esc mismo dia 12 volvieron do Caracoles las cargas con Matamo- 
ros, |)ero incompleta^; unas muías llegaron maltratadas i otms fue- 
ron perdidas, de tal modo que varios de los dias subsiguientes fue- 



3á LAS CORDILLERAS DE ATACAMA« 



ron ocupados en subsanar estas faltas i buscar nueva? arrieros que 
reemplazasen al que era causa de tantos males; he mencionado a es- 
tos ültiiuos para que se vea hasta que punto puede perjudicar al via- 
jero un arriero neglijente. 

Cosa difícil es proveerse de aperos de carga en Atacama, lo mismo 
que cu Caracoles. Malos i remendados, con corrcones afiadidos i he- 
terojéneos, pudimos juntar cuatro aparejos, por los que nos hicieron 
pagar de arriendo lo que valdrían comprados en buen estado. 

Contratamos dos arrieros, unos hermanos bolivianos apellidados 
Vargas, que traían cada uno su cabalgadura i su montura i cuyo 
servicio total les sería remunerado con cien pesos mensuales. 

Qracias a la buena voluntad del señor Director Jeneral de Telé- 
grafos i a la de sus empleados, teníamos completa nuestra tropa; 
solo esperábamos que llegaran de Antofagasta unas muías recién 
traídas del Sur para cambiar las que teníamos maltratadas. Llega- 
ron el dia 18, i como el tiempo hab a seguido mejorando nosdispusi* 
mos a partir, dejando dos dias para que descausasen i las herraran. 

Solamente determinamos introducir un cambio en el itinerario 
prescrito por nuestras instrucciones: po<líamos observar diariamente 
que los nublados mas deusos, nevazones i temporales se descargaban 
de preferencia al Norte de las serranías, mientras que el Sur se 
mantenía relativamente despejado. Esa circunstancia nos indujo a 
esplorar primeramente la rejion meridional, alcanzando si nos era 
posible, hasta el pueblecito. mediterráneo de Antofagasta, sobre cuya 
situación solo habíamos pidido rccojer datos vagos, como que nin- 
guno de los que conocían ese punto habían ido directamente desde 
Atacama, sino desde la Arjentina. 

Ese dia 18 por la tarde fuimos a ver una gruta que se halla en la 
ladera oriental de los cerros de la Sal, a menos de una hora de Ata* 
cama. Esta gruta ha sido formada por el agua, que ha logrado di- 
solver una parte del cerro, que es casi todo de sal jema mezclada con 
arena; es una especie de socavón sinuoso cuyo piso, casi horizontal f 
está cubierto por bancos de arena; es en partes ancha^ en otras es- 
trecha; tiene ramiñcaciones en varios sentidos i ensanchamientos 
como salones; uno de estos tiene un techo como embudo invertido 
cuya estremidad superior se abre en la superGcie del cerrO| pene- 
trando por allí un haz luminoso que se sumerje en la oscuridad de 
la caverna. Las esfloiescencias de sal forman en el techo grandes 
parches blancos, i de aquel penden también estalactitas producidas 
por las filtraciones superiores. En todo aquello se ven hermosos 
efectos por la reflexión de las luces que lleva el paseante. 



faSt^LORACION EN 1884. ^Ú 



En la noche de esc dia se pudo por fin efectuar la trasmisión ¿e 
la hora con el Observatorio de Santiago^ trasmisión que no había 
podido llevarse a cabo los dias anteriores por entorpecimientos en 
las oficinas telegráficas intermedias. 

Los dias 19 i 20 hicimos las últimas observaciones astronómicas i 
barométricas en Atacama; se prepararon arrieros, rancheros, muías, 
fípera*», etc.; se encajonaron las provisiones necesarias para el viaje, 
dejando lo demás de nuestro equipo en una pieza de la casa donde 
uofi habíamos hosi)edado. Debemos recordar aquí que ese hospedaje 
i varias otras atenciones las debíamos a los sefiores Polanco i Sante- 
lices, consocios de la casa comercial mas importante de Atacama. 



4. — DE ATACAMA A 80C0MPA. 

Kl 21 de febrero a las 8^ de la mañana, acompañados por el te* 
niente Jjabbé, el subdelegado señor Santelices i los sefiores Polanco, 
Madariaga i Alvarado, que nos habían atendido como amigos du- 
rante nuestra estadía en Atacama, salimos de ese pueblo con rumbo 
al Sur. 

Componíase la caravana, además de loe dos injenieros, del ran* 
chero-ecónomo, do» arrieros, cuatro muías cargadas, un caballo i 
cuatro muías de refresco en previsión de las emerjencias del viaje. 
Total cinco ¡personas i catorce bestias. 

Ocioso sería describir las dificultades de la salida, las mil evolu- 
ciones i corcobos de las muías no acostumbradas a Ja carga ni a 
andar en tropa. A la salida del aillo de Sólor despidiéronse nuestros 
amables acompafiantes, i dejando la tropa un poco mas en orden 
pudimos ya acelerar el paso. 

Buen trecho del camino, donde salen a la superficie los derrames 
del rio Vilama, estaba mui pantanoso, i uno de esos lodazales fué 
causa de un retardo considerable para nuestras cargas. Este camino 
va en línea recta sobre Soncor, apartándose como a las cinco leguas 
de Atacama el que se dirije a Toconao por el cual seguimos, atrave* 
Bando un largo médano para llegar a ese punto. 

Acalorados i sedientos nos apeamos a la sombra de frondosas hi* 
güeras a las 4 de la tarde, acudiendo al uUpo para refrescarnos. 

Cuando quise hacer la lectura del barómetro, noté al invertirlo 
que le entraba aire, habiéndose quebrajado la cof nposicion que reúne 
la pieza de fierro al estremo inferior del tubo de vidrio. Hubo que 



84 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

vaciarlo i renunciar a este importante instrumento durante el resto 
de la espedicion. 

El comedor i dormitorio los hicimos a la sombra de las mismas 
higueras sin mns techo que su frondoso rolhije. Allí recibimos las 
visitas del juez de distrito i del inspector, peruano el uno i lK)livia- 
no el otrOy que se esmeraron en atendernos en cuanto les fué posible. 

Algo atrasadas i embarradas llegaron las cargas; las muías tuvie- 
ron por pienso durante la noche el que provisionalmente trajimos de 
Sólor, pues en Toconao no se cultiva la alfalfa. 

Al dia siguiente 23, no3 dirijimos en compañía de un habitante 
de Socaire al punto denominado Cámur, situado mas arriba en la 
falda de la cordillera, a orillas de una quebrada torrentosa. Kl ca- 
mino, como de 6 leguas, es ped regrosó i no mui traficable; se nota en 
Hus orillas una vejetacion escasa i raquítica, como son los chuscham^ 
pÍ8, especie de (actus aparragado, cuya fruta es acuosa como la tuna, 
pero incomible por su acritud. Hai en Cámnr varios pequeflas po- 
treros de alfalfa i cercos sembrados de maiz que sumarán (wr todo 
unas tres cuadras; solo encontraiüos allí tres mujeres que por nada 
consintieron en vendernos el pasto de su propie<l :d, viéndonos así 
obligados a echar nuestros animales al potrero d * un propietario 
ausente, cuyo talaje pagamos relijiosamente a nuestro paso de regre- 
so {yoT Toconao a una reclamante que dijo set la arrendataria de la 
hacienda. 

En Cámar como en todos los alojamientos siguientes se armó la 
tienda de campafla para resguardo del viento i del frió de la noche. 

La tercera jornada nos llevó, por un camino tan pedregoso como 
el anterior i cortando ¡a quebrada de Socaire i la serranía de Lan- 
quir, al lugarejo de Peine, distante de Cámar poco mas de siete le- 
guas. Hai allí sembradíos de alfalfa i frondosos algarrobos; con los 
vivientes puede conseguirse corderos, cabros o legumbres. El agua 
de Peine contiene algunas sales, probablemente de potasa, pero no 
es nociva. 

Entre Peine i Tilomonte solo hai tr«ís leguas que sé pueden hacer 
por mui buen camino acercándose a la orilla del salar de Atacama. 
Este camino es el del Inca, notándose en ¡as orillas montones i pir- 
cas de piedra que indican los ia.mbo8 o descansos de los primitivos 
trajinantes. Salimos como a la 1 de la tarde de Peine i a eso de las 3 
avistamos el bosque de challares i algarrobos de Tilomonle. Allí nos 
encontramos con el único poblador domiciliado en la localidad, que 



1 



tePLOB ACIÓN EN 1884. 35 



lo era un pobre anciano ocupado en cuidar un potrerito de alfa (al- 
falfa); también había un maizal, cuyo propietario vive en Peine. El 
agua es mejor que la de este ultimo punto, sin que por eso deje de 
tener su sabor salino; es corriente i proviune de una quebrada que 
se llama Tarajue, la que forma una pequefla ciénaga como media Ie« 
gua mas arriba de Tilomonte. 

El lunes 25 de febrero principiamos el ascenso de la cordillera 
por un camino suave que remonta una quebrada de tobas traqufti- 
cas. Es de notar que mientras en la parte plana de esta rejion todo 
cl terreno fuera de los oasis es un árido desierto, no sucede así en 
las quebradas de que hablamos ni aun en sus faldas. Hállase abun- 
dancia de lefia que suministran algunos arbustos, como el pingo- 
pififfOj la rica-rica, el primero de los cuales alcanza a veces a dos i 
mas metros de altura. 

A medida que subíamos la vejetaciou aumentaba, pero haciéndose 
mas raquítica i los caminos mas intransitables, viéndose fresco en 
los cauces el i*astro de las aguas. Después de recorrer algo mas de 
ocho leguas nos dc'tuvimos a las 3 de la tarde en un lugar de la es- 
trecha quebrada que recorríamos, donde los torrentes causados por 
las lluvias han cavado en el locho de tosca volcánicíi unas ppzas 
o tinajas naturales que están jeneralmente llenas de arena húmeda^ 
|)ero que a la sazón estaban con agua, debido a la afluencia de llu- 
vias; por esto llaman este lugar las Botijuelas. Allí armamos nuestra 
carpa sobre piso de rocas al lado de unos corrales de piedra donde 
se encerraron las muías, repartiéndoles una carga de cebada que 
traíamos; en esos corrales hallamos unos aparejos de burro proba- 
blemente pertenecientes á algún cazador de vicufias, i como solo te- 
níamos cuatro por lo escaso del artículo en Atacama, nos apropia- 
mos unos de éstos sin escrúpulo, dejando en su lugar un papel 
indicando que se ocurriese por ellos a la subdelegacion de Atacama. 
Como sintiéramos frió la velada fué corta; el termómetro se mante- 
nía siempre sobre cero acercándose ya mucho a este límite. listába- 
mos a cerca de 4000 metros sobre el mar. 

Al siguiente dia 26, seguirnos subiendo por un camino pintoresco 
pero mui áspero. Pasamos varias mesetas donde las depresiones na** 
turales forman lagunas de agua dulce; las laderas se veían teflidas 
por manchones de color de azufre, que tal es el de la paja brava^ 
pasto de cordillera^ algo duro, pero buen alimento para muías i bu- 
rros. Yimoi perdices mui grandes i tórtolas que por falta de esco** 

6 



36 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

peta lio pudimos cazar; tambicn avistamos pequeñas manadas de 
vicuñas que escaparon a la puntería de nuestras carabinas. 

A medio dia nos hallábamos en la parte mas elevada del trayecto 
que teníamos que recorrer; poco a poco nos habíamos aproximado al 
cordón de cumbres nevadas que veníamos bordeando desde Ataca- 
nía^ i lo cruzamos entre la larga serranía nevada d^l Pular i el 
volcan apagado de Socompa^ que se nos presentaba entonces en todo 
su grandioso i singular aspecto: es un jigantesco hacinamiento de 
escorias i lavas cuyos negros crestones han quedado sobresalientes, 
mientras que las grietas i bajos están rellenados con piedra pómez 
de color plomizo claro. Rsta última sustancia cubre también todos 
los campos vecinos para gran contentamiento de los escasos tran- 
seúnte;?, proporcionándoles un piso blando i parejo en sustitución del 
mu i áspero del ascenso. 

A pesar de ser el suelo volcánico, se i)roduce en 61 la paja brava, 
i una planta resinosa, la pata de hro, cuyas ramitas arden en la 
mata verde con solo allegarles un fósforo encendido, esparcioMido un 
olor a pez de Castilla. 

A las 4^ de la tarde traspasamos el último port-ezuelo, dejamos 
atrás las cabeceras de una largti quebrada que baja al poniente, i 
principiamos a descender hacia el oriente, divisando ya la cima de 
algunos nevados lejanos en el interior de la cordillera. El ciclo se 
había encapotado i gruesos nubarrones envolvían las dentelladas 
crestas del Socompa, arrojando por chubascos nieve i granizo que 
al depositai*se en las faldas prolongaban por momentos la blanca 
capa del nevado. Algunos de estos chubascos nos alcanzaron tam- 
bién pero sin causarnos mayor perjuicio. 



5. — DE SOCOMPA A ANTGFALI.A. 

Habíase entrado ya el sol del dia 26 de febrero cuando divisamos 
en un hondo bajo la laguna de Socompa; poco después avistamos la 
vega donde se halla \a pascana o alojadero de e^e nombro, llegando 
a ella a las 7 cuando se apagaban las ultimas luces del crepúsculo. 
Sustituímoslas con una fogata, a cuyo amor nos calentamos hasta 
que llegaron nuestras cargas, lo que demoró hasta las 8, a cuya hora 
enteraban dQce de marcha i otras tantas leguas. Hacía frió i fu6 ne- 
cesario un valdiviano para disimularlo. El termómetro bajó esa no- 
che a mas de 2 grados bajo cero. El 27 lo pasamos en la pascana 
para dar desoansv^ a las muías i lograrlo nosotros mismos, disfru- 



ESPLORACION EN 1884. 37 



tando de I:i salida del 8oI en cama. El día se ocupó en observacio- 
nes para la lonjitiid i en visitar la quebrada i ¡a vega que forman 
un paraje mui hermoso relativamente al desierto que lo rodea. La 
poja ¿rara, que en los cerros llega apenas a 1 decímetro de largo, 
alcanza aquí a mas de 1 metro; un fresco arroyuelo corre por entre 
verdes champas i su lecho está tapizado de berros silvestres* 

En la tarde se encapotó el ciclo como la víspera i pronto entraron 
en acción relámpagos i truenos; mas la lluvia i nieve no alc^inzaron 
a nuestro campamento» donde sí se hizo sentir un recio viento del 
poniente contra el cual no supieron resistir las estacas de la carpa 
clavadas en un suelo arenoso. 

El dia 28 abatimos de nuevo nuestras carpas i seguimos siempre 
al S S E. por un sendero no mui plano ni bueno, pues lo cubren 
fragmentos de rocas ígneas felspáticas que en algunos trechos se ha- 
llan en tal profusión que dificultan seriamente la marcha de los 
animales; ademas éstos no pueden apartare del sendero hollado por 
que fuera de él hai muchas cuevas de un roedor silvestre, el cururo 
o ohulalo, que vive de raicillas. 

En la tarde de esc dia, al traslomar una cuesta, noscojió un viento 
tan intenso que por poco no nos vuela con nuestras muías; cuanta 
prenda de abrigo llevábamas fué requerida entonces i siempre el 
viento lograba colarse por alguna rendija. No era posible hablar ni 
entenderse i todo nuestro afán era mantener sosegadas nuestras 
mantas que tremolaban como verdaderos estandartes, i preservar eo 
lo posible el cutis de tan terrible pdchcara. 

Dcsile las alturas donde nos hallábamos se dominaba ahora el 
gran salar de Arizaro, inmensa sábana blanca que parecía secai*se al 
sol i al viento. Bajamos hacia ese salar, pasamos varias corri- 
das de lavas que llegan hasta él, asomándose como negros arrecifes 
en el mar, i llegamos al cabo de diez horas de marcha a la pascana 
de Samentfl, en una quebrada que baja hacia la orilla de Arizaro 
lias lomas vecinas i el terreno mismo de la quebrada están tan agu- 
jen ados por los cururos que, elejido el local, costó clavar las estacas 
del toldo en tierra firmo, a cuya dificultad se agregaba el viento que 
no menguaba i el frió que comenzó a hacei*se sentir en cuanto se 
entró el sol. Ambas circunstancias nos impidieron hacer allí obser- 
vaciones astronómicas. 

Las dos jornadas siguientes fueron cortas i en caso de apuro po- 
drían hacerse en una sola. £1 camino es bueno; va por las alturas 



3d LAS CORDILLERAS bE^ATACAMÁ. 



que dominan al salar, compuestas de lobas traquíticas i corridas de 
lava; también vi en varias quebradas fragmentos de rocas graníticas. 
Las dos pascanas de Cobi i de Caví son enteramente iguales a la de 
Samenta, habiendo en todas abundancia de lefia, agua i pasto; el 
agua es buena apesar de contener algunas sales, como lo atestigua el 
blanco depósito que liai al lado del cauce i que por lo liviano parece 
ser sal de magnesia. Las quebradas de Cori i Caví son afluentes, co- 
mo la de Samenta, del salar de Arizaro. 

Entre tanto varias serranías nevadas que teníamos por delante se 
habían ido aproximando i el 2 de marzo a medio dia nos hallamos 
entre las sierras de Anlofallu i de Antofallita, a los pies de esta úl- 
tima. Poco mas tarde llegamos a una estensa vega compuesta de 
varias pequefias lagunas que abundan en patos. Es la cabecera de la 
quebrada de Antofalla, por la cual nos encaminamos, bajando por 
ella mas de dos leguas; es abundantísima en hermoso pasto de vega, 
i lefia de varias clases de arbustos mui crecidos. Serpentea de uno a 
otro lado de la quebrada un caudaloso arroyo de agua fresca i cris- 
talina. Las paredes de Ja quebrada son de rucas eruptivas de varios 
tipos, coronadas por la lava traquítica cuyos pefiascos desprendidos 
forman puertas en las estrecheces de la quebrada; hai sitios pinto- 
rescos sombreados per altos riscos verticales i veíase por todas par- 
tes huellas de alojamientos de cazadores i rastros de burros. 

Acampamos cerca de la confluencia con otra quebrada o arroyo, i 
permanecimos allí el dia 3 de marzo, pues encontramos el local mui 
agradable. De noche la temperatura uó alcanzó a cero, mientras que 
en Caví habia bajado como diez grados de ese punto. En el dia su- 
bió el termómetro a 23 grados. 

Desde arriba de las lomas que dominan la quebrada pudimos to« 
mcr algunos rumbos hacia las cumbres nevadas qye nos rodeaban, 
para ligarlas con la triangulación que veníamos eslaboneando desde 
Atacama; las mas notables eran los volcanes de Antofalla, la sierra 
de Antofallita i al Sur las de Mojones i Calalaste, que separan la 
hoya de Antofalla de la de Antofagasta. También hicimos en el dia 
observaciones meridianas i circunmerídianas de sol para determinar 
coordenadas jeográficas. 

Mientras tanto Yillalon se dirijía quebrada abajo hacia las ruinas 
de uu establecimiento minero cerca del salar, con el objeto de traer- 
nos sal que escaseaba i de recojér datos si hubiese jente allí. Encou- 
tróse efectivamente con un indio viejo, cuidador de un papal i con 
varios vicufieroB que lo acompañaban; por ellos supo que habia uu 
sendero que podría llevarnos de r^reso por Pastos Grandes i resol- 



£SPLORACION £N 1884. 39 



vimos tomarlo. La causa de esta determinación era la BÍguiente; al 
salir de Atacama llevábamos la intención de llegar hasta la aldea de 
Antofagasta, marcada en los mapas entre los grados 24 i 25 de la- 
titud; ahora bien^ estábamos en Antofalla en los 25^* i nos separa- 
ban aun dos jornadas de Antofagasta; si llegál)amos a ese punto las 
provisiones se nos agotarían i para renovarlas había que ir hasta la 
Arjentina; mientras que emprendiendo la vuelta luego, podríamos 
llegar a Atacama con ellas renovando solo la carne en Pastos Gran« 
des; además calculábamos que los animales no aguantarían largo 
tiempo un trayecto por rejiones. tan elevadaSi i como los dias iban 
acortando, era necesario dejar tiempo para la esploracion al Norte de 
Atacama antes que abreviasen demasiado. Todas estas circunstancias 
contrabalanceadas por nuestros deseos de prolongar al Sur nuestra 
esploracion, nos inclinaron en favor de la vuelta i el 4 de marzo 
nos dirijimos hacia la boca de la quebrada donde hicimos alto para 
informarnos del camino de vuelta, que ninguno de nuestra caravana 
conocía. 



6.— DE ANTOFALLA AL CORTADERAL. 

Al salir del alojamiento sucedió un percance de esos que, insigni- 
ficantes en un ])ais de recursos, pueden, sin embargo, malograr en 
gran parte una esploracion como la nuestra: a la muía que llevaba 
el teodolito se le descompuso la carga i como emprendiese a oorcobos, 
se volcó toda, quedando la caja del instrumento bajo el vientre del 
animal; felizmente éste se enredó con el trípode, que destrozó en 
parte, i luibo tiempo de acercarse, taparle la vista i desatar las liga- 
duras. Mientras arreglalmn las cargas componíamos de mal ánimo 
el malogrado trípode atando con pita sus {K'dazos i revisamos el 
teodolito que no había sufrido nada. 

Después de andar como unas dos leguas siempre bajando por la 
orilla de la quebrada donde encontramos cerca de trescientos burros, 
estuvimos en las ruinas del establecimiento de Antofalla. Estas ruinas 
atestiguan sino la importancia del negocio, por lo menos las injentes 
sumas que se debió invertir en él. Hai varios cuerpos de edificios, to- 
dos de piedras, embarrados i rel>ocados; unos eran habitaciones de 
empleados, otros laboratorios u oficinas, interiormente están blanquea- 
dos i muchos rodeados por poyos de piedra i barro; los dinteles son 
todos abovedados, i, por lo demás, techos, puertas i ventanas han de- 
Biparecido; sin duda los viajantes poco escrupulosos los han empleado 



40 LAS CORDIIXEBÁS DE ATACAMA. 



comoconibustiblo. Hai también un edificio para los hornos de ffin- 
dicion, que son ))equefios ¡ de manga, es decir, que el combustible se 
cargaba con el mineral; hubo un trapiche movido por el agua de la 
quebrada ¡ dos estanques de picilra para los relaves; hubo además 
hornos de rcfoga i vimos en el suelo una campana o cucurucho de 
fierro de los que sirven para esa oiK^racion. Las minas de Antofalla 
distan siete leguas del establecimiento, en la sierra de este nombre, 
que por estar cubierta de nieve no pudimos ver, ni que panizo tenía. 
Villalon había estado en las minas i recojido muestras que me dijo 
ser súlfuros de plata. No sé que lei hayan tenido esos metales, pero 
se comprende que haya fracasado un negocio cuyo asiento se halla 
en medio de una cordillera de cuarenta leguas de ancho, a mas de 
setenta de todo lugar i a mucho mas de cien de la costa mas próxima. 

Como hemos mencionado ya, hai ¡unto a las ruinas un pequeño 
sembradío de papas i quínoa cultivado por un viejo indio atacameiio 
que recibe también una remuneración mensual por atender a los nu- 
merosos burros que pastan en la quebraila i que son destinados a 
la feria anual que se celebra en Guari, pueblo del interior de Boli- 
via. Además de aquel viejo, habían varios vicufieros i un cuidador 
de nacionalidad arjentina. 

Con muchos circunloquios e insistencias se pudo conseguir del in- 
dio que diera las distancias por itinerario entre las |>a.scanas del ca- 
mino de vuelta de Antofalla i Pastos Grandes; pero toda nuestra 
lójica escolló contra sus negativas cuando se trató de que nos sirvie- 
ra de vaqueano durante ese viaje que sería solo de cincc días. Ofrecí- 
níosle hasta 20 pesos en ]>Iata boliviana, sin obtener otra contesta- 
ción que un sempiterno: no lia de 8er,puc8, señor. 

Como Villalon se declarara bastante vaqueano para encontrar el 
camino en caso de perdernos nosotros, emprendimos nuestra niardin, 
saliendo mui luego al salar de Antofalla, desde cuyo punto nos so- 
paramos del camino de Antofagasra, enderezando hacia el Norte por 
la orilla occidental de ese salar, resemhocan en la hoyada que lo 
forma divei'sas quebrada?:; la primera como a una i media legua de 
Antofolla, es la de'Tebenquichu, que tiene agua corriente, pasto i 
lefia. En el salar hai varias lagunas saladas i se levantan sobre su 
superficie verdaderos cerros de^Vpo o yeso cristalizado. 

A las 6 leguas de la quebrada de Antofalla cae al salar^la de An- 
tofallita, donde alojamos ese dia. Había allí una india de Antofa» 
gasta con sus dos pcqueflos hijos. Los tales indios ofrecen al viajero 
un tipo curioso; hablan un castellano mui pulido i lleno de eses, |)ero 



£SPLORACIO!7 EN 1884. 41 



entienden poco cíe lo que se les dice cuaudo no es de su ¡níeréá^ i no 
mucho según |)nrecc, de lo que ellos mismos hablan. Por regla je- 
nei-al ellos no saben nada, ni tienen nada; pero en compensación todo 
lo preguntan i piden de todo lo que el viajero lleva. Esta india de 
Antofalia estaba allí sola según dijo^ aunque vimos huellas frescas 
que no enuí do ella, i no sabía nada sobre los caminos hacia los di- 
versos puntos vecinos. Sin embarg.) nos fué de algún provecho por- 
que cultivaba algunas chacarillas de habas, maiz i papas, i nos ven- 
dió de estas últimas que estaban nuevas. 

En la quebrada donde alojamos había una enramada que nos sir- 
vió de cocina i unos pingo-pingos mui altos, de tres a cuatro me- 
tros, que suministran buena lefia; además en el lecho del arroyuelo 
crecían en abundancia la romasa silvestre i los bledos, de cuyas le- 
gumbres hicimos buen consumo i gran acopio para los diassiguientes*. 

Según el itinerario del viejo indio de Antofalia, nos faltaban para 
llegar a Pastos Grandes cuatro jornadas no mui largas; la del dia 
siguiente 5 de marzo debía llevarnos a una pascana llamada el Cor- 
taderal, i el camino parecía mui sefialado por varias huellas parale- 
las; después de atravesar el salar en un estremo, se le junta otro ca- 
mino que lo orilla por el oriente i sigue después remontando el cui*so 
de un arroyo salado que baja al salar. 

En la tarde llegamos a un punto en donde se bifurca el camino; 
seguíamos el mas hollado que sube una cuesta, pero Yillalon sostuvo 
que ese era el de la Arjeutina, así es que lo abandonamos yendo por 
el otro que por trechos estaba borrado i por trechos reaparecía. 

Al entrarse el sol, desde un borde elevado, dividamos una vega 
lejana, i de j)risa nos encaminamos a ella; tuvimos que atravesar 
varios esteros salados i un camino bastante sefialado, que por los 
datos que teníamos debía sin duda ser el que conduce a Atacama por 
Socaire. Llegamos a la vega casi al anochecer; había mucho pasto de 
uno que los arrieros llaman ciénego i buena lefia de astilla, pero no 
agua corriente sino estancada i bastante mala. El compafiero Torres 
que ^e nos había separado alcanzo a divisar desde un alto una que- 
brada verde que habíamos dejado al Sur en la dirección del camino 
abandonado; convinimos cu que debía ser el Cortaderal, pues que cu 
nuestro alojamiento no existía la planta que hubie&e podido darle 
ese nombre. 

El 6 de marzo volvimos pues como dos leguas al sur hasta una 
estensísima vega con hermoFa agua corriente; pero tampoco había 



42 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



allí paja contadera. Era difícil observar los caminos que «alian de 
esta pascana, }K)rque había que ir por las quebradas i el fondo de 
éstas se había removido con los aluviones del verano, no dejando 
rastro ninguno de camino; remontamos sin embargo por uno que se- 
mejaba tal i que parecía bajar del oriente, ¡ al medio dia dimos oon 
el camino que subía por la falda. Pero no nos acompafió éste mucho 
tiempo, pues al llegar a otra cabecera de quebrada se borralm comple- 
tamente i fué im|>osible hallarlo en el alto donde subimos. 

Toda la tarde anduvimos sin rumbo fijo, por unas faldas horada- 
das con cuevas de cururos; las muías de carga se caían a cada paso 
i me sería difícil pintar ahora la congoja que no? asediaba al pensar 
que talvez tendrían que pasar una noche sin agua ni pasto; mas de 
una se arrancaría i quien sabe si todas no nos dejarían abandonados 
sin medios de trasporte. Es de advertir que por la mafiana había 
huido una muía de los arrieros i el duefio había seguido en pos de 
ella hacia Antofallita, de modo que solo teníamos un arriero. Des- 
pués de subir infructuosamente a varios divisaderos, determinamos 
regresar al Cortaderal; ya no era posible volver a dar el rodeo que 
habíamos hecho i buscamos un camino directo, pero este no era fácil; 
profundas zanjas nos cortaban i dificultaban el trayecto, i no3 sepa- 
raba aun un buen trecho de la pascana cuando oscureció; felizmente 
la luna alumbraba un cielo sin nul)es i Venus como luminosa brú- 
jula nos indicaba el poniente. No es de imajinarse el trabajo que 
nos costó mantener en tropa las muías que ávidas se dirijían donde 
olían'agua; pronto Villalon perdió el tino i el rumbo i nos declaró 
perdidos. Felizmente, como he dicho, el cielo estaba despejado i los 
astros nos impedían desorientarnos; reconociendo por su aspecto unos 
cerros fragosos que nos separaban del Cortaderal, determinamos vol- 
ver a la ciénaga que había sido nuestro ultimo alojamiento. Marchan- 
do al poniente en demanda de nuestras propias huellas de la maña- 
na, no tardamos en dar con ellas como a media hora de la ciénaga. A 
las 9 de la noche acampamos con intención de dedicar el dia si- 
guiente al descanso para que las muías pudieran reponerse de la 
penosa jornada. 

El 7 a la madrugada regresó el arriero que había seguido tras de 
su muía; no había dado con ella pero sí con la pascana del Corta- 
deral, que está en un alto, mas arriba de la misma vega que había- 
mos visitado en la mafiana anterior. Salía de allí un camino que era 
realmente el que encontramos; no cabía duda que las lluvias lo ha- 



ESPLORA CION EN 1884. 43 



bfan I)orrado en parte ¡ que sin vaqueanas no debíamos aventurar- 
nos por él. 

Por otra parte nuestras provisiones tocalwn a su fin, i hubo que 
volver a la primitiva idea de llegar hasta Antofagasta, tomar alH 
nn guia i rogropar por los valles arjentinos. Con tal objeto fuimos 
esa misma tarde a acampar al Cortaderal, hermoso oasis mui pasto- 
so, con un arroyo de agua dulce que se escurre por un lecho de be- 
rros silvestre» i entre laderas cubiertas de la paja cortadera de lar- 
gos penachos, que da su nombre a la localidad. Esta i>equena hoyada 
está separada de la quebrada que es su prolongación por un arenal 
o médano, debajo del cual filtra el agua que forma el arroyo. 



7. — DBL CORTADERAL A ANT0FAGA8TA. 

Después de haber tocado el grado 24'' de latitud nos dirijimos 
nuevamente al Sur. El d-a 8 de marzo hicimos una jornada por el 
oriente del salar hasta enfrentar la quebrada de Antofallita, donde 
hai una pobre vega poco pastosa en cuya cercanía brota un chorro 
<le ngua a la temperatura de 27** grados, que por la mafiana se siente 
mui caliente. Los derrames de esta agua forman en el salar varias 
lagunas de variables perímetros, que con las fuertes lluvias se jun- 
tan probablemente con los derrames de la quebrada de Antofallita. 

El 9 de marzo subíamos desde temprano la sierra de Mojones por 
un camino suave que nos llevaba a la pascana de los Colorados, en 
un valle que enfrenta al de Antofalla; toman allí los cerros un color 
rojo debido a la presencia en las rocas pluU'inicas de mucho óxido 
de fierro. Los últimos trechos del camino que se reúne con el de 
Antofalla son un poco ásperos i van por la ladera de la hondísima 
quebrada, i>ero de repente se llega a una estensa ciénaga donde el 
arroyo'corre a flor dtl terreno, despenándose desde allí por enti'e 
dos rocas a la profunda garganta que se abre a sus pies. 

Ija Ciénaga estaba tan pantanosa que demoramos mas de una hora 
en buscar paso, encontrándole por fin al lado del sitio donde había- 
mos descansado largo rato esperando las cargas. Sigue el camino 
ascendiendo la sierra, i en la cumbre de ésta, que se eleva a 4500 
metros en el abra o portezuelo, nos principió a oscurecer. Al poco 
rato de estar bajando sentimos el murmullo del agua, producido por 
un arroyo que se desprende de los nevados de Calalaste; i>ero no po- 
díamos alojar porque no había lefia; en esa altura solo hai paja bra- 

6 



4 i LAS CORDILLERAS DG ATACAMA 

va. A las 8 dü la noche la luz de la luna nos dejó ver unas matas, i 
acampamos Ese dia la caravana quedó disminuida en un individuo, 
el macho de uno de nuestros bolivianos, que quedó cansado en los 
Colorados sin que fuerza de látigo lo hiciese salir de ella. 

El 10 do marzo bajamos la quebrada de Calalaste durante varias 
leguas hasta donde desemboca en un cstenso llano. A cada momento 
encontrábamos otras quebradas con pasto i agua que fc unen a la 
principal i veíamos numerosas bandadas de tortolitas. lOn una rin- 
conada dimos con el rancho de una pastora, de la que conseguimos 
queso i carne de cabro; luego vimos ganado ovejuno i gran acopio 
de burros en l:is orillas del rio, siendo do notar que allá como aquí 
parece ese animal ser mas afecto a los pedregales que a los lugares 
pastosos. 

A eso de las 2 de la tarvle divisamos una como torre que aparecía 
en un grupo de objetos simétricos, ¡ creímos haber llegado a núes 
tro destino; mas al acercarnos vimos que habíi una sola vivienda 
cavada (probablemente por la naturaleza) en la misma roca, i do- 
minada por la torrezucla, que lo era de un santuario indíjena rodea- 
do do corrales, j mito a los cuales se deslizaba un arrovito Una india 
había allí con los resabios de todas; no supo decirnos que distancia 
nos separaba aun de Antofagasta, pero .«í tuvo la audacia suficiente 
para pedirnos un peso por una libra de grasa. Por sus vagas scflas 
pri-seguimos nuestro camino que no era el directo, pues 6ste lo ha • 
bíamos errado. Después de recorrer un cstcnso llano cruzamos un 
brazo de vega, desagüe de algunas lagunas, i al entrarse el sol lle- 
gamos a un gran desplayo cruzado do hilos de agua, i)oblado do 
pasto de vega, grandes matas de cortadora i leña de cordillera. íba- 
mos por el pió de unos cerros do roca volcánica parda; por el frente 
veíamos el barranco do lava traquítica i al Sur varios cráteres de 
escoria negra. Pastaban en la vega rebaños do corderos, cabrop, mu- 
la»-', caballos i burros, i luego divisamos unos potreros cercados, dol 
color característico de la alfalía; a la vuelta de una puntilla divisa- 
mos el rancherío; atravesamos un respetable estero i en la primera 
habitación preguntamos [)or sobro la ta|)ia: 

- ¿La casa do Anjol Custodio Vi lia lobos? 

— Ud. está en ella, seilor; tenga a b'.on desmontarse. 

La voz i la acojida eran de chileno, como lo eran también, ¡ tanto 
que el corazón nos latió n'.as lij^ro al dcscifrurlo, un papel pegado 
en la puerta con el encabezamiento piguientc: 



E&PLORACION EN 1884. 45 



SUBDELEGACION DE ATACAMA 

DISTRITO NÍJM. 12. 
Tarifa qiie han de ¡mgar lo» anínuilfs que se internen^ etr. 

El centro de este distrito dista como 400 quilómetros dol de la 
subdelegacion! 

Encontramos en Ja casa de Villalobos dos cosas que escascan 
entre los coyas, la cordialidad i el asco; la comida que había sido 
hecha para una corta familia se rcpar lió eutrc tres mas, i eso que 
veníamos a media ración i apetito doble. 

En un patio bien barrido se armó la carpa con grande asombro 
de los indíjenas que contemplaban atónitos nuestra mesa de campaña 
con encerado, las sillas de doblar, los catres i camas con ropa blanca, 
i después el teodolito, el sestuntc i demás trastos e instrumentos. 

En Antofagasta, gracias a la escelente voluntad de Villalobos, 
pudimos reponer algo nuestra despensa que estaba exhausta: nos hizo 
comprar un magnífico cordero que llevamos carneado; mandó que 
nos tostaran harina de trigo i que nos calentaran el horno para 
amasar; i nos proporcionó por fin un mngnífico vaqueano que nos 
liabía de llevar hasta Molinos, desde donde conocían %i\ camino a 
Atacama nuestros arrieros. 

El dia que paramos en Antofagasta fué bien Aprovechado; mien- 
tras Villalon arreglaba las provisiones, i los arrieros componían los 
aparejos, nos ocupamos en observaciones; las de sol se hicieron en la 
casa i los azimutes magnéticos los tomamos de un cerro volcánico 
que dista como una legua del pueblo, en cuya cumbre hite estación 
por la tanlc. Teníamos al Norte los nevado? de Calalasto i de Mojo- 
nes, mas al Oriente los de la Laguna Diamanto, Cerro Colorado i 
Laguna Blanca; por el Sur los cerros del Pcfíon i los portezuelos de 
Pasto de Ventura i el Robleo, que dividen esta rejion de la provin- 
cia arjentina de Catamarca. 

Rccojí tand)ien muchos datos sobre itinerarios hacia la costa del 
Pacífico i la Arjentina, como igualmente noticias sobre varios pne- 
blecitos i ostíincias: el villorio de Mojones, al Norte de Antofagasta, 
distante como siete leguas, tiene co:no cincuenta habitantes, i el Pe- 
ilon, a doce leguas hacia el SS/., la mitad; los pobludoics son vi- 
cufí.ros i poseen pocos ganadcs. 

Hai además varias vegas i quebradas en los alrededores; algunas, 
como la ciénaga de Potrero Grande, son a propósito para invernada?. 

En el caserío hai una antigua capilla dependiente del curato do 



46 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



Atacama; es la del antiguo anexo de Ingalinasi, mineral que tuvo 
cierta población en el siglo pasado i que 8e halla mag al Norte en la 
cordillera. 

La tal iglesita o capilla es la única construcción del pueblo en 
que hai tendencias a ornamentación; la rodea una tapia que forma 
un recinto rectangular, coronada por una hilera de adobes que figu- 
ran almenas en ángulo; en cada una de las esquinas interiores de 
este recinto hai un pequefio retablo o altar destinado a las procesio- 
nes de Corpus, que no deben ser mui frecuentes, pues hace siete 
afios que el cura no visita el anexo, AI lado de la iglesia está el 
campanario, que es un murallon con tres aberturas en forma de 
ventanas abovedadas i en C3da una hai uua campana; desde lejos si- 
mula una fachada bastante respetable. La iglesia mi^ma es también 
deadol>e, con puertas i enmaderación de cardón (cereua aiacamensü), 
i pavimento de losas irregulares, como la cancha de una mina. So- 
bre el altar había muchos fd;-ro/o« consistentes en prendas de las mas 
prosaicas, como pafiuelos de narices i varias bolsitas con tierra traí- 
da, según nos dijeron, de un lejano pueblo arjentino donde existe 
un Santo Domingo mui milagroso, al cual parece complacer que sus 
favorecidos lleven ese recu*»rdo a la santa patrona del templo de 
Antofagasta, que lo es la vfrjen de Loreto. También vimos en el 
mismo altar unas copias de sermones u oraciones en que se relata 
cierta aparición do la patrona; confieso que no entendimos bien dicha 
relación, donde se establece singular conexión entre las gracias divi- 
nas, las Uamoñ del infierno i los llamas que se crían en rebafios. 

No nos alcanzó el tiempo para visitar un jentilar o ruinas de 
pueblo de infidea^ que hai en las inmediaciones del de Antofagasta; 
vimos las señales de los canales de riego, con que cultivaban sus 
terrenos i divisamos las pircas de piedra que formaban los recintos 
de les habitantes. 

Nuestros animales descansaron perfectamente durante dia i medio, 
gustando de la alfalfa que no veían desde mucho tiempo. Se pasó 
revista de inspección a todas las herraduras, i el 12 de marzo a 
medio dia emprendimos camino al Norte por la orilla del estero de 
la Sala. 



8. — DK ANTOFAGASTA A MOLINOS (R. A.). 

El riachuelo de la Sala es formado por varios afluentes que bajan 
de las serranías nevadas circunvecinas, i sus aguas van a perderse en 



¿d^LóftAaON EN 1884. 4? 



nna laguna, como a las dos leguas al Sur de Antofagasta; todo el 
curso inferior es una estensa i ancha vega limitada lateralmente por 
paredes de lavas traqufticas. La vejetacion es abundante; les pingo* . 
pingos son tan crecidos que semejan arbolitos; hai también mucha 
toJa í varias plantas espinudas, como el aoeríUCj la pata de perdiz^ 
etc , que son buen combustible. Vimos en las veg s unos cuantos 
ejemplares de ganado vacuno, i mucho ovejuno; en materia de aves 
abundan las £rua/¿a/a«, gran ganso silvestre. Se ven restos de mu- 
cho cultivo anterior i varias casas i ranchos, casi to<Ios abandonados, 
otros con miserables jiobladorcs indíjenas. Como a las 10 leguas de 
de Antofagasta, en un punto denominado Palenque, la vega se estre* 
cha i se ramifica en varias quebradas donde la lava traquítica descansa 
sobre rocas esquitosas; estas quebradas albergan cantidad de burros 
i son mui pobladas de ixKjueflos cactus, de los llamados chuschampis, 
pero de diferente aspecto que los del cordón del poniente. La corri- 
da de lava traquítica que corona las alturas por ambos lados de la 
quebrada reviste el aspecto de una muralla de fortificación con sus 
ángulos entrantes i salientes; a veces se ven trozos recortados del 
moilo mas caprichoso, como escoria coagulada por el agua fria, otros 
toman la forma columuaria i se ven grandes pedazos despegados i 
manteniéndose en equilibi'io; en las rendijas e intersticios que que* 
dan entre unos i otros anidan muchos pájaros variados, sobre todo 
catitas, que abundan. 

Junto a unos escombros de casas de piedra, vimos dos toscas mea- 
das de trapiche, que según dijo el vaqueano Domingo Rodríguez, 
han servido en afios atrás para beneficiar metales de las minas de 
Ingahuasi. 

A las tres de la tarde llegamos a un punto donde se divide la 
quebrada en dos; abandonamos la principal, donde rorre el rio de la 
Punilla, i tomamos hacia el oriente por la otra, cuya agua nace cerca 
de allí, en el lugar denominado Chorrillo, donde acampamos. Todo 
el cerro es de roca esquitosa, de hojillas o pizarras sumamente delga- 
das. A unos treinta o mas metros sobre el fondo de la quebrada 
brotan de la ladera unos chorros de agua que se desmoronan 
cerro abajo formando hermosas cascadas rodeadas de pasto i plantas 
de varias clases; tanto el aspecto como el continuo murmurar de las 
cascadas dac al lugar un carácter sumamente pintoresco. 

El t¡em})0 había vuelto a descomponerse como el dia anterior; esa 
tarde habíamos tenido unos chubascos, pero la noche estaba hermosa 
como siempre. 



48 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

AI otro (lia salimos luego de la quebrarla i subimos a uuos llanos 
sembrados (le bloques (raquíticos por donde va el (^mino muí de- 
recho. Subíamos siempre, aunque por una pendiente suave; atrave- 
samos diversas quebradas, entre otras la Candía Argolla, con agua 
i pasto, i otra mas donde almorzamos i nos aprovisionamos de leña. 
Ks de advertir que esta no se veía, i no fué poca nuestra sorpresa 
cuando viraos bajarse id vaqueano de su burro, i le oímos decir que 
iba a hacer acopio de este artículo porque en la [)ascana no lo había; 
nos mirábamos de hito en hito i examinilbamos el suelo, donde solo 
se advertía una que otra mata de paja brava, sin comprender. Entre 
tanto el bueno de Dominj^o anduvo algunos pasos, se agachó, escar- 
bó el suelo, sacudió algo en los dedos i sacó una champa como de 
dos decímetro*» de diámetro i algo mas de raiz; era la eacJio de ca" 
bra, lefia tan escelente que podría competir con la de espino; no se 
revela en la superficie sino por una mancha negruzca que semeja 
arena esparcida por el suelo. Llenamos de lefia unos dos sacos de 
lona ¡ proseguimos nuestra marcha llegando a la pascana de la Pu- 
NiLLA como a las 3 de la tarde, lo que nos dio tiempo para preparar 
nuestro alojamiento de un modo confortable, i a mí para probar cier- 
tas infusiones de yerbas para tratar de combatir unos cólicos que me 
traían molesto; efectivamente sané con la espinilla, que nos dijo el 
vaqueano era buena pnra el i^rünionco^ enfermedad que no he visto 
figurar en las patolojías i que no sé que relación podría tener con la 
mia en el espíritu del vaqueano. 

El 14 de marzo madrugamos i yo salí adelante para lograr un 
buen punto de observación, antes de bajar las caídas orientales de 
la cordillera; a eso de las 11, después de subir toda la mañana, lle- 
gamos al pié de un cordón que creí ser el divisorio i en esa virtud 
emprendí con el vaqueano la ascención a unn cumbre que tenía poca 
nieve, la que nos costó bastante p(»rquc las muías se apunaban ¡ 
había que hacerlas descansar a los pocos trancos. Por fin llegué a 
tiempo para tomar la altura meridiana del sol i después numerosos 
azimútes en torno del horizonte. Desde tan elevado observatorio 
(5100 metros) divisaba al SE. los nevados de San Francisco i de La- 
guna Brava; al poniente el Soconipa, el Pular i las serranías inter- 
medias; por el Norte los nevados de Pocitas, Pastos Grandes i el 
estremo de la sierra do Cachi, tapada en parte por la serranía divi- 
soria con la Arjentina, que se hallaba en parte mas al oriente aun 
que el cordón que yo dominaba. En efecto en esa dirección i a nues- 
tros pies veíase un hondo valle que corre en dirección Norte i cuyas 



ESPLORACION EN 1884 49 



aguas doblando al poniente, cortan ese cordón ¡ vienen a formar la 
gnin laguna del Hombre Muerto, a los pies occidentales de esta 
misma serninia, que es la de Inguhnasi. 

Después de estar en estación mas de una hora con un vienlo que 
hacía estremecerse el pesado teodolito i tan frió que parecía que el 
brillante sol se iba en luz i nada en calor, hice riipidamente el des* 
censo para encontrar al compañero ¡ a la tropa. Una vez en el llano 
dimos con la cabecera de una quebrada de lavas traquíticas i lecho 
arenoso muí abundante en lefia de pingo -pingo í romerillo, que cre- 
cen en todas las anfractuosidades de la roca, formando un conjunto 
mui pintoresco. Después de un buen trecho por tan blando piso lle- 
gamos ex-abrupTo a la torcida de una hondísima quebrada en cuya 
sima corre «1 rio de Aguas Calientes que hemos mencionado; con 
gran sorpresa nuestra no le veíamos salida al valle i luego nos cer- 
cioramos de que solo la tenía subterránea por un socavón qnc el 
agua ha abierto en la traquíta, dejando una pared vertical do mas 
<le cien metros. Como era temprano, seguimos después de pasar el rio ^ 
hasta encontrar uno de sus afluente?, que es el ancho estero de los 
Palos, el cual baja de la serranía limítrofe. En sus orillas nos alo- 
iamos esa noche, lo cruzamos temprano a la m»fiana siguiente, lle- 
gando al medio dia en la línea divisoria, donde hicimos una corta 
citación. Allí ha establecido también la jeolojía su división natural, 
acentuando el carácter esquitoso de las rocas, i desnudando la base 
oriental de la cordillem que es toda micasquita. El tiempo nubla- 
do no permitía ver todo el horizonte, pero ^i divisar como entre flo- 
tantes cortinas de niebla lus ásperas cuchillas que sustituyen a los 
aislados giupos de serranías que constituyen el interior de la Puna 
atacamefia, 

A i)oco trecho de bajar estuvimos en la cabecera de una vega don- 
de vimos muchas casas de piedra; abundan les pnjarillos i las vicu- 
fias, de kis que luego vimos una manada. Es el nacimiento del Tacuil, 
cuyo arroyo, engrosándose con numerosos afluentes, forma el rio 
de ese nombre que se junta en Molinos con el de luracatao, i después 
con el de Cachi, echándose en seguida al rio Guadipos, i éste. al Pa- 
jado, afluente del Parar.á, que lleva sus man.sas aguas al rio de la 
Piata 1 al Atlántico. Para salvar tan tortuoso trayecto, el agua cuyo 
murmullo oíamos tenía que correr aun mas de 2000 quilómetros. 

Pronto se encajonó la vega entre unos paredones traqníticos mui 
elevados que formaban mil fantásticas siluetas, i por sobre cuyas 
cornisas i paramentos saltaban por docena las vizcachas que moran 



60 LAS CORDILLERAS Í)E ATACAMA. 



en las cuevas de la roca. Teníamos que caminar con mucho tino por 
que el sendero se había borrado i destruido con las creces del arro* 
yo i el lecho de éste estaba m^ú pantanoso; al ensancharse el valle 
se ve mas poblado de arbustos, i atravesamos es[)esos matorrales de 
pingo-pingos, romerillos i tolas. A las 4 de la tarde nos detuvimos 
para acampar en un hermoso desplayo que por la abundancia de una 
planta de anchas hojas, se ha llamado Lampazo. 

La jornada del 16 de marzo, si bien penosa, fué una de las mas 
pintorescas del viaje: a no mucho trecho de Lampazo vimos los pri- 
meros ejemplares del gran cardón {cereua ataoamenaia) que alcanzan 
a diez metras de altura i a uno de diámetro esterior; es un jigantesco 
cactus que se eleva, ya como un cirio pascual, ya ramificado como 
candelabro de varias luces; el camino se iba volviendo mas áspero 
por loB numerosos trozos de roca que le estorban en las orillas de la 
quebrada; el torrente so despeña tumultuosamente pegando ya en 
una falda ya en la otra, dejando, por trechos playas con altos mato- 
rrales de cortadera i muchos arbustos. A medida que se baja, los 
cerros se ven mas i mas cubiertos de plantas floridas i aromáticas, 
verbenas silvestres, altramuces i muchísimas otras; luego apare« 
cen arbustos de la familia de las leguminosas, con troncos i ramas 
mui torcidas, los que van perdiendo su talla raquítica hasta conver- 
tirse en árboles. Por otra parte la desierta serranía ^e anima, coró- 
nase la cima de las rocas con majadas de cabras i óyese en el fondo 
de los valles el bramido de vacas i toros; véuse ranchos rodeados de 
pequeños papales, cercrs de madera i ramas reemplazan a las pircas 
de piedra i en vez del ábrego que silba por las hendiduras de las ro- 
cas óyese el suave murmullo del follaje movido por una brisa carga- 
da de las mil emanaciones vejetales que parecen nuevas al cansado 
viajero del desierto. 

Al principiar la tarde, después de larguísima bajada, entramos por 
una preciosa rinconada al valle de Tacuil; nuestro sendero se había 
reunido con un camino real que pasa por entre estensos alfalfales, 
verjeles con duraznos, tunas i viñas, i entre ellos, como atalaya avan- 
zada de la civilización, una escuela primaria. La parte de este valle 
es bastante miserable; puede decii*se que no conocen el pan, pues en 
ninguna habitación le había i solo pudimos conseguir una que otra 
fruta i quesillos. 

Al caer la tarde estuvimos en el lugarejo de Amaicha i acampa- 
mos en un potrero de alfalfa a orillas del rio, que tendría allí cerca 
de una cuadra de ancho; mandamos comprar uvas i una gallina con 



te^LORACÍON EN 1884. 51 



un muchachoi i por 40 centavos plata, lo que se llama allá 4 reales^ 
tuvimos la una i un canasto lleno de la otra. No bien acabábamos de 
levantar nuestra tienda cuando se descargó una tempestad de truC' 
nos, relám|)agn8y viento i lluvia, lo que nos impidió disfrutar con 
sibaritismo la escelente comida que Yillalon nos había dispuesto. 

Al rato de acostarnos nos despertó un ruido prolongado i sordo 
que se aproximaba; era la crece del rio, a consecuencia de la lluvia. 
Amaneció un dia hermosísimo, i dejando la carpa secando al sol, nos 
encaminamos, Torres i yo con nuestro vaqueauo, hacia Molinos. Es* 
tando malo el camino real hicimos uu rodeo por la finca de Colomé, 
propiedad de don Bcnjamin Dávalos, cuya espaciosa casa divisamos 
al pasar; el cultivo de esa finca es muí esmerado, todo lo que se 
puede regar está alfalfado o bien con siembras de raaiz i trigo; los 
terrenos de secano están poblados d» corpulentos algarrobos, que son 
allí la única nxadera de contruccíon. También hemos visto álamos i 
sauces, pero en escaso número. 

9.— MOUNOS.— LURACATAO. 

A las 11 del dia entrábamos a la villa de Molinos, cabecera de 
uno de los departamentos de la provincia de Salta, situada en la 
confluencia del rio de Tacuil o Amaicha con el de Luracatao. 

Nuestro guía nos llevó a casa de una señora que nos recibió con 
carifioea hospitalidad, ofreciéndose a allanar todos los pequefios obs** 
táculos oon que no puede menos de troi)ezar un forastero. £1 mas 
grave de todos era para nosotros la falta de mi tal ico, pues solo te« 
ufamos billetes chilenos que no tienen curso allí; nos dirijimos a la 
autoridad del lugar, que lo os un Comisario, el cual, de nacionalidad 
italiana, ejercía a la vez la, funciones de preceptor de escuela i otras 
cuyo título se nos escapa, pero que estaban en conexión con el cobro 
de contribuciones. No se debe buscar en las provincias arjentinas 
de segundo orden autoridad alguna que coi responda a nuestros go- 
bernadores o siquiera a nuestros subdelegados; sucede que las fun« 
ciones administrativas están en manos del municipio mientras que 
el comisario es solo una autoridad de policía; por otra parte como 
consecuencia del sistema federal, debe haber en cada localidad fun* 
cionarios nacionales, funcionarios provinciales i funcionarios locales 
en diversos ramos de administración, hacienda i milicia; i)ero acon- 
tece que no habiendo personas bastantes de quienes valerse para 
tanto empleo, tienen estos que acumularse en unas pocas, en perjui« ' 

ció de la descentralización que es el objetivo del federalismo. 

7 



52 LAS CORDILLIBAS DE ATACAHA 

lili ----- . - . — 

£1 comisario nos recibió cortesmente i aunque no pudo prestar- 
nos el servicio que requeríamo8| nos notició que podría hacerlo el 
sefior Félix Hoyo6| caballero atacamefio llegado la víd|)era de Sal- 
ta. Fuimos en busca de él cou Villalon de quien era amigo, i por él 
mismo supimos que tenía recomendación de atendernos de parte de 
don Enrique Villegas. El sefior Hoyos nos sacó desinteresadamente 
de nuestros apuros i)ecuniarios i nos fué además de gran utilidad 
ofreciéndonos su casa i sus amistades; además era casi un compatrio- 
ta, habiéndose educado en Yalparaiso, i nos proporcionó hasta libros 
para amenizar la vuelta a Atacama, pues los que traíamos habían 
sido ya Icidos. 

Nuestro programa era descansar en Molinos los dias 18 i 19 de 
marzo para que se repusiemr. las muías, pero el sefior Hoyos nos 
aconsejó que parámmos un día en Luracatao, por lo que nos decidi- 
mos a salir el 19. Además de las observaciones, tuvimos mucho que 
hacer el dia 18, pues había que renovar |K>r completo las provisiones; 
recorrimos todo el comercio de Molinos, constituido por unos cuantos 
despachos de abarrotes, que tienen todos el mismo surtido de artí- 
culos, no mui variados ni abundantes. El comercio, que es la ocupa- 
ción favorita de la jen te decente de Molinos, no parece estar muí 
floreciente en atención al pequefio número de compradores i al ere- 
cido precio de los artículos: una docena de cajas de fósforos vale 3 
reales, una libra de vehu de composición, 8 reales, un )>an que no 
alcanzará a una libra, un roal, una libra de galletas finas, 8 reales, 
etc. Los productos del pais son pocos; el mas importante es el vino, 
que no abunda mucho; se asemeja a lo que llamamos en Chile mos- 
to asoleado, sin igualarle. Industria fabril no hai otra que la de los 
tejidos de lana de vicufia, ponchos, mantas i chalinas para sefioros; 
se venden allá al mismo precio que en Chile. 

IjO que hai de verdaderamente esquisito en Molinos es la fruta: 
uvas, brevas i duraznos; tiene poco precio, como artículo que no sirve 
))ara la esportacion. El maiz también da un fruto superior al de Chile, 
es a la vez grande, tierno, lechoso i dulce; desempefia en la mesa de 
una cusa arjcntina el papel que los fréjoles en una casa chilena i aun 
suple muchas veces al pan ausente. 

Visitamos la iglesia de Molinos, que es espaciosa; pero no ofrece 
nada de particular; allí vimos la tumba del mas rico propietario de 
la comarca, don Severo Isasmendi, uno de cuyos hijos conserva la 
finca de Luracatao, siendo otro un apreciuble caballero residente en 
Iquique i comerciante en reses. 



ISl^LOBACtOK EN 1884. 53 

£1 único monumento con pretensiones arquitectónicas es el mer- 
cado, que consta de una columnata dórica con un gran portón al 
medio; este último solo da acceso a un corrali i todo el comercio del 
mercado se hace debajo del iK)rtuI, en los intercolumnios. 

Molinos no está ligado por camino carretero a ningún punto; de 
sn capital Salta dista como 40 leguas por el camino de tropa; de 
allí viene toda la importación, i van tejidos de lana de vicuña i vi- 
nos. El principal negocio agrícola del <Iepartamento es la engorda 
de ganados para remitirlo al litoral del Pacífico. 

£1 19 de raaraso a meilio dia nos iM)n(amos en marcha hacia Lura- 
catao. Después de andar algo al iKiuientc, calmos al valle i lo segui- 
mos remontando; el camino que es bastante bueno i pintoresco, so- 
bre todo al acercarse a la finca, atraviesa el rio veintidós veces. Co* 
mo una l^ua mas abajo de esta últiuia, en la confluencia del 
estero de Cuchillaco, se ensancha mucho el valle, i se ven estenR)s 
potreros i mucha hacienda vacuna. A las 6 de la tarde entrábamos 
al patio de la finca, donde nos recibió su administrador, don Calisto 
Linares, escelen te caballero salteflo. 

Las esteusas casas de la finca de Lui*acatao son de corredores con 
soportales, i todo es del estilo sólido i propio de una buena construc- 
ción rural; hai departamentos interiores para beneficiar las rescs de 
matanzas i preparar el charqui o tasajo, siendo de notar el aseo con 
que estas operaciones se ejecutan. Hai junto a las casas una estén* 
sa arboleda bien plantada de árboles frutales, duraznos, [leras, man- 
zanas, ciruelas, etc.; tombien hai una vifia nueva, álamos de la Ca- 
rolina i sauces. 

El sefior Linares nos brindó la hospitalidad de su casa con aque- 
lla llaneza i cordialidad que son propias de un caballero en tmlus 
las naciones del mundo i nos proporcionó los últimos diarios de 
Buenos Aires: i todos los ratos que nos dejó desocupado nuestro 
trabajo fueron amenizados con una sostenida conversación cuyo tema 
principal fué la política i las diferencias entra el federalismo aijen- 
tino i gobierno unitario de Chile. 

Muchos artículos de los cuales no había sido i>osible alterarse en 
Molinos, nos fueron faciliüulos en Luracatao, cuya finca cuenta con 
un despacho o tienda mas surtida que todo el comercio de aquella 
villa. 

La hacienda o finca es mui estensa, pues deslinda con los territo- 
rios de la Puna por el Oeste i el Norte, i por el Sur llega hasta el rio 
de Molinos; pero la mayor parte es de serranía; los cultivos están en 



oi LAS CORDILLERAS ÚE ATACAMA. 

— ^ — - . ■ ■ * 

las quebradas i sumarán \h}v todos una mil hectáreas. No todos se 
hacen directamente por cuenta de los propietarias; las pequeñas rin- 
conadas están a cargo de arrenderos que pagan cierto canon con la 
obligación de trabajar para la finca durante un número determinado 
de dias (una especie de oorvée fuudal), i son además tributarios de la 
finca de un modo indii'ecto^ piics ésta las provee de todos los artícu- 
los que le son necesarioS| i si se atiende a que éstos son caros i el 
trabajo barato^ se comprenderá que el provecho total queda siempre 
en manos del propietario. 

La corta permanencia que hemos hecho en un rincón de la Ar- 
entina no nos ha permitido hacer acopio lie observaciones sobre el 
carácter i costumbres del pueblo; la jente es de un carácter apático, 
ai)acible i parece por lo jencral profundamente ignorante, como se 
uzgará por los dos rasgos siguientes. 

En el camino de Amaicha a Molinos, nos detuvimos en una casu- 
cha donde había varias mujeres i un mancebo de unos veinte años; 
pt*eguntámosle qué autoridad residía en Molinos, que quién manda- 
ba allí. Contestáronnos que don Luis. 

—I quién es don Luis ¿es gobernador? 

— Creo que no es ese bu a|>ellido, ptieSy eéñor. 

Tuvimos que renunciar a proseguir nuestras investigaciones. 

El otro hecho es mas significativo i nos lo refirió el sefior Lina- 
res. A cierto criminal inconfeso lo enviaron desterrado a la Puna, 
amarrado en un burro i custodiado [>or dos guardias; al dia siguieu- 
te de salir volvieron éstos i espusieron que habiendo olieervado que 
el reo iba mui molesto por sus amarras i que faltaban varios 
dias de camino, les había parecido mas sencillo acabar con él i que 
al efecto, aprovechándose de su sueno, habían levantado en peso unu 
gran piedra i le h.ibían deshecho la cabexa... ¿No es cierto, nos 
preguntaba el sefior Linares, que sería injusto juzgar tales bombines 
con arreglo al derecho de jente^»? 



10. — VUELTA A ATACAMA. . 



Con el sentimiento de no poder prolongar nuestra estadía en Lu« 
racntao, nos despedimos el 21 de marzo del sefior Linares, a quien 
nos cabe aquí agradecer nuevamente las esquisitiis atenciones que 
nos prodigó. 

Ese dia i el siguiente remontamos el curso do la quebrada, que es 



E8PIX)R ACIÓN EN 1884. 55 



bastante suave i no pevlregosn como la del Tacuil; en efecto, la for- 
mación 68 muí distinta: no hai nunca esquila ni traquita^ sino una 
especie de arenisca roja i capas sedimentarias de diversos tipos. 

Unas tras leguas mas arriba de Luracatio, en la Encrucijada^ se 
Be|)ara un camino hacia el oriente en dirección a Cachi; otro tanto 
mas arriba está la vega de Colpayo, donde nos alojamos i nos pro* 
veímos de un cordero gordo. 

Ijas cabeceras de la quebrada son niui vegosas i abundan en vi* 
cufias; principian en el Portezuelo o abra del Tolar^ al pió de la 
Sierra Nevada de Cachi| que domina el camino por el oriento. Estu* 
vimos en el abra el 22 en las primeras horas de la tarde, haciendo 
un estación al lado do las apaekdcu o mojones de piedra que indi* 
caban allí el límite entre las Repúblicas Arjentina i Boliviana. 

Desde este punto dominante bajamos hacia el Norte, por la que- 
brada de las OortadcraS| así llamada, no por la paja do ese nombre, 
que no existe allí, sino por un pastito que lo lleva también. 

Acampamos a las tres de la tartle en el término de la vega, por- 
que ya no alcanzábamos a llegar a la pascana siguiente. £1 dia 23 
casi nos quedamos en Cortaderas i)or hal)erse vuelto durante la no* 
che cuatro muías, las que el arriero alcanzó en el abra. Salimos a 
las 11 del dia, pasamos a hacer una estación en un morro elevado 
desde el cual creímos poder divisar el nevado de Acay i otros mas 
al Norte, pero otras serranías intermedias los tapaban. A lac cuatro 
i media acampamos en una de las muchas vegas cuyas aguas forman 
la laguna de Pastos Grandes i el salar del mismo nombre. Hai allí 
oOTca un pueblecito de indios con su capilla i en los pastales va- . 
rios i*ebaaos de corderos i de llamas; acampan en este lugar muchas 
tropas de burros, cuyos dueflos hacen tráfíco de sal para la Arjentí- ' 
na; esta sal la sacan en {lancs como de sesenta centímetros de largo 
|K)r cuarenta de ancho i veinte de espesor, que forman un tercio de 
carga de burro. Estos panes ofrece.i una sección trasversal compuesta 
de varias ca])as cuyo color varía entre blanco i pardo oscuro, siendo 
«lebidas las estratas coloreadas probablemente a la presencia de óxi- 
dos de fierro. 

Las vegas de Pastos Grandes están a los pies de una serranía ne- 
vada, que termina por el Norte con los cerros de Arizaro i Caur- 
cbari. 



£1 dia 24 pasamos por el estremo Sur de esta serranía, cv.yas la- 
deras aunque mui secas, tienen mucho pasto de cerro. Después de 



56 LAS CORDILLERAS DE ATACABÍA. 



trasmontar muchas abras separadas por pequeflas hoyas, siguiendo 
un camino bastante ]>e<lregoso sembrado de fragmentos de rocas fels- 
páticas, pasamos al lado de un s:ilarcito, principiando luego una ba- 
jada hasta el alojadero. 

Acampamos el 24 en la veg:i de Q.iiron, que está en una de las 
quebradas cuyas aguas van al .-alar de Pocitas, al NE. del gran- 
de de Arizaro. Había allí varios arrieros que traían una gran tropa 
de burros desde Belén (Arjentina), habiendo pasado por Antofa- 
gasta con destino a Guari en Bolivia. La vega de Quiron es, en el 
camino que recorríamas, la última yendo hacia Atacama donde se 
encuentra buen pasto i agua abundante; las jornadas restantes son la 
parte mas ingrata i {tenosa del camino, tanto por la falta de posto i 
agua como |)or lo frió do la tem{>eratura. 

Desde Quiron el camino se divide en dos. El mas oriental se di- 
rijc al Norte hasta Falda*oi¿naga, de allí alNE. a Guaitiquina i en 
seguida a Puntas Negras. 

Kl mas corto pero mas áspero sedirije al NO. i pasa por el llin- 
eón ^, pasct\na a los pies de la serranía de ese nombre, i se reúno 
con el que nosotros seguíanlos en Puntas Negras; el otro sigue una 
dirección mas setentrional hasta Guaitiquina i se carga después mas 
al poniente. 

La jornada del 25 fu6 por buen aimiii:): llanos al pié occidental 
de la serranía de Pastos Grandes, i dcapuéi orillas de un salar hasta 
la quebrada de Falda-ciénaga donde alojamos; hai allí poca agua 
i menos pasto; solo la lefia es abundante. Kl 26 de madrugada pasó 
por nuestro campamento el sefior Hoyos que volvía a Atacama; 
yendo con una sola carga de petacas mui livianas, hace el viaje en 
solo seis dias i debía llegiir dos antes que nosotros; aproveché esta 
circunstancia [)ara encargarle un telegrama a Santiago pidiendo au- 
torización para escojer entre las muías del telégrafo otras de re- 
fresco. 

De Falda-ciénaga sale al Norte un camino hacia Catua, ranche- 
río de cordillera, distante unas cuatro leguas, i en el camino de 
Salta. 

El que nosotros seguíamos va al NO. cortando el cstrcmo del 
salar; es mui bueno i plano hasta entrar en la quebrada de Guaiti- 
quina, por donde corre un arroyo salado. Lo remontamos durante 
unas dos horas hasta un ojo de agu i dulce donde hai un poco de 

1. V^>asc la rcaeña sobre el viaje de Tschudi, cap. IX, § 6. 



£8PLOBACIOM £M 1884. 57 



paja brava en las laderas. El tiempo se liab(a (Icscoinpiiestd en la 
tarde; gruesos nubarrones se fueron amontonando i pronto estalló el 
temporal cuando veníamos por la quebrada; nos alcanzaron algunas 
mangas de granizo i plumilla de nieve, pero sin causarnos m lyof 
dallo. 

La noche fué muí fría i sin embargo tuvimos que levantarnos an- 
tes del amanecer, |)orque la jornada iba a ser mui larga. Así lo ha- 
blamos decidido jiara evitar el acampar en Puntas Negras donde no 
hai agua ni pasto. 

A las 7i A. M. estaban todas las muías cargadas i nos poníamos 
en movimiento. En la quebrada de Guaitiquina habíamos vuelto a 
encontrar las lavas traqufticas i marchábamos ahora i^or una meseta 
formada por la corrida de esta roca; desde la pascana veníamos por 
el camino troi)ero de Salta i encontrábamos a cada rato esqueletos 
de muías i bueyes muertos en el camino durante los tem|)oralcs o 
aniquilados por los fríos de esta zona. El alto por donde íl>anioí>| que 
se llama de Larí| es enteramente árido i desolado; el viajero se en- 
vuelve pensativo en su manta para resguardarse del viento írio i 
punzante, i la lobreguez del pasaje aumenta al enoontnu*se a trechos 
i a ambos lados del camino con crucecitas de madera a cuyo lado 
asoman con frecuencia miembros humanos momificados. Pregunta<I 
al arriero i os referirá entonces la triste i monótona historia de al- 
guna víctima de las nevazones en este apartado desierto. 

I ya que hablamos de víctimas, debo recordar que no salimos de 
la cordillera sin pagarle nuestro tributo; ese dia 27 vcnfa nuii flojo 
el caballo que servía de madrina a la tropa, i antes del ine<lio díase 
rehusó a seguir adelante. Quedó abandonado cerca de un palarcito; 
nos costó un triunfo arrear con las muías que no querían separarse 
de él; una de las que venían descargadas por mui aniquilada se 
quedó también i desde ese momento solo traíamos un animal de re- 
fresco i algunos de los cargados no mui buenas, lo que nos tenía 
continuamente con el credo en la boca. 

A las 2 de la tarde pasamos por las Puiitas Negras, donde se ren- 
ne el camino del Rincón; había un (.•harqu¡(o de agua barrosa, pero 
ni una mata de paja. Seguimos adelante por unos* llanos nuii |HMÍre- 
gososy pero c(ni buen camino, porque el gobierno boliviano lo ha 
hecho limpiar; todos teníamos que ir haciendo de arrieros, |K)rque 
los bestias venian algo cansadas i la ))ascana estaba lejos. 

La tarde trajo una descompostura de tiempo como la víspera, pero 



58 LAS COTtDILLKRAS DB ATACAVA. 

no fuimos tan felices, porque la nevazón nos salió a encontrar de 
frente i tuvimos que hacer alto en unos^ cerrillos para recojer lefia, 
que en la pascana no la había; entre tanto la nieve arreciaba; a tan 
desagradable contratiempo se agregaba la oscuridad que no tanió en 
invadir todo el horizonte. 

Todos estábamos con sumo cuidado porque no fuera a estraviarse 
alguna muía, i hasta temíamos que al arriero vaqueano se le estra- 
viara el camino; no lo quiso nuestra suerte i estábamos bien mojados 
i entumidos cuando aquél nos anunció que habíamos llegado a las 
Aquas Calientes. Poca gracia nos hacía la denominación, en aten- 
ción a que no había mas agua que la de la lluvia con que el suelo 
estaba húmedo ni mas calor que el de algunos grados bajo cero; la 
circunstancia estaba prevista por lo demás i traíamos agua embote* 
liada. 

En un horroroso pedregal levantamos la carpa toda embarrada, i 
después de una merienda que nos repuso algo, olvidamos mui luego 
sumidos en un profundo sueflo las penurias da la tarde. Los arrieros 
tuvieron que llevar las muías a una rinconada donde hai algo de 
paja brava, i no mucha. 

Algo atrasados salimos el 28, por haberse estraviado algunas mu- 
Jas durante la noche, i demorádose lus arrieros en buscarlas. A las 
12 bordeamos la laguna de Lejía i como a las 2 de la tarde pasába- 
mos el abra de los Patos entre el cerro de esto nombre i el de Tu* 
misa. 

Bajamos por una quebrada entra campos cubiertos de altramuces 
silvestres floridos, observando nuevamente en nuestro descenso el 
progreeo de l:i vejetacion. Por el atraso en la salicia no alcanzamos 
a Soncor i al entrarse el sol bajamos a la quebrada de los Patos, en 
cu JO estrecho valle acampamos, 

A la mafiana siguiente pasamos temprano a Sokcok que es un 
pueblo de indios situado una legua mas abajo en la misma quebra- 
da de los Patos. Hai unos cuantos potreros alfalfados i pudimos 
conseguir que nos vendieran dos quintales de pasto seco para darle 
a las muías en Toconao. Las cerros a ambos lados del valle de 
ISoncor están cubiertos per estensos médanos i por tan pesado canii- 
no nos encaminamos hacia Toconao, donde llegamos a las 3 de la 
tarde. 

Con delicia aceptamos unas esquisitas uvas que nos ofrecieron, i 
pasamos la tarde en agradables coloquios con un sefior Castellanos, 



ESPLORACION BN 1884. 59 



juez de la localúlad, varios vecinos de Atacama i el cura que venía 
regresando de sus anexos de la cordillera. 

Dejando nuestro equipo en manos de los arrieros, ansiosos como 
estábamos por tener noticias del Sur, hicimos ensillar como a las 3 
de la madrugada, i ese dia 30 de marzo antes de las Jl del dia en- 
trábamos a Atacama, 40 dias cabales después de haber salido. 



8 



CAPÍTULO IV. 
Esploraelon en 1884. 



SEGUNDA PARTE. 



1.— NUEVOS APUESTOS. 



Antes (le echar pié a tierra en la plaza de Atacama, nos entregó 
el re[)articlor del telégrafo nn parte por el cual el director de ese ra- 
mo nos autorizaba para trocar {)or otras nuestras muías causadas. 
Ya tranquilos sobre ese punto, nos dojanios alisorber ese día por 
nuestra correspondencia i los diarios de Santiago. 

lios siguientes hasta el 4 do abril fueron consagrados a buscar un 
vaqueano que conociese la cordillera hasta el límite con Tarapacá, 
otro arriero para reemplazar a uno de los nuestros enfermo, i todas 
las dilijencias relativas a compo8tui*as de aperos i aparejos, renova- 
ción de provisiones, etc. 

Tuvimos la suerte esta vez de dar con un viejo pastor piqueflo 
(de Pica en Tarapacá) que conocía todos los caminos de ¡a falda 
occidental i de la Puna, nombrado Salvatierra, hablador hasta por 
los codos i sordo por añadidura. 

Pocos conjuntos mas propios para escitar la hilaridad que Salva- 
tierra cabalgando en una muía que alquilamos a su propia patrona: 
servíale de montura una enjalma de aparejo de burro cubierta por 
unos cuantos traiK)S de vario oríjen, de alforjas una gran bolsa de 
lana de llama, de riendas dos sogas del mismo material i de diverso 
color; estribos no las tenía, pero sí una espuela amarrada a su cal- 
zado por pitillas. Su trajo era una injeniosa combinación de dos, 
desde la camisa hasta la manta, hecha con la halagadora esperanza 
de que las roturas del uno no coincidiesen con las del otro, mas no 
sucedía así, como lo probaba la arrugada piel del buon viejo que 
asomaba en mas de un panije. Agregábase a lo anterior un rostro 



62 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



peqnefio surcado por la edad i entrapajado, i un lenguaje lleno de 
locuciones estrafias para oidos chilenos. Cuando lo contratamos ve- 
nia descalzo i al notar que le faltaban de<1os en un pié, indagamos 
donde los había perdido, i nos dijo que en la cordillera, ocrea de 
Aecotan, una vez que lo había enterrado una gran nevazón. 

Aunque nos fué difícil, hallamos otro arriero, í con éste, el que 
conservábamos de los primeros i Salvatierra, salíamos nuevamente 
de Atacama con la nueva tropa de muías el 4 de abril después de 
mediodía ¡ con rumln) al Norte, 



2.— DE ATACAHA A ABCOTAN. 

Principiamos por remontar el curso del rio Vilama costeando un 
canal que trae sus aguas a los sembradíos del pueblo i después segui- 
mos por un sendero que asciende con mayor rapidez por las cum- 
bres de varias colinas; a eso de las cinco i media de la tarde llega- 
mos a la rinconada de Guatin, donde encontramos nuevamente el 
rio Vilama, que se forma aquí en la reunión de dos arroyos, uno que 
viene del Norte i>or una quebrada mui encajonada entre paredes 
traquíticas i otra del oriente cuyas aguas pasan legua i media mas 
arriba por los bafios termales de Puritama, frecuentados, según se 
nos afirma, por los dolientes de enfermedades venéreas i reumáticas. 

Hai en Guatin un gran cerco de tapia donde antes se sembró al- 
falfa, i el rio forma una hermosa vega; aquí volvimos a ver el car- 
don, pero no tan grande como al oriente de la cordillera. 

La jornada del 5 de abril nos llevó solo a Machuca. «El cannno 
asciende hasta trasloiuar el estremo del cordón que se desprende do 
la cordillera nevada, en el que se halla el volcan i los cerros de Ma- 
chuca. En el portezuelo se domina una gran hoyada con estensísimus 
vegas i lagunatos donde pacen burros i llan\as; atravesada la llanu- 
ra, se llega a la quebrada de Machuca, que es el oríjen del rio de 
San Bartolo. IJegamos allí como a las dos de la tarde con el va- 
queano, pero los arrieros que venían atrás estrnviaron el camino i 
nos hicieron esperar mas de dos horas; anduvimos una mas remon-* 
tando la quebrada haí'ta los ojos de agua i allí nos alojamos, porque 
el punto donde debíamos haber llegado en el rio Putaña, dista to- 
davía un par de leguas. 

El dia 6 principió con un contratiempo; faltaban dos muías que 



£st»LORA0ÍON EN 1884. 63 



se liabíaii vuelto atrás^ i el arriero que fué eu bu busca solo volvió a 
las diez. Determinamos^ siu embargo, hacer la jornada hasta el rio 
Copacoya, logrando las primeras horas de la noche, que debían ser 
(le luna* 

Ai llegar a la cabecera de la quebrada de Machuca, el camino 
prindfpal s'gue eu dirección NE., directamente hacia Quetena, i no« 
sotros tomamos |>or un sendero que va al Norte, subiendo a una estén • 
sa planicie. Desde ella se domina uu dilatado panorama cerrado al 
Norte [>or el cerro nevado de Paniri i las serranías de Vizcachillas* 
al orieute i>or los de Putaña i Puripica, donde varios cráteres des- 
piden humos sulfurosos; al Sur por ios volcanes de Socompa i Llu» 
ilaillaoo. 

Entre las cumbres de Yizcachillas i de Putaña hai una hoyada 
cuyas quebradas se reúnen en el rio Putaña, primer afluente del de 
Atacama. Después de atravesar sus aguas, que son tan caudalosas 
aquí como en la quebrada de San Bartolo, ascendimos nuevamente 
hasta trasmontar el cordón de Yizcachillas, que se prolonga hacia el 
centro del desierto formando el divortia aquarum entre la hoya del 
rio Loa por el Norte, la del rio Atacama por el Sur i la del río seco 
de Salinas, que remata en el salar del Carmen, por el SO. 

Desde que se pasa este divortia aqtMrum se advierte un cambio 
eu «1 terreno i en la vejetacion; cubren el suelo volcánico estensos 
arenales, ()ero la arena no es cuarcífera sino también de oríjen vol- 
cánico. Estas partes altas son desnudas, pero cuando reaparecen las 
tobas ttaquíticas, están cubiertas de yaretas, planta resinosa pare- 
cida a musgo que forma un conjunto arrifionado i compacto do un 
color verde esmeralda i que tiene a veces mas de dos metros de diá- 
metro i uno de espesor. 

Después de cruzar varias cabeceras de vega que son el nacimiento 
del rio Salado o de Aiquina, desembocamos eu otra hoyada que so 
llama del volcan Tatio. Este no es un cráter único ni es volcan íg- 
neo, sino que consta de una multitud de |)e]|uefias aberturas en las 
laderas de las quebradas, por cuyas boca<i se escapa un chorro de 
agua hirvientc i vapor, formando a su derredor un pcquefío cono 
con el depósito de las sales de que las aguas esuui saturadas. Los 
arroyos que cou ellos se forman son nociva^i para la bebida de los 
animales, i como los nuestros venian sedientos, hubimos de pasar a 
gran prisa arreándolos para que no las probasen» Al salir de la iio^^ 
yada nos llamó la atención en el alto de un cerro un ruido insólito 
e intermitente, acompañado de exhalaciones vaporosas, enteramente 



64 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA« 

análogo al que producen esos cafios de escape de vapor de que están 
dotados los adderos i motores. Era un resoUadero por donde no sa- 
lía agua, sino solo el chorro de vai)or de que he hablado, con un 
pronunciado olor a hidrójeno* sulfurado. £1 pasto cuyas matas lle- 
gaban hasta el borde del pequefio orificio solo se veía allí blanquizco 
i descolorido. 

Entrábase el sol con sus últimos rayos, i los primeros de la luna 
producían en el cielo los mas suaves matices; las estensas laderas 
nevadas parecían de pura plata con visos morados i celestes, i por el 
poniente se destacaba negra sobre el cielo la silueta de un«)S recor- 
tados crestones traquíticos. Pasamos unos parajes mui abundantes 
en yaretas i arbustos lefiosos, i después de una bajada bastante ¿s* 
pera, estuvimos en un plan entre varios arroyos, donde acampamos. 

£1 7 de abril atravesamos al salir algunas corrientes de agua i 
seguimos remontando el último hasta que asomamos a una abm i 
después a un llano completamente ceñudo iK)r cumbres nevadas, 
viéndose por el NO. los volcanes jemelos de San Pedro i San Pa- 
blo, al Norte los cerros del Cajón, al N£. los de Silaguala, al Este 
los de Linzor, al SE. los de Tatio, al Sur los de Copaeoya i al SO. 
los de Paniri . Después de atravesar estos llanos llegamos al ojo de 
Inacaliri, donde principia la quebrada de este nombre; tiene agua 
abundante, pasto de vega i de ciénaga, berros i yuyos, especies de 
algas de agua dulce. Esta quebrada se ensancha después al juntarse 
con el rio del Cajón i forma una ancha ciénaga rodeada de estancias 
para el pastoreo de llamas i ovejas, pero que ahora jestáu casi todas 
desiertas: aquí cruzábase con nuestro sendero un camino que viene 
desde Chiuchiu, pasa por Aiquina, luego entre Paniri i cerro de 
León o Copaeoya, atraviesa la ciénaga i va por la Laguna Colora- 
da, repartiéndose una rama hacia Quetena i Rinconada i otra hacia 
Tapaquilcha i Bolivia. El camino que seguíamos conduce también 
a Chiuchiu por el Norte del Carcañal; lo abandonamos para acam- 
par en la quebrada de Colana, a tiempo en que la claridad de la 
luna reemplazaba a la del dia. 

