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Full text of "Memorias para la biografia y para la bibliografia de la isla de Cadiz"

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ITALIA-ESPAÑA 



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PRESENTED TO 

THE LIBRARY 

BY ^ 

PROFESSOR MILTON A. BUCHANAN 

OF THE :>. 

DEPARTMENT OF ITALIAN AND SPANISH 
1906-1946 






t 



^ 






DICCIONARIO 

DE PERSONAS CÉLEBRES 

DE CÁDIZ. 



-•w, 

n' 



cn^n 




monas 



PARA 



LA biografía y para la BIBLIOGRAFÍA 
DE LA ISLA 



% 






POR 



TOMO PRIMERO. 

DESDE A HASTÁ^/'ANtÉs DE O. 



DEDICADO 



^^^¿j y^^/^c ¿u?lo7\ 

. Los antiguos Andaluces fueron los mas sabios de España : 
• los Gaditauos los m;is cultos de los Andaluces. . Á 

Hist. lit. de España ^ ÍO'«. 4 , /ja'"-. 6. 



MADRID : Imprenta de D. Lkon Amarita. 

Í829. 



.Vp\ 



^h1 



)Ae^^^' 



El Escmo. Sr. Secretario de Estado y del Desoacho se ha 
servido dirigirme el oficio que copio: 



El Rey nuestfo Señor se ha dignado admitir 
la Dedicatoria que hace V. S. á S, M. del pri- 
mer tomo de su obra titulada : Biografía r Biblio- 
grafía de la isla de Cádiz. Lo que comunico á 
V. S. de Real orden para su inteligencia y satis- 
facción. 

Dios guarde á V. S. muchos años. Palacio a3 
de julio de 1829. = Manuel González Salmón. 



La Dedicatoria que refiere S. E. es la que sigue , y que 
puse á los pies de S. M. el i^ de dicho mes para que pasa- 
se por la Regia y Soberana censura. 




cnov 




Otí^/z^a t^^rraeáéar/ Je /¿a f/z/rnae/o 
^erfru/(^ne á eácAyue ea¿e 'i^o/noj en e/' at4e 



j^uojtao le Áreácnfc //?í Jtf/iuca n/e co7i el aoC'íc 
oAeáo (¿e- reyneuru- ¿01 Afwüco /lomnnaae cíe/iae' 
Uf/aa '?/■ aynor j u ec r/e /iuccr Aaéen/e m¿ (/ara- 
c/ecm?í&/t¿o a %\ t^fé. /lor uu fíff'aciaJ atfe elíj' 
Ae^UO' a Tní' JjLah'ia j ^yj/cc u Wiuaaa la 7/u¿j 
wihauO' , fO' meu »Uiá¿re , la r?u(.í renonu'raaa' 
ae^ íOfí aomiftioa ae ¿/. tyfó. _, íien/ro ere cu a cu 
^teaj erí cucu ¿a/7^ ui/eucej como raiuéoj , de 
co^t^ervo e/evaao c/ucjóro <S^eai ^ro//o j y, e/t 
Áei ae/iodi/o j /lor lc(^ Jie/r^re co/tí/ei^tée armejio/t 
€i& « Cádiz , que fiel á los principios que juró , jamás 
reconoció otro REY (viviendo), que al SEÑOR DON 
FERNANDO SÉPTIMO» (i). 



(i) Esta fue la respuesta dignísima, memorable y de una 
dichosísima trascendencia , que dio la Junta de Cádiz en 6 de 
febrero de 1810 á las insidiosas y traidoras proposiciones de 
Jos cortejantes del intruso. 



au?2aue ¿íC'/'í. conocC'CO ui /wat/ enea:, aec 
fy'wu/o j Áor co ma¿ aGjemÁe^aao ae/ odim/o <7<ie 
me /i?'o/i¿e^e j e¿z m¿^ fío cale ua^ /¿aceí%e ma- 
uor / Aero catt/io of/e ca mao^tcM^e^miíiacl aeC 
ajitjno aua¿ií)¿o ac' C/. ^ó. ce c/üf/i^n^ayra u) 
nuecÁo a^/e ce /acáa /lo/ra- Aacce/ue acercan cua," 
na^nenáe a Jíu o^e^ea^^ ^cej. 

^a/m¿c»ñ' en/ioro ofie 4íea'a tnc h'a/'c^ a^^a- 
¿o a ¿/. ty^ó., /i07'afce va cic^tac^ a fna/7t^j' 
¿a/r t^^.ucuu ?/. Áec/iOd ce/elrej ae ^cuíauoJ ¿/e 
'^¿/. tyfé>. u ele Jíí^ cáceájod J£^'o^'y/t¿/oreá j u^ 
/¿o?'m¿e ca úúctj/enaa r/e J//ae¿0(í /a7Z aAtvcca/ük/ 
'no a^óe ¿o^^oftíe j Áa7'a at/e ^íicd acuonej /e^- 
aa7i e?n¿/acíaf'ej j e.)/e^nucae¿oj /i&r ¿a/n> /•c/e?tOd 
e^^m/ucM<c^. 

^od ñt/io/ñoccJ j oleaecienac a í/. t^^é.^ 
Cíu?ic9ia/jc /lo^ /oeuu acreccconcj ac c^ó/io ae ca 
/i7'oj/ien(/acf. y'c>Ztce ^ ceceo fict/fw oScoa^'a/cco lan 



í^<a^ ^wd j cerno Je co ?'ueao Ji^ice^'o^nefiée, cU* 
¿alario Áof^ m/¿cÁiJí^fiOií cmoj mod / 



ejwox» : 






PROLOGO. 



« v_JAr>iz , la ciudad mas antigua de Europa , cu- 
«yas noticias tan seguras como ilustres suben quin- 
«ce siglos mas allá de la era cristiana : Cádiz, que 
«desde tan remota antigüedad hasta los romanos, 
«por sus estensas y primitivas navegaciones, por 
«sus famosas y abundantes pesquerías y comercio 
« opulento y siu competencia , creció en poder y 
«representación, y por consiguiente en gloria y fa- 
ce ma: Cadjx , república aliada y no conquista de 
«aquella república que avasalló al mundo conocido: 
«Cádiz, cuya primitiva cultura y numerosa pobla- 
(c cion no tuvo igual en España, ni superior fuera 
«t de Roma, en su vasto imperio; y con cuyo orden 
« ecuestre en la Italia misma solo competia la opu- 
«clenta Padua: Cádiz, cuy?i jurisdicción se internó 
« por África , dependiendo de su foro la Mauritania 
a litoral: Cádiz, cuyos hijos ó eran tan poderosos 
« que duplicaban sus ciudades, decorando la Jsla de 
«su cuna con los edificios públicos m^s, notables 
« de su época, ó en la Ciudad por antonomasia ha- 
V. pian un papel no conpedido á otros forasteros. Ya 



a 



« por eslas señas se reconoce á uno y otro Lucio 
<f Cornal io Balbo, el mayor, único no romano que 
«haya sido Cónsul en Roma, el íntimo de Cicerón 
«y Cesar; es decir, de los dos mayores hombres 
« del gentilismo, cuya rica herencia alcanzó á todos 
« los quintes. Balbo el menor, el último particular 
« que, rotó el muro, subió triunfante al Capitolio: 
« Cádiz , cuyas beldades ayudadas de peculiar arte 
« y hechizo iban á ostentar sus gracias y tender sus 
« inevitables lazos á la capital del mundo : Cádiz, 
it tan amante de la sabiduría , que un vecino suyo 
« emprendió tiajar al Lacio solo para conocer en 
í<t. Tito Livio el oorifeo de la historia latina; asico- 
K mo el dulce poeta Caunio, otro gaditano, muerto 
u Marco Tulio etitonó el meTeiCído elogio á su £a' 
«cundía; y asi como «en su gétíero produjo «sta: is- 
«i lita un íttyitadHjr de oqtieUos elegantes -escritores 
«1^ el ííocto Golumdu : Cádiz, que desde que la 
*ir<e3tflUró, va por seis siglos, D. Alonso elSabió, ha- 
« ciéndbla objeto de stt beneficencia y su política, 
nfea ido «iempre creciendo eii esplendor hasta ser 
«sin ^étíéró de rivalidml en limpieza y policía, en 
«orden simétrico y lindura, como en tráfico y opu- 
« lencia, k primera ciudad de nuestra península, y 

* no secunda de otra de nuestro continente : este 

* Cádiz por dos mil años blanco de la alabanza y 
^ado^iracion de tantas plumas: este Cádiz» rio ha 



III 

tenido un biógrafo que emplease la suya en escri- 
bir de sus ilustres naturales. 

Esta carencia me ha impelido, por el amor que 
tengo á mi Patria, á consagrarle este trabajo: soy 
el primero que en volumen separado he rec()pilado 
algunas noticias para su Biografía. Como ninguno 
me antecedió en esta ejecución, se pueden dispen- 
sar en parte los yerros y omisiones que tendrá esta 
obra. La materia deberla ser vastísima, porque Cá- 
diz elevando su antigüedad á los tiempos mas re- 
motos, ha sido. siempre, hablando en general, em- 
porio de los mas. famosos del mundo. ¿Pues quién 
no inferirá que hayan florecido en él y fuera de él 
muchísimos sugetos suyos dignos de recuerdo? 

Pues sin embargo, la historia solo nos ha tras- 
mitido muy escasos fragmentos de algunos pocos de 
nuestros célebres isleños: ¡oh y cuánto nombre res- 
petable y digno de trasmitirse á la posteridad mas 
remota nos ha borrado enteramente la mano del 
tiempp! Esta consideración hará disculpable lo cor- 
to de este escrito , comparado con lo que nos debe 
faltar, y su estension me ha sido imposible por mas 
que haya deseado dársela en veinte y seis años de 
continua indagación por cuantos medios han esta- 
do á mi alcance. Con decir que de la corresponden- 
cia epistolar que he tenido que seguir para mi ia* 
tentó f se pudiera £ormar un tomo en folio impreso 



IV 

sin Contar mas de un centenar de cartas, escritas 
con la urbanidad mayor que pude , y que no me han 
contestado; y que he tenido que leer crónicas de 
regulareSr historias particulares de Indias, y otros 
libros tan malos, que tan solo el acordarme del 
tiempo que he perdido me da sentimiento; por 
todo esto se deberá hacer cálculo de lo que me 
cuesta mi obrilla. 

Los estrangeros nos regalan insignísimos va- 
rones , como al emperador Trajano , cuando Itálica 
está en la justa posesión de su cuna: al Sr. Tena, 
obispo de Tortosa, cuando es bien conocida su na- 
turaleza de Guadix , y hasta el deán de Alicante 
D. Manuel Martí lo hace nuestro el nuevo Dicciona- 
rio biográfico universal de París, sin que sea cierto, 
porque nació en Oropesa , reino de Valencia. 

De otros muchos se me aseguraba nos pertene- 
cian: emprendía desde luego la formación de sus 
artículos, y después de casi concluidos, al rectifi- 
car alguna cita en los archivos , me encontraUa con 
que eran ágenos: tal me sucedió con el camarista 
de Indias D. Rafael Antunez, con el platero Antonio 
Suarez, con el V. P. D. Juan Panlagua y otros; por- 
que del primero testifica la partida de muerto era 
del Arahal, del segundo declara el mismo en su tes- 
tamento que nació en Lisboa, y del tercero la fe 
de muerto dice que nació en Gibraltar. 



V 

Suponen algunos, y yo no he podido aclarar, 
que el general Ahumada, defensor valiente de Ge- 
nova, nació en Cádiz. Sigo mis investigaciones sobre 
el origen y hechos del general de artillería D. Ma- 
nuel Casadevante; de un conde de la Marquina, pre- 
sidente de la Contratación; del virey de Santa Fé 
D. Pedro Mesía de la Cerda ; de D. Pedro Salazar y 
Herrera, capitán general y presidente de Goatemala; 
de D. Antonio Perea , primer marqués de Montever- 
de, presidente de la audiencia de la Contratación; de 
D. José de Rojas, capitán general del departamen- 
to de Cartagena; de un gefe de escuadra, llamado 
D. Diego Contador ; de D. Andrés del Pes , y de un 
provincial de Terceros Fr. Joaquín Quirós. También 
noto apellidos particulares de los conocidos en fa- 
milias que se avecindaron en- nuestra Isla desde la 
restauración en casi todas las historias de América; 
pero como no tengo documento ni autor fidedigno 
que declare el lugar donde nacieron aquellos Con- 
quistadores, no rae los puedo apropiar: tan soló en 
Amaya hago escepcion , pero con algún otro fun- 
damento. 

Advierto que cuando cito libros parroquiales ^ en- 
tiéndase que son los del archivo de la parroquia del 
Sagrario de la santa iglesia Catedral de Cádiz, que 
principian desde 6 de agosto del año de iSqG; y 
quiero copiar aqui puntualmente el principio del pri- 



VI 

mer libro , que no desagradará á los curiosos esta 
noticia memorable. 

«Libro de baptismos la ciudad de Cadis ques des- 
« de el mes de agosto de iSqG años después del sa- 
« co della. 

nJuan. En seis días del mes de agosto de mil 
w quinientos noventa y seis años yo el bachiller Fe» 
« Alvarez de Orta cura desta ciudad de Cadis bapti- 
ce ze á Juan hijo de Pedro Laso y de Catalina San- 
« chez su muger fue su padrino F^o de Santiago y 
« madrina Elvira alonso vecinos todos y estantes en 
« esta dicha siudad y advertiles el parentesco espi- 
B ritual que se contrahe y la obligación de enseñar 
« á su aijado la doctrina xpta y lo firme de mi nom- 
« bre ñ° ut supra=: el b^^F^o albares. »» 

jCuál quedaria nuestra Isla cuando no hubo bau- 
tismos en mas de un mes, y después de veinte y 
un dias en que la abandonaron sus crueles enemi- 
gos! Desde la referida fecha comienzan los archivos 
públicos, porque no quedó otra cosa en nuestro 
desgraciado pueblo sino sangre vertida , lágrimas 
derramadas, cenizas calientes y lamentos tristísimos 
por el saqueo é incendio que sufrió de los ingleses 
en los diez y seis dias primeros del mes de julio 
de 1 596. 

Nada he sacado del archivo del ayuntamiento de 
Cádiz , porque no le Ije registrado. 



Til 
En el día viven muchos de los que han nacido 
en nuestra Isla , y que darán á mi sucesor en esta 
obra materia copiosa para aumentarla. 

Del vecino de Cádiz, que escribe nuestro Vargas 
en el trozo que copié suyo al principio de este Pró- 
logo, que fue á ver á Tito Livio, se ha escrito en los 
jé nales de Cádiz lo que sigue. 

« Al principio de este mismo siglo { se trata del 
«primero del cristianismo) cierto caditano, cuyo 
«nombre no espresan los escritores, llevado de la 
« gran fama que corria por el mundo de Tito Li- 
« vio, célebre historiador, se determinó á ir desde 
« Cariiz á Roma solo á verle ; y después de haberlo 

* visitado y obsequiado , se volvió tranquilo á su 
« patrio hogar sin detenerse en otra cosa alguna. 
« Como notable particularidad lo escribía S. Gero- 
« nimo á Paulino, y admira el alma de esle español, 
« á quien hizo mas impresión el solo crédito de un 
« hombre grande , que todas las magnificencias de 
«la capital del orbe. Suarez de Salazar, ^/z/í^^weí/a- 
« des de la isla jr ciudad de Cádiz ^ pág. i í^i. Hieron. 

* Epist. io3. Masdeu, Historia critica de España^ tom. 
W{^, página i<64. Wiju¿o, lib. 2. epift^ Z.étd N-ep^Ly 
« otros. » 

Por fin tfendré grko satisfacción si>étro^fi||Ki mas 
conocimientos y mejor estilo quisiese ampliar este 
escrito, y corregir los defectos qiil encuentren énél, 



VÍII 

porque estoy convencido de no haber podido hacer 
una obra completa , j porque entonces habré logra- 
do mis deseos , que son estimular á que se trabaje 
para dar mas gloria y honor á nuestra común ma- 
dre la Patria, y para que recordando con mas ener- 
gía las virtudes y hechos notables de los antiguos, 
los imitemos (r). 

Nota.. Del capitán general D. José de Rojas ya 
adquirí noticias, y he concluido su artículo. 



(i) Vargas y Ponce, Servicios de Cádiz y pág. i y a. Cruz, 
»us Viajes , tom. i3 , pág. 83 y otras. Strabon , su Geografía^ 
traducida por López, lom. 3. pág. a43. Masdeu , Hist. crit. 
<• 7- pág. Sg.Mondejar, Cádiz Fenicia, tom. a, pág. 3o5. Nou- 
veau Di0ion. hist. , tom. 1 1 , pág. 563. Nicolás A.ntooio, Bibliot, 
Hispana nova y tona. 2., pág. 5*, edición de Roma de 167a. Dic^ 
ction. univers. hist. crit. biograpk. París i8io , tom. i3, pag. 399, 
Mayans y Ciscar , CarMs de D, Nicolás Antonio , pág. XIX. 



PROTESTA. 



Cuanto en esta obra se dice de virtudes y 
dones sobrenaturales de algunas personas cuya 
santidad no está declarada por la Iglesia , es con 
la debida advertencia de que solo merecen una 
fe piadosa, cuyos fundamentos son falibles; y 
de que el autor obedece rendidamente los De- 
cretos y Cánones que sobre este asunto ha es- 
pedido la misma santa Iglesia católica y apos- 
tólica. 



A 



A BUL Hegia-G. De este distinguido Moro se escribe: 
* Guando Alfonso [el octavo de Castilla) vio allegadas tan 
numerosas tropas {las que se reunían en Toledo^ y con la% 
que penetró por Sierra Morena^ y obtuvo con ellas la re • . 
nombrada victoria, de las Navas de Tolosa), se cumplió 
su gozov, y le fue viniendo mas y mas gente hasta entrar 
en las fronteras de los Muzliraes,;y puso cerco á la fortale- 
za de Galatrava que tenia en guarda el esforzado caudillo 
Abul Ilegiag Ben Cáliz , con setenta caballeros Muzlimes 
que mantenían y aseguraban aquella frontera. 
-'■■■ ó Alfonso apretó el cerco y dio muy recios combates á 
la' 'fortaleza, y Aben Cadis y los suyos la deftindian con 
mucho valor y constancia. Enviaba cada diá sus cartas al 
Amir Amuminin manifestándole el apuro ren que se ha- 
llaba, y pidiéndole que le auxiliase, que si muy presto no 
iba en su socorro, que no le era posible el defenderse 
mas tiempo. 

«•Estas cartas no las veia el Rey, porque su Visir las 
ocultaba para que no levantase el campo sin hacer la con- 
quista de Sarbatera {Salvatierra) y y lo mismo sucedia en 
otros negocios de estado que el Amir no sabia nada de 
ellbs, ni llegaban á sus oidos las querellas y representa- 
Clones de sus vasallos, que todo lo reservaba su Visir. 

«A«i fué que ablegándose el cerco en que Aben Cadis 
estaba apurado, que ya le faltaba la mayor parte de ai|^ 
giente que había muerto, asi de hambre como de heridas, 
le fue forzoso entregarse, porque ya se cninplia el tiempo 
que iLibia aplazado con el Rey Alfonso^ Asi que la forta- 
leza fue dada á los enemigos que por su parte observa- 



4 A 

ron la seguridad que hablan ofrecido á los que dentro es- 
taban para irse ó quedarse, asi al la gente de guerra, co- 
mo á los vecinos y gente de servicio. • 

«Salieron todos los Muzlinies y entró el enemigo en 
Calutrava. Aben Gadis partió para el ejército de Aniir Aniu- 
minin, y le queria acompañar su suegro, que era un ca- 
ballero muy virtuoso y esforzado que bien habia dado 
pruebas de ello durante el cerco, y le dijo Aben Ckiliz 
que no fuese con él, que iba á morir, que mas seguro 
quedaría en Calatrava ; y este caballero le respondió que 
• lie ninguna manera le dejarla de acompañar, que bien sa- 
bia la suerte que le esperaba, que ya antes muchas veces 
habia ofrecido su vida, y la habia espuesto á mil peligros 
por la defensa y seguridad de los Mu/limes de Calatratva; 
y pues alli no habia muerto, queria morir en su compa- 
ñía; y asi hubo de consentir y llevarle consigo. 

«Guando llegaron al campo del Am ir, salieron á reci- 
birlos algunos principales caudillos tle Andalucía, y los sa- 
ludaron y les dij-Éron el estado d'* las cosas , y como te- 
mían mucho dé su foríuná. Luego- fue informado el Visir 
Abu Said Aben Gamea de la llegada de estos, y mandó 
á la guardia de los negros que los hospedasen y los tra- 
tasen mal , y atadas sus manos ú las espaldas que los de- 
tuvieran. 

« Entró el Visir al pabellón del llx^y, el cual le pregun- 
tó: ¿qué es de Aben Gadis, cómo no viene contigo.' Y 
respondió el Visir: Señor, los traidores no se presentan 
al Amir de los Fieles; y después que dispuso el ánimo 
del Rey contra ellos, los mandó traer á su presencia, y los 
maltrató de palabra afeándoles la traición que no habían 
cometido; y sin oírlos escusa alguna m ando los • matar, y 
Juego los sacaron afuera y los alancearon. 

«Todo el ejército se horrorizó y llevó muy á mal este 
procedimiento, y los que mas abiertamente se quejaban 
eran los Andaluces, y perdieron los buenos propósitos que 
tenían. . 



A 5 

«El Visir entendió sus quejas, y desconfit) do ellos y 
los llamó , y á la presencia del Aniir les dijo f cfue en ade- 
lante ellos nada tenian que hacer con los Almoades , que 
acampasen á parte, y sirviesen á parte. El Rey Anazir 
sintió mucho la perdida de Gaiatrava, y fué muy grande 
la pesadumbre que por esta causa tomó, que en algunos 
dias no podia comer ni beber de ira y de despecho. 

Sigue el autor contando la batalla de Alacab, que no- 
sotros llamamos de las Navas, y prosigue para nuestro in- 
tento: iLos cristianos cargaron con nuevo ímpetu contra 
tos Almoades y Alárabes que por su parte hacian prodi- 
gios de valor, y en lo mas recio de la batalla, cuando el 
polvo y til sangre cubria á los combatientes de ambos ejér- 
citos, ios caudillos Andaluces y sus escogidas tropas tor- 
naron bridas, y se salieron huyendo de la batalla. Esto 
hacian por el odio y enemistad y deseo de venganza que te- 
nian en sus corazones con la ocasión de la injusta muerte 
del esfiwzado y noble caudillo Aben Cadis , y en aquella 
importante y terrible ocasión quisieron vengarse de los des- 
precios de Aben Garaea, y de sus injustas altanerias con- 
tra ellos. 

ir Cuando las otras tribus Berbenes vieron lo fusfa 
de los Andaluces, y que los valientdS voluntarios habian 
sido despedazados, principiaron á desoidenurse , y á huir 
también delante de los cristianos. Estos siguieron con ma- 
yor pujanza. Mandó pregonar Alfonso que no se hiciesen 
cautivos, y asi fué que en esta atroz batalla no se hicie- 
ron..,. €aé esta espantosa derrota lunes quince de Safer 
del año 609 (que corresponde al 16 de jidio de 12 12), 
y con ella decayó la potencia de los IMuzlimes en Espa- 
ña, pues no le salió nada bien después de ella. 

Nos enseña esta menforia que la sangre de este des- 
graciado Gaditano fué el principal nunil para nuestra for- 
tuna y para la dicha y honra de toda I4 Nación. Copia- 
mos estos trozos de la obra Historia de ht dominación de 
ios jarabes en España^ sacada de varios manuscritos y rae- 



6 A 

morías arábigas , por el Doctor Don José Antonio Conde. 
Madrid 1820, Tomo 2. p. 420 y siguientes. 

El Arzobispo de Toledo Don Rodrigo Jiménez, testi- 
go ocular de aquellos hechos, relaciona este asi: 

«Movimos de alli (de Malagon) para Calatrava, e los 
Moros, que dentro yacian , fizieron muchos abrojos de fier- 
ro, e eran los abrojos cada uno de cuatro cantos, e ce- 
báronlos en todas las pasadas del rio: e como quier que 
calan, siempre estaba el un canto para arriba. E al pasar 
de las bestias convenian que se mancasen de todos cuatro 
pies, porque tantos eran los abrojos, que tres ó cuatro 
entraban por los pies e por las uñas de las bestias. Mas 
contra el ordenamiento de Dios non vale nada los orde- 
namientos de los homes, e asi quiso Dios que los abrojos 
non empecieron a ninguno: ca Dios puso las sus manos, 
c la su merced so los pies de las bestias de los sus sier- 
vos , e pasamos el rio Guadiana , e sentamos el real en der- 
redor de Calatrava , e pusieron encima de las torres armas 
e pendones. 

«Tenían dentro cabritas para alcanzar á los del real: e 
como quier que el castillo esté asentado en llano de parte 
4el rio, que dura mucho, no les pudo ninguno combatir: 
e de la otra parte tiene el castillo muy buena barbacana, 
e grande cava, e muchas torres, que si non la pusiesen 
ingenios, e non la combatiesen muy luengamente, non la 
podrian tomar. E dentro en el castillo yacía un Moro, que 
había nombre Aben Haliz, que había grande tiempo que 
era mucho usado en las armas , e fuera aprobado muchas 
veces: en el cual tenían mucho esfuerzo los Moros que 
yacian encerrados: e dentro era uno de los del lin;ige de 
los Almoades, que era Seííor del castillo. E tardamos en 
aquella cerca algijwos dias, e los Reyes ('«Z d£ Castilla jr el 
de Araf^on) e los Principes ovieron su conct^jo, que como 
quier que era en duda st podrían ganar el castillo: pero 
todos acordaron que de una vei comlxitíesen el castillo^ 
c probasen que podría ser. Ellos armáronse todos en el 



a; 7 

nomlfre de Dios, e pusiéronse en los Jugares ciertos do 
combatiesen el castillo quales, e de cada parte: c comen- 
zaron a llamar a Dios e ayuda, e á Santiago. E comenza- 
mos a combatir, e asi lo ordenó la merced de Dios, que 
el Domingo después de la fiesta de Sari Pablo fi." de ju- 
lio de \i\%) fué Galatrava dada al noble Rey Don Alon- 
so, e dióla luego á los Freiles de Galatrava que primero 
moraban en ella: e basteciéronla luego muy bien de ar- 
mas e de gente e de todo lo que habla menester.» 

La parte tcstual para nuestro asunto dice: «Erat au- 
tem ibi (en Galatrava) Agai'enus quidam nomine Avenca- 
liz, longa armorum assuefactione astutus, et bellorum exer- 
citia frequenter expertus etc. » 

De vita et gestis Alfonsi YIII. ex Roderico , Arcliiepis- 
copo Toletano, £>íJ rebus Hispanice^ Lib, VIII. cap. VI. (i) 



Agustín Vázquez. Se dedicó á Dios en el instituto de 
la Compañía de Jesús en el año de i63o, y según sus re- 
glas hizo la profesión del cuarto voto. Enseñó las letras 
humanas, y fué predicador por muchos años. Estuvo <Ie 
Rector en el colegio de Jerez de la Frontera. Después 
volvió á su Isla, y en la casa de su orden se empleó cons- 
tantemente en los deberes del níinisterio sacerdotal con 
notable provecho de los fieles. Ignoramos el año y lu- 
gar de su fin ; pero nos consta se bautizó en 1 1 de se- 
tiembre de i6i4, y que fue hijo de Francisco Vázquez y 
de Doña Francisca Mondraffon , su mujrer. 

(1) Histuria áe la gr.in batalla de las Navas de Tolosa que ven- 
ció el noble Rey Don Alonso á los Moros , escrita por el Arzobispo 
de Toledo Don Rodrigo Jiménez de Rada, sacadas de las memorias 
del mismo Rey que escribió el Marques de Mondejar , y adicionó 
el Señor Cerda, pág^CXl de los Apéndices. Mariana, Hinoria tie 
España, tom. I." pág. ¿74 de la edición do Madrid de 1735, y la 
cita dada <i«l Doctor Conde. 



8 A 

Escribió en castellano con el nonihre del Liceníiado 
Luis de Salvatieira las obras siguientes: 

i.^ Declaración manifiesta en derecho^ de estar exone- 
radas de pagar diezmos las fincas y haciendas que el co- 
legio de la Compañía de Jesús de Cádiz posee. Cádiz 19 
de julio de 1670, en folio. 

a.* Sermón de la Inmaculada Concepción de la Beati' 
sima Virgen, áicJio en la Iglesia de los Franciscanos de 
Cádiz en el año de 1672. 

Y en Latim 

3.^ Antilo^iam furidicam, et Redargutionem ad bomi- 
nenj demonstrativam contra iiupugiiatoreni prajdicla; decla- 
lationis insto Volumi. in folios. Gadibus die 10 Decembris 
1670 (i). 



Agustín de Villavicjencio y Villavicencio , hijo de 
Don Lorenzo y de Doña Clara. Fue colegial en el Mayor 
de Cuenca en la Universidad de Salamanca, recibido en i.** 
de agosto de 1621, y Caballero del Orden de Santiago. 
En i6i6habia entrado por Coadjutor de su tio Don Ro- 
drigo, que era Dean déla Catedral de Cádiz, y después de 
la muerte de este obtuvo en propiedad el Doanato y una 
Canon gía. .« 

Le nombraron Inquisidor eslraordinario, llamado tam- 
bién General ; y cuando volvió á Su país con este carácter 
en el año de i63o, le cumplimentaron los Cabildos: en 
1649 fuȒ Consejero en el de la Suprema. El Rey lo pre* 
sentó para suceder al Señor Obispo Guerra en la Silla Ca- 
ciicense; pero murió antes de consagrarse, en Madrid á 
aa de diciembre de i655. Nació antes de 1696, porque 



(I) Libros parroquiales. Alegambe, Bibliotheca Societatit J«si¡^ p. 97. 



A 9 

no he encontrado su fé de bautis:^o. Dejó fundado en su 
Iglesia Catedral un aniversario perpetuo (i). 



Alejandro María Pavía , hijo de D. Juan Domingo 
y de Dyña Juana Pedeuna, nació en 29 de marzo de 1708. 
Matriculado en la Universidad de Sevilla, al acabar sus cur- 
ios se graduó de Doctor en Teología, fué Canónigo de 
la Catedral de su' patria, y Rector del Seminario Conciliar 
de S. Bartolomé de la misma , en cuyo destino falleció 
el 2 5. de agosto de 1776. 

El Sr. Obispo Armengual de la Mota lo crió desde ni- 
ño en su palacio y servidumbre; lo hizo viajar por Jtalia, 
Francia y otros países , para que cultivase su inclinación á 
las bellas artes , y logró ser Académico de la de nobles ar- 
tes de Madrid, y de otras socjedades artísticas y literarias. 
Pero aunque muy alabado por algunos de célebre arqui- 
tecto^ no encointramós el niayor mérito ni fino gusto en 
las obras que son suyas, como la parroquia de la Isla de 
León, hoy Ciudad de S. Fernando; y en Cádiz la iglesia 
y convento de las monjas Descalzas , el hospital de muge- 
res, el coro déla iglesia de los Dominicanos, las enferme- 
rias del hospital de S. Juan de Dios, y otras; aunque sí 
se nota en dichas obras mucha solidez y diafanidad, y al- 
gún otro adorno supérfluo. 

En la ante-sacristía del hospital de mugeres de Cádiz 
«e ve un retrato de este Canónigo, ya difunto y ecHado, 
y con las vestiduras sacerdotales, sin inscripcáou visible, 
ni aun marco (2). 



« 



(1) Fr. Gerónimo de la Concepción , F.niporio del Orbe, Cadix ilustra- 
da , pág. 5G1 , y olr^s memorias manuscritas. 

(2) Libroi parroquiales y uoticias de sus cuntemporineos. 

a 



10 A 

AttDisTo Mauro PWlico. Nos deben ser muy grata» 
las pocas meramias que nos han quedado de los duuravi- 
ros caditcTnos : esto» empleos eran los primeros de nuestra 
independiente república, y solo se diferenciaban de los 
cónsules de Roma por el título ó nombre. Regularmente 
se daba esta suprema magistratura por un año; pero á 
veces también por cinco años. 

Era tan estimada , que .Jub a , rey de la Mauritania» 
aquel príncipe ilustre pov nacimiento y literatura, de quien 
Plinió habló muchas -veces con grande elogio, juzgó que 
podría añadir lustre á su persona recibiendo el duumvirato 
de Cádiz al que aspiraba, como dijo nuestro Avieno. 

De solos ocho duumriros ha dejado el tiempo noticia: 
aquí 1^^ damos de dos, y de los otros seis restantes la da- 
remos en sus respectivos lugares. 

No creo se dude que estos nombramientos solo se ha- 
cían de entre los naturales 4p ía Isla , como en Roma de 
sus propios ciudadanos ; y por esto hizo tanto eco el de 
iriuestro Balbo eni la capital del mundo, y el del Rey de la 
Mauritania en Cádiz; y téngase también por cierto que le 
sirviá mucho á Juba la recomendación de Augusto para 
que obtuviera lo que deseaba. 

Todo lo demás lo ignoramos de Alldisto iMauro, y so- 
lo se -ha conservado su lápida sepulcral , que copiada dice: 

D. M. 
ALLDISTVS MAVRVS PV(BLICVS) 
II (VI)R. AN. (X)XXIIII. PIVS IN SVIS 
H. S. E. 
"^ »Lo que se ve entre paséntesis lo he añadido, dice 
M asdeu , porque para mi inteligencia estaba sin ello muy 
oscura la versión: otro con mas estudio lo podrá mejorar. 
Ella ahora dice : J los Dioses Manes, alldisto Mauro Pu- 
blico Duumviro de 34 aSios , piadoso can los sujos, está 
aqui enterrado (i). » 

(1) Suarez d« Salazar , Ant, de Cádiz , p^g. 93- Masdeu, Uit loria 



A i.i 

Alonso Bbiinai, , jesuíta , de quien escribe la historia 
de su orden de la provlnria de Filipinas , que murió en 
su colegio de Manila el año de 1666. Era hermano coad- 
jutor, y se le alababa porque adelantó mucho «n Tagalos 
y en Zebú el cultivo de los campos, por ser muy inteli- 
gente en la agricultura. 

Yo he encontrado que se bautizó en 3 de mayo de 
^647 (í). 



Alonso Jakn y Castillo nació á i5 de enero de 1734 
de Andrés y de Doña Ana Jiménez; era profesor de filo- 
sofía y bellas letras en su patria: escribió 

Fantásticos sueños críticos -iñoraies i, cuaderno ed cuarto: 
&e imprimió en el Puerto de Santa María en 1761 por 
FrAucisco Kioja y Gamboa. !Ni el verso , ni el numen son 
de admirar. 

Carta métrica en asunto del buen gohietmo ^ de D. José 
Sentmanat. Manuscrito 6n tuarto. 

Vida y virtudes de la Rey na Doña María Atnalia 4e 
Sajonia^ muger del Sr. D. Garlos III. Poema heroico, im- 
preso en el mismo Puerto en 176 1. • 

Diario de los obsequios hechos pof la ciudad de Cádiz 
al primer embajador de Marruecos Sidi fíamct Gazel , im- 
preso en 1762. No lo he visto, pero conservo manuscrita 
lOna crítica burlesca en verso , anónima, sobre este asunto (2), 



crít. de Esp,^ tom. 8 , pág. 41. Parte archeolágica de Cádiz , art. Jtiagis' 
trados, manuscrito. Avieno , Ora maritimc^, vers. 282. Concepción, 
Emp, del Orbe , pág. 122. 

(1) P. Pedro JVIurillo Velarde , Historia de Filipinas , pág. 28á. Li- 
bro» parroquiales. 

(2) Libros parroquiales y noticias por sus propiís dichas obras. 



12 A 

Alonso de Lleiva Zambrano , pintor y vecino de Ca^ 
diz, como TO llama Cean Bermudez en su Diccionario apr«^ 
ciable. Pintaba al aguazo, en competencia ó compañía de 
su paisano Mateo Nuñez, las banderas para ks naos de la 
armada Real, y en 1639 unas imágenes para las capillas 
de cuatro galeones que fueron aquel año á Tierra-firme^ 
por las que le pagaroi» 1.400 reales. 

Como anterior al año ^e i5g6 no hallé la fecha de su 
nacimiento (i). « 



Alonso de Mesa , militar acreditadísimo de valiente. 
Destinado su tercio para la contiimacion de la funestísima 
guerra de Flaodes, acabó de adquirir la bien merecida fa- 
ma de intrépido en la toma de la plaza de Nuys á las ori- 
llas del Rhin , en donde recibe las aguas del Erp. El co- 
locó el primero el estandarte de Felipe sobre la muralla 
de la plaza , y á vista de lá guarnicio'n enemiga. Con esta 
acción tan brillante como osada dio mas corage á ios svl- 
]|fes y desmayó á los contrarios. 

Proeza tan noble la premió én el acto el duque Ale- 
jandro Farn«BÍo, Gobernador de aquellos Estados y gefe 
del ejército , quitándose del sombrero una rica joya que 
lo adornaba, y regalándosela alabó y admiró en presencia 
de todas las tropas el valor heroico de este soldado.' Ale- 
jandro mandó en los Paises-Bajos desde el año iS^S hasta 
el de 592 en que murió. 

Famiano Estrada cuenta la toma de Nuys , á quien 
llama Novesia su traductor , y en otra edición nómbrala 
Ñus, de esta manera: 

* Al punto que rayó el alba ( creo que seria la del dia 
25 de julio de i586) se comenzó á sacudir con toda fuerza 
la ciudad de los dos kdos, mayormente de la Isla, con 

(1) Cean Bermudez, Diccionario de ¡os Pro/etores en ¡as nobles e^r- 
ces , letra Ll. 



A .i3 

treinta cañones gruesos; y se perseveró en e«o don el mis- 
mo tesón casi por nueve horas , hasta que habiendo que- 
brantado de la batería <til los españoles la frente del tor- 
reón y el recodo del muro del Rhin , y de la de los ita- 
lianos gran parte del parapeto al rededor de la puerta ba- 
ja; y habiendo averiguado por la relación que hicieron 
los enviados á reconocer, que habia fácil subida por las 
brechas ya abiertas , con orden de Alejandro , y clamando 
á lo militar e\ nombre de Santiago, por .entrambas partes, 
se avanzó. Los itaUanos, repeliendo con dos asaltos los 
defensores , subieron con valor á la puerta baja , y el pri- 
mero que habiendo subido entre la lluvia del granizo de 
plomo al baluarte apellidó la victoria , fue Guidicciomo, 
caballero de S. Juan de Jerusalen : precisamente al mis- 
mo tiempo en que ganado con bizarro esfuerzo dé los 
españoles el torreón del Rhin, apareció en su cumbre el 
estandarte Real, que Alonso de Mesa, natural de Cádiz, 
llevando en una mano las escalas , en otra él estandarte, 
lé metió allá, osado mas de lo creible. Y aunque se dis- 
putó, quien de estos dos subió primero al muro, tomada 
ya la plaza ; declaró Alejandro, que entrambos habian me? 
i;ecido esa honra y la corona: juzgó por igudles. en valor 
á sus dos soldados , mayormente por haberse adelantíido en 
partes distintas del muro á los demás; y por eso quitando 
de su sombrero una toquilla de perlas y un ayrort de .oriGí 
con una insigne piedra que en vez de pluma llevaba en él,- 
dio por corona mural la primera joya al español, y al de 
Luca la segunda. » 

Me persuado que podria ser Mesa individuo de; uno de 
los tres tercios que después de concluida tan gloriusamen- 
te la conquista de las Islas Terceras en* i584 se eml>arca-> 
ron en Cádiz par» Flandes. 

Hay una estampa de la espugnaciort de Niis ó Nuys en 
el tom. 2.°, pág. 386 de la obra Guerras de Flandcs , de 
la edición de Colonia de i68i , de la traducción del Padre 
3Iclchor de Novar, qu« seria conveniente se copiase al oleo 



i4 A 

y en grande, y se colocase en las casas del ayuntamiento 
si se reputa por exacta. 

No he podido adquirir mas ^pticias de este alférez, y 
lo siento muchísimo , porque parece regular que &i siguió 
en la raiUcia la' honraria mas y mas (i). 



Alonso de S, Agustiit, venerable mártir. Pasó á las 
Islas Filipinas^ y allá se resolvió á dejar el mundo , y tomó 
«1 hábito de los Recoletos de S. Agustin en el convento 
de S. Nicolás de Manila. No se ha sabido hasta ahora na- 
da de su cahdad,- pero se juzga que si es título de nobleza 
tocar en sangre á los que la recibieron de linage Real, 
que' es grado de mayor alteza emparentar con aquellos 
que derramaron la suya por Jesu-Gristo , como de hecho 
emparentó nuestro venerable, y califica con sus heroicas 
acciones á sus antepasados. 

Envióle la obediencia á la Isla de Calamianes, donde 
estuvo predicando el Evangelio , hasta que ordenándolo 
Dios asi fue cautivado por los moros de la de Mindanao. 
Llevado á ella, y entregado al tirano Corralal, luego le 
mandó poner en cadenas en las casas de sus heri'erías pa- 
ra qiie con los continuos golpes no pudiese tener reposo 
alguno. Aqui le procuraban conquistar unos con promesas 
y ruegos y otros con amenazas á que dejase la fe , hacien" 
do por todos caminos pruebas de su constancia. 

En ocasión en que Corralat fue vencido por los cris- 
tianos que le hacian cruda guerra, mandó quitar la vida 
al santo Fr. Alonso, porque si perdia la fortaleza que lo 
custodiaba no le librasen sus paisanos y hermanos. Eje- 
cutóse asi , y sacándolo de la cárcel le^ colgaron de un pa- 
lo , le dieron veinte y seis heridas mortales y penetrantes, 

(1) Óiierrás de Plandes, segunda Dérada , tora. 2 , pág. 330 , por el 
éitado ^strada, y déla edición de Ainberes en 1749. 



A i5 

y luego lo despeñaron, arrojándolo de un alto precipicio 
para que sa acabase de hacer pedazos. Como Dios es ad- 
mirable en sus Santos ordenó que el cuerpo del venera- 
ble se detuviese en una ladera del peñasco,' en donde fue 
hallado aun vivo de los españoles que estaban actualrnente 
peleando 5 y con admiración de los médicos , reconociendo 
estaba capaz de medicamentos, le curaron y le llevaron á 
lo alto del monte, conociendo todos el milagro. 

No cesaba en €kn dolorida situación de exhortar á to- 
dos á la penitencia , confesando y absolviendo sacramental- 
mente á muchos soldados, y entre otros á uno que tenia 
pasadas las si^es de parte á parte con una bala , le con- 
fesó y le echó la bendición, y poniéndole luego la ma- 
no sobre las heridas, es tradición que principió el militar 
á mejorar hasta su total convalecencia,' cou admimcion 
general. 

Acabada la acción bajaron los españoles al Padre ha- 
cia las naves , y habiéndole administrado los Sacramen- 
tos estuvo alegre y regocijado dos dias mas , como el que 
va á gozar de la dicha de los bienaventurados, y al cabo 
de ellos rindió su espíritu dia viernes ao de marao del año 
de 1637, después de haber áido digno ée padecer cárcelcá^ 
tormentos, heridas y la Bfiu^rte por confesar constante- 
mente el nombre adorable de Dios. Su cuerpo, por de- 
fecto de lugar decente donde pudiese íer enterrado, fue 
sepultado en la mar , y porqué no viniese á manos de mo- 
ros, escepto algunas partes menos principales y sus pobres 
vestidos , que algunos soldados movidos de los milagros 
que por su intercesión creian habia Dios ohratloy ríj)ar- 
táei^jn entre sí pH-a i*eliq«4«*.- 

En los claustros del convento de nuestra Señora del 
Populo ^e agustitíos recoletos en Sevilla, se hallabim pin- 
tados «n i8og el martirio descrito aqui y el de otros do¿ 
religiosos, también cadltanos , de los que ignoró los nom- 
bres, porque hiü)iendo vuelto para verlos y copiarlos en 
1818) los encontré borrados por haberse pintado al íresco. 



i6 A 

El jesuíta Murillo Velarde escribe de este venerable 
sugeto : « En el cerro encontraron un religioso ao'uslino 
descalzo, que era el único que habia quedado de los tres 
que cautivó Tagal {subalterno de Corralat)^ y á todos mo- 
'vió á lástima verlo tan lleno de mortales heridas, que se 
tocaban Jas unas á las otras 5 y olvida(ío de su propia sa- 
lud , solo estaSa solícito de la salud espiritual de los cris- 
tianos; pues viendo á nuestra gente les dij », que si ha- 
hia algún herido se lo llevasen para cftifesarlo; y dicién- 
dole que habia alli Padres de la Compañía, se alegró mu- 
cho, y pidió llamasen al de su tropa para confesarse, á 
que acudió el P. Melchor de Vera , y rauri4 con lágrimas 
de todos. Le honraron mucho el Gobernador y el P. Supe- 
rior Marcelo, y le dieron sepultura en el mar para librar 
su cadáver de laá injurias de los mahometanos. « 

Se fofmó proceso en Manila ante el Arzobispo D. Her- 
nando Guerrero para calificar el martirio del V. Alonso 
de S. Agustin (i). 



Amata. Sin espresar el nombre , ni otro apellido , ni 
dar mas serías , canta D. Nicolás Fernandez de Moratin en 
la Reseña de ios principales capitanes de Hernán- Cortés: 

« Ancho pavés sin cifra ni letrero , 
« y el peñasco de Amaya relevado , 
«solar de su linage; y por decoro, 
« la banda negra sobre campo de oro.» 

Puede pertenecemos este conquistador , pues el apelli- 

(1) Estrado déla Crónica ^gusttniana ^ por Fr. Sebastian Portillo, 
tom. 1 , pág. 5G^ , Madrid 1731. Alfabeto Agtistiniano , por R". Tomát 
Herrera, pág. 3G del tom. 1 , Madrid 1644. Historia de la provincia de 
Filipinas, de los Jesuítas , por el P. Pedro Murillo Velarde , 2.** parte, 
pág. 85 vuelta, en Mauila , por D. Nicolás de la Cruz Bagay, 1749. 
Fr. Luis de Jesús , /listo ría áe los Agustino t descalzas, tom. 2 , páginai^ 
38Í ^ 389. • * 



A í? 

do es notoriamente caditano desde la restauración , y del 
tronco principal de esta familia Jian salido muchas ramas 
para los pueblos del obispado. 

El peñasco que mienta el poeta, -ó puede hacer refe* 
rencia á la situación en que está fundada la villa de Ama- 
ya, al pie de una altísima montaña, de donde acaso es ori- 
ginaria esta casa , ó por la empresa de su escudo de armas. 
También puede atribuirse el peñasco á la localidad de Cá- 
diz, porque tenemos un ejemplo en Lope de Vega, que 
alabando á otro caditano dice ; 

« Cádiz de peñas coronó la frente. » 

No menciona á ningún Amaya D. Antonio Solís en su 
'Conquista de Nueva-España, nj me acuerdo l^ber leido 
este apellido en los Partes de Hernán Cortés, que imprimió 
en un tomo en Méjico el Sr. Arzobispo Lorenzana. Tan 
»olo en Herrera, que abajo citaré, vi de un Amaya lo que 
»igue : « Luego envió Panfilo de Narvaez á un clérigo dicho 
Juan Ruiz de Guevara, y á un hidalgo llamado Amaya, 
con Alonso de Vergara , escribano , con una carta de creen» 
ú.% para Gonzalo de Sandoval (i).» 



(1) Biblioteca selecta de literatura española , por P. Mendibil y M. 
Silveb, Burdeos 1819, tora. 4, pág. Í38. Laurel da ylpolv, citado 
en el artículo de Gabriel de Ajrolo. Herrera, Historia de las Indias Oe- 
eidentales , Decada 2 , pág, 4.67 del tom. 1. Historia de Nueva Kspañn 
por su escjarecido conquistador etc., Méjico 1770. 

3 



i8 ** A 

rf^ Ambrosio Acosta nació en 17 de diciembre de 1747 
del matrimonio de Andrés Acosta y Doña Victoria Blanca: 
tomó el liáhito de S. Agustín en su convento de Cádiz el 
año de 1764, y profesó en Sevilla en el mes de íebrero 
de 1765 : leyó teología en el colegio de S. Acacio, y fue 
tanto el aplauso que mereció desde aquel tiempo por sus^ 
actos literarios, que aun en el dia es muy grata su memo- 
ria. Se distinguió particularmente en la oratoria , por lo 
que le encargaron el sermón principal del Capítulo con- 
gregado en Sevilla en 1786, que presidió el Escmo. Señor 
D. Alonso Marcos de Llanes , Arzobispo de la misma ciu- 
dad, el cual desempeñó como se esperaba de su talento y 
elocuencia. 

Yo me acuerdo que cuando predicaba en Cádiz corrian 
á oirlo loi^mas inteligentes. 

Se le condecoró con el grado de maestro, y obtuvo los 
prioratos de su patria, Puerto de Santa María, nuestra Se- 
ñora de Regla, Medina Sidonia, y el de la Casa grande 
de Sevilla lo renunció sin haber tomado posesión. Vivió 
siempre amado de sus hermanos, y falleció en Cádiz el 27 
^le octubre de 1809 (i). 



Antonio Fabre. Fueron sus padres D. Juan y Doña 
María Magdalena Almerás , y nació en 2 1 de octubre de 
1728. Profesó en el orden de S. Agustin en 22 de octu- 
bre de 1744: su provincial lo nombró lector de teología 
de la Casa grande de Sevilla, y después regente de estu- 
dios en el colegio de S. Acacio. Posteriormente pasó á Ro- 
ma en calidad de discreto por la provincia de Andalucía, 
y asistió al Capítulo general que se celebró en 1786. Con- 
cluido el Capítulo recibió en aquella Corte el grado de 



(1) Libros parroguialet : ooticias dadas por D. Joié M. Montero, y 
rtctiücadas. 



A 19 

maestro. Vuelto á España obtuvo los prioratos de los con- 
ventos de Chiclana y Puerto de Santa María; y en el año 
de 1798 presidió por comisión el Capítulo provincial que 
se reunió en Sevilla, cuyos destinos desempeñó á satisfac- 
ción de todos, que es cosa bien rara. 

Fue adornado de un amable carácter y esquisita pru- 
dencia, cuyos singulares dotes le granjearon la estima- 
ción de cuantos le conocieron. Por su estudio constante 
y escogida literatura consiguió un gran fondo de erudi- 
ción, cuyos frutos fueron las traducciones que hizo del 
iatin y francés al castellano (de cuyas obras no nos quiso 
dar individual noticia el papel que copiamos, si es que las 
sabia el que lo escribió) , con ilustraciones propias , de la» 
que ninguna publicó. 

Impulsado de su genio literato y profundos conoci- 
mientos, formó un buen museo numismático, y ademas un 
gabinete de historia natural , habiendo hecho por su ma- 
no la descripción del Museo , y dibujado todas las meda- 
llas en él contenidas , el cual se conserva original con .dos 
de sus dichas traducciones de letra propia en la bibliote- 
ca pública de S. Acacio de Sevilla. 

Falleció en Rota en diciembre del año de 1810, y su 
memoria será grata entre los eruditos y numismáticos. 

Imprimió un Sermón de María Santísima del buen Con- 
sejo^ que predicó en Chiclana, á donde estaba de Prior. 
Cádiz 1789. 

Conservo con la debida estimación entre mis libros uno 
iCn cuarto, escrito de puño propio de este maestro, sobre 
medidlas, y es un suplemento ó apéndice de su gran co- 
lección, acaso de las monedas adquiridas después que tra- 
bajó el principal Museo , y también tiene el mió copias 
exactas de las figuras y leyendas de las monedas de que 
trata (i). 



(1) Libros parroquiales : libro de profesiones del convento de S. Agui- 
tio de Cádiz. Correo Mercantil de Cadu del 15 de junio de 1827. 



üo A 

Años después de formado este artículo íie leído una 
memoria que manuscrita se puso al público en el conven' 
to de los Agustinos de Cádiz, cuando se celebraron unas 
solemnes exequias en honra del Maestro í'abre, y de ella 
voy á copiar otras noticias que yo no sabia , porque so» 
muy propias de esta obra. 

«La Comunidad de N. P. S. Agustín de Cádiz, penetra- 
da del mas justo. sentimiento por la pérdida del R. P. Mtro. 
Fr. Antonio Fabre, ya que no tuvo el consuelo de pres- 
tarle en su enfermedad y muerte los auxilios que la hu- 
manidad y religión prescriben, por haber fallecido en la 
villa de Rota, ocupada por los enemigos, ha determinado 
que á mas de los sufragios que por estatuto y costumbre 
se han aplicado por el descanso de su alma, se celebren 
unas honras particulares al mismo fin, en demostración 
del singular aprecio que siempre le mereció este su vir- 
tuoso hermano; distinción á que le hizo acreedor su reli- 
giosa conducta, su literatura, y la buena opinión que con- 
servó dentro y fuera del claustro.... 

«No ciñó sus talentos á las ñicultadcs de cátedra y pul- 
pito, sino que estendió su aplicación á varios ramos de 
amena literatura, á la historia natural, numismática, y an- 
tigüedades, sin que le fueran enteramente estrañas las Mu- 
sas, de lo que nos dejó muesti'as en algunas cortas com- 
posiciones en el género festivo.... 

«Fueron fruto de su amor á las letras los escritos si- 
guientes : 

I." Tratado de Medallas de los Emperadores Romanos, 
geográficas ^ y de familias romanas. Un tomo. 

2." Resumen ó compendio de las griegas de la obra del 
Eminentísimo Noris en las épocas de los Sjro-Macedoncs. 
Un tomo. 

3.** Traducción del Tratado histórico dogmático de la 
verdadera Religión ^ del Abate Bergier. Ocho tomos. 

4.** Resumen de la historia de esta provincia de Anda- 
lucía del Orden de N. P. S. Jgustin. Un tomito. 



A 21 

5.* Impugnación de la pastoral de Enrique Gregorio ^ 
Obispo de Blois. 

6.'* Traducción del primer tomo del Abate Lerigtet, ^ 
bre apariciones y revelaciones. 

17.° Traducción del libro de N. P. S. Agustin, d^ cura 
gerenda pro mortuis, hecha de la que publicó en francés 
el citado Lenglet. 

8." Traducción del tratado de la Aparición á Constan- 
tino^ del mismo autor. 

Q,** Respuesta á la consulta de una señora sobre si líci- 
tamente podia asistir ^ teatro. 

I o. Respuesta d dos religiosas Agustinas recoletas^ sobre 
el voto de pobreza. 

11. Respuesta d dos cartas del R. P. Fr. Antqnio de Es- 
quivéis del Orden de S. Francisco, sobre Melchor Cano. 

12. Calificación del sermón de N. P. S. Agustín.^ pre- 
dicado en las Monjas de S. Leandro de Sevilla por el Dr. 
D. José Ceballos. 

«No se hace mención de una obra titulada Alegato de 
bien probado el monacato de N. P. S. Agustín, por no 
haber contribuido á ella mas que con su nombre el Maes- 
tro Fabre, en lo que se echa de ver la recomendación 
que este tenia entre los literatos, cuando lo conceptuaron 
capaz de acreditar la obra, dándola á luz bajo su nombre. 
Fue examinador sinodal de este obispado y de otros. 

«fFue de una complexión saludable: conservó el sentido 
de la vista hasta los últimos días sin necesidad del uso de 
los anteojos para el estudio, lo que le proporcionó el no 
interrumpir jamas su afición á los libros, ocupando toda 
la mañana y mucha parte de la noche leyendo ó escri- 
biendo. 

"Por setiembre del año pasado de 809 fue á Rota á 
visitar á sus hermanas; y cuando se preparaba á volver á 
este su convento acaeció la desgraciaila invasión de los 
enemigos eti aquel pueblo , lo que le imposibilitó reunirse 
á sus hermanos los Religiosos, como lo deseaba coíi ao- 



22 A 

sia, según manifestó en sus últimas caitas. Allí cargado 
de años y oprimido de aflicción su espíritu, falleció á los 
oghenfa y dos, un mes y catorce dias de edad, en 7 de di- 
ciembre de 1 8 10. El clero de aquella villa, que conocia ▼ 
apreciaba su mérito , le hizo el funeral con la posible de- 
cencia y solemnidad que permiten las tristes circunstancias 
de aquel pueblo ; y cuando el Señor lo permita cuidará es- 
ta comunidad de grabar el siguiente epitafio, que perpe- 
tué la memoria de este vai-on religioso. 

D. O. M,¡ 

R. P. F. Antonio. Fabhb 

Sacrae. Theologiae. Magistro 

Viro. pío. ac. erudito 

Fratres. Augustinienses. Gaditani 

Socio, suo. carissimo 

MOERENTES. PoSUERüNT. 

El que quiere decir en español: «Al R. P. Fr. Antonio Fa- 
bre, Maestro en Sagrada Teología, varón piadoso y eru- 
dito: los Hermanos Agustinos de Cádiz le dedicaron con 
lágrimas esta memoria á su carísimo compañero.» 



Antonio Font nació en 3 de marzo de 1778, tuvo por 
padres á Olaguer , y Rosa Barrera : estuvo pensionado por 
la escuela de nobles artes de Cádiz en Roma; porque 
cuando fue alumno en la clase de dibujo en dicha escue- 
la, conocieron los directores por lo bien que aprendía, 
que sería capaz de honrar á su pais con sus obras. Regre- 
sado á Cádiz pintó varios cuadros, entre ellos el que re- 
presenta ¿a Piedad Romana, su retrato en dos actitudes, 
el escudo de Annas del Tribunal del Consulado de Cádiz, 
un retrato pequeño de IVandick, y otros; y todos sui 
trabajos se conservan con aprecio de los inteligentes. 



A 23 

El difunto Conde de Maule poseía las tres primeras 
mencionadas obras , y una copla hecha por su propio au- 
tor de las Armas d^l Consulado. Cuatro días antes de su 
fallecimiento acabó el segundo retrato de su persona. Mu- 
rió de la epidemia que sufrimos en Cádiz el año de iSoOj 
contando de edad 22 años y medio. Su falta fue muy sen- 
tida de los que conocían su mucha disposición para el ar- 
te á que se habla dedicado (i). 



Antonio López Chaves , Mariscal de Campo de los Rea- 
les ejércitos, Caballero Gran Cruz de la militar Orden de 
San Hermenegildo, que falleció en Oviedo á 28 de no- 
viembre de 1826, de 87 años, 6 meses y 28 días de edad, 
habla nacido á 3o de abril de 1738 de D. Pedro López, y 
D.^ Nicolasa Chaves. Entró de cadete en el Real cuerpo de 
Artillería (habiendo estudiado antes en la academia de Cá- 
diz) en 8 de agosto del año de ly^y-, y del colegio mili- 
tar de Segovia salió á campaña en la guerra contra Portu- 
gal el año de 62. 

Pasó luego á la séptima compañía del tercer batallón, 
que se hallaba de guarnición en la Coruña, con el grado 
de subteniente; y algún tiempo después fue destinado con 
ella á Puerto-Rico , donde ejerció 6 años las funciones de 
ayudante, instruyéndola en los ejercicios facultativos del 
cuerpo, y á las demás tropas que hablan sido nombradas 
para el servicio de la artillería de aquella plaza. 

Promovido á teniente en el año de 1771 , regresó á 
España, y se halló en todo el sitio de la plaza de Melilla 
en 1 774 7 en el cual mandó la artillería de los fuertes de 
S. Miguel y de la Victoria, los mas avanzados al enemigo. 



(1) Libros parroquiales: Viages por España, Francia é Italia de 
D. Nicolás de la Cruz, Coode de Maule, lomo 13, pá¿. 3^6. 



24 A 

Tomada la plaza continuó sirviendo en ella un ano des- 
pués. También se halló en todo el sitio y bloqueo de Gi- 
braltar en 1779. Destinado á la brigada del teniente coro- 
nel D. Felipe Masdeu , asistió á la construcción de la pri- 
mera y cuarta baterías de morteros de la línea, y comi- 
sionado por el comandante general del arma D. Rudesin- 
do Tilly, hizo muchos trabajos en la construcción de sal- 
chichones, y continuó el servicio indistintamente en todas 
las baterías avanzadas. 

En el año de 87 volvió á América con el grado de ca- 
pitán, para servir la comandancia de artillería de la Gua- 
yana, y á poco se encargó de la de todas las milicias de 
aquella provincia , ejerciendo las funciones de cabo sub- 
alterno por ausencia del propietario, y desempeñando en 
distintas ocasiones el gobierno político y militar. Pasó en 
el mismo año á encargarse del mando de la artillería da 
la plaza de la Guayra en Venezuela, recayendo en él por 
ausencia del comandante en propiedad la administración 
política, judicial y económica, que desempeñó con gran 
satisfacción de aquellos habitantes. 

En la sublevación proyectada por los vecinos de la 
plaza y de la de Caracas para la noche del 16 de julio 
de 1797, tomó tales disposiciones, que á la primera indi- 
cación que tuvo algunas horas antes, consiguió frustrar el 
rompimiento, y mantener la tranquiUdad, Contribuyó des- 
pués á la aprehensión de uno de los principales cabezas 
de la conspiración , y agraciado por esto en el premio ofre- 
cido por el Real Acuerdo de la provincia, lo cedió en fa- 
vor del Real Erario, mereciendo que se le manifestase de 
Real orden el reconocimiento de S. M. por este servicio, 
y el de sus compañeros, á quienes se ofreció atender eit 
sus carrej-as, 

Vuelto á la Península por segunda vez en 1801 , se le 
confirió la comandancia de -artillería de la plaza de Cádiz, 
que sirvió hasta el año de 1806, en que pasó á mandar 
la artiilería de la pla^a de Badajoz. Hizo entonces el apres-. 



A 25 

to del tren para el sitio de la plaza de Yelves, y dfspues 
del que habia de servir para el ejército que habia de si- 
tuarse en los puentes de Almaraz y del Arzobispo. 

Sucedida la invasión de España en 1808 se negó á re- 
conocer el Gobierno intruso; y la Junta superior de Es- 
tremadura, en vista de sus servicios y decisión en favor de 
la sagrada causa, le nombró en 2 de junio Brigadier de 
infantería, y Mariscal de campo en setiembre siguiente, á 
propuesta del Capitán general, que aprobó luego la Regen- 
cia del Reyno. La Junta Central le eligió en julio de 1809 
Subinspector de artillería del departamento de la Coruíía, 
para que pasase á organizarlo con la mayor urgencia, por 
lo cual y sus anteriores servicios fue condecorado por el 
Rey con la Gran Cruz de S. Hermenegildo, poco tiempo 
después de la creación. de lá Orden. 

Dos circunstancias particulares hacen honor á los dila- 
tados servicios de López Chaves: la primera no haber su- 
frido en mas de 69 años de su carrera militar ni una so- 
la hora de arresto por faltas en el servicio , y la segunda 
no haber solicitado nunca licencia temporal. 

En la rebelión del año de 1820 fue destinado de cuar- 
tel á la ciudad de Oviedo , donde durante aquella tumul- 
tuosa época manifestó los principios de fidelidad y amor 
al Rey que siempre le habian animado, y obtuvo después 
la certificación correspondienrp H#» su purificación. 

Dejó varios manuscritos que pueden honrar al cuerpo, 
y aumentar los conocimientos de la facultad de artillería. 
Fue buen padre, esposo y amigo. Las virtudes morales y 
religiosas brillaron siempre en sus acciones, y distinguie- 
ron la eonducta de este respetable anciano y benemérito 
General (i). 



(1) Libros parroquiales: Gaceta de Madrid del sábado 5 de mayo 
deí827, pág. 214. 

4 



26 A 

A%T03Vio MosTi, á quien el Abate D. Juan Francisc© 
Masdeu llama insigne anticuario , y se le confiesa deudor 
de muchas lápidas é inscripciones; y persona de mucho 
gusto lo apellida el secretario D. Antonio Ponz. 

Las preciosidades de su gabinete, y su rico monetario 
llamaron la atención del Infante D. Gabriel , el que le su- 
plicó se lo vendiese, y Mosti generosamente se lo regaló 
á su Alteza. Murió en a6 de abril de i8i4 en la anciani- 
dad reverenciable de 8y años (i). 



Antonio Ramírez de Barrientos, ó Bracamontb ds 
Barrientos, fue dignidad de Tesorero en la iglesia cate- 
dral de Cádiz, de la que tomó posesión en i5 de julio de 
1660, y vivia todavia el año de 1684. Escribió Elucidario 
de la& medallas de la Isla , y antigua ciudad de CadiZy 
con notas que la ilustran, cuya obra dedicó al Ayunta- 
miento de dicha ciudad. Ha quedado manuscrita, y es dig- 
no su autor de que recordemos su nombre, por lo que 
trabajó en resucitar y recoger memorias apreciables de su 
patria. Pone en ella hasta cuarenta y siete medallas , y no 
falta crítica á sus estudios, pues aunque algunas de ellas 
las hemos nosotros quitado de la parte numismática de 
Cádiz, por no peitenecerle, ha sido con las luces que to- 
mamos de la erudita disertación que sigue á la traducción 
del Salustio del Sr. Infante D. Gabriel, la cual no pudo 
ver Barrientos , ni aprovecharse de la doctrina de su sapien- 
tísimo autor el Sr. Pérez Bayer. 

Son pocos los que tengan el Elucidario, y menos los 
que le hayan leido , y es obra rarísima. Fr. Gerónimo de 
la Concepción , que era su contemporáneo , no dice casi na- 
da de ella; prueba evidente, según su costumbre, de que 



(1) Masdeu, Hist, crit, de Esp. , tomo 19. Ponz, Fiages de España^ 
tomo 18, pág. 4^« 



A :í7 

fto la vio ; y en el Emporio del Orbe Hora la muerte y pér- 
dida de Barrientos, sin elogiar su escrito. 

Escribió ademas Barrientos Anales de Cádiz , según 
dice el mismo al ayuntamiento en la citada dedicatoria del 
Elucidario que principia: «Empeñóse mi deseo en escribir 
por anales historia especial de las grandezas de esta muy 
ilustre ciudad. » No tenemos mas noticia de esta obra, y 1% 
creo perdida: pero conservo una copia del Elucidario per- 
fectamente escrita, y bien dibujadas monedas ¿inscripciones. 
En y de julio de 1669 bendijo la ayuda de parroquia 
de S. Antonio de Cádiz. Y esto es lo único que he podido 
rastrear, teniendo el disgusto de no haber encontrado ni 
su fé de bautismo, ni la fecha de su fallecimiento, ni en 
el archivo de la parroquia del Sagrario, ni entre los pape- 
les de su cabildo (i). 

Antonio Ramón, hijo de D. Felipe Nicolás Ricardos» 
Sargento Mayor, y de D.^ Leonor Carrillo de Albornoz, 
nació en 28 de junio y se bautizó en 2 de julio de 1732. 
Su educación fué bastante descuidada, pues solo le ense* 
ñaban sus padres las piadosas devociones domésticas , y el 
latin lo aprendió en el convento de los frailes Predicado- 
res de Cádiz; pero un criado de los que se llaman vul- 
garmente de escalera abajo, y que era digno de mejor 
suerte por su instrucción , le inspiró el buen gusto para la 
lectura, y le enseñó el idioma italiano. * 

Desde muy niño empezó su carrera miUtar, por haber 
sido page del Rey, y haberle puesto cinco años mas de 
edad, los que no tenia; y entró en ella de Capitán en el 
r«gimientt> de caballería de Malta, del cual era su padre 
ya Coronel. Pasó á Italia con su cuerpo; ocho años duró 
la guerra en ella, y Ricardos que encontró aquellos cara- 
pos ennoblecidos con las recientes acciones de su inmor- 
tal abuelo el Conde de Montemar, aspiró á imitarle: al- 

(i) Actas capitulares. Cuncepcion, Emporiq^ lib. 7, p. ^G4 y ¿99t 



añ A 

ternó los |rabajos con los estudios: cultivó desde entonces 
aquel grande arte de ganar los corazones , tan necesario al 
hombre que manda á sus semejantes: manifestó á un tiem- 
po el brillante valor dé la juventud naciente, porque ape- 
nas tenia fuerza para manejar las armas en las batallas de 
Parma y de Tidone , y en las demás de aquellas obstina- 
das campañas j é igualmente manifestó la sagacidad refle- 
xiva que corresponde á una edad mas adulta. 

Pero se premió su mérito, y alentaron sus esperanzas 
nombrándole á los i6 años de edad Coronel de su regi- 
miento, vacante por el merecido ascenso de su padre á 
Mariscal de Campo, habiéndosele espuesto al Rey que te- 
nia 21 años. Cautivó por sus servicios y conducta el apre- 
cio y amor del Príncipe, de los gefes, de los compañeros 
y de los soldados. 

La paz general restituyó el reposo á la Europa, volvie- 
ron victoriosos nuestros ejércitos, y Ricardos aprovechó la 
SolMad, que le proporciona la necesidad de seguir su regi- 
miento á los lugares reducidos en que se aloja la caballe- 
fía , para perfeccionar con la teórica los conocimientos prác- 
ticos que habia adquirido. 

En 1760 lo vemos en el estado militar de Brigadier, 
á cuya clase perteneció desde 10 de julio. 