El 8 remontamos esa quebrada hasta los ojos de agua i después 
de una fuerte repechada pasamos la línea de los cerros del Cajón, 
ascendiendo todavía hasta una abra mas elevada, llamada de I/ai- 
lai, desde donde se ofrecieron esparcidos a nuestra vista los nurae- 



1. Véo^e el panorama núm. 2. 



E8PL0RACI0K EN 1884. 65 



rosos grupos nevados de Aucanquilclia^ Áscotan, Oyagua, Aral, Ca- 
fiapa, Tapaquilcha ¡ Barrancaney i a nuestra izquierda las bocas 
sulfurosas de I^ílai. Bajamos a una hoyada en cuyo centro ha¡ una 
laguna, subimos a otra abra, cuyo descenso conduce a una rinconada 
denominada Cliac-Inga, posta que fué en el camino del Inca, cuyas 
ruinas están de pié; en esta rinconada se reúnen muciías quebradas 
se<;as que se estreclian para formar una sola que va a desembocar al 
salar de Ascotan. En vez de seguir por la quebrada, nuestro va- 
queano nos hizo subir a una eminencia al lado opuesto, desde cuya 
altura se domina la vasta estensiou del salar de Ascotan, alcanzando 
nosotros a divisar la humareda que despedían las chimeneas del es- 
tablecimiento de la empresa de las boratei*as. Mientras tanto ob- 
servamos que nuestro sendero seguía hacia el Norte, i apesar de las 
protestas de Salvatierra, volvimos con la tropa en dirección a la 
quebrada, oblicuando hacia ella, lo que nos costó muchos tropezo- 
nes de las muías en las cuevas de los cururos o tujadolaa^ como les 
decía Salvatierra. El piso de la quebrada era algo mejor i sus pare- 
des de duro conglomerado ofrecían buenus sombras. Después de se- 
guir sus sinuosidades iK)r un buen trecho, salimos al alto por el Sur, 
i distinguimos una línea que cruzaba el estremo de la pampa; nos 
dirijimos allá, resultando ser efectivamente un escelente camino por 
el que emprendimos a galo^ie, i empalmando con la via carretera a 
))ocas cuadras del establecimiento, llegábamos a las cuatro i media. 



3.— ASCOTAN.— LAGUNA VERDB. 

En Ascotan fuimos recibidos i hospedados conlialmentc por el 
administrador de las borateras señor Pfeifler i el empleado sefKor 
Fernández. Había pasto seco traido de Chiuchiu i cebada, cosas 
arabas que fueron bien aprovechadas por las muías durante el dia 
que les dimos de descanso. Nosotros lo ocupamos en las observa- 
ciones de costumbre, en examinar los hornos i en recojer algunos 
datos que se rejistran en el lugar correspondiente. 

Había en Ascotan mucho trajin de carretas; proviene esto de la 
poca carga que suministra actualmente Caracoles, lo que obliga a 
los propietarios de estos vehículos a buscar otras ocupaciones; las 
que no consiguen bórax, pues no alcanza el que se estrae para todas, 
Fe ocupan en traer yareta al establecimiento desde el ccrri de Ra- 
maditas, pagándoseles a 75 centavos el quintal de 46 quilogramos. 
Esta planta resinosa es el combustible que se emplea para secar e] 



66 LAS CORblLLERÁS DE ATACáMA. 

bórax. £se día llegó el retazo de carretas de Galanía con surtido de 
víveres i algunos trabajadores cbilenofl para completar el i)er8onal 
que siempre escasea, a pesar de no ser necesarios mas de veinte oi>e- 
rarios; entre otras cosas apetecibles mandaba de Ühiuchiu nuestro 
antiguo amigo don Luis Denegrí un cajoncito con huevos frescos, 
artículo bien escaso en tales alturas. 

El 10 de abril proseguimos todavía nuestra marcha al Norte, 
primeramente por la orilla occidental del Salar i después ascendien* 
do al cordón del Cebollar para visitar la quebrada pastosa de ese 
nombre i hacer una estación jeodésica en el alto. Volvimos después 
a tocar una esquina del salar donde hai muchas lagunitas saladas 
con abundancia de parinas, i por llanuras mui pastosas llegamos 
suavemente a una abra desde donde se domina el estremo Sur del 
Salar de Careóte, que lo forma la laguna Verde. En sus orillas i 
próximo a unos ojos de agua dulce acampamos, con poco regocijo 
de las muías que sin duda harían buenos recuerdos de la víspera al 
couteutai*se con el delgado pasto de las faldas del cerro de Chela. 

Desde el alto del Cebollar pudimos adquirir idea cabal de la oou- 
figuracion de los grupos nevados que forman la cordillera de los 
Andes en las vecindades del grado 21 de latitud, i vimos que era 
fácil couseguir el resultado que buscábamos, que era la triangulación 
con algunas de las cumbres lijadas por el sefior Hugo Reck en su 
mapa de la altiplanicie de BoHvia, de cuyos antecedentes estábamos 
en posesión; puede verse en el capítulo re3i>ectivo que el punto de 
conexión de nuestros trabajos es el volcan Olea, mui poco al Norte 
del paralelo mencionado. Observé desde aquel alto, i me lo confirmó 
el vaqueano, que las cerros de Aucanquilcha despiden hacia el po- 
niente un ramal que remata en el Miño, i hacia el Norte otro que 
se reúne con la sierra del volcan Olea, por un cordón mui etevadO| 
que Salvatierra me dijo ser sumamente fragoso. Desistimos pues de 
nuestro proi)ósito de pasar el valle del Loa para examinar su oríjen 
setentrional, sobre el cual teníamos ya buenos datos, pues habría 
sido imposible traslomar esas sierras para prolongar después nuestra 
esploracion al oriente. El 1 1 nos contentamos con hacer una ascen- 
ción al abra de Chela para tener un buen punto de triangulación ^; 
mientras tanto el campamento se trasladaba a la vega de Caichapf, 
al NO. del salar de Careóte. En las serranías había pastores indios 
con majadas de ganado lanar, de donde renovamos nuestra provisión 
de carne. 



1. Véase el panorama núm. 3. 



Jtot>tORACÍOM EN l8S4. 67 



4.— CAIOHAPB A TURUQUIRE. 

£1 12 hicimos una larga joriiacla recorrieiulo un trayecto easi todo 
de pouieute a oriente. Después de bajar al estreuio Norte del salar 
de Carcotei donde ha¡ unas vertientes de agua dulce en medio de 
eflorescencias salinas, pasamos por entre muchas pequeñas eminen- 
cias que forman la falda norte del volcan Oyagua, la que muere en 
una estensa {mmpa donde liai varios salares; esta pampa no es otra 
cosa que una prolongación al 80. de las grandes pampas salinas de 
Solivia. Siguiendo con poca diferencia las orillas de esta pampa^ nos 
inclinamos al Sur por el pié de unos altos donde reaparecen las co- 
rridas de lavas traquíticas i tomamos un camino que de ese rumbo 
viene hacia Pozo BlanoOi en me<lio de la pampa, repartiéndose allí 
hacia Tarapacá i el PerA i hacia Colcha. Nos anocheció i anduvimos 
nn buen trecho a oscuras hasta que la luna se elevó sobre el hori- 
zonte. Por fín, hacia las 9 de la noche bajamos al valle de Coyomi- 
CHB i acam|)amos a las orillas del rio de ese nombre. 

Ena noche supimos que la localidad estaba poblada, por la profu- 
sión de ladridos de perros que se oían; al dia siguiente nos conven- 
cimos de ello viéndonos rodeados por muchas casuchas de piedra i 
divisando varios seres vivientes al otro lado de la vega. 

£1 dia 13 subimos al alto i seguimos rumbo al Sur por las faldas 
del cerro nevado de Cojomiche, mas o menos paralelamente al rio, 
pero abreviando sus sinuosidades con subidas i bajadas; todas las 
quebradas que forman ese valle i sus rinconadas son mui abundan- 
tes en pasto i lefla. Antes de perder de vista las cumbres vecinas al 
grado 21 i varias otras hacia el Kste que forman el límite de la zona 
minera de LípeS; las ligamos con las triangulaciones por medio de 
buenos ángulos. £1 campamento se hizo ese dia cerca de las Jun- 
tas en la quebrada de Tukuquire, siendo aquel un punto donde se 
reúnen arroyos bajados del Norte, oriente i Sur, que corren to- 
dos al valle de Coyomiche. Los valles i quebradas son mui abriga* 
dos i propios paia el pastoreo de llamas, de los que hai gran abun- 
dancia. 

5.— TÜIIÜQÜIRE A QÜBTKJf A. 

El dia 14 remontamos la quebrada de Turuquirc hasta el naui' 
miento de sus aguas en unas lagunas donde hai estancias {lara crian- 
Ka de ganado, i mas allá por sus cajones traquíticos hasta cruzar el 

D 



68 LAS COBDILLERAS DE ATACAMA. 

camino carretero entre el litoral i Gaanchaca^ por el que anduvimos 
unos pocos quilómetros al oriente hasta el portezuelo o abra de los 
Cuatro Mojones, al SE. del cerro nevado de Tapaquilcha, siendo los 
tales unos grandes linderos de piedra que marcan el límite entre 
las provincias bolivianas del litoral i de Lipez. £s el abra mas 
alta de la cordillera de esta latitud, i su posición fue fijada cuida- 
dosamente. 

Al sur de este portezuelo liai una hoyada dominada por el cerro 
Chullunqui, la que reúne las aguas de varios arroyos; pasamos uno 
de estos i subimos a otra abra, desde donde vimas asomarse por en- 
cima de las cerranías del Sur las cabezas de los nevados de Quetena 
i Torques. Delante de nosotros se estendía una vasta laguna en cu- 
yas orillas hai estensos pajales, por lo que se llaman de Pastos 
Grandes. Desembocan en ella muchas quebradas con corrientes de 
agua dulce, })ero casi todas carecen de lefla; acampamos en una don- 
de había mucha, como tanibien yareta en abundancia. 

Muí bien acojida fué irot nosotros esta profusión de combustibles, 
i tanto mas cuanto que Salvatierra nos había dicho que escaseaban 
mucho, i el frió nó, siendo esto último mui exacto. La larga llama 
del hogar i la filosófica charla de nuestro buen vaqueano nos '])ermi- 
tíau prolongar las veladas; as{ lo habíamos hecho también la víspe- 
ra, oyendo mui entretenidos los detalles que Salvatierra nos daba 
sobre las proezas de los cochabambinos en materia de latrocinio, las 
fáciles costumbres de Potosí i el gran acopio de animales que se reu- 
nían todos \^8 afios para la feria de Guari, recordando también los 
tiemiKM mejores de su juventud en que había tenido tropa i majada 
propias. Uabíamosle peilido datos sobre la pascana en que ahora es- 
tábamos, i como nos dijera que se llamaba Manoahuaico, le pregun- 
tamos el significado de esa esprcsion, que nos dijo ser ol/a de cocinar. 
Sospechando que esto ora una invención del viejo para salir del paso, 
nos echamos a reir i Villalon le hizo ¡uego una indicación para que 
rccojiera mas lefia; ])ero a esto se hacía Salvatierra mas sordo de lo 
que era, i como continuando un pensamiento, re{ietía sentenciosamen- 
te: «vea uste<l que no ostá tan bueno ese nombrcj»!... De esto nos 
acordábamos el dia siguiente cuando un incidente vino a justificar 
el dicho del vaqueano; algún ruido insólito hizo arrancar todos los 
animales, que cortaron sus amarras; i en el zafarrancho que se armó 
para alcanzarlos, dio Salvatierra contra un peHasoo i por poco naso 
rompe una pierna. 

Aunque algo envarado, pudo sin embargo continuar el viaje al 
dia siguieutei durante el cual se ocu|)óen traétuernar^ como decía él. 



E8PLOBACION EN 1884. 69 



la serranía del Quefiual, yendo a acampar después a un punto situa- 
do en el mismo paralelo do Mancahunioo. El paso lo hicimos bastante 
al Sur de ese paralelo, buscando un sendero que viene del poniente, 
el que bailamos en la cabecera de un hondísimo valle vegoso, cuyas 
paredes ostentan numerosas chami>as de yareta. 

Cerca del abra hai varios morros; sub mos al mas setentrional por 
ser el mas próximo i obtuvimos así una magnífica e-stacion jeodésica. 
£1 panorama ^ que desde allí 8c divisaba era realmente grandioso, 
descubriéndcse lejanos horizontes en todasdii*cccioncs, menos al Sur i 
SE., donde sobresalían los morros meridionales de la misma serranía, 
mas altos que aquel que nos s?ivía de estación. Al NE. divisamos 
las lejanas cumbres de Ubina i Chorolque i hacia el oriente i ESE. 
las de Esmoraca, Santa Isabel, Bonete, Lí|>ez i Suniquiza. A 
nnestroe pies había una gran hoyada opuesta con la de Pastos Gran^ 
des, i cubría la falda ana estensa corrida de lavas que no podemos 
comparar mejor, por lo retorcido de sus formas, i aunque |)arezca 
vulgar, que a un vasto desparramo de chicharrones. 

Este cordón del Quefiual, como los otros muchos que llevan este 
mismo nombre, lo debe a un arbusto que i>or su figura mas parece 
árbol pequefio, pues tiene tronco redondo i firm?, que se llama gua- 
dua Es buena lefia i sirve, aunque escaso, de madera de construcción. 
La quebrada, al oriente del Quefiual, es hermosísima; hai mucha 
abundancia de vejetacion; el i)asto de la vega forma largos alfom- 
brados de color de esmeralda i hai muchas bandadas de jilgueros i 
toriolillas. El agua es abundante i forma tras|)arente8 cascadas. 

El sendero que seguíamos va en dirección a Tupiza i nos llevaba 
mui al Norte; en su intei'seccion con el camino quede ese rumbo vie- 
ne hada Quetena, intersección que está a orillas del rioCatal, acam- 
pamos. El lugar se llama Quehua chuco, rincón de cardones, según 
laetimolojía de Salvatierra; abunda la vejetacion de arbustos i el 
pasto tampoco es escaso. 

£1 dia 16 rumbeamos directamente al Sur por el escelente camino 
que viene del Norte hacia Quetena; se estiende por la orilla del lla« 
no, en cuyo centro hai algunas lagunas, desagüe del rio Cata!. A 
mediodía contorneamos otra laguna salada rodeada de ojos de agua 
dulce, en la cual abundan los patos i otras aves acuáticas, i poco 
después de atravesar una hermosa llanada, llegamos a las barrancas 
de un rio que corre al SE. trayendo su oríjen de las serranías del 

1. Efttd pADoruii» e»tá dibujado bajó el adm. i. 



70 ' LAS COttDÍLLERAS bt AI'ACAMÁ. 



Quefiual; el oajon de este estero está abierto en Uvás tmqaftioas i es 
bastante ancho; varios arroyos de agua cristalina surcan su cauoe en- 
tre orillas de pastos i en los remansos vimosi por primera ves en unes* 
tro viaje, cardúmenes de |>eoes¡llü8. Al poco andar por el valle^ nos en* 
contramos con varias habitaciones cerradas con candado; vimos pren- 
das de ro|)a i ajieros de montar deiK)8ÍtaiIo8 afuera en poyoS| i en un 
corral líos de pasto de vega seco; habia también rastros de haberse 
fabrieado carbón; mas allá varios rancho:^» todue desiertos, agrupados 
ou torno de un i^ei^uefio oratorio o santuario^ Penetramos en este 
último por una que mas parecía ventana que puerta; había allí un 
crucifijo pintado en un tix>oito de tabla i envuelto en un lienzo de 
lana de Uamay varios huevos de parina colgados del techo i un bas* 
ton de madei*a. En un tie^tecito de barro hallamos resina de yareta 
destinada sin duda a desempeüar el oficio de incienso. El vallecito 
i la localidad se llaman Maicocueva; vense pastoi*ear iK>r los alrede- 
dores numerosos i*ebafios de llamas. 

A la media hora dimos con ottus vegas donde había un pifio de 
ganado ovejuno con pequefios pastores iudíjenas; nuestro vaqueano 
no reconocía su camino, que se dividía aquí en ti*es i'amas; seguimos 
la que se inclina mas al poniente, i al volver la primera loma, 
vimos en una rinconada varios ranchos de piedras con sus corrales 
repletos de llamas i varios seres humanos. Uno de éstos, de sexo 
inasculinoi nos dijo que el camino que seguíamos era directo liacia 
Ataoama, el del oriente a Litios i el del modio a Quetena. £1 indio 
con quien liablamos era estanciera de la localidad, bautizada con el 
poético nombre de Sol db mañana, sin duda [jor ser una de las po- 
cas en esta rejion cuyo horizonte esté desi>ejado hacia el naciente, de 
modo que la alumbran los primeros rayos del sol ortivo. Disponían 
dos cholas a las llamas pam salir en troim, adornándoles a las heni- 
bra^ las orejas con pomi>oncitos de lana. 1¿1 comercio de esta jente 
consiste en llevar a Líiiez, a Tupiza, a Esmoraca, a Santa Catalina, 
sus tejidos de lana de llama, i suponemos que también las crias de 
este animal, trayendo en retorno cargas de coca que venden a buen 
precio a los pastores indíjemis i que aun inti*oducen dts contrabando 
a Atacama. Tomamos por el rumbo que nos seílalubu el indio, i al 
encimar una nueva loma dominamos un esleiiso llano donde se dí- 
seflaban los dos caminos, el de Quetena que lo atraviesa i el de Ata- 
cama que oblicúa al poniente hacia un portezuelo de la serranía del 
Quefiual. Este llano lo cruzan varias quebradas con ct)rrienteH de 
agua, siendo la mas importante la de Chatena, que forma unas vegas 
entre los dos caminos que hemos mencionado, doiidt están las están • 



KBPLOttACTON EX 1884. 71 



cias de ese nombre. Hacia la» cuatro de la tarde nne llevó el sendero 
a orillas del rio de Quctena, i despné» de remontar algunas cuadras 
su corrientei establecimos nuestro campamento en un estrechura 
cercana al morro de Pan de Azúcar. Las diversas quebradas que 
bajan al rio forman rinconadas pobladas de numerosos reliafios de 
llamas, ovejas i cabras, que constituyen la riqueza de los escasos in- 
dios de aquella rejion. El rio de Quetena, en cuyas riberas alzamos 
nuestro toldo, es allí bastante ancho i profundo, deslizándose su 
abundoso caudal por entre largas lamas que dejan solo en su centro 
un espacio de unos pocos metros bien despejados; aun así la corriente 
es tan mansa que f&cilmente ixxlría navegarse en bote. 



6. — RIO QUETENA. 

Tja jornada del 17 de abril no fué por tan buen camino como la 
anterior, a causa de los muchos trozos de roca que cubren el suelo. 
Después de cruzar un arroyo salado, hicimos la ascención de un 
morro alto, donde obtuvimos una buena estación. Seguíamos re- 
montando el lado izquierdo del rio, a alguna distancia: como a las 
dos i media pasamos por un rancherío desierto, establecido arrilia 
del l)arranoo que domina el arroyo de Torque, afluente del rio Que- 
tena. Hai en esta quebrada una yerl)a mui semejante a la paja brava, 
llamada vizcadherüy que os nociva para los caballos i muías, ¡ hasta 
dicen que es mortal. El camino se desoomiionía cada vez mas hasta 
que entramos a unas quebradas arenosas i otras vegosas, donde por 
poco no quedan nuestras cargas en los pantanos profundos i fétidos 
que teníamos que atravesar; varios incidentes de este jénero nos de- 
moraron i ya se entraba el sol cuando divisamos las habitaciones de 
QuETBNA Chipo, diseminadas en diversas laderas que rodean las 
ciénagas i vegas de este nombre. Acampamos entre varios arroyo? i 
nos establecimos confortablemente jiara descansar el dia 1 8* 

Desgraciadamente no había nadie en la localidad que pudiese su- 
ministrarnos datos otiles; la familia Esquivel, ricos propietarios de 
rel)afioe, se hallaba diseminada, unos en Guarí, otros en Quctena 
Grande; de manera que loe itinerarios con que queríamos relacionar 
este punto i los cercanos de la Arjentina i Solivia, han que<1ado in- 
completx)6. 

El dia de descanso fué consagrado a nuestras tareas de costum- 
bre i también a visitar la casa de los Esquivel, dónde solo halla- 
mos a la madre, una anciana que no parecía haber retenido ^e ^\\^ 



72 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



facultades intelectuales mas que la de hilar lana, i uua moza de 
unos 20 afios que nos dijo fniv peona de uno de los hijos^ cuyo título 
parece hacerse estcnsivo hasta loa del>ere.s conyugales; oou grau tra- 
bajo i a fuerza de regalos pudimos conseguir que nos vendieran al- 
gunos tejidos de lanado llama i unas flautas de cadas Ilamadaspttstu. 

£1 19 pasamos^ a las tres leguas de nuestro campamentO| por las 
estensas vegas de Quetena Grande, donde pacen las numerosas lla« 
mas i muías de los Esquivel, i otro tanto seguimos remontando la 
quebrada que da nacimiento al rio Quetena, hasta llegar a la última 
rinconada donde bix»ta el agua del Ojo de Quetena. Acampamos 
temprano para que las muías lograran el buen pasto, pues no lo ha- 
bía en las jornadas siguientes. 



7. — BAJADA A ATACAMA. 

Restaba lo mas penoso del viaje; el día 20 ascendimos primera- 
mente a una abra mui elevada; de allí bajamos hacia una laguna 
salada, i pasamos a otra hoyada que forma un estenso salar, todo 
aquello sin vejetacion i barrido |M)r un viento helado. A este último 
salar baja un arroyito, con un escaso pasto que nuestros arrieros 
llamaban CAarviru Allf alcanzamos a medio dia, i toda la tarde la 
ocupamos en un largo ascenso por camino mui suitve, i)ero entume- 
cidos por un frió terrible. Entibándose el sol llegamos a la quebradita 
de PuRiPiOA, donde nuestras bestias hallaron un pasto bien flaco. 
Es¡\ noche descendió el termómetro a cerca de 13^ bajo cero i el vino 
aguado se oonjeló en una botella que quedó sobre la mesa de nuestra 
carpa; la escai*cha tenía 4 milímetros de espesor. 

El 21 subimos todavía algo hasta pasar el cordón de Puripi- 
ca i lijamos al llano de Aguas Calientes, en cuya pascana pasamos 
a dar agua a los animales, que en la noche no la habían de tener. £1 
llano es mui estenso i lo <lo ninan las ultas cumbres de Puripica, el 
Licancaur, el Juriquc, el Tonar, etc.; se liega al abra de Lican- 
caur por una suavísima gradiente, h que terminamos de subir a las 
tres i me<lia de la tarde, entrando luego a la áspera (¡uebrada seca 
del Cajón, por la que bajamos durante una hora, acampando en un 
desplayo mui pastoso i abundante en lefia, pero sin una gota de 
agua. 

Armóse |>or postrera vez el toldo, al abrigo de una muralla tra- 
auítica; vaciamos el |*e8to de nuestros vívei^es^ estsancianpios el tiltiinp 



ESPLORACIOK £N 1884. 73 



trago de vino que tan útil nos li&bfa sido durante el viaje^ i oou frió 
tolerable ya, ¡lasamos la noche. 

Amaneció el dia 22 de abril i nos poníamos en marcha; sa- 
limos a la falda. El Licancaur enderezaba a nuestro lado su ma- 
jestuosa talla; a nuestros pies yacía la dilatada hoya del salar de 
Atacama^ en cuyo horizonte occidental doraban las cimas del Qui- 
mal los primeros rayos del sol. 

Bajamos sin interrupción por suelo traquftico hasta una quebrada 
que reúne las de la falda; desde allí seguimos por un suelo casi ho- 
rizontal i arenoso hasta el pueblo de Atacania, al cual entramos por 
la esquina NO. a la una de la tarde. 



8. — VIAJE DE REGRESO. 

£1 dia 23 de abril se cerraron las observaciones de la marcha del 
cronómetro con dos series correspondientes, después de lo cual nues- 
tro equi|)aje fué despachado a Caracoles. Nosotros nos des|)edimos 
cíe los esoelentes vecinos del pueblo i nos hospedamos en la habita- 
ción del teniente seflor Labbé| desquitándonos esa noche de los friop 
de la cordillera. 

A las cinco de la mafiana estábamos en marcha, montando no ya 
diminutas muías sino briosos caballos, i a la misma hora de la tarde 
echábamos pié a tierra en el patio de la mina. 

El dia 25 fué dedicado a arreglo i documentación de cuentas, i el 
26 nos encaminamos al gru|>o minero de la Isla^ como u legua i 
media al Sur de la Placilla. Allí se plantea ahora un importante 
establecimiento de amalgamación, cuya base de beneñcio es el agua 
suministrada por la mina Esilda del sefior Villegas. 

Desde la Ida el camino carretero a Pampa Alta va por la que- 
brada de la JtUiay reuniéndose en los Afíiarílloa con el de la Placi- 
lla. A las tres de la tarde llegábamos a un tiempo con nuestras car- 
gan a la estación del ferrocarril, i poco después una locomotora nos 
llevaba a la Central. 

El 26 era domingo, dia en que no hai tren de pasajeros; i>ero el 
sefior Serrano, administrador de la Central, tuvo la condescenden • 
cía de hacer enganchar en el tren de carga un coche para nosotros, 
de suerte que a medio día estábamos en A ntofagasta. 

£1 dia 27 se ocupó en las varias dilijencias i visitas de despedida 
i el 28 nos traía a su bordo el vai)or Cachapodl^ el cual nos de;aba 
^in noyeddd en Valparaíso el 3 de ma^o. 



CAPITULO V. 



Métodos de obserraelon 1 trabi^o durante el ylnje. 



1. — AZ11IUTE8 HAONÉTIOOfi I ÍMQUL08 VERTICALES. 

Dada la rapidez de nuestro viaje de esploraoion i la imposibilidad 
consigaiente de separarse grandes distancias* de nn camino de iti- 
nerario continnOy los puntos de estación tuvieron que ser los mismos 
de alojamiento u otros intermedios próximos al camino. No era po« 
sible tampoco pretender la formación de un oánevas jeodésico regu- 
lar, i nuestro deMeratum se reducía simplemente a estacionarnos con 
el teodolito en cada punto propicio, arrumbando con relación al me- 
ridiano magnético todas las cimas conspicuas ¡ visibles; las que estu- 
vieran fijadas por triangulación anterior darían la poficion del pun- 
to i los rumbos restantes serían nuevos elementos de triangulación. 
Si el momento era favorable tomábamos también un azimut solar 
con su corre9ix>ndiente altura i hora para trasformar después los 
rumbos magnéticos en verdaderos. 

J41 observación misma de estos azimutos, por sencilla que parezca, 
pnede dar lugar en la práctica a equivocaciones i errores si el obser- 
vador no ha prestado una atención continua durante el trayecto al 
modo como varía la configuración particular de la cumbre de cada 
cerro a medida que cambia el punto de vista. Además es bueno 
anriliarse con panoramas o perfiles que se dibujan al frente de las 
columnas de observaciones del rcjistro. 

Respecto de los ángulos verticales o sea de la elevación sobre el 

horizonte de las cumbres cuya altura se quiere determinar, haremos 

notar solamente que es prudente no observarlas sino a cierta distan* 

cia; una estación demasiado próxima puede hacernos confundir con 

la cumbre verdadera algún picacho que la oculte. Como en esta 

clase de observaciones un pequefio error angular puede producir uno 

JO 



76 LAS CORDILILERAS DE ATACAMA. 

grande en la altura^ conviene rectiñcar la posición del eje óptico del 
instrumento en cada estación. 



2. ^ALTURAS CORRESPONDIENTES DE SOL. 

Estas alturas, que tienen por objeto, la determinación del estado 
del cronómetro respecto de la hora verdadera del lugar, se toman 
siempre en series, i hemos procurado componer éstas de diez alturas 
por la facilidad para sacar después el promedio. Hemos espaciado 
las alturas de 15' en 15/ de la graduación del sestante o sea 7^' de 
intervalo efectivo. Hemos observado siempre el limbo inferior del 
sol, para lo cual se toma por la maflana en el momento en que se 
separan las imájenes directa i reflejada i por la tarde en oí momento 
en que se reúnen. 

Aun cuando se ignore la lonjitud exacta del punto de estación, es 
fácil calcular de antemano aproximadamente el momento en que 
debe principiar por la tarde una serie corresiK>ndiente a otra toma* 
da en la maflana, basando este cálculo en un estado aproximado del 
cronómetro, deduciendo éste a su vez de su marcha habitual i de la 
distancia en lonjitud que se supone haber recorrido. Si han trascu- 
rrido muchos dias desde la última observación, es necesario tomar 
también en cuenta la variación en la ecuación del tiemiK). 



3. — ALTURAS AISLADAS DE ASTROS. 

Esta clase de observaciones la hemos practicado con el gestante 
cada vez que los nublados u otra causa han im])edido tomar las co- 
rrespondientes al otro lado del meridiano, i con el teodolito cuando 
se trataba de alturas mayores o simplemente en casos que este ins- 
trumento estuviera ya armado, por ser el que llevábamos masa mano 
durante el viaje. 

Apesar de tener un buen número de estas observaciones, pues en- 
tre ellas pueden contai*.se las de alturas simultáneas con azimutes, 
no las hemos utilizado mas que en dos cosos. En efecto, los resul- 
tados que con ellas se obtienen exijen, para ser algo exactos, mucha 
prolijidad en la observación de la altura, lo que no se puede obte- 
ner en un viaje; ademds deben practicarse cuando el astro está próxi- 
mo al vertical primario, i nosotros no hemos ¡xxlido elejir la hora 
de nuestras observaciones, 



MÉTODOS DK OBSEBV ACIÓN I DE TBABAJO. 77 



4.— ALTURAS MERIDIANAS DE SOL, DE LUNA, DE VENUS, DE 0TR06 

PLANETAS 1 DE ESTRELLAS. 

Esta clase de alturas linn sido siempre los datos que nos han ser- 
vido para calcular la latitud de cada punto de observación. Con el 
sestante solo pueden observarse bien his del sol, siempre que este 
astro no se eleve mas de 60^ o 63° sobro el horizonte; en caso con- 
trario, como nos ha acontecido en la primera parte de nuestro viaje, 
es indispensable valerse de un teodolito tránsito, provisto además 
(le un ocular prismático o de reflexión". 

Tratándose del sol, es indiferente observar cualquiera de sus lim- 
bos, i aun puede tomarse los dos por vía de comprol)aciou, pues el 
momento durante el cual se mantiene el at^tro en su máximum de al- 
tura es bastante largo para permitir esta doble observación, a no 
ser, sin embargo, que se halle mui cerca del cénit Cuando esta altu- 
ra es menor de 70°, se alcanza aun a emplear otra comprobación 
preferible que consiste en tomar dos veces la altura del mismo limbo 
in virtiendo el anteojo; se anula así el crix>r del eje ópticH), si lo hu- 
biese. Con un cronómetro arraglado, es fácil calcular de antemano 
el momento aproximado del paso, para no hacer una estación mas 
larga de lo necesario; basta tomar en cuenta además del estado del 
cronómetro, la ecuación del tiempo i la lonjitud aproximada de la 
estación. Así lo hemos practicado re^x^tidas veces, deteniéndonos en 
nuestra marcha para hacer la observación a que aludimos. 

Respecto de la luna el cálculo es un poco mas difícil, i se obten* 
drá menor aproximación, ]H>r ser mas complicados los movimientos 
de este astro. 

El planeta Venus, que ha pasado por el meridiano entre dos i tres 
horas después del sol durante los meses de nuestra csploracion, nos 
ha sido de suma utilidad. Debemos advertir que como este astro no 
se fiercibe fácilmente al ojo desnu<lo durante el dia, nos fué necesa- 
rio en cada caso determinar no solo el momento aproximado de su 
paso })or el meridiano, sino también la altura aproximada a que de- 
bía alcanzar en virtud de una supuesta latitud,. {Mira tenerlo así en 
el cam|)o de nuestro anteojo. Las alturas meridianas de JApitcr i de 
Marte, que tenían lugar en las primeras horas de la noche, eran aun 
mas fáciles de observar, siendo estos planetas iK)r su brillo suma- 
mente visibles. 

Los estrellas de que hemos hecho uso casi diariamente, iK>r la 
oportunidad de h hora de su paso i la proximidad de upas a otras; 



78 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

han sido Sirio, Castor, Procion i PiSlux. Como la declinación de es« 
tos astros es oasi constante, su variación en altara meridiana repre* 
senta también la diferencia de latitud entre un punto i otro. 



5. — ALTURAS I AZIMUTSS SIMULTÁNEOS DE ÜN ASTRO. 

Es mui fácil tomar simultáneamente estos dos datos cuando se 
trata de un planeta o estrella que no tiene diámetro aparente; pero 
para el caso mas común de observaciones diurnas, hai que valerse 
del sol, i el modo de hacer la observación dependerá de la forma 
del retículo del instrumento. El nuestro constaba de un hilo hori- 
zontal i dos verticales; hemos hecho en cada caso una serie de cuatro 
observaciones: 

Primer hilo, limbo superior, limbo derecho. 
Segundo id. id. id, id. id. 

Primer id. id. inferior, id. izquierdo. 
Segundo id, id, id, id. id. 

El promedio de las cuatro horas i de las cuatro alturas observa- 
das correspondían así al azimut observado, que venía a ser también 
el azimut medio del sol. 

Lo mismo que para las alturas aisladas, destinadas al c:llculo del 
ángulo horario, convendría hacer estas observaciones a la hora en 
que la altura del astro varía con mayor rapidez; el no haberlo podi- 
do practicar siempre así, esplica el porque algunas de nuestras ob- 
servaciones dan resultados algo diverjentes. 



6,^TRASMI8I0N DE LA HORA POR EL TELÉGRAFO. 

No nos incumbe insistir aquí en las innumerables dificultades con 
que se tropieza para obtener libre i espedita oomunic:icion en una 
larga línea donde hai varias oiicinas de traspaso; si la intensidad de 
la corriente no está bien graduada en alguna de éstas, la comunica- 
cion es intermitente e incompleta, etc. 

El método que hemos empleado para efectuar la trasmisión, de 
acuerdo con el sefior Director del Observatorio Astronómico, es el 
sigu ien te: 

Recibido el aviso de estar listos los aparatos trasm ¡sores i recep- 



lf¿T0D08 DB OBSERVACiON 1 DÉ TRABAJO. 79 

- , ■ _ 

tores de ambos estreñios de la linea, el operador que debe hacer la 
primera trasmisión da con el manipulador del aparato Morse una 
serie de golpes como sefial preventiva. En seguida elijiendo el mo- 
mento eu que el segundero de su cronómetro marca el primer s*. guu- 
do de una decena, da simultáneamente con este un golpe del maní* 
pulador, mari*ando abí lodos los segundos de la decena. Se deja en 
seguida pasar una decena en blanco i se trasmite la siguiente; esta 
o|)eraciou la liemos repetido hasta 14 veces. Mientras tanto el ope- 
rador situado en el otro estremo de la línea, sigue con el oido los 
golpes de cada serie como si luera un cronómetro, dejando apunte 
de la hora que marca el suyo al percibir el último golpe de cada se- 
rie. La o|)eracion se repite eu seguida de un modo inverso, haciendo 
la trasmisión el segundo operador i recibiéndola el primero. 

Cuando el cronómetro que se tiene arreglado es un cronómetro de 
marina, que marca h» mentios segundos, es mui fácil hacer la tras* 
misión valiéndose del oido; loe cronómetros de bolsillo no son tan 
favorables, porque no se prestan a la trasmisión de series de decenas 
cabales de seguudos Para obviar a este inconveniente, hemos pre- 
ferido valemos ile un reloj comuu de Ik)IsíIIo cuyo segundero se- 
guíamos con la vista, habiéndolo comparado previamente con nues- 
tro cronómetro i repitiendo esta comparación después de hecha la 
trasmisión. 

7. — OBSFRVAClONEfl BAROMÉTRICAS. 

Para practicarlas nos hemos ceñido a las instrucciones que con 
tal objeto ha impartido la Comisión Central de Meteorolojía, toman- 
do las alturas a las 8 A. M., 2 i 9 P. M. siempre que nuestras de* 
más atenciones lo permitieron. 



8. — 0BSBRVACI0XB8 TERMOMÉTlUCAS DE MÍXIMA 1 MÍMJMA. 

Mni pocas veces tuvimos oportunidad de observar las primeras; 
en cuanto a las segundas lo hemos hecho cada noche, tomando apunte 
de la altura marcada por el índice a la mafiana siguiente. Pura evi- 
tar los efectos del viento i del rocío, hemcs dejado siempre el termó- 
metro convenientemente ligado a un trípode colocado fuera de la 
tienda. 



■ 1 

I 



CAPÍTULO VI 



Métodos de cálculo 



1. — ESTADO DEL CRONÓMETRO POR ALTURAS CORRESPONDIENTES 

£1 método que liemos empleado es el que prescribe Ducom (Cours 
(TObset^vcUicns NatUiqueSyS^ odmovíj p. 114), valiéndonos de las 
tablas del mismo autor insertadas en ese libro. 

Citaremos un ejemplo para esponer el tii>o de cálculo: 

Quebrada de Antefalla y marzo fi de 188/^, 





Ldctum * 






Horas ol>servadas 




del BCKtnnte 




A. 


. M. 




P. 


M. ( + 12) 




114« 


15' 


9'' 


47™ 


50.5- 


13^' 


29" 


' 56' 




114 


30 


9 


48 


30.5 


13 


29 


16.5 




114 


45 


9 


49 


08 


13 


28 


37 




115 


00 


9 


49 


48 


13 


27 


59 




115 


15 


9 


50 


30 


13 


27 


20 




115 


30 


9 


51 


06 


13 


26 


41 




115 


45 


9 


51 


44 


13 


26 


02 




116 


00 


9 


52 


24 


13 


25 


22 




116 


15 


9 


53 


02 


13 


24 


42.5 




116 


30 


9 


53 


41 


13 


24 


04 


Totales 


1150 


225 


90 503 


284 


130 265 


300 


Mitad 2 


575 


112.5 














Promedio (^ 


w) 570 


\VW 


9>' 


50™ 


46.4* 


13»» 


27"* 


00- 



Tales son los primeros resultados que apuntamos como datos en 
nuestro Rejistrn de Observaciones (Cap. Vil, § 2). 



1. El doble lie la altura aparente del limbo inferior del sol. Este elemento no 
entra cu el cáh ulo. 

2. be refiere a la 1* colnmna. 



8á LAS CORDILLERAS bE AtACAkA. 

El cálculo lo disponemos como sigue: 

Hora media P. M. : 13»» 27" OC = 13»» 27™ OC 

M II A.M. : 9 50 46.4= 9 50 46.4 



Suma = 22 77 46.4 / Intervalo * = 3»» 36» 13.6' 

I latitud S. =25029' 08" 
Hora media en ) ^ ,p «om 53 91 ^Dcclin. S. 
el cronómetro j "** / del sol 

\ (X«Alc.) = 6*» 28' 

CÁLCULO DE LA ECUACIÓN DE LAS ALTURAS CORRESPONDIENTES 

Para intervalo i latitud (Tabla XX VIH) 530 
II i declinación (T. XXIX) 111 



Diferencia » i su logaritmo (T. XXX) 419 8.6222 

Cambio do declinación en 24 h. i su 

logaritmo lojÍ8tico + 5 (T. IX) 23' 06" 5.8917 



Diferencia = log. lojíst. déla ecuación 3.2695 

Ecuación de alturas corresp. • (T. IX) ( + ) 0^ 00" 05.7' 

Hora media en el cronómetro ( obtenida 11»* 38" 53.2* 

para el mediodia aparente ( correjida 11 38 58,9 

Ecuación del tiemix) en Greenwicli ( - ) 11»* 59.5') 

Corrección \x)r diferencia de meridianos ( + ) O 2.4 j 

Ecuación del tiempo correj ida (-) O 11 57.1 



Estado del cronómetro para el modio- 

dia medio 11 27 01.8 



Este es el valor que ocupa la 4* columna del § 2 de nuestro 
Rejistro. 

Restando este n Amero de 12 h., se obtiene el atraso del cronóme- 
tro^ tal como figura en el diagrama representativo de la marcha de 
este instrumento. 

2 — I STADO DRL CRONÓMETRO POR ALTURAS AISLADAS DE A8TRO0* 

Hemos mencionado ya en el capítulo anterior los inconvenientes 
de basar un cálculo sobre estas alturas^ cuando no han sido tomadas 



1. Estos valorea solo se necesitan aproximados. 

2. Seria smiui si la latitud i la dccliiiacion fuesen de nombre contrario. 

3. Es positiva porque la distancia polar del sol va en aumento ) sería negativa 
en caso contrario. 



MÉTODOS DJB CÁLCULO. 



8á 



a hora conveniente i oon toda prolijidad; a ellos tenemos que a;;regar 
lo engorroso del cálculo, como lo prueba el ejemplo que damos en 
seguida: 



Ouaitiguina, marzo 27 de 1884,. 



Suma 

Promedio {\) 



Altunis obsorvadas 
limbo superior 



105 225 



21o 45' 



lloras A. M. 



21« 35' 


jh 14-a 17. 


21 40 


14 40 


21 45 


15 03 


21 50 


15 25 


21 55 


15 45 



35 73 130 
7»» 15« 02' 



El t¡|)0 de cálculo basado sobre estos ditos es dednoido del Ubro 
dü Duoom (p. 102), usándose también las tablas de ese autor ^« 



ELEMENTOS DEL CÍ.LCULO. 



/ alt. obs. O 
R-p 



c3 



= 21« 45* 00*' 
2 17 

= 21 42 43 
16 03 

alt.corr.-e- =2P 26' 40" 



¿ \ alt. corr. © 
^ i -i d 



Lat. ix)r alt. 
merid. 



= 23 46 44 



Ec. del tiempo 

eiiGrcenwich = 5-» 16.9* 
Var. en 13"» = 0.2 



Ec. del tiempo = 5 16.7 



/ Hora obeervada 7^ 15" 02* 

Lonj. en tiempo 
ap. de Atacama + 4 32 00 
Atraso del cronó- 

S \. metro de Atac + O 26 16 

o 



.2 / Hora en Gr. 



OQ 



5X en Gr. - var. 
en 13™ 



12 13 18 

20 52' 21" 
14 



$ correjida 2 52 07 

Dist. al^polo S. = 92 52 45 



1. $= declinación del astro; (f/'e: distancia polar; i? >=■ refracción ;j7 = parala j 
d '=■ diámetro aparente. 

11 



84 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



CALCULO. 



Alt. veixl. -e- = 21« 26' 40" 

il P =92 52 45 coinpl. arit. log. sen. = 0.00055 

Latitud =» 23 46 44 » .i log. eos. - 0.03853 



Suma =136 124 ll9 

Mitad =69 03 04.5 log. eos. =2-55330 

isuma-alt. =47 36 24.5 log. sen. = 1.86837 



Sumn= 1.46075 

son. J ang. horario = A suma = 1.73037 

J ang. horario = 32« 30' 50" 
ang. horario =65« or 40" 
en horas = 4»* 20"" 06.7' 
horadóla observación (T.V.) = (12'' - ang. hor.) = 7^ 39"' 53.3'A. M. 
II M +CC. Ipo. corr. = 5 16.7 



hora media de la observación = 7*' 4r*"' 10* 

hora observada «= 7 15 02 



Atraso del cronometro = O'' 30™ 08' 



3. — CALCULO DE LA LATITUD TOU ALTÜKAS 3IERIDIAKAS. 

Este cálculo es el mas seircillo de lodos; lo ilustraremos con va- 
rios ejemplos: 

I** A Huras de soL 

Ei^iacion entré Cori i Caviy marzo 1 ** de 1884. 



^ferid. alt. O 


= 72<» 26' 


20" 




-i^l 


16 


10 


es en Gre(invich = 7« 18 27 
- var. en 4 i horas = 4 17 


Merid. alt. -0- 


= 72 10 


10 


-(R^p) 


üj 


15 


" 






■■ — 




aScorrejida «7 14 10 



Merid. alt. corr. -e- =72 09 54 

Distancia cenital =17 50 06 

+ aS = 7 14 10 



Latitud 



= 25« 04' 16" 



El mismo tipo sirve para calen tur la latitud cuando se lia obser- 
vado la altura de la luna^ con la dif.Tciicia que las coiTccciones do 



MÉTODOS DE CÁLCULO. 



85 



la paraLije ¡<lc la decl i nación son mas delicadas. Si se lia observado 
iin planeta, solo liai que suprimir en el cálculo prcceilente la correc- 
ción del semidiámetro. 



2 ® AUuro.9 meridianas de edrdloM. 



Falda cihwga^ marzo 25 de 1884. 



Mericl. alt. 5íW«/f = 82^ 31' 40" 
- I ef facción -^ 08 



Alt. corr. 
Díst. cenital 



Ijititud 



82 


31 


32 


07 


28 


28 


16 


33 


52 



24 02 20 



Para c-lc cálculo no c«» necesario llevar efemérides; basta con una 
tabla que contenga la declinación metlia de algtmas estrellas. 



4. — cALCCLO DB la variación magnética por medio de ALtüRAS 

I AZIMUTES 8IMULTÁNE0S. 

Este cálculo es mui semejante al del ángulo horario. 
Kjeniplo: 



Quelena ofoco^ obtil 18 de ISSJf. 



Oliservacion orijinal: 



Sumas 
l'iomed 



Azimut 
maguét. 


Altura 


Hora P. M. 


Kotículo 


O 286*» 
•t it 

G] •• 
II II 


75" 28^05' 
.. 27 40 

26 39 
.1 26 14 


3W"37* 
3 09 37 
3 11 56 
3 13 56 


1**^ pelo vcrt. 
2*» pelo veit. 
P' pelo vcrt. 
2* polo vcit. 


II 

¿ 286« 

1 


107 98 
-0. 27*09' 30" 


12 40 186 
3M0'"46.5' 


centro 



Ivstos promedios son los que se consignan en el cap. YITi § 5. 



86 LAS CORDILLERAS DE ATÁCAME 

Damos en seguida uii ti[K> del cálculo del azimut verdadero. 
Determinación de los elementos: 

Alt. obs. = 27«09^30" aX = 11 03 59 hom oIís. = 3M0"»46.5' 

-(K-p) = 1 46 corr.8'"= 2 44 atraso reloj + 26 00 

11 06 43 dif.mciid. - 4 20.00 

Alt. cí.rr. 27 07 44 +90 00 00 

dP = 101 06 43 homdeGr. 7 56 46.5 



dp 


= 101<O6'43" 




Alt. 


= 27 07 44 ^X'VÜ"' = 


0.050614 


Lat. 


= 22 12 06 .. ' = 


0.033454 


Suma 


= 150 26 33 




^ suma 


= 75 13 16 XV-" = 


r.406700 


dP-Í8 


« 26 53 27 .. = 

Suma = 


1.950298 




T.441056 




log sen J aiig = J = 


1.720528 




i ang. = 


31*' 42' 




azimut = 


63 24 
360 90 




ang. obs. = 


286 00 




74 00 






63 24 



Variación = 10 36 
5 — clU)l'IiO DB LA DIFRRBXCIA DE HBRIOIAKOS. 

Hemos determinado gi*áfíoaniente este elemento, como tendremos 
lugar de esponerlo mas adelante, en virtud de los estados simultá- 
neos del cronómetro en Atacaina i en la estación correspondiente. 
Es cierto que las cifras serían mas precisas reemplazando i)or el 
cálculo esta determinación gráfica, })ero la precisión sería solo apa- 
léente, puesto que el andar de nuestro cronómetro distaba mucho de 
ser uniforme. 

En cuanto a la diferencia de meridianos entre el del Observato- 
rio i los de Caracoles (mina GoJarntiña) i Atacama, resulta inme- 
diatamente de la diferencia de horas apuntadas en el § 6^, Cap. 
Vlly convirtiéndola en gi-adas, minutas i ««egundos de paralelo. 

6. — FÓRMULAS DAROMÉTUICAS. 

1® Reduochn de las lecturas a la tempei'atura cero. 
Llamando // la altura del barómetro a la tempemtura ¿, 



uAtodos db cÁr/nrLo. 87 



Ho la alfíira oorrespoiuliente a \\\ misma presión a la temperninm 
cero i ATel coeficiente de dilatación del mercHrioa=0.00018, la fór- 
mula {lara la reducción es: 

"" ÍTKt 
¡ aplicando logaritmos 

logHo-=logH-log(l+Kt) 

Para aplicarla hemos determinado el valor de Kt |Hira cada una 
de las temperaturas apuntadas en el rejistro, formando así una pri- 
mera tabla, la que nos Im servido para aplicar los logaritmos i 
deducir las alturas reducidas que se consignan fronte a las lecturas 
orijinales en el § 7, Gap. Vil» 

2^ Cálculo de las altitudes. 

Hemos adoptado la fórmula siguiente, cuya demostración «e 
encuentra en la Inti^oduction ü la Scievce de FJnffcníeur, por J. 
Claudel, 6* edición, p. 726: 

h = (A - A^) [1 + 0,002 (T + r)] (1 + a00265 eos 2 L) 
en la cual 

h = diferencia de nivel entre Ihs estaciones estremas. 
L » latitud media de las localiilades. 
T i T' = tempcrituras medias del aire. 

A i A' == valores aproximados de las altitudes, con'esptmdientcs a las lec- 
turas reducidas a r&rn^ i que se hallan reunidas en una tabla 
de la misma obra de Claudel. 

Como hemos tenido que calcular muí pocas altitudes, las hemos 
fleterminado aisladamente con la fórmula anterior, obteniendo los 
resultados que se consignan en el Cap. VIII, § 4. 

7. — NIVELACIÓN JEODÉSICA. 

Esta oi)eracion es de las mas delicadas, i solo la hemos practicado 
para suplir en lo |)os¡ble a la deficiencia de los instrumentos baromé- 
tricos en nuestro viaje por la Puna No pretendemos, pues, obtener 
con ella resultados exactos, tomando en cuenta las siguientes causas 
de erron 

P la falta de rectiflcacion prolija del instrumento en cada esta- 



88 L\S CORDILLERAS DR ATÁCAMA. 



cion, ]o que protluoo iiii error cu el áugulo vertical, que pueble 
alcauzar a 2\ que a su vez, sobro una distauciu (le 10 quiltSmeinM, 
causará uua difereuciu de 3 uietro.^ i cu KX) quilónictroá, de 30 
metros; 

2^ las ¡mperfeccíoues ele la tr¡uii;<;ulac¡ou. que cu las <ii.sUiuc¡aa 
imrcialcs bien pueden alcanzar a 2 quilómetros, lo cual sUnidií el 
áugulo vertical de 3^, equivale a un error de 100 metros verticales; 

3* la falta de datos precisos sobre el valor de la refraoctou atmos- 
férica en las grandes alturas. 

Para obviar a la segunda de estas causas de error, quo es la mas 
mportante, hemos formado varias series o cadenas de cumbres |)ar- 
tiendo de Atacama hasta volver a ese punto, repartiendo en cada 
uua el total del error resultante. 

En cuanto a la tercera cauá¿i do error, hemos tratada de ate- 
nuarla también, determinando un índice de refracción mas apropia- 
do a la altitud media de nuestras oi)eraciones. 

Con tal objeto hemos recurrido a una fórmula bastante compli- 
cada que encontramos en la Oéode^iedo M. Puiasant. 

Designando por 

n « índico de refrticcion. 

P = poder refrijente del aire seco — 4 x 0.00014719. 

p = densidad del aire. 

c « cocliciente dependiente de la teniperatum dol aire. 

p = dilatación de I volúiuen de aire por 1** de temp. =■ 0.00375. 

i' = dilatación ciibiea del mercurio = 0.00018. 

P»T= tem])emtuni del aire en la OHtíicion de ol)fici vacien. 

t' = temperatura del azogue. 

T' = temperatura del ainí en la cumbre que se mide. 

h = altura baionu'trica. 

r = radio teri'e8tre = 6 366 198", al nivel del mar. 

1 , densidad del mercurio . , ,, . ^^^^ 

-T— = 1 = , — r ,— r- í— 1 '^^- X presión barométrica — 1 9C0. 

A densiduil del aire ' 

z = altum aproximada del ceiro; 
la fórmula [lara el fndice e.^: 



i además 



»=Ji^'f(l'TÍpr-^) 



p í» i .- MT-T ') 

•^ U.í 6'" (1 + fit) (1 + p'V) 2(1+ pT) 



Este último valor lia sido calcula«lo \v)r Ln|)la<-e {Mt'camqu< 



MÉrODOS DK CÁLCULO. 89 



celeste*.^ Cap. lí, liih. X) cu 0.000027o; lo iicinas calculuclo iioso- 
trü6 para el caso cs|>ecial de la altura del Licaucatir, toniandu: 

T = 20« , T = C» , z = 3500" ¡ p = 0.00375 
i resulta 

e - 0.00002 

valor nuii aproximado que peca uu |>oco por esoeso. 

Si rupre para el niisiuo caso, touiaudo cu cueuta ese valor i 
adeuiás: 

A = 0.537™ ; ¿ = 24.5 ; /'-:23.5 

i apliiniudo los logaritmo.^, sacamos 

»=. 0.06127 

on vez de 0.08 que es el que .se adopta jeneraluicute (Salueuve, 
Topographie ei Ocodésie), 

Para el eálcMdo de la altura, euipleamos la fórmula de Salueu7e 
(<»bra oitaihiy 4* ediciou, p. 342). 



H = K ^-^ ^^ -^Q) 
sen (A - ü) 



cu que 



H = altura que se busca. 

K = «listaniíia horizontal entre la estación i la cumbre. 

A =: distiincia cenital <le la cumbre, correjida. 

O = ángulo formado i>or las verticales de la estación i de la cumbre. 

Cuando A difiere de 90", as decir cuando el ángulo vertical no 
pasa de 2^ o 3", se puede simplificar esta fórmula^ aceptando que 
sen (A-0) = .seu (á- JO) ¡ queda 

n = Kcot(á-J()) 
Tara a|»liciir esta fórmida es necesario tomar en cuenta que 

A=a+nO 

siendo B la «lisfancia cenital olíscrvada i n = 0^06 (valor que liemos 
nooptado para todos los casos en la Puna). I^a ultima fórmula se 
coiivierlc cnlónccs en 

II = K cot (5 - 0.44 O) - K tañj [(90 = S) + 0.44 O] 

que os di reda moni o aplicable a cada caso. 



90 



LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 



Para facilitar aun esa operación hemos calculado la tabla siguien- 
te^ que contiene los valores de 0.44 O por cada quilómetro de lonji- 
tud, basándola sobre el valor medio de un grado de círculo máximo 
en la latitud de 23^ Beproducimos esta tabla por creer que puede 
ser de alguna utilidad en esta clase de operaciones. 



qiu. 


0.44 


qm. 


0.44 


qm. 


0.44 

1 


qm. 


0.44 


0.1 


1" 


1 


14" 


1 

10 


2' 23" 


100 


23» 47» 


0.2 


3 


2 


29 


20 


4 45 


110 


26 10 


0.3 


4 


3 


43 


30 


7 08 


120 


28 33 


0.4 


6 


4 


57 


40 


9 31 1 


130 


30 56 


0.5 


7 


5 


rii 


50 


1153 


140 


32 18 


0.6 


9 


6 


126 


60 


1416 ¡ 


150 


34 41 


0.7 


10 


7 


140 


70 


16 39 


160 


38 03 


0.8 


11 


8 


154 


80 


19 02 


170 


40 26 


0.9 


13 


9 


2 08 


90 


2124 

1 


180 


42 49 



Con el uso de esta tabla se simplifica el empleo de la fórmula, 
como puede verse por el siguiente ejemplo: 

Desde el estnhleoimiento de Ascotan queda el volcan Oyngua a 
44 400™, siendo la altura de su cumbre sobre el horizonte = 2** 34*. 
Tenemos entonces^ utilizuLdo la Uibla anterior 



K 


= 44 400 


log num 
log t4\njente 


= 4.647 383 


0.44 
90«$ 


= 10' 34 
= 2 34 00 




Suma 


= 2o 44' 34" 


= 2.680 224 



Suma = 3.327 607 



Desnivel Est. Ascotan — V. Oyagua = 2156" 



CAPITULO VII. 



Rejlstro de obserfaelones. 



1. — AZIMUTE8. 



1 

I 


Sil 

M a < 


LOCALIDAD 


FECHA 


rUNTO 0B8KRVAP0 


AZIMUT 

magnít. 1 


ÁNGULd 
VERTICAL 


» 


I 


Morro Tri- 
oomio 


1880 
Enero 81 


Carmen Alto. Estación.... 
Pampa Negra m 
Salinas n 
Limón Verde. Sur. 


818* 50* 
345 15 
6 00 
38 30 
40 15 
51 10 
51 25 




Punta Negra 

Teta Norte 


Teta Sur 










IT 


Salinas (Es- 
tación del 
ferroca- 
rril) 


Enero 31 


Limón Verde. 8 


42 30 

49 15 

77 30 

185 80 




II 




Punta Negra. 






Cerro Centinela 


Morro Tricornio 






in 


Los Amari- 
llos 


Febrero 2 


Limón Verde. N 


22 15 
124 15 
252 15 








Cerro Centinela 


1 


Morro Mejillones (?). 




IT 


Bella-Vista 

(Cerro) 


Febrero 6 


1 

Limón Verde 1 


353 00 
355 00 

48 40 

49 20 
128 80 
132 00 
143 00 
148 00 
183 30 
201 15 
187 00 








II M 2 


1 


V ovados Vizcachillas 1 . . .. 

tf II 2.... 

Chimenea JJeseada 




1 


it Calameña 

Torre de Placilla 




Mina Inityro visada 




Cerro Centinela..... 




Mina Blanca Torre 


1 


Morro en la hUi 



1. Los rumbos hasta la estación XVII inclusive son tomados a la brújula. 



12 



92 



LAS COUDlLLKR\S DK ATACAMA 



lias ^ Z 



C 

I X u < 

*D C 5- 

35 '^ 

I *■ 



LOCALIDAD 



FKCIIA 



1880 

Mina Im- Febrero 6 
proviíadA 



MIXTO ODSEBVAIK) 



AZIMUT 
MAGNÉTIO» 



Cerro Centinela...,. 
Morro en ^i Jala.... 
Mina Blanca Torre. 
Cerro IWlla Vista... 
Torre <le I It talla.. 

Limón Verde 1 

M •• 2 

Pnuta Negra 



199 
235 
305 
330 
339 
348 
349 
270 



15 
20 
40 
00 
80 
30 
30 
10 



ÁSGVW 
VEUTICAL 



VI 



ii 



t, — 



Limón Ver- Febrero 7 
de (rum- 
brede SK 



II 



Cerro de Palpaua , 

de San Pedro. 

de Pimía Urco...., 

II Copacoya , 

Nevados Vizcachillas 1 . . . 
II II 2.... 

Volcan Licancaur 

Torre de Placilla 

Cerro Centinela 



7 


10 


29 


30 


41 


00 


44 


25 


59 


50 


60 


30 


82 


20 


172 


15 


178 


45 



VII .Portezuelo' Febr. 10 Volcan San Peilro 



de Chuqni-i 
camata 



r'erro Puma Urco,, 

Volcan Paniri 1..., 

II II 2..., 

Volcan Licancaur., 



VIII 



Puntilla de Febr. 1 Volcan San Pedro... 

Cere | . m Paniri 1 

I Cerro Ihinia XJrco.... 

' Volcan Licancaur 

Cerros Limón Venlc 1 



IX Chiuchiu Febr. 12 



Nevado de Pámpana. 
Volcan San Pedro ... 

' II Paniri 

Cerro Puma Urco ... 

Limón Verde 1 

V^olcan Licancaur 



357 

16 

42 

5G 

205 

103 



X Confluencia Febr. 11 Iglesia de Chiuchiu 



del Salado 
i del Loa 



Volcan San Pedro. 
Cerro Puma Urco. 
Copacoj-a.. . 



II 



XI 



Paso del Sa 
ludo 



I 



Febr. 1 2 Volcan San Pedro 

I n Paniri 

Cerro Puma Urco 

Copacoya 



42 


15 


70 


16 


62 


15 


64 


00 


109 


15 


31 


15 


54 


45 


66 


15 


110 


45 


188 


30 







00 
15 
45 
50 
20 
00 



M 



359 


30 


1¿ 


30 


54 




59 


30 


i 


10 


36 


00 


53 


15 


Cl 


15 



l< 



REÍI8TB0 OB OBSRBVACIOREfi. 



93 



i » ^ 



X 



% LOCALIDAD 



III 



Horro en el 
camino de 
Gupaua 



I 



FECHA 



1880 
Febr. 12 



PUNTO OBSEItVADO 



AZIMUT 
M AUN ÉTICO 



ÁNQUI^ 
VERTICAL 



Cerro Pauiril 352 15 

M M 2 353 50 

Volcan Han Pedro. 

M San Pablo 

Cerro Punía Urco 



329 45 
385 30 



32 45 



Xill 



Alto de Cae- 
pana 



Febr. 13 Morro de Estación XIÍ. ., 

Volcan San Pedra , 

San Pablo 



II 



253 40 
326 30 
332 15 



XIV Altiplanicie 
, (camino S. 
Bartolo) 



Febr. 14, iglesia de Chiuchiu 270 20 

Volcan San Pedro 333 45 

338 00 

12 10 



II San Pablo. 
Cerro Puma U reo. . . . 



H 



^ .> 



XT iCnmbre del 

camino de 

¡ 8. Bartolo 



Febr. 14 Volcan San Pedro 

II San Pablo. , 

' 11 Panirí 1 , 

Cerro Puma Urco 

llevados Vizcachilliis 1... 

II II 2 

Volcan Licancaur 



xn 



Finca de S. 
Bartolo 



Febr. 15 Volcan Licancaur. 



335 

339 

349 

6 

62 

121 



15 
45 
30 
50 
15 
45 
30 



94 00 



XTlI .Agua dulce 



Febr. 19 Cerro Palpana 

Volcan San Pedro.. 

II San Pablo .. 
* himenea I Pescada. 
Limón Verde 1 

II II 2 

IWllajViiita, cerro. 

Teta Norte 

¡Teta Sur 



359 30 ! 
9 00 



10 


45 


249 


10 


321 


00 


323 


00 



254 30 
291 00 
289 80 



1884 
Xnil Pampa Alta Enero 29 Cerro Limón Verde. N.... 

(KatacioM' Teta Noite 

del ferro-' n Sur 

carril) ,Cerro Centinela 



45 


05 


66 


32 


66 


58 


99 


34 



XX 



I I 

Mina Cala-'Abríl 25 Cerro de Palpana.. 
mefia(K8- ¡ n Polupi... 

tacion en > Volcan San Pedro. 

11 San Pablo. 
Cerro Azufre 



un morro 
a dOOi^al 
0X0) 



Volcan Panirí I 24 45 



5 


07 




10 


42 


0"2r 


14 


44 


43 


16 


28 


40 


18 


24 





O 44 



1. Los rumbos desde la estación XVIII han sido tomados al tcoilolito. 



d4 



tkB CORDILLKRAS DE ATÁCilMA. 



D 2 

tf •< O 

* H < 



XIX 



LOCALIDAD 



Mina Cala- 
inefia(Rs- 
tacion ea 
un morro 
a 300™ al 
ONO.) 



FECHA 



1684 
'Abril 25 



^''evado del Tajón (?) 

Cerro Poma Uroo 

II Copaooya. 

II Linzor. ., 

II 2^ cumbre 

Nevad (« Vizcaohillas 1.... 

II II 2.... 

M Queteiia (?) 

Volcan Jor jencal 

Cerro de las Aguadas 

II Limón Verde 1 

II II n 4 



PUNTO OBSERVADO 



AZIMUT 
MAGNÉTICO 



jlNGUIX) 
VBBTICAL 



27 60 

81 22 

38 57 

85 42 

87 07 

47 27 

48 15 
50 47 
54 88 
79 00 

347 54 

850 05 



o QO> 



0*38 



O 42 



50 
2 24 

1 01 



XX 



Bordo (cum- 
bre del ca- 
minoa Ata- 
cama) 



Febr. 12 



Volcan San Pedro. 

Cerro de Paniíi 1 

Puma Urco 

Volcan Jorjencal 

Licancaur , 

Toconao (estremo N) 

Volcan Tumisa , 

Mifiiques 

Socompa 

Quimal 2 

•I 1 

Cumbre de Aguadas , 

Morrito Solitario , 

Limón Verde 1 , 

Cerro de Palpana , 

Nevados Vizcachillas 1.. 

2..., 



11 
II 
II 



II 



II 



II 



Volcan Machuca... 

Cerro Inga 2 

II 11 1 

Ultimo aillo 

Nevado Rincón (?). 



XXI 



A tacama 
(200 n» al 
N R. do la 
plaza) 



Abril 8 



Cerro de Machuca 

Volcan Jorjencal , 

(.•umbre de Puripica 4 

Volcan Licancaur 

Cerro Inga 1 

II 2 

de fíonar , 

dePótor 

Volcan Colnchi , 

Cerro de Hí'car 

Volcan Lascar 

II Toconao 1.... 

II II 2.... 
Ceiro de Patos 

fi de Tumisa 



M 
II 



II 



355 89 

6 02 

14 80 

45 35 

47 02 

82 87 

116 18 

129 43 

159 00 

208 84 

210 22 

243 03 

249 87 

284 33 



21 

28 

45 

64 

69 

70 

85 

108 

114 

116 

123 

125 

127 

130 

186 



1 38 

2 00 
O 55 

O 46 



349 


00 


35 


54 


37 


14 


44 


19 


69 


05 


69 


51 



31 80 
- 1 16 
+ O 09 



82 37 
122 57 



1 18 30 

I 

1 15 80 
1 38 



48 

18, 

40 

55 

08 

20 

80 

58 

58 

53 

00 

05 

15 

45 

19 



3 46 30| 

4 01 30¡ 

5 10 30 
5 59 30 

4 44 
4 1 

2 33 

2 27 
2 14 30 

1 55 

2 15 



Itfeiisf BO Dfi otoEBVACIOMtSS. 



d¿ 



'o ? 

as ^ C 

«Je 

¿"fe 

t 


UOCÁLlDkü 


riCMA 


PONTO ODSCRVADO 


AZIMUT 
MAUNltTICO 


ÁMOULO 
VEUTICAL 


I, 

IXI 


A t acama 
(200" al 
N. . déla 
plaa) 


1884 
Abril 3 


CerixM de Lciía 1 


133 51 

134 47 

135 05 
145 19 
150 08 
153 37 
163 45 
171 02 
179 04 

233 40 

234 24 


1»39' 

1 22 
40 

57 
37 30 

25 

1 40 


ll 


,, ,, 2 




ffl ti 3**«a««>«B«> 


• l 

1 


Volcan Miñiriues 


1 
1 

1 

1 

1 




(!JeiTo NetjTo 




•• Péltur 


Oerroa de Pular 2 


Volcan Soconina 


II Llullaillaco 


Cerro ()uiinal 2 


II II l«>«>a«*>»«a«*< 


r 




IXII 


1 
Tooooao : Febr. 22 
<800» al N. t 
de la igle- 
sia) 


Volcan Machuca 


349 19 
1 57 
6 50 

14 40 

15 24 
30 00 
62 44 
97 45 

109 30 
112 17 
116 32 
135 20 
149 43 
171 85 
174 00 
179 16 
186 82 
207 20 
265 40 


2 03 

3 33 

4 38 

4 18 

5 52 
5 20 
4 47 
4 59 

5 

4 53 
2 21 
1 28 

58 30 
40 




II Purinica 3 


í 
( 

( 


II Licancanr 

Cerro Inira 1 , 




,, ,, 2 








II Honar 


II Pótor 




II Ilécar 


1 




Volcan Lascar 


1 


II Toconao 1 • 


1 

1 


,1 ■■ 2 


Cerro Tumisa 




M Miñiques...« 

II Pular 2 


II II 4 ■ • tt • « • a • • • • a A ■ a 




V^olcan Socomna 




II Llullaillaco «... 

Punta Pinffo-DÍDffo 


1 


Quimal 2 


i 




! IXIIl 


Cámar Fobr- 23 


Cerros de Le lía 3. 


120 40 
146 29^ 
117 00 
185 15 
193 11 
214 14 
228 43 
249 55 
265 

284 18 
284 31 




1 

i 
i 

i 

4 


(500™ arri- 
lia de loa 


V^olcan Miftiaues 


11 Pular 2 


ranchoc) 




II Socomna 


II Llullaillaco. 


Cono Pingo-pingo 

Puntilla de id 


II de la Sal 


Voffas de Carvajal 


Cerro Ouimnl 1 


,, ,, 2 


. 






iriv 

1 


Morro de Ffihr. 24 


Volcan Joriencal 


357 43 

00 20 

2 00 

4 55 

5 47 
37 27 


t 


Peine (1"»™ 
al Sur del 
aillo) 




II Purinica 3 


II Licancaur 


Cerro Inira 2 


11 II 1 


II deTumisa 



96 



LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 



: 5 < c I 



FKCIIA 



! 1884 
XXiV II Morro de Febr. 24 
i Peine 



PÜXTO OBSERVADO 



AZIMUT 
MAGNlh'IOO 



iCcrro lie Pato» 40* 



n 



de Lbjí» 



II M 

V*oIcan Pillar 



3. 
4. 
1. 
2. 



II II 

ti Soconipa.... 

II Llullaillaco 

Cono PingO'pingo ....! 237 

Puntilla de id ' 269 



6i± 

67 
168 
169 
182 
192 



I 



IXT 



Tilomonte 



Febr. 25 



Volcan Licancam ... 

Inga 2 

1. 1 

Tumisa , 

Lejía ^ 

I. 2 

Miniqnes 

Térro Negro 

Volcan Pillar 1 

2 

3 

Socompa 

II Llullaillaco 

Cono en Pingo- pingo 
Cerro Quimal 



II 



M 



M 



II 



II 
• I 



M 
II 



II 



II 



M 



O 
3 
4 

28 

38 

41 

80 

128 

162 

163 

170 

180 

191 

257 

312 



Xin i|k>tguola8 



it 



r 



Fobr. 26 



Volcan San Peilro 

San Pablo.. 

Jorjéncal ... 

Puripica 3.. 

Licancaur , 

Inga 2 

II 1 

Tnmisn , 

Novados Lejía 



II 
II 
II 
II 
Cerro 
II 
II 



II 
II 
11 



II 

M 
II 



3.. 
4.. 
2.. 
1.. 

Volcnn Mifiiquefl.. 
Cordillera Pular 1 

2 
3 
Volcan Socompa.. 



II 
II 



II 
II 



343 

344 

357 

259 

O 

2 

2 

15 

20 

22 

23 

28 

41 

128 

133 

158 

185 



20' 

02 

48 

37 

39 

54 

37 

40 

20 



56 
30 
16 
03 
24 
36 
10 
67 
07 
32 
23 
44 
48 
49 
05 



20 
43 
18 
11 
20 
18 
54 
39 
44 
4^ 
41 
00 
48 
32 
16 
20 
12 



ÁNGOLO 
VRRTXCAL 



3° 45' 



O 29 30 



1 23 30 



1 


38 


2 


42 


. 11 


06 


11 


08 



4 18 



IXVII 



Portciuelo 
*del Pajonal 



Feljr. 26 



Volcan San Pedro 
II San Pablo 

II Paiiiri 

II Jorjéncal.. 
M Puripica 3 
II Licancaur . 



344 
345 
347 
357 
359 
O 



32 

45 i 

29 

41 

26 

28 



REJlSTttO OK OBSERVACIOHES. 



97 



os < c 

U iJ p 

>^ « < 

v. g 



LOCALIDAD 



IXTII Portezuelo 
! del Pajonal 



FECUA 



Pü TO OBSERVADO 



1884 
Febr. 26 Siorm del Pular 3, 

A'olcan Soeompa 

II LluUaillaco ... 
{Nevado Guanaquero . 

Sierra de Imilac 

Iv.'ono en Pingo-pingo. 



AZIMUT 


ÁNGULO 


MAGNÉTICO 


VEBTICAr, 


93 43 


18° 54» 


189 47 


5 55 


203 00 




205 68 




266 00 




326 31 




• 





( 

XXVin2"portezue.Febr. 26 
lo 



Volcan Socoinpa 
Sierra Pular 3... 
iAsrro Pt^tur 



188 

70 

110 



' XXII iSocompa Febr. 27 
' (pascana) ¡ 



I I 

XXI 1* alto entre Febr. 28 

Soeompa i 

Samenta 



Nevado de Soeompa 
Cumbres al Sur oc. ., 

p.., 



320 


45 


9 42 


177 


50 




183 


00 


5 09 



Volcan Soeompa , 

Cumbres al Sur « , 

P-v 

cráter., 

V^ olean LluUaillaco 

Nevados al oriente 1 

2 



it 



II 



324 31 

191 21 

198 03 

43 30 

54 55 

265 23 

270 3 



5 25 

3 24 

4 40 



•t 



XXXI 



2** alto entre 
Soeompa i 
Samenta 



Febr. 28 Volcan Soeompa 

M LluUaillaco... 

cniter 

Cumbre al poniente p. 

II if 0(. 

Nevados al oriente 1 . 

M M 2 . 



XXXII 



Samente(2^- 
al Sur de la 
Pascana). 



Febr. 29 



Nevado de Gípur . . 

( 'onos uevatlos 1 . . . . 

M M 2.... 

Neraíios de Pocitas 



324 
248 
251 
241 
236 
32 
36 



14 
20 
21 
55 



31 ' 
33 

55 
40 
38 
43 



49 
44 
17 
05 



IXXIll Cori (alto a 
1600-alNE 
de la pasca* 

na) 



Marzo 1" ¡Cerro de Ciípur.. 
Conos nevados 1 



II 



it 



I 



MOITO Y ' 

Nevado £ ' 145 

1 



n 



Yuyayaco 

V^olcan Soeompa 
<«uanaquero 



Cerro de Azufre. 



{ 



3 09 



1 38 30 



2 


12 


1 09 


11 


09 




11 


40 




64 


27 




145 


13 




153 


13 




288 


27 




326 


45 




313 


06 




254 


20 




255 


06 





M 



LAS GORDÍLLÉRAS DE AtÁCAMÁ« 



M .4 U 

s M 2! 
» "^ i 



LOCALIDAD 



FECHA 



XXXIV 



Portezuelo 
entre Cori 
i Can 



1884 
Marzo 1 



PUNTO OBSBBVADO 



AZIMUT 
MAONBTICX) 



ÁNGULO 
VERTICAL 



Cerro de Azufra 



{ 



260 
261 



Volcau Llullaillaco | 288 

(tuanaquero I 309 



Volcan Socumpa. 
Cerro Dos Puntas . . 

Antofallito 1. 
H 2. 

Mevado e 

-n 



fi 

M 
II 
II 



II 



323 
98 
128 
129 
177 



32 
43 
36 
39 
03 
40 
31 
26 
40 



r45* 



1 
O 



04 
41 



30 



4 13 



xxxv 



Morro do Mai'zo 
Caví (4^ al! 
Sur do la 
pascana). 



Nevado i 229 32 

.1 7) 261 44 

Volcan Llullaillaco I 291 11 

332 47 

346 50 

358 53 

359 03 
21 23 
82 50 

140 07 

142 28 



Nevado Péltur 

II Cápur 

Conos nevados 1 

II II 2 

Nevado de Pocitas..... 

Cerro Dos Puntas 

Nevado Antofallita 1. 

2. 



II 



II 



XXXVI 



Portezuelo 

al pié de la 

sierra de 

Antofallita 



Marzo 2 



Cerro Péltur 

it Cápur 

Sierra Antofallita 2 

Nevado Calalaste 

Volcan de Antofalla 

Novado 7} 



332 
345 
70 
161 
204 
298 



55 
12 
00 
18 
08 
32 



6 06 



4 
1 
O 
O 



08 
17 
47 

48^ 



O 32^ 



O 25 
14 00 



XXXYII 



Antofalla 
(en la ba- 
rranca del 
alojadero) 



Marzo 3 



Sierra Antofallita 2. 
Nevados Mojones 1. 

II M • 2. 

II II 3. 

II II 4. 

II Calalaste.... 
Volcan de Antofalla 



258 
106 
110 
115 
117 
150 
245 



20 
15 
16 
18 
31 
47 
23 



mviii 



Orilla del Marzo 3 

Salar de 
Antofalla * 



Cerro Dos Puntas 

Nevado Mojones 4 

II Calalaste 

11 San Francisco 

II Antofalla 

II Antofallita 



29 
140 
175 
202 
239 
344 



7 12 
2 13 30 
2 36 30 
2 35 
2 27 
2 44 
6 42 



30 



XXXIX 



Antofallita 



Marzo 6 



Cerro Dos Puntas 



63 57 



4 19 



X 'Estos rumbos son tomados a briijula. 



IlEJISTUO DE OBSERVACIONES. 



99 



1 
D S5 

AS •< C 

a j ^ 

5 K 5 


LOCALIDAD 


FECHA 


PrKTO OBSERVADO 


AZIMUT 
MAQNI^/riCO 


ÁSGUIX) 
VERTICAL 


1 
1 


Ciénaga 


1884 
Marzo 6 


Cerro Dos Puntas 


2* 00* 
3 00 




1 


Alojadero Cortaderal 


XLl 


Portezuelo 
del Cor- 
taderal 


Alarzo 6 


Cerro Péltur 


302 42 


4» 




4 


II Citpur 


317 07 55 
80 14 2 18 
186 40 4 05 
342 1 


' 


II Traouita 




Dos Puntas... a.. 


'1 

1 


Ciónaga 




i XUI 

1 

1 


Aguas Ca- 
lientes 


Marzo 8 


Pascana Antofallita 

Nevado de Calalaste 


300 10 

184 


2 2 


1 

XLIII 


Alto (le A n-' Marzo 1 1 


Nevado Calalaste 


322 50 

333 50 

353 50 

346 50 

353 55 

35/ 13 

1 23 

49 46 

75 28 

79 43 

120 32 

121 38 

148 
171 
181 


1 53 

1 04 
21 

2 51 

3 48 
3 50 

2 06 

-(0 6) 
5 




tofagasta 
a 3| vn al 

N102«SE. 
del pueblo 


• 


Portezuelo id 


1 

ri 
1 

i; 


Ciénaga de Mojones, 

Nevados de Mojones 4 

II II 3 

II it 2 

II II 1 

Nevado Laguna Diamante. 
Corro Colorado 1 


II M 2 


Cerros Laguna Blanca... 1 

El Peñón i portezuelo de 

Pasto de Ventura 

Cerro do Carachapampa. . . 
Portezuelo delRobleo...... 


I 

xrjT 


Alt3 del 
Chorrillo 
(500™ al N 
(le la pas- 
cana) 


Marzo 13 


Cerro Colorado 1 


129 30 
136 40 
201 

202 80 
339 00 








II II 2 


Estación XLIII 


Nevado San Francisco 

II Molones 3 




1 

XLV 

1 


Panilla 


1 

Marzo 14 


Cerro Ijaguna Diamante... 
Nevado 8an Francisco.,... 

ti Ijaguna Brava 

Nevados Mojones 3 


160 35 
218 55 
233 40 
272 49 


3 40 
3 3 

2 43 




XLYI 

1 


Morro Inca- 
huasi 


Marzo 14 


1 

Nevado de Acay (?) 

Cerro del Tolar 


6 43 
16 42 
22 20 
71 20 

188 18 

208 

200 06 


21 

1 25 
- (0 20) 




Sierra de Luracatao 

Pascana de Patos 


Nevado Ijaguna Diamante. 
II San Buena ventu- 
ra (?) 1 



13 



100 



LAS OORDILtGRAS DE ATACAMA. 



O 95 














ec < O 
Si: ij r* 








AZIMUT 


ÁNGULO 


So 

r^ w í 


LOrALIDAD 


FEHIA 


PUNTO ORSKUVADO 


MAÍÍ.N'ÉTUX» 


VKUTICAL 


v; *^ O, 


















1S84 








XIiVI iMnrrr» TnoA- 


Marzo 14 


Volcan Peinado 


21 5<^ 
220 


12' 
28 






huSlRÍ 


Nevado San Francisco.... 










M Jja^ina Ikava 


231 


10 


- (10) 








II Calalaste 


217 

2:a 


13 
55 


07 


II Mojones 3 








it I. 2 


207 


35 




] 






II II I..*»..... 


201 
290 


22 
10 
52 


49 


Volcan Antíifal la 


32 


Sierra Antofalliti 2 




. 






It M 1 


291 


35 










Volcan Soconina 


306 


58 


- (28 45) 








Cerro IVltur 


312 
321 


37 
16 


II CúDur 


- (21) 








II Miñitiues 


328 


09 








II Pocitas .'.... 


337 
353 


50 

28 




II Traquita 










Nevado Pastos (irandes 1 


359 


02 


- (14) 


xmi 


I laya di v i - Marzo 1 1 


Nevado en el límite 1 


189 








seria (nini- 


II II 2 


199 


30 






l)os a brú- 


II Laguna Diamante.. 


220 






1 


jula) 




Morro Incahuasi 

Cerro Dos Puntas 


260 
300 






1 

XLVIII 


1 

Alto de Marzo 20 
Luracatao 


Nevados de Cachi 1 


353 


25 


3 51 


(2000»' al n; 












de la fínca) 


• 






• 


XLIX 


Colpayo 


Marzo 21 Nevados de Cachi 1 


15 


50 


7 21 








II II 2 


21 


40 










II II 3 


46 


00 




L 


Abra del Te- 


Marzo 22 Nevados de Cuchi 1 


34 


05 






lar 




II II 2 


46 


57 


7 45 








II II 3 


77 


28 


9 38 








II Pastos Grandes 1 


327 


27 


1 14 








II Arizaro. 


347 


28 








LI 


Cortaderas Marzo 23 Nevados de Cachi 1 


63 










• 


1. II 2 

n 3 


75 
106 




8 20 
7 13 








II del Rincón 1 


305 


29 


15 30 








M 1. 2 


306 


10 










II Pastos Grandes 1 


319 


18 


1 48 








•1 II 2 


328 


48 










II de Arizaro 


342 
352 


10 
05 


1 12 


II de Caw.rcUari 


1 08 



REJISTRO DE OBSERVACIONES. 



101 



' ' 5«: ^ '^ 

' 5s a r= 



lAX'ALlDAI) 



y: 






III 



FE< II \ 



I UNTO (U;; K VAI>0 



AZIMUT 
MAlí.N ÉTICO 



1884 I 

Morro entre' Marzo 23 Nevados de Cachi 1 

2 



Cortaderas, 
i Pastos 
(trandes 



ti II 3 

Alojadero Cortadera! 

Nevado del Tolar 

Cerro Tratjuita 

VolcAii Llullaillaco 

Nevado del Kiiicoii 1... 

II M 2... 

Pastos (irandcs 



11 



II 



II 



M 



de Arizaro.., 
de Cauruhari 




ÁNGULO 
VEliTK'AL 



5M5' 
4 39 



O 19 



2 
2 
1 
1 



12 
13 
28 
21 




Nevailo Arizaro 

II Caurchari 

Nevados de Cachi 2.. 

II II 3.. 

Nevado de Luracatao. 

Cerro Tra<|uita 

Morro Estación LII.. 



Portezuelo 



en el cami- 
no de (^ui- 
ron 



Marzo 24 Nevados de Cachi 2. 
II II 3. 



3 
18 
121 
130 
165 
195 
139 



117 
124 



20 
30 
06 
00 
48 
18 
50 



Nevado del Tolar | 148 

tt Lurat'atao 156 

it Pastos (irandes 1 349 



I.Y 



Quiron (2'i'" Marzo 25 Nevados Pastos (irandes 1 
al N.) 



M 
II 
II 
II 



Pocitas 
Rincón 1 . 

II 2. 

M 3. 



81 
242 
306 
308 
811 



05 
50 
30 
20 



l.VÍ 



Portezuelo Marzo 25 Nevados Pastos Grandes 2; 107 
entre <>ui n n n 1 132 

ron i Fiíltla Conos al Oeste i 277 

Cii-nagu I Nevado Rincón 1 284 

II M 2 

II II 3 

Volcan liitscar 

II Colachi 



288 
290 
309 
314 



40 
00 
30 
30 

20 
30 
10 



I 



I 



J.TIÍ í^'alda Cií'' 
naga 



I I 

Marzo 20 Nevados Pastos (irandes 1 



140 



II 

II 



Rincón 1 258 



I 



II 2 202 

,1 M 3 265 

Volcan L'^Kcar 304 

II C<»lachi,..., 309 



32 
04 
57 
16 
14 
49 



3 22 

2 41 

3 31 30 
3 01 

1 34 I 

1 10 I 



27 




30 


2 


45 




03 




53 


11 31 



2 21 
2 53 30 
2 41 

O 47 
O 40 



102 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



= ^ 5 

a •< c 

. í -» C 

I, S M < 

í-* G í- 

I 



LOCALIDAO 



KECIIA 



PUNTO OD.-EÜVADO 



I.VIII 



AZIMUT 
MAUXKTia» 



ANT«riX> 
YKRTKAL 



LIX 



I.X 



I.XI 



1884 

(Tuaitiquiíia' Marzo 27 Xc vados Pastos O raiidcs 2 13V 

II II II 1_ l*iS 

Xcvado de Pocitia ' 173 

Kiiicon 3 ' 191 

I, 1 1 193 



II 
II 



II 



M 



2 



Conos Nevados. 



194 
218 
220 

Xcvados Lejía 1 1 279 

M M 3 • 280 

Volcan Lascar ' 300 



I 21 
\ 22 



43' 


r 5' 


32 


45 


Ü3 




47 




22 




35 




23 1 

05 

18 


1 30 
1 25 


25 




15 


1 03 



Vguas C'a- 
liuntcs (4 ■ 
al Oeste ('o 
laPasoana) 



\I ai*zo 2 8 Xevados Lcj ía 1 

Volean Tumisa. 

II Toconao Oeste. 
M Ltscar 



198 
277 
318 
339 



Morro de 
Soncor (2'»'" 
al Oeste de 
loa Patcs) 



Marzo 29 ¡V olean Ht^car.... 

Toconao. 



57 



00 
20 
40 
20 



00 



M 



Cerro Patos 

II Tumisa 

Volcan Soconipa . . . . 

II LluUaillaco. 
Cono Pingo -pingo.. 
Puntilla id 



I 88 42 \ 
\ 92 00 / 



Cerro Qnimal 

Abra de la Teca. . 
V^olcau S. Podro . 

II Paniri .... 

II Lir'ancaur 



\ 



8S 
92 
110 
131 
185 
191 
211 
223 
270 
277 
302 
331 
335 
351 



47 

51 

06 

22 

22 

47 

4 

O 

5(5 

38 

26 

30 



;} 



Alto del ca 
mino entn 
Ctuatin i 
Machuca 



Abril 5 



V^olcan Machuca 

II Jorjéncal 

Nevados de Puripica 1 
II II 2 

II II 3 

II II 4 

Cerro Inga o Jurique 

Vülcaii Licíincaur 

II L;iscar 

Toconao 



/ 119 10 ) 
•*" \ 121 55 / 



II 



Volcanes Lej'a 1 . 

II M 2. 

II M 3. 

'erro Tumisa 

II Mi ñiques.. 



{ 



40 

43 

61 

79 

88 

98 

119 

121 

125 

142 

14") 

146 

1^0 

151 

142 

153 

155 



24 
38 
00 
25 
37 
22 



30 
43 
10 
48 
15 
45 
08 
00 
31 



4 01 

4 58 I 

4 51 

8 00 , 

6 13 
8 14 

O 56 I 
O 37 30 , 
(O 06) 
(O 47) 

O 32 30 * 

O 24 

O 33 30 , 

2 40 30 



8 16 
6 14 
5 33 
5 42 

5 13 

6 14 

3 05 

4 13 30 
O 56 



ti 



O 37 
O 41 



ti 



REJISTRO DE OBSERVACIONES. 



103 



rrrr- 



< z 



z :■: < 



LXÍ 



LOTAl IDAP FECHA 



rUNTO OBSFRVADU 



AZIMUT 
MA<;NÉTIí() 



AN(íri.O 
VEKIK'AL 



I 1884 

Alto del ca- Abril 5 (erro Cjípur 
mino entre! 
I II a 1 1 n 1 



Machuca 



I II Piltur 

Cordillera IVar 2 

' II II 3 

Volcan Soccinp«v 

Cerro (iimnaquero 

{Volcan Llullaillaco ' 181 

Cerro Quinial < ^^o 

I 



ir>0" 

KJC 
IGS 
171 
174 
178 



LXII 



Alto entre Abril 6 Nevados Virxachi lia 1 1 29 



Machuca 
Putaña 



II 11 2 1 3r, 

Camino de(^uetcna ' r)S 

ti) 

Si O 
9tí 
113 
120 
12G 
1G9 
175 
181 
330 



Volcan de Putaña. 

Jorjt'ncal , 

Xevaíks de Punpica 1 , 

f. II 2 

if II 3 

' ti II 4 

'Sierní del Pular 2 

Volcan Socompa 

11 Llullaillaco 

II Paniri 

Cerros Puma U reo i Copa- 
coya 

I del Cajón (?) 3 

II do Tatio 6 



I .XI U Abra en el Abril 6 Cerro Puma Urco 337 



Divortia 
aquaru vi 
entre las 
hoyas de 
los ríos Loa 
i Atacama 



1. 
2. 
3. 
4. 
5. 
6. 



Volcan Linzor.. 
Cerros de Tatio 

II M 

M II 

M II 

II 11 

II II 

II de Puripica 1 | 132 

II II 2 139 

II II 3 ! 141 

II II 4 1 144 

Volcan Jorjt'ncal ' 135 



4 
19 
21 
29 
39 
54 
102 



II 



Licancaur. 



149 



12' 

11 

58 

00 

40 

24 

01 

03 

34 



50 
27 
00 
44 
50 
17 
57 
00 
30 
55 
17 
19 
15 



}- 

I 



(O 10) 

o o:4 

(O 08) 
(O 25) 
(O 10) 

(O 06) 



3 53 

3 5(5 

4 34 

6 30 
6 02 
4 10 

3 29 

4 06 



1 20 



341 


12 


1 34 


346 


42 


53 30 


359 


27 , 


3 17 i 



50 
18 
27 
02 
35 
33 
13 
52 
00 
15 
24 
08 
50 
50 



2 21 

3 15 

3 30 

4 49 
4 30 
6 29 

13 43 



2 
3 
1 



17 
17 
í>4 



IXIV 



Abi-a cntrcí 
' Copacoyae 
. Inacaliri 



Abril 7 



Cerros de Si la guala 1 . 
II II 2, 

II M 3. 

Volcan Linzor 

Cerro do Copacoya. . . . 
Cerros de l\itio 1 . . . . 

2 . . . . 

3.... 

4.... 



II 
II 
11 
II 



II 
II 
II 



II 



6 


46 


11 


10 


20 


06 


•12 


40 


243 


56 


111 


37 


120 


48 


135 


9.0 



5 09 
5 26 



150 
157 



50 
30 



5 
13 
10 
5 
5 
6 
4 
2 



18 
25 
20 
44 
44 
12 
09 
39 



104 



LAS ÜOBDILLEKAS DE ATACAMA. 



=> ^ ? 

S ü¿ < 

- a ir 


LOCALIDAD 


FECHA 


PUNTO OBSERVADO 


AZIMUT 
MAÜNÉTKX; 


ÁNGULO 

VEETICAL 

1 


LXV 

1 


Llano de 
Inacaliri 


1884 
Abrü 7 


Cerro Copacoya 


1950 

244 

279 

294 

299 

309 

318 

325 

335 

29 

38 

51 

98 


33' 

54 

25 

42 

17 

57 

30 

44 

35 

20 

33 

34 

25 


8-17' . 
11 50 
4 37 
2 16 
2 27 

1 12 1 

2 25 

3 19 

4 50 

7 27 
2 44 

8 10 
10 43 

• 


II Puma Urco 


II Paniri 1 


Volcan iS. Pedro 


II S. Pablo 


Cerro Polapi (?) 


Cerros del Cajón 3 


II 1, 2 


II 1, 1 


II de Sila guala 1 

II II 2 

•1 II 3 

Volcan Linzor 




i J.XVI 


1 
Colana. ' Abril 8 


Cerros del Cajón 3 


55 
122 
133 
148 
195 
234 
281 
287 


15 
20 
57 
34 
54 
00 
05 
50 


3 5 
2 09 

4 55 
9 32 
2 38 

5 12 

6 20 
• 


1 






1 1 Linzor 


M dcTatio 3 


1 ' 


■ 


II Puma Urco.. 




Volcan Paniri 






Cerro Carcañal 


Volcan S. Pedro 


1 


II S. Pablo 




LXVIl 

i 

! 

1 1 


Abra Ijailai 


Abril 8 


Cerro Aral o Juca 

II Chac-Inga 

II de Cañapa J 

II de Ascotan 


344 

349 

' 353 

355 



6 

' 17 

18 

22 

29 

34 

36 

142 

163 

190 


42 

55 

56^ 

39 

23 

11 

41 ' 

06 

12 

00 

00 

05 

48 

05 

44 


1 57 

2 11 • 

• 1 19 

2 13 

48 

• 1 46 

2 32 

4 20 

6 13 

5 03 

3 42 


II Coyomiche 


II Tapaquilcha - 

Cerros Barrancane 1 

ti II 2 

M II 3 

n M 4 

II del Cajón 1 

II II 2 

Volcan Paniri 


H 




I.XV1II 
I.XIX 

t 


Abra Chac- 
Inga (riimb. 
con briljula) 

A 8 c o t a n 
(Kst'ibleci- 
miento) 


Abril 8 


Cerro Capina 

II Laguna Colorada ■ 

Nevados A ucanquilcha 1 . . . 

M II 2... 

" ip 3... 
Cerro de Amilcha 


95 

' 106 

110 


00 
00 
00 




Abril 9 


325 
326 
327 
332 
' 346 
348 


08 
29 
50 
29 
40 
27 


2 08 
2 13 

1 09 í 

1 48 


" 

1 


cráter . 



tt 



BEJISTBO DE OBSERVACIONES. 



103 



as •< c 

« J ü 

^ üS < 

1 « 


LOCALIDAD 


FECHA 


PUNTO OBSERVADO 


AZIMUT 
MAGNI^iriCO 


1 

ÁNGULO I, 
VEUTICAL 


■ 




1884 










IXIX 


A s c t a 11 Abril 9 


Volcan Oyagua 


sno*» 


23' 


2" 34* ' 




(Estableci- 




Cerros Aral o Inca 2 


25 


48 


8 49 




miento) 




II it II 1 


28 


19 


8 52 


1 

1 






II de llamaditas 


5.') 


30 


4 20 








II de (^iieñual 1 


59 
(JO 


54 
56 


3 21 
3 31 


■ 






M de Ascotan 1. ... •! 


' 71 
76 


37 
37 


7 09 
6 50 








M II 2 


79 


21 


6 40 








II Barrancanc 1 


101 


25 










II II 2 


104 


47 




1 






11 II 3 


IOS 


51 


4 41 


1 






I! M 4 


111 


00 


4 32 




^ 




II Chac— Inca 


128 


11 


4 36 








«1 de Azufre 


162 


15 


11 51 




LXX 


1 
Orilla del Abril 10 Volcan Ovacrua 


5 


17 


3 00 


1 

r 


Salar de 


1 (^ 
Cerros de Cañcipa 1 


35 


00 




1 


Asco tan 




2 


38 


15 


4 50 








II de Aral 2 


56 
60 
80 
' 91 
95 


10 
46 
30 
54 
00 


9 45 
9 30 

. 5 47 


II It l.«««.«***aa. 


Corro Haniaditas 


Cerros de Ascotan 1.... • 








II II 2 


98 


35 


I 






11 Barrancane 1 


110 


35 










II II 2.. 


112 


37 










II II 3....... 


115 


47 










11 II 4 


117 


32 










Cerro Chac-Incra 


131 


57 


3 15 








Volcan Ijiíllai 


137 
154 
257 


32 
00 
25 


2 43 

7 27 

10 39 




Cerro de Azufre....... 


II de l*olapi 


1 
p 






II de Pal nana 


281 
308 
310 
326 
327 


42 
33 
40 
15 
17 


4 42 
3 00 

2 34 


11 de Chela 


Morro del Cebollar 


Nevados Aucauquilcha 1 . . . 
II II 2... 


1 






II II 3... 


328 


56 








Cerro de Amilcha 


333 


Í2 


1 21 








crát-er 


' 352 
354 


20 
15 






IJLXI 


Abra Cebo- Abril 10 


Cráter • 


\ 11 
14 

20 

39 


56 
30 
30 
41 


1 30 


llar. 




Morro del CclK»lIn.r .'. .. 


Corro de Coyomiche 


1 






Coitos de Cañapii 1 


57 


35 


• 








,, ,, 2 


60 
65 
81 


40 
07 
12 


1 57 
4 U 


1 1 de Tapaíjuilcha 

II de Aral 2 



106 



LAS CORDILLEBAS DE ATACAMA. 



« << o 
* « < 

25 ^^ 



UXI 



ll 



lAXTÁLIDAD 



Abra Cebo- 
llar. 



FECHA 



rUNTO OBSERVADO 



AZIMUT 

MAGNKTia> 



ÁNGULO 
VERTICAL 



1884 
Abril 10 



CeiTO de Aral 1 

II <^>uebra(la (¿rande... 

fi Ilamaditas 

M de Ascotaii 2 

II Barmucane 1 

tt 11 4 

II Polapi 

Nevado Cebollar 

II Palpana 

II Chela 

Volcan Miño 

Cerro Aucauquilcha 2 

11 de Ainilcha 

Volcan Olea 

Nevado de Knipexa 



84» 
90 
92 
102 
110 
115 
197 
252 
281 
315 
320 
335 
341 
345 
351 



10* 

56 

23 

45 

23 

25 

00 

00 

15 

18 

30 

08 

05 

12 

58 



axil 



Laguna Ver 
do. 



Abril 11 



Nevados A ucanqnilcha 2 . . . 340 



II 



II 



«5. • . 



Cerros Talapacá 

Volcan Oyagua 

cráter apagado. 
Cerro de Chela 



/ 29 52 ) 
\ 30 27 ) 



(XXIIl 



Falda de Abril 11 
Chela. 



{ 



Cen*os de Talnpac;) 

Cerro de Cliuhuana 

Volcan Oyagua 

Cerro Coyomiohe 

cráter apagado... 
Cerro Suenaj 

Cerros Cañapa , 

Queñual 

Quebrada Grande ... 

Aral 2 

.1 1 

de Ascotan 1 

II 2 

]3aiTancane 2 

II 3 

II 4 

Clinc-Inpfa 

Volcau Lailai 

Cerro de Azufre 

II de Polapi 

Nevado del Ce)x)llar 

Cerro de Cueva 



{ 



II 
II 
II 
II 
II 
II 
II 
II 
II 
II 



II 



II 



de Palpana 
de Chela.... 



1 
I 



343 
29 
30 
54 
67 

273 



33 

33 

52 

62 

67 

79 

85 

99 

101 

104 

109 

119 

120 

122 

124 

126 

127 

128 

135 

138 

142 

156 

167 

175 

189 

192 

242 

246 



25 

42 

52 

2; 

08 

25 

20 



24 

48 

38 

08 

52 

18 

15 

00 

30 

00 

17 

32 

50 

50 

25 

20 

21 

08 

03 

29 

25 

45 

36 

45 

25 

40 

20 

15 



i 



1" 22* 

2 04 

5 53 

5 44 

3 00 

1 17 

2 23 

O 51 
O 05 



6 18 



1 27 



4 

4 



16 
02 



13 34 



1 00 

O 42 
3 10 



1 25 



1 28 

1 00 

2 15 



+ 1 10 



O 
1 
3 
3 
2 



48 
42 
35 
36 

58 



6 00 



.1 



KEJI8TRO DE OBSERVACIONES, 



107 



I ¿ < O 

i « "^ O 

S aa •< 

I te, ** 



LOCALIDAD 



FECHA 



LXXIII Falda de 
Chela. 



1884 
Abril 11 



PUNTO OBSERVADO 



ÁNGULO 



AZIMUT 
MAGNÉTia» VüK'ri'AL 



Alojadero Laguna Verde. . . 

Volcan Miño 

Nevados A ucanquilcha 1 . . . 
II M 2... 

Óm,, 



II 



II 



IJLXIV 



Morro Caí- Abril 12 Cerro Juquilla 
chape. 



ri Talapacá. . 
II Chuhuana. 



í 



M 



Volcan Oyagiia i 

Cerro Callejón 

t II Sucnaj 

M Laguna Honda ' 

I cníter apagado -j 

Cerro de Cañapa 1 1 

Capina ¡ 

Laguna Coloracla. ] 

II Aral 

II Azufre 

Volcan S. Pablo 

Cerro Polapi 

II CelioIIar 

M Cueva 



I " 



M Palpana 
II Chela... 



Laguna. Verde 

Cerros Aucauíiuilclia 2 . . . , 

M „ 3... 
Cerro Amilalla 



IXXY ^iédclOya- Abril 12 
gua 



Corro Juquilla.., 
II Tulapacá .. 
II Cliuhuaua 



{ 



II 
II 



Kscapa 

Coyomiche. 
Volcan Üyagua.., 
'erro de Polapi. . 
Cebollar.... 
Cueva 



II 
II 



II 



Palpana 
II Chela... 



í 



Morro Cairhape 

Nevado Aucanquilclia 2... 



6 

24 

25 

57 

71 

88 

120 

188 

196 

202 

208 

211 

225 

228 

265 



127'' 


40' 




314 


13 


3«10* 


342 


10 




347 


15 


21 


351 


10 





48 
10 
26 
18 
00 
37 

00 

05 
38 
02 
43 
00 
40 
38 
20 



} 



2 42 

1 52 

1 34 

3 55 

2 29 



1 13 



9 


06 




21 
21 


07 
40 


1 23 


44 


21 


57 


63 


16 




78 


02 


1 19 


87 


15 


1 48 


98- 


10 




98 


48 




103 


00 




105 


34 


2 38 


116 


52 


28 


119 
119 


20' 
38 


32 


126 


10 


2 14 


143 


19 




155 


34 


1 33 


161 


40 




171 


45 




178 


45 




190 


00 




191 


15 


3 42 


211 
215 


30 
00 


■ 5 14 


180 


00 




184 


00 




295 


50 


8 23 


302 


12 




321 


20 


3 18 



14 



108 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



M "1 i; 

w J o 

s u < 

^ ^ (A 



LOCALIDAD 



FECHA 



PINTO OI)>ERVAI)ü 



AZIMUT ÁNGULO l¡ 

MAGNÉTICO VKKTICAL 



LXXV Pi^tlelOya. 
gua. 



1884 

Abril 12 Nevado Aucanquilcha 3... 268° 

Cerro Ainilche 291 

II Ijagima Michiucha 1 310 

.1 M 2 314 

Volcan Olea 2 318 

1 322 



II 



M 



MXVI 



Alto Coyo- 
miche. 



Abril 13 Cerro Chuhuaiia 
II Escapa. 



I 



II 



M 



II 



11 
II 



i 



Quclacatiii 

Cauchapatn 

Cerilla 

II Callejón 

Tapaqiiilcha 

Coyomichc 

\' olean Oyagua 

Nevado Aucanquilcha 2... 
II II 3... 

Volcan Miño 

Cerro Laguna Michlncha 1 

II M 2 

Volcan Olea 2 

II II 1 

Cerro Juquilla 

Tttlapacá j 

I 



M 



6 

63 

80 

91 

92 

128 

172 

177 

210 

241 

258 

259 

260 

285 

286 

287 

289 

305 

313 

317 



I.XXVI1 



Alto del cu-! Abril 13 Corro Talapacá. 



mino al N. 
del rio. 



II 
11 
II 
II 
II 
II 

M 
II 



Cliuhuana. . . . 

Escapa 

San Agustiu 

Cerilla 

Chuhuilla 1.. 
II 2.. 

Callejón 

Tapac^uilcha 



I 

í 321 

( 325 



5 

42 

58 

76 

133 

143 

166 

174 



LXXVIll 



Pi<5 del Ca 
Uejon. 



Abril 13 



Cerro Clinhuana . . , 

Escapa 

Cerilla 

Callejón 

Chnyunque.. 
Tapaqnilcha 
Azufre , 

Volcan San Pablo . 
II San Pedro. 

Corro de Aral 

ti Cañapa .....< 



II 
II 
II 
II 
II 

M 



4 

23 

26 

87 

143 

163 

204 

206 

200 

214 

221 



10* 

10 

25 

00 

25 

38 



08 
53 
52 
27 
50 
20 
23 
00 
15 
36 
35 
39 
38 
46 
14 
42 
37 
45 
00 
08 



09 
50 
28 
06 
07 
14 
12 
00 
25 
38 



20 
36 
00 
15 
45 
00 
08 
12 
13 
48 
42 



2O0S' 
2 46 



7 20 

2 49 

3 15 
7 37 

4 29 

10 01 
3 39 

2 00 
1 38 

1 04 



3 07 



3 38 

08 

1 57 

2 16 

4 53 

3 56 



1 50 



16 52 



1 33 00 

1 18 

2 22 



BEJ18TB0 DE OBSGBV ACIÓN ES. 



109 



§ ^ ^ LOCALIDAD 



¥& HA 



PUNTO OBSERVADO 



I I 

¡ LXXnil Vié del Ca 
I Dcjon 



1884 ! 
Abril 13 Cerro Laguna Honda. 

Volcan Oyagua 



AZIMUT 
MAUNKTKX) 



Anouix» 
vertical 



232« 00' 
379 35 I 
2S0 3:> ) 



60 34' 
3 36 



;Ccrro de Coyomiohe I 336 00 



LIXIXRio Turu 
quirv 



I 
Abril 11 Cerro Callejón 

ChuhuilU 2. 



M 
II 
II 
M 
II 
H 



Tapa(|uilcha 

Cañapa 

Laguna Honda.. 

8uenaj 

Aucanqiiilcha 2, 



Volcan Oyagua 



( 



48 
110 
163 
229 
242 
255 
280 
285 
286 



Cerro Coyomiche | 339 



25 
33 
35 
28 
30 
32 
56 
42 
35 
15 



LXXX Camino ca- 
! rretcro de 
< Guancliaca 



M 



II 



I I 

{21 
22 

Quelacatin 29 

Chuhuilla2 88 

' Portezuelo Cuatro M ojones 191 

¡Cerro Chulleneque 171 

Corroa Queñual 3 198 

2 204 

1 210 

II Tapaquilcha 3 261 

, Volcan Olea 306 

Cerro Callejón i 323 

M Escapa ' 359 



II 



II 



M 



11 



09 
27 
53 
10 
30 
15 
38 
36 
35 
33 
13 
42 
07 



LXXX I Portezuelo 
Cuatro Mo- 
jones 



Abril 1 4 Cerro Chullenec¿uc 

(I Quebrada («raude... 

II Tapjtriuílcha 

II Callejón 



r.xxxii 



Abra Chu- Abril 14 
llencque 



Cerro Chuhuilla 2 28 

Nevarlo Quetena ' 141 

Torque 144 



II 



Morrito Pasto ( f raude 153 

Peñón Tra(initi 163 

Nevado ChuUcncíiuc 221 

Corro Can apa 2 271 

M II 1 274 

•I Tapaquilcha 1 1 289 

II II 3 j 295 

II Coyomiche 322 

M Callejón i 324 



15 
26 
50 
43 
45 
00 
20 
25 
40 
50 
40 
53 



14 32 



3 24 
6 50 



7 30 

4 38 

4 50 

4 48 

10 25 

32 
4 19 

1 06 



O 24 
O 38 



6 28 

2 12 
2 30 




I 



lio 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 






o a: 

^ < o 

'Í'¿% LOCAllDAD 



FECHA 



LUXIll Manca huai- 

i co. 



1881 
Aliril 15 



Lmiv 



Morro alto 
del Divisa- 
dero. 



Abril 15 



rCNTO OBSr.RVACO 



AZIMUT 

MAGNÉTICO 



Nevado Ln gti na Colorada. . 170' 

M Capina | 176 

Morrito 175 

Peñón Traquita 188 

Nevado Quebrada ( i randc. 202 

Cerros Qucñual 3 260 

2 262 

1 264 

ChuUcnofiuc 286 

Tapaquilcha 1 206 

M 3 300 

aiuhuilla2 334 



ti 
II 

II 

M 

II 
11 



II 
11 



Cerro de Ubcrla. 



I 

{ 



M 



Ayula 

Cañiza i 

Chorol([tic ' 

Cerrillos 

San Pablo ¡ 

Santa Isabel, Esmo- ) 
raca, etc | 

í 
. \ 

II Siin Antonio.... 

II Pedernales 

II Laguna Celeste 

II Suniquira., 



Nevado de López. 



Cerro Laguna Colora 



ada.. < 



II Capina ....i 

¡ Peñón Traquita 

Cerro Quebrada Grande... 

II Qucñual 1 

Cañopa 

ChuUcncquc 

Tapaquilcha 1 

3 

Chuhuilla 2 

I. 1 

Ckuhuana 

Escapa 

Cíinchapata . 

Quelacatin .... 



I .^>-, 



II 
II 
II 
II 
II 
II 
11 
II 

II 



{ 



II 



Q uchú acu- 
ello (Rio Ca- 
tal) 



Abril 16 Morro Estación LXXXIV 
Cordillem Chuhuilla 2 



AKGVÍJ) 
VERTICAL 



w mi 

ir.i 
20 
28 
15 
30 
10 
30 
08 
00 
45 
13 
40 



4" 03' 



II 



11 



"■ ■" 


_ - - 


"■ ""■" ~ 




34 


55 






30 


00 






40 


34 


— 


(47) 


54 


18 






54 


52 


— 


(35) 


81 


22 


— 


(21) 


Só 


40 






90 


55 ^ 




91 


53 


^- 


(03) 


92 


40 J 




100 


18 


+ 


23 


101 


33 






104 


13 






108 


53 


— 


(10) 


112 


15 






114 


18 


— 


(05) 


121 


33 


+ 


43 


185 


40 






187 


27 






190 


18 






199 


42 






221 


27 






234 


48 






273 


00 






279 


07 


+ 47 


287 


48 






293 


40 






295 


53 






311 


20 






324 


37 






330 


56 




07 


334 


12 






344 


33 






344 


56 






355 


54 




24 


222 


08 




4 46 


287 


25 






296 


42 







nEJisrno dr onsERVAcioNEs. 



111 






y. 






LíXTALlDAD FECHA 



rUXTJ 03SEUVAD0 



L\nv 



I I 1884 

Quehiiacii- Abril 10 Cerro Kso:ipa 

cho(KloC'n-' II S. Jerónimo 

tal) I II Qnelacatiiu 

•I de Ayula.. 
Nevado Sunitjuií'u 



II 



0turuac3 



LWXVI AbraMaico- Abril 10 erro Cliuluiana 



eueva. 



II Escapa 
M S. Jerónimo 
II Qiiclacatiu 
Nevados Sunicjuirc 

II Uturunco 



LWXVIl Vito Sol de 
mañana. 



Abril 10 



S. Jerónimo. 

Cerro Quelucatln. 
Xevado S. Pablo. 
Lipcz 1 . 

2. 

3. 




321 
327 
337 
125 
40 
40 

II Loroma I 140 

II Quctcna ' 101 

Morro Queñeral ' 178 



II 



II 



328 

337 

84 

91 

93 

95 

121 

13'J 

\ 140 

Loroma ' 140 

Quctona ! 103 

Morro Queñual I 192 



M 
II 
II 
M 

II 

M 
II 



Suuit|U¡ra. 
Otaruuco.. 



22 
05 
30 
45 
35 
20 
53 
10 
05 
10 
20 
40 



Lmix 



atorro entrt 
'an de Azü- 

. --ar i (¿ueto- 

iiia. 



Abril 1 7 Nevado Quetena 170 

Torque ' 205 



II 



229 
253 



II Tatio(3) 

II Laguna Colorada (3) 

Morro Queñual ¡ 301 

S. Jerónimo 332 

Quelaeatin ' 339 

Nevados Lipez 1 ' 78 

2 1 80 

3 1 83 

Suniquira I 98 

San Antonio I 125 

Oturunco | .'¡J 

Loroma I 140 



if 

M 
II 
II 

II 

II 



II 



II 



28 
28 
10 
45 
00 
21 
12 
07 
17 
02 
50 
18 
33 
28 
30 



1 30 



1 40 
1 38 



2 21 

3 32 

1 18 



47 

1 30 



112 



LAS COnOILLERAS DE ATACAMA. 



, bu i-3 o 



xc 



LOCALIDAD 



FECHA 



rUNTO OliSERYADO 



AZIMUT ÁNGULO 

M AU X ETICO Y ERTICAL 



Q u e t e n a 
cliico. 



1884 



3» 44* 



Abril 18 Xcvados Suniquira 27° 37' 

II uturunco < .^^ „- j- 4 54 



II Quetena 
II Torque.. 



199 30 
182 58 



4 22 



XCI 



Q u e t e 11 a 
graude (al 
Sur de la 
vega) 



Abril 19 



Nevado Que tena. 
II Suniquiíti . 



II uturunco. 
II Ix>roma. .. 



310 
13 
60 

117 



10 
48 
32 
00 



10 13 

2 22 
5 04 

3 05 



XCII 



Ojo de Que- 
tena. 



Abril 20 



Nevado Quetena. 



328 48 



XCilI 



Abra Quetc 
na. 



Abril 20 Nevado Quetena ' 339 

Suniquira 

uturunco ' 35 



II 



II 



•I Loroma 

Cerro C 

II Aguas Calientes. 
Morro Puripica 



5 07 30 



339 


15 


3 00 


8 


50 


1 07 


35 


34 


2 39 


88 


27 


2 35 


183 


22 




198 


50 


1 09 


213 


33 


1 13 


« 







XCIV 



Alto de Pu- Abril 21 
ripica 300' 
al Oeste de 
la pascana 



Nevado Oturunco 

II Loroma , 

Cerro C 

II Aguas Calientes 

Morro Puripica , 



32 

52 

78 

144 

234 



06 
30 
00 
40 
42 



XCV 



Alto de 
Aguas Ca- 
lientes (2'"" 
al Oeste de 
la pascana) 



Abril 21 



í^erro de Aguas Calientes. 

Volcan Colachi 

Cerro Ht-car 

II Pütor 

Abra del Licancaur 

Cerro Inga o Jurique 

Volcan Licancaur 

Nevados Puripicít 4 

II II 3 

Morro Puripica 



76 
165 
175 
186 
216 
230 
239 
270 
274 
349 



48 
27 
00 
40 
00 
00 
21 
07 
08 
47 



XCTI 



El Cajón 
(pascana) 



Abril 22 Volcan Licancaur..., 

M Inga , 

Cerro Quinial.,..,..,, 



339 
341 
30 
242 
243 



00 
40 
30 



O 

O 



5 



53 
53 

52 
57 



6 48 

1 14 

2 31 

O 05 

3 27 
3 18 
2 54 



5 27 



50 1 __ 
20 I 



(0*^7') 



REJISTRO DE OBSERVA CION ES. 



113 




XCTil 



IX>C.\LIDAD 



PUNTO ODSKRVAIK) 



I AZIMUT ÁNGULO 

MA(íN ÉTICO VKRTICAL 



Trazaílo del ferrocarril C^rro Paniri N.... 

(leAntofa^astaaAscotan n h S. ... 

•263»^ (im. <le Antof. » Volcan Licaiicaiir. 

(Variación 11 "33') Cerro Qiiimal 



II 



Limón Verde 191 




xcvín 



Trazado del ferrocarril ^ n • • 
,Mí _ .Cerro raniri 



2S9^ qm. 

(Variación 11''12') ¡Volcan Licancaiir. 

[Cerro Quiínal. 



1 7: 



O 
i 

124 
169 



XCIX 



Trazado del ferrocarril 

294 «qm. 

(Variación ll"*!!*) 



I 



Volcan Miño. 



C 



Trazado del ferrocarril 

29(3'* qni. 

(Variación IPIO') 



Cerro Colorado ' 337 

it Palpana 359 

Volcan S. Pedro 42 

„ S. Pablo 47 

II Paniri , 

II Licancaiir , 



{ 



80 

83 
127 



CI 



Trazado del ferrocarril Cerro Poruña. 
325*? qm. 
(Variación 11") 



CU 



CIII 



Frazado del ferrocarril N evado Palpana , 



318'iÍ4m. 



Cerro Polapi. 



(Variación 10" 58*) | „ S. Pablo.. 

Conchi (iglenia). 
Cerro Colorado.. 



16 
26 



349 36 



26 
58 
fiO 
23 
41 
40 
45 



144 40 



Trazado del ferrocarril Cerro Poru ña 159 21 

327^ qm. 
(Variación 10" 58') 



CI V Trazado del ferrocarril Cerro Polapi , 

318**' qm. II Aral 

' (Variación 10" 53') n Tapa<iuilcha. 

' II Azufre , 

Volcan S. Pablo.. 
S. Pedro.. 



M 



341 

35 

45 

79 

150 

175 



29 
32 
01 
04 
10 
19 



CY 



Trazado del ferrocarril Cerro Ascotan 

368^qm.(var.lO'M2') i. Tapaquilcha E. 



53 45 

38 02 



1, Pfttos del injenioro Sr. Josiah Harding, 



') 



345 


20 




17 


53 




95 


51 




228 


30 




254 


31 





I 

1 1 



114 



L\S CORDILLERAS DE ATACAMA. 



'o ?5 

2 ^ c 

M J C 

a a < 



CV 



LOCALIDAD 



PUNTO OBSERVADO 



AZIMUT 



ÁNGULO 



MAGXETICXI VERTICAL \\ 

I 



Trazado del feíTocarril Cerro Inca o Aral 10" 



3681*? qm. 
(Variación 10"42') 



Volcan Oyagua. ...' 355 

Cerro Cañapa 345 

II Aucanqiiilcha N 325 

Volcan Mifio ' 316 

Cerro Cebollar , 



311 



45 
26 
11 
33 
16 
28 



> ! 



CVI 



Trazado <lc] ferrocarril Cerro Ascotan. 
378^ qin. 
(Variación 10°36'; 



II 



Aral 

II Aucacquilcha N. 

Volcan Miño 

Cerro Cebollar 

II Polapi 

II Azufre 



14 


37 


340 


36 


320 


2C 


312 


50 


306 


40 


286 


10 


244 


08 



C7II I Estancia de Nov. 24 Corro de Ubina • 32 



KioUrandc.i de 1882. 



Tosna 44 

Chorolque ' 62 

Cafiiza. 76 

Galera. 139 

Lipcz 147 



20 
36 
38 
23 
20 
50 



1 1 



2. -OBSEUVACIONES DE ALTURAS COURESPoNDIENTES DE SOL 

PARA DETERMINAR EL ESTADO I ANDAR DEL CROXÓMETHO 
DENT KÚM. 2G593. 



1 
1 
LOCALIDAD 

1 


FKCII.v 


PROMKDIO DE 
ALTURAS O 


PROMEDIO DE HORAS 




AM 


PM 


fe '^ 2 

^ 1 


Antofagastji 


1884 
Enero 21 


20° 36' 00" 
35 05 30 
4'í 37 30 


7^ 40-03. 9- 

8 17 40.9 

9 8 31.6 


16'' 48-50.8' 
16 11 17 
15 20 27.4 


12^ 03-00. r 
12 03 01.0 
12 03 01.1 


'Antofagasta 

1 
1 


Enero 22 


35 05 15 
52 04 30 


8 18 31.7 

9 35 18.7 


16 11 29.4 
14 54 45.2 


12 03 17 
12 08 17 



1. iSc ha observado jeneralmento series de 10 alturas, con el sestante; 
raras voces con el teodolito. 



SEnSTBO PE OBSEBVACIONES. 



115 



LOCALIDAD 


FECHA 


Sol 
ii 

tí »J 
A. •< 


PBOMEDIO DE H0BA8 


ESTADO DEL 

CRONÓMETRO A 

LAS 12 T.M. 


AM 


PM 


AntofagMta 


1884 
Enero 28 


83« 27' 00" 
46 18 45 


8* 12- 05. S* 
9 08 40.8 


16*18- 
15 22 


'57.0* 
21.9 


12*03-31.7* 
12 03 30.6 


Aniofagaata 


Enero 25 


36 15 21 
50 03 45 
57 33 00 


8 
9 
9 


26 55.6 
26 38.3 
59 19.8 


16 
15 
14 


06 
06 
33 


08.8 
29.4 
47.6 


12 04 02.8 
12 04 03.9 
12 04 03.5 


1 
Aniofagaata 


Enero 26 


45 18 45 
57 15 00 


9 
9 


06 35.6 
58 48 


15 
14 


27 
35 


28.5 
15 


12 04 18.7 
12 04 18 


Antoíagasta 


Knore 27 


46 52 30 
56 04 30 


9 
9 


• 

14 13.1 
54 25 


15 
14 


20 
40 


48.6 
35 


12 04 34.9 
12 04 33.9 


1 

¡ 
Pampa alta 

(XVIII) 


Kuero 29 


54 16 15 
59 18 45 


9 
10 


44 52.3 
06 04.5 


14 
14 


44 
23 


17.4 
04 


12 01 16 
\'¿ 01 15.4 


Calamefta. 
1' (XIX) 

1 


Knero 31 


47 30 00 
59 10 30 


9 
10 

9 


14 24.Í 
05 12.9 


15 
14 

15 


12 
22 

13 


54.8 
0.'>.2 


12 00 01.6 
12 00 00.6 


Calomeña. 

1 


Fcb. 1« 


% 

47 20 07.5- 


14 24.8 


41.7 


12 00 16.6 


1 
Calamcfia. 


Febrero 3 


54 07 30 


9 


45 19,7 


14 


44 


07.7 


12 00 43.2 


1 
Calamefia. 


Febrero 4 


57 06 45 


9 


59 04.2 


14 


30 


58.6 


12 00 54.2 


Calamcfia. 


Febrero 5 


53 59 15 


9 


43 58.5 


14 


46 


43 4 


12 01 09.4 


Atacama. 
(XXI) 


Febrero 9 


87 23 45 
40 06 15 


11 
U 


17 41.2 
48 37.7 


18 

12 


08 
87 


47.5 
49 


11 58 49.9 
11 58 48.9 


Atacama 

1 


Pcb. 10. 


48 48 45 
57 42 45 


9 
10 


23 50.6 
02 48.2 


15 
14 


03 
24 


11.1 
14.3 


11 59 06.8 
11 59 06.5 


Atticama 


Fcb. 11. 


66 42 00 





r,9 06.7 


li 


28 


27.7 


11 59 22.5, 

» 



15 



116 



LAS COBDILLERAS DE ATACAIU. 



LOCALIDAD 


FECHA 


PROMEDIO DE 
ALTURAS O 




PROHEDIO 


DB 


HORAS 


ESTADO DEL 

CRONÓMKTRO A 

LAS 12 T.M. 


AM 


PM 


El Bordo ' 
(XX) 


1884 
Feb 12. 


87* 

38 


• 23' 45" 
21 45 


10*48-19' 
10 58 48.2 


12*88-00' 
12 22 42.3 


11* 26-1 3. 9*- 
11 26 14.6 


Atacama. 


Feb. 13. 


55 


09 00 


9 


19 08.8 


13 


59 58.9 


11 25 11.1 


Atacama. 


Feb. 14. 


50 
60 


18 45 
03 45 


8 
9 


58 36.8 
41 40.8 


14 
13 


20 57.4 
37 51 


11 25 26.2 
11 25 24 


Atacama. Feb. 15. 

1 


48 


00 00 


8 


49 08.6 


14 


30 45 


11 25 38.6 

1 


Atacaina. 


Feb. 17. 


55 
61 


38 15 
24 45 


9 
9 


24 16.7 
50 18.7 


13 
13 


56 17.6 
30 16.8 


11 26 06.7 

11 26 07.1 

1 
1 


Atacama. 


Feb. 18 


64 

57 
61 


03 45 


10 


03 29.5 


13 

13 
13 


17 28.5 

47 15.4 
26 42.2 


11 26 23.5 

* 

11 26 36.3 
11 26 36.3' 


Atacama. 


Feb. 19. 

• 


36 15 
56 15 


9 
9 


33 57.1 
54 30.4 


Atacama. 


Feb. 20. 


52 
64 


41 15 
01 15 


10 
9 


03 38.2 
13 30.4 


13 
14 


17 49.9 
08 00.2 


11 26 50.3 
11 26 51.8 


Antofalla. 
(XXXVI) 


Marzo 3. 


57 
59 


41 15 
46 30 


9 
10 


50 46.4 
01 52.6 


13 
13 


27 0§ 
15 56.6 


11 27 01.8 
11 27 03 


Ciénaga 
(XL) 

* 


Marzo 7. 


59 


56 15 


10 


05 13 


13 


09 00 


n 28 11.5 

1 
t 


'Aiitofagjista 
de la sierra 
1 (XLIII) 


Marzo 11 

Marzo 18 


50 
52 


11 15 
22 30 


9 
9 


22 06.3 
33 28.8 


13 
13 


52 29 
41 00.4 

1 


11 27 27.5 
11 27 29.0 


Molinos. 

1 Lnracatao 
(XLVIII) 


44 

42 
49 


03 45 


8 


53 07 

47 29 
24 35 


14 


11 19 


11 24 23.6 1 


Marzo 20 


26 15 
41 15 


8 
9 


14 
13 


17 56 
40 47 


11 25 28.7, 
11 25 27.31 



1. Vn el viajü al H jívlo sj .lütuvj el croiióautro, camUiando su catiido i su audar. 



REJIBTBO DE OBSEBVAaONES. 



117 



LOCALIDAD 


FEC'HA 


PROMEDIO DE 
ALTUBA» O 


PROMEDIO DE HORAS 


ESTADO DEL 

CRüNüMRTRO A 

LAS 12 T.M. 


AM 


PM 


j Atacama 


1884 
Marzo 31 


480 52' 30" 
54 00 00 


9*34-14.6' 
10 04 28 


13*42-40.6' 
13 12 25 


ll''34-34.2' 
11 34 33.8 


Atacama 


Abril 2 


38 18 45 


8 42 01.6 


14 34 31.8 


11 35 00 


Atacama 


Abril 3 


42 03 45 


9 01 49.6 


14 14 31.2 


11 35 11.4 


' A acotan 
(LXIX) 


Abril 9 


37 37 30 


8 42 35.8 


14 32 34 
14 23 41.6 
14 08 57.0 


11 30 19.2 

1 
1 

1 


Qaetcna 
1 chico (XC) 

1 


Abril 18 

• 


36 17 45 
38 03 45 


8 42 48.4 


11 34 15.1 


Atacama 


bril23 


9 03 41.6 


11 38 2-2 2 

1 



3. — OUHKUVACIONKS DE AI.TlJIíA*^ DK «Oí. A UM I. VPO PPJ. 
MEUiDlANO i*AUA ODTKNKU Kl< ÁSGULO IIoUARlO. 



■ — 








X 


— 


•J f 








< 


00 










w :< 


Ex: < 










G « 


P Q 


S. o 


LOCALIDAD 


FECHA 




2 1 


KDIO 

leí 


se t: 
C -» 


1 




• 


Pi A 
Si 




as _: 








P, D 


cu o 


C3 








H 


R 


C 








•J 




''^- 1 








< 




'< ! 


1 
i ' Soconipa 


Febrero 27 


o 


62° 48* 45" 


lOM 0-47.1' 


10*42-37.3' 


1 Guaitiquin:» 

1 


Marzo 27 


Q 


21 45 00 
43 25 00 


7 15 02 


7 45 10 


Cajón 


Abril 22 


C 


6 03 11.6 


(1) 



1. No he ccilculado ostc ángulo por las muchivs correcciones i^iic afcetan a l!V luua. 



118 



LAB COUDILLERAS DE ATACAMA. 



4.— OBSERV ACIONES DB ALTURAS MERIDIANAS DK ASTROS PARA 

LA DBTBRMINAOIOM DE LATITUDES. 



LOCALIDAD 



FECHA 



NOMBBB 



DEL ASTBO 



ALTURA 



ORSIRVADA 



LATITUD 



CALCULADA 



Antofagasta (puerto) 
(Asta de bandera de la 
Compañía de Salitres) 



1884 

Enero 20 

Enero 21 
Enero 21 
Enera 21 

Enero 22 

Enero 23 



Mina Calanieíkk 



Enero 31 
Enero 31 
iíluero 31 

Febr. 1» 



Ilion) OÍ) te 
(XXV) 



Fcbr. 24 



Sol O .... 
Sol O .... 
Venus .... 
Saturno... 

t^ol U .... 
Sol O .... 

Venus .... 

ot Aurigiic. 
p Tauri, . . 

Sol .... 

Sol O 

Sol O 
VciiUs. 

Sol (¡j 

Sol0 

Pollux. 
Jupitei 

Castor 
Procyo 
Pollux 
Jupite] 

Y Geini 
Sirius.. 

Y (icniiuoruin. 

Sirius 

e(*anis inujurie 



86M7'00" 

86 34 00 
79 00 35 
47 21 45 

86 20 00 

86 05 30 



23" 37* 44*" 

23 37 34 
23 37 50.6 
23 37 33 

2<í 38 01.:. 

23 38 37 



71 47 50 

21 07 10 

38 27 20 

84 21 00 



23 02 41, í. 

23 02 23.. 

23 03 30.1 

23 02 33. ^ 



At&cftina 


Pebr. 
Fcbr. 
Febr. 

Febr. 


9 

10 

10 

11 


Sol 


82 03 30 
81 43 40 
69 43 00 

81 24 00 


22 54 41 


(Plaxa del pueblo) 


^^ \^ ......... 

Sol 

Venus. 


22 55 G9.5 
22 54 58 




Sol Qj 


22 54 44 








Bordo 


Febí . 


12 
21 


Sol 


81 01 30 


22 57 53 


(Kst. XX) 






Tooonao 
(XXII) 


Febr. 


PoUux 

Júpiter 


38 31 00 
45 13 10 


23 12 07 
23 11 00 


Cáuiar 
(XXII t) 


Fcbr. 


22 


Castor 

Procyon 

Pollux 

Júpiter 


34 30 30 
61 06 50 
38 20 20 
44 59 20 

49 50 50 
82 53 30 


23 22 35 
23 22 41 
23 22 47 
23 23 50 


Ptíine 
(XXIV) 


23 


Y Geminorum. 
Sirius 


23 40 20 
23 40 28 









49 44 30 
82 46 40 

84 58 45 



23 46 40 
23 47 18 
23 47 18 



RBJI8TK0 DE OBSEBVACIOKKS. 



119 



LOCALIDAD 


FBCUA 


NOMBRE 
DEL ASTRO 


ALTURA 
OBSERVADA 


LATITUD 
CALCULADA 


Botijuela 
(XXVI) 


1884 
Febr. 25 


e Cania majorís 
Castor 


85M7*10" 
83 47 30 
37 37 30 


24«06*13" 
24 05 36 
24 05 37 


Pollux 


Socompa 
(XXIX) 


Febr. 26 


Castor 


33 23 30 
37 13 20 
59 59 20 
43 49 20 


24 29 37 
24 29 48 
24 30 04 
24 30 12 


Pollux 

Procyon 

Júpiter 




Con (2000- ais. de 
XXXIII) 


Febr. 29 


Y Geminomm. 
Castor 


48 31 00 
82 52 50 
59 28 50 
36 42 10 


25 00 14 
25 00 18 
25 00 44 
25 01 00 


Procyon. 

Pollux 




Entro Con i Cavi 
(XXXTV) 


Marzo 1» 


Sol© 


72 26 20 


25 04 16 


Cavi (3000- al N. de 
XXXV) 


Marzo 1^ 


Procyon 

Pollux 


59 21 30 
36 35 40 


25 08 04 
25 07 31 




Antofalla 
(XXXVII) 


Marzo 2 
Marzo 8 


Castor 


32 23 80 
59 00 00 
86 13 30 

71 17 20 
55 48 30 


25 29 41 
25 29 35 
25 29 41 

25 27 18 
25 29 27 


Procyon 

Pollux 


Sol O 


Venus 




Antofallita 
(XXXIX) 


Marzo 4 


Y Geminorum. 

Castor 

Procyon 


48 14 60 
82 38 20 
59 12 30 


25 17 04 
25 14 50 
25 17 04 


Ciénaga 
(XL) 


Marzo 5 


Procyon 

Marte 


59 30 30 
41 45 40 


24 59 04 
24 58 40 


Antofágasta (8500-al SE 
deXLTII) 


Marzo 11 


Sol O 


67 33 10 
51 19 30 


26 04 38 
26 05 44 


Venus 


Chorrillo 
(XLIV) 


Marzo 12 


Júpiter 


42 17 80 


25 54 16 




Pnnilla 
(XLV) 


Marzo 13 


Procyon 

Pollux 


58 48 40 
36 01 00 
42 33 00 


25 40 56 
25 41 11 
25 38 23 


Júpiter 



120 



LAS COBDILLERAS DE ATACAICA. 



LOCALIDAD 


FECHA 


NOUBBB 
DEL ASTRO 


ALTURA 
OBSERVADA 


LATITUD 
CALCTLADA 


Corro Incahuasi 
(XLVI) 


1884 
Marzo 14 


Sol© 


66» 52* 00" 


26« 85* 55" 




Molinos 


Marco 18 


Sol CO 


65 26 15 
41 45 30 


25 25 56 
25 25 56 


Marte 


Luracatao 


Marzo 20 


Sol O 


64 49 00 
48 09 40 


25 15 46 
25 16 45 


V^^nns ......tTT 




ColpAyo 


Marzo 21 


C-astor 


32 53 80 
59 29 00 
36 42 20 


24 59 27 

25 00 35 
25 00 47 


Procyon 

Pollux 


Entre Cortaderas i Pas- 
tos Grandes, 8^" al S. 
del Morro 


Marzo 23 


Sol 


64 10 40 


24 43 06 




Pastos Grandes 


Marzo 28 


Castor 

Procyon 

Pollux 


33 19 30 
59 57 30 
37 10 10 


24 33 36 
24 32 06 
24 32 58 




Entre Pastos Grandes i 
Qniron 


Marzo 24 

• 


Sol O 


64 00 30 


24 29 40 




Quiron, 2<- al Sur 


Marzo 24 


Castor 

Procyon. 

Pollnx 


33 27 20 
60 04 30 
37 17 00 


24 25 46 
24 25 06 
24 26 08 


Falda Ciénaga 


Marzo 25 


Sirius 


82 31 40 
33 50 20 
60 27 10 


24 02 20 
24 02 45 
24 02 33 


Castor 

Procyon 


Goaitiquina 


Marzo 26 


Sirius 


82 48 30 
34 06 30 
60 42 00 
87 56 00 


23 45 30 
23 46 35 
23 47 43 
23 47 05 


Castor 

Procyon. 

Pollux 


Los Patos a 2000" 


Marzo 28 


Marte. 


44 29 30 


23 20 19 


Guatin 

1 


Abril 4 


Júpiter 

Marte.. 


45 28 *50 
45 38 00 


22 46 07 
22 46 89 



UEJISTRO DE OBSEBVAdOMES. 



121 



LOCALIDAD 


FKCHA 


KOVBRR 
DEL ASTRO 


ALTURA 
OBSERVADA 


LATITUD 
CALCULADA 


Machaca 


1884 
AbrU 5 


Castor. 

Procvon 

Polliix 


85» 17' 00" 
61 63 30 
89 07 00 


22° 35* 09" 
22 36 02 
22 36 04 




' Entre Machuca i Putaña 

1 


Abril 6 


Sol O 


60 55 00 


22 34 16 




Colana 


Abril 7 


2 ArguB 


53 10 00 


21 56 10 


Aacotan (Fstaba.) 

1 

1 

1 


Abril 9 


Sol O (sest ) 
Sol O (t<íod) 


60 08 40 
60 40 00 


21 41 32 
21 42 12 


Laguna Verdo 


Abril 10 


Castor. 

Pollux 


36 28 00 
40 17 00 


21 24 57 
21 26 00 




Falda de Chela 


Abril 11 


Sol^ 


60 15 00 


21 28 07 




Juntas Turuquire 

1 


Abril 18 


Pollux 

Júpiter 


40 18 30 
46 55 80 


21 24 28 
21 25 81 


Mancahuaico 

1 


Abril 14 


Castor 

Pollux 

Júpiter 


86 15 00 
40 06 10 
46 44 00 


21 86 56 
21 86 48 
21 37 52 


Quehuacucho 

• 


Abril 15 


PoUux 


40 06 00 
46 45 20 


21 36 58 
21 37 25 


Júpiter... 


Pan de Azúcar 


Abril 16 


Pollux 


39 50 00 
46 30 30 


21 52 59 
21 53 10 


Júpiter 




Quetena chico 


Abril 18 


Sol 

Júpiter 


56 26 20 
46 12 30 


22 10 24 
22 12 06 


Ojo de Quetena 


Abril 19 


Júpiter 

Pollux 


46 03 00 
39 19 00 


22 23 35 
22 24 00 


Parípica 


AbrU 20 


Júpiter 


45 46 30 


22 41 08 





Í2^ 



LAS COBDILLERAS DE ÁÍÁCAlLL 



LOCALIDAD 


FECHA 


KOMOBC 
DEL ASTRO 


ALTURA 
OBSERVADA 


LATITUD 
CALCULADA 


Aguas Calientes 


18.S4 
AbrU21 


Sol ^ 


65** 22' 30" 


22* 44' 40" 




LATITUDES EN EL TRAZO DEL FEBROGABRIL A GUANCHACA * 


Milla 97, a 3| millas de 
Pampa Alta 


(?) 


(?) 


(?) 


22 59 40 


Calama 


1882 

Nov. 4 
II 5 


Sol O 


82 46 00 ' 
84 23 20 


22 27 45 


Venus 




Santa Bárbara (posta) 


Nov. 7 


Fomalhaut. ... 


81 42 80 


21 57 00 


Ascotan (establee.) 


Nov. 8 


Fomalbaut ... 


81 27 40 


21 42 16 


Yizcachillas (posta) 


Nov. 11 


Fomalhaut.... 


81 12 40 


21 27 10 


Estancia 


Nov. 26 


oe Andromedae 


40 09 50 


21 24 40 


Avilcfaa (posta) 


Nov. 13 


Sol O 


B6 27 50 


21 20 24 


Puquios (posta) 


Nov. 15 


Fomalhaut.... 


80 81 30 


20 46 06 


Eio Grande (estancia) 


Nov. 24 


« Andromedae 


• 

40 21 00 


21 13 30 



1. Datos suministrados por el Sr. J. Harding. 



REJI8TRO DE OBSERVACIONES. 



123 



5.-AZIMX7TES I ALTURAS SIMULTÁNEAS DEL SOL PARA LA 

VARIACIÓN MAGNÉTICA. 



LOCALIDAD 


FKCUa 


ce 

< 

g 

aa • 
i M 

w a 

o 03 
tí « 

» o 

s 


PROMEDIO DE LAS HORAS 
LEÍDAS 


AZIMUT MAGNÉTICO 
OBSERVADO 


o 

H 
Q 

< 2 
° 2 

N 

< 

1 


Antofalla 


1884 
Mcirzo 3 


34<>23'45" 


• 

SMS- 17' PM 


268M0' 
38 20 


280° 07* 54" 


Antofagasta 
de la sierra 

1 


Marzo 1 1 


57 29 30 


10 00 16.2 AM 
10 17 41 AM 


49 47 50 


Molinos 

1 


Marzo 18 


50 10 37 


29 00 


39 23 


Luracatao 


Marzo 20 


46 08 15 


9 04 19 AM 


49 20 


60 19 20 


Atacama 


Abril 2 
Abril 3 


36 16 37 
50 00 22 


8 30 50 AM 

9 43 27 


53 20 00 
37 20 00 


C4 22 40 
48 00 40 


1 

Ascotan 


Abril 9 


Venus 
44 44 00 


2 43 44 PM 


345 00 


355 53 


Laguna ver- 
de. 


Abril 11 


-e- 

29 08 15 


8 02 12 AM 


57 20 


66 17 30 


Morro Cai- 
chape 


■ 

Abril 12 

1 


47 59 15 


9 39 23 AM 


35 20 


46 54 


Coyomiche 


Abril 13 


53 18 50 


10 13 16.5 AM 


25 40 


35 40 


Cuatro Mo- 
jones 


Abril 14 


54 18 00 


12 46 16 PM 


319 00 


329 17 20 


Morro Alto 


Abril 15 


40 4^ 45 


2 08 0\ PM 


297 00 


1 
306 21 



l'í 



124 



LAS OORDILLBS&S DE ATACAMA. 



1 


o. 
















< 


• 00 

< 




O 


o 






e , 


o 






M 
H 






á® 


os 






5i 






m ' 


< m 




SS O 


C « 






EDIO DE LA 
BSERVADAS 


•3 ^ 




o < 


«i 


LOCALIDAD 


FECHA 


MEDIO DE 
LEID 




n o: 

H 


MUT VE 
CALCUI 






^ O 


O 




■M 


W4 






O 


« 




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« 


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•< 


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ou 








1 




1884 












Maicocueva 


Abril 16 


64°26'22" 


12*36-41' 


FH 


822* 40* 


833M9'40" 


Morro entre 


Abril 17 


55 07 30 


10 44 55 


AM 


13 40 


21 26 40 


P.A.iQue- 














tena 






• 




■ 




1 

! 

Quetena; Abril 18 


27 09 30 


3 10 46.5 


PM 


266 00 


296 35 20 


chico 1 










' 


Puripica 


Abril 21 


87 38 16 


8 54 24 


AM 


42 20 





REJI8TB0 DE OBSERVACIONES, 



125 



C— CAMBIO DE SEÑALES TELEOBAFICAS CON EL OBSERVATOniO 
ASTRONÓMICO PARA LA DETERMINACIÓN DE LONJITUDES. 



Febrero V de 1884. 



Señales enviadas de Santiago 



CBONOMKTBO 



ESTADO 



(Obaervat.) 



10M5-4a' am\+ (3-59.7-) 

»i 16 40 

•I 17 10 

•I 17 40 

II 18 10 

I, 18 40 

11 19 10 

I. 19 40 

II 20 10 

11 20 40 

" 21 10 

M 21 40 



10* 18- 62. 5' 



TIEMPO 



MEDIO 



10*22-52.2 



Señales recibidas en Caracoles* 



CRONÓMETRO 



ESTADO 
(Oalamefia) 



10*26-40i-AM\-(00-16.6*) 
II 27 40i 
28 10^ 

28 40 

29 10 
29 40 

H 30 10 
„ 30 41 
11 31 11 



} 



10 29 53 2 



II 31 41 
82 11 



II 



II 32 41 



TIEMPO 
MEDIO 



10 29 37.6 



Señales enviadas de Caracoles 



Señales recibidas en Santiago 



CRONÓMETRO 



I 



ESTADO 
(Calameña) 



10*35"09Í'am\-(00- 15.6") 
M 85 39} 
11 86 89i 
I. 37 09 r 
II 37 39; 
II 39 09Ír 
II 39 39 
ir 40 09 
M 40 39 
II 41 09 
,1 41 89 
it 42 09 



10*39-24.5 



TIEMPO 
MEDIO 



10*39-08.9 



CRONOMETRO 



ESTADO 
(Obeervat.) 



10*24-10' am\+ 3-69.7' 
ti 24 87.8 

25 39.7 

26 09.8 
26 39.7 
28 10 

28 40 

29 09.9 
II 29 89.8 
11 30 10.0 
M 30 40.0 
II 31 09.9 



II 
II 
II 
II 

M 
M 



aO 28 24.7 



TIEMPO 
MEDIO 



10 32 244. 



RESUMEJí 

Diferencia de horas entre los meridianos del Observatorio en Santiago i de 
la mina CkUameña en Caracoles. 

en tiempo en pai'alelo 



1« 
2« 



Por trasmisión de Santiago a Caracoles 6" 4 5. 4" 

Por id. de Caracoles a Santiago 6 44.5 



6-44.95' r41'l'4' 



it 



123 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



Febrero 18 de 1884. 



Señales enviadas de Santiago 



Orokómetro 



ESTADO 



8''45"30'AM\-(3.3') 
46 00 

46 30 

47 00 

47 30 

48 00 

49 10 
60 00 

50 30 

51 00 

51 30 

52 00 

52 31 

53 00 



)8''49-l7.9' 



TIEMPO 
MEDIO 



S" 49-14.6' 



Señales recibidas en Atacama 



CRONÓMETRO 



ESTADO 



8''21-61.5*AM^+(33-32') 

, 22 21.5 

I 22 51.5 

I 23 21.5 

I 23 51.5 

I 24 21.7 

. 25 31.5 

, 26 21.5 

, 26 51.7 

I 27 21.5 

, 27 51.7 

. 28 21.5 

, 28 52.7 

I 29 21.5 



8" 25-39.5' 



TIEMPO 
MEDIO 



8*59-11.5' 



Señales enviadas de Atacama 



CRONOMETRO 



ESTADO 



9*'03' 
03 
04 
04 
05 
05 
06 
06 
07 
07 
10 
10 
11 
11 



10.3' 

40.2 

10.0 

40.3 

10.5 

40.4 

10.0 

40.3 

10.5 

40.2 

10.2 

40.3 

10.3 

40.3 



AM 



~(3.3«) 



9" 06-59.5' 



/ 



TIEMPO 
MEDIO 



O"" 06- 56.2" 



Señales recibidas en Santiago 



CRONOMETRO 



ESTADO 



8''39-31.5' am\ +(33-32') 



M 4U 

M 40 


Ul.O 

31.5 


M 41 


01.5 


ti 41 


31.5 


ri 42 


01.5 


M 42 


31.5 


•1 43 


01.5 


M 43 


31.5 


ti 44 


01.5 


.1 46 


31.5 


.1 47 


01,5 


.1 47 


31.5 


., 48 


01.5 



8'' 43-20.8' 



TIEMPO 
MEDIO 



9M6-52.8' 



RESUMEN 
Diferencia de horas entre los meridianos del Observatorio i de Atacama. 

en tiempo en paralo 

1° Por trasmisión desde Sanliago a JÍUicariia 9-56.9' 

2° Por id. id. Alacanut a Santiago 9 66.6 



Promedio 9-56.75' 2«29'11' 



RXJI8TRO bE 0BSBBVACI0KB8. 



127 



7. — BBJISTBO BAROMÉTRICO. 







3§ 


< 


21 


ÁLTUBAS 






-9 


2 




EEDUCIDA8 A CEBO 


FECHA 


< 


s 












»« 


Máximas 


Mínimos o 
interau 


ANTOFAGASTA (puerto). 


Enoro 


20 


2 PM 


762.4 


31° 




759.2 


ti 


21 


8 ABÍ 


764.8 


27 


761.1 




II 


II 


2 PM 


763.8 


30 




759.7 


(f 


11 


9 M 


764.0 


27.5 


760.3 




11 


22 


8 AM 


764.0 


27v6 


760.3 




11 


II 


2 PM 


763.2 


29.5 




759.2 


Enero 


22 


9 PM 


762.6 


26.2** 


759.0 




(1 


23 


8 AM 


762.9 


25.7 . 


759.4 




ti 


II 


2 PM 


762.1 


28.7 




768.2 


ti 


II 


9 „ 


761.2 


2«.5 


757.6 




II 


24 


8 AM 


761.2 


25.6 


757.8 




ti 


II 


2 PM 


760.9 


28 




757.1 


ti 


II 


9 M 


761.1 


25 


757.7 




II 


25 


8 AM 


762.1 


25 7 


758.6 




it 


11 


2 PM 


762.4 


29 




758.5 


1 

11 


II 


9 M 


763.2 


26.7 


759.6 




II 


26 


8 AM 


763.9 


25.2 


760.6 




11 


II 


2 PM 


763.5 


29 




759.5 


II 


II 


9 M 


763.1 


25.8 


759.« 




ti 


27 


8 AM 


763.1 


26 


759.9 




ti 


II 


2 PM 


762.2 


29 




758.2 


tt 


II 


9 ,. 


762.4 


26.5 


758.8 




11 


28 


8 AM 


762.7 


27 


759.0 




II 


II 


12 M 


763.4 


29.5 




759,4 






PAMPA CENTRAL (Estación 


). 




Enero 


28 


10 PM 


651.3 


25 


648.4 




II 


29 


8 AM 


651.3 


24 


648.5 




PABiPA ALTA (Estación) 


Enero 


29 


10 AM 


645.9 • 


28 


642.6 




II 


II 


2 PM 

1 


644.1 


33.5 




640.2 


i 




1 



128 



LAS CORDILLERAS DE AtACAMA. 









LDELA 
IVAOION 


2 


i 


1 — ■ — 

ALTURAS < 




FECHA 


a 

< 


REDUCII>AS A CERO 




• 




HORi 
OBSEI 


H 


Máxima 


1 

Mínima o 
interm. 






CÁLAMELA (Mina) 


• 


Enero 


30 


10 AM 


546.2 


24.7 


543.8 




M 


II 


2 PM 


544.9 


24 




542.6 


If 


II 


9 „ 


544.8 


17 


543.2 




II 


31 


8 AM 


544.7 


16 


543.1 




II 


II 


2 PM 


544.8 


24 




542.5 


II 


II 


9 „ 


545.4 


17.2 


543.7 




Febrero 1 ° 


8 AM 


544.9 


17.8 


543.2 




II 


II 


2 PM 


544.9 


23 




642.7 


II 


II 


9 1, 


545.1 


17.5 


543.4 




II 


2 


8 AM 


545.4 


17 


543.7 




. n 


II 


2 PM 


545.0 


22 




543.7 


II 


II 


9 ti 


545.0 


16.2 


543.4 




M 


3 


8 AM 


544.6 


21 


542.9 




M 


ti 


2 PM 


544.2 28.5 




541.4 


II 


3 


9 PM 


543.6 


15.5*» 


542.1 




It 


4 


8 AM 


544.5 


24.2 


542.2 




II 


II 


2 PM 


543.5 


22.5 




541.3 


II 


11 


9 1. 


543.4 


17 


541.7 




II 


5 


8 AM 


543.3 


21 


541.8 




II 


It 


2 PM 


543.7 


23 




541.4 


II 


II 


9 1. 


543.4 


15.2 


541.9 




II 


6 


8 AM 


542.6 


16 


541.0 




II 


11 


2 PM 


543.4 


24 




541.1 






i 


AGUAS DULCES 




Febrero 


6 


9 PM 


534.3 


23 


532.2 












BORDO 


■ 


Febrero 


7 


8 AM 


519.7 


16 


518.2 








• 




ATACAMA 




Febrero 


7 


8 PM 


573.2 


25 


570.6 




ir 


8 


8 AM 


573.3 


23 


670.9 




M 


II 


2 PM 


572.8 


24 


4 


570.3 


II 


II 


9 1, 


574.0 


24 


571.5 




M 


9 ' 


8 AM 


573.8 


22 


571.5 




fí 


M 


2 PM 


572.2 




22.2 










569.9 1 



RKJISTRO DE OB8EBVACIONE8. 



129 







Q 

s 


a 


ALTURAS 
BBDÜCIDAS A CEBO 


FKCH A 


26 


2 

< 


i 










Máximaa 


Mínimas o 
interm. 


Febrero 9 


9 II 


674.2 


23.7 


671.8 




M 10 


8 AM 


574.1 


22.7 


671.8 




ft II 


2 PM 


572.7 


24 




570.2 


II II 


9 „ 


574.1 


22 


671.8 




.1 11 


8 AM 


574.1 


22.2 


571.8 




tt II 


2 PM 


572.7 


23.0 




670.8 


II M 


9 ., 


573.8 


23.6 


671.4 




fi 12 


7 AM 


574.0 


23.6 


672.2 




if II 


8 PM 


573.2 


24.6 


570.7 




II is 


8 AM 


574.0 


23.5 


671.6 




11 II 


2 PM 


672.4 


24.0 




669.9 


11 M 


9 ., 


573.6 


24.6 


571.0 




1. 14 


8 AM 


574.2 


24 


571.7 




11 II 


2 PM 


571.9 


24.5 




669.9 


II II 


9 ., 


674.0 


24.6 


671.5 




M 15 


8 AM 


673.7 


24 


671.2 




It II 


2 PM 


572.4 


24.6 




669.9 


it II 


9 I. 


674.4 


24 


571.6 




II 16 


8 AM 


674.0 


23.6 


571.6 




M II 


2 PM 


672.8 


24 




670.3 


It M 


9 1. 


678.9 


23.6 


671.6 




17 


8 AM 


673.9 


23 


671.5 




II It 


2 PM 


672.9 


23.6 




570.6 


II n 


9 n 


673.9 


24 


671.4 




1. 18 


8 AM 


673.3 


23.6 


670.9 




II 11 


2 PM 


671.7 


24.6 




569.6 


II M 


9 ,1 


573.6 


24 


671.1 




II 19 


8 AM 


673.6 


24 


571.1 




II II 


2 PM 


673.6 


24 




671.1J 


II ti 


9 1. 


673.2 


25 


670.6 




II 20 


8 AM 


673.6 


24.6 


571.0 




11 ti 


2 PM 


673.7 


25 




671,1 


M II 


9 M 


673.6 


26 


670.9 




•• 21 


8 AM 


678.8 


23.5 


671.5 





LAS COQDILLEaAS DE ¿TÁCAUA, 



8. — OBBEBTAOIOKEB DE ALQUITAS TKKPRRATCRAS MÍ1UAS 1 HÍKIMAS 



CBlomelIa 

Atacanuí 

Cámar 

Tilomonte 

Botijaela* 

SocompK 

Suneota 

Cori. 

Caví 

Alitofalla 

Autofallita 

CÍHuaga 

Cortadera! 

Agiiu Calientes. 
Ojo Calalaite ... 
Antofugatta 

Chorrillo 

Panilla 

Patoa 

Lampazo 

Amflicha 

Molinos 



Molinos 

Luracatso .. 



Dolpayo 

DortaderM 

Pastos Grandes.. 

Quirio 

Falda Ciénaga... 

[■aaitiqnina 

Aguas Calientes. 
Patos 



Atacama ., 



4.0 GnaUn 

0.5 Machuca.. .. 
6.B Copacoya... 



Laguna Verde.. 

Caicbape 

Coyuuiivhe 

Furuquire 

Mancahaaico ... 
Quehaacucho ... 
Pa» deAziicar.. 
Quetena Chico. . 



Ojo de Quetena. 
Purípica 



CAPITULO VIII. 



KesalUiilos gráficos I numérico?. 



■»^ -V. -^ - 



1.— CUADR06 GRÁFICOS DE LA. MARCHA DKL CRONÓMETRO 
I DIFERENCIA DE MERIDIAKOS CORRKSPONDIKKTE A CADA PUNTO. 



El primero de estos cuadros indica la marelia del cronómetro de 
Ixilsillo Dent núm. 26693^ desde enero 21 hasta febrero 11 de 1884, 
i el segundo desde febrero 12 hasta abril 23. Ambos cuadros son 
índeiiendientes, puesto que el 12 de febrero antes de las 12 M, el 
instrumento sufrió una detención en su marcluí, lo que la perturbó. 

liemos tomado ])or alicisas los dia^i, a razón de 5 milímetros por 
24 horas, i \>ov ordenadas el estado del cronómetro respecto del 
tiempo medio, a razón de medio milímetro |>or segundo de tiempo. 
Completamos esta lámina con una doble escala destinada a trasfor- 
mar en quilómetros cualquier número de grados, minutos i segundos 
de arco medidos sobre cada uno de los paralelos de 21* a 26'' de la- 
titud. 

Por el cuadro núm. 1 se ve que los estados tomados los dias 21, 
22, 23, 25, 26 i 27 de enero en el puerto de Aníojagatta, se alinean 
en una recta, indicando a-í que el andar del cronómetro ha sido 
uniforme i en término medio de +15.6** |K)r dia. 

Suponiendo que el instrumento haya conservado su andar duran- 
te el trasporte por ferroinrril, trazamos una i)aralela a la línea an- 
terior por el punto que corresponde al estado tomado en Pampa 
Alfa el 19 de febrero i obtenemos gráficamente una diferencia de 
meridianos entre Antofagasta i Pampa Alta de 3'" 50« = 57' 30*' 
de paralelo. 

En Caracoles i Aiacoma el andar ha dejado de ser uniforme i 

17 



132 LAS OüUDlLLElUS 1)E ATACAMA. 

además ha disminuido i vuelto a aumeutar^ pues el (érmino medio 
cutre los dias 31 de enero i 5 de febrero en la mina Calamefla es de 
13.6" i entre los dias 9 i 11 de febrero en Atacamade 16.5^ , irregu- 
laridades que se esplican por el movimiento del viaje a caballo. Tra- 
tando de formar curvas continuas con la marcha en cada punto ob- 
tenemos: 



eutre l^lmpa Alta i Calameña 1 '"-iG' = 26' 30'' 

entre Calnincña i Atacania 3 16 = 49 00 



£1 segundo cuadro representa la marcha del cronómetro durante 
los dos viajes por la Pana al Sur i Norte de Atacama. Entre los 
dias 13 a 20 de febrero el andar medio es 14.3^ . Prolongándolo 
hacia la izquierda, nos da para la estación Bordo, donde se observó 
el estado el día 12, la diferencia Bordo'-Atcicama=^l^ 15" =18' 45" 

Para la estación Socompa, por estar bien fijada por triangulación 
respecto de Atacama, hemos aceptado el valor resultado de aquella, 
que es 2' 45" de paraleh), deduciendo do allí el supuesto estado en 
Atacama. La marcha durante los siete dias de intervalo resulta ser 
12.6" al dia. 

Desde Socompa (febrero 27) hasta li vuelta a Atacama (marzo 31), 
no tenemos punto alguno de referencia í hemos trazado, suponiendo 
un influjo gradual de la temperatura, una línea que forma un án- 
gulo mui obtuso en Molinos i nos suministra los resultados siguien- 
tes, que concuerdan bastante bien con los de la triangulación: 

en tiempo «n arco 



Diferencia entre Atacama i Antofalla - 2"13' 33' 15" 

.. »í i Ciónaga - 3 50 57 30 

i Antofágasta - 3 22 50 30 

i Molinos - 7 50 1 57 30 

i LurAcatao - 7 08 1 47 00 

i Giiaitiquina - 3 57 59 15 



II M 

II M 

M II 

II II 



Entre los dias 31 de marzo i 3 de abril, la marcha del cronóme- 
tro en Atacama ha subido otra vez a 12.5" i desde esta última fecha 
hasta el 23 de abril, vuelta del Norto, ha bajado a menos de 10* • 
Esta última línea nos da las siguientes diferencias: 

entre Atacama i Ascotan + O""!!" =» 2' 45" 

entre Atacama i Queteua Chico ... — 3 18 =49 30 



ItESÜLTADOS GBÁFICOS I NUMEBICOS. 133 

-- 

Pasando ahora a los resultados obtenidos por la trasmisión tele- 
gráfica de la hora consignados en el {} 6, cap. VII, deducimos de 
allí las siguientes diferencias de meridiano^: 



tntre OWrvaturio i Calamcña... ()»"44.9r) .= l"4r 14'' 
entre Observatorio i Atacama ... 9 ^0.75 —2 29 11 
entre Caíame fia i Atauauía ;i 11.8 =- 47 T)? 



siendo este último resultado 1' 03" inferior al que obtuvimos por 
el trasporte de la hora; esta diferencia da la medida del grado de 
aproximación que se obtiene por este medio. 

Para referir las coordenadas jcográficas do Caractdes a la IWre 
de la Iglesia de la Placilla hemos praetiaido una triangulación 
parcial entre este punto i el de observación en la Oalameña, resul- 
tando que el primero se halla a 1150 metros de distaucia al 
N 77* O. verdadero del segundo, lo que equivale a una diferencia 
eu lonjitudy pam la Tone, de 39" al Oeste de la mina Ccdainefla. 

Apoyados en todos estos antecedentes, podemos ahora establecer 
la lonjitud jeográfica de los puntos donde hemos practicado obser- 
vaciones tendentes a ese fin: 

1. Aceptando como lonjitud del meridiano del Observatorio de 
Santiago, respecto del de Greenwich, la que aparece en el Nautical 
Almanac, 4^ 42"^ 42.4« = 70** 40' 46" O., podemos considerar fija- 
das con aproximación de { de segundo, por lo menos, las siguientes: 

ToiTe de la Pladlla (Caracoles). 



I)ifercncia Obser^•llto^o Calameña — 1^ 41' 14' 

n Calauíeña Torre + O 00 39 



J Al M 



Lonjitud Oeste de Grecmvioh = 69« 00' 01 



Plaaa de Atacavia. 



Límjitud Oeste de Obnel-vatorlü = 70M0' 36'' 

Diferencia observada Atacama — 2 29 11 

Lonjitud Oeste de Grcemvich « 68'» 1 1' 25' 



134 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

2. Aceptando como lonjitud del puerto de Anto- 
fáganla la que deteraiiiió telegráficamente el sefior 

Vidal }ormaz en 1880 i , sea 70*^22' 19" 

i corrijiéndola por ser distinto nui.»stro punto de ob- 
servación^ con la diferencia Aduana — Compafila de 
Salitres ; - 15" 



70 22 Oi 
podemos considerar determinada con l:i aproximación 

de un minuto de paralelo la lonjitud de la Eitacion 

de Pampa Alta diferencia Antofagastii Pampa Alta — 57 30 



M 
II 
II 



Lonjitud Oeste de Gi-eenwicli 69' 24' 34" 

3. Finalmente^ basándonos en la lonjitud de Atacama que de- 
jamos determinada^ i en las diferencias de meridianos corrcs[ion- 
dientes a (*ada punto, creemos poder atribuir la aproximación mí- 
nima de dos minutos de paralelo a las siguientes lonjicudcs: 

i:stacion del l^ordo 68'>30' 10" I^nj. O. 

Pascíina de Hocompa 68 09 10 

Campamento do Anttifalla 67 36 10 

Campamento de Ciénaga 67 13 55 

Aldea de Antofagasta (casa do Villalobos) 67 20 55 u 

Plaza de Molinos 66 13 55 

Casas de Luracatao 66 24 25 »i 

Ojo de aj(iia de Gmii tiquina 67 12 10 n 

Establecimiento de Ascotan 68 14 10 n 

Vega i alojadcM de Quetcna Chico 67 2155 n 

En la minuta de que hablaremos en otro párrafo hemos indicado 
estas lonjitudes con una pequefla raya vertical de color rojo. 

2.— LATITUDES ACEITADAS PARA LAS I/)CAJJDADFS DOXDB 
SK HA OBSEnVADO ALTURAS MERIDIANAS. 

En virtud de los diversos valores consignados en el párnifo 4 
del capítulo Vil, hemos sacado los siguientes promedios que acep- 

1. Esta'lonjitud uo C3, sin embargo, correcta, porque descansa so- 
bre la de FulparaLw (palo de la Bolsa) que es aceptada como.'. 71" 37' 25.5'* 

mientras que según la determinación de M. Bernardiéres en 1883, di- 
rectamente con Paris, os 71 38 16,5 



hai pues una diferencia de ~ 51 

que no tomamos en cuenta por no saber aun si afecta también a Santiago. 



•• 



liESULTADOA GRÁFICOS I NUUÉRIOOB. 135 

* ■■■■■ ---- . ^ ^, 

tamos como Ia(¡tii<Ics defiíntivas, atribiiyéiidoles una aproximación 
mínima de doé minutos. 

Latitud Siir. 



Aiitofa^'asta (puerto <lo) Asta <le liaiulcra de la 

eaíia iU la Comiwñía ile Salitres 23" 37' 53.7" 

Mina Calaiiiefla (no ditioru noUdtlenienti^. de la 

do la Torro de la Platilla) 23 02 48.4 

Ataeania (plazji) 22 54 52 

litación en el l^irdo (camino) 22 57 53 

Toconao (entrada XO.) 23 11 33 

Cániar (junto u los rancho») 23 22 58 

IVine (estrenio jK»n¡ente) 23 40 24 

Tilomonte 23 47 15 

]k)tijuela8 (eorrales) 24 05 48 

Socompa (pascana) 24 29 58 

Cori (pascana) 25 00 34 

Estación entiv Cori i Cavi 25 04 16 

Caví (j.a.scana) 25 07 48 

Antofalla (estación i alojadero) 25 29 08 

Antofallita (pascana) 25 16 20 

Ciénaga de a^ua mala 24 58 52 

Antofa^rasta (casa do Villalídx s) 26 05 11 

Chorrillo (pascana) 25 54 16 

Punüla (pascana) 25 40 10 

Monroíle Incahuasi 25 35 55 

Molinos (pueblo, plaza) 25 25 56 

Lunú*atao (casas de la finca) 25 15 45 

Colpáyo (corrales) 25 00 16 

Portezm'lo enti-e Cortiuleras i Pastos (brandes 

3 quilómetros al Sur d(?l Morro 24 43 06 

Pastos (i randes (ifinchos) 24 32 33 

l^ortezuelo entn; Pastos (irandes i Quirtm 24 29 40 

l^Miiron (pasi'ana) 24 25 20 

Falda ('iénaf^a (pascana) 24 02 33 

(Uiaitiquina (ojo de agua) 23 46 44 

Ix>s Patos (pascana) 23 20 19 

C.uatin (i>ascana) 22 46 23 

Machuca (ojo de agua) 22 36 03 

Estación entre Machuca i Putaña 22 34 16 

Colana (pascana) 21 56 10 

Ascotan (establecimiento) 21 42 00 

Lagima Verde (estremo sur) 21 25 29 

Falda del cerro de Chela (estación) 2123 07 

Juntas de Tuniquire (alojmlero) 21 25 00 

Mancahuaico (pascana) 21 37 12 

Quehuacucho (pascana) 21 37 12 

J'an do Aziicar ^rio Quetena) 21 53 05 

Qiictena Chico (cosa de loo ¿«¡uivel) , , , 22 10 24 

Ojo de Quetena (pascana) 22 23 47 



136 LAS OORDILLEllAS DE ATACAMA. 

Piiripica (pascana) 22 41 08 

Aguas (Julio 11 tíís (estación) 22 44 40 

Milla 97 del foiTocarril do Antofagasta ' 22 59 40 

(.'idama (plaza) 22 27 45 

Santa Báibara (p<»sta) 21 57 00 

Yizcarhillas (poííta) 21 27 10 

.Aiota (estancia) 21 24 40 

Avilcha (posta) 21 20 24 

Puquios (posta) 20 46 06 

Rio Grande (estancia) 21 13 30 

En la minuta hemos indicado cada una de e^^tas latitudes oon una 
rayita horizontal de color rojo. 



3.— VARIACIÓN MAGNÉTICA. 



Consignamos a continuación las que se obtienen restando el Cízi" 
imit magnético observado del verdadero calcuJado, apuntados en el 
4} 5, cap. VIL 

V A R I A CI O N N K. 



Atacama lO^N^l' 10" 

Antofalla 11 27 54 

Antofagasta (sierra) 11 27 50 

Molinos 10 23 

Luracatao 10 59 20 

Ascotan 10 53 

Laguna Verde 8 57 30 

¡MoiTo Caiehape 11 34 



Coyomiche 10«00' 

Cuatro Mojones 10 17 20 

Morro Divisadero 9 21 

Maicocueva 10 39 40 

Morro entre Pan de 

Azúcar i Quetena. ... 7 46 40 

Quetena Chico 10 35 20 



4. — MINUTA GRÁFICA DE LA TmANG^LACION. 



Para formar esta minuta hemos tomado en consideración los azí- 
mntes ohsrrvados del § 1, cap. Vil, junto con la variación magné- 
tica en cada punto donde se ha calculado, deduciéndola por inter- 
polación en los otros. Nos ha servido de base hi posición jeográfica 
de Caracoles i Atacarna, i hemos evitado la deformación en la ca- 
dena de triángulos, asignando a las diversas estaciones sus latitudes 
respectivas. 



X. Es*a latitud i las que siguen son del soüor Harding. 



RESri.TArOS GRÁFICOS I NUMÉRlCOg. 



137 



Para obtener el resultado que preientaiuos i la concordancia de 
los diversos datos, hemos tenido que hacer varios cánevas prelimi- 
nares, logrando conseguir que quedaran pocos puntos dudosos, ¡ 
éstos raui secundarios. 

Las estaciones numeradas I a XVII son las que hicimos durante 
la esploracion de 1880; las numeradas XVIII a XCVI correspon- 
den a la de 1884; i las comprendidas entre XCVI I i CVII son las 
que ha hecho el señor injeniero Harding, al trazar la prolongación 
hacia Bolivia del actual ferrocarril de Antofagasta. liemos creido 
conveniente publicar todos estos datos, porque pueden llegar a ser 
de importancia i utilidad para nuevos trabajos del mismo jénero. 

Aunque hemos construido nuestra triangulación a la escala de 
1/500 000, la presentamos a la misma escala del mapa, para facilitar 
comparaciones i darle a la lioja un (amafio mas manejable. 

RADUACION DEL MAPA. 



Con el objeto de conseguir la menor deformación posible en nues- 
tras oonstrucciones, hemos aceptado para graduar nuestro mapa i la 
minutíi correspondiente el método de proyección llamado poUoónico, 
cuyos fundamentos se encuentran en el Report of the Siiperintendent 
cfthe Coad Survey ofthe United Slatea (1856, páj, 298, Appendix 
uúm. 58). A la esposícion del método sigue una tabla arreglada 
para referir el trazado de los meridianos i paralelos a un sistema de 
ejes coordenados rectangulares; reproducimos en seguida los datos 
que nos han servido para la graduación de nuestro mapa; teniendo 
presente que 

L = largo en metros del grado de latitud sobre el meridiano medio; 

X = proyección de cada grado de lonjitud sobre una perpendicu- 
lar al meridiano medio; 

Y = proyección sobre el meridiano medio de la ordenada del ea- 
tremo de cada grado de paralelo. 