La guerra con Portugal de 1761 volvió á alterar la 
tianquilidad de nuestros hogares : va á ella al frente de sus 
escuadronas, y mereció hasta la confianza del Rey que le 
pidió confidencialmente sus diarios de campaña. Pasó á 
Oran, y en una salida recibió una grave contusión, que 
ella y sus proezas le valió ser Mariscal de Campo en 3 de 
abril de 63. • 

Se le destinó después para arreglar el sistema militar 
de Nueva-España en su ejército , milicias , fortalezas y presi- 
dios; y aun no del todo finalizado este importante encar- 
go , se le trasladó desde las orillas del Mar Pacífico á las 
cumbres de los Pirineos para demarcar los límites que de- 
ben respetar las dos naciones que los poseen. 



A '29 

En 1770 fue promovido á Teniente general, de la cla- 
se de Mariscal de Campo. 

La Inspección general de caballería en la paz equiva- 
le al Generalato de esta arma en la guerra, y fué la volun- 
tad de S. M. que la desempeñase Ricardos, encargándose 
de ella en el año de 1773 hasta el de 1788. I\|Iuchos envi- 
diosos tuvo en todo el tiempo de esta confianza j pero su 
noble y desinteresado comportamiento desengañó á los mas. 

Mas espléndido de lo que debia, y gastando mas de lo 
que le daban sus sueldos y encomiendas, y uniéndose á esto 
un abandono en sus intereses propios, cual lo tuvieron 
pocos, estuvo adeudadísimo 5 pero ecónomo sin igual cuan- 
do se trataba de los gastos del Real Erario, constituyó la 
caballería española en el mejor orden y economía. 

• En 24 de noviembre de 1778 se celebró Autillo^ esto 
es, auto particular de fé dentro de las salas del Tribunal 
de la Inquisición de Corte, con asistencia de 60 personas 
condecoradas, cuyo nombramiento y convite se hizo por 
el Inquisidor decano D. José Escalso, que después fué 
Obispo de Cádiz, para la causa del Sr. D. Pablo, Olavide^ 
y Ricardos fué de los convidados» Este autillo á puerta cer- 
rada hace mucho honor al Tribunal que lo decretó, y mas 
al Inquisidor general que lo dirigió: es verdad que lo era 
el Sr. D. Felipe Beltian, Obispo de Salamanca, á quien el 
mismo Llórente llama Prelado Sabio y Santo. Casi todos 
los 60 testigos eran amigos de Olavide, y á alguno le cau- 
só miedo de tal forma que el Arcediano D. Felipe Sarna- 
niego se espontaneó^ y de sus resultas y de la declaración 
que le exigieron comprometió á casi todos los eruditos y 
hombres ilustrados de la Corte, y entre ellos á Aranda, Ri- 
cardos, Montalvo, Massones de Lima, Campomanes, Flo- 
ridablanc^, Orreilly, Lacy, Riela, Ahnodovar y otros per- 
sonages tan eminentes por su nacimiento , dignidades y em- 
pleos, como por sus luces, contra todos los cuales se formó 
proceso, y quedó sin consecuencias visibles , porque la de- 
bilidad de pruebas contuvieron á los jueces. 



3o A 

Conducido Ricardos de un leal zelo por el servicio de 
su Monarca, echó los primeros cimientos del Colegio mi- 
litar de Ocaña, objeto en sus principios de las mas hala- 
güeñas esperanzas; pero que duró poco por los golpes cie- 
gos de la precipitada ignorancia. Lleno de sinsabores por- 
que queria perfeccionar este útilísimo establecimiento, se 
le alejó de la Corte y de la Inspección, con maneras cor- 
tesanas, confiándole el mando militar de Guipúzcoa en 1788. 
Antes de ser nombrado Inspector habia estado en la 
espedicion de Argel, tan memorable como infausta, y des. 
de ella se ligó eu fina amistad con el Conde de Orreilly 
que la mandó. 

Desempeñaba el mando de Guipúzcoa cuando princi- 
pió la revolución de Francia, y en aquellos instantes crí- 
ticos, y á vista del acierto y aceptación con que este Ge- 
neral habia correspondido y llenado tan importantes y va- 
rias comisiones , se dignó el Gobierno nombrarle para 
mandar el principal de nuestros ejércitos, y la provincia 
mas espuesta de la Monarquía, cual era el Principado de 
Cataluña. Entonces se transformó la misma en un teatro 
de gloria para Ricardos , y puesto á su frente llenó la con- 
fianza del Soberano, según dijo la gaceta de Madrid en 
artículo de oficio. 

Marchó como el relámpago á Cataluña, reconcentra 
desde luego todos sus cuidados en los preparativos milita- 
res, en organizar un ejército, en superar todas las dificul- 
tades , en suplir la falta de tiempo , de provisiones, de tras- 
portes, con todos los recursos de su ingenio y de su zelo: 
▼encer los Pirineos, invadir el Rosellon, todo fue obra de 
pocos dias. Ceret fué el primer punto de donde principia*, 
ron sus victorias, teniendo solo consigo un puñado de sol- 
dados, y al mismo tiempo que vence, respeta j^ protege 
el territorio francés. Llevó Ricardos la guerra al pais ene- 
migo, alejó del nuestro sus estragos, el combate de Thuir 
se dio en 18 de mayo de 1793: rindió veinte y un pueblos do 
la Cerdaoia francesa, y marchó hasta Masdeu^j reforzado 



A 3i 

ya de alguna gente y cíe artillería. En este pueblo sostuvo 
una brillantísima acción entre doce mil españoles que der- 
rotaron á diez y seis mil franceses: duró cuatro horas y 
media con un fuego de cañón vivísimo, y la modestia del 
General en gefe no le permite llamarla batalla'. 

Avisado por sus allegados de que no debia esponerse 
temerariamente , contestó : « No debe llegar á las manos co- 
mo el soldado el General, ni aventurarse ligeramente al 
fuego de fusil; pero al de cañón es indispensable; de lo 
contrario , nada veria ni podría tomar su partido. » 

Esta batalla de Masdeu fue desisiva, y precisó al enemi- 
do á buscar el abrigo de la cindadela de Perpiñan , y faci- 
litó á nuestro ejército el sitio de Bellegarde , baluarte de la 
Francia , con que el arte ha vuelto á hacer impenetrable el 
paso franqueado tantos siglos há por Anibal. 

Por estos dias escribia á su muger para que rindiese 
acciones de gracias á Dios por sus triunfos, y la decía: 
• No puede ser sino la justicia de la causa que defiendo 
quien guie tan felizmente mis pasos; demos pues gracias 
al Dios de los ejércitos, y pues sabes cuanto abomino la 
hipocresía, y que no soy ni aun lo que comunmente se 
llama devoto , no dudarás de la verdad de mis sentimien- 
tos. » Mas honran las cenizas de Ricardos estos. actos pia- 
dosos, concillados con las atenciones desoldado, que cuan- 
tas victorias ha conseguido. 

Bellegarde, plaza defendida con la mayor gallardía y 
valor, se entregó por fin al español en 24 de junio des- 
pués de un obstinadísimo sitio , en el que en solo diez dias 
disparó doce mil tiros de canon; pero la sabia precaución 
con que se dirigió esta conquista, hizo q^e solo costase á 
nuestro ejército 8 muertbs y 24 heridos levemente. En se- 
guida se apoderó de la Situación de Boulou, y amenazó 
desde ella á Mont-Luis y á Perpiñan , y después de dos re- 
ñidos combates enseñó á la infantería el arte tan ponde- 
rado por el gran Federico de apoderarse sin cañones de 
los del enemigo , y á la caballería á despreciar su fuego; y 



33 A 

por estas lecciones consiguió acamparse bajo los muros de 
la capital del Roseilon. Estas radiantes victorias y la justi- 
cia con que premiaba el Rey, le pusieron en la mano el 
bastón de Capitán general en 23 de julio del año en que 
estamos. 

Salvó Dagobert, general de los republicanos, á Mont- 
Luis , é hizo retirar á nuestras tropas cuando estaba Ricar- 
dos en otro punto, y porque á cada momento se reforza- 
ban los franceses con numerosas y frescas divisiones por 
la débil cooperación de la Saboya ; pero no obstante este 
revés, cambia sus planes, destaca un cuerpo fuerte para 
que se apodere de la plaza y castillo de Villafranca en el 
Conflan; lo logra en 4 de agosto, y luego con catorce mil 
hombres derrotó completamente al general Le-Moine que 
tenia veinte y dos mil , y por consecuencia de esto se se- 
ñoreó de la orilla izquierda del Tech para interceptar la 
comunicación de Perpiíjan. Se siguieron ataques por am- 
bas partes los mas decididos y sostenidos igualmente , sin 
que se supiese por quien quedaba la victoria : estos son 
los que sufrieron los campos de Vernet y de Peires-Tortes. 

Tomó Ricardos , á pesar de los valientes del bando 
contrario, una situación inespugnable ; y esta fortuna dio 
motivo para la célebre batalla de Triíillas, teatro de tanta 
gloria y de tanta sangre : la humanidad llorará siempre 
su celebridad; pero la justicia y la gratitiíd nacional eter- 
nizarán aquella memorable pelea , en que cada español fue 
un héroe, y en íla que suplieron los prodigios de valor la 
inferyjiidad de nuestras fuerzas. 

La relación de esta insigne victoria como la escriben 
los autores fran<^es , la vamos á dar traducida , y queda- 
mos libres de la nota de parciales. 

« Batalla de Truillas, aa de seífbmbre de 1793. Animado 
por los síicesos que habia conseguido en Peirestortes y 
sobre otros puntos , el general Dagobert habia formado el 
designio de librar á Perpignan , que los españoles tenían 
bloqueado, de empeñarlos á un ataque general y de cor- 



A 33 

tarles la retirada á su territorio. Este gran resultado de- 
pendía de lina sola victoria , que hubiera decidido la suer- 
te de la camparla de los Pirineos^Oriental^; y pudiera ser 
que la España, abandonando la coalición, hubiese estado 
mas dispuesta á hacer la paz con la República. 
■ «El ejército enemigo,! siempre bajo las órdenes del ge- 
neral Ricardos , ocupaba posiciones muy ventajosas, las que 
los españoles habían hecho aun mas formidables fortificán- 
dolas. La derecha de este ejército estaba en Mas-Deu, el 
centro en TriiíUas, y la izquierda sobre Tlmir. Sus pues- 
tos avanzados se estendian hasta Ponteilla. El a2, á las 7 
de la mañana, Dagobert hizo avanzar sus tropas en orden 
di8 batalla , yi bien pronto se hallaron en presencia de las 
españolas. Al momento oomenzó el ataque principal sobre 
la izquierda, apoyada sobre Thuir. Una viva descarga de 
artillería ejecutada c(»n mucha habilidad por los artilleros 
republicanos fue el preludio del combate. La descarga fue 
tan terrible que ai primer cañonazo se desordenaron las 
filas de la división «española. Ricardos que lo apercibió fue 
al instante sobre Thuir, reanimó á sus soldados, y dio 
orden á la reserva , mandada por el general Cburten , y 
acampada en ]\Lis-Deu , de correr á reforzar sus tropas 
conmovidas. El combate se restableció y se sostuvo algún 
tiempo con ventajas; pero las mismas dificultades inspiraban 
á los franceses nueva audacia: ellos se precipitaron según* 
da vez sóbrelos batallones enemigos á bayoneta calada, y 
consiguieron romper de nuevo esta segunda línea. El gene- 
ral conde de la Union se vio obli<íado á dirigirse también 
sobre Thuir con cuatro batallones escogidos y dos regi- 
mientos de dragones para sostener tan importante posición. 
« Habían cargado todos los esfuerzos de los franceses 
sobre esta izquierda , defendida por doce piezas de á a4 V 
mandadas por el duque de Osuna. Esta batería formidable 
disparaba un fuego terrible contra los que la querían asal- 
tar, y sin embargo ol valor de los franceses no se altera- 
ba. Una columna , á cuya cabeza estaba el bravo regimieu^ 

5 



34 A 

lo de Champagne, se avanzó con intrepidez en la esperan- 
za de ganarla. El duque de Osuna, que previo esta idea, 
dio orden á su% artilleros de interrumpir el fuego. Los 
franceses, que se imaginaron que ios españoles querían 
evitar el asalto , redoblaron el ardor y se arrojaron para 
adelante; pero apenas estuvieron á medio tiro de cañón, 
que el general español mandó hacer una nueva descarga. 
El regimiento de Champagne fue destrozado : nuevos ba- 
tallones succedieron en vano á estos bravos, y hallaron 
igualmente la muerte sobre los cadáveres de sus cam ara- 
das. Esto dio motivo para que los íx'anceses renunciasen á 
este ataque. 

«Durante la horrible carnicería que se hacia delante 
de la batería española , otra columna francesa procuraba 
cercarla por la izquierda. Después de haber tomado á la 
fuerza las obras avanzadas que cubrian un pequeño re- 
ducto , y de haber deshecho el destacamento que las de- 
fendia, se presentó delante del mismo reducto. El coman* 
dante viéndose cortado, creyó deberlo abandonar á los 
franceses, y se fue á reunir al destacamento que se había 
retirado á una altura vecina, y que hacia una vigorosa re- 
sistencia. No obstante los franceses iban probablemente á 
desalojarlos, cuando el conde de la Union hizo un movi- 
miento para tomarles el flanco, y les obligó á dar frente 
á su ataque. En este instante el duque de Osuna habia 
retirado de su batería la primera columna; mandó volver 
una parte de sus cañones sobre la segunda. Tomado asi 
el frente por el conde de la Union, el flanco por el du- 
que de Osuna, y la espalda por los españoles que queda- 
ron en la altura , los franceses se defendían con intrepi- 
dez. Sin embargo de la inferioridad de su número ellos 
hicieron cara por todas partes al enemigo, y puede ser que 
se hubieran abierto paso á pesar de los batallones que los 
cercaban, si el general Ricardos, á la cabeza de los Cara- 
bineros Reales y de los cazadores de Pavía , no hubiese 
«icudido para cerrarles toda salida y cargarlos con intrepi- 



A 35 

dez. Entonces fue vana toda resistencia ; y rotos al mo- 
mento por todas partes, ellos perdieron toda su fuerza y 
se desunían. Sucedió al combate una derrota completa. De 
estos cuatro mil franceses que habian comenzado el ata- 
que apenas pudieron escaparse algunos cientos. Esta par- 
te del campo de batalla y la que estaba delante del gran 
reducto, se cubrieron completamente de cadáveres, de tal 
manera que la caballería española no podia sin mucho 
traljajo perseguir al corto número de los que se habian 
salvado de la espada ó del. canon, y que huiíin. Y con 
todo él mayor número fue alcanzado en su fuga y hechos 
prisioneros. 

« Asi se hallaba casi destruida la mas bella parte y la 
mejor disciplinada del eje'rcito de los Pirineos-Orientales, 
el cual lo formaban los regimientos de Champagne, Me- 
doc, Vermandois , Boulouais , y Guardias nacionales de 
los dos departamentos del Gers y de Gard. 

« Vencidos los franceses en su ataque de la derecha, 
no lograban mejor dicha en el centro. La derecha del 
enemigo habia sido mirada por Dagobert como poco im- 
portante, y asi la descuidó : tan solo algunos batallones 
de poca disciplina los destinó contra ella para inquietar á 
los españoles y tenerlos en espectacion ; pero el centro lo 
atacaron dos fuertes columnas no menos bravas que las 
que habian sucumbido. Ellas desde luego batieron con 
facilidad los puestos avanzados , f marchaban en el mejor 
orden sobre el cuartel general en Truillas. El general Cour- 
ten que mandaba allí, dio sus disposiciones , y no menos 
convenientes que las del duque de Osuna. Los franceses 
fueron obligados á tomar el paso regular, y de avanza» 
en im orden de batalla mas cerrado. Al mismo tiempo el 
general Ricardos penetró la intención de Dagobert de no 
atacar seriamente su izquierda: destacó de esta parte de 
su ejército cuatro mil hombres de infantería y caballería, 
mandados por el barón de Kesel , para tomar el llanco de- 
recho de los franceses, y al brigadier D. Diego Godoy 



36 A 

con dos regimientos de caballería solamente para tomarles 
también el izquierdo , mientras que Gourten los atacaba 
por el frente con toda su infantería y artillería. Estas ma- 
niobras se ejecutaron á gusto del general español. En el 
momento en que Godoy se avanzaba para ejecutar su ma« 
niobi'a, fue reforzado con la mitad de la brigada de Cara- 
bineros y un cuerpo de infantería que la Union le envió. 
Estas diferentes fuerzas' se avanzaban con precisión ; y 
mientras que los franceses estaban ocupados en acometer 
al geneial Courten, su columna «e la izquierda se halló 
de repente envuelta y amenazada por todas partes. En va- 
no algunos valientes pedían morir con las armas en la 
mano mas bien que rendirse. Antes de que llegase á este 
estremo el comandante de la columna solicitó veinte mi- 
nutos para poder recibir las órdenes de Dagobert , que 
se hallaba en la retaguardia del ejército francés : quince 
minutos tan solo se le concedieron. Instruido el general 
francés del peligro en que se hallaba esta columna corrió 
hacia ella para salvarla : él cayó sobre las tropas de Go- 
doy y tiraba indistintamente sobre franceses y españoles. 
La columna cercada sintió que se reanimaba su valor: el 
combate volvió á empezar con todo el encarnizamiento 
que se debía aguardar de unos desesperados ; pero los 
mayores esfuerzos eran inútiles contra el número y la 
ventaja del terreno. Los franceses fueron inhumanamente 
degollados por un enemigo al que la resistencia y la ne- 
gativa anterior habla hecho cruel. En poco tiempo el cam- 
po de Truillas, como el de Thuir^ quedó cubierto de ca- 
dáveres y de heridos. Rechazado Dagobert no pudo im- 
pedir la pérdida entera de su columna izquierda; y la de 
la derecha , ocupada en combatir á Courten , ie era impo- 
sible socorrer á los vencidos. Bien pronto fuo destruida 
ella misma por todas las fuerzas españolas reunidas, y obli- 
gada al fin á ceder. 

" Después de este suceso una parte de las. tropas bus- 
caban el ocultarse en las montañas que cercan Terrats y 



A 37 

Sainte-Colonibe ; pero hasta estas dos aldeas fueron toma- 
das. El conde de la Union siguió á los franceses en este, 
raovimiento , hiuy importante para conservar la disciplina 
y buenos sucesos de los españoles. ^ 

«Aunque la victoiia se decidió en favor de estos i'ilti* 
nios , no pudo sin embargo ser completa hasta que las tro- 
pas francesas fuesen desalojadas de las alturas que ocupa- 
ban: eran ya las cuatro de la tarde, y los españoles aun 
no se hallaban en estado de poder forzar la formidable po- 
sición que habian tomado sus enemigos ; pero el genei'al 
Ricardos, habiendo dado orden al general Gourlen de unir- 
se al conde de la Union , y éste habiendo recibido algu- 
nos batallones de refuerzo , atacaron por último , y obli- 
garon a los franceses á retirarse y á huir después de ha- 
ber inutilizado sus cajas, pegado fuego á la pólvora, y 
arrojado por los despeñaderos la artillería que no podian 
salvar. Esta sangrienta batalla, en la que los generales es- 
pañoles demostraron su destreza, costó á los vencidos 
mas de seis mil hombres entre muertos , heridos y prisio- 
neros. Los españoles, favorecidos por su posición, apenas 
perdieron mil y quinientos.» 

Aunque la antecedente relación está escrita con mucha 
imparcialidad , en lo que cabe , ya se hará cargo el lector 
de que no habrá exagerado el que la dictó la pérdida de 
los suyos. 

Reforzados los franceses con quince mil veteranos y 
cuarenta mil paisanos , á quienes animaba el entusiasmo 
de una libertad desmedida y que proclamaban , tuvo nues- 
tro general que reconcentrarse. Esta sola marcha retrógra- 
da es bastante para inmortalizar al que la mandó y dio 
los medios de hacerla , y al que cuidó de que se efectuase 
con todos los mas preciosos requisitos del arte militar. Es- 
ta prodigiosa operación se efectuó sin perder ni un hom- 
bre, ni un cañón, cuando el tren era tan nimieroso que 
contaba 106 piezas, y todo á vista del enemigo. 

El combate nocturno de los campos de Boulou en i5 



38 A 

de octubre del mismo año de 98, será siempre admirado 
por los militares, y les causará envidia el no haberse ba- 
ilado en él. Turreau, sucesor de Dagobert, lleno de con- 
fianza^ en sus muchas tropas , trató de batir á Ricardos 
creyéndolo débil , y terminar por una sola acción la cam- 
paña. Mucho se jactaba el gefe enemigo en lo bien dis- 
puestas de sus combinaciones ; pero conociendo en medio 
de un ataque violentísimo que daban sus tropas, que su 
contrario habia descubierto su plan , mandó á sus solda- 
dos redoblasen su corage. Siete veces cargaron á la bayo- 
neta con .una intrepidez igual á su valor , y otras tantas 
fueron rechazados y obligados á retiiarse. 

El punto en que se daba esta pelea solo est.aba defen- 
dido por dos tíkW hombres, confiados al bizarrísimo tenien- 
te coronel; Taránco. Esta admirable resistencia sorprendió 
al general Turreau. Empeñóse este en acabar con este 
puñado de españoles : Ricardos los reforzó con las Guar- 
dias \\ alonas, y el mismo Turreau vio volver á los espa- 
ñoles á ocupar su posición del Pía del Rey, y juzgó que 
sus esfuei-zos para vencer á los españoles en esa noche de- 
sastrosa serian infructuosos, y ordenó la retirada. Repitió 
el 18 del dicho mes su ataque, pero con igual fortuna. 

Escarmentadísimo Turreau no se atrevia á presentar 
su frente á Ricardos; pero conociendo que por Geret se 
comunicaba con España en grave perjuicio de los republi- 
canos , se decidió á atacar esta villa. El aC del mes de 
noviembre , que fue el dia de esta acción , volvió la victo- 
ria á coronar de laureles á R.icardos y á los españoles y 
portugueses que comandaba. 

Desde la batalla de Truillas tuvo que sostener Ricar- 
dos en veinte y cuatro dias tres ataques generales y once 
parciales , saliendo vencedor en todos. Apenas se podrían 
reducir á un corto compendio todas las virtudes , cono- 
cimientos y acciones que deben merecer recuerdo de este 
benemérito castellano. 

A los combates que indicamos basta la fecha de 26 de 



A 39. 

noviembre se siguió el triunfo en Asprés y las conquistas 
de Villelongue en 6 de diciembre, de Saint -Elme, de Pont- 
Vendre, y de Collioure en 22 del mismo mes, y la ocu- 
pación pacífica de toda la parte meridional marítima del 
Roseilon. La acción general del citado dia 22 de diciem- 
bre terminó la campaña del año de 179^, y los dos ejér- 
citos beligerantes tomaron sus cuarteles de invierno. 

Nuestra nación debe tributar a Ricardos el mas cons- 
tante agradecimiento, porque fue el único que en la me- 
morada campaña sostuvo con gloria en el territorio fran- 
cés la insignia española, mientras que las de las otras po- 
tencias eran vencidas y ahuyentadas por los republicanos. 
Los mismos gefes enemigos hechos prisioneros decian : «Na 
hay resistencia para una tropa á quien no detiene el fue- 
go, el hierro, ni las murallas.» Es indispensable que ven- 
ciesen unos soldados que marchaban de peñasco en pe- 
ñasco , á cuerpo descubierto , con absoluto desmecio de 
todo riesgo, y tan frescos como si estuvieran en una pa- 
rada. La campaña del Roseilon de 179^ es una prueba con- 
vincente de que los españoles son los mejores soldados 
del mundo , y que no degeneran cuando tienen buenos 
gefes. 

Se mandó venir á la corte á Ricardos con el objeto de 
concertar los proyectos y planes para la inmediata cam- 
paña, y se le allegó la muerte en Madrid á i3 de marzo 
de 1794- Su pompa fúnebre y la generosidad con que el 
Rey honró sus despojos, fueron aplaudidos del público. 

En memoria de la victoria de Truillas concedió S. M. ' 
título de condesa de Truillas á la Sra. Doña Francisca Ma- 
ría Dávila, viuda de Ricardos. 

El anuncio de la muerte de este general, puesto en la 
Gaceta y Mercurio de Madrid, decian : « Con general sen- 
timiento falleció en esta Corte el Escmo. Sr. D. Antonio 
Ricardos Carrillo de Albornoz , Rodríguez de Herra y An- 
tich , capitán general de los Reales ejércitos y del Princi- 
pado de Cataluña j general en gefe del ejército del Rose* 



•4o A 

3 Ion , comendador de las Casas de Córdoba en U Orden 
de Santiago,, administrador de la de Obrería en la de Ca- 
latrava, y Caballero Gran Cruz en la distinguida de Car- 
los III.... Llenó la confianza del Soberano, mereció singu- 
lares elogios á los generales de las potencias beligerantes, 
y aun á los mismos enemigos: suavizó los horrores de la 
guerra cuanto lo permitía la irresistible fuerza de las cir- 
cunstancias, y acreditó en la serie de sucesos de una cam- 
paña gloriosa, que reuniendo las calidades que constitu- 
yen los grandes capitanes, era tan bizarro en el momento 
de la acción, como generoso y humano en la victoria. 

Escribió Preceptos y máximas militares para instrucción 
de los alumnos del colegio de Ocañay y quedó manuscrito 
Diario militar de la primera campaña del Rosellon. 

El Conde de Noroña le dirigió unos versos, celebran- 
do la batalla de Truillas, y Arriaza un soneto á la entra- 
da victoriosa del general Ricardos en CoUuvre (i). 

Nota, En el citado elogio del Sr. Martínez Hervás se 
escribe : « nació este Ricardos en Barbastix) en 1 2 de setiem- 
bre de 1727; y á esta misma fecha corresponde su naci- 
miento en el anuncio que puso la Gaceta y el Mercurio 
4Je Madrid cuando murió, pues dice que tenia de edad Qt^ 
^ños, 6 meses y a días. Pedí á Barbastro la partida de 
bautismo, y aparece y consta que nació y se Iwutizo allí, 
y en la misma fecha, Antonio, Buenaventura, Pedro de 
b -s'. 

, (1) Libros parroquUle»» ElogtQ leieio vit la Sociedad de Amigos del 
País de Madrid , por D. Jo?é Marliiiez Hervás en 19 de setiembre de 
Í795. Madrid: énla imprenta de Sancha, yir.coircs , con^uéces, desas- 
tres, reven et gnerres cii-Hes de F raneáis , tomo \.*, pág. 1.51 y siguientes, 
l'Tá'ysig;, 199 y sig. y 224. Tomo 2." en muchas partes. Noroña , sus 
Poesiuf, tomo 1.*, pág. 166. Arriaza, Poesías ^ tomo 2.°, pág. 21 de la 
edición de Londies de ) 8 1 1 . ñtfrcurio histórico j político dr Madrid del mes 
de marzo de 1794, p%. 552 v sig. , y del mes de abril del dicho aüo, 
p¿g. 451. Gacetas de Madrid de 1 b de julio de 1 7G0, de 3 de abril de f)5, 
de 5 de abril de 70 , de 23 de noviembre de 73 , tle 25 de julio de 95, 
y de 24 de octubre de 7¿. 



A 4i 

Alcántara, Benito, Ramón, liijo de D. Felipe Nicolás Ri- 
cardos, y de D.^ Leonor Carrillo dte All)ornoz, y fue su 
padrino D. Diego Ricardos, lio del bautizado. 

Veamos pues si podemos ahora contrarrestar estos do- 
cumentos, contraponiéndoles otros, y probar que el Sr. 
D. Antonio Ricardos aqui mencionado nos pertenece. 

Los insinuados padres de este General tuvieron al ni- 
ño que nació enBarbastro, y el que murió en lySo: vol- 
vió á parir otro varón la Sra. D.^ Leonor, cuando estaba 
en Cádiz en el año de lySs, siendo Sargento mayor su ma- 
rido, y le pusieron los mismos tres nombres de Antonio, 
Ramón, Benito, que al otro. La partid# ó fe de bautismo 
copiada fieln*ente , dice asi : 

«En Cádiz dos de Julio ele mil setecientos treinta y 
dos años. Yo don Juan Andrés de Guzman y Zepillo, Cu- 
ra Teniente en el Sasfrario de la Sílnta Iglesia Catliedral 
de esta Ciudad Baptizé á Antonio Ramón Joscf Betiiló Pe- 
dro León (que nació á ■v%inte y ocho de Junio procsimo 
pasádt)) hijo del Sargento mayor don Felipe N¡<;olás Ri- 
cardos, y de doña Leonor Carrillo dé Albornoz su legiti- 
ma muger casados en la Ciudad de Barcelona , fué su pa- 
diino don Juan Nicolaos Ricardos, advertile sus obligacio- 
nes siendo testigos don Pedro Roxo y don Diego de León, 
todos vecinos de esta Ciudad .y lo firme ut supra = Juan 
Andrés de Guzman y Zepillo = Libro 4^« pagina 192 b.'!»» 

Uñase á este documento la de|X)sic¡on de dos testigos 
de la mayor categoría: la Señora D.* Juana Teresa Ricar- 
dos, prima hermana de D. Antonio, y viuda dol general 
Fabro, aseguraba que el que mandó en el Rosellon habia 
nacido en Cádiz, y que el otro Antonio habia muerto an- 
tes que naciese el nuestro. Al Sr. D. Francisco de Paula 
de Micon, Marqués de Méritos, le oimos muchas veces. que 
desde muy niño habia sido amigo de su paisano' el Gene- 
ral Ricardos, el que tenia uno ó dos años mas que el 
^•rqués (eran tres largos), y que habian estudiado juntos 
el latin un poco de tiempo en el convento de Domini- 
on 



4-^- A 

canos de Cádiz. De lo que decia el Marqués resulta una 
buena prueba, porque si hubiera sido el Antonio naci- 
do en 1 727, no podía haber concurrido con el Marqués 
á la escuela de gramática, respecto á que Ricardos entró 
a servir de once años en la carrera militar, y de nueve de 
Page del Rey (como nieto del ínclito Montemar, tan digna- 
mente amado de Felipe V), y á esta época tenia Micon 
sobre diez meses de edad , porque nació en i5 de noviem- 
bre de 1735 j y en mantillas nadie ha ido á estudiar á las 
aulas. 

Los nombres que le pusieron al nacido en Cádiz casi 
prueban la muertq|,del nacido en Barbastro ; porque impo- 
niéndose estos por lo regular por devoción « los Santos, 
ó por relaciones de familia, si falta el primer niño, vuel- 
ven á ponérselo al segundoj y este caso sucedió en el pre- 
sente, y se ve que los dos llevaron tres nombres iguales 
de Antonio, Ramón, Benito. Tener vivos dos hijos con 
tres mismos nombres, incluso el*primero (esceptuando al- 
gxin mayorazgo que por cláusula espresa de fundación lo 
pida para heredaí), és cosa muy rara; yo por lo menos no 
he visto ninífuno. 

Y supuesto que el Capitán general Ricardos fuese el«de 
Barbastro, nos resta el que n«s digan lo que se hizo el 
que Jiació en Cádiz, porque no sabemos su fallecimiento 
ni de chico, ni de grande; cuando por el contrario se 
aclara toda duda por las noticias de su pariente y de su 
condiscípulo y constante amigo. 

]Vo creo deba quedar la menor sospecha después de lo 
que he espueslo , para creer que la naturaleza de este Ricar- 
dos es caditana: pues si se hizo valer alguna vez la parti- 
da de bautismo de su difunto hermano, seria para que en- 
trase en el servicio antes de que tuviese la edad competen- 
te, ó ya para sus primeros ascensos, como dejamos dicho» 



A 43 

Antonio de Rojas y Angelo se bautizó en 5 de fe- 
brero de 1642, fue hijo de D. Ambrosio Beato de Rojas, 
y de D.^ Luciana Osorio. Obtuvo una beca capellana en 
el colegio mayox'. de Santa María de Jesús de Sevilla en 20 
de setiembre de i663. Fue doctor, rector y canciller en 
su uiyversidad. En i." de marzo de 7 5 logró una canon- 
gía de la catedral de Guadix , por merced del Rey , en 
donde le nombraron visitador y examinador sinodal. El 
año de 1680 ganó en rigorosa oposición la mjegistral dg 
Cádiz, á donde también fue juez apostólico de la Cruzada 
y del Sínodo Diocesano. Renunció las mitras de la Puebla 
de los Angeles, y de Ceuta, por no dejar su arñado pa- 
trio suelo. Murió en 1707. • 

Predicaba de repente cuando lo convidaban para ello 
en algún apuro, como lo bi¿o enlascatedrales.de Sevilla 
y Cádiz. Tuvo gran fama de teólogo y de célebre orador, 
como lo demuestran , áicen , sus muchos sermones impre- 
sos. Yo no he visto pinguno; solo leí la censura que es- 
cribió del Etnpoño del Orbe, obra de su condiscípulo Fr. 
Gerónimo de la Concepción, que está al principio de aquel 
tomazo, y el estilo'de ella es retumbante, afectado y adu- 
lador. Igualmente censuró en latín otra obra titulada ¿a 
Primavera en S. Juan. Otra, censura medio macarrónica he 
leido que di^ á un libro que se llama Eptiotne de los ar- 
duos 'viages de D. Pedro Cubero. 

El maestro Reguera, Agustiniano, me ha dado la no- 
ticia que sigue: 

«Panegírico en acción de gracias, y solemnísimos cul- 
tos«que por espacio de nueve dias consagraron á la Ma« 
gestad Divina 18s dos limos. Cabildos eclesiástico y secu- 
lar en la santa iglesia Catedral de Cudiz, por el beneficio 
do la salud pública, y suspensión (leí contagio pestilente. 
Predicado en el primjero dia del novenario, que fue el i4 
Ae setiembre de 168 1 con término de trestdias, con asis- 
tencia del Illmo. Sr. D. ^^ntonio de Ibarra , obispo de dicha 
santa iglesia. Impreso* eiw Cadii por el . alférez Bartolomé 



44 A 

iViiuez de Castro, -en 4'^' Existe en la librería del conven- 
io de S. Agustin de Gadiz, tomo ¿^ de sermones varios. 

Los censoi'es y aprobantes del sermón alaban , según 
costumbre, el mérito oratorio del autor. No ol>íJtante, es 
digna de atención la censura del Illmo. Sr. D. Juan de 
Porras y Atienza, Canónigo magistral que fue dejCoria, 
Penitenciario de Cádiz, y Obispo de Ceuta, su fecba en 
Cádiz á 25 de octubre de i68i, en la que dice: el autor 
4í tan conocido en ambas Castillas por supcñor en las m-o- 
Jesiones de cátedra y pulpito , que no necesitarla este Pane- 
gírico de otra aprobación que su nombre. 

Otro* sermón al misnio asunto predicó, según dice su 
condiscípulo y amigo Fr4» Gerónimo de la Concepción en 
el Emporio del Orbe , pág. 486. 

La orijcion fúnebre á las bonras del Sr. D. Carlos II, 
que le bicieron los cabildos de Cádiz, la pronunció, y se 
imprimió por acuerdo del ayuntamiento (i). 



Antonio Zacagnini. "Véase Zacagnini. 



Argantonio, Rey di& los Tartesios, nació el año dfe 666 
antes del Salvador, que corresponde á la Olimpiada 28, 
año 3.*j al año 88 de la fundación de Roma, y al 764 de 
la de Cádiz f según el cálculo en esta última del sabio JMar- 
qués de Mondejar» • 

A los 4o años de edad empuñó el' ceíro^ que conser- 
vó. 80 : su gobierno ^e lia de entender conn* el de un ge- 



(1) Libros parroquiales: partirla del libro del registro del colegio dé 
Stn. liaría de Jesús, Tulgo Maesa Rudrifo, y noticias de particulares. 
Libros citados. . , • ♦♦• - * '.'^ 



A 45 

fe supremo electivo y temporal, al cual por su gran des- 
treza, larga esperiencia y singular prudencia, le encarga- 
ron y conservaron el mando. 

« Argantonio , escribe Masdeu , fué un Príncipe benigno, 
espléndido y cortés ; honraba el mérito de los sugetos, sin 
escepcion de los estrangerqs, atento siempre á las ventajas 
de su reino, y á la felicidad de sus vasallos. Notó rpie los 
Focenses podian ser útiles á sus pueblos comunicándoles 
nuevas luces, y por ventura -tami)ien al establo , socorrién- 
dolo con sus fuerzas p^ra repriinlr los progresos de la am- 
bición de los Fenicios gadit'íinos, sus confinantes: intentó 
persuadiii-os á que se domiciliasen en sus dominios forman-s 
do establecimiento. El amor á la patria no léS permitió con- 
descender á los ruegos del Príncipe. El sabio Arganfonio 
encantado por sus sentimientos , alabó su determinación y 
le repartió regalos con munificencia Real. >¡ 

Siento que este erudito crítico se hubiese engallado 
sobre la situación de Tarteso que La pone entre Gibraltar 
y Tarifa j y si hubiera leido á Mondejar en su Cádiz Fe- 
nicia jnudára de acuerdo; pero cuando Masdeu escribia, 
estaba con polva y manuscrita esta obra en la librería do 
la Merced de Madrid. Mondejar sitúa á Tarteso á donde 
•debió estar (si es que existió alguna vez sip otro nombre), 
que fué á la desembocadura del Betis; pero existiese ó no 
Tarteso, lo que yo creo es que Cádiz llevó su nombre, ó 
por herencia cuando Tarteso se confundió, ó por ser uno 
de los varios que le dieron los antiguos. 

No> habiéndose quedado los Focenses en los dominios de 
Argantonio, tuvo este que hacer un llamamiento al prin- 
cipio de su reinado, al que se juntaron los naturales, y 
casiigajon el atrevimicTito de sus enemigos los Fenicios que 
habian puesto el pie en Cádiz, y C(m miras de grandes con- 
quistas: obtenida la victoria, mantuvieron la libertad é in- 
dependencia, que de sus hiayores tenían recibida, y no 
falla quien diga, escribe el P. Juan de Mariana, que Ar- 
gantonio se apoderó de toda la Andalucia ó Bélica.. 



46 ^ A 

Parece indudable que el reinado de Argantonio seria 
fecundísimo en grandes acontecimientos, y en glorias y 
prosperidades para sus subditos , porque lo acreditan su lar- 
ga continuación en el mando, y las hoticias ño escasas que 
de tiempos tan lejanos se han conservado y por tantos es- 
critores del mayor crédito y ngta. 

El memorado Mariana pone la muerte de Argantonio 
en el año 200 de la fundación de Roma, poco mas ó me- 
nos ; pero según el cómputo del Marques de Mondejar acae- 
ció el año tercero de la Olimpiada 58, que corresponde 
según las tablas cronológicas de Lenglet Dufresnoy al año 
546 antes de Jesu-Cristo. Y según esta cuenta, que se de- 
berá reputar por la mas aproximada, llegó á contar 124 
años. de edad; que es, quitándole el cuatro, la vida que le 
dan los autores que citaremos luego. 

Para honrar las Cenizas de este Rey se dice que levan- 
taron un "solemne sepulcro, y al rededor de él tantas agu- 
jas y pirámides de piedra, cuantos enemigos el difunto por 
su mano mató en la guerra. 

Vivió , como se ha dicho, 1 20 años, según el testimonio 
de los Autores mas clásicos y contestes, y por su larga vi- 
da llamó la atención de la venerable antigüedad , mas que 
por sus heroicas, hazañas.- 

Que Argantonio fué caditano lo dan á entender, entre 
otros, tres escritores antiguos y de los de mas celebridad. 

Cicerón en su libro de la Senectud: « Vensramos á lo 
último, y á lo mas que se puede- vivir, aunque lleguemos 
á la edad del Rey de los Tarlesos ; el cual, según hallo 
escrito, fue Argantonio, Rey de Cádiz, que reinó 80 años 
V vivió 120.W Plinio en su Historia iiatural: «Pero volvien- 
do á las cosas que se confiesan por verdad , Argantonio ca- 
ditano es cierto haber reinado cerca de 80 años, y entien- 
den que comenzó á reinar teniendo 4o-" Valerio Máxi- 
mo en sus nueve libros de los Ejemplos-. « Mas Argantonio, 
natural de Cádiz, reinó tanto tiempo, cuanto también le 
bastara para haberse hartado de vivir; porque gobernó su 



A 47 

SU patria 8o años, habiendo llegado al Imperio siendo de 
4o años, délo cual hay autores ciertos.» 

Silio Itálico y otros le alargan la vida á 200 y 3oo años; 
pero esto se puede tomar como una libertad poética (>). 



AsDRUBAL. De este valiente solo sabemos su nombre 
que era nacido en Cádiz, y que sus distinguidas acciones 
militares le adquirieron el derecho de ciudadano Romano, 
militando bajo las banderas del Gran Pompeyo. La vora- 
cidad del tiempo nos ha privado dé insignes memorias. 
Hagámosla aqui únicamente del nombre de este compañe- 
ro de armas del vencedor de Sertorio , ya que no la po- 
demos hacer de los otros hechos particulares de su vida. 

Cicerón lo deseó ver en Roma como á los ptros nueve 
caditanos, que Syla hizo también ciudadanos Romanos, y 
cuyos nombres se nos han obscurecido (2). 



(1) Lenglet Dufresnoy, Tablettes Chronolegiqiics,yo\, l.'pág. 47 y 
otras. Cádit Fenicia^ por el Marn^ies de Mondejar, forao 1." pág. 293. y 
tomo 2.° p. 505. Masdeu, Ilist. cric, de España, tomo 3.° pág. 87 y si- 
guientes. Mariana, Historia de E^pañ/i^ tomo y libro 1.* pág. 33 y sig. 
^de la edición de Madrid de 1733. Cicerón, //í-. de In Senectud, cap. 10. 
Plinio , Uistoria natural, lib. 7.* cap. 48. Valerio Máximo, lib. 8." cap. 
13. pág. 147 vuelta, traducción de Diego López. Suarez déSalazar, /indg. 
de la Isla de Cádiz, pág. 271. Storia Universnle dal principio^del mondo fi- 
no al presente, scritta da Htm Compagnia di Letterati Inglcsi etc. tomo 19, 
pág. ICl.-Amsterdam, 17G5 y sig. Feijoo, Cartas Eruditas, tomo 3.' al ííu 
de la dedicatoria , y otros raudiúimos. 

(2) Historia' literaria de España^ por loi RR. PP. Mohedapos, tomo 
4.' pág. 46. 



48 



j: 



B 



P 

ÍJalbo, el Mayor ó ex.- Cousül (Lucio Coniolio). No 
creemos se pueda dar recomendación mas estimable de es- 
te liombre, que la que hizo Cicerón de sus virtudes y ac- 
ciones en elocifentísimos discursos. Nació hacia el año 653 
de Roma, casi noventa antes de Jesu-Gristo: llevó el nom- 
I)re de su padre acaso por primogénito. De pocos anos 
tomó el ejercicio de las armas, bajo el estandarte de Méte- 
lo, y poco después bajp el de Pompeyo, sirviendo á las inme- 
diaciones" de Gayo Memmio su cuestor, y siguió constante- 
mente el partido de Pompeyo sin separarse janias uno del otro. 
No espresa la historia el grado que go*aba,por este 
tiempo, tanto en el ejército corno en la armada naval. 
Si dice qu» gafió mucha gloria en las batallas, y se singu- 
larizó desde el principio de su carrera y en las dos mas 
famosas y reñidas de Turia, hoy Jiicar^ y de Sucron, que 
llamamos Duero. El Geiieral para darle algún premio por 
sus distinguidos hechos, le declaró ciudadano Ropiano, y 
aun á toda su familia. 

El aíio 682 «de la era Romana fué Balbo á Roma pa- 
ra ver el segundo triunfo de su amigo y General Pompeyo: 
este le rendó un «terreno muy á propósito pai-a formar una 
quinta. También la «mistad del triunfador le proporcionó 
el que lo adoptase el sabio Griego Theophanes, hombre ri- 
quísimo", aunque Giccron insint* que no adquirió por este 
medio mas riquezas, que las que le dejaron sus parientes, 
.por mas que algunos modernos hayan pensado lo contrario. 
De vuelta a Cádiz conoció á César el año 686, y este* 
fué el principio de su fina amistad, porque se .trataron con 
recíproca benevolencia; y desde entonces hizo el cuestor 
César un gran concepto de Balbo. Elevado aquel al Consula- 
di> dio á su amigo el empleo de Prcvfcctiis Fabrum, que ve- 
nia á ser el de» intendente de las máquinas, ó ingeniero en 
írcfo. Este destino lo obligó ;í volver á Roma, y alli permanecía 



B 49 

cuando Pompeyo regresó del oriente, y César de su pre- 
tura , y conservó el amo* de los dos, Craso igualmente lo 
estimaba , y lograba la protección de los Triunviros. 

El mucho poder y favor que disfrutaba en Roma, lo 
convirtió á beneficio de su Patria; y á su influjo debemos 
atribuir muchas de las distinciones que gozaba Cádiz de 
la orgullosa Roma. En la capital del mundo hacia un pa- 
pel tan brillante como los mas ricos Patricios. A mas de la 
quinta que construyó en las tierras que le re^jalaron , com- 
pró u«a casa de recreo en Túsenlo. 

Cicerón afirma que no tenia enemigos personales; mu- 
cha destreza y honradez era necesaria para lograr esta 
fortuna en una corte en donde ardían los odios y disen-. 
siones. Durante el destierro de Cicerón se interesó en 1* 
conservación de su vida y en la de la dignidad de su per- 
sona , y este clarísimo varón padeció sus desgracias por 
no seguir los consejos de Ralbo , aunque por ellos le estu- 
To Cicerón siempre reconocido. 

La guerra que se hacian los dos partidos que tenían 
por caudillos á Pompeyo y á César, distinguió miitho á 
Ralbo que seguía el de este iiltimo, pero con prudencia. 
Sitiado» los pompeyanos en Durazo, Balbo con un áni- 
mo (lo atestigua Veleyo Patérculo) superior á la fe huma- 
na entró muchas veces en el campo de los enemigos á fin 
de espiar sus designios] tal era su valor e intrepidez'^ y en- 
tonces fue herido siendo ya centurión. 

Suscitóse una acusación contra él en 6qí9i , y con este 
motivo pronunció Cicerón la elocuente oración que leemos 
en sus obras, en defensa de su ilustre amigo. Aunque se 
ha dicho que Ralbo no tenia enemigos personales, porque 
sus virtudes sociales, noble rango, buenos servicios y con- 
tinuos trabajos y desvelos por el bien del estado lomano 
le hacian amable á todos; sin embargo, los contrarios de los 
triunviros lo eran por consecuencia suyos como hechura 
del triunvirato. Todos los gefes de la gran repúbli^ta se 
hallaron interesados en defender al acusado. Dos eran los 

7 



5o B 

cargos que le hacían: el uno que recaía sobre su conducta 
privada y ¡jública, y el otro sobr^el derecíioy posesión da 
la ciudadanía romana. Craso, uno de' los triunviros, oró 
en su fat-ot delante del pueblo , y dértiostró en su oración 
£uma diligencia y cuidado en lio oroltir nada' de las leyes, 
tratados, ejemplos y costumbres de Roma. Le siguió en la 
tribuna el gran Pómpeyo , muy intereíado en la causa, 
pues se trataba de anular una gracia que él mismo había 
concedido : fp oración , dice Cicérórt ,' fue' erudití^ipi» y lle- 
na de todos los adornos de la elocuencia: Jamas mí {es- 
cribe) oración mas grave ^ mas^ ingeniosa .¡mas sabia, 

César, se hallaba en las Galias ', y sintió jio estar ¿n Ro- 
ma para abogar también por el' swptiesto'-feo'Sui drtiigó. 
Repetimos que Cic'eron hizo la defensa priti^ípalldel' acu- 
sado con aquellri Tehemencia , mag>estad, precisión, acier- 
to y doctrina con que nos enseña.' 

El primer delator fue un caditano, y de la especie de 
los malos paisanos. Para- dar algnn colorido á su inicua 
delacíoh' la iipoyába en qué la rejiúWíc»;c;ulitana no ha- 
bía tfn^ó'tiGticia ni dado 'SU asenso' {íirá la- ciudadanía 
estránge'ra de un natural snyo. Pero se probó lo contra- 
río, pues que Cádiz no solo no desamparó en est» ocasión 
á tan buen hijio que tanto )a ilustraba, sino que desde 
que tuvo la primera noticia de e?téproceso desaprobó solem- 
nemente la eohíhicta del acusador, le inn puso una multa, 
y promulgó varios decretos y hasta senados-consultos con- 
tra el perverso caluraniaftor, llamándole ingrato y sedicio- 
so ciudadana. Y no contenta aun nuestra independiente 
república con l<i"espTesado', envió á la romana muy auto- 
rizados embajatlóres para que ^n sai nombre asistieben y 
favoreciesen á Balbo.' íoi,^ ':, 

Terminó bien el pleito, Balbo' fue ábsuello, el pue- 
blo confirmó sus privilegios, y triunfó de sus adversarios. 
La envidia lo calumnió, porque delitos no se le conociatí, 
y asi la justicia detlaró su inocencia. 

£d las guerras civiles de Roma, yhácia'idl ándale 70S 



B 5t 

de su era , fué ctiañdoitiaá lució Ja íina recta política y 
consumada prudencia; del, héroe de que tratamos. Nacida 
C(>n un ingenio ftUz, cnllivadol cn¡ las artes de la paz y 
de la guen'í, con el manejo de las empresas .mas diíícileSj 
y con el trato de los piimeros hombres del mundo , cono» 
cía perfectamente la. que en la situacrón actual de aquel 
esíado cupvtinia á sus, intereses. SeaplicóáPompeyo mien- 
tras su gloria militar y su ireputaci¡on> b«)llante le hacían 
singular e,ntre los romanos. GqjiOcíó después á César ^ y 
no. se o<?ultó. á su penetración que si el mérito de Pom* 
peyó era mas luciente , el de César era mas sólido. Míen»- 
tras los dos guardaron ibuena cqrrespojndencia , Balbo fue 
amigp de, ambos; lueiga, que rompieron siguió el. partido 
dci Cé^ar ,.sin fal>^r;á,:la amistad del ¡otra.; Empleó .sus 
buenos. o,ücioi^parA^ la» ¡TCQonsiíiaí^jo;).,, y viéndola inaposi- 
ble obtuvo de César la gracia de que no le obligase á tOr 
mar las armas contr^ su bienhechor Pompeyo* 

J^ta,,npbl,ezíi,dei,áuimo,eii .Jas (tui-bulencias de la re- 
pvblicíiíiunjta. cpn la ni,as e&qui^ita cordura , dista mucho 
de I4 baJAi j?er(|dia de aquellas, almas venaltS que por vi- 
les iplere^es, sin mas, n^oiivo que,su ioconstanciá ,: abal- 
donan á ^u3; protectores y ¡amigos, no solo en tiempo de 
su desgiacií^, sino aun de su prosperidad y uniendo asi la 
ipgVi^titml cpn la imprudencia., hm ¡que. ¡le arguyen por 
4emíksiadQ aíe<?tOi,á César yiaun.de »u adidador, oigan lo 
qu^' .dicfi en?3u dtjfenfta, Mr.^ d$ J4 N,«Mz<e. 

nEra.Balbo; muy prudente y iti o d erado para que ins- 
pirase á César todo lo que ejecutó después , y el misSmo 
.Cé»-*X era de un.oaráclertan determinado, que jamas de- 
belnos hacer respot>sabltíS á sus ministros ni de s«s haza- 
j^S IxeróÁcas,, ni de sus proyectos criminales. Fuera de 
f^stq ¿uzgaínoí cjue la amistad y confianza del uno con el 
otro no se adquirió ni sostuvo con el endeble apoyo de 
torpes aduiacianeS; luvo mas alto principio i^n las pren- 
das personalesdel ptímero'ly en !a lii)i>rali(lad del segundo. 

Ademas, de ^üií. -¿011110009 servicios' s;u suavidad, ur> 



52 B 

banidad, caridad y liotnbría de bien le hicieron lugar en 
la estimación de todus, y le salvai(»n enmediü de las tem- 
pestades políticas, y finalmente su nftrito y n)arieras le 
dieron entrada á los primeros empleos de la lejjnbiica 
romana, los que principió á olitetjer en ti año de ^oi. 

Como se quedó* en Boma cuando Céí-ar estaba en sus 
iiltimts cainpañis, seguian su corre«'pondenci*4*pÍNtolarVín 
cifra para qut^ no' siB publicasen sus secietos por la mali- 
cia ó ti <lesciiid<). La cifra tonsisiia en alterar cl \alorde 
las letras ii{>aT)do I.»» r/ pt r o , la t por ¿, y a&i de las de- 
nia«i sallando sii n pre las lefias de cuati o en cuatro. Ijr^td^ 
por ejemplo, qneri-^ decir fíoma-^ 3phqd-~ry senado. 

Aun vivientU) César fue n» ndnado e<¡¡l en el año de 
5^01), es dícir, gefe déla policía' dé la ciudad. Muerto Cé- 
sar en el año siguiente le liizo Balbosu duelo, y partió á 
Wíipoles á recibir á Ottí.vano, sobrino y sucesor del di- 
funto, y mereció desde el momento que lo vio toda su 
confianaa. Manejó asimismo con destreza el espíritu de 
Marco Antonio, para que cooperase á los proyectos de 
su joven col*»ga, y se puede asegurar que Octaviano de* 
Lió el imperio 4 los consejos y á la actividad de Balbo. 

En el año de 712 parece ejeicia la dignidad de prelOr, 
y en el de ^iS ascendió al consulado. Era costumbre en 
l\oma no elegir cónsules sino á los naturales de aquella 
ciudad ó del Lacio; y sin embargo de no haber ejemplar 
de que ningún estFangero le hubiese obtenido, fue elegi- 
do cónsul Lucio Cornelio Balbo, no el sobrino como es- 
cribieron con equivocación Ambrosio de Morales y Juan 
de Mariana. Fue elevado á este piesto por la forzaíla ab- 
dicación de Gneo Domicio Calvmo II, y Cn. Asino Po- 
ilio. El compañero de Balbo se llamó P. Canidio Crasso. 

Las tablas capitolinas nos dan la noticia en esta foiiua: 
CN. DOMITIVS. M. F. M. N. 
CALVINVS. ABDIC. m EIVS. 

LOO. FACT. EST. 
L. CORNELIVS. L. F. BALBVS. 



B 53 

Pareció este insigne hrmbre con singular gloria de su 
persona y de 5U isla, dándola también á su dignidad á, la 
frente de un gobierno que era ei terror del universo: prue- 
ba invencible que el verdadero mérito no es forastero en 
ningún pais, y que un hombre sabio mira por patria al 
mundo. 

Construyó Balbo i3 afíos antes de Jesu-Cristo un mag- 
níñco teatro en Roma que competía con los de Pompeyo 
y Augusto» porque era muy antanle de toda poesía, y par- 
ticularmente de la teatral, y dio en él las primeras repre- 
sentaciones ctm grandiosidad estraordinaria para obsequiar 
á Augusto cuando volvia de las Galias; y se tiene por 
seguro que los hombres y las mugeres que representaron 
en él eran de Cádiz. Ausonio describe el pormenor del 
edificio y su arregladísima y magesiuosa arquitectura, can- 
tando asi: 

«Del teatro creció la inmensa mole, 
Compitiendo en los gastos la grandeza 
De Pompeyo, de Balbo y Octaviano, etc.» 
Pero lo que mas se admiraba en el de Balbo eran cuatro 
columnas de alabastro finísimo: en en verdad obra suntuo- 
sa que ornaba á Roma. Algunos escritores han querido 
que no fuese el cónsul el fundador del teatro, sino su so- 
Í)rino Balbo el twunfador ; pero la may|>r parte de loi 
historiadores están en qtie fue el tio, aunque en laavan« 
zada e<la<l de cerca de ochenta años. 

Las acciones de la vida de Balbo y el mucho influjo 
que tuvo en las grandes revoluciones de la rejuiblica, has- 
tabün para hacerlo memorable á la posteridafl ; pero una 
que reservó para el fin de su vida dejó impresos los ves- 
tigios de s\i grandeza, no solo en los a'ninAi, siífo en lus 
corazones de los romanos. En su testamento lí'gó al pue- 
blo de R«ínia veinte y cinco dracnias ó denarios por ca- 
beza. Inmensa suma st se reflexiona que por aqiiel tiempo 
babii en Roma mas de cuatro millones de personas. 
No es creible que olvidase entre sus legados á &us ami- 



54 • ^ B 

gos , ni á sus pariente», ni á sus patricios los cadiceuos, 
especialmente á su sobrino y discfpiilo Cornelio Ba'bo. 

Aquella acción generosa compite en su linea con las 
liltimas disposiciones de Julio César y Octaviano Manta era 
la riqueza y munificencia de este español. Masdeu concep- 
túa que el valor de los veinte y cinco denarios hacían tres 
duros y medio, y que atendida la población de Roma se 
Becesitaba un catidal de catorce millones de pesos fuertes 
solo para este legado. El maestro Florea da de valor á ios 
Teinte y cinco denarios el de mil maravedises. Los auto- 
res de la Historia literaria de España y Mr. de la Nau- 
ze, citado por los mismos, llevan diferentes opiniones so- 
bre el valor de la moneda romana. 

Según se colige de su testamento vivió el ex-consul 
el último tercio de su vida en Roma, donde de edad muy 
avanzada, pues pasaba de ochenta años, murió. Sus mu- 
chos año% se suponen con los fundamentos de que se ha- 
lló en la muerte de Ático , y fue su testamentario hacia el 
año 721 , y á la construcción del t^eat^o que se dijo; por 
lo tanto se puede estender su existencia hasta el de 740, 
y entonces tendria mas^e los. ochenta, vida regular eri 
un hombre á quien no se le conoció lácio que destruye- 
se su temperamento. No consta que fuese casado, ni que 
jlejase hijos: mas con todo el Emperadqj: Balbino se Uspo* 
Jeaba ser descendiente de Cornelio Calbo. ^ / 

Se batieron diferentes n>onedas en, honor de, este gran 
hombre , de las cuales se conservan todavia algunas , y se 
eternizó ^u nombre en varias lápidas que se dedicai'on en 
im obsequip como monumentos erigidos á sit bien mere* 
.^da buenfv memoria. 
.. ^. En,!'^pu|||cstá la siguiente: 

, • L. CORNELIO 

L. F. BALDO 

COS. PATR, 

%i una dedicación de estatua que se puso ^n la ciu- 



^B 55 

"dad de Capua por decreto de los decuriones al cónsul Lu- 
tio Cornelió Balho ^ hijo de otro Lucio , patrono ó protector 
de aquel pueblo. 

(Mucho lustre y magnificencia daria á Cádiz que se le- 
vantasen en las plazas y sitios mas concurridos estatuas 
que representasen á sus mas célebres naturales , con ins- 
cripciones en sus pedestales que recordasen su existencia 
y principales hechos). 

Este notable republicano coiiserTÓ en medio de la ma- 
yor grandeza , de los mayores negocios , y á una larga dis- 
tancia , un amor grande á su tierra. El poder que gozaba 
en Roma y en su gobierno lo convirtió en beneficio de 
su Isla. A su influjo y amistad debemos atribuir todas las 
distinciones que logró la pequeña y libre república cadi- 
laiia de mano de César. De este principio nació que se 
afirmase la fraternidad de Cádiz con Roma, origen fecundo 
de su mucho engrandecimiento y constante tranquilidad. 
Tanto puede el mérito y fortuna de un solo hombre para 
ennoblecer y ensalzar su patria. Su memoria debe ser muy 
agradable á los españoles, y principalmente á los cac^tanos. 

Un autor mooCTUO dice de Ralbo : « Ilustró á Roma 
con sus escritos y acciones: supo mantener su dignidad 
en medio de las mayores convulsiones políticas del Esta- 
do. JEn la' liberalidad que en su nmerte ejecutó con el pue- 
blo romano tuvo á Cesar por modelo , y á Augusto por 
imitador. La naturaleza.no produce hombres semejantes 
^no después de muchos transcursos de siglos : en una pa- 
labra, Lucio Ralbo nació para honor y gloria de la Espa- 
ña y .para la felicidad del género humano en sus dias. >> 

Nos resta el dar la noticia de los escritos de Ralbo el 
mayor, porque no fue solamente hombre grande eu gqei- 
ra y estado , sino también sabio escritor , y muy amante 
de todo género de literatura j y con justísima razón se que- 
ian los Mohedanos de que nuestrp Suarez d^ Salazar no 
.le hubiera puesto entre sus varones de letras en el redu- 
cidísimo epítome que trabajó de ellos. 



56 B 

Los ratos que le dejaban libres las ocupaciones del ga- 
binete los empleaba en el estudio : escribió el Diario da 
¿as acciones de Cesar: á estas efemérides justamente se le 
puede dar el título de Historia de César. Balbo fue testi- 
go de las hazañas de aquel en los ejércitos, y agente de 
sus negocios en Roma , y depositario de sucon íiaza. Asi 
44o han reconocido todos ; y Suetonio para acreditar una 
noticia estraordinaria perteneciente á Cesai", alega como ir- 
refragable el testimonio de Balbo. 

Otra obra escribió bastante difusa, y parece la llamó 
Ejes;eticon, á lo menos tenia diez y ocho libros , y se cree 
tratase de \as ceremonias y ritos pertenecientes al culto 
de los Dioses. Este y los demás escritos suyos han pere- 
cido , esceptuándose solo cuatro Cartas á Cicerón que nos 
ha conservado la fortuna. El que quisiese leerlas las ha- 
llará con la traducción castellana en la Historia literaria de 
España^ tom. 4-**í ellas están escritas con mucho arte y 
nobleza: las espresiones son de un hombre sumamente ur- 
bano y político ; el estilo es de bastante energía y pureza; 
las voces muy propias y significativas : últimamente estas 
Cartas son dignas del siglo de AuguSo , y de un sugeto 
de sus luces y de su carácter (i). 



(1) Cicerón, Orat. pro C. Balho. Masdea, Hiftor. crit. de Esp, , tom. 4» 
pág. 504, tom. 7, pág. 27 , 28 y 191' Acadénüe d'Inscñp. tom. 19, 
pág. 338 , cita de Masdeu. Plinio el menor, Hist. natural y lil?. 7 , cap, 
■ 43. Monédanos , Hist. liter. de España , tom. 4. Vida de los Bulbos , y 
alli la cita de Suetonio. Justo Lipsio , de .yagnit. Rom., lib. 3, cap. 3. 
Enrique Fiorez , España Sagrada , tom. 10 , pág. 38. Suarez de Salazar, 
Ant.de Cadit , lib. 1, pág. 103 y en otras rarias. Dicción, de Moreri^ 
«rt. lialho y Cádiz. Fasti et Triiimphi Rom. , Onuphrio Panvinio , pág. 34 
de la edición de Venecia de li¿7. Bernardo de Alderete en su Origvu 
de la lengua Castellana , pág. 22. Los Comentarios de C. J, Cesar ^ trad. 
por Goya y Muniain , tom. 2, pág. 177 y 318 , y en el Suplemento , pá* 
gina 42. Nicolás Antonio, Jiibliot. Hisp. vetns , tom. 1, Matriti 178J, 
pág. 7 y sig. Mariana , ílitt, gen. de España, lib. 3 , pág, 141 del» edi- 
ción que tengo citada , j otros muchúimos autos**. 



B 57 

BALBO, EL Mexor (Lucio Cornelio), hijo de un her- 
mano del Cónsul, llamado Publio. La historia literaria de 
España calcula su nacimiento hacia el año de 680 de Ro- 
ma. No fue este menos ilustre que su tio, y tan amigo 
como aquel de Cicerón y de otro gran número de hom- 
bres célebres de su tiempo. 

Quiso ser militar, y empezó esta carrera bajo las ór- 
denes de los generales romanos que hacian en España la 
guerra contra Sertorio. Desde qu^ciñó el cíngulo militar 
manifestó mucha afición al ejercicio de las armas, presa- 
gio feliz de que habia de ser en lo sucesivo uno de los 
mejores generales de su siglo. Instruido^ en la escuela de 
tan aguerridos maestros , llegó en poco tiempo á ser la ad- 
miración de los veteranos, dando noble emulación á los 
de su edad. Aficionado á sus prendas el general en gefe, 
porque notaba en este joven constante subordinación , ga- 
llardía, valor y pundonor, tanto en cuartel como en cam- 
paña, lo llevó consigo á Roma, en donde por su justa re- 
comendación lo declararon ciudadano de la Ciudad. 

S» tio lo presentó á Cesar, y este lo llevó en su com- 
pañía á la guerra d» las Gallas, á donde prestó importan- 
tísimos servicios. Abatidos y llenos de pavor los contrarios 
y los no afectos á Julio Cesar , por su entrada armada en 
Italia y por la toma de la ciudad de Corfinio , huyeron 
precipitados de la capital con Pompeyo los Cónsules y 
Cicerón pensando pasar á Grecia, como lo efectuaron to- 
dos los parciales de Pompeyo, quedándose Cicerón en Ita- 
lia sin partido por su conocida indecisión. 

Envió Cesar á Balbo para que alcanzase al cónsul Le'n- 
tulo, llevándole cartas y haciéndole promesas muy venta- 
josas si continuaba en Roma el resto de su consulado. El 
•comisionado, activo P inteligente oaAo su tio, prevenido 
de sus instrucciones, y educado en la escuela de su polí- 
tica , adicto igualmente al partido de Cesar, fiel j recono- 
cido á su protección, practicó su encargo con la mayor 
diligencia. Pasó el mar, porque ya Léntulo lo habia pasa- 

8 



58 B 

do , yse tío con él en Epiro: venció su valor todas las 
dificultades , y en medio de las tropas ponipeyanas abrió 
las negociaciones con el Gonsul. listo sucedió el año yo3 
de la fundación de Roma. 

Algunos años después fue destinado al África con el 
carácter de Pro -cónsul, como consta por varias monedas. 
Sus esperiencias é ideas particulares en el oficio de la guer- 
ra y su osadía, lo hicieron, salir vencedor dolos Garamaíi- 
tas. Esta región era g|^ aquel tiempo casi desconocida é 
impenetrable; no tenia caminos abiertos, y aquellas gen- 
tes feíoces , propiamente bárbaros , apenas habían visto 
las águilas romanas. Estaba reservado para un general Ga- 
ditano vencer todas estas dificultades; y no solo sujetó á 
esitos africanos tomando su metrópoli Garama y los demás 
pueblos y aduares que habitaban , sino tanlbien otras mu- 
chas provincias y gentes confinantes. 

Sin ejemplar hasta entonces, se le concedió el triunfo, 
aunque era estrangero. Plínio dice que Cornelío Diilbo no 
solo fue el primer estrangero que triunfó en Roma, sino 
el único. Lo cierto es que después .de Balbo á hingim par- 
ticular se le rompió el muro de Romaf reservándose para 
sí este sublime honor los emperadores. Balbo subió al ca- 
pitolio á par de aquellos famosísimos conquistadores que 
dieron leyes y penas á toda la tierra.. ; '..il 

denota €ni los escritores romanos, tontra su costum- 
bre, que refieren con rauchá particularidad los nombres 
de todos los pueblos conquistados por este caudillo. Pli- 
nio, entre otros, describe niuy por menor < las. 'conquistas 
de nuestro general en el tiempo de su pro-consulado, y 
celebra su solemne triunfó y brillante apanitríeti esta forma: 

« Escriben los autores contemporáneos haber llevado 
en el tríimfo los noBy»res y figuras Ifc todas las otras gen^ 
tes y ciudades, fuera de Cidamo y Garama, las cuales fue- 
ron conteste orden^r la ciudad Tabidio, la nación de- Ni- 
ter, la ciudad Negligemela , la nación de Bubeyos , Vel 
ciuda«l',>Enipí nación, Tuben ciudad, el monte llamado 



B 59 

Negro , Nitibro y Rapsa ciudades , Discera nación , De- 
bris ciudad , el rio Natahur , Tapsago ciudad , Nanagi 
ilación, Boin. ciudad , Peg# ciudad, el rio Dasibarc : lu^- 
go ciudades continuas, Baraco, Buluba, Alasi, Balsa, G.i- 
la, Maxala, Cizama , el monte Giro, precediendo un títu- 
lo que mostraba engendrarse en este piedras preciosas. » 
Y sigue poco después escribiendo : « el camino para ir á 
los Garaniahtes hasta ahora no há sido conocido, porque 
los ladrones de aquella gente cubren con arena los pozos.» 

Lo conljuistadó por Balbo se dilata deáde Berbería bas- 
ta Nigricia, principalmente por Bilediilgerid y por el de- 
sierto de Saara. Fueron seis las naciones que conquistó, 
diez y nueve las ciudades mas populosas, dos montes y dos 
rios. Erigió el conquistador un trofeo en el mismo lugar 
de su principal victoria. El triunfo de Balbo'fue muy di- 
vertido , concurrido y magnífico. 

Describiremos, aunque muy sucintamente , la historia 
y carrera triunfal, por ¡ser noticia curiosa, y podremos 
acompañar mentalmente á nuestro paisano en. el' dia y acto 
de su mayor gloria. 

Esta solemne ceremonia se estableció para hóiii-ar á los 
generales en gefe victof iosos , y para entusiasmar á los su- 
balternos. Róumlo la instituyó : según Orosio y Onufrio 
Panvinio hubo 35o triunfos hasta Belisario. Habia dos gé- 
neros de triunfos, el mayor que se llamaba propiamente 
Triunfo^ y este no se concedía sino al general que fuese 
dictador, cónsul ó pretor; y el menor se llamaba Ovaciony 
y esta la obtenian los demás generales en gefe que habían 
ganado batallas, plazas etc. 