133 



LAS COBDILLBR.M DE ATACAHA. 






II 

r 



OKAÜOS 

DE 

LATITUD 



L 
METROS 



GRADOS 

DE 

L O N J I T U D 



X 



METROS 




2V 



090 



23« 



110 706 



3« 



103 958 
207 911 
311 856 



110719 



1» 
20 

3« 



103 249 
206 494 
309 730 



110 732 



20 
3« 



102 510 
205 014 
307 510 



325 
1300 
2926 



337 
1350 
3038 



348 
1398 
3146 



240 



250 



26« 



110 747 



í 



110 761 



1« 
20 

3« 



20 
30 



101 737 
203 472 
305 196 



100 938 
201 866 
302 790 



110 776 



1« 
2o 

3« 



100 105 
200 204 
300 291 



361 
1444 
3250 



372 
1489 
3350 



383 
1532 
3446 



Hemos tomado como mcriilinno medio el de 68** 



PANOUAMAS. 

Con el objeto principal <le <lar a conocer el aspecto de las serra- 
nías i cumbres mas notables^ reproducimos al fin de esta Memoria 
cuatro de los numerosos panoramas que hemo3 ditiujado dui*ante la 
esplomcion. 

Para que puedan conectarse co:i los datos numéricos, liemos indi- 
cado en ellos la graduación de los azimutes magnéticos i de los án- 
gulos verticales encima i debajo del horiasonte, a razón de dos miií- 
metros por grado, o sea 72 centímetros para todo «I liorissonie. 



ni-SUi.TADOS QRÁPIC06 I NUMÉRICOS. 139 



5.— ALTURAS BVKOMÉTRICAS I JEüDÉálCAS. 



Por lUviJíi lio atiestras obiervacíoacs b:u*o:u¿tr¡cas obtenemos lu9 
siguientes altuius sobre el mar: 

KsUiciou de Pampa Altíi 1 470 metros 

Caracoles ( Mina Calíimefia) 2890 

Atacama (San Podro de) 2450 

Por defectos en las tablas o fórmulas que nos lian servido, o por 
ím])erfeoeion del instrumento ^, estas cifra? resultan demasiado 
elevailas, si juzgamos por la primera de ellas. La altitud de Pampa 
Alta, según la nivelación del forrocarril, es 1440 metros; hai una 
diferencia de 30 meti*os. En la incertidumbrc de saber si esta dife- 
rencia se inantienc i-esi)ecto de los otms dos puntos^ lo hemos su- 
puesto así^ de modo que aceptamos como altitudes para 

Mina Gdamcña 2860 metros 

At;icama 2420 



i sobre esta base obtenemos: 

Aguas Dulces 3030 metros 

Estación del Bonlo... 3245 

£ítas alturas nos luu servido a su turno para establecer la» si- 
guiciitody cuya diferencia de nivel respecto de lo3 i>unto3 menciona- 
dos ha sido calculada trigonométricamente: 



1. E3to últim.') es poca prob:kble, pirquo nuestro baróinstro fu? comprobado eii 
Santiago i en A ntof agosta. 



20 



140 



LAS CORDILLEllAft DE ATACAMA. 



LOCALIDADES 



ALTURAS 



(Cumbre.s) 

Cerro Limón Vordc 

Volcan Licancaur 

Cerro de Tumisa 

fi Miñiques 

Volcan Pillar 

II Socompa 

II Llullaillaco 

II Antofalla 

Cerro Past<is Grandes . . . . 

ri de Cachi 

II del Rincón 

Volcan Lascar 

II Jorjéncal 

II Paniri 

II San 1 Viro 

Cerro Aucanquilcha 

Volcan Olea 

•I Oyagiia 

Cerros de Lipes 

Volcan C¿iietena 



;U70 

5950 

5640 

6030 

6500 

5980 

6600 

6370 

6825 

6000 í 

5640 

5900 

5800 

6320 

5920 

6180 

5640 

5865 

5990 

5720 



LOCALIDADES 



(Porteztieloí») 

Abra del Cajón 

II del Pajonal 

II de Tuniisa. 

II do Incahuasi 

II del Tolar 

II de Quetena 

II Cuatro Mojones 



( Poblaciones, establecituieutos) 




Tiloraonte... 
Antofalla ... 
Antofagasta 
( fuaitiquina 
Ascotan 



4450 

4670 

4700 

4800? 

4320 

4640 

4340 



2400 
3400 
3570 
4270 
3750 
Quetena ¡ 4200 



Además de éstas, hemos consignado en nuestro mapa muchas otra.^ 
altitudes que puedeu cons¡derai*se como aproximativas. 



CAPÍTULO IX. 

Estadio erttleo sobre las diversas Memorias, Mapas, Planos 
relatlTos a las rejlones adyacentes a la Pana de Ataeama ^ 



1. — MAPA GEOORÁFIOO DE AMÉRICA MERIDIONAL; DISPUESTO Y 
GRAVADO POR D. JUAN DE LA CRCZ CANO Y OLMEDILLA, GEÓ- 
GRAFO PENSIONADO DES. M., INDIVIDUO DE LA REAL ACA- 
DEMIA DE SAN FERNANDO, ETU., TENIENDO PRESENTE VARIOS 
MAPAS Y NOTICIAS ORIGINALES CON ARREGLO A OBSERVA- 
CIONES ASTRONÓMICAS (1775). 



Este antiguo inapa^ prolijamente grabado i ornamentado con pro- 
fusión de escudos heráldicos i alegorías^ solo puede servir al pre- 
sente como documento liistórico. 

• Los límites entre los reynos de Peni i Chile están marcados en 
el despoblado de Ataeama por una línea que corre de N£. a SO., 
desde nn punto próximo a la aguada de Vaquilla<«y que aparece 
l)ajo el nombre de FaguHlm, i otro en el litoral, un poco al Norte 
del Paposo. IjApuna de Antofagasta, que aparece rotulada oordUU^ 
roa bajas de arena que se cierran con la nieve eninvienx), está inclui- 
da en Chile así como el valle arjentino de BelUn. 

El rio Loa está bien figurado í en el Sur del despoblado apare 
ccii un rio Sxlado i un rio Juucaly que suelen no llegar al Puerto, 

Hállanse marcados en este mapa el camino real desde San Fran* 
cisco de Ataeama (San Pedro) por Toconas^ Soncor^ Galama (que 
debería estar al NO. de los precedentes), Socayre (al oriente) Peyne^ 
Payuillas^ el Chaco alto (que es una cerca para cojer vicuñas^ dice 

1. Todaa la£i loujitudea jeográficaa se refieren al meridiano de Greenwich; la« 
distancias se espresan en quilómetros i las alturas en metros, aun cuando citamos 
UQ autor Que no emplee estas medidas, pues hemos tenido cuidado de reducirlas, 



142 LAS CORDILLERAS DK ATACAMA. 



el mapa), torciendo en segnidu para la co-sta^ mientras que la Díree* 
cion de Postas^ desde ese mismo piinto sigue corriendo por el pié o 
falda de las cordilleras, pasando por Juncal alto i C/iintral alto, 
Iiacia San Francisco Je la :^eloi (Copiapo). 

No noH detendremos en liater la críticti de estas demarcaciones, 
que pueden servir para demostrar lo mal que solían astar de acuer- 
do los documentos oficiales emanados de la corte de EspaQ i unos 
con otros^ tales documentos, sin embargo, son los que suelen ex- 
humarse de vez en cuando pam dar vida a pretendidos i fenecidos 
derechos. 



2. — DESCRIPCIÓN DE LA VILLA DE POTOSÍ Y DE LOS PARTIDOS SUJE- 
TOS A SU INTENDENCIA, POR DON JUAN DEL PINO MANRIQIÍE, 
GOBERNADOR DE AQUELLA PROVINCIA (1787) 1 . 



Este notable documento es la prim?ra i jMxlríamos decir la única 
descripción detallada de las rejiones de que trata; por eso no vacila- 
mos aquí en reproducir la parte que afecta a nuesto mapa: 

«El Partido de Chichas se halla al sud de Potosí, y por él atra- 
viesa el camino real de Buenos Aires. Tiene de largo de norte a sur 
A% leguas, desde el arroyo de la Quiaca, que lo divide del Tucuman, 
hasta Quirbe, que confina con Porco: y de ancho de oriente á po- 
niente cien leguas, desde Esmoraca, curato de Ijipes al poniente, 
hasta Chuquiaca, estancia de la misión de Salinas á cargo de los mi- 
sioneros de Tarija. 

Sus principales rios son el de Toropaloa y Tarija, queengros.1ndo- 
se con el Pilcomayo y Bermejo, y gimndo hacia el norte se entnin 
por las tierras de Chiriguanos, y van á incorporarse con el rio de la 
Plata. 

Tiene este partidlo nueve eurato:^, cinco en la Puna y cuatro en los 
valles de Tarija; estos surten á aquelloá de granos y maderas. 

El primer curato de la Puna es 'l'aiina, en una quebra la «b su 
propio nombre, distará 70 leguas; dá algún píKSo maíz y trigo. Tiene 
minas de oro muy decaidas, y subsiste en gran parte de la arriería: 
son sus moi*adores indios y mestizos. 

Tupiza, en otra quebrada; dista 60 leguas, tiene algunos nns es- 
pallóles, y es la cal>cccra del partido. Su vecindario subsiste del tra- 

1 . rul)l{6iid4 on U eolocclon cU obras i documontoi relativos a la historia tXvX 
Eio d«i U PUta por V%Cíto do Aiigdisi tomo II. Bucnon Airos (1930). 



1IKM0KIA8, MAPAS, PLANOS, ETC. 1] 



«> 



bttjo (le las minas de oro y plata de Clioroina, Estarca, y otros parajes; 
(la algiiii |x>co de miiz, trigo y se aplican también a la arriería. 

Ijsi gran Chocaya, á nn lado de Tupiza, distará 70 leguas; de 
tcm|)ei*ameuto muy frió, tiene buenas minas, pero esaisean los espa* 
fióles, siendo su temple para coimeros de la tierra y guanacos. 

Santiago de Cotagaita dista 31 leguas; está mal situado entre un 
rio y una quebrada, en el camino de Buenos Aires: su temi)eramento 
es regular, com|k>nese de pocos españoles, muchos mestizos, y algu* 
m^ indios que se mantienen de la arrieri i, de sus cosechas de gra- 
nos, ]K>r ser el temperamento mas benigno, y del carbón que traen á 
Totosi 

Aunque Esnioraca es anexo curato de Santa Is;d)el, del partido 
de Li|)es, tiene en él su residencia continua el cura de aquella doc« 
trina, y está ceñido al de Chichas. Este lugarcito, y su inmediato de 
Cerrillos, rinden proporcionado número de marcos de plata y oro el 
mas sui)er¡or, aunque en corta cantidad 

£! partido de Atacama, situado al extremo de la IVovincia, linda 
por la parte del norte con el de Lipes y el de Tarapaca del vrrey- 
nato de Lima, \\ov el sud con el reyno de Chile, por el este con la 
Trovincia del Tucnman y por el oeste, con la costa del mar del sur. 

Tiene Aiysí curatos, el uno nombrado San Peilro de Atacama, dista 
160 leguas de esta capital con cinco anexos, que son San Lucas de 
Toconao, Santiago de Socaire, Pan Roque de Peyne, Susquis é Li- 
gaguasi. Este es un mineral de oro hoy arruiíiado, aunque de nom- 
bre en lo antiguo. De tein|>eramento frió, y esciso de todos comes* 
tibies, de que le proveen los inmediatos valles del Tucnman. £1 de 
los anexos de Socaire y Susquín es igualmente destemplado, por su 
situación inmediata a la Cordillera de Chile, y cuya causa hace tam- 
bién que estén casi despoblados, viviendo los indios originarios de 
ellos en la jurisdicx^ion del Tucnman por la mayor facilidad con que 
consiguen su sul)sistencia. Aunque el temperamento del anexo de 
Peync es mas benigno por la mayor oercania á la costa, se halla 
también casi despoblado, porque sus proporciones productivas no 
sufren residencia fíja. 

A mas de Ingaguasi, hacia los confines de la Provincia de Salta, 
tiene otros tres minerales de oro, á saber: Susquis, Olaros y San 
Antonio del Cobre, que siempre han sido trabajados por los indios 
con la escasez y poco fomento que acostumbran. En estos el trabajo 
es mas permanente que en Ingaguasi, porque como veneros no están 



144 LAS CORt)ILLEBAS DE ATAOAUá. 

sugetos á ]a estación precisa de agiias^ sin la que en este Altimo 
no se pueden moler los metales, hacer lavas y beneficiarlos por 
azogue. 

£1 curato de Átacama la baja dista 150 leguas de Potosí, tiene 
cinco anexos, entre ellos el puerto de Cobija: sus habitantes son casi 
tollos indios y algunos mestizos, su teroiierameuto benigno, y en la 
estación de verano, de calores fuertes, asi como en Atacama la alta 
i su anexo de Toconao. Sus producciones trigo, maíz, verduras, al- 
gunas pocas frutas, y algarroba, de que usan para chicha, como la 
que en el Perú se hace de maíz. Maderas de corpulencia i subsis- 
tencia, sales esquisitas y en mucha abundancia, pastos sabrosos para 
crias de ganados lanares; pero escasez grande de agua) que no lo« 
gran para sus riegos sino cu corta cantidad de la que les provee una 
laguna situada en el mismo terreno: a excepción del rio Chiuchiu, 
que es el mismo que nace de Miflo, y riega el territorio de Galanía, 
con extensión de tres á cuatro leguas ¡)or todas partes, y con cuyo 
motivo es perenne una famosa ciénega, cubierta menudamente de la 
yerba 6 pasto que llaman junquillo, tan á propósito para el engor- 
de del ganado, que siendo extremoso, lo hace infecundo á poco 
tiempo: con este hacen comercio hacia Pica i Tara paca, porque llega 
á producirles hasta 20 pesos una rez, y á proporción los carneros de 
la tierra. 

£n el distrito de este curato está el puerto de Santa Maria Mag- 
dalena de Cobija, cuya situación, proporciones, seguridad ó riesgo 
de enemigos, modo de habitarlo y demás, se comprende en el infor- 
me hecho por el comisionado para su reconocimiento en 19 de mayo 
de este afío, de que se dirigió copia á ese Superior Qobierno. 

También tiene un mineral de coV>re nombrado Couchi, que dista 
de esta capital 138 leguas, y el que abastece de almadanetas á los 
ingenios de esta ribera, conduciéndose porción de quintales en cada 
afio, y haciendo un ramo de comercio regular, y en que giran con 
interés de varios vecinas de esta villa, muchos naturales de aquella 
provincia. 

Los que no se ocupan en este tragiu, viven dedicados al cambio 
y rescate del pescado congrio i charquesillo, que regularmente con- 
ducen á esta pla^a, á Chuquisaca y Oruro, para lograr del mayor 
aumento en su estimación: las primeras manos expendedoras son los 
indios naturales del puerto de Cobija, con quienes tratan los resca- 
tiris, á cambalache de ropa, coca y otras menudencias de ningún 
provecho; por eso no lo tienen, aunque sea penoso y continuo sa 
trabajo, y solo los rescatiris aprovechan del aumento de cuatro pesos^ 



MEMORIAS, Mapas, planos, etc. 14o 

á que lo compran, á diez, en que de ordinario lo venden en las cita- 
das plazas. 

Entre lo referido de este partido se eucnentran unas vetas de ca- 
parrosa, piedra alumbre, piedi*a lipes y |>olvos azules y verdes, pero 
que ni se trabajan con formalidad, ni tienen ducfios conocidos. No 
tiene otro mineral de plat¿i que el nombrado Salti|)OD, y que so 
abandonó en sus principios por l]al)erse reconocido que sus vetas á 
poco trecho de la superficie del cerro no descubrian sino unos ra* 
mos menudos incapaces de compensar los costos. 

Extiéndese el referido partido de norte á sur 100 leguas, 65 del 
este á oeste, 320 de circunferencia, siendo el partido mas despoblado 
ile cuantos componen la Intendencia. 

Tiene igualmente este partido porción de vicv.fias, que son las 
mas apreciadas por la calidad de la piel, mas grande y fina que los 
de las otras partes; pero á cuya caza no se dedican, porque el precio 
ofrecido por ellas no les compensa su trabajo, ni promete utilidad á 
los naturales. 

Es Lipes de los partidos de esta jurisdicción el cuarto. Linda por 
el sur con Chichas y parte de Atacama, por el norte con Carangas y 
Paria de la Provincia de la Plata, por el este con los partidos de 
Chicbas y Porco, y por el oeste con Atacama y Tarapaca. Extién- 
dese de norte á sur 65 ó 70 leguas, 80 del este oeste, y 150 poco 
mas de circunferencia. Tiene cuatro curatos, á saber: San Antonio 
de Lipes, que dista 91 leguas de esta villa; Santa Isabel que 
está á 95; San Cristoval que se halla a las 62; y Lic¿i y Tagua que 
dista 125: todos de temperamento sumamente frió, y muy poco ve- 
cindario. Escasos de agua, y las que hay salitrosas. Sus campos son 
tolares, y en lo mas muy pobres de pastos, lo que precisa Cx no tener 
otro ganado que los carneros de la tierra. 

Sus producciones casi no son otras que cebada y papas, de suerte 
que sus moradores tienen continuamente que salir á los valles en 
solicitud de mantenimientos. Sostiéuensc ordinariamente de las onzi- 
tas de plata que sacan, ya en los desmontes de las antiguas minas 
abandonadas, y ya en las tierras que escogen de los muladares y 
calles, y las que, lavadas y fundidas por un magistral que les agre- 
gan, y llaman aorechOy !es suministran escasamente con que subsis- 
tir y satisfacer el tributo. Aunque esto prueba la antigua riqueza de 
aquellos minerales, y principalmente el de San Antonio de Lipes, 
de tanta fama como el rico cerro de esta villa, hoy están todos abso- 
lutamente abandonados á buscones ó pallaqueros, que ni pueden ni 
se atreven á emprender grueso trabajo, porque todas las minas están 



146 LAS CORDILLERAS DE AtACAMA. 



ciegas^ hundidas y aguadas^ y solo en San Cristoval se continúan i)or 
I()8 indios dos labores, llamadas la Tesorera y la Estaca, |)ero con la 
lentitud propia de su natural inclinación, y falta de auxilios. Atri- 
biSycse la decadencia de estos minerales á la escasez de gente, can- 
sadu desde el nfo 19, en que se ex|)erinientó la general i>este en este 
reyno. Pero lo cierto es, que á ser las minas de codicia, y experi- 
mentándose facilidad y utilidad en la saca de los metales, no deja- 
rian de acudir de todas partes gentes, como suceile en Aullagas y 
otros, y sucedió en el mismo Lipes en los tiempos de su boya. No 
se duda pudiera proporcionarse algún fomento ¿aquellos minerales, 
peix) tampoco se ignora que siendo los que los trabajaban indios tri 
butarios, seria necesario habilitarlos aun con la rofm para su uso, 
exi)on¡éndose el aviador á muchos quiebras, iK>r la natural desidia 
de esta clase de gentes, y para cuyo egercicio no habien<lo sugeto 
])articular que se atreva & emprenderlo, tami)oco oon viene gravar 
lioy al real erario c*on esta pensión, pareciendo mas conveniente de- 
jar al tiempo, hasta qu3 el útil esLiblecimionto del tribunal de mi- 
nería proporcione mcd¡(»s para atender lí CAíe olyoto. 

Uno de los ramos que pudieran ofrecer utilidad, os la lana de 
vicudas, cuyo ganado abunda en este partido: pero el sumo tralnijo 
que cuesta á los indios cogerlas muertas, y lo poco que Ie.s utiliza, les 
hace ir dejando este egercijio. Ocú^mnse en él cuatro 6 cinco diu», 
mientras tienden las re<les y lazos para aprenderlas, y lasari'ean para 
aquel parage \wr los empinados cerros en que comunmente viven, y 
ft cuya operación llaman libeo: no sacan de este modo de cogerían 
tanta utilidad, ni les es tan fácil su c:\za, como con las perros que 
crian para ella con sumo cuidado i aprecio, pues si en el oej'co que 
forman para el dicho lil^eo, entra por casualidad algún guanaco, que 
de ordinario andan juntos con las vicuñas, rom|)en las lazos, y esca- 
pan de las manos de los cazadores, después de un inútil y penoso 
trabajo. £1 proyecto <le amanzarlas y reducirlas á, manadas para 
trasquilarlas, al mo<1o que con el ganado ovejuno, como previno 
una real orden de 30 de Abril del afio pasado de 1779^ no es prac- 
ticoble, a vista de lo montaraz de este animal, que no sufre la me- 
nor sugecion, acostumbrado ya a habitar las mas altas serranias. E^ 
verdad que en estas provincias se ha visto una ú otra domesticada, 
i en mi misma casa tuve una que llegó hasta á ser la diversión del 
pueblo: ¡>ero esto no puede hacer regla general para este ganado^ y 
tocariamos el inconveniente de su falta de procreación, como se lia 
ex i)eri mentado repeti.los veces, y una de ellas con la que vá referi- 
do^ tuve en mi cn.sa con una hembra. 



Tiene también este partido varios minerales de cobre, que se. re- 
ducen a los del asiento de Escapa en el repartimiento de San Cris- 
tova!, con la bella proporción de la granalla, que es la mejor para 
la labor de esta real casa de moneda: pero e^tos se hallan en poder 
de indios sin un trabajo formal, y casi en términos de abandonarse 
()or la mala dirección de las minas y sus derrumbes en la parte y lu- 
gar de mas provecho. 

El trueque, cambio y venta de carneros de la tierra, que crian en 
crecidos rebafios, les ofrece también tal cual pasad ia, por la estima- 
ción con que los conducen al mineral de Quantajaya y Asiento de 
Tarapaca de la intendencia de Arequipa, por lo escaso de estos en 
iodo comestible. 

Algunos viven empleados en proveer de sal y pólvora á los mi- 
nerales de Chichas, que en ocasiones aun no les compensa los cos- 
tos, porque la libra de esta les es pagada regularmente á dos reales 
cuando no sea al fiado, 6 en cambio de efectos de ningún útil. 

£1 azufre, que hace otra corta parte de su comercio, sacándolo de 
los volcanes que tiene el partido, y principalmente de un cerro co- 
nocido por el de Tagun, tampoco les aumenta su pasadia» porque 
no es exclusivo de otras provincias, de donde también se conduce á 
igual precio, y en muchos casos por algo menos». 



S.^MAPA GOROGRÁFIOO DE LA REPÚBLICA DE BOLIVIA CON LA 
TOPOGRAFÍA DE LAB PRO VIMCf AS LIMÍTROFES, MANDADO LE- 
VANTAR POR EL EXMO. SR. PRESIDENTE JOSÉ BALLIVIAN, I 
FORMADO POR EL CORONEL DE INJENIEROS FELIPE BERTKES, 
DIRECTOR DE LA MESA TOPOGRÁFICA — LONDRES, 1843 — PUBLI- 
CADO I GRABADO POR ARROWSMITII. 

No repetiremos aquí la crítica que hace de este mapa el doctor 
Philippi 1 ( Viaje al desierto de Atacamay páj. 101); podríamos aun 
ampliarla en lo relativo a la Puna. En esa parte los caminos mar- 
cados son enteramente antojadizos; la topografía desconocida, por el 
autor, es mera obra de imajinacion, i los pocos nombres que han lle- 
gado a su conocimiento, han sido diseminados como al acaso sobre 
el inaj>a. Cavi, que es un potrero de cordillera de los mas reducidos. 



1. PodríamoB sacar de nna duda al Dr. Philippi, que estraña que el mapa do 
Rertrea señale un pueblo con el nombre de Faguil, Este no es otro que la aguada 
de Vaquillas o Baquillas, que Gano i Olmedilla convirtió en Paguíllas i Bertres en 
Pagttil. 

19 



148 



LAS OORDÍLLCÉAS D£ ATACAllÁ* 



aparece como pueblo con iglesia; el rio de Vizcacliillas i Alota apa- 
rece como el imcímíento del de Cotagaita, habiendo entre ambos la 
cordillera Real. Tales errores lian sido funestos en e^tos primeros 
mapas del desierto^ porque han servido de antecedente para que se 
propaguen después como hechos adquiridos. 



4.^B0SQUEJ0 ESTADÍSTICO DE BOLIVIA, POR DON JOSÉ MARÍA 

DALENCE (1851). 



E^te librO| aunque no muí voluminoso, es sin embargo el mejor 
tratado de jeografía boliviana. Ileproduci remos en parte algunas 
de sus descri|x;iones en cuanto se refieren al distrito de Atacama. 
Al tratar la orografía de este distrito, dice lo siguiente: 

«Entre las varias cadenas que forman la cordillera desde el paso 
de San Pedro de Atacama, hai muchas praderas llamadas potreros^ 
en las que se cria ganado mayor i menor, i muchas chinchillas i vi- 
cuñas de superior calidad por su tamaflo i por su vellón^ que es mas 
largo que el conocido en otros lugares. Como enumerar los poti*eros 
sería^demasiado fastidioso, espresaré solo los principales i los que 
sirven de primera escala a los arjeutinos para invernar sus tropas 
de muías i conducirlas al interior de la República, al Perú i aun a 
üopiapó; así quedarán desvanecidas en gran parte las ideas incom- 
pletas i poco favorables que se tiene de Atacama. Los potreros son 
los «¡guientes: 



Carachapampa 

Peñón 

Peñas chicas 

Joste 

Colorados 

Quebrada de las Postas 

Cortaderas 

Oiré 

Quebrada del Diablo 

Quilinas 

Breas 

Potrero Grande 

Botijuelas 

Mojones 

Calasti 

A 11 te falla 

Caví 

Caajchas 



Cori 

Samenta 

Pular 

A rizar 

Incahuasi 

Socompa 

Tilopozo 

Quebrada Honda 

Zcrras 

Rio Frió 

Baqu illas 

Pastos Grandes 

Hincón 

Olacaca 

Chanrchare 

Pastos Chicos 

Toro 

Ama. 



Memorias, ííaPáb, plaKob^ etc. Í4§ 



Fuera do esto, a 30 leguasde distancia del mismo punto de San 
Pedro, hacia el Nurtc, existe la hermosa ciénaga de Quetena, capaz 
de sustentar hasta cuatro mil animales de toda clase, en las buenas 
estaciones del aQo. 

Estos potreros son esoelentes para el ganado mayor ¡ menor; casi 
todos tienen vertientes de agua de mui buena calidad, i en muchos 
pasan las aguas por encima de vetas de sal, cuya circunstancia hace 
que en menos de sesenta dias engorda asombrosamente el ganado. 
Cuando el puerto, en razón del comercio, tome la importancia que 
debe, podrá criarse el ganado lanar en escala mayor, sin que obsten 
las nieves que caen en invierno, porque construyendo, como en 
Kui*opa, esttiblos para preservarlos, quedarán guarecidos de la in- 
temperie, i se les mantendrá en aquella estación con el heno, que en 
buenas ocasiones puede guardarse. 

Lfos terrenos del Departamento Litoral no son }>or lo jeneral pro* 
pio6 i)ara labranzas; sin embargo, en las tierras que forman el pe- 
quefio valle de San Pedro de Atacama, capital de la provincia alta, 
i en algunos recintos de su comprensión, se cultiva el trigo, el 
maíz i algunos árboles frutales. En Calama, pueblo de mas impor- 
tancia al presente por sus buenos edificios i por el tráfico mercantil, 
como punto colocado entre el puerto i las plazas del interior de la 
Kepública, se emplea hoi una mediana estension de tierras en cul- 
tivos. La planicie en que se encuentra situada, i el rio Mifio que la 
atraviesa, engrosado por el Caspana, ofrecen catnpo bastante para 
estender mas la industria agrícola. La alfalfa es lo que se cultiva 
allf; pero se ha visto por esperiencia que sus terrenos son capaces 
de producir maiz, papas, tri^o i hortalizas. Poco menos se puede 
decir de Chiuchiu; mas no asi de Toconao, pequeflo valle situado en 
la falda de unos pefiascos, i en una quebrada que tendrá un cuarto de 
legua, en donde es asombrosa la feracidad de sus terrenos, banados 
por un riachuelo que se consume allí mismo. En dicho recinto, a mas 
de producirse maiz, trigo i alfalfa, se encuentran muchas clases de 
frutas esquisitas de que se provee la provincia alta de Atacama. 

£mpero, si no es a propósito para la agricultura el terreno de 
Atacama, haí sobrados motivos para afirmar que sus cerros son 
abundantes en minerales. El aspecto físico que presentan las mon- 
tañas desde su mayor altura hasta tocar en sus bases, i los trabajos 
i reconocimieítos practicados en los cerras que hacen frente al mar, 
demuestran claramente que, tanto en la costa como en el interior o 
Atacama alta, están por descubrirse inmensas masas metálicas de 
todo jénero. 



150 LAS CORDILLERAS DE ATAtJAMA. 

— — - — — ^ 

En la serrauía que está al Oeste de San Pedro^ a distancia de 12 
leguas^ se encuentran ranchas vetas de cobre, particularmente en los 
puntos de Sarapona i Tuinar^ que tienen la ventaja de poseer en 
abundancia liga fundente» combustible i agua. 

A poco mas de 40 leguas de esta serranía se halla una gran re- 
ventazón de fierro nativo, en bari*a i trozos de diferentes tamaños, 
de un color blanquisco, semejante al de la plata. Aseguran los inte- 
lijentes que es de mejor calidad que el de Vizcaya; i es un dolor 
que habiendo agua i lefia en este punto, no se establezca la esplota- 
cion de un articulo tan útil i necesario para la minería, agricultura 
i demás artes. 

En las inmediaciones del Rosario existen veneros i vetas de oro 
que se trabajaron antiguamente; i en un lugar llamado Olaros se 
ha encontrado, en tiempos pasados, pepitas que pesaban 18, 22 
hasta 37 onzas,, siendo las comunes de 2, 3 i 4 de ))eso. 

£1 mineral de Conclii es conocido. Produce cobre superior que 
surte a los injenios de PortugaIete;se ha trabajado también algunas 
de sus vetas de oro. 

Puedo asegurar sin exajeracion que el departamento es capaz de 
aumentar muchísimo su industria minera, casi vírjcn, pues los innu- 
merables cerros que lo ocupan, contienen oro, plata, cobre, fierro, 
alumbre, alcaparrosa, azufre de superior calidad, puro i sin mezcla, 
i no pocas piedras preciosas i mármoles. 

Principiando por la estremidad sur de la costa boliviana, las pri- 
meras guaneras que se encuentran a la latitud de 25^ son las cono- 
cidas con el nombre de Ma de Cobre, LagartoSy Nampa, Santa Ma^ 
ría i Oreja de Mar; en la línea tropical la de Angamos; i por ñltirao, 
en la punta de San Francisco, en 2P 54' de latitud sur, se hallan las 
llamadas Mamiña i Paquica, en que están los trabajos de los con- 
tratistas con el Estado. De aquí hasta el confin boreal hai varias 
guaneras, aunque poco interesantes. 

Ya he dicho en otro lugar que el (erriterio de Atacama es seco 
en su mayor parte; no hai por consiguiente en él mas rios conside- 
rables que los que forman sus límites meridional i boreal: el-del 
Norte, denominado Mino, tiene sus fuentes primitivas en la cordille- 
i-a de los Andes, frente al punto del Cebollar, i corriendo por entro 
ella misma de Norte a Sur, se incorpora poco antes de Santa Bar» 
bara con el Caspana, que viene con sus aguas volcánicas del 
ChiucMu, del lado occidental de la misma cordillera. Desde mas 
abajo del mismo Chiuchiu, variando su curso hacia el poniente, bafia 
los campos de Galama; i luego se divide en dos brazos, llevando el 



MEMORIAS, MAPAB, PLANOS^ BTO. 161 



uno el nombre <le San Salvador i el otro el de Ouacati, para reu- 
nirse otra vez en Chacanee. De aquí, teniendo ambos un solo álveo, 
corren iK)r Quiüagua hasta echarse al mar en el puerto de Loa, 
donde toma su último nombre. 

£1 que nos divide de la Repilblica Chilena nace de la parte occi- 
dental de la cordillera de los Andes; i como su curso es \íov la parte 
mas incógnita del desici'to de Ataoama, solo se sabe que es formado 
de los dos riachos que corren de Norte a Sur en el Chaco altOj i que 
reunidos constituyen el Salado, cuyo rumbo es de Este a Oeste. 

Hai además algunos {lequefios rios i cafiadiis centrales en la 
parte oriental de la cordillera, tales como el Collaguimay en el can- 
tón del Rosario, que entra en la República Arjentina por la Bin' 
conada, i el Chorrillo, en el cantón de Antofagasta, que desagua en 
la laguna que lleva el nombre de este pueblo». 

Sentimos no tener a la mano una estadística moderna de Bolivia, 
que podría servirnos para estudiar el progreso del distrito de Ata- 
cama, comparando los nuevos datos con los que suministra Dalence, 
que ])or lo demás, no son mui numerosos. 

La obra del sefior Dalence contiene, como es natural, algunos 
errores al tratar de precisar la situación jeográBca de algunos pun- 
tos* Sin embargo, puede decirse en jeneral que los datos que c.ntie- 
ne hacen autoridad, i en ese concepto, i'eproducimos también a con- 
tinuación la descripción que en ella se hace de la línea divisoria 
entre Solivia i Chile. 

«Comienza en el rio Sedado, que por junto al Paposo, desemboca 
en el Pacífico a los 25* 39\ i dirijiéndose luego al ESE. remonta a 
la* Cordillera por BaguUla» i llega al Portezuelo que sirve de límite 
a la provincia de Catamarca i nuestro Cantón de Antofagasta. De 
aquí vuelve al NO. por los desiertos nevados del Chaco Alto, bo- 
jeando el abra de Carachapampa, cerro Gaüan, i Puerta de Burras, 
los curatos arjentinos de Belén, Santa María Cachi, Rinconada i 
Santa Catalina, i separándolo de los cantones bolivianos de Antofa' 
goda, San Antonio de Lipes, Esmoraca i T%dina hasta la Qu,ia^oa.n 

5.— VIAJE Ai. desierto de atacama hecho de orden del go- 
bierno DE CHILE EN KL VERANO 1853-54, POE EL DOCTOR 
RODOLFO AMANDO PHILIPPI. 

Esta obra, publicada en Halle (Sajonia) el aflo 1860, es digna de 
sil autor i encierra numerosos e interesantes datos sobre una rejion 



162 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



desconocida eii aquel entonces. El doctor Philippi nos da en ella 
el diario de tres viajéis o esploraciones sucesivas; el primero por la 
ooBti hasta Mejillones de Bolivia, el segundo de Taltal a San Pedro 
de Atacama, i el tercero desde este punto a Copiapó por el camino 
del Inca. En su narración enumera de paso los ejemplares de la 
fauna, flora i muestras jeolojicas que ha encontrado, descollando, 
como es natural, en los dos primeros temas:- Hai catálogos comple- 
tos al fin de la obra i gran acopio de preciosos dibujos. No pode- 
mos menos de espresar el sentimiento de que el sabio naturalista no 
estendiese su esploracion hacia las rej iones donde la vejetacion es 
mas abundante. 

La flora propia de la cordillera no se desarrolla sino entre cua- 
tro i cinco mil metros sobre el mar; así habría podido ver el doctor 
Philippi a unos 20 quilómetros al oriente del camino que recorrió, 
entre el alto de Puquios i Tilopozo, unos estensos pajonales de la 
gramínea de la Puna, de la quo vio unos pocos ejemplar^is i que 
denominó Stipa frígida^ conocida con el nombre de paja brava 
por lo acerado de sus puntas. 

Igualmente en las faldas cuyo pié recorrió entre Tilopozo i Ata- 
cama, hai estensas praderas de altramuces {Lupinus), que no se men- 
ciona en la obra de que nos ocupamos. 

El capítulo 7 ** del libro del doctor Philippi, que trata de la con^ 
figuración del (feaierto i el mapa que lo acom palla, serán el objeto 
principal de nuestro examen. 

Cree el sabio naturalista que lo que llama la niesela de Atacnma 
«se une sin interrupción con la meseta boliviana» por una suave 
planicie, i a^í parecen indicarlo los panoramas de la páj. 11; pero 
esto proviene de las circunstancias de no haberse apreciado la i>en- 
diente que tiene la tal planicie en las partes donde da ascenso a la 
cordillera. Por ejemplo el panorama tomado en Atacama no parece 
esplicar el gran desnivel, cerca de 2000 metros, que existe entre la 
población i el abra al Sur del Licancaur. Nuestro mapa, por lo de- 
más, hace ver que el interior de la cordillera no es una meseta i que 
el nombre de Sierra aplicado por Bollaert en Tarapacá i Lipes le 
conviene mucho mejor. 

Una de las partes mas interesantes de esta obra es la que trata de 
la constitución jeolójica del desierto. Insiste el autor en la gran es- 
tension de superficie que ocupa el ripio o picdrecitas angulares, cuya 
forma supone ser orijinada por una descomposición mecánica espon- 
tánea, negando la importancia que otros atribuyen a los cambios 
repentinos de temperatura. Por lo demás, aunque el doctor Philippi 



f i 



MEMORIAS, MAPAS, PLANOS, ETO. 163 

as^iira no Imbcr visto «grandes [lefiascos en los lechos trasportados 
por lan aguas», los liai sin embargo en el cauce del rio Vilanm i en 
muchas otras partes de la cordillera atacamefla. 

El doctor Phiiippi pasa a caracterizar las divei^sas formaciones jeo« 
lójicas estratificadas, como son la terciaria i la jurásica, las margas oo- 
toradas con sal i yeso de San Bartolo, que identifica con razón a las 
de Corocoro, i que, como veremos, son abundantes en la Puna, lo mis- 
mo que los pórfidos arcillosos. Se ocui)a i)or fin délas traquitas i 
rocas volc(inicas, que en todas sus variedades cubren una gran parte 
del desierto. 

Atribuimos un gran valor a las observaciones propias del natu- 
ralista, pero no podemos menos de seflalar el peligro de jeneralizar 
en aquella materia. El sefior Phiiippi dice, por ejemplo, que la pie- 
dra |)óinez es sumamente escasa en el desierto de Atacama, i sin 
emlnrgo el ilustre viajero pasó a pocos quilómetros del volcan apa- 
ndo de Socompa, cuya base está tapada por piedra pómez que cu* 
bre también la parte escorácea del mismo cerro. Esta materia po- 
rosa existe también entre las traquitas de la falda del Licaneaur. 

El mapa del Desierto de Atacama que acompafla el libro del 

doctor Phiiippi ha sido construido por el injcniero jeómetra don 

Guillermo Dolí, quien fué encargado de hi parte jeográfica de la es- 

ploracion. Este mapa, que fué publicado antes de la apari<;ion de la 

obra en los Geogriphuche Mittheilungen del Instituto de Gotha, el 

nfto 1856, es el que ha servido de base durante mas de veinte afios 

para todos los que comprendían esa rejion. Hanse propagado así los 

notables errores que contienen, i es de estrafiur quo nadie hasta lioi 

notara que algunos están en discordancia con los datos orijinales del 

niismo doctor Phiiippi. Entre esto? enumeraremos: 

1^ La orientación de la gran salina de Atacama desde su estromo 

^/P/" te a Tilomonte es en el mapa de que se trata N SO*' O. Puede 

^«-«áe en nuestra minuta quo esa orientación es N 5** O., es decir casi 

^-á" 8. Si el sefior DoU hubiese utilizado para formar su plano el 

i^orania que el doctor Phiiippi dibujó en Tilopozo, no podría ha- 
■^ cometido ese error, pues según loa rumbos que en él se marcan, 
^^ >^olcan Licaneaur (de Atacama) queda al N 18" E. de Tilopozo 
^^^ 'Vez de N 8° O. como resulta del mapa. 

2° Igual cosa sucede en la colocación de Rio Frió, desde cuyo 
P^uto se arrumba el volcan Llullaillaco, según la pajina 78 del Via- 
^^ ai Deaiertoj a los 41 J"* de la brújula o sea al N 53° E. i según el 
^apa al N 30' E. 

S^ De las latitudes enumeradas en el capítulo 7^ de la obra del Sr^ 



154 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



Philippiy solo aparece el oríjen de una de ellas, la de Tilopozo, que 
según dice el autor, descansa en «una escelcnte altura de luna calcu- 
lada por el doctor Moesta», director entonces del Observatorio de 
Santiago, f^ta latitud resulta ser segtni esc dato 23** 19', siendo 
así que la que obtenemos por los rumbos del panorama a que lie- 
mos aludido, no puede bajar de 23^ 46', valor que mas bien nos in- 
clinaríamos a aumentar en un minuto o dos, por los datos itinerarios 
a Peine i Tilomonte, cuyas latitudes hemos determinado con exac- 
titud. 

En cuanto a las latitudes de los otros puntos que menciona la 
lista del doctor Philippi, adolecen también de notr.bles errores como 
se ve por el cuadro siguiente: 



LOCALIDAD 


liATITUD 
SEGÚN PHILIPPI 


I^ATITUD 
VERDADERA 


DIFERENCIA 


San Bartolo^ 


22«08* 
22 26 
22 52 

22 38 

23 13 
23 19 


22« 44' 30" 

22 54 50 

23 23 

23 11 30 • 
23 44 
23 46 30 


36' 30" 

28 50 
31 

33 30 
31 
27 30 


Atacania 


Ai'uada Carava ial 


Toconao 


Ci^naíra Redonda 


Tiloiwzo 





Puede decirse que todos los puntos enumerados están situados en 
el mapa del Viaje al Desurlo algo mas de i** en latitud, o sea unas 
trece leguas mas al Norte del paralelo que realmente ocupa. 

Los errores en lonjitud son también notables; pero esto no es de 
estrafiar por la falta de instrumentos apropiados eu esa esploracion: 



LOCALIDAD 


LONJITUD 
SEGÚN PHIUPPJ 


LONJITUD 
VERDADERA 


DIFERENCIA 


Atacaiiia 


69^' 00' 
68 12 
68 34 
68 46 


68« 11' 

67 44 

68 12 
68 32 


1 , 

49' 
28 
22 
14 

\ 


Volcan Miñinuc 


TiloDOZO 


Volcan Llullaillaco 



1 , Xa latitud d« e«t« puuto la llalla inscrita en un cuadrante solar oolocadcr en 

•1 ••tubkcbnlmto i coucuordA cpa mil rMnltado0# 



MBMOniAS, MAPAS, PLANOS, ETO. 165 

Se ve pues que los puntos están sefialados al poniente de su ver- 
dadera situación i el error aumenta a medida que se va al Norte, de 
iranera que Atacama está colocado on el meridiano que ocupa real- 
mente Caracoles. 

A pesar de estos errores i no con3Íderando la situación absoluta 
de cada punto, el mapa de la obra de Philippi es un buen guia iti- 
nerario, i las distancias a vuelo de p&jaro de uno a otro de los pun- 
tos recorridos son bastante exactos: 

Se^u Segnn 

Philippi I nuestros datos, 

De Copiapó a Tilopozo 440 qni. 436 qm. 

De Tiloix)zo a Atacama 95 97 

Dfi Atacama a Copiapó 530 510 

Una circunstancia digna de mención es que la topografía del de- 
sierto está mucho mejor representada en la reducción del mapa de 
Philippi que aparece en los Oeographische Mittkeilungen de 1856 
que en el mnpa grande que acompaña al libro. 

El doctor Philippi ha deducido de alturas barométricas observa- 
das con un instrumento imperfecto la altitud de 2404 metros sobre 
el mar para Atacama, valor que se acerca mucho al que hemos ob- 
tenido con quince dias de buenas observaciones. No hemos dejado 
de notar que la edición alemana del doctor Philippi asigna a la 
salina de Atacama la altitud de 6928 pies franceses o sea 2307 me- 
tros, valor mui inferior al que hemos obtenido. 

En suma, hemos podido utilizar el mapa del libro del Dr. Philippi 
para figurar en el nuestro la topografía de la falda occidental de la 
cordillera entre el cerro de Dofía Inés, Imilac i Puquios, rectifícan- 
da la i)osic¡on del Llullaillaco, la de Eio Frió i otras aguadas con 
datos posteriores. 



6. — viaje al través de los andes de sud américa, entre 
c<5rdoba i cobija, en el Año 1858, por j. j. v. tschudl 



El mapa i la narración del viaje que le acompafla aparecen en el 
anexo núm. 1 a los Oeographigche Mitlheihingen Aol año 1860. 

El largo trayecto que se menciona en el título fué recorrido du- 
rante los meses de junio a agosto i se nota, especialmente cuando 

refiere la travesía do la oordillerAi la dveagradabU impresión que In 

SO 



156 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

inclemencia del clima ha iufundido en el ánimo del antor. De Mch 
linos a Atacama solo demoró el sefior Tschudi ocho dias, i son bien 
poco9 los datos que pudo recojer en tan breve lapso de tiempo. Unas 
cortas oI)servac¡ones sobre el aspecto de las rocas i de la vejetacion 
en las rejiones que atraviesa es todo lo que el lector halla en su 
relación. 

Según las datos del setlor Tschudi, la villa de Molinos era en 
aquel entonces mns o menos lo que es ahora; solo los cultivos pare- 
cen haber progresado. Algunos artículos de esportacion como las 
pieles de chinchilla han disminuido notablemente, pues antes se 
contaban i)or miles las docenas que espendían anualmente ¡ en 1857 
no pasaban de 600 docenas; actualmente son allí mui escasas. 

El autor se queja mucho del clima de Molinos e insiste sobre to- 
do en la sequedad del aire, la cual, según dice, era tal que las uñas 
Bc le quebraban como vidrio. Por nuestra parte no podemos corro- 
borar tales efectos, n pesar de haber estado allí en la estación del 
verano. 

I^as moscas i vinchucas, que ha encontrado con profusión el seflor 
Tschudi, son ahora mucho mas abundantes e incómodas en Ata« 
cama. 

En cuanto a la ]>arte jeográfíca, está plagada de errores i contra- 
dicciones que han sido reproducidos después en otros mapas alema- 
nes. El mas incomprensible de estos errores es para nosotros el que 
se refiere a la latitud de Atacama. Dice el sefíor Tschudi (pajina 28 
del folleto) que ha detornrinado esa latitud por medio de tres altu- 
ras meridianas de sol i que obtuvo uor resultado 22° 25', que es cl 
mismo del doctor Philippi, el cual, como hemos visto, está errado 
en cerca de medio grado. 

La latitud de Molinos está mas errada aun que la de Atacama 
pues lo coloca 180 quilómetros al Norte de su verdadera posición. 

Como el mapa a que aludimos es un documento orijinal i ha ser- 
vido de base para el mapa del doctor Pet^rmann i otros, creemos 
útil resumir en un cuadro los errores principales de posición que 
contiene» 



1IEMOBIA8, MAPAS, PLAKOS, ETC. 



157 



LOO-ALIDAD 



¡^f^rkt^ María 

t 4» 1 _ 






nos 

iuua 



LATITUD 



L O N J I T U D 



TschliiU 



25» 50' 
24 07 
22 25 
22 22 
22 35 



Verdadera 


Error 


Tschudi 


Verdadera 




X. 30' 


66** 52' 




25 26 


X. 1M9' 


66 36 


67M6' 


22 55 


X. 30 


68 09 


68 11 


22 28 


X. 06 


69 08 


68 55 


22 35 




70 18 


70 18 



Error 



E. 40' 
E. 2 
O. 13 



^e ve que el error mas considerable está entre Molinos ¡ Ataca- 
ma, apareciendo cerca de 100 quilómetros mas de los que liai; pero 
loque hace incomprensible este error, es la contradicción en que a 
este respecto incurre el autor, pues dice (püj. 28) que ha recorrido 
entre Molinos i Atacama 95 millas alemanas (de 15 por grado), 
mienti'as que medida por la escala del mapa sobre el trayecto del 
camino solo salen 38. Se comprende la perplejidad de un viajero 
al hallarse con tales antecedentes resi>ecto de la comarca que ha de 
recorrer. 

Eli su viaje ha seguido el señor Tschudi nuestro mismo itinerario 
devuelta a Atacama, con la diferencia que desde la pascana de 
Quiron ha tomado un camino mas occidental que ^e reúne con el 
nuestro en Puntas Negras; este camino es el llamado del Rincón i 
el autor lo describe como sigue: 

«El valle de Quiron desemboca en una meseta desolada, i conti- 
nuamos como la víspera atravesando alternativamente desiertos i 
cadenas de colinas. 

Por varias leguas el suelo estíi cubierto de piedras bastante 
grandes que parecen caidas del cielo, por cuyo trayecto cuesta mu- 
cho trabajo a los animales pasar para no maltratarse con sus agudos 
filos Después de andar unas diez horas llegamos a un vasto desier- 
to mas estenso i desolado que los anteriores, de una superficie de 30 
a 32 leguas cuadradas, cubierta de arenas, guijarros, grandes depó- 
sitos de sal i pequeños estanques salados. En la noche estuvimos en 
una localidad algo abrigada, el Rincón, donde encontramos un poco 
de forraje a lo largo del arroyo, de agua dulce. (El autor llama 
Stipa Ichu a la paja brava, la Stipa frígida del doctor Philippi.) 
£u el EincoD 8ufrimo9 mqchQ dificultad para respirar con mo« 



168 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 

tivo de la rarefacion del aire; la tensión eléctrica de la atmosfera 
es estraordinaria^ etc.. 

Aquí principia el paso propíanieafe dicho de la cordillera, como 
de 30 leguas, escesivamente ])enoso para nuestros animales. A cua- 
tro de ellos les salía la sangre ]K)r boca i narices, i yo temía ver- 
las sucumbir al soroche, o como dicen los arrieros, a la puna. 

Hacia las diez de la maflana nos juntamos con un camino que 
viene del oriente; es el que siguen durante la estación favorable los 
arrieros que van de Salta a Atacama». 

Termina su tral)ajo el sefior Tschudi consignando en él varios 
itinerarios que insertamos mas lejos en el lugar correspondiente (ca- 
pítulo 10, § 15). 

7. — ^MAPA GRANDE DE BOLIVIA. 

Conócese bajo este nombre una carta mural que lleva el título de 
•Mapa de la repúhUoa de Solivia, mandado publicar por el gobierno 
de la. nación, en la administración del presidente Dr. José María 
Linares... levantado i organizado en los afios de 1842 a 1859 
por el teniente coronel Juan Ondarza, comandante Mariano Mujia 
i mayor Lucio Camacho,— 1859 — grabado e impreso por J. H. Col- 
ton, Nueva York.» 

£n este mapa se halla indicada la ruta recorrida por los seflores 
Ondarza i Mujia, la cual, en la rejion que estudiamos, corre desde 
Piirilari por Avilcha, Alota, etc., hasta Chiuchiu; de allí a Ataca- 
ma i por el camino del Inca hasta Vaquillas. También han seguido 
la ruta oriental desde Jujui al Norte, visitando a Santa Catalina, 
Mojos, Tupiz]), Esmoraca, Estarca, Portugalete, efe. 

Parece que el trabajo del levantamiento se ha limitado a tomar 
apunte de las distancias por itinerario, a juzgar por lo erradas que 
están las posiciones de muchos puntos del trayecto i la confí ^umcion 
topográfica en jeneral. En la rejion de la Puna de Atacama señala 
este mapa muchos puntos que no mencionan los anteriores, co- 
mo Zapaleri (que llaman Sapalgi), Claros, Lina, etc., pero estos 
puntos no están bien situados. Lo que es mucho mas estraño aun 
en un documento de carácter nacional, es que aparezcan tan mal 
marcados los límites de Bolivia con la República Arjentina, inclu- 
yendo en este último país localidades que como Susques han sido 
manifiestamente bolivianas. Los autores del mapa traen la línea di- 
visoria desde el oriente a Sapalcgi i en seguida toman el meridiano 



i 



MBM0RÍA8, UáPáB, t»LAKOB, fiTO. 159 

de ese punto hasta el grado 26, siendo así que esa línea corre como 
60 quilómetros al oriente de dicho meridiano. En el último capítulo 
de esta memoria dejamos bien esclarecido este punto. 

En suma, el mapa grande de Bolivia, en la parte que conocemos, 
IKxlrá servir de guia itinerario para los caminos que han recorrido 
los autores; pero de ningún modo puede considerai*se como una au- 
toridad jeogn\fica res|)ecto de la situación en lonjitud i latitud de 
las localidades que en él aparecen. 

8.- MAPA DE LA ALTIPLANICIE DE SOLIVIA I OTHOS TRABAJOS DKL | 

INJENIERO DE MINAS SEÑOR HUQO RECK. 

Es el primero un mapa topográfico de la altiplanicie central de 
Boüvia, trabajado en los afios de 1860 a 61 para el proyecto de ca- 
nalización i ferrocarril a la costa del Océano Pacífíco, litografiado 
por James Wyld, Londres, para acompafiar un informe leí mismo 
i"jeniero, relativo a los pr(»yectos ahididos, que se insertó en un fo- 
leto del señor Avelino Aramayo, publicado también en Londres. 

Además de este mapa i del informe correspondiente, ha escrito el 
Seílor Reck una Jeogrofia i estadística de la República de Solivia 
publicada en los Mittheilungen de Gotha (año 1865, pájs. 257-281; 
año 1866, pájs. 299, 373; afio 1867, pájs. 243, 317. Este escrito 
abarca un resumen histórico, la jeografía física i la jeografía polí- 
tica de Bolivia. 

Ocupándonos primeramente del mapa diremos que comprende des- 
de el paralelo de Ib^ hasta el de 22" de latitud sur i iiasta el de 25^ en 
el litoral; ¡ero la parte estudiada pei'sonal mente por el autor, según 
lo advierte éste en una nota, es el espacio comprendido en la cordillera 
real i la de los Andes hasta el paralelo de 22^ por el Sur; la rejion 
al Sur del Loa es una simple reproducción del mapa sefior Philippi. 
La escala es un poco menor de dos millonésimas. Solo haremos una 
observación resi>ecto de su construcción, i es que se ha dado a los 
grados de lonjitud el mismo largo que a los de latitud, lo que equi- 
vale a un alargamiento desigual para cada paralelo que asciende en 
el ancho de to<lo el mapa a 40 quilómetros bajo la latitud de 20^ 
i a 50 quilómetros bajo la de 22. Ignoramos si esta deformación 

proviene solo de un error en el trazo de los meridianos o si afecta 

también a la topografía. 
Por los datos que contiene el mapa del sefior Reck, es tolvez el 

mas iuteresante de cuantos se han publicsido relativos a las rejio- 



l6Ó LAS CORDILLERAS DE ATACABA. 

nes que abarca. Por lo demás, el valor de cada uno de sus elementos 
nos es dado a conocer por su mismo autor en la serie de artículos 
que hemos citado, i que creemos bastante útiles para reproducir 
todo lo que concierne nuestro mapa, ad virtiendo de paso que entre 
ambos trabajos del señor Reek liemos notado siempre la mas com- 
pleta concordancia. 

Al tratar de la orografía de la altiplanicie, dice el sefior Beck: 

Cordillera de los Andes, 

«Desde el rio Salado que forma el confin SO. entre Bolivia i Chi- 
le, bajo los 25° 30' de latitud sur, corren los Andes por territorio 
boliviano hasta los 19° 50' de latitud i 68** 33' de lonjitud, donde 
se halla el nevado de Pabellón, Quillaguaya o Toroni, i desde aquí 
hasta los 17® de latitud i los 69^ 30' de lonjitud, pertenece su mitad 
oriental a Bolivia i la occidental al Peni, siguiendo después por te- 
rritorio peruano. 

Los Andes abundan en cerros cónicos, cubiertos muchos por 
nieves perpetuas. La altura de los Andes bolivianos varía entre 
4000 i 4400 metros. 

Los pasos mas bajos tienen las siguientes alturas: 

DeuomLnaciou Latitud Altitud 

1 . Paso de Ascotiin, se^un mi estimación 2 P 42' 4250 metros 

2. »i entre Polapi i Ascotan 3800 

3. II de Remedios 20 56 4395 

4. II do Vicuñas 20 53 4368 

5. II Olca-Chela 20 50 4340 

6. ti ChacariUa 20 34 3946 

7. II Coposa 20 43 4237 

8. 11 Hiiasco 20 20 4280 

9. M Sililica entro Cueva Xegi'a i Hiiasco 20 10 4702 

13. II San Pedro i Pacii-Pacu 20 47 4269 

Entre las montañas mas altas se hallan h 

5. El volcan de San Pedro SE 21 50 5525 

6. El cerro de Viscacliilla 21 50 5809 

7. ElceiTodc Tapaquilclia 21 35 5899 

8. El volcan de Oyagua 21 30 5590 

9. El nevado de Aucanquilcha 21 15 6175 

10. El volcan de Olea 20 57 5200 

11. El id. de Chela 20 45 4900 

12. El id. dcTua 20 35 4870 

13. El cerro de Xapa 20 31 4300 

14. El id. de Huasco con dos puntas 20 25 5030 

1. Los númoros 1 a 7 son tomados de la obra del doctor Philippi. 



- -M^^ 



MESÍORtASy MAPAS, PLANOS, ETC. Itíl 



El sLstema de los Andes, después de correr desde el Norte en un 
solo cuerpo de 20 millas de ancho, se parte en dos brazos bajo el 
paralelo de 19° 5', brazos que continúan paralelos hasta los 2 1'* 15' 
i 68** 42' de lonjitud, donde forman el nudo de Miflo. 

El brazo oriental, que forma el tronco principal de los Andes, 
de 7 millas de anch , se llama la cordillera de Sililica, mientras que 
el brazo occidental se conoce bajo el nombre de serranía de Guata- 
condo. Eutre estas dos cordilleras se estienden altas llauui*as, las 
l^ampad de Huasco i de Chacarilla, de una altitud media de 3860 
metros. 

Entre los 2V i 22** de latitud sufren los Andes una importante 
perturbación; se dividen allí en diferentes brazos. De estos, el orien- 
tal i principal hace un salto de cerca de 60 quilómetros hacia el Slí., 
i describiendo un arco, converje después al SO. hasta el límite chi- 
leno-boliviano frente a Copiapó. 

Los brazos occidentales son estrechos i bnjos; el mas oriental se 
llama serranía de Purillacta. Corren diverjentcs hasfa hi latitud de 
Calama, i de aquí van en dirección paralela hacia el Sur i se juntan 
en Salina de Punta Negra con un segundo ramal, que a su vez se 
reúne cerca de Copiapó con el tronco principal de los Andes, cuya 
dirección es Norte-Sur*. 

Después de seflalar algunos detalles pasa el seflor Reck al 

Sistema central o Cordillera Real. 

«Esta cordillera es la que los jcógrafos denominan oriental. Tiene 
analojías con los Andes^ pero no su estension ni su anchura; por el 
contrario, tiene una pequeña altura media. Vista desde el occidente 
presenta una línea dentellada encima de la cual sobresalen cumbre;) 
con nieves perpetuas. 

Principia la Cordillera Real en el paralelo de 23° 24^, donde se 
separa de los Andes un ramal que va a unirse en los 22^ latitud Sur 
i 66"* üO* lonjitud Oeste en el nudo de Jaquegua (cerros de Lipes) 
con una cordillera regular i cerrada que corre cisi paralela a los 
Andes hasta los 15* de latitud, desde cuyo punto se dirije al NO. 
hasta los 14"^ 40' de latitud i 71° de lonjitud, en donde se une al sis- 
tema de los Andes. 

Entre los 22 i 20^ de latitud, esla cordillera se llama serranía de 
Chichas, i en esta la cadena occidental se denomina cordillera de 
Chocaya i San Vicente, i la oriental cordillera de Portugalete, do 



162 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



Cliorolque i de Ubitia. Anabaa cndenoB se reuuen en el Nudo < 
Cuzco*. 

Signe el autor describiendo las otras partes de la Cordillera Hei 
terminando por dar listas de alturas de las que copiamos a conl 
uuacion laa que ataflen a nuestro trabajo: 

Localiilad Latitad Altituit 

1. El paso de Cenillos, según m¡ esliniaciou ... 21'30' 4487 lukíti-os 

2. El iti. doEsmoraca 21 38 4487 

3. Kl iil. (lu Santa El', suyun mis niL'didas 21 17 4812 

4. El id. tle San Vicente 21 20 4730 

5. VA id. entn; Chaya i L'biim 20 34 4381 

6. El id, entre Uunnclmca i l'ulacnyo 20 27 4566 

Butre loa montanas sobresalíeutea se notan (según mis medidaí 

1. Ceno de Todos Santoa 22"04' 5907 mcti'os 

2. .. doLipea 21 58 5988 

3. .. de Xucvo Mund... 22 00 5955 

4. II dcJaquegun 22 00 5710 

5. r, de tlimduhipe 21 55 5753 

6. 'I düBom-te 21 48 5742 

7. F. do Santii laaM 21 41 5261 

8. •• de ICsmoraca. 21 43 5403 

9. .. deXuluma. 21 23 4759 

10. II do Tela 21 18 4866 

11. I. de Santa Ana 21 20 4921 

12. -I (lo Santo Tullo 21 14 4511 

13. .. de Tabla Cruz 21 14 4593 

14. I. dcGalem 2108 4572 

15. I. de Cliorolque 20 58 5624 

16. I. deChwaya 21 02 5200(1) 

17. II de Tasna. .-... 20 42 5112 

18. -I doUHna 23 32 5214_ 

Sigue a estas descripciones im estudio sobre el límite de las ni 
ves per^Ktuas, arribando al resultado de que ese uivel eu la Con 
llera Real es de 3260 metros sobre el mar. 

Enumera en seguida el autor las serranías que se estíendeu enl 
la serranía Real i la de los Andes desde el lago de Titicaca he¡ 
poco mas al Sur del paralelo de 21°. 

De e^a enumeración solo copiaremos los datos siguientes: 



El puso oriental de San Cristóbal 

lÜ paso líO. de Son Griatcíbal 

El paso de Yaguíncha entre San Pedro i Lana.. 



21° 12' 4567 metros 
21 12 4628 
20 47 4270 



MBMOKIAS, MAPAS, PLANOS, ETC. 163 

El cerrf» do Talapaci'i, mas o inoiios 2 1 "^ 5' 5590 niotros 

El .. (le Yapiincha 20 51 5102 

Yl .1 deSaiilVilru 20 40 5525 

El 11 de Cülcha 20 40 5280 

El M dcChivaiio 21 21 5134 

El .. do (íuihuatin 21 19 5200 

Tales son los (latos del trabajo del señor Reck que mas de cerca 
ataflen al nuestro; no lo seguiremos en sus demás descripciones de 
las serranías orientales ni de las pampas i salinas del Norte de la 
Puna, |>orque son enteramente semejantes a la? que esta contiene 
mas al Sur, de las cuales nos ocuparemos en su propio lugar. I^ 
mismo diremos respecto de la hidrografía; en cuanto a la jeografta 
descíriptiva, estractaremos de ella algunas partes que citaremos en 
el capítulo X, párrafo 19. 



0. — VIAJES I DK^^CniPCíONER DE LAS PROVíKCIAS PE TTTUMAN I 
eATAMAVOA, POR KL DR. BCJRMKISTER (1864-68). 



Varios son Iot trabajos del doctor H. Rurmeister que se rela- 
cionan con la cordillera de los Andos i roj iones de la Puna; es el 
primero el viaje de Catamarca a Copiapó hecho en r.iarz^ de 1860 i 
publicado con un mapa en los Geographische Mittheilancjen de ese 
año. En la misma publicación del año 1864hai un artículo sobre el 
Paso de San Francisco, redactado en vista de los datos que le fueron 
comun'cados por el injeniero señor E. Flint, encargado por el señor 
Wlieelwright de practicar en esa fejion estudios para un ferrocarril 
trasandino, corroborados también por otro injeniero, el señor Naranjo. 

Parece, en vista de los datos citados, que el principal obstáculo 
que encontraría para flanquear la cordillera una línea férrea sena 
allí algunas fuertes repechadas. 

«El valle del rio San Francisco es la continuación al Ncrte en lí- 
nea recta del rio Cazadero, cuyo carácter conserva; sube con una pen- 
diente un poco mas suave i un fondo mas ancho hnsta el lugar donde 
se i)asa el borde oriental de la cordillera. Las inmediaciones pre- 
sentan muchas costras salinas i también vegas pastosas i arbustos, 
relevan el nombre de Punto de San Francisco i están a la altura, 
sí^gun el señor Flint, de 3945 metros sobre el mar. Esta altiplani- 
cie es la continuación de la que mas al Sur tiene el cerro Bonete, 

llevauílo también en esta rejion una alta cima nevada, el cerro de 

21 



^ 

t 



I 



164 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



San Francisco^ qiit^ se halla al Sur del camino entre este paso i el 
del rio Losas. El suelo es muí desigual i el establecimiento de una 
línea férrea sería muí difícil por la gran pendiente, puesto que a las 
cuatro i media leguas se llega a la cumbre, cuya altitud es 4880 
metros. 

Inmediatamente después de este paso se entra a una quebrada 
estrecha al principio, por la cual se llega a las cinco leguas a la ho- 
yada de la Laguna Verde, que se encuentra rodeada de pajonales 
que sirven de forraje, haciendo falta sí la lefia, pues no se encuen- 
tra otra que el cuerno de vaoa. Cerca de la Laguna Verde se reúne 
con este camino el del paso del rio Losas, siguiendo ambos por una 
m&seta completamente plana; como 15 leguas hacia el SO. esta alti- 
phuiicie, llamada el Campo de las Tres Cruces, está a 4550 metros 
de altitud. Conduce a orillas de un precipicio al cual se baja por una 
quebraja estrecha que se llama Portezuelo de las Tres Cruces. En 
la mitad del áspero descenso de la quebrada nace un pequefio rio, 
Uamado Lamas que corre al Sur perdiéndose a las dos leguas». 

La quebrada de las Tres Cruces dasemboca en la hoyada de las 
borateras do Maricunga, donde ya no hai ob.-táculos para establecer 
un ferrocarril hasta la Cibeala de los ChUeíios, al poniente de' dicha 
hoyada, i cuya rápida pendiente parece ser una seria dificultad; pero 
la descripción de este paraje nos llevaría fuera de los límites de 
nuestro mapa. 

En los Geographische MUtkeilungen del afio 1868 hai otros ar- 
tículos del doctor Burmeister relativos a algunos viajes i descripcio- 
nes concernientes a las provincias de Tucuman i Catamarca, acom- 
pañados de un mapa donde están indicados los itinerarios del autor 
i de su colega el doctor Schickendantz. Los datos que se encuentran 
en estos trabajos son sobre todo interesantes para la minería, i no 
tendrían gran importancia bajo el punto de vista jeográfico. En 
cuanto al mapa, no dudamos de su fidelidad en cuanto a las inmc« 
diaciones de los caminos recorridos, pero creemos que gran parte de 
su orogratLi es obra de pura imajinacion, así como la dirección de 
algunos rios i la situación de algunas localidades que no han sido 
visitadas por los autores. Sin embargo, lo hemos utilizado corrijien- 
do la lonjitud, la escala i la orientación en virtud de ciertos datos 
de la obra de Moussy i otros posteriores. 

Finalmente hemos tomado nota de las indi caciones jeolójicas del 
doctor Burmeister, las que nos han servido para formar juntamente 
con las nuestras i otras muchas un res úmen jeolójico de la rejion de 
\^ Puna, 



MEMORIAS, MAPAS, PLANOS, ETC. 165 

10.— OBRA I ATLAS DE lA REPÚBLICA ARJENTIKA DEL 8E550R 

MAUTIN DE MOUSSY (1860-1873). 

Titúlase esta obra Description Géographique et atatistique de la 
Confédération Ai^gentine i consta de tres volúmenes impresos en 
París en 1860. 

Este libro es estenso e interesante, pero como se ve por la resefia 
que en él hace de sus viajes el señor Moussy, no ha visitado las co- 
marcas comprendidas entre Salta, Jujui i el desierto de Atacama, 
que por ahora nos ocupa. Tendremos lugar mas adelante de citar 
algunas de sus descripciones jeuerales sobre la orografía de los An- 
des, que el autor ha cruzado por diversas partes. 

El atlas que hemos nombrado es una publicación postuma, pues 
solo salió a luz en 1873, varios afios después de haber fallecido su 
autor; quizas por esta circunstancia no es esta parte de la obra dig- 
na del testo. Las láminas XV i XVI de este atlas, que llevan las 
fechas de 1866^ contienen por entero la rejion que abarca nuestro 
mapa. La lámina XXX indica los viajes del autor, por cuyo trazo 
se ve que ha recorrido el circuito completo entre Tucumau, Campo 
de Pozuelos, Santa María, Carmen, Molinos, Seclantá, Salta, Jujui, 
Humahuaca, etc., volviendo por el oriente a Salta i después a Tu- 
cuman. En las pajinas 13 i 14 del testo que precede a los mapas se 
halla la descripción correspondiente a las dos láminas citadas. 

El atlas de la Confederación Arjentina tiene el mérito de ser el 
primero i contiene un gran acopio de datos de los cuales algunos 
hemos podido utilizar; pero es difícil discenúr lo que puede haber do 
exacto, sea como posición o como distancia, pues se encuentran en él 
errores manifiestos i considerables en los trayectos mismos del autor. 
Por ejemplo, si se mide en el mapa la distancia en línea recta entre 
Salta i Molinos se hallará 212 quilómetros, mientras que la que 
resulta de la posición bien establecida de ambos puntos es de 112 
quilómetros; esta última distancia concuerda también mejor con la 
de 50 leguas que el mismo señor Moussy dice haber 'por d camino 
entre los dos puntos nombrados. 

El dibujo de la orografía, en la parte que conocemos, es, por lo 
demás, enteramente fantástica; la orientación i estension de los di- 
versos cordones de montañas, que el dibujante ha sembrado al acaso 
en los blancos del mapa, carecen de valor real. El camino señalado 
entre Ataoama i Molinos, si bien no difiere mucho de la realidad 
en su largo total, es inexacto en la distribución de las pascanas o 



166 



LAS CORDILLERAR DE ATACAMA. 



iilojaderas. No es menos fantástica la configuración de los cordones 
occidentales de los Andef^, para cuya rejion existían los antecedentes 
del viaje del doctor Philippi. 

Ija Puna de Jujui aparece tan desfigurada en el mapa de Moussy, 
que pue<le decirse que dándole el Sur por Norte se asemejaría mucho 
mas a la verdad. En efecto los villorios de Santa Catalina, Rinco- 
nada i Cochinoca aparecen en orden inverso del que ocupan, que- 
dando el primero a una distancia de 140 quilómetros del pueblo 
l>oliviano do Esmoraca, del cual no dista realmente roas que la 
quintal parte de esa cifra. 

Mas al Norte, el territorio boliviano ha sido también raui desfi- 
gurado, viéndase reempla»id<i la cordillera Ueal por largos cordones 
imajinarios de oriente a poniente. 

Hemos buscado en la obra del sefior Moussy la parte verdadera- 
mente pro|)ia i orijinal de su autor; pero desgraciadamente, ésta, que 
habría sido la mas interesante i digna de confianza, no ha sido publi- 
cada íntegra. El compilador del atlas, M. Bouvet, nos informa eu la 
páj. 20 del testo esplicativo, que los viajes, itinerarios i observacio- 
nes del autor forman un volumen manuscrito de 500 pájs.; esa es la 
fuente de la cual habla el malogrado sefior Moussy cuando promete 
al fin del tomo III (1864) de su obra, insertar en el atlas el itinera- 
rio jeneral, nivelación baroníétrica i diario meteorolójico de sus viajes^ 

csin embargo encontramos diseminados en la obra varios resulta- 
dos de las ol)8ervaciones del autor, i reproducimos a continuación 
las quQ tienen cabida dentro de los límites de nuestro propio mapa: 



LOCALIDAD 



Punta de Balastro. 

San Josa 

Santa María 

Quilines 

Colalao 

Cafayate 

San Carlos 

Molinos 

Seclantá 

San José 

Tintin 

Cuesta del Obispo 

Escoipe 

Fulares 



ALTURA 



2190 
2044 
1943 
1735 
1690 
1690 
1680 
1970 
2110 
2340 
2700 
3258 
1800 
1200 



LOCALIDAD 



Cerrillos 

Salta 

Caldera 

Cabana 

Cayaya 

Jujiiy 

Tiimbaya .. 

Cienaguiila. 

Tilcará 

Guacalcra. . . 

Uquias 

Iluniahuaca 

Trancas 

Tucuman .. 



ALTURA 



1154 
1150 

1400 
1480 
1445 
1227 
2150 
2390 
2502 
2710 
2800 
3021 
775 
450 



menorías, HAPAB, PLAK09, >T0. 



167 



9 alturas liati 3¡ilo tufelitlas por iú3,Uo de ihí baróiutro tle 
io (prefacio ile ]a obra, pij. 6) i es de sentir que aparezoaii 
lus en el mapa del misino mo:Io que otras, to nadjí da ditos 
que son muí erróneos '. 

111 cuadro de fenónienos mateirolújboi, q;ie a;nrM3 oii el to- 
l^j. 349, eRtractamos lo4 H¡g-i¡e.ittí.S| (¡iití «(iii ile iiuei-éi ptra 
iparaciones climatéricas. 







TRlIi 


EIUTURA MEDIA 




J 


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p 3' 

2 


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I> 


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1 


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„,„„ 


19 


28 


22 


15 


29 


14 


725 


1.3 


X 


120 


1 María 


15 


22 


17 


10 


22 


10 


C08 


" 


X 






17 
13 


2-1 
24 
17 


18 
18 
16 


12 
12 
10 


25 
25 
20 


12 
12 
10 


666 

658 
536 


2.4 

0.9 


X 

K 
N 






18 


ihuaca.... 



si lugarGorrespondieuteiitserlaremofl también algunos iliiiera- 
sdaoidos de lus pcrñle^du la Pl. XXVI del atlas de Muu^fy, 
giios de fé que las distancias que podrían molirue en et iu:ip i 
ibieu liemos estudiado en el i; IV, c;ip. II del libro V de ia 
« Motuwy, la cxiustitucion ííaica de l»s Andes de Outuriiarea, 
Jiijui, lo cual nos siinilnistraril oportuiii.Iail para liacer algii- 
mpantciunea ouu las turmaoion'« de la Puna. 

SSTUDlUS SODKB TARAPACjÍ. 1 -ATACAMA, MAPA DKL SK^OB 
PSDRO UÜOQSGAAUD (1873-1874). 



OS trabajos son poco coiiocridos i [icrnianecen aun inéditoi*; eti 
a d«l aefior liaimondi titulada Jil Perú se hace meii<JÍon <le 
;n la forma siguiente: 

u^u entK otioa, spu-cce cou 1 1 



iiclsvitor Ruk lia tneJiJo 3009 



168 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



«Bien sabido es que el guano^ desde hace uiiichos afios^ propor- 
ciona la principal renta fiscal; |)ero como el salitre o nitrato de soda 
va paulatinamente sustituyendo al guano en los usos de la agricuU 
tura^ era deber del Gobierno prever en tiempo oportuno el modo de 
sacar del salitre las rentas que le produce el guano. 

Con este objeto se dieron varias leyes i decretos tendentes a 
monopolizar el salitre, por parte del Gobierno. Mas como se sabía 
que existían algunos depósitos de esta sustancia también en el terri- 
torio de la vecina República de Bolivia, era preciso, para i>oder 
monopolizar con buen éxito este importante artículo, saber las 
condiciones en que se hallaba el salitre de Bolivia para poder evitar 
la competencia ni peruano. 

Para resolver esta incógnita, el Supremo Gobierno comisionó al 
seflor don Pedro Hoogsgaard, pei*sona intelijente en varios ramos 
de las ciencias ftsico-naturales i con conocimientos prácticos del sa- 
litre, para que recorriera el territorio de la provincia de Tarapacá i 
de la inmediata República de Bolivia a fin de conocer i comparar 
las condiciones de producción i esportacion del salitre o nitrato de 
soda en los dos paises. 

El seftor Hoogsgaard cumplió del modo mas escrupuloso i satis- 
factorio tan delicada cuan importante comisión, recorriendo durante 
un afio i cuatro meses aquella árida rejion. 

Muí largo sería por cierto referir aquí todos los trabajos i priva- 
ciones que ha debido sufrir este valeroso i abnegado comisionado 
en sus numerosas correrías, cruzando en todas direcciones un territo- 
rio casi desierto, mui csc8so de toda clase de recursos i donde no se 
halla para aplacar los ardores de la sed sino aguas casi siempre 
salobres. 

El señor Hoogsgaard, intelijente observador i animado de verda- 
dero entusiasmo científico, no se limitó a desempeñar tan solo el 
objeto principal de su comisión, sino que hallándose en un territo- 
rio mui poco conocido, se dedicó también a hacer estudios topográ- 
ficos i toda clase de observaciones sobre la jeografía, meteorolojía, 
jeolojía, límites con la vecina República, etc., formando por medio 
de sus observaciones i de los anteriores trabajos sobre aquella re- 
jion, un precioso mapa que abraza la mayor parte de la provincia 
de Tarapacá i del desierto de Atacama i que lleva por título: El 
Desiei^to de Atacama entre el grado 19 i el grado 24 de latitud sur. 

En este mapa se hallan indicados los lugares donde hai sali- 
tre, sal común i bórax. 

El curso del rio Loa, que en la mayor parte de los mapas se ha* 



X 



MEMORIAS, MAPAS, PLANOS, ETC. 



169 



lia ¡ndicailo del modo mas caprichoso, aparece trazado en el mapa 
del señor Hoogsgaard cou mucha exactitud, habiendo recorrido el 
autor todo el curso de este rio desde su orfjen hasta su desemboca- 
dura en el mar. 

Además del mapa jeográfico de que acabamos de hablar, el señor 
Hoogsgaard ha formado también un mapa jeolójico i una carta 
hidrográfica del desierto de Atacama entre los 20** 36' i 24^ de la- 
titud sur; 17 cortes en la quebrada bañada por el rio Loa, tomados 
en distintos puntos; un plano de la bahía de Patillos, con indica- 
ción de la parte donde subió el mar en el terromoto de 13 de agos- 
to de 1868, i un plano de la calichera del rio Loa, en el territorio 
de Bolivia. 

El señor Hoogsgaard, autor de todos estos importantes trabajos 
gráficos, redactó también una interesante memoria que lleva por 
encabezamiento: El Desierto de Atacama ^. 

Este último trabajo que no está todavía concluido, por la parte 
que he podido leer, contiene preciosos datos sobre la climatolojfa, 
hidrografía, jeolojía, producciones naturales i estadística de la pro- 
vincia de Tarapacá i desierto de Atacama». 

De los trabajos a que se refiere la cita anterior, solo conocemos el 
ma[xi del desierto que no ha sido publicado, pero del que tenemos 
calco a la vista. Su escala es de 1.600 000 i contiene una profusión de 
detalles que demuestra la detención con que se hizo el estudio jeográ- 
fico en las rejiones recorridas por el autor. Toda la quebmda del Ijoa, 
los oríjenes del rio ¡Salado, los terrenos salitreros del Toco, las serra« 
nías al Norte de Calama i la rejion de la costa al Norte de Antofa- 
gasta son las mas detalladas. No solamente están indicadas las agua- 
das, sino también las ciénagas, salares, depósitos de lK)rato de cal i 
soda, de salitre, los machayes o división de aguas, las nnnas, postas, 
etc., i numerosas alturas sobre el mar. 

En cuanto a la posición jeográfica de cada localidad, puede juz- 
garse, i>or el siguiente cuadro comparativo, del grado de exactitud 
de este mapa: 



1. Casi en el momento de dar a la prensa estas líneas sobre los trabajos del 
wüor Hoogsgaard, un atacjue cerebral hirió de muerte a tan preciosa existencia, 
arrebatando al que escribe uno de sus mas estimables amigos, i al país la con- 
clusión de sus importantes estudios referentes a distintas cuestiones sobre el sa- 
litre, que son de vital importancia para el Perú. 



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170 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



LATITUD 



LOCALIDAD 



LON'JITUD 



jlíoogs; 



gaard 



Volcan ^liño 

Ll. Olea 

Asco tan (posta) 

Caspaua (pueblo).... 

Calama (id.) 

Atacaraa (id.) 

Caracoles (id.) 



21' 

21 

21 

22 

22 

22 

23 



08' 

06 

45 

21 

28 

52 

00 



Verdadera 



21Mr 

20 58 

21 43 

22 16 
22 28 

22 55 

23 03 



Iloogsgaanl 



68* 5r 
68 27 
68 32 

68 30 

69 08 

68 22 

69 17 



Verdadera 


68« 


•35' 


68 


22 


68 


14 


68 


12 


68 


55 


68 


11 


69 


00 



Las clifei'oncias cii latitud son, pues, ii)signifi(antef<^ sobre lodoeu 
las localidades pobladas o de recursos^ lo cual parece indicar que ese 
elemento ha sido determinado en ella por observación directa. En 
cuanto a la Icnjitud, notamos que estilu los puntos mas al Oeste de 
su verdadera posición^ en una cantidad que no pasa de 18\ siendo 
en término medio entre el Loa i la cordillera, de 14', i 5Í se toma en 
cuenta que el puerto de Antofagasta está 4' mas al poniente de su 
verdadera lonjitud, i se refiere todo el mapa al meridiano de esta 
ciudad, queda el error reelucido a un angostamiento de 10' o sean 
17 quilómetros que se reparten en 240 quilómetros. 

Tomando en cuenta estas circunstancias es fácil utilizar los nume- 
rosos dati'S que contiene el mapa del señor Hoogsgaard, cuya publi- 
cación rectificada contribuiría sin duda al conocimiejito ele los terri- 
torios que representa. 

Por ahora creemos útil incluir la siguiente lista de alturas rerereu- 
tes a los puntos que tienen cabida en nuestro trabajo: 



. ^ 



MEMORIAS^ MAPAS, PLANOS, ETC. 



171 



LOCALIDAD 


ALTITUD 


LOCALIDAD 


ALTITUD 


Hof/a del Loa 
El Ojo 


3813 

3750 


En la cordillera 
Aislada Cebollar 


3691 
3630 

3856 
3660 
2959 

2608 

3065 
3172 

2600 
2760 


j^ 

PacuPacii 


Ascotaii í i)ost4i) 


Rio Chela 


3538 


Portezuelo entre Ascotan 
i Polaüi 


A<niada de Solclií 


3508 
3312 
2970 
3386 
2898 
2486 
2275 
2211 
1510 
1327 
1 258 
1052 
836 


Oilcar 


()¡o de San Pe<lro 


Siuila lUrljiím 


Ciénaga Aiquiua 


i Conchi (pueblo) 


Vado de Lucha (rio Sa- 
lado) 


Incahiiasi ÍDosta) 


Chiuchiu 


Rio (iuanchatoco (con- 
ñucncia) 


Calania 


Chiinchuri 


Ca.*<naiia 


1 Guacate 


El Cerrillo (entre Carneó- 
les i Calania 


Misciinti 


Chacanee 

1 El Toco (salitreras) 

(Juillagiia 


Aguada Limón Venle ... 


) ■ 



12.— TRABAJOS JEOLÓJICOS I JECObAfICOS DEL SEÍJOR A. P18SIS 

(1870-1877). 



Entre los primaros citaremos la Constitution gcoloffique de la 
Chaine des Jndes, que aparece publicado en los Afínales des Mines 
de 1873; el notable capítulo de jeolojía en su Jeograjla física de 
la República de Chile i un informe al Supremo Gobierno del aüo 
1877 sobre el desierto de A tacama, su jeolojía i sus productos mi- 
nerales. En estos diversos trabajos se ocupa el seflor Pissis de la 
distribuciou superficial i superposición de las diversas especies de 
roca¿, de su descripción, de sus caracteres i de las relaciones i gra- 
dación entre las diversas formaciones. 

Los numerosos viajes i estudios del sefüor Pissis, tanto en Bolivia 
como en el desierto de Atacama, le han permitido dar a sus reseñas 
jeolójicas un carácter de conjunto que revela profundos conocimien- 
tos en esta materia. Por lo demás nuestra propia observación nos 
permite corrol)orar en varias partes la exactitud de sus apreciaciones. 