El general que pedia el triunfo tenia que dejar el man- 
do del ejército , y se detenia fuera de Roma , delante del 
templo de Belona , y no entraba en la ciudad hasta qué 
se le concedia. Escribia al Senado haciéndole relación de 
la victoria que habia alcanzado. Se juntaba este en el' tem- 
plo de Marte á donde se leían los partes de oficio, y se 
tomaba juramento á los centuriones de como era cierta y 



6o B 

verdadera la relación del gefe , y que habían quedado 
muertos cinco mil de los enemigos, pues era necesario este 
número de difuntos para decr<garlo. Luego que el Senado 
espedia el permiso, se congregaba el pueblo, quien yolvia 
el mando al general suspenso, y aprobaba el triunfo, y se 
señalaba el dia, 

Coronado de laurel el triunfador, teniendo en la ma- 
no derecha un ramo de aquel árbol, vestido de púi-pura 
Lordada , y montado en un carro de marfil , arengaba al 
pueblo y á los soldados convocados en un mismo sitio , y 
regalaba parte de los despojos prisioneros. El Senado se 
trasladaba al dicho templo de Belona. El orden que lle- 
vaba la procesión era de este modo. 

Marchaban primero los trompetas, luego los toros des- 
tinados para el sacrificio, engalanados con cintas y coro- 
nas de flores, y aun con los cuernos y pesuñas doradas; 
seguia el botin tomado á los enemigos, llevado en carros, 
ó por soldados mozos, y las imágenes de las naciones y 
ciudades subyugadas, y de las demás tierras, ríos y mon- 
tes agregados de nuevo á la república. Después iban los 
reyes y capitanes cautivos con cadenas de oro ó plata, raí- 
da la cabeza en señal de servidumlN^e, y los acompañaban 
músicas y oficiales del ejército vencedor. El que cerraba 
este trozo de la pomposa marcha era un bufón que iba 
haciendo burla de los vencidos, y encareciendo la gloria 
de los romanos. Aparecia luego el triunfador en su carro 
de marfil á modo de tone , enriquecido de oro, con so- 
las dos ruedas, y un tiro de cuatro caballos uncidos de 
frente: caminaban detrás los senadores y los soldados, lle- 
vando en sus manos ramos de laurel, y cantando alegres 
himnos. Repara Tertuliano que mientras se ejecutaba esta 
función un ministro iba á la espalda del cano del triun- 
fador diciéndole : Acucrdntc que eres hombre. » 

Dejando los campos Vaticanos pasaban la puerta y puen- 
te triunfal, entraban en el Campo menor, seguían por la 
vía Recta, teatro de Pompeyo, circo flaniinio, pórtico de 



B 6i 

Octavia, teatro de Marcelo, circo Máximo , \ia Triunfal, 
anfiteatro Flavio, via Sacrt*, y subian últimamente al Ca- 
pitolio á donde seiofrecia, el ;solenine y cruento sacrificio 
á Júpiter Óptimo y Grande. Acabada la profana oblación 
con los íití)9 prevenidos , seg'uia un espléndido banquete, 
tras lo cual acompañaban al triunfador á su palacio. Era 
á veces tan numerosa la comitiva triunfal , que se pasaban 
algunos dias .hasta acajDarla de ver. 

Sucedió el célebre y memorable tiiunfo de Cornelio 
Balbo el 27 de marzo del año 784 de la fundación de 
Koma, y antes de la venida del Redentor el 19. Los Fas- 
tos triunfales recuerdan el nuestro de este modo : 

L. CORNELItlS. P. F. BALBVS. 

PROCOS. A. _DCCXÍ.XIV. EX. 

ÁFRICA. VI. K. APRIL. 

También le condecoraron con la sacra vestidura del 
Pontificado , como lo espresan las leyendas y signos de las 
monedas de aquella época, que se acuñaron para tener vi- 
va la memoria de aquella dignidad ; pero no sabemos el 
año fijo en que lo eligieron. También ignoramos lo que per- 
maneció en Roma después que triunfó ; pero parece no 
quiso mas empleos y cargos, y vivió con sosiego. La Isla 
en que habia nacido, y en la cual suponemos habria fija- 
do su morada, le llanió todo su conato. Fundó en ella 
otra ciudad , y le dio el nombre de Neapolis , ó Ciudad 
nueva , mucho mayor que la antigua , y la adornó con sun- 
tuosos edificios. Se tiee mandó hacer el dilatado acueduc- 
to llamado de Tempul , que. traia ^1 agua a Cádiz y demás 
pueblos de su Isla , desde once l.eguas de distancia , por 
parages quebradísimos , y en los cuales para buscar el ni- 
vel seria menester hiciese costosísimas cañerías ó acequias 
con elevados arcos. Se escribe por Florian de Ocampo,' 
óüe el puente que se llama ahora de Zuazc», respetable y 
célebre por su antigüedad y por «1 sitio en que está cons- 



62 B 

truido , tacnLien lo costeó catorce años antes de Jesu-Cf is-» 
to , y creemos sea cierto , para«ÍJue diese lugar á transitar 
al continente por íirme , y paraj que sirviese de continua- 
ción al acueducl?Or' í ' ti; .') 

Fuera del territorio insular edificó otr^ ciudad,' á la 
que llamó Belon, y estaba inmediata al rio llamado hoy 
Barbate, y al cabo Trafalgar. Promovió la marina y el co- 
mercio de los caditanos, construyendo en la parte fron- 
tera de su'islaial continente un arsenal para la construc- 
^cion y «arena de los buques: yo creo que seria sobre el 
Trocadero, porqué jen la parte del Puerto de Santa María 
estaba el Portas Gaditanus habia ya siglos; y como en el 
de Balbo Cádiz estaba en tanto esplendor, que aun la mo- 
derna Londres 'no' íe 'igualai-a'eiií población y riqueza, se- 
gún testimonfios de Ver<ícés contemporáneos , necesitaría de 
nuevos diques y almacenes- . ,;: 

Nada mas se nos dice por los historiadores de Balbo, 
i4i dé" cuando acaeció sÜ fallecimiento; nos persuadimos 
áóabat-ía en su ^ais cohifadó de días', poi'que deftde otro 
paragé distante nó' hubiera podido' atender con facilidad a 
tati'éttórmés 'Obras, vS. hubiera visto realizados tai^ gran- 
des proyectos (i). 



_ I I 

CO K'^p.ologético de Q, S. F. Tertuliano , cap. 53, pág. 145 de la trad, 
de Mañero , edición de Madrid de 1637. Pt'stí et trUtmphi Rom. pág. 209. 
Plinio Segundo , Hisi. nat,, trad. por Gerónimo de Huerta , lib. S,- 
cap.5, pág. 170. Mariana, Hist.gen. de Esp.^ tomo 1.*, lib. 2.', pág. 147il 
Masdeu, Hist. ctit.deEsp.^ tomo G, pág. 215. Tácito , lib. 1 1. Campo- 
manes, Ilustración al Periplo, pág. 58. Straboo, Geografía, trad. por Ló- 
pez, lib. 3, pág. 244 y siguientes. Ponz , Fiages , tomo 17, pág. 501. 
Mohedanos , Hist. lit. de Esp. , tomo 4. Vidas de los fíalbos. Alderete , Ori* 
gtn de la lengua cutt, pág. 23. Flores , Suarez , y otros muchos. 



B 63 

> . BaIbos (la Ií?imiliíi de los), era ilustmlma en Cádiz, 
y de Us mí^ anti^^g. JU?^ enlíi?e$ que tuvo ;con otras de 
igual clase de la PenííksjíÍA fy 4^^ Italia,; aun le dio mas es- 
plendor, como también los muchos hijos distinguidos que 
ella produjo, ya en armas,, ^ £n letras y ya en empleos. 
Escribiremos algunos. 

;: ,[ Jjuclo LuoiLío B4.tjRfi.„ esíf lente jurisqonsulto, discípu- 
lo, de ,Mucio Scévolíia y: pr^.íeptor.de^.fléleLire $ervio Sul- 
picio , : florecia h^ícip :^ a(^o. ,de 6j^p d^. ,Ro,m^, y: 83 antes 
del nacimiento del Señor^ 



; QuiNxa LrciLio-)B(i[Lj|0', ;6Ip8ofo estoico. j á quien Ci- 
;€^on iiace hablar* ea áu diíílogo de la, naturaleza de los 
Dios^e». 



'¡i:-.[ i-(lÍ ••!> . , ;... 

-, _ PqBLío OcTA.vil!l,BAtt^i: Jbveo,(JMÍ$<consylto^! (ae con- 
temporáneo, de C¡C€|ii'Qn^(q.ui<íp,¡Lí> alaba por su genio, por 
sus buenas propiedades, y otras- bellas prendas que lo ha- 
^«ibn; amable; -.'Mti-fo-r-^,; ^-r.íoO o!* .mí;K) -M-ht-i ; 

;»ji)ff!i ri 1> ü.')n&illp 

.,.'\l(gGm.\OcvA^\m Bihib^Otr-al <|ue np da ime!nos,ia)abanza^ 
M imi$mbi Mttuco ;Tiilio iCiíeToa qwe ailaateqtídente. , 

• .-.í/ilüanKJ fcoi^ ffoíi'jf ii^. ■ 

.i)f;qM¿;> 

Marco Nonio Balbo, hijo de otro M'4^'(}Q^¡Jíiéie V^^a- 
ria, fue Prefecto proconsular en la ciudad Hcrculánea, por 
los años 70 de nuestra Era , cuando inqjcraba Vespasiano. 



Si ?B 

Otro CoRWEtio Balbo, de quien Marco Aurelio, Emí- 
pei-ador de los Romanos, fue nmy amigo , y por cuyo res- 
peto dio á Pesoennio Ní^ro él mando de una legión. 



Hace mención el Sr. I>. Antonio Agustín de haber 
emparentado los Bafbos con la familia Nevia de Roma, y 
'pone entre otras medallas una de plata con estas letras 

C. N^V. BALBO. 

A mas de esto sabemos por el mismo esclarecido au^ 
tor que igualmente se enlazó con la casa Thoria, y con la 
de los Antonios- de la dicha ciudad de Roma. Algunos 
creen que el Emperador Octaviano Augusto descendía de 
esta familia , como asi mismo el Emperador Balbino. De 
esta suerte el linage de los Balbos díó a la República é 
'Ihiberfo' Romanó cónsules, triunfadores, emperadores, pro- 
cónsules, pontífices, valentísimos soldados y habilísimos 
jurisconsultos. 

El Emperador Claudio Cesar , perorando á favor de los 
franceses, á quienes el Senado, como á estrangeros, no 
qtiería admitir en el orden ecuestre, llamó á la memoria 
del pueblo la beneficencia de los estrangeros caditanos. ¿Por 
ventura , dijo , se ha arrepentido jamas la ciudad de Ro- 
ma de haber acogido en su seno ? los Gornelíos Balbos? 
Viven todavía entre nosotros sus descendientes, y vemos 
que en el amor por esta patria no ceden seguramente á no- 
sotros mismos (i). 



(1) Masdeu , Hist. crie, de España , tomo 7 , pág. 28 y 191 : tomo 8, 
pág. 279. Agustín, Fam. Rom., pág. 172. Parte Archeológiea de Cadit, 
MSS. núms. 67 y 68. 



B 65 

Bartolomé de Amata. De este valeroso y afortunado ca- 
pitán solo se sabe una acción empeñadísima que tuvo con 
los moros. Salió de la villa de Jimena, obispado de Cá- 
diz, con 1 20 lanzas á correr la tierra de moros (costum- 
bre que tenian en aquellos tiempos los caballeros) á me- 
diados de julio de 1 480. Se internó hasta llegar á vista de 
Marbella, y sintiendo los enemigos su correría juntaron 
2.000 peones y 4oo ginetes , con los que cargaron so- 
bre los cristianos , acosándolos hacia la playa , y no tuvie- 
ron otro recurso que el acogerse á unos adelfales espesos 
inmediatos al mar. Animaba gallardamente Amaya á los 
suyos en tanto riesgo , y los moros discurrian mientras có- 
mo podrian rodearlos de forma que no escapase ninguno. 
La situación de Amaya era crítica , y ya trataba de 
abrirse paso desesperadamente , y morir con los suyos ma- 
tando moros , cuando por fortuna asomó por la costa 
el capitán Luzian Marrufo , vecino de Cádiz (y el prime- 
ro de su familia que vino á esta ciudad desde Genova su 
patria con una escuadra de galeras), que con cuatro ber- 
gantines caditanos cruzaba por aquellos mares, y recono- 
ciendo la multitud de moros en son de guerra , y á los 
cristianos en el bosquecillo, echó con presteza en tierra 
cuatro bateles con alguna gente, y mandó decir al co- 
mandante Amaya que embarcase sus tropas,en sus fustas, 
pues tenian el paso de la marina libre, y de otra manera 
le parecia imposible salvase su vida y la de sus compañe- 
ros con tanta muchedumbre de infieles como los cercaban. 

Supusieron los enemigos lo que trataban los castella- 
nos, y procuraron coger la playa, disparando sus armas 
contra los bergantines para alejarlos, y embistiendo con 
fuerza por la bravura que les daba su crecido número, á 
ips de Amaya, se trabó una muy desigual y reñida bata- 
lla. Era día de Santiago, y el valiente gefe, invocando su 
nombre, según uso, y esforzando con indecible valor á su 
gente, se ntetió con sus lanceros por el escuadrón de los 
agarenos con tanto íinpetu , que á los primeros encuentros 

9 



% 



^66 B 

quedaron muertos 200 ginetes y gran número de peones, 
huyendo los demás á rienda suelta. Quedó el campo por 
los cristianos, que 'ricos de despojos y cautivos, habién- 
dose despedido tiernamente de los de la escuadrilla, vol- 
vieron sin ser de nuevo incomodados a Jimena, con sola 
la pérdida de un hombre, el cual huyendo de la batalla, 
y queriendo ampararse de un batel, le alcanzó una flecha; 
pero vengó su muerte uno de los marinos, porque subien- 
do en el mismo caballo del difunto, y entrándose en la 
refriega, ayudó á conseguir la victoria. Se creyó debida á 
la aparición de Santiago, y los de Jimena edificaron una 
hermita, dedicándosela al Apóstol en mtímoria del triunfo. 
Cieitamente que hubo algo de prodigioso en este hecho, 
y mas si es cierto el número de los muertos moros y cris- 
tianos. Yo creo se deberá aumentar el uno, y disminuir 
el otro, y siempre queda lugar al milagro (i). 



Bartolomé de Ama ya, caballero y regidor de Cádiz. 
Siendo <»apitun de infantería de una de las poquísimas 
compañías que presidiaban la plaza, se le mandó guarne- 
ciese con los 80 hombres de su mando el baluarte del Car- 
boii, cuando ^e avistó la armada inglesa en 3o de junio 
de 1 ^'>q6. Al poco rato se le ordenó dejase la posición que 
habia tomado, y fuese á situarse con la .mayor presteza 
en la Caleta, por donde parecía querer el enemigo efec- 
tuar el desembarco, porque la estaba sondeando: obede- 
ció al momento- j pero los ingleses tomaron tierra por otra 
parte diametralmente opuesta. Amaya, previendo la desdi-» 
cha que iba á sufrir la ciudad por la ífíita de guarnición, por 
el poco orden , ninguna inteligencia en la táctica de lai 
guerra, y el desorden en todos los ramos de la adnúnis- 
tracion, acudió á defender el castillo y ciudad vieja. 

m : . . — 

(i) Concepción, Cádiz ilustrada , pág. 388 y siguientes. 



B 67 

Viéndose ya todo perdido , lo escogió la gente refu- 
giada en ella para salir á capitular. Sostuvo con sus com- 
pañeros el honor de la Nación enmedio de tanto envile- 
cimiento ; y después de la capitulación fue uno de los 
nombrados, para que puesto en la puerta del Muro con 
oficiales ingleses, no permitiese salir con el pueblo á los 
tomados por rehenes. A él también le tocó ser de este nú- 
mero , y lo llevaron á Inglaterra á pasar incalculables ma- 
les, y para ser tratado enmedio de un >pais que se creía 
culto, como en el de los hombres mas feroces. AUi pade- 
cieron tantos infortunios y sustos, que baste decir llegó 
el caso de sacarlos de la horrenda cárcel donde yacian, 
para ser ahorcados, y ya dispuestos como cristianos y ca- 
ballerois á recibir cruel é ignominiosa muerte por sus her- 
manos, permitió Dios que á fuerza de dinero rescatasen 
sus inocentes vidas. El 16 de julio de 1596 los sacaron de 
Cádiz, y no volvieron hasta julio de i6ü3. ¡Cuan largos 
se les harian los 7 anos! 

Este Amaya, ó su padre, estuvo en la presa de la ga- 
leota mora que se refiere en el artículo siguiente: 

Ñuño Villavicencio, y Cristoval Marrufo Negron eran 
también capitanes de los que hubieran defendido á Cádiz 
con sus compañías, y regidores de su ayuntamiento, y fue- 
ron de los conducidos á Inglaterra ; y Diego Hernández 
de Baeza , que también era regidor ; y de los caballeros 
particulares que se llevaron los ingleses se cuentan i Juan 
de Villavicencio, otro Ñuño de Villavicencio, Hernando 
Baeza, Alonso Nuñez de Herrera, Alonso de Baeza, Pe- 
dro de Baeza, y Pedro del Castillo, de quien hablo sepa- 
radamente : estos sugetos los he entresacado de la lista de. 
todos los demás rehenes, por tener apelhdos de los que 
he puesto en esta obra, y por creerlos caditanos (i). 



( 1 ) Fr. G(>r(Sniino de I« Concepción , Emporio del Orbt , -Cmdit iluslrm- 
</«, páginas 41 7 y «iguiente» hasta la 4,56. . 



68 B 

f Bartolomé EstopiSat nació á fines del siglo quince ó 
principios del diez y seis , su padre y su tio sirvieron en 
el ejército de los Reyes Católicos. Fue Bartolomé capitán de 
las galeras Reales. El año de i546 atacó por sorpresa la 
importante plaza de Larache en África con diez y ocho 
navios de remos, según un manuscrito anónimo que con- 
servo de la historia de Cádiz hasta el ario de 1 588 ; pero 
el Moreri escribe con 28 bergantines y 600 hombres, pa- 
gado todo el armamento á su costa, con el cual se puso 
una noche sobre el puerto de Larache sin ser sentido; y 
saltando en tierra con el silencio del alba , se apoderaron 
con viveza de la mayor parte del pueblo, saqueando y 
cautivado cuanto encontraban sin resistencia , por lo des- 
cuidada que estaba la gente en el reposo de la noche. 

Pero sentidos ya á lo último y acometidos por los mo- 
ros en fuerzas ^uy superiores, padecieron los cristianos 
al tiempo de la retirada (por no ser en el mejor orden) 
notable pérdida de sangre : no obstante cogieron los bu- 
ques, y se hicieron á la vela, sin que se sepa fijamente 
quedase ningún español cautivo ni muerto •, aunque el 
P. Concepción crea se perdió en esta jornada el capitán. 

En una acción bastante peligrosa que sostuvieron unos 
pocos de soldados que habia en Cádiz, en unión con sus 
vecinos y los de la Isla, contra los moros en el año de 
15^4 en la playa de Santa María, inmediata á la torre 
llamada Gorda , se distinguió el viejo capitán Estopinan 
por su denuedo, destreza y consumada prudencia y espe- 
riencia militar. £1 manuscrito que arriba cité hace la re- 
lación de este suceso bien circunstanciada, y por esto la 
copiamos aqui. 

• Tomaron los vecinos de Cádiz una galera ó galeota 
de turcos reforzada de 22 bancos á una legua de la ciu- 
dad, en su isla, junto á la Almadraba de Hércules, la cual 
con otras seis habian dado alli de noche, y puesto gente 
en tierra, que cautivaron muchas personas que estaban en 
las caserías de la Isla de León, y muchas alhajas en qu« 



B 69 

hicieron presa. Queriéndose pues ir con ello, acertó á que- 
dar esta galeota en seco: en el Ínterin que esto pasaba, un 
renegado que había saltado en tierra con los que salieron 
á saquear , se vino para la ciudad mediante la comodidad 
de la noche, y dio aviso de lo que pasaba , certificando 
que si luego les acometían, no se escaparía ningún turco 
de los que estaban en la isla: mas no dándole crédito, antes 
teniéndole por espía y sospechoso, le aprisionaron; pero con 
todo eso enviaroit seis caballos q ue reconociesen la costa. 
«Antes que diesen la vuelta llegaron algunos hombres 
de la tierra y aseguraron ser verdad lo que el renegado 
dijo. Asegurados de ser cierto el lance, toda la ciudad se 
puso en revuelta , la gente inquieta y con recelo , no se les 
armase alguna emboscada, para que desamparando la ciu- 
dad por acudir á lo de la isla , se la acometiesen; mas 
venciendo estas y otras dificultades , acudieron á lo que sa- 
bían , no descuidando de la guarda del pueblo. Fue la ma- 
yor parte de la gente con las armas que podía haber y la 
priesa le daba lugar. Tan buena diligencia hicieron, que antes 
que la marea creciese, y la galeota nadase, llegaron á verse 
con ella, con lo cual tuvieron un recio acometimiento y ba- 
tería, harto diversa y contraria los unos de los otros.» 

«Los de la galeota eran mucha y buena gente, diestra 
y armada, y encubiertos de reparos y paveses, con esco- 
petas, mosquetes y saetas; los de la ciudad descubiertos 
en la playa, y sin ningún reparo; pero su ánimo era tal, 
codiciosos de la presa de libertar los cautivos, y no per- 
der reputación, que sin ningún recelo de la vida entraban 
por el agua que les daba sobre los hombros, otros á na- 
do con las espadas en la boca, cual hicieron aquellos va- 
lerosísimos soldados del campo del Emperador Garlos V 
en el rio Albís; así aquí estos de Cádiz á fuerzas de sus 
brazos contrarrestando al enemigo, y á la inquietud del 
mar que andaba algo levantado, rindieron la galeota, no 
obstante el artillería que se había disparado de ella, y de la 
que jugaban las otras que estaban cerca. 



70 B 

' « Caso fué este pocas veces sucedido , que gente de á 
pie tomase navio dentro de el mar: tanto era el dolor que 
dio á todos al ver {sus parientes y amigos en poder de aque- 
llos infieles, y que se los llevasen á su vista, que hasta las 
mugeres y muchachos á porfía iban á hallarse en la refrie- 
ga, y llevaron dos piezas de artillería medianas por aque- 
lla playa y arenales, con tanta velocidad y presteza, co- 
mo si fueran de corcho , según afirman los mas de los que 
hoy vwen que se hallaron presentes. La^otras galeotas se 
fueron sin haber podido socorrerla, por no quedar en se- 
co, y porque no les sucediese otra tal fortuna. Murieron 
tres vecinos en el combate, y los heridos fueron muchos 
y de pehgro. De los turcos hubo muchos muertos y mas 
heridos, y dióse libertad á mas de setenta cautivos cris- 
tianos. » 

Hasta aqui el manuscrito que podemos conceptuar co- 
mo contemporáneo al suceso. Este glorioso escarmiento 
que sufrieron los moros ó turcos, ladrones eternos de nues- 
tras costas, dio argumento al poema en octava rima de Don 
Bernardino López de Moncayo, que no he podido leer; y 
á la comedia Las Amazonas de Cádiz., que es bastante 
mala. Refiriéndose á este poema el P, Concepción , hace 
subir el número de muertos de los caditanos á 8o entre 
el acto del combate y sus resultas, y no es estraño, porque 
casi todos los heridos murieron, entre los cuales fue uno 
Diego de Horozco, regidor, á quien dieron un saetazo en 
la frente, y al poco rato murió. Siete fueron los buques 
que hicieron un desembarco de aoo hombres; crecida tro- 
pa para la despoblación en que estaba la isla. 

Vueltos á la ciudad los victoriosos , en memoria del 
triunfo celebraron una solemne procesión , en la que iba 
su Obispo D. García de Haro de pontifical, y dando á Dios 
las debidas gracias, colgaron en la Catedral las bandt:ras 
morunas, donde permanecieron (con otras muchas gana- 
das á costa de sangre y valor) hasta la destrucción de Cá- 
diz por los ingleses. 



B 71 

Los que mas se señalaron en la embestida fueron el cor- 
regidor Pedro de Obregon, y el Juez de Indias Juan de Ava- 
lla^ y de los ñuespos Juan de Soto y Aviles, D. Ñuño de 
Villaviccncio , Santi Fantoni, Cristoval Marruí'o de Negron, 
Bartolomé de Amaya, el General Juan de Medina, Pedro 
del Castillo, Diego de Polanco, Juan Bautista Boquin, Pe- 
dro de Tarifa, Pedro de Benavente (este caballero tenia 
todos los veranos á su sueldo sesenta soldados en Cádiz), 
Antón del Poyo, Francisco de Ordiales, D. Juan de Haya 
y Sebastian Pérez del Castillo (i). 



Bartolomé José Zaporito nació en i5 de julio y fue 
bautizado en 22 del mismo mes y del año 1696, hijo le- 
gítimo de D. Juan y de D." Águeda Serrano. Le pusieron 
á estudiar en el colegio de la Compañía de Jesús de Cádiz, 
y llegó hasta tener conclusiones generales de toda la filo- 
sofía en el dicho colegio; y asimismo las sostuvo de toda 
la teología qucelibet pro potissima en el colegio de S. Her- 
menegildo de Sevilla. Después fué á Granada, y lo reci- 
bieron en el colegio del Sacromonte el diá 12 de setiem- 
bre de 17 1 2, y despidió la beca en 1714. 

El Cardenal de Belluga lo nombró su familiar , y lo lle- 
vó á Roma , donde se graduó de Doctor en teología , cáno- 
nes y leyes en la Universidad de la Sapiencia j aunque antes 
en Granada se habia también graduado de Licenciado, y 
lo habia nombrado su amo Examinador sinodal de su Obis- 
pado de Murcia; y presidió un acto de conclusiones en el 
Archigimnasio romano. Clemente XI lo eligió para un Obis- 



(1) Diccionario ele Moreri tn español^ art. I. ¡xa. CnmperuUo de la An- 
tigüedad y población y primeros moradores de la isla y ciudad de Cádit, 
Anónimo y manuscrito^ cap. 11 dcl lib. 1.* Concepción, fm/^rmi» dtl Or- 
**» P»g. «00 y 594. 



72 B 

pado inpartibus en 1718, y lo renunció, teniendo tan so- 
lo 22 años; pero su mérito era bien conocido de su San- 
tidad. 

Volvió á Granada, y en 1 5 de setiembre de 1719 tomó 
la beca del colegio mayor y Real de Santa Catalina mártir. 
Belluga tuvo que asistir al conclave en que se hizo la 
elección de sumo Pontífice en Benedicto XIII á 29 de abril 
de 17^*4» y acompañó á su Eminencia en el encierro. El 
nuevo Papa nombró á Zaporito Protonotario apostólico en 
curia, Teólogo Diputado de la santa Iglesia romana en el 
Concilio Lateranense del año siguiente de 25; y Promotor de 
la Misión Urbana, cuya erección y constituciones consiguió 
fuesen aprobadas por su Beatitud. 

También lo declaró por este tiempo el Sr. Obispo Car- 
denal Belluga por maestro de su cámara, su teólogo y su 
confesor ; y el Arzobispo de Genova por examinador del Sí- 
nodo de su diócesis : el Padre Santo que lo amaba mucho, 
lo habia nombrado también su camarero participante, cu- 
yo destino no aceptó; pero sí el de Prelado doméstico. Rehu- 
só igualmente un Arzobispado titular, no teniendo mas que 
ap años de edad , porque era tan humilde como sabio ; pe- 
ro poco después le obligó el Pontífice á consagrarse por 
Arzobispo de Anazarbe; y últimamente Clemente XII que 
ascendió á la Cátedra de S. Pedro en 12 de julio de 1730, 
lo trasladó á la silla metropolitana de Genova , habiendo lo- 
gi'ado las mayores confianzas y distinciones de tres grandes 
Pontífices. 

Monseñor de Franchi, Arzobispo de Genova, falleció en 
ao de febrero de 1746, y tomó Zaporito posesión de esta 
diócesis en 27 del dicho mes y año, habiendo estado de 
coadjutor, y con letras espectaticias algunos años. 

Concedió Benedicto XIV un jubileo para implorar la 
divina misericordia en tanta calamidad como sufria por la 
guerra la república genovesa, amantísima de su libertad 
é independencia; y al publicarlo el diocesano decia en la 
pastoral: «que exhorta á todos los fidelísimos subditos déla 



B 7^ 

república para que ganasen las indulgencias y perdones. » 
El día después se halló fijado efl las puertas del palacio ar- 
zobispal un pasquín que decía: Quicumque dixerit popU' 
lum genitensem esse < subditum reipublicce ^ anathenia sit. Si 
alguno dijere que el pueblo gehovés es subdito de la í6- 
pública, sea anatematizado: se hicieron pesquisas por el 
gobierno para descubrir el autor; pero filfcrfcn en valde, y 
á'Otro dia volvieron i á poner segundo pasquín, en el qu« 
se leía: Quis gst kicyqmén es este, e¿ Imidabimus eum? y 
lo alabáronlos ? Y desde entonces ambas autoridades no usa* 
ron de aquella frase que descontentaba, sustituyendo las 
de Fíeles amadores del pueblo, . 

No influyó, éste acaecimiento para que el prelado per- 
diese nada del amor . y del respeto que le tenían sus- hijos; 
y al año siguiente de 1747 en que se formó un bAtallen 
preferente, del cual era Coronel el Dux, nombraron por 
capellán al Sr. Arzobispo. En 16 de junio Monseñor á la 
cabeza de una compañía de Clérigos, y de toda su propia 
numerosa servidumbre de camaresos, pages y otros dome's- 
ticós , pasó á hacer la revista del gran concurso de sacer-s 
dotes , que para la defensa de la patria estaban acampados 
en la empalizada de Bisagno. 

Rechazados los austríacos de Genova , con la mayor glo- 
ria , ratificaron los habitantes de aquella ciudad, en presen- 
cia de su Arzobispo, el voto del patronato de la santísima 
Ylrgen) y ép. ao dé jüHo ,de 17^7 mandó S. E. rendir á 
Dios las debidas gracias por tanta victoria. Publicó un per 
queño catecismo que corre impreso con su nombre (y no 
he podido ^canzar). Seguía ocupando su silla este digno 
pastor, j gobernando á su grey en 1750. En 1751 hubo 
diferencias entre el Senado y el Arzobispo sobre la prefe- 
rencia en la procesión del Corpus. En 1758 se esmeró en 
'festivas y religiosas aclamaciones cuando Ip creación de Cle- 
mente xm. 

Lo último que sé de Monseñor /as, que se hallaba graf 
renií-nte eafermo cpn universal sentiniientp de toda aquella 



74 B 

su diócesi, y para implorar de Dios el restablecimiento de su 
salud se hacian fervorosas togativas en todas las iglesias de 
«Ha: esto era al piincipio del año de 1761. 

Se conserva en el colegio del Sacromonte de Granada 
un retrato del Sr. Zaporito, y quisiéramos escitar el celo 
del Excmo. Ayuntamiento de Cádiz para que mandase sa- 
car una buenatt^ia de él , asi como de otros retratos que 
aun existen de caditanos ilustres. El de el Sr. D. Pedro 
Ceballos está en el Real Alcazai* de Segovia : el del Sr. D. 
Ventura Moreno lo tiene D. José Gutiérrez de la Huerta, 
en Cádiz : el de D. Antonio Fónt para en casa del difunta 
Conde de Maule, en Cádiz: el de D. Clemente de Torres 
lo posee D. José Minio, en Cádiz: el del V. Cantalejos es- 
tá en la parroquia del Rosario de Cádiz muy mal conser- 
Taido: el del Sr. D. Vicente To^ñ o puede estar en la Aca- 
demia de Guardias Marinas de S. Fernando: el de D. Ra- 
fael La-Iglesia lo tiene en miniatura su hermano D. Fran- 
cisco en Jerez: el del Canónigo Pavia se ve en el hospi' 
tal de mugeres de Cádiz ^ en la antesacristía: el del Sr. D. 
Antonio Ricardos se hallará en una estampa que se publi- 
có en Madrid : el del Penitenciaro Huarte lo tenia su her- 
mano D. Francisco : el M. Fr. Ciríaco de Toledo está pues- 
to en los claustros altos de S. Agustin de Cádiz; y el del 
General Duque lo vi en casa de su hijo D. José en Jerez: 
el del Marques de Urefia se halla en una estampa que ten- 
go, y mandó hacer su hijo : el del V. P. Fr. Pablo de Cá- 
diz lo he visto en la portería del convento de Capuchinos 
de Sevilla : ^1 del V. P. Fr. Salvador de Baeza^stá colgado 
en los claustros altos del hospital de S. Juan d^Dios de Cá- 
diz: el de D. Torcuato Cayon se halla en la ermita de S. 
Antonio de la ciudad de S. Fernando , y no sé si habrá de 
•tros. Esta colección , á la que se le unirían los retratos del 
V. P. Fr. Diego de Cádiz, y el del Sr. D. Rafael Menacho, que' 
están en las casas consistoriales de Cádiz, es poco costosa; pe- 
ro de mucho estímulo, y un ornato propio para una galería 
• sala capitular, y se reputaría siempre como un proyecto 



B 75 

verdaderamente patriótico. Uñase á los dichos retratos di 
del Dr. D. José Celestino Mutis , de quien hay estampas. 

El benemérito y sabio valenciano D. Antonio Pona noí 
comunica otra buena idea: «Todas las ciudades, dice, ha- 
bían de imitar á Burgos, colocando lápidas en las paredes 
de sus calles principales y pAazas , que dijesen los gran- 
des sucesos ocurridos en ellas, los nacimientos de hombres 
famosos en toda¿ lineas, y seria este un libro poco costoso, 
que instruiria con menos trabajo á las presentes y á las fu- 
turas generaciones, estimulándolas al verdadero mérito. « Y» 
sé de algunos que se apresurarían á poner alguna de estas 
lápidas, si el Magistrado se lo permitiera, para eternizar 
la memoria de los 'que le pertenecieron , y cuyos non>bre« 
8C hallan en esta obra (i). 



Bbatriz Gienfuegos escribió un periódico 4Ítulaao 
la Pensadora Gaditana^ que se imprimió en Cádiz con li- 
cencia del Consejo en casa de*D. Manuel Jiménez Garre- 
ño en el amo de 1786, en cuatro tomos en octavo. Es obra 
que tiene cosas buenas y dichas con oportunidad; el pró- 
logo está escrito con chiste y crítica ; hablando en él coa 
«US lectores les dice: 

«Yo, señores, gozo la suik'te de ser hija de Cádiz: bas- 
tante he dicho para poder hablar sin vergüenza. Mis pa- 
dres desde pequeña me inclinaron á monja ; pero yo siem- 
pre dilaté la ejecución, ellos porfiaron, y para conseguir 
el fin de sus intentos me enseñaron el manejo de los I^ 



(() Libros parroquíalei. Libro de registro del Colegio del Sacro- 
monte de Granada, y del colegio mayor Catalino. Compendio delle Storíe 
di Genova, dall anno 17áO, tomo 2.' p. 122, 102, 227, y 253. Ponz, 
Fhtges, tomo 12, pág. 89 de la segunda edición. Gacetas de Madrid de 
20 de julio do 17il,de li de agosto de^ó8, de 3 de febrero de 176i. 



^76 B 

bros, y formaron en mí di buen gusto de ías letras:, ^r* 
lo que dáriílame mae$tros, con'alguna aplicación mia, mfe 
impusieron en la latinidacl. Sé hacer ua silogismo «n ¿¿zr- 
hara y j' no ignoro qué la materia primera no puede exis- 
tir sin la forma: con estas bachillerías y seis años de re-' 
clusion en *in convento he salido tan teóloga , que todos 
en tai casa me veneran por ,uniá Sibila: yo bendigo la me- 
sa en latin, rezo el jéngelusDomini cuasi en griego^ y tam- 
bién les ofrezco á las a'niniiiis responsos con su poquito de 
réquiem wternam ; y al oir esto mi padre que es un hon- 
rado montañés, me ha dicho muchas veces que si su San- 
tidad tuviera noticia de mi míM/ic/e/íc/íz^ quizá por anímai^ 
á las demás á estudiar, rae dispensária para poder ser guar- 
dián , prior ó vicario de alguna comunidad de religiosos 
donde lucieran mis talentos, ya en el piilpito, ó en el con- 
fesonario »/ 

. Se imprimió también en IVradrid la Pensadora Gadita" 
/z^ según. el Suplemento de la gaceta de aquella- corte de 
i3 de setiembre de 1786. 

Se cree por algunos qut esta autora se cambió el nom- 
bre, otros que tomó el apellido de sú madre, y aun hay 
quien diga que era un escritor con el velo de una muger: 
lo cierto es que no la he. podido encontrar en los libros 
de bautizados de la catedral. 

Ahora que menciono los#ibros parroquiales no pue- 
do menos de declarar lo muy agradecido que estoy á 
•los Sres. Curas propios del Sagrario D* Francisco Gutiér- 
rez de Salceda y D. Diego José Escudero por la bondad 
T paciencia con que han sufrido mis reiteradas imperti- 
nencias, satisfaciendo con el agrado mas fino y constante 
á riiis muchísimas majaderías para la recTílicácion delei- 
tas, y franqueándome el archivo parroquial (único en su 
clase en Cádiz hasta el ano de 1774) con la mayor gene- 
rosidad, franqueza y confianza. Si hubiese mucho^ como 
estos venerables y sabios párrocos, mas hubiera yo escii- 
to y menos trabajado , y la patria luciera en mas' hijo». 



B 77 

Asimiáincr viviré reconocido por su favor y por las moles- 
tias que toleró mias , al archivista de la misma parroquia ( 
D. José Fació, presbítero ejemplar (i). 



Sáwta Benita , virgen y abadesa del monasterio cadii- 
taño del orden .de S. Benito. Diligentísima la iglesia cris^ 
tiana en perpetuar la memoria de los verdaderos* Santos 
que reinan con Cristo, ha conservado en todos tiempos y 
con el mayor cuidado las historias de las vidas de los que 
vivieron y murieron en paz, ó las actas de los que en los 
tormentos 'hicieron pviblica confesión de creer el Evange- 
lio» En los primeros siglos del cristianismo se nombraban 
los hombres mas eminentes en virtudes y letras para en- 
cargo de tanta importancia. El dignísimo prelado S. Va- 
leiio quiso ser cronista de S. Fructuoso ^ár/obispo de Bra-* 
ga. En su escrito nos da bastantes noticias de Santa Be* 
nita, hija espiritual y muy querida del sanio Arzobispo, j 
decoro y ornato de la sabia y venerable faniilia benedic- 
tina. 

Fue la Santa una de las mas ilustren vírgenes qve han 
florecido en España, y digna de los mas justos elogios'pof 
el generoso desinterés con que renurtció todos los bienes 
y todas las conven iencittá del'lsiglb ( coniti llaman los'ri^ 
guiares á esta sociedad eñ qiie Vivimos los qué no lo so- 
mos), en donde había nacido de alta gerarquta, por con- 
sagrarse at servicio del Séilor. Supo Benita loS ¡progresos 
que hacia S. Fructuoso en iel célebre niónasterio que fun- 
dó en el territoríb' de la isla <lé Gadi» llamado Nono^jz. 
por íser el VioVen'ó 'dé Ibs 'que' fundó' aquel 9&nto éVi la 
Península, Ó ya por ektar' situado á' nue^e milla» dtí k ciií* 

'■■'■' ^ : ■ •"-'•'- 

(I) Senjpere y Guarnios, Ensato de una Biblioteca española ^ tomo 
4.' , pág. 1 86i Cruz , Piages por Francia y España , Vomo í'l , p'ág." 244. Y 
la rflbraa Pens'adoia Gaditana , tomq t;^ , pág. 9 y «ig. 



78 B 

dad, como creen el benedicto Yepes y el agustiniauo Flores, 
• Este monasterio era el segundo que edificó en nuestra 
isla: el primero estaba bien inmediato al pueblo , y este se- 
gundo en una soledad y acaso cercana al lugar donde 
consumaron su pasión los santos Servando y Germano. 
Este monasterio tan insigne como olvidado tuvo una nu- 
merosa comunidad, de manera que parecía una aldea, por- 
que la fama del fundador atrajo á muchas personas á aquel 
religioso sitio con el deseo de dedicarse á Dios, de tal 
muerte que los,gefes de la milicia dieron cuenta al Rey pa- 
ra que pusiese remedio , temiendo que no quedase gente 
parü la guerra á vista de las que se iban ^1 desierto. 

Benita fue una de eHas^ que encendida en vivísimos 
deseos de seguir los acertados pasos de tal maestro, quiso 
TÍvir bajo su disciplina y participar de su enseñanza. Se 
salió secretamente de su casa , dejando todas las delicias 
del mundo por las asperezas del yermo , pasó á él y an- 
duvo errante como por sitios no conocidos de ella hasta 
que quiso la Providencia conducirla cerca del referido 
monasterio. Entró adonde estaba el respetable Abad, y ma- 
nifestándole sus propósitos , le rogó humilde que la diri- 
giese para el camino del cielo. Examinó este su ánimo, y 
conociendo que era el espíritu de Dios el que la inspira- 
ba tan virtuosas ideas , la labró una pobre celda , no dis- 
tante del monasterio, donde concurria lleno de caridad 
á instruirla en las máximas de la mas sublime perfec- 
ción, cuidando de que no le faltase lo necesario para su 
alimento; y Benita pedia no se lo trajesen antes que el Abad 
hubiera comido, y aun que tardase hasta la media noche 
por lograr que viniese con su bendición. 

Cuando se tío en un lugar tan retirado de todo co- 
mercio-humano, se sintió movida mas que nunca para los 
devotos ejercicios que la enseñaron, y desde aquel punto 
no tuvor otra ocupación que crucificar su carne con el ri- 
gor de la penitencia, pasando" en oración los diaíy las no- 
ches , entregada á la contemplación de las grandezas cutí* 



^ 79 

ñas. Previo el enemigo común los progresos que haría 
la joven virgen con la dirección de su preceptor, y para 
impedirlos se valió de todos los artifícios que le sugirió 
su refinada malicia. 

Tenia Benita prometidos esponsales con cierto caballe- 
ro igual á sus circunstancias; y llamado por su empleo gar- 
dingo, que era el que llevaban los segundos comandantes 
generales* de las provincias* y no por nombre particular, 
como lo creyó Caparros; y resentido el gardingo de que 
hubiera faltado á su palabra , se quejó al Rey para que la 
precisase á cumplir la obligación contraída. Se nombró por 
juez para que decidiese la instancia al Conde Agelate, y ha- 
biendo pasado el comisionado en compañia del pretendien> 
te adonde se hallaba la reclusa para oir sus descargos , fue- 
ron tan eficaces las razones que alegó sobre que debia 
preferir el Esposo de las vírgenes á otro alguno munda- 
no y temporal, que no pudo menos de sentenciar el juez 
en favor de su libertad; y volviéndose al gardingo, le 
«lijo : Deja que sirva ésta al Señor ^ y busca tú otra muget. 
Libre ya de esta tribulación capaz de ejercitar su pa- 
ciencia , continuó en su método religioso con tanto fer- 
vor y tanto anhelo, qiie estendiéndose la fama*de su emi- 
nente virtud por toda la provincia, concurrió gran nú- 
mero de mugares al rededor de su celda, contándose has- 
ta ochenta en los primeros días , ansiosas de seguir el ejem- 
plo de su admirable vida. Consideró preciso S. Fructuo- 
so la erección de un monasterio para qu« habitasen aque- 
llas desengañadas vírgenes que deseaban consagrarse al 
Esposo de las prudentes, y habiendo recolectado cuantio- 
sas limosnas , lo edificó , habiendo eLmismo Abad dirigi- 
do la obra. No se sabe en qué año fijamente se hizo es- 
ta fundación ; pero debió ser entre el año 648 y el de 
656, porque la del insign« monastmio Nonense, según los 
datos mas probables, seria el de 64B, aunque el bene- 
dictino P. Her^dia la atrasa algunos años mas; y en 656 
ya era S. Fructuoso obispo de Dumio. 



8o B 

Como era indispensable poner superiora para el gobier- 
no de aquella nueva comunidad de monjas, nombró el 
Abad á su primera subdita , á pesar de su resistencia. No 
ignoraba la electa que una prelada debe ser tan superio- 
ra en las TÍrtudes como lo es en el empleo, y se dedicó 
por entero á que en sus acciones viesen sus hijas lo mis- 
mo que exhortaba con ^us palabras. Fácil es de creer los 
adelantos que haria la ínclitt colonia de esposas de Je- 
sús, íí cuya cabeza estaba una maestra tan santa, y asisii-. 
da para el acierto de su gobierno de un hombre tan con- 
sumado en sabiduria como el Abad Fructuoso. Recibió la 
Abadesa la regla de su instituto de la mano de su Obis- 
po diocesano, y antes la habria cubierto del velo bendi' 
to con las formalidades rituales según costumbre antiquísi-. 
ma de la iglesia. 

Poco después de estos actos fue presentado el Abad pa- 
ra el obispado, y sintió mucho Benita la forzosa ausencia 
del que tenia por padre y por director. Resignada con 
la voluntad divina se ocupó en buscar la perfección á la 
que era llamada : con esta mira hizo que su monasterio 
fuese el objeto de la admiración de aquella comarca por 
su regularfdad monacal. Al suave olor de la santidad que 
exhalaba aquella casa, se allegaban muchas otras delicadas 
jóvenes para alistarse en la compañía de Benita, y aun 
familias enteras se «mpeñaban en vestir la cogulla, y allí 
se dividían encerrándose los maridos y los hijos en el mo- 
nasterio Nonense, y las madres con las hijas en el de la 
venerable anacoreta. 

Observó siempre con el mayor rigor el estatuto que 
prohibía la comunicación entre las monjas y las perso- 
nas de distinto estado ^ sin permitir que entrasen en su mo» 
nasterio los seglares , ni'aun los monjes , á no ser que fue» 
sen estos para la adnÑnistracion de los sacramentos, 

En fin, quiso Dios premiar los grandes merecimientos 
y heroica virtud de su fidelísima sierva, y la llevó á go- 
zar de la visión beatííii'a el dia 29 de juniQ, en <|ue rin« 



B 8i 

dio su pura y virginal alma tranquilamente en manos de 
su Criador y entre las lágrimas de sus desconsoladas y huér- 
fanas hijas: siendo de las primeras de su comunidad en su- 
bir al cielo á ver el amante divino, como lo habia sido en 
aquel coro de angelicales criaturas. Falleció, como se su- 
pone , de 60 años de edad , y en el reinado de Recesvinto , á 
mas de la mitad del siglo séptimo , sin saberse el año preciso. 

El martirologio romano hace conmemoración en el 
mismo dia 29 de junio de Santa Benita virgen, en el ter- 
ritorio senonense ó de la ciudad de Sens; pero ha sido 
muy notable y conocida equivocación ó de los que en- 
mendaron esta preciosa obra que por estar obscureoida 
la memoria del monasterio Nonense no tuvieron idea de 
él, y se la agregaron á la ciudad de Sens creyendo que 
le faltaría una 5 y una e á la palabra, ó del primer copian- 
te que en lugar de escribir in territorio nonensi puso in 
territorio senonensi. Cádiz deberia dirigir sus preces á la san- 
ta Sede para deshacer esta equivocación. 

Es también estraño que la santa Iglesia caditana ni se 
acuerda siquiera de esta ilustrísima hija suya,á quien lla- 
ma el obispo S. Valerio virgo sacratissima : sanctissimant 
virginem , y la colma de elogios. 

Tamayo de Salazar en su Martirologio pone unos ver- 
sos latinos en elogio de esta santa Abadesa: los vamos á 
copiar con la traducción de ellos hecha por el Gaditano 
Sr. Marques de Méritos, líltirao difunto. 

Pro S. Benedicta V. nonensi cccnob'd^pud gaditanos 
eoc anonymo, 

Hic Bei^icta jacet nonensi indita virgo, 
Quae sponsum deserens, ¿iponsa fit una Dei. 

Adhaesit Fructuoso tune «anota magistro, 
Cum gaditanis prsedicat almus heros. 

Po^t moritiu' victrix refereris ad culmina coeli 
Virtutum cumulus, queis ea (loret ovang. 



82 B 

Tertio nam die julio repetita kalendís, 
Festivitas colitur, hic, et in urbe simuL 



Yace aqui Benedicta, ínclita virgen, 
del Nonense cenobio ilustre ejemplo: 
dejó de ser esposa , porque quiso 
hacer con Cristo un desposorio eterno. 

Del gran predicador de gaditanos, 
del Santo Fructuoso al magisterio 
se entrega , y con la! guia en las virtudes 
fue prodigioso su adelantamiento. . 

Vencedora de sí muere, y la palma 
á ellas debida va á tomar al cielo, 
y el vigésimo nono dia de junio 
se celebra su gozo sempiterno (i). 



B. RoMAiT, pintor. Grabó en Cádiz á buril el año de 
i583 una estampa que anda en el libro Comentario en bre- 
ve compendio de disciplina militar , escrito y publicado por 



( f } Beranlt Bercastel, Historia eclesiástica traducida , tomo 1,^ , pá^ 
145. Masdeu , Historia crítica de España , toiHt) 1 1 , pág. 39 y 307. Acta 
Sanctoriim , tomo 2 de abril , pág. 450 y siguientes. Tamayo de Salazar, 
JUartirolo^io hispánico ^omo S.*' , pág. 6¿2 y siguientes. Caparros , Suple- 
mento al AjIo cristiano^omo {.°, pág- 252 ; y tomo 2.°, pág. 88. Enrique 
Florez , España sagrada , tomo 1 b , pág. 145 y siguientes , y en el apéndí- 
ce IV, pág. 4t)0 y siguientes. Yepes, Crónica benedictina , tomo 2.", pág, 
177. Prudencio Saudoval , Primera parte de l»s /ufUaciones de los mo- 
nasterios de S. Benito , pág. 16 y 79: y en el célebre AÍanuscrito que en el 
año de 912 regaló el Conde Fernán González al monasterio de Arlanza, 
según una carta del abad de S. Benito de Valladolid , que guardo. He- 
redia, Santos de la orden de S. Benito, tomo 2.*^, junio 29. Officia pro- 
pria ecclesice et diaecesis gadicensis , Gadibus 167§, y otros' muchísimo» 

tutores. 



B 83 

el licenciado Cristoval Mosquera de Figueroa. Representa 
el desembarco que hizo en este mismo año D. Alvaro Ba- 
zan, Marques de Santa Cruz, en la i«la Tercera , conquis- 
tándola y ganándola por armas contra los portugueses y 
franceses que la defendían. Aunque la estampa no sea de 
gran mérito, porque en aquel tiempo estaba muy atrasado 
el arle de grabar en dulce en España, es digna de esti- 
mación y de que se haga memoria de ella y de su autor 
por ,el asunto que representa , y por la rareza y aprecio 
con que corre el libro que la contiene. 

Este párrafo está literalmente copiado del suplemento 
al Diccionario del señor Cean Bermudez; y como es Ro- 
mán de época anterior al saqueo é incendio de Cádiz, pa- 
decido pn la fechíi que hemos dicho en otro artículo, es 
tanto mag apreciable para nosotros, y podemos sentir la 
pérdida de otras obras de este autor , porque parece regu- 
iar no trabajaría esta sola (i). 



v^ANio ó Caninio Rufo , poeta latino, vivia imperando Do- 
miciano. Celebradísimo en Roma por la dulzura y gracia 
de su». versos, dice Marcial, que estaba muy pagada Cádiz 
con la gloria de semejante hijo. Era tan jovial y de tan buen 
humor, que nunca le vieron sino riendo, como lo espre- 
*8a el mismo Marcial que fue su grande amigo, y encarece 
ademas el melifluo y agradable estilo con que hablaba, y 
prosigue escribiendo de Canio que si como Ulises oyó el 
suave canto de las sirenas , oyera hablar á Canio, se admira- 
ra de que le dejase con la palabra en la boca y prosiguie- 
se su viage como lo hizo con aquellas. 

Es factible que nuestro Canio condescendiese alguna 



(1) Cean Bermudez, Diccionario histórico delosjitas ilustres profesora 
4fi las belhf artes tn España, tomo 6lf pág. 8á, ' , 



84 ' C 

vez con el gusto estravagante de los romanos de su épúr" 
ca , y que se dejase caer en el lodazal de las agudezas y 
retruécanos, porqiic se da á entender por la fama que se 
grangeó en la capital del mundo por su estilo burlesco: 
mas aunque supo jugar y hacer reir en las fábulas y otras 
composiciones jocosas, escribiría sin duda con seriedad 
cuando se ocupaba (como lo hizo) en componer tragedias, 
elegías é historias. ' 

Le gustaba mucho la conversación con damas, pcu* lo 
que le reprendía graciosamente Tito Livio. Entre las que 
tuvo, la mas celebrada y querida fue Theophila , muger de 
grandes conocimientos y relevantes prendas, porque ade- 
mas de ser muy honesta hablaba los idiomas griego y la- 
tino con suma propiedad y elegancia, y tan dor.ta.en la fi- 
losofía y secta de los estoicos, que pudiera en Atenas te- 
ner lugar entre los mas doctos , á que no daban poco ador- 
no los graves y numerosos versos que componia. Y sa hi- 
zo tan renombrada por sus poesías , que Marcial se atrevió 
á compararla con la famosa Safo, á quien dice que no sien- 
do inferior por doctrina, era superior por modesta, cuyo 
elogio la acredita de muger propia , y no dama de Canio. 
Theophila seria naturalmente de alguna familia grie- 
ga de las muchas que habia en España, y avecindada en 
Cádiz donde se cree nació. «. 

Los versos que compuso Marcial celebrando á Theo- 
phila son estos, y la traducción de ellos está sacada de 
las poesias manuscritas que conservo del difunto Sr. Don- 
Francisco de Micón,. Marques de Méritos. 

Haec est illa tibí promissa, Theophila, Cani, 
Cujus cecropia pectora voce madent. 

Hanc sibi jure petat magni senis altus in hortis: 
Nec minus esse suam stoica turba velit. 

Vivet opus quodcumque, per istas miseris auresj 
Tam nec foemineum, nec populare sapit. 

Kon tua j^rthenis nii^ium se prseferat illi, 



C 85 

Quamvis pierio sit bene nata choro. 
Carmina fingentenn Sapho lauda vit amatrix: 
Castior hsec, ex non doctior illa fuit. 



Esta es, Canio, la esposa prometida, 
Theophila noble, sabia y elocuente. 
La escuela estóioft á puesto preminente 
votara que debia ser admitida: 
mugeril ó vulgar no era su juicio. 
Del de Partenis poco deferia: 
al coro de las musas conocia, 
de que dio tantas veces claro indicio. 
La misma Safo alaba sus canciones, 
y Platón por discípula la diera 
en su escuela lugar , cual mereciera 
el gran conjunto de sus perfecciones. 
A Safo superior fue en la doctrina,, 
esta mas casta que ellaj en fin, apenas 
la renombrada, insigne y docta Atenas 
vio tan ilustre, é ínclita Heroina. 

De la muerte de Canio nada he leido; pero Suare2 d|^ 
Salazar dice que un tal Brissonio y otros tratan 4^ ella y 
de su inscripción sepulcral (i). 



(1) Marcial, l¡b. i, Epíg. 63, y lib. 7, Epíg. 68, y no 69, como se po- 
ne por fquÍTOcacion en las Antlgiifdades de Cádiz. Diccionario de Luii 
llorcri, trad. art. Co/iinio. Masdeu, hist.crit., tomo8,pág. 17i. Velaz- 
quez , Origen de ¡a Poesía castellana, pág. G. Suarez , Ant. de la itla de 
Cádiz, lib. 1.*, cap. 17, pág. 140 y si¿., y este ciu á otros. 



^ 



se c 

Canios ó Canos (familia de los). Esta familia estaba de 
tiempo inmemorial establecida en Cádiz, y su antigüedad 
la dio mucho lustre, de manera íjue florecia en la Isla con 
la mayor reputación. De Ganio Roco ó Roccio , de esta 
misma casa, se halló la lápida de su sepultura en Cádiz, 
y esta es la copia: 

canivs. roc 
aivs. an xx 
c.s.s.t.ta: 

Canio Rocaio, de edad de 20 años, amado de los su- 
yos, la tierra te sea ligera. 

y una moneda de plata de otro Ganio , que llegó á ser 
Procónsul, se encontró en Cádiz en el año de 1688, ca- 
vando en las ruinas del hospital Real, cuando se reedifi- 
caba, de cuyo sugeto se hablará después, y pertenece ¿ 
esta familia (i). 

Carpima. La noticia de solo el nombre de esta señora, 
que nos ha trasmitido la lá{)ida de su sepulcro , puesta 
para perpetuar su memoria por Chrisomalo , liberto y pro- 
curador del Emperador, nos indica que seria muger res- 
petable ó por sus virtudes , nacimi^to , conexiones ó ri- 
quezas. Chrisomalo logró felizmente lo que deseaba, pues 
Ib pueden contar diez y nueve siglos ó poco menos que 
por su cuidado se sabe continuamente de esta difunta; y 
puede ser que pasen otros tantos sin que se olvide su no^ 
ticia. *■ 

Hé aqui la leyenda de la lápida hallada en íloma. 
CARPIME 
GADITANiE 
CHRISOMALLUS 
AUG. LIB. PROGVR. (2) 

I - -* 

(1) Sunrcz de Salazar, >^/t^ de Cádiz, pág. 306. Masdeu , ffist. do 
£í/>., tomo 19 , pág. 491. 

(2) Masdeu , Hist. de Etp., 'tomo 6/*pág. 430. 



C 87 

Cata-lisa, de Sena , hija de D. Juan Vilbraque y de 
D.* Estefanía Pérez Ruiz de Victoria, se bautizó -en 21 de 
mayo de i656, siendo su padrino el capitán Juan Delga- 
do. Abandonó las comodidades de la casa de sus padres 
para entrar monja en Madrid , y murió en 9 de setiembre 
del año de lyoS, con tanta fama de Santa por sus in- 
signes virtudes, que la hicieron solemnes exequias y hon- 
ras, en las que predicó Fr. Francisco Diez Robledo, y se 
imprimió el sermón. Y cuando á una monja particular se 
le dispensa esta distinción , que es siempre con licencia de 
los superiores, se convence lo mucho que resplandecería 
entre las tinieblas del sagrado claustro. 

No he podido alcanzar mas noticia de ella, ni ver el 
sermón, ni aun saber la orden en que profesó, porque en- 
tonces hubiera recurrido al instante á su convento (i). 



Cayetano María de Hitarte, que fue Canónigo peni- 
tenciario de la catedral de Cádiz, y de la orden de Car- 
los III, nació en 21 de julio de 1741 de D. Juan y de 
D.^ Josefa Ruiz de Bribiesca. En su pais recibió la educa- 
ción en un tiempo en que las letras gemian bajo los ador- 
nos ridículos del mal gusto, y las ciencias bajo el yugo 
de la^>piniones escolásticas; pero sin frecuentar las uni- 
versioaaes, sin mas auxilio que su tino natural y aplica- 
í^ion incesante, se elevó sobre las luces de sus contempo- 
ráneos, y adquirió el gusto de la naturaleza y sencillez en 
las unas, de la observancia y análisis en las otras. Con una 
imaginación risueña y viva, con un corazón dotado de lii 
sensibilidad mas esquisita , era difícil que no le arrebata- 
sen los encantos de la poesía. Cultivó varios de sus géne- 



(1) Libros parroquiales, y noticia dada por el Lecioral de Cádiz 
D. Autouio Mauucl Trianes. 



88 C 

ros con un suceso siempre igual. Era tierno y pintoresco 
en sus églogas, elevado y sencillo en sus odas, vehemente 
y severo en sus sátiras, que son las mejores de sus com- 
posiciones. En todas ellas, en sus elocuentes sermones y 
en sus demás escritos, se ve manejado el idioma con to- 
pa la pureza , dulzura y energía de nuestros mejores 
maestros. 

Estudió la teología con afición y gusto, y le consagró 
la mayor parte de su vida. Analizó con escrupuloso exa- 
men las ciencias que tienen relación con ella, liturgia, mo- 
ral, Iñstoria eclesiástica y espositores. Combatió siempre 
que pudo las opiniones inmorales de los casuistas , para lo 
cual puso el mayor esmero en profundizar el espíritu de po- 
breza , paz y unión de los primeros siglos eclesiásticos. Con 
estos principios el desempeño de su ministerio fue ejem- 
plar y nada comuH, ora se considere como penitenciario, 
orador , canónigo y visitador tres veces de su obispado. 

Lo que hace mas grata su memoria es el conjunto de 
cualidades apreciables que formaban su c?iracter, su recti- 
tud inapeable, la pureza de sus costumbres, su pobreza, 
y mas que todo el espíritu de caridad y beneficencia , que 
fue el blanco de todas sus acciones 7 y por decirlo asi, una 
pasión irresistible que lo dominaba. Asi lo manifestó en 
sus frecuentes limosnas, en sus consejos reconciliadores, y 
en el anhelo con que se dedicó al gobierno de uno de 
los departamentos mas delicados de la casa de Miáfc^icor- 
dia de Cádiz , que debe á sus cuidados el orden , arreglo 
y el espíritu de actividad y religión que reina en él, 

Murió este buen sacerdote en Cádiz el dia 5 de enero 
de i8(í6. En el cementerio público, á donde se le dio se- 
pultura, se le puso una lápida con el siguiente epitafio, 
que he leido en 7 de mayo de iSü^, 



89 



Al Señor Don Cayetano María de Huarte, 

de la distinguida Orden de Carlos III, 

Canónigo penitenciario dé la santa Iglesia 

Catedral de esta ciudad: 

El amor fraternal. 

Aqui yace un mortal, á ijuien un dia 
ciñó virtud la venerable frente: • 

fue el consuelo del mísero indigente, * 

contrario fuerte á la maldad impía. 
Al triste golpe de esta losa fria, 
que guarda su ceniza eternamente, 
la virtud ocultó su faz doliente, 
y triunfador el vicio sonreia. 

Las ciencias lloran bI acerbo caso, 
y la ternura en fúnebre lamento 
el blando pecho que le fue su abrigo. 
Llora su lustre el español Parnaso, 
la patria su delicia y su ornamento, 
la humanidad su fervoroso amigo. 
Año de MDCCCVL 
• 
Estoy creído en que el autor de este soneto fue el Ga- 
ditano D. José Joaquín de Mora ; y el que lo dispuso po- 
ner D. Francisco de Huarte, Caballero del hábito de San- 
tiago, y de la Real Maestranza de Sevilla, regidor perpe- 
tuo preeminente , y alcaide de las casas consistoriales de 
Cádiz, hermano del difunto, y amantísimo de las glorias 
de nuestra patria y su patria. Falleció en Chiclana há po- 
cos años. Fue un noble que hizo honor á su clase, que 
mandó por su talento y esperiencia el ayimtamícnto por 
muchos años/ y á quien sus conciudadanos confiaron dis- 
tintos encargos que desgmpeñó con dignidad y lealtad. Cuan- 
do la' horrorosa catástrofe, en la que murió un hijo glorio- 
so de la España, Solano, el Marqués del Socorro, nuestro 



dignísimo Capitán general y gobernador, cuyo pariente era, 
tuvo que huir de Cádiz, y esconderse en la cartuja de Je- 
rez, cuyos venerables nionges le dieron un asilo cómodo, 
gratuito, seguro, y lo trataron cual y mcrecia un amigo, 
un hermano y un hombre de bien desgraciado en su ve- 
jez, é inocente. ¡Cuánto hubiera ayudado para conseguir 
nuestra independencia; y qué utilidad sacara la nación de 
la espada y bastón del uno , y de la prudencia y saber del 
#tro, y del patriotismo de ambos! Peí o no recordemos 
suceso» tan desagradables. 

La colección de los escritos del Dr. D. Cayetano Ma- 
ría de Huarte no será corta; pero no hemos tenido á la 
vista todo lo que deseábamos, por mas que hemos insta- 
do para formar tan solo el catálogo de sus tareas litera- 
rias. Hay en algun"5s una pereza ó desidia abominable pa- 
ra suministrar las noticias que se les piden rendidamente. 
Los que siguen son de los vmicos que he podido saber. 

MANüSCniTOS. 

Discurso sobre los Santos pi'opios del obispado de Cá- 
diz. Este manuscrito se deberla impriniir por la mucha 
falta que hacen siis luces para destemar otras tantjs supo- 
siciones que existen, y que en él se combaten. 

Papel sobre la cuestión si es ó no conveniente y lícito 
en lo moral permitir en los pueblos grandes las mugeres 
públicas. Se conserva este original en_ mi poder. 

De una de las Santas Visitas por el obispado de Cádiz 
escribió ün tomo en foüo. 

Égloga en elogio de Andalucia , escrita en Madrid el 
a^o de 1772. 

Versión del Cántico de Moisés ^ Exod. cap. i5. 

Silvano á su hijo^ que iba voluntario á campaña en 1795: 
octavas. 

Soneto con motivo de cantarse en la iglesia del Popu- 
lo de Cádiz en la cuaiesma de 1793 el Miserere con mú- 



C 9í 

sica muy teatral , á la que hahia una concurrencia escan- 
dalosa. 

Soneto cuando con motivo de la guerra á la república 
francesa se maldecía á los franceses públicamente, atin en 
los pulpitos. 

Habiendo visto un sugeto el decreto que prohibe la 
obra Liga de la teología moderna con la filosofía , y la que 
la impugna con el título de El pájaro en la liga: Soneto. 

A ü. Antonio Benito Nañez, escrita en Lanjaron en 4 
de agosto de 2794, Anacreóntica, 

Llanto de Delio por su patria Cádiz , bombardeada por 
los ingleses en 1797 , estando el autor en Granada. 

Habiéndose quemado los dedos Cehnira al cerrar con 
lacre una carta. 

Sueño de Delio á Albana. 

Epitifio en un Soneto á la muerte de María del Ampa- 
ro Morales. 

Fábulas. 

1 . ' La Retama y el Romero : se imprimió en el Diarlo 
de Granada en agosto de 1797 bujo iniciales. 

2.* Las Abejas^ escrita en 1798. 

3."* El Vaquero. 

4.' La Dicha por una educando de la casa de Miseri- 
cordia de Cádiz, en i8oo. 

Sátiras. 

I .* El Familiar del Obispo. 

2.* Contra la dii>ersíon de corridas de toros ^ hcclia en 
Granada, reprendiendo 1^ abusos en general, y los par- 
ticulares de aquella ciudad. 

3." Contra los errores en las doctrinas morales^ j dcvO' 
ciones falsas y supersticios<is. 

4.* A la obra del jesuíta Bonóla, la Liga de la Teología. 

5,* Himno á la Giralda, 



92 C 

Cartas satíricas á la comedia Sancho 6rtiz de las Roelas, 
en prosa. 

Impresos. 

Sermón de Santa Maria Magdalena^ predicado al ayun- 
taniiento de Cádiz, quien lo mandó imprimir en 1765. En 
él se non^bra su autor visitador general del obispado de 
Jaén. ' 

Sermón que en la festividad de Todos Santos dijo en 
la Catedral de Cádiz en 1775 : en Cádiz. 

Oración fúnebre dicha en las exequias del Illmo. Señor 
D. Tomás del Valle, celebradas por la hermandad de la 
Caridad en 3o de niai-zo de 1776: en Cádiz. 

Sermón que en 19 de febrero de 1777 predicó á la Real 
Audiencia de la Gjntratacion : en Cádiz. 

Oración panegírica de S. Francisco de Asís en el dia 
de su fiesta del año de 1778: en Cádiz. 

Sermón en la profesión de la hermana Micaela Mosti el 
2 de diciembre de 1778: en Cádiz. 

Oración fúnebre en las exequias que hizo el Cabildo de 
Cádiz á su Prelado el Sr. D. Juan Dauli&ta Servcra en 28 
de febrero de 1782: en Cádiz. 

Oración fúnebre en las exequias que celebró el 16 de 
diciembre de 1783 el «on vento de la Enseñanza de la Is- 
la de León á su Fundadora: en Cádiz 1784. 

Santa Disciplina de la Iglesia sobre el modo mas per- 
fecto de distribuir la limosna. Oración moral que predicó 
en la Catedial de Cádiz en 21 de marzo de 1784, Domi- 
nica cuarta de Cuaresma : en Cádiz. 

Oración fúnebre cpie en las exequias del Sr. D. Carlos III 
pronunció en la Catedral de Ca4iz en 5 de marzo de 1789: 
en Cádiz. 

La fe de la Iglesia en orden á la sacrosanta Eucaristía: 
Sermón dogmático predicado en la parroquia de S. Anto- 
nio de Cádiz en 29 de junio del presente año , y no se 
acordó el impresor de ponerlo, ni yo lo sé. Este es el 



c ,93 

sermón que ha merecido tantos elogios de los mas doctos 
teólogos, y que lo citan .como dechado de esta clase de 
oraciones. 

Sermón de nuestros santos Patronos , el cual no he vis- 
to , y lo predicó en la Catedral en lySB: impreso de or- 
den del ayuntamiento. * 

La Dulciada ^ poema graciosísimo y deleitable; se im- 
primió en Madrid en 1807 por su amigo el Mai-qués de 
Méritos , ya difunto. 

Cada dia se van descubriendo nuevas obras de este la- 
* boriosísinio literato, tanto en prosa como en verso, asi en 
materias religiosas, como históricas y misceláneas (i). 