No diremos otro tanto respecto de los sistemas estratigráficos, en 

los cuales vemos mas bien el desarrollo de una idea preconcebida 

22 



4^ 



172 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



que una exacta representación del relieve natural del suelo. Sobre 
todo en la Puna atacameña las montafias se encuentran disemina- 
das en grupos i hacinamientos que no forman cadena continua. 

De las descripciones orográfícas que hallamos en la Jeografia 
física, solo tenemos que hablar ahora de la que se refiere al macizo 
del Llullaillaco. No nos parece exacta, por cuanto la dirección de 
los cordones que se separan de ese volcan hacia el Norte i NE. no es 
la que indica el sefior Pissis; por la parte del Sur, según las vistas 
del doctor Philippi i otros datos, el volcan está aislado del cordón 
de Baquillas, Sandon i el Chaco; por fin en esa descripción se ha 
omitido el elevado volcan Socompa, que es casi tan alto como el de 
Llullaillaco. 

Los trabajos jeográficos del seflor Pissis relativos al desierto de 
Átacama son dos mapas que se estienden el uno entre los paralelos 
23« 30' i 27*^ 30' i el otro entre los 2P 20' i 24^ Además aparecen 
en la nota núm. 1 de la Jeografía física las coordenadas jeográficos 
de algunos cerros de la cordillera, i la latitud de otros puntos del 
desierto están en el Acta de la Comisión encargada de fijar los Umi- 
tes entre los territorios de Chile i de Solivia ^ del año 1870. Como 
esos diversos trabajos revisten un carácter importante por descansar 
sobre medidas directas, haremos de ellos un detenido examen para 
dejar constancia de las concordancias i diverjencias que hemos en- 
contrado con los nuestros propios. 

Principiando por el Plano del Noiie dd Desiefíio^ podemos aseve- 
rar que la orografía, tan hermosamente dibujada, es en gran parte 
ficticia i muchas veces errónea. El cordón rotulado Sierra de San 
-A?i/o7iío i Sierra de Clwrolqae tiene su ubicación 100 quilómetros 
mas al oriente i su figura es también distinta. 

Los otros dos cordones paralelos que señala ese mapa entre el 
volcan San Pedro i los cerros de Tatio, i entre el Licancaiir i el 
volcan Lascar, solo son en realidad grupos de cerros dispuestos de 
un modo mui diverso, como puede verse por nuestra minuta que se- 
ñala las cimas trianguladas. Los cerros de Limón Verde no ofrecen 
una línea de cumbre tan estendida como muestra el mapa, ni existe 
el contrafuerte que parece unirlas con el Quimal. 

La demarcación de hoyas hidrográficas deducida del plano deque 
nos ocupamos adolece de no menos graves errores. El oríjen del 
rio de Cotagaitd dista cerca de 200 quilómetros hacia el NE. del 
punto que allí se le asigna como tal. Hanse suprimido las hoyas 
intermedias del rio grande de Lipes, el salar de Ásootan, etc. £1 
oríjen i dirección del rio de Atacama son igualmente falsos; de las 



UEHORIAS, HAI'AS, PLAHOS, ETO. 173 

'üMasdel Talio nace cu realidad un afluente del Loa, el rio Snlado, 
*¡iie se le junta un poco al Sur de Cliiucliiu. Hai en ci desierto otra 
ÍTaii Iioya que el señor Fissie muestra dividida por barreras íniaji- 
iiar/as; es aquella en cuyo íhalweg empalmau todos los cauces secos 
M vailc de Químal, de las faldas de Limón Verde, de los cerros 
"« /as Aguadas, de Caracoles i de la quebrada de la Julia, iHisando 
''espues por Pampa Alta, Salinas, Cárnicu Alto, airvíeudo de terreno 
i"ve/a<Jo para la vía del ferrocarril Iinsia el Salar del Círmen, que 
«str resumidero. 

"asando almra a csamiuar la situación de cada punto en el mapa, 

"Otarnos desde luego discrepancias entre la de los puntas allí mor- 

"^"'"s con las distancias de algunos de ellos al paralelo de 24°, que 

*^"*"**»gnan en el ada de 11 de mayo de 1870, bajóla firma de los 

^^ Pissis i Mujin. Estas distancias son: 

Sfguu e! acta Scguii r\ iiia|w 



CiiTiilirc (le Limón Venlc 38 iiuilótii. 33 quilúm. 

Iil. de Liunncaur 16.-'> 32 

Miiclio mas notables sou aun las discordancias que existen respcc- 
lodelos [uintos cuya ¡hkícíou jeográfíca liemos fijado, entre nues- 
tros resultados i el plnno del scHor Pissís, La lista siguiente da en 
quilómetros el valor de la diverjeiicla í el rumbo segiin el cual se 
iia de a¡)Iicar esa distancia, a partir de cada punto, ¡tara rectificar su 
posidon: 



174 



LAB COBDILLEBAS DK ATÁCAIU. 



! 



i 



i 
Ai 

r 
í 






í i 



PUNTO O LOCALIDAD 



CcvYo Chorolqiic (Bolivia) 

if de Polapi 

Volcan Miño 

Santa Bárbara 

Chiuchi II 

Volcan San Pedro 

tí Panil (Paniri) 

Calama. 

San Bartolo 

Volcan Licancaur 

Atacaina (San Pedro) 

Cerro Limón Verde 

Caracoles (Placilla) 

El (Juimal 

Toconao 

Volcan Lascar 

II Tiimisa 

II Socaire (Miñiques) 

Soncor 

Peine 

Tilopozo 

Salinitas (Salinas) 



ERROB 



EN DISTANCIA 



BUMUO 



PARA APUCARLO ' 



110 qm 

6 
64 
30 
41 
24 
20 

8 
22 
28 
12 

6 

9 
24 
17 
33 
32 
54 

3 
12 
37 
11 



II 
II 
II 
II 
ti 
II 

M 
If 

11 

ir 
ri 
II 
II 
If 
it 
II 
II 
II 

M 
II 
II 



Al N 39^ E. 
II Üe^ite 
n N 2o O. 
II S 45«C). 
r, S W O. 
,1 X 30o K 
M N 20" E. 
II S 80o o, 
M S 290 E. 
I, S 58" K 
II Sur 
II Sur 
I. X 670 E. 
I. S 120 O. 
n S 200 O. 
,1 S 150 E. 

,1 s 1500. 

I. S 20 E. 
n S 450 E. 
M S 670 O. 
I. S 8O0 E. 
I, X 620 E. 



1' 



Besulfcaii de estos errores en sentido tan opuesto consecuencias que 
haremos residtar con un ejemplo: des<le el pueblo de Chiuchiu se ve 
el volcan Paniri al NE. magnético; mientras tanto^ segua el plano u 
que aludimos, debería verse al SE.; de Ualania a Chiucliiu se cuenta 
por itinerario 8 leguas i según dicho plano habrían 65 quilómetros; 
en compensación el camino entre Polapi i San Vicente (de Cotagai- 
ta) solo mide en este plano 80 quilómetros habiendo en línea recta 
mas de 200. 

Las altitudes que indica el Plano del Norte del Desierto tampoco 
son exactas; bastará citar La del Licancaur, valorada en 4450 metro¿3 
i que nuestra medida hace subir a 5830, cerca de 2000 metros mas. 

El segundo mapa del señor Pissis, que abarca el desierto entre los 
paralelos de 23** 30' ¡ 27** 30', no parece presentar mayor exactitud 
que el primero en lo concerniente a la orografía. Ljs cordones <le 
cordillera que aparecen dibujados allí no coinciden con las posicio- 
nes que se asigna a sus diversos puntos en la Jeografia Jisica (pajina 
313), como se ve por la siguiente comparación: 



ME&I0RtA8, MAPAS, PLANOS, ETC. 



175 





CERROS 


LATITUDES 


LONJITUDES 


Mapa 


Joografía 


Mapa 


Jeografía 




Pillar 


24« 03' 

24 41 

25 33 

26 16 


24«16'06" 

24 41 41 

25 39 00 

26 33 10 


68« 26' 30" 
68 17 30 

68 26 00 

69 00 00 


68*» 05' 52" 
68 18 53 
68 26 38 
38 38 18 




Llullaillaco 




Chaco Juncal 

Doña Inés 







De las cuatro cumbres enumeradas, la única sobre la cual no Imi 
cliverjencia notable es el volcan Llullaillaco; la latitud asignada a 
esa cumbre concuerda también con la nuestra^ pero no así la lonji- 
tud, pues hemos obtenido 68° 31^ ^. 

Respecto del Pular, que tiene varias cumbres, hemos obtenido en 
término medio 24« 13' latitud Sur ¡ 68^ 2' 30" lonjitud Oeste, coor- 
denadas que no coinciden con ninguna de las anteriores. 

Para los cerros de Juncal i D( ña Inés no hemos aceptado tam- 
poco los datos citados, pues ninguno de ellos se aviene con otros pos- 
teriores que mencionaremos mas adelante. 



13. — MAPAS DK LA REPÚBLICA ARJBNTINA, CONSTRUIDOS POR 
LOS SEÑORES SEEL8TRANG I Tí.UKMKhTE I POR EL DOCTOR 
PETRRMANN (1875). 



Aunque ninguno de estos ma|)as descansa sobre datos orijinales, 
los mencionamos porque son los que tienen mas circulación i porque 
son aceptados jenerulmente como verídicos. 

El ]>riniero aparece insertado en la obra titulada La Repüblica 
Arjaitmaj que el sefior Kicíirdo Napp publicó en 1876 por orden 
de la comisión arjentina para la esposicion de Filadelfia. El segun- 
do aparece en el anexo IX a los MittkcUungen del doctor Peter- 
mann de 1875. Ambos mapas, aunque llevan distinto nombre de 
autor, son exactamente iguales, así es que la crítica que haremos del 



1. Este valor es deducido de un azin ut veidndcro oleeivado en Atacrn:a, 
punto cuya lonjitud respecto de Santiago licmcs fijado teUgi¿fict.mciite. 



I 

; 

I 



s 



i 



i 
i 

3 



i' 

4 f 



? 






1 1 

•i 



176 



LAS CORDILLERAS DE ATACAAf A. 



segundo es igualmente aplicable al primero; si nos referimos espc- 
cialmente al trabajo del señor Petermaun, es porque aparece rodeado 
de antecedentes de que carece el otro i porque comprende además la 
topograña del desierto de Atacama i de la provincia de Lipez, que 
en el mapa de la obra de Napp han sido dejados en blanco. Lleva por 
título Mapa orijinal de la República Atjeniina i estados adyacentes^ 
comprendiendo las Repúblicas de Chile, Paraguai i Uruguai, compi* 
lado sobre los últimos trabajos de injenieros nacionales (de la R. A.)^ 
de los referentes departamentos topográficos provinciales, i de otros ma- 
teriales Iiechos o facilitados por el coronel de injenieroí don Juan Czeiz, 
don Pompeyo Moneta, jefe de la Oficina de Injenieros Nacionales 
(R A,), mayor don T, Ignacio Richard i otros, por el doctor don A, 
Petermann. Escala 1 : 4 000 000. 

Además acompaña a esto trabajo una descrii)cion jeográfioo-esta- 
dística do la República Arjentiua del doctor Burraeister^ i una rese- 
ña sobre la formación del mapa por H. Habenickt. Según esta iiU 
tima^ los documentos que han sido consultados para la confección 
del mapa en la rejion que el nuestro comprende son: 

lo Mapa de v.na zona de tierra entre Córdoba i Jujui, que demues- 
tra la dirección jeneral de un ferrocarril proyectado en aquellas dos 
ciudades, hecho durante la espedicion de 1866 por el injenicro Pom- 
peyo Moneta i el agrimensor Carlos Campbell, asistente por comisión 
de los señores Brassey, Wystes i Wheelwright Escala 1 : 1 500 000. 

2° Mapa de la provincia de Tucuman del doctor Burmeister. - 
3® Mapa de la parte NO. de la República Arjentina, construido 
por la Oficina de Injenieros Nacionales para mostrar la posición de 
los puentes o caminos nuevos, 1872. Escala 1 : 2 760 000. 

4* Atlas del señor Martin de Moussy. 

Dejamos sin enumerar aquí los elementos que no afectan a nues- 
tros estudios. 

£1 mapa de que nos ocupamos es notable por la finura del gixiba- 
do i el gran acopio c!e detalles sobre territorios que, como el gran 
Chaco i las Pampas, eran hasta entonces poco conocidos. Al mismo 
tiempo nos suministra ua ejemplo de los malos resultados a que 
puede conducir un puro trabajo de compilación, por mucho tino i 
práctica que se despliegue en él, cualidades que no pueden ponei*se 
en duda respecto del notable jeógrafo i malogrado doctor Peter- 
mann. En efecto, la mala coneccion que guardan entre sí los diver- 
sos trabajos mencionados ha producido tal deformación en la figura 
real del terreno, que Salta aparece al ESE. de Molinos estando al 



1(1 



í ( 



MKM0RIA8, MAPASy PLANOS, KTO. 



177 



NE.; Antofagasta (aldea) se ve situada al Norte del grado 25 es- 
ta iiclo al Sur del 26, etc. 

Krrores de mayor monta se ha eouietido eu el desierto de Ataea- 
ma, como el de hacer desembocar un rio Loa cu la salina de Ata- 
cama i otro rio Leo, cuyo oríjen aparece próximo a Chiuchiu, en el 
Vuclfíco. Esta equivocación es tanto menos esplicable, que la misma 
\mbIieacion del doctor Petermann había dado a luz en diversas 
ocasiones planos parciales del desierto con el trazo correcto del rio. 
El iluto mas interesante que hemos encontrado en el mapa de Pe- 
tcrruaiiii, respecto de la cordillera de Atácame, es el camino que la 
aíinvicsa pí*r el paso de San Fmncisco, trazado en virtud de los 
í^tiKÜos del injeniero señor Flint en 1860, practicados con el objeto 
íle nieilir la i)osibiIidad de ejecución de una línea férrea. 

En resumen, aparte de lo último, toda la topografía al Norte i al 
£ste de las provincias de Tucuman, Salta i Jujui hasta las costas del 
Pacífico es enteramente errónea. 



^ V VIAJB E ITINERARIO DEL PUERTO DE ANTOFAGASTA AL MINE- 

nAL DE CÜPTTCHUCRO EN BOLIVIA, POR EL SEÑOR DIXON 
TROVAND (1875). 



i 



^os^^emos una reducción fotográfica del mapa e itinerario que di- 
ünj<S ol autor. El viaje ha sido hecho por el camino real, pasando 
¡Jor Oi^racoles, Calama, Chiuchiu i Canchas Blancas; en este punto 
^ '*íx ^cgiiiJo al oriente por camino de tropa, trasmontando la cor- 
< ' ^^i*si Real por el paso de Cerrillos, yendo a Tupiza i de allí a Co- 
'*8^i tsx i por fin a Cunuchucro, siempre al oriente i a 32 leguas de la 
P^ ^^oion anterior, según el itinerario que acompaña al mapa i que 
'^^» ^^^^^Xuciraos en el lugar correspondiente. Juntamente con este iti- 
T\c ^i'-i^^ vienen algunas latitudes determinadas por observación, pero 
"^ ^'^¡S merecen entera fé, porque la de Canchas Blancas difiere bas- 
\5^\\,^de la que hemos aceptado, la cual descansa sobre datos bien 
^lüprobados. También indica el mapa la variación media de la 
0gnja magnética; pero esta (12° 30*) nos parece exajerada. Final- 
mente se menciona las alturas siguientes sobre el mar: 



t 
\ 

4 

\ 

\ 

\ 
♦ 



i 



178 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



.V 



r • 

■ * 



LOCALIDAD 



Salinas 

Punta Ne<<ra 

Cam(u)k*s (Planilla) 

Calama 

Cliiuchiu 

Santa ] bárbara 

Ascotan 

Cumbre tle la cor<lillera .. 

Tapaqiiilcha 

Cumbre del camino 

Vizcach illas 

Canchas Blancas 

Galeras (rio) 



ALTITUD 



1341 
1G46 

2377 
2621 
3120 
3H85 
4645 
4510 
4740 
4495 
3980 
4040 



I CUALIDAD 



Vilavila 

Aj^nnis Calientes (rio) .... 

( 'errillos (puebl<i) 

( )i)loca (estancia) 

Tupizii (pueblo) 

Salo 

Ahnona 

Toloni 

Santiago de Cotagaita 

(pueblo) 

Cinti (Canargo, pueblo).. 
Cui)uchurro 



ALTITUD 



Estas alturas son deducidas sin duda de la observación de un 
barómetro aneroide; comparándolas con las del sefior Reck se ve 
que son en jeneral superiores; en Tupiza htii 130 metros de dife- 
rencia. 






■' i 
1 V 

'. t 



i- 



1 



16. — MAPA DEL DRSIRRTO DE ATACAMA POR EL INJENIKUO DON 

AUGUSTO VILLANUBVA (1877-1878). 



En el informe titulado Giirmos i salitre» del desierto de Ataca- 
ma, que con fecha 17 do agasto de 1878, pasó al Ministerio de Ha- 
cienda el sefior Villanueva, documento inserto en los Anales efe ¿a 
üniversidaff, encontramos lo siguiente relativo al plano de que 
tratamos: 

«rPara dar una idea detallada de la posición de todas las aguadas 
del desierto, i para que esto pueda servir de giiía a los viajeros que 
se aventuren dentro de 61, he hecho un croquis jeneral para el cual 
me ha servido de base la determinación jcodásica de varios puntos 
hecha con toda exactitud por el seflor Pissis i diversas otras del)¡da.s 
al sefior Felipe Aguerrevere, cuando estudió un proyecto de ferro- 
carril entre el pueito de Taltal i las salitreras. Pam completar este 
croquis, construido en su mayor parte por las direcciones tomadas 
desde las alturas principales del desierto i por los rumbos de la 
marcha^ me han servido cstK'cialmente los estudias de los sefiores 



I» 



i 



MRMORIAS^ MAPA8) PLANOS^ STO. 



179 



tfairding i Plisson al Norte del grado 24 i el trabajo constante de 
^. Juan Baiistista Pastene». 

f^ara poder apreciar la parte de este trabajo debido a las obser- 
^^iones propias de su autor, remitimos al lector al comienzo del 
^c)o informe, de donde se desprende que el sefior Villanueva ha 
jl^í orado principalmente la rejion de la costa i la zona central sa- 
^ ^^1^; el único punto donde se ha internado en la cordillera o Puna 
nc^ ^1 salar del Pedernal i la quebrada del Jjeoncito. A este propósito 
^"^ í^odemos menos de estrafiar que el sefior Villanueva haya sefta« 



cí- 
es 



\ 



^ — en su mapa como línea divisoria con la República Arjentina 

^ %)ca mas occidental de cumbres andinas, dejando así las liora- 

^^^Vis del Pedernal en territorio arjentino; nos inclinamos a atribuir 

SS^e error a descuido de dibujante, puesto que al hablar de estos 

pontos dice en su informe el sefior Villanueva: 

■Aquí debo hacer una observación que creo de importancia. Su- 
biendo a la altiplanicie de la Ola he podido comprobar un hecho 
establecido casi al mismo tiempo i)or el sefior Plisson, quien lo ha- 
bía observado al examinar las cordilleras de Copiapó. Mas, al na- 
ciente de la cordillera traquitica que contiene los volcanes estingui- 
dos de Dofia Inés, Chaco i Llullaillaco, existe una segunda cordi- 
llera mas elevada aun que la primera i que es el verdadero límite 
oon la República Arjentina K Esto que apenas puedo indicar, que 
el sefior Plisson vio cerca de Copiapó i que yo he podido ver tam- 
bién desde la cumbre del cerra de dofia Inés, tengo datos para creer 
que continúa por el Norte formando una última meseta que cruzan 
les arrieros aijeutinoe por el mineral de plata llamado Antofaya, a 
doce l^uas de Zorras Guanaquero». 

El mapa del sefior Villanueva rejistra una multitud de indica- 
ciones útiles, sobre todo las aguadas, minerales i terrenos salitreros, 
i las distancias parciales han sido computadas con mayor escrupu- 
losidad que la que jeueralmente se usa en el dibujo de un croquis, 
como lo denomina su autor oon sobrada modestia. Esto no obsta 
para que se note en este mapa el defecto jeneral de exajeracion en 
el ancho total; así la cumbre de Dofia Inés, que dista realmente 
150 quilómetros de la costa, aparece a 180 quilómetros, estando 
señalada mui al SE. de su verdadera posición. 

Pasando ahora a la parte técnica del informe Ghianoa i salitres^ 
se encuentra, respecto de la segunda de estas sustancias, un gran aco- 
pio de datos sobre la circunstancia de su yacimiento i su composi- 



. 



1. Dfbier* hftber dicho con Boliria, en Mta parle. 



23 



* 

I 



18Ó 



ÍAB COHbítLEBAS BE ATACABA. 



ciou química^ i gran número de indicaciones jeolójicas bien ooncre- 
t:iS| las que no recojemos por ahora^ por salirse casi todas de nuestro 
programa. Fiualmeutc, en dos párrafos titulados Aguas i Vicia de 
comunicación^ halla el esplorador un guia seguro i preciso de la ma* 
yor parte del despoblado. 



16. — MAPAS DE LA OFICINA HIDROGRÁFICA (1879). 



Seis dias después de la ocupación del puerto de Autofagasta por 
las tropas chilenas en 1879, la Oficina Hidrográfica daba a la pren- 
sa una segunda edición de la Jeografia náutica dé Bolivia, acompa- 
ñando el folleto eon una Carta del desierto de Atacama, basada 
en los estudios del injeniero don Augusto Villanueva i otros via- 
jeros. Este mapa es reproducción del que acabamos de examinar 
con algunas lijeras e imperfectas adiciones en la rejion del Loa. 
' En marzo de ese mismo afio el Director de la Oficina nombrada 
publicó otro folleto con el título de Noticias del Desierto i sus re^ 
cursos, destinado a servir de guia a los oficiales del ejército espedi- 

cionario. 

9" Se ha consignado en ese folleto muchos datos itinerarios, estadís- 
ticos i económicos enteramente nuevos entonces para las personas 
que debían utilizarlos. 

A mediados de abril el infrascrito, a cargo entonces de la sección 
de cartas i planos de la Oficina Hidrográfica, redactó unas breves 
Noticiaos del departamento litoral de Tarapacá i sus recursos^ como 
complemento del folleto anterior, acompañándolo con un mapa que 
se refería a ambos, comprendiendo todo el litoral i algo del interior 
entre los 19^30' i 24^ de latitud. 

Los datos que suministró un esplorador minero permitieron in- 
dicar algunos detalles de la zona al oriente de Caracoles. La posi- 
ción de Caspana fué deducida de un trazo de nivelación, cuya escala 
sin duda es inexacta, pues esa localidad, que fijamos en 1881, está 
mucho mas al Norte; ese dato erróneo fué la causa de que San Pedro 
de Atacama apareciese también mui al Sur. 

La publicación de estos folletos i del mapa sujirió muchas recti- 
ficaciones por parte de personas conocedoras, antiguas residentes en 
Atacama i Tarapacá, que la guerra traía al sur; luego hubo tal aco- 
pio de datos que en agosto de 1879 pudo la Oficina Hidrográfica 
dar a luz una segunda edición de las Noticias del departamento de 



l\ 



Tarapaódj acompafiándolas con un nuevo plano considerablemente 
aumentado i correjido^ sobre todo en la cordillera i salitreras de 
Tarapacá. La posición de San Pedro de Ataeama fué bien discutida 
i está enteramente conforme con los resultados que hemas obtenido 
en nuestra última esploracion. El curso completo del rio Loa apa- 
rece también en este mapa. 



17. — MAPAS DEL TEATRO DE LA GUERRA POR LOS SEÑORES 

ESTRABÉAU I RAIMONDI. 



Estos mapas que abarcan los territorios de Arequipa^ Moquegua, 
Tacna, Tarapacá^ Ataeama i parte de la altiplanicie boliviana, son 
casi en su totalidad un trabajo de compilación sobre los de los sefio- 
rea Paz Soldán, Reek, etc., i algunos áatoa itinerarios recojidos por 
los autores. No contienen por consiguiente nada de orijinal acerca 
de la rejion de cuyo estudio nos ocupamas. 



18. — ^TRAZADO DK UN FERROCARRIL DESDE MEJILLONES HASTA 
LA PAZ, POR EL SEfTOR HUGO DESMOND (1880). 



El plano de este trazado se publica bajo el n&m. 13 en los Ge(h 
graphiache Mittheilungen del afío 1880, en la escala de 1 : 2 000 000. 

Acompafla a este mapa una resefia crítica escrita por S. Hoffmanu, 
cuya primera parte creemos oportuno traducir aquí: 

cDurante los últimos 30 afios han surjido diversos planos i pro* 
posiciones para abrir la República de Bolivia al comercio del mun- 
do, i sobre los medios de hacer utilizables en el mercado universal 
sus riquezas minerales í vejetales. 

Una parte de estos proyectos i empresas quieren establecer la 
unión con el estraujero por el lado del' Atlántico; la otra parte se 
esfuerza por operarla por la costa del Pacífico. 

Por el lado oriental, unos favorecen el camino por el rio de la 
Plata, otros la via por el Marafion. 

(üomo camino principal de este jénero, se ha recomendado por 
ejemplo la linea del Bermejo a Corrientes por Cinti, Tariju i Oran; 
alguuos creían conseguirlo atravesando directamente el pantanoso 
Chaco. Solicitáronse concesiones para establecer caminos carreteroe 



182 



LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



de Sauta Cruz de la Sierra i de Sucre a Corumbá. Uu boliviano, el 
doctor Cardona, quiso establecer un ferrocarril desde la Paz hasta 
Bahía Negra en el Paraguai. El capitán americano Cilley propuso 
un ferrocarril desde Santa Cruz a Otuquis, Todos estos proyectos, 
mas o menos realizables, quedaron ofuscados por el del mayor norte 
americano Church, quien, desde mas de trece años se esfuerza, a la 
cabeza de una compafifa norte-americana, contorneando las cataratas 
del Madera por medio de un ferrocarril, de proporcionar a las jiar- 
tes mas fértiles de Bolivia un acceso al curso inferior del Amazonas. 

El puerto de partida deberá establecerse en la confluencia de los 
rios Jota i Chimoré, i desde allí se propone varios caminos hacia la 
altiplanicie, a Cochabamba por Bandiola, a lo largo del Ibirizo a To- 
tora, i desde la embocadura del Icharco en el Chimoré a Santa Cruz. 
En oposición a este camino mui racional, indicado por la naturaleza 
misma, parece apenan digno de mencionarse el proyecto que quiere 
dirijir el comercio del Mamoré sobre ol Aquiri i el Purus, sobre 
todo por la dificultad de hacer a este navegable. 

Mas, por ahora (1S79), Bolivia recibe todavía sus mercaderías de 
ultramar por la via costosa í penosa de las caídas occidentales de 
las cordilleras. Separados del pais por el desierto de Atacama, los 
puertos del litoral boliviano no han poilido adquirir ninguna im- 
portancia para el comercio internacional, que tiene lugar por los 
puertos peruanos. Es cierto que el Perú hace ostensiblemente todo 
los esfuerzos para conservar esta importante fuente de entradas^ 
como lo atestigua el establecimiento de varios grandes caminos ha- 
cia el interior. El principal camino del comercio va desde Oruro 
por el paso de Gualillos a Tacna i Arica. Esta misma dirección si- 
gue también el comercio de la Paz en su mayor parte; se proyecta 
una prolongación del ferrocarril de Arica i Tacna hasta la Paz; en 
1877 se hicieron las nivelaciones entre la Paz i el lago Titicaca, 
para establecer por el lago una comunicación con Puno ^. También 
hai un proyecto de ferrocarril directo para prolongar la línea ya 
terminada de Moliendo a Puno. 

A estas vias principales hacia la )altiplanicie boliviana se agrega 
un nuevo proyecto representado por el mapa niim. 13»... 

Este mapa es el proyecto del señor Desmond para reunir el puer- 
to de Mejillones con la capital boliviana. El plan es simplenicute 
topográfico, sin indicación de niveles ni mas posiciones jeográñcas 



1. Kxiste ahora efectivamente un camino carretero entre la Paz i Puerto Pérez 
(Ckililaya) a oriUas del lago, i un servicio de dilijencias. 



MEMORIAS, UÁPA8, PLANOS, ETO. 183 

que las de Guanchaca i la Paz. El trazo del señor Desmond se reú- 
ne con el del actual ferrocarril de Antofagasta a inmediaciones de 
la estación de Mantos Blancos i sigue desde allí por el cauce del 
estero seco de Salinas hasta dejar a'rás las serranías de Punta Ne- 
gra por el antiguo camino de Caracoles; dobla hacia el Noi te si- 
guiendo esa dirección por unos 40 quilómetros; se inclina en seguida 
hacia el NNO. i NO. hasta Calama. Desde allí se desvía poco del 
camino carretero hasta Santa Bárbara, i siguiendo siempre la ril)era 
derecha del Loa, remonta el cui*so de este rio hasta el paralelo del 
cerro de Che!a; allí lo pasa i contorneando por el Sur el cerro nom- 
brado, vuelve a bajar a las pampas de Careóte i Pozo Blanco, con- 
torneando por el Norte el volcan Oyagua i los cerros que lo rodean. 
El camino sigue plano hasta el pié de la cordillera de Guanchaca, 
donde se detiene el término de la primera sección del proyectado 
ferrocarril» a distancia de 16 quilómetros del mineral, encontrándose 
allí con repechos que no puede vencer una via de esta clase. 10 
quilómetros antes del término de esta sección, el trazo se aparta 
casi en ángulo recto del que conduce a la Paz, cuya descripción 
sería aquí inoportuna. No entraremos a comparar este trazado con 
el del sefior Harding, que consignamos en nuestro mapa; si bien su 
ejecución parece menos costosa por la larga estension de pampas 
planas que atraviesa desde Chela hasta enfrentar a Guanchaca; por 
otra parte, hai que tomar en cuenta que esos salares son a veces pan- 
tanosos ¡ además ese trazado conduciría a adoptar contrapendientes 
que aumentarían mucho los gastos de esplotacion. 

Considerándolo como un >trabajojeográíico, hemos hallado en el 
mapa del sefior Desmond algunos defectoí^, como la mala orienta- 
ción de la península de Mejillones i varios errores de distancia, que 
provienen seguramente de una mala construcción ocurrida en el 
dibujo del plano. Estos defectos, por otra parte, no tienen impor- 
tancia alguna pam el objeto del mapa. 



19. — VIAJE E ITJNEUARIO ENTRE LA NORIA (TAUAPACÁ) I JUJÜI 

DEL SEÑOR E. DE RURANGE (1881). 

El sefior Rurange, actual jerente de la Empresa de Borateras de 
Ascotan, tuvo ocasión de hacer, tres afios há, un largo viaje de atra- 
vieso desde el litoral de Tara paca hasta Buenos Aires, de cuyo iti- 
nerario i pormenores ha coti«)ervado interesantes apuntes. Este ca- 
ballero ha tañido la bondail do pormitirno^ Mcar á% elloi un CMtrocto 



184 



LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 



i 



que creemos interesante insertar aquí, en vista de los numerosos da- 
tos que contiene sobre rejiones tan poco concurridas \ior personas 
cultas. Aunque mui abreviada i despojada de los pasajes de interés 
personal, dejaremos en esta narración la palabra a su autor, 

irEl 5 de setiembre salí de la Noria para alcanzar hasta los Can- 
chones (en la pampa del Tamarugal), i el dia 6, desde las 12^ A. M., 
estaba en marcha por la pampa; en la tarde subí durante tres o cua* 
tro horas unos cerros de tierra para bajar después a Tiguiraa, que 
está en la quebrada de Guatacondo, a una legua antes de ese pueblo 
i a 27 de Canchones, las que hice en 16 horas de marcha. Tiguima 
es una estancia con agua i pasto donde se cultivan también algunas 
lechugas i cebollas. Sus dueños, Antonio Bios i sefiora, son obse- 
quiosos. 

El dia 8 salí a las 6 A. M. de Tiguima, a media legua del cual hai 
un mal paso. A las 11} llegué a Copaquire^ \x\i\mo punto de laque- 
brada donde se halla alfalfa. £1 camino sigue quebrada arriba con 
rumbo al Este, pedregoso i con una subida insensible. Hai agua 
mui buena en casi toda la quebrada. En Copaquire hai un indio i 
una india; salí de allí a la 1 P. M. para ir a pernoctar en Anchovi-' 
quintipa, pascal con pasto natural i despoblada; dista 12 leguas de 
Tiguima. 

El 9 de setiembre me puse en marcha a las 5 A. M , dejando a 
las tres leguas hacia la derecha un antiguo mineral de plata i oro 
abandonado por el frió i falta de combustibles. Hai ruinas de un 
pueblo ccn iglesia i se llamaba Iquintipa. El camino es alt ruado 
de lomas i pampitas i a las cuatro leguas de Anchoviquintipa se en- 
tra a una quebradita mui corta i de bastante pasto. Saliendo de ella 
subí a una loma desde cuya cumbre se ve un hermoso llano de tres 
leguas de largo, en cuyo centro hai una lagunita salada con patos i 
flamencos, llamada Michincha. El costado izquierdo de la laguna 
es formado por la falda del volcan de Olea, que deja ver un pena- 
chito de humo i en cuyos costados existen grandes depósitos de azu- 
fre, que antes de la guerra con Chile ei*a llevado en abundancia a 
las salitreras de Iquique para elaborar pólvora de minas. Se divisan 
manadas de vicufias i grandes perdices. Una legua antes de alojar 
se divisó un nuevo volcan, el Oyagua; a las 2 de la tarde estuve en 
Pajancha^ habiendo andado 15 leguas; hai en este paraje una casa. 

El dia 10 la jornada fué toda por buen camino, en dos circos de 
salitrales rodeados de volcanes. Después de caminar 18 leguas lle- 
gué a las 4 de la tarde a Ucohisay donde hai una casa cu^*o duello 
pe ll(ima Miguel Vilques. 



MEMORIAS, MAPAS^ PLANOS, ETC. 



185 



El 11, al voltear los cerros de Uet^liisa, divisé al frente muchas 
casas, bastantes llamas i pastos; como a media legua hacia la dere- 
cha hai una casa habitada con mui buena vega i ciénaga, llamada 
Aramacha. 

A la hora de camino encontramos otras casas abandonadas, bien 
techadas, con corral i una buena ciénaga; se llaman Lahuancha, A 
las tres leguas de Ucchisa, a orillas de un arroyo i en el fondo de una 
quebrada, hai unas casitas llamadas Tapulcho^ donde solo se encuen- 
tran llamas; de allí se sube a una loma i a un cuarto de legua, en 
un lugar donde hai un montón de piedras i una cruz, se divide el 
camino en dos ramas; el de la derecha conduce a Sora, distante 4^ 
leguas, donde viven unos hombres, según me dijo el guia, «leidos i 
acomodados». A las 11 A. M. llegué al ojo de agua de OuevaSf don- 
de hai una casita de pastores; allí descansé ])ara ponerme nueva- 
mente en camino a la 1, llegando a las 2^ a Üasallapa, distante 10 
leguas de Ucchisa. En ese punto había un par de viejos i unos 
cuantos muchachos; los demás habitantes estaban ausentes, en la 
fiesta de Nuestra Sefiora de Guadalupe, en el pueblo de Acolclia. 
Conseguimos comprar un poco de cebada (140 libras por 4.50 $). 

Desde Pajancha he atravesado enormes salitrales i depósitos de 
l)orato de cal; averigüé los precios de conducción desde los mas próxi- 
mos a Iquique, llamados Poeto, que no tienen menos de 15 a 20 le- 
guas de largo por 2 i 3 de ancho; en seguida vienen los de Pozo' 
Blanco, entre Poeto i Ucchisa; de ambos puntos puede conseguirse 
mas de 300 burros i 2600 llamas que pueden hacer dos viajes al 
mes, llevando 2000 quintales a razón de 2.40 $ hasta la Noria. En 
Canchas Blancas también hai de estos depósitos eu una estension de 
mas de 10 leguas cuadradas. El camino es un poco ondulado i pe- 
ílregoso, pero con agua i pastos abundantes, así como llamas i carne- 
aos; se camina entre volcanes apagados. 

Por conversaciones con los indios i arrieros me convencí que bus- 
cando el camino mas corto me perdería sin salida en la meseta de 
Ja cordillera; resolví entonces ir a buscar el camino de Tupiza en 
^G pueblo. Sensible era por falta de guia abandonar la ruta tan 
^ '^^^tí\ que hasta entonces habíamos seguido, pues los recursos i los 
Pastos que he encontrado i que seguramente siguen hasta Jujui, ha- 
^ cle^ esa ruta la mejor i la mas económica que se puede hallar para 
^ *^5'54r las remesas de muías a las salitreras. ¡Q,ue de riquezas mi- 
he visto en totíd abandono i que hermosos criaderos de ga- 






ocupados únicamente por uuos cuantos llamas! ¡Queabandonp 



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186 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 

tan grande por la falta de mercados ¡iimediatoa i mas que todo^ de 
vías de comunicación! 

A las 11^ llegué al rio de Galeras^ después de 11| leguas de mar- 
cha por una panijia interminable i con un frió intensísimo. A la 1^ 
volvimos a emprender maix^ha, teniendo que detenernos a las 4 en 
meílio de la pampu por haberse cansado una muía; felizmente ha- 
llamos un punto con pasto i agua donde alojamos. 

El día 13 salí a las 5 A. M., concluyendo la inmensa pampa, de 
la que hemos atravesado 24 leguas; forma horizonte i por el Norte 
apenas se ve un picacho cónico muí agudo que mi guía dice ser el 
cerro de Cafiiza, i al NK. otro cerro cónico, (Chorolque), a unas 30 
leguas, en Santiago de Cotagaita; ambos cerros dominan asientos 
minerales poblados. Al SE , en una cordillei-aque tenemos a la vis* 
ta a 15 leguas, se ve un cerro muí elevado i de forma rara que se 
llama San Pablo; también es n^.incral de plata en esplotacion. Lle- 
gué a Cerrillos a las 4 P. M. habiendo atravesado 14 leguas; la noche 
fué infernal por el fuerte viento del NO. que soplaba sin descanso. 

El día 13 salí a hs 6 A. M. para San Joaquín, distante 14 le- 
guas i solo 6 de Tupiza; desde allí hai posta i el camino es cómodo. 
^Pomé en Cerrillos i)or guia a un tal Manuel Ventura, i con él 
venía conversando cuando noté que para ir a Tupiza me hacía cru- 
zar un camino muí concurrido i que se dirije al Sur en vez del Este, 
que era la dirección que seguíamos; el guia me hizo ver que era 
para tomar la cumbre de una loma que nos llevaría a Tupiza, i que 
el camino que atravesábamos era el de Estarca, pueblo situado 7 
leguas al Sur i vecino de la raya de la República Arjentina. Resol- 
ví entonces tomar esa ruta i despaché el guia, que se volvió en apa- 
riencia, pero que escondiendo la muía fué a dar parte de mi llegada a 
un pueblecito llamado Cuchu, que está en el fondo de una quebrada 
mui honda, por la cual teníamos que pasar para ir a Estarca. Se- 
guimos por 1^ hora por la cumbre de las lomas i después princi- 
piamos a faldear cerros i a bajar por mas de dos horas hasta que al 
fín llegamos a Cuchu, a 9 leguas de Cerrillos. 

Almorzamos en casa de un sefior Elias Alemán; me dio noticias 
i me enseñó piedras de oro, i me dijo que todos lo3 cerros desde 
allí hasta mas de 10 leguas siguien lo la quebrada, conteniau oro 
en abundancia, pero que la falta de capitales i la inseguridad abso- 
luta en el país impedían el trabajo. 

Salí a la 1 J P. M. para Estarca, donde llegué a las 4^, habiendo 
caminado 4 leguas por un camino mui bueno que sigue el cauce 
clll rlO| liu lubidas ui bf^jadoa; hai habitación^ a ambna orillofv, i 



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MEMORIAS^ MAPASy PLANOe, ETC. 



187 



allí principié a ver ganado vacuno, caballos i cabras en abundancia. 
En Estarca alojé en casa de Onofre Aratnayo; el pueblo tiene unas 
cuantas casitas donde todo falta^ i costó trabajo encontrar pasto 
para las bestias a razón de 2.40 $ el quintal. Por ese pueblo de- 
üembocan las tropas de muías que transitan para Sucre i Potosfi i 
que vienen de Jujui por la via de Santa Catalina^ que está a 20 le- 
guas. AIH también me hablaron de minas de oro. 

Encontré en Estarca una industria escepcional: la preparación de 
pieles de vicufia con la corteza de un arbolito llamado queñiia i la 
fabricación de sobre-camas^ alfombritas para misa^ cortes de chale- 
cos, bufandas para señoras, etc., hechas con perfección sorprendente 
|M>r un aijentino llamado Rómulo Sosa. 

Los siguientes precios dan una idea del valor de los artículos: 

Alfombrita de misa con nombro % 30 

Sobre-cama de lujo 200 

Corte de chaleco 12 

Noté que se teje mucho la lana i que se tifie por medios antiguos. 
Kl 14 de setiembre me puse en camino a las 7^ A. M. i)or el 
curso de la quebrada, que si bien es camino fieU, ofrece el inconve- 
niente de cruzar el rio 57 veces en 3 leguas que hai de Estarca al 
Molino^ donde llegué a las 10 A. M ; alH almorcé i salí para Tali- 
nos, distante 2 leguas, donde me alojé en otra casa de don Onofre 
Aramayo, propietario de Atacama, residente allí por causa de la 
guerra. 

£1 dia 15 salí a las 7 A. M., i luego se me reunió don José M. 

Aramayo, que seguía el mismo camino. Seguimos por la quebrada, 

dejaudo a la izquierda, a las 4 leguas, un camino que conduce al 

pequefio pueblo de VerJeSy i siguiendo el curso del rio hemos llegado 

Alas 12 al alto, donde un pilar tumbado seflala la raya de Bolivia 

iprínci;>iodel territorio arjentino. Hermosa es la primera jomada en 

^^ repüblica, pues se entra a una pampa inmensa que forma hori- 

¿onte a 40 leguas i que se ve cubierta de ganados de todas clases 

^'t casas de todas dimensiones diseminadas. 

'^ 'a 1 P. M. nos detuvimos en CUnaguiUa»j distante 11 leguas 

^« I'alinas. 

El X6 dejamos a Cienaeruillas Grandes a las 3^ A. M. i a las 8 
^^^asi llegamos aChocoite; dimos alfalfa a las muías i proseguimos 
^ ^**^nn¡iio. Desde Cienaguillas al abra Colorora haí 6 leguas do 
^^l>u; dg allí A Choooitei 9 logUM pot ua cAinluo algo ondulado 



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188 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



pero bueno, siguiendo el fondo de una quebrada. La alfalfa vale 
allí 3 $ el quintal. A las 3 P. M. llegamos .i Abrapampa, donde 
hemcs encontrado en casa de Apolinario Obando toda clase de re- 
cursos i buena acojida. 

£1 dia 17 nos pusimos en marcha a la misma hora que el ante* 
rior, siguiendo el rastro de las carretas. Anduvimos 20 leguas con 
helada fuerte por la mañana i sol terrible en el resto del dia, en el 
lecho de una quebrada que nos hizo dar rail rodeos. A las 3^ P. M. 
llegamos a IIuniahiKica, pueblo con una mala i>osada donde en vez 
de vino nos dieron aguardiente de cafia tefiido. 

Salimos de Humahuaca el dia 18 a las 6 A. M., siguiendo siem- 
pre por el centro de la quebrada entre potreros de alfalfa. Este pas- 
to vale aquí 2 ^ el quintal. En caso de mandar muías por esta ruta 
debe tomarse potreros para invernarías 8 dias antes de entrar al 
despoblado, en el pueblecito de Ujiaf 2 leguas cortas al Sur de Hu- 
mahuaca. A las 11 de ese dia llegamos a Tilcará, donde encontra- 
mos la primera oficina telegráfica. 

El 19 de setiembre anduvimos las 18 leguas que nos separaban 
de Jujui, donde llegamos a las 7 de la noche. En Jujuí se siente 
calor, i las últimas 7 leguas antes de llegar se hacen enti*e cerros 
cubiertos de vejetacion i de sembradíos de alfalfa o de trigo. Tam- 
bién se ve ya árboles frutales, sauces llorones i montas crecidos en la 
falda de los cerros ». 

Desde Jujui a Salta i Tucuman el camino ofrece toda clase de 
recursos i mas comodidades para efectuar el viaje. No hai para que 
por lo tanto reproducir esa parte del itinerario que antecede. 

La única observación que ñas permitimos resi)ecto de los datos 
numéricos que acabamos de copiar, es que el valor efectivo de la le- 
gua a que se reñei'en las distancias valoradas no puede pasar de 3 
a 4 quilómetros. 



20. — LA FORMACIÓN PETROLÍFERA DE JÜJUI I MAPA DE ESA PRO- 
VINCIA POR EL DOCTOR BRACKEBÜSCH. (1882) 



En el Boletín de la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba 
(R. A.), tomo 5 •, pájs. 137 a 252, aparece publicado el importante 
trabajo cuyo título encabeza estas líneas, que comprende el estudio 
topográfico, orográfico i jeolójico de la provincia de Jujui, colindan- 
te con la Puna de Átacama^ i también Ifi relación de los viajes du« 



HEUOBIAS, MAPAa, PLANOS, ETC. 189 

raiite lo» cuales ha practicado sus estudios el pabío profesor. En el 
capítulo X de esta memoria tendremos ocasión de utilizar mucha 
parte del trabajo a <\ae nos referimos, at tratarse de la hidrografía 
i de la ieolojfa de la Puna. 

El doctor Brnckebtisch acompafla su memoria con uu mapa iiuii 
detallado de la provincia de Jujiií i parte de la de Sulta, mapa en- 
teramente orijiual, que consigna lot límites correctos de la provincia 
de Jujui con Bolivia i la Puna, entre los grados 22 i 24. Introdu- 
ciendo una peqnefla variación en la posición del meridiano, hemos 
podido establecer una concordancia casi })crfecta de los puntos mas 
occidentales seflalados en ese mapa, como el cerro de Las Granadas 
i Susquee, con los ¡tioeraríos que juirttin de puntos fijados [lor nues- 
tra triangulación. 

Ese mapa no es, pues, un trabajo de gabinete, i el mejor estudio 
crítico que podemos hacer de él es reproducir las siguientes lineas 
de su autor: 

■ •Como es ya bastante conocido, \m mapas del interior de la Ke- 
pública adolecen de marisados defectos i son completamente inser- 
vibles en la mayor (larte de los terrenos, habiéndome sido una necc- 
«idad hacer en el camino cuantos observaciones to)>ogrdücas me 
fueron posibles. La práctica que he adquirido en mis anteriores i 
largos viajes en el país en esta clase de opei'aciones, me ha facilita- 
do la confección de un mapa de la provincia de Jujui i de una par- 
te de la de Salta, que a primera vista demuestra la superficialidad 
i fantasía con que la topografía de e^Irs parajrs ha sido trazada 
hasta ahora '. 

No es aquí mi objeto es[ioner todos los detalles fobrc la confec- 
ción de mi mapa, teniendo la intención de publiiar nrns larde una 
tojK^rafía detallada de aquellos parajes en el BoUtín del InsíUuío 
Jeoffráfieo de Buenos Aires. Haré solamente las indicaciones si- 
guientes: 

Para tener una base en mis operaciones me serví de dos men- 
Furas del camino carretero proyectado desde Cobos hasta lo palca 

I. E^te mUips es iiatnralniente proviiiional, i iieceHita toiliivía varias correccio- 
nes, para las cuales otros riaje.s me suiíiiiiietLiinlii ilntoa nuevos. También se con- 
siilerarán en otra oJicioii las posícioiicH ijiie el mulogrado l>r. Crcvaux [ktenninú 
de los lugares Bigiiientcs: 

Salta (plaza) Utitiul 24° 46' S4" lonjitad 65°31' 11" 

Jujui id, a^ 10 64 Id. 6.Í 21 31 

HumatiDaca id. £í 12 17 i'l. 6!> 24 SS 

(Ñuta di't doctor Itrackcimacli.) 
Eitas posiciones la* b(Tnot tomailo pn cuenta cti uueFtro propio mapn. 
A. B. 



190 LAS CORDILLERAS DE ATACA.MA. 

de Sorie, cerca de Oraii| cuyos orijinales se hallan en el deparlamen- 
tú de Injeiiieros Nacionales, i los cuales, así como otros documentos 
importantes, fueron puestos a mi disposición con toda fineza \yov el 
seflor Wliite, director de dicho establecimiento. Como yo he reoo* 
rrido la mayor parte de dicho camino, roe ha sido fácil determinar 
trigonométricamente una cantidad de puntos de salida por una 
triangulación de todo el terreno visitado, i los resultados de estas 
operaciones se hallan ])uestos en el mapa que acompaña a este tra- 
bajo. Sobre aquellos parajes que no he visitado, busqué obtenerlos 
haciendo numerosísimas preguntas a baqueanos i vecinas con quie- 
nes tenía oc&sion de ponerme en contacto. 

El mas interesante resultado obtenido [K)r estas operaciones es el 
área de la provincia de Jujui. T^os datos orijinales daban a ella una 
superficie de 93 195 quilómetros cuadrados; mientras tanto, su ¿rea 
verdadera es solamente de 41 000 quilómetros cuadrados, menos de 
la mitad de la que se calculó hasta ahora. Esta enorme diferencia 
se esplica fácilmente i)or las pasiciones jeográfícas erróneas que se 
daban a ciertos puntos ... La Puna formaba una térra incógnita 
completa i de los límites occidentales oon Bolivia no se conocía nada. 

Mis observaciones demostrarán que estos límites son situados 
mucho mas al Este, i así i*esulta que los mapas anteriores estendían 
la provincia de Jujui enormemente al NE. i al E ». 

En el mapa a que se refieren las anteriores lineas hai también 
nna indicación de las formaciones jeolójicas, i en la descri}>cion 
insiste el autor sobi*e los criaderos petrolíferos que han formado 
el princiiml objeto de sus estudios. Los tmbajas del doctor Bracke- 
busch son, pues, de los mas imiK)rtantes, no solo bajo el punto de 
vista jeogi*áfico, sino minero e industrial; sentimos que no hayan 
llegado a nu&stras manos los que está preparando sobre la provin- 
cia de Salta, que visitó el aflo pisado, los ciiules nos habrían sumi- 
nistrado datos bien interesantes. 



21.— TRAZADO DEL FERROCARRIL DE PAMPA ALTA A ASOOTAN I 
PROLONGACIONES A LIPEZ I GUANCHACA, POR EL SRÑOR J. 
HARDINO (1882-1883). 



El injeniero de la oompafífa de salitres i ferrocarriles de Antofa- 
gasta, sefíor J» Harding, fué comisiotiado por el gobierno de Chile 

para formar \oñ planos I pre^upu^fiton do la continuaron do ^íio forro* 



MEMORIAS, MAPAS, PLANOS, ETC. 



191 



carril hasta cl portezuelo de Ramaditas, al orieute del salar de As- 
cotan, i ha estudiado tambieu la prolongación de ese trazo hasta el 
asiento minero de Quanchaca. 

Además del plano i perfiles de esos trazados, cl señor Harding 
ha efectuado en diversos puntos observaciones astronómicas para la 
determinación de latitudes, i ha observado numerosos azimutes hacia 
las cumbres notables. Este injcuiero ha tenido la bondad de sumi- 
nistrarnos esos elementos, que hemos podido conectar perfectamente 
con nuestra propia triangulación, i que hemos incorporado en ella, 
lo que nos permite fijar con precisión en nuestro mapa el trazado 
del ferrocarril a Bolivia. Siendo esos datos de carácter numérico, los 
hemos reproducido en nuestro rejistro de observaciones, a escepcion 
de las alturas determinadas por nivelación, que copiamos en seguida, 
agrandóles también las de las estaciones del ferrocarril en actual 
servicio: 



LOCALIDAD 



(Por nivelación), 

Agua de la Xegra 

Milla Diczisiete 

Salar del Cámien 

llantos Blancos 

Cerrilloe 

Cánuen Alto 

Salinas 

Pampa Centnil 

Pampa Alta 

Estación Caracoles 

Sierra Gonla 

Cerritos Bayos 

Calama 

Milagro 

Core 

El Añil 

Santa Bárbara 

Polapi 

Portezuelo de San Pedro 



ALTITUD 



351 

555 

516 

739 

1030 

1287 

1338 

1440 
1487 
1611 
2153 
2258 
2430 
2635 
2969 
3002 
3710 
3850 



LOCALIDAD 



ALTITUD 



Portezuelo de Ascotan. . . . 
Id. de Kamaditas. 

(Con barúnietro aneroide), 



Tapaquilcha 

Portezuelo Cuatro Mojo- 
nes 

Vizcachilla 

Alota 

Canchas Blancas 

San Cristóbal 

Purilari 

Estancia Rio Grande... 

Líi Galera 

Lipez (mineral) 

San Antonio 

Puquios 

Amacliuma 

Guanchaca 



4050 
4408 



4640 

4670 
4575 
4736 
4095 
4380 
4000 
3990 
4185 
4660 
4980 
3930 
4050 
4360 



i 
I 

i 






I 



192 LAS CORDILLERAS DE jAkCÁÜL 



22.— TRABAJOá DK LA ACTUAL COMISIÓN ESPLORADOBA DEL 
DESIERTO DE ATACAMA (1883-1884). 



Por decreto gubernativo de 17 de abril de 1883 se organizó ana 
Comisión esploradora del desierto de Atacama^ bajo las órdenes 
del injeniero don Francisco J. San Román , quien, én unión de 
varios ayudante?, lia pasado largos meses empofiado en las labores 
topográficas i jeolójicas que le han sido encomendadas. 

Los trabajos de esta comisión son de carácter jeodésico i se han 
estendido hasta ahora desde Caldera i Copiapó por el Sur hasta la 
rejion salitrera de Taltal i las cumbres del Chaco, Sandon, etc., por 
el Norte; hacia el oriente los reconocimientos han avanzado hasta 
cerca del paso de San Francisco, dejando incluidas en el cánevas 
trigonométrico las cumbres de Tres Cruces, Laguna Brava, etc., 
que se hallan en el centro de la cordillera. 

El ])ersonal de esta comisión se halla ocupado actualmente en los 
cálculos preliminares, i no nos ha sido dado por consiguiente con- 
tar con la posición exacta de varios puntos que quedan inclui- 
dos en la parte SO. de nuestro mapa; pero nos han sido suminis- 
trados, sin embargo, muchos datos aproximados, por medio de 
los cuales hemos correjido en la situación de dichos puntos errores 
bastante notables. 



23.-^C0NEX(0N DE LOS TRABAJOS PRECEDENTES CON £L NUESTRO* 

FORMACIÓN DEL MAPA. 



Aunque hemos hecho un estudio mas o menos detenido de las 
diversas obras i planos que acabamos de revisar, no todos nos han 
sido igualmente útiles para componer el presente libro i el mapa 
que lo acompafia. 

Hemos hecho notar la particularidad de que nuestras esploracio^ 
nes han sido llevadas a cabo en una zona no descrita hasta hoi; pero 
rodeada por otras que han sido objeto de estudio por parte de hom- 
bres eminentes, cuyos trabajos jeográ fieos habrían sido mucho mas 
correctos si se hubieran limitado a dibujar en sus planos lo que co- 



kEiíORtAS^ MAPAd, t'LANOS; ETC. 



19á 



Docieron, sin incluir en ellos una orografía supuesta en la parte ig- 
norada. Merced a las descripciones que los autores hicieron de sus 
trabajos, hemos podido utilizar en ellos la parte verdaderamente 
propia de cada uno, conectándolos en los puntos que hemos triangu- 
lado, o a falta de ellos, con otros fijados por distancias comprobadas. 
Así hemos sacado algunos detalles de la hoya del Loa alto del 
mapa del seüor Hoogsgaard; hemos fijado con precisión las cum- 
bres del volcan Olea i cerros de Li[>ez, que sirven de puntos de 
unión, con el mapa del seflor Reck. No nos fué dado hacer lo mismo 
respecto de los cerros de las Granadas e Incaliuasi, que aparecen en 
el mapa del doctor Brackebusch, porque no logramos ninguna esta- 
ción favorable para den»arcarlos; pero cuatro itinerarios que parten 
de Quetena, el Cajón, Toconao i Catua para llegar respectivamente 
a Rinconada, abra de Coyaguainca, Susques i San Antonio de los 
Cobres, nos han suministrado cierto grado de aproximación para 
fijar la situación del meridiano en el mapa de que hablamos, reti- 
rándolo hacia el Oeste algunos miiuitos. Mas difícil nos ha sido 
completar la parte SE.de nuestro mapa, por las grandes discor- 
dancias que hai entre los datos de los señores Moussy i Burmeister, 
que han recorrido las provincias de Tucuman i Catamarca; creemos 
sin embargo que las posiciones que hemos adoptado después de una 
prolija discusión no difieren mucho de la verdad. 

La rejion que se estiende al Sur de Antofagasta es sin duda la 
mas imperfecta de nuestro plano; sin embargo el camino del paso 
de San Francisco ha sido recorrido i estudiado por diversos inje- 
nieros con el objeto de trazar una vía férrea; pero uno de ellos, el 
seflor Sayago, atribuye al paso la latitud de 20*^ 20', que nos parece 
inaceptable, así como las distancias que consigna en su trazo son 
mui superiores a las que da el seflor Flint; por otra parte la situa- 
ción relativa de los puntos denominados La Hoyada^ San Buenaven- 
tura, Pasto de Ventura, nos ofrece aun algunas dudas. Esperamos, 
CQ otra ocasión, prolongar nuestros trabajos en esta zona tan inte- 
rnante bajo el punto de vista de la configuración andina. 

Para formar la parte SO. del mapa hemos partido de dos puntos 
que uo aparecen en él: la ciudad de Copiapó i el término del ferro- 
carril de Taltal (Refresco del Cachiyuyal); las distancias aproxi- 
madas por construcción gráfica, de esos dos puntos a las cumbres 
de Saudon, Bolsón i Dofla Inés, nos han sido sumiuistrodos por los 
injenieros de la comisión esploradora, i entre estos puntos hemos 
dibujado la topografía de acuerdo con el mapa del doctor Philippi, 
tomando otras indicaciones del de Yillanueva. 



1 



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194 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

Por fin, todo el trazado del ferrocarril de Aiitofagasta hacia el 
interior de Bolivia, i algunos detalles anexos, han sido reducidos de 
los planos elaborados por el sefior Harding. 

Por dificultades inherentes al gralKido e impresión del mapa, uo 
lo hemos estendido hasta la costa, como habría sido nuestro deseo; 
pero lo consideramos solo como un trabajo preliminar; esperamos 
que se den a luz diversos otros actualmente en vía de formación, 
tanto en Chile como en la Arjentina. Deseosos de cooperar también 
con nuestro continjente, pensamos poder, dentro de no mui largo 
plazo, formar un mapa mas estenso i detallado del Norte de Chile, 
con las rejiones limítrofes arjentina i boliviana. 



CAPÍTULO X. 



Descripción Jeneral de la Puna de Atacama 1 rejlones 
adyacentes que flguran en el mapa. 



1.— ALCANCE DB NUESTRA DESCRIPCIÓN. 



Nos pro|)Oiiemos reunir en este capítulo los conocimientos que 
hemos adquirido sobre toda la rejion representada por el mapa que 
acompafia a esta memoria. Naturalmente aquellos serán sobre todo de 
carácter práctico i superficial, siendo nuestro objeto suministrar al 
viajero o al esplorador datos bufícientes para formarse una ¡dea cabal 
de la rejion que va a recorrer, sus recursos, sus caminos i senderos, 
indicándole también las defícencias i \1|cíos contra los que debe pre- 
caverse. 

Sin duda se estrafiará que el material propio en la parte jeolójica 
i mineralójíca 8ea algo deficiente; esto es debido a dos causas: la pri- 
mero, que durante el viaje nos hemos dedicado a las observaciones 
astronómicas i jeodésicas, no pudiendo por consiguiente formar acó- 
pió de muestras, cuya recolección exíje a menudo apartarse del cami- 
no; solo hemos podido pues adquirir ideas jenerales sobre las diver- 
sas formaciones, en virtud del aspecto de las rocas; la segunda razón 
es la convicción que nos asiste del peh'gro que ofrece el jeneralizar 
sobre ciertos hechos aislados; de allí viene el poco servicio que pres- 
tan esos mapas jeolójicoa o estratigráficos prematuros, en que la ma- 
yor parte de las indicaciones son hipotéticas, deducidas a veces de 
unas pocas observaciones distantes e inconexas. Las descripciones 
que consignamos en este capítulo descansan, sea en nuestra propia 
observación, sea en las partes fidedignas i orijinales de los trabajos 
cuya revisión hemos hecho en el precédante. 



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196 LAS COBbÍLLERAS DE ATACAMÁ. 



2.— OROGRAFÍA.— CONFIGURACIÓN PARTICULAR DE LOS ANDES 

SEGÚN LA LATITUD. 



Describiendo las cordilleraíS de las Audes, dice el señor M. de 
Moussy: 

«Este cordón jiganteeco, que asombra la vista por la altura i 
amplitud de sus hacinamieutoSi es único i de escaea anchura en su 
parte meridional; pero esta aumenta si lo examinamos mas al Norte. 
La estension de sus mesetas, que incrementa con el número de las 
serranías i de los valles lonjitudinales, viene a formar bajo la zona 
equinoccial, en Bolivia, esas altiplanicies, que a una altitud de 4000 
metros, recuerdan la uniformidad de las pampas. Desde el grado 30 
es donde la cordillera duplica i después triplica, cuadruplica i aun 
sestuplica sus cordones paralelos, para formar primeramente el gran 
macizo andino, i hacia el oriente, la cadena de Famatima, las de la 
Rioja, da Ambato, de Acontjuija i en fin la del Alumbre, último 
contrafuerte oriental, en cuyo pié principian las llanuras enteramen- 
te horizontales del Chaco. Abraza así bajo los trópicos un ancho de 
?• en lonjitud». 

Esta desmembración de los Andes en cordones paralelos se nota 
también en Chile, pero por lo jeneral no se alejan mucho del cordón 
anticlinal sin disminuir notablemente de altura. 

Entre todos estos ramales de cordillera, los jeógrafos han acos- 
tumbrado conservar la denominación de Andes al mas occidental, 
porque es el que se desvía menos de la dirección jeneral; así lo hace 
el sefior Hugo Reck al tratar la orografía de la altiplanicie bolivianai 
i llama cordillera Real a la oriental; pero esta última no se reúne 
con la primera, como lo cree el señor Reck, entre las 23° i 24° de 
latitud, sino que se prolonga mas al Sur sin apartarse mucho de su 
primitiva dirección. Sin embargo, al Sur del paralelo de 23** la cor- 
dillera Real no conserva la continuidad que presenta al Norte de 
ese paralelo, ni hai entre ella i el cordón andino ninguna otra serra- 
nía nevada continua que la sustituya. £n jeneral es difícil asimilar 
la orografía de la rejiou que vamos a describir, sea a la neta separa- 
ción de Andes i cordillera Real del sefior Reck, sea a los cordones 
paralelos del sefior Moussy. 

Sin embargo, como es necesario introducir cierto orden en nues- 
tra esposicion, dividiremos en cinco zonas orográficas paralelas al 



Í>£SCBÍPCIOÑ JÉÑEtUi Í>E LA PUNA. 



19? 



meridiano el trozo de oordilleras comprendido entre loe paralelos 
de 21^ i 27° latitad Sur. Estaa diversas zonas no forman cordones 
propiamente tales, sino mas bien agrupamientos de cimas, i no esta- 
blecemos nuestra clasificación tanto sobre la altura de ellas como 
sobre la ahitud encima del mar del terreno mas o menos plano que 
les sirve de base. 



3.— ZONAS orogrIficas. 



No entraremos aquí a considerar la de la costa, que no ha forma- 
do parte de nuestros estudios ni tiene cabida en el mapa que hemos 
dibujado. 

La primera zona orográ/ioa, que deja hacia el occidente lo que se 
ha llamado propiamente el despoblado, se aparta poco del meridiano 
de 69^ de loujitud Oeste de Greenwich, Nace al oriente de este me- 
ridiano, en las cabezas de las quebradas de Guataoondo, cerca del 
grado 21; comprende el macizo de serranías profusas en minerales 
que rodea por tres de sus costados el rio Loa, los cerros de Limón 
Verde, loe de Caracoles, i mas al Sur, el cordón de Varas, las sierras 
de Sandon, Chaco Bolsón, Dofia Inés, Cerro Vicuña e Indio Muer- 
to. I^ base occidental de esta zona tiene una altitud jeneral de 1500 
A 2000 metros sobre el nivel del mar en su |)arte mas setentrional, 
yeado en aumento hacia el Sur. La misma lei siguen los pasos jiara 
^¿ravesar esas serranías i sus cimas; así mientras los cerros de Paquí 
^/aaii2an apenas a 4000 metros, los de Caracoles, las Aguadas i el 
Qif/inal tienen de 3600 a 4000, i los cerros del Juncal i Dofia Inés 
de 5000 metros. 

iegunda zona orogrdfica comprende los grupos de encumbra- 
mas que forman lo que con mas propiedad puede asimilarse en 
ijion al cordón andino, tan bien caracterizado en el Sur de la 
Uica. Principiando por el volcan Olea, los nevados de Aucan- 
l:ia, Palpana, Polapi, San Pedro i San Pablo, Paniri, Puma Ur- 
iuzor, los grupos de serranías se estienden mas derecho al Sur 
cimas de Tatio, Vizcachillas, Jorjéncal, Puripica, Licancaur, 
, Hécar, Lascar, Tumisa i Mifiiques; desde allí se enfilan de 
i SO. las cuatro cimas de Mifiiques, Pular, Socompa i Llu- 
00. Al Sur de este último, después del nevado de Azufre, se 
^s^ir^^ gg|jj^ jjQjji^ gQ mj vasto espacio inesplorado i parece reunirse 

c^^ X« primera en las cumbres de Dofia Inés i cerro Bravo. La base 



'^ 



por 






198 LAS CORDILLEUÁS t>E ATAOAMA. 

oocldental de esta zona es en su parte Norte el curso alto del Loa, i 
en seguida la sucesión de valles afluentes sea al Loa, sea a las sali- 
nas de Ataoama i Punta Negra. Los estreñios norte i sur de esta 
base se elevan a mas de 3000 metros sobre el mar, mientius que su 
parte media tiene una altitud como de 2400 metros. Aunque esta 
cordillera no puede cruzarse, como dicen algunos, por cualquiera 
parte, tiene, sin embargo, numerosos pasos, como se verá por los iti- 
nerarios que consignaremos mas adelante* 

Al oriente del cordón andino se estiende una vasta rejion ondula- 
da, cuya altitud media oscila entre 3500 i 4000 metros; es lo que se 
llama propiamente la Puna, de una palabra quichua que quiere de- 
cir rejion elevada. Hai diseminadas en esta rejion muchos grupos 
de serranías que forman nuestra tet'cera zoria orográfioa; figuran en- 
tre éstos el volcan Oyagua, los cerros de Tapaquilcha, los nevados 
de Laguna Colorada, Torquc, Quctena, Zapaleri, Lina, del Rincón, 
Pocitas, Antofalla i Mojones; por fin, los de Laguna Brava, San 
Francisco i el Peinado, cuyas cumbres no son inferiores a la» de la 
segunda zona, observándose la diferencia que estos grupos son todos 
aislados, dejando entre sí pasos cuya altura no alcanza a 5000 metros. 

La cuarta zona orográfioa puede considerarse como prolongación 
de la cordillera Real de Bolivia, en cuyo ancho dorso se elevan los 
notables cerros de Chorolque, Santa Isabel i Lípez; efectivamente, 
siguiendo desde allí la dii*eccíon del meridiano, se hallan los cerros 
de Granada^*, Incahuasi, Acay i la serranía de Cachi. Volvemos a 
encontrar esta misma zona mas al Sur en las cimas de los Quilmes 
i de la sierra de Gualumpaja. Esta zona forma, en jcneral, el límite 
oriental de la Puna, esceptuando la que se llama de Jujui, que se 
prolonga aun mas al oriente. La base oriental de esta zona no baja 
de 3000 metros i alcanza en parte a 3500. 

Nuestra quinta zona orográfioa está formada en el Sur por la sierra 
de Aconquija, la de Calchaqui, i mas al Norte por los nevados del 
Castillo; viene a formar el límite oriental de la Puna de Jujui con 
las sierras de Chafii i Aguilar, prolongándose mucho mas al oriente 
con la sierra de Zenta, fuera de los límites de nuestro mapa. La ba- 
se oriental de esta zona es bastante baja, pasando en pocos puntos 
de 1000 metros i bajando a 450 en Tucuman. 

Después de esta rápida enumeración, nos es fácil definir la Puna 
como un ensanche de la cumbre de la cordillera cuyas partes planas 
tienen una altitud de 3500 a 4000 metros, limitadas a ambos lados 
por sucesiones de serranías que al occidente forman el cordón andi- 
no i al oriente la cuarta i quinta zona orográfica. El propio relieve 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 



199 



(le la rejion de la Puna csbl además acentuado por numerosos gru- 
pos de montanas distribuidas con suma irregularidad, siendo de 
observar, sin embargo, como lo haremos notar al tratar de la hidro- 
grafía, que predomina la dirección jeneral de Norte a Sur. 

Aunque esos gru|)os no forman propiamente cadenas, sin embar- 
go, la parte que media entre una i otra cumbre está a un nivel mas 
elevado que las bases laterales, constituyendo así verdaderas abras i 
portezuelos cuya altitud sobre el mar varía entre 4200 i 4900 me« 
tros. Esto es aplicable tanto a los que dan acceso a las rejiones mas 
bajas que se estienden al oriente i al occidente de la Puna como a 
los que es necesario trasmontar para pasar de una a otra parte de la 
Puna misma. 



4. — HIDROGRAFÍA. — IDEA JENERAL. 



Sabemos ya que la cordillera de loe Andes en su parte meridio- 
nal forma un cordón bien definido i constituye el diwn'tía aqiuiiiim 
entre las aguas que afluyen al Atlántico í las que se dirijen mas rá- 
pidas al Pacífico. 

Aunque este dorso divisorio de las aguas no sea formado por las 
cumbres mas elevadas de la cordillera, no por eso es menos claro e 
indivisible su trazo; así la imajinacion podría en rigor seguir paso a 
paso la marcha de dos gotas jemelas caldas una al lado do otra en 
el filo de la cordillera araucana i que se deslizasen por opuestas fal- 
das, una al oriente i la otra al poniente, de la quebrada al tori*ente, de 
este al arroyo, al estero i al rio, hasta que se mezclase la primera con 
las aguas del Pacífico entre las arenas del Biobio i la segunda al- 
canzase las del Atlántico, perdida en los caudales del rio Negro, a 
1300 quilómetros de la primera. 

Hasta el grado 32, la separación es siempre mui clara, aunque la 
marcha de las aguas no as continua por el lado arjentino, porque los 
rios de Mendoza i San Juan no tienen desagüe permanente ni di- 
recto en el océano. Desde el grado 32 hasta el 28 se acentúa la des- 
membración de la cumbre de los Andes de que nos habla el sefior 
Moussy, formando grandes cstensionas de terreno mui elevados, sin 
que iK>r eso sean mesetas, como parecen figurarlo los mapas, sino que 
aparecen en blanco porque son inesploradas i desconocidas sus serra- 
nías. Apesar de la multiplicidad de los cordones, el sistema hidro- 
gráfico rs continuo, • . ceciri que h B canees do todM \m quebrada, 



200 ULS CORDILLERAS DE ATAOAHA« 



arroyos i rios se reúnen sucesivam.ente unos a otros para formar el 
rio Desaguadero. 

Al Norte del grado 28 se presenta una nueva oonformacion hU 
drográfíca, que consiste en hoyas o cuencas independientes cuyas 
aguas no alimentan visiblemente rio alguno, i que además están se- 
paradas de sus vecinas por alturas del terreno. Esta oonformacion 
es la que predomina en las Punas de Ataoama, de Salta i Jujui, de 
Lipez, Chichas i Oruro; se traduce por una bifurcación del divartia 
aqwirum de los Andes en dos ramas; la occidental marca el Hmite 
de las aguas que se dirijen al litoral del Pacífico, la oriental deslin- 
da las que directa o indirectamente llegan al Atlántico. Estas dos 
ramas del divortia aquarum son bien sinuosas; tienen ángulos en- 
trantes mui agudos, como los que forman el nacimiento del rio San 
Francisco o Fiambalá i el rio de San Juan Mayo, i no se reúnen 
sino en el grado 14^ de latitud, donde el divartia aquarum reco- 
bra su unidad para conservarla hasta el estremo boreal de los 
Andes. 

Entre las dos ramas principales en que se bifurca la línea divi- 
soria de las aguas, existen muchas otras que forman la separación 
entre las diversas hoyas o cuencas de que hemos hablado. De éstas 
algunas son muí estensas, como la de los lagos Titicaca i Poopó, i 
otras sumamente restrinjidas, como la mayor parte de las que for- 
man la parte sur de la Puna, de cuya dcscrii)cion nos ocupamos. 



6.— HOTAS DEL OCÉANO PACÍFICO* 



Rio Loa. — Es el único que lleva sus aguas sin discontinuidad 
desde la cordillera hasta el Pacífico, entre los grados 21 i 27 de la- 
titud. 

Sus brassos mas setentrionales nacen entre los nevados de Mifio, 
Aucanquilcha i Chela, que forman el rio de Santa Bárbara, al cual 
se reúne cerca del grado 22 el rio de San Pedro, nacido de ojos de 
agua donde brotan las de la ciénaga de Inaoaliri, en la cual se apozan 
las aguas del arroyo del Cajón. 

Desde Santa Bárbara el rio pierde ese nombre para tomar el de 
Loa o Chiuchiu hasta el pueblo de esta denominación, no recibiendo 
en este trayecto ningún afluente. Hasta allí sus agnnft, cuyo cnndal 
ocupa un ancho como 20 metros por ^ metro de profundidad, ^()u 
dulces i agradables; su curso es Norte a Sur casi directo. 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 201 



Ck>nio una legua al Sur de Chiuchiu^ se reúne al Loa el rio Sala' 
do, que viene del oriente. Forman este rio diferentes brazos; los nías 
setentriouales, llamados Tooonzo i Chuznehat(y*o, traen aguas cargadas 
de diversas sales provenientes sobre todo de la rinconada de Tatio, 
que hemos mencionado en nuestro viaje. A estos arroyos, que for- 
man una corriente salobre, se les reúne poco al Norte de la aldea de 
Caspana el riachuelo de ese nombre, que es do agua dulce. £1 rio 
Salado pasa después iK>r la aldea de A ¡quina, de cuyas ciénagas re« 
cibe también filtraciones, i llevando un caudal poco menor que el 
del Loa, se le junta en el punto que hemos dicho, formando en la 
confluencia estensas vegas. Su curso sigue entonces muí tortuoso, i 
describiendo un arco del Sur al Oeste hasta Calama; alimenta allí 
estensas ciénagas i pastales. 

Desde Calama el Loa corre bastante encajonado por Guacate i 
Miscanti con rumbo al poniente, i desviándose algo al NO. hasta 
Chacanee, recibe allí el pequeño rio San Salvador por filtraciones 
de las vegas de Calama i varias aguadas de las serranías del Norte. 
Desde Chacanee, el Loa corre de Sur a Norte por el Toco i Quilla- 
goa basta el paralelo de 21^^, inclinándose entonces perpendicular- 
mente a la costa ha<ita desembocar en sus orillas. El desarrollo del 
curso de este rio desde su oríjen en el Miflo hasta su desembocadura, 
no baja de 440 quilómetros. 

£1 límite oriental de la hoya del Loa es la linea de cumbres del 
cordón occidental de los Andes hasta las cimas de Vizcachillas; de 
allí una línea que pasando por el alto de Purilari llega a la cum- 
bre de Limoñ Verde, bajando al poniente para perderse en las lla- 
nuras indecisas del desierto. 

Hoyas DEL SALAR del Carmen i Aguas Blanoas.— AI Sur 
de la línea que acabamos de mencionar hai una cuenca bien camc- 
terizada por los declives del terreno, pero por cuyos cauces solo co- 
rren aguas en el momento de las lluvias escepcionales. Varias agua- 
das del desierto están incluidas en esta hoya; la de Tuina al oriente 
de Limón Verde, las Aguas Dulces, las de la Protndenoia i el Pozo 
de la Victoria. El cauce principal pasa cerca de estas dos últimas 
aguadas i de las de Sierra Gorda, Salinas i Carmen AUo; por este 
cauce va también el trazado de la línea férrea que lo sigue desde 
Pampa Alta hasta Mantos Blancos. Esta hoya hidrográfica no tiene 
desagüe directo en el océano, sino que su resumidero es el salar del 
Carmen, separado del litoral por la cadena de la costa. Sin embargo, 
3¡ las aguas formasen c^udfil i se ^cumulasen allí hastia 1^ altura de 



202 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

40 metros, hallarían salida al Sur del salar por las quebradas de 
Aguas Blancas i de Maieo que van al mar. 

Estas últimas bajan del salar de este nombre, i pertenecen a su 
hoya hidrográfica las aguadas del despoblado, San OuillermOy A*o- 
mdeneiaf Varas^ Profeta^ Agua Chican etc., que se ven en nuestro 
mapa. Bajo el punto de vista de su desembocadura en el mar, las 
dos hoyas del salar del Carmen i Aguas Blancas, forman pues una 
sola, cuya salida es la quebrada de Mateo, un poco al Sur del pue- 
blo de Autofagasta, i por cuyo valle atraviesa el ferrocarril el cor* 
don de la costa. El límite oriental de estas dos cuencas es el Bordo, 
la sierra de Sarapaua, i los altos de Yaras hasta el cerro de los Sa- 
pos, de donde este límite corre al poniente por Cachinal de la Sierra. 

Hoya de Taltal. — Las aguadas de Sandon, Vaquillas^ Qiaooj 
Agua Escondida^ etc., se hallan en quebradas que reuniéndose todas 
en el Cachiyuyal van a desembocar al mar en la bahía de Taltal. 
Por el thaJweg de ese valle se estiende próximamente la línea dol 
ferrocarril que termina en el Refresco de Uachiyuyal, a una altitud 
de 1850 metros. El límite oriental de esta hoya corre por los cerra<« 
de Sandon i del Chaco. Su límite por el Sur no está bien determinado. 

Hoya de Pan de Azogar. — Está formada por las quebradas de 
Juncalf Encantada, Esploradora i Doña Inés, que reunidas todas 
en las vegas del Carrizal, desembocan en la bahía de Pan de Azúcar. 
£1 límite oriental de esta cuenca corre por las cumbres de Chaco, 
Bolsón i Dofia Inés. 

Hoya del rio Salado. — Finalmente la hoya mas meridional 
del desierto es la que reúne los cauces donde se hallan las aguadas de 
San Juan, El Asiento, Agua Dulce i Pasto Cerrado, para formar el 
rio Salado, el que pasando entre las serranías del Indio Muerto i do 
Yicufla, se dirije al poniente hasta Pueblo Hundido i el mineral del 
Salado, desde cuyo punto sigue \x>r la quebrada donde se ha cons- 
truido la vía férrea que tiene su orijen en el puerto de Chafiaral. 
Esta cuenca deslinda por el Sur con la del rio de Copiapó. 



6. — HOYAS DEL ATLÁNTICO. 



De los bordes orientales de la Puna se desprenden corrientes que 
llevan sus aguas al rio de la Plata por diferentes conductos, i otras 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 203 



que van a suniit*8C en las llanuras de la Itioja; vamos a hacer de 
ellas una somera revisión. 

Hoya dei^ PiIíCOMayo.— El afluente mas setentrional del Pilco- 
mayo, de los que aparecen en nuestro mapa, es el rio de Cotagaita^ 
que nace de las nieves de los cerros de Chorolque i Atocha; mas al 
Sur corre el de Tupiza, ctiyos primitivos bra/^os se desprenden de 
las serranías de Portugalete, en la cordillera Real de Bolivia. Entre 
los afluentes de este último rio se cuenta el de San Juan Mayn^ que 
nace en los cerros de Ciiyumbaya i Cayagama; pasa por el cerro de 
Gala i recibe los arroyos que bajan al Oeste de la sierra de Caba- 
longa, de la Rinconada i de Santa Catalina, como también aquellos 
que bajan al Este del cerro de las Granadas, cerro Colorado, etc. 
Este rio pasa ix)r Esmoraca i Estarca, entra en el rio de Tupiza, re- 
cibe el rio de la Quiaca, se junta con el de Yavi i corre en seguida 
al Norte para fi<rmar, reunido con el de Cotagaitu, el rio Pilaya, que 
es uno de los grandes afluentes del Pilcomayo. 

I^a hoya del Pilcomayo tiene pues su limito occidental en la cor- 
dillera Real i su límite sur en esta parte, en el borde norte de la 
Puna de Jujui. 

Hoya del rio Beuhbjo. — A esta pertenece el rio de Jnjui, lla- 
mado en su parte baja Skin Franoisco o Lavayeii, cuyo orfjen es la 
quebrada de Humahuaea, la cual recibe por la dereciía, según hi 
enumeración del doctor firackebusch, los siguientes afluont&i: 

1. Dio de Tejada; oríjen en la Puna, se junta en la Negra Muerta. 

2. Rio de Vaooraüe; orijen en el cerro de Aguilar, se reúne cu 
Campo Colorado. 

3. Rio de Purmamaroa; oríjen en la serranía de Lipan i Yastal, 
8c reúne al frente de San Vicente. 

4. Rio de Coiruro; oríjen en la sierra de Chafii, se reúne en el 
volcan. 

5. Ríos de León, Lüan, Tala, San Pablo, de Reyes; oríjen en la 
sierra de Chafli. 

G. Rio de Jwui; oríjen cu la sierra de Chafli, se reúne en la mis- 
ma ciudad de Jujui. 

7. Rio de los Aliaos; oríjen en la sierra de Cantillo, so reúne en 
Curaguas!. 

8. Rio de Perico; oríjen en la sierra <le Castilh). 

9. Rio de Lavayen; onjen en los nevados de Salla, se forma por 

2G 



204 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

los ríos de la Caldero, Ubierna i Vaquero, pasa una qyebrada An- 
gosta en dirección al Este i sale de la sierra en Campo Santo... 

Como se ve, el límite occidental de la hoya de estos rios, que ae 
reúnen todos en las aguas del Bermejo, es el borde oriental de la 
Puna de Jujui; su deslinde norte no está inmediato a la hoya del 
Pilcomayo, pues se interpone entre las dos un buen trecho de sierra. 
Por el Sur deslinda esta cuenca con la del rio Juramento, t)or una 
línea que pasa mui próxima a la ciudad de Salta. 

Hoya del río Juramento o Salado.— Este rio nace al pié de 
la sierra de Acay con el nombre de rio de Cachi, pasando por el 
pueblo de este nombre i el de iSeclantd, recibiendo de paso los cau- 
dales de yarias quebradas que se desprenden de los nevados de Ca- 
chi; al oriente del pueblo de Molinos se le reúne el rio de este nom- 
bre, que consta a su vez de los siguientes: 

Rio de LuracatOit; nace al poniente de la sierra de Cachi, de las 
quebradas de Colpnyo, de la Encrucijada i de QuchillacOj i se junta 
con el rio de Molinos al NO. del pueblo. 

Rio de Tacuil; nace al oriente de la Puna de Antofagasta i reci- 
be muchas quebradas i arroyos que vienen de Compuelp Coloméy etc. 

Desde su confluencia con estos rios, el de Cachi sigue siempre su 
dirección al SSE. hasta San Carlos, a poca distancia de cuyo punto 
se le reúne el rio de Santa Matia o de las Conehai^ que trae las 
aguas de los nevados de Quilmes i de Calchaqui. Juntos estos rios 
entran a la quebrada de Guachipas^ cuyo nombre toman, recibiendo 
al salir de ella el rio de la Silleta, que viene de Salta, i las aguas de 
las dos grandes quebradas del Eacoipe i del Toro; esta última, nace 
en el borde meridional de la Puna de Jujui. 