Cato Cawio floreció en tiempo de Vespasiano y Domi- 
ciano , y le dieron estos Emperadores muestras de su apre- 
cio y confianza , confiriéndole iionores en los cargos a que 
lo destinaron. En España estuvo de Procónsul por un Se- 
nado-consulto , como consta de una medalla que en la 
parte ántica lleva su rostro, y en la póstica Canias Pro- 
cónsul ex S. C. f 

También fue poeta, y murió viniendo á tomar pose- 
sión de su destino err^illena , en donde le dieron sepul- 
• ra. Rodriguez de Castro cita á Ambrosio de Morales, que 
escribe de este modo : « También estaba en Roma Gayo 
Canio , poeta , natural de Cádiz , de quien Marcial hace 
mención; y de su vuelta acá á España y de su muerte se 
da mucha cuenta en un epitafio que dicen está en Villena 
en una gran piedra , y lo puso Cyriaco Anconitano entre 
los otros de España. » 

Con efecto el epitafio se ha conservado ; pero como 
lo dio á luz un autor á quien los críticos tienen por un 



(í) Libros parroc[uiales y noticut pedidas y buscada*. 



9Í . G 

solemne embustero, es menester mirarlo como uno de los 
muchos que fabricó su fantasía, j por lo tanto se tiene 
poi* apócrifo. Traducido dice; «Tú que por aqui pasas, si 
«mora en tí alguna piedad y lástima, vuelve un poco los 
«ojos acá: aqui están las cenizas de Gayo Canio, poeta, 
«que estuve en Rbma diez y seis años, siendo- muy ama- 
« do y querido de todos. Después volví á España , sin ha- 
« cer jamas mal á nadie. Al fin, con gran deseo que tenia 
'< de. volverme á pasar la vida con mis antiguos amigos y 
« acabarla con el Pueblo Romano, los hados muy crueles 
« me atajaron muriendo en el camino. Lucio Albino , Pro- 
«cónsul de la Citerior, honró y cubrió con este marmol 
« mi sepultura (i). » 

Trece memorias sepulcrales tenemos en la Archeofogia 
Caditana coa el nombre de Cayo, • 



Cayo Vario Rdfo, y Sexto Julio Poliox , fueron 
duumviros en Cádiz por cinco años , señal indudable que 
acertaron á agradar por su buen gobierno y comporta- 
miento. » 
AVGVSTVS DIVI. F. 
C. VAR. RUF. SEXT. ft?L. POLL. 
Tí. VIR. Q. 

Esta inscripción es de una medalla que representa por 
el derecho la cabeza de Augusto, y en el reverso la cape- 
dúncula , una segur y un aspersorio : en el derecho tiene 
al rededor de la cabeza el primer renglón , y lo restante 
en el otro lado. El erudito Masdeu atribuye á Cádiz esta 
moneda p:)r los in'rtrumentos pontificales que hemos ^\- 



(1) Rodriguez (le Castro , Bibliotrca apañóla ,l. 1 , pág. 129. Geró- 
nimo de la Concepción , C'idi* itnstiada, lib. I , pág. 70. 



c 95 

cho se ven grabados en ella , y dice que son mas comu- 
nes en las medallas de esta que de otras ciudades. 

El manuscrito que yo guardo , y es original del P. Ta- 
bre, tratando de esta medalla, que también la copia , se 
espresa asi: « Masdcu en la Historia critica de España^ to- 
mo G, n. 590, atribuye esta moneda á Cádiz por los sig- 
nos pontificales, que dice ser mas comunes en las de esta 
ciudad que en h.s> de otras. Pero a mi parecer es una se-^ 
fial equívoca, pues conviniendo en los signos y en tener 
la cabeza cíe Augusto con las de otras ciudades, se les 
pueden también atribuir. Asi se verifica de una medalla 
de Córdoba , acuñada el año 741 j la cual tiene la cabeza de 
Augusto, y en su revei'so el ápice y el sympulo con que 
esta ciudad felicita á este Emperador de su Pontificado, 
en que entró por muerte de Lepido. La razón que me in- 
clina á atribuirla á Cádiz es el duumvirato de Cayo Vario 
Rufo y Sexto Julio Polion , que lo fueron por cinco años 
en Cádiz, y no se lee en el catálogo de los duumviros que 
trae el Masdéu que lo fuesen en otra ciudad. >• " 

Estos duumviros los deberemos colocar después del 
año 27 antes de la Era cristiana , porque entonces Octavia- 
no fue apellidado Augusto la primera vez.(i). 



Celf.stino Masüco , á quien llama Masuqui el conde de 
Maule en sus Viages^ se hacia honor en Genova en 1797 
con varias traducciones y algunas poesías italianas que te- 
nia compuestas , y que «s lo único que escribe de él. En- 
tró en la orden de los Escolapios; fue hijo de D. Juan 
Bautista Masuco y de Doña Rosa Izquierdo ; nació y se 
bautizó en 9 de abril de 1740 (2). 



(1) ñJantiscrito inédito ^ pdg. 9. Masdeu, Uiít. de Espatiu , tomo ü, 
págs. 37 y Ó72. 

(2) Librus parro<juiaies. Cruz, tus Fiagtt , toiuo Á, pág. 17¿. 



qG C 

CiniACo Ángel de Toledo, hijo de Bernabé j de Ful- 
gencia Vale, pació en i8 y se bautizó en 23 de junio de 
1712. Profesó en -el orden de los Ermitaños de S. Agus- 
tin en el convento de Cádiz en 27 de noviembre de 1728. 
Lo alaban los Mohedanos por su gran constancia y por el 
celo con que adelantó entre sus frailes el buen gusto de 
las ciencias, escogiendo los mas acreditados maestros para 
dar la filosofía y la teología en las aulas de su orden. 
' En los claustros altos d^ los Agfustinianos de Cádiz se 
baila el retrato de este reliffioso entre los de los sujetos 
mas esclarecidos ei? santidad, literatura ó dignidad que ha 
tenido esta insigne casa , y que su gran número la ilustra 
y distingue, y en el mismo lienzo tiene esta inscripción: 

• N. M. R. P. Mtro. Fr. Ciríaco de Toledo, hijo de es- 
ta ciudad y convento. Discreto general á Roma por esta 
provincia. Secretario y provincial de ella creado por el 
Sr. Clemente Xlíl en el año de 1760, y en el de 1763 
prologado en el provincialato por el mismo Santo Padre 
pftr seis años. » 

El mucho aprecio, y con justicia, que hacen de este 
sabio varón sus actuales hermanos, y la buena memoria 
en que lo tienen , me decidieron con mucho gusto á dar- 
le el lugar merecido en este escrito, y no he podido inda- 
gar mat sino que descansó en paz en 10 de diciembre de 
1776(1). 



Claudio Mácb nació en 37 de. diciembre de 1702, de 
D« Guillermo, Señor -de la Gravelais , y de Doña Manuela 
Pain. Siiíuió la* carrera de las armas, habiendo beneficia- 
do una compañía del segundo batallón del regimiento de 



(1) Libros parroquiales. I<i!>ro de profesiones del convento de San 
Agustín de Cadr/.. ílistnria Huraña de Rspaña ^ tomo 1.®, pág. 52 del 
prólogo : Noticias adquiridas. 



C 97 

Zamora, cuyo Real despacho se le espidió en San Ilde¿- 
fonso á 24 de octubre de lyii, y por olio de i5 de ma- 
yo de 45 le concedió S. M. el grado y sueldo de Coro- 
nel vivo de infantería con com^inñíA por el particular tne- 
rito que contrajo en una leva de cierto número de reclutas. 
En 1 5 de noviembre de 1749 se le ascendió á la compa- 
ñía de granaderos del primer batallón de su regimiento, 
y en 28 de agosto del 60 obtuvo la sargentía mayor del 
mismo cuerpo, y con él hizo toda la campaña de Portugal 
del año de 17G2, habiéndose hallado en el sitio y ren(ü- 
cion de la plaza de Almeyda. 

Por otro Real despacho de 3 de abril de ^63 se le dio 
el mando del regimiento infantería de Mallorca, con el 
que pasó en 1765 á Montevideo y á otros puntos de la 
provincia del Rio déla Plata, eri donde ademas de los 
muchos y buenos servicios que allí presió, hizo el impor- 
tantísimo de mantener sus battllones en el mejor orden 
de subordinación y disciplina, faltándole por muchos me- 
ses hasta el haber del soldado, por cuyo motivo se habia 
sublevado un regimiento, el que se mandó estinguir. En 
I.** de abril de 70 se le nombró Brigadier , permanecien- 
do en Ultramar hasta 1771, que regresó á la Península 
con su regimiento. 

En 75 marchó con sus banderas a' la espediclon y des- 
embarco en Argel , y al ano sigiiic-jite de 76 fue ascen- 
dido á Mariscal de Campo destinándole por cuartel la ciu- 
dad de Alicante; y sabedor el aytnitamienio de Cádiz de 
su promoción á general, le dirigió con fecha de 8 de ma- 
yo del citado año una carta de enhorabuena, pues corita- 
ha un hijo mas de aquella ciudad premiado por S. M. 
' ' Conociendo el Gobierno su honradez, le confió el de- 
licado encargo «le pasar á Cartagena de Levante á inspec- 
cionar los regimientos de sti arma de Soria y de Brabante, 
qiie desempeñó con grande satisfacción del Rey; y en 29 
de julio de i78'> se le confirió el gobierno político y n)¡- 
Ktar tlcel' Puerto de Santa María, con las subdele^^aciones 

i3 '= 



9^ C 

de rentas, de comercio, de minas y protector de fábricas. 

Finalizado el tiempo de su gobierno, se halló premia- 
do en 1 4 de enero de 89 con el empleo de Teniente ge- 
neral y con la orden de que continuase en su anterior 
ínando, el que no cesó hasta 8 de diciembre de 1796. 

Por su elevación á la clase de Teniente general lo fe- 
licitó una diputación del ayuntamiento de la ciudad del 
Puerto de Santa Maria , y por el mismo motivo le vol- 
vió Cádiz á escribir en 18 de febrero de 89; y habiendo 
IWgado á aquella plaza acordó en cabildo de 24 de no- 
viembre de 1790 visitarle en forma Je legacía , cuya cere- 
monia se ejecutó en razón de ser su natural, y se dis- 
puso con la mayor ostentación y gravedad que se acos- 
tumbra en tales casos. D. Sebastian Lasqueti, regidor per- 
petuo , presidente de la diputación y que llevaba la pala- 
bra , le (lijo: 

«Los honores con que ^1 Soberano (D. L. G. ) ha pre- 
miado los méritos de V. E. , y el haber encanecido por 
las armas en su Real servicio son timbres para el suelo 
que lo vio nacer. Eu nombre de esta ciudad y diputados 
por su nobilísimo ayuntamiento , tributamos este obsequio 
en justa compensación de la gloria que le resulta por ha- 
ber aumentado V. E. el catálogo de sus ilustres hijos.» 

El General contestó: «Recibo con especial gratitud es- 
te obsequio. Si algo he podido contribuir á los timbres 
de mi patria (de la que me glorío), debo á ella mi naci- 
cimiento y los sentimientos que sabe inspirar á sus hijos, 
que con tanto celo promueve su escelentísimo Ayunta- 
miento, á quien en las personas de VV. SS. tributo las 
debidas gracias." 

La guardia de ordenanza que estaba en la casa del 
cumplimentado, rindió'los honores debidos á la solemne 
diputación, pues que S. M. tiene concedido á los dos ca-» 
bildos de Cádiz los honores de Capitán general de pro- 
vincia hace cerca de un siglo. 
¿.^ Desempeñó Macé en varias ocasiones y como General 



C .99 

mas antiguo la Capitanía general de Andalucía. Estuvo ca- 
sado con Doña Maña Luisa Ladrón de Guevara, de quien 
tuvo sucesión, y falleció en el Puerto de Santa Maria el 
dia 24 de febrero de i8o5, á los 82 años y 2 meses de 
edad, y 62 de servicios en los reinados de Felipe V, 
Fernando VI, Carlos III y Carlos IV. Se enterró en el 
cementerio de privilegio de S. Sebastian , y no le pusieron 
lápida , ni la gaceta de Madrid insertó el artículo necro- 
lógico de estilo, sin duda por descuido de sus aliáceas .i). 



Clemf.nte Torvisco ó Torres, que españolizó su ape- 
llido verdadero Torvisco en Torres, como sucede frecuen- 
temente, y en nuestros dias lo hemos visto en Lupi, Cro- 
ce , Nugents y otros. Nació en 2a de noviembre de 1662, 
y fue yerro de imprenta el del Diccionario de los mejo- 
res profesores d» las nobles artes en Españíi, que estampó 
fue su nacimiento en el año de i665. Fue discípulo en 
el noble arte del dibujo de D. Juan ValdésLeal, en Se- 
villa: con su talento y aplicación llegó á ser uno de los 
mejores pintores de su tiempo al oleo, y mejor al fresco. 
Pintó en este género el S. Fernando que está sobre la 
puerta principal del atrio del convento de S. Pablo de 
Sevilla, y los tres primeros Apóstoles mayores que el ta- 
maño natural, con un grupo de ángeles sobie cada uno 
en otros tantos postes de la iglesia de dicho convento. 

No pintó los demás por haber seguido pleito en la 
Audiencia con los religiosos sobre estas obras, y son in- 
feriores á los suyos los otros en el dibujo y colorido. Eu 
la capilla de Monserratc qye está en este mismo cunven- 



(1) Libros parroquliile?. Guias de forasteros ile Madrid. Noticlaf 
comunicadas por su hija; y Gacetas de Madrid de 5 de abril de ITtJj, 
de 3 de abril de 70 , y de 30 de eneco de 7b'- 



loo C 

to. todas las pinturas que se hallan en ella son ele pste 
autor. También pintó al oleo los dos S. Juanes y la Vir- 
gen de Belén colocados en el coro bajo de los Mercenarios 
calzados de Sevilla; y en las monjas de Gracia se con* 
servan otras obras suyas, pues Ponz vio en los cuatro pi- 
lares de la iglesia cuatro Apóstoles. 

Hizo un viage á Madrid, donde contrajo estrecha amis- 
tad con D. Antonio Palomino, á quien elogió con un so- 
neto qu^está al principio del segundo tomo del Museo 
piclórico de la edición de Madrid de 1724, y es este: 

Aquella de esmeralda numerosa, 
loable suspensión de los seniítlosj 
aquella de laurel ramos tejidos, 
pasmo de luz, guirnalda misteriosa. 

Tus sienes honre; y lira armoniosa 
de cisnes cante triunfos, que vencidos 
te aclnman , en Letheo sumergilÜos, 
pincel canoso, pluma artificiosa. 

La fama, ilustre Antonio, te corone 
por sabio, por amable, por Clemente, 
^ y en sucesivos lustros te eslabone 

Edad feliz en ara reverente: 

pues á el olvido, vida le antepone 
tu pincel docto, Apeles elocuente. 

Nadie dudará que era mejor pintor que poeta. Se re- 
gresó á Cádiz, y allí pintó bastante, porque ademas de 
las obras que hayan desaparecido y de las que no tenga 
yo noticia, daré de las siguientes. El Padre Eterno que 
está sobre el arco de la capilla mayor ó presbiterio de 
S. Felipe Neri ; los cuadros que estaban (porque la hume- 
dad ios ha borrado) en la bóveda de la parroquia del Ro- 
sario; dos cuadros en la iglesia de S. Agustin, que repre- 
sentan el uno á Santa Ana con su Niña chiquita, y el otro 
un S. x^gustin; uu S. José con Niño y herramientas de 



C lOI 

carpintería, y un bambocho en borrón aunque de pri- 
mera intención que tenia D. José Lascano; el abogado 
D. José Minio posee un nacimiento grande, y el retrato 
de Torres pintado por él mismo del rnayor aprecio. 

Esté retrato si lo quisiese enagenar su dueño ó una 
buena copia de él, deberia estar en la escuela de nobles 
artes de Cádiz. 

Ademas de las pinturas que bay en Cádiz en la nume- 
rosa colección de cuadros que tiene D. Pedro de Domecq, 
vecino de Jerez, se nota un S. Cayetano con el niño Dios 
en brazos, y este Niño es un pasmo, obra de muchísimo 
mérito. El Sr. Cean Berraudez dice que guarda de Tor- 
res algunos dibujos de lapizy de aguada, tocados con tal 
gracia, espíritu y corrección, que muchoS inteligentes los 
han creído de Murillo. 

En la Catedral de Cádiz en altar propio hay una Con- 
cepción, y muy linda, que estuvo antes en el oratorio 
de la Audiencia de la Contratación, y en la sacrisiia un 
S. Lucas; y un S. Gerónimo en casa de D. José Beloni, 
vecino de Sanlúcar de Barrameda, que también se tie- 
nen por de Torres. 

Permaneció en el país que le dio cuna hasia el año 
de i^So que murió y en la mayor indigencia. Se llama- 
ron sus padres Andrés Torvisco y Doña Juana de Escobar. 

Arana en los hijos ilystres de Sevilla , á la página 78, 
lo pone sevillano-^ y si es porque nació en el reino de 
Sevilla dijo muy bien, pero no en la ciudad (i). 



(1) Cean Berraudez , /)/ccií»/iano de los profesores en ¡as nobles ar- 
tes ^ tomo ó.^, pág. .59. Cruz, f'iages ú Italia , Francia y España, lomo 
15, pág. 214 y 221. Ponz , yiage cle\España, tomo 9.°, carta 4.-'', 
número G : tomo 17 pág. 340. Palomino, Museo pictórico , eá'iclon t\t 
Madrid de 1724, tomo 2." citado. Ortiz de Zúiliga , yí«a/« de Sevi- 
lla, tomo S.**, pág. 14 en su nota. Libros pairociuiales. 



loíj C 

Clemrnte Bello. El Diario mercantil ile Cádiz del lu- 
nes i3de julio de 1829, que acabo de leer, trae el si- 
guiente párrafo, después haber esplicado cinco lápidas se- 
pulcrales inéditas. 

«La publicación y espllcacion de estas lápidas, como 
igualmente las que se insertaron en este Diario en 2 de 
abril de 1827,. i.** de mayo de 1828, y 7 de junio de 1839, 
son frutos de la laboriosidad del artífice platero D. Cle- 
mente Bello, sugeto digno del aprecio délos sabios, pues 
á pesar de no tener su arte relación con el conocimien- 
to de las antigüedades, su gran afición á estas, y singu- 
larmente á la numismática, le condujo á investigarlas; 
siendo tanto mas apreciables sus tareas, cuanto carecia de 
los estudips preliminares , indispensables para dedicarse á 
esta ciencia. Su constante aplicación, su talento despeja- 
do y su probidad, unida á todas las virtudes domésticas, 
le grangearon el aprecio de sus amigos, á quienes fue 
muy sensible su pérdida acaecida en esta ciudad ( de don- 
de era natural) el dia 28 de enero de este año. » • 

Yo ignoraba el fallecimiento de Bello hasta este mo- 
mento, «y aun dudaba si era caditano ; pero ya con esta 
noticia lo creo. He leido varios manuscritos de este suge- 
to, que lo acreditan de un entendimiento natural solidísi- 
mo. En el tomo siguiente tendré proporción de hablar mas 
de él , y ahora de dar debidas gracias al editor del Dia- 
rio citado, por el interés que se loma en publicar obras 
y hechos de ilustres y dignos patricios. 



C io3 

CoLiUTE, véase Pedroso, 



CoLrMEtA ^Lrcio Junio Moderato), príncipe de los 
escritores de agricultura , filósofo , astrónomo, poeta y dig- 
no de cotejarse con Virgilio, nació, según creemos pru- 
dencialmente, imperando Augusto hacia el año de ^So de 
la«4fundacion de Roma á corta diferencia. Esta es pun- 
tualmente la época de nuestra redención; y ¡ojalá hubie- 
ra tenido la fortuna de haber sido iluminado por aquella 
luz divina que difundieron entonces los Apóstoles en su 
predicación evangélica í Pero él permaneció en el genti- 
lismo. 

Se crió casi siempre en el campo gozando de los ino- 
centes agradables recreos que proporciona tan dulce y 
amable vida al que los sabe disfrutar. El talento despe- 
jado y el genio vivo que desde el principio de su juven- 
tud manifestó, junto con las lecciones de pi buen tio 
Marco Columela , le hicieron en breve tiempo un joven 
de singulares prendas. Era ya muy dedicado al esUidio, 
y no perdonaba fatiga ni medio alguno de los que podían 
adelantarle en el conocimiento de las ciencias. 

De aS á 3o años se embarcó é hizo el viage á Roma, 
y aunque se ignora el motivo , pero atendida su aplicación 
á Ja literatura y lo sobresaliente de su entendimiento é in- 
genio, es muy probable que lo llevase á la capital del mun- 
do el amor á la sabiduría, entre otros motivos, si acaso 
no fue este el único. Alli hizo conocimiento con los hom- 
bres de primera distinción, como fueron L. Volusio, que. 
habia sido cónsul; con Anneo Novato, y Publio Silvino, 
á quien dedicó los trece libros de Re rustica. 

Pasado algún tiempo de vivii» en Roma, viajó al Asía, 
y estuvo en la Siria y Cilicia, y se j|izga pasó á estas par- 
tes orientales con algún empleo del gobierno, porque los 
romanos distinguidos no acostumbraban viajar por mera 



io4 C 

curiosidad; y lo mismo hacian los Gaditanos que hablan 
adoptado las costumbres de aquellos. También se piensa se- 
ria este el único deslino que tuvo , pues como se colige de 
sus mismos escritos, era hondjre muy ageno de ambición, 
y que prefería la quietud de su casa, el*estudio y la di- 
rección por sí mismo de sus propias haciendas, á las dig- 
nidades y cargos públicos. Este retiro y abstracción de 
las grandes sociedades acaso le valió para no ser envuel- 
to con las otras muchas víctimas que la cavilosidad y 
crueUlades de Tiberio, Calígula y Claudio arrastraron á 
la desgracia. Pero mas particularmente en el imperio de 
Nerón por la estrecha amistad que tenia con toda la fa- 
milia (le Séneca, á quien llama nuestra^ por el paisanage, 
aludiendo á la inmediación de provincia, y por el fino ca- 
riño que profesaba á Junio Gallón, hermano de Séneca. 

Las continuas esperlenclas que hacia Columela en el 
campo, los adelantamientos que vela tenían por ellas y por 
sus ti abajos sus haciendas, le estimuló á escribir su gran- 
de obra de agricultura, libros tan estimados, apreciados 
y elogiados de todas las naciones ( esceptuando la nues- 
tra ) y de los mas sabios hombres. Mas de cuarenta edi- 
ciones se han hecho de esta obra, pero ninguna en Es- 
paña: se ha traducido en varios Idiomas, pero no en 
castellano' (aunque tenemos idea que el Sr. D. Juan Vi- 
llamiU Consejero de Estado, hace algunos años trabaja 
para dar una buena versión de ella), y apenas se encuen- 
tra al «un ejemplar de este precioso escrito en nuestras 
provincias. 

Entr'e l^s libros de Re rustica se halla lino , que es el 
décimo, del cultivo de ¡os huertos en verso heroico, y 
ademas otro de los árboles. Los PP. Rodríguez Mohe- 
danos dicen escribió otra obra contra los astrólogos cal- 
deos y varios libros de frlosotía pitagórica. El Abad Mas- 
deu cree que por sola el libro de los huertos^ compuesto 
con tanta propiedad y elegancia, puede ponerse sin temor 
»u escritor al lado de Virgilio. Jorge de Alejandría ade- 



C io5 

lanía que'liabiendo dejado Virgilio e«ta materia para que 
la ilustrase alguno de sus sucesores, parece que aquel 
escelente poeta adivinó que este era Coluniela. La his- 
toria literaria de Esparia después de copiar varios elogios 
de oíros sabios, concluye diciendo que este poeaia es 
elegantísimo , que su autor tuvo la singular destreza de 
hacer materia de él de todo lo que hay de mas sublime, ele- 
vado y magníñco en el mundo, y aun al mundo mismo. 

Plinio, émulo de Columela, le atribuye otro libro de 
los sacrificios antiguos por los frutos de la tierra. Un autor 
moderno lo reputa mas culto en el estilo de sus obras que 
á los Sénecas, y que su lenguage tiene la pureza del siglo 
de oro. Otro dice que resplandece como sol entre cuantos 
«scrabieron de agricultura, Por estos y otros muchísimos! 
dictámenes, todos los que han escrito de la ciencia ruvíil, 
lo han tomado por maestro y director, y los grandes hom' 
bres de todas edades le han pagado el trihuto de su reco' 
nocimiento por la enseñanza que le. deben. Columela fue 
uno de los mas recomendables sabios de la antigua Roma, 
y sus obras las mas preciosas que nos presenta en su gé- 
nero la venerable antigüedad , que deberian traducirse malr 
gistralmente á nuestro idioma, con notas oportunas y acla- 
raticias del testo, y estar en las manos de todo Librador 
por lo menos. Vuelvo otra vez á citar á Masdeu para co- 
piar estas palabras áTiyas; «Desde la época de Augusto has- 
ta la de Nerón fueron subiendo los poetas españoles á ma- 
yor pureza de lenguage, como se ve por L. J. M. Colume- 
la que por orden cronológico es el último de los buenos, 
y al mismo tiempo el mejor de todos, h . 

Cuando Columela escribió su clásica obra habia tiem- 
po que tenia una viña en el campo Ardeatluo, ó pago de 
Árdea , según el mismo asevera ; y poseia también otras 
heredades en los pagos Carseolano ^ Albnrui y Ceretano. Es- 
tas viñas le daban abundantísimos frutos, él mismo las cul- 
tivaba, dando dirección para laborearlas á sus capataces, 
«partándolos de rutinerías. Empleaba en este régimen to» 

i4 



1^06^ G 

das !as reglas, observaciones y prácticas que hallaba mas 
convenientes , y las que habia aprendido de su tio. De aqui 
resultaba las pingües cosechas que lograba , y el mucho 
lucro que le daban sus productos , porque también en ca- 
lidad eran los mas superiores. 

Por unos medios tan legítimos adquirió las riquezas 
que se infiere tuvo, respecto de ser dueño de tan hermo- 
sas 'y esquilmeñas tienas. Parece natural qué asimismo ten- 
dria algunas hazas para la siembra de granos, y aun fron- 
dosicis «arboledas , y prados y dehesas para ganados. En 
efecto él mismo cuenta que mantenía en sus establos algur- 
ñas piaras y pastores. Columela pasaria su vida en el cam- 
po, ocupado y distraído en las rústicas tareas, se hallaría 
separado de los bullicios é intrigas de la capital,i y con lu- 
gar bastante para la lectura. El amó las costumbres senci- 
llas y metódicas de los labradores : aborreció el ocio , ' las 
liviandades , el lujo , la adulación , los enredos y tramo^ 
yas de los palacios, pero con^particularidad la sátira. Mi* 
ró con desprecio, ó por lo menos con indiferencia, los fa- 
mosos espectáculos de la jyietrópoli, y se divertia -con lap 
domésticas delicias de la casa, de campo. Jotn 

Es regidar fuese casado, aunque nada se Síibe de cicp- 
to. Ningún escritor coetáneo suyo ó posterior lía dado no- 
ticias de Columela después de haber concUiidoí. sus dliTQSj. 
Se ignora cuando murió, aunque es probable ser/a impe- 
rando Nerón. Los Mohedános se inclinan ái que fallecenia 
en tiempo de Claudio, teniendo 5o ¿iños ó' poco mas. Pe- 
ro es sumamente verosímil que no volvió á Cádiz, y qué 
acabó en Roma ó en los pagos referidos. 

D. Antonio Ponz y yo desearíamos que se fundasen en 
lá ciudad de S. Fernando una ó dos cátedras de apicul- 
tura con el nombre de Columela; y ensenándose en ellas 
su doctrina, ¡qué buen establecimiento por cierto! y mas 
en el dia en que está tan decadente la agricultura por los 
tiempos y por la falta de protección. Este era un asunto 
muy digno de la Sociedad económica de amigos del pais 



C 107 

de Cádiz, que tanto se desvela por promover todo lo bue- 
no: yo ni debo, ni quiero adularla; pero conozco y quie- 
ro publicar que es un cuerpo de conocida utilidad. El 
mismo Columela se queja de la falta de estas cátedras. 

Hace algunos años que se escribió este artículo , y 
posterior á él hemos visto con indecible júbilo la bella 
traducción que ha hecho de los doce libros de agricultu- 
ra de Columela el Sr. D. Juan María Alvaréz de Soto- 
mayor', impresa en Madí-id en 1824- E^ traductor en el 
Prefacio adelanta algynas noticias mas de las que damos 
aquí. Son cuarenta y tres las ediciones hechas del Colume- 
la hasta aquella fecha: se hallaba traducido en italiano, fran- 
cés ^ alemán c inglés. Enumera algunos de los muchos auto- 
KS-dláslcos^ que han hablado del Columela para elogiarlo^' 
como Casiodoro, S. Isidoro, Juan Grial, Gaspar Barthio, 
Quenstédt, el Cardenal Bona , Luis Vives, Alfonso García 
Matamoros, Juan Bautista Porta, Juan Mafias Gesnero, el 
Abad Pinche y M. Saboureux , y también menciona á sus 
antagonistas. A los admiradores de nuestro Columela añadiré 
yo á Dempstero, D. Nicolás Antonio y Fernando Pincia- 
no, que saqué de la historia literaria (i). 



Columela (Marco), tio y maestro de L, Junio Mo<lerato. 
Fué insigne labrador de la isla caditana , y aun de la pro- 
vincia hética. Vivia en la misma isla , pais de su nacimien- 
to, y en ella poseia las viñas y otras heredades de que ha- 
ce mención su sobrino. Es verosimil que M. Columela nun- 

(1) Snarez Salazar, jlittiguedadfs de Cádiz, \\h. {.*, pág. 138. PP. l\o- 
(Iriguez Mohedanos, Historia literaria de España, todo el tomo 8.* Ma»- 
dtu. Historia critica, tomo 8.°, pág. ló.3 y otras. Ruiz Padrón, Monumen- 
to de gratitud al pueblo de Cádiz, pág. í), Columela, de Re rustica, lib. 8.* 
cap, IG, y en otros lugares. Feijoo, Teatro crítico , ioxno i." , pág. 381. 
Ponz, Fiages, tomo 18, pág. 43. Nicolás Antonio, Itibliotccu lúspana ve- 
tut, tomo 1.*, pág. 21 y sig. de la edicioa dtada, y otros caii infinitos. 



ío8 C 

ca saliese de España , pues se habla de el siempre como 
existente en su tierra, y ocupado enteramente en las fae- 
nas y labores que tenia en ella. 

Pi'ocuraba mejorar los terrenos endebles, abonándolos 
con otras tierras proporcionadas á su calidad. Al entrar la 
canícula cubría y hacia sombra á las cepas con esteras de 
palmas, porque muchas veces por la misma estación eran 
tan ni;iltrat;*d.is del Levante, que si no las ponia estos re- 
paros las quemaba y abrasaba como si hubiera pasado fue- 
go artificial por ellas. No son ahora en nuestros dias me- 
nos maltratadas de dicho viento; pero á la verdad que es 
inimitable este buen preservativo, pues ¿qué de gastos se 
ocasionarian si se fuesen á cubrir los millares de aranza- 
das de viñas que hay plantadas en Jerez , Sanlucar, el Puer- 
to etc.? 

Compraba M. Golumela en Cádiz los carneros silvestres 
que venian de Mrica, de vellón grueso y ordinario; pero 
de un color hermosísimo , de cuyo comercio con las ove- 
jas de España nacían corderos los mas lindos que se po- 
dían ver , aunque de lana grosera , Como la de sus pa- 
dres; pero juntándolos á estos después con las ovejas ta- 
rentinas, qae eran, delicadísimas, sallan las lanas de esta* 
tercera generación con todo el color de Lis de África, y 
con toda la ñnura de las de Andalucía. 

Para el mosto, y lue^jo para mejorar los vinos , les echa- 
ba heno griego, sal, yeso y agua del mar. Usaba de un mé- 
todo muy particular para conservar las uvas frescas todo 
el año. Sobie la mejora que recibe la tierra con el estier-* 
col, escribe su sobrino L. Columelar «Pero si el labrador 
carece de todo género de estiércol, le será muy convenien- 
te practicar lo que me acuerdo hacia muchas veces riii tio 
M. Golumela, labrador doctísimo y diligentísimo: á los ter- 
renos arenosos les echaba greda: á los gredosos y mu]p 
densos arena; y de este modo no solo criaba escelentes 
mieses, sino hermosísimas viñas,» Hoy son desconocidas 
estas prácticas en Andalucía. 



C 109 

Fué Marco Columela sabio é insti"UÍdo, no solo en la Agri- 
cultura, sino también en la Jurisprudencia, Oratoria, Poesía^ 
Historia y lengua griega, y como lo llama su sobrino, ins»- 
truitlo en las mas nobles ciencias, y de ingenio firme y ro- 
busto: sus riquezas en ganados, haciendas y otros efectos 
eran inmensas. No se sabe el año de su muerte, aunque 
e^;Verosimil floreciera en todo el irapeiio deAugusto y par- 
te del de Tiberio: hubo de conocer á su| paisanos los Bal- 
bos, porque al mayor le podria haber visto antes de ir á 
Roma, y al menor con mas particularidad porque tendría 
su misma edad; esto es cuanto puedo decir de este anti- 
guo y renombrado geoponico, (i). 



CoLüiHELAs (Familia oe los). Estaba avetindada en 
nuestra isla , y no se tiene noticia de que haya habido otraj 
y autores muy antiguos refieren j que el linage de los Co- 
lumelas residía eft ella : el nombre de Columela tiene orí- 
gen latino:! esto es lo cierto, según la historia literaria de 
Espnña; y luego se enlazo con la ilustre casa de los Junios. 

La inscripción sepulcral que trae Masdeu en su Colec- 
ción de lápidas españolas, y se encontró- en Cádiz., es de 
esta parentela: dice asi: 

^ lUNIA. M. P, 

MODESTA. 
H. S. E. 

Se debe advertir que la P de la primera línea ó ren- 
glón debió ser F, y esta equivocación puede ser del copis- 

(1) Columela, Re rustica, lib. 6, cap. 5, lib. 2, cap. IG, n.* 4. lib. 
7, cap. 2, y lib. 12,ca*p. 2Í, cap. 40 y cap. 43. Masdeu, Historia críti- 
ca, tomo 8.', pág. 1 10, IG9 y 390. Historia literaria de España, <n tedo 
d tomo 8.* , que es vida de los Columelas. 



/ 



lio C 

ta , ó del antiguo grabador. Con esta enmienda dice en ro- 
ipance: '¿Junra Modesta, 'hija de Marco, aquí está enterra- 
da.i» Los riomhres de Jimia y de Marco la hacen creer pai- 
rienra inmediata de Junio Moderato Columela.- • *•! . . .1 
Ademas de esta Junia tenemos otras cuatro, y un Junioí 
en la Archeología caditarraj y el nombre de Marco era comu- 
nísimo, pues cuento en la misma obra manuscrita hasta 19, 
sin Colíimela (*).» 

CristovílL GABRQiTf^yéase Xinvojí Gentil. 

D 

1-/ AMASO Preett nació en 11 de diciembre de 1743, y ha- 
biendo pasado con un tio suyo á Méjico, en aquella ciu-. 
dad lo recibieron por individuo de la Compañía de Jesús 
en 27 de abril del aña jde r 765. Estudió filosofía, retóri- 
oá, matemáticasy teología, y se ordenó de Presbítero. Acom- 
pañó i. los de su Orden en el destierro de España y sus 
Indias ; y después de haber sufrido muchas iricomodfda-* 
des y largas escaseces en su confinación á Italia, se estable- 
ció en' Roma; pero sacó mucho fruto de^su8itra|)ajos, por 
su gran paciencia. " ' -ib : i.i )'ii. r • 

Meditaba casi sin cesar la ley santa de Dios que tanto 
amaba, y por esto vivía retirado de toda sogljÉilad, y su 
porte era ejemplar. El Cardenal Vicario del Kpa, cono- 
ciendo sus talentos y virtud, lo nombró Confesor perpetuo 
de un convento de Monjas Capuchinas. Murió en dicha 
capital lleno de méritos, y con mucha fama de santidad, á 
19 de agosto de 1793, y lo sepultaron en la iglesia llama- 
da de Jesús, que era de su antigua Orden. 

El amanuense del Ab. D. Lorenzo Hervas y Panduro 

(1) Masdeu, citado tomo 19, pág. í85. Mohcidanos, Historia literaria^ 
tomo 8.°, pág. 11; y la Archeología citada. 



D ÍU 

afe equivocó en el año del nacimierito de Preen, pues cita 
el.de í744^ y í^^í) comq he esciito, eri,43, y se bautizó 
^ i|5 de <Uciembre; siendo sus padves í).. Jqcobo Pteeu y 
I)^^ María Preeri, como consta en la parjiida.d« su. bautismo. 
Escril)ió tres obras: i." Cronología y un tomo grueso en 
folio. 2/"* Instituciones de Geografía ¿ Histvtici. ^.'^ Elemen- 
tos de, Geometría y Algebra (i). 



Diego José de Cádiz. La vida de eiste hombne! ajloató- 
lico, que floreció en nuestros mismos diasj es'de tanta 
edüicacjion, que no. puede menos de aumentarnos la: vir- 
tudjy.dpi.contriUuioriá la imitaqbotiide sus ejemplos. ' 

Nació en 3o de marzo de 1742 en» 1^ .calle, tle, la B,en? 
(üdion de (Dios: se llamaron sus padites Dw Josó López Caá- 
maño y Doña María de Gcaña y García: el 3 de abril fue 
bautizado cpn los nombres de Joséj Francisca,i Juan , María. 
Manifestó en su infancia un- «spíritu tranquil» y ¡lljeno d$ 
mansedumbre ; sus puerilies tíntíetériimieaíic» ?érah ídie:iCO^ 
sa&i devotas. Su úliin(íadireíctDif;!Je; mandó Ib diese; -^oc es- 
crito nociones de su vida anterior desde los principio^, y 
en él dice: «¡En mis -primeros años me dio el Señot un 
corazón dpcil é itiocentet>iScguílos> estudios; del grafiíática 
en Grazalema, pero lio b múyescaíso aprovechamiento por 
mi- iintural rudeza é inaplicación. No' obstanitd .á lds> 13 ■. puo« 
ya estaba ■cstudiaRdo súmulas , «lógicaí y ;metafísic(* . :entre 
los padres Dominicos de Ronda.» .--i ',.; í 

" >"^fi'ci<)nóse á la; orden de Capuchinos por el tiato que 
tuvo con los -de 'Ubiúque , en dohdé vivia con su pádr^, 
y ée pusí> el'Jiábitp; eri ii de noviembre de 11767 coaílOs 
ticwnbres de Diego Jos>é,;y pi'ofesó>ea>3i;de mniiza;de 1759. 

■h- -:f' ^ ,3"-'. o(i íol vb m!íi1'í-í<,-; ;>;. , 

* (i) Libros parroquiales. Blblialeca de los 'tfcñtor\es /esuitofj ñor D> Lo- 
renzo liervás (l;i consulté lUaaoscrtta), art. iViren. ' 




En sus mas Hondo» aiíos era un ejemplar viro de la viitut 
mas sólida. De&tináronlo á Ecija para que bajo el magiste- 
rio del sabirtlV. 'Francisco José de Cádiz (que' creo llegó 
á ser provincial y padre muy grave de toda sü orden) es-: 
tüdiase filosofía. No fue la que se enseñaba en las aulas 
de la orden del mayor gusto de Diego, y su esmero j 
aplicación la fijó por aquel tiempo e^n el estudio de la poe- 
sía castellana , en la que hizo progresos como lo acreditan 
sus versos. En esta clase de ^ompoíiciones nunca se le no. 
tó objeto profano , consagrando su bello numen al servi- 
cio de la: divinidad, como ya lo estaba su alma inocen- 
te. No obstante esto , creyó que con la lectura de libros 
académicos no llenaba el todo de su ministerio, y nos de- 
jó el desconsuelo de saber quemó eaiuu.dia la mayor piar- 
te desús vigilias poéticas, y sé abstuvo ' de segui i tas. 

En i3 de juiiio de 1767 recibió en Carmona el ordeit 
de presbítero; se preparó para celebrar su primera Mi&a 
con unos fervorosos ejercicios, y desde este punto prin- 
cipió el P. Gadiz á caminar «on pasos de gigante para el 
templo de la inmortalidad. Desdé este momento lo empe- 
ló á devorar el celo por la religión y por mantener pura 
ta fe en sus hermanos. 

Acabados los estudios lo iban á destinar para que en- 
señase á los roas modernos; pero no admitió jamás cáte- 
dra ninguna ^ porque lo llamaba el Señor por otro camir 
no por el cual había de sox glorificado su Santo Nombre, 
y le merecería á su siervo el justo título de Apóstol de las 
Españas. 

Seis años vivió en Ulirique, y alli fue donde se le en- 
señó el don divino de la palabra , privilegio solo conce- 
<lido á varones eminentes desde el siglo apostólico. Alli 
aprendió el método de convertir pecadores , de fortalecer 
al justo. Este estudio, como es en un todo sobrenatural, 
no se aprende de los hombres, sihó directamente se reci- 
be de la diestra de Dios. Nos dio tantas , tan grandes prue- 
bas de ello, que su notoriedad es la mayor que podemos 



C ii3 

íJar á los que vengan después de nosotros. 

Le enviaron á predicar la Ciiarosnia del año de 177c 
áEstepona: el de 72 la hizo en Uhriqíie. Después pasó 
á Ceuta y Málaga por disposición de sus Obispos. En este 
dicho año de ni es cuando aseguran que en el convento 
de Ubrique se le apareció S. Ildefonso , y le afirmó por 
misión divina que se le habla dado la inteligencia y es- 
plicacion de la sagrada Escritura. Si este pasage es cierto 
se debe publicar con todas las formalidades de estilo; y 
si no lo es , la Crónica del Venerable Diego de Cádiz no 
necesita de postizas fábulas cuando tiene su historia tan- 
to caso grande y sorprendente y verdaderísimo para He- 
nar un buen tomo. 

Volvió á Ceuta en 1773, y aquel presidio se trans- 
formó de tal manera' con sus instrucciones, que reinó en 
él la equidad, la paz y la obediencia, y hasta los mo- 
ros pidieron la íé , que les fue dada por el ministerio del 
Padre Capuchino en las aguas nuevas de aquella Pascua, 
En el año de 74 predicó en Ronda la Cuaresma. En 76 
hallándose en Sevilla restableció el jubileo de las Cuaren- 
ta horas, asi como sucesivamente en Cádiz, Jerez de la 
Frontera, Puerto de Santa Maria, Écija , Carraona , Osu- 
na y Málaga. 

La misión legítima es el primer carácter del varón 
apostólico: por esto dice la Escritura, ¿ cómo predicarán 
si no son enviados? Nuestro Diego recibía de los Diocesa- 
nos el maníhato de evangelizar á los pueblos , y asi fue 
distinguida su predicación con las mismas notas, hablan- 
do proporcionalmeñte, que las del Maestro de las Gen- 
tes; esto es, con señales ^ con prodigios y con virtudes. Sus 
argumentos eran irrestibles, juntando á la fuerza de la 
espresion palabras dulces, exactitud en las reglas de la ora- 
toria sagrada , oportunidad en el uso de las sagradas le- 
tras, eficacia en la persuasión de las máximas del cristia- 
nismo, movimientos naturales que ayudaban ala elocuen- 
cia: tenia un imperio absoluto sobre las pasipnes. ¿ Pe- 

i5 



ii4 D 

ro dónde entre los suyos había aprendido el Venerable 
Cádiz la moral elevatla y pura y persuasiva de que solo 
él en su tiempo nos ha dado las lecciones y el ejemplo? 
Solo pudo ser de la misma boca del Señor. 

Cádiz le vio hacia el año de 1776, y le tribiitó el de- 
bido culto por su carácter apostólico, y admiró su fa- 
cundia. Es muy digna de notarse la espresioii del doclí- 
«imo y severo magistral de Cádiz ü. José Martin y Guz- 
man , que dijo después de oírlo: iSí á un tiempo hicieran 
misión S. Pablo y el P. Cádiz ^ una tarde oiria al jépós- 
toly y otra á Fr. Diego. 

En 1778 se hallaba destérralo en Casares, como des- 
pués diremos: en 79 hizo misión en la Corte, y recibió 
muestras del mayor afecto del Rey y su Real Familia: en 
80 predicaba en Jerez de la Frontera: en 8i en Ante- 
quera; en 82 estaba en el obispado de Jaén: en 83 vol- 
vía á Madrid. En 17H7 fue enviado á Murcia, y de esta 
misión se tiene la relación escrita por el Lectoral de aque- 
lla iglesia D. Alfonso llovira. Casi toda la provincia se 
despobló por acudir á su capital á oír al nuevo Apóstol, 
y por lo regular le solían escuchar cuarenta y dos mil 
personas.^ Copiosíoima fue la míes que recogió este labra- 
dor evangélico en el territorio murciano. 

Del mismo modo y con igual fruto se le ola predicar 
en casi todas las ciudades y villas de las Andalucías, Va- 
lencia, Galicia , las dos Castillas, Aragón, Asturias, León 
Y parte de Cataluña. En Barcelona en la plaza de Pala- 
cio juntó la fama del Preilicador cincuenta mil almas. 
En Zaragoza fue recibido como á urt nuevo Ferrer. En 
Sevilla hizo la última misión en 179^ , aunque volvió á 
ella en 9:"); y en Córdoba predicaba en 94. 

Una de las cosas mas admirables en este insigne ecle- 
sla'stico era la generalidad de sus noticias, pues se puede 
asegurar no tuvo en su siglo semejante. Predicaba á los 
Magistrados, y estos confesaban que estaba mas instrui- 
do en la legislación que los mejores catedráticos de ella. 



D ii5 

Predicaba á los militares, y usaba con tanta sazón y afluen- 
cia de las Ordenanzas y Reales Ordenes, que parecía enve- 
jeció en la niayoria de algún regimiento. Predicaba al 
Ayuntamiento de Sevilla, y allí se dijo que aunque hu- 
biera sido muclios años Archivero de aquella corpora- 
ción, no podia estar mas enterado en sus acuerdos y fue- 
ros. A las Maestranzas de Ronda y Valencia predicó sobre 
las obligaciones de un caballero, enseñándoles lo que ja- 
mas habiiin aprendido. Los cartujos de Jerez le oyeron lle- 
nos de pasmo por lo que les habló de sus leyes, ritos, 
costumbres y antiguas prácticas. Predicó hasta á los bo- 
ticarios, y los hizo tenibl.ir hablándoles solo de sus far- 
macopeas. Cuando predicaba á los Cleros lo hacia pues- 
to de rodillas. Predicó en. Cádiz á los protestantes con el 
mismo lenguaje que el Cardenal de Perron y el Obispo 
líossuel; asi fue que cuarenta y cinco se reunieron coa 
la Santa Madre Iglesia. 

En la teologia era consumadísimo: esplicaba con ilus- 
tre magisterio, asi la escolástica como la esposiliva, la mo- 
ral y la mística; y como cuando trataba de estas dos pre- 
dicaba con el ejemplo, producían sus discursos efectos 
maravillosos. 

La fe, sin la cual ninguno puede agradar á Dios^ esta* 
ba de tal muñera radicada en su alma, que dio á las ver- 
dades católicas fumísimo é indubitable acceso; y esta nus- 
ma fe ia hacia conocer al mundo de un modo que ni la 
carne ni la sangre se lo habían revelado, sino el Padre 
que está en los Cielos. 

La sublimidad y grandeza de la esperanza ha de me* 
dirse según la de la fe : esta virtud teológica que tiene 
por objeto la bienaventuranza , había hecho mansión en 
el Siervo de Dios , y por ella estuvo su corazón siempre 
pronto á cumplir sus mandatos. La esperanza era como 
una columna molidísima que lo sostenía en sus grandes 
trihulacioncs y contratiempos, y asi tenia de continuo en 
líi boca aquellas palabras divinas que observaba : sin há- 



ii6 D 

culo^ sin alforjas^ sin pan^ sin sandalias y sin dobles túnicas. 
La caridad es vínculo de la perfección , y la mayor de 
todas las virtudes: ella reinaba absoluta en nuestro Ve- 
nerable; da testimonio de ello los Zi años que ejerció san- 
tamente el ministerio de los Apóstoles, soportando incan- 
sable los trabajos que por esto le ocurrían. Su ánimo fuer- 
te venció gravísimas contradicciones , y sufrió grandes y 
po lerosas persecuciones. Se hace cómputo que anduvo 
ocho mil leguas, y todas y siempre á pie. 

La especial propensión de todos los predestinados ha 
sido la devoción y filial amor y terneza á la Santísima 
Virgen , y estas calidades las tuvo el Padre Diego en gra- 
do eminente: se cree predicó mil doscientos sermones en 
hpnor y alabanza de la Señora: ¿cuánto pues no dilataría 
gu debido culto? 

Oraba de continuo y repetía como los Apóstoles: ^^6'- 
«or, enséñanos á orar. También estaba radicada en su co- 
razón la trabajosa virtud de la obediencia, porque sabia 
que sola ella podía librarlo del amor propio. No tan so- 
lo se demostraba su pobreza en la ropa que vestía, que 
siempre fue desechada de otro religioso, y «n los mue- 
bles de que usaba, sino también en la comida. No se atre- 
vía a encender la luz para su habitación, y si tenia ne- 
cesidad de rezar ó estudiar lo hacia con incomodided en 
el farol mas inmediato de los tránsitos. Los Obispos le 
habían regalado con aljrunas buenas ediciones de obras 
de Santos Padres, que era lo único que recibía; pero un 
día escrupulizó de tener dominio sobre estos libros, y 
los puso todos eu la biblioteca del convento en donde re- 
sidía entonces, que era el de M:álaga. 

Amaba en estremo la angélica castidad. Fue casto en 
el cuerpo y en el alma. El principal estudio y cuidado 
del Venerable, como el de todos los Santos, fue la imita- 
ción del Redei^tor, ejemplar de todas las virtudes, y princi- 
pio y fin de toda perfección ; pero en la que con especiali- 
dad nos mandó le imitásemos, fue en la mansedumbre y 



D 117 

humildad. Aprended de mi^ que soy manso y humilde de 
corazón. La aplicación de mieslro Venerable Diego al es- 
tudio de esta necesaria ciencia era tal, que podemos de- 
cir llegó á ser uno de los hombres mas sabios en el cono- 
cimiento de nuestra nada. Mientras los Iluslrísimos Obis- 
pos, Cabildos, Universidades, Maestranzas, Ayuntamien- 
tos y su Orden lu condecoraban ^como á poríra,con las 
mayore#distinciones debidas á su santidad , méritos y cien- 
cia; el santo Reli{(ioso se llamaba á sí mismo, porque asi 
lo creia : antípoda de Jesu-Cristo : vaso de cieno: nuei'O 
insecto de maldad: monstruo horrendo de iniquidad., etc. 

¡Qué contraste tan estraordinario hacia el pueblo es- 
pañol tributándole los mayores respetos, siendo recibido 
en las poblaciones con repiques, palio, vivas y aclama- 
ciones; y el corazón del Padre hunjillado en la presen- 
cia de Dios, la cual nunca perdia de vista , y diciendo: no 
á nosotros j Señor ^ sino á tu santo nombre se dé la gloria. 
En efecto, quien viese á un hombre cabizbajo, tostado el 
rostro por la intemperie , con un hábito ó sayo de paño 
burdo y raidísimo y unas sandalias estropeadas , bajo de 
un costosísimo palio, llevando sus varas de plata los su- 
getos mas dij^nos y de la «friniera gerarquía de las ciuda- 
des y villas, y oyese el sonido de las campanas, los víto- 
res y aclamaciones y aplausos de millares de personas, la 
tropa tendida , ó dando escolta la preferente para que á 
este mismo hombre no le ahogasen los respetos y los be^ 
sos de la multitud , y para que no se quedase sin su po- 
bre ropa y sin sus barbas largas, cuyas migajas estima- 
ban por una esquisita reliquia, ¿qué diria el que no fue- 
se de nuestra iglesia si viese una tle estas triunfantes en- 
tradas? ¿Es el mie<lo, ó el respeto humano, ó la esperanza 
de mejorar de fortuna la que da el impulso á esas acciones? 
Nosotros creemos que es un tributo, que es un homenage 
que se presta á la virtud y á la religión verdadera. 

Jamas se le oyó palabra alguna que indicase engrei- 
miento ó vanidad, Nunca se le vio movimiento de su per- 



ii8 D 

sona que manifestase soberbia ó elevación: observó siempre 
la compostura mas humilde; su aspecto devoto, su sem- 
illante agradable, su mirar honesto y recatado, su cortés po- 
lítica y atenta urbanidad , su modo de andar, de hablar con 
todos blando y sumiso, todoraaiufestabalaprofunih'simahu- 
inildaddesualma,yel concepto ruin quedesíhabia formado. 
Mucho tuvo que s»fr¡r su modestia cuando. supo que 
«e habia abierto lámina de su retrato. Hizo cuarfto pudo 
para que no se publicasen las estampas, y las que po- 
día coger, porque las buscaba con empeño, las quemaba 
al instante. En Sevilla le presentaron un retrato que se de- 
cia era el suyo, pero que distaba mucho del original. Lo 
miró, y dijo de improviso sonriéndose: 

Retrato, quien te pintó, 
no supo lo que se hizo, 
pues te pintó como quiso, 
y al fin malo te sacó: 
dicen que eres como yo; 
mas no concibo en que grado, 
si en lo natural errado, 
si en lo moral es error, 
tan solo en lo pecador 
me vienes como pintado. 

Padeció muchas enfermedades para que su virtud se 
acrisolase. En consecuencia de las palabras del Salvador 
era casi preciso que padeciese persecuciones. Por un ser- 
món mal interpretado, predicado en Sevilla, lo delata- 
ron al Gobierno, y prontamente bajó orden al Regente 
de aquella Audiencia para que comunicase al autor que 
quedaba suspenso de predicar , y otra al Provincial de 
Capuchinos para que lo confinase á un convento fuera 
del arzobispado; todo lo cual se verificó, y fue desterra- 
do á Casares. 

Toleró este injusto golpe con la mayor resignación, 
y porque su conciencia no le argüía de haber fallado' en 



D I [9 

nada á los respetos de la potestad civil , Dios volvió por 
su causa y quiso triunfase de sus calumniadores. Sin que 
el V. P. Diego h.ubiese promovido la menor gestión pa- 
ra hacer conocer su inocencia, y cuando menos lo espe- 
raba , se sirvió S. M. mandar se le ortlenase lo siguiente; 
«El Rey ha sentido cuanto V. P. ha padecido; peí o es 
cierto que esa contradicción acredita la verdad de su Apos- 
tolado.... buen ánimo.... su Provincial le comunicará or- 
den de S. M. para que vuelva á Sevilla, y alli como en to- 
das partes predique sin temor el Evangelio.» Otras desa- 
zones é insultos tuvo que sufrir su paciencia , y perdonar 
su generosidad ; pero la divina Providencia en todos tiem- 
pos lo salvó de sus adversarios. ^ 
Cualquiera que solo atienda á la natural debilidad deí 
cuerpo humano, juzgará casi increíbles las durísimas mor- 
tificaciones con que se maceraba el santo Religioso, Ja- 
mas dio ningún alivio á su carne : fue admirable su pe- 
nitencia: raro el di» que dejase de ayunar. Tomaba dia- 
riamente tres disciplinas, y las reputaba por cosa de poco 
valor, pues escribiendo á su director desde Galicia le di- 
ce: «Sigo con la friolera de las tres disciplinas diarias.» 
Estas y los cilicios le tenian todo el cuerpo llagado , y la 
.lola vista de los cilicios de que usaba estremecerla al mas 
animoso. Después de emplear el alambre, la hoja de la- 
ta, las cerdas y el hierro para domeñar su carne, se po- 
nía del mismo hierro una argolla al cuello, de la cual ba- 
jaban dos ramales i unirse á la cadena que cenia á la 
cintura, y por esto lo veiamos agobiado ín una edad po- 
co mas que mediana. Para acostarse en su duro lecho no 
se ([uitaba los cilicios, y por lo tanto era como un potro 
la cama. Aun en sus enfermedades conservaba estos ins- 
trumentos penitentes, y no obstante el rigor con que tra- 
taba su cuerpo, llamaba Iwisimas mortificaciones las que pa- 
decía. Era muy ingenioso en buscar medios de castigarse, 
y se puede colocar entre ios mas grandes penitentes que 
celebra b Iglesia. 



1 20 D 

La verdadera grandeza de los Santos no consiste en 
el ruidoso aparato de los milagros con que Dios los hon- 
ra, sino en la interior y oculta riqueza de las virtudes con 
que los santilica; y asi no es absolutamente preciso que 
los Santos hagan prodigios, porque siendo este un don 
gratuito del Espíritu Santo, puede no dárselo á alguno. 

Pero el Señor que distinguió á nuestro Venerable» de 
un modo particular, quiso por su bondad comunicarle el 
divino poder de ejecutar cienos actos al parecer maravillo- 
sos. Es una verdad incontrastable que Diego de Cádiz hizo 
cosas que no están en la esfera de lo natural. No somos los 
mas crédulos en esta materia; pero convencidos de lo que 
hemos dicho, hariamos traición á la verdad en no decirlo 
cuando debemos. Algunos hechos prodigiosos están au- 
torizados con todos los requisitos que previenen los cá- 
nones. Un catálogo crecido de ellos pone el autor que es- 
tfactamos, y á donde remitimos al que quisiese leerlos. 
También obtuvo la especial gracia ée la profecía: gran 
número de estas santas inspiraciones, y algunas muy par- 
ticulares , las describe el mismo citado autor. 

Apuntaremos las distinciones con que honraron al hu- 
milde Fray Diego, y advertimos para gloria de su patria 
que pocos ejemplares se hallarán, si « que hay alguno, 
de haber condecorado con tanta repetición á un pobre 
fraile j y en el tiempo en que vivió, tanto las autoridades 
eclesiásticas, como las civiles. Los arzobispos, obispos, car- 
denales romanos, y ayuntamientos salian fuera de pobla- 
do á recibir co?i todo respeto al santo Ministro de la 
palabra. El Cardenal Lorenzana escribió á un superior de 
Capuchinos: «La entrada de Fr. Diego en Toledo ha sido 
tan solemne y magnífica como la de nuestro Salvador en 
Jerusalem.» Fue nombrado teólogo y examinador sinodal 
por los cardenales Lorenzana y Delgado, arzobispos que 
fueron de Toledo y Sevilla, y por los respectivos prelados 
de Zaragoza, Valencia, Granada, Jaén, Murcia, Ceuta, 
Cuenca, Málaga, Guadix, Córdoba, Mondoñedo, León, 



D 121 

O^ñedo, Lugo, Astorga, Orihuela, Orense, Zamora, Sa- 
lamanca , Cádiz , Barcelona , Santiago , y de Alcalá la 
Real. 

Los cabildos eclesiásticos que lo eligieron dignidad ó 
canónigo son: Jaén, Sevilla, yalencia, Cuenca, Murcia, 
Orihuela, Santiago, Alicante, Córdoba, Oviedo, Salaman- 
ca, Guadix, Baena, Mondoñedo , León, Astorga, Tuy, Je- 
rez de la Frontera, Lorca, Motril y Ronda. Se le permi- 
tió predicar en Sevilla en el' pulpito en que solo lo han 
hecho San Vicente Fwrer, San Francisco de Borja y el Ve- 
nerable Maestro Juan de Avila. En Santiago se le dispen- 
só la dicha de celebrar sobre el sepulcro del Santo Após- 
tol. Los arzobispos de Sevilla Llanes y Borbon lo nombra- 
ron visitador general, y el Inquisidor general calificador 
■de la Suprema. • 

Las universidades literarias le oyeron con asombro, ya 
en la cátedra , ya en el pulpito , y ya en consultas , y lo 
numeraron entre los individuos de sus claustros : la de 
Granada fue la primera que en 1779 en claustro pleno le 
confirió los grados de maestro en artes, y doctor en teo- 
logía y cánones: las de Baeza, Orihuela y Valencia lo nom- 
braron ademas por catedrático de teología : la de Oviedo 
le añadió los de medicina y jurisprudencia : la de Osuna 
celebró magníficamente el acto de incorporarlo, y le re- 
galó las insignias de estilo. 

Córdoba, Sevilla, Jerez de la Frontera y Valencia lo 
incorporaron en sus ayuntamientos: Cádiz lo eligió por su 
capellán mayor, con asiento preeminente; y decretó para 
memoria de su misión colocar un cuadro de la Beatísima 
Trinidad en la plaza de S. Antonio en el mismo sitio don- 
de predicaba, y poner su retrato en la sala consistorial, y 
darle anualmente 5o ducados de limosna; todo lo que se 
verificó menos el tomar la limosna. Murcia, Cartagena, 
Lorca, Alcalá la Real, Sanlucar de Barrajneda, Ronda, Eci- 
ja y otros pueblos lo recibieron de regidor. La Real Maes- 
tranza de Ronda lo puso entre sus caballeros, 7 la de Se- 

iQ 



122 E) 

villa y Valencia entre sus distinguidos capellanes. Su ordAí 
le dio los honores de Provincial. 

Al fin de sus dias, y cuando se le acercaba el ventu- 
roso instante de ir á recibir en el cielo el premio de sus 
virtudes y trabajos-, tuvo la desazón de qué delatasen al- 
guno de sus escritos á la Iníjuisicion. Mucho le afligió es- 
te infortunio por el escándalo que podia causar á las gen- 
tes de medianas luces, que son las mas; y la contrista- 
cion le abrevió la vida , aumentándole sus achaques. Tottió 
la pluma para vindicar su honor, porque la defensa de un 
agravio, y mas en punto de doctrina, la autoriza el dere- 
cho natural , el divino y el positivo ; pero es muy sensible 
que no hubiese podido concluir una obra que hubiera si- 
do útilísima , porque sus males se agravaron , y pasó á Ron- 
da hacia principios de»i8oi. 

A proporción que conocía se iba muriendo poco á po- 
co, doblaba sus oraciones, y ejercitaba las virtudes hasta 
el grado mas heroico. Sin embargo de habérsele notado 
una pequeña mejoría, y que aun los facultativos se lison- 
jeaban de su restablecimiento, el Padre demostraba saber 
todo lo contrario; pues se cree que el Señor se dignó an- 
ticiparle la noticia cierta de su muerte. Por este presenti- 
miento disponía jdiligente de todo lo necesario que debia 
quedar arreglado antes de su fallecimiento, y en todas sus 
acciones daba muestras del gran caudal que tenia altera- 
do para este tiempo. A una persona de Sevilla le escribió 
en 12 de marzo de 8o i: «Se acaba mi buena carrera: pa- 
réceme que en la gracia de Dios la he llevado fielmente: 
espero de su misericordia la corona que pai'a todos ganó 
en la cruz.» 

Finalmente, llegó el 19 de marzo, visitó y oró en la 
iglesia de la Paz: á la mañana del 20 no pudo tener el 
consuelo dé decir misa, por lo débil que se halló. Sufrió 
no obstante sangrías , cáusticos y otros medicamentos con 
la mayor resignación, aunque decia que de nada servían 
los au&ilios humanos, cuando el cielo ha decretado el fin 



D 123 

del hombre. Pidió perdón á la familia de la casa en que 
estaba hospedado. A su prelado regular escribió sumisamen- 
te, pidiéndole el hábito viejo que vestia , para que fuese 
mortaja de su cadáver, y se dispuso á sostener el día del 
Señor. En la tarde del 23 le administraron los Sacramen- 
tos con cuanta solemnidad fue posible. La serenidad, com- 
puncion'j ternura y edificación del venerable enfermo, y el 
dolor y lagrimas de los concurrentes era un conjunto do 
circunstancias, digno mas de admiración, que de esplicar- 
se. Después de recibir el Viático se quedó en un profundo 
recogimiento, hasta que lo interrumpieron los médicos. 

Grecia por instantes la enfermedad, y sentía dolores ve- 
hementísimos en las entrañas; ci paciente creyó motia de 
la epidemia que habiamos sufrido el año anterior, y en- 
tonces pretendió pasar el cordón sanitario para asistir á los 
epidemiados , y se le negó. Conforme con la. voluntad del 
Eterno , aguardaba con alegría la muerte , y manifestaba 
en esto la perfección con que habia observado la ley evan- 
gélica. Renovó los votos de su orden : respondió á las pre- 
ces de la encomondacion del aliña: pidió á eso de las só 
de la noche que le leyesen la crucifixión del Redentor, 
la que oia con devotísimas lágrimas. Queriendo darle ali- 
mento á las doce, se negó con humildad á tomarlo, dicien- 
do: n¿ sirve ^ ni es hora. Continuó en afectos fervorosos y 
en coloquios suavísimos con el Señor Jesús, cuya sagrada 
imagen tenia en sus manos como un escudo fortísimo con- 
tra las armas erremigas , y repetía cojno el Príijpipe de 
los Apóstoles: /^Tw sabes ^ Señor j cuánto te amo! Sintióse 
acercal)a la hora de su tránsito, y á las 5 de la mañana 
del 24^ pidió, al. cura le volviese ;á traer la. Eucaristía- La 
consumió, y quedó en gran quietud, y no habló mas: 
cerró los ojos., se abrazó con el crucifijo, y sin el menor 
movimiento entregó su espíritu á Dios á las seis y cuar- 
to de la misma mañana. !i...vj i i . i*y í-U 
Asi: salió de este mundo el alma' pnnr, penitente, kilM' 
milde. y fuerte de este vaion apostólico, de este insignfc.y ; 



124 i> 

justo hombre, que hace época en su siglo, lo ilustra , y 
aumenta la gloría de una nación y de un orden que pro- 
dujeron tantos santos. La muerte de este misionero , siem- 
pre memorable, fue una calamidad pública y un duelo 
para todo el reino. Su única y debida recompensa es la 
de habitar con los ángeles. Murió de 5y años , 1 1 meses 
y aS dias, en el dicho dia 24 de marzo de 1801. 

Fue de ingenio agudo y perspicaz, de una memoria 
inmensa, pronto en sus acciones, afabilísimo en su trato. 
Su cuerpo era aho, derecho y airoso, su color blanco y 
sonrosado, la cabeza bien formada, la cara aguileña, el 
pelo negro, hermosos ojos, la nariz recta y delgada hasta 
su final , boca regular , la dentadura muy unida y blanca. 
Para la predicación estaba adornado de voz clara, ameta- 
lada y dulce , lengua limpia y espedita , espresion natural y 
sencilla; pero elegante, propia y para todos acomodada. 
Apenas espiró el bendito Padre se puso una guardia de 
tropa á la puerta de la casa, para contener la indiscreta 
devoción del pueblo. Antes que doblasen las campanas se 
oían los clamores y gritos de todo el vecindario de la ciu- 
dad de Ronda : la conmoción fue general y sin ejemplo: 
\Murid el santo Padre, nuestro gozo., A Estas y otras eran 
las espresiones con que desahogaban su tristeza y lágrimas 
todas las gentes. Cual rayo pasó tan infausta noticia por 
la Serranía, y al primer aviso abandonaron sus pueblos y 
aldeas las familias enteras por ir á su capital , de suerte 
que se tyvo por conveniente reforzar la guardia de la ca- 
sa mortuoria. En el caso presente se cumplió la santa pa- 
labra de que el justo en el dia de su muerte será bendito. 
Para satisfacer el deseo del inmenso concurso reñido 
en Ronda , se manifesté el cadáver en una sala baja ador- 
nada lúgubremente, y con interposición de una reja. Des- 
pués de 24 horas se mantenia hermoso (como lo fue en vi- 
da) y "flexible, y la piadosa ilusión de los fieles se sacia- 
ba en parte con ver el cuerpo que habia ocupado un al- 
ma tan santa y bienhechora, Seis sacerdotes estuvieron in- 



D lüS 

cesantemerite tocando diferentes prendas al difunto , re- 
produciéndose en este acto la costumbre de los cristianos 
desde los primitivos tiempos^ de la iglesia. Mucho traba- 
jo costó contener la gran multitud de ambos sexos que 
querian llevarse por reliquias su pobre cama, la colg«du- 
ra fúnebre, y aun los ladrillos del pavimento de la salav 
Lnego se repartieron algunos de los poquísimos utensilios 
del uso de su reverencia, y el manto se dividió en tres^ 
pedazos, donándolos a la Maestranza, al Ayuntamiento y 
al cabildo de beneficiados de Ronda. 

Para pasar el cadáver á la iglesia de Ta Paz fue indis- 
pensable poner sobre las armas toda la tropa que habia 
disponible, y auxiliada de ella formar una valla de ma- 
deros fuertes desde la casa á la dicha iglesia, y por la 
siesta del dia a6 , en compañía de los tres ilustres mencio' 
nados cuerpos, se le trasladó. Y aunque se disponia un fu- 
neral suntuoso, la prudencia acordó, para evitar desórde- 
nes, colocarlo en el sepulcro á media noche. Dentro de 
dos cajas se guardó tesoro tan estimable , y se situó á los 
pies del altar de S. Joaquin. Cinco llaves cerraron las ca- 
jas, y se entregaron al Ayuntamiento, á la Real Maestran- 
za, al Clero, y las dos restantes á la dueña de la casa don- 
de se alojaba el venerable capuchino. 

El Sr. Cardenal Cienfuegos, Arzobispo de Sevilla, está 
encargado por comisión de la Santa Sede de actuar en la 
causa de la beatificación del R. P. Fr. Diego de Cádiz, y 
ha formado ya la curia , de que es S. E. presidente. Yo 
espero que el Ayuntamiento de Cádiz se mostrará parte, 
por la mucha (ó toda, por mejor decir) que le toca en un 
asunto de tanta importancia y de tanta gloria para la 
ciudad. 

Noticia de las obras que escribió el venerable Padre 
Cádiz. 



126 D 

Obras impresas. 

Sermones y alocuciones sobre -varios asuntos.. 8 tomos 
en 4-'* Madrid, en la imprenta de Pacheco. 

jj/ Ermitaño p&rfecto , vida del hermano Juan de Dios 
de S. Antonino. Un tomo en 4-*' impreso. 

El Soldado católico^ dos cartas á D. Antonio Jiménez' 
Gaamaño. 

Dos epitalamios místicos , para la profesión de dos 
monjas. 

Dos Cartas sobre diversiones públicas. ' 

Carta edificante sobre la vida ejemplar de D. Miguel; 
Calvo, presbítero. '« 

Carta pastoral publicada por el Sr. Obispo, de Moudo- 
ñedo D. Andrés Aguilar. 

Carta circular para la orden de S. Juan de DioSy publi- 
cada por su General. 

Papel en forma de instrucción sobre los deberes de un 
corregidor^ escrito á solicitud de D. José Eguiluz. 

Aljaba mística y y modo de visitar á Jesús Sacramen- 
tado. 

Trece novenas distintas. 

Obras qus dejó manuscritas. 

6 tomos en 4'** que contienen ochocientos sermones. 

3 sermones de los cinco que predicó en Cádiz á los 
protestantes. 

Un sermón de S. Miguel, predicado en Jerez de la 
Frontera. 

Oficio y Misa para la festividad de la Madre del Buen 
Pastor. 

Apología sobre el recto uso de las cedulitas de la Con- 
cepción. Un tomo en 4-** 

Memorial al Rey con motivo de la guerra contra la 
K^ública francesa. 



D . 1^7 

Colección de consultas graves, i tomos , y otros mu- 
chos opúsculos (i). 



Diego García Gorbalan, y su líermano Francisco Gor- 
balan , fueron á la conquista de las Islas Canarias en el año 
de 1491 con un cuerpo de 900 hombres, entre los cuales 
cuenta á nuestros Gorbalanes el historiador de aquellas is- 
las eií el número de los mas distinguidos. Desembarcó la 
espedicion en la rada de Tazacorté, situada al Sud-oeste de 
de Palma, en 29 de setiembre del dicho año, é inmedia- 
tamente se trabajó en trazar un campo atrin«herado sobre 
la misma ribera del mar. Estüvieror» contribuyendo á la 



(1) Salmo í 13, v. 1.* S. Mateo, cap. 1 i, v. 29; cap. 1 6, V. 1 7. S. Lu- 
cas, cap. 9, T. 5:cap. II, v. 1.' S.Juan, cap. ÍC.V. 2': cap. 21, v. 17. S, 
Pablo á los Romanos, cap. 10, V. i6: cap. 15, v. 19: á Tim. 2: cap. 4.°, v. 
7- y Z. El Misionero Capuchino^ por el Provincial Fr. Serafin de Hnrdales, 
IsladeLeoQ 1811. Oración dicha en Ronda p6r Pr. Luisde Sevilla, im- 
presa. Oración del Magistral de Sevilla D. Pedro Prieto,^ impresa. Ora- 
cion por Fr, Antonio de Hardales dicha en Antequera, impresa. El Nue- 
vo Pablo, por B'r. Fidel del Castillo, impresa. El Dr. D. íuan Alcovér 
escribió difusamente de las acciones y virtudes del V. P. Cadtz: parece 
se halla el manuscrito en el convento de Capuchinos de Cádiz, yo no 
lo he- visto. Gaceta de Madrid del 26 de mayo de 1 801 , y otros papeles 
y oraciones fúnebres, dichas eu honras, creo que llegan á 20. 

Nota I.'* Otros Santos varones han predicado también en el pulpito 
de Sevilla, donde los Santos Ferrer y Borjá; 

Nota 2.'' La partida de bautismo del V. P, Cádiz, copiada exac- 
tamente, dice asi: «En Cádiz, miércoles tres de abril de mil setecien- 
tos cuarenta y tres años, yo D. Manuel de Tejada, Cura propio en el 
Sagrario de la Santa Iglesia Catedral detesta ciudad, baptizó á José 
Francisco Juan María, que nació á treinta de marxo próximo pasa- 
do, hijo de U. Jbsé López Caiimáño, y de D.'* María de Ocana y 
Garcia.su legítima muger, casados en esta ciudad auo de treinta y dos: 
fue su Padrino D. Francisco de Ossorio: advertile sus obligaciones: sieo- 
do testigos D. Francisco Zisneros y D. Cristoval Galán, todos Tecinos 

de esta ciudad , y lo firmé ut supra,- — D. Manittl d« Tejada. Libro 

5i de bautismos, folio 271 vuelto. > 



i2S D 

pacificación de la isla, y para ello y para su conquista se 
hallaron en todas las acciones memorables de aquella y de 
la siguiente campaña, y en la batalla decisiva que se dio en 
3 de mayo de 1492. 

Debió ser conocido Diego Garcia por hombre recto y 
prudente cuando lo nombraron por Alcalde mayor de la 
misma isla de Palma, siendo el primero en el catálogo da 
estos Magistrados; y para mandar civil y criminalmente en 
tiempo de conquistas y descubrimientos, es menester te- 
ner mil buenas cualidades. 

Francisco Gorbalan siguió el ejército conquistador, y 
se halló en Us campañas de i49^ J en la de 94, y espe- 
cialmente en la desastrosa batalla de Acentejo , en la que 
cada español tuvo que batirse contra una multitud; y en 
la lista de los qu& mas sobresalieron se ve puesto á este 
Francisco, el que seria regular estuviera lleno de heridas. 
En 1496 fue elegido por el Gobernador D. Alonso de 
Lugo para Alcalde mayor de Tenerife, porque el crédito 
de Gorbalan y su buena opinión se habia fijado en la re- 
ciente república, desde que los españoles fueron testigos 
de sus hazañas, y asi es que lo nombra de Famoso con- 
quistador la historia de Canaria, y tenemos ya á los dos 
hermanos tan valientes militares, como íntegros y buenos 
Jueces. 

En «659 estaba inmediata á la ciudad de la Laguna una 
casa de campo en sitio ameno , llamada la Gorbalana: aca- 
so seria del repartimiento hecho á estos conquistadores (i). 



Diego Granado, Presbítero, Jesuíta é insigne teólogo. 
La casa de los Granados se indica estaba junto al mesón 



(1) Viera y Clavijo^A'oí/ci'a de la historia general de las islas de Cana' 
n«,tomo2.%pág. 147 y sig, 16*3,219,261 y 477: tomo 3.',p«g. 28Í. 



D mg 

«nevo, en aqud tiempo. Nació hacia el año de iSja, y 
pareció haber nacido con el niño la devoción. Todos sus 
juegos se reaucian á imitar las ceremonias de la Iglesia; pero 
con mucho decoro é inocencia. Aprendió en el colegio de 
la Compañía d« Cádiz las primeras letras, é inclinándose 
al instituto dé S. Ignacio, entró en su Congregación á los 
1 4 años de edad. Fué novicio en Montilla, y el dechado 
de todo el noviciado. ^Esplicó filosofía y teología en Sevilla 
con aplauso; y creciendo de dia en día su ciencia, llegó á 
esciibir Comentarios sobre el Dr. Angélico, haciéndolo en 
un todo con el mayor acierto. Parecia que habia bebido el 
espíritu y claridad de Santo Tomas , y que habló el mismo 
Santo por su boca, escribiendo con su misma pluma lo que 
le dictaba. ^ 

La sabiduría de Granado se tuvo por sobrenatural, y su 
fama llegó hasta los oidos del Papa Urbano VIII , y desde 
entonces le consultaba materias gravísimas. Se le conocía 
en su época por el nombre de el Maestreadlos Maestros. 
Era tan feliz su pluma, que referían su^Tontempf>ráneos 
que jamas tuvo que borrar una tan sola palabra de cuanto 
escribía , por inútil ó mal puesta, y que ni aun mudaba el 
estilo. 

Sucedió que imprimiendo sus dichos comentarios so- 
bre la primera parte de la Suma de teología, habiéndose per- 
dido por casualidad un cuaderno de los que se estaba ti- 
rando, fue necesario recurrir al autor por otro: escribiólo 
de nuevo, y lo entregó tan correcto, como lo demostró el 
que después pareció; de modo que cotejados ni una sola 
coma le faltaba. El mismo caso pasó con una consulta en 
Sevilla al cabo de dieraños. Estos sucesos son admirables, 
y tendrán pocos semejantes. 

El esmalte de estos grandes talentos era su profunda' 
humildad: iba á las escuelas á decir la doctrina con los 
parvulitos, y para Granado no habia hombre mas rudo é 
ignorante que él mismo. La uno^on que Dios daba á sus 
sermones y discursos atrajo al verdadero conocimiento á 

»7 



i3o D 

muchos eslraviados. Su prudencia se conoció cuando fue 
electo Rector del colegio de Sevilla y luego del de Granada, 
y de Procurador de estas provincias en Roma para con su 
General. El P. Nieremberg, que como otros, escribió la 
▼ida de este eclesiástico, refiere en ella -ttarios prodigios 
sucedidos por la intercesión y caridad del V. Granado. 

Su caridad sin límites se demostró en particular cuan- 
do una horrorosa avenida del rio iiyindó á Sevilla siendo 
él Rectal": repartia por las calles de la ciudad el pan, subi- 
do en una muía entre unos angarillones; el celo por la 
casa del Señor le consumía. Sevilla le debe en gran parte 
la magnificencia con que celebra la octava del Corpus su 
Iglesia Metropolitana. Era su fe tan viva y su devoción 
tan tierna, que desde que descubría alguna iglesia hasta 
perderla de vista iba descubierto , y en los caminos al ver 
algún sitio sagrado le sucedía lo mismo; y después de ado- 
rar al Señor en el luga» de los misterios, recitaba algún 
himno con pft^ñinda reverencia. En lo último de su vida 
quiso dar rele^fflse testimonio de su amor á la sacrosanta 
Eucaristía, haciendo una protestación de fe particular al 
tiempo de recibirla por Viático , á imitación de la que hi- 
zo en igual circunstancia S. Bruno. 

Su cariño y fino querer á la Madre de Dios era como 
su pasión dominante, y trabajó con fruto en todas pr- 
tes, y particularmente en Granada, para estender su cul- 
to. Comunicábale el Altísimo en la oración el conociniien- 
to de las cosas futuras, y asi prenunció su última enfer- 
medad. Seis meses antes de su muerte , habientlo celebra- 
da VLTL capítulo, los nionges Basilios del monasterio del 
Tardón, y resultando de él graves dificultades, suplicaron 
á Granado fuese á dirigirlos, lo que efectuó á costa de su 
vida por los. achaques con que volvió á su colegio de Gra- 
nada. 

Su muerte fue santa y agradable á los ojos del Supre- 
mo Hacedor creyendo píamente , y aconteció á 5 de enero 
de x632. Al partirse de este mundo esclamó con el Real 



D i3i 

Profeta : Lcefatiis si¿fn in hi's, quice dicta sunt mihi^ in domiim 
Domini ihUniis. « Me be alegrado , porque se me ha dicho 
que iré á la casa del Señor. « 

Se notó la Suma pobreza cort que habia vivido , pues 
su espolio no tuvo ni una estampa de papel de que ha- 
cerse, ni trajo de Roma ni una hilacha. El sentimiento fue 
universal en Granada por la pérdida de un sugeto en tan- 
to grado recomendable. El Tiumcrosísimo concurso que 
asistió á los solemnes funerales lo llamaba Santo. El Ca- 
bildo de aquella santa Iglesia y el tribunal de la Inquisi- 
ción, cuyo Galiíicador habia sido, se esmeraron en públi- 
cos obsequios á sus venerables cenizas. 

£n 6 de febrero del mismo año acordó el Ayuntamien- 
to de fCadiz «hacer honra* por la m'úei'te del P. Diego' 
Granado, por ser rtatural de la cmddd, en el colegio de 
la Compañía , en atención á su nobleza , santidad y lite- 
ratura. I» 

La nimia piedad de algunas personas deffeosas de mi- 
lagros cuentan varios hechos por el venerable jesuíta; 
¿pero no saben acaso que este es un asunto de cuyo co- 
nocimiento, calificación y canonización solo tienen el" de- 
recho nuestros prelados los Obispos "^ 

Escribe el P. Nieremberg en la vida de su hermano el 
P. Granado, que cuando estaba este ocupado en sus de- 
rociones hacia aguardar n los sugetos que le iban á visi- 
tar ó á consultar, aunque fuesen constituidos en grandes 
dignidades; y choca esto con la educación, el saber y la 
humildad del venerable caditano : yo por mí no lo creo. 

Murió á los sesenta años no cumplidos de su edad, y 
encima de su sepulcro se puso una losa grandísima , en la 
que se grabó un epitafio elogiaticio bastAite largo, y por 
esto no lo copio aquí. Dio á luz las obras siguientes: 

Commentariorwn in Summam Theologiam S. Thomas : ocho 
tomos en folio , de los cuales los tVes primeros esplican 
enteramente la primera parte ; los do3 siguientes la prime- 
ra de la segunda; el sesto la segunda de la segunda; los 



id2 D 

otros dos últimos la tercera parte ; entí-e los cuales corre 
inserto \\n Tratado de la Inmaculada Concepción : impre- 
sos en Sevilla en 1617. 

Compuso el rezo que dice la Iglesia Cadicense en la 
fiesta y octava de sus Santos Patronos Servando y Germa- 
no , y decretó el Cabildo se le diesen las gracias por este 
trabaj[o (i). 



Diego de Horozco. Vuelvo á hacer mención di este dig- 
nísimo regidor, porque habiendo dado la vida en defensa 
de su patria y por la mayor gloria de las armas n;iciona- 
les, le tributamos, como es justísimo , el homenagje de la 
Wayor gratitud , debido á su entusiasmo y valor y patiio- 
tismo. En el artículo Bartolomé Estopiüan referimos la ac- 
ción y la herida de que murió Diego Horozco. 



Diego de Sosa, reliíiioso Agustino. Nació el dia r3, 
de abril de 1696, y se bautizó el 21 del mismo mes y año: 
fue hijo legítimo de D. Juan de Sosa y de Doña Leonor 
García de Ribera. Tomó el hábito en el convento de Cá- 
diz, y profesó el 18 de enero de 1714 en nianos del R. 
P. M. Fr. Gasj>ar de Molina, Prior que á la sazón era del 
mismo convento de Cadia, y por último Cardenal de la 
santa Iglesia Romana, quien siempre miró con especial pre^ 
dilección á Fr. Diego. Destinado este á los estudios de fi- 
losofía y teología, aprovechó en ellos de tal manera, que 



(t) Salmo 121, v. i . J^ieremherg , Firmamento religioso , tom. 2.* y 
pág. 61 G y sig. Dicción, de Luis Moreri, art. Granados. Biblioc. nova 
Bitp. t, 1.», pág. 297. Pedraza , Hist. de Granada, pág. 296. Meniige, 
Vist. de los Santot Patronos , pág. 58. Bibliot, de Alegambe , pág. 3tí6 , y 
OiPO*. 



D . i33 

fue lector de prima y regente en su convento, y recibió el 
grado de maestro en teología. No limitó su estudio á esta 
sola facultad, sino que se aplicó con el mayor esmero al 
de los sagrados cánones y derecho civil,, con cuyos cono- 
cimientos, que fueron grandes, sirvió después al eminen- 
tísimo Molina en los gravísimos negocios que tenia á su 
cargo como obispo, como comisario general de Cruzada, 
y como presidente del Consejo Real y Supremo dé S. M. 

Cuando en 172 1 pasó á Roma el indicado Molina con 
d carácter de asistente general de las provincias de Espa- 
ña é Indias, llevó consigo de compañero al P. Lector Fr. 
Diego de Sosa á la edad de solos veinte y cuatro años, se- 
ñalado para este ministerio por sus Prelados y condecora- 
do con el grado de maestro de estudiantes. En los seis 
años que estuvo en la /<;apital del mundo cristiano acabó 
de formarse en los estudios de las ciencias eclesiásticas, 
singularmente en el de los cánones, y adquirió las ideas 
de todas especies de negocios que proporciona la mansión 
por tanto tiempo en la Ciudad por antonomasia. 

En 1726 asistió al capítulo general de toda la ordien 
Agustiniana que se reunió en PeruSít, y el siguiente re» 
gresó á España,acompañando al Rmo; Molina. Elevado es- 
te poco después á las altas dignidades que dejamos espre- 
sadas^pasó Sosa á Madrid el' año dé lySS , no solo en ca- 
lidad de su compañero , sino de su confesor. Desde este 
tiempo fue compañero inseparable del Cardenal , sirvién- 
idole con la mayor fidelidad y amor, siendo este tan recí- 
proco como de padre á hijo , que era el tratamiento que 
siempre le daba aquella Eminencia , y tan estrechos lazos 
sola la muerte del mas anciano pudo romper. Consta todo 
esto de las apuntaciones que dejó escritas el P. M. Sosa. 
No hubo negocio grave eclesiástico ó civil que se le ofre- 
ciese al Cardenal Presidente en que no fuese consultado 
^^ M. Sosa, cuyo parecer se escuchaba con aprecio por 
lo bien fundado que era siempre, y por el tmcparticu- 
lar con que estaba dotado para el acierto en los asuntos 



i34 D 

y espedieittes mas implicados y dudosos. 

Tue hombre de muy delicada conciencia , ageno de to« 
da ambición, y por eso, sobrándole las proporciones para 
obtener los mas Q^evados empleos dentro y fuera de su oi*- 
den , nunca quiso admitir alguno , y menos obispados , á 
que quisieron sublimarlo varias veces por la certeza que 
tenian de su mérito losTtHnistros y camaristas. Solamente 
admitió á grandes instancias los honores y exenciones de 
ex-Provincial con que su provincia de Andalucía quiso 
condecorar y distinguir á hijo tan benemérito. Tarabie»>ejl 
Sr. Benedicto XIV , noticioso de los méritos del M. Sosa 
y de los servicios que había hecho á la Ueligion y al Esta- 
4o, le concedió los honores y privilegios de ex-General 
de todo el orden Agustiniauo, gracia que renundó por sui 
modestia luego que falleció el sabi^ Pontífice. 

Habiendo finado el Cardenal de Molina en Madrid á 3o 
de agosto de i744> se vino Sosa á su convento de Cádiz , en 
donde vivió cerca de veinte y cuatro años en el retiro de sa 
celda y en total abstracción de los negocios temporales, 
ocupado en el único de su salvación , haciendo por consi> 
gifiente una vida religiosísima y edificante; celebraba la Mi- 
sa diariamente con grande devoción y fervor ; salia raras 
veces de la clausura; su conversación y trato eran modestos; 
en fin , los libros sagrados y devotos y apuntaciones espi- 
rituales eran los entretenimientos con que se preparaba 
para la muerte, que le acaeció en 7 de febrero de 1767, y 
al inmediato dia 8 fue enterrado en la bóveda del altar» 
mayor. 

Escritos del P. M. Sosa. 

Manifiesto jurídico en defensa del P. Provincial y Difi- 
nitorio de la provincia del Perú del orden de S. Agustin, 
de la que era Procurador general el mismo Sosa. Este es-^ 
crito contiene 189 páginas en folio, impreso sin año ni lu- 
gar, aunque se sabe se trabajó en 1736. 

Carta latUuiy diiigida al Parlamento de París por ma- 



D i35 



no del Arzobispo de la misma ciudad , en defensa, de la bu- 
la Unigenitiis ^ fecha én el convento de Cádiz el i5 de ma- 
yo de 1753 , manuscrita: manifiesta en ella los conocimien- 
tos que tenia de la doctrina de S, Agustin. 

Otros manuscritos quedaron entre sus papeles , que se 
sospecha ser originales suyos ,: y todos existen en la librería 
del raencionadoi convento de Cádiz (i). 



Dionisio nació en ao de agosto del año de 1^33 , del 
matrimonio de D. José, del Duque y de Doña Ana María de 
Varabarrena ; su padre, que era muy rico, dló los caudales 
para que se construyese la torre para el fanal del castillo 
de S. Sebastian de Cádiz ; y agradecido el Gobierno á tan 
importante y costoso- servicio , norabM Coronel de infante- 
ría á su hijo D. Dionisio , y Capitán de la misma arma á su 
nieto- D^ José., 

Después del año de 1774 se le confirió á D. Dionisio 
el mando del regimiento de Asturias (y no sé si antes ten- 
dria otro empleo ó destino , por no haber visto su hoja 
deservicios), y se le ascendió á Brigadier en 1779. Estan- 
do de guarnición en la provincia de Galicia la comisionó 
S. M. por dos 6 tres veces para que ofreciese err su Real 
nombre la dádiv^ de estilo anual al Apóstol Santiago , de 
cuya orden iniliiar era caballero profeso. 

Destinado su regimiento á la guarnición de la plaza de 
Oran, le halló en ella su promoción á Mariscal de campo 
en 178^ cuando la exaltación de Carlos IV al trono, y se 
le fió la comandancia general de la misma plaza de Oran, 
la que desempeñó hasta la tqtal ruina y abandono por 
los terremotos que desmantelaron aquel presidio. Se le dio 



/I) Libros parroq,uia1es. Libro </e Profesiones d«l contento d^ Saa 
jlgusüa de Cádiz, y noticias ad(]uiridus. 



i36 D 

cuartel en Cádiz, á donde permaneció el resto de su vida, 
que terminó en 29 de agosto de 1806 ; y por su antigüe- 
dad llegó á ser el decano de los generales de su clase en 
todo el ejercito (i). 



DoMiciA. Paulina nació á mediados del primer siglo 
del cristianismo, de una ilustre familia de Cádiz, según la 
historia universal que citaré. Casó con Tito Elio Adriano 
Afro, natural de Itálica, y en 23 de enero del año de 66^ 
como piensa el P. Masdeu, y según otros el 25 de enero 
de y6 , parió á Publio Elio Adrián», que después fue Em- 
perador , quedando viuda cuando su hijo contaba solos 
diez años. El difunto su marido nombró por tutores del 
huérfano á su pariente Trajano , que fue el antecesor en 
el imperio á su pupilo , y á Celio Taciano , caballero ro- 
mano , y ambos también de Itálica , los cuales determina- 
ron fuese el niño á Roma para atender de cerca á su edu- 
cación. 

Esto es cuanto podemos decir con certeza sobre la me- 
moria de Domicia Paulina , augusta madre y prima de dos 
emperadores que se han grangeado nombre esclarecido 
por sus buenas obras, y á quienes recuerda la historia con 
honor, porque la mayor parte de sus antecesores fueron 
ihicuos. No sabemos si tuvo el gusto de ver á su hijo en 
el tronó , el cual ocupó en 11 de agosto de 117, aunque 
el silencio de los historiadores parece como que suponen 
que ya habria muerto. 

Entre las monedas que se acuñaron en el imperio dé 
Adriano liay algunas que le dan el título de Hércules Ca- 
ditano, honrando de esta manera la patria de su madre, 
y adulando al príncipe con este dictado. 

: m • 

(1») Libros parroquiales. G^íias de Forasteros , Gaceta de Uadrid^c 
9 de junio de 1789, y noticiai adquiridas. 



D i37 

HADRIANVS AVGVSTVS 
P. M. TR. P. COS. III. 
HCIIC. GADIT. 

Que quiere decir: «Adriano Augusto, Pontífice Máxi- 
mo, condecorado de la potestad Tribunicia, y tres veces 
de la Consular, Hércules Gaditano.» Otra moneda de es- 
te Emperador tiene arrodillada ante sí la provincia de Aca- 
ya, y entre las dos efigies se repara una maceta de la que 
sale un ramo de apio. Cuentan que Hércules se comió una 
ensalada de esta planta para refrescarse después de su por 
lea con el león Neméo (i). 



1 -fi 



PoMicios, Familia notoriamente noble y de antigüe- 
dad remota en Cádiz. Los Domicios estuvieron emparen- 
t»i|o3con los Balbos, Suarez de Salazar en sus Antigüeda- 
des cadi tas as pone un epitiifío encontrado en Cádiz de es> 
te linage, cuya copia es la que sigue: 

Piedra pequeña de mármol. , 

.FABIA DOMICIA 
D. F. SEGVNDA SARCOPHAGO. 
DATA S. T. T. X. 

Dice en castellano; «Fabia Doniicia, hija segunda de 



(1) Storia universale citada en el ort. Argofitoma , tomo lo , pag. 133, 
Masdeu , Historia critica de España, tomo 0.* , ptíg. 231 ; y tomo 7.°, 
pág, 143 y siguientes ; y la ilustración 3.* Ferrerui , Historia de Es' 
paña, tomo 2.' , pág. 190 y otras. Sparciano ^ Adrianas Imperator ^ pá- 
gina 1 . Suarez , Antig. de Cádiz , pág. 1 1 g. Ocruley , Diálogo sobre la uti* 
lidadde las medallas , por Addison , pág. 124. Flore» , £s¡fíiña sagrada, 
tomo 12 , píg. 237 ; y otros muchos, 

/ i8 



i38 D 

Doinicio, está entregada á este sepulcro: la tierra te sea 
ligera. » 

Otras memorias de confusa distante antigüedad se con- 
servan del mismo linaje (i). 



* • Domingo Nicolás Escolano , Doctor del Gremio y Claus- 
tro de la Universidad de Salamanca, profesor y opositor 
mas antiguo a' las cátedras de sagrados Cánones de ella, 
escribió ; 

«NonnuUae in varia Juris Canonici capita Salmanticen- 
ses Elucubrationes: auctoreDoct. D. Dominico Nicolao Es- 
coiano, J. C Gaditano. In celebérrima Salmanticensi Aca- 
demia, eju^dem juris publico Professore, et pro obtinen* 
dis in eadem Universitate Calhedris antiquiore concerta- 
tore, Dicatae Eccell. Domino D. Didaco de Astorga et Cés- 
pedes, Arcliiepiscopo Toletano , Hispaniarum Primati etc. 
Salmanticae: ex typographia Francisci Garcia Onorato et 
S.Miguel, anno 1^22.» 

Esta es la portada del libro que es un tomo en cuar- 
to, ique tiene 4^7 páginas, y existe en la librería del con- 
vento de S. Agustin de Cádiz, estante i3, cajón 8. En el 
prólogo da razón de su intento en la publicación de esta 
obra , diciendo: 

«Sane, cum multis abhinc annis ingrcssus fuerira ha- 
rum litteraruní curriculum, cumque amplios annos vigen- 
ti in Salmanticensi Academia egerim candidatum, pro obti- 
nendisque cathedris saepé sarpius é suggestu Juris Cano- 
nici, prout sors dedir, enodaverim difficultates; fit, ut 
plures elaboraverim praelect'ones , casque non sine labo- 



(1) Masdeu , Historia de España^ tomo 7.* , pág. 143. Suarez de Sa- 
lazar, Antig. pag. 113 y 116. Ferreras , Historia Je España , lomo 2.', 
pág. 1 30. Storia univerttUe ya citada en el art. anterior. 



D - .39 

r€ perfecerim, ac tándem perfectas clarissimo doctorum 
Salinanticensium Senaiui perlustrandas alacri animo pro- 
posuerim. Hinc fateor de jure canónico 4pbui npn me- 
diocriter erudiri : quod et visus sum aliquibus consequutus: 
iis, inquam, qui alias non iniqui rerum aeslimatores , in 
has meas Elucubrationes plus forsan, quam par erSt, me- 
riti conlulerunt. Neo tamen adduci potueram, ut tanti fa- 
cer^m labores hujusmodi, ut quos é suggestu Salmantina» 
Academiae commiseram auribus, prííelodatos oculis ora- 
nium permiterem: doñee parendura fuit eorum senten- 
tiae, quorum auctoritas vira mihi mérito in ferré debuisset. 
Existiniarunt scilicet, fore ut communi non parum deser- 
virent utilitati, praesertim academicis candidatis, qui simi- 
lia solent desiderare exeniplaria, quae ipsis in hoc curri- 
culo praeferant facem.» 

Quince son las Elucfubrationes que contiene la obra 
sobre varios testos de las Decretales, del decreto de Gra- 
ciano y de las Glementinas. Los censores alaban al autor 
por su celo contra los jansenistas y quesnelianos. 

Que fue natural de Cádiz ademas de espresarse en el 
título del libro , como se vé en su portada , lo dicen tres 
epigramas puestos al principio en 'elogio del autor y su 
obra. El licenciado D. Francisco Antonio Izquierdo, Ga* 
tedrático de Cánones en Salamanca , dice asi: 

Desinat Hercúleas urbs gaditana columnas 
Concelebrare, mirum urbis, et orbis opus. 

Plus ultra cálamo , quam Martius Herculis ensis 
Indigcna ascendit, sic Escolanus agit. 

Pebo este sugeto al citado P. M. Reguera. Y habién- 
dolo buscado en el Archivo Parroquial , se encuentra fue 
hijo de D. Pedro Escolano y de D.* Maria de Pina, y se 
bautizó en 17 de agosto de 1675. 

El Sr. Astorga, á quien dedicó Escolano su libro, ha- 
h\^ nacido en nuestro Obispado , como natural de Gibral- 



l4<5 D 

tar, y fue Provisor en Cádiz, á donde lo conoceria; y luC' 
go se cubrió con la púrpura cardenalicia, y presidió co- 
mo Inquisidor General el Consejo de la Suprema, 



V 

DoMiXGO García nació en 19 de noviembre y se baititt- 
2Ó en 4 de diciembre de 1687, hijo de Anfonio García Mi- 
randa y de D.'' Catalina de Zuira. Entró en la Compañía 
de Jesús y enseñó filosofía y teología. Fue Vice-Provin- 
cial de Andalucía en lySi, y Examinador Sinodal en los 
arzobispados de Sevilla y Granada. Resplandeció en la 
oratoria eclesiástica y profana y en la ciencia teológica. 
Murió en el convento de Mercenarios Calzados en Jerez 
de la Frontera por enero de 176S, porque sus enferme- 
dades y años le impidieron seguir como quería á sus her- 
manos en el destierro. 

Imprimiéronse diversos panegíricos y varias oraciones 
fúnebres , y entre estas una que pronunció eri 12 de agos- 
to de ij^y en Sevilla en las exequias del ejemplarísimo 
Arzobispo electo de Mitilene, el Sr. D. Gabriel de Torres 
de Navarra, con el título La ancianidad virtuosa. Otra en 
las del virtuoso Arcediano D. José Manuel de Céspedes, 
en Sevilla en 1748. Otra en las honras del Abad de be- 
neficiados de Sevilla D. José García Marchante , en pre- 
sencia del Emmo. Sblis, y se imprimió en Córdoba en 
1753. Otra en lasVsüntuosas del V. D. Alonso Sánchez 
Calvo, dicha en la parroquia de S. Miguel ¿e Sevilla en 
1731. Otra en las del V. Clérigo de órdenes menores Don 
Juan Felipe Ami^ en Sevilla, ene; de mayo del drcho üíío 
dei 3i. Y al panegírico á la Patroná del Puerto de San- 
ta Maria , impreso en Sevilla en 1761. Y de estas solas 
son de las que puedo dar razón. También dejó manus- 
critos distintos tratados teológicos ^y muchos sermone» que 
correrían la suerte de los oUos muchísimos que tenían 



D til 

loá^jesuitas en sus aposentos en la noche de su prisión. 
En Cádiz le cogió esta al P. García (i). 



Domingo Máximo Zacarías. Véase Zacarías. 



E 



E 



NRiQUE DTE. LAS Marinas. Véasc Henriquó. 



Epitacio (Santo). No hay cosa mas difícil en la historia 
eclesiástica que el examen y seguro conocimiento de .los 
primeros Prelados y Maestros de las Iglesias particulares, 
porque la gran distancia de4 tiempo y las continuas per- 
secuciones que padecieron todas, no solo obscurecieron 
sus primitivas memorias, sino que la sencilla credulidad 
dé los siglos intermedios , y el genio incauto de algunos 
escritores han introducido como seguras tradiciones, mu- 
chas descaminadas noticias. ,iY si este embarazo arredró al 
antiquísimo y diligentt? escritor Ensebio. Cesariense, cuan- 
to mas á nosotros después de tantos siglos , y de tantos 
falsos manuscritos? ' 

Por esto solo los que ignoran los mas constantes prin- 
cipios de la historia del cristianismo, dejarán de confesar 
la duda y obscuridad grande para fijar la cuna' y edad en 



(1) Biblioteca j'esu{tic0de Hcrvas, art. Careta, Bi/'os de Sevilla ñor 
Arana, númert» 3.° , pág. II. Libros parroquiales. Ramireí de Luque, 
Colección de Santos y Fenerables del Clero secular y tomo 4.' , pág. 87 : to- 
»o ü." , pig. 195 , 204 y 243-. tomo 7/ , pág. 212 y 222 ; y noticia* 
adquiridas. a * 



l42 E 

•qu« vivieron los inmediatos sucesores de los Apóstoles: 

con esta salvaguardia entramos á hablar de 

San Epitacio, Obispo y MéRTin. Sus padres, á lo que 
dicen, pasaron con él siendo chiquito á establecerse á la 
antigua Ambracia , hoy Plasencia; y de la larga residen- 
cia que hicieron en ella con su hijo, le tuvieron á éste 
por nacido allá. Tuvo la fortuna de oir predicar á S. Pe- 
dro, Obispo de Braga, discípulo de Santiago, y se con- 
virtió. Gozoso el Prelado con tal conquista, lo bautizó y 
lo asoció á su compañía. Fue luego admitido en el nacien- 
te Clero por la pureza de sus costumbres; y el Apóstol 
patrón de España, como Primado, lo sacó de su Provin- 
cia y lo llevó á Jerusalen. 

Quieren algunos que Santiago consagrase en Siria por 
Obispo de Tito á Epitacio; sea lo que se quiera de esto, 
él yolvió á España y fue trasladado á la Diócesis de Tuy, 
cuya iglesia le cuenta entre sus Pastores. Dilató su visita 
evangélica hasta Ambracia, y en ella fue preso por cris- 
tiano: por su valerosa constancia en no renunciar la fe, 
lo azotaron cruelmente, envileciéndolo y atropellando las 
mismas leyes que los romanos se hablan impuesto, por- 
que nuestro Santo por su naturaleza caditana gozaba del 
privilegio de ciudadano romano. Lo pusieron en el potro, 
y fecundísimos lo^ paganos en ideas infernales para hacer 
padecer á los mártires, lo suspendieron en el aire, atán- 
dolo por la garganta á un madero, y le colgaron unas 
gruesas piedras á los pies , en cuyo doloroso estado per- 
maneció hasta que recibió en el Cielo la corona debida 
á su triunfo. 

Sucedió el glorioso martirio de este Pontífice el a3 de 
mayo del año de 5^, al parecer; y lo celebra la iglesia 
de Cádiz el mismo dia anualmente, junto con el de San 
Basiléo, que se dice ser primer Obispo de ella, aunque 
el martirolo^o romano no lo condecora con tal dignidad, 
ni nosotros lo creemos Obispo, ni que hubo tal Silla en 
aquellos sigl(}^. 



E 1 43 

Los Bolandos nada nos dicen de la patria de Epitacio. 
fiernabé Moreno de Vargas, en su historia de Mérida, lo 
hace Obispo de aquella ciudad, y esto á nuestro enten- 
der no tiene tanta dificuhad como suponen algunos. Ro' 
drigo Caro y D. Rodrigo Acuña creen que nació en Bac- 
cia, ó Barcelos. Fr.^iego Morillo en su historia del Pilar 
dice fue Prelado de Zaragoza, y sucesor de un Teodoro. 
Tamayo de Salazar, que tanto soñó para desgracia nues- 
tra, escribe que en tiempo del Rey Leovig^|lo, el Obispo 
de Tuy Neufila, habiendo practicado esquisitas diligen- 
cias en las ruinas de la antigua Ambracia , para hallar las 
relí .juias de su primer Obispo , favoreciendo Dios sus pia- 
dosos intentos encontró el estimable tesoro que buscaba, 
y lo llevó á su iglesia hacia el año de 584, adonde fue- 
ron colocadas con la mayor veneración. Sandoval en las 
grandezas de Tuy dice que po» el año de 638 tenia San 
Epitacio altar dedicado en la misma ciudad. 

El Maestro Flores que tanto ilustró la historia eclesiás- 
tica de nuestra nación, nada menciona de lo que dice Ta- 
mayo sucedió en el obispado de Neufila; no pone á. San 
Epitacio entre ios Santos de la iglesia de Tuy, ni tiene 
al Santo por Obispo de la dicha Diócesis. El Dr. D. Juan 
Bautista Suarez de Salazar afirman escribió una obra F¿" 
da de S. Epitacio, Obispo, que se cree perdida. D. Juan de 
Ferreras en su historia de España hace de tiempo mas 
cercano á este Obispo. 

El Marqués de Mondejar , gloria y ornamento de la al- 
ta nobleza de Castilla, en las menioriüs históricas de Don 
Alonso el VIH, página i54, escribe: «La semejanza del 
notiibre de Ambroz, notoriamente árabe, en cuyo sitip 
se fundó Plasencia, con el de Ambracia, ilustre ciudad 
de Epiro en Grecia, bastó para que se soñasen ridiculas 
ficciones en los mentidos escritores que se fueron fraguan- 
do ea el siglo pasado (en el diez jr siete) en apoyo del su- 
puesto Destro , y fuera moportuno detenernos á manifes- 
tar sus patentes errores....» 



i44 E 

El lector dirá qne se le deja en perplejidad acerca de 
las noticias históricas del Santo Obispo Epitacio, y que 
solo derramamos dudas é incertidumbres en este attíoulo. 
<]onvenimos en ello, porque mas queramos que se dude 
de lo dudoso, que no asegurar lo que no nos consta do 
cierto , ó con una píxidente probabilidad; y lo mismo en- 
tiéndase cuando tratemos de S. Eutichio. 

Lo innegable es que pocos obispados del carácter y 
antigüedad áfá de Cádiz tendrán su historia eclesiástica 
en iD^ayor confusión y abandono (i). 



EucHARio , Presbítero asistente en el Concilio de Ili- 
beri en calidad de diputado de la iglesia cadiceña , y en 
la nominación de los Presbíteros en el manuscrito Ge- 
rundense, es el XIII. No sabemos de positivo si seria na- 
tural de la isla de Cádiz; pero nunca estará demás en es- 
ta obra un sugeto á quien confiaron los fíeles caditanos 
'sü'^poder, y por ouyo nombramiento se nos hace cono» 
cer que estaba floreciente la religión que pnofesamos en 
aquellos primeros siglos en nuestra patria, y que nos re- 
• pres'etitó en la dicha santa Sinodo. 

«Firmó (en el concilio ) a Municipio, sin quo se ten- 
ga noticia de mayor espresion , y sin que la necesitase, 
pues.... parece que en diciendo Municipio, se entendia 

• 

1 1 I I I I I r ' " II' m^m^mym^mmmm^mrmmfmm'^^-i i , y i i i i i ■ i i | . 1 iiy.»^^.^— pi^ 

(1) Martirologio Romano , 23 de mayo. 3o\andos, ^cta Sanctoritm, 
maji , tomo b.* , pág. 148. Tamayo de Salazar, Vida de S. Epitacio \ y 
eo ella las citas de Varga», Caro, Acuña, Morillo y Sapdpval. Con- 
cepción, Emporio del Orneen capítulo particular , que es el del libro 
3.* , cap. 9. FJorex , España sagrada, tomo 22, pág. 26, 29 y 50; y to- 
mo 23 , pág. 96 y 97. Offieia propria Eccl. gad. pág. 35. Mondejar citado. 
El traductor de la historia eclesiástica de Beraull Bercaste^ en las 
notas al primer tomo, pág. 4QO , seinclina á que S. Epitacio murió eft 
]a segiuida persecución en tiempo de Fiarlo Doipiciano, 



E i45 

• 

antonomdsticatnente á Cádiz, única ciudad en el honor de 
convento jurídico con razón de Municipio; lo que la ha- 
ría ser conocida como tal ciudad (especialmente en la Bé- 
lica , donde se tuvo el Concilio ) por solo nonihrar el 
Municipio^ sin mas aditrx Mendoza quiso recurrir á Gala- 
horra, por haber sido Municipio; pero ni consta que asis- 
tiese al Concilio ningún Presbítero, que no fuese de la 
Bética y sus contornos, ni hay razón especial para Gala- 
horra mas que para otras muchas ciudades que eran Mu- 
nicipios; pues solo dentro de la Bética habla diez y ocho. 
¿Pero cuál de ellos competida con el de Cádiz? ,; Quién taa 
famoso en antigüedad, en riquezas, en religión , en multi- 
tud de ciudadanos? ¿Cuál de ellos tenia el honor de ser 
cabeza de pueblos en virtud del convento jurídico? Nin- 
guno sino éste. Luego en diciendo el Municipio , hemos 
de entender entre todos los de la Bética á Cádiz. Asi lo 
persuade la medalla citada, y otra que se pondrá después: 
asi lo confirma el ser único en razón de chancillería : asi 
parece lo publica la firma referida ; pues si no hubiera en 
la Bética un Municipio que se entendiese por tal título, de 
ningún modo se contentara el Presbítero con aquella es- 
presion; y suponiendo que lo hubo, solo á Cádiz pode- 
mos recurrir; infiriéndose de aqui la mucha antigüedad 
de la religión cristiana en esta isla, pues tenia Rector ecle- 
siástico en el siglo tercero, el cual asistió al Concilio de 
Eliberi en la misma entrada del siglo cuarto.» Hasta aqui 
el Maestro Florez, que citaré abajo. 

Tamayo de Salazar en sus delim)s atribuye este di- 
putado á la supuesta iglesia de Ambracia: le contesta- 
mos con las mismas razones con que refutó Florez la opi- 
nión de Mendoza, y á todos los demás que tienen igual 
pretensión para otras iglesias. 

El Concilio Iliberilano, que podamos llamar también 
ahora de Granada, es el mas antiguo de España, cuyas de- 
terminaciones canónicas han llegado enteras hasta nues- 
tros diai: se celebró en el año primero ó segundo del si- 

19 



i4S E 

glo cuarto : asistieron diez y nueve Obispos y treinta y 
seis Presbíteros, y según conjeturas cincuenta y cuatro 
Diáconos. La autoriilad tle esta santa Sínodo es grande, 
y toda la Iglesia la ba mirado siempre con veneración. 
Se ba creido que el Arcbipreste Eucbario ascendió al 
Episcopado, y que vivió y murió santamente (i). 



Eugenio Pernia Maria.no, monge de la observante 
orden de la Cartuja, nació en 7 y se bautizó en 25 de se- 
tiembre de 1688. Hizo su profesión en el monasterio de 
Jerez de la Frontera en 29 de junio de 17 12. Fue electo 
prior de su casa en 3i de marzo de i73o; y en el año de 
36 lo nombraron visitador de esta provincia, sin baber si- 
da antes, covisitador. Hallándose ya avanzado en edad , y 
pareciéndole no podía seguir la observancia de su institu- 
to con todo el rigor que siempre lo babia hecho, pidió 
con muchas instancias su absolución , alegando no quería 
morir prelado, sino que le concediesen algunos dias de 
retiro (como si no hubiera vivido siempre retirado) para 
disponerse á pasar á la eternidad, y pedir al Señor miseri- 
cordia ; la que le concedieron los superiores , no sin gran- 
de sentimiento de su comunidad, en el año de 1752. Go- 
bernó su monasterio 23 años con tanto acierto y edifica- 
ción, como fue notorio á toaos, y 16 años la provincia. 

Era prudente sin cobardía , afable sin fingimiento , mo- 
desto y sabio sin vanmad; y tan devoto, que aunque hu- 
biera tenido mucho ruido de huéspedes y negocios, luego 
quedaba tan solitario, tranquilo y recogido en su orato- 



(1) Florez , España sagrada , tomo 10, pág. 42. El sacristán de Pinos 
de la Puente, carta seguTida, pág. 6 y siguientes. Beraiilt Bercastel, 
Historia eclesiástica, traducida, tomo 2.*, pág. 402. Masdeu , Historia 
de España, tomo 8.' , pág. 268. Tamayo de Salazar, Vida de S. Epita- 
fio , pág. 185. Y oUos louchos. 



E i47 

tío como un novicio. Fue muy caritativo con los pobres, 
y su corazcyi era amante de la misericordia , asi que jamas 
salió ningún necesitado desconsolado de su presencia. Cui- 
dó con el mayor celo del aseo y mejor decencia de su 
iglesia, á cuyo fii> espendió crecidas sumas, siendo prior, 
en pinturas, ornamentos (que unas y otros son muy bue- 
nos) y otros adornos (estos adornos serán los de estuco 
en la iglesia del Monasterio. ¡ Ojalá no se hubieran puesto ! 
Bien podrian los VV. Monges que hoy lo ocupan mandar 
se raspasen, porque afean muchísimo su hermosa iglesia), 
para su hermosura y preciosidad , y magnificencia del culto. 
En su prelacia se consagró la iglesia de su monasterio. 
Subió cinco veces á la gran Cartuja para asistir á los ca- 
pítulos generales, y alli juntos todos los priores de la or- 
den mereció que su General lo propusiese por modelo de 
modestia. Murió santa y tranquiLimente , conforme á su 
vida, en la paz del Señor, en su propio monasterio de Je- 
•rez el día aS de diciembre del año de ijSS (i). 



San Eutichio, soldado y mífrti||^ Aunque la injuria de 
los tiempos robó á la posteridad las actas sinceras y par- 
ticulares de este Santo, á quien venera la iglesia caditana, 
con todo no pudo borrar las noticias que por el conducto 
de una tradición apoyada en cierta manera con la supre- * 
ma autoridad de Gregorio XIIÍ, Paulo V, y otros pontí- 
fices, llegaron á nuestra edad, bastaiy;es para acreditar la 
constancia de la fe, y el glorioso triunfo de este invicto 
confesor. 

Ignórase el año de su nacimiento y la mayor parte dé- 
los acontecimientos de su vida ; solo se escribe que se alis- 



(i) Libros parroquiales. Libro del registro de los monges de la san- 
ta Cartuja de Jerez. 

\ • :• 



1 48 E 

tó en el servicio de los Emperadores romanos confedera- 
dos de la república , en que suponemos nació. La altísima 
Providencia le depararía alguno de aquellos varones evan- 
gélicos , que hicieron resonar la voz de la verdad en su 
isla. Grabáronse de un modo tan indeleble en su corazón 
la moral y los misterios de la religión, que no pudieron 
borrarse, ni con el continuo trato con los soldados genti- 
les, ni aun con los vehementes dolores de los mas acer- 
bos tormentos. 

Nada nos dicen los mas críticos martirologios del mo- 
tivo que obligó á Eutichio á hacer pública confesión de 
la fe que profesaba: lo que no dudan es que su generosa 
alma renunció gustosa los atractivos de la brillante fortu- 
na que pudiera haber conseguido en la carrera honrosa 
que seguia. Tampoco sabemos las particularidades de su 
martirio, aunque las escribirian los hermanos destinados 
para este intento, al mismo tiempo de ejecutarse, para 
leerlas en los oficios eclesiásticos , remitirlas á las otra# 
iglesias, y trasmitirlas á los futuros siglos, según la cos- 
tumbre de los cristianos desde el nacimiento de la iglesia, 
^ y la desgracia de haberse perdido nos ha acarreado mil 
congojas. Pero se as^|urd*que imperando Decip fue preso 
en Cádiz por discípulo de Jesu-Gri&to, y por no querer 
adorar á los dioses de las gentes, y que degollándolo ob- 
tuvo la brillante corona del martirio hacia el año de aSi. 
* Se puede sostener que habiendo acaecido el suplicio del 
Santo en nuestra isla, los cristianos recogerían sus reli- 
quias para honrarlas^La Iglesia católica celebra su victo- 
ria en ii de diciembre, en cuyo dia hace conmemoración 
el martirologio romano; pero dice solamente: en España 
•San Eutichio mártir. 

La uniformidad del nombre de este confesor con $an 
Eutichio, discípulo de San Juan Apóstol, á quien mencio- 
na el martirologio romano en 2^ de agosto, ha dado mo- 
tivo para que confundan á los dos santos varios santora- 
les ; pero si se atiende á las épocas en que dicen floreció- 



. E 1% 

ron, se desvanece la confusión. Es bien sabido que Eut'- 
chio,' discípulo del Evangelista, murió en la tercera perse- 
cución de los gentiles en el año de 112, siendo empera- 
dor Trajano, en un pueblo, según se oree, llamado Tela, 
en el antiguo pais de los Vaceos. Y siendo opinión pro- 
bable que vivia ^1 caditano Eutichio i4o años después, 
mandando el imperio Decio, y que padeció en la se'ptima 
persecución gentílica , según lo tratan de acreditar diferen- 
tes autores, se convence claramente que fueron distintos 
los dos Eutichios , asi en los años en que vivieron , como 
en el distinto ejercicio en que se emplearon. 

Fersos antiguos hechos en loor del Santo mártir Eutichio» 

Eutichii Corpus jacet hoc in marmore clausura, 

Gaditanus equeai martyr et ipse simul. 
Barbara cum Decius decrevit justa per orbem, 

In quibus, ut divos quis veneretur habet: 
Militis ergo fidem cognoscens saepe satelles, 

Praesidis in faciem obtulit ultro virum. 
Cumque Deílm prorsus nollet figmenta, Beatus 

Martyr honorare, protinus esse cadit. 

La traducción de estos versos fue hecha por el Mar- 
ques de Méritos , ya difunto , y copiada del legajo de sus 
poesías. 

Yace aqui sepultado el santo cuerpo 
de un caballero y mártir gaditano, 
Eutichio, en tiempo que salió el decreto 
de Decio favorable a dioses vanos. 

Los ministros de este impio, conociendo 
la fe de un campeón tan esforzado, 
y lo que de ella resultar podria 
á plena confusión de dioses falsos, 

Pónenle en su presencia, y él valiente, 
cuando creerían verle intimidado, 



i5o E 

niega resuelto adoración y culto 
á mentidos fingidos simulacros; 

Adoración y culto da á aquel solo 
Dios verdadero, santo, santo, santo: 
un bárbaro por esto le da muerte, 
y un Dios eterno inmarcesible Jauro. 

La santa iglesia de Cádiz no tiene necesidad de men- 
digar glorias agenas , ni que adoptar las invenciones de los 
falsos cronicones: ella tiene sus glorias propias, y mere- 
ció de la divina mano muchas particulares bendiciones con 
que la ha engrandecido por medio de los santos suyos por 
título legítimo. La tierra de Cádiz ha s^ido bienaventura- 
da por haber recibido en su seno la sangre de beatísimos 
mártires , como dignamente lo publica el breviario antiguo 
de Sevilla. O niultum beata térra gaditana qiuv gremio suo 
bcatoruní martyrum. sanguinem suscepisti. Yo no dudo que 
muchos , muchísimos caditanos están en el cielo con la lu- 
ciente palma del martirio : seria una temeridad el no creer- 
lo, porque siendo innegable la antigüedad de la religión 
en la isla de Cádiz, y su inmensa población; ¿luego cuán- 
tos habrán confesado en los tormentos á Jesu-Cristo en 
tantas persecuciones? Nuestra desgracia ha sido el que se 
han perdido todaS*Sus noticias (i). 



(1) Martirologio romano , en el 1 1 de diciemhr*. Id. el de Tamayo de 
Salazar, tomo 6, en el dicho- dia. Florcz, España sagrada , tomo 13, 
pág. 314; y tomo 23 , pág. 97. Emporio de/ orbe , lib. 4, cap. 4, pág.223. ■ 



i5i 



F 



1- ADRiQUE Francisco : asegura que es natural de Cádiz 
Alonso Gerónimo de Salas Barbadillo en su obra Coronas 
del Parnaso , impresa en Madrid el año de i635 , en el 
discurso i.% pág. 9, n y siguientes; y lo elogia como á poe- 
ta y jurisconsulto , y nada mas he sabido de este sugeto. 



Familias Gaditanas. Véase en sus artículos á las de los 
Balbos^ Canios^ Col amelas ^ Domicíos , Pedroso ó Colarte^ 
Marrufo j P/ocz«, Pudieran formarse otros artículos de las 
de Amaja^ Argwnedo, Cabrón^ Sánchez de Cádiz ^ Casti- 
llo^ Estopiñan^ Garda ^ Herrera ., Mesa, Micony Molina, 
tácardos. Rojas, Vaeza^ Villavicencio, 



Felipe Ricardos, gobernador «de Málaga : hablaré mas 
áe él en la letra R, por no haber aun rcunillo noticias su- 
ficientes para su artículo. 



Felipe Ignacio Trujillo y Guerrero nació en 2 de 
noviembre, y se bautizó en 18 del mismo mes y del año 
de i652: se llamaron sus*padres D. Juan Tiujillo y Doña 
Leonor Guerrero. Fue ct)legial en el mayor de San Barto- 
lomé el viejo de. Salamanca , fiscal de la Inquisicien de 
Barcelona, inquisidor mayor en Palermo, abad de Santa 
Materrana, gobernador de la Orden de San Juan, fiscal 
regente del supremo Consejo de Italia , y diputado del rei- 
no de Sicilia , nombrado en el parlamento general de las 
Cortes que en él se celebraron. Electo obispo por S. M. 



i52 F 

de la iglesia de Meclioacan, se consagró y ocupó su silla 
en 26 de octubre de 171 1. 

Era de tan compasiva índole y magnánimo espíritu, 
que cautivó las voluntades de sus diocesanos. Construyó el 
Panteón de aquella catedral, y le dedicó solemnemente, 
pronunciando una oración al intento muy erudita y pro- 
pia de su talento y energía. Santificó su obispado por nue- 
ve años, gobernándolo con particular acierto, y falleció 
en su capital con grande edificación y sentimiento de to- 
dos en el año de 1720, á los sesenta y ocho de su edad. 

En 1 7 10 vino á Cádiz para embarcarse, y el ayunta- 
miento acordó cumplimentarlo (i). 



Félix de Rioja y Rítamal (el venerable mártir y re- 
ligioso Padre Fray), antes Conde de Riomolino, nació e|^ 
el «ño de 1691, y se bautizó en 17 de noviembre: era 
hijo del Maese de Campo D. Nicolás de Rioja , caballero 
del Orden de Calatrava, y de Doña Ana de Retamal. Re- 
nunció su casa, mayorazgos, títulos y demás derechos que 
disfrutaba en su hermano menor, para poder entrar en e\ 
orden de los Ermitaños de S. Agustin, lo que verificó, to- 
mando el hábito en el convento de Cádiz en el año de 
IJ07 , y en 2 de junio del siguiente profesó en la florida 
edad de 16 años. Antes habia querido vestir la ropa de 
los jesuitas, según una carta que he leido suya á un Pa- 
dre de la Compañía. 

En 17 1 2 pasó á las islas FiKpinas, en cuyo pais por 
propagar la doctrina cristiana sufrió rigoroso martirio, del 
cual falleció en 1736. El Sr. Obispo de Cebú mandó se 
hicieran las debidas informaciones, como Diocesano y or- 



(1) Libros parroquiales. Serie de ¡os obispos de Mechonean pág, 331» 



•Ssíji 



F i53 

dinario mas inmediato, las que se actuaron con arreglo á 
derecho. Me ha dicho el Maestro Reguera de Ja misma Or- 
den, y morador del convento de Cádiz, tiene en su poder 
documentos con muchas mas noticias del noUe j bien- 
aventurado Frayle Rioja; pero no ha tenido proporcipn de 
confíármelas (i). 



Ferna-ndo BüEiro, Doctor en Medicina por la Universidad 
de Sevilla, en la que fue Catedrático de filosofía, después 
de anatomia, y últimamente de vísperas j Médico de S. M. 
y del hospital y convento de S. Juan de Dios de Cádiz. 
Me inchno á creer c(ue fue natural de Cádiz, por lo que 
después diré. 

Escribió « Aparato solenmé y diario festivo , con que se 
celebró la canonización del gran Padre y Patriarca S. Juan 
de Dios» en su convento de la ciudad de Cádiz, por el 
mes de setiembre del año de 169 1. Un tomo en cuarto 
impreso en Lisboa á costa del Alférez Bartolomé Nuñcz 
de Castro, año de 1693, y dedicado por el autor á D. Pe- 
dro José de Vülalta y Vaeza, Almirante general de la ar- 
mada de la guardia de la carrera de las Indias (cuyo ca- 
ballero era caditano), y la dedicatoria contiene algunas no- 
ticiqi genealógicas de los VillaltcLs y Faezas , antiguas é ilus- 
tres familias de Cádiz, cuyo escudo de armas se pone al 
principio del libro. Este contiene no solamente la relación 
de las fiestas que por ocho ó nueve dias se hicieron en Cádiz 
á la dicha canonización, sino también los sermones que se 
predicaron en ellas. Esta relación fue muy celebrada por. 
su invención, estilo en prosa y verso, erudición sagrada y 
profana , todo conforme al ^usto de aquel tienipo , siendo 
uno de los aprobantes y celebrantes el P. M. Dartolouié de 

■ ' ' i i I I i i> ) m i i ' i ii I . ■ ■ ■ . <i i i ^M ; 

V. 

(1^ Lii^ros narronjples, yt tioúei«s 4a(Ias por sus suce«orf k, 



i 54 'F 

Salas, de quien el autor fue discípulo en filosofía en el co- 
legio de S. Iler menegilda de Sevilla, de la Compañía de 
Jesús. ':■''' ■ ■ ' 

Dij^ antes que, nie inclinaba á creer que este escri- 
tor nos pertenecía, y el fundamento que tengo es, que en 
el epigrama latino que compuso en su elogio, y está al 
principio del libro, D. Cristoval de Pedrosa, Doctor y Cate- 
drático de medicina ^ la misma Universidad de Sevilla, fi- 
lializa de este modo: 

Ferte Boni: nomen Fernandi ad sidera docti, 
Carpentes auras cuncti in utroque polo ; 
Suavibus astiiferum concentibus aethera captel, 
Gadibus liic totaní nanique beavit humum. 
Pudo ser abuelo ó tio este D. Fernando del Cura dé 
la parroquia, de Santiago D. Padro Gómez Bueno. Por este 
apellido no lo he podido encontrar en el archivo. 



Fernando eél Castrillo , ele la Compañía de Jesús. 
Doy por sentado que nació antes déla destrucción de Cá- 
diz en 1596, porque no he hallado su partida de bautismo 
en el archivo actual. El autor de. la biblioteca de los je»- 
suitas le hace sevillano 5 pero D. Nicolás Antonio dic^ se 
engañó : acaso nacerla esta equivocación de haber vestido 
la sotana en Sevilla, ú ordenádose de Sacerdote por aquel 
Metropolitano, ó por haber hecho larga residencia en la 
misma ciudad. También confirma el no ser de Sevilla el 
que no lo pone como suyo el recopilador de los hijos ilustres 
de Sevilla, que he registrado j y mas que todo el que él 
mismo dice ser natural de Cádiz. 

Fué autor de la ^^ Historia j Magia natural^ ó filoso- 
fía oculta, con nuevas noticias de los mas profundos mis- 
terios y secretos del universo visible etc. , escrita por el Pa- 
dre Hernando CastVillo, de la Compañía de Jesús, natural 
de Cádiz,» Se imprin^ó este libro la príjiera vez en Tri- 



F i55 

güeros el año de 1649 ^" 4-** por Diego Pérez de Estu- 
piñan; .y se reimprimió en Madrid en 172 3 por Juan SanZ) 
ert 4'** El ilustre maestro Feijoo critica con mucha justicia 
el retumbante título de esta^ obra /|ue*vale poco (i). 



Ferpímdo DB Mbnroza. Mate DB, Luna era Goberna- 
dor de la ciudad de Salta de Tucuntian en las Indias oc-r 
cidentales, hacia el año de 1681; única noticia que he ad- 
quirido, y se ha tomado de la historia civil del Paraguay 
delDe^n D. Gregorio Funes, tomo 2°, Jib. 9, cap. 9, comu- 
nicada por €ff Canónigo Lectora! Sr, D> A/ífonio Trianes. 

Hallo en el P. Concepción, p. 34ííi que Z). Lope de Men- 
doza Mate de Luna fue Sargento mayor de la plaza de Cá- 
diz, y lo juzgo padre D. Fernando. 



IfERRA-MT; Go,n;ía.lez DE Ordiales. Yeai&c Soncho . Garcü» 
de Argiunedos. 



Francisco de Arrieta, Capitán de Naos, y Regidor 
del Ayuntamiento de Cádiz. Acompañó al Sr. Emperador * 
D. Carlos V á la espedicion de África, cuando la toma 
de la Goleta, y se hizo notal)le por la comisión que le en- 
cargaron de sondear el Lago ó Estaño, paso importantísimo 
por el cual le suministraba Barbarroja nmniciones y vive- 
res á Túnez, y que después 'mandó el Emperador Rey cegar. 
Escribe el Cronista D.. Fiu PrudenGÍo. de Sandoval, que 



(1) Uiblioteca hispana tiovh^ tomo 1.* , pág. 372. Teatro crítieo uninf^ 
tal, tomo 4.* Discurso { \ , p. 22. Hijos ilustres de Sevilla, por D. FerÓMS 
Arana de Varflora. liistoiiny Magia natiirjl, eu la portada. 



í56 F 

habiendo escogido el Capitán Arrieta seis compañeros dies- 
tros en el agua y esforzados , los repartió de dos en dos; 
unos siguieron la parte de la Goleta, otros la de los. oli- 
vares, y. él echó pdf m^dio. Hallaron finalmente la hon- 
dura que deseaban, y antes que amaneciese volvió Arrieta 
y dio cuenta á S. M. que lo estaba esperando, de lo que 
en el Lago habia, de lo que holgó mucho el Rey por lo 
que Contribuía este descubrimiento peligrosísimo á sus ul- 
teriores y grandes proyectos. 

Esto pasó en el año de i53d, y es lo litiico que he po- 
dido rastrear de este marino, porque la vandálica destruc- 
ción de los archivos de Cádiz convirtió en cenizas la ciu- 
dad, y sepultó entre ellas las memorias y documentos de 
sus naturales y de su historia, (i). 



Francisco del Castillo, docto religioso del Orden 
de S. Agustin, hijo legítimo de Pedro del Castillo <le Mi- 
lán, de quien ponemos artículo separado, y de Doña Ca- 
talina de Acevedo (parienta de un Regidor de Cádiz el 
Licenciado Francisco de^cevedo, que ejercia su oficio 
en 1617), quienes parece hubieron de enviar á su hijo 
á estudiar á Salamanca. Pero inclinándose al estado reli- 
* gioso profesó el instituto agustiniano en el célebre con- 
vento de aquella ciudad el día 3o de marzo de i58o, es- 
presando en su profesión ser hijo de los padres referi- 
dos. En iSSi se incorporó en esta provincia de Andalu- 
cía, y no teniendo filiación en ningún convento de ella 
se prohijó en el de Jaén, donde á la sazón moraba en 3 
de marzo de i6i4- Fue Difinidor, y sugeto muy estima-- 



(1) Sandovalj Historia de ¡a vida j hechos tkl Emperador Carlas V, año 
de 1Ó35, tomo 2.* pág. 250. Concepción, Emporio dtl Orbe, lib. 6.' cap. 
*.• pág. 505. 



F i57 

do por su religiosidad y doctrina, y Predicador de mucho 
crédito; siéndolo en Sevilla murió en aquel convento el 
año de 16 15, ó á principios de 1616. 

Su sólida instrucción en la Sagrada Escritura, Santos 
Padres y Oratoria eclesiástica se muestra en sus dos obri- 
tas impresas, que son las siguientes: > 

1.* «Migajas caldas de la mesa de los Santos y Docto- 
res de la Iglesia , colegidas y aplicadas á todos los Evan- 
gelios de Cuaresma : por Fr. Francis<fb del Castillo,' de la 
Orden de S. Aguslin en la provincia del Andalucía, y na- 
tural de la ciudad de Cádiz. Al Eseelentísimo Señor Don 
Rodrigo Ponce de León, Duque de Arcos. En S. Agus- 
tín de Sevilla por Francisco de Lira, año de i6i4>» 

Este.es el frontis del libro, que es un tomito en 8.® 
D. Nicolás Antonio no hubo de ver esta edieion , porque 
no la cita; pero hace mención de otra hecha en Pam- 
plona por Nicolás Assiain, año de 1619, que no he vis- 
to. La que se refiere arriba se hizo viviendo el autor. Des- 
pués de su muerte se imprimió otra obra suya á solicitud 
y costa del convento de Sevilla, cuyo título es también: 
a.^ «Migajas caidas de la mesa de los Santos y Doc- 
tores de la Iglesia, colegidas y aplicadas á todos los Evan- 
gelios de los Santos: por Fr. Francisco del Castillo, de 
la Orden de S. Agustin en la provincia del Andalucía , y 
natural de la ciudad de Cádiz. .Al Reverendísimo Señor 
D. Fr. Juan Bravo de Lagunas, Obispo de Ugento , del 
Consejo del Rey N. S. Por Gabriel Ramos Bejarano. Se- 
villa i6rp. » Un tomo en 8.** 

No sé si seria eske Obispo pariente de la madre de 
D. Gaspar Daza Bravo de Laguna , de quien hemos de ha- 
blar en la letra G. 

£1 título de Migajas con que publicó el Padre Cas- 
tillo estas do» obras, indica su modestia, pues nó atrevién- 
dose á ponerles otro título mas altisonante, ni reputándo- 
se digno de sentarse en la abundante mesa de doctrina 
que sobre los Evangelios nos suministran los Santos Pa- 



-i58 F 

ares y Doctores de la Iglesia en sus homilías y espoúcio- 
nes, se contentó su humildad con recoger las raigajitas 
de esta mesa aplicándolas á los mismos Evangelios, asi de 
la Cuaresma, que es el primer tomo, como de las Festi- 
vidades de los Santos, que contiene el segundo. Ambo* 
son en sustancia de materias predicables sobre los insi- 
nuados Evangelios. 

Ignoro el fundamento con que el P. Mtro. Portillo en 
el catálogo dé los eátritores del Orden de S. Agustin atri* 
huye á nuestro Francisco del Castillo una obra que titu- 
la Santos de Pamplona , cuando ni D. Nicolás Antonio, 
ni Herrera en su Alfabeto agustiniano, ni Ossinger en 
su Biblioteca novisima agustiniana mencionan tal escrito: 
«no he visto todos los autores de donde dice Portillo* que 
formó su catálogo, pero he visto los mas de ellos, me 
escrij)e el R. P. Mtro. Reguera, y ninguno trae semejan- 
te especie (i).» 



Francisco Antonio de Cepeda t Guerrero , hijo de 
D. Baltasar y de Doña Antonia Pérez Arrollo, nació en 
i6 de marzo de 1668. Optó á colegial en el Mayor de 
Maese Rodrigo de Sevilla en 22 de octubre de 1694, á 
Racionero y Canónigo eíi la Catedral de Cádiz, "Visita- 
dor y Examinador Sinodal de su obispado; y fue oposi- 
tor á la Doctoral y á la Magistral de su Cabildo. 

Presentado para el obispado de Segorbe'en el año de 
iy3o, y con grandísima repugnancia suya, según escri- 
bió á su dicho Colegio en carta de 20 de junio de 1731, 
fue consagrado en la Catedral de su patria en 2 de mar- 



(1) Biblioteca hispana nova , tomo 1." , pág. 415. Crónica agusti' 
niana por el M. Portillo , toi»o 4." , pág. 10 vuelta. La cita de Ossio- 
ger dada por el Miro. Reguera. 



F iSc) 

zo del mismo año de 3 1, y en 6 de junio inmediato lo 
cumplimentó el Ayuntamiento por su asunción al Pon- 
tifioado. Tomó posesión de su rebaño en aS de febrero 
de 3^. Dírese que era muy erudito y de muchas virtu- 
des Por su devoción á Santa Teresa, de cuyo linage se 
preciaba ser, estableció y dotó su fiesta en el Convento 
de monjas de Candiel, y también en el de San Martin de 
Segorbe, donde á mas fundó la Capellanía para el Con- 
fesor ordinario. En Cádiz igualmente fundó algunas me- 
morias pías. 

En el año de 173^ fue consultado por la Cámara pa- 
ra la iglesia de Cuenca; pero no se logró la traslación. 

Díifó su apacentamiento diez y seis años y medio, y 
murió'li 24 de setiembre de 1748J ctí la Sosegada vejez 

■, fi r^ II.. 

de mas de 80 anos. • ' '" 

Escribió y pronunció el panegírico fúnebre en las 
exequias que Cádiz celebró por la muerte del Serenísi- 
mo Sr. Luis XV, Delfín de Francia, padre de Felipe V, 
en la Catedral en 22 de junio de 17 11. Impreso en la 
misma Ciudad en diclto año, en 4.**; y acaso no será es- 
ta su única tarea literaria (i). 



# 
Francisco Fernandez de Ángulo, Corregidol' que fue 
de Ciudad Real , y Regidor perpetuo de Cádiz , lo alaba 
de pintor, de literato y de escritor, Alonso de Sala» y 
le dedica la epístola XIV (2). 



(1) Libros Parroquiales. Libro de autos capitulares del Colegio 
mayor de Santa Maria de Jesús de Sevilla. Carta del Sr. Obispo su 
sucesor de 12 de octubre de 1825; y otras noticias buscadas. Ga- 
ceta de Madrid de 24 de julio de 1731. 