Los tres rios cuyas nacientes acabamos de describir, el Pilcomayo, 
el Bermejo i el Juramento o Salado, una vez formados sus caudales, 
corren a gran distancia uno de otro i casi paralelamente, hasta jun- 
tarse con el río Paraguai los dos primeros i con el Paraná el tercero, 
respectivamente en la Asunción, en la Villa del Pilar i en Santa Fé. 

Hoya dbl rio Dulce. — Son afluentes de este 'rio el de l^cUa i 
todos los demás que forman el río Sali, proveniente de las nieves de 
las sierras de Aconquija. El rio Dulce, que se pierde mas abajo en 
la laguna de los Porongas, tiene muchos otros afluentes que no en- 
tran en el cuadro de nuestras descripciones. 

Hoya del rio Colorado de la Rioja. — Forman el nacimien- 
to de este rio los de San Francisco i Losas, cuyo oríjen está en los 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 205 



pasos de cordillera que llevan esos mismos nombres; esos arroyv'^s 
reunidos forman primero el rio Cazadero o ílambaldy llamado des- 
pués de C(^[)aocJ}ana, perdiéndose por fin con el nombre de Colorado 
en las salinas de la Rioja. 



7.— HOYAS DE LA FALDA OCCIDENTAL. 



Hoya db Atacama. -Es un vasto recinto que encierra inmen- 
sos depósitos salinos^ que son rúas o menos pantanosos según que la 
estación ha sido o no lluviosa. La mayor parte de los rios que desa- 
guan en este salar pierden sus caudales en las arenas antes de llegar 
al plan; sin embargo, cuando ha habido grandes lluvias, se forman 
estensas lagunas, provenientes en su mayor parte de las turbias aguas 
del río Atacama. El nivel de la parle norte del salar es de 2400 me- 
tros sobre el mar, i tiene un declive poco sensible hacia el Sur. El 
largo de Norte a Sur de la parte plana de la hoya es de unos 80 
quilómetros, sin contar el brazo occidental, que no nos es conocido; 
BU mayor ancho lo avaluamos en 60 quilómetros, pero no podemos 
apreciar la superficie por falta de conocimiento de lus detallo ? i si- 
nuosidades. 

El confin sur de la hoya del Loa es en su parte oriental el lími- 
te norte de la de Atacama, donde nace el rio de este nombre, que es 
el mas importante de los tributarios de la hoya. 

Rio Atacama. — Su afluente mas importante i setentrional es el 
rio de Putaña, que nace en la rinconada formada por los cerros de 
Vizcachillas i el volcan de aquel nombre; su primer curso es de 
oriente a poniente, engrosándose con varias pequeñas corrientes que 
provienen del derretimiento de las nieves; después de atravesar 
una serranía paralela al cordón principal, se inclina al Sur, i no sabe- 
mos si este rio es el que toma allí el nombre de Salado^ cuya corrien- 
te es intermitente,* o si es éste otro de sus afluentes. Otro de los orí- 
jenes del rio de Atacama es el de Machuca, llamado mas abajo rio 
Grande, que recoje las corrientes nacidas de varios ojos de agua i lo3 
deriames de las estensas vegas de Machuca. El rio Grande, que se 
llama también de San Bartolo, pasa por el establecimiento i finca 
de eso nombre i se reúne algo mas abajo con el rio Salado que lie- 
mos mencionado. Jíl curso de este rio es mui tortuoso, i pasa coi:- 
tihuanlentc de uno a otro lado del vallo, formando en los espacios 



206 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



libres terrenos de acarreo donde liai hermosos potreros. Su agua es 
salada. 

El caudal del rio Atacama^ al llegar al pueblo de este nombre^ es 
mui variable^ i en afios normales se consume todo en el riego del 
valle i de los aillos de Atacaina. En años de escesiva lluvia como 
el presente, que fué anormal, las creces lian destruido considerables 
estensioncs de terrenos cultivados, arrastrando enormes tix)nco8 de 
árboles. Su caudal no nos ha parecido entonces desmerecer mucho 
del que trae el Mapocho en sus creces. 

Rio ViLAMA. *Este rio no es afluente del de Atacama, como 
erróneamente se ha dicho; nace entre las cerros nevados de Puri- 
pica; pasa por los baños termales de Puritama, i a 5 quilómetros 
mas abajo se reúne en Guatin con una corriente que viene del 
Norte mui encajonada en un hondo valle; este rio tiene la prolon- 
gación de su cauce natural algo al oriente de Atacama, pero sus 
aguas se recojen en un canal cuya toma está en el aillo de Vilama, 
donde riegan unas chacrillas, i llevadas hasta el aillo de Solcofi 
próximo al pueblo, donde se consumen en el regadío. Las aguas 
del Vilama son las que beben de preferencia los habitantes de Ata- 
cama, por ser perfectamente dulces i claras. 

Los pantanos que frecuentemente entorpecen el camino del Inca, 
cerca de Tambillo, son formados por infiltraciones del rio Vilama. 

Quebrada de Zapar. — Frente a estos mismos pantanos de 
Tambillo i probablemente contribuyente de ellos, es la quebrada de 
Zapar, donde se cultivan algunas hectáreas de alfalfa. 

Rio Toconao. — Nace esta corriente de las nieves de Pótor i 
otros cerros vecinos; forma en Queri una pequeña vega i se con« 
sume en el regadío de las huertas i verjeles do Tooonao, salvo en 
afios escepcionales, en los cuales sobra un buen caudal de agua que 
86 pierde, m\ embargo, en los arenales antes de llegar a la gran 
salina. 

Como 4 quilómetros al Sur del rio Toconao, .baja la quebrada 
de Pótor, que reúne con las lluvias un buen caudal de agua; dicen 
que en los afios secos esc caudal as insignificante. 

De un carácter mas permanente es el rio de Aguas Blancas^ como 
4 quilómetros al Sur del anterior, pero, como a juel, no da orijeu 
a cultivo alguno. 

La quebrada o rio de Soncory llamado en su oríjcn de los PaioSy 
(rae un escaso caudal de agua, pero riega en aquel panto algunas 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 207 



hectáreas de alfalfales i en su parte alta forma algunas vegas de 
pastos naturales. 

La quebrada de Cdniar, alimentada por las nieves del cerro de 
Tamisa, riega algunos maizales, potreros i algarrobales i por bus 
derrames e infiltraciones forma las vegas i aguada de OafiHfJaly en 
el camino del Inca. 

Ija quebrada de Socaire es de mas importancia que las anteriores; 
sus aguas alcanzan mucho mas abajo del punto de ese nombre, don- 
de iiai algún cultivo; algunos algarrobos pueblan las orillas del 
esterito. 

La última corriente de agua que tenemos que mencionar aquí es 
la de Tilomontey que nace poco mas al oriente de ese punto, llamun- 
(lose cu su críjen Tarajne, En ambas localidades Iiai pequeños 
cultivos. 

En Tilopozo haí una aguada i un arroyito, que provienen de 
filtraciones su[>eriores. 

Pocos quilómetros al poniente de Atacama, bajan hacia el Sur 
los cerros de la Sal, colinas de sal jema i yeso que separan la gran 
salina en dos partes desiguales; del lado occidental de estos cerros 
liai un cauce que reúne las quebradas de una gran estension de 
terreno desde el Bordo; este cauce, casi siempre seco, cstd cubierto 
]X)r una capa de sal i se iucQrpora luego a la gran salina; podemos 
llamarlo el rio Seco de la ScU, 

Puede considerarse también como tributarios c'e la gran hoya 
de Atacama las mas pequeñas de Punta, Negra e Imilae, que cono- 
cemos iK)r las descripciones del doctor Philippi. £1 nivel de la 
primera es mas de 260 metros sui)erior al de Atacama, i el de la 
s^unda 130 metros. 

Hai varias quebradas afluentes a la hoya de Punta Negra; son 
las de PajoncUf Zorros^ Rio Salado, LluUaillaco i Aguas o BaiTan^ 
eos Blanca;^] en todas ellas corre el agua por pocos quilómetros i 
luego se pierde. Todas, menos la tercera, tienen agua dulce i un 
))oco de vejetacion. 

También parece ser tributario de la hoya de Punta Negra el Rio 
Frió, en cuyas pastos naturales hai una pascana del antiguo caaiino 
del Inca. 

8. — HOYAS DE LA PUNA DE ATACAMA AL NORTE DEL GRADO 23. 

Hemos dicho que la Puna es un terreno ondulado cuyo nivel 
medio sobre el mar alcanza a 4000 metros. Consta de muchas 



208 íiAS CO&DÍLLE¿ÁR ¿E ATACAMÁ. 

depresiones que son otras tantas hoyas hidrográficas independientes 
cuya parte baja i plana está ocupada por un salar, una Iagi*na 
salada, o ambas cosas. 

Haremos la enumemcion de estas hoyas principiando por el NO. 
de nuestro mapa. 

Laguna Michinoha. — Es una no mui grande situada al pié del 
volcan Olea, cuyo nombre también lleva. Sus filtraciones subte- 
rráneas dan probablemente lugar al arroyo de la quebrada de Qua- 
tacondo, cuyo nacimiento se halla a poca distancia. 

Pocrro I Pozo Blanco. — Son dos salares apenas separados; la 
corriente de agua mas importante que fluye a esta hoya es el rio de 
Coyomiche^ cuyo nacimiento se halla cerca del portezuelo de Cuatro 
Mojones; este rio reúne las aguas de la quebrada de Turnqnire i 
otras que bajan del volcan Oyagua. 

Hoya del Rio Qrande de Lipez.-— Este rio es el mas grande 
de la Puna, al Sur del Desaguadero de Bolivia. Su orfjen está en 
los 22* 25' de latitud, en el Ojo de Quetena, proveniente de las 
filtraciones de varias lagunas poco distautes hacia el Sur. Su curso 
de Sur a Norte tiene lugar por un valle mui pastoso i recibe nume- 
rosos tributos de varias quebradas; solo conocemos las del lado iz- 
quierdo que son: el arroyo de Quetena GhicOj el rio de Torque^ un 
rio SaladOy el de Chatena i el hermoso estero de Maicocueva que 
corre por entre altos pastales; el rio de Qvtetena es caudaloso i en 
varios trechos navegable para botes, a pesar de las lamas que entor- 
pecen su curso. Desde su unión con Maicocueva se llama rio 
Grande i se junta mas al Norte con el rio VtzcachiUae^ que recibe 
también varios afluentes del Norte; por fin, cerca de Purilari, se le 
junta el rio Galera^ que baja de los nevados de Lfi)ez. Hai hacia el 
oriente otros tributarios de esta hoya, como el rio de Aguas Qz/íeyí- 
tes, pero sus aguas no alcanzan a reunirse con el rio principal. El 
rio Grande de Lípez tiene su resumidero poco mas al Norte del 
punto en que lo cruza el camino de Guanchaca i allí principian las 
estensas pampas que Beck llama las grandes salinas. 

Los confines orientales de la hoya del rio Grande, son probable- 
mente las cumbres de la cordillera real; en cuanto a los occidentales 
son la hoya de Pozo Blanco, Pasto Grande i Laguna Colorada, de 
que hablaremos después. 

Hoya de Caboote. — Su estremo SO. está ocupado por la üa- 



¿ÉSCEÍPCION JENEKAL DE LA PUNA. 209 

gw^a Verdtj que es salobre^ pero en cuya proximidad hai ojos de 
agua potable. 

Tributaria de esta hoya es la quebrada pastosa de Caichape. 

Hoya de Ascotan. — Las orillas de esta estensa pampa contienen 
varias lagunas saladas; la única quebrada afluente que conocemos 
es la del CdxjUaVy mui pastosa desde su oríjen; es probable que 
haya otras por el lado opuesto. 

£a CkuUunque^ Tapaquilcha i Ramadüas, hai lagunas que aco- 
pian las aguas de los respectivos arroyuelos. Sus hoyas son muí 
reducidas. 

Mucho mas estensa es la de Pastos Grandes, cuya laguna es tam- 
bién vasta, aunque parece somera; le afluyen muchas quebradas del 
Norte i del Este, todas con agua dulce^ entre ellas la de Manca- 
*htuíico, con algún pasto, i las del QueñücJ, mui vegosas. 

Separada de la anterior por los cerros del Quellual hai otra hoya*. 
da, la de las Minas, que contiene varias lagunas; la mas setentrional 
es alimentada i)or el rio Catal, proveniente de las nieves de los 
ceri*oe de Chuhuilla. 

Al SO. de las anteriores se halla la Laguna Colorada, que no 
conocemos, pero que hemos oido nombrar como la mas estensa de 
esta rejion. 

Pasando por alto esa parte inesplorada, llegamos a una hoyada 
bastante estensa ocupada por un salar i que recibe por el Esto el 
arroyo de CJiarviri i por el Sur los de Puripica e Inga, mas pas- 
toso que el anterior. Es probable tenga por el poniente otros tribu- 
tarios. 

Al Sur de esta hoya se halla la de Aguas Calientes, receptáculo 
de varios arroyos de ese nombre, unos al NE. i otros al SE. 

Al oriente de las hoyas anteriores hai un gran trecho incsplo- 
rado cuya topografía es de seguro semejante a la de aquellas. Allí 
existen las ciénagas de Zapaleri i de Lina. 

9. — H0YA8 DB LA PUNA DE ATAOAMA AL SUR DEL GRADO 23 

La parte de la Puna que no hemos recorrido contiene varias ho- 
ya» con salares i lagunas, cuya estension e importancia son desco- 
nocidas. 

Enumeraremos la de Chibarea i la de Caurchari al oriente, i el 
salar de Rincón i otros sin nombre, al poniente. 



20ÍI , ^s ^TACAMA 



...^-^ 



í^^^^'^^/Sat^/í? sin reconocerlos por completo 
^'-^^^'^''^''^^^^^^'^^^^ ^^^ ^^ ^^^^''0} ííonde afluyen 
A'^^Lf/^^* ^^/^ dQ C^«" * ^® Cavi, i suponemos también, 
/, /ií^,/;,y //<"^^je fncaliuasí i de Tolar Grande, según datos 

^^^'Tl»<^^^"^^\osg^^^' '^^ ^' centro existe la estensa llanura 

^'^iií*í'^^''/^,j /as quebradas de Ouaitiquina, Catua i jFoWa 

/S'<^^ ^^"L/i/*"*^' ^'^^ ^'® PocíííM, donde baja la quebrada de 

Quirof^ Je JoíJ anteriores se encuentran las lagunas ¡ salares de 

Grande* de donde se esti*ae mucha sal. 

ir notable entre todos el prolóngalo salar de AntofaUa, cuyo 

ríen por «' Norte lo forma un arroyo salado que pasa por entre 

. Cioiiaga del Agua Mala i la pascana i vega del Cortaderal^ de 

donde sale un arroyo de agua dulce. Este salar recibe por el oriente 

el cliorix) de las Agwis Calientes, que forma una laguna; mas al Sur 

el arroyo encajonado de los Goloradoa, que nace de las nieves de 

Calalaste; mas al Sur aun recibe también la quebrada del Diablo^ 

que forma probablemente su estremo meridionul, 

Por el poniente circundan este salar las estensas vegas de Potrero 
Garande, la quebrada de AntofaUa, cuyo arroyo lleva un buen cau- 
dal de agua durante cuatro leguas, la de Tebenquichu, la de Antofa' 
Uitaf i sin duda varias otras que no conocemos. La forma de este 
salar, como puede verse en nuestro mapa, es mui estrecha i su con- 
junto se asemeja a la tilde de una ñ. 

Al oriente de la hoya de Antofalla, liai varia? otras que solo he- 
mos entrevisto. La mas notable es la que tiene bu resumidero en la 
laguna del Hcñmbre Muerto, alimentada principalmente por las 
aguas de un rio cuyo primer curso es de Sur a Norte, entre la sierra 
de Incahuasi i la divisoria; este rio se llama de Aguas Calientes i 
corre mui ahocinado entre paredones ti'aquíticos; su caudal es mui 
regular i se acrecenta con el rio de los Patos, ancho estero arenoso 
que nace en la frontera arjentina; el rio así formado corre un buen 
trecho al Norte i describiendo un semicírculo, corta la sierra de In- 
cahuasi i forma entonces la laguna que hemos nombrado. 

Como hoya hidrográfica, la que mas merece este nombre, en la 
parte meridional de la Puna, es la de Antofayasta, en la laguna de 
cuyo nombre se apozan las aguas de varias corrientes. La principal 
de ellas es el rio de la Punilla que nace poco mas al Norte de la 
pascana de ese nombre; júntasele luego la quebrada de Cancha Ar- 
golla i otras varias cuyos valles son pastosos; mas al Sur su caudal, 
ya respetable, recibe otro casi igual que brota en el Chorrillo por 



í)ESORIPCIOX JENÉkÁL 1>E LA 1>ÜNÁ« 21 1 

entre las piedras esquitosas de un cerro. A pocos quilómetros hacia 
abajo del Chorrillo se reúnen a este rio varios arroyos^ entre otros 
el de CurtUoy i en el punto denominado Paiouqae se ensancha la 
vega i el rio toma el nombre de La Sala, por unas casas que hubo 
cu sus riberas. £1 rio dp La Sala recibe aun dos afluentes impor- 
t^mtcsy el rio Nirkuaoa i el rio PiUoBj ambos proveuientes de las 
nieves del cerro Laguna Diamante i del cerro Colorado. 

£b probable que el rio de La Sala engrosa también su caudal con 
filtraciones de las v^as de Mojones i del rio de CalalasUf cuyas 
agtms no llegan hasta él \k>t la superficie; este último nace en el 
Oio de Calalatley mui cerca de las cumbres nevadas de ese nombre, ¡ 
forma lu^o una hermosa vega, que se ensancha a cada paso con 
rinconadas mui {lastosas, donde se le reúnen pequefias corrientes; 
las creces del rio de Calalaste deben ser mui grandes, a juzgar por 
la erosión producida en la {Nirte baja del valle i los estensos pedre- 
gales que rodean el lecho del estero. 

Pertenecen a la hoya de Antofagasta varios otros valles cuyas 
corrientes no llegan a la laguna; tales son, al poniente, las de Cor* 
toderas. Curato i otras varias. 

Al Sur de Antofagasta hai otra hoya i salar, separada de aquella 
l)or una cadena volcánica; es la de Carachapampa, resumidero de 
las aguas del rio Pirica; a esa hoya i)ertenece sin duda la quebrada 
del Pefíon, situada mas al Sur. 

Fuera del distrito de Antofagasta, en territorio arjentiuo de las 
provincias de Salta i Catamarca, tenemos aun las hoyas de la La» 
ffuna Blanca i la Hoyada de Minas, donde afluye la quebrada lla- 
mada Pasto de Ventura; parece que ambas ocui)au un nivel algo 
inferior al de la Puna. 

No sabemos donde lleva sus aguas la quebrada de Han Buena» 
ventura, cuyo valle hemos visto mencionado en la obra de Moussy, 
i cuya posición hemos indicado según los datos, algo vagos, de nues* 
tro vaqueano. 

Mencionaremos en la rejion mas alta de la Puna meridional de 
Atacaroa, las hoyas i salares de Breas i Loroguasi i de Laguna Bra» 
va en el camino de Antofagasta a Copiapó. Mas al Sur, en el térmi- 
no de nuestro mapa, la Lagwia Verde i la importante laguna i 
dei)6sito de bórax de .\faricunga, de cuya hoya son tributarios el rio 
Lamas i varias quebradas. 

Al Norte de la anterior i algo al poniente se halla el salar del 
Pedernal^ donde también hai bórax. Este salar recibe las filtracio- 
nes del rio de la Ola, que nace en la pascana i vega de Pasto Largo, 

27 



212 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

siendo su anuente el rio Juncalito por el oriente. Otro tributario de 
cst« salar e» la quebrada del LeoncitOy también vegosa. 

Por fin^ en el borde occidental de la i*ejion enteramente incsplo- 
rada de este desierto, se conoce la existencia de varios salares i la< 
gunas, nombradas de InJieleSy la Isla, de LinderoSy del Volcan, 
sobre los cuales no tenemos mas datos que los nombres que mencio- 
namos. 

La enumeración que hemos hecho es sin duda mui incompleta; 
no dudamos que existen en la I'una un gran número de hoyadas 
¡nesploradas ¡ probablemente que nnichas contienen bórax i otras 
sustancias que serían esplotables si no fuera tan grande su distancia 
de todo camino trafícable. 



10.— HOYAS DE LA PUNA DE JUJUI. 



Según el doctor Brackebusch, son tres: 

Laguna de Los Pozuelos. — A su cuenca pertenecen: 

El rio Santa Oatalinay que nace en las rcj iones auríferas de Te- 
mon Cruz i que recibe una cantidad de otros arroyos auríferos; pasa 
|K)r la orilla de Santa Catalina i dobla al SS. para perderse en la 
laguna mencionada^ de un largo de 30 quilómetros i de un ancho de 
10 a 15. 

El rio mencionado, como también la laguna, están en tiempos se- 
cos jeneral mente sin agua i formados solamente de pantanos. 

El rio Oincd, cuyas cabeceras se hallan en las sierras de Inea- 
huasi ¡ Coranzuli i que atraviesa el Valle Ancho, entre las sierros de 
Cabalonga i Cochinoca. Una cantidad de arroyos auríferos que ha- 
jan de dichas sierras se junUm con este rio: los de Troya, Santo Do- 
mingo, de la Rinconada, etc. Todos ellos alcanzan en tiempos llu- 
viosos al rio i a la laguna. 

Laguna de GuaYatayo. — A su cuenca pertenecen: 
El rio de Alnupampa^ que nace en las alturas entre las abras 
de Tuctuca i Yuyotayej; pasa por las serranías de Cangrejos, toma 
de allí su rumbo al Sur, pasa por Abrapampa i Sliraílores i recibe 
cerca de Sayata el rio de las Doncellas^ que nace en la sierra de Ra- 
chalte, al SO. de Cochinoca, como también el rio Casabindo i el rio 
Negro, que se i)ierde en la laguna de Guaya layo, de un largo de 20 
quilómetros i de un ancho de 10 quilómetros. 






DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 213 

£1 rio de la* Barras^ que nace en las cordilleras de Susques i de 
Rosario, en Solivia; forina en seguida el límite con Salta, sale cerca 
del cerro Negro de la Sierra i entra en la laguna al Este de la Rin- 
conadilla. 

Salinas grandes de la Puna. — Al Sur de la laguna de Gua- 
yatayOy pero sin relación oou ellaj se propaga la hermosa Salina de 
la Puna^ de un largo de 50 quilómetros i un ancho de 20 quilóme- 
troSy que en el tiempo de las lluvias se llena con agua» alimentada 
]K)r una cantidad de arroyos que nacen en las cordilleras adyacen- 
tesy por ejemplo, rio Grande, rio del Saladillo, rio de Moreno, de 
Acay, Cerrillos, Rangel, etc. 



11. — FOBMAaONES JE0LÓJICA8. 



Aunque no pretendemos hacer un estudiojeolójico completo de una 
rejion que hemos recorrido a la lijera, podemos, sin embargo, reunir 
nuestras observaciones sobre la constitución del terreno con las mas 
autorizadas de algunos jcólogos que han ejercitado sus conocimien- 
tos en los territorios chileno, boliviano i arjentino que rodean la 
Puna atacamefia. 

Uno de los mas notables entre ellos, el sefior Pissis, ha echado las 
bases de la jeolojfa de la cordillera de los Andes, estableciendo cla- 
ramente el orden en que se suceden las diversas formaciones estra* 
tiBcadas ^. Partiendo de esa clasificación, podemos enumerar como 
sigue las formaciones que se sobreponen en las cordilleras de l.'i Pu- 
na, i sus bases oriental i occidental, entre los grados 21 i 27 de la- 
titud: 

Esquitas cristalizadas, 
i Areniscas micáceas, pizarras i cuarcitas. 
Formaciones estratificadas.. Areni%as rojas. 

/Arcillas yesosas i salinas. 
V Margas calizaSé 

/Granitos i sienitas. 

I Pórfidos. 
Basaltos í fonolitas. 
Traquitas. 
'Escorias i lavas. 



1. Jcografia física de la República de Chik^ páj. 48, i Ammlcsdcs Mines^ T séricj 
Mémoires^ Tomo III, 1873. 



Sll4 LAS OORDltLERAS DE AtACA^A. 



Dejando a un lado las diversas cuestiones que pueden suscitarse 
sobre la edad i caracteres particulares de cada una de estas rocas, 
nos llniitaremas a indicar las localidades donde se encuentran. 

Esquitas cristalizadas. — Las rocas de estíi formación que 
existen en la Puna i en su base oriental son c\ gneis, la mioasquUa i 
]i\9 esquitú'S pizarrosas. Según Pissis «en Bolivia estas esí^uitas forman 
toda la vertiente oriental de los Andes; son esquitas satinadas que 
alternan con capas de cuarcita i de esquita silicosa* El gneis no se 
muestra inmediatamente sobi*e estas esquitas; queda separado |)or el 
granito». 

Según el sefíor Moussy, se encuentran estas mismas rocas en las 
sicrius de Áconquija i Calchaqui, i nosotros las hemos hallado en la 
pascana del Chorrillo, al Norte de Antofagasta, donde aparecen es- 
quitas pizarrosas entre las corridas tmqufticas. Donde hemos visto 
las mas poderosas formaciones de gneis i de micasquita es en todas 
las sierras i quebradas que forman el descenso de la Puna hacia los 
valles de Tacuil i Molinos. 

Por fin, las esquitas cristalizadas aparecen también en el litoral 
del desierto de Atacama. 

Areniscas micáceas, pizaruas i cuarcita?. — También son i)e- 
culiures a la rejion oriental de la Puna. Sin embargo, parece que en 
Bulivia las hai en la parte occidental de la cordillera Real, estén- 
diéndose hacia Potosí. El doctor L. Brackebusch las ha encontrado 
en la provincia de Jujui, donde forman: 

«rP La sierra Cabalonga, que contintiaal Norte por la Rinconada, 
Santa Catalina, i que corre en Bolivia en dirección a Estarca i Tu- 
piza, con una altura media de 4500 metros. Al Oeste queda limita- 
do por el rio San Juan, al Este por los llanos del rio Cincel i de los 
Pozuelos, i al Sur se acaba entre rocas traquíticas cerca de Casabindo 
i Rachaite. 

Este distrito, que se compone principalmente de pizarras i grau- 
wackas (areniscas pizarrosas) está cortado por varios filones t raquíti- 
cos i un sinnúmero de vetas de cuarzo aurífero, las cuales, como 
sus aluviones, constitiiye;i en los departamentos de la Rinconada i 
Santa Catalina, su r¡(|iieza en oro. 

2° La sierra de Cuchi noca, formada de pizarras i grauwackas... 
También está cortada i>or filones tra([UÍt¡cos i vetas de cuarzo aurí- 
fero... 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE L\ PUNA. 215 



3^ La sierra de Agiiilar, que se comi)onc principalmente de pi- 
zarniy mientras que la falda occidental se forma de granito»... 

El doctor Brackebusch ha encontrado también la misma forma- 
cion rica en fósiles entre Jnjui. Salta i el camino de Quachipas: 

«Es bien claro, dice este esplorador, que en el tiempo limitado 
que tenía a mi dispasicion no he podido hacer un estudio det^iliado 
de esta cordilleni inmensa, i que he tenido que contentarme con las 
observaciones hechas en las jornadas estrictamente prescritas. Pero 
considerando que en todos los puntos por donde crucé las sierras 
mencionadas, tenía la satisfacción de hallar las capas fosilífcras, co- 
mo ser en Portezuelo de Salta, i al Norte, en los rios que bajan del 
Castillo i de Chafli, i en los que Inijan al oriente de la sierra de Til- 
cará, etc.. presentándase en todas partan, bajo el mismo carácter 
paleen tolój ico i j)etrográí¡co, las cuarcitas fosilifcius interpuestas 
entre las pizarras i grauwackan». 

También se ve esta formación pizarrosa en la parte de la provin- 
cia de Salta que hemos recorrido, al Norte de Molinas, en la que« 
brada de Luracatao, hasta cerca del abra de Tolar, donde alternan 
con rocas plutónicas. 

Areniscas rojas.— El seflor Pissis caracteriza esta formación 
del modo siguiente: 

«Las rocas que la componen son conglomerados formados por la 
reunión de fragirontas mas o menos voluminosos de rocas rodadas, 
de areniscas, de arcilla endurecida i de jaspe. To<las estas rocas fe 
distinguen a primera vista de las anterioras por su color de un rojo 
mas o menos oscuro, debido a la presencia del peróxido de fio- 
rro»... 

Esta formación debe formar la base continua de toda la rejion de 
la Puna, puesto que aparece a ambos lados de la altiplanicie i aun 
en algunos puntos de ella en Bolivia. La vemos aparecer en conglo- 
merados al i>onien(e de las lomas de la Sal (hoya de Atacamr.) i 
en areniscas mas finas alternadas con mantos de barrilla de cobre 
en San Bartolo; esta misma formación es la que reaparece en Caran- 
gas i después en Corocero, donde lleva también barrilla de cobre. 
He muestra también a trechos en la costa de Tarapacá i Atacama. 

Hai en la Puna vurias pascanas que llevan el nombre de Loa To- 
loradoSf a causa del color de. los cerros que las rodean. La superficie 
de éstos está cubierta jeneralmente por una materia pulverulenta 
terrosa de color rojo que proviene de la descomposición de la roca; 
QSÍR tiene un as{)ecto porfirice i 1^ mencionamos entre las areniscas 



I 



216 LAS CORDILLKBAS DE ATACAKA. 



basándonos en una observación del sefior Pissis sobre algunas rocas 
del Sur de Chile, que no son otra cosa que areniscas nietamorfosea- 
das al estado porfírico. 

Donde a|)arecen con toda claridad las areniscas rojas es en la 
proximidad de Molinos, donde se sustituyen a la formación esqui- 
tosa de la falda de la coixlillera; esas rocas tienen allí un matiz ¡lar- 
duzco i violáceo. 

Esta formación se prolonga además hacia el Norte hasta Bolivia 
i hacia el Sur hasta cerca de Tucuman, según el seftor Brackebusch, 
que las ha hallado en el valle de Lerma, quebrada del Toro, al pié 
occidental de las sientas do Chafti, de Humahuaca, etc. Este jeólogo 
liarecc incluir entre las areniscas otros terrenos estratificadas de que 
vamos a hablar i que el seftor Pissis clasifica como i>crtenecicntes a 
otra época distinta. 

Arcillas yesosas i salinas.— El autor que acabamos de nom- 
brar las describe como «capas arenáceas i arcillosas, teftidas de vcnlc 
i rojo i en las cuales se encuentra frecuentemente jipso (yeso) i 
sal jema»; con este asi)ecto se presentan efectivamente desde el 
Bordo (camino de Caracoles, a Atacama) hacia el oriente, i en los 
cerros de la Sal, desde donde se prolongan para el Norte hasta 
San Bartolo, cubriendo las ai*eniscas rojas, i ofreciendo a la vista 
capas delgadas de sal i yeso. 

En la<Puna se halla esta formación en todis los salares que he- 
n.os visto i especialmente en el de Antofalla, donde hai verdaderos 
cerros de jii)so trasluciente; al Norte de ese salar hai cuchillas 
i agudos lomajes de arcilla roja desmoronadiza, mezclada con sal i 
yeso, i esa formación [carece prolongai*se mucho hacia el Norte. 
Cerros del mismo aspecto hemos divisado también cerca de la lagu- 
na de Pastos Grandes, al Sur de la carretera de Guanchaca, entre 
Tapaquilcha i Vizcachillas. 

Ijas arcillas i areniscas yesosas cubren también la formación de 
areniscas rojas en las provincias de Salta i Jujui; el seftor Brackc- 
buscli las ha encontrado igualmente en la quebrada de Humahuaca 
i en los distritos al Norte de Tucuman. Hemos dicho ya que este 
jeólogo identifica es'a formación con la de las areniscas rojas, i en 
ese concepto dice que es mui abundante en las últimas el cloruro de 
sodio o sal común. Sin embargo, este hecho cuya efectividad no po- 
demos contradecir respecto de las rejiones que ha visitado aquel 
esplorador, no nos parece indicar que el oríjen de los depósitos sa- 
linos 80 enciientre eu esas (\reniscas: ci*eemos |K)r el contrario que la 



DESC^RIPCION JENERAL DE LA PUNA. 



217 



mayor parte de estas rocas no contenían nal cnando se fonnaion, i 
qne ese elemento les proviene de las arcillas por filtraciones poste- 
riores; así se esplicaría el hecho de haber vertientes de agna dnlce 
en la proximidad de estas formaciones ¡ que se convierten en arro- 
yos salobres en la superficie donde se encuentran con esflorescencias 
i dei)ós{tos salinos. 

Margas calizas. — Las rocas calizas se muestran de un mmlo 
muí diferente a arabos lados de las alturas de la Puna. Al poniente 
son las margas de Caracoles que contienen las conchas fósiles que 
le han valido su nombre a ese mineral. El sefíor Pissis dice que esa 
formación no existe en Bolivia; sin embargo, hai rocas calizas en el 
volcan Tatio i en las fahUis del Oyagua, pero no son margosas i es 
|>os¡ble que el carbonato de cal que contienen sea producido por 
ciertas reacciones del jipso sobre las arcillas yesosas. 

Al oriente de las cordilleras atacamefias aparece una formación 
caliza probablemente mas moilerna que la de las margas jurásicas, 
a juzgar por los fósiles que ha encontrado en ella el seflor Bracke- 
bnsch; es la formación petrolífera, la cual ha sido el principal 
objeto de estudio de este sabio profesor. Dejando a un lado las elu- 
cubraciones jeojénicas, creemos de interés industrial dar a c*onoccr 
en Chile esta formación que no existe en nuestro pais. Encima de 
las areniscas rojas, separadas a veces de ellas por cuarcitas, se alter- 
nan las calizas, doloniias,* margas i oolitos; estas rocas son las que 
con.stituyen el terreno petrolífero. 

«En muchos puntos, dice el seflor Brackebuscli, puede verse como 
el petróleo gotea de las rocas bituminosas ¡ se infiltra en otras capas 
que alternan con las calizas, entre las cuales predominan margas 
blandas de color rosado i gris azulado o conglomerados de material 
medio suelto. Estas son las capas mas injportantes i en ellas se debe 
fijaren j>rimera línea el esplotador del petróleo, porque ofrecen la 
ocasión mas favorable para la acumulación de la materia en depó- 
sitos subterráneos, que una vez perforados suministrarán con gran 
facilidad el aceite nn'neral. El contenido de esta materia bitumi- 
nosa en las piedras alcanza a veces a 25 por ciento i tal vez mas. 

Las piedras se encienden con facilidad ¡ arden en el fuego con 
llama larga i olor bituminoso, circunstancia que ha propagado entre 
los naturales la opinión de que es carbón de piedra j» ^, 

El autor citado pasa después a describir la estension de Jas capas 



J. /''flcíin (k ¡a Accnhiaia Nacivnal de Ciencias de Córdoba, tomo V, páj. 170. 



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218 LAS CORDILLERAS UE ATAOAMA. 

])etroIífenis'^que principian oeroa de Tucumaní Bigniendo al Norte 
por el oriente del rio Salé; las liai en la quebrada de Ilumahuacay 
cerca deTumbaya i Palraamarca; i)ero su gran desarrollo está en la 
falda oriental de las montanas jujuefias i en la tenencia de Oran. 
También se muestran en el valle de Lerma, quebrada del Toro, 
Puna de Jujui i se prolongan hacia el territorio boliviano. 

Tal vez contemporánea de esta formación es la caliza terciaria de 
Chile que contiene las lignitas de Lebu, Lota, etc., i que vuelve a 
encontrarse al Norte en las llanuras del desierto i en el valle del 
Ijoa. Según el sefior Pissis, a esta misma época {pertenecen los de« 
pósitos de sal jema i de salitre de Atacama i sin duda también sus 
conjeneres de la altiplanicie de la Puna. 

Bocas plutónicas. — Granitos i sibnitas. — Como el aspecto de 
aml)as rocas es mui semejante, no haremos aquí distinción entre 
ellas; solo diremos que la sienita ¡lareoe predominar al occidente i 
el granito al oriente de la Puna. En el desierto de Atacama las 
rocan graníticas dominan desde el Norte de Caracoles, en Sierra 
tíorda i en Limón Verde; lo mismo sucede, según nos ha dicho el 
sefior Samuel Valdés, en las sierras metalífei*us al Norte de Calama, 
donde no se encuentra ningún terreno estratificado. 

Las rocas graníticas forman grandes masas, según el doctor 
Philippi, al Sur de la hoya de Atacama, en los altos de Pingopingo 
i las serranías de Sandon i Vaquillas. 

En nuestras travesías por la Puna solo hemos encontrado rodados 
graníticos, de modo que no |Kxlemos juzgar del espacio que abarca 
dicha formación. 

Hacia el oriente de la cordillera, los granitos apai*ecen, según el 
doctor Burmeister, en el ascenso al paso de San Francisco; hc hallan 
según Mousfly en la sierra de Aeonquija i sus prolongaciones, i por 
fin, el doctor Brackebusch dice que se hallan también en la Puna 
de Jujui «donde forma la sierra al Oeste de las Salinas, como con- 
tinuación de las sierras Cachi i de Acay i termina cerca de Casa- 
bindoii... 

PÓRFIDOS. — Muchas variedades de estas rocas se estienden |>or 
la superficie del desierto i de la Puna; casi todas ofrecen una masa 
homojénea en la cual están diseminados los diversos pequefíos cris- 
tales que caracterizan cada especie. 

Una gran estension de pórfidos rojizos metam6rfic(KS is la quo fnr- 
fpa los cerros de Caracoles, cubriendo las caims de margas. En tixla 



DESCRIPCIÓN JENEKAL DE LA PUNA. 



219 



la falda del cordón occidental de los Andes atácamenos, cerca del 
Licancaufy en las inmediaciones do Socané, etc., a|>arecen cerros 
enteros de masas porflricas de divei*808 colores i caracteres; en Üá- 
niar forman toda la base del terreno que Ior desbordes de las que- 
bradas habian puesto de manifiesto cuando pasamos por ese punto. 

£1 doctor Philippi ka hallado varias clases de pórfidos en su 
esploracion por el occidente de la cordillera, donde forman serranías 
enteras, como el alto de Varas i la cadena del Indio Muerto 

En la Puna puede decirse que el elemento porílírico es el do- 
minante; forma la gran mayoría de las serranías que dominan a 
los salares, i los destrozos angulares de estas rocas cubren muchas 
leguas de superficie. El camino entre Socompa i Samenta está 
cubierto de estos escombros de una roca sonora, que por su desgaste 
pulverulento i arcilloso revela ser felspática. 

Hemos visto nuevamente los pórfidos en la quebrada de Anto- 
falla, en la de Calalaste, donde se hallan cortados por vetas de 
cuarzo; mas al Norte en las serranías de Pastos Grandes, en Qui- 
ron, donde son mui abigarrados, i en otros puntos. Mas escasos son 
en la Puna al Norte de Atacama, pero es debido a que los cubren 
las rocas volcánicas de que hablaremos después; sin embargo, apa- 
recen en los cerros de Ascotan, Chela, el Quefiual, etc., donde he- 
mos encontrado también rifiones de sílice amorfa, o cuarzo lechoso 
entre los escombros porflriccNS. 

Al oriente de la Puna parecían tener poco desarrollo; el sefíor 
Moussy no los menciona; i el sefior Bruckebusch solo habla de ro- 
ciados i filones de i)órfido8 en las cordilleras altas de Jujui. 

Basaltos f FONOIJ FAS. ^Aunque estas rocas pertenecen a dis- 
tinta clasificación, las reunimos aquí, porque, c-omo hemos dicho yn, 
tratamos de agruparlas •)or su aspecto esterior, el cual es mui seme- 
jante res|)ecto de las dos que mencionamos, aunque su oríjcn Fea 
distinto. Hemos oído mencionar la existencia de basalto en ¡a parte 
alta del Loa, en las serranías del occidente; nosotros solo hemos 
visto rocas que se le asemejan en la pascana de Socompa, i creemos 
que sean mas bien fonolitas, pues su aspecto no es volcánico; es un 
dyke de prismas inclinados mui pansidos a los del cerro de Santa 
Juncia en Santiago. 

El sefior Brackebusch cita la existencia de rocas basálticas en dos 
o ti*es parajes de la provincia de Jujui. 



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TuAQüiTA.— Bajo este nombre reunimos anuí todas las rocas | lu- 

28 



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220 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



tónicas i volcánicas que se refieren a este tipo, desde la traquita 
cuarcífera hasta la mas porosa qne ofr:ce la gradación a la piedra 
pómez. 

Tanto la constitución íntima cuanto la forma de esta clase de 
rocas varía hasta lo infinito* Solo el modo como se ha producido la 
formación parece ser siempre el mismo: un derrame volcánico. En 
efecto, sean traquitas compactas o conglomerados porosos, hállense 
en las laderas i declives formando vastas cx)rrida9 o en las cumbres 
m:is elevadas bajo la forma de ci'ipulas, siemprc pi*esentan una su- 
l>crficic superior plana mas o menos nivelada. Aun cuando se vea 
solo bloques desparramados que parecen enormes coágulos, subiendo 
a uno de ellos se ve que por mui irregular que sea su perfil lateral, 
la su|)erficie sujierior es casi horizontal i se prolonga por sobre los 
demás bloques. 

Principiando por el Norte, se puede decir que toda la falda occi- 
dental de la cordillera de Tarapaca hasta el nacimiento del Ix)a os 
una capa casi continua de traquita; esta roca es allí rojiza i tiene 
tendencia a partirse en cubos o paralelipípe<1os. No conocemos la 
quebrada del Loa, pero en el orfjen de sus afluentes orientales, en 
Caspana, hemos visto la misma traquita que en Tarapacá, i ésta se 
estiende sobre las areniscas en San Bartolo, en la falda del Lioan- 
cur, del Tumisa, etc., i el doctor Philippi dice en su Viaje al De- 
aieiio que desde la EncaiUada a San Bartolo el suelo al Este del 
camino es una capa continua de traquita. 

En el centro de la Puna liai una segunda corri<la de traquita 
paralela a la anterior; se la ve en las cumbres del A ral i del Ta- 
])aquilcha, en Torquo, Maicocueva 1 Queflual. Iíeaj>arecc en el 
alto de liari, en Guaitiquina, i corre probablemente por ese meridiano 
hasta formar las vastas capas de Antofalla i Antofagasta. La tra- 
quita de este último punto es mui compacta, clara i Iivia..a. 

En la parte oriental de la Puna hai también rocas de e.ta dase 
que mas bien pueden llamarae conglomerados traquíticos, i fu ft»r- 
ma esterior es la de un ténipano de hielo medio derretido; estas 
rocas volcánicas son las que forman las quel)rad;is de Aguas Ca 
Tientes, cerca de Incahuasi, la eiboccra tic Tacuil i otros, i en el 
Norte la bajada de Quehuacucho i el rio de Quctena. 

En los confines de la Conderacion Arjentina abunda igualmente. 
«La traquita i sus tobas, dice el doctor Brackebusch, forman to<lo 
el terreno a los dos lados del rio de San Juan Mayo, distinguién- 
doísc por su altura i formas pintorescas el corro de las Granadas, el 
corro Colorado, el de Galán, etc.» El mismo doctor las njonciona 



desi;kik;ion jenekal de la puna. 221 

lanibieti on las síerrafi de Cabalon^B, de Coctiiiioe», «le Üliatli, i 
ngrega: 

■Esti roca es tle Kuina Íin|K>rlaia'¡a oii la tniíicrfa, porque a clin 
tielie atribuirse lu exis(cncia <le una gran cantidail tle minas de uro 
i galena arjaiitífei'a en lu provincia de Jujni >. Inflistii-cmos 8obi-c 
este hecho i otros análogos al tratar de las minas de oro. 

EacoRiAS I I.AVAH.— Diflvilmeiite habrá nua rejion que dé mas 
muestras de eni|x:Íone9 volcánioas que lu coi-dillera de Atncama i 
su prolougacioo al Norte. En primer Ingar, i formando una Imnsi. 
cion cutre las tmquitas i los ceniuis volcánicas, cxislcn potentes i 
cstciisas CAjias de conglomei-ados compuestos de picdm iWímez, des- 
trozos de rocas platónicas i cristalilos de f(;Ispato. Kstos couglome- 
rados, que eegun el sellor Fi^sis, so|M>rtaii los conos volcánicos de 
Sajama i Taconi en ta cordillera de Ta(»ia, lus hemos encontrado 
también alternando con trjquitas rojizas en las faldas del Licau- 
caur i cerca de Sanienta: sin duda son estas las tobos traquítiois 
que tanto menciona el doctor Brackebusch. 

ÍM piedra pimez, solo la liemos visto eii grandes cantidades aire* 
dedor del volcan Socoin|)a, donde cubre estejisas lomas i todos los 
ángulos entrantes de la áspra su|>erfície del nevado. En las otras 
jiartes donde liemos hallado piedra pómez, en la l'una, han sido 
rodados provenientes de los conglomerados tle que liemos hablado, 
Ijq escoria negra i conquicta es muí abundante al oriente del 
conlon occidental de loa Ande», ya formando venladeras corridas 
(le lava como tas que se desprenden a larga distancia del cono de 
Soconi|ui, j-a eu cráteres Ikijos como los hai cei-ca de Aiitofugasta i 
a inmwliacionea del volcan Oyagua, ya bajo la forma de piedras i 
Iwfla^xM negros i^ue han ■sido proyectados a largas distancias. Do 
esto» rapUfi ha encontrado el doctor P]iili|i])i al occidente do h» 
Andes. Mas al Sur de la aldea de Antofagasta {mrece que hai esco- 
rias niui lit^itrosns, según he oido a los habitantes de ese punto; 
deben ser olisidiaiías, i no loa hemos visto eu otra i>nrtc. La» esco* 
rías de que hemos hablado son nías bien rctinitas, pues su estructura 
sin ser tan vidriola como la obsidiana, es mas liomojCnea que la 
fonolita i los pórfidos cum|)actos, de los cuales se distingue también 
por BU color mas oscuro. 



222 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 



12.— SUSTANCIAS MINERALES. 

Formación de los salares. — Casi nadie ignora hoi que el 
desierto de Atacama encierra grandes hoyadas que son el recipiente 
de estensos depósitos salinos; este hecho, que en la rejion de la costa 
se puede observar desde la quebrada de Camarones hasta la de Tal- 
tal, se reproduce en la altiplanicie boliviana i en la Puna alaeame- 
na, desde la ciénaga de Coipasa hasta la laguna de Marieunga por 
el Sur, i las Grandes Salinas de la Puna de Jujui |K)r el oriento. 

El as|>ecto ¡ el contenido de estos depósitos salinos es inui diver- 
so; mientras en las alturas de la costa encierran abundancia de sa- 
liti*e o nitrato de soda, en la rejion sub-andina contienen sulfato de 
cal, sales de raagne-tia i sal común; en el centro de la Puna, varias 
clases de boratos, i las nías orientales se componen de una capa de 
sal común directamente utilizable. 

El oríjen de esta clase de de|)ás¡tos ha cscitado, como es natural, 
el mas vivo interés científico; pero a nuestro juicio las teorías que 
han sido espuestas sobre su formación, adolecen de la falta de base 
suficiente, por haber sido demasiado restrinjido el campo de es- 
tudio de sus respectivos autores. Así vemos que el señor Pissis, 
que se ha dedicado al estudio es[)ecial de las salitreras, ci'ce que to- 
das las sales que estos depósitos contienen provienen de la d&scom- 
posicion de I&s rocas felspáticas, i deja sentado el hecho de que en 
ninguno de ellas existe formación alguna estratificada, negando ter- 
minantemente que tengan relación con alguna formación marina ^ El 
doctor Brackebusch, por su parte, dice que «las salinas del interior 
de la República Arjentina deben su orijeu a las enormes formacio- 
nes de areniscas que probablemente se han formado al fin de la 
^M>ca jurásica (Pissis las califica de permianaA) i a principios de la 
cretácea^ i las cuales cubren desgraciadamente inmensas rojiones de 
ese pais. 

En todas partes donde hai salinas, se observa estas areniscas, en 
su mayor parte de color rojo; astas areniscas fueron antiguos sedi- 
mentos marítimas i conservaron una cantidad de sal que contenía 
la mar, en cuyo borde i fondo se formaron ^ ». 

1. liLfonne sohrc el Desierta) de Ataanna, etc., § V, Oríjen del salitre. 

2. Kl señor Pissis tampoco admite que estas areniscas se hayan fonnado en el 
mar, pues ><Ia falta absoluta de todo resto de animales marinos, así como la pre- 
sencia de vejetales que suelen crecer en lugares pantanosos, parecen indicar que 
las areniscas coloradas de Chile so han formado, no en el mar, sjnó en grandes 
depósitos o lagunas m. {Jcogm/la Fínica, páj. 63). 



Í)ESCRÍPClON JENEUAL DE LA PUNA. 



22á 



¿Será necesarío admitir que las dos teorías son verdaderas i que 
{X)r tanto los de|)ósit06 salinos de Atocama tienen un orljen diverso 
que los de la Arjentiua? No lo creemos asf^ iK)rquc en nuestro 
viaje hemos podido observar la sucesión no interrumpida de esta 
clase de formaciones desde el litoral del Pacífico hasta las provin- 
cias arjentinas. 

Por otra parte, la falta de fósiles del reino animal en las arenis- 
caSy tanto en Chile como en la Arjentina, pai*cce indicar que su 
formación no es marina sino fluvial o lacustre, i creemos que la 
presencia de la sal cuestas ai*eniscas es puramente local i debida 
quizá a las capas de amllas yesosas i salinas que se le sobre[)onen. 

Así pues, sin aceptar, como el señor Pissis, que la existencia de 
los depósitos salinos escluye la presencia de rocas estratificadas, en 
contramos sin embargo bien autorizada su esplicacion de la forma- 
ción del salitre con los elementos felsptUicos del pórfido. 

£n ¡eneral creemos que debe buscarse el oríjen de las sustancias 
de[X)6Ítadas en cada salar en las canias sui)eriorcs de los terrenos que 
los rodean i no en sus honduras. La prueba práctica de esto la tene- 
mos en los detritus de rocas iioix)sas que cubren la sui>erficie de los 
cerros alrededor de estos salares; esa porosidad i*epresenta )a |)érdida 
de los elementos mas solubles arrastrados {yov las aguas de lluvia, 
que en seguida se evaporan dejando una capa de sales. Hemos le- 
cho análisis cualitativos de varias de estas rocas i siempre hemos 
encontrado en ellas carlK)natos i sulfatas de cal, i a veces de magne- 
sia, sales de soda i boratos. 

Por lo demás, la hipótesis del doctor Brackcbusch, que sui>one 
que el agua de filtración trae la sal en disolución, desde la hondura 
a la superficie, no podría jeneral izarse; [lor nuestra parle nunca he- 
mos visto una vertiente salada; las que rodean los salares de Ataca- 
ma, ArizarOy Antofalla, etc., son [lerfectamente dulces en su orfjen, 
i adquieren el sabor sidobre después de recorrer algún trecho por 
la superficie; el seflor Rcck confirma este hecho res{)ecto de la alti- 
planicie boliviana, i la única &scci)cion que podríama^ hacer sería 
referente a vertientes ocasionales, después de grandes aguaceros, en- 
tre las capas de arcillas yesosas i salinas. El mismo sefíor Bracke- 
buscli confirma esto cuando dice: 

vLa particularidad notable de las salinas de la Puna es una (itpa 
im|>ermeable de arcilla oscura, que en poca profundidid se halla 
debajo de la sal, de manera que el agua que en ella se colecciona es 
duhx3 i queda dulce, cuando el ik>zo cavailo es apro{>ósito i se tapa 
bu ie^Kira que el viento no pueda llevar adentro tierra salada». 



■' 



I 



i 






1 1 






224 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



Nos hemos detenido algo en este punto, i)orqiie así se nos pro- 
porcionaba la oix>rtunidad de insistir sobre el hecho práctico de la 
existencia de vertientes de agua dulce alrededor de todos los sa- 
lares. 

Hemos dado ya una idea sobre las diversas sustancias que predo- 
minan en los salares, según su situación, {tero insistiremos en algu- 
nos puntos que conocemos {personalmente. 

Sal jema i .sal común. — La sal jema es abundante en el de- 
sierto; se halla en los llanos al Sur de Calama i en los cerros de 
la Sal, cei*ca de Atacama; también forma vetas, como una que se 
esplota actualmente en la quebrada de la Julia para utilizar esa 
sustancia en el establecimiento de amalgamación de metales de pla- 
ta de don Enrique Villegas. 

La sal común, siendo de los elementos mas solubles, es el que se 
halla mas al centro de los salares; en algunos de ellos es bastante pu- 
ra para ser esplotada, como en ciertas partes del de Alacama, en el de 
Pastos Grandes i otros cercanos, de donde la llevan a Molinos, i en 
las salinas de la Puna de Jujui, donde da lugar a una esplotacion 
regular. Respecto de estas últimas, que pertenecen ¡K)r mitad a las 
provincias deSiUta i de Jujui, los gobiernos de esas provincias ven- 
den en subasta pública el impuesto sobre ese artfculo, i los empre- 
sarios tienen instaladas varias receptarías donde se cobra. 

Yeso blanco i fibroso; jipso. — El primero se halla en mantos 
en las arcillas yesosas; puede verse en la cuesta del Bordo. El yeso 
fibroso se encuentra en las inmediaciones de Caspana; es probable 
que en la Puna también se halle bajo esas formas, pues el doctor 
Brackebuscli lo halló en las altas serranías de Jujui; nosotras solo 
lo hemos visto al estado de jipso, o sea de yeso espático, cuyas 
hojuelas brillan en el suelo como lentejuelas. Donde lo hemos visto 
con mas profusión es en el salar de Antofalla. 

El sulfato de cal se encuentra además mezclado con las demás 
sustancias salinas en todos los salares. 

Salitre, sales de magnesia, etc. — Los nitratos de soda se 
hallan también mezclados con otras sales en muchos salares; [lero 
en la rejion de la Puna no ha sido objeto de estudio esi>ecial, de 
modo que nada puede decirse sobre su cantidad i distribución. 

Lo mismo diremos de las sales de magnesia, de cuya base hemos 
hallado sulfates o cloruros en Cavi i en otros puntos. Carbonates 
no hemos hallado en cantidad mencionable. 



DESCRIPCIÓN JEKERAL DE LA PUXA. 225 

líóliAX.— Esta sualauciaíse encuentra en «liversoa salares. Doiaiiia 
sobre todo en la t>ani|Ki de Ascotan, donde es ol>j<^to de una activa 
esplotacioi] por la Empresa de las Boniteras, cnyo objetivo es al 
presente la elaboración del Scido bórico en el establee! in lento, ¡«ira 
disminuir el gasto de flete ^ También bai IxJrax en el salar de Car- 
cote, al Norte de Ascotan. Se lia es[>!olado igualmente esta sattaii- 
cia, aunque no ea la misma cscaIa,enelTambil]o, cerca de Atacama. 
Jjos salares de la Puna eonlieiieu talvcs esta sal; del único que lo 
sallemos coa certeza es del de Caurehart, en el camino de Catua a 
Sulta; allí esplotau actunlmeule el bórax losseflore^ Coru i lioca. 

En la rejíou del Sur existen las boratenis del Pedernal i Mari- 
ctinga '^, 

MJMEBALE3 bktAlicos.— Obo. — El desierto de Atacama no es 
abundante en oro; fuei-a del mineral de Concht, donde sa baila en 
velas i de dos o tres puntos mas meridionales i próximos a la cosía, 
no liemos oido mencionar su existencia. 

Pero no sucede lo misms en las rejiones orientales de la Puna; el 
seflor Pedro N, Madariagn, minero de Atacama i muí conocedor do 
twla la cordillera, nos dice que los depósitos auríferos forman una 
zona que se interna a lu Puna viniendo del Norte o NE. El oHjen 
(le e;ta zuna se baila en Bolivia, en la provincia de Cinchas, cuyas 
■ninas daban ya 100000 pesos anuales en oro bacía fines del siglo 
pasado (J. del Pino Manrique). El seDor Hugo Keck nos da sobre 
ellas los detalles siguientes: 

«En ChUco, los jesuítas lian traliujadu minas de oro considerables 
sobre una veta de 8 metros de i>otcucÍa i de 1 legua de largo, en 
criadero cuarzoso; peni lioi solo ee ocupan de e'íti-aer este metal al- 
gunos indios. 

Los lavaderos de oro de E^tarca, atiTivesados por el rio Grande 
(San Juan Mayo) son muí imixirtantcs; a ambo'í lados del rio el te< 
rreuo de acarreo mide basta 2-30 tuetros de altura, en muclm estcu- 
sioii, sibndo grande su riqueza eu oro, sobre todo en la Iionduru, 
listas capas de aluvión ilescansan sobi'c pizarras que se elevan como 
8 metros sobre et leclio del río. La tradición refiere lo siguiente so- 
bre la parte SO. de estos depósitos auríferos. 

Una sellora liabia puesto traUíjo en una mina rica eon un núiue- 

1. Véase lili íoUeto titulado Ijii B'TuUiVji de AsoiUm, nuc isjlnpreiulc vjirio» 
infornies. 

2, Vúaac uiui ileBcripcion du la Salil'-t. 
hlicii<la.»n loa. \.mhe de In Uniícrii-f.i.l <a 



¿26 LAS CORDILLERAS D£ AtACAMA. 



ro considerable de indios, i habían dado con una masa de oro de tal 
tamafio que ¡wr su peso no se pudo sacar al sol. Trataron entonces 
de despedazarl \ a cincel, ])ero los rei)etido8 martillazos que a tal 
efecto se daban, ocasionaron el derrumbe del cerro, bajo cuyos es- 
combros quedaron sepultados para siempre la masa aurífera i 16 
hombres. Mucho se ha hecho después jwr encontrar aquella, pero 
en vano. 

Varias comiMiñías han tentado la fortuna en estos depositáis, i^ero 
por desgracia su capital ha sido demasiado restrinjido; de tal modo 
que los procedimientos mui prácticos i aplicables en grande escala 
han fracasado. Solamente consagrando a estas empresas fondos con- 
siderables se podría esperar resultados projíorcionadosi. 

El mismo injeniero sefiala la existencia del oro en las minas de 
cobre de la provincia de Llpez. 

El señor B. de Rurange ha visto en C7ac/iu, cerca de Cerrillos, 
hermosas muestras auríferas. 

Durante nuestra esploracion hemos tenido noticia de la existencia 
de minas de este metal en las serranías que cierran por el ixjniente 
la cuenca del rio de Líi>ez, al oriente de los llanos de Catal i Que- 
huacucho; también las hai en Olaroz, cerca del Rosario, i en est^ 
último punto; éstas i>ertenecen sin duda a la zona que describe el 
doctor Brackebusch, hablando de las traquitas: 

«Sabemos ya desde tiempo, i por mis muchas i nuevas investiga- 
ciones se ha confirmado mas i mas, el hecho de que la mayor parte 
de las minas de oro i una gran parte de las de plata, tienen relación 
íntima con la traquita. Asi lo prueban las minas de Córdoba, de la 
Carolina;... de las GapUlas, Belén, etc., en Oatamarca i las de Chile, 
Perú, Solivia i Ecuador. 

Las minas, respectivamente lavaderos de oro en la Puna, son in- 
numerables. Cada quebrada de la sierra que sigue de Cabalonga 
hasta Santa Catalina i mas todavía al Norte contiene minas i lava- 
deros de oro. Desgraciadamente los trabajos para ganar el oro han 
sido mui defectuosos i se han puesto grandes dificultades a una pro- 
ducción nacional, en muchos puntos donde el oro todavía existe en 
grandes cantidades » . . . 

Al hacer la descripción de estas localidades, tendremos ocasión de 

insistir sobre este punto. 

Finalmente los seflores Moussy i Burmeister mencionan la exis- 
tencia del oro en los minerales de pirita cobriza de las sierras de 
Aconquija i de Belén. 



DESCRIPCIÓN JEÍÍERAL BE LA PUNA. 



22? 



Plata. — Las minas de este metal son las mas esparcidas en el 
desierto i en la Puna. Principiando i)or el Norte i el Oeste tenemos 
los minerales del /hra, Atahtudpa i Avalar i, al Norte de Calama; 
los de Caracoles 2^ la Isla, etc.; el de Puquios, cerca de Imilac; los 
de Cachínal, Sapos, Sandon^ Incahuasij Esploradora^ Juncal i los 
numerosísimos de las serranías de la costa, que no es del caso men- 
cionar aquí. En las faldas orientales de la cuenca de Atacama hai 
también vetas de plata, que parecen hallarse como las anteriores en 
terrenos porfírieas; de estos minerales el mas contxiido es el de Lau^ 
quivj entre Carmen i Peine, que se ha estado ceplotando última- 
mente, pero con i>obre éxito, a causa de la falta de caminos apro- 
piados. 

En la Puna i en las proximidades de la cordillera Real, en los 
trancos llamados de los Frailes^ Chichas^ lÁpezy hai muchas riquí- 
simas vetas de plata que han dado i siguen dando en parte buenos 
productos. Tales son las de Ckorolque i Portugaletey i mas al Sur 
las de í^anta Isabel de Esmoraca, Sa7i Antonio de Ltpez, etc., que 
son de un inmenso porvenir. 

La mayor parte de estas minas están sin embargo en un deplora- 
ble estado de abandono; el señor Hugo Reck se espresa respecto de 
ellos en estos términos: 

«Solo se esceptúa de esta decadencia a San AfUonio, donde una 
compañía boliviana ha emprendido trabajos importantes bajo la di- 
rección de injenieros alemanes; las restantes solo esplotan de una ma- 
nera penosísima los restos de las capas superiores por medio de in- 
dios llamados cujchas. 

Bien sabido es que estas minas recelan en sus honduras inmensas 
riquezas i que los españoles tuvieron que abandonarlas por la afluen^ 
cia del agua i obligados por su abominable sistema de exacciones. 
Solo por medio de piques, galerías i maquinaria de vapor puede 
volvérselas a la prosperidad de antaño». 

Esta zona arjentffera parece prolongarse al interior de la Puna, 
según se nota en los minerales abandonados de Inpahuasi (entre 
Antofagasta i Molinos) i Antofalla, para reaparecer en seguida en 
la Hoyada i en las sierras de Famatima i de Aconquija. 



1. Véase el foUeto: f'nn visita n los mincraUs del Inca^ Alahualpa i Avalar ^ 
1S82, por don Samuel Valdés. 

2. Véase dos memorias publicadas en los Anales de la Universidad: Estudios 
3ofjre el mineral de Otracohs; uno por el injeniero don Vicente Abasólo en 1872 i 
otro por don J. E. Stuvcn en 1874. 

29 




228 IJLS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

Cobre.— Se lialln ea diversas cl&ses de dc|)63¡to8. Los lial de ba- 
rrilla de cobre nativo, como en Saíi Bartolo, i en vetas, como el 
Abra^ Ghvquicamala, Sierra Gorda, Bebosadero, Sandotí, Jardín 
del Desierto, etc. También se halla mezclado con los minerales de 
plata, sobre todo en los del oriente de la Puna. 

«lia provincia de Lfpez, dice el sefior Rede, ])osoe muchas vetas i 
mantos de cobre, de las que se estraen bronces blancos i rojos que 
en honduras contienen también plata i oro». 

Los metales de cobre han sido esplotados en San Antonio de los 
Cobres (Puna de Salta), donde ha habido hornos de fundición; for- 
man la principal riqueza de varios distritos mineros de la provincia 
arjentina de Catamarca. 

Por no estendernos demasiado no mcncionarem<»s aquí los diver- 
sos minerales de estafio, fierro, etc., sobre cuyos detalles pueden con- 
sultarse las diferentes obras que hemos citado. 



13.— FLORA. 



No vamos a tratar la materia cuyo título encabeza este párrafo 
Imjo su as|)ecto científico; carecemos de datos i de conocimientos 
para pretenderlo. Nuestra intención había sido formar un herbario 
para (ponerlo eu seguida en manos idóneas que clasificaran las plan- 
tas que hubiéramos recojido; pero la rapidez de nuestro viaje i la 
continua atención que demandaban nuestras tareas especiales impe« 
dfan la conservación de los ejemplares que íbamos coleccionando 
i luego tuvimos que renunciar a ello. Por otra parte, la tarea es 
vasta, bastante para ocupar la atención de un esplorador especial. 
Nos limitaremos a describir el aspecto i la calidad de la vejetacion 
particular a las localidades que hemos visitado, insistiendo en aque- 
llo que tenga un objeto práctico. 

Pastos naturales.— Pa«/o« de cerro. — La vejetacion espontánea 
de la Puna es mucho mas desarrollada que la del desierto propia- 
mente tal. Así, mientras en las quebradas de la vertiente occidental, 
que deí^^cribc el doctor Philippi, hai solo una vejetacion raquítica, 
se ve en la Puna laderas que presentan desde lejos el verde amari- 
llento característico del pasto de cerro, i valles cuyo lecho es un ta- 
piz de tupido césped, entremezclado con elegantes penachos de la 
paja cortadera. No sostendremos la paradoja de qiie esta vejetacion 






DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 



229 



8e desarrolla en razón directa de la altitud; sin embargo creemos 
que algunas de las plantas de la Pnna le son especiales i que no ere* 
cen bien en rej iones de menor altura. Esto no obsta para que esta 
vejetacion lenga üimbien su limite superior, ¡)ero mas consiste éste en 
el frío i la nieve que en la altitud* 

£1 cai*ácter jeolójico del suelo tiene una influencia mui maix^da 
sobre la vejetacion; é.->ta no se desarrolla espontáneamente sino en 
las formaciones porfíricas o pizarrosas, menos en las traquitas vol- 
cánicas i escepcional mente en las arcillas i areniscas rojas. 

El patío de cerro de la Puna es la paja brava o pajonal ^, gramí- 
nea de hojas delgadas i casi cilindricas, cuyo color es mas bien ama- 
rillo que verde, de tal modo que las laderas cubiertas con este pasto 
semejan desde lejos desparramos de flor de nzufre. 

La (laja brava crece a la altitud de 4000 metros, en pequeños 
l)enachos de 20 centímetros de altura, de un color verde amarillento; 
cada hoja es un i>equeflo danlo, de donde le viene su nombre; pero 
es pasto de fuerza; las muías i los burros lo pastan con agrado. En 
las proximidades de las vegas o lugares liAinedos, la altura de esta 
paja aumenta, pasando de medio metro. En las rejiones mui eleva- 
das, a 4500 o mas metros, la paja brava se da en champas mui con- 
sistentes cuya superficie aparece quemada por las nieves, de modo 
que solo salen liojos por el costado de la champa; e^ta paja es mas 
amarilla que la otra, mas clavadora i los animales no la apetecen. 
Crece en las aguas saladas. 

Accidentalmente hai una que otra plan tita en los cerros, sobro 
todo en el borde oriental de la Puna, que los animales comen; pero 
ninguno hai en tiU abundancia que pueda llamarse pasto. 

Pastos de vega, — Estos son mui abundantes. En primer término 
figura la misma /^o/a brava que crece en los cerros, pero que se da 
mucho mas hermosa en las vegas, formando matas frondosas de 1 
metro i mas de altura, con muchas espigas en la parte central. Esta 
[Hija no es tan buen alimento para las bestias como la mas chica 
que se da en los cerros. 

Hai en los terrenos pantanosos una planta verde oscuro, de hoja 
cilindrica, tejido flojo, que llaman ciénego) también sirve de pasto a 
las muías; pero cuando no tienen otro alimento suele atacarlas de 
diarrea. 

Una planta que abunda mucho en las orillas de algunos esteros, 

1. £1 doctor Philippi ha visto este pasto una sola vez, en el alto de Puquios, a 
4000 metros de altitud; lo llama Stipn frígida Ph. ; Tschudi lo llama Stipa ych\i^ 



f 



I 



^30 LAS COEblLL£RAS Í)£ ÁTACAMÁ. 

— — — -^^^« 

i aun en las simples aguadas es la paja cortadera, de afiladas hojas 
endentadas i hermosísimos penachos, pero de poca utilidad para el 
viajero, aunque su champa puede servir de combustible en caso de 
no haber otro. 

Sin poderlos llamar propiamente pastoa, hai en las vegas i arro- 
yos muchas otras plantas útiles, tales son: 

TjOS bkdoSf las romaaas, los berros, que vienen a suministrar al 
viajero abundantes platos de legumbres o sabrosas ensaladas; tam- 
poco las desdeñan por cierto las bestias de silla i carga; 

Los yuyos o algas de agua dulce, que también pueden guisarse i 
que solo hemos visto en la quebrada de Inacaliri. 

Hai una plantita que llaman también coriadei^a, que es muí [le- 
quefia i tiesa; puede servir de pasto cuando no hai otro. 

Aunque no muí abundante en la Puna, hai sin embargo en algu- 
nos ¡)arajes el oachiyuyo, en los arenales de algunas quebradas; suele 
ser tierno i lo comen las muías. 

Solo conocemiis una yerba dafiina, que aun tachan de venenosa; 
es la vizcachera, que se asemeja tanto a la paja brava que no sabría- 
mos distinguirla; los guias la conocen bien i es mui escasa; solo la 
hemos visto en la quebrada de Torque, cerca de Quetena« 

Esta planta abunda en la provincia de Lípez; el señor Reck se- 
ñala su existencia en los alrededores del pueblo de San Cristóbal, 
en las quebradas provistas de agua. 

Una de las cosas mas hermosas en la vejetacion de las quebradas 
de la Puna, sobre todo en la de Bolivia, son los céspedes; hemos 
visto algunos de color verde esmeralda que forman una champa 
continua i firme por espacio de varios quilómetros; tienen aberturas 
por las cuales entra o sale el arroyuelo cuyo curso pasa alternativa- 
mente de la superficie a la parte inferior de la champa, formando 
alegres ^saltillos, sumiéndose de repente i brotando mas allá a bor*- 
botones. 

Plantas hbdicinalbs. — Abundan en los cerros i en las vegas 
yerbas i arbustos a cuyas ramas, hojas o flores atribuyen los guias 
una virtud medicinal; las enumeraremos por su nombre vulgar i 
aspecto esterior: 

Clvadmcoma. — Es una planta pequeña de hojas lanceoladas, dis- 
puestas en todo el rededor de la rama; tiene olor fuertemente empireu • 
uiático i florcitas amarillentas. Dicen que es soberano remedio contra 
la puna) basta darlas a oler o a mascar a las muías cuando se apun 
nan para que se mejoren* Solo se halla en los parajes mui elevados» 



DESCBIPCION JENEBAL DE LA PUNA. 



231 



\ } 



ÍAimpaUa.—Fjs mas abundante que la anterior; sobresale poco del 
suelo, siendo sus ramas arrastradas; hojas redondeadas, pulposas. 
Parece que la emplean contra enfermedades venéreas. 

Espinilla.— Ea un arbusto mui pequetto, hojas puntiagudas, color 
verde oscuro, ramas Henas de espinas. Da una infusión de sabor 
mui amargo, cuyos buenos efectos contra la indijestion hemos es- 
peri mentado. 

Además de las tres plantas nombradas, hai muchas otras que por 
su olor empireumático deben i>oseer propieilades medicinales, cono- 
cidas Seguramente de los indios de la Puna. 

Lfif^A. — Los arbustos que suministran lefla son abundantes i va- 
rían según la altitud. 

Pingo-pingo. — Es el arbusto que se halla con mas frecuencia en 
todas las faldas oriental i occidental de la Puna o en sus partes mas 
bajas, alcanzando allí gran desarrollo; en Antofagasta lo hemos 
visto de tres metros i mas de altura; da una lefla bastante buena 
cuando es seca. Este arbusto es mui conocido en el Sur de Chile, 
donde abunda. • 

Bicortiea. — Este arbusto es mas pequeño que el anterior, pero 
(la mas lefia en proporción, i siempre mas seca. Su tronco es grueso 
i se fracciona naturalmente en astillas, lo mismo que las ramas 
principales; esta lefia llamada de oostüUi es poco consistente, siendo 
mejor la de las raices. 

lia rica-rica es espinuda i es bueno llevar un pico de minero u 
otra herramienta adecuada para sacarla de raiz. Esta planta cubre 
a veces faldeos enteros, como en la serranía de Mojones, i se la en- 
cuentra en pascanas sumamente elevadas, donde no hai pingo-pingo. 

Romeriüú. — Se parece algo en el follaje al pingo-pingo; su lefia 
es también semejante a la de aquel. No lo hemos visto en muchas 
partes, ¡lero donde lo hai, como en la caida oriental de la Puna, 
forma verdaderos bosquecillos cuyas ramas alcanzan a la altura del 
viajero con su cabalgadura. 

Tola. — Esta planta es del mismo tamafio que la rica-rica, pero 
sus hojas son diferentes, distinguiéndose sobre todo por su color 
verde mas vivo; las flores son amarillas. La lefia de tola es la mejor 
(le la cordillera i se la encuentra a mayor altura que las anteriores. 
Hai otra planta semejante que llaman tolillaj pero no da tan buena 
lefia. 

Cuerno de cabra. — Este es el nombre de una planta mui sin- 
gular, que es toda raices. Solo se ve al nivel del suelo una m$inch{^ 



:v- I 



232 LAS CORDILLERAS DE ATAOAMA. 



vj 



iiegnisca como si hubicáen espolvoreado carbón molido; cscarliando 
con herramienta adecuada se saca una charapa de raices leflosas de 
tres a cuatro decímetros de largo i dos a Ires de diámetro. Es un 
magnífico combustible porque no da llama ni humo, pero si mucho 
calor, i no es apagoso. Existe, muí escaso, en pascanas mui elevadas. 

Debemos alvertir que hai varios musgos que cuándo secos ofre- 
cen la misma apariencia que el cuerno de cabra; poro no forman 
sobre el suelo mas que una pequeña costra superficial inadecuada 
para combustible. 

Pata de foro.— Es esta una planta resinosa cuya forma esterior 
recuerda el de ciertas pequeñas coniferas; sus ramas, envueltas por 
liojillas mui tupidas, son de un verde mui oscuro i forman canuti- 
llos cilindricos. En todo su verdor arde con mucha facilidad, despi- 
diendo espesísima humareda i olor resinoso. Se halla en altif.uilos 
donde no hai otra lefla; pero es un combustible mui fastidioso i quo 
penetra con su olor todas las pro|>aracione8 culinarias que con 61 so 
calientan. 

Vareta. — Este <5uriosbimo vejetal forma una compacta champa 
de 5 a 6 decímetros do espesor por un diámetro mui variable, que 
a veces pasa de un metro; se desarrolla en las anfractuasidades de 
las rocas traqufticas, |>egándose a ellas por las raices, mientras que 
por la parto esterior forma una superficie redondeada, arriñonada^ 
de un hermoso color verde esmeralda Examinada de cerca esta 
superficie, se ve que consta de un sinnúmero de plantitas do forma 
estrellada pegadas unas a otras. Con el calor se reúne la resina 
de la planta en gotas que quedan pegadas en la superficie esterior o 
diseminadas en el tejido interior. No hemos tenido ocasión de cm^ 
picarla como combustible, porque hemos preferido siempre los otro9| 
quo no dan el humo i el olor que éste; su fuego es lento i dui*a 
mucho, pues la hemos visto ardiendo en alojaderos desertados desdo 
el dia anterior. 

En Bolivia se ha trat¿ido de usar la yareta en establecimientos de 
fundición, creemos que no con mui buen éxito. Actualmente se 
empica en el establecimiento do Asotan para secar ol bórax en 
hornos o muflas destinadas a ese efecto. 

No son éstas has únicas plantas que pueden servir de combus- 
tible; hai varias otras pequeñas i espinudas, pero no abundan como 
las que hemos enumerado. Tales son la pata de perdiz, el acerillo, 
etc., etc. 

MADsr.AS Ds coKBTRUCCiox; — En los valles i oasis del desierto 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 



233 



de Atacama, así como cu los de la praviucia de Salta colindantes 
oou la Puua, el úuico árbol que suministra madera de coustruocion 
es el algctíTobo; es ésta mui consistente i firme, pero ofrece el incon- 
veniente de no dar vigas ni tablas, sino ¡lalos mas o menos gruesos, 
pero siempre tortuosos. En Molinos se elijen éstos de modo que 
formen un ángulo obtuso cu el medio de su lonjitud, i se hace des- 
em]>cfiar a cada palo el ofício de un \mv de tijerales, de manera que 
una misma pieza do madera sirve i>ara las dos aguas del techo. El 
algari*obo es un hermoso árbol, que alcanza un desarrollo hasta de 
un metro en diámetro i cinco o {kkx) mas en altura; su follaje es 
menudo, pero da buena sombra. Da una vaina cuya semilla sirve 
imra hacer chicha. 

Compafiero del algarrobo es el cha/liar^ cuyos palos mas delgados 
se emplean en confeccionar cercas i enramadas. El fruto del chanar 
es del tamafiode una guinda, de un sabor dulce i refrescante; es ali« 
mentó mui gustado de los indios atacamefios, que hacen de él gran 
acopio para el invierno, conservándolo cocido. 

De la misma familia que los anteriores, i mui semejante al alga- 
rrobo en su follaje, es el moUej leguminosa que abunda en las faldas 
orientales de las cordilleras de Salta; su madera es algo mas delga- 
da i mas tortuosa que la del algarrobo. 

Finalmente, interme<1io entre árl)oles i arbustos, debemos citar la 
quenua, que parece ser de los primeros por su tronco, i de los se- 
gundos por su talla. Este arbolito se encuentra en la Puna i en las 
serranías de Bolivia, donde emplean su corteza para curtir cueros 
de vicufia* 

Estos árboles no se desarrollan sino hasta la altura de 2800 a 
SOOO metros sobre el mar; alguna mayor elevación alcanza el gran 
quiico o cardón {cfreus aiacamensié), que abunda sobi*e todo en la 
falda oriental, donde se le ve llegar a su mayor desarrollo. Comun- 
mente es de un solo palo, pero a veces se ramifica como candelabro 
de varias luces; el ti*onco principal, comprendiendo las espinas que 
lo cubren, ah anza un diiWnetro inferior, que disminuye paulatina- 
mente hacia arriba, do 80 centímetros; la altura varía desde 2 
metros para arriba, alcanza frecuentemente 6 a 7, i hemos visto 
ojcu)pIai*es que tendrían mui cerca de 10 metros de alto. La parte 
liflosa de este cactus es mucho mas reducida que la parte pulposa; 
|Kro ofrece bastante consistencia, apcsar de lo apartado de sus libras, 
|Kira que se la empleo con frecuencia en usos de carpintería, como 

affio^i, marcos i aun hojas de puertas i ventanasi 



t 



> i 



234 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

Cultivos. — Ea la Puna no liai mas culti ••o que el de algunas 
legumbres, como papas, cebollas, habas, \, en reincida escala, el 
trigo, el maiz i la cebada; también cultivan la quínoa, especie de 
sémola. Se ha intentado plantar árboles frutales en Ántofagasta; 
jerminan i crecen, pero las heladas no los dejan pasar de un afio a 
otro, a&{ que no han alcanzado a producir. 

Los pastos, como hemos dicho, son naturales; sin embargo, aunque 
no mui lozana, se da la alfalfa* 

Estos cultivos los hemos visto en las pascanas mas bajas del cen- 
tro de la Puna, a un nivel de 3600 a 4000 metros sobre el mar. 

En los oasis del lado occidental el cultivo principal es el de la 
alfalfa; se le dan tres cortes afio, empleando en vez de la hechona 
una hachita de mano, que cortando la planta mas cerca del suelo 
favorece el nuevo brote. Hai también estensos maizales. 

También se cultiva legumbres, i>ero en pequefia escala; parece que 
no se dan bien, pues las papas i cebollas se traen de Chile. Es mui 
probable, sin embargo, que con un cultivo esmerado puedan pro- 
ducirse, sino en Atacama, por lo menos en Toconao i Peine, cuyas 
^uas son mas propias para ese cultivo. 

Los árboles frutales existen en pocos puntos, pero dan mui buenos 
frutos, sobre todo la vid en los terrenos arenosos. 

En los valles del lado oriental se cultiva en grande escala la al- 
falfa i e^ maiz; este último se da hermosísimo i su fruto es mui tier- 
no i dulce. También se dan el trigo i la cebada. 

La fruta de estos valles es esquisitá, i salvo la uva, es superior a 
la del lado occidental. 

Entraremos en mas detalles al tratar especialmente de cada lo- 
calidad. 



14. — FAUNA. 



Animales silvestres, — Dias enteros camina el viajero por la 
Puna sin tropezar con seres animados; solo revela su presencia el 
incómodo roedor de que hablaremos luego, cuyas cuevas va destru- 
yendo la ufia de la muía. En la {>rox¡midad de las vegas se suele 
encontrar los cuadrúpedos que siguen: 

Guanaco. — Es bastante escaso en la Puna de Atacatnn, siendo mu- 
cho mas común en las cordilleras de Coquimbo. Hemos visto tro- 
pas de unos cinco o seíS| que eran todos hembras, menos uno. I^a 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 235 

laiift de estos animales se emplea para tejer mantos, calcotas, escar- 
pines, etc., del uso de los atácamenos o arj<;ii tinos. 

Vicuña, — Abunda mucho mas que el guanaco; se la encuentra 
en numerosas raana<l»3 de doce i liasta de veinte. Son jumamente 
iiraílas oon motivo de la constante persecución que les han dado los 
incansables cazadores que las esperan i persiguen. 

Bien sabido es que la lana de vicuOa es mas fina que la de sus 
conjéneres; por esto es la mas a|)elecida. Los cueros preparados con 
corteza de quefiua sirven pnra hacer colchas de cama; con la lamí, 
convenientemente hilada i torcida, f.e tejen mantas, ponchos, guan- 
tas, que alcanzan en los mercados de Atacama i Molinos los mismos 
precios que en Santiago, Valparaíso o Salta. 

El que pretenda cazar vicuñas debe llevar un jierro odíeetrado i 
ser además buen tirador, pues el animal es estremadamente lijero 
para huir. 

Zurras. — Suelen verse en la proximidad de algunas aguados del 
desierto, como también en el litoral; sin embargo, el doctor Philippi 
no ha visto ninguna. En la Puna no hemos oido mencionar bu 
existencia. 

¿con.— Con este nómbrese denomina una especie de leopardo 
que suele hacer estragos en los rebatios de llamas i de ovejas de las 
serranías de la provincia boliviana de Lfpez (^egun el seCor Rcck). 
Hemos visto algunas veces sus rastros eu la parte de esa provincia 
que conocemos, pero nunra al animal mismo. 

yüoarJía,-~ Es el mas grande de los roedores de la Fuña; vive 
en las grietas de las rocas traquftícas i abunda sobre todo en el lado 
arjentino. Su tamafio es el de un conejo grande, su pieles de color 
gris i no mui fina. Su carne es mui comible i hasta agradable cuan- 
do está bien condimentada. 

Chinchilla. — Este roedor es mucho mas pequeño que la vizcacha; 
es a|)reciado por lo fino do su piel de color grfs perla. Hai de dos 
especies: la mayor i menos fina es matizada de blanco con gris, i su 
piel pre|>arada puede suministrar un rectángulo de 25 por 35 centí- 
metros. La menor i mas escasa es gris mas uniforme, su pelo es mas 
corto, suave i tupido; mide en cuadro 15 pnr 20 a 23 centímetros. 
K\ precio de ha iiins comunes varía de 2 :i 6 pesos hi ilocna, según 
el tamaño; las finas valen hasta un peso cada una. 

Citruro. — Este |)equeflo roedor es la plaga de los caminantes en 
ciertos parajes de la Puu;i; su tamjino es variable cíjiii» el de las 
ratas i sn colores de mi pardo claro. Elnjeiiural es mui difícil ver 
alguno i su existencia es revolada solo por los numerosas cuevas en 



236 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



las que se liiiade a cada paso la iifla de la muía. Abundau sobre to- 
do cslas madrigueius cu lo3 pequ fios bajíos del terreuo donde esto 
C3 mas suelto i se compone de material mas fino; en la proximidad 
de algunas vegas las bocas de las cuevas contigtias están tan próxi- 
mas unas a otras, que es difícil hallar un punto que ofrezca resis- 
tencia suficiente para clavar una estaca. 