(2) Coronas del Parnaso , por Alouso de Salas Barbadillo ,^ág. 2<44 
vuelta. ■'"■ 



i6o F 

Fratícisco García Colorado nació el 28 de enero, y 
se bautizó en 3i del mismo de 1723. Fueron sus padres 
D. José García Colorado, y Doña Francisca García Toleda- 
no. Los primeros estudios los hizo en su patria con los 
PP. Mercedarios y Dominicos, manifestando la mayor apli- 
cación, y saliendo con el mayor lucimiento de los actos li- 
terarios que tuvo. 

Después se graduó de Doctor en Teología y Cánones 
en Osuna, y en el año de 1744» teniendo veinte y uno 
de edad, hizo oposición en el término de un mes á la 
Magistral y á la Lectoral de Córdoba; y al siguiente año 
á la Lectoral de Cádiz. En i3 de noviembre de 1746 lo 
concedió S. M. una beca en el colegio Catalino de Gra- 
nada , y continuó concurriendo á otras nueve o^sicio- 
nes en las Catedrales de Goiadix, Toledo, Jaén, Valencia, 
Cartagena, Orihuela, Córdoba y Málaga, que con lastres 
anteriores componen el número de doce, y estas hasta 
solo el año de 1762 : ó no' gustaba ó tuvo desgracia en no 
sacar ninguna prebenda de oficio con tanto trabajar. 

Fue Canónigo de Baza y sucesivamente de Guadix, y 
Arcipreste y Prior de la misma iglesia, Teniente Vicario 
general en ella, y Dignidad de Tesorero y Examinador 
Sinodal de Cádiz. Murió pobre en aquella ciudad el iS» 
de enero de 1782; y dejó al S«MÍnario Conciliar de su 
obispado por heredero de su librería. 

Tiene impresos varios sermones, de los que daremos 
el catálogo en el tomo siguiente, por no tenerlos aqui en 
Madrid á la vista, y haciendo algunas observaciones sobfe 
ellos (i). 



(t) Libros Parroquiales. Gaceta de Madrid de 3 de marzo de 1778 
y noticias dada» por im sobrino suyo. 



F i6'i 

FiiA?fcisco García del Fkes\o. De este General de mari- 
na, >conio lo apellida elP. Pedro Muiillo^ solo tenemos noti- 
cias (aunque escasísimas) por las que da de él en su historia 
de Filipinas. De este modo escribe el referido Murillo. 

«El año de 1662 salió de Cavile para Acapnlco el ga- 
león S. José, á cargo del General Francisco García del 
Fresno, natural ele Cádiz, muy práctico en el mar. Hallá- 
base en Méjico D. Andrés de Medina, inteligente en la 
cosmografía, quien habia ofrecido al Rey descubrir las 
islas de Salomen , y traía cédu^ para que el Conde de 
Baiios, Virey de Nueva España, le proveyese de bajeles 
en el mar del Sur para este descubrimiento. El Virey 
que no quiso tomar el trabajoso estéril empeño de aviar- 
le de bajeles como mandaba el Héy, le pareció que po- 
día paliar su inobediencia con quitar de delante al que 
con su clamor pudiese redargüir su negligencia. Por es- 
to sin autoridad legítima, privando del generalato de la 
nao á Francisco García, se la dio á D. Andrés, querien- 
do recompensar la falta que hacia en no obedecer con el 
esceso de darle "un cargo para que no tenia facultad. Y 
envió á Filipinas al que según la voluntad del Rey ha-? 
bia de ir al descubrimiento. Estas obediencias y mudan- 
zas son frecuentes en Indias , por lo que se retardan y 
aun pierden muchos adelantamientos que se pudieran hacer. 

«En aquel galeón se embarcó el año de i66?}. Luego 
que el galeón perdió la tierra de vista, restituyó la gen- 
te al generalato a García del Fresno , á quien habia des- 
pojado la inconsideración del Virey, y por no haber po- 
dido por los vendavales acercarse al embocadero, dio fon- 
do en el cabo Cagajan.» 

Ademas he podido indagar registrando el archivo del 
Sagrario de la Catedral, que se bautizó este Francisco en 
4 de setiembre de i6ii, y que sus padres se llamaroü 
Francisco García é Inés de Castro (i). 



(1) Libros parroquiales. Murillo Velarde ya citado , pág. 28C, 

ai 



i62 F 

Francisco Gorbalan. Véase Diego García Gorhalan. 



Francisco de Huarte y Piciz de Bribiesca. Nació á 24 
de enero de lySp, y fue hermano de D. Cayetano de 
quien hemos hablado. Ademas de lo que hemos dicho de 
este caballero en el artículo de su hermano, añadimos 
que fne Juez de imprentas y librerías; y que en 1806 nos 
estimulaba á que siguiésemos el trabajo principiado de la 
Biografía, y nos ofrecía ayudarnos con cuantas noticias 
pudiera, bien es que no llegó el caso de incomodarlo 
nunca. 

Murió en Chiclana en 2 de enero de 1819, y en su 
nicho en el cementerio está este sencillo y humilde epi* 
tafío: 

Aquí yace 
D. Francisco Maria de Huarlc. 
Pidió por caridad lo 
encomienden á Dios. 

Escribid Estatutos provisionales del estudio de Bellas 
Artes de Cádiz ; y se imprimió anónimo en la misma ciu- 
dad sin fecha. Manifiesto que hace la Real escuela de Be- 
llas Jrtes de esta ciudad á los Profesores^ se imprimió en 
Cádiz en 1807, también anónimo , y son dos cuadernos 
en 4.^(1). 



Francisco Joaquín de Loyo , hijo de D. José Joaquín 
y de Doña Andrea Bellido , nació en 3o de marzo del 
año de 1725. En 17 de noviembre de 1737 entró de co- 
legial en la Asunción de Córdoba , y allí estudió filosofía 
y teología. El ano de 1740 tomó posesión de otra beca 
de colegial jurista en el de S. Bartolomé y Santiago de 
Granada, y en ambos colegios se acreditó sumamente de 

(1) Libros Parroijuulcs. 



F i63 

aplicado. Recibió todos los grados en la universidad de 
Granada en 1744 y 74^ ^o" ^^ mayor luciinienlo y gene- 
ral aplauso, mereciendo la aproharion neniinc discrepante. 
En el intermedio de sus actos graduales, es decir en 
1747, tuvo la honrosísima comisión de ir á restablecer la 
academia de Cánones, sita en el colegio trilingüe de la 
universidad de Salamanca. Tanto en aquel liceo como en 
el de Granada regentó en sustitución varias cátedras, é hi- 
zo varias oposiciones. 

Se oxdenó de presbítero en 26 de marzo de 17^7, y 
ya antes en 53 lo habia nombrado el obispo de Cádiz, el 
Sr. Valle, examinado? sinodal, y S. M. en 6 de mayo de 
56 para una media ración de Málaga. 

El Obispo caditano , que conocia muy á fondo su me ■ 
rito, lo eligió en 1763 para su provisor y vicario general, 
lo que no pudo admitir por ser incompatible con la pre- 
benda de Málaga. 

En 1776 lo ascendió el Rey, confiriéndole la dignidad 
de tesorero de la iglesia de Cádiz , y no la aceptó , sin 
que se sepa ni alcancemos el motivo para la escusa , por- 
que después admitió otras altas sillas en Catedrales foras- 
teras, como fue la de maestrescuela de la Metropolitana de 
Granada con que le agració el Gobierno en ^9 de marzo 
de 1778. 

Establecido en aquella ciudad capital y á las inmedia- 
ciones de la universidad, de cuyo claustro era miembro, 
sirvió desde el dicho ano de 78 el empleo en propiedad, 
como mas antiguo, de Decano de la facultad de derecho 
canónico, asistiendo puntualmente á todos los actos, con- 
ferencias de grados y demás ejercicios anejos á dicho mi- 
nisterio con la mayor exactitud , celo y esmero , dedicado 
todo á la mayor utilidad de la enseñanza pública. Y un 
hombre siempre ejercitado, estudioso por naturaleza, la- 
borioso por inclinación , constante en sus empresas , in- 
cansable en su ministerio , ¿ podia menos que mirar con 
horror y casi con indignación ese estado do suspensión y 



i64 F 

negligencia de otros? Por esto empleó aquella sabiduría 
("como dijo de nuestro magistral Guzman su orador), ad- 
quirida á costa de un estudio tan largo y profundo en 
instruir y en dirigir á sus prójimos por el camino de las 
virtudes : á fines tan gloriosos , tan interesantes , tan altos 
encaminó el Sr. Loyo todas sus miras y acciones. Su mis- 
mo retiro, su modestia, su gravedad fueron útiles para 
la GOmun edificación y para el ejemplo. 

Pasinaria si se enumerasen las muchísimas comisiones 
y delicados encargos que le dieron varios prelados y cuer- 
pos científicos^ y es verdaderamente asombroso el haber- 
las desempeñado á entera satisfacción. 

Antes de salir del coro de Málaga le honró el Obispo 
nombrándole examinador de su Sínodo, y en 1786 lo fue 
también del arzobispado de Gitanada, y en 87 juez sinodal. 
Su ^Metropolitano el Sr. D. Antonio Jorge Galvan lo nom- 
bró por uno de los jueces apostólicos para la causa de 
milagros en especie del Beato Miguel de los Santos. 

Falleció el citado Arzobispo en 7 de setiembre de 1787, 
y el Cabildo lo escogió unánimemente para uno de los go- 
bernadores de la , diócesis en la sede vacante , cuyo desti- 
no ejerció y desempeñó con general aceptación hasta 3 de 
diciembre del mismo año, que se despidió del Cabildo por 
su traslación á canónigo de Málaga, y en todo el tiempo 
que estuvo de capitular en Granada obtuvo frecuentes y 
graves comisiones y cargos que se confiaron á su distin- 
guido talento, prudencia particular y literatura, acreditan- 
do en todo su activa aplicación , exactitud, cuidadoso y vi- 
gilante empeño, mereciendo por esto en cada una la apro- 
bación y aplausos del Dean y Cabildo ; como asimismo los 
tuvo muy grandes en el desempeño del oficio de s u canon- 
gía doctoral, para cuyo servicio mereció á dicho su Ca- 
bildo la confianza de que lo nombrasen en atención á su 
mejor celo, actividad é inteligencia en los asuntos respec- 
tivos á dicha prebenda, vacante por promoción de D. An- 
tonio Martínez de la Plaza á la mitra doCauaria, y cura- 



F i65 

piló Loyo cerca de dos años en este ofi< io. 

Salió de Granada por haber permutado la njaestresco- 
lía de la Metropolitana con una canonjía de Málaga; pero 
el Rey le agració de nuevo en i8o5 con la dignidad de 
chantre de la misma iglesia de Málaga, la que ocupó has- 
ta su muerte sucedida en 19 de enero de i8i3, de ochen- 
ta y siete años cumplidos. 

Sentimiento grande causó esta, portjue era reputado 
como un oráculo. 

Fue sano, sobrio y robusto y de respetable presencia, 
como lo demuestra el retrato que posee D. Antonio de la 
Rocha, vecino de Málaga. Conservó el juicio cabal hasta 
su fin; y aun aquellas prendas y dotes de la naturaleza 
que parecen de interior orden , se puede decir que con- 
tribuyeron también á la felicidad de los que trataba, por- 
que con su robustez y firmeza de corazón ayudaba á sos- 
tener á los que vacilaban en medio de; los infortunios. 

Descendía de ilustre familia, y hasta este dote hacia 
mas notable su acendrada caridad con los pobres, siendo 
notorio repartia , como tenia obligación , todas sus rentas 
con ellos. 

Sus virtudes fueron consistentes, inalterables,- verdade- 
ras, acriioladas y vigorosas, radicadas en el fondo de su 
corazón, y ejercían sobre su alma todo su imperio. 

Fue irídividuo de algunas sociedades legales: tuvo fa- 
ma de ser el primer canonista de la nación en su tiempo. 
También se escribe de Loyo la especie de que los Sjoo 
volúmenes de autores clásicos de que se componia su li- 
brería, tos relataba de memoria: yo lo juzgo por increíble, 
y que en ello hay bastante exageración. 

Escribió las obras j/' papeles siguientes: 

1. En el año de 174^» siendo Presidente de leyes de 
su colegio de Santiago de Granada, un Papel en derecho^ 
documento en justicia^ informe verdadero en el pleito que 



i66 F 

contra el colegio del Sacromonte de dicha ciudad siguió 
su colegio ^obre la preferencia de asiento y argumento en 
los actos de acjuella Imperial Universidad: manuscrito. 

2. Discurso Jurídico y defensa canónico -legal por la 
jurisdicción eclesiástica ordinaria del Illmo. Sr. D. José 
Franquis Laso de Castilla, Obispo de Málaga, en la com- 
petencia de la que pretendió el Maestre-escuela de la san- 
ta Iglesia de Salamanca, sobre el conocimiento en cau- 
sa de despojo que dijo se le habia hecho de su sacristía 
de la villa de Estepona el Doctor Dan Diego de Torres 
Villaroel, catedrático de la universidad de Salamanca. En 
él dice cuanto lía podido decirse en materia de competen- 
cias y jurisdicciones, con la profundidad, pulso y ciencia 
que acostumbraba en todos sus escritos. Tiene la fecha del 
año de ijSp: manuscrito. 

3. Respuesta cano nica -moral y legal á consulta sobre 
usura lucratoria frumentaria en ambos fueros, de ciertos 
contratos de venta de trigo celebrada en Malaga. Impresa 
en ella en la imprenta de la Plaza en 1773. 

4. Reglas prácticas y perpétif,as para la mas segura in- 
teligencia de la fundación de las cuatro capellanías de San- 
ta Bárbara- de la santa Iglesia de Málaga , y el mayor acier- 
to y justificación de las presentacione» del Ilbuo^ Cabildo 
su patrono: manuscrito en 1774* 

5. Resolución primera canónica sobre si se pueden ad- 
mitir lechos , esto es , sugetos aun no ordenados de prima 
tonsura , á las oposiciones de las prebendas de oficio en 
las santas Iglesias de este Reino y Real Patronato. Lo es- 
cribió en 1777 siendo Prebendado de Málaga; y no se ha 
impreso, aunque sacó licencia para ello en 1779. 

6. Resolución segunda canónica sobre,; la «edad y pres- 
biteralidad que sean necesarias para objener his preben- 
das de las santas Iglesias del reino de Gianada , tanto de 
gracia cuanto de oposición: papel que escrilñó eií 1778» 
y tiene también licencia para imprimirse. 

7. D, D. Joannis de Pala fox et Mendoza, prius Angt' 



F. 167 

lopolitanl, deinde Oxomensis Episcopio ad S. P. et Patrern 
fidelium omnium Pium Pap. VI. Se imprimió en Málaga 
por D. Félix de Gasas y Martínez en 1785. Escribióla por 
la iglesia, siendo maestrescuela de Granada. 

8. Contra la solicitud del presidente y cabildo de be- 
neficiados de la insigne iglesia parroquial de Santa María 
de la Encarnación de Ronda , sobre querer usar las capas 
de coro que usan los canónigos de las catedrales. Manus- 
crito que se dice muy famoso, y se trabajó en 1798. 

Estos son los únicos escritos que se han podido, en- 
contrar del Sr, Loyo (i). 



Francisco Meliton de Memige nació en 10 de mar- 
zo de 1763: estudió en la universidad de Alcalá, en don- 
de se graduó de doctor en teología. Regenió en sus aulas 
por tres años la cátedra de prima de- su facultad , y la de 
cánones dos. Ganó la magistral de San Ildefonso el Real 
con todos los votos; y habiéndose opuesto á igual ca- 
nongía en la catedral de Segovia, y en la de Córdoba á 
la lectoral, empató la votación, ^iete años desempeñó el 
pulpito de la colegial de la Granja,, y al cabo vino á Cá- 
diz para presentarse en el concurso á la vacante magistral, 
y la obtuvo , poseyéndola tres años. Falleció de la epide- 
mia en Jerez de la Frontera en 20 de octubre de 1800. 
Su padre se llamó D, Manuel, y su madre D.* Francisca 
garcía. 



(1) Libros panpquiales. Relación impresa de los títulos , méritos y 
grado» y ejercicios literarios deldoctor D, Francisco Joaqiiin de Loyo 
etc. , (irmnd.i por el Secretario de S. M. D. Dámaso de Torres. Noticias 
remitidas por D. Autoiiiu de la Rocha , veciuo de Málaga. Oración fúnc 
hre dichff poi- el Or. D. Fraticisro de Obedos en las honras del magistral 
, D. Jcisé Martin y Guzman en 21 de febrero de 1782i Gaceta de Jtíadrid 
de Jó de abril de 1777. 



i68 F 

Escribió de re fiinehn veterum christianorum S/ntagma, 
auctore Francisco Melitone de Meniije, in universitatibus 
Comphitensl et Abulensi sacrae theologioe doctore. Matri- 
ti, anno 1789. Un volumen. 

Historia de los santos mártires Sei*vando y Germán, pa- 
tronos de Cádiz. Alli en 1798. Un volumen. 

Sermón de los Santos Patronos de Cádiz. Alli 1798. 
Otros varios sermones, y algunas otras obras manuscritas 
dejó, que vieron sus albaceas, y no sé yo adonde pa- 
yan (i). 



Frwcisco de Paula María de Micóx, Marques de 
Méritos, nació en i5 de noviembre de 1735. Sus padres 
D. Tomás de Micón, del Consejo de S. M., y D." Manue- 
la de Gifuentes, le proporcionaron maestros sabios, y lo- 
graron que las lecciones que daban á su hijo corrigieseii 
V los nacientes defectos que se advierten en los hombres en 
sus primeros aííos. Fijaron asimismo en su tierna imagi- 
nación las ideas de la verdadera creencia , de la pruden- 
cia, y el principio de las ciencias, que es el temor de Dios. 
La gramática latina la ^prendió en el convento de Santo 
Domingo de Cádiz; y no dejó de estrafiarse que habiendo 
tratado en su infancia á estos religiosos, fuese después tan 
afecto á los Jesuitas. 

No lo apartaron sus padres de la vista hasta que se cer- 
cioraron que su entendimiento estaba convencido de la so- 
lidez y verdad de la doctrina que le inculcaron. Fructifi^ 
tan bien en su alma esta semilla, que se retiraba á exami- 
nar por su sola razón , aun siendo tierno joven, los elemen- 
tos de las relaciones que le uniau con el Ser supremo, y 
con sus semejantes; y vio nacer de este origen sus dere- 
chos , sus obligaciones , y la necesidad de instruirse cada 



(1) Libros parroquiales ^ j noticias pedidas. 



F I ^y 

rez mas para desempeñarlas dignamente. Conoció que hay 
una nobleza espiritual necesaria á los cristianos, y que no 
inspira orgullo, como la de la sangre: de esto dimanó que 
su renombre y favor solo lo hiciese valer en beneficio del 
necesitado ; y para nada mas los estimó. 

A los 1 8 años dispuso su padre emprendiese un viage 
para las cortes y reinos estrangeros, cierto de la grande 
utilidad que resulta en un mancebo- instruido el ejemplo 
práctico que suministran los conocimientos que se adquie- 
ren con el trato y comunicación de otras naciones. 

i.° inscribió el novel viajante un itinerario desde que 
salió de su casa de Cádiz en i4 de junio de 17^4, hasta 
que llegó á Agreda en Castilla de regreso en 11 de junio 
de 1755. En él describe con mucho juicio y ciútica, cuan- 
to hay de mas particular y digno de observarse en Geno- 
va., Florencia, Bolonia, Loreto, Ñapóles y sus inmedia- 
ciones, Roma, Venecia, Padua, Milán, Turin, León, Pa- 
rís y sitios de los Reyes de Francia. Este opúsculo, que 
conservo original , demuestra que la reflexión se anticipó 
«n su escritor á lo que sucede ordinariamente. Pasó á Ma- 
drid , adonde se detuvo algunos meses , disfrutando de las 
lícitas delicias de la corte de Fernando el VI, y se resti- 
tuyó á Cádiz. 

No se habia resfxiado su religión , ni con los frios de 
Apenino, ni con las nieves de los Alpes, ni con las escar- 
chas de los Pirineos, pudiéndose tener por cosa muy.es- 
traña en un joven que viaja, y con las mayores propor- 
ciones. Descargó el Marqués su padre el cuidado de su 
opulenta casa en su primogénito ; y- aunque fiel á la con- 
fianza paternal asiduamente se empleaba en los asuntos do 
ella, vacaba no obstante algunos ratos para distraerse com 
I0& embelesos de la miísica, á la que era aficionadísimo, y 
de la que gozaba como de un placer puro y honesto. Vol- 
vió segunda vez á Madrid cuando Carlos 111 de Ñapóles. 
El trato despejado, amable y en estrenio modesto de Mi- 
fión le grangearon en pocos dias nmchos y distinguidos 



t^o F 

amigos en la Capital, á los cuales nunca incomodó para 
pretensiones propias, porque jamás las tuvo. 

En 1762 se le proporcionó en Cádiz hacer ver á los 
literatos su inteligencia en el idioma italiano, y en el en- 
cantador arte déla poesía. El asunto que dio motivo fue 
que D. Juan Marujan en la traducción de la Dido de Me- 
tastasio padeció algunas equivocaciones, las corrigió M¡- 
cón en unos pocos versos manuscritos anónimos 5 pero el 
traductor que discurría haber nacido para restaurador de 
nuestira rima, y que creia entender el toscano como los 
académicos de la Crusca , indignado de verse enmendar la 
plana por un cualquiera , respondió jactancias é injurias 
en vez de satisfacciones. Con todo se sirvió de replicarle 
su crítico, y con tanta formalidad, estension y urbanidad, 
que peca de escesivo ; pero este fue el estilo de que usó 
siempre en sus controversias. Llegó la disputa á hacerse 
muy pública, y tomaron parte en favor de Micón los doc- 
tos D. Diego de Torres , D. José Carbonell , D. Pedro Ro- 
driguez de Campomanes , D. Agustín de Moritiano , D. Luí» 
José Velazquez, D. José Guevara Vasconcellos y otros. 

a.** Imprimió por esta disputa Impugnación á D. Juan Ma- 
rujan sobre varias espresiones del Abate Pedro Metastasio, 
y Vindicación del célebre poeta Metastasio., y Apología de la 
impugnación^ por D. Eugenio Sarmiento. Cádiz 1762. Dos 
cuadernos en 4'" Están escritos en verso romancesco, y 
aunque escribir en esta clase de verso es muy difícil ha- 
ciéndolo bien, venció esta dificultad; y el castellano que 
usa es puro, corriente, espresivo y deleitable. Encubría 
desde este tiempo su nombre en sus obras, y usó comun- 
mente el de Eugenio Sarmiento, porque á su modestia le 
incomodaba la plaza de autor. Su adversario hubo de co- 
nocer por último la razón y superioridad en el estudio de 
su antagonista, ó no tendría caudal para mas; lo cierto 
es que quedó Micón solo en el campo de la contienda. 

En 1765 se equipó la escuadra que debía traer á Es- 
pana á la Princesa de Asturias, y quiso ir de aventurero 



F 171 

en esta espedícion. Acompañó á S. A. hasta la Corte, j 
d^pues de algunos dias en Madrid volvió á la Isla. Por es- 
té tiempo fue cuando su celo religioso dio una estension 
grande á la piadosa oración de las tres horas , ó de las sie- 
te palabras. Como era tan amante de la música, juntaba 
entre sus conocidos una buena orquesta; propuso en esta 
sociedad la idea de tocar adonde se contemplaban l" tres 
horas: asintieron los filarmónicos, y Micón dirigió lo ne- 
cesario. Gomo era reconocido maestro de Capilla se le en- 
cargó lá correspondencia con el bien conocido músico 
alemán José Haydn , el que trabajó una completa obra pa- 
ra el acto , y la formó tan elegante y patética , como dig- 
na de su autor; pero confesó el maestro Haydn que mas 
se debia la composición que remitía á la esposicion que 
habia recibido por escrito del Sr. de Micón , que á su pro- 
pia invención, porque aclaraba de un modo tan singular 
todos los pasos, que le pareeia cuando estaba leyendo la 
instrucción remitida de España, leer solo música. Esta es 
la verdadera causa que dio lugar á esta composicicm cele- 
bradísima, y no la que escril^n el Diccionario histórico de 
los músicos , y la Bibliografía musical^ porque en esta par- 
te estuvieron sus £scritores muy mal informados. Los fi- 
larmónicos deben sentir que se haya estraviado la corres- 
pondencia de Haydn y Micón: yo la vi en Madrid antes 
de la dominación intrusa. 

Sin embargo de sus quehaceres , y de 4a constante 
aplicación á todo género de estudio , como los grandes 
hombres de la antigüedad, manejaba la lird^ procurando 
imitar á Herrera, á quien llamaba su maestro, y á los 4e- 
mas de nuestros clásicos poetas. En un volumen manus- 
crito en 4"'' *6 conservan muchos de sus trabajos, ya ori- 
ginales, ya traducciones en verso, 3.** 

4.® No 80 incluyen en él los que se hallan impresos, 
como la fábula de La rebelión de los animales contra los 
hombres ^ traducida del italiano, é impresa en Madrid por 
Repullés en i8o8j j en su original está unida al Diccio^ 



nario filosófieo democrático^ por ser del mismo autor, comt> 
diremos adelante. Seriamos difusos si emprendiésemos »el 
análisis de todas sus obras; baste decir que era general-- 
niente reputado por buen poeta. Apenas habrá español 
ilustre en quien no haya brillado esta cualidad. Micón 
procuraba hermanar la claridad con el ornato, y el estilo 
joco" con la modestia y compostura, y asi reunió en sus 
numerosos versos la magestad grandiosa con lo fácil ^ sen- 
cillo y perceptible. 

En el ano de 1776 murió el Marqués su padre, y, ar- 
reglados los asuntos de familia , pensó el dejar á Cadi2 y 
retirarse al interior: sentó su casa en Jerez de la Fronte- 
ra, y desde luego se ocupó con mucho celo on fomentar 
la agricultura é industria nacional. Entre otros proyeitos 
útilísimos para beneficio del Estado es notable el que pro- 
puso al Ministerio sobre mejorar el aceite de Andalucía: 
k) puso en práctica en una de sus haciepdas, y, los gastos 
y la esperiencia correspondieron á lo proyectado. . 

5;** Escribió una memoria niuy juiciosa de este parti- 
cular, y sobre las grandes utilidades que solo este ramo 
dejavia á la nación , la cual por aceite de igual cahdad 
espendia cada año dos millones de reales. Y aunque tUr 
vo el gusto de ser el primero en sacar el aceite superior 
al de Marsella,' y de dar este beneficio, espuso al Ministro 
en su citada memoria, que no queria piara él privilegio nin- 
guno, «no á favor mió, porque desanimaria á otros, y cau- 
saria el perjuicio que suele originarse de las gracias priva- 
íivas personales en pmito de comercio, de que debo huir 
como buen patriota que prefiere aV interés propio el dd 
público, en Cuyo obsequio «afcrifico el trabajo y gastos que 
me ha costado introducir esta tan importante novedad. » 
La superioridad remitió la memoria del Marqués á la So- 
ciedad económica de Madrid, la que dio su aprobación en 
junio de 1785, y aplaudió las mo<liHcaciones qué su inge- 
HÍo hacia en las mas costosas máquinas, para que fuesen 
raái ¿enjillas- y "de toenó* íosto!; pues: con todo esto por 



F Í73 

no hallar apoyo en el Gobierno se fue- aLanclonando tan. 
útil manufactura. Asimismo quqdó sin efecto el magno 
proyecto de hacei* labrantías las Marismas de Lebrija, cu- 
yo estado actual es tan perjudicial para la repoblación de 
la baja Andalucía, por estar incultas millones de fanegas 
de tierra. Tampoco el canal que trazó desde Guadalquivir 
á Lebrija, aunque conociendo lo ventajoso ,de las dos ideas 
le mandó dar gracias S.M;« por el Capitán general de la 
provincia. t . 

Las fábricas que estableció' en el Puerto de, Santa María 
de curtidos, tafiletes y de velas de sebo, aunque dirigidas 
por hábiles y escogidos artífices, y !con dinero á la mano, 
se arruinaron por no tener pnoteccion* 

En 1787 se dignaron los Príncipes de' Asturias indicar- 
le el deseo de que asistiese á las lecciones de su hija la 
Sra. Infanta D.^ Carlota, á las que concurrió con visible 
aprovechamiento de la Beal Alunuia: Finalizados unos exá- 
menes que delante de toda la Corté y CMíCrpo diplomático 
sufrió la Infanta, se sigaierou; urtbs jkjegaS de prendas, y 
Méritos se halló por sentencia dada contra él-, y sin ape- 
lación ni súplica, en el duro caso dé decit un favor y un 
disfavor á la Princesa de Asturias ; y de repente , y sin mas 
recurso que cumplir sii condena y dijo : . . 1 

Cuando habla vuestra- Alteza^ 
tiene una falta, 

<Jue aunque senisible á todos, 
inoTcBO' larepaían 

¿Qué falta !es esía.»^ 
es, que acacia mas presto ' 
qué eUos quisieran.' 

Creyendo el reo haber .satisfecho , se le mandw'TpOír^au 
Ama repetir hasta o^ros tres. No hubo lugar á las, ewu- 
saa^: sino obedecer, y pronto; y asi siguió diciewdo»; 



174 F 

Tienes, yo lo confieso, 
mucho agasajo; 
mas con él esclavizas 
á los vasallos: 

Cosa es de hechizo 
hacer de tantos libres 
tantos cautivos. 

Que se guarde justici» 
quieres, Señora, 
y luego con gran gracia 
tú á todos roba»: 
''■^' Robas afectos, 

atenciones, y arrobas 
i todos ellos. 
' De disponer de haciendas, 

y aun de las vidas, 
con arreglo á las leyes 
eres muy dignaj 

jMas de albedrios...! 
Señora, eso ya pasd 
de despotismo. 

En la proclamación de Carlos IV el comercio, de JérM 
lo interesó para que fuese el director de las obras y orna- 
tos que debía hacer. Desempeñó á toda satisfacción el en- 
cargo, luciendo los comerciantes entre los demás gremios. 
Es indudable que acertaron en la elección de director, por- 
que su fino, elegante y artístico gusto en la arquitectura 
hizo que la empresa fuerii perfecta en todas sus partes j asi 
como la oportunidad de las inscripciones latinas y españo> 
las dieron mucho gusto á los inteligentes. Agradecidos los 
vecinos de Jerez lo nombraron diputado del Común en 
1790. No se le podía dar mayor pesadumbre al Marqués: 
toda su vida huyó de cargos y responsabilidades; pero 
conociendo que no podia dejar de admitir este destino, 
marchó precipitadamente á la Corte, en donde logró al 



instante se le exonerase de la Diputación sin perjuicio ni 
infracción de las leyes, porque mandó el Rey al Consejo 
que circulase , « que hasta que S. M. resolviese el espedien- 
te no se le nombrase al Marqués para ningún empleo con- 
cejil»; y con la misma fecha se archivó el espediente. 

6." Poco antes de dejar á Jerez estaba empeñado en 
sostener la controversia de si comieron ó no carne los an- 
tidiluvianos ; por cuya cuestión se escribieron discursos con 
mucha cordura por uno y otro bando. Méritos llevaba la 
negativa. Desde que fue á Madrid (y era el séptimo viage) 
por el asunto de la diputación permaneció en aquella vi- 
lla, escepto tal cual vez que visitaba los Sitios. Preferia 
aquel pueblo á otro cualquiera , por el trato con los lite- 
ratos, y porque cuando queria , que era muy á menudo, 
podía retirarse del bullicio y entregarse á las prácticas reli- 
giosas sin ser notado. Es cierto que en ninguna parte pue- 
de el hombre estar mas obscurecido que en las cortes , en 
donde de nadie se hace caso sino de los que mandan. Tam- 
bién habia desistido de todo proyecto ii empresa, por- 
que la esperiencik le enseñó que hábian sido infructuosos 
trescientos rail pesos invertidos en los anteriores: entre- 
góse esclusivamente á la literatura. En sus últimos veinte 
años tradujo al ^español una multitud de obras asi italia- 
nas como francesas y latinas, con una rtaestriiay eonoci- 
iñiento en los idiomas , que admira á \óÉ que conocen lo 
diñcil que es ser buen traductor. El español lo sabia y lo 
hablaba como muy pocos en su siglo. 

7.° El diccionario Riciano lo tradujo del italiano , sien- 
do este un escrito que por su estilo burlesco, jocoso y 
erudito hubiera arredraldo su versión al easteUano al mas 
inteligente y osado. Los ínuchos* versos que están repar- 
tidos por toda esta obra de los mas clásicos poetas los 
tradujo conservándoles á todos la gracia y fuerza del ori- 
ginal. Hé aqui la prueba. 



■176 F 

De Juvenal. 

^ Oh beatas gentós , quibus haec na$cuntur 
in hortis numina. 



¡O gentes bienhadadas, 

á quienes como nabos y ensaladas, 

allá ei). sus heredades, 

les nacian á pote las deidades. 

En contrario sentido puso otros de Horacio, libro a.* 
$at. que dicen : 

iEdiCcare casas, post tello adjungere mures, 
Ludere par impar, equitare in arundin« longa. 



!>:;n 



Castillitos de naipes no formaba, 
ratones no enganchaba á su cabrito, 
él á pares y nones rio jugaba,, ;,,[, 
oí nCLonió «n.caña larga á caball|tC|. 

£1 suplemento á la Gaceta de Madrid de 8 de abi:il d* 
i8í5, anunciando la impresión de este Diccionario,^ ha|^^ 
un grande elogio del traductor. Debemos advertir que hp-_ 
mos leido esta obra impresa, y reparamos alguna^ .V9tas 
que no son del, traductor. Se imprimió en dos tomp^^jBO; 
4.* por Martinez Dávila. 

En la Declamación contra los abusos introducidos *n el 
castellano^ página 184 1 se lee lo que sigue: « Y presen- 
tando un apasionado del francés por último r/^purso el 
célebre y conocido epitafio que se. hizo i^a ex-ajcadémic^ 

Ci git Pyrron, qui ne fi^t ríen 
pas méme académicien. 

£1 Marqués de Méritos, caballero de mucha ilustra • 



F 177 

eion é ingenio , le puso en castellano , ganando gracia 
y mérito la traííüccion : • 

Aqui yace Pirron que nada era, 

ni académico siquiera. 

8. Tradujo también el Antierasto , ó Erasto^ tenido por 
Terdadero amigo de la juventud , deijjostrado verdadero 
enemigo de ella y traidor. Obra de Juan Carlos Brignole. 
Gbtlservo el original de la traducción. 

9. Disertación sobre la lección en lengua vulgar de 
las divinas escrituras, del Dr, José Ferrari. Tengo una 
copia manuscrita. 

10. La liga de la teología moderna con la fdosofía , en 
daño de la Iglesia de Jesu-Cristo^ por el abate Bonóla. 
Se imprimió la traducción en Madrid en 1798, y se vén - 
día en casa de Ranz , y en menos de un mes se despa- 
charon cerca de tres ediciones. La prohibió la Inquisición. 
Fue impugnado este escrito por el \\am3.d.6 El pájaro en 
la Liga', pero se le contestó con dos sabias y urbanísi- . 
mas disertaciones, á las que no replicó el anónimo. Hiós 
Diarios de Madrid insertaron algunos versos en pro y en 
contra de la Liga; y el Marqués contestó á seis octavas 
que se publicaron en el Diario de Valencia de 4 de enero 
de 1799) con otras tantas en los mismos consonantes. 

11. Carta de un Párroco de aldea á su Obispo sobre 
varios casos de conciencia, traducida por Eugenio Sa^j,- 
miento, eu 8.°, en casa de D. Elias Ranz, Madrid 1798. 
Esta carta sufrió la misma prohibición que la anterior 
obra; y no obstante se buscaban con empeño , y se han 
hecho de esta carta tres ediciones, y está unida al tomo 
de la liga. *' ' ' • 

En el año de 1797 había tenido que sostener otra 
pendencia de letras con motivo de la traducción del co- 
nocido soneto que se hizo por una iluminación que hu- 
bo en Luca, y que principia Era .di notte , e non cisi ve- 
deva , y el contrarió al fin cedió, escribiendo: «El Guar- 
doso (nombre que tomó Méritos) en el Diario doble del 

a3 



17B F 

3 1 de octubre me da una zurra muy fuerte: yo no. soy 
poeta, ni entien^ de poesía, y asi no adnitq el desafío..., 
yo no aspiro mas qucá ser amigo del Sr. Guardoso ; pues 
prescindiendo de otros muchos motivos, la urbanidad que 
reina en toda su carta, y que es tah rara en qstas con- 
testaciones, me hace desear su amistad.» Puede verse es- 
ta refriega en los Diarios de Madrid de 5 y. ai de agos- 
to, 1 3 de setiembre, 3i de octubre y 12 de noviembre 
de 1797. 

12. Nuevo vocabulario Jiloiófico democrático en dos to- 
mos en 8.** mayor , con la antedicha fábula de la Rebe- 
lión de los anímales contra los hombres que es del mis- 
mo autor llamado Lorenzo Tiulen , jesuíta sueco. Se hizo 
la traducción en 1798, la leí muchas veces en 'casa de su 
traductor en 1802, y después la he visto impresa en Se-, 
villa en casa de Vázquez en 181 3, y en Madrid por Don 
José Collado en 1823, y esta segunda edición es la que 
tengo , creo que aun hay tercera. Pero declaro formal- 
mente que la impresa es la traducida por el Marqués de 
Méritos, porque asi me consta. Ademas que por su esti- 
lo magistral y castizo modo de usar del castellano, se 
conoce la particular destreza con que poseía ambos idip" 
mas, y que no es común ^n iQtpos j;9Í ^^ que liabia ei^ &a 
tiempo algpno que pudiera traduoir^taa bien esta. obra 
como ella misnia lo manifiesta. 

1 3. Oración .par enética predicada en italiano por J)on 
Juan de Osuna, en Gesena en 1793, con una carta del t^a^ 
ductor dirigida á un amigo, en la que satisface á algunos 
reparos de la lengua, y la dedica .i los amante-s de la pu< 
reza del habla cafiellana. Un volumen en 4*° impreso por 
Pacheco. Madrid, 1794* 1; ;: ; 

, j4. Ante$ de este año había traducido dejl francés un 
tratado sobre la usura , por el que tuvo que sostener al- 
gunas contestaciones con el Santo Oficio; perodefen- 
lUó , la obra según derecho, , y, la sacó triunfante. 
' ,i5i;! ,^n,í,5o5 verificó la traducción del laiin de la Alo- 



F 179 

eucion de N. SS. P. Pío Papa VU , en el Consistorio se^ 
creto de 26 de junio de i8o5; se imprimió en Madrid Coú 
el testo por Vega y Compañía. 

1 5. 17. Defensa de Gregorio Vll^ y olra de Isidoro 
Mercatorj son dos opúsculos romanos que lo indujeron 
á ponex' en español alguno de sus amigos. Es ipenester 
coqfesar que era algo partidario de las opiniones ultra- 
montanas , aunque no tanto como otros exaltados de par- 
tido opuesto Tociferaban. 

18. El poema La Compasión, de Arriaz» , á la muerte 
del Duque de Alba y de Medina-Sidonia, lo tradujo al 
italiano en el mismo verso que el original, por súplica de 
ktSra. Viuda la Duquesa propietaria de Alba. 

19. F'ida de la B. J^érónica Juliani^ Abadesa délas 
Capuchinas: con licencia del Rey N. S. Madrid i8o8 , ett 
casa de Ranz. Se tuvo empeño en que tradujese esta vi- 
da el Marqués, y asi no íue menest«r censura: es un to- 
mo en 4.** 

20. Vida del B. Crispin de Viterbo^ en 4'** y da 'que no 
he visto, y no sé si está impresa. 

21. Discurso recitado en la asamblea de la Compañía 
de Jesús reunida en Polosko , y en la elección de nue- 
vo Vicario general en 17 de octubre de 1782. Traduci- 
do del italiano: guardo copia. 

No son estas todas las vigilias literarias de Méritos : la 
guerra de la independencia nos obscureció y estravió otros 
muchos de sus manuscritos. 

Con el motivo de su antiguo constante trato amisto- 
so con el Marqués de Ureña , compuso este el gracio- 
so poema La Posrnodia. Su origen dimanó del supuesto 
empleo de Coronel del regimiento de la Posma que se 
aplicó Méritos á sí mismo para ridiculizar la pesadez de 
algunos cachazudos en la sociedad humana : ios mas pa- 
chorrudos se haqipn losjnas distinguidos. Por este ficti- 
cio destino adquiría noticias y^^inécdotas bien raras, en- 
tretenidas y estravagantes que referia á todos ; y aplican- 



i8o F 

do á los sugetos que lo merecían muy oportunos puestos 
y 4estino5 en el regimiento. Tales chistes no solo le atraían 
general aplauso y aprecio entre las gentes íinas, sino una 
estimación particular én Palacio de los miamos Monar- 
cas y su Real Familia. Aunque no sabemos á punto fijo 
la memorable creación del fantástico cuerpo, se puede 
afirnijar qu^ por mas de .55 arios conservó tan capricho- 
sa ¿ronía, cuya constancia fue debida á su virtud y deli- 
cado modo de pensar, evitando con sus agudas graciosísi- 
mas especies las murmuraciones, que es lenguaje que en- 
vilece , y las conversaciones libres que suelen suscitarse 
en las tertulias. 

Trobadot-es del mejor numen, ademas del menciona- 
do Ureña, cahtaron en loor del cuerpo posmático, y en- 
tre estos tiene lugar preferente el Conde de Noroña que 
dedicó al Coronel dos odas de adornado estilo, y arre- 
glüdas á las ordenanzas que el Gefe habia dado á sus sub- 
ditos. Todas estas obras las imprimía Méritos á su costa, 
y. las recibia.$l público con tanto aplauso , que de la de 
Noroña se han hecho por lo menos cuatro ediciones. 
,, En ocasión de haberle ofrecido el Marqués á su fn- 
.timo y buen amigo, condiscípulo y paisano el Capitán 
general de Ids Reales ejércitos D. Antonio Ricardos, cuan- 
do mandaba el del {Rosellon , un refuerzo de süs' péshdas 
tropas para que obrasen bajo sus órdenes ; le contestó Rí- 
caidos agradeciéndole Jos auxiliares, y remitiénüole un pa- 
pel en forma de instrucción, en el cual hacia un enlace 
entre las Reales ordenanzas y las particulares de la Pos- 
ma, que formaba un escrito tan original en su clase, 
como propio á estas ideas y al gran talento, con que ador- 
nó la naturaleza á Ricardos.v>^;>t í^íVí ^^uwoO 

Ya que hemos bosquejado al Marqués por la parte 
que tuvo de literato y ameno, lo presentaremos ahora 
brevísimamente por la de su n^ral. ,^ 

:. Figurémonos un botare que manifiesta en su aire y 
«n todas sus modales una noble sencillez, y cierta digni- 



' F i8r 

dad dulce que no se percibe sino luego que se le obser- 
va de cerca; que es modesto sin afectación, grave sin al- 
tanería , discreto y reservado sin ficción, afable y papu- 
lar sin bajeza, igualmente incapaz de lisonjear á los hom- 
bres y de ofenderlos. Y qiie su hermosa alma libre del 
espíritu de preocupación y entusiasmo adoraba lareH- 
_gion de sus padres, poniendo én práctica todas sus te- 
yes; hé aqui el retrato de Méritos. 

Su consumada instrucción en las reglas inviolables que 
nos dejó Jesu-Cristo , le hizo conocer la necesidad de ser 
buen cristiano por principios de justicia, y formar en su 
espíritu un general propósito, que cumplió, ó una especie 
de rectitud general para todas las acciones de su vida. Por 
esto fue obediente á las oecisiones de la Iglesia , perseve- 
rando en la doctrin^ de Jos Apóstoles. No encerraba su 
virtud dentro de sí mismo; era comunicativa é industrio- 
sa su caridad ; y no contento con observar el mandato del 
cuidado de los domésticos en general, 15s instruía; y á los 
muchachos pobres y m)lgazanes que vagaban por las calles, 
los regalaba para que con el. aliciente lo buscasen, y por 
este medio les enseñaba el catecismo. 

Ni su. nacimiento, ni sus estudios, ni aun sus canas 
le eximieron jamas de presentarse anualmente en su par- 
roquia', para ser examinado por su propio párroco (cuando 
ciertamente podia él ser examinador ) causando su presen- 
cia el mejor ejemplo. Daba principio á sus estudios y ac- 
ciones notables invocando el nombre de Dios: la piedad 
y liEi, ciencia unidas en sagrados lazos asistían á sus tareas, 
porque la piedad sin la ciencia no puede ser útil sino á sí 
misma. Vivió cristianamente: llevó sus muchos dias (has- 
ta la irrupción de 1808) Con alegría y tranquilidad, y aoiiar- 
dando con dulice esperanza la muerte. 

Fiel á la nación y constante declamador contra sus 
opresores, conociendo que esta se precipitaba para arrui- 
narse, lo arrastró al sepulcro su lealtad. Nunca pisó ¡a ca- 
sa del favorito ; siendo un fenómeno, que el que concur- 



i82 F 

ria á Palacio tan á menudo como Méritos , con la mayor 
franqueza y conocida complacencia de sus dueños, no hi- 
ciera la Corte al que tenia las llaves de él. Aquella vida 
que traia Horacio enmedio de la bulliciosa Roma, pri- 
vada, célibe, reposada y sin tabaola de negocios, dedi- 
cada »al estudio, y que dice el Poeta que es el patrimo- 
nio de los que no se dejan esclavizar con la cadena de lai^ 
ambición miserable, es el original de la que llevaba nues- 
tro Marqués en la estrepitosa corte de Madrid. 

Oprimido en su ancianidad por unos hombres á quie- 
nes conoció antes que otros, de mala intención; tres de- 
cretos furibundos del intruso gobierno para su destierro, á 
Fi'aqcia; el abatimiento , obscuridad y miseria con que pasó 
los dos últimos años de su vida, tanto para sustraerse de 
las pesquisas de la policía, com^pojj|Jio poder cobrar Sná 
rentas; no poderse fugar de Madrid, como ansiosamente 
deseaba, por estar perlático y casi ciego: el conjunto de 
apuros en tan trist'fes circunstancias lo acabó. Desde enero 
de 1809 padeció repetidas y gravR enfermedades, aun- 
que siempre habia vivido sano y con un temperamento fuer- 
te y robusto, pues se conservaba á los ^3 años tan cal)al 
y ágil como á los 4o j y en la mañana del 7 de junio de 
181 1 le acometió un accidente de apoplegía, en la que 
murió el dia 9 tlel mismo mes á los 76 años y medio de 
su edad. Se enterró pobrísimamente y de oculto, y se con- 
fundió su cadáver en el cimenterio, y mezclándose acaso sus 
leales cenizas con las de traidores y malhechores. Respi- 
rando ya libre la nación se le aplicaron solemnes y públi- 
pps sufragios en 181 3 en su parroquia de S. Ginés. 
. , ^as librerías que tenia en sus casas de Jerez y Madrid 
eran selectas: en la primera habia juntado una gran co- 
lección de nuestros antiguos poetas, y de los mejores tra- 
ductores; y en la de Madrid paraban la mayor parte de 
sus manuscvicos (i). 

... I I ■ I : —i, ■ ■ : __¿_^.^ 

• jO).'. 9f^*t Viages de Italia ^ España, tomo 13, pág. 299 y i'g' V-ntgit 



F i83 

Francisco de Villaran , Provincial dos veces del Orden 
de S. Agustín en la provincia de Andalucía. Se bautizó el 
dia 5 de junio del año de 1B60, siendo hijo legítimo de 
Juan Muñoz de Tillaran y de D.^ María Bemal Lozano. 
Tomó el hábito en el convento de S. Agustin de su ciuí- 
dad, y profesó el 27 de julio de 1677. Siguió la escuela 
con aprovechamiento notable y con mucho lucimiento: fue 
Regente de estudios en el Colegio de S. Acacio de Sevilla, 
y recibió el grado y borla de Maestro en sagrada teología. 
Prior en Sanlucar de Barrameda y en Granada, Se- 
cretario y compañero Provincial y Difinidor; desempeñó 
estos oficios éon tanto acierto, y tan á satisfacción de to- 
dos sus hermanos , que en el Capítulo celebrado en Sevilla 
el 20 de. abril de 1709 lo eligieron Provincial por todos 
los votos. En el convento de Cádiz, me asegura el Maes- 
tro Reguera, se conserva una memoria antigua de lo plau- 
sible que fue esta elección , que á la letr¡a dice asi ; 

«Año de 1709. Fue electo ej:i Provincial' N. P. M. Fr. Fran- 
cisco de Villaran, hijo de esjt,^ convento, y patural de esta 
ciudad de Cádiz, el dia ai de abril, habiendo sido umver- 
salmente celebrada su elección por sus piendas tan noto- 
riamente conocjdas , y asi gobernó esta provincia con gran- 
de acierto y tranquilidad, llegando su fama á los oidos de 
primera magnitud^ por lo que mereció ser consultado en 
primer lugar con todos los votos dejos Sres. Cantistas de 
Indias para el Aj:íobi;$pado de la isla de Santo üomingo, 
primadarde la América.» 

i^egunda vez. lo eligieron Provincial en el Capítulo jun- 



y Ponce en la Declamación citada^ y en Jas Servicios de Cádiz, pág. \2S. 
RBIicer, Ensayo de una biblioteca de traductores, pág. 97, Dictionnaire his' 
toriqne des Mítsiciens, impreso en Paris en 1817, lomo l.'jpág. 521. Bi' 
biiografie musiccde, Paris 1822, pág. 3G1. Libros parroquiales. Es despre- 
cblíie un Diálogo que se imprimió en el Conciso de 2 de junio de 1813; 
por esto no se contesta á sus muchas falsedades ; mejor le hubiera «8la« 
ÁQ al que lo escribió no haberse pronunciado tan pronto. 



i84 F 

to en Sevilla en ii de mayo de 1715, y sin dispensa por 
la unanimidad de sufragios,- y visitando el convento de 
Sanlucar de Barrameda murió en el, mediado marzo de 17 16, 
con universal sentimiento , malográndose con la mueite 
las esperanzas de mas altos puestos y dignidades á que le 
hacian acreedor su prudencia, tino, talentos y virtudes, pren- 
das muy propias para el mando (i). 

G 

VTabriel de Atrolo y Calar. Escribió en verso: Pen- 
sil de Principes j" 'varones Ilustres: se imprimió en Sevilla 
en 16 1 7 en 4«° Lope da Vega en su I^aurel de Apolo di- 
ce -de este agudo ingenio. 

De la provincia Bética en los fines 
Mirando al occidente, 
Cádiz de peñas coronó la frente, 
A quien respetan Focas y Delfines 
Por el alto Blasón de Carlos V, 
De las puertas del África distinto: 
Aqui Gabriel Ayrolo 
Es de las Musas celebrado Apolo, 
H Porque de las colunas de su genio 
No ha passado jamas mortal ingenio. 

El Sr. D. Nicolás Antonio lo creyó natural de Méjico, 
aunque después pone la citada autoridad 'de Lope <Je V^ 
ga, que era su coetáneo. Como anterior á 1596 su naci- 
miento, no tenemos archivos que registrar (2). 



(1) Libros parroquiales, y noticias con que me ha favorecido el P. 
Maestro Reguera. # 

(2) Lope de Vega, Laurel de Apolo, edición de Madrid de 1630, p<g. 
19. niHiotheca novn hitpana, tomo 1.', p.íg. í03. 



G i85 

Gaspar Daza, Bravo de Lagttxa, hijo de D. Juan y ,de 
D." Leonor; se bautizó en 29 de marzo de 1662. Entró en 
^ Colegio mayor de Cuenca en la Universidad de Salaman- 
ca en 1678, y falleció en aquella ciudad el aüo de 168^. 
Fue jurista, y dejó manuscritas varias obras de su profe- 
sión que se conservan en la librería de dicho Colegio. Dice 
el autor que he consultado, que era Daza sugeto de re- 
comendables prendas y de singular virtud , por cuyo moti- 
vo fue sensible su miArte, acaecida á los 34 años de su edad. 
Sus obras acreditan su tenaz é infatigable aplicación. 
Escribió «Comentario á la ilustración que hizo Osualdo al 
docto Dónelo.» 2.* «Compendio de los Comentarios á las 
decretales del Sr. González.» 3.* «Memyriai sobre las dife- 
rencias de los Rectores de los Colegios mayores con el de 
la Universidad. » Aunque el Marques de Alventos no hace 
mención de mas obras, hemos visto, dice Rezabal, en la 
biblioteca del Colegio de Cuenca «Enucleación del libro 
primero de las Cuestiones ilustres de D. Melchor de Va-- 
lenciaj» y esta es la cuarta obra de Daza (i). 



Gaspjír de Molijta y Saldivar, Marques de Ureíía. 
Nació en 9 de octubre de 1741: la fe de bautismo la co- 
piaré íntegra al fin de este artículo por rara ó poco común. 

En atención á los servicios de sus primogenitores , lo 
nombró S. M. desde niño Teniente del regimiento de Gra- 
nada, el que mandaba su padre. Tuvo una buena educa- 
ción, y este es un verdadero patrimonio que queda en los 
hijos, y que sus consecuencias hacen á los hombres aeree-, 
dores á la veneración ó desprecio de sus contemporá- 
neos; y hace hereditarios los verdaderos y únicos atribu- 



(1) Libros parroquiales. D, José tle Rezahal y Ugarte, Biblinteca rlt 
los gjcnlores de los leis Colegios maj-ores, pág. 114. • 

a4 



i86 G 

tos tle lo que se deberla llamar nobleza. Fue á acabar ilc 
educarse al Seminario de nobles de Madrid. Alli, confesa- 
ba el joven Molina, que aprendió kis luces de la doctrina y 
los principios de ciencias. 

Desde sus mas tiernos aíío.s amó el dibujo , alma de to- 
das lasarles, y separándose de puerilidades empezó á des- 
cubrir rasgo.s de sublimidad. La esiraordinaria retención 
de su memoria era el pasmo de sus maestros y condiscí- 
pulosi Su aplicación constante al esfiídio de los autores 
mas clásicos, se los hizo tan familiares, que se presentaba 
a traducirlos y analizarlos. Sus costumbies eran inocentes 
en la edad mas peligrosa. En los actos públicos que en 
presencia de lo* Rgyes se celebraron, obtuvo los premios 
de Latinidad y los de Física esperimental : siendo su Ca- 
tedrático su paisano el P. Zacagnini, de quien hablaremos, 
y de edad de i4 años, recitó varios versos en la Academia 
de S. Fernando, como lo acreditan sus actas. 

Acabados los estudios que lo detenian en el Colegio, 
marchó á Barcelona á incorporarse en el regimiento en 
que servia. Su porte era lucido y brillante; pero escusaba 
el lujo, mereciendo su conducta la estimación pública. Por 
€ste tiempo se dedicó con suma aplicación á los embelesos 
de la música, y esta divina invención tan antigua como el hom- 
bre, era todo su recreo. En medio del gran mundo, de la 
abundancia, y gozando de los años mas felices, no disfru- 
taba de la tranquilidad que deseaba; y hubiera vestido la 
Cogulla de los Benedictinos de Monscrrate, si sus obliga- 
ciones se lo hubiesen permitido. 

Muertos sus padres quedaban á su cuidado su anciano 
abuelo y sus hermanas, aun muy liiñas, y le precisó á reti- 
rarse de la vida ambulante de soldado para fijarse en su 
casa. Entablé-en Cádiz un método inalterable, los dias y 
l;is horas las tenia arregladas para cumplir con los* debe- 
res de hombre religioso, de padre de familia, y de aman- 
te de las letras. La naturaleza y la religión tomaron á su 
cargo el doctrinar á Ureña; esta le apartó d« los vicios y 



G 187 

conservó su inocencia; aquella inclinó su voluntad al deseo 
de su mas perfecta instrucción, y «inibas ilustraron su be- 
llo entcndiimenLo. En su pais se entregaba á los placeres, 
mas honestos, y divertia su inia_>inacion con los encantos, 
de la música, y era muy completo en su práctica y cOni- 
posicion, y poseía el violin, viola, fagot, oboe, flauta, ór- 
gano y clave, y se recreaba en componer piezas de buen 
gusto que tocaba con sus amigos. 

También se ocupaba en pintar con diestra mano al oleo, 
al fresco, en miniatura, en pastel y en perspectiva. Al tiem- 
po :misra o que perfeccioflaba sus conocimientos matemáti- 
cos, sin los que toda ciencia es inaccesible al talento mas 
superior, los aplicaba igualmente á los de la astronomia, y 
arrebatado por el espectáculo que presenta* la Omnipo- 
tencia, se embelesaba en su «studio. Poseyó las matemáti- 
cas pura y mista, comprensiva en la dinámica, é hidrodiná- 
^mica, cálculo integral y difei'encial , con muchos y bue- 
nos conocimientos de óptica, catóptrica, perspectiva vul- 
gar, militar, y arquitectura civil é hidráulica, como lo 
acreditan las obras que ppr su dirección, plano? y alza- 
dos esian fabricadas: tales son el Observatorio de la ciu- 
dad de S. Fernando, obra completamente acabada; y los 
«diíicios mas suntuosos en la nueva población de S. CJarlos. 
)'i La historia y ¡a política^ la moral y las lenguas dispu- 
taban su atención y. sus desvelos. El gri«go^ el latin^ el 
francés, el inglés y el italiano eran idiomas que poseía con 
perfección; y se encontraron en su bufete muchos traba- 
jos "de mérito en prosa y "verso en latin, y lo halilaba- 
oon una fl^uidez y elegancia que parecia lo aprendió en 
el siglo de Augusto. La elocuencia y pureza con que se 
^roducia y escribia en español le» mereció ser Académico 
de la Española. También lo fue de la de S. Fernando en 
la clase de honor y mérito desde la edad de 17 años, y 
llegó á ser el Decano; y también de. los Consiliarios de 
la escuela de nobles artes de Cádiz. 

En el Parnaso habia obtenido lujjfar muy preniinente, 



1 88 G 

porque imitaba las bellezas, energía y gravedad de nu«>s- 
tros mayores. No se presentaba objeto alguno á su ima- 
ginación que no la inflamase, y que no recibiera en el!» 
un nuevo ser. 

Destinó el Rey al Marques para que acoippañase á su 
Embajador en Puris, y entre la confusión de aquella Cor- 
te estudió en toda su estension agricultura, comercio, 
navegación, fábricas, comunicaciones, administración de 
justicia y policía de los franceses. En aquella capital si- 
guió un curso de física moderna, adquirió un rico juega 
de máquinas , é ideas muy estensfls en la química , en mi- 
neralogía , metalurgia , cristalografía y medicina. Pasó lue- 
go á Holanda y á Inglaterra , y en todas partes adelan- 
taba la utilidafl de su conrisioii. En una de las audiencias 
con S. M. B. le preguntó Jorge III, en qué Condado babia 
nacido. Le contestó el Marques que era de Cádiz. Pues, ami- 
go, me h« equivocado, porque babla vmd. el inglés coi«, 
rrto yo. mismo. No se descuidó su celo en trasmitnnos lo» 
hechos 'y esperiencias de sus viages, y los recopiló en un, 
gr.ue&o 'víflúracn con lindas vista*^ iluminadas, que conser* 
va manuscrito su sucesor, 

'Merecieron sus estudios y .servicios que el Gobierno le 
eftcaii'ffAse la comandancia y dirección de la población de 
S;*^ritís, inmediata ala ciudad de S. Fernando, ó isla de 
licon;, V a'qui acreditó- Isu saber en la arquitectura. D. An- 
tonio' Ponz dií^e de este establecimiento : « El proyecto de 
1a nueva poljlaeion de S. Carlos tuvo principio en 1776, 
ooh el objet» de establecer en ella el Departamento de 
Marinar La prihiera idea fue del Sr. Sabatini ; y se pro- 
yectó ik planta de un pentágono. Posteriormente se ha re- 
ilucido con aprobacioit del Rey á un paralelogramo de g4^ 
varas do frente por 63o de costado, y toda esta grande 
empresa se ha fiado á la pericia y conocimientos del sabio 
Marques de üreñá.» I Con. efecto^ él era como el alma de 
estas inmensas fábricas cUli rigió las casas para el Gipitan 
General,- las de el Intendente, las de la Contaduría, Te- 



G' . i8() 

florería, Academia de pilotos: hermoseó la Iglesia parro- 
quial y Convento pura Franciscanos ; y construyó el cuar- 
tel en el que-se pueden alojar cómodamente 4"Oo solda- 
dos; y hasta el puente para pasar á dicha pohlacion*, el que 
está construido sobr^ un caño que deberá acortar el cami- 
no de Cádiz al puente de Zuazo, navegando por debajo de 
él los barcos, y por esta razón es algo pendiente. 

Habiendo idp de ordeft del Gobierno á reconocer el 
pantano de Lorca, anunció anticipadamente el catástrofe 
á que estaba espuesto, y remitió á Madrid su dictamen. 
¡Cuánto valiera haberlo creido! 

No permite el método que nos hemos propuesto de 
ser concisos el espresar todas las obras que en las bellas 
artes ejecutó este ilustre artista: sok> apuntaremos alguna*, 
para que si se ven, se conozca por la disposición de ellas 
que el genio de Ureña sabia ennoblecer cualquiera cosa, 
conservándole su propio carácter. El cenotafio erigido en 
la Catedral de Cadi% cuando las honras del Señor D. Car- 
los II£ , cuya estampa corre ; el sencillo monumento de 
las monjas Descalzas de dicha ciudad ; la fábrica de una 
casa campestre en Chiclana ; la grandiosa que se estaba 
haciendo pava los Oblatos en Lebrija , y que se ha queda- 
do á los principios ; un beÜo monumento en A'lcálá de 
los Gazules, y en el Puerto de Sania María en la Iglesia 
de su Ciiíitiilo un, rdtablo, y en la del hospital el retablo 
mayor. En la Isla de León, hoy ciudad de S. Fermnido, 
como que era el pueblo de su residencia, li^n qiredado 
muchas cosas buenas de su mano> El secretario Ponz en 
sus Viages escribe : « Lo que hay de bueno é» ingenioso en 
la parrcMjuia de la Isla es' la caja y tribuna del órgano, co- 
locado en el testero del presbiterio , y dirigido por el Mar- 
qués de Ureña, vecino de esta villa, caballero de fino gus- 
to é inteligencia en las bellas artes, como todos saben. Tam- 
bién es suyo el gracioso templecito que forma sagrario,* 
en un i'etabto de la nave que corresponde al lado del Evan- 
gelio. » Un órgano entero hizo para las monjas de lü En- 



,190 G 

señaii/a /fabricado sin auxilio de ningún otro artífice. 

£1 deseo de desterrar del santuario las indecentes vul- 
garidades .introducidas por el mal gusto y por la moral 
laxa , le» empeñó á escribir la obra de Reflexiones sobre la 
arquitectura y ornato jr música del iernplo\ y este apreciable 
escrito está dictado por el constante estudio en las artes 
y en los antiguos venerables ñtos y costunibres de los cris- 
tianos. . « 

Trabajaba al torno en madera, marfil y bronce, y so- 
c<,>rria cojí sus estimadas manufactJiras la falta de ellas al 
operario indigente. Si con iguales conocimientos se ocu-. 
paba en hacer primores con el carey , asta y demás mate- 
riales que pertenecen al arte de eljanLsta, las repartía en» 
tre los que de ellos teniatr mayor necesidad. Si Labia es-, 
tudiado la medicina y la botánica era con el solo fin de 
hacer bien gratuitamente á los enfermos. Su phicer lo te- 
nia en estar rodeado del pobre anciano menestral y del 
asqueroso perlático , á quienes acudia con k limosna y 
aplicaba á la máquina eléctrica, y con lodos practicaba, 
en beneficio de la humanidad doliente y menesterosa^ las 
secretos é invenciones que sacaba de sus estudios y largas 
esperiencias. 

Las pastillas de carne y las yerbas desecadas para el 
uso de la navegación , fueron frutos de su dirección con 
el intento de moderar las incomodidades de la vida del 
marino. "A muchos enfermos de'sbauciados por los médi- 
cos los cury con sus particulares medicanlentos ; y el uso 
y manejo que tuvo de las máquinas pneumática , fumiga- 
toria, galvánica y eléctrica era original por el profundo 
conocinüento de sus mecanismos. Parecía que la natura- 
leza quiso constituir á Ureña superior á los demás hom- 
bres , porque de todo entendia , y su comprensión fue uni- 
versal. Labraba el cristal para el uso de los anteojos y 
«otras aplicaciones, dejando por muestra una cámara os«- 
cura, un microscopio solar, y por concluir una máq-uína 
que reunía varias de sus esperiencias en la óptica, catóp- 



o '19^ 

trica y las que últimamente se conocen con el nombre de 
fantasmagoría. 

Fue aficionatlo á hacer fueg^os artificiales, y fueron ce- 
lebrados en la Corte los que inventó en los dias de la ju • 
ra de Garlos IV , y para cuyo uso amoldaba el cartón sin 
servirse de prensas, y por este medio es superior al mejor 
que se trae de las fábricas estrangcras. Su ejecución en per- 
feccionar el íieiTO , el bronce y la plata sobrepujaba á la 
de los maestros de mas crédito: hizo un manifestador y 
servicio de altar , de plata , para la iglesia de las monjas 
de la Isla , de singular mérito. De relojería se halló en su 
taller un surtido de instrumentos completo, y una máqui- 
na para aserrar maderas con el uso del agua , inventada y 
ejecutada en madera, fierro y bronce^ ^ 

Sus nociones sobre el galvanismoí eran nada comunes, 
y su doctrina la recopiló en un tratado' que imprimió, y 
construyó una máquina galvánica hecha en madera, cris- 
tal, bronce y platina. Labraba también la hoja de lata con 
suma perfección. Continuamente estaba ocupado en des- 
pacliar los niuehos^ encargos y consultas que le hacian; 
¿pero qué nmcho que esto sucediese en un caballero que 
juntaba ía ciencia con «el desinterés .»* Urena rio admitía 
otra paga por sus sudores que la de poder ser útil á sus 
semejantes. ♦ 

Se hallaba dotado de un carácter bondadoso , festivo y 
Katm'ahnente alegre y sociable; pefo sabia unir corí su ta- 
lento la austera circunspección cuando era necesaria, «Aun- 
que se le notaba, dice el Conde de Maule, que hablaba mu- 
cho , yo le oí vams veces espresarse con piopiedad y ele- 
gancia.» Con las lu-ces de la religión conocía que su ser 
ínoial' era una obra de la mayor grandeza, aunque por es- 
to no perdía de vista la miseria de su ser físico. De ahi 
dimanaba el contemplarse de unos alcances muy limitados 
cuando sabia tanto. 

Uni<lo á una amable, prudente y virtuosa muger desde 
su juventud, y que era digna de él , le «ayudaba con sus 



^9^ O 

buenos ejemplos á la educación de sus hijos y á seguir su 
niétodo religioso. Ni sus viages, ni sus comisiones, ni sus 
graves cuidados fueron capaces de alterar un solo punto 
la distribución cristiana coi> que tenia arregladas las horas. 
Exactísimo en la observancia de la regla del orden de San- 
tiago, en el que halúa profesado, y constándole que los 
abusos introducidos no mitigan las constituciones, ni las 
relajaciones pueden derogarlas leyes establecidas, cumplía 
como caballero regular las obligaciones de su instituto. En 
el culto público era un dechado. Esceptuando una colec- 
ción de floreros que pintó para su casa, todo lo demás 
que trabajó en pintura lo consagró al servicio de la Igle- 
sia. El S. Pedro que está en la del castillo del Puerto de 
Santa María, y una bella y rica colgadura en la que pintó 
varios pasages de la Escritura, es suyo; asi como un reta- 
blo en perspectiva en el hospital de la ciudad de S. Fer- 
nando, y un monumento de igual clase para la Escuela de 
Cristo de alli. Otras varias pinturas de su mano se conser- 
van en la parroquia y en el convento de S. Francisco de 
la dicha ciudad, y en su propia casa algunos cuadros que 
estaba concluyendo. 

El Rey lo habia condecoradí^ graduándole de Inten- 
dente de sus ejércitos. 

Su casa era el domicilio de la paz y la academia don- 
de, se reunian los sabios. D. Antonio Ponz vio en ella una 
estimable librería y varios instrumentos de Física con su 
laboratorio químico para ensayo^ de minerales , y habia 
formado una selecta colección de plantas que se hallaban 
clasificadas en su gabinete. Miró los intereses con total in-, 
diferencia , y deciii con gracia : « Yo no nací para hacer 
dinero, no lo entiendo.»» Aunque entrado en dias, alegre 
se empleó por comisión del Ministerio en el informe y 
construcción del cementerio de la Isla , considerando que 
acaso las reliquias de su mortalidad yacerían en breve en- 
tre los^copios que se destinaban para sus muros. Tran- 
quilo se acercaba á la muerte ; y su vida , que no í'uc otra 



G 1^3 

eosa que un hermoso lejlclo de rectitud , de sencillez y de 
verdad , se acahó en la Isla de León en 3 de diciembre 
del año de 1806, á loi 6") de su edad. 

Es aplicable al difunto Marqués de Ureua lo que es- 
cribió Platón; «Nosotros, dice este maestro, debemos 
ofrecer al talento de los artistas todos los honores imagi- 
nables; escribir sus nombres mil veces entre los ciudada- 
nos buenos y divinos; poner sobre sus cabezas frondosas 
coronas de yedra , y rociar sus cuerpos de aguas y perfu- 
mes olorosos. Nosotros erigiremos sobre nuestra gratitud 
un Parnaso á los poet is, que con la copa en la mano can- 
taron los himnos de los dioses; y enseñaremos un Olimpo 
á los pintores que solamente ocuparon sus pinceles en re- 
tratar las sombras de lo* hombres virtuosos.» 

Ademas de los títul<»s y prerogativas que heredó Ureña, 
y de las insignias con que la merced del^ey lo condecoró, 
la ]\^estranza de Valencia lo recibió por su individuo. 

Sus obras literarias son: 

1. El imperio» del piojo recuperado , bajo el nombre do- 
D. Severino Amaro : impreso en Sevilla en casa de Váz- 
quez en 17.84- Es en verso. 

2. Reflexiones sobre la arquitectura , ornato y música, 
del templo', en Madrid por Ibarra, eu i^SS: en i8o6 se 
habia concluido la impresión. 

3. En las Actas de la Real Academia de S. Fernando 
de los años de 1754 y 1757, y de i4 de julio dé 1787,86 
hallan composiciones suvas. 

4. Esposicion synóptica de la teórica y práctica del lla- 
mado hasta ahora galvanismo : en 8." Cádiz por Carreao, 
sin fecha. 

5. Poema en elogio del conde de 0-reilly, que no he 
visto. • 

6. La Posmodia , poema en cuatro cantos, por uno qué 
la escribió : Madrid , en la imprenta de la calle de la Gre- 
da, *en 1 80^. 

2J 



«►94 G 

7. Informe dado por orden de S._ M. sobre el Pantano 
de Lorca , manuscrito. " 

8. Objetos dignos de la atención del Gobierno : papel 
manuscrito , cuyo original poseo. 

9. Un gran tomo de versos de diferentes clases y á va' 
ríos asuntos : se conserva en poder del actual Marqués. 

10. Otro grueso volumen en folio de sus Finges por 
Francia , Flandes francesa , Inglaterra y Holanda , con es- 
tampas: manuscrito (i). 



(1) Carta de su viuda la seriara Marquesa de 10 de febrero de 1807. 
Ponz , Fiages de España, tomo 17 , pág^. 30G y 307 , y tom. 18 , pág. 
60. Cruz , Fiages da Italia y España , ton^ 12, pág. í4G. Vargas y Pon- 
ce , Servicios de Cádiz, pág. 125. Gacetas de Madrid de 22 de octubre de 
17-54, y de 19 de abril de 1757. 

« Eu Cádiz , juevs doce dias del mes de octubre de mil setecientof 

- cuarenta y un años. Nos D. Fray Tomás del Valle , por la Gr)«ia de 
Dios y de la santa Sede Apostólica , Obispo de esta Ciudad y Obis- 
pado, del Consejo de S. M. , su Capellán Mayor y Vicario general 
del mar Occéano y Real Marina : Baptizamos a Gaspar, Dionisio , Ma- 

•nuel, María de Belén , Josef, Antonio, Tbadeo (que nació á 9 del pre- 
sente mes ) , hijo legítimo de los seaores D. Joan de Molina y Rocha, 
Marqués de Ureiía , Gentil-hombre de Cámara de S. M., Caballero del 
Orden de Santiago , Coronel del Regimiento de Dragones de Parma ; y 
de Doña Manuela Saldivar y Micón , su legítima muger , Señora de ho- 
nor de la Reyna Nuestra Señora , Marquesa de Ureña , casados asi- 
mismo por Nos en esta Ciudad el año pasado de mil setecientos treinta 
y nueve: fue su'^ad^io el Eminentísimo señor D. Fray Gaspar de Mo- 
lina y Ov¡e(4o , Cardenal de la sauta Iglesia Romana , Obispo de Málaga, 
del Consejo de S. M., su Presidente en el Real de Castilla , y Comisario 
general Apostólico de la santa Cruzada; y en su nombre y en virtud de 
«u poder el señor D. Bartolomé de Saldivar, Conde de Saucedilla, Abue- 
lo materno del Infante: fueron testigos el escelentísimo señopD. Baitu- 
loiué Ladrón de Guevara , Teniente general de los Ejércitos de S. M., 
Comendador en el Orden de Santiago, Gobernador en lo político y mi- 
litar de esta dicha Ciudad; el señor D. Francisco de Varas y Valdés, 
del Consejo de S. M. en el Supremo de Indias , su Presidente de la Real 
Casa de Contratación en esta Ciudad, é Intendente general de Marina; 
el escelenlísinio señor D, José Vicaria , Teniente general délos Ejérci- 
tos , é Inspector general de M.tiina, y D. üomingo Oiti*d« IWaas^ Cu- 



G 195 

GerÓxiMO 5b ll CoNCEPCiox. Ignoro el apellido de su 
padre por habérselo mudado este religioso , y el año de 
8u nacimiento por la misma razón. Estudió en las escuelas 
de los Jesuítas de Cádiz el latin, y en el año de i658 ar- 
tes en el convento de S. Agustin de dicha ciudad, y en- 
tró en el orden de los Carmelitas descalzos : cursó la uni- 
versidad de Salamanca , si antes ó después de tomar el ha'- 
bito no lo sabemos. Fue hombre de bastantes conocimien- 
tos y de mucha lectura , pero mal escogida , y por esto no 
tuvo ninguna crítica. 

Predicó en la Dedicación- dí| la Iglesia de S. Juan de 
Dios de Cádiz en 1688. Escribió la voluminosa obra Em- 
porio del Orbe^ Cádiz ilustrada^ investigación^ de sus an- 
tiguas grandezas , discurrida en concurso del general im- 
perio de España, que se imprimió en Amsterdam en 1690, 
en foho , con cuatro estampas. En ella demuestra lo que 
se interesaba en las glorias de su patria ; pero su pluma 
no fue feliz en todo su desempeño. El estilo es regular, 
esceptuándose alguna otra frase; y las citas, que son mu- 
chísimas, están exactas: lo apreciable de esta obra por sus 
noticias son los libros 5.°, 6.**, 7." y 8.", lo demás necesi- 
ta mucha corrección : exagera algo en la descripción inte- 
rior de la ciudad, ó en la parte artística y topográfica (si 
la hubiera alcanzado á ver en un siglo después, en 1790, 
¡qué dulce placer disfrutara!); pero en lo que está insu- 
frible es en las muchas paparruchas que escribe sobre 
nuestra antigua historia eclesiástica particular, es im ver- 
dadero delirante. 

Puso la mano á otras varias obras que no han visto 
la luz pública: de las que tengo noticias son: Catálogo de^ 
los Arzobispos de Sevilla hasta el año 48o : escrito no con- 
cluido. Dos discursos por la primada de la santa Metropo- 



ballero del Orden de Santiago , Mariscal de Can«o, y Gobernadür r 
Cupitan general de la provincia de Buenos Ayres : y fecho lu íirmainos 
ut supra. — Fz'. Tomás, Obispo de Cádii, 



196 G 

litana y Patriarcal Iglesia de S3\>illa , sacados de la terce- 
ra parte de la Historia Tripartita del Santo Rey D. Fer- 
nando. Tres discursos sobre el templo mayor de Sevilla , su 
origen , prog^^sos y descripción j y en este escrito pone el 
catálogo de los Arzobispos de ella hasta su tiempo. Estas 
abras las he visto en los tomos i." y 29 de papeles varios 
manuscritos en folio de la biblioteca de la Catedral de 
Sevilla. 

Viajó por Francia y por varias provincias de España, 
como lo espresa él mismo en su Empatio: pudo irá Ams- 
terdum para asistir á la ingppcsion de su principal obra, la 
que nos han dicho costó al Ayuntamiento más de sesenta 
mil ducado?, aunque tengo esta especie por exageradísi- 
ma. Parece fue prior el P*. Concepción del convento de 
Guadalcasar, y que falleció en Córdoba, á donde se habia 
ido á curar hacia los años de 1697 ó 1698. Este religioso 
da noticia de otros dos trabajos literarios suyos , que son 
sobre que los magos eran españoles, y que España fue la 
primera provincia occidental convertida al Evangelio. Cues- 
tiones son estas dificilísimas de probar> particularmente la 
primera (i). 

H 

Hevrique, hijo de Rodrigo Jácome y de Elena Crccfl, 
conocido por el nombre de Henriqíie de las Marinas, íxie 
bautizado en 1 1 de febrero del año de 1621, y en su tier- 
ra aprendió los principios del noble arte de la Pintura; y 
^abiendo aprovechado bastante, se aficionó á pintar na- 
ves y marinas con la ocasión que ofrece el delicioso puer- 
to de Ciídiz ; y grangeado ppr este medio algún pedazo de 
caudal, pasó á Italia, habiendo peregrinado por diferentes 
regiones, *é hizo pie en Roma, donde practicando la ha- 

( t) Empaño del Orbe, pág* 03 , 130 , 148 , C2G , G30 y otras. 



H 197 

bíliílafl á que le inclinaba su genio, llegó á conseguir tal 
crédito, que en Roma le pusieron el nombre de Hennqiic 
de las Marinas , y por él fue tan conpcido que su apellido 
se ignoraba (escriben esto Palomino y Cean Bermudez); y á 
la verdad llegó á hacerlas con tanto primor , que ninguno 
leescedia, si es que alguno le igualaba, y Palomino vio al- 
gunas de su mano que le pareció cierto no se pudieran 
adeliintar. 

Tuvo Henrique gran amistad con Fr. Juan de Guz- 
xnan, seglar entonces, el que contaba que viendo que Guz- 
man se queria volver á España , se lo abominaba mucho, 
diciendo que él no volveria por todos los intereses del 
Inundo, pues provincia donde no los estiman, no merecen 
tenerlos. «Yo no sé, dice D. Antonio Palomino, si tendría 
*i'azon: juzgúelo el desapasionado: lo cierto es que él lle- 
gó allá á lograr tanta estimación y conveniencias , como 
que vino á ser único en aquella materia. Y si se viniera 
por acá , no sabiendo hacer otra cosa , pereciera ; porque 
sobre no pagarle como aUá, lo mas del año estuviera ocio- 
so. » Murió en Roma el año de 1680, á los cincuenta y 
nueve de su edad. 

D. Juan Agustin Cean Bermudez hace un bello elogio 
de nuestro Henrique Jacome Ai su Dicciqnariij, 

El difunto señor Conde de Maule en cl^tomo XIII de 
sus yiages por Italia, Francia y España, páj. 3ii, dice 
se equivocó Palomino suponiendo á este Henrique runural 
de Cádiz, porque nació en Harlem en i566, y que se lla- 
mó Henrique Cornelio Vroom; pero el Conde fue el que 
padeció no una sino dos grandes equivocaciones : si hubie- 
ra hecho la cuent*-de la edad de 8« -H^niiquc Vraom vica 
ra era menester clirle ii4 años de edad para que fuese el 
Henrique de las Marinas; pero habiéndose sacado poste- 
riormenlf la copia dó la fé de bautismo del verdadero Hen- 
rique de las Marinas , no queda la menor duda de la pa- 
tria y de la edad de este artista,, porque fue bautizado en 



1.98 II 

la Catedral de Cádiz en la fecha puesta al principio de es- 
te artículo (i). 



Héspero y Tarteso. Después de la ruina de Sagunto, 
hacia el año de 218 antes del Salvador, declaró Roma la 
guerra á Cartago. Al primer aviso de esta novedad Hanni- 
bal, capitán de los que asolaron á Sagunto, hizo todos los 
preparativos para llevar las armas á Italia: permitió á los 
soldados españoles que fuesen á ver y se despidiesen de 
sus padres y parientes, y él entretanto se fue á Cádiz á 
visitar el templo de Hércules, ofreciendo sacrificios á aque- 
lla deidad para que le fuese propicia en la guerra que ibí 
á emprender. 

No sabemos si al partirse de Cádiz se llevó consigo sP 
Tarteso y á Héspero, ó si estos ya hablan hecho otra ú otras 
campañas con él: lo que afirma Silio Itálico es que estos 
valerosos jóvenes , entre otros que mienta , estaban alista- 
dos en las banderas Cartaginesas , y dispuestos á dar la ba- 
talla á tlscipion , y que los hal^ía enviado su patria ¿a ínclita 
Cádiz, Cuando le merecieron nominal recuerdo es señal 
que se distinguieron entre la muchedumbre (2). J 



(1) Libros parroquiales. Antonio Palomino en el lifitsea Pictórico, 
pág. 402. Cean Bermudez , Dice. hist. de los mas ilustres profesores , tomo 
3.",pág. 67. Diario Mercantil de Cádiz de ÍO de junio de 1327 , y el 
Conde de Maule citado. 

(2) El Marqués de Mondejur en su Cadit Fenicia, tomo 2, pág. 2G9, 
y alli cita á Silio Itálico, lib. 16, vers. 467. Masdeu , Hist. cn't. de E'p., 
tova. 3.*, pág. 142. 



199 



Isidro Miro t Agraz, Caballero profeso en el or- 
den de Calatrava : compuso varias comedias y otras poe- 
sías, que dicen corren impresas; pero ninguna ha llegado 
á mis manos. Siguió una larga correspondencia epistolar 
con su íntimo amigo el Sr. D. Gaspar Melchor de Jove- 
llanos. 

De D. Isidro dice Manuel García en su obra Origen, 
épocas y progresos del Teatro español^ impresa en Madrid 
en 1802 , á la página xxiv. * 

« Mas el arte iba en todo mejoranjjp 
« Isidro Miro » 

,Y mas adelante en la pa'gina 3 16 vuelve á nombrarlo: 
« Otros poetas han seguido también dando honor á la es- 
cena española, como D. Isidro Miro.» 

He oido decir que tuvo una contienda sobre la come- 
dia de las Vivanderas ilustres \ pero no he podido tomar 
las noticias exactas que se requieren para asegurar un 
hecho. 

Nació D. Isidro en 9 de abril , y se bautizó en 1 6 del 
año de 1720, y fueron sus padres D. Nicolás Miro y Doña 
Miu-iana Agj^-az y Aparicio, según consta en los libros par- 
roquiales. 



20O 



Jacinto de Jesús María tuvo por padres á Pedro de 
Molina, y á Dofia Isabel López, su legítima consorte. Sien- 
do muchacho se embarcó para las Islas Fihpinas con al- 
guno de sus parientes , y en ellas lo llamó Dios á la con- 
gregación de Recoletos de San Agustin, y tomó el hábito 
en el convento de San Nicolás de Manila. Creciendo en 
méritos y virtudes, después de otros oficios menores fue 
hecho prior del convento de Taghense, que está en la 
pr^inciíj^e Gí#hguas, que es parte de la isla de Mindanao, 

A tiempo que el P. Fr. Jacinto tratai^a de la conver- 
sión é instrucción de aquellos infieles con todo su celo, 
era castellano de Caraguas Pedro Bautista, quien salió á 
batir al pueblo Baganganense, enemigo délos españoles, lle- 
vando por auxiliares indios amigos. Nombró el coniandan* 
te al prior por vicario castrense de su tropa; y la conquista 
de Bagangan se logró felizmente; pero al volver al castilla 
de Caraguas en medio de la alegria y regocijo por la victo- 
ria ganada, se suscitó una disputa entre las tropas sobre 
quien habia peleado mejor, la cual pasó á motín. Los indios 
auxiliares en mucho mayor número que Ids castellanos aco- 
metieron á estos, y vinieron á quc.dar muertos desde el 
gobernador Pedro Bautista hasta el último español. 

No habiendo podido las exhortaciones del Padre Prior 
calmar la efervescencia de los traidores, se puso de rodi- 
llas para orar , viendo tan próximo el peligro de su vida; 
cuando acabada la matanza de los militares un indio lla- 
mado fcaliiitos, que habia muerto al castellano ^autista, y 
Aros que le acompañaban , le atraveiaron sus lanzas por 
el cuerpo. Se mantuvo de rodillas aun después de muerto, 
y con los ojos abiertos y fijos en el Cielo: pasadas algunas 
horas, y advertidos los indios de este, al parecer milagro, 
arrastraron á la orilla del mar al venerable cadáver ; y 
atándole una pesada piedra, lo echaron en alta mar tres 



J 20 £ 

tnlllas distantes del sitio de su suplicio; para que los fie- 
les no hallasen sus reliquias , y las respetasen como de bien 
aventurado. Se juzga por seguro sucedió esta asonada en 
ig de julio del año de i6Zi (i). 



«Jacob Rodríguez Pereira. nació en Cádiz en 171 5, 
hizo larga mansión en Burdeos, y acabó sus dias en París 
en 1780 , de edad de 65 años. Fue llamado á esta última 
ciudad para practicar en ella el arte de hacer hablar á los 
mudos. El Rey Cristianísimo Luis XV lo nombró por in- 
térprete, y le hizo merced de ima pensión de 8otf libras, 
en consideración , dice el despacho, al arte que habia ad- 
quirido de poder dar á los sordo-inudos de nacimiento una 
educación, de la cual hasta entonces hahian sido incapu' 
ees de aprovechamiento. Pereira habia llevado á Faris algu- 
nos de sus discípulos que ya entendian las palabras por el 
movimiento de los labios. Buffon hace el elogio de su ta- 
lento en su Historia natural-^ y la Condajnine que se le 
declaró protector, lo presentó en las Cortes de diferentes 
Príncipes que también Jo agraciaron. El Abate de l'Epe'e 
se aprovechó de su método.» 

Esto es lo que escriben los autores del nuevo Dicciona- 
rio kistórico M3I. Chaudon*y Delandine, en la octava irti- 
presion hecha en Paris en 1804, en el tomo 9, pág. 407; 
y dice lo mismo el Diccionario universal histórico^ crítico y 
biográfico por una sociedad de saj^ios franceses y estran- 
geros, impreso en Paris en 1801, len olLtc^mó i3 , pág. 399. 

El maestro Feijoo creyó era portugués Jacob Pereira; 
y lo llama Juan en el tomo 4-** Jt-* Cartas eruditas a la sé- 
tima^ núm. 23 y 32; y en el toujo 5.** de las mismas car- 



(t^ Portillo, Crónica j4gti$tiniana , tomo 3, pág. 115. Herrera, 
Alfaktto AgustinicMo , pág. 338> 

26 



3.0 íi, S 

tas en la novena , número 3 1 ; pero en el citado tomo 4«* 
copia una carta de Torres, médico español que estaba en 
París, que dice: «A riesgo de enfadar á V. S. con esta 
larguísima carta determino, por si aun no lo sabe, parti- 
ciparle como la alta idea que V. S. exhibe sobre el arte 
de hacer hablar á los mudos , produjo en el ingenio es- 
pañol D. Juan Perelra el deseo de cultivarla, y la gloria 
de poseerla actualmente en grado muy' sublime. Un mudo 
de mucha distinción , á quien ha enseñado á hablar, ha 
llenado de tanta admiración la Real Academia de las cien- 
cias , que S. M. Cristianísima ha querido dar á toda su Cor- 
te el gusto de ver semejante prodigio. En cuya ocurrencia 
^e admiró tanto la facilidad con que el mudo responde á 
cuanta se le pregunta , como la gran capacidad de su maes- 
tro español, á quien ha mandado S. M. gratificar, y no se 
duda que pensionará, cuando le nombre para la cátedra 
que se trata ya de fundar en el Colegio Real de Francia 
de enseñar á hablar á los mudos. Este establecimiento es 
glorioso á nuestra nación, y especialmente á V. S. ; pues el 
mismo D. Juanfgje Pereira asegura que jamas hubiera pen- 
sado en semejante cosa, si hallándose en Cádiz no hu- 
biera por mera casualidad leido «1 4*** tomo del Teatro 
crítico.^' 

A\ consultar la cita' que los dlccionaiñstas traen del 
Ct)nde de Buffon, vemos que el elogio es efectivo; i^ero 
que llama á Pereira Rodrigo en lugar de Bodriguez, dán- 
doselo por único nombre, y que dice es de nación por^ 
tugues: esto se puede leer en el toma 4** ^^ I'* Historia 
natural, pág. 3íj4 <l^ ^^ traducción española. 

En tanta confusión como nos dejan los autores men- 
cionados respecto, á la nación , patria y nombre de Perei'- 
ra, indagué de varios contemporáneos y conocidos jjuyos 
cuanto me podia aclarar las dudas. Resulta pwes'que Pe- 
reira fue de Cádiz y judío, é hijo de otro judío: que se 
Uamó Jacob y no Juan , Rodriguen: y no Rodrigo : que 
pudo dai' lugar á creerlo portugués el apellido, ó que él 



J ao3 

acaso por no tener contestaciones con la embajada de Es- 
paña, no aclararía su verdadera nación, constándole nues- 
tra intolerancia ( hablando de tiempos pasados ) con los 
de la iglesia vieja. Que lo creyeron Juan, porque firman- 
do con sola la primera letra de su nombre entendieron 
diria Juan , y íio Jacob. Me consta que desde los pri- 
meros años del siglo diez y ocho hasta la fecha ha te- 
nido y tiene este Pereira parientes en Cádiz , y ya todos 
cristianos , propiamente viejos , los que me han asegu- 
rado asimismo que los diccionaristas franceses citados 
estuvieron bien informados en cuanto dijeron de Jacob 
Rodríguez Pereira. 

Téngase también presente que el ilustre Feíjoo es- 
cribió en el año de 1752 su tomo cuarto de cartas, y 
la que recibió de Torres era del lySo ; y los dicciona- 
ristas escribieron casi en la época de la muerte de Pe- 
reira, y que es muy probable que algunos de ellos lo tra- 
tasen en París. 

D. Lorenzo Hervás en su obra de Escuela española de 
Sordo-mudos habla mucho de Pereira desde la página 3 19 
del tomo i.", y lo nombra con sola la J. 

Los enciclopedistas dicen á este particular: «Pereira, 
nacido en España, debe también su método á su ingenio; 
se pueden ver sus efectos en la Historia de la Academia 
de las ciencias. » 

En las Memorias de Trevoux del año 174^) tomo i.", 
artículo 8, se cita á Pereira, páginas i55 y 173; pero no 
aclaran mas de lo espuesto. 

Dos cosas tengo por innegables: la una que el bene- 
dictino español Ponce fue el primero en enseñar á los sor- 
do-mudos á entender, leer y hablar; y la otra, que el Ga- 
ditano Pereira fue el primero en enseñar el método para 
lo mismo á los fiaaceses. 



20Í 3 

Jorge DE GuzMA.Tr, sochantre de la iglesia Catedral, es- 
cribió « Curiosidades del canto llano , sacadas de las obras 
del R. D. Pedro Cerone de Bergatno y de otros autores, 
dadas á luz á costa de Jorge de Guzman, natural de la 
ciudad de Cádiz , en donde actu.dmente ejerce el oficio de 
sochantre de la santa iglesia Catedral ei\ dicha ciudad. 
Dedícalo á la mayor gloria de Dios nuestro Señor, trino 
en personas, y uno en esencia, el cual sea alabado en los 
cielos y en la tierra por los siglos de los siglos. Amen. En 
Madrid, en la imprenta de música. Año de 1709. Un to- 
mo en ^°y> 

El autpr dice en su prólogo que siendo .costuraJjre en 
la santa iglesia Catedral de Cádiz que el sochantre princi- 
pal de ella enseñe el canto llano á los niños colegiales del 
colegio seminario de San Bartolomé, discuf rió imprimir es- 
te tratado á su costa para redimirse con él de la molestia 
de escribirles las lecciones por su mano; y que para ello 
hizo elección de Cerone. 

Aprohó este libro D. Juan Francisco de Navas, arpis- 
ta de la Real Capilla; y dice que el autor recogió con es- 
tudio y desvelo lo que Pedro Cerone y otros clásicos au- 
tores escribieron de las reglas de la armonía; y por esta 
razojí es esta obra como una quinta esencia de lo mejor 
que los pasados escribieron sobre este asunto. 

Murió en 3 de noviembre de ijSo, de 70 años de 
edad (i). 



^1) Libros parroquiales. 



J 205" 

José Ildefonso Alvarado fue doctor en leyes , presbí- 
tero, dignidad.de chantre y canónigo de la santa iglesia 
de Ceuta, primada del África; nació en la Real Isla de 
León, hoy ciudad de San Fernando, en 3o de diciembre 
de 1758, hijo de D. Francisco Alvarado y de D.* María 
Pardo de Seixas, y falleció hacia el año de 1804. Le re- 
putaban las gentes por uno de los bonetes mas sabios que 
había en el clero (i). 



José Barreiro y Mantox entró de cadete del Real 
cuerpo de artillería , y muy aplicadfto en el colegio de Se- 
govia se captó la preferencia de sus gefes y maestros. Sir- 
vió bizarramente en su arma en la guerra de la indepen- 
dencia. Destinado á ultramar navegó con la cspedicion al 
mando de Morillo en 18 1 5. En América dicen que hizo 
servicios tan importantes, y acreditó tan bien su valor y 
sus conocimientos facultativos, que á los 22 años se asegura 
lo propuso el General para brigadier de infantería. El murió 
en Indias cubierto de glorf», fusilado por los rebeldes, des- 
pués de hecho prisionero por sus graves heridas. ¡Qué 
acción tan vil! • 

Fue hijo del brigadier de artillería D. José' Barrciro, y 
de Doña María Antonia Manjon. Con rulior escribo que 
de este joven, que fue pariente mió, apenas he podido re- 
coger noticias: solo vi nació en 10 de agosto de 1793, y 
se bautizó en la Castrense. 

He podido ver la hoja de servicio de este oficial que al- 
canza hasta fin de diciembre de iSi/f, por la cual resalta 
que como hijo del cuerpo lo admitirian de poco mas de 
la años en el colegio de artillería en i." de enero de 1806 



(1) Libros. parroquiales d« la ciudad de San Fernaudo, y noticias 
sueltas. 



ao6 J 

adonde estuvo 3 anos y 3 meses , y de él salió para el 
ejército de Aragón; y luego se encontró en la defensa de 
Madrid el 4 de diciembre de i8o8, donde fue herido y 
prisionero, por lo que se le concedió el grado de tenien- 
te en 24 de mayo de iSag. Logró fugarse, y se halló en 
el segundo sitio de la plaza de Valencia, y en el del cas- 
tillo de Pancorjjo, cuando lo recuperamos; y eii el sitio 
y toma de Pamplona, por lo que consta estuvo en los ejér- 
citos de Castilla, Aragón, Cataluña, Valencia, 4-** ó reser- 
va, de Andalucía y espcdicionario ; y aqui pierdo las no- 
ticias seguras de Barreiro, dejándolo de capitán de la se- 
gunda compañía del departamento de Andalucía en su Rí»al 
cuerpo con grado de feniente coronel en la fecha citada 
antes, (i). 



José de Cadahalso nació en 8, y se bautizó en 10 dt^ 
octubre de iy4^r Era originario de una familia antigua y 
solariega de Vizcaya ; y por eso él mismo en algunas par- 
tes de sus poesías llama á este pais su patria. Sus padies 
D. José y Doña Josefa Vázquez «de Andrade, después de 
haberle dado una educación doméstica muy esmerada , lo 
entregaron á la dirección de los jesuitas de Cádiz, y ade- 
lantó en su puerilidad aun mas allá de las esperanzas que 
se pudian tener de su talento , que ya empezaban á cono- 
cer sus sagaces maestros. 

De Cádiz lo enviaron á París, donde estudió con mu- 
cho aprovechamiento las humanidades, las ciencias exac- 
tas y naturales , y las lehguas latina , francesa , inglesa, 
'alemana, italiana y portuguesa, en cuyos conocimientos sej 
perfeccionó durante los viages que emprendió seguida- 
mente por Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y Portugal. 

Volvió á España á la edad de*2o años, y en diciem- 
bre de 1 76 1 fue armado Caballero de la Orden de San- 



■^¡^ 



(i) Libro» de la parroquia Castreuse de Cádiz. 



I ao7 

tlago en la iglesia de los Agonizantes, calle de Fuencar- 
ral de Madrid. 

E^rr 4 de agosto de 1762 tomó los cordones de cadete 
en el regimiento de caballería de Borbon, único en que 
hizo su carrera militar, y hallándose sus estandartes en 
la campaña contra Portugal, y cumplió en el servicio que 
le tocó en su clase hasta fin de aquella guerra. Pero sin- 
gularmente se distinguió en el destacamento de Villa-Ve - 
lia , cuando los enemigos pasaron el Tajo , y en el sitio 
y rendición de'Almeyda. Es notable la ocurrencia que 
tuvo , estando de centinela en tina gran guardia situada 
á la orilla de un rio; porque hablando con mucha pro- 
piedad en inglés con un oficial de esta nación , logró per- 
suadirle' era paisano suyo, y con este conocimiento pu- 
do adquirir noticias importantes , y hacer particulares ser- 
vicios al General en gefe, Conde de Aranda, que desde 
entonces lo nombró por edecán suyo , y le manifestó el 
mas distinguida aprecio. 

Premió el Rey estos servicios de Cadahalso confirién- 
dole el grado de Capitán en 22 de junio de 64. Siguiendo 
los destinos del regimiento fue á Zaragoza, en donde, se- 
gún él mismo refiere, empezó á dedicarse á la poesía. 
Trasladado desde allí á Madrid estuvo en 1767 en Alcalá 
de Henares , donde conoció al Sr. D. Gaspar de Jovellanos 
iodavia niuy joven, recien llegada de Asturias al Colegio 
mayor de S.. Ildefonso , y que á ejemplo de Cadahalso, y 
acaso con sus consejos, cultivó después la poesía con mu- 
cho esplendor, según lo declara el mismo Jovellanos en 
una epístola en que describe á Mireo los sucosos de su vi- 
da, y que existe inédita ontre otras dignas obras de este 
homl)i« eminente. 

Por estos años estuvo embarcado Cadahalso en la es- 
cuadra de jabeques del mando de D. Juan de Arnoz, sien- 
do Comamlante de todas las tropas que del Campo de Gi- 
braltar se facilitaron para refuerzo de aquellos buques, y 
«e manejó á satisfacción de sus gcfes. 



La primera obra que publicó fue lü tragedia original 
intitulada D. Sancho García , Conde de Castilla , impresa 
la primera vez y representada en Madrid en 1771 , bajo del 
nombre dé Juají del Valle, cuya edición se repitió ya con 
el. nombre d« su autor en 784. De ella hizo entonces ho- 
norífica mención D. Pedro Napoli Signorelli en su Histo- 
ria crítica del Teatro^ aimque la nota dos defectos: el pri- 
mero la perpetua consonancia de los versos pareados, y 
el segundo el que está poco preparada la propuesta del mo- 
ro á la Condesa jde matar á su querido hijo. En este últi- 
mo parece que tiene lazon , y que debia estar algo mas ves- 
tida aquella declaración. Pero en cuanto al primero, si es 
nn vicio de la poesía la riniía de los pareados, está autori- 
zado, con el ejemplo de los mejores dramáticos franceses 
Corneille;, Moliere y Vokairc. La pintura que entre otras 
hace de las /jbligaciones de la grandeza por boca de Don 
Gonzalo en la escena segunda del cuarto acto, es muy be- 
lla. Esta tragedia, según el mismo Napoli, no debia ser el 
objeto de la sátira de los copleros, y los cómicos no debian 
cesar de repetirla. Aunque apreciamos el mérito de nuestro 
autor couío de uno de los restauradores del teatro en esta 
difícil y sublime conjposicion, se han visto otros dramas del 
mismo argumento con mejor desempeño y mayor acep- 
tación.. 

Signorelli nos da noticia de otra traijedia inédita de Ca- 
dahalso, titidada Numancia , que fue muy aplaudida de los 
pocos que la hablan leido. 

«Cultivaba por entonces Moratin (escribe el autor de la 
vida de este D. Nicolás Fernandez) la amistad del célebre 
Cadahalso: juntos frecuentaban la casa de María Ignacia 
Ibañez, sensible, modesta, hermosa, joven actriz, á quien 
el segundo de ellos amaba con la mayor ternura, y para 
honor de las que pisan el teatro, fcra igualmente corres- 
pondido. La celebró en sus versos con el nombre de Fdis^ 
j apenas empezó á llamarse dichoso lloró su 'nmerte. No 
quiso Dalmiro que 3U amiga representase la tragedia de 



J 209 

Sancho García hasta que Moratin la hiciese recomendable 
al público en el papel de Horinesincla. 

'<■ Reuníanse frecuentemente Moratin , Ayala , Cerda, 
Ríos, Cadahalso, Pineda, Ortega, Pizzi , Muñoz, Iriarte, 
Guevara, Signorelli, Conti, Bernascoue y otros eruditos^ 
en la antigua fonda de S. Sebastian , para lo cual teniaii 
tomado un cuarto con sillas , mesas , escribanía , chimenea 
y cuanto eva necesario á la celebración de aquellas juntas, 
en las cuales (por único estatuto) solo se permitia hablar 
de teatro, de toros, de amores y de versos. AUi se leye^ 
ron las mejores tragedias del teatro francés.... Leyó Cada- 
halso sus Cartas Marruecas , Iriarte algunas de sus obras, 
Ayíja el primer tomo de las Vidas de españoles ilustres ^ 
que se proponia ir publicando con el título de Plutarco 
español y y una tragedia de Abidis , que probablemente se 
habrá perdido también.... Las asambleas literarias de la fon- 
da de S. Sebastian continuaban siendo una escuela de eru- 
dición, de buen gusto, de acendrada crítica, y las cues- 
tiones que alli se ofrecían daban motivo á los concurren- 
tes de indagar y establecer los principios mas sólidos , apli- 
cados en particular al estudio y perfección de las letras hu- 
manas.... Esta reunión , compuesta de individuos tan re- 
comendables , fue amenorándose por la ausencia forzosa 
de algunos de ellos, y á los que permanecieron y la sos- 
tenían no les píreció admitir otros. La atnistad , la identi- 
dad de principios é inclinaciones, la moderación y la pru- 
dencia hablan formado y continuado por algunos ailos 
aquella junta, y no era fácil hallar estas prendas en los 
que aspiraban á reemplazar á los ausentes. Conti se fue a 
Italiti, Cadahalso a Salamanca, Iriarte pasaba muchas tem- 
poradas en los sitios, Ayala padecía dolencias habituales, 
para cuyo alivio tuvo que retirarse .i Grazalcraa su patria.» 
En Salamanca estuvo Cadah^o por los años de 177 1 
hasta principios de 74 , donde mereció la mayor estimación 
de los sabios y literatos que residían en aquella renombra- 
da universidad, contribuyendo particul uniente con su na- 

27 



2IO J 

tural afabilidad á que los jóvenes que se distinguian por 
su talento y favoraliles disposiciones , recibiesen aquella 
instrucción y delicado gusto que debia influir tanto des- 
pués en la mejora de los estudios y en el restal)leciiniento 
de nuestra literatur?^ poesía. Asi sucedió con D. Juan Me- 
lendez Valdés. CadaTialso encontró en este mozo cuantas 
prendas podia apetecer para presagiar que seria uno de los 
mas insignes poetas de nuestro Parnaso. Tratól* con amis* 
tad , y llegó á amarle con tal ternura, que se lo llevó á vivir 
en su compañía , instruyéndole no solo en el conocimien- 
to de los buenos libros de la literatura estrangera, sino in- 
dicándole los escelentes modelos que debia seguir é imitar 
en sus composiciones poéticas. El mismo Melendez condesa- 
ba sinceramente cuanto debia á la compañía , trato y docu- 
mentos de Cadahalso , sin los cuales acaso hubiera seguido 
«1 mal gusto de otros versificadores despreciables. 

Los que sepan apreciar el sublime mérito de IMelendez, 
y conozcan que ha fijado en la poesia castellana una nueva 
época por el fondo de doctrina, por el carácter ameno y 
agradable, por los principios y estudio de la naturaleza, y 
cuanto va influyendo en los poetas de nuestra edad , po- 
drán calificar lo mucho que se debe á Cadahalso en esta 
ventajosa reforma , y la justicia con que alababa á su jo- 
ven discípulo en versos tan dulces y elegantes. 

El año de 77a en i3 de setiembre obtuvo compañía 
efectiva en su regimiento, y en este año dio á la prensa 
en la imprenta de Sancha Los eruditos á la violeta., ó cur- 
so, completo de todas las ciencias etc. , por D. José Váz- 
quez. Esta es una sátira ingeniosa y muy bien escrita y 
meditaba contra cierta clase de gentes , que aparentaf» sa- 
ber mucho , habiendo estudiado poco. No solamente ri- 
diculiza la superficialidad de semejante turba de eruditos, 
sino que manifiesta al n^mo tiempo el fino gusto y buen 
juicio de que estaba dotado su autor , notando en mu- 
chos escritores, estrangeros los mismos: vicios que imputa 
á los nuestros. Tal es, por ejemplo, el de la hincliazon 



J íiii 

de estilo en la relación de la Fedra de Raclne, y el de 
las atrocidades puestas en el teatro inglés por Sbakespear. 

La aceptación con» que fue recibida esta obra del públi- 
co ilustrado, le estimuló á dar á luz en el mismo año el «Su- 
plemento al papel intitulado Los eruditos á la violeta^ por 
D. José Vázquez,» en el cual insertó varias traducciones 
de los versos latinos, franceses é ingleses que habia citado 
en la lección de poética de los Eruditos^ y que lo acredi- 
taron de inteligente en estos idiomas, pues hay algunas 
que compiten con los orig'males, y son escelentes ; tal 
es entre otras la Funus Passeris de Catúlo. Ademas del 
mérito literario de estos dos papeles, es muy particular y 
rficomendable para los buenos españoles el espíritu patrió- 
tico que resalta en ellos. Entre las cartas de sus discípu- 
los, todas llenas de documentos saludables, de aventajada 
doctrina, del mas puro y ardiente españolismo, resalta la 
de un Erudito viajante á la violeta á su Catedrático , por- 
que conocía bien Cadahalso que de los viages hechos por 
jóvenes superficiales, que no conocen t^avía su pais nati- 
vo, se introducen en ellos todos los vicios de fuera, y se 
propagan y autorizan las preocupaciones contra la propia 
nación. 

En las Cartas Marruecas ^ que dejó inéditas (y luego 
se han hecho varias ediciones de ellas) campea el mismo 
amor patriótico y los deseos eficaces de purificar á su> na- 
ción de aquellos vicios y preocupaciones que con sobrada 
malignidad sirven de ocasión y apoyo á las invectivas de 
los estrangeros. ¡Qué pintura tan fiel y tan parecida al ori- 
ginal es la carta séptima! Deberian leerla los qvic tienen 
que educar á señoritos en nuestra provincia, y estos tauí- 
bien para que se viesen retratados al vivo, y unos y otros 
se enmendaran. 

Bajo el dicho nombre de D. José Vázquez imprimió eu 
Madrid, en casa de Sancha, en 177^^, Ocios de mi juven- 
tud^ q Poesías líricas. Ilabia pensado, agradecido á la acep- 
tación con que el público recibió sus obras anteriores, pu- 



212, J 

blicar rarios manuscritos suyos sobre diferentes ramos de 
literatura, y empezó por la poesía, dando en este cuader- 
no una colección de varias anacreóniicas, canciones, letri- 
llas , sonetos y una égloga intitulada : Los desdenes de Fi- 
lis. En todos estos trabajos da un modelo de ser en las ma- 
terias amorosas modesto y afectuoso, escelso en lo heroi- 
co, y agudo y ameno en lo satírico; y pi'eseutando un de- 
chado de la fluidez y armonía de la versificación, y de to- 
da la gala, la gracia y colorido de la poesia, sin que para 
ello se valiese de las ti-asposiciones forzadas, ni del uso 
de palabras anticuadas, ni de aquel estilo cortado que obli- 
ga á veces á perder la fluidez y armonía. Esta fue la últi- 
ma de las obras que vio publicada durante su corta vida. 

Pero lo que hacen mas apreciables, dice el Sr. Sempe- 
re y Guarinos, las pocas obras que se lian impreso de nues- 
tro claro autor, es su juicioso modo de pensar, y el espí- 
ritu de humanidad y amor á la patria que respira en to- 
das ellas. La razón y la filosofía no pueden menos de ha- 
ber hecho mucho# progresos en un pais, en donde un in- 
trépido Oficial, cuyo ejercicio es el manejo de los instru- 
mentos de la muerte, escribia unos versos tan melifluos, 
especialmente en los que tituló : Sabré no querer escribir 
sátiras. 

Entre tanto siguió los cuarteles y marchas de su regi- 
mieuto, sin que las ocupaciones literarias le distrajesen de 
atender con preferencia al buen desempeño de sus obli>« 
gaciones militares. En Montijo en 1774 ensefió la táctica 
^el célebre Inspector de su arma nuestro D. Antonio Ri- 
cardos, á quien debió siempre singular distinción y aprecio. 

En este mismo año m»antenia con D. Tomas de íriartc 
una correspondencia epistolar en verso, como se infiere de 
las cartas que este le escribió en 1 1 de noviembre de j4i 
y continuó en 28 de noviembre de 76 , y en 8 de julio le 
dedicó Iriarte su traducción del arte Poética de Horacio, y 
en otra del 20 de octubre de 77 le reconviene por va ha- 
ber dado respuesta á la dedicatoria, A jJias de los doctos 



J. ai 3 

que hemos mencionado que tenia Cadahalso por amigos, se 
contaban por tales D. Vicente García de la Huerta, el Maes- 
tro Fray Diego González, D. Francisco de Paula de Mi- 
cón y D. José Iglesias, y á estos y demás buenos poetas 
de su tiempo los celebraba y estimulaba á cultivar la bue- 
na poesía, y la hermosura de su propio y natuial idioma. 
En II de enero de 1776 se le confirió la Sargentía* 
mayor de su regimiento. Su Inspector le pasó revista á 
los escuadrones de Borbon en el Casar de Casares, y los 
encontró en el mejor estado de instrucción , y de discipli- 
na, bien provistos de armas y caballos, y con mucho or- 
den y claridad en las cuentas de la caja. Al buen concepto 
que merecia Cadahalso á sus Gefes superiores, correspon- 
día el amor con que lo miraban los subalternos y la tropa 
que veian en él un padre que sabia reunir la franqueza y 
dulzura de su trato amable, al interés de corregir sus fal- 
tas, de mejorar sus costumbres y de administrarles justicia. 
Bien sabido es que el Sargento mayor es como el alma del 
regimiento.. 

El Inspector ( cuyo voto es de la mayor consitferación) 
decía á S. M. á fines del año de 76 en el informe que le 
correspondía dar de Cadahalso: « Este Oficial tiene valor so» 
bresaliente, ilustrado UiK^nto, ha demostrado suma aplica- 
ción en el desempeño de fci Sargentía mayor que ol)tiene 
y remediada su conducta de las vivezas de mozo ,. se pue- 
de esperar nm(*lia utilidad de su servicio.» (Acaso este in- 
forme lo ascenderla á Comandante, pues logró este empleo 
en aa de noviembre de 1777.) 

Asi hubiera sido si los sucesos de su noble carrera no 
hubiesen frustAdo tan lisOngeras esperanzas. Declarada lá 
guerra á los ingleses, marchó casi volando ron sus estan- 
dartes en 1779 al campo del honor, haciendo parte del 
ejército que se reunió para el bloqueo y sitio de GibraN 
tar, y á donde por sus respectivos destinos y con sus di- 
ferentes regimierrtos se reunieron^ también tanto benemé- 
rito y valiente caditauo. I^a nombrach'a y buen concepto de 



!¿lí J 

este sabio militar le captó la confianza y distinción del Ge- 
neral en gefe D. Martin Alvarez de Sotomayor (después 
primer Conde de Golomera, y que llegó á ser el Néstor de 
nuestros bravos), quien le nombró desde luego su Ayudan- 
te de campo, en cuya calidad llevó las órdenes de S. E. 
por la línea el 12 de setiembre del insinuado año de 79 
cuando los enemigos rompieron el fuego. Y continuando 
en dicho asedio sirviendo en muchos encargos de suma 
importancia para la Nación y sus armas, el Rey le honró 
por estos particulares méritos, ascendiéndole al grado de 
Coronel de caballería en 27 de diciembre de 1781, y á 
propuesta y recomendación del General. 

Pocos días llevó I03 tres g.íloncitos el valeroso Cadahalso, 
porque na.mdando una balería avanzada, llamada S. Martin, 
situada al frente de la plaza de Gibraliar, en la noche del 
37 de febrero de 1782 y i las nueve y media, se vio una 
granada disparada de la batería enemiga, denominada Uli- 
ses, que se dirigía á la de S. Martin. Advirtiéronle del 
riesgo que corria ; pero despreciando el aviso con cortesa»- 
nía y con serenidad, y creyendo algunos que pasaba la gra- 
bada por encima, un casco de ella, que le hirió de recha^ 
zo en la sien ílercclia, le llevó parte de la frente, y acabó 
con su vida á los 4^ años de edad, y ig de servicio. 

Su pérdida causó un sentimiento general en todo el 
ejército, y en cuantos le conocían y trataron. El Goberna- 
dor de Gibraltar, que desde antes, de la guerra le aprecia- 
ba como su amigo , y muchos Oficiales ingleses que hablan 
esperimentado su buen trato, noble carácter y varia erudi^ 
cion, hicieron un duelo nuiy honorífico en esta ocasión á 
la memoria de este digno militar español. * 

Pocos sucesos desgraciados han lamentado las Musas 
castellanas con versos mas dulces, afectuosos y tiernos, y 
cuantos eran favorecidos é inspirados de Apolo llenaron 
de canto lúgubre nuestto Parnaso. Todos le reconocían 
por su maestro, por su director, y por su modelo y ami- 
go. Entre las poesías del Maestro F. Diego González hay 



J 2l5 

una insigne ocla dedicada á la dulce memoria del difunto 
guerrero; aunque hay quien diga y piense que su verda- 
dero autor es D. José Vaca de G uzman ; la cual comienza: 

Vuela al Ocaso , busca otro hemisferio, 
Baje tu llama al piélago salobre, 
Deifico numen, y á tu luz suceda 
Pálida noche. 

En las poesías del Doctor D. Juan Melendez Valdés se 
lee una Canción fúnebre á su amigo D. José Cadahalso^ 
que empieza: 

Silencio augusto, bosques pavorosos, 
Profundos valles, soledad sombría.... 

El Conde de Noroña lloró también en este duelo lite- 
rario, como se puede ver en el tomo 2." de sus Poesías, 
pág. igoj en una larga elegía, cuyos primeros versos dicen: 

¡Qué triste llanto hiere mis oidos! 
¡ Qu4 rumor tan confuso ! ¡ Qué lamento ! 



[Oh noticia cruel 



D. Manuel José Quintana escribe de Cadahalso: «En 
^ste sugeto revivió la Anacreóntica; al cabo* de siglo y me- 
dio que estaba enterrada con Villegas. En este escritor fes- 
tivo y ameno es en quien se terminan los ensayos y es- 
fuerzos para restaiilecer el arte.» 

D. José Marchen a, entre tanta hiél como vierte su plu- 
ma, escribe para nuestro asunto: «Este autor era indispu- 
tablemente hombre de talento, 3^ en tal cual trozo de su 
obra (habla de las Cartas Marruecas) se columbra: ¿mas 
qué vale la agilidad de pies á quien oon pesados grillos 
los tiene trabados?» 

D. Nicolás Ternandez de Moratin lo saludó algunos 



anos antes de su muerte con una oda en los dias de S. 
José, «jue ptincipúi; 

Hoy celebro los dias 
De mi dulce Poeta, 
Del tráj^ico Dulmiro, 
Blasón de nuestra escena. 

Otro escritor había dicho de Cadahalso : « Este caballe- 
ro nos dio una prueba con su ejemplo de que íio soh In- 
compatibles el valor y la literatura. » Estos son tan solos 
los que yo he leído. 

En el ario de i8o3, en la imprenta deRepuUés, se iiii- 
piimieron recopiladas por la primeFá vez las obras de Ca- 
dahalso en cuatro tomos «n 8."; pero el pronto despacho 
de esta edición ha hecho necesario repetirla con algunos 
aumentos y mayor corrección, en tres tomos mayoi-es y 
mas abultados que la anterior, y en la misma imprenta, y 
«n el año de i8i8. Contjene el primer tomo de esta co- 
lección las piezas siguientes, después do la vida del autor 
muy bien escriih; 

I." Los Ertulitos á la violeta. 

2.'* Suplemento á los Eruditos. 

3.* Noticiai pertenecientes á • iésta- ohi:*ál 

4* Junta ert casa de D. Santos CéHs. 

5.^ El buen militar á la violeta. 

6*.* Óptica del cortejo. 

7.* Guia de hijos de vecinos forasteros etc. 

8.* Carta, escrita á nombre de una señora Andaluza. 

Sá^UNDo Tomo. 
Lo componen las Cartas Marruecas. 



J 217 

Tercer Tomo. 

E.* Ocios de mí Juventud^ ó poesías líricas, sueltas. 

2.* D. Sancho Garda yCpiule de Castilla^ tragedia es- 
pañola original 

3.* Noches lúgubres y imitando el estilo de las que es- 
cribió en inglés el Doctor Young. El editor cti una y otra 
impresión dice, que sola esta producción era capaz de acre- 
ditar de un singular talento aPautor, por la sublimidad 
de la invención , lo patético de las espresiones y lo enér- 
gico de su estilo, pues solo el haber imitado al famoso 
Young le corona de elogios. ♦ * 

4.^ Anales de cinco dias^ ó carta de un amigo á otro. 
Es una invectiva contra el lujo, modas y usos del sig|jf> 
ilustrado. 

También -escribió el Almanaque de Chipre^ sátira que 
nunca se imprimió, y que le acarreó algunos disgustos. 

Se han repetido, ademas de ms que dejó escritas, las 
ediciones de sus ©bras sueltas, y alguna con lujo, como 
las Noches lúgubres^ las Cartas Marruecas ^ y de varias de 
sus poesías (i). 



(1) Aunqueyo teñí.) formado mi arlículo de Cadahalso desde el aíio 
de 1808, habiendo leído há poco tiempo el que pone al principio de la 
edición du sus obras el editor en 1818,reftindí el mió en él, por estar 
mucho mas copioso en noticias : ademas se ha tenido presente á Signo- 
rtlli, Storia critica de teatri antichi é moderni , lib. 3, cap. 6. Sempere T 
Guarinos, Ensayo de unabihlintecn gañola de los mejores escritores del 
reinado de Carlos III, tomo 2.*, pág. 22 y sig., hoja de servicios de c$t« 
oficial , y no está conforme en el año del nacimiento con la fe de bau- 
tismo que he visto. Poesins del M. Fr. Dicg») González, pág. 82. Quin. 
tanif, Poesías selectas castellanfis, tomo 1.**, pág. LXXXIV. Obras polP 
tumus de D. Nicolás Fernandez de Moratin , en la vida de este autor, r 
en la pág. 52. Colección de las obras de D. Tomá> de Iriarte en 8.°, tomo 
2.', epístolas primera , segunda , quinta y undécima. Poesías de Norona 
ya citadas. Lecciones deftlosofia moral y elocuencia, por D, José MarcbeaSf 

a8 



2l8 J 

José de Córdoba, hlj<t dd Teniente general de la Real 
Armada D. José, y de Doña Julia María de Rojas y Blan- 
queto, nació en la Isla de León en 6 de abril de 1774? J 
i los 10 años fue armado caballero de la Real Maestranza 
de Sevilla, como desccndiente^e los primeros fundadores 
de ella. Sentó plaza de guardia marina en 28 de agosto de 
1^87: ascendió á alférez -de fragata en 16 de mayo de 90. 
Sirvió con crédito en 19 acciones de guerra, y lo pierdo 
hasta que ya de capitán, de fragata se le encargó la coman- 
dancia de la vanguardia ac las tropas del Perú ; y en una 
de las acciones contra los rebeldes fue hecho prisionero; 
y hollando el derecho establecido entie gobiernos cultos 
lo arcabucearon los insurgentes de Buenos-Aires en la pla- 
za <le Potosí el 1 4 de diciembre de 1810, y lo colgaron 
y^ difunto de una horca, cuyo infame patíbulo quedó en- 
noblecido por haber suspendido á una víctima tan leal é 
inocente. Las Cortes en el año de i8n señahrón una pen- 
sión á su viuda é hijos. 

He visto varios olicios de gefes que lo tuvieron bajo 
«US órdenes, 'que lo honran mucho. D»n Santiíigo Liniers 
\o pidió al Virey para su ejército por Ins mas altas pruebas 
de un heroico valor ^ capacidad é inteligencia militar, con 
otras espresiones del mayor honor para Córdoba ; y tam- 
bién estuvo con Liftiers en la reconquista de Buenos-Ai- 
xes, y volvió á pedirlo en lo de enero de 1807 aun con 
mayor encarecimiento y nuevas alabanzas, llamándolo un 
valeroso esperimentado oficial^ de heroicas acciones etc. El 
General D. Vicente Nieto en oficio de 10 de enero de 
1810 al Sr. Secretarlo del Dgjpacho de la guerra lo reco- 
mienda tan particularmente, que dice entre otras cosas en 



ibino 1.*, discurso preliminar, pág 61* Melendez Valdés en sus/>ol«4/. 
Caceta Je Madrid de 22 de abril de 1 7 7 7 . 

Las citas de las propias obras de Cadahalso que hemos insinuada, 
icorrespondea á la edición de 1818, y son estas: tumo 3.*, pág. 13> 29 
jr200. 



I ftT9 

su elogio que sin Córdoba hubiera sido imposible vencer 
inmensas dificultades^ por sus conocimientos en esta Améri- 
ca , su talento , su juicio y su conducta , cuyas prendas uni- 
das á sus méritos y servicios lo manifiesta con la nia^'or efi- 
cacia á la Real munificencia , para que tenga, el premio que 
met'ece, no solo en un grado y sino en dos (i). 

José Gandclfo, presbítero, murió en 7 del mes de 
mayo de 1828, y habia nacido en i.** de abril de 1757 de 
Miguel y de Angela María Iroto. Llegó i ser el discípulo 
mas querido , y el de mayor confianza que tuvo aquel ben- 
dito sacerdote y ejemplarísimo Señor el Marqués de Valr 
de-Iñigo D. José Saenz de Santa María, fundador munifi- 
centísimo de la suntuosa capilla del Santísimo, y de la nue- 
va Cueva de Cádiz, cuyas bellas obras engrandecen y deco- 
ran á aquella ciudacf; y la sola elección que hizo de Gan- 
dulfo le basta á este para ser acreditado de hombre justo. 
Lo nombró asimismo el santo Marqués para que le suce- 
diera en la diréfccion espiritual y temporal de este útil es- 
tablecimiento; y por tal nombramiento se puede venir en 
conocimiento de la virtud y aciertos que habria notado 
en el Padre Gandulfo. 

El Sr, obispo Cienfuegos le dio una prebenda entera 
en su catedral de Cádiz , la que renunciói á pqco tiempo 
de poseerla , conservándole el cabildo los honores de ella. 

Escribió Carta edificante^ ó relación sumaria de la vi- 
da del ejemplar sacerdote y obrero a^postólico infatigable 
señor D. José Sainz de Santa María, Marqués de Valde- 
Iñigo etc. , escrita por otro sacerdote, hijo suyo de espí- 
ritu, impresa en Cádiz, en la casa de Misericordia en 1807, 



(1) Asientos de la compañía ¿le guardias marinas. Diario de hs Cortes, 
sesión del 15 de junio de 1311. Oficio de Liuiers al virey Marqués de 
fiobremonte de 10 de Aero de 1806. 



ano j 

con el retrato del venerable Marque'sj y esta obra tiene 
buen estilo y buen lengoage (i). 



Otr^ Gániluífo, escultor, sin saberse el nombre, apa- 
rece en tos f^iúi^es del Cofidc de Maule., pues se lee en su 
tomo i3, pácf-. «222. «El Salvador ciucificado de la Cueva 
es de Gandulfo, natural de Cádiz, .^s efigie del tamaño 
natural. El escultor ni fue el clérigo, ni aun creo su pa- 
dre, porqije según, me mformají, nunca dejó este su oficio 
de sastre. ' 

José Fetix (jarcia Colorado , hermano de nuestro te- 
sorero D. Francisco j nació en 20 de noviembre de 1724. 
Después de varias oposiciones á curatos en su diócesi se 
ordenó de presbítero, y pasó á Indias con el obispo de 
Nicantíjua. Allá fue diferentes veces destinado en cargos 
propios de sus órdenes, hasta ser uno de los notarios del 
concilio provincial que celebró en NueA'a España el Arzo- 
bispo de Méjico D. Francisco Antonio de Lorenzana. 

Con testimoniales de este prolado volvió á España á fi- 
nes de 7^1 ; y en 3, 5 y 6 de junio de 1^7^ se graduó, 
tiemine discrepante., de bachiller, licenciado y doctor eii 
teología en la universidad de Avila. 

A consulta de la Cámara de Indias le concedió el Key 
én 10 de julio de 177C) la abadía de la iiiíiigne y real igle- 
sia colegial de nuestra Señora de Cuadahipc de Méjico. 

De su propio peculio labró un panteón en su colegiata: 
fundó un colegio en Guadalupe pai-a educación de los 
seises, poniendo maestio* dotados. Amado y respetado de 
todos cuantos le Conocieron por sus sólidas virtudes y 
amabilidad, murió en el colegio apostólico de misione- 
ros de San Fernando estramuros de Méjico, en 9 de oc- 
tubre de 1787 (a). 



(1) Libros parroquiales y hechos que hemos visto. 

(2) Libros parroquiales. Belacioo de méritos etc. que existe ea 



J 221 

José ErsE#io ce Laraviedra se bautizó en la parro- 
quia de San Antonio, el (lia 6 de marzo de 1791, habien- 
do nacido el dia antes de Dona Ana María García Colora- 
do, 'esposa de D. Manuel de Laraviedra y Ángulo. Se «ídu- 
có en la casa de sus padres bajo la inmediata dirección de 
estos, y de un preceptor que teiiian a¿ intento presbítero 
emigrado francés, y aprendió cuanto puede ser útil á un 
señorito bien criado. 

Desde su niñez manifestó singular inclinación á la»car- 
rera militar, y como en el año de 1804 viniese a habitar 
el piso principal de la misma casa donde vivía, el ciudadano 
Juan Victor Morcan, ex-General de la República francesa, 
que desterrado por Napoleón pasaba á los Estados-Unidos, 
el General y su muger trabaron íntima amistad con la fa- 
milia de Laraviedra, y particularmente con el joven, cuya 
biografía vamos formando, que llamó la atención jde am- 
bos consortes por la perfección con que hablaba el francés, 
y por su despejado carácter. El General, cuya amabilidad 
escedia á toda ponderación, pasaba mañanas enteras con 
nuestro Pepito, tomando parte en sus juegos, que siem-^ 
pre aludían á objetos militares, y entreteniéndolo con la 
relación de sus campañas, con lo cual dio el último incre- 
mento á su constante propensión hacia la milicia. 

A tan felices dispbsiciones se agregarort las ocurren- 
cias del año 1808, que dieron motiyo á la santa y patrió- 
tica guerra de la independencia, que apresuraron el logro 
de los deseos de Laraviedra, y en junio del mismo año re- 
cibió el Real despacho de subteniente de las milicias pro- 
vinciales de Toledo, con cuyo cuerpo marchó a Madrid, 
j aquí pasó en su misma clase al primer batallón del re- 
gimiento secundo Voluntarios de Madrid de infantería de 
línea, por haberlo destinado asi el Gobierno. 



1« Cámara de 'indias , «opia Crinada por su secretario D. Ignacio 
S«bastiaa.de la Parra. 



A pocos dias de estar en Madrid fue lyDinLrado para 
conducir á Estreniadura con una partida de su regimien- 
to parte de^os prisioneros franceses que liabia en el Real 
Sitib de San Fernando. Desde este i^unto emprendió su 
marcha el a8 de noviembre; y aunque la enorme despro- 
porción de la escolj^ respecto al número de los prisionC' 
ros, y la certeza que estos tenían de que su ejército inipe- 
rial se aproximaba á la capital de la España (donde entró 
efectivamente 6 dias después), eran circunstancias suficien- 
tes á dificultarla de mil maneras, y á dar fundado temoir 
de que la escolta se viese sorprendida por los enemigos^ 
su comandante sin embargo con un tino muy superior 4 
su edad y corta esperiencia , llevó felizmente á cabo su C07 
misión, entregando los prisioneros en Valencia de Alean» 
tara, desde donde pasó á reunirse á sus banderas, que ya 
se hall;\j3an con la mayor parte de la tropa en Estrema- 
dura. 

En aquella provincia hizo la campaña durante los pri- 
meros meses de ÍS09, hallándose en el ataque de Jarais 
^cl 17 de marzo, y en 26 ae junio ascendió á teniente, es- 
tando ya su regimiento guarneciendo á Cádiz. Contribuyó 
á la defensa de esta plaza tan importante, hasta 22 de 
marzo de 18 10 que con parte de su compañía , que era U 
4'", salió en la columna volante que'Se embarcó para pfuel- 
va bajo las órdenes del teniente coronel D. Nicolás Duran. 
En esta espedicion, hallándose el dia 27 del mismo mes 
de avanzada á distancia de media legua de la villa de 
Huelva con 20 hombres de su compañía, para observar 
los movimientos de una división que al mando del Prínci- 
pe de Aremberg recorria y asolaba el Condado de Niebla, 
fue atacado inpetuosamente por 36o dragones franceses: 
se batió en retirada el espacio de un cuarto^e legua has- 
ta llegar á un olivar donde tenia orden de hacer alto y 
sostenerse, como lo ejecutó cuanto le fue posible; pero 
no llegándole refuerzo, estrechado aqdel puñado de sol- 
dados por la caballería enemiga, y perdidas mas de las dos 



i 223 

terceras parl^ de su gente , cumplido lo que previene la 
Ordenanza , se vio precisado á rendirse. 

Prendados nuestros feroecs enemigos de su bizarra de- 
fensa, le dieron las mayores pruebas de apiecio y distin- 
ción, baciendole (com* tenian de costumbre) aduladoras 
ventajosas ofertas, para que tomase partido ya en el ejér- 
Hto francés, ya én la guardia del intruso José, que es de- 
cir en castellano puro que se prestase para ser traidor á 
su patria. No habiendo admitido nada de lo que se le pro- 
puse, desechando con horror I» seducción , fue conducido 
á Sevilla y encerrado con los demás prisioneros en el edi-. 
íicio de la Inquisición, de donde auxiliado por el buen es- 
paíiol D. Nicolás Jorge de Arespacochaga , vecino de aque- 
lla ciudad, logró fugarse. 

Después de indecibles fatigas y contratiempos en que 
estuvo á punto de perecer muchas veces, se embarcó en 
Marbella con dirección á Gibraltar; y desde alli pasó á la 
Isla de León , en donde se incorporó en su cuerpo el 28 
de mayo de 1810 , sin que se le diese, ni él pidiese nin- 
gún premio por acciones tan disti^iguidas. Esto es por lo 
corftun la suerte que corren los verdaderos valientes hom- 
bres de bien. 

De alli á poco pasó con el mismo empleo que gozaba 
á teniente de granaderos en su propio regimiento , y en 28 
de marzo de 181 1 fue nombrado ayudante del batallón de 
cazadores ; que al inmediato cargo del coronel D. Felipe 
San Juan se formó en el cuartel general de la Isla de León 
con deslino á las guerrillas del puente de Zuazo. Desem- 
peñó este delicado y espuestísimo encargo con la mayor 
puntualidad y bravura é inteligencia , demostrándolas en las 
ocasiones íuuj frecuentes que se ofrecieron , hasta que 
desgraciadamente éh una salida que se verificó en la ma- 
drugada del dia i4 de junio del año^uc corremos de 8 ir, 
nmrió atravesado por las sienes íle ^una bala defiísil en 
el parapeto avanzado delante del Portazgo, álos 2© añosf 
tres meses «y 8 dias de su edad. 



224 J 

Yo me admito como el ayuntamiento de Cádiz no lia 
mandado devar un sencillo monumento en el mismo si- 
tio santificado con la purísima sangre y últimos alientos 
patrióticos de este mozo gallardo, gloria de Cádiz, lustre 
y ejemplar de militares , ,y honor 0j dicíia ^c nuestra na- 
ción. Espero que con este recuerdo aquellos padres de la 
Patria (que no querrán ser tenidos por padrastros de ella) 
se determinen á realizar esta idea. 

Exacto Laraviedra en el cumplimiento de sus debe- 
res , amante de la carrera» militar , deseoso de distinguir- 
se en ella , y aplicado en cuanto le permitia el servicio, 
al estudio de las matemáticas y á la lectura de buenos 
autores militares , hubiera llegado á merecer un lugar 
distinguido entre los viejos soldados , asi como lo adqui- 
rió entre los beueméritos defensores del Estado. Afable 
con todos supo conciliarse el amor de camáradas y sub- 
ditos , el aprecioMe cuantos lo trataron , y la estima de sus 
gefes hasta el punto que á los do* dias de su muerte el 
saro^ento mayor de Voluntarios de Madrid manifestó de 
oficio á su hermano, «que el general en gefe del ejército 
se ofrecia espontáneamente» á apoyar del modo mas* fa- 
vorable cualquiera solicitud que con motivo de la muer- 
te de aquel quisiese hacer al Gobierno. 

Las Cortes generales y estraordinarias que se celebra- 
ban en aquella época, hicieron mención honorífica en la 
sesión de 1 3 de noviembre de 1811 de la desgraciada y 
bizarra muerte ae este militar (i). 

He leido algunos versos que escribió, y hubiera subi- 
do á la cumbre bi-partida, si la fiera parca no le atajara 
los pasos. 



(1) Libros parroqui^J^. Certificaciones de sus gefes que iie visto: 
tomo 10, pig. 9i del Diario de las Cortes estraordinarias: y aoticias co« 
municadas por su hermano y otros papeles. 



J 2Ii5 
José Mesa nació en 24 de abril, y no como escribió 
el copiante de la Biblioteca jesuítica del Abate Hervás, en 
a4 de setiembre de 170$, y en 3o de abril de 1723 lo re- 
cibieron los Jesuitas de Andalucía; y habiendo cursado la 
filosofía y teología, se aplicó con grande empeño al estudio 
de las matemáticas, y principalmente al de la náutica que 
enseñó en Cádiz. Asimismo se ejercitó en la poesía latina 
y española, escribiendo versos que merecieron el común 
aplauso. Hizo su profesión solemne en el año de 740» J 
murió en i4 de febrero de 1784 en Savignano de la dió- 
cesi de Rimini. Sus padres se llamaron D. Manuel José Me- 
sa y Doña Juana Ferrcira. 

Las obras que publicó fueron: i.* Relación del horri- 
bre terremoto acaecido en 1755. Cádiz i755, en 8." 2.* 
Del uso del Cuadrante, Cádiz en 8.** 

Ademas dejó en sus aposentos de Cádiz cuando lo ex- 
pulsaron, y de Savignano cuando falleció, algunos toifio« 
de matemáticas y de poesíaá^ manuscritos ^i). 



José Vicente db Mier y Zorrilla, Colegial en el Se- 
minario Conciliar de S. Bartolomé de Cádiz, á donde es- 
tudió artes y teología, después Colegial en el mayor y Real 
de Santa Cruz de Granada, Abogado, Canónigo, Provisor 
y Vicario general del Obispado de Albarracin por el lilmo. 
Sr. González de Teran, que lo protegió mucho, y tam- 
bién lo propuso para Fiscal general de Espolios y vacantes, 
y despachó la Fiscalia hasta que fué nombrado Inquisidor 
de Murcia. Ganó la Doctoral de la Catedral de Plasencia, 
y últimamente se le trasladó y ascendió al Deanato de U 
Santa Iglesia de Cuenca, á donde falleció el año de i8a6. 



(1) Libro» parroquial». BlhUot. de Jesuitat de D. Lorenzo Uerwis. 
art. Mesa, 

%9 



226 J 

Se dice que era bastante exaltado en opiniones, y si fue- 
se verdad no le daria pacífica memoria : no obstante sus 
▼arios encargos, sus oposiciones y los nombramientos que 
logró , hacen creer el mérito efectivo que tendria este ecle- 
siástico para obtener las confianzas, comisiones y benefi- 
cios que desempeñó. 

Nació en la Real isla de León , después ciudad de San 
Fernando, en ii de octubre de 1782, y fué hijo de Don 
Alonso de Mier y Teran, y de Doña Ana María Zorrilla (i). 



Jom Antonio Miravei> t Herrkra, al que en la por- 
tada del Diccionario de Moreri en español llama Miravel 
y Casadevante, por haber sido sobrino y ahijado del Maes- 
tre de Escuelas de nuestra Catedral D. Juan Antonio Ca- 
sadevante, nació en i3 de octubre de 1690, y tuvo por 
padre á D. José. Miravel y Casadevante, y por madre á Doña 
Isabel Herrera. 

Dedicóse en su juventud á traducir algunas obras del 
francés, y entre ellas los Sermones del Sr. Obispo de Cler- 
mont D. Juan de Massillon, por lo admirable de stt doc- 
trina. Vivió algún tiempo on el Puerto de Santa María< 
{estuvo casado con Dona Brígida Iriarte, de cuyo matrimo- 
nio procreó á- Doña María, á la cual dejó por su Albacea, 
como consta del testamento que otorgó ante Matias Anto- 
nio de Pedraza. 

En 1730 empezó lá traducción del Diccionario Univer- 
sal dé Luis Moreri, por la edición de Paris de 1.725, y 
los Suplementos posteriores. Enriqueció su" traducción con 
adiciones eruditas y copiosas ingiriéndolas en el testo. Es- 



(1) Libros de la parroquia de la Isla, Guias eclesUsticat, y uoticias 
de sus «ooocidos. 