Philippi clasifica e^ta esjiocie bajo el nombre de Glenomya falvu'i 
(páj. 139), i enumera además otra, el Ctenomy^ alacamensis^ i una 
rata, Mus capito (páj. 141). 

Lagartos^ bairaqxúos. — llai varias especies que abundan en To- 
conao i otras parajes de la falda occidental. Los lagartos los enu- 
mera i describe Philippi (pájs. 149 i 150); sapos hemos visto tam- 
bién en las vegas i ciénagas do la Puna, grandes i diicos, |>cro no 
on Ciintidad sino ojemplares aislados; nunca hemos dido canto como 
el que producon en nuestros charcos. 

Animales doméstico.s. — Llama. — Es demasiado conocido para 
que lo describamos; no existe sino en robiflo^, perfectamente man- 
sos ¡ domesticados. Los macho) sirven pira la carga, poro solo lle- 
van de dos arrobas a un quintal i h icoa jornadas mtii cortis de dos 
a tras leguas; en c:imb!o ofroo^n la venUija dj p.tsar p)r cualquier 
sendero i conformarse con cualquier alimento. Lo3 in lio^ que los 
|K)3:en po deshacen difícilmente de ellos, los quieren i cuidan mu- 
cho, i hasta les adornan hus orejas con borlitas de lana roja para 
hermosearlos, adorno que las hembras llevan con toda coquetería. 
Estos animalitos, lejos do sar esquivos, son mui curiosos i so ade- 
lantan todos cuando ven ap:*o.^imarso algiin viajero, oo.no pira sa* 
ludarlo. 

Hemos visto rebatios de llamas on Quctena, en Pastos Grandes 
(mmino de Molinos) i en Oolpayo, i sa')3mj3 que abundan en toda 
la Puna de Jujui i on la provincia de Lfpez. 

Ofrece muchas ventajas a los indíjenas: <r Su reproducción, dice 
M. Martin de Moussy, es consi lerable c iguala a la do la cabra. 
La preflezdura cinco meses i da jenoralm^nte por roMiltul) un Sdlo 
individuo. ISsto animal se cria en grandas rebaños que tienen que 
ser manejados con mucho tino, pues apesar do su docilidad, el lla- 
ma es sumamente porfiado, mui e.^pantailiz >, i si se le quiere vio- 
lentar opone una resi/stencia pasiva e invonciblc. Para llevarlo, no liai 
nínlie como el indio, cuya paciencia es inagotable. 

El llama se contenta con el pasto mas delgado i l>cl)c mni poco. 
£1 clima 0CCO i frto do los Andes le conviene^ i no Ins ihiiuirus bsi- 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 237 

jas; 011 la zoiin equinoccial, las mesetas do 2500 a 3500 metros ilc 
altitud BOU las mas fuvoi-ablcs. 

Su caniG es bastuute buena; cuando gordo ca semejante a la del 
cordero, i se la vendo en los mercados de la Paz i Potosí en lio- 
iivia ■. 

La lana de los lluuias es de diversos colores, {mixlu oist negra, 
plomiza i blanca; es IxistantG consisleule i algo ás|iem. Se la emplea 
en Aibricar prendas de ro¡>a, frazadas i tiras de alfombra pura cu- 
brir loa poyos de tierra que sirven de lecho a los indios. 

Afpaca. — Este animal exiiitfa untes en el distrito de .\tacAma¡ 
pero aliora no jo hemos visto. En la obra del soflor Moussy encon- 
tramos sobre él los siguientes e interesantes párrafos: 

>El al|>aca, también llamado poco eu el Perll i Bolivin, es una 
rspecie muí vecina al llama; jKtro difiere por su estatura mas |te- 
quena, i sobro todo por la magnflica lana que lo cubre. Esta lana, 
eityas hebi-os tienen liusta 15 í 20 centimetros do largo, es negra i 
lustrosa i da basta 4 i 5 qnilt^ramos en uiía trasquila, mientras que 
una vicuda no alcanza a dar ni uno. El alpaca silvestre vivo eu el 
límite de las nieves i>erpetuas; le gustan las tierras frias i bi'micdas. 
Kn cifrtas localidades de Bolivia se ha reducido a la domcsticldad 
i so ba formado en reliaflos. En los Andes arjentinos este animal es 
niui escaso; solo se le enencntra en lu Pnim que sc^mra la provincia 
tie Jiijui de 1n República de Boüvia. 

I^n hermosa cualidad de la lana del aljmcn determinó lienijK) ha 
al gobierno inglés a ofrecer un premio de 10000 libras esterlinas 
|iara la iutriKluccion de e^tos animales en Australia. El seflor Car- 
los Tjodgcrs quiso obtener esto pi'emio, formando en territorio arjen^ 
tino nna estancia donde pudiese uolÍm:itar aliwcns de Oidivia [>ara 
tni9[K}rtarlo3 despuíp, atravesando tos Andes, al litoral del PacíRco 
i embarcarlos jtnra la Australia. La csportacion del alpaca era en- 
tonces prohibida en Bolivia i le cosió muclio al sefl'tr Lcdgcr^ 
estrnerloseu cantidad sufícicnte, logrando eu 1851 reunir lixsta 800 
en el valle de la Laguna Blanca (al oriente de Antofagasta), a una 
altitud de 2600 a 3000 metros. E<íte valle, cu pnrte arcniíso hacia 
el Sur, está rodeado de altas cimas cubiertos do nievo en invierno, i 
ODciorra una pequofla laguna i buenos forrajes; su clima es frío. 
Salvo una jiÉrilithi de 300 c.d)ez.'is el primer afío, el rebutió se acli- 
mató ]>erfectameiitc i principió n rcprothicirso. Kl seflor Jje<1gr>i-s 
le agregó llamas, vicuñas i guanacos, ]>ero ocupándose ani especia- 
lidad de las al|iacns. Apesar del éxito obtenido, vaciló eu enviar sus 
animnlcs a Australia; temía quo el clima demasiado c;UÍdu i eeco d« 



á38 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA« 



esta comarca les fuera funesto^ aunque se les llevase a las partes 
mas elevadas de las Montañas Azules. Efectivamentey el alpaca vi- 
ve en el límite de las nieves perpetuas, en Jas vegas que recojen sus 
aguas, i estas condiciones fáciles de hallar en Europa, sobre todo en 
los Alpes, los Pirineos i las montañas de Escocia, no se reúnen en 
Australia, i el temperamento del alj^ca debe ser preparado i modi- 
ficado para poderlo trasportar allí sin peligro. Tal era el objeto que 
se proponía el seQor Lcdgers, al escojer como primer centro de acli- 
matación i de reproducción el valle de la Laguna Blanca, mui seco, 
os cierto, pero frió i con suficientes pastos. 

Posteriormente (1860), el sefior Ledgers ha conseguido traspor- 
tar sano i salvo hasta Australia su rebaflo de alpacas, i estos anima- 
les no solo han soportado bien la travesía sino que han principiado 
a reproducirse». 

Últimamente hemos sabido que el sefior Ledgers habia vuelto de 
Australia a la República Arjentiua, algo desengafiado respecto de 
la utilidad líquida de su negociación; pero no tenemos datos sobre 
si han continuado a propagarse las alpacas. Nos hemos detenido 
algo sobre este particular, porque creemos que la esperiencia del 
sefior Ledgers encierra una lección sobre el modo de obtener la 
introducción de alpacas en Chile, i esplica el mal éxito que han 
obtenido diversos esperimentos, cuando se ha querido traerlos brus- 
camente desde la altiplanicie al litoral. 

Ganado ovejuno. — Se cria mejor en la Puna que on las otras 
rejiones adyacentes; la carne, sobro todo la de los corderos de cordi- 
llera, es esquisita i mui gorda. Sobre la calidad de la lana no hemos 
hecho comparaciones. 

Muchos puntos hai en la Puna apropiados para crianza de ga- 
nado ovejuno, pero no todas ellos son buenos para invernarlos, i 
aun creemos que todos son peligrosos, en vista de que no hai abri- 
gas naturales ni artificiales, si se escepti\an algunas cuevas en ciertas 
quebradas. 

En Pastos Grandes, en Antofagasta, en Potrero Grande, hai ma- 
jadas algo numerosas, pero que podrían ^erlo mucho mas. En algu- 
no% de estos puntos hai también cabras. 

Burros, — Son la bestia de carga favorita do los arrieros atáca- 
menos para llevar sus cargas de lefia a Caracoles desde Aiquina, 
Atacama, etc., trayendo de retorno sus provisiones. 

En la cordillera hai varias quebradas donde se echan burros a 
pastar, i hai algunos alzados i garafiones; estos últimos se venden 



biSfmtPCION JEÍÍEBAL DE LA PUNA. 



en Atacama í otros pantos en 5 p«8os o algo mas, i 10 ixsos o mas 
si son amansados. 

Aves. — Parina». — Son verdaderos flauíeiicos que se liallaii en 
casi todas las logiinas de la Puna (Phitippi, Viaje al Desierto de 
Alaeama, \>áj. 147 i Um. IV, Zool.). 

Loe hnevofl de esta ave non dos veces mas grandes en diámetro í 
largo <{ne los de la gallina ■ los indios atácamenos Iiacen comercio 
de este artículo que recojen en abundancia, vendiéndolos cocidos en 
Ataranta o Cliiuchiu. 

Perdieet.—K-ii una ee]>ec¡e de (ata^ que hemos visto en [muda- 
das de cinco o seis. Son grandes t rollizas; vuelan poco i cnaudo lo 
lucen dan un solo volí<lo; su caza es, pues, mui f%cil. 

Patos. — Son abundantes en los lagunas de agna dulce í vegas 
cenagosas, como Antofalla, Inacaliri, etc.; su tamafio es algo menor 
que el 4lcl pato doméstico, su plumaje mas oscuro. El sulwr de su 
carne es algo aceitoso. 

Guaüalaa, — Con este nombre se designa un ganso bastante grandr, 
blanco con alas negras; el sabor de su rarne es aceitoso como la del 
pato. Estas aves vuelan menos que aquellas. 

Tórtofas.— Ron mui abundantes en todos los parajes pastosos; su 
color es gris de perla mni liso; su tamatlo nos ha parecido algo ma- 
yor que el de nuestras tortolitas. 

Cotorras. — No las hemos encontrado en las rejíones mas eleva- 
das de la Puna, jiero sí en las vecindades de Antofagastn i en la 
quebrada de Tacnil. No las liai en el Iodo occidental. 

Canarios. — Son abundantes en falda occidental; la esj>ecie que 
hemos visto es de cuerpo amarillo con ala<4 negras. 

Además de las aves que hemos enunierado liai en la Puna varios 
otras, pero que no ofrecen como las anteriores interés jura el caza- 
dor; tales son loe tinques, etc. 

Insectos, aracmidas, etc. — Mosrae. — Hai profusión de este 
iiimimdo díptero en todo el desierto, pero no en la Puna; no las 
henioa visto a alturas de 3000 metros. En Pam|>a Alta, Calamu, 
etc., son mui abundantes; en Caracoles algo menos. En Atacama se 
acumulan de tal modo en los aposentos i son tan tenaces que ni de 
noche se ve uno libre de ellns. En Molinos las hai también, |)ero 
mucho menr)s numerosas i menos aun en Luracatao. 

No hemos visto en el desierto pulgas ni chinches comunes, pero en 
cambio abundan en Atacama las iiincAuca«, que bou chinches alados 



240 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



(1c (los centÍQictros de largo^ color pardo, forma de {yeta. La picada 
de este insecto no causa dolor en el acto, pero afiebra la sangre i 
produce ampollas. 

Las vinchucas son difíciles do pei*segu¡r e:i las habitaciones des- 
provistas de cielo raso, i son mui hábiles para disimulai*se en las 
grietas i rasgaduras o detrás de los cuadros clavados en la muralla. 
No vuelan, pero saben mui bien colocarse aplomo sobre las cam<as 
para dejai*se caer de noche sobre el paciente. 

Alaci'anea. — Debe haberlos en todo el desierto, pues rccoixlamos 
haber visto en los arenales de la costa de Tara[)acá, pero son esca- 
sos. En la Puna hemos visto una sola vez, en Cavi (camino de 
Atacama a Antofagasta). Era un ejemplar como de tres centímetros 
de largo. 



14.— CLIMA 



Temperatura. — Solo podemos ofrecer observaciones mui incom- 
pletas, puesto que casi én ninguna localidad las hemos hecho de dia. 
(Véasccap. Vil, §8). 

Por regla jeneral puede decii*se que en el desierto i en la Puna 
hace calor de dia i frió en la noche, pero las temperaturas estreñías 
son estremadamentc variables según la altitud, la estación i el esta- 
do de calma o de viento del aire. 

En la parte central del desierto, en las estensas llanuras i arena* 
les, con calma, el tormumetro sube en verano a la sombra hasta 40^ 
centígrados. Creemos que en esas circunstancias no bajará de cero 
I)or la noche; pero al menor soplo de aire la temperatura mas ele- 
vada se hace soportable i cualquiera algo fria, insufrible. 

En la Puna, solo en los parajes mui resguardados suele hacer 
calor; en las planicies i lomajes nunca hai calma i siempre fresco ó 
frió. De noche éste se hace glacial; en las partes llanas i altas, de 
4500 a 5000 metros, como los altos de Lar!, de Puripica, etc., baja 
el termómetro a — lO^^i — 15** en verano; en invierno los frios deben 
alcanzar a 20, 25 i mas grados bajo cero, pues saldemos que en A&- 
cotan, donde hemos tenido ( — 5"), el señor Harding tuvo en el 
mes de junio ( — 18'). 

Itepetiremos que to<1os estos frios se hacen tolerables cuando el 
aire está en calma, i)ero no así habiendo la mas leve brisa. Sería, 
pues, mui arriesgado aventurai*se en las rejiones de la Puna en iii- 



DESCRIPCIÓN JENEKAL DE lA PUNA. 241 

vienio; los nevazones, aunque menos frccnenles que cu verano, Je- 
luonin mas en deshacerse; los ilias, mas cortos, no Bumiuistnin el 
tiempo siiñciente para erectiiar lax Jonmitas; los pasLoa mismos 
(lutieii ser niaa tiscnsus, i los tremendos frios de In noclie pneilcn 
|>aralizar la circulación ile la sangre, privar del uso de sus niient- 
bro3 al viajero Í aun cansarle la muerte, cooio ha acontecido mas 
lie uua vez a los cateadores o los remesero» de gnundo. 

ViEKToe.— ICl accidente acontecido a nucstru bariiiuetro nos iin- 
jiide de establecer conexión cutre k presión atmosférica i los vientos 
i otnM meteoro^; solo en Atacama teucuios una serie de observucio- 
ues durante quiuee días; jwro el cstudo ¡rrogidur del l¡eni{>o en esa 
quincena uo permite tamiioco establecer uoncxiou, para la cual se 
ueccaitardiu observaciones horarias que nuestros oti^ts quehaceres 
iKM impidieron practicar. 

Los vientos nuts fuertes que liemos esi>erinient;ido han rudo siem- 
pre del imnicnte i son loi que jeneralinente reinan de día; jior lo 
ileiuás los grandes desniveles del terreno en la Puna hacen muí va- 
riable 6u intcusidud segiui el paraje. 

Eu Atacama i en todn la falda occidental que esld protejidu [lor el 
Bordo lio liemos sentido vientos fuerte.^; i>ero qui/Ai los hní cu otra 
¿jioca, como acontece en la {mm])» de Ascotan. 

Ku los jiarajcs descubiertos de la Puna pue<le decirse que hai 
viento coustnotcmcnte; solo de nuche suele haber una calma reln* 
tiva e iuteriuitente; por la luaD^ina se levanta brisa del mar, muí 
lielnda |>or haberse impregnado con el hielo de los nieves del cordón 
occidental; hacía medio día cobi'a su mayor violencia i dura a veces 
hasta la noche, cambiando de rumbo variablemente hasta venir del 
orienta. Dura, pnes, toda la tarde con una violeucia i tenacidad que 
son la desesperación del viajero, i que es necesario haber esi>eri- 
luentado para comprender los Ínconio<tÍdades que cansan. Si a esto 
se agrega que los únicos reparos que puede haber allí son pircas de 
pieilra por cuyos intersticios se cuela siempre el viento, o li<!ndas 
cíe lona cuyas amarras i costuras no resistan a su violencia, serji 
mas fácil idear hosti que punto puede subir la incomodidad. 

En los accesos orientidcs a la Puna soplan también recios vientos; 
en esa i-cjion prcdoiniíian en invierno i otoflo, dejando de descanso 
el verano. En Luracatao se nos hizo ver una barandilla de i cal 
ladrillo que el viento habla des ino ruñado. 

HuUEDAD ATMOSFÉulCA, -No heuios practicado observaciones 



242 LAS CORDÍLLEnÁS DE ATACAMÁ. 



sicrométricas; sin embargo, podemos confirmar la conocida seque* 
dad atmosférica del desierto i de la Puna. En Caracoles donde lie- 
mos observado el sicrómetro' en 1880, el termómetro húmedo 
marcaba siempre la mitad del otro. En Aguas Dulces hemos oido 
lloviznar durante largo rato sobre el techo de zinc de la posa- 
da, i al asomarnos después afuera el sucio estaba completamente 
seco. Los efectos de esta sequedad, cuando se combinan con el vien- 
to^ secan i despegan el cutis de la cara i de las manos^ i hai perso- 
nas (Tschudi) a quienes se l&s j)arten las uflas. Esta misma sequedad 
ayudada por el frió es la que permite conservar la carne durante 
muchos dias en la Puna, sin que manifieste indicios de descom|)o- 
sicion; por la noche se endurece completamente i de dia, según la 
temperatura, recobra algo su blandum. 

. Sería un error creer que el cielo &<^tá siempre de8i)ejado en el de- 
sierto de Atacama i en la Puna. En el verano, sobre todo, lo jene- 
ral es el tiempo nublado; aun en invierno hemos tenido varias dias 
consecutivos de nublados en el litoral, i en la costa de Tarapacá he- 
mos es[)er¡mentado una lluvia en el mes de agosto de 1881. Eu Ca- 
racoles i rejion central del desierto las grandes lluvias, que no tienen 
lugar todos los afios, acaecen a principios de verano; suelen ser co- 
piosas hasta causar grandes creces en el rio Salinas i rio Loa^ i este 
afío se han repetido en otofio bajo la forma de nevazones. 

Eu Atacama i en toda la falda occidental, las lluvias del verano 
son mas frecuentes que en Caracoles i Calama; creemos que será raro 
el afío que no las haya. Lo mismo acontece en la falda oriental. Pa- 
rece que el invierno en estas rej iones es enteramente seco. 

En las alturas de la Puna hai pocas lluvias que no sean acom[)a- 
fíadas de nevazón o de granizo, i son casi siempre ocasionadas por 
tempestades acompañadas de truenos i relámpagos. Durante nuestro 
viaje, raro ha sido el dia que no amaneciese despejado; a eso de las 
diez u once se formaban aureolas de nubes que coronaban las cimas 
nevadas mas altas; en pocos momentos a veces, se cubría el cíelo de 
densos nublados i hacia las 3 o 4 de la tarde estallaban tem[)estades 
que solían durar pocas horas. Casi siempre a las 8 de la noche estalla 
el cielo estrellado. Durante el invierno parece que no son tan fre- 
cuentes los tempomles, pero no hai duda que las nevazones son mas 
rigorosas i casi toda la Puna queda tapada por un manto de nieve. 

Electricidad i otros frnomenos.— Solo mencionaremos el he- 
cho de que en la Puna la tensión eléctrica de la atmósfera es mui 
considerable; a veces bastaba pasar suavemente la mano sobre una 



DESCRIPCIÓN JENERA.L DE LA PUNA. 243 

manta de lana para sentii* el crujido de los dils^xis. Tscliudi, que 
pasó la Pana en invierno, dtcc que eu el Rincón da tensión eléctri- 
ca del aire es estraordinaria. Al menor frotamiento, todos los jéne- 
roB de lana prodnocn cliispos; cada movimiento, de dia a caballo 
o de noche Bobre el Icclio, estaba acompañado de un incómodo chis- 
porroteo; al ensillar i desensillar los bestias brotaban de los dedos 
peqneflas llamas eléctricos; eu cada pelo de los animales se veía 
puntos azulejos!... 

Respecto de los fenómenos ópticos como el miraje o espejismo, so- 
lo los hemos observado en el desierto, en los grand&i llanos, durante 
las horas de la maDniía. Sobi-e la pure7,a del aire i brillo especial de 
toe astros uo liemos tenido lugar a hacer comparaciones. 

Loe rasgos jenerales precedentes del clima de la rejíon que hemos 
atravesado cunciierdaa bastante bien con las gíguíeutee líneas de 
U. Martiu de Monssy: 

(La meseta arjeutina de los Andes que se reúne con la de Bolivia 
participa de la temperatura propia de esta última. El límite de los 
nieves perpetuas baja, segnu loa localidades, de 5000 a 4400 metros. 
Hai habitaciones hasta la altura de 4000, por ejemplo en la Puna 
•le Jujni; pero el clima es allí en estremo rigoroso i hiela casi todas 
las noches, escepto en el rigor del verano, cuando loa rayos del sol 
son verticales. En estas alturas los temporalea pro<Iucen a menudo 
granito, a veoes nieve que se derrite inmediatamente; raras veces 
llueve. El sol es uni ardiente i hace frío en la sombra. Los vientos 
Boa escesívamente violentos i frios en estas mesetas; en invierno los 
partes mas altas quedan tapadas de nieve. Las porciones habitadas 
Be hallan jeneralmente eu algunos valles algo abrigados da los vien- 
tos, a iiua altura variable de 3200 a 3700 metros. De noche, el ter- 
nifiaietro boja a — 4° i — 6"; pero aim on esos días alcansa de dia 
B + 10° o + 12°. En suma, es un clima crudo i desagradable que solo 
lOB indios de raza quichua pueden soportar. 

Posados los pocos temporales del otollo, el invierno es despejado i 
*<». El verano es talvez ma.s desagradable por los nnmerosos chn- 
U1SC08 que se forman i disipan con la mayor rapidez*. 

Las siguientes lineas del mismo autor determinan el limito del 
clima rigoroso de la Puna: 

•Un fenómeno bastante notable para la historia física de esta par- 
te del orbe es la línea de demarcación bien definida qne establecen 
la sierra de Aconquija i sus prolongaciones entre el clima de los 
Audes i el del Norte de la llanura interior. Mientras todo lo que 
<iueda al poniente de esta cadena está jeneralmente seco i árido por 



244 LAS CORDILLERAS D£ ATACAMA. 



fulla de lluvias suñcieiiteB, el lado oriental, abuudantemente regado 
con las aguas del cicloi ofrece la mas espléndida vejetacion. Cuando 
Be atraviesa esta sierra i se principia el descenso hacia las llanuras 
de Tucumaiiy el cambio es tan repentino como en una decoración 
teatral. En un trecho de i)ocos hectómctros^ se pasa de un terreno 
seco^ cubierto por un escaso pasto, a un sudlo negro, húmedo, del 
cual brota agua por todas partes i donde crecen árboles numerosos 
tanto mayores óuanto mas se dista de las alturas de la siciraji. 

Sobre el clima de las diversas rejiones de Bolivia encontramos 
detallados e interesantes datos en las obras que hemos citado de los 
sefiores Hugo Beck i J. M. Dalence, pero el temor de estendernos 
demasiado fuera de los límites de este trabajo nos impide reprodn- 
cirios aquí. 



16. — VIABILIDAD. 



Ferrocarriles. — No nos toca describir aquí las diversas vías 
férreas que tienen su oríjen en los puertos de Actofagasta, Taltal, 
Clmfiaral i Caldera para internarse en el desierto de Atacama; la 
primera de ellas alcanza actualmente hasta la estación de Pampa 
Alta, a cerca de 150 quilómetros del litoral, i hai el proyecto de pro- 
longarla, según el trazo que aparece indicado en nuestro mapa, hasta 
el mineral de juauchaca en Bolivia. Esta cuestión de actual inte- 
rés ha sido mui debatida, i no está aun resuelta su construcción, para 
la cual escasean los capitales en Chile. El gobierno ha otorgado de 
antemano una garantía sobre los fondos que se inviertan en ella, i 
con el objeto de reunirlos se hallan en Inglaterra varios socios de la 
Compañía de ¿Salitres i el injeniero sefior Hardiug, que ha hecho el 
trazo de la via hasta el portezuelo de Bamaditas i un estudio preli- 
minar hasta Guanchaca, 

El trazo del sefior Harding no es el único que haya sido estudia- 
do para esta vis; hemos hablado en otro lugar de los trabajos del 
sefior Desmond i hecho notar la diferencia de ambos. 

Por el lado oriental de las cordilleras, corre el ferrocarril central 
arjentino de Córdoba a Tucuman, que está en via de prolongación * 
hasta Jujui, i según proyectos hasta Bolivia \ Esta será indudable- 

1. El doctor BrackebuBch, en su folleto, dice sobre esto lo siguiente: 
i 'Varios son los proyectos sobre el trazado de la nueva línea i su continuación 
futura hasta BoUvia. Un proyecto es: del rio de las Piedras por la qnebrada del 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUKA. 



245 



mente una vía de fácil i rápkia ooiuuiiicaeioii hacia el Atlántico 
para este pais; pero suponiendo en actividad los dos ferrocarriles, el 
del Pacífico llevaría siempre una gran veatoja bajo el punto de 
vista de su proximidad a la costa, como se ve por la siguiente oom* 
paracioui tomando [K>r punto de partida la ciudad de Potosí: 



Al AUántioo. 



i 



De Rosario (puerto en el Paraná) a Córdoba... 396 qnilóm. 

De C6rdol)a a Tucuman 540 

De Tucuman a Jujui 314 

De Jujui a la frontera 260 

De la frontera a Potosí 300 



1810 qnilóm. 



Al PcuA/ico. 



De Antofagasta (puerto) a Pampa Alta 150 quilóm. 

De Pampa Alta a Guanchaca 450 

DeGuanchacaa Potosí 150 

750 quilóm. 

QaedaUy pues, 1060 quilómetros a favor del PacíRco, sin contar 
con el trasbordo necesario del ferrocarril del Rosario a Córdoba 
que es de trocha ancha ( 1.68°>) al de Córdoba a Tucuman cuya tro- 
cha es angosta (1™); además^ si ee (rata de comercio con Europa, hai 
que agregar el trasbordo del vai^or fluvial al vapor marítimo en 
Montevideo. 

Caminos. — Carrderaa. ^ Las vias de esta clase que han sido 
abiertas |)ara la esplotacion de minerales o salitreras en el desierto 
(le Atacania, son caminos relativamente cortoA| que reúnen esos si- 
tios oon liis puertos mas vecinos del litoral. Los parajes dificultosos 
(le esas carreteras estaban en el atravieso de la cadena de cerros de 

Pasaje, valle do Lerma i Salta, De aquí so dividen los proyectos; uno lleva la linea 
por Jnjnl. Hamahnaca i la Qaiaca; otro por 1:\ quebrada del Toro, Moreno, Ainii- 
lar i la Quiaca. 

Kl otro proyecto es: del rio de las Piedras por el Pasaje, Cobos, Jujui (con una 
ramiñcacion a «Salta) Iluniahuaca, etc. Una dccÍHÍon sobre la ejecución de una u 
otra linca uo se ha dado todavía, n 



i i 



i 



[ 









246 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

la casta, a cuyo efecto se ha buscado 8¡em|ire las cabeceras de que- 
bradas o abras naturales. 

Tales ¿ou los caminos carreteros de Tooopilla i Cobija hacia Ca- 
lama i Chiuchiu, de Mejillones i Antofagasta a Caracole8j que se 
prolongó después hacia las Aguas DiUoes; de Antofagasla a las sa- 
litreras de Aguas Blancas i aguadas del interior San Gaillermo, 
Providencia, etc. Esta última está concertada con las carreteras de 
Blanco Encalada (caleta Remiendos), Paposo i Taltal hacia Ca- 
chinal i las aguadas anteriores i otras como Agwi ClUca, Profetas, 
etc. Finalmente, tenemos en la rejion meridional del desierto las 
carreteras desde los puertos de Pan de Azúcar i Chañaral hacia las 
rejiones minerales del Cha^ Bolsón, Esphradora i el salar del P0- 
demaL 

Tollas estas vias se detienen al p¡¿ de las primeras serranías de 
los Andes, esceptuando la última, que halla entrada por entre las 
del Indio Muerto i cerro Vicufla. 

La única carretera, no solo del desierto, sino de todo Chilcí que 
atraviesa la cordillera de los Andes, es la que, en prolongación del 
camino de Antofagasta a Oalama, se estiende hasta Guanchaca, pa- 
sando por Aecotan, Yizcachillas, etc. 

Al oriente de la Puna, en las provincias arjentinas, existe la gran 
carretera entre Tucuman i Tnpiza, que se ramifica en otras varias 
en los puntos que indica nuestro mi^pa, de acuerdo con los siguien- 
tes datos del doctor Brackebusch: 

« IjOs caminos carreteros para Bolivia siguen por las quebradas 
del Toro i de Humahuaca. El último es el antiguo i sigue sin obs- 
táculo (fuera de las creeos en tiempos lluviosos) i sin declive 
sensible hasta la altura de 3500 metros. Los puntos principales que 
toca son el Volcan, Tumbaya, Tilcará, Humahuaca, Negra Muerta, 
Abrapampa, Cangrejos, Quiaca i Tarija (£1 camino antiguo seguía 
de la Negra Muerta por el abra de la Cortadera a Quiaca). 

El camino carretero por la quebrada del Toro ha sido abierto re- 
cientemente, i servirá principalmente a los sáltenos. En Abrapampa 
se une al camino de Humahuaca. De otros caminos carreteros de 
la provincia, tenemos que nombrar el de Jujui a Salta por Perico 
Chico, Tres Cruces, Sauce, Caldora; el camino de Jujui a Co- 
bos, etc. » 

Caminos de tropas. — Esta clase de caminos está simplemente se- 
ñalada en el suelo por varias huellas sinuosas paralelas; los caminos 
de gran tráfico han sido atendidos por la administración boliviana, 
que ha instituido al efecto una verdadera cfyrvíe (tributo en trabajo) 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 



247 



coíre los indíjenas para el mantenimieuto de esas vías* El trabajo 
consiste simplemente en separar en el ancho de unos 6 u 8 metros 
las piedras que cubren el suelo; esta operación tiene que repetirse des- 
pués de cada verano lluvioso^ porque los aguaceros arrastran la 
tierra suelta, dejando a descubierto nuevas piedras. En los panijes 
rocosos i en las laderas los caminos han tenido poca preparación. 

No hacemos la enumeración de estos caminos, pues están indica- 
dos en nuestro mapa. 

Senderos de tropas. — Apesar de ser la Puna un verdadero de- 
sierto en estremo daspobIadO| es difícil hallar dos puntos que no 
estén reunidos por una senda mas o menos hollada. El simple rastro 
de unos pocos indios vicufieros montados en sus burros, constituye 
7a un sendero que no se borra sino con las copiosas lluvias de al- 
gunos veranos escepcionales. Pocas son las personas que conocen 
esos escondidos i scmi- borrados senderos, i es sin embargo indis- 
pensable para el cateador o viajero proveerse de un guia que haya 
recorrido una vez siquiera el camino que se sigue; de otro modo, 
aunque se conozca el aspecto del terreno i de las serranías, si bien 
basta eso para no perderse, es insuficiente para tomar la vía recta i 
libre de zanjones, curureras i pedregales. 

Todo terreno de acarreo, en jeneral^ está lleno de esas madrigue- 
ras eon que los cururos horadan el suelo, i éste es uno de los incon- 
venientes mas serios que encuentra una tropa de muías cargadas 
pam andar fuera de camino. 

Los malo? pasos de estos senderos se encuentran en el atravieso 
de las vegas i ciénagas que contienen frecuentemente profundos 
pantanos cubiertas por discontinuas cilampas de césped de engaña- 
dora firmeza. Es conveniente, cuando el camino que se sigue recori*e 
largos trechos de vejas i las cruza varias veces, que el guia o va- 
queano tenga una o varias bestias conocedoras de la huella para 
buscar con su instinto los mejores atraviesos. 



16. — ITINERARIOS. 



Apreciación de la legua itineraria.— El valor legal de 
esta legua era probablemente el de 6666 varas (S569 metros), que 
corresponde a la legtia española o marina de 20 por grado de lati<« 
tud. Esta era por lo menos la menor de las leguas legales en Espa- 
fia, puesto que la legua según la cual dcbian amojonarse los camino8| 



248 LAS COBDILLERAA DE ATACAMA. 



desde 1766, fué de 8000 varas p sea 6680 metros, i la legua jeo- 
gráfica de 17^ por grado era de 6350 metros. Sia embargo, el valor 
que mas se aproxima a la lonjitud de la legua itineraria es el de la 
antigua legua cspafiola de 3000 pasos o 4170 metros. 

Auu cuando se aceptara como valor efectivo de la legua itinera- 
ria el de 4000 metros, siempre resultan cxajeradas la mayor parte 
de las distancias que, s^un apreciación de arrieros i guias, entran 
a formar los itinerarios do los diversos 8endci*os de la Puna. Esta 
exajeracion es mas sensible respecto de las distancias cortas que de 
las largas, i ella es la causa de la deformación que se nota en los 
mapas basados esclusivamente sobre tales datos. Ellos no son utili- 
zables sino para interpolar puntos intermedios sobre un camino cu- 
yos dos estremos están bien situados de antemano. 

Descripción db itinerarios. — ^Tomando en cuenta la adver- 
tencia anterior, creemos que será útil recopilar aquí loe diversos 
itinerarios que poseemos, indicando siempre su orí jen, i acompa- 
fiándolos con los detalles sobre los caminos, que hemos podido con- 
seguir. Dejamos a cada interesado el cuidado de hacer las compa- 
raciones i apreciaciones que su criterio le sujiera. 

1. — Estracto del Ghiia Jeneral, publicado en Sucre en 1865 por 
Ernesto O. Rück. 

De Potosí a Cobija, 

Leguas Totales 



De Potosí a Condoriví 6 

a Churata 7 18 

I Vicisa 6 19 

, Chitaca 8 27 

t Agua de Castilla 5 32 

I Amachuma 7 39 

, Pujíos 8 47 

I Purilari 8 55 

. Avilcha 6 61 

1 Cauchas Blancas 4 65 

, Vizcachillas 7 72 

I Tapaquilcha 5 77 

I Ascotan... 8 85 

Pajonal 9 94 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 249 

Leguas Totales 

Santa Bárbira (pueblo) 8 102 

Iiicahiiasi (id.) 

Chiucbiu (id.) 

Galanía (id.) 

Cero (id.) 10 112 

Galanía (id.) 6 118 

Huacate 9 127 

Miscauti C 133 

CuIuiK) 12 145 

Cobija (puerto) 13 158 



a 

II 
II 
II 

II 

II 

II 

II 

II 

II 




De Potoét a Jujui. 



i 



DePotosí a Lajatambo 6 

a Guisa (pueblo) 6 12 

" Saropalca , 6 18 

" Quirvc 6 24 

" ¿cara 6 30 

II Cotagaita (pueblo) 5 35 

M Torota 4 39 

.. San Miguel 10 49 

fi Tupiza (villa) 6 54 

n Saipacha (pueblo) 6 59 

fi Mojo 8 67 

11 (la raya) la Quiaca (poeta) 8 75 

II Yavi 4 

II Cangrejos 9 

II Cangrejos (posta) 8 83 

II Poyóte 6 89 

M Ojo de Agua G 95 

II Autumpa 5 100 

II Ilumabuaca (posta) 7 107 

II Huacalera 6 113 

M Tilcará 4 117 

" Pulmamarca 6 123 

'• Volcan 5 128 

'• Leoii 4 132 

" Jujui (ciudad) 6 138 



i 



\ 



i 



2fi0 



LAS COBDILLEBAS DE ATACAMA. 



De Oruro a Cobija. 



Leguas Totuleü 



Do Oruro a Toledo (pueblo) 8 

a Rio (le Cosque (estancia) 8 

Calatna 8 

líio de Lauca (a la legua de Yesca) 9 

Tolahuira (a 4 leguas de Chise) 9 

Áuocarauta (estancia) 6 

Binconada (id.) 6 

Tiqu¡na(id)...' 8 

Caraacha (id.) 5 

Guaico (id.) 6 

Tobar (id.) 6 

Potrero (id.) 5 

Paronca (id) 6 

Cuchicha (id) 7 

Cebollar (id) 6 

Pincullo(id) 10 

Santa Bárbara 10 

Cobija 56 



IG 

24 

33 

42 

48 

54 

62 

67 

-73 

79 

84 

90 

97 

103 

113 

123 

179 



De Cobija a Tarija. 

I)e Cobija a Canchas Blancas (posta) 93 

a Galeras (estancia) 13 106 

Vilavila 9 115 

Cerrillos 18 133 

Chorrillos 14 147 

Tupiza 9 156 

Supira (hacienda) 7 163 

Livilivi (pueblo) 13 176 

Patanca (pueblo) 9 185 

Pinos (hacienda) 9 190 

Tarija (ciudad) 6 196 

2. — Estracto del Fiq^e al través de loa Andee de T. T. v. 
Tschudi. 

De Atacama a Aniofagasla. 

De Atacauía a Quelana 14 

a Socaire (principio de la cordillera) > 8 22 



j n 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUKA. 261 

LegnoB Totaleí 

Miñiquea 6 28 

II ^gaas Calientes 14 32 

K Incahuasi (al oriente del c:rdou) 10 42 

r» Quanaqiieros 8 60 

,. Telar 6 66 

II Cortaderas 18 74 

11 Aguas Calientes 6 80 

n Colorados 4 84 

n Antofagasta 14 108 

3. — Eátracto del Viaje ai Deaieiio de Alaoama del 
doctor Philippi. 

De Cachinal de la Siena a San Pedro de Ataoama 

De Cachinal al Agua de Profetas 9 

a Agua de Varas 4 13 

M Punta Negra 8 21 

M Imilac 12 33 

M Pingo-pingo 10 43 

11 Tilopozo 9 62 

if Agua de Carvajal 14 J 66 J 

11 Atacama 12^ 79 

De Ataoama a Copiapó. 

De Atacama a Toconao 10 

a Agua de Carvajal 12 22 

M Ciénago Redondo (?) '. 10 32 

II Tilopozo 5 37 

ri Puquios 16 62 

M Pajonal 6 68 

II Zorras 7J 66J 

II Aguas Blancas o Barrancas Blancas 11^ 77 

M Rio Frió 8i 86i 

II Sandon 7 92^ 

M Vaquillas 4J 97 

M Chaco ^ lOOi 

I, Juncal 8 108Í 

ri Encantada 6^ 116 

32 



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252 LAS CORDILLERAS DE ATAOAIL/L 



Leguas Totales 



a Doña Inés 7 122 

M Agua Dulce 10^ 132^ 

.1 Chafiai-al Bajo (?) 

II Tres Puntas TJ 

De Atacama a Salla (según don Auacleto Pacli). 

De Atacama a Tarabülo 7 

a Souüor 7 14 

Pajonal 6 20 

Aguas Calientes 6 26 

Puntos Negros 7 33 

Guaitiquina 10 43 

Catua (caserío) 7 50 

Olacapata (un rancliO| agua i pasto) 13 63 

San Antonio de los Cobres (casa, agua i pasto) 12 75 

Las Cuevas (casas i alfalfa) 12 87 

la Cebada 13 100 

la boca de la quebrada del Toro 12 112 

Salta 8 120 

4.^De un residente en Atacama llamado Ojalvo. 

De Atacama a Rinconada. 

De Atacama al Cajón 8 

a Aguas Calientes 7 15 

Chajnantor 7 22 

Zapaleri 7 29 

Rosarlo (pueblo) 12 41 

Coyaguaíina (raya) 6 47 

Ajedi'ez (mineral) 2 49 

Rinconada 12 61 

De Rosario a ¡SanAntonio de loa Cobres. 

De Rosario a Negro Muerto 10 

a lasCuevafl 12 22 

M Susques 2^ 24J 

II San Antonio de los Cobres 10 34¿ 



DESCRIPCIÓN JEHEBAL DE LA PUNA. 253 

Ik Toocmao a Sutques. 

Lrguu ToUlw 

De Tooonao a Pótor. 7 

al rio dePuripica 8 15 

a Léber (v<^) 5 20 

n Otaros (mineral ile oro) 10 30 

M Susques (pueblo) 12 42 

De Quetena al Rotario. 

DeQuetenaa Nupijarm (v^a) 9 

a Quefinal (paacauaj 10 19 

» BoBario (pueblo) 14 33 

5. — Del oara párroco rie Atacaou don Pedro N. 
SegoTÍa. 

D» Toomao al Rotaría. 

Pe Toconao a Pótor (agua cormiiLe al Oeste) 7 

a Aguas Calientes (chorro de vertiente) 12 19 

. » Lina (este nm ciénaga) 12 31 

n Roeorio (comino con pastos) 12 43 

De Boeario al cerro de Granudas baf 8 o 10 l^uas. 

De Rotario a Padoe Grande». 

De lUteario a Bávaro (estancia al Sur) 12 

a Busques (al Sur) C 18 

„ Pasto Chico (al Snr) 12 30 

II ToGomar (imscana muí elevada) 13 43 

•• Pastos Grandes (camino al Suroeste) 11 61 

De Pastos Qraudes a San Antonio de los Cobrea lia! 
15 leguas. 

De Oaatiquina a la» Bvirra». 

De Guatiquinaa Catua 6| 

a Chibarca (al Norte) 7 13^ 

.. Siisque» (lia! un aalar) 12 25J 

M lafiBurras 5 SOJ 



261 LAS CORDILLERAS VE ATACAMA. 

De Calna a Toconao. 

LeguM Totales 

De Catua a Losló (muí pastoso) ....: 8 

II Chamaca (pastos) ' 8 16 

.1 Hécar (agua corre al i>oii¡ente) 10 26 

if Tooonao 10 36 

De Ic^ Punilla (camino de Antofagasta a Molinos) 

a Pastos Orandea. 

De Punilla a Incahuasi (mineral abandonado) 3 

a Falda Ciénaga (laguna del Hombre Muerto) ' 3 6 

.. Tolar Grande 14 20 

II los Colomdos (pascana) 8 2S 

ri los Pozuelos ([Niscana) 6 33 

II Pastos Grandes (pueblo) 7 40 

6. — Del vaqueano Cirilo Lo^iez. 

Del Cajón a la Rept¡blica ArjenUna. 

Del Cajón a Aguas Calientes (del Sur) 8 

a' Cbajnantor 10 18 

II Zapaleri (hai unos nevados al Norte) 6 24 

M Rosario (nacen aguas para el Este) 8 32 

II Coyaguaima (raya) H 40 

11 Rinconada (pueblo) 7 47 



De Coyaguaima a Casabindo hai . 7 47 

De Zapaleri al cerro de Granadas hai 15 leguas. 

7. — De don Anjel Custodio Villalobos. 

De Antafagaeta a la raya arjentina (pw el 8ui'). 

« 

De Antofagas(a a Carachapampa (vega al Suroeste; hai 

habitantes por temporada 8|^ 

a la encrucijada del camino de San Francisco 8^ 17 

al portezuelo del Robleo 5 22 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 265 

De Antof agosta a la raya arjentina {por el Sureste) 

LégiUM Totales 

De Antofagasta al Pefion (estancias) 14 

al portezuelo de Pasto Ventura 7 21 

De Antofagasla a Puquios (Estación del ferrocarril 

de Copiapó). 

De Antofagasta a la quebrada del Diablo, que cae al 

salar de Antofalla 7 

a las Breas, quebrada pastosa que cae a otro salar..... 11 18 

M Colorados, pié de cordillera; salar 9^ 27^ 

II los Pajonales (al oriente de la laguna Brava), en el 

centro de la cordillera 9 36J 

ti Juncal, al poniente de la cordillera 9 45]^ 

(En la Ola se reparte el camino para Chafiaral, Pan 
de Azúcar i Taltal. Dos leguas antes de la Ola es- 
tá la quebrada de IjPoncito, de donde sale el camino 
para Copiapó). 
II la Ola, corriente hacia las borateras del Pedernal... 6^ 51 

tt Pasto Largo (vega) 7 68 

,1 San Guillermo (alfalfa) 9 67 

it Puquios 7 74 

Empalmes con otro camino. 

De la quebrada del Diablo a Loroguasi, al Norte de 

Breas i en la orilla opuesta del mismo salar 9 

a Potrero Grande, ciénaga de invernada 6 

11 los Patos, pasando por otra ciénaga, hacia el Norte. . . 9 

II Rio Grande, al NNO. (pascana del camino siguiente) 9 

^■^^^^^^^■■■^^ 

De Loroguasi a las Breas hai 6 leguas. 

Ve Antofalla a Rio FiHo (camino del iLica entre 

Atacama i Copiapó). 

De Antofalla (ruinas del establecimiento a Torrecillas, 
quebrada hacia el poniente quecae hacia la ciénaga 
i salar de Chibarca, al NO.), 6 






256 LAS COEDILLEIIAS DE ATACAlíA. 

Leguas Totalei 

a la ciénaga cíe Rio Grande, agua corriente al Norte 

pasando por Chi barca 7| 13^ 

II la entrada a la cordillera, hasta Punta Negra. 9 22^ 

M Aguas Calientes (al otro lado de la cordillera, 4 le- 
guas al Sur del Lhillaillaco) 10 32i 

„ Rio Frió IH 44 

8. — De un indio de Antofalla. 

De Antofalla a Pastos Grandes 

De Antofalla a Tebeuquichu (quebrada jtastosa en el 

salar) , 2 

a Antofallita (id id.) 7 9 

II Cortaderal (pascana) 7 16 

I, Tolar 5 21 

II loH Colorados 6 27 

11 PastosGrandes 12 39 

De Antofalla a Toconao, 

De Antofalla al Cortaderal (como en el itinerario ante- 
rior) 16 

a Tolar (salar de Arizaro) ? 14 30 

II Incahuasi (i)aRcaDa) 14 44 

I, Toma de Socaire 1(J 60 

II Tooonao 7 67 

De Aniofagasta a ChañaraL 

De AntofHgtista a la falda (vegas) 6 

a la quebrada del Diablo 7 13 

I, las Breas 7 20 

II los Colorados 14 34 

II la laguna Brava 14 48 

,1 Juncal 15 63 

II Leoncito 5 68 

II Pasto Largo 10 78 

al Salado 12 90 

a Chanaral (bnjo?) 4 94 



DESCRIPCIÓN JENEBAL DE LA PUNA. 267 

9. — De (loa Pedro Nilo Madariaga, juez de aguas eu Atacama. 
De Atacama a Salta i Cachi ^ 

Leguas Totales 

De Atacama a Toconao (buen pasto, lefia, agua co* 

rrientc al poniente) 12 

a Soncor (pueblo) 3 15 

al abra de Pajonales (pasto de cordillera i sin agua).. 5 20 
a la laguna de Lejías (agua inalada i vertientes dulces 

alrededor) 2 22 

II la laguna de Aguas Calientes (20 cuadras al oriente 
del camino; agua caliente i buena, pasto; no hai 

lefia; mucho frío) 3 25 

II Puntas Negras (poco pasto, lefia, no Iiai agua) 8 33 

II Quaitiquina (agua corriente al Sur; pasto i lefia)... 12 45 
II Catua (población de cordillera diseminada hasta 

Chibarca, en una estension de 8 leguas) 6 61 

al abra de Arizaro (agua corriente al Norte hasta Ca- 
tua, buena lefia) 3 54 

a Cerro Negro (buen pasto de ciénaga, una casa habi- 
tada, llamas, ovejas, cabras, burros, etc. A 2 leguas 
al Norte de este punto están las boratei'as que tra- 
bajan los sefiores Coru i Roca) 6 59 

„ Caurchari (agua, lefia, una casa) 1 60 

„ Chorrillos (al oriente) 10 70 

fil rio del Toro, que viene del Norte 7 77 

a las Cuevas, donde hai potreros alfalfados 2 79 

II Tástil (donde se encuentra el camino carretero hacia 

Bolivia) 8 87 

„ Gólgota (finca) 4 91 

„ la boca de la quebrada del Toro 8 99 

I, Salta (atravesando valles fértiles i pueblecitos, al 

naciente) 10 109 

De la boca de la quebrada del Toro a Rosario de Lcrma 

(a media legua del rio, al SE.) 3 

I, Chorrillos (70 leguas de Atacama) a la Poma, anti- 
guo mineral de plata, naciente del rio) 18 88 

a Cachi (pueblo) 10 98 

1. Reproducimo» integro este itinerario, a pesar de tener gran parte de común 
con el nuestro, para que se pueda hacer comparaciones en la apreciación de las 
difltancias. 



II 



258 LAS CORDILLERAS DE ATACAKA« 



Caminos en el centro de la Puna. 

Leguas Totales 



De Quetena a Zapalcri. (En el camino no se encuentra 
recurso alguno. (En Zapaleri el agua es mui abun- 
dante i corre al Sur; ciénagas esteusas de buen pas- 
to; hai como) 25 

De Rosario (el camino es todo provisto de pasto; agua, 
i lefia; las aguas corren en todas direcciones i en 
Basarlo^ al Sur) 20 

De Zapaleri a Puripica (agua corriente al Sur^ pasto i 

lefia) 12 

al rio de Quaitiquina 15 27 

De Puntas Negras al Rincón (pié de cordillera; hai un 
gran salar de Norte a Sur^ agua en ojos^ pasto de 

ciénaga i lefia) 13 

a Quiron 12 25 

De OaUa a Belén. 

De Salta a Cíerrillos (pueblo, por carretera) 3 

a Rosario de Lerma 4 7 

De Cerrillos a la Merced (al Sur) 2 5 

I ja Merced al Carril 2 7 

a Osma (estensa finca de don José Villa) 5 12 

II Puerta de Diaz (terrenos montafiosos, i)ero de poca 

agua) 5 17 

,, la Vifia (pueblo, al poniente) 7 24 

II Alemania (estancia en la desembocadura de la que- 
brada de las Conchas, o Guachipas, al Sur; el pue- 
blo de Guachipas queda 2 leguas al oriente) 5 29 

M la embocadura de la quebrada de las Conchas (ca- 
mino por la quebrada, estrecho, áspero, laderas 
escarpadas; hai potreros alfalfados en dos puntos 

al Norte i en uno al Sur) 25 54 

II Cafayate, al poniente, atravesando un plano i fértil 

valle, (aquí se reúne el camino de Cachi a Belén). 3 57 

II Tolombon (terrenos fértiles pero de poca agua) 6 63 

II Colalao (pueblo i valle fértil) 3 66 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 259 

Leguas Totales 

a Santa María 13 73 

II lo3 nacimientos del rio ile Belén, atravesando el frió 

campo de Pozuelos 23 102 

II Gualfin (peqneüo pueblo) 3 105 

it San Fcrnindo, por el rio abaj j (en este punto se 

reúne el camino de Autofagasta a Belén) 

II la boca de la Quebrada, quedando al poniente varias 

iwblaciones pcquefias 3 113 

II Belén (frutos, legumbres, vinos) 3 IIG 

De Caclii a Cafayate, 

De Caclii a Scclantá (pueblo) : 7 

a Carmen (id., camino por el valle) 9 16 

M San Carlos (id. id.) 10 26 

•I Animanao 3 29 

I, Cafayate 3 32 

De Anio/agaata a Belén. 

De Autofagasta ni Pcflon 14 

a la raya aijentina 4 18 

II la laguna Colomda (salar de donde estraen sal en 

panes) 5 23 

II la laguna Helada (agua dulce, al Sur) 15 38 

•t Corral quemado (caserío) (?) 

3 o 4 leguas al Norte de Corral quemado nace, en el 
mineral de oro de Gualumpaja, un rio, i siguiendo 
sus aguas se llega a San Fernando, que ya cono 
cemos, a las 4 leguas. 

• 
Camino de Autofagasta a Fiambalá. 

Del Pcflon al mineral de plata i cobre la Hoyada, al 

Suroeste ( A rjentina) 14 

a Lagunillas, doblando al oriente 5 

II la quebrada del Agua Negra, alojamiento, atrave- 
sando varias serranías, en dirección al Sur (?) 

al rio de Fiambalá, que se forma allí de varias que- 
bradas que vienen de distintas direcciones 4 

33 




260 US dORDlLLERÁS UE AtACAiíÁ. 



Leguas Totales 



a FiainbaU; mas o menos 10 

De Clúuchiu a QhíeUna i Rinconada. 

De Cliiuclúii a Paiiiri (buen camino; papas^ cebada» 
maiz^ poco pasto; agna que corre al poniente 12 

al Cajón; atravesando la gran cuesta de Pan'ri, se cae 

al río Silaguala (o Cajón), afluente del Loa 8 20 

a laguna Colorada (gran lago de agua dulce; abundan 

pa^stos i aves 12 32 

II Quctena (buen camino; quedan a la izquierda los 
cerros Capina, i a la derecha o Sur un alto volcan 
apagado, el Torque) 10 42 

II la laguna Celeste (agua dulce, pasto, lefia í vicu- 
ñas) (?) 8 60 

II la laguna de Carta (buen camino, agua corriente al 

poniente, pasto i lefia) , 8 58 

ti Pedernales (pasto i lefia, sin agua) 9 67 

II la quebrada de Gaciayo (^buen camino, agua que corre 

al oriente) 6 73 

II rio Granadas (San Juan Mayo) 8 81 

A las 3 leguas al Norte del camino existe jm pue- 
blecito que se llama San Juanito, con 40 habitan- 
tes pastores. 

al pié de la cuesta del Carmen; camino llano, pedre- 
goso; pasto i agua 10 M 

a Rinconada 7 98 

J)e Ascotan a Quetena. 

í)e Ascotan a Pintilla (cordillera alta i fria^ sin agua 
ni lefia; se atravie^^a la sierra de Barrancanes, mui 
larga).. . ^ . . i . . i . . ^ . . i . . i . i » . « , , , 

a Pastos Grandes (ciénaga como de 2 leguas, buen 
agua qüg corre i se pierde en una laguna grandej 
lefia, aves i vicuflas)* ,-, ,.,, 

s\ Torqüe (ciénaga de pasto abundante,"agua corriente 
hacia el rio de Quetena) 14 

w Quetena í..í...!íí 6 



i 



DÉSCRIKJION JENEEÁL DE LA PtJNA. 



261 



De Okitichiu a Guatacondo 

LegTias Totaleí 

De Chiuchiu a Santa Bárbara (donde hai un potrero 

alfalfado) 14 

a Torruno (pasto de vega abundante^ al poniente del 

Loa) 12 26 

11 la quebrada de Chala (afluente del Loa, corre al 

oriente; abundan el pasto i la lefia) 10 36 

(Entre Torruno ¡ Chala existe una quebrada abun- 
dante en pasto, pero también en la yerba venenosa 
llamada vizcachera). 
De Chala a Cuno (cerro alto mui helado, camino llano; 
pasto, lefia i aguas; crianzas de ganado; rumbo al 
NO.) 14 50 

a la posesión del indio Paza, al NO. (pasto, lefia i 

crianzas) 10 60 

II Quegüita (quebrada que corre hacia el poniente; 
árboles; dos casas con doce habitantes; alfalfa i le- 
gumbres) 

ri Mani (al poniente, pasando una mala cuesta; higue« 
ras, perales, duraznos, etc.) 14 

M Tamentica (al Norte; alfalfa, maiz; 40 habitantes ... 5 

tf Guatacondo (sobre la misma quebrada; pueblo con 
400 habitantes, alfalfa i fruta) 3 

De Chiuchiu a Empexa. 

De Chiuchiu a Santa Bárbara 14 

a Polapi (ciénaga grande; ganado lanar i burros; agua 

corriente al Sur) 8 22 

ir Ascotan 8 30 

ff Tapaquilcha (ciénaga pastosa; yareta abundante)... 8 38 
n Vizcachillas (pasto, lefia, agua corriente al naciente) 5 43 
. fi Canchas Blancas (agua del rio Álota que se junta a 

las 4 leguas con el rio de Quetena) 8 51 

ri Escapa. (Hai un rio del mismo nombre que corre (^1 
Sur i se pierde en el calichal de Colpa; casas con 
unos 20 habitantes; camino al NO. En el mismo rio 
hai el pueblecito San Agustín con 50 habitantes; 
papas, quínoa, cebada, maiz) 8 69 



I 



262 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



L«giiaR Totales 



a Pozo Blanco (pasto de vegas i lefias, camino de Sur 

a Norte) 10 69 

II Legoani, al Sur del cerro de Talaimcá. Dos familias; 
crianzas de ganados (Aquí se separa el camino de 
Ouataooudo) 12 81 

11 Potrero; gran ciénaga al Norte; agua corriente al 

oriente 8 89 

11 Emi)exa; llano, ¡lasto de ciénaga, ojo d^ agua dulce* 8 97 
(Desde Emi)cxa liai caminos para Pica i para varios 
puntos de la altiplanicie). 

De Laguani a Gualaoondo. 

De linguani a la laguna Micliincha; agua dulce, ]Nisto 
abundante, lefia escasa; invernaden> do los guata- 

condinos 10 

a Biquintipa; agua al poniente 8 18 

II Quatacondo, mal camino, atravesando el cerro de 

Biquintijia 10 28 

(En las ccrcanfas de Guatacondo se encuentran varios 
minerales de oro i de cobre, i ha^ta una fundición 
antigua de este último metal). 

10. - Del sefíor E. de Rurange ^. 

De Guatacondo a Jujuf. 

De Tiquima (una legua al poniente de Ouataoondo) a 

AnchoviquintiiKi 12 

a Pajanclia 15 27 

II Ucchiíia 18 45 

II Ca«allai>a 10 55 

II una pampa con pasto i agua 15 70 

,1 Cerrillos i 14 8t 

„ Estarca 13 97 

„ Talinas 5 102 

II Cienaguilla Grande 11 113 



! 

1 



1. Lo6 detaUes cíe este camino so encuentran en el Cap. IX, párrafo 19. 



DESCRIPCIÓN JENERAL BE LA PUNA. 



263 



Leguas Totales 



a Abrapampa 17 

II Hamaguaoa 20 

.. Tilcará 10 

II Jujui 18 



130 
150 
160 
178 



11.— Terminaremos dando a coiitínuacion el itinerario de nuestro 
propio viaje avaluado en quilómetroS| según medidas hechas en q1 
mapa. 



De Pampa AÜa a Aiaoama. 



De nn punto 

a otro Parcial Totales 



De Pampa Alta a Caracoles , 60 

a Aguas Dulces 16 66 66 

11 Atacama 84 140 140 

De Ataoama a Jntofagada. 

De Atacama a Toeonao. 88 

a Gámar. 24 

.1 Peine 38 

II Tilomonte 14 

II Botijuelas 36 

II Socompa 46 

II Samenta. 44 

I. Cori ; 23 

M Oavi 30 

,1 Antofalla 40 

,. Antofallita 42 

II Ciénaga 44 

n Cortaderal 7 

II Aguas Calientes 44 

II Calalaste, 54 

(De Antofalla a Calalaste) 38 

a Antofagasta 46 

De Antofagasta a Molinos. 

De Atofagasta a Chorrillo 24 

;, Punilla 30 64 763 

.1 riode Patos 40 94 803 





178 


62 


202 


100 


240 


114 


254 


150 


290 


196 


336 


240 


380 


263 


403 


293 


433 


333 


473 




516 




559 




566 




610 




664 


371 




416 


709 
733 




ík 



204 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 



De un punto 

a otro Parcial Totales 





909 


66 


946 


92 


971 


126 


1005 


161 


1040 


206 


1086 


248 


1127 


310 


1189 


346 


1225 


372 


1251 


410 


1289 



a Lampazo 30 124 833 

., Amaicha 32 166 865 

M Molinos 14 170 879 

De Molinos a Atacama, 

De Molinos a Luracatao 30 

I Colpayo 36 

I Cortaderas 26 

I Pastos Grandes 34 

I Quirou 35 

I Falda ciénaga 45 

I Guaitiquina 42 

I Aguas Calientes 62 

I los Patos 36 

I Toconao 26 

I Atacama 38 

J)e Atacama a Ascotan i vuelta. 

De Atacama a Guatin 24 

a Ojo de Machuca 23 

Copacoya 43 

Colana 40 

Ascotan 36 

Laguna Verde 38 

Caichape. 16 

Coyoraiche 58 

Turuquire 25 

Mancahuaico 36 

Quehuacucho 32 

Pan de AzAcar 33 

Quetena chico 36 

Ojo de Quetena 24 

Puripica 42 

Cajón 42 

Atacama 36 

De Atacama a Pampa Alta 





1313 


47 


1336 


90 


1379 


130 


1419 


166 


1455 


204 


1493 


219 


1508 


277 


1666 


302 


1591 


838 


1627 


370 


1659 


403 


1G92 


439 


1728 


463 


1752 


505 


1794 


547 


1836 


583 


1872 


140 


2012 



DESCRIPCIÓN JENEIIAL DE LA PUNA. 



265 



17.— tbXfico pou la puna.— cobbeos 



Las jcircunstancias anormales que han mediado en estos últimos 
años entre las poblaciones del litoral de Atacama i del interior de 
Bolivia impiden que pueda recojerse datos numéricos significativos 
sobre el tráfico i comercio por estas rej iones. 

Casi la totalidad de este tráfico se efectúa por los valles de la pro- 
vincia arjentina de Salta i la de Atacama, con las remesas de ganado 
Vacuno destinadas a abastecer el litoral. Estas remesas no se pueden 
efectuar sin preparativos i precauciones; es necesario tener el ganado 
^íí engorda hasta que cada buei o toro, como se les llama allá, tenga 
Unas 6 arrobas de gordura, la mitad de las cuales pierde durante el 
trayecto cuando éste se efectúa en buenas condiciones. En atención a 
lo mui pedregoso del camino es también necesario herrar los bueyes, 
lo que se hace con una herr¿idura de dos piezas; es una operación 
bastante trabajosa i costosa; el dueflo del ganado tiene que entregar 
los toros tendidos al herrador i asi paga un peso por cada animal. 
Además de este gasto, el traficante en ganados tiene que costear dos 
o mas remeceros que no ganan menos de cuarenta pesos por el 
viaje; pagan el derecho do esportacion i el do importación, valor de 
un peso cada uno, el forraje en Atacama i soportan, además, la pér- 
dida de uno o mas animales por las continjencias del viaje, los 
temporales o nevadas, eto., sin contar con que cuando los remeseros 
se ven a/oan^a<Zo« de víveres apelan al ganado, culpando después 
cualquier accidente. A pesar de todos estos recargos i continjencias 
i de la compelencia que le hace la importación de ganado por la 
costa, subsiste siempre esta clase de tráfico, de tal manera que la 
carneen Molinos es mas escasa, mas cara i de peor clase que en Ata- 
cama o Caracoles. 

También se interna algún ganado lanar a Atacama por este ca- 
•íüiuo, proveniente de los potreros de cordillera. El resto del trá- 
fico es estremadamente limitado i se reduce a una que otra carga de 
vmo de Cafayate o de tabaco tucumano para Atacama. 

Hacia Bolivia, por el camino de Jujui i Humahuaca, se internan 
ínulas i otras bestias do silla i carga; toman también ese camino 
para ir a Tarapacá, cruzando después la carretera de Ascotíin i 
Guanchaca, hacia Canchas Blancas. 

Por les senderos del centro de la Puna que pasa por Antofagas- 



266 LAS COfiDlLLEBAS DE ATACAMA. 

ia, Pastos Grandes o Quiron, Zipalerí^ Queteua^ etc., trafican re* 
cuas de burros que sus conductores traen desde Belén o Fiambalá 
para internarlos a Solivia, donde se espenden sobre todo en la 
renombrada feria de Guarí, población situada a medio camino entre 
Guanchaca i Oruro, en las inmediaciones del lago Poopó. Durante 
ese largo trayecto, como de 1000 quilómetros, esos animales des- 
cansan i pastorean en las diversas pascanas vegosas que abundan 
en la zona central de la Puna. 

El único camino destinado al gran tráfico, do los que hemos enu« 
merado, es la carretera que desde la costa del Pacífico viene a ter- 
minar en Guanchaca. Hallábase establecido este tráfico cuando 
estalló la guerra con Bolivia i desde entonces no se ha reanudado 
en grande escala. Sin embargo, bajo el punto de vista de la impor« 
tacion de productos a Bolivia, es obvia la conveniencia de introdu- 
cirlas por este camino, como lo hemos hecho notar ya. 

El tráfico en la carretera de Guanchaca se hace par medio de 
ear?^etas, de las que nosotros llamamos carretones, de das rueda.*?, 
tiradas por cinco muías, colocadas en dos filas, la primera de dos 
muías i la otra de tres. Estas carretas tienen también un toldo. 
Puden cargar hasta 20 quintales en la subida i el doble en la bajada. 

Cóbreos. —En el desierto de Atacama el servicio chileno de correos 
se detiene en Caracoles, donde llega dos veces por semana del puerto 
de Antofagasta. Entre Caracoles i Atacama las comunicaciones se 
envían por los arrieros o remeseros déla casa de Polanco u otros co- 
merciantes; el servicio es, pues, enteramente irregular i poco seguro, 
puesto que los portadores están exentos de responsabilidad. 

El servicio arjentíno de correos, por su parte, no solo ti*aspasa 
toda la cordillera sino que lleva hasta Caracoles la correspondencia 
de proveniencia arjentina i trae de ese punto la destinada a esa 
república. Este cotreo recorre su itinerario dos veces al mes entre 
Salta i Caracoles, teniendo que hacer, entre Soncor i las Cuevas, 
cinco jornadas sin reciíi'so de ningún jénero. 

Sería fácil para el Gobierno de Chile, al cual las atenciones de la 
línea telegráfica de Atacama a Caracoles demandan la mantención 
de cierto número de muías, aprovecharlas para establecer un correo 
que hiciese el servicio semanal entre Atacama i Caracoles. 

Telégrafos. — Las líneas telegráficas que prestan actualmente 
su servicio en el desierto lo prestarían mucho mas efectivo si su 
colocación no adplcciera de \\i\ grave defecto (jue es la causa de su 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 



267 



oontíuua interrupción i del elevado co3to de su conservación. Esto 
se refiere particularmente a la línea de Caracolea a Atacatna^ En 
efecto, se ha querido evitar, al colocar los postes, las escasas vueltas 
que tiene el camino de tropa, alineándolos en líneas rectas cuyo 
conjunto poligonal no creemos que sea mas corto que el del camino; 
esta disposición aleja la línea telegráfica a considerables distancias 
del camino, estando muchos postes en parajes casi inaccesibles; de 
aquí se sigue. que la vijilanciade la línea sea sumamente dificultosa, 
habiendo ocurrido casos en que los celadores han recorrido toda la 
línea varias veces antes de poder dar con el punto interrumpido, lo 
cual no sucedería si estuviese a orillas del camino, sometida a la 
inspección de codos los transeúntes que en su propio interés pon- 
drían en conocimiento de los empleados el punto en cuestión» 

Volviendo otra vez al trazo de la línea, no podemos meaos de 
manifestar estrañeza de que se «asigne oficialmente una lonjitud de 
120602 metros ^ a la línea telegráfica entro Atacama i Caracoles, 
cuando la distancia en línea recta entre ambos puntos es solo de 83 
quilómetros, siendo de notar que las Aguadas Dulces i la estación 
del Bordo, puntos amlx)s que hemos fijado, so hallan casi exacta- 
mente sobre esta recta, de manera que el trazo jeneral del camino 
se aparta i>oco de ella i no creemos que esceda de 90 quilómetros. 
Si se tratara de unir en esta rejion los telégrafos nacionales arjen- 
tinos con la estación de San Pedro de Atacama, el punto mas con- 
veniente sería la última oficina telegráfica arjentina entre Huma- 
huaca i La Quiaca, de donde se podría llevar la línea* por Cochinoca, 
el abra de Coyaguaima, Rosario, Zapalcri, abra de Licancaur i 
Atacama, recorriendo una distancia de 300 quilómetros. Para cal- 
cular el costo de esta línea habría que tomar en cuenta que los pos- 
tes aislados no resistirían a los fuertes vientos de la Puna, i que 
sería necesario rodear cada uno de ellos con una pirámide o cono de 
piedra suelia, la que por fortuna no escasea. Talvez sería digna de 
estudio la idea de tender simplemente por el suelo un alambre ad 
hoCj revestido de gutapercha u otra composición aisladom; tal sis- 
tema sería probablemente un gran ahorro en atención al crecido 
flete de los postes. 



1. Memoria del laterior, ISSt, páj. 187. 



! '• 



. I 









f 



I I 



34 



i^ 



f 






268 



LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 



18.— POBLACIONES EN EL DESIERTO 1, 



Caracoles.— Este mineral fué descubierto el afio 1870 por unos 
cateadores que esploraban las faldas de los cerros de Limón Verde; 
uno de ellos, nombrado Cangalla^ dijo al divisar desde lejos el panizo 
de los cerros porñricos: «Allí está la breva»; i al siguiente dia descu- 
brían los afloramientos de la Descubridora i de la Deseada. La codicia 
minera acorta las distancias i allana los obstáculos mas considera- 
bles. Pronto los cerros se cubrieron de descubrideros o mojones) se 
abrió un camino público con el puerto de Autofagasta; miles de Ia« 
bores horadaron los cerros; se buscaba aguadas por toias partes I 
los artículos de consumo alcanzaron precios estraordiuarios. 

Al rededor de los tres principales grupos de minas, Oara^yoles^ 

Blanca Torre i la Jsla¡ se formaron poblaciones, siendo la prinoi- 

1. Como dato oomplementario reproducimoB el «i^iei^te 

CENSO DEL TERRITOEIO DE ANTOFAGASTA 

XJSVJUrTADO EL 19 DK JUNIO DE 1884. 



Jií — ' -^ 

8UBDELEOACI0NES 


POBLACIÓN 
FOR SBXOB 


POBLACIÓN 
UUBANAIRURAL 


E6TRANJBR0S 


2 

B 


99 

1286 
924 

1808 

48 

384 

139 

869 

1336 

518 

686 

890 

7 

8895 


i 


es 

1 


1 
& 

297 
119 

117 
240 
233 
813 
2700 
726 
538 
968 
42 

6793 






1 


1 


1 

§ 
3 

658 
554 
962 
184 
206 
89 
803 
1289 
529 


H. 

408 
315 
524 
172 
IH 
GO 
491 
822 
355 
750 
891 
3 

4905 


M 

250 

235 

430 

12 

92 

29 

309 

475 

274 

565 

860 

♦ 


H 

• ■ • 

■ • • 

2 

■ • • 

• • ■ 

""2 
2 

• » • 

• •• 

• • ■ 


M 

• • • 

4 

• « é 

• ■ • 

• • ■ 

• • 

1 

• • « 

• • ■ 

■ ■ > 

■ • > 


H. 

408 
315 
520 
172 
114 
60 
493 
824 
455 
750 
891 
3 

4911 


M. 

250 

239 

436 

12 

92 

29 

319 

475 

274 


Antofag. (Norte)... 

Id. (Centro). 

Id. (Sur) 

Mejillones 


1583 

1065 

1696 

344 

661 

443 

1610 

2878 

977 

1128 

939 

35 


2869 
1989 
3504 

392 
1045 

582 
2479 
4214 
1495 
1814 
1829 
42 


2572 

1870 

3504 

275 

805 

349 

1666 

1514 

769 

1276 

861 


2869 
1989 
3504 

392 
1045 

582 
2479 
4214 
1495 
1814 
1829 
42 


Carmen Alto 


Pampa Alta 


Caracoles 


Tocopilla 


Cob^a 


Calama 


5651315 1 


S. Pedro de Atac. 
El Cobre 


800 
3542 


1751 
3 

8453 


Total 


3537 


6 


• ■ ■ 

.5 


13359 


22254 


15461 


22254 



f! 



DESCEIPCION JENERAL DE LA PUNA. 



269 



pal la que basto ahora lleva el nombre de Pkunlla. El DÚmero de 
habitontes del mineral^ no mucho después de su descubrimientOi 
alcanzó a 10 000| casi todos chilenos, siendo solo las autoridades 
bolivianas. 

Sin detenernos en detalles que nos llevarían demasiado lejos, di- 
remos que el mineral ha dado hasto hoi como 80 000 000 de pesos, 
de los cuales 20 000 000 han sido producto de la mina Deseuda, 
broceada ahora desde varios afios, pero cuyo pique se sigue por la 
veta, alcanzando ya a una hondura mayor de 600 metros, i se con« 
tinda aun con la esperanza de dar con una segunda rejion ton rica 
como la primera. 

Las actuales poblaciones de la Placilla i la Isla cuenten hoi con 
todos los recursos de la vida civilizada i sus pobladores alcanzan a 
2500, número que seguirá disminuyendo si continúa la decadencia 
del mineral. 

.Para dar una idea del costo de la vida en ese punto, enumerare- 
moe los siguientes precios: 



a ^ 

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i 

i 

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\ 



I 

« 

1 

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* 



Flete de un quintol (46 quilogramos) de Pampa 

Alta a Caracoles $ 1 

Id. id. de bajada 60 

Valor de una muía de carga 60a80 

Un quintal de pasto seco aprensado 4 50 

Un quintal de cebada 5 60 

Un quintal de harina flor 6 50 

Un quintal de papas 4 

Un juego de herraduras O 80 

El ciento de cabezas de cebollas 5 

Calama. — Esta población, situada una legua al Norte de la ribera 
del Ijoa, se halla rodeada por vegas que abrazan una superficie co- 
mo de 100 quilómetros cuadrados. Para entrar a ella viniendo de 
Atacama, hai que atravesar por el vado de Topater, i viniendo de 
Pampa Alta, por las ciénagas de Chunchuri. Los edificios son todos 
de adobes formados de tierra calichosa; su techo es plano i se hallan 
jeneralmente en mal estado. 

Ha tenido algún movimiento, apesar de lá paralización del tráfi- 
co para Bolivia, debido a la esplotacion de los minerales del Inca, 
Aralar, etc. Su actual población será de unos 800 habitantes. 

Lfos terrenos que rodean a Calama solo se prestan para el cultivo 
de la alfalfa, que no se da mui buena. La vejetacion espontánea 



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1 



.1 






270 LAS COBDILLBRAS DE ATAOAMA. 

consiste en cachiyujo i un arbusto llamado chirca^ que se emplea 
como cerca viva. 

Ijas aguas del Loa sou potables solo pam los animales, siendo su 
sabor algo salobre, i además nocivas a la salud, desde que se mez- 
clan en Cliiuchiu con las del Salado. 

Chiuohiu.— Ektá situado en la ribera Sur del Loa, como a 31 
quilómetros de Calama. Aunque algo inferior en población a este 
pltimo punto, le aventaja bajo otros conceptos: el agua del Loa es 
allí dulce i agradable i el pasto es de mucho mejor calidad. Los 
terrenos se prestan también para el cultivo de hortalizas. 

Este pueblo es talvez el mas antiguo de los que se han forma- 
do a orillas del Loa; ha sido la residencia del párroco de toJo el 
curato que comprendía a Calama i otros pueblos de indios. 

A proxin'.idad de la población se halla un jentUar o ruinas del 
pueblo de indíjenas, donde los am i*ites de antigüedades pueden aun 
recojer algo interesante. 

AiQüiNA.— Es un pequeño pueblo de indios próximo al rio Sala- 
do i a unos 40 quilómetros de Chiuchiu. Hai en sus cercanías una 
cstensa ciénaga para crianza de ganado. Tiene unos 30 habitantes, 
todos indíjenas, que viven principalmente de la venta de cargas de 
lefia que llevan de este punto a Caracoles. 

Caspana.^-Es un villorrio algo mayor que el precedente; viven 
en 61 unos 80 indios atacamefios que se ocuiian en el cultivo de al- 
gunos cereales i de la alfalfa. El riachuelo de Caspana, que corre 
allí, es do agua dulce. 

Este pucblecito está situado de un modo pintoroco ea un escalón 
de la barranca i casi a plomo sobre el valle del rio; los cultivos es- 
tán en el lado opuesto. 

Atacama. — El pueblo de este nombre existía ya er. 1536, cuan* 
do don Diego de Almagro pasó de vuelta de su desastrosa espedí- 
cion a Chile. No leñemos datos pai*a averiguar desde cuando vino 
población de raza española a este punto ni como le vino su apelati- 
vo de San Pedro; pero aunque mui aislada, esta localidad es un 
centro de recursos^ i siempre han repercutido allí los ecos de todas 
las revoluciones parciales o jenerales, desde la lucha de la indepen- 
dencia i la reconquista española hasta las del caudillo Carrasco en 
1873y i los perdidosos en tales cívkm han sido siempre los infelices 



DESCRIPCIÓN JENBBAL DE LA. PUNA. 271 

propietarios indljenas, qae teníao que suministrar el fui-rnjc ¡jratui- 
tamente a los invasores. 

£1 riego de los terreno) cjltivul n si ]iiaa cj:i I:ií a^iiai di; loi 
ríos Atocoma i Vilaina; el segundo da caudal i>ara una iicqueOu 
acequia que se consume toda cu el aillo ^ de Soluor. 

Naestm edta.Ua en AtacaTna noa tía iterniítiilo rccojer algunos 
iibs sobre i<sa localidad i siH inmeliaüimieí, que debümos a la 
buena voluntad del subdelegado selljr 3>tntcltccd i que noi [Kircce 
O|)0ftuno d:ir jmr entero a contiuuauiuu. 

En la ¡Kirte alta del río San Bartolo hai varios terrenos cu'tí- 
vados: 

La estancia de Rio Grande tiene 23 heotitreas do ulfulfa Í cliacras; 
viven ail( tres familias de indÍ3S atuuanieQa^; dUta 50 qnilómetros 
del pueblo. 

ÍA estancia de San Bariolo, fluca {tertencciuntc al establecí miento 
inactivo de loí seflored Artola, es bi inai e^tensí, [>u<i3 alcanza a TO 
hectáreas de alfalfales, maíz i hortalizas; dista de Atacania |>oco mas 
de 20 quilómetros. Ahora hai solo 6 habitantes. 

Acercándonos a Atacama enuontramus el aillo de OaeJioofache, 
con lOJ hectáreas cultivados i unna 8 pobladores. Dista de Ata- 
cania 15 quilómetros. 

Signe siempre cu las niárjeues del rio el ülb de Catarpt, a 2 
quilómetros del anterior. Kai 38 hectáreas cultivadas i 20 habi- 
tantes. 

Los últimos terrenos cultivados de la quebrada i>brtcncccu al aillo 
de Conde-Dttgue, que com[irende tambion el pueblo; el cultive es 
cor! todo de alfalfa; las chacras se reducen a nia¡i.i mu! pocas legum- 
bres; la fruta es escasa, soto hemos visto algunos perales. La alfalfa 
no la siegan con echona sinú a hacha para cortar los tallos al ras del 
suelo, i así da tres siegas al aflo. Hai eii Conde-Duque 350 hectá- 
reas de cultivo. 

El pueblo de Atacama es formado principalmente por dos calles 
qne corren de oriente a poniente, cortadas ¡rregnlennoute [>or otras 
varias, formando manzanas pequeQas i alargadas. Las casas son de 
barro o adobe oon techo también de barro i ctiiiiaderaciones de eha< 
fiar i algarrobo; {mk-os estia en regular c-st:ido, lo milenio que las 
murallas 1 tapias, casi t^as desviadas de la vertical. 

La población se oomimne casi escliisivametite de indios civiliza- 
dos, con escepáon de algunos arjentinos, bolivianos i escasos euro- 



272 LAS COBÜÍLLERAfl DE áTáOAMá. 

peos; también hal en la actualidad alganos chilenos^ el oficial 
soldados de la guarnición, el subdelegado, el telegrafista, el juez de 
aguas i otros pocos. La jente algo acomodada es casi toda comer- 
ciante o traficante en ganado que se importa de la República Arjea- 
tina. Los indios propietarios tienen la mayor parte de sus terrenos 
con alfalfa, otra con maiz i la menor con trigo o cebada; cosechan 
también la fruta del algarrobo, que es una vaina como la del acacia, 
i la del chañar, fruto empalagoso del tamafio de una aceituna; son 
ambos escelente pasto para las mujas i además sirve la primera 
para hacer chicha i la segunda de alimento a los indios en invierno. 
Los indios menos acaudalados tienen su peque&a recua de burros i 
se ocupan en acarrear a Caracoles lefia de pingo -pingo, de romc* 
rillo, etc. En fin, los que nada tienen se ocupan de segadores, jor- 
naleros, etc. 

Por la plaza de Átacama se introduce todo el ganado que viene 
de la Arjentina para el consumo de este territorio; hai una aduana 
militar que cobra el derecho de internación de 1 peso por cabeza 
de ganado vacuno i 10 centavos por cabeza de ganado lanar. 

Hemos dicho que hai algún comercio en Atacama; consiste éste 
enjéneros de lana i algodón, provisicies i licores, todo traídos 
desde el litoral; lo único que viene de la Arjentina es tabaco, ciga- 
rrillos, vino i algún "alzado. La casa de comercio mas importante 
es la de los sefiores Polanco i San felices^ quienes son, además, cuan- 
tiosos propietarios en la localidad, por cuyo título han sustituido 
los de capitán i sárjente del rejimiento Atacama> jénero de conquis- 
ta muí práctico i civilizador. Esta casa compra e importa ganado 
para espender las reses en Caracoles, cosecha i vende pasto, man- 
tiene una panadería^ cuyos productoSj por su aspecto, sabor i dura- 
ción, dejan mui atrftb i los de cualquiera de nuestras ciudades del 
sur; i finalmente, han establecido una tienda d almacén en que se 
espenden los artículos que hemos enumerado, i que ha pasado a ser 
de hecho el club de la localidad. 

Mencionaremos los siguientes precios al menudeo: 

Café Costa-Rica, la libra $ 0.60 

Fósforos, la docena de cajas..... 0.20 

Arroz, la libra 0.20 

Azúcar refinada, id 0.20 

Vino Urmeneta, la botella 1.40 

Los artículos por mayor pueden encargarse a Caracoles por con- 



DESCRIPCIOIÍ JENERAL ÜE LA PUNA. 



273 



dacto de la misma casa, pagando el flete a razón de 1 peso por 
qaintal de 46 qnilógramos* 

Uno de los principales artículos de comercio de Atacama es el 
pasto aprensado o simplemente seco. Hasta ahora se ha guardado 
en canchones o corrales descubiertos; pero las fuertes lluvias del ve- 
rano pasado dieron una severa lección a los agricultores que así 
obraban, pues casi todo el pasto se ardió. 

En tiempo de pasto verde, vale el talaje de un animal 20 centa- 
vos al dia i 5 pesos al mes; en invierno el pasto seco vale de 2 pesos 
para arriba el quintal, i el talaje de un animal no puede costar 
menos de 10 a 15 pesos al mes. 

£d el aillo de Condc-Diíque residen como 500 habitantes, la mi- 
tad de los cuales pueden considerarse como población urbana. 

Inmediato a este aillo, por la parte del SE., hallamos el de Sdcor) 
tiene 90 hectáreas cultivadas i 120 pobladores. 

Hacia el Sur del pueblo i a 3 quilómetros de distancia está el 
importante aillo de Sólory con 207 hectáreas de pastos i chacras í 
350 habitantes. Este aillo está en el camino de Toconao i hai allí 
una sucursal en pequeña escala del almacén de Polanco. 

Siempre en dirección al Sur i a 2 quilómetros del anterior está 
el aillo de Cúcuierj con 102 hectáreas de p.istos i chacras, pertene- 
ciente a los habitantes de Atacama. Solo hai allí 12 habitantes. 

£1 aillo de Pocanohi dista 6 quilómetros al SSO. de Atacama, 
tiene 45 hectáreas cultivadas i 18 habitantes. 

El aillo de Béter, a 2 quilómetros del anterior i 8 quilómetros al 
SO. de Atacama, es algo mas estenso i tiene 40 habitantes. 

El aillo de Cbyo está 2 quilómetros al poniente de Béter i 10 
quilómetros de Atacama; tiene 61 hectáreas de cultivo i 40 pobla- 
dores. 

El aillo de Táhr, 3 quilómetros al Sur de Coyo, tiene el mismo 
cultivo que el anterior i 30 habitantes. 

Entre Atacama i Cúcuter, i algo al poniente, está el aillo de Sé* 
Jjdlm' con 97 hectáreas de terrenos de riego i 80 pobladores. 