J 2.0LJ 

ta empresa, escribe el Maestro Fr. Manuel Medrano, era de 
un trabajo tan inmenso, que se desconfiaba hubiese quien 
se empeñase en tanta fatiga. Aunque fué y es para Mira- 
vel mucha gloria comunicar á la Nación la variedad her- 
mosa que Luis Moreri y sus adicionadores juntaron ea 
tan grandes volúmenes de noticias históricas , nuestro tra- 
ductor le añadió ademas muchas y selectas, especialmente 
en lo que pertenece á genealogía, sucesos notables y ha- 
zañas heroicas de españoles, siguiendo el laconismo del ori- 
ginal. También supo su prudencia mejorar la relación de 
algunos artículos, vistiéndolos de la pui'eza que deben te- 
ner, corrigió algunas equivocaciones que tocan en lo sus- 
tancial de nuestra historia. En fin, cumpliendo con las es- 
trechas obligaciones de traductor, adelantó las de autor, 
por el amor que tuvo á su Patria. 

Pero con todo esto que dice Medrano, no quita que en 
una obra de naturaleza enciclopédica y tan voluminosa, 
no tenga todavia muchísimo que castigar y aumentar. 

Electo Canónigo de la insigne Colegial del Sacromon- 
te de Granada en 23 de abril de lySp, y con Bula de Su 
Santidad'^mó posesión en i8 dé»octubre del mismo año. 
Aunque de casi 5o años no estaba ordenado mas que de 
menores. Pidió á su Cabildo el tiempo que por la cons- 
titución se permite para ordenarse in Sacris cualquier Ca- 
nónigo de aquella Colegiata : concedióselo atendiendo al 
motivo que dio para ello, que fue estar años habia ocu- 
pado en la traducción del Moreri tan celebrado en todas las 
naciones. Pasóse el año que le tenían concedido, y no 
habiendo ascendido á las órdenes sacras, se vio el Cabildo 
precisado de sus constituciones apostólica^ á participarle 
lo dispuesto en ellas, y D. José en la angustia inevitable 
de tener que renunciar la prebenda, como con efecto lo 
hizo, para evitarla publicación y declaración de haber va- 
cado por el mismo hecho de haber pasado el año sin or- 
denarse de Subdiácono, y dando por motivos ó escusas el 
no permitirle sus grandes tareas literarias servirla. 



238 J 

Como traia todavía el trabajo de la traducción del gran 
t)iccionario cuando entró en el Sacromonte, y muchos de 
sus artículos estaban sin acabar, los ordenó y concluyó alli, 
como el de la Torre Turpiana, y otros hasta el fin del año 
de 1740, en que pasó á Francia para asistir á la impresión 
de su grande obra y corregir sus pruebas. 

Al pasar por Madrid presentó su traducción á la Acá* 
demia de la Historia, y por ella lo admitió este cuerpo por 
su miembro,- aunque yo no he encontrado su nombre en- 
tre los Académicos, y he leido las listas que están en el 
tomo i.° de las Memorias de dicha Academia; pero el Lee- 
toral de Cádiz conserva entre sus papeles , según me dice, 
copia del discurso que pronunció Miravel en su recepción. 
No sabemos por qué permaneció en Francia tan poco 
tiempo , respecto del que se necesitaba para la total impre- 
sión del Diccionario, pues él falleció. de vuelta en Cádiz y 
se enterró en 7 de junio de I744> s"* tener la satisfacción 
de ver su obra impresa. * 

Yo he visto el codicÜo que firmó en 5 de junio del año 
en que murió, y se refiere á un poder para testar que dio 
á Doña Francisca Alvaíez en 17 de mayo de W^J^i , todo 
ante el mendonado escribano Pedraza. 

Creo que si hubiera vivido mas, ampliara con nuevos artí- 
exAost el Diccionario, porque asi lo da á entender en el ci- 
tado de la Torre Turpiana^ pues ofrece el del fundador del 
Sacromonte D. Pedro Vaca de Castro, y no lo puso. 

. El gran Diccionario histórico consta de diez tomos en 
folio magno, y se imprimió la traducción española en Pa- 
jris en 1753 (i). 
d..- 1-. 

(1) Lihros parroquiale». Protocolo de la escribanía citada. Prúlogo 
del Diccionario de Moreri ea español, en el tomo 1.", y en el lomo ó,** 
pág. ál8, y ea el torno 10, pág..50. Memorias de la Academia de la Histo- 
ria ya recordadas. Carta del Abad del Sacromonte D. iManuel de Cueto, 
en la que nje dice confrontó todas las noticias concernieutes al Canoni- 
cato de Miravel, y que las halló conformes con los libros délos «rchi- 
▼os de la Abadía. ' '* 



J ^29 

José Cblestiíio Motis nació el día 6 y se bautizó en 
16 de abril de lySa: su padre se llamó Julián y su madre 
Doña Gregoria Bosio. Instruido en las ciencias teológicas, 
médicas y naturales , y después de haberse dado a conocer 
en Madrid por sus conocimientos anatómicos desde el año 
de 1757 en que regentó esta cátedra, se trasladó á la Amé- 
rica meridional en 1760, en donde se propuso dedicaise 
esclusivamente al estudio de la naturaleza, y á propagar 
en el nuevo reino de Granada el conocimiento de las cien- 
cias útiles: se ordenó de presbítero en 1772, y empezó á 
enseñar en la capital públicamente las matemáticas en el 
Colegio mayor de nuestra Señora del Rosario. 

Desde entonces la botánica, la zoología, la mineralogía, 
la física, la geografía y la anatomía hicieron su única ocupa- 
ción , con tanto- aprovechamiento, que en breve se hizo 
admirar de iodos los sabios de Europa , y mereció que el 
Sr. D. Carlos IIÍ le nombrase en 178a director de una es- 
pedicion botánica en el mismo reino de Granada. Desde 
esta época se dedicó con nuevo empeño al estudió de las 
plantas ; y no contentándose como el común de los botá- 
nicos, con aumentar el catálogo de los vegetales, y alterar 
y mudar sus nombresif hizo un especial estudio en cono- 
cer sus virtudes , sus usos y sus relaciones con los otros 
seres orgánicos, y con el terreno y situación geográfica; 
debiéndose á estas preciosas investigaciones los muchos iña- 
niiscritos que ha dejado, y de los cuales pueden sacarse 
tantas y tan grandes ventajas para la economía pública : un 
herbario que contiene mas de veinte y cuatro mil plantas, 
y una multitud prodigiosa de escelentes dibujos ejecuta- 
dos é iluminados á su vista, y bajo su dirección, por pin- 
tores que él mismo formó; una preciosa colección de go- 
mas, raices, leños, estractos y otros productos vegetales, 
y una rica colección de animales y despojos de ellos, to- 
dos los cuales manifiestan su incansable laboriosidad y sus 
profundas miras en el estudio de la naturaleza. 

Al mismo tiempo que Mutis correspondía de esta ma- 



:23o J 

neia á la confianza que habia merecido al Rey , y á la ge- 
nerosidad sin ejemplo con que se le suministraban las cuan- 
tiosas sumas necesarias para empresas tan grandiosas, no 
perdió de vista el estudio de las ciencias exactas, ni el de 
la geografía, que consideró de tanto interés en aquella parte 
del nuevo continente; y aprovechándose de la munificencia 
del Rey padre, el Sr. D. Carlos IV, empezó en 34 de mayo de 
1802 la grandiosa obra del Observatorio astronómico de 
Santa Fé de Bogotá , que se concluyó en 20 de agosto del 
año siguiente^ y que por el acierto- con que está construir 
do, por su buen gusto , por su situación, y por la escogida 
colección de instrumentos que posee, merece competir con 
los mejores de Europa ^ y será siempre un testimonio irre- 
fragable de los profundos conocimieintos de este sabio Doc^ 
tor, y el mas convincente testimonio del zelo y de la ge- 
nerosidad con qtie nuestros Monarcas lum "procurado la 
ilustración y el bien de sus subditos de Indias. 

Ocupado Mutis en estas útiles tareas, cuando\econocia de 
nuevo las plantas que habia recogido en los paises altos del 
reino, cuando daba la últinta mano á los trabajos empeza- 
dos en los bosques de M;iriqiiita, y cuando por fin perfec- 
cionaba su obra favorita de quinoéogía ó historia do los 
árboles de la quina , que nadie ha conocido como él falle- 
ció en Santa Fé de Bogotá en 11 <h& setiembre de 1808. 

El Gobierno cuenta entre los triunfos de las tropas es- 
jjañoles en Ultramar, el haberse salvado los innumerables 
objetos de historia natural que formaban la rica colccion 
de este naturalista célebre, y que ha sido el fruto de las 
inmensas sumas que ha invertido en su formación; y qui- 
zá se hubiera desfraudado á Mutis de la gloria debida á 
sus incansables desvelos, y á sus científicos profundos co- 
nocimientos. Salvado pues este precioso depósito, se tras- 
portó á la corte, bajo la custodia y cuidado del General 
D. Pascual Enrile , paisano de Mutis , y los contenían cien- 
to y cinco cajones, los cuales fueron destinados por S. M. 
para enriquecer el Gabinete de historia natural los objetos 



J p.3i 

de zoología y mineralogía ; y los correspondientes á botá- 
nica á la biblioteca y herbario del «Real Jardín botánico de 
Madrid, como asi se verificó; mandando ademas que se 
publicase no solo la quinología ó tratado de las quinas que 
tiene trabajado Mutis, siné> también todo lo perteneciente 
á la Flora de la Nueva Granada. Los Reyes nuestros Se- 
ñores examinaron por sí mismos el tesoro con que el tra- 
bajo de Mutis regalaba á su nación, y correspondía fielmen- 
te, y aun con creces, al encargo que se le babia confiado. 
Con esta protección y sabias disposiciones, la Europa 
que hace ya tantos años que deseaba con ansia disfrutar 
de los trabajos científicos de Mutis, logrará en breve satis- 
facer en parte sus deseos, y aquel conseguirá también que 
se añadan nuevos elogios á los que hace tiempo le tributa- 
ron el hijo del inmortal Linneo ( que en el suplemento á las 
obras de su padre lo celebra por el mas aventajado botá- 
nico que ha existido en el nuevo mundo), Haenke, Cava- 
nilles, Humboldt y cuantos sabios han tenido proporción 
de admirar sus proñmdos conocimientos y su laboriosidad 
sin ejemplo. ,; m. 

Fue individuo de la Academia de Stokolmo (i). 
Acabamos dp leer la. oración inaugural que en sesión 
pública celebrada por el 'Real Colegio de Medicina y Ci- 
rugía de Cádiz pronunció el Dr. U. Francisco Javier Laso 
(honor de nuestra patria): en ella trata de Mutis, y lo 
trata dignamente. Como en ella da mas noticias de él que 
las que tenemos puestas , estracto alguna cosa de la ora- 
ción desde la página 23 á la 29, para enriquecer nuestro 
artículo. 

«¿Qué pluma bastaría á describir, ni qué tiempo á enu- 
merar las eminentes cHahdades que nos hacen admirar la 

(1) Libros parroquiales. Estracto de la gaceta de Madrid 6.0. 7 de abril 
de 1818. Semj)er, Ensayo de una bibliot. española^ tomo 4.°, pág. 1C9. 
Nuevos elementos de therapéuticOy por J. L. Aiibert, de la ediciou liaace- 
(a de Paris'de 1817, desde la pág. £8 del tomo 1.' 



a32 J 

vida del Dr. D. José Celestino Mutis, hijo de esta ciudad 
y alumno de este Real Colegio , que se honra con perte- 
nencia tan envidiada y casi disputada? Las ciencias, la pa- 
tria y la virtud perdieron en él uno de sus mejores apo- 
yos; pero juzgado por la época^ue lo gozó y por las ve- 
nideras, su nomhre será inmortal, como los objetos que 
hicieron su incesante ocupación.... Entró en este Colegio 
Gon plaza de alumno interno en el año de I749' Conclui- 
dos sus estudios pasó á Sevilla , en cuya universidad reci- 
bió los grados correspondientes.... Resuelve su viage (á Ul- 
tramar), y alternando en el noble ejercicio de asistir y con-- 
solar á los enfermos y en el estudio de su amada botáni- 
ca:, exaininó toda la vegetación de la Nueva Granada y aun 
herborizó sobre la cima de los Aqdes.... Entabló corres^ 
pondencia con el inmortal Linneo y otros naturalistas de 
Europa, y difundida por estos la fama de sus superiores 
luces, las academias y universidades de esta parte mas culta 
dcr mundo se apresuraron á solicitar sus relaciones, hon- 
rándose con el título de tal correspondiente. No se repute 
jactanciosa esta espresion: Linneo ha escrito citando á Mu- 
tis: Nomen ¿mmortaUy qiiod milla cetas numquam delehit. 
«Su nombre es inmortal, y no perecerá en tiempo alguno.» 
Y nuestro Cavanilles; in honaretn sapicntusimi 'viri Josephi 
Celestini MiUts , qui jure mérito hotanicorum in America 
princeps salutoitur^ debetqite ctianí inter primates europeos 
col/oca ri : <^Eñ honor del sapientísimo varón José Celestino 
Mutis, quien por su mérito se adquirió de justicia el ser 
saludado principe de los botánicos de América, y que de. 
!)e también ser colocado entre los primeros de Europ.». • 
El barón de Humboldt y Airaé Rompland , ilustres viagei"os 
naturalistas que han visitado aquellas" regiones y tuvieron 
la^diglm .de. tratarle, CQmp un.. tributo de.su admiración y 
respeto hacia un sabio tan consumado, hicieron estampar 
su retrato en, París, orjado con la planta mutiíia. de su 
nutnbpe*, y iotrá jde su iAvcnclon, y coronado con el em- 
blema de la inmortalidad^ »'■"■■ 



' J 233 

Hablando el Dr. Laso poco después de las obras litera- 
rias de Mutis, dice: « La que tituló el Arcano de la qiiina^ 
ó sea i a Historia de los árboles de la quina ^ acaba de pu- 
blicarse eñ Madrid por el celo del Dr. D. jVIanuel Hernán- 
dez de Gregorio.» Y al fin de las noticias biográficas de 
Mutis declama patrióticamente el Sr. D. Francisco Javier 
Laso , con el fin de ,q^ue el retrato de Mutis sea colocado 
entre los de los dos compatricios que están en la sala 
consistorial de Cádiz. 

Se imprimió la antedicba oración inaugural en Cádiz 
en 1828 en casa de 1^ viuda é hijo de Bosch : debe leerse 
por su elegante y elocuente estilo, y por lo abundante de 
noticias d« homl)res célebres y de doctrinas útilísimas. 

Según lo que se habló en las Cortes de Madrid el 2 
de mayo de 1822 , parece que trabajó Mutis cuarenta^ años 
continuos en la botánica; que su gran herbario consta de 
6969 dibujos magníficos, sobre 2000 muestras de maderas, 
porción de manuscritos, sin incluir los de quinologia, ramo 
que ha producido muclios millones al comercio español, 
á beneficio de las luces de la botánica. 



José Pow^er nació á 29 de mayo de 17 53, teniendo por 
padres á D. Juan Andrés Power y a Doña Anastasia de 
Vega y Figueroa. Empezó á servir de caballero Cadete en 
el Real Colegio de Segovia , uno de los estabrecimientos 
mejor montados de Europa, de cuyas escuelas teóricas, y 
prácticas han salido los mas sabios artilleros. De quince 
años ciñó la aspada, que no dejó sino con la vida, sin ha- 
berla rendido sino á la nmeite. e 

Desde Brigadier de la compañía de su Colegio, á qu 
fue nombrado en 19 de setiembre de 1770, hasta Teniente 
coronel de artillería, á que lo agració la clemencia de 
S. M. y la justicia con que lo merecia, en el mes de mar- 
zo de 1798, pasó por todos los grados y empleos de or 

3o 



234 J 

denanza; siendo también nombrado por Real gracia en 6 
de enero de 1797 Director de puentes militares portátiles. 
Entre los varios generales de ejército bajo cuyo man- 
u do sirvió , dos ppr lo menos fueron sus compatricios , Ge- 
vallos en Ultramar, é Iturrigaray en la Península. 

Los campos y plazas donde ejerció sus servicios fueron 
Castilla, Andalucía, en la África española siete veces, y 
en la América meridional , con esta individualidad. En la 
defensa de Rlelilla sitiada por el Emperador de Marruecos; 
en la espedicion al Rio de la Plata, hallándose en el des- 
embarco de la playa de S. Franciscj^ de Paula, rendición 
de la isla de Santa Catalina , sus fuertes y ^n la de la Co- 
lonia del Sacramento. En el sitio y bloqueo coQtra la pla- 
za de Gibraltar , y construcción de toda la batería de ca- 
ñones avanzada de S. Martin : esta siivió de cuna á la in- 
mortalidad que se adquirió su paisano Cadahalso finando 
en ella. A otra de morteros en el apostadero de los ca- 
ñones avanzados delante de la última paralela, y ejercien- 
do funciones de Ayudante de brigada en toda la campaña. 

En la defensa de la plaaa de Ceuta durante el fuego, 
habiendo apagado el que encendió una bomba tirada por 
los enemigos, que cayó en la puerta del repuesto de bom- 
bas cargadas en el rebellín de S. Pablo , en la plaza de ar- 
mas, á presencia del general que mandaba, el Sr. D. José de 
•Yasallo, y haberse hallado en las salidas á su campo fron- 
terizo, verificadas en los dias 3o de setiembre y 3i de oc- 
tubre de* lyyi , ambas veces á las órdenes del Brigadier 
D. José de Urrutia , á la cabeza de la primera columna, en- 
cargado de lostañones de batallón , sosteniendo los traba- 
jos de incendiar y destruir las baterías y minas de los mo- 
ros contra la plaza. • 

De alli pas;uia, hecha la paz, á Cádiz, porque en 1790 
era capitán del detall de la plaza. No usó de Real hcencia, 
ni creo se ligó con el vínculo matrimonial. 

En la guerra contra Portugal del año de 1801 refiere 
la Gaceta una acción que se tuvo á las orillas del Guadia- 



J 235 

na , cerca de Ayamonte, en 8 de junio ; y por lo que to- 
ca á este oficial , dice : « En la batería tuvimos la desgracia 
de que á los primeros disparos atravesase por el pecho una 
bala de canon al Teniente coronel de artillería D. José Po- 
\^er, comandante de la de la división, oficial de muchos 
conocimientos, desempeño y valor.» Esta división la man- 
daba el Sr. Iturrigaray, de quien hablaremos en su lugar. 
Es horroroso para el pusilánime el lecho en que exhaló 
su último aliento ♦o wer; pero envidiable al verdadero y va- 
liente militar , y caro á la patria que lo riega continuamen- 
te con lágrimas de gratitud (i). 



José de Rojas, hijo de D. Nicolás Ignacio, y de Doña 
Julia María Recaiío, nació en 19 de marzo de 1702. Sen- 
tó plaza de caballero guardia marina en Cádiz en i4 de 
enero de 1721. Juzgó desde su mocedad que si habia de 
vivir con honor, debia ser virtuoso. 

Desde el año 1724 en que se embarcó la primera vez. 
hasta el de 765, en que mandando el navio Rayo trans- 
portó desde Cartagena á Genova á la Infanta Archiduque- 
sa, y desde alli al de Cartagena á la Señora Princesa de 
Asturias, fueron tan repetidas las campañas y tan varias 
las comisiones que se le encargaron, como los muchos 
años que trascurrieron. No hay año de los espresados en 
que se le encuentre ocioso. ' 

Se vio en va^os combates con los argelinos: se encon- 
tró en 1732 en l¿i reconquista de Oran: fue muy particu- 
lar el mérito q«e contrajo en Cartagena de Indias, cuando 
en 1 74 1 se vio sitiada por la escuadra inglesa del Almi- 



(1) Caceta de MnJrid de 9 de marzo de 1798: id. estraordinarin de 
18 de junio de 1801, Libros parroquiales. Guia de Forasteros de Cadit de 
1796, y su hoja de servicios hasta 1797. 



'^'66 J 

rante Weinon , no solo en el navio San Felipe , sino 
también niandantlo en tieri'^ varios piquetes desde i5 de 
marzo hasta 20 de mayo; y haciendo después el servicio 
de la Plaza, que teniia nueva invasión, hasta el 19 de ju- 
nio de 1743, en que mandando el Nomparell, pasó á la 
Habana. 

Siendo teniente de navio se halló en los cinco comba- 
tes que en el año de 1747 sostuvo el nombrado Glorioso 
contra ingleses, viniendo con caudales de^'eracruz al man- 
do del capitán de la misma clase D. Pedro IMesia de la 
Cerda, de que. resultó Rojas herido: el primer combate 
con dos navios de guerra; el segundo con otro, una fra- 
gata y un paquebot; el tercero, después de haber dejado 
el dinero en Vigo en 17 de*octubre con dos fragatas de 
á 4o cañones; el cuarto en 18 del mismo mes contra el 
navio 'Darmouth de 60, á quien voló ol Glorioso, pudien- 
do recoger solamente un oficial y otros 17 ingleses, y el 
(juinto en la mañana del 19 con un bajel de tres puentes 
y dos fragatas de 3'2 y 24 cañones, á quienes se rindió 
Hpr fin, por estar totalmente desarbolado, haciendo tanta 
agua «]ue se iba á pique, y fidto absolutamente de muni- 
ciones. Funciones que le merecieron con justicia el ascen- 
so á capitán de navio (siéndolo antes de fragata) con es- 
presiones de parte del Rey que le hacen mucj^o honor. 

Estos combates son gloriosísinKys para la marina espa- 

En 177.3 se le confirió interinamente el mando del de- 
partamento de Cartagena, y en 177^ lo oJituvo en propie- 
dad con el gobierno político militar de la pla/a ; y en 79 
se puso el Segundo entorchado de Tenieifte general. En 
diferentes ocasiones- tuvo también á su cargo la capitanía 
general de los reinos de Valencia y Murcia. 

sT M. le liizo merced eh 22 de diciembre de 1789 de 
titulo de Castilla con la nominación de Conde de Casa Ro- 
jrt^, libre por su vida y la de su primogénito de contribu- 
ciones, del que se le despachó el diploma en n de junio 



J 237 

de 90, según la.' Gaceta de Madricídc esta fecha: mucho 
antes, sobre el año de 174^, se habla hecho armar en la 
orden de. la caballería de Santiago. 

En el tiempo que fue oficial general supo sostener con 
la mayor íirnieza el decoro de su dignidad, con que se hi- 
zo obedecer; y no se separó de la particular que le hacia 
amable á todos. Pidió al Rey en una enérgica representa- 
ción lo exonerase de sus mandos mediante el quebranto 
de su salud, y el tener cerca de 90 años; y cortio tenia 
tan acreditado el cabal desempeño de taifas coníianzas, 
tan admirada la prudencia y grande celo con que supo 
combinar los intereses del servicio en las arduas y críticas 
circunstancias de su larga carrer^ cuyas recomendables 
prendas le grangearon el Real aprecio, accedió el gobier- 
no en II de junio de r790 á sus ruegos, conservándole 
los honores y sueldos de Capitán general, en prueba y en 
consideración de lo bien puesto que estaba en el ánimo 
del Rey. 

Supo dirigirse en el gobierno de Cartagena con tal 
acierto, paz y moderación, que merecig á su ayuntamiento 
los mayores elogios , y á su separación demostraciones de 
partioular sentimiento, como se lee en el recomendable 
oficio que le pasó en ^ de junio del citado año de 90. 

La voluritaria y eficaz dinñsion de sus amovibles em- 
pleos, el no haber llegado á ellos por importunidades y 
otros ilícitos resortes , el haber queritlo permanecer des- 
pués del retiro de sus mandos dentro del mismo pueblo 
que gobernaba , son las pruebas que lo justifican , y que ha- 
ce aparecer grande á este ilustre Conde, el cual acabo de 
vivir en 7 de octubre del año de 1794? habiendo contado 
93 de edad; y ocupará siempre su memoria un lugar dis- 
tinguido en la historia de la marina, y en*los anales de los 
valientes. 

Es necesario que la vida del hombre noble pueda pro- 
ponerse como ej|Miplar á sus sucesores, y que su gobier- 
no en los honrosos destinos que mereció *á la piedad del 



!¿38 J 

Mpnarca, pueda ser el modelo de los demás que gobier- 
nen ; y de este modo podrá decirse que su nobleza nó so.- 
lamente es justa, sino también perpetua, porque la noble- 
za no tiene otro verdadero esplendor que el de la virtud, 
y sola es como una preparación para una justa gloria. Las 
buenas propiedades de este Conde de Casa Rojas, y que 
las atestiguan Jos que lo trataron, su amor y respeto á la 
religión, su equidad y desinterés, Sli trato afable con el 
soldado, á quien siempre miró como una persona aprecia- 
ble de la república, y necesaria á su Príncipe, lo foras- 
tero que era en el gran pais de la perjudicable ambición, 
la escelente educación que dio á sus bijos, porque se casó 
en Cádiz en 21 de no^^embre de- 174^ con Doña Teresa 
Espinosa Blanqueto , y por último el notorio buen ejemplo 
que dió^eu sus mandos, hacen que se le pueda proponer 
por dechado, y que se desee tenga imitadores. 

Fue sobrino y ahijado de D. Antonio de Rojas , ma- 
gistral de Cádiz, que tiene artículo en estas memorias; y 
D. Nicolás Rojas y Doña Julia Recaño también nacieron 
en Cadi» (i). 



(1) Libros parroquiales. Gacetas de IHadrid de 20 de junio , de 29 de 
agosto , de 19 de setiembre y de 7 de noviembre de 1 747, de 50 de abril 
de 1779, de 11 y 15 de junio de 1790, y de 24 de octubre de 
1794. Algunas noiici«s comunicadas también porta Escma. Sra. Duua 
Julia María de Rojas ,su hija y paisana nuestra. Oración fúnebre que en 
las exequias celebradas t-n 22 de noviembre de 1794 en la iglesia de la 
Caridad de la ciudad de Cartagena por el alma del Escmo. Sr. D, José 
de Rojas etc. etc. dijo el Dr. D. Juan de Dios NerM| Lariz etc. , impresa 
en Murcia en 1795. e^jf. la oficina de la viuda de Teruel. 



J ^39 

José de Vargas y Ponce nació en 10 de junio de 1760 
del casamiento del licenciado D. Tomás con Doña Josefa 
Ponce: recibió en Cádiz de sus padres y parientes una edu- 
cación tan esmerada y cumplida , que cuando en 4 de agos- 
to de 1782 sentó plaza de caballero guardia marina en la 
compañía de la Isla de León , estaba perfectamente ins- 
truido aun en las matemáticas superiores, habiendo sido 
su primer examen una aprobación de todos los estudios 
que se daban en aquella Real academia. Instruido igual- 
mente en las humanidades y eu las lenguas latina , fran- 
cesa, italiana, inglesa y lemosin antiguo, se le escogió pa- 
ra la guardia de honor del Serenísimo Sr. Conde de Ar- 
tois (hoy Carlos X, Rey Cristianísimo) en Algeciras, á 
donde por Real orden pasó, y se halló en la batería flo- 
tante el Tallapiedra, del mando del Príncipe de Nassafl, 
CTi el ataque que se dio á Gibraltar en j'3 de setiembre 
del dicho año de 82. Luego se embarcó en el navio San 
Fernando , de la escuadra de D. Luis de Córdoba, y se 
halló en el combate sobre cabo Espartel en 2p de octii- 
bre. Entretanto la Academia española coronaba de laure- 
les su primera producción literaria con que se dio á co- 
nocer al público ilustrado, el elogio del Rey D. Aloj}.so el 
Sabio ^ escrito con elegancia por un guardia mafllna, y ex- 
ornado de una vasta y profunda erudición. 

Ascendió á alférez de fragata, y hecha la paz en 1783, 
f»e uno de los qficiales escogidos por el Sr. Toíijño para 
ayudarle en sus sublimes trabajos, y á Vargas se fió todo 
el cuidado de la edición del Atlas, la que dirigió con in- 
decible actividad, cuidando de que los dibujos, grabados 
é impresión salieran con la exactitud y belleza que acre- 
dita la misma obra; y es enteramente suya la erudita in- 
troducción que precede al Derrotero de la parte meridio- 
nal. Estando en esta confianza lo adnlhió en su seno en 
17 de febrero de 1786 la Academia de la Historia, y en 
C de diciembre de 8y entró en la de San Fernando. 
_. ; Siendo, ya en 1793 teniente d^ navio tuvo ,que aban- 



24o J 

donar la Corte para embarcarse en el San Fulgencio, 
cuando se declaró la guerra á la Francia , y pertene- 
ciendo á la escuadra de D. Juan de Lángara, concurrió 
á varias campañas de mar, á la entrada y ocupación de 
Tolón, y á otras comisiones en Genova, Cerdeua y Ro- 
ma, en cuya capital fue presentado por nuestro embaja- 
dor Azara á toda la corte eclesiástica, y al cuerpo diplo- 
mático. 

Aprovecbándose de la babilítacion de su navio, formó 
una colección de antiguas lápidas é inscripciones romanas 
de Cartagena, cuyo ayuntamiento, después de darle las 
debidas gracias, las colocó en las galerías y salas de su 
casa consistorial. El Sr. Jovellanos le nombró en 1797 para 
individuo de una junta de instrucción pública. En 1799 
lo destinaron á Tarragona para dirigir el embarco de las 
tropas que se disponian para reconquistar la isla de Menm*- 
ca. En 1800 le mandó el ministerio de marina pasar á 
Guipúzcoa á desempeñar alguiws comisiones. Dirigióse á 
Zaragoza , visitó al paso en Barbu nales al Sr. D. José 
Nicolás de Azara, letirado en su casa nativa por las intri- 
gas de la corte de aquel tiempo. Incorporó el puerto de 
Pasages á la Corona, y unió á Fuenterabía y su comar- 
ca al Remo de Navarra. 

En 1804, estando de vuelta en Madrid, lo nombró la 
Academia de la Historia por su Director. Ocupado siem- 
pre en comisiones cientííicas , y oscurecido cuando ÍDS 
franceses mandaban en Madrid , libre de ellos empezó á 
publicar un Diario militar para estimular á nuestros solda- 
dos. A la nueva ocupación de Madrid por los mismos es- 
trangeros salió para Cádiz, á donde fue empleado por la 
Regencia del Reino. Desde i8o5 era Capitán de fragata, 
y por antigüedad rigorosa ocupó la cabeza de los oficiales 
de su clase. ' 

Su inclinación siempre lo llamaba á la literatura, y 
particularmente á la bistoria nacional, y asi era como una 
biblioteca ambulante de esta ciencia. Los de la provincia 



J 241 

de Madrid le nombraron por su Diputado á las Cortes de 
Cádiz de i8i3 y 1814. De resultas de la abolición de aquel 
sistema lo mandó el Gobierno á Sevilla para arreglar el 
arcliivo de Indias. Restablecido lo derogado en 1820 vol- 
viéronle á elegir por diputado j y en el intermedio del año 
1 4 al 20 estuvo grandes temporadas en Cádiz, á donde lo 
estimaban cual se merecía. La Sociedad económica lo enu- 
meró entre sus socios y la ilustró mucho. 

Quebrantadas sus fuerzas por la aplicación á bastantes 
comisiones, jmurió en la noche del 6 de febrero de 1821 
á los 60 años de su edad. Tenia bellísimas cualidades, y sus 
propíos talentos no eran á sus ojos sino derechos que ha- 
bía adquirido para ser mas modesto , como dijo Buffon 
de otro sabio. Gustábale mucho el habla antigua castella- 
na. «Inoportuno seria, escribe Navarrete, recordar entre 
nosotros su genio candoroso, su franqueza sin cautela, su 
aplicación sin límites , su laboriosidad , su amor á este ins- 
tituto « : hablaba á la Academia de la Historia. Vargas es- 
cribió muchísimo, y escribió bien. 

Le pedimos en el tiempo en que estaba en Sevilla si- 
quiera una nómina de sus escritos, y contestó: «Trianes el 
Lectoral sabe mas de mis pobrezas que yo mismo, y tiene 
un casi catálogo de mis ocios. Yo solo sé que suben á 
ciento, y asi no es estraño^ lo uno que ninguno sea bue- 
no , lo otro que no vea ya lo que garavateo, pues eso no es 
escribir.» Consecuente á este aviso suplicamos al Señor 
Lectoral de Cádiz nos dijera lo que supiese, para llenar 
nuestro deseo; y con la mayor franqueza, como tan inte- 
resado en dar publicidad oportuna al mérito de un su ami- 
go tan íntimo , y carísimo paisano , nos prestó todos los 
materiales útiles para formar este artículo , por lo que le 
estamos sumamente reconocido. 

Obras de Vargas impresas y trabajadas de orden de S. M. 

1. Un tomo en 4-** Derrotero del Océano, en su larga 
introducción la Imtoria de la Geografía, y en especial la de 
España, 

3i 



2^2 J 

2. Descripciones de las Islas Pilhiitsas y Baleares. Ma- 
drid 1787, por la viuda de Ibarra un tomo en 4-" mayor. 

3. Derrotero del Occeano septentrional, un tomo. 

4. El Plan de educación para la nobleza^ en folio en 
1786. . 

5. Relación del último viage al estrecho de Magallanes 
de la fragata de S. M. Santa María de la Cabeza. Madrid 
1788, por la viuda de Ibarra, en 4'° mayor. Esta obra se 
lia traducido en varias lenguas. 

6. Otro segundo tomo que refiere el seguido y último 
viage complemento del anterior. 

7. Importancia de la historia de la Marina española: 
precisión de que se confie á un Marino; y plan y miras 
con que de orden superior la emprende..,. Madrid en la 
imprenta Real 1807, un tomo en 4''* 

8. Varones ilustres de la Marina española. Vida de Don 
Pedro Niño^ primer Conde de Buelna. Madrid 1807 , un to- 
mo en 8.° en la dicha Real imprenta. 

9. Id. Vida de D. Juan José Navarro , primer Marqués 
de la Victoria. Madrid i8o8, otro tomo en 8.** grueso en 
la misma imprenta. n 

Los primeros tres años corrió con la Guia de la Real 
Armada^ é impresión del Almanaque náutico. 

Obras impresas de varios argumentos. 

JO. Elogio del Rey D. Alonso el Sabio y premiado por 
la Real Acatiemia de Historia. Madrid por D. Joachin Ibar- 
ra 1782, cuaderno en 4-*' mayor: se han repetido las edi- 
ciones. 

11. Discurso dicho en la Junta pública de la Academia 
de S. Fernando en 1790, impreso de orden de la misma. 
Contiene la historia del grabado en toda Europa. 

12. El discurso de entrada en la Sociedad económica 
de Madrid en el año de 1789, cuya publicación decretó 
la Junta. Su argumento es el origen de estos cuerpos y 
sus ventajas. 



f ü43 

1 3. Declamación contra los aLuaoa introducidos en ol 
castellano, que abraza la histoi'ia de nuestra lengua siglo 
por siglo, y perjuicios que hoy padece. Madrid pqr la vivi- 
da de Ibarra en 1793 , 4-** mayor. 

1 4- El Diario militav. Madrid 181 2, en varios cuadernos. 

1 5. Servicios de Cádiz desde 1808 á 18 16. Discursa 
que tuvo el primer premio de los ofrecidos por la ciudad. 
Cádiz en la Gasa de Misericordia, año de 1818, cuaderno 
en folio. Es digno de leerse el papel con que remitió al 
certamen esta obra, dice asi: «José de Vargas y Ponce, ga- 
ditano, á los padres de la patria acierto y prosperidad.—^ 
Desde que tuve uso de razón alimenté el ardiente deseo 
de ofrecer á mi cara y dulce patria una memoria. Anhe- 
laba fuera testimonio íiel de mi singular complacencia por 
haber empezado en su i'ecinto á gozar de la benéfica luz 
del cielo. Nada hice ni escribí que me pareciese digno de 
empleo tan alto ; pero llamado por ella misma á certamen 
tan notable, sacudí mi encogimiento y no infundada timi- 
dez. ¡Ojalá no obstante quede superado por otros compa- 
tricios! Si con todo esta nota tiene la fortuna de leerse, se- 
pa el Escmo. Ayuntamiento que acepto su medalla de \\Or- 
ñor para indeleble recuerdo de mi gratitud , y que renunr- 
cío todo lo demás. Harto premio me concede la Providen* 
4;ia haciéndome hijo de Cádiz, y Cádiz prefiriendo el co- 
nato de este su amantísimo y reverente hijo. Sevilla y oc- 
tubre i.° de 1816.-^15 

16. El Toritontorronton , cusíóerno ei} 4.^, en la casa de 
Misericordia de Cádiz, 1^18. 

17. El Varapalo^ cuaderno id. en id. id. 

18. Poema criticando los mayorazgos . Madrid 1820. 

19. El peso duro, poema impreso, no sé adonde ni 
cuando. 

ao.. Dictamen sobre yíl/mrantazgo y irapTeso en i8->o. 

21. Otro sobre un archivo general ^ id. en id. 

aa. Otro sobre ilustración del reino ^ id. en id. 

a3. La proclama dal solterón: ignoro lo demás de este papét 



244 J 

otras concluidas y no impresas^ esperando oportunidad. 

i\. Disertación histórica sobre el rio Vidasoa, con su 
plano: prueba que perteneció siempre á España; trabaja- 
da de orden del Ministro de Estado, con la licencia para 
imprinúrla, un tomo en 4^** 

a5. Tablas de vitalidad y mortalidad de Guipúzcoa 
desde ijoi hasta 1800, con un discurso sobre el estado 
de dicha provincia, con licencia para su impresión, un to- 
mo en 4-'' 

26. Informe histórico político de cuanto contiene el 
puerto de Pasages, y sus incidencias desde el siglo XIÍI, 
de orden del Rey, un tomo en falio, presentado al Mi- 
nistro de Marina. 

•i-j. Elogio histórico de Ambrosio de Morales, y jui- 
cio de todas s«s obras. 

28. Reglas para hacer los elogios de los hombres ilus- 
tres , presentadiis á la Sociedad de Madrid , con motivo de 
la muerte del Infante D. Gabriel. 

29. Noticia.^ estracto y juicio de todos los historiadores 
generales de España. 

30. Apología de la literatura española, un tomo en folio. 
3i. Tratado completísimo de aritmética que se trabajó 

en 1783, para que sirviese en las Academias de guardias 
marinas, un tomo en 4«'* mayor. 

32. 33. 34- 35. 36. Cinco discu¡rsos leídos en la Real 
Academia de la Historia que formarán dos tomos, y mani- 
fiestan el estado de la historia de España, el de los archi- 
vos de las ciudades, el de sus lústoriadores particulares, 
)a necesidad de viages literarios etc. 

37. Disertación completísima sobre las fiestas de toros ^ 
su origen, introducción en España, y males que ocasionan: 
hecha y presentada por oiden de la Academia de lai His- 
toria. 

38. Otra sobre una piedra con inscripción romana, ha- 
llada en Yergara, que se creía reliquia de S. Valero, cuya 



J 245 

impresión tiene acordada dicha Academia. 

39. Historia general de la Marina, que contiene su orí- 
gen en todos los pueblos del mundo, sus progresos y su 
estado actual, y las espedicioncs marítimas antiguas y mo- 
dernas : la tradujo del francés : en tres tomos cu folio me- 
nor: está la impresa en París. 

40. Fida de Pedro Navarro. 

4i. Pida de D. Hugo de Moneada. 

42. Discurso dando cuenta de su segunda dirección de 
la Academia de la Historia, y del estado nacional de esta. 

43. Elogio de D. Antonio Escaño. 

44' Reforma de Escuelas : discurso que ganó ú primer 
premio en la sociedad de Sevilla. 

45. Discurso al entrar socio en la dicha sociedad. 

46. Apuntes para la educación de las señoritas. 

47. El Plan de seminarios con notas y glosas. 

48. El primer tomo de la Marina española. 

49. Disertación histórico-legal que prueba el legítimo 
y no alienada derecho de S. M. y sus vasallos á la pose- 
sión y pesquería de Terranova. 

50. La ij¿ida de Juan Sebastian del Cano. 

5 1. La de los tres Generales Oquendos. 

62. La Historia de Guipúzcoa: obra que aclararía las in- 
disputables regalías de S, M. 

53. Noticias históricas de los parientes mayares de 6ui-» 
púzcoa etc. 

54. La descripción é historia de Cartagena y y en ella 
inclusa la del departamento. «ujn 

55. 56. Sy. Descripciones históricas de Sevilla, Tarra- 
gona y • Murcia , no concluidas. 

58. Elogio de D. Vicente Tofiño, mandadb imprimir 
por la Real Academia de la Historia. (Si yo lo hubiera po- 
dido leer, ¡cuánto mejor saldría el artículo de este sabio 
General!) 

59. F'ida de Pedro Mártir de Anglería, primer Deau 
de Granada. ' 



^IS J 

6o. Discurso histórico geográGco de la villa de Huelva* 

6i. Elogio de Marineo Siculo. 

62. La nueva edición, de la AraiCcana, con la vida de 
Ercilla, crítica, análisis etc. 

- 63. Plan, de reforma para la Real casa de Pages, he- 
cho y presentado por orden de S. M. en 1798. 
64. Otro Plan para los colegios de San Telmo , en i8o4' 

De otros muchos varones ilustres de la Marina escri- 
bia sus vidas. 

Advierto que pueden no estar exactos en un todo los 
títulos de las obras que llevo citadas, porque yo no las he 
visto todas, y de las que no tengo he copiado la lista que 
me han suministrado. 

Hay otras varias obras que se hallarán entre los pape- 
les del fallecido , quien dejó por heredera de sus obras á 
la Academia de la Historia 

El Sr. Sempere cuando trata de la edición del Viage al es- 
trecho de Magallanes escribe : « Tratándose de publicar este 
viage, hecho de orden del Rey, el Sr. Vargas tuvo que cuidar 
de la edición, y la enriqueció con muclias noticias y ob- 
servaciones , fruto de su propio estudio y titfcajo. Suyas 
son la introducción, y toda la segunda parte que contiene 
la historia de las espediciones y viages, hechas antes de es- 
te al estrecho magallánico: la descripción del mismo es- 
trecho, la de sus habitantes, y la resolución del problema 
sobre la posibiUdad y conveniencia de su población , en to- 
do lo cual resplandece una copiosa y esquisita erudición 
unida á l^gmayor pericia en la profesión náutica.» Y des- 
pués brosigue ( debiéndose saber que Sempere cscribia en 
el año de 1789): «En otras varias obras se empifea actual- 
mente la infoíigable aplicación de este digno Oficial, que 
un dia satisfaíán la espectacion del público , y le darán la 
recompensa de gloria á que aspira con tanto ardor como 
justicia (i). » 

lOi II i ' 1 II ■ it . ■ .i * i ■ — --í.^— — ■ ■ 

(1) Libros parroquiales. Asientos de la Compaaía de Guardias Mari» 



J 247 

José Ventura Cabello fue hijo de un artesano y Sa- 
cristán de uno dé los conventos de Monjas de Cádiz, por- 
que ni aun la casa fija se sabe. Desde muy joven lo con- 
dujo á Costa-firme un Canónigo que iba provisto para allá, 
y allí hizo toda su carrera Ventura Cabello, porque des» 
pues de ser Prebendado y Canónigo mas antiguo en el año 
de 1793, de la Iglesia Catedral de Guayana, lo presentó 
el Rey Obispo de la misma Santa Iglesia en 19 de agosto 
de i8o5; en cuya silla moriría sobre el año de 1818, res- 
pecto á que en la Guia de forasteros de Madrid de 18 19 ya 
se encuentra vacante aquella sede. Y esto es todo cuanto 
hemos podido indagar de este Prelado, pues por la inco- 
municación con aquella parte de las Indias, y el no ha- 
bernos contestado las personas á quienes pedimos noticias 
y que nos las pudieron dar, ha quedado este articulo tan 
reducido (i). 



José de Iturrigaray, del orden de Santiago, nació en 
27 de junio de 1742 de D. José y de D.^ María Manuela 
de Arostegui. Principió á servir á los 16 años; y se djó á 
conocer eminentemente por su valor y pericia en los cuer- 
pos de España , Alcántara, y en la ilustre Brigada de Ca- 
rabineros Reales. En la penúltjyBia guerra contra la Fran- 
cia midió su espada con la de los enemigos en diez y nue- 



nas. Sempere y Guarmos, Ensayo de una hibliot. de les mejores escritores^, 
«rt. f^argas^ pág. 156 y sig. y eu el Suplemento pág. 237 y sig. en el tomo 
6.* Guias de forasteros dv Madrid. Obras que hemos consultado del mis- 
mo Vargas, particularmente la vida del Marques de la Victoria, pág. 
268 y 3ó8. Noticia biográfica de D. José de Vargas Ponce, leida en la Real 
Academia déla Historia en junta celebrada el 2 de raarao de 1821 por 
D. Martin Fernandez deNavarrete, manuscrito original. Circunstancias 
del Capitán de Fragata D. José de Vargas, majuuserito. Y otras noticias 
de sus amigos. 

(1) Gtdas eclesiásticas de lo» años de 1794, 1802 y 1807 ; y de foras- 
teros de Madrid hasta 1819. 



248 J 

ve acciones empeñadísimas, sacando siempre airoso el ho- 
nor de- la caballería que mandaba, y ondeando victoriosa 
la insignia nacional á donde se encontraba Iturrigaray. 

Nombrado Comandante en gcfe de su Brigada, mere- 
ció de los Monarcas aquel aprecio que sabe arrebatarse á 
despecho de las intrigas palaciegas, el valor y la llaneza de 
los gallardos campeones que todo lo cifran, tratándose de 
los ascensos en su carrera, no en las habilidades de la adu- 
lación , sino en lo que hicieron y trabajaron por el Esta- 
do; pues ascendió á los grados mayores sin esos saltos ru- 
dos y precoces que tanto escandalizaron á los buenos en 
la corrompida corte del favorito. Obtuvo, no de este, sino 
del Sr. Carlos IV, que como su augusto padue amaba en 
estremo á todo el que pertenecía al cueipo de* Carabine- 
ros Reales, varias confianzas y distinciones de mandos mi- 
litares, como fueron la Capitanía general interina de An- 
dalucía, la Presidencia de la Real Audiencia de Sevilla, y 
el g;<3bierno militar y político de Cádiz, y la Comandancia 
de las fuerzas sutiles, y de las embarcaciones que hacian 
el cabotage. 

Después de haber sacrificado su reposo en medio de 
los peligros de una epidemia devastadora que afligió en 
1800 las provincias de Cádiz y Sevilla en el tiempo de su 
mando, tuvo, no sabia si la desgracia ó la gloria de haber 
trabajado en la guerra contra Portugal del aíío de 1801, 
mandando una división de aquel hermoso ejército , dando 
cada vez muestras mas positivas de que sus canas, que le 
nacieron, no entre los regalos y delicias de los palacios, 
sino en las inclemencias de las campañas, nada le habian 
quitado de su antiguo ardimiento y valor, y que le habian 
dado mucho de la circunspección y prudencia , de que tanto 
se necesita para conocer y gobernar á los hombres.' 

Llamado para uno de aquellos mandos políticos mili- 
tares que obtienen el primer rango en la escala de los vi- 
reinatos de Ultramar, cual es el de Méjico, se halló con 
la satisfacción de ser sorprendido con el nombramiento de 



J 249 

S, M., recibiendo en aS de junio de 1802 el aviso de es- 
tar electo virey, gobernador, capitán general de las pro- 
vincias de Nueva-España, y presidente de la Audiencia de 
Méjico, y tuvo que vencer alguna repugnancia, que al pa- 
recer preveia la deshecha tormenta que le aguardaba allen« 
de los mares. 

En medio de los caprichos de la Corte de aquel tiem- 
po, y á pesar de la versatilidad de su política, se llegó á 
conocer lo que valia el actual virey Iturrigaray en las difí- 
ciles circunstancias en que se hallaban los reinos de las 
Indias sujetos á Castilla por la guerra marítima, *el carácter 
de entereza y de probidad de este gefe , con que sostenía 
los intereses del pueblo, á par que enfrenaba las preten- 
siones de la aristocracia sistemática desde muy largos años 
entre los oidores de la Real Audiencia: se le continuaba 
el mando á los seis años de virey, y al pisar el trono nues- 
tro amado Monarca Fernando lo autorizó especialmente de 
nuevo. i 

En el gobierno ultramarino de Iturrigaray hubo año en 
que la casa de moneda de Méjico acuñó hasta veinte y sie- 
te y medio millones de pesos fuertes, de lo cual no exis- 
te ejemplar desde el descubrimiento del Nuevo-Mundo, y 
puede decirse que no se presentará otro igual en mucho 
tiempo : á tal grado habia llegado la industria , trabajo y 
riqueza de aquellos vastísimos y feracísimos climas. 

No quiso el virey mandar se publicasen los decretos 
de la famosa causa del Escorial, que le habia remitido de 
ofício el Ministerio, y en esto se conoció su previsión y 
la Adhesión á los inocentes supuestos reos. 

Las nuevas de la santa insurrección de la vieja Espa- 
ña, y la de los acontecimientos y catástrofes de Aranjuez 
y Madrid, que la habian antecedido, dio lugar para que 
&e agavillasen los mal contentos contra las justas órdenes' del 
supremo magistrado de Méjico. En la noche del i5 al ití 
dfi setiembre de i8ob una turba de 23 2 facciosos se apo* 
clero del palacio vireinal, prendió á los vireyes y á sus 

3a 



25o J, 

hijos, habiendo antes, se.'un dicen, comprado muy ve^ 
nahnente al capitán <ie Vi R al guardia y al comandante 
de artil'ería» Tiatalian de encerrar á íturiigaray en las car- 
ies del Santo Oficio , para que el puehh) incauto cre- 
yese también reo de fe al que apellidaban traidor a la 
Patria^ siendo los bullangueros los verdaderos, enemigos 
de ella; pero, la presencia de animo del Inquisidor Prado 
c )ntuTo esta nueva tropelía , recibiéndolo en su propia ca- 
&» con la urbanidad digna de la educación de su dueño , y 
debida al gobernador desgraciado^ 

En la "niaclrugada del 18 fue trasladado al convento de 
Betlcmitas,. y el i%ey Gai'ibay, elegido por los revoltosos, 
110 pudo menos, de ir á visitar la primera tarde, después de 
cometido el desacato, referido, á la ex-\ireina, que la ha- 
bian puesto en el conventos de las monjas de San Bernardo 
con sus, dos hijos mas chteos. 

Jturrigaray que desde la noche antes sabia la trama 
por confesión de^n arrepentido tumultuario que le ma- 
nifestó todo el plan , confiado en la justicia de isus pro- 
cedimientos, y no queriendo d^v la señal para una guer- 
ra, ^ue podaia acabar en civil, como pudiera haberlo he- 
cho «i 1^. mas pequeña insinuación, triunfando at cabo de 
iíO|S per turbad ores de la pública tranquilidad, esperó im- 
pávidamente el desenlace del enredo , juzgando por su co- 
razón los ágenos, y tenienda aun esperanzas de que co- 
nociesen los cabecillíís su mal proceder por los concilia- 
dores, medios que le ocurrieron-. Pero no habiéndolo lo- 
grado salió de su aposento á recibir á los facciosos, y se 
entregó en sus manos sanguinarias. • 

El 21 de Setiembre dejó la capital y marchó para Ve- 
racruz, escoltado por 5 o soldados y 60 paisanos, llegan - 
db)ftii>. el menor riesgo ¿ aquel, pncrto, á donde lo alo- 
jaron- en el castillo, de San Juan de Ulúa, permaneciendo 
on él ha^ta que en.G de diciembre se endiarcó con su fa- 
milia en el navio de guerra San Justo- para regi^esar ala 
{)€nínsuia, y diesenibarcó en Cádiz. 



J üSc 

Varios cargos le hicieron sus émulos, pero destituidos 
ele verdad , y por lo tauto de prueba , y solo se veia en el 
proceso la mala fe y la acrimonia. Estando en San Juan 
de Ulúa le remitió el gobernador de la sala del crimen de 
Méjico la causa formada contra cierto sugeto por falso ca- 
lumniador de S. E. , para que dijera si perdonaba la ca- 
lumnia con motivo del indulto, y contestó: «perdono l.i 
calumnia y otras que pueda haber contra mí , como tam- 
bién cuanto se ha hecho contra mi persona.» 

Notemos en el primer desorden de Méjico el verdade- 
ro principio de la premeditada revolución de las Indias 
occidentales , porque el atentado cometido en la persona 
del general Iturrigaray fue como la primera hostilidad em- 
prendida por los que eran subditos del Rey contra las le- 
gítimas potestades. Hablemos claro: personalidades fueron 
las que paliaron con voces sagradas ; y personalidades in- 
decentes. Si no lo querian por virey* por algunas causas 
justas, ó si hubieran tenido motivos de queja y agravios, 
medios tenian de retirarle sin conmover, ó figurar que se 
habia conmovido el pueblo, cuando apenas llegaron á aSa 
personas las revoltosas, y mas en aquella época en que á la 
primera representación de algunos accediera el Gobierno. 
Desengañémonos, se tramaba hacia tiempo la injusta sepa- 
ración de la Península, injusta é irijtistísima separación, 
y no cabe .en ningún español que tenga honor el que de- 
fienda ó apoye tan atroz infidelidad, de la que los hijos 
de los españoles han sido sus autores, y ningurt indígena. 

Iturrigairay estuvo dudoso si reconoceria ó no á'la su- 
prema Junta de Sevilla por superior en tan grandes pro- 
vincias, y esto consistió en que temió que esta Junta abu- 
sase del poder respecto de las demás de 1« Península, j 
que muchas de ellas también lo <habian hecho igual indi- 
cación; y la futura paz que se deberia tratar con los ingle- 
ses, en momentos tan críticos, fatigaba las rectas miras 
diplomáticas del Virey, temiendo asimismo que por falta 
de conocimientos de las relaciones de América, se pcrju- 



2^2 J 

dictscn las rentas, la navegación y el comercio de fe na- 
ción entera repartida en ambos mnndos. Peix) los que 16 
querían Iminillado se agan-aron de sus mismas pruden- 
tes ideas previsorias, y las interpretaron á su antojo. Si 
él hubiera efectuado el deseo de renunciar el mando, co- 
mo queria y se lo disuadieron los comisionados de la Jun- 
ta de' Sevilla que estaban en Méjico, no habría sufrido su 
espíritu y patriotismo tantas penas, ni se eclipsara su bue- 
na reputacit)n con celages, que aunque pasageros, le ocul- 
taron por algún tiempo el brillo de- sus virtudes militares 
y civiles, impidiendo al Gobierno nacional le encargara la 
caballería española, arma que hubiera hecho á sus inme- 
diaias órdenes lo que no hizo en las primeras campañas 
contra la tropa de Buonaparte por no estar bien dírigiila, 
aunque le rebosaba el patriotismo y ardor. Ni cuando el 
tumulto de Cádiz de 22 de febrero de 1809 lo sacara el 
pueblo armado del Astillo de San Sebastian, donde yacía, 
no creyendo estaba en él muy seguro, y lo pusieran en el 
convento de capurliinos, cuyos frailes eran de la mayoF 
confianza, y le dieían por cárcel ttna. estreclia celda con 
centinelas de vista, aunque el GenenJ estaba tranquilísimo 
en todos estos atropell;miientos, y c«ando muchos creían 
peligraba su vitla. 

Remitida!» a la Corfee las diligencias y averiguaciones que 
se habiíin actuado con Iturrigaray, nombró la Junta central 
á D. Nicolás de Sierra para que le hiciese los cargos coi^ 
respondientes por el resultado de aquel desaliñado proce- 
so. A todos satisfizo, y pasados á la sección de Gracia y 
Justicia, de la que era vocal el Señor D. Gaspar de Jove- 
Uanos, magistrado taa íntegro como patiiota, propuso se 
le debía declarar libre de la inililclidad que le imputaban 
sus enemigos, reservando para el juicio de residencia los 
cargos que le hacían sobre otros capítulos. 

Para mejor proveer mandó la Central informase e\ Con- 
seja reimido, y en estas contestaciones se estaba cuando 
las Cortes generales y estraordin;uíiis restituyeron al Gene- 



J 253 

ral la tranquilidad y sosiego á que tenía un indisputable 
derecho. Este decreto en aquel tiempo con carácter de so- 
berano, decia: «que teniendo en consideración las parti- 
culares ¿É-cunstancias de este negocio, y deseando com- 
binar la justicia con los mayoi'es intereses del Estado , y 
la perfecta tranquilidad de los dominios ultramarinos , ha- 
bían resuelto que sin perjuicio de la residencia que estaba 
mandada al virey de Méjico D. José Iturrigaray , y que de- 
bia)^seguirse con la mas exacta escrupulosidad, según las 
leyes de Indias, se sobreseyese en la causa formada con 
motivo de la infidencia que se le atribula, poniendo en 
general olvido lo ocurrido en aquel reino sobre este par- 
ticular, para conformarse, y que tuviese efecto el decreto 
de i5 jde octubre próximo pasado» (de i8io). 

Habiendo ido con beneplácito y licencia del Rey á Ma- 
drid después de la cautividad de S. M., besó la mano, dán- 
dole muestras de suniO afecto; y permaneció en la misma 
villa, como puerto seguro después de haber corrido tanta 
borrasca , y falleció en la misma Corte , y sobre su sepul- 
tura , que se le dio en el Campo santo de San Martin, 
*e le puso este letrero; 

Aqui yace el Escelentísimo Seííor Don 

José Iturrigaray , Teniente general 

de los Reales ejércitos, natural de la ciudad 

de Cádiz: falleció en 3 de noviembre 

de i8i5, de edad de setenta y cuatro años. 

R. I. P. 

£u hoja de servicios que tenemos á la vista, nos de- 
muestra que empezó su carrera de cadete del regimiento 
de infarttería de España, y tomó los cordones cu i6 de 
febrero de ijSp. Que pasó al de caballería de Alcántara 
en 1762, y de este á la brigada en 1777 de capitán, en 
cuyo cuerpo le encontró el vireinato. Las notables ocasio- 



^54 J 

nes en que se acreditó de militar valiente las relata el men- 
cionado documento de esta forma. 

En toda la campaña ¿e Portugal del año de 1762 , si- 
tio y rendición de Almeyda, y en el sitio de Gibialtar des- 
de el año de 82 hasta la paz, y el general Duque de Cri- 
llon dio cuenta al Rey de la distinción con que sirvió. Cam- 
paña del Rosellon , y en ella batalla de Masdeu el 19 de 
mayo de 1793. Ataques á las baterías de Perpifían dia ly 
de julio: ataque de Cablestani, mandando en gefe; atai[ue 
de Ribas altas: ataque de Bernet y mandando en gefe: otro 
en id. á la ontlen del Teniente general D. Juan Courten: 
ataque de Perestortes: batalla de Truillas: ataque en la 
Trompeta á la caballería enemiga, mandando: id. defensa 
de Espolia: ataque de San Felices: ataque á las baterías 
de Villalon^a , de general de la caballería : ataque y toma 
de Archelés, mandando en gefe: defensa de Yillalonga, 
mandando en gefe: paso ¿e\ Ter, y ataque á una colum- 
na de infantería enemiga junto al Rat, mandando en ge- 
fe: campaña de 1794 y '79^'» y <*" hUas retirada de Ar- 
geles, mandando K) brigada, y como general cubriendo con 
ella las tropas del mando de D Euj^enio Navarro : ata- 
ques de la Muga: función de Pons de Alulins el 7 de ju- 
nio: retirada de Figueras , mandando la brigada: batalla 
de Pontos, mandando la derecha del ejército etc. (i). 

NOTA. 

El Sr. D. Diego Contador que indiqué en el prólogo, 
aunque ciertamente caditano , vivcj y por lo tanto no es- 
tá sujeto á mi jurisdicción. 

4 



(1) Libros parroquiales. Hoja de servicios de «sle general. Cacetas 
de Madrid. Varios papeles sohre los asuntos de Méjico en pro y en con- 
tra , escritos desde 1810 hasta Í8i3, impresos. Fietoiret et conquétet dtt 
Francais , tomo 4, pá^. 243. 



. J 255 

ADICIÓN. 



AI artícuTo del general D. Dionisio del Duque , pág. 
i35, se debe añadir, «que habiendo visto su hoja de ser- 
vicios hasta fin de diciembre de 1785, consta que princi- 
pió á servir el 26 de marzo de 1762 de capitán de las 
milicias urbanas de Cádiz, y que se le giaduó de coro- 
nel en 17 de octubre de 67 , agregado al regimiento in- 
fantería de la Victoria por el servicio particular que escri- 
bimos hizo su padre. Pasó después al de la Corona , y de 
este al de Toledo , con quien se embarcó para la espedi- 
cion y función de Argel de 8 de julio de 1773 , en la 
que por haber Hdo herido el coronel efectivo y el sargen- 
to mayor, quedó mandando el primer batallón del dicho 
regimiento de Toledo desde las 8 de la mañana hasta 
su retirada á bordo, que fue á las 4 de la mañana del 
dia siguiente. En aS de junio de 76 se dignó S. M. de- 
clararlo teniente coronel efectivo, en 5 de diciembre de 
77 coronel de Asturias , y en lo de junio de 79 lo as- 
cendió á brigadier. 



256 



índice alfabético 



de los primeros apellidos y títulos de los sugetos 
que tienen artículo particular en este tomo. 



-tXcosta. 


Véase Ambrosio 


Alvarado. 


José 


Amaya. 


Bartolomé 


Amaya, 


Bartolomé 


Aniaya. 


Amaya 


Arrieta. 


Francisco 


Ayrolo. 


Gabriel 


Balbo. 


Balbo el cónsul 


Balbo. 


Balbo el triunfador 


Balbos. 


Balbos ^ familia 


Barreiro. 


José • 


Bello 


Clemente 


Bernal. 


Alonso 


Bueno. 


Fernando 


Cabello. 


José 


Cabrón. 


Cristóval 


Cadahalso. 


José 


Cádiz. 


Diego 


Canio. 


Cayo 


Canios. 


Canios , familia 


Casa Rojas. 


José Rojas 


Castillo. 


Francisco 


Castrillo. 


Fernando 


Cayo. 


Cayo, véase Rufo 


Cepeda. 


Francisco 


Cienfuegos, 


Beatriz 


Columela. 


Columela Lucio 


Columela. 


Columela Marco 


Columelas. 


Columelas, familia 


Concepción. 


Gerónimo 


Córdoba. 


José 



nSj 



Daza. ^ 


^''éase Gaspar 


Domicios. 


Domicios , familia 


Duque. « 


Dionisio 


Escolano. 


Domingo 


Estopiñan. 


Barto.omé 


Fabre. 


Antonio 


Fernandez. 


Francisco 


Font. 


Antonio 


Francisco. 


Fadrique 


Gandulfo. 


José 


García. 


Diego 


García. 


José 


García. 


jjÉttÉjE^ancisco 


García. 


^^^^Bancisco 


García. 


^^^Domingo 


González. 


Ferrant 


Gorbalan. 


Francisco 


Granado. 


. Diego 


Guzman. 


Jorge 


Hegiag. 


Abul 


Horozco. 


Diego 


Huarte. 


Cayetano 


Huarte. 


Francisco 


Jacome. 


Henrique 


Jaén. 


Alonso *. 


Jesús. 


Jacinto 


I^l^viedra. 


José 


Llera. 


Alonso 


Loyo. 


Francisco 


López. ^ 


Antonio 


López. 


Diego de Cádiz 


Macé. 


Claudio 


Marinas. 


Henrique Jacome 


Masuco. 


Celestino 


Memige. 


Francisco 


Mendoza. 


Fernando • 


Méritos. 


Francisco JMicón 




33 



i¿58 



Mesa. 


Ve'ase Alonso 


Mesa. 


José 


Micón. 


» Francisco 


Mier. 


José 


Miiavel. 


José 


Miro. 


Isidro 


Molina. 


Jacinto de Jesús 


Molina. 


Gaspar 


Mosti. 


Antonio 


Mulis. 


José 


Pavia. 


Alejandro 


Paulina. 


Domicia 


Pereyra. 


Jacob 


Pernia. 


* Eugenio 


Power. 


José 


Preen. 


Dámaso 


Publico. 


Alldisto 


Ramírez. 


Antonio 


Ricardos. 


Antonio 


Ricardos. 


Felipe 


Rioja. 


Félix 


Rojas. 


Antonio 


Rojas. 


José 


Riomolino. 


Félix Rioja 


Román. 


B. 


Rufo. 


Ganio 


S. Agustín. ' 


Alonso 


Sosa. 


Diego 


Toledo. 


Giriaco 


TrujiUo. 


^ Felipe 


Vargas . 


José 


Vázquez. 


Agustín 


Vilbraque. 


Gatalina 


Villaran. 


Francisco Muñoz 


Villavicenccio. 


Agustín 


' üreña. 


Gaspar Molina 


Iturrigaray. 


José 


Z qporito. 


BartoIoQié 



2D9 



AVISO interesantísimo. 



El índice que sigue de los artículos que deben compo- 
ner el segundo volumen (y que ya tengo formados), se 
pone aqui con el fin de que vean los estudiosos y amantes 
de la patria, hasta donde ha podido alcanzar mi trabajo 
en la presente materia; y para suplicarles que si tienen no- 
ticias de algunos otros caditanos se sirvan dirigirlas á las 
librerías donde se halla de venta este tomo, para que en 
el otro que sigue las demos al público, y con el debido 
agradeciíAiento : asi como las correcciones ó adiciones que 
sean pertenecientes ó juzguen necesarias á lo escrito en es- 
te; porque conozco ( y no lo digo por humildad ) mi po- 
ca suficiencia. Por solo dar este anuncio he divididb en 
dos tomos mi obrita , y esperaré cuatro ó cinco meses pa- 
ra imprimir el 2.** 



Juan Benavides. 
Juan Camacho. 
Juan del Castillo. 
Juan Dañero. 
Juan Enriques de Vargas. 
Juan Antonio Enriquez. 
Juan González del Castillo. 
Juan Paez, 

Juan Sánchez de Cádiz. 
Juan Santos»íi^)íii ■'• 
Juan Suarez de Salazar. 
Juan Verayo. 
Juan Ugalde. 
Juaquin Domínguez. 
Juaquin GonzaleaWeran. 
Julián el Monje? 
Lázaro Fontef 
Lorenzo Herrera. 
Lorenzo Nueve Iglesias. 
T'irio Bebió. 



Lucio Bebió Herma. 
Lucio Fabio Rufino. 
Luis de Landaburu. 
Manuel Alvarez. 
Manuel Danio Granado. 
Manuel Apóstol deGiorgana. 
Manuel González Guiral. 
JManuel Lubelza. 
Manuel de Solis. 
Marco Antonio Ciríaco. 
María Dolores Manjon. 
María Gertrudis Hore. 
María Micaela Reyes. 
María del Rosario Cepeda. 
Marrufo, la familia de 
Martin Garcia. 
Mateo Barberi. 
Mateo Nuñez de Sepiilveda. 
Miguel Gutiérrez. 
Moderato, 



a6o 

Narcisa Carisomo. 

Nicolaos Jiménez de Cáliz. 

Nicolás Ceruti. 

Pablo de Cádiz. 

Pablo Legóte. 

Pablo Videi'ique. 

Pedro del Castillo. 

Pedro de Ceballos. 

Pedro Chaves de la Rosa. 

Pedro Estopiñan. 

Pedro Gómez Bueno. 

Pedro Hernández Cabrón. 

Pedro de la O. 

Pedro 0-crouley 

Pedroso, la familia de 

Philo. 

Plocia, la familia 

Plotina Pompeya. 

Publio Rutilio Simtrofo. 

Quinto Antonio Rogato. 

Quinto Sigonio. 

Rafael de Laiglesla, 

Rafael Menacho. 

Ramiro. 

Ramón Termeyer. 

Ricardos Felipe. 

Rodrigo de Argumedo. 



Rodrigo Benitez. 

Rufo Festo Aviene. 

Salvador Correa. 

Salvador Mañer. 

Salvador Baeza. 

Sancho Garcia Argumedo. 

Santiago Castellón. 

Servanda, 

Sexto Julio Polion. 

Tarteso. 

Teodoro Roy. 

Theopbila. 

Tomas Argandoña> 

Tomas Cántale] os. 

Tomas Sisto. 

Torcuato Cayon. 

Turriano Gracula. 

Ventura Moreno. 

Vicente Guzman. 

Vicente Tofiño. 

Ximon Gentil. 

Zacagnini, Antonio. 

Zacarías, Domingo. 

Una lista de los Hijosdalgos 
que se alistaron en las ban- 
deras de los Reyes Católi- 
cos en 1 494» 



CORRECCIONES DE ALGUNAS ERRATAS. , 



PACIWA 


L T.1VT.X 


¿f; 


6 


66 


16 


88 


ó V 6 


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113 




119 


1 


127 


9 


136 


2ó 


137 


26 


138 


2i 


i 64 


ió 


ióó 


13 


M. 


ultima 


184 


16 


217 


27 


230 


34 


231 


32 


243 


6 


2í0 


3 y 4 



sucon liaza su coníiauza 

eristianos cristiano 

topa toda 

2794 1794 

sepuira sepultura 

del 60 de 60 

C D 

eivil, ,....,.... civil ; 

Je Palma ^ Palma 

suponen supone 

Ocruley , O-crculey 

vigenti viginti 

Padro Pedro 

Eadre p. Fernando. . . padre de D. Fernanda 

istorin . historia 

Carlos V Carlos Quinto 

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Semper Sempere 

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