Entre éste i Atacama, siempre al poniente, está el aillo de Yaye^ 
oon la mismo ostensión i habitantes que el anterior. 

Al naciente de Yaye i colindante con 61, se encuentra Chicar con 
52 hectáreas cultivadas i 12 habitantes. 

A los anteriores agregaremos el aillo de Vilama, a unos 4 qui- 
lómetros al NE. del pueblo, con unas 18 hectáreas de chacras i 4 
habitantes del sexo femenino. 

Loe trechos de terreno cultivado serían mas estensos indudable- 



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274 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 

mente, si no fuera por la escasez del agua, que da todo su valor al 
suelo, de tal manera que en Conde Daj\ie vale la hectárea 500 pe- 
sos, lo mismo que en Yaye i Solcor. En Sólor i Séquilory baja a la 
mitad, i en los restantes, a medida que se alejan del oríjen de los 
canales de riego, vale de 130 pesos a 200 pesos la hectárea. 

Desde San Bartolo hasta Túlor hai, pues, como 1260 hectáreas 
de terreno cultivado con 1203 habitantes útiles, según los datos 
que hemos podido rccojer ^. Parece que esta población era algo 
mayor anU*s de la ultima guerra. 

A 36 quilómetros, en línea recta, al SSE. de Atacama, i a una 
distancia algo mnyor por cualquiera de los dos caminos que lo unen 
con este pueblo, está el de Tooonao^ del cual hemos tenido oca^^ion 
de hablar en la narración de nuestro viaje. Tiene un regular case- 
río, una iglesia, muchos verjeles i cuenta con 250 habitantes. El 
terreno es mui arenoso, i no se produce lu alfalfa. 

A poco mas de 90 quilómetros de Atacama, por el camino de las 
vegas, se halla el pequeHo pudblo de Peiae^ donde hai pasto i ciñ- 
eras, en estension de unas 10 a 12 hectrireas; tendrá de 40 a 50 
pobladores. 

A 55 quilómetros de Atacama^ por un camino algo m:is tortuoso 
i quebrado, i al pié de la cordillera, se encuentra el lugarejo de Son- 
cor, de la misma estension i recursos que el anterior, i con solo unos 
30 habitantes. 

Finalmente, entre los anteriores i mas hacia la cordillera, hai un 
lugarejo con algunos cultivos que se denomina Socaire; éste tiene 
unas 40 habitantai, ¡ está próximo a un portezuelo de entrada a la 
cordillera, al pié del volcan de Miíliques. 

19.— POBLACIONES EN LA PUNA DE ATACAMA. 

Incluiremos entre éstas algunas que han pertenecido siempre al 
distrito de ese nombre, aunque ahora quedan en territorio boliviano, 
o cuya posición es todavía dudosa respecto de la Ifnea divisoria. 
^^^ Tales son las dos primeras que vamos a enumerar, 

f QüETENA. — No as propiamente un pueblo sino que se da ese 
nombre a unas estensas, ciénagas donde pastan numerosos rebaños 
de llamas i otros ganados i animales, propiedad casi todos de los 



1. El último censo aaigiiA a la snbdclegAcion de Atacama 1830 habitantes, 
comprendiendo los niños. 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 



275 



indios apellidados EIsquivel, ouja familia tiene resideDcias en varios 
pantos de estas ciénagas. Hai, sin embargo, un pequeflo caserío en 
Quetena chico; masabajo, a orillas del rio de Quetena i de otros ria- 
chaelos afluentes, hai otros caseríos. Los principales se denora¡:mn 
Torqae i McUeocueva* No tenemos datos para apreciar la población 
de estos lugarcjoi; creemos que oscilará entre 103 i 200 habitantes. 

Rosario. — Había en este punto algunos minerales de oro, i pare- 
ce que los indios que residen allí se ocupan aun de estraerlo en pe- 
qaeflas cantidades; tiene unos 40 pobladores. Sobre las distancias a 
Atacama, Rinconada i Casabindo, se puede consultar los itinerarios 
que hemos dado. Es anexo al curato de Atácame i tiene una capilla. 



SusQUBS. — Es como el anterior un anexo al curato de Atacama; 
hai en los alrededores como 300 indios repartidos en estancias que 
solo se reúnen para las festividades relijiosas en la capilla o iglesia 
del lugar. Este punto está mui próximo al límite arjentino. 

Catüa.— En el camino de Salta a Atacama; tiene una capilla i 
nnas cuantas casuchas diseminadas en una larga quebrada; hai unos 
40 pobladores que poseen escasamente algunas ovejas o llamas. Esta 
]«>calidad es mas fria que las anteriores, pues está en el centro de la 
Puna i como a 4000 metros sobre el mar. 

Pastos Grandes. — Es un pequeño caserío, anexo también al 
cnrato de Atacama i con algunos recursos mas que el anterior; está 
rodeado de estancias de ganado de ovejas i llamas. Del vecino salar 
estraen sal que llevan hasta la Arjentina. Hai unos 50 indios. 

Antofagasta. — Este pueblecito es el mas distante de todo cen- 
tro de recursos en la Puna, pues queda a cuatro jornadas de Molinos 
o de Belén, a siete de Atacama ¡ a diez de Copia|>ó. 

Está en la orilla de unas vegas bastante estensas que pertenecieron 
al dictador Melgarejo, cuyo proyecto era formar allí una gran crianza 
de ganados. Por el nombre de esta hacienda fué denominado el 
puerto que también lo lleva, fundado bajo la administración del 
famoso déspota. 

Parece que la población ha sido en otro tiempo mas considerable 

cíe lo que es hoi, a juzgar por un buen número de casas arruinadas 

que hai en la localidad i en sus alrededores. Actualmente hai 

unus quince casuchas habitadas por un centenar de indios. El único 

35 



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276 LAS CORDILLKRAS DE ATACAMA. 

chileno residente allf es el actual inspector del distrito, don Anjel 
C. Villalobos; tiene un pequefio comercio de jéneros, tabaco, niaiz, 
aguardiente i vino que trae de Belén, cuyos artículos pagan los 
indios con pieles de vieufia o lana hilada por sus mujeres. Los in- 
dios son tan i>oco industriosos que no fabrican por si mismos todos 
sus tejidos de lana, sino que traen los mas finos de la Arjentina, 
Antofagasta es frecuentado i>or los arrieros que internan burros a 
Bolivia, haciéndolos pastar en los potreros de cordillera. 

LfOS Mojones. »CoH este nombre se conoce un lugarejo situado 
al pié de la siei*ra nevada que se ve al Norte de Antofagasta, como 
a 20 quilómetros en línea recta deteste punto. Haí estensas ciéna- 
gas de falda i viven allí siete familias de indfjenas cazadores de vi- 
cufias i guanacos. No hemos poílido averiguar de donde le. viene 
a esta localidad su nombre; se nos dijo en Antofagasta que había 
cerca de aquel lugar un mojón o pirámide, pero ese no pasará de 
ser una apaclieta como cualquiera de las que colocan los indios en 
todas partes para scfialar los caminos. 

El PEÑoif, ETC. — A 14 leguas al SSE. de Antofagasta se halla 
una estancia que lleva este nombre; residen allí una o dos familias. 

Además de este, hai en la cuenca de Antofagasta varios p\udo9 
de ganado o estancias, que se llaman la Falda, Cundo, Cortadei^a, 
Paiouque, etc. Hai en ellas crianzxis de cabras i ovejas i escasos ha- 
bitontes. 

Indios atácamenos. — En todas las localidades enumeradas vive 
una raza de indios que hablan un idioma distinto del quichua i del 
aimaráj el ataoamefío. En la obra del doctor Philippí se consig- 
nan unas cuantas voces de ese idioma que bien pronto no tendrá 
mas valor que como curiosidad lengüística. El vaqueano Salvatierra, 
que nos acompafió en nuestra esploracion al Norte de Atacama, de- 
cía saber los tres idioma», pero incurría en muchas contradicciones 
cuando se trataba de averiguar el significado de los nombres de ce-, 
rros o aguadas. 

Les indios atácamenos poseen la pasividad en mayor grado que 
quichuas i aimaraes, pero una pasividad siempre negativa, pues su 
primer movimiento i con frecuencia el último es no hacer lo que se 
les pide, sin entrar a considerar si es o u6 de su conveniencia. En 
cambio son honrados, no tratándose de talaje, pues no pierden oca- 
sión de alimentar sus animales a hurto del prójimo i a sus esi)ensas. 



20.— FOBLAeíONSS EM BOLIVIA. 



Paovinoia be Lípez. — Su capital era antiguamente San Antonio 
de Lfpez (cerca de los minerales llamados con especialidad Lipez); 
]3ero se ha trosferido después, por su posición desfavorable; a San 
Cristóbal de Lípez. Esta ciudad está situada en una hondonada 
rodeada de altos cerros, a 4114 metros sobre el mar (4380 según 
Hardiugl; tiene acceso por el Sur por una estrecha quebrada i por 
el Este i NO. por pasos o abras de 4560 i 4530 metros de altitud. 



DESCRIPCIÓN' JENERAL DE LA PUNA. 277 

Su relijion es la católica, pero de ella solo admiten realmente los 
ceremonias esteriores i practican muchas supersticiones. Su venera- 
ción por el cura no tiene limites, i hasta la avaricia, que es otro rasgo 
dominante de su carácter, se desvanece ante las exijencias de su 
tata- euro. 

Físicamente son bien couí^tituidos, sobre todo en su juventud, 
pues la edad provecta los enflaquece i encorva mas que a nuestros 

araucanos. Son sobrios por costumbre i por necesidad, pero cuando \ j 

comen a espcnsas ajenas es imposible liartarlos. 

Respecto de sus costumbres, confesamos que su esterioridad re- 
pugnante no nos invitó a estudiarlas mui de ccix»; creemos que el 
lavado es una operación desconocida entre ellos. Ideas de comodi- 
dad i confortable no tienen ninguna; ni en casa de los acomodados 
JElsquiyel (en Quetena) hemos visto un solo colchón. 

Sobre su nacionalidad tampoco poseen estos indios opinión arrai- 
gada; algo saben de la guerra chileno-boliviana, pero la incluyen en 
el término jenérioo de revolueion, que están acostumbrados a oir ci- 
tar a todos los forasteros que cruzan su frió desierto. 

Tales son los habitantes de la Puna de Átacama, que escasamente, 
con todos los del desierto, alcanzarán a la cifra de 4000 indíjenas. 



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Lia rejiou boliviana que abarca nuestro mapa forma parte de las \ 

provincias de Lípez i de Chichas, ambas dependientes del departa- 
mento de Potosí. ' ' 

Sobre estas provincias hemos reproducido en el cap. IX, § 2, una. 
d^cri[)cion prolija, hecha por un gobernador de Potosí, a fines del ^ 

siglo pasado. Daremos ahora algunos detalles mas modernos refe- 
rentes a las poblaciones, tomados de los artículos que el sefior Hugo \ 
Seck ha publicado en los Oeographiaohe Mittheilungen de Gotha. [i 



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278 LAS CORDILLERAS I»E ATACAMA. 

Hal en esta villa una Iglesia i como 150 casuchas de indios, bajas i 
desaseadas, en su mayor parte despobladas, pues sus propietarios 
trafican todo el afio en maiz, cebada, sal, etc., viéndose obligadas a 
traer de lejanos valles todas su9 provisiones de boca. 

Últimamente habta en San Cristóbal una guarnición de 50 hom- 
bres i un gobernador militar; pero en tiempo de paz parece que no 
hai mas autoridad residente que un juez dd menor cuantía. 

No hai otros pueblos en esta provincia, pero sí algunos Ingarejos 
o grupos de estancias, de las cuales hemos tenido ocasión de hablar 
en nuestro viaje, como Coyomidie, o en el diario del sefior Rurange, 
como Ucchiaa, San Agustín, etc. 

Pboyjnoia de Chichas. — Esta provincia, como dice en su des* 
cripcion don Juan del Rio Manrique, comprende parle de puna i 
parte de valles bajos. Nuestro mapa abarca solo la parte alia. Ha- 
blando de los pobladores de esta provincia, el sefior Reck se espresa 
como sigue: 

«Entre los indios de Bolivia, los de la provincia de Chichas son 
los mas trabajadores i dóciles. En cuanto encuentran una localidad 
que pueda cultivarse mediante el riego artificial, sientan allí sus 
reales i no los abandonan bajo ningún pretesto. 

En jeneral, es la provincia en que se conoce mejor el valor de la 
irrigación, lo que les i)ermite sacar producto del suelo mas peJro- 
goso. La ocupación de los habitantes consiste sobre todo en agri< 
cultura, crianza de ganado i minería; también en la fabricación de 
charqui de cordero, cabra, llama o reses vacunas; en la curtiem- 
bre, que no suministra sino malos cueros de cordero; en la fabri- 
cación de mantequilla, manteca i jabón i también en el tejido de 
lana, con la cual fabrican buenos ponchos, cin turones, ligas, etc.» . 

Hemos hecho mención de las importantes minas de esta provin- 
cia; solo nos resta hablar de sus pueblos: 

«Su antigua capital. Tapiza, se halla situada en la ribera derecha 
del rio del mismo nombre, en un valle llano, bastante ancho, incli- 
nado al SO., bien cultivado i de un aspecto silvestre i romántico». 

En 1862 las autoridades de Tupiza fueron trasladadas, por dis* 
turbios políticos ocurridos en esa 6{)0ca, a Santiago de Cotagaita^ 
cuyo pueblo no sabemos si conserva hasta ahora el rango de capital 
que adquirió entonces. 

«La primera de estas poblaciones tiene 400 casas i 3500 habitan* 
tes, mientras que Cotagaita solo posee 200 miserables chozas i 400 
habitantes; es una pobre aldea sin comercio ni circulación, mientras 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. 279 

■ 

que los hai considerables ea Tapiza. En ambas local idades^ que 
están sobre el camino de Potosí a Salta^ hai oflcinas de correos». 

Esos datos son del afio 1867. El seftor Dixon Provand, que pasó 
allí el afio 1876, atribuye a Tupiza 2500 habitantes i 2000 a 
Cotagaita. 

Esmoraca, Eslcu'ca i Céirilloa soa tres pueblecitos, a orillas del 
rio San Juan los dos primeros, i en la cordillera Real el tercero, 
habitados por unos ]>ocos indios que se ocupan en la agricultura, 
lavaderos de oro i preparación de pieles. de vicuña o tejidos de lana 
del mismo animal. 



21.— POBLACIONES EN LAS PROVINCIAS ARJENTINAS. 



Provincia de Jujui.— HrLa población de esta provincia, dice el 
eefior Moussy, resalta de la fusión de las tribus oalchaquiea con los 
colonos es[)afiolesji. Tres de estas tribus han dejado sus nombres a 
loe pueblos actuales de Humahuaca, Pulmamarca i Tumbaya. 

En la Puna viven aun los indios de raza quichua (coyc»), i éstos 
DO se han mezclado con los oonquistadoreSi lo que se comprende 
lK>r su aislamiento. Las ocupaciones do estos indios son las mismas 
que en la provincia boliviana de Chichas. 

La única ciudad ^ de esta provincia es su capital Juiui; su po- 
blación no alcanza a 4000 habitantes; nlK reside el golternador, 
nombrado cada dos affos por un cuerpo de electores. Hai tribunal 
su{)erior i juzgados, una municipalidad i varios establecimientos de 
instrucción primaria; funciona alK una cámara de 17 diputados. 

Jujui estí situado en la ribera derecha del rio Grande o San 
Francisco; la pendiente del terreno ofrece grandes facilidades para 
el ri^; las calles formaü manzanas cuadradas de 150 varas. Hai 
cnatro iglesias, un hospital i un mercado. 

Los alrededores son pintorescos; la industria principal es la agri- 
cultura, cosecha de maiz i crianza de ganado. 

Entre los pueblos de Jujui i Salta, se hallan en esta provincia 
las dos poblaciones de 8a i Antonio i el Oármen, rodeados de estan- 
cias de ganado; por el primero pasa el camino carretero. 

El valle de Humahuaca contiene muchas estancias i cultivos i 
varios puebiccitos. 

1. Hai otra denominada Ledtsma^ al NE., que no tiene cabida en el mapa, 




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280 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



Ilumahuaoay a 3020 metros sobre el mar, es h última población 
arjcntina por la cual pasa la can*etera hacia Solivia; tiene unos 
JOOO habitantes* Sus calles son estrechas i tortuosas; hai en sus ve- 
cindades algunos cultivos de arbolea frutales, que rara vez producen. 
Tiene iglesia i cabildo. 

Uquiüj a 14 quilómetros al Sur del anterior, está a 2080 metros 
sobre el mar; se cultiva allí papas, cebada i qufnoa. Hai estancias 
de ganado en las quebradas; el clima es menos frió que en Huma- 
huaca, 

Tiloará está situado en una colina, cuyo sucio se riega; hai una 
ofícina telegráfica. Su altitud es 2500 metros i hai esteusos alfalfa- 
les, lo mismo que en OwxcáUra^ aldea situada algo mas al Norte. 

Pulmamaroa está en un valle afluente i)or el Oeste a la quebrada, 
notable por sus verjeles i buen cultivo. 

Tumbaya es una aldea con iglesia cuyos moradores se ocupan 
principalmente de crianza de ganado; sus cultivos son poco esteusos; 
los habitantes dicen que el suelo es demasiado salado para los granos 
i la alfalfa. 

Los departamentos de Humahuaca i Titeará tienen juntos una 
población de 8000 almas. 

En la Puna de Jujui, do cuyos productos i habitantes nos hemos 
ocupado ya, casi toda la población, que alcanza a 12000 almas, es 
rural i está repartida en estancias i casas solas. Hai cuatro parro- 
quias en las cabeceras de departamento. 

Santa Catalina está mui próxima a la frontera boliviana i es el 
centro de alguna actividad. «Aquí, dice el sefior Brackebusch, en- 
contramos el mejor alojamiento durante toda la espedicion en casa 
de don Laureano Saravin, ducflo de una casa de negocio tan grande 
que debe sorprender al viajero en estas alturas i rejiones remotas. 
Santa Catalina es el irentro del comercio en estos parajes; aquí com- 
pran i venden los vecinos de Atacama, de Esmoraca, de Tupiza, de 
Yavi; siempre hai aquí hombres de negocios; aquí se encuentra to- 
do, hasta la mejor cerveza alemana, í los precios no son mui caros, 
considerando la enorme distancia a los puntos civilizados». 

Yavi es un pueblecito de indios en el antiguo camino de Tupiza; 
estil rodeado de muchas chacras de alfalfa i parece un verdadero 
oasis en el desierto; representa el punto principal para invernar 
ganado vacuno i mular. ' 

«71a Rinconada es un pueblecito típico de los indios con- sus ca- 
sas chicas, calles irregulares, construidas sobre un terreno lo mas 
desigual posible. Por las innumerables minas que se hallan en el 



DESCRIPCIÓN JENERAL DE LA PUNA. . 281 

lugar mismo i en sa9 inmediaciones ofreoe macha semejanza con las 
villas mineras de Europa. Muchos indios lavan en la quebrada, de 
la manera mas primitiva^ con fuente i porufiai el oro; el único que 
trabaja en escala algo mayor i según un sistema mas racional es 
don José María Gonza, en la Rinconada, en cuya casa recibimos un 
hospedaje escelente. La agricultura falta casi completamente; nin- 
gim árbol se observa en estas alturas; la alfalfa se trae desde mui 
lejos i se vende a precios fabulosos. 

Cochinooa, pueblecito de indios, está construido completamente al 
estilo de loe antiguos quichuas, en medio de una quebrada; las casas 
son chicas, pero de paredes mui sólidas, todas irregularmente distri- 
buidas, con calles que en partes son meras cuestas». 

Los distritos de Cocliinoca i de Casabindo formaron una de las 
mas célebres encomiendas pertenecientes al marqués del Valle del 
Tojo, cuyo descendiente, un sefior Campero, los consideró mayorazgo 
i disputó su posesión a los indios; los tribunales han fallado a favor 
de éstos, pero quedan aun en poder del mayorazgo los terrenos ve* 
cinos a Yavi. 

£1 doctor Brackebusch, de quien hemos estractado lo anterior, 
agrega que a su poso por Cochinoca queiló mui sorprendido al en- 
contrarse con un ¡lustrado personaje, un cura italiano de apellido 
Lavague; el párroco tenía alH instrumentos meteorolójioos, libros de 
zoolojía, botánica i jeolojía i una colección de antigüedades. Lamen- 
ta que este cura se haya trasladado ahora a otra localidad i concluye 
diciendo: tTalvez tendremos un dia una descripción de los resulta- 
dos de las muchas observaciones que ha hecho, no solamente sobre 
la naturaleza de estos parajes, sino también sobre la población que 
vive allá, i que escede todavía en todos los defectos que caracterizan 
a loe punefios». 

Provincia de Salta. — La iK)blacion de esta provincia participa 
de los oríjencs indio (calchaqui) i español, predominando el primer 
elemento en las sierras i el segundo en los pueblos. Las principales 
producciones de la provincia son los cereales, la cafia de azúcar i los 
vinos; los artículos de es{>ortacion a Bolivia i al litoral del Paeíñco 
son ganado vacuno, caballos, muías i burros, recibiendo en retorno 
coca i cacao de aquel pais. La industria minera no está mui desa- 
rrollada. 

La ciudad de Salta, capital de la provincia, está situada en la 
márjen izquierda del rio de su nombre (o de Arias), on medio de 
nnvalle estenso i fértil, A continuación de la ciudad se cstieude el 




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282 LAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



campo de la Cruz, lagar mas aparente que aquel donJe se ha edífi- 
cadoy que es bajo, escesivamente húmedo i malsano. 

«Salta demuestra ser a primera vista, dice un viajero, una pobla- 
ción de progreso; hemos visto funcionando un molino de vapor para 
harina; en construcción una escuela de huérfanos i una magnífica 
catedral». Cuenta esta capital con una población que pasa de 10000 
almas; su comercio es activo, sus edificios de construcción moderna 
en gran parte. 

El gobierno de la provincia es semejante al de Jujui; reside en 
Salta un congreso de 23 diputados i los juzgados i tribunales corres* 
pendientes. Esta ciudad es además el asiento de un obispado. 

La altitud de Salta es 1150 metros i su temperatura media no 
pasa de 17^ Las alrededores son actualmente bien cultivados. 

CerriUoa, a 15 quilómetros hacia el SO. de la capital, es la se- 
gunda de la provincia; tiene unos 1000 pobladores. 

Cáfayate es la población que sigue a la anterior en importan- 
ca; está en el valle de su nombre, afluente del rio Santa María o 
de las Conchas. Es célebre por sus vinos i produce también trigo i 
alfalfa. 

San Carlos, a orillas del rio mencionado, es la capital del depar- 
tamento de su nombre. «Es como Rengo/ dice el scfior Madariagai 
de una sola i larga calle; sus terrenos son mui feraces, pero escás s 
de agua». La población del departamento que comprende a Cáfayate, 
Tolombon i Animanao alcanza a 6000 almas. 

Cadii está rodeado de fincas productivas i de arboledas; su plaza 
es pequefia i rodeada de álamos i ostenta una aseada iglesia. I^a po- 
blación de todo el valle, desde la Poma, sube a 4500 habitantes. 

JIolino8 es el centro de un comercio algo mas activo i hai toda 
clase de frutas; su altura es 2000 metros sobre el mar. Su población 
es de unos 300 habitantes; cuenta además el departamento con la 
aldea de Sedantá, a brillas del rio de Cachi, i muchas estancias que 
hacen subir su total de pobladores a 4000 K 

El Carmen es una aldea formada por algunas casas i una iglesia, 
a orillas^del rio Juramento; tiene el departamento una población 
de 4500 almas. 

Provincia de Cata marca.— Uno de los departamentos de esta 
provincia, el de Santa María, alcanza a quedar comprendido, en 
parte, dentro de nuestro mapa. El porvenir de esta rejion está so- 



, 1. Véase nuestro diario de viaje para mas detalles < 



DESCRIPCIÓN JEKERÁL DE LA PUNA. 



283 



bre todo en las minas de cobro que existen en su parte meridional. 

Santa María^ cabecera del departamento de su nombre^ está en 
el valle de su nombre, a 1900 metros de altitud. El valle es allí 
bastante cultivado, pero la población ha decaido de su antigua im- 
portancia desde que se han trasladado de allí unas fundiciones de 
cobre. 

San Jo9Í, unos 9 quilómetros al Sur del anterior, es una aldea con 
capilla, rodeada de estensos campos de maíz i de alfalfa. Allí se 
refrescan las tropas de muías que van de tránsito para Bolivia, de- 
jando un buen beneGcio a la localidad (doctor Schickeudantz). 

Sobre los demás puntos de esta rejion se consignan algunos datos 
en los itinerarios del sefior Madariaga. 

En cnanto a las localidades pertenecientes a la provincia de Tu- 
caman que hemos señalado en el mapa, por tener cabida en él, no 
nos parece de interés inmediato su descripción para el viajero a 
quien el presente libro está destinado a servir de guia. 



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CAPITULO XI. 

Apuoles históricos sobre el desierto I departamento 

de Atacama. 



1.— DOMINACIÓN DE IOS INCAS. 



El desierto de Atacama i la rejion de altas serranías de la Puna 
que lo respalda por el oriente^ dejaron de ser enteramente despoblar 
dos desde una época raui anterior al descubrimiento de América por 
la raza latina; asi lo atestiguan los numerosos jentUarea o ruinas de 
los pueblos de infieles que existen todavía en Chiuchiu, en Atacama^ 
en Antofagasta de la Sierra i que seguramente existen en otrtis pun- 
tos. La ocupación incásica ha dejado allí seflales indelebles^ como son 
los caminos i el nombro de innumerables cerros i localidades que 
hasta ho¡ se conocen bajo el nombre de Inga, LigaJvaasi o Incahua- 
si (casa del Inca)^ Chao-Inga, etc. 

Los primitivos ¡xibladores de eso vasto territorio no desconocieron 
ni las riquezas minerales de su suelo ni los escasos trechos de él que 
pueden cultivai*se, ni el modo de aumentar su feracidad con el abo- 
no artificial. 

Parece que se habían formado desde una remota antigüedad los 
centros de población que hoi existen^ i que en la época de la con- 
quista de Chile por el Inca Tupac Yupanqui, a mediados del si- 
glo XVy éste estableció iK)r algún tiempo su cuartel jencral en Ata- 
cama, enviando desde allí esploradores a los fértiles valles del Sur. 

De ese tiempo datan las vias de comunicación conocidas con el 
nombre de caminos del Inca. La principal de ellas es la que orillan- 
do la gran salina de Atacama, pasa por Peine, Tilopozo, Puquios, 
Río Frío, Agua Dulce, Pasto Cerrado, Chaflaral Bujo i Copiapó. 
Este camino es el que ha recorrido en gran parte el doctor Phüippi 
eu 1854, advirtiendo que no ha visto cu él «cortos ni trabajos arti- 



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286 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 

Aciales hechos por los incas» i que lo único que sefiala el camino es 
un espacio de 4 pies de ancho limpio de piedras. Por esta razón e» 
difícil sefialar hoi dia cual sería la verdadera situación del camino 
del Inca al Norte de Ataoama; unos quieren que^ tomando el centro 
del desierto, se dirija a Calama i de alU al mineral que lleva aun el 
nombre del Inca, para seguir al Norte por varias aguadas cegadas 
hoi o desconocidas; otros suponen con mas lójica que seguía todo el 
curso alto del rio Loa, por el itinerario de que hablaremos mas ade« 
lante. El hecho es que en ninguna parte se ve esas sólidas cascu de 
piedra dn^ que liablan loe antiguos historiadores, i que se dice servían 
de reparo i alojamiento al soberano i a su comitiva en sus viajes, co- 
mo también de posta para el servicio de correos pedestres. 

La única parte donde hemos encontrado una de esas construcción 
nes ha sido en la bajada de la cordillera de Lailai, hacia la pampa 
de Ascotan; pero en atención a lo desolado i sin recursos de la loca- 
lidad, nos parece que la casa que hemos visto sería mas bien resi- 
dencia de algunos indios mineros que una verdadera posta. 



2. —PRIMERAS ESPEDICIONBS DE LOS ESPAÑOLES. 



Tampoco permanecieron por mucho tiempo ignoradas de los des- 
cubridores estas desoladas comarcas. No habían trascurrido aun tres 
aflos desde que la alevosa sorpresa de Oajamarcadió a Pizarro el do- 
minio del Perú, cuando ya sus dilatadas tierras i cuantiosas riquezas 
le parecían estrechas i pobres para compartiríais con su compafiero 
Almagro. 

Así vi6se obligado éste a emprender su primera esploracion en 
busca de loe ponderados tesoros de Chile, a mediados de 1835 ^. 

El camino que llevó esta espedicion, partiendo del Cuzco, fué el 
de la altiplanicie boliviana: a fines de octubre de 1835 llegaba Al- 
magro al pueb!o de Tupiza, cuatro meses después de su salida de la 
capital de los Incas. Allí demoró dos meses en espera de los rezaga- 
dos de su ejército i de la madurez de las cosechas, prosiguiendo su 
esploracion al Sur en los primeros dias de 1836. El ejército de Al- 
magro atravesó entonces el estremo orietital de la Puna de JujuL 
para bajar en seguida a la quebrada de Humahuaca i valle de Ju- 
jui; de allí descendió sucesivamente a los valles deLerma, Chiooana 

1. HUUtria Jeneral de Chile por Diego Barros Arana, Cap. III, § 3, 4 i 5. 



I 



APUNTES HISTÓRICOS. 



287 



i GuBchipas, cu cuyo úlliino río le fué el vadeo sumaoieute difi- 
cultoeo. 

Ouiadoii probablemente por loe iudioa Ttiema» (Tucumanes), que 
Imbíán sido en otra época IO0 guias del inca Yupanqui| loe espedi- 
cionarioe ])euetraron en la quebrada de Guach¡{)as i valle de las 
Conchas (o rio de Santa Marbt) donde eoetuvieron combates con loe 
feroces indios calchaquíes. Al salir de este valle tenía que atravesar 
la columna de Almagro un vasto desierto, el campo del Arenal, i 
varios cordones de cordilleras, la de Chango Beal i la de Gualum- 
paja, para llegar a uno de los elevados pasos de la rejion mas en- 
cumbrada de la Puna de Atacama. Se cree jeneralmcnte que e^te 
paso es el de Sun Francisco, situado algunas leguas al Norte del 
paralelo de 27^, pero bien podría haber sido el del rio Losas, mas 
próximo a ese paralelo, o el de Pircas Negras, al Sur de esa línea. 
Este ultimo se presta tanto mas a esa suposición, cuanto que existe 
en el lado de Chile, en las cabeceras del rio de los Piuquenes, una 
gran roca de conglomerado rojizo conocida de los viajeros bajo el 
nombre de PcfUxico de Diego. Dicen unos que allí hizo alto don 
Diego de Almagro, dejándole su nombre. 

Sea como fuere, a pesar de hacerse el paso en la época mas favo- 
rable (marzo o abril) bajo el punto de vista del frió, no por eso de- 
jaron de sufrir los espedicionarios todas las penurias consiguientes 
al mal estado de sus cabalgaduras, a su imprevisión en materia de 
abrigo, a su ignorancia del camino i a lo desolado i crudo de la re- 
jion que atravesaban. Las heladas, el viento, el cansancio i el hambre 
fueron sobre to<lo fatales a las bestias i a los indios i esclavos, mien- 
tras que los espafioles no tuvieron pérdida do consideración, llegan- 
do casi todos al valle de Copiapó. 

£n el invierno de ese mismo afio efectuaron sucesivamente el 
mismo viaje dod de los capitanes de Almagro, quien se les reunió 
en Copiapó, de regreso de su espedicion al Sur i decidido ya a aban- 
donar la conquista de Chile, 

Por otra parte, el capitán Ruy Diaz, que había sido despachado a 
Lima por Almagro antes de su salida del Cuzco, había emprendido 
el viaje por mar a las costas de Chile; la nave que llevaba al capi- 
tán i a un hijo de Almagro se halló en malas condiciones para la 
navegación i solo alcanzó hasta las costas de Chincha; allí desem- 
barcó el capitán Ruy Diaz con 120 de los suyos, i sin temor hacia 
lo desconocido, siguieron al Sur |>or el camino de la costa hasta la 
quebrada de Camarones; atravesaron lonjitudinalniente la pampa 
del Tamarugal hasta el valle del Loa, pasaron a Atacama, i de allí 




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288 ^ lAS CORDILLERAS DE ATACAMA. 



por el camino del Inca, llegaron a Copiapó tres meses después de 
su desembarco. Luego continuaron su marclia al Sur hasta Acon- 
cagua, donde se reunieron con Almagro. 

Desvanecidos los halagos que habían promovido estas espedido- 
nes, Almagro i su jente pensaron en regresar cuanto antes al Perú 
para reclamar i ocupar el dominio otorgado por las concesiones rea- 
les a este caudillo. A fines del afio que tantos desengaños le costaba, 
emprendió Almagro la retirada por el camino del desiK>blado, lle- 
gando a mediados de octubre al pueblo de Atacama, desde donde, 
después de algún descanso, siguieron el viaje a Arequipa, a cuyo 
punto arribaron sin tener que lamentar ninguna pérdida, a princi- 
pios de 1537. 



3. — ESPEDICIONES DB PEDRO DE VALDIVIA, ETC. 



Empefiados los conquistadores del Perd en las contiendas entre 
pizarristas i almagristas, nadie se acordó de Chile hasta la comple- 
ta derrota de estos últimos, i solo a mediados del afio 1540 trajo 
Pedro de Valdivia su primera espcdicion que entró a Chile i>or el 
desierto de Atacama; esta comarca fué el tránsito obligado para las 
comunicaciones entre la nueva colonia i la cabecera del virreinato 
del cual dependía, mientras se construía las embarcaciones que sir- 
vieron para efectuar la travesía por mar. 

Es probable que no todas esas primeras espediciones se hicieran 
por el mismo camino, i mas do un soldado o esplorador so estravia- 
ría en las áridas quebradas del despoblado. Se ha encontrado en 
los lomajes de Caracoles aperos de montar, armas, vasijas i otros 
útiles de procedencia espafiola, a los cuales la inmovilidad había 
conservado su forma i aspecto esteriores, pero que al ser tocadcis se 
convirtieron en polvo: el tiempo, la oxidación i la sequedad del aire 
habían corroido i destruido la cohesión en el fierro i en el cuero de 
los objetos que allí dormían desde tres siglos. 

Si hoi dia, con todos los recursos que proporciona la civiliza- 
ción, se considera penoso un viaje por esos desiertos, ¿cuánto mas uo 
lo sería entonces para hombres que vestían pesadns armaduras i no 
podían contar sino con lo que llevaban consigo? No podemos rae- 
nos de pagar nuestro tributo de admiración a esos esforzados esplo- 
radores i guerreros del siglo XVI. No habían pasado aun 20 añas 
desde que Pedro de Valdivia iniciara la conquista definitiva de 



APUNTES HISTÓRICOS. 



289 



Chile, i ya se habían fundado las ciudades de la Serena, Santiago i 
Conoepcion en el centrodel pais, las de Iiaperial, Villariea, Cafietei 
Angol i Valdivia en la tierra de los araucanos, la de Osorno en la 
rejion austral, la de Mendoasa al oriente de las cordilleras, i se había 
esplorado hasta sus confines meridionales nuestra dilatada costa, sur- 
cando con la quilla de las toscas carabelas sus mas tortuosos i recón- 
ditos canales» ^. 

A medida que aumentaron los recursos marítimos, se prefirió mas 
i mas esa via a la terrestre, sobre todo para las espediciones algo 
numerosas. Durante largos afios es silenciosa nuestra historia sobre 
el desierto de Atacama; sin embargo subsistió, como via de correos, 
el camino del Inca entre el Perú i Chile, hasta que también las co« 
rres[K>ndencia3 i comunicaciones se condujeron por la via marítima. 
Así lo prueba uu documento impreso, de fines del siglo pasado, que 
tiene por título: 

Itinerario real de correos del reino del Perú i Ckile^ con la con* 
tinuaeion de las carreras jeneraleSj i comunicaciones hasta Carta» 
jena de Indias i Buenos Aires; i noticia de los dios en que llegan % 
parten los de la capital de Lima^ i cajas de término para dirijir 
con seguridad las correspondencias a todos los ofioios. 

£1 uúm. 13 de esta recopilación de itinerarios es el siguiente: 

De Tarapacá a Pica 16 leguas 

A la Chacarilla 11 n 

A Gaya « 8 m 

A Copaquire 6 n 

A Mifio... 9 II 

Al rio de Santa Bárbara 10 n 

Al pueblo de Santa Bárbara 7 m 

Al pueblo de Chiuchiu 12 h 

A Atacama Alta 18 n 

Al Tambillo 6 ti 

A Carvajal.. 8 n 

Al pueblo de Peine 10 n 

Despoblado que ¡laman de Atacama. 

A Tilo 5 leguas 

Al agua de Pajaritos 16 n 

1. Véase La estraordinaría espedicion a los canales occidentales de Patagonia 
hecha en los años 1557 i 155S por el capitán Juan Ladrillero (Anuario Hidro- 
^áfico de 1880). 



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290 LAS CORDIIXEBAK DE ATACAMA. 



A Guanaquero Grande. 8 leguas 

A Zorras 6 n 

A San Juanito 6 m 

A la Encantada ^ 6 n 

A Aguas Blancas 8 n 

A Rio Frío 9 .. 

A Vaquillas 9 ti 

A la» dos o tres leguas de Rio Frío, siguiendo para VaquiRaSf se 
hallan leu Pirámides que dividen las jurídioeiones dd reino dd Perú 
eon d de Chile. 

A Pasto Cerrado 12 leguas 

A los Puquios 2 8 n 

AlChaHaral 12 „ 

A Copiapó Í3 II 

Al fin del itinerario se dice: 

«Desde Tarapacá hasta Copiapó se halla interrutiipida esta carre- 
ra a causa de los muchos obstáculos i dificultades que presenta en 
su tránsito el grande despoblado de Atacama, i que las correspon- 
dencias que ocurren entre la capital de Lima i el reino de Chile, se 
conducen oom mayor anticipación, que pu<Iiera conseguirse jk^t tierra, 
en los navios del comercio que frecuentemente hacen viaje del puerto 
del Callao a Valparaiso; pero se halla establecido un correo ordina- 
rio mensual, que eale de la ciudad de Santiago el dia 12 i regresa 
de Copiapó el 27, verificándose en los mismos dias las contestacio- 
ncH entre ambas partes». 

Es de su{)oner que habría algunos recni'sos en los pueblos de San- 
ta Bárbara, Chiuchiu, Atacama i Peine, ya que la carrera de correos 
se interrumpió solo por las dificultades del Despoblado que comen- 
zaba en Peine para terminar en los pequeños cultivos de Chafiaral 
Bajo. 

Por lo demás no conocemos documento históríco anterior a 6ste 
que acredite el establecimiento de los españoles en los pueblos nom- 
brados. Es probable que esto tuviera lugar desde los primeros ticín- 
pos de la conquista, pues las campanas de las iglesias de Caspaiia, 

1. Esta posta i probablemente también la anterior tstán mencionadas equivo- 
cadamente en este lugar; deben intercalarse entre Vaquillas i Pasto Cerrado. 

2. Puquios estd al Sur de Cháfl.iral; hai que invertir el orden de estas dos 
postas. 



ÁPÜKTXS HISTÓRICOS. 291 



Atacama i Chiuchiu llevan fechas de los siglos XVII i XVIII; 
todo parece indicar que los indios atacamefios, pasivos en sus creen- 
cias relijiosas como en toda su manera de ser^ se dejaron convertir 
al catolicismo, amalgamando las ceremonias i signos esteriores de 
esa relijion con las supersticiones que constituían la suya. 



4.— EL DISTRITO DE ATACAMA BAJO LA COLOKU 



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Se ha visto, [lor el documento que dejamos citado, que el c Des- 
poblado» propiamente tal se estendía entre Peine i Chafiaral bajo, 

i que poco mas al Sur de su medianía, entre Rio Frió i Vaquillas, h 

existían unas pirámides que marcaban los límites entre el Perú i 
Chile. Estas pirámides, que no son otra cosa que mojones de piedra, 

como las apaehelaa de los indios, existían aun en 1854 cuando pasó I i 

por allí el doctor Philippi; el sabio naturalista observa que hai al 
lado de ellas una pircas de piedra que han sido sin duda postas del 
camino del Inca i después de la carrera de correos reales. 

Mucho se ha hablado de estas pirámides, cuando se trató de esta- 
blecer el uíi possiddia del Pera i Chile en 1810, como también del 
punto de la costa en que terminaba la línea limítrofe entre ambas 

colonias; también se ha comentado de diversos modos el que no se j 

mencionase en éste ni en otros documentos la estension de costa 
que correspondía al distrito de Atacama, dependiente de la audien- 
cia de los Charcas, después virreinato de Buenos Aires. Tales cues- 
tiones han sido largamente debatidas, pero de ningún modo diluci- 
dadas en numerosos folletos debidos a la pluma de estadistas i 
polemistas notables, tanto chilenos como bolivianos ^. 

En efecto, de la no siempre amena lectura de los numerosos docu- 
mentos que se citan en dichas publicaciones, resalta con toda clari- 
dad el hecho de que el conocimiento jeográfíco del distrito i despo- 

1. Eatoe folletos, que hemos podido consultar en la selecta biblioteca del sefior 
Carlos Walker Martinez, están titulados: 

Derecho de Bolivia a la auberania del Desiórto de Atacama^ por Manuel M. 
Salinas. Cocbabamba, 1860. 

La cuestión de límites entre Chile i Bolii>ia, por Miguel Luis Amunátegui. 
Santiago, 1863. 

Bolivia i Chile. Citestion de limiies, por José María Santibáñoz. Cochabam- 
ba, 1863. 

Límites de Bolivia i Chile, (Refutación del folleto de Amunátegui), por Manuel 
M. Salinas. 1863. 

Bolivia i Chile, Cuestúm de UmileSj segundo folleto de don J. M. Santibáfie^. 
1864. 

37 



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2d2 iiAS CORDILLERAS DE ATáCAMA. 

blado de Atacama era sumamente imperfecto eutre los redactores 
de cédulas, ordenanzas u otros títulos reales, i que se cuidaron tanto 
menos de establecer ooncordancia entre esos diversos documentos, 
cuanto menos importante estimaban esa rejion. 

Los hechos que se pueden establecer bien son los siguientes: 

1^ El «Distrito de Atacama» formaba parte de la audiencia do 
Charcas, del virreinato del Perú, desde 1559. Esta audiencia fué 
erijida en virreinato en 1776, quedando en ella la provincia de 
Potosí, en la que se incluía el partido de Atacama ^. 

2^ Su jurisdicción se esteudía por el poniente hasta la costa, 
donde tenía el puerto de Cobija 2; por el Norte, por lo menos hasta 
el rio Loa, puesto que le pertenecían todos los cultivos de ese valle; 
por el Sur, el punto habitado mas meridional era Peine, i nadie se 
cuidaba del despoblado que se estendía hasta cerca de Copiápó; por 
el oriente, abarcaba sin duda toda la Puna, pues eran anexos del 
curato de Atacama, Susques e Incahuasi, próximos ambos a la actual 
línea divisoria con la Arjentina, i también se incluía en el partido 
el mineral de San Antonio de los Cobres, que los señores Moussy i 
Brackebusch colocan hoi en territorio saltefio. 

Fuera de estos hechos es inútil buscar concordancia ni prolijidad 
en los títulos de erección^ ni pretender que hagan fé para determi- 
nar latitudes los incorrectos leguarios de esas atrasadas épocas. Mas 
difícil sería aun precisar significados concretos para las diversas 
espresiones jeográfícas que se emplean en tales documentos; en efec- 
to, las de parlulOf distrito, provincia, desierto, despoblado, se han 
aplicado a veces indistintamente al tratar del territorio atacamefio. 
Para tener un ejemplo de lo infundado de ciertas denominaciones, 
basta mirar el mapa de Cano i Olmedilla que llama Sau Francisco 
de Atacama a San Pedro; una incorrección de otro jénero en que 
incurren todos los mapas i documentos de ese tiempo i aun pa**te- 
riores es llamar Atacama Alia a San Pedro i Atacama Baja a 
Chiuchiu, pues la altitud de este último es superior a la del primer 
punto. 

A lo anterior agregaremos que cuando creó el rei el obispado 
de Salta en 1807, separando del de Córdoba varias jurisdicciones^ 
i del arzobispado de Charcas el distrito de Tarija (dependiente de 
la intendencia de Potosí), no introdujo ningún cambio respecto del 

1. Leyes reales de 22 de agosto de 1783| fecha en que se espidieron títulos 
para los doce gobernadores de las provincias del virreinato de la Plata. 

2. Descripción de Potosí, por J. del P. Manrique. Véase el cap IX, § 2^ d« 
«sta memoria. 



APUNTES HLSTÓRICOS. 



293 



distrito de Atacamay que quedó siempre sujeto a la iutendencia de 
Potosí K 



5* — LUCHA DB LA INDEPENDENCIA 



R' 



Durante este ¡>eríodo4 el poiler revolucionario arjentino^ cuyo 
asiento estaba en Buenos Aires, fué invadiendo el virreinato^ i en 
18i3el jeneral Bel grano ocupaba definitivamente la ciudad i la pro- 
vincia de Salta, al mismo tiempo que se reunía el primer congreso 
de diputados nombrados por las provincias del antiguo virreinato. 
Sin embargo, en ese mismo afio perdió Belgrano la batalla de 
Viicapujio contra las fuerzas españolas que ocupaban el Alto Pera, 
de modo que la ocupación de los patriotas se limitó por el Norte a 
la provincia de Salta. 

Las fuerzas revolucionarias de esta provincia ocuparon sin duda 
algunos puntos del distrito de Atacama, i entre otros su cabecera, 
pues en esa localidad tuvieron lugar algunos encuentros con lo8 rea- 
listas. Este hecho no nos consta de un modo fehaciente sino por la 
tradición que atribuye a los soldados españoles la destrucción del 
archivo de la jxirroquia, cuyos libros i rejistros fueron despedazados 
para conieccionar cartuchos i tacos. 

Tal es seguramente el orfjen de ciertas pretensiones de la provin- 
cia de Salta sobre el distrito de Atacaraa, pues un escritor arjentino, 
el sefior Trellep, las funda en que éste había sido sostenido por aque- 
lla contra el poder realista del alto Perú desde 1816« El hecho es 
que, según confirma ese mismo escritor: «libertado definitivamente 
el alto Perú en 1825, el presidente interino de Potosí (jeneral don 
Guillermo Miller) a cuya circunscripción legal pertenecía Atacama, 
reclamó al gobernador de Salta aquel partido, i sin esperar contes- 
tación impartió órdenes directas al subdelegado del gobierno de 
Salta que lo comandaba, posesionándose por propia autoridad de ese 
territorio». 

Por lo demáj^, no se podría atribuir hoi gran importancia a los 
actos de dominio anteriores, puesto que al libertar Simou Bolívar el 
Alto Perú del yugo español, lo constituyó en estado independiente, 

1. Paede consultarse: 

Caestiojí de límites eíitre la Bcpública Arjenlina i Bolivia^ por M, Ricardo 
TreUes. 1872. 

Limites entre Solivia i la República Arjenlina, por Luía L. Frías. Cochabam- 
ba, 1874. 



É 



294 LAB CORDILLERAS DE ATACAMA. 

'I I - - ... ^ 

para coadyuvar a cuyo efecto el Congreso arjeutino, por lei de 9 de 
mayo de 1825, segregó de las doce provincias que formaban el an- 
tiguo virreinato, las cuatro de la Plata, la Paz, Potosí i Cochabamba. 
A pesar de este acto del Congreso arjentino, se suscitaron ciertas 
dificultades (aun no zanjadas hoi dia) respecto del distrito de Tarija; 
las autoridades bolivianas pretendían que los ministros plen¡i)oten- 
cíarias arjentinos enviados para resolverlas, renunciaran a nombre 
de la confederación a sus derechos sobre esos territorios i a los que 
pudieran tener sobre el distrito de Atacama. Respecto de esto últi- 
mo, contestaron los enviados que no creían necesaria la renuncia 
«porque perteneciendo Atacama, como parece haber pertenecido, al 
departamento de Potosí, ella está inclui<Ia en la lei del 9 de mayo i 
correrá la suerte del departamento a que pertenezca» K 



6. — PROGRESO DEL DISTRITO DE ATACAMA DESDE 1825. 



Constituidas por el Libertador las repúblicas del Perú i Bolivia, 
i cstendiéndose las costas de la primera hasta el Loa, quedaba la 
segunda en posesión de un árido trecho del litoral sin contar con 
ningún puerto habilitado. Para obviar a esta deficiencia, Bolívar 
hizo esplorar la costa i habilitó en seguida el puerto de Cobija bajo 
el nombre de Lámar (en honor del mariscal de Ayacucho que lle- 
vaba esc apellido) i)or decreto de 28 de diciembre de 1825. 

Al mismo tiempo que el puerto de Cobija, se habilitó para el trá- 
fico terrestre el camino que a él conduce desde Potosí, posando {wr 
las poblaciones riberanas del Loa, que eran los lugares de refresco 
i pastoreo para los animales de carga. 

En 1829 el Libertador segregó el distrito de Atacama del depar- 
tamento de Potosí i lo erijió en distrito independiente con un pre- 
fecto residente en Cobija, i diez afios mas tarde fué elevado al rango 
de departamento por el Congreso boliviano. Quedó entonces divi- 
dido en dos provincias, la litoral de Lámar i la de Atacama, resi- 
diendo el prefecto siempre en Cobija i un subprefecto o correjidor 
en Atacama. 

El descubrimiento de imporiantes guaneras en el litoral i de sa- 
litres i minerales en el interior dieron mas importancia a ese terri- 

1. Nota oficial de loa enviados arjontinoa al Libertador Bolívar, fecha O de no- 
viembre de 1825. 



í.tt 



APUNTES HISTÓRICOS. 



296 



torio entre los afios 1860 i 1870, de manera que se estableció una 
nueva subprefectura en Caracoles i la capital fué traslaiada de Co- 
bija a Antofagasta. 

£d la fecha de 8U creación en provincia litoral, el territorio ata- 
caniefio solo contaba con 3800 habitantes; quince afios después con 
4500 i cerca de 8000 en 1865. Después de la fecha de los impor- 
tantes descubrimientos a que hemos aludido, la población del litoral 
i de los minerales aumento asombrosamente, casi todo por la inmi- 
gración chilena. Asi el puerto de Antofagasta tenía ya en 1875 
6000 habitantes, de los cuales 4800 eran chilenos i solo 450 bolivia- 
nos; en 1878 tenfa el mismo puerto 8550 habitantes, de los cuales 
6500 chilenos; en la actualidad se mantienen estas últimas cifras. 

Puede estimarse que en el momento de la ocupación chilena en 
1879, casi los dos tercios de la iK)blacion de todo el departamento 
boliviano de Atacamaeran chilenos, proporción que se observa tam • 
bien ahora \ 

Aunque tenemos a la mano algunos datos que nos permitirían 
bosquejar ciertos rasgos del progreso material i de los trastornos po- 
líticos c^el de[)artamento de Atacama bajo la administración bolivia- 
na, los reservamos, porque afectan también a la rejion del litoral, la 
caal no está incluida en nuestro cuadro de trabajo. 









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;l 






7. — HISTÓRICO DE h\3 CUESTIONES DE LÍMITES EN EL DESIERTO DE 

ATACAMA. — SOLIVIA CON CHILE. 



£1 descubrimiento de las guaneras de Mejillones en 1841 fué el 
primer hecho que suscita* seriamente la imi)ortante cuestión de saber 
que punto de la costa del Pacífico deslindaba las jurisdicciones en- 
tre Chile i Bolivia. Desde 1842 se comenzaron a esplotar como de 
propiedad chilena las guaneras de Mejillones, lo cual motivó de 
parte del gobierno de Bolivia, protestas i agresiones seguidas, de 
actos de ¡xisesion que fueron a su vez cohonestadas por las fuerzas 
marítimas chilenas. Las desavenencias entre ambas naciones ha- 
brían ido mas lejos si la invasión de la escuadra espafiola en las 
costas del Pacífico no hubiese venido a agrupar los intereses sud- 
americanos. Después de esta fraternidad en la lucha contra el es- 

1. Véaae la nota d«l § I" del capítulo anterior. 



\ 



I 



1 



296 LAS CORDILLERAS DE ATACAHA. 

tranjero, era natural un advenimiento pacífico, cuyo resultado fué 
el tratado de límites de 10 de agrsto de 1866. 

Ese tratado establece como línea divisoria el paralelo de 24^ 
«desde el litoral del Pacífico hasta los límites oríenicUes de Chile». 
Un segundo artículo establecía la comunidad de derechos sobre la 
csplotacion del guano i la esportacion de minerales^ entre los para- 
lelos de 23<> i 25^ 

Tanto la frase que hemos subrayado, como la estipulación refe« 
rente a la zona común, ocasionaron ciertas dificultades, las que que- 
daron resueltas por el protocolo diplomático de 5 de diciembre de 
187'J, el cual declara que «los límites orientales do Chile» deque 
se hacia mención en el tratado del 66, eran « las mas altas cumbres 
de los Andes »f i reglamenta en varios artículos la administración i 
fiscalización de los intereses comunes de la zona comprendida entre 
los paralelos de 23« i 25° de latitud. 

Finalmente, no siendo aun satisfactorios los resultados produci- 
dos por el nuevo protocolo, se celebró en 6 de agosto de 1874 otro 
tratado de límites en que se designa como línea limítrofe entre 
ambas naciones «el paralelo de 24^ desde el mar hasta la cordillera 
de los Andes en el divortia aquamni»y i se hacen nuevas estipula- 
ciones sobre las materias sujetas a cobros o esplotacion comunes. 

La discusión de este tratado dio lugar en la prensa i en el Con- 
greso bolivianos a ardientes polémicas, de las cuales reproducimos 
a continuación dos ejemplares, interesantes por la materia sobre que 
versaban, que vuelve a ser ahora de actualidad, ¡ porque resaltará 
hoi mejor la exajeracion en *que caían los adversarios del tratado, 
aunque a nuestro juicio interpretaban fielmente su recta aplicación. 

El Club Nacional de Sucre, fecha 17 de setiembre de 1874, hace 
notar que el tratado de 1866 consagraba entre Bolivia i Chile dos 
límites: el paralelo i un límite oriental. «Pero el tratado de ho¡| 
agrega, suprime el límite oriental i divide las dos Repúblicas por 
uno solo, el paralelo 24^, que irá hasta el divortia aqiiai^um 

Los Andes entre el 21 i el 27 forman una plataforma cortada de 
Norte a Sur por diferentes cadenas intermedias, que forman otros 
tantos divortia aquarum^ entre los lagos i receptáculos de esa parte 
de la cordillera. 

Seguramente el tratado no se refiere a ninguna de esas cumbres. 
Busca sin duda la vertiente arjentina; de modo que tendríamos en 
definitiva, la Confederación al Este i Chile al OcFte. Bolivia escliiída 
por siempre. Se levantaría ante ella el paralelo como la nuiralla de 
la China, como el mas inexorable non plus ultra ». 



^11 



APUNTES HISTÓRICOS. 



297 



El mismo diario, fecha 15 de octubre, contestando a su adversa- 
rio de la Actualidad, quien afirmaba que Antofagasta de la Sierra 
era una miserable Jinquita, decía que aquel « ignoraba que hai sobre 
los Andes un pueblo boliviano que se llama Antofagasta desde ha- 
ce siglos; que ese pueblo está mui al Sur del grado 24; que fué 
siempre del Alto Perú, i que en 1825 lo devolvió a Bolivia el je- 
neral Arenales, gobernador de Salta, como perteneciente al depar- 
tamento de Potosí; no había visto marcado ese pueblo en el mapa 
nacional cerca del 26, ni consultado la obra del sefior Dalence, que 
habla de él on mil partes; no sabía por qué se dio el nombre de 
Antofagasta a la bahía llamada Chimba primitivamente; ignoraba 
las concesiones hechas al hijo de Melgarejo, que por cierto no se ha- 
cía adjudicar cerros estériles ni áridos desiertos ».., 

El Pensamiento Nacional da Cobija, de 18 de setiembre, va mas le- 
jos. Habla de «r inmensos pastales de fabulosa riqueza que la Ucpú- 
blica Arjcutina codicia adquirir de Bolivia mediante una favorable 
compra-venta; todo el vice-canton de Antofagasta i cinco o seis 
]>oblaciones donde actualmente existen autoridades bolivianas, per- 
tenecerían a Chile»... 

Oigamos ahora al ministro sefLor Baptista, quien defendió estas 
imputaciones en el Congreso boliviano, reduciendo las cosas a su 
verdadero valor; su discurso nos da una idea de la atención que 
merecían a la administración boliviana los pueblos de la Puna: 

«El distrito de Atacamn, según censo do 1869, tenía 4000 habi- 
tantes. Se calcula que estos pasarán ahora de 5000; quizá la cifra 
deba ser mayor ^. Sus cantones son Chiuchiu, Calama i Antofagas- 
ta. Es inconducente detenernos en los dos primeros ni en la capital. 
Tocante a Antofagasta, solo afladiremos que encierra 250 habitantes 
cuya vida real depende de Catamnrca, Hai allí una ciénaga grande 
i útil a los troperos arjen'inos, cuyas recuas la disfrutan gratis. En 
ocho o mas aflos no pasó a ese recinto autoridad boliviana, ni aun 
el visitador. Contribuye al fisco con 180 pesos anuales, cuyo em- 
poce lo mantiene la costumbre, esta Ici de nuestros indios. 

To'uando por el Norte i siguiendo al Sur¿ tenemos los anexos 
Rosario, C;ispana, Aiquina, ¡Susqucs, Socaire, Toconao, Peine i 
Catua. 

Dan al conjunto dj estos anexos por total población 400 habi- 
tantes; habrá que añadir las reducidas ranchería? de Soncor i Pastos 



1. Entre varios informes sobro la población do esta provincia i sua recursos, 
son útiles los que pasó su sub-profecto, don B. Frontama, cu junio do 1874, i dou 
O. Araraayo, antiguo vecino de San Pedro. 






.) 






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298 LAS CORDILLERAS DE ATACAIÍA. 



Grandes. De los ¡nfornies oficiales 83 apartan en poco los dtstiato) 
testimonios privados que hemos solicitado. Algunos de estos sefLalaii 
por menudo la población: Toconao, .300 habitantes; Socaire, 40; 
Peine, 40; Sonoor, 30; estas son las cifras de mayor significado. 

Desde que se sube la cordillera i>or Peine i Socaire, la falta ab- 
soluta de inspeecion civil i el aislamiento se dejan notar; esas pobla- 
ciones bolivianas que se suponen entregadas a la nacionalidad chi- 
lena, son de aboríjenes que viven miserablemente hacinados en sus 
chozas, lejos de toda vida común, social i política con la patria, i 
pidiendo a un reducido pastoreo i en parte a la caza accidental los 
medios de su subsistencia. 

Aquí tomaron actitud nuestros impugnadores i rasgaron sus ves- 
tiduras, i apenas encontraron punto de comparación sino en Alsacia 
i Lorena, miembros palpitantes de vida arrancados a la nacionalidad 
francesa por la fuerza de las armas. 

En el centro de la cordillera, en sus vertientes orientales i ooci- 
dentalcji, en sus contrafuertes hacia la costa, no hai gramal tendido 
a lo largo de solitarias colinas, no hai abrevadero insuficiente para 
las bestias del tránsito que no señale la declamación como poblacio- 
nes entregadas. Un diputado os ha designado así a Tilopozo, pozo 
de algunas varas de largo por oívoa tantas de ancho, rodeado de 
gramíneas; a Tílomonte, surtidor análogo; a Antofalla, lugar de 
pasoanai i ha finjido indignarse i ha cortado con etccteras esta serio 
dolorosa de vecindarios perdidos»... 

Como se ve, el verdadero alcance de la línea divisoria dependía de 
la fijación del divorlia aquarum^ operación que nunca se intentó, i 
Solivia fué dejada en tranquila posesión del cantón de Antofagasta. 
El art. 4* del tratado de límites de J874 decía a la letra que 
tíos derechos de esportacion que se impongan sobre los minerales 
esplotados en la zona de terreno de que hablan los artículos prece- 
dentes (entre los paralelos 23 i 23"), no escederá la cuota de lo que 
actualmente se cobra; i las personas, industrias o capitales chilenos 
no quedarán sujetos a mas contribuciones, de cualquiera clase que 
sean, que las que actualmente existen «. 

Esta estipulación, que debía durar 25 afioi», no fué respetada mu- 
cho tiempo por Bolivia. Son del dominio público los hechos que 
motivaron protestas del Gobierno de Chile, i por fin la ocupación 
del puerto de Antofagasta el 14 de febrero de 1879 con todo el 
territorio que queda entre los paralelos de 23° i 24° l. 

— I — - — — ,1 , I ■ ■ _ ■ - _ ■ _ I 

1. Véoso para esta parte la Historia de la c^iurra con el Perú i Bolivia, por don 
Benjamín Yicufia lÜackenua. 



APUNTES HISTÓRICOS. 299 



■I 



i 
1 



Al reivindicar los territorios ooni prendidos al Sur del grado 23, 
Chile estendió su ocupación hasta los límites orientales que esos te- 
rritorios tuvieron bajo el dominio boliviano; esta ocupación se hizo 
efectiva en el cantón de Antofagasta, invistiendo con el carácter de 
inspector de distrito a un chileno residente en esa localidad. 

Terminada la krga contienda que fué suscitada por el rompí" 
miento del tratado do 1874, han pasado a manos de Chile, no solo 
los territorios reivindicados, sino una gran parte de los que poseía a 
título de ocupación militar, f^ posesión ha sido consagrada i)or el 
pacto de tregua celebrado entre ambas naciones con fecha 4 de abril 
de 1884, ya ratificado, cuyo artículo 2® es del tenor siguiente: 

«La República de Chile, durante la vijencia de esta tregua, con- 
tinuará gobernando, con sujeción al réjimen político i administrativo 
que establece la leí chilena, los territorios comprendidos desde el 
paralelo 23"* hasta Ja desembocadura del río Loa en el Pacífico^ 

teniendo dichos territorios i)or límite oriental una línea recta que } 

parta de Sapalegui, desde la intersección con el deslinde que los se- 
para de la Uepública Arjentina hasta el volcan Lioancaur. De este 
panto s^uirá una recta a la cumbre del volcan apagado Cabana] de 
aquí oontinuarA ulra recta hasta el ojo de agua que se halla mas al 
Sur en el lago Ascotan; i de aquí otra recta que cruzando a lo largo 
diclio lago termine en el volcan Oyagua» Desde este punto, otra 
recta al volcan Tiia, continuando desde allí la divisoria existente 
entre el departamento de Tarapacá i Bolivia». 

8. — ACTUAL DBMABCACION DEL TfiUBITORIO DE A14T0FAOASTA. 

El antiguo departamento litoral boliviano de Atacama, que des- 
lindaba ]K)r el S. i SO. con la provincia chilena del mismo nombre, 
ha trocado ahora el suyo }>cr el de Antofngasta, tanto para evitar la 
anbigüedad ccinsiguicnte a la conservación de la primera denomina- 
ción, como por concurrir la circunitanciu de haber dos locpüclades 
que llevan la segunda, en ambos cstrcmos del territorio. 

Para fijar los actuales límites de esc territorio hemos tenido en 

■ 

Tista: 

1® El pacto de tregua del 4 de abril de .1884, cuyo 2* artículo 
hemos repro<luc¡do tcstualmente en el párrafo anterior; 

2^ La línea divisoria indicada por el sefior Dalcuce, descrita e:i 

el § 4 del cap. IX de este libro; 

3^ La demarcación de los límites entre la provincia arjentina de 

38 V 






dOO LAS COBDILLERAS DE ATACAMA. 



Jujui i Bolivia, hecha por el sefior L. Brackebuscb en sus Edudlos 
sobre la formaoion petrclí/era de Jujui ^; 

4^ Una nota e informe oficiales del sefior Manuel Sola, miembro 
de la comisión compiladora de los documentos relativos a los limites 
de la provincia arjentina de Salta, dirijidos al gobierno de esa pro- 
vincia con fecha 6 de febrero de 1884 ^. 

6^ Nuestros propios datos i observaciones recojidos en el terreno; 

6^ La lei de 14 de enero de 1884^ que fija los nuevos límites de 
la provincia de Atacamn; 

7^ La lei de 31 de octubre de 1881, que fija los límites de la pro- 
vincia de Tarapará. 

1. Reñriéndoae a esta provincia dice esto autor: «Sus límites con Bolivia, 
todavía no arreglados, son, según el estado actual de posesión i jurisdicción, los 
siguientes: En el NE. el cerro de Intacancha (SS"» 18' lonj. O. i 22'* 10' lat S.). 
La divisoria saliendo de aquí pasa por Yavi Chico, la Quiaca, Pei&as Blancas, 
Piscuno hasta Rochaguasi, en el rio de San Juan, punto mas avanzado en el NO. 
En el Oeste ol cerro de Granadas i siguiendo al Norte ese rio que nace en dicho 
cerro, llamado mas abajo rio de Gaciayo, que se junta en Chusmimayo con el rio 
de San Pedro; todos estos unidos forman el rio San Juan, que representa el límite 
hasta Rochaguasi. Al Sur del cerro de Granadas, el límite lo forma una recta 
imajinaria desde el cerro de Galán hasta el cerro de Incahuasi, i de aquí hasta el 
rio de Susques, que mas abajo se llama el rio de las Burras, que ya forma hasta 
8u desembocadura cerca del cerro Negro la divisoria con Salta >... 

2. De eso informe estractamos lo siguiente: 
«Límites de hóchx) con Bolivia: 

«... Por el Oeste, la provincia de Salta está separada de Bolivia por la pro- 
longación do la línea divisoria que, pasando por la Quiaca, cruza el camino de 
Tarija a Lípez hasta el rio Grande o San Juan, i sus cabeceras el rio Granadas i 
Coyaguaima; pasa por el Rosario de Susques, Toconao, Pasto Grande, al nacien- 
te del pueblo boliviano de Antofagasta, a 50 quilómetros de la laguna Blanca, que 
deja en territorio salteño, e inclinándose mas abajo al Oeste, toca las cumbres de 
la cordillera de los Andes i las fronteras do Tucmnan i Catamarca. 

«Límites de derecho con Bolivia: 

Si se ha de hacer valer la cédula real... estos departamentos (Chichas, Tarija 
i Mojos) pertenecen a la República Arjentina... 

Con mas razón podríh decirse otro tanto del distrito de Atacama, dependiente 
hasta el año 1825 de la jurisdicción salteña, i que violentamente segregado por 
una orden del jeneral Guillermo Miller, entonces presidente del departamento de 
Potosí, fué agregado a Bolivia. 

Reivindicado el distrito de Atacama, la provincia de Salta limitará con el 
Pacífico ( ! ), el Perú i Chile; i si la ocupación del litoral boliviano por las armas 
chilenas se justifica algún dia por la sanción de las naciones sud-americanas, 
las mas altas cumbres de los Andes deberían ser el límite entre la provincia de 
Salta i el nuevo estado chileno. 

Límites entre Salta i Catamarca: 

Catamarca limita con Salta al norte por una línea... i pasando al Sur de la 
laguna Blanca va a caer al paso de San Francisco donde encuentra al NE. la 
provincia de Atacama i al Oeste la frontera chilena >, 

Esta última línea, que con las mismas espresiones describe el sefior Moussy 
en su obra, es además de los que hemos recojido durante nuestra esploracion, el 
único dato que tenemos sobre los límites de Catamarca con Chile en esa parte. 
Mas detalles se podrían obtener talvez consultando la obra del señor F. Espeche 
titulada La provincia de Catamarca, que no hemos encontrado en la Biblioteca 
Nacional " 



I 






APUNTES HISTÓRICOS. 



m 



Con tales auteoedentes se pnede describir los actuales limites del 
territorio de Antofagasta en la forma siguiente: 

Por el Poniente el Océano Pacífico; 

Por el Norte la provincia de Tarapacá, por la quebrada i rio Loa 
desde el mar hasta el pueblo de Quiilagua esclusive^ i desde allí una 
línea que parta por los volcanes Mifío, Olea i Tua. 
. Por el Oriente con la provincia boliviana de Lípez desde el vol- 
can Tua por una línea poligonal que toca la cumbre del volcan 
Oyagua, la aguada de Ascotan, el cerro de Cabana (o Cajón), el vol- 
can Licancaur^ el cerro de Zapaleri i la intersección del paralelo de 
23* con el deslinde arjentino (próximamente el cerro de Incahuasi). 
De alH el territorio colinda con le provincia aijentina de Jujui en 
el corto trecho que mide desde el paralelo de 23'' hasta el rio Sus- 
ques o de las Burras^ como 5 quilómetros al oriente del lugarejo de 
Busques. Desde ese punto sigue la línea divisoria con la provincia 
de Salta por San Antonio de los Cobres^ cumbres de la sierra de 
Caclii^ abra del Tolar^ i el divortia aquarum entre las cuencas de la 
Puna i la del rio Juramento o Salado, i después entre las cuencas de 
la laguna Diamante i rio Pírica por el poniente í de la laguna Blanca 
por el oriente, hasta el portezuelo i abra de Pasto de Ventura, en el 
camino de Antofagasta a Belén. 

I^or el Sur con la provincia arjentina de Catamarca, desde el abra 
de Pasto de Ventura por una línea que pasa por los portezuelos del 
Bobleo (en el camino de Antofagasta a Fiambalá) i San Francisco, 
dejando en territorio arjentino todos los oríjenes del rio Cazadero o 
Fiambalá. Desde el paso de San Francisco el límite con la provin- 
cia (le Atacama (departamentos de Copiapó, Chafiaral i Taltal) es 
indeterminado hasta el volcan Llullaillaco; desde esta cima sigue el 
límite con el departamento de Taltal por una recta que la une con 
el cerro de Paranal en la serranía de la costa, prolongándose hacia 
el poniente hasta la punta de Reyes. 

£1 área encerrada por los anteriores límites es aproximadamente 
de 168000 quilómetros cuadrados. 



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I N DICE 



PAJS. 

iNTRODUOaOK 5 ' 

Cap. i. — ^Elementos i preparativos de viaje 9 

1. — Programa de la esploracion 9 

2. — Instrumentos de observación 10 

3. — ^Tiendas de campaña i otros útiles 14 

4. — Proviciones 16 

Cap. II. — ^Esploracion al desierto en 1880 17 

1. — Aiitofagasta; el ferrocarril 17 

2. — Caracoles 19 

3. — Limón Verde. -Calama 20 

4. — Chiuchiu. — Caspana 21 

5. — San Bartolo. - Atacania 22 

Cap. iii. — Esploracion en 1 884. — Primera parte 25 

1. — ^De Antofagnsta aCaracoles 25 

2. — Caracoles. - Vi(ye a Atacama 27 

3, — Demoras en Atacama. - Aprestos de la espedicion 31 

4. — De Atacama a Socompa 33 

5. — De Socompa a Antofalla 36 

6.— De Antofalla a Cortaderal.. 39 

7. — ^De Cortaderal a Antofagasta 43 

8. — De Antofagasta a Molinos 46 

9. — Molinos. - Lnracatao 51 

10. — ^Vuelta a Atacama 54 

Cap. IV. — Esploracion en 1884. - Segunda parte 61 

1. — ^Nuevos aprestos 61 

2. — De Atacama a Ascotan 62 

3. — Ascotan. -Lagima Verde 65 

4. — ^De Caichape a Turuquiro 67 

5. — De Turuquire a Quetena 67 

6. — Kio Quetena 71 

7. — Bajada a Atacama 72 

8. — Viaje de regreso 73 

Cap. V. — Métodos de observación i trabajo durante el viaje 75 

1 . — Azímutes magnéticos i ángulos verticales 75 

2. — Alturas correspondientes de sol 76 

3. — Alturas aisladas de astros 76 

4. — Alturas meridianas de sol, do luna, de venus, de otros 

planetas i de estrellas 77 



'i 

\ 

\ 



. I 



S02 ÍNNCS. 



píjs. 



5. — Alturas i ozimutes simultáneos de un astro 78 

6. — Trasmisión de la hora por el telégrafo 78 

7. — Observaciones btirométricas 79 

8. — Observaciones termométricas de máxima i mínima 79 

Cap. vi, — Métodos de cálculo • 81 

1. — ^Estado del cronómetro por alturas correspondientes 81 

2. — ^Estado del cronómetro por alturas aisladas de astros 82 

3. — Cálculo de la htitud por alturas meridianas 8é 

4. — Cálculo de la variación magnética por medio de alturas i 

azimutes simultáneos 85 

5. — Cálculo de la diferencia de meridianos 86 

6. — Fórmulas baroinéiricas , 86 

7. — ^Xivelacion jeodésica 87 

Cap. Til. — Rejistro do observaciones 91 

1. — Azimutes 91 

2. — Observaciones de alturas correspondientes de sol para de- 
terminar el estado i andar del cronómetro Dent número 

26 593 lU 

3. — Observaciones de alturas de sol a un lado del meridiano 

para obtener el ángulo horario 117 

4. — Observaciones do alturas meridianas de astros para la de- 
terminación de latitudes 118 

5. — Azimutes i alturas simultáneas del sol para la variación 

magnética 123 

6. — Cambio de señales telegráficas con el observatorio astro- 
nómico para la determinación do lonjitudes 1 25 

7. — Rejistro barométrico 127 

8. — Observaciones de algunas temperaturas máximas i mí- 
nimas , 1 30 

Cap. VIII. — Resultados gráneos i numéricos 131 

1. — Cuadros gráficos de la marcha del cronómetro i diferencia 

de meridianos correspondientes a cada punto 131 

2. — Latitudes aceptadas para las localidades donde se ha ob- 
servado alturas meridianas 134 

. 3. — Variación magnética "... 136 

4. — Minuta gráfica de la triangulación 136 

5. — Alturas barométricas i jeodésicas 139 

Cap. IX. — ^Estudio crítico sobre las diversas memorias, mapas, pla- 
nos, relativos a las rej iones adyacentes a la Puna de Ata- 
cama 141 

1. — Mapa jeográfico de América Meridional, por Juan de la 

Cruz Cano i Olmedilla 141 

2. — Descripción de la villa de Potosí i de los partidos sujetos 

a su intendencia, por Juan del Pino Manrique 142 

3. — Mapa corográfico de la república de Bolivia con la topo- 
grafía de las provincias limítrofes, por el coronel de inje- 

nieros Felipe Bertres 147 

4. — Bosquejo estadístico do Bolivia, por José Maria Dalence. 148 
5. — Viaje al desierto de Atacama, por Rodolfo Amando Phi- 

lippi 151 



ÍNDICE, 303 

PÁJS. 

6.— Viaje al través de los Audes de Sud- América, por T. T. 

V. Tschiuli 155 

7. — !Mnpa de la república de Bolivia, por Juan Ondarza, Ma- 
riano Mujía i Ludo Camacho 168 

8.-*-Mapa de la altiplanicie de Bolivia i otros trabajos de 

HugoReck 159 

9. — Viajes i descripciones do las provincias de Tucunian i 

Catamarca, por H. Burmeister 163 

10. — ^Descripción jeográfíca i estadística de la Confederación 

Arjentina, por Martin de Moussy 165 

11. — Estudios sobro Tarapacá i Atacama, de Pedro Hoogsgard 167 

12. — Trabajos jeolójicos i jeográficos, de Amado Pissis 171 

13. — Mapa de la República Arjentina, por Seelstrang, Tour- 

mente i Petermann 175 

14. — ^Viaje e itinerario de Antofagasta al mineral de Cupuchu- 

cro, por Dixon Provand 177 

15. — Mapa del desierto de Atacama, por Augusto Villanueva.. 1 79 

16. — Mapas de la Oficina Hidrográfica 1 80 

17. — Mapas del teatro de la guerra^ por Estrabeau i Raimondi. 181 
18. — Trazo do un ferrocarril desde Mejillones hasta la Paz, por 

Hugo Desmond 181 

19. — Viaje e itinerario entre la Noria i Jujui, por E. de Ru- 

range , 183 

20. — La formación petrolífera de Jujui i mapa de esa provin- 
cia, por Brackebusch 188 

21. — Trazado del ferrocarril de Pampa Alta a Ascotan i pro-^ 

longaciones a Lípez i Guanchaca, por J. Harding 190 

22. — Trabajos de la actual Comisión csploradora del desierto 

de Atacama 192 

23. — Conexión de los trabajos precedentes con el nuestro. - 

Formación del mapa 192 

Cap. X. — Descripción jeneral de la Puna de Atacama i rej iones 

adyacentes que figuran en el mapa 195 

1. — Alcance de nuestra descripción 195 

2. — Orografía. - Configuración particular de los Andes según 

la latitud 196 

3. — Zonas orográficas 197 

4. — Hidrografía. — Idea jeneral 1 99 

5. — Hoyas del Océano Pacífico 200 

6. — Hoyas del Océano Atlántico 202 

7. — Hoyas de la falda occidental 206 

8. — Hoyas de la Puna de Atacama al Norte del grado 23 207 

9. — Hoyas de la Puna de Atacama al Sur del grado 23 209 

10. — Hoyas de la Puna do Jujui 212 

1 1. — Formaciones jcolójicas 213 

1 2. — Sustancias minerales 222 

13.— Flora 228 

U.— Eauna 234 

15.— Clima 240 

16.— Viabilidad 244 



304 ÍNDICE. 



PAJS. 

1 7. — Itinerarios 247 

18. — Tráfico por la Puna. — Correos 265 

19. — Poblaciones en el desierto 268 

20. — Poblaciones en la Puna de Atacíjma 274 

21. — Poblaciones en Bolivia 277 

22. — Poblaciones en las provincias arjentinas 279 

Cap. XI. — Apuntes históricos sobre el desierto i departamento de 

Atacaraa ^ 285 

1. — Dominación de los incas 285 

2. — Primeras espediciones de los españoles 286 

3. — Espedicion de Pedio de Valdivia 288 

4. — El distrito de Atacama bajo la colonia 291 

5. — Lucha de la independencia 293 

6. — Progreso del distrito de Atacama desde 1825 294 

7. — Histórico de las cuestiones de límites en el desierto de 

Atacama 295 

8. — Actual demarcación del territorio do Antofagasta 299 



ERRATAS. 











tíj. 


LÍNEA 


D I C R 


LÉASE 


34 


8 


ProvisionaliiKMite 


Previsoramcnto 


36 


36 


I )Í8¡ miliario 


Disiparlo 


43 


13 


<'ra<l() 24« 


<írad() 25 


49 


36 '( iuíulipíis 


(iuachipas 


51 


4 


lo que nos impitho 


lo (pie iK) nos impidiíi 


55 


2 


no hai nunca esquita 


no hai micasípiita 


65 


16 


tnjatloloA 


tajcy1aU*A 


69 


13 


Siini<iiiiza 


Suuiípiira 


69 


29 


(¿UEHUAOHUCO 


QUBHUACUCnO 


73 


21 


(le la mina 


de la mina Calamcña. 


82 


8 


N= Ale 


Xaiitieal Almanm; 


82 


19 11»» 59.5- 


11™59.5- 


86 


1 5 ¡log. sen J anj» = J = 


log sen. ¿ azimut = \ suma = 


86 


16 


i anjí. 


1 azimut 


89 


31 


ÍI = Kc.ot(S-0.44())-Ktanj ) 


l£ = Kcot(a-0.44 ()) = K 






[(90 = o) + 0.44 O] \ 


tanj [(90'»-S) + 0.44()J 


90 


24 90" S 


90"- é 


126 


4 Í20AM AM 


PM PM 


126 


36 


en i)ai*alo 


en pándelo 


133 


21 


70«40'46"(). 


70' 40' 30" O. 




f 


Titrre dp la P/ari//a, (Can 


Ti.rre dr la PlaciUa (Cara- 






coles) 


coles) 




23 


Difer. oba. Cal -lMri4" 


Lonj.O.Observ. 70'» 40' 36" 


131 


a ' 


.. Cal. Torre +0.00 39 


Difer. Obs. Cal.- 1 41 14 




26 




II Cal. Torre + 00 39 


I^nj. 0. de Or. = 69 00 01 


Lonj. 0. deOr. -69" 00' 01" 


137 


15 


Radüacion del mapa 


5. — Graduación del mapa. 


193 


14 


Coyji«(iiainca | 


(Joyaj^niaima 


239 


30 


inmiuulo díntííro , 


in -óinodo díptero 


246 


7 crncíMtnda 


conectada 


252 


5 ¡tlon Anacleto Pacli 


don Anacleto Puch 


257 


21 .(Joru i Rooa 


Corn i Ro(^a 


268i 


8 


(lescul»ri(leros o mojfmeg \ 


linderos o )H(*Jo7u'a 



PÁJ. 


LÍNRA 


DICE 


LÉASE 


268 


11 

26 i 28 
32 
7 
21 

]iiltima 




Nota. — Son intcrcsiintAs a 


286 
286 
289 
295 


1835 
1836 
canale8.it *• 


este res) )ecto los capítulo:! XII 
a XV del Libro de la Plata 
de don Btsajamin Vicuña Mac- 
kenua. 
1535 
1536 
canales ^ 
Nota, — L\ h¡st«>ria de ostos 


301 




antecediMitos puiide consultar- 
se en lo 4 prim'iros capítulos 
de la Ctnifxiií'i <U TarajHi'ií 
de don Bvsujamíu Vicuíla Mac- 
kenna. 

Nota. — Véase el mapa pe- 
queño do Lis provincias seton- 
trionalcs de Chile ([uo viene 
inserto eu este lihro. 







ÍNDICE DE LOS PLANOS. 



1. 

2. 
3.— 



4.- 
5. 
6.— 



Mapa de las conlilleras en el desierto de Atíicnnia i rojionca a(V 

yacentos.— Escala 1 : 1 000 000. 

Minuta gráfícade las operaciones trigonoract ricas i astronómica . 

Escala de 1 : 1 000 000. 

Chile: Provincias siitentrionales formathis en los torriUjrios 

anexados i ocupados temporal monte. 
Determinación gráfica do las diferencias de lonjitud. 
Panoramas 112 (Afect'in respectivamente las pájs. 55 i 64). 
Panoramas 3 i 4 (Afectan las pájs. 66 i 69). 




J* 



UrñCAJÜT Cf Hii^r^nos, 95 



c 



I 



I 



PÁJ. 


LÍNEA 


D I C B 


LÉASE 


268 


11 

26 i 28 
32 
7 
21 

|iiltíma 




Nota. — Son interesantes a 


286 
286 
289 
295 


1835 
1836 
canales. M ** 


este resi)ecto lo8 capítulos XI [ 
a XV del Libro de la Plata 
lie don IWjainhi Vicuña Mac- 
kenua. 
1535 
1536 
canales ^ 
Nota. — L\ historia de estos 


301 




antece«liMitos [)U(^le consultar- 
se en lo 4 priinínw cíipítulos 
<le la OnniHi/l'j fU, Tiirajtaú 
de don li^njauíiii Vicuila Mac- 
keima. 

Nota. — -Véase el mapa pe- 
queño do las provincias setcn- 
trionalcs ile Chile (lue viene 
inserto eu este li))ro. 







ÍNDICE DE LOS PLANOS. 



1. — Mapa de las conlilleras en el desierto (le Afeicama i rojionca af'- 

yacentes.— Escala 1 : 1 000 000. 
2. — Minuta granea de las operaciones trigonométricas i astronéniica . 

Escala de 1:1000 000. 
3. — Chile: Provincias S(;tentrionales formadas en los territorios 

anexados i ocupados teini}ora] monte. 
4. — Determinación gráfica do las diferencias de lonjitud. 
5. — Panoramas 1 i 2 (Afectan respectivamente las pájs. 55 i 64). 
6. — Panoramas 3 i 4 (Afectan las pájs. 66 i 69). 




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LrñC/JÚTCf Ha^rCnnns.SS 



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1 






7 



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J,OHJlTUD t< 

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19* 



CHILE 



\ 



PROVINCIAS SETENTRI0NALES7 ; 
fomwiioM en los tfpriiono^ [ 



■ ' viH'-" 



20^ 




SUPERFICIES 
TACNA 22 500Km. C«dr. 

TARAPACÁ 60000 " " 

ANTOFAGASTA 168000 " * 
ATAGAMA 102500 " 



